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Full text of "Historiadores primitivos de Indias"

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\. 









■^ > 



BIBLIOTECA 



AUTORES ESPAÑOLES. 



BIBLIOTECA 



LÜTORES ESPAÑOLES, 

DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS ÜIAS. 

■I 

HISTORIADORES PRIMITIVOS DE INDUS. 



Coireeion dirifida t ilostnda 

POR DON ENRIQUE DE YEDIA. 

TOMO SEGUNDO. 




filADRID. 

M. RIV ADENEYRA — IMPRESOR — EDITOR , 

CALLE SE LA MAOnA, 8. 

1862 



Hs'r 



r<í--o/s-. 



«i, íf^ 






NOTICIAS BIOGRÁFICAS 



DE LOS 



AUTORES COMPRENDIDOS EN ESTE TOMO. 



BERIVAL DÍAZ DEI. CASTILLO. 



Ih* obsen'flcion muy notable ocurre siempre al tratar de los conquistadores ña América. A 
priincra vista cualquiera creería que los hombres que acomelian la empresa, aventurada en aque- 
llas tiempos, de arrostrarlos pcJigrosdo una larga navcfjacionjior mares tormentosos y descono- 
ciáM, habían nacido en sus orillas y esluban familiarizados ron esto terrible elemento desde su 
aera infancia; y sin embargo, los heclios desmienten esta conjetura fundada, y no hay masque 
'la vista sobre los nombres mas distinguidos para convencerse de la verdad. Hernán Cortés 
Píííirro eran de Medellin, en Extremadura; Vasco Nuñez, de Jerez de los Caballeros, en la mis- 
roviiicíu ; Diego Velaíquez, primer gobernador de lu isla de Cuba, de Cuell.ir, eu Castilla la 
[Rodrigo de Orgoños, de Toro, y son iiilmílos los nalur.iles de ambas Castillos que tomaron 
rpsrle actita en aquellos bcchos memorables. 

jL'ou de ellos fué nuestro Besnai^ Díaz, que nació en Medina del Campo, sin que sepamos la 
exacta de este suceso ni la menor parlícutarid<id dtt su niñez ; bien es verdad que nada 
tiene (le exlraíio este silencio respecto u un individuo que, nacido sin duda de, padres pobres, 
emprendió la carrera mditar en la humilde situación de soldado. Pasó á América el año de Í314 
^ftcom|i8nia de Pedradas Dávila, á quien el Gobierno acababa de conceder la gobernación del 
^Prieii ; desde allí, después de los sucesos ocurridos en aquel país, se trasladó á la isla do Cuba, 
^gobernaba á la sazón Diego Velazqucz. La situación de aventurero en que se liullaba Bernal 
tl£ obligó á lomar parte en cuantas empresas se ofrccian ; asi es que al emprenderse la expe- 
I del descubrimiento de Yucatán se alistó bajo las banderas de Francisco Fernandez de Cor- 
sé embarcó con él, haciéndose á la vela el dia 8 de febrero de íolT; pasó luego á la 
I con Juan Ponce, y dio vuelta á Cuba con los pocos que se salvaron de aquella empresa 
íada. Nuevamente se embarcó en la expedición de Grijahael .'Jde abril de 1518; y vuelto 
iCub«, salió por tercera vez con la expedición mandada por Uernan Cortés, embarcándose en la 
Date de Pedro de Albarado. Hizo en aquella conquista cuanto era de esperar de un buen soldado; 
^■enninada que fué en todas sus partes, recibió, en recompensa de sus servicios, una enromien- 
^^eo Guatemala , donde se estableció, siendo uno de los primeros pobladores de la ciudad de 
^blU^ de los C-aballeros, en la que ocupó el cargo de regidor. — El mérito y servicios militares 
Wb Bkrsau Díaz fueron muy distinguidos , como que Hernán Cortés le recomendó especialmente 
al Emperador en carta escrita en Méjico el año de 1340; la misma honra mereció después del vi- 
rey don Antonio de Mendoza ; y por ultimo, habiendo él mismo presentado unas probaimas en el 
eoosejo de ludias, el Emperador se sij'vió recomendarle por real cédula expresa yexpedidaen 
«u favor. 

m^gÉftt de estos 1 onores. el nombre de Behnal Díaz hubiera quedado oscurecido entre los do 
^^^nalerosos ikoldadus como tomaron parteen la conquista; pero, habiendo publicado Gomara 




n MiTin.vs iiK r.n.UirAS 

en 1S5á su Cnhiira ñc la couquisla ik la iXucva-F.npaüa, Bernal Díaz, que vivia tranquilo en su 
encomienda de Chaiiiula, no pudo ver si» onnjo que aquel escritor li-alaba de eiigraiideceri 
Hernán Corles li eosla do lodos sus compañeros, alribuyéiidulo exclusivimierilc la gloria déla 
comiuista; de manera que la indignación le liizo aufor. Desde entonces comenzó sin duda á rfr» 
novar 1.1 nicmoria y recuerdos de aquellos Iieclios , y por los años de 1568 se |»uso á escribiría 
Verdadiira Itistoria de la coitquhla ile Aueva-Espam, dedicándose muy piirticularmenle á ci»- 
regir los errores é inexactitudes de Gomara y demostrar la parte activa que nmclios soldados 
tuvieron en la destrucción del imperio mejicano, auxiliando A su peneral siempre con el braw, y 
muchas veces con el consejo. Debía ser entonces ItEnNAL Díaz hombre de edad bastante avaríadí, 
pues él mismo asegura que cuando escribía su libro, de quinientos y cincuenta compañeros que 
habían sido en la guerra de Méjico, solo quedaban vivos cinco; también rcíiere muchas parti- 
cularidades relativas ú su persona, como la pendencia que el año de <525 tuvo eu Cimalan con 
el cseril)ano Diego de Godoy, en la que so acuchillaron y salieron ahibos heridos; y finalmente, 
cuenta que estuvo por su persoiur en ciento y diez y nueve batallas 6 combates, y que viviendo 
ya anciano y quieto en su casa, era tal la costumbre que liabia coniraidn en las fatigas del sitio de 
Méjico, que docmia siempre vestido y con sus armas á la cabecera de la cania , para hallarse dis- 
puesto en cualquiera coyuntura. 

Esta obra , digna de atención, permaneció largos años inédita , hasta qne el año de UÍ32 la sacó 
do la biblioteca de! consejero y erudito do» Lorenzo Ilatnirez de Prado el padre fray Alonso Re- 
mon, de la orden ilc la Merced, y la publicó en Madrid en la iuq)renta Real, en un tomo en folio. 
Hay en este punto la particularidad de que las edicimies de Madrid de 1632 son dos : una con por- 
tada grabada y en malísimo papel, y otra sin aquel requisito, pero mas ceñida y ajustada la impre- 
siou ; el contenido es el mismo . y solamente hay en la primera un capítulo ailicional, que nada 
tiene que ver con la conquista de Méjico, y está consagrado á referir la famosa inundación de la 
antigua Gofltomala por el volcan de agua que eslalld sobre la ciudad el año de 1541, en la que pe- 
recieron muellísimas personas, y cntrií ellas doña Beatriz de la Cueva, mujer del céli'bre con- 
quistador y adelantado Pedro de Albarado, que, rodeada desús doncellas en una habitación de 
su crsa, fué arrebatada por la corrienlo con toda su familia. 

Aquí darían punto las escasas noticias que tenemos de Bernal Díaz si la casualidad no nosbu- 
biese proporcionado un documento que expresa quiénes fueron sus padres, y da ciertas noticia* 
poco conocidas acerca de su obra, la cual casi puede asegurarse no poseemos en su verdadero 
estado y conforme i^l la escribió. Por los años 1689 escribía don Francisco de Fuentes y Guz- 
man Jiménez úc Urrea en la ciudad de Goatemala la historia de aquella provincia, de la cual te- 
nemos á la vista la primera parle, comprendida en dos tomos en 8.°, manuscritos; y unos bre- 
ves extractos de ella da» á conocer las cualidades del autor, sus relaciones de parentesco con 
nuestro BcHtfAL Díaz, y algunas particularidades de esle conquistador y de su übio. Dice asi en el 
capitulo primero, que sirve do introducción : * Habiéndome aplicado en mí juvenil edad á leer, m> 
solo con curiosidad, sino con alicion, veneración y cariño el original borrador del heroico yvalo- 
rosíj capitán DEnNAL Díaz del CASTrLLo, mirevisabuelo, cu»a ancianidad manuscripta conserva- 
mos sus descendientes con aprecio de memoria estimable , y Hígado á esta ciudatl ile Goaiemalu 
por el uño de iti7í¡ el libro iiupn so que s;icó á luz el reverendo path'c marstro fray Alonso Re- 
inon, ileí sagrado mililar orden de nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos, hallo que 
lo impreso no conviene en muchas partes con el venerable amanuettse suyo, porque en unaspar- 
tes tiene de nnis y en otras de menos de lo que escribió el autor, mi revisnbuelo, como lo reco- 
nocí adulterado eu los capítulos ciento sesenta y cuatro y ciento setenta y uno, y así en otrns 
partes del progreso de la historia , en que no solo se oscurece el crédito y fidelidad de mi Casti- 
llo, sino que se defraudan muchos verdaderos méritos de grandes héroes, á quien cslán llaman- 
do el premio y el laurel de la liuna á inaccesibles glorias; y añadiendo á esta verdad la de que 
há veinte y seis años que estoy sirviendo á mi rey y á mi patria en el olicio de regidor perpetuo 
dtí esta muy noble y leal ciudad de Santiago de los Caballeros de Goatemala, etc., etc. » \ mas 
iidehuile, contrayéndose á una equivocación material cometida en la iinjjresiou, doiule se omi- 
tieron varias circunstancias personales de Castillo, y hablando en general de la inexactitud de 
inuclios autores que trataron de las co^as de Indias, prosigue diciendo : • A que se agrega el que 
cu lo que escriben Cfímara, lllescas y el obispo Paulo Jnvio, como lo propone y asienta mi Cas- 
tillo en el preámbulo prepai-alorio al lector, se apaitan de lo cierto y seguro de las noticias, 



DE BFTlNAl, MaZ FtCl cAstn-f.O. tn 

«orno lobaceel rcverenHo obispo ilo Ciiiapa, IVny Bartolomé do InsC.iisis, cáciibiHiido con san(;rc. 
ptltora nuf'vamenle dcrniuilase del primer Ciipitulo do lo imitrn^t» <mi lo que purt^cíi dol bnrrR- 
dororípnnl. f|ue empieza fii claianiiu.'iiso diciendo: — BenitAt. I)u/, del Castim.o, vecino y re- 
gulur de la ituiy noble ciudíid (\c Snritiiígo do (itialomítlii, uno du los ilescubriilüivs do 1« Nueva- 
E^wíin y sus pruvincins. y cnlio (lus¡>ués t'ii lo du llotulijcns y tlifrucriis, «lUc cu esln tiorní u.«í se 
^ninbni; nalural de la muy noble é insigue villa de Medina del ('.am|)o, liijo de Fnineiseo Diat 
■kl CnMillo, ropidorf|ue Tur delhi, que por o!ro nombre IlaínabiHi el (.r.laii. y de doím Maiía Diez 
lllejon. <pjtr hayan santa ploría, etc. — Y comienza rl ca]ittn!o priiucro de lo impreso &acadi> á bu 
hporcl paíh"e maestro fray Alonso lícnioii. dieientlo; — fin el aiio tle lalí sali de Caililla, etc.» 
I Kut^vaniL-ntc y cu el capitulo segundo enmienda otro error del ejemplar ¡in|iJVso, evplie.indo.s<>(;i) 
1 (Stoilérmiiius: < No consta de lodo el capitulo ciento sesentJi y dos del origiiiiil borrador do iiiíCas- 
[ tiuoquccl rey Soqucclml al tiempo de morirse redujese a nuestra satila iecalólica, ñique re- 
Icibieüt! el bautismo, ni monos que se le diesen por el Adohmlailo tres días ile. tcrrnítso para iiis- 
rUuirsc en los inislorins de nuestra sagrada fe, ni qiio se le conmulasc la pena en que se le dioso 
prroKí y no fueso quemado; porque de la pronunciación de la sentencia á la ejecución dolía ito 
rttabo intermisión de tiempo , y lo quemaron luego a la hora de diclia sentencia jurídica ; y so opo- 
nte a esta verdad del ori(íÍnal lo que se liiec en el capitulo ciento sesenta y cuatro, folio 172 de lo 
ñoprcso.á diligencia del reverendo padre maestro li'ay Alonso Kemon, del orden d; la Mercedi 
en que también hallo adulterado el sentir de mi verdadero autor y pruijeiiiior, aíiadiéutlolc cu 
csts parte lo que no se halla en el borrador de su letra y nulortzado con su pro[3Ía firma, cornpro- 
fcwii co!i las que se hallaron suyas en los libros do cabildo, y con otras ijUí- liay cu nuestro po- 
dtf; ni menos conviene lo impreso con el traslado en Umjiio que se sacó dt^spués de cnviailo ud 
primero A España para la primera impresión por remitirlo duplicado; que no habiendo ido, lo 
conservan tos hijos de doña Maria Castillo, mis d:udüs, autorizado con la lirma de don Ambrosio 
Diai del Castillo, su nieto, deán que fué déla santa iglesia catedral primitiva de (ioateniala. Y en 
refieren d(; la cristiandad de este rey n! ticnijto de su muerte, es añadidura en lo impreso; 
ndose también haberle distraído y usurpado sus dos primeros capítulos, dividiéndolo 
o el tercero ea adelante con tan poco orden y cautela que antes viene á liaber de mas de 
iDauuscrito á lo impreso hasta cl capitulo ciento sesenta y dos; habiendo ser de menos, á 
Ixibune arreglado con el mismo orden de ¡u que se halla de numeración de capítulos en susaniSr- 
» 
Ite los extractos roeucionados resulta : 1.° que BsaNAL Üíaz erado familia noble y distinguida, 
ie»su padre ocupaba cl puesto de regidor en un» población taiitmportanle entonces como Ho- 
a del Campo; 2." que sus fatigas y hechos de guerra le pruporcíonarou una situación dístin- 
lida y decorosa, porque, como conquistador y dueño de encomiendas do indios, ejerció el ear- 
gode regidor perpetuo en la ciudad de Goatcmala;.y 5.° que poseemos su obra de una manera 

tfcctuosu, constando, como consta, que ni scini|)rimió poret origñíalni por copia debidamente 
torizada, sino por una que poseyó el consejero Ramírez de Prado, de la cual se valió el padre 
iiDOD para hacer la impresión, pues fué cl que en un |)rtncipÍo corrió con ella; y muerto sin 
ocluirla, la terminó, según lo iiulica don Micobis Antonio, cl padre fray Gabriel Adarw de 
StDliuidtír, después obispo de Otr;into, en el reino de NápoU-s, 
Hasta aquí llega cuanto hemos podido müagar acerca de la persona de este singular escritor y 
vnlc soldado , sin que podamos lijar lamooco la época precisa de su l'altecLmienio, que debió 
iirrír álos {«oros años de terminado su libro, pues le escribió de edad muy avanzada ; réstanos 
lamente dar noticias de las ediciones de él, y hacer algunas breves observaciones sobre su e&- 
o y forma. 

Dijimos anteriormente que las dos impresiones de Madrid de ítíóá (si es que son dos ó una 
istna con diferente portada) son las primeras; la publicación de la célebre ¡tiatoiia de la con- 
' 'O, <ie di.m Atilonio de Solis, si bien mas ajustada n la elegancia y buen decir que 
s' t dad de los hechos, porque, según la opinión común, tiene ntas de pane^irico que 

historia, vscureció tos trabajos dü tos padres da la bt^toria amcrícann en la parle relativo á la 
iiquista de la Nueva-España, y por esto no volvió á repetirse la impresión do BF.nNAi. Híaz bas- 
que a principios de este siglo la reprodujo don Uonilo Cano en sus ]irensas, Madrid, cnnlro 
oUiriii-ncs en lá." menor; pero ron considerables supresiones y bastante mutilada; ae.slo se rc- 
ucuQ loa ejemplares do una obra lan notable como digna de consulta para el estudio de lus 



< 



^mt NOTICrAS filOliHÁFICAS 

hechos de los españoles en el Nuevo-Mundfi. Ipuoramns si posteriormente y en nuestros mismos 
tiempos se lia vuello á imprimir en la antigua América espuñola, aunque tenemos ciitctidido q«a 
ha alcanzado este honor, tributado por nuestros liermanos del olroladndfl Atlántico á Gomara, 
Cieza y Zarate. Al alemán la ha traducido P. i, de Uelifues-Bimn-Marcus, 1838, ruati*o volú- 
menes 8." 

Rfíspecío al estilo de Behkal Díaz, aunque poco culto y pulido, respira la ruda franque&i de 
un soldado ; Robertson cníiflcó su mérito con liis siguientes palabras : « Contiene (dice, hablando 
de esle libro) una narración contusa y llena de pormenores de todas las operaciones de Cortés, en 

fel estilu rudo y vnl^'ar propio de un hombre sin letras ni instrucción ; pero, como refiere los he- 
chos que presenció y en que tuvo tanta parte , su narración lleva todo e! sello de la autenticidad, 
y respira tal naturalidad y gracia , cuenta pormenores tan interesantes y demuestra un amorpro- 
piu y vanidad tan graciosos, aunque disimulubles en un soldado que, segmi nos dice, asistió á 

l.cieiito diez y nueve batallas, que su libro es uno de los mas singulares que se pueden encontrar 

fen lengua alguna.» Nada añadlix^mos nosotros al testimonio de un escritor tan ilustre y juei tan 
competente en la materia, y únicamente nos tomaremos ia libertad de indicará nuestros lectores 
que la relación de la batalla de Tabasco, la de la prisión de Montezumn en la estancia de los es- 
paholes, y otros trozos que seria fácil mencionar, son los que caracterizan perfectamente á Beb- 
KiL DÍA2 como escritor de historia, y los que manifiestan su candor, naturalidad y sencillez. 




FRANCISCO DE JEKEZ. 



Nada hubiéramos sabido de este escritor á no haberse puesto al fin de su Relación las curiosas 

I (juiíililiasque el erudito consejero don Andrés González Barcia calificó justamente de malas, pero 
con poco acierto de inoportunas: el tono laudatorio que en ellas se nota hace presumir con bas- 
tante fundamento que no son del mismo Jedez, cuya modestia resalla en su obra, donde apenas 
habla de si , ocupando , como sabemos que ocupaba , el importante puesto de secretario del mar- 
qués don Francisco Pizarro. Pero, dejando para después la ddlcil cuestión de escudriñar quién 
pudo ser el autor de aquella composición poética, veamos de decir en pocas palabras las noticias 
biográficas de Jerez que se deducen de su contexto. 
Según él , nació FnANCisco de Jerez en la ciudad de Sevilla el año de 4304, y fué hijo de Pedro 

Ide Jerez, ciudadano honrado; se embarcó ala edad de quince años (1519) para las Indias, donde 
pasó veinte, los primeros diez y nueve con pobreza y necesidad, pero el último con mas fortuna, 
pues en uno de aquellos lances tan comunes en tiempo de la conquista le cupo, sirviendo en la 
guerra, un bolin ó repartimiento que ascendió á ciento y diez arrobas de buena plata ; las cuales, 
dice, gjinó peleando, Irn bajando y comiendo y bebiendo ma!, y aun expresa que trajo este cau- 
dal a su |)atria en nueve cajas. Consta también de dichos versos que fué soldado valiente, (¡ue dio 
siempre buena cuenta de su persona, que recibió una herida en una pierna, y que, aunque no 
ejerció cargo alguno en la milicia , fué distinguido por su bizarría y buen comportamiento. Retí- ' 
rado de la vida militar, el autor de los versos le alaba de varón de vida honesta y de virtuoso y ca- 
ritativo , pues en la época en que los escribia llevaba ya dados de limosna mil y quinientos duca- 
dos, sin contar con muchus socorros y .auxilios que á escondidas repartía. 

Si es lícito conjeturar algo sobre la persona que con tanto entusiasmo alababa á Jerez, diría- 
mos que, según una frase de las últimas quintillas, en que el autor dice • tener obligación de es- 
crebirl.is luzañas de los españoles en partes propias ó extranjeras», debió escribir estos versos el 
ilustre! capitán Gonzalo Fernandiz de Oviedo, que ocupaba entonces el cargo de cronista del Em- ' 
perador para las cosas de Indias. Su larga residencia en aquellas regiones ocasionaría sin duda 
al;,'una mucho conocimiento y buena amistad con Jehez, y liailándose en Sevilla cuando nuestro 
autur imprimió su fíeladon, querria darle un testimonio de su afecto y voluntad, acompañando á 
la obra el cínf(\n de su amigo. Mas difícil es cs]>licar lns razones que hubo ¡lara que en !a reim- 
presión del JfiíiEz, hecha á los trece años de pubhcarsc por la vez primera, se suprimiese toda la 



DE FnANClSCO DE JEHEZ. "'^ 

i composición relaltva á la persúiui üeiiueslio autor, dejñiuloln mutilada y cnsi ininte- 
ile. ¿tíui^n dispuso esla all(?racioii, ptisando en claro cuanlurcduiidiilia en lionra y crédito de 
Jkwz? ^Fuéel mismo Oviedo, si acaso corrió personnlraeiite c.wii lu reimpresión de su obra y de 
la de su atnipo? ¿lUíió con til y se vengó de esto modo, dando rii'iuia suelta a su carácter dei^abrido 
j versátil? ¿Fué solo disposición que tomó por sí el impresor de Salnmanca i]ue hizo esla se- 
nda iiuprcsiou. Cuestiones son esas que nonos alrevemos mas que a indicar, porque es muy 
i-iiiurado resolverlas, como de tiempos tan lejanos, y sin los precisos dalos paradlo. De todos 
s, es de presumir que para cntoncesliabia muerto yn JinEz, de quien no hay mas noticias 
• dichas, y que fué tratado rigurosamcute y conforme íi aquel proverbio castellano que d¡- 
• A muertos y a idos no hay amigos, • 
La obi-a de Jereí se imprimió por la vez primera en Sevilla, 1534, folio gótico, por Bartolomé 
Pérez, y tu segunda en Salamanca, 134", por Juan de Junta, unida á lu primera parte de la ¡íis- 
Uria general de las Indias, del capitán Gou/.alo Fernandez de Oviedo, tblio gótico. Juan Bautista 
_fiau]usio la tradujo al italíanu, y la insertó en su Colección de viajes , y por último la reprodujo 
ircÍH en su Colección, lomo in, Madrid, 1740 ; úlliruamente ha sido traducida al alemán por Fe- 
Kuih, Ausburgo, Cotta, l84o. Es de advertir, tratándose de Fhanci£Code hñtt y su libro, 
en el mi^mo año, y también en Sevilla, salió á luí al mismo tiempo otra relación anónima 
mismos sucesos con un titulo casi idéntico : La Conijuisía del Perú, llamada la IS'ueva- 
tUla; la cual tierra por divina voluniad fué maravillosamenle cotiquislada, etc. ; Sevilla, 1534, 
por Bartolomé Pérez, ocho hojas, folio gótico. No sabemos de mas ejemplar de este curioso libro (si 
puede dársele este nombre) que el que existia en la rica y escogida biblioteca dtrl muy honora- 
ble Tomas Crenville, que ásu fallecimiento la legó al Museo Británico; no hemos logrado ver di- 
clio ejemplar, pero, según las noticias que hemos adquirido, liay fundamentos bastantes para 
sujiiir (jue la relación de que hablamos puede ser también de Francisco de Íerez, que sin duda 
elantó, para satisfacer la ansiedad y anhelo público, aquel breve rasguño de los importantes 
I del Perú, sin perjuicio de dar mas adelante cuenta de ellos con mayor extensión, como lo 
I cu la fíelacioit que reproducimos aquí, y que tiene cuarenta y cinco fojas impresas en el 
ir priacipe de 1534. Con lo que termÍDamos nuestras indagacioues respecto á Faanciíco 



PEDRO CIEZA DE LEÓN. 



.a 



Ipiónae si pKiMto bb Cibía nació en Sevilla, pero puede decirse que, si no por naturaleza, fué 
lujo de ella por residencia y vecindad. Tampoco sabemos nada de su jiihiilia y padres, y solo por 
elqtuoto que puso al ün de la primera parte de su obra, diciendo qde la eonctuyó en Lima el aña 
delfiSO, a la edad de treinta y dos años, se viene en conocimiejiío de que nació por los de iíHS. 
AlalJt'rnB edad de trece, según don Nicolás AjUomío, y en lfi2l, pasó a las Indias, donde residió 
(Dtsttcditizy siete seguidos, sirviendo en la carrera militar y distinguiéndose por sus buenas 
dotes. Frutode tan larga peregrinación y de sus estudios en aquellas regiones fué una extensa 
obra, cuya primera parte dio á luz en Sevilla el año de 15oo; lo cual indica, al parecer, que para 
totooces linbia vuelto nuestro autor ñ su patria. Es el titulo de su libro : Primera parte de la 

rúttiea del Pirú, que trata de la demarcación de sus provincias, la descripción dellas, las funda- 
'aooes de las nuevas ciudades, tos ritos y costumbres de los indios, con otras cosas extrañ.is dig' 
BHdetaberse; Sevilla, loíío, por Martin de Akmtcsdoca. Según la larga explicación que de su 
plan liacc en el proemio, la obra debia constar de cuatro parles, con mas dos libros suplemen- 
Uríaa^abiazandoeneste inmenso espacio la historia natural, civil y poli tica det Perú, sus anligüe- 
tlades.los sucesos de la dinastía de los incas, la conquista délos españoles, y Analmente las guerras 
ÓtíIc^ ■ ' Mmagros y Pizarros, hasta la completa pacificación de la tierra por la maña y sagaci- 
éid (i ■-■ licenciado Pedro de la Casca. Por desgracia para las letras solo gozamos la parte 

imem, que es !n impresa, habiéndose extraviado y perdido cuanto en su continuación escribió 
it que no sabemos si llegó á coocluir su trabajo: cosa dilicil do creer, sabiendo con segorídad 



NOTIQAS BIOGHÁFICaS. 

que falleció á la temftnina edad de cuarenta y i]üñ ufios, y á pocos de linberse restituido á la rae- 
lrti|K)li. Se ve (lor su propio leslimonio y declanicion que cümcuzt) á escriliir lo impreso v\ año 
de 1341 en la ciudad de Cartagena, de la gobernación de Popaban, y que lo acabó qü la ciudod 
de los Reyes en 1530, cuando tenia treinta y dos años. 

Tal cual dejó esta obra, y á pesar de iiíiber quedado incompleta, es uno de los libros mas nota- 
bles, curiosos y dignos de estudio de cuantos se publicaron sobre el Nuevo-Mundo. Antes deque 
abriesen el camino los trabajos del anlicunrin, las descripciones y pinturas del viajero, y los poí^ 
menores, medidas y reconocimientos de! exfiloraiior científico, aupo el vasto talento de Pct^HODS 
CiEZA presentar un cuadro de la gcnprafia y lopogi-atla <lrl inmenso imperio de los incas, descri- 
biéndole con exactitud , expresando la distancia entre las diferentes poblaciones, así de indios 
como de españoles, enumerando las que exislian en aquella cosía floreciente y en el interior, lia- 
ciendo un bosquejo de sus valles y llaimnis, asi corno do las cordilleras gigantescas que corren 
poralelamente al Pacifico y forman uno de los rasgos mas notables de la lisononiia fisicji del 
globo; sin olvidarse de referir particulares interesantísimos de la población indígena y presentar 
una descripción de sus trajes, costumbres, antigüedades y monumentos, mezclando h esto algunas 
noticias de su bistoria primitiva y del estado social en que se bailaban ; de manera que el conjunto 
del todo es la viva pintura delPerú, bajo el aspecto físico y moral, en el jierimlo mas curioso para el 
observador, es decir, en la época de transición y cuando, desmoronándose el ediOcio social cons- 
truido por Mango y sus descendientes, pasaban aquellos pueblos aldnminiode la influencia curo- 
pea. Es ciertamente de sentir no parezca la relación que Cieza debió escribir de las puerras civi- 
•les, puesacompañó a! presidente Gasea en toda la expedición contra losPizarros, y hubiera consig- 
nado pormenores mas circunstanciados aun que los que poseemos. Del resto de su obra no tene- 
rnos, como arriba dijimos, noticia alguna, y solo se dice que en Madrid se vieron hace algunos años 
en manuscrito las partes segunda y tercera, ignorándose adonde fueron á parar. Monsieur Ricli,en 
su Catáhi/o <k manuscrilon relativos á América, pone bajo el número 90 el siguiente : Terter Ubm 
'de las Guerras civiles del Perú, el cual <e llama la guerra de Quito, hecho por Pedro deCieza dk 
León, coronista de las Indias; cuatrocientas veinte y cuatro hojas en folio. Perteneció, según 
nuestros noticias, este manuscrito á la exquisita colección que reunió la diligencia de don An- 
tonio de U^'uina, la cual pasó después de su fallecimiento á manos de monsieur Ternaux- 
Compans, de Paris, y después á las de monsieur Lennox, de Nueva- York, que la adquirió eu pre- 
cio de seiscientas libras esterlinas el año de {Hi9. Este es el único apuute que nos ha sido dablo 
adquirir respecto á la parte inédita de la obra de Cieza. 

La primera impresión de la primera parte es de Sevilla, 1553, por Martin de Montesdoca. folio 
gótico ; hay otras dos ediciones en 12.°, una de Arabéres, 15íi5, de Nució, otra del mismo año y 
lugar, de Juan Bellero, y unatra<!uccioii italiana de Agustín Cravaliz, que la imprimió en Roma 
el año de 1355 en casa de Valerio Doiigli, 8."; y sin embargo, puede afirmarse que es uno de 
uueslros libros de Indias mas difíciles de encontrar y mas notables por su mérito; razones ambas 
que nos han movido a darle un lugar en esta Colección, Ya Indicamos antes, y lerminarémos esie 
■artículo repitiéndolo, que Cieza falleció en Sevilla el año de 151)0 y a los cuarenta y dos de su 
edad : asi lo afirma el Padre Alonso Chacón, de la orden de santo Domingo, en sus adiciones y 
notas á la DWüuteca universal, de las cuales hace mención don Nicolás Antonio en la suya. 



AGUSTÍN 0E ZARATE. 



Contador de mercedes del Emperador, empleo equivalente á uno de los principales de nuestra 
hacienda en el dia. Ninguna noticia tenemos de su tamilia ni patria , y solo se sabe que pasó u la 
América Meridional .1 ejercer su cargo cuando las turbulencias del Perú tenían trastornado el or- 
den público, y las cajas reales experimentaba» un abimdom»que reclamaba imperiosamente re-' 
paro y remedio. Aun cuando no lu\iésemos otro dalo, la importancia y gravedad de esta comisión, 
y uuts GO arguella co) untura, baalariau pai'a a[)reciar Uv JiiU!li(j.cacia j^ el seso j la .piudeucia tití^^ 



■ DR ACfSTtt OE 2ARA1T. ir 
Bn. 14<>g6á su tfcstíno en fom]iiiriiii dil vircy BUisco Nuñez \ch, y íabalmenfe cuando aso- 
^Kba la rubL^lion (i<í Gontalft Píjüiito , Fr;iiirtsco rtp Carvajal y dt^más ¡«arlidarifis suyos; y hay (¡ue 
^■OMr una ¡illa iilfadi'su caimcidail y tak'ttlos, si Sf consiiWn que al mi^mt■^ lirmpo í|Uc ck'Si'm- 
Hblm las funcioiifs ¡iropias de su cargo , oltscrvaba curiosa me i iIü Ihs sucesos, y Un t'iicfnnen- 
H|m al pM|tt>l con iii ventcitliiti y la ti-iii|)l,iiizu |>i'0¡>'mis ele un lilósoro. Currk en ello no pequeño 
Bh;o. pues d mismo asegura (|ue á no procrtlpr con el mayor recato y reserva, le pudiera lia- 
Hr costado hasta 1« vida el saberscv se ocupaba en escribir los acoiilecimienlos de aquella región: 
Brqtio. sospechoso de ello el Francisca de Carvajal , auienazó con su venganía al que luviese la te- 
Bprídad ilú cuular sus liazañas, nnis dignas de perpetuo silencio y olvidoquc tie recuerdo ; y cuat- 
■Étcra qutí cotn>zca niediunameulc la liisloria de aquel tiempo sabe que Carvajal iia hombre 
^ cumplir lo que ulrecia. 

■ Tuvo pues ZÁnATE oculto su trabajo hasta que, restituido á Europa, y terminados mucho antes 
Hisucrsosilcl IVrú ron castigo de Jos sublevados, pulilicó su libro en Ambéres el año de ISooen 
Bi towio en 12.° dedicándolo al Emperador, que en premio de sus buenos ser\ icios le encargó el 
^bieruo de ta hacienda en Flándes. Verdaderamente era digno ZArate de recompensa, porque 
nüñendo pasado a) Perú en compañía del Virey, en medio de conocer y deplorar los desácier^ 
^tatt de este funcionario, que tantas desventuras causaron , /guió n :<u fallecimiento el partido do 
A Audiencia, permaneciendo fiel al pendón real. 

■ No podemos decir cuánto tiempo permaneció Zarate en Flándes, ni en qué época se restituyó 
B España ; pero hay datos que manitjestan continuó sus servicios, pues por real cédula de 14 de 
MUZO de l."60, fecha en Toledo, se le dio comisión para averiguar cómo estaba lo tocante álos 
RBesmos de la mar, que estaban á cargo de la real hacienda desde el fallecimiento del condestable 

don Pedro Fernandez de Velasco, que antes los habia cobrado ¡ la cédula está extendida en los 
^énninos mas lisonjeros para Zarate, pues dice que • acordado que debíamos enviar una persona 
He recaudo y conlianza á se iiifonuarde lo que en esto pasa y se debe hacer y proveer ; por en- 
Ok^acalando la suliciencia y (tdebdad de vos, Agustín re Zarate, nuestro contador de mercedes, y 
amlindo c^n que. como lo habéis heclio por lo pasado, entenderéis en lo sobredicho con la díli- 
fcnein y cuidado que convieuc, nuestra merced y voluntad es de os nombrar, como por la pre- 
sente os nombramos para ello, etc. > Con la misma fecha se le dio instrucción espresa para el 
desMiipeDO de su comisión, ctj la que se explica qué es lo que debía hacer para poner en claro el 
asaoto de los diezmos de la mar, que eran unos arbitrios que se cobraban en las cuatro villas da 
kcosla de Santander, Laredo.Caslrourdialcs y San Vicente déla Barquera, y en las cuatro aduo- 
ns de Vitoria, Orduña, Valmaseda y Salvatierra. Hasta este punto llegan las noticias de Zarate, 
JW igocuran su destino posterior y la época de su fallecimiento. 
Tinieodo á tratar de su obra, no vacilamos en decir que , después de ser uno de los monumentos 
^i&tóricos mas bellos (quizá el primero) de nuestra lengua, es una autoridad respetable en alto 
■rado resj>ecto á los sucesos de que trata. El autor, además de ocupar un cargo importante , in- 
Hervino activamente en muchos de ellos, siguiendo el partido real después de muerto el Virey , y 
^^^fedoen una oc.tsiou cotno comisionado de los oidores á hablar con Gonzalo Pizarro, que se 
B^^li áLima, y requerirle licenciase sus tropas y se retirase ásus haciendas. Fjeculo el historiu- 
iatm comisión con poco gusto, según lo indica él mismo, pues no dejaba de ofrecer bastante 
U j)cli)^o, y cumplido este deber espinoso, parece se le pierdo de vista y no suena en primer tér- 
■loino: lo cual indica que se redujo a desempeñar las funciones privativas de su empleo y á escri- 

■ l>ir na obra. Estas circunstancias que acabamos de enumerar, y el buen juicio y claro entendí- 
Vmii-ntu de Zarate, son las que le hacen tan distinguido como historiador; en un principio solo 
" Iratd de escribir lo ocurrido hasta la llegada del virey Blasco Nuñcz Vela al Perú ; pero, conocien- 
do que la nuileria quedaría así oscura , dilató su plan, y comenzando por el descubrimiento y con- 
^isüi de la tierra , siguió los sucesos hasta su pacificación por Gasea ; en la primera parte tomó 
por guiará los escritores auterioresy á muchas personas que presenciaron la conquista ; en la se- 

Lgunda sus propias observaciones y noticias. Alcedo, en su Biblioleca americana, manuscrita, Ira- 

■UaZÁRATK de historiador de gran mérito, pero de poca exactitud ; esla critica no nos parece justa : 

I OOIk'm iifl pertenecía al partido real, pero, sin embargo, habla shi ira ni encono, refiere 

loi«( ' icntos cou imparcialidad y lisura , y sazona la narración con profundas retlexiones y 

umentariris, que muchas veces dan luz á pasajes oscuros de aquel tiempo. Beceloso de los in- 

eooreaüíate» que ofrece siempre la historia contemporánea , trató de conservarla inédita hasta 



I 



in NOTICIAS BIOGRÁFICAS DE AGUSTÍN DE ZARATE. 

después de su fallecimiento ; pero el Emperador, á quien la liabia presentado manuscrita, qu 
tan satisfecho de ella , que Zábate , no pudiendo resistir á tan poderosa rccoinendacion , la d 
luz en Ambcrcs, 1555, 12.° Roimprimíósc en Sevilla por A. Escribano, 1577, folio; después 
Barcia, 1740, y mereció luego la honra de pasar á las principales lenguas de la Europa. T. 
cholas la tradujo al inglés, Londres, 1381, i.*; se publicó en holandés, Amstcrdam, Com 
Glaesz, 1596, 4.", y en francés, Paris, 1706, dos tomos 12.* 



VERDADERA HISTORIA 



DE LOS 



SUCESOS DE LA CONPSTA DE U HEVA-ESPASA, 

t 

POR EL CAPITÁN BERNAL DUZ DEL CASTILLO, 



CAPITULO PRIMERO. 

Eb qaé ttempo salí de Castilla , j lo «se me aeaecM. 

En el año de i514 sali de CastiHa en compania del 
jobernador Pedro Arias de Avila , qoe en aquella sazón 
e dieron la gobernación de Tierra-Firme; y viniendo 
Mr la marcon buen tiempo, y otras veces con contrarío, 
llegamos al Nombre de Dios; y en aquel tiempo hubo pes- 
titencia, de que se nos murieron muchos soldados, y de- 
mis desto, todoslosmas adolecimos, y se nos hacían unas 
malas llagas en las piernas; y también en aquel tiempo 
tDvo diferencias ol mismo gobernador con un hidalgo 
que en aquella sazón estaba por capitán y liobia con- 
quistado aquella provincia , que se decia Vasco Nuñcz 
de Balboa; hombre rico, cod quien Pedro Arias de Avila 
casó en aquel tiempo una su hija doncella con el mismo 
Balboa; y después que la hubo desposado , se^n paro- 
ció . y solm sospechas que tuvo que el yerno se le que- 
na alzar con copia de soldados por la mar del Sur, por 
sentencia le mandó degollar. Y después vimos lo que 
dicho tengo y otras revueltas entre capitanes y solda- 
dos, y alcanzamos i saber que era nuevamente ganada 
la isla de Cuba, y que estaba en ella por gobernador un 
hidalgo que se decia Diego Velazquez, natural de Cué- 
llar; acordamos ciertos hidalgos y soldados, personas 
de calidad de los que hablamos venido con el Pedro 
Anas de^Avila , de demandalle licencia pnra nos ir á lu 
isla de Cuba , y él nos la dio de buena voluntad, porque 
no tenia necesidad de tantos soldados como los que tru- 
jo de Castilla , para hacer guerra , porque po habla qué 
conquistar; que todo estaba de paz, porque ol Vasco 
Nuñez de Balboa , yerno del Pedro Anas de Avila , ha- 
bía conquistado , y la tierra de suyo es muy corta y de 
poca gente. Y desque tuvimos la licencia , nos embar- 
camos en buen navio y con buen tiempo ¡ llegamos á 
la isla de Cuba , y Ttiimos ú b6sar las manos al goberna- 
dor della, y nos mostró rtucho amor, y prometió que 
nos dariu indios de los primeros que vacasen; y como 
se habían pasado ya tres años , ansí en lo que estuvimos 
en Tierra-Firme como eu lo que eslUTímos en la isla de 
HA-ii. 



Cuba aguardando í que nos depositase algunos indios, 
como nos había prometido, y no habíamos hecho cosa 
ninguna que de contar sea , acordamos de nos juntar 
ciento y diez compañeros de los que habíamos venidode 
Tierra-Firme y de otros que ea la isla de Cuba no te- 
nían indios , y concertamos con un hidalgo que se decia 
Francisco Hernández de Córdoba, que era hombre rico 
y tenia pueblos de indios en aquella isla, para que fuese 
nuestro capitán, y á nuestra ventura buscar y des- 
cubrir tierras nuevas , para en ellas emplear nuestras 
personas; y compramos tres navios, los dos de buen 
porte, y el otro era un barco que hnbímos del mismo 
gobernador Diego Velazquez, fiado, con condición que, 
primero que nos le diese, nos habíamos de obligar to- 
dos los soldados, que con aquellos tres navios habíamos 
de ir á unas isletos que están entre l.i isla de Cuba y 
Honduras , que ahora se llaman liis íslus de los Guana- 
jes , y que hablamos de ir de guerra y cargar los navios 
de indios de aquellas islas para pagar con cllns ul bar- 
co , para servirse dellos por esclavos. Y desque vimos 
los soldados que aquello que pedia el Diego Velazquez 
no era justo, le respondimos que lo que decía no lo • 
mandaba Dios ni el Rey, que hiciésemos á los libres es- 
clavos. Y desque vio nuestro intento, dijo que era bue- 
no el propósito que lleviíl)amos en querer descubrir 
tierras nuevas, mejor que no el suyo; y entonces nos 
ayudó con cosas de bastimento para nuestro viaje. Y 
desque nos vimos con tres navios y matalotaje de pan 
cazabe , que so hace de unas raíces que llaman yucas, 
y compramos puercos, que nos costaban en aquel tiem- 
po ¿ tres pesos, porque en aquella sazón no había en la 
isla de Cuba vacas ni carneros , y con otros pobres man- 
tenimientos, y con rescate de unas cuentas que entre 
todos los soldados compramos, y buscamos tres pilotos, 
qoe el mas principal dellos y el que regia nuestra arma- 
da se llamaba Antón de Alaminos, natural de Palos, y 
el otro piloto se decia Cainaclio, deTriana, y el otro Juan 
Alvarcz, el Hanquillo de Huelva ; yasimismo recogimos 
los marineros que hubimos menester, y el mejor aga.- 
rojo que pudimos de cables ^ voaxwts»^ ^^<5«^,^■^^p»» 




2 ' — .^— BERN'AL OlAZ 

lie aguo , y lodis otras cnías conveiiiynles para seguir 
nucslro viiijc, y imln psln ú nuestra costa y minsion. Y 
iic$tiuú9 que nos Imbimos junlailo lus st.ildadoií , que 
fueron denlo y diez, nos Tu irnos ú un puerto que «e 
(tice en ta lengua de Cuba, Ajaruco, j es uu la banda dul 
norlo , j eslaba oclto leguas de una villa que entonces 
tenían poblada , que se deciu San Cristútiiil, que <ies<le 
6 dos aÑos la pasaruN adonde agora estú pobhdu ia dl- 
cliH Habana. Y pura qaecon buen fundamento fuese en. 
caminada nuestra annada, iiubimos de llevar un clérí- 
piquo estaba en la misma villa ile San Crjílóbul, que 
üe ilecia Alonso González , que con Imanas palabras j 
promclimientos que le hicimos se fué con nosotros; y 
ilomús dcslo elegimos por veedor, en nombre de su ma- 
jestad , á un soldado que se decía Beroardino loiguez, 
natural de Sanio Domingo de la Calzada, para que si 
Dios fuese servido que topásemos (ierras que tuviesen 
oro ó perlas ó piala, IjubJMe persona suiiciente que 
gtuirdase el real quinto. Y después de todo concertado 
y oido misa , encoincndandonus & Dios nuestro StMior 
y d la Virgen santa María, su bendita Madre, nuestra 
Señora , comenzamos nuestro viuju de la maueru que 
adctanie djré. 

CAPITULO n. 

Del tfíiKBllriiiiiCDto te Yatifan ; de un renciieiilra de {ucrra que 
tuvioioi con los nilunlet. 

En S (tiasdel mes de febrero det aüode IsITañas sali- 
mos de la Habana, y nosliicimosá la vela en el puerto de 
Juruco, que ansi se llama enire los indios, yes la banda 
del norte, y en doce dias doblamos la de San Antón, que 
por otro nombre en la isla de Cubase llama la tierra de 
1(is Guanatavcis,queson unos indios como salvujes, Y 
driblada aquella punta y puestos en alia mar, navegamos 
II nuestra ventura hacia donde se pone el sol , sin saber 
iiajos DÍ corrientes, ni qué vientos suelen señorear en 
oquella altura, con grandes riesgos de nuestras pcrso- 
iiiis; porque en aquel instante nos vino uiia tormecitu 
que durú dos dias con sus noches , y fué lal , que estu- 
vimos para uaspenlcr; y desque aboaanzú , yeudo por 
otra navegación , pasado veinte y un dias que salimos 
i!e la isla de Cuba , vimos tierra , de que nos alegramos 
mucho.y dimos muchas gracias á Dios pnr ello; la cual 
tierra jamás se haLia descubierto, ni había nolicia della 
hasta entonces ; y desde los navios vimos un gran pue- 
blo , que al parecer estaría de la costa obra de dos le- 
guas, y viendo que era gran población y uo hahiaraos 
visto en la isla de Cuba pueblo ton grande , le pusimos 
por nombre el Gran-Cairo. Y acordamos que con el un 
navio de menos porte se acercasen lo que mas pudiesen 
ü la costa , & ver qué tierra era , y á ver sí hubia fondu 
[tara que pudiésemos anclar junto d la costa; y unama- 
fiana, que fueron 4 de marzo, vimos venir cinco canoas 
grandes llenas de indios naturales de aquella población, 
y venían ii remo y vela. Son canoas hechas ú manera de 
nrlesas, son grande?, de maileros gruesos y cavadas por 
deduntro y cstd hueco , y todas son de un madero ma- 
cizo, y hay muchas deltas en que caben en pié cuarenta 
y cincucnla indios. Quiero volver á mi materia. Llegia- 
dos los indios con tus cinco canoas cerca de nuestros 
navias, con scñus de poí que les hicimos, Damiindoles 



DEl CASTILLO, 
con las manos y capeándoles con las capas para qn* 
nos viniesen d hablar, porque no teníamos en aqud 
tiempo lenguas que entendiesen la de Yucatán y ineji- 
cuna, sin temor ninguno vinieron, y entraron en la nao 
cnpiluua sobre treinta dellos, á los cuales dimos de co- 
mer cazabe y tocino, y á cada uno un!iar(alejodecuea> 
tas verdes, y eítuvieritn iiiíramio un buen rato lus Bi- 
vios; y el mas principal del los, que era cacique, dijo par 
señas que se quería tornar ú embarcaron suseanons y 
volver ú su pueblo , y que otro día volverían y traerian 
mus canoas en que sallúsemos en tínrra ; y veoian osloi 
indios vestidos con unas jaqueías de algodón y cubier- 
tas sus vergüenzas con unas nuitilas angostas , que «n- 
tre ellos llaman maslates, y luvímoslos por hombres 
mas de razón que & los indios de Cuba , porque andaban 
los de Cuba con sus vergüenzas defuera , e ice [tío las 
nritjercs, qite traían hasta que les ílegubau ú los uiu^lu" 
uniis ropas de algodón que llaman naguas. Volvamos •! 
nuestro cuento : que otro dia por la mañana volviú el 
niiiímu cacique d los navios , y trujo doce canoas grao- 
diB con muchos indios remeros, y dijo por señas al Ca- 
pitán , con muestras de paz , que hiésemos ú su pueblo 
y que nos diu'ian comida y loque hubiésemos menester, 
y que en aquellas doce canoas podíamos saltar en tier- 
ra. Y cuando lo eslaba diciendo en su lengua , acuér» 
dome que decía : Con escotoch , con escotúch ; y quiero 
decir , andad acá á mis casas; y por esta causa pusioMS 
<Iesde entonces por nombre á aquella tierra Punta do 
Colocbe, y así está eu fas cartas de marear. Pu«s 
viendo nuestro capilan y lodos los demás soldados los 
muchos balagosque nos hacia el Cacique jtara que fuése- 
mos á su pueblo, tomó consejo con nosotros, y fué acor- 
dado que sacásemos nuestros bateles de los navios , j 
en el navio de los mas pequeños y en las doce canoas 
saliésemos & tierra todos juntos de una vez, porque vi- 
mos la cosía llena do indios que Imbiuit venido de aque- 
lla población, y salimos todos en la primera barcada. Y 
cuando el Cacique nos vido en tierra y que uo ibamoa 
ásu pueblo, dijo otra vez al Capilan por señas l}ue fué- 
si-'tnos & BUS cusas; y tañías muestras de paz hacia, que 
tomimdo el Capitán nuestro parecer para si iríamos & 
no , acordóse por todos los mas soldados que cou el 
UM'jor recaudo de armas que pudíésenias llevar y con 
buen concierto fuésemos. Llevamos quince ballestas y 
diez escopetas (que así se llamaban, escopetas y espin- 
gardas, eu aquel tiempo), y comenzamos ú caminar por 
un camino por donde el Cacique iliu por guia , cou oíros 
muchos indios que le acompañaban. E yendo de la ma- 
nera que he dicho, cerca de unos montes brettusos co- 
menzú ú dar voces y apellidar el Cacique parB<que sa~ 
liesen & nosotros escuadrones de gente de guerra , que 
tenían en celada para «os matar; y á las voces que ái6 
el Cacique, los escuadrones víiiierou con gran furia, y 
comeníarun ü nos flechar de arle, que ú lu primera ro- 
ciada de flechas nos hirieron quince toldados, y traían 
armas de algodun, y lanzas y rodelas, arcos y flechas, 
y hondas y mucha piedra, y sus penachos puestos, y 
luego tras las flechas vioieronáse juntar con nosotros pié 
con pié, y con las lanzas á manteniente nos hacían mu- 
cho mal. Mas luego les hicimos huir, ctimo conocieron el 
buen corlar de nuestros espadas, y de las ballestas y es- 



CONQl'ISTA DE 

ieldaño<|uolesliacíaa ; por mnncra que qwAn- 

trlcs ijiiíiire «lullus. Un fiuctt mns uitetuiile dotida 

ron iiqupllt rcfrirga quo diclia leiigo, estulja 

ceta } tre$ casas <le cal y canto , que eruii ailora- 

londetenwK inuclios iduli»; ilu burro, unos como 

e deniouius y otros coinu de mujeres, allos de 

, j o(r(t« de otras tnalus lif^uras; de tmiiiiTa que 

cer estubuu ludümlo soduiníus unas Lulkis de 

MO otro»; y dcatro ea lus casas teniun umis ar- 

bactúutcte niailora, y en ellas oirus iJolri:; de 

diaMIicus, y una$ patenillos de medio oro, y 

lyanto y tfcs diactemaü, y otras piecezuelas ¿ 

de pescados y otras ú maDeru de úiiaitüs, d*i oro 

despo^ que lu tniliimos vkto, asi el oro como 

B de cal y canto , cst^iliamos muy coiileiitos por- 

Minos dusculiierto lal tierra , puiigue en uquei 

loo ef a descubierto et i'erú , ni aun se desculiriá 

|bi idíczy seisuüos. En uq uel instan te que cs- 

batalluntto cOD lus iodioí, como riiclio tent^'^, 

Gumalez ibacim nosotros, y con dos indias de 

cargó de las arquillas y el oro y los ídolos, 

i al natío ; y en nqoella esi'nramuui iirendimus 

los, que das pues se bautizarou y volvirTou criü- 

jccllnmú el uno Melcliory el otro Julia n, ycn- 

i erautrustaliadusdúlus ojos. Y acabado aquel 

acordamos de nos volver á embarcar, y seguir 

U adela nte descubriendo liúcia donde se pone el 

¡fe^uét (Je curados [os tarridos, coiueuuuius a 



CAPITLLO IIL 

0el leseakrimiento de Campeche. 



} tconlainos de ir ia costa adelante hacia el po- 
I dascubrieodo puntas y bajas y ancones y ar- 
, erejendo que era bla, como nos lo certilicaba 
D AnlOQ de Aiaraínos, íbamos con gran lieoio, 
Wvesaodo y de nocbe al reparo y parando ; y en 
diasque fuimos desta manera, viinos desde los 
pa pueblo , y al parecer algo grande , y tialiia 
íl gran ensenada y baliia; creímos que babíario 
pudiÉsemos lomaragun, porque teníamos 
ito dalla; acabibase la de las pipas y vasijas que 
M^qoeooTeoian bien reparadas; que, como núes- 
dé ho mbres pobres, no tcniu mos d i n e ro 
«OOteoia para comprar buenas pipas; falló e| 
de ultar eo tierra junto al pueblo, y fué 
ttffi de Uzaro , y á esta causa le pusimos este 
I , •ua^ue (upimoe que por otro nombre propio 
M dice Campeche ; pues para salir todos du 
, econiainos de ir en el navio mas cbíco y 
Inlelee, bien apercebidos de nuestras armas, 
leciese como en ia Punta de Cntoclie. Porque 
ancooe* y baliías mengua mucho la mar , y 
I eaoM dejamos los navios anctcados mus de una 
! (ierra, y fuimos á desembarcar cerca del pu&- 
eslabaalU un buen paso de buena agua, donde 
nntea d« aqoeUa población bebían y se servían 
•quallas tierras , se^jun hemos visto, no 
; yaanimoa las pi|)as para las henchir de agua y 
i lo» navios. Ya que estaban ¡lenas y nos que- 
, vinieron del pueblo obra de cincuenta 



NUEVA-ESPaNA. ~ 3 

indíoscoit biit'iiasm:infasdenlf;odon, ydopaZiyAloque 
parecía debían ser cuciquc;, y nos dec¡:tn por señns que 
qué buícábamo», y les dintos li eiilemler que lomar 
tifiua é irnos luego á los navios, y señnlaroa con la ma- 
no que ai veníamos ile hacia donde sat<í el sol , y ducian 
Castílan , Castilan, y no miníbamos bii'n en k plática 
de CasUlaa , CasUlaiu Y después dfSt;v5 pliKicas que di- 
cho tenRO, nos dijeniu pnr sciiusque (misemos «ion ellos 
úsu pueblo, y estuvimos tomando consiejnsí irí.imos. 
Acordamos con buen concierto de ¡r muy sobre aviso, y 
lleváronnos ij unas casas muy grandes, que eran adoralo- 
ríos de sus ídolos y estaban muy bien labradas de cal y 
canto, j tenían ügurados en uitus paredes muchos bulto? 
de serpientes y culebras y otras pinturas de ídolos, y al' 
rededor de uno como ntlar, lleno de potas de sangre 
muy fresca; y á otra parle du los iilolos teniau unas se- 
ñales como á manera de cruces , pintados de otros bul- 
tos de indios; de tixlo lo cual nos admiramos, como 
cosa nunca visla ni oída. Se^un pareció, en ,i/[uella sa- 
zón haliíuu sacrilícndo á sus Ídolos ciiirtos indios pura 
que les diese» vituríu contra nosotros, y andaban mu- 
chos indios é indias riéudose y al parecer muy de paz, 
como que nos ventana ver; y como se juntaban tantos, 
temimos no hubiese alguna zalagarda como la pasada 
de Coloche; y estando desla mmiera vinieron otros 
muchos indios, que iruiao muy ruines manías, carga- 
dos de carrizos secos, y los pusieron en un llano , y tras 
estos vinieron dos cícuadrones de indios flecheros con 
lauias y rodelas, y hondas y piedras, y con sus armas 
de aigodoo, y puestos en concierto eo cada escuinlron 
sa capitán , los cuales se apartaron en jtoco irecfio de 
nosotros; y luego en aquel instante salieron de otra 
casa, que era su adoratorio, diez indios, que traían las 
ropas de mantas de algodón largas y blancas, y los cabe- 
llos muy grandes, llenos de sanare y muy revueltos los 
unos con los otros , que no se les ()ueden esparcir ui pei- 
nar si no se cortau ; los cuales eran sacerdotes de los 
ídolos, que en la Nueva-Espaíia comunmente se llauían 
papas; otra vez dipo que en la Sui; va-España se llaman 
papas, y asi los nonn raréde aquí adelante ; y aquellos 
pa[>osnos trujeroniahumeríos , como í mainrri dp resi- 
na, que entre ellos llaman copal, y con braseros de barro 
llenos de lumbre nos comenzaron a zahumar, y por seña» 
nos dicen quenos vamosde sus tierras antes que á aque- 
lla leña que tienen llegada se ponga fuego y se acabe de 
ardor , sino que nos darán guerra y nos matarán. Y lue- 
go mandaron poner fuego á los carrizos y comenzó dn 
ariler, y se fueron los papas callnudo sin mus nos ha- 
blar, y los que estaban apercebidos en los escuadrones 
empelaron á silbar y á tañer sus bocinas y atabalejos. 
Y desque los vimos de aquel arte y rauy bravosos , y do 
lo de la Punta de Cotocbe aun no teníamos sanas las 
heridas, y se habían muerto dos soldados, que echamos 
al mar , y vitnos grandes escuadrones de indios sobre 
nosotros, tuvimos temor, y acordamos con buen con- 
cierto de irnos i la costa ; y asi, comenzamos i caminar 
por la playa adelante basta llegar enfrente de un peñol 
que está en la mar, y los bateles y al navio pequeño 
fueroa por la costa tierra i tierra con las pipas de agua,- 
y no nos osamos embarcar junto al puebij donde nos 
hubiaroos desembarcado, por et grao número de indio* 



BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. 



t[ueTa se habían jutilado, porque tuvimos por cierto 
i]ue al enibitrcar uos iliiri^m guerra. Puvs jra ineiiita 
tiuesLra agua en losDuvios, y etobarcutios eii una ba- 
hía comí) porltizuelo quo ulli e$tuba , coiaonzainosú na~ i 
vcgar seis diuscotí sus iiocbús cuu buen lititnpo, y vol- . 
víú un norte , quo es truvc&ía eu aquulla cosía , oí cual 
ihirA cuatro <bu5 cvn sus uoclies, que esluvimos pura 
iljr ul través: tan recio teinpural liscia, que nos bJzo 
uiicleíjr la costa por no ir al truvés; que se uos qiieUra- 
luii ilüs cables, y iba garraiulo ú tierra el navio. ¡Ob eit 
ijué trabajo nos vimos ! Que si se quebrara el cable, íba- 
iniis á la costa perdidos, y quiso Dios que se ayudaron 
cuu o(ra« inarumos viejas y gu¡nitak>tas. Cues ya repo- 
K.I Itiel tiempo, segubuos nuestra eosla adelante, lleg&n- 
iluDus á tierra cuanio poiiiumos para tornar é lomar 
.agua, que (como be dicbo) las pipas que traíamos vi- 
luíorou u]uy abiertas y asimismo uo baliia regla en ello; 
(«ouio Íbamos costeautlo, creíamos que do quiera que 
[pillásemos en tierra la lomaríamos de jagüeyes y po- 
1 IOS que cavaríamos, Pues yeudo nuestra derrota ade- 
[ la lite vimos desde lus navios un pueblo, y antes de obra 
I lie una legua dé! bacía una eusenaiia , que parecía que 
I liabriariú óarroj'o : acordamosde surgir junto i éi ; y uo- 
[ mu en aquella costa (como otras veces he dicho) mengua 
murlio la mar y quedan en seco los navios , por temor 
tlelto suri^imos mas de una legua de tierra en el navio 
^ menor y en todos los bateles; fué acordado que saltá- 
semos en aquella ensenaila , sacando nueslias vasijas 
con muy buen coucierto, y orinas y ballestas y esco- 
líelas. Salimos cu tierra poco mas de mediodiu, y ba- 
briu una legua desde el pueblo basta donde desoiiibar- 
canios, y estaban unospozns y maizales, y caserías de 
cal y canto. Llámase este pueblo Polouclian , é henclií- 
niDS nuestras pipas de agua; mas no las pudimos llevar 
hí meter en los bateles, con la muchti gente de guerra 
que cargó sobre ntisolros ; y quedarse Ira aquí, y ade- 
lante diré las guerras que uos dieron. 

CAPITILO IV. 

Como dricmbaicaniDJ en unj balila dauíic hibl) maliitcs , cercí 
del pueilu de Fulauctiaii , y dt: Ui ínetta nae nos díecop. 

Y estando en las estancias y maizales por mi yi ái- 
, Hms, tomando n"ua>ilra agua, vinieron por la costa mu- 
chos escuadrones de indios del pueblo de Cotoncluin 
(que usí se dice), con sus armas de algodón que les da- 
ba iS la rodilla, y eon arc<is y Hechas, y Iniízas y ro- 
delas, y espadas liedlas á manera de montantes de ú 
dos man(«, y blindas y piedras, y consus [lenacbos de 
• tus que ellos suelen usar, y la<; caras phnailus de blanco 
y prieto enalmagrados; y venían callando , y se vienen 
dereeltus & nosoiro», como que nes venían á ver de paz, 
y por señas nos dijeron que si veníamos de donde sale 
ti sol , y las palabra* formales según nos hubieron di- 
cliu tos de Ldiiuro , CatUlan , CuslÜan , y respondimos 
por señas que de donde sale el sol veniamus. Y eulon- 
<i"S paraufos en las míeles yon pensar qué podiii ser 
aquella plílica , porque los de San Lázaro nos dijeron lo 
mismo; mtis nunca entendimos al iinque lodeciun. Se- 
ría cuando esii) pasi'i y los indios se juntaban, á lu hora 
(lelas Ave-MHriifi, j luiTiinseú unas caserías, y nosotros 
[>u»iinu& ve tus í cücuvltas } bueo recaudo , porque do 



t nos paree iú bien aquella junta de aquella müTien. PlMf 
' estando vetando todos juntos , oímos venir , cotí et gnia 
I ruido y estruendo que traían por el camino, muchos in* 
I dios de otras sus esta netas y del pueblo , 7 todosdegue^- 
. ra, y desque aquello sentimos, bien entendido teníamos 
I que no se juntaban para hacernos ningún bien , y enln- 
mos en acuerdo con el Capitán qué es loque huriamos; 
y unos soldados daban por consejo que nos fuísetni» 
luego £ embarcara y como en tules casos suele acaecer, 
unos dicen uno y otros dicen olro , bubo parecer que 
sí nos fuéramos á embarcar, que como eran muchos in- 
dios, darían en nosotros y habría mucho nesgo de nues- 
tras vidas; y otros éramos de acuerdo que diésemos en 
ellos esa noche ; que , como díre el rerraii , quien «ce- 
mete, vetice; y por otra parte veíamos que para caila 
uno de nosotros había Irescicntus indios. Y eslnudn en 
estos conciertas amaneció, y dijimos unos soldados ti 
otros que tuviésemos conflonza en Dios , y coraionM 
muy bjerles para pelear , y después de nos enconiemlar 
i Dios , cedo uno luciese lo que pudiese para salvar las 
vidas. Ya que era de día claro vimos venir por la cosía 
muchos mas escuadrones guerreros con sus banderas 
tendidas, y penadlos y alambores, y con arcos y He- 
chas, y lanzas y rodelas, y se juntaran con los prime- 
ros que habían venido la noche anlcs; y luego, hechos 
sus escuadrones, nos cercan por todas partes, y nos dan 
tal rociada de Hechas y varas, y piedras con sus lion- 
das, que hirieron sobre ochenta de nuestros soldados, 
y se juntaron con nosotros pié con pié , unos con lan- 
zas, y otros llecliando, y otros con espadas de navajas, 
lie arte, que nos Iniíiiu á mut andar, puesto que les dá- 
bamos buena priesa de estocadas y cucliílladas, y las 
escopetas y ballestas que no paraban , unas armando y 
otras tirando; y ya que se apartaban algo de nosotros, 
desque sentían las grandes estocadas y cuchilladas que 
les dábamos, no era lejos , y esto fué para mejor flccbar 
y tirar ttl terrero á su salvo; y cuando estallamos en esta 
buiulta, y los indios se apellidaban, dccími en su lengua 
al Cdlactioni , al Calachoni , que quiere decir que ma- 
tasen al Capitán ; y le dieron d'>ce flecliazos, y fi nil me 
dieron tres, y uno de los que rae dterun, bien peligrosi>, 
en el costado izquierdo, que me pawíl lo hueco, y 6 otnis 
de nuestros soldados dieron grandes lanzadas, y ádos 
llevaron vivos, que se decía el uno Alonso Boley el otro 
eraun portugués viejo, f'ues viendo nuestro capí tan que 
no ba^ialja nuestro Ituentielear, y que nos ccrcabaa mu- 
chos escuadrones, y venían mas de refresco del pueblo, 
y les tniian de comer y beber y muclius liedlas , y nos- 
otros todos heridos,y otros soldados atravesados tos gaz- 
nates , y nos había muerto ya sobre cincuenta soldado»; 
y viendo que no teníamos fuerzas, acordamos con cora- 
zones muy fuertes romper por medio de sus batallones, 
y acni^ernos á los b;i teles que tenia inos en la costa, que 
fué buen socorro, y hechos toilos nosotros un escua- 
drón, rompimos por ellos; pues oír la grita y silbos y 
vocería y priesi que nos daban de ílecba y 4 manti- 
niente con sus tanzas, luriendo siempre en nosotros. 
Pues otro daño tuvimos , que . como nos acogimos de 
golpe alus bateles y éramos muclios, ibaiise ú foudoi 
y como mejiir pudimos, asidos ú tus bordes , medio na- 
dando cutre dos aguas , llegamos al navio de meuos 



CONQUISTA 

^ qat eskilA ceret, qvfi ya venip á ^rau pricsu ú 

-•i-tirri-r, y ni umliarcarliiricrua tiiuciios de nues- 

I taltb<l<'« , en especinl á los que iban asidos en lus 

ide los bateles, y les tirobaü al terrero , y enira- 

it mar con las la odias y daban á mantioieule & 

t soklados , y con muclio trabajo quiso Dios que 

«■capunot coa las villas de ¡inder de aquella gente. 

Pim JA ambareados en los navios , hullunios que Tulta- 

ka cincuenta y siete compañeros, con lus ilos que lle- 

nna rivos, y con cinco que ecliunios en la miir, que 

■orieroo de las lieríilas y de la gran sed que pa<varoii. 

Eitnñmos pete:iudo en aquellas batidlas [wco mas de 

Milía llora. IJúniase este pueblo Poloiiclmu , y en las 

arlas del mureur te pusiiimn por nombre los [lilotos y 

mnnertA Bahiu de mala rdta. \ iieiqwi nos vimos 

^ refriügíis, ilinios mucims gracias á 

'. curaban las beridiis los soldados , se 

tu iitucliii del dolor dellas , que como estubüii 

ts con el agua salada , y f-slabaii muy liincba- 

bs y tlijiadas , aljjuuús de nuestros soUlados ¡nuldecian 

JpiMo Anión Alaminos y á su descubrimiento y via- 

k, porque siempre portiaba que no era tierra firme, 

I ¡ dündu los dejarú aliora , y dir¿ lo que mas nos 

CAPITULO V. 

TácArdAnKis Ac ooi volver á 1i i^b ilc Cuba , j de li gran 
Ittiy (nbijot une lailmas hisla Urgir al jiuerto ilü t> llibani. 

Deiqae nos vimos embarcados en los navios de la 
iquedicbo tengo, dimos rnuclias gracias á Dios, 
de curados lus heridos ( que no quedó liom- 
jliDO de cuantos alli uos lialluinos que no lu- 
idos y á tres y i cuatro heridas , y el Capitán 
Itaziisi sillo un soldado quedó sin herir), 
t du nos volrer á la isla de Cuba ¡ y como es~ 
abien heridos todos los mas de los marlueros 
laroQ en tierra con nosotros , que se liullaron cu 
peleas, do teidimios quien marchase Irs volas, y 
nritanios que dejásemos el un navio, el de menos 
1», en la mar , puesto fuego , después de sacadas dé! 
I velas y anclas y oililes, y repartir los marineros que 
an siu heridas cu los dos navios de mayor porte; 
lutro mayor daño teníamos, que fué la gran /alta 
I agaa; pon}ue las pipas y vasijas que Icniamos llenas 
lOemputon, cutí lii i^'raiidi' i^uurra que nos diernu y 
de nos aciigerá los bateles no se pudieron He- 
rí 4|ac allí se quedaron , y no sucamus ninguna agua. 
tqoe Untn sed pa-^nios, que eu las lenguas y bo- 
leníamns grietas de la secura , pues otra cosa nin- 
i pan reírigerío no liabia. ¡Olí qué cosa tan Iraba- 
l'ír i descubrir tierras nuitvus, y de la [nnnera que 
utrot aos areoturiimue 1 iS'o so puede ponderar sino 
k^qe hnii pasado por aquestos eicrsivus trabajos en 
lOMtolros nos vimos, l'or manera que coa todo esto 
navegando muy allegados á tierra, para ha- 
i r» paraje de atgon rio ú balda para tomar agua, 
abo de tres dtas vimos uno como ancón , que pa- 
rió á estero, que creimos tener agua dulce, y 
en tierra quince marineros de los que liahinn 
io en los navio»!, j tres soldados que oslaban mas 
> de iw flechazos, y Üevaroo azadones y Ircs 



DE NIEVA-ESPAÑA. 



lurrílcs para traer agua; y el estero era sitiado, é hi- 
cieron nozos en b cosía , y era tan amargosa y salada 
it^tia como la del cslcru; por manera que, mida como 
eru, trujeron las vasijas lli>nas,y no había hombre que 
la pudiese beber dol imiargor y sal, y i dos soldados 
que la bebieron daíifi los cuerpos y las bocas. Habia en 
Bi]uel estero miiclios y pramlcí lai-artos, y desde en- 
tonces su puso por nombre cí estero íle tos Lagarim, 
y BSieslií en lascarlas del marear. DejemfB esta plilli- 
ca, y diré que entre tanto que fueron los bateles por 
el Bpiia se levanlii un viento nori leste tan deslieclm, 
que íbamos garrando A tierra con los navios; y coitin 
en aquella costa es travesía y reina siempre norte y nor- 
deste , estuvimos en muy gnuí peli^To pr Tulla de ca- 
ble; y como lo vieron los marineros que habían ido :i 
tierra por el agua, vinieron muy rnas qnode paso con 
(lis bateles, y tuvieron tiempo dcecbar otras anclas y 
niaromas , y estuvieron los ntivíos seguros dos dias y 
ilus tiocbcs; y luego aliamos anclas y dimos vela, sí> 
gtiiendo nuestro viaje para nos volver ú la isla de Ciibn. 
í'arece ser el piloto Alaminos so concerló y arorvíejó 
con los otros dos pilotas que desde aquel paraje dundo 
estábamos atravesásemos i la floriilu, porque halla- 
lun por sus cartas y grados y alturas que estaría do allí 
iilira de setenta leguas, y que después, puestos cu la 
Florida, dijeron que era mejor viaje ú nías cercana na- 
vegación para ir ú la Llübaua que no la derrota por don- 
de habíamos primero venido ú descubrir; y asi fué eotmi 
il piloto dijo; porque , según yo entendí, Imbta vcoíiIm 
con Juan l'ooce de León li descubrir la Florida había 
diez ó doce años ya pasados. Volvamos á nuestra mate- 
ria : que atravesando aquel golfo, en cuatro días que 
navegamos vimos la tierra de la niisiiia Florida; y lo 
que en ella nos acaeció diré adelante. 

CAPULLO VI. 

Cdma drsrnIíiTrjrnn rn li httila itc li Florida v^Uile Mliiadoi, ; 
rúQ niisMnii r\ pilota Atanilitns, pan liutrür apta, y ile la i;ii(m 
que aUl na) itirrao lut njtiini|i:t ie aijuclli Iktt^,! ív .lue an 
\iiíú haíla «ulVFf i la Hiaiui. 

Llegados (I la Florida ncurilamos i[un siitie^on en 
tierra veinte soldados do los que leniainos mas sanos 
de las heridas : yo fui con ellos y también el piloto An- 
lun de Alaminos, y sacamos las vasijas que había, y ¡na- 
(lones, y nuestras ballestas y escopetas; v como el Capi- 
tán e'itaba muy mal licrido, ycon la gran sed que ¡lai-abu 
muy debililaiio , nos rogó que por amor de liíi^quecn 
tullo caso le trujésemos agua dulce, que se secaba y 
tiioria du sed; porque el agua que babia era muy saluda 
y no se pojlia beber, comootraveíyadicliu leuyo. Lle- 
gadosque fuimos 4 tierr.i, cerca de un estero que entra- 
ba eu la mar, el piloto reconoció la costa, y dijo que ha- 
1>ia die^ ó dore años ipio habia estado cu aquel paraje, 
cuando vino rm luán Punce de León á descubrir aque- 
llas tierras, y alli le habían dado guerra los indios de 
aquella tierra , y que tesbutiían muerto muchos solda- 
dos, y que i esiu causa eslu viese in os niny sobre avisa 
aperei'bidos, porque vinieron en aquel tiempo que di- 
rlio tiene muyde repente los indios cuando le desbara- 
taron; \ liicgn pusimos p<ir espías dossoldudosen una 
playa que su bacía muy ancha , c hicimos pozos muy 



: 



• 



8 BERNAL OlAZ 

Itondos donde nos pareció haber agua dulce , porque en 
Bijutitlu sazoD era menguante lu marea ; y quiso Dios que 
topásemos muy buena agua, jfcon el alegría,} ^or liur- 
tamos della y lavar puños para curar las berídas , estu- 
vimos espacio do una hora ; y ya que queríamos venir 
ú embarcar con nuestra aguo, muy gozosos, TÍmos Te- 
ñir al un soldado de los que balMinos puerto en la pla- 
ya daodo muchas voces diciendo : u AI arma, al arma^ 
que vienen muclios indios de guerra por tierra y otros 
en canoas por el estero; » y el soldado dando voces, é 
Tenia corriendo , y los indios llejiarou casi ú la par con 
el soldado contra nosotros, y traían arcos muy grande* 
y buenas Hedías y lanías, y unas ú manera de espadas, y 
vestidos de cueros de venados , y eran de grandes cuer- 
pos, y se vinieron derechos i nos flechar, é liirieron 
iaefio seis de nuestros compañeros , y á mi me dieron 
un Oecliazo en el brazo derecho de poca herida; y di- 
mosles tanta priesa da estucadas y cuchilladas y con 
las escopetas y hallustus, que nos dejan & nosotros los 
que estibamos tomando agua de tos pozos, y van á la 
mar y estero & ayudar d sus compañeros tos que veniau 
cu los canoas donde estalm nuestro batel con los ma- 
rineros, que también andaban peleando pié con pié 
con loa indios de las canoas, y aun les teman ya to- 
mado el batel y le llevaban por el estero arriba con 
Eus canoas, y habían herido ú cuatro marineros, y al 
piloto Alaminos le dieron una mala herida co la gar- 
ganta ; y arremetimos á ellos, el agua mas que á la cin- 
ta, y áeslocodas les hicimos soltar el batel , y queda- 
ron tendidos y muertos en la cosía y en el agua veinte 
y dos (Icllos, y tres prendimos, que estaban heridos 
poca cosa ¡ que se murieron en los navios. Después des- 
ta refriega pasada , preguntamos al soldailu que pusi- 
mos por vela qué se hizo su campanero Berrio (que así 
se llamaba); dijo que lo vio apartar con una hacha en 
las manos para cortar un palmito , y que fuá hacia el 
estero por donde Iiabian venido los indias de guerra, 
y que oyó voces de español , y que por aquellas voces 
vino (!e presto a dar mandado & la mar, y que entonces 
le debieran de matar; el cual soldado solamente él lia- 
bia quedado sin ninguna herida en lo de Poloncban , y 
quiso su ventura que vino allí & fenecer ; y luego fui- 
mos en busca de nuestro soldado por el rastro que ha- 
bían traído aquellos indios que nos dieron guerra , y 
hallamos una palma que habla comenzado á cortar, y 
cerca della mucha huella en el suelo, masque en otras 
partes ; por dunde tuvimos por cierto que le llevaron 
vivo , porque no liabiu rostro de sangre, y anduvimos 
buscándole á una parte y á otra mas de uua liora, y di- 
mos voces, y sin mas saber de él nos volvimos &. em- 
barcar en el batel y llevamos i los navios el agua dul- 
ce , con que se alegraron todos los soldados , como si 
entonces les diéramos las vidas ; y un soldailo se arrojd 
desde el navio en el batel con la gran sed que tenia, 
lomú una botija á pechos, y bebió tanta agua, que da- 
lla se fiiochá y murió. Pues ya embarcados con nuestra 
agua y metidos nuestros bateles en los navios, dimos 
vela para la Habana, y pasamos aquel diay la noche, 
que hizo buen tiempo, junto de unas isletos que hamau 
los Mái tires, que son unos bajos que asi los Human, 
lot bajos de tos Ülárüres. íbamos en cuatro brazas 



DEL CASTIt.LO. 

I lo mas hondo , y tocd la nao capitana entre nnas cmao 

, isletas é hizo mucha agua; que con dar todos los sol- 
I dados que Íbamos & la bomba no podíamos estancar, ¿ 
íbamos con temor no nos anegásemos. Acuerdóme que 
traíamos allí coa nosotros i unos marineros levantis- 
cos , y les decíamos : u Hermanos , ayudad á sacar la 
bomba, pues veis que eslamos muy mal heridos y can- 
sados de la noche y el día , porque nos vamos & fondo;» 
y respondían los levantiscos : «Facételo vos, pues no 
ganamos sueldo , sino hambre y sed y trabajos y heri- 
dos, como vosotros ;» pornionera que les hacíamos dar 
A la bomba aunque no querían , y malos y heridos como 
íbamos, mareAliamns las velas y ddbamosála bomln, 
basta que nuestra Señor Jesucristo nos llevó á Puerto 
de (arenas, donde ahora está poblada la villa de la fh* 
liana , que en otro tiempo Puerto de Carenas «e soha 
llamar, y no Habana; y cuando nos vimos en tierra di- 
mos muchas gracias á Dios , y tucgo se tom6 el agua de 
la capitana un buzano portugués que cstalia en otro 
navio en aquei puerto, y escribimos A Diego Veln/quez, 
gobernador do aquella isla, muy en posta, beciéudule 
saber que habíamos descubierto tierras de grandes po- 
I blaciones y casas do cal y canto, y las gentes natura- 
les dellas andaban vestidos de ropa de algodón y cn- 
bierias sus vergüenias , y tenían oro y labranzas do 
maizales; y desde la Habana se fué nuestro capitán 
Francisco Hernández por tierra á ta villa de Santispi- 
rilus, que así se dice, donde tenia su encomienda de 
indios ; y como iba mal herido, murió dende allí & diez 
días que había llegado á su casa; y todos los demás 
soldados nos desparecimos , y nos Tuimos unos por una 
parte y otros por otra do la isla adelante; y en la Ha- 
bana se murieron tres soldados de las heridas, y los 
navios fueron á Santiago de Cuba, donde estaba el Go- 
bernador, y desque hubieron desembarcado los dos in- 
dios que hubimos en la Punta de Cotoche, que ya he 
dicho que se decían Helchoríllu y Julíanillo, y en el 
arquilla con las diademas y ánades y pescadillos, y con 
los ídolos de oro, que aunque era bajo y poca cosa, su- 
blimábanlo de arte, que en todas las Islas de Sanio Do- 
mingo y en Cuba y aun en Castilla llegó la fama dello, 
y decían que otras tierras en el mundo no se habian 
descubierto mejores, ni casas de ca! y canto ; y como 
vio los ídolos de barro y de tantas maneras de liguras, 
decian que eran del tiempo de los geutifes; otros de- 
cían que eran de los indios que desterró Tilo y Yespa- 
sianode Jerusalen, y que hablan aportado con los na- 
vios rotos en que les echaron en aquella tierra; y como 
en aquel tiempo no era descubierto el Perú , teníase en 
mucha estima aquella tierra. Pues otra cosa preguntaba 
el Diego Velazquez ¿ aquellos indios, que si había mi- 
nas de oro en su tierra ; y á todos les respondían que sí, 
y les mostraban oro en polvo de lo que sacaban en la 
isla de Cuba , y decían que había mucho eu su tierra, 
y no le decian verdad, porque claro está que en la Punta 
de Catoche ni en todo Yucatán no es donde hay minas 
de oro; y asimismo les mostraban tos indios los mon- 
tones que hacen do tierra .donde ponen y siembran las 
plantas de cuyas micos hacen el pn cazabe, y llámanse 
en la isla de Cuba vucn , y los indios declan que las ha- 
bía en su tierra, y declan Tale, por la tierru, que asi se 



CONQUISTA DE 
b en que las ptantaUan; de manera que yüot con 
^iere decir Vucalao. Deciun los espii fióles que es- 
latea baUtaodu con el Dipgn Vetazqueí y con los in- 
dias : aSeñor, estos indios liicen que su (ierra se Itatnn 
ÍfucMlMO ;v y asi se quedó con este iiomlire, quo eii pro- 
Éría lengua no se dice así. Por mnnera que todos los 
^li!«ii(» que fuimos ú aquel viüje u ilescul>rir gustamos 
bsbleMsque teniamos, y liorídos y pobres volvimos á 
Cute , y aun lo tuvimos & bticnn (licita halier vuelto, y 
i»(|aedu' inuerto<i con los de mus mis compañeros; y 
(•da aoidado tiní por su prle, ye! Capitán (comotcu- 
gsdkho) luci;o iiiuriú, y estuvimos murims dios en 
conmoa los limdos , y por nuestra cuenta hallamos 
^ s« tnuriemn al pié de sesenta soldados, y esta ga- 
locia (rujiniosüe aquella eolrada y descubrimiento. 
Dirga Velaiquez escribió á Castilla & los señores que 
aquel tiempo miiud^bao eu las cosas de ludias, que 
il ki Italtin dcscubicriQ, y gastado en descubrillo muclm 
intidad de pesos de oro , y nsi lo decía don Juan Ro- 
'drí|t;uex de Funseca , obii^po de Burgos y arzobispo de 
llos)uio,queasi so nombraba, que era como presídanle 
de Indias, y lu escribió á su majestad á Flándes, dando 
muclio fuvur y loor del Diego Vetazquez, y no hizo 
mencioa de ninguno de nosotras los soldados que lo 
^xuhñmM i nueslro costa. Y quedarse lia aquí, y 
adelante los Imbajos que Ole acaecieron ü nii y á 
soidddos. 

C.\PlTt LO VII, 

Oatei Intajai fie ietc tiisii llcnr i niu illli nae te dice 
li Trinidid. 

Ta te dicho que nos quedamos en la Habana ciertos 

Jos que uo e»l.-ÍlKimus sanos de los flechazos, y 
I ir i la villa de la Trinidad, ya que estábamos me- 
tí acordamos de nos concertar Ires soldados con un 
DO de la misma Habana, que se deciu Pedro de Avi- 
, que jtia asimismo á aquel viaje en una canoa por la 
trpor la banda del sur, y llevaba la canoa cargada 
> earoiseUs de algodón, que iba d vender A la villa de 
I Trinidad. Ya be dicho otras veces que canoas son de 
llura de artesiis grandes, cavadas y huecas, y en 
bBis (ierras con ellas navegan cosía ú cosía; y el 
to que liiciuios cou Pedro de Avila fué que du' 
idiei pe«a$ de oro porque fuésemos en su canoa . 
i yendo por la costa adelante , ú veces remando y a 
> á la vela , ya que habíamos navejjado once días en 
je de un pueblo da indios de pa'¿ que se dice Ca- 
euii , que era términos de la villa de la Trinidad, se 
Mtúuu tan recio vícnlo de i)ocbe,quc nonospu- 
sustentar en la niur con la canoa, por bien que 
sos todos nosotros; y el Pedro do Avila y unos 
M de la Habana y unos remeros muy buenos quo 
Iraiatnus hubimos de dar al través entre unos ceboru- 
(, que los hay muy grandes en aquella costa; por 
eniqueseonsquubr6lacano3 y el Avila perdió su 
ttda , y todús salimos descalabrados de los golpes 
icehorucos y desnudos en carnes; porque para 
rnos que no se quebrase la canoa y poder mejor 
i, nos aperuebiinoü de estar sin rop;i ninguna, smo 
etsudos. Pues }a c^ajuulos cou las vidas du entre 
lueUo» ceborucos , [>ara imebUu villa de la Trinidad 



NUEVA-tSl'ANA. » • 7 

1)0 había camino por In costa , sino malos países y cebo- 
rucos , que así so dicen , que son Uis [líeüras con unas 
puntas qtio salen dellas que pasan las plantas do los 
pies, y sin tener qué comer. Pues como las olas que re- 
ventaban de aquellos grandes ceborucos nos embes- 
tían, y con el gran viento que bacía llevábamos hechas 
grietas en las partes ocultas que corría sangre dellas, 
aunque nos babiarnos puesto delante umdms hojas de 
Arboles y otras yerbas que buscamos para nos tapar. 
Pues como por aquella costeño podiamus caminar por 
cauw que se nos buicnbaii por las platitas de los pies 
uquullas puntas y piedras de losceborucos, cnii mucbíi 
trabajo Uíis metimos en un monte, y Con otras piedras 
quebabitt en el monte corlamos córtelas do árboles, 
que pusimos por suelas , aladas ú los pies con uuasqui^ 
parecen cuerdas delgadas , que llaman bejucos , que 
nacen entre los árboles; que espadas uo sacamos nin- 
guna, y atamos los pies y cortezas do los Arboles con 
ello lo mejor que pudimos , y con gran trabajo salimu'* 
auna pío ya de arena, y de abí á dos diasque cainma- 
mos llegamos á un pueblo de indios que se decía Ya- 
guarania, el cual era en aquella sazón del padre fray 
Bartolomé de las Casas, que era clérigo presbítero, y 
después le conocí fraile dominico , y lli;f^ú ú ser obispo 
de Élcbiapa ; y los indios de aquel pueblo nos dieron de 
comer. Y olro día fuimos baslu otro pocbto que se de- 
cía Cbipiona, que era de un Alouso de Avila é de un 
Sandoval (no digo del capitán Sandoval el de la Nueva- 
España), y des ie ulli é la Trinidad ; y un amifíu min, 
quo so decía Antonio de Medina , me remediú de vosli- 
dos, según que en la villa se usaban , y asi bicieron ¡i 
mis compañeros otros vecinos de aquella villa; y desdo 
allí con mi pobreza y trabajos me fu! ú Santiago de Cu- 
ba , adonde estaba el gobernador Diego Velaz(|Ucz , el 
cual andaba dando mucha priesa en enviar otra arma- 
da ; y cuando te fui á besar las manos, que éramos algo 
deudos , él se holgó conmigo , y de uua<i pláticas en 
otras me dijo que si estaba bueno de las heridas, para 
volverá Yucatán, lü yo riyendo lo re.^'pondi que quién 
le puso nombre Yucatán ;qii«- allí no le llaman asi. E 
di|0 ; a Mclcborejo, el que Iniji^ítes, lo dice.» E yo dije : 
a Mejor nombre seria la tierra donde nos mataron lamí- 
tud do los soldados que fuimos , y todos los demís sa- 
iíinos heridos. » E dijo : u Bien sé que pasastes muchas 
Iratttjos.y asles á los que suelen descubrir lierrtsniíe- 
vas y ganar honra , é su majestad os lo gratiíicari, é yo 
usí se lo escribiré ;éaboni, hijo, id otra vez en la ar- 
mada que hago, que yo haré que os bagan mucha hon- 
ra.» Y diré lu que pasó. 

CAPITULO VHI. 

tiao Dicfo VaUíqiin, goliFniaitnr drCntiit, ttñi eirt ttmitt 
a la tierra nat dtiiribriiiiiit. 

En el año de 1518 años, viendo Diego Vclauíuez, go- 

hcrniidorde Cuba, la buf-na relación de la* tierras que 
■lescubrimos , que se dice Yucatán , ordenó enviar una 
jirmada , y para ella se buscaron cuatro navios; los dos 
tiiumn los que hubimos comprado los soldados quo fuí- 
iiKis en conipañia del capitán Francisco Ikrnandex du 
Córdoba á ilescubrirá Yucatán (según mas largameulo 
lu tengo escrito en d deicubrímicuto), y los otros dos 



i 



8 I, i ' ^ BUnXAL DfAZ 

navios compró el Diego Velaiqiiez desús rlineros. Y «a 
•quelta suzon que onlennha el nnninla, se liullaron ()re- 
senlcs en Santiago de Cidiu, dundc residía el Vcluz- 
queí, Juuu üe Grljalva y I'edrn de Albarado y Francis- 
co de Munlojo é Alonso de Avila, que liabian ido con 
Jiegooios al Gobernador; porque todos leiiian enco- 
miendas de indios en tus mismas islas ; y corno eran per- 
sonas viilerosas, cuncurlúsc con ellus que el Juan do 
€rijnlva, que era dirndo del Diego Velnüquei, íinie&e 
por capituu general , ó que Pedro de Albtirado viniese 
por capitán de un navio, y Francisco de Montejo de 
«Iro , y ef Alonso (te Avila de olro ; por manera que ca- 
da uuo deslos cai>ilanes procurú de poner bastimentos 
5 matulottije de jiati cazabe y tocinos; y el Diego \e- 
la/.qucx ¡lUiio bulle'ilas y escopetas, y cierto rescate, y 
ulras menudencias, y mus los navios. Y como liabia fa- 
ina ilestas tierras que erau muy ricas y liobia en ellas 
osas de cal y canto, y el indio Melcliorejo decía por 
señas que balita oro, tenían muclia codicia los vecinas 
y soldados que no teni;in indios en la isla, ite ir á esta 
tierra ; por manera que de presto nos ¡unlatnos ducien- 
tOS y cuarenta compañeros , y también pusimos cD<la 
soldado, de la hacienda que teníamos, para nialalatejc y 
armas y cosas que convenían ; y en este viaje volvi y 
con estús capitanes otra vez , y parece ser la instruccioD 
que |iara ello dio el gobernador Diego Velazquez fué, 
seguu cnlenití, que rescatasen todo el oro y plata que 
ptidlesen, y si viesen que convenía pablar que pobla- 
sen , ó si no, que se volviesen & Cuba. E vino por vee- 
dor (le la armada uno que se decía l'enalosa , natural ile 
Segovta , é trojimos un clérigo que se decía Juan Díaz, 
y lustres pilotos que antes liabiamos traído cuando el 
primero viaje , que ya be dicho sus Dombres yde dúnde 
eran, Antón de Alaminos, de Patos, y Camaclto, de 
Triana, yJuan Alvarez, el Manquilb, Je Iluelva ; y el 
Alaminos venia por pflolo mayor, y otro piloto que en- 
tonces vino no me acuerdo el nombre. Pues antes que 
mas pase adelante, porque nombraré algunas veces á 
estos hidalgos que lie dicbo que venían por capitanes, 
y parecen! cosa descomedida nombriilles socamente, 
Pedro de Albarado, Francisco deMonli'jo , Alonso Je 
Avila , y no decilles sus dilados é blasones , sepan que 
el Cedro de Albarado fué un hidalgo muy valeroso, que 
después que su liubo ganado la iN'ueva-iüspaña fué go- 
bernador y adelantado de las provincias de Guutimaln, 
Ronituras y Chiapa, ú comendador de Santiago, B asi- 
mismo el Francisco de Montejo, hidalgo do mucho va- 
ftir, que fué gobernador y adelantado de Yucatán; hasta 
que su majestad les hizo aquestas mercedes y tuvieron 
señoríos no les nombraré sino sus nondires, y no ade- 
lantados ; y volvamos & nuestra plática : que fueron los 
cuatro navios por la parle y banda del norte ú un puerto 
que se llama Matanzas, que era cerca de la Habana 
vieja, que en aquella sazón no estaba poblada dunile 
abura está , y en aquel puerto ó cerca del tenían todos 
los mas vecinos de la Habana sus esiancías de cazabe 
y puercos, y desde allí se proveyeron nuestros navios 
loque fallaba, y nos juntamos asi capitanes como sol- 
dados pura dar vela y hacer nuestro viaje. Y antes que 
roas pase adelante, aunque vaya fuera de urden , quiero 
decir por qué llamaban aquel puerto que líe dicbo de 



DEL CASTILLO. 

Matanzas, y esto traigo aquí ala memoria, porque cier- 
tas personas mu lo bnn pregunlndo la causa de ponelle 
aquel nombre , y es por esto que diré. Antes que aque- 
lla isla do Cuba estuviese de paz dio a) través por la 
costa del norte un navio que babía ido desde la isla de 
Santo Domingo á buscar indios, que llamabau los luca- 
yos, ú unas isLis que están entre Cuba y la canal de Ba- 
liama,que se Human las islas de los Lucayos, y con mal 
tiempo diú al través en aquella costa , cerca del rio y 
puerto que he dicbo que se llama Matanzas, y reaian 
en el navio sobre treinta personas españoles y dos mu- 
jeres; y para pasatlos aquel rio vinieron muchos indios 
de la Habana y de otros pueblos, como que los venían 
& ver de paz , y les dijeron que les querían pasar en ca- 
noas y llevallosá sus pueblos para dalles de comer. E 
yaque iban con ellos, en medio del rio les trastornaron 
las canoas y los mataron; que no qaedaron sino tres 
hombres y una mujer, que era hermosa, la cual llevé 
un cacique délos mas principales que hicieron aquella 
traición , y los tres españoles repartieron entre los de- 
nids caciques. Y ú esta causa se puso á este puerto nom- 
bre de puerto de Matanzas ; y conocí á la mujer que he 
dicho, que después de ganada la isla de Cubase le qnitd 
al cacique en cuyo poiler cslalia , y la vi casada eu la 
villa de la Trinidad con un vecino della, que se decía 
Pedro Sánchez Farfan ; y también conocí i los tres es- 
pañoles , que se decia el uno Gonzalo Uejía , hombre 
anciano , natural do Jerez , y el otro se decia Juan de 
Suntistéban , y era natural de Madrigal, y el otro m 
decía Cascorro, hombre de la mar, y era pescador, na- 
tural de Huelva , y le había ya casado el cacique cod 
quien solía estar, con una su bija , é ya tenia horadadas 
las orejas y bis narices como los indios. Mucho me he 
detenido en contar cuentos viejos ; volvamos & nuestra 
relación. E ya que estábamos recogidos, asi capitanes 
como soldados, y dadas las instrucciones que los pilo- 
. tos habían de llevar y las señas de los faroles , y después 
de haber oído misa con gran devoción , en 5 días del 
mes de abril de fSiS años dimos vela, y en diez días 
doblamos la punta de Cuaníguanico , que los pilotos 
llaman de San Antón , y en otros ocho días que nave- 
gamos vimos la isla de Cozumel , que entonces la des- 
cubrimos, dia de Sonta Cnu, porque descayeron los 
navios con las corrientes mas bajo que cuando venimos 
con Francisco Hernández de Córdoba, y bajomos la 
isla por la banda del sur; vimos un pueblo, y allí cerca 
buen surgidero y bien limpio de arrucífes, y saltamos 
en tierra con el capílan Juan de Grijalva buena copia de 
soldados , y los natura Uís de aquel pueblo se fueron hu- 
yendo desque vieron venir los navios á la vela , porque 
jamás habió n visto tal, y tos soldados que salimos d 
tierra no hallamos en el pueblo persona ninguna, y co 
unas miescs de tnaí/.ales se hallaron dos viejos que no 
podían andar y los trujímos al Capitán, y con Juiiaaillo 
y Mekborejo, lo; que trajimos de la Punta de Cotoclie, 
que entendían muy bien á los indios, y les hoblíS; por- 
que su tierra dellos y aquella isla de Cú7,umel no hay 
I de travesía en la mar sino obra de cuatro leguas , y asi 
: hablan una mí>una lengua ; y el Capitán halagó aquellos 
. viejos y les díócuentezuelas verdes, y b>senvióá llamar 
I al calachioni da aquel pueblo, que uti se dicen losca- 



i 



CONQIHSTA ÍE 

cjqties ñe tquolla tierra , y fueran y ituncu volvieron; 
f rvi.'iniloles nj^'uarilaiKlo, vino una india moza, tje loen 
parecAr , é otiiiemó d tiablur >a lungiu de la isla de Ja- 
ffiiica , } iliju que lodos los indios é indias de uquella 
Kla ; puoUln te liaLiun ido á los montes , de miedo ¡ y 
tiKDO louclios de nuestros soldados é yo eiitendiuiús 
muy liien aquella kiigua , que es h de Cuba , nos admi- 
laniüs, y Itt ¡ircguutumos que cómo estaba allí, y dijo 
que hÁUa dos años que dio al través con una canoa 
¿nwlceo que iltan ú pelear diez indios de Jamaica á 
UDtsisIetas, y que las corrientes la echaron en aquella 
tkm, } nutaroa & sa marido y i todos los demás iu- 
Anjunaicsuos sus compañeros, y los sacriticoron i, los 
i; I dflM|ue la eiilundíó el Capitán , como vio que 
india seria bueua mensajera , enviiila á llamar 
1m indios jr caciques de aquel pueblo , y diola de plazo 
docdÍMpara que volviese; porque los ludios Melclio- 
~ I y Julianillo, que llevamos de la Puuia de Cutoctie, 
1 temor que , apartiidos de nosotros, se buirian 
t tierra , y por esta causa no los enviamos ú llamar 
i^los; y la iadia folviú otro dia, y dijo que ningún 
) Di india quería venir, por mas pal a tiras que les de- 
A este pueblo pusimos por Doinbre Santa Cruz, 
Tque cuatro 6 cinco dias antes de Sania Cruz le vi- 
í ; babia en él buenos colmenares de miel y mucbos 
•los y batatas y manadas de puercos de la tierra, 
tobre el espinazo el ombligo ; babia en él 
zuetos, y este donde desembarcamos era 
tjot, y los otros dos eran mas cbicos, que estaba 
I uto ea una punta de ia isla ; lerna de bojo como 
I de dos leguas. Pues como el capitán Juan de Gri- 
t fió que era perder tiempo estar mas allí aguardon- 
páo, attaáá que nos emborcúsemos luego , y la india de 
I M fué cuD nosotros, y seguimos nuestro viaje. 

CAPULLO IX. 
De (teo (inlBoi i dmcrntiruc I Cbimpotua. 

Pw» Tuctto i embarcar, ó yendo por las derrotas pa- 
t ( ruBinlo lo de Francisco Hernández de Gírdobn), 
rl > en el paraje del pueblo de Cli:riii- 

nns desbarataron los indios de 
I ftravtuciu , como ya dicbo tongo en el capílnlu 
iImUs: y como ON aquella euseiiuda mengua 
cbó la mar, ancleamos los navios una legua de tíer- 
t lodM Int bateles desemliarramos la mitad de 
■dai que alli Íbamos, junto á los casas del pu^- 
\ indms iMtunilus d'il y otros sus comarcanos 
tjonUroo todos, como la otra vez vuairdo nos niu- 
I cincueiitu y seis soldados y todos los mas 
M, scguu diclio tengo en el ca|iilulo que dc- 
I ; y i'«»ta causa estaban muy ufanos y orgu- 
' Uta armados á su usania, que son: urcos, 
binuK, rodelas, m.ican.ns y espadas de dos 
*, y (lieilras con hondas, y armas de algodón, y 
IraapttiUas y olambores, y los mas dellos pintadas las 
ansikite^rn, colorado y blanco; y puestos en coucieN 
la, fl»|Knroa eu la costa, para en llegando que llega- 
(■awdarcn no'^dLros ¡ y romo teníamos experiencia 
4illomv<-/ . I cY.ibaiiviiHeii li><i biitcÍL'S unos lak-otiu- 
lc»,éiii«aM>t iiii«i cébidos du biülesltsy escopetas; y 



Wlwt 



EVA-ESPAÍTA. 9 

I llegaibi'iii tierra, nos comenzaron ú flechar y con tas 
lauíuí dar ú muntiniente; y tal rociada oos dit-ron nn> 
tes que llegásemos á tierra , que birieron la mitad do 
nosotros, y desque bubfmos saltado de los bateles les 
liicimos perder la furia á buenas estocadas y cucbi- 
tladas; porqM, aunque nos ítecbaban á terrero , lodos 
llevúbamus armas de algodón; y todavía se sostuvieron 
buen rata peleamlo con nosotros , hasta que vino otra 
barcada de nuestros soldados, y les hicimos retraer ú 
unas ciénagas junto al pueblo. En esta guerra mataron 
áJuan de Quiteña y d otros dos soldados, y al capitán 
Juan de Crijalva le dieroa tres flechazos y aun le quo- 
braroo con un cobaco dos dientes (que bay mucbos ea 
uquella costa), é hirieron sobre sesenta de los nuestros. 
Ydesque vimosque todos los contrarios se habían huido, 
nos fuimos al pueblo, y se curaron los heridos y enter- 
ramos los muertos, y en todo el pueblo no hallamos 
persona ninguna , ni los que se liaUiun retraído en las 
ciénagas , que ya se habían desgarrado ; por manera quo 
todos tenían alzadas sus haciendas. Gn aquellas escara- 
nmztts prendimos tres indios , y c) uno dellos parecía 
L)ríncip:d. Mandúles el Capitán que fues«n & llamar al 
cacique de aquel pueblo, y les dio cuentas verdes y cas- 
cabeles pura quo los diesen , paraque viniesen de paz; y 
asimismo d aquellos tres prisioneros se les hicieron mu- 
chos halagos y se les dieron cuentas porque fuesen 
sin miedo ; y fueron y nunca volvieron , é creímos que 
el indio Julittuillo é Meloborcjo no les hubieran de de- 
cir lo que les fui mandado, sino al revés- Estuvioiosen 
nquel pueblo cuatro días. Acuerdóme que cuando es- 
lijhamos peleando en aquella escaramuza, que había 
ulli unos prados algo pedregosos, é babia langostas que 
cuando peleábamos saltaban y venían volando y noa 
tluban en la cara, y como eran tantos Heeherns y tira- 
han tanta llecha como granizos , que parecían eran 
langostas que volaban , y no nos rodelábamos, y la lle- 
cha que venía nos lioria, y otras veces creíamos quo 
era flecha , y eruu laugostas que venían volando : lué 
liarlo estorbo. 

CAPITULO X. 

Cama ugitl»a> Dictlro liije } cnlmnai en Boca de Térmlnol, 
qaij FDtunceí !e pusimas e»tc nomlire. 

Yendo por nuestra navegación ailelante , llegamos d 
una boca, como de río, muy grande y ancha, y no 
era rio como pensamos , sino nmy buen puerto , é por- 
que está entre uoas tierras ú otras, ¿ parecía como es- 
trecho: tan gran boca tenia, que decia el piloto Antoii 
üe Alaminos que era isla y partían tt^rnrinos con iu tier- 
ra , y A esta causa le pusimos nombre Uoca de Termi- 
iKis, y asi está en las cartas de murear; y alli soltó ul 
riipitanJuandeíirijidva en tierra, con todos lo< mas ca- 
pitanes por mi nombrados, y muchos soldado* estuvi- 
mos tres <lias hunilandu la h>cadc aquella entrada, y 
miranda hion arriba y ab:iio del ancón dondo cretunius 
qiite iba é venía & parar, y liultamos no ser isla sini< an- 
cón , y era muy bueo puerto ; y hallamos unos ado rato- 
ríos de cal y cunto y ujuclios ídolos de barro y do palo, 
que eran dellos contó figuran de sus dioses, y dellos de 
ligurusdc mujeres, y muchos como sierpes, y nun-.hi'S 
cuernos de venados, 6 creímos que por allí cerca bahria 



lo BERNAL DÍAZ 

iilgunn poUlncíon , é con el titien puerto, que seria bue- 
no pnr.i poliliir ¡ Id cuuI no fue üü , que eslnbi muy des- 
poblado; porque aquellos adoratorios enio de merca- 
deres y cazadores que de pasada entraban en aquel 
puerto con cunnas y allí sacridcaban , y liitlñn muclia 
cata de veitado» y conejos ; matamos diez venados con 
una lebrela, y muchos conejos, Y luego, desque todo fué 
fisto é sondado, nos tornamos á embarcar, y se nos 
quedú allí la lelirda, y cimndo volvimos con Cortés la 
tornamos fi hallar, ye«taba muy gorda y lucida. Lla- 
man los marineros á esto Puerto de Términos. E vuel- 
tos á embarcar, navegamos cosía A costujuntoé tierra, 
liasla que llegamos al rio de ToUasco, que pordescu- 
lirilc el Juan de Grijalva , se nombra agora el rio de Grí- 
jalvn. 

CAPITULO XI. 

Cama Urgamos i1 rio de Tabasto , qa« Itaiiiaa ile Grijiln , 
j ¡1) qii« lUjí noi auccid. 

Navegando costa á costa la vía del pnnictite de día , 
porque de noche no osábamos por temor de bajóse tir- 
Tacifes , á cabo de tres dias vimos una boca de rio muy 
anciía, y llegamos muy fi tierra con ¡os navios, y parecía 
Ijucn puerto; y como fuimos mas cerca de la boca, vi- 
mos reventar los bajos antes de entraren e! rio , y allí 
sacamos los bateles , y con la sonda en la mano halla- 
mos que no poiliun entrar en el puerto los dos navios de 
mayor porte: Fué acordado que ancleasen fuera en la mur, 
7 con los otros dos navíosque demandaban menos agun, 
que con ellos é con los bateles fuésemos lodos los sol- 
dados rio arrílta, porque vimos muchos indios estar en 
eaiioasenlasriberss, y tenían arcos y Oeclias y todas 
sus armas, según y de la monera de Champoton; por 
donde entendimos que había por allial^un pueblo gran- 
de, y también porque viniendo , como veníamos, na- 
vegando costa i costa, habíamos visto echadas nasas 
en la mar, con que pescaban, y aun á dos dellasse Jes 
lom<}el pescado con un batel que traiatnos á jorro de 
la capiLuua. Aqueste rio se llama de Tabusco porque 
el cacique de aquel pueblo so llamnbaTabasco; y como 
le descubrimos des te viaje, y el Juan de Grijalva fué el 
descubridor, se nombra rio de Grijalva, y asi está en 
las cartas del marear. E ya que llegamos obra de me- 
dia legua del pueblo , liien oímos el rumor de cortar do 
madera , de que hacían grandes mamparos n fuerzas , y 
Bflercwrso para nos dar guerra, porque liabian sabido 
do lo que pasó bq Potonchau y tenían la guerra pormuy 
cierta. Y desque aquello sentimos, desembarcamos du 
una punta de aquella tierra donde liabia unos palmares, 
que ora del pueblo media legua; y desque nos vieron allí, 
vinieron obra de cincuenta canoas cou gente de guerra, 
y traian arcos y Hechos y armas de algodón , rodelas y 
lanzas y sus ot.imboresy penachos, y estaban éntrelos 
esteros otras muchas canoas llenas de guerreros, yes- 
tuvieron algo apartados de nosotros, que no osaron 
llegar como los primeros. V desque los vimos de aquel 
arle, oslábamos para tirarles con los tiros y con lases- 
copetas y ballestas, y quiso nuestro Señor que acorda- 
musdu los llamar, écon Juliauíco y Melcliorejo, los de 
ta Puntada Cotochc, que sabían muy bien aquella len- 
gua fj dijo Á los priucipulc!! quu iiu bubi«»)u uiicdo. 



DEI, CASTILLO. 

' que les queríamos hablar cosas que de«quo las enten- 
diesen , hubiesen por buena nuestra llegada allí éá sus 
casas, é que les queríamos dar de to que traíamos. E 
como entendieron la plática , vinieron obra de cuatro 
canoas, y en ellas hasta treinta indios, y luego se les 
mostraron sartalejos de cuentos verdes y espejuelos y 
diamanlesazules,ydesque los vieron parecía que estiban 
do mejor semblante, creycnilo que eran cbidcbihuites, 
queellos tienen en mucho. Entunces el Capitán les dijo 
con las lenguas Juliaoillo 6 Melchorejo, que veníamos 
de lejas tierras y éramos vasallos de un grande empe- 
rador que se dice don Carlos, el cual tiene pnrvasaltos 
i muchos grandes señores y calacliíoníes , y que ellos 
le debcQ tener por señor y les irá muy bien en ello, 6 
que á trueco de aquellas cuentas nos dúo comida de 
gallinas. Y nos respondieron dos dcllos, que el uno tn 
principal y el otro papa, que son como sacerdotes ^e 
tienen cargo de los ídolos, que ya he dicho otra vet que 
papas les llaman en la Nueva-Esparia , y dijeron que ha* 
rían el bastimento que decíamos é trocarían de susco- 
sas d las nuestras ; y en lo demis, que señor tienen , é 
queapontvenÍ3mos,csin conocerlos, é ya les queríamos 
dar señor, é que mirásemos no les diésemos guerra co- 
mo en Potonchan , porque tenían aparejados dos jiquj- 
pilcs de gentes de guerra de todas aquellas provincias 
contra nosotros: cada jiquípíl son ocho mil hambres; é 
dijeron que bien sabían que pocos días había queba- 
biamos muerto y herido sobro mas de ducientos lioro- 
bresen Polonchan, é que ellos no son hombres de tan 
pocasfucrzas como los otros, é que por esohubían venj- 
ilo i hablar, por saber nuestra voluntad ; é aquello que 
les decíamos, que se lo irían d decirá los caciques de 
muchos pueblos, que están juntos para tratar paces6 
guerra. Y luego e) Capitán les abrazó en señal üe pal, 
y los dio unos sartalejosde cuentas, y los mandó que 
volviesen cou la respuesta con brevedad, é que si no ve- 
nían , que por fuerza habíamos do ir ú su pueblo , y no 
para los enojar. Y oquellus mensajeros que enviamos 
hablaron con los caciques y papas, que también tienen 
vuLo entre olios, y dije ron que eran buenas las paces y 
traer buslimento , é que enlro todos ellos y los pueblos 
comarcauos se buscara Juego un présenle de oro para 
nos dar y Jiaccr amistades; no tus acaezca comu lí Jos 
de I'otonchan. Y lo que yo vi y entendí después aci, 
eu aquellas provincias so usaba enviar presentes cuan- 
do se trataba paces, y eu aquella punta de Jos palma- 
res, donde cstnbamus, vinieron sobre troinla indiosá 
trujeroi) pescados asados y gallinas ó fruta y pan de 
maíz, é unos braseros con ascuas y con zaJiumerios, j 
iros zahumaron á todos , y luego pusieron en el suelo 
unas esteras, que acá llaman petates, y encima una 
mu uta, y prcscntHron ciertas joyas de oro, que fueron 
ciertas ánades como las do Castilla , y otras joyas como 
lagartijas, y tres callares de cuentas vaciadizas, y utras 
cosas de oro de poco valor, que no valía docíentos pesos; 
y mas tnijorun unas mantas ¿camisetas de las que ellos 
usan,é dijeron que recibiésemos aquello de buena vo- 
luntad, é que no tienen mas oro que nos dar; que ade- 
Inule, hacia donde so pone el sol, liay mucho; y decían 
Culba , Cuiba , Méjico , Méjico ; y nosotros no sabíamos 
qué cos« era Cull^, tii aun UejicO tampoco. Puesto que 



h» 



I morlin .iffiícl presente que Inijeron , luvinutstft 

^r buena por snlirr cierto que Iciiion oro , y ifesque lo 

tnMeroDpvofnlado, dijeron que nos fuésemos liicgn 

Ble, jelCapituirlesdiú les ^cins por ello écuen- 

iwerdcs; j loé acordado de iruos luepo á embarcar, 

n|ai Sftaboo en mucho peligro los dus navios por 

■er det norte , i\\¡í> es trafesia , f tnmbioii por acer- 

natliácia dutiilc decían que había oro. 

CAPITLLO XIL 

I *!■«• (I ptrUo drl ARiiafatnta , ^lit (iMínoi por OMibro 
Li-ltimbli. 

VD»Íto« i emlinrrar, si^utpndo la co^s odelonle, 

dade i dos (lilis vimos un pueblo junto ¿ tinrrariguese 

iwri A^rnaynluco, pandaban miiclios indios de aquel 

ftcblo jOTr la costa con unas rodelas hedías de ronchas 

jli tortugas, que relumbraban coo el sol que daba en 

(.ycigunos de nuestros so I da dos pnrüiiban que er.iTi 

I boj« , T los indios que las truiun íbuii hiicíertdo 

m'iíimientos porel arenal y costa adelaiile, y 

!á este pueblo por nombre Ltt-nan)1iia,T así i'slií 

carias dei marear É yendo mas adelante cns- 

» , Tíinos una ensenada , donde se qnedú el rio de 

I, qu«i !■ vuelta que volvimos enlmmfisen él ,y 

i>04 nombre río de San Antonio , j asi cslá en 

jHOtltMtlel mar. E yendo mas adulante navegando, 

t adonde quedaba el paraje del gran rio de flua- 

>, y quisiéramos entrar en el ensenada qoecsli, 

Br ver qué cosa era, sino por ser el tiempo contrurio; 

so so parecieron Iss grandes sierras nevadas, que 

» el aTio estén cargadas de nieve, y también vi- 

i Mía» sierras que estin mas junto al mar , que se 

de San Martin , y puslmoslns por nombre 

I IbUin , porque el primer^j que las vio fué un sol- 

I qot te llamaba San Martín , vecino de la RahnnD. 

ivegando nuestra costa adelante, el capitán Pcrlro 

I AUwrsdose adelanté con su navio , y entró en un rio 

I «I Indias se llama Papa lobuna, y entonces pusi- 

í {wr nombre río de Albarado , porque lo descubrió 

Albarado. Allí le dieran pescado unos indios 

i, que eran naturales de un pueblo que se 

4toTlieoUlpa; e^luvímosle aguardando en el panjo 

I rio donde entró con todos tres navios, hasta que sa- 

(áÜ, 7 i causa de haber entrado en el rio sin licencia 

Ccnenl, te enojó mucho con él, y le mandó que 

I «a DO 14 adelantase del armada , porque no le 

1 •Ignn contraste en parte donde no le pudíése- 

i9jttÍBT. E luego navegamos con lodos cuatro na~ 

icnconierva, ligsla que llegamos en paraje de otro 

. fw la {Kttdmos por nombre rio de Ganderas, por- 

n ¿I muchos indios con lanzas grandes, y 

m oda lanra una bandera hecha de manta blanca, 

("""Hodolai y llumúutlonos. Lo cual diré adelante cu- 
sió. 
CAPITULO XUL 




> U*t*mi á «a rio ^Dc puioaii poi aambn rio de B^adt- 
nt , f rcMilioiis aturce mil pesas. 



" Ta faabráo oído decir en España yeii tuda la mas par- 
la iMIb y de la crístiundad, cúmu Uéjíco es tan gruo 
' ' ,J poblada en «t agua como Veuecia ; ; tiobia 



íva-cspaSa. ti 

en cita un pr.m señor que era rey de nutclras provincias 
y seímmiba todas aquellas tierras, que son mayores 
que pueiro veces nneslra Casulla; el cual señor so 
decía Monle^umB , é como era lan pnilsroso , quena 
í-eñurear y saber hasia lo que no podía ni le ent posi- 
líle, e tuvo noticia de! la primera yct que venimos con 
Francisco Hernaoili'z de Córdoba, lo qne nos acae*- 
ció en la batalla de Cotoche y cu la de Champntnn, y 
tigura deste viaje la batalla del mismo Cliampolon , y 
supo que éramos nosdlros pocos soldados y los de aquel 
pueblo muchos, é al lin entendió que nuestra demanda 
era buscar oro i trueque del rescato que trainmos , é 
lodo se la habían llevado pintado en unos paños que 
hacendé nequien, que escomo de lino; y como sufio 
que íbamos costa é. costa hacía sus provincias, mandó 
¿ sus gobernadores que sí por allí aportásemos que 
procurasen de trocar oro á nuestras cuentas, en espe- 
cial á las verdes, que parecían ú suschulchiliuítcs; y 
también lo inandú para saber é inquirir mas por entero 
de nuestros personas é qué ero nuestro intento. Y lomas 
cierto era , scfi^iin entendimos , que dicen que sus ente- 
pasarlos les habían dicho que habían de venirgentes de 
lilícía donde saTe el sol, que los hnbian de señorear. Ago- 
m sea por lo uno ó por lo otro , estaban en posta ;i vela 
íeidíos del gnmde Montezumu en aquel río que dicho 
tengo , con junzas largas y en cada lanza una bandera, 
enarbolandohi y Uamáudoiios ijue fuésemos allí donde 
esl-iban. Y desque vimos délos navios ro^astan nuevas, 
para saber qué podía ser fué acordado porel (jeneral, 
COI) lodos l<is dcmfis soMudos y capitanes, que echa- 
mos dos bateles en el agua é que sallásemos en ellos 
todos los ballesteros y escopeteros y veinte soldados, y 
Franciscodo Montejo hiese con nosotros, é que sí vjése- 
inos que eran de guerra los que estaban con las bande- 
ras , que de pre>ito se lo liiciésenios saber, ó otra cual- 
quier cosa que fuese. Y en iiquellasBíon quiso Üiosqne 
lincia bonanza en aquella costa , lo cual pocas veces 
suele acaecer; y como llegamos en tierra linlIamoslTM 
caciques , que el uno dellos era gobernador de Monte- 
zuma é con muelles indios de propio , y tenían mucliás 
gallinas de lu tierra y pan de maíz de lo que ellos sue- 
len comer, é frutas que eran pinas y zapotes, que en 
otras partos llaman niameyes ; y estalmn debajo de una 
sombra de árboles, pueslas esteras en el suelo, que yii 
liodiHio otra ve? que en estas partf-s se llaman péta- 
les, y nllí nos miindaron asentar, y liwlo por señas, por- 
que Jullanillo, el de la Punta de Coloche , no entendía 
aquella lengua ; y luego trujernu brie^eros de barro con 
ascnns, y nos zahumaron con uno como resina que 
huele á incienso. Y luepo el cnpilan Moolejo lo hizo sa- 
ber al Gcnefíil , y como lo supo, ncordii de surgir alli en 
aquel paraje con lodos los navios , y salló en tierra con 
lodus los capitanes y soldados, Y di-sque aquellos c;i- 
eiques y pobernadores le vieruo uii lit-rra y conocieron 
que ero el capitán general de tmlos, ú su usanza lelii- 
cicron grande acatamiento y le zühiirnaron, y él les 
dio las gracias por ello y les hizo muclias caricias, yles 
mandó dar diamantes y cuentas verdes, y por señus Ics 
dijo que trujesen oro ú trocar ú. nuestros rescates. Lo 
cual luego el Gobeniudor mundo ú sus indios, yi|uetodos 
los pueblos comarcanos triijcsuu de las jojos quu tenían 



* 



» BERNAL DI\Z 

i rescsUr; y en seis diusquo csIutíitkvs ntli trujerun 
mas do quince mil [«sos eo jojmuüIus i\e¡ uro bajo y do 
, mucbas liccliuras ; y aquesto debe &er lo que dicen los 
(oronistas Francisco Lopeí de Gómora y GoníJilo Her- 
nández <le Oviedo en sus corúoicas, que dicen que die- 
ron los de Tabasco; y como se lo dijeron por relación, 
I asi lo escriben como si fuese verdad ; porque vista coia 
«que en la [provincia del río de Grijalva noliayoro, si- 
Do muy pocas joyas. Dejemos esto y pasemos adelante, 
y es que tomamos posesión en aquella tierra por su 
inaics.lnd , y en su nninbre real el pobernador de Cuba 
Diego VelBzquez. V después desio hecho , liabló el Ce- 
neriil dios indios que allí estaban , diciendo que se que- 
ría embarcar, y les diú camisas de Coslilla. Y de allí 
tomamos un indio, que llevamos en los navios, el cual, 
después que euteudi6 nuestni lengua, se volvió cristiano 
yse llamó Francisco, y después de ganado Méjico, le vi 
casado en un pueblo que se liorna Santa Pe. Pues como 
Tiú el General que no traían mas oro i rescatar, é bubiu 
• teísdiusque estábamos allí y lo« navios corrían riesgo, 
por ser travesía el norte , nos mandú embarcar. E cor- 
riendo la costa adelante , vimos una ísleta que bañaba 
. la mar y tenia la arena blanca , y estaría , al parecer, 
obra de tres leguas de tierra , y puaimosle por nombre 
isla Blanca , y asi está en las cartas del marear. ¥ no 
muy lejos desta isleta Blanca vimos otra isla, mayor, al 
parecer, que las demás, y estaría de I ierra obra de le- 
gua y media , y allí enfrente delta liaóia buen sur- 
gidero , y mandó el General que surgiésemos. Echados 
ios bateles en el agua, Tué el capitán Juan de Grijalva 
con mudiotde nosotrof los soldados á ver la isleta, y 
hallamos dos casas hecbas de cal y canto y bien labra- 
' tlu, y cada casa con unas gradas pordonde subían á unos 
como altares, y en aquellos altares tenían unos ídolos 
de matas li^'uras, que crati sus dioses, y allí estaban 
Gacríficados de aquella noche cinco indios , y estaban 
' abierlus por los pechos y cortados los brazos y bs mue- 
los, y las paredes lleuas de sangre. De todo lo cual nos 
admiramos, y pusimos por nombre i esta isleta isla 
de Sacrífjcios. ¥ allí enfrenie de aquella isla salla- 
mos lodos en (ierra, y en unos arenales grandes que 
ullí hay , adonde liicímos ranchos y choz.as con rumos y 
con las velas de los navios. Habíanse allegado en aque- 
lla costa muchos indios que traían á rescatar oro lieci lo 
.flwenielas, como en el rio de llanderas , y según des- 
'^ntl supimos, mandó el gran Montczuma que viniesen 
con ello , y los indios que lo traían , ai parecer estaban 
temerosos, y era muy poco. Por manera que luego el 
capitán Juan de Grijulva mandó que los navios alzas«n 
las ondas ypusieseo velas, y fuésemos adelante á sur- 
(jÍT enfrente de otra isleta que estaba obra de media le- 
gtia de (ierra , y e;ta isla os donde agora está el puerto. 
Y diré adelante lo que allí nos avino. 

CAPITULO XIV. 

Cóaa Urgimos al pneilo de Sin Inm de Calila. 

Dctcmharcados en unos arenales, hicimos chnznsen- 
cÍMin de los mnstos y medaños de arena , que los liay 
par allí grandes^ porcausa de lo^ niu-tijuitns, ijuu había 



DEL CASTILLO. 

muchos, y con háleles sondearon el piierlo y hallárioBque 
con el abrigo de aquella isleta estarían seguros los ot- 
vios de! norte y había buen fondo ; y hecho esto, fuimos 
á la isleta con el General treinta soldados bien apercibidas 
en los bateles, y hallamos una casa de adomtorío donde 
estabaun ídolo muy grande y feo, el cual se llamaba Tei- 
calepuca, y estahanaltícuatroindioscon manta'; firielns 
y muy largas con capillas, como traen los dominico» i 
canónigos, ú querían parecerá ellos, y aquellos eran 
sacerdotes do aquel ídolo, y tenían sacriftcados desque! 
diados muchachos, y abiertos por los pechos, y los co- 
razones y sangre ofrecidos & aquel msldíto ídolo , y los 
sacerdotes, que ya be díchoque se dicen papas, nos ve- 
nían á zahumar con lo que tahumaban aquel su Ídolo, 
y en aquella satoa que llegamos le estaban zahumando 
conunoqueliuelc á inciensa, y no consentimos que (al 
zahumerio nos diesen; antes tuvimos muy gran lásti- 
ma y mancilla de aquellos dos muchachos é verlos re- 
cién muertos é ver tan grandísima crueldad. Y el Ge- 
neral preguntó al indio Francisco , que traíamos del rio 
de Banderas, que parecía algo entendido, que porqué 
hacían aquello , y esto le decía medio por señas, porque 
entonces no teníamos lengua ninguna, como ya otras 
veces he dicho. Y respondió que los de Cidúa lo man- 
daban sacrilicar; y como era torpe de lengua , decia : 
Olúa, Olúa. Y como nuestro capitán estaba presente y 
so llamaba Juan, y asimismo era día de San Juan , pusi- 
mos por nombre á aquella isleta San Juan de Ulúa , y s 
este puerto es agora muy nombrado, y cHtiin hechos en 
él grandes reparos para los navios , y allí vienen A des- 
embarcar las mercaderías para Méjico é Nueva-España. 
Volvamos & nuestro cuento : que como estábamos en 
aquellos arenales , vinieron luego indios de puebkis allí 
comarcanos á trocar su oro en joyezuelas á nuestros 
rescates; mas eran tan pocos y de tan poco valor, qa» 
no hacíamos cuenta dcKo; y estuvimos siete días de la 
manera que he dicho, y con los muchos mosquitos no 
nos podíamos valer, y viendo que el tiempo se nos pa- 
saba , y teniendo ja por cierto que aquellas tierras no 
eran islas, sino tierra línne , y que liahía grandes pue- 
blos, y el pan de cazabe muy nioliosué sucio de las fa- 
tulas, y amargaba, y los que allí veníamos no éramos 
bastantes para poblar, cuanto mas qne fallaban diez de 
nuestros soldados, que Se liabian muerto de las heridos, 
yestabanotros cuatro dulíentcs; é viendo todo esto, fué 
acordado que lo enviásemos & hacer saber al gobernfr- 
ilor Diego Velazquoz para que nos enviase socorro; 
porque el Juan de Grijalva muy gran voluntad tenia de 
poblar con aquellos pucos soldados que con él estába- 
mos , y siempre mostró un grande ánimo de un muy va- 
leroso capitán, y no como lo escribe el coronistaGóm»- 
ra. t'ues para hacer esta embajada acordamos que fuese 
I el copiian Pedro de Atbarado en un navio que se decía 
San Sebastian , porque hacia agua , aunque no nmcha, 
porque en lu isla de Cuba se diese carena y pudiesen cu 
él traer socorro é bflstimtnto. Y (amblen se concertó 
que llevase todo el oro que se habia rescatado y ropa de 
mantas, y los dolientes; y los capitanes escribieron al 
niego Velazquo7. cada uno lo qne le pareció, y luego so 
hizo á la vela é iba la vuelta de lu Mu de Cnhn , adonde 
los dejaré agora , asi al Pedro de Albarado como al 




CONOniSTA DE 
i,y lUrf oAoiQel Diego V)>lazi]uex Uainn onrádrí 
rfl uuwtra liusca. 

CAPITULO XV. 

DO Oitio \rhtqittt . gabrrnadar At l> kli do Cib> , ni<i\i 
un navla iprqucáü fa naestra bu&ca- 

litnns con et capitao luaa de Grijalva 
I para liticer mieslro viuje, siempre 
I V«lu()ue2 estulta triste y peiisotivo uo nos liu- 
lacaecitio algitn desa«;tre, y deseaba saber de nos- 
i, y & eslft ciiu» cn«jd un navio pequeño en nues- 
con siete Boldatios , y por capitán deJIos ú un 
U>ba.l de Oti , persona de valiii, muy esforzado, y le 
I fjgiiictie la derrota de Francisco Hernández 
iiasta toparse coo nosotros, Y según pa- 
CrittótKil de Oli, yendo en nuestra busca, es- 
í Mirto cerca de tierra, le diú uo recio teni|>orai , y 
iríe sobre las amarras, el piloto que traían 
i'OMttr los cables, é perdió las andas , é volvióse 
4Suttk^ áa Cuba, de donde había salido, ado;ide cs- 
^iego Vclüzquez, y cuando vio que no tenia uue- 
Bototros , si Iriste estaba antes que enriase al 
I lie Olí, muy mas pensativo estuvo dcspué:;. Y 
azuQ llegó el capitán Pedro de AJbarado con ul 
<mf ropa y dolientes , y cou entera relación de lo que 
biltuaiús descubierto. Ycuitnda el Colieruador viú que 
ietijo}ii>>, {«recia mu cbo mas de laque era, y es- 
I allí cou el üimo Yt'iaiquez muclios vecinos de 
I aln , (|ue vcniun d ae;;ocios. V cuando los oli- 
kilet Rey tomaron el real quinta que venia d su 
estatuii espantados de cuún ricas tierras ba- 
i di'sGuliierlo; j coiuo el Pedro de Alvarado se lo 
muy bien pruticsr , dice que no liacia el Ditgo 
flHM sioo titniMÜti, y en oclio dias tener gran re- 
i y i(ig3rr!iñus;ysiiiiucliuraina leiiiandeantesdc 
ños ti' ~ I Cdij este tiro se sublimó en tudas las 

i4tt}<' , i'iintiiadt'lanledirv ; y dejaré ai Diego 

^Kbujue? tiariifudo liustus, y vtilvcri* & nuestros navios, 
^^K MlÁlwmos en San Juan de Uúa. 

CAPITULO XVI. 
D» l« qwaot uíkJi4 cotlnndo iit tiemi 4eTiisti]r il«T»pi. 

Dopué* que de ntKoiros se partió el capitán Pedro 

irads pira ir i la isla de Culia , ai:urdó nuestro 

coa k» dL>má« capitanes y pitotos que fuúse- 

coslHodu y 4lescubriendii todu lo que pudiese' 

kfMhki por nue»m navegación, vinins lus sicr- 

fwu, yma» adelante de alu á otros dos dias 

^•Ira* sierras muy alias, que a ^ora so llaman lus 

1<1« Tu»[>a ¡ por manera que ün»s siurriis se dicen 

eatdn cali« tinpoetilo que se dice asi, y 

I sediepn Tiispa porque scnornbra el pue- 

I iuloiMt<< aquellas fílju, Tuspa; é oeminnudo 

anie vídjos niuclias pobiaciuncs , y eslariuu la 

li-ulro do-í ó Irus leíiuus, j esto os ya en la pro- 

) Páiiui'u ; 6 yi.'ndo por nuestra navegaciun, llo- 

á BO no (¡raiiilt! , que le pusimos pi>r nombre 

Canoas, é ulli eiilrtmle ilu la l>'>ca <lél surgimos; y 

>«iirt>i$ lii>!i>s [rc'snuvi>is,y cslajtiloalfíO descui- 

, finíorou por ut rio úivt y seis canoas muy grun- 




NDEVA-ESPAÑA. " n 

des llenas do indios de guorra , con arcos y flechas y 
lartEaSj y vaosc derechos al navfomas pequeño, del cual 
ern cofíilan Alonso de Avila, y estaba mas llegado i 
tiem , y ddndulu una rociada de lluchas , que hirieron 
& üos soldados, cclitirun mano al nuviocomo que loque- 
rian llevar, y aun cortaron nna amurra; y puesta queel 
capitán y los soldados peleaban bien, y trastornaron tres 
canoas, nosotros con gran presteza les ayudamos con 
nuestros bateles y escopetas y ballestas, y berímos mas 
de la tercia parte de aquellas gentes ; por manera quo 
volvieron con la muia ventura por donde liabian venido ; 
yliicgo alzamos áncoras é dimos vela , é seguimos cos- 
ta á costa basta que llegamos i una punta muy grande; 
y era tan mala de doblar , y las corrientes muclias, que 
no podíamos ir adelante; y el piloto Antón de Alaminos 
dijo alGuMcral que no ora bien navegar mas aquella 
derrola , é para ello se dieron muchas causas , y luego 
se lumó consejo de lo que se había de hacer, y fué acor- 
dado que diésemus la vuelta & la isla de Cuba , lo uno 
porigue ya enljaba el invierno é no había bastimentos, 
ú un navio hacia mucha agua , y los capitanes liuscon- 
lormes, porgue el Juan de Grijalva decía que quería 
poblar, y et Francisco Montejo é Alonso de Avila dC' 
i'iun que do se podían sustentar por causa de loí mu- 
chos guerreros que en la tierra había; é también todo!> 
nosolrus los soldados estábamos turtos é muy traba judos 
de undarporla mar. Asi que dimos vuelta i todas velas , y 
lascorrientesque nos ayudaban, en pocos días llegamos 
en el paraje del gran río de Guacacualco, é uo pudimut 
eilar por ser eltienipo contrario, y muyabrazados cou 
la (ierra entramos en el rio <)e Toiíala , que se puso 
nombre entonces San Antnn , é allí se dio carena al uu 
navio quo hacía mucha agua , puesto que tocó tres ve- 
ces al estar eu la barra, que es muy baja; y estando ade- 
riaando nuestro na\ io vinieron muchos indios del puer- 
ta deTonala, que estaba una legua de allí , e trujerou 
pau de maíz y pescado é fruta, y con buena voluntad 
ñus lo dieron ; y el Capitán les hizo muchos halagos 6 
los mandó dar cuentas verdes y diamantes , é les dijn 
por señas que trujescn oro á rescatar , é que les dona- 
mos de nuestro rescate ; é traían joyas de oro bajo, é 
selesdabancucntas por ello. Y desque lo supierou los de 
Guanacacualco éde otms pueblos comarcanos que res- 
calábamos, también vinieron ellos con sus pieeezuelas, 
é llevaron cuentas verdes, que a<{uel los tcniau en mucho. 
Puesdemüsde aqueste rescate, traían coraunmentelo- 
dus lus indios de aquella provincia unas baclms de co- 
bre muy lucidas , coma por gen til cía é amanera de ar- 
mas, con unos cabos de palo muy piulados, y nosotros 
c reimos que eran de oro bsjo, é comen2amos á rescatar 
dellus; di}joque en tres días se hubieron mus de scís- 
cítiolas dellas , y esliibanios muy contentos con ellas, 
creyendo que eran de oro bajo, é los indios mucho mas 
con las cuentas ; mas todo salió vano , que las hachas 
eran de cobre é las cuenius un poco de nadi. E un ma- 
ritiero había rescatado secretamente siete hachas y 
estaba muy alegro concitas, y parece ser que otro mari- 
nero lo dijo al Capitán, ú mandóle que las diese; y por- 
que rogomos por el , se las dejó, creyendo quu eran do 
oro. Tambicu mu ai:uerdo que un soldado que so der in 
Bartolomé Pardo fué li una caía de ídolos, que ]a Iw 



U DEItNAl DÍAZ 

dicho que se decía cues , que es come quien dice casn 
do sus dioses, que esUiUa en un ceriii alta, y en ai|uelta 
casa liaKó uuiclios iJolas, ¿ copal, que es como incien- 
so, que es con que zaliuman , y cuctiiilos de |>eilemal, 
con que sacriücaban é rolajaban , é unas arras J*; ma- 
dera, y en ellas muclias [>iezas de oro, que erau dlade- 
masé collares, ¿ dos ídolos, y otros como cuentas; y aquel 
oro lomij el sotJuiio para si , y ,Ios Ídolos del sacrilicio 
trujo al Capilaii. Y no Tulló quien le vid é \o dijo al Gri- 
jalvu, y se lo quería tomar; é rogárnoste que se lo deja- 
se; y como era de buena condición, que sucado el quin- 
to dtt^u majestad , que lo dciniis fuese pura el pobre 
saldado; y no valia oclienta pesos. También quicrodecir 
CUIDO yo sembré unes pepitas de naranjas junto á otras 
casasde ídolos, y luú desta manera: que como había mii- 
clios mosquitos en aquel rio, fuime á dormir á una ca«a 
alia de ídolos, é alli junto á ,-iqtielta cusa sembré síele 
ú ocho pepitas de naranjas que habia traído da Culia, é 
nacieron muy bien; porque parece ser que los pajvas 
de aquellos ídolos les pusieron defensa para que no las 
comiesen borntigas , é las regaban é limpiabun desque 
vieron que eran plantas diíereutes délas suyas. Helraido 
aquí esioú la memoria para que se sepa que estos fueron 
los primeros naranjos quese plauluron en la Nuevo-Gs- 
peña, porque después de ganado Méjico é pacíficos los 
pueblos sujetos de Guacacuatco , túvose por la mejor 
proTÍncia, por causa de eslar en lu mejor conuioda- 
cionde toda la IVueva-E^puitu, así por las minas, que lus 
liabiu, como por el buen puerto, y la tierra de suyo rica 
de oro y de pastos para ganados; á esta efecto se puUlú 
de loa mas priacípales conquistadores de Méjico, é yo 
fui uno , é fui por mis naranjos y iraspúsclos, é salieron 
muy buenos. Bien sé que dirán que no hace al propósito 
derai relacioaesloscuentos vii'jos, y dejallos lie; é diré có- 
mo quedaron lodoslosíndiosdeaquelhis provincias muy 
contentos, é luego nosenibarcamosy vámosla vuelta de 
Cuba, y en cuarenta y cinco días, unas veces con buen 
tiempo y oirás veces con contrario , llegamos á Su mia- 
go de Cuba, donde estaha el gobernador Uiego Velíiz- 
quez, ) él nos hizo huen recibimiento ; y desque vi6 el 
ero que traíamos, que seria cuatro mil pesos, é con el 
que trujo primero el capitán Pedro de Al barado seria por 
todo uuosveinle mil pe$os,unos decían muse otros decían 
menos, élus oticiulesde su majestad saceron el reul 
quinto; é también trujcron las seiscientas hachas quepa- 
recian do oro, é cuando las trujeron para quintar estu han 
tan mohosas, en lin como cobre que era, y allí fmbobien 
que reir y decir de la burla y del rescate. ¥ el Diego Vc- 
lazquez con todo esto estaba mu y contento, puesto que 
parecía eslur mal con el parieute Gríjalva ; é no tenía 
razón , si no que e) Alfonso de Avila era mal acondicio- 
nado, y decía que el Grijalva era para poco, é no faltó el 
capitán Moulejo, que le ayudó de mal. Y cuando esto 
pasó, ya habla otras plúticaspiira euviar otraannada, 
é i quién etegirian por capitán. 

CAPITULO XVII, 

w 

Cima Díeca Ve]ati{iieicavJ£l Caslllli i >tt piorandor. 

Y aunque les parezca i los lectores que va fuera de 
DUeilra rclaciou «slo que yo traigo aquí i la roemoha 



DEL CASTILLO. 

antes que entre en lo del capitán Hemando Cortés, can- 
viene que se difia por lus ciutsus que adelante so terln , 
é también porque en un lieinpu acaecen das ó tres co- 
sas , y por íuer^a hemos de hablar de una, la que aat 
viene al propúsito, Y el caso es que, como ya he diclio, 
cuando llegó el capitán Pedro de Albarado u Santiago 
de Cuba con el oro que hubimos de las tierras quedei- 
cubrimos, y d [Jiego Vc!a7quez lemiü que primero que 
él hiciese re I a ció o A su majestad , que algún caballero 
privado en corle tenía relación dello yle hurlaba la ben- 
diciuD,úeslac8iisu envió el üiegt» Velaitque}'. i un su 
Oipellun, que se clecia Deiiilo Murlinel, iiombre queea- 
tendiurauy bien de negocios, i Castilla cOn probantas, 
é carias pora don Juuu fiadrigucz de t^nuseca, obispo 
de Dúrgus, é se nombraba arzobispo de Itusano, y pura 
el ItcenciudoLuisZapalaépara el secretario Lope Coo- 
chillos , que en aquella sazón euteodian en lus cosas de 
las liidiifí, y Diego Velazquez era muy servidor del OImí- 
po y de tos demís oidnres, y como tol leí dio pueblas 
de iiulios en la isla de Cuba, que les sacaban uro de 1*9 
minas, é ú esta causa hacia mucha por ei Diego Vclaz- 
quez , es|>ecialmeate el obispo de niírjios, ¿ no dio nin- 
gún pueblo de inilios i su majestad, (nirque en aquella 
sar.nn oslaba en Flindes; y demás de les |juhi.<r dado los 
indios que dir-lio tengo, nuevamente envió ti estos oido- 
res muclias joyas de oro de lo que hablamos enviado 
con el capitán Albarado, que enm vetiiie mil pesos, se- 
gún dicho tengo, é uoso baria otra cosa en el real con- 
sejo de ludias sino lo que aquellos seíiorcs manduboii; 
aloque enviaba ú negociar ot Die^n Veluzquez era que 
le diesen licencia para rescatar é conquistar é poblar 
en tildo lo que habia descubierto y eu lo que mus des- 
cubriese , y decía en sus relaciones écurlusquu liabiu 
gamitado muchos millares de pt!Si>s de oro eii el descu- 
brimiento. Por manera quu el capel luu Benito Martí- 
nez fué ¡i (astilla y negoció (odo loque pidió, óaunnias 
cumplidameule ; que trujo provisión pura el Diego Vc- 
lazquez para ser adelantado de la isla de Cuba. Pues ya 
negociado lu aquí por midicho, nodieron tan presto los 
despachos , que primero no saliese Cortés con otru ar- 
mada. Quedarse ba aquí, asi los despacliosdel Diego Ve- 
lazquez como lu armada de Cortés, é diré cómo estan- 
do escribiendo esta relación vi una coronica del coro- 
nista Francisco López de Gúmora, y habla od lo de las 
conquistas de la Nueva-España é Méjico, é lo que sobre 
ello me parece declarar, adonde hubiere contradicion 
sobre lo que dice el Gúmora, lo diré según y de la ma- 
nera que pasó en las conquistas, y va muy diferente da 
lo que escribe, porque todo es contrario de la verdad. 

CAPITULO XVIIL 

De alfaui iitTsrtcgtiit icerta de lo qac cicribe FraaciHaLofci 

de tibmara, mil iatormiin, cu su aialorii. 

Estando escribiendo esta relación , acaso vi una his- 
toria de buen estilo, la cual se nombra de un Francis- 
co López de Gómora , quo habla do las conquistas de 
Méjico y Nueva-España, y cuando leí su gran retórica, y 
como mí obra es tan grosera, dejé de escribiren ella, y aun 
tuve vergüenza que pareciese entre personas notables; 
y estando tan perplejo coma digo , torné & leer y ú mi- 
rar las razones y pié ticas que el Gomera en sus libros 



CONQUISTA DE 
,é tí qtifl (I(>5de el principio j meJio liasta el 
llrvoLa liuciiB relación, y va muy contrario de lo 
é pasú en la Nueva-Espiña ; y cuundo entró i do- 
granili's ciudades, y laníos numeras que dice 
de Tccioos en ellas, que tnnlo se le di6 poner 
ocho mil. Cues de aquellas grandes matanuis 
M^9 litcttmos , siendo nosotros obra de cua- 
Itoifoldtdos los que anddbamos en la guerra, que 
tffRñmoa de defeadernos que nonos matasen ó 
IB de f encida ; que aunque estuvieran los indios 
no liiciériinios taulas muertes y crueldades 
dic« que hicimos ; que juro orneo que cada dia 
rugntxio i Dios y ú nuo^tra Señora no nos 
Volviendo á nuestro cuento , Atalarico, 
■vitímo rey, é Atila, muy soberbió guerrero , en los 
catatanes no tiii'ieron tantas muestras de liom- 
■o dice que liaciümos. También dice que der- 
|.y ebrasámos muclias ciudades y templus, que 
cnei, donde tienen sus Ídolos, y en oqucllo le 
AGiimora que aplace mucho A los oyeotesqne 
bitloria , y no quiso ver ni entender cuando 
ItlÑa que los verdaderos conquistadores y cu- 
ietorcs que saben lo que pasó , claramente le 
ue en su Itisloria en todo lo que escribe se enga- 
I ta las demás historias que escribe de otras co- 
M arte del de la Nueva- España, también irá todo 
¡ 7 os lo bueno que ensalza 6 unos capitanes y 
Otros; y los que no se hallaron en las conquistas 
i« fueron capitanes, y que un Pedro Dircio fué 
taa cuando ct desbarate que hubo en un pue- 
)e pusieron nombre Almería ; porque el que fué 
itan eo aquella entrada fué un Juan de Bscalan- 
I niurii'i en el desbarate con otros siete soldados; 
que un Juan VeLi^^quez de Lcon fué í poblar 
laico ; mas la verdad es usi : que un Gonzalo de 
■1^ Mloral de Avila , to fuó i poblar. También 
■wCwtéS mandó quemar un indio que se de- 
nal-Popoca, copíUnde Montezuma, sobre la po- 
lilla M quemó. El Cómora no acierta también lo 
de la entrada que fuimos á un pueblo é fortu- 
Psngs escríbelo , mas no como posú. Y de 
t es los arenales alzamos A Cortés por capitán 
I j justicia mayor , en lodo le encañaron. Pues 
deunpuebloquesediceChamtjla, enlopro- 
Ée Chiapa, tampoco acierta enloque escribe. Pues 
peor dke, que Cortés mandú secrelamente 
lar los once navios en que hablamos venido ;an- 
p&blico , porque duramente por consejo de to- 
I demic soldados mandó dar con ellos ni través 
listas, porque aos ayudase la gente de la mar que 
•estalla, á velar y guerrear. Pues en lo de Juan de 
IB,sí«kIo buen capitán, le deshace é disminuye. 
•todeFr80ciscol''crnandez de Corijoba, habiendo 
«ibierto lo de Yucatán, lopasa por alto. ¥ enlode 
Ko lie Garay dice que vino él primero con cuatro 
éalodaPúuucuautesque viniese con la armada 
;«■ lacual no acierta , como en lo demás. Pues 
» lo foa tccribe de cuando vino el capitán Nar- 
é> cómo la desbaratamos, escribe seguo é como 
icioocs. Pues en las batallas de Tuicala [jasta 
iaa paces, en todo escribe muy lejos de lo 



NUEVA-ESPANA. ÍS 

que pasó. Pues las guerras de Méjico dectiando nos des- 
barataron y echaron de la ciudad , é nos mataron é sa- 
crificaron sobre ochocientos y sesenta soldados ; digo 
otra vez sobre ocliocíenlos y sesenta soldados , porque 
de mil trecientos que entramos al socorro de Pedro de 
Albarado, é Íbamos en aquel socorro los de Narvaez é 
los de Corles, que eran los mil y trecientos que he di- 
cho, no escapamos sino cuatrocientos y cuarenta, é to- 
dosheridos, ydicelu de manera como si no fuera nado. 
Pues deS(]uo tornamos ú conquistar la pran ciudad de 
Méjico é la ganamos , tampoco dice tos soldad osque nos 
mataran é hirieron en las conquistas, sino que todo lo 
hallábamos como quien va á bodas y re¡»ocijos. ¿Para 
quémelo yo aquí tanto la pluma en contar cada cosa 
por sí, quo es gustar papel yiinia? Porque si en toJolo 
que escribe va de aquesta arle, es gran lástima; y pues- 
to que él lleve bneu estilo , habiu de ver que para quo 
diese fe alo demás que dice, que en esto se había de es- 
merar. Déjenlos esta ptdlica,é volveré á mi materia; 
que después de bien mirado todo le que he dicho quo 
escribe el Gúmora, que por ser tan lejos de lo que pasó 
es en perjuicio de tantos , torno á proseguir en mi rela- 
ción é historia; porque dicen sabios varones que la 
buena política y agraciado componer es decir verdad 
eulo que escribieren, y la mera verdad resiste & mi 
rudeza ; y mirando en esto que he dicho , acordé de 
seguirmi intento con el ornato y plálicasque adelanto 
so verán, para que salga áluz y se vean las conrjuisiasde 
la Nueva-Bspaiía claramente y como se han rie ver, y su 
majestad sea servido conocer los grandes énotablesscr- 
vicíos que le hicimos los verdaderos conquistadores, 
pues tan pocos soldados como venimos i estas tierras 
con el venturoso y buen capitán Hernando Cortés , nos 
pusimosátan grandes peligros y le ganamos esta tierra, 
que es una buena parte de las del Nuevo -Mundo, pues- • 
lo que su majestad, como crisLianlsimo rey yüeñornues- 
tro , nos lo ha mandado muchas veces gratilicar ; y de- 
jaré de hal)lar acerca deslo , porque liay mucho qus 
decir. 

Y quiero volver con la pluma en la mano , como el 
buen piloto lleva la sonda por la mar, descubriendo los 
bajos cuando siente que los Imy , así haré yo en cami- 
nar & la verdad de lo que pasó la historia del coronísta 
Gúmora , y no será todo en loque escribe ; porque si 
parle por parte se hubiese de escribir, sería mas lu cosía 
en co^'er la rebusca que en las verdaderas vendimias. Di- 
go que sobre esta mi relación pueden los coronistas su- 
blimar é (lar loas cuantas quisieren , asi al capitán Cor- 
tés como á los fuertes conquistadores , pues tan grande 
y santa empresa salió de nuestras manos, pues ello mis- 
mo da fe muy verdadera ; y no son cuentos de naciones 
extraíias, ni sueños ni porfías, que oyer pasó á manera 
de decir , sino vean toda la Nueva-España qué coso es, 
y lo que sobre ello escriben. Diremos loque en aquellos 
tiempos nos hollamos ser verdad, como testigos de vista, 
é no estaremos hablando las contrariedades y falsas re- 
laciones (como decimos) de los que escribieron de oí- 
das, pues sabemos que la verdad es cosa sagrada , yquie- 
ro dejar de mas hablar en esta materia; y aunque había 
bien que decir del la é loque sé, <:ospecho del coronista 
que le dieron falsas relaciones cuando hacía aquella 



Ifí - BERNA! Díaz 

¡lislorin ; porque toda le honra y prez Mte la di<'> $'>!'> 
Ittl marqués don Herniinilcí Cortés, 6 no liizo mortioria 
Me ninguno de fiucilroB valerosos capitanes y fuertes 
^Snldudüs; y bien se parece en lodo lo que el Góraora 

scribcensu liialoria serie muy uriciurtado, [imis á &u 
^liijo , el ninrqués que agora e», le elí^iii su curúnica é 
! obru, é ia dejó de elegir ú nuestro rey y señor; y no so- 
hainuute el Francisco López de Gúmora escríbiú tautas 
Lborrroncsfrcosusque no son verdaderas, de que lia lie- 
[elio muclio daño (S inuelios escritores é coronistas que 
f después del Gomara imn escrito en lascosasde la Nuc- 

vo-Espiítiii, como es el doctor lllescus y Pablo lovio, que 
Dbc van por sus mismas palabras y escriben ni mas ni 
[menos qnecl Góinorn. Por maueraque lo que sobre es- 
1 pi miiteria escribieron es porque les lia heclio errar «I 
^Cúaloru. 

CAPITULO XIX. 

Cima vcnitnos otra tei con aira annida i las tterras nneramtnti; 
itc»cubiertai«, j var capilan de h irmiAi Hcrnindo Cartear 1^^ 
dcípui-j tuc marques del Valle y tuvo otn» ditadoi, ; de las con- 
trariedades qae tiiitia pan le estorbar qae no hieie capilan. 

En 1 3 (liusdei mes de noviembre de 1518 años, vuelto 
el cíipilaii Juan de Grijalva de descubrir las tierras nue- 
vas (como dicho liabemos), el gobernador Diego Ve- 
lazqucK ordenaba de enviar otra armada muy mayor que 
lus í\i' unics, y para ello tenia yu diez navios en el puerto 
rie Simtiugu de Cuba ; los cuatro dellus eran en los que 
volvitiius cuando la do Juao ile Grijalva, porque lue^o 
les hizo dar careno y adobar, y los otros seis recogie- 
ron de tuda la isla, y los bÍj:o proveer de bastimento, 
'que era pan cazabe y loe i no , porque ea aquella sa- 
zón no hubiu en ia isla de Cuba ganado vacuno ni car- 
neros , y este iiastimcnto no era [lara mas de hasta llu- 
gar á ta Habana, porque allí habíamos de hacer todo el 
mataloloje, como se hÍM. Y dejemos de hablaren esto, 
y volvamos á decir las diferencias que se hubo en elegir 
capitán pura aquel viaje. Habia muclios debates y con- 
trunedaites, porque ciertos cubullcros decían que vi- 
niese un capitán muy de calidad , que se ducia Vasco 
Porcalto, pariente cercano del conde de Feria, y te- 
iniúsc el Diego Velazquez <]ue se alzariu cuo la armada, 
porque era atrevido; otros decion que viniese un Agus- 
tin Bermudez ó un Antonio Velaujuez Borrego ó un 
Bernurdino Vulazquez, parientes del gobernador Diego 
Velazquez; y todos los trias soldados que atli nos hallu- 
inos dociamos que volviese el Juan de Grijalva, pues era 
buen capiüiii y no había falla en su persona y en saber 
maud;ir. Attdaiulo lus cosas y conciertos desta manera 
que uijiil he diclio, dos grandes privados del Diego Ve- 
lazquuz, que se decían Andrés de Duero, secretario 
del mi-mo gobernador , y un Amador de Larcz, conüi- 
dor de su majestad, liicieroo secretamente compañía 
con un buen tiidalgo, que se decía Hernando Corli^ij, 
natural de Medelltn,el cual fué hijo de Martin Curies 
de Monroy y de Catalina i'ízarro Allamiruno, é ambos 
h ijoidftlgo, aunque pobres; é así era por taparle de su 
pailrc Curte,'; v Honro;, ) la de su madre Piíarro c Alla- 
iniraiHi : fué de lus buenas linajes de lii trema dura, ú 
letiia judíos de eucooijeuda ou aquella isla, ú poco 



u«uaf 
spor- 1 
ayajiJ 



DEL CASTILLO. 

liempii haliia que se había casado por amores con una 
señora que se decía doña Ctitalinn Suurez Paclieco , y 
esta señora era hija de Diego Suarez Puclieco , ya dí< 
fuuto , natural de la ciudad de Avila , y de María de 
Hercaida , vizcaína y hermana de Juan Stiarez PacLecr. 
y este , después que se gana la Nueva-España , fué ve- 
cino y eticomendado en Méjico; y sobre e.sle casamiento 
de Corles le sucedieron muchas pesadumbres y prisio- 
nes; parque Diego Vela zqucz favoreció las parles della, 
como mas largo contarán otros; y a^í pasaré adelanto 
y diré acerca de la compañía , y fué desta manera : que 
concertaron estos dos grandes privados del Diego Ve- 
lazqttez que le hiciesen dar á Hernando Cortés la capi- 
tanía general de toda la armada, y que partirían entre 
todos tres la ganancia del oro y plata y joyas de la parlo 
que le cupiese á Cortés ; porque secretamente el l>i«^ 
Velazquez envía Ita i rescatar, y no á poblar. Pues bfr> 
cbo este concierto, tienen tales modos el Duero y el 
contador con el Diego Velazquez, y le dícen tan bu«uas 
y melosas palabras, loando muclio á Cortés , que es pof' 
sonn en quien cube aquel cargo, y para capitán muy 
forzado, y que le seria muy Ttet, pues era su ahi. 
porque fué su padrino cuando Cortés se vetó con 
Catalina Suarez Pacheco; por manera que le persua- 
dieron d ello y luego seehgiúpor capitán general; y el 
Andrés de Duero , como ero secretario del Gobernador, 
no lardó de hacer las provisiones, como dice en ol re- 
frán , de muy buena lítita , y como Cortés las qui^o bas- 
tantes, y se las trujo lirmadas. Ya publicada su elec- 
ción, á unas personas les pbicia y ti otras les pesaba. Y 
un domingo, yendo i misa el Diego Velazquez, como 
era gobernador, íbanle acompai'iando tus mas nobles 
personas y vecinos que había en aquttlu villa , y llevaba 
& Hernando Cortés ú su lado derecho por l« Iraiirar; é 
iba delante del Diego Velazquez un truhán que se de- 
cía Cervfmles el Loco, haciendo gestos y chocarrerías: 
«A lu {^ala de mi amo ; Diego , Diego, ¿qué capitán has 
elegido? Que es de Uedelliu de Eitremoduru, capí tan 
de gran ventura. Mus temo, Diego, no se te alce con 
el armada; que le juzgo por muy gran varón en sus co- 
sas.» Y decía otras locuras, que tudas iban inclinadas 
!i malicia. Y porque lo iba diciendo de aquella manera 
le dio de pescozazos el Andrés de Duero , que iba illí 
junto con Cortés, y le dijo: <i Calla, borracho, louo, 
UD seas mas bellaco; que bien entcrdido tenemos quo 
esas malicias, socolar de gracias, no salen de li;» y lo- 
davia el loco iba diciendo : n Viva , viva la gala de mi 
uu)o Diego y del su venturoso capiUin Cortés. E juro ft 
tal , mi amo Diego , que per no te ver llorar tu mal re- 
caudo que ahora bas hecho, yo me quiero ir con Corté» 
ó aquellas ricas lierras. w Túvose por cierto que dierou 
tus Velazquez parientes del Gobernador ciertos pesos 
de uro á aquel chocarrero porque dijese aquellas mali- 
cias, socolor de gracias. Y todo salía verdad como lo 
dijo. DÍL'i't] quo los locos muchas veces aclerUtn en lo 
que hablan ; y fué elegido Hernando Cortés, por la gra- 
cia de Díoí; , [)itra ensalzar nuestra santa fe y servir d sí 
majcslod , como adelauíe se dirá. 



CONQinSTA BE 



CAPITir,0 XX. 



caos faf hlio t rolenillii cl «ipll^n Htm>tt<¡a CtiUi 
ivr (uí tlesiio por ijpiUii , como ilirba ti. 

fceomn ya fué elegido Rerrtünflo Corles por p^- 
i« la annniln que dicho tengo , cometiziS lí buscar 
bérieru <l<r armas, así escopetas como púlvorn y 
|m^ é todiis cuantos pertreciios de guerra pudo 
Hatear, todas cuan tns maneras de rescate, t lum- 
PRvcoMS pertenecientes \>nn erjucl tííiJc. E de- 
Mo, M comeniú de pulir á Dbcllidar en su per- 
tociio ninrt que de antes, i se puso un penacho 
IRIS con fa mcdüllu de oro , que le parecía muy 
fues p«ra liarer oque^los guatos (]uo fie dicho no 
te qué , porque en aqitellu sazón estaba muy odcu- 
pobre, puesto que letiia buenos inJios de enro- 
I y le daban buena renta de Nts minas de oro; mas 
> gastaba en su persa n* y en atavíos de su mujer, 
B recien casado. Era apacible en su persona y 
hito y de buena conversación, y lutltiasido dos 
ilcalcie en tu villa de Santiago de Ooroco, adonde 
;ino, porque en aquestas tierras se tiene por mu- 
Vitn. Y como ciertos niercadéres amigos suyus, 
I decían Jaime Tria ó Jerónimo Tría y un feriro 
n . le vieron con capitanía y prosperado, lo pros- 
eiiilrü mil pesos do oro y le dieron oLras merca- 
sohrc la reñía de sus indios , y luego Iti/o lia- 
ts lutadas de oro , que puso en una rapa, de ler- 
I, f mandó Iracer estandartes y banderas luítradas 
'con his armas reales y una cruz de cada parle, 
Bente con \m urmas de nuestro rey y señor , con 
en latín , que decia : « Hermanos , sigamos 
It de la santa crn?. con (u verdadera , que con ella 
émot; n y lue^o mnndij dar pregones y tocar sus 
Hflsy trompetas en nombre de su majestad, y en 
nombre pur Uiegu Velazquez, [laru que cuales- 
•nas que quisiesen ir en su conipañía ú fus 
ouetameiite descubierüís á las conquistar y do- 
D sus partes del oro , plata y joyas que se 
icomieiidas de indios después de [lacificüda, 
dio tr.nia el Diego Veluz(|iiez de su majcs- 
que se pregona aquesto de la licencia tiet 
icstro señor, oua no Labia venido con ella de 
I el' capellán Benito Marlinei, que fué el que 
Vclazqucí hubo despacbarto & Castilla para que 
Ke, como dictio tengo en el capitulo que dello 
l'Mtcomo se supo esta nueva en toda la isla de 
j UmbieD Cortés escribió á todas las villas ¿sus 
que «e aparejasen para ir con i\ li aquel viaje, 
ndlu) sus haciendas para buscar armas y cabti- 
coniwizabaná hacer cazabe y salar tocinos 
itmlclaje , j te colcliaban armas y se apcrccbian 
6 iiabito menester lo mejor que podían. De ma- 
lí nos junUimos en Santiago de Cuba , donde sa- 
M el armada , roas de trecientos soldados ; y de 
del tai«mo Ulego Velazquez vinieron los mas 
ilaa que tenía en su servicio , que era ua Diego 
ít, ro mayordamo mayor, y ú este el mismo Ve- 
to tnriA para que mírase y eotendieso no hu- 
itfTuna mala traiira en la armada ; que siempre 
Vi (tt r.orU«,autiqU4i lo disimulaba; y vino un 
a\ii. 



ni'Eva-espaSa. n 

Francisco de .Moría y un Escobar y mi Ileredia, y Juan 
Ruano y Pedro Escudero, y un Murtín Hamos de Lares, 
vi)!caíno , y otros muchos que eran aroi^'o» y paniagua- 
dos del Diego Velttzquez. Eyo nic pongo fl tu postre , y» 
que estos soldados pongo aipií por memoria, y ao á 
otros, porque en su tiempo y sazón los nombrare ft lo- 
dos los que se mu ncordiire, Y como Curtes andaba muy 
solicito en aviar su armada, y en todo se dalia mucha 
priesa , como yu la malicia y envidia reinaba sieiDpre 
en aquellos deudos del Üicg j Veluzquei, estaban afren- 
tados cómo no se fiaba el pariente dollos , y diú aquel 
cargo y capitanía á Cortés, sabiendo que le habia, teni- 
do por su grande enemigo pocos días había sobro el 
casamiento de la mujer de Curies, que se decia Cala- 
lina Suarez lu Marcaida(cnmo dielio icnRO); y i. esta 
causa andaban mormurando del pariente Diego de Ve- 
lazquez y nun de Cortés , y por todas las vías que po- 
dían le revolvían con el Diego Velazquez para que en 
todas maneras le revocasen el pod^r; de lo cual tenia 
della aviso el Cortés , y ú esta causa no se quitaba de 
la compañía de estar con el Gobernadur y siemiire mos- 
trándose muy gran su servidor. El decia que te había 
de hacer muy ilustre señor ó rico en poco tiempo. Y 
demás desto , el Andrés de Duero avisaba sientpre & 
Corles que se diese priesa en embarcar , porque ya te- 
nían trastrocado al Diego Velazquez con iinporliuiida- 
Jcs de aquellos sus parientes los Veluzquei. Y desque 
aquello \tó Cortés, mandó á su mujer doña Catalina 
Suarez la Marcaída que lodo lo quo hubiese de llevar 
de bastimentos y otros regalos que suelen luicer para 
sus maridos, en especial para tal jornada, se llevaae 
luego li embarcar ú los navios. E y» tenia mnndailo 
apregonar é apregouado, é apcrcebrilus ú loí maestres y 
pilotos y á lodos los soldudiis, que para lid día y anche 
no quedase ninguno en tierra. Y de9[oe aquello tuvo 
mandudo y los vid lodos em!iarcados , se fin^ á despedir 
del Diego Veiuzquez, acompañado deaquellus susgr,m- 
des amigos y conipuñoros, Andrés d(? Iitieru y el conta- 
dor Amador de I.aros, y tud'is lus t;m% oobles vecinos do 
aquella villa; y dcsiuiés de muchos orrecimientos y 
abrazos de Cortés al Gobernador y ú<\ tii.>¡>oriiador ó 
Cortés , se despidió del ; y otro dia muy de matiana, 
después de haber oído misa, nos fuimos á los nnvíos, 
y el mismo Diego Velazqucz lu lornó ú itcoinpuñar, y 
otros muchos hidulgDS, basta acercariiosóln vela, y con 
próspero tiempo en pocos días llegamos li la villa de la 
Trinidad ; y tomado puerto y saltados en tierra, lo quo 
aJlS le avino i Cortés adelante se dirú. Aquí en eslu re- 
lación verán lo que á Cortés le acaeció y las contrarie- 
dades que tuvo basta elegir por capitán y tuda lo demds 
ya por mi dicho ; y sobre ello miren lo que dice Gümora 
cnsuhistori;i, y hallartinscr muy contrariólo uno de lo 
otro , y cómo ñ Andrés de Duero, siendo secretario que 
mandaba la ísb de Cubn, le hace mercader, y al Diego 
de Ordá,s, qtje tino ahora con Ck)rtés, dijo que hübia 
venido con G rija Iva. Dejemos al Gómora y á su mala re- 
lacio» , y digamos cómo desembarcamos coD Cortés en 
kt villa de la Trinidad. 




ts 



CERNXL WAZ 



capí n LO XXI. 



De lo que Cortíj lino dtsutie llcjii 1 li *1HJ de I» TrinldaJ. j ite 
lo» utiillcroii y ioldidos que 9III nos Jualunos ptri ir en >u 
conipillla, j lie lu que mas le avino, 

E ai como desembarcamos en cí puerto óo la villn 
déla Trinidad , y salidos en tierra , y cunio tosvecim» 
i lo supieron , luego fuerou á receliir ü Curuís y d todos 
i • nosotros los qno vcniamos en rh ccimparda , y ú liarnos 
•el parabién veoi do íl su TÍlh, y llevaron áOirlús 4 npo- 
I senlar entre los vecinos, porijue íiabia on acuella villa 
- poi)la<ios muy buenos bidalgos; y kie^o itiattilü Corlús 
I' pooér su estandarte defante de su posuüa y dar pregó- 
nos, como se habiu becho en iu villa de Santiago , y 
1 1 inaiuló liuscur todas las balicslas y escopetas que ¡laliia, 
y couipriír ulms cosas necesartiis y aun bastimentos; y 
de aquesta villa salieron liidalgos para ir con nosotrus, 
l«<y lodos lit!i manos , rjue fuá el capitán I'edro de Albara- 
t» do y Gouzulo dti Alburado y Jorge de Albarado y Goii' 
' xulo y Gómez é Juan de Albarailu el TÍejo , que era bas- 
■ fardo; el capitán I'odro de Albarado es el por muy mv- 
I días veces tiumbrado; é también ¡«lió de aquesta villa 
'AloQSo de Avila, natural de Avila, capit;ni que fuú 
1 1 cuando lo de Grijaha , é saliú Junn <ic Escalante é Pe- 
dro Saiicbez Parfau, natural de Sevilla , y Gonzalo Me- 
•jía, quü fué tesorero en lo de Méjico, 6 un Baenn y 
[ ''Juanes de Fu enterra bi a, y Cristóbal de 011, quo fué fer- 
iado, que fué maestre do ca'mpo en la toma de la ciu- 
dad de Méjico y en todas las guerras de la Nueva-Es~ 
Lfaña, é Orti;: el músico, é un Gaspar Sancbeí, sobrino 
ridcl tesorero de Cuba , é un Diego de Pineda ó Pinedo, 
•y un Alonso Rodriguui, que tenia unas minas ricas de 
I loro, y un Bartolomé García y otros hidalgos que do 
•me acuerdo sus nombres , y todas personas de mucha 
^ llalla. Y desde la Trinidad oscribiú Cortés á la villa de 
i iSautispIritus, que estaba de allí die?. y ocho leguas, 
-kaciendo saber i todos los vecinos cómo íbu á aquel 
j -tiaje & servir á su majestad , y con palabras sabrosas é 
MOfrecimieolos para atraer á si muchas personas de cn^ 
nlidfld que estaban cu aquella villa poblados , que se de- 
cían Alonso Hernández Puertocarrero, primo de! conde 
.de Medellín, y Gonzalo de Sandovul, alguacil mayor é 
'.gobernador que fué ocho meses, y capitán que después 
lnfué en la Nueva-España , y á Juan Velazquoz de León, 
'pariente del gobernador Velazqiioz, y Rodrigo líangcl 
ry Gonzalo López de Jimena y su barmano Juan Lopíz, 
j Juan Sedeño. Este Juan Sedeño era vecino de aquella 
1 -filia; y declúrdo asi porque babia en nuestra armada 
[«tros dosJuan Sedeños; y todos caitos que lie iKmihra- 
1 ■do, personas muy generosas, >Í!Heron á la villa de la 
I -Trinidad , donde Cortés estaba ; y cnmo lo supo que ve- 
l «tan, los salida rece bir con todos nosotros lüssohlados 
j.ique estábamos en su compañía, y sy dispararon mu- 
líéljos tiros de artillería y lesmustró mucho timor, y ellos 
Fue tenían grande orato, Etígamos alioñ) cerno todas las 
l-pcrsonas que he nombrado , vecinos de la Trinidail, 
Tlenian en sus estancias , donde hocinn el pan cazabe , y 
í manadas de puercos cerca de aquella villa, y cada ono 
) procuró de poner el mas bastimento que podía. Pues 
i tstandodesla moñ era recogiendo soldados y comprando 
caballos, que en aquelli sazón é tiempo no los había, ' 



DCl CASTUlO. 

sino muy pucos y caros; y coran aqiiot liidnlgo por mi 
ya itnmbrBilo , que se diaria Alonso Hernández Puerto- 
carrero , no tenis caballo ni aun de qué cwnpiiflo. 
Corles le compró mta yegua rucia y dió por rUa unas 
lazadas de oro que traía en la ropa de terciopelo qoe 
mandó hacer en Santiago de Cuba (como dí'-ho txniii»); 
y en aquel instante víira un navio de la 1 1 ;tiel 

puerto de la Trinidad , que Iraia un Juan ■ , ve- 

cino de la misma Habana, cargado de pim cazabe y 
tocinos, que iba i vender á unas minas d« oro cero 
de Santiago de Cuba ; y como saltó en tierra el Juan 
Sedeño, fué á besar las mamis i Cortés, y después «te 
muchas pláticas que tuvieron , le címiiró el navio j 
tocinos y cazabe Gado, y se fué el Juan de Sedeño coa 
nosotres. Ya teníamos once navios, y todo se nnsliKt» 
prúspenimenle , gracias á Dios por ello; y «"¡(Mitdndí 
lo manera que lie diclio, envió Dief-o Vela/qih-í cafla* 
y mandamientos para que detengan la urmadi i Cor> 
tés , lo cual verán adelante lo que pasó. 

CAPITILO XXII. 

CAnn el giitieniiAar Dlcga Vdaiqaei «arU itos criados ig;«s n 
VDSta 1 la «lita d« la Trlnitid can paderM 1 maiaaviMUM f*n 
re«»car i Cortés el pnder do fir ca|iiui } lunallt I* ardHdt ; | 
lu qac pata diré adelante. 

Quiero volver algo atnis de nuestra plática para de- 
cir que como salimos de Santiago de Cuba con lodüs 1 
los navios de la manera que be dicho , dijeron li Dieg« 
Velazquez tales palabras contra Caries, que le liiciereu 
volver la huja ; ponjue le acusaban que ya iba olzado y 
I que salíti del puerto como & cencerros tapador, y quo 
I le habían oído decir que aunque pesase al IMego Ve- 
' laxquez bahía de ser capitán , y quo por este efeto ba- 
' bía embarcado lodos sus soldados en los navios de no- 
, che , para si le quil:i<;enda capit:mía por fueri^a hacerse 
I á la vela , y que le liahian engañado al Velazquez íu sa- 
I crelario Andrés do Duero y el contador Amador de La- 
res , y que por tratos que había enirc ellos y entre Cor- 
tés, que te habían bcchndaraquellu capitanía. E qnien 
mas metió la mano en ello para convocar al (liego Ve- 
lazquez que le revocase luego el poiler eran sus parien- 
tes Velazquez, y un viejo que se decía Juan Millau.quo 
le llamaban el Astrólogo ; otros decían que tenia ramos 
de locura éque era atronado , y esto viejo decia muchas 
veces al Diego Veliizqueí, : « Mira, Señor, que Cortés 
se vengará ahora de vos de cuando le luvistcs pr^o , y 
como es mañoso , os 1 la d e echar á perder si no lo reme- 
díais presto.» A estas palabras y otras muchas que le 
decían dio oídos aellas, y con rauclia brevedad envió 
dos mozos de espuelas , de quien se liaba , con manda- 
mientos y provisiones para el alcalde mayor de la Tri- 
nidad , que se decía Francisco Verdugo , el cual era 
cuñado del mismo Gobernador ; en las cuales provisio- 
nes mandaba que en lodo caso le deluvíeseu el armada 
á Cortés, porque ya no era ca[iitan, y lo habían revocado 
poder y dado i Vasco Porcallo. Y también traían car- 
tas para Diego de Ordás y para Francisco da Moría y 
para lodos los amigos y parieaies del Diego Velazquec, 
para que en todo caso lo quitasen la armada. Y comg 
Cortés lo supo , babló secretamente al Ordás y á todos 
tijuellos soldados y vecinos de la Trinidad que t#|)are- 



CONQUISTA DE 

fpe serian en favore«i(>r Ias ¡imTiisianes liel 

t iiiego Vfliizítunz , y tales [«labras y o re rías 

[fi : ' - iTujo á SO scrfício ; j aun el mismo 

» iiablú é ctmvocóluego ti Francisco Ver- 

k ijuc uru alcalde mat'ur , qwt na hiMn^en en •'! 

Ho, sínn qiie lo di si mu lase ti ; y piíjolú por delüiilc 

faht M uü lialiiu ri^to ninguna nnv«.<rhdeñ Cnr- 

Intessi: iii'isiraha miij scrviíiDf di'l Gübarnarfor; 

|m «o algo se qui$.i«sen poiier por el Velazquez 

|BÍtaIla la arniudu eti aquel liempo, que Cortés te- 

|lchos liidalgos por nmigos , j eneroigos del Diego 

ttiiez porijuu no les hatiid dado buenos indios; y 

|il« loa hidalgos sus amij^os , toitía grande copia 

Idados y eslulia muy pujante , y que Scrin meter 

II ea k tilla, é que por ventura los >oldndn$ lu 

b sacouiuno é k roboriao é jiarum etro pL<or des- 

Wto; yasí, $e quedó sin baccr bullicio; y el un 

I tie esiiuclus de los que tiOBta las cartas y recau- 

^fu¿ con aoioiros , el cual se dacin Pedro Laso, y 

olro mensajero escribió Corlús roui^ mansa y 

lie al Uicgu Vtituzquei que so miiravitlab» 

d de baber tomado aquel acuerdo , y que 

es tervir á Uiosy á su n.ajesttid, y i ¿I en su 

ibre; y que le suplica !iu que no oyese mas ó 

•eñores sus deudo? los Velazqiicx , ni por un 

oco,romo era Juan Millan, se mudase. V tam- 

Hcritiiú á todos sus amigos, en especial al Duero 

Kitador, sus compañeros; y despuAs de Imber es- 

[mandó ciileader á todos los soldados en aderezar 

, y á los herreros que estaban en uquclla \itl:i, 

Mipre liiciescn casquillos, yli los ballesteros que 

ahiucen para que tuvieren muchas saebs, 

M\ru¡a y couvocó á los lierrt-ros que se fue- 

I nototras, T asi lo hicieron; y estuvimos en 

villa doce dias, donde lo dejuré , y diré ciimo 

bborcamos para ir ú lu Habana. También quiero 

no los qui! esto leyeren la direrencia que liuy de 

Iriou de Francisco tJúniora cuando dice que envió 

Étr Oiego Velaxqnez i Ordás que coiividase á a- 

Cotiét tü un dbtío y lo llevase preso á Santiago. 

olrns cosas en su Corúnica,que por no me alar- 

id«jo de decir, y al parecer de los curiosos letores 

inajor csmioo lo que se vtó por vista de ojos 6 lo 

• «I Gomera, que no lo vio. Volvamos á oueatra 



CAPITULO xxin. 

I ta^lUn neniado Cortés seernturca ton lnilos lói AciDlit 
Itn» ; mili titos pin Ir pnc la baadj dd tur íl pDirrUi ite 

*«i , ; rniKt otm sstlu ¡lor Ii banili del tarta al mlims 

, j la qao nti le tattiá. 

pvÉs qae Cortés vkS que en la villa de la Trinidad 
eo qué entender, apercibid d todos los 
f toldados que allí se liabían jantada para ir 
Biptoia , que embarcasen juntamente con él en 
wtaboaenet puerto de la banda del sur, 
pu tierra qaisieften ir, Tuesen hasta la Haba- 
Fȇro de Albarado , para que fuese recogiendo 
, que estaban en unas estancias que era 
dala misma Habana ; porque el Pedro de Alha- 



M'EVA-ESPAfíA. lí) 

rudo era muy iipiicible , y tenia gracia en hacer ^^mle de 
guerra. Yo fui en su eomimiiiu portierfti.y inasdn otros 
cincDí'nta soldados. Dejemos esto , y diré qite Ininljien 
mandiJ Cortés A un hidalgo que se deciu Juan du Esea- 
Intite, muy su amiso, que se fuese en un navio porta 
liaruiíi del norte. Y tamtiien manilo que toilos los caba- 
llos Tuosen por tierra. Pues ya despacbado tfidn lo que 
licito tengo I Cortés se embarcii en l;t nao capitana con 
todos los navios para ir la derrota de lu Habana. Parei-e 
ser que las naos que llevaba en conserva no vieron ti la 
Capitana, donde iba Cortés, porque era de nnclie, y fue- 
ron al puerto; y asimismo llegamos por tierra cou Pe- 
dro de Albarado íi la villa de la Habana; y el navio el) 
qtic venia Juan de Escalante por la hanrla del norte tam- 
bién httbia llegado, y lodos los caballos que iban por 
tierra ; y Cortés no vino , ni sabian dar mna áH ni 
dónde quedaba) y pnsironsc cinco dias, y no había nue- 
vas ninguna.s de su navio , y teníamos sospecha no se 
hubiese perdido en los Jardines, qne es cerca de las is- 
las de Pinos, donde hay muchos bajoa, que san die^ 6 
doce leguas de la Habuna; y fué acordado por todos 
nosotros que fuesen tres navios de los de metios porte 
en busca de Coritas ; y en aderezar los tiavíos y en de- 
bates , vaya Fulano, vaya Zutano, 6 Pedro ó Sancho, se 
pasaron otros dos dias y teorías tío venia; y hahia en- 
tro nosotros bandos y medio chirinolas sobre quiéti se- 
ria capitón hasta saber de Cortés; y quien mas en ello 
metió la ntuno fué Dii^go de Ordás, como mayordo- 
mo mayor del Velazquez , i quien enviaba para eiUcn- 
der solamente en li de Iü armada , uo se le alzase cou 
ella. Dejemos esto, y volvamos í Cortés, qne como ve- 
nia en el navio de mayor porte (como antes tengo dicho), 
en el paraje do la isla de Pino* á cerca de los Jardines 
hay muchos bajos , parece ser tocó y quedó algo en 
seco el navio , é no pudo navegar , y cotí el batel mandó 
dosctíTffir toda la carga que se pudo sacar , porque allí 
cerca había tierra, dotide lo descargaron; y desque vití- 
ron que el navio estuvo en floto y podía nodar, lo me- 
tieron en mas Itondn, y [ornaron a cargar loque habían 
descargado eg lierru, y ditivelu; y fué su tí.ije hasta el 
puefli> de la Hiiliana; y ptíoniln llegó , tadoa l-ts mas do 
tos caballeros y soldaiios igue le aguarddbamosnoj'ale- 
gramos con su venida, salvo aTgunos que pretoitdlati 
ser capitanes; y cesaron lase liiritiolas, V después que 
le apasentanios en lu casa de Pedro Barba , que era Ü- 
níenlA >e aqtielta villa por el Diego Veluzquez, mandó 
sacar sns estandartes , y poncltos delante de las cas;is 
ttond» posaba; y mandó dar pregoties seguti y de lu 
manera de los pasados, y de allí de la Habana vino un 
liiflulíio que se decia Francisco de Monlejo, y este es el 
por n)l roocbaSTCCtíS nombrado, que, después de gatiado 
Méjico CuÉ atieliintadaj gobernador de 'Yucotun y Hon- 
duras ; y vino Diego de Solo eJ de Tf>fo , que fué ma- 
yordnmo de Corles en In de Méjico; y vino un Ángulo, 
Garci Caro y Sebastian Rodriguei, y un Pacheco, y un 
Fulano Gutiérrez, y un Rrijas (no dico Rújás el líicoj, 
y un ntancciio que se decía Santa Clara, y dos herma- 
nos que se decían los Martínez del Fregenal, y un Juan 
de Najara (no lo dij^opor el sordo, el del juego de la pelo- 
la de Méjico), y todas personas de calidad, sin otros sol' 
dados que oo me r.cuerdo sus nombres. YcuandoCor- 



^■- DEaNAL DÍAZ 

tCsIosvitj todos aquellos liidalgoa y SoMados juntos sl^ 

l'tioigú en grnnJo mauera, y luego enviú un navio flla 
punta de Cuonipiianieo , & un pueblo que Mi eslaba (3e 
indios , adonde luician cAzabe y teaiiin muelios puer- 

[.cos, fiara (jue carRíisco) navio de tocinos, porque aque- 
lla estancia era del gobernador Diego VeliuqUez; y en- 

[• vio por capitán dí;l uavio si Diego de Ordás , cómn 
tnayordomo raayor de las liacioudas del Volazqueí, y 
■ envidie por tenolle aparlado de s i ; porque Corles su po 
que no semostrú mucbo en su favor cuando liubo las 
Contiendas sobre quién seria capitán cuando Corles es- 
taba en la isla úe l'inos, que tocó su navio, y porno le- 
ner contraste en su persona le envió ; y le muitdú que 
después que tuviese cargado el navio de buslimenlos, 
»C estuviese aguardando en el mismo puerto de Guani- 
(^unntco basta que se Juulase coo otro navio que lia- 
iiiii de ir por lu banda del n^rte, y que irian ambos en 
timscrva liusta lo de Cozumet , ó le avisarla con indios 
L~n canoas lo que liabia de bacer. Volvamos á decir del 
Francisco de Álüatfjo y de todos aquellos vecinos de 
la Habana, que metieron ipuclio tnutatotaje de caube 
y tocinos, <]ue otra cosa no había; y luego Cortés inan- 
Ú6 sacar toda la artillería de los navios, que eran diez 
tiros de bronce y ciertos fulconeles, y dio cargo dellos 
fi un artillero que se deciu ütsa y á un levantisco que 
Ke decía Arbenga y á un Juan Catalán , para que los 
limpiasen y probasen y para que las pelotas y polvo- 
. ra lodo lo tuviesen muy í punto; édiólesvinoy vinagre 
conque loreüiiasen, y ditiles por compañero A uno que 
He decia BartolomÉ de usagre. Asiniisino mandií ade- 
rezar las ballestas y cuerdas, y nueces y almaccu , é 
que tirasen á terrero , £ que luirasen á cuántos pasos 
llegaba la fuga de cqdu una dcllas. Y como en aquella 
tierra de la Habana liabía mucbo algodón , bicitnes ar- 
mas muy bien colcliudas, porque son buenas para en- 
tre indios, porque es mucha la vara y Hecha y lanzadas 
fjue daban, pues piedra era como graniza; y allí eo la 
Habana comenzó Cortés á poner casa y ú tratarse como 
pcñor, y el primer maestresala que tuvo fué uu Guz- 
nian, que luego se murió ó mataron indios ; no digo por 
el mayordomo Cristóbal de Guarnan, que tuú de Cortés, 
que prendió Gutemuz cuando la guerra de Méjico. Y 
lambien tuvo Cortés por camarero á un Rodrigo Ran- 
fiuel , y por mayordomo á un Juan de Cúceres, que fué, 
después de ganado Méjico, hombre rico. Y todo esto 
ordenado , nos mandó apercebirpara embarcar , y que 
los caballos fuesen repartidos en todos los navios : ¡ti- 
ciaron pesebrera , y metieron miiclio maíz y yerlia se- 
ca. Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y 
yeguas que pasaron. 

ElcapitanCorté5,uncaballocasljtñozaino,quciue- 
£o se le murió en San Juan de Lilia. 

Pedro de Albarado y Hernando López de Avila , una 
yegua castaña muy buena , de juego y de carrera ; y de 
que llegamos i la Nuova-Espaüa el Pedro de Alijarado 
le compró la mitad de ta yegua , ó ae Ja tomó por 
fuerza. 

Alonso Rcrnandez Pnerlocnrrero, una yegua ruda 
de buena carrera, que le compró Cortés por las lazadas 
de oro. 

Juun Velazqucz de León, otra yegua rucia muy po- 



DKL CASTILLO. 
ilerosa, que llamábamos la Rabona , muy reraella y de 
buenacarnria. 
I Ci'istúbal de Oli, un caballo castaño escoro, favts 
< bueno. 

Francisco de Mootojo y Alonso de Avila, oo caballo 
alazán tostado : no fué para cosa de guerra; 

Francisco de Moría, uu caballo eastaüo escoro, gran 
corredor y revuelto. 

Juan de Escalante) on caballo castañoclaro, tresalvo: 
uo fué bueno, 

Uiego dcOrdúStUna yegua rucia, mncliorra.pwsadfr* 
ra aunque corría poco. 

Gonzalo Uominguez, un muy eilreinadti jinete , oit 
caballo castaño escuro muy bueno y grande corredor. 
Podro González de Trujiilo, un buen caballo castaño, 
perfecto castuñu , que corría muy bien. 

Morón, vecino del Vaimo, un caballo overo, labrado 
de lus mu nos, y era bien revuelto. 
I Vaena , vecino de la Trinidad, un caballo overo algd 
' soltre niorciilo: nosalió bueno. 
I Lares, el muy buen jinete, un caballo inuybQeno.de 
color castaño algo claro y buen Rorreilor. 
Ortiz el músico , y un Bartolomé Garcfa , que solia 
I tener minas de oro , un muy buen caballo escuro que 
decían el Arriero : este fué uno de los buenos caballos 
que pasamos en la armada. 
I Juan Sedeño, vecino de ta Habana, una yegua cafid- 
ña , y esta yi'gua parió en c-l navio. Este Juan SedeAo 
pasó el mas rico soldado que hubo en toda la «rmada, 
porque trujo un navio suyo, y la yegua y un negro, i 
cazabe é lucinos ; porque en aquella sazón no se podia 
hallar caballos ni negros sino era á peso de oro, y i esta 
causa nn pa<«ron mas caballos, porque no los había. V 
dejallas bé aquí , y diré lo que allá nosavíuo, ya que es- 
tamos ú punto para uos embarcar. 

CAPITL'LO SXIV. 

CiSnio Dlrio Velittilel ciirid i assuerlidoiiuociledt Ciipjrd* 
tamiOiCOB mindaioleiiuii ; proiislonus pin que en todo uao 
it ptnAieít i Cortil j se le MiaMeel armadi , f lo <inc mbre 
ella u lilio. 

Hay necesidad que algunas cosas desta relación vuel- 
van nmy atrás á se relatar, para que se entienda bien 
lo que se escribe ; y esto digo que parece ser que, como 
el Diego Vetuztjnez vio y supo de cierto que Francisco 
Verdugo, su icuiente ó cuñado, que estaba en lavilladiji 
lu Trinidad, no quiso apremiar il Cortés que dejase el 
armada , antes le favoreció, juntamente con Diego de 
Ordás, para que saliese , dice que eslaba tan enojado el 
Diego Velazquez, que hacia bramuras, y decia al secre- 
tario Andrés de Duero y al contador Amador de La- 
res que ellos le habían engañado por el trato que hi- 
cieron, y que Cortés iba alzado, y acordé de enviar Aun 
criado con cartas y mandamientos para la Habana ü su 
teniente, que se decia Pedro Garba, y escribió á todo» 
sus parientes que estaban por vecinos en aquella villa, 
y al Diego de Ürdás y 6 Juan Velazquez de León, que 
eran sus deudos é amigos, rogándoles muyorccluosu- 
mente que en bueno ni eunialo no dejasen pasaraquHIa 
armada, y que luego prendiesen á Cortes, yselocnvia* 




CONQt'lSTA DE 
I é á buen rccoudo á SanlíagodeCuba. Llegado 
llleí^ GtriitCD (que t'íi su árx.i» e\ ifue elivii'i éan las 
euUs ; Dundantkutos d la Hatiunu), se supo loqua 
Inéa, y con esle mismo meusajcro lavo aviso Curies ile 
lo ipie witnlw el Veltizquez , y fué desta iimimni : qua 
iierqueua fraile de la Merced que se dabu por 
»r (i« Velazquez , que estaba en su comjiuoiii del 
erniüor, escribia á otro fruile de su orden, 
|>d«cit IVb]! Bario lomé de Olmedo, que iba (h>i) 
¡1} «o M|uelli carta del fraile le avisubiMí á Curiús 
eompañeros Andrés de Duero j el Cmiladnr 
i kt iftH) pasaba : volvamos & nucslru cueiiio. Puesco- 
t la había enviudo Cortés á lu de lus baslí- 
tOM el osvio(comn diclio tengo), no tenia Citr- 
Icoairaditorsinu ú Juíia Velizquex de Lean; luego 
tie tublú lo Utijo á su m»[iiÍLi<lo, y especialmente 
I «1 Juan Vcliir.quez no estuba bien con el purienle, 
IDO le litibia dado buenos indios, i'ues ú tudos los 
bsbia escrito el Uíe^o Veluzquez , ninguno 
I i su propósito ; antes todos A uua se moslra- 
I por Cortés, y «llcniunte Cedro Barba uiuynejor; y 
I dsito, aquellos liídaljjiis Albarados, y el Alonso 
1 Puorlocurrero , y Fraiiciíco de Uontejo , y 
global de Oli, y JuaiideEscaliiiil.e, é Andrés de Mon- 
t, y su li«i'inunú Gregorio de Moiíjaruz, y lodos nu^ 
puaiéramus lu vida |)or el Ikirlés. I'or manera 
tli «n It villa de I» Trinidiid se diíiiiiularoA los muQ' 
atoa, muy mejor se callaron en la Habana enlon- 
i ; ; con el oiismo Ciaroica escribió el tenierite Pedro 
tt» al Diego Velazquez , que no osa prender á Cor- 
I p«n|ue estilita muy pujuniu de soldados, é que bu- 
■ no metiese á sacomano la villa y la rob;iRe , y 
•fCSM todos los vecinos y se los llevase consigo, ii 
k k> qne 1» entendido , que Cortés em su servidor , é 
iDoacatreviúá lutcer otra coia. ¥ Cortés lu escribió 
lV«iasquea coa palabras tan buenas y de ofreciinieu- 
I, que los sabía muy bien decir, é que otro día se lia" 
I A la Tela, y que le seria muy servidor. 

GVPITLLO XXV, 

I Carlét M hita i 1> f«U ron lodi >d eoioiitllía d««il»UeM)i 
f aa wa ai w Ht> ll **>* *9 Cotancl , j lo que aUi Ib a«iBO. 

I biomos alarde bosta la villa de Cozumcl, mas de 

* Cortés que los caballos se embarcasen ; y man- 

i Curtes á Pedro de Albarado que fuese pur la buuda 

I norte eo uo buen nuvia que se decía San Suba^tiun, 

tiuló al piloto que llevaba el navio que le aguarda- 

I la punta da Sun Antón , para que allí se juulasc 

I todos lo^ na ríos para ir eu conserva liusta Cozumel, 

mcntájeroá Úiego de Ürdús , que habla idojior 

D, que aguardase quelticiese lu mismo, por- 

leola banda del nortu; veo tOdiasdelmesde 

I, año de 15)9 , después de haber oído misa, nos 

(imov á la vela con nueve navios por la banda del sur 

I la copia de los caballeros y soldados que dicho len- 

jt COI) los dos navios de k banda del norte (como 

b(bc(iu)>quQ fueron once con el en que fué Pedro do 

irjido coaaeseula soldados, ^ yo fu! en su compa- 

I que llevibamos, que se decía Cainuclio, 

Dta de to que le fué mandado pur Corlas, 



NlEVA-ESPANA. . i^ • íl 

I y siguió su derroto, y llegomíw dos dias antes que Cor- 
tésáOizümel, y surjíimos en rl puerto , ya por mi otra» 
veces dicho cuando lo do Grijuiva; y Cortés aun no 
babia llegado con su flota , por cansa que un navio 
en quD venia por capitán Francisco de Horla, cou 

i tiempo se le salló el gobernalle, y fué socorrido cou 
otro goberiíalle de los navios que venian con Cortés, 
y vinieron todos en conserva. Volvamos u Pedro du 
Alborado, queost como llegamos a I puerto saltamos en 
lictrra en el pueblo de Cozumel con Codos los soldados, 
ynohnllamosindiosníngunos, qucselíabtanidohuyen- 
dn; y mandó que luego fuésemos á otro pueblo qire es- 
ttiba deallínna legua, y también se amontaron éliuveron 
lits naturales, y no pudieron llevarsu hacienda, y deja- 
ron gulünssé úlrascosas; y délas gal linas mandó Pedro 
de AllinruiJo que tomasen basta cuarenta dellas, y 
también en una casa de uduru torios de Idulos tenían 
unos pararneulús de manías viejas, é unas arquillas 
donde estaban unas como diademas é ídolos, cuen- 
Uis é pinjaulillos de oro bajo, é lambiense los tomó dos 
indios é uiiu india , y volvimos al pueblo 'donde des- 
embarcamos. Lstundo en esto llegó Corles con todos 
los rtavios, y después de aposentado , la primera co- 
sa que so biiofué mandar echar preso en (,'rillus al 
{liluto C;imachu porque no aguardó un la mar, como 
le fué mandado. Y desque vio el pueblo sin gen- 
ta , y supo cómo Pedro de Albarado bubiu ido al otro 
pueblo, é que les iiabia lomado gallinas é paramentos 
y otras coí illas de poco valor, de los ídolos y el oro 
niedío cobre , mostró tener mucho enojo dclto y de có- 
mo no agij:iidó el pilotu; y reprendióle gravemente al 
Pudro de Albarado, y le dijo que no se líabiau de apa- 
ciguar las tierras de aquella manera, lomando ú lo'« na- 
turales suhuciuudu; y luegoinandú traerálos dosiudios 
y la india que babiumoj tomado, y con Mekliurejn , que 
lleVii hamos de la Punta de Coluche, que entendía bieu 
aijuullaIeogua,lcs habló, porque Juliuuillusucompañc- 
ru se había muerto, que fuescu á llamar los caciques é 
ludios de aquel pueblo, y que no hubiesen miedo, y les 
mandó volver el uro é p.iriiniealus y ludo lu deuius, ¿ 
pur las gallinas, que ya su hii:iian comido, les mandó 
dar cueittus é cascabeles, é mus Uió ú cada indio una ca- 
misa de Castilla. Por manera «{ue fueron á llamar el se- 
ñor de aquel pueblo , é otro dia viuo el Cacique con to- 
da su geulti , hijos y mujeres de lodos los del pueblo, 
y a,udubaa cnlre nosotros como si toda su vida nos hu- 
bieran tratado ; é mandó Corles que no se tes hiciese 
enojo ningmio. Aquí en esta isla comenzó C orles & man- 
dar muy de iiechu, y nutrstro Scüor le daba gracia que 
do quiera que ponía la mano se le hacia bien est>ecial 
cii puciricaríos pueblos y naturales de aquellos partes, 
cumo adelante verán. 

CAPITCLOXXVI. 

CÓtao Cotíes miadd faacer t\tté» ie iodo is tjtrcllo, } de la qnr 
Dii uní ivinv. 

r)e allí ú tres días que esUbamos en Coiumel man- 
d<'j Curies hacer alarde para ver qué tantos soldados 
tlcvaba . é halló por su cuenta que éramos quinientos j 
dchu, sin maestres y pilólos é marincrus, que serían 



as ^^^^^^^ BERNAL DÍAZ 

ciento }■ nueve, y dm y seis onballos é yaguos, las 
yeguas lodas eran de juego y de carrera , é once navios 
grandes y pequeños , con (ino que era como bergantiti, 
que IruÍA ú curgo un Giaés Nortes , y eran ireinta * úo» 
ballesleros y tr<'i'e escopeteros ; que a<i se Hamnbnn en 
aquel Ikmpo, é liros de bronce é riiairo fuleonelus, ó 
tnuclia pólvora é pelotas, y esto desla cuenta de los 
lullosterosnose mo acuerda bien, no bacé il canotié 
la re lo cío ti ; y hccbo el alarde, mundo á Mesa el arti- 
Doro, que n^ su llfimiiba, é ú un Bartolomé de Usagre, 
é Arbetiga é á un cataliio, que todos eran artilleros, 
que lo tuviesen muy limpio é aderezado, é lostirosy pe- 
lotas muya punto, juntamente Con fa pólvora. Pueo por 
capitón de la artillería i va Kraucisco de Ürozco, que 
[«Jmbia sido buen soldado en Italia; asimismo maudú li 
áos ballesteros , mipsiros de aderezar biillc;.tns, que se 
d»cian Juiín Beiiitczy Pedro de tíii^man el Biillest«- 
fo,qito mirasen que todas Jus ballesias tuviesen & ri<is 
y á tres nueces é otras tantas cuerdas, y que siempre 
■Uíviosen cepillo é ingijuHa, ylirasenil terrero, y qwe 
los calta líos' eHu viesen apunto. No sé yo en qué gasto 
iibora taiiia tiniu en meter la mano encosu^ de aperci- 
bimiento de armas y de lo domds; porque Cortés ver- 
«laderdmcnte tetüa grtnde vigilancia en todo. 

CAPITULO XXVII. 

Ciiaici Cortf^s sipo Al dos espiSolci que eílilian en riiH da íd- 
úioi ta \i puuu üc CúEücbc, j lo que ^útre eilQ se liUú. 

Como Corlésen todo poiiia gran diligencia, ineman- 
'dó Humará mi éáun vizcuñio que se llnmaba Martin 
•Romos , é no» preguntíi que qu« sentíamos do aque- 
llas palabrasque nos hubieron dicho losimliosdeCam- 

' peclie cuando venimos con Francisco ñernandei de 
Córd!>lja,que decían CastUan , Castilan, según lo he 
diclio en el capitulo quedellit hiiblu; y nosotros se lo tor- 

^.TKtmos fi contar según y de la manera que lo hubiamos 
Tisto é nido , é dijo que ha pensado en ello mucims 
Teces, é que por ventura esiarian algunos españoles 
en aquellas tierras, é dijo : «Parécemo que será bien 
preguntar & estos caciques do Cozumel si sabían al- 
guna nueva dellos;Ȏ conMelchorejo, el de la Punta de 
Cotoche , que entendía ya poca cosa la lengua de Cas- 
tilla , é sabia muy bien lo de Cozumel, se lo preguntó 
¿ lodos los principóles, é todos á una dijeron que 
habinn conocido ciertos españoles, é daban señas de- 
tlOB, y que en la tierra adentro, andadura de dos so- 
les, estaban, y tos tenían por esclavos unos caciques, 
y que allf en Coíumel liabia indios mercaderes que 
tes tiablaron pocos días Imbia- de lo cual todos nos 
■legramos cou aquellas nuevas. £ díjoles Corles que 
luego les fuesen ú llamar con carta , que en su len- 
gua llaman amales, é dio á los caciques y li los indios 
que fueron con lascarlas, camisas, y tos balagd, y tes di- 
|p que citamlo volviesen les darían mas cuentas; y el 
Cacique dijo á Cortés que enviase rescate para los amos 
<Do quien estaban, que los tenían por esclavos, porque 
bs dejasen venir ; y así se bízo, que so ¡es dtú á los 
Bteosojoros de todo género de cuentas , y luego mandd 
ipercehir dos navios, los de menos porte, que el uno era 
poco mayor que bergantín, y cou veinte ballesteros y 



DEL CASTILLO. ^ j, 

escopeteros, y por capitán detlo» & Dieso' de OrdSs ; y 
. mandó que estuviesen en la casta de la HuiKn de Col»- 
ehe , aguardantlo ocho días con el navio nisyor ; y en- 
tre tanto que iban v venían con la respuesta de las car- 
tas , con el navio pequeña vojríesen ú dtrr la respuesta á 
Cortés da lo que tiacian , porque estaba aquella tierra 
do la Punía ¡V Cotoche obm de cuatro teífuas, y *« pa- 
rece la una tii'na dosde la otra; y escrita lu onrtn, decit 
en ellat «Seíiorcs y hermanos: Aqui en Cciíumet licsa- 
I) bido que estáis en poder de un cacique duteoidos, y 
Bos pido por merced que luejC^o os vengáis aqui en 
.nCozumel,que paradlo envió un navio con solJadiM, 
nsí los hubiéredes menester, y rescato para dar á esas 
» indios con quien estáis , y lleva el navio de piHzo ckIio 
iiilías para os aguardar. Ventos con toda brevedad; de 
» mi seréis Ineii mirados y ajirovechados, Yo qneüo 
i>aqu( en cMa isb con quinientos ^Mudos y once m- 
Nvios; en ellos voy, medíante Dios, la vía de un pueblo 
wque se diceTabasco 6 Potondian, etc.» Luego «e 
embarcaron en losnuvías con las cartas y los dos indios 
mercaderes de Cozumel que las llevaban, y en tres ho- 
ras atravesaron el golfete, y ecliaron en tierra los meiK 
sajeros con las cartas y el rescate, y en üos días las die- 
ron áuuespañolquese dBcia Jerónimo de Asuilur, que 
entonces supimos que asi se llatnatin, y de aquí adelan* 
te así le nombraré. Y desque las liubo leído, y recebido 
el rescate de las cuentas que le eniíaftios , él se holgó 
con ello y lo llevó á %i amo el Cacique para que le die- 
se licencia ; la cual luego la dió para que se fuese adon- 
de quisiere. Caminó el Aguílar adonde estaba su com- 
pañero , que se decía Gonzalo Guerrero, que fe respi>n- 
dió: «Hermano Aguíiar, yo suy casado, tengo tres hi- 
jos, y tiénenme por cacique y capitán cuando haj 
guerras : los vos con Dios; que yo tengo labrada la ca- 
ra ó boradailas las orejas; ¿qué dirüu de mi desque 
me vean esos espaüoles ir dusta manera? E ya veis 
estos mis tres liijitos cuan bonitos son. l'or vida vnes- 
tra que me deis desas cuentas verdes que traéis, para 
ellos, y diré quo mis hermanos me lus envían de mi tier- 
ra ;<>é asimismo Id india mujer del Gonzalo habló al 
Aguilar en sn lengua muy enojada, y le dijo : oHira con 
qué viene este esclava á llamar á mi marido: ios vos, y 
no curéis de mas plólicas ;» y et Aguilar tornó áliabloral 
Gonzalo que mirase que era cristiano , que por una in- 
ilia no se perdiese el ánima ; y si por mujer é iiijos lo 
había , que la llevase consigo si no los quería dejar ; y 
por mas que le dijo é amonestó , no quiso venir. Y pa- 
rece ser aquel Gonzalo Guerrero era hombro déla mar, 
natura! de WIos. T desque el Jerónimo de Agnitar vido 
que no quería venir , se vino fuego con los dos indios 
mensajeros adonde habla estado el navio aguardándo- 
le, y desque llegó no lo halló; que ya se liabia ido, por- 
que ya seliabian pasado los ocho días, ú aun uno mas 
que ¡levó de plazo el Ordos para que oguardase ; por- 
que desque vio el Aguilar no veuia, se volvió ñ Cozumel, 
sin llevar recaudoá to que habia venido; y desque iíl' 
Aguilar vio que no estaba allí el navio, quedó muy tris- 
te, v se volvió & su amo al pueblo donde antes solia vi- 
vir. V dejaré esto, é dir¿ cuando Cortés vio veniral Or- 
diís sin recaudo ni nueva de los espadólos ni de los indios 
mensajeros, estaba tan enojado, que dijocon palabrasscn 



re 



ípesf|ii 



»rg»«. 



^ I bi bu » t> OWife que Uabía creúloque olro mejor recnu- 
4»tnj«ni^eao «ntiirs«RSi sin los españoles ui oueTs 
i; portftia ciertifnente esUibnu en aqutitlii lierro. 
I «quel iiistaiiltíiiconlficidque unos marineros que 
m itorinn [os IVñsies, naturDlesde Gibraleoo, tiiibian 
tpilidoáiin M)ltlj4>laqi)c seducía Berriociertosloi'inas, 
t U» qocrisu dar, y qu»ji>se el Bcrrio i Corles ; y 
> juramento 6. !'>í miriiieros, se perjuraron , y en 
■jutsa piin'i-iiS el liurlu; los cuales loci nos osla l«in 
irlicius en los sido marineros , é á todo? siete los 
«nd^ lu('f;o aiolar ; que no aproTcdiaron rufgos de 
I capitán. Donde lo dejaré, asi esto de loí inari- 
leoiDO esto (N Aguilar,é d()S írteos sin él iiues- 
(TI . ^M tiempo y saüon. Y diré cómo veninn 

rli -¡j roiiteria á tiqiielh isla do Coíumc!, 

k oíales ariiu natiimle^ de los [tueblos ccunarctnos de 
I de Cotoclie ¥ de otras partes de tierra de Tí uca- 
Drque, se{?oa piireci'í, baltia allí en Coiumel ído- 
! mtjy disformes figuras , y estaban en nn adora- 
rio. En aquellos fil'ikistenian por costumbre en aque- 
I por iiqtiel tiempo de sacrificar , y una nnitiann 
I Heno el patio donde estaban los ídolos , de mu- 
aJíos é indias quemando resina , que es como 
incienso ; y cumo era cosa nwva para iios- 
^ paminos 1 mirar en ello con atención, y lui.'gn se 
eocimudeun udomtorio un indio viejo con mantas 
ct cun! era sacf^rdote de aquellos Ídolos (que ya 
ídi<:hoútrasvecesqut5 papüslosllamanenla Nueva'ts- 
■) é comenzó & prediculles ua rato, é Cortés y todos 
mirando vn qu6 paraba aquel negro set'nion ; 
És presunto i Melcliorejo, que entendía muy bien 
i|tie qué era aquL'llo que dccia aquel íu- 
' que los predicaba cosas malas ; i luc- 
ir al Cacique é i todos los principales 
: :i ,é comí) mejorse pudo dárselo á en- 
reoD nqui'lk nuestra lengua, y les dijo que si lia- 
I deser nuesiro^i lierttiauos, que quitasen de aque- 
I aquellos sus Ídolos, que eran muy malos é les 
tn amr, y que no eran dioses, sino cujas malas, y 
! les llevarían al inltemo sus almas; yse les dióó ea- 
' otras cosas santas é buenas, é quf pusiesen una 
iRen denuestra Señora que les didó una cruí, y que 
rían aj-udados é tendrían buenas semente- 
ilvarian sus ánimas, y se les dijo otras cosas 
lie tiuestra santa fe, bien dichas. Y el papa con 
ñques respondieron que sus antepasados adora- 
en aquellos dioses porque eran buenos , é que no 
) atrevian ellos de hacer otra cosa, é que su los quita- 
D0> wisolrüs, y quo venamos cuánto mal nos iba 
¿ello, (xirque DOS iriuiuos á [leriler en la mar; é luego 
Cortés nioiidiifjue los despedu /.Bremos y ecliiisemos i 
ir oiiac grullas abajo, é así se Uha; y luego mundo 
rnioelineal , que liabia liarla en aquel pueblo, é in- 
i elbtñil^, y »c Uim un ultar muy limpio, donde pu- 
ii.'í.'udemieslriiSeñora; é moiidú á Jos de 
iicrosdc Ifi Illanco, que se decían Almi- 
i.irii Loper,que hiciesen una crut de unos 
leTiisquealü estaban; lacualsepusoenuno 
ülloilero i[u«» estjtba hecho cerca del altar, ó 
el pudre qui' s<í decia Juan Dial , y el papa é 
iqiK y t«>d<» los iodüs ostRÜati mirando con atcti- 



tüEVA-ESPAPTA. 



93 



I cual 



cion. Llaman en esta India de Coitiimel i los c» ,iqn« 
culachionis, como otra vez lie diclio en lo da poton- 
elian. Y dejallos lie aqui , y pasará adelante , 6 diré có- 
mo Qos enüiarcsmos. 

CAPITULO XXVIII. 

CiiDa CoiKi reparlIA tos ntrlos j setilA cipilincí pira Ir «a 
ellA) , y isíinitmi) se itltt li inslriuin* 4e lo <\at Kibian de b)> 
eer i tus piloioi, j I» leñateí de iot íarotea át taebt , j elni 

COMt qUB nvs (Visa. 

Cortés, que llevaba la capitana ; Pedro do Albarado y 
sus hermanos , un buen navio que se decia San Sebas- 
tian; Alonso HemanHei Puertocarrero. otro ; Francll- 
(■II de Montejo, otro buen navio ; Cristúbal de 011, otro; 
Diego de Ordiis, olro ; juín Velaiquei de León , olro ; 
Junn de Escalante, otro; Francisco de Mnrln, otro; 
otro iic Esrobar, el paje , y el mas pequeño , fromo ber- 
ganliii, Ginés Nortes; y en cada navio su piloto, y el 
piloto mayor Antón de Alaminos, y las instruccinites 
pnrdnnde se hahiaa de regiré lo que habían de hacer, y 
de niiclie las señales de los faroles; y Cortés se desjií- 
dió de ios caciques é papas, y les enconwtidó aquella 
imagen de nuestra Señora, é 4 la cruz que la reveren- 
ciasen é tuviesen limpio y enramado, y verían cuán- 
to provecho dello les veuia ; é dijéronle que usi lo lia- 
riiiií, é trajéronle cuatro gallinas y dos jarros de miel, y 
se abrazaron ; y euibarcailos qne fuimos en ciertos dias 
lid roes de marzo de l^i9 qTÍos, dimos velas, i con muy ^J 
buen tiempo Íbamos nuestra derrota ; é aquel minno ^H; 
dia á hora de las diez dan desde una uflo grandes vo- ^^ 
ees, é capean é tiran un tiro para que todos los navios 
rpie veníamos en conserva lo oyesen ; y como Cortés Jo 
o;óé viúse puso luego en el bordo de la capitana, 4 
víilo ir arribando el umvío en que venia Juan de Escalan- 
te, que se volvía hitcia Cozumel ; é dijo Corles d otras 
naos que venían allí cerca : n¿Quc es aquello, qn6 es 
aquello?» Y un soldado qne se decia Zaragoza le rei- 
pondid que se anegaba el navio de Escalante, qne ero 
udonde iba el cazabe. Y Cortos dijn : «Plegué & Dios 
□o tengamos algún desmán, » V mandó ol piloto Alainl- 
nosque hiciese señas d todos lux navios que arríbáseoá 
Cozumel. Ese mismo día volvimos al puerto donde sali- 
mos, y descargamos el cazabe, y hallamos la imagen da 
nuestra Señora y la criK nuiy lim(iio é puesto incienso, 
y dello nos alegramos ;é luego vtjio el Caciqueypapasi 
hablar & Cortés , y le preguntaran qne á que volvíamos; 
é dijo quo porque liacia agua im navio, que lo quefia 
adobar, y quo les rogaba que con todas sus canoas ayit' 
d-<isen á los bateles á sacar el pan cazabe , y asi lo hicie- 
ron; y estuvimos en adoltar el navio cuatro días. Y de- 
jemos de mas hablar en ello , 6 diré cómo lo supo el e«- 
panol que estalia en poder de iudíos, que se decia Agui- 
lar, y lo que mus hicimos. 

CAPITULO XXIX. 

Clima el cjpiBal niít tiitb» te pudcr de initjos, ipít se t?ivilij 
Jemnunit de Agullir, sofo rvna Pablimoi •rrtbtdo i C«ttaul, 

Cuando tuvo noticia cierta el español que esttM wt 
poder de indios que liibiamos vuelto á Cozumel con los 
navios, se «leg.'ó en grande manera y diú gracias h 



I 



31 ■■H^H BKÜMAL MkZ 

liios, y rmiília pripís on sc venir íl y lus indios que 
lltivnrori ia; nirluí y rescate á sc einbarctir en uiin ca— 
una ; <f como la pti^ú bien en cuenlus verdes del rescate 
quo le eaviitmo», luego )a liallú alquilada con seis in- 
di ss reme m* con ella; y t^n ül priesa en remar, quo 
f>nos|i(u'ln de poco tiempo pasaron el golfetc que hay 
rie un;t tierra ü la olra, que serian cuatro leguas, sin te» 
nor contrBste de ¡a mnr; y llegados úJu costa de Cozu- 
mel , y¡i que estaban desembarcando, dijeron á Cortés 
unos SdMudns que ¡batí á montería (porque bublu en 
aquello isla puercos de la (ierra ) que lutliia venido una 
canoa grande allí junto del pueblo , y que venin de la 
Punta de Colocbo ; é mandó Cortés á Andrés de Tupia y 
ú otros dos soldados que fuesen & ver qué cosa nueva era 
venir a lli junio á nosotros imliossiii temor ninguno con 
cani>asgrande-s,ú lui!i:;o fueron ; y dei^que las indios que 
vcnian en ia canoa, <juu trafa alquíludus el Aguilar, vie- 
ron los españoles, I uvieron temor y sc querían tornar 
ti embarcar é hacer i lo largo con la canoa ; é Aguilar 
les dijo en su lengua que no tuviesen miedo, que eran 
sus hermanos ; y el AíiilrésdBTiipia,como los viú que 
eran indios (porque el Aguibr ni mus meuos 6ra que 
Indio), luego envió á decir d Cortés con un español que 
siete indios de Cozumcl eran los qne nití llegaron en la 
canon ; y después que hubieron sulliido en tierra , el es- 
pañol , mal mascado y peor prouunriniio , dijo : uljios y 
sania María y Sevilla;» é luego le fué & abniiar el Ta- 
pia; é otra soldada de los que habían ido cou el Tapia 
í ver qué cosa era, fué á mucha prií^ á demandar al- 
briciase Cortés, como era español el que venia en la ca- 
noa, de que todos nos alegramos; y luego se vino e[ 
Tapia con el espijñol donde estaba Corles; é anles que 
lleyaseu donde Cortés estaba, ciertos españoles pre- 
guntaban al Tapia qué es del español, aunque it>a altj 
junto con él , porque le tetiian por indio propio , porque 
de sujfo era moreno é tresquilado á manera de indio es- 
clavo, é traía UD remo al hombro é tuio cotara vieja 
caUiída y la otra en )o cinta , é una manta vieja muy 
ruin é un braguero peor, ron que cubría sus vergüen- 
zas, é truia atado ea la njanta un bulto, que eran iioras 
muy viejas. Pues desque Cortés la vid de aquella ma- 
nera , tanilnen picrt como las demás soldados y pregun- 
tó al Tapia que qué era del español. Y el espiiñol como 
lo entendióse puso en cuclillas , como haccji los indios, 
é dijo : rYo soy,» Y luego te mandú dar de vestir camisa 
é jubón, é zanigüelleg, é caperuza, é alpargates, que 
otros vestidos no había ,-y le preguntó de su vida é có- 
mo se llamaba y cuúndo vino li aquella tierra. Y éS di- 
jo, aunque no bion prQuuucíado, que se decia Jerónimo 
de Aguilur y que en natural de Écija , y que lenta ór- 
deties de lilvatt^elio ; que liiibia ocho biIos que se había 
peri)idiu!| y otro» quince hombres y dos mujeres que 
iban desde el LIdiícii i't la isla de S;i)ito Üomiii^o, cuati- 
do hubo unas diferencias y pleitos de un tuciso y Val- 
divia, c dijo que llevaban dii-i inil pesos de oro y los 
procesos de uuds contra los otros, y que el navio en 
que ilMtn dio en los alucraues , que no pudo navegar, y 
que en el batel del mismo navio sc metieron él y sus 
compaüeros é dos mujeres , creyendo tomar la isla de 
Cuba i'i ú Ja mítica , y que his corrientes eran muy gran- 
des, que les echaron en uquel'a tierra , y que los cula- 



DEL CASTILLO. 

chionis de aquella comarca tos reparticroh eotre SÍ, j 
que habían sacrilicado á los ídolos muchos de sus com- 
|rañeros, y dellosse Itabiau muerto de dolencia; i tu 
tnujeres, que p')co (íempo pasado había que de trabajo 
también se murieron, porque las bacinn moler, y que i 
él que le Icniiin para sacrificar, é una noche se huyó y 
se fué ií aquel cacique, con quien estaba ( ya no se nje 
acuerda el nombre que allí le nombró), y que DOlmluao 
quedado de todos sino él é un Gonzalo Guerrero, é dijo 
que le fué á llamaré no quiso venir. Y desque Cortés la 
oyó , dio muchas gracias i Utos por todo, y lo dijo qitfl, 
mediante Dios, que dé! seria bien mirado y gratiticado. 
Y le preguntó por la tierra é pueblos , y el Aguilar dijo 
que, como le teiuan por esclavo, que no subía sino traer 
loñu é agua y cavar en los maíces; que no había salido 
sino hasla cuatro leguas que le ¡levaron con una carga, 
y qtie no ia pudo llevaré cayó malo dello, y que lia en- 
tendido que hay mucfios pueblos. V iuugo le preguotiS 
pnr el Gonzalo Guerrero , é dijo que estaba casado y te- 
tiia tres hijos, y que tenia labrada la rara é horadadas las 
orejas y et be/.ü de abajo, y que era hombre de la mar, 
tialnral de Palos, y que los indios le tienen por esforjt- 
do; y que había puco mas de un año que cuando vinie- 
ron ti la Punta de Cotoclie una capitanía con tres navios 
(parece ser que fueron cuando venimos los de fran- 
cisco Hernández de Córdoba), que él fuá inventor que 
tíos diesen la guerra que nos dieron, y que vino vi allí 
porcapítan, junlatneutecon un cacique de un gran pue- 
bla, según ya be dicho en lo de Fraticísco llernandes 
de Córdoba. E cuando Cortés lo oyó dijo : u Ka verdad 
que le querría liuber é las manas, porque jamás será 
bueno dejársele.» E diré cómo los cuciques deCozumcl 
cuando vieron al Aguilar que hablaba su lengua, le da- 
ban muy bien de comer, y el Aguilar los aconsejaba quo 
siempre tuviesen devoción y reverencia á la santa ima- 
gen do nuestra Señora y A la cruz, que canocierau quo 
{ por ello les vendría mucho bíeti ; é los caciques , por 
' consejo de Aguilar, demandaron unu curta de favor á 
I Cortés, para que si viniesen á aquel puerto otros espa- 
ñoles, que fuesen bien tratados é no les hiciesen agra- 
vios; la cual carta luego se la dio ; y después de despe- 
didos con muchos halagos é ofrecimientos , nos hici- 
mos & la vela para el rio de Grijalva, y desta manera 
que he dicho se hubo Aguilar, y no de otra, como lo es- 
cribe el coroiiiíta Gomoru; é no me maravillo, pues lo 
que dice es por nuevas. Y volvamos á nuestra relación. 

CAPITIXO XXX, 

Cdma no> lunianias i embarcir j mí hicimos i 1t yth 'pira t\ lio 
lie Crijaiti , 7 la que ni» avinu en ci viajn. 

En 1 diiisdel mes de marzo de llíl9 años, habieu-» 
do tan buen suceso en llevar tan buena lengua y liel, 
mandó Cortés que nos embarcásemos según y de la 
manera que babi^imos venido antes qua arribásemos á 
Cozumel, é con las mismas instrucciones y senas da 
Ins faroles para de noche. Yendo navegando i^n buen 
tiempo, revuelve un tiempo , ya que quería anochecer, 
un recio y contrarío, que echó cada navio por su parte, 
con harto riesgo de dar en tierra ; y quiso Dios que fi 
media noche allojó , y desquepmaueció luego sc vol- 



Bkrm< 



f«|itaB 



i janUr todos los navios , excepto uno en que 
ftt hua Vetaba ex de Leo o ; é i bu m os iiuestro viuje 
Bsnl»erd4lii»lB mediotiía, delocuol I íevábun ios pe- 
ni, creando fuese perdido en unos bajas, y dusrgue te 
pMali* el dU é no parecía , dijo Cortés al piloto Alami- 
m^oe iiu crn bisn irmasadelunte sin súber del , y el 
plat» hiio stñas i todos loé ddvíos que estuviesen al 
^ W fW» tgiurdaiido si por ven tur a le erbó el tiempo 
^■|algiUM «Dseoada, donde no podia salir por ser el 
^HlBipo contrario; é como ?iiiqite no venia, dijo el pilo- 
^H|kAC0rlés : «Seünr, tengo por cierlo que se mctiú en 
B^w eomo puerto ó baUía que queda atrás , y que el 
Tinto Ro le üqa snlir, porque el piloto que llevabu es el 
iw noo con t'ranciico Hernández de (i^rdoba é volvió 
maGrijalva, que se dccia Juan Alvarcz el Manquillo, é 
«abtBqoel puerto; y luego lüé ocordndo de volver i 
coaloik ta armada , y en aquella bultla dnude 
«1 piloto lo linllamos nnclado , de que todos 
pitcer; y esluvimos alli un dia, y ecbamos 
tilcicseo el HpiB.é saltó en liorracl piloto é un 
iD qoe se deeia Francisco de Lugo ; é liabia por 
lili iitws estancias donde había muhtiles i Imcian sal , y 
iMin cuatros cues, que sun casas de Ídolos, y en ellos 
¡|iMQgunts,¿ todüslas mus de mujeres, y eran al- 
d« cuerpo, y se puso nomKre ¿ aquella tierra la 
tita de las Mujeres. Acuerdóme que de<:ía el Aguilar 
crrca de aqueles estancias estaba el pueblo danile 
esclavo, y quo alli vino cur^'ado, que le trujo su 
, é cayd malo de (raer la carga ¡ y que también es- 
no muy lejos el pueblo donde estaba Gonzalo 
, jque todos tenían oro, aunque era poco, y 
«i qocria, que él guiada, y que fuésemos allá ; ó 
Cartés le dijo riendo que no venia para tan pocas co- 
«oii para servir ú Dios é al Rey. E luego mandó 
i UQ capitán que se decía Escobar que fuese en 
de que era i'apitan , que era muy velero y de- 
ba poca agua , Imsia Boca do Términos , é mira- 
itimi; bien qué tierra en , e si era buen puerto para 
'.éai liaLtia muclmcaxa, como le bnbian informa- 
; y esto quo lo mandó fui por consejo del pilota, por- 
poreHi pasásemos con todos los noviits no 
011 entraron él ; y que después de visto, quo 
una sf^ñat y quebrase Arboles en la boca del 
, «^ cícribies*; una carta é la pusiese donde In vié- 
lioa parlo y de otra del puerto para quecoiiu- 
que había entrado dentro, ó que aj^uari)a<:e 
«s ta inar ¿ la armada barloventeando daspués que lo 
kubicM! viilu. V lueflo el Escobar partió ó fué ¿ Puerto 
dtTcrmiiHM (que a^^i so llama), ¿ liizo todo lo que lo Toé 
^^■■Bt^ '~ ' ' '"'l'l la Ifbrela que se bubn quedado cuan- 
^HiAiId , y estaba gorda é lucía ; é dijo el l^s- 

^Bciterquc ctuiidota lebrcla vio el navio que estaba en 
^V'elpaarlo, que estaba halagando ci)n la cota é haciendo 
■ «trnacMat de haUpjs , y se vino lue^o á Ioí solJados, 
} fo nelió con «dios en la nao; y esto hecho, se salió 
tNfoel E(Co(kardel ptiorto á la oiar, y estaba esperando 
dirsaáe, é parece ser, con viento sur que le dio, no 
pode esperar al re [Mtro y metióse mucho en la mar. Vol- 
«MB**áiUMttra armada, que quedábamos en la Punta 
étíu Uviw», que otro día de tnarmua «alinws con 
kMDÜenpo terral y llegiitH» en Goca de Términos, y 



il»*'. 



no hulla tnos ú Escobar. Mandó Cortas que sacasen el 
batel y con diez bellesteros le fuesen ti buscar eu la 
Boca üe Términos ó á ver si había señal ó carta ; yinego 
se halló árboles cortados é una carta que en ella decía 
cómo era muy buen puerto y buena tierra y de mucha 
caza, é lu de la lebrela ; é dijo el piloto Alaminos á Cor- 
tés que fuésemos nuestra derrota , porque con el vienta 
sur se debía haber metido en la mar, y que no podría ir 
muy lejos, porqué había de navegar á orza. ¥ puesto 
que Cortés sintió pena no lo hubíeae acaecido algún 
desmán, mandó meter velas, y luego lo alcanzamos, y 
dio el Escobar sus descargos ú (ktrtés y la causa por que 
DO pudo aguardar. Estando en esto llegamos en el pe- 
raje de Polonchan , y Corlea mandó al piloto que sur- 
giésemos en aquella ensenada; y el piloto respondió 
que era mal puerto, porque habían de estar los navios 
surtos mas de dos leguas lejos de tierra, que mengua 
tnucbo la mar; porque tenía pensamiento Cortés du 
dalles una buena mano por el desbarate de lo de Fran- 
cisco Hurnaniloí de Córdoba é Grijalva , y muclios de 
l(js soldados que noshabiumos hallado en aquellas ba- 
tallas S6 lo suplicamos que entrase dentro , é no queda- 
seo sin bvien castigo, aunque se detuviesen alli dotó 
tres días. El piloto Alaminos con otros pilotos porfia- 
ron que si alli entrábamos que en ocho dias no podría- 
mos salir, por el tiempo contrario, y que ahora llevába- 
mos buen viento y que en dos dias llegaríamos tí Ta- 
basco ; é así, pasamos de largo, y en tres días que nave- 
gamos llegamos al rio de Grijalva; é lo que alli nos 
acaeció y las guerras que nos dieron djró edelule, 

CAPITULO X.VXL 

OSno U«(imM >t ría de Críjitta , qae en tcncni ir Indtos lliinaa 
TaliMCO, f ie lo nw a» coa etloi ¡iümbos. 

En iS dias del mes de marzo de 1SI9 años llegamoe 
con toda la armada al río de Grijalva, que se dice do 
Tabosco ; y como sabíamos ya de cuando jo do Grijalva 
que en aquel puerto é rio no podían entrar navios do 
mucho porte, surgieron en la mar lus mayores, y con 
los pequeños é ios bateles fuimos todos los soldados 
si desembarcar ó la Punta de los Palniares (como cuan- 
do COD U'ijalvn), que estaba del pueblo de Tabasco otra 
inedia Itnaa , y andaban por el rio, en la ríliera , eulro 
unos manf^lares todo lleno do indios guerreros; de In 
cual nos ninravitlamos los que habiamosvenidocou Grí- 
julvn ; y deniús deslo, estaban juntos cu el pueblo mas de 
doce mil guerreros aparejados para damos guerra, pof- 
(jue en aquella sazón aquel pueblo era de mucho fruto 
y estaban sujetos ó él otros crandes pueblos, y todos loa 
tenían apert'chidoscon todd género de armas según las 
usaban. Y la causa dcllo fué porque los de Potonchan 
á los de Lázaro y otros pueblos comarcanos los tuvie- 
ron por cobardee, y se lo dieron en ristro, por causa 
que dieron á Grijalva las joyas de oro que anles be di- 
cho en el capitulo quo tlello habla , y que de medrosM 
no nos oiaron dar guerra , pues eran mas pueblos y te- 
nían más guerreros que no ellos ; y esto les ilecian por 
afrentarlos, y que en sus pueblos nos habían dado guer- 
ra y mucrl» cincuenta y seis hombres. Por manera quo 
con aquellas palabras quo les babiau dicho se delermi- 



« • BERIHAL DÍAZ 

Dsron de tomar budiu ; ; cuando Cortés los vid puestos 

de aquella mouera dijo á Aguilar, la lengua, que enten- 
ilia lieu la do Tabanco, que dijese á unos indios (jue 
pereeiim principales , que pasaban en una gran canoa 
cerca de oosutros , qua para qué andaban Un alborota- 
dos ; que no les veniumos á tiacer oinguo mal, sino á de- 
eülesque lesquerumoa dar de loque traemos, como á 
lMimuios;;que les rogaba que mirasen nocomenza- 
ieu la guerra, porque les pesaría dello , y les dijo otras 
muchos cosas aceren de la paz; é mientras mas les de- 
da el Aguilar, mas bravos se mostraban , y decían que 
nosniaiarianíi todossienirübamos en su pueblo, por- 
gue le lenian muy rortnlecido todo á la redonda de úr- 
. l»oles muyf^uesos.'de cercase albarradas, Aguilar les 
, tornó i liablar y requerir con la paz, y que nos dejaren 
' tomar agua £ comprar de comer á trueco do nuestro 
I rescate , é también decir i los calacbioais cosas que 
I sean de su provecho y servicio de Dios nuestro Señor; 
jtodavfa ellos ú porfiar que no pasásemos de aquellDS 
' palmares adelante ; si no, que dos matarían. Y cuando 
! squello vio Cortés mandó apercebír los líateles é navios 
menores , é mnndti poner en cada un batel tres tiros , y 
■ repartió en ellos los ballesteros y escopeteros; y teiiia- 
1 mes memoria cuando lo de firijalva , que iba un camino 
«BDgosto drede los palmares al pueblo por unos arroyos 
fé ciénegas. Cortés mandó á tres soldados que aquella 
i'DCiclie mirnsen bien si iban á las casas, y que no se de- 
tuviesen nnaelio en traer la respuesta ; y los que fueron 
''Tieron que se iban ; é visto todo esl*» , y después de bien 
I mirado, se nos pasó aquel día dando orden en cómo y 
' de qué manera hablamos de ir en los bateles ; ¿ otro 
I día por la mañana , después de haber oído m¡«a y todas 
nuestras armas muy á punto , mandó Cortés á Alonso 
de Avila, que era capitán, que con cien soldados, y 
entre ellos diez ballesteros, fuese por el caminilla, el 
tfxe he dichoque iba al pueblo; y que do que oyese los 
I tiros, él por una parle é nosotros por otra diésemos en 
\, ul pueblo; é Cortés y lodos los mas soldados é capitanes 
fuimos en los bateles y navios de menos porte pur el rio 
•rriliíi; y cuando los indios guerreros que estaban en 
la cosía y entre los manglares vieron que de hecho íbti- 
tnos, vienen sobre nosotros con tantas canoas al puerto 
• OTlonde habíamos de desembarcar, para defendernos 
h^ueno salt/is«nios en tierra, que en toda la costa había 
I fino indios de guerra con todo género de armas que 
untre ellos se usan , tañendo trompetillas y caracales é 
I «tuba lejos; écomo Cortés asi viú la cosa, mandó que 
Míos detuviésemos un poco y que no soltásemos tiros ni 
)«scdpelas ni ballestas; é como todas las cosas queria 
Miovar muy justilícadamcute, les hizo otro requeri- 
hmiento delante de un escribano del Rey, que aJIi con 
Kiosoiros iba, que se decía Diego de Godoy, t por la len- 
'■gua de Ag»iilar, para que nos dejnsen saltar en tierra, 
I lomaragua y bablatles cosas de Dios nuestro Señor y 
lie su majestad ; y que sí guerra nos daban , que si por 
I • de rendemos algunas muertes hubiese ó otros cuales- 
'quier daños, fuesen á su culpa y cargo, ó no á la nues- 
''tra; y ellos todavía hacíentlo muchas tierosyque no snl- 
- tusemos eu tierra ; si no que nos matarían. Luego co- 
' inenzaron muy valientemente ú nns llcchar é hacersus 
* eeuas coa sus stimbores para t^ue todos sus escuadro- 



DEL CASTILLO. 
nes apechugasen con nosotros, é como esfomdw I 
hres vinieroa é nos cercaron con las canoas con tini 
grandes rociadas de (lechas, que nos hirieron é lilcie- 
ron detener en el agua hasta la cinta y en otras parle» 
mas arriba ; y como había allí en aquel desembarcade- 
ro mucha lanía y ciénago, no podíamos tan presto sa- 
lir della; é cargaron sobre nosotros tantos ludios, que 
con las lanzas i manteniente y otros á íleclismos hacíau 
que no tomásemos tierra tan presto como quisiéramos, 
é también porque en aquella lama esluba Cortés peieto- 
do y se le quedó un alpargata en el cieno, que no lo pu- 
do sacar, y descalzo el un pié salió á tierra. Estuvimos 
en aquella sazón en grande aprieto, hasta que (como 
digo) salió ó tierra, y todos nosotros ; é luego con gran 
osodía , nombrando al señor Santiago é arremetiendo i 
ellos, les hicimos retraer, y aunque no muy lejos, por 
causa de las grandes albarradas y ccrcjs que tenían lie- 
(lias de maderos gruesos, adonde se amparaban , hasLi 
que se las deshicimos, é tuvimos lugar por uno& porti- 
llos de entrar en el pueblo y pelear con ellos, j lo; (le- 
vamos por una calle adelante adonde lenian hechas 
otras albarradas y fuerzas, é allí tornaron & reparary 
hacer cara, y pelearon muy valientemente, can grande 
esfuerto y dando voces é silbos, diciendo : nAla, blo, 
al calachoNÍ, al calachoni;» que en su lengua quiere 
decir que matasen i nuestro capitán. Estando desbi 
manera envueltos con ellos, vino Alonso de Avila con 
sus soldados, que habia ido por tierra desde los Palma- 
res , como dicho tengo , que pareció ser no acertó i ve- 
nir mas presto por causa de unas ciénegas y esteros que 
pasd; y su tardan ^^j fué bien menester, según Itabia- 
mos estado detenidos en los requerimientos y deshacer 
portillos en las albarradas para pelear; así que todos 
juntos los tornamos A echar de las fuerzas doude esta- 
ban, y los llevamos retrayendo; y ciertamente que comu 
buenos guerreros iban tirando grandes rociadas de Oe- 
cbas y varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las 
espaldas hasta un gran patio donde estaban unos apo- 
sentos y salas grandes, y tenían tres casas de ídolos, ú 
ya babian llevado todo cuanto hato había en aquel pa* 
tío. Miindó Cortés que reparásemos yque no fuésemos 
mas en su seguimiento del alcance, pues iban huyendo; 
é allí tomó Cortés posesión de aquella tierra por su ma- 
jestad , y él en su real nombre. Y fué desta manera , que 
desenvainada su espada , dio tres cuchilladas , en señal 
do posesión, en un árbol grande, que se dice ceibs, que 
estaba en la plaza de aquel gran patio, é dijo que si ha- 
bía alguna persona que se lo contradijese que él se lo 
defendería con su espada y una rodela que tenía embrir 
7j]da; y todos los soldados que présenlos nos hallamos 
cuando aquello pasó dijimos que era bien tomar oquelhi 
real posesión en nombre de su majestad, y que nos* 
otros seriamos en ayudalle si alguna persona otra cosa 
dijere ;é parante un escribano del Rey se hizo aquel 
auto. Sobre esta posesión , la parte de Diego Velazquex 
tuvo que remormurar della. Acuerdóme que en aque- 
llas reñidas guerras que nos dieron de aquella vei bi- 
rieíon A catorce soldados , é á mi me dieron uo flecha- 
zo en el muslo, mas poca la herida , y quedaron tendi- 
dos y muertos diez y ocho indios en el agua y en lierro 
donde desembarcamos ; é allí dormimos aqueliti docIm 



CONQUISTA DE 
MU gnndM vetas y escuchas. Ydejalto iie, por cuotar 
ki (¡oe atiB ptatftos. 

CAPITULO XXXII. 

CtUti Mtait Cortés t «ola» Iqi capiliatf iptt fassen toa ctd* 
•m Mláadot t >(c 1* Ucrri tátautr, j lo nac soliie cUo nos 
acMdú. 

Otrw «fin tf»" mnñnftt mandrt Corles á Perfro do Alba- 

lo i; Ilutan con fien soMídos, y entre 

Bo» () "S y DMO|w!cros, y q«e fuese 4 

rt9 tierrn «itentro huüla aniiiiiliira de dos leguas, y 
( Havsse en su comfwriift á Mclcliorejo , la lengua da 
Ciinti de Colocha ; y cuando te fueron ú llamar al 
t, va lo hallaron, <]ue se había ya huido con los 
iblo de Tabasco ; porque, se^nn parecía , el 
tlasPuntasde los i^alm«res dejó colgados sus 
li|w< t(>niit deCiisiiiln. y se fué de noche en una 
ñ; ▼ Cortés sintió enojo con su íds , porque no di- 
)á kwiBdÍMSUsniilurules ul punas cosas que no Iru- 
t provecho. l)«>j^^mosle huido con la mala ventura, 
'«otñniM á nueitro caenlo : que asimismo mandú í 
té» que fuese otro capit^in que se decía Francisco 
go ^r otra parte con otros cien soldados y doce ( 
> j escopeteros , y que nn pasase de otras dos | 
I, y que voíWcse en la noche á durntir al rea) ; y i 
I qutj iba el Fninci^o de Lugo con su comjiañtu | 
lie ana legua do nncátro real , se encontró con 
leapttauesy escuadrniies do indios, todos lleche- 
itmssy rodelas, y alambores y penachos, 
I derechos i la capitanía de nuestn» sntfla- 
h«, y les cercan por todas partes, y lescomicnun t fle- 
-<> arle, que nnse pndian smlenlarcon tautt nul- 
lud do indicK , y les tirniísa muchas varas tostadus y 
t hondas, quo como granito cai;in sobre ellos, 
i de navajas de dos manos ; y fior tiieii que 
tii PniKísctj do Lugo y sus solditdus, un los po' 
lapoftaF de si; y t-uando uijucstu viú, con grun con- 
I Tsnta ya retrayendo al real , é hubia enviado 
I na indio de Cu lia muy gran corredor é suelto» á 
tkraaailmáo ú ík>rtés para que le fuíscmos á ayudar; é 
I a] i-'raiictico de Lugo, con gran concierto de fus 
i y escopeteros , uoüs armando é oíros tirau- 
kTalgaaas «remetidas que hacían, se sostenían con 
>>» MCMidroow que soüre él estaban. Dejémosle 
I la maen qae tie dicho , é con ^raii peligro , é vol- 
I si espitan IVdro de AILianido, que pareció ser 
t Bodada mas de una legua , y topó con un estero 
Bf aula de pasar , ú ifuisu Uios nuestro Señor enea- 
) que volvlcie por otro camino hdcía donde os- 
la) Francisco deLtigo peleando, coma dicho tengo; 
I oyó las escopetas que tiraban y ct gran ruido de 
y Iroinpetillas, y voces é silbos de lo» ín- 
enUiidiú que estaban tevueltos en guerra, 
~' '^leía (i con gran concierto acudió á las 
iiltt') ni capitula Francisco de Lugo con 
I gi.' '>tro y peleando con bs coutra- 

.liiartos; y luego qué se juntaron 
I el Luga, dan tras tos indios, que los hicieron apar- 
y f.» .L> iMiiit.'j'a que los pudiesen poner «n huida, 
• i' : leron EÍgutcudo li>s indios ú los nues~ 

^kasu el tcíii; ¿ asuQísnio no» habiaa ncometido y 



^tEVA.ESPAÍ^A. Í7 

venido & dar guerra otras capiíatiíasde eií*'''*^*** adon- 
de astKba Cortés con lus heridos; nías muy presto los 
liictinos retraer con ios tiros que llerahsD muchos de- 
llos, y A' buenas cuchilladas y estocadas. Volvamos 6 
decir algo otrái;, que cuando Cortés oyú al indio de Cuba 
(]ve wirta á (li'miindar socorro, y del arte que quedaba 
Francisco de Lugo , de presto les íbamos i ayudar , y 
n'isüírosque íbamos y Insdos capitanes por mi nombra- 
dos, que llega l«in con susgentes obra de media legua del 
real, y murieron dos soldados de la capitanía de Frgí»- 
risco de Lugo, y ocho heridos, y de los de Pedro de Al- 
barado !e hiñeron tros, y cuando llegaron al real se cu- 
raron, y enterra mas los muertos, éhubo buena vela y 
esruclias; y en aquellas csearaniuías matamos quince 
indios ysc prendieron tres, y el uno parecía algo prin- 
cipal; y el Aguílar, nuestra lengua, les preguntaba que 
porqué erun locos é «alian i dur guerra. Luego se en- 
v'¡6 un i adío dellos con cuentas verdes para dará los ca- 
ciques porque viniesen de paz ; é uquci mensajero dijo 
que el indio Mclchorejo, que tniamos con nosotros día 
k Punta do Cotnche , se fué £ ellos la noche antes , le* 
aconsejó que nos diesen guerra de dia y de noche, que 
nos vencerían, porque éramos muy pocos- de manera 
que traíamos con nosotros muy mala ayuda y nuestro 
contrario. Y aquel indio que enviamos por mensajero 
fué, y nunca vulví6 con la respuesta; y de los otros dos 
indios que estaban presos supo Aguílar, la lengua, por 
muy cierto, que para otro día e^laban juntos cuantos 
caciques h^ihíu en aquella provincia, con lodus sus ar- 
ims, según las suelen usar, aparejados parj nos dnr 
guerra , y que dos habían de venir otro din á cercar en 
el real . y que el Melc horcju se lo aconsejó. Y dejellos 
lie aquí , é dirá lo que sobre olio hicimos. 

CAPITULO XXXIII. 

Cómo Carlít mindd qur jim Dlro dii noj aiiiirFJisemas indos 
para ir en buüci dr |qs tit^iáranví gHcrr¿rL)!i. \ riianiio hjtcAr lo^ 
citiiiloi áf liij nailus, j to que mas aoi tyiaa cu U batalti tfin 
c«ii ettus imlmas. 

Luego Cortés supo que muy cíertamcnle nos venían 
á dar guerra, y mandú que con brevedad saeaíon todos 
los caballos do los navios en tierra, y que escopetas y 
ballesteros é lodus los soldados estuviésemos muy i 
punto con nuestras armas , é aunque estuviésemos he* 
rídns; y cuando hubieron socado ¡os caballos en tierra, 
estaban muy torpes y temerosos en el correr, como lia- 
bia muchos días que estaban en los navios, y otro dia 
estuvieron sueltos, lina cosa acaeció en cquella sazón & 
seis 6 siete soldados, mancebos y bien dispuestos, que 
les dio mal en los ríñones, que no sa pudieron tener 
poco in mucho en sus pies si no tos llevaban i cuestas ; 
no supimos de quó^ decían que do ser regalados en Cu- 
ba, y que con el peso y calor do la^ armas que les dlA 
aqtiel mal. Luego Cortéi los mandó llevar A los n-dvios, 
Qoquedasen en tierra, y apercibió ¡í los caballeros qua 
habían de ir los mejores jinetes, y caballos que rttesen 
con pretales de cascabeles, y les maailó que no '•c. pa- 
rasen & alancear hasta haberlos desborat.ido , «io') >;uo 
las lafttasse les pasasen por los rostros; y soñaló trece 
de á caballo, ú Cristóbal de Olí, y IVdm «je Albaradn, é 
Alonso Uernandet Puertocarrero, ó Juan de £K«l<tnIe, 



29 " - - BERNAL DÍAZ 

é francisco de Monlcjo; é & Alonso de Avik te dieron «n 
(■abollo que era de Ortiz el músico y de un Bartolomé 
Gnrcia, que ninguno deltosera buen jioele; é Juan Ve- 
lai'^uex de León, é Francisco de Moría, y Lares el bm'n 
jinete (nómbwle así porque iialíia otro buen jinele y 
otro Lares ) , é Gonzalo Domínguez , eitremadc» hom- 
bres de tí caballo ; Moran el del Kuyamo y Pedro Goma- 
lex el tie Trujillo ; todos estos caballeros señaló Cortés, 
y ti por capitán, é mandó ¡1 Mesa el artillero que tuviese á 
puijio su arLiHi;ría , é mandó á Diego de Ordás que fue- 
se por capitán de loilos nosotros , poríjue no era liotnbre 
de ú cubüllo, é también fué por capitán de los balles- 
teros é artilleros. Y otro día muy tie marisn», que fué 
dia de Nuestra Señora de Marzo, después de liaber oído 
misa , puestos lodos en ordenanza con nuestra alférex, 
que entonces era Antonio de Villarroel , marido que lué 
de una señora que se dccia Isabel de Qjedo, que diisde 
allí ú tres años se mudó el nombre en Yillareal y se lla- 
mó Antonio Serrano de Cardona. Tornemos ú Tiiii'siro 
propíisito ; que fuimos por unas babaiias grandes, don- 
de luibian dado guerra & Francisco de Lugo y á Pudro 
de Albarado, y llumdbase aquella liabuua é pueblo Cia- 
tta , sujeta al mesmo Tabasco , una legua del aposento 
donde salimos; é nuestro Cortés se apartó un poco es- 
pacio ú trecho de nosotros por causa de unas cíÉnegus 
que no podían pasar los caballos ; é yendo de la manera 
que be dícbo con el Ordiis, dimos coa todo et poder de 
escuadrones de iiidiosguerrerosquenosvcntan yaá bus- 
car A los aposentos , é Tué donde los enconlramos juuto 
olmesnto pueblo deCintía en un buen llano. Por manera 
que si aquellos guarreros tenían deseo de nos dar guer- 
ra y nos iban á buscar , nosotros los encontramos con e| 
mismo motivo. Y dejallo lie aquí , é diré lo que pasó en 
k batalla, y hien se puede nombrar batalla, é bien ter- 
. rjble, como adelante verán. 

capítulo x.\xiv. 

t CdDO DOS dieron guerra lodos los Mclitues it Tabjtto j itti pro- 
vinciii, f lo que sobre ello i^ct4ió. 

Ya lio dicbo de la manera é concierto que ihamos , y 
I cómo liiillamos todas las cspitanias y escuadrones de 
contrarios que nos iban i buscar, é traían todos gran- 
des peoacliog, é alambores é trompel illas , é las carus 
enalmagradas c blancas é prietas, é con grandes ar- 
cos y Hedías , é lanzas é rodelas , y espadas eomo niou- 
taQtcs de á dos manos , é mucba honda é piedra , é va- 
ras toítadiis, é cada uno sus armas colchadas de algo- 
I (ton ; é así como llegaron á nosotros , como eran grun- 
ries escuadrones, que todas l»s habanas cubrían , se 
J-Yieneu como perros rabiosos é nos cercan por todas 
••ptirtos, é tiran tanta de flecho é Taray piedra, quede la 
. primera ofreraetida hirieron mas de setenta de los nues- 
tros , é con las lanías pié con pié itos hacían niuclio 
duno, é un soldado murió luego de un (Iccliazo que le 
Ldíó por el oído , el cual sedlaniuba Saldaba; é no hacían 
j sino liecltar y lierir en los nuestros ; é nosotros con los 
|lirDS y escopetas, é ballestas é grandes eslocudos no 
I perdíamos punto de buen pelear; y riimo conocieron 
^hs estocadas y ot mal que les hacíamos, poco é poco 
*e Bp«rlabaii de nosotros, mas era para flechar mus i 



DEL CASTILLO. 

susuIto, puesto que Mesa, mieslro nrtiUdro, toa los ti- 
ros mataba muchos dellos , parque eran grandes escua- 
drones y no se apartaban lejos, y duba en ellos i SU 
placer , y con todos los males y heridas quo les liacía- 
mos,no lospodíamosapartar. Yo dijealcapiíanDiegude 
Ordás: «Paréeeme que debemos cerrar y apechugar con 
ellos; porque verdaderamente sienten bien el cortar de 
las espadas , y por esta causa se desvian algo íIc nos- 
otros por temor del las , y por mejor tiraruos, sus tlochas 
y varas tostadas, y tanta piedra eomo granizo.» Respon- 
dió el Ordás que do era buen acuerdo, porque había 
para cada uno de niisutros trecientos íiidíns, y que dú 
nos podíamos sostener con tantii multitud, é asi estu- 
vimos con ellos sosteniéndonos. Todavía iieorduiuos do 
nos llegar cuanto pudiésemos á ellos , como se lo había 
dicho el Ordás, por dalles mal año de estocsd;is; y biea 
lo siotieron, y se pasaron lueso de la parle de una cié- 
nega; y en todo este tiempo Cortés con los de á Caba- 
llo no venia, aunijue deseábamos en gran manera su 
iiy«da, y temíamos que por ventura no le hubiese acw- 
cído algún desa(>tre. Acuerdóme que cuando soluiba- 
mos los tiros, que daban los indios grandes silbo« i 
gritos, y echaban tierra y pajas en alto porque no rií» 
sernos el daño que les haciainos , é tañían entonces 
I rómpelas é trompelillus, silbos y votos, y decían Ala 
(ala. Estando en esto, vimos asomar los de acabo lio, i 
cnmo aquellos prendes eseuadrodcs estaban embebeci- 
dos dándonos guerra, no miraron tan de presto de los 
de á caballo, como venían por las espaldas; y como el 
rampo era llano é los caballeros buenos jinetes , é al- 
fíunos de los caballos muy revueltos y corredores, dan- 
lestan buena mniio, é alanceando i su placer, como 
convenia en aquel tiempo ; pues los que estibamos pe- 
leando, como los vimos, dimos tanta priesa en ellos, los 
de á caballo por una p:irlo é nosotros por otra , que de 
presto volvieron las espaldos. Aquí creyeron Jos indios 
que el caballo é caballero era todo un cuorpo, como ja- 
más habían visto caballos basta entonces; iban aquellas 
habanas é campos llenos dellos, y se ncogieroa i unos 
montes que allí liubia. Y después quo los hubimos des- 
Ijaratado , Cortés nos contó cómo no habla podido venir 
mus presto por causa de una ciénega , y que estuvo pe- 
leaudo con otros escuadrones de truerreros antes que á 
nosotros llegasen, y traía beridns cinco caballeros y 
ocho caballos. Y después de apeados debajo de unos ár- 
boles que allí estaban , dimos muchas gracias y loores á 
Dios y d nuestra Señora su bendita Madre , alzando to- 
dos las manos ul cielo, porque nos había dado aquella 
Vitoria tan cumplida ; y como era día de Nuestra Sertora 
de Marzo, llamóse una villa que se pobló el tiempo an- 
dando, Santa María de la Vitoria, «si por ser día da 
Nuestra Señora como por- la gran Vitoria que tuvimos. 
Aquesta fué pues la primera guerra que tuvimos en 
compañía de Cortés en la Nucva^España. Yeslopnsado, 
apretamos las heridas á los heridos con paños, quo otra 
cosa m> había, y se curaron los caballos con queinallcs 
jas heridas con unto de indio de los muertos, que abri- 
mos para sacalle el unto, é fuimos a ver los muertos quo 
había por elctmpo , y eran mas da ochocientos, é to~ 
dos los mas de estocadas, y otros do los tiros y esco- 
polas y ballestas, é muchos estaban medio muertos 



M«;d. Y dejémoslu nq\ii, é diré loque mas pa- 

CAPITL'LO XXXV. 

BtU Cartel 1 JUnir 1 tudoi lo» Md^aH de ]i[iie)1aj pro- 
tlaciM , I lo qae lobre ella >e bíio. 

Milicho cdina preiulimo-í en aquella batalla cinco 

ilo«d<»deyog4;tpÍUDeí ;cüu los cuales e«tuvtj 

r, It leagua, & ptúlicas, é cooodá en h que le di- 

[iM (efiait tiontbreB para enviar por mcosajeros; 

■I c*(>iUu Cortés que les soltasítiu , y que fuesen 

ir i lof caciques de aquel pueblo é útros cuatcí- 

y ú at|ucllós dos indias ine[i<iajeros se les did 

( nrúci é diamantes azules , ; les dijo Aguilar 

» palabras brea sabrosas y de liula|;os, y que les 

DM tener por hermanos y <jue no Itubiosea míe» 

' qu« lo ¡nisitdo de uquuila gueirii quo «líos tc-> 

culpa , y i]uo llamasen íl todos los caciques do 

luelílc» , que les queriamos liablar, y se les 



CONQUISTA DE 

il!rl<f«. Pni>^ (fnndfi nnduvFeron las de á caballo 

^ muertos v otros quejúndoso 

r . I : . i-n esla li« tal la sobre una lio- 

. IpiilDOS bñcer perder punto de buenos 

liMti que vinieron los de & caballo, como lie 

; ^ preaiUmos cinco indios , é los dos dellos capi- 

y como era torde y luirlos de pf lear, é no liabfa- 

mido, nos volvimos ni real , y luego enlerranjos 

que iba» heridos por las gargantas é por 

quetnaiDos las heridas ú los demás é á los 

cm el unto del indio, y pusimos buenas velus 

y ceoBniDs y reposamos. Aquí es donde 

^nncisco López de Giírnora que salió Francisco 

ia en un caballo rucio picado ames que llegase 

coa los de i caballo , y que eran los santos após- 

Saniiago ó señor san Pedro. Digo que to- 

ladrac obras y «tlorias son por mano de nuestro 

leauenato, y que en aquella batalla liabia para 

no d« WKOtros tantos indios , qutt á pu fiados do 

■ nos r«(;artin , salvo quo la gran misericordia de 

■D {fula nos ayudaba; y pudiera ser que los que 

IGdrnora fueran los gloriosos apóstoles señor San- 

( aeñor wn Pedro, é yo, como pecador, no fuesn 

i4a TcrM; lo que yo entonces vi y couoci fué á 

IM de Uorla en un citltallo castaño , que venia 

Mote con Cortés, que me parece que agora que lo 

KeribieDdo, se me representa por estos ojos peca- 

Isda la guerra según y de ia manera que allí pasa- 

f ja que yo, como indiiíno pecador, no merecedor 

¿cualquiera de aquellos gloriosos apóstoles, allí 

MncQuipiriia habla sobre cuatrocientos soldados, 

éa } otros muchos caballeros , y platicárase de- 

imAnse por testimonio , y se hubiera hecho una 

flUbdo so pobló la villa , y se nombrara la villa 

^H^ de la Vitoria ú de San Pedro de la Vitoria, 

P^DDibró Santa Haria de la Vitoria ¡ y si fuera 

IH» lo dice cl Gó.oora , harto malos cristianos fué- 

•ariindooos nuestro Señor Dins sus santos após- 

10 raoonocer lu ^ran merced que nos hacia , y 

peiarcada dia aquella iglesia; y pluguiera á Dios 

ootoó el corouista dice , y hasta que leí su 

entre coaquistadores que allí se halla- 



NUEVA-ESPaSa. <--'-•- 29 

amooosló^lms muchas cosas bien mansamente para 
atraellus de paz; y fueron de buena voluntad, ^ hn^ 
blaroncon los principales é caciques, y les dijeran to-, 
do lo que les enviamos & hacer saber sobre la paz. E 
oída nuestra embajada , fuá entre ellos ncnrdaito de en- 
viar luego quince ímlios de los esclavos f]tK entre ellos 
tenian , .y todos tiznadas las caras 6 las mantas y bra* 
güeros que trainn muy ruines, y con ellos eiivinron ga- 
llinas y pescado asado é pan de mnJz; y llegados de- 
lante de Cortés, los recibió de buena vuluntorj, éAgui- 
lar, la lengua, les (lijo medio enojado que cómo veníau 
de aquella manera puestas tas caras; que mus veniíin da 
guerra quo para tratar paces , y que luego fues^p i 
los caciques y les dijesen que si querían paz . como te 
la ofrecimos , que viniesen señores A tratar delta, como 
se usa , é no enviasen esclavos. A aquellos mismos tiz- 
nados se les hizo ciertos halagos , y se envió con ellas 
cuentas azules en señal de paz y para ablandalles los 
pensamientos. Y luego otro dia vinieron treinta indios 
principales é con buenas mantas, y trujeron gallinas 
y pescado , ú fruta y pau de maiz, y demandaron li- 
cencia li Ci>rtt>s para quemar y enterrar los cuerpos do 
los muertos en las batallas pasadas, porque no otiesen 
mal ó los comiesen tigres ó leones ; la cual liceocia tes 
dio luego, y ellos se dieran priesa en traer mucha gen- 
te para los enterrar y quemar los cutTpos, segiiu su 
usanza ; y según Cortés supo dellos, dijeron que les fal- 
taba sobre ochocientos hombres, sin los que estaban 
heridos ; é dijeron que do se podían tener con nosotros 
en palabras ni paces, porque otro día liabian de venir 
todos los principales y señores de todos aquellos pue- 
blos, é concertarían las paces. Y como Cortés en todo 
era muy avisado , dos dijo riendo á tos soldados que allí 
nos liallamos teniéndole compaiua : a ¿Sabéis, señores, 
que me parece que estos indios temerán mucho & los 
caballos, y deben de pensar que ellos solos hucen la 
^'uerra é asimismo las bombardas? He pensado una cosa 
para quü mejor lo crean, que traigan lu yegua de Juan Se- 
deño>que parió el otru dia ene! navio, é a talla han aquí 
adonde yoestoy,é trstigunel caballo do Ortiz el músico, 
quees muy rijoso, y tomarúotor de la yegua ; ó cuando 
haya lomudo olor della , llevarán la yegua y el caballo, 
cada uno de por si, en pnrte que desque vengan tus 
caciques que han de venir, no los oíjjun relinchar ni los 
vean liasla que estén delante de mi y estemos hablan- 
do; d é asi se hizo, según y de la muñera que lo mandó; 
que trujeron la yegua y el caballo , é tomó olor della en 
el aposento de Cortés ; y dcinés deslo, mundo que ceba- 
sen un tiro, el mayor de los que teníamos, con una bue- 
na pelota y bien cargado du pólvora. Y estando en esto, 
que ya era mediodía, vinieron cuarenta in<lt<.s, totlos 
caciques , con buena manen y mantas ricas i la usanu 
dellos ; saludaron i Cortés y ¿ todos nosotros , y traían 
de sus inciensos , zahumándonos a cuatilos alli estiíba- 
raos, y demandaron perdón de lo pasado, y que de allí 
adelante serian buenos. Cortés les respondió con Aguí- 
lar, nuestra lengua, algo con gravedad , como haciendo 
del enojado , que ya ellos habían vifto cuántus veces les 
liubian requerido coala paz, y que ellos tenian la cul- 
pa , y que agora eran merecedores que d ellos é i cuan- 
tos quedan en todos sus pueblos matásemos ¡ y porque 



3i> ~= : — BERNAL DÍAZ 

somos TasiíUos de un gran rey y soñor (jtic no» piivió á 
(¡gtas [Kirtes, el cual se dice el eiíijipríKlor don Curios, 
que iiiiinila que ú los que esluvieren en su real serricio 
que les ayad«iiios é fu v orneamos ¡ y que si ellos fueren 
traerlos, cotiKi dicen, (¡uc así lo ¡Hirémos, ési no, (|ue sol- 
iera de aquellos tepuslles qae los maten (al lii«rfo lla- 
man en su Jeiígua íepusííe), queaun por lo p¡tsado quü 
han liocbo en darnos girerra eílin enojados algunos 
-dellos, EdIo rices secretarñente mandú |ioner fuego a lu 
bombarda que estaba cebada, é diij luit buen truono y 
recio como era merjester ; il)a la jtiditla iundjunrto por 
los montes , que, como en aquel instante era mediodía 
i tiacia calma, llcvatxi gran ruido, y los caciques se es- 
ntaroa de la oir; y como no liabian visto cosa como 
•queila , creyeron que era verdad lo que Cortos Ir» di- 
y para asegurarles del miedo , les tornú ú decir con 
luilor que ya no Iiubiesen miedo , que ¿I mandó que 
iiiciese daño ; y en aquel instante trujeroD el caba- 
que liabia tomntta olor de la yegua, y átanlo no muy 
;os de donde estaba Cortés liablando con los caciques; 
Jf como & la yegua la habían tenido en el mismo a{Hiseri- 
to adonde Cortés y los indios estallan liabUndo, paleaba 
el caballo, y reliucliaba y liacia bramuras, y siempre 
los ojos mirando i los indios y al aposento donde babia 
tomado olor de la yegua ; é los cacii]uescreyeron que por 
ellos Itacia aquellas bramuras del rcttncbary el patear, y 
«siaban esi^autudos. Y cuando Cortés los viú du aquel 
trt« , se levantó do la silla , y se fué para el caballo y le 
túmúdeirreno,édíjoú Aguijar quoliiciese creerá los in- 
dios (jue allí entuban que iiabia mandado al caballo que 
Bo le^ iriciese mal ninguno; y luego dijo ú dos mozos ríe 
espuelas que lo llevasen do allí tejos , que no lo torira- 
•cn i ver los cur;iqués. V estando en esto , vinieron so- 
bre treinta indios de carga, qno entre ellos llaman ta- 
menes , que traian la comida de gallinas y pescado asn- 
do y otras cosas de frutas , que parece serse quedaron 
itris 6 no pudieron venir junta mente con tos caciquuü. 
Allí hubo niucbas pláticas Cortés con aquellos princi- 
pales , y dijeron que otro dia venrlrian lodos, é traerian 
un presente é hablurian en otras cosas; y así, se fueron 
muy couteutos. Donrle los dejaré agora basta otro diu. 

CAPITULO XXXVI. 

I CAoio (ialeron lorlot los ucifíiM i oliclioiiis it[ rio de tirtjalta 
} rtajtniD an pre&enle, ; lo qae sobre ello pisd. 

Otro dia (le mañana , qire frjÉ á los postreros riel mes 
> de marzo de liíIS años, vinierou muciios caciques y 
principales de aquel puehlo y otros comarcanos, liaclerj- 
do mucbo acato i lodos nosotros, é trajeron un pre- 
sente de oro , que fueron cuatro diariemas , y unas la- 
gartijas , y dos como perrillos , y orejeros, é cinco Aún- 
des, y dos liguras de caros de indios, y dos suelas de 
oro, como de sus cotorras, y otras cosí lias de poco va- 
l lor , que yn no me acuerdo qué tanto valia , y trajeron 
[manías de Iss que ellos imiané hacían, que son muy 
I bastas; porque ya liubrún oído decir los que tienen nrv 
lUcia de aquella provincia que no les liay en aqiu-lla 
1 tierra sino de poco valor; y no fué nada este presente 
en comparación de veinte mujerw, y eniro ellas una 
muy eicslente mujer, que se dijo doña Uarína, que ssl 



DEL CASTILLO. 

I «« llamo después d« vuelta erisiianA. Y dejaré esta plí< 
tica, y de bitbíar dellu y de hs di'iriás mujeres quu tru- 
jeron, y diré que Cortés recibió aquel presente con nle- 
gria , y se apartó con lodos los caciques y con AguUar 
el intérprete d hablar, y les dijo que por aquello que 
traian iv lo tenia en £;rucía ; nrus que una co;a les ro- 
gaba, que luego ina rulasen poblar aquel pueblo con toda 
su gente, muicres é bijos, y que dentro de dos días le 
quería ver poblado, y que en esto conocerd tener ver- 
dadera paz. Y luego los caciques nnindarou llamar lo- 
dos los vecinos , é con sus hijos é mujerr» en dos dii» 
se pobló. Y á lo otro que les maQi1ó,qrie ilejasensus ído- 
los é SBcrilicios, respondieron que aíi lo harinti;y le; 
declaramos con Aguilar, lo mejor que Cortés pudo, las 
cosas tocantes íl nuestra sania fe , y cierno éramos cris- 
tianos é adoriibamus i un solo Dios verdadero, y se 
les mostrri una imtigen muy devola de nuestra Señora 
con su Hijo precioso en los hmzos , y se les declatd que 
aquella sania imAgen reverenciábamos porque asi esti 
en el cielo y es Madre de nuestro Señor Dios. T lo* 
caciques dijeron que les parece muy bien aquella gran 
Tedeeiífuala , y que se la diesen para tener en su pue- 
blo , poquo á las grandes señoras en sri lengua Ibiraan 
leeleniguatas. Y dijo Cortés que si daría , y tes maiidd 
bacerun buen altar bien Inbrado; el cual brego le hi- 
cierun. Y otro dia de mañ^ma mandr5 Corles A dos de 
nuestros carpinteros do lo blanco, que se decían Alonso 
Yañez é Alvaro López ( ya otra vez por mi memorados),' 
que luego labrtisen una cruz bien alta ; y después de ha- 
ber mandado todo esto , dijo ri los caciques qué fui la 
causa que nos dieron guerra tres veces . requ i riéndoles 
con la paj!. Y respondieron que ya babian demandado 
perdón dello y estaban perdonados, y que el cacique de 
Cliampoton, su liermano,se lo acotrscjó, y porque no 
le tuviesen por cobarde , porque se lo reñían y dcshon- 
roban , porque no nos dio qwrn cuando la otra vei vi- 
no otro capitán con cuatro navios; y según pareció, 
decíalo por Juan de Grijalva. Y también dijo que el in- 
dio que traíamos por lengua , que se nos huyó un» no- 
che, se lo aconsejó, que de dia y de nociré nos diesen 
guerra, porque éramos muy pocos. Y luego Corté* H 
mandó que en torio caso se lo trajesen , é dijofon qu» 
como les viri que en la batalla no les fué bien , que se 
les fué huyendo, y que no sabían del aunque le han bus- 
cado, é supimos que le sacriDcaron , pues tan caro les 
costó sus consejos. Y mas les pregurrló, que de qué 
parle traian oro y aquellas joyeiuelus. Respondieron 
que ríe hacia donde se pone el so! , y decían Cvíchúa y 
Méjico, y como no subíamos qué rosa era Méjico ni Cul- 
chíia , dejébnmoslo pasar por alto ; y allí traíamos otra 
lengua que se decía Francisco , que hubimos cuando lo 
de Grijalva , yo otra vez por mí nombrado , mas no en- 
tendía poco ni mucho la de Tabasco, sino la de Culchtk, • 
que es la mejicana ; y medio por señas dijo i Cortés 
qne Cukhúa era muy adelante, y nombraba iiéjito, 
Méjico, y no le entendimos. Y en esto cesó la plática 
hasta olro rlia , que se puso en ci aliar la sania imílgen 
de nuestra Señora y la cruz , la cual torios adoramos ; y 
dijo misa el padre fray Bartolomé de Olmedo, y estaban 
todos tos caciques y principales delante, y púsose nom- 
bre i aquel pueblo Santa Muría de la Vitoria , é asi se 



rife 



j 



COSQtTSTA DE 

kon h tilia de Tübaseo; y el mesmo Tmiie con 

\ iciigua Aguitar predicó ít lits veíiilt: indias que 

feutf^rvn, muchas buenas cosas de nuestrü «anl^ 

^H) creyesen eu ¡os iiioloüquu de iintes crduD, 

Hbos } no eran dioses, lú mas les sacrilíra^en, 

(raían eugiifiados, é adontscn á nuestro Señor ie- 

\',é luego se baulixaron , y se puso por nombre 

Lrim aquella india y señora que allí nos dieron, 

leraiDCQte era gran cacica é liija de graniles ca- 

f KÍiora de vosa Nos , y bien $e te parecía en su 

i; ki cual diré adclaule cómo y de (¡ué manera 

traída ; ¿ de las otras mujeres no me acuerdo 

lodos sus nomljres , é no bacc ul cuso nonibrur 

!, ni«s estas fueron las primeras cristianas que 

I la iNueva-España. Y Cortés las repartió á cada 

iasux-a.é ieslQ iloñaUarína, como era de buen 

' j enlrerncliiJa 6 desenvuelta, dio á Aluaío Uer- 

Pucr tocar re ro , que ya lie dicho otra vim que 

' buen Caballero, primo del conde de Mcdelliii; 

e fué k Castilla el Puerlocarrero , estuío la doña 

COI) Cortés, é dulla bubo un liijo, que se dijo don 

orles, que el tiempo andando fué cotneudadur 

igo. En aquel puelilo estuvimos cinco días, asi 

curaban las tiendas como por los que esln- 

dolordo riüones, que al)i se lesquitú; y demás 

>rquo Cortés siempre aírala con buenas palabras 

qoes, y Icsdijo cuido el Emperador nuestro se- 

Tisotlos somos, tiene á su mdiidado muclios 

t señores , y que es bien que elios le den la obe- 

; é que en lo que hubieren menester, asi favor do 

B como otra cualquiera, cosa, que se lo hagan 

|bnde quiera que estuviésemos , que él les vendrá 

hr. Y lodos los caciques le dieron muchas gra~ 

f ello , y allí se olor(;aron por rasailusde nuestro 

f-ffiperador. Kstos Tueron los primeros vasallos 
.Nueva-España dieron la obediencia á su ma- 
\ luego Cortés les mundo que para otro «lia, que 
|úitgode flamas, muy de mañana viniesen al al> 
Üüdmos, con sus hijos y mujeres, para que ado* 
1 suU imagen de nuestra Señora y la cruz; y 
po les manda que viniesen seis indios carpinte* 
Que fuesen coa nuestros carpinteros, y que en el 
lile CiiilJa, adonde Dios nuestro Señor fué ser- 
darnos aquella viloria de la bnlalia pasada, pur 
irida, que liicieseo uoa cruz en un lírbol grande 
JMUba, que Ibman ceiba, é liiciéronla en aquel 
[cícctoqua durase mucho, que con la corteza, 
Ble reverdecer, está siempre la cruz señalada. 
■sto ttuindú que aparejasen to<las Jus canoas que 
^páranos ayudará embarcar, ponjue aquel san- 
ios qurriamos hacer ú la vqU , porque en aquella 
I ' <> 'tos it decir á Corles que estaban 

{ viús por amor del norte, que es 

k. \ iiydc mañana vinieron todos los 

psji' ^coo todas sus mujeres é hijos, y 

ya eo ei patio donde teníamos la iglesia y cruz, 
niiDOS cortados para andar en procesión ; y 
los caciques vimos juntos. Cortés y todos los 
i una con gran duvorion amiuvimos una muy 
lioo , y «I padre de la &kfced y Juan Diaz 
rtrtslidos , y se dijo misa , y adoramos y be< 



NÜEVA-ESPAfÍA. ^1 

síimut la siindi criiz. y los caciques é indios míriíiiilo- 
nos. Y hecha nuestra solemne tiesta según e! tiempo, 
vinieron los principales é trajeron á Cortés diez gnllinis 
y pescado asado é otras legnmbrcs, é nos despudimos 
dellos, y siempre Cortés encomemlindoles la santa imi- 
gen de nuestra Señora y las santíi!; cruces, yque las tu- 
viesen muy linipia"», y barrida la cusa é In iglesia y en- 
ramado, y que las reverenciasen, é liallarían salud y 
buenas seuiciiteRis ; y después que era ya larde nos em- 
barcamos, y ú otro diu lunes por la mañana nos hicimos 
& la Tela, y con buen vinje nategamos é fuimos la viii de 
San Juan de Uh'ia, y siempre muy juntos d tiwrra ; é yen- 
do navegando con buen tiempo , decíamos á Corles los 
soldados que veníamos con Grjjalva, como sabíamos 
oquella derrota : nScñor, titlí queda la ftambla, que en 
lengua de iiiJios se dice Aguarjaluco.^' Y lui^go llegamos 
al [inrajede Tonala ,que se dice San Auton, y se lo se- 
ñalábamos; roas adelante le mostramos et gran rio de 
Gvasaevako, é vio las muy altas sierras nevadas, 
é luego las sierras de San .Martin; y mas adelante \o 
mostramos la roía partida , que es unos grandes peñas- 
cos que entran en la mar, é tiene una señal arriba co- 
mo á manera de silla ; é mas adelante le mostramos el 
rio de Albarado , que es adonde enlrii Pedro de Aiba- 
rado cuando lo deGrijalva ; y luego vhnos oi rio de Ban- 
deras, que fué donde rescatamos los dic7.y fois mil pi'- 
sos, y luego le moslramos ja isla Blanca, y también ia 
dijimos adonde quedaba la isla Verde ; y junto ú tierra 
vió la isla de Sacrilicios, donde liullumos los altares 
cuando lo de Grijalva , y los indios sacriíJcados , y lue- 
go eu buena hora llegamos & San Juan du L'iúu jueves 
de la Cena después de mediodía. Acuérdeme que llef^t 
uu caballero que se deéia Alonso Hernández Puerto- 
carrero, é dijo é Cortés : a Paré cerne. Señor, que os han 
venido dicieudo estos caballeros que han venido otras 
dos veces á esta tierra : 

Cm FriDdi , ntriD tesinas 
C«la Pjm l> cíailtid, 
Cala bi acuis del Uvero , 
Do TU i dar i l> mae. 

Yo digo que miréis las tierras rkas , y sábeos bien 
goberuur. » Luego Cortés bien entendió á qué fin fue- 
ron aquellas palabras dichas, y respondió : «Dénos 
Dios ventura en armas como al paladín Roldan; que en 
lo demia , teniendo á vuestra merced y ú otros caballe- 
ros por señores, bien me sabré entender.» Y dejémoslo, 
y no pasemos de aquí : e^to es lo que pasó; y Cortés en- 
tró en el rio de Albarado, como dice Gúmora. 

CAPITI'LO XXXVil. 

Dima dDDi Miríni en atiai bija de Kriades «rSorrt. j trliún 
de )iu>.-blii$ } Ti&gllus , ; ile la miucra quii tui! Utiiii i Tjiliatci). 

Antes que mas meta la mano en lo del gran Monlezu- 
ma y su gran ilvjíco y mejicanos , quiero decir lo de 
doña Marina , cómo desde su niñez fué gran señora de 
pueblos y vasa!!-» v re ijcsta manera: que su psdrey 
su marire orn; • v ciciques de un pueblo que se 

dieePaiiiala , y lemu oíros pueblos sujetos & él, oTiru 
de ocho leguas de la villa de Guacaluco.y murió el pa- 
dre quedando muy niña , y la madre se casó con otro 



Sí ~ ^ OBIINAL DÍAZ 

cacique rnanceboy liobieron mi liijo , y según pareció, 
^ queriun bien ai liijoquc tia!>)nn liubido encordaron en- 
. tre el padre y la nwtire tle dalle el cargo después dosus 
rdias , y porijne en ello no liuliicsc estorbo, dieran de 
, noclie )a niña á unos indios de Xicalango, parque uo fue- 
se vista, y echaron fama que se babia muerto , y en 
aqucttasazon murió una bija de una india esclava suya, 
y publicaron que era la heredora , por manera que los 
I de Xiculnngo la dieron á ios de Tabasco , y Ioü de Tit- 
basco i Cortés , y conocí á su madre y á su hermano de 
. madre , liijo de la vieja , que era ya hombre y mandaba 
'. juntamente con la nimlre ú su pueblo, porque el mari- 
da postrero de la vieja ya era fallecido ; y después de 
vueltos cristianos, so llamó la vieja Marta y el hijo Lá- 
!taro;y oslo seto muy bien, porque en el año de 1523, 
1 (lespui'S de f^aoado Méjico y otras provincias, y se había 
■huido Cristúbal de Olí en los Higueras , fué Cortés atlá 
y pasó por Guacacualco, fuimos con él á aquel viaje 
toda Vs inuyor parte de los vecinos de aquella villa , co- 
»tno diré en su tiempo y Bugaí'; y como doña Marina en 
^^das las guerras de lu Nueva-España, Tlascala y Méjico 
i'W tari excelente mujer y buena lengua, como adelante 
•diré, ú osla eauMi la Iraiu siempre Curies conmigo , y en 
aquella sazón y viaje se cusú con ella uu hidalgo que se 
decia Juan Jiiramillo, en un pueblo que se decía Ciríza- 
va , delante de ciertos testigos, que uno dellos se dcciu 
Aranda , vecino que fué de Tabssco , y aquel contaba 
clcasajnieiito, y no como lo dice el coronJsta Gómont; 
j la doña Marina tenia mucho ser y mandaba absohila- 
tnenle entre los indios en (oda la Nueva-Espafio. Y es- 
tando (^rlcs en laviíladeCuacacualcD, envió ó llamará 
todos los caciques de aquella provincia para hacerles un 
parlamento acerca de la santa doctrina y sobre su buen 
Iralumíerilo , y entonces vino la madre de doña Ma- 
rina y su hermano de madre Lá/.aro , con otros caci- 
ques. Días babia que me hubiu dicho la doña Harina 
que erado aquella provincia y señora de vasallos, y bien 
lo sabía el eapiluu Cortés, y Aguilar, la lengua; por ma- 
nera que vino lu madre y su hija y el hermano, y cono- 
cieron que claramente era su hija, porque so leparecia 
mucho. Tuvieron miedo delia, que creyeion que los en- 
viaba illlamar para matarlos, y lloraban; y como as! los 
vido llorar la doña Marina , los consoló, y dijo que no 
hubiesen miedo , que cuando la traspusieron con tos de 
Xicalango que no supieron lo que se bacian , y se lo por- 
doaiiba, y les dio mucltas joyas de oro y de ropa y que 
se volviesen fi su pueblo, y que Dios le había huclio mu- 
cha merced en quitarla do aibirar idotus agora y ser 
cristiana , y tener un hijo de su amo y señor Cortés, y 
ser casada con un caballero como era su marido Juan 
Caramillo; quo aunque la bicicscocacica de todas cuan- 
tas provincias babia en la Nueva-España , no lo sería; 
que en mas tenia scrvirásu marido é á Cortés qirc cuan- 
to en el mundo huy ; y todo esto que digo so lo oí muy 
certilicada mente, y se lo jurú amen. Y esto me parece 
que quiere remeitíur li lo que le ncuecíó con suí her- 
manos en Egipto á Josef , que vioieron ú su poder 
cuando lo del trigo. Esto es lo que pasó, y no ia relación 
que dieron al Góniora , y también dice otras cosa» qw 
<iéjo por nlto. E volviendo ó nuestra materia , doñ»lli« 
lioa jabja lu Icngoa de Guacacualco , que es la projSa 



ái 



DEL CASTILLO. 

' de Méjico, y sabia ta de Tabasco, como Jerfinimo d« 
Aguilar , saina Is de Yucatán y Tabasco , <jue es toJji 
una; entendíanse bien, y el Aguilar lo doclaral» «n 
castellano i Cortés ; fué gran principio para nuestri 
conquista; y así se nos hacían las cosas, loado sea Dios, 

¡ muy próspera mente. He querido declarar <^to , por<¡uc 
sin doña Marina no podíamos entender la lengua de 
Nueve-España y Méjico, Donde lo dejaré , é Tolveré i 
decir cómo nos desembarcamos en el puerto de San 
JuandetJlúa. 

CAPITIILO XXXVÍII, 

Cdno tte^BOS con Kuñti» Intniíloi i Sin Jmo d< VliU, 
; lo iiae allí {lauaoi. 

En Jueves Santo de la Cena del^üor de tS{0 años 
llepmos con toda la armada a) puerto do San Juan de 
l'lúa;y como el piloto Alaminos lo sabia muy biende»- 
de cuiindo venimos con Juun de Grijalva , luego tniadé 
surgir en parle que los navios estuviesen seguros de! 
I norte , y pusieron en lu nao capitana sus estandartes 
I reales y veletas , y desde obra de medía tiora que snrgi- 
¡ mos, vinieron dos canoas muy grandes (que enaque- 
: lias partes á las canoas grandes llaman piraguas), y en 
ellas vinieron muchos indios mejicanos, y como vieron 
los estandartes y navio grande , conocieron que sil! ha- 
bian de ir á hablar al Cupitan, y fHiéronse derechos al 
navio, yentrandenlroy preguntan quién era el Tía toan, 
que en su lengua dicen el señor. Y doña Marina, que 
bien lo entendió, porque i^ahia muy bien la lengua, se 
lo m<>stró. Y tos indios hicieron mucbo acato á CorlésS 
su usanza, y le dijeron que fuese bien venido, é que un 
criado del gran Montezumu , su señor , les enviaba á sa- 
ber qué hombres éramos é qué huscAbainos.é quesi «Igo 
hubiésemos menester para nosotros y los navios, que so 
lo dijésemos, que traerían recaudo para ello. Y nuestro 
Cortés respondió con !iis dos lenguas , Aguilar y doña 
Marina , que se lo tenia en merced ; y luego les mandó • 
dar de comer y beber vino, y unas cuentas azules, y 
cuando hubieron behiJo , les dijo que veníamos p-irart?- 
Ilos y contratar, y que no se les haría enojo ninguno, 6 
que hubiesen por buena nuestra llegada í aquella tierra. 
Y los mensajeros se volvieron muy contentos i su tier- 
ra ; y otro dia •, que fué Viernes Santo de la CruE , des- 
cm bureamos, asi caballos como artillería, en unos mon- 
tones de arena, que uo había tierra llana, sino todos 
arenales, y asestaron los tiros como mejor te pareció 
ul artillero, que se decia Mesa, y hicimos un altar, adon- 
de se dijo luego misa, é hicieron chozas y enramadas 
para Cortes y pnra los capitanes , y entre tres saldados 
acarreábamos madera é hicimos nuestras chozas, y los 
caballos se pusieron adonde estuviesen seguros; j en 
esto se pasó aquel Viernes Santo. Y otro dia sibado, 
vifipera de Pascua, vinieron muchos indios que envió un 
principnl que era gobernador de Montczuma, que se 
decía Pilalpiloque, que después le llamamos Ovundíllo, 
y trujcron hacba'! y adobaron laschozas del capitán Cor- 
tés y los ranchos quemas cerca hallaron , y lespusierotí 
mantas grandesencima, por amor del sol , que era cua- 
resma é hacia muy gnrn calor, y trujeron gallinas y pan 
de maíz y ciruelas, que era tiempo de fias, y paré cerno 



J 



^^^ COXQttStíC Il£ 

P^^BBUmcet tnjeron unas joyat de oro, 7 todo lo pro- 
MBliMo á Corles, é dijeron que otro día había de venir 
agobertMdory traer (aas bastimento. Cortés se lo iigra- 
éaáómuclto ; )eá niand<i dar ciertas cosas de rescate, 
en qoe fueron muy contentos. Y otro día, jKiscuaünnla 
'd*lteMtrr«cctr)D, riño el gobernador que haUian dicho, 
IM d«cia Tendile , hombre de uegocios , é trujo con 
I PiUlpItoqtie , que también era persona enlru ellos 
j|«l, ; trata detrás d^ si muchos indios con pre- 
f gallinas ; otras legumbres, y & estos ^uc los 
1 maadú Tendilo que se apartnseu un poco á un 
' j con mucha humildad hizo tres reverencias 6. 
I i su usanza , j después i todos los soldados que 
cercatiot nos liallnmos. Y Cortés les dijo con 
ra« lenguas que íuesen bienvenidos, y los abrazó, 
i mandó que esperasen y que luego les hablaría, y 
I tanta mandó hacer un altarlo mejor que en aquel 
Ipo M pudo hacer, y dijo misa canlaila fray llurto- 
I de Olmedo, y la beneficiaba e! padre Juan Oia^, y 
DD i la tnisa loj dos gobernadores y olrospríii- 
tks <le loa que tmian eo ^u compafiía ; y oido misa, 
úá Cortés y ciertos capitanes de los nuestros y los 
I iodios criados del gran Montezuma. Y alzadas las 
I, te apartó Cortés con las dos nuestras lenguas 
i Marina y lerónimo de Aguilar y con aquellos ca- 
I , y les d ij irnos cómo éramos cristianos y va salios 
I mayor señor que hay eo el mundo , que se dice el 
endor don Cirios, y que tiene por vasallos y cria- 
i Bocbos grandes señores, y que por su mandado 
I á aquestas tierras, porque há muchos arios 
I liea«a noticia dellas y del gran señor que les mao 
r qué lo quiere tener poramigu y decille muchas 
I ea su real nomhre , y cuando las sepa t liayn eii- 
)M holgará delli I, y para contratar con él y<ius 
I y vanllos da buena amistad, y quería saber dúo- 
I nkOiUqueseTean y se hablen. Y el Tendile le r^s- 
l<i algo soberbio, y Icdtjo : «Aun agora basllcgailo 
le quieres lialdur; recibe agora este presente que 
1 liemos en su uoiiibrc, y después me dirás lo que tu 
eainplittrr ;»y luego sacó de una petaca , que es como 
«ija , muchas piezas de oro ydebuciiaü labores y ricas, 
linas de diez cargns de ro]>a blant's de algodón y de 
I, cosas muy de ver, y otras joyas quo ya no me 
|o,conio h;^ muchos aüos , y tras esto muchu co- 
■.ifuerraiigallinasde ¡atierra, Truta y pescado a°a- 
, Curies Ibs recibió riendo y con Luijria gracia , y les 
I caeotas de diamantes torcidas y otras cn<:as de Cas- 
»; I les rogó que mandasen ejj sus pueblos que vi- 
I á coutratar con nosotros, porque él traiamu- 
. cuentas á trocar i oro , y le dijerun que así lo 
■odarisn. Y según después siipimus , estos Tendile y 
tlalpitoque eran goberriudorcs de ui]:is provincia; que 
kdiccn Cotasllaii , Tustepcque, Gua7.p;ille[ieque, Tla~ 
do, y de oíros puchlnsque nuevamente tenían 
los; y luego Cortos maudú traer una silla de eu- 
, con entallíidunts muy pintadas y unas piedras 
ajilas que tienen dentro en sí muchas labores, y 
trurlus en unos algodones quo tenían almizcle por- 
te olífsenl>ien,y un sartal dodiamantcs torcido y una 
de carmesí con una medalla de oro, y en ella li- 
) ú sao lorge, que estaba & caballo con una lanza 
lIA-ii. 



y parecía qi'c mataba & un dragón ; y (tijoí Tendile que 
Itiego envíase aquella silla en quo se asiente el señor 
Motitcz(ima paracunndo le vaya d ver y hablar Cortés,y 
que ní^oetla gorra que la ponga en la cobeza , y que aque- 
llas piedras y lodo lo demis le mandó dar el Rey nues- 
tro soñorl en sííñaí de amistad, porque sabe que es 
granseñor, y que mn n de señalar para qué dia y en qué 
parte quiere que le vaya & ver, Y el Tendile lo recibió j 
dijo que su señor Montezuma es ton gran señor, que so 
hulgara de conocer á nuestro gran rey, y que le llevará 
presto aquel présenle y traerá respuesta. Y parece ser 
que el Teuilile Iniia consigo graneles pintores, quo los 
liay tales en Méjico , y mandó pintar ol natural rostro, 
cuerpo y facciones do Corles y do todos Ins capitanes y 
soldados, y navios y velas é caballos, y ft doria Marina é 
Aguünr , basta dos lebreles, é tiros ú pelotas, é Indo el 
ejército que traíamos, é lo llevó ú su señor. Y luego 
mandó Cortés A nuestros artilleros que tuviesen muy 
bien cebadas las bombardas con buen golpe de pólvora 
para que hiciesen gran trueno cuando las soltasen, y 
mandó á Podro de Albarado que él y todos los de d ca- 
ballo se aparejasen para que aquellos criados do Monte- 
zuma los viesen correr, y que llevasen pretales de cas- 
cabeles ¡ y también Cortés cabalgó y dijo : uSi en estos 
medaños de arena pudiéramos correr, bueno fuera; 
mas ya verán que á píe atollamos en la arena : salgnmos 
á la playa desquesea menguante, y correremos de dos 
t>n dos;» é al Pedro de Albarailo, que era su yegua ala- 
zana, do gran carrera y revuelta , le dio el cargo de to- 
dos los de d caballo. Todo lo cual se hizo delante do 
aquellos dos embajadores, y para que viesen salir los 
Itrosdijo Cortésquelesqueria tornará hablar con otros 
muchos principales, y ponen luego i las bombardas, y 
en aquella sazón hacia calma ; iban las piedras por loa 
montes retumbando con gran ruido , y los gobernodo- 
res y toiloslos tndiosse espantaron de cosas tan nuevas 
para ellos, y lo mandaron pintor ú sus pintores para que 
Montezuma lo viese, Y parece ser quo un solilado tenia 
un casco medio dorado, y viole Teorüle.que era (ñas en- 
tremetido indio que i't otro, y dijo que parecía d unos 
que ellos tienen que les habían dejado sus auippasados 
del linaje donde venían, el cual tenían puesta uu la ca- 
beza & sus dioses Iluicbüóbos , que es su Ulula de la 
guerra, y que su señor Montezuma se liolganl do I<> 
ver, y luego se lo dieron ; y les dijo Cortos que porque 
quería saber si el oro desta tierra es como el que sa- 
can de la nuestra de los ríos, que le envíen aquel 
casco lleno de gnnos para enviarlo ú nuestro gran en)- 
perador. Y después de todo esto, el Tenditc se despi- 
dió de Cortés y de todos nosolrus, y después de mu- 
chos ofrecimientos que les bízo cl mismo Curies, lo 
abrazó y se despidió del , y dijo el Tendilo que él vol- 
vería con la respuesta con toda brevedad ; é ítlo, alcan- 
zamos ú saber que , después de ser íiidíus de grandes 
negocios, fué el roas suello peón que su amo Montezu- 
ma tenia ; e! cual fué en posta y dio relación de lodo d 
su señor, y lo mostró el dibujo quo llevaba pintado y el 
presente que le envió Cortés ; y cuando cl gran Monte* 
zuma le vio quedó admirado , y recibió por otra parte 
mucho contenió, y desque vio el casco y ct que tenia 
su Huichilóbofi, tuvo por cierto que í ramo» del linaje 

3 



3* « -«-i-t bmjtkh DÍAZ 

lie Ipsqiieles habían dicho íus antppasadoictue ven- 
ilrian á suñoreiir aquesta tierra. Aquí es ((nnáe illce el 
cornnista Gomora inuchas cosos que no le dierÓTi fjue- 
na rílaeion. üejallos bé aquí , y diré lo quo mifs noj 
acausciú. 

CAPITULO XXXIX. 

Ctimo fli1>ni<llc i tiiblir i is fttmr Miiiili>£iiin] v llcftr el ftt- 
^eute, ; la quehicioios en niie&tra rpaL 

Desque se Tué Tetidlte con el présenle que el capitán 
Corlf^s le dii3 para su seririrMonteziinia,éliabiii quedado 
cu nuestro real el olro gnbcrnadnr qui] se decía Pitalpi- 
toque , querfd en unas cliozas apartadas tío nosotros , j 
allí tru]<3ron indios para que liiciesen pnn de su maíz, 
y (lallinas , fruía y pescado, y de aquella proveían & 
Cortés y á los capitanes que comían con él (que ú. iios- 
iilros los soldados, sí no lo Tnaríseábamos 6 Íbamos 
A pescar, no lo teníamos) ; y cu aquella sazan vinieron 
muchos indios de los pueblos por mi nombrados, don- 
de eran gobernadores aquellos crin dos del gran Monte- 
zuma , y traían algunas dellos oro y joyas de poco va! or 
y Rallítias á trocar por nuestros rescates, que eran 
cuentas verdes, diamantes j otras cosas, y con aquelli/ 
nos sustentábamos, porque comunmente lodos los sol- 
dados truiamos rescate, como teníamos aviso cuando 
lo de Grijatva que era bueno traer cuentas , y en esto 
pasaron seis ó siete dias; y estando en esto vino, el Ten- 
lUteuna mafiana con mas de cien itidios cargados, y 
venia con ellos un gran cacique mejicano, y en el rostro, 
íaccioncsy cuerpo se pareciaal capitán Cortés, y adre- 
de lo envié el gran Monlezuma ; porque, scguu dijeron, 
cuando á Cortés le llevó Tendile dibujada su misma fi- 
gura, todos los principales que estaban con Montezuma 
dijeron que un principal que se decia Quintalbor ec 
le parecía é lo propio á Cortés, que así se Jtamnba aquel 
gran cacique que venia con Tendile ¡ y como parecía ú 
Cortéi;, ast le llamábamos en el real Cortés olla. Cortés 
aculld. Volvamos ú su venida y lo que Iiicieron en lle- 
gando donde nuestro capitán cslaLa, y fué que leso la 
tierra con la mano, y con braseros que traían de barro, 
yen ellos de su incienso le zahumaron, vá tnft(ií los de- 
més soldados que allí cerca nos hallamos-, y Cortés les 
niosirú mucho amor y asentólos cabe $í; 6 aquul prin- 
cipal que venia con aquel présenle traía cargo junta- 
tiienlü de hablar con el Tendilo (ya he dicho qué se 
decía Quinta Ibor) ; y después de haberle dado el para- 
bién venido i aquella tierra, y otras muchas pláticas que 
pasaron , mandó sacar ol presente que traían encima 
de unas esteras que llaman petates, y tendidas otras 
mantas de algodón encima dellas, lo primero que ilió 
fué una rueda de hecbura de sol , tan grande como de 
una carreta, con muchas labores, todo de oro muy lino, 
gran obra de mirar, quo valia, á lo que después dijeron 
que le habían pesado, sobre veinte mi! pesos de oro, y 
otra mayor rueda de piala, figurada la luna con mu- 
chos resplandores, y otras ítgurns en ella, y esln era de 
(¡rati peso, que valia mucho, y trujo el casco lleno de oro 
co granos crespos como lo sacan de las minas, que valia 
tres mil pesos. Aquel oro del casco tuvimos en mas, por 
saler cierto que bubia Ijuenas minas , que si trujeran 
treinta mil pesos. Mas trajo veinte útiades de oro, de 



DEL CASTILI,0. 

muy prima liilior y muy o! nattiTíI , í unos como perroi 
de los que cutre silos tienen , y muchas piexas de oro 
Gguradns, de hechura de tigres y leones y moooi, y 
diez collares lieclios de una hechura muy prinit,é Atroí 
pinjantes, é doce flechas y arco trun su cuerda, y do* va- 
ros como de justicia , de largo de cinco palmos , y todo 
esto de oro muy fino y de óbrn vaciadiza; y luego 
mandó iraer penachos ríe oro y de ricas plnmag rerdcs 
y otras de plaln, y aventadoresde lo mismo, pnts vena- 
dos de oro sacados de vaciadizo; é fueron tantas cosas, 
que, como há vn tantos años que paírt, no me acuerdo 
de todo ; y lucgT mandó traer allí sobre treinla car gas j 
de ropa de algodón tan prima y de muchns género^HH 
labores, y de pluma de muchas calores, que por^^^l 
L'intos no quiero en ello mas meter la pluma, porque nív 
lo sahré escribir. Y después de haberlo dado , (tijt>aqtjel 
gran cacique Quinto Ibor y el Tendile & Cortés que re- 
ciba aquello con la gran voluntad que su señor sala 
envía , é que lo reparta con los teules que cnnsiik'o trae; 
y Cortés con alegría tos recibí*; y dijeron i Cortés aque- 
llos embajadores que le querían hablar lo que su señor 
Montezuma le envia 4 decir, Y lo primero que le dijeron, 
quo se ha holgado que hombres tan esforzados vengau 
i su tierra, como le han dicho que somos, porque sabia 
lo deTabosco ; y que deseara mucho ver d nuestro gran 
emperador, pues tan gran señor es, puesde lau lejas tier- 
ras como venimos tiene noticia dét , é que le envíarii un 
presento de piedras ricas , ó que entre tanto que alli en 
aquel puerto esluvíére.'nns, si en algo nos puede servir 
que lo hará de buena voluntad ; é cuanto á las tísla;, 
que no curasen dellas, quo no bahía para qué; ponien- 
do muchos inconvenientes. Cortés les tomó & darlas 
gracias con buen semblante porello, y con muchos ha- 
lagos didd cada gobernador dos camisas Je holanda; 
diamantes azules y otras cosillas , y tes rogó que volvie- 
sen por su embajador ó Méjico á decir á su señor elgnn 
Monlezuma que, pues habíamos pasado lautas maresy 
veníamos de tan tejas tierras sfllamenle por le ver y ha- 
blar de su persona á la suya , que asi se volviese , que 
no lo receberia de liuena manera nuestro grao rey y se- 
ñor, y que adonde quiera que estuviere le quiero ir ú 
vfr y hicor lo que mandare. Y los embajadores dijeron 
que irían y se lo dirían ; mas que las vistas que dice, 
que entienden que son por demíls, Y envió Cortés con 
aquellos mensateros & Montezuma de la pobreza que 
traíamos , que era una copa de vidrio de Florencia , la-« 
brada y dorada , con muchas arboledas y monterías que 
estaban en la copa , y tres camisas de holanda, y olxas 
cosas, y les encomendé la respuesta. Fuéronse estos 
dos gobernadores, y quedé en el real Pitatpitoque, que 
parece ser te dieron cargo los demíscrimlosde Monle- 
zuma para que trújese lo comida de los pueblos mas 
cercanos. Dejallo hé aqui , y diré lo que ea nuestro real 
pasó. 

CAPITULO XI. 

Cdwn Corlti eund i basttf otra puertD f tileal» parí paMv, 
y \q gut: scitfre ellu ic hizo. 

Despachados losmensajeros para Méjico, luego Cor- 
tés muudó ir dos navios i descubrir la costa adelante, 
y por capitán dallos & Francisco de Monlejo, y le raju- 



lirsee) viaje (¡UG habiainos llevado con Juan 
rtfsKa , rNil^que til mismo Montcjo había venido en 
stn conipitñiii yiM Grijalvo, y que procurase bus- 
r puerto seguro y mirase por tierras en que pudiese- 
fUr, porque bien visque en aquellos arenales no 
liamos valer de mosquitos y estar ton léjfls de 
áon«s; y matulo al piloto Alaminos y Juíin Alvares 
I Masquillo , fueseij por pilotos, porque subiuit aquella 
Día , f que diez días navegase costa ú costa todo lo 
tpudScseD ; y fucroo de la manera que les fué dicho 
[mandado , y llegaron al paraje «Id rio Grande, que es 
id« Panuco, a<!ondc otra vez llegamos cuando lo 
I capilan Juan de Grijalva , y desde dli adelanle no 
|idi«roD pasar, por liis grandes corrientes. Y viendo 
ella mala oavegncion , di6 Ea vuelta & San Juan de 
I, sin mas pasar adelante, ni otra relacinn , eiceplo 
I doce leguas de allí hablan visto un pueblo como 
tilcra, el cual pueblo se llamaba Quiahuistlan, y que 
crea di aquel pucbln estaba un pu>3rto que le parecía 
l^to Alaminos que pudrían estar seguros las navios 
i norte ; púsos^le un nombre feo, que es el tal de Ber- 
I, (|ue parecía á otro puerto que hay en Bspaña que 
, aquel propio nombre feo ; y en estas ¡das y veid- 
t pasaron al Muntejo diez ó doce días. Y volveré i 
■que el indio F'ilalpitoque, que quedaba para traer 
^comida, aflnjó de tal manera, que nunca mas irujoco- 
inioguna; y teníamos entonces gran faltu de maute- 
DÍentos , purque ya el cazabe amargaba de mohoso, 
ido y socio de fitulas, y si no íbamos ú mariscar no 
^miamos , y los indios que solían traer oro y gallinas 
atar, ya no venían tatitos como al principio, y estos 
1 acudiin, muy recatados y medrosos; y estábamos 
irdandoáliK indios i:ieussjerús que lueruii á Méjico 
rliorat. Y estando desla manera , vuelve Teadilecon 
bos indios , y después de habar heclio el acato que 
I entre ellos de zahumar á Corles y i todos nos- 
(,diúdiei cargáis de mantas de pluma muy Gday 
ai, ycuatrochatcliuites, que son unas piedras ver- 
de muy {iran valor, y tenidas en mas estima entre 
tlloi, mas quo no<otro« las esmeraldas , y es color ver- 
I, y ciertas piezas de oro, que dijeron que valia el oro, 
itoaclMlchuiles. tres mil pesos; y cotonees vinieron 
^Teadtle y ["italpitoque, porque el otro gran cacique, 
itedccia Quinialbor, novoivíú mas, porque liabia 
I en elcamino ¡ y aquellos dos gobernadores su 
con Cortés y doñit Marina y Aguilar, y le di- 
iq|iM Mteñar Mnntcziima recibió el presente y que 
ibolgó coa él, é que en cuanto ó la vista, que no le ha- 
mas «ibre ello, y que aquellas ri'^s piedras de 
boitas que las envía para el gran Emperador, por- 
iMMBtaB ricas, que vale cada una dellas una granear- 
de oro, y que en mas estima los tenia , y que ya no 
1 4a caviar mas mensajeros á Méjico, Y Cortés les 
i la% gracias con ofrecimientos ; v- ciertamente que le 
) 4 Cort¿3 que t«u claramente le decían que no po- 
Ttr al liontczuma , y dijo aciertos soldados 
I allf DM hallamos : a Verdaderamente debe de ser 
roo señor y rico, y si Oíos quisiere, atgun día le hemos 
'is ir i ver.* V ra^odimos los noldado^ ; «Ya querria- 
aoaeatar envudt<«coa él.» Dejemos pnr agora los víg~ 
>!<tis*n>ot qae en aquella sazón era hora del Ave- 




María, y en el real teníamos lina campana, y todos nos 
arrodíllamosdelante do unacru?. que teníamos puesta 
en un medañude aroiia, el ninsallo, y dekinte de aquella 
cruz deciaraosla oración de la Ave-Maria : y como Ti'ii- 
dile y Piíalpitoque ñus vieron así arrodillar, como eran 
indios muy entrometidos, preguntvon que á qué tin 
QOs humillábamos delantedc aquel palotif?chude aque- 
lla manera. Y como Coríés lo oyó, y el fraile de la Mer- 
ced estaba presente , lo dijo Cortos al fraile : « Bien es 
agora, Padre, que hay buena materia para ello, <)ueUís 
demos 4 entender connuestrastenguas las cosas itjwm- 
tesá nuestra sania fe ; u y entonces so les hizo uu luo 
buen razonamiento para eu tal tiempo, queunos bnetios 
teólogos no lo dijenio mejor; y después de declaradir 
cómo somos cristianóse todas las cosas tocantes -i nues- 
tra santa fe que se convenian decir, les dijeron que 
sus ídolos son mutas y que no son buenos; que huyen 
de donde está aquella señal de la cruz , porque on otra 
de aquella hechura padeció muerte y pasión el Señor 
del cielo y de la tierra y de todo lo criado , que es el en 
que nosotros adoramos y creemos, que es nuestro Dios 
verdadero, que se dice .lesucrislo, y que quiso sufrir y 
pasar oqiiella muerlepnrsalvariodo el género humano, 
y que resucitó al tercero dia y está en los cielos, y que 
lubcmosde serju7garlos<tél; y se les dijo otras muchas 
cosas muy perfectamente dichas, y las entendían bien, 
y respondían cómo ellos lo dirían á su señor Hontczu- 
uia ; y también se les declaró que una «le las cosas por 
que nos envió ú estas parles nuestro gran emperador 
fué pura quitar que no sacriíícasen ningunos indios ui 
otra manera de sacrificios malos que hocen , ni so ro- 
basen unos á otros , ni adorasen aquellas malililas Ijgu- 
ríis; y que les ruega que pongan eo su ciudad, eu lol 
adoratorios donde están los ídolos que ellos tienen por 
dioces, una cruz como aquella, y pongan uiia im:igea 
de nuestra Señora, que allí les dio , con su Hijo precio» 
so en los brazos, y verán cuánto bien les va y lo que 
nuestro Dios por ellos hace. V porqno pasaron otros 
muchos razouamientns, é yo ou ¡os «abré escribir tan 
por extenso , lu dejuí e, y traeré b la memoria que como 
TÍnieroncon Tendile muchos indios e^ia p»s¡r>Ta veza 
rescatar piezas de oro, y no de mucho valor, todos los 
soldados lo rescatábamos; y aquel oro que rescataba-' 
[iiosdábamosá los hombres que traimos de la mar, que 
iban t pescar, átrui'co de supescudo, para tener de co- 
mer; porque de otra manera paíábam os mucha nece- 
sidad de hambre, y Curies se holgaba dello y Id disi- 
tnulaba , aunque lo veía, y so lo liecian muchos criadoi 
y amigos de Diego Vehizquez que para qué nosdejaUi 
rescatar. Y loque sobre ello pasó diré adelante. 

. CAPITULO XLI. 

D* la qi» M kin" •«)>'« «1 tnttMú*Í«t0, y it ntr» ru» «ar en 

el reí I p^saton. 

0)mo 'ifiron los amigos de Diego Velazquez, goher- 
ludor de Cuba , que algunos soldados rcicatAbamos 
oro , dijéronselo á Cortés que para qué lo consentía, y 
<|ua no jo envió Diego Velazquez para que los soldados 
llevasen todo el mas oro, y que era bien mandur prego- 
narque no rescatasen mas de ahí adelante , sino fue- 
be el mismo Cortés , y io que hubiesen habido , que lo 



.í« 



BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. 



Imuaífeitu-WR para sacar el real quinto, ¿que so {iil^iosc 
is persona que fuese coiiveiiiuuie paru cargo de leso- 

rcero. Corles ú todo dijo que era bien lo quedecian, ifqut; 

Ik tal persona uomtira^n ellos; y seüalaron á un Uun- 
■aloMejiíi. Y después dcslo lieciio,lesdíj'> Cortés, no Je 

I Ituen semblante : aMird , señores , que nuestros compa^ 
fieros pasan gran trabajo de nn tcnercoii qué se sustentar, 

I y por esta causA liubíamos de disimular, porque todos 

I comiesen ; cu» uto mas que es una misi^ria cuiínto res- 

( CJiluD.que, ilieilíarilu Uíos, miiclioes lo quclmbemos de 
liaber, porque todas tas cosas lieneu su liaz y cu vén ; ya 
«stíS pregonado que no ruscaleu uius oro , como habéis 
querida ; veremos de qué conierémes. » Aqui es donde 
dice el corotiisla Góinura que lo liacia Curies porijue 
no creyese Moule^uma que se nos duba nada por oro ; y 
no le informaron bien , que desde lo de ürijalra en el 
rio de Banderas lo sabia muy clurameute; y demás des- 
to , cuando lo enviamos a demandar el cusco de oro en 

, granos de las minas , y nos vciati rescatar. Pues que , 
¡geuto mejicana para no entendellot V dejemos esto 
pues dice que por iurormaciuii lo sabe; y digamos có~ 
tno uiui mañana no amaneció indio ninf;uno de los que 
estaban en las cliozas , que solían traer de conier , ni 
los que rescataban, y con ellos Pitatpiloque , que sin 
liiblur palaUra se fueron Imyendo; y la causa fué, se- 
gún después alcanzamos á saber, que se lo envió á man- 
dar Monteiuma, que uo aguardase mas plálicns de Cor- 
tes ni de los que con él estábamos ; porque parece ser 
cómo el Iklontezuina era muy devato de sus ídolos, que 
M deciin Tezcatepuca y Huicbilobns; el uno decían que 
«ra dios de la guerra, y d Tezcatepuca el dios del io- 
iiernn, y les sacrificaba cada dia mucliacbos para que 
le diesen respuesta de lo que habla de hacer de nos- 
otros, porque ya el Uontczuma tenia pensamiento quf? 

. si no nos tornábamos á ir en los navios, denos haber 
todos á las manos para que ¡liciésemos geueraciou , j- 
también para tener que sucrilicar; según después su- 
pimos, ia respuesta que le dieron sus Ídolos fué que 
1)0 curase de oir & Cortés , ni las palabras que le envía ba 
t decir que tuviese cruz y la imígeu de nuestra Seño- 
ra , que no ta trujasen á su ciudad ; y por esta causa 
ce fueron sin hablar. Y como vimos tnt novedad , creí- 
moisque siempro estaban de guerra, y estábamos muy 
rnai á punto apercebidos. Y un dia estando yo y otro 
soldado puestos por espías en unos arenales, vimos ve- 
nir por la playa cinco indios , y por no liacer alboro- 
to por poca cosa en el real , los dejamos allegar & nos- 
otros , y con alegres rastros nos hicieron reverencia » 
su usanza, y por señas nos dijeron que los llevdsemus 
al real ; y yo dije á mi compaíiero que se quedase en el 
ptjeslo, é yo iría con ellos , que en aquella sazón no mu 
pesaban tos piús como agora, que soy viejo ; y cuando 
llegaron adonde Cortea estaba, le hicieron grande aca- 
to y te dijeran: aLopeIucio,lopalucío;n que quiere decir 
en la lengua totonaque, señor y grao señor; y traían 
unos grandes agujeros en los bezos de abajo, y en ellos 
unas rodajas de piedras pintadíllas de azul, y otros con 
naoh bojasde oro delgadas, y en las o rejas muy grandes 
agujeros, y en ellos puestas otms rodaja» de uro y pie- 
dn«, y muy dirurente traje y liahla que tratan A lo de 
ktdnsjicanai que aoliau allí «atar eo los ranchos coa 



I nosotros, queenviitelgninMonteztima; y comodona U.I- 
I riña y Aguílar , los lenguas, oyerun aquello de lojMu- 
cio, no lo entendieron; dijo la duna Marina en la íea- 
I gua mejicana que si babiaalli enire ellos naeyauíiloi, 
i quesou inlérprelesde la lengua mejicana; y respondieron 
los dos de aquellas cinco que sí, que ellos la euteudiau 
y hablarían ; y dijeron luego eu la lengua mejicana que 
somos bieu venidos , é que su señor les enviaba á sab«r 
quién 6ramos, y que se búlgara servir á hombres tan 
esfur/ados , ponjue pan.'cc ser ya sabían lo de Tnbaseo 
y lo do PotnuL'hau; y mas dijeron, que ya hubieran v«t- 
nido á vernos , si uo fuera por temor de los de Culua, 
que debian estar allí con uosotros; y Culúa entiénde- 
se por mejicanos, que es como si dijésemos cortloboses 
*!) villanos; é que supienm que había tres días que se 
habían ido huyendo á sus tierras; y de plútíra cu ^- 
ticasupu Cortés cómo tenía Montezuma enemigos y cun- 
trurlos ,de lo cual se holgó ; y con didivas y halagos qua 
leshi/o, despidió aquellos cinco mensajeros, y lusdija 
que dijesen ú su señor que él los iría ¿ ver muy presto. 
Á aquellos indios llamábamos úcmUí uhi adelante los 
lopelocios. Y dcjallos he agora , y pasemos adelante 
y digamos que eii aquellos areqales donde estábamos 
liabia sienjpre niui.lius niusquiius zantudus, cuiuu de 
los chicus que Human leieiies, y sou peores que Ins 
prandes, y no podiumos dormir dellos, y no liabia bas- 
timentos, y el ca/abe se apncuha, y muy mohoso y 
sucio de tas fatulas , y algunos soldados de los que so- 
lían tener indios eu la isla de Culm suspirando contí- 
nuamenlo por volverse i sus casas , y en especial los 
crísdosy amigos deDíego Volazquez. YcomoCortésasí 
vido la cosa y voluntades, mandó que nos fuésemos al 
pueblo ()uc liabia visto el Mnntijoy el piloto Alaminos 
que estaba en fortaleza, que St; dice Quiabuistlan, y que 
los navios es tari a ii al abrigo del peñol par rai nombrado. 
Y como se poniapor la obra para nos ir, todos tos amigos, 
deudos y criados del Diego \'elaiquez dijeron fi Corlé» 
que para qué quería bucer aquel viaje sin bastimentos, 
é que no tenía posíbUídad pura pasar mas udelanle, 
porque ya se habían muerto eu el reul de heridas de lo 
de Tnbaseo y de dolencias y hambre sobre treinta y 
cinco soldados , y que la tierra era grande y las pobla- 
ciones de mucha gente, é que nos darían guerra un üia 
que otro; y que seria mejor que nos volviésemos ft 
Cuba & dar cuenta úlíiego Velu/.quez del oro r&scu Lado, 
pues era cantidad, y de los graudes presentes de Mon- 
lczitma,que era el sol de oro y la luna de plata y el cas> 
eo de oro menudo de mtnn<! , y de todas lasjoyHS y ro- 
pa por mí referidas. Y Corles les respondió que no era 
buen consejo volver sin ver; porque basta entonces que 
no nos podíamos qu«]ar do la fortuna , é que diésemos 
gracias á Dios , que eu todo nos ayudaba ; y que en 
cuanto ü. los que se lian muerto , que en las guerras y 
Irabiijos suele aeauterer; y que seria bien sahcr lo que 
había cu la tierra , y que entre tanto del mak que te- 
nían los indios y pueblos cercanos coincriamos, 6 mal 
nos andarían las manos. Ycon esta respuesta so sosegó 
algo la parcialidad del Diego Velazquez, aunque no 
mucho; que ya Itabía corrillos dellos y plática en el real 
sobre la vuelta de Cuba. Y dejallo he aqui, y diré to que 
mus avino. 




CONQUISTA DE 
CAPITl'LO XLII. 

•tOMM I llrrain<a Corté» por o|ilUn gnrni f infltcii 
ts»U 4» ta mujesUil en «IJu ■uudiMi li> ijii« íaat íit- 
, } la que en cllu ic taita, 

h be tiicho que en el rool andahan los paricnles y 
» del Diego Veiazquez perturbando que iiu pnf^A- 
( adelante, y que ite»()e allí de San Juan deLlúa 
tJo lfiéwtiKM é la isla de Culia. Purece ser <]ue )>i 
i pláliciis Clin AlonM Hnrnandez Puerlocar- 
I Pedro de AII>arado, y sus cuatro licrmanos, 
añílalo, Cotnex y Juan, todos Alliarados, y con 
il de Olí , Alonso de Avila , Juan du Escalante, 
rnocisco de Lu|^ , y conmigo é otros cnltülleros y ca- 
I, que le pidiésemos por capitán. Kl francisco de 
I bien Id entcndiii, y estiUiusc & la rnira ; y iuki 
I i mas de media noelie viuiuron i ini clioisa el 
Heniandcx riiertociirroro y el Juan Escal»iit« 
jFrmBcitco de l.u^'o, que éramos algo deudos yo y el 
^Ogo, } áe una tierra, y niuitijurou : «Ali scfiur lleniul 
1 del l^UÜIo, siili acH con vuestras armas á roitdnr, 
tturi-uiusá Cortés, que anda rondando; n ycunn- 
^ttluve apartad» de U clioxa me dijerou : «Mirad, Sc- 
I secreto de un poco que agora os queremos 
qm pese niudio, y tiu lo entiendan los com- 
iqueesltúi cu vuestro rnni-lio, quesonde lapur- 
I Diego Vi-lazqucz;w y lu que ptaliraron fuÉ; o¿Par¿- 
, Señor , bien ipiu liernandu Corles asi nos liaya 
Ja engañados á todos , y dio prc|>iiue5 cu CnliEt que 
. i pol'lur , y alior.i liemos sidmlo que no trais po- 
' pera ello, sino para rescatar, y quierun que no^ val- 
la Staliígo de Cuba coa Imto el oro que se lia lia- 
, jrqoedurémos todos perdidos, y lomarsu lia el oro el 
iVelizqiiez , como la otra vez '/Mirü, Señor, que lia- 
lyen Lio ya tresverescno esta postrera, gastando vues- 
ihaberes , y lisbois queilodo empeñado, aventurando 
tlavitlaeou tantas tieriilas; liacÉmoslo, Se- 
k^athet, porque no pase esto adelante; y estamos mn- 
icabslleros que sahornos que souam¡i;osde vuestra 
I, para que esta tierra se pueblo en nombre de su 
ad , y lleruando Curtét en su real nombre, y en te- 
i^neteugatnos posibilidad hacello saber eoCiisií- 
ro rey y señor. Y ten(?a, Señor, cuidado de dar 
ique todos le elijamos por capitán deunini- 
I, porque es servicio de Dios y de nuestro 
fcf Mtar.* Yo respondí que la ida de Cuba no ern 
IMOHdo, y que sería bien que la tierra se poblase, 
I clieiéaeiiius á Cortés por general y justicia mayor 
1 su majestad otra cosa mandase. Y andando 
I 60 soldado eslú concierto , alcanzáronlo á 
loe deudos y amigos del Diego Veluzquez , que 
I nucbos mas que nosotros , y con palabras algo 
idijeroft i Cortés que para qué andaba con ma- 
I fmn 4|uedarso en aquesta tierra sin ir á dar cuenta 
kenviáparaier capitán; porque Diego Velaz- 
I no M to teniia i Ima; y que luego nos Tuéscmos 
■r, y que no enrase de mas rodeos y andar 
I •atielu con los soldados , pues no tenia bastimeii- 
■i gaole nj posibilidad para que pudiese poblar. 
respondió sin mostrar enojo, y dijo que le 
[,qne no iría centra las inslruccínnes y memo- 
(Itaia del señor Diego Velazquez; yiniodú tue- 



NUEVA-ESPAffií, )7 

pi> pregonar que para otro dia todos nos embnrcSse- 
nios, cada uno en el navio que liabfa venido ; y los que 
Imbiamos sido en el concierto le respondimos que no 
era binn traernos engañados; que en Cuba prcgonAqiin 
venia lí poblar équo viene iS rescatar, y que lo reqne- 
rinmos de parte de Dios nuestro Señor y de su majes- 
tad quo luego poblase , y no bicicso otra cosr», porque 
era muy gran bien y servicio do Dios y de su majestad ; 
y se le dijeron muclms cosas bien dicbas sobre el caso, 
diciendoquB los naturales no nos dejarían desembarcar 
otra vez como ahora , y que en estar poblad» acuesta 
tierra siempre acudirían de todas las islas soldados pa- 
ra nos ayudar, y que Vela^quez nos habia echado & per. 
dercon publicar quo tenia provisiones de su majestad 
para poblar, siendo al contrario; é que nosotros quería- 
mos poblar , é que se Titese quien quisiese 4 Cuba. Por 
manera que Cortés lo aceptí , y aunque se liaeia mu- 
cho de rogar, y como dice el refrán : « Tú me lo ruegas 
é yo meló quiero;» y fue con condición que le hiciése- 
mos justicia mayor y capitán general; y lo peor de loib 
quo le olor>nimos, que le daríamos elquinto detoro de 
lo que se liubiese, después de sacado el real quinto , y 
luego le dimos poderes muy bastantisimosdclniUedi! un 
escribano del itey , que se deciu Diego de Godoy, para 
todo lo por mí aquí dicho. Y luego ordenamos de bacer 
y fundaré poblar una villa , que se nombró la villa ri- 
ca de la Veracruz, porque llegamos jueves de ia Cena, 
y desembarcamos en vii'rnes santo de la Cruz , é rica 
por aquel caballero que dije en el capitulo, que selleg6 
& Cortés y le dijo que mirase las tierras ricas : y que so 
supiese bien gobernar, é quiso decir que se quedase 
por capitán general; el cual era el Alonso He rus ndci 
Puertocarrero. Y volvamos ú nuestra relación : que fiin- 
duda la villa , hicimos alcalde y regidores, y fueron lOs 
primeros alcaldes Alonso Hernández Puertocarrero , 
Francisco de Mootejo, y & este Montejo, porque no es- 
taba muy bien con Cortés, por melelle en los prime- 
ros y principal , le mandó nombrar por alcalde ; y 
los regidores dejallos he de escribir , porque no liare 
ai coso que nombre algunos , j diré cómo se puso una 
picola en la plata, y fuera de la villa una horca , y se- 
ñalemos por capitán para las cntrailas ú Pedro de Alba- 
rudo ,y niaeslre decnmpoá Cristóbal de Olí, alguacil 
mayor á Juan de E^scabute , y tesorero Gonzulo Uejfa , 
y contador ú Alonso do Avila , y alférez í Hulano Cor- 
ral, porque el Villarea) , que liabia sido alférez, no so 
qué enojo liabia becho'ú Cortés sobre una indiada Cu- 
ba, y se le quita el cargo; y alguacil del real A Ocboa, 
vücalno, y ú un Alonso Romero. Dirán ahora cúi v) no 
nombro en esta relación al capitán Gonzalo de Siaado- 
val , siendo un capitán tan nombrado , que despuás de 
Cortés , fué la segunda persona, y de quien tanta noti- 
cia tuvo el lilmperador nuestro señor. A esto di^oque, 
como era mancebo entonces, no se turo tanta cuenta 
ccn él Y <^*>i otros valerosos capilnnes; que lo vimos 
ílorecer en tanta manera , quo Cortés y todos los sol- 
dados le teníamos eu tanta eslima como al mismo Cor- 
tés, como adelante diré. Y quedarse lia aquí esta rela- 
ción ; y diré cómo el eoronísla COmora dice que por 
relación sabe lo que escribe; y esto que aquí digo, pasd 
sa¡; y eu todo lo demás que escribe no lo dieron btiena 



38 



BERNAL DUZ DEL CASTILLO. 



cuenta de lo que dice. E otra co» veo , que paru que ^ 
parezca $er verdad lo que eu ellu escribe, todo bq<ie eü . 
elcaso pone es muy al revés, por muí buena relúríua que 
en el escribir ponga. Y dejallo he, y diré lo que la par- 
ciuitdaddel Diego Velazquez liizo sobre que no fuese por 
t'upilau elegido Cortés , y nús volviéseniMS i la isla de I 
Cuba. [ 

CAPITULO XLIII. t 

Olmo li titcUUúii de Diego VeUitaei pírturbíba tí paiet n^t I 
lliíianiBs dado i Corléü, j Iú que sobre ctto it Mío. ¡ 

Y desque la parcialidad de Ditigo Vekzques vieron 

^^uc de heclio liabium os elegido á Cortés por capitán 
^general y justicia mayor, y unmbraila la villa y alcaldes 
ty regidores, y nombrado capitán 6 Pedro da Albarado, 
M alguacil mayor y miieíilrede campoy todo lo por mí di- 
¿cl)o, estaban tnn etinjados y rabiosas, que comenzaron 
fi armar bandosé chirinolas, y aun palabras muy malrii- 
j citas con tra Cortés y contra los que le elegimos, é q lie lio 
L«ra bien beclioíin ser sabidoresricllo todos los cnpi tañes 
f 'jsoldádosquoallí veniun, yqueno ledi(í talespoderus 
«i Diego Ve lazquez, sínopurare^^catar, y harto teníamos 
, Jos del bando de Cortés do mirar que no se desvcrgon- 
[tcnscn mas y viniésemos ti las arntus ; y entonces avisó 
I Corles secretjimente á Juan de Escalante que le hicié- 
remos parecerías instrucciones que traía del Diego Ve- 
lazquez; por lo cual luego Cortés las *ac(i del seno y las 
-tlió aun escribano del Rey que ios leyese, y decía en ellas: 
NDca|ue Itubiéredes rescatada lomas que pudiéredes, 
-OS volveréis;» y venia o Jirmadas del Diego Velaiqueí y 
f refrendadas de su scci-elario Andrés de Duero. Pedi- 
tifliosá Cortés que las mandase encorparnr juntamente 
con el poder que le dimos, y asimismo el pregón que se 
dio en la isla de Cuba; ycslofueá causa que su majes- 
tad supiese en E^p;iña ctimo lodo lo que liaríamos era 
en su real servicio, y do nos levantasen alguna cosa con- 
traria ile la verdad ; y fué liarlo buen acuerdo según en 
Castilla nos trataba don Juan Rniiríguez de I'"nnscca, 
obispo de Burgos y arzobispo de ít osano , que asi se llama- 
ba; lo cual supimos pof muy cierto que añilaba por nos 
destruir, y todo por ser mal informado, como adelante 
<liré. Hecho esto, volvieron otra voíi lr>s mismos omi- 
sos; criados del Diego Vetazquez ú decir que no es- 
', taba bien liecbo haberle elegido sin ellos, é que no que- 
riinesiardebajode su mandado, sino volverse luego ¡i la 
isla de Cuba ; y Cortés les respondía que él no detcrnia 
á ninguno por fuerza, é é cualquiera que te viniese á 
pedir licencia se la daria rto bueno voluntad, aunque se 
«juedase solo; y cun esto los asosegó á algunos dellos, 
exceptoal Juan de Velazque?: de León, que era parien- 
te del Diego Veiazquez, é ú Diego de Orditif, y A Esco- 
bar, que llamábamos el l'aje porque habiastilo criado 
del DiegoVelasKjueíjy á Pedro Escudero y ú otros ami- 
gos del Diego Veiazquez ; y á tanto vino la co<^¿i , que 
pbcn ni mucho le querían ohodecer, y Cortés con nues- 
tro favor dctennimS de prender al Juan Vi'lazquez de 
Loen , y ni Diego fie Ordás, j á Escobar el Paje, é & Pe- 
dro Escudero, y á otros que ya no me acuerdo; y por los 
demás mirábamos no hubiese algún ruido , y estuvie- 
ron presos con cadenas y velas que le» Tnaodalm poner 
eicTlos dias. Y pMaré adelantr , y dirécúBofaé Pedro 



de Albarado A entrar en un puehto corea de allí. Aquí 
dice el coronísta Gémora en su Historia muy «I coutra» 
rio de toque pasú, y quien viere su Historia «vrá ser 
muy eitremado en lirihliir, é ^i bien le informaran, él 
dijera lo que pasaba ; ñas todo es mentiras. 

CAPITULO XLIV. 

(SAm* t*t ordi'iiüila dr eiiiiiT i Pedra dr Albarado 1> Uem ato' 
Ir» i buacgr juali j baatiuisaloi, ; lo que sai put. 

Ya que Imbiamos hecho y ordenado lo por nní sqni 
dicho , acordamos que fuese Pedro de Albarado U tier- 
ra adentro á unoi pueblos q'io leniamo» noticia que 
estaban cerca, para i|ue viese qué tierra era r para traer 
mh'a é algún bailímento , porque en el real pasábamos 
mucha necesidad; y llevd cien soldados, y entre ellos 
quince bullesteros y seis escopeteros , y eran destos sol- 
dados mas de la mitad de la parcialidad de Die^ Ve- 
iazquez , y quedamos con Cortés lodos los de su ban- 
do , por temor no hubiese mas ruido ui chiiínola y se 
levantasen contra él , hasta asegurar mas la co5o;v 
desta manera fué el Albarado S unos pueblos pequeños, 
sujetos de otro pueblo que se decía CosUistlan, queeri 
delenguadeCulúa;yestonombrcdeCulÚBescnaquell« 
tierra como si dijesen los romanos hallados; asi es toda 
la leogUB de la parcialidad de Méjico y de Monteiutnt; 
y ft este linen toda aquesta tierra cuando dijere Culíia 
son vasallos y sujetos A Méjico, y asi se lia de entender. 
Y llegado Pedro de Albarado ó los pueblos, todos esta- 
ban despoblados do aquel mismo día, y Irallósucrítict- 
dosenunoscuoshombresymuchaclios, y las paredes y 
altares de sus ¡dolos con sangre , y los corazones pre- 
sentados A los ídolos; y también hallaron las piedras so- 
bre que los sacrilicaban, y los cuchillazos de pedernal 
con que los ahrion por los pechos para les sacar los co- 
razones. Dijo e) Pedro de Albarado qtre habían hallado 
todos los mas de aquellos cuerpos sin brazos y piernas. 
E que dijeron otros indios que los habian llevado para 
comer; délo cual nuestros soldados se admiraron mu- 
cho de tan grandes crueldades. Y dejemos de hablar de 
tanto sacrificio, pues dende allí adelante en ciida pue- 
blo no liallíbamos olracosa. Y volvamos 4 Pedro de 
Albarado, que aquellos pueblos loa halló muy abasteci- 
dos de comida y despoblad os de aquel dia de indios, que 
no pudo hallar sino dos indios que le trajeron maii; y 
así, hubo de cargar cada soldado de gallinas y de otras 
legumbres ; y volvióse al real sin mas daño les hacer, 
aunque halló bien en qoé , porque así se lo monda Cor- 
tés , que no fuese como lo de Coiumel; y en el real nos 
hoigaiuos con aquel poco hoslimeiito que trujo , porque 
todos los niales y trabajo* se pasan con el comer. Aquí 
es donde dice el corouista Gómora que fué Cortés la 
tierra adestró con cuatrocientos soldados; no leinror- 
maron bien , que el primero que fué es el por mi aquí 
dicho, y no otro, Y tornemos li mieslra plática : que co- 
mo Cortés en todo poniagraTi diligencia, procuró de h«- 
eerse amigo con la parcialidad del Diego Veiazquez, 
porque & unos con diidtvas del oro que htihiamns habi- 
do, que quebranta peñas , é oíros promelimieutof, los 
nirajo ó sj y tos socó de las prisiones, excepto Juan Ve- 
iazquez de León y a! Diego de Ordá* , que estaban en 
cadenas en los navios, y deode á pocos días también los 




CONQUISTA DE 
da laa prisiones , J liiio tan buenos i Terdaderos 
dellós cuinú udelurile veráu , y loiío con el oro, 
lUU. Y ú tudas h% cosas pucsUseoesteesUido, 
di> nos ir al puelilo que estaba en la forlale- 
fti otra tu por iní roemorndo , que se dice Quia- 
iijtiao , y que tus navios se fuesen al [teñol y puerlo 
eslata eufieule de aquel pueblo obra de unalc- 
; é jeodo cosía & costa , acuerdóme que se ma- 
gno pescado que le ecliÓ tu mar en la costa ea 
j IlegiiRK» ¿ un rio donde está poblada aliora la 
icrut , y íetii.i algo liondo , j con unas canoas que- 
idaí lo (Misamos, yo íi nado y en balsas, y de uquella 
Xt del rio estubuu unos pueblos sujetos & otro graa 
blo que te decía Cempoal, donde eran natura- 
Ios duco indio* de los bezotes de oro que be dicho 
le Tinieroo por rneusajcros á Cortés , que les llama- 
) lopelucios ea el real , y bailamos las casas de ído- 
jf s«criticador6£ , y sangre derramada y encieosos 
nqoe zahumaban, y oíros cosas de ídolos y de piedras 
QPoqu* sóCríScabao, y plumas de papagayos y muchos 
fibras do lu papel cosidos i dobleces, como á manera 
d* paoos de Castilla , y no bailamos indios ningunos, 
te luibian ya huido ¡ que , vomo no hablan visto 
coiso Dosolros ni caballos, tuvieron temor , y 
lis noche no buho qu^ cenar; camioumos la tier- 
o búcia el poniente , y dcjamus la cosía , y no 
«■Wutt9S el ctm iuo,ytopamosuno3bi!enosprudosque 
Buou habuus, y estaban paciendo unos venados, y 
«orrló Pedro de Albarado con su yegua ala;;ana tras un 
«■Mito y le dio una lanzada, y herido , se metió por un 
maote, que no se pudo babcr. Y eslando en esto, vimos 
letiirdoce indios que eran vecinosde aquellas estancias 
•ude babiamos dormido, j venian de hablar á su caci- 
Ininn gallinas y [lau de maiz, y dijeron i Corles 
iMtris lenguas que su señor enviaba aquellas ga- 
'-omiésemos, y nos rogaba que ruásemos úsu 
, lia estaba de alli, A lo que señalaron , andadura 
un día, porque e5 un sol; y Cortos les dio las gracias y 
bálago, ycaminainos addante y dormimes en otro 
lo pequeño, que también tenía hechos muchos sa- 
ios. Y porque estarán hartos de oir de tantos indios 
é iodiüsque bailábamos sacrilicados en todos los pue- 
blos y caminos que top^k hamos , pasaré adelante sin lor- 
á decir lie que n¡uiiera é qué cosas tenían; y diré 
eu aquel píjcbleiuelo de cenar, y supi- 
Srnijionl el camino para ir al Quiuhuist- 
ho , que ,^ a he dicho que estaba en una sierra, y pasaré 
ileliioic, y diré ctimu entramos en Ceuipoal> 

CAPmvLO XLV. 

'«•Inaoi «o C.rm^ail, qor «n iqnclli siitin eri mi baeni 
piililicioit, fio iiae lili piiinot. 

dormimos en aquel pueblo donde nos apo- 
pa indios que he dicbo, y después de bien 
I íTamiiioque habíamos do llevar para ir 
on el peñol , muy de mañanase to 
> aciquijs do Cempoal cómo Íbamos 
I M pueblo, y que lo tuviesen por bien; y para ello cu- 
ió Cortés los iHK indios por mensajeros , y los otros 
etí quedaron pjni que nos cuiasen ; y mandó Cortés 
poner en íntcii los tiros y esccfelas y ballesteros , y 



nueva-espaSa. 



» 








siempre corredores del campo descubriendo , y tos de 
á caballo y todos los demís muy apcrcebiJos. Y desta 
manera cainiuamos basla que llegamos una legua del 
pueblo ; é ya que estábamos cerca del , salieron veíate 
indios principales & nos recebír de parte del Cacique , 
y Irujeron unas pinas rojas de la tierra, muy olorosas, y 
tas dieron á Cortés y 1 los do i caballo con gran amor, j 
le dijeron que su señor nos estaba esperando en los 
aposentos , y por ser hombre muy gordo y pesado na 
podía veiiirá nos recebír; y Cortés les dio las gracias , j 
se fueron adelante. E ya que íbamos eatrando entre las 
casas, desque vimos tan gran pueblo , y no habíamos 
visto otro mayor, nos adrairdmos mucho dello ; y como 
estaba tan vicioso y hecho un verjel , y tau poblado de 
tiombresy mujet-es las calles lleaasque nos salianá ver, 
díbamos muchos loores á Dios, que tales tierras habia- 
mos descubierto; y nuestros corredores del campo, que 
ilion & caballo, parece ser llcpron á la gran plaio y pa- 
tios doude estaban los aposentos, y de pocos días, se- 
gún pareció, teníanlos muy encalad os y relucientes, 
que lo saben muy bien hacer, y parecida! uno de los 
de d caballo que era aquello hknco que relucía pla- 
ta, y vuelve á rienda suelta á decir 4 Cortés cúmo le- 
oian las paredes de plata. Y duna Marina é Aguikr di- 
jeron que seria yeso ó cal , y tuvimos bien que reír da 
su plata é freuesi, que siempre después le decíamos 
que todo lo blanco le parecía plata. Dejemos de lu hur- 
la , ydigamos cémo llegamos á los aposentos, y el caci- 
que gordo nos salía i recebír junto al palio, que porque 
era muy gordo asi le nombraré, ó bi^o muy gran reve- 
rencia (k Cortés ylezaburaiS, que asi lo tenían de cos- 
tumbre, y Cortés le abraza, y allí nos aposentaron eu 
unos aposentos harto buenos y grandes, que cabia[no.<; 
lodos, y nos dieron da comer y pusieron unos cestos de 
ciruelas, que había muchas, parqueara tiempo deltas, 
y pan de maíz; y como veníamos ha mbri^.'nlos, y no íia- 
Liamos visto otro tanto bastimento como entonces, pu- 
simos nombre ú aquel pueblo Vilhivicioso , y otros lo 
nombraron Sevilla. Mandó Cvrt«9 que ningún soldado 
les hiciese enojo ni se apartase de aquella plaza. Y 
cuando el cacique gordo supo que habíamos comido, lo 
envié & decir á Cortés que le quería ir á ver, é vino con 
buena copia de indi os principa les, y todos traían grao- 
<les bocetos de oroé ricas mantas ; y Cortés también les 
salió al encui'Htro del aposento, y con grandes caricias 
y halagos le torné & abrazar; y luego mandó el caciquu 
gordo que Irujcscn un presente que tenía aparejado 
de cosas de joyas de oro y mantas , aunque no fui mu- 
clio, sino depoco valor, y le dijo á Cortés: oLopelucio, 
lopelucio, recibe esto de buena voluntad;» é que sí mas 
tuviera , que se lo diera. Ya be dicho que en lengua to- 
lonaque dijeron señor y gran señor, cuando dicen lo- 
pelucío, etc. Y Corles le dijo con doña Marinaé Aguilar 
queél sclopagaríaeobuenasobras, éqiieloque liuhieso 
mencsler, que se lo dijese, quu (o hurta por ellos; por- 
que somos vasallos de un tan ytan señor, que es el em- 
perador don Carlos, que manda muchos reinos y seuQ- 
riiis, y que nos envía para des! laccr agravios y castigar 
ú los malo<), y mandar que no sacríricasen masinimas; 
y se les díó .i entender otras muchas cosas locantes li 
iiucstrn sania fe.Yluegocimoaqucllo'jyóelcaciqui'gor- 



iO BERNAL DÍAZ 

do, dando suspiros, se quejó reciamente del gran Monte- 
sunm y de sus gobcraadores , diciendo que de poco liem* 
po sed le ttabiasojuzgado, y que le tialtiu I levado todus suj 
joyas de oro, y les tiene tan apremiadas, que no osan Im- 
cersJQO lo que les manda, porque es señor de grandes 
ciudades, tierras , e vasalbs y ejércitos de guerra. Y 
como Cortés entendió que de aquellas quejnaque dabao 
al presente no podían enlendür en ello , les dijo que é| 
baria do manera que fuesen desagraviados; y porque él 
iba ú ver sus acales (que en lengua de indius asi llaman 
i los navíosj , é hacer su estada é asiento en el pueblo 
Je Quiahuisilan , que desque allí esté de asiento se ve- 
rán mas de espacio ; y el cacique gordo le respondid 
muy concertadamente. Y otro dia de mañana salimos 
de Cempoal , y tenia aparejados sobre cualrocieiiíos in- 
dios de carga , que en aquellas partes llaman tamemes, 
que llevan dos arrobas de peso & cuestas y caminan cea 
ellas cinco leguas; y desque vimos tanto indio para car- 
ga nos holgamos, porque de antes siempre traíamos í 
cuestas nuestras mochilas los que no traian indios de 
Cuba, porque no pasaron en laarmada sino cinco ó seis, 
y no tantos como dice el Gúmora. Y doña Harina é 
Aguilar nos dijeron, que en aquestas ti o rra;;, que cuan- 
do e<ftán de paz sin demandar quien lleve la carga, las 
, caciques son obligados de dar d« aijuellos tamemes; y 
\ desde alli adelante, donde quiera que Íbamos demanda- 
bainos indios para las cargas. V despedido Cortés del 
. cacique gordo, olm dia caminamos nuestro camino, y 
fuimos adormir á un pueblcKuelo cerca de Quiahuist- 
I ]an , y estaba despoSiliíJu , y los de Ccnipoul trujeron de 
cenar. Aquí es dnnde ilíce el coronista Gúmora que e%- 
I 'tuvo Cortés muclios <lias en Cen)poaI, é que se concertó 
. U rebelión é liga contra Montezuma : no le informaron 
'bien; porque, como lie dicho, otro dia por la mañana 
''lalimos rie allí, y donde se concertó la rebelión j por 
qué cíiu!:a adelante lo diré. B quédese así, é digamos 
_cómo eulranius en Quialiuistlan. 

CAPITILO XLVI. 

CAiBV eDlramos rn Odiahuislláti , que en pueblo ¡lUesLO 
«D toruluj , j nos acoilerop úe pii 

Otro día, ú hora de las diez, llegamos en el pueblo 
ftierte.que se decia Quialiuistlan, que estd entre gran- 
des peñascos y muy altas cuestas , y si hubiera resis- 
tencia era mala de lomar. E yendo con buen concierto 
jordennuM, creyendo que estuviese de guerra, iba «I 
artillería delaolc, y todos subíamos en aquella rorUlem, 
do manera que si algo acontecía, hacer loque éramos 

• obligados. Entonces Alonso de Avila llevó carfio de ca- 
pitán; é como era soberbia é de mala condición, por- 
que un soldado que se decia llennitido Alntiso de Villii- 
Ducva no iba en buena ordenanza, te dio tm boic do 

' lanza en un braxo que le mancó; y desfuics se llamó 
liernando Alonso du Villa ruova el MariquÜlo. Dirán que 
siempre salgo de órdeu ul mejor tiempo por contar co- 

' »is viejas. Dejémoslo, y digamos que basta en la mitad 
de aquel pueblo no hallamos indio ninguno con quien 
hablar, de lo cual nos maravillamos , que se habiau ido 
liuyendo de miedo aque! propio dia ; é cuando nos vie- 
ron subir d sus casas, y estando en lo mas de la íorlu- 
teza en una plaza junto adonde tenían los cues é casas 



DEL CASTIILO.' 

grandes de sus fdolot, vimos estar quince Indios con 
buenas mantas, y cada uno ua brasero de brasas, j«n 
ellos de sus inciensos, y vinieron donde Cortés estaba y 
le zahumaron, y ft las soldados que cerca del los eftübt- 
inos , y con grandes reverencias le diceti que Iss per- 
donen porque no le lian salido & recebir, y que ruáse- 
mos bien venidos é que repasemos, é que de miedo se 
habían huido é ausentado basta ver qué cosas éramos, 
porque tenían miedo de nosotros y de los caballos, 6 
que aquella noche les mandarían poblar todo el pue* 
hlo; y Corles les mostró mucho amor, y les dijo ma- 
chas cosas tacantes á nuestra santa fe , como siempre 
lo teníamos de costumbre á da quiera que llegábamos, 
y que éramos vasallos de nuestro gran emperador don 
Curios , y les díó unas cuentas verdes é otras cosiltos 
de Castilla; y ellos trujeron luego gallinas y pan de 
iiiafz, Y estando en estas pláticas, vinieron luego á decir 
ú Cortés que venia el cacique gordo de Cempoal en an- 
das , y las andas á cuestas de muchos indios principa- 
les; y desque llegó el Cacique liubló con Cortés, jun- 
tamente con el cacique y otros principales de aquel 
puebla, dando tontas quejas de Monlexuma, ycontaba 
de sus grandes poderes , y decíalo con lágrimas y sus- 
piros, que Corlas y los que estibamos presentes tuvi- 
mos mancilla ; y demás de contar porqué vía é modo los 
habia sujetado, que cada anotes demandaban muchos 
de sus hijos y hijas para sacrJIicnr yotros para servir en 
sus casas y sementeras, y otras muchas quejas, que íue- 
ron tañías , que ya no se me acuerda ; y que los recau- 
dadores de Moutezuma les lomaban sus mujeres é hi- 
jas si eran hermosas , y las forzaban ; y que otro tanto 
hacían en aquellas tierras de la lengua de Totonaque, 
que erao mas de treinta pueblos; y Cortés tos consola* 
ba con nuestras lenguas cunólo podía , é que los favo- 
recería en lodo cuanto pudiese, y quitaría aquellos robos 
y agravios, y que para eso les envió d estas partes el Em- 
perador nuestro señor, é que no tuviesen pena ninguna, 
que presto venan lo que sobre ello baciamo^ ; y con es- 
lAS palabras recibieron algún comento , mas no se leí 
aseguraba el coraron con el gran temor que tenían i los 
mejicanos. Y estando en estas pláticas vinieron unos 
indios del mismo puelilo á decir á todoslos caciques que 
alli estaban hablando con Cortés, c6mo venían cinco 
mejicanos que eran los recaudadores de Monlezuma, é 
como los vieron se les perdió la color y temblaban de 
miedo, y dejan solo á Cortés y los salen á recibir, y de 
presto les enraman una sala y les guisan de comer y les 
hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que entre 
ellos beben ; v cuando entraron en el pueblo los cinco 
indios vinieren por donde eslibamos , porque allí esta- 
ban las casas del Cacique y nuestros aposentos ; y pasa- 
ron con tunta contenencia y presunción, que sin hablar 
& Cortés ni á ninguno de nosotras se fueron é pasaron 
delante; y traian ricas mantas labradas, y los brague- 
ros de la misma manera (que entonces bragueros se 
ponían), y el cabello lucio é alzado, como atado en la 
cabeza, y cada uno unas rosas olíénilolas, y mosquea- 
dores que les traian otros indios como criailus, y cada 
unoun bordón con un garabato en la mano, y muy acom- 
pañados de priticipales de otros pueblos de la lengua to- 
tonaque ; y hasta que los llevaron ú aposentar y les die- 



ÍJOtíQWSTA DE 
muy Altamente no les düíjaron de acom- 
lMpu¿s 1(110 butiieron comido mandaron lln- 
liqoo gorda é i los détnás príncipules, y les 
uclias ttmeiiazai y le« riñeron que por qué nos 
itpedado un $us (metilos , y les dijeron que qué 
an que lintilar y ver con nosotros, E que su 
Ketuma no era servido de aquello, porque sin 
lyoinmlndd no nos hobian de recoger en su 
cl«r joyos do oro. Y sobre ello al cacique gor- 
ilemiis principales les dijeron muchas nmena- 
I luef,'o les díe<>en veinle indiocé indias para 

■linses por el mal oQcto que habla heclio. 
luo, viéndole Cortés, preguntó á doña Ma- 
tou de Aguilar, nuestras lenguas, de qué 
borotados los caciques desque vinieron sque- 
(, é quién eran. E doña Marina, que muy bien 
M, se lo contó lo que pasaba; é luego Cortés 
mor il cacique gvrdo y ¿ todos los mas prin- 
' les dijo que quiOn eran aquellos indios, que 
I tanta tiesta. V dijeron que los recnuiladores 
loDtciuma , « que vienen á ver por qué causa 
on m el pueblo sin licencia de su señor, y que 
Idan flliom veinte indios ó indias para sacriG- 
liOMS Iluichílóbos porque les dé Vitoria con- 
PM, porque ban díclio que dice Montezuma 
Hiere lomar para que scaís sus est-'lsvos; y 
I roosóló 6 que no hubiesen micilo , que él es- 
con lodos nosotros y que los casliciiría. Y pa- 
et«nte & otro capitulo , y diré muy por extenso 
tbn ello se liixo. 

CAHITILO XLVIl. 

Is mni^ qie pr«ií<n«tl iqurltoi cinco rcúiliiiareí 
aw>. j munilfl ^iir dcBd< illl adcbnln no nbcdrcle- 
ttm tñbiM,! li letulíoii tuc cnlgnc» m «rdcnd coa- 



DiTtés enien'iiiS lo que tos caciques le decian, 
[lie ya les liuSra dicho otras veces que el Rey 
ttíior le mandd que viniese i castigar los bmU 
lé que no consintiese sacriQcios ni robos ; y 
ellos recaudadores venían con aquella deman- 
iand¿ que luego los aprisionasen é los tuviesen 
■Uque su señor Montezumi supiese la causa 
IMB i robar y llevar por esclavos sus hijos y 
.ébtfCtt otras fuerzas. B cuando los caciques 
IHttbon espantados de tal osadia, mamiar 
MnajeroB del i;ran Monlezuma fuesen maltni- 
lemitn y no osaban hacetlo ; v todavía Cortés 
cú para que luego los echasen en prisiones , y 
wrim, y de tal manera , que en unas varas lar> 
I eollarcs (seiiun enire ellos se xoa) ios pusis- 
te que no se tes podian ir ; é uno dellos porque 
latM alar le dieron de palits ; y dt-más desto, 
¡ortéi i lodos los caríijues que no les diesen 
lit<»,niolH»liencia á Uontezuma, é que dsí lo 
m en todos los pueblos aliados y amibos. E que 
recaudadores hubiese en otros pueblos como 
, que se lo hiciesen saber, que él enviariu por 

E aquella nueva se supo en t»<la aquella 
n(u<í lufíjn envió mensajeros el eai:i(|ue 
IflMtoisber, y también lo pubhcarou los 



OEVÁ-ESPAfÍA. 41 

principales que liabian traído en su aimpama aqucllot^ 
recaudadores, que como los vieron presos, Iucro se fles*l 
cargaron y fueron cada uno & su pueblo & dar mandadvl 
y & contar lo acaecido. E viendo cosas tan maravillos. 
é de tanto peso para ellos , dijeron que no osaran hace 
Aquello hombres humanos, sino teules, que asi llama 
á sus ídolos en que adoraban ; é & esta causa desde sltl 
adelante nos llamaron teules, que es, como he dicho,* 
dioses 6 demonios; y cuando dijere en esta relación 
teules en cosas que han de ser tocadas nuestras perdo- 
nas, scpnn que se dice por nosotros. Volvamos í decir 
do los prisioneros, quelos querían sacrilicarporconsejo 
de loítos tos caciques , porque no se les fuese alguno 
dellos & dar mandado ¿Méjico; y como Cortés lo en ten- 
dio , les mandó que no los matasen , que él los quería 
guardar, y puso de nuestros soldados que los vehiseu ; 
é á medía noche mandó llamar Cortés d tus mismos 
nuestros soldados que tos guardaban , y tes dijo : a Mi- 
rad que soltéis dos dellos, los mas dib gentes que os pa- 
recieren, de manera que no lo sientan los indios deslos 
pueblos ;:> que se los llevasen ú su aposento ; y así lo hi- 
cieron, y después que los tuvo delante les preguntó con 
nuestras lenguas que por qué estaban presos y de qu¿ 
tierra eran , como haciendo que no los conocía ; y res- 
pondieron que los caciques de Cempoal y de aquel pue- 
blo con su favor y el nuestro los prendieron ; y Cortés 
respondió que él no sabia nada y que te pesa dello; y 
les mandó dar de comer y les dijo palabras de muchos 
halagos, y que se fuesen luego & decir á su señor Mun- 
tezuma cómo éramos lodos sus grandes amigos y ser- 
vidora; y porque no pasa.;cu mas mal les quitó las pri- 
siones, y que riñó con los caciques que los tenían 
presos , y que todo lo que hubieren menester para su 
servicio que lo hará de muy buena voluntad, y que los 
tres indios sus compañeros que llenen en prisiones, 
que él los mandará sollar y guardar, y que vayan muy 
preslo, DO tos tornen á prender y los maten ; ^ los dos 
prísioneros respondieron que so lo tenían en merced, y 
que habían miedo que los tornarían á las manos , por- 
que por fuersia habían de (Kisar por sus tierras ; y luego 
mandó Corles A seis hambres de la marque esa noche 
ios llevasen en un batel obra de cuatro leguas de aill, 
hasta sacallos & tierra segura fuera de los términos de 
(^mpoal. Y como amaneció , j tos caciques de aquel 
pueblo y el cacique gordo hallaron menos los dos pri- 
sioneros , querion muy de hecho sacnlicar los otrnsquo 
quedaban, si Cortés no se los quitara de su poitcr.é hizo 
del enojado porque se habían tiuido los otros dos ; y 
mandó traer una cadena del navio y echólos en ella , y 
luego los mandó llevará tosnav¡os,édijoque¿llo3que' 
ría guardar, pues tan mal cobro pusieron de los demás; 
y cuando los hubieron llevado les mandó quitar las ca- 
denas, é con buenas palabras los dijo que presto les cth- 
viarítt A Méjico. Dejémoslo así , que luego que eslo Toó 
hecho loólos los caciques da llompoal y de aquel pue- 
blo é de otros que se hablan allí juntado de ta leiif;ua 
lolouuque, dijeron á Curtes que qué harían , pui^squa 
Munlexuma sabría la prisión de sus recaudadores, que 
cÍLirlamcnte vendrían sobre ellos los poderes de Mqico 
del gran Montc/.uma , y que no podrían cícajiar df^ ser 
muertos y destruidos. Y dijo Cortés con semblante muy 



« PERNAL DÍAZ 

«iígre, q\ie él ; tos hermanos que altj esi:lbnmos los 
tlt'fenderiamo?, y matnrianios 6 quien enojar los<luisie* 
te. F.iitonces prunietieran Iodos aquellos pueblos ; ca- 
ciques li utia que serian coa nosotros en todo lo qua 
li'S quisiésemos manJur, y juntarían torios sus poderes 
coulra Monleiuma y todos sus aliados. Y aquí dieron la 
obediencia á su majestad por ante un Dic^^o de Godcy 
el escribano , y todo lo que pasú lo enviaron ü decir i 
los mas puelilos de aquella provincia ; é como ya no 
d4)lian tributo ninguno, é los recogedores no parecían, 
no cabían de gozo en haber quíludo aquel dominín. Y 
dejemos esto , y diré cómo acordamos de nos bajar A lo 
llano i unos prados , donde comenzamos á hacer una 
fortaleza. Esto es lo que pasa , y oo la relación que so^ 
° bre ello dieron al corooísia Gómora. 

CAPITULO XLVIll. 

Címn icoráimoi de potilar I> iltla rica de íi \tnttitt , j it hi- 
cer uní furulcu en unos pridi» tanto i qdii silíc» ; cftct 
éel purrtn dfl ttmolm-tta , doiide uliliM mcIuIob aauttas 
nivlat, ; lg que allt <e biio. 

Después que hubimos hecho liga y amistad con mas 
de treinta pueblos de las sierras, que se decinn los loto- 
naques , que entonces se rebelaron al gran Montezuma 
y dieron la obediencia fi su majestad, jse prclírieron 
ú nos servir , con aquella ayuda tan presta acordamos 
de polilar é de fundar ja villa rica de la YeracruE «n 
unos llanos media legua del pueblo , que eslaba como 
«n fortaleza, que se dice QuiuhuísLbn, y irara de igle- 
eía y plaza 7 atarazanas, y todas lus cnsas que cou ve- 
nían para parecer villa, é lucimos una íortaleía , y des- 
de entonces los cimientos* y en acaballa de tener alta 
para enmaderar; y hechas troneras y cubos y barbaca- 
nas , dimos tinta priesa, que desde Cortés comenzú el 
primero & sacar tierra d cuestas y piedra é ahondar los 
cimientos, como todos los capitanes y soldados, y A la 
continua entendimos en ello y trabajamos pur lu acabar 
de presto, los unos en los cimientos y otros en hacer 
las tapias, y otros en acarrear agua y en las escaleras, 
•en hacer ladrillos y tejas y buscar comida , y otros eo la 
tnadera, y tos herreros en la clavazón, porque lenionnus 
}ierreros; y desta manera trabajábamos en ello íi la 
contina desde el mayor hasta el menor, y los indios que 
vus ayudaban , de manera que ya estaba hcciía iglesia y 
catas, É casi que la furtalr}.Li. Estando en esto, parece 
'serquo el graa Montezumu tuvo noticia en Méjico cómo 
*|c habían preso sus recaudadores é que le habían qui- 
tado la obediencia , y cómo estaban rebelados los pue- 

*.blos tototiaques ; mostró tener mucho enojo de Cortés 
y de todos nnsolros, y tenía ^•a mandado ú un su gran 
ejército de guerreros que viniesen ó dar f^uerra á los 
pueblos que se le rebelaron y que no queríase ninguno 
detlos á vida ; ó para contra nosotros aparejaba de venir 
con gran ejército y pujanza de capiluties', y en orjuel 
instante van los dos indioc prisioneros que Corles man- 
dó soltar, según he dicho en el capítulo pasado, y cuan- 
do Itontezuma entendió que Corles les quíLú de las pri- 
siones y los envió á Mt^jíco, y las palabras de dbóei- 
mieotos que les envió á decir, quiso nuestro Señar Días 

F'^que amansó su Ira é acordó de enviar á saber de nos- 
ilr<K qué voluntad teníamos, y para ello envió dos man- 



DEL CASTILLO, 
cebos sobrinos suyos, con cuniro viejos, grande* caci- 
ques , que los traían A cargo , y con ellos eovid nn pr^ 
senté de oro y mantas, é á dar las gracias i Cortés po^- 
qu« les soltó á sus criados ; y por otra parte se eavié i 
quejar mucho, diciendo que con nuestro faTor se b^ 
biun arrevido aquellos pueblos de hacelle tan gran Irei- 
ríoné (¡uo no le diesen tributo équitalle la obedieocia; 
é que ahora, teniendo respeto & que tiene por cierto qu« 
somos los que sus antepasados tes habían dicho que ha- 
blan de venir & sus tierras, é que debemos de ser desoí 
linnjes, y porque eslfl hamos en casa délos traidores, ao 
les envió luego á destruir; mas que el tiempo andando 
no se Blaharau de aquellas traiciones. Y Corles redbM 
el oro y la ropa , que valia sobre dos mil pesos , y les 
abrazó, y dio por disculpa que él y todos nosotros éra- 
mos muy amigos de su señor lloniezuma , y como til 
servidor le tiene guardadas sus lre« recaudadorea; y 
luego los mandó traer de los navios, y con buenas 
manías y bien tratados se los entregó; y también Cor- 
tés se quejó muclio del Mootezuma , y les dijo cómo su 
gobernador Pítslpitoque se fué una noche del real üa 
lo hablar, y que no fué bien hecho , y que crae j liam 
por cierto que no se lo mandariu ef señor UontaiaBu 
que hiciese (al villunfa , é que por aquella cansa oos fe- 
mamos á aquellos pueblos donde estábamos , é qtw be- 
mos recibido dellos honra ; é que fe pide por mercad 
que les perdone el desacato que contra él han tenido; 
y que en cuanto á lo que dice que no te acuden con el 
tríbulo , que no pueden servir ú dos señores , que en 
aquellas dias que allí hemos estado nos lian senído ai 
nombre de nuestro rey y señor, y porque el Cortés y 
todos sus hermanos irianins presto & le ver y servir, y 
cuaudo alta estemos se dará orden en todo lo quo ntaa- 
dare. Y después de aquestas pláticas y otras mucbas 
que pasaron, mandó dar á aquellos mancebos, que 
eran grandes caciques, y d los cuatro viejos que los 
traían ú cargo, qtie eran hombres principales , diaman- 
tes azules y cuetiias verdes, y se les hizo honra; y allí 
delante dellos, porijue habla buenos prados, mandó 
Cqrliée que corriesen y escararauzaseu Pedro de Aiba- 
rndo, que tenía una muy buena yegua alazana que era 
muy revuelta , y otros caballeros , de lo cual se holga- 
ron de los haber visto correr ; y despedidos y muy con- 
tentos de Cortés y de todos nosotros se fueren á su Mi- 
jico. En aquella suzon se le murió el caballo á Cortés, 
y compró o le dieron otro que se decía el Arriero , que 
era castaño escuro, que fué de Ortiz el músico y un 
Bartolomé García el minero , y fué uno de los mejores 
caballos que venían en el armada. Debemos de hablar 
enasto, y diré que como aquellos pueblos de la sierra, 
nuestros amigos, y el pueblo de Ccmpoal solian estar de 
8nt«s muy temerosos de los mejicanos, creyendo que 
el gran Montezuma los había do enviar ú destruir con 
sus grandes ejércitos de gunrreros, y cuando vieron á 
aquellos parientes deliran Montezuma que venían con 
ol presente por mi nombrado , y á dnrse por servidores 
de Cortés y de todos nosotrot , estaban espantados, y 
decían unos caciques ú otros que ciertameutc éramos 
tenles, pues que .Montezuma nos habin míedo, pues en- 
viaba oro en presente. Y si de antes teníamos mucha 
reputación de esforzados , de allí adelante nos tuvieron 



CONQUrSTA DE 
hnwff Y quedarse liá «qui , y diré lo que Itiio 
|IM gordo y oíros sus amigos. 

f 

CAPITULO XLIX. 

M «Ictci^M torts j otrM itrincifilcs t (|ii(]>tf« itítn- 
ImMí •<■• «■ n lOéHo ra«rt«, ^iie » deck Cioftipi' 

f lo qtt >«br« elta le hlio. 



I lo qtt 



ii¿é Je despedidos los mensajeros mejicaDOs , 
¡cuiíjue gordo, con otras iiiiicljos príiicipotes 
(«migw, á decir ¿ Cortés que lu«gü vafo á un 
I M decía CÍAgapBCinga, que estaría de Cem- 
( de unJafiura , que serian oclio ó oueve le- 
decian que estaban en úl juntos muclios 
pt guerra de los cujúas, que se CNliende por los 
|os , y que les venian á deütruir sus sementeras 
pías, y les salteabaQ sus vasallos y les ludan 

Elos tratamieiilos ; y Curtas lo cre^ó , seguu se 
Ua BfcctijadameQle; y viendo aquellas que- 
' iinporluiiacioflcs , y liabiéndoles pro- 

uiluría, ; Dialaria ú lus culúas ó á oíros 
|UB los quisiesen eoojnr; éi esta causo no sabia 
pf, salvo ecliallofl de allí , y estuvo pensando en 
lijo riendo í ciertos compañeros que estábamos 
piíKlole : «Sabéis, señores, que me parece que 
ll «las tierras ya tenemos fama de esforzados, 
f que ttan visto estas gentes pnr tos recaudado- 
piwilexuma , dos tienen por dioses ú por cosas 
Kia Jdalos. He pensado que, para que crean que 
^ooutros iNtsta para desbaratar aquellos indios 
ros que dicea que esUn en el pueblo de lii for- 

ft sus enemigos , enviemos á Hercdia el viejo ; » 
viicaiDO , y leuia mala cutadura en la cara, y la 
innile , y la cara media acuchillada , é un ojo 
^c COJO de una pierna, escopetero; el cual le 
r, y le dijo : ald con estos caciques UákU el 
r de allí uo cuarto de legua; é cuando allíi 
, haced que os paráis i beber í lavar las roa- 
itá un liro coa vuestra escopeta , que yo os eu- 
r; ^eesto faigo porque crean que somos 
k dAMpiel nombre y reputación que nos tienen 
^ y cooio vos sois mal agestado , crean que sois 
^y el Heredía lo liizo según y de la manera que le 
bdAdo, porque era lio m breque liabia sido sol- 
f lUli»; y luegoenvió Cortés á llamar al cacique 
'. é todo» los deniús priacipales que estaban 
> «I ayuda y socorro, y les dijo : u Allá envió 
i este mi bermauo , para que mate y eche 
iculúas de ese pueblo, y oie traiga presos ¿ los 
iquitiereu ir.» Y los caciques estnbiio elevados 
i oy«roD, y no sabían si lo creer ó no, é mira- 
sj liucia algún mudamiento en el rostro, 
|«roa que era verdad loque les decía ; y luego 
dja,que iba con ellos, cargó su escopeta, é 
lo lirut al aire por los montes porque lo óye- 
les indios , y los caciques enviaron ú dar 
I á loe otros pueblos cúmo llevun ú. un teuJe 
' 4 Im mejicuiosque estaban en Cingapacin- 
> pongo aquí por cosa de risa , porque vean 
»qu« leuia Corté*. ¥ cuando entendió que lia- 
1 Heredia al no que le liabia diclio , mandó 



NL'EVA-ESPaSa. " 43 

de presto que le fuesen li liamir, y vueltos loi caciques 
y el viejo Heredia, les tornó d decir Cortés i los caci- 
ques que par Ea buena voluntad que les tenia que el pro* 
prio Corles en persona con algunos de sus liermunos 
quería irí bacelies aquel socorro j- á íer aquellas (ier- 
ras y forUlexas , y que luego le trujcsen cien hombres 
tamemes para llevar las tepuzques, que son los tiros, y 
vinieran otro dia por la mañana ; y liabia mos de partir 
aquel mismo dia con cuatrocientos soldados y catorce 
de á csbüllo y ballesteros y escopeteros, que esluban 
apcrccbidos; y cicrlos soldados que eran de la parciali- 
dad de Diego Vclazquet dijeran que no querían ir, y 
que se fuese Cortés con los que quisiese; que ellos ú Cu- 
ba se qneriau volver; y lo que sobre ello se hizo diii 
adelante. 

CAPITULO L 

CAn D tirrias mí iidoidfli (urcialídad del Di^fo Vrtiiqsn, vira- 
do que da htelio qafrianet pgblir • concniainoí i pxiScac 
pueblas, dljeruB que na qiicrlio Ir i mngiini <iitr>di, íiuo lul- 

tcní« i ti Iil> deCgbi. 

Ya me liabnín oido decir en el cj{)ítulo antes desle 
que Cortés hutía, de ir á un pueblo que se dice Cínga- 
pacinga, y había de llevar consiga cuatrocientos solda- 
dos y catorce de á caballo y ballesteros y escopeteros, 
y teniau puestos en la toomoria para ir con nosotros á 
ciertos soldados de la parcialidad del Diego Velazquez; é 
yendo los cuadrilleros áapercebi ríos que saliesen luego 
con sus armas y caballos los que los tenían, respon- 
dieron soberbiamente que no querían ir ú níuguna en- 
trada, sino volverse ú sus estancias y haciendas que de- 
jaron en Cuba ; que baslaba lo que babian perdido por 
sacallos Cortés de sus casas, y que le^ había prometido 
en Lar«mil que cualquiera persona que se quisiese ir 
que les daria licencia y navio y matalotaje; y lí esta cau- 
sa estaban siete soldados apert;ebiiIos para se folvcr á 
Cuba ; y como Cortés lo supo, los envió á llamar, y pre> 
(juntando porqué liucíau aquella cosa tan fea, respon- 
dieron al^ij alterados, y dijeron que se maravillaban 
querer poblar adunde había tanta fama de millares de 
indiois y grandes poblaciones, con lau pocos soldados 
como éramos, y que ellos estaban dolientes y liarlos de 
andar de una parte ú otra, y que se querían ir á Cuba á 
sus cu^as y haciendas; que les diese luego licencia, co- 
mo se lo había promelidú ; y Corles les respondió man- 
ítumente que era verdad que se la prometió , mas que 
no liarían lo que debían en depr la biinder*! de su ca- 
pitán desamparada ; y luego Íes mandó que sin di.-teni- 
míento ninguno se fuesen á emburctr, y les señaló na- 
vio, y les mandó dar cazabe y una botija de aceite y 
otras legumbres de bastimentos do lo que leniamoh, Y 
uno de aquellos sohladus , que se decía Uutauo Morón, 
vecino de la villa que se decía Delbayaiao, leniu un 
buen caballo overo, labrado de las manos, y le vendió 
luego bien vendido ¿ un Juan- (luano i trueco de otras 
liaciendas que el Juan Ruano dejaba en Cuba; é ya que 
se querían hacer a la velu, íuínios todos los compañeros 
é alcaldes y regidores de nuestra Vüla-lUca á requerir 
á Cortés que por vía ninguna no diese licencia ii perso- 
na ninguna para salir de la tierra, porque asi convenía 
al servicio de Dios nuestro Señor y de su niujestad ; 
y que la persona que Ul licencia pidiese, pur Itombra 



44 BERNAL DIAZ 

que mei-ecia pena de muerte , conforme & las leyes de la 
(ínion militar, pues quieren rlejar á su capiluri y itnn- 
dera desamparada en la guerra é peligro , en especial 
habiendo tan la muUititd de pueblos de indios guerreros 
rnmn ellos lian dicho; y Corles hizo como ijuo les quc- 
riíi Har la licencia, mas i la postre se la revocó, y se 
quedaron hurlados y aun avergonzados, y el Marón su 
caballo vtindirio, jeIJunn Ruano, que lo hubo, no se lo 
quiso volver, y todo fué maneado por Cortes, j fuimos 
nuestra eutrjda á Cingapacinga. 

CAPITULO LI. 

fie lo que ao» acardd en Cingapaclaii , j cilna i i» ratlu qic 
TOltitnos por Cempaal l(s imoamai tas Idaloi. J otr» ta- 
H» que jiasaroo. 

Como ya los siele hombres que se queriun volver ú 
Cuba estaban pacíficos , luego partimos con los solda- 
dos de infanlen'a ya por mí nombrados, y fuimos i dor- 
mir al pueblo de Cempoal , y tenían aparejado para sa- 
lir con nosotros dos mil indios de guerra en cuatro ra- 
pitanias; y el primero dia caminamos cinco leguas con 
buen concierto , y otro dia & poco mas de vísperas llega- 
mos i las estancias que estaban junto al puettto de Cin- 
frapocinfia , é los naturales del tuvieron noticia cómo 
Íbamos; é ya que comentábamos á subir por la forta- 
leza y casas, que estaban entre grandes riscos y peñas- 
cos, salieron de paz á nosotros ocho indios principales 
y papas, y dicen á Cortés llorando que porqué los quie- 
re matar y destruir no habiendo hecho por qué , pues 
teníamos fama que d todos bacín mos l>ien y desagra- 
viábamos á Bosque estaban robados, y hablamos pren- 
dido á los recaudadores de Monlezuma ; y que aquellos 
indios de guerra de Ccmpoal que allí iban cou nos- 
otros estaban mal con ellos de enemistades viejas que 
habían tenido sobre tierras ¿ términos, y que con nues- 
tro favor les venían & matar y robar; y que es verdad 
que mejicano» solían estar en guarnición en aquel pue- 
hlo, y que pocos días había se hablan ido á sus tierras 
cuando supieron que Imbiamos preso ú otros recauda- 
dores; y que le ruegan que no pasemos adelante la ar- 
mada y les favorezcan; y como CorlAs lo hubo muy bien 
«ntendído con nuestras lenguas doña Marina é AguiJur, 
luego con mucha brevedad mandó al capilan Pedro de 
Alharado y al maestre de campo , que era Cristóbal de 
Ulí , y ú todos nosotros los compañerns que con él Íba- 
mos, que detuviésemos ú. los indios de Cempoal que no 
pasasen mas adelante; y así lo hicimos, y por presto 
que fuimos á detenellos, ya estaban robando en las es- 
tancias; de lo cual IuiÍK) Cortés gran enojo, y mandó 
que viniesen luego los capituues que traían á cargo 
aquellos guerreros de Cempoal, y con palabras de muy 
enojado y de grandes amenaztts les dijo que luego les 
trujesen los iodiosé indias y mantas y gallinas que lia- 
bian robado en las estancias, y que no entre iitngutio 
dellns en aquel pueblo; y que porque le hahian mcjitidu 
y venían á sacrilicar y robar á sus vecinos ciai nuMiro 
favor eran dignos de muerte, y que nuestro reyysoíior, 
cuyos vasallos snmos, no nos envío a estas parles y tier- 
ras para que bícies^Mi aquellas maldades, y que abrie- 
sen bien !u'< OJOS iii> les aconteciese otra coitiii aqio-lla, 
porque uo había do quedar bunibre dellus ú viJa; ylue- 



DEL CASTILLO. 

go los caciques y capitanes de Cempoal trajeron áCM<> 
les todo lo que habían robado, asi indios como indias y 
gallinas , y se les entregó á los dueños cuyo era , y coa 
semblante muy furioso les tomó á mandar que se sa- 
liesen i dormir al campo , y asi lo hicieron. Y desque 
los caciques y papas de aquel pueblo y otros comarca 
nos vieron que tan justilicados éramos, y tas pala 
amorosas que les decía Cortes con nuestras iengui 
también las cosas tocantes A nuestra santa fe , coraóT 
teníamos de coütuaibre , y que dejase» el sacrificio j 
de se robar unos £ otros, y las suciedades de aodomiat, 
y que no adorasen sus malditos ídolos, y se les dijo otns 
muchas cosas buenas, lomáronnos tan buena voluntad, 
que luego fueron á llamará otros pueblos coniarcanot, 
y todos dieron la obediencia á su majeslaü; y alli luego 
dieron muchas quejas de Montezums , como las pasa- 
das que habían dado los de Cempoal cuando estibamos 
en el pueblo de Quiahuístlan ; y otro dia por la mañano 
Cortés mandó llamará tos capitanes y caciques de Cem- 
poal, que estaban en el campo aguardando para ver loque 
les mandábamos, y aun muy temerososdeCortésporlo 
que babíanhecboen haberle mentido; y venidos delante, 
hÍ70 amistades entre ellos y los de aquel pueblo , que 
nunca faltó por ninguno dellos; y luego partimos para 
Cempoal por otro camino , y piásemos por dos pueblos 
amigos de tos de Cingapacinga , y estábamos descan- 
sando, porque hacia recio sol y veníamos muy cansados 
con las armas á cuestas; y un soldado que se decía Fu- 
lano de Mora, natural de Ciudad-Rodrigo, tomó dos 
^allínusde una casa de indios de aquel pueblo, y Cor- 
les, que lo acerli) li ver, hubo tnnto enojo de lo que de* 
lantedél hizo aquel soldado en lus pueblos de pai en 
tomar las gallinas, que luego le mandó echar una soga 
á la garganta , y le tenían ahorcando si Pedro de Albá- 
rado, que se hatió junto de Cortés, no le cortara la soga 
con ta espada, y medio muerto quedé el pobre sol- 
dado. He querido traer esto aquí á la memoría para 
que vean los curiosos lelores cutín ejemplarmente pro- 
cedía Cortés , y lo que esto importa en esta ocasión. 
Después murió eslc soldado en una guerra en la pro- 
vincia de Cuati mala sobre un peñol. Volvamos á nues- 
tra relación : que, como salimos de aquellos pueblos que 
dejamos de pax, yendo para Cempoal, estaba el cacique 
gordo, con otros principales, aguardándonos en unas 
cholas con comí>la; que, aunque son indios, vieron y 
entendieron que la justicia es santa y buena , y que las 
piílabrasque Cortés les babia dicho, que veníamos á 
ileüñgraviar y quitar tíranius , conformaban con lo que 
pasó en aquella entrada , y tuviéronnos en mucho mas 
quede antes, y allí dormimos en aquellas chozas, y to- 
dos los caciques nos llevaron acompañando hasta los 
aposentos de SU pueblo; y verdaderamente quisieran 
que no saliéramos de su tierra , porque se temían de 
Monlezuma no enviase su pente de guerra contra ellos; 
y dijeron á Cortés, pues éramos ya sus amigos, que nos 
quieren tener por hermanos , qtte será bien que tomá- 
semos de sus hijas é parientas para hacer generación; y 
que para que mas fijas sean lasauíisiiides trujeron ocho 
indias, i'ulas hijas de caciques, y dieron á Cortés una 
deaquelliis cnrjeas, y era sobrina del mismo cacique 
gordo, y otra dieron á Alunsu lleniandcz Puerlucarre* 



CON^OLISTA DE 
hija de otro gran ciciqnri que se deeia Cut^i) 
; y ir^iüiilus vt'slitliis i'« UkIíis odio culi ri' 
lilH (le la ticrrj v liiuti ntuviadas i su iisaoza, 
dethts UD cúllur ile nro el cuello, veo Ins urfr- 
de oro , y wnían ucoinpaFiadas de otras ín* 
M servir detln^j ; y cuiimlo el cacique gordo 
, diju ú CoriKS* iiTectt((]ae quiere decir en 

Pscixir), estas si ele mujeres son pura lüscapi- 
tlenes , y esin . que es tiii sobrina, es para ti, 
péñora óe füvhlm y va'ullus.D Girtú» las rucll)i<> 
PV cemltlaritu y teü dijuque se lü teiiianon mer- 
Wpara tomallus , cntno dice que seamos lieriiia- 
Is Ih; Mcesidad que no tuu^'uri aquellos Ídolos 
craeo y «ilúraii, ((Uu lus trupii ení;aÑados, y que 
••critiquen ; y queciiiiin ¿I no vea aqueitus cosas 
en el suelo y quu do sucriliqueii , que luego 
nu&ulros luuy jiias lija la liennandad; y que 
■ mujeres que se vulvcrúit cristianas primero 
I recibamos, y que tauíbiea liabiun de «ler limpios 
MBias, ]Kirqtie tetiiua mucliaelios veslidos eii 
ll«nuj«rL>$ que andulian ú {^iiimreouquul wal- 
Icíú; y cada uta Kacrilicuban dotante de nosotros 
fuiírt» y cinco indios, y los cora/.oiics orreriim ú 
llus y la sangre [«gabaí) por las paredes, y corlá- 
ilas piernas y bruzn» y muslos, y los comían como 
Be te irai.- de las carnicerías en nuestra tierra , y 
tgo creído que b vendían por meiiuiio en los lian- 
|O0 toa mercados; y que como estas maldades $e 
j «pie DO lo usen , que no suianienle les seremos 
I, owqua les tmru que sean señores de oirás 
ciu; y lodos los caciques, ¡uipasy principales 
idteruQ que no les estaba bien de dejar sus ídolus 
Icius, > que aquellos sus dioses les duban salud 
B> senieiiieras y ludo lo que liabían menester; y 
^Ciuutloá k> de luü soduitdns , que pornán resis- 
•CD ello [lara que uo se use utas ; y como Curies 
p nosotros vintus aquel la respuesta taiidesacata- 
imas visto tantas crueldades y torpcdade«i, ya 
otea vez diclias , no las pu<limüs sufrir ; y enlou- 
tittblú Cortés sobre ello y nos trujo ü la memo- 
iUitasy tmeuasdotrinas, yquc¿cóino podíamos 
a cosa buena si no volvíamos por la lionra 
j eo quitar tos sacrilicios que liacían i los ído- 
ue e«tuTÍcscinos muy aperccbidos para pelear 
▼iniesea á defender que no se los derrocáse- 
iue, aunque nos costase las vidas, en aquel diu 
Tcnir al iuein. Y puestos que estribamos todos 
o cou nuestras armas , como lo teniainos de 
im para pelear, tes dijo Cortesa loscaciques 
I lutitan de derrocar ; y cuando aquello vieron, 
el cacique gordo á Oíros sus capitanes que 
«o niuclius i;uerreros en defensa de sus 
f cvaadií vid que queríamos íubir en un alio cu 
■MiadaFiturío, que estaba alto y Labia muclias 
kqiup note mu acuerda qué tantas había , vi- 
ICKíqM gordo con otros príncipato muy albo- 
j saiudos, y dijeron á Cortés que por qué les 
ir. Y que si los baciainos desliouor & 
mIqa quila uios, que todos ellos perecerían, 
itnn coD ellos ; y («rtés los respondió muy 
q»é oirt tez les Im dictio que no iicríljquen4 



M;EVA-ESPAf}A. 48 

aqueitus malas figuras, porque no les traigan mas enga- 
ñados, y que á esta causa los veniumosú quitar de allí, 
é que luego á Ir hora los quitasen ellos; si no, que lue- 
go ios «cliarian í rodar por las graitas abajo ; y les dijo 
que no los lerníamos por amíg'i-i , sino por enemigos 
mortales , pues que les daba buen coitscjo y tío le que- 
rían creer ; y porque habían visto que írabian venido 
sus capitanes puestos en armas de guerreros , que está 
enojado con ellos y que se lo pagaren con qnitulles las 
villas; y como vieron & Cortés que les decía aquellas 
amenazas, y nuestra lengua doña Marina que se lo sa- 
bía muy bien dar d entender y aun los imieuarabn con 
los poderes de Hontezuma, que cada día los aguurdubo, 
por temor desto dijeron que ellos que no eran dignos 
de llegar il sus dioses , y que sí nosotros los queríamos 
derrocnr, que no era con su consentimiento, que se los 
derrocásemos y bicíé^emos lo que quisü'semns; y uu lo 
liubo bien diclio, cuando subimos sobre cincuenta sol- 
dados y los derrocamos, y venian rod»ndo aquellos sus 
ídolos hechos pedamos, y eran de manera de dragones 
espantables , tan grandes como Iwcerros, y otras ligu> 
ras de manera de medio hombre y de perros grandes y 
do malas semejanzas ; y cuanilo así los vieron hechos 
[>edazu9, tus caciques y papas que con ellos estaban llo- 
raban y tapaban los ojos, y en su ten^'ua totoiiaque les 
decían que les perdonasen y que no era mas en su ma- 
no ni tenían culpa, sino estos teulcs que les derruecan, 
éque por ternor de los mejicanos no nos daban guerra: 
ycuando aqueilu pasú, comenzaban las capitauÍHS de 
los iudius guerraros , que he dicho que venían á nos 
dar guerra , i querer flechar; y cuando aquello vimos, 
echamos mano al cacique gordo y á seis papas y A otros 
principales, y les dijo (^rlésque sí hacían algún desco- 
medimiento de guerra que habiande morir todosetlos ; 

i y luego el cacique ^ordo rnandú ásus gentes que se fue- 
sen delante de nosotros y que no hiciesen guerra; y 
como Corles los vio soseg.idos, les hizo un parbí mentó, 
lo cual diré adelante, y así se apaciguó lodo ; y esta de 
Cingapacinga fué la primera entrada que hizo Cortés en 
la NuevB-Españn, y fué de bario provecho; y no como 
dice el coronisla Gómors, que matamos y preudiinos y 
nsolamos tantos millares de hotnbres en lo de Cingopa- 
cinga ; y miren los curiosos que esto leyeren cuánto va 
del unri al otro, por muy buen oütílo que lo dice pn su 
Corúiiica, pues en lodo lo que escrib« no pasa como dice. 

CAPITULO LlI. 

CAmo Conti mindd liatcr tío iTurrii? imio niti ínslfrii rlr nari- 
tra SeíVon ; saa ctu , } M 4I|0 mlil } u biaUíiran I» otho 

Como ya callaban los caciques y popas y lodos \m 
mas principales, manda Cortés que A los ídolos que der- 
rocamos, hechos pedazos , que los llevasen adonde no 
pareciesen mas y los quemasen; y luego salieron de un 
aposento ochopapasque tenían cargo dallos, y loman 
sus ídolos y los lleva Q ú la mi^ma casa donde salieron ó 
los quemaron. El hábito que traían aquellos papas eran 
unas mantas prietas, í manera de sábana, y tubas lar- 
gas hasta los píés,yuuos como capillos que queriiK 
parecer & los que traen los canónigos , y otros cupiHoR 
traían mas chicos como los que Iraeu los dommícus, y 



« 'ffiRNAL DÍAZ 

Joslraíanmuy largos Iiastala citittiiyauDalgunosIiiistD 
las pies, llenus de siiDgre peguda y muy euredadoe, que 
no se podiuQ esparcir , y las orejas lierhas pcdagns, sa- 
criflcadas de I las , y lieiiian como azufre, y teniaii otro 
muy mal olor como de carne muerla; y sogun decían , 
t alcanzamos ¿saber, aquellos papas eran iiijos do prin- 
cipales y no toiiiun nitijerM, roas tenian c) maldiio olí- 
cío de sodomías, y ayuuaban ciertos días; y lo qua 50 
les veiu comer crau unos meollos 6 pepitas de olgodrin 
cuando los desmotitonan, salvo si ellns no cornian ülr«s 
«osas que yo no se las pudiese ver. Dejemos ¡i los pa- 
lias y volvamos ü Cortés, que les liizo un buen razona- 
mieuto con nuestras lenguas doña Marina y Jerónimo 
de Aguilar, y les dijo que aliora los teníamos como 
hermanos, y que les fiYorccería en todo lo que pudiese 
contra Uontezuma y sus mejicanos, porque ya envió & 
mandar que no les dioücn guerra ni tes llevasen tribu- 
to; y que pues en aquellos sus altos cues no liabian de 
tenerniasidülos, que él les quiere dejar una gran Se- 
ñora, que es madre de nuestro Señor Jesucristo, en 
quien creemos y adoramos , para que ellos también la 
tengan por Señora y abogada; y sobre ello, y otras co- 
6as de pláticas que pasaron , se tes liíza un buen razo- 
namiento , y lan bien propuesto para según el tiempo, 
que no liabia mas que decir; y seles declaró mucims 
cosas locantes á nuestra santa fe, lan bien diclias co- 
mo ahora tos religiosos se lo daná entender, de mane- 
ra que lo oiaD de buena voluntad. Y luego les mandó 
llamar todos los indios albaililcs que había en aquel 
pueblo, y traer mucha cal,. porque habiu mucha, y man- 
dó que quitasen las costras de sangre que estaban en 
uquellos cues y que lo aderezasen muy bien, y luego 
ouro dia se enculO y se hizo uu altar con buenas man- 
tas , y mandó traer muchas rosas de las naturales que 
había en la tierra, que eran bien olorosas, y mochos 
Tamos, y lo mandó enramar y que lo tuviesen limpio y 
hurrido á la contíoa ; y para que tuviesen cargo dolió, 
upercibió á cuatro papas que se trasquilasen el cabello, 
que lo traían largo, como otra vez lie dicho, y que vis- 
tiesen mantas blancas y se quitasen las que traían, y 
que siempre auiJuviesen limpios y que sirviesen aque- 
Ibi santa imagen de nuestra Señora, en barrer y enra- 
mar ; y para que tuviesen mas cargo dello puso ú un 
nuestro soldada cojo é viejo, que se decía Juan it« 
Turres de Córdoba, que estuviese allí por ermitaño, 
é que mírase que se luciese cada dia así como lo man- 
daba á los papas. Y mandó á nuestros carpinteros, otra 
vez por mi nombrados , que hiciesen una cruz y la pu- 
sieseu en uu pilar que teníamos ya nuevamente hecho 
y muy bien encalado; y otro dia de maña na se dijo 
misa en el altar, la cual dijo el ptidre fray Bartolomé 
de Olmedo, y entonces se dio orden como con el in- 
cieuso de la tierra se incensase 6. lo santa inidgeu de 
nuestra Señora y á la santa cruz , y también se les 
mostró hacer camiclas de la cena de la tierra, y se U» 
mandó que aquellas candelas siempre estuviusen iir* 
diendo en el altar, porque hasta entonces no se sabían 
aprovechar de la cera ; y á la misa estuvieron tos mas 
principales caciques deaquel pueblo y de otros que se 
habían juntado. V asimi&mo trajeron lat ocho indias 
para volver cristianas, que todavía estaban en poder de 



DEL CASTILIO. 
sus padres y tíos , y se les dio & entender que no t«- 

btan desucrilicar mas ni adorar ídolos, salvo que ha- 
bían de creer en nuestro Señor Dios; y se les amonestó 
muchas cosas tocantes i nuestra santa íe, y se bauti- 
zaron, y se llamó ú la sobrina del cacique gordo doña 
Catuliiifl, y era muy fea; aquella dieron fi Cortés por la , 
mano, y la recibió con buou semblante; á la hija d« 
Cuesco, que era un gran cacique , se puse por nombre 
doña Francisca; esta era muy hermana para ser india, 
y la dio Cortés á Alonso Hernondez Puertocarrero; lis 
otras seis ya no se me acuerda el nombre de todas, 
mas sé qtto Corles las repartió entre soldados. Y d«*- 
pué!) desto hecho, nos despedimos de todos los cact- 
ques y principales, y deude adelante siempre les tuvie- 
ron muy buena voluntad , especialmente cuando vieron 
que recibió Cortés sus hijas y las llevamos con nosotros, 
y con muy grandes ofrecimientos que Cortés les liixo 
que les ayudaría, nos fuimos á nuestra Villa-Rico, y lo 
que allí se hizo lo diré adelante. Esto es lo que pasó 
on este pueblo de Cempoat, y no otra cosa que sobn? 
ello hajun escrito ol Cómora ni los demás coronistos. 

CAPITULO Lili. 

Cdoia tlegimei i auesira villa riu de taVcracrui, ; ta qae atlj fiti. 

Después que hubimos hecho aquella jornada y qt»- 
dsron amigos los de Ciogapacinga con los de Cempoat, 
y otros pueblos comarcanos dieron la obediencia á sn 
majestad, y se derrocaron los ídolos y se puso la imigen 
de nuestra Señora y la santa cruz, y le puso por ermi- 
taño el viejo soldado y todo lo por mí referido, fuimas 
á la vdla y llevamos con nosotros ciertos principales de 
Cempoal , y hallamos que aquel día había venido d« la 
isla de Cuba un navio, y por capitán del un Francisco de 
Saucedo , que llamábamos el Pulido ; y pusimode aquel 
nombre porque en demasía se preciaba de galán y pu- 
lido, y decían que había sido maestresala del almirante 
de Ca<.tilla , y era natural de Medina de Rioseco ; y vino 
entonces Luis Marin, capitán que fué en lo de Méjico, 
persona que valió mucho , y vinieron diez soldados; y 
traía el Saucedo un caballo y Luis Marin une yegua, y 
nuevas de Cuba, que le habían llegado al Diego Velai- 
quez de Castilla las provisiones para poder rescatar y 
poblar; y los amigos del Diego Velazquez se regod- 
jaron mucho , y mas de que supieron que le trajeron 
provisión para ser adelantado de Cuba. Y estando tm 
aquella villa sin tenor en qué entender mas de acabar de 
hacer la fortaleza, que todavía se entendía en ella, diji- 
mos á Cortés todos los mas soldados que se quedase 
aquello que estaba hecho en ella para memoria , pues 
estaba ya para enmaderar , y que había ya mas de tro* 
meses que estábamos en aquella tierra, é que seria bue- 
no ir á ver qué cosa era el gran Montezuraa y buscarla 
vida y nuestra ventura, é que antes que nos melíceetiios 
en camino que enviásemos tí besar los pies a su majesr- 
lad y á dalle cuenta de lodo lo acaecido desde que eli- 
mos de la isla de Cuba ; y también se puso en plilícs 
que enviásemos á su majestad el oro que se había ha- 
bido , nsi rescatado como los presentes que nos envió 
Jí onlezun» ; y respondió Cortés que era muy bien acor- 
dado y que ya lo había puesto él oa plática con ciertos 



CONQUISTA I»E 
n; j porque ea lo del oro por vpDlurii Imbriu 
I9ldad08 qut! querrian sus partes, ) ú separ- 
iMT» poco lo que se pnAth enviar , por esta 
lísrgo ¿ Diego (le Ordüs y & Frjncisco de Hoii' 
ictsn personas de negocios, que fuesen <)e sol- 
¡Mtdado de los que se tuviese sospecha que 
rían los partes del oro , y les flecian csins pa- 
iSefiorei, y» vfi« que queremos liacer uii pre- 
I nwje«U<] del uro que aquí hemos Imbido , y 
ti primen» que eiiviatiios desla? Iknñ', había 
iQcliu mas; parécencs que lodus lu sirvamos 
lulei que dos caben ; Iüí caljalleros y soldados 
I eiUnioa escritas tcuenioi firmado cúmo uo 
.pvteuiíiguna dello, siuo que servimos á su 
con ello porque noi liiisa mercedes. El que 
M paria do se le negará; el que do Ift quiúere 
lodoi hemos hecho, nnnelo aquí ;i> y desta 
to firmaron A una. V beelio esto, luego 
para procuradores que fuesen & Castilla 
Hcnundes Puertorarrero y FraDcisea de Mon- 
qoe fa Cortés le h»l)iu dado sobra dos tníl pe- 
ivoelle do 9U parte. Y se tnandiü apcrcebir el 
lYÍo de toda la ílol», v cou do* piloto*, que fué 
Mde AlRinÍoos,que sabia cdmo hahiati de dcs- 
t por la canal de iSahama , porque él fué el pri- 
tuiTcgA por aquella canal ; y también opcrcí- 
lnariaeru.<i , t se les diA todo ruuuudo de 
fa. Y esto apercebidu , acordamos de escribir 
labéf á su majestad todo lo acuei^ido, y Cortés 
por ti , Mgun ¿I nns dijo, cou recta relucion; 
imtis MI corla ; y el Cabildo escribió juntamente 
aoldados de lus que fuimos en que se poblare 
( y le alzamos i Cortés por geiteral ; y con toda 
lie Bo faltó cosa ninguna en la carta , é iba yo 
tn «lia ; y demás desus cartas y relacloueSr lo- 
kpitanes y soldados junta mente eMribimos otra 
pación; y lo que so coDleuia eu la carta que 
|M«s la siguiente. 

CAPITULO LIV. 

} rirto fie tMiitUnos i su mijestid coa laeilroi 
AImió Heniindci Puerlecirruru j Frmcliu de 
, la tul c«ru ibi Irmida de iltiiaos upiunei ; Mi- 
da pooer en el principio aquel muy debido 
obligados 6 la» gran majestad del Em- 
iwstro tetior, que fu¿ asi : h Siempre sacra, 
, real majestad; » y poner otras cosas 
ivaniau dedr eu la relación y cuenta de núes- 
viaje, cada capitula por si, fué esto que equi 
brere.Ctim o salimos de la isla de Cuba con 
Cortés, loo pregones que se dieroo, c^mo je- 
t, y que L)iego Velazqueí secretamente 
I raacatar , y uo ú poblar; cúmo Cortés se que- 
r coo cierto oro rescatado , conforme & las ins- 
qoe de Diego Vdaiquez traia , de lus cuales 
icioo ; cómo hicimos A Cortés que po- 
kaombFnmns por capitán general y justicia ma- 
ique otracosa su maj estad fueseservidotnondnr; 
etitnos el quinto de lo que se hubiese, des- 
Mireal quinto; cómo negamos i Cozu- 



NllEVA-ESPAÑA. *7 

mel y per qué ventura se Iiubo Jerúnimo de Aguilar eu 
la punta de Cutoche, y de la manera que deciu que alli 
aporíii él y un Cómalo Guerrero , que se quedfi con los 
indios pnr estar casado' y tener Iiijos y estar ya hecho 
indio; cámo llegamos A Tabasco, y de las guerras que 
nos dieron y batullas que con elloü tuvimos; cómo los 
nlrajimos de paz; cúmo d do quiera que llegamos se les 
fiacctt buenos razonamientos para que dejasen sus (do- 
Tos, y se les declara las cusas tocantes á nuestra santa 
fe ; ciímo dieron h obediencia d su real miíjestad y fue- 
ron los primeros vasallos que tiene en aquestas partes; 
cómo hicieron un presente de mujeres, y en él una ca- 
cica, para india de mucho ser, que sabe la lengua do 
Méjico , que es la que se usa en toda la tierra , y que 
con olla y el Aguilar tenemos verdaderas lenguas ; cómo 
desumbLirL-jiiias en San Juan de L'lúa , y de las piáticas 
do los embajadores del gran Montezunia, y quidn era el 
grau Montezuma y loque sedecia de sus grandezas y 
del presente que trajeron , y cómo fuimos d Cempoal, 
que es un pueblo grande, y desde alli á otro pueblo que 
su dice Quiubuistlan, que estaba en fortuíeza, y cúmo se 
liiío Ib ligo y confederación con nosotros y quitaron la 
uLudienciu i Montezuma en aquel pueblo, demús de 
treinta pueblos que todos le dieron la obediencia y estin 
en su real patrimomo, y la ida de Cínppacinga; cómo 
hicimos la fortaleza , y que agora estamos de camino 
para ir !a tierra adentro. hasta vernos con el Montezu- 
ma; cómo aquella tierra es muy grande y de muctias 
ciudades y muy pobladisima, y los naturales grandes 
guerreros; cúmo entre ellos hay muchas diversida- 
des de lenguas y tienen guerra unos con otros ; cúmo 
son idólatras y se sacríficao y matan en sacrificios mu- 
chos hombres é niños y mujeres, y comea carne huma- 
na y usan otras torpedades; cúmo el primer descubri- 
dor fué un Francisca Hernández de Córdoba, y luof^o 
cúmn vino Juan de Gri jaiva , é que agora al preseulo le 
servimos con el oro que hemos habido , que es el sol de 
oro y la luna de plata y un casco de oro en granos co- 
mo se coge eu las minas , y muchas diversidades y gé- 
neros de piezas de oro hechas de muchas maneras, 
mantas de algodón muy labradas de plumas y primas; 
otras muchas de oro , que fueron mosqueadores, rode- 
las y otras cosas que ya no se me acuerda, como hii ya 
tantos años que pasú ; también enviamos cuatro indio.^ 
que quitamos en Cempnal, que tfnian & engordar en 
unas jautas de maiiera fiara de.spués de gordos sacrifi- 
callosy comérselos. Y después de hecha esta relación é 
otras cosas, dimos cuenta y relación cómo quedóha- 
mos en estos sus reinos cuatrocientos y cincuenta soU 
dados á muy gran peligro entre tanta multitud de pue- 
blos y gentes belicosas y muy grandes guerreros , paní 
servir á Dios y á su real corona; y le suplicomos qmv 
en todo lo que se nos ofreciese nos haga mercedeí , y 
que no hiciese merced de la gobernación destas tier- 
ras ni de ningunos olicios reales ó persona ninguna, 
porque son tales , ricas y de grandes pueblos, y ciuda- 
des, que convienen para un infante ó gran señor; y te- 
nemos pensamiento que , como don Juan Rodríguez do 
Fonseca, obispo de Uúrgos y antobispo de tVosano , es 
su presidente y manda A todas las Indias , que lo dará lí 
atgun su deudo ó amijo, especial menta á un Oie(jó 



4 



49 ^^^^^^^ DERNAL DÍAZ 

Velaíquez que cstS por golicmüilor on la isls de Culia; 
Y la causa es por que se le ilurá la gobernación ó oLro 
cualquiíT cargo , que siempre le sirve con presentes da 
oro, y le Im dejado en la mismit isla pueblos de indios 
que le sacan oro de las minas; de lo cual tmljia prime- 
ramente ñe dar los mejores pueblos á nu reut corona , y 
no le dejó ningunos , que solamente por oslo es di{{iio 
de que no se le hagan mercedes; y que, como en lodo 
somos sus muy leu les servidores, y liasla fenecer nues- 
tras v¡<!as le liemos de servir , se lo hacemos saber para 
que lenga noticia de todo , y que estamos determina- 
dos que hasta que sea servido de uuestros procuradores 
que ullA enviamos besen sus reales pies y ver nuestras 
cartas , y nosotros veamos su real firma , que entonces, 
los pedios por tierra, para obedecer sus reales mau- 
dos ; y que si el obispo de Burgos por su mandado nos 
enviu ú cualquiera persona & gobernar ó £ ser capitán, 
que primero que le obedezcamos se lo haremos saber ú 
su real persona á do quiera que estuviere y lo fuere 
servido de mondar , que le obedeceremos como mando 
de nuestro rey y señor, como somos obligados; y de- 
mis destas relaciones, le suplicamos que entre tanto 
que otra co^a sea servido mandar, que le hiciese mer- 
ced de la gobernación fi Hernando Cortés, y dimos tan- 
tos loores del y que es tan gran servidor suyo, hasta po- 
nello en las nubes. Y después de liaber escrito todas 
estas rclaciojies con todo el mayor acato y humildad 
que pudimos y convenia, y cada capitulo por si , y de- 
claramos cada cosa cómo y cuándo y de qué arte pa- 
saron, como caria para nuestro rey y señor, y no del 
«rte que va nquí en esta relación ; y la firmamos todos 
los cajiiluiies y sol Jailos que éramos de la parto de Cor- 
tés, é fueron dos carias duplicados; y nos rogó que se 
la mostrásemos ; y como vió la relación tan verdadera 
y los ({randes loores que del dábamos, hubo mucho 
placer y dijo que nos lo tenia en merced, con grandes 
orrectmientos que nos lii/,o ; empero no quisiera que 
dijéramos en ella ni ment.i ramos del quinto del oro que 
le prometimos, ni que declaráramos quién fueron los 
primeros descubridores; porque, segon entendimos, 
no hacia en su carta relación de Francisco Hernández 
de Córdoba ni del Grijalva, sino & él solo se atribula el 
descubrimiento y Li liunru é honor de lodo ¡ y dijo que 
agoró al presente aquella estuviera mejor por escribir, 
y no dar relación dello á su majestad ¡ y do faltú quien 
le dijo que á nuestro rey y señor no se le ha de dejar 
de decir todo lo que pasa. Pues ya escritas estas carias 
y dadas á nuestros procuradores , les encomendamos 
mucho que por vio ninguna entrasen en la [(abana ni 
fuesen d una estancia que tenia ulü el Francisco de 
Monlejo, que se decia el Marien , que era puerto para 
navios , porque no alcanzase h sobcr el Diego Yelaz- 
quezloquepa^ba; y no lo bicteroo asi, como adelante 
diré. Pues ya puesto lodo i punto para se irá embar- 
car, dijo misa el padre Truy Bartolomé de Olmedo, de 
la Merced, y encomendándoles al Espíritu Sanio que 
les Rutase, en 26 dias del mes de julio de l^in años 
partieron de Sun Juan de Ulúa, y con buen tiempo llega- 
ron í la Habana; y el Francisco de Montcjo con grandes 
Importunaciones convocó é ntrnju u) pilólo Ahniriuos 
guiare i su esLautia . tlidundo que ibu & loiua/Jtasti- 



DEL CASTILLO, 
meólo de puercos y cazabe, hasta q\ie le biso hacer lo 
que quiso. Fué & surgir A su estancia , porque el ('u«i^ 
tocarrero iba muy malo , y no hizo cuenta del ; y la uo- 
che que alli llegaron, destJe la nao echaron un rnariaero 
en tierra con cartas é avisos para el Dícro Velaiquer, 
y supimos que el Montejo le mandó que fuests coa las 
cartas, y en posta fué el marinero por la isla de Cuba de 
pueblo en pueblo publicando todo lo aqui por mi di- 
cho , hasta que el Diego Velazquei lo supo. Y lo quo 
sobro ello hizo, adelante lo diré. 

CAPITULO LV. 

Cuma Dleí» V«li»]i>ei, fabeniador ii« Culi*, lupn por tartatu* 
por (lerta que caitibimos prncundorL'i cun embijidu j flt- 
ieolcí i nantro tej,j le que tabre ello se Itiio. 

Como Diego Velazquez , gobernador Je Cuba , supo 
las nuevas, asi por las carias que le enviaron secretu 
y dijeron que fueron del Montejo , como lo que dijo el 
marinero que se halló presente en todo lo por mi dicbo 
en el capítulo pasado , que se babia echada & nado para 
te llevar las carias; y cuando entendió del gran prese&la 
de oro que enviábamos á su majestad y supo quién enn 
los embajadores , temió y decia palabras muy IssUmo- 
sas é maldiciones contra Cortés y su secretario Daoro 
y del contador Amador de Lares , y de presto maodó ar- 
mar dos navios de poco porle , grandes veleros , cm 
toda ta artillería y soldados que pudo liaber y con dos 
capitanes que fueron en ellos, que se decía» Cabrie' 
de flojas, y el otro capitán se decia Huleno de Guarnan, 
y les mandó que fuesen basta la Habana , y que en todo 
caso le trujesen presa la nao en que iban nuestros pro- 
curadores y todo el oro que llevaban ; y de pre<^ta , asi 
como lo mandó , llegaron en ciertos dias á la canal de 
Dalia ma, y preguntaban los de los navios á barcos que 
andabun por la mar de acarreto que si babian visto ir 
una nao de mucho porte, y Lodos diiban noticia delU y 
que ya seria desembocada por la canal (h Baltama , pot^ 
que siempre tuvieron buen tiempo; y después de andar 
barloventeando con aquellos dos navios entre la canal 
y la Habana , y no hallaron recado de lo que venían & 
buscar, se volvieron á Sanliago de Cuba ; y si tristo 
estaba el Diego Velazqucz antes que enviase los navios, 
muy mas se congojó cuando los vió volver de aquel ar- 
te; y luego le aconsejaron sus amigos que se envíase á 
quejar i España al obispo de Burgos , que estalu por 
presidenta de Indias, que hacia mucho por él ; y tam- 
bién envió á dar sus quejas ó la isla de Santo Doiningii 
á la audiencia real que en ella residía y á los frailes Je- 
rónimos que estaban por goberoadores en ella, ques» 
decian (ray Luis de Figucroa y fray Aloaso de Sanio 
Domingo y fray Dernardino de Mauzanedo ; los cualel 
religiosos süliau estar y residir en el monastorio de la 
Mejorada , que es dos leguas de Medina del Campo ; y 
envían en posta un navio á la Hespinola y danics mucbat 
quejas de Corles y de lodos nosotros. Y como alcan- 
zaron i. saber eii la real audiencia nuestros prettdei 
servicios, la respuesta que le dierou los frailes fué qu« 
ú Cortés y los que con él aullábamos en las guerras lu 
so nos podía poner culpa , pues sobre lodas cosas acu- 
díamos ú nuestro rey y señor, y le enviábamos lan gran 
presente , que otro como él no so había visto de aa- 




CONQUISTA [)E 
ipM psstdosen nuestra EsfirtriH ; y eslo (tijerotí 
«n nquct Üeriipi) y saron nu tiubiu Perú ui mi?- 
; y tambicn le enviaron á decir que snles era- 
da que su majes! u<] no<t lii cíese mucli8<í 
Bataoces le euríaron al l>¡ego Yelazquex A 
Veutmdo que se deciu Zuuzo, pura que Ui 
rwidMcm, é á 1(1 menos liabia pocos meses que 
ido A la isla de CuIj» ; y como aquella res- 
le trujeroii al Uiega Volazquez , se congojó tnu- 
; j como de antes era muy gonio , se paró flaco 
Hoí dios; y luego con gran diligencia mandó 
tiulos los navios que pudo liaber en la isla y 
ir soldaitoí y capitanes , y procurd enviar una 
■da para prender & Cortés y á todos nosotros; 
^ diligencia puso, qite el mismo en persona sn- 
b Tilla en Tilla y en unas cstanctu'iy enotrai;, y 

Íi á todus las partes de la isla donde él no podía 
tr i sus amigos fueren á aquella jornada ; por 
I que en ohra de once me<;cs ó uo año allegú Ain 
telas grandes y pequeñas y sobre mil y irecien- 
■doaenlrecHpilanes y marineros; porque, como 
I dei trte que lie diclio , andar tan apasionado y 
), todos lus mas principales vecinos de Cuba, »sí 
lentes como los que tenian indios , se aparejaron 
iMnrir , y también envió por capitán genera! de 
( armadH á un bidalgo que se decía Páofdn de 
9, liombrj! alto de cuerpo y membrudo , y bn- 
l|go entonado, como medio de bóveda, y era na- 
t Vtlladotid , casado en la isla de Cuba con una 
|tws« llamaba Haría de Valenzueta , ya viuda , y 
leBM pueblos de indios y era mny rico. Donde 
té igora haciendo y aderezando su armada , y 
i i «lecir de nuestros procuradores y su buen vía- 
n|oe en una saxnn acontecian tres y cnniro co- 
lé puedo seguir la relación y materia de lo que 
bbliwto |Kir dejar de decir to que mas viene al 
tba,J i ectii causa no me culpen por<]ue satgn y 
Uto de ta orden por decir lo que mas adelante 

CAPITULO LVI. 

yracsndortí con bosD tiempo dttenbocaroD li 
¡#c ttbiBt j tu f »ct4 di)s Itecaroa 1 Culi I la , f lo ({ae 

t»tít IM tllMdid. 

dicho que partieron nuestros procuradores 
de San Juan de l'lúa en 6 del mes de julio 
IDOS , y con buen viaje llegaron á la Halmna, y 
Inambocaron la canal , é dice que aquella fué la 
«eiqtte por allí navegaron , y en poco tiempo 
i Itt islas de la Tercera , y desde allí á Sevilla, 
M pMtt á la corte, que estaba en Vaifadolíd, 
lente del rt»l consejo do Indioi don Juan 
de Fonseca , que era obispo de Burgos, y se 
iba arenbispo de Rosano y mandaba toda la cor- 
ifac el Emperador nuestro señor estaba en Flín- 
■ra mancvho; y como nuestros procuradores le 
■i henr las manos al Presidente muy uranos, 
rio que ie% hiciera mercedes, y datte nuestras car- 
vtacionea y ú presentar todo el oro y joyas , le 
kltMi que luego hiciese mensajero á su niajeitad y 
Mea aquel presente f curtos, y que ellos miónos 
HA II. 



nueva-espaSa. 

irían con ello ú besar sus reiües pi¿s ; y en vet de aga- 
sajarlos , les mostró poco amor y los favoreció muy pu' 
co , y aun les dijo palabras secas y ásperas. Nuestros 
embajadores dijeron que mirase su seíioriu los grandes 
servicios que Corles y sus compuüeros liacinmos i su 
niujestiid , y que le suplicaban i)tra ve/, que todas aque- 
llas joyas de oro, carias y relaciones las enviase luego 
á su majestad para que sepa todo lo que pai^a, y quo 
ello; iriuQ cou éL Y les tornó á responder muy sobcr- 
biumenle, y ami les mandó quo no tuviesen ellos cargo 
dello, que él le escribiría lo que pasaba, y no lo que le 
ducian , pues se habían levantado contra el Diego Ve- 
lazquez ; y pasaron otras muchas palabras agrias ; y eo 
esta saxon llegó & la corte el Benito Uartin , capellán do 
Uiego Yelazqucz , otro vez por mi nombrado , dando 
muchas quejas de Cortos y de todos nosotros, de que el 
Obispa se airó mucho mas contra nosotros; y porque 
el Aloasn Hernández Puertocarrero, como era caballero 
primo del conde de Medcllin , y porque el Montpjo no 
osaba desagradar al Presidente , decia al Obispo que le 
suplicaba muy ahincadamente que sin p;isioo Tuesea 
oidos y que no dijese las palabras que decía , y que lue- 
go enviase aquellos recaudos asi como los Iraíao ásii 
majestad, y que éramos servidores de h real corona, 
y que eran difinos de mercedes, y no de ser por pala- 
bras afrentados. Cuando aquello oyó el Obispo le mandó 
echar preso, y porque le inlonritiron que habia sacado 
de Medellin Ires o ños bahia «na mujer que se decía 
Muria Rodríguez y la llevó i las Indias. Por manera 
que totlos nuestros servicios y los presentes de oro es- 
taban del arte que aquf he dicho ; y acordaron nues- 
tros embajadores de callar hasta su tiempo é lugar. Y 
el Obispo escribió li su majestad i Fliíndes en favor de 
su prírndn é amiRonieRo Vetazquei, y muy malas pala- 
bras contra Hernando Cortés y conlra todos nosotrní; 
mas no hizo relación <)e ninguna maner.t de las cartas 
que le enviábamos, salvo que se habin alzado Heninndo 
Cortés al Diego Velazquez, y otras cfifns que dijo. Vol- 
vamos i decir M Alindo Fferniiridei Puertocarrero y 
del Francisco de liuntejo, y aun de Hiirlin Cortés , pa- 
dre del mismo Cortés, y de un licem'irtdo ^'l(^c7:, re- 
lator del real consejo de su majestad y cercano pariente 
del Cortés, qué liaciau por él; acordaron de enviar 
mensajeros á Ftándes coa otras cartas como las que 
dieran al obispo de Burgos, porque iban duplicadas las 
que enviamos con los procuradores, y escribieron & su 
majestad todo lo que pasaba é la memoria de las joyos 
de oVo del presente , y dando quejas del Obispo y des- 
cubriendo sus tratos que tenia con el Diego Velazquez; 
y aun otros ciballeros les favorecieron , que no estaban 
muy bien con el don Juan Rodríguez do Fonscca ; por- 
que, según decían, era malquisto por muchas dema- 
sías y soberbias que mostraba con los grandes cargos 
que tenia ; y romo nuestros grandes servicios eran por 
Dios ouc-tru Señor y por su majestad, y siempre po- 
níamos nuestras fuerans en ello, quiso Dtot que su 
majestad lo alcanzó á saber muy claramente; y como 
lo víó yenlendió, fué tanto el contentamiento que mos- 
tró, y los duques, marqueses y condes y otros caballeros 
que estaban en su real corte , que en otra cosa no ha- 
blaban por algunos días sino de Cortés y de todos nos- 

4 



(O ÜEflNAL DUZ 

ntro» los que íe ayudumos cu ias concjuistas, y de liis ri- 
quezas qm deslBs parles le eíiviamos; y u?í por esln 
como ¡K>r luí cartas glosRdas que sobre ullo \t e<;criliiú 
fl obispo (le Burgos, desque vio su oiajesUiJ iiuo toiJo 

■ era al contrario de Ja verdad, desde atli mielaiile le 
tuvo malo voUtntJid al Obispo, especialmente que no 

■ enrió todtslos piezss de oro, é se quedócon gron parle 
íielias. Todo lo cuul alcanzó ii sabar él mismo Obispo, 
■ijue so lo escribieron drsiie Fhíndes, de lo cual recibió 

muy grande enojo ; y si de anlM que fuesen nuestras 
carias ante su majeslnd el Ohispo decía muchos males 
dfl Corles y de lodos nosotros , de alli ndelanle i boc» 
■llena nos llamaba traidores; mas quiso Dios que perdií'i 
In riiriá y bravezo , que desde ahi á dos aoos fué recu- 
sado y aun quedó corrido y afrentado, y nosotros que- 
damos por muy leales servidores , como adelante drrí 
fleque venpa i coyuntura; y escribió su majestad que 
presto vendría i Castilla y enlenderia en lo que nos 
í-onviniese, 6nos baria mercedes, Y porque adeloiite 
lo diré muy por extenso cónjo y de qué manera pa^f^, 
sequnitorá aijui asi, y nuestros procuradores aguardan- 
lio la venida de su majestad. V antes que mus pase 
adelante quiero decir, por lo que me lian preguntarlo 
tiertos caballeros muy curiosos , y aun tienen razón de 
lo saber , que ¿cómo puedo yo escribir en esta relacíi>[i 
lo que no vi , pues estaba en aquella sazón en las coii- 
quislas de la Nueva- Espaóa cuaudo los procuradores 
dieron las carias, recaudas y presente de oro que lle- 
vabau para su majestad . y tuvieron aquellas contiendas 
con el obispo de Búrfros? A etto digo que nuestros pro- 
curadores nos escribiun i los vcrdaíleros conquistado- 
res lo que pasaba , asi lo del obispo de Burgos como lo 
qud «u majestad fué servido mandar en nuestro favor, 
luirá por letra en capílulns, y de qué manera pasaba; y 
Corles nos enviaba otras cartas que recebia de nues- 
I ros procuradores, ú las villas donde vivíamos en aquC' 
Ha saznn, para que viésetnos cuan bien negociúliamos 
con su majestad y qué grande contrario teníamos cu el 
obispo de Burgos. Y esto doy por descargo de lo que 
me preguntaban «quelios caballeros que dicho tengo. 
Bajemos esto , y digamos en otro capitulo lo que en 
nuestro real pasó. 

CAPITULO LVd. 

C4ao dcípatt <li)« partiirna niciiro! «mbajailar» para su xat' 
itiiiil con tata el om y ckuí j relaciant;! de lo <iue en ti real 
te biio , f ij j aiticja n^t Curies luaniia bacer. 

Desde & cuatro dias que partieron nuestros procura- 
dores para ir ante el Emperador nuestra «eñor, como 
dicho habernos , y los comzonos de los liombres son de 
muchas calidades í> pensiimienlos , parece ser que unos 
amigos y criados drl Diego Velazquez, que se decían 
Pedro Escudero y un Juan Cermeño , y un Gosasto de 
Umbría, piloto, y tíernaldino do Coria , vcrfno que fué 
después de Cbíapa, padre de un U ulano Centeno, y un 
clérigo que so decía Juan Díaz, y ciertos hombres de la 
marqúese decían Penates, natureles de Gibraleon, cs- 
Isbau mal con Corles, los uoos porque no les diú licen- 
cia para se volver & Cuba, como se la liuhian prometido, 
y otros porque no les dio parte del oro que enviamos u 
Castilla ; los Penates porque los azotó en Cozumel , co- 



DEl. CASTILLO. 

I mo ya o Ira vez tengo dicho , cuando hurlaron lo« (oci- 
óos £ un soldado que se decía Barrio ; acordaron todo* 

I de tomar un navio de poco porte é irse con él i Cuba i 
dar mandudo al Diego Vetatquei , para avísalle cómo 
cu la Habana podían tomar en la estancia de Francisco 
Monlcjo á nui-islros procuradores con el oro y recau- 
dos; que, según pareció, de otras personas principales 
que estaban eii nuestro real fueron ucousejados que 
fuesen á aquella estancia que he dielio, y aun escribie- 
ron para que el Diego Velaiquez tuviese tiempo de ha- 
hellos ii las manos. Por manera que las personas que be 
diclio ya tenían metido matulo loje, que era pao cazab^ 
aceite, pescado y agua , y otras pobrez;is de lo qua 
dtan haber ; é ya que se Iban á embarcar, y era k \ 
de media nocbe,e] uno dellos,que era el Bernaldinode 
Coria, parece serse arrepintió de se volver ii Cuhn, y la 
fué & hacer saber A Cortés. E como lo supo , c i^ que 
manera y cuántos é por qué caa^as se querían ir, y 
quiénes fueron en Ins consejos y tramas para ello, leí 
mandó luego sacar las velas, sfínja y limón del navio, 
y los mandó ecliar presos y les tomó sus confesiones, y 
confesaron la verdad, y conilenarnt) A otros que estaban 
con nosotros, que se disimuló por el tiempo, que no per- 
mitía otra cosa; y por sentencia que dio, mandó ahorcar 
a! Pedro Escudero y é Juan Cermeño , y & corlar los 
pies al piloto Goniaio de Umbría, y azotará los marine- 
ros Penates, i cada ducíentos azotes; y al padre lusn 
Díaz sí no fuera de mi<a tanihicii lo citstigara , mas me- 
tióle algo lomor. Acuerdóme que cuando Cortés firii>ó 
aquella sentencia dijo con giandes suspiros y senií- 
mieotos; « ¡Ob, qu¡'';n no supiera escríl.ir, para do 6r- 
mar muertes de linmhr»"!!» Y pnrecmio que aqueste 
dicho es muy común entre los jueces quo senlencion 
algunas personas á muerte , que lo tamaron de aquel 
cruel Neroo en el liempo que di6 muestras de buen em- 
perador; y así como se jiuho ejeculado la sentencia , se 
fué Cortés luego li mata-caballo & Cempoal, que es cin- 
co leguas de la villa, y nos maudó que luego fuésemos 
tros el ducicntos soldados y lodos los de á caballo; y 
acuerdóme que Pedro de Albarado, que había tres días 
que le había enviado Cortés con otros ducientos solda- 
das por los pueblos de la sierra porque tuviesen qué 
comer, porque en nuestra villa pasábamos mucha ne- 
cesidad de baslimenlos, y le mandó que se fuese á 
Cempoal pura que allí diéramos orden de nuestro viaje 
¿Méjico. Por manera que el Pedro de Albarado no se 
halló presente cuando se liízo la jtislícía qun dicho ten- 
go. Ycuuudo nos vimos juntos cu Cempoal, ta urden 
que se dio ea lodo diré adelante. 

CAPITULO LVm. 

Cóaiii aeordamss it ir i Híjiea , j un!» que partit.'finos dar na 
todos los m-HQí al liatéi , j lo que oiis ptJÁ ; y nio ir iar 
caá lo* nanos al Irivét lai por canscja é acaerilD ile lodoi noi- 
otros los qie éranoi ihIeoí de Corits. 

Estando en Cempoal , como dicho lengo , platicando 
con Cortés en lus cosas de la guerra y camino para ade- 
lante, de plática en plática le aconsejamos los que éra- 
mos sus amigos que no dejase navio en el puerto nin- 
guno, sino que luego diese al través con lodos, y no 
quedasen ocasiones, porque entre tanto que esübatiius 



i 



CONQUISTA OK NLEVA-ESPaSA. 
«dralro 00 se alzasen otras p^ri^nnns com» los | 
; 3f demás desiu, que t«iiiuriiu^ imielia ayuda de 
, pilotos } marineros, que serian al pié de 
m, y que mejor ou^ ayudarían ¿ pelear y 
que no estando en el puerto ; y según t¡ y ea- 
pUticadedarcoalúsiruvioí al tr&vésque allí 
fimos, el misma Cortés lo tenia ya couccrlado, 
;UÍ< o ({ue saliese de nosotros, porque si ulgo 
iti que pagase los navios, que era por nues- 
j lodos fuésemos ea los pagar. Y luego 
üii Juan de Escjlünle, que era ulguacil mayor 
■ de niuciio valar y gran amigo de Cortés, y 
ko de IHcgo Vela^.qucí porijuo cu la isla de Cu- 
» dio buenos indios , que Juego fuese ú la villa , y 
todos los navios se sacasen todas ius anclas, ca- 
y lo que dentro tenian úo. que se pudieren 
Ebar, f que díase con todos elluü al iravtJs, que 
mus de los bateles; é que los püulos é 
vi^os y marineros que no eran dueños para ir 
I, que se quedasen en la villa, y eon dos cliin- 
qiM tuviesen cargo de pescar, que en aquel 
«leoipre había pescado , aunque no muclio ; y 
\i* Escalante lo tiizo según y de la manera que 
ttOiUdo , y luego se vino i Cempoat con una ca- 
de liouilires de la mar, que fueron los que saca- 
iios navios, y salieron algunos dellos muy buenos 
pi. Tues liectio esto, mandó Cortés llamar á ta- 
cariqtirs d<^ la «errjoía de los pucUIos nucslroí 
trsil idos al gran Moiiiezuina, y les di- 

Dlui ^iriiloF^iguequedabunen la Villa- 

acabur do Imcer la iglesia, turtaleza y casas; y 
dcllos Inmá Cortes por la mano al Juan de 
, y les dijo : u Ksie es mi hermano; h y que lo 
I mandase que lo hiciosen ; é que si huliicsen me- 
ítvuré ayuda contra algunos indios mejicanos, 
lÉHiirrieseo, que él iria en persona i les ayudar, i 
Pm caciques se ofrecieron de buena voluntad 
ir Jo que les mandase ; é acuérikime que luego ' 
im«ma ul Juan de Escalante con sus inciensos, | 
me quiso. Ya lie dicho era persona muy bastante < 
miqaier c«ri^>o y amigo de Cortés , y con aquella 
MI te puio ea aquella villa y puerto por capitán, 
|i sigo enviaso Diego Velazquez , que bubiese | 
rií-i». líejallo be aqui , y diré lo que pasó. Aquí es ! 
dice el coronista Gúmora que mando Cortés bar- I 
los navios , y también dice el mismo que Cortés j 
ktfmiktíor í los soldados que queria ir & Méjico | 
les del gran Montejuma. Pues ¿de qué condición | 
llns españoles para no ir adelattl'', y estamos en I 
Bo unpmos provccfio é guerras? También i 
Gdmora que Pedro de Ircio quedé por \ 
ti Veracruz; no le informaron bien. Digo 
de Escalante fué el que quedé por capitán y 
Myor de la Nueva- España, que aun al Pedro 
no ¡f hablan dado cargo ninguno, ni aun de 
Itero , n« era pitra ello , ni es juf to dar i nadie lo 
lavo, ni quitarle 6 quien lo tuvo. 



11 



CAPITLLO UX. 



D< an ratoMmicnlo qoe CorWt i>a> hile deipatt de liilkn átéo 
ton los sanloi al uivíi, ) cdna igircitiBaí luestr» ida pin 
Méjico. 

Después de baber dado con los navios al travésá ojos 
vistas, y no como lo dice el coronista Gómora, una ma- 
ñana, después de haber oido misa , estando que esiúlNi- 
mos todos los capitanes y solihidos juntos hablando con 
Cortés en cosas de la guerra, dijo que nos pedia por mer- 
ced que le oyésemos, y propuso un ranmamiento desla 
manera: nQue ya liabiamos entendido la jornada á que 
íbamos, y mediautc nuestro Señur Jesucristo liubiamos 
de vencer todas las balullas y rencuentros, y que liabia- 
mos de estar tan prestas para ello como convenía ¡ por'- 
que en cualquier parte que fuésemos desbaralailos ( to 
cual Dios no permitiese) no pndriumos aUar caljc^a, 
por ser muy pocos, y que no tcuianios otro socorro m 
ayuda sino el de Dios , porque ya no teníamos navion 
para ir ¡i Cuba, salvo ntieslru buen peluar y corazones 
fuertes; y sobre ello dijo otras muclias conipa raciones 
de beclios heroicos de ¡as romanos, » Y lodos á una 
le respondimos que bariamos lo que ordenase; que 
echada estábala suerte de la buena d mala ventura, co- 
mo dijo Julio César sobre el Rubicon, pues eran todo<: 
nuestros servicios para senir ú Dios y á su majestad. V 
después deste razonamiento, que fué muy bueno, cier- 
to , con otras palabras mas melosas y elocuencia que yo 
aqui las digo, luego mandó llamar ai cacique gordo, y 
le tornó ú traer ú ia memoria que tuviese muy reveren- 
ciada y limpia la iglesia y cruz ; é demás desto le dijo 
que él se quería partir luego para Méjico á mandar i 
Moatczuma que no robe ni sucrilique ; é que ha menester 
ducie a tos indios tainemes para llevar el artiltería, que 
ya he dicho otra vez que llevan dos arrobas 4 cuentas 
é andan con ellas cinco leguas; y también los deman- 
dó cincuenta principales hombres de i;nerra que fuesen 
con nosotros. Estando dclu mooorn pura piirlir, vino 
de la Villa-nica un soldado con una carta del Juan de 
Escelante, que ya le había mandado otra vez CortéR 
que fuese á Id villa para que le enviase otros soldados, 
y lo que en la carta decía el Escalante era que andaba 
un nuvio por la costa , y que le habla hecho ahumadas y 
otras grandes señas, y había puesto unas mantas blan- 
cas por banderas , y que cabalgó á caballo con una capa 
de grana colorada purque lo viesen los del navio; y 
que le pareció á él que Dien vieron las señas , bandera.', 
caballo y capa, y no quisieron venir al puerto; y que 
luego envió españoles á ver en qué panijd iba , y le tru- 
jeroQ respuesta que tres leguas de allí estaba surto, 
cerca de uoa boca de un rio ; y que se lo hace saber 
pera ver lo que manda. V como Cortés vio la carta, 
niaodó luego á Pedro de Albarado que tuviese cargo de 
todo el ejército que estaba alli en Cempoal, y junta- 
mente con (.'I i Gonzalo de Sandoval, que ya daba 
muestras de varón muy esforzado, como siempre lo fué. 
Este fué el primer cargo que tuvo el Saodoval ; y aun so- 
bre que le dio entonces atjuel cargo, que fué el prime- 
ro, y se lo dejó de dar á AlotL^o de Avila , tuvieron cier- 
tas cosquilias el Alonso de Avila y el Saudoval. Volvu- 
oaos i nuestro cuento, y os, que lurgo Cortas cabalfí<< 



BERNAL DÍAZ 
1 00 cuBtru lie ú caballo que le acampaüaroD , y manilo 
ijui> [u sigui(!>«cmn^ citicucirtu soklados de los mas suel* 
lüK , porque Ctirlés uos nombró los que hablamos de ir 
con (I ; ; aquella noclie llcgamoá d la Villu-Rica. Y lo 
que allí pasuiiiDí; diré adelante. 

CAPITULO LX. 

CdBQ Cnrltt fué tdanil; nubi surlo el natío, j jirriidlaat ici> 
toldidoi r niiriniTus (jnc dd iiaviu liutrrOD, 31 la que sobre 

A&icomo llegamos ¡i b V¡no-Ricn, como dicho len- 
go, vino Juan (le Escalanle á liahliirá Cortés, y le dito 
que seria bien ir luego aquella noche al navio, por ven- 
tur» no aliaíe velas v so fiie^se, y que reposóse el Cor- 
tés, qne él iria con vciuie soldmlos. Y Corles dijo que 
no podia reposar; que calin coja no tenga siesta, que 
íl (juería ir en persona con los soldailos que consigo 
traía; yantes que hocnda comiésemas comcn7,Hmos d 
caminar la costa aticlanle, y topamos en el camino ¿ 
cuatro españoles que veniun á lomar poseüion en uquo- 
llu tierra por Francisco de Gariy, gobernador de Jo- 
ma ico, los cuates enviaba un capitán que estaba po- 
blando de pocos dins liabia en el rio do l'útiuco, que se 
llamaba Alonso Alvareí de l'inedo ó Pint>do ; y los cuii- 
!ro españoles que lotnamos se deciim Guiüen íle la Lon, 
(Ste venia por escribano; y los lesiigos que iraia pura 
tomar la po3«sion se decian Andrés Nuñwj;, y era car- 
pinlero de ribera, y el nlro se dccia niae'ilrtí Pedro el 
He la Arpa, y era valenciano ; el olro no me acnerilii el 
nombro, V como Cortés hubo bien entendido cómo ne- 
nien á tomar posesión en nntnbre de Kroneisco (to Ca- 
ray, é supo que quedaba en Jainiiicü y envinha capita- 
nes, pregtmidles Cijrlés que por qué ¡itiilo O por qiii 
vía venían aquellos capitanes. Respondieron los cuatro 
hombresquc on el año de tSlS, como Imbia fama cu 
todas las islas de las tierras que descubrimos cuando lo 
de Francisco Hcruandei de Córdoba y Juan de (irijal- 
»a, y llevamos á Cuba los veinte mil pesos de oro á Uie- 
(;o Velaxquez,que enlonres turo relación el Caray (W 
piloto Antón de Alaminos y de otro piloto que btibia- 
inos traído con nosotros , que podía pedir á su majeslad 
desde el rio de San Pedro y San Pablo por la hunda del 
norte lodo loque descubriese; y como el Garuy tenia 
en la corte quien le favoreciese enn el favor qno cspe- 
nhi, envió no mayordomo suyo que se dccia Torra I- 
va , á lo m-guciur, y trujo provisiones ¡lara que fueíe 
, adelantado y fiohernador desde el rio de San Pedro y 
»Sün Pablo y lodo lo que descubriese; y por aquellos 
provisiones envió luego tres navios con hasta ducien- 
tos y sclcntn soldados con haílimenios y eaboDos, con 
el capitán por mi nombrado, que se dcria Alonso Alra- 
rezPineiIü ó Pinedo, y que estaba poblando en un rio 
ijuese dicu Panuco, obra de Kelenta leguas de otlí; y 
que ellos lucieron to que su capiían les mandó, y que 
tm lienirn culpo. Y como lo hubo cutewiido Cortés, 
C'in palabras amorosas les imliiRÓ, y les (tijn que si po- 
driomos tomar aquel naviu; y el Guillen do la Loa, que 
era el mas principal de los cuatro hombres , dijo que 
capearían y liarian to que pudiesen ; y por bien que los 
' Jlamu-on y cipearon, ni por s^as que les hicitsron , no 
quisieron venir; porque, seguu dije ron aquellos hom- 



irque tenían no- || 
; y cuan lio Timos J 
que dc<dc el ni- 1 



DEL CASTILLO. 

bres, su capitán tes mandó que mirasen que los solda- 
dos de Cortés no topasen con ellos, porque tenían no- 
ticia que estábamos en aquella tierra; y 
que DO venia el batel, bien entendimos que i 
vio nos hablan visto venir por ta cosía adelante, y qiiesi 
no ero con maña nn volverían con el batel á aqneíla liirr- 
ra ; é rogóles Cortés que se desnuilaseu aqni?l!os cuatro 
hombres sus vestidos para que se los vistiesen oíros 
cuatro hombres de bis nuestros, y osi lo hli'ioron; y 
luego nos volvinins por la costa adelante pordnmle ha- 
bía nios venido, para que nos viesen volver desde el 
navio , para que creyesen los del navio que de hecho 
nos volvimos, y qoedá hamos los cuairo de nitestnis sol- 
dados vestidos los vestidos de los otros cuairo, y estn- 
vinios con Cortés en c! monte escondidos hasta inns d« 
media noche que Iticicíe escuro para volvernos enfren- 
te del riarhuelr) , y inity escoariidos , que no piireciantM 
otros, sino los cuatro soldados de lis nuestros ; y como 
amaneció cotiienzaron d capear los cuatro soldados, y 
luego vinieron en el Imlc.l seis marineros, y los dossal- 
líiron en tierra con umis dns bolijas de agua ; y enton- 
ces aguardamos los que estibamos con Cortés escondi- 
dos que Gidtusen los demiis mariuerus, y no quisieron 
s.iltar en tierra ; y los cuatro de los nuestros que tenisn 
' vestidas las ropas de los otros de Garay liacian que es- 
taban lavando las manos y escondiendo las caras, y de- 
cían los del batel ; «Venios d embarcar; ¿qué hacéis? 
¿porqué no venís?» Y entonces respondió uno de los 
iiueíl ros : (iSuItad en tierra y veréis aquí un poco, » Y co- 
nio desconocieron ta voz , se volvieron con su balel, j 
pitr mas que los llamaron, no quisieron responder; j 
querinmos lestirarcon las escopetas y ballestas, y Cor- 
tés dijo que no so bicieüe tal , qne se fuesen con Dios í 
dar mandado ú su capitán ; por manera qae se hubie- 
riiii de aquel navio seis soldados, los cuatro hubimos 
¡irimero, y dos marineros que sallaron en tierra; y así, 
volvimos ú Villa-Rica , y todo eílo siu comer coso nin- 
guna ; y esto es lo que so hm , y no lo que escribe el 
coronista Góinora, porque dice que vino Garay en aquel 
liiMupo, y engañóse, que primero que viniese envió tres 
capitanes con navios; los cuales diré adelante en qoé 
tiempo vinieron é qué so liir.o dcllos, y también en el 
tiempo que vino Caray ; y pasemos adelante, é dire- 
mos cómo acordamos de ir á Méjico. 

CAPITULO LXI. 

CiWiU) ordciimol dr ir i la ctailid de HíjtcD, t Por rnmrjo 4t\ 
Cacique fnitnojj por Tlasctii , y <le la qac duü acacciij ai it reu- 
cueolroi de guerra coma de aím casas. 

Después de bien considerada la partida paro Méjico, 
tomamos consejo sobre el camino que habíamos de Ib.'- 
var, y fué acordado por les principales de Cempoal que 
el mejor y mas conveniente era pnr la provincia de 
Tlasruta , porque eran sus amigos y mortales enemi- 
gos de mejicanos, é ya tcoinn apareja ilos cuarenta prin- 
cipales, y lodos hombres do guerra, que Tueron coa 
líüsolros y nos ayudiiron mnclio en aquella jornada, y 
mas nos dieronducientoslamemes para llevar el artille- 
ría; que pora nosotros los pobres soldados no habíamos 
menester ninguno , porque en aquel tiempo no tenta- 
mos qué llevar, porque nuestras armjit, nsi lamas cu- 



CONQUISTA DE 
is ybaUesUts j rodelas, ; todo oiro género 
tdormiamos j caminúüanios, y calzados 
itlp*rgates,queera iiuuslra calzado, y como he 
apre , muy apercebidos pnro pelear ; y porti- 
I CeD)p4)al demediado el mes do agosta de iS19 
f «ieaipre coa muy buena urden, y los corredores 
I y cieflos soldudüs muy sueltos delante ; y la 
I jornada fuin>os aun pueblo que se dice Julspa, 
Je allí á Sncncliinia, y estaba muy fuerte y mala 
i, j en él Imbia muclias parras de uvas de lu 
6gna; j en etlos pueblos se ics dijo con dooa Marina y 
Jentoino de Aguiiar, nuestras lenguas, todus las cosas 
«ffn'— i uue^lra sania ft% y cómo éramos vasallos del 
(■penidor áoa Carlos, é ijue nos envió para quitar que 
wfaa;> HwssatTtlicii^de huiabre^ ni se robasen unus 
éMroi, 7 se les declaró muchas cüí^s que se les cou* 
«wis áuüir ; y como eran aiiiigus de Cempoal y no tri- 
1 é Uontezuma, hallábamos eu ellos muy bue- 
y nos daban de canter , y se puso en cudu 
oni cruz, y se les declaro lo que significaba 
éque la tuviesen en muclui revereacia; y desde Sucu- 
düios pasamos uuas altas sierras y puerto , y llegamos 
t otro pueblo que se dice Teiutla, y también bailamos 
m MUh buena voluntad, porque tampoco daban iribulo 
tMBO los daniás ; y desde aquel pueblo acabamos de su* 
ÜrtodttLu sierras y entramos en ei despoblado, donde 
1 may gran ¡ñu y granizo aquella noche , donde tu- 
khlla de comida, y venia un viento de la sierra ue- 
i,qa« estaba & un lado, que nos hacia temblar de 
purifue, como liabiamos venido de la isla de Culia 
! ía Villa-Rica, y toda aquella cosía es muy calurosa, 
noa en tierra fría , y no leniamos con qu<i uns 
r sino con nuestras armns, sentiamus las heladas, 
(MérttDos acostumbrados al frió; y desde alli ¡w- 
liotro puerto, donde hallamos uaas caserías y 
ladoralorios de Ídolos, que ya he díclio que se 
I, y tenia a grandes rimeros de leña para el 
> de los ídolos que estaban en aqucllns udoruto- 
t; } tampoco tuvimos qué comer, y huciu recio frío ; 
de alli entramos en tierra de un pueblo que se de- 
iCocotlau, j enviamos dos indios de Cempoal á de- 
■I Cacique cómo íbamos, que tuviesen por bien 
I Itejj'iida & sus casas ; y era sujeto cslc pueblo ^ 
D, y siempre camino banios mu y apercebidos y con 
■o concierto , purque viamosqueya era olra manera 
^tlein; jctiamb vimos blanquear muchas aiuteas, 
del Cacique y los cucsy adoralorios, que. 
' allOT y encalados , parecían muy bien, como 
t pueblos de nuestra España , y pusimosle nom-~ 
iGntilUiaca , porque dijeron unos soldados portu~ 
iparecin ú la villa de Casteloblanco de Por- 
I, j mIm llama ahora; y como supieron en aquel 
I par mi nombrado, por los mensajeros que eo-, 
k, cómo íbamos, salió el Caciquea recebirnos^ 
I ctt9* príuci[Kiles junto á sus cusas ; el cual caciqua 
I Olinlacle, y nos llevaron á unos aptiscntos y. 
I da comer poca cosa y de mala voluntad ; y 
^ql)e hubimos comido , Cortés les preguntó con 
( ieoguudB las cosas de su señor MoniczumaT' 
Ujo de MIS grandes poderes de guerreros que tenia 
» la* proriocias sujetas, sin otros muchos ejér- 



NUEVA-ESPASa. - 51 

¡ c i tos que tenia eo las (roolcras y provincias com arce- 
nes ; y luego dijo de la gran fortaleza de Méjico y cómo 
estaban fundadas las casas sobre agua, y que de una 
casa i olra no se podía pasar sino por puentes que te- 
nían hechas y en canoas ; y las casas todas de azuleas, 
y en cada azutea si querían poner mamparos eran for- 
talezas; y que para enlrar dentro en la ciudad que ha- 
bía tres calzadas, y en cada calzada cuatro á cinco 
aberturas por doude se pasaba el agua de una parte a 
otra; y en cada una de aquellas oberturas había una 
puente, y con alzar cualquiera dellas, que son becbas de 
madera, no pueden enlrar en Méjico; y luego dijo del 
mucho oro y piala y piedras cbalchiuis y riquezas que 
teuia Montezuma, su señor, que nunca acababa dú de- 
cir otras muchas cosas de cuan gran señor era, que 
Cortés y todos nosotros estábamos admirados de lo oír; 
y con todo cuanto contaban de su gran fortaleza y 
puentes, como somos de tal calidad los soldadas espa- 
ñoles, quisiéramos ya estar probando ventura, y aunque 
mis parecía cosu imposible, seguiji lo señalaba y deciu el 
Olintecle. Y verdaderamente era Míjico muy mas fuer- 
te y tenía mayores pertreclios de nlbarrtidas que todo lo 
que decia ; porque una cosa es haberlo visto de la ma- 
nera y fuerzas que tenio , y no como )o escribo ; y dijii 
que era tan gran señor Montezuma, que todo lo queque- 
ríe señoreaba, y qae no sabia si seria contento cuando 
supiese nuestra estada aílí en aquel pueblo, por nos ha- 
ber aposentado y dado de comer sin su licencia ; y Cor- 
tés lo dijo con nuestras lenguas : a Pues hágoos saber 
que nosotros venimos de lejas lierras por mandudo de 
nuestro rey y señor, que es el emperador don Cárl<K, da 
quien son vasallos muchos y grandes señores , y envía 
ú mandar á ese vuestro gran Montezuma que uo sacrí- 
fjque ni mole ningunos indios, ní robe sus vasallos ni 
tome ningunas tierras, V pnra que dé la obediencia i 
nuestro rey y señor; y ahora lo digo asimismo ú vos, 
01inlecle,yá todoslns mas caciques que aquí estáis, que 
dejéis vuestros sacrificios y no comáis carnes do vues- 
tros prójimos, n i hagáis sodomías ni las cosas feas que 
soléis hacer, porque así lo manda nuesiro Señor Dins, 
que es el que adoramos y creemos , y nos da la vida y lu 
m iterto y nos ha de llevar ú los cielos ;» y so les declaró 
otras muchas cusas liicantes & imestra santa fe, y ellos 
& lodo callatum. Y dijo Cortés á los soldados que alli 
uos hallamos : u Paréceme , señores, que ya ijuo no po- 
demos hacer otra cosa, que so ponga una cruz. » Y res- 
pondió ei padre fray Bartolomé de Olmedo : « Paréce- 
me , Señor, que en estos pueblos no es tiempo pera de- 
jallescruzen su poder, porquesoualyo desvergonzados 
y sin temor; y como son vasallos de Montezuma, no la 
quemen ó bagan alguna cosa mala ; y esto que se les 
dijo basta hasta que tengan mas c o nucí miento de nues- 
tra santa fe; » y asi , se quedó sin poner la cruz. Deje- 
mos esto y de las santas arooneslacioucs que les hacía- 
mos, y digamos que como llevábamos un lebrel de muy 
gran cuerpo , que era do Francisco de Lugo , j ladraba 
mucho de noche, parece ser preguntaban aquellos ca- 
ciq<jes del pueblo i lo* amigos que traíamos de Cein- 
poul que si era tigre 6 león, ó cosa con que matubim 
liis indios ; y respondieron : «T rúenle para que cuando 
iitguno los enoja I'M mate, n Y también le$ preguataro.) 



If BEtlNAL DÍAZ 

que «quellas boriibardas que trenmás , ijuú liaoiaOKM 
eMi «this; y respondieron que con uiibs piedrnf que 
üetiamoi deotro dellas matálianios é quien queríamos; 
y que los cabütlos coman como veñudos, y olcanziba- 
tnM<!on ellos & quien les miindátjiimas. Y dijo el ülinie- 
cle j los demás principales: «Luego desa manera teoles 
deben de ser. h Ya lie dicbo otras veces que d los Idolcs 
6 so» dioses 6 cosas malas llamalian leu les. Y respon- 
áieron nuestros amlgns : «iPues ¡cómo! ¿aliorn lo veis? 
Mirad que no bagáis cosa con que ¡os enojéis, que lue- 
go sabrán, que soben lo que tenéis en el pensamiento; 
|vorque estos feules son los que prendieron á los recau- 
dadores del Tuestro gran Mootezuma, y mandaron que 
no les diesen mas tributo ea todas las sierras ni en 
nuestro pueblo de Cempoal ; y estos son los que nos 
derrocaron de nuestros templos nuestros teules , y pu- 
sieron los suyos, y li.in vencido los de Tabasco y Cin- 
gapacinga. Y demiis dcsto , ya habréis visto cúmo el 
gran Monlezuma, aunt[ue liene tantos poderes, los en- 
níia oro y mantas , y oiiora han venido á este vuestro 
pueblo 7 veo que no les dais nada ; atidail presto y trael- 
¿es algún presente.» Por manera que traíamos con nos- 
otros buenos echacuervos , porque luego trujeron cua- 
tro pinjantes y tres collares y unes In^urlijus, aunque 
era de oro todo muy bajff; y mas trujeron cuatro in- 
dias, que eran buenas para moler pau , y una carga de 
manías. Cortés las recibiú con alegre volunta d y con 
grandes orrecimientos. Acuerdóme que iciiian en una 
plaza , adonde estaban unos adoralorios , puestos tantos 
rimeros de calaveras de muertos, que se podian bi^n 
contar, según el concierto con que estaban puestas, 
^ue me parece que eran mas de cien mil , y digo otra 
vez sobre cien mit ; y en otra parte ríe la plaza estaban 
otros tantos rimeros de zancarrones y huesos de muer- 
tos que QO se podian contar, y tenían en unas vigns 
niuciras cabezas colgadas de una p&rtc á otra , y esta- 
ban guardando aquellos liuesos y calaveras tres pipüs 
que , según entendinto; , ienian cargo dellos ; de lo cual 
tuvimos que mirar mas después f¡uo entramos mas la 
tierrs adentro ; y en todos fos pueblos estaban de aque- 
lla manera , é también en lo de Tlascula. Casado todo 
esto que aquí be dicho , acordamos de ir nuestro cumí- 
óoporTIascala, porque decían nuestros amigoseslalwit 
muy cerca , y que los térniiims estaban alti junto donde 
tenían puestos por seBalos unos mojones; y sobre ello 
te preguntó al cacique Olin tecle que cu&l era mejor cn- 
fbino y mas llano para ir á Mt^jico ; y dijo que por un puc- 
tío muy grande que se decía Choulula ; y los de Cetn- 
|)oal dijeron & Cortés : n Señor, no vais por Clioulula, 
que son muy traidores y tiene alii siempre Montezuiiia 
sus guarniciones de guerra;» y que fuésemos por 'flus- 
cola, que eran sus amigos, y enemigos de uicjicunns; y 
asi , acordamos de tomar el consejo de los de Ccmptial, 

>4)ue Dios lo encaminaba todo; y Cortés demandó luego 
alOlintecle veinte hombres principales guerreros que 

' fuesen con nosotros , y luego nos los dieron ; y otro dia 
de mañana fuimos camino de Tlascala, y llegamos aun 

' pueblettielo que era de los de Xalacingo, y de alii en- 
viamos por mensajeros dos indios de los principales do 
Cempoal, de los indios que solían decir muchos bienes 
y loss de lot I lasca I lecas y que eran sus amigos , y les 



DEI. CASTILLO. 
enviamos ano carta, puesto quo Mbíumas'que no lo 

entenderían , y también un chapeo de losvedijudnsco- 
I loradosde Flándes, que entóneos se osaban; y lo quo 
j se hizo diremos adelante. 

CAPÍTULO LXIL 

Cínn le artFrDilnt; que fuíumat por Tliscili, ; I» etiTilbanM 
miniíivTai pan que luvicseo (lor bien naittri ida por si uer- 
n , j cAiDo prendieroD i lus mcnujerus , j lo qsi bis u aii». 

Como salimos de Castilblanco , y fuimos por nuestro 
camino, los corredores del campo siempre delante y 
muy apercebidoB , en gr;in concierto los escopeteros y 
ballesteros, como couvenia, y tos de i caballo mucba 
mejor, y siempre nuestras armas vestidas, cómo lo te- 
ntamos de costumbre. Dejemos esto; no sé para qué 
gasto mas palabras sobre ello, sino que estábamos tan 
nperceb¡dos,a5Í de dia camode noclie.qiicsi diesen 
al arma diez veces, en aquel punto nos hallaran muy 
puertos, caíiados nuestros alpargates, y las espadas y 
roditks y lanzas puesto todo muy á mano; y con uque»- 
ta orden llegíunos ú un pueblezueto de .Xaliicingn, y alli 
nos dieron un collar de oro y unas mantas y dos indiai, 
y de«(le aquel puebtoenvíomosdosmeiisajcrospritjcipí- 
les de los de Cempoal á Tlascala con una carta y con un 
chapeo vedejudo de riiíiides, colorada, que se usaban 
entonces; y puesto que la carta bien entendimos que 
no [a sabrían loer , sino que como viesen el papel dife- 
renciado lie lo suyo, eonorerian que era de mensajería, 
y lo que les envüinos & decir con los mensajeros có- 
mo ibumosá su pueblo, y que lo tuviesen por bien, que 
lio les íkimos á hacer enojn, sino lonellos por omigos; 
y esto fué porque en aquel pueblexiielo nos certiGcaroo 
que toda Tlascala estaba pue<;la en armas contra nos- 
otros, porque, scgon pareció, ya tenisn noticia cétno 
ihamosy quo llcvíbamos con nosoirns muchos ami- 
gos, asi de' Cempoal como los de Zocollan y de utros 
pueblos por donde habíamos pasada , y lodos solían dar 
tributo a Montozuma, tuvieron porciertn que íbamos 
contra ellos, piirque les tenían por eininyigos; y como 
otras veces los mejicnnos con mañas y cautelas les en- 
traban en la tierra y se la saqueaban , así creyeron 
querían hacer ora ; por manera que luego como llega- 
ron los dos nuestros mensajeros con la caria y ol riiu- 
¡leo, y comenzaron S decir su embajada, los mandaron 
prender sin ser mas oidos, y estuvnnos aguardando 
respuesta aquel dia y otro; y como no venían , después 
de halier hablado Cortés dios principales de aquel pue- 
blo, y dicho las cosas que cnnvcnian decir acerca de 
nuestra santa fe, y cuino éramos vasallos de nueslrn 
rey y señor, que nos envite á estas partes para quitar 
que no sacrifiquen y no maten hombres ni cojnan car» 
ne humana , ni huguu las lorpcdades que suelen hacer; 
y leí; tlijo otras muchas cosas queenlus mas pueblos por 
donde pasibamos les solíamos ilcc¡r,y después de muchos 
ofrechuientos que les hizoque les ayudarla, lesdemandó 
veinte indios de guerra que fu e$ cu con nosotros, yello.s 
nos los dieron de buena voluntad , y con !a buena ven- 
tura, encomendándonos á Dios, partimos otro dia pe- 
ro Tlascala; é yendo por nuestro camino con el cnu- 
cierto que ya he dicho, vienen nuestros uiensajeros que 
I tenían preso» que parece ser, como andaban revuellof 



CONQUISTA Dl¿ 
I te gomr* tes Indio» que los tenian i cargo y guarda, 
onH),f(le liccliü.coinu uran amigos, los solti- 
idelupfisWDOt; y viiiicroit tan medrosos do lo que 
ivMpéaida, que iioIo acertaban ádecir; porque, 
idiisrcn. cnaoiio esUili^n presui; los amcnaznbaii 
> : «Aliora li6mos de matar i esos que llamab 
y eonv sus carnes, y veremos si son tao csfor- 
ooiM{ttttilícáH, ; taiiibien comcrúmos vuc<itras 
I, pats vejii^ coD Iraicioiies y con embustes de 
I traidor de Montezuma;» y [lor mas que les deciun 
) WtotMiorm, que éramos contra los mejicaoos , que 
I Im Uascaliecas los teniumos por l)t;rmanos, no 
aa nada sus razoucs; y cuando Cortés y to- 
lOOMllot eoteadimos aquellas soberbias palabras, y 
«csUlNin de guerra, pu<:^tu que nos día bien que 
I «lio, dijimos lodos : uPues que usí es , ade- 
I en bueo bora ;» eac o mend andona íd Dios, y nucs- 
1 teudida, que llevaba el alféreí Curra! ; por- 
lamMite 003 certiDcaron losinrlios del pueble- 
rdatkle dormimos , que habían de salir a) camino á 
Icfuider la entrada en Tlascala;y a«¡ minino nos 
idQenB los de Cempoal, como dicho tengo. Puesyen- 
I manera que be liíclio, sltMnpre íbamos hablan* 
\ bobian (te entrar j falir los de & caballo ú me- 
ly las lanzas algo terciadas, y de tres en tres 
I R}udásen; é que cuando rompiésemos por 
cscasdronet, que llevasen las lanzas por lus caras 
» pvaMD á dar lanzadas, porque uo les echasen raa~ 
dellas, y que si acaescicse que les echasen mano, 
cofl liKk fuerzo la tuviesen y debajo del brazo 
^ a judaieo , 7 poniendo espuelas con la furia del caba- 
,seta tnrnariaa á sacar ó llevarían al indio arraslfan~ 
y tUría ahora que para qué tanta diligencia sin ver 
iri"» guerreros que nos acometiesen. A esto res- 
9, y digo que decía Corles : «üiri, señores com- 
m , JO veis que somos pocos , hemos de estar 
Dpre tan apercebídos y aparejados c(>mo si ahora 
i« venir los contrarios á p.-lear, yno solamente 
t venir ,tiao hacer cuenta que estamos ya en la ha- 
I ellos j y que, como acaece muchas veces que 
itoaoo de ta lanza , por uso hemos de estar uvisa- 
iptn «i Ul menester, así dello como de otras cosas 
t codvienen en lo militar ; que ya bien be entendido 
I a ei palear no leñemos necesidad de avisos , par- 
ilwconocid* que por bícoque yo lo quiera decir, 
ibarétemuy masanimosamente;» y desla manera ca- 
amos ohrti de dos leguas, y hallamos una fuerza 
ifaerlebecha de cal y canto y de otro betún tan recio, 
I {lieos de hierra era forzoso deshacerla, y hedía 
I lil BianerB. que para defensa era harto recia de to- 
ar; y deUtvimoQos li miraren ella, y preguntó Cortés 
( loa indios de Zocolla n que i qué f] n t e nia n u q u e I lu fu e rza 
lella nanera ; y dijeron que, como entro su señor 
cama y tos de Tlascala luaiati guerras á la contí- 
l.qiMlMÜBscittecas para defender mejor sus pue> 
ilalaürian hecliotaa fuerte, porque ya nquclla es 
I titm; y repáranos un rato,y nos ató bien que pensar 
I y aa la rortalcsi. Y Cortés dijo : «Señorcí, «iga» 
i MWtra bandera , que es la señal do la santa crai, 
icoaeUa venceremos.* Y lodosa una le respondí' 
I famoe mucho en buen hora, que Üioa e« fuer- 



MJEVA-ESÍ'ASA. ._ 1* . 53 

za verdadera; y üsJ , comenzamos d caminar con el 
concierto que he dicho, y no nmy lejjs vieron inicslros 
corredores del campo hasta obra dy treinta indios que 
estaban por eí pías, y teninn pspadasdcdoí* manos, ro» 
délas, lanzas y pcnarhos , y las espadas son de peder- 
nales, que cortan mas que iiuvaja?, puestas de arte que 
no se pueden quebrar ni quitar lus navujas , y son lar- 
gas como montantes, y teiiiau sus diviias y penachos ; y 
como nuestros corredores dul campo tos Tíeron , volvic- 

I ron á dar mandado. Y Curtas mandú & los niismoi de 
á caballo que corriesen tras ellos y que procurasen 
tomar algiiuiís sin herida» ; y luego envió otros eínen 
de íicoballo, porque si hubiese alguna celada, pam que 
se ayudasen ; y con lodo nuestro ejército dimos priesa 
y el poso largü , y con gran concierto , porque los amí- 
gosque teniainus noí dijeron que ciertamente tratan 
gran copia de guerreros en cebidas; y desque tos trem- 
ta indios que estaban por espiís vieron que los de i ca- 
ballo iban hacia ellos y los llamaban con la mano, no 
quisieron aguardar, hasta que los atcaníaroa y quisie- 
ron tomar ú algunos deltos; mas defendiéronse muy 
Lien, que con los montantes y sus lanías Iiíricron los 
caballos; y cuando los nuestros vieron tan bravosa- 
mente pelear, y sus caballos heridos, procuraron de 
hacer lo que eran obligados, y mataron cinco dcllos; y 
estaniio en esto , viene muy de presto y con gran furia 
un escuadrón de tíascaltecas, que estaba en celada, dn 
mas de tres mil do! los, y comenMron á H echar en lodos 
los nuestros de & caballo, que ya estaban juntos todos, 

i y dan una refriega; y en esto instante llegamos con 
uuestra artíHeria , escopetas y ballestas , y poco ú poco 
comenzaron ó volver las espaldas , puesto que se detu- 
¥Íeron buen rato peleando con bucu concierto; y en 
aquel rencuentro hirieron í cuatro de los nuestros, y 
paréceme que desde olli ú pocos días murió el nno de 
tas heridas ; y como era tardo, se fuerou los tlascaltecas 
recogiendo, yno los seguimos; y quedaron muertos 
hastn diez y siete dellos, sfn mucljos heridos; y desdo 
aquellas sierms pasamos adelante . y i;ra llano y había 
muchas casas de labranzas de maíz y magiales, que es 
de lo que hacen el vino; y doniiimns cabe un arroyo, y 
con el unto de un indio gordo que alli matamos, que so 
abrió, se curaron los heridos; que aceite no ¡o hRbia;y 
tuvimos muy bien de cenar de unos perrillos que ellos 
crian, puesta que estallan todas lascasásdespobladas, y 
alzado el hato, y aunque los perrillos llevaban consigo, 
de noche se volvían á sus cosas , y allí los apuñábamos, 
que en harto buen mantenimiento; y estuvimos toda 
la noche muy ú punto con escuchas y buenas rondas y 
corredores del campo , y los caballos ensilíailos y enfre- 
nados , por temor no diesen sobre nosotros. Y quedarse 
be aquí, y dífú las guerras que nos dieron. 

CAPITtXO Lxin. 

Da lii (atmt f bitillis mitf (lengiout <idc (aiiinM tta laf llM- 
ctlleut , r 4a lo que mu pi«k. 

01ro dia, después de habernos encomendado á ttioí, 
partimos de allf , muy concertados todos nuestros ei- 
cnadrones, y los de d caballo muy avisados de cómo 
habían de enirar rompiendo y salir; y en todo caso pro- 
curar qoe uo noa rompieteu ni mi apirtaKU utii« de 



W DERNAL OIAZ 

' «tros; í yenJo nsí como diclio tengo, Tiéocnsc á eii- 
' coulrar con nosotros dos escuudroties, (|ue linbria seis 
hBiil , con grandes gritas, atambores j trompetas, y II&- 
("«iiatidoy tirando Tanis, y haciendo como fuertes gvier- 
, reros. Cortés maDd6 que estuviésemos quedos, y con 
'tres priíioneros que les liabiamos tomado el dia antes 
'Jes enviamos íi decir y ú. requerir que no nos diesen 
I guerra, que los queremos tenor por hermanos; y dijo á 
I tino <Je nuestros soldados, que se decía Diego de Go- 
rdoy,queem escribano de su majestad, mirase Ili que 
pasaba, y diese testimonio dello si $e hubiese meuester, 
porque en algún tiempo no nos demandasen las muer- 
. les y daños que se recreciesen, pues les requeríamos 
et»n la pai; y como les liablaron los tres prisioneros que 
' ks enviábamos, mostráronse muy mas recios, y ni>s 
daban tanta guerra , que no les podíamos surrir, Kn- 
' tonces dijo Cortés: «Saullago y á ellos;» y de Iteclio 
trremetimos de manera , que les matamos y berimos 
I .muchas de sus gentes con los tiros, y entre ellos tres 
.capitanes. Ibansc retrayendo hacia unos arcabuezos, 
dx>nde estaban en celada sobre mas de cuarenta mil 
guerreros cou su capitán general, que se deuia Xicoten- 
gtt, y con sus divisas de blanco y colorado, porque 
íquella divisa y librea era de aquel Xicotenga; y como 
[ liabia alli unas quebradas, no nos podíamos aprof echar 
I délos caballos, y con mucho concierto los pasamos. 
Al pasar tuvimos muy gran peligro, porque se aprove- 
chaban de su. buen llecliar, ycon suslanr.asymoutanlcs 
BOsliaciuM mala obra, y aun las bandas y piedras como 
granizo eran hnrto malas ; y como nos vinms en lo llano 
cou los caballos y artítleria, nos lo pagaban, qtie ma- 
tábamos muchos; mas «o osábamos deshacer nuesiro 
escuadrón, porque el soldado que en algo se desman- 
ilaba para seguir algunos indias de los montantes i'i 
caia'tanes , luego era herido y corría gran peligro. Y 
andando en estas balallas, nos cercan por todas parte<:, 
que no nos podíamos valer poco ni mucho; que no osá- 
bamos arremeter á ellos si no era lodos juntos, porque 
no nos desconcerlasen y rompiesen; ysr arremetíamos 
como diclio tengo , hallábamos sobre veinte escuadro- 
nes sobre nosotros, que nos resistían; y estaban nues- 
tras vidas en mucho pebgro, porque eran tantos guer- 
reros, que á puñpdos de tierra nos cc^'aran, sino que 
la gran misericordia de Dios nos sororria y nos guar- 
daba. Y andando oa eslas priesas caire aquellas gran- 
des guerreros y sus temerosos montantes , parece ser 
acordaron de se juntar muchos dellos y de mayores 
hiana para tomar á manos á algún caballo, y lo pu- 
sieron por obra , y arremetieron, y echan mano á una 
muy buena yegua y bien revuelta , de juego y de carre- 
ra , y el calullero que en ella iba muy buen jinete , que 
se decía Pedro de Uoron; y como entró rompíendocon 
otros tres de á caballo entre los escuadrones de los 
contrarios, porque así les era mandado, porque s-e 
ayudasen unos á otros, échanle mano de la lanza, 
que no la pudo sacar , y otros le dan de cuchílla- 
d.is con los roonlanics y le liírii.-rou malamente, y 
entonces dieron una cuchillada i la yegua, que le cor- 
laron el pescuezo redondo, y allí quedú muerta; y sí de 
presto no soeorrii'ran los dos compAuern"! de ñ cahnlfo 
al Pcilro de Morón, lambien le acabaran de malar, pues 



DEL CASTILLO. 

quizi podíamos con todo nuestra escuadrón tfuMIe. 
Digo otra vez que por temor que nos detbaretastfn 6 
acabasen de desbaratar, no podíamos ir ni I ana par- 
te ni i otra ; que harto tenia inos que sustentar no nos 
llevasen de vencida, que estábamos muy en gieligrü; ; 
todavía acudíamos á h presa de la yegua , y luvimos 
lugar de salvur al Morón y quitársele de su poder, que 
ya le llevaban medio muerto ; y corlamos la cincha de 
la yegua, porque no se quedase atlí la silla; y alli en 
aquel socorro hirieron diei de los nuestros; y tengo en 
mi que matamos entonces cuatro capitanes, porque an- 
dábamos juntos pié con pié, y con las espadas ín lia- 
ciatnos mucho daño; porque como aquello piad m co- 
men2aron á retirar y llevaron !a yegua, la cual hicieron 
pedazos para mostrar en todos los pueblos do Tlascala; 
y después supimos que habían ofrecido á sus ídolos las 
herraduras y el chapeo de Flúndes vedijudo, y las dos 
curtas que les enviamos para que viniesen de paz. La 
yegua que mataron era de un Juan Sedeño ; y porque 
en aquella sazón estaba herido el Sedeño de tres heri- 
das del dia antes , por esta causa se la diú al Horon, que 
era muy buen jinete, y murió el Morón entoaces de 
allí á dos días de las beddas, porque no me acuerdo 
verle mas, Volvamosá nuestra batalla: que, como liabia 
bien una hora que estábamos en las rencillas peleandOi 
y tos tjros les debrian de hacer mucho mal ; porque, co- 
mo eran muchos , andaban tan juntos, que por fuena 
les habían de llevar copia dellos ; pues lo» dea coballo, 
escopetas, ballestas, espadas, rodelas y lanzas, todos 
ú una peleábamos como valientes soldados por salvar 
nuestras vidus y hacer lo que éramos obligados ; porque 
cierlamento las teníamos engrande peligro , cual nun- 
ca estuvieron ; y á lo que después supimos, en aquella 
batalla les matamos muchos indios, y entre ellos ocho 
capitanes muy principales, hijos de los viejos caciqnes 
que estaban en el pueblo cabecera mayor ; i esta cai^ 
sa se trujaron con muy buen concierto, y £ nosotros 
que no DOS pesó dello ; y no los seguímos porque no nos 
podíamos tener en los pies , de cansados; alif nos que- 
ilamos et! aquel poblezuelo, que todos aquellos campos 
estaban muy poblados, y aun tenían hechas otras casas 
debajo de tierra como cuevas, en que vivían mucho* 
indios; y llamábase donde pasó esta batalla Tehuacin- 
goóTehuacacingo, y fué dada en 2 días del mes de se- 
tiembre de tSIDanos; y desque nos vimos con vitoriti 
dimos muchas gracias á Dios, que no s libró de tan gran- 
des peligros; y desde alli nos retrujimos luego á unos cues 
que eslnban buenos y altos como en fortaleza , y con el un- 
to del indio que ya he dicho otras veces se curaron nue»< 
tros soldados, que fueron quince, y murió uno de las h^ 
ridas; y también se curaron cuatro 6 cinco caballos que 
estaban heridos, y reposamos y cenamos muy bien 
aquella noche , porque teníamos muchas gallinasy per- 
rillos que hubimos en aquellas casas , con muy buen 
recaudo de escuchas y rondas y los corredores del 
campo, y descansamos hasta otro dia por [a mañana. En 
aquesta batalla tomamos y prendimos quince indios y 
los dos principales ; y una cosa teuian los tlascattects 
en esta batalla y en todas las demás , que en hiriéndo- 
les cualquiera iodío, luego lo llevaban, y no podíamos 
ver los muertos. 



i 



CONQUISTA DE 

CAPITULO LXIV. 

I tiuaoi ntfslra r»>l atmiiilo «i unoi pueblos y ctíerfit 
f«t M é%ttm TcoKlDfo i Tcaieinfo , y lo qac allí hlrtni». 

Cmpo dm Mntimos muy trshajndos de Ins bala Has 
; «gUbBnmiicliosioldailosycnbfillos berilios, 
I OMesidxl de iidobar las balleMas y alistar 
can lie uetas, estuvimos uii día Ñn liacer casi 
)<t*coiiUr ««a; yolro rlia jitir la mañana dijo Cor- 
qua seria burno ir & correr et cuiiipo con los de 
ilin qa« eslaUan buenos para ello , pori]ue iio pen- 
1 los tltscaltctt que dejúbamos d« guerrear por li 
blalta pMaits , y porque viessn que siempre los liabia- 
ideteguir; ycl día pasado, cnnio liediclio, babia- 
, nudo sin saurios á buscar , é que era mqor irles 
»iro« It acnrnctcf que ellos á nosotros , porque ao 
Notíoea nuestra naquuxa y porque aquel campo es mujr 
lluw 7 mu; poblado. Por ittanera <]uc con siete de á 
caktUo y pricos ballesteros y escopeleros, y obra de du- 
ei«nlo*folthdos j con nuestros amigos, salimos y de- 
id real bueu recaudo . según nuestra posibi- 
U 7 P"' '''*^ <^''^°^ y pusl^l^'s P^^ doude ¡liamos 
{•««dimoi hasta veinte indias é indias sin bacelles nin- 
gmoMl;; luf amigos, como son crueles, quemaron 
laudias e»f»i y trujeron bien de comer gallinas y per- 
rilUM*. y lueRO nos vulf irnos al real , quo era cerca, y 
woríA Cortés de soltar los prisioneros, y se les di<i pri- 
IB«« de comer, y doña Marina yAguilar los halagaron 
idiMito cuentas, y les dijeron que no fuRseu mas locos, 
|(|M «iiuesen de paz, quenusolros les queremos ayu- 
rjiewr por liermünos : y entonces también soltamos 
iprisioneríH primeros, que eran principales, y se 
( A6 otFi carta para que fuesen á decir á los caciques 
uyttti, qu<> estaban en el pufblo cabecera de tudos 
i pueblos <k uqui^lla provincia, que no les venía- 
I á iMcer mal m eanp , sino para pasar por su tier- 
léíráMéjicd úliiiblar ú Montezuma;ylusilos mensa- 
klMrooal real de Xicolenga , que estaba de alli 
I de dos teguas , en unos pueblosy casas que me pa- 
í^nee llMinaban Tecuacitipacingo ; y como lesdie- 
ili carta y dijcmn nuestra embajada , la re^pofsui 
• diú sucajiítan Xicotcnga el moxo fué que íaé- 
lÉM pueblo, adonde está su padre j que allá ba- 
I lat peic«scon bartarse de nuestras carnes y lionrar 
I coa nuestros corazones y sangre , é que para 
I dit de auñans veríamos su respuesta ; y cuando 
y todo» nosotros oimos aquelfas tan soberbias 
),coaio estábamos liosligudos de l:is pasadas 
I é eocuentroj, verdaderamente no lo tuvimos 
1, 1 1 zquellos mensajeros ba1n;!4 Cortés con 
iptUhras, porque les pareció que ba biau perdí- 
idMCdo, j lee mandó dar unos sartalejns de cuen- 
I, y dio para tomalles á enviar por mensajeros sobre 
BoloacM se informa muy por extenso cúmo y 
qué amnere estaba el capitán Xicotenga, y qué 
cattsigo , y les' dijeron que tenia muy 
i geste qw) la otra vet cuando nos dio guerra, 
inta cinco capitanes consigo, y que cada 
mía diei mil guerreros. Fué desla ma- 
te coDtabt , que de la parcialidad de Xico- 
teyaoobabiadel viejo padre del mismo es- 



M EVA-ESPaSA. >- • 57 

¡ pitan sino diez mil , y de la parle «le otro ^rao cn''ii]ito 
que se decia Masse-Escaei, otrus diez mil, y de otro ^ruil 
principal que se deciaCbicliiuiccu Tecle, otros tantos, 
y de otro gran cacique señor de Topeyauco, que se de- 
cía Tecapaneca , otros diez mil, é do otro cacique que 
se decin Guaiobcin, otros dicü mil; por manera que 
eran á la cuenta cincuenla mil, y que babiau desacarsu 
bandera y seña, que era un ave blanca, tendidas las alas 
como que quería volar, que parece ci> moa ves iruí, y ca- 
da capitán con su divisa y librea; porqiiK cada cacique 
asi las lenia difcreucitula;, Uiganjos abora como en 
nuestra Castilla tienen Ins duffucs y condes; y lodo es- 
to que nquí be dicho luvímosio por muy cierto, prir(|ue 
ciertos indios de los que tuvimos presos, que solíamos 
aquel dia , lo decían muy claramente, aunque no eran 
creídos. V cuando aquello vimos, como somos bnmbrea 
y temíamos la muerte, muclius do nosotros ynuu todos 
lus mas nos confesamos con el pailre de la Morced y 
con el cléri!;aJuaii Dinz, que toda la noche estuvieron 
cnoir de penitencia y cncumenddndonos á Días que' 
nos librare ot> fuésemos vencidos; y de^ta ninncru pi- 
sainos hasta otro día; y la batalla que nos dtoron, aquí 
lo diré. 

CAPULLO LXV. 

De la frrxn bafslli qui? hubimos fon rl poJer dp Llafraltreii,^ 
nmn tiías naiiiuo SeDar diirnus illorla, | la gu« mat ixto. 

Otro día de mañana, que fueron S de «eliembrn de 
ISIEl anits, pusimos los caballos en concicrtn.qttc no 
quedó ninguno de los heridos que sltí no saliesen para 
liacer cuerpo é ayu fiasen lo que puiliusen, y npercehi- 
doslos ballesteros que con gnn coricirrlo gustasen e{ 
almoceu , unos nrmondo y otrus soltando , y los esco- 
peteros por el consiguiente , y los de espada y rodela 
qué la estocada ó cuchillada que dÍt.'S<>in'is, que pasasen 
lus entrañas, porque no se osasen juntar tanto como 
Is otra vci, y el artillería bien apcrcebida iba ; j como 
ya teniao aviso los de á caballo que se nyuílasen unos 
ú. otros, y las lanzas terciadas, sin pararse & alancear 
sino por las caras y ojos, eiilraoilo y saliendo á media 
rienda, y que ningún soldado saliese del escuadrón , y 
con nuestra bandera tendida, y cuatro compaüitro* 
guardando al alférez Corral. Asi salimos do nuestro 
real , y oo babismos andado medio cuarto de le;;'us , 
cuando vimos asomar los campos llenos de gucrrerrts 
con grandes penachos y sus divisas , y mucho ruido de 
trompetillas y bocinas. Aqui había bien que e'icriinr y 
ponello en relación lo que en esta peligrosa y dud>i<>;i 
batalla pasamos ; porque nos cercaron por todas par tes 
tantos guerreros , que se podía comparar como si bu- 
biese unos grandes prados de dos leguas de anrbo y 
otras tantas de largo , y en medio dellos cuatrocientos 
hombres; asi era : todos los campos llenos dellos, y 
nosotros obra do cuatrocientos , niucboe herkloí y do- 
lientes; y supimos de cierto que esta ve»«t«ieBe<Mt pen- 
samiento que no habían de dej^r nín^uMO de nosotros 
i vida, que no hubia de ser sacriiicadu i sus Ídolos. Vid- 
vamos & nuestra ba tulla ; pues como comentaron É 
romper con nosotros , i qué granixo de piedra de los 
bonderosf Pues ñochas, todo el «ueto liecbo perra <l« 
Turas, todas do i dos gajOs, que pasan cualquiera arnu 



vt 



BERNAL DÍAZ DEL CASTÍLLO. 



ylasentranai, adonde do bajderensa, y los tJe espada y 
rodeln , V de otras mayores que espadas, como tnontaO' 
te» y Innzns , ¡qué priesa nos daban y coa qué hraveEa 
cejuntaboncon nosotros, ycon qué grandisimos gri- 
tos y alaridos ! Puesto que nosayudábamoscon tan gran 
concierto con nuestra artülería y escopetas y ballestas, 
que les liaciamos harto daño, y á los quo senos llegaban 
con sus espadas y montantes les dábamos buenas eslo- 
cadas, que les hacíamos a^tertar, y no se juntaban tanto 
Como la otra vez pasada; y los de á caballo estaban tan 
[ 4lie$tros y bacíanio Uu vuroiiilmente, que, después de 
Dios, que es el que nos guardaba, ellos fueron fortaleza. 
Yo ii entonces medio desbaratado nuestro escuadrón, 
<|ueno aprovechaban voces de Cortés ni de otros capi- 
tanes para que to ruásemos ú cerrar ; tanto número de 
j indios cargó entonces sobre nosotros, sino que & puras 
li«sl(icadas lesbictmos que nos diesen lugar -, con que vol- 
'vimosA ponemos enconcierlo. Una cosa nosdabala vi- 
^a , y eru que, como eran muclios y estaban amontuna- 
> dos, los tiros les hacían mucho mal ; y demás desto, no se 
ibian capitanear, porque no podían allegar todos los 
capitanes con sus gentes; y & lo que supimos, desde la 
otra batalla pasada habían tcitído pendencias y rencillas 
«nire eícupi tan X ico tenga con otro capitán hijo de Cbi- 
cbimcclalecle, sobre que decia el un capitán aloiroque 
Bo lo liabía liecbo bien en la batalla pasada, y el liíjo de 
Chicbimeclatecle respondió que muymejorque él , y se 
]o liaría conocer de su persona & la suya de Xíco tenga ; 
por manera que en esta batalla no quiso ayudar cnn su 
^enle el Cliicbimeclatecle ai Xicotenga ; antessu[iimos 
muy cierta mente que convocó i la capitanía de GuaioU 
ciiigo que no pulease. Y demás dcstú, desde la batalla 
pasada temían los caballos y tiros y es|)adas y ballestas 
y nuestro buen pelear , y sobre lodo, la gran misericor- 
dia de Dios , que nos «l^ba esfuerzo para nos sustentar; 
7 como et Xicotenga no era obedecido de dos capita- 
nes, y nosotros les haci:imos ntuy fiaran daño , que les 
DI ata liamos muchas gentes; las cuales encubrían ,por- 
• que, como eran mucbus, en hiriéndolos á cualquiera lie 
los suyos, luego le apañaban y te llevaban acuestas; y 
(ijieu esta batalla como en la pasada no podíamos ver 
ningún muerto; y como ya peleaban de mala g;tna,y 
sintieron que las capitanías de los dos capitanes por mi 
iiombrudos no les acudían, comenzaron áallujiir; por- 
que , según pareció, en aquella batalla matamos un ca- 
pitán 'muy principal, que de los otros no tos cuento ; y 
comenmrun & retraerse con buen concierto , y toa da 
ú caballo á media rienda siguiéodolcs poco trcclio, 
porque no se puiliao ya tener de cansados; y cuando 
nos vimos libres de aquella tanta multitud tie guerre- 
n>s, dimos mucbas gracias á Dios. AHÍ nos mataron un 
soldado y hirieron mas de sesenta , y también iiirieron 
i todos ios caballos ; il mi me dieron dos lieridas, la 
una en la cu!ieza, de pedrada, y otra en un muslo, de 
utiDectiHZo; mas no eran para dejar de petenr y velar y 
Hjudar á nuestros soldador; y asimismo lo hacían ta- 
llas los soldados que estaban heridos , que si iio erad 
muy peligrosas lus lieridas , habiamos de pelear y velar 
ron ellos , porqise de otra mauera pocos quedaron que 
cstuvicsel^ sin heridas; y lue^o nos fuimos ú nuesirn 
real muy contentas j dando muchas gracias á Dios , y 



enterramos los touerto* «o una dt aquellas casas que 

tenían hedías en los soterraños , porque no viesen los 
indios que éramos mortales , sino que creyesen que 
éramos teules, como ellos decían ; y derrocamos mo- 
clia tierra encima de la casa porque no ohesen los 
cuerpos , y se curaron todos los heridos con el unto del 
indio que otras veces he dicho, j Oh que mal refrige- 
rio teníamos, que aun aceite parí curar heridas ni sal 
00 liubia ! Otra falta teníamos , y grande , que era ropa 
para nos abrigar; que venía un viento tan frió ¿e U 
sierra nevada, que nos hacia tiritar (aunque mostri- 
bamos buen Animo siempre), porque las luuzus y es- 
copetas y ballestas mal nos cobijaban. Aquella noche 
dormimos con mas sosiego que la pasada , puesto qur 
(euinmos mucho recaudo de corredores y espías , vtíu 
y rondas. Y dejallo hé aqui , é diré lo que otro día hici- 
mos en esta batalla , y prendimos tres indios princi- 
pales. 

CAPITULO LXVI. 

Cima atrn dii cu vis mi» inrnsajeroi i tas uei(|nn de TlMtil), 
itiEJndol» coa li pai , j lo ^ds tabre ello bicieroa. 

Después de pasada la batalla por mt cantada, que 
prendimos en ella los tres indios principales , eiivi6l<s 
luego nuestro capitán Cortés, y con los dos que estaban 
en nuestro real, que habían ¡do otras veces por menst~ 
jeras, les mandó que dijesen i los caciques de Tlascaia 
que les rogábamos que vengan luego de pazyquenos 
den pasada por su tierra para irá Méjico , como otra* 
veces les liemos enviado á decir, é que si ahora no vie- 
nen, que les mataremos todas sus gentes; y porque 
los queremos mucho y tener por hermanos, ño les qui- 
siéramos enojar si ellos no hubiesen dado causa á ello, 
y se les dijo muchos halagos para atraerlos d nuestra 
amistad ; y aquellos Riensojeros fueron de buena fiai» 
luego á la cabecera de Tlascaia, y dijeron su embajada 
átodos los caciques por mi ya nombrados; los cuales ha* 
liaron juntos con otros muchos viejos y papas, y estaban 
muy tristes, asi del mal suceso de la guerra como de 
la muerte de los capitanes parientes 6 hijos suyos que 
en las batallas murieron, y dice que no les quisieron 
escuchar de buena gana ; y ln que sobre ello acordaron, 
fué quelue^o mandaron llamar lodos los adivinos ypa- 
pas, y otros que echaban suertes, que llaman lacalna- 
gual , que son como hechiceros , y dijeron que mirasen 
por sus adivinanzas y hechizos y suertes qué gente éra- 
mos, y si podríamos ser vencidos dándonos guerra de 
día y de noche á la continu, y también para saberti 
éramos teules, asi como to decían los de C«mpual;4 
yn he dicho otras veces que son cosas malas, como i 
niouios; é qué cosas comíamos, é que mirasen todo esto 
con mucha diligencia ■ y después que se juntaron luí 
adivinos y hecliiceros y muchos papas, y hechas sus 
adivinanzas yeciíadas sus suertes y lodo lo que solían 
hacer, parece ser dijeron que en las suertes hallaron 
que éramos hombres de bueso y de carne, y que comía- 
mos gallinas y perros y pan y fruta cuando lu teníamos, 
y que no comíamos carnes de indios ni corazones de 
ios que melábamos; porque, según pareció , los indios 
amigos que traíamos de Ccmpoal lus hicieriin eiicrc- 
jciitti que éramos teules é que comíamos corazones 




CONQUISTA DE 
I , é qoe las bombardas ectmbtfn rayos como 
I dM tít/h, t que tí lebrel , que ora tigre ú león , 
lM«al»lloteRin para lancear & las indioE cuan- 
to* qoeriifiKM mnUr ; y les dijeron otras muchas 
■s. C f olvitnos & ioi papns : y lo [>(!or de todo que 
lifijernn sus (Kipn^i é lulivttios fué que de día no po- 
ttT f eneldos , sino de nodie , porque como 
■Mcbeei* M DOS quiíAhan las íuerznü; y mas les diju- 
fm IM b^ellic:eros, «{uu >/ ramos esforzíidns, yque todas 
irirtotlc Ipiiíjiiijs dtídíu haslB que se ponía el sol, 
I moettecia üo teníamos fuer/.as iiin¡.-itnas. Y 
( aiiudlo oyeron los caciques, y lo tuvieron por 
I, K lo enviaron i decir & su capitán general 
I , fiara que luego con brevedad venga una 
1 C0D gnndea poderes Ú dos dar guerra. El cual, 
lo iapo, jodUS obra du áie?, mil indíus , los nia>; 
\ qitú tañía, y vino á nuestro real, y por tres 
pgtm oot comeniá Adar uno tnano de fli'clias y tirar 
t «OD SUS tiraderas de un leajo y de dos , y los do 
i j loacaiMS y montantes por otra parte; por ma- 
i^Md« repente luviomn por cierto que llevarían 
da nosotros pam sacrilícar ; y mejor lo Itizo 
MMMraSettor Dros,que por muy secretaments que ellos 
I, iMM bailaron muy apercebidos; porque , como 
isti gran ruido que traían & mata-cabullo , vi- 
DoeMros corrc'luros del campo y las espías il 
tdtmTtM,J como estábamos tan a(*o<;íunibrados ú 
r caltados y Us armas vestidas y los caballos eu- 
y enfrenados, y todo giiiiero de armas muy ú 
les resistimos con las escopetas y ballestas y ú 
s; de presto melvcn las espnldits , y como eru 
Icanipo llano y hacia luna, los de á caliallo los s¡|juie~ 
I poco, donde por la mañaua bailamos tendidos 
I y bandos hasta veinte dellos ; por manera que 
igran pérdida y muy arrepentidos de la 
i denocbe. Y aun oí decir que, como no les suce- 
kkian loque los papas y las suertes y hechiceros les 
1» fUB HcrilicaroQ A dosdellus. Aquella noche 
I un indio de nuestros amigos de Ccmpoal , é 
BBdot soldados y un caballo, y allí prendimos 
«IcUos; y como nos vimos libres de aqTH'lla ar- 
t refriega, dimos gracias á Dios, y enterremos 
rdvCmnpoal, y curamos los lierÚos y al cabo- 
fdamioiM (o qoé queitú de la nocbe con grande 
I el real, asi como lo teníamos de costumbre; 
laniaoeció , y nos vimos todos heridos á dos y 
^Itm iwridaí, y muy cansadas , y otros dolientes y en- 
I, y Xicolenga que siempre nos seguía , y fnl- 
lyaaobrecíDCuentay cinco soldados, que se haliían 
BB Ua batallas y dolencias y fríos, y estaliati 
(•tres doce , y asimismo nuestro eupttun Cor- 
) tomlÑeo tenia calenturas , y aun el padre fray Bar- 
i dt Olmedo . de ta orden de la Merced , con el 
) y |Mo de las armas , que siempre traíamos á 
I, y Otm malas venttrras de fríos y (alta de sal, 
I sola eoAiamosni la balldhamos-, ydemfis desto, 
; ^tii (lamar qué lia Iwbríamos en aquestas 
I , é yi que allí ae acabasen , qué seria de nos- 
I, adtede litbiatms de ir; porque entrar en Méjico 
por cosa de risa 6 causa de su; grandes 
I,} deetanos «¡ue cuando aquellos de Tlnscala 



nueva-espaRa. 



69 



nos habían puesto anaquel punto , y noshicieroncreer 
nuestros amigos los de Cempoal que estaban de paz, 
que cuando nos viésemos en la guerra con los (grandes 
poileres de Monleiuma , que ¿qué podríamos hacer? 
Y demíisdeslo, no sabíamos de los que quedaron pobla- 
dos en ia Villa-Rica , ni ellos «e nosotros ; y como en- 
t^• todos nosotros Itabía caballeros y soldados tan ei- 
celenles varones y tan esforzados y de buen consejo, 
que Cortés ninguna cosa decía ni hacia sin primero 
tomar sobre ello muy maduro conscfo y acuerdo con 
nosotros; puesto que el coroníslatiúmoradíga: «Hizn 
Cortés esto , fué ulIA , vino de oeulll ;i) dice otras cosas 
que no llevan camino; y aunque Corles fuera de hierro, 
según lo cuenta el Gúmora en su Uistorin , no podía 
acudir á todas partes; bastaba que dijcm que lo hacía 
como buen capílan , como siempre lo fué ; y eslo digo, 
parque después de las gruiules mercedes que nuestro 
Señor nos bacía en lodos nuestros hechos y en las Vi- 
torias pasadas y en todo lo demás, parece ser que & los 
soldados nosdaba gracia y consejo para aconsejar que 
Corles hiciese todas las cosas muy bien hechas. Deje- 
mos de hablar en loas pasadas , pues no hacen mucho á 
nuestra historia , y digamos cómo todos i una esfonS- 
bamos & CorlÉs, y le dijimos que curase de su persona, 
(¡uc alM está humos, y que con el ayuda de Utos , que 
pues habíamos escapado de tan peligrosas batallas, que 
para nigiin buen lin era nuestro Señor servido de guar- 
damos ; y que luego solíase los prisinncros y qne los 
enviase i los caciques mayores otra vi-z por mi nom- 
brados, que vengnn de pax é se les pcntunari todo lo 
hecho y la muerte de la yegua. Dejemos cslo, y digamos 
cúmo doña Marina , con ser mujer de la liurra , qué 
esfuerzo lan varonil tenia , que con oír cada día que 
nos habían de malar y comer nuestras carrtes, y ha- 
bernos visto cercados en las batallas pasadas , y quo 
nhorntodosestúbamos heridos y dolientes, jamás vimos 
flaqueza eu ella, sino muymayoresfuenio quctlenmjer, 
* á los mensajeros que ahora enviábamos les bablú la 
doña Marina y Jerúnimo de Aguilar, que venpm luego 
de paz , y que si no vienen dentro de dos dius , les 
iremos & mutar y destruir sus tierras , é iremos á bus- 
carlos á su ciudad ; y con estas resueltas palabras 
fueron & la cabecera donde estaba Xlcolenga el viejo. 
Dejemos esto, y diré olra cosa qnc he visto, que el co- 
ronlsla Gómora no escribe en su Historia ni hace men- 
ción si nos mataban ó estábamos heridos, nípasíba- 
mos trabajos ni odoleciamos , sino todo lo que escribe 
es como si lo halláramos hecho. |0h cuín mal le in- 
forniaron tos qne tal le aconsejaron que lo pusiese asi 
en su Historia! Y á todos loe conquistadores nos ha 
dado qué pensar en lo que ha escrito , no siendo asi; y 
debía de pensar que cuando viésemos su Historia ha- 
bíamos de decir la verdad. Olvidemos al coronista Gú- 
mora , y digamos cómo nuestros mensajeros fueron i la 
cabecera de Tlascala con nuestro mensaje ; y paréceme 
que llevaron una caria , que aunque sabíamos quü no 
la hablan de entender , sino porque se tenia por cosa de 
mandsmienlo , y con ella una saeta ; y hallaron & los dos 
caciques mayores que estaban hablando con otros prhi- 
cí pales, y lo que sobre ello respondieroa adelante U 
I diré. • 



«9 



BERNAL DÍAZ 



CAnTULO LXVII. 



f Citoin tnniimos 1 rnflar mensijeroi 1 los C4(li|De3 de Tliiuli 
I f*i> qitc v<!a|iB lie p)t , y lo ^ue sobre «lio lileleroii ; acordiroo. 

Como llegaron á Ttüscala los mensajeros que envia- 
rnos á tratar <je las paces, y les liallaron que eslnban 
Leo consDlta los dos mas principaics cuciques, que s« 
|dec¡aii Míissc-Escaci y Xicolenga el viejo, ijadre del ca- 
piUD gotiürul , quo tiimbien se decía Xicolenga el ma- 
llo, otras muciiíS veces por mi nombrado, cumo los 
ojerotí su embajada , es in vieron suspeosos un ruto que 
JBo liubluron, y quiso Dios que iaspiróensiis pensa- 
mientos que hiciiifen paces con nosofros, y luego en- 
»¡aron ú llamar á lotlns los msts caciques y capitanes 
l(|ue lialiin en sus poblaciones, y á los de una provincia 
l;4ue están junio con ellos, que se dioe Guiíiocingo, 
i-ijue eRin sus amigos y confederados , y lodos junios en 
, .iiquol pueblo que eí'labnn, que era c;iliecem , les liijo 
Uasso-liscaci y el viejo X¡C(j|eng;i, que eran bien en- 
tendidos, un rii^rinnniicnlo caM que fué desla manera, 
se^'un después supimos , aunque no las palabras for- 
I males : b Hermanos y amigos nocstros, ya habéis visto 
cuántas veces cilos icoles que están en el campo espe- 
[rando guerras nos Ikiq enviudo mensajeros ú dcmiin- 
|dnrp:ií, y dieoii que nos vienen ¡S ayudar y tener en 
[lugar de ftcrmanos ; y asimismo habéis visto cuáiilus 
Teces lian llevado presos muchos de nuestros vasallos, 
[que no les liacen mal y lue^o los sueititn; bien veis 
f cómo les liemos dado guerra tres veees con todos nues- 
I tros poderes , así de diU como de noclie, y no lian sido 
vcncidns, y ellos nos lian muerto en los cómbales que 
i ks liemos dado niucbas de nucsiras gentes é liijos y pa- 
Irieiilos ycapilafícs; aliorado nuevo vuelven ú deman- 
I dar paz , y los de Cempoul , que traen en su compañía, 
dicen que son contrarios de Montczunm y sus niejica- 
I nos, y que les lian mandado que no lo den tributo los 
[ pueblos de las sierras Tu tona que ni los de Cempoai; 
' pues bien se os acordari que los mejicanos nos dan 
^guerra cada año, da mas de cien años á esta parte, y 
bien veis que estamos en estáis nuestras tierras cfinio 
acorralados, que no osamos salir á buscar sal , ni aun la 
L comemos, ni aun algodón, que pocasmuntnsdeilo true- 
\ tnos; pues si salen ó lian salido algunos de los nnes- 
trosá buscar, pocos vuelven con las vidas, que estos 
) traidores de mejicanos ysus coiircderados nos los nm- 
{ Un 6 hacen esclavos i ya nuestros tacalnaguas y adivinos 
ypapss oosliandtclioloque sienten desuspersonasdcs- 
losteutes, y que son esforzados. Lo que me parece es, 
^4)ue procuremos de tener amistad con ellos, y si no fue- 
'ren hombres, sino teules, de una manera y de otra les 
bagamos buena compañia, y luego vayan cuatro nuestros 
principales y les lleven muy bien de comer, y moslré- 
I Rioslessmor y paz, porque nos ayudeu y deliendau de 
I nuestros enemigos, y traigámoslos aqui luego con nos- 
otros, y démosles mujeres para que de su generación 
tengamos parientes, pues según dicen los embajado- 
res que nos envían á tratar las paces, que traen mujeres 
entre eilos.» Y comooyeronestera7.onanitento,^todos 
los caciques les pareció bien , y dijeron quo era cosa 
(cerluda, y qtie luego vayan •'í entender cu las paces, 
S que K le envié i hacer saber i su oapitau Xicotenga y 



DBL CASTILLO, 

i los demás capitanesque eonsigo tiene , pafn fu^ Tue^o 
vengan sin dar mas guerras , y les digan que ya tenemos 
hechas paces ; y enviaron luego mensajeros sobre ello ; 
y el capitán Xicntenga el mozo no los qui^o escuchar i 
los cuatro principales, y mostró lenerenojo, y toslrald 
mu! de palabra, y que no estaba portas poces ; y dijo que 
ya había muerto muchos teules y la yegua, yqueól qu«- 
ria dar otra nocliesohre nosotros y acabarnos de vencer 
y matar ; ia cual respuesta, desque la oyó su padre Xico- 
tenga el viejo y Masse-Escaci y los demás caciques, m 
enojaron de manera, que luego enviaron á mandarálos 
capitanes y á todo su ejército que no fuesen coa el Xi- 
cotenga á nos dar guerra , ni en tal caso le obedecíeiM 
en cosa que les mandase si no fuese para hacer paces, 
y tampoco lo quiso obedecer; y cuando vieron la des^- 
obediencia de su capitán , luego enviaron tos coatro 
principies, que otra vez les habiaa mandado que viaie- 
senú nuestro real y trujesen bastimento y paratralarlas 
paces en nombre de toda Tiascala y Cuaiocingo; y tos 
cuatro viejos por temor de Xicolenga el moro novioie- 
ron en aquella sazón ; y porque en un instante acaeceo 
dos y tres cusas , iisl en nuestro real como en este tratar 
de paces , y por fueria tengo de tomar entre manos lo 
que mas viene al propósito, dejaré de hablar de los 
cuatro indios principales que enviaron í tratar las pa- 
ces, que aun no venían por temor de Xicolenga : en este 
tiempo fuimos con Cortés i un pueblo junto á nuestro 
real, y lo que pasó diré adelante, 

CAPITULO LXVIU. 

CitDia itardiaiDi At ir 1 un piieblti que rst>bi ata de 
r^at, jr la quu sobre ello se bJiu, 

Como había dos días que estábamos sin hacer cofa 
quede contar sea, fué acordado, y aun uciin$ejaino'< 
áCorlés, que un pueblo que estaba obra de una legua 
de nuestro real, que te habíamos enviado A llamar de 
paz y no venia, que fuésemos una noche y diésemos 
sobre él, no para hacellesmal , digo malalles ni heritles 
ni traclles presos , mas de traer comido y atemoríznlles 
ó liublallesde paz, según viésemos lo que ellos hacían; 
y llámase este pueblo Zumpacingo , y era cabecera de 
muchos pueblos chicos, y era sujeto el pueblo donde 
estábamos allf donde teníamos nuestro real, quesedice 
Tecodcungapaeingo, que todo alrededor estaba muy 
poblado de cusas é pueblos ; porroaneraqueuna noche 
al cuarto de la modorra madrugamos para ir i aquel 
pueblo con seis de i caballo de los mejores , y con lo» 
mas sanos soldados y con diez ballesteros y iidio esco- 
peteros, y Cortés por nuestro capitán, ¡tuesto que tenia 
calenturas ó tercianas; dejamos el mejor recaudo que 
pudimos en el real. Antes que amaneciese con dos ho- 
ras caminamos, y haría un viento tan frío aquella ma- 
ñana , que venía de la sierra nevada, que nos liacín 
temblaré tiritar, y bien lo sintieron los caballos que 
llevábamos, porque dos dellns se atorotonaron y esta- 
ban temblando; de lo cual nos pesó en gran manera, 
temiendo no muriesen; y Corles mandó que se volvie- 
sen al re;il los caballeros dueños cuyos eran, i curar 
dellos; y como estaba cerca el pueblo, llegamos ácl 
aiiiesque fuese de día; y como nos sintieron los nalura- 
! les Uel, (ucrouse huyendo de sus casas, dando voces 



CONQUISTA DE 

lá otrocque se guard(i<;eii de losteitlet, que leslba- 

lianUf", que no se aguarduban padres iliijos; y 

>to«iano«, IlicKnostiltoenun palio liasta que fuera 

^qmwseleslilzodaño ninguno; ycomounospa- 

l^oeettatianen unos cues, lo; mayores del pueblo y 

(▼¡«jos principales vieron que estábamos alli sin les 

rMMJA oinguno, vienen á Cortés y le dicen que les 

i(M>rqueiiobanidoá nuestro real depajni lio 

rdeeooier cuando los enviamos á Humar, y la causa 

l<Mo<{ae el capitán Xirotunga, que estd de alli muy 

I , M lo ht enviado á decir que no lo den ; y porque 

lafoei purttlo y otros muehos le bastecen su real , é 

) tiene eomígotodos los lioinbresdeguerra y de toda 

tdeTlascala; y Cortés les dijo con nuestras leii- 

n, doña Marlnay Aguilar, quesicnipro ibanconnijs- 

lá cualquiera entrada que Íbamos, y aunque Tuesc 

loocbr, que no Imbiesen miedo, y que luego fuesen i 

' é im caciques á la cabecera que vengan de pii7, 

■te la guerra es mala pora ellos; y envió & aquestas 

I, porqoe de tos otros tiietisajeros que habiamos tn- 

\ ton lio teoiamos respuesta ninguna sobreque en> 

kbsDi tratar Ins paces los caciques deTIuscala con los 

■fro principa les, que aun noha)>íanveuido;éaquellos 

is de aquel pueblo buscaron de presto mas de eua~ 

tgillinas é gnllos, y dos indias pera moler tortillas, 

I trajeron , y Cortés se lo agradeció , y mandó luego 

hUertten veinte indios de aquel pueblo á nuestro 

kl, y sin lémur ninguno fueron con el bastimento, y 

íerotí en el real Imsin la tarde , y se les dio con- 

f , con que vokieroii muy contentos i sus casas é 

I iquellas caserías. Nuestros vecinas deeian que 

t buenos , que no les enojábamos, y aquellos vie- 

; papti tvisaroa dello al capitán Xicotenga cdmo 

I ibdo la comidu y las indias , y riñó mucho con 

I , y fueron luego 6 la cabecera á liacello saber á los 

I viejos; y como supieron que no les liacinmos 

no, y aunque pudiéramos ma talles aquella 

I muchos de sus gentes, y les enviábamos á do- 

' paces, se holgaron y les mandaron que cada 

I BOT trajesen todo lo que hubiésemos menester, y 

otra vet á mandar i los cuatro principales , 

i veres les encarj;aron las paces, que luego en 

ttanle fuesen í nuestro real y llevasen tuda la 

I y apanitoquctes mandaban; yast, nos volvimos 

té nuestro real con el liastimenlo é indias y muy 

ilo« ; é quednrae liA aquí , y diré lo qiw pasó en 

l«iilre tanto que habíamos ido d aquel pueblo. 

CAF'ITULO h%\\. 

4» «ahínini can Cárt^t (l« Ciapictnita , tiitU- 
■M r» iiuiUro i»tl cierlu yltlic», j lo ^aa Conit rf>|wiidi<i i 



■No» da Cimpicingo . que asi se dice, con basti- 
k j> muy conleiiios en dejatlos de paz, hallamos 
•■ al fwl corriHm y pUlíciis sobre los grandísimos pe- 
ligra* aa que cada día estábamos en aquella guerra , 
ycaiid»lia(|inio«avívaron mas tas plúücas; y los que 
■aamatlo btU-d: lian.erao losqueen la (s~ 

k4>C llba dejal»!!. i> y repartimientos de iii- 

BlifWMe liusta Mete dellus, que uquí no quiero 
' M honor, y (ueroo al rioclio y aposeuio 



nueva-espaRa. ~^ 61 

de Cortés, y uno dellos, que habld por lodos, que tenia 
l»uenn expresiva, y aun tenia bien en la memoria lo que 
liabia de proponer, dijo como ú manera de aconsejarle 
I á Cortés, que mirase cuál andábamos malamente he- 
ridos y flacos y corridos, y los grandes trubajos que 
I teníamos , asi de noche con velas y con espías , y ron- 
das y corredores del campo , como de día é de noche 
p«leando ; y que por la cuenta que han echado , que 
desde quesalímosdeCubaque faltaban ya sobre cincuen- 
ta y cinco compañeros, y que no sabemos de los de la 
Villa-ftico que dejamos poblados; é que pues Dios nos 
había dadovitoria en las batallas y rencuentros que des- 
de que venimos en aquella provincia habíamos batti- 
do, y con su gran misericordia nos sostenía, que no le 
debíamos tentar tantas veces ; é que no quiera ser 
peorquePciIro Carbonero, que nos había metido en par- 
le que no se esperaha ; sí tu>, que un día ó otro liabia- 
mos de ser sacrilicados á los ídolos; lo cual plega Dios 
Ul no permita; é que seria bueno volver i oueslra vi- 
lla, y que en la fortaleza que hicimos , y entre los pue- 
blos délos totonaques, nuestrosamigos, nos estaríamos 
hasta que hiciésemos un navio que fuese á dar monda- 
do á Diego Vekzquez y á otras parles é islas para que 
nos enviasen socorro é ayudas, é que ahoro fueran bue- 
nos los navios que dimos con todos al través , 6 que se 
quedaran siquiera dos dellos pora la necesidad sí ocur- 
riese , y que sin dalles parte detlo iií de cosa ninguna , 
por consejo de quien no sabe considerar las cosas de 
fortuna, mandó dar con lodos al través; y que plegué 
á riiosque él y los que tal consejo le dieron no te ar- 
ropienian dello; y que ya üo podíamos sufrir la carga, 
cuanto mos muchas sobrecargas, y que andábamos peo- 
res que bestias; porque á las bestias que han hecho sus 
jomadas las quitan las albardas y les dan de comer 
y reposan, y que nosotros de día y de noche siempre 
nDdnmos cargados de armas y calzados ; y mas le dije- 
ron , que mírase en todas las historias , así de romanos 
como las de Alejandro ni de otros capitanes de los muy 
nombrados que en el mundo ha habido, no se atrevie- 
ron á dar con los navios al través, y con tan poca gen- 
te meterse en tan grandes poblaciones y de muchos 
guerreros, como él ha hecho , y que parece que es ou- 
tor de su muerte y de la de todos nosotros. E que quie- 
ra cnuservur su vida y las nuestras, y que hieuo nos 
volviésemos & la Vílla-Hica, pues estaba lie paz la tierra; 
y que no se lo habian dicho hasta entonces pnrque no 
Inin visto tiempo para ello, por los muchos guerreros 
que teníamos cada día pordelante y en los lados; y pues 
ya no tornaban de nuevo, ios cuali-s creían que vnlvcrian, 
y pues Xicotenga con su gran poder no nos ha venido ú 
buscar aquellos tres días pasados, que debe estar alle- 
gando gente, y que no debíamos aguardar olru como 
tas pasadas ; y le dijeron otras cosas sobre el caso. E 
viendo Cortés que se lo decían algo como soiwrbíos, 
puesto que iba á manera de consejo, le respondió muy 
niansiimentc , y dijo que bien conocido tenia muclim 
cosas de las que habían dicho, é que á lo que ha visto 
y tiene creído, que en el universo no hubiese otros espa- 
ñoles mas fuertes ni que con tanto ánimo hayan peleado 
ni pasado tan excesivos trabajos como nosotros ; é que 
andar con tas armas i cueütas i la continua, y velas. 



■ 



.<«2 



BEBNAL DÍAZ DEL CASTILLO. 



ifidaB j fríos, que ei dtt po )<> (lubicrarnos lincho ya 
Itéramúg perdidos, y que por salvar nuestras viJaü, que 
uellos trabajos y oLrns ntajores liabiamos de turnar ; 
Pi dijo: <i¿PiirB<|ué es , scriores, contar en esto cosas de 
bvalcnlius,que verdaderameule nuestro Soiinre» seni- 
Ldo ajudarnos' Eque cuando se me acuerda vunioscer- 
I cadus de lautas cupiUuias de contrarios, y verlus csgrí- 
nir ^us montantes y andar tan junto do nosotros, aitoro 
ae pone grima, especia] cuando nos mataron lu yegua 
[(de uoa cuchillada, cuan pcniídos y desbaraindos está- 
bamos, y entonces couúci vuestro muy f^raiidisiino áiú- 
.010 nia.s que nunca ; y pues L>ios nos liiirú de tan gran 
peligro, que esperanza tenia eu él que asi liabia de sor 
t^e aití adelante, pues en Lodos estos peligros no me co- 
Doceriuiies tener pereza, que en ellos me liallaba con 
Tuesirus mercedes, » Y tuvo raion de lo decir, porque 
1 'Cierlamenle en todas las buladas se bailaba du los pri- 
^xoeros, » He querido , serio''es , traeros esto ú lu memo- 
ria , que pues nuestro Señor fué servido guarditrnos, 
\ tengamos esperanza que asi será deaqui adelaute, pues 
ilesque entramos eu la tierra , en todos jos pueblos 
les predicamos la santa doclriua lo mejor que pode- 
mos, y tes procuramos deshacer sub ídolos. Y pues 
que vaviamosqueel capilauXicotenga ni sus capitanías 
lio parecían, y que de miedo no debían de osar volver, 
porque les debiéramos de hacer mala obra en las bota- 
jlas pasadas, y que no podría juntar sus genios, Ita bien- 
do sido ya desbaratado tres veces, y que por esta causa 
tenia caaliaji!;a en Dios y en su abogado señor san Pe- 
dro, que era fenecida la guerra de aquella provincia ; y 
ahora, como lia beis visto, traen de comerlos de Cimpa- 
cingo yquedan de puz, y estos nuestros vecinos quees- 
tan por aquí poblados en sus cases; y que en cuanto dar 
con los navius al travési fué muy bien aconsejado, y que 
si no llamú i alguno del los al consejo, como á otros ca- 
balleras , fué por lo que sintió en el arenal, que no lo 
quisiera ahora iraer ú la memoria ; y que el acut^rdo y 
consejo que ahora le dan y el que entonces le dieron 
es todo de una luaneray todo uno, y que miren que hay 
otros muclios caballeros en ei real que serán inuy con- 
traríos de lo que ahora piden y aconsejan , y que enca- 
minemos siempre todas las cosas á Üios, y seguíllas en 
susaulo servicio será mejor. Y á lo que. señores, decís, 
que jamás capitanes romanos de los muy nombrados 
lianacomelido tan grandes hechos como nosotros, vues- 
tras mercedes dicen verdad. E atiora en adelante, me- 
diante Dios, dirán en las historias que desto harán me- 
moria, mocho mas que de los an tepasadns; pues, como he 
dicliO, todas nuestras cosas eu servíciode Uios y de nues- 
tro gran emperador don Carlos, y aun debajo de su rec- 
ta justicia y cristiandad, serán ayudadas de la miseri- 
cordia de nuestro Señor, y nos sostenía que vamos de 
bien en mejnr. A sí que, señores, noescosabtenaccrta~ 
da volver un paso atrás; que sí nos viesen volver estas 
gentes y los que dejamos atrás de paz, las piedras se 
levantarían contra nosotros ; y como ahora nos tienen 
por dioses y ídolos, que asi nos llaman, nos juzgarían por 
muy coburdRs y de pocas fuerzas. Y á lo que decís de 
estar entro los amigos tolonaques. nuestros aliados, ni 
Uüs viescu que liamos vuelta sin ir á Uejico se levanto- 
rian contra nosotros , y la causa delio seria que, como 



les quitamos que no diesen tributo ú Honte^mt , M- 
viaria sus ¡loderes mejicitnn^i contra elli>s pura quo \M 
tomasen á Iributar y sobre ello daties guerra, y aua]c« 
mandaría que nos la den & nosotros; y di' - ^er 

destruidos, porque les temen en gran maii. . .lun 

por la obra; así que, donde pensábamos leiiWAiiwfBa, 
serian cueinigos; pues desque lo supiese el ^ati Hmifr- 
zumaque nos liabianios vuelto, ¿qué dírinV Bu qué Icr- 
nia nuestras palabras ni In que lo enviamos i decir* 
Que todo era cosa de burla 6jiiego de niños. Asíqtic, se- 
ñores , mal allá y peor acullá, mas vale que estemos 
aquí donde eetunius , que es bien llano y lodo bioa f^ 
blado , y este nuestro real bien bastecido : unas veces 
grdIÍMus, otras perros, gracias á Dios no falta de comer, 
si tuviúiomos sal, que es la mayor Falta que ol presente 
teoennos, y ropapara piarccernosdel frío. Y á litque 
decís , señores , que se iinn muerto desde que salimos 
de la isla de Cuba cincuenta y cinco soldados de heri- 
das , hambres, fríos, dolencias ; IraUnjos, é que somos 
pocos, é lodos heridos y dolientes ; Uios nos da esfuer- 
zo por muchos ¡ porquo vista co!^a es que las guerras 
gastan hombres y catiailos, y que unas veces comemos 
bien, y no venimos al presente paiu descansar, shio pa- 
ra pelear cuando se ofreciere ; por tanto os pido , seño- 
res, por merced, que pues sois caballeros ypeníonaí 
que antes hab¡:idcs de esforzar i quien viésedes mos- 
trar Ikqueza, que de aquí jidelaiite se o< quite del peo- 
Eumienlo lai$lu de Cuba y loque allá dt^jais,y procU" 
remusdn hacer lo que siempre habéis hecho como buc- 
iiits soldados; que despuús de Dios, que es nuestro so- 
corroéuyudajian de ser nucstrus valerosos brazos.* Y 
como Cortés buba dado esla rcspuesla, volvieron aque- 
llos soldados á repetir en la plática, y dijeron que lodo 
lo que decía estaba bien dícito ; mas que cuando uli- 
mos do la villa que dejábamos poblada, nuestro iu lento 
era, y ahora lo es, de ir ú Méjico , pues b;iy tan gran fa- 
ma de tan fuerte ciudad y lanía mullí luil de guerreros, 
y que aquellos tlusciiKccas decían que los ile Cempotl 
eran pacílicos, y no había funia dellos, como de los de 
Méjico ; y habernos estado tan á riesgo nuestra!; vidtt, 
que si ulro día nos dieran otra bu talla como alguna de 
las pasadas, ya no oos podíamos teuer de cansados, ya 
que no nos dkseu mas guerras; que la ida do Méjíco <«& 
parecía muy lerrüble cosa, y que mirase loque decía y or- 
denaba. Y Cortés respondió, medio enojado, que valia 
mas morir por buenos , como dicen los cantares, que 
vivir deshonrados; y demás d es lo que Cortés les di]0,° to- 
dos los mas soldados que le fuimos en alzar capitán y di- 
mos consejo sobro dar al través cim los navios , dijimos 
en alta voz que no curase de corrillos ni de oír seme- 
jantes plúlieas, sino que con el ayuda de Míos con buen 
concierto estemos npercebidos paro hacer lo que con- 
venga, y asi cesaron todas las pláticas; verdad es que 
murmuraban de Cortés é le muldecian , y aun de nos~ 
otros, que le acongoja ha mos, y de los de Cempoal, que 
piir tal camino nos trujeron, y decían otras rosas oo 
bien dichas; mas en tajes tiempos se disimulaban. En 
tiii, lodos obedecieron muy bien. Y dejaré de hablar en 
esto , y diré cómo los cai'iques viejos de la cabecera de 
TUiscala enviaron olra vez mensajems de nuevo A su 
cspitaD general Xlcotenga , que en todo caso no nos dé 



J 



TOÑ^ISTA DE 
I, y^oenfade pax1uei;o á nos ver yltevarde co- 
mtr, fMH^u ui esti ordenado por lodus lus caciques 
v{ráKÍpile6deiqtiella tierral de Guaxocingo; y tam- 
Un «wriariMi á mandur & los capitanes que tetiia en su 
I ti no fílese para trntar paces, que en cosa 
, !• abededesen ; y esto le tornaron á enviar & 
Hwes, {(orque sabrán cierto que nolesqiipria 
, y tenia determinado el Xicolenga que una 
I de dar otra vez en nuestro real , porque pa- 
ra «iloleAia juntos Teintc mil hombres; y como era so- 
fc«Mi ; muy porDado , asi alinra como las otras veces 
MqniM otiedecer. Y to que sotire ello tiizo diré ade- 



Ir 



CAPITULO LXX. 



^■ingaBii 



i eayttaa Xlutcan tola ipertctitdat t(inta mil tioabru 
u, para dar en o g otro real , j lo (loi! talu» 
)B* »e tri*o. 

Como Muse-Csctci y Xicotenga el viejo , y todos los 
■■t CKÍI|IM> ie la cabecert de Tlascala enviaron cua- 
tfomeak á decir i au capitán que no nos diese guerra, 
flOB^att DOS fuese á hablar de paz, puK estaba cerca de 
mMtro nal , y mandaron á los demás capitanes quo 
toa él ataban que no le siguiesen si no fuese para 
niiipiflirlii ni nos iba ú ver de paz; como el Xicotuti- 
|i flrtds tnab condición , porfindo y snlierhio, acordú 
it Dot enviar cuarenta indios con comida de gallinas , 
pao y fruta , y cuatro mujeres indias viejas y de ruin 
I, y mucho copal y plimms de papagayos, y los 
qua lo traían al parecer creímos que veni»n de 
(fllágKios i nuestro real, zahumaron á Cortés, y sin 
raeato, como suelen entre ellos, dijeron: «Estaos 
ttl capitán Xtcotenga , que comáis si sois teulcs, 
los de Ompnul; 6 si queréis sacrificios, 
inatro mujeres que sacrifiquéis, y poduis co- 
rda na carnet y cortxo oes; y porque no sahemo« 
i numera lo hacéis, por eso no las hemos sacrili- 
>aborm deUiile do vosotros; y si sois hombres, co- 
|4elM (gallinas, pan y fruta; y si sois teules mansos, 
\ os traemos copal (que ya hudiclio quo es como in- 
I f plumas de papagayas; haced vuestra socrtli- 
látio.ii Y Cartea respondió con nuestras lenguris 
^ laa liabia enviado & decir que quieren \uír. y 
IM wniaidar guerra, yles venían úrognry niaiii- 
I parte de nui-stro Señor Jesucristo , que es ¿I 
lereemos y «doramos, y cl emperador don Cár- 
t (cuyes vanllM somns), que no maten ni sacrifiquen 
persona, como to suelen hacer; y que tMlos 
somos bORiltres de hueso y de carne como 
, y ae tenias, «Ro crístiarins , y que no tenemos cos- 
ida Bataráaingunos; que si matarquisiéramos, 
las tas veres que nos dieron guerra de dia y de 
len ello* hurtos en que pudiéramos hacer 
(, y qur por aquella comida que alli traen se 
> , y quo nn sean mas locos de lo que han sí- 
rveDnso de pal. Y parece ser aquellos indios que 
^slXicaten^aron la comida, eran espías para mi- 
BcstreschmiNs y entradas y salidas, y lodo lo que 
iMlrereai había . y ranchos y cabüllos y artillería, 
MoaandltaniM en cada choza; y estuvieron aquel 
I j la Moelw, y so iban unos con mensajes i tu Xico> 



NÜEVA-ESPaSTa, 

looga y venían otros; y los aniígos que Iraiamos do 
Cempoal miraron y cayeron en ello, que no era cosa 
acostumbrada estar do din ni de noche nuestros enemi- 
gos en cl real sin propósito ninguno, y que cierto erun 
espías, y tomaron deltos mas sospecha porque cuandi. 
fuimos alo del puobleiucloCimpacin^o, dijeron dos vie- 
jos de aquel pueblo & los de Ctímpnul.que estaba aper- 
cibido Xicotenga con muchas guerreros pnra dar en 
nuestro real de noche de muñera que no fuesen senli- 
áoí, y los de Cempoal entonces tuviéronlo por burla y 
cosa de fieros , y por no sab«llo muy de cierto no se 
lo habinn dicho & Cortés; y súpolo luego doña Harina, 
y ella lo dijo á Cortés; y para saber la verdad mandó 
Cortés apartar dos de los tlascaltecas que parecían mas 
hombres de bien, y coafesaron que eran espías de Xi- 
cotenga, Y trido á la Gn quo venían; y Cortés les mandú 
soltar, y tomamos otros dos, y ni mas ni menos confe- 
saron que eran espías; y tomáronse oti os dos ni mus ni 
menos , y mas dijeron, que eslalia su capitán Xicoten- 
ga aguardando la respuesta para dar aquallu noche con 
tmius sus capitanías en nosotros; y como Cortés lo hu- 
bo entendido, lo hizo saber en todo el real pnra que 
estuviésemos muy alerta, creyendo quo había de venir, 
comolo tenioa concertado; y luegomandó prender has- 
ta diez y siete indios de aquellas espías, y dellos se la 
cortaron las manos y á otros los dedos pulgares, y los 
enviamos & su capitán Xicotenga , y se les dijo que por 
el atrevimiento de venir de aquella manera se les ha 
hecho ahora aquel castigo, é digan que venga cuando 
quisiere, de día á de noche ; que ail! le aguardaríamos 
dosdius, y que si dentro de los dos días no viniese, 
que lo ¡ramos á buscar á su real; y que ya hubiéramos 
ido 1 les dar guerra y malnlles , sino porque los que^ 
remos muclio , y que no sean mas locos , y vengan de 
pttz; y como fueron aquellos indios do las manos cor- 
tada* y dedo';, en aquel instante dicen que ya Xicoten- 
ga quena sü^ír de su real con todos sus poderes para 
(lar sobre nosotros de noclte, como lo t en iao concerta- 
do; y como vid ir á sus espías de aquella mtinera, se 
maravilló y prcgunlú la causa dello, y le contaron lodo 
lo acaecido, y desde cninnces perdió el brio y soberbia; 
y demiis desto, ya se le linbia ido del real un» capitauia 
ron toda su gontp , con quien había tenido contienda y 
bandos en las batallas pasadas. Dejemos esto aquí, é 
pasemos adelante. 

CAlTI'LO LXXl. 

CitAK vtntrros i iiD(t!rn retí los caalro prinrJpiles qi« biblnri- 
ilidn i tralir piucs , ; cl tuauínienta fie ttiueroa, 1 la qae 

Estando en nuestro reñí sin saber que habían de ve- 
nir de fKiT., puesto que la deseábamos eo gron manera, 
y estábamos entendiendo en aderear armas y en hacer 
saetas , y cada uno en lo que habia menester para en 
cosas do la guerra ; en este instante vino uno de nues- 
tros corredores del campo á gran priesa, y dijo quo 
porcl camino principal de Tlascala vienen mucho» in- 
dios é indias con cargas, y que sin torcer por el cami- 
no, vienen hacia nuestro real, é que el otro su compañero 
de á caballo, correilnr del campo , está atalayando pan 
ver á qué parte van; y estando en esto llegO el otro su 



Cl -" ^ BCRNAL [HAZ 

compaiiero de i cahMa , j dijo que muy cerca de clÜ 
iri-iiiaii derechos dumle está bu tilos, y qufi lie ralo unnilo 
iiiicían puratlilliis; ; Corles y loilosuosolrosnus alegra- 
mos cnuaquellus nuevas , porque crciinos cierto ser de 
paifComo lo fué, ymiinclóCortús que (lo so liicieif ulbo- 
rotoit) seuti'túeiitn, y que disimulados nos estuviése- 
mos en auesiras cbaziiü; y luego, de lotbs aquellas pon- 
tos que veniun con lus cargas se adclunturon cuatru 
principales que Iraian cargo de entender en tas [jaucs, 
como les fué mandado por los caciques viejos; y liacien- 
(lu señas de paz, que era bajar la cubcza, se vinieron 
' Uereclios á la choza y aposento de Cortés , y pusieron 
la uiauú en el suelo y besaron la tierra, y lucieron tres 
rererencias y quemaron sus copales , y dijeron que to- 
llos lo^ cadques de Tlascala y vasallos y aliados, y 
nniigos y cuuíuderudos suyos, se vienen ámeterdebaju de 
la aniíslad y paces de Cortés y de todos sus hermanos 
lusleulesque consigo estaban, y que los perdone por - 
ijue tío lian salido de paz y pnr la guerra que noí han 
dado, pulque crejeron y tuvieron por cierto que éra- 
mos aniigus de Mooiexuma y sus mejicanos, los cuales 
siHi sns eueiuigos mortales de tiempos muy antiguos, 
jHiinjue vieron que venia ti con nosotros en nuestra coin- 
puiíia niuctios de sus va^aljos que ledan tributos: y que 
con engullo y traiciones les qunrian entrar en su tierra, 
como lo leiiian de costumbre, pura llevar robados sus hi- 
jos y mujeres, y que por esta i^usa no creian & tos men- 
sajeros que lesetiviáboinos ; y demás deslo dijeron que 
Jos primeros indios que nos salieron á dar guerra dsí 
como entramos en sus tierras, que no fué por su man- 
úttúo y consejo, sino por los chonta les esloniies, que son 
frentes como monteses y sin razón ; y que cuitiio vieron 
que éramos tan pocos, que creyeron de tüii.ninüs á 
manos y llevamos presos á sus señores y ganar gracias 
con ello, y que ahora vienen ii demandar pertjau de su 
atrevimiento, y que cada dio traerán mas bastimento del 
que nllitraian, y que lo recibamos con el amor que lo 
envían, y que de alli á dos días vendrá el capitán Xieo- 
lenga con otros caciques, y dará mas relación déla bue- 
na voluntad que toda Tlascala tiene de nuestra buena 
amistad. Y luego que iiuliieron acabado su ra^onumieii- 
lo bajaron sus cabezas y pusieron las manos on el sue- 
lo y besaron la tierra ; y luego Cortés les tiubló con 
imestrtis lenguas con gravedad é hizo del cnojadu, é 
dijo que , puesto que habia causas para no los oír ni 
tener oini>tait con ellos, porque desde que entramos 
por fu tierra les enviamos i demandar paces y les envió 
Á d«cir que los quena favorecer contra sus enemigos 
los de Méjico, é no lo quisieron creer y querían matar 
nuestros umbujadores, y no contentos con aquello, nos 
dieron guerra tres veces, y de noche , y que tenian es- 
pús y asechanzas sobre nosotri'S , y en las guerras que 
líos daban les pudiéramos matar muchos de sus vasa- 
llos ; y no quise , y que los que murieron me pesa por 
ello , que ellos dieron causa ú ello, y que tenian deternil- 
nadu du ir adonde eslfin Ins caciques viejos a (¡altes 
guerra; que pues aliara vienen de p:izde purlc de aque- 
lla provincia ,quu él los recibe on nombre do nuestro 
rey y señor, y los agradece el bastimento que traen; y 
lev mandó que luogu fuesen á sus señores i les decir 
vengan i euvien ti tratar lus pucos con mascertiticadon; 



nus- 
[uens I 
¡q ua- J 



DEL CASTILLO. 

y si no vienen, que iríamos ú su pueblo á les dtrgttem; 
y les mando dar eumilas azules para que diesiMi i lo« 
caciques en señal de paz; y se les amonestó que ruando 
viniesen á nuestro real fuese de dia, y no de noche, por- 
que los mnlnriamos; y luego se fueron aquellos ciwtm 
principales mensajeros, y dejaron en unascasasde indios 
algo apartadas de nuestro reul las indias que traiun pa- 
ra hacer pan, y gallinas y todo servicio, y veiulo iitdií» 
que les traigan agua y k'ña , y desde allí udelaiile lu« 
traían muy bien de comer-; y ciianJo aquello' viinns, r 
nos pareció que eran verdaderas las paces, d?H)i« mu- 
chas gracias ú DiíJS por ello, y viníeriin en tiempo que yj 
estábamos tan [lucos y trabujados y descontentos coa la* 
guerras, sin saber d finque habría dellas, irualsa pue- 
de crilegir ; y en los capítulos pasados dice d curonisla 
Gómorn que Gtriés se subió en unas peñas, y que vio 
ol puelito de Cimpuciugo; digo que estaba ¡unto á nus- 
tro real , que [iiirtu ciego era el soldado que lo quena 
ver y no lo via muy claro. También dice que se le 
rinn iiniotinar y rcbclar los suliludo^, é dice otra» 
que yo no las quiero escribir, porque es gastarpaln 
ponjue dice que lo sabe por iiiforniiicion. Digo quecii- 
pitan nunca fué tan obedecido un el mundo, <egungde- 
lünte lo verán; que lal por pensamiento no pasé i nin- 
gún soldado desde que en I r» mos en tierra a deutro, sino 
fui' cuiíodo lo de los arenalc<i, y las palabras que Id de- 
cían cu el capitulo pasado era por via de aconsejarle y 
píirqiic les parecía que eran hien diciías , y no por otra 
via, p I ir(|ue siempre ie siguieron muy hien y tealmeute; 
y nu es mucho que en los ejércitos algunos buenos sol- 
dados aconsejen á su cap i tan , y tnas si so ven tan trabaja - 
dos como nosotros andubamos; y quien viero su Híst»- 
í ría lo que dico , crenrií que es verdad , según lo refiere 
con tanta clocueuciii , siendo muy contrario de lo que 
pasó. Y dejado he aqui , y diré lo que mas addunte tiüs 
aviuuconuuosmensajerosqueenvióelgranUootciuma. 

CAPITULO LXXII. 

CdaiQ TÍDJtroa I oaeiiro real e mbijadoríj de Nontciami , fna 
tenor lie Slijica, f det iireienti! que u^ji^rOD. 

Como nuestro Señor Dios, por su gran misericordia, 
fué SL*rvido darnos Vitoria de aquellas batallas iloTliis- 
cula, voló nuestra fama por todas aquellas comarcas, y 
fué i oídos dd gran Mouiezuma á la gran ciudod de Ué- 
jico, y si antes nos tenian por leu les, que son como sus 
ídolos, de allí adelante nos tenían en muy mayor repu- 
tación y por fuertes guerreros, y puso espanto en toda 
la tierra cómo, siendo nosotros tan pocos y los tlascal- 
tecas de muy grandes poderes, los vencimos, y ahora en- 
viarnos ¡í demandar paz. Por niuuora que Montezuma, 
gran señor de Méjico , de muy bueno que era, ó l^iuíó 
nuestra ida ¿su ciudad, despitcbó cinco principaleslmm- 
bres de mucha cuenta é Tluscala y á nuestro real para 
darnos el hien venido, y á decir que se había holgado 
mucho de nuestra gran vítoriaque liubímiiscontia tan- 
tos escuadrones de guerreros, y envió un presente, obra 
de mil pesos de oro, enjoyas muy ricas y du muchas ma- 
nTas labradas, y veinte cargas de ropa lina de algodón, 
y envió i decir que quería ser vasallo do nuestro grtu 
emperador, y que se holgaba porque estábamos ya cer- 
ca de su ciudad, por la buena voluntad que tenía á Cor- 




CONOPISTA DE 
Utft todot los leulesins liennano^ que con él estábn- 
■aa,qoe tU Dosilaniaba, y que vine cuánto queríít de 
I eailtaño para auestro gran emprador, qae lo 
IB ero , plata j joyas y ropu , con tal que do íué- 
F i Méjico; y oslo quo no lo liacia porque no ñú- 
1, quede muy buetia voluntaJ nos acogiera, sino 
pw Mr te Uem estéril y fragosa , y que le p«sariii de 
wuutn tralwjo sí nos lo vi<^se p»^ar , 6 que por veulu* 
11 fM na le podría remediar lan bien como querría. 
Corttt le raspondid y dijo que le Ictiia en merced la 
«iBlad que mostraba y el preseute que envió, j el 
itMJiiiieBlo de dar ü su majestad el tríbulo que decía; 
fhMiga fng4 í tos mensajeros que no se fuesen basta 
irá la c»lM«eri de TIuscala, y que allí los despocliaria , 
ytnf oe viese en lo que paraba ai|uetta de la guerra ; y 
Mies qoÍM dar luego la respuesia porque estaba pur- 
Ipiodel día antes, y purgóse con unas man z:iiiillas que 
tay ea le illa de Cuto , y son muy buenas para quien 
MbecAmo se bao de tomar, Dejnré esta materia, y di- 
ré lo ^ae mas ea nuestro real pasü. 



^ 



CAPITt LO LXXIH. 



cea» tu» Xieoteip, eipltao geatnl de TIiKila, i (nltudci 
I It» |i*cH, y 1(J i)ue dijo, j Ig que dos atiug. 

ff***— í- plnUcando Cortés can los embajadores de 
I, como dicbo habernos, y quería repodar 
eiUba malo de calenturas y purgado de otro 
ites, Ticnenleá decir que venia el capitán Xíco^ 
con muchos caciques y capitanes, y que traen 
I» mantas btaneas y coloradas, digo te milad de 
I blancas y la otra mitad coloradas, que era 
t } librea , y muy de pa z , y traiu consigo basta 
ibonibres principa les que le acompañaban; y 
I al aposento de Curtes, te liizo muy grande acato 
reverencias , como entre cltos se usa , y mandó 
■r mucho copal , y Cortés con grao amor le mao- 
itarcabe si; y dijo el Xicoteuga que él venia de 
I de iu padre y de ilasse-Escaci , y de todos los ca- 
I f r^iública de Tlascola, á rogarle que los admi- 
li mcitn amistad ; y que venia i dar la obedien- 
i uamtro rey ; señor, y á demandar perdón por 
nado armas y bebemos dndo guerra ; y que si 
tw, que fué por no saber quién éramos, porque 
I por cierto que veníamos de la parte de su ene- 
iHeatetama, que como mucbas veces suelea te- 
k y mañas para entrar en sus tierras y roba- 
Kjnealiea , que asi creyeron que lo quería hacer 
ara ; y qoe por esta causa procuraron de defender 
I fVMDas 7 patria , y fué forjado pelear ; y que ellos 
mef potms , que no alcanzan oro ni plata, ni píe- 
ni ropa de algodón , ni auo sal para comer, 
rHontcRima no les da lugar á ello para salir i 
' i; y que £i sus antepasados tenían al^un oro 6 
lile valor, que si Moniezuma se le habían dado 
algunas veces hacían paces ó treguas porque 
Fdeairuyesen, y esto en los tiempos muy alrítspa- 
i; y porque al presente no tienen qué dar, quo los 
í , qoe su pobreza era causa dello, y no la buena 
I ; } dio mucbas quejas de Monieiuma y de sus 
I todoa eran contra ellos y les daban guerra, 



puesto que se habían defendido muy bien;; que abum 
quisiera hacer lo mismo contra nosotros , y no pudio- 
rou , aunque se habían juntado tres veces con todos sus 
guerrwros, y que éramos invencibles; y que como co- 
nocieron esto de nuestras personas, qur quieren ser 
nuestros amigos, y vasallos del gran señor emperador 
don Carlos, porque tienen por cierto que con nuestra 
compañía serian siempre guardinlns y ampsradas sus 
pcrsouas, mujeres é lujos, y no eslar.ín siempre con 
sobresalto de los traidores mejicanos ; y dijo otras nm- 
clias palabras de ofrecimienlos con sus personas y ciu- 
dad. Era este Xicotenga alto de cuerpo y de grande es- 
palda y bien hecho, y la cara tenia larga y como hoyosa 
y robusta, y era de basla treinta y cinco años, y en el 
parecer mostraba en su- persona gravedad ; y Cortés 
íes did las gracias muy cumplidas con bálagos que Ia 
moslrú , y dijo que él los recibía por lales vasallos de 
nuestro rey y señor y amigos nuestros; y luego dijo el 
Xieotenga que nos rogaba fuésemos ú su ciudad , por- 
que estaban todos los caciques viejos y pnpas aguar- 
dándonos con mucho regocijo; y Cortés le respoiidi^i 
que Él iría presto, y que luego fuera, sino porque esta- 
ba entendiendo en negocios del gran Montcsuma , y co- 
mo despache aquellos mensajeros, que él será allí; y 
tornó Cortés á decir algo mas ásjiero y con gravedad de 
las (jucrras que nos habian dado de día y de noche; é 
que pues ya no puede haber emienda en ello, que se lo 
perdona , y que miren que las paces que ahora les da- 
mos que sean tirmes y no haya muila miento, porque sí 
olra cosa hacen, que los matará y destruirá & su ciudad, 
y que no aguardasen olrss pulalirtsde paces, sino de 
guerra. Y cumo aquello oyó el Xicolenga y todos lo* 
príncipalesque con él venían , respondieron & una que 
serian Urmes y verdaderas, y que pora ello quedaban 
todos en rehenes; y pasaron otras pláticas de Corles 
ú Xicolenga y de todus los mas principales, y so les 
dieron unas cuentas vcrdt/s y azules para su padre y 
para él y los mas caciques , y les mamló que dijesen que 
ifia presto á su ciudad. Eld todas estos pbticas y ofreci- 
mientos que he dicho estaban presentes los embajado- 
res mejicanos, de lo cual les pesó en gran manera de 
las paces, porque bien entendieron que por ellas no les 
había de venir bien ninguno. Y desque se hubo despe- 
dido el Xicoteuga, dijeron i Cortés los embajodures 
de Monleiuma , medio riendo , que h creía algo de 
aquellos ofrecimientos é paces que habían hecho do 
parte de toda Tlascula , que lodo era burla y que no los 
creyesen, que eran palabras muy de traidores y enga- 
ñosas; que lo liarían para que de<<que nos tuviesen en 
su ciudad en parte donde nos pudiesen tomar i su sal- 
vo darnos guerra y matarnos; y que tuviésemos en la 
memoria cuántas veces nos hiiliian venido con todos sus 
poderes i matar, y coran no pudieron, y fueron dcllos 
muchos muertos y otros berilios, que se querían aliora 
vengar con demandas y paz Ungida. Y Cortés respondió 
con semblante muy esforzado , y dijo que no se le daba 
nada porque tuviesen tal pensamiento como deciun; & 
ya que todo fuese verdad , que él se holgaría dello para 
castigalles con quilalles las vidas , y que eso se le da 
rpie den guerra de día que de noche , ni que tea en el 
cimpoquecn la ciudad ; que en tanto tenia lo uno co- 

S 



"«í~ ~ BERNAL DÍAZ 

mo fo otro ; y para ver ü es vtrJad, que por esta causa 
detormina da ir nllá. Y viomln aquellos embajadores su 
dalcrmiitacion , rogironle que aguardúscmos allí en 
nuestro real seis dins, porque querían enviar dos de sos 
cnitiparierosásuseriürMoiitezuiua,yqueTondrian don- 
tro de los seis diascon respuesta; y Corles se lo pro- 
metió , lo uno porque, eomo lie dícJio, estaba con rn- 
kHiluras, y lo otro, como aquellos cmUij;» lores le di- 
jeron aquellas palabras, puesto que liízo s<.'r!i[;l:iiito no 
Iia6er caso dellaí , miró que si por v(>iilur[i serian ver- 
dad , lm<;taver mas certiJuinhre en las paces, porque 
tran tHles, que liubia que pensar en eÜRs; y como efi 
aquella sazón vjú que habiu venido de fitiz , y en todo el 
camino por donde venimos do nuestra villa rica de lu 
Vcracruií eran los puflilos nuestros amibos y cenfede- 
rados, escribió Cortd^sá Juan de Escalante, que ya he 
dicho que quedó en la villa para acalüir de liacer 1» tor- 
taleza y por cnpilnn de obra de sesenta soldados viejos 
y dolientes que ulli quedaron ; en las cuales cartas les 
íiiio sBlier las gran des mercedes que mieslro señor Je- 
sucríslo nos lia hecbo en las balullas que luibimos en 
las vilortas y rencuentros desde que enlrnnios en Iti 
[vrovinciade Ttascala, donde abara lian venido de paz, 
y que todos diesen gracias á Dios por ello ; y que mira- 
sen que siempre favoreciesen a los pueblos toton:iqucs, 
nuestros amigos, y que le enviase luego en posta dus 
botijas de vino que hablan dejado soterradas en cierta 
I>arte señalada de stt aposento , y asimistno trnjoscn 
bostÍRs<¡c lasque liiibiumos traido de la isla de Cuba, 
porque los que trujimos de aquella entrada \a se lia- 
biao acubado. En las cuales cartas dice que hubieron 
muclio placer en la villa , y escribió el Escalante lo que 
til) liabia sucedido, y lodo vino muy presto; y eu aque- 
llos dius en nuestro real pusimos una cruz muy sun- 
tuosa y alta, y mandó Cortés á los indios de Cimpa- 
cingo y á los de las casas que estaban junio do nuestro 
real que enea las,.' n un cu y estuviese bien aderexudo. 
Dejemos de escriliir desto, y volvamos é nuestros nue- 
vos amigos los caciques de Tluscafa, que como vieron 
que no íbamos á su pui-blo, ellos venían á nuestro rcul 

I 'con gallinas y lunas, que era tiempo dellas , y cada día 
traían el basiimcnto quu teuian en su casa, y con buena 
voluntad nos lo daban , sin que quisiesen tomar por ello 
cosa ninguna aunque se lo dábainos, y siempre rogan- 

I do á Corlis i|iie se fuese luego con ellos ú su ciudad ; y 

' como estílbamos aguardando ú los mejicanos los seis 
dias, como les prometió, con palabras blandas les dete- 
nía; y luego, cumplida el plazo que bubian diclio, vi- 
nieron de Méjico seis principales, hombres deniucba 
csiiina , y trujeron un rico présenlo que envió el gran 

, MouLe^uina, que fueron mas de tres mil pesos do oro 
EDric.''sj<ij'as de diversas maneras, y ducíentas piezas 
de ropa de maulas muy ricas de pluma y de otras labo- 
res, y dijeron ú Corles cuando lo presentaron , que s>u 
leñor Hoatezuma se huelga de nuestra buena andanza, 
y que le niega muy ahincadumcQle que ni en bueno ni 
(Dalo íto fuf se con los de Tlascala á su pueblo ni se c o a- 
flise dellos, que lo querían llevar allá para roballe oro 
j ropa, {wrque son muy pobres, que una manta bue- 
na de tigodon no alcanzan ; é que por saber que el 
Monteiuma nos tieiie por amigos y nos envía aquel oro 



DEL CASTII LO. 

I y joyas y manías, lo procurarín de robar nfioy mejor; y 
Cortés recibió con alegría aquel praíente, y dijo queie 
lo Icnía en mcn-cd y que él lo (ta^ínria id señor MonM» 
zuma en buenas obras; y que si se sintiese que los llas« 
caltecas les pasase por el pensamiento lo que Mantexu- 
mn les enviaba & avisar, que se lo pagaría con quilatlaa 
Atodoslas vidas, y que él sabe muy cierto qnn nn ha- 
rán viHíinia ninguna, y que todavía quiere ir ú ver lo 
que bacun, Y estando en estas razones viene» otm 
muchos mensajeros de Tlascala á decir á Cortés cúuo 
vienen cerca do alli lodus los caciques viejos de la 
cera de toda la provincia ii nuestros runchos y cb 
ver á Curtes y il todos nosotros pura llevarnos á su du- 
dad ; y como Cortés lo supo, rogó á los embajadores me- 
jicanos que aguardasen lr«s días por los despachos para 
su señor, porque tenia al presente que Imblar y despe- 
char sobre la guerra pasuila é paces que abora Ir.ttútt; 
y ellos dijeron que aguardarían. Y lo que loe caciques 
viejos dú^rou á. Cortüs se dirii adelaute. 

CAMTLLO LXXIV. 

Cdmo vinitran i nacilra real to< eati(|a«s vlíjoi de Tlateala i 
rotear si Cortés y i \ínUi& nosotros qae Iu<'^'ü am ruesrmoft «>o 
cllui i su tlttdail, y lo que lobre ello piul. 

Como los caciques viejos de toda Tlascala vieron que 
no Íbamos d su ciudad, acordaron de venir en andas, y 
otros en cbamacas é ú cuestas, y otros á pié , los coalet 
eran ios por mí ya nombrados, igue se decían Masse-Gs- 
caci , Xicolenga el viejo é ciego, é Cuaiolacíma , Clii- 
cliimccialecle, Tccapaneca, deTopcyanco; los cnale* 
llegaron & nuestro real con otra gran cninpañia de priiK 
cipales , y con gran acato hicterDn A Cortés y & todos 
nosotros tres reverencias, y quemaron copal y locaron 
las manos en el suelo y besaron la tierra ; y el Xicoten- 
ga el viejo comenzó de hablar ú Corles desta manera, y 
díjole ; (iMaliucbe,Maliiii'lie, mucbus veces te bemol 
enviado ú rogar que nos perdones porque salimos de 
sucrra , é ya te enviumo^ ;i dar nuestro descargo , que 
fue por dcTvndcrnos del malo de Moutezuma y sus gran' 
des poderes, pori¡ue crciiiios que érades de su bando y 
confederados; y si supiéramos lo que abora sabcmoit, 
no digo yo sabios (i re<'i'bir ú los cartiiuos con mucbos 
bastimentos, sino ten^Voslos barridos , y aun fuéramos 
por vosotros ñ la mar donde leniados vuestros acole» 
(que son navios) • y pues ya nos haiieis perdonado, lo 
que ahora os vcuiaius a rogar yo y todos estos caciquea 
es, que vais lirgocon nosotros á nuestra ciudad , y allí 
os daremos de lo que tuviéremos, é os serviremos con 
nuestras personasiy hacienda; y mírá, Malinche, no ba'< 
gas otra cosa, sino luego nos vamos ; y porque lemeinoa 
que por ventura te bubriiu dicho esos mejicanos algu- 
nas cosas de falsedarles y mentiras de las que suelen 
decir de nosotros, no los creas ni los oigas; que en todo 
son falsos , y tenemos entendido que por causa dellos 
co lias queritto ir & nuestra ciudad, n Y Corles respon- 
dió con alegre semblante, y dijo que bien sabia, desde 
muchos años antes que á estas sus tierras viniésemos, 
cómo eran buenos , y que deso se maravilló cuando nos 
saberon de guerra , y que los mejicanos que allí estaban 
aguardaban respuestas para su señor Moutetame ; é & 
lo que decían que fuésemos luego á su ciudad , y por el 



CONQUISTA bE 

> file sieitipre Irtun é oíros cumplimienlos, 

•se lo«gra<leci> muciio y lo pagarin en buenos obras; 

Jé M hubiera ido si tuviera quien nos llevase 

itSfHiiques, que son las boui bardas; y como oyeron 

luelU pa'itbre sioüeroa tanto piscer, que en los ros- 

i M cunooeria, y dijerou : u l'ues cúmo, ¿por esto 

i wUdo, y no lo lias dicho? n Y en menos de media 

I Iraan sobre quinientos indios de carga , y otro día 

f4*iDalMaa comenzamos A marchar camino de la 

id« Tlascala con tnuclio cuucierla, asi de la ar- 

icaaiú de los caballos y escopetas y ballesteros, y 

ktos ikinis, según lo tenianiosde costumbre ; y ba- 

ifi^wloCortésé los mensajeros do Moiitezuma que 

) fiMMo con nosotros para ver 4a qué paraba lo de 

lia, y desde ulli les despacharía , y que en su apo- 

»«tUri>ii porque uo recibiesen ningún desbonor; 

,»tfSaa dijeron, leuiíanse de los tluscil lecas. An- 

i pase adelante quiero decir cómo en todos 

iIm por donde pasamos , ú en otros dondo te- 

tticia de nosotros , llamaban ú Cr>rlt-s Malinche; 

I nombraré de aquí adelante Muliuclie en todas 

Iscas que tuviéremos con cualesquier inilius, así 

^pfQfincia como de la ciudad de Uéjico, y no le 

I Cortés sino en parte que conveuga ; y la cau- 

k ét haberle puesto aqueste nombre es que , como 

Harina, nuestra leiií^ua, estulia siempre en su 

■ptñia, especialmente cuando venían cmbujadoriis ú 

tde caciques, y ella lo declariiba en lengua mc~ 

l, por esta causa le llamaban á Cortés «I cagiitun 

t , y para mas breve le Humaron Malincbe ; y 

fe le quedó este nombre ú un Juaa Pérez <\ti 

r<vino de la l*uQbla , por causa que siumpro 

duiM Malilla y con Jerónimo de Aguilarde- 

eutiieiiiiu la lengua, y ú esta causa le lluiuuluin Juan 

tJtalínche, que renombre de Arlea^a de obra de 

i i esta parte lo sabemos. He querido traer csiu 

i te HKBioria , aunque uo linbia para qué, purque se 

I el nombre de Cortes de aqui adelante , que s<.' 

)lliliacbe;y también quiero decir que, como cn~ 

les tierra de Tlascala basta que fuimos á su cíu- 

> patarra veinte y cuatro días, y entrumos eu elk 

ÍS3 de aeiiembre de 1a19 años; y vamos á olroca- 

ttf j diré lo que allí uus avino. 

CAPITULO LXXV. 

I trisM á It r)a4«d 4e Tliitili, t Is que las caelqaH rtejas 

I VtlM 1 fóbris» , } lo i|u« UH fisA, 

Como los caciques vieron que comenz < ' la ú ir nuestro 
ij« cereuio de »u ciudad, lue^'o se fueron adelante 
auodarque todo esluvir^^e aparejado para nos rc> 
y pmtsmr tos upusentos muy enramaJaí ; é ya 
MigibuMMáun cuarto de lepui de laciudiul, sá- 
• á recelilr Ins mismos caciques que so Imbian 
ido, y traen consigo su>> liíjos y subrinas y mu- 
principiles,cida parentela y bando y pitre luliiluil 
(i ; porque en T táscala había c ua tro pare i a I id a des, sin 
de Tecapeneca, señor de Tepnyauco , que eran ciu- 
también vinieron de todo« ia tugares sus sugetns, 
sus líbrnas diferenciadas , que aunque eran do 
•na muy primas y de buenas labores y pintu- 



C 



NUEVA-ESPAÑA. ■ 67 

ras, porque algodón no lo alcanzaban ; y luego Ttnícroii 
ios papas da toila la provim-ia , que había muclius por 
los grandes adoratorios que iL'Dían , que ya he dicho 
que entre ellos se llama cues, que son donde tienen lu» 
Ídolos y sacrifican; y traían aquellns papas braseros 
con brasas, y con sus inciensos zaliutiiuudo á todos 
nosotros , y traían veslidoe algunos deijus ropas muy 
largas á niniiera de sobropeIJicos , y eran blancas, y 
traían capillas en ellos, couioquc querían parecer á las 
que traen los cani'iigigos, como ya lo tengo dicho , y tos 
cabellos muy lar^'os y enredados, que no se piicdendes- 
parcir si uo se corlan , y llenos de sangrú que les saliin 
líelas orejas, que en aquel díase bahía n sacrillcado ; f 
abajaban las cabezas como á manera do hmiiildad cuan- 
do nos vieron, y traían las uñas de los dedos de las ma- 
nos muv largas; 6 oímos decir que aquellos papas te- 
nían por religiosos y de bm^iia vida, y junto A Cor tés se 
allega ron muclios principales acompañtiadole; y como 
entramos en lo poblado uocubian por las calles y azuleas, 
de tantos indios é indias que noesalian á ver con rostros 
muy alegres, y trujeron obra de veinte pinas hechas de 
muchas rosas de la tierra , dírerencíudus las colares y 
de buenos olores , v las dieron á Cortés y í los demás 
soldados que les parecían capitanes, especial á los de 
i caballo ; y como llegamos & unos buenos palios adon- 
de estaban los aposentos , tomaron luego por la mano A 
Cortés, Xicoienga el viejo y Massc-Escací,ylemelenen 
los aposentos, y allí tenían aparejado para cada uno de 
nosotros ti su usanza unas camillas de esteras y mantas 
danequen; y también se aposcutarun los amigos que 
traíamos de Ceropoal y de Cocol lan cerca de nosotros; 
y mandó Cortés que los mensajeros del gran Montezu- 
ina se aposentasen junto con su aposento ; y puesto que 
estábamos en tierra que víamos claramcule que esta- 
ban de buenas voluntades y muy de paz, no nos descui- 
damos de estar muy aperuebidos, se^uu teníamos de 
costumbre; y parece ser que nuestro capitán , á quien 
cabía el cuarto de poner corredores d^l campo y espías 
y velas, dijo áCorléi : « Parece , btiñor, que están muy 
depaz,yi)oliubemus monuster tanta guarda ni estar 
tan recatados como solemos.» «Mira, señorea, hieu veo 
lo que decís; mas por la buena costumbre hemos de es- 
tar apercebidos, que aum]ue sean muy tiucuos , no ha- 
bcmosdecreeren»u pni,sino como sí nos quÍ!>ieseii 
dar guerra y los viéseious venir á enconlrar con nos- 
otros; que muchos capitanes por se conliar y descuidar 
fueron desbaratados, especialmente nosotros, como so- 
mos tan pocos, y liabiéndonos enviado i avisar el gran 
Monte zuma, puesto que sea Ungido, y no verdad , be- 
inos de estar muy alerta, u Dejemos de hablar de tantos 
cumplimientos 6 urden como teniumos en uucsiras ve- 
las y guardas , y volvamos i decir cómo Xícolenga el 
viejo y Massfc-Escaci , que eran grandes caciques, w 
enojaron mm'lio con Cortés, y le dijeron con nuestras 
lenguas ; nSlalinebe, ú tú me tienes por enemigos ó no 
muestras obras en loque te vemns hacer, que no tienes 
confianza de nuestras personas y en las paces que nos 
has dado y nosotros á ti ; y esto te decimos porque ve* 
DIOS que asi os veláis y veuis por los caminos aparcebi- 
floscomo cuando veníais d encontrar con nuestros es- 
cuadrones; y oslo, Halínche, creemos que lo haces por 



• 



6S BERN^L DÍAZ 

Jns traiciones ; maldades (|Ue los mejicanos le liasi di- 
[ ülio eu secreto para que estés mal con nnsotros : mira 
tú los crea'; ; que ya aquí estás y te daremos torio lo quo 
«juisiereíi, iiasia nuestras personas y liijos, y morire- 
mos por vosivlros ; por eso domanila en rehenes todo lo 
que quisieres y fuere tu voluntad. » Y Cortés y todos 
nosotros estúbutiius espantados de la gracia y amor can 
t|ue lo decid u; y Cortés les respondiú con doña Marina 
«|uc así lo tiene creído , é que no tm menester rellenes, 
Kino versos muy buenos voluntades ; y que en cuanto á 
venir aperceliidos, que siempre lo teníamos de coslum- 
l>re y que no lo luvieseu ú mal ; y por todos los oFreci- 
tnientos se lo teuía en merced y se lo pagarin el tiempo 
I «ndandü. Y pasudas estas plálicas, vienen otros princi- 
|)aIescon f^run aparato de gallinas y pan de maíz y lu- 
nes , y otras cosas de legumbres que liabia en la üerru, 
"j bastecen el real muy cumplí (lamento , que en veíute 
clius que alli estuvimos todo lu hubo sobrado ; y entra- 
mos en esta ctuilad ú 23 «lías del mes de Si^lii^mliro 
«le 1519 años; é quedaritse uqui, y diré lo que mus 
ivits¿, 

CAPITULO LXXVI. 

Ciait se dijo mis] csUní!» pren^ntes moclios carlqnes, j de on 
prrfteDle i[]ie trujerun las cicitjgcs vífJoj;. 

Otro día de raañana manda Cortés que se pusiese un 
ñltar para que sedíjese misa, porque ya teníamos vino é 
hostias; la cual miíui dijo el clérigo Juan Diax, porque 
4-1 pudre de la Merced estiiba con calenturas y muy lio* 
C.0 , y estando presente Masse-lüscací el viejo y Xícoteii- 
ga Y otroi caciques; y acabüda la misa, Cortés se entró 
en su aposento, y con él parle de tos soldados que le so- 
líamos acompañar, y también los dos cadques viejos y 
iiuestras lenguns, y díjole el Xícolen^a que le querian 
frier un presente, y Cortés fes mostnilia mucbo amor, 
^ les dijo que cuando i[uisiosen ; y luego tendieron 
unas esteras , y una miiuta encimo , y trujoron seis 6 
Bíete pecesiuelo* de oro y piedras de poco valor, y eier- 
las cargas de ropa de iiequío, que toda era muy pobre 
(;ue no valía veinte pe^os; y cuando lo daban, dijeron 
aquellos caciques riendo : uMuIíoclie, bien creemos que 
como es poco eso que te d.imos, no lo recebírás con bue- 
na voluntad ; ya ts bemos enviado á decir que sotnos 
pobres, é que no tenemos oro ni ningunas riquezas, y 
I» causa delloesque esostraídoresy malosde los mejica- 
nos y Monleíuma, quealmraes serior,noslo han sacado 
lodo cuando solíamos tener paces y treguas, que tes dc- 
mandiibamos porque no nos diesen guerra; y no mír<>s 
queespoco valor, sino recíbelo cou buena volunlail, 
como coso de amigos yservíiloresque le seremos;» y 
entonces tnmbicn Irujeron aparte niuílin bustimento. 
Cortés lo recibió con aIef,Tía , y les dijo que en niiis te- 
nía aquello porserdo su mano y cou la voluntad que 
seto daban, que si le trujernn otros una casa llena ile 
oro en granos, y que usí lo recibe, y les mostró mucho 
nmor; y parece ser tenían concertado entre toilos lus 
caciques de darnos sus hijas y sobrinas , las mas ber- 
mosasque teoían, qne fuesen doncellas por casar; y di- 
jo el viejo Xícotenga ; «líaünclie, porque mas claru- 
lucuto conoxcais el bien que os queremos y deseamns 
cu todo contentaros , nosgtros o« queremos dar nuestras 



DEL CASTILLO. 
hijas para que sean vuestras mujeres y liagaís gene- 

, mcion , porque querjemos teneros por bemisnos , pues 
sois tan buenos y esforzados. Yo tengo una bija muy 
hermosa , é no lia sido casada , é quíérola para vos ; y 
asimismo Husse-Escací j todos los mas cacique* di- 
jeron que /raerían sus hijas y que las recíliii^tsomos por 
mujeres, y dijeron otros muchos ofrecí mi en los, y en to- 
do el dia no se quitaban, asi el Masse-Escaci como el 
Xicolenga, de cabe Cortés; y como era ciego, lievíejo.el 
Xicolenga , con la mano atentaba A Cortés en la cabe- 
za y en las barbas y rostro , y se lu traía por Io4o el 
cuerpo ; y Corles les respondió ú lo de las mujeres, que 
él y todos nosotros se lo teníamos eu merced, y que en 
buenas obras se lo pnparíanius el tiempo amlaniJo ; y 
estaba alli présenle el partre de la Merced, y Cortés lo di- 
jo : n Señor padre , paréceme que será ahora bien que 
demos un líenlo li estos caciques para que di'jeii sus 
ídolos y no sacrifiquen, porque harán cualquier com 
que les inundaremos , pur causa del gran tt<mor qua 
tienen úlos mejicanos;» ycl fraile dijo: «Señor, biem 
pero dejémiislo hasta que Irsif^n las bi|as, y etilo 
habrá materia para ello, y dirá vucsanierced que nit 
las quiere rccchir liasla que prometan de no sacríücar : 
si aprovecliare, bien; sí no, liaremos lo que somos 
obligados;» y así quedó para otro dia, y lo que seiúio 
se dirá adelante. 



qua 



CAPITULO LXXVII. 

Cdna itaJ«rao lat tiijis i prctsemir i Cortés j i tadM 
I la que taite ello se hiio. 

Olro día vinieron los mismos caciques viejos, y iru- 
jeron cinco indios hermosas, doncollas y mozas, j pa- 
ra ser indias eran de buen parecer y bien ataviadas, y 
traían para cada india otra moza piira su servicio, y to- 
das eran hijas de caciques, y dijo Xicolenga á Cortés: 
n Malínchc, esta es mí bija, y no ha sidn casada , que es 
doncella ; tomadla para vas ;» la cual le dio por la ma- 
no, y las demás que las diese Ú los capitanes; y Cortes 
se lo agradeció, y con buen semblante que moslrd dijo 
que él las recibía y lomaba por suyas , y que ahora* al 
presente que las tuviesen eu su pDdersuspa(lres;ypre- 
puntaron los mismos caciques quo por qué causa no 
lus lomábamos ahora; y Cortés respondió : <i Porque 
quiero hacer primero lo que manda Díus nuestro Se- 
ñor, que es cu elque creemos y adoramos, y alo queme 
envió el Rey nuestro señor, que es quo quileu sus Ído- 
los, que no sacriliquen ni maten mas bumhres, ni ba- 
gan otras torpedadcsmalasqiiesuelcn hacer, y crean eu 
loque nosotros creemos, que cscn un solo Dios verdade- 
ro;» y se les dijo otras muchas cosas locantes á nues- 
tra santa fe; y verdaderamente fueron muy bien decla- 
radas, porque doria Marina y Aguílar,nueslraslenguas, 
estaban ya tan expertas en ello, quo se les daba á eul^n- 
der muy bien; y so les mostró uua imagen de nuestnt 
Señora con su Hijo precioso en los brazos, y se les dio 
á entender cómo aquella imagen es fí;.'ura como la de 
nuestra Señora , que se ák£¡ Santa Maria , que está eu 
los altos cíelos , y es la Madre de nuestro Señor , que es 
aquel niño Jesús que tiene en los brazos, y que le con- 
cibió jior graciado! Espíritu Santo, qitedanilo virgen 
aiilcs del parto y en el parto y despuús del parlo ; f 



P 



O0NQi;iSTA DB 
Igras Scíiora ruega por oosoiros á su Hijo pre- 
[we» nuestro U ios y Señor; y les dijo otrus mu> 
MM quese cutiveiiiatt decir sobre iiuestm santa 
k,yñquienin ser Ducstma liermanos y leoer amistad 
deiucoii nosotros; y para que con mejor votun- 
1 tonáMinu* aigtieliiis sus Ijíjas, fura teaellos , como 
r mujeres , que lue^o dcjcti sis malos íiloios, 
ly wlortD en nuestro Señor Dios, quo t!s el que 
(creemos y aburamos , y verán cuiíntubien les 
l¡ porque, deniás de tener sol ud y tmenos tempora- 
icoMSM les liarin prúspentmente , y cuando se 
liria «US úniíitus i l<is cielos á gozar de la gloria 
tble¡y que si liaruD los sacriiicios quesuelen 
rtsqun'lliis sus idilios, que son diablos, les lleva- 
tiloa iiiGernns , donde piíru siempre jamás arderán 
Iffitsa Utnas. Y porque en otros razo oamíentos seles 
dkbo otras cosas acerca de que dejasen los 
I, MI esta plática no se les dijo mas , y lo que res- 
ta i todo es, que dij^roit: «(Malinclie, ya le 
leotendido antes de almra'.y bien creemos que 
I vuestro Dios y esa gran Seriiira,quc son muy bue- 
imira : ahora venístes á e^las nuestras tierras 
i; el tiempo andando entenderemos muy mas 
neate rué si ras cosas, 7 verúmos cúmo son, y 
o« lo que sea bueno. ¿Cuma quieres que dejemos 
ros teules, que desde niucjios años nuestros 
ados tienen por dioses y les han adorado y 
■do? E ya que nosotros , que somos viejos, 
tA ctunplacer lo qui'^iésemos bacer, ¿qué dirán 
I nuestros papal y todos los vecinos mozos y n¡~ 
|«U proviucía, sino levuntarse contra nosotros? 
■Imeole que los papas ban ya hablado connues- 
tteates, y le respondieron que no los olvidásemos 
I «acrílicios de hombres y en todo lo que de antes 
Dosbacer;sino,queá lodaesta provincia destrui- 
k cao banjbfci , pestilencias y f;uerra ; » asi que, di- 
I y dieron por respuesta que no curásemos mas 
ilMbablir cu aquella cosa, poniueoo ios habían de 
rde tacnllcar aunque Im matasen. Y desque vi- 
Itquella respuesta, que la dnüan tan de veras y sin 
or, dijo el padre de la Ueiced,que era entendida 
|laólogo: «S^-ñor, no cure vuestmierced de mas les 
ortuoar sobra esto, que no es justo que por fuerm 
ibtgamossercrisliaoDs, yaun lo quehicimosen Cem- 
t derrucultcs sus ídolus, no quisiera yo que se lii- 
i bula que tengan conocimiento de nuestra santa 
|;¿^Í aprovecha quítiill js ohora sus Ídolos de un cu 
|«daretorio , si los pasan tuej:;» i otros? Uieo es que 
isinüendo nueslros amnnostacínnes, que sonsao- 
h y buenas, para que conozcan adelanto los buenos 
]o* que les damos ;» y tümhien le hablaron i Cor* 
ITM caballeros , que fueron Pedro de Albarado y 
1 Veiaiquei de Leun y Francisco de Lugo , y dijeron 
\CtttÁt: a Muy bien dice el Padre, y vuesamcrced con 
I qua 1m berhu cumple, y no se toque mas i estos caci- 
iMbrad caso;» y así se hizo. Lo que les maoda- 
lOOQ rtiegui fué, que luego desembarazasen un cu 
latU cerca y era nuevamente liecbo, é qui- 
t (dolof , j In encalasen y limpiasen para po- 
rta él una cnii y la imagen de nuestra Señora ; lo 
I luego lo lucieron, y en él se dijo misa y se bauti- 



NüEVA-ESPASA. «S" 

laron aquellas cacicas, y so puso nombre á la hija det 
Xícütenga doña Luisa, y Cortés ta lomó por la mano, 
y se ts dio á Pedro de Albarado, y dijo á Xicotcngaqua 
aquel á quien la daba era su hermana y su capitán , y 
que lo hubiese por bien, porque seria dét muy bien tra- 
tada, y el Xic oten ga recibid coutenlamicnto dello; y la 
bija á sobrina de Masse-Escact se puso nombre doña El- 
vira, y era muy hermosa; y parúceme que la liiii á Juan 
Velazquezde Leoo, y las demás se pusieron sus nom- 
bres de pila, y todas con dones, y Curtes las dio A Cris* 
t<3bal de Oiiy á Gonzalo do Sandnval y á Alonso de 
Avila ; y después desto hecho se les declara i qué ha se 
pusieron dos cruces, é que era porque tienen temor de- 
bas sus Ídolos, y que á do quiera que estA hamos de asien- 
to ó dormíamos se ponen en loscaminos; é i todo esto 
estaban muy atentos. Anies que mas pase adelante, 
quiero decir cómo de aquella cacica hija de Xicoleng», 
que se llamó dnña Luisa , que se la diii á Pedro do Al- 
bsirodo , que asi como se la dieron , toda la mayor parla 
de Tlascala la acataba y le daban presentes y la tenían 
por su señora, y della hubo d Pedro de Albarado , sien- 
do saltero, un hijo que se dijo don Pedro , é una bija que 
sódico doña Leonor, mujer que ahora es de don Fran- 
cisco de la Cueva, buen ciiballero , primo del duque de 
Alburquerque, é ha habido en ella cuatro ó cinco bi- 
jfis muy buenos caballeros, y oquesta señora doña Leo- 
nor es tan excelente señora , eu tin como hija de tal pa- 
dre, que fué comendador de Sanliago, nitelantailo y 
gobernador de Guatemala, y por lu parte de Xicotenga 
gran señor de Tlascala, queera como rey. Dejemos es- 
tas relaciones , y volvamos á Corlas , que se informó 
de aquestos caciques y les preguntó muy por entero de 
las cosas de Méjico, y lo que sobre ello dijeron es esto 
que diré. 

CAPITULO LXXVIIL 

C<iaio CottH prctnnlii i Mtat-Euul t i Xlcotcifá |Hir lll cmíi 
de Utiito, j laqag eti li relación djgeiuo. 

Luego Cortés apartó oqitcllos ene iqiies, y les pregun- 
tó muy por extenso las cosas de Méjico; y Xicotenga, co- 
ntó era mas avisado yerran señor, tomó la mano í ha- 
blar, y de cuando en cua n do lo ayudaba Ha sse-Escaci, 
que también era gran señor, y dijeron que tenia Uon- 
tezuma tan guindes poderes de gente de guerra , que 
cuaDdo qmrui turnar un gran pueblo ó bncer un asalta 
en una provincia, que ponía en campo cien mí I hombres, 
y que esto que lo tenia bien oiperimentniJo por las guer- 
ras y enemistades pasadas que con ellos tienen domas 
de cien años; y Curtes le dijo : n Pues con tanto guer- 
rero como decís que venían sobre vosotros, ¿cúmo nun- 
ca os acabaron de vencer?» Y respondieron que, puesto 
que algunas veces les desbanilaban y maiabuu, y lle- 
vaban muciios de susvai^atlos parasacrilicar, que tam- 
bién de los contrarios quedalien en el campo mucho» 
muertos y otros presos , y que no venían tan enciibi<>r- 
tos, que dello no tuviesen noticia, y cuando lo sabian, 
que se nperccbían con todos sus poderes , y con ayudtt 
de tus de tiuaxocingo se defendían é ofendían; é que, 
como todas las provincias y pueblos que ba robado 
Munlezuma y puesto debajo de su dominio estoban muy 
iDül con los mejicanos ,j traían del los por íuerta á la 



•JO B2RNAL DÍAZ 

I gnerra, no pelean de buena votuQtii<l; antes de ios m\&^ 
mos tciiinn avisos, y que & esta causa les defendían sus 
tierras lo m^jorque podían , ; que donde mas (nut les 
\\»bÍM veoido á la contína es de una ciudad muy grande 
^e esti de nfli andadura de un día, que se dice Clio- 
lúb, que sou grandes traidores, y que allí mcIJa Mon- 
tazuoaa secretamente sus capitautas; y como estaban 
[cerca de nodie , liuciun sallo j masdijfl Masse-Escaci, 
'que tenia Uuntezuma en todas las provincias puestas 
I guamicioues de muchos guerreros, siu tos rnuchosque 
I «acaba de la ciudad , y que tt)dj)$ aquellas provincias le 
, tributan oro y piala , y plumas, j piedras y ropa de 
i manías y algudon , é indios é ímlius para sacrílicar , y 
[Otros para servir; y que oslan gran seüor, que todo lo 
[,qu8 quiere tiene, y que las casas en que vive liene lio- 
nas de riquezas y piedras cli a iciií Imites, que ha robado 
I } tomado por fuerza & quien no se lo da de grado, y que 
f tedas las riquezas déla tierra estañen supoder; yluego 
eoutaron del gran servicio de su casa , que era para 
\ jwnca acabar si lo hubiese aquí de decir, pues de las 
I muchas mujeres que tenia , y como casaba algunas de- 
llas, de tüdo daban relación ¡ y luego dicen de la gran 
I fortaleza de su ciudad, de la manera que es la laguna , y 
kla boiidura del agua, y de las calzadas que hay pordon- 
^ile han de entrar en la ciudad, y tas puentes de made- 
,n quo tienen en cada calzada, y cúmo entra y sale por 
C«l estrecho do abertura que hay en cada puente, y cu- 
pido eu alzando cualquiera dellus se pueden quedar ais- 
' lados entre puente y puente sin entrar eu su ciudad ; y 
• cómo está toda la mayor parte de la ciudad poblada 
> dentro en la laguna, y no se puede pasar de casa enca- 
' Be sino es p<ir unas puentes levad i zas que tí en en hechas, 
I ¿en canoas, y todas las casas son de azuleas, y en las 
I azuleas tienen hechos como á maneras de mamparos , y 
kpueden pelear desdo eudma dellas, y la manera como 
i le provee la ciudad de agua dulce desde una fuente que 
. se dice Cliapultepequu , que eslá de la ciudad obra de 
I media Ic^ua , y va el agua por unos ediOcios, y llega en 
■ parte que con canoas la llevan á vender por tas calles; y 
luego contaron de la manera de las armas, que eranva- 
I ras dea dos gajos, que tiraban con tiraderas que pasan 
Lcualesquior armas, y muchos buenos Oechcros, y otros 
I oon lanzas de pedernales quu tienen una braza de cuchi- 
lla , hechas de arte que corlan mas que navajas , y ro- 
dtilasy armas do algodón, y muchos honderos con }iie- 
I drasrulliíasé otras tanzas muy largas y espadas deudos 
I nanos de navajas , y trujeron pintados en unos pañus 
I grandes de nequen las ba tallas que con ellos liabiun ha- 
Üdo y la manera del pf^k':ir- y como nuestro capitán 
I j todos nosotros estábamos ya inlormados de todo lo 
. que deciau aquellos caciques , estorlió la plática y me- 
tíalos en otra mes honda , y fué que cúmo eHus babian 
venido & poblar á aquella tierra , é de quá-^irtes vinio- 
Ton, que lan diferentes y enemigos eran de los inrjira- 
Bos, siendotan cerca unas tierras do otras; y dijeron 
que les habían diclio sus antecesores que en los tiem- 
pos pasados que había alli entre ellos poblados hom- 
bros y mujeres muy altos de cuerpo y de grandes hue- 
sos, que fMirquc eran muy malos y de malas maneras, 
<jue los mataron peleando con ellos, y oíros quequoda- 
ban se murieron ; é para que viésemos qué tamaños é 



DEL CASTILLO* 

altos cuerpos tenian , trujeron un hueso 6 zancatri 
I uno delloB , y era muy grueso , el altor del tamiúio C9* 

¡ moun homhrederazDuablü estatura; y aquel xanearron 
era desde la rodilla hasta la cadera: yo me medf cooél, 
y tenia tan gran altor como yo , puesto que soy de ra- 
zonable cuerpo; y trujeron otros pedazos de huesos co- 
mo el primeri) , mas estabaa ya comidos y desliecltos 4t 
la tierra; y todos nos espantamos de ver aquellos aa- 
oarrones , y tuvimos por cierto haber habido gigantes 
en esta tierra; y nuestro capitán Cortós nos dijo que 
seria bien enviar aquel gran hueso a Castilla par^qoe 
lo viese su majestad , y asi lo enviamos con los prime- 
ros procuradores que fueron ; también dijeron aquellas 
mismos caciques, que sabían de aquellos sus anteceso- 
res que tes habiadicho un su ídolo eu quien ellos teman 
mucho devoción , que vendrían hombres de las partes de 
Itácía dooile sale el sol y de lójas tierras á les sojuzgar 
y señorear ; que si somos nosotros, holgaran dello, qoe 
pues tan esforzados y buenos somos ; y cuando tni*- 
roii las paces sa les arordú desto que les había dicho 
su ídolo, que poraquelta causa nos dan sus hijas, park 
tenor parieules qnu les defiendan de los mejicaoos ; y 
cuando acabaron su razonamiento, todos quedamos 
ospantados, y decíamos si por ventura dicen verdad; y 
luego iiuestrucapitan Corles los replicó, y dijo que cier- 
t-amenle veníamos de Inicia donde sale el sol , y que por 
esta causa nos cuvíd el Rey nuestro señor á tenellosB|^a 
hermanos, porque tienen noticia dellos, y que plegn|^^| 
Dios nos dé grjcía para que por nuestras manos é í^^ 
terccsion se salven; y dijimos lodos : «Amen.» Hartos 
estarán ya los caballeros que esto leyeren de oír razona- 
mientos y pláticas de nosotros á los de TI as cala, y ellos 
á nosotros ; quería acabar, y por fuerza me lie de dete- 
ner en otras cosas que con e!los [>asamos; y es que el 
volcan que está cabe Guaxocingo echaba en aquella 
sazón que estábamos en Tlascala mucho fuego, mas«iue 
otras veces solía echar; de lo cual nuestro capitán Cor- 
tés y todos nosotros , como no habíamos visto tal, nos 
admiramos dello ; y un capitán de los nuestros , que se 
decía Diego de Ordás, lómele codicia de ir á ver qué 
cosa era , y demandó licencia á nuestro general para 
subir en él ; la cual licencia le üñ , y aun de Incito se In 
mandó ; y lleva consigo dos de nuestros soldados y cier- 
tos indios principales de Guaiocíogo, y los principales 
que consigo llevaba poníanle temor con decílle qua 
cuando estuviese & medio camino de Popocatepeque, 
que ai^t se lt:itii^i!ia aquel volcan, no pOLlria sufrir el 
temblor do la tierra ni llamas y piedras y ceniza que 
dtil sale, é que ellos tío seairevcriauá subir mas de bas- 
ta donde tienen unos cues de [dolos, que Itunianlosleo- 
lesde Popocatepeque ; y todavía el Diego de Ordás cou 
sus dos compañeros fué su camino hasta llegar arriba, 
y tos iiiilios que iban en su compañía se le quedaron en 
lo bajo; después el Ordás y los dos soldados vieron al su- 
bir que cou)eoz6 el volcan de echar grandes llama rudas 
de fuego y piedras medio quemadas y livianas y mo- 
cha ceniza , y que icmbíaba toda aquella sierra y moii- 
laña adonde está el volcan, y estuvieron quedos sin dar 
mas paso adelante hasta de allí á una hora , que sintie- 
ron que habiii pasndo aquella llamarada y no echaba 
tanta ceniztt ni humo, y subieron liusla la boca, que muy 



ipodi! 



ibwMnl 



CO.\QUISTA ÜIí; 
I y tticlia j y qiie había en el anclior un cuarta 
^icgm, f qoed^eallise parecía la gran ciudad de 
lie» j toda la togum y todos Iob pueblus qua esttin 
I tik poMailos; j asli este »oican de WÉjico olira do 
1 ó trece leguas ; y despufs do liien visto, muj' go- 
ttt Or«iás, y adiniradü de liaherítsto & Méjico j sus 
í«Im, YnlvitVrt Tfiiscíiln con sus con i fia ñeros, y los 
■ y los d(! TI 11 sea la so lo tuvieron 
> , yruaudo lo coiitatjan al cagiituu 
rt todos RDsotrus, como en aquolla <iu/.on no 
I mío ni oído, como ahora, que sabemos lo 
I e*, y iuD siiIjÍiIo encima do la boca nuiclios o<ípa- 
raun frailes franciicrts , nos admirábamos enlon- 
lito; y ciiiindo fué Oi*>pa do Ordás á Castilla lixle- 
porunnnsá su m;i]«slad , ó asi las tiene idiora 
i»obri(njOrdás[|ue vive eii la Puebla; y despuésacá 
ii« estamos en esta tierra ou le li alemos visto 
rUtito fuego ai con tuuto ruidu como al priiici- 
Itineituvo ciertos años que no cebaba fuego, buít.i 
de 1539 que ecjir'i muy grandes llamas y pic- 
» yccniía. D^jinnos de eoolar del volcan, quealio- 
, que sabemos qiiü rosa es y habernos visto otros tol- 
i, coma siiu tus do Nicaragua y Iús de Guatemala, 
dian liabur callado losdeGuaxocingosiii piuiercii 
■ciou , ydir¿ cúnio hallamos eit este pueblo de Tlas- 
icasas d« madera hechas ile redes, y lleuas de in- 
te indias que leiiiau dentro encarcelados éi cebo 
I que estuviesen gordos ¡luracuinerysacrjíicar; las 
i cárceles les quebramos y desbiciinos para que 
I los presos que en ellas estabau , y los trídes 
Aios no osaban de ir d cabo ni oguno, si no estarse alti 
iBMolros, y ttsl escuperoii las vidas; y duiíducDude- 
ttn U>A<>s ItKí pueblos que enlrábainoí , lo primero 
I mandaba nuestro capilim era qucbralles las tales 
lies j eclur fuera los prisioneros , y comunmenie 
I lodMMtas tierras las lenian; y como Curtes y lo- 
I nosotros viraos aquella gran craeldad , mostró le- 
r mocho enojo de los caciques de Tlascala,y se lo 
n6 bien enojado , y prometieron desde allí adelaute 
ae no malaríau ni comerían de aquella manera mas 
sdíus. Dije yo que qué aprovechaban aquellos prome- 
tienlos, que en volviendo la cabeza Inician ¡as mis- 
i rrurldadcs. Y dejémoslo así, f digamos cúm o or- 
aos de irá Méjico. 

CAPITULO LXXIX. 

I tMrtí aputrn riplUn nerninita Cortés con lañas narfttos 

captutat f itütiai que ínHemos 1 Híjiro, y lo que >obn> ella 

Tiendo ooestro capitán que babía diezysiete diasque 
Íbamos holgando co Ttuscala, y oíamos decir de las 
ndoa riquezas de Montezuma y su próspera ciudad, 
cordd tomar consejo con todos nuestros capitanes y 
■dos de quien seulia que lo tenian buena voluntad, 
i ir adelante, y fué acordado que con brevedad Tue- 
ra partida ; y sobre este camino hubo en el real 
pláticas de desconformidad , porque dedan 
(toldados que era cosa muy temerosa irnos ú me- 
r W Un ruerio ciudad siendo nosotros lan pocos, y 
ésdiade losgrindes poderes del Mante^cuma. Cortés 
niyondió quo ja no podíamos liicer otra cosa^ [lor^ue 




MJliVA-ESPAÑA. ^^^'^^^^^ Ti 

siempre nuestra deiniimla y apellido fué ver al Moníe- 
%uma, i que por (bniás eran ya otros concejos; y vien- 
¡ (lo que tan rcsuellambute lodecia, y sintieron los de) 
contrarío parecer que tan determinadamente se acor- 
daba, y que muclios de ios soldadas o yuditbiimosú Cor- 
les de buena voluntad con decir u Adelante en buen ho- 
ra», no hubo mas conlradicion ; y los que andaban en 
estas pláticas contrarias eran de los que teninu on Cu- 
ba haciendas; quo yo y otros pobres soldados ofrecido 
leñemos siempre nuestras únímas & Dios, que las crió, 
y los cuerpos á lieridas y trabajos hasta morir en ser- 
vicio de nuestro Señor y de su majestad. Pues viendo 
Xieciienga y Masse-Escaci, señores de Tlascala.qño do 
becliü queríamos ir ú Méjico , pesábales en el alma, y 
siempre estaban cun Corles avísííndolc que no curase 
de ir aquel camino, y que no se fiase poco ni niudio 
de Moiitezuma ni dcninguu mejicauo, y que no se ere- 
yese de sus grandes rcverencius uí de sus palabras tan 
bnmildufi y llenas do curteüías , ni aun de cuantos pre- 
sentes le lia enviado ni de otros ninguuo» ofreci- 
niiienlos , que todos eran de atraidorados ¡ que en una 
hora se lo tornarían á tontar cuanto lo hiibiau dado, y 
que de noobe y de dia se guardare muy bícn dellos, 
porque tienen IJíen entendido que cuando nms descui- 
dados ostuviúseinos nos dariau guerra , y que cuando 
paleáremos con ellas, que losque puiüésemos ma tarque 
no quedasen con las vidas, al mancebo porque no lo- 
me armas , al viejo [wrque no dé consejo , y le dieron 
otros muclios avisos; y nuestro capitán les dijo que sa 
lo agradecía el buen consejo, y les mostró mucho amor 
cun ofrecimientos y dádivas que luego les dióat viejo 
.Xicotengay al Masse-Escaci y todos los mas caciques, j 
les di6 muclia parte de la ropa tina de mantas que ha- 
bía presentado Moiile?.uma , y les dijo que sería bueno 
tratar paces entre ellos y los mejicanos para que tu- 
viesen amistad , y trujesen sal y algodón y otras mer- 
cadurías; y el Xieutenga respondió que eran por demás 
las paces, y que su enemistad tienen siempre en los co- 
razones arraigada, y que son ta^us ¡os mejicanos , que 
su colar de las paces les haríin mayores traiciones, por- 
que jamás mantienen verdad en cosa ninguna que pro- 
meten ; é que no curase de hablar en ellas , sino que le 
tornaban á rogar que se guardase muy bien de no caer 
en manos de tan malas gentes; y estando platícnndo 
sobre el camino que liabiamos de llevar para Méjico, 
porque los embajadores de Moutezuma que estaban con 
nosotros, que iban por guias , decían que el mejor ca- 
mino y mas llano era por >a ciuilad de Cliolnla, por ser 
vasallos del gran Hontezuma , donde rccibiriamos ser- 
vicios , y á todos nosotros nos pareció bien que fuése- 
mos á aquella ciudad; y los caciques de Tlitscula, como 
entendieron que queríamos ir por donde nos encami- 
nalian los mejicanos, se entristecieron , y tornaron á 
decir que cu lodo caso fuésemos por Guaiocingo, que 
eran sus parientes y nuestros amigos, y no por Clmlula, 
porque en Cholula siempre tiene Uontezuroa sns tratos 
dobles encubiertos ; y por mas que nos dijeron y acen- 
sejariin i|ue no entrásemos en aquella ciudad , siempre 
nuestro (apilan, con nuestro consejo muy bien jíluliea^ 
do, acontó de ir pnr Chohilii; ln uno, porque tlceian lo- 
dos que era grande población y muy bien torrosda, y 



"M" BtrtKAL DÍAZ 

mo lo otro ; y para ver si es verdad, que por es I a causa 
flelertnina da ir allá. Y viendo aquellos etnljajadnres su 
delcrminac ton , ragáronle que a guard usamos allí on 
nuestra real seis días, parque querían enviar das de sus 
coinparierosásusiíriorMoiitezuiua.yquevendriandcR- 
iro de los seis días con res^iuesla ; y Corlús se lo pro- 
meiió, lo uno porque, cama lie dictio , estaba con ca- 
leiKums, y lo otro, como aquellos enit)iij;i>lores le di- 
jeron aquellas palabra, puesto que hiio suiíiUhiiito no 
liater caso tiella'i , ntirú que si pw vpiilura serian vcr- 
ilail , liiisia ver mas cerlidumitre en las pai'cs, porqtiti 
eran tules, que liabta que pensir en ellas; y coiDot-'i) 
aquella sazntt vio que habiu veaido de paz, y en lodo el 
rumiiio por ilonde venimos do nucílra villa rica de la 
Vcracriu eran los puelilos nucslrus amigos y confede- 
rados, escribió Cortés á Juan de Escalante , que ya Fie 
(Helio que quedó en la villa pnra acó liar do hacer la for- 
Idleza y por capitán de obra de sesenta soldados vi cjus 
y dolientes que allí qiieditnm ; en las cuales cartas les 
hizo saber las gramlcs nicrcedcí; que nuestro señor Je- 
sucristo DOS bn herbó en lus butullas que bubimos en 
Jas Vitorias y rencuentros desde que entramos en la 
provincia de Tlascala, donde aliora lian venido de paz, 
j que todos diesen gracias á Dios por ello; y que mira- 
sen que siempre favoreciesen ú los pueblos loloiwquos, 
nuestros amigos, y que te enviase luego en posta dos 
botijas de vino que liabían dejado soterraiüís en cierta 
pArte señalada de su nposeuto , y asiini^^mu trujcscn 
hostias de las que babitimos truido de la isla de Cuba, 
porque las que Irujimos do aquella entrada ya se ba- 
ItlDo acallado. En las cuales cartas dictí que hubieron 
mucho placer en la villa, y escribió el Escalante lo qtie 
olli liahia sucedido, y lodo vino rnuy presto; yon aque- 
llos dias en nuratro real pusimos una cruz muy sun- 
tuoso y alta , j mandó Cortés á los indios de Cimpa- 
rinno y ú los de las casas que esUibau junto de nuestro 
real que encalasen un cu y estuviese bien aderezado. 
Dejemos de escribir dcsto, y volvamos á nuestros nue- 
vos amígnslos caciques dé Tbscala, que como vtercm 
que no Íbamos á su pueblo, ellos veiiinn á nuestro real 
con gallin:is y tunas, que era licnipo de lias, y cada dia 
traian el buslimcitto que tenían en su casa, y con buena 
voluntad nos lo dab.in , sin que quisiesen tomar por ello 
cosa ninguna aunque se lo dábamos , y siempre rogan- 
do á Cortí's que se fuese luego con ellos ú sü ciudad ; y 
como estábamos aguardíindo ú fos mejicanos tos seis 
días, como les prometió, con palabras bíandus les dete- 
nia; y luego, cumplido el plazo que iiabian dicho, vi- 
nieron de Méjico seis principales , hombres demuclia 
eslima, y irujeron un rico presente que envió el gran 
Montezuma, que fueron mas de tres mi! pesos de oro 
en ricjs joyas de diversas maneras, y duélenlas piezas 
de ropa de mantíis muy ricas de pluma y de otras labo- 
res, y dijeron ú Cortés cuando Jo presentaron, que su 
señor Uootezuma se huelga de nuestra buena Biidnnüo, 
} que le ruega muy ahincadamente que ni en bueno dí 
Bialo no ru«so con los de Tlascala i¡ su pueblo ni se coa- 
fitse deltos, que lo querían llevar allá para roballe oro 
] ropa, poique son muy pobres, que una manta bue- 
na de algodón no alcanzan ; é que por saber que el 
Montemma nos tiene por amigos y nos envia aquel oro 



DEL CASTILLO. 

I y joyas y mantas, lo procurarán de robar ttioy mejor; y 
I Cortés recibió con alCfíria aquel présenle . y dijo i)U«te 
)o tenia en merced y que él lo {lagariu ul señor Moal^ 
luma en Iiuenas obras; v que si se sintiese que los liai- 
caltecas les pasnse por el pensamiento lo que ¡Uuntcn- 
ma Icsenvialto á avisar, que se lo pagaría con quíulta 
i lodos las vidas, y que él sabe muy cierto qim no Iw- " 
rán villimia ninguna , y que todavía quiere ir á ver lo 
que hacun. Y estando eu estas razones vienen otm 
muchos mensajeros de Tlascala i decir d Corl6s cAno 
vienen cerco de ollf todos Ins caciques viejos de tácate* 
cera de toda la provincia a nuestros ranchos y choas i 
verá Cortés y ú lodos nosotros pura llevarnos é. su ciu- 
dad ; y como Cortés lo supo, rogó i los embiíjndores me» ■ 
jicanusque aguardasen tres días por kts despachos pm I 
su señor, porque tenia al presente que li:dibjr y itospá> 
char sobre lu guerra pasada é paces que aluna Inilan; 
y elliis dijeron que aguardarían. Y lo que loe caciqoei 
viejos djjervu ú Cortés so dirá adelante. 

CAIITU-O LXXIV. 

CAna Tinlíron 1 nncilra rcti \at ciclqui virios de Tlisala i 
rif;>r ú Corléi y i ludns nofolroe itne i\tfiío pos Suattaat coa 
tllui j su eludid , ; lo qns ntbtt (lio p*ti. 

Como los caciques viejos de toda Tlascala vieron que 
no Íbamos á su ciudad, acordaron de venir en andas, y 
otros en chamacas é ú cuestos, y otros i. pié , los cuate 
eran los por mi ya nombrados, que se deciau Masse-Es> 
caci, Xicolenga el viejo é ciego, é Guaiolacinia . Clu* 
cliinit'clalecle , Teeapaneea, de Topeyanco ; los cnaiet 
llegaron & nuestro real con otra gran compañía de prm- 
cipales , y con gran acato h¡di;roa ñ Curtes y á 
nosolros tres reverencias, y quemaron copal y 
las manos en el suelo y befaron la tierra ; y el Xicotcn- 
ga ol viejo comenzó de hablar li Cortés desta manera, y 
dijnle : «Maliucbe, Muiíncbe, muchas veces te bemoi 
enviado á rogar que nos perdones porque salimos de 
guerra , é ya te enviamos ü dar nuestro descargo , que 
fué por defendernos del malo de Monlezuma y sos gra»* 
des poderes, ponjue crciinos que erados de su bando y 
confederados; y sí supiéramos lo que ahora sahemoi, 
no digo yo saliros ñ. rerubir & los cafiiiiios con muclioi 
bastimentos, sino teni'^roslos barridos, y aun fué 
por vosotros ú la mar donde teníailes vuestros ai 
(que son navios); y pues ya nos habéis perdonado, lo 
que ahora os vcui,iios A rogar yo y ti) dos estos cae iqnes 
es, que vais lurno con nosotros It nuestra ciudad , y allí 
os daremos de tu que tuviéremos, é os serviremos con 
nuestras personas y hacienda; y mira, Ma linche, no ha* 
gas otra cosa, sino luego nos vamos ; y pnrque tememos 
que por ventura te habrán dicho esos mejicanos algu- 
nas cosas de falsedades y mentiras de las que saelM 
decir de nosotros, no los creos ni los oigas; que en toio 
son falsos, y tenemos entendido que por causa deltas 
no has querido irfi nuestra ciudad.» ¥ Cortés respon- 
dió con alegre semblante , y dijo que bien sabia, desdo 
muchos anos antes que ú estas sus tierras viniésemos, 
cómo eran buenos, y que deso se maravilló cuando nos 
salieron de guerra , y que los mejicanos que alli estaban 
nguardaban respuestas para su señor Uontezuma ; é á 
lo que decían que fuésemos luego á su ciudad , y por el 




COiNQUISTA DE 
4Ue tiempre tnñné úlros cumplimíeiitoSi 
I lo Kgniilecia mucl40 y lo pagarán en bueuus obras; 
5« i» bubwH i<jo si tuviera quien nos lIcifBse 
piuniueft, que «ou laE bombardas; y como oyeron 
pt'iiini únli«ron tanto placer, que ca los ros- 
, j dijeron ; « Cues cúniO| ¿(tur eslo 
, y DO lo lia& dicho?» Y en menos de meriia 
trun Sobre quiaiaotosiodios de carga , y olro dia 
comeoiamos á marchar camino de la 
M Tliscaía con mucho coouerlo, asi de la ar- 
da IM caballos y escopetas y ballesteros, y 
<, tegun lo teniaiiiosde costumbre ; y Im- 
Kitdo Corté» ú los mensajeros do Mooleieuma que 
coa nosotros para ver lín qué paraba lo de 
,y desde allf les dospadieria , y que en su upo- 
iMtArian porque uo recibiesen ningún deshonor; 
M^teguu dijeron, leniiause do los Iluso Itecas. An- 
pase adelniítü quiero decir cómo en todos 
mUo« por donde pasamos , ó en otros donde te- 
loticáde nosolrus, llamtibiía ú Cnrtés Maiiacbei 
le Domliruré de aqui adelante Mulinclie en todas 
áticas que tuviéremos con cuulesquier indios, asi 
pfOfincift como de la ciudad de Méjico, y no le 
Cortés sino en parte que convcoga ; y la cau- 
tuberle puesto aqueste nombre es que, como 
Harina, nuestra lengua, eslulia siempre ea su 
iñia, especialmente cuando veiiian embajadores ó 
tl4Íe caciques, y ella la declaraba en lengua mc- 
, por tila causa le llamaban ¿ Cortés el capitiin 
, y para mas breve le llamaron Matiuclie ; y 
M M le quedó este nombre á un Juan Pereí ilu 
^, Tocino de la I^ebia, por causa que sicmprii 
coa diiü.) Marina y con JerúnimodeAguilar dé- 
la l«uj,'ua, y á esta causa le llamaban Juan 
che, que renombre de Arlcacta de obra de 
á«sla parle lostibemos. He querido traer esio 
¡moría, aunque no linbis para qué, porque se 
li el ooDibre de Corles de ai{ui adelante , que se 
ie;y también quiero decir que, como en- 
tism de Tlascalu husla que fuimos ú su ciu- 
Teinte y cuatro dius, y entramos en ellu 
k Kliembre de JS19 añns ; y vamos á otro ca- 
tf y diré lo que alti uos avino. 

CAPITULO LXXV. 

1 1» títtai it Tlauíli, T lo i|u« los cacliiiits vttjat 
<t u t"*"i^ ^ie pot dlciPA.j'cvat) trojoron tu» 
] wbrií» , j lo Hite ims piid. 

MlMCtciquesvieronquecomenZii'iaáirnueslro 
I eamioo de su ciudad , luo^o se fueron adelante 
landarque lodo estuviere aparejado para nos re- 
y pan tener los apusentus muy enramados ;c ya 
IDOsá un cuarto d« lef^na du la ciudad, sú- 
A recebir los mismos caciques que se hubiaii 
, ; traen consigo sus bijas y sobiinas y mu- 
priDCÍpale$,cadu parcnlplii y bando y parciuiiduil 
¡ porque M Tlascala liabia cuatro p^ireiuUibiles, sin 
Twopmoca, tefinr de Tepoyaoco , que crun cto- 
«inieron de todos los luífires sus su^-etns, 
cvtlibrws dtfereuciudas, que aunque oran de 
erta muy primat y de buenas labores y pintu* 



NLEVA-ESPAÑA. €7 

ras , porque alfité» DO lo tktmabtn ; ; luego vinscroa 
h» popas do toda la provini-in. que liabia muchos por 
loe grandes adoratorios que limian , que ya be dicho 
que entre ellos se llama cues^ que son doaic tienen sus 
¡dolos y sacriGcan; y traían aquellos papas braseros 
con brasas, y con sus inciensos znlaimnndo á todos 
nosotros, y traían vestidos olgunos deüos ropas muy 
largits á ni.incra de soüri'-peUicfs , y eran blancas , y 
traiun capillas en ellos, conm que qucrian parecer & las 
que trueii los canónicos , como ya lo tengo dicho , y los 
cabellos muy lardos y enredados, que no so pircden dcs- 
[jarcirsi uo se cortan , y llenos de simgre que les salian 
de las ortgas, que en aipiel diitse Imbian sacril¡cado;f 
ubajaban las cabezas como & tnan'sra do hirmildad cuan* 
do nos vieron, y traían las uñas de los dedos de las ma- 
nos muy largas; 6 oimos decir que aquellos popas t^ 
nian por religiosos y de buena vida, yjunloáCorlésso 
allegaron muchos príncipali's acompañáBdoIe; y como 
entramos en lo poblado no cabían por las calles y a/.uteM, 
de taolos indios é indias que nos salían á ver con rostros 
muy alegres, y irujeron obra de veinte pinas hedías de 
muchas rosas de la tierra , diferenciodas las colores y 
de buenos olores, y las dicroo á Cortés y i los dcmiis 
soldados que les parecían capitanes, especial í los de 
ú caballo ; y como llegamos á unos buenos patios adon- 
de estaban los aposentos , tomaron luego por la mano í 
Cortés, Xicotenga el viejo y Massc-Bscaci,y lemelenen 
los aposentes, y allí tenían aparejado para cada uno de 
nosotros á su usanxa uuas camillas de esteras y maulas 
doncquen; y también se aposentaron los amigos qat 
Iraiomos de Ceinpoal y do Cocotiuu cerca de nosotros; 
y mandó Cortés que ios mensajeros del gran Montezu> 
ma se aposentasen junto con su aposento ; y puesto que 
estábamos en tierra que víamos clarauíente que esta- 
ban de buenas voluíilodes y muy de paz, no nosdescui- 
dumr» de estar muy apercebídos , según teníamos de 
costumbre ¡ y parece ser que nuestro capitán , & quita 
cabía el cuarto de poner corredores del campo y espías 
y Telas, dijo á Cortés : n Parece , befior, que están nmy 
de paz, y nohubeiuos mcnejler tanta guarda ni estar 
tan recalados como solemos, o aMirú, seaoi es, bien veo 
lo que decís; mas por U buena costumbre hemos de es^ 
tar apercebídos , que aunque sean muy buenos , do lia- 
bemos de creer en f-u. paz , sino como sí nos quisiesen 
dar guerra y los vieseiitos venir i encontrar con nos- 
otros.; que muchos capitanes por se conliar y descuidar 
fueron desbaratados, especiulmcute nosotros, como so- 
mos tan pocos, y habiéndonos enviado i avisar el gran 
Monlezuma, puesto que sea fingido, y no verdad, lie- 
mos de estar muy alerta, n Dejemos de bublur de tantos 
curo|j|imienlos é úrdeu como leniamos en nuestras ve- 
las y guardas , y volvamos i decir cómo Xicotenga el 
viejo y Masse-Escact , que eran grandes caciques, in 
enojaron muilio con Cortés, y le dijeron con nuestras 
lenguas: nMalinche, ú tú nos tienes por enemigos d uo 
muestras obras en lo que te vemos hacer,que no llenes 
conH atiza de nuestras personas y en las paces que uos 
has liado y imsotros á ti ; y esto te decimos porque ve- 
mos que asi os veláis y venís por los caminos a parce bi- 
ílos como cuando veninís & encontrar con nuestro* es- 
cuadrones; y esto, Malincbe, creemos que lo iiuccs por 



BjlItNAL DÍAZ 

de oí t os y grandes c 11 flí, y en bueu nanoosciilada, y ver- 
daderarnenle de lejos parecía en aijuella sazoo i nues- 
tra gran VtUadoltd de Castilla la Vieja; y lo olro, por- 
que estaba en parle cercona de grandes poblaciones, y 
tener muclios basürneatos y íbu d la mano á nuestros 
■niigos los de Tlascala, y con intención de estarnos allí 

I }ia<ila Tcr de qué manera podríamos ¡r i Méjico sin te- 
ner guerra, por'jite era de lemer el gran potterde meji- 
canos; si Dios nuestro Señor primeramente no ponía su 
«livina mano y misericordia , con que siempre nos ayu- 

idaba y nos daba esfuerzo , no podiumns entrar de otra 
manera, Y después de muchas pláticas y acuerdos, 
nuestro camino fué por Cliolula; y luego Corles rnand«i 
que fuesen mensajeros á les decir que cómo, estando 

I Un cerca de nosotros , no nos enviaban li visitar y ba~ 

I cer aquel acato que soii obligados ú mensajeros , como 
somos, de lan gran rey y señor como es el que nos en- 
■viú á notilicarsu salvación; y que los ruegu que luego 
viniesen toilos los caciques y papas de aquella ciudad á 
nos ver, y darla ol;cd¡eticia & nuestro reyysoñor; si no, 
quebs temía pOTih malas intenciones. Y estando di- 
ciendo esto , y otras cosas que conventa envíalles & de- 
cir sobre este caso, vinieron ú liacer saber á Cortés có- 
mo el gran Monlezumu enviaba cuatro embajadores con 
presentes de oro, porque jamás, á lo que hubiamos vis- 
to , envió mensaje sin presentes de oro , y lo tenia por 
afrenta enviar mensajeros si no enviuba con ellos dá- 
divas; jio que dijeron aquellos mensajeros diré ade- 
ItDle. 

CAPJTLLO LXXX. 

Himfí f I ffraiT Motitpzumi em-iá caatrn ¡irincipilcs, linmlire^ Ae 
R«eli9 euenb, ron ua preícnte de oto joiimjs,; lo ijiie di- 
Jcroo i nuestro cspiUD. 

Estantío plalícando Cortés con lodos nosotros y con 
loscaciques de Tlascala sobre nuestra partida y en tus 
cosas de l.i guerra, viniéronle á decir que llegaron ú 
aquel jiueblo cuatro embajadores de Moiitezuma, todos 
principales, y traían presentes ; y Cortés les mandú lla- 
mar, y cuando ¡legaron donde estaba, hicíóronte gran- 
de Rcalo, y á todos Eos soldados que allí nos hallamos; y 
presentado su presente de ricas joyas de oro y de mu- 
ctios géneros de hechuras, que valían bien diez mil pe- 
«os, y diez cargas do ni nulas de buenas labores de plu- 
ma. Corles los reeibift con buen semblante; y luego di- 
jeron aquellos cmbajailores por porto de su señor Mon- 
tezuma que se innravíllaba mucho estar tantos dias 
cutre aquellas gentes pobres y sin policía, que aun para 
«sclavos no son buenos, por ser tan malos y traidores y 
rolutdores, que cuando mas descuidados estuviésemos, 
de dia y de noche nos mataríüu por nos robar, y que 
¡ -nos rogalia que fuésemos luego ü su ciudad y que nos 
doria de lo que tuviese, y aunque no tan cumplido como 
[«nosotros merecíamos y él deseaba; y que puesto que 
f.todas las vituallas le entran en su ciudad de acarreo, 
li]ue mandaría proveernos lo mejor que él pudiese. 
>Aquestn liucia Mouleíuma por sacarnos do Tlascala, 
'porque supo que habíamos hecbn las amistades que di- 
rcho tengo en el capitulo que dello habla, y para ser 
Iferfectas, habían dado sus hijas á Malínche; porque 
liicD luvicrou entendido que do les podía venir bien 



DEL CASTILLO. n 

ninguna de nuestras c5n fe de rae iones , y i esta causa 
nos cebaba con oro y presentes para que fuésemos i sus 
tierras, & lo menos porque saliésemos de Tlascala. Vol- 
vamos á decir de los embajadores, que los conocieron 
bien los de Tlascala , y dijeron á nuestro capitán qiio 
todos eran señores de pueblos y vasallos , con quien 
Monteüuma enviaba fl tratar cosas de mucha importan- 
cia. Cortés los did muchas gracias íí los embajadores, 
con grandes caricias y señales de amor que les mostrií, 
y les díó por respuesta que él iría muy presto á ver al 
señor Montezuma, y les rogiiquo estuviesen algunos 
dias allí con nosotros, que en aquella sazón acordó Cor^ 
tés que fuesen dos de nuestros capitanes, personas se- 
ñaladas, á ver y hablar al gran Monlezuiua , é ver la 
gran ciudad de Méjico y sus grandes fuerzas y fortale- 
zas, é iban ya camino Pedro de Albnrado y Bernardin» 
Vázquez de Tapia, y quedaron en rehenes cuatro de 
aquellos embajadores que habían traído el présenle, y 
otros embajadores detgranUoQtezuina de los que sotiao 
estar con nosotros fueron en su compaaíe; y porque en 
aquel tiempo yo estaba mal herido y con calenturas , j 
harto tenia que curarme, no me acuerdo bien basta ddjH 
deallegaron;mas de que supimos que Cortés había en- 
viado así ú la ventura & aquellos caballeros, y se lo tuvi- 
mosi mal consejo y le rctrujimos, y ledijiraosque cuma 
enviaba & Méjico no mas de para ver la ciudad y sus fuer- 
zas; que no era buen acuerdo, j que luego los fuesen á 
llamar que no pasasen mas adelante ; y les escribid que 
se volviesen luego. Demi¡sdesto,el Bemardino Vazques 
de Tapia ya había adolecido en el camino de calentu- 
ras, y como vieron las cartas, se volvieron; y los em- 
bajadores con quien iban dieron relación dello i su Moa- 
tezuma, y les preguntó que qué manera de rostros j 
proporción de cuerpos llevaban los dos teules que iban 
á Méjico, y si eran capitanes; y parece ser que les di- 
jeron que el Pedro de Albarado era de muy linda gra- 
cia, asi en el rostro como en su persona , y que parecía 
como ol sol y que era capitán; y dcmús deSto , se lo lle- 
varon figurado muy al natural su dibujo y cara , y des- 
de entonces le pusieron nombre el Tonacio, que quiere 
decir el sol , hijo del sol , y asi le llamaron de allí ad^ 
lante; y el Bernordino Yazqucí de Tttfiia dijeron que 
era lionibre robusto y de muy buena disposición, quo 
también era capitán; y al Moutczunia le pesó porque se 
habían vuelto del camino. Y aquellos embajadores tu- 
vieron razón de compara! los, así en los rostros como 
en el aspecto de las personas y cuerpos , como lo sig- 
nificaron & su señor Monlezuma ; porque el Pedro de 
Aibarado era de aiuy buen cuerpo y ligero , y facciones 
y presencia, y asi en el rostro como en el hablar en todo 
era agraciado, que parecía que estaba riendo, y el Ber- 
nordino Vázquez de Tapia era algo robusto, puesto que 
tenía buena presencia ; y desque volvieron á nuestra 
real , nos holgamos con elfos , y los decíamos que no 
era cosa acertada lo que Cortés les mandaba. YdeJA- 
mas esta materia , pues no hace mucho á nuestra rela- 
ción, y diré de los raensojeros que Cortés envió á Cho- 
lula, y la respuesta que enviaron. 



CONQUISTA DE 
CiriTULO LXXXl, 

tlifai !•« te Cbotgli (sitro Indioi 4» poe* «*ll« i é«f- 
^r 10 biber renidi) i TllictU , jr I» igge lolirt tilo 



Ti be dklio en el capitulo paüsdo cútno enñá núes- 
ln> capiUa mensajeros i Choluln pitra qua dos viiiíe- 
MD á ««r i Tksc&la ; 6 las cacír^ues de aquella ciudad, 
MOM «aUodseron lo que Corles les mandaba, pareci6- 
im fM ••ria bien enviar cuatro indios de poca valia i 
dp«r ¿é decir que por estar mulos no venían, j 
kbijeron iMstimenlo ni gira cosa , sino ns! secamente 
•((IMila respuesta; y cuando viuieron aquellas 
I eslabao presenten los caciques de T láscala, 
ttjjcwtt i nuestro c» pilan que para li:ioer burla del y 
^•oMtros enviiiban los de CboJula aquellos in- 
I, qtM eran macegnles é de poca calidad. Por ma- 
) Cwt¿s les tornó ú enviar luego con oíros cua- 
I de Cempoal á decir que viniesen dentro de 
t^bOfnbre* principulo; , pues estaban cuatro lu- 
I alU , £ que si no vcniuu, que los ternia por re» 
i; J9ue cuando vengan, que los quiere decir co^ 
iqoB les convienen pnra ^Ivacion desús Animas, } 
ipAlicii para su buen vivir, y ten ellos por amigos 
f hannano», como son los de Tlascala, sus vecinos; y 
■• ti otra con acordaren, y no quieren nuestra amis- 
I noaotros DO por eso los procuraríamos de des- 
' Bí enojarles. Y como oyeron aquella amo- 
I oabijada , respondieron que no habiün de venir á 
Tliaeata, porque son sus enemij^os, porque saben que 
bao dicho deilos y de su señor Monlezuma muchos ma- 
laa, j qaa vamos ú su ciudad y salgamos de los térmt- 
ide Tlascala ; y si no biciereu lo que deben, que los 
i por tales como les enviamos á decir. Y vien- 
>meitn> capitao que la excusa que decianera muy 
tiQ!» de ir allá; y como los caciques de 
tTtanm que determinadamente era nuestra ida 
• Cbolnla , dijeron 6 Curtes : nPues que asi quieres 
' i los mejicanos , y no á nosotros, que somos tus 
I, ya te hemos diclio mudius veces que te guar- 
ida loa de Cliolula y del poder de Méjico; y parn que 
ri« puedüs «jutt.irdo nosolros, te tenenios apure- 
I diex mil hambres de guerra que vayan en vues- 
tra eompañia;* y Cortés les di^mucbas gracias por ello, 
IcoPUlUcon todos nosotros que no seria bueno que 
I lanlms guerreros á tierra que habíamos de 
' siBittadw , i que seria bien que llevásemos 
>aill,f Míos les demandú, y que los demás que se 
1 as su casas. E dejemos esta plática, y diré 
toamioo. 

CAPITULO LXXXII, 

I b diiitid di Cii oíala, y del f nn Kíebisiicnlo 
fie SOI Dicieíoi, 

Vm mñ>Da cnmeniaioos á marchar por nuestro ca- 

t ia cwdad de Cbolula , é íbamos con el nía- 

i que podíamos; porque, como otras ve- 

iba dicho, adonde esperábamos haber revueltas ó 

I noa apercebismos muy mejor, é aquel diu fui- 

á doraür á UD río que pasa obra de Dna legua 

! Cbirink, adonde esti becba ahora una puente 



NUEVA-ESPAÑA. 73 

de piedra, éalli nos hicieron unas c1io2as ¿raoclios; y 

esa nocho enviaron los caciques du Chululu mensaje- 
ros , hombres principales , á darnos el parabicii veni- 
dos i sus tierras, y trujerou bustimenlos de gnlliniís y 
pan de su maíz , é dijeron que en la ninñuna vcndriau 
todos los caciques y papas á nos recebir é A que lea 
perdonasen porque no butiian salido luego; y Cortés 
les dijo con nuestras lenguas dona Muriiia y Ajjuilar 
que se lo agradecía , asi por el baslimcutu que traian 
como por lu buena voluntad que mostraban ; é aiti dor- 
mimos aquella noche con buenas vebs y oscuclias y 
corredores del campo. V como amanee id, Cllmen^amo5 
& cttminar liácia la ciudad; é yendo por nuestro cami- 
no, ya cerco de la población nos salieron á rccebir loa 
caciques y papas y otros muchos indios, é ludus los 
cnas'traian vestidas unus ropas de algodón de hechura 
de marlotas, como las traian los indios capotecas; y 
esto digo i quien las ha visto y lia estado en aquella 
provincia, porque en oqucllu ciudad asi se usan; é *e- 
iiian muy de paz y de buena voluntad, y los papas 
truinn braseros con incii-nío, con que sahumaron á 
nuestro capitán é á los soldados que cerca dd noa hs'* 
Uauíos. E parece ser aquellos papas y princípides, como 
vieron los indios lloscultecas que con nosolros venían, 
dijéronseloadoña Marina que se lo dijese 6 Cortés, quo 
no era bien que de aquella manera entrasen sus enemi- 
gos con armasen su ciudad; y como nuestro capitán 
lo entendió , mandó á los capitanes y soldados y el far- 
daje que reparásemos ; y como nos vio juntos é que no 
caminaba ninguno, di;o : aParéccme, seüorcs, que so- 
tes que entremos en Cliolulu que demos un tiento con 
buenas palabras i estos caciques é papas, é veamos quó 
es su voluntad; ponjuevieneu murmura iidodeslos nues- 
tros amigos de Tlascala , y tienen mucha raion en la 
que dicen; é con buenas palabras les quiero dará en- 
tender h causa porque veníamos á su ciudad. Y porque 
ya, señores, habéis entendido lo que nos Imn dicho tos 
tbscaltccas, que son hutliciosos, sera bien que por bien 
déo la obediencia ú su majestad , y esto me parece quo 
conviene;» y luego manrfó ú doña Marina que l/amaso á 
los caciques ypíi¡»asallidonde estaba á caballo, é todos 
nosotros juntos con Cortés; y luego vinieron trespriu- 
cípales y dos papas, y dijeron : «Mu linche, perdonadnos 
porque no fuimosá Tlastaluá le ver y llevar couiida, y no 
por ralla de voluntad, sino porque son nuestros cucniigos 
Müsse-Escaci y Xicotonga é toda Tlascala, é porque han 
dicho muchos males de nosotros é del gran Monlezurna, 
nuestro señor, que no basta lo que bnu dicho, sino que 
ahora tengan atrevimiento con vuestro favor de veuir 
con armasá nueslra ciud.'id;Myquele piden por merced 
que les mande volver ú sus tierras, ó á lo monos que se 
queden en el campo , é que no entren de aquella mauo- 
ra en su ciudad , é que nosotros que vamos mucho en 
buena hora. E como el capitán vio la razón que tenia, 
asando luego á Podro de Albarado é al maestre de cam- 
po, que era Cristóbal de Oli, que ruga^eu i los tlascal- 
lecasque allj en el campo hiciesen sus ranclios y chn- 
us, éque no entrasen con nosotros sino los que lleva- 
ban la artillería y nuestros amigos loe de Cemponl, ; 
les dijesen la cau^a por que se mandaba , porque lodos 
aquellos caciques y papas se temen deilos; c que cuaír- 



74 BERNAL DÍAZ 

do bubiéremos de pasar de Cholob pnra Méjico que los 
ennnria i llanjur, é que ao lo liayuD por enojo; ; como 
los de Clioluta vieron lo que Cortés mandó, parecía que 
estubun mas sosegüdos , y les comenzó Cortas á hacer 
tiD parlamenlo, diciendo que nuestro rey y señor, cu- 
yos vasallos somos, tieue grandes poderes y tiene de- 
bajo de su mando á muchos graudes principes y caci- 
ques , y que dos enviú i estas tierras á les notilicar y 
muuilar que no adoren Ídolos, ni sacrifiquen hombre 
ni coman de sus carnes , ni bagaa sodomías ni otras 
lorpedudes; éfjue por ser el camino por allí para Méji- 
co, adonde vüinos ú liablar al gran Mootezuma , y por 
lio haber otro mas cercano , venimos por su ciudad , y 
lamhiei) para teiiellos por Lermanos; é que pues otros 
grandes cariques han dado la ohedicncia á su majes- 
tad, quesera bien que ellos la den, como los demás, E 
respondieron que aun no bohemos entrado en su tier- 
ra ó ya les maudamos dejar sus teulcs , que asi llaman 
Ú3US Ídolos, qUe lio lo pueden hacer; y dar la obadien- 
cia i ese vuestro rey que decís, les place ; y asi, la die- 
ron do palabra, y no aute escribano, Y esto becho, lue- 
(jo comenzamos á marcbar para la ciudad , y era tanto 
ja gente que nos salia á ver, que las calles é azuleas es- 
taban llenas; é no me maravillo dello, poque ooha- 
Lian visto hombres como nosotros , ni caballos , y nos 
llevaron á aposentar á unas grandes salas, en que es- 
tuvimos todos é nuestros amigos los de Cempoal y los 
llucaltecas qne llevaron el fardaje , y nos dieron de co- 
tner aquel diaé otro muy bien é a basta da mente. E que- 
darse bú aquí, y diré loque mas pasamos. 

CAPITULO LXXim. 

Cuno traiin cnncerUda ea «la cladad de Cbolnla do Bof maiir 
pgrmacdido de MiiDtciuiiia , j lo que sobredio pajil. 

Hahiéodonos recebido tan solenementecomo habernos 
dicho, é ciertamente de buena voluntad , sioo que, ee- 
guo después pareciú , envió á mandar Monteznma & su; 
embajadores que con nosotros estaban, que tratasen 
con los de Cholula que con un escuadrón de veinte mil 
liombresque envió Montezuma, que estuviesen aperce- 
bidos para en entrando en aquella ciudad, que todos 
nos diesen guerra, y de noche y de dia nosacapillasen, 
¿ los que pudiesen llevar atados de oo^^otros & Méjico, 
quese los llevasen; é con grandes prometimienlosque les 
■nandú, y muchas joyas y ropa que entonces les envió, 
éun alambor de oro; é álos papas de aquella ciudad que 
Jiabian de tomar veiule de nosotros pura hacer sacrifi- 
cios ú sus ídolos; pues ya todo coiicertodo, y los guerro- 
rosque luego Montezuma envió estaban «u unos ran- 
chos é arcabuezos obra de media legua de Cholula , y 
otros estaban ya dentro en las casas, y todos puestos 
á puntoconsusarmas, hechos niamparosen las uíutc as, 
y en las calles hoyos é albarradas para que no pudiesen 
cqrrer tos caballos , y aun tenían unos casas llenas de 
viras largas y col leras de cueros , é cordeles con que nos 
liobiandealarÉ llevarnos á Méjico. Mejor lobízo tiueílro 
Señor Dios, que todo se les volvió a[ revés ; é dejémoslo 
abors, é volvamos á decir que , asf como nos aposeiils- 
roD como dicho bemos , é nos dieron mtiy bien de co- 
mer lusdias primeros, é puesto que los víamos que cs- 
tatuumuy do paz, uo dejiboinos sictopro de estar muy 




DEL CASTILLa 
spercebidos, por la bueno costumbre que en cito tenía- 
mos, é al tercero día ni nos daban de comer ni pare- 
cía cacique ni papa; é sí algunos indios nos venían áver, 
estaban apartados, que no I lega han ¿ nosotros, é riéJi- 
dose como cosa de burla ; é como aquello vio nuestro 
capitán, dijo A dona Marina éAí?uÍ lar, nuestras lenguas, 
que dijese i los embajadores dd gran Montezuma que 
allí estaban , que mandasen i los caciques traer da c»- 
mer; é lo que traían era agua y leña , y unos viejosqoe 
lo traían decían que no ten ian ma íz , * que en aij«el dii 
vinieron otros embajadores del Móutczuma, é se junta- 
ron con los que estaban con nosotros , é dijeron muj 
desverponzadamente é sin bacer acato que su leñer 
les enviaba á decir que no fuésemos á lu ciudad , por- 
que no tenia qué darnos de comer, é que luego se que- 
rían volver ú Méjico cou la respuesta; é como aquello 
vid Cortés , le pareció mal su plática , é con pitlabns 
blandas dijo i los embajadores que se maravillaba de 
tan gran señorcomo es Montezuma, tener tautosacuer- 
dos, é que les rogutm que no se fuesen, porque otra dia 
se querían partir paravelleé hacer loque mandase, y 
aun me parece que les dio unos sartalejns de cuenlis; 
y los embajadores dijerooque sí aguardarinn; y hecho 
esto, nuestro capitán oasmandú juntar, y nosdijoiNMir* 
dc$coocertadaveoestapenle,esiemosnmyiil<>rl8, qne al- 
guna maldad boy entre ellos; n é luego envió A llamar al 
Cacique é principal , que ya no se me acuerda cómo se 
llamaba, ó que enviase algunos principales; é respondió 
que estaba malo é que no podía venir él ni eflos; y co- 
mo aquello vio nuestro capitán, mundo que deungran 
cu que estaba junto de nuestros apusenios la trujése- 
mosdos papas con buena'; razones, porque había mucho; 
en él ; Irujíraos dos dcltos sin hacer deshonor, y Cortés 
les mandó dar á cada uno un chalrhihui , que son muy 
estimadosenlreellos,comoesmeraldas,élesdljocOfl pa- 
labras amorosas, que por qué causa el Cacique y prin- 
cipales é todos los mas papas eslín amedreotadot, 
que los ha enviado á llamar y no habían querido venir; 
parece ser que el uno de aquellos papus era hombfv 
muy principal entre ellos, y tenia cargo 4 mando ea 
lados los mus cues de aquella ciudad , que debía de ser 
6 manera de obi<:po entro ellos, y le tenían gran acato; 
é dijo que los que son papas que no tenían temor de 
nosotros ;que si el cacique y principales no han queri- 
do venir, que él iría ú les llamar, y que como él les ha- 
ble, que tiene creído que no harán otra cosa yque ver- 
nin ; i luego Cortés dijo que fuese en buen hora , y 
quedase su compañero allí aguardando hasta que vi- 
niesen ; é fué aquel papa é llamó al Cacique é prinoi- 
palcs , é luego vinieron juntamente con él al aposenlu 
deCartús,y les preguntó con nuestras lenguas doña Ma- 
rina éAguitar, que porqué liübian miedo é por qué cau- 
sa no nos daban de comer, y que si reciben pena de 
nuestra estada en la ciudaii, que otro día por la maña- 
na nos queríamos partir para Méjico á ver é hablar ni 
señor Montezuma, é que le tengan aparejados tamemcs 
pnra llevare) fardaje é tepuzques,que üon las bomber- 

I dus;é también, que luego traigan comida; y el Cacique 

, estaba tan cortailo, que no acertaba á hablar , y dijo 
qne la coini'la que !a busrarian ; mas que su señor Mon- 

; tezuDM les Ira enviado á mandar que no la diesen , ai 



I CONQUISTA DE 

quería que pasúsemos dealil adelante; ; estando on 
I «stasphiticas vinieron tres indios de los de Cempoal, 
, nuestros amigos , y secretamente dyeron i Gortte que 
. babiatt hallado junto adonde estátmmos aposentados 
I liecbos hoyos en las calles é cubiertos con madera ¿ 
I tierra, que no mirando mucho ai ello no se podría ver, 
, 4que quitaron la tierra de encima de un hoyo, que es- 
taba lleno de estacas muy agudas para matar los caba- 
llos que corriesen, é que las azuteas que las tienen lle- 
nas de piedrasé mamparosde adobes; y queciertamente 
estaban de buen arte , porque también hallaron albar- 
radas de maderos gruesos en otra calle; y en aquel ins- 
tante vinieron ocho indios tlascaltecas de los que de- 
jamos en el campo, que no eotraron en Cliolula , y di- 
jeron á Cortés: «Mira , Halinche,que esta ciudad esti de 
mala manent, porque sabemos que esta noche han sa- 
crilicado ú su Ídolo, que es el de ¡a guerra , siete perso- 
nas, y los cinco dellosson niños, porque les dé Vitoria 
contra vosotros; é también habernos visto que sacan todo 
el fardaje é mujeres é niños.» Y como aquello oyó Cor- 
tés, luego los despacito para que fuesen á sus capitanes 
los tlascaltecas, que estuviesen muy aparejados si los 
enviásemos á llamar, y tornó ¿ hablar al cacique y pa- 
pas y priucipales de Cliolula que no tuviesen miedo ni 
anduviesen alterados , y que mirasen la obediencia que 
dieron , que no la quebrantasen, que les castigaría por 
ello; que ya les ba dicho que nos queremos ir por la 
mañana, que ha menester dos mil hombres de guerra 
de aquella ciudad que vayan con nosotros , como nos 
lian dado los de Tlascala, porque en los caminos los ha- 
brá menester ; ó. díjéronle que si darían asi los hom- 
bres de guem como los del fardaje ; é demandaron 
licencia para irse luego t los apercebir , y muy conten- 
tos se fueron, porque creyeron que con los guerreros 
que liabian de dar é con las capitanías de Muoteiunu 
que estaban en los arcabuexos y barrancas , que allí de 
muertosó presos uo podríamos escapar, por cause que 
no podrían correr Ins caballos ; y por ciertos mamparos 
y albarradas, que dieron luego poraviso á los que esta- 
ban en guarnición que hiciesen á manera de callejón 
que no pudiésemos pasar , y les avisaron que otro dia 
liabiamos de partir, é que estuviesen muy á puuto to- 
dos, porque ellos darían dos milhombres da guerra; é 
como fuésemos descuidados , que allí harían su presa 
los unos y los otros , é nos podían atar ; é que esto que 
lo tuviesen por cierto, porque ya habían heclio sacrifi- 
cios ¿ sus Ídolos de guerra y les han prometido la Vito- 
ria. Y dejemos de hablar en ello, que pensaban que seria 
''ierto;é volvamos ¿nuestro capí lan,que quisosabermuy 
por extenso todo el concierto y lo que pasaba ; y dijo i 
doña Marina que llevase mas chalchihuis ¿ los dos pa- 
pas que había hablado primero, pues no tenia miedo, é 
con palabras amorosas les dijase que les quería tornar 
á hablar Malinche, é que los trújese consigo ; y la doña 
Marina bié y les habló de tal manera, que lo sabía muy 
bien hacer, y con dádivas vioieron luego con ella; y 
Cortés les d^o que dijesen la verdad do lo que supiesen, 
pues eran sacerdotes de ídolos é principales, que no ha- 
bían do mentir; éqoe lo que dijesen, que no seria des- 
cubierto por vía vio({iua, pues que otro dia nosbabia- 
inosdepartir,éqii»kida^inucliaropa;6dijeroaqQela 



NUBVA-KPAftA. 7S 

verdad es , que su señor Hontazuma sopo que íbamos á 
aquella ciudad ,é que cada dia estaba en muchos acuer- 
dos, éque no determhuba bien la cosa; éque nnas veces 
les enviaba á mandar que si allí fuésemos que nos hi*> 
ciesen mucha honra é nos encaminasen ¿ su ciudad, é 
otras veces les enviaba á decir que ya no era su vo- 
luntad que fuésemos á Méjico; éque ahora nuevamente 
le han aconsejado su Tezcatepuca y su Huícliilóbos, 
en quien ellos tienen gran devoción, que alli en Cholu- 
la los matasen , ó llevasen atados á Méjico. E que habla 
enviado el dia antes veinte mil hombres de guerra, y la 
mitad están ya aquí dentro desta ciudad é la otra mi- 
tad están cerca de aquí entre unas quebradas, é que 
ya tienen aviso que os habéis de ir mañana, y de las ai- 
barradas que se mandaron iiacer y de los dos mil guer- 
reros que os habemos de dar, é cómo tenían ya heclios 
conciertos que hablan de quedar veinte de nosotros pa- 
ra sacríficará los ídolos de Cholula. Y sabido todo esto. 
Cortés les mandó dar mantas muy labradas, y les rog6 
que no lo dijesen, porque si lo descubrían, que ala vuel- 
ta que volviésemos de Méjico losmatarian;équesequ»- 
rían ir muy de mañana, éque hiciesen venir todos los 
caciques para hablalles, como dicho les tiene; y lueg» 
aquella noche tomó consejo Cortés de lo que habiamos 
de hacer, porque tenia muy extremados varones y da 
buenos consejos ; y como en tales casos suele acaecer, 
unos decían que seria bien torcer el camino é irnus par 
ra Guazocingo , otros decían que procurásemos liaber 
paz por cualquiera via que pudiésemos, y que dos vol- 
viésemos á Tlascala ; otros dimos parecer que si aqu»> 
lías traiciones dejábamos pasar sin castigo, que en cual- 
i|uíera parte nos tratarían otras peores, y pues que 
estábamos allí en aquel gran pueblo é había hartos bas- 
timentos, les diésemos guerra, porque mas k sentirían 
en sus casas que no en el campo , y que luego aperci- 
biésemos á kw tlascaltecas que se lullasen en ello. Y A 
todos pareció bien este postrer acuerdo, y fué desta 
manera: que ya que les había dicho Cortés que uos ha- 
bíamos de partir para otro día , que hiciésemos que liá- 
bamos nuestro bato , que era Iwrto poco , y que unos 
grandes patiosquebabiadondeposátúmos, estaban con 
altas cercas, que diésemos en los indios de guerra, pues 
aquello era su merecido, y que con los embajadores de 
Montezuroa disimulásemos, y les dijésemosque los ma- 
los de los cholultecas han querído hacer una traición, y 
echar la culpa della á su señor Moutezuma , é á ellos 
mismos como sus embajadores; lo cual no creíamos que 
tal mandase hacer, y que les rogábamos que se estuvie- 
sen en el aposento de nuestro capitán , é no tuvie- 
sen mas plática con los de aquella ciudad , porque uo 
nosdénque pensar que andan juntamente cuu ellos en 
las traiciones, y para que se vayan con nosotros á Méji- 
co por guias; y respondieron que ellos ni su señor Mou- 
tezuma no sabencosa ninguna de lo que lcsdicen;yauu- 
que no quisieron, les pusimos guardas porque uo so 
fuesen sin licencia y porque uo supiese Montezunia quo 
nosotros sabíamos que éleraquienlolubia mandadulia- 
cer;éaquella noche estuvimos muy apercebidos y arma- 
dos, y los caballos ensillados y eufreuados, con grandes 
velas y rondas, que estosicmpre lo teníamos de costum- 
bre, porque tuviaws por cierto que todas las capitaofáai, 



78 - - - BEIÍNAL DÍAZ 

«sí de mejicanos como de ctmlullecas , aquelta noclie 
habían de dar sobre nosotros; y unn iodía ríeja, mujür 
de un cacitjue, como sahia el concierto y (rama que te' 
ninn ordciiBd(j,»Íno sccrelumente á doM Marina, nues- 
tra leiipíiia, y como la ñó moza y de buen parecer y ri- 
ca, le dijo y aconsejó que se fuese con ella (i su casa s¡ 
quería escjipar iu vida, porque ciertamente «queila no- 
che ó otro día nos linbian de matar á lodos , parque ya 
estaba así mandado y concertado por el gran Muntczu- 
malpara que entre tos de aquella ciudad y los mejica- 
nos SH juntasen , y no (jueduse ninguno de nosotros á 
Tida, 6 nos llevasen alados i Méjico; y porque sabe es- 
to, y por mancilla que tenia de la daña Marina , se lo 
Tenia & decir, y que (ornase todo su bulo y se fuese con 
ella d su casa, y que allí la casaría con un su hijo, her- 
mano de otro mozo que troin la vieja , que la acompa- 
ñaba. E como lo entendió la doña Marina, y en lodo 
era muy avisada, le dijo: «¡Olí madre, qué muclio tengo 
que agradeceros eso que me decis ! Yo me fuera alio- 
ra , sino que no tengo de quien liarme para llevar mis 
mantas y joyas de oro, que es muclio.Por vuestra vida, 
madre, que aguardéis un poco vos y vuestro liijo, y es- 
ta noclie nos iremos; que ahora ya veis que estos teu I es 
cslAn velando, y sentirnos Lan ; » y la vieja creyó lo que 
la decia, y quedóse con ella platicando , y le preguntó 
quedequó manera nos habían de matar, é cómo é cuán- 
do se hizo e] concierto; y la vieja se lo dijo ni mas ni 
menos que lo babiaii dicho los dos papas; 6 respon- 
dió la doña Marina: o Pues ¿cómo siendo tan secre- 
to ese negocio, lo alcanzastes vosa saber?» Dijo que su 
marido se lo habia dicho, que es capitán do una parcia- 
lidad de aquella ciudad , y como ttd capitán está ahora 
con la gente de guerra que tiene á cargo, dando orden 
para que se junten eu las barrancas coa los escuadro- 
nes del gran Hun te zuma, yque cree estarán juntos espe- 
rando para cuando fuésemos, y que alli dos matarían; 
y que esto del concierto que lo sabia tres días habia, 
porque de Méjicoenvíaronásu marido un alambor do- 
rado, é á otras tres capitanías también les envió ricas 
mantas y joyas de oro, porque nos llevasen á todos A su 
señor Houtezuma ; y la doña Marina, como lo oyó, di- 
simuló con la vieja , y dijo : «¡Oh cuánto me huelgo en sa- 
ber que tu estro hijo con quien me queréis casar es perso- 
na principul! Mucho hemos estado hablando ; no quer- 
ría que nos sintiesen: por eso, madre, aguardad aqui, 
coraeoiaré i traer roi hacienda, porque no lo podré sa- 
car todo junto ; é vos é vuestro hijo , mí hermano, lo 
guardaréis, y luego nos podremos tr; u y la vieja todo 
se lo creía, y sentóse do reposo la vieja, ella y su hijo; 
y la doña Marina entra de presto donde estaba el capi- 
tán Corlís, y le dice todo lo que pasó con la india; la 
cuot luego la mandó traer ante él, y la lomó i pregun- 
tar sobre las traiciones y conciertos, y le dijo ni mas ni 
' ^ menos que los papas , y le pusieron guardas porque 
no se fuese; y cuando amaneció era cosa de ver la prie- 
sa que traían los caciques y papas con los indios de 
guerra, con muchas risadas y muy contentos, como si 
ya nos tuvieran metidos en el garlito é redes; é trujeroD 
mas indios deguerra que tes pedimos, que no cupieron 
en -los patios, por muy grandes que son , que aun toda- 
vía Ec cstín sia deshacer por memona ds lo pasado ; é 



DEL CASTILLO. 

por bien de mañano qtie vinieron )m choluIlera<i con la 
gente de guerra, ya todoí nosotros estábamos muy i pon- 
to para lo que se habia da hacer , y los soldados do es- 
pada y rodela puestos á la puerta del grnn palio pan 
no dejar salir á ningún indio de los que estaban coo ar- 
mas, y nuestro capitán también estaba d caballo, acom- 
pañado de muchos soldados para su guarda ; y cuando 
vio que tan de mañana habian venido los caciques y po- 
pas y gente de guerra, dijo : «¡Qué volunlad Ueooi 
estos traidores de vernos entre las barrancas para a* 
hartar de nuestras carnes ! Mejor lo hará nuestro Se- 
ñor ; n y preguntó por los dos papas que hiibian déscu- 
bierlo el secreto , y le dijeron que estaban ú la puerta 
del palio con otros caciques quequerian entrar, y man- 
dó Cortés í Aguí [ur, nuestra lengua, que les dijesen que 
se fuesen á sus casas, é que ahora no tenían necesidad 
detlos; y esto fué por causa que, puesoos hicieron bue- 
na obra, no recibiesen mal por ella, porque no los ma- 
tasen; é como Ctorlés estaba i caballo, é duna Marina 
junto lí él, cumeuzó S decir á los caciques é papas que , 
sin hacelles enojo ninguno , á qué causa nos querían 
matar la noche pasada. E que si les liemos hecho ó di- 
cho cosa para que nos tratasen aquellas traiciones, maa 
de amonestalles las cosas que á todos los mas pueblos 
por donde hemos venido les decimos, que no sean ma- 
los ni sacrifiquen hombres, ni adoren sus ¡dolos ni co- 
man las carnes de sus prójimos; que no sean somélkos 
é que tengan buena manera en su vivir , y decirles las 
cosas locantes á nuestra santa fe , y esto sin aprvmia- 
lles en cosa ninguna ; é á qué Un tienen ahora nueva- 
mente aparejadas muchas varas largas y recias como 
colleras , y muchos cordeles en una casa junto ai gran 
cu, é por qué han hecho de tres días acá albarrad^ 
eo las calles ó hoyos é pertrechos en las azuleas , i 
porqué han sacado de su ciudad sus hijos é ^.mujeres f 
liacienda ; é que bien se lia parecido su mata voluntad y 
las traiciones, que no las pudieron encubrir, que aun da 
comer no nos daban , que por burla traían agua y le- 
ña , y decían que no bahía maiz; y que bien sabe que 
tienen cerca de allí eu unas barrancas muchas capita- 
nías de guerreros esperándonos , creyendo que tiubia- 
mos de ir por aquel camino á Méjico, para hacerla trai- 
ción que tienen acordada , con otra mucha gente de 
guerra que esta noche se ha juntado con ellos; que pues 
en pago de que los venían á tener por hermanos é de- 
cíllea lo qué Dios nuestro Señor y el Bey manda , nos 
querían matar é comer nuestras carnes, que ya tenian 
aparejadas las ollas con sal é ají é tomates; que sí eüa 
querían hacer, que fuera mejor nosdierun guerra como 
esforzados y buenos guerreros en los campos , como hi- 
cieron sus vecinos los tía sea I tecas ; 6 que sabe por muy 
cierto lo que tenían concertado en aquella ciudad y 
aun prometido ásu idolo abogado de la guerra, y qua 
le habían de sacrilicar veinte de nosotros delante del 
ídolo, y tres noches antes ya pasadas q ue le sacrificanm 
siete indios porque les diese vítoria, la cual les prometió; 
é como es malo y falso , no tiene ní tuvo poder contra 
nosotros; y que todas estas maldades y traiciones que 
han tratado y puesto por la obra, han de caer sobre ellos; 
y esta razón se lo decía doña Marina , y se lo dabati 
inuy bies á entender; y como lo oyeron los papes y ca- 



GONQUISTA DE 
cíqaes y capitanes, dijeroii que así es verdad lo que ]es 
dice, y que dello no üeoen culpa, porque los emlNyado- 
res de Mootezuma lo ordenaroa por mandado de su se- 
ñor. Entonces les dijo Corles que tales traiciones como 
aquellas , que mandan las leyes reales que no queden 
sin castigo, é que por su delito que liau de morir; é lue- 
go mandó soltar una escopeta , que era la señal que te- 
níamos apercebida para aquel efecto, y se les dio una 
mauo que se les acordurá para siempre , porque mata- 
mos muchos dellos, y otros se quemaron vivos, que no 
les aprovechó las promesas de sus Talaos ídolos ; y no 
tardaron dos horas que no llegaron allí nuestros ami- 
gos los tlascaltecas que dejamos en el campo , como ya 
lie dicho otra vez, y peleaban muy fuertemente en las 
calles, donde los cholultecas tenían otras capitanías de- 
fendiéndolas porque no les entrásemos , y de presto 
fueron desbaratadas, y iban por la ciudad robando y cau- 
tivando, que no los podíamos detener; y otro dia vinie- 
ron otras capitanías de tas poblaciones de Tlascale , y 
les hacían grandes daños, porque estaban muy mal con 
los de Cholula ; y como aquello vimos, así Culis coino 
los demás capitanes y soldados, por mancilla que hubi- 
mos dellos, detuvimos á los tlascaltecas que no hicie- 
sen mas mal ; y Cortés mandó á Pedro de Albarado y 
A Cristóbal de Olí que le tnijesen todas las capitanías 
de Tlatcala para les hablar, y no tardaron de venir, y les 
mandó que recogiesen toda su gente y se estuviesen en 
el campo, y así lo hicieron, que no quedó con nosotros 
sino los de Cempoal; y en aqueste instante vinieron 
ciertos caciques y papas cholultecas que eran de otros 
barrios, queno se hallaron en las traiciones, según ellos 
decían (que, comees gran ciudad, era bando y parciali- 
dad por si) , y rogaron i Cortés y á todos nosotros que 
perdonásemos el enojo de las traiciones que nos tenían 
ordenadas , pues los traidores habían pagado coa las 
vidas; y luego vinieron los dos papas amigos nuestros 
que nos descubrieron el secreto, y la vieja mujer del ca- 
pitán que quería ser suegra de doña Harina (como ya 
ite dicho otra vez), y todos rogaron á Cortés fuesen per- 
donados. YCortés cuando se lo decían mostró tener gran- 
de enojo, y mandó llamar á los embajadores de Monte- 
zuma que estaban detenidos en nuestra compañía , y 
dijo que , puesto que toda aquella ciudad merecía ser 
asolada y que pagaran con las vidas, que teniendo res- 
petoá su señor Hontezuma, cuyos vasallos son, losper- 
dona, i que de allí adelante que sean buenos , é no les 
acontexca otra como la pasada , que morirán por ello. 
Y luego mandó llamar los caciques de Tlascala quees« 
laban en el campo, é les dijo que volviesen los hombres 
y mujeresque habían cautivado, que bastaban los ma- 
les que liabían hecho. Y puesto que se les liacia de mal 
devolvello, é decían que de muchos mas danos eran 
merecedores por las traiciones que siempre de aquella 
ciudad bao recibido , por munJulio Corles volvieron 
nucbaa personas ; mas ellos quedaron dcsta vez ricos , 
asi de oro é puntas , é algodón y sal é esclavos. Y de- 
más desto, Cortés los hizo amigos con los de Cholula , 
que á lo que después vi é entendí , jamás quebraron 
las amistades; i mu les mandó á todos los papas é ca- 
ciquea cliolultecas que poblasen su ciudad é que hicie- 
sen tiangues é mercad«>s, i que no hubiesen tenor, que 



NUEVA-ESPAÑA. 77 

no se les haría enojo ninguno ; y respondieron que den- 
tro en cinco días harían poblar toda la ciudad , porque 
en aquella sazón todos los mas vecinos estaban amon- 
tados, é dijeron que temían que Cortés \es nombrase 
cacique , porque el que solía mandar fué uno de losqoe 
murieron en el palio. E luego preguntó que á quién le 
venia el cacicazgo, é dijeron que á un su hermano ; al 
cual lupgole señaló por gobernador, hasta que otra co- 
sa fuese mandada. Y demás desto, desque vio la ciudad 
poblada y estaban seguros en sus mercados, mandó que 
te juntasen k» papas y capitanes con los demás princi- 
pales de aquella ciudad, y se les dio i entender muy cla- 
ramente todas las cosas tocantes á nuestra santa fe , é 
que dejasen de adorar ídolos , y no sacrííicasen ni co- 
miesen carne humana, ni se robasen unos á otros, ni 
usasen las torpedades que solían usar, y que mirasen 
que sus ídoloe los traen engañados , y que son malos y 
no dicen verdad , é que tuviesen memoria que cinco días 
había de las mentiras que les prometieron que les da- 
rían Vitoria cuando sacrificaron las siete personu, é 
cómo todo cuanto dicen á los papas é á ellos es todo 
malo , é que lesrogaba que luego los derrocasen é hicie- 
sen pedazos, é si ellos no querían , que nosotros los qni- 
tariamos, é que hiciesen encalar uno como humilladero, 
donde pusimos una cruz. Lo de la cruz luego lo hicie- 
ron, y respondieron que quitarian los ídolos; y pues- 
to que se lo mandó muchas veces que los quitasen , lo 
dilataban. Y entonces dijo el padre de la Merced á Cor- 
tés que era por demás á los principios quitalles sus ído- 
los, hasta que vayan entendiendo mas las cosas, y ver 
en qué paraba nuestra entrada eu Méjico , y el tiempo 
nos diría lo que habíamos de hacer, que al presente bas- 
taba tas amoneslacíoaes que se les hubía hecho , y po- 
nelles ta cruz. Dejaré de iiablar dcstQ , y diré cómo 
aquelta ciudad está asentada en uu llano y en parte é 
sitio donde están muchas poblaciones cercanu, que os 
Tepeaca , Tlascata , Cheleo, Tocamachalco, Guazodn- 
go é otros muchos pueblos, que por ser tantos, aqui no 
los nombro; y es tíeira de maíz é otras legumbres, é 
de muclio ají, y toda llena de roaíjales, que es do lo que 
liacen el vino , é hacen en ella muy buena loza de iñr- 
ro colorado é prieto é blanco , de diversas pinturas , é 
se bastece delta Méjico y todas tas provincias comarca- 
nas, digamos ahora como en Castilla lo de Talavera ó 
Palenda. Tenia aquella ciudad en aquel tiempo sobre 
cien torres muy altas , que eran cues ó adoratorios don- 
de estaban sus ídolos, especial el eu mayor era de mas 
alterque el de Méjico, puesto que era muy suntuoso y 
alto el cu mejicano, y tenía otros cíen patíos para el ser- 
vicio de los cues; y según entendimos , había allí un 
ídolo muy grande , el nombre del no me acuerdo, mas 
entre ellos tenían gran devoción y vcuiun de muclias 
parlesá le sacrífícar, en tener como á manera de nove- 
nas, yle presentaban de las haciendasqoe tenían. Acuer- 
dóme que cuando en aquella ciudad entramos, que 
cuando vimos tan altas torres y blanquear, nos pareció 
al propio Valladolid. Dejemos de hablar desta ciudad y 
todo lo acaecido en ella, y digamos cómo los escuadro- 
nes que había enviado el gran Hontezuma, que estaban 
ya puestos entre los arcabuezos que están cabe Cholu- 
la , y tenían hechos mamparos y callejones para quo uo 



78 DEONAL DÍAZ 

puJieseDcofrer los caballos, cómalo lonísQ concertadu, 
corao yo oto tbi lie dicho ; 6 cninu supieron lo arae- 
cido, se vuelven mas que de puso pura Méjico, y dan 
relucioD ú su Montczutna segut) y de la mnnern que lo- 
do prisü ; y por presto que fueron , ya teniamos k nueva 
dedos principales que coa nosotros eslijljii» , que tuc- 
ron on posta ; y supimos muy de cierto que cuuuda la 
supo Monlezuma que sinlió gran dolor y enojo , é que 
luefjn sacrilicó ciertos indios ú su idulo Huiclii1<}bús,c|ue 
Je tetiiaii por dios de la guerra, porque les dijese en qué 
liubía de [Kirur nuestru ida & Méjico, ú si nos dejarla t>a- 
inircn su ciudad ; y aun supimus que estuvo encerrado 
en sus devociones y sacriUcios dos dias .Juntamente cun 
diez papus los mas principalea , y hubo respuesta de 
aquellos ídolos que tenían pordiosea, y Tué que le acoo- 
s«>|aroo quo nos euviase mensajeros á disculpar de lo 
de ClKiIula, y que con muestras de paz nns deje entrar 
t'ü Méjico, y quft «ilnriilo dentro, cm» quitarnos ta co- 
mida É agua, ú alzar cualquiera délas puentes, nos 
inutaria, y que eu un día, si nos daba guerra, no que- 
daría tino de nosotros á vida , y que allí podría liacur 
f! US SBC ri [icios , así al IluivIiiliSbas, que les dio es tu res- 
puesta, romo á Tezcatccupa,queleuianpor dioudcl iii- 
íierno, é se liartariaude nuestras muslos y piernas y 
brazos , y de las tripas y el cuerpo y todo lo demiis liar- 
tiirínn las cutobras y serpientes é tigres quo tenían en 
unas casas de madera , como adelante diré en su tiem- 
po y lugur. Dejemos de Imblar de loque Montezuma 
.sintiú de lo sobredicbo , y digamos cúmo eslacosa 6 
custijío do Cltülula fué sabido en todas las provincias 
do lu Nucvi-Espani. ¥ &i de antes leuiuDios fama de 
esforzados, y tiabiao sabido de las guerras de f'otoochan 
y Taliusco y deCiiit;apaL-iuga y jo de Tlascala, y nos lla- 
maban teuies, que es uomlire como sus dioses ó cosas 
malas, desde allí adelante nos tenían por adivinos , y 
decían que no se nos podría encubrir cosa ninguna mala 
que contra nosotras tratasen, que ua lo supiéremos, y ú 
esta causa nos mostraban buena voluntad. Y creo que 
cstarín hartos los curiosos letores de oír esta relación 
de Cholula , é ya quisiera habella acá hado de escribir. 
Y 00 puedo dejar de traer aquí á la memoria las redes 
de maderos gruesos que en ella bailamos; ias cuales te- 
nian llenas de iudiüs y oiucbachos á cebo, para sacrifi- 
car y comer sus carnes ; las cuales redes quebramos, y 
los indios que ea ellas estabau presos les mandó Cor- 
té» que se fuesen adonde eran naturales, y con amena- 
zas mandó i los capiianos y papas du aquella ciudad 
que no tuviesen mas indios de aquella manera ni co- 
miesen carne humana , y asi lo prometieron. Mas ¿qué 
flprovecliabun aquellos prometimie utos, que no lo cum- 
plían? Pasemos ya adelante , y digamos que aques.tas 
fueron tas prandes crueldades que escribe y nunca aca- 
ba de dei'ir v\ señor obispo de Cbiapa , don fray Barto- 
lomé de las Cesas; porque afirma y dice que sin causa 
ninguna, sino por nuestro pnsaliempo y porque $e nos 
oolojil, se hizo aquel castigo. Y también quiero decir 
que unos buenos religiosos franciscos , que fueron los 
primeros fruiles que su maj<-.iad envió á esta Nueva- 
Rspañailcspuésde ganada H¿; ic o, se^u nádela ole diré, 
fueroD & Chulula para saber y pesquisar é. inquirir có~ 
waajóaqué manera pasó aquel castigo, épor qué cau- 



llEL CASTILLO. 
sn , c la pi-squisa que hicieron fuiJ con los mísmoípfliiat 
é viejos de aquella ciudad; y des pues de bieu subí do de- 
Itos mismos , bailaron ser ni mas ni moons que en esta 
mi relación escribo; y si no se hiciera aquel castigo, 
nuestras vi das eslabau eu liarlo peligro , según los es- 
cuadrones ycapitanius tenían do guerreros mejicanos 
ydetns naturales de Chulula, culbarradasé pertrocbos; 
que si allí por nuestra des'liclia nos mataran, esta ¡Suc-j 
va-España no so ganura tan presto ni «o atreviera i. 
venir otra arinnda, é yaque viniera, fnera con gran tra- 
bajo , porque les defendieran los puertos; y se estuvie- 
ran siempre en sus id alj trias. Yo be oidoilecirtí un freí* 
(e francisco de buena vida , que se decia fray Toribi. 
HouteliDCB, que si se pudiera excusar aquel castigo, y 
ellos no dieran causa i que se hiciyse, que uiejor fuera; 
mus va que hc bim , que Tité bueno pam que todos lat 
ludios de toiliis hs pritváicias de la .Ñueva-luspaña vi»> 
seo y conocieren que aquellos iiloios ylosdeniás soo 
matos y mentirosos , y que viendo que lo que les ha> 
hia prometido salió ul revés, que perdiesen ladovooiaa 
qix^ antes tenían con ellos, y que desde allí en adelaine 
lio le sa>:rilícabun ni venían en romería de otras parle», 
como solían ; y dcsJe enl>^nccs no curaron mas dét, y le 
quitaron del alto cu donde estaba, y lo escondieroa 6 
quebraron , que no pareció mas, y en su lugar I 
puestoolro iduio. Dejéimislo ya , y diré lu que masi 
iante hicimos, 

CAPULLO LXXXIV. 



liaUaü J 
Bad»-J 



Deciertis ptllicss éiiii^:ij«rosqae cnvlimoíal {raí Homniiiu. 

Como Imbinn ya jasado catorce dins i^ue c!i tal ¡.irnos 
eu Cholula, y no teníamos en qué entender, y viino>quo 
quedaba aquella ciudad niuv poblada, é liacian merca- 
dos, é haliiamua hecho amistades enü^ ellos y los de 
Tlascala, é les teniamns puesto una cruzé ainoncsltído- 
les tus cosas tocantes á nuestra santa fe, y viuiuus que 
el gran Moutczuma enviaba á nuestro real espías encu- 
biertamente ú saber é inquirir qué era nuestra volun- 
tad, é si habíamos de pasar adelanto para ir ú. su cii>- 
dad, porque todo lo alcanzaba á súber muy eul«fa- 
mente por dos embajadores que cstubau eu nu^rt 
compuñia; acordó nuestro capitán de entrar en consejo 
con ciertos capitanes é algunos soldados que sabia quo 
le tenían buena voluntad, y porque, demás Je '^er muy 
esforzados, eran de buen consejo ; porque ninguna cosa 
hacia sin primero tomar sobre ello nuestro jiarecer. Y 
fué acordado que blanda y amorosamente enviásemos 
& decir al gran Muntezunia que para cumplir con lo 
que nuestro rey y señor nos envió á estas partes, hemos 
pasado muclios mares é remotas tierras, solamente pa- 
ra le ver é riecüle cosas que le serian muy provechosas 
cuando las haya entendido; que viuiendoque veníamos 
camino de su ciudad, porque sus embajadores nos en- 
caininarou por Cliolula, que dijeron que eran sus va- 
sallos ;é que dos dias, Iw primero:; que en ella entra* 
mos, nos recibieron muy bien, é paia otro db teniají 
ordenada una traición, con peusumieiito de matarnos; 
y porque somos hombres que tenemos tal calidad , quo 
no se nos puede encubrir cosa de trato ni traición oi 
maldad que conira nosotros quieran hactr, que luego 
no la sepamos; úque por esta causu castigatnus & algu- 




COiíQOtSTA DE 
■•di tos que qocríiin ponrrlo [lor obra. V. que porf\ue 
mfo^a eniB sus sujetos, teniendo respeto ú su pec^ 
aaa 7 á mestra gran amistad , dejó ñe matar y asolar 
taém Im que Eueraii ea p«Q$ar en la traición ; y lo peor 
4ltod0 «s. que dijeron lus pupas é caciques que por 
é nutiJado del y de sus einliajadores lo queriaii 
cual DUDca creímos, que tan |L;ran señor como 
Bundase, especialmeiilc bnliíiindose dado por 
iÍK«; y timemos colegida de su persona que, 
nul |Mrntamiento sus ídolos le pusiesen de 
ámcmgaem. <|ue seria en el campo- mas co tanto te- 
qne pelease en cuinpn como en poblado, que de 
fW de ncHsIra, porque los muUiriamos & quien tal 
hacer. Has como lo tiooe por grande amigo y 
nr j liublnr, luego nos partimos para su ciu- 
f dilk cuenta muy por entero de lo que el Key nues- 
MmAot nos niandú. Y como el Monlezumu oyó esta 
•■malla, y entendió que por lo de Qiolula tío le po- 
riuMstiilfitt oímos decir que tornó á entrar con sus 
pafws na ayuui>> ú sacrilicins que bicieroná sus Ídolos, 
fm que »e tornase á rotilicar que si nos dejaría on~ 
tltr ao «a eituUd ó no, y si se lo tura»tia á mandar, co- 
■• le tmbiatlicho otra vez. Y íu rcspue<;ta que les tor- 
|6 A áu ftté como la primera, y que de liorlio nos deje 
^^BHt, y qna dentro nos mataría á su voluntad. Y 
PlBitesoenaojaroa sus capitanes y p^ipas, que si po- 
Pg^etlArbo en la entrada, que le liaríamos guerreen los 
I |wliliw sos sujetos, teniendo, como teníamos, por ami- 
|U i Im Üascaltecas y lodos l'is tolonaqties de la sier- 
ti,éotn>a pueblot que tiabíun tomado nuestra amistad, 
y forescusar eslo^ males, que mejor y mas sauo con* 
moMeé que les ba dado su MuicbílóUis. Dejemos de 
áe lo que Montexuina tenia acordado , é dír¿ 
bizo, y ciinio acordamos de ir camino 
«jpetfxndo de partida llegaron nieiKojifrns de 
HooteJcuQui cou un presente, y lo que envió á decir. 

CAPlTtLO LXXXV. 

C*M c1 |nii Moitriumi mt-íd so prrsente it on,j lo que te- 
vM t amr, } cuoui iurJiBii» ir eanlnii de Héjieo , )- lo que 
■atwaMM. 

Chbo el gi^m Montezoma liubo tomado otra vez con- 

^(•«ea stM Huirliilúbos é [lapas é capitanes, y todos 

li MoaeqeroD qni< nos dejase entrar en su ciudad, é 

fndM nos maurían i su salvo. Y después que «}ó las 

fiiiln» qoe le envinnios á decir acerca do nu'^tra 

inihrtil. é tamldenuiris raz<mes bravosos, como somos 

ImiilNii q<M no se nos encubre traición qne contm 

I M trote, que no lo sepamos, y que en lo de I» 

I eao se nos da que sea en el campo 6 ea 

I, qne de n»et)e ^ Ao día , é de otra cualquier 

1; i cerno 1 1 irlídu lus guerras de Tías* 

, é iwlwi aabí < ' ..timcban e Tabast'o é Ctn- 

I, é agora lo de Cholub , estaba asombrado 

I ; y desfmés de inuclios acuerdos que 

, «atid Mis princiiMlea con un presente de oro y 

1 4eMtKlia diversidad de hecliuras , que valdría, á 

aben, sobre dos mil pesos . y también envió 

tde mantas muy ricas de primas labores; 

i principales llegaron gnie (.Inrtés con 

», beoroQ la tierra con la maoo , y con grao 





Pít'CTA-RSPAHA. 70 

acato, como entre ellos se usa, dijeron; oMatinclie, 
nuestro señor el gran Montezuma te envía e.ste presoti- 
te, y dice que lo recibas con el amor grande que te lir>ne 
ó á todos vuciítros bermanos, é que le pesa del enojo 
que les dieron los de Cbolula, é «/uisiera que los casli- 
goras mas en sus periconas, que son malos y mentiro- 
sos, é que las nmlilades qiio ellos querían hacer, le 
ecbatmn fiálla colpa é ú sus embajadores; 6 que tu~ 
viésemos por muy cierto qne era nuestro amigo , 6 quo 
vamos á su ciudad cuando quisiéremos, que puesto que 
él nos quiere bacer mucha honra, como il personas tan 
esforzadas y mensajeros de tan alto rey como decis 
que es, é porque no tiene que nos dar de comer, qued 
la ciudad se lleva todo el basiimeiito de acarreo, por 
estar en la laguna poblados, no lo poilia hacer tan cum- 
plidumenle; mas que él procurará de baocrnos toda la 
mas bonraijue pudiere, y que por los pueblos por don- 
de habíamos de pasar, que él ha mondado que nos don 
lo que huhíéremiis menester ; u é dijo otros muchos 
campliinientos de palabra. V como Corles lo enlendiú 
por nuestras lenguas, recibió aquel presente con mues- 
tras de iimor, é abrazó i los mensajeros y les mandó 
dar ciertos diamantes torcidos, é todos nuestros rnpi- 
tañese soldados nos alegramos con tan buenas nueras, 
é mandamos que vamos & su eíudaii , porque de dio en 
día lo estábamos deseando lodos los mas soldados, es- 
pecial los que no dejábamos en la isla de Cuba bimes 
ningunos, É bnbiamos venido dos veres il deseo lirir 
primero que Cortés. Dejemos ealo, y digamos cómo el 
capitán les dio buena respuesta y muy amorosa, yman- 
d<^ que se quedasen tres mensajeros de los que vinieron 
con el presente, para que fuesen con nosotros por guias, 
y los otros tres volvieron con la respuesta & su seítor, 
y los avisaron que ya íbamos camino. Y después que 
aquella nuestra partido oñlendieron loe caciques mayo- 
res de Tlascala, que se decían Xicotenga el viejo é cie- 
ga, y Masse-Escaci , los cuales he nombrado otras ve- 
ces, les pesó en el alma , é enviaron & decir á Cortés 
que ya te liabtan dicho inncbas veces que mirase lo que 
hncia, ése guardase de entrar en tan grande cíndad, 
donde bahía tantas fnerzas y tanta multitud de guer- 
reros; porque un din ó otro nos dación guerra, é temían 
que no podríamos salir con los vidas; é que por la bue- 
nu voluntad que nos tienen, que ellos quieren enviar 
diez mil hombres con capitanes esrorzado'., qne vnynn 
con nosotros con bastimento para el camino. Corles les 
agradeció mucho su buena voluntad, j tes dijo que no 
era justo entrar en Mújieo con tanta copia de guer- 
reros, especiabnenlc siendo f.in contrarios los unos de 
los otros; que solamente linbiu menester mil hombres 
pora llevar tos tepuzques é furdaje é para adobar al- 
gunos caminos. Ya he dicho otra vez que tepuzques ea 
estas partos dicen por los tiros, que son de íi ierro, que 
llevábamos ; y luego despacharon los mil indios muy 
apercebidos; é ya que estábamos muy & punto para ca- 
minar, vinieron ú Cortés los caciques é todos los ntas 
principales guerreros de Cempoal que andaban en 
nuestra compañía, y nos sirvieron muy bien y teot- 
mcnte, é dijeron que so querían volver ú Cempoal, y 
que no pasarían de Cbolula adelante para irá Méjico, 
parque cierto tenian que si allá iban, quo habían da 



so ' BERNAL DÍAZ 

morir olios f nosotros, é quo el gran Uoolezuma los 
mandaría palar, porque eran personas muy principa- 
tes de los do Cumpnal, quo fueron en quiUille la obe- 
diencia é ea que no se te diese iribuio , j en oprísionar 
sus recaudadores cuando liubo la relielioa ya por mí 
otra vez escrilu en esla relación. V como Cortés les viú 
que coa t«ula volutiUid lo demanda bao aquella licencia, 
lesrespondiú con ámn Marina é Aguí lar que no liubie* 
aeo temor ain^uno de que recibiriun mal ai da ño, é que, 
pues iban eti imesira couipañia, quo ¿quién liubia de 
scrosado lilus enojar & ellos ni í nosotros? Eque les 
rogaba que mudasen su voluntad é que se quedasen 
con nosotros, y les prometió que les baria ricos ; é por 
mas que so la rogú Cortas, é duñu Marina se lo decía 

' muy ofectuosaineute, nuuca quisieron quedar , sino que 
te querían volver ¡ é como aquello vjú Corlús . dijo : 
«Nunca Dios quiera que nosotros llevemos por fuerza 
Á esos indios que tan bien nos hau serviilo;» y manda 
traer muchas cargas de manías ricas, é se las reparlió 
entro todos, é tambiea envió a] cacique gordo , nues- 
tro amigo , señor do Cempoal , dos cargas de mantas 
para él y para su sobrino Cuesco , que asi se llamaba 
otro gran cacique, y escribiú al tiiiiciite Juan de Esea- 
lanlo , que dejábamos por capitán, y era en aquella sa- 
zón alguacil mayor, todo lo que nos liabia acaecido, j 
cómo ya íbamos camino de Méjico, é que mirase muy 

• liieu por todos los vecinos, é se velase, que siempre es- 
tuviese de dia é de nocbe con gran cuidado ; que aca- 
base do liacer la forlaleza , é que d los naturales de 
aquellos pueblos que los favoreciese contra mejicanos, 
y 00 les hiciese agravio, ni ningún soldado do los que 
con él estaban ¡ y escritas estas cartas, y partidos los de 
Cempoal, comeniaiROS de ir de nuestro camíao oiuy 
aporco b id os. 

CAPITCLO LSXXVI. 

CfiDfl roiDcntiiaos i (i minar t<in la elodiJ if«KéJlea, jit taqtt 
cu el ummo dos iitiQO, } lo qitt Nonleiiimi tavlü i drcir. 

Así como salimos de Cbolula con gran concierto, co- 
mo lo teníamos de costumbre, lk)S corredores del cam- 
po á caballo descubrÍL'itdo la tierra , y peones muy suel- 
tos juntamente con ellos, para si algún paso malo ú ern- 
baruzo Imbíese se ayuílisen los unos i los otros, é 
nuestros tiros muy i {luiilo , é escopetas é ballesteros, 
élDs da á caballo de tre^ en tres |>ara que se ayuda- 
sen . é todtJS los mas snliiadns en gran concierto. No sé 
jopan qué lo Irai^^'o tanto á la memoria, ^no que en 
Iti cosas de la guerra por fuerza bemos de hacer rela- 
ción dellu, para que <e vea cuál andábamos la barba 
sobre el hombro. E osí caniinaiiiln, llegamos aquel día 
á unos ranchos qtie están en una como sierrezuela, 
que es población de Cuaiocingo, que me parece quo sa 
dicen tos ranchos da lsc(ilpan,ciiniro leguas de Cholu- 
lu; y allí vinieron luego los caciques y papas de los 
pueblos de Guaiociiieo, que cstiitmn cerca, é eran ami- 
gos é conícderadus de los de Tluscaia, y también vi- 
nieron otros puchlczuelos que csldn pobliidos á las 
lialilusdel volcan, que cotilinun cun ellos, y trujeron lo- 
dos niuclio basiimento y un presettie de joyas de oro 
de poca vulin, y dijeron u Cortes que recibiese aquello, 
y no mirase ú ¡o poco que era, síuo i la voluntad con 



DEL CASTILLO, 
que se lo daban ; y le aconsejaron que HO fuese i MíjieP, 
que era una ciudad muy fuerte y de muchos gmm- 
ros, y que corríamos mucho peligro; é que ya que 
Íbamos, que subido aquel puerto, que linbia dos cami- 
nos muy anchos, y que el uno iba á un pueblo que se di- 
ce Clialco, y el otro Talmalanco , que era otro pueblo, 
y entrambos sujetos á Mt^jico , y que el un camino e(- 
tuba muy barrido y limpio pan quevamosporál.yqin 
el otro camino lo tienen ciego, y cortados muclti 
brdes muy gruesos y grandes pinos porque do pi 
ir caballos ní pudiésemos pasar adelante ; y que ala- 
jada un poco de la sierra, por el camino que traini 
limpio, creyendo que hablamos de ir por él , que teoiu 
corlado un pedazo de la sierra, y había allí mamparos 
é albarradas, é que han estado en el puso ciertos es- 
cuadrones de mejicanos para nos matar , é que nos 
aconsejaban que no fuésemos por el que estaba limpio, 
sino por donde eslaban los úrboles atravesados, é que 
ellos nos darán mucha gente que lo desembaracen. B 
pues que iban con nosotros los tlascaltecas, que todos 
quitarían los árboles, é que aquel camino salia & Tal- 
malanco ; é Cortés recibid ei presente con mucho amor, 
y les dijo que les agradecía el aviso que le dnban, y con 
el ayuda de Dios que no dejará de scj^uir su camino, 
é que irá por donde le aconsejaban. E luego otro día 
bien de mañana comenzamos ú caminar, é ya era cerca 
de mediodía cuando llegamos en lo alto de la sierra, 
donde hallamos los caminos ni mas ní menos qne loa 
deGuaiocingo dijeron; y alli reparamos un poco vano 
nos dio que pensar en lo de los escustlrunes mejícti 
y en la sicrracortada donde eslaban las alharrad 
que nos avisaron. Y Cortés mandó llamará los cm 
dores del gran Uontezuma, que iban en nuestra comps' 
ñfa, y les preguntú que cómo eslaban aquellos dos ca- 
minos de aquella manera, el uno muy limpio y barrido, 
y el otro lleno de árbales corlados ituuvameule. Y ré&- 
pondieron que porque vamns por el limpio, que sale & 
una ciudad que se dice Cbalco, donde nos harán buen 
recibimiento, quo es de su señor Mootezuma ; y que al 
otro camino, que le pusieron aquellos árboles y |ec«^- 
ron porque no fuésemos por él, que hay malos pasos 
é se rodea algo para ir á Méjico, que sale á otro pueblo 
quo no están grande como Cliatco; entonces dijo Cot~ 
tés que quería ir por el quo estaba einbaraiado , é co- 
menzamos á subir la sierra puestos en grun concierto, 
y nuestros amigos apartando los árbok's muy grandes 
y gruesas, por donde pasamos con gran trabajo, j bas- 
ta boy esiún algunas dellos fuera del camino; y sa- 
biendo á lo mus alto, comenzó á nevar y se cuajide 
nieve la tierra, é caminamos la sierra abajo, y fuimos á 
dormir á unas caserías que eran como á manera de 
aposentos ó mesones, donde posaban indios mercade- 
res, é tuvimos bien de cenar, é con gran frío pusimos 
nuestras velas y rondas é escuchas y uuo correilores 
del campo ¡ é otro dia comenzamos á caminar, é i hora 
de misas mayores llegamos á un pueblo que ya ho 
dicho que se dice Talmalanco, y nos recibieron bien, é 
de comer no faltó; écomo supieron de otros puablot 
de nuestra llegada, luego vinieron los de Clialca , é m 
juotoroncon los du Talmalanco, é á Slocatueca é Acia- 
go, donde están los canoas, que es puerto del los, ¿ o troii 




CONQUISTA DE 
luelos que yn no se me acuerda e! nombre de- 
i; f todos Junios trujeron un ¡irosctile de uro y Jos 
oigtt de mantas é ocho indias, que valdría el oro sn- 
Iprctcoto y cincuenta pesos, é dijeron : MMalioche, reci- 
WHl09|ire«enlcsque le damos, flennosdcarjulBde- 
I pot tus amtpos ; <> y Cortés los recibió con gronile 
7 te l«i ofreció que en todo lo que hubieseu 
ríos byudaria ; y cuando los vii) junios, dijo al 
{■Értilsla Merced que les amonestase lus cosas to- 
«nlMá iHttitra sania fe é dejasen sus ídolos; y se les 
I la que solíamos decir en los mas pueblos por 
linbianios venido; é á todo respoudieron que 
elio eslaba é que lo verían odelunle. También 
ió 4 entender el gran poder del emperador nues- 
>9(rnor, y que veníamos á desbacer agravios é robos, 
tfOB para ello nos envió á esUs partes ; é como aquello 
m todos aquclíos pueblos que díclio tougo , secre- 
sto, que uo lo siulíeron tos euibajudures mejicu- 
•, dieron Untasqueja&deMontezumayde sus recau- 
%, que les roi>aban cuanto tcniun, ó las mujeres 
L|üaa ai eran licrniusas las forzaban dHante dellos 
k mandos, y se las tunuibaD, é que les liuciun 
como si fueran esclavos , que les liacian lie- 
I candase por tierra madera de pinns, é piedra 
flan étmii, é oíros muchos servicios de sembrar 
é les tomaban tus tierras para servicio de 
, é otras muchas quejas, que como liú ya muchos 
ifaatqtw pasó, no me acuerdo ; i Cortés les consoló 
I palabras amorosas , que se las s.ibia muy bien de- 
I dolía Uaritia, É que ahora al presente no puede 
>en iiaccMCs jusücia, é que se sufriesen, que 
litiq[aitaria aqud duiuinio; é secretamenle les man- 
• fueien dos principales con oíros cuatro amigos 
iTteealai Terelcamhio barrí Jo que nos hubieron 
ilosdaGuaincingo que no ftiúsemosporél, pura 
I qué etbarnidas ú mamparos tenían , y a es- 
IbHÍ algunos escuatirones de guerra; y los cací- 
i rtffKMdienan : «¡Uiiliiiclie, no hay necesidiid de 
li fvr, parque todo esiá aliora muy llano é adereza- 
Blna da saber que hubrú seis dius que eslatian á 
I paso, que teiiiuQ corlada la sierra porque no 
ipáSiir, con iiiucita gen le de guerra del grao 
*»;y hi'tiios sabido que su HuíclNlóbos,quo 
k«i Üos que tienen de la guerra, les aconsejé quo os 
I pasar, é cuando liuvuís entruiioeu Méjico, que allí 
BtMM; por tamo, lo que nos parece es, que os 
IMfoi coa nosotros, y os daremos de lo que luvié- 
i; é no rais 4 Míjíco, que sabemos cierto qui>, se- 
» fuerte y de niuclios ¿tuerreros, no os dejarán 
) toa «idas;» y Corii'.s les dijo con buen sembla ole 
rnotaniín los mejicanos ni otras oingunasnario- 
r para nos malar, salvo nuesiro Señor Dios, 
t creemos. Equo porque vean que al misino 
I j á todos los caciques y papas les vamos á 
lleodierla que nuesiro Dios manda, que luego 
fainos partir, é quo le diesen veiu te hombres 
priocspaleaqae vayan eu nuestra compaíiia, é que ba- 
ria Bodra por ellos , 6 les baria justicia cuando haya 
catndo eo Mé|ico, para quL< Montezuma ni sus recHU- 
dkdanano les hagan las demasías y fuerzas que han 
dhbftqoalet luceii; y con ali'gre rostro todos los de 
" HA-n. 



nleva-espaSa- ^^^^^^ íl 

aquellos pueblos por mí ya nombrados dieron buenas 
respuestas y nos trujeron los veinte indios ; é ya que 
estábamos para partir , vinieron mensajeros del gran 
MoDtezuniB, y lo que dijeron diré adelante. 

CAPJTLLO LSXXVll. 

CAmo r\ {Tsn Honlr^aní imt eatiA otros cmbajidores rnn on 
rresfole ile ora ; miBlis , y [o ntt dijci«a á CorMs , j lo que 
íei rciíiiDudla. 

Va que estábamos de partida para ir nuestro camino 
á Méjico, vinieron ante Cortés cuatro princípotes me- 
jicanos que crtvíú Montezuma , y trujerou un présenle 
rteoroy mantas; y después de hecho su acato, como 
lo tenían de costumbre, dijeron : «Malinclie, esle pre- 
sente te envía nuesiro señor el gran Montezuma , y dice 
que le pesa mucho por el trabajo que habéis pasado en 
venir de tan téjüs tierras é le ver , y que ya te ha envia- 
do ú decir otra vez que te dará mucho oro y plata y chal- 
chihuis en tributo para vueslro emperador y para vos y 
los demás teules que traéis, y que no vengas á Méjico, 
Ahora nuevamente te pide por merced que no pases de 
aquí adelanto, sino que te vuelvas por donde venisle; 
que él te promete de te enviar al puerto mucha canti- 
dad de oro y piala y ricas piedras para ese vueslro rey, 
y para li te dará cuatro cargas de oro , y para cada uno 
de tus hermanos una carga; porque ir ¿ Méjico, es ei- 
cu^ada tu entrada dentro , que lodos sus vasallos están 
puestos en armas para no os dejar entrar.» Y demás 
desto , que no tenía camino, sino muy angosto, ni bas- 
ttmenlos que comiésemos; y dijo otras muc lias razones 
y inconvenientes para que no pagásemos de allí ; é Cor- 
tés con mucho amor abrazó i los mensajeros , puesto 
quo le posó de la embajada , y recibió el presente, que 
; a no se me acuHrda qué tanto valia; é á to que yo vi y 
eislendi, jamás dejó de enviar Uonlezuma oro, poco ó 
mucho, cuando nos enviaba mensajeros , como otra vez 
he dicho. Y volviendo i nuestra relación. Cortés les 
Tf^pondió que se maraviüiihn del señor Muntezumu, 
liabiéudtise dado por nuesiro amigo y siendo tan gran 
señor, tener tantos mudanzas, que unas veces dice 
uno y otras envía S mandar a! contrarío, Y que on 
cuanto ó lo que dice que dará el oro para nuesiro se- 
íior el Emperador y para nosotros , que so lo tiene eti 
merced , y por aquello que ahora le envía, quo en bue- 
nas obras se lo pagará, el tiempo andando; y que si le 
parecerá bíen que estando tan cerca de su ciudad, será 
bueno volvernos del camino sin hacer aquello que nues- 
tro señor nos manila. Que si el ícñor Moatezuma hu- 
biese enviado mensajeros y embajadores £ nigua gran 
señor, como él es, 6 ya que llegasen cerca de su ca«a 
aquellos mensajeros que enviaba se volviesen sin le ha- 
blar y decilte & lo que iban , cuando volviesen anie su 
presencia con aquel recaudo, ¿qué mercedles baria, 
sino tcnellos por cobardes y de poca Ciilidnd? Que asi 
haría el Emperador nuestro señor con nosolros; y que 
de una manera ó otra que habíamos de entrar en su 
ciudad , y desde aUi adelante que no le envíase mas ex- 
cusas sobre aquel caso , porque le ha de ver y hablar v' 
llar razón de ludo el recaudo á que hemos venirlo , y bu 
de ser ú su sola persona; y cuando lo baya entendido, 
si Uü Ib pareciere bien nuestra estada en su ciudailf 



n _ l. BERNAL DÍAZ 

i que nos TOlverémos por don Je veitlmos. E cuiínlo á to 
I «|ue dice, que no tiene comida sino mu; \K>t:o, é ijue no 
I nos podremos suslcníar, que somos tiomlires que con 
I poca cosa que comemos ñas pasamos, é que ja, vamos 
^á$u ciudad, que huya por liiea nuestra ida. Y luvga cu 
despachando los mensajeras, comenzamos & caminar 
pnru Méjico; y como dos liuliíjiu dicliu y avisado tus Je 
! Guaiocingo y los de Clwico que Montezuma tiiihia le- 
jiido plálicas con sus ídolos y papas que si nos dejsriii 
entmr en Méjico ó si nos daña guerra , y todos sus pa- 
pas le respondieron que decía su Huíchilúbos que nos 
' dejQso entrar, que allí nos podrá malar, sc^n dicho 
tengo otras veces en el capitulo que dello l)ablu;yconio 
^ «omos hombres y temíamos la muerte, no dejúhamos 
de pensar en ello ; y como aquella tierra es muy pobla- 
da. Íbamos siempre cominando muy eliicüs jornadas, y 
encomenddndonos á Dios y ásu bei>dita Madre nuestra 
Señora, y platicando cdino y de qué manera potliumos 
entrar , y pusimos en nuestros corazones con buena es' 
persnza, que pues nuestro Señor Jesucristo fué servido 
guardarnos de los peligros pasados , que también nos 
guardarla del poder de Méjico ; y fuimos ú dormir ú, un 
pueblo que se dice Istapalalcngo, que es la milud de las 
casasen e! agua y la mitad en tierra firme, donde e<-tá 
una sierrezuela , y egora está una venta cabe él , y alli 
tuvimos bien de cenar. Dejemos esto, y volvamos al gran 
Hootezuma, que como [legaron sus mensajeros é oyó 
Ib respuesta que Caries le enviú , luego acordó de en- 
viar 4 su sobrino , que se decía Cucametzio , señor de 
Tezcuco , con muy gran fausto li dar el bien venido á 
Corles y ¿ todos nosotros ; y como síenrpre teníamos de 
costumbre tener veías y corredores del campo, vino 
uno (le nuestros corredores ¿ avisar que venio por el 
camino muy gran copia de mejicanos <le paz, y que al 
parecer venían de ricas mantos vestidos ; y entonces 
cuando cato pasó era muy de mañana , y queríamos ca- 
minar, y Cortés nos dijo que reparásemos en nuestras 
posadas basta ver qué cosa era; y en aquel instante 
ninieron cuatro principales, y liacen d Cortés gran re- 
verencia, y le dicen que ath cerca viene Cacaroatzin, 
grande señor de Tezcuco, sobrino del gran Montezu- 
mo , y que nos pide por merced que aguardemos has la 
que venga; y no tardó mucho , porque luego llegó con 
el mayor rnusto y grandeza que ningún señor de los 
mejiconos habíamos visto traer, porque venia en andas 
muy ricos, bliradas de plumas verdes, y mucha argen- 
tería y otrits ricas piedras engastadas en ciertas arbolc- 
I* das de oro que en ellas traía hechas de oro , y traian las 
tndns á cuestas ocho principales , y todos decían que 
eran señores de pueblos ■ é ya que llegaron cerca del 
■pósenlo donde estaba Cortés, le ayudaron & salir de las 
indas.yle barrieron el suelo, y le quitaban las pajas por 
donde habia de pasar; y desque llegaron ante nuestro 
capitán , le bicieron grande acato, y el Cacamalzin le 
dijo : aMalinche, aquí venimos yo y estos señores á te 
servir, hacerte dar todo lo que hubieres menester para 
li y tus compañeros, y meleros en vuestras casas, que 
esnucstra ciudad; porque asi nos es mandado por nues- 
tro señor el gran Mootezuma , y dice que por esto lo 
deja, y no por falta de muy buena voluntad que os tie- 
flfl. » \ cuando nueslro capitán y lodos nosotros vimos 



DEL CASTILLO, 

I (;)nlo apáralo y mijpitad como traían aquettos etdques, 
I especialmente el sobrino ilo ¡Uontezuma , lo tuvimos por 
muy gran cosa , y ptatícamos entre nosotros que cuan- 
do aquel caríijnetrniu tniilo triunfo, /.qué haría el gran 
Montc7,uma? V como el dcamatzin hubo dicho su ra- 
zonamiento, Cortés le abrazó y le biza muchas caririas 
fi él y á loilos los m¡is principaips, y te dio tres piedras 
que se llaman mareajitus, que lieiieu dentro de si mu- 
chas pinturas de diversos colores, é 6 tos demás prin- 
cipales so les dio diaraanles azules, y les dijo que seto 
tenia en merced , é ¿cuándo pagaría ol señor Monteiu- 
ma tas mercedes que coda día nos bace? Y acabad* la 
plática , hiejo nos partimos; é como habían venido 
aquellos caciques que Hiclm tengo, traían mucba gente 
consigo y de otros muchos pueWosque están en aque- 
lla comarca, que sitian ú vernos, todos \m caminos 
estaban llenos dcIt'iH; y otro día por la mañana llegamos 
á la calzada ancha, íbamns camino de Iilapaliipa; y 
desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas ed él 
agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y 
aquella calzada tan derecha por nivel cómo iba á Mé- 
jico, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía 
á las casas de encantamento que cuentan en el libro de 
Amadis, por las grandes torres y cues y edificios que 
tenían dentro en el agua , y todas de cal y cantó; 7 aun 
algunos de nuestros soldados decían que si aquello que 
veían SÍ era entre sueños. V no es de maravillar que yo 
aquí lo escriba desta manera, porque hay que pondenr 
mucho en ello, que no sé cúrao lo cuente, ver cos« 
nunca oídas ni vistas y aun soñadas, como vimos. Pues 
desque llegamos cerca do Izlspalapa , ver la grande» 
de otros caciques que nos salieron ¿ recebir, que luí el 
señor del pueblo, que se decía Coadlauaca, y el señor 
de Cuyoacan, que eiitrnniljo» eron deudos muy cerca- 
nos del Montczuma; y de cuando entramos en >qiri^| 
villa de Izlapalapa de la manera de los palacios en^i 
nos aposentaron, decuún grandes y bien labrados er»n, 
de cantería muy prima, y la madera de cedros y de otros 
buenos Arboles olorosos , con grandes patios é cuartos, 
cosas muy de ver , y entoldados con paramentos de al- 
godón. Dcsjmésde bien visto todo aquello , fuimos á la 
huerta y jardín, que fué cosa muy admirable vello y pí- 
satln , que no me hartaba de mirallo y ver la diversidad 
de árboles y los olores que cada uno tenia , y andenes 
llenos de rosas y Dores, y muchos frutales y rOKiles de la 
tierra, y un estanque de aguadulce; y otra cosa de ver, 
que podrían entrar en el verjel grandes canoas desdei 
la laguna por una abertura que tenia hecha, sin saltar 
en tierra , y lodo muy encalado y lucido de muchas ma- 
neras de piedras , y piniurns en ellas, que bahía bario 
que ponderar, y de las aves de muchas raleas y diver- 
sidades que entraban en el estanque. Digo otra vez que 
lo estuve mirando , y no creí que en el rnundo bubieso 
otras tierras descubiertas como oslas ; porque en aqtJe» 
tiempo no habia Perú ni memoria del. Agora toda Mía 
villa está por el suelo perdida , que no hay cosa en jáé. 
Pasemos adelanle, y diré cémo trujeron un presenta 
de oro los caciques de aquella ciudad y tos de Cuyoa- 
can , que valia sobre dos mil pesos , y Cortés les dio 
muchas gracias por ello y les mostró grande amor, y 
se les dijo con nuestras lenguas bis cvsas tocante á, 



fe, ; £e les declaró el gran [loder de nues- 
tro Mtñor el Empero dor ; é porque hubo ulras muclius 
pitucas, lo dejaré de decir, y diré que on aquella sozou 
m nu} gran pueblo , 7 que e&laba poblada la mitad 
ét las cua» ea tierra y la otra míuid en el agua ; agora 
•eataaauo «tü todo seco, y sieoibrau donde solía 
MT laguna , y está de otra iiiaaera mudado , que si no 
k buttiera de antes visto , no lo dijera , que m era po- 
■Uequaa^aeilo que estaba lleno de agua esté agora 
Mobñilo de matules y muy perdido. Di'jémoslo aquf, 
I diré «leí solMiisimo recebimietilo que nos hizo Uante> 
auu A Cortés y i todos Dusolrus en la entrada de ta 
ciudad d« Méjico. 

CAPITULO LXXXVIII. 






fn» t to(eB« Trrcbírairnto que ara blio el gnn Moalfítnni 
I Cmw* } a ickIo) BitMtiMji cu I9 Murada de li (ru cisdid de 

■4ÍM. 

Loego otro día de m^iuana partimos de Iztapalopa 
auf acoiDptñados do aquellos grandes caciques que 
tfrt» he dicho. íbamos por nuestra calcada adelanto, la 
coal as ancha de ocho pasos , y va (un derecha & la ciu- 
Mde Méjico, que me parece que no se tuerce poco ni 
■Kk»; i puesto que es bien sacha , toda iba lleaa de 
f<entes, que no cabian, unos que entraban en 
T Otros que salían, que nos venían áver, que 
pod jamos rodear de turnios como finieron, por- 
ftaalahifi llenas tas torres y cues y en las canoas y de 
{•rtw de la loguna ; y no era cosa de maravillar, 
jaoiás habian visto caballos ni hombres como 
Y de que vimos cosas tan admirables , do sa- 
tfúé nos decir, ó si era verdad loque por delante 
, ^ue por una purte en tierra liahia grandes ciu- 
árfü, y eu la laguna otras muchas, é víamoslo todo 
ÍHI0 ile canoas , y en la cakada muchas puen tes de tre- 
<iboAlm'ho, y por delante estaba la gran ciudad de 
Utftú, j nosotros aun no llegábamos á cuatrocienlos 
cÍMaeoU soldados , y teníamos muy bien en la memo- 
ria laa páticas é avisos que nos dieron los de Guaia- 
«ílga é Tlascata y Talmanalco, ycon otros muchos con- 
a^foa <|ue nos habían dado para que nos guardásemos 
^aiUiren Méjico, que nns habian de matar cuando 
DOt tuviesen. Uircq los curiosos le lores esto que 
babia bien que ponderar en ello ; ¿qué bom- 
en el universo que tal atrevimíenLo tu- 
t PaiaiDM adelante , y vamos por nuestra calza- 
di. Yaque ilef^ibamos donde se aparta otra calxadilia 
^a ÜM á Cuyoarjin, que es otra ciudad adonde esla- 
kaBoaatcotno torres, que eran sus adoraloríos, viuie> 
KM Bacbot principales y caciques ron mu^ ricas man- 
ila aoitra *í , «on galanía y libreas dilerenciadas las de 
anas caciques é los otros, y las calzadas ¡lenas de- 
, y aqvellos grandes caciques enviaba el gran Hon- 
datanta á recebimos; y asi como llegaban de- 
4a CMtís decían en sus lenguas que fuésemos 
, y en señal de paz tocaban con la mano 
f besaban ta tierra con la mesma mano. Así 
■Ha limos detenidos un buen ralo, y desde alti se 
«1 Cacamacan, señor de Tezcuco , y el se- 
Mapalspa y el señor de Tacuba y el señor de 
Cejoaem A cncootnrsa con el gran Uont azuma , que 




A-^ESPANA, fl3 

venia cerca en ricas andas, acompañado de otros grao- 
des señores y caciques que teniati vasallos ; é }'a quo 
llegábamos cerca de Méjico, adonde estaban otras tor- 
recillas, so apeó el gran Montezuma de las andas, y 
traíanle del brazo Dquellos grandes caciques debajo de 
un palio muy riquísimo ú maravilla , y la color de plu- 
mas verdes con grandes labores de oro , con mucha ar- 
gentería y perlas y piedras chalcliíhuis, que colgaban 
de unas como bordadi'ras , que hubo mucho que mirar 
en ello; y el gran Montez.uma venia muy ricamente ata- 
viado, según su usanza, y trata calzados unos como co- 
laras, que así se dice lo que se calzan , las suelas de oro, 
y muy preciada pedrería encima en ellas; é los cuatro 
señores que te traían del brazo venían con rica mancm 
de vestidos d su usanza , que parece ser se los lenian 
aparejados en el camino para entrar con su señor, qufí 
no traían los vestidos con que nos fueron ú recebir ; y 
venían , sin aquellos grandes señores , otros grandes 
caciques, que traían el palio sobre sus cabezas, y otros 
muchos señores que venían delante dtl gran Montezu- 
ma barriendo el suelo por donde había de pisar, y le 
ponían manías porque no pieaso la tierra. Todos eslos 
señores ni por peusamicnlo le miraban a la can», sino 
los OJOS bajos ó con mucho acato , eicepto aquellos cua- 
tro deudos y sobrinos suyos que le llevitban del brazo. 
E como Cortés vio y enlendid é lo dijeron que venia el 
gran Hontezuma , se apeú det caballo , y desque llegó 
cerca de Montezuma , á una se hicieron grandes acato»; 
el Montezuma le dio el bien venido , é nuestra Cortés le 
respondió con doria Uarina que él fuese el muy bien 
eslttdo. E paréccme que el Cortés con la lengua doña 
Uarina , que iba junto á Cortés, te daba la mano dere^ 
cha, y el Montezuma no la quiso ése ladíúd Cortés ;t 
entonces sacd Cortés un collar que traía muyd mano 
de unas piedras de vidrio , que ya be dicho que se dicen 
margajitas, que tiennn dentro muchas colores é diver- 
sidad de labores, y venía ensartado en unos cordones 
dé oro con almizque porque diesen buen olor , y se Ee 
echó al cuello al gran Montezuma ; y cuando se lo puso 
le iba ú abrazar, y aquellos grandes señores que iban 
con el Montezuma detuvieron el brazo ü Cortés que ni» 
le abrazase , porque lo tenian por menosprecio ; y luuao 
Cortés con la lengua doñii Marina le dijO que liolgaba 
agora su corazón en haber visto un tan gran príncipe, 
y que le tenia en gran merced la venida de su persona A 
le recebir y las mercedes que le hace ú la conlina. R 
entonces el Montezuma le dijo otras palabras de buen 
comedimiento, é mandó & dos de sus sobrinos do los 
que le traían del brazo , que era el señor de Tezcuco y 
el señor de Cu yoncan, que se fuesen con nosotros basli 
Rposcniamos ; y el Montezuma con los otros dos sus pa- 
rientes , Cuedlauaea y el señor de Tacuba , que le acom- 
pañaban, se volvió á la ciudad , y también se volvieron 
con él todas aquellas grandes compañías de caciques y 
principales que le hubian venido á acompañar; é cuan- 
do se volvían con su señor estibamoslos mirando cómo 
ibón todos, tos ojos puestos en tierra, sin miralle y muy 
arrimados ¡i la pared , y con gran acato le acompaña- 
ban; y así, tuvimos lugar nosotros de entrar por las 
calles de Méjico sin tener tanto embarazo. ¿ Quién po- 
drá decir la mullilud de hombres y mujeres y mucha- 



íl " * UEflNAL DIA2 

k\ms que estolian en Iní cnllM é Dwiteaí y en canoas 
en aiiuellus acequias que nos solinu á mirar? Era cosa 
c!i5 nolar, que agora , ijite lo estoy escribiendo, se me 
representa todo delante de mis ojuscumo si ayer fuera 
cuando eílo pasó ¡ y considerada la cosa y pran merced 
que nuestro Señor Jesucristo nos In'ío y fué servido de 
ttaruos gracia y esfuerzo ptini osar entrar en tal ciudad, 
. é me lialier guardado de tnui:hos peligros de muerte, 
Conio adelante veríin, Doyle int><'lias gracias por ello, 
queátal tiempo me liu traído para podello esuríbir, é 
aunque no Ib» cumplidamonte corno congenia y so re- 
quiere; y dejemos putabras, pues Jas obras &uu buen 
testigo de lo que A'tün. 

E volvamos á nuestra entrada en Méjico, que nní lle- 
varon ü aposentar á uiihs ji^raiides ca<>us, dunde liubia 
«pásenlos para todos i>osotrüs,qi)e lisbiaa sido de su 
padre didnranMontozíitoa, qucsedecia Aiayaca, adon- 
de en aquella SBznn Ifiiia el i^ran Monlezuma sus gran- 
des udoratorios de iilotos, ü tenia una reciimara muy 
necreta de pieíiis y joytis de oro , que era como tesoro 
tle lo que li.nhia bercdndo de su padre Aiayaca , que no 
locaba en ello; y asimismo nos llevaron ¿aposentar á 
«quella cnsa por causa que como nos llamaban teules, é 
por tales nos teiuan, que ostuvtésemos entro sus ídolos, 
como teules que al íi Uwa, Sea de una manera ú de otra, 
iillinosllevarou, donde tenia lieclins grandes estrados 
y salas muy entoldadas de paramentos de la tierra para 
imeslro capitán, y para cada uno de nosotros otras ca- 
mas de esteras y unos tulijillos encima, que no se da 
mas cama por muy gran señor que sea, porque no las 
usan; y todos aquellos palucios muy lucidos y encala- 
«loi y barridos y enramados; y como llegarnos y entra- 
mos en UD gran patío, lue^o tomii por la mano el gran 
Montezuma á uuestro capitán , que allí lo estuvo espe- 
rando, y le metió en el uposenlo y sala donde liabiit de 
posar, que la leniu muy ricamente aderezada para se- 
^ua su usanza, y tenia aparejado un muy rico collar de 
«ro, de liecliura de camarones, obra muy maravillosa; 
>]r et ndsma Montezuma se lo cebó al cuello á nuestro 
capitán Cortés, que tuvieron bien que admirar sus ca- 
pitanes del gran favor que le diú; y cuando se lo hubo 
puesto , Cortés lo diú las gracias con nuestras lenguas; 
¿dijo Muntczuma : uMulincbe, en vuestra casa estáis 
«os y vuestros tiermarios , descansad ; u y luego se fué á 
sus palacios, que no estaban lejos; y nosotros rcpar- 
limos nuestros aposentos por capitanías, é nuestraar- 
lilteria asestada cu parte conveniente, y muy bien pla- 
ticada ia orden que en todo liabiamos da icjier, y csLar 
muy apercebidos , asi los de á caballo como todos nues- 
tros soldados; y nos tcuiau aparejada una muy sun- 
tuosa comida á su uso ó costumbre, que luego comi- 
mos. Y fué esta nuestra venturosa 6 atrevida entrada eu 
la gran ciudad de Tcnuslítlan, Méjico, á S dins del mes 
de noviembre , año de nuestro Salvadnr Jesucristo 
de iSi9 años. Cracias ¿ nuestro Sctior Jesucristo por 
todo. E puesto que no v.iya expresado otras cosas que 
Iiabia que decir, perdónenme, que no 'o sé decir mejor 
por agora hasta su tiempo. E dejemos de mas pláticns, 
¿ volvamos á nuestra rctacion de tu que wai nos avino; 
lo cual diré adelante. 



DEL Cj^STIU.O. 

CAPITL'LO LXXXI.X. 

Cuno el tno HaittiaiD) itna i hdcsums ijioientns coi bisc&u 
caciques ^ae ie icompaJiíbiiu, t U pllucí <iiic Uto coa drhU* 

Como el gran Montezuma hubo comido , j snpn qas 
nuestro capitán y todos nosotros asimismo Imbia bn«n 
ralo que babiauíos beclio lo mismo, vinoá nuestro 
aposeulo con gran copia de principales, é todos ilfudos 
su^os, é rnn gran pumpa; é comoá Cortés le dijeron 
que venia , le salió ú la mitad de la sala i le reeebir, y ct 
Montezuma le tomó por la mano, é trajeron unos como 
osentaderos beclios ú su usanza é muy ricos , y iabnidos 
de muchas muñeras con oro ; yol Montezuma dijo á nui-s- 
tro capitán que se scnlasc, e ge asentaron eutniítil os, 
cada uno en el suyo , y liicf;o comenzó el Monlezunu un 
muy buen parlamento, é dijo que en gran manera se 
holgaba de tener en su casa y reino unos caballeros tan 
esforzados, como era el capitán Cortes y todos nosotros, 
éque habia dos años que turo noticia de otro capitán 
que vino d lo de Cbnmpoton , é también el año pasado le 
Irujeron nuevas de otro capitán quo vino con cnulro 
navios, é que siempre lo deseó ver, é que ahora que titn 
tiene ya consigo pura servirnos y darnos de todo lo que 
tuviese. Y que verdaderamente debe de ser cierto que 
soiuiis les que sus antepasados muchos tiempos antes 
bubian dieho, que vendrían hombres de tiúcin donde 
sale el sol á señorear aquestas tierras, y que debemos 
de ser nosotros, pues tan valientemente peleamos en lo 
de Potoncttan y Tabasco y coa los tlascaltccus , porque 
todas Ins batallas se las trujeron pintadas al nutunl. 
Cortés le respondió con nuestras lenguas, que consigo 
siempre estallan, especial la dofia Marina, y le dijo que 
no sabe conque pagar él ni todos uo^jutros las grandes 
mercedes rccebidas de cada día , é que ciertamente ve- 
uiamusde donde sale el sol, y somos vasallos y criados 
do un gran si;ñor que se dice el emperador don Cari os, 
que tiene sujetos á si muclios y grandes principes, é 
quo tetdeudo noticia del y de cuúu gran señor es, nos 
envió i estas partes & le ver é á rogar que sean cristia- 
nos, como es nuestro emperador é ledos iiosolros, é 
que salvuráu sus ánimas él y tudos sus vasallos , éque 
adelante le declarará mas como y deque manera ba de 
ser, y cómo adoramos á un solo iJios verdadero, y quiéu 
es, y otras muchas cosas buenas que oirá , como les ha- 
bla dicho á sus embajadores Tcuilile é l*i(alpLtoque é 
Quintalvor cuando entubamos en los arenales. E aca- 
bado este parla mentó, tenia apercebidoel gran Monte- 
zuma muy ricas joyas de oro y de muchas becliuras.que 
dióá nuestro capitán, ó asimismo á ciida uno de uues^ 
tros capitanes diú cositas de oro y tres cargits de man- 
tas de labores ricas de pluma , y entre lodos los solda- 
dos también nos dio acuda unoú dos cargas de mantas, 
con alegría , y en todo parecía grao señor. Y cuando lo 
hubo repartido, preguntó á Cortés que si éramos todos 
hermanos, y vasallos de nuestro gran emperador, é dijo 
que sí, que eramos hermanos en el amor y amistad, é 
personas muy principales é criados de nuestro grao rey 
y señor. Y porque pasitron otras pláticas de buenos co- 
medimientos entre Mouteznmii y Cortés, y por ser esta 
la primera vez que nos venía i visitar, y por no le ser 



CONCnSTA DE 
I, nsiron Iik rainnamientos ; j M»a mandado el 
Hiatrsunu I sus ra^yorilumos que ú ntieUro motlo y 
I efUiv)ésem(>« provtfklo.i;, que t?s maíz, é piedras 
tparaliarcrp:)ii,ú t'atliimsy ffül.T,y tnuclia ycr- 
1 loscatjállos : } el gran Monlezuiria se despidiii 
cortesía de iiut^stro cs[iilan y de todos nos- 
1,; salimos COI) éiliastu I» calle, y Cortés uasmaD- 
ii ^ue ■( presento que no fuésemos muy lejos de Iú<; 
Utos, Insta «iiteilder mas lo que coiivitiie&e. E 
I bí aqui , « diré lo que adetiiiitu pasú . 

CAPULLO XC. 

I eiro 'ii íté naeilr* cipittii i ter il (ras Moal^fiami, 
} de cíttlis ¡ilitic» qnc lavitraii. 

>dia acordó Cortés de ir & los palacios de Mónte- 
le primero envi.S & saber qué liíicin, y supiese c<í- 
■W fctMiln , j llevó conmigo cuatro capiltmes, que fué 
Mrails A'ltarudo yJuan Velüzquez deLeoa y Diego 
4eOrdás, éiiUauxalode Sjiidovul, y lainliiea fuimos 
«Dco soldados; y casiio el Uoiitezuma lo supo, salió ¡i 
■M raeebir i )b milnd de la ftila, muy acompuriado de 
tmtobr'taos, porr[\]o otros seuores do eutraiían ni co- 
■niaten doude el Motite;ruma estaba , si no era á ne- 
fBCiot ímportaoles ; y con gran acato que hizo li Cor- 
Mi, y Cortés d él , le tomaroo por las manos , é adonde 
Mltbi tu pslraüo le liizo sentará la mano derecha ; y 
■mrtcno nos mandó sentará todos oosotrosen asientos 
<aUl ma mi ú I raer ;é Cortés le comeozAii hacer un ra- 
mio cou nuestras lenguas liona Marina é Agut- 
Idiio (jue ahora , que liabia venido á ver y hablar i 
I ten gran señor como era , cslaba dcsfansado, y io- 
ta ansalros, pues lia cumplido el vinjeé mundo que 
I gna rey y seuor le mandó ; é lo que mas le vie- 
fadr de parto de nuestro Señor Dios es , que ya 
srced tisbrá entendido de sus embajadores Temh- 
t Pitcipitoque é Quiatalwr, cuando nos hiío tns 
i de enviarnos la luna j el sol de oro en el ore- 
, cómo Ici dijimos que éramos cristinnos é adora- 
la uo solo Dios verdadero , que so dibe Jesucristo, 
1 padeció muerte y pasión por nos salvar; y le di- 
, cuando nospreguiuuron que porqué adoráliamos 
Lcruz,quelaQtlorúliQmos por otra quevraserial 
• nuestro Señor fué cruciíieado por nuestra sálva- 
la ¿ que aquesta muerte y pasión que permitió que 
»e por salvar por ella todo el linaje humano , que 
1 perdido ; y que aqueste nuestro Dios resucitó al 
»dia y está en los cielos, y es el que hizo el cíelo 
yliem j 1> mar, y crío todas las cosas que hay eo el 
^ ' », 7 lu aguas y rocíos , y ninguna cosa se hace 
i voluntad ; y que en él creemos y odoramos, 
Uosquo ellos tienen por dioses, que no lo 
idiab]o«,quc stm cosas muy malas, ycnnles 
I tas Uguras, que peores tienen los hechos ; é que 
I caáa malos son y de ¡wca valía, que adunde 
I puestas cruces como las que vieron sus emba- 
t, con temor dejlas no osan parecer delante , y 
el tiempo añilando lo verían. E lo quengora le pide 
I es , que esité atento á las palabras que at;ora 
láwir. y luego le dijo muy bien dado ú eo- 
rda la creación del mundo , é cómo lodos somos 
I klioi de ua padre y de una madre 



NUEVA-ESPAflA. - -^ » ' 85 

decían Adán y Eva ; cómo lol hermano, nuestro gran 

emperador, itoliéiidoso du lafierdicion du las ánimas, 
que son muchas las qiM aquellos sus Ídolos llevan al 
iuherno, duiule arden en vivas llamas, nos envió p:tra 
qxift esto que ha nido lo renieilie, y no aJorcfl aquello» 
iiiolos ni les sacriliqíien mas iinlios ni indias ; y pues 
todos somos hermanos , no c>in<iienlan sodomías ni ro~ 
l>os; y mas lo dijo, que el tiempo andanito enviaríu 
nuestro rey y señur unos hombrea que enlre nosotros 
viven muy santamente, mejores que nosotros, para qun 
fíelo den á entender; porque al présenle no veníamos 
á mas (te se lo notificar ; é asi, se lo pide por jiiercL'd 
que lo haga y cumpla. E porque pareció que el Monte- 
zuma quería responder, cesó Cortés la plática. E dijo- 
nos Curte sá todos nosotros que con él fuimos; uCon esto 
cumplimos, por ser el prímer loque ;n y ei Monleíuma 
respondió : «Señor Muliiiche, mu j Lien entendido tengo 
vuestras pláticas y razonamientos antes de agora , que 
ú mis criados sobre vuestro Dios les dijístes en el are- 
nal , y eso de la cruz y todas las cosas que en bs pueblos 
por donde habéis venido habéis predica tío, no os hemot 
respondido á cosa ninguna dellas porque desde ab-ini- 
cio acá adoramos nuestros dioses y los tenemos por 
buenos , é asi deben ser los vuestros , é uo curéis mas al 
presente do nos hablar dellos; y en estode la creación 
del mundo, así lo tenemos nosotros creido muchos tiem- 
pos pasados ; 6 ú esla causa tenemos por ciarlo que 
sois losqtie nuestros antecesores nosdijeraa que verían 
de adonde sale el sol , é ú ese vue.stro (;ran rey yo la 
soy on cargo y le daré da lo que tuviere ; porque, unmo 
iliclio tengo otra voí, bien há dos años tengo noticia de 
capitanes que vinieron con navios por donde vo-^otros 
venistes, y decian que eran criados ilcse vuestro gran 
rey. Querría sabersi sois todos unos;» u Cortés le dijo' 
que sf , que todos éramos criados de nuestro empera- 
dor, é que aquellas vhiieron á ver el camino é mares 
é puertos para lo saber muy bien, y venir nosotros co- 
mo veníamos ; y decíalo el Mootezuma por lo de Fran- 
cisco Fernandez de Córdoba é Crijalva, cuando venimos 
& descubrir la primera vez ; y dijo que desda eotonccf 
tuvo pensamiento de ver alí.'iiiiosde nquellos hombre» 
que venían, para tener en sus reinóse ciudades, para 
les honrar; é pues que sus dioses la habían cumplido 
sus buenos deseos , é ya estábamos en stis casas , las 
cuales se pueden llamar nuestras , que holgásemos y 
tuviésemos descanso; que allí seríamoü servidos, é que 
si algunas veces nos enviaba á decir que no entrásemos 
en su ciudad , que no era de sn voluntad , sino porque 
sus vasallos tenían temor, que les decían que echá- 
bamos rayoso relámpagos, é con los caballos malüba- 
mos muchos indios, é quo éramos teules bravos, é 
otras cosas de niñerías. E que agora, que lia visto nnes- 
tras personas, 6 que somos de hueso y de carne y da 
mucha razón , ó sabe que somos muy esforxados, por 
estas causas nos tiene en mas estima que lo hiibian 
dicho , é que nos daría de lo que tuviese. E Cortés é 
todos nosotros respondimos quo se lo teníamos en 
grnaite merced tan sobrada voluntad ; y luego el Moo~ 
leiumadíjo riendo, porque en todo era muy reg«icija- 
do en su hablar de gran seüor ; oMatínclie , bien í¿ que 
e Tlascala , con quien ta uta amistad 



que se te han dicho esos de 



aT' DERNAL DÍAZ 

liabeis lomado , que yo qunsoy como dios 6 leule , que 
i cuanto hay en mis caíns es todo oro é piala y fiiedmi 
' ricas; bion tenf^o conocido que como sois entendidos, 
' que liólo creiadcs y lo tenlades por burla; lo que aliora, 
, twfior Malinche, veis : mi cuerpo de hueso y de carne 
como los vuestros , mis casas y palacios de piedra y ma- 
I dera y cal ; de ser yo gran rey , si soy , y tener riquezas 
¡de mis antecesurcs, si lenizo; mas no las locuras y men- 
tiras que de mí os lian dicho ; así que también lo tenéis 
I por burla , como yo tengo lo de vuestros truenos y re- 
fjifflpagos. E Cortés k ru^poruiiú también riendo, y dijo 
[que loscootrariiisenomigiis siempre dicen cosas matas 
ésin verdad de los que quieren mal , é que bien lia cu- 
nocido qLie en estos parles otro señor mas tnaguilico 
I no le espiifa ver , é que no siu causa es tan nonibradu 
delante de nuestro cnijierador. lí eritaridoen estas ptú- 
' licas muiidí) secreUuneute Moutezuma á un gmn caci- 
I que , sobrino suyo , de los que estuban en su compañía, 
I que mandase &. sus m^tyordomos que trujesea ciertas 
'piezas de oro, que parece ser debieran estar apartadas 
1 pira dar á Cortés disz cargas de ropa fina ; lo cual re- 
: ]>nrUú, ei oro y monUis cutre Cortés y los cuiíirocapita- 
> ues, é á nosotros los sivlilados nos dio á cada uno das 
collares de oro, que valdria caria collar diez pesos, é 
doscur^sde maulas. Valia todo el oro que entonces 
éió sobre mil pesos, y oslo dalia con una alegría y sem- 
blante de grande é valeroso señor ; y porque pasaba la 
I Ihux mas de mediodía, y por no le ser mas importuno, 
I te dijo Cortés: «El señor Montoíuma siempre tiene por 
costumbre de echamos un car;!o sobre otro, en hacer- 
nos cada dia mcrcctles; ya es hora que vuestra majestad 
coma ;n y ei Muntezunm dijo que antes por haberle ido 
á visitar le hicimos merced ; é »si , nos <le#pedimos con 
' grandes cortesías del y nos fuimos tí nuestros aposeii- 
I tos, é íbamos platicando de la buena manera é crianza 
[ que en todo tenia , é que nosotros en todo le tuviésemos 
I nucbo acato, é con las gorras de armas colchadas qui- 
tadas cuando delante dól pasásemos; é así lo hacia- 
tnos. E dejémosiü aquí , é pasemos adeíaute. 

CAPITULO XCI. 

Ot Ja RMncn í perioai del gran MontetaEía , t de cuiíi gmt 
Itítor art. 

Seria el gran Montezumade edad de hasta cuarenta 
Laoos, y de buena estatura y bien proporcionado, ú 
' cenceño é pocas carnes, y la color no muy moreno, sino 
f propia color y matiz de indio , y traia los cabellos no 
[>|iuy largos, sino cuanto lo cubrían las orejas, épocas 
I ^rhas, prietas y bien puestas é ralas, y el rastro algo 
I Jargo é alegre, é los ojos de buena manera, é mostraba 
^en su persona en el mirar por un cubo amor, é cuando 
) «ra menester pravedad. Era muy pulido y hmpio, ha- 
lüábasecada dia una veza la tarde; tenia muclias mu~ 
neres por amigas, é hijas de señores, puesto «juc tenía 
(dos grandes cacicas por sus legítimas mujeres , que 
Lcuandu usaba con ellas era tan secretamente, que no 
[ lo alcanzaban ú. saber sino alguno de los que le servían; 
' era muy limpio de sodomías; las mantas y ropas que se 
. ponía cada un dia, no se las ponía sino desde & cuatro 
i días. Tenia sobre duciciUos principales de su guarda en 
L«Uis salas junto á k suya, y estos no paraque hablasen 



en al 1 



DEL CASTILLO, 
lodos con él, sino cual d cual; y cuando le iban á hablar 
se habían de quihir las mantas ricas y ponerse otras de 
poca valía, mas habían de ser limpies, y habian de en- 
trar descalzos y los ojos bajos puestos en tierra , y ao 
rairalle á la cara , y con tres reverencias que le haciao 
primero que d él llegasen, é lo decian en ellas: «Señor, 
mi señor, gran señor ;i) y cuando le daban relación ito 
que iban, con pocas palabras los despachaba; sin lefio- 
tar el rostro al despedirse del , sino la cüra é ojos bajos 
en tierra húcia donde estaba , é no vueltas las espaldas 
hasta que salían de la sala. E otra cosa vi, que cuando 
otros grandes señores venían de lejas tierras á pleitos & 
negocios , cuando llegaban & los aposentos del gru 
Houtezunia habíanse de descalzar é venir con pobres 
mantas, y no habian de entrar derecho en los pala' 
sino rodear un poco por el lado de !a puerta de pal 
que entrar de rota batida teníanlo por descaro; en 
comer le tenían sus cocineros sobre treinta maneras de 
guisados hechos á su modo y usanza; leoianlos puestos 
en braseros de barro, chicos debajo , porque no se en< 
Triasen. E de aquello que el gran Monlezuma iiahia de 
comer guisaban mas de trecientos platos, sin mas de 
mil para la gente de guarda; y cuando había de comer, 
salíase el Honlezuma algunas veces con sus principales 
y mayordomos, y le señalaban cuál guisado era mejoré 
de qué aves é cosas estaba guisado, y de tu que le de- 
cian, de aquello había de comer, é cuando salía alo ver 
eran pocas veces; é como por pasatiempo, oí decir que 
le soliau guisar carnes de muchachos de pnca edad; j 
como tenia tantas diversidades de guisados y de tantai 
cosas, no lo echábamos de ver si era de carne huma» 
y de otras cosas, porque cotídiiinamente le guiSflbiD 
gidlinas , gallos de papada, faisanes , perdices de la 
tierra, codornices, patos mansos y bravos, venado, 
puerco de la tierra , pajaritos de cañii y palomas y lie- 
bres y conejos, y muchas maneras de ovesé cosas délos 
que se crian en estas tierras, que son tantas, que no lis 
acabaré de nombrar tan presto; y así, no miramcksen 
ello. Loque yo sé es, que desque nueslro capitán le re- 
prendió el sacrilicio y comer de carne humana, que 
desde entonces manduque no le guisasen tal manjar. 
Dejemos de hablar en esto, y volvamos ala manera que 
tenia en su servicio ol tiempo de comer, y es desla ma- 
nera: que si hacia frió teníanle hecha mucha lumbre 
de ascuas de uua leña de cortezas de írlioles que no 
liacian humo , el otor de las cortezas de que liaciaa 
aquellas ascuas muy oloroso; y porque no le diesen mas 
calor de lo que él quena , ponían delante una como ta- 
bla labrada con oro y otras figuras de Ídolos, y él sen- 
tado en un a sentadero bajo, ríco é blando, éla mesa 
tuuibjen hoja , hecha de la ndsma manera de los aseo- 
taderus, é allí le ponían sus manteles de mantas blaiH 
cas y unos pañizuelos algo largos de lo mismo, y cuatro 
mujeres muy hermosas y limpias le daban aguamanos 
en unos como á manera de aguamaniles hondos, que 
Human sicales, y le ponían debajo para recoger el agua 
otros á manera de platos, y le daban sus toallas, é olrss 
dos mujeres le traían el pan de tortillas; é ya que co- 
menzaba d comer, echúbanle delante una como puerta 
de madera muy pintaila de oro, porque no le viesen CÍH 
mer;y estaban apartadas las cuatro mujeres oparte. 



^ 



COKQ! ISTA DE 
■BTmI* poniíQ i (US lados emita f¡r.miW<i si-mrta 
j de dtd, tn ;>!<:, con qtiíoii el MuiitM^iiiiia du 
•Bíoaititoptuticoki ú [lO'KU'ili''»» «-nsus, y por 
li '3 á cniluuiiuik'stiis vú'jos un [iluto de 

qov , L-ilerian que uquctius viejos ernn SUS 

io* luuy cercanus, B ccnsfjeros y jiiects de pleitos, 
ctpblo r niunprijue lesdiihu el Muiilei:tima comían 
i y con iniirlio aeuln, y tado«ÍD tnirulle i la cara, 
ase eoD barro de C lio lo la , uno colorado y otro 
.grieto. Hierilms que rnmin, ni por f i'iisamiento liabiaii 
ik ftncer alborota ni hablar alto lus de m guarda, que 
rttalnoen la^sahiS cert'a il*^ la del Mouteztiina. Truiun- 
ItCruLas Je loda-icuatitii» h:ibia en la tierra, mas no 
noia úuo muy piicu , y du cutunto ^n mando traían 
■noopK» cop&s de oro íino. con ctertu bebida beclia 
itSuüama cacuo, que dci:i>in era para tener acr^eso con 
inüjTes; y endmces nomirálianiosenello; maeloque 
)ú «i, que traían sobrí; dncuenlu jarros grandes lieclios 
áe bu«a cacao con su espuma , y de lo que bebía; y las 
■marM le ter?ian al beber con gran acato, y algunas 
L noat •! tiempo det comer esluban unos mdíu&cütco- 
^Mdoc, muy r<eoí, porque cnn chicos de cuerpo y que- 
Vwidos por tncdio los cuiírpos, que entre ellos cían 
[ <fcoo>ff ef o s ; otros indios que (ichinn de ser trubanes, 
qaeledeciingracías,é oirosque lecaniabanybaitjjban, 
p^n^e el Montezuma era muy aíicinuudo A placeres 
cantares . é á aquellos mantl<iha dar tos relieves y jar- 
da! cacao; ; las miomas cuatro mujeres alzaban los 
s y k tornaban ú dur agua á manos , y con mu- 
acato que le liacian ; é Nublaba Monle'íuma á aquft- 
CMtro prineipnle;. viejos en cosas que le convenían, 
'despedian dél con gran acato que le tenían , y ét 
foadiiba reposando ; y cuando el grao Montezuma 
eooiido, luego coniiau todos los de su guarda é 
machos de sus senriciales de casa , y me [larece 
tacatwa sobre mil platos de aquellos manjares que 
icliu tengo: pues jarros de cacao con su espuma, co- 
artre mejicanos se bace, mas de dos mil, y truta in- 
para sus mujert's y criadas, é panaderas é 
toleras era gran costa la que tenia. Dejemos de 
T de la costa y comida de su casa , y digamos de 
yordomos y tesoreros , é despensas y botillería, y 
Im que tenían cargo de las casas adoude tenian el 
\z, digo que habia tanto que escribir, cada cosa por 
, que yo do sé por donde comenzar , sino que es tába- 
no» admirados del gran concierto é abasto que en todo 
kabia. V aias digo , que se me había olvidado , que es 
Uftú dt tomttlo i recitar , y es , que te servían al Mon- 
taiOiM MUado ala mesa cuando comía, comodíclio 
(■fB, Oina dos mujeres muy ograciudas ; liacian torti- 
teaaaiidas coo huevos y otras cosas sustanciosas, y 
afW ha lortillas muy blancas, y traiansetas en unos pía- 
los cobijado* con sus paños limpios, y también le traian 
0tra aaDera de peo que son como bollos largos , he- 
y amasados con otra manera de cusas sustancia- 
y pan pachol, que en esta tierra así s« dice, que es á 
de UU4S ubieas. También te ponían en la mesa 
muy piolados y dorados, y dentro traían li- 
revuelto con unas yerbas que se dice tabaco, 
yCMBdoacatwba de comer, üuspuéi que le h;ibiun c^in- 
Md»; Mlad«, y aluda ia mesa, tomaba ol humo de uno 



.NtEVA-ESPA^A. 



n 



I tle aquel los ennutos, y muy poco, y COR ellose dormli. 

( Pojemos yndeiiecirdel servicio de su mesa, y volvamos 
ú nuestra relación. Acuérdxmequeera enaqucl tiempo 
su mayordomo mayor un gran cacique que le pusimoa 
por nombre Tapia, y tenia cuenta diituJiisIasreuiasqua 
le Iruianol Miiuteüuina, con sus libros beebos de su pa- 
pel, que se dico amatl , y tenia destos libros una gran 
casa dellns. Dejemos de hablar de los libros y cuentas, 
pues va fuera de nuestra relación , y digamos cómo te- 
nía Miiutezuma «tos casos llenas de todo género de ar- 
mas, y muchas de ellas ricas con oro y pedrería , como 
eran rodelas grandes y chicas, y unas como macanas, y 
otras á manera de espadas de á dos in3rios,engost;idafi 
en ellas unas navajas de pedernal , que corlulian muy 
mejor que nuestras espadas, é otras lanzas mus larga» 
que no las nuestras, con una braza de cucliíl las, y engas- 
tadas en ellas muchasnavajas, que aunque déu con ellas 
en un broquel ó rodela no saltan, é cortan en fin como 
navajas , que 80 rapan con ellas las cabezas; y tenían 
muy bnvnosarcos y Qechas, y varas de í dos gajos, y oirás 
de á uno con sus tiraderas , y muchas hondos y piedras 
rollizas hechas i mauo, y unos como paveces, que son 
üe arte que los puedeu arrollar arriba cuando no pelean 
putqua no les estorbe, y al tiempo del pelear, cuandosoit 
menester, los dejan cuer, é quedan cubiertos sus cuer- 
pos de arrilKi abujo. También tenían muchas armas da 
olgodon colchadasy ricamente labradas por defuera, da 
plumas de muchas colores á manera de dividas é inveo- 
ciones.y tenían otroscumocapacetesycascosdcjnadera 
y de hueso, también muy labrados de plumspor deluers, 
j tcninu otras armas de otras hechuras, que por eicu- 
sar prolijidad tus dejo de decir. Y sus oftciales, que siem- 
pre labraban y entendían cu ello, y mayordomos que 
tenían cargo de las casas de amias. IJcjemos esto, y va- 
mos i la casa de aves, y por fuerza me he de deteuer 
en contar cada género de qué cahdad eran. Dígo qua 
desde águilas reales y otras águilas mas cliieas, é otras 
muchas maneras de aves de grandes cuerpos, Itaslü pa- 
jaritos muy chicos , pintados de diversos colores. Tam- 
Liíeo doude liaceo aquellos ríeos plumajes que labran 
de plumas verdes , y las aves destas plumas es el cuerpo 
deltas i manera de tas picaitas que hay eo nuestra bs- 
paüa ; Ilámanse eii esla tierra quezales ; y otros pájaros 
que tienen la pluma de cinco colores, que es verde, co> 
lorado, blanco, amarillo y azul; estos no sé cúroo se 
llaman. Pues papagayos de otras diferenciadas colores 
tenia tantos, que no se me acuerda los nombres dcltus. 
Dejamos patos de bueoa pluma y otros muyores qua 
les querían parecer, y de todas estas aves pelábanles 
las plumas en tiempos que para eilo era convenible , y 
tornaban á pelechar; y todas las mas aves que dicho 
tengo, criaban en aquella casa, y al tiempo del encoclar 
lenian cargo de les echar sus huevos ciertos indios é 
indias que miraban por todas las aves, é de limpiarles 
sus nidos y darles de comer , y esto á cada género é ra- 
lea de aves lo que era su mantenimiento. Y en aquella 
casa había un estanque grande de agua dulce, y tenía 
en él otra manera de aves muy altas de zancas y colora- 
do todo et cuerpo y alus y cola; no sé el nombre dellas, 
tnus en la isla do Cuba las llamaban ípiris ¡í otras como 
ellas. Y también en equet c^ttouque liabia otra» latsaa 



fu "TX TT 6ERNAL DlW 

de aves que siempre eslabftu en el aguo. Dejemos eslo, 
jvitmosáotra graneaía donde lemán muclios ídolos, 

l'y dccinji que eran sus dioses bravos, y con ellos muclioa 
géneros de animales, de tigres y leones de dos mane- 

rnu; tinos que son de trecliura de lobns, (jue en esta 
tierra se lliiman ad i ves, y rorros y oirás alimañas c bitas; 
y lodas estas carniceras se las mantenían con carne , y 
hs mas deltas criaban en aquella casa, y les daban de 
CoHicr ?enailns, pllinas, perrillos y otros cosas que 
ca2al)an , y auu oi decir que cuerpos de indios de los 

* '^ue sacrificaban. Y es desLu manera que ya me babnín 
oido decir: qu|! cuando sacriliciiband ut^un triste indio, 
que le aserraban con nnos iiavajones de pedernal por 
ios pecbos, y bullendo le sacaban el coraron y sangre, 

1 7 lo presen liiban á sus ¡dolos, en cuyo nombre hacían 
íquel sacrificio; y luego les corlaban los muslos y bra- 
los y la cabeza, y aquello comían en lieslas y banque- 
tes ; y la cábela colgaban de unas vigas, y el cuerpo 
del indio sacrilícado no llegaban á él para le comer, sino 

I dábanlo á aquellos bravos animales; pues mas tenían 

• en aquella maldtla casa inucbus vllioras y culebros 
«mponzoñadas, que Iraeu en las colas unos que suenan 
como cascabeles; eslas son las peores víboras que liay 

idetodis, y teníanlas en cunas, tinajas y en cánlaros 
I gran lies, y en ellos mucba pluma, y allí tenían sus Ime- 
l^os y criaban sus viboreznos, y les da han d comer de los 
I fcuerpos de Jos indios que sacrilicaban y otras carnes 
[ de perros de los que ellos solían criar. Y auu tuvimos 
' isor cierto que cuando iTos cebaron de Méjico y nos ma- 
I tirón sobre ocboeíenlos y cincuenta de nuestros solda- 
dos é de los de iNarvaez, que de los muertos manluvíe- 
I ron nmcbos diasii aquellas fuertes alimañas y culebras, 
' fcegun diré en su liempo y sazón; y aquestas culebras 
[7 bestias. tenían ofrceidasd aquellos sus ídolos bravos 
para quo estnvie'en en su compañía. Digamos ahora 
I tas cosas ínrcniales que bacian cuando bramaban los 
41gres y leones y aullaban los adives y zorros y silba- 
■ ban las sierpes* era grima oírlo, y parecía infierim. Pa- 
^tenms adelenle, y digamos de los grandes olicialcsque 
I tenia de cada género de oiicioque entre ellos se usaba; 
[ y eonnuicomos por los lapidarios y plateros de oro y 
t Tlata y lodo vaciadizo, que en nuestra EspaFia los graii- 
Vtles pisteros tienen que mirar en ello; y destos lenia 
I tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapu- 
|«alco, una legua de Míjico; pues labrar piedras finas y 
' «balcbibuis, quo son como esmeraldas, otros mudioj 
grandes ntacsiros. Vamos adelante á los grandes olicia- 
^4es de afentar de pluma y pintores j entalludores muv 
íUbli mudos , que por lo que abora liemos \¡stü la obra 
' <juo bacen, leraímos consideración en lo que entonces 
labraban; que tres indios liay en la ciudad de Méjico, 
liiD primos en su olicio de entalladores y pintores, que 
íe dicen Marcos do Aquino y Juan de la Cruz y el Cres- 
' pillo, que sí fueran en tiempo de aquel anticuo é aTti- 
Ifuado Apeles, y de Miguel Ángel ó Berruguele, que 
I *3n do nuestros tiampos, leS pusieran eu el número de- 
ytíos. Pasemos adelante , y vamos ú las indias de tejede- 
Tws y labranderas, que le bacian lanía multitud de ropo 
I Jiña con muy grandes Inbures de plumas; y de donde 
*ias coüdianamente le traían, eru de unos pueblos y 
froviucMi ^ue está en Ja costa del Durte de cabe la Ven- 



DÉt. CASTILLO. 
Crui, que la decían Costacan, muy cerca de San Jota 
de Ulúa, donde desembarcamos cuando veníamos con 
Cortés; y en su casa del mismo Montoiuma lodas las 
bijas de señores que tenia por amigas, siempre le 
cosas muy primas, é oirás muclias hijas de mejic 
vecinos, quu estaban como á manera de recogimientií, 
que querían parecer mmijiLS, también tejían, y tododn 
pluma. Estas monjas (enian sus casas cerca del gran 
cu del Huicliilóbos, y por devoción suya y de otro idolu 
de mujer, quededan que era su abogada pare casamfen- 
los, lus mctian sus padres rn aquella religión hasta qua 
se casaban, y de alli las sacaban para las casar. Posemos 
adelante, y digamos de la gran cantidad de bailadoreí 
que tenia el gran Monlezuma, y danzadores é olm 
que Iraeu un palo con los pies, y de otros que nielan 
cuando b:iilan por alto, y de otros que parecen como 
malacbíncs,y estos eran para dalle placer. Digo que 
tenia un barrio destos que no entendían en otra cosa. 
Pasemos adelante, y digumos de los oííciales que tenia 
de canteros é albaíiiles , carpinteros, que lodos euten- 
diau en las obras de sus casas, También digo que tenía 
laníos cuantos quería. i\o olvidemos lus huertas de flo'- 
res y árboles olorosos, y do muchos géneros que dellos 
tenia, y el concierto y pasaderos dellas, y desusalber- 
cas, estanques de agua dulce, cómo viene una agua por 
un cabo y va por oU-o , é de los baños que dentro tenia, 
y de la diversidad de pajaritos chicos que en los árboles 
triaban; y qué de yerbas medicinales y d« provecho que 
en ellas tenia, era cusa de ver; y para lodo es lo muchos 
liorteíanos, y iodo labrado de cantería, asi baños como 
paseaderos y otros retretes y apartamientos, como rt- 
uadcros , y también adunde bailaban é cantaban ; 6 ha- 
bía lanío que mirar en esto de tas huertas como en todo 
lo demás, que no nos hartábamos do ver su gran poder. 
E asi por el cDnsigutonic tenia maestros de todos cuan- 
tos olicios entre ellos se usaban, y de todos gran canti- 
dad. Y porque yo estoy harto de escribir sobre esta 
molería, y mas Jo estarán los letores , lo dejaré de de- 
cir, y diré cún;o fué nuestro capitán Cortés con muchos 
de nuestros citpilancs y soldados d ver el Tatelulco, 
que es la gran ptuxade Méjico, y subimos en el alto cu, 
donde estaban sus ídolos Te/catepuca , y su Huichiló- 
bos; y esta Fuá la primera vez que nuestro capitán salió 
ú verla ciudud de Méjico , y lo que en ello pasó. 



capítulo xcil 



M 



Cütod nupílrn opilan salM i Vír la f Injíd it Mijito j el TíIp- 
lulco, nae n la ptiiu auvnr, 7 el guii cu üe su Hulchllábti, 
; lo que iii>i:> pasú. 

Como biibía ya cuatro dtiis (jue esiilhamos en Méjico, 
yno salía el cu [litan iii ninguno de nosotros do los apo- 
sentos , ejceplus ú las casas y biierlas, nos dijo Cortés 
que seria bien ir á bi plaza Mayor ú vur el gruit odora- 
lorio de su Jluichilúbos, y quo quería envialle ú decir 
al gran Monte ^uma que lo tuviese por Lien ; y para ello 
envié por mensajero á Jerúiiimo de Aguílur y á doña 
Marina ,é con ellos á un pajecillo de nuestro capitán, 
que entendía ya algo de la lengua , que sí decia Orte- 
guilla ; y el Monlcíuma, como lo supo, envié & decir 
que ritésemus mucho en buen hora, y por otro parle 
temió no lo fuégeinos á hacer algún desbooor ¿ sus 



CONQLISTA DE 
I, yicorúft lie i> él en persona con muctios áe%m 
■les, 7 en tm ricas RniJti'; ^alid de sus palBCÍos 
ita mitad del camino , y cubo tmos odoraloríos se 
f ltt« andas, porf] ue tenia por eran deshonor de sus 
iliM ir hasta su casué adorstorío de aquella matiem, 
} DO ir 4 pit* , T Mnv-iiliiinli! de lirazo grandes principtiles, 
éibandclanie del Montuzíima señores de vasallos, 7 lie- 
nbanilos baslunes cnmo retros alzados en alto, que 
en wñ ' I nltl el pran Montcsnimü ; y cuondoiba 

tnli«- !ia una varita, la media de oro y me- 

ilm á» fuk) , levaniada como vara de justicia ; y así se 
htl**ihiú en su grm cu, acompnoailo de muchos pa- 
fn,j rompn7.1V ú zahumar y hacer otras ceremonias al 
Bnclútóbos. Dejamos ol Monlcitima, que ya habla ido 
■Manta, como dicho tengo, y vulratnos li Cortés y á 
■nstres capitanes y soldados , como &icinpre teníamos 
^costumbre de noche y de día estar armados , y usi 
ii - ' . ' r el Montezuins , y cuando lo Íbamos & vlt 

ii , Di por cosa nuevu. Digo esto porque i ca- 

iBUt^stro c^ipitaa, con todos los mas que tenían ca- 
^ y la mas parte de nnestros soldados , muy aper- 
ctbidos faitnos al tiitelulco , 6 iban muchos caciques 
IMontezuma enviú para que nos acompañasen; y 
ntagatnos á la gran plaza , que se dice el Tate- 
orno no hablamos visto tal cosa, quedainos ad- 
)do la multitud de gente y mercaderías que en 
bia y del pran concierto y regimiento qae en todo 
mian ; y Jos principales que iban coa nosotros nos lo 
llui moslniíido : caila gHiero ele mercaderías estaban 
pirii,y leiiian situados y seüa lados suí asicnlot. Co- 
mneoatú* por los mercaderes de oro y piala y picdros 
rieas, y pinmas j mantas y cosas labradas, y olma 
mrcaderf as , esclavos y enclavas ; digo que traían tan- 
tMÉ Tender i ai|uell» (;ran piara como traen los porlu- 
gMMS los negros de Guinea, é traíanlos atados en unas 
«■na Itrgas, coa collares á los pescuezos porque no se 
kl bay«aen,y otros dejaban sueltos. Luego estaban 
•Ina mercaderes que vendían ropa mas basta , é algo- 
rito, é otras cosas de hilo torcido, y cacahuateros que 
indiao cacao; y destn manera estaitan cuantos f^énc- 
TBideniercaderias hay en toda la Nucva-Ksparia , puesto 
i/atptlf su concierto, de la manera que hay en nii tier- 
Tt, qoe as Medina del Campo , donde íe facen las ferias, 
«pM «n cada calle están sus mercaderías por sí , nsl a- 
llteB en cfla gran plaza ; y los que vendían mantas de 
M^ma y sogus , y cotaras , que son los zapatos que 
an, y hacen de nequen y de las raíces del mismo ír- 
ay dulces cof jilas, y otras larra buste rías que sa- 
ini<mo irtml ; todo estaba & una parlo de la 
I ea su luRor stiñalado ; y cueros de tigres , de leo- 
de nutrias, y de adivus y de venados y do otras 
úuM, é tejones é gatos manteses, de I los adobados 
I *in aduliar. Estaban m otra parte otros (jéoeros 
I é mercaderías. Pasemos adelante, y digamos 
qoa féndian /rísotes y chía y otras legumbres 
f , é otra parle. Vamos & los que vendían gallinas, 
I de papada , conejos , liebres , venados y inado- 
(WTillut y otras cosas deste arte, á su parte de la 
Diurnos de las fruteras , de las que vendían 
leocklas , mazamorreras y malcocinado , tamhien 
I parte; ptiesto lodo género de lou hcclja de mil 




NUEVA-ESPAÍíA. — fí 

maneras , desde tinajas grandes y jarritlos chicos, que 
estaban por si uparte ; y tambífen los que vendían miel 
y melcochas y otras golosinas que hacían, como nué- 
gados. Pues los que vendían madera , tablas , cunas 
viejas é tajos 6 bancos , todo por sí. Vamos á los qua 
vendiiiij leña, ocote 6 otras cosas desta manera. ¿Qué 
quieren mas que diga? Que hablando con acato, Uim- 
bien vendían canoas llenas de hienda de hombres, quo 
tenían en los esteros cerca de la plaza , y esto era para 
hacer 6 para curtir cueros , que sio ella decían que 
no se hacían buenos. Sien tengo entendido que al- 
gunos se reirán desto; pues digo que es asi ; y mas 
digo, que teninn por costumlire que en todns los cami- 
nos que tenían hechos de canas 6 paja 6 yerbas porque 
no los viesen los que pasasen por ellos, y allí se metían 
si tenion gnnos de purgar los vientres porque no sa les 
perdiese aquella suciedad. ¿Para qué gasto ya tantas 
palabras de lo que vcndiau en aqnellu gran plaza? Por- 
que es para no acabarían presto de contar por menudo 
todas las cosas, sino que papel, que en esta tierra lla- 
man amatl, y unos caíiutns de olores con líqujdámbur, 
llenos detohaco, y otros ungüentos amarillos, y cosa 
rie!.(e arte vendían pnrsí;é vendían mucha grana de- 
bajo de los portales que estaban en aquella gran plaza; 6 
liabia muchos hcrholarioi y mercaderías de otra mane- 
ra; y tenían allí sus casas , donde juzgaban tres jueces y 
olms como alguaciles ejecutores que mírohaa las mer- 
caderías. Olvidúdoseme había la sal y los que hacñm 
navajas de pedernal, y de cómo tas sacaban de la misma 
piedra. Pues pescaderas y otros que vi'odian unos pa- 
necillos que hacen de una cumo lama que cogen de 
oiuellagran laguna, quts se cuaja y hacen panes dcUn, 
que tienen un sabor d manera de queso; y vendion ha- 
chas do latón y cobre y estaño, y jicaras, y unos jar- 
ros muy piulados, de madera hechos. Ya querría ha- 
ber acaba rio de decir todas las cosas que allí se vendían, 
pnrqno eran tantas y de tan diverpas calidades, que para 
que lo acabí ramos de ver é ¡¡iquírir era necesario mas 
espacio ; que, como la gran plaza estaba llena de tanta 
gen le y toda cercada de portilles, que en un día no se 
pntliavtT todo; y fuimos al gran cu, é ya que íbamos 
cerca de sus grandes patíos , é antes de salir de la mis- 
ma plaza estaban otros muchos mercaderes, quescgun 
dijeron, era que tenían ti vender oro en granos como 
lo sacan de las minas, metido el oro en unos cañutillüs 
delgados de los de ansarones de la tierra , é así blancos 
porque se pareciese el oro por defuera, y pnr el Largor 
y gordor de los cañutiltos tenían entre ellos su cuenta 
qtié tantas mantas 6 qué jíquipiles de cacao valia, d 
qué esclavos, d otra cualquier cosa í. que lo trocaban ; 
é asi, dejamos la gran plaza sin mas la ver, y lle¡í;ainoi 
& los grandes palios y cercas donde estaba el grau cu, 
y tenia antes de llegar ií ¿I un gran circuito de piitios, 
que me parece que eran mayores que la plaza que hay 
en Salamanca , y con dos cercas alrededor de cal y can- 
to , y el mismo patio y sitio tmlo cmp«drodo de piedras 
grandes de losas blancas y muy lisas , y adonde no ha- 
bía de aquellas piedras, estaba encalado y bruñido, y 
todo muy limpio , que oo hallaran una paja ni p<dvo en 
trtdo él. Y cuando llegamos cerca del gran cu, antes 
que subiésemos ningima grada del, envió el grau Mon- 



BERNAL DÍAZ 

tcEUtno désds arriba, donde estaba liacieodo Bacrí&cios, 
tea papiís y dos principóles para que acompañasea i 
nueslro capitán Corl¿i , y al íubir de hs grailas, qua 
eran ciento y catorce , le iban ñ. tomar da los bruzos 
para le ayuílar á subir, creyendo que se catisaria , como 
•yudubun á subir 6 su Süiiur Moiilczuma , y Cortés oo 
•quiso que llegu^eti &é\; y como subiinris á lo alto del 
gran cu, en una placeta que arriba se bueia, adonde 
léniaa un esjtecio como andaniios, y en ellos puestas 
unas grandes piedras adonde ponían los tristes indios 
para sacnflcar , atli habia un gran bulto como de drugou 
é otras malas liguras, y muclta sangre derramada de 
aqut^l dia. B asi como ¡legamos, saiíóel gran Montezu~ 
pía de un sdoratorto donde estaban sus malditos ídolos, 

' que era en Ío alto del gran cu, y «¡Qieron con él dos 
jpapas, y con muclio acato que liicieron á Corlase á to- 
llos nosotros le dijo: « Causado estaréis, señorMulincliA, 
de subir ú este nuestro gran templo. » ¥ Cortés le dijo 
con nuestras lenguas, que iban con nosotros, que él ni 
nosotros no nos cunsúbanios en cosa ninguna ; y luego 
le lomú par la mano y le dijo que mirase su gianciudud 
3 todas las mas ciudades que liabia dentro en el agun.é 

* «tros m ucbos pueblos en tierra al rededor de la misma la* 
(tuna ; y que si no babia visto bien su gran plaza , que 
cicsde alli la podría ver muy mejor ^ y así lo estuvimos mi- 
lando, porque aquel grande y maldito templo estaba tan 
nlto,quetodo lo señoreaba; y deallí vimos las trescalza- 
das que entrañen Méjico, que &s la de Iztapalapa, que 
íué por la que entramos cuatro días liabia ; y la de Ta- 
cuba , que fué por donde después de alii á ocho meses 
folimos huyendo la noche de nuestro gran desbarate, 
cuando Cuedlauaca, nuevo señor, nosecliú de la ciudad, 
como adelante diremos; y la de Tcpoaquilla ; y víamos el 
agua dulce que venia deCbapuItepeqne, de que se pro- 
veía la ciudad ; y en aquellas tres calzadas las puentes 

, que tenían beclios de trecho d trecho, perdonde entraba 

' 7 salía el agua de la laguna de una parte á otra ; é via- 

IDOS eu aquella gran laguna tanta mullilud de canoas, 

unas que venían con bastimentos é otras que venian cou 

cargas é mercaderías; y viamosque cada casa de aquella 

l/^iaa ciudad y de todas las demás ciudades que estaLnn 

, pobladas eu el agua, de casa a casa no se pasaba sino 

' -por unas puentes levadiíus que tenían hechas de m«- 
(ieraó en canoas; y víamos en aquellas ciudades cues 

' é adoratoríosá mañero de torres é fortalezas, y todas 
blanqueando , que era cosa de admiración , y las casas 
de Bzuteas, y en las calzadas oirás torrecillas á adoratu- 
rios que eran como fortalezas, Y después de bien mi- 
rado y considerado lodo lo que habíamos visto, torna- 
mos ú ver la gran plaza y la multitud de gente que en 
ella babia , unos comprando y otros vendiendo, que so- 
lamente el rumor y el zumbido de las voces y palabras 
que allí había , sonaba mas que de una legua ¡ y cu t re 

■ nosotros hubo soldados que liubian estado en muchas 

■ jiaf tes del mundo , y en Constantinopla yen toda Ita- 
'lia y Roma, y dijeron que plaza tan hien compasada y 

con tanto concíerio, y tamaña y llena de tanta gente, 
lio la habían visto. Dejemos esto, y volvamos 4 nuestro 
capitán, que dijo á fray tiarlolomé de Olmedo, ya o tras 
yecos por mí nonibradu.que allí se halló: «Paree eme, se- 
ñor padre, que será bien que demos un Lieulu i Monte- 



DEL CASTILLO. 

zuma sobre que nos deje Iiaceraqoí nuestra iglesia; j 
el padre dijo que seria bien si aprovechase, mas que ló 
parecía que no era cosa conveniWe hablaren tal tiempo, 
que no víuul Monteznma de arte que en tal cosa con- 
cediese ; y luego nuestro Cortes dijo at Monlezuraa, con 
doña Marina, la lengua: «Muy gran señor es vuestra mai 
jestad, y de mucho mas es merecedor ¡ hemos lioígado 
de ver vuestras ciudades. Lo que os pido por merced 
es, que pues estamos aqui en este vuestro templo, que 
nos mostréis vuestros diuses y teules.» V Monteiuiot 
dijo que primero hablaría con sus grandes papas ; ; 
luego que con ellos bubo hablado, dijo que eutrúsemos 
en una torrecilla é apartamiento ú manera de sala, 
donde estaban dos como alteres con muy ricas taltk- 
zones encima del lecho, ú en cada aliar estaban dns 
bultos como de gigante , de muy altos cuerpos y muj 
gordos, y el primero que estaba á la mano dereclui de- 
cían que era el de Uuicbilt^bos, su dios de la guerra, y 
tenia la cara y rostro muy ancho , y tos ojos disrormesé 
espantables, y en todo el cuerpo tanta de la pedrería é 
oro y perlas é aljófar pegada coa engrudo , que Lacea 
en esta tierra de unas como de raices , que todo el cuer- 
po y cabeza estatia lleuo dello , y ceñido al cuerpo unas 
é manara de grandes culebras beclias de oro y pedrería, 
y en una mauo tenia un arco y en otra unas Dechas. E 
otro ídolo pequeño que allí cabo el estaba, qne decían 
era su paje , le tenia una lanza no larga y una rodela muy 
rica de oro é pedrería , é tenia puestos al cuello el Huí» 
ciiilúbos unas caras de indios y otros como corazones 
de tos mismos indios , y estos de oro y detios de pkta 
con mucha pedrería azules ; y estaban allí unos brase- 
ros con incienso, que es su copal , y con Ires coraioni» 
de indios de aquel día sacrilicados , é se quemaban, j 
con et humo y copal le habiau liecho aquel sacriGcio; y 
esUiban todas las paredes de aquel adora tono un baña- 
das y negras de costras de sangre , y asimismo el suelo, 
que todo hedía muy malamente. Luego vimos i ta otra 
parle de la mauo izquierda estar el otro gran bulto del 
altor del Uuícbitóbus, y teaiu un rostro como do oso y 
unos ojos que lerelunibraban, hechos de sus espejos, 
que se dice Tezcat,y el cut;rpo con ricas piedras pegadas 
según y de la manera del otro su Huichilúbos ; porque, 
según decían, entrambos eran hermanos , y este l'ezca- 
tepuca era el dios de los íntíernos , y tenia cargo de 
las ánimas de los mejicanos, y tenia ceñidas al cuerp» 
unas figuras como díabhllos cliicos, y las colas deitot 
como sierpes , y tenia en las paredes tantas costras 
de sangre y el suelo todo bañado dello , que en los ma- 
taderos de Castilla no babia tanto hedor; y allí le tA- 
nian preseulado cinco corazones de aquel dia sacrifica- 
dos; yenlomasaltode todo el cu estaba otra concavidad 
muy ricamente labrada la madera dtlla, y estaba otro 
bulto como de medio hombre y medio lagarto , todo 
lleno de piedras ricas, y la mitad del enmantado. Este 
decían que la mitad del estaba lleno de tudas las semi- 
llas que babia eu toda la tierra , y decían que era el dios 
de las sementeras y [rulas ; no se me acuerda el uombrc 
del, y todo estaba lleno desangre, asi paredes como al- 
tar, y «ru lanío el hedor, que no víamos la hora de salir- 
nos afuera . y alii tenían un tambor muy grande eu de- 
masía, que cuando le tanian «1 sonido del era tan triste 



CONQIISTA DE 
^4« te] raioera , como dicen instmraento de los irider- 
,y mas de <!os leguas de allí se oía; y decían quelos 
td* wqfUi aUrabor eran de sierpes mu jrgniniles; 
AaiBfiwUa filiceta tcnian tantas cosas muy diu boticas 
iitcr, de bocinas ; trampctillas ; narajtines, 7 mu- 
ámettMomt de íodios que liibian quemado, con que 
kvinateii aquellos sus Ídolos, y todo cuajado de sao- 
I, vleaiantanto, que los doy ú la maldición; y como 
Mdu 4 eamiceria , no víamos In horade quitarnos 
I mal bedor y peor vista ; y nuestro capitán dijo & 
iCOD nuestra li'iif;ua, cotno medio riendo : 
rMonleiuma, no se yo como un lan^run señor 6 
>ll como viie<;tr3 majestad es, no linyu coli- 
pemsmiento ct'itno no sod estos vuestros 
liosos, sino cosas mal.is^que se llaman diablos, 
I que Tuestra majestad lo conozca y todos sus pa- 
|Hto veftti claro, hacedme una merced , que hayaJspor 
Utaqueeo lo alio desta torre pongamos una cruz, y 
I KM parte destos adoralorios, donde cslún vuestros 
os y TéEcatepuca , haremos un opürtado donde 
I ana imagen de nuestra Señora; lii cual imú' 
I Y» el HcMtteiuma la liahia visto ; y veréis el temor 
iHo tienen esos ¡dolos qae os tienen enpñadus.n 
ilezuma respoodió medio enojado, y dos papas 
I estaban mostraron inulasscñales.ydijo: «So- 
rüalinche, si tal deshonor como has dicho creyera 
( de decir, no te mostrara mis dioses; aques- 
t por muy buenos, y ellos dan salud y aguas 
iseíiientiíras , é temporales y Vitorias, ycuanto 
i,é tenérnoslos do adorar y sacrilicar. Lo que 
sgo «, que no se digan otras palabras en su des- 
r;s y como aquello te oyú nucitro capitán, y tan a1- 
>, no le replicó mas en ello , y con cara alegre le 
»: • Hora es que vuestra majestad y nosotros nos va- 
nea; a y el Hontexuma respondió que era bien , é qno 
fVfBSéi lenñ (fue rezaré hacer ciertos sacrilicios en re- 
i del gratlatlacnl, que quiere decir pecado que 
' I en dejarnos subir en su pran cu é ser causa 
I míe dejase versos dioses, é del deshonor que les 
I eR decir nial dellos, que autes que se fuese que 
>de reuré adorar. Y Cortés le dijo : a Pues que 
a, perdone. Señor ; a é luego nos bajamos las p>radas 
I como eran ciento y catorce , é algunos de nues- 
; estaban malus de bubas ó humores , les 
I los muslos de bajar, Y dejaré de hablar de su 
tÉtnb'ría, y diré loqoe rae parece del circuito y ma- 
1 4|iie teiiia ; y si no lodi)eretanal natural como era, 
■ roaretilien, porque en aquel tJumpo tenia otro pen- 
" ato de mleader en lo que traíamos entre manos, 
leo lo militar y lo que mi capitán Cortés me man- 
kbe, y no en iiacer relaciones. Volvamos á nuestra ma- 
. Peréceme queel circuito del gran cu seria de seis 
ly grandes solares de los que dan en esta tierra, y 
•deaha^o tiasta arriba, adonde estaba una torrecilla, 
keli flilabiD tus fdolos, va estrechando , y en medio 
t OH hasitt lo mas alio del van cinco concavida- 
IftlHMn de GürbacBítas y descubiertas sin mampa* 
1; y fOttfM bay muchos cues pintados en reposteros 
iviiledon» , é en uno que yo tengo , que cual- 
delloi al que los ha visto , podrá colegir la 
I qo« leniín por defuera ; mas lo que yo vi y en- 



nueva-espaSa. «^ 

tendí , é dello buho fama en aquellos tiempos que fun- 
daron aquel granen , en el cimiento del liabian ofrecido 
de lodus los vecinos de aquella í;ran ciudad oro 6 plata 
y atjúfiír é piedras ricas , é que le liabiaa bañado con 
iiuiclia sangre de indios que siicrificaron , que habían 
tomado en las guerras , y (Jo toda niaiiura de diversidad 
de Sümílliisque había cu toda la tierra , porque lesdie- 
sun sus ídolos victorias é riquezas y muchos frutos. 
Dirán ahora alf^unos lelores muy curiusos que cümo 
pudimos aicaiizur á saber que en el cimiento de aquel 
gran cu eeliiroa oro y plata 6 piedras de chalchihuís 
ricas, ysetmilas, y lo rociaban con sangre humaua da 
indios quo sacriticuban, habiendo sobre mil años que se 
fabricó y se hizo. A esto doy por respuesta que desde 
que ganamos aquella Tuerto y gran ciudad y se repar- 
tieron los solares , que luego propusimos que en aquel 
gran cu habíamos de iiacer la iglesia do nuestro patrón ó 
guiador señor Santiago, é cnpi) mucha parle de sotar 
del alto cu para el solar de la santa iglesia, y cuando 
abrian los cimientos para hacerlos mas lijos , hallaron 
muciio uro y plata y chalcbihuis , y perlas é aljófar y otros 
piedras, ¥ asimismo A un vecino de Méjico que le cupo 
otra parte del mismo solar, bailólo mismo; y los oii- 
cialesdelahaciendadesumnjestaddcmandábauloporde 
su majestad, quo le venia de derecho , y sobre ello hubo 
pleito,» no se me acuérdalo que pasó, mas de que se in- 
formaron de los citciques y priucipales de Méjico y do 
Gualomuz,que entonces era vivo, é dijeron que es vor- 
dad que todos los veciuos de Méjico do aquel tiempo 
eclinrun en los cimientos aquellas joyas é todo lo demás, 
é que así lo tenían por memoria cu üus libros y pinturas 
de cosas autigua9,é por esta caucase quedó para la obra 
de la santa iglesia de señor Santiago. Dejemos esto, y di* 
l^mos dolos grandes y suntuosos patíos que estabande- 
lantedelHuichÍióbos,adQndeestáahora señor Santiago, 
quesedicecl Ta Ite I u Ico , porque asi se solía llamar. Va 
he dicho que tenían dos cercas de cal y canto antes de 
entrar dentro, é que era enipedrado de piedras blancas 
como losas , y muy encalado y bruñido y limpio, y seria 
de tanto compás y tan ancho cnnio la phiza de Salaman- 
ca; y un poco apartado del granen estaba una torrecilla 
que también era casa de ídolos, ó puro infierno, porque 
tenia & la boca de la una puerta una muy espantable 
boca de las qne pintan , que dicen que es como la que 
está en los inUemos, con la boca abierta y grauJes coh 
millos para tragar las unimos. E asimismo estaban unos 
bultos de diablos y cuerpos de sierpes junto A la puerta, 
y tenían un poco apartado un sacnlícadcro , y ti>(k> ello 
muy ensangrentado y negro de humo é costras desan- 
gre ; y tenían muchas ollas grandes y cántaros é Uiinjos 
dentro en la c&sa llenas de agua , que era allí donde co- 
cinaban la carne de los tristes indios que sacrílictibafl, 
r[ue comíiin los papas, porque también loiiíao caheel 
sacrificadiTu muchos navajones y unos tajos do madera 
como en los que corlan carne en las camirerías. Y asi- 
mismo detrás de aquella matilila casa, bien apartado 
della , estaban unos grandes rimeros de leña , y no muy 
léjosuna gran albercade agua que se henchía y vacinbn, 
que le venia por su caño encubierto de la que entraba 
en la ciudad desde Cbapultepeque.Yo siempre lu lla- 
Dília í aquella ca'a el infierno. Pasemos adelante del 



81 - • BERNAL DÍAZ 

I potin y vamos í otro cu, donde era enterra miento de 
I gmniles suñores mejieonos . que tumbien leniun oíros 
lldotús, y lodo llena de sangre é humo, y tenia otras 
I paertas y figuras de inHerno ; y luego junto de atjuel cu 
estsba otro lleno de calavera; é zancarrones puestos con 
gnu concierto, que se podían ver, mas no se pndtan coit- 
lur, porque eran mucttos , y las caloveras por si , y los 
zancarrones en otros rimeros ; éallí había otros idotos, 
} en cada casa ó cu y adorniorio que he dicho, estaban 
[papas con sus vestiduras largas de mantas prietas y bs 
(.capillas como de dominicos, que también tiruhao un 
l^coá las de los canónigos, y el cabello muy largo y hu- 
ello, que no se podia desparcir ni desenredar ; y todos 
Jos mus sacrííicados las orejas , é ea los mismos cabe- 
Has mucha snngre. Pasemos adelante , que había otros 
cues apartados un puco de donde estaban las calaveras, 
[ que tenían otros ídolos y sacriQcios de otras malas piti- 
I toras; é aquellos decían que eran abogados dehscaf^a- 
rnientosde los hombres. No quiero detenerme mas en 
'contarde Ídolos, sino solamente diré que en torno de 
iquel gran patio había mucbas casas, ¿ do ellas, éeran 
adonde estaban y residían los papas é otros indios que 
ftenian cargo de los ídolos; y también tenían oira muy 
^jnayorullierca ó eslauque de agua y muy limpia & uoa 
i prledcSfiran cu, y era dedicada para solamente el ser- 
' vicio de Huiclu'Ióbosé Tezcatepuca, yentraboetuguaen 
Igquella alberca por ranos encubiertos que venían de 
Chalpullepeque; éalli cerca estaban otros grandes a po- 
' teñios á manera de monasterio, adonde estaban rcco- 
I gidas muchas hijas do vecinos mejicanos, como monjas, 
basta que se casaban ; y allí estaban dos bultos de ido- 
tos de mujeres, que eran abrigadas de ios casamientos 
\ áe las mujeres, y á aquellas saciilicaban y liací:m fies- 
I J8S porque les diesen buenos maridos. Muclio me he 
rdetenido cuconlardeste gran cu de) Talolulcoy sus pa- 
'tios, pues digo era el mayor templo de sus ¡dolos de 
'todo Mújico , porque había tantos y mu y suntuosos, quo 
I «ntre cuatro ó cinco biirrios tenían un adoralorioy sus 
[ídolos ; y porque eran muchos , é yo no sé la cuenta de 
I lodos , pasarú adelante , y dirú que en Ctiolula el gran 
^tdoratorio que en él tenían era de mayor altor que no 
el de Méjico , porque tenia ciento y veinte gradas, y se- 
gún dicen, el ídolo de Cholula teníanle por bueno, é 
iban ú úl en romería de todas partes de la Nueva-E-^paña 
é gsDarperdoncs.y áesta causa le hicieron tan suntuoso 
cu, masera de otra liecliura que el mejicano, é asimis- 
mo los palios muy grandes é con dos cercas. También 
digo que el cu de la ciudad del Te^cuco era muy alto, 
«le ciento ydiez y siete gradas, y lospaliosaQcbosybue' 
Bos , y beclios de otra maoeraque los demís. Y una cosa 
I de reír es , que t«nian en caila provincia sua ídolos , y 
los de la una provincia é ciudaiinooprovecbahaná lus 
otros ; é asi , tenían infinitos ídolos y i todos sacriGca- 
bao. Y después que nuestro capitau y todos nosotros 
IIM cantamos de andar y ver tantas diversidades de ¡do- 
los y sus sacriíicios , nos volvimos á nuestros aposentos, 
j siempro muy acompañados de principales y caciques 
que Montczuma env¡Bba con nosotros. Y quedarse bi 
equf , y diré lo que inas Iiicímos. 



DEL CASTILLO. 



CAPITULO XCUL 



Cima !iiclniii<i nucstn IgfMii f iliár en nsMlril (pounla . j <nn 
cruilbrra itd aposcntit, f lo <|uc mas pJ>anii)«. r htninniU 
tili T reciDiari del iMoro di'i pidre de Itunittiiu* , f amo M 
ítatíi prender al Uoniiiiiiiiia. 

Como nuestro capitán Cortés y el padre de ta Mer- 
ced vieron que Uontezuma no tenía voluntad que an 
oí cu de su Nuichi lobos pusiésemos la cruz ni liiciése- 
mos la iglesia; y parque de^leque entramos en ta ciu- 
dad de Méjico, cuando se decía misa liacianios un altar 
sobro mesas y tornábamos á quiíario, acordóse que 
demandásemos ti los mayordomos del gran Montezuam 
albañiles para que en nuestro aposenlu biciésenios una 
iglesia; y los mayordomos dijeron qucse lo liarían sa- 
ber al Monteiuma, y nuestro espitan envió á decírselo 
con doña Marina y Aguilar, ycon Orteguilla,supaje,qus 
entendía ya algo la lengua , y luego dio licencia yroan- 
dódartedorecaudu,éeotrcsdiasteníamo3nueslraigle> 
sia hecha, y la santa crux puesta delante de los aposeU'- 
tos , é allí se decía misa cada día , hasta que se acabA 
el Tino; que, como Cortés y otros capitanes y ei fraile 
estuvieron malos cuando las guerras de Tlascaia , die- 
ron priesa al vino que teníamos pora misas , y desde 
que se acabó, cada día estábamos eu la i^esia rezando 
de rodillas delante del altar é imágenes , lo uno por lo 
que éramos oblígados'á cristianos y buena costumbre, 
y lo otro porque Montezuma y todos sus capitanes lo 
viesen y se inclinasen ¡1 ello, y porque viesenel adora- 
torio, y vernos de rodillas dolante de la cruz , especial 
cuando taüíamosú la Ave-María. Pues estando que 
estábamos en aquellos aposentos , como somos de 
tal calidad, é toda lo trascendemos é queremos saber, 
cuando miramos adunde mejor y en mus coiiveaiblo 
parte habíamos de hacer el altar, dos de nuestros sol~ 
dados, que uno dellns era airpiutero de lo Illanco, que 
se decía Alonso Yañez.Tíú en una pared una como se- 
ñal que había sido puerta , que estaba cerrada y muy 
bien encalada é bruñida; y como había fuma é tenía- 
mos relación que en aquel aposento tenía Montezuma 
el tesoro de su padre Axayaca , sospechóse que estaría 
eci aquella sala, queestabu de pocos días cerrada y en- 
calada; y el Yañez le dijo a Juan Velazquez do León j 
Francisco de Lugo, que eran capitanes , y aun deudas 
míos ; el Alonso Yañez se allegaba fi su compañía , co- 
mo criado de aquellos capitanes, y se lo dijeron á Cor- 
tés , y secretamente ío abrió la puerta, y cuando fuS 
abierta , Cortés con ciertm capitanes entraron primera 
dentro , y vieron tanto número de joyas de oro é plan- 
chas, y tejuelos muchos, y piedrasdo rbalchiliuis y 
otras muy grandes riquezas; quedaron elevados, y no 
supieron qué decir de tantas riquezas; y luego lo supi- 
mos entre todos los demás capitanes y soldados , y lo 
cnlramosú ver muy secretamente; y como yo lo vi, di- 
go que me admiré , é como en aquel tiempo era man- 
cebo y no había visto en mí vida riquezas como aque- 
llas , tuve por cíertoque en el mundo no debiera haber 
otras tantas; é acordóse por todos nuestros capitanes 6 
sdtdadns que ni por pensamiento se tocase en cosa 
ninguna deltas, sino quo la -misma puerta se tornase 
luego á poner sus piedras y cerrase y encalase de ta 
matierfl que la hallamos , y que no se hablase en ello, 



CONQUISTA DE 
I no lo ilcBDzase i saber Munlczuma , hasta ver 
,«tm ÜMBpo. Dejemos eslo desta ri<}ui-2a , y digamos 
4ae,eoaM leaJamos laii esforzados capitanes jrsoldados, 
;d8 Bucbot truenos concejos f pareceres, 7 primera- 
■iwl- ouMtro Señor Jesucristo ponía su divina maoo 
M lód«s nuestras cosas , ; asi lo teníamos por cierto, 
iprtsron i Cortés cuatro de nuestros capitanes , j jun- 
liaMlttiioce soldados dfe quien él seíiabaó comuni- 
aim, é ;o era 000 delto5,y le dijimos que mirase Ured 
«giriila donde estúbaraos, y la forlalcza de aquella 
I , y mirase las puentes y calzadas , y las palabras 
que en todos tos pueblos por donde hemos ve- 
oosban dado, que liabía ucoDsejada et Huicliilú- 
i Monloiuma que nos dejase entrar en su ciudad, 
é^neaUi BOSii)atariaQ;vque mirase que los corazones 
Alocfaombressoa muy mudables, en especial en los 
iadiat, ; ^ue no tuviese conlinoza de la buena voluulad 
I«nori}ue Monle/uma nos muestra, porque do una 
Jkon ¿ otra h muüaria, f cuando se le antojase darnos 
, que con quitarnos la comiila ú el agua, ó alzar 
I puente , que no uos podriiiinos valer; é que 
■ir*to 0rtnmultilu(l de indios quelicfiede guerracnsu 
é i<]iié podríamos nosotros Imcer para oíendo- 
té ptr» defeoderDOsT l'orque todas las casos tienen 
I «gna ; pues socorro de nuestros amigos los de 
al* ¿por dónde tian de entrar ? Y pues es cosa de 
erar todo esto que le decíamos, que luego sin inas 
<M prendiésemos al Motitezunia si queriamosasc- 
' nuestras vidas , v que no se aguardase para otro 
, f que mirti^e que con lodo et oro que nos daba 
D9,niel quebabiomos vislnenel lesoro de su 
tAujaca, ni con cuanta comida comiamos,que 
) té nos Iiacia rejalpr en el cuerpo , ó que üi de 
ni de día no doriuiamos tii reposábamos, cnn 
{Mosamiciito ; é que si otra cosa algunas de 
IrM soldados menos que esto que le declamas siu- 
i,que «leriao como bestias, que no tenían sentido, 
• M estaban al dulzor del oro, no viendo la muerte 
, ¥ como esto oyó Cortés , dijo : n No creáis, caba- 
, que duermo ni estoy sin el minino cuidado ; que 
ilobabreis sentido; mas¿qué poder tenemos 
BÉMlfOi' para liscer tan grande al revi míenlo como 
pTMldar á lan grau señor cu sus mismos pa lacios, le- 
■iaada sus gentes de guarda y de guerra? Qué manera 
4 arle se puede Icucr en querello poner por efeto, que 
OP speilid* sus guerreros y luego nos acometan ?ii ¥ 
nuestros capitanes, que Tué Juan Velaz~ 
I León y Diego de Ordís é Gonzalo de Salida- 
' Pedro de Albarado, que con buenas palabras sa- 
ri* so tala y traelto ú nuestros aposentos y dc- 
»^a«ltade estar preso; que si se alterare ú diere 
l,qu« lo pagará su persona; y que si Cortés do lo 
r hacer íue^'o , que le$ dé licencia, que ellos lo 
ia y lo pondrán por la obra; y que de dos 
in peligros en que estamos , que el mejor y el mas 
I ee prcndelle , que no aguardar que oosdie- 
k; y que si la comenzaba , ¿qué remedio po- 
( tenar? También le dijeron ciertos soldados que 
I}!» los mayordomos de Hontezuma que 
en ditroot bastimentos se desvergonzaban y 
»li>lreieDraniplidameole,coino los primeros dias ; 



NLEVA-ESPA^A. TT : 63 

y también dosiodiús tlascnllecas. nuestrosamigos, di- 
jeron secretamente á Jerónimo de ^^^uílar, nuestra leu- 
guo,queDO les purecia bien la voluntad de los meji- 
canos de dos días atrás. Por manera que estuvimos 
platicando en este acuerdo bien una hora, sí le prendié- 
ramos ó no , y qué manera temíamos; y á nuestro ca- 
pitán bien se le encajó este postrer consejo, y dejiSbn- 
moslo para otro día , que en todo caso lo tiabiamos do 
prender, y aun toda la nocbe estuvimos con el padre 
de la Merced rogando ú Dios que lo encaminase para su 
santn servicio. Después deslas pláticas, otro dia por la 
mañana vinieron dos indios de Tlascala muy secretn- 
meiilo con unas cartas de la Villa-Rica, y lo que se con- 
tenía en ello decía que Juan de Lscalanle, quequciló 
por alguacil mayor, crn muerto, y seis soldados juiila~ 
mente con él , cti una batalla que le dieron los mejica~ 
nos; y también te motaron el caballo y á nuestros in- 
dios totanaques, que llevó en su compañía, y que 
lodos los pueblos de la sierra yCemponl y su siijpIo 
están alterados y na les quieren dar comida ni servir 
en la fortaleza, y que 00 saben qué se bacer ; y que co- 
mo de antas los tenían por teules , que ahora, que han 
visto aquel desbarate, les hacen fieros, asi los totonaques 
como los mejicnDOS,y que 00 les tienen en nad», ni sa- 
ben qué remedio tomar. Y cuando oímos aquellas nue- 
vas, sabe Dios cuánto pesar tuvimos todos. Aqueste 
fué el primer desbarate que tuvimos eil la Nuevo-Es- 
paoa; míreo los curiosos letores la adversa fortuna 
cómo vuelve rodando ; ¡quien nos vio entrar en oquella 
ciudad con tan solemne recibimiento y triunfantes, y 
nos teníamos en posesión de ricos con lo que Uontezu- 
lua nos daba cada día , aú at capitán como á nosotros; 
y Imber visto la casa por mí nombrada llena de oro, y 
DOS tenían por teules, que son ídolos, ú que lodas las 
batallas vencíamos; é ahora habernos venido tan gran- 
de desmán, que no nos tuviesen en aquella repulaciotí 
que de antes, sino por hombres que pudiatrios sur ven- 
cidos , y haber sentido cómo se desvergonzaban con- 
tra nosotros! En lindo mas razones, fué acordado que 
aquel miimo día de uuu manera y de otra se prendie- 
se á Muotczuma.ó morir lodos sobre ello. Y porque 
[lara que vean los lelores de la maucra que fué esta 
batalla de Juan de Escalante , y cómo le matarou á él y 
& seis soldados, y el caballo y losamigastotonaquesque 
llevaba consigo, lo quiero aquí declarar antes de In 
prisión de Monlezuma, por no dejallo atrás, porque 
es menester dallo bieo ó entender. 

CAnTlILO XCIV. 

Cima tti la kititli qiB 4l<r>D los optUnes DcJImof i Iiin d« 
tscitioie. ] cúaio le ndiroa 1 íl j el «btito j * mrot mLi 
CDliljilcí», I miicfaoi imigoi iadioi tosañtnati que unllitii lUI 
nurleraD. 

Y es desta manera : que ya me Iiabrán oído decir en 
el capítulo que dello habla , que cuando estábamos en 
un pueblo que sedice Quiahuiütlan.que se juntaron mu- 
chos pueblos sus confederados , que eran amigos délos 
de Cempoal , y por consejo y convocación de nuestro 
capitán , que los atrup á ello, quitó que no dieseii tri- 
buta á Montezuma , y se le rebelaron y fueron mas de 
treinta piteblos; y esto fué cuando le prendimos sus 



,04 BERNAl. DÍAZ 

Nrecaudadores , teguQ otras veces dicho leDgo cn el ca- 
pitulo <]ue dello habla; y cuando partimos de Cempual 
para venir ú Méjico qucdú m la Villa^Ricn por cnpttait 
' algUHCÍl mayor de la Nueva- Bspnüa un Juiín de É»ca- 
Jtate, que era persona de niuciiü ser y amigo de Corles, 
' le maad6 que eu todo lo que aquellos pueblos nues- 

'.tros atntgos Lubiescn menester les favoreciese ; y pa- 
rece ser que, como el gran Monlczuma tenia muchas 
gUBroicioiies y capitanes de gente de guerra eo todas 

".tas provincias, que siempre estaban juulo ú la raya de- 
Uos; porque una tenia eu lo de Socoausco por guarda 
■de Gualimala yCtiiapa, y otra tenia en lo de Guaza- 
cualco, y otra capitanía en lo de Mechoacan, y otra ú 
la raja de Panuco , enlre Tuzapan y un pueblo que le 
|>usituos por nombre Almería , que es eu la costa del 

^ norte ¡ y como aquella guarnición quo tenia cerca de 
Tuxapau pareció ser demandaron tributo de indios é 

I indias y bastimentos para sus gentes á ciertos pueblos 
que estaban alli cerca y coultnaban con ellos, que eran 
amigos de Cempoal y servían ¿ Juan Escalante y ü los 
vecinos que quedaron en la Vtlla-ltica y entendiau en 
hacer la tortaleía ; y como les demandaban los mi'iica- 
nos el tributo y servicio, dijeron que no se le que~ 
rian dar, porche Malínche les mandó que no lodiesen, 

' j que el gran Montezuma lo ba tenido por bien ; y los 
capitanes mejicanos respondieron que si oo lo daban, 
que los vendrían á destruir sus pueblos y llevallos cau- 
lÍTOS, y que su señor Montezuma se lo liabia mandada 
de poco tiempo acá. Y como aquellas amenazas vieron 
nuestros amigos los totonaques, vinieron al capitán 
Juan de Escaiaute, é quejáronse rectamente que los me- 
jicanos les venían á robar y destruir sus tierras ; y como 
el Escalante lo entendió, envió mensajerosá los mismos 
tnejícaJios para que no biciesen enojo ni robasen aque- 
llos pueblos, pues su señor Montezuma lo había ábieo, 
que somos todos grandes amigos ; si no, que irá contra 
ellos y les dará guerra. A los mejicanos nose les dio nada 
por aquel la respuesta ni lieros, y respondieron que en el 
campo los hallaria; y el Juan de Escalante, que era liom- 
bre muy bastante y de sangre en el ojo, apercibió to- 
dos ios pueblos nuestros amigos do la sierra que vi- 
niesen con sus armas, que eran arcos , Hechas, tanzas, 
rodelas, y asimismo apercibió los soldados mas suel- 
tos y sanos que tenia ; porque ya he dicho otra vezque 
lodos los mas vecinas que quedaban en la VilIa-Ríca 
estaban dolientes y eran hombres de la mar; y con dos 
tiros y un poco de pólvora , y tres ballestas y dos es- 
copetas, y cuarenta soldados y sobre dos mil indios 
totonaques, fuú adonde estaban las guarniciones délos 
mejicanos, que andaban ya robando un pueblo de nues- 
tros amigos los totonaques, y en el campo se encontra- 
ron al cuarto del alba ; y como los mejicanos eran mas 
doblados que nuestros amigas los totonaques , é como 
siempre estaban atemorizados dellos de lis guerras pa- 
sadas, ala primero refriega de flechas y varas y pie- 
dras y gritas huyeron, y dejaron al Juan de Escalante 
peleando con los mejicanos, y de tal manera, que llegó 
con sus pobres soliiados basta un pueblo que llaman Al- 
mería , y ie puso fuegoy lo quemó las casas. Allí reposó 
un poco, porque estaba mal herido , y en aquellas re- 
friegas j guerra le llevaron ua soldado vivo que se d&- 



DEL CASTILLO. 

I cía Arguello, que era natural de León y tenia litfilA 
muy grande y b barba prieta y crespa, y era muy foKus- 

j to de gesto y manctsbo de muchas fuenas, y le hirie- 
ronmuy malamente al Esailante y otros seis soldadus,y 
matnmnelcaballo,y se volvió á la Villa-Rica, y dende 
á tres días murió él y los soldados ; y desia manera pa- 
só loque decimos de la Almería, y no como lo cuenta 
olcoronista Gómora, que dice en su Historia que iba 
Pedro de frcio á poblar á Pínuco con ciertos soldados; 
y para bien velar no tentamos recaudo .cuanto masen- 
TÍará poblar Q. Panuco; y dice que iba por Ciipitan el 
Pedro de Ircío , que ni aun en aquel tiempo no era ca- 
pitán ni aun cuadrillero, ni se le daba cargo, y se 
quedó con nosotros en Méjico. También dice el mismo 
coroiiisia otras muchas cosas sobre la prisión del Mon- 
tezuma : había de mirar que cuando lo escribía en so 
Historia que había de haber vivos conquistadores de 
los de aquel tiempo , que le dirían cuando lo leyesen : 
«Esto paso desta suerte,» Y dejiillo heaqui, y volvamos 
á nuestra materia , y diré cómo loscapitanes mejicanos, 
después de dalle la batalla que dicho leugo al Juan 
de Escalante, se to hicieron saberalMontei!uma,yaun 
le llevaron presentada lacabeí.a del Ar¡:iiel[o, que pa- 
rece se murió en el camino de las heridas, qoe vivóle 
llevaban; y supimos que el Montezuma cuando se lo 
mostraron, como era robusto y prande, y tenia gran- 
des barbas y crespas , hubo pavor y temió de la ver, y 
mandó que no la ofreciesen ú nínf^ii cu de Méjico, si- 
no en otros Ídolos de otros pueblos ; y preguntó 
el Montezuma que, siendo ellos muchos millares de 
guerreros , que cómo no vencieron íl tan pocos teufes. 
if respondieron que no aprovechaban nada sus varas 
y Hechas ni buen pelear; que no les puilieroii hacer 
retraer, porque una gran teqnccif;u«ta de Casulla venia 
delante dellos , y que aquella sefioru punía & l-w mejí* 
canos temor, y decía plabras á sus teules que los cs- 
focMba; y el Montezuma entonces creyó que aquella 
gran señora que era santa María y la que le había- 
mos dicho que era nuestra abogada , que de antes di- 
mos al gran Montezuma con su precioso ilíjo eu los bri- 
zos. Y porque esto yo no lo vi , porque estaba en Méji- 
co, sino lo que dijeron ciertos conquistadores que se 
hallaron en ello; y pluguiese a Uíos que así fuese. Y 
ciertamente todos los soldados que pasamos con Cor- 
tés tenemos muy creído , é así es verdad , que la mise- 
ricordia divina y nuestra Señora la virgen Mark siem- 
pre era con nosotros; por lo cual le doy muchas gracias. 
Y dejallo he aquí, y diré loque pasó en la prisión del 
gran Montezuma. 

CAPITULO XCV. 

D« li prisisn de Monu^unii , * to qae sobre ello M M». 

E como teníamos acordado el día antes de prender al 
Montezuma , toda la noche estuvimos en oración coa el 
padre de la Merced rogando á Dios que fuese de tal mo- 
do que redundase para su santo servicio , y otro dia da 
mañana fué acordado de la manera que había de ser. 
Llevó consigo Cortés cinco capit:;nes , que fueron Pe- 
dro de Albarado y Gonzalo de Sandoval y Juan Velat* 
quei de León y Francisco de Lugo y Alonso de Avik 



ñUu j 

4 



CONQUISTA DE Nl'EVA-ESPAXA. 



Bo 



»;♦ 




uwJrtña Morina y A güila r; y lodos 
atfictft que estuviésemos muy i punto y los 
I cmillailns y enfrenndos; y en lo de las armas 
«t ilkUa D«ce«i<1ad de poncllo yo aquí por mcTnorin, 
pug t siempre áe día y de noche eslíütamos armados 
} caindM mxHlrog alpargates , que en aquella sazón 
eatmclo ; y cuantío solíamos ir & hablar al 
isienipro nnsvein nrmados de aqucDn mone- 
>d(go porque, pu^^to que Cortés con tos cinco 
I ÜMUí con todas sus armas para le preuder, ct 
I DO lo iendrin por cosa nueva ni se alleruríu 
Va puestos á pumo todos , envii^le nuestro cupi* 
!■ i htc«lle «aber c6mo iba d su palacio , porque asi 
ktaaia por costumbre , y no se alterase viéndole ir de 
llU>; y al M onlezuma bien entendió poco mas 6 
I iba enojado por lo de Almería , y no to tenia 
ifia , y mandó que fuese mucho en liueu lio- 
n; y coma entri't Cortés, después de le baber hecho sus 
MilM acostumbrados, le dijo con nuestras lenguas: 
•Sattir Uoutezuma, muy maravillado estoy de vos, 
riaria tan valeroso príncipe y baberos dado por nues- 
fe*Hn%Ot mandar ú vuestros capí tañes que teniadesen 
llMfte cerca de Tuzapan que lomasen armas contra 
aiMtpüoles, y tener atrevimiento de robar los pue^ 
üak^a* estJD en guanla y mamparo de nuestro rey y 
aiteTi 7 d* tnandaíles indios é indias para sacriGcar y 
■Mar na eepaoot hermano mió y un caballo;» no le 
friwdadr del capitán ni de los seis soldados que mu- 

I luego que llepronálu Villa-Rica, porque el Mon- 
I Ro lo aicanzü á aaber , ni tampoco lo supieron 

I capitanes que les dieron I» guerra ; y mns le 

• Cartee, que leniéndole por tan su ami^o, man Jé é. 

ipitaoes que en todo lo que posible fuese os sir- 

I I favoreciesen , y vuestra majestad , por el con- 
, no lo ha hecho. Y asimismo en io de Cholula 
>n vuestros capitanes gran copia do guerreros, 

«rilMdo porTueslro mandado , que uos matasen ; helo 
4UmbMo lo de entonces por lo mucbo que os quiero; 
f MlBÍmo ahora vuestros vasallos y capitanes se han 
tevargODzado , y tienen pláticas secretas que nos que- 
nit rntndar matar; por estas causas no querria co- 
■tacar guerra ni destruir aquesta ciudad; conviene 
^para excusarlo todo, que luego callando y sin hacer 
■iagm alboroto os vais con nosotros á nuestro apo- 
Mla,<|oe«lli seréis servido y mirado muy bien como 
I propia ca<ia ; y que si alboroto ó voces daba, 
I aeréis muerto de aquestos mis capitanes, que 
toa Iraigo para otro efeto. Y cuando esto oyó el 
I , estuvo muy espautado y sin sentido, y res- 
í qoe DUDca tal mandó, que tomasen armas contra 
i, y que enviaría luego á llumur sus capitanes, 
la verdad y los castigaría ; y luego en aquel 
ate qait6 de su brazo y muñeca el sello y aeiial de 
i , que aquello era cuando mandaba alguna 
té de peso para que se cumpliese, é luego se 
; y en lo de ir preso y salir de sus palacios coo- 
«oioutad, que no eru persona la suya para que 
I, é que no ero su voluntad salir; y Cor- 
inflied niay huenas razones, y el Montezuma le 
I muy mejores y que no bahía de salir de sus 
»; por maitera que estuvieron mas de medía hora 





en estas pUtiras ; y como Juan Velaiquen de I.eon y Id* 
demás capitanes vieron quese iletenÍBconét, yno veiuu 
la linra de babeflo sacado de sus cn«:is y tencllc preso, 
hablaron á Cortés algo alleradiis,y dijeron : «¿Que ba- 
cevueslra merced ya con lautas palabrnsT O le lleve- 
mos preso i) le daremos de estocadas; por cío tornadle 
á decir que si da voces ó lince alboroto, qtie te mata- 
réis; porque mas vale que desta vez asefturninos nues- 
tras vidas 6 las perdamos. Y como el Juan Velazquezlo 
decia con vor, ulpo alta y espantosa , porque asi era su 
linblar, y el Mouteziima vio ii nuestros capitanes como 
enojados, preguntes doña Marina queque decían con 
aquellas palabras altas ; y como la doña Jlurína ora muy 
entendida , le dijo : «Señor Montezuma, lo que yo os 
aconseja es que vais luego con ellos & su aposento sit) 
ruido ningUDO ; que yo sé qne os barín mucha honra, 
como gran señor que sois; y de otra manera, aquí que- 
daréis muerto; y en su aposento se sobr¿ la verdad;» 
y entonces el Montezuma dijo & Corles : «Señor Mal lu- 
che , ya que eso queréis que sea , yo tengu un hijo y dos 
hijas legílimas; tomaldas en rehenes, y ú mí no me 
bagáis esta afrenta; ¿qué dirán mis principales si me 
viesen llevar preso ?n Torno á decir Cortés que sn per- 
sona había de ir con ellos , y no babia de ser otra cosa . 
Y en fin de muchas mas razones que pasaron, dijo que 
él iría de buena voluntad ; y entonces nuestros capita- 
nes le hicieron muclias caricias, y le dijeron que le pe- 
dían por merced que no hubiese enojo, y que dijese ú 
sus capitanes y d los de su guarda que iba de su volun- 
tad, porque babia tenido plática de su ídolo Huichilé- 
has y de los papas que le servían que convenía peni su 
situd y guardar su vida estar con nosotros; y luego le 
Irujeronsus ricas andas en que solía salir, con lodos sus 
capitanes que le acompañaron , y fué á nuestro apo- 
sento, donde le pusimos guardas y velas y todos cuan- 
tos servicios y placeres le podíamos hacer, asi Cortés 
como todos nosotros; lentos le hacíamos, y no se le 
ecbó prisiones ningunas; y luego le vinieron á ver le- 
fios los mayores principales mejicanos y sussobriuos, é 
hablar con él y á saber la causa de su prisión y si inan- 
dülm que nos diesen guerra ; y el Moutezuma les res- 
pondía que él holgaba de eslor olgunos dias allí con 
nosotros de buena voluntad , y no por fuerza ; y cuando 
él alf^o quisiese, que se lo diría, y que no se alborota- 
sen ellos ni la ciudad ni tomasen pesar dello , porque 
aquesto que ha pasado de estar allí, quesu Huichilóbos 
lo tiene pur bien , y se lo han dicho ciertos paps que lo 
suben, que hablaron con su blolo sobre ello; y desta 
manera que he diclio fué la pri.'íiun del gran Mouieiu- 
ma ; y allí donde estaba tenia su servicio y mujeres y 
baños en que se bañaba , y siempre á la contiua estaban 
en su compañía veinte grandes señores y consejeros y 
capitanes, y se hizo á estar preso sin mostrar pasión en 
ello ; y allí venían con pleitos embajadores de lejas tier- 
ras y le traían sus tributos , y despachaba negocios de 
importancia. Acuerdóme que cuando venían ante él 
grandes caciques de otras tierras sobre términos y pue- 
lilos ó otras cosas de aquel arle , que por muy graii se- 
ñor que fuese se quitaba las mantas ricas, y se ponía 
otras de nequea y de poca valia , y descalzo hubia do 
venir; j cuando llegaba i los a puse utos uu entraba do- 



BERNAL DÍAZ 
reclio , sino por un bilo dellos , y cuando parecicn de- 
loDledel gruii Muiitciiinia, loa ojos bajos en tierra; y 
antes que & él llegasen le Ijacian trps reverencias y la 
decían ; «Señor, mi señor, gran sefiur;» y entonces 
letraíiin pinlndo 6 dibujado el pleito ú negocio soltrc 
que venían , en unos paños d mantas de netjuen , y con 
tinss varitas muy delgadas y putiJas le señaluljaii h 
causa del pleito ; y estaban allí junto al Munte;.uma dos 
hombres viejos, grandes caciques , y cuando bien lia- 
binn entendido el pleito aquellos jueces, le decían si 
Monlezuma la justicia quo Icnian , y con peas palabras 
los dcspncíiuba y mundaUa quien babiu de tlevar lus 
tierras ü pueblos; y sin mas replicaren ello, se salían 
los pleiteantes sin volverlas espaldas, y con las ires re- 
verencias se salían Itasla la sala , y cuando se veían fue- 
ra de su presencia del Uuntezuniu se ponían otras man- 
tas ricas y se pasi'íiban por Méjico. Y dejaré do decir al 
presente desla prisión, y digamos cómo tos mensajeros 
que envió el Muntezuma con su señal y sello á llamar 
sus capitones que mataron nuestros soldadas, los truje- 
ron onteil presos, y lo que con ellos habló yo no !o st; 
loas que se los envía á Cortés pora que Itícicse justicia 
dellns; y tomada su confesión sin estar el Monlciunia 
delante, confesaron ser verdad lo ¡itrás ya por mi liicíic, 
é que su señor se lo había manduiln que diesen guerra 
} cobrasen los tributos , y si algunos teules fuesen en su 
defensa, que también les diesen guerra ú m>.lasDn. E 
*Í5la e^lu confesión por Cortés, envíúselo á decir al 
Uontezuma cómo te condenaban en oquella cosa , y ¿1 
se disculp<í cuanto pudo, y nuestro capitán lo envió & 
decir que él asi lo creía ; que puesto que merecia casti- 
go , conforme á lo que nuestro rey manda , que ta per- 
sona que manda matará otros sin culpa á con culpa que 
niuern por ello; masque !e quiere tanto y le desea tuilo 
bien, que ya quo aquella culpa tuviese, que antes la 
pagnria el Cortés por su pcrsnnaque vérsela pasara! 
Montezuma ; y con todo esto que le envió ü decir estaba 
temeroso ; y sin mas gastar razones, Cortés sentenció á 
aquellos capitanes a muerte é quo fuesen quemados 
delante de los palacios del Montezuma, é así se ejecutó 
¡ luego la sentencia; y porque no hubiese algún impedt- 
^ mentó, entre tanto que se quemaban mandó echar unos 
grillos al mismo Montezuma; y cuando se los echaron 
él liacía bramuras, y si de antes estaba temeroso, en- 
[ 4onces estuvo mucho mas ; y después de quemados, fué 
I nuestro Cortés con cinco de nuestros capitanes ú su 
I aposento, y él mismo lo quitó los grillos, y tales pal.i- 
I bras le dijo , que no solamente lo tenia por hermano, 
; lino en mucho mas , é que como es señor y rey de lan- 
i tos pueblos y provincias , que si él podía , el tiempo an- 
dando le haría que fuese señor de mas tierras do las 
, quo no ha podido conquistar ni le obedecían; y que si 
' qnitte ir ú sus palacios, quo le da licencia para ello; y 
; deciasélo Cortés con nuestras lenguas, y cuando se lo 
estaba diciendo Cortés, parecía se le sallaban las lágri- 
! mas do tos ojos al Montezuma; y respondió con gran 
cortesía que se lo leiüa en merced , porque bien enten- 
I dio Montezuma que todo era palabras ias de Cortés ; é 
que ahora a) presente que convenia estar alli preso, por- 
I <¡\K por ventura, como sus principales son muchos, y 
itoSMtbrínM é parientes le vienen cada dia i decir que 



DEL CASTILLO. 
será bien darnos guerra y sacolln de prisión, que cuan- 
do lo vean kicra que le atraerjíii ú ello, é que no querid 
ver en su ciudad revueltas, é quo si no buce su votuu- 
tad, por ventura querrán alzarúolroseúor;y queétie» 
quitaba do aquellos pensamientos con docillcs que Sa 
dios Iluichílúhusse lo ba enviado li decir que esté preso. 
Lii loqueentendiiiiosélo ma^ cierto, (sirtes habit di- 
cho ú Aguilar, la lengua , que lo dijese de secreto qu« 
aunque Maiinclis Is manda salir de la prisión, que lo* 
capitanes nuestros úsohlados no querríamos. V como 
aquello lo oyó, el Cortés ¡e echó tos brazos encinta , y le 
abrazó y dijo : «No en balde, señor Montezuma, os 
quiero tanto como á mi mismo;» y luego el Uontezuma 
demandó ú Cortés un paje español que le servia , quo 
sabía ya la lengua , que so decía Orteguilla , y fué harto 
proveibiiso asi para el Montezuma como paro nosotros, 
ponjue de aquel paje ínquíria y saljia muchas cosas de 
las de Castilla el Muutezuma , y nosutros de lo que dt^* 
cían sus capitanes ; y verdadera menta le era tan buen 
servicia), que loquería mucho el Montezuma. Dejemos 
de hablar cómo ya estaba el Montezuma contento coa 
los grandes halagos y servicios y conversaciones quo 
con lodos nosotros tenia, porque siempre que aule él 
pasábamos, y aunque fuese Cortés, le quitábamos los 
bonetes de armas ó cascos, que siempre estábamos ar- 
mados, y él nos hacía t^ran mesura y honra ú todos; y 
digamos los nombres de aquellos capitanes de Moute- 
zuma que se qucmuron por justicia, que se decía el 
principal Quetzalpopoca , y los otros so decían el un» 
Coall y el otro Quiabuilie y el otro uo nio acuerdo el 
nombre, que poco va en saber sus nombres. Y di^aino$ 
que como este castigo se supo cu todas las provincias 
de la Nueva-España , leniieron , y los pueblos de la cos- 
ta adonde mataron nuestros soíiUidos volvieron i servir 
muy bien ú los vecinos que quedaban en la Vílla-ltica. G 
han de considerar los curiosos que oslo leyeren tan 
grandes hechos l que entonces hicimos dar con lo5 na- 
vios al través- lo otro osar entrar en tan fuerte ciudad, 
teniendo tantos avisos que uili nos habían de motar 
cuando dentro nos tuviesen; lo otro tener tania osadía 
de osar prender al gran Muutezuma, que era rey de 
aquella tierra, dentro en su gran ciudad y en sus mis- 
mos palacios, teniendo tan gran número de guerreros 
do su guarda; ; lo otro osar quemar sus cajútanes de- 
lante de sus palacios y ccballe grillos entre tanto que 
se hacia la justicia, que muchas veces, aliora que soy 
viejo , me paro á considerar las cosas heroicos que en 
aquel tiempo pasamos, que me parece las veo presen- 
tes. Y digo que nuestros hechos que no los baciamos 
nosotros, sino que venían lodos eucamímidos por Dios; 
porque ¿qué hombres ha habido en el mundo que osa- 
sen entrar cuatrocientos y cincuenta soldarlos, y aun 
no llegábamos ú ellos, eu una tan fuerte ciudad coma 
Méjico , que es mayor que Vcuecia .estando tan apar- 
tados do nuestra Castilla sobre mas de mil y quinientas 
leguas, y prender á uo lan gran señor y hacer justicia 
desús capitanes delante del? Porque hay mucho que 
ponderar en ello, y no así secamente como yo lo digo. 
Pasaré adulante, y diré cómo Cortés dcspacliú luego otro 
capitán que estuviese un la Vilja-Rica como estaba el 
juun lüscatantc que mataroa. 



J 



CONQUISTA DE 



CARILLO XCVl. 



I Cttttt tntWt li Villi-Ric) por tcnlrnlí j tipitin 1 
lMá*IC*4** u AttU Aiantu it brida, ro tggir rjrl atfaicll 
Bt<tt J*«a de Csatintr , t el al(t»cilit|io navor se If M 1 
C**ul6 «« SisJaul , } Adié «ntoncei tut il|uacil Dijor ; ) 
I»t0* ^V«<*|nM dtrí atldinle. 

Dolóte de Iwclia justicia de Quelzalpopocn ; sos 
gyiU iwt , é sowgado el groD Mnnluzuma, acordúdeen- 
t'or oiMSlxo mpitati á la Vílta-Kica por lenieale delta á 
3fflt<ri«tado que se decía Alonso de Grado, porque era 
humbw mu; ealendiüú y ác bup.tia plúLica y presencia, 
joAsieo é gnn escribano, Eslo Alonso de Grado era 
DOO é» los que siempre fuá contrario de nuestro ca pilan 
Curtes porf¡ue dú íuésemos á Méjico y nos volviésemos 
1 k Vilta-Riti, cuando iiuba en lo de Tlascala cierlos 
cnTiHuí, ra por mi diclios en el capítulo qno dcUo lia- 
Ut; I el Alonso de Grado era el que lo mutlia ; liabla- 
hi ; ; &i como era hombre de buenas gracias fuera hom- 
trt de guerra, l>ien le ayudara ¡dio junto; esto digo 
cuando nueítro Cortús le dio el cargo , como 
su condición , que no era hombre de afrenta, 
¡iCorléf rra gracioso en to que decía, le dijo : añé 
ai , íeñof Alonso de Grado , vuestros deseos cumpli- 
I, que i ruis a ti ora á la Villa-Rica, como lú de^eába- 
t, f entenderéis cu ta furtaleza ; y mirad no vais & 
I entrada , como hiio Juan de Escalante , ; os 
lian; B j cumdo se lo estaba diciendo guiñaba el ojo 
I to viésemos los soldados que allí nos lialUba' 
i j tiütiésemos á qué iin lo decía ¡ porque sabia del 
fM •nmim se lo mamlara con peoa no fuera. Pues da- 
i lat provisiones é iostrucciones de lo que liubia de 
r.*l Alonso de Grado le supiieé¿ Corles que le hi- 
I merced de la vara de alguacil mnvor, como la te- 
I al JtULO de Escalante que njutaron los indios, y le 
iqiM !• la había dado á Gonzalo do Sandoval , y que 
> él 00 le fallaría , el tiempo andando , otro oficio 
■nfboaroM, 7 que se fuese con Dii><;; y Ir encargó 
qai minué por los vecinos é los honrare , y & los indios 
iBigoe no se les hiciese níngtm agravio ni se les toma- 
se ceta por fuerza , y que dos herreros que en aquella 
villa ^sedatun , y les había enviado á decir y mandar 
fm hwgo htcieseo dos cadenas gruesas del hierro y 
MeÍM<|iM tacaron de los navios que dimos al través, 
^oacoQ brevedad las enriase, y que diese priesa & la 
fortilaa <|ue se acabase de enmaderar y cubrir de leja. 
T como el Alonso de Grado llügá á la villa , mostró mu- 
dM gravedad con los vecinos, y queríase liacer servir 
(Uto como groa señor, é &. los pueblos que estaban de 
pai, ^ae fueron mas de treinta , los enviaba i deman- 
dar joyas de oro é indias hermosas ; y en la fortaleza no 
ai le daba nada de entender en ella , y en lo que gastaba 
el tieíopo era en bien comer ; en jugar ; y ^obre todo 
esto, qoe fué peor que lo pasado, secretamente convo- 
caUa á ft» amigos é á los que no lo eran para que sivi- 
niaae á aquélla tierra Diego Yeluzquez de Cuba á cual- 
faiv W capitán, dedalle la tierra é hacerse con él ; lodo 
lacoftl nay en posta se lo hicieron saber por cartas á 
Qlttto A Méjico ; y como lo tupo , liubo enojo consigo 
■kne por iiaber enviado á Alonso de Grado conodén- 
4/ÉÉ ana maha entrañas é condición dañada ; y como 
Cinil laBiaaiempre en el pensamiento que Diego Ve- 
HA-iL 



Kl EVA-ESPaSa. ^ Vt 

lazquez, gobernador de Cuba , por una parte 6 por otra 
había de alcanzar i saber cómo Imbtatnos enviado i 
nuestros procuradores a su majestad , é que no le acu- 
diríamos li cosa ninguna, é que por ventura enviaría 
armada y capitanes contra nosotros, parecirtln que se- 
ría bien poner hombro de quien Gar el puerto é la vjíln. 
y envió li Gonzalo de Sandoval , que era alguacil mayor 
por muerte de Juan de Escalante, y llevú en su compa- 
ñía á Pedro de trcio, aquel de quien cuenta el coronisla 
Gámora que iba ú pobtar a Panuco ; y eoloñcesel Pe» 
dro de Ircio fué & la villa , y tomó tanta amistad Gon- 
zalo de Sandoval con él , porque el Pedro de Ircio, co- 
mo había sido mozo de espuelas en la casa del condo 
de Ureñn y de don Pedro Girón , siempre contaba lo 
que les babia acontecido; y como el Gonzalo de San- 
doval era de buena volunta il y no nada malicioso, y lo 
cnntaba aquellos cuentos, lomd amistad con él , como 
dicho tengo, y siempre le hizosubir hasta ser capitán; 
y si en este tiempo de ahora fuera, algunas pidnbrn^ 

I muí dichas que no eran de decir decía el Pedro de Ir- 

j cío en hipar de gracias, que se las reprendía harto 
Gonzalo de Sandoval, que le castigaran por ellas en 
muchos tribunales. Dejemos de contar vidas ajenas, y 
volvamos á Gonzalo de Sandoval, que llegó A la Villa- 

¡ II íca , y luego cnviú preso á Méjico con indios que lo 
guardasen i Alonso de Grado, porque asi se lo mandó 
Cortés; y lodos los vecinos querían mucho i Gonzalo 
de Sandoval , porque & los qno halló que estaban enfer- 
mos los provsyó de comida lo mejor que podía y les 
mostrii mucho amor, y á los pueblos de paz tenía en 
mucjia justicia y los favorecía en todo lo que se les ofre- 

I cia, y en la fortaleza comenzó á enmaderar y tejar, y 
liBciu todas las cosas como conviene hacer todo lo que 

' h)S buenos capitanes son obligadas; y fué harto prove- 
choto á Cortés y á todos nosotros, como adelante ve- 
rán en su tiempo é snton. Dt'jemf>^ a Sandoval en la Vi- 
lla-Rica, j volvamos i Alonso lie Grado, que Uep/j preso 
á Méjico, yqueria irá hablará Cortés, y no L- caiisin- 
lió que pareciese delante del , antes le mnmió echar 
preso en un cepo de inaiieraque entonces hicieronnue- 
V amen te. Acuerdóme que olía la madera de aquel cepo 
como tí sabor de ajos y cebollas, y estuvo preso dos 
dius. Y como el Alonso de Grado era muy platico y hom- 
bre de muchos medios , hizo grandes ofrecimientos & 
Cortés que lo sería muy servidor, y luego le soltó; y 
aun desde allí adelante vi que siempre privaba con Cor- 
tés , mas no para que le diese cargos de cosas de guer- 
ra , sino conforme á su condición ; y aun el tiempo an- 
dando le dio la contaduría que solía tener Alonso de 
Avila, parque en aquel tiempo envió al mismo Alonso 
de Avila í la i'la de Santo Domingo por procurador, se- 
gún adelante diré en su coyuntura. No quiero dejar de 
traer aquí á ta memoria cómo cuando CoHé» envió á 
Gonzalo de Sandoval á lo Villa-Rica por teniente y capi- 
tán y alguacil mayor , le mandó que así como llegace lo 
enviase dos herreros con todos sus aderezos do fuelles 
y herramientas, y mucho bíerro de lo de los navios quM 
dimos al través , y tas dos cadenas grandes de liiorro, 
que estaban ya hechas, y que envíase velas y jarcias y 
l>ez y estopa y una aguja de marear, y todo otro cnat- 
quier aparejo pura hacer dos bergantines para andar ea 

7 



jlfí - * BERNAL ÜlAZ 

la iBgana de Méjico ; lo cual luego se to envió el Sirtirlo- 
vjI rnuy cumplidumente, según !f "l^ I» manera que lu 
ranudil 

CAPITULO XCV». 

como cslDtKlo et Irjn Manlcitinu preso . siempre Corles j laío» 
diú líceticii ijiit* ii ;t sui cues. 

Como nuestro capitán cu todo era muy diligente, y 
»ió que el Munti'zuitia estaba [ireso , y por temor no se 
eoii¡((Ojase con estar encerrado y óeleuido, procuraba 
cadttdb, después de haber rezado, que entonces no te- 
níamos viüo para decir misa , de irle & tener palacio , é 
ibsin coa ól cuatro capitanes, especialmente Pedro ile 
Alüarado y Juan Vetazquez de Lcony Djef^o de OrdSs, 
y pregunlabanalMontezumacon mucha cortesía, yque 
mirase lo (pie mandalia, que lodo se haria, y que no 
tuviese congoja da su prisión ; y le respondía que an- 
tes se liolgabo de estar preso , y esto que nuestros dio- 
ses nos daban poder para ello, ú su Huicbildbos lo per- 
mitía ; y de plática en plática le dieron á entender por 
medio del fraila mas por eiien*o las cosas de nuestra 
santa fe y el gran poder del Hinperudor nuestro señor; 
y oun algunas veces jugaba el Montezuma con Corl^'s 
al totoloque, que es un juego quo ellos así le llaman, 
con unos liodoquillos chicos muy lisos quetenian ]ie- 
rhos de oro para aquel juego, y tiraban con aquellos 
hodoquíllos oigo lejos ú unos tejuelos que también eran 
de oro, 6 á cinco rayas ganaban ú perdían cicrtus 
picatas é joyas ricas que ponian. Acuerdóme que tan- 
teaba i Cortés Pedro de Alborado, é al grau Monlezu- 
ina un sobrino suyo, gran señor ; y el Pedro de Albn- 
rado siempre tanteaba una raya de mas de las que 
liabia Cortés , y el Montezuma, como lo víú, decía con 
gracia y risa que no quería que le (antease á Corles 
el Tonaíio, que así llamaban ai Pedro deAlbarado; 
porque bacía muciio iioxol en lo que tanteaba, que 
quiere decir en su lengua que mentía , que echaba 
siempre una raya de mas ; j Corles y lodos nosotros los 
soldados que aquella sazón bacíamos guarda ito po- 
díamos estar de risa por lo que dijo el gran MontcTtu- 
ma. Dirán agora que por qué nos reimos da aquella 
palabra. E porque el Pedro de Alburado, puesto que 
era de gentil cuerpo y buena manera , era vicioso en 
el ha blír demasiado, y como le conocimos su condi- 
ción, por esto nos reímos tanto. E volvamos al juego; 
y si ganaba Cortés, daba las joyas ¡i aquellos sus so- 
brinos y privados del Montczuma que le servían ; y si 
ganaba Slimteiuma , nos lo rcparlia íl los soldados rjue 
le hacíamos guarda ; y aun no contento por lo que nos 
daba del juego, no dejaba cada dia do darnos présenles 
de oro y ropa, asi i nosotros corno al capitán de la guiír- 
da, qtie entonces era Juan Velazquez de León, y en 
todo se mostraba Juan Velazquez grande ami^o é ser- 
vidor de Montei'.uma. También me acuerdo que era de la 
vela mi soldado muy alto de cuerpo y bien díspuestu y 
detiiiy grandes fueraas , qae se derla Fulano do Truji- 
llo, y era hombre do la mar, y cuando le cabiael cuarto 
de la noche de la vela , era lan mal mirado , que ha- 
blando aquí coa Bcaio de los señores leyentes , hacía 
cosas dcElioDesus, que lo ojó el Hoatezuma ; é como 



DEL CASTILLO. 

era un rey destas tierra» y tan valeroso, túvolo á mala 
crianza y desacato, que en parte i|ue él lo oyeM m 
luciese tal cosa , sin tener respeto i su persona ; y pre- 
guntó á su paje Orteguilla que quién era aquel mal 
criado i sucio, é dijo que era hombre que solía andar 
en la mar é que no sabe de policía é buena crianza, y 
también le díó á entender de la calidad de cada uno de 
los soldados que allí estúbemos, cuál era caballero y 
cuál no , y le decía d la contína muchas cosas que el 
Montezuma deseaba saber. Y volvamos li nuestro sol- 
dado Trujillo, que desque fué de dia Monleynma lo 
mandó llamar, y le dijo que por qué era de nqueilu con- 
dición, que sin lener miramiento ú su persona, no leaia 
aquel acato debido ; que le rogaba que otra vez no lo 
líiciese; y mandóle dar una joya de oro que pesaba fin- 
co pesos : y al Trujilio no se le dio nada por lo que dijo, 
y otra noche adrede liró otro iraque, creyendo que le 
d.iria otra cosa ; y el Montezuma lo hizo saber á Joan 
Velaiquez , capitán de la guarda , y mandó luego el ca- 
pitán quitará Trujilio que no velase mas, y con pala- 
bras ásperas le respondieron. También acaeció qtw 
otro soldado que sedéela Pedro Lupez, gran ballesle- 
ro, y era hombre que no se le entendía mucho , y era 
bien dispuesto y velaba al Moul ezumu, y sobre si era hora 
de tomar el cuartouno tuvo palabras con u o cuadrillero, 
y dijo: «Oh pesia tal con este perro, que por velalle 4 
la continua estoy muy malo del estómago, para me 
morir;» y el Montezuma oyó aquella palabra y pesóle 
en el alma, y cuando vino Cortés á tenelle palacio lo 
alcanzó á saber, y lomó tanto enojo de ello, que al 
Pedro López, con ser muy buen stildado, le mandó 
acotar dentro en nuestros aposentos t y desde allí ade- 
lante todos los soldados á quien cabia la vela, con 
mucho silencio y crianza estaban velando , puesto que 
no había menester mandarlo á mí ni ¿ otros soldados 
de nosotros que le velábamos, sobre este Imeo co- 
niedimienlo que con aqueste gran cacique linbiamos 
de tener; y él bien ennecia á lodos, y sabía nues- 
Iros nombres y aun calidades; y era tan bueno, que 
A todos nos daba joyas, ú otros mantas é indias her- 
mosas. Y como en aquel tiempo era yo mancebo, y 
siempre que estaba en su guarda 6 pasaba delante dil 
con muy grande acato le quitaba mi bonete de ar- 
mas, y aun le hsLia dicho el pnje Orteguilla que vi- 
ne dos veces á descubrir esla Mueva-Esiiaña prñaero 
que Cortés, é yo le liabía hablado al Orteguilla que le 
quería demandar á Montezuma que rae hiciese merced 
de una india hermosa ; y como lo supo el Montezuma, 
mu mandó llamar y me dijo : «Bernal Diez del Casti- 
llo , hanmc dicho que tenéis motolínea de oro y ropa ; 
yo 05 mandaré dar hoy una buena moza ; tratadla muy 
bien , que es hija de hombre prindpsl ; y también Os da- 
rán oro y mantas. » Yo le respondí con mucho acato 
que le besábalas tnanosporiau gran merced yque Dio« 
nuestro Kefior la prosperase ; y parece ser preguntó al 
paje que qué había respondido, yledeclarólarespuMta; 
ydijole el Monlezuma ; «Oe noble condición me parec« 
Barnal Diez ; >> porque á todos nos sabia los nombres, 
como tengo dicho ; é me maudti dar tres tejuelos do 
ora é dos cargas de maiitaí. Dejemos de habluf éa 
esto, y digamos cómo por la rnañana, cuando iiacís 





oo.\QiiSTA ue 

I V aeriCetM i loi ¡dolos , ttmonaba poca 
■« é M on carat, fiw ■!), 7 «ubs ocupado OM bwi 
méefUtam éamotimafuiei, de ctciqa«sqoe i él 
«■ha áb l^n tiarm. Tb be dicbo otra m en el cap!- 
Mil fn de «Ro btbit, <k U rosDefa que entraban ú 
y el acata qoa le tenita , j cómo siempre es- 
I ca *a campanil ea aquel tiempo para despacbar 
aa$odot v«iMe bombres ancianos, que eran jueces; y 
parque asU ya refendo, do lo toma á referir ; ; eo- 
uaeei al em ia mo» i aaber que las muchas mujeres que 
(■h po^ migas, casaba deflas con sm capitanes ó 
rprladpales muTptiTados, y aun deltas dió¿ 
. saldadoa , 7 la que me dio á mí era una se- 
I, y biflo se pareció en ella , que se dijo doña 
I ; y asi se pagaba fa Tida, una ateces riendo 
f aliaaaaeet peasaado en su prisión. Quiero aquí de- 
ér, paast» i|ae ao «aya á propósito de aoestra relación, 
p«^ae aw lo baa preguntado aJguoas personas curio- 
VS, moB cómo , porque solamente el soldado por mí 
mbndfl Itanaó perro al Hontezuma, aun no en su 
|naaNJa,te mandó Cortés azotar, siendo tan pocos 
r ooRio éraniM , j que los ¡odios tuviesen 00- 
A esto digo que en aquel tiempo todos 
I, y aun el mismo Cortés, cuando pasábamos 
M grao UoDtezuma le hacíamos reverencia 
Malas bonetes de armas, que siempre tratamos qui- 
I, 7 él era tao bueno jr tan bien mirado , que á to- 
I bacía mucha hoora ; que, demás de ser rev destn 
Xain Cjpaña, so persona ; condición lo merecía. Y 
4mís da todo esto , sí hi<Mi se consí«ieni la cosa en 
%ie aatabao soestras vidas , sino en wlamenle mandar 
imfaaallof le sacasen de la prisión y damos luego 
laqueen tersu preseacta y real Tranqueza lo lii- 
Y como riamos que tenía i la conüna consigo 
( señores que le acompnnaban , y Tenían de lejas 
\ otros muchos mas señores, y el gran palacio 
r le baciao v el gran número de gente que á la cou- 
i de comer y beber, ni mas ni menos que cuan- 
prisioD ; lodo esto considerándolo Cor- 
H», bobo mucho enojo de cuando lo supo que tal pn- 
lahra la dijese, y como estaba airado dello, de repente 
b iMidó ea»tigar como dicho Icngo ; y fué bien etn- 
flttdoeoéi. Pasemos adelante y digamos que en aquel 
iaMaote llegaron de la Villa-Rica indios cargados con 
' I cadenas de hierro gruesas que Cortes habia man- 
' tbaccrá los lierreros. También Irujcron todas las 
I ptrtenocieotes pera los hcrgaolines, como dicho 
>; 7 asi como finé traído se lo hi7.a saber al ^rati 
> T dejallo lié aquí , y diré lo que sobre ello 

CAPITULO XCVIII. 

* Cada* atuSó tutes tai bersiniincs de narh<i uiiiti i ie- 
I fart *B4jr «a li Itfn», j (ono d {ni Montetnsí* itio 
mtt ^<M le íina licf atli pira Ir í h jríf ofif jnn i tm ten- 

1. 1 1* «•• Con» le 4IÍ0, jtámo le did Unnci». 

I camo bobo Heg;ado el aderezo necesario para 
■ les ber^Dtines, luego Cortés se lo fué i decir y 
•f ssbef al Mootezoma, que quoria Itiicerdos na- 
lebieoa parase andar holgando en In laguna; que 
•daie á tos carpinteros que fueseu k corlar la ma- 
dm.yqine irían coa ellos nuestros maestros do liacer 




NLEVA-ESPaSa. ""Sr 99 

navios, que te deciau Uartio Lopet y un Alonso No- 
ñet; y como la madera de rolóle «sU obf«^ cuatro le- 
guas de alli , de presto fui traída y dado el pihodelia; 
T como había mocbo6«arpiBten» de los indio«, ütatan 
depresU) bechoa 7 calaíelaados y breados, y poaste 
sus jarcias y velas á su tamaño 7 nadida , y una bilda k 
cada uno ; y salieron tan boenus y veleros como si e»> 
turieran un roes en lomar los galiros , porque el Nartin 
Lopes era mu; eilremado maestra, y este fué el que 
hizo los trece berganlines para ayudar £ ganar ú Méjico , 
como adelante dir£,é fué un buco soldado parata guer- 
ra. Dejemos aparte esto, é diré cúmo el Montexuma (fi- 
jo 4 Corles que quería salir ú ir ¿sus templos i hacer 
sacrílidos é cumplir sus devociones, asi para lo que ^ 
sus dioses era obligado como parvqtiv lo conozcan sus 
rapjlanes é principales , especial ciertos sobrinos sti- 
vns que cada dia le vienen idecír le quieren soltar y dar^ 
«os guerra , y que él les Ja por respuesta que él se huel- 
ga de eslar con nosotros ; porque crean que es como se 
lr> lian dicho, porque «Use lo mandó su dios llutchilA- 
b«s, como }s otra vei se lo ha b^cho creer. Y cuanto 
ú la licencia que le demandaba. Cortés le dyo que mip 
rase quo no hiciese cosa con que perdiese la vida, y qil6 
p^iraversi babia algún descumediraieuto, ó mandaba 
ú sus capitanes ó papas que le soltasen ó nos diesen 
guerra , que para aquel efecto enviaba capitanes é sol- 
dados para que luego le matasen á estocadas en sintien- 
do alguna novedad de su persona , y que vaya mucho 
en buen hora , y que no saürificasc ningunas personas, 
que era gran pecado coiiini nuestro Dios verdadero, 
que es el que le hemos predicado , y que alli estaban 
nuestros altares é la imiigea de nuestra Señora, anle 
quien podría hacer oración sin irá su templo. Y el Mon- 
tczuma dijo que do sacrificaría ánima ninguna, é fué en 
susmuyrícasandasacompañadodegrancles caciques con 
gran pompa, como snl'a, j lloTabo Uetantesus insignias, 
que ora como vara ó bastón , que era la señal que i\n 
alli su persono real , coma hacen á los vi^oreys desia 
Nueva-España ; é con él i])au para guardalle cualru de 
nuestros capitanes, que se decían Juan Yclazquez 1*0 
León y Pedro de Alliarado é Alonso de Avila y Fran- 
cisco de Lugo, con ciento y cincuenla soldados, ó loni- 
bien ibancou nosotros el ¡«dre fray Bartolomé do Ol- 
medo, de la orden de la Ucreed . pnra le relntcrel «a- 
crincio si le hiciere de hombres; ó yendo como íbamos 
alcudelluicliilúbns, vaquollegdbonKisci'rra del nial- 
djto templo manilo que le sacasen de las anda*, é fué ar- 
rimado li hombros de sus sobrinos y de otros caciques 
hasta que llegó al templo. Va be dicho otras veces que 
por las calles piir donde iba su persona lodos ios prin- 
cipales hablen Je llevar los ojos puestos en v\ s<ji'lo y 
no le miraban é lacera ; y llegado i las gradas del adoro- 
torio, estaban muchos papas aguardando parale ayudar 
i subir de los brazos, é ya le tenían sacrificados desde 
la noche anterior cuatro indios; y por mas que nuestro 
capitán le decía, y se lo retraía el padre fray Borlolamci 
de Olmedo , de la orden de la Merced , no oproveohalia 
cosa ninguna , sínoqite babia da matar hombres y mu- 
chachos para Mcrtficar; y no podiainos en aquello so. 
7011 hacer otra cosa sino disimular con él porque p*lal>n 
muy revuelto Mi^jico y otras ¿rtimief ciudades cou lot 



, im » -■ BERNAL DÍAZ 

sobríiK» de Uontezumn, coma adelaole diré; y cuando 
liubo heclio,£iis sacríficioi, porque no tardó muclio eu 
Imceilús, nos volvimos con Él (t nuestros ojiosenlos; y 
estaba muy alegre,]) á lossoldudosquecon él ruimos 
luego DOS hizo merced dojoyáíde oro. UejÉitio&lo aquí, 
j difé lo que mas puiú. 

CAPITULO XCIX. 

Cdng eehainoi tas dos ber^Diinfs il igna. T tdma t\ ftm Mod- 
leiuní diju que qucrU ii i tm, j lué eit loi bfrganiinri hai- 
II na peAül donde liabia mucboí límdos ¡ tai) ;qile no eaín- 
bi en el ilcíur pereana iiiD|[Uiia, tan grate pena. 

, Como los dos bergantines Tueron acabados de hacer 
yeciíadosul agua, jpueslos y aderezados con sus jar- 
cias y niiisüles, con sus bnuderas reales é imperjules, y 
uporcel)idos ttonibres dota mar para los marear, (uc- 
rou en ellos al remo y vela, y eran muy buenos veleros. 
Y como MoiUczuma lo supo, dijo i Cortésque queria ir 
6 caza en la laguna á un peñol que estaba acotado, que 
lio osatMin entraren éiá montear por muy principales 
que fuesen, so pena de muerte; y Corles le dijo que fue- 
se mucho eu buen hora , y que mirase lo que de antes 
le babia dicho cuando fué á sus ídolos , que no era mas 
6U vida de revolver alguna cosa , y que en aquellos ber- 
gaulines iria, que era mejor navegación ir en ellos quo 
co sus canoas y piraguas, por grandes que sean; y el 
JJootezuma se ho%óde ir en el bergantín mas velero, 
j meüó consiga muchos señores y principales, y el otro 

' bergantiofué lleno de caciques y un iiijo de Monlezu- 
ma, y apercebió sus monteros que fues^in en canoas y 
piraguas. Corles mandó á Juan Vclazquczde León, que 
era capitán de la guarda , y á I\>dro de Albarudo y á 
Cristóbal de Ülí fuesea con él , y Alonso da Avila con 
ducicntoa soldados, que llevasen gran advertencia del 
cargo que les daiía, y mirasen por el granMotilezuma; 
y como todos estos capitanes que be nombrado eran de 
sangre en el ojo , metieran lodos los soldados que lie 
dicho , y cuatro tiros de bronce con toda la pólvora que 
había, con nuestros artilleros, que se decían Me^a y 
Arvenga, y se hizo un toldo muy eniparameuU)do,scgL(ii 
el tiempo ; y alli entró Muulezuma con sus principales; 
y como en aquella sazón bizo e) vieuto muy Tresco, y 
los marineros se holgaban do couteolar y sgrudar ul 
Moniezunia, mureabau las velus de arte que iban volaii* 
do, y tas canoas en que iitan sus monteros y principa- 
les quedaboo atrás, pormuchos remeros que llevaban, 
(lolgúiíase el Montezuma y decía que eran gran maestría 
la de las velas y remos todo j un lo ; y llegó ul peñol , que 
noera muy lejos, y mató toda la caza que quiso de vena- 
dos y bebres y couejos , y volvió muy contento ú la ciu- 

* dad. Y cuando llegábamos cerca de Méjico mandó Pe- 
dro de Albarado y Juan Velazquez de León y los demás 
capitones que disparasen el artillería, de que se holgó 
mucho Montezuma, que, como le víamos tan franco y 
bueno, le temamos en el acato que se tienen los reyes 
destas partes , y él nos hacia lo mismo. V si hubiese de 
contar las cosas y condición que él tenia de gran seüor, 
j el ecalo y servicio que todos los señores de la iNueva- 
Espaua y de otras provincias le hacían , es para nunca 
acabar , porque cosa ninguna que nianilaha que le tru- 
{esen, auuque fuese votando, que luego do le era traid u; 



DEL CASTILLO. 
y esto díjíulo [jorque un dia Mtíhnmos tre« de nuestros 

I capiíaitcs y ciertos soldados con el gran Montezuma , y 
maso abatióse un f^avílun en unas salas como comnlo- 
res por una codorniz; quo cerca de lus casas y paItcÍM 
donde estaba el Uontezuma preso estaban unas palo- 
mas y codornices mansas , parque por grandeza las te* 
ntaallí para criar el indio mayordomo que tenia ctrgo 
de barrerlos DposAnlos; y como el gavilán se abatió y 
llovó presa , viéronlo nuestros capitanes, y dijo uno de- 
llos, que se decía Francisco de Acevcdo et Pulido, qua 
fué maestresala d^l almirante de Castilla: ii ¡Oír qué lindo 
gavílan,y qué presa hizo, y tan buen vuelo tieiieUYrei- 
pndimos los demás soldados que era muy bueno, y que 
habia en estus tierras muchas buenas aves de caza de 
volatería; y el Montezuma esluvo mirandoen lo que ha- 
blábamos, y preguntó á su pajeOrteguilla sóbrela pl*- 
lica, y le respondió que decíamos aquellos capitanes 
que el gavilán que entro á cazar era muy bueno, é que 
si tuviésemos otro como aquel que le mostrarían i te- 
ñirá la mano, y que en el campo le echarían ú cualquier 
ave, aunque fuese algo grande, y ia mataría. Entóneos 
dijo el Montezuma : «Cues yo mandaré agora que to- 
men aquel mismo gavilán , y veremos si le amansan y 
cazón con él. Todos nosotros lus que allí nos lidiamos 
le quitamos las gorras de armas por la merced ; y lucgu 
nmudó llamar sus cazadores de volaleria, y les dijo que 
le irujesen el mismo gavilán; y tal maña se dieron en 
te tomar, que á horas det Ave-María vienen con el núi- 
mo gavilán, y le dieron á Francisco de Acevedo, y le 
mostró ul señuelo ; y porque luego se nos ofrocierott co- 
sas en que iba mas que la caza, se dejará aqu! de ha- 
blar en ello. Y líelo dicho porque era tan gran príncipe, 
que no solamente lo traían trilmlos de todas las maf 
partes de la ¡Sueva- España , y señoreaba tantos tierras, 
y en todas bien obedecido, que aun estando preso, sus 
vasallos temblaban del, que liai^ta las aves que vuelan 
por el aire hacia tomar. Dejemos esto aparte, y digamos 
cómela adversa fortuna vuelve de cuando en cuando 
su rueda. En aqueste tiempo tenia convocado entre los 
sobrinos y deudns del gran Montezuma á otros muchos 
caciques y ü toda la tierra pora darnos guerra y soltar 
al Montezuma , y alzarse algunos dellos por reyes de 
Méjico; lo cual diré adelante. 

CAPITCLO C. 

Cdmo los lotirinoc del gntiíe MnnteEsnii andabaa coniacaado t 
inTcnilo i «I tai lOlunitdi-s de altai íi-anres para leitir i Méji- 
co ; tauf de li f risioa al grao MaDltciiina jr ecbarnoi di b 
tlddid. 

Como el Cacamntzin, señor de la ciudad da Tezcuco, 
que después de Méjico era la mayor y mas principal 
ciudad que hay en la Nueva-España , entendió que lia- 
bia muchos días que estaba preso su tio Montezuma, é 
que en lodo lo que nosotros podíamos nos íbamos se- 
ñoreando , y aun alcanza á saber que hablamos abierto 
la casa donde estaba el gran tesoro de su abuelo Ataba- 
ca , y que no habíamos tomado cosa ninguna dello ', a 
antes que lo tomásemos acordó de convocar á todos los 
señores do Tezcuco, sus vasallos , é al señor de Cujua- 
can,queera su primo, y sobrino del Montezuma, é al se- 
ñor de Tacuba é al señor de btapilapa , é á olro cu- 



CONQIISTA BE 

I, señor de Matalcingo, que era pn- 
Do del Montezumn , y nun decían que 
éelio et reino y seriorío de Méjico , y este 
admite fn mm »alJeníe por su persona entre ios in- 
dhM; I iiio eoticertando con ellos ycnn oíros 

leBarr^ , •>« que para lat áia viniesen con todos 
fDf poderes jf nos (iie<en guerra , parece ser que el ca- 
'. que liedicltoqtiQ era vntiento por su persona, que 
I le sé «I nonilire , dijo rjue si te dsbnn lí é\ el señorío 
¡ico, pues le veoiu de derecho, que él con toda su 
la , y de una provincia que se dice Hat.ilcingr>, 
los primeros que vendrían cim sus armas á nos 
ttimr de Héjico , á no quedaría ninguno iie nosotros 
1 ridt. Y él Carnmulíin pitrece ser respomÜú que á f ] 
li frait el cücicajjj'i) y 01 liabia de ser rey, pues era so- 
ÍDo do Mnnlcj;un)a, y que si no quería venir, que sin 
I ni su f;ente baria Ib guerra. Por manera que ya tenia 
I Cacuní:! tiifi apt^rcebidos los pueblos y señores por mí 
ados, y tenin conccrladaque partí lat día vinie- 
! Méjico, é con los señores que dentro estaban de 
le tes darían !uf;ar á la entrada ; é andando en es* 
I tnlot, losiipo muy bien Monleiunio por la parle de 
m gnn deudo , que no quiso conceder en lo que Caca- 
jMtim quería ; y para mejor lo saber envió Montczuma 
^Iksiar lodos sus caciques y principales de aquella ciu- 
I, y le dijeron cúmo el Cafumalzin los andaba con- 
I á loiloscou palabras édddivüs para que leayu- 
i i durnos guerra y sollur al lío, Y como Monlciü- 
mcuerdo y no quería ver su ciudad puesta en arnias 
I ilborotos , se lo tlijo ú Cortés según y de la manera 
)pK«l«, el cuul alboroto saLia muy bien nuestro 
itMD y todos nosotros, mas no tan por culero como 
tlxü jo. V el consejo que sobre ello tomó era, que nos 
! fu gente mejicana é iríamos sobre Tezcuco, y 
I preudertamos 6 destruiríamos aquella ciudad é 
k eomarcas. E al Montezuma no lo cuadrú este con- 
ti por manera que Cortés le envió & decir al Caca- 
lina que se quitase de andar revolviendo guerra, que 
I cansa de su perdición , é que le quiere tener por 
é queeti loilo lo que hubiere menester de su 
Mnoaa lo tiarj por él , é otros mucbos cumplimientos. 
_S eoma el Cacamatzin era mancebo , y lialló otros tnu> 
I de su parecer que le acudírian en la guerra, envió 
tdeeir i Cortés que ya babía entendido sus palabrasde 
»,qae no las quería mas oír, sino cuando le viese 
r, que <m lances le liablaria to que quisiese. Tornó 
iT«s Cortés á le enviar ¿ decir que mirase que no 
I deserricio i nuestro rey y señor, que lo pagaría 
ipMSOoa y le quitaría la vida por ello ; y respondió 
tai cooocia t rey ni quí!>iertt liaber conocido & Cor- 
I, que con palabras blandas prendió i su tío. Como en- 
qnlla respuesta , nueslro capitán rogó á Moiile- 
tfpoet era tan grao señor, y dentro en Tezcuco teuia 
I caciques y patentes por capitones , y do esla- 
ibieaeoD el Cacsmatzin, por ser muysobcrlio y mul- 
>; j pues allí en Méjico ccn el Monlezuma estaba 
I del mismo Cacaniatiin , manceba de bue- 
ioo, que estaba buido del propio hermano 
(u<- 'ase, que después del CacamaUinhere- 

it' letcuco; queluvjese manera yconcier- 

to con «míos los de Tezcuco que prendiesen al Caca- 



NüEVA-ESPA^A. 101 

malzin, úque secretamente le envía se á llamar, y que «i 
viniese, que le echase mano y le tuviesen en su po- 
der basto que estuviese mas sosegado ; y que pues que 
aquel su sobrino estaba en su cosa buido por temor del 
liermnno , y le sirve , que le alce luego por señor, y la 
quilo el señaría al Cucamntzin, que esl& en su deservi- 
cio y anda revolviendo lodas las ciudades y caciques 
de la lien-a por señorear su ciudad é reino. ¥ el Mon- 
tezuma dijo que le enviaría luego S llamar ; mas qua 
sentía del que no querría venir, y que si no viniese, que 
se icrnia^concierto con sos capitanes y parientes que 
le prendan; y Corles le dio muchas gracias por cito, y 
Bun le dijo : «Señor Montezuma, bien podéis creerqu* 
si os queréis ir i vuestros paludos, que en vuestra mano 
está; que de«de que ten^o entendido que me tenéis bue- 
na voluntad é yo os quiero tanio,quenoruera\ode lal 
condición, quo luego no os Tuera acompañaudo pura 
que os fuérddes con toda vuestra cahallcria ú vuestros 
palacios; y si lo he dejado de hacer, es por estos mis ca- 
pitanes que os fueron á prender, porque no quieren quo 
os suelte , y parque vuestra majestad dice que quiero 
estar preso por eicusar las ruvuelliis que vuestros so- 
brinas traen por haber en su poder esla ciudad é qui- 
taros el mando;i) y el Mauteituma dijo que se lo icuiu eit 
merced, y como iba entendiendo las palabras halagQe- 
ñus de Cortés é vía que lo decía, no por saltolle, sino 
probar su voluntad ; y también Ortegttitta, su paje, se la 
liabia dicho ú Moni e/.unia, que nuestros capitanes erau 
losque le aconsejaron que le prendiese, É que nocreyeso 
á Cortés, que sin ellos nolesoltarín. Dijo el MontezuinaA 
Cortés que mu y bien estaba prew Itaata ver en qué para- 
ban los tratos de sus sobrínos, y que luego quería envíor 
mensojeros & Cacamatzin rogándole que viniese antcíl, 
que le quería hablaren amistades entre él y nosotros; 
y le envió & decir que de su prísíon que no tenga él cui- 
dada, que si se quisiese soknT, que muchos tiempos ha 
tenido pura ello, y que Malim.'he le ha dicho dos veces 
que se vaya & sus palacios, y que él no quiere, por cum- 
gilirel mandado de sus dioses, que le han dicho que (o 
esté preso, y que si no lo eslá, luego serú muerto; y que 
e«lo que lusniíe muchos días bú de los papas quo eslín 
en servicio de los ídolos; y que ú esta causa será bien 
que tenga amistad con Malinche y sus hermanos. Yes- 
tas mismas palabras envió Hautezutna & decir á los ca- 
pitanes de Tezcuco , cómo enviaba á llamar ú su sobri- 
no para hacer las amistades, y quo mirase no le tras- 
tornase su seso aquel mancebo para lomar armas contra 
nosotros. Y dejemos esta pldli>:a, que muy bien la enten- 
dió el Cacamatzin; y sus príncipaloscntraron en conso- 
jo sobre loque harían, y el Cacamalzin comenzó ú bra- 
vear y que nos bahía de malar deutro de cuatro días, 
é que al tío, que era una gallina, pomo durnos guerra 
cuando se lo aconsejaba al abajar la sierra de Chaleo, 
cuando luvo allí buen aparejo con sus guarniciones, y 
que nos metió él por su persona en su ciudad, como si 
tunera conocíilo que Íbamos para hucetle alguu bien, y 
que cuanto oro le han traído de sus tríbulos nos daba; y 
que le hablamos escalado y abierto la casa donde está 
el tesoro de su abuelo Aiayaca, y que sobre lodo esto 
)« teníamos preso, é que vale andábamos diciendo que 
quitasen los ídolos del gran Muichilóbos, é que quería- 



J02 BERNAl 

inos ponerlos nuestros; ¿ que porque esto no viniese 
IDOS mal, y para castigar tales cosas éiajurios, que les 
rogatia que le ayudasen, pues lotio lo que ha dicho lian 
vÍBto por sus ojos, y cómo quemamos los mismos capi- 
tanes del Motitczuma, j que ja no se puede cumpadecer 
ütrít cosa sino que lodos juntos á una nos diesen guer- 
ra; y alli les promeliú el Cacamatzin que si quedaba 
con el señorío de Méjico que les hahia de liacor grandes 
tenores, y lambieo les dii5 muchos jojus de oro j les 
dijo que ja lenia concerladu con sus primos, los seño- 
res de Cuyoacaii y áa Izt^palapu j de Taouba j oLcús 
deudos, que le ojudarÍan,é que en Méjico tchia de su 
parte otras [tersónos principales, que lo dariaii entrada 
é ayuda i ciudquiera hora que quisiese , y que unos por 
las citluidas, j lodos los mas en sus piraguas y canoas 
chicas por lal&gtioa, podrhin entrar, sin tener contra- 
rios que se lo defendiesen, pues su tio estaba preso; y 
que no tuviesen luíedo do nosotros, puessabeu que po~ 
eos días hahian pasado que en lo de Almería los mesmos 
capitaues de su lio Imíiian muerto muchas teules y un 
caballo, lo cual bien vieron la cabeza de un tculeé el 
cuerpo del caballo ; équeen una hora nos despacharían, 
é con nuesiros cuerpos harían buenas Tiestas y iiarUiz- 
gns. Y como hubo hecho aquel razonamiento, dicen 
que se miraban unos capitanes á otros para que ha- 
blasen los que solían hablar primero en cosas de guerra, 
éque cualro ó cinco de aquellas capitanes le dijeron 
que ¿cómo habían de ir sin licencia de su gran señor 
Uonlezuma y dar guerra en su propia casa y ciudad? Y 
que se lo envíen primero á hacer solter , é que si es con- 
sentidor, que iníncon él de muy buena voluntad, é que 
de olra manera , que no le quieren ser traidores . Y pareció 
ser que el Cacanialzin se euojú con lus capitanes que le 
dieron aquella respuesta, ymaudó echar presou tresdt;- 
líos; y como liabía ullí eu el consejo y junta que teiiiün 
Otros sus deudos y ganosas de bullicios, dijeron que le 
ayudarían liasla morir, ¿acordó de enviar ú decir d su 
lio el gran Moutezuma que había de tencrempaciio cn- 
vialleá decir que venga á tener amistad con quien tan to 
mal y deslionra le ha hecho, teniéndole preso ;é que uo 
es posible siuo que nosotros éramos hechiceros y con 
hechizos le teníamos quitado su gran corazón y fuerza, 
éque nuestros dioses y la gran mujer de Castilla que 
les dijimos que era nuestra abogada nos da aquel gran 
poder para hacer lo que haciumos; é eti esto que dijo í 
la postre no lo erraba, que cícrlamenle la gran miseri- 
cordia de Dios y su bendita Madre nuestra Señora nos 
ayudaba. Y volvamos á nuestra plilica, que en lo que 
' «e resumía, fué enviar á decir que él venia á pesar nues- 
tro y de su lio á nos hablar y matar; y cuando el gran 
Uontejuma oyó aquella respuesta tan desvergonr.ada, 
recibió mucho enojo, y luego en aquella hora envió ú lla- 
mar íeís de sus capitanes de mucha cuenta, y les dio su 
•ello, y aun les dio ciertas joyas de oro, y les uitiudú que 
luego fuesen á Tezcucn y que mostrasen secretamente 
aquel su sello ú. cÍL>rtos capitanes y parientes que esta- 
ban muy mal con el Cacamalzio por ser muy soberbio, 
éque tuviesen la) urden y manera, queá él y álos que 
eran en su consejo lus prendiesen y que luego se los 
trajesen delante. V como fueron aquellos capitanes, y 
en Tezcuco eatendieron lo que elUontezuma mandaba, 



CASTILLO. 

y el Cacamatzin era malquisto , en sus propios palacios 
le prendieron, que estaba plulieaudu con aquellos sus 
confederados en cosas de la guerrt, y tKiribien trujeroit 
otros ciuco presos con él, Ecomo aquella ciudad esUl 
poblada junto á k grao laguna, aderezan una gran pi- 
ragua con sus toldos y les meten en ello, y con gran ci>- 
pia de remeros los Iraen A Méjico, y cuando hubo des- 
eniburcudo le meten en sus ricas andas, tomo rey que 
era, y con gran acato le llevan ante Moutezuma; j pare- 
ce ser estuvo hablando con su tio, y desvergonzósele 
mas de lo que antes estaba, y supo Montezuma de los 
conciertos en que andaba, que era alzarse por señor; io 
cual alcanzó á saber mas por entero de los demás pri- 
fiionerus que letrujcron, y sí enojado estaba de antes 
del sobrino , muy mas lo estuvo entonces. Y luego ss to 
enviú í nuestro capitán para que lo echase preso, J í 
los demás prisioneros mandó soltar; é luego Corles fué 
átos palacios é al aposento de Montezuma y le dio las 
gracias por tan grau merced ; y se diú orden que se al- 
zase por rey de Tezcuco al mancebo que estalla en su 
compañía del Moutezuma, que también era su sobrino, 
liermano del Caca ma tzin , que ya he dicho que por su te- 
mor estaba allí retraído al favor del tio porque no le ma- 
tase, que era también heredero muy propiucuo del rei- 
no de Tezcuco; y para lo hacer solenemcnte y con 
acuerdo de toda la ciudad , mandó Montezuma que vi- 
niesen ante él los mas principales de toda aquella pro- 
vincia, y después de muy bien platicada la cosa, le alza- 
ron por rey y señor de aquella gran ciudad , y se llama 
don Carlos. Ya todo esto liecho , como los caciques y 
reyezuelos sobrino! del gran Montezuma, que ersn el 
señor de Cuyoacaa y el señor de Iztapalapa y el deXa- 
cuba , vieron é oyeron las prisiones del Cacamalzin , y 
supierou que el gran Montezuma había subido que ellos 
entraban en la eiinjuracion para quitalle su remo f dJr- 
seio ú Cacamatzin , temieron, y uo le venían á ver uí á 
hacer palacio como sol ¡an;é con acuerdo de Cortés, que 
te convocó é atrajo al Montezuma para que los mandaM 
prender, en ocho dias todos estuvieron presos en la 
cadena gorda , que no poco se holf;á nuestro capitán y 
todos nosotros. Miren los curiosos letores en loque an- 
daban nuestras vidas, tratando de nos matar cada día 
y comer nuestras carnes, sí la gran misericordia de Dios, 
que siempre era con nosotros, no nos socorría; é aquel 
buen Morí tezumaútodasnuestrascosasdaba buen corte: 
é miren qué gran señor era , que estando preso asi era 
tan obedecido. Pues ya todo apaciguado é aquellos seño- 
res presos, siempre nuestro Cortés con otros capítanesé 
el padre fray Ltariolomé de Olmedo, déla urden de la Mer- 
ced, estaban teniéndole palacio, é en todo lo que podían 
le daban mucho placer, y burlaban no de manera ds 
desacato, que digo que no se sentaban Cortés ni ningún 
capitán hasta que el Montezuma les mandaba dar sus 
usenladeros ricos y les mandaba asentar; y en esto era 
tan bien mirado, que todos le queríamos con gran amor, 
parque verdaderamente eragranseñoren todas las co- 
sas ^ue le víamos hacer. Y volviendo á nuestra plática, 
unas veces le daban ¿ entender las cosas tocantes á 
nuestra santa fe, y se lo decía el fraile con el paje Orle- 
guilla , que parece que le entraban ya algunas buenas 
razones en el corazón, pues las escuchaba coa atención 



trut 



roú 



CQPiQUtSTA DE 
■Mjor qM ti priocipio. También k daljan i oalender 
clgnw poder del Emperador nuestro seüur, y cunto le 
it(bw>*>Mltait> niDclios grandes seiiurcs que ie oliedii- 
tierrns; y (¡cciaiilc oirás muchas cosas 
Mil de les üir, y ulras veces jugaba Cor- 
1 el ai totoloqiie ; y ¿I, como no era nada escusn, 
■ba C8«la «lia i'ual joyas do oro ú ni antas. ¥ de- 
I ilc Iwbliir m «ilo, y pasi^rú a<{elüUto. 

CAPULLO CI. 

IgaillaiileKic» em iDochi» mcIíiom t (irliMl¡»les df li 
rtM éíftnü l> «be(ttc{ic4a á »u n^t-'^lA^* J de oLfis «osáis 
r é0hn elli» pl^a^lJn 

Cmnoel cu pítun Corles vid que ya esta han presos 
lios reyecillos fwrrai nombrados, y lodas las ciu- 
s fKií-iCcas, dijo á Montezuma que dos veces le 
enviado á decir entes que entrásemos en Méjico 
quyriadartribntodsumaj*e5tíid,yquepues valia- 
[lúa fuleiidido el pran poder de nuestro rey y señor, é 
qac <ie muchas tierras le dan parias y tributos, y le son 
(ujelfis muy grandes reyes, que será bien quo él y lo- 
[áai sus vasaltc><i le (!6n la obediencia, porquean^i se tie- 
e pur oistuinhre, que primero se da la obediencia que 
hu ptriis é tributo. Y el Montezurna dijo que jun- 
suf vasallos é hablaría solire ello ; y en diez dius 
juularoii todos los mas caci(]ues de aquella comarca, 
vino aquel cacique pariente muy cercano del Mnn- 
, que ya hemos dichoque decían que era muy 
ido, y en la presencia y cuerpo y miembros se 
parecía. Bien era algo atronado, y en aquella sazón 
«D UQ pueblo suyo que se decía Tula; y & este 
, seguD dccian, le venia el reino de Méjico des- 
del Moatezuma; y como le llamaron , envió ¿ de- 
que DO quería Teñir ni dar tributo ¡ que aun con lo 
Ueoe de sus provincias no se pueile sustentar. De 
respuesta buho enojo Montezurna, y luego en- 
dertoi capitanes para que le prendiesen ; como era 
señor j muy emparentado , tuvo aviso dello y me- 
en su provincia , donde no le pudo haber por en- 
>iic«s. Y dejailo hé aquí, y diré que eo ¡a plática que 
el Uontezuma con todos los caciques de toda la 
'• que liabin enviado á llamar , que después que les 
liecbóun parlamento sin estar Cortés ni ningu- 
oosolros delante , salvo Orteguilta el paje , dicen 
les dijo que mirasen que de muchos años pasados 
lian pur muy cierto, por lo que sus antepasados les 
dicbo, é así lo tiene señalado en sus libros de cosas 
utemorias, que de donde sale el sol habían de ve- 
gentes que habían de señorear estas tierras, y que 
Itabia de acabar en aquella sazón el señorío y reino 
4a los mejicanos; y quo él tiene entendido, por lo que 
dioses le bao dicho, que somos nosotros ; é que se 
ban preguntado & su Huicliiliibos los papas que lode- 
lareo,* sobre ello tes hacen sacrilicios y no quieren 
ndelles como suelo ¡ y lo que mas lesda á entender 
el Htiichilébos es . que lo que les ha dicho otras veces, 
aquello dé ahora por respuesta, é que no le pregunten 
; ast, que bien da i entondcr que demos la obedíen- 
alr«y de CasUna , cuyu* vasallos dicen estos teules 
SOo; J porque al proscule no va nada en ello, y el 
OTATúiiiasbi tenemos otra mejorrespues- 



idque. 



I cual i 



[f)ó< 



[tuvo 



iad«] 



^«asdi 
Hjobaí 
^plareí 
^Bespoi 

^^1 Ihii 



NLEVA-KSPANA. ■! ^ iO.T 

lii de nuestros dioses , y tomo viéremos el tiempo, así 
Jiarlmos. Loque yo os mundo y ruego, que todos de 
buena voluntad al presente se iu demos , y contríbuy»- 
jnos con alguna señal de vasallaje , que presto os diré lo 
j quo mas nos convcrifja ; y porque ahora soy íniportusa- 
I Jo de Atulíncbc d ello , ninguno lo rehuse ; ú mírá que 
en diez y ocho años que liá que sny vuestro señor, sianii- 
pre me habéis sido sido muy leales , ¿ yo os he enriquo- 
t'ido , é ensanchado vuestras tierras , é os he dado 
mandóse hacíeuda ; é si ahora al presente nuestros dio<- 
ses perroiienque yo oslé aquí detenido, no lo estuvíe» 
ra, sinn que ya os be dicho muciías veces que migmn 
Huichilúhos me lo 1(8 mandado. Y desque oyeron esto 
razonamiento , todos dieron por respuesta que harían 
lo que mandase, y con muchas lágrimas y suspiros, y 
«I Montezurna muchas mas; y luego envió á decir cou 
un principal que para otro día darían la obediencia y 
vasallaje i su majestad. Desfiués Montezurna torné i 
hablar con sus caciques sobre el caso, estando Cortés 
delante, é nuestros capitanes y muelios soldados, y Pe- 
dro Fernandez, secretario de Cortés ; 6 dieron la uhe- 
(lienciail su majestad, y con mucha tristeza que tnas- 
traron ; y el Montezurna no pudo sostener las lágrimas; 
ú queríamoslo taiilo é de buenas entrañas , que ú nos- 
otros de verle llorar se nos enternecieron los ojos, y 
suldado hubo que lloraba tanto como Montezurna : tanto 
era el amor que le teníamos. Y dejailo hé aquí , y diré 
que siempre Cortés y el padre fray Bartolomé de Olmo- 
do , de la Merced , que era bien entendido , estaban en 
los palacios de Monlezuma por alegt^Ne, atrayéndole á 
ijue dqase sus Ídolos; j pasaré adelante. 

CAPITULO ai. 

Citno noeslro Cortés procnrí de tíbti it \is juinii te oto, y ite 
qué cilldiil eran , 7 iisidiisina en qm* ríos «skiliiii , j i\ti pon- 
lo» p>ra navio* deide lo de Páottco hatlt lo de Tabal cu, <s|»e- 
ciilmciue cirio gua^t d« GiuiMiBalca, >lo fuc aobn dio 

Estando Cortés é oíros capitanes cott el gran Mónte- 
lo ma, teniéndole en palacio, entreoirás pláticas que 
le decia con nuestras lenguas doña Marina é Jerdnimo 
de Aguilar é Orleguilta , lo preguntú quo li qné parte 
eran las minas é en qué ríos, é cúrno y de que manera 
cogían el oro que le traían en granos , porque quería 
enviar & vello dos de nuestros soldados grandes mine- 
ros. Y el Monlezuma dijo que de tres partes, y que donde 
mas oro se solía traer que era de una provincia qoe te 
diceZacalula,quees i la banda del sur, que úti ito 
aquella ciudad andadura de diex ó doce días , y qru h 
cogían con unas jicaras , en que lavan fa tierra, i' q»! 
allí quedan unos granos menudos después de laTado ; é 
queahoraalpresenteselotraeiidootraproviociiquo 
se dice Gustepeque , cerca de donde desembarcamos, 
que es en la banda del norte, ó que lo copen de dos 
ríos; é que cerca de aquella provincia hoy otras buenas 
minas, en parte que no son sujetos, que se dicen los 
cliínatecas y capotccas, y que no le obedecen; y quo 
si quí'.Te enviar sus soldados, que él daría príncípolw 
que vayan cou ellos ; y Cortés le dié las gracias por elle, 
y luego despachó un piloto que se decia f.onialo dt) 
Umbría, coootrusdossoldadúsminero!,álode2aciUula. 



104 



BERNAL ülAZ DEL CASTILLO. 



Aqueste Gonuto de Uiiilirta era al que Caries mBntl<i 
cortar los pies cuando aliorcú á Pedro Escuderos é A 
Juan Cermeño y azotó los Peftates porque se aknban 
enSiin Juan de Ulúa coa el navio, según mas larp- 
mente lo lengo escrito en el capílulo que dello liubla. 
Dejemos de contar mas en lo pasado , y digamos cómo 
fueron con ol Umbria, y seles dio de pluzo para ir é vol- 
ver cuarenta días. E por la banda de! norte despaclió 
para ver los minas ft un capitán que se decía Pi/.arro, 
mancebo de liasla teitite y cinco años ; y á este Piíarro 
trataba Cortés como á pariente. Ea aquel tiempo no ha- 
oia fama del Perú ni se nombraban Pizarros en esta 
tierra; é con cuatro soldados mineros fuéj y llevó de plaio 
otros cuarenta dias para ir é volver, porque babia des- 
de Méjico obra de ochenta leguas , é con cuatro princi- 
pales mejicanos. Ya partidos para ver las minas, como 
iliclio tengo , volvamos ádecircúmo le diúel gran Mon- 
tezoraftí nuestro capitán eu un paño de nequen pin- 
tados y señalados muy al natural todos los ríos é an- 
cones que había en la costa del norte Pínuco basta 
Tabasco, que son obra de ciento cuarenta leguas, y en 
ellos venia señalado el rio de Cuuzacualco; é como ya 
sabíamos todos los puertos y ancones que señalaban en 
el paño que tedió el Montri!uma, de cuando veníamos 
.& descubrir con Grijalva , excepto el rio de Guazacual- 
co , que dijeron que era muy poderoso y hondo, acor- 
dó Cortés de enviar á ver qué era, y para liondar el 
puerto y la entrada, Y como uno de nueslroseapitaucs, 
.que se decía Diego de ürdús, otras veces por mi nom- 
tdo, era hombre muyenlendido y bien esforzado, di- 
[jo al capitán que él quería irá ver aquel rio y quó 
tierras habia y qué manera de gente era, y que le die- 
se hombres é indios principales que fuesen con él ¡ y 
Cortés lo rebusaba, porque era hombre de buenos con- 
' sejos y tenello en su compañía, y por no ¡e descomplaccr 
le dio licencia para que fuese; y el Monteiumaledtjoal 
"^Ordiis que en lo de Guazacuatco no llegaba su señoría, 
á que eran muy esforzados, c que parase & ver lo que 
r-faacia, y que si algo lo aconteciese no le cargasen ni 
'Culpasen á él ; y que antes de llegar á aquella provincia 
c toparía con sus guarniciones de gente de guerra , que 
tenia en frontera, y que sí los hubiese menester, que los 
(llevase consigo; ydijo otros muchos cumpUmlentos. Y 
|«Corlésy el Diego de Ordás le dieron las gracias; é asi, 
-partió con dos de nuestros soldados y con otros prjn- 
'■cipalesque elMontezuma les dio. Aquí es donde dice el 
. corODÍsta Francisco López de Gómoru que iba Juan 
Velazquez con cicu soldados á poblará Guazacualco, é 
• que Pedro de Ircio luibia ido á poblar A Panuco ; é por- 
gue ya estoy harto de mirar en lo que el coronísta va 
fuera de lo que pasó, lo dejaré de decir, y diré lo que 
cada uno de los capilanes que nuestro Cortés envió hi- 
xo, t víaieron con muestras de oro. 

CAPITULO cm. 

CdDD >o!«leroo la« ci|iltinM qae tuf sira capitán «ovlii i ver tas 
roiuasé i ímodar el patria t río úe UuazacuJtko. 

El primero que volvió & la ciudad de Méjico á dar ra- 
zón dea lo que Cortés los envió , fué Gonzalo de Lmbria 
y ^us compañeros , y trajeron obra de trecientos pesos 
en éranos, que sacaron delante de los indios de uu pue- 



blo que so dice Caeatula , que , según contaba el Lm- 
bríu , los caciques de aquella provincia llevaron muclros 
indios ú los ríos , y con anas como bateas chicas lava- 
ban ta tierra y cogían el oro , y era dedos ríos; j dije- 
roo que si fuesen buenos mineros y ta lavasen como en 
la isla de Santo Domingo ó como en isla de Cuba, quo 
serían ricas minas; y u^imísmo Irujeron consigo dos 
principales que envió aquella provincia , y trajeron un 
presente de tra heclio en joyüs, que valdría ducientos 
pesos , é i liarse é ofrecerse por servidores de su majes- 
tad ; y Cortés se holgó tanto con el oro como sí fueran 
treinta mil pesos, en saber cierto que babia buenas 
minas; éá los caciques que trajeron el presente tes 
mostró mucho amor y les mandó dar cuentas verdes 
de Castilla, y con buenas palabras se volvierou á sus 
tierras muy contentos. Y decia e! Umbría que no muy 
lejos de Méjico había grandes poblaciones y otra pro- 
vincia que se decia Mutalcíngu; y á lo que seutímos 
y vimos, el timbria y sus compañeros vinieron ricos 
con mucho oro y bien aprovechados ; que á este efec- 
to le envió Cortés, para hacer buen amigo del por lo 
pasjido que dicho tengo, que le mandó corlar los píes. 
Dejémosle , pues volvió con buen recaudo, y volvamos 
al capitán Diego (teOrdús, que fuéá ver el rio de Guaza- 
cualco, que es sobre cíenlo y veinte leguas de Méjico; j 
dijo que pasó por muy grandes pueblos, quenlli los nom- 
bró, é que toiiosle hacían honra; é que en el camino 
de Guazacualco lupú & las guarniciones de Monlezuiim 
que estaban en frontera, é que todas uqucüus comarco* 
se quejaban dellos, asi de robos que les hacían , y le» 
tomaban sus mujeres y les demandaban otros tribu- 
tos ; y el Ord;ls , con los principales mejicanos que lle- 
vaba , reprendió i los capitanes de Montezuma que 
tenian cargo de aquellas gentes, y les amenazaron quo 
sí mas robaban, que se lo haría saber á su señor Uoote- 
zuma, y que enviaría por ellos y los castigaría, como 
hizo á Quelzalpopoca y sus compañeros porque ha- 
bían robado los pueblos de nuestros amigos; y con es- 
tas palabras les tnelió temor; é luego lué camino da 
Guazacualco, y no llevó mas de un principal mejícono; 
y cuando el cacique de aquella'provincia, que se decit 
Tochel, supo que iba, envió sus principates ú le recebtf, 
y le raoslruron mucha voluntad, porque aquellos de 
aquella provincia y todos letiían relación y noticia de 
nuestras personas , de cuando venimos 4 descubrir con 
Juan de Grijalva , según largamente lo he escrito en el 
capitulo pasado que dello habla; y volvamos ahora i 
decir que, como los caciques de Guazacualco entendie- 
ron á lo que iba , luego le dieron muchas grandes ca- 
noas, y el mesmo cacique Tochel , y con él otros nitt- 
clios principales hondaron la boca del rio,é hallaron 
tres brazas largas, sin la de caída, en lo mas bajo ; y en- 
trados en el rio un poco arriba, podían nadar grandes 
navios, é mientras mas arriba mas hondo. Y junio & 
un pueblo que en aquella sazón estaba poblado de in- 
dios pueden estar carracas; y como el Ordás lo hubo 
ahondado y se vino con los caciques al pueblo, le die- 
ron ciertas joyas de oro y una india hermosa, y so 
ofrecieron por servidores de su majestad , y se le que- 
jaron de Munlezuma y de su guarnición de gente do 
guerra , y que hubia poco tiempo que tuvieron una bt- 



ESPAPíA 



Í03 



I con elloK, f que cerca de un pueblo de pocas ca- 
aronlosdfl siiuella provincia í los m«j>cnno5 
éiías de sus gentes, y por aquella cauta llaman hoy 
■.(iñude aquella guerra pasú, Cuilonemiqui , que 
I ieugat quiere decir donde matarun los putos me- 
. jkutos; j el Ordás les dio muchas gracias por la honra 
~ ! habia racebido , y les dio ciertas cuentas de Casli- 
qoe Uevaba para aquel efecto, y se volvió á Méjico, 
J fué ■(«gremeiite recebido de Cortés y de lodos nos- 
i; y decía que era buena tierra para ganados y gran- 
I , j el puerto & pique para las islas de Cuhg y de 
» boroingo y de Jamaica , excepto que era lejos de 
^jico y habia grandes ciénagas. Y li esta causa nunca 
ivtmos cnnfinnza del puerto para el descarga y trato 
: JHijico. Dejemos al Ordás, y digamos del capitán 
ro j sus compañeros, que fueron en lo de Tuste- 
■• i buscar oro y verlas minas, que volviú el Pi- 
laira con un soldado solo & darcucnlaúCortés, y tru- 
I sobre mil pesos (te granos de oro sacado de las 
I, y dijeron que en la provincia de Tuslepeque y 
illnaltepeque y otros pueblos comarcanos fué A los 
rio* con mucha gente que le dieron, y cogieron la tercia 
1 oro que aili traian , y que fueron en los sierras 
iba d otra provincia que se dica los cliinante- 
I. y fiimfi llegaron á su tierra , que salieron muchos 
lios con armas, que son unas la luns mayores que las 
tni, y arcos y Hedías y pavesinas, y dijeron 
I ni un indio mejicano no les entrase en su tierra; si 
iquelosmalnriim, y que los teules que vayan mu- 
buen hora ; y asi, fueron , y se quedaron los 
SOS, que do pasaron adelante ; y cuando los 
ideCliinanla entendieron d lo que il>an,jun- 
upia da sus gentes pora favor oro , y le llevaron á 
I, donde cogieron el demás oro que venia por 
granos crespillos, porque dijeron los mi- 
I que oquello era de mas duraderas minas, como 
amiento; y también trujo el capiUin Piíarro dos 
>de aquelia tierra, que vinieron ú ofrecerse por 
de su majestad y tener nuestra amistad, y aun 
1 00 presente de oro; y todos aquellos caciques 
cinn mucho mal de los mejicanos, que eran 
I aburridos de aquellas provincias por los robos que 
ician.que no podían ver, ni aun mentar sus rom- 
, Cortés recibió bien al Pi/.arro y ú los principa- 
ae traU, y lomó el presente que le dieron, y pur- 
ká (Dttcbos años ya pasados , no me acuerdo qué 
I cnr; y m ofreció con buenas palabras que les 
I y Miríasu amigode loschinantecas, y les mandó 
I IWnft á su proTÍucia; y porque no recibiesen al- 
as ta el camino , mandó á dos principales 
I qoe los pusiesen en sus tierras, y que no se 
I dedos basta que esluvieseu en salvo , y fueron 
atos. VuKümus & nue^itra plática: quepregun- 
lA Cortés pur los dcniíts soldados que había llevodo el 
Ptxam m su compunia, que se decían Barrientos y 
I el viejo y Escalona el mozo y Cervantes el cbo- 
»; y dijo que ponjue les pareció muy bienoque- 
y era -rici de tuinas , y los pueblos por donde 
iiBiiydepai,lcR mandóque hiciesen una gran 
I im ctctguttalesy maizales y pusiesen muchas 
!• tisRi, y Otras granjerias que habia de algo- 



don , y que desde allí ruasen calando todos los ríos y 
viesen qué minas habia. T puesln que Cortés calló por 
entonces, no se lo tuvoá bien i su pariente hubcr sa- 
lido de su mandado, y supimos que en secreto riñó 
mucho con él sobre ello, y le dijo que era de poca ca- 
lidad querer entender en cosas de criar aves é caca- 
guatales; y luego envió otro soldado que se decía Alon- 
so Luis á llamar los demás que había dejado el Pizarro, 
y para que luego viniesen llcvdun mandamiento; y lo 
que aquellos soldados hicieron diré adelante eti SU 
tiempo y lugar. 

CAPÍTULO CIV. 

CdiDoCortts dllfl il gnu Nsnlentn» que miDdise 1 lodM 1ast>< 
ciqít» que tritiauíen i su mjjesliil , pncí cooiuiiraeiilc ttiblta 
qvt teaiin ucu. j lo que sobre ella i« hiio. 

Puescomo el capitán Diego de Ordüs y los soldados por 
mi ya nombrados vinieron con muestras de oro y rela- 
ción que toda la tierra era rica, Cortés, con consejo del 
Ordás y de otros capitanes y soldados, acordó de decir y 
demnndar al Montezumaque todos los caciques y pue- 
blos de ta tierra tributasíu ü su majestad , y que al mis- 
mn, como gran señor, también tributase é diese de sus 
tesoros; y respondió que él enviaría por todos los pue- 
blos & demandar oro , mas que muchos del los no lo al- 
canzaban , sino joyas de poca valia que habían habido 
de sus antepasados ; y de presto despachó principales 
ú las partes doode había minas, y les mandó que dieso 
cada una tan tos tejuelos de oro fino del tamaño y gordor 
de otros que le suliun tributar, y llevaban para mues- 
trasdos tejuelos, y de otras partes no le traía ir síiiojoye- 
zuelasde poca valia. También envióA la provincia dondo 
era cacique y señor aquel su pariente muy cercano que 
no le quería obedecer, que estaba de Méjico obra de daca 
leguas; y la respuesta que irujeron los mensajeros toé, 
que dccia que no quería dar oro ni obedecer al Monte- 
luma , y que también él era señor de Méjico y le venia 
el señorío como al mismo Montezumn que le enviuba i, 
pedir tributo. Y como eslo oyó el Wontezuma, tuvo 
tanto enojo, que de presto envió su señal y sello y con 
buenos capitanes pnra que se lo trujesen preso; y ve- 
nido á su presencia el pariente , le habló muy desaca la- 
damenle y sin níuguu temur, ó de muy eafonado, 6 
decían que tenía ramos de locura, porque era como 
atronado ; todo lo cual alcanzó á saber Cortés, y evvtó 
á pedir por merced al Montezuma que se lo diese , quo 
él lo queria guardar ; porque, según le dijeron, te había 
mandado matar el Montezuma ; y traído ante Corles, la 
habló muy amorosamente , y que no fuese loco contr» 
su señor, y que lo queria soltar. V Uontczuma cuando 
lo supo dijo que no lo soltase, sino que lo echasen en 
la cadena gorda , como á los otros reyezuelos por mf 
y» nombrados. Tornemos á decir que en obra de veinte 
días vinieron todos los principales que Montezuma ha- 
bía enviado i cobrar los tributos del oro, que dicho 
tengo. Y asi como vinieron, envió i llamar á Cortés y 
á nuestros capitanes y ciertos soldados quo conocJa 
que éramos de guarda, y dijo estas palabras formate<;, 6 
otras como ellas : o Higoos saber, señor Malínche y se- 
norcs capitanes y sotdailos, que á vuestro gran rey yo 
le soy en cargo y le tengo buena voluntad, asi por se- 



m 6ERNAL DÍAZ 

íwr y (an gran señor, mido por baber enviado de tan 
léju$ (ierras ú sal)«r de mí; y lo que mas me pone en el 
pensamiento es, que el tm de ser el que nos lia de so~ 
¿orear, segua iiueslros aiitepasailos nos lian diclio, J 
uua nuestros dioses nos dan i entender por lus res pues- 
tasque deltos tenemos; toroi ese oro que se lia reco- 
gido , y pur ser tan de priesa no te trae mas ; y lo que 
JO tengo aparejado para el Eraperador os todo el teso- 
ro que iie liubído de mi padre , que está un vucslro po- 
der y apuseoto, que Ijienséque luego que á<]u\ venistes, 
llbristes la casa y lo vistes é mirusles ludo, y la tornas- 
tes á cerrar como antes eslaba ; y cuando se lo envii- 
redtís , decilde en yueslros anales y carias : « Esto os 
envía vuestro Luen vasallo Uontezuma ; n y también yo 
03 daré unas piedras muy ricas, que le enviéis en mi 
nombre, que son clialcbütuis, que no son para dar á 
otras personas, sino para ese vuestro gran emperador, 
que vale cada una piedra dos carcas de oro. También 
le quiero enviar tres cerbatanas con sus esqueros y bo- 
doqueras, que tienen tales obras de pedrería, que se 
liolgtiM de veüas; y también yo quiero dar de lo que 
tuviere, aunque es poco, porque todo el mas oro y joyas 
que tenia os he dado en veces. Y cuando aquello le o yó 
Cortés y todos nosotros , estuvimos espantados de la 
gran bondad y liberalidad del gran Montezuma, y on 
tnucbo acato le quitamos todos las gorras de armas, y le 
dijimos que se lo teníamos en merced , y con palabras de 
mucbo amor le prometió Cortés que escriliiriamos á su 
majestad de la magnificencia y franqueza del oro que 
nos dio en su real nombre. Y después que tuvimos otras 
pláticas de buenos comedimienlos, luego eii aquella 
llora eníiú Mouteíuma sus mayordomos para entregar 
todo el tesoro de oro y riqueza que eslaba en aquella 
sala encalada ; y para vello y quitallo de sus bordadu- 
ra« y donde «staba engaslado tardamos tres días , y 
aun para lo quitar y desliucer vinieron los plateros do 
Monlezuma , de un puetilo que se dice Escapuzalco. Y 
digo que era lauto, que después do desliecho eraa tres 
montones de oro ; y pesado, Imbo en ellos sobre Seis- 
cientos mil pesos, como adelante diré, sin la piala é 
otras III uc lias riquezas. Y no cuento con ello las plan- 
chas, y tejuelos de oro y el oro en grano de las minas; 
y se comenzó á fundir con los plateros indios que diclio 
tengo, naturales de Escapuzalco, é so hicieron uiaas 
barras muy anclas deilo, como meilida de tres dedos 
de la mano de anchor de cada una biirra. Pues ya fun- 
dido y hecbo barras, traen otro presente por si de to 
que el gran Monlezuma babia dicho que daria , que fué 
cosa de admiración ver tanto oro y las riquezas de otras 
joyas que trujo. Pues las piedras cbalchilmis, que eran 
tan ricas algunas dellas, que vallan entre los mismos 
caciques mucha cantidad de oro ; pues tas tres cerbata- 
nas con sus bodoqueras, los engastes que tenían de 
piedras y perlas, y las pinturas de pluma ó de pajaritos 
llanos de aljófar, é otras aves, lodo era de gran valor. 
Dejamos de decir de penachos y plumas y otras muchas 
cosas ricas , que es para nunca acabar de iracrlo aquí á 
la memoria ; digamos agora cómo se marcó lodo et oro 
que dicho tengo con una marca ile hierro que maudó 
liacer Cortés , y lus oliciales del Rey prohibidos por 
Corles, y de acuerdo de todas nosotros , en nombre de 



DEL CASTILLO. 

I su majestad , hasta que otra cosa mandase ; y la marca 
fué las armas reales como de un real y del tamaño da 
un tostón de á cuatro, y eslo sin las joyas ricas que nos 
pareció que no eran para deshacer; pues pera pesar to- 
das estas barras de oro y plata y las joyas que queikron 
por deshacer no teníumus pesas de marcos ni baliii- 
za , y pareció í Cortés y & los mismos oliciales de la 
hacienda desu majestad que seria bien liacerde hierro 
unas pesas de Imsta una arroba , y otras de media arro- 
ba, y de dos libras, y de una libra, y de media libra y 
de cuatro onzas ; y esto no para que viniese muy justo, 
sino media ouza mas ú meaos en cada peso que pesaba 
y de cuanto pesó. Y dijeron los oliciales del Key que I 
había en el oro , así en lo que esluba hecho arrobas 1 
como en los granos de lus minas y en loa tejuelos y jo- 
yas, mus de seiscientos mil pesos, sin la plata é utrat 
muchas joyas que se dejaron de avaluar; y atgfunof 
soldados decian que había mas, Y como ya no había 
que hacer en ello sino sacar el real quinto y dar á cada 
capitán y soldado nueslras partes, éá los que queda- 
ban en el puerto de la Vi Ita-ltíca también las suya.;, pa- 
rece ser Cortés procuraba de no lo repartir tan presto, | 
basU que tuviese mas oro é hubiese buenas pesas y 
razón y cuenta de lí cómo salian; y lodos los mas sol» 
dados y capitanes dijimos que luego se repartiese, por- 
que habíamos visto que cuando se deshacían las pie- 
iias del tesoro de Monlezuma estaba en los montones 
; que lie dicho mucho mas oro, y que faltaba la ter- 
I cía parle dello , que lo lomaban y escondían , así por la 
! parle de Cortés como de los capitanes y otros que no 
I se sabía, y se iba menoscabando; é á poder de muchas 
piúticas se pesó lo que quedaha, y bailaron sobre seis- 
cíenlos mil pesos, sin las jujas y tejuelos, y para otro 
día habían de dar las parles. E diré cómo lo reptrlieroo, 
é lodo lo mas se quedó con ello el capilan Cortés ó otras 
personas^ y lo que sobre ello se hizo diré adelante. 

CAPITLLO CV. 

Ctna se Kpirtid el oro que bnliliiioi, til ie lo faedid típu 
Hoat»iima eamii de lo que se rcesgiú iv lo« paeMoi, j t«l« 
<i<lt Subrc ello acacclú i un soldado. 

La primero se sacó el real quinto, y luego Cortés 
dijo que le sacasen á él otro quinto como á su majestad, 
pues se lo prometimos en el arenal cuando le alzamos 
por capitán generail y justicia mayor, cumo ya lo h» 
dicho en el capitulo que dello habla. Luego tras esto 
dijo que había hecho cierta costa en la isla de Cube que 
f^asló en el armada, que lo sacasen de montón; y dero&s 
desto, que se apartase del mismo moute la costa que 
bahía hecbo Diego Velazquez en los navios que dimos 
al través con ellos, pues todos fuimos en ellos; y tras 
esto, para los procuradores que fuerun é Castilla. Y de- 
más desto, para los que quedaron en la Vílla-Hica, quo 
eran selenU vecinos , y para el caballo que se le murió 
y para la yegua de Juan Sedeño , que mataron en lo de 
Tlascala de una cuchillada ; pues para el padre de la 
Merced y el clérigo Juan Díaz y los capitanes y los qno 
traían caballos, dublés partes, eseopelofos y bailesteroi 
por el consiguiente , é otras sacahñas; de manera qoo 
quedaba muy i>oco de parle , y por ser tan poco muchos 
saldados hubo que no lo quisieron recebir; y con todo 



COÑOUtStA DE 
k^ndtba Cortét , pue« en aquel (¡cmpo no podinmns 
lañrAtni cma sino collar, purque dt-mandar jiiílicia 
I elln era por demás; é oíros soldados Lubo que (n- 
I tij« partera den pesos^y dabao voces por lo de- 
■<■; 7 Cortét fecretamcnte daba ú unos y á otros por 
jk <|iM k» hocti merced por conleii tollos , y con bue- 
n* filabraf que let decia sufrían. Pues vamos 6 las 
prta quedaban i los de laVillu-Kica, queso lu maiidú 
Brear i Ttesnia [mm que atlí se lo guardare ; y cnmo 
So fM a»! repartido , en tal puro toda , como aitelaiile 
dtféM tu tiempo. En aquella sazón muvltos do núes- 
tía* opilanes mandaron bauer cadenas de oro muy 
fnndes i los plateros del gran Monti^/uma, que ya lie 
dicho que tenia un gran puebío dellns, meilía legua 
da Méjico, que se diré E^seapuzalco; y asiniisnio Cor- 
Ib mandó Imcer mudms juyús y grati servicia de va- 
jUh , y algunos de nuestros soldados que habían lieu- 
cMdo íaf manos; por manera que p aniitban públícii- 
■MBta muclios Icjuelos de oro marcado y por marcar, 
j joyas (le iiiuL-ltas diversidades de hecliurus,é el juego 
hrga, con uuos naipes que hacian de cuero de atambo- 
Rf , Inn buenos é tan bien pintados como los do Espa- 
la; Un calles naipes bacía un Pedro Valenciano, y 
telí manera estábamos. Dejemos de hnblur en el ora 
y da lo mal que se repartió y peor se goió , y diré lo que 
áOD aoltlado que se decia Fulana de Cárdenas le acae- 
ció. Parece ser que aquel soldado era piloto y hombro 
I laBur , natural de Triana y del condudo ; el pobre 
I en su tierra mujer é hijos , y como ú muchos nos 
ce , debria de estar pobre, y vino il buscar la vida 
volverse i su mujer é hijos ; é como tiabía visto 
I fique» en oro en planchas y en grunos de lus mí- 
\ tejuelos y burras rundidas, y al rejiartir dello viá 
) 00 le daban sino cien pesos, cayó malo de pensa- 
roto y tristeza ; y un su amigo, como lo veía cada día 
pensativo y malo , {bale á ver y decíale que do qué 
I de aquella manera y suspiraba tanto ; y respondió 
I piloto Cárdenas : a¡ Oh cuerpo do tal conmigo t ¿Yo 
iba de estar malo viendo que Cortés as! se lleva lodo 
», y como rey lleva quinto , y ha sacado para el ca- 
lilo que se le murió y para los uavfos de Üicgo Velaz- 
qws J para otras muchas traucanillas, y que muera 
~im^tTé híjosde hambre, pudiéndolos socorrercnaii- 
1 foeren tos procmudores con nuestras cartas, y le 
lodo el oro y pinta que habíanlos habido en 
I iJempo ?» Y respondióle aquel suamigo:«Pue9 
iorotenisdes vos para les enviar?» Y el Círdenas 
yo : «Si Cortés me ditera mi parte do lo que me cabía, 
era ello se so«luvÍera mi mujer é hijos, y aun les so- 
i; inai mirad qué embustes tuvo , hacernos firmur 
fiásemos i su mojestad con nuestras partes , y 
del oro pam sn padre Martin Cortés sobre seis 
I peaos é lo que escondió ; y yo y otros pobres quo 
»o« de noche y de día batiitlanilo, como habéis vis- 
I las guerras pasjdas de Ta basco y Tlascalaélo do 
ipacinga é Cholula^ y agora estar en tan grandes 
icomo estemos , y cada día h muerte »\ ojo si 
•otasen en esta cludud , é que se alce con todo et 
I que lleve quinto como r<>y. » E dijo otras pala- 
tiobreello.yquo talquíulo no le liabiamos dede- 
'ncu, ni tener tantos reyes , sino solamente á su 



|qaé4 




KCEVA-ESPAfi*. W 

majestad. Y replicó su compañero y dijo ; «Pues 
¿esos cuidados os matan, y agora veis que todo ¡o quo 
traen los caciques y Montezuma se consume en él , uno 
en p.ipo y otro ensaco é olro so el sobaco, y allii v» 
lodo donde quiere Cortés y estos nueitroscapílancs, 
que husta el bastimento todo lo llevan? Por eso de- 
jaos desos pensamientos , y rogad ü. Dios que en esla 
ciudad no perdamos lus vi.ias ; » y así , resarou sus plá- 
ticas, las cuales aleauíó ú saber Cortés; y como lo de- 
cían quo había muchos soldados descontentos por las 
parles del oro y de lo que bnbian hurtado del montón, 
acordó de haCBcS todos un pnriamonlo con palabras muy 
melifluas, y dijo que todo lo que tenia era para nos- 
otros; que él no quería quinto, sino la parta quo lo 
coba do capitán general , y cualquiera que hubiese me- 
nester oigo que se lo daría ; y aquel oro que liuliísmos 
habido que era un poco de aire ; que mirásemos bs 
grandes ciudades que hoy ó ricas míims, que todos se- 
riamos señores dellas, y muy prósporosé ricos; y dijo 
otras razones muy bien dichas , que las sabía bien pro- 
poner. Y demás dosto, á ciertos soldados secrelamente 
daba joyas do oro, y & otros hacia grandes promesas, y 
mandó que los bastimentos que traían los mayordomos 
de Montezuma que lo repartiesen entre to<ios los sol- 
dados como á su persono ; y demúsdesto, llamó aparte 
al Cárdenas y con palabras lo halagó, y lo promeiid 
que con los primeros novios lo enviaría ú Castilla á su 
mujer & hijos , é le dio trecientos pesos , y así se que- 
dó contento. Y quedarse ha aquí, y diré cuando venga 
á coyuntura lo que al Cárdenas acaeció cuando fue i, 
Castilla , y cómo le (ué muy contrario á Corles en los 
negocios que tuvo ante su majestad. 

CAPITULO CVI. 

Cima habieron pilibni Jmo VeliKtnei de Lean j ti utareni 
Gregúria Mrjit sobre el oro ijnc (iltiba de los nautoDU aoCtS 
que se rnadleie, i U¡ que Cortts liiio lobrecllo. 

Como el oro comunmente todos los hombres lo de- 
seamos, y mientras unos mas tienen m as qn i eren, acon- 
teció que, como ralta han muchas piezas dcoro conoci- 
das de los montones, ya otra vez por mi dicho, y Juan 
Velazquez de León en aquel tiempo hacía labrar & los 
indios de Escapuialco, que eran todos plateros du] 
gran Montezuma , grandes cadenas de oro y otras pie- 
zas de vajillas para su servicio; y como Couzalo Mejia, 
que era tesorero, le dijo secretamente que se las diese, 
pties no estaban quintadas y eran conocidamente de las 
que había dado el Mnnleiuma ; y al Juan Velazquejida 
Lelilí , que era muy privado de Cortés, dijo que no le 
quería dar ninguna cesa, y que no lo había tomado du 
loque estaba allegado ni de otra parte ninguna , salva 
que Cortés se las habia dado antes que se hiciesen bar> 
ras; y el Gonzalo Mejia respondió que bastaba lo que 
Cortés había escondido y tomado ó los couipiifieros , y 
todavía como tesorero demaudaba mucho oro,quuso 
había pagado el real quinto , y do palabras en palabras 
se desmandaron y vinieron á echar mano á las espadas, 
y si de presto no los metiéramos en paz, entrambos 4 
dos acabaran allí sus vidas , porque eran personas da 
mucho ser y valientes por las armas; y sRÜeron heridos 
cada uno cou dos heridas. Y como Cortés lo supo, los 



UL DÍAZ DEL CASI 



tnandii edmr presos cada uno ea una cadena gruesa, 
y parece ser , según muclios soldados dijeron , que se- 
crctomeale liablú Cortés al Juan Velazquez de León, 
.como era inuclio su amigo, que estuviese preso dos djas 
eula misma cadena, yqtie sacarían de la prisión al Gon- 
zalo Mejia, como i tesorero; j eslo lo hacía Cortés 

'pnrquo viésemos todos tos rapitanesy soldados que Ija- 
da juslída, que con ser el iuan Velnzquez una y carne 
del mismo cngjítan , le tenia preso. Y porque pasuron 
olrus cosas acerca del GonEolo Mejía , que dijo & Cortés 
sobre el muclio oro que faltaba , y que se te quejaban 
dello todos los soldados porque no se lo demandaba al 
mismo capitán Cortés, pues era tesorero é estabaú su 
cargo; porque es larga relación, lo dejaré de decir, y 
diré que, como el Juan Vela7.qucz de León estaba presd 
eo una asta cerca del Monlezuma y su aposento, en una 
cadena gorda, y como el Juan Vclazqucz era liombre 
de gmn cuerpo y muy membrudo, y cuando se pa* 
geaba por la sula lloraba la cadena arrastrando y hacia 
gran sonido, que lo oíaelMontezumo, preguntó al paje 
Orteguilk que á quién tenia preso Cortés en lus cade- 
nas, y el paje le dijo que era ú Juan Velazqucz, el que 
■olía leuer guarda de su persona, porque ya en aquella 
sazón no lo era, sino Cristóbal de Olí; y pregunté que 
por qué causa, y el paje le dijo que por cierto oro 
que Tallaba. Y aquel mismo dia Tué Cortés á tener pa- 
lacio ut Monlezuma, y después de las cortesías acos- 
tumbradas y do las palabras que entre ellos pasaron, 
pregutiti^ el Monlezuma á Corles que por qué tenia 
preso & Juan Vclazquez, siendo buen capitán y muy 
esforzado; porque el Monlezuma , como lie dicho oirás 
veces , bien conocía á todos nosotros y aun nuestras 
calidades; y Cortés le dijo medio riendo queporqoe era 
tnbanillo , que quiere decir loco , y que porque no le dan 
mucho oro quiere tr por sus pueblos y ciudades á de- 
I, mandalloü los caciques, y porque no mn te ¿algunos, 
por esla causa tolictie preso; y ei Mojileíuma respori- 
diú que le pedia por merced que le soltase, y qoe él 
enviaría ú buscar mas oro y le daría de lo suyo ; y Cor- 
tés hacia como que se le hacía de tnal el sollallo, ydijo 
que si huirla por complacer al Monlezuma; y paréccme 
que lo sentenció enque fuese desterrado dclreuly fuese 
i un pueblo que se decía Cliolula, con mensajero del 
Monlezuma , ú demandar oro, y primero los hizo amigos 
ol Gouzalo Mejía ya) Juan Velazquez,é vi que dentro de 

■seis dias volvió de cumplir su destierro, y desde allí 
sdelaiite ct Gonzalo Mejía y Cortés no so llevaron bien, 
y el Juan Velazqucz vino con mas oro. He traído eslo 
■qui á la memoria , aunque vaya fuera de nuestra reía* 
don, porque vean que Cortés, so color de hacer justicia 
[lorque todos le temiésemos, era con grandes mañas. 
Y dejarémoslo aquí. 

CAPITULO CVIL 

Cína (! una Montrtatni dijo i Catlm qac Se qoerli Air tm htii 
de lai lups |iin que >e ciiiie rtin cMi, j lo que Corles le tpí- 
pOBdid, f todivii la lomd, j U leniíi i liuarjbaí) como bíji 
it Ul teíur. 

Como Otras muchas veces lie dicho , siempre Cortés 
y lodos nosotros procurábamos de agradar y senir ú 
Montezunia y tenerle palacio ; y uo dia le dijo el Moh- 



tezuma : « Mira , Malinclie, que tanto os amo , qtie 05 
quiero dar una hija mía muy hermosa para que os ca- 
séis con ella y la tengáis por vuestra legitima mujer;» y 
Cortés le quitó la gorra por la merced , y dijo qu« en 
gran merced la que le hacía ; mas que era casado y tenia 
mujer,équeentrenosotrosnopod("mostenermasdeun» 
mujer, y que él la tenia en aquel agrado que tiíja de 
tan gran señor merece , y que primero quiere se tucIt» 
cristiana , como son otras señoras hijas de señores ; <r 
Monteiiima lo hubo por bien , y siempre mostraba eJ 
pran Monlezuma su acostumbrada voluntad ; é de un 
dia en otro no cesaba Monlezuma sus sncriüdcM y do 
matar en ellos indios, y Cortés se lo retraía, y no apro- 
vechaba cosa ningun;i, hasta que tomó consejo con 
nuestros capitanes qué liaríamos en aquel caso, par- 
que no se atrevía ú poner remedio en ello por no revol- 
ver la ciudad é i los papas que estaban en el Huidii- 
lúhos ; y el consejo que sobre ello se dio por nuestros 
capitanes é soldados, que hiciese que quería ir á der- 
rocar los ídolos dd alto cu de Iluichilóhos, y si viése- 
mos que se ponían en defenddlo ú quo se alborotaban, 
que le demandase licencia para hacer un altar en umi 
pnrle del gran cu , é ponor un Crucifijo é una imágeii 
de nuestra Señora ; y como esto se acardi, fué Cortés 
ú los palacios adonde estaba preso Moiile/uma , y llevó 
consigo siete capitanes y soldados , & dijo a! Monlezu- 
ma : «Señor, yíi muchas veces he dicho 6 vuestra mn- 
jpslad que no sacrifiquéis mas ánimas i estos vuestros 
dioses, que os traen eugañudos, y no lo queréis hacM*; 
liiÍRoos, Señor, saber que lod(>s mis companeros y estos 
capitanes que conmigo vienen, os vienen á pedir por 
merced que les deis licencia para los quitar de alft, y 
pondremos & nuestra Si^ntira sania María y uno en»; j 
que si ahora no les dais licencia , que ellos inln 6 to% 
quitar, y no querría que matasen algún popa.» Y cuando 
el Monlezuma oyó aquellas potabras y vio ir A los copi- 
tancs iilgo alterados, dijo : « ¡Oh MaNnche, y cómo nos 
queréis ediurú pcnier toda esta ciudad! Porquoesturúu 
muy enojados nuestros dioses coivtm nosotros, y «un 
vuestras vidas no sé en quú pararán. Lo que os ruego, 
que ahora al prewoie os sufriiis, que yo enviaré & lla- 
mar fi todiis los papas y veré su respuesta.» Y como 
aquello oyó Cortés, hízo un ademan que quería liubUr 
muy en secreto al Monlezuma solo con et frailo de la 
Merced , é que no estuviesen présenles nuestros capita- 
nes que llevaba en su compañía, á los cuales man- 
dó que le dejasen solo, y los mandó salir ; y como te 
salieron de la sala, dijo al Monlezuma que porque nu 
se hiciese alboroto, ui los papas lo tuviesen á mal 
derrocallo sus Ídolos , que él trataría con los mismo» 
mxistros capitanes que no so lúdese tal cosa, coa tal 
que en un apartamiento del gran cu tiidéseinos un 
altar para poner la imúgen de nuestra Señora é una 
cruz, é que el tiempo andando verían cuún buenos ; 
provechosos son para sus únimas y para dalles la salud 
y buenas sementeras y prosperidades ; y el Monlezu- 
ma, puesto que con suspiros y semblante muy triste, 
dijo que él lo trataría con los papas. V en lio de mucluu 
palnbras que sobre ello hubo , se puso nuestra altar 
apartado de sus malditos ídolos, y li ímigen de nues- 
tra Señora y una cruz , y con mudia devoción, y lodos 



CONQUISTA DE 

gndas i Dios , dijeron misa cantada el padre de 

, } airudaba i la mist el clérigo Juan Díaz y 

de las nuestros soldados ; y allí mitndd poner 

eapilau i un soldada viejo para qbe tuviese 

Hi •lio, f rogó al Monlezuinu que mandase á 

que no tocasen on ello , salvo para barrer y 

toeienso j poner candcks de cera ardlcivdn de 

7 de día, ; eiinínmllo y poner ¡lores. Y dejallo 

, J diré lo qne sobre ello ariuo. 



CAPITULO CVIII. 



iH^Vla* r) fría Vsntfiaii» dijo i noeitro cipitan Cortís qae te 51. 

P" Üf%* ác U^itco coa todos los laldadoi* porque te quériaa \t- 
«*(ur taiut loi ticiqMi 1 fipa y Attaot gaerri bastí iniur- 
M4» p<ir^ac it*í fiUli4 aiordado j áiáít coaseju por su&J(lüia>, 
j I» fme Cortil sobre ello tiiio. 

Como siempre i la contina nunca nos fallabnn so- 
brcsiltos . y de tal calidad , que eran pura acabar las vi- 
das eo ellos si nuestro Señor Dios no lo remediara , y 
iui qua , como habíamos puesto en el f;ran cu en el ait»r 
<¡ae bicimos la iniúgen de tiucslra Señora y la cruz , y se 
^^••luntaEtan^lio y misa, parece ser qne los Hut- 
i y el Tezcatepuca iiablaroo con los papas , y le<s 
I que se querían ír de su provincia , pues tan nml 
Mkdo6«ran itc Ins teules, i que adonde están aque- 
flnS^urasycrur. quena quieren estar, é que ellos no 
«ttarüín «lU si no nos matalian, é que aquello les daban 
perra-Sfiuesta, éque no curasen de tener otra , é que se 
^d^ieMD á UoDtezuma y á todos sus capitanes, que lue- 
) opoieniasen la guerra y nos matasen ; y les dijo el 
I que inir3!«n que todo el oro que sallan tener para 
Uosto liabiamos deshecho y hecho ladrillos, éque 
I que DOS Íbamos señoreando de la tierra , y que 
IOS presos & cinco grandes caciques, y les dijeron 
Ifuldadespara alraeilos adornos guerra; y para que 
I j todos nosotros lo supiésemos, el grao Moute- 
) le «avió á llamar para que le quería hablar en cosas 
I iki Rtuclio en ellas; y viuo el paje Orteguílla , y dijo 
iMUba muy alterado y triste Uoo tez orna, é que aijue- 
) é parle del día habían estado con él muchos pa- 
pt j capitanes muy principales , y secretamente habla- 
bu, que no lo pudo entender ; y cuando Cortés lo oyá, 
teéde pretto «1 palacio donde estaba el Monlezuma, y 
teonsig<i iDisióbal de Olí, que era capitán do la 
I, é i otros cuatro capitanes, é á doña Marina éá 
Jtfiíainio de Aguílar; y después que le hicieron mucho 
a, dijo el Montezuma : a ¡Olí, señor Mal i oche y seño- 
leapluaes, cuánto mepesade la respuesta y mandudo 
I Doestrot teules han dado á nuestros papas é ¿ mi ó á 
» Bit ctpitaoesl Y es que os demos guerra y os ma- 
I é 01 ba^mos tr por la mar adelante ; lo que he 
tdailo y me parece, es que antes que comiencen 
I, que luego salgáis desta ciudad y no quede 
» <Íe rosotroi aquí ; y esto , señor Mulinclie , os 
) qM liaRiís en todas manems, que os conviene ; si 
ff BMUrae han, y míri que os va las vidas, m Y Cor- 



itros capitanes sintieron pesar y aun se al- 
; y DO era de maravillar do cosa tan nueva y 
, que era poner nuaslras vidas «u gran pc- 
elloen aquel Instaute, pues lan determinu- 
DOt lo avisahan ; y Cortés le dijo que él m lo 



NUEVA-ESPA.^A. L w " t. 109 

t«tiia en merced el aviso ; que a] presente do dos cosas 
le pesaban : no tener navios en que se ir, que mandú 
quebrarlos que trujo ; y la otra, que por fuerza había 
de ír el Montezuraa con nosotros pa ra que le vea nuestro 
gran emperador ; y que le pide por merced que ten^a 
por bion que hasta que se hagan tres navios eo el arc- 
ual que detenga iS los papas y capitanes, porque para 
ellos es mejor partido ; y que si comenzaren la guerra, 
que todas morirán en ella si la quisieren dar. E mas 
dijo, que porque vea Montezuma quiere luego hacer 
lo que le dice, que mande ú sus capitanes que vayan 
con dos de nuestros soldados que son grandes maes- 
tros de h:icer navios acortar la madera cerca del are- 
nal. El Montezuma estuvo muy mas triste que de ante', 
como Curtes le dijn que había de ir con nosotros ai)te 
el Emperador, y dijo que le daría los carpinteros, y 
que luego despachase, yuohubiese inos palabras, sino 
obras; y que entre tanto que él maiubirí)! 6 los papas 
y ásiis capitanes que no curasen de alborotar la ciu- 
dad, é que á sus Ídolos Huichilúbos que mandaría 
oplacasen con sacrillcíos , é que no seria con muertes 
de hombres. Y con esta tan albarotada plática se despi- 
did Cortés del Montezuma, y estábamos todos con 
grande congoja, esperando cuándo habían deconrenzar 
la guerra. Luego CortL^ mandó llamar i Martin Lopeí 
y Andrés Nuñcz , y con los indios carpinteros que !e díú 
el gran Montezuma ; y después de platicado el porte 
de que se podrían labrar los tres navios) le mandó <quu 
luego pusiese por la obra de los hacer é poner á pun- 
to, pues que en ia Villa-Dica babiii todo aparejo de hier- 
ro y herreros, y jarcia y estopa, y calafates y brea; y 
asi, fueron y corUiron la madera en la coíta de la Vi- 
lla-Rica, y con toda la cuenta y galivo di'lla, y con 
buena priesa comenzó á labrar sus navios. La que Cor- 
tés le dijo á Martin López sobre ello no lo sé ; y esto 
digo porque dice el coronisla Cúmora ea su Historia 
que le mandó que iñciese muestras, como cosa de bur- 
la , que los labraba, parque lo supiese el gran Monte- 
zuma : remítomeá lo que ellos dijeron, que gracias á 
Utos son vivos en este tiempo ¡ mus muy secretamente 
me dijo el Martín Lnpez que de hecho y apriesa los 
labraba ; y asi , los dejó en astillero tres navios. Dejé- 
moslos labrándolos, y digamos cuáles andábamos todos 
en aquella gran ciudad inn pensalivns , temiendo que 
de unn hora á otra nos habian de dar guerra en nues- 
tras caborías de Tlascala ; é duna Marina asi lo decía el 
capituu , y el Orteguílla, el paje del Montezuma, siemjtro 
estaba llorando , y lodos nosotros muy ú punto , y bue- 
nas guardas al Montezuma. Digo, de nosotros estar á 
punto no habia necesidad de decillo tantas veces, por- 
que do dia y de noche no se nos quitaban las urmus, 
gorjales y antiparas, y con ello dormíamos. Y dirdn 
ahora dónde dormíamos , de qué eran nuestras camas, 
sino un poco de paja y una estera , y el que tenia un 
toldillo, ponclle debajo, y calzados y armados, y todo 
género de armas muy á punta, y los caballos eorren&Jos 
y ensillados todo el dia ; y todus tan prestos, quo en 
tocando el arma, como sí estuviéremos puestosé aguar- 
dando para aquel punto ; pues de velar cada noche, no 
quedaba soldado que no velaba. Y otra cosa digo , y no 
por me jactanciar dello , que quedé yo tan acoitum- 



i 19 ^f^^^^^^ 6ERNAL IHAZ 

brado de andar armadi) ; dormir de la mamra que lie 
diclm, que desput'S de conquistada la Nueva- Es [vnña 
lc>n¡a por costumbre de me acostar testido y sin cama, 
é que dwrrtia mejor que e» cutclioues duermo ; í sfiora 
cuando voy á los puelitos de mi encomienda no llevo 
catnu , ú s\ alguna vez la llevo no es por mi voluntad, 
sino por alguuos cabulleros que se Inillan presentes, 
purqut! no veuu que por fallu áe buena ciiuia la dejo de 
nevar ; mas en verdad que nie echo vestido en ellü. Y 
' Otra cosa digo, que no puedo dormir sino un ruto de 
la noche, que me tengo de levantar á ver el ciclo y es- 
trellas, y me he de pasear un ralo ul sereno, y eslo sin 
poner en la cabe^.a el bonete ni paño ni co«i ningu- 
no , ; gracias d Dios no me hace mal , por la costumbre 
que leuia ; y esto lie diclio porque sepan de qué arte 
andamos los verduderos conquistadores, ycúmo eslá- 
¿amas tan acustumbradus & las armas y velar. Y de]e- 
tnos de hablar en ello , pues que salgo fuera «le nuestra 
rekciOTí, y digamos cómo nuestro Señor Jesucristo 
siempre nos hace muclias mercedes. Y es, que en lit 
íalu de Cuba biego Velazqucz dio mucha priesa en su 
armada, como ntlelanle diré, y vino en aquel instante 
fi la Nueva-España un capitán que se decía Pánñlo de 
Norváez. 

CAPITULO ere. 

Cómo Dlcfto Veliinncj, eobernador de Cuba, á\i mnj gran priesa 
en envÍ3T su armada coDtn nololros. j ca eWí pur caplun gC' 
nertl i Púnfllo fie Nirvsfi, f c6mo vino en su compaíiia el li- 
resciido Lúcaí VaiqDci ie AiUog , oidor ir l> nal indleaeía de 
Sanio üomiDga , ; lo que íutire ello »e biio. 

Volvamos ahora & decir atgo atrás de nuestra rela- 
ción , para que bien se entienda lo que ahora diré. Ya 
he dicho en el capitulo que dello habla, que como Diego 

' 1?elazquez,!?ohernador de Cuba, supo que habíamos en- 
TÍado nucsiros prncuradores ú su majestad con todo «1 
Oro que Itabiamos habido , é el sol y la luna y mnclias 
'diversidades de joyas, y oro en granos sacados de las 
minas , y otras muchas cosas de prun valor, que no le 
acudíamos con cosa ninguna; y asimismo supo cúmo 
don Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos é 
aríobispo de Resano, que así se nombraba, é en aquella 
sazón era presidente de Indias y lo mandaba todo muy 
nbsolutamL-nlc, porr^ue su majestad estaba en FUndes, 
y liabia tratado muy mal el obispo á nuestros proctira- 
tlores ; y dicen que le envió el Obispo desde Castilla en 
oquella sazón muchos favores al Diego Vclawjuez,é avi- 
t&é inandd para que nos envíase á prender, y que él le 
daba desde Castilla todo favor para ello ; el Diego Ve- 
kzquez con aquel gran fuvur hiío una armada de diez 
y nueve navios y con mil y cuatrocientos soldados, en 
que traían sobre veinte tiros y mucha pólvora y todo 
e¿>>erod« aparejos, de piedras y pelotas, y dos artille- 

, tos, que el capitán de la artillería se decía Rodrigo Mar- 
tin , y Iraia ochenta de ú caballo y noventa ballesteras y 
Setenta escopeteros ; y el mismo Diego Velazqnei por 
su persona, aunque era bien gordo y pesado, andaba en 
Cuba de villa en villa y de pueblo en pueblo proveyenjo 
la armada y atrayendo los vecinos que lenian indios, y 
li parientes y amigos, qne viniesen con Panfilo de Nar- 
taei para que le llevasen preso á Corles y á todos nos- 



!. Pues 
Tiemo- j 
ue ha' I 

razOT I 

nza de 



DEL CASIILLO, 
otros sus capitanes y soMadns, ó iI lo menos do qaaii' 
scinoí algunos ron las vidas ; y andaba tan «neeniCdo 
I de enojo y tan diligetite, que vino bajita GunnigtiMleo, 
que es pasada la Habana mus de sesenta leguas. T lin- 
dando desla manera, antes que saliese su armada pare- il 
cid ser alcanzarlo á saber la real audiencia de Santo 
Domingo y los frailes jenlnimos qiie estaban por go- 
beraartores; el cual aviso y relación dellos les envid des- 
de Cuba el licenciado Zuazo , que había venido & aquella 
isla á tomar residencia al mismo Diego Velazqucz. Pues 
como lo supieron en la reiil audiencia, y tenían memo- 
rias de nuestros muy buenos y nobles servicios que 
ciamos á Dios y á su majestad, y habíamos ea< 
nuestros procuradores con gnindcs présenles i n» 
rey y señor, y que el Diego Vefazquez no leom 
ni justicia para venir con armada á tomar venganza de 
nosotros, sino que por justicia lo mandase ; y que sí ve- 
nia con la armada era gran estorbo pnrn nuestra con- 
quista, acordaron de enviará un licenciado que sedé- 
ela Lúeas Vázquez de A ilion, que era oidor de la ini>n]i 
real audiencia , para que estorbase la armada at Dieg» 
Velazqucz y no la dejase pasar, y que sobre ello ptisiese 
grandes penas ; é vino á Cuba el mismo oidor, y hiio 
sus diligencias y protestaciones , como le era mandado 
por la real audiencia , para que no saliese con su inten- 
ción el Velazquez ; y por mas penas y requirimientos 
que le hizo é puso, no aprovechó cosa ninguna; porque, 
como el Diepo Velazquez era (an favorecido del obispo 
de Burgos, y había gastado cuanto tenia en haceraquella 
gente de guerra contra nosotros, no tuvo to(f os aquellos 
requirimientos que hicieron en una castañeta , antes se 
mostró mas bravoso. Y desque aquello vio el oidor, ví- 
nose con el raesmo Nan*aez para poner paces y dar 
buenos conciertos entre Cortés y el Narvuez. Otros sol- 
I dados dijeron que venia con intención de ayudamos, y 
I si no lo pudiese hacer, tomar la tierra en sí por so nis- 
I jestad, como oidor; y desta manera vino hasta el puerto 
de San Juan de t-'lúa, Y quedarse ha aqui , y pasaré ade- 
lante y diré lo que sobre ello se hizo. 

CAPITULO ex. 

CAno ItaHlo de Nar^gei Itrgii al fatntt de Sin Juan St Cliia, 
qat te dic« la Veraemí, coa loda su amada, i lo <\ae Ictv- 
udiü. 

Viniendo el Panfilo de tVanraez con toda su flota, que 
eran diez y nueve navios, por la mar, parece ser junto 4 
las sierras de San Martin, que así se llaman, tuvo ut> 
viento de norte, y en aquella costa es traricsa, y de no- 
che se le perdió un navio de poco porte, que dtd al Ira- 
vés ; venían en él por capitán un liidnigo que se decia 
Cristóbal de Morante , natural de Medina del Campo, y 
se ahogA cierta gente, y con toda la mas (tota vino á 
San Juan de Llúa; y como se supo de aquella grande 
armada, que para haberse hecho en la isla de Cuba, 
grande se puede llamar, tuvieron noticia dclla los sol- 
dados que hubta enviado Corles á buscar las minas, y 
viénense á los navios del Narvaez los tres dellos, que se 
decían Cervantes el cliocarroro, y Escalana, y otro que 
se decía Alonso Hernández Carretero ; y cuando se vio- 
ron dentro en los navios y con el Narvtez , dice que al- 
zaban las manos i Dios, que los libró del poder de Cor- 



CONQUISTA DE 
Us y de atEr de la gna cluJad iTe Méjico., donde cada 
i«ifi«ralMfi la muerte; y coino caniiniiD con el Nar- 
1 7 iMRamlaba dar de b«ber demasiado , csLibansa 
■do tos anos á Ins otros delanie del mismo general: 
k«i es infjorestsraquí bebiendo bueiiíiiui que oo 
i poder de Cortés, que nos traía de unche ^ de 
I tu atasallsdos , que no osiibHmos tiullar, y iiguar- 
' I de ctn dia á otro 1n muerte al ojo ;» y uundeera 
[-•i Cenintes, cotno era truh un, socolor de gracias : uOli 
r , N«r»íei , qué bieunvcniurado que eres é á 
\lfé tiempo bes veaido, que tiene ese traidor de Cortés 
IritaffMlos mas de setecientus mil pesos de oro, y todos 
\ InaaldAdiM están muy mal con él porque les ha turnado 
parte de lo que les cabia del oro de parle , é no 
^flieren recehir lo que les da. Por manera que aíjuellos 
itUados qoe £« dos huyeron eran ruines y soeces, y de* 
tma ai Narraet mucho mes de lo que quería saber. Y 
}« dieron por btís* que ocho leguas de alSÍ es- 
tbhdanoa Tilla que se dice la villa rica de la Vera- 
t, y es tabaeneMa un Gonzalo de Sando val con sesenta 
laldtdos, lodosriejos y dolientes, y que si enviase á ellos 
I desuarda, luego se darían, y le deciau otras mu- 
^dtucosas. Dejemos todas estas pUticas, y digamos cdniu 
loego lo alcanza á saber el gran Honteuimacómoesto- 
baaiIU surtos los navios, y con muchos capitanes ysol- 
dM)M.7eiiTÍ6 sus principales secretamente, que no lo 
■ope Cortés , y les mandó dar comida y oro y plata, y que 
4c ios pueblos mas cercanos les proveyesen de basli- 
vnio ; y ct Narvaei envíú á decir al Montczuma muchas 
1 palabras y descomedimientos contra Cortés, y de 
nosotros que éramos unas gentes malas, ladro- 
, ijtie Tcóiamos huyendo de Castilla sin licencia de 
rey y señor, y que como tuvo noticia el líey 
MÜor que estábamos en estas tierras , y de los 
I y robos que hacíamos, y temamos preso al Uonle- 
I, para estorbar tantos daños, que le maudii al ^a^- 
YMS qne luego viniese con todas aquellas naos y sol- 
dtáaa j caballeros paraquelesueltcndelssprisiones.y 
^ i Cortea y i todosnosotros, como malos, nospren- 
dknn d matasen , y en las misuiasuaos nos enviasen & 
CMCflla , y que cuando allá llegdscmos nos maudaria 
r; y le envió ú decir otros muchos desatinos; y 
I ksiatérprctes para dárselos i en tender ú los indios 
ha tres soldados que se nos fueron , que ya sabían la len- 
gga. Y demás destas pláticas , le envió el Narvaez cier- 
tiaoosasdeCastilla. YcuandoUoDtezuma to supo, tuvo 
graacoateolo con aquellas nuevas; porque, como le de- 
I qoe tenia tantos navios é caballos é tiros y escope- 
I y tiallesteros, y eran mil ▼ trecientos so Idndos, y den- 
I arriba creyó que nos perdería. Y demSs desto , como 
iprÍDc(pilesrieronii nuestros tres soldados ( que trui- 
ibenacos se pueden llamar) con el Narvacz y veían 
I decían mucho mnl de Cortés , tuvo por cierto todo 
l^oe el Namez le envió á decir; y toda la armada se la 
iroa pintada en dos poños al natural. Eaionces el 
ama le envió mucho mas oro y manías, y mandó 
I todos los pueblos de la comarca le llevasen bien de 
r, é ya había tres días que lo sabia el Monlezuma, 
i DO sabia cosa nitiguna. E un dia vendóle iier 
I capitán y i ten el le palacio, después de las cor- 
i ^fm catre ellos se tenían , pareció aJ capitán Cor- 



NÜEVA-ESPANA, (ti 

tés que estaba el Monteiumn muy alegre y do buen sem- 
blante, y ledíjo qué talsescntjü, y el Montcium» respon- 
dió que mejor estaba; y también, como el Montczuma 
le vio ir á visilar en un dta dos veces , temió que Cortés 
sabia de los navios, y por ganar por la mano y que no le 
tuviese por sospechoso le dijo : «Señor Maliiichc, ahora 
en este punto me han llegado mensajeros de cómo en 
el puerto donde desemborcasles han venido diez y ocho 
navios y mucha gente y caballos , é todo nos lo traen 
pintado en unas mantas ; y como me visitastes hoy dos 
veces, creí que me vcniades & dar nuevas dello ; asi que 
00 habréis menester hai'er navio; y porque no me lo dc- 
cíades , por una parle tenia enojo de vos de tenérmelo 
encubierto, y por otra me holgaba porque vienen vues- 
troe hermanos, para que todos os vals ú Castilla é no ha- 
ya mas palabras.» Y ruando Cortés oyó Jo de los navios 
y vio la pintura del paño se holgó en gra n manera, y di- 
jo : oGracias á Dios, que al mejor tiempo proveen Pocs 
nosotros los soldados era tanto el gozo, que no podía- 
mos estar quedos, y de alegría escaramuzaron los ca- 
ballos y tiramos tiros; é Cortés estuvo muy pensativo, 
porque bien cnleudióque aquella armada que la envia- 
ba el gobernador Velaüquei contra él y contra todos 
nosotros. Y como supo que era, comunicó lo que sontiii 
ilullfl con todos nosotros, capitanes y soldados, y con 
grandes dádivas y ofrecimientos que nos baria ricos i 
todos nos atraía para que tuviésemos con él , y no sabia 
quién venia por capitán; y estábamas muy alegresicon 
las ouevasy con el mas oro que nos había dado Cortés 
por vía de mercedes, como que lo daba de su hacienda, 
y no de lo que nos cabla de parte , y viendo el gran so- 
corro é ayuda que nuestro Señor Jesucristo nos en- 
viaba. E quedarse ha aquí , é diré lo que pasó eu el real 
de Narvaez. 

CAPITULO C.\l. 

Cdmo l^íiiSld de Ntrriri rntlA con tinta jitnotiM it lu línid» 
i reiiDerir k Cómala dé Sandoval , ijiir pstaba por ct$illan tTi t> 
VUla-Itic) , que se dirte lueg» toa loAoi lus tMioót , y lo fas 
tabre ells (diü. 



Como aquellos tres malos de nueslms soldados por 
nat nombrados, que se le pasaron al Narvací y le da- 
ban aviso de todas ¡as cosas que Cortés y todos nosotros 
habíamos hechodesde que entramos en la Nueva Efpa-> 
ña, y le avisaron que el capitán Gonzalo de Sanduval 
estaba ocho ó nueve leguas de allí en una villa que es- 
luha poblada, que se decia la villa rica de la \eracnit, 
é que tenia consigo sesenta vecinos, y todos los ma* 
viejos y dolientes, acordó de enviar i h villa ó un cléri- 
go que se decía Guevara, que tenia buena expresiva, é 
á otro hambre de mucha cuenta que se decia Amaya, 
pDfieole del Diego Vclazquez , y ü un escríbano quefe 
decia Vergara, y tres testigos, los nombres dellos no 
me acuerdo; los cuales euvíá quenotiücasená Gooíalo 
de Saudoval que luego se diesen al Narvaez, y para 
ello dijeron que traían unos traslados de las provisio- 
nes, é dicen que ya el Cuuzalo do Sandovul sabia de 
los navios por nuevas de indios, y de la mucha geoto 
que en ellos venia; y como era muy varón en sus cosas, 
siompre estaba muy apercehido él, ysus soldados arma- 
dos; ysospechandoqueaquellaarmadaerade Diego Ye- 



"* -.' _ ,". Jt . UERNAL DUZ 

f lüz/jtiez, y que enviaría A aquella villa rie su* gentes para 
we apoderar della , y por esUir ums desembaraMtkis de 
líos soldados viejos y dolientes , los envió lueyu á un, 
rinielílo de indios que se dice Papalote, é quedú con los 
r^snnos; y el Saadoval siempre tenia buenas vel..s en los 
rcaminus de Cuuipoal , que es por donde Imbiau de venir 
'i lu villa; y estaba convoca iiilo el Saniloval y atrayendo 
t sus soldados que si viniese Diego Velazquez ó olra 
persona , que no le diesen la villa ; y todos lossnldudos 
¿iliccnque le respondieron conforme & su voluntad, y 
uandó liacer utiu borea en un cerro. Pues estando sus 
espías en los caminos, vienen de presto y le dan noticia 
>que vienen cerca déla villa dontle eslaban.seis españo- 
les é indios de Cuba; y el Sandovul aguardo en su casa, 
'queno les salió á racebir , y habia mandado que ningún 
' soldado saliese de sus casas ni les liabkscn. Y como 
«I clérigo y los demás quo traía eo su compañía no ta- 
laba d ningún vecino español con quien hablar , sino 
eran indios quo liacian la obra de la fortaleía ; y como 
entraron en la villa , fuéronse á la iglesia ú hacer nra- 
cjon, y luego se fueron i h casa de Sandoval , que les 
pareció que era la mayor de la villa ¡ é el clérigo, des- 
pues del norabuena estéis, que iú diz que dijo, y el 
Sandoval le respondió que eu tal hora buena viniese ; 
dicen que el clérigo Guevara (que así se llamaba) co- 
menzó un razonamiento , diciendo que el señor Diego 
Velazquez, gobernador do Cuba, liabia gastada tnu- 
cbos dineros en la armada , é que Cortés é todos los de- 
más que Itabia Iraido en su compañia lo liabian sido 
traidores, y que les venia & aotibcar que luego fuesen 
i dar la obediencia al señor Pánlilo de Niirvaez, que ve- 
nia por capitán general del Diego Velozquez. E como el 
Sandoval oyó aqudtas palabras y descomedimientos 
que el padre Guevara dijo , se estaba carcomiendo de 
pesar de lo que oia, y le dijo : nSeñor pudre , muy mal 
LabSaisen decir esas palabras de traidores; aqui somos 
mejores servidores de su majestad que no Diego Ve- 
biquez ni ese vuestro capitán; y porque sais clérigo 
DO os castigo conforme á vuestra mala criauza. Andud 
con Dios i Méjico, que allá está Cortés, que es capiloii 
general y justicia mayor de esta.Nueva-Espafia, y os res- 
ponderá; aqui no tenéis masque hablar.» Entonces el 
clérigo muy bravoso dijo á su escribano que con ¿1 ve- 
nia , que se decía Vergara , quo luego sacase las provi- 
siones que traía en el seno y las notifícaso ul Sandoval 
y á lus vecinos que con él estaban ¡ y dijo Sandoval al 
e^mbauo que no leyese ningunos papeles, que no sa- 
bia sí eran provisiones ó otras escrituras; y de plática 
eD plática , ya el escribano comenzaba á sacar del seno 
lasescrílurasque Iraia , y el Sandoval le dijo : «Mirad, 
Vergara , ya os lie dii;bo que no leáis ningunos papeles 
equí , sino id á Méjico ; yo os promelo que si tal leyére- 
des, que yo os haga dar cien azotes, porque ni sabemos 
li sois escribano del Rey ó no; amostrad el titulo ddlo, 
ják traéis, leeldo; y tampoco sabemos si son origí- 
nales de las provisiones ó traslados ó otros papeles.» Y 
el clérigo, que era muy soberbio, dijo muy enojado: 
«¿Qué hacéis con estos traidores?Sacad esas provisiones 
; noLincádselas.» Y como el Sandoval oyó aquella pala- 
bra, le dijo que meotia como ruio clérigo, y luego 
mondó I sus soMados que los llevascu presos ti Méjico; 



DEL CASTU.LO. 

I y lio lo hubobien dicho, cuando en jamnquillas de re- 
des, como ánimas pecadoras los arrebataron mucboi 
indios de los que trabajaban en la fortaleza , que los ll«« 
varón ú cuestas, y en cuatro dias dúo con ellos cerca de 
Méjico , que de noche y do día con indios de remuOt 
caminaban ; é iban espantados de que velan (antas ciu- 
dades y pueblos grandes que les Iraian de comer, y 
unos los dejaban y otros los lomaban , y andar por su 
camino. Dicen que iban pensando si eraencantumienlo 
ó sueño ; y el Sandoval envió con ellos por alguacil, 
basta que llegasen Méjico , & Pedro de Solis, el yerno 
que fué deOrduña, que ahora Human Salís deAtras-de- 
la-puerla. Y usf como los envió presos, escribió muy eu 
posta i Corles quién era el capitán de la armada y lodo 
lo acaecido ; y corno Cortés lo supo que venían presos y 
llegaban cerca de Méjico, envióles gran banquete, é ci- 
balgaduras para los tres mas principales, y mandó que 
luego los soltasen de la prisión, y les escribió que lo 
pesó de que Gonzalo de Sandoval tal desacato iuviesr, 
é que quisieraque Íes liiciera mucha honra ; y como lle- 
garoD ú Méjico los salió A recebir, y los metió eu la ciu- 
dad muy honradamente ; y como el clérigo y los demás 
sus compañeros vieron i Méjico ser tan grandísima ciu- 
dad, y la riqueza de oro que teníamos, é otras inucbas 
ciudades en el agua de la laguna, é todos nuestros ca- 
pitanes é soldados, y lu gran franqueza de Cortés, esta- 
ban admirados ; y á cabo de dos dias que estuvieron 
con nosotros , Cortés les habló de tal manera con pro- 
metimientos y halagos , y aun les untó las manos de li>- 
juelos y joyas de oro , y los tornó 6. euviar ú su Narvaez 
con bustintento que les díó para el camino ; que doade 
veniau muy bravosos leones, volvieron muy mansos y 
se le ofrecieron por servidores, Y asi como llegaron ú 
Cempoal & dar relación & su capitán , comenzaron á 
convocar todo el real de Narvaezquese pasasen con nos- 
otros. Y dejallo Ité aquí, y diré cómo Cortés escribió al 
Narvaez , y lo que sobre ello pasó. 

CAPULLO CXH. 

Cánn CoMFs, dcspuís de iin inFornisdo de iiniín rn cijitbfl, ? 
qai^'ii y mintoi venían i^n ia irinidi , j de los pertrechos it 
gttcm que trili , T de los tres nuestros falsos toldados nut i 
Naniei se pasiroa, cícribid it capitán t i oíros sos iiBl|os, 
eípeclílinrnte 1 Andríí rft Dnero , seereiarió díl Diego Velai- 
quei, y lainbíco supo cAido Montctumi tovlaba oía r rop> >t 
Narvaez, j in pjlibras qae Je eiiTiij i decir el Narviei >1 Uoa- 
iezütai ij de romo veaia en aquella armada el Ucraciado Ldrai 
Vai(ltirE de Aillou , oidor de la ludiencla real de Stnto üaialngu, 
t la laslrariioD que iriisn. 

Como Cortés en toiIo tenía cuidado y advertencia , y 
cosa ninguna se le pasaba que no procuraba poner ni- 
medio , y como muchas veces be dicho antes de abora, 
tenia tan acertados y buenos capitanes y soldados, que, 
demás de ser muy esforzados, di hamos buenos consejos, 
acordóse por todos que se escribiese en posta con in- 
dios que llevasen lascartasal Narvaez antes que llegoso 
el clérigo Guevara , con muchas caricias y ofrecínuen- 
los que todos á una le hiciésemos, y que haríamos todo 
lo que su merced mandase ; y quo le pedíamos por mer- 
ced que no alborotase la tierra , ni los indios viesen en- 
tre nosotros disensiones; y esto deste ofrecimiento fué 
por causa que , como éramos los de Corles pocoi toltk- 



CONQUISTA DE 
cioD áe tos que el N'arvacz tmia , porque 
ibnenaToluiitnd y pora ver lo que sucedía; y 
B0&porsu«6ervii]ures, y tamtiieu debajo des- 
I palabns do dejamos de buscar a minios entre 
^tepiteses de Narvacz ; porque el pudre Guevara y el 
I Vergara dijeron ü Corles que iXarvaez no veaia 
) eOD suscapiUiries , y que les enviase ulgunos 
f CMleiiasde oro, ponjuií d^divBsquebrautiiiipe- 
^yCartés les escribió que se liabia iiolgatlo en gran 
koeraét y Uidas nosotros sus compañeros con su llcga- 
4i4«9Ui-l puerto; y pues son amigos de tiempos pujados, 
^lBpidepornierct;dquc(]Odéci<u!:aí¡quuelMotlíezu- 
ni,<|nee&láprt!»o,sesuclle y la ciudad su lijvaiile, por- 
fm ferá psra perderse él y su gente , y todos nosotros 
ltiftd»«, por los grandes poderes ([ue tiene ; y esto, que 
idtce porque el Montezuma estd muy nllcrado y toda 
idad revuelta con las pal u liras quede ulíú le lia en- 
r; é que cree y tiene por cierto que de un 
) y sabio vuron como él es no hablan de sa- 
esu !iooi cosas de tul arte dichas, iti en tal tiempo, 
>que el Cervantes el eliocarrero y los soldados (jiiu 
ycoasi^ , como eran ruines, lo dirían. ¥ dcniits de 
pnlalns que en la carta iban, se le orreciúcoii su 
pmoa» y hacienda , y que en lodo liaría lo que mauílíi- 
le. YUmbien escribid Corles al socrclario Andrés de 
Omtv y al oidor Lúeas Vitsquoz de Aíllon, y coo las 
^^prtat envió cierlus joyas de uro para sus amigos; y des- 
^Kltque iiubo enviudo cí^la carta secretamente, mandó 
^Hr al oidor cadenas y Icjiíelos, y rogó a! padre de la 
^fvced que kit':;-ii Iras la curU fuese al real de Nar- 
*tn; y le dio (itrus cadenas de oro y tejuelos y jnyus 
^Miy Mlimadastjuc iliese alU lí sus amigas. Y asi nomo 
^■(i Ib primera carta qne dicho liabeinos que escribió 
^Varíes con tox indios anius que llegase el padre Cueva- 
n, que fué el que Narviiez nos envió, andáfialn nios- 
inndoel Narvaez ú sus capitanes , Imcítmdo burla delia 
«aonde Dosotrcis; y un oa pilan de los que traía el Nar- 

EBOa faoia por veedor, que se decia Salvatierra, 
pM bacía bramuras desque la ovó , y decía ul Nar- 
fependiéudulc , que para qué leía la caria de un 
reoiBO Curies é los que con él estaban, é que 
twgo ÍDfse cootra nosotros, é que no quedase ninguno 
^UdA ; y jurá que las orejas de i^urlés que las íiabía de 
j^Kr, y comar la una dcllas ; y decía oirás liviandades. 
^K ■uaoera que tío quiso responder ú la caria ni nos 
^■íaeo uua castañeta. Y en este instante llegó el clé- 
^^» Coevara y sus compañeros á su real , y liablan al 
Kwtvrz que Cortés era rnuy1in<^n caballero égrauscr' 
nÍor<let Key , y le dice del f{r,iu poder de Méjico, y de 

«mellas ciudades qnc vieron pur dnmle pasarun, é 
•aUadieroo que Cortés que le scráservidur j ha- 
gasato mandase ; é que será bien que por paz y sin 
nÉto iiaja «nUe los unos y los otros coucierio , y que 
■k««l MoorNarvaez á qué parle quiere ir de (oda la 
Kwn>*Esfnña ron la gente que trae, que alli vaya, ó 
^■■ÍÓ*'^^^''^^*"^"''^P''<'^''"<^'''^> pues lia y tierras 
^Bm doada «e paeilen alliergar. E como esto oyú el 
^K«Mi, riic€n qnc f« eoojA de lol mtineni con el podro 
Hibian y con el Ama ya, que no los quería después 
■H nr ni escuchar ; y desque los del real de Narvaez 
k rieran ir tan ricos al padre Guevara val escribano 
HVu. 



iNUEVA-ESPAÑA. H3 
Vergara é ú losdemis, y les decian secretamente á lo- 
dos los du Narvaez tanto bien de Cortés é de todos nos- 
otros , é que habían visto tanta inullitüd de oro que en 
el rea! andaba en el juego de los naipes , muchos de los 
de Narvaez deseaban estar ya en nuestro real; yen este 
iusianle llegó nuestro padre de la Merced , como dicho 
tengo, al real de Nurvaez con los tejuelos que Cortés les 
dio y con cartas secretas, y fué A besar Iss manos al 
Sarvaez, é i decille cfirao Corles hará lodo loque raan- 
diire , é que tenga paz y amor; é como el Narvaoz era 
f/i bezudo y venía muy pojante, no lo quiso oir ; antes 
dijo delante del mismo padre qite Cortes y todos nos- 
otros éramos unos traidores; é porque el fraile respon- 
día que untes éramos muy leales servidores del fiey , le 
trillé mal de palabra ; y muy secretamente repartió el 
fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien Cortés le 
mandó , y convocaba y atraía á sí los mas principales del 
real de Narvaez, Y dejailo lié aquí, y diré lo que al oi- 
dor Lúeas Volazquez de Aillon y al Narvaez les aconte- 
ció, y lo que sobre ello pasú_^; - 

CAPITULO CXIII. 

Ci'tmo liubieron pilabras d capitin PlnOlo de Nirviri j el oidar 
ijü<:;is Viiquei de .MIIdii , y fJ Narvif"; le mandú prender y le 
«ntirt «n Dii oitIo prcüaá Cubi Ai CiiUiiii, y l« qae iobn ello 
avinn. 

farcce ser que , como el oidor Lúeas Vázquez de Ai- 
llon venia á favorecer las cosas de Cortés y de todos 
nosotros, porque asi se lo liabia mandado la real au- 
diencia de Santo Uomíngo y los frailes Jerónimos que 
estaban por gobernadores , como sabían los muchos y 
buenos y leales servicios que haciamos á Dios prímcra- 
raente y á nuestro rey y señor, y del gran présenla que 
enviamos á Castilla con nuestros procuradores ; é dcmis 
de lo que la audiencia rcat le mandó , como el oidor viú 
las carias de Corles, y con ellan k-juelos de oro , si do 
antes decía que aquella aiuiada que enviaba ora in- 
justa , y contra toda justicia que contra laii buenos ser- 
vidores del Rey como éramos era mal hecho venir, de 
allí adelante lo decía muy clara y abiertamente; y decís 
tanto bien de Cortés y de lodos los que con él estábamos, 
que ya en el real do Ñirvaez no se hablaba de otra cosa. 
Y demás dcsto , como veían y conocían en el Nurvaei 
ser la pura miseria , y el oro y ropa que el Montezuma 
les enviaba todo se 1» cuardaha, y no daba cosa dellu ¿ 
ningún capitán ni saldado; antes decía , con voz, que 
hablaba muy entonado, medio de bóveda, á su mayordu- 
nin : «lüirad que no falle ninguna nmuta , porque todas 
están puestas por memoria;» é como aquello conociait 
dct,é oiao loque dicho tengo del Corles y los que con 
él estábanlos, líe muy francos, todo su real estaba inedii> 
alborotado , y tuvo pensamiento el Narvaez que el oi- 
dor entendía en ello, é poner zíiaña. Y deniís desto, 
cusndo Monteíunia les enviaba bastímenlo, qite repar- 
tía el despensero ó mayordomo de Narvaez, no tenía 
cuenta con el oidor ni con sus criados, como era razón, 
y sobre ello hubo ciertas cosquillas y ruido en el real; 
y también porque el consejo quedaban al Narvac?. el Sal- 
vatierra , que dicho lengo que venia por veedor, y Juan 
Booa, vizcaíno, y un Gamarra , y sobre lodo, los gron- 
des fovOTCs <;ue tenia de Castilla de don Juau Hodri- 



Ü14 DeitNAL DÍAZ 

fiuei (la Fonseca , obispn dn Cúrgos, tuvo tan gran 
atróvimietilo el Narvaeit, que prendió b! oiitnrdel Bey, 
ú él y (i su escribano y dortos criarius , y \a biza embiir- 
car en uti navio, y los enrió presos á Castilla ú á la isla 
do Cuba, Yuun solire todo esto, porque un hidalgo que 
se decía Futano de Oblaiico y eni letrado, ilecia ni 
Narvoez (¡ue Cortés era muy servidor del Rey, y to- 
dos Dosotros los que estábamos en su compnFíia érn- 
mos tlignos de inuclias inerceJes , yquepiírecia mu! 
llamaruos traidores , y que era mucho mas muí pren- 
der á uti oidor do su majestjd ; y por esto que le dijo, 
Je mandó eciiar preso ; y cuido el Gonznlo de Oblii íl- 
eo era muy noble , de enojo rnuriú dentro du cniílro 
días. Tambiea mniiiió ecbar presos á otros dos sol- 
dados de los que Iraia en su navio, que sabía que Im- 
lilaban bien de Cortas , y entre ellos fué un Sandio ée 
Baralionn, vecino que fué de Guatlinaln. Tornemos á 
decir del oidor que llevaban preso á Caslilla , que con 
palabras buenas é cou temores que puso al capitán <!ei 
navio y al muestre y al piloto que le jlcvitban » car^n, 
les dijo que, llegados ú Caslílla.queen lugnrdepagade 
loque liaceu, su miíjestad les mandaría ahorcar; y co- 
nio aquellas palabras oyerou , le dijeron que les pagare 
su trabajo y le llcvariun á Santo Domingo; y asi,mudii- 
Ton la derrolaque Narvaez les babía mandado que fu''- 
sen ; y llegado & la isla de Santo Domingo y doscmbiir- 
csdo, como la audiencia real que allí residía y los frai- 
les Jerónimos que estaba» por gobernadores oyerou a\ 
licenciado Lucas Vaí.quc!', y vieron lan grande desacato 
é alrevimierilo , sintiéronlo mucho, y con tnnlo enojo, 
que luego lo escribieron ü Castilla a! renl consejo de su 
mB/cstad ; y como el obispo de Burgos era presídeme y 
lo mandaba todo, y so maj^-stad no babia venido de Fun- 
des , no bubfi lugar de se hacer cosa ninguna de justicia 
cnnuesiro favor; antes el don Jinm ítodríguei de Fon- 
seca diz que se holgó mucho, creyendo que el Nan-aez 
nos babia ya prendido y desbaratado; y cuando su ma- 
jestad estaba en Flíndes , y oyeron ú nuestros procum- 
tlores, y lo que el Dicíro Velazíjuei y d Narvaez habían 
Iiecho en enviar la armada sin su real licencia, y haber 
prendido á su oidor , les iiizo harto daño en los pleitos 
y demandas que después le pusieron Ú Cortes y á todos 
nosotros , como adelante diré , por mas que decían que 
tenían licencia del obís¡io de Burgos , que era presiden- 
te, para liacere! armaila que contra nosotros enviaron. 
Pues como ciertos suldados, parientes y amigos del oi- 
dor Lucos Vázquez , vieron que el Narvaez le babia 
preso, lemieron no tes acaeciese lo que hizo con el le- 
trado Gonzalo de Oblancu, porque ya les iraia sobre los 
ojos y estaba mal con e!los, acordaron de se ir desde 
los arenales huyendo á fa villa donde estaba el capiiuu 
Saadoval con los dob'enles ; y cuando llegaron & le besar 
taaitranos, el Sandoval les liixo muclia honra . y supo 
dellos todo lo aquí por mi ékho , y cómo qu'.Tia enviar 
el Narvaez á aquella vilta soldados ú prenderlo. Y lo que 
mas pasó diré adelante. 



DEL CASTILLO. 



CAPITULO CXIV. 



Cómn Nurratz eau IexTú &□ rjírf ito so vtno ft uti pucMü qttí t« 
illi^ Cempril, e lo ijuer m el (onckriu »<■ Iilio, ^lo que BDf 
olroi bírimos eaUndi» un ta ciudatl do M^ileo , é lono acords- 
mos de iriobre ^>^<aeI. 

Pues como Narvaeí bobo preso al oidor de la audíea- 
cja real de Santo Domingo, luego se vino con todo su 
fardaje é pertrechos de guerra á asentar su real en 
un pueblo que se dice Cempoal , que en aquella suoa 
er^ muy poblado ; é la primera cosa que hizo, lomó 
por fuerza al cacique gordo {que así le llamábamos) to- 
das las mantas é ropa labrada é joyas de oro, é titst- 
iiien lo lomó las indias que nos habían dado los caciques 
de aquel pueblo , que se las dejamos en casa de su$ pa- 
dres é hermanos , porque eran hijas de $ei)ore« , é para 
ir á la guerra inuy delicadas. Y el cacique gordo dijo 
muchas veces al Narvaez que no le tomase cosa nin- 
guna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como 
mantas é indias , porque estiirin muy enojado , y le ver- 
iiia á malar do Méjico, asi al Nnrvncz como al miímo 
cacique porque se las dejaba tomar. E mas, se le quej6 
el mismo cacique de los rob<is que lo hacían sus solda- 
dos en aquel pueblo, ú le dijo que cuando estaba allí 
Miitínelie , que asi llamaban d Cortés , con «us gentes, 
que no les lomaban co?a ninguna , ú que era muy bueno 
él é sus saldados los tcules, porque teuli's nos llama- 
han; é como aquellas palabras le oía e! Narvaez , bacía 
borla del, é un Salvatierra que venia por veedor, otras 
vices por mi nombrado , que era el que mas bravcMs 
é lieros hacía, dijo & Narvaez é otros capitanes sus amí- 
(ios : «¿No liabeis visto qué miediiquc líi^nen lodos estos 
caciques dusla nonada de Cortesfllo? » Tengan atención 
los curiosos letores cuiln bueno fuera no decir mal de 
lo bueno ; porque juro amen que cuando dimos sobre 
el Niirvaez, uno de los mas cobardes é para menos fué 
el Salvatierra , como adelante diré; é no porque no tenia 
buen cuerpo é membrudo , mas era mal engnlibado, mas 
nodo lengua, y decían que era natural de tierra de 
Burgos. Dejemos de hablar del Salvatierra, é diré cómo 
el Narvaez envió á requerir ú nuestro capitán é á lodos 
nosotros con unas provisiones que decían que eran tras- 
lados de los originales que traía para ser capitán por 
el Diego Velazquc?.; las cuales enviaba para que nos las 
noiiñcase escribano, que se decía Alonso de Mata, el 
cual después, el tiempo andando, fué vecino Je la Pue- 
bla, que era ballestero ; ó enviaba con el Mata á otras tre* 
personas de calidad. K dejalto lia oquí , así al Narvaai 
como & su escribano , é volveré & Cortés , que como cada 
día tenia cariase avisos, asi de los del real de Narvici 
como del capitán Gonzalo do Sandoval, que quedaba 
en la Vílla-Bícn, 6 le hizo saber que tenía consigo cinco 
soldodos, personas muy principales é amigos del licen- 
ciado Lúeas Vázquez de Aillon, que es el que envió 
preso Narvaez á Castilla 6 ú la íílade Cuba ; é la causa 
que daban por que se vinieron del llcal de Narvaez fué, 
que pues el Narvaez no tuvo respeto aun oidor del Hey, 
que menos se lo teniin & ellos, que eran sus deudos; de 
los cuales soldados supo el Sandoval muy por entero 
todo lo que pasaba en el real de Narvaez é la voluntad 
que tenín , porque decia que muy de hecho lutlm de 
reñir en nuestra busca á Méjico para nos prender. Pa- 



CONQUISTA DE 
odeloute, y díri que Corles (omá luego consejo 
I oomlrocct (titanes é lodos nosotros tos que sabia 
I le hAtkiamos de ser mu; senidores , é solía llamar 
Inmcjo pan ea casos de calidad , como estos ; é por 
Jo» í«i¿ acordado que brevemenle , sin mas aguardar 
ni otras razones, fuésemos sobre el Narvaez, é 
Pedro de Albarado quedase en Méjico en guarda 
I Uuntexurna con todos tos saldados que no tuviesen 
I disposición pata ir & aquella jornada ; é también 
I qtM quedasen allí las personas sospechosas que 
tmos que serian amigos del Diego Vcluzquez é de 
ttz; é en aquella sazón, é antes que el Nurvuez 
), Inbia enviado Cortés á Tlascaiu por tnuclio 
t, porque liabia luala sementera en tierra de Méjico 
' blla d« Bguiís; porque teníamos niucims naborías 
\ amigos del iiiisma Tlnscala , iiabiumoslo menester 
ira ellos; é Irujeron d muiz que lie díctio, é muchas 
atlinas é otros baslimeutos, tos cuales enviamos al 
dro tie Albarado, é aun te liicimos unas defensas á 
era de mamparos é furtalcza con arle ó faSconete, 
Icutro tiros gruesas é toda la pútvura que teníamos, 
pibaUestéros é catorce escopeteros c siete catm- 
eslo que sabíamos que los caballos do se podrían 
^proTecliar dellos en ei palio donde estaban lostipo^en- 
t; é quedaron por todos los soldados cornados, de ú cu- 
Do j escopeteros é baltesleros, odíenla é tres. V co- 
>el grnii |loDle¿uma vio é entendió que queríamos 
|,|r sobre el .Narvaez , é como Cortés le iba á ver cada 
léá tciielle palacio, jamüs quiso decir uídardenlen- 
'c¿nio el Monte/uma a)'ud»ba al iV'arvae?. é lo en- 
Ittaba oro é niuntus u Uastiuienlos, Y <Ie una plática 
lolra, líí preguntó el Montezuniad Cortés que díinde 
[(|ueria ir, é pjruque había hecho aliora de nuevo aque- 
ja pertrechos ii turbieza, é que cómo andiíbomos lu- 
I dos alborotados ; é lo que Cortes le respondió é en qué 
'■irafuiiiJúla plática diré edetaule. 

CAI'ITLLO CXV. 

ti gnu ll»iileiiiii>t prtfQBld t CatlH qua cima qneria Ir 
ti Sirvdct, ftieud» lus que ic»u dobudos ina& que no»- 
} 4il( te prsirii mutbo « noi viniese al^tm rail. 



CoroocsUba [ilalicaudo Cortés con el grnn Monle- 
I, como lo tenían de costumbre, dijo elMonlezu- 
i Cortés : u Señor Ma linche, & todos vuestros 
Icipitanes é compañeros os veo andar dc^asosegadris, é 
jtomliieu be visto que iio me visitáis sino de cu^indo en 
t, é Orteguilla el [>aje me dice que queréis ir de 
I (obre esos vuestros hermanos que vienen en los 
I, é que queréis dejar aqui en mi puarda al Tona- 
icedroe merced qiie me lo declaréis, para que si 
I algo os pudiere serviré ayudar, lo haré de muy 
"i toJuntad. E larabieo, señorMaliucbe, noquerria 
[ifñ M ñnicse algún desmán , porque vos tcucis mu; 
[joeos leutM,y esos que vienen son cinco veces mas; 
l_é ellos dicen que son cristianos corno vosotros é vasa- 
eM vuestro emperador , é liencti imágenes ; 
icrtiz,é les dicen misa, é dicen é publican que 
niel que vcntstes huyendo do Cnsiilla de vuestro 
r, é que os vienen á prender ó d matar ; en 
iqoe ;a do os entiendo. Por lauto, mirad priine- 
bKeii.D Y Cortés Je respondió con nuestros 



MEVA-ESPaSa. ■ 1Í5 

lenguas doña Miirina é Jerónimo de Aguilnr, con un 
semblante muy alegre, que sí no le Ita venido ú d.ir rc- 
luciun dclla, es como le quiere mucha y por no le dar 
pesar con nuestra partida, é que por estii causa lo ha de- 
jado, porque así ticne.por cierto que el Monlezuma le 
tiene voluntad. E que cuanto i lo qua dice , que todos 
somos vasallos de nuestro gran emperador, quees ver- 
dad, é <¡e ser cristianos como nosotros, que si son ; é & 
lo que dicen que venimos huyendo de nuestro rey y se- 
ñor, que no es asi, sino que nuestro rey nos eiiviii pa- 
ra velle y hablalte toilo lo que en su real nombre le ha 
dicho é platicado; é á lo que dice que I rae muchos sol- 
dadas é noventa cáhuiles é muchos tiros <> pólvora, ¿ 
que nosotros somos pocos, éque nos vienen á matar 
e prender, nuestro Señor Jesucristo, en quien cree- 
mosé adoramos , é nuestra Señora santa María, su ben- 
dita Madre , nos dará fuerzas, y mas que noá ellos, pues 
que son malos é vienen de aquella manera. E que co- 
mo nuestro emperador tiene muchos reinos é señorios, 
liay en ellos mucha diversidad de penles, unas muy es- 
forzadas é otras mucho mas, é que nos<itros somos de 
ileutro de Castilla, que tiumuu Castilla la Vieja , é nos 
nombran por sobrenombre castellanos; é que el ca pilan 
que eslá ahora en Cemponl y la gcnle que trae que es 
de otra provincia que llaman Vi/caya , é que tienen la 
liabla muy revesada, como á manera de decir como 
losolomís tierra de Méjico; oque ii verú cuál se los 
traeríamos presos; 6 que no tuviese pesiir por nuestra 
ida, que presto volveríamos con Vitoria. E lo que aho- 
ra le pide por merced , que mire que queda con él su 
bermano Tonatio , que «sí llamaban i I'etlro de Alba- 
rado, con ochenta soldados; que después que salga- 
mos de aquella ciudad no baya algún alboroto , ni coh- 
sieutaá sus cnpit:iues ó papas hagan cosas que sean 
mal hechas, porque después que volvamos, si IJins qui- 
siere , no tengan que pngar con Ins vidas los malus re- 
volvedores ;é que luito lo que hubiere menester de 
Lastímenlos, que se los diesen ; é alli le abi jifó Cartís 
dos veces al Monlezuma, é asimismo el Monlezuma á 
Cortés; ¿doña Marina, coran era muy avisad», seludí"- 
cii de arte que ponía tristeza con nuestra partida. 
Allí le ofreció que baria lorioloque Cortés lo eiifargaba, 
y aun prometió que enviada en uueíira ayuda cinco mil 
hombres degueiTii,é Cortés lodiógraciasporello, por- 
que bien entendió que no los haíita dn enviar; é le dijo 
que no había menester su ayuda , sino era la de T>ins 
nuestro Señor, que es ta ayuda verdadera , é la de sus 
compañeros que con él Íbamos ;c también le encarga) 
que mirase que la imagen (la nuestra Señora é la crui 
que siempre to tuviesen muy enromivilo.é limpia la igle- 
sia , ó quemastíri candelas de cera, que luvtesen*í«m|iro 
encendidas de noche y dediB,éqiie no consintiesen A 
Jos papas que hiciesen otra cnsa ; porque en nqucslo Co- 
nocería muy mejor su buena vnluiiiail é amiílad verda- 
dera. E después de tornados otra vceiísp abrazar, le di- 
jo Cortés que le perdonas*! , que no poilin «inr mas en 
plática con él, por entender en la partida ;é luego ha- 
bló A Cedro de Albarad» é A todos los soldiidns que 
con él quedaban, é les encargó que guardasen al Mon- 
lezuma con mucho cuidado no se soltase , é que obede- 
ciesen al Pedro de Albarado ¡ y prometióles que , iH 



m ~ — ' «*■■ •- "- DERNAL DIAZ 

din (lio Dios, que á tóúaa les hnhht úe Imcer ricos; ú alli 
quedó con ellosel cli'rigu Juan Díaz, que no Tuve un nns- 
etros, é (tiros soklüdus sospoclioios, queatjul no de- 
claro [lor sus nombres; é allí nos nlirazamos los unos 
ft los oíros, é sin Itevur indins qI gprvirio, sino S la li- 
pprn , liramos por nuestnis jortiiulas pnr la ciudad »!e 
Cliolula, y en el camino envi<5 Corlúsd Tlasrala ú ropur 
i luiestros amigos Xicolenga y Masse-Eseuci ú i todos 
Jos mas caciques, que nos enviasen ricpreslociititromil 
Jioinljresde guerra; y enviaron á decir <juosi fueran 
|)ara pel'-'ar con indias como ei los, que si liitieran, ¿aun 
muchos mBsdelosquelesdemanduban,« qup para con- 
tra teules como no; atro;;, é contra bombardas é cuba- 
llos, que Íes pníonen, que no los quieren dar; é prove- 
yeron de v.'inle rarpiís dñ gallinas ; é luego Curl'is t;s- 
cribiú en posla á Sandovídque sejutilase con lodos sus 
soldados nmy prestamente con ni>!;otrns , que íbamos 
j'i unos pueblos obra de doce leguas de Cenipoal, que se 
iltcen Tampaniquilu é Mitalnguilu, q«e atiora son de la 
encomienda do Pedro Moreno Meilraiu», que vive en la 
Puebla ; é que mirase muy bien el Saudovul que Nar- 
vaeü nu le prenJie.se , ni b ubi ese d las mnnosút'd ni á 
ninguno d« sus soltlados. Pues yendo que Íbamos de lu 
manera que lie diclro, con mucbo concierto para pelear 
si topásemos gente de guerra de Narvaez ú al mismo 
Naríaez , y nuestros corredores del campo (íesmibrien- 
do,é siempre una jornada adelante dos de nueslruü 
soldados grandes peones, personas de muclia coidian- 
za , y eslos no iban por camino dcrecliu, sino par par- 
tes que no podian ir ü caballa, para saber é inquirir 
de indios de la gente dcNarvae?-. I'uesyenilo nm-slros 
corredures del campo descubrieudo, vieron venir aun 
Alonso de Mata, el que decían que era estribano, que 
venia á notificar los papelesó traslados de las provisio- 
nes, según dije atrás cu el capitulo que dellu habla , é 
ti los cuatro españoles que con él venían por testigos, y 
luego vinieron los dos nuestros soldados de & cuba Ib ú 
llar mandado , y los otros dos corredurcs del campo se 
estuvieron en palabras con e! Alonso de Mala é con 
los cuatro testigos; y en este instante nos dimos prio- 
sa onandary alargamos el paso, y cunndu llega ron cor- 
cu de nosotros hicieron gran reverencia ú liarles y á 
lodos nosotros , y Cortés se apeú de! caballo y supo ú 
lo que Tenían. ¥ como el Alonso de Mala quería nuiilj- 
nir los despachos quetraia. Cortés le dijo que si era 
escribano dei Bey , y dijo que sí; y mandóle que luego 
eiLibiese el tiluto , é que si le traía , que leyesi! los re- 
cados, é que haría lo que viese que era servicio de Dios 
ú de su majestad ; y si no le Iraia, que no leyese aque- 
llos papeles; ú que también había de ver los originales 
de 8U majestad. Por manera que el Mata, medíg cor- 
tado é medroso, ponjue no era escribano de su 
majestad, y los que con él venían no subían qué 
le decir; y Cortas les mandó dar d« comer , y porque 
comiesen reparamos alli; y les dijo Corles que íbamos 
á unos pueblos cerca del real del sciíor Piarvaeí, queso 
decían Tampaiie quita , y que ulli podía enviar lí nuiili- 
car lo que su capitán mandase; y tenia Cortés tanto su- 
IrimiHitu, que nunca dijo palabra mala del Narvaez , 6 
apartadamente habló con ellos y los untó las manos con 
teiuelos de oro j y luejjo seTulvicroD i su Carnet di- 



DEL CASTILLO, 
ciendo bien de Cortés y <]e todos nosotros; y como 
muchos de nuestros soldados por gentileza en nqucl 
inslante llevilbamos en l¡is armas joyas de oro , y otros 
cadenas y collares al cuello, y aquello» que venianü no- 
tificar los papeles les vieron , dicen en Cempoal mdra- 
villuríe de nosotros ; y muchos liabiii en el real deNar- 
vací, personas principales, que querían venir 4 tratar 
paces con Cortés y su capitán Narvait, como á lOiios 
nos veiun ir ricos. Vitr mu ñera que llpgninos á Pnngun- 
iiir[uila , é otro día llegó el capitán Saiidoval con liissol- 
dados que tenia, que serian basta sesenta; porque !ns 
demás viejns y dolientes los dejó en míos pui-blos de 
indios nuestros amigos, que se decían l'upalole, [tara 
que alli les dieícn de comer; y también viiiíenm con ¿I 
los cinco soldados parientes y amigos del lireurjijilo 
Lúras Yazquezde Aíllojí, que so habían venido hininnlo 
ilel real do Narvaez, y venían i besar las manos ú Cor- 
tes; á los cuales con muclta alegría recibió mcsy bien; 
y ulli estuvo contando el Sandovulá Cortés de lo que les 
ücaeciú con el clérigo furioso Guevara y cuii el Verga- 
ra y con los demás, y cómo los mandó llevar presos & 
Méjico , según y de (a manera que dicho tengo en el 
capitulo pasado. Y también dijo cómo desde la Villa- 
Itíca envió dos soldados cunro indios, puestas tiiantÜlas 
ó mantas, y eran como indios propíos, al real de Nar- 
vaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no pa- 
recían sino propios inilius, y cada uno llevó una car- 
guilla de ciruelas ó vender, que en aquella sazón era 
tiempo deltas, cuando estaba í^iarvaezcn los arenales, 
antes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fue- 
ron al raiicbn del bruvo Salvatierra, é qne les diú por 
las ciruelas unsartalejo de cuentas amarillas. Ecuando 
huliieroii vendido las ciriielii<i, el Salvatierra \e<t mandó 
que le Tuesen por yerba , creyendo que eran indios, allí 
junto á un riachuelo que está cerca de los ranchos, 
para su caballo , é fueron é cogieron unas carguillas 
dello, y esto era & Lora del Ave-María cuando volvie- 
ron con la yurlia,y se BStuvicrnn en el rancho encucli- 
llas como indios lioslaque anocheció, y tenían ojo y 
sentido en lo que decían ciertos soldados de Narvaeí 
que vinieron ó tener palacio é compañía al Salvatierra, 
y después les d«ia el Salvatierra : « ¡ Oh , á qué tiempo 
liemos veiiíilo, que tiene allegado este traidor de Cor- 
tés mas de setecientos mil pesos de oro , y todos sere- 
mos ricos ; pues los capitanes y soldados que consign 
trae, no será menos sino que tengan mucho oroln'V 
decían por alii oirás palabras. Y desque fué bien escu- 
ro vienen los dos nuestros soldados que estaban he- 
clioscomo indios, y callando salen delranctio, y vütv 
adonde tenia el cabuíln, y con el freno qiie estaba jiinl» 
con la silla le enfrenan y ensillan , y cabalgan en él. Y vi- 
niéndose para la villa de caminOjlopan otro caballo man- 
cocabe el riachuelo, y tambiense lo trajeron. Y preguntó 
Cortés al Sandoval por los músmos caballos , y dijoqu't 
los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los 
dolientes; porque por donde él venta con sus compa- 
ñeros no podían pasar caballos, porque era tierra muy 
fragosa y de grandes sierras , y que vino por rIIí por do 
topar con gente del Nurvaez; y cuando Cortés supo 
que era el un caballo de Salvatierra se holgó en gran 
«lanera, é dijo : « Ahora ¿raveari mai cuaudo lo baila 



CONQUISTA Dfe 
I,» VoHramosd decir del Stilvalierra , quts c uan- 
»«irai>eció ¿no liall<iá las «¡os íikIíüs que le trúje- 
la «*ni1erji« cirut'liis, uí liullú su cíiIkiIIo ni la si- 
; ol freno .ilijproii ilcf^puís muclios sóli1ii<iu$ du los 
íl mivTio Nüívtiex quo tkciu cosas rjiic los liada roir; 
|ue lu«s<} conticift i[iie eran rspiuioles de los ih Cor- 
flíc ■'(■(Ttiniii líis r!il>alln9 ; y Josdc nlif oJe- 

:. Vulvaniiisá imeslru materia: y lurgfi 
íst<.t<u tiiikts uuestrus riipilitims y salitudog estu- 
> plirlii'unda rúiiiu v de qitá niiiiicni duriunios eu 
¿I rwl líe Navafz; i- lo que si! c (iiictTlii aules que íu¿- 
I iobte el .Narvucz dirú adctuntt?. 

CAPULLO CXVI. 

cBo Mordvi {'^rl^i con (ndns nnrslros catiiunrs j mlitios qoc 
lnrt>>tiii«it i cnvUr >l real ile tiitiii;! al frii(te de la Merced, 
H»f tn oaj tijai J íIí buenos mi^dins , j ijoc sp lilcleEP muy 
•fnUnr drl Sartjfi. íque ít inastrasf MurabtfJsti partí Días 
. 4UB0 * la dr Cntl^s c i| a i< serreta tur» t^ rnnt<ica$e al artilltri) qtic 
cía tlodrieo Martín é fl aXr<y artJFtrro (^ur sp drcia ^^sa^, 
tbibluircun Andrr» dcniírin pan que «inirsca vrrsccoii 
^n orla i|iie cserlhlCswiuis al Kanari que mi- 
ra*' sv en «US Bttfin&.éliiijUf en lal osaronvruia^ 
f ^1l ¡^rha adtertcncia ; j giara rsio Ucvd cnucli* can- 
I úm icjsvtot e udcMi <e oru |iara rojiarlir. 



Pnwfomo ja eílíljímns en ol pueblo (otios junios, 

tinos que i-on el pudre >Ie lii Merced ^ecscrilticsc 

irla al .\;in'iie7, que decían en clin asi, d otras pa- 

|furm:ilt'S como estas que diré, después de puesto 

I urjt.i ton (.Tua cfjrlMía : que nos haluauíos holgado 

»u ^i;nidii , li creiiimos que con su generosa persona 

irnos grjfi icn ieio 4 Dios nuestro Señor y á su ma- 

iá ; ¿ qu»! lio Dus Itu querido responder cosa nin- 

Diu, antes iti'S llimiit detruidores, siendo muy leales 

tr»»Jores del Hey; é lia revuflto toda la tierra con las 

■labras que enviú á dwir á Montezuma; 6 que leeis- 

Só Cortés d pedir por merced rjue escogiese la provin- 

eo ( uatquíera parte que él quisiese quedar con la 

I qii« tiene, ú fuese adolaulu , é qtie nosotros iria- 

l otros tierras é hariamos lo que ú buenos servi- 

ore* de na majestad somos obligados; é que le liemos 

i)<}o por merced que sí trae provisiones de su ina- 

ad que envié los originales para ver y entender si 

enrn nm la real firma y ver lo que en ellas se coulie- 

t, para que luego que lo veamos, los pedios por tierra 

L «tieiiecerla ; é que no bn querido hacer lo uno ni 

g9, «ino tratamos mal de palabra y revolver la tier- 

i; qoe le pedimos y requerimos de parte do Liins y del 

ley uo«tro señor que dentro en tres dias envié i no- 

' loa despcliosque trae con escribano de su nia- 

id , é que cumpliremos como mandado del Rey 

B««tro wñor todo lo que en las reales provisiones 

■ndtre; que para aquel eruto nos hemos venido & 

I porbl» di- I'nngiieiic7quil8 , por estar mas cerca 

íwi ríal; í que si no trae las provisiones y se quisiere 

• 1 Cuba, que se vuelva y no alborote mus la tier- 

I , ron protestación que si otra cosa hice , que iremos 

ét i le prender y enviallo preso i nuestro rey 

f Mfior, poe» sin su rexil licencia nos viene i dar guer~ 

'i é d«H«o»egar lodns las ciudades; ó que todos los 

lé muertes y fuegos y menoscabos que sobre eslo 

B, qac sea á su cargo, y no al nuestro ; y eslo 



NTEVA-ESPASA. "ÍTT 

, se escribe abora pw carta misiva, porque no osa nin- 
gún escribano do su majestad Írselo Á notificar, por te- 
mor no le acaezca lan gran desacato como el que so 
tuvo con un oidor de su majestad , y que ¿dónde so viií 
Ulofrevlniieuto de le enviar preso? Y que allende de lo 
(|ue dicho tiene, por lo que es oliligodo ú la honra y jus- 
ticia de nuestro rey , que le conviene castigar aquel 
gran desacato y delito, como capitán fjeneni I y justicia 
mayorque es de aquesta Nueva-España , le cilu yem- 
[ihim \ma ello, y su lo demandará usando dujusLícia, 
pues es crimen laexae majesCalis lo que ha tentado , ú 
que hace á Dios testigo de lo que abara dice; y tamhien 
lo enviamos ü decir que luego vahiese al caciquij gordo 
las mantas y ropa yjoyas de oro que le hobian tomado 
por fuerza , y ansímismo las hijas de señores que nos 
liabian dado sus pailres, y mandase á sus soldados que 
no robasen á los indios do aquel pueblo ni de olrus. Y 
después de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de 
nuestros capitanes y algunos soldados, iba allí mi tir- 
ina; y entonces se fué con el mismo p:tdro fray Burio- 
lomó de Olmedo un soldado que se decía Barlolonié do 
Lsflgre , porque eni hermano del artillero L'sagre, que 
tenia cargo del artillería de Narvaez ; y llegados núes- 
tro religioso y el Usagre á Ccmpoal, adonde estaba el 
NarraeK, diré lo que dice que pasó. 

CAMTLLO CXVII. 

Cdma el padre Iny Dirloluinf' <le Olinritn , de li órdeit de aneslca 
Scíora de la Merted, luí i Cewpoal, adunde caiab» (I Nanrart 6 
tadoi 1115 capllaaoi , ; tu que patu con üllos, j les dlú la caria. 

Como el padre fray Bartolomé de Olinedo, de la ur- 
den de la Merced, lie^-ó al real de Narvaeí, sin mas gas- 
tar yo palabras en torna lili á recitar, bijio loque Cor- 
tés le mandó , que fué convocar á ciertos caballeros du 
los de Narvaez val artillero Rodrigo Mino, que asi su 
llamaba, é al L'sagre, que tenia también car^u de los 
tiros; y para mejor le atraer, fué un su liermauo del 
L'sagre con tejuelos de oro, que dio de secreto al her- 
mano; y asimismo el padre fray Uurtolomé de Olniedo 
repartió todo el oro que Cortés le mandó , y habló al 
Andrés de Duero que luego ise viniese á nuesiro real 
con Cortés; y deniiís dcstn , ya el fraile había ¡do á ver 
y hablar al Ñarvuez y hacérsele muy gran servidor; y 
andando en esLos pasos, lavieron gran sospecha de lo 
en que andaba nuestro fraile, é uconsejabaii al Narvaez 
que luego le prendiese , é u^i lo querían hacer ; y comu 
lo supo Andrés de Duero, que era secretario del Uiegu 
Velazque;^, y era de Tudcla de Duero, y se tenían [Mr 
deudos el Nurvaez y él, porque el Karvacz también era 
óe tierra de Valladolid 6 del mismo Valladolid, y en tu- 
da la armada era muy estimado é preeminente , el An- 
drés de Duero fué al Nan'ací y le dijo que lo habían 
dicho que quería prender al padre fray Dartbiomé de 
Olmedo, mensajero y embajador de Cortés ; que mirase 
que ya que hubiese snspeclia que «1 fraile hablaba ol- 
punus cosas en favor de Curies, que no es bien pren- 
delle, pues que claramente se ha visto cuánta boiu» é 
dúdivas da Cortés i todos los suyos del Narva*:^! que hn- 
llabnn; é que fray Bartolomé do Olmedo bu habladi^ 
con él desjiués que alli ha venido , é lo que siente del 
es que desea que él y otros caballeras del real deCortés 



. 



as BERNAL DIAZ 

Je vengan ú rccebir , é que todos Tuesen amigos; é que 
mire cuánto bien díce Cortés á los mensajeros que en- 
íia; que no le sale por la boca á él ni á cuantos están 
con é\, sino el señor capitán Narvaez, é que seria po- 
quedad prenderá un religioso; é que otro liombro que 
vino con éi, que es hermano do Usagre el artillero, que 
Je viene á ver ; que convide lí fray Bartolomé de Olmo- 
lio ft comer, y le saque del pecho la voluntad que to- 
llos los do Cortés tienen. ¥ con a(]ueltas palabras, y 
otras sabrosas que le dijo, amansú al Narvaez. Y luego 
desque esto pasó, se dcspidiú Andrés de Duero del Nar- 
taez, ysecretamenle liablá at padre lo que habiu pasa- 
do; y luego el Narvacz enviúá llamar i fray Bartolomé 
«le Olmedo, y como vino, le hizo mucho acato, y me- 
dia riendo (que era el fraile muy cuerdo y sagaz) le su> 
plicúque so apartase en secreto, y el Narvaez se fué 
con él paseando á un patio, yel fruile le dijo : «Bien «en- 
tendido tengo que vuestra merced me queria inundar 
prender; pues liúgole saber. Señor, que no tiene mejor 
ni mayor servidor en su real que yo, y tengo por cierto 
que muchos caballeros y capitanes de los do Corles le 
querrían ya ver en las muiius de vuestra merced;yansí, 
creo que vendremos todos ; y para mas le atraer & que 
se desconcierte, le han beclio escribir uua carta tic 
desvarios, firmada de los soldados, i|ue me diunm que 
diese á vuestra merced , que no la he (¡uerido mostrar 
hasta ugora, que vine il pláticas, que en un rio la quise 
úcbar por las necedades quo en ella trae; y esto bucen 
lodos sus capitanes y soldados de Corles por verle ya 
desconcertar.)) Y el iV'arvaez dijo que se Iii diese, y el 
padre íruy Bartolomé de Ohnedo le dijo que la dejú en 
£U pasada é que iria por etlu; é ansí, se despidií) para ir 
por la curta ; y entre tanto vino al aposento de Narvacz 
el bravoso Salvatierra; y de presto el padre fray Bar- 
tolomé de Olmedo llamó & Duero que futse luego en 
casa del N'arvaez para ver dalle la caria, que bien sabia 
yn el Duero delta, y aun otroscJipiUoesdeNiírvaczque 
te liabian mostrado por Cortés; parque el fraile consi- 
go la (raia. sino porque tuvieseu juntos muchos de 
los de aquel ruol y le oyesen, E lue^u como vino el pa- 
dre fray Bartolomü de Olmedo con la corta, se la díé al 
mismo Narvaoí, y dijo ; «No se maraville vuestra mer- 
Ccdcon ella, que ya Cortés anda desvariando; y sé cierto 
que si vuestra merced le habla con amor, que luego se 
fe dará él y todos los que consigo trae.w Dejémonos de 
razones de ira)- Bartolomé, que las tenia muy buenas, 
I Tf digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y ca- 
I pitajics que leyese la carta, y cuando la oyeron, dice 
que hacían bramuras el Narvoez y f I Salvatierra , y las 
demás se reían, como liaciendo burla delta; y entonces 
t dijo el Andrés de Duero : [(Ahora yo no sé cómo eeaeslo; 
yo no lo entiendo; porque este religioso me lia dicho 
que Cortés y todos se le duran A vuestra merced, y | es- 
cribir aliora estos desvarios I u Y luego de bii«;ua tinta 
también le ayudó ú la plática al Duero uii Agustín Der- 
mudez, que era capitán é alguacil mayor del real de 
fiarvaez , é dijo : «Cierlamente, también he sabido del 
padre fray Bartolomé de Olmedo muy en secreto que 
como enviaie buenos terceros , que el mismo Cortés 
Ternia i verse con vuestra merced para que se diese 
con sus soldados; y serd bteuque envíe á su real, pues 



DEL CASTIU-0. 

no está muy lejos, al seúor veedor Solvatierra é al se- 
ñor Andrés de Duero, é yo iré con ellos ;« y esto di]o 
adrede por ver qué diría el Salvatierra. Y respondió 
el Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iría á 
ver un traidor ; y el padre fray Bartolomé de Olmedo le 
dijo ; «Señor veedor, bueno es tener templanza , pues 
está cierto que le Cernéis preso antes de muchos dios.» 
Pues concertado la partida del Andrés Se Duero, pand- 
ee ser muy cu secreto trató el Narvaez con el niismD 
Duero y con tros capitanes que tuviesen modo con el 
Cortés cómo se viesen en unas estancias é casas de in- 
dias que estaban entre el real de Narvaez y el Dues- 
iro, é que alíi se darían conciertos donde babiaroos áe ¡. 
ir con Cortés á poblar y partir términos , y en las vistas 
le prendería; y para ello tenia ya hablado el Narvaez i 
veinte soldados de sus amiROS ; lo cual luego supo fray 
Bartolomé del Narvuezéde! Andrés de Duero, y avi- 
saron á Cortés de t'hlo. Dejemos al b^ile en el real de 
Narvaez, que ya se liabia hecho muy amigo y pariente 
del Salvatierra , siendo el fraile de Olmedo y el Salva- 
tierra de Burgos, y comia con él cada día. E digamos 
do Andrés de Duero, que quedaba aporcibiéiidose para 
irá nuestro real y llevar consigo d Bartolomé de Usa- 
gre , nuestro soldado , porque el Narvaez no alcanzase 
á siibcr dél lo que pasaba; y diré lo que en nuestro real 
liictiuos. 

CAPITULO CXVIII. 

Cdmi) en nnctlrcí ceil liicíEnojibraede los ssldadiis que tntaot, 
y cuma Injeron dncientas y clncaenla ijicíis uu; larval, coa 
giias hierrus ds cobre cada uiu, que Cortés lubu miDdido ti- 
ciTm UDo&pactila&qaeiedicco loscbidiiDaieos, ynotlaipO' 
niiiDos c<)it)i> tiibianxisde Jugirildbs pirn derrocar la gcatedo 
á cabillo qau leal) Narvací, y clras cusas que en el real pacaraB. 

Yohamos fi decir algo atrás de lo dicho, y lo que mas 
pasó. Asi como Cortés tuvo noticia del armada que traía 
iNarvae?., luego despachó un soldado que liabia estado 
en Italia , bien diestro de lodiis armas , y mas de jugar 
una pica , y le envió é una provincia que se dice los 
cliichinatccas, junto adonde estaban uueslros soldados 
losquefueronébusc;irmínas; porque aquellos de aque- 
lla provincia eran muy enemigos de los mejicanos «po- 
cos días babia que tomaron nuestra amistad , é usaban 
por armas muy grandes lanzas, mayores que las nues- 
tras de Castilla , con dos brazas de pedernal é navajas; 
y envióles á rogar que luego le trajesen á do quiera que 
estuviesen treeiontas dellas, é que les quitasen Idyia- 
vüjas , é ijue pues icuian nmehu cobro , que les bicíeaen 
á coda una dos hierros, y llevó el Síildudo la maneni 
cómo habían de ser loshiorros; yconio llegó, de presto 
buscáronlas lanzas é hicieron los hierros; porqueen to- 
da la provincia ú aquella sazón había cuatro 6 cinco 
pueblos, sin muchas estancias, y las recogieron, é liidí^ 
ron los hierros muy mas perfectamente que se los en- 
viamos á mandar; y también mandó ú nuestro soldado, 
que se decía Tuvílk , que les demandase dos mil hom- 
bres de guerra , é que para el día de pascua del Espírlu 
Santo viniese con ellos al pueblo de Panguenequita , que 
ansi se decía, ó que preguntase en qué parle estábamos, 
éque (odofidos mil hombres ti^jesen lanzas; por ma- 
nera que el soldado se los demandó , é los caciques di- 
jeron que ellos vernian con la gente de guerra; y el 



CONQlItSTA DE 
I »* tino luego con obra Hp ilucienlos mi1ios,qije 
ilaslanuis, y con lostteuifis iniJkis de guerra 
ÍA psra TPtttr con ellos olro soldado de los nuestros, 
(»' ' rrienioí; y«ttí Barrientosestabien lii 

^ que (tescubrian , va otra vez [inr tul 
Dmbridas, y atli ee concertó que liaíiia de venir de la 
'«Moera que está diclto á ouustro rt'ut; porque seria de 
ndwtura diei ó doce leguiis de la uno ú lo otro. Pues 
nt&do el oueilro soliiadu Tovillu con las ¡atizas, eran 
muy Mtremadas de buenas: ; ^ asi , se da bu urden y nos 
jü^anú et ■oMvdo é nos moslrabaú jugar con ellas, y 
«fósvos babúmosde baber con loüdu a caballo, é yu 
mksios Iieclio nuestro alanlc y copÍH y memoria de 
I lussoldudiis y capilaiieí de nuestro ejército, y ba- 
I ducientos y seis, contadas atambaré pífaro, sin 
^_|llriile, y cúDCíncode á caballo y dos artilleros y po- 
^■tps bollcsleros y metios escopeteras ; yd lo que tuvimos 
^H|K P*" pel^r con Narvuez eran las picas, y fueron 
^BBOy buenas , como adelante venín ; y dejemos de plali- 
^ oraas ea el alarde y lanzas , y dirí- cómo llegó Aiidrís 
éil tmr a, que envió Ñarvnezá nuestro reo I , é trujucon* 
I lifoi nucMro soldado Usagre y dos iodio» naborías de 
I, } loque dijeron y cuaccrturon Cortés y Uuero, 
1 después alcanzamos ú saber. 

CACITLLO CXIX. 

_^Viao AtiiIríKlc Dufro 4 oífíiro mi j (t seldtdo TJssBrs j 
> doi tD<ia>d« Cubi , iMburiji del nufro, f qulfii era ei Uucrd 
' } * lo qec icDli, y lo ijue luvimun pur derlQ ) la que ie tm- 
ttrtd. 

V cidcsta manera, que tenRo devolver muy atrílsá 

tar lo pasado. Va liedkbo en loscapitulosmasadc- 

deslos que cuando estábamos en Santiago de Cu- 

, que »e coocerió Cortés con Audrés de üuero y con 

ouDtaiUir del Itey, quosedecia Amador de Lares, que 

grandes amJgus del Diego Velazquei , y el Duero 

«I secretario, que tratase con el Diego Velaniu« 

Icliicieseué Cortés capitán general para venir cii 

oraiada, y que parliria con ellos todo el oro y 

y J0JB8 que le cupiese de su parte de Cortés; y 

al Audrés de Duero vio ennquel íostiinte á Cortés 

n KMD|iaúero, tan rico y poderoso, y so «olor que venia 

' poiHrpaees yH raforecer i Narvaei, y en loque en- 

" ' ara á demandar la parle de la compañía , porque 

el olro su compañero Amador de Lares era tallecido; 

j cdmo Cortés era sagai y manso , no solamente le pro- 

dadallegran tesoro, sino que también le duria 

toda la armada , ni mas ni menivs que su pro- 

liiftnMa, y que, después de conquistada la Nuev:)- 

ttft im , te daria otros tantos pueblos coma í él, con tal 

^■•Isvioat cooci«rlo con AgusUn Bermudez , quo era 

tripadl mayor del real de Narvaet, y con otros eaba- 

que aquí no nombro, que estaban convocados 

que enlodo caso fuesen en desviar al Narvaez para 

qoa DO aaileae con la fida é con lionra y le desbaratase; 

ycMnaiKarvaat tuviere muerto 6 preso, ydesiiechasu 

sauda , qtia ellos qnedariun por señores y partirían 

«• y pueblos de la ^ueta-Espaíla ; y para mas le 

y coofocar á lo que diclio tengo , le cargó de oro 

dp> iadioa de Cel» ; y según pareció, el Duero »e lo 

'"', y ana ya se lotiabia prometido el Agustiu 



^TBriol 



NL'EVA-RSPASA. 119 

Bermudez por firmas y cartas; y también envit'i Corléü 
al Bermudoí y á un clérigo que se decia Juan do León, 
y al clérigo Guevara, que fué el que primero envió Nar- 
Taez,y otros sns amigos, muchos tejuelos y joyas de 
oro , y les escribió lo que le pareció que convenia, para 
(¡lio en todo le ayudasen ; y estuvo el Andrés de Duero 
en nuestro real el día que llegó hasta otro dJa después 
de comer, que era dia de pascua de Espiritu Santo, y 
comió con Cortés y estuvo bablandoconél en serreto 
buen rato ; y cuuudo bubieron comido so-despiJió el 
Üuero de todos nosotros, osi capitanes como soMados, 
y luego fué i caballo otra vei adonde Cortés estaba , y 
dijo : «¿Úué manda vuestra merced? Que ino quiero 
ir; 1) y responiUóle : uQue vaya con Dios , y mire, se- 
fior Aiulrésdo Dncro, que haya buen concierto de lo 
que tenemos platicado; sino, en mi conciencia (ifue asi 
juraba Cortés), que antes de tres dias con todos mis 
cnmpMÍierosseré allá en vuestro real, y y] primero que 
le ocbe lanza seri ú. vuestra merced si otra cosa siento 
iil contra rio de lo que tenemos hablado. » Y el Duero se 
riú, y dijo : <i.\o liillaru en cosa que sea contrario do 
servir & vuestra merced ; >i y luego se fué , y llegado í 
su real, dii que dijo a! Narvuez que Cortés y lodos Ion 
que esUibamos con él sentia estar de imeua voluntad 
¡tara pasarnos con el mismo Narvaez. Dejemos de ba- 
litar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó 
llamará un nuestro capitán que se dice Juan Velazquez 
tle León , pcrsoua de nmclia cuenta y amigo de Cortés, 
y era pariente muy cercano del gobernador de Cuba 
hiego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos crcido, 
luiubicn lo tenia Cortés convocado y atraído d sí cou 
grandes dádivas y ofrecinneiilos que lo dariu mando en 
tu Nueva-España y le liaría m igual; ¡lortjae el Juan 
Velazque?, siempre se mostró muy grao servidor y ver- 
dadero aniif;», como adelante verán. Y cuondo hubo 
venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo : 
«¿Qué manda vuestra merced?» V Cortés, como ha-> 
liUba algunas veces m«v meloso y con la risa en la 
boca, le dijo medio rienúo : «Alo r,iie, señor Juan Ve- 
laíquez , le hice llamar es, qtie me dijo Andrés de Due- 
ro que dice Narvací, y en lujo su real hoy fama , que 
si vuestra merced va allá, que luego yo soy desbeclioy 
desbaratado , porque creen que so ba de hacer con 
Narvaez; y á esta cau>a be acordado que pur mi vida, 
si bien me quiere, que luego se voya en su biioua ye- 
gua rucia , y que Heve todo su oro y la fanfarrona { que 
era muy pesoda cadena de oro), y otras cositas que yo 
Ir daré, que dú allá por mí á quien yo ie dijere; y su 
fanfarrona de oro, que pesa mucbo, llevará iil hombro, 
y oira cadena que pesa mas que ella llevará con dos 
vui'ltas , y alia verá qué le quiere Narvoei ; y en vinien- 
do que se vensa , luego irán allá el scíwr Diego de Or- 
dás, que le desean ver en su real, como mayordomo 
que era del Diego Vela/quea. " Y el Juan Vcluzqueí 
respondió que él liaría loque su merced mandaba, mas 
que su oro ni cadenas que no las llevarla consigo , salvo 
lo que le diese para dar á quien mandase ; porque don- 
de su ptrsona estuviere , os para la siempre servir, 
mas que cuan lo oro ni picilras de diamantes puede ba- 
b«r. « Ansi lo tenga yo creído , dijo Cortés , y con esta 
conliauüa , Señor, 18 cayiíii ina&si no Ueva todosu orp 



* 



ifiO - • BERNAL DÍAZ 

y jovas, como le mando, oo quiero que vaya allá.» Y 
el Juan VelazquGz respaudíú: ailágs^e lo quevuestrn 
merced maiiiiare; II y no quiso llevar Ins joyas, y Cortés allí 
le liablú secrelameule, y luego se jiorliú , y Uevú en su 
, conipaiVja i un mozo de espuelss de Corlts para que le 
sirvjp5e,quefedecin Juantlel Kio. Y dejemos destii par- 
tida deJuaiiVelazquez, quedijprbnquelo.pnviíjCorlús 
por descuidara Narvaez, y vokiimos ú decir loque eo 
iiueslrorealpxsórquedeodeá dos lluras que se purtiú el 
Juan Vehizqnez, muiidú Cortéstocarcl alambor á Cani- 
llas, que ansí ge llnmaba nuestro atambor, y úOcnitode 
Veguer,nufSlropiraro,quetocaResulamborino,ymaii- 
úá & Gun^alo de Sandovul, que era capitán y ulguacil 
mayor, que llama<icú todos 1 01$ soldados , ycomenzásc- 
niosú nmrcbar luego á paso largo camino de Cempoal;é 
yendo por nuestro cumino se mataron dos puercos de 
la tierra , que tienen el ombligo en el espinazo, y ilíji' 
nios muchos soldados que ora señal de Vitoria; y dor- 
mimos en un repecho cerca de un riachuelo , y sendas 
piedras por almohadas, como lo temamos de costum- 
lire, y nuestrüs corredores del campo adulante, y espías 
y rondas; y cuando amaneció, camiuamos por nuestro 
camino derecho , y fuimos á hora de mediodíaáun río, 
«dondoestú ahora pohlada la villa rica de la Veracruz, 
donde descmburirun las barcas cgd mercaderias que 
vienen de Casulla; porque en aquel lienipo estaban 
pobladas junto al rio unas casas de indios y arboledus; 
y como en afjuella lienra liace grandísimo sol, reposa- 
mos allí, comodiclf) tengo , porque traíamos nuestras 
armas y picas. Y dejemos ahora de mas caminar, y di- 
gamos lo que al Juan Vetazquez de León le avino can 
Karvaez y con un su capitón que también se decía Die- 
go Velazquez , sobrino del Yelazquez , gobernador de 
Cuba. 

CAPITULO CXX. 

Ciño llegó Jujn Velaiqucí de Lean y e] Booia de es(tu«!i£ iitie 
se decU Juan del Kio al real de Nanaet, y lo que ea é\ pa&ó. 

Ya he dicho cómo envió Cortés al Juan Velazquez de 
León y al mozo de espuelas para que le acompañase 
á Cempoa!, y íi ver lo que Narvaeí quería, quo tanto 
deseo tenia do tenello en su compañía; por manera 
que ansí como partieron de nuestro real se diú tanta 
prisa en el c;imino, y fué amanecer £ Cempoal, y se fué 
i apear el Juan Vclazquez en casa del cacique gordo, 

' porque el Juan del Rio no tenía caballo, y desde allí se 
van á pió & la posada de Narvacz. Pues como los indios 
de Cempoal le conocieron, hulf'iiron de le ver y hablar, 
]r deciao £ voces ú unos soldudos de Marvaez que allí 

' posaban en casa del cacique gordo , que aquel era Juan 

' Velazquezde León, capitán de Malinche; y ansí como 
lo oyeron loa soldados, fueron corriendo á demandar 
albricias ú Nar^'aez cómo liabia venido Juan Velazquez 
<le León , y antes que el Juan Velazquez llegase Ik la po- 

'^kado del Ñarvaez, que yo le iba á le iiabl¡ir, como de 
repente supo el Narvaez su venida, le salió i recibir á 
A calle, acompañado de ciertos soldados, donde se 

' encontraron el Juan Velazquez y el Narvaeí , y se hi- 
cieron muy grandes acatos , y el Narvaez abrazó al Jusn 

' Velazquez, y le mandó sentar en una silla, que luego 
trajín sillas cerca de si , y le dijo que porqué no se 



DEL CASTILLO. 

fué ú Dpear A su posada; y mnndü & sus criados que la 
fuesen luego por el caballo y fardaje, si le llevaba, | 
que en su casa y caballerizii y posada estaría; y í4 
Velazquez dijo que luego se quería volver , que 110 w- 
nia sino ú besalle las manos , y il lodos los caballero» ile 
su real , y para ver si pndia ibir concierto que su roer* 
ced y Cortés tuviesen ¡la?. y amistad. Enlouces dicen 
que el Nurvaez apartó al Juan Velazquez, y le comcanS 
d decir airad í) cómo que tales palabras le habia d^* decir 
de tener aiitisluil ni puz cou un truidor que se bIzú á lU 
primo Diego Velazquez con la armada. Y el Jn.in Velaz- 
quez ref poiidíú que Cortés no era traidor, si no buen ser- 
vidor de su majestad , y que ocuirir 6 nuestro rey y se- 
ñor, como envió é ocurrid, no se le ba de atribuirá 
traición, y que le suplica que delante dé! no se tlíga tal 
palabra. Y entonces el Narvaez lo comeólo á hacer gran- 
líes prometimientos que se quedase con él , y que con- 
cierte con los de Cortés que se le den y vengan luego i se 
meter en su obediencia , promctiéudole con juramento 
que seria en todo su real el mas preeminente capitán, 
y en el mando segunda persona; y et Juan Velazquez res- 
pondió que mayor traición baria él eu dejar al capitán 
que tiene jurado en la guerra y desamparallo, cono- 
ciendo que todo lo que ba hecho en la Nueva-España 
es en servicio de Uios nuestro Señor j de su majes- 
tad ¡ que no dejará de acudir á Cortés, como acudía ú 
nuestro rey y señor, y que le suplica que no hable ints 
cu ello. En aquella sazón habían venido & ver i Jnao 
Velazquez todos tos mas principales capitanes del real 
de iNarvaez, y le abrazaban con gran cortesía, porque 
el Juan Velazquez era muy de palacio y de hum cuerpo, 
membrudo , y de buena presencia y rustro y la burba 
muy bien puesta, y llevaba utm cadena muy graodede 
oro echada al hombro, que le daba vueltas debajo el 
brazo , y parecíale muy bien , cnmo bravoso y buen ca- 
pitán. Dejemos dcsie buen parecer de Juan Velazquex 
y cómo le estaban mirando todos los capitanes de Ñar- 
vaez, y aun nuestro padre fray Bartolomé do Olmedo 
también le vino á very en secreto hablar, yausimismo 
el Andrés de Duero y el alguacil mayor Bermudea, j 
parece ser quo en aquel instante ciertos capitanes dé 
Nanuez, que se decían Gamarra y un Juan Yuste.y 
un Juan Bono de Qucio, vizcaíno, y Salvatierra el 
bravoso, aconsejaron al Narvaez que luego preiuiieio 
al Juan Velazquez, porque les pareció que hablaba muy 
sueltamente en favor de Cortés ; é yaque había manda> 
do el Narvaez secretamente í suscapitanes y alguaciles 
que le echasen preso , súpolo Agustín Bermudez y el 
Andrés de Duero, y el padre fray Bartolomé de Olmedo 
y un clérigo que se decía Juan de León , y otras per- 
sonas que se hahian dado par amigos de Cortés, y di- 
cen al Narvaez quo se niara villau de su merced querer 
mandar prender al Juan Vetazquez de León , que ¿qué 
puede hacer Cortés contra él , aunque tenga en su 
compañía otros cíen Joan Vetazquez? Y que mire la 
liuora y acatos que hace Cortés A lodos los que do su 
real l)an ido , que tes sate á recebír y á todos les da oro 
y joyas, y vienen cargados como abejas li las colmenas, 
y de otras cosas de mantas y mosqueadores , y que á 
Andrés de Duero y at clérigo Guevara, y Amaya y á 
^ ergara el escribano , y á Alonso de Mata y oíros que 



CONQLISTA DE 
I , hion los fiudierü prender y no lo liizo; 
' diclto tÍPiítfn , leí Itace mucha honra , y 
r <]ae fe torne (\ iiablur al Juan Velozqiiez 
I cortesía,* le conoide á cfimerpara otro din; 
ira <fiv) si N»rvHez le pareció bien el conücjo, 
le lornú i hiihlar con palabras mur amorosas 
i ftnca tercero en que Cortés se le diese con 
•otras, y le convidii pam otro din a comer; j 
j^edrifirf X responiüó que él liaria lo que puitíe- 
ttti caso ; mus que tenia á Cortés por muy por- 
bkacudo en aquel negocio , j que seria mejor 
Ibho las provincias, y que escogiese la tierra 
MI merced quisiese ; y esto deeia el Juan Ve- 
por le amansar; y entre aquella*! pláticas lle- 
oidú (le Narvuez el pudro fray Bartolomé de 
, y k dijo, cntiio su privado y consejero que ya 
Imcbo : a Mande vuestra merced Imcer alarde 
iu arlilleríu y catiallos y escopeteros y (¡olles- 
ii>ld4dos , para que lo vea el Juiín Velazquez de 
M'SMO de e<:pueks Juan del Kio, para que 
Int foestro poder é getitc , y se venga & i ues- 
rd aunque le pe^e;» y esto lo dijo fray Darlolo- 
Imedocomo por vía de su muy gran servidor y 
f por liorclleque trabajasen lodos losdcdca- 
Dtdados en su real. Por manara que por el di- 
bestro Traile hizo hacer nlcrde dcliintc el Juan 
n«ic Ltotí y el Jitnn del Rio, estaiulu presente 
reli^'oso ; y cuando fué ncnhudo de hacer dijo 
■Vetazquei al Narvaez r «Gran pujanza Irae 
merced ; Dios se lo acreciento, » Entonces dijo 
tez : o Ahi verá vuestra merced que si quisiera 
>coatraCortésle hubiera (raido preso, y á cunn- 
i, coa él.» Eutonces respondió el Juan Veluz- 
Ifjú : «Téngale vuestra merced por tal , y á los 
tqneronél estamos, que snlirémos muy bien 
t aueslres persouns; o yansi cesaron las pláticas; 
tía llevóle convidado A comer al Juan Velaí- 
MRO dirlit) lengr), y comía con el Narvaez un 
Uel Diego Velazquez , pol)iíniB<iordc Cuba, que 
lenisn capilau; y estando CMniendo, tniiúse 
ie crtmo Corles nu se thiha al ^urvae^ , y de 
f nsquirimienlos que le enviomos, y de unas 
tea otras, desma mióse el sobrino de üie^u Vc- 
I ^ue también se dei^ía Diego Velazqupx como 
t diju que Cérlés y lodos los que con él esliibu- 
kios traidores, pues no se venian á someter al 
^ y el Juuti Velaiquez cuando lo oyó se levantó 
fe la nthi en que estaba , y con muclio aculo 
Ib&orcapituii Narvaez, ya lie suplicado á vues- 
fió i)ue no se consienta que so digan palabras 
|M esiis que lücen de Cortés ni de ninguno de 
too ¿I estamos, porque ver ¡laderamente son mal 
wctrmatde nosotros, que tan lealmente liemos 
I w majestad;» y el Diego Vcfnzquez respon- 
ibiendichns, y puesvolvia poruo traidor, 
1 lie ser y otro tal como él , y que no era 
i buenos ; y el Juan Velazquez , echan- 
|á MI etpBdn, dijo que mentía , que tra mejor 
»qae do él , y de los buenos Velazquez , mejo- 
loélortu Uo, y que se lo liariu conocer si el 
|mUui Nanaex les daba licencia; y comoliabia 



NIEV.\-ESPaSA. ■ 141 

allí mucjms capitanes, ansí de los de Narvací y ílgunní 
de los di* Cortés, se melieron en medio, que de hecho 
le iba á riar el Juan Velazqoéz una eslocaila ; y acmise- 
jumn al Píarvaez que luego le mandase sjdirde su real, 
ansí ü é! como al padre fray Bartolomé de Olmedo é i 
Juan del Río ; porque A lo que sentían , no hacían pro- 
vecliu ninguno, y luego sin mas dilación les mandaron 
que se fuesen ; y ellos , que no veiati Iu liora df verse 
en nuestro real, lo pusieron por obra. E dicen que el 
Juan Vetazquez yendo íi caballo en su hucna yegnjysu 
cotn puesta , que siempre andaba con ella y con su capa- 
cete y gran cadena de oro , se fué ú despedir del Nuf- 
vacz, y estaba allí con el Nurvaez el mancebo Diego 
Velazquez, el de la brega , y dijo al Narvaez : «¿Quií 
manda vuestra merced para nuestro real?» Y respondió 
eI^arvuez, muy enojado, quese fuese, ó que valiera mas 
que no liubieru venido; y dijo el mancebo Diego Vetaz- 
qne?, palabras de amenazí é injuriosas :i Juno Vcluzquez, 
y le respondió á ellas el Juan Vela/qnez de León que 
es grnmlesu atrevimiento , y digno de eosligo por aque- 
llas pulabrasque le dijo; y echándose inanu ú fa barba, 
lo dijo • o Cura estas , que yo vea aules de muchos dia» 
si vuestro esfuereo es lanío como vuestro lialilur ; o y 
como venian con el Juan Velazquez seis 6 siete de los 
del real de Narvuez, que yo esiiiljan convocados por 
Cortés, que le ibsn á despedir, dicen que tmburon del 
como enojados, y le dijeron : «Vayase ya y no cure de 
mas hablar; ii y as!, so despidieron, y A buen undurde 
sus caballos se van para nuestro real, porque luego le 
avisaron & Juan Velazquez que el Narvaez lus qocriu 
prender y operccbia muchos de á cwlmllo que fuesen 
tras ellos ; é viniendo su camino, nos encontraron ni rio 
que dicho tetigo, que estú ahora cabe la Veracruz; y 
estando que esláliunios en el rio por mi ya nombrado, 
teniendo la siesta , porque en aquella tierra liace mucho 
calor y muy recia; porque, como caminábamos cou 
todas nuestras armas & cuestas y cada uno con unu 
pica , estábamos cansados; y en este instante vino nno 
denueslros corrediires del campo il dar mandado áC- ir- 
les que vían venir buen rato de alli dos ó tres personas 
de á caballo , y luego presumimos que serian nuestros 
embajadores Juan Velazqucí de León y fray Bartolomé 
de Olmedo y Juan del Rio; y como llegaron adonde es- 
tábamos, ¡qué regocijos y alegrias tuvimos todos! Y Cor- 
tés] cuántas caricias y buenos comedimientos hito al 
Juan Velazquez y á fray Bartolomé de Olmedo! Y tenia 
razón , porque le fueron muy servidores; y allt contó 
el Juan Velazquez paso por paso lodo lo atrás por mi 
dicho que les acaeció con Narvaez , y cómo envió se- 
cretamente ú dar las cadenas y tejuelos de oro á Im 
i personas que Cortés mandó. Pues oir de uúeslro fraile, 
como era mnyregocijado, sabíalo muy bien representar, 
cómo se hizo muy servidor del Narvaez, y que por ha- 
cer burla dt'l le aconsejó que hiciese el alarde y siicaso 
su artillería , y con qué astucia y mañas le dio ft carta; 
pues cuando conlabii loque le acaeció con el Salrnlier- 
ra y se le hizo muy pariente, siendo el fraile de Olmedo 
y el Salvatierra adelante de Burgos , y de los lieros que 
le decía oí Salvatierra que liahíade hacer y acontecer 
en prendiendo á Cortés y á todos nosotfí.s. v nu" s« 
Icqucjó de los soldados que h¡ hurlaron su caballo ; el 



m ■ ' BERNAL DÍAZ 

de otro capilau ; y lodos nosotros nos liolgamos de lo 
oir, como si fuéramos á bodas y regocijo, y sabíamos 
que otro din habíamos de estar en batulla; y que liubía- 
IDOS de vencer ú morir en ella, siotido como jierntanos, 
ducientosy sesenta y seis soldados , y los de Nuríaez 
cinco vetes mas que nosotros. Volvamos á nuestra re- 
lación, y es que luego caminamos totios pura Cempoal, 
y fuimos ú dormir a un riacliuelo , adonde estaba en 
tiquella saioii una puente , obra de una legua de Oiu- 
¡wal , adonde está aliora una estancia de vacas. Y dc- 
jnllo lie aquí, y diré lo que se liíM en el real de Narvaei 
después que vinieron el Juan Velazí|uez y el frailo y 
Juan del Rio, y luego volveré i contarlo queliicintos 
en nuestro real , porque en un instante acontecen dos 
i> tres cosas, y por fuerza lie de dejar tas unas por cou- 
larlo que mas viene ü propósito des la relación. 

CAPITULO CXXI. 

So lo qac se hiiD en el reil de Manatí ilespaí j que de lUi 
silicron oitesiros etnbiJKlF)^. 

Pareció ser que como so vinieron el Juan Velazqucz 
y el fraile é Juau del Rio , dijeron al Narvaez sus capi- 
tanes que en su real sentían que Cortés habla enviado 
muchas joyas de oro, y que tenia de su parte amigos 
eu el mismo real , y que seria l»¡en estar muy epercebi- 
(lo y avisar á todos sus soldados que estuviesen con sus 
armas y caballos prestos ; y demás desto , el cacique 
gordo, otras veces por mí nombrado, temía mucho & 
Corles, porque hiibia consentido que IVurvaez lomase 
las mantas y oro é indias que le tomú ; y siempre espia- 
ba sobre nosotros en qué parle dormíamos , por qué 
camino veníamos, porque asi se lo había mandado por 
fuerza el Narvuei; y como supo que ya llegábamos cer- 
ca do Cempoal , le dijo ni Karvaez el cacique gordu : 
«¿Qué hacéis, que eslilis muy descuidado? ¿I'cusnis 
queMalincbe y los tente que trae consigo que son üsí 
tomo vosotros? Pues jo os digo que cuando no os ca- 
tárcdes será aqui y os malura;» y aunque haciao burla 
<ic aquellas palabras que ct cacique gordo les dijo, no 
dejaron de se ajtercebir, y la primor cosa que hicieron 
fué pregonar guerra contra nusotros á fuego y sangre 
y á toda ropa franca; io cual supimos de un soldado 
<[ue llamaban el Galleguillo, que se vino huyendo aque- 
lla uoclie del rcul de Narvaez, ú le envió el Andrés de 
Duero , y dio aviso ú Cortés de lo del pregón y de otrus 
cosas que convino saber. Volvamos á Narvaez, que lue- 
go mandó saciir (oda su artillería y los de á cabailr», 
escopeteros y ballosterús y soldados ú un campo , obra 
úe un cuarto de legua de Cempoal , para allí nos aguar- 
ilar y no dejar ninguno de nosotros que no fuese nmer- 
to ú preso ; y como llovió mucho aquel día , estaban ya 
los de Narvaez hartos de estar aguardándonos al agua; 
y como no estaban acostutnbrados á aguas ni trabajos, 
y no nos (em'iin en nada sus capitanes, (e aconsejaron 
que se volviesen á lus aposentos, y que era afrenta es- 
tar allí, como estaban, aguardando á dos ó tres, y es que 
decían que éramos, y que asestase su artíllcdu delante 
de sus aposentos , que era diez y ocho tiros gruesos , y 
que estuviesen toda la noche cuarenta de á caballo es- 
perando en el caniiuo por do habíamos de venir ú Cooi- 



DEL CASTILLO. 

poal , y que tuviese al paso del rio , qw era por don- 
de habíamos de pasar , sus espías , que fuesen buenos 
hombres de ú caballo y peones ligeros para dar mait- 
dado , y que en los patíos de los aposentos de Namez 
anduviesen toda la noche veinte de & cabaUo; y este 
concierlo que le dieron fué por hacelle volver i los apo< 
sontos; y mas te decían sus capitanes : nPues jcúoio, 
Señor I ¿Por tal tiene á Cortés, que se ha de atrever coo 
unos gatos que tiene ú venir (i este real, por el dicho 
deste indio gordo? JXo lo crea vuestra merced, sino 
que echa aquellas algaradas y muestras de venir poique 
vuestra merced vonga á buen concierto con él ; b por 
manera que así como dicho tengo se volvió Narvaez á 
su real, y después de vuelto, públicamente prometía 
que quien matase á Cortés ó ;1 Gonzalo de Sandoval que 
le daría dos mil pesos; y luego puso espías al rio i un 
Gonzalo Carrasco, que vive ahora en la Puebla, y al olf» 
que se decía Fulano Hurtado; el nombre y apellido] 
señal secreta que dio cuando batallasen contra oos* 
otros en su real había de ser Santa Mario , Santa María; 
y demás desto concierto que tenian liecbo, mandó jNar- 
vuez que en su aposento durmiesen muchos soldados, 
así escopeteros como ballesteros , y otros con partesa- 
nas, y otros tantos mandó qwe estuviesen en el apo- 
sento del veedor Salvatitirra, yGamarra, y del Juau Bu- 
uo. Ya he dicbo el concierto que tenia Nan'aez eu su 
rea] , y volveré á decir la orden que se dio en el Duestro. 

CAPITULO C.X.'ÍIL 

Del eonelcrta j órdci que k dlii en nuestro Mal ftn Ir costra 
ti^rvicc, i* el raaonamíeDlo que CortiíB aos liiio> f lo qus ns- 

Llegados que fuimos ül riachuelo que ya he dicbo, 
que estará obra de una legua de Cempoal , y.habia allí 
unos buenas prados , después de haber enviado nues- 
tros corredores del campo , personas de conliaoia, 
nuestro capitán Cortés á caballo nos envió á llamar, asi 
á capitanes como á todos los soldados, y de que nos vio 
juntos dijo que nos pedia por merced que caltuscmos; 
y luego comenzó uu pnrlumcntu por (un lindo estilo y 
plática, tun bien diclias cierto olrus pulabras mai sa- 
brosas y llenas de ofertas, que yo aquí no sabré escri- 
bir; en que nos trajo á la memoria desde quesahnaoi 
de la isla de Cuba , con todo lo acaecido por nosotros 
basta aquella saiion , y nos dijo : « Bien saben vuestras 
mercedes que Uiego Vclazquex, gobernador de Cuba, 
me eligió por ca[iitaa general, no porque entre vues- 
tras mercedes no había muchos caballeros que «ren 
merecedores dello; y saben que creíslesque veníaiDOs 
ú poblar , y así se publicaba y pregonó ; y según has 
visto, enviaba A rescatar; y salten lo que pasamos sobre 
que me qucria volver á la isla de Cuba á dar cuenta á 
Diego Velazquez del cargo que me dio , conforme i su 
instrucción ; pues vuestros mercedes me mandastes j 
requeristes que poblásemos esta tierra en nombre de su 
majestad, como, gracias á nuestro Señor, ia tenemos 
poblada , y fué cosa cuerda ; y demás desto, n)e hicistos 
vuestro capitán general y justicia mayor dellu, basta 
' que su majestad otra cosa sea servido mandar. Como 
{ ya he dicho , entre algunos de vuestras mercedes hubo 
' algunas pláticas de tornar á Cuba , que no lo quiera 




CONQIUSTA DE 
, pues i lasnera de decir , ayer pnsá, y fu 6 
IMtB j bttena imeslra quedad», y liemos lincho á 
é tu miijetUiírt gran servir io , que esto daro eslú; 
•B lo <|tie prorneiiiiios en nuestras enrías i su 
hdt después de le hntierdoducueniayrelacinn de 
vaeslrris licclios , que punió no quedó, é que 
títtn es de la maneru qiie lictnc» ¥Íslo y cojio~ 
qoe es cuatro veces mayor que Ca?lilla , y de 
pueblos y muy rica de oro y minas, y lícnn 
proTÍncias ; y eútno eiiviiitnos á suplicar d 
id que no la diese en gobernación ni de otrj 
manera á persona níuí^una; y porque creia- 
por cierto que e! obispo de Burgos don 
« de Fonseca , que era en aquella sazón 
file <le tndias y tenia mocho mundo , que la de- 
á tn mnjestad para el Diego Velazquez ú nl- 
liiente 6 amigo del Chispo , porque esta tierra es 
ta bueoa para dar ú un iiifante ú gran scüor, que 
|09 dclenninado de no dalle á persona ninguna 
qae su majestad oyese ¡i nueslres procuradores, y 
N» viésemos su real firma , é vista , que con lo 
Bi» senfido mandar (os pechos por tierra ; y con 
Itas Ta sahian que enviamos y servimos li su nía- 
«ou lodo el oro y plata , joyas é todo cuanto te- 
■ liobido ;» y mas dijo : aBien se les acordarj, se- 
^ cuántas veces hemos llegado i punió de muerte 
i guerras y batallas que hemos habido. I'ues no 
ta tneilas & la memoria , que acostumbrados cs- 
Í9 trabajos y aguas y vientos y olfiunas teces 
res , 7 siempre (raer las armas ú cuestas y dormir 
isiielo<;, así nevando como lloviendo, que si nii- 
I en *llo , lus cueros teoemos ya curtidos de los 
H. Ko quiero decir de mas de cincuenta dcnues- 
iBpafierosque nos han muerto en liis guerras, ni 
lÉviiMlns mercedes como cstúis entru pajados y 
R de heridas que aun estún por sanar; pues que 
traer A la memoria los trabajos que trajimos 
ry los batallas de Tabanco, y los que se hálla- 
te de Almería y lo de Cinppacinga, y cuántas 
in «erras y caminos nos procuraban quitar 
fMSM las batallas de TIuscala en qué panto 
m y cuáles nos traían ; pues ta de Chotula ya 
poMtas las olías para couier nuestros eu>-rjios ; 
Mbiéi de los puertos no se los había olvidado 
(jastenía Montezuma para no dejar ninguno 
, y bien vieron los cominos todos llenos de 
árboles toriados; pues Ins peligros de la en- 
y nlada en la gran ciudad de Méjico, cuántas 
la muerte al njo, ¿quién ios podrá pon- 
'IHH* vato los que han venido de vuestras mer- 
SMprímero que no yo, In una con Fran- 
i«)ei deCórdoiía y la otra con Juan de Gri- 
|m trthijos , bambres y sedes , heridas y muertes 
Icboe t«td«dos que en descubrir aquestas tierras 
>i, y todo lo que eo aquellos dos ví.ijcs hubeis 
Id de Tueatras haciendas; ■> y dijo qu<i no quena 
t •tn» Diaclias cosas que tenia por decir por me- 
^y D6 iitbria tiempo para acaballo de platicar, 
lan tarde y venia b noche; y mas dijo : «Diga- 
bon, aeaores: Panfilo de Narvaez viejie contra 
mucha rabúi y deseo de nos tisber á ks 



M'EVA-ESPANA. 153 

manos , y no babian desembarcado , y nos llomalisn de 
Irnidores y malos ; y envió ú decir al <?ron Monteiuma, 
no palabras de snliio capitán, sino de alborotador; y 
demás desto , tuvo atrevimiento de prender 6 un oidor 
de su majestad , que por solo este delito es digno de ser 
cafiligadú. Ya habráu oidocómo han pregonado en su 
real guerra contra nosotros á ropa franca, como si fuí- 
mmos moros, n Y luego, después du haber dicho eslo 
Cortés, comenzó il subttmnr nuestras personas y es- 
fuerzos en los guerras y batallas pasadas, oy que enton- 
ces peleúhamos pur salvar nuestras vidas, y que aborn 
hemos de pelear con todo vigor por vida y honra, pues 
nos vienen ú prender y echar de nuestras casas y robar 
nuestras haciendas; y demás dc«tú , que no sabemos si 
trae provisiones de uuestru rey y seüor , salvo favores 
del obispo de Burgos, nueslru contrario ; y si por ven- 
tura caemos debajo de sus manos de ?(arvaez ( lo cual 
Dios no permita), todos nuestros servicios, que hemos 
hecho á Dios primeramente y ú su majfótad , tornarán 
en deservicios, y hardn procesos contra nosotros, y 
dirán que hemos muerto y robado y destruido ta tierra, 
donde ellos son los robadores y alborotadores y deser- 
vidores de nuestro rey y señor; dirán que le han servi- 
do; y pues vemos por los ojos todo lo que he dicho, y 
como buenos caballeros somos obligodos á volver por la 
honra de su majestad y por las nuestras, y por nuestras 
casas y haciendas ; y con eslu intención salí de Méjico, 
teniendo cunliauza en Ules y de nosotros; que todo lo 
ponía en las manos do Dios primcramL-nie, y dospuis 
en las nuestras; que veamos lu que nos parece.» Enton- 
ces respoudimos.'y tuiíibitón juniamuuie con nosotros 
Juan Vclazquez de l.eon y Francisco de Lugo y otros 
capitanes, que tuv¡e<ie por cierto que, mediante Dios, 
habíamos de vencer ó morir sobra ello, y que mirase 
no le couvenciescn cou partidos , porque si alguna cosa 
hacia fea , le daríamos de estocadas. Entonces , como 
vio nuestras voluntades, se hulj^ú mucho, y dijo que 
con aquella confianza venía; y allí hizo muchas ur'rtus 
y prometimientos que seriamos todos muy ricos y va- 
lerosos, ncchoesto, tcrnó ú decir que nos pedia por 
irorccd que callásemos , y qtic en las guernis y batallas 
es menester roas prudencia y saber para, bien vencer los 
contrarios, que no demasiada osadia; y que porque 
tenia conocido de nuestros grandes esfuerzos que por 
ganar honra cadtt uno de nosotros se quería adelantar 
de los prímeros á encontrar con los enemigos, que fué- 
semos puestos en ordenanza y capitanías; y para que < 
la primera cosa que luciésemos fuese lomallcsol nrti- 
lleria, que eran diez y ocho tiros que tenían osestadoa 
delante de sus aposentos de Narvaez , mandó que fuese 
por capitán suyo de Cortas uno que se decía Piíam, 
que ya he dicho otros veces que en aquella sazoo no 
había fama de Perú ni Pizarros, que no era descubier- 
to; y era el Pízarro suelto mancebo, y le señaló se- 
senta Boldndos mnncebos, y entre ellos me nombraron á 
mi ; y mandó que, después de tomada el artillería, acu- 
diésemos todos é los aposentos de Narvacs', que estaba 
en un muy alto cu ; y para (mnder i Ptarvaei señaló 
por capitán i Gonzalo de ^doval cen otroe sesenta 
compañeros; y como era alguacil mayor, le dio on 
mandamiento que decía así : « bouialo de Sundovsl, 



m '^^— :>^- BERNAL DI.\Z 

ulguaril-mnyor desla Niievo-Eípaüa por sn inajéslii<l, 
JO os inniido que premiáis el cuerpo Je l'anlilo de Nsir- 
vaez, é si se os detcndiere, matalde , que así conviene 
|i u\ servicio de Dios y de su niíijeslad, y le prendió ú un 
íiiibr. Dado en este reol;" j la lirma, Henmndo Corles, 
y refrendado de su seerelnrio Pedro Hernández. Y 
ilespii¿« de dado e! tnnodamieTUo-, prom^liú (¡ue al pri- 
mer soldiido que le ccIjüso la mano le daria ires mil pe- 
sos, y al segundo dos mil, y al tercero mil; y dijo que 
nquelto que prumetia que era pora guaníes, que bien 
víamos lu riqueza que habia enlre nuestras ntiinos; y 
luegu Domhrü á Juitii Vclazquoí de León para que pren- 
diese á Diego Vclaüqitez, con quien liabja lenido lu bre- 
ga , y le dio otros seíeiila soliiaJos. Narvaez estaba en 
su furtiilczu é altos cues , y el mismo Cortés por sobre- 
Bílienle con oíros veinle soldados para acudir adon de 
mus necesidad hubiese , y donde él tenia el pensamien- 
to de asistir era para prenderá Narvuez yá Salvatierra; 
pues ya diidus las copias íi los capitanes, como diclio 
tengo, dgo : «Bien sé qne lus de Narvatí son por cua- 
tro veetís mas que rtosotros; mas ellos no son acoslnin- 
íirados á liis armas, y como están la mayor parte dellns 
mal con suciipitan, y muchos dolientes, les lomare- 
mos de sobresalto; tengo pensamiento que Dios nos 
dará vitorie , que no purrmriin mucbo cu su defensa, 
porque mas bienes les liaremos nosotros que no su 
Píarvaez; así, señores, pues nuestra vida y honra está, 
después de Dios, en vuestros esfuerzos é vigorosos bra- 
zos, Qo tengo mas que os pedir por merced ni traer i 
la memoria sino que en eslo está el toque de nuestras 
honras y famas para siempre jamás; j mas vale morir 
por buenos que vivir iifrenlados; » y porque en aquello 
sazón llovía y era tarde no dijo mas. Una cosa he pen- 
sado después acá, que jamás nos dijrt tengo tal co[i- 
cierto eo el real heciio, ni Fulano ni Zutauo es en nues- 
tro íavor, ni cosa ninguna deslas, sine que peleásemos 
como varones; y esto de no decirnos que tenia amigas 
en el real de .Narvnez fué de muy cuerdo capitán, que 
por aquel efeto no dejásemos de batallar como esforza- 
dos, y no (uviifsomos esperanza en ellos, sino, después 
de Dios, en nuestros grandes ánimos. Dejemos desto, y 
digamos ci'imo cada uno de los capitanes por mi noni- 
lirados estaban con los soldados señalados, poniéndose 
esfuerzo unos 6. otros. Pues mi capitán Pizarro, can 
quien habiamos de tomar la arlilleriu, que era la co<;a 
■demás peligro, y liabiamos de ser los primeros qite lia- 
^liiamos de romper hasta hts tiros, también decía con 
mucho esfuerzo oórao haíjiainasde entrar y colar nues- 
tras picas liasla tener la arlillcrii en nuestro poder , y 
cuando se la hubiésemos tomado, que con ella misma 
mandó é nuestros artilleros, que se decian Mesa y el 
siciliano Aruega, que con lus pelólas que estuviesen 
por descargar se diese guerra A los del aposento de 
Salvatierra. También quiero decir la gran necesidad 
que teníamos de armas, que por un peto ú capacete 6 
cascoóhabera de hierro diéramos aquella noche cuanlo 
nos pidieran por ello y todo cunnio habiamos ganado; 
y Juego secretamente nos ni im tiraron el apellido quo 
liabiamos de tener estando batallando, que era Espí- 
ritu Santo , Espíritu Santo; que esto se suele liaccr se- 
creto en las guerras porque se conMcao y apelliden por 



DEL CASTH,LO. 

el nombre ^ que no lo sepan unos cnnlrarins de otros; 

I y Ins de Narvaez tenían su apellido y voj: Santa Marii, 
Santa Marta, Ya liecbu torio esto, romo yo en gT»n 

I «tilico y servidor del capil.in Sandova! , me dijo nquella 
noclio que me pedia par mirrced que cuando hitbiése- 
mo5 tomado el artillería , si qnediiba fotí l;i vida , siem- 
pre me hablusc con él y le siguiese ; é ya le proinutt, é 
asi lo liice, como ad'ílante verán. Digamns ahor» pn 
qué se entendió un rato de la noche , sino en ailerexar 
y pensaron lo que toniamoi por delante , [mes para ci- 
liar no teníamos cusa ninguna ; y luego fueron itucslro» 
corredores del campo , y so pu^o espías y velas á mí y íi 
otros dos soldadas, y no lurdú nuií'ho, cuamli) viene 
un corredor di'l campo ú me preguntar que si he sen- 
tido algo,é yo dijeque no; y luego vino uti cuadrillen», 
y dijo que el Callcguillo que liabia venido del real de 
\arvaez no parecía, y que era espía eclinda del Karvaei; 
é que mandaba Cortés que luego martdiíisemos comino 
de Cempoal, é oímos tacar nuestro pifare y alambor, y 
los capitanes aperciliicTidosussoldados, y ronienínmos 
á marciiar, y al Galleguillo bailaron debajo de unn 
mantas durmiendo; que, como llovió v ti pobre no en 
acostumbrado á estar al agua ni Trios , metióse olh A 
dormir. Pues yendo nuestro paso tendido, sin locar 
pífaro ni alamlior, que luego niaiidó Citrit'sque no lo- 
casen, y nuestros corredores del campo descubriendo 
la tierra, llegamos al rio, donde estuban las espías do 
^a^vae^, que ya lie diclio que se decían Gonzalo Car- 
rasco é Hurtado, y estaban descuidados, que tuvimos 
tiempo de prender al Carrasco, y el olro fué dando voces 
al real de Narvaez y diciendo : u Al arma , al arma, que 
víenoCortés.i) Acuerdóme quecuando pasábamos aquel 
rio, como llovía, venia un poco lionilo, y las piedras 
resbalaban algo, y como llevábamos á cuestas las picas 
y armas, nos bacía mucha estorbo ; y también mt acuer- 
do cuando se p rendid & Carrasco decía á Cortés ft gran- 
des voces : «Mira, señor Cortés, itu vayas allá; que 
juro i tal que está Narvaez esperándoos en el campo 
con todo su ejército ; » y Cortés le dio un guarda & m 
secretario Pedro Hcrnande?. ; y como vimos que el Hur- 
tado hié á dar mandado , no nos detuvimos cosa , sino 
que el Hurtado iba dando voces y mandando dar al ar- 
ma, y el Narvaez llamando sus capilaties, y nosotros 
calando nuestras picas y cerrando con su artillería, to- 
do fué uno, que no tuíieron tiempo sns artilleros de 
poner fuego sino á cuatro tiros , y los pelotas alguna* 
dellas pasaron por sito, é una dellas mató á tres de 
nuestros compañeros. Pues en esle instante llegaron 
lodos nuestros capitones, tocando al arma nuestro pí- 
faro y alambor; y como bahía muchos de los de Nar- 
vaez á caballo, detuviéronse un poco con ellos, porque 
luego derrocaron seis Ó siete dedos. Pues nosotros los 
que tomemos el artillería no osábamos desampararla, 
porque el Narvaez desde su eposcnlo nos tiraba saetas 
y escopetas ; y en aquel instante llegi'i el capitán San- 
doval y sube de presto las gradas arriba , y por mucha 
resistencia que le ponia el Narvaez y le tiraban saetas y 
escopetas y con partesanas y lanzas , todavía las subió 
él y sus solflados ; y luego como vimos los soldados que 
ganamos el artillería que no babía quien nos la defen- 
diese , so la dimos 6 nuestros arlilloros por mí nombra- 



CONQUISTA DE 
dos» y fuimos muchos de nosotros y el capiua Piurro 
ú ayudar al Saadovul , que les liacian los de Narvaez 
venir seis ó siete (gradas ubajo retrayéndose, y con nues- 
tra llegada tomó á las subir , y estuvimos buen rato pe- 
leando con nuestras picas , que eran grandes ; y cuando 
no me cato oímos voces del Narvaez, que decía : «Santa 
Marta , váleme; que muerta me han y quebrado un ojo;» 
y cuando aquello oímos, luego dimos voces : a Vitoria, 
Vitoria por kisdel nombre del Espíritu Santo; que muer- 
to es Narvaez; » y con todo esto no les pudimos entrar 
. en el cu donde estaban liasla que un Martin López , el 
de los bergantines , como era alto de cuerpo , puso fuego 
4 las pajas del alto cu , y víuíeroa todos los de Narvaez 
rodando las gradas abajo; entonces prendimos á Nar- 
vaez , y el primero que le echó mano fué un Pero Sán- 
chez Farfan , é yo se lo di al Sandoval y i otros capita- 
uesdel mismo Narvaez que con él estaban todavía dando 
voces y apellidando : a Viva el Rey, viva el Rey, y en su 
real nombre Cortés; vítoiia, vitoría; que muerto es 
Narvaez.» Dejemos este combate , é vamos á Cortés y á 
los demás capitanes quo todavía estaban batallando 
cada uno con los capitanes del Narvaez que aun no se 
Jiabían dado , porque estaban en muy altos cues , y con 
los tiros que les tiraban nuestros artilleros y con nues- 
tras voces, é muerte del Narvaez, como Cortés era muy 
avisado, mandó de presto pregonar que todos los de 
Karvaez se vengan luego á someter debajo de la ban- 
doru (le su majestad, y de Cortés en su real nombre , so 
pena de muerte ; y aun con todo esto no se daban los 
de Diego Velazquez el mozo ni los de Salvatierra , por- 
que estaban en muy altos cues y no los podían entrar; 
hasta que Gonzalode Sandoval fué con la mitad de nos- 
otros los que con él estábamos, y con los tiros y con los 
pregones les entramos , y se prendieron así al Salva- 
tierra como los que con él estaban, y al Diego Velazquez 
el mozo ; y luego Sandoval vino coa todos nosotros los 
que fuimos en prender al Narvaez á puiulle mas en co- 
bro, puesto que le habíamos echado dos pares de gri- 
llos , y cuando Cortés y el Juan Velazquez y el Ordás 
tuvieron presos á Sulvatierra y al Diego Vi-luzquez el 
mozo y á Gamarra y ú Juan Yuste y i Juan Bono, viz- 
caíno , y á otras personas principales , vino Cortés des- 
couocidu, acomiNinado de nuestros capitanes, adonde 
teníamos á Narvaez, y con el calor que hacia grande, y 
como estaba cargado con las armas é andaba de una 
parle á otra apellidando a nuestros soldados y haciendo 
dar pregones, venia muy sudando y cansado, y tal, que 
no le alcanzaba un huelgo á otro , é dijo á Sandoval dos 
veces, que no lo acertaba á decir del trabajo que traía, 
é dijo : a^Qué es de Narvaez ? Qué es de Narvaez? » E 
dijo Sandoval : a Aquí está, a(|uí está, é ¿ muy buen 
recaudo;» y tornó Cortesa decir muy sin huelgo : «Hi- 
rá , hijo Sandoval , quo no os quitéis del vos y vuestros 
compafieroi, no so os suelte mientras yo voy i enten- 
der en otns cosos; é mirad estos capiianaa que con él 
tenéis presos que en todo luya recausto ;» y luego se fué, 
y mand¿ dar otros pregones que , so pena da muerte, 
que todos los de Narvaei luego en aquel punto se ven- 
gan i someter debajo de la bandera de su majestad, y en 
su real nombre de lleraando Cortés, su capitán general 
y justicia mayor, é qne nioguao trajese niaguuu^r- 



NUEVA-ESPAÑA. 1£> 

mu, sino que todos las diesen y entregasen á nuestros 
alguaciles; y todo esto era de noche , que no amanecía, 
y aun llovía de rato en rato, y entonces salía la luna, 
que cuando allí llegamos hacia muy escuro y llovía, y 
también la oscuridad ayudó ; que, como liacía tan escu- 
ro, había muchos cucayos (así los llaman en Cuba), 
que relumbraban de noche, ó los de Narvaez creyeron 
que eran muchas de his escopetas. Dejemos esto, y pa- 
semos adelante : que, como el. Narvaez estaba muy mal 
herido y quebrado el ojo , demaudó licencia 6 Sandoval 
para quo un cirujano que traía en su armada , que se de- 
cía maestre Juan, le curase el ojo á él y otros capitanes 
que estaban heridos, y se la dio, y estándole curando 
llegó allí cerca Cortés disimulado, que no le conocie- 
sen , á le ver curar; dijéronle al Narvaez que estaba allí 
Cortés, y como se lo dijeron , dijo el Narvaez : «Señor 
capitán Cortés, teué en mucho esta Vitoria que de mí 
Imbeis habido y en tener presa mi persona;» y Cortés 
le respondió que daba muchas gracias á Dius, que se la 
dio , y por los esforzados caballeros y compañeros que 
tenia , que fueron parle para ello. E que una de las me- 
nores cosas que en la Nueva-España ha hecho es pren- 
delle y desbara talle; y que si le lia parecido bien tener 
atrevimiento de prender á un oidor de su majestad. Y 
cuando hubo dicho esto se fué de allí, que nu le habló 
mas, y mandó á Sandoval que lo pusiese buenas guar- 
das, y que él no se quitase del cou personas de recau- 
do ; ya le teníamos echado dos pares de grillos y le lle- 
vábamos á un aposento , y puestos soldados que le ha- 
bíamos de guardar, y ú mí me suñáló Saiidovul por uno 
dellos, y secretamente me mundo que nu dejase hablar 
con él ú ninguno de los de ISurvuez hasta que amanecie- 
se, que Curtús le pusiese mas en cobro. Dejemos destu, 
y digamos cómo xNarvuez había enviado cuarenta do á 
caballo para que ñus estuviesen aguardando en el paso 
del rio cuauda viniésemos á su real , como dicho tengo 
en el capitulo que dello habla , y supimos que andaban 
todavía eu el campo; tuvimos temor no nos viniesen á 
acometer para nos quitar sus cupituncsé al mismo Nap- 
vaezqueteiiiamos presos, y estábamos muy apercebi- 
dus; y acordó Cortés de les enviar á pedir por merced 
que se viniesen al real, con grandes ofracimientos que 
á todos prometió ; y para los traer envió i Cristóbal da 
Olí , que era nuestro maestre de campo , é á Diego de 
Ordos, y fueron en uuds caballos que tomaron de los de 
Narvaez, que de todos los nuestros no trajimos ningu- 
nos, que atados quedaron en un muntccillo junto á Cem- 
poal; que no trajimos sino picas, espadas y rodelas y 
puñales; y fueron al campo con un soldado de los de 
Narvaez, que les mostró el rastro por donde habían ido, 
y se toparon con ellos; y en fin, tantas palabras de 
ofertas y ofrecimientos les dijeron por parte de Cortés, 
yantes que llegasen á nuestro real ya era de día claro; 
y sin decir cosa ninguna Cortés ni ninguno de nosotros 
á los atabaleros que el Nan-aez truia , comenzaron á to- 
carlos atabales y á tañer sus pifaros y tamberos, y de- 
cían: «Viva, viva la gala de los romanos , que siendo 
tan pocos han vencido á Narvaez y á sus soblados;» é 
un negro que se decía Cuídela, que fué muy gracioso 
trulian, que traía el Narvaez, daba voces que deda : 
• Uúid que lo» romanos no han liecho tal hazaña ; » y 



ISe '■ BERNAL OIAZ 

•¡Mjr mas que les deciaraos que CBllasen y no laüesen sus 

aüiUiíles, no querjaii, basta que Cortés niandú que 
prendiesen al atabalero, que era medio loco, que se tle- 
cia Tapia ; y cu este itislante vino Cristúbal ile Oli y Die- 
go do Ordás , y trajeron ú ios de ú caballo que diciio 
tengo, y cutre ellos venia Andrés de Duero y Agustín 
Bennudez y muclias amigos de nuestro capitán; y así 
como veuian , ibsa il besar las manos á Cortés , que es- 
taba sentado cu una silla de caderas, con unu ropa lar- 
I 'ga de color como naraujaila, con sus annns debajo, 
acompafiBiio de nosotros. Pues ver la t;racia con que 
les liublubay abrazaba, y lus palabras de lautos cumplí- 
<niieulosque les decia , era cosa de ver qué alegre eslu- 
ba; y tenia muclia razón de verse en aquel punto tan 
.Beítofj pujante; y asi como le besaban la inauose fue- 
Ton cada uno ¿ su posada, Dif^umos ahora de tos muer- 
tos y lierídcsque hubo aquella noclio. Murió el alférez 
de Narraez.que se deciu Fulano de Puentes, que era un 
IlidalgQ de Süviüa; murí6 otro capitán de; i\arvaC7, que 
■s« decía rWjus, natural de Castilla la Vieja ; murieron 
-otros dos de Narvaez; murió uuo de los (res soldados 
que se le habían pasado, que habiuu sido de los nues- 
tros, que llimiábamos Alonso üarciu el carretero, y 
Jieridos de los do Narvaez hubo muchos; y Uiinhíeo 
Biurieraii de los nuesü-os oíros cuatro , y buho mas he- 
lidos,y el cacique (ionio también salió herido; por(}ue, 
I -como supo que ven iamos cerca de Cempoal, seacoK'ó 
L-«l aposento de Xarvaez , y allí te hirieron , y luego Cor- 
-tés to mandó curar muy bien y le puso en su casa, y que 
1 mo se le liicieso enojo. Pues Corvantes el loco y Esca- 
Jonilla , que sou los que se pasaron al Karvaezque ha- 
l-biansido do los nuestras, tampoco libraron bien, que 
" JEscaiona salió bien heridu , y el Cervantes bien apatea- 
I do, B ya be dicho que murió el Carretero. Vamos á los 
•del aposento tic Salvatierra, el muy fiero , que dijeron 
|'#us soldailos que en leda su vida vieron hombre para 
[únenos ni tan cortailo do muerte cuando nos oyó locar al 
Imrmaycuando decíamos : «Vilorta, viioria;que muerto 
J4sNarvaez.u Dicenque luego dijo que estaba muy malo 
|4el estómago, é que no fué pura cosa uinguna. Estoto 
I lie dicho por sus licros y bravear; y de los de su com- 
1 fiañía también hubo IteriJus. Digamos del aposento del 
I Diego Velazquez y oíros capitanes que estaban con él, 
^ue también hubo heridos , y nuestro capitán Juan Ve- 
I lazquez de León prendió al üiego Velazquez, aquel con 
1 4|uicn tuvo las bregas estando comiendo con el Nar- 
taez , y le llevó á su aposento y le mandó curar y Im- 
¡ cer mucha honra. Pues va he dado cuenta de todo lo 
i acaecido en nuestra ¿alalia , digamos agora lo que mtts 
\ ae hizo. 

CAPITULO GXXlir. 

Cjmti daputs ie dcsiuriUiío Nartací scgua ; de 1> minen (lao 
be dicha , liniícan tos Indio] de Clilnanii ({ge Cortes hilil.i 
eottido i tlimir. jr de «iris coiii que pisaron. 

Va he dicho en el capitulo que dcllo habla , que Cor- 
les envió á decir á los pueblos de Chinanta , donde Ira- 
jcron las lanzas é picas, que viniesen dos mil indios 
dellos con sus lanzas, que son mucho mas largas que 
no las nuestras , para nos ayudar, é vinieron aquel mis- 
uio dia y algo larde , después de preso Narvaez , y 



DEL CASTILLO, 

' vonian por capitanes los caciques de tos misinos pue- 
blos á uun do nuestros soldados , que se decía Bnrrieo- 

' tos, que había quedado en Chinanlapara aquel efecto; 

\ y entraron en Cempoalcon muy gran ordenanza, dedos 
en dos; y como traían las lanzas muy grnndes y de buen 
cuerpo , y tienen en ellas una braza de cuchilla de pn- 
deriiales, que corlan tanto como navajas, según ya otra 
vez he diiilio , y Iraia cada indio una rodela corno pav»- 
siua, y con sus banderas tendidas, y con muchos plu- 
majes y alambores y trompetillas, y entre cada lancero 
é lancero un flechero , y dando gritos y silbos dceiao : 
«Viva e! Rey, viva el Roy, y Hernaudo Cortés en su real 
nombre ; » y entraron bravosos , que era cosa do notar, 
yserinn mil y quinientos, quepareciau, déla manera y 
concierto que venían, que eran tres mil ; y cuatido los 
de Narvaez los vieron s« admiraron, é dicen que dijeron 
unos á otros que si aquella gente les tomara en medio ó 
entraran con nosotros , qué tal que les pararan ; y Cor- 
tés habló á los indios capitanes muy amorosamente, 
agradeciéndole su venida , y los dio cuentas de Castilla, 
y les mandó que luego se volviesen á sus puoblus, yqufl 
por el camino no hiciesen da ño á otros pueblos, y lerna 
á enviar con ellos al mismo Barrientos. Y quedarM bt 
aqui, y diré lo que mas Cortés liizo. 

CAPITULO CX.lilV. 

Cono Cortés envlí al poerto al cniiilan Francisco de Lo^, jreí 
Eu compa&la dos ioldidus que liabian sido niieilres ilo hite' 
Divfoi, para que lue^o irajcse allí 1 Cdmpoal lodus los mati- 
Ifes I pílalos de loj naitos jf flota de Ninsfi, y que l« ntí- 
■en las telas f limones i anujas, porque n» mesen i dat «iMi- 
dadoi I) isla de Culiaí Diego Veliiqnctde lo acieeiilo, jcd» 
puso (In Irán le de la mar. 

Pues acabado de desbaratar al Panfilo do Narvaci.í- 
presosél y sus capitanes, ó á lodos los demús tnmido 
sus armas, mandó Cortés al capitán Francisco de l.u)p 
que fuese al puerto doude estaba la ilota de Narvaoi, 
que eran diez y ocho navios , y mandase venir allí í 
Compoal ó todos los pilotos y maestres de los navios, y 
que les sacasen velas y timones é agujas, porque no 
fuesen á dar mandado á Cuba á Diego Velazquez ; é que 
sí no le quisiesen obedecer, que les echase presos; y 
llevó consigo el Francisco do Lugo dosde nuestros sol- 
dados, que habían sido hombres de ta mar, para que le 
ayudasen; y también mandó Cortés quo luego le envia- 
sen ú un SaiiL'ho deBarahona,que le tenia preso el Nar- 
vaez con otros soldados. Este Ba rabona fué vecino do 
Cualimala, hombre rico; y acuerdóme que cuando llegó 
ante Cortés, quo venia muy doliente y Haco, y le mandó 
hacer honra. Volvamos á los maestres y pilotos, que 
luego vinieron á besarlas manos al capitán Cortés, tíos 
cuales tomó juramento que no saldrían de su mandadOi 
é que le obedecerían en todo lo que les mandase ; y luego 
tes puso por utmirante y capitán de la mará un Pedro 
Caballero, que había sido maestre de un navio de los de 
Narvaez; pwsona de quien Cortés se fió mucho, al cual 
dicen que le diú primero buenos tejuelas de oro; y d 
este mandó que uo dejase ir deaquel puerto ningún na- 
vii} á parle ninguna , y mandó i todos los maestres f 
pilotos y marineros que todos le obedeciesen , y que 
si de Cuba enviase Diego Velazquez mas navios (porque 
tuvo aviso Cortés que estaban dos navios para Tenfr), 



Él 




COJSQUISTA DB 
fase nodo tp¡t i ios capitanes que en él viniesen 
few fnaoi , y \es Mcase el limón é velas j agu- 
tli i^ne ntr» cosa en ello Corles mandase. Lo 

i lo I Caballero, como üdelanle diré. 

IMB i I ■ lis y el puerto SPKuro , y difiíimos 

M eoacMtó en nuestro real é los de Narvaoz , y 
hiegttsddió orden que fueseo á conquistar y 
iJoan Yetazquez de León á to de Panuco , y para 
rtés le sctiiild ciento ; veinte soMudos, lascienlo 
de ser do los de Karraer, y los teiirte da los 
«entremetidos, pnrque tenían mas experiencia 
Herní ; y también ¡(pbia de llevar dos navios para 
ttle el río de Panuco fuesen A descubrir la costa 
a ; y también á Oiego do Ortlás dio otra eapila- 
btros ciento* veinte soldados para ir ú poblar 
Gncacualco, y los ciento liabian de ser de los 
raei y los veinte de los nuestros, seRun y de la 
qae 4Ju«n Vetazqucz de Leou; y liabia de Me- 
P9 ño» navios para desde el rio de Guacacnnlco 
i la isla de Jamüica por ganados de yeguas y t»o- 
puerrosy ovejas, y gallinas rieCiislitla y ca- 
■rn r la üorra , purque la provincia 

cacii ii-na para ello, l'ues para iraque- 

titanes con sus Guldudus y llcviir tuilus sui ar- 
k>rtéssa lias mandó dar, y sollur todoü loij prí- 
m capilimei dn Narvaez, y el Salvatierra , f]uo 

ti estaba malo del cstúmiígo. I'ues pura dalles 
iniiH , olgtinos de nuestros suMados les (u- 
i ' do caballos y espadas y otras cosas , y 
. .' luego &(! las vülviúsenios , y sobre no 
I híibú cirj'tas pláticas eaajo<>a<;, y lucro», (juu 
( lo« wldídos ([uo las lentatnos muyclarauíente, 
\ ce las (juerinmos rinr, pues rjue en ol rea! de 
k pregonaron guerra contra nosotros & ropa 
¡ y con aquella intención venia n á nos premier y 
|d qne teoiamos, é que siendo nosotros tani;ran». 
■idores de su majestad , nos llamaban traidores, 
lo se las queríamos dar; y Cortés todavia porliaba 
^ las diésemos , é como era es pilan peiieral , lii'i- 
I hacer lo quemando, que yo les di un caballo 
k J* escondido, ensillado y enlrenado , y dos es- 
I tm pañales y una adarga , y otros muclios de 
^Mkltdosdieran también otroscaballos y armas; 
rAlúoto de Avila era capilan y persona que osaba 
Cortés cosas queconvenian , é juntamente con ¿I 
I íray Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte á 
I y lé dijeron que parecía quo quería remedar á 
Irillaceüorói), que después que con snssolda- 
lia liecho alguna gran hazaña , que mas proru- 
iboDTtf y hacer mercedes ú los que vencía que 
I capitanes j soldados , que eran los que lo ven» 
¡Mto, que lo dAian porque lo lian visto en aque- 
iqoe ollí estábamos después de preso Narvaez, 
las jayas de oro que le presentaban los indios 
I comarcas y bastimentos daba á los capita- 
ez, é como si no nos conociera , ansí nos 
que no en bien Itecho, sino muy grande 
balñáodole puesto en el estado en que esta- 
rwpofldió Cortés que lodo cuanto tenia, 
iM como bienes , era para ttosotros , é que al 
odia mas sino con dadivas j palabras j 



nueva-espaSa. 

ofrecimientos honrar i los de Norvaez ; porque , como 
son muchos, y nosotros pocos , no se levanten contra él 
y contra nosotros, y le matasen. A esto res¡nuidiii el 
Alonso de Avila , y le ilíjo cierlas palabras algo sober- 
bias, (le tal manera, que Cortés le dijo que quien no le 
quisiese seguir, (jue las mujeres han pondo y paren er, 
6)slilla soldados ; y el Alonso de Avila dijo con pala- 
bras muy soberbias y sin acato que así era verdad, que 
soldados y capitanes é (Exúbera a dure^ , d que aquello 
merecíamos que dijese, Y comeen aquella sai on estaba 
la cosa de arte que Cortés no podia hacerntra cosu sino 
callar, y con dádivas y ofertas le atrajo i si ; y como co- 
noció del ser muy atrevido, y tuvosiemiire Cortés temor 
que por ventura un día ú otro uu hiciese olguna cnsn 
en su daño, disimuló f y dende allí adefaulo siempre le 
enviaba á negocios de importancia, como fnéá la isla do 
Santo Domingo , y después á España cuando enviamos 
la recúmará y tesoro del gran Monlo^uina , que robd 
Juan Florín, gran cosario francés; In cual diré en «u 
tiempo y lugar. Y volvamos ahora al iNarvaez y d un 
negro quotraia lleno de viruelas, que liarlo negro fué 
en la -Nueva-España , que fué causa qne se pega<re é hin- 
chese toda la tierra de I las, de lo cual liubo (;ran mor- 
tinilad ; que. según deciati los indios , ;oniüs tul enfer- 
medad tuvieron , y como no la conocían, laváhaiisit 
muchas veres, y á esta causa se murieron gran cantídail 
dellos. Por manera que negra la ventura de .\'arvauz, 
y maspricla la muerte de tanta gente sin ser crislianos. 
Úejetiius aliara IikIo esto, y digamos cómo los vecinos 
do la Vília-ltiea que hablan quedado pablad.)S, que uu 
fueron á Méjico, demandaron ti Cortes las partes iWI 
croque les cabii, y dijeron 6 Cortés que, puesto que 
allí los mandé quedar en aquel puerto y vüla , qtiu 
también servían ajü á Dios y al Hey como lusquo fui- 
mos i Méjico , pues euleudian en guardar la tierra y 
hacer la fortaleza, y alguuos dellos so hallaron en lo 
Ue Almería, que aun no tenían sanas las lieriJiis, y 
que tocios los rnas su hallaron en la prisión de i\arv7ic2, 
y que les diesen sus parles; y viendo Cortés que era 
muy justo lo quo decían, dijo que fuesen dos hombres 
principales vecinos do uquclla villa con poder de lodos, 
y que lo tenía apartado, y que se lo darían; y parécenic 
que les dijo que en Tiascala estaba guardafo , que esto 
no me acuerdo bien; é así, luego despacharon dcaqurlla 
villa dos vecinos por el oro y sus parles, y el principal 
se decía Juan de Alcántara el vieju. V dejemos de pla- 
ticar en elto, y después diremos lo que sucedió al Al- 
cántara y ololro; y digamos cómo la adversa fortuna 
vuelve de presto su rueda , que i grandes bonanzas y 
placeres siguen las trísicias ; y es que ea este instanl» 
vienen nuevas que Méjico estaba alzado, y que Pedro de 
Albarado está cercado en su fortaleza y aposento, y qae 
le ponían fuego por todas pariesen la misma fortaleifa, 
y que le han muerto siete soldados, y que estaban Otros 
muchos berilios; y enviaba A demandar socorros coa 
mucha instancia y priesa ; y esta nueva trujeron dos 
Uascallccas sin carta ninguna, y luego vino una carta 
con otrns Uascollecas quo envió el l'edri> do Albara- 
do , en que decía lo mismo. Y cuando aquella tan rnalu 
nueva oímos, sabe Dios cnanto nos pesó, y á grandes 
jornadas comeoiaaius i caminar para Méjico , y qwidfi 



( 



.188 "5T J * ■ BEBNAL DÍAZ 

i^reso en lu Villa-Rica el Nanaezy el Sat('»lierra. y par 
Keiiiente y cupítun purúceme que quedó Itodrígo Raii- 
tgre, que tuviese cargo de guardar ai Na rvací y de reco- 
ger muclioi d'i los do N'arviiez que e^tubau eufermos. 
I V también en este instante, yaque queríamos purlir, 
jTimerun cuairo grandes principales que envió el grau 
IHontejumo ante CorLés á quejarse del Cedro de Aldara- 
\io, y lo que dijeron lloran Jo con muchas lágrimas de sus 
^0jus fué, que Pedro de Albarado salié de su apusanto con 
Dctos los soldados que le dcjú Curtes , y sin causa nia- 
Junadió en sus principales y caciques, que esta bao bai- 
Ihndo y Itaciendo fiesta á sus ¡dolos Huicbilúbos yTez- 
feíitepuca, con licencia que para ello les dio el Pedro 
I de Atbarado, é qtie nialú é iríú muclios dellos, y que 
'por se defender le mataron seis de sus solitados. Per 
iinanera que daban mucljas quejas del Pedro de A1i>a- 
ifado ; y Corles les respontliú á los mensajeros algo des- 
pabrido ,é que él iría i Méjico y pornia remedio en lodo; 
I JSSÍ, fueruiico» aquella respuesluú su sniuMonlezuuin, 
y dicen la sinliii por muy mala y hubo enojo delb. V 
I asimismo luego despacbó Corles carias para Pedro de 
Albarado, eti que le envió ú decir que mirase <[uü el 
Montcíutiia no se si>¡lase , é que ibumes á grandes jur- 
* nadas ; y le bizo saber de la viloria que habíamos bu- 
I bido con Ira .Narvaez ; lo cual ja sabia el gran Moiilezu- 
I Itu. Y dejallo lié aquí, y diré to que mas adelante pustj. 

CAPITULO CXXV. 

Gún:> íiiiiiioi gnnitfii Jornadas, atl Corlét con todos sus tspUa- 
Dti toma IQilus Itis ún Nirvart, etceplo ■■jníllti de }ij.ní\.'t ¡ 
StlvaUorrj » qiiü ilutaiLan presas. 

Como llegó la nueva referida cúmo Pedro de Alba- 
rado estaba cercado y Méjico rebelado , cesaron las ca- 
pitanías que liabian de ir d poblará Panuco y i Guuca- 
eualco , que liubian dado á Juan Velaicquez de León y ü 
Diego de Ordás , (¡ue no fué ninguno dcljos , que todos 
fueron con nosotros; y Cortés butilo ú los de Nnrvaez, 

^4iue sintió que no irían con nosotros de buena voluuLad 
i liacer aquel socorro , y les rogó que dejasen atrúsenü- 
mislades pasadas por lo de Narvací, ofreciéndotes de 
Iiaeerlos ricos y dalles cargos; y pues venían ú buscar 
la vida, y estaban en tierra donde podrían bacer servi- 
cio á Dios y é su majestad , y enríquecer, que aliora les 
venia lance; y tantas palabras les dijo, que todos á una 
se le ofrecieron que irían con nosotros ; y si supieran 
kis fuerzas de Méjico , cierto está que no fuera ninguno. 
V luefjo caminamos a inuy gramlt-s jornadas basta lle- 
(jar ú Tlascala, donde supimos que basta que Monte- 
zuma y sus capitanes habían sabido cómo babiamos 
desbaratado ¿ Narvaez , no dejaron de darle guerra á 
Pedro de Albarado, y le habían ya nmerto sieie solda- 
dos y le quemaran los aposentos ; y cuando supieron 
nuestra Vitoria cesaron de dalle guerra ; mas dijeron 
que estaban muy fatigados por fulla de agua y basti- 

I' Tneato , lo cual nunca se lo había mamlado dar Monte* 
zuma ; y esta nueva trujeron indios do Tlascala euaquc- 
,lla misma Itora que hubimos llegado. Y luego Coilés 
mandó hacer alarde de la gente que llevaba , y halló so- 
bre mil y trccienlus soldados, aüi de los nuestros como 
tle los de Narvaez, y sobre ooveuta y seis caballas y 
«dienta bailes! itüs y otros tautos escopeteros; con los 



riEL CASTILLO. 
cuales le pitrcdó Á Cortés que Nevaba gente para poder 
entrar muy ¡i su salvo en Méjico; ydemiis desU>,en 
TIuscata nos dieron los caciques dos mil hombres, in- 
dios deguerra ; y luego fuimos i grandes jornadas liasla 
Tezcuco , que es una gran ciudad , y no senos hizo honra 
ninguna en ella ni pareció ningún señor, sino todo muy 
rentantudo y de müi arte ; y llegamos á Méjico día de 
señor Sun Juan de junio de V¿20 años, y no parecían 
por las calles caciques ni capitanes ni indios conoci- 
dos, sino todas las casas despobladas. Y como llega- 
mos á los oposcnt<is que soliumos posar, el graoMoD- 
leznma salió al p»tio para hablar y abrazar á Cortés y 
dalle el bien venido, y de la vilorin con ^anraez; y 
Corles , como venía víioríoso , no le quiso oir, j rf 
Monlezumase entró en su aposento muy triste y pea> 
sativo. I'ucs ya aposentados cada uno de no.sniros don- 
de solía mus estar antes que saliésemos de Méjico para 
ir i lu de Narvaez, y los de Narvaez (^ otros ápo- 
senliis,é ya habíamos visto é hablado con el Pedro de 
Albarado y los soldados que con él qnedanni, y ellos 
nos daljHn cuenta do las guerras que los mejicanas Its 
dulian y trabajo en que les tenían puesto , y nosotros les 
díibaniús relación de la viloría contra Karvaez. Y ile- 
JHté esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fue la 
causa de se levantar Méjico, perqué bicnenleudído te- 
niuniosqne á Montezuina le pesó dallo, que sí le plu- 
guiera ó fuera por su consejo, dijeron muchos solda- 
dos de los que se quedaron con Pedro de Albarado en 
aquellos trances, que si Mitutezuma fuera en ello , que 
ú túilüsles mataran , y que el Moutezuma los sfilacaba 
qne cesasen la guerra ; y lo que contaba el Pedro de 
Albarado á Cortés sobre el caso era. que por líbert»r 
los mejicanos al Munte:iut)ia , é porque su IluicbilóbM 
se lo mandó punjue pusinms en su ea<^a la imagen dt 
nuestra Señora la Virgen santa María y la cruz. Y ims 
dijo , que hablan llegado muchas iuilios i quitar It 
santa iiníigen del altar donde la pusimos, y que no 
pudieron quilslla, y que los indios lo luvit-ron fi grao 
mila^^ro, y que se lu dijeron al Mantezuma , é que le& 
mandó que la dejasen en el misino lugar y altar, y qua 
no cura"íen de bucerolni cosa ; y así, la dejaron. Y ma$ 
dijo el Pedro de Albarado, que por loque el Narvaez 
les había enviado ó decir al Montezuma,qup!e veniai 
soltar de las prisiones yd prendernos , y no saNó verdad; 
y como Corles había dicimol Montenuma que en tenien- 
do navios nos habíamos de irá embiircur y salir de toda 
la tierra, é que nonos íbamos, é que todo eran palabras, 
é que ahora liabiaii visto venir niuchos mas leulcs, an- 
tes que todos los de .Narvaez y los nuestros tornásemos 
á entrar en Méjico , que seria bien malar at Pedro da 
Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, 
y después no quedará vida nMigñno de los nuestros é 
de los de Narvaez , cuanto mas que tuvieron por cierto 
que nos venciera el Narvaez. Estas piúlicas y descargo 
dio el Pedro de Albarado á Corles, y le tornó A decir 
Cortés que A qué causa les fué á dar guerra estando 
bailando y haciendo sus tiestas y bailes y sacrificios 
que hacían i su Huicbilúbns y ú Tezcatepuca ; y el Pe- 
dro de Albarado ilijo que luego le habían de venir i 
dar guerra , según el concierto tenían entre ellos lieclio, 
V todo lo demás que lo supo de un |iapa y de dus pria- 



GOIIQOISTA DE 
cípoles y de otroe mejicanos; y Cortés le dijo: aPues. 
Iianme dicho qae os demandaron licencia para hacer 
«1 areito Iniles ;» é dijo que así era verdad, é qae 
fué portomalles descuidados; é que porque temiesen 
y oo viniesen i dalle guerra , que por esto se adelantó 
é dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, 
may enojodo , que era muy mal hecho, y grande des- 
atino y poca verdad; é que pluguiera á Dios que el 
llontezuma se hubiera soltado , é que tal cosa no la oyera 
¿sus Ídolos; y así I9 dejó, que no le liabló masen ello. 
; También dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando 
I andaba con ellos en aquella guerra, que mandó poner 
:' á un tiro que estaba cebado fuego, con una pelota y 
, muchos perdigones, é que como venían muchos escua- 
; drenes de indios á le quemar los aposentos, que saltó 
, á pelear con ellos, á que mandó poner fuego al tiro , é 
I que no salió, y que hizo una arremetida contra los es- 
cuadrones que le daban guerra, y cargaban muchos 
, indios sobre él , é que venia retrayéndose i la fuerza 
y aposento , é que entonces sin poner fuego al tiro sa- 
lió la pelota y los perdigones y mató muchos indios ; y 
que si aquello no acaeciera, que los enemigos los ma- 
taran á todos, como en aquella vez le llevaron dos de 
tm soldados vivos. Otra cosa dijo el Pedro de Albara- 
do, y esta sola cosa la dijeron otros soldados, que las 
. demás pláticas solo el Pedro de Albarado lo contaba ; y 
es, que no tenia agua para beber, y cavaron en el patio, 
é lucieron un pozo y sacaron agua dulce, siendo todo 
salado también. Todo fué muchos bienes que nuestro 
Señor Dios nos hacia. E & esto del agua digo yo que 
en Méjico estaba una fuente que muchas veces y todas 
los mas manaba agua algo dulce; que lo demás que 
dicen algunas personas, que el Pedro de Albarado, por 
codicia de haber mucho oro y joyas de gran valor con 
que bailaban los indios , les fué á dar guerra , yo no lo 
.creo ni nunca tul oí, ni es de creer que tal hiciese, 
puesto que lo dice el obispo fray Bartolomé de las Ca- 
tas aquello y otras cosas que nunca pasaron; sino que 
▼erdaderamente dio en ellos por metelles temor, é que 
con aquellos malesque les hizo tuviesen harto que curar 
j llorar en ellos , porque no le viniesen á dar guerra; y 
como dicen que quien acomete vence , y fué muy peor, 
■egun pareció. Y también supimos de mucha verdad 
que tal guerra nunca el llontezuma mandó dar, é que 
cuando combatían al Pedro de Albarado , que el Mon- 
tezuma les mandaba á los suyos que no lo hiciesen , y 
que le respondían que ya no era cosa de sufrir tenelle 
preso, y estando bailando irles á matar, como fueron; y 
que le habían de sacar de allí y matar i todos los teules 
que le defendían. Estas cusas y otras sé decir que lo oi 
ú personas de fe y que se hallaron con-el Pedro de Al- 
barado cuando aqudlo pasó. Y dejallo he aquí , y diré la 
gran guerra que luego nos dieron, y es desla manera. 

CAPITULO CXXVI. 

Ciao BOt dieroa fum en Ut¡\to, y lu comlnte* qoe aosdabu, 
J olni eosai que pasamoi. 

Como Cortés vio qoeen Tezcuco no nos habían hecho 

ningún recibimiento, ni aun dado de comer, sino mal 

y por mal cabo, y que no hallamos principales con 

quien hablar, y lo fió todo rematado y de mal arte, y 

HA-ii. 



NUBVA-ESPAftiL (29 

venido á Méjico lo mismo; y vio qoo no hacían tián- 
guez, sino todo Ievantado,éoyóal Pedro de Albaradode 
la manera y desconcierto con que les fué á dar guerra; 
y parece ser había dicho Cortés en el camino á loscapi- 
tanes, alabándose de sí mismo, el gran acato y mando 
que tenia, é que por los puéblese caminos le saldrían 
árecíbir y hacer fiestas , y que en Méjico mandaba tan 
absolutamente , así al gran Montezuma como á todos 
sus capitanes , é que le darían presentes de oro como 
solían ; y viendo que todo estaba muy al conirario do 
sus pensamientos , que aun de comer no nos daban, es- 
taba muy airado y soberbio con la mucha gente de espa- 
ñoles que traía, y muy triste y mohíno; y en esteinstanto 
envió el gran Montezuma dos de sus principales á rogar 
á nuestro Cortésque le fuese á ver, que le quería hablar, 
y la respuesta que le dio fué: «Vaya para perro, que 
aun tiánguez no quiere hacer ni de comer nos manda 
dar;» y entonces, como aquello le oyeron á Cortésnnes- 
tros capitanes, que fué Juan Velazquez de León y Cris- 
tóbal de Oli y Alonso de Avila y Francisco de Lugo, 
dijeron : a Señor , temple su úv , y mire cuánto bien j 
honra nos ha hecho este rey destas tierras, que es tan 
bueno, que si porél no fuese ya fuéramos muertos y nos 
habrían comido, é mire que hasta lu hijas le han dado. Y 
como esto oyó Cortes, sé indignó mas de las palabras 
que le dijeron , como parecían de reprensión , é dijo : 
«¿Qué cumplimiento tengo yo de tener con un perro qu9 
sellada con Narvaez secretamente, é ahora veis que 
aun de comer no nos da?» Y dijeron nuestros capi- 
tanes: «Esto nos parece que debe hacer, y ea buen 
consejo.» Y como Cortés tenia allí en Méjico tantos es- 
pañoles, así de los nuestros como de losde Narvaez , no 
se le daba nada por cosa ninguna , é hablaba tan airado y 
descomedido. Por manera que tornó á hablar á los prín- 
cipalesquedijesenásu señor Montezuma queluego man- 
dase hacer tiánguez y mercados; bi no , que hará é que 
acontecerá ; y. los principales bien entendieron las pa- 
labras injuriosas queCorlés dijnde su señor, y aun tam- 
bién la reprensión que nuestros capitanes dieron á Cor- 
tés sobre ello ; porque bien los conocían, que hablan 
sido los que solían tener en guarda á su señor , y sa- 
bían que eran grandes servidores de su Montezuma ; y 
según y de la manera que lo entendieron, se lo dijeron 
al Montezuma, y de enojo , ó porque ya estaba con- 
certado que nos diesen guerra , no tardó un cuarto de 
hora que vi no un soldado á gran priesa muy mal herido , 
que venia de un pueblo que está junto á Méjico , que 
se dice Tacuba , y traía unas indias que eran de Corüés, 
éla una bija del Montezuma , que parece ser las dejó á 
guardar alli al señor de Tacuba , que eran sus parientes 
del mismo señor, cuando fuimos á lo de Narvaez. Ydi- 
jo aquel soldado que estaba toda la ciudac^ y camino 
por donde venia lleno de gente de guerra con todo gé- 
nero de armas , y que le quiuiron los imiias que traía y 
le dieron dosheridas,équcsi no so les soltara, que le te- 
nían ya asido para le meter en una canoa y llevalle á sa- 
crificar, y habían deshecho una puente. Y desqueaque- 
llooyó Cortés y algunos de nosotros, ciertamente nos 
pesó mucho ; porque bien entendido teníamos los que 
solíamos batallar con indios, la mucha multitud que da 
ellos se suelen juntar, que por bien que peleásemos, 

9 



(30 '" tíEnNAL DÍAZ 

y uuii(]ue mas solJados IrujéííGmos aliara , que liniíi»- 
liiüs lie jiasar gran riesgo de nueslras vidas , y Iwmhres 
y trabajos, especial me rile estando en tan fuerte ciudad. 
Pósenlos adelante, y digamos que luego mnndú ú un 
capitán que se deein Diego de Ordíis,f|uc fuese con cua- 
Irocientos soldados, y entre ellos, los mas ballesteros y 
escopeteros y algunos de 6 cubullo ,ú que mirase qué 
<>.fii aquello quedecia el soldado que había, venido he- 
rido y trajo lus nuevas; é que si vii-sc que sin guerra y 
ruido se pudiese apaciguar , lo pacilicase ; y como fué 
el Orego deOrdúsüi; Ja manera que le fué mitndado, cnn 
«US cuatrocientos soldados , aun no liubo bien llegado 
& media calle por donde iba, cuando le salen lautos es- 
cuadruncs mejicanos de guerra y otros muclios que es- 
taban cillas azuicus, y lesdieroi tan grandes combatas, 
que le mataron á las primeras arremetidas odio solda- 
dos, ya lodos los mas liirieron, y al mismo üiogo de 
Ordús le dieron tres heridas. Por manera que no pu- 
do pasar un paso adelante, sino volverse poco & puco al 
nposeiilo; y al retraer le mataron otro buen saldado, «¡uc 
se decía Lezcnno, quecon un montante habialiccbiico~ 
sus de muy csfurzado varón; y en aquel instante si mu- 
flios escuadrones salieron al Diego de Ordds, murlms 
masviuieronú nuestros aposentos, y tiran tanta vara y 
pícilra con hondas y flecfias, que nos birieron de aque- 
lla vezsubrc cuarenta y seis de los nuestros, y doce mu- 
rieron de las heridas. Y estaban tanto soljre nosotros , 
que el Ditígo de Ordás, que se venia retravondo, no po- 
dio llegar a los aposentos por la mucha guerra que les 
daban, unos pordetrús y otros por delante y otros desde 
ksazuteas.PuesquizáaproveciiabanmuchouuDs tros ti- 
ros y escopetas, ni ballestas ni lanzas, ni eslocadas que 
lesdiSbamos, ni uuestro buen pelear; que, aunque Icsnia- 
tábomos y heríamos mucbosdellos, por las puntas de las 
picas y lanzas se nos metían; con Iodo esto , cerraban 
sus escuadrones y no perdían punto de su buen pelear, 
ni les podíamos apartar de nosotros. Y en l'in, con los ti- 
ros y escfipcias y baíleslas, y el mal que les hacíamos 
de eslocadas, tuvo lugar el Ordás de entrar en el ajio- 
ceolu; que hasta entonces, aunque quería, no podia pa- 
sar, y con sus soldados biun heridos j veinte y tres me- 
nos , y todavía no cesaban muclgos escuadrones de nos 
*br gucrro v decirnos que éramos como mujeres, y nos 
llamaban de bellacos y otros vituperios. Y aun no lia 
eído nada lodo el daño que nos lian licciiohasla alxira, 
á lo qua después líicicrun. Y es, que tuvieron tanto 
Btrevimienlo, que, unos dándonos guerra por una parte 
y otros por otra , entraron ú ponernos fuego en nuestros 
aposentos, que no nos podíamos valer con el bunio y 
fuego , liaslu que se puso remedio en derrocar solire 
él mucha tierra y atajar olrns salas por donde venía el 
fuego, que verdadcruinentaallí dentro creyeron de nos 
quemar vivos; y duraron eslos combates todo el día y 
aun la noche , y aun de nnclie estaban solire nosotros 
tantos escuadrones, y tiraban varas y piedras y Cecbas 
á bulto y piedra perdida, que entonces estaban todos 
aquellos patios y suelos hechos parvas dellos. Pues nos- 
olrosaqueila noclie en curar lloridos, 'j en poner reme- 
dio en los portillos que habían hecho y en apercebimos 
para otro día , en esto so pasú. Pues desque amaneció, 
iicordú nuestro capitán quccou todos los nuestros y los 



l>EL CASTILLO. 
de Nurvaez saliésemos á pelf ar con ellos , y que llefl- 

scnins tiros y escopetas y ballestas , y prs cu rásenlos de 
los vencer, & lo menos que sintiesen mas nuestras fuer- 
zas y esfuerzo mejor que el din pasado. Y digo que si 
noMlros teníamos Uedm aquel concierto, que los me- 
jicanos tenían concprlado lontísmn, y peleábamos muy 
bien ; mas ellos eslab;in tan fuertes y icnian tantos es- 
cuadrones, que se mudaban de ralo en ralo, que aun- 
que estuvieren allí ihet mil Helores troyanos y oíros 
lautos ttoMancs, no les pmlieran entrar; porque sabe- 
llo ahora yo aquí decir cúmn pasó , y vimos osle tesón 
en el pelear , digo que no lo s¿ escribir; porque ni 
Bprovecbabau tiriw ni eícopefasni ballestas, ni apecho- 
barcón ellos, ui nía tal les treinta ni cuarenta de rada 
veü que arremetíamos; quetanentems y con masviyor 
peleaban que al principio; y si alguna» veces les íba- 
mos ganando alguna poca de tierra ú parte de calle , y 
liaciun que se retraían, era para que lússiguíéscuios, por 
apartarnos de nuestra fueraa y aposento, para dar mas 
ú su salvo en nosotros, crevendo que no volveríamos 
con las vidasá losapo^entos; porque al retraemos hacían 
mucho mal. Pues para pasar í queinalles tas «rasas , ya 
he dicho en el capitulo que del lo habla, que de casa i 
cusa tenían una puente de madera levadíza,al/:ibajila,T 
no podíamos pasar sino por agua muy honda, l'uesdes» 
de las azuleas , los cantos y piedras y varas no lo po- 
díamos sufrir. Por manera que nos maltrataban y herían 
muclins de liis nuestros , é no sé yo para qué lo escri- 
bo asi lan liiiiamenie; porque unos tres ócuatrosol- 
dailosquese habían Imlladu en Italia, que allí estaban 
con nosotros , juraron muchas vece; á Dios que guer- 
ras tan bravosas jamás liabían vi^lo en algunas que se 
habían hallado entre críf^iian'is, y contra la artillería del 
rey de Francia ni del Gran Turco, ni gente como aque- 
llos indios con tanto ánimo cerrar los escuadrones »»• 
ron ; y porque decían oirás muchas cosas y causas que 
daban á el lo, como ttilelanleverin. Y quedarse Ua aquí, j 
diré cómo con hario trabajo nosretrujimos á nuestros 
aposentos , y todavía muchos escuadrones de guerreros 
sobre uosotroscongrqndesgritosé silbos, y trompe tiltis 
y alambores, llamándonos de bellacos y para poco, que 
no sabíamos atendellcs toilo el día en balalla, sino vol- 
vernos retrayendo. Aquel día maiaroo diez ó doce sol- 
dados, y lodos volvimos bien heridos ; y lo que pasa de 
la noche fué en concerlar para que de ahi & dos día* 
saliésemos todos los soldados cuantos sanos habia en 
todo el real, y con cuatro ingenios ú manera de torres, 
que se hicieron de madera bien recios, en que pudiesen 
ir debajo de cualquiera deMos veinte y cinco hombres; 
y llevaban sus vcnianilías en ellos para ir los tiros, y 
también iban escopeteros y ballesteros , y junto con 
ellos hablamos de ir otros soldados escopeteros y ba- 
llesteros y los tiros , y todos los demds de á caballo ha- 
cer algunas arremetidas. Y hecho este concierto, como 
estuvimos aquel día que entendíamos en la obra y for- 
talecer muchos portillos que nos tenían hechos, nasa- 
limos á pelear aquel día; no sé cúmo lo diga, lo» gran- 
des escuadrones de guerreros que nos vinieron á lo i 
aposentos & dar guerra, no solamente por diez 6 doce 
parles , sino por mas de veinte ; porque en lodo csli- 
bamcs repartidos , y otros en muchas partes ; y entre 



COnQUISTA DE 
blwadolMÍli[iii)OST(»rialccíiimos,cotnodiclii} 
Irw aiuctio$ escuDilrüties [troniruron (üítrariios 
potos a escala vi^ia, que par tiros dí tiiillestos iii 
^ . Di por muclias arremclídtis y estocadas les 
pUa«r. Fuesit) que «Jcciaa, que ivt) aqui^l ijia no 

f|u«'iiar ninguno ác uosotros, ; que habiun de 
á susüi'ises nuestros corazoiiRS ; saugre, y 
pieniM y bruzos, que lien tendriaa para hacer 
|f j fie&la^; y que los (.-uerpos ocliariaa A los ti- 
kkoes ; víboras )' cuidiras quo liencii eiiccrra' 
I w harten dallui ¡ ú qu^: á aquel efecto liá dos 
|ituodaroD que no Icsdíci^ti Aa comer; jque 
le le ni amos, que lüibriüinos míil guzo Jél)' dclo- 

C&ntas ; y á los du Tluscula que con nosotros 
tdecianque leiineteriao cti juut<is ú eogardar, 
Ko á (tuco harían sus sacrilicius coi) sus cuer- 
nuy arectuosanueate decían que les diúsemos 
^DorMoiilezuma, j deciuu otras cosas; y do 

giima siempre silbos y voces , y rociadsi de 
B} flecba; y cuando amaneció, despu¿á do 
fátti Oíos, salimos de nuestros apoicutns 
I» turres, que inc [lurece ú ¡ni que cu otras 
boda me be hulla Jo etj guerras tn cosas que 
liiieoa»lor, Is^ llaman buros y manl¡is; y con 
[sr escopetas y Itallaslus dolunti.', y los de li caba- 
IBdo3l(;iiua5arremeiida$; écoinu be dicho, aun- 
kiitátkairiús muchos dellos, noapravechabacKsa 
pmc«r volver lasespaMas, sino queií siempre muy 
tale liahian peleado los (locedlas pasados, muy 
tacdo mayoret fuerzas y escuadrones estaban 
ytihlavk dennínamosque, aunque diodos cos- 
ita , de ir coa nuestras torres é ingenios hasta el 
del Uuicbilijbos. ^'o digo por extenso los grandes 
IB ijue eu una ca^a fuerte nos dieron , nt diré 
iot caballos los heriun ni nos aprovechábamos 
orque, aunque arrenJCtíauú los escuadrones pa- 
ellos, tirúbanlus tunta Hecha y vara y piedra, 
tepotlian valer, pnr bien armados que eslalmn; 
bualcanziindo, luego se dejabati caer losme- 
iMiwkuen los acequiasylaguna, donde tcnian 
Oíros reparos para los de á caballo; y estaban 
IkIim indios con lanzas muy largas para acabar 
ríos; así que no aprovechaba cosa ninguna de- 
t% apartamos d quentar nt A deshacer uitigu- 
I era pordeniús; porque, como be dicho, esiiu 
I el agua, y de casa ü casa una pu<'tito levadiza; 
I nado era cosa muy peligrosa , purque desde 
las tiraban tanta piedra y cantos, quo era co'U 
poDeruoseu ello. Y deniLÍs dcsto, en algunas ca- 
les poniamns íui-;;o tardaba una casa dseque- 
a UD día entero , y nu se pedio pegar fuego de 
t i otra, lo uno por estar n parladas la una de otra, 
en roedi/t , y lo otro por ser de azuleas ; asi que 
rdemás ouestros trahajosen aventurar nuestras 
t en aquello. Por manera que fuimos al gran cu 

Ki , y luego de repeute suben en él rnas de 
tjicanos, sin otras capítanias que en ellos 
grandes tanzas y píeilra y vura, y se ponen 
y oM resistieron la subida un buen ralo, que 
las torres ni los tiros ni ballestas ni escope- 
Mde é caballo; porijuej aunque querían orrc- 



nleva-espaRa. ^ — : ~ tJI 

meter bscalmllos. Iinbia unas lous muy grandes , uni- 
|>edrado todo id pulió, que se iban li los caballos Io«pir« 
y niuuos ; y «rují tan lisas , que caían ¡ é como de*d« 
las gradas del alto cu nos defcndian el |ia^,e i un lado 
éotro teníamos lautos contrarios, aunque nuestros ti- 
ros ilevultun iliezú quince dellos, é ü estacadas y orre- 
melidiis maiúhamos otros muchos, cargaba lanía gente, 
que no le« podíamos subir ul alto cu , y con gran con- 
cierto tomamos ú jtortiar sin llevar las torres , poniue 
ya esíabau desbaratadas, y les subimos arriba. Aqni so 
mostró Cortés nmy «aron, como siempre lo fué. ¡Olí quii 
pelear y fuerte batulla que aqui tuvimos ! Lira co^a de 
nolar vernos á toiius corriendo sangro y lli-nos de heri- 
das, é mas de cuarenta soldados uiuertus. B quiso nuc-^ 
tro Señor que llegamos adonde soliumo^ tener la ima- 
gen do nuestra Señora , y no la hallamos; quo pareció, 
según supimos, que elgi'anMonlczuutatenm ú devoción 
eti ella ¿ miedo, y lu niuudú guardar; y pusimos fuego á 
sus Ídolos, y sa quemó un pedazo «¡elasalaconlosidolo» 
[iuicbílúbosyTuícutepiica. Liiitouce-snosayudaronmuy 
bien los t lasca I te cas. Pues va lieclio esto, estando quu 
catáijatiias unos pcb^ando y otros poniendo el fuego, 
como dicho tengo , ver los papas que estaban en este 
gran cu y sobre tres ó cuatro mil indios, todos princi- 
pales, y que nos kijábamos, cuiil nos hacían venir ro- 
dando seis gradas y aun dícz abajo , y liuy tanto quo 
decir de otros escuadrones que estaban en los petriles y 
cjncavidades del gran cu, líriudonos tautasvaras y He- 
chas, que asi ú unos escuadrones coiao á los otros no 
podíamos hacer cara ni sustentarnos^; ucordamos, con 
mucho trabajo y riesgo de nuestras personas, de nos vol- 
ver i nuestros aposentos , los castillos dosbechos y to- 
dos heridos, y muertos cuarenta y seis, y los indios siem- 
pre apretándonos, y otros escuadrones por las espaldas, 
que quien nos vio, auni|uo aquí mas cl.iro lodíga, yo na 
lo sú significar; pues aun nu digo lo que hicieron 1 is 
escuadroues mejicanos, que e!>taban dando guerra en los 
aposentos en tanto que andábamos fuera, y Ugran por- 
lía y tesón que poniun de les entrará qnenullos. Un esta 
batalla prendimos dos papas principales, queCorli''snii> 
mandó que los llevasen á Imeu recntdo. .Muchas vi'cos lie 
visto piulada entre los mejicano^ y tlascallecas esta ita- 
talta y subida que hicimos en csie gran cu ; y tívucnlo 
por cosa muy her<1ica , que ounquu nos piniun á todos 
nosotros muy heridos corriendo sangre, y muclii»snnier- 
tos en retratos que tienen ddio hechos, en mucho lo 
tienen esto de poner fuego al en y e<itar tanto guerrero 
guardándolo en tos pclriles y concavidadi.-s, » oíros mu- 
chos indiosabii jo enelsneloypattoslleuos, y en los lados 
otros muchas , y deshechas nuestros torres, como fQ¿ 
posible subilla. Dejemos de liahUrdello, y digamos cu- 
ma con gran trabajo torna mits ú los n posuntos ; y si mu- 
cha geiite nos fueron siguiendo y dando guerra , oirut 
muchos eslafiun en los aposentos, que ya les loníau der- 
rocadas unas paredes para cu ira I les ; y con nuestra lle- 
gada cesaron, masno de maneraque en todo lo quo que- 
dó del día dejaban de tirar vara y piedra y flucha , y 
eu la noche grita y piedra y vara. Dejemos de su gruu 
Icson y porfía que siempre ¿la couüoua tenían dees- 
lur sobre nosotros, como he dicho ; «i digunioa que aque- 
lla nocije se uos fué en curar heridos; en terrar los muer* 



13a = : BERNAL DIAZ 

tos, y en aderezar pora salir otro dia i pelear, ; en 
' poner fuerías y mamparos alas paroilesque lialiian dcr- 

rocaio 6 á otros porlillos que habían lieclio , y tomnr 

consejo cómo y de qué manera podríamos pelear sin 
,que recibiésemos laníos daños ni muertes; y eti loilo 

1(1 (]uc platicamos do hailábamo; remedio ninguno. 

■ Piles también quiero decir tns maldiciones que los de 
Warvacz ecliabaná Corles, y las palabras que dccian,que 
renegaban del y de b tierra, y tum do Diego Volazquez, 

•iqueucA les cnviú; que bien paciltcos estaban en sus ca- 
sas en la isla de Cuba; y estaban embelesados y síu sen- 
tido. Volvamos á nuestra plútica, que fu¿ acordado do 
demandalles páceos para salir de Mí'jico ; y desque ama- 
_ ncci6 vienen nmclios mas escuadrones de guerreros , y 
muy de liecho nos cercan por todas partes los aposen- 
tos; y sí mucha piedra y Hecha tiraban de antes, mu- 

■ clw mas espesas y con mayores alaridos y silbos vinie- 
ron esto dia; y otros escuadrones por otras parles pro- 
curaban de nos entrar , que no nprovecbaban liros ni 
escopetas, aunque les liacian harto mal. Y vicmlo lodo 
esto.acordú Cortés que el gran Moutezuma les hablase 
desde una azulea , y les dijesen que cesasen las guerras 
y que nos queríamos ir de su ciudad; y cuando al griu) 
tlotitczuma se lo fueron á decir de parle de Cortés , di' 
cen que dijo con gran dolor; «¿Qué quiere de mí ya Ma- 
lÍnehe?Que yo no deseo vivir nioille, pues en tal eslaclo 

r por $u causa mi ventura me ha traído.» Y no quiso ve- 
nir; y aun dicen que dijo queja no le querían ver ni otr 
á ti ni á sus falsas palabras ni promesas y mentiras; y fuó 
el padre de la Otcrced y Cristóbal üe Olí, y le Imblaron 
con mucho acato y palabras muy amorosas. Y dijoles el 
Monlezumu ; «Yo tengo creído que no aprovecharé cosa 
ninguna para que cese la guerra, porque ya lipiicn alzado 
Ctro señor, y han propuesto de no os dejar salir de aquí 
con lav'¡da;yost, creo que todos vosotros habéis de mo- 
rir en esta ciudad. n Y volvamos & decir de los grandes 
combates que nos daban , que Montezuma se puso & un 
pctril dé una azulea con muchos de nuestros soldados 
que le guardaban, y les cometido á hablar á los suyos con 
palabras muy amorosas, que dejasen la guerra, que nos 
iríamos de Méjico ; y muchos principales mejicanos y 
capitanes bien le conocieron, y lue^o mandaron que 
collasensus gentes y no tirasen varas iii piedras ni He- 
chas , y cuatro dcllos se allegaron en parle que Monle- 
zümn les podía hablar, y ellos á 61, y llorando le dijeron : 
a¡ Oh señor, é nuestro gran señor , y cómo nos pesa de 
todo vuestro mal y daño, y de vuestros hijos y parientes I 
{lacémosos saber que ya hemos levantado á un vuestro 
primo por señor;» y alli ie nombró cómo se llamaba, 
que se dccia Coadlauaca, señor de Iztapsiapa, que ao 
fué Guatemuz , el cual desde á dos meses fué señor. Y 
mas dijeron, que la guerra que la Imbian de acabar, y 
que teniati prometido á sus ídolos de no lo dejar liusla 
que todos nosotros muriésemos ; y que rogaban cutía 
diaá su Iluichilúbos y á Tezcatepuca que lo guardase 
Ubre y sano de nuestro poder, é como saliese como de- 
(cabau, que no lo dejarían de tcoer muy mejor que de 
antes por señor, y que les pcrdo oasc. Y no hubieron bien 
acabado el ruzonamicnUí , cuando en aquella sazón ti- 
ran tanta piedra y vara, que los nuestros le arrodelahao; 
y camo vieron que catj% tanto que tiabltbi con ellos 



DEL CASTILLO. 

no daban guerra, se descuidaron im momento delrodc- 
lar , y le dieron tres pedradas é un llechazo , una en la 
cabeza y otra en un brazo y otra en una pierna; y pun- 
to que le rogaban que se curase y comiese , y le decían 
sobre ello buenas palabras, no quiso; antes cuando no 
nos calamos, vinieron á decir que era muerto, y Cortil 
lloró por él , y lodos nuestros capitanes y soldados;* 
hombres hubo entre nosotros, de losque lecnnociamos 
y tratábamos, que tan llorado fuó como si fuera nues- 
tro padre; y no nos hemos de maravillar dcllo ñenáa 
quo tan bueno era ; y decían que había diez y siete años 
que reinaba, y que fué el m^jor rey quo en Méjico ha- 
bla habido, y que por su persona había vencido tresde- 
sullos que tuvo sobre las tierras que sojuzgó. 



CAPITULO CXXVfl. 

I)l^spe ratmMtia d gran Honteititnt, aronló Cortés da btuA 
bcr i sos capiMacis y principiles que duí áihth guem, 1 
mas sobn ello |iis(l. 



I 

míos I 



Pues como vimos ú Montezuma quo so había roai 
to, ya be dicho la triste/^ que todos nosotros Imbiines 
por ello , y aun al fraile de la Merced , que siempre es- 
taba con él , y no le pudo atraer á que se volviese cris- 
tiano; y el fraile le dijo que creyese que de aquellas 
heridas moriria , á que él respondía que él «iehta de 
mandarquele pusiesen alguna cosa. En íin de mas ra- 
zones, mandó Cortés A un papa é d un principal de los 
que estaban presos, que solíamos para que fuesen jl 
decir al cacique que ul/aron por señor, que se dccia 
Coadtauoco, y ásus capitanes, cómo el gran Moutozunia 
ora muerto , y que ellos lo vieron morir, y de la monc- 
ra que murió, y heridas que lo dieron los suyos, y dije- 
sen cúmoá lodos nospe'ínbn dullo, y quo lo entera- 
sen como gran rey que era , y que alzasen á su primo 
del Montezuma que con n oso iros estaba , por rey , pufó 
le pertenecía de heredar, ó ú otros sus hijos; é que al 
que habían alzado por señor que no le venta de derv- 
cho , Éque tratasen paces para salimos de Méjico; que 
sino lo hacían ahora que era muerto MonloEuma,ii 
quien teníamos respeto, y que por su causa no les 
(Icstruiamos su ciudad, que saldríamos ú dalles guer- 
ra y ú quemallcs todas las casas, y les haríamos mu- 
cho mal; y porque lo viesen cómo ero muerto el Mon- 
tezuma , maniió á seis mejicanos muy principales y 
los mas pupas que teníamos presos que lo sacasen & 
cuestns y lo entre^'ascn á los capitanes mejicanos, y 
les dijesen lo que Montezuma mandó al tiempo que 
se quería morir, que aquellos quo llevaron á cuestas 
se hallaron [iresentos 6, su muerte; y dijeron al Coad- 
lauaca toda la verdad , cómo ellos propios le mata- 
ron de tres pedradas y un (loclinzo; y cuando así le 
vieron muerto, vimos que hicieron muy gran llanto, 
que bien oímos las gritas y aullidos que por él daban; 
y aun con todo est« no cesó la graa halcria que siem- 
pre nos daban , que era sobre nosotros de vara y pi^ 
dra y Hecha, y luego la comenzaron muy mayor, y con 
gran braveza nos decían: «Ahora pagaréis muy de ver- 
dad la muerte de nuestro rey y ol deshonor do nues- 
tros Ídolos; y las paces que nos enviaisú |>edir, salid 
acá , y concertaremos ctíino y do qué manera han de 
ser;u y decían tantas palabras sobre ello, y de oins 




CONOIISTA DE 
\qae ya no se ttic ncuerda , y las di-jarú nquí da 
itett, J i|ua ya leaian elegido liucn rey, y que no eru 
^acMaioo luí flaco , qiic le podáis engaPiar con pala- 
bn» Usas, como fué al buen Monte zuma ; y delcnterra- 
■talOi^m 00 iuTictscn cuidado , siito «le nuestras vi- 
te, que es dos dias no quedarían DÍn;;unos de nos- 
l quetatcs cosas enviemos á decir ; y con es- 
1 0107 grandes grilas y silbos, y rociadas du 
k, wn j íleclia , y oíros muclius escuadrones to- 
pracurandi) de poner fuego ti mu di as partes de 
[aposentos; y como aquello vio Cortés y tod^s 
iMotms, acordamos que para uiro dia saliésemos del 
mi . y diésemos guerra por olra parle , aiionde habia 
aacbas casas en tierra íirmo , y que liicié sernos lodo el 
■d qiM pudi£scmt>s , y fuésemos Ideia la calzada , y 
fK todos los de i cab;illo rompiesen con los escuadró- 
la } los alancearen ó echasen en la lu¿;uiia, y aun- 
|M tes molascn los cabillos; y esto se ordenó para 
W sí por ventura con el daño y niiicrle quo les lit- 
füseaios ceaana la fucrra y se trataría alguna ma- 
avt át {nz para salir libres sin mas muertes y daños. 
T poesto que otro día lo hicimos todos muy varonil- 
Ble, y matamos muchos contrarios y se quemurojí 
I de veinte casas, y fuimos hasta cerca de tierra 
I , todo fué nonada para el (;run daño y muertes 
dt ais do veinte soldados, y heridas que nos dieron; y 
Bft pódimos ganalles ninguna puente, porque todas es- 
abaa medio quebradas , y cargaron muchos mejicanos 
lOosoiroü, y tenían pucstits albarradas ymampa- 
I parle adonde couucian que podían alcanzar los 
Jkiti Por manera que , si muchos trabajos teniu- 
I liarla allí , muchos mayores tuvimos ailclante, Y 
lo he nquí, y volvamos ú decir cúmo acordamos de 
' de MAjico. En esta entrada y salida que hicimos 
) los de á caballo , q uc era un jueves, acuerdóme que 
•tu Sandoval y Lares el buen jinete , y Gonzalo 
lingucz, íujü Velazquez de León y Francisco de 
' I, y otros buenos hombres de ú caballo de losuues- 
j de los de Narvaeí; asimismo iban otros buenos 
mus estaban espantadas y temerosos los de 
, como no se hahian hulludo en guerras de iu- 
s, cotoo nosotros los de Cortés. 

CM'ITULO CXXVIll. 

) «t«r4inoi ie am ir tiuji'ndo de Méjico, fio que sebrc 
elli) 9c hito. 

Gomo «mos que cada dia iban menguando nuestras 

5, y las de lus mejicanos crecian , y víamos mu- 

I de los nuestros muertos, y todos los mas heridos, 

tasnque pelcíbamos muy como varones, no tos 

(hacer retirar ni que se apartasen los muchos 

idrooes que do dia y de noche nos daban guerra, 

I pdiTora apocada , y la comida y agua por el coosí- 

í , ; el gran Uontuzuma muerto , las paces que 

paariamosA demandar no lasquisierou acetar ; en Dn, 

I nuestras muertes & los ojos, y las puentes que 

> aladas ; y fué (cordado [lor Cortés y por todos 

capttancsy soldados que de ñocha nos fuésc- 

lio viésemos que los escuadrones guerreros 

(deKuidados; y para mas les descuidar, 

i tarda les enviamos ú decir con uu papa du los 



Nt EVA-ESPAÑA. "~ 133 

que estaban presos, que era muy principal entre ellos, 
y con otros prisioneros, que nos dejen ir en paz de ahí 
á oclio días , y que les daríamos todo el org; y esto por 
descuidarlos y salimos aquella noche. Y demás desto, 
estaba con nosotros un soldado que se decía Rotctlo, ú 
parecer muy hombre do bien y latino , y había estado 
en Ftoma , ydt!cian que era nigromántico , otros dcciati 
que leiiia familiar, algunos le Humaban astrólogo; y 
este Butdlo habia dicho cuatro días habla que haltb- 
biiporsus suertes y astrologias que si aquella nocho 
que venia 00 sahamos de Méjico , y si mas oguurdí- 
hamos, que ningún soldado podría salir con la vida; 
y aun había dicho otras veces que Cortés había de te- 
ner muchos trabajos y había de ser desposeído de su 
ser y honra , y que después habia de volver i ser grao 
señor y de mucha renta ; y decía otras muchas cusas 
deste arle. Dejemos al Botello, que después tornaré 
hablar en él , y diré címo se dio luego urden quo se 
hiciese de maderos y ballestas muy recias una puente 
que I levásemos jKira pouer en las puentes que leniaD 
qucbradas;y paraponella y llevalla,y (guardar el paso 
hasta que pasase lodo el fardaje y los de & caballo y 
todo nuestro ejército, señalaron y mandaran é cuatro- 
cientos indios tlascallecas y ciento y cincuenta solda- 
dus; y para llevar el artillería eeñalaron ducieutos y 
cincuenta indios tlascaltecas y cincuenta soldados ; y 
para que fuesen en la delantera peleando señalaron á 
Gonzalo de Sandovul y ú Francisco de Acebcilo el pu- 
lido, y £ Francisco de Lugo yADiegode Ordésó An- 
drés de Tapia; y todos estos capitanes^ y otros ocho & 
nueve de los de Narvaez. que aqui no nomhro, y coa 
ellos , para que les ayudasen, cien soldados mancebos 
sueltos; y para que fuesen entre medias del fardaje y 
naborías y prisiuncros , y acudiesen á la parte que mas 
conviniese de pelear, señalaron al mismo Cortés y i 
Alonso de Avila, y ¿ Crisldbal do Olí é ú. Uernurdinu 
Vázquez de Tapia, y á otros capitanes de los nues- 
tros , que no me acuerdo ya sus nombres , con otroí 
cincuenta soldados; y para la retaguarda señalaron i 
Juan Velazqucz de León y á Pedro do Albarado, con 
otros muchos de á caballo y jnasde cien soldados, y to- 
dos los roas de los do Narvaez ; y para que llevasen i 
cargo los prisioneros y ¿ doña Marina y ¿ doña Luisa 
señalaron trecientos tlascaltecas y treinta soldados. 
Pues hecho este concierto , ya era noche , y para sacar 
el oro y ilevallo y reparlillo, maud6 Cortés & su cama- 
rero, que se decía Cristáhal de Guzman, y ú otros st^ 
críados, que lodo el oro y plata y joyas lo sacasen do 
su aposento i la sala con muchos indios do Ttascala, 
y mandó á los oliciales del Rey, que era en aquel tiem- 
po Alonso do Avila y Gonzalo Mejía,quo pusiesen cu 
cobro todo el oro de su mojeslad , y para que lo lleva- 
sen les dio siete caballos heridos y cojos y una yegua, y 
muchos indios tlascaltecas , que , según dijeron , fue- 
ron mas de ochenta , y cargaron dello lo que mas pu- 
dieron llevar,que eslaba hecho todo lo mas dclloen bar- 
ras muy anchas y grandes , como dicho tengo eo él 
capitulo que dello habla, y quedaba mucho mas wo un 
la sala hecho montones. Entonces Cortés Uam¿ su se- 
cretario, que se decía í'edro Hemandei, y íl otros es- 
cribanosdcl ftcy, y dijo : «Dadme por testimonio que uo 



13 1 BERNAL DÍAZ 

puedo mas Uscer sobre guardaresle oro. Aquí tenemos 
ea esta casa y sala sobre setecientos mil pesos por lo- 
(io , y veis que do lo podemos pasar ni poner cobro mns 
de lo [iuesio;lo5 soldados que q(iisiere[isacartlello,des> 
do aquí se lo doy, como se liu de quedar aqiii perdido 
enlre estos perros ;» y desque aquello oyeron , muclios 
soldados de l'»s do Narvaez y aun algunos Je los nuestros 
curgaron del lo. Yo digo que niincit Uwe codicia del 
oro, sino procurar Fii [varia vida; porque la teniíimos 
en pran poligro; mas no dejé de upaiíardo uiiapeíaqiii- 
Ha que slli estabn cuulro chalcliiliuia, que son pic- 

' ifíras muy preciadas eiilre los indios, que presto me 
t>clié entra los pedios entre lasarmas; y aun entonces 
Cortés mandó tumur la petaquilla con !os cliak'liiliuies 
que quedaban , piíraque la guardase su iiiayonlomo; 
y aun los cuatro chulcliiliuies que yo tomé, sino ma 
los hubiera ecíiado entre lospecbos.me losdeniundara 
Cortés; los cuales me fuüroii muy buenos para curar 
mis heridas ycomcrdel valardellus. Volvamos á nues- 
tro cuento; que desque supimos el concierto que Cor- 
tés babia hecho de la manera que habíamos de salir y 
llegarla madera para las puentes, y como hacia algo 
escuro, que hatiia neblina 6 lloviznaba, y era antes 
de inedia nocbe, comenzaron á traer lamaiji-ra é puen- 
te, j puuella en el lugar que babia de estar, y á cami- 
nar el fardaje y artillería y mucbos de á caliallo, y los 
indios llascallecas con el oro; y después que se pnsoen 
k puente, y pasaron lodos así comovcniau, yiiasóSaii- 
doval & mucbos de á caballo, también pasú Cortés 
con sus compañeros de ú caballa tras de los primeros, y 
otros muchos soldados. Y estando en esto, suenan los 
cornetas y gritas y silbos de las mejicanos , y decian en 
«u lengua; íiTaltolulco,TaUeIulco,sali prestocnn vues- 
tras canoas, que se van lusleules;atajaldos ea tas puen- 
tes;» y cuando no mo cato, vimos tantos escuadro- 
nes de £;uerreros sobro nosotros, y toda la laguna cuu- 

' Jada de canoas, que no nospoiiiunms valer, y mucbos 
de nuestros soldadiis ya hablan pasado. Y estando des- 
13 manera, carga lauta multitud de mejicanos & quitar 
la puente y á herir y matar ü los nuestros, que no se 
tlabuná manos naos á otros; y como la desdicha es ma- 
lo, y en tales tiempos ocurre uu mal sobre otro, como 
llovía, resbalaron dos caballos y se espantaron, y caen 
«n la laguna, y la puente calda y quitada; y carga 
Unto guerrero mejicano para acalialla de quitar, que 
por bien que peleábamos, y matábamos muchos dellos, 

'tío. se pudo mas aprovechar della. l^r manera que 
aquel paso y abertura de agua prestóse hinchó de ca- 
ballos muertos y de los caballeros cuyos eran, que do 
podían nadar, y mataban muchos dellos y do los lu- 
dios tlascaltecas ó indias naborías, y fardaje y pelucas 
y artillería; y de los mucbos que se ahogaban , ellos y 
loscaballos, y de otros muchos soldados que allí en el 
agua mataban y mellan en las canoas, que era muy gran 
lástima de lo ver y oir , pues la grito y lloros y lásti- 
mas que decian demandando socorro: «Ayudadme, que 
me ahogo; «otros, u Socorredme, que me matan; u otros 
demandando ayuda ú nuestra Señora santa Mariay ás&< 

''fior Santiago ; otros demandaban ayuda para subir i lo 

' fuente, y estos eran ya que escapaban nadando, y asi- 
dos d muertos y á petacas para subir arriba, adonde cs- 



DEL CASTUXO. 

taba la puente ; y algunos que habían subido, y pensa- 
I |ian que estaban libres de aquel peligro , liabiu en las 
¡ calzadas grandes escuadrones guerreros que los apa- 
' ñaban é amorriñaban con unas macanas, y otros que 
les (lechaban y alancealmn. Pues quizá babia algún 
concierto en la salida , rmno lo habíanlos concertado, 
maldito aquel; porque Cortés y los capitanes y solda- 
dos que pasaron primero i caballo, por salvar sus viiUs 
y llegar á tierra linne, aguijaron portas puentes y cal- 
zadas adelanlo, y no aguardaron unos á otros; y no lo 
erraron , porque los de á caballo no podían pelearen las 
calzadas; porque yendo por la calzada, ya que arreme- 
tían ft los escuadrones mejicanos, echiiba úseles al agua, 
y de la una parte la lagnna y de la otra azuleas, y por 
tierra les tiraban lauta jlecba y vara y piedra , y e^a 
lanzas mny largas que habían licclio de las espadas que 
nos lomaron, como piirtc^anas, matábanlos caballos 
con ellas; y si arremeiiu alguno de á caballo y mataba 
algún indio, luego le mataban el caballo; y así, uoso 
atrevían 4 correr por la calzada. Pues vista coso es que 
lio podían pelearen el agua y puestos; sin escopetas 
ni ballestas y de noche, ¿qué podíamos iiocer sino lo 
que hacÍBmos?Qne era que arremetiésemos treinta y 
cuarenta soldados que nos juntábamos, y dar algunas 
cucliiliadas á los que mis venían á echar mano, y andar 
y pasar adelante, hasta salir de las calzadas; porque si 
aguardáramos [osunos á los otros, no soliéramos nin- 
guno con la vida, y si fuera de dia, peor fuera ; y aun 
los que escapamos fué que nuestro Señor Dios fué ser- 
vido darnos esfuerzo para ello; y para quien no lo viií 
aquella noche la multitud de guerreros que sobre nos- 
otros estaban, y las ciuioas que de los nuestros arreba- 
taban y llevaban á sacrilícar, era cosa de espauto. Pues 
yendo que íbamos cincuenta soldados de los de Cortés y 
algunos de ¡Varvaez por nuestra calzada adelante, de 
cuando en cuando salían escuadrones mejicanos á nos 
echar manos. Acuerdóme que nos decian : a ¡Oh, oh, 
olí luilones!» que quiere (iccir: Olí putos, ¿aun mal 
quedáis vivos, que no os han muerto los tiocanes? Y 
como les acudtmus con cuchilladas y estocadas, pasa- 
mos adelante ;é yendo por la calzada cerca de tierra 
lirme , cube el pueblo de Tacaba, donde ya habían lle- 
ftiido Gonüalode Sandoval y Cristóbal de Olí y Fran- 
cisco de Salcedo el pulido, y Gonzalo Domínguez, y 
Lares, y otros mucbos de á caballo, y sotJados de los 
que pasaron adelante antes que desamparasen la puen- 
te, según y de la manera que dicho tengo; é ya que 
llegábamos cerca olamos voces quo daba Cristóbal do 
Olí y Gonzalo de Sundoval y Francisco de Moría , y de- 
cian á Cortés, que iba adelante de lodos : n Aguardad, 
señor capitán; que dicen estos soldados que ramos 
huyendo, y los dejamos morir en ¡as puentes y calza- 
dos & lodos los que quedan atrás; lomémoslos á am- 
parar y recoger ; porijue vic;)un algunos soldados muy 
heridos y dicen que los demás quedan todos muer- 
tos, y no salen ni vieneu ningunos.» Y la respuesta 
que dio Cortés, tjue los que h.ibiamos salido de las 
calísdas era milagro; que si á las puentes volvie- 
sen , pocos escaparían con las vidas , ellos y los caba- 
llos; y todavía volvió el mismo Cortés y Cristóbal de 
Olí, y Alonso do Avila y Gonzalo de Sandoval, y Fran- 



CONQUISTA DE 
^éhto Ai: Moría y Gómala Doniinguoz , cnn otros seis 
\ sirte de A cabutlo , y algunas soS4;i(los que no eslalien 
íridos: ma» no fueron muclro trecSio, pori|ue luego 
contrtronconPeiirudeAlItarsdo bien 1 1 crido, con una 
I en la nmiio, & píú , <)ue la yc^iua alu7Jiiia ja se la 
in inaerto , y Iraia consigo sietesoliiuclos , tos tres 
I In nucstrtts y lo* cimlro de Narvaez, lomliien muy 
rídot.y oclin llti<;caltRcas, todos corrienilo sangre 
> muclms lii'fidiis ; y (>iilro tSQto Tokiú Cortés por la 
^ftlziJacon Iosc3pitaoe<ty soMímIiis que diclio tengo, 
l»pi™n(»scn los palios junio á Tucuira, y ya habían 
^ Tenido de Méjico, como eslú cerca , dando voces, y á 
hr maududo í Tnculta y á Escapuzalco y á Teneyucu 
para qtie nos salieren al encuentro. Tor manera que 
noacoinen/arun ú lirarvara y piedra y fleclia, y con sus 
knzas grandt'i, engastonudas en (?IIas de nu^-siruscs- 
yidm|U0DOf lomaron en usti^ desbarate; y baciumos 
dfrnnaí arremetidas , en que nos defendíamos dellos y 
mos. Volvamos í Pedro de Albnrado, que, 
-. L -los y los demás cnpitanw y soldados lo en- 
eontraron de aquélla manera que be dicbo, y como su- 
pieron que no venían mas soldados , $% les saltaron las 
Ugrinuis de los ojos; porque el IVdro do Alba ra do y 
Atan Vclaiquez de Leoa, con oíros mas de á caballo y 
Budc cien soldados, buhian quedaiio en la retaguar- 
da; j preguntando Cortés por los demás , dijo que to- 
dos quedaban muertos, vean ellos el capitán Juan Ve- 
Inqtmde Lean y lodos los mus de :í cabulla que traia, 
f de los nuestros como de los de Narvaoz , y mas de 
nio y cincuenta soldados que traía ; y dijo el Pedro 
|u« después que tes mal a roa los culmtlus y la yegua, 
CqtieM juntaron parase amparar obro de ocbenla sol- 
1, y que sobro los muertos y pelucas y caballos 
lie aé abogaron , pasaron la primera puente; en esto 
I me acuerda bien si dijo que pasó sobre los muertos, 
bUnicm no miramos lo que sobre ello dijo ú Corles, 
tqDqallíeu aijueita pueuto le mataron á Juan Ve- 
i y tiias de ducientos compafieros que traia , que 
no le» pudieron valer. V asiniisino á esta otra puente, 
jfoe les biin Dios mucba merced en esca parlón las vi- 
' t; y decía que todas las puentes y calzadas estaban tle- 
iiie guerreros. Dejemos esto, y diré que en la triste 

» que dicen abora que fué el sallo del Albarado, 

yodigoqueen aquel tiempo ningún sohlado se poróá 
vello, ai saltaba poco ómuuho,que liarlo teníamos en 
minr 7 aatvar nuestras vidas, porque eran muchos los 
at)icuiús que contra uosotrosbabia; porque en aquc- 
Ba coyuntura no lo podíamos ver ni tenor senlido en 
(i sallaba ó pasaba poco ó mucho ; y asi seria 
I el Pedro de Albarado llegó d (a puente, como 
i Cortés, que había pasado asido & pi^acas y 
illos y cuerpos nmí^rlos, porque yaque quisiera sal- 
rycuatestane en la la tiza en el af|ua,era muy buod», 
I podfora allegar al suelo con ella para poderse sus- 
■lar sobre ella ; y demás desio , la abertura muy an- 
y tila, que uo la podría saltar por muy ntas suelto 
qoeera. Tanibien digo que no la podía saltar ui sobre 
t luna ni de otra manera ; porque después desde cer- 
' I un año que volvimos á poner cerco A Miijíco y la 
Bu$,air bailé muchas veceseo aquella puente 
adocon escuadrones mejicauos , y leaiao aití hc- 





NLEV A-ESPAÑA. ^"pii 135 

i i'bos reamparos y alb:irra'!as, que se llama ahora la 
puente del salto dn Albarado; y plalicAbamos lauclios 
Mildados sobre ello, y uo ludlíibamos raxon ni soltura 
(ietm hombre que tal saltaseí Dejémososte salto, y di- 
gamos que, como vieron nuestros capitones que uoacii- 
ilian mas soldados, y el Pedro de Albarado dijo que 
todo qticdaba lleno do guerreros, y que ya que algunos 
quedasen rezagados, que en las puentes los maladsu, 
volvamos ¿decir destodel salto de Albarado : digo que 
fara qué porliao algunas personas que no bsaheu ui lo 
vieron, que fué cierto que la saltó el Pedro de Albarado 
la noche que salimos huyendo , aquella puente y aber- 
tura del agua; oira vez digo que no la pudo saltar eu 
ninguna rnancra ; y para que claro se vea, hoy día eslií la 
[vuenle ; y la manera del altor del agua que soliu venir 
y que tan alia estaba la puente, y el agua muy honda, 
que tío podía llegar al suelo con la lauza. Y porque los 
k-ctores sepan que eu Méjico hubo un soldado que se 
deciu fulano de Ucampo, que fué de los que vinie- 
ron con Garay, hombre muy platico, y so preciaba de 
liucor libelos infamatorios y otras cosas lí manera de 
tnasepasquines ; y puso en ciertos líbelos i muchos de 
nuestros capitanes cosas feas qae no son ilu decir no 
siendo verdad; y entre eítos, demás de otras cosas que 
ili,o de Pedro de Albarado, que bahía dejado morir a su 
cuiiípañertí Juan V'eluzi|uez de León con masdcducieu- 
lüs soldados y ios de li caballo que les dejamos en la 
retaguarda , y se escapó él, y por escaparse dió aquel 
gran sallo, como suele decir el refrán; «Saltó, y eseiqM) 
la vida.» Volvamos ú nuestra malcría; é porque los quo 
bslilbamos yu eu salvo en lo de Tacuba no nos acabá- 
semos del todo de perder, é porque linbiau venido mu- 
chos mejicanos y los de Tacuba y Escapuxalco y Tc- 
neyuea y de otros pueblos comarcanos sobre nosutros, 
que lodos enviaron mensajeros desdo Méjico para quo 
iiossalicscn al encuentro en las puonles y calzadas, y 
desde los maizales nos hacian mucho daño, y mataron 
tres soldaddsqtie ya estaban heridos, acordamos lo mas 
presto que pudiésemos salir de aquel pueblo y sus mat- 
:£ules, y con seis ó siete llasraltecas que sabían ó ali- 
ñaban el camino de Tlascala, sin ir porcamhio derecho 
DOS guiabanconNiuchoconcíerto hasta que satiésemosó 
unas caserías que en un cerro estaban , y allí junto á un 
cu é adoratorio y como fortaleza , adonde reparamos ; 
que quiero tornar á decir que, seguidas que íbamos de 
los mejicanos, y de las flechas y varas y piedras coa 
sus hondas nos tiraban ; y cómo nos ccrcjjban, dando 
siempre en nosotros, escosa de espantar; y como lo 
lie dicho muchas veces, estoy liarlo do decirlo, los lec- 
tores no lo tengan por cosa de prolijidad , por causa 
que cada vez Ó cailu rato que nos apretaban y heriati 
y daliJii recia guerra , por fuerza lenp¡o de tornar i de- 
cirde los escuadrones que nos seguiaii , y malaban mu- 
cb'os de nosotros. Dejémoslo ya de traer tanto & la nie,- 
tnoria, y digamos cómo nos defendíamos en aquel cu 
y fortaleza , nos albergamos , y se curaron los heridos, 
y con muchos lumbres que hicimos. Pues de comír na 
lo bahía, y en aquel cu y adoratorio, después de ga- 
nada la gran ciudad de Méjico, hicimos una iglesia, quo 
se dice .Nuestra Señora de los Remedios, muy devota, 
é van ahora alli en romería y á tener novenas muchos 



BERNAL DÍAZ 

vecinos y scRotas de Méjieo. Dejemos eslo , y volvamos 
á liecir qué lásiima era de ver curar j apretar con ulgunos 
paños áe mantas nuestras bcridas ; y como so hubíon 
resfriailo y estaban liinctiadas, doliitn. Pues mas de llo- 
rar fué los caballos y esforzados soldados que faltaban ; 
¿qué ?sdeJuan Vclaiquezde Leoit, Francisco de Sal- 
cedo y Francisco de Moría, y mi Lares el buen jinete, 
y otros muchos de los nuestros de Cortés? ¿Para quá 
cuento yo estos pooos? Porque para escribir los nom- 
bres de ios muclios que de los nueslros faltaron, es no 
acttltur tan [ireElo. Pues de losdeNarvaez, todos losma;; 
«n las puentes quedaron cargados de oro. Digumos 
«hora , ¿qué es de muclios tlascaltecas que iban car- 
gados de barras de oro, y otros que nos ayudaban? Pues 
bI Bstrúlogo Botello no le aprovecha su ostrolDf;ÍB, que 
Jambieiualli muri6. Volvamos d decir cómo quedaron 
muertos , asj los bijos do Monlezuma como los prisio- 
neros que traíamos, y el Cacamatiin y otros reyezue- 
los. Dejemos ya de contar tantos trabajas , y digamns 
cómo estibamos peasando en lo que por delante tenia- 
tnos , y era que todos estfibainos heridos, y no escapa- 
roa sino veíale y tres cabal los. Pues los tiros y artillería 
y pélvora no sacamos ninguna; las ballestas fueron 
pocos, y esas se remediaron luego, 6 hicimos saetas. 
Pues lo peor de todo era que no sabíamos la voluntad 
que habíamos de bailaren nuestros amigos los do Tlas- 
cala. Y demás desto, aquella noche , siempre cercados 
de mejicanos , y grita y vara y llcclia , con hondas 
lobre nosotros, acordamos de nos salir de atli & media 
noche, y con ios tlascaltecas, nuestras guias, por delante 
con muy gran concierto; llevábamos los muy lieridos 
en el camino en medio, y los cojos con bordones, y al- 
gunos que DO podían andar y estaban muy malos ú 
aucas de caballos de los que iban cojos, que no eran 
para batallar, y los de á caballo sanos delante, y ¿ un 
lado y i otro repartidos ; y por este arte todos nos- 
otroslos que mas sanos estábamos haciendo rostro y 
cara i los mejicanos, y tos tlasca Uceas que estaban lie- 
lidos iban dentro en el cuerpo de nuestro escuadrón, 
7 los demás que estaban sanos hacían cara juntamen- 
te con nosotros; porque los mejicanosnos íbausiempre 
picaado con grandes voces y gritos y silbos , diciea- 

.<to : «Allá iréis donde no quede ninf^uno de vosotros 1 
tida;» y no entendíamos í qué linio decían, según ade- 
lante verán. Olvidado me lie de escribir el contento que 
recebimos de ver viva á nuestra doña Marina y ú. doña 
Luisa, bija deXicotenga, que las escaparon en las puen- 
tes unos tlascaltecus berinanos de la doña Luisa , que 

I «alJercín de los primeros, y quedaron muerUs todas las 
mas naborías que nos babian dado en Tlascala y en 
Méjico : alií quedaron en las puentes con los demás. Y 
volvamos á decir cúmo llegamos aquel diaá un pue- 
blo grande que se díce Gualquilau , el cual pueblo fué 

' de Alonso de Avila; y aunque nos daban prila y vníes 
y tiraban piedrj y vara y flecbn , todo lo sopnrtíbamos. 
Y desde allí fuimos por unas caserías y pueblezuelos, y 
siempre los mejicanos siguiéndonos, y como se junta- 
ban muclios, procuraban de nos matar, y nos comenza- 

I baná cercar, y tiraban tanta piedra con hondas, y vara y 
(ieclta , que mataron á dos de nuestros soldados en un 
pcLio malo, que iban mancos, y también uu caJi>el[o,é hi- 



DEL CASTILLO. 

rieron d muchos de los nuestros; y también nosotros & 
eslocadas les matamos algunos dellos, y los do á caballo 
i lanzadas les mataban, aunque pocos; y así, dormimos 
eo aquellas casas, y atli comimos el caballo que mata- 
ron. Y otro día muy de mañana comenzamos á caminar 
con el concierto que de antes , y aun mejor, y siempre 
la mitad de los de á caballoadeiante; y poco mas de una 
legua, en un líano , ya que creímos ir en salvo, vuelven 
tres de ios nuestros de á caballo, y dicen que están los 
campos llenos de guerreros mejicanos apuardúndonos; 
y cuando lo oimos, bien que tuvimos temor, ¿grande, 
mas no {»ra desmayar dol todo , ni dejar de encontrar- 
nos con ellos y pelear hasta morir; y allí reparamos un 
poco , y se dio orden cómo habían de entrar y salir lod 
de á caballo á media rieotia , y que no se parasen i lan- 
cear, sino las lanzas por los rostros hasta romper sus 
escuadrones , y que lodos los soldados , las estoca- 
das que diésemos, que los pasásemos las entrañas, 
y que todos hiciésemos da manera que vengásemos 
muy bien nuestras muertes y heridas, por manwaque 
&i Dios fuese servida, que escapásemos con las vi* 
das ; y después de nos encomendar d Dios y i santa 
Maria muy de corazón , é invocando el nombre del se- 
ñor Santiago, desque vimos que nos comenzaban i 
cercar, de cinco en cinco de á caballo rompieron por 
cliús, y lodos nosotros juntamente. ¡Oh qué cosa de 
ver eráosla tan temerosay rompida batalla, cúmo añ- 
ilábamos pié con pié, y con qué furia los perros pelea- 
ban, y qué herir y matar hacían en nosotros cou SU9 
lanzas y macanas y espadas de dos manos ! Y los de & 
caballo , como era el campo llano, cúmo alanceaban i 
su jilacer, entrando y saliendo á media rieada ; y .lun- 
que esUibaa heridos ellos y sus caballos, no dejaban 
do batallar muy como varones esforzados. Pues lodos 
nosotros los que teníamos c a fia í los, parece ser queá 
todos se nos ponie esfuerzo doblado , que aunque está- 
bamos heridos, y de refresco teníamos mas heridas, na 
curábamos de los apretar, por no nos parar A ello, que 
no había lugar , sino con grandes ánimos apechu^ba^ 
mos á les dar de estocadas. Pues quiero decir cdmo 
Cortés yCrislábal de Olí, y Pedro de Albaradú, que 
tomó otro caballo do los de Narvaez , porque su yegua 
se la habían muerto , como dicho tengo; y Gonzalo de 
Saudoval, cuál andaban de una parte á otra rompiendo 
escuadrones , aunque bien heridos ; y las palabras que 
Cortés deciaúlusque andábamos envuoltus con ellos, 
que la estocada y cuchillada que diésemos fuese eu 
señores señalados; porque todos traían grandes pe- 
nachos con oro y ricas armas y divisas. Pues oir có- 
mo nos csfoncaba el valiente y animoso Sandoval, y de- 
ciu : «Eu, señores, que lioy es el dia que hemos de ven- 
cer; tened esperanza en Dios que saldremos de aquí 
vivos; para algún buen fin nos guarJaDíos.n Y tornaré 
ú decir los muclms lio nuestros soldados que nos ma- 
taban y herían. Y dejemos eslo , y volvamos & Cortés y 
Cristóbal de Olí y Sanjova!, y Pedro de Albarado y 
Gonzalo Ouminguuz, y otros muchos que aquí no nom- 
bro ; y todos los soldados poníamos ^uude ánimo puu 
pelear; y esto, nuestro Señor Jesucristo y nuestra Se- 
ñora la Virgen santa Maria nos lo ponía , y señor San- 
tiago , que ciertamente uos ayudaba ; y usí lo cerüJicú 



CONQUISTA DE 
«n capitán de Guatemnz , de Im que se bailaron en la 
iMUlla ; y quiso Dios que allegó Cortés con loa capita- 
nes por mi nombrados en parle donde andatM el capt» 
tan general de los mejicanos con su bandera tendida, 
con ricas armas de oro y grandes penachos de argen- 
tería; y como lo vio Cortés al que llevaba la bandera, 
con otros muchos mejicanos, que todos traían grandes 
penachos de oro, dijoé Pedro de Albarado yé Gon- 
zalo de Sandoval y & Cristóbal de Oli y & los demás ca- 
pitanes : a Ea, señores , rompamos con ellos.» Y enco- 
mendándose á Dios , arremetió Cortés y Cristóbal de 
Olí, y Sandoval y Alonso de Avila y otros caballeros, y 
Cortés dio un encuentro con ol caballo al capitán meji- 
cano , que le hizo abolir su bandera , y los demás nues- 
tros cupitanes acabaron do romper el escuadrón, que 
«tan muchos indios ; y quien siguió al capitán que traia 
la bandera, que aun nobabia eaidodel eueuentroque 
Cortés le dio , fué un Juan de Salamanca , natural de 
Ontiveros , con una buena yegua overa , que le acabó 
de matar y le quitó el rico penacho que traia , y se le 
dio d Cortés, diciendo que, pues él le encontró primero 
y le hilo abatir la bandera y hizo perder el brío , le daba 
el plunuye ; mas dende i ciertos años su majestad se le 
dio por armas al Salamanca , y asi las tienen en sus re- 
posteros sus descendienles. Volvamos á nuestra bata- 
lla, que nuestro Señor Dios fué servido que, muerto 
aquel capitán que traia la bandera mejicana y oíros 
muchos que allí murieron, aflojó su batallar die arte, 
que se iban retrayendo, y todos los de á caballo 
siguiéndoles y alcanzándoles. Pues á nosotros no nos 
dolian las heridas ni teníamos hambre oi sed, sino 
que parecía que no habíamos liabido ni pasado nin- 
gún mal trabajo. Seguímos la Vitoria matando é hirien- 
do. Pues nuestros amigos los de Tlascala estaban he- 
chos unos leones, y con sus espadas y montantes y oirás 
armas que alli apañaron, hacíanlo muy bien y esforza- 
damente. Ya vueltos los de á caballo de seguir la vito- 
ría, todos dimos rouclias gracias á Dios, que escapa- 
mos de tan gran multitud de gente ; porque no se había 
visto ni hallado en todas las Indias, en liatalla que se 
liaya dado, tan gran número de guerreros juntos ; pop- 
que alli estaba la Hor de Méjico y de Tezcucoy Saleo- 
can, ya con pensamiento que de aquella vez no que- 
dara roso ni velloso de nosotros. Pues qué armas tan 
ricas que traian, con tanto oro y penachos y divisas, y 
todos los mas capitanes y personas principales, y allí 
junto donde fué esta reñida y nombrada y temerosa 
batalla para en estas partes (asi se pueda decir, pues 
Dios nos escapó con las vidas } , había cerca un puet)lo 
quesediceObtumba; la cual batalla tienen muy bien 
pintada, y «a retratos entallada los mejicanos y tlascal- 
tecu, entre otras muchas batallas que con los mejica- 
nos hubimos hasta qve ganamos á Méjico. Y tengan 
atención los conotos lectores que esto leyeren , que 
quiero traer aquí ala memoria que cuando entramos 
al socorro de Pedro de Albarado en Méjico fuimos por 
todos sobie mas de mil y trecientos soldados, con lot' 
dea caballo, qne fueron noventa y siete, y ochenta 
ballesteros y otn» tantos escopeteros , y mas de dos 
mil tlascaltecas , y metimos mucha artillería; y fué 
nuestra entrada «n M^ico día de señor San Juan do ju- 



NUEVA-^SPaIU. 137 

nio de 1 5S0 años, y f né nuestra salida huyendo á 10 del 
roes de julio del año siguiente,y fué esta nombrada ba- 
talla de Obtumba á 14 del mes de julio. Digamos aho- 
ra, ya que escapamos de todos los trances por mi atrás 
dichos, quiero dar otra cuenta qué tantos mataron, ast 
en Méjico , en puentes y calzadu, como en todos los 
reencuentros, y en esta de Obtuml», y los que mata- 
ron por. los caminos. Digo que en obra de cinco días 
fueron muertos y sacrüicados sobre ochocientos y s»- 
tenla soldados, con setenta y dos que mataron en va 
pueblo que se dice Tustepeque, y á cinco mujeres do 
Castilla; y estos quemataron en Tustepeque eran de los 
de Narvaez, y mataron sobre mil y ducieatos tlascalte- 
cas. Tamlñen quiero decir cómo en aquella sazón ma- 
taron á un Juan de Alcántara el viejo , con otros tres 
vecinos de la VilU-Ríca , que venían por las partes del 
oro que les cabía ; de lo cual tengo hecha rdacion en el 
capitulo que dello trata. Por manera que también per- 
dieron las vídasy aun el oro ; y sí miramos en ello, todos 
comunmente hubimos mal gozo de las partes del oro que 
nos dieron ; y si de los de Narvaez muñeron muchos mas 
quede los de Corles en las puentes, fué por salir car- 
gados de oro , que con el peso dello no podían salir ni 
nadar. Dejemos de hablar en esta materia , y digamos 
cómo Íbamos muy alegres y comiendo unas calabazas 
que llaman ayotes, y comiendo y caminando bada Tlas- 
cala; que por salir de aquellas poblaciones, por temor 
no se tornasen á juntar escuadrones mejicanos, quo 
aun todavía nos daban grita en partes que no podía- 
mos ser señores delios,y nos tiraban rauclia piedra 
con hondas, y vara y flecha, hasta que fuimos ú oirás 
caserías y pueblo chico; porque estaba todo poblado 
de mejicanos, y allí estaba un buen cu y cosa faerte, 
donde reparamos aquella noche y nos curamos nues- 
tras herídas, y estuvimos con mas reposo; yauoquo 
siempre teníamos escuadrones demejícanosquenos se- 
guían, mas ya no se osaban llegar; y aquellos qne venían 
era como quien decía : a Allá iréis fuera denucstra tier- 
ra.» Y desde aquella población y casa donde dormimos 
se parecían las sierrezuelas que están cabe Tlascala , y 
como las vimos , nos alegramos como si fueran nues- 
tras casas. Pues quizá sabíamos cierto que nos faabiao 
de ser leales ó qué voluntad ternian, ó qué había acon- 
tecido á los que estaban poblados en la Villa-Rica, si 
eran muertos ó vivos. Y Cortés nos dijo que, pues éra- 
mos pocos, que no quedamos sino cuatrocientos y cua- 
renta, con veinte caballos y doce ballesteros y siete 
escopeteros , y no teníamos pólvora , y todos heridos y 
cojos y mancos, qne mirásemos muy bien cómo nues- 
tio Señor Jesucristo fué servido escapamos con las vi- 
das ; por lo cual siempre le hemos de dar muchas gra- 
cias y loores, y que volvimos otra vez á disminuirnos en 
el número y copiado ios soldados que con él pasamos 
desde Cuba, y que primero entramos en Méjico cua- 
trocientos y cincuenta soldados ; y que nos rogaba que 
en Tlascakno les hiciésemos enojo, ni se les toma- 
se ninguna cosa ; y esto dio á entender á los de Nar- 
vaez, porque no estaban acostumbrados á ser sujetóse 
capilauesenlasguerras, comonosotros; y masdijo,quo 
tenía esperanza en Dios que los balloriamos buenos y 
leales ; ó que si otra cosa fuese , lo que Dios no permi-» 



J38 "■ - - BERNAL DlAZ 

ta , que nos han de tornar ¿ andarlos puños con cora* 
íunes fuertes y brazM vigorosos , y que para eso fué- 
K^mos muy apercebiilos, y nueslrus corredores del 
atnpu adelanlp. Llegamos á una fuente que estaba en 
una ladera , y alli estaban unas como cercas y ream- 
parus de tiemblos viejos , y dijeron nuestros amigos los 
llascaltecas que alli parliaa términos entre los mejica- 
nos y ellos; y de buen reposo nos paramos á lavar , y ú 
conrer de la miseria que habíamos liabido , y luego co- 
luenxumos ú ninrclinr, y fuimos i un pueblo délos llas- 
callecas, que se dice Gunliopar, donde nos recibieron 
} nos daban (le comer; mus no tanlo, que si no se I» pa- 
gábamos con algimus |iiucezuelas de oro y cbalciiibuis 
que llevábamos algunos de nosotros , no nos lo daban 
de balde-, y alli estuvimos un día reposando, curando 
nuestras beridas, y ausimismr) curamos los cabullas. 
Pues cuiuido lo supieron en tu cabecera de TUscala, 
Juego vino Masse-tlscuci y principales, y tudos los mas 
sus vecinos, y Xicotunga el viejo , y Cliicljimucliilocle 
y los deGuaiücÍMgo; y coma llegaron á aquel puclilo 
donde estábamos, fueron ú abrazar á Cortés y á todos 
nuestros capitanes y soldados; y llorando algunos de- 
Jlos , especial el Masse-Escncí y Xicotenga, y Cbiclii- 
^> mecía tecle y Tccapaneca , dijeron i Cortés; n¡ Olí Mu- 
lincbe , Ualincbe , y cúiuo nos pesa de vuestro mal y 
(le todos vuestros hi^rmanos, y de los muclias de los 
nuestros que con vosotros lian muerto; ya os lo baliía- 
inos dicbo rauclnss veces , que no os liúsedes de gente 
{'■-inejicana, porque deuti dia á otro os liubian de dar 
guerra; no me quísisles creer: ya es liuclio , al prcseii- 
' te uo se puedo bacer mas de curaros y daros de comer; 
en vuestras cu^as estúis, descansad, é iremos luego ¡1 
Duestro pueblo y os aposentaremos; y no pienses, Mu- 
'iincbe, que babeisliecbo poco en escapar con las vi- 
' das de aquella tan fuerte ciudad y sus puentes; é yo difo 

> que si de antes os teníamos por muy esforzados , u luirá 
os tenemos en muclio mas, filen sé que lloran muchas 
mujeres é indios destos nuestros pueblos las muertes 

' (le stls hijos y maridos y hermanos y parientes; no te 
congojes por ello, y mucho debes á tus dioses, que te 

' lian aportado aqui , y salido de entre tunta multitud do 
guerreros que os aguarda baneotodeObtumba, que cua- 

, tro días había que lo supe que os esperaban paraosinatur. 

' Yo queriairenvuestrobuscacon treinta mil guerrerosde 

I los nuestros, y no pudesalir,íi causa que no estábamos 

I juntos y los andaba juntando, u Cortés y todos nuestros 
capitanes y saldados los abrazamos^ y les dijimos (|ue 
Ec lo teníamos en merced , y Cortés les diú a todos los 

'principales joyas de oro y piedras que todavía su esca- 
paron , cada cual soldado lo que pudo ; y ansimcsmo di- 
trios algunos de nosotros A nuestros conocidos de lo ijue 
leniamos. Pues qué tiesta y alegría mostraron con doda 

' Luisa y con doña Marina cuando las vieruii en salva- 
mento, y qué llorar, y qué tristeza tenían por los de- 
más indios que no venían, quo se quedaron muortos, 

> en especial el Masse-b)scaci por su bija doña Elvira , y 
lloraba la muerte do Juan Velazquez de León , á quíuu 
la clíú. Y d(.'sta manera fuimos ú la cabeza de Tlascalu 
COQ todos los caciques , y ú Cortés aposenturon en las 

k casal de Hasse-Escaci, y Xicotenga dio sus aposentos i 
fcdro de Albarado,y allí nos curamos y tornamos á 



DEL CASTILLO. 

convalecer, y aun se murieron cuatro soldados dé bts 
Iteridas, yá otros soldados no se les habían sanado. Y 
dejallo he aquí, y dirú loque mas pasó. 

CAPITULO CXSIX. 

Cdoio tuloiat i Ib cabecera j mayor gincbla de Tiuulti 
; loque lili i)asaiiios. 

Pues como liabia un dia que estábamos en el paobls- 
zuelo de üualiopar, y los cuciijues de Tlu<écala por mí 
nombrados nos hicieron aquellos ofrectniÍKntii^, quu 
son dignos de no olvidar y de ser gratificados, y hechos 
en tu I líeuqio y co} un tura; después que fuímus i la ca- 
beza y pueblo mayor de Tlascala , nos aposeutaroo, 
como dicbo tengo, parece ser que Cortés preguntó pur 
el oro que liabían traído alh, que eran cuarenta aiÚ pe- 
sos; el cual oro fueron las partes de los vecinos qua j 
quedaban en la Villu-Iíica; y dijo Slasse-Escaci y Xicw 
teugiiel viejo y un soldado de los nuestros,que su liabia 
alli qucdudo doliente, que no se liullú cu lo de Méjico 
cuando nos desbarataron, que liubian venido de la VUlu- 
llica un Juan de Alcántara y atros dos vecinos, ¿ que lo 
lluvaron todo porque traían carias de Cortés para quo 
se lo diesen; la cual curta mostró el soldado, que liubla 
dejado en poder dt:l Masse-Escací cuando te dieron el 
oro; y preguntando cómo y cuándo y en qué Ijcnipo lo 
llevó, ysabidoquerué, por iu cuenta de los días, cuando 
nos daban guerra los mejicanos, luego entendimos có- 
mo en el camino habían muerto y toniailo el oro, y Cur- 
ies hizo sentimiento por ello; y también estábamos 1 
con pena por no saber de los de la Villu-flica, no bulñe- 1 
son corrido nlgun desmán; y luego por la posta escri- 
bió con tres tlascaltecas, en que les hizo saber los gran- 
des peligros que ea Méjico nos habíamos visto, y cómo 
y de qué manera escapamos con las vidas , y no se les 
dio relación de cuántos faltaban de los nuestros; y que 
mirasen que siempre estuviesen niny alertos ys« ve- 
lamen; y que si hubiese algunos soldados sanos se los 
enviasen, y que guardasen inuy Lien al Narvaez y «I 
Salvatierra*, y si hubiese pólvora ó ballestas, porque 
quería lomar á correr los rededores de Méjico ; y taro- 
bien escribió al capitán que quedó por guarda y capi- 
tán de la mar, que se decía Caballero, y que mirase no 
fuese ningún navio á Cuba ni Narvaez se soltase ; y que 
si viese que dos navius de los de Narvaez, que queda- 
ban en el puerto , no estaban para navegar, que diese 
coB ellos ul través, j le enviase los marineros con todas 
lus armas que tuviesen ; y por la posta fueron y vcdvic- 
ron lüsmeusajeros, y trajeron cartas qiio «o Imbiaii te- 
nido guerras; quo un Juan de A Icánlara y los dos veci- 
nos que enviaron por el oro, que los debeu de liaber 
muerto en el camino ; y que bien supieron la guerra 
que en Méjico nos dieron, porque el cacique gordo de 
Ccmpoal se lo babia dicho; y ansimismo escribió el al- 
mirante de lu mar, que se decía Pedro Caballero, y di- 
jeron que liarían lo que Cortés les mandaba, é enviaría 
los soldados, é que el un navio estaba bueno, y que al 
otro daría ai través y enviarla ta gente, é que había po- 
cas marineros , porque Imbian adolescido y se babiau 
tnuerto, yque agora escribían las respuestas de las car- 
tas; y luego vinieron con el socorro que enviaban de 
la Villa-Uica, que fueron cuatro hotnbrcs con tres da 



CONQtlSTA DE 
r, que todos fueron sí^tc, ; venia par cepiían á<í- 
itñiiMéoifue se iIkcI» Lencera , cuya fué la venta 
dÍMo lie Lencero. Y cuando llegaron i TIb»- 
Teriiaiiilolionles f (lacn;, nmdias vceespor 
|MSttiein[io v Lurlnr di^llos decíamos : « El so- 
d«t Loncero;qoevfnio(i siete soldados, y los cinco 
I' ■ ■ vUisdoslilocliadiíí, coiiprandesbarri- 
urtiií.y (tigBmns lo que rttli en Tlascala 
kkMileciu can Xicoterii^a el tnozo, y de su mnla vo- 
, el ciul hnliia sido cnpilnn de Indn Tltií^eitla 
>no« dieron las piicrrns pnrtníoira* íecus diclms 
ipítulo que detlii lialiln. Y es el caío que, romn 

en aquella su ciudad que salimos huyendrt de 

1 ? fj«e nos linbían muerto inurlia rnpla de snlda- 
i»t<1e los nupstroscomn de los indios tlascallccas 
bian ido de Tlascala en nuestra compa¡ifa,y (]ue 

no« 6 nos socoirer é ampnriir en aquella provln- 
Xicolenpa el mnio andnbs convorando ú todos 
¡nenies y amigos, y á oíros que sentía que eran de 
ftatiiLid, y les decía que en unn i)oclie,<J de día, 
In mas aparejado tiempo viesen, que nos matasen, 
liaría amistades con el señor do Méjico, que en 
^^son habinn alzndo por rey á uno que se decía 
^^hi;yqtiedemásdesto,queen las mantas y ropa 
Bboioi dejado en Tlnscala ¿ guardar y el oro 
siedinmos de Méjico tendrían qué ruhar, y 
rían todos ricos con ello; lo cual alcanz<t á saber 
o Xicotenpa , su pndre , y se lo rifuS, y le dijo que 
Mtase tal por el ppnsamifiilo,queera mallierlio; 
ñ lo alcanzase ¡i saber Masse-Escaci y Cbicliime- 
le , que por ícnlura !e malarian, y al qi«í en tal 
irlo fuese ; y por mas que el padre se lo riñd , no 
deto que le decía, y todavía enlendia en su mal 
ito; j vinod oidos de ChirlMmeclolecle, que era 
migo mortal del mozo Xicotencn, y lo dijo i Mas- 
BMi , y acordiiron entrar en acuerdo y como ca- 
; y sobre ello llamaron al Xicotenga el viejo y los 
letde Guaxocingo, y mandaron traer preso ante 
icotengn el mozo, y Masse-Kscaci propuso un rá- 
llenlo delante de todos, y dijo que si se les acorda- 
bian oído decir de mas de cien años liasla enlon- 
t en toda Tlascala fiabian estado tan prósperos y 
tmno después que los teulcs vinieron á sus lacr- 
en todas sus provincias liabíaQ sido en tanto tc- 
y que tenían muclta ropa de algodón y oro, y co- 
mI, 1.1 que basta nlll no solían comer; y por do 
que itiua de sus ilascaltecas coa los teules les 
bonn pnr su respeto, puesto que aliara les lia- 
:rto en Méjico miiclios dollos ; y que tengan en 
íoria lo que sus antepasados les liabíun diclio 
W atea atrás, que de adonde sale el sol liabian de 
hombres que les habían de señorear; équo ¿i 
agora andaba Xícotrnf;a en aquellas traicto- 
IdadM, concertando de nos dar guerra y matar- 
ía era mal hecho, ú que no podia dar ninguna 
1 de Nts bellaqueri.Ts y maldudes, que siempre 
neerratlas en «u peclto ; y agora que los veía ve- 
aqoella manera desbaratad us, que nos había de 
pareen estando sanos volver sutire los pueblos 
ico, «US enemigris, quería hacer aquella traición. 
lu jithitinis que el Masse-EscacJ ; su padre Xi- 



^L■EVA-EÍ^PAf^A. '^ -« 439 

I cotenga el ciego le dijeron , el Xicotenga el mozo rcs- 
puiidió que era muy bien acordado lo quit decía por 
tener pucos con nu-jicanos, y díju otras cosas que mi 
puilieroo sufrir ¡ y luego so levantó el Musse-Escuci y 
d Cliidiimeclulecle y el viejo úa su padre, ciego como 
estaba, y lomaron al Xícoleiiga el niow por los cabezo- 
nes y de las mantas , y se las rompieron , y ú empujones 
y con palabras énjuriosas que le dijeron , le cebaron do 
I las grudas nbujo donde estaba, y lus maulas ludits rom- 
i pidus; y aun sí por el padre no fuera, le queriiin ina- 
. lar , y i lus demás que habían sido en su consejo echa- 
ron presos; y como estábomos allí retraídos, y no era 
tiempo dele castigar, no osú Cortés hablar mas en ello. 
Me traído esto'aqui 6 la memoria para que vean il; 
I cuánta lealtad y buenos fueron losde Tlascala, ycuAnto 
I les debemos , y aun al buen viejo Xicutenga, que á su 
' hijo dicen que le habla momlado mular luego que supo 
I sus tramas y traición. Dejemos cslo, ydigimios cúuio 
. habia veinte y dos días que estábamos en Hi|Uel pueblo 
: curándonos nuestras heridas y convalccieiido, y acordú 
Cortés que fuésemos & la provincia de Tcpeoca, qne cs^ 
taba cerca, porque allí liubian muerto mucbns de iiuet> 
Iros soldados y do los de iNarvacz, que se venían ú Mé- 
jico, y enniros puobíosque ostiinjuntndeTepeai.'a,que 
se dice Cuclml»; y como Cortés lo dijo rt nuestros ca- 
pitanes, y Qpercebian i los soldiidos de Nurvaez paro ir 
á la guerra, y como no eran tan acostumbrados li guer- 
ras y babiau escapado de la rota de Méjico y pueiiles 
de lo de Obtumba, y no vían la hora de so volver ú la isía 
de Cuba á sus indios é minas de oro, renepban de Cor- 
tés y de sus conquistas, especial el And rus de Duero, 
compañero de nuestra Cortés; porque ya lo iiabrin cii- 
lendido los curiosos lectores en dos veges que lo be 
declarado en los capítulos pasados, ciinio y de qué ma- 
nera fué la compuñía; maldecian el oro que le habia 
dado á él y ú los demás capitanes, que ludo so hnbiu 
perdido en las puentes, como babían visto las grandes 
guerras que nos dalian , y con haber escapado con lus 
vidas estaban muy contentos; y acordaron de decir í 
Corles que no querían ir á Tepeaca ni & guerra núigu* 
un, sino que se querían volver! sus cnsos; que bastaba 
lo que habinn perdido en haber venido de Cuba; y C^- 
tés les bíibló muy mansa y amorosamente, creyendo de 
los atraer para que fuesen con nosotros it lo de Tepea- 
ca ; y por mas pláticas y reprensiones que les diú, no 
querían ; y como vieron los de Narraei que con Corles 
no aprovechaban sus palabras, le hicieron requerimien- 
to en fornm delante de un escribano del Iley para que 
luego se fuese & la Villa^ltirn , poniéndole por delante 
que no teníamos caballos ni escopetas ni ballestas ui 
ptilvora, ni hilo paro hacer cuerdas, ni almacén; que es- 
lúliainos heridos, y que no habían quedado portados 
nuestros soldados y los de Narvaez sino euutrucionlo* y 
cuarenta soldados ; que los mejicanos nos tomarían to> 
dos los puertos y sierras y pasos, éque los navios, si 
nías «guardaban, secoinerian de broma; y dijeron en 
el requerimiento otras muchas cosas. V cuando se le 
hubieron dado y Icido el requerimiento ú Corles, si nm- 
cbas palabras decían en vi , muy muchas mas conlra- 
ricdadcs respondió ; y demis de«to , todos los mas de 
nosotros do los que habíamos pasado con Cortés ludijí- 



(10 '^ BERNAL DÍAZ 

mos que mirase que nú diese licencia d ninguno de los 
de Narvaez ni i otras personas para volver & CuIki, si- 
no que procurásemos todos de servir á Dios é al Itcy ; é 
que esto era lo bueno, y no volverle & Cuba. Cuando 
Cortés bubo respondido al requerimienlo , como vieron 
las personas que le estaba o roquerícndo que mucliosde 
nosotros uyuíláLamos el intento de Corlus yque les es- 
torbábamos sus granLlea importunaciones que sobre 
ello le liabluban y requerian, coa no mas de que decía- 
mos que no es servicio de Dios ni de su majestad que 
dejen desuntpiírado su cupitiin en las guerras, en liu de 
luucbus ruzúoos que pasaron , obedecieron para ir can 
nosotros ú las enlradits que se ofreciesen; mas fué que 
les prometió Cortés que eti babiendo coyualura los de* 

, jaría volver á su isla de Cubu; y no por aqueslo dejaroQ 
de murmurar del y de su couquislu , que tan caro les 
había costado en dejar sus casas y reposo y baberse ve- 
nido lí meter adeude no estaban seguros de las vidas; 
y mas decian, que si en otra guerra enlrisemos con el 
poder de Uéjicú, que uose podria excusar tarde ó tem- 
prano de teoella, que croíiui é tenían por cierto que no 
nos podríamos sustentar contra eltos eu los batallas, se- 
gún liabian visto lo do Méjico y pueules, y en iu num- 
erada de Oblumlia ¡ y mus decían, que nuestro Curt<is 
por mandar y siempre ser señor, y nosotros los que cuu 
él pas;ibamos no tener que perder sino nuestras perso- 
nas, asistíamos con ó!; y decían otros nmclios desati- 
nos, y todo se tes disimulaba por el tiempo en que lo 
decían ; mas no tardaron muchos meses que no les dio 
Ucencia para que se volviesen ú sus casas; lo cual diré 
en su tiempo y sazón, Y dejémoslo de repetir , j diga- 
mos de lo que dice el coronísta Gómora , que yu estuy 
muy barto de declarar sus borrones, que dice que le iii- 
Ibruiaron; las cuales informacioues uo son asi como él 
lo escribe ; y por no me detener en todos los capítulos 
£ tornallos á recitar y traerá Itt memoria cómo y de qué 
manera puso, lo be dejada de escribir; y abura paro- 

' ciéadome que en esto de este requerimiento que escri- 

' be que liicieron á Cortés no dice quién fueron los que 
lo bicícron , sí eran de los nutriros ó de los de Narvaez, 
•y en esto que escribe es por sublimar ú Corles y abatir 
6 nosotros los que con él pasamos - y sopan que liemos 
tenido por cierto loscouquiíítadores verdaderos que es< 
to vemos escrito, que le deltieron de granjear ul üó- 
mora con dádivas porque lo escribiese desta manoru, 
porque eu todas los batallas y reencuentros Éramos ¡üs 

^^ue fiosleoiaraos ú Cortés, y aliora nos aniquila eu lo 
que dice este coronísta que le requeríamos. También 
dice que decía Corles en las respuestas del mismo re- 
querimiento que para animarnos y esforzamos que eii~ 
viar¿ ¿ llamar 6 Juan Velazques de Leo» y al Diego de 
Ordás, que el uno dallos dijo estaba poíilaudo eu lo Ue 
Púnuco con trecientos soldados, y el olro en lo de Guu- 
cucuulcoconotros soldados, y tiu es un.sí; porque luego 
queíuimossobreMéjicoalsocorrodePedradeAibaradu, 
cesaron los conciertos que estaban beclios.que Juan Ve- 
laiquuz de León bubíu de ir á lo de Púnuco y el Diego de 
Ordás á lo de Cuacacualco , según mas largamente lo 
tengoescrito en el capitulo posado que solire ello ten- 
go hoclia rolaciou; parque estos dos capitanes fueron ú 
Méjico cou nosotros al socorro de Pedro de A.lbarado, 



DEL CASTILLO. 

y eu aquella dorrola el Juan Vclazquez de Lcnn quodii 
muerto en las puetites, y el Dícko de Ordíis salió muy 
muí berido de tres heridas que le dieron eu Méjico , se- 
gún ya lo tengo escrito cómo y cuándo y de qué arla 
pasó. Por manera que el coronísta Gómora, si como 
tiene buena retórica en lo que aH^ríbc , acertara i decir 
lo que pasó, muy bíeu fuera. También bu estado mi- 
raudo cuando dice en lo de la batalla deObtuniba,qua 
dice que sí no fuera por la persuna de Cortés que loílos 
fuéramos vencidos, y que él solo fué ul que la venció eti 
el dar, como dio el encuentro al que truia el estandarte 
y seun de Méjico. Ya lio dícito , y lo tomo ai;ora á decir, 
que ú Cortés toda la lionra se le dube^ como bueno y es- 
forzado capitán ; mas sobre lodo bemosdedargraciasá 
Dios, que él fuéservido poner sudivíua misericordia, coa 
que siempre nos ayudaba y sustentaba; y Cortés en te» 
iier tan esforzados y valerosos capitanes y valteutes sol- 
dados como tenia ; é ilespnés de Dios, con nosotros la 
dábamos esfuerzo y rompíamos los escuadrones y la 
sustentábamos, para que con nuestra ayuíla y de nues- 
tros capitanes guerreasen de la manera que guerrea- 
mos, como en los capítulos pasados sobre ello dicbo 
tengo; porquo siempre andaban juntos con Cortés lo- 
dos los capitanes por mi nombrados, y aun agora lostoi^ 
no á nombrar, que fueron Pedro de Albarado, Cristóbal 
deOlI.GonzalodeSaDdoval, Francisco de Moría, Luís 
Mario,Franciscode Lugo y Gonzalo Dombiguez, y otros 
muy buenos y vabeules soldados que no alcanzábamos 
caballos ; porque en aquel tiempo diez y seis caballos y 
yeguas fueron los que pasaron desde la isla de Cuba 
con Cortés , y no los babia , aunque nos costaran á mil 
pesos; y como el Gómora dice en su Historia que solo 
la persona de Cortés fué el que venció lo de Ob tumba, 
¿por qué no declaró tos heroicos liecbos que estos nues- 
tros capitanes y valerosos soldados bicimos en esta ba- 
talla? Ansí que, por estas causas tenemos por cieno 
que por ensalzar á Cortés solo lo dijo , porque de nos- 
otros uo liace mención; si u a, pregúnteselo á aquel muy 
esforzada soldado quese decía Cristóbal de UIe>t, cuán- 
tas veces se bailó eu ayudar á salvar la vida á Cortés, 
basta que en las puentes cuando volvimos sobre Mójico 
perdió la vida él y otros ranchos soldados por le i>iilv.ir. 
Olvidado se mo había de otra vez que le salvó en lo da 
Suchimileco , que quedó mal berido el Olea; é pura que 
bien se entieuda esto que digo, uno fué Cristóbal do 
Olea y otro Cristóbal de Oii. También lo que dice ol 
coronísta en lo del encuentro con el caballo que dio al 
capitán mejicano y lu hizo abatir la bandera , ansí es 
verdad; mas ya be dicbo otra vez que uu Juan de Sala- 
manca, natural de la villa de Ouliveros , que después do 
ganado Méjico fué alcalde mayor de Guacacuaico, es 
el que le dio una lanzada y le raaló y quitó el rico pfr* 
nacho que llcvalia, y se le dio el Salamanca i Cortés ; y 
eu majestad, el tiempo andando, lo dio por armas al Sa- 
lamanca; y esto lio traído aqui á la memoria, no por 
dejar de ensalzar y teuelle en mueba estima lí nuestro 
capitán Cortés, y débesele todo lionory prez é honra 
de todos las batallas é vencimientos bosta que ganamos 
esta Nueva-España, como se suele dar on Castilla á los 
muy nombrados capitanes, y como los romanos daban 
triunfos á Pompcyo y Julio César y á los Cipiones; niiis 



CONQUISTA DE 
I de loores es Duoslro Cortas que no los romanos. 
lien iliw! el tnismií Gínnoru que Corles itianriú ma- 
•VMcreUmfntc á Xicolcnga el mozo en Tlascala por 
h* irakioDCS quo indaba concerlando para nos ma- 
lo', como anlcs he dicho. No pasa ansí como dice ; quo 
I ki mandó ahorctr fué en un pueblo junto á Tez- 
I , como afielante diré sobre qué Tuú; y tamhieii di- 
«•Otccomnistaque iban tantos millares de indios con 
i á laseotradas, que no llene cuenta ni razón en 
eoño pone; y también dice de las ciudades y 
if poblaciones que eran tantos millares do ca- 
;, no cteodo la quinta parle; que si se suma todo lo 
I pone en su Itistoría , son mas millones de liombrcs 
i«o toda Castilla esián poblados , y eso se le da po- 
' mil que oclicnta mil , y en esto se jacta, crcveudo 
t w muy apacible su Historia & los oyentes no d¡- 
I io que pasú; miren los curiosos lectores cuúnlo 
ti d« su historia á esta mí relücioo , en decir letra por 
l«tra lo acaecido, y no miren h retórica ni ornato; que 
y» cosa vista es que es mas apacible que no esta tan gro- 
i; mas iuple la verdad la falta de pliltica y corta 
. Dejemos ya de contar ni de traer á la memoria 
los borrones declarados, y cómo yo soy mas obligado á 
óteir la verdad de todo lo que pasa quo no á lisonjas; 
y deinis del daño que liizo con no ser bien inrormado, 
ba dado ocasión que el doctor llléscas y Pablo Jobio se 
I por MU palabras. Vulvamoi á uuestra bisloria , y 
i «¿010 acordamos ir sobre Tepcaca; y loque 
pMÍ «Dlt «iilrada diré adelante. 



r 



CAPITULO CXXX. 

latinos i b ptotlsda de Tfpeica, i lo que en elii tilclmos; 
j oiru CB&Í& que pasan) d. 

Como Cortés Imbia pedido ú los caciques de TIuscala, 
ya Otns veces por mi nombrados, cinco mil bombres 
dogoerra para ir ú correr y castigar los pueblos adon- 
4ÍS habían muerto españoles , que era á Tepeaca y Ca- 
dnüa y Tecaroachalco , que estaría de Ttascala seis ó 
sMe leguas, de muy entera folunlad tenian aparejados 
ctiatio mil indios; porque, si mucha voluntad te- 
nosolros de ir i aquellos pueblos, mucha mas 
el Uassc-Escaci y Xicotenga el viejo, parque 
lasÍMbiiii««oida ú robar unas estancias y tenían volun- 
ta^ds enviar gente de guerra sobre ellos, y la causa fué 
«la: porque, como los mejicanos nos echaron de Méji- 
co» segUD y de la manera i|ue dicho tengo en los ca{>í- 
lillas pasodosque sobre ello hablan, y supieron que en 
nMCala nos habíamos recogido, y tuvieron por cierto 
qae an estando sanos que habíamos de venir con el po- 
dacdo Ttascala á cortalles las tierras de los pueblos que 
OIBB cercanos conCnan con T lasca la ; á este cfelo cn- 
viiroa i lodas las provincias adonde sentían que habia- 
■aidaimiiKbos escuadrones mejicanos de guerreros 
fWMiUviesen en guarda y guarniciones, y en Tepeaca 
aMteia mayor guarnición deilos. Lo cual supo el Mas- 
■a^MKÍ j al Xicoleoga, y aun se temían dedos. Pues ya 
^Mladosestáiiemos Apunto, comenzamos ¡i caminar, y 
«a aquella jomada no llevamos artillería ni escopetas, 
por^o todo quedó cu iaspuentes; é ya que algunas esc o- 
polMeaeaparon, no teníamos pólvora; y fuimoscondíez 
y sieta dtéatiíallo yseísbaltestasycua trecientos y veinto 



NUEVA-ESPAÑA. ' ' líi 

I soldados, los mas de espada y rodela, y con obra de cua- 
tro mil amij;o5 de Tlascala y el bastimento para un dia; 
porque las tierrasadondc íbamos era muypobladoy bicji 
obostecído de maíz y gallinas y perrillos de la tierra; 
y como lo ten ¡amos de costumbre , nuestros corredores 
del campo adelante; y con muy buen condorlo fuimos 
á dormir obra de tres leguas de Tepeaca. E ya tenian 
alzado todo el fardaje do las estancias y población por 
donde pasamos, porque muy bien tuvieron noticia cómo 
íbamos & su pueblo; é porque ninguna cosa hiciésemos 
sino por buena urden y justilicadamento. Cortés los 
envió á decir con seis indios de su pueblo de Tepeaca, 
que habíamos tomado en aquella oslancta , que para 
aquel efcto los prendimos, 6 con cuatro de sus mujeres, 
carao íbamos á su pueblo ósaberétnquirir quién y cuín- 
tos se hallaron en la muerte de mas de diez y ocbo es~ 
pñoles que mataron sin causa ninguna , viniendo ca- 
mino para Méjico; y también veníamos i saber d qué 
causa tenían agora nuevamente muchos escuadrones 
mejicanos, que cnn ellos habían ido á robar y sulleíir 
unas estancias de Tlascola, nuestros ani¡;;os; que les 
ruega que luego vengan de paz adonde estillamos para 
ser nuestros amigos , y que despidan do su pueblo & los 
mejicanos; sí no, que iremos contra ellos como rebeldes 
y matadores y salteodorcs de caminos, y les castigaría 
i fuego y sanf;re y los daría por esclavos; y como fue- 
ron aquellos seis indios y cuatro mujeres del mismo 
pueblo, si muy Doras palabras les enviaron rt decir, mu- 
cho mus bravosa nos dieron la respuesta con los mismos 
seis indios y dos mejicanos que veniau con ellos ; por- 
que muy bien conocido tenían do nosotros que ti ningu- 
nos mensajeros que nos enviaban hacia dios ninguna 
demasía, sino antes dalles algunas cuenius paraalrac- 
llos; y con estos que nos enviaron los do Tepeaca, fue- 
ron las palabras bravosas dichas por los capitanes me- 
jicanos, como estaban vitoriosos délo de lus puentes do 
Méjico ; y Cortés les mandó dar á cada mensajero una 
manta, y conollos les tornó á requerir que viniesen á lo 
ver y hablar y que no hubiesen miedo; é que pues ya los 
españoles quo habían muerto no los podían dar vivos, 
que i-engan ellos de paz y se les perdonará toilr)S los 
muertos que mataron; y sobre ello se les escribió una 
carta; y aunque sabíamos que no lu habían de entender, 
sino como vían papel de Castilla tenían por muy cierto 
que era cosa de mandamiento; y rogó ú los dos meji- 
canos que venían con los de Tepeaca como mensajeros, 
que volviesen á traer la respuesta, y volvieron; y lo quo 
dijeron era , que no pasásemos adelante y que no vol- 
viésemos por donde veníanlas, sino que otro día pen- 
saban tener buenas hariazgas con nucslroscuerpos, ma- 
yores que las de Méjico y sus puentes y la de Obturaba; 
y como aquello viú Cortés comunicólo con todos nues- 
tros capitanes y soldados, y fué acordado que se bicieso 
un auto por ante escribano quo diese fe de todo lo pa- 
sado, y quo se diesen por esclavos á lodos los aliados do 
Méjico que hubiesen muerto españoles , porque habien- 
do dado la obediencia úsu majestad, se levantaron, y 
mataron sobre ochocientos y sesenta de los nuestros y 
sesenta caballos, y & los demás pueblos por salteadores 
de caminos y matadores de hombres; é liecbo este auto, 
envióse les d hacer saber , amonestándolos y rcquirien- 



REDNAL iilAZ 

' do con la pai ; y ellos tomaron á dceir (¡iie si luepn no 
nos volvíamos, que saldrían á rosmnlnr; y se npcreiliie- 
ron para ello, y nosotros lo mismn. Otro «lía liivimos en 
un llano ona hiipna balalla con los rnejicaiios y lepea- 
quenos ; y como el campo era labranzas de maíz é ma- 
(jueyalcs, pueMo (]ue peleaban valerosamente los meji- 
cano*!, presto fueron rfesljaratados por los de icnlialln, 
j los (|tie no loa leniamos no citábaiiyos de espacio; 
pues ver á nuestros amigos de Tiascala tan animosos 
cómo peleaban con ellos y les siguieron el alcance; allí 
Imbo muertes de los mejicanos y de Tepeaca moclio«, 
y de nuestros amigos los do Tlascula tres, y birieron 
dos caballos, el unosemuriiS, y lembien birieron dora 
dettueslros soldados, mas no de suerte que pelifirii nín* 
^'UMO. I'ues scguíJa la víloria , allegáronse nmcbas in- 
fiias y mucbacbos que se tomaron por los campos y ca- 
sos; quo hombres no cnríbamns dellos, quo los tlascul- 
teeaslos llevaban por esclavos. Pues como los de Te- 
peuca vieruii que con el bravear que bacían los mejicanos 
que leninnensu pueblo y^uarnicion eran ilcslmrataclos, 
y eltrisjimlamenlocon ellos, acordaron qtie sindecillcs 
cosa uiaguna viniesen sdivuile cslábamos; f los recebi- 
mos de paz y dieron la obediencia á su majestad, y eclia- 
ron los mejicanos de sus casas, y nos roímos nosotros ul 
pueblo de Tepeaca, adonde se fuad6 una vilfaque se 
nombró la villa de Segura de la Frontera, porque estaba 
isn el camino déla Villa-Rica, en una buena comarco Je 
I buenos pueblos sujetos á Méjívo , y babia mucbo maíz, 
} guardaban la raya iiitesl ros amigos lostle Tlascala; y 
j allí se nombraron alcaldes y ref^irtores, y se diú orden 
[en cúmose corriese los rededores sujetos ú Méjico, en 
¡especial los pueblos adonde liabian muerto espnñoles; 
f j^alli hicieron hacer el hierro conque se habían de hcf- 
[rarlosquese tomaban por esclavos, que era un» G, que 
I quiere decir guerra. Y de^de la villa de Segura do la 
[Frontera eurrimos todos los rededores, que Tuc Cachola 
jTeceniecbalco y el pueblo de lasGuayaguas, yolras 
pueblos que no se me ai'uenla el nombre; y en luJe 
! Cacliula lutí adonde habían muerto en los apuiientos 
r quince españoles; y en este de Cacbula liubimos mu- 
[cha« esclavus, de manera que en obra de cuarenta días 
nvímos aquellos pueblos pacílicos y castigados. Ya en 
j aquella sazou habían alzado en Méjico otro señor pur 
rey, porque el señor que nos ecbd de Méjico era fiilte- 
l eído de viruelas, y aquel señor que hicieron rey era un 
IflobrínoiJ pariente muy cercano del gran Monlezunia, 
' 4]ue se decía Cuutemuz, mancebo de hasta veinte y cin- 
co oños, bien gentil hombre para ser indio, y muy es- 
forzado; y se hizo temer de lal manera, que todos los 
suyos temblaban del ; y estaba casado con una hija de 
¡ VoDlezama-, bien hermosa mujer para ser india; y como 
esteCuatemnz, señor de Méjico, supo cómo habíamos 
desbaratado los escuadrones mejicanos que estaban en 
Tepeaca , y que liabian dado la obediencia á su majes- 
tad del emperador Carlos V , y nos servían y daban 
de comer, y estábamos aití poblados ; y temió que les 
correríamos lo de (íuaiaca y otras provincias, y que i 
todos les alraeríanios á nuestra amistad, envió A sus 
mensajeros por todos los pueblos para que estuviesen 
muy alerta con lodaf sus armas, y & los caciques ¡ps 
daba joyas de oro, y i otros perdonaba los tríbulos; y 



DEL CASTILLO. 

sobre todo, mantlaba ir muy grandes capitanes y guar- 
niciones de gente de guerra para que mirasen no le* en- 
trásemos en sus tierras; y les enviaba <J decir que pe- 
leasen muy reciamente con nosotros , no les acaecíeSB 
como en lo de Tepeaca, ailunde estaba nuestra villa 
duce leguas. Para que bien se entiendan los nombres 
deslos pueblos, un nombre es Cacbula, otro nombre 
esGuacachula. Y dejaré de contarlo que en Guacacbu- 
la se hizo, hasta su tiempo y lugar; y diré cómo en aquel 
tiempo É instunle vinieron de la Villa-Uicn mensajero* 
cúmo había venido un nuviode Cuba, y ciertos soldados 
en él. 

CAPITULO CX.V.VL 

CiMa fino un niita d( Cuba qae rnvlabí ttie^a Veliiqaet, é »• 
mi ea H |i»r caiiltin I'cdro Barba , .r 1« manera qnp «I ilmíris-' 
n> que át¡á iiurslni Cartas iiur guiicila de ti mar teaii pan ¡M i 
l<i'i!D>lcr, y es <l»bi m^ocn, 

Pues como andábamos en aquella provincia de Te- 
peaca, castigando álosque fueron en la muerte de nues- 
tros compañeros, que fueron diez y ocho losque ma- 
taron en aquellos pueblos , y alrajéndolos de paz , y 
lodos dabau la obediencia ii su majestad ; vinieron car- 
las de la Villa-Hice cúnm habia venido un navio al puerto, 
y vino en él por capitán un hidalgo que se decía Pedro 
Barba, que era muy amigo de Cortés; y este Pedro Bar- 
ha había estado por teniente del Diego Velazquez en la 
Habana, y traía trece soldados y uneaballo y una yegua, 
porque el navio que traía era muy chico; y traia carl:<s 
para Páiiblo de Narvaez , el capitán quo Diego Velaí- 
quei habia enviado contra nosotros, creyendo queesla- 
ba por 61 la Nueva-España , en que le enviaba ú decir d 
Diego Velazquez que si acaso no habia muerto i Cop- 
ies , que luego se le enviase preso í Cuba, para envíallft 
lí Castilla , que ansí lo mandaba donjuán Rodrigue! do 
Fonseca , obispo de Burgos y arzobispo de Rosana, 
presidente de Indias, que luego fuese preso con oíros 
de nuestros capitanes; porque el Diego Velazquez leuia 
piir cierto que éramos desbaratados , ó á lo menos que 
Narvae? señoreábala Nueva-España. Pues como el fe- 
(iro Barba llegó al puerto con su navio y echó ancla«, 
luego le fué ú visitar y dar el bien venido el almirante 
de la mar que puso Cortés, el cual se decía Pedro Ca- 
ballero ó Juan Caballero, oirás veces por mí nombrado, 
con un batel bien esquifado de marineros y armas en- 
cubiertas, y fué al navio de Pedro Btirba; y después de 
hablar palabras de buen comeriimiento , qué tal viene 
vuestra merced, y quitar las gorras y abrazarse unos 6, 
otros, como se suele hacer, preguntó el Pedro Caballe- 
ro por el señor Diego Vela):quez .gobernador de Cuba, 
qué lal queda , y responde el Pedro Barba que bueno; 
y el Pedro Barba y los demás que consigo iraian pr»- 
guntan por el señor Panfilo de Narvaez , y cómo letn 
con Cortés ; y responden que muy bien , é que Corldt 
amia huyendo y al/jido con veinte de sus compañero!!, 
é quo Narvae! está muy próspero é rico , y que la tierra 
es muy buena; y de plática en platícale dicen al Pedru 
Barba que allí junto estaba un pueblo , que desem- 
barque é que se vayan ü dormir y estar en él , que les 
traerán comida y lo que hubieren menester, que para 
flolo aquello estaba señalado aquel piieblo; y tantas pa- 
labras tes dicen, que en el batel y en otros que luego allí 



CONQUISTA OE 
de Im olrot navios que petaban surtos I us. sa- 
lí tkna, ycuindo lusvieruo fu^radel na%'io, y 
í«pía de marineros junto con el almirante f'edro 
ro , tlijeron al Pedro Barba : «Sfd preso por el 
pilao Cortés, mi señor;» y ansí los pruiidienn.y 
inesfMniados, y luego les sacaban del uavío Ins 
timna y igiijiis , y liis envinbiiii adonde p>itiibu- 
Corlé» fii Tepeaca; por los eiinips bubtumo» 
', con el socorro que venia en el mejor tiempo 
Mr; porque en aquellas entradas que lie di- 
tfaacrtmos, no eran tan en íalvo, que inucbas de 
•nidados do quedábamos beridos, y otros ado- 
del Irabiíji»; porque, de sanRru y pulvoque esta- 
do en las entrañas, no ccb libamos otra cosa del 
y por la boca, como truíamos siempre los armas 
u y lio parar noeltes ni días ; por manera que ya 
•n tiiuiTtr» cinco de nuestros soldados de dolor 
en obra de quince dias. También quiero de- 
teoDeste l'edro Itarba vino un Francisco López, 
ly regidor que {uí' de Guatitnala , y Cortés bacia 
bonra al l'edro Barba , y Je liizu copilan de ba- 
>, y diú Duevas que est^lm otro navio cliico en 
fue I« queria enviar el Diego Yelazquez cou cabi 
inentos;el cual vinodende úocbo dius, y venia 
Wcapitan un hiduigo natural de Medina del Cam- 
se decía Itodrigu Morejoo de Lobera , y iruiu 
ocbo aoldados y seis batiuslas y mucbo bilo 
lerdas, é una ye(:uu; y ni mas ni menos que ba- 
mdtdo al i'edru Barba , ansí liicieron á este Ro- 
le Horejun , y luego fueron á Segura de la tron- 
cón lodos ellos nos ule^'ramos, y Cortés les liacia 
I lioura y les daba cargos; y gracias á Dios, ya nos 
I furtalecienda con ¡cuidados y ballestas y dos ó 
mIIos mas. Y dejallo lie aquí, y volveré á decir 
nGuacacbula tiaciaii los ejércitos mejicanos que 
60 frontera , y cúmo los caciques de aquel puc- 
ieroo secretamente á demandar favor á Curtes 
ÉtUea de alli. 



> 

■ 



CAPITULO CXXXII. 

Jr dúit-tthaii ^iaíeroa i demiodir fiTor & Corlftí tohit 
:ii<-|K:iao» l0i iníibia Bul jr luí rubaban, ; Ij 

. miu. 



dictio que Gualemuz, señor que nuevamente 
ido [lor rey de Hípico , enviaba grandes guurni- 
é sus fronteras ¡ eu especial enviú una muy po- 
,j d« mucha copie de guerreros á Guacacliula , y 
Ü/ucar, que estaba dos d tres leguas de tiuaca- 
porque bien tcniiii que por alli le liabiamos de 
tieiTasy pueblos sujetos á Méjico; y parece 
•avió taola multitud de guerreros y co- 
señor, liacian mucbos robos y tuerzas 
de aquellos pueblos adonde estaban apo- 
y lautas, que nu les podían sufrir los de oqne- 
RrÍDCii, puniue decían que les robubau tas man- 
■ii y gallinas y juyos de oro , y sobre lodo, las 
lanjeres si eran bermosas, y que las furtabau 
idCHK maridos y padr«s j parientes. Comooye* 
tirqneioadel pueblo de CboluJa estaban lodAs 
pea y aoeegtdos decpaée que los mejictnos 
en 41, y tgurt oosimesmo en lo de Tepeaca 



NUEVA-ESPaSa. U3 

y Tecantacbalco y Cocliulo, á eíla causa vinieron ruolro 
prinnipales muy secretamente de aquel pueblo, por mí 
otras veces uombrudo, y dicen & Cortés que puvíb teu- 
les y caballps á quitar aquellos robos y agravios que les 
bacian los mejicanos, é que todos los de aquel pueblo y 
otros comarcanos nos n)-udarian para que ma tusemos i 
los escuadrones mejicanos ; y de que Cortés lo oyó, luft- 
go propuso que ^ese por capitán Cristóbal de Olí con 
todos los mas de á caballo y ballesteros y con gran co- 
pia do llascaltecas; porque con la ganancia que los de 
Tlaseala babian lievndo de Tcpeaca, baldan venido i 
nuestro real é villa muchos mas llnscalleras; y nom- 
bró Cortés para ir con el Cristóbal de Oli i ciertos ca- 
pitanes de liis que hablan venido cou Narvacz; por ma- 
nera que llevaba en su compañía sobre trecientos sol* 
dados y todos los mejores caballos que Icuíaroos. E 
yendo que iba con todos sus compañeros camino de 
aquella provincia, pareció ser que en el camino dijeron 
ciertos indios á los de Narvaez cómo estaban lodos Jos 
campas y casas llenas de gcnle de guerra de mejicanos, 
muebo mas que los de Oblumba, y qite estaba alli con 
ellas e) Guale muz, señor de Méjico; y tantas rn$as di- 
cen que les dijeron, que atemorizaron li los de.Narvucz; 
y como no teruan buena voluntad de ir ú entradas ni 
ver guerras, sino volverse i su isla de Cuba, y como lia- 
bian escapado de la de Méjico y calzadas y puentes > la 
de Oblumba, no se querían ver eu otra como lo posado; y 
sobre ello dijeron los de N'arvaez tantas cosas al Crístá- 
batde Oli, que no pasase adelante^ sino que se volviese, 
y que mirase no fuese peor esta guerra que las pasadañ, 
dontlc perdiesen las vidas ; y tantos inconvenientes Ir 
dijeron, y dábanle li entender que si el Cristóbal do Olí 
quería ir, que fuese en buen liora, que mucbos dellos 
no querían pasar adelante; de modo que, por muy es- 
forzado que era el capitán que llevaban, aunque les de- 
cía que no era cosa volver, sino ir adelante, que buenos 
caballos llevaban y mucha gente, y que si volviesen oa 
paso atrás que los indios los temían en poco, é que en 
tierra llana era, y que no quería volver, sino ir a'lelanle; 
y para ello, de nuestros soldados de Cortés le ayudaban 
á decir que no se volviese, y que en otras entradisy 
guerras peligrosas se habían visto, éque, gracias á Dios, 
liabiaa tenido vitoria, noaprovecluicosa ninguna ron 
cuanta les decían; sino por vía de ruegos le Irastornaron 
su seso, que vulvíesen y que desde Cbolula escribiesen 
i Cortés sobre el caso; y así, so volvió; y de que Corles 
lo supo, se enojó, y otivió á Cristóbal de Olí otros dus 
ballesteros, y le escribió que so maravillaba de su buen 
esfuerzo y valentía, que por palabras de ninguna dejase 
de ir i una cosa sefialada como aquella; y de que el 
Cristóbal de Oli vio la carta, hacía bramuras de enojo, 
y dijo i los que tal le aconsejaron que por su causa ha- 
bía caído en falla, Y luego, sin mus determinación, les 
mandú fuesen con él, ¿que el que no quisiese ir, que se 
volviese al real pur cobarde, que Cortes le castigaría oñ 
llegando ; y como iba hecho un bravo león de ennjo con 
su geiue camino de Guacachula , autes que llegasen 
con uua legua, le sabcron á decir los caciqtiesde aquel 
pueblo de la manera y arte que estaban los de Cu lúe, y 
cómo hiibk de dar en ellos, y de qué manera había da 
ser ayudado; y como lo hubieron enliiadido, apcrcebió 



f4l BERNAL HWZ 

los de & caballo y ballesteros y soMaJos, y según y de 
Id njanera que tenían en el concierto da en Ins de Cu- 
lúa ; y puesto que pelearon muy bien por un buen rato, 
y lo hirieron ciertos soldados y mataron áus cniíallos y 
[lirieron otros ocim ea unas Tuerzas y olburradas que 
. estaban en aquel pueblo, en obra de tina bora estaban 
! ya puestos en buida todos los mejicanos; y dicen que 
nueslrus tlascaltecas que lo liicieron muy varonilmen- 
te, que mataban y prendiun muchos dellos , y como !es 
Ayudaban todos los de aquel pueblo y provincia , lucie- 
ron muy firande estrago en los mejicanos, que presto 
procuraron retraerse é liacerse fuertes en otro gran 
pueblo que se dice Ozucar, donde estaban otras muy 
grandes guarniciones de mejicanos , y estaban en gran 
ibrlaleza, y quebrüron una puente porque no pudiesen 
pasar caballos ni el Cristóbal de Olí; porque, como ¡jo 
diclio, andaba enojado, beclio un tigre, y no tardó mu- 
len aquel pueblo ; que luego se fué (i Ozucar con to- 
I los que le pudieron seguir, y con los amigos de 
GuDcacliulii pasó el rio y dio en los escuadrones meji* 
canos, que de presto los venció, y elli le mataron dos 
caballos, y á ¿I lu dieron dos heridas, y la una en el 
muslo, y eí caballo muy bien herido, y estuvo en Ozucar 
dos días; y como Codos los mejicanos fucroa desbara- 
tados, luego vinieron los caciijuos y señores de aquel 
. pueblo y de otros comarcanos A demandar paz, y se 
dieron por vasallos de nuestro rey y señor; y como lo- 
do (\i& paciflco, se fué con todos sus soldados ú nuestra 
TÍlIu de la Froutera. Y porque yo no fui en esta entra- 
da, digo en cila relación que dicen que pasó lo que lie 
diclto ; y nuestro Corles le salió i recebir, y todos nos- 
otros, y bubimos mucho placer , y reíamos de cómo ie 
lia bían convocado á que se volviese, y el Cristóbal de 
Olí también reía, y decía que mucbo mas cuidado le- 
. iiían algunos de sus minas y de Cuba que no da las ar- 
mas, y que juraba ó Dios que no le acaeciese llevar 
consigo, si ú otraenlraila fuese, síuo de los pobres sol- 
dados de los de Cortés, y no de los ricos que venían de 
Karvae;;, que querían mandar mas que no él. Dejemos 
ilfl platicar mas dcsto, y digamos como el coronista Gú- 
Oíara. dice en su Historia que por no entender bien el 
Cristóbal de Olí A los naguatatos 6 intérpretes se val- 
vía del camina de Guacacliula, creyendo que era truto 
doble co ntra nosotros ; y no fué ansi como dice , sino que 
los mas principales capitanes de los del Narvaez, como 
les decían otros indios que estaban grandes escuadro- 
nes de niejieanos juntos y mas que en lo de Mt-jico y 
Oblnmba, y que con ellos estaba el señor de Méjico, que 
so decía Gualemuz, que entonces te Itabian alzado por 
rey, como babiau escapado tan mal parados de lo de 
Méjico, tuvieron grande temor de entrar éü aquellas 
botallos, y por esia causa convocaron al Cristóbal de 
Olí que se volviese, y aunque todavía porfiaba de ir 
■delante, esta es la verdad. Y también dice que fué el 
diismo Cortés ú aquella guerra cuando el Cristóbal de 
OKse volvía ;no fué ansí.que el mismo Crislúhal de Oli, 
maestre de campo, es el quel'ué, como dicbo teng-o. 
También dice dos veces que los que i n formaran á los 
deNarvaez cómo estaban los mucbos millares de indios 
juntos, que fueron los do Guaiocingo, cuando pasabua 
por aquel pueblo. También digo que so engañó, por- 



DEI, CASTILLO. 

que claro está que para ir desde Tepeaca & Cachula no 
babian do volver atrás por Guaxocíngo, que ero ir como 
si estuviésemos agora on Mcdíua del Campo , y pam ir 
& Salamanca tomar el camino por Vailadolid; no ea 
mas lo uno en comparación de lo otro. Y dejemos ya 
I esta maleria, y digamos loque masen aquel iostuito 
I aconteció, é fué que vino un navio al puortu del peñol 
del Nombro-Feo, que se decía el Tol de Bemol , junto i 
laVílla-Bícfl, que venia de lo de Panuco, que era délos 
que enviaba Garay, y veníaen él por capitán uno queso 
decía Camargo , y lo que pasó adelante diré. 

' CAPITULO CX.X.X1II. 

i Cdmj) .ipnrlit al ftüul y puerto que titíi jiulo i la Vilti-RlM «* 
I navio <Ji! ÍD> lie Frandsto Gara), que liibia eairiada i potibr 
el rio de r^n ueo , ; lo que lolire ella üiis pasd. 

Estando que estábanlos en Segura de la Frontera, do 
la maneraqueen mi relación babrún oida,v(meroncar- 
lasú Cortés cómo había aportado un navio de los que el 
Francisco do Garay había enviado á poblar á Panuco, ó 
que venia por capitán uno que se decía Fulano Camar- 
I go, y traía sobre sesenta soldados, y todos dolientes y 
muy amarillas éiúnchudas las barrigas, y que liabían 
dicho que otro capitán que el Garay había enviado á po- 
blar á l^únuco, que se decía Fulano Alvarez Pinedo.qne 
los indios del Panuco lo babian muerto , y á todos tos 
soldados y caballos que había enviado á aquella pro- 
vincia, y que los navios so los habían quemado; y que 
este Camargo, viendo el mal suceso, so embarcó con 
los soldados que dicho tengo , y se vino ú. socorrsr & 
aquel puerto, porque bien tenía noticia que estábaom 
poblados allí , y ú causa que por sustentar tas guerras 
con los indios no tenían qué comer, y venían muy flt- 
cos y amarillos é liincbados ; y tnas dijeron , que el ca- 
pitán Camargo había sido fraile dominico, é que había 
iiecho profesión ; los cualos soldados, con su capitón, so 
fueron luego su poco á poco ú la villa de la Fronten, 
porque no podiau andar ¡1 pié de lia eos; y cuando CoT' 
tés los vio tan liiticbados y amarillos, que no eran para 
pelear, harto teniainosquc curar en ellos; al Camargo 
bizo mucha honra, y lí todos los soldados , y tengo que 
el Camargo murió luego , que no me acuerdo bien qné 
se hizo, y tambiensu murieron mucbos soldados; y co' 
toncos por burlar Íes llamamos y pusimos por nombre 
lospauzaverdetes, porque traían las colores de muer- 
tos y las barrigas muy hinchadas; y poruo roe dete- 
ner en contar cada cosa en qué lienipo y lugar aconte- 
cían, pues eran todos los navios que en aquel tiempo 
venían !l la Villa-Rica del (¡aray, y puesto quese\mie- 
ron los unos de tos otros un mes delanteros, bagamos 
cuenta que todos apartaron d aquel puerto , agora sea 
un mes antes los unos que los otros ; y esto digo por- 
que vino luego un Miguel Díaz de Auz, aragonés, por 
capitán de Francisco de Garay, el cuul le enviaba para 
socorro alrapítau Fulana Alvarez Pinedo, que creía que 
estaba en Panuco ; y como llegó al puerto del Panuco, 
y no bolló ni pelo de la armada de Üaroy , luego enten- 
dió por lo quo vido que te habían nmerto ; porque ai 
Miguel Díaz le dieron guerra, luego que llegó con un 
navio, los indios de aquella provincia , y por aquel efclo 
vino ú aquel nuestro puerto y desembarcó sussoldade^ 



CONÜilSTA DE 
iDuderincoünta, ymofl EiolcralKtrius.y se 
;o para dondti «slábunios con CurU's; y esle fué 
•Ocurro ¡f d1 nifljor tiempo qm! le liaUiainos 
T. Y pomqiK) bien s«|iiiti (]uíéii fué este Miguel 
Aut, iligó jro qtte sirvió muy bien ii su muJesUiJ 
lo que M ufreció eti ins guerras yconquisius tl« 
iw, y eslc ruó el i]iie Irojo pieilo, después 
ti ^í^leTa-Eíp!lí^a, cuii un cuñiido de Curtes, 
;dectt Amlrú^ «te barrios, naturiil tt» Sevilla, que 
■HM«i dartzadttr, sobre ul pleito de la tnilud de 
, qua se sviiteiició (tcspuús con que ledéii la 
Itf que reiilure el [lueblD, nms de d.>s tnll yqui- 
W pesos de su parle, con tal que uu cutre eii el 

E>r (los aíius, porque en lo que te acusaban era 
1 inui'rlo ciertos indios en aquel pueble y en 
liMbían tenido. Uejenios de lialikir dcsio, y 
los que desale ú pocu^ dius que Mif^uel Uímz ile 
tiia venido ¡t uquel puerto de lu luuueru que ili- 
I, aportó luc^o oiro nuvjo que euviutia el inis- 
:} ea ayuda y socorro de su unnudu , creyendo 
cstabotí buenos y stmos en el rio ile I'áuuco, 
aé\ ¡lorcapltmi uu viejo que se decía Runñrex, 
bon)br« anciano , y ú esta causa le llatnatnos 
«J f íejo , porque Imbia en nuestro reul dos Ita- 
,f tnia Htbre cuareula soldüdos y diez caballos é 
y taÜesteros y otras armas ; y el Francisco de 
kacia tiiiio ecliar unos navios tras de ulros al 
,y li»doeni íuvorecery enviar socorro ú Corles, 
na ftirluoa le ocurría, y ú nosotros era de gran 
y todos estoj de Caray que dicIro tengo fueron 
, adunde cstiibanios; y porque los soldados 
ík M<(;;uel Uíaz de Auz veniau muy recios y gor- 
pn>iinos por mimbre los de los lomos recios; 
.4f»i.id viejo lluinircK (raían unas armas de 
Inutu gordor, que no las pasara ninguna íle* 
ftíitbaa niuelio, y pulírnosles por nombre los 
liinnlilks ; y cuando lúe ron tos capitanes que di- 
B delante de Coi tés lesliizo mueba lionra. De- 
centar do los socorros que teníamos de Garay, 
Htrotl buenos, y digamos cómo Cortés envió á 
lo ite SíUiduvnI ii una entrada ll unos pueblos que 
B Xalacwgu y tiacutaiui. 

CAPULLO CXXXIV, 

Mú CmXti 1 GuDialo itt Sioijot)! i pitiñtit los purblos 
llteiD(n ; CiciUiul, ; Iloo doeifolas toiiljilot y M'inle d« 
7 ioct killMterot , > para que lupletr que niiailulcs 
M ai tU(n, j 4W nirxe i{M nmu íti i>«bl*n lumida ; 
Ircr* (ta. j ladetDaailase el uro nat rubaran , f de lo iiue 
tD día f ato. 

y» Corlé* tenia copia de soldados j caballos y 
as, ¿ fe iba íorlalecieudo con los dos nuvtcliuelüs 
«ió Diego Veteíquez, y envió en ellos purcapita- 
Barba y Rodrigo do Morejou de Lobera , y 
elios sobre fieinte y cinco soldados, ydosca- 
ijf Oaa yegua , y luego vinieron los tres navios de 
4Caray , que fué e) primero capilun que vino, Cn- 
tk ;«l seguodo Miguel Dia£ de Auz, y el postrero 
Ifesel viejo, y (raían, entre todas estos capitanes 
IBowbndo, sobre cieolo y veinte soldados, ydiej 
calnUea i yeguas, é las «pguas eran de juego y 
HA-u. 



NÜEVA-KSPAÑA. 
de carrera. Y Cnrtés (uva noticia de que en unos pue- 
blos que se dicen Cacaiutid y Xaincínfío. é en Mros su<i 
enmárcanos, hubian muerto muclios snldnilo<4 de Iok do 
Nari'Bezque venían camino de Méjico, é unsiniesmoquu 
en aquellos pueblos liabian muerlo y robado el oro iuu 
Juan de Alcántara éú altos dos vecinos de la Yíll.i-R?- 
ca, que era lo que les liubia cabido de las partes á todos 
los vecinos que ijueiaban en la mí^ma villa, según mas 
largo lo be escrito en el capítulo que dcllo se tro (o; y 
envió Cori<i'; para liacer aquella entrada por capitán i 
Gonzalode Sundovid, que era alguacil mayor, y muy es- 
forzado y de buenos cousejoi, y llevó consigo dncicnlos 
soldados, toiios los mas de lus nuestros de Cortés, y 
veinte de á cuIhiIId é doce ballesteros y buena copia de 
tlascal tecas; yanicsque llegase ú aquellos pueblos su- 
po que estaban todos pucslus en armas, y juntamente 
tenían eonsiyo guiímítíoncs de mejicanos, é que se Im- 
bian muy bien lorlalecidocon alimrradas y pertrcclins, 
porque bien tiabiun entendido que por las muertes de 
los españoles que liabiun muerto, que luego habiamot 
de ser contra ellos paro