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ff. YFRME7. DlL 










/ 



HISTORIA 



IlFf. fcMI'KII \lli>|-. 



\.1P0LE0\, 

PORF.M.LAIWTDELARDECHE; 

con 50© dibujos 

DE HORACIO VERNET. 



PUESTA EN CASTELLANO 
Xov (-fe). ¿-ímxtíi.' (Jvent.u 




Imprenta de don Antonio Bekgnes y Compañía. 
1840. 



V 






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* -: 






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í 



• 




Bf TK ICI OÍD. 



PROLOGO, 
que temer que vaya á menos el desagravio grandioso que debe al nú 
men , á la desventura y á la gloria. 

Mas cabe otro medio de obsequiar á los difuntos, el mas esclarecido 
para varones del temple de Napoleón, y es el historiar circunstanciada 
mente su vida. 

¿Quién acertará con efecto á idear rasgos mas gloriosos para la memo 
ria de Napoleón que ellos mismos , ni qué ceremonial equivaldrá á la 
mera relación de tan suma nombradla? 

¡Nacer casi en el desamparo; vivir luego en la púrpura; Emperador 
y Rey! ¡y luego morir y yacer allá en los peñascos de una isla bravia, 
arrinconado por el miedo de sus enemigos! 

¡Encontrar la potestad en medio de la calle, la sociedad bajo las plan- 
tas de la revolución , y un mero soldado de fortuna restablecer la una y 
realzar la otra: ¡dos afanes para emplear un siglo! 

¡Enseñorearse, desde la nada, de todo y de todos; descollar tanto en 
política como en milicia; con el cetro, con la vara de la justicia como 
con la espada ; y acá y acullá andar repartiendo , en la carrera de una 
vida portentosa, mas coronas que derribaron allá Alejandro y César!... t 
¿Qué numen dio jamás á luz epopeya mas grandiosa? y ¿qué monumen- 
to puede abarcar tan inmensa nombradía, sino su misma historia? 

Tras aquel embeleso esplendoroso y la grandeza de los resultados, 
ya muchos han intentado referir la carrera del soldado-emperador; pero 
quedaban todavía muy cercanos los acontecimientos ; no habia aun vola- 
do la humareda de las guerras , y no se rasguea á derechas la historia 
tras un campo de batalla. 

En el dia nos hallamos ya desviados de aquel horizonte abrasador , y 
Napoleón ya no corresponde ni á Walter-Scott ni á Loriquet , ni tampoco 
á Hudson-Lowe. Desde la crónica y el folleto que al pronto lo habían 
traspasado, su memoria se encumbró á la historia verdadera , y Napo- 
león es de nuevo Emperador y Rey. 

Reconócese ya la posteridad en estas muestras esplendorosas; rayó por 
fin el dia de historiar aquella grandiosa vida, y es quizás el único ins- 
tante favorable para levantar un monumento á la verdad , pues dejando 
á la espalda el folletín yerto con la postrer llamarada de las pasiones des- 
vanecidas, ¿no asoma ya en el horizonte la poesía derramando á manos 
llenas flores y patrañas? 

Un sujeto de la nueva je neracion, de suyo acalorado, pero también 
atinado y profundo, se enteró perfectamente del asunto y puso manos á 
la obra. 

Corre de estremo á estremo por Europa este libro , cuya primera edi 
cion de 22,000 ejemplares está ya apurada, y luego sus traducciones en 



PBOLOGO. 9 

todos los idiomas han merecido igual aceptación que el orijinal (i\. 

Desde luego se alcanza aquella ansia tan estremada, líense en esta his 
loria los afanes del sumo capitán, relación portentosa que está abarcan- 
do, desde sus dos puntos contrapuestos, Tolón y Waterloo, una serie de 
victorias recordadas con los nombres de Montcnotc, Areola, Pirámides, 
Rivoli, Austerlitz, .lena, Wagram, con otros muchos estampados en la 
memoria de las jentes al par que en el bronce de la columna. 

Hállanse en esta obra sus tratados de paz , que pregonan una activi- 
dad que no podia hallar descanso sino en el término esclarecido señalado 
por el engrandecimiento y la independencia de la patria; y aquellos bole- 
tines inmortales, milagros patentes del numen político y de la elocuencia. 

Junto á tantísimo primor del arte , de la diplomacia y de la guerra, 
Mr. Laurcnt, con perspicacia despojadora, ha ido descubriendo los actos 
de la política del siglo XIX , las conquistas de la revolución planteadas 
por el Emperador, y aquella igualdad civil, fundada en sus códigos co- 
mo base de la vida social, y que patentiza todas las carreras al trabajo, 
al denuedo y á la esperanza. 

Tratándose de los grandiosos afanes estemos, ha ido >lr. Laurent deli- 
neando, con aquel brioso y arrebatado lenguaje que le es tan jenial, cuan 
feliz influjo han tenido en Europa las avenidas de los ejércitos franceses, 
hijos de la revolución. 

En fin , sobre tantos realces para merecer el aprecio jeneral , ha cabido 
á esta historia de Mr. Laurent la ventaja inapreciable de haberla ilustrado 
Horacio Vernet , pues hasta quinientos dibujos de su lápiz en cstremo 
espresivo engalanan este libro, en el cual los editores han echado el resto, 
pues , aun en su jerarquía mas llana , no se han avenido á quedarse en 
zaga del dibujante y del escritor. 

Barcelona 26 de octubre de 1X40. 



(I) ¿Quién no ha leído, hace algunos días, en una carta fecha en Teherán, una 
nueva demostración de la aceptación imponderable de este libro? Un ejemplar de es- 
ta « Historia ilustrada de Napoleón» fué ofrecido al Shah de Persia, por M. Sercey ; y 
este libro es el que se ha hecho traducir aquel emperador de Asia, para venir en co- 
nocimiento del Emperador de Europa ;i quien estaba celebrando por el eco de la nom- 
bradla, antes de enterarse de los portentos de su vida. (Véase el Diario de los Deba- 
tes del 19 de julio, carta de M. Enjenio Flandin) 




Poct oci.tui»vn- 




MAPOLtOli 



INTRODUCCIÓN. 



os hombres no faltan nunca para las circuns- 
tancias, ha dicho Montesquieu, y en efecto 
cuantas veces necesitó el mundo de un nuevo 
pensamiento para no perecer con las creencias, 
las instituciones y los imperios, ya exhausta su 
vitalidad y cumplido su destino, otras tantas 
se hallaron especuladores de relevante mérito, 
apellidados sabios, profetas ó dioses, según las 
"*''' épocas y la elevación ó trascendencia de su in 
jenio, pareciendo ora como sublimes contempladores para idear una cm- 
presa rejeneradora, en medio del aislamiento y del misterio de la inspira 
cion; ora como filósofos para> enseñarla en las aulas, como tribunos para 
comunicarla en las plaza» públicas, como lejisladores para darle una con 




42 INTRODUCCIÓN. 

sagracion política, y como conquistadores para esplayar los ámbitos de 
su poderío y propagación. 

Verdad es que hasta ahora los grandes capitanes antiguos y modernos 
apenas se han hecho acreedores á la admiración de sus contemporá 
neos y de la posteridad, cooperando indeliberadamente ala obra de la ci- 
vilización universal. La historia ha realzado con especialidad el número 
ó el esplendor de los triunfos, el arte de ganar batallas, la ciencia de las 
retiradas , el mérito de las dificultades vencidas y de los peligros arrostra- 
dos, las espediciones ajigantadas, las conquistas grandiosas y todo cuan- 
to manifiesta injenio é ilustra militarmente, añadiendo además cuanto 
deslumhra á los pueblos en la vida de los varones cstraordinarios que le- 
vantan ó derrocan imperios con el poderío de sus armas. Así, por no 
comprender la trascendencia filosófica de su sangrienta propaganda y por 
no alcanzar en ellos mas que estruendosos asoladores, varios escritores de 
nombradla han querido derribar el pedestal de sus estatuas y censurar 
la autoridad de los siglos, jactándose de paradojistas y contraponiéndo- 
se á las preocupaciones clásicas. Así el lírico Rousseau rehusó admirar 
en Alejandro lo que aborrece en Afila, y Boileau , tan pródigo de in- 
cienso con Luis XIV, no quiso ver en el discípulo de Aristóteles, vencedor 
de Darío, mas que un alropellador que redujo el Asiaá cenizas. 

Esta absoluta reprobación, aunque de fecha remota, es desatinada é 
injusta. Si al endiosar á los guerreros, no se han recapacitado bastante los 
estragos de la guerra, y si al ensalzar el heroísmo del soldado, no se ha 
tenido presente que 



Y donde (jtiiera qne un estado empieze, 
Bañada en sangre cada espiga crece. 



( Iíekaisgek). 



mas injusta, y quizás menos disculpable que esta exajeracion apolojética, 
seria la de negar redondamente la lejitimidad de la gloria militar , con 
ceptuando allá la nombradía de los conquistadores como un dilatado em- 
bate contra el jénero humano, y el producto de un aciago prestijio y de 
un embeleso perpetuo. 

Proclámese enhorabuena la superioridad racional de nuestro siglo so- 
bre los anteriores; no titubearemos en reconocerla como secuaces ansio- 
sos y perseverantes de la perfección humana; pero fuera sumo engreimien- 
to en la época actual suponer que el mundo empezó ahora á despejar 



INTRODUCCIÓN. 45 

se , y tildar el descarrio de los tiempos pasados como desvariados en sus 
conceptos históricos y en sus opiniones racionales mas universal y anti 
guamente acreditadas. Cuando los pueblos concedieron al gran guerrero 
tan unánimemente la ovación en vida y los honores del Panteón después 
de su muerte, no los movió solamente el embeleso de la nombradla para 
aquel asombro y reconocimiento inalterable. Hermanábase con el ímpetu 
de un portento, en los pechos nobles y en las fantasías acaloradas, un ins- 
tinto próvido de que los grandes hechos y los inmensos logros que infla- 
maban las almas jenerosas y recibían por do quiera la sanción del aura 
popular, lejos de malograrse para la santa causa del progreso social der- 
ramando ráfagas de luz en la carrera de algunas naciones ó de algunos 
individuos, producirían forzosamente consecuencias, no menos provecho- 
sas para toda la familia humana, que gloriosas para algunos de sus miem 
bros. 

Con efecto, cuando el pueblo ejipcio invade el Asia y plantea sus co- 
lonias victoriosas en las islas y el continente de la Grecia, la civilización 
de Tébas y Ménfis marcha en pos de Sesostris ó de Cecrops. 

Cuando la espada de Alejandro derriba el trono de Ciro y avasalla el 
Oriente hasta la India, la civilización triunfa bajo el nombre y por el 
brazo del discípulo del Estajirita; aquel rastro esplendoroso que deja la 
conquista es el siglo de Péricles; aquel reflejo que se va tendiendo por le- 
janos paises y anchurosos imperios es el arte y la ciencia del Ática , es la 
filosofía de la Academia y del Liceo. 

Cuando César subyuga á los Partos y á los Jermanos, planta las águi- 
las romanas desde la cumbre del Cáucaso hasta los montes de la Calcdonia, 
pasa de las (¡alias á Italia, de Roma á Macedonia, de las llanuras de Far- 
salia á las costas de África, de las ruinas de Cartago á las márjenes del 
Nilo y las playas del Euxino: cuando traspone el Rósforo y el Rin, el Tau- 
ro y los Alpes, el Atlas y los Pirineos, en todas estas corridas triunfales 
pasea, en alas de su gloria personal, el nombre, el idioma, las costumbres 
y la civilización de Roma ; consigo lleva en ellas el siglo de Augusto, pró- 
ximo á aparecer ; va iniciando á los pueblos idólatras en aquel escepticis 
mo que no permite ya que los agoreros romanos se miren sin prorumpir 
en risa, funda la mayor unidad política que se ha conocido en la tierra , 
y prepara, con el hermanamiento de muchos reinos en un solo imperio, el 
establecimiento de la inmensa asociación que la Iglesia cristiana debe ir 
labrando por el rumbo espiritual. Desalado por igualar ó aventajarse 
á Alejandro, objeto de su pasmo, y proseguir la obra de los tribunos 
cuyo patrimonio ha venido á heredar, engrandece con los portentos de su 
espada el ámbito en que va á descollar apaciblemente una doctrina que 



14 INTRODUCCIÓN. 

ensalzará al desvalido y humillará al prepotente , mejor que los Gracos y 
que Mario. 

Ahora bien , ninguno de aquellos estruendosos conquistadores corro- 
boró en tan sumo grado , como Napoleón con sus armas victoriosas , las 
grandiosas doctrinas, la enseñanza material, y todas las relaciones civili- 
zadoras que la guerra entabla entre los pueblos. Si en pos de sí lleva Ale. 
jandro el siglo de Péricles, y César el de Augusto ; si los acompañan en 
sus triunfos el numen de Homero y Sófocles, de Platón y Aristóteles, de 
Cicerón y Lucrecio, de Virjilio y Horacio; Napoleón lleva consigo tres si 
glos que ilustraron también las artes, las ciencias y la filosofía; y su séqui 
to no es menos esplendoroso que el de sus antecesores , pues cruza la Eu 
ropa con Montaigne y Descartes, Corneille y Racine, Voltaire y Rousseau. 
Su cuartel jeneral forma una verdadera universidad ambulante en la que 
se encumbra y señorea el espíritu del siglo XVIII , y que recorre las na- 
ciones atrasadas del septentrión y del mediodía para doblegarlas al in- 
flujo de las costumbres y de las doctrinas de la nación á quien el mundo 
culto reconoce por Reina suya. Por mas que halague en Francia los re 
cuerdos de la aristocracia y lisonjee las preocupaciones monárquicas con 
un viso volandero de instituciones soterradas con el trascurso de los siglos, 
no por eso deja de ser el demócrata mas poderoso, el innovador mas te- 
mible, el propagandista mas formidable para la añeja Europa, el repre- 
sentante y el verbo de aquella gran revolución que estuvo apuntando 
Mirabeau con los destellos de la elocuencia, que la junta de salvación pú 
blica defendió con los centellazos del terror, y que Napoleón debe conso 
lidary propagar con los rayos de la guerra; revolución apellidada fran- 
cesa en su cuna, pero que estaba destinada á ser universal. 




INTRODUCCIÓN. Í5 

Esto es el varón portentoso en quien los palaciegos, los haraganes de 
los salones y los caciques de aldea no sabian ó no querían ver mas que un 
déspota aborrecible y un conquistador insaciable, al paso que el artesa 
no, el labrador y el guerrero , cuyo instinto es mas atinado qne el racio 
nalismo de aquellos críticos vanos y desfallecidos , veían y todavía ven en 
él un hombre-pueblo, un enviado ó protejido de Dios, el mas esclarecido 
enjendro de la emancipación política, del mérito y del ingenio, la personi 
ficacíon del espíritu de ignaldad que reinaba en la administración y en el 
ejército y que está labrando hoy dia toda la sociedad europea. 

Este es el hombre cuyo recuerdo se conservará rclijiosamente en las 
chozas, como lo ha dicho el mas popular de nuestros poetas. 

Escribir sucintamente su historia y compendiar su vida; tal es nuestro 
instituto, tras ese cúmulo de historias, biografías y memorias en las que 
tantos banderizos echaron el resto con sus rasgos estremados de alabanza 
y de vituperio. 




HISTORIA 



EMPERADOR MPOLEON. 



CAPITULO 1 



Alcurnia y nin 



apoleon. 




eniendo ya un pié en el sepulcro Voltaire y 
Rousseau, despidiéndose del siglo aclama- 
dor de su nombradla, y cuando Mirabeau, 
tras los devaneos de su mocedad , se en- 
cumbraba á la escelsa jerarquía de sumo 
orador y consumado estadista; la Provi- 
dencia, que conduce siempre el mundo á 

^•iífP'I ^Tl ^B * l'í P" * os fines < l ue ^ ene an "^ Meados, por rum- 
*.y T ..r fc os CU yo arcano está solo á su alcance , y 

que todo lo tiene asombrosamente dispuesto en la sucesión de las genera- 
ciones y de los imperios para el realce de los pensamientos y el triunfo 
de las grandes revoluciones ; la Providencia dio á luz en un recóndito rin- 
cón del Mediterráneo al hombre que debia avasallar el numen de la guer- 

3 



]H HISTORIA 

ra al ímpetu reformador y cerrar el siglo XVIII , ya tan engreído con sus 
conquistas racionales y sus triunfos en el foro, á impulsos de sus porten- 
tos militares , mas esplendorosos que cuanto asombró en la antigüedad y 
en la edad media. 




Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio , capital de la isla de Córcega 
el día 15 de agosto de 4769, de Carlos Bonaparte y de Leticia Ramolino 
En tiempos mas favorables á lo maravilloso , este acontecimiento hubie 
ra ido acompañado de prodijios celestes y de predicciones populares 
« Mr. de las Cazes dice que su madre, de suyo física y moralmente brío 
sa, y que habia seguido al ejército estando embarazada, quiso ir á misa 
con motivo déla solemnidad del dia, y tuvo que volver atropelladamen- 
te á casa, y antes de llegar á su alcoba, arrojó al mundo un niño sobre uno 
de aquellos tapices antiguos con figurones de héroes de la fábula ó de la 
Ilíada : aquel niño era Napoleón . » 

Algunos escritores, validos de la indisputable nobleza de la alcurnia 
de Bonaparte , idearon , durante el consulado y al restablecerse la monar- 
quía, la planta de una jeuealojía soberana para el emperador venidero, 
desemboscándole antepasados entre los antiguos reyes del Norte ; pero 
Napoleón , obrando cual soldado que sentia en sí la existencia de la revo- 



DE NAPOLEÓN *» 

lucion francesa y no echaba en olvido que solo su mérito le liabia en- 
cumbrado á la potestad suprema en el reinado de la igualdad, desde los 
grados subalternos del ejército , hizo contestar por medio de sus periódi- 




cos que su nobleza se vinculaba en los servicios hechos á la patria, y que 
no se remontaba sino hasta Montenole. 

El padre de Napoleón habia cursado en Homa y en l'isa. Era hombre 
instruido y afluente , que lució su brio y fogosidad en trances críticos , 
particularmente en la consulta estraordiaaria de la Córcega , relativa a 
avasallamiento de aquella isla á la Francia. Mas adelante se presentó en 
Versalles al frente de la diputación de su provincia, á consecuencia de las 
contiendas que sobrevinieron entre Mr. de Marbeuf y Mr. de Narbonne 
Pelez, jenerales franceses que mandaban en Córcega. El valimiento es 
traordinario que el segundo tenia en la corte se estrelló contra la naturali- 
dad y la trascendencia del testimonio de Carlos Bonaparte, quien abogó 
bizarramente por la causa de Mr. Marbeuf, obrando conforme á verdad y 
justicia. De aquí provino la protección que aquel caballero dispensó pos 
teriormente á la familia de Bonaparte. 

Aunque Napoleón fué el segundo de los hijos que tuvo Carlos Bona- 
parte, sin embargo se le consideró como cabeza de la familia porque el 
arcediano Luciano, hermano de su abuelo, que habia sido el guia y apo- 
yo de todos los suyos, le diera este título antes de su muerte, recomen- 
dando á José , el primojénito , que no se olvidase de su hermano; lo cual 
hizo decir después á Napoleón que aquella escena de Jacob y Esav habia 
sido un verdadero desheredamiento, üebia esta distinción niu\ notable 






20 HISTORIA 

al carácter grave y reflexivo , al tino , y á los alcances peregrinos de que 
diera pruebas desde niño 

Admitido en el colejio militar de Briena en el año de \ 777, se dedicó 
particularmente al estudio de la historia, jeografía y ciencias exactas, sien- 
do Pichegrú su pasante, y Mr. de Bourrienne su condiscípulo. Sobresalió 
principalmente en las matemáticas y manifestó desde entonces su afición 
á los negocios políticos. Entusiasta por la independencia de su patria, 
profesó una especie de culto á Paoli , defendiéndole acaloradamente, aun 
contra el dictamen de su padre. 

Es infundado lo de estar en el colejio solitario y taciturno sin compa- 
ñeros y amigos : tampoco es cierto que se mostrase desabrido en sus con- 
versaciones y muy poco ajectuoso, según lo ha dicho Mr. de Bourrienne, 
acaso como palaciego desairado. Su gravedad temprana y sus modales 
broncos y despegados le han hecho tildar sin fundamento de misantropía 
y adustez, pues era naturalmente afable y cariñoso. Solo en la temporada 




DE NAPOLEÓN. 24 

de su pubertad manifestó cierto cambio en su carácter, volviéndose me 
Iancólico y silencioso, como él mismo lo refiere en su diario, dictado en 
Santa Helena. 

También se ha supuesto que su amor al retiro y su inclinación , tan 
esclusiva como precoz al arte militar, le habían como aislado en su jardín, 
fortificándose contra los asaltos de sus compañeros : hecho que uno de 
ellos se encargó de desmentir, refiriendo lo que podia haberlo motivado, 
esto es, la célebre anécdota del fuerte construido, sitiado y defendido con 
bolas de nieve. 

« Durante el invierno de \ 785 á J 784 , tan memorable por las nevadas 
que estuvieron cuajando caminos, patios, etc., Napoleón se apesadumbró 
sobremanera, careciendo de huertos y arbolados que le merecían tanto 
cariño. Teniendo que alternar con sus compañeros en los ratos de recreo, 
paseando con ellos por un salón anchuroso, acertó á desaburrirse del per 
petuo y desabrido paseo , y persuadió á sus condiscípulos que se diverti- 
rían sobremanera , abriéndose con palas varios caminos por medio de la 
nieve y levantando medias lunas, parapetos, caballeros, etc. Cuando 
nuestro primer trabajo esté concluido, les dijo, podremos dividirnos en 
pelotones, y formar una especie de sitio, encargándome yo de disponer 
los avances, como inventor de esta nueva diversión. Aviniéronse todos y 
llevó á cabo el intento. Aquel embrión de guerra duró quince dias, sus 
pendiéndose entonces de resultas de los muchos colejiales que resultaron 
gravemente heridos con las piedras que se mezclaban al hacer las bolas 
de nieve. Y aun me acuerdo que yo fui uno de los mas descalabrados. » 




22 HISTORIA 

Preciso era , para poner á todo el eolejio en movimiento, que el joven 
Bonaparte hubiese conservado , á pesar de su propensión á la soledad , 
cierto predominio sobre la jeneralidad de sus condiscípulos, sin mediaren 
sus relaciones con ellos aquel destemple violento que algunos se han com 
placido en achacarle , dando crédito á biógrafos ilusos ó mal informados. 

No solo merecia el aprecio de sus compañeros, sino que lograba tam 
bien y en alto grado la intimidad de los catedráticos. Muchos de ellos han 
supuesto posteriormente que le habían pronosticado sumo encumbramien 
to, y Mr. de l'Eguillc, su maestro de historia, afirmaba, durante el im 
perio, que en los archivos de la Escuela militar paraba una nota en la 
que habia previsto y apuntado en pocas palabras todo el porvenir de su 
discípulo: «Corzo por nacimiento y por carácter, decia en ellas, llegará 
á descollar , si le favorecen las circunstancias. » 

Domairon, su catedrático de humanidades, que sobresalió algún tanto 
entre los retóricos , llamaba á sus amplificaciones granito caldeado por 
un volcan. 

//■ / , . , 




DE NAPOLEÓN. ¿r, 

Elejido por el caballero de Heralio en las oposiciones de 4785 para pa 
sar á la Escuela militar de Paris, á pesar de las objeciones hechas á este 
jeneral, que desempeñaba el cargo de inspector, de que el tierno alumno 
no tenia la edad requerida , y que solo era aventajado en matemáticas: 
« Ya sé lo que hago, respondió; esta escepcion no es una preferencia de 
familia, pues no conozco la de este niño ; si le elijo, lo debe á sí mismo, 
porque advierto en él una disposición acreedora á todo esmero. » 

Al entrar Napoleón en este nuevo colejio, estrañó y vituperó la educa 
cion afeminada y lujosa de unos jóvenes destinados al afán y vida peno 
sísima de la milicia, con cuyo motivo dedicó al director Mr. Berton una 
memoria representándole « que los alumnos del rey , hijos todos de casas 
nobles atrasadas, no podían mamar, en vez de prendas morales, sino 
amor á una vanagloria , resabiándose con devaneos de presunción y en- 
greimiento; que al volverá sus hogares, lejos de participar gustosos de 
las medianas comodidades de su familia, se sonrojarían quizás de sus pa- 
dres y despreciarían su modesta morada. Que en lugar de costearles nu- 
merosos criados , darles diariamente comidas de dos servicios , ostentar 
un picadero costosísimo, tanto en picadores como en caballos, seria mu- 
cho mejor sujetarlos á servirse á sí mismos, sin interrumpir por eso el cur- 
so de sus estudios. Que no siendo ricos y estando destinados todos al ser- 
vicio de las armas , seria preciso darles una educación adecuada , y que 



- <n-\ 




*.-i 



24 HISTORIA 

sujetos á una vida sobria y á mirar por su equipo, se robustecerían sabien- 
do arrostrar la intemperie de las estaciones, sobrellevar con tesón las fa- 
tigas de la guerra, é infundir respeto y ciega adhesión á los soldados que 
estuviesen á sus órdenes. » 

Asiera cómo Napoleón, aun niño, echaba en una memoria de estu- 
diante los cimientos de un instituto que debia realizar algún dia en su om- 
nipotencia. 

Por lo demás, los exámenes brillantes que sostuvo le merecieron en 
Paris igual distinción que en Briena. Salió de la Escuela militar en 4787 , 
y pasó, con el grado de subteniente, al Tejimiento de artillería de La Fere, 
que estaba ala sazón de guarnición en Grenoble. 
















CAPULLO 



Desde la entrada de Napoleón en el servicio hasta el sitio de Tolón. 




oco tiempo después de su 
llegada a París, Napoleón, 
que aun do babia cumpli- 
do diez y ocbo aíios, con- 
trajo amistad con el aba- 
le Ilaynal, y ambos á com- 
petencia soban engolfarse 
en los puntos mas arduos 
de la bis loria, la legisla- 
ción y la política. 
Enviudo á Valencia, donde se bailaba á la sa/ou una paite de su re- 



26 HISTORIA 

jimiento, fué admitido en las principales tertulias, particularmente en 
la de Madama de Colombier , mujer de mérito sobresaliente que servia 
de norma á la jente distinguida. En su casa tuvo ocasión de relacionarse 
con Mr. de Montalivet á quien nombró después ministro del interior. 

Madama de Colombier tenia una hija (1), que inspiró al joven oficial 
de artillería sus primeros arranques amorosos. 




Esta inclinación , tan inocente como entrañable, fué felizmente cor- 



(i) Napoleón volvió á ver en León á la señorita de Colombier, que se había 
casado con Mr. de Bressieux, y la colocó de dama de honor en casa de su her- 
mana, dándole también al marido un empleo muy lucrativo. 



DE NAPOLEÓN. 27 

respondida por el objeto que la causaba , y dio motivo á algunas breves 
citas, en las cuales, según dice Napoleón , toda la dicha de los dos aman- 
tes se reducía á comer cerezas juntos. 

Por lo demás, nunca se trató de casarlos. F*i madre, á pesar de su 
aprecio é inclinación al joven, no pensó en aquel enlace, como se ha su- 
puesto. En recompensa, le pronosticó muchas veces una suerte encum- 
brada, y aun renovó sus anuncios antes de su muerte, cuando la revolu- 
ción francesa acababa de abrir la carrera en que debían tener cumpli- 
miento. 

Ni sus raptos amorosos , ni su lucimiento en las tertulias retrajeron á 
Napoleón de sus estudios, afanándose con los problemas harto intrinca- 
dos de la cconomia social , y ganó , encubierto bajo otro nombre , el pre- 
mio que la academia de León había propuesto sobre esta cuestión sentada 
por el abate Raynal : «¿Cuáles son los principios é instituciones que se 
han de infundir á los hombres para hacerlos lo mas felices que sea da- 
ble? » Napoleón desempeñó el asunto como alumno del siglo XVIII y sa- 
lió premiado. Sin duda el recuerdo de aquel triunfo no le pareció muy 
lisonjero en lo sucesivo, porque cuando Mr. deTalleyrand le presentó su 
memoria bajo el imperio, la arrojó inmediatamente al fuego. 

Estalló la revolución francesa, y toda la juventud instruida idolatró 
sus anuncios, pregoneros de las doctrinas enciclopédicas en que se ha- 
bía empapado. La nobleza, encaprichada con sus ejecutorias y privilejios, 
no siguió aquel movimiento; pero aquellas aprensiones linajudas no po- 
dían trascender á que desdijese de su numen y de su siglo un oficial, de 
quien dijera Paoli con motivo y acierto, «que estaba vaciado á la anti- 
gua y que era un hombre de Plutarco. » Napoleón no imitó á la mayor 
parte de sus compañeros, que fueron á tildar en el estranjero la rejenera- 
cion de su patria. Puede ser que la consideración de su fortuna y de su 
gloria se aunase al influjo de sus opiniones y principios , diciendo á su 
capitán, al abrazar el partido de los innovadores, « que las revoluciones 
eran una temporada de cosecha para los militares que tenían valor y ta- 
lento; » pero ¿es esta una razón para achacar únicamente á un cálculo 
mezquino y despojar de toda moralidad política el ardiente patriotismo 
que habia manifestado en sus conversaciones y escritos, aun antes de la 
esplosion de la crisis? No cabe entrar con la nulidad contemplativa de un 
ideólogo ni con el desapropio místico de un fraile en los negocios públi- 
cos, si se quiere obrar poderosamente sobre los hombres y contribuir á 
mejorar la suerte de los pueblos, y no se ejecutan grandes empresas ni se 
da impulso al mundo con el despego absoluto de la impotencia. Afortu- 
nado fué para la Francia que se hallasen, entre los lejisladores y soldados 
adictos á la reforma de \ 789 , almas desaladas tras la gloria que se gran- 
jea con eminentes servicios, ó ambiciosas de la potestad que franquea al 



28 HISTORIA 

numen el cabal desempeño de sus intentos. Feliz fué sobre todo para ella 
que entre estos ambiciosos, sin los cuales el drama revolucionario, de 
suyo exánime, solo hubiera presentado el yerto y desabrido espectáculo 
de un congreso de cuáqueros ó de un concilio de jansenistas, se encontra- 
se un soldado lejislador , capaz de aspirar y encumbrarse á una nombra- 
día y poderío imponderable, por medio de grandiosos afanes en beneficio 
de la civilización europea. 




Napoleón siguió pues sus corazonadas y sus convencimientos, al 
abrazar con ansia el partido popular ; pero este ardiente patriotismo no 
le imposibilitó el dar pábulo en su alma á la aversión á la anarquía y 
asistir con indignación y dolor á las bacanales populares que se estrema- 
ron en la agonía de una potestad cuya sucesión debia recojer un dia. Así 
en 20 de juuio de 1792, hallándose en la azotea de las Tuilerías que cae 
al rio, y viendo que un hombre de la plebe ponia un gorro encarnado á 
Luis XVI, esclamó, después de haber pronunciado una palabra tan trivial 
como enérjica-. «¿Cómo han dejado entrar á esos canallas? Era preciso 
barrer cuatrocientos ó quinientos de ellos á cañonazos, y los demás cor- 
rerían aun. » 

Presenciando el 10 de agosto, que habia previsto, como consecuencia 



DE NAPOLEÓN 29 

inevitable del 20 de junio, ansioso partidario de la revolución francesa , 
pero siempre adicto á las ¡deas de orden y al acatamiento á la potestad , <l<'s 
amparó la capital de la Francia para regresar á Córcega. Paoli se liallaha 
á la sazón en aquella isla maquinando por la Inglaterra; y el joven pa- 
triota francés, acongojado hasta lo sumo con aquel procedimiento, estre- 
lló desde entonces el ídolo de sus niñeces. Se encargó de un mando en la 
guardia nacional y peleó acérrimamente contra el anciano por quien mos- 
trara hasta entonces tanto respeto y cariño. 

El partido inglés fué vencedor en esta lucha , señalada con el incen- 
dio de Ajaccio , por cuyo motivo la familia de Bonaparte se refnjió á 
Francia y se avecindó en Marsella. Napoleón permaneció poco tiempo en 
esta ciudad y regresó desaladamente á Paris, donde los acontecimientos 
se iban atrepellando tan violentamente que cada dia y cada hora eran la 
señal de una nueva crisis. 

El Mediodía acababa de enarbolar el estandarte del federalismo, y la 
traición habia entregado Tolón á los Ingleses. El jeneral Cartaux fué en- 
cargado por la Convención de avasallar la Provenza á las leyes de la re- 
pública, activando en ella la derrota y castigo de los traidores y rebeldes. 

Luego que la victoria condujo á este jeneral á Marsella, se dispuso el 
sitio de Tolón , á*donde pasó Napoleón en calidad de comandante de ar- 
tillería. En aquella época dio a luz, con el título de Cena de Beicaire, 
un opúsculo de que no habla el Diario de Santa Helena, pero que Mr. 
de Bourrienne declara haber recibido del mismo Bonaparte á su regreso 




*yy. 



50 HISTORIA 

de Tolón. Por lo demás este escrito lleva el sello de las opiniones que de- 
bia profesar entonces como patriota brioso y como aventajado militar; 
encierra , acerca de las turbulencias del Mediodía y sobre el episodio del 
federalismo , un juicio que muestra en el oficial de artillería los encum- 
brados alcances y el tino que después descolló en el emperador. 



• 




CAPITULO III 









Sitio y toma de Tolón. Principio de las campaña* de Italia. D e posición. 







legando Bonaparte sobre Tolón, ha- 
lló un ejército de voluntarios deno- 
dados, pero sin caudillo digno de 
mandarlos. El jeneral Cartaux, que 
ostentaba un lujo y un boato impro- 
y ;z píos de la austeridad de los princi- 
pios republicanos , era todavía mas 
t* negado que vanidoso. La conquista 
de Tolón era una empresa superior á sus fuerzas, pero estaba lejos de re- 
conocer aquella incapacidad, suponiéndose al contrario esclusivamente 
el desempeño adecuado al intento. Esta ridicula conflanza en sí mismo le 
suministró el famoso plan que motivó su deposición , y estaba concebido 
en estos términos : 

• El jeneral de artillería bombardeará la ciudad de Tolón por espacio 



32 HISTORIA 

de tres dias, y al cabo de este tiempo, la asaltará con tres columoas y la 
ocupará. » 

Afortunadamente al lado de este táctico estraño y lacónico se encon- 
tró un oficial subalterno, tan descollante por su ciencia y desempeño 
militares como inferior en graduación. Era un joven de veinte y cuatro 
años, y aunque sencillo y modesto, no pudo ocultar el menosprecio que 
le infundían la mayor parte de los hombres á quienes la jerarquía y la 
disciplina le precisaban á mirar como á superiores, pero cuya incapacidad 
podia redundar en sumo daño de la república. Este desprecio tan funda- 
do y el concepto de su propia superioridad entre cuantos le rodeaban , 
le alentaron á contradecir á sus jefes en todas las disposiciones que con- 
ceptuaba descaminadas. En sus disputas diarias con Cartaux, la mujer 
de este jeneral en jefe dijo una vez á su marido : « Deja obrar á ese jo- 
ven ; sabe mas que tú ; él nada te pide : tú debes dar parte , y la gloria es 
tuya. » 

Desde el momento en que Napoleón llegó al ejército, comprendió con 
aquella mirada pronta y certera que corria parejas con su numen en los 
campos de batalla , que para tomar á Tolón era preciso embestir la gar- 
ganta de la rada, y solia decir indicando este punto en el mapa: que allí 
estaba Tolón. Pero sus conatos fueron por mucho tiempo infructuosos 
para conseguir que se adoptase su parecer, aunque merecia la aprobación 
del comandante de injenieros ; pues nada podia vencer la necia tenacidad 
del jeneral en jefe. Por fin , entre los representantes del pueblo se halló 
un hombre dotado de bastaute penetración y perspicacia para adivinar ó 
calar, tras el uniforme de comandante de artillería, un gran capitán. Lo- 
gró Napoleón cuanto ensanche necesitaba para afianzar el buen éxito de 
sus planes; Cartaux fué depuesto, los Ingleses desocuparon á Tolón, y el 
vencedor, al acordarse posteriormente de este primer triunfo, debido en 
parte á la confianza del representante del pueblo, decia agradecido que 
( raspar hi le había abierto la carrera. 

Descolló Napoleón en el sitio por su serenidad y bizarría inalterables ; 
pues no era solo en el consejo donde manifestaba su ciencia y desempeño, 
acreditando uno y otro en medio de la acción, haciendo que el soldado 
admirase tanto su heroica presencia de ánimo, como el jeneral la esten- 
sion y rapidez de su intelijencia. Esta intrepidez acarreó el sacrificio de 
muchos caballos y que le hiriesen en el muslo izquierdo con riesgo de 
amputación. 

Era de suyo tan opuesto á la teórica pura, y menospreciaba en tanto 
gradólas ínfulas meramente científicas, que nunca se atuvo esclusi va- 
lúente á sus doctrinas. Idear y plantear eran para él un solo acto instan- 
táneo, desempeñando su brazo ejecutivamente cuanto abarcaba allá su 
fantasía. Esta necesidad de obrar le siguió á todas partes; la sintió desde 



DE NAPOLEÓN 55 

niño, la conservó en todos los vaivenes de su estrella, y falleció al faltar- 
le campo donde esplayarla, teniendo ya que concentrar en sí mismo aque- 
lla omnipotencia pensadora que habia asombrado la Europa con sus aji- 
gantados conceptos. 

No solo aplicaba esta actividad incansable á lo grandioso, pues en ro- 
deándose las circunstancias, ponia la mano á todo, y no temia esponer 
su espíritu trascendental auna jestion desairada, dedicándose á un porme- 
nor práctico según la urjencia del trance. Asi fué que, hallándose durante 
el sitio de Tolón en una batería en el acto en que uno de los artilleros 
cayó muerto , asió inmediatamente el atacador y cargó él mismo una do- 




cena de tiros. Le resultó luego una sarna maligna de que estaba plagado 
el artillero , y que después de haber puesto su vida en peligro, le causó la 
estraordinaria flaqueza que conservó durante las guerras de Ejipto 6 Ita- 
lia. Su cura radical no se efectuó hasta la época del imperio, merced á los 
conatos de Corvisart. 

No todos sus jefes fueron tan envidiosos é inhábiles como Cartaux. Los 
jenerales Dutheil y Dugommier le manifestaron al contrario un alto apre- 
cio y unas atenciones desusadas jeneralmeute con subalternos, lo cual era 
un resultado de su inmensa é indisputable superioridad de saber y desem- 
peño. Dugommier quedó atónito al oirle decir con una serenidad que fué 
profética, después de la toma del Pequeño Jibraltar-. « Idos á descansar; 
acabamos de tomar áTolou; pasado mañana dormiréis allí, i Pero sobre 
pujó á la estrañeza mucho mayor pasmo, cuando la predicción fué pun- 



54 HISTORIA 

lual y plenamente cumplida. Napoleón se acordó en su testamento de los 
jenerales Dutheil y Dugommier y también de Gasparin. Entonces Dugom- 
mier escribió á la junta de salvación pública pidiéndole el grado de jene 
ral de brigada para el comandante Bonaparte: «Recompensad y dad as 
censos á este joven, porque si se obrase ingratamente con él, se los to- 
marla él mismo. » 

Los representantes del pueblo hicieron justicia á esta petición , y el 
nuevo jcneral pasó al ejército de Italia á las órdenes de Dumcrbion y con 
tribuyó eficazmente á la toma de Saorgio y á las victorias de Tanaro y de 
Onella. 

Aunque Napoleón era adicto al sistema de los republicanos ardientes , 
que salvaban entonces al pais con una pujanza acompañada á veces de 
providencias pavorosas, se sobreponía siempre, desde la cumbre de su la- 
lento, á las pasiones que se estaban estrellando, y conservaba, bajo los 
ímpetus del delirio revolucionario, un carácter de moderación y de im- 
parcialidad filosófica que no estaba al alcance de los estremos que presen- 
ciaba. Así no usó de su poder y valimiento sino para resguardar de las 
persecuciones á sus contrarios políticos y salvar á varios emigrados que 
la borrasca había arrojado sobre la costa de Francia, y entre los cuales se 
hallaba la familia de Chabrillant. Cuando las venganzas de la Conven- 
ción contra los federalistas del Mediodía alcanzaron á Mr. Hugues, co- 
merciante rico de ¡Marsella, de edad de ochenta y cuatro años, quedó ater 
rado con este sacrificio, que le hizo prorumpir después : « Con aquel es 
pectáculo me creí entonces al fin del mundo. » 

Aunque horrorizado con tan estremada barbarie, Napoleón calaba 
despejadamente á los sangrientos mandarines de aquella temporada. « El 
emperador, dice el Diario de Santa Helena, hacia á Hobespicrre la jus- 
ticia de decir que habia visto largas cartas suyas escritas á Hobespicrre 
menor su hermano, entonces representante en el ejército del Mediodía, 
en que desaprobaba espresivamente aquellas demasías, diciendo que des 
honraban la revolución y la matarían. » 

Hobespierrc menor habia comprendido j admirado , como Gasparin , 
al grande hombre en sus principios. Hizo todos sus esfuerzos para llevar 
le consigo á Paris cuando fué llamado poco antes del 9 termidor. « Si yo 
no me hubiese desentendido, dice Napoleón, ¿ quien sabe adonde hubiera 
podido conducirme un primer paso y qué otra suerte hubiera sido la mia? ■ 

En el sitio de Tolón conoció y allegó á sí á Duroc y Junot: el primero, 
que fué el único que poseyó su intimidad y su entera confianza, y Junot, 
á quien distinguió con el rasgo siguiente i 

Luego que el comandante de artillería llegó á Tolón, mandó cons 
truir una batería, y necesitando escribir sobre el terreno, pidió un cabo 
ó sarjento que pudiese servirle en clase de secretario. Presentóse al punto 



DK NAPOLKf>> "i 

.un). \ apenas estaba concluida ia carta, cuando una' bala la cubrió do 
arena. «Bien», dijo el soldado amanuense, < no necesitaré areniHa.» Este 




soldado era Junot, y la prueba que dio de valor y serenidad hizo que lo 
recomendase su comandante, quien le ascendió después hasta los primeros 
grados del ejército. 

La conquista de Tolón, debida al joven Itonapartc , no alcanzó á es- 
cudarle contra las quejas y persecuciones que solían padecerlos jefes mili 
tares por parte de los comisarios de la Convención. Un decreto, que no 
tuvo ejecución, le citó á comparecer ante ella para responder de algunas 
disposiciones suyas relativas á las fortificaciones de Marsella. Un represen 



3G HISTORIA 

tante, descontento con su tesón y desabrimiento respecto ásus demandas, 
pronunció contra él aquella fórmula tantas veces mortal, pero en esta oca- 
sión felizmente ilusoria y vana, de puesto fuera de la ley. 

No todos los representantes del ejército del Mediodía se mostraron des- 
afectos á Napoleón, como antes dijimos. Uno de ellos, casado con una 
mujer muy amable y hermosa, le colmó de atenciones y miramientos, 
permitiéndole en su casa una familiaridad de que se utilizó ú abusó el 
jeneral de artillería, si hemos de referirnos á las indiscreciones del Diario 
de Santa Helena, según el cual aparece que la esposa participaba de la 
benevolencia y preocupación del marido, quien fué uno de los primeros 
que inclinó los ánimos de la Convención al vencedor de Tolón en la épo- 
ca del f5 vendimiarlo. 

Siendo Napoleón emperador, volvió á ver á su linda patrona de Niza. 
El tiempo y las desgracias habían alterado , ó mas bien destruido entera- 
mente, lo que cautivara en otro tiempo á Napoleón. «¿Cómo no os habéis 
valido de vuestros conocidos del ejercito de Niza para llegar ámí?» le dijo 
el emperador. «Hay entre ellos muchos personajes que están en relación 
perpetua conmigo.— Ay, señor,» respondió ella, «yano hemos sido cono- 
cidos desde el momento en que ellos han sido grandes y yo he llegado á 
ser desgraciada. » Era entonces viuda y se hallaba en sumo desamparo. 
Napoleón le concedió cuanto pedia. 

Al citar la época de esta buena ventura, como así se llama en el esti- 
lo del mundo, aunque no en el lenguaje de la moral, Napoleón se espresó 
así: «Yo era entonces muy joven y estaba envanecido cou mi escaso 
triunfo; así procuré agradecérselo con todas las atenciones que estaban á 




DE NA.POI..BON 37 

mi alcance, y vais á ver cuál puede ser el abuso de la autoridad y de qué 
depende á veces la suerte de los hombres , sin que por eso so juzgue qne 
yo sea de peor condición que otro. Paseándome un dia con ella por nuestros 
acantonamientos en los alrededores de la garganta de Tende, á título de 
reconocimiento como jefe de la artillería, me ocurrió de repente darle el 
espectáculo de un encuentro y mandé un ataque de avanzad;). \erdad es 
que salimos vencedores , pero el resultado no podia ser trascendental ; el 
avance era un mero capricho, y sin embargo murieron algunos hombres. 
Asi, cuando posteriormente me ha venido este recuerdo á la memoria, 
me lo he vituperado amargamente. » 

Los sucesos del 9 termidor rezagaron momentáneamente á Bonaparte 
la carrera que emprendía con tanto éxito y brillantez. Ora sea (pie sus re- 
laciones con Robespierre menor le hubiesen hecho sospechoso á los reac- 
cionistas, ora que los envidiosos de su gloria asomante se hubiesen vali- 
do de este ó de cualquier otro pretesto para perderle, quedó suspenso de 
sus funciones y arrestado por orden de Albitte, Laporte y Sallicetti, (ju io- 
nes le acriminaron el viaje que había hecho á Jénova , según un acuerdo 
y las instrucciones de su companero Ricord á quien habian reemplazado. 

Declarado Bonaparte indigno de la confianza del ejército y citado á 
comparecer ante la junta de salvación pública , no se avino calladamente 
al mandato ni á los cargos que se le hacian. Estendió al punto una nota 
dirijida á los representantes que le habian mandado arrestar, en la que 
asoma ya el estilo altivo, enérjico y terminante, harto reconocido y cele- 
brado después en su habla y en sus escritos. De aquí algunos fragmentos 
de este documento memorable i 

«Me habéis suspendido de mis funciones, me habéis arrestado y de- 
clarado sospechoso. 

« Heme aquí mancillado sin juicio ó sentenciado sin haberme oido. 

« En un estado revolucionario hay dos clases, una de patriotas, y otra 
de sospechosos. 

« ¿En cuál de ellas quieren clasificarme? 

« ¿Por ventura no he sido adicto á los principios desde el orijen de la 
revolución? 

«¿No me han visto siempre pelear contra los enemigos interiores ó 
contra los estranjeros á fuer de militar? 

« He sacrificado la residencia de mi departamento , he abandonado 
mis bienes, lo he perdido todo por la república. 

«Posteriormente he servido en Tolón y he descollado, he servido en 
el ejército de Italia, y he merecido la parte de los laureles granjeados en 
las tomas de Saorgio , Onella y Tanaro. 

« Cuando se descubrió la conspiración de Robespierre , mi conducta 
fué la de un hombre acostumbrado á no ver mas que principios. 



•i 



38 HISTORIA 

« Luego no se me puede disputar el título de patriota. 

i ¿ Porqué me declaran sospechoso sin oinne? 

«Inocente, patriota, calumniado, cualesquiera que sean las disposi- 
ciones de la junta, no podré quejarme de ella. 

« Si tres hombres declarasen que he cometido un delito, yo no podría 
quejarme del jurado que me condenase. 

«¿Deben los representantes poner al gobierno en la necesidad de ser 
injusto y desacertado? 

« Oidme, destruid esta opresión que me acosa ,. y voivedme el aprecio 
de los patriotas. 

i Una hora después , si los perversos quieren mi vida , la tengo en tan 
poco , la he despreciado tantas veces. . . . Sí , la mera aprensión de que aun 
puede ser útil á la patria me hace sobrellevar su peso con entereza. » 

Esta protesta bizarra y grandiosa en medio de su sencillez , indujo á 
los representantes á reflexionar que trataban con un hombre de suma 
capacidad, y que por consiguiente debian perder la esperanza de doble 
garle bajo la arbitrariedad y la persecución , sin esponerse á una larga y 
tenaz resistencia de su parte. Atemperándose pues á las exijencias del 
amor propio y á los consejos de la prudencia, Albitte y Sallicetti, de acucr 
do con el jeneral Dumerbion, revocaron provisionalmente su decreto y 
mandaron que se pusiese en libertad al jeneral Bonaparte, «cuyos conocí 
mientos militaresy locales podían redundar en provecho de la república.» 

Entretanto la reacción de termidor puso la dirección de la junta mili 
tar en manos de Aubry , antiguo capitán de artillería, y con este motivo 
Napoleón fué sacado de su cuerpo y destinado á servir en la Vendea en 
clase de jeneral de infantería. Indignado de una trasmutación tan ofensi 




I>K NAPOLEÓN r>!> 

va y poco dispuesto á dedicar el desempeño que se conceptuaba a una gner 
ra tan ingrata, acudió ejecutivamente en París a la junta militar, esprc 
sándose con mucho ímpetu y vehemencia. Aubry fué inflexible, y dijo á 
Napoleón « que era joven y se hacia forzoso que se antepusiesen los vete- 
ranos; » a lo que respondió Napoleón , « que en el campo de batallase en 
vejecia pronto , y que entonces llegaba de él. » El presidente de la junta 
no se había hallado en ninguna acción. 

Pero esla aguda y acalorada replica era mas á propósito para indispo 
ner que para persuadir a Aubry, quien insistió en su providencia, > el Jé 
ven oficial , no menos tenaz en sus resoluciones, pretirió el quedar arrin 
eonado ni ceder á la injusticia. 







CAPITULO IV. 



Apeamiento. 13 de vendimiaiin. Josefina. Casamiento. 




ncreible parece ver al avasallador veuidero 
de la Europa , detenido en su carrera , de- 
puesto y borrado de la lista de los jenerales 
franceses en activo servicio, en virtud de 
una orden firmada por Merlin de Douai, Ber- 
lier, Boissy-d' Anglas y Cambaceres, que de 
bian todos uu dia desalarse á competencia en 
demostraciones lisonjeras para alcanzar una sonrisa ó un ademan de apro- 



DE NAPOLEÓN. \\ 

bacion del joven oficial, á quien trataban entonces con tan poca conside- 
ración y miramiento. 

Pero entre los rcaccionistas de lermidor se halló un hombre que no 
quiso dejar enteramente ociosos los conocimientos militares que Bonapar- 
te habia manifestado en Tolón, y este fué Pontccoulant, sucesor de Aubry, 
quien empleó á Napoleón en la formación de los planes de campaña, sin 
hacer caso do las reconvenciones de la facción dominante. 

Este destino arrinconado que tan mal conjeniaba con el carácter de un 
guerrero, para quien eran condiciones necesarias de existencia el movi- 
miento, el estruendo y la gloria, pareció todavía demasiado ventajoso y 
honorífico para el joven oficial cuya suerte se intentaba soterrar. Lctour- 
neur de la Mancha, que reemplazó á Pontccoulant en la presidencia de la 
junta militar, heredó la añeja ojeriza de Aubry, y Napoleón quedó sin em- 
pleo. 

Entonces, desahuciado de arrollar envidias, vulgaridades y odios po- 
derosos, y no queriendo sin embargo doblegar ante la idiotez y bastardía 
arbitraria toda la capacidad política y guerrera que abrigaba en su inte- 
rior , desvió por un momento sus miradas de Europa para clavarlas en el 
Oriente. Necesitaba á todo trance destinos grandiosos ; la naturaleza lo 
habia labrado para pretenderlos y ejecutarlos; y si la Francia se los rehu- 
saba, el Oriente debia ofrecérselos. 

Poseído de este pensamiento, estendió unos apuntes para dar á enten- 
der al gobierno francés que estaba en el interés de la república el aumen- 
tar los medios defensivos de la Puerta, contra las miras ambiciosas y los 
proyectos de invasión délas monarquías europeas. « El jeneral Bonapartc, 
que sirve en la artillería desde su mocedad, y que la dirijió en el sitio de 
Tolón y durante dos campañas en el ejército de Italia, se ofrece al gobier- 
no para pasar á Turquía con un encargo político Será útil á su patria 

on esta nueva carrera; y hará un verdadero servicio, á su pais si alcanza á 
robustecer las fuerzas de los Turcos, perfeccionar la defensa de sus prin- 
cipales fortalezas y construir otras nuevas. » — « Si un empleado del des- 
pacho de la guerra, dice Mr. de Bourrienne, hubiese puesto la palabra con- 
cedido al pié de la nota , acaso esto solo hubiera cambiado la faz de la Eu- 
ropa. » Pero esto no sucedió. Preocupado el gobierno con la política inte- 
rior y las contiendas de partidos , no podia dedicar su atención á planes 
militares, cuyo resultado era tan incierto como remoto; y Napoleón conti- 
nuó ocioso en Paris, condenado á la inacción por la prepotencia, pero 
retenido por la Providencia á las órdenes de la revolución. 

No tardó en rodeársele coyuntura de emplearse. Los realistas , alen- 
tados con la reacción de termidor, se introdujeron en las secciones parisien- 
ses y las animaron á sublevarse contra la Convención. Las primeras tenta- 
tivas fueron favorables á los insurjentes. El jeneral Menou, indiciado de 



' 



43 HISTORIA 

traición y ciertamente culpable de Jlojedad y convencido de incapacidad, 
facilitó esta \ ictoria á los seccionistas, á quienes se le habia encargado dis- 
persar y rendir. Los caudillos de la Convención, demasiado comprometi- 




dos con el realismo, á pesar de sus ímpetus contra los jacobinos, para no 
sobresaltarse con el triunfo de la contra-revolución, se acordaron enton- 
ces de que habían proscrito, desarmado y encarcelado á un sinnúmero de 
ardientes patriotas que podiau parar en denodados auxiliares en tan críti- 
cas circunstancias. Los republicanos perseguidos oyeron el llamamiento 
de sus perseguidores, y corrieron á las armas para conjurar el peligro co- 
mún. Pero este ejército extemporáneo necesitaba un jeneral, después del 
revés y del arresto de Menou; y Barras, nombrado para jefe , solo podia 
ejercer un mando nominal. Tnvo la sensatez de comprenderlo y de hacer 
que se le agregase un ayudante mas intelijente de la guerra que él. Propu- 
so al jeneral Bonaparte, y la Convención confirmó esta elección por un de- 
creto que Bonaparte pudo oir desde la tribuna pública á donde habia con- 
currido para observar de cerca la conducta de la asamblea, en cuyas manos 
estaba la suerte de la república. 

Seguu el Diario de Santa Helena , Napoleón deliberó por mas de me- 
dia hora consigo acerca de la admisión ó no admisión del puesto importan- 
te que se le confiaba. No habia querido militar contra la Vendea, y no de- 
bía decidirse de repente á metrallar á los Parisienses. « Pero si la Convención 
fracasa, decia consigo mismo, ¿ qué será de las grandes verdades de núes- 



DE NA I» OLKOW. i.' 

tra revolución? nucrtras numerosas victorias, y nuestra sangre, lanías veces 
derramada, ya no serian mas ijuc acciones infames. Los «stranjeros, á 
quienes hemos vencido, triunfarían entonces y nos llenarian de vilipen- 







dio De modo que la derrota de la Convención ceñiría las sienes de los 

estranjeros y pondría el colmo á la ignorancia y esclavitud de-la patria.» 
Este arranque, veinte y cinco años, la confianza en sos fiterzas y en mi 
destino preponderaron en él, y luego que se hubo decidido , se presentó á 
la junta. 

Aciaga determinación para los insurjcñtcs, pues Napoleón ajustó tan 
acertadamente sus medidas, que al cabo de pocas horas de refriega, el 
ejército parisiense fué arrojado de todas sus posiciones y el levantamiento 
quedó enteramente sofocado. 



\\ 



HISTORIA 



La Convención recompensó á su libertador, nombrándole jeneral en 
jefe del ejército del interior. 




£¿EA/tfft 



Desde aquel dia Napoleón pudo prever que dispondría luego de las 
fuerzas militares de la Francia , y subió realmente la primera grada del 
trono, al tomar el mando supremo de la capital. 

¡En veinte y cuatro horas qué cambio de su suerte! El 12 vendimia- 
rio estaba arrinconadamente desahuciado, teniendo que ensimesmar la ac- 
tividad de su injenio, propenso á desconfiar de su estrella con tantísimos 
tropiezos, y en tal manera aburrido de los contratiempos que esperimen- 
taba en la escena política , que el halago y el reposo de la vida privada 
empezaban á tentarle y le hacían prorumpir, al saber el enlace de su her- 
mano José con la hija del principal comerciante de Marsella ¡ 

« ¡Qué afortunado es aquel picaro de José! » 



DE NAPOLEÓN. 4.'i 

Por el contrario, todas estas veleidades de estado llano habían desapa- 
recido el 14 vendimiarlo, y el arrinconado de la víspera se había trasfor- 
mado en el dominador del dia siguiente, viniendo á ser el centro de todas 
las tramoyas y de todas las ambiciones, así como era el alma de todos los 
movimientos. En presencia del realismo, cuya bandera rechazaba allá el 
mimen de la Francia, y no teniendo sobre si mas que una junta ejecuti- 
vamente desgastada en la carrera de las arbitrariedades y en las contien- 
das de cadalso , el joven vencedor de las secciones parisienses eslabonó 
con su estrella asomante los destinos de la revolución, que ya no podía 
acaudillar el astro eclipsado de la Convención al resplandor de los prime- 
ros años de la libertad. 

El primer uso que hizo Napoleón de su poder y valimiento fué salvar 
á Menou, cuya pérdida tramaban las juntas. 

Apesar de toda su moderación, los vencidos no le pudieron perdonar su 
derrota; pero su venganza se limitó á un apodo , no pudiendo nada mas 
contra él que llamarle el Metrallador. 

El vecindario parisiense estaba mortalmcnte agraviado y abatido; el 
hambre estremó el quebranto y la aversión á los militares que lo habían 




• 



46 HISTORIA 

avasallado. « Un dia que no habia podido veriQcarsc el reparto del pan , 
dice Mr. de las Cases , y que se habia agolpado el jcntío á las puertas de 
los panaderos , Napoleón pasaba eon una parte de su estado mayor , ze- 
lando la seguridad pública; detiénele un tropel de la plebe, compuesto 
principalmente de mujeres, y le pide pan á voces descompasadas: crece 
la concurrencia, se redoblan las amenazas, y la situación llega á ser suma- 
mente crítica. Sobresalía sobre todos por sus ademanes y palabras una 
mujer desatinadamente gruesa : « Todo ese hato de matones se burla de 
nosotros , clamaba apuntando á la oGcialidad, pues en comiendo y engor- 
dando ellos bien , poco les importa que el pueblo se muera de hambre. » 
Volvióse Napoleón hacia ella y dijo : « Oiga, buena mujer, ¿qué os pare- 
ce? ¿cuál está mas gordo de los dos?» Es de observar que Napoleón se 
hallaba á la sazón sumamente ílaco. «Yo parecía un esqueleto, dice él. 
Una risa jeneral aplaca la furia de la plebe, y el estado mayor prosigue 
su camino. » 

Sin embargo la trascendencia de la asonada insurreccional de vendí 
miario, y la casi jeneralidad de las reconvenciones en que prorumpian con- 




DE NAPOLEÓN. 47 

tía la Convención todos los partidos, habian hecho disponer el desarme 
jencral de las secciones. Mientras se llevaba a cabo esta providencia , un 
joven de diez á doce años fué á suplicar al jeneral en jefe que le maudase 
devolver la espada de su padre, que habia mandado los ejércitos de la re- 
publita. Este joven era Eujenio de Beauharnais. Napoleón accedió á la 
súplica, y le trató con sumo agrado. Enternecido el mozo, derramó algu- 
nas lágrimas, y habló á su madre de la buena acojida que le habia dis- 
pensado el jencral , con cuyo motivo aquella se creyó obligada á visitar- 
le y manifestarle su agradecimiento. Madama Beauharnais, todavía jo- 
ven , no ocultó probablemente en este avistamiento el donaire y los pri- 
mores con que descollaba en las grandiosas tertulias de la capital. Interesó 
á Bonaparte, quien avaloró la proporción que vino á rodearle la casuali- 
dad, siendo desde luego uno de sus contertulios diarios. Acudían allí al- 
gunos de la nobleza antigua que no descompadraban con el metrallador- 
cillo, como se le apellidaba con estudio en las concurrencias. Cuando esta 
se retiraba , quedaban algunos amigos , como el anciano Mr. de Montes- 
quieu y el duque de Nivernés , para hablar á puerta cerrada de la anti- 
gua corte y « dar una vuelta por Vcrsallcs. » Muy estraño pareciera hoy 




<h r 






48 HISTORIA 

dia ver al vencedor de vendimiario rodeado de aquellos palaciegos vete 
ranos , si no se supiera lo que ha hecho después por la etiqueta y las eje- 
cutorias, aunque nunca se desprendió respecto á sí del menosprecio fi- 
losófico que le merecian aquellas aprensiones , y debia ser el repre- 
sentante nato de la revolución francesa y el espanto de las aristocracias 
europeas. Por lo demás no fué un mero conocimiento ó una relación vo- 
landera la que contrajo Napoleón con Madama de Beauharnais. El cariño 
mas ardiente y entrañable se aposentó en su pecho , y cifró toda su dicha 
(Mi desposarse con la que estaba adorando. Este enlace se verificó el de 
marzo de 4796. Una negra había pronosticado á Josefina que seria reina; 
alo menos así se complacia en referirlo sin parecer muy incrédula, y su 
matrimonio con Bonaparte fué un primer paso para el cumplimiento de la 
profecía. 













CAPITULO V. 






Primera campaña de Italia. 




ciierer , jenoral en jefe del ejército de 
Italia , habia comprometido las armas y 
el honor de la república por su incapaci- 
dad militar y por el desconcierto de su 
. administración, dejando perecer la caba- 
llería por falta de abastos. El ejército ca- 
^^s- J *^CZ3=c^=^ , - c ^ p> recia de todo y no podia sostenerse por 
mas tiempo en la ribera de Jénova. Deseoso el Directorio de poner un tér 

7 



oO HISTORIA 

mino á tamaña desdicha , pero escaso de víveres y de caudales , le envió 
un nuevo jeneral. Afortunadamente este nombramiento recayó en Rona- 
parte , cuyo numen lo suplió todo. 

Salió de Paris el 2í de marzo de 4796, dejando el mando del ejército 
del interior á un antiguo jeneral llamado Hatri , y llevando ya ideado su 
plan de campaña. Habia resuelto internarse en Italia por el valle que des- 
linda los últimos picos de los Alpes y de los Apeninos, para atravesar el 
ejército austro-sardo, precisando á los Imperiales á cubrir á Milán, y á los 
Piamonteses á escudar su capital . Llega á Niza á fines de marzo, de donde 
traslada, desde el arranque de la campaña, el cuartel jeneral á Albenga. 
« Soldados, » dice Napoleón al pasar la primera revista á las tropas, «es- 
tais desnudos y hambrientos: se os está debiendo mucho, y nada se os 
puede dar. Vuestro sufrimiento, el denuedo que mostrasteis entre estos 
peñascos es asombroso , mas no os acarrea el menor blasón, y así , vengo 
á encaminaros á las llanuras mas pingües del mundo. Ricas provincias y 
grandes ciudades caerán en nuestro poder, y allí lograréis riquezas , ho- 
nor y gloria. ¡Soldados de Italia ! ¿escasearíais de arrojo?» 

Kl ejército ya esperanzado vitorea este lenguaje , y utiliza el jeneral 
aquel entusiasmo para hablar con desembozo al senado de Jénova, pidién- 
dole el tránsito por la Rochetta y las llaves de Gavi. 

En 8 de abril escribe al directorio- « He hallado este ejército, no sola- 




DE NAPOLEÓN. 51 

mente falto de todo, sino también de disciplina y rematadamente insu- 
bordinado. El descontento había llegado á tal cstremo que los mal inten- 
cionados, valiéndose de la coyuntura, habian formado una compañía, lla- 
mada del Delfín, que iba entonando cantares contrarevolucionarios 

Contad con que se restablecerán en 61 la paz y el orden Cuando leáis 

esta carta, ya habremos venido a las manos. » Y con efecto sucedió todo 
como Bonapartc había previsto y asegurado. 

El ejército enemigo estaba mandado por Beaulicu , oficial sobresalien- 
te, que se habia granjeado nombradla en las campañas del Norte. Al sa- 
ber que el ejército francés, hasta entonces mantenido en la defensiva, aca- 
baba de entablar de repente el sistema ofensivo, y trataba osadamente de 
arrollar las puertas de Italia, sale arrebatadamente de Milán y acude al 
socorro de Jénova. Situado en Novi , donde fija su cuartel jeneral, repar- 
te su ejército en tres cuerpos, y publica un manifiesto que el jeneral fran- 
cés remite al Directorio, diciéndole que iba á contestar « al otro dia de la 
batalla. » 




tfcy 



Verificóse esta em en Montenote: y descollando con un golpe sonado 
desde el principio de la campaña , alcanza el jeneral republicano la pri- 



52 HISTORIA 

mera victoria , desde cuya lecha quiso contar después el oríjen de su no- 
bleza. 

Nuevas refriegas le fueron proporcionando mayores triunfos; Bona- 
parte, vencedor eH4 en Millesimo, y eUC en Dego, responde, no al otro 
dia de la batalla , sino con tres victorias en cuatro dias, al manifiesto de 
Beaulieu; y la noche misma del empeño en Dego, da cuenta al Directorio 
de sus rápidas y esclarecidas operaciones , poniendo estudio en dar realce 
á la parte que habiau tomado en tan reñidos trances los jefes que estaban 
ásus órdenes , como Joubert , Massena, Augereau, Menard, Laharpe, 
Rampon , Lannes , etc. 

« Hemos cojido en esta acción de 7 á 0.000 prisioneros , contándose 
entre ellos un teniente jeneral y veinte ó treinta coroneles y tenientes co- 
roneles. 

« El enemigo ha dejado en el campo de 2.000 á 2.500 muertos. 
« Os comunicaré tan pronto como me sea posible los pormenores de 
este glorioso encuentro , remitiendo lista de los que se han distinguido 
particularmente. » 

Sucedió entonces que el jeneral Colli, que mandaba la derecha, escri- 
bió á Bonaparte reclamando un parlamentario llamado Moulin , emigra- 
do francés , que habia sido detenido en Murseco, y amenazándole que usa- 
ría de represalias en la persona del brigadier Barthelemy , prisionero con 
los Austríacos. El jeneral francés respondió : «Un emigrado es un hijo 
parricida que bajo ningún concepto se hace respetable. Al enviar á Mr. 
Moulin en clase de parlamentario , se ha faltado al honor y á las conside- 
raciones debidas al pueblo francés. Sabidas tenéis las reglas de la guerra, 
y no creo en la represalia con que amenazáis al brigadier Barthelemy. 
Pero si á pesar de aquellas leyes , os propasaseis á semejante acto de bar- 
barie , de él responderán inmediatamente todos vuestros prisioneros con 
cruelísima venganza, porque profeso á los oficiales de vuestra nación el 
aprecio debido á valientes militares. » Y no era vana la amenaza de Bona- 
parte, pues tenia ya en su poder gran número de prisioneros. Así pues 
contestó á Colli eH8 de abril. 

El resultado de las famosas jornadas en que los nombres de Joubert, 
Massena y Augereau sonaron por primera vez esclarecidamente para la 
Francia, fué quedar la retaguardia enemiga, mandada por Provera, ren- 
dida, disponer la separación de los Austríacos y Piamon teses, y abrir á las 
tropas republicanas á diestro y siniestro los caminos de Milán y deTurin. 
Guando el jeneral en jefe llegó á las alturas de Montezemoto, que Auge- 
reau habia ocupado el mismo dia en que Serrurier habia obligado á Colli 
á evacuar su campamento atrincherado de Ceva, apuntó desde allí á su 
ejército los picos altaneros que la nieve señalaba alo lejos y que se encum- 
braban á manera de tendidas cascadas de hielo sobre las ricas llanuras del 






DE NAPOLEÓN 53 

I'i.-iiik ni i<\ « Aníbal ha forzado los Alpes, » dijo á sus soldados, fijando sus 
miradas en los montes; a nosotros les daremos vuelta, i 

II 22 quedó señalado con una nueva victoria. El ejército republicano 
pasó el Tanaro y se apoderó del reducto de la Bicoca , de Mondovi y de sus 
almacenes. El 25 se tomó y fortificó Cherasque, firmándose un armisti- 
cio el 28. 




Algunos dias antes, el 24, Bonaparte habia respondido en estos térmi 
nos á una carta del jeneral Colli ¡ «El Directorio ejecutivo se ha reservado 
el derecho de tratar de la paz : por lo mismo es preciso que los plenipo 
tenciarios del rey vuestro amo pasen á Paris ó aguarden en Jénova á los 
enviados del gobierno francés. 

« La posición militar y moral de ambos ejércitos imposibilita toda sus 
pensión pura y sencilla. Aunque yo esté particularmente convencido de 
que el gobierno concederá á vuestro rey condiciones de paz honrosas, no 
me cabe detener mi marcha por presunciones aéreas; sin embargo un me 
dio hay de conseguir vuestro objeto conforme con los verdaderos intereses 
de vuestra corte y que escusaria un derramamiento de sangre infructuoso, 
y por lo tanto contrario á la razón y á las leyes de la guerra, y este es que 
me entreguéis dos de las tres fortalezas de Coni, Alejandría y Tortona, 
las que bien os parezcan » 

Entregáronse las fortalezas de Coni y Tortona , como también la de 
Ceva, á los republicanos, y quedó firmado el armisticio. 

j Cuántas empresas ejecutadas en un mes ! ya no tenia que temer la re- 
pública por sus puertos y fronteras : estremeciendo por el contrario en sus 
capitales á los reyes que antes la amenazaban ; y este trueque se habia ve 



54 HISTORIA 

riíicado con suma prontitud, sin recursos nuevos, con un ejército exhaus- 
to que carecia á un tiempo de víveres, de artillería y de caballería. Este 
milagro era el resultado del numen ambidestro de un prohombre y del 
ímpetu de la libertad que le franqueaba soldados y una oficialidad acree- 
dora á su mando. 




Los estranjeros estaban aterrados. El ejército francés, asombrado con 
su caudillo novel, se angustiaba para lo venidero, aun en medio de sus 
inauditos triunfos, al recapacitar los medios escasos que le acompañaban 
en carrera tan esclarecida , entablando la ardua empresa de conquistar la 
Italia. Para desvanecer aquellas zozobras y reencender el entusiasmo de 
las tropas , Napoleou les dirijió desde Cherasque la proclama siguiente : 

« ¡Soldados! en quince dias habéis alcanzado seis victorias, cojido vein- 
te y una banderas, cincuenta y cinco cañones; habéis tomado varias plazas 
fuertes y conquistado la parte mas rica del Piamonte ; habéis hecho quin- 
ce mil prisioneros y herido ú muerto á mas de diez mil hombres. Hasta 



DE NAPOLEÓN 55 

ahora habéis peleado por áridos pénaseos, esclarecidos ya con vuestro de- 
nuedo , pero inservibles para la patria. Ahora sois ya competidores digní- 
simos del ejército conquistador de la Holanda y del Itin. Faltos de todo, 
á todo habéis acudido. Habéis ganado batallas sin cánones, pasado rios 
sin puentes, hecho marchas forzadas sin calzado y acampado sin aguar- 
diente y á veces sin pan. Solo falanjes republicanas y soldados de la liber- 
tad eran capaces de aguantar cuanto habéis padecido. I-a patria recono- 
cida os deberá en parte su prosperidad ; y si al vencer en Tolón estuvisteis 
ya anunciando la campaña inmortal de \ 793 , otra mas hermosa pregonan 
desde ahora vuestras victorias. 

« Ambos ejércitos , que poco ha os embestían con arrojo, huyen aterra- 
dos á vuestra vista ; los malvados que se estaban mofando de vuestro des- 
amparo y soñaban con mil triunfos de nuestros enemigos, yacen confun- 
didos y trémulos. Pero es menester que no os desentendáis, oh soldados , 
de que nada habéis hecho , puesto que os queda todavía algo por hacer. 
Turin ni Milán no están en vuestro poder , y los asesinos de Basseville 
huellan todavía las cenizas de los vencedores de Tarquino. Estabais faltos 
de todo al principio de la campaña ; ahora estáis abundantemente provis- 
tos. Los depósitos cojidos á vuestros enemigos son crecidos y ya ha llegado 
la artillería de sitio y de campaña. Soldados , la patria tiene derecho á es- 
perar heroicidades de vosotros. ¿Corresponderéis á su esperanza? No hay 
duda que están vencidos los mayores obstáculos; pero todavía tenéis re- 
friegas que trabar, ciudades que tomar y rios que atravesar. ¿Hay entre 
vosotros alguno cuyo denuedo amaine? ¿Hay alguno que prefiera volver 
á la cumbre del Apenino y de los Alpes, para aguantar los baldones de 
esa soldadesca esclava ? No, no hay ninguno entre los vencedores de Mon- 
tenote, Millesimo, Dego y Mondovi. Todos están ardiendo en anhelos de 
llevar á lo lejos la gloria del pueblo francés. Todos quieren humillar á 
esos reyes orgullosos que se atrevían á tratar de aherrojarnos. Todos quie- 
ren dictar una paz gloriosa que indemnice á la patria de los inmensos sa- 
crificios que tiene hechos. ¡Amigos! esa conquista yo osla prometo, pero 
bajo una condición, que debéis jurar y cumplir, de respetar á los pueblos 
que libertáis y contener los horribles saqueos en que se engolfan algunos 
perversos escitados por vuestros enemigos. No siendo así, los pueblos os 
mirarán como un azote, y no como á sus libertadores ; y el pueblo fran- 
cés, en vez de blasonar de vuestras acciones, os denegaria por sus hijos. 
Victorias , valor, triunfos, la sangre de nuestros hermanos muertos en las 
peleas, todo se perdería, hasta el honor y la gloria. En cuanto á mi y á 
los jencrales que os merecen confianza, rubor tendríamos de mandar un 
ejército sin disciplina, sin freno y que no conociese otra ley que la vio- 
lencia. Pero revestido de la autoridad nacional y escudado con la justicia 
y las leyes, sabré hacer respetar á esa corta grey de cobardes y desalmados 



50 HISTORIA 

las leyes de la humanidad y del honor que atropellan. No permitiré que 

unos salteadores marchiten vuestros laureles. Haré ejecutar rigurosamente 

el reglamento publicado en la orden del dia. Los ladrones serán ejecutados 

sin conmiseración; algunos lo han sido ya, y con este motivo he podido 

observar el afán con que cumplieron mis órdenes los buenos soldados del 

ejército. 

« ¡ Pueblos de Italia! el ejército francés viene á romper vuestras cade- 
nas : el pueblo francés es amigo de todos los pueblos J salid confiados á su 
encuentro. Propiedades, relijion, costumbres, todo será respetado. Pelea- 
mos como enemigos jenerosos , y solo queremos mal á los tiranos que os 
avasallad. » 

Este lenguaje estaba descubriendo en Napoleón aun mas que un gran 
capitán. En él descuella ya el estadista trascendental, que ha de ser un con- 
quistador que imponga leyes, y logre pasmar y enloquecer á los pueblos 
anunciándoles su libertad , el castigo de los malhechores y el respeto es- 
crupuloso para con su relijion y sus costumbres. 

Cuando Napoleón hablaba con tamaña entereza , estaba á diez leguas 
de Turin, y tomaba, digámoslo así, posesión de la Italia. El rey de Orde- 
ña temió y activó las negociaciones entabladas, y cuyas primeras conferen- 
cias se efectuaron en casa de su mayordomo Salmatoris, que fué posterior- 
mente prefecto del palacio de Napoleón durante el imperio ; y firmóse en 
Cherasque el armisticio arriba anunciado, bajo condición , entre otras, de 
que el rey de Cerdeña se retraería inmediatamente de la confederación y 
enviaría un plenipotenciario á Paris para tratar de la paz definitiva , todo 
lo cual fué puntualmente ejecutado. Hallábase el monarca sardo acosado 
por el ejército republicano , y así no le cabia el faltar á su palabra. Despa- 
chó al conde de Revel á Paris con las mas pacíficas instrucciones , y por su 
parte Napoleón envió de antemano á la misma capital al jefe de escuadrón 
Murat, encargado de llevar la noticia de las victorias con que se habia 
señalado el principio de la campaña. « Ya podéis dictarle la paz al rey de 
Cerdeña cual vencedores, » escribía Napoleón al Directorio. « ....Si tenéis 
el proyecto de destronarle , entretenedle algunas décadas y avisadme in- 
mediatamente ; entonces me apodero de Valencia y marcho sobre Turin. 

« Enviaré doce mil hombres sobre Roma cuando haya derrotado á 
Beaulieu » 

Los representantes de la nación acojieron este mensaje decretando que 
el ejército de Italia habia merecido bien de la patria por la quinta vez en 
seis dias. La paz con el rey de Cerdeña aumentó el alborozo público, que- 
dando firmada el 1 5 de mayo bajo las condiciones mas ventajosas para la 
Francia. 

No teniendo ya Bonaparte que pelear sino contra los Imperiales, se 
preguntó si debia guardar la línea del Tesino ó caer sobre el Adijio con la 



DE NAPOLEÓN. 57 

celeridad audaz que le había hecho dueño eu pocos días de las mas lier 
mosas provincias de la monarquía sarda. Él mismo nos lia conservado, 
en una nota recopilada en el Diario de Sania Helena, las razones que mi 
litaban en pro de uno y otro partido. Kl primero , de cordura y reserva, 
no cuadraba con la posición de la república nueva, que debía acobardar á 
laconfederacion con repetidos golpes é incesantes prodijios, ni con el joven 
jcncral á quien su índole y ambición inclinaban á las resoluciones mas 
atrevidas y peligrosas , que ofrecían mayores probabilidades de dificultad 
y nombradía. Bonapartc siguió adelante después de haber escrito al Direc- 
torio : « Mañana marcho contra Heaulicu; le obligo á atravesar el Po ; lo 
paso inmediatamente tras él; me apodero de toda la Lombardía, y antes 
de un mes confio hallarme sobre los montes del Tirol, encontrar el ojér 
cito del Rin y trasladar de consuno con 61 la guerra á la Baviera. » 

El 9 de mayo escribía al director Carnot : 

« Al fin hemos pasado el Po , y se ha empezado la segunda campaña. 
Beaulieu está desbaratado; yerra sus cálculos, y siempre para en los lazos 
que se le arman; acaso querrá presentar batalla, porque este hombre tie- 
ne arrojo como enfurecido, mas no como jeneral Una victoria mas y 

somos dueños de Italia Es incalculable lo que hemos eojido al enemi- 




58 HISTORIA 

go Os remito veinte cuadros de los mejores, del Corregió y Miguel 

Anjel. 

« Os doy las mas espresivas gracias por las atenciones que tenéis con 
mi esposa; os la recomiendo; es patriota de corazón y la amo en estremo. » 

Al día siguiente de esta carta, la nueva victoria de que esperaba Bo- 
naparte la posesión de la Italia fué patrimonio de la historia, inmortali- 
zando el nombre de Lodi, que los republicanos ocuparon. 

La conquista de la Lombardía fué el fruto de esta batalla. En pocos 
dias, Pizzighitone, Cremonay todas las ciudades principales del Milanesa- 
do cayeron en poder del ejército francés. 

En medio de los campamentos y del estruendo de las armas, Napoleón, 
á quien se hubiera podido conceptuar embargado en asuntos políticos y 
guerreros, se mostraba ansioso por 4as artes y pedia al Directorio una co- 
misión de artistas para recojer las preciosidades que la conquista ponia á 
su disposición. Viósele posteriormente rehusar tesoros, que hubieran podi- 
do ser propiedad suya, por apropiarse un cuadro del Corregió con el cual 
apetecía enriquecer el Museo Nacional. 

Y no solo mostraba interés y afán por el progreso y la prosperidad de 
las nobles artes, pues cuanto corresponde al entendimiento, al cultivo de 
las ciencias ó á ¡a causa de la civilización moderna , todo tenia cabida en 
sus pensamientos. A los quiuce dias de su tránsito del Po, allá entre el es- 

/ 




I)E NAPOLEÓN. 50' 

truendo del canon de Lodi y las humaredas del crmpamento de .Mantua, 
se retraía del ansia jeneral por verle en su cuartel de Milán , pana escri- 
bir á un célebre jeómetra, al sabio Oriani , la carta siguiente 

« AL CIUDADANO ORIAS!. 

t I,as ciencias que honran al entendimiento humano y las artes que 
hermosean la vida, encomendando las heroicidades á la posteridad, mere- 
cen condecorarse con especialidad en los gobiernos libres. Todos los hom- 
bres de injenio y cuantos se han granjeado timbres en la república litera 
ria son hermanos , cualquiera que sea el pais que los vio nacer. 

« Los sabios no disfrutaban en Milán el aprecio á que eran acreedo- 
res. Retraídos en el interior de sus laboratorios, se conceptuaban dicho 
sos, con tal que los reyes y los sacerdotes los dejasen intactos. Pero esto 
no sucede hoy dia: el pensamiento es libre en Italia , ya no hay inquisi- 
ción , intolerancia ni déspotas. Yo insto á los sabios para que se reúnan j 
me propongan sus miras acerca de los medios que pudieran emplearse ó de 
las carencias que están padeciendo para dar á las ciencias y las artes nue- 
va vida y verdadera existencia. Cuantos gusten pasar á Francia pueden 
contar con desalada acoj ida por parte- del gobierno. El pueblo francés tie- 
ne en mas el granjearse un sabio matemático , un pintor acreditado ó un 
hombre esclarecido, eu cualquiera linea, que el poseer la ciudad mas ri- 
ca y abundante. 

«Sed pues, ciudadano, el órgano de estos anhelos respecto á los sa 
bios eminentes que está atesorando el Milaacsado. 

t BOlfAPARTE. t 



Pero aquel tino finísimo, y aquel desempeño y actividad que todo lo 
estaba abarcando con tanto asombro de amigos y enemigos de la Francia, 
encelaban también al gobierno suspicaz que manejaba á la sazón la repú- 
blica. Estaba ya el Directorio presenciandOjUn sucesor en el héroe de Mon- 
tenote y Lodi, y queria alejar cuanto fuese dable aquel trance, ton esta 
mira trató de dar un segundo al que habia probado con una serie de vic- 
torias inesperadas que sabia obrar y vencer por sí solo. No se equivocó 
Itonapartc respecto al móvil que le daba por compañero á Kellermann, y 
se franqueó sin rebozo en una carta escrita al director, cuyo carácter , 
servicios y conocimientos le merecían aprecio. «Creo, escribía á Carnot, 
que juntar á Kellermann conmigo en Italia es querer desquiciarlo todo. Yo 
no puedo servir gustoso con un hombre que se conceptúa el primer je- 
neral de Europa; y además en mi dictamen, un jeneral malo vale aun 
mas que dos buenos. En la guerra, como en el gobierno , todo se cifra en 
el tino. » 



i 



60 HISTORIA 

Después de haber enviado esta carta, Napoleón prosiguió obrando con- 
forme á sus propias miras y llevando á cabo su plan. Habia hecho su en- 
trada triunfal en Milán el! 5 de mayo, mientras que en Paris se firmaba 




la paz que ¿1 mismo habia impuesto á la Cerdeña en Montenote, Dego, Mi 
llesimo y Mondovi. 

El Directorio no se atrevió á realizar su intento de asociación. Keller 
mano fué nombrado gobernador jcncral de los paises cedidos á la Francia 
por el último tratado con su Majestad sarda, y Bonaparte conservó el 
mando en jefe del ejército de Italia. 

Su primer conato fué trasladar el centro de las operaciones sobre el Adi 
jio y entablar el bloqueo de Mantua. El ejército francés se componia ape- 




nas de treinta mil hombres, mas no por eso el arrojo de su jeneral dejó di 



I, 



DE NAPOLEÓN. 01 

aterrar al consejo áulico. Al punto se trató en Vicna de retirar á Wurmser 
de las márjenes del Hin y enviarle á Italia con un refuerzo de treinta mil 
hombres de tropas cscojidas. 

No se le ocultaba por su parte á Napoleón que los encuentros diarios 
y las enfermedades podían llegar á reducir su ejército, ya tan escaso, á una 
inferioridad de número considerable respecto á los Imperiales, y no cesaba 
de instar y clamar al Directorio para que le enviase reclutas y que el ejér- 
cito del Rin ejecutase una llamada poderosa emprendiendo activamente 
las hostilidades. ■ Me figuro que están peleando allá en el Rin , había es- 
crito Bonaparte á Carnot pocos días después de la victoria de Lodi; sí con- 
tinuase el armisticio, el ejército de Italia quedaría destruido; digno de la 
república fuera ir á firmar el tratado de paz con los tres ejércitos reuni- 
dos en el riñon de la Bavieraó del Austria atónita. » 

Napoleón tenia tanto mas motivo de pedir la cooperación de los ejér- 
citos del Rin y de Sambra y Mosa, por cuanto se lo habían formalmente 
prometido á su salida de París para mediados de abril; y luego estos ejér- 
citos no se pusieron en movimiento hasta fines de junio, cuando Wurmser, 
á quien una llamada ejecutiva hubiera podido detener en Alemania, llega- 
ba á Italia con sus refuerzos. 

Los que estaba demandando el jeneral francés acudían mas pausados: 
el Directorio, ó por imposibilidad ó malevolencia, ensordecía para sus 
instancias. Teniendo así Napoleón que hacer frente con treinta mil hom- 
bres á un ejército compuesto de cien mil, desentraña entonces de sí mismo 
medios de minorar la superioridad numérica de los Imperiales; y vuela 
en alas de su numen y de su estrella. Va allá ideando y disponiendo un 
plan de marchas y contramarchas , de ataques falsos y retiradas aparentes, 
de maniobras osadas y movimientos instantáneos , á favor de los cuales se 
empeña en dividir y aislar los tres cuerpos enemigos, descolgándose des- 
pués de improviso coa todas sus fuerzas reunidas, atacándolos separada- 
mente y derrotándolos uno tras otro. El éxito mas completo abona el pen- 
samiento y las esperanzas del sumo capitán , á quien acompañan eficaz- 
mente la intelijencia y el denuedo de los jenerales y soldados republica- 
nos. Mientras que Wurmser le supone embargado con Mantua, se escabulle, 
por decirlo así , del sitio de aqiiella plaza , y trasladándose de relámpago 
del Po al Adijio, del Chiesa al Mincio, parece que se multiplica para embes- 
tir casi al mismo tiempo á todas las divisiones enemigas, y las va arrollan- 
do, dispersando y destruyendo en una repetición de lances , conocida con 
el nombre de campaña de los cinco días, que sobrevinieron en Salo, 
Lonato, Castiglione, etc. Quosnadowich mandaba á los Austríacos en los 
mas de estos descalabros; pero Wurmser quedó derrotado personalmente 
en el mas desastrado de todos, el de Castiglione. 

En el parte de esta prodijíosa campaña, que el jeneral victorioso re- 



02 HISTORIA 

dactó en el campo de batalla y remitió al Directorio el 1 9 de termidor 
año IV (G de agosto de I79G), se hallan los pormenores siguientes: 







« De algunos dias á esta parte habían ido llegando los veinte mil hom- 
bres de refuerzo que el ejército austríaco del Rin enviaba al de Italia , el 
cual, junto con un número considerable de reclutas y muchos batallones 
venidos del interior del Austria, hacian su conjunto harto formidable, y la 
opinión jeneral era que los Austríacos llegarían pronto á Milán 

« El enemigo me acorralaba entre dos fuegos bajando del Tirol por 
Brescia y el Adijio. Si el ejército republicano era muy escaso para hacer 
frente á las divisiones juntas del enemigo, podia derrotar á cada una sepa- 
radamente , y yo me hallaba situado entre ellas. Érame pues asequible el 
atajar la división enemiga bajada de Brescia, por medio de un movimien- 
to ejecutado con rapidez, hacerla prisionera y derrotarla completamente, 
descolgándome luego sobre el Mincio para embestir á Wurmser y ano- 
jarlo lejos del Tirol; mas érame forzoso, para ejecutar este intento, le- 
vantar en veinte y cuatro horas el sitio de Mantua, próxima á caer en mis 



DE NAPOLEÓN. 68 

manos, pues no podía sostenerse raas de seis hora, Era también impres- 
cindible despasar velozmente el Mineio sin dar tiempo á las divisiones ene 
migas para (jne me acorralasen. La suerte me fué propicia, y la refriega de 
Dezenzano, los dos encuentros de Salo , la batalla de Lonato y la de Cas' 
tiglione son resultados que lo manifiestan 

« El 10, al rayar el dia , nos hallamos al frente del enemigo : el jenc- 
ral Guieux , que estaba á nuestra izquierda , debía atacar á íSalo; el jenc- ' 
ral Massena, situado en el centro, debia operar por Lonato; el jeneral 
Augereau, que estaba á la derecha, debia atacar por Castiglione. El ene- 
migo, en vez de ser atacado, acometió la vanguardia de Massena que se 
hallaba en Lonato; ya estaba cortada, y el jeneral Díjcon habia caído pri- 
sionero ; el enemigo nos habia tomado tres piezas de artillería á caballo. 
Mandé formar inmediatamente la t8 media brigada y la 52 en columna 
cerrada por batallones; al empeñarnos en arrollar al paso de ataque las fi- 
las enemigas, estas se estendian para envolvernos, cuya maniobra con- 
ceptué que nos brindaba con la victoria. Massena envió algunas guerri- 
llas para detener la marcha de las alas enemigas ; la primera columna lle- 
gada á Lonato arrolló al enemigo, y el I "i rejimiento de dragones dio una 
carga á los huíanos y recobró nuestras piezas. 

« En un instante se dispersó el ejército enemigo. Intentó verificar su 
retirada sobre el Mineio, pero mandé á mi edecán, jefe de brigada, Junot, 
que se pusiese al frente de mi compañía de guias, persiguiendo al encmi 
go y aventajándole en rapidez hacia Dezenzano; encontró al coronel líen- 




G4 HISTORIA 

der con una parte de su Tejimiento de huíanos á quien acometió; pero no 
queriendo entretenerse Junot en atacar la retaguardia, contramarchó por 
la derecha , salió de frente al encuentro del Tejimiento, cuyo coronel hirió 
con intención de hacerle prisionero , cuando se vio rodeado por todas 
partes, y después de haber muerto á seis por su mano, fué derribado del 
caballo y echado en un foso herido con seis sablazos, ninguno de los cua- 
les dicen será mortal. 

• Se iba retirando el enemigo sobre Salo, pero hallándose este en nues- 
tro poder, cayó prisionera toda la división que andaba errante por los 
montes. Entretanto Augereau, marchando sobre Castiglione y ocupando 
aquella aldea , tuvo que estar todo el dia contrastando recios embates de 
fuerzas duplicadas: artillería, infantería y caballería, todos han cumplido 
con su deber, y el enemigo ha venido á quedar enteramente derrotado en 
todas direcciones. 

i Ha perdido veinte cañones , dos ó tres mil hombres entre muertos y 
heridos, y cuatro mil prisioneros , entre ellos tres jenerales.... 

t Durante todo el dia 1 7 , Wurinser se esmeró en ir juntando las reli- 
quias de su ejército , en adelantar su reserva , sacando de Mantua cuantas 
fuerzas le era dable, colocándolas en batalla por la llanura entre la aldea 
de Escandio, sóbrela que apoyó su derecha, y laChiesa, donde apoyó su iz- 
quierda. 

«La suerte de la Italia no estaba todavía decidida. Reunió un cuerpo 
de veinte y cinco mil hombres y numerosa caballería, comprendiendo que 
aun podía contrarestar el destino. Por mi parte di órdenes para que se 
reuniesen todas las columnas del ejército. 

« Pasé yo mismo á Lonato, para ver qué tropas podia sacar de allí ; y 
¡cuál fué mi estrañeza al entrar en la plaza, en recibir un parlamentario in- 
timando al comandante de Lonato á que se rindiese porque estaba acorra- 
lado! Con efecto, de diferentes puestos de caballería me anunciaban que 
muchas columnas llegaban á nuestras avanzadas y que el camino de Brescia 
á Lonato estaba interceptado en el puente de San Marcos. Comprendí en- 
tonces que no^podian ser mas que reliquias de la división cortada que, des- 
pués de haber andado errante y haberse reunido, trataban de abrirse paso. 
« Harto crítica era la situación : apenas tenia en Lonato unos mil y 
doscientos hombres ; hice entrar al parlamentario , le mandé desvendar 
los ojos y le dije que si en su jeneral cabia el arrojo de hacer prisionero al 
Jeneral en jefe del ejército de Italia, no tenia mas que adelantarse y debia 
constarle que yo me hallaba en Lonato, puessabian todos que el ejército 
republicano lo ocupaba; que todos los oficiales jenerales y superiores de 
la división serian responsables del insulto personal que me habia hecho , 
declarándole que si dentro de ocho minutos toda su división no habia 
rendido las armas , no perdonaría uno solo. 



DE NAPOLEÓN. «5 

Kl parlamentario se quedó atónito de verme allí, y poco después loria 




aquella columna rindió las armas. Constaba de cuatro mil hombres con 
dos cañones y cincuenta caballos; venia de Gavardo y trataba de salvarse; 
mas no habiendo podido ejecutarlo aquella mañana por Salo, queria efec- 
tuarlo por Lonato. 

t El \S al rayar el dia nos hallamos al fronte del enemigo; sin embal- 
so eran las seis, y aun no se habia hecho ningún movimiento. Mandé que 
el ejército retrocediese para atraer al enemigo , al mismo tiempo que el 
jeneral Serrurier á quien aguardaba por momentos, llegaba de Marcario, 
acorralando así toda la izquierda de Wurmser. Este movimiento produjo 
en parte el efecto que me prometía, pues Wurmser iba esplayando su de- 
recha para observarnos. 

«Luego que descubrimos la división de Serrurier, mandada por el jene- 
ral Fiorella , que atacaba la izquierda, mandé al a\ udante jeneral Verdiere 
que tomase un reducto levantado por los enemigos en medio de la llanura 
para sostener su izquierda Di orden á mi edecán jefe de batallón Marmont 
para que dirijiese veinte piezas de artillería lijera, con objeto de obligar al 

9 



66 HISTORIA 

enemigo á que nos abandonase aquel puesto interesante; y tras un caño 
neo tremendo, la izquierda del enemigo se declaró en retirada. 




« Augereau atacó su centro , apoyado en la torre de Solferino; Masse- 
na acometió la derecha, y el ayudante jcneral Leclerc, al frente de la.'i '. me 
día brigada, marchó en auxilio de la 4\ Toda la caballería, á las órdenes 
del jeneral Beaumont, se encaminó á la derecha para sostener la artillería 
lijera y la infantería. En todas partes quedamos victoriosos, en todas al- 
canzamos el mas completo triunfo. 

« Hemos cojido al enemigo diez y ocho cañones y ciento veinte arco- 
nes: su pérdida asciende á dos mil hombres entre muertos y prisioneros. 
Se ha dispersado en todas direcciones; pero nuestras tropas cansadas no 
han podido perseguirlo sino por espacio de tres leguas. El ayudante jene- 
ral Frontín pereció haciendo frente al enemigo. 

« Ya tenernos otra campaña concluida en cinco días. Wurmser ha per- 
dido en ellos setenta piezas de campaña, todas sus municiones de infan- 
tería , de doce á quince mil prisioneros, seis mil muertos ó heridos y casi 
todas las tropas procedentes del Rin. Fuera de todo esto, una gran parte 
de su-ejército se ha dispersado y va cayendo en nuestro poder en el alcan- 
ce. Todos los oficiales, soldados y jenerales han manifestado en trance tan 
arduo sumo tesón y desempeño » 

Sucesos tan asombrosos sublimaron mas y mas el entusiasmo de cuan- 
tos pueblos de Italia se habían apasionado por la revolución francesa. Los 
partidarios del Austria quedaron aterrados; habían cometido la torpeza 
de manifestar su regocijo á la llegada de Wurmser, asociándose á la jactan- 
cia de los Imperiales, quienes, vista su inmensa superioridad numérica, ce- 
lebraban de antemano la derrota de los Franceses y su cspulsion de la Pe- 



DE NAPOLEÓN. 67 

nínsula. Uuo do estos imprudentes había sido el cardenal Mattei, arzobispo 
de Ferrara. Se había mostrado mas que gozoso al asomo de los Austria 
eos, y con nuestros desmanes eventuales, había arrebatado á su vecindario 
á hostilizar al ejército francés. Después de la batalla deílastiglionc, Na 
poleon le mandó prender y conducir á Breada. Kl sacerdote italiano, con 
vertido con el malogro de sus amaños alborotadores y la derrota de sus 
amigos, tuvo que h emularse ante el vencedor dictándole : Peccavi. Esta 




contrición aparente le redundó en gran beneficio; Napoleón se contente» 
con tenerle preso por tres meses en un seminario. Había nacido principe 
romano y estuvo después encargado en Tolentino con plenos poderes de la 
Santa Sede. 

Pero el alto clero estaba ajeno de conjeniar con la nación italiana res 
pecto á la Francia. En el Piamonte, la Lombardía y las legaciones, la pro- 
paganda revolucionaria habia encontrado infinitos secuaces. Ante todos, 
se habían mostrado los Milanescs adictos á la bandera republicana; el je- 



68 HISTORIA 

neralen jefe les manifestó altamente su reconocimiento. « Cuando el ejér- 
cito se retiraba, les escribió, algunos partidarios del Austria y los enemi- 




gos de la libertad la daban por desahuciada ; cuando era imposible que 
vosotros sospechaseis que esta retirada era un ardid, os habéis mostrado 
adictos á la Francia y amantes de la libertad; habéis manifestado un afán 
y una entereza que os han hecho acreedores al aprecio del ejército y os me- 
recerán la protección de la república francesa. 

« De dia en dia vuestro pueblo se va haciendo mas digno de la libertad; 
de dia en dia se robustece mas y mas su pujanza. Algún dia se presenta 
rá sin duda con gloria en el teatro del mundo. Recibid el testimonio de mi 
satisfacción , y los votos sinceros del pueblo francés por veros libres y di- 
chón*. » 

No se atuvo Napoleón con aquellos pueblos al mero sonido de para- 
bienes. Avaloró su nativa disposición para con ellos mismos, con la repú- 
blica francesa y con la causa de la independencia universal , planteando la 
revolución allende los Alpes , y con especialidad las repúblicas Traspádana 
y Cispadana. Corre de batalla en batalla, adelantando mas y mas sus em- 
presas, y saca entretanto y de improviso á luz estas creaciones pacíficas. 
Aventado allá el ejército que para libertar la Italia habia enviado el gabi- 
nete de Viena, restablece el sitio de Mantua, donde Wurmser consiguió in 
troducir algunas tropas y víveres , el dia de la toma de Laüago (lo de se- 
tiembre), quedando ya derrotado en diez encuentros, á saber: el 6 de agos 
to en Peschiera; e\\\ en la Corona; el 24 en Borgo-Forte y en Governalo; 
el 3 de setiembre en Serravalle ; el 4 en Roveredo ; el 5 en Tiento , que 
fué tomada; el 7 en Covolo; el 8 en Bassano, y eH2 en Cerca. 

Al dia siguiente de su entrada en Mantua, los restos de su ejército, ar- 



DE NAPOLEÓN. 69 

rollados igualmente en DueCastelli, y en ia refriega deS. Jorje, trabada 
el 15, padecieron su postrer ester minio. 

Mas no desampara á Wurmser su corteen aquel trance, conceptuán- 
dolo el emperador como el prohombre de todos sus capitanes, y constán- 
dole además que en Mantua se eifraba la llave de sus estados. Echa el 
resto Viena para rehacerse de tantísimo quebranto y preparar el rescate de 
Mantua y de Wurmser , fundando en uno y otro reyes y aristócratas lo 
que apellidaban la libertad de Italia. 

Un nuevo ejercito imperial, y hasta de sesenta mil hombres, á las ór- 
denes del mariscal de Alvinzi, acude al socorro de Mantua. 

Al primer aviso que llega á Napoleón de la marcha de aquella hueste, 
se quejó amargamente de que no hubiese sido atendido su dictamen res- 
pecto al Rin, en donde las fuerzas republicanas eran snficientcs para eje- 
cutar una llamada oportunísima. Habia estado clamando por refuerzos, y 
ninguno le habia llegado. Aunque rebosando mas y mas de confianza 
por sí mismo y por sus tropas, manifiesta sin rebozo sus zozobras respec- 
to al éxito de la nueva campaña, para hacer cargo al gobierno francés de 
la injusticia con que obraba desatendiendo al ejército de Italia, en medio 
de sus redoblados triunfos. 

«Allá va el pormenor de lo acaecido desde el 21 del presente, y no 
hay que culpar al ejército de que no sea mas cabal su desempeño; pues 
su inferioridad y la falta de los hombres mas valientes me infunden te- 
mores para lo sucesivo. Quizás estamos amagados de perder la Italia. To- 
davía no asoma auxilio alguno de los muchos que estábamos esperando; 
la 85 a . semi-brigada no se pone en camino; todos los refuerzos proceden- 
tes de los departamentos están detenidos en León, y con especialidad en 
Marsella. Se conceptúa que una detención de ocho ó diez dias no tiene 
trascendencia, sin hacerse cargo de que la suerte de la Italia y de la Europa 
se cifra aquí en ese plazo. El imperio todo se ha puesto y está todavía en 
movimiento. Solóla actividad de nuestro gobierno, al principio de la guer- 
ra, puede manifestarnos con que ímpetu se obra allá en Viena. Cada dia 
llegan cinco mil hombres ; y de dos meses á esta parte , siendo tan pa- 
tente la necesidad de socorros por acá, no ha llegado mas que un bata- 
llón de la iO, ruin tropa y no fogueada, mientras que nuestras antiguas 
milicias del ejército de Italia permanecen ociosas en la 8." división. Yo 
cumplo con mi deber y el ejército desempeña el suyo : traspasado está mi 
pecho, pero desahogada mi conciencia. Auxilios , vengan auxilios, no lo 
tengáis por asunto de juguete, se requieren, no solo efectivos, sino presen- 
tes sobre las armas. Cuando se ofrecen seis mil hombres efectivos y tres 
mil presentes sobre las armas, al llegar á Milán quedan en mil y quinien- 
tos; con que este número es el que recibe el ejército 

« Los heridos son la flor del ejército : todos nuestros oficiales superio- 



70 HISTORIA 

res y jcnerales están fuera de combate ; cuanto llega es inservible y ajeno 
de infundir confianza al soldado. El ejército de Italia, reducido á un puna- 
do de hombres, queda exhausto. Los héroes de Lodí, Millesiino, Castiglio- 
ne y Bassano han muerto por su patria ó yacen por los hospitales; solo 
queda á los cuerpos su nombradía y su engreimiento. Joubert , Lannes, 
Lanusse , Victor, Murat, Charlot, Dupuis, Rampon, Pigeon, Menard y 
Chabran están heridos, y nos vemos en sumo desamparo, arrinconados 
acá por la Italia. El concepto de mis fuerzas nos será muy provechoso ; y 
he aquí que en la correspondencia de oficio publicada en Paris se dice 
que no llegamos á treinta mil hombres. 

« He perdido en esta guerra poca j ente, mas no cabe reemplazar á cuan- 
tos han fenecido. Los valientes que me quedan ven una muerte infalible 
en medio de continjencias tan incesantes y con fuerzas tan inferiores; qui- 
zá va á llegar la última hora al valeroso Augereau, al denodado Massena, 
á Berthier y á algún otro: entonces ¿qué será de estos valientes? Esta 
aprensión me trae caviloso; ya no me atrevo á arrostrar la muerte, que 
seria un motivo de desaliento y desgracia para quien es el objeto de mis 
afanes. 

«Dentro de pocos dias echaremos todo el resto; si la suerte nos es 
propicia, Mantua caerá en nuestro poder, y con ella seremos dueños de la 
Italia. Nada habrá que no emprenda, si me veo reforzado con mi ejército 
de sitio. Si hubiese recibido la 8.>, cuya fuerza asciende á tres mil quinien- 
tos hombres conocidos en el ejército, hubiera respondido de todo. Quizá 
dentro de algunos dias no bastarán cuarenta mil hombres. » 

Aquellas corazonadas tan aciagas , que Bonaparte estaba estudiada- 
mente aparentando, no se realizaron, y la suerte se mostró risueña otra vez 
á nuestras armas. 

Bastáronle algunos dias al vencedor de Lodi para aventar cuantas espe 
ranzas habia podido fundar la confederación en la nombradia de Alvinzi 
y la fuerza numérica de sus tropas. Una batalla que duró tres dias, termi- 
nada con la memorable victoria de Areola, acabó de dar á conocer en las 
armas francesas la incontrastable superioridad contra la cual luchaban en 
vano los jenerales y los soldados veteranos del Austria. En aquella batalla, 
viendo Napoleón que sus granaderos titubeaban un momento bajo el ter- 
rible fuego del enemigo que ocupaba posiciones inespugnables , se apea, 
ase una bandera y se arroja sobre el puente de Areola por medio de mon- 
tones de cadáveres, voceando: «Soldados, ¡qué! ¿no sois ya los valientes 
de Lodi? seguidme. » Augereau le imita, y aquellos heroicos ejemplos fue- 
ron de sumo influjo para el resultado de la batalla. En ella perdió Alvinzi 
treinta cañones, cinco mil prisioneros y seis mil muertos; Davidowich 
volvió al Tirol y Wurmser se restituyó á Mantua. 

Véase ahora en qué términos desahogaba el triunfador de tantos guef - 



72 HISTORIA 

reíos alemanes su gozo y ufanía , y cómo descansaba de sus afanes y lo- 
gros, en raptos entrañables de cariño para con su esposa. Desde Verona 
escribe á Josefina: « Al fin , mi adorada Josefina, salgo de nuevo á luz. La 
muerte no está ya á mi vista y la gloria y los timbres se anidan en mi pe- 
cho. El enemigo ha quedado derrotado en Areola. Mañana nos rehacemos 
de la necedad de Vaubois, que desamparó á Rívoli; dentro de ocho dias 
seremos dueños de Mantua, y entonces podré en tus brazos darte mil prue- 
bas del vehemente cariño que te profeso. Pasaré á Milán tan pronto como 
me sea dable. Estoy algo cansado. He recibido una carta de Eujenio y Hor- 
tensia: estos niños son preciosos. Como toda mi comitiva anda por ahí 
dispersa, en juntándose conmigo te los enviaré. 

• Hemos hecho cinco mil prisioneros y causado á lo menos seis mil 
muertos á los enemigos. Adiós, mi adorada Josefina, piensa en mí. Si de- 
jases de amar á tu Aquíles, ó si tu pecho se entibiase con él, injusta y 
aleve serias ; pero estoy seguro de que serás siempre mi amante, como yo 
seré tu entrañable amigo. Tan solo la muerte podrá romper una unión 
que labraron la simpatía, el cariño y la sensibilidad. Dame noticia de la 
barriguita; te envió mil besos tiernos y amorosos. » 

Aquel mismo dia, 29 brumario (49 de noviembre), esto es, dos dias 
después de la batalla de Areola, el jeneral victorioso daba parte al Direc 
torio de aquella jornada memorable. 







DE ^AI>()¡,EO^ T 7:» 

• Se había conceptuado oportuua , le escribía , la evacuación de la al- 
dea de Areola, y creíamos que al rayar el día nos iba á embestir todo el 
ejército enemigo, que había tenido lugar para poner en salvo sus bagajes 
y parques de artillería y retroceder sobre nosotros. 

« Amanece y se traba la refriega ejecutivamente. Massena, que estaba 
á la izquierda , derrota al enemigo , persiguiéndole hasta las puertas de 
Caldero. El jencral Robert , que se halla en la calzada del centro con la 
('>:>.", arrolla al enemigo a la bayoneta, dejando el campo de batalla cu- 
bierto de cadáveres. Mando al ayudante Vial que siga el Adijio con media 
brigada para cortar la izquierda del enemigo ; pero este pais ofrece obs- 
táculos insuperables; en vano se arroja aquel valiente al agua hasta el pe 
olio, no puede efectuar una llamada suficiente. Doy orden para que echen 
puentes sobre las azequias y pantanos, en la noche del 26 al 27 : por cu- 
yo medio el jencral Augereau logra pasar con su división. A las diez de la 
mañana nos hallamos al frente del enemigo: el jeneral Massena estaba ala 
izquierda, Robert en el centro , y Augereau á la derecha. El enemigo ataca 
denodadamente el centro, obligándole á cejar. Entonces retiro la 52. a de 




la izquierda colocándola en emboscada, y cuando el enemigo avanzando 
sobre el centro está para cortar nuestro costado derecho . el jeneral Gar- 

ÍO 



74 HISTORIA 

danne sale del bosque y flanquea al enemigo, haciendo en él horrorosa 
carnicería. La izquierda enemiga, apoyada á un pantano y superior en 
número, asombraba á nuestra derecha: mando al ciudadano Hercules, 
oficial de mis guias , que escoja veinte y cinco hombres de su compañía, y 
que siguiendo el Adijio, dé la vuelta al pantano, embistiendo á escape so 
bre la retaguardia enemiga y haciendo tocar muchas trompetas. lista ma 
niobra surtió grandísimo efecto: la infantería se cuarteó y el jeneral Auge 
reausupo utilizar los momentos. Sin embargo se resistia aun, peleando 
en retirada, cuando una pequeña columna de ochocientos á novecientos 
hombres que yo habia hecho desfilar por Porto-Leñago con cuatro piezas, 
para situarse á retaguardia del enemigo, acabó de derrotarlo. El jeneral 
Massena, que se habia encaminado hacia el centro, marchó en línea recta á 
la aldea de Areola de que se apoderó, persiguiendo al enemigo hasta la de 
San Bonifacio, pero la oscuridad de la noche nos imposibilitó seguir el 
alcana; 

« Los jenerales y oficiales del estado mayor han mostrado una activi 
dad y un denuedo sin ejemplo; cuéntanse doce ó quince entre los muer 
tos porque la refriega fué muy reñida, teniendo casi todos sus vestidos 
acribillados á balazos. » 

Sin embargo Alvinzi se empeñó en su desquite, volvió con Provera pol- 
las gargantas del Tirol, y esta nueva agresión fué un motivo para que el 
ejército francáj) y su jefe cojiesen nuevos laureles. La batalla de Rívoli, 
los trances de San Jorje y de la Favorita, en los que la victoria fué cons 
tantemente fiel a la bandera republicana , obligaron á Provera á rendirse 
con su división y casi á vista de Wurmser , quien capituló también poco 
después en Mantua. 

En los partes que dictó Napoleón en su cuartel jeneral de Roverbello, 
los dias 28 y 29 nevoso, año V (1 7 y 1 8 de enero de 1 797), se leen los por 
menores siguientes acerca de estas nuevas victorias: 

« El 24 el enemigo echó con presteza un puente en Anghiari, por el que 
pasó su vanguardia á una legua de Porto Leñago; al mismo tiempo el je 
neral Joubertme informó que una columna bastante considerable desfila 
ba por Montagna, amenazando acorralar su vanguardia en la Corona. Va- 
ríos indicios me dieron á conocer el verdadero intento del enemigo, y ya 
no dudé de que estuviese en ánimo de atacar con sus fuerzas principales 
mi línea de Rívoli, llegando así hasta Mantua. Aquella misma noche en 
caminé la división del jeneral Massena y pasé yo mismo á Rívoli , «á donde 
llegué á las dos de la madrugada. 

« Inmediatamente hice que el jeneral Joubert ocupase la posición inte 
resantede San Marcos, colocando la artillería en el llano de Rívoli, dispo 
niéndolo todo para que al rayar el dia pudiese tomar la ofensiva y mar 
char en persona sobre el enemigo. 






DE NAPOLEÓN 75 

« Al amanecer nuestra ala derecha y la izquierda enemiga se tropeza 
i>ll en las alturas de San Marcos; y la pelea fué terrible y reñida 




«Sin embargo hacia tres horas que se estaba peleando, y el enemigo no 
nos habia presentado todavía todas sus fuerzas; una columna suya que 
habia seguido el Adijio, escudada con fuerzas crecidísimas, marcha en lí- 
nea recta al llano de Rívoli para ocuparlo, amenazando así atajar la dere- 
cha y el centro. Doy orden al jeneral de caballería Leclerc para que se 
abalance al enemigo, si consigue apoderarse del llano, y envió al jefe de es- 
cuadrón Lasalle con cincuenta dragones para que flanquee la infantería que 
ataca el centro y la rechace denodadamente. Al mismo tiempo el jeneral 
Joubcrt habia hecho bajar de las alturas de San Marcos algunos batallones 
que se estendian por el llano de Rívoli. El enemigo, que se habia adelan- 
tado ya en 61 , viéndose reciamente acometido por todas partes, deja en el 
campo un gran número de muertos, una parte de su artillería y se vuelve 
al valle del Adijio. Casi al mismo instante la columna que estaba ya en 
marcha para cortarnos la retirada, se formó en batalla sobre los picos 



76 HISTORIA 

que estaban á nuestra espalda. Yo habia dejado en reserva la 75", que no 
solo amagó «á esta columna , sino que acometió también la izquierda que 
se habia adelantado, y la derrotó inmediatamente. Entretanto llegó la I8. ; ' 
semi brigada á tiempo que el jeneral Rey se habia colocado detrás de la 
columna que nos iba cercando: mandé hacer luego al enemigo con algu 



^—•^ 




ñas piezas de á doce , y dando orden de atacar , en menos de un cuarto 
de hora quedó prisionera toda aquella columna, compuesta de mas de 
cuatro mil hombres. 

« El enemigo derrotado por donde quiera fué perseguido en todas di 
recciones, y durante toda la noche estuvimos haciendo prisioneros. Mil y 
quinientos hombres que huian por Guarda, quedaron detenidos por cin- 
cuenta soldados de la 18. a , quienes al punto que los reconocieron mar- 
charon contra ellos y les mandaron rendir las armas. 

« El enemigo era todavía dueño de la Corona , pero ya no podia ha- 
cernos daño. Se hacia forzoso marchar ejecutivamente contra la división 
del jeneral Provera que habia pasado el Adijio el 24, por Anghiari, y al in- 
tento hice acudir al jeneral Victor con la valiente 57. a , y retroceder cí Mas 
sena, quien llegó á Roverbello el 25 con una parte de su división. 



Di: NAPOLEÓN 77 

« Encargué, al partir, a Joubert , que atacase al enemigo por la ma 
ñaña, s¡ aun era tan temerario que se mantuviese en la Corona. 

• I labia Murat caminado toda la noche con media brigada de infante 
ría 1 i jera , á fin de presentarse al rayar el dia en las alturas de Montehal 
do que dominan la Corona-, efectivamente después de una tenaz resisten 




cia fué derrotado el enemigo, quedando prisioneros todos los que se habían 
salvado la víspera. La caballería logró atravesar el Adijio á nado, pero 
ahogándose muchos. 

« En las dos jomadas de Rívoli hemos cojido trece mil prisioneros y 
nueve cañones. » 

Lo restante del parte se refiere á los reencuentros de San Jorge, An- 
ghiari y la Favorita, sostenidos contra el jeneral Provera. En d segundo 
de Anghiari, un comandante de los huíanos se presenta delante de un es 
cuadron del 9 o . rejimiento de dragones, y con una de aquellas fanfarrona 
das, tan comunes á los Austríacos , vocea al rejimiento que se rinda. El 
ciudadano Duvivier manda hacer alto á su escuadrón : « Si eres valiente, 
ven á cojerme, » responde al comandante enemigo. Ambos cuerpos se 



78 HISTORIA 

escuadronan frente á trente, y entrambos caudillos traban uno de aquellos 

combates que describe tan gallardamente el Taso. El comandante de los 




huíanos recibe dos sablazos •. los huíanos son embestidos y quedan todos 

prisioneros 

« El 27, una hora antes del dia, los enemigos atacan la Favorita, al 
mismo tiempo que Wurmser hace una salida acometiendo las líneas del 
bloqueo por San Antonio. El jeneral Víctor, al frentede la 57. a semi-briga- 
da, arrolla cuanto se le opone, y Wurmser tiene que volverse á Mantua ca- 
si inmediatamente, dejando el campo de batalla cubierto de muertos y de 
prisioneros. Serrurier hace entonces avanzar á Victor con la 57. a semi-bri- 
gada para que tenga bloqueado á Provera en el arrabal de San Jorje. Con 
efecto, es tal la confusión y desconcierto en las filas enemigas, que caba 
Hería, infantería y artillería están revueltas. Nada detiene la terrible 57." 
semi-brigada: por una parte coje tres cañones, y por otra desbarata el re- 
jimiento de húsares de Herdendy. En aquel trance, el respetable jeneral 
Provera pide capitulación contando connuestra jenerosidad, y no se equi- 
voca. Se la concedimos arreglada á las condiciones que os remitiré: seis 
mil prisioneros, entre los que se cuentan todos los voluntarios de Viena, y 
veinte piezas de artillería , fueron el fruto de aquella jornada memorable. 



I)i: NAPOLEÓN 79 

Kl ejército de la república ha ganado en cuatro «lias tíos lutadas y 




'X.* 



seis reencuentros, ha cojido veinte y cinco mil prisioneros, entre ellos un 
teniente jeneral y dosjenerales, doce ó quince coroneles, etc., veinte ban 
deras, sesenta cañones, y muerto ú herido á seis mil hombres. » 

Tantos reveses no podian menos de inclinar á Wurmscr á una capitu 
lacion inevitable, haciéndose ya cargo de que el sitio de Mantua iba á He 
varse á cabo como todas las demás empresas del ejército republicano. 

Cuando se trató de la rendición, envió al jeneral Klenau, su primer 
edecán, al cuartel jeneral de Serrurier, que se hallaba en Roverbello y que 
no quiso escuchar ninguna proposición sin comunicarlas al jeneral en jefe. 

Napoleón tuvo la aprensión de asistir de incógnito á las conferencias. 
Pasa á Roverbello, y muy encapotado se pone á escribir, mientras que Kle 
ñau y Serrurier están contratando. Va estendiendo sus condiciones al 
márjen de las proposiciones de Wurmscr, y al acabar, dice al jeneral ans 
trinco, que le conceptúa un escribiente del estado mayor: « Si Wurmscr 
tuviese solamente víveres para diez y ocho ú veinte dias y hablase de rcn. 
dirse.no merecería ninguna capitulación honrosa. Aquí están las condicio- 
nes que le concedo , añadió entregando el papel á Serrurier. Ahí veréis 



80 HISTORIA 

que queda libre porque respeto su edad y sus méritos, y que no quiero 

que sea víctima de los maquinadores que tratasen de perderle en Viena. 







Si abre sus puertas mañana, tendrá las condiciones que acabo de escribir; 
si tarda quince dias, un mes y aun dos, iguales serán los pactos, y asi 
puede aguardar hasta el postrer mendrugo que le quede. Yo marcho al 
instante para pasar el Po y descolgarme sobre Roma. Quedáis enterado 
de todo y podéis participarlo á vuestro jeneral. » 

Atónito Kleuau de hallarse aote el jeneral en jefe y lleno de asombro 
y gratitud por cuanto acaba de oir, confiesa que Wurmser solo tiene vive 
res para tres dias. lil anciano mariscal se conmueve tanto como su edecán 
cuando sabe lo que habia pasado en las conferencias de Roverbello. 
Manifiesta su agradecimiento á Napoleón avisándole de un intento de en 
venenarle, ideado á la sazón contra él en la Romana. Por lo demás Serru- 
rier fué quien mandó en la rendición de Mantua ( J ." de febrero de \ 797), 
por ausencia del jeneral en jefe. 

Tres dias después de la capitulación de Mantua, Bonaparte, quejoso de 
la conducta del papa.dirijió una columna del ejército francés contra Roma, 
y publicó el f> de febrero de 4707, desde su cuartel jeneral de Bolonia, una 
proclama que empezaba así : 



DE NAPOLEÓN. 81 

« Kl ejército francés va á entrar en el territorio del papa; resguardará 
la relijion y el vecindario. 

«Elsoldado francés lleva en una mano la bayoneta fiadora incontrastable 
de la victoria, y con la otra ofrece á las diferentes ciudades y aldeas paz, 
resguardo y seguridad.... Desgraciados de aquellos que la despreciasen, y 
que seducidos por malvados en estremo hipócritas, acarreen contra sí la 
guerra y sus quebrantos con la venganza de un ejército que en seis me 
ses hacojido cien mil prisioneros de las mejores tropas del emperador, 
cuatrocientas piezas de artillería, ciento y diez banderas, y ha derrotado 
cinco ejércitos » 

IhI resistencia de la Santa Sede no podia ser formal. 

Pió VI, amenazado en sucapital, enmudece y enfrena su enemistad, es 
merándose en implorar la paz del jeneral republicano , quien se la conce- 
de por un tratado del i9 f de febrero, bajo las condiciones siguientes: \ ." 
El papa renuncia á todas sus pretensiones sobre Aviñon y el condado Ve- 
nesino ; 2." Cede perpetuamente á la república francesa Bolonia, Ferrara 
y la Romana; 5.° Cede además todos los renglones pedidos por Bonaparte, 
tales como el Apolo del Belveder , la Trasfiguracion de Bafael , etc. ; i". 
Restablece la escuela francesa en Roma y paga, á titulo de contribución 
militar, trece millones en plata ó en preciosidades. A este tratado añade 
Fio VI, el 22 de febrero, un breve cu el cual da á Bonaparte el título de hi 
jo querido. 

Tras tanto desmán estaba despavorido el consejo áulico, mas no amai- 
naba su odio tenaz contra la revolución francesa , ni se avenia al menor 
pensamiento pacífico. Postrado ya con la guerra, se aferraba mas > mas 
en arrostrar la suerte y batallar con los restos de sus grandiosos ejércitos, 
contra el poder victorioso que los habia desbaratado y destruido tan á 
carrera cuando ostentaban allá en la cumbre su confianza y poderío. Kl 
archiduque Carlos pasó á Italia para tomar el mando en jefe de las tropas 
imperiales y rehacerlas de tanto fracaso como habían padecido con sus au 
lecesores. Conceptuando á Bonaparte embargado en castigar al papa por 
su contravención al tratado de Bolonia , y que habia llevado consigo la me 
jor parte de su ejército, quiso utilizar aquella ausencia para activar un 
avance é hizo pasar el Brenta al jeneral Guveux. Pero pronto le cupo el 
desengaño. Napoleón, que solo habia llevado á Boma cuatro ú cinco mil 
hombres, volvió á presentarse sobre el Brenta y trasladó á principios de 
marzo su cuartel jeneral á Bassano, donde publicóla proclama siguiente: 

« ¡ Soldados ! 
« \jü toma de Mantua pone fin á una campaña en que habéis contraído 
méritos eternos para la gratitud de la patria. 

• Habéis salido victoriosos de catorce batallas campales y setenta reen 

II 



82 HISTORIA 

cuentros ; habéis cojido cien mil prisioneros, quinientas piezas de campa- 
ña, dos mil de grueso calibre y cuatro trenes de puentes. 

« Las contribuciones impuestas á los países conquistados han mante- 
nido, provisto y pagado al ejército durante toda la campaña; además ha- 
béis remitido treinta millones al ministerio de hacienda en auxilio del 
erario público. 

« Habéis enriquecido el Museo de París con mas de trescientas precio- 
sidades esquisitas de la antigua y nueva Italia y producto de treinta siglos. 

« Habéis conquistado á la república las mas hermosas comarcas de Eu- 
ropa. Las repúblicas Lombarda y Traspadana os deben su libertad; la ban- 
dera francesa tremola por la primera vez en las orillas del Adriático, en 
frente y á veinte y cuatro horas de navegación de la antigua Macedonia; 
los reyes de Cerdeña y Ñapóles , el papa y el duque de Parma se han se- 
parado de la confederación enemiga y han solicitado nuestra amistad ; ha 

beis arrojado los Ingleses de Liorna , Jénova y de la Córcega Pero aun 

no acalcasteis; un gran destino os queda reservado: en vosotros cifra la 
patria sus esperanzas mas entrañables; continuaréis siendo acreedores á to- 
das ellas. 

- Solo queda el emperador, de tantos enemigos que se coligaron para 
ahogar la república en su cuna. Este principe, apeándose de su escclsa je- 
rarquía, está asalariado por los mercaderes de Londres; ya no tiene mas 
albedríoni mas política que cuanto viene de aquellos alevosos isleños, 
que ajenos de las desventuras de la guerra, se sonríen deleitosamente con 
los quebrantos del continente. 

« El directorio ejecutivo tiene echado el resto para proporcionar la paz 
á la Europa entera ; la moderación de sus proposiciones desdecía del po 
derío de sus ejércitos , no se alucinaba con vuestro denuedo , obrando á 
impulsos de la humanidad y del anhelo de haceros volver á vuestras fa- 
milias ; pero no ha sido escuchado en Viena. Ya no queda pues esperanza 
alguna de paz, sino yendo en su busca hasta el riñon de los estados he 
reditaríos de la casa de Austria. Allí hallaréis un pueblo valiente, aniqui- 
lado por la guerra que sostuvo contra los Turcos, como también por la ac- 
tual. Los habUantes de Viena y délos estados austríacos están llorando 
la ceguedad y el despotismo de su gobierno. Todos viven persuadidos de 
que«l oro inglés ha cohechado los ministros del emperador. Vosotros res- 
petaréis su rclijion y sus costumbres ; protejeréis sus propiedades y daréis 
la libertad á la valerosa nación húngara. 

«La casa de Austria, de tres siglos á esta parte, va perdiendo en cada 
guerra una parte de su poderío, y descontentando á sus pueblos despo- 
jándolos de sus privilejios, severa reducida al fin de esta sexta campaña 
(ya que nos precisan á emprenderla) á aceptar la paz que le concedamos 



DE NAPOLEÓN. 83 

y á bajar ú la clase de las potencias de segundo orden, en el que se ha colo- 
cado asalariándose servilmente con la Inglaterra. » 

Condeció Napoleón, cansado de vencer al emperador en Italia sin po- 
derle inclinar á una negociación , había resuelto internar la guerra en el 
Austria misma, para que la vista de la bandera tricolor, bajo los muros de 
Viena, produjese en la cancillería austríaca una impresión mas intensa y 
profunda de la que habian hecho los reveses lejanos de Beaulieu, Proveía, 
Alvina y Wurmscr. Era su intento entrometerse en Alemania por la cal 
zada de la Carintia, situándose sobre el Simering. Mandó ocupar las gar- 
gantas de Osopo y del Pon toba por Masena, quien, después de haber atra 




vesado el Piave y el Tagliamento en los montes , derrotó al príncipe Car- 
los (\0 de marzo de 4797), le estrechó ejecutivamente, se apoderó de Fel- 
tro, Cadora y Belluna , y cojió gran número de prisioneros, entre ellos al 
jeneral de Lusignan , emigrado francés , que habia atropellado á sus com- 
patricios enfermos en los hospitales de Brescia, en la temporada de la re- 
tirada simulada del ejército republicano. EN tí, la batalla de Tagliamento 
acabó de arrebatar al archiduque las esperanzas galanas con que habia 
pasado á Italia, y que su mando habia podido infundir á su corte. 

El príncipe Carlos, derrotado así y humillado, se decidió a la retirada, 
no consiguiendo efectuarla desde el Tagliamento hasta el >luer , sino des- 
pués de haber ido padeciendo descalabros diarios en los reencuentros de 



84 HISTORIA 

Lavis, Tramins, Clausen, Tarvis, Gradísca, Yillach, l'alma-Nova, etc. El 
.">! , Napoleón llegó á Clagenfurt, capital de la Carintia. Al entrar en aque- 
lla provincia habia pregonado una proclama á sus habitantes, para indu- 
cirlos á que mirasen álos Franceses como libertadores, y no como enemi- 
gos. «La nación-francesa, les decia, es amiga de todas las demás, y parti- 
cularmente de los valientes pueblos de la Jermania. . . Yo sé que despreciáis 
tanto como nosotros álos Ingleses, que son los únicos que ganan en la guer- 
ra actual , como igualmente vuestro ministerio que les está vendido. » 

En medio de sus triunfos Napoleón acechaba al senado de Venecia , 
enemigo encubierto, y siempre dispuesto tras la coyuntura propicia para 
estallar. Este cuerpo, esencialmente aristocrático y adicto á la confedera- 
ción de los reyes contra la revolución francesa, andaba fomentando aso- 
nadas, é incitaba al asesinato contra el ejército republicano por la alta 
Italia y el territorio veneciano. No cabía dilatar ya mas la hora de su es- 
carmiento. 

Bonaparte escribió al dux : 

« Toda la tierra firme de la serenísima república de Venecia está sobre 
las armas. 

« Por todas partes el alarido de reunión de los paisanos que habéis ar- 
mado es : « Muerte á los Franceses ; » centenares de soldados del ejército 
de Italia han sido ya sus víctimas , en vano negáis unas reuniones que ha- 
béis organizado ; ¿creeréis acaso que, en hallándome por el centro de la 
Alemania,no tenga potestad para imponer acatamientos con el primer pue- 
blo del universo? ¿Creéis que las lej iones de Italia han de tolerar los ase- 
sinatos que estáis disponiendo ? La sangre de mis compañeros de armas 
quedará vengada, y no hay un solo batallón francés que, encargado de tan 
hidalgo ministerio,no sienta enardecer su denuedo y triplicar su desempeño. 
El senado de Venecia ha correspondido con la mas bastarda alevosía á los 
jenerosos procedimientos usados siempre con él. Os enviomi primer edecán 
portador de la presente. La paz ó la guerra , si no providenciáis ejecutiva- 
mente la disolución de esas reuniones: si no mandáis prender y entregar 
me los autores de los asesinatos que acaban de cometerse, queda declara 
da la guerra. Los Turcos no están sobre vuestras fronteras y no os amena- 
za ningún enemigo; andáis á caza de pretestos para sinceraros de un 
agolpamiento encaminado contra el ejército: dentro de veinte y cuatro 
horas quedará disuelto. Ya no estamos en tiempo de Carlos VIH. Si á pesar 
del anhelo patente del gobierno francés, me reducís al partido de haceros 
la guerra, no creáis que los soldados franceses, á ejemplo de los que habéis 
armado, talen los campos del pueblo inocente y desventurado de la tierra 
firme; yo le escudaré, y bendecirá algún dia hasta los crímenes que ha 
brán obligado al ejército francés á redimirlo de vuestro tiránico gobierno. » 
El 7 de abril se firmó un armisticio en Judemburgo. Cuando el príncepe 



DE NAPOLEÓN. 85 

Carlos se vio imposibilitado enteramente de sostener la campaña , con los 
desfiladeros de Ncuwmark y la posición de Hundsmark ocupado* por Ma- 
sería, se hi/o cargo de que la ioílexibilidad monárquica del gabinete aus- 
tríaco no era ya del caso. Napoleón, que habiu contado por *u parte con el 
auxilio del ejército de Sambra-yMosa y acabando de saber que no se hnbia 
movido ni se movería , no podia atravesar el Simering por temor de in- 
ternarse á solas por el corazón de la Alemania. Así luego que recibió (!<• oi 
cióla disposición del Directorio para que los ejércitos del Hin y de Sambra 
y-Mosa no se moviesen, careciendo de la llamada cuya importancia y ne- 
cesidad había manifestado , escribió al archiduque brindándole con la 
participación de su gloria en pacificar la Europa y atajar los inmensos sa 
orificios que la guerra costaba al Austria y á la Francia. « Ix>s valientes 
militares, le dijo, pelean anhelando la paz. Bastante jente ha perecido y 
hartos estragos hemos causado ala humanidad... ¿vos, que por nacimien- 
to os acercáis tanto al trono y os sobreponéis á todas las pasioncillas que 
suelen predominar á los ministros y á los gobiernos , ansiáis merecer el 
dictado de bienhechor de la humanidad entera y de libertador de la Ale- 
mania?.... En cuanto á mi, señor jeneral en jefe, si la comunicación que 
acabo de haceros puede salvar la vida á un solo hombre, me engreiré 
mas con la corona cívica que haya merecido, que con la aciaga nombradla 
resultante de los triunfos militares. » 

Llegaron luego á Viena las disposiciones pacíficas espresadas en aque- 
lla carta, y amainó un tanto el pavor que habia causado el asomo de la 
bandera republicana. El emperador envió al punto el embajador napolita 
no Gallo al cuartel de Bonaparte, y el armisticio de Judemburgo fué el re 
sultado de aquella negociación. 

Utilizó Napoleón el desahogo que le proporcionaba la suspensión de 
armas , para quejarse al Directorio de la inacción en que permanecieron 
los ejércitos de Alemania, mientras estaba en Italia batallando con escasí- 
simos recursos contra todas las fuerzas de la monarquía austríaca. 

Por lo demás, harto bien hallado con lo anterior que le cabia presenciar 
sin quebranto, se afanaba tras el porvenir, ahora ya de mas entidad con 
la cooperación de Moreau , para conseguir mejores condiciones en el tra- 
tado de paz ó mayores probabilidades de éxito en el caso de renovarse las 
hostilidades. «En mediando afán por entrar en campaña, decia al Direc- 
torio, nada detiene; ni jamás un rio ha podido ser un obstáculo verda- 
dero desde que la historia nos describe operaciones militares. Si Moreau 
quiere atravesar el Rin , lo pasará , y si ya lo hubiese ejecutado , nos ha- 
llaríamos en estado de dictar imperiosamente las condiciones de la paz \ 
sin asomo de peligro; pero el que teme perder la gloria, por seguro se 
queda sin ella. Yo pasé los Alpes Julianos y los Alpes Nórieos sobre tres 
pies de hielo, etc. Si tan solo hubiese mirado por el sosiego del ejército y 



8G HISTORIA 

mi interés particular , me hubiera detenido después de traspuesto el Ison- 
zo ; me arrebaté á la Alemania para libertar los ejércitos del Rin é imposi- 
bilitar alenemigo el tomar la ofensiva. Estoy á las puertas de Viena, y los 
plenipotenciarios de esta corte engreída y descocada se hallan en mi cuar- 
tel jeneral. Parece como si allá los ejércitos del Rin careciesen de sangre 
en sus venas i si me dejan solo, me volveré á Italia, y la Europa juzgará 
de la diferencia de conducta en ambos ejércitos, f 

El 26 jerminal se entablaron las negociaciones en Leoben, y los preli- 
minares de la paz quedaron firmados el 29. Conversando llonaparte con 
los plenipotenciarios austríacos, les dijo ¡ « Vuestro gobierno ha enviado 
contra mí cuatro ejércitos sin jenerales, y esta vez un jeneral sin ejérci- 
to. » Y como aquollos encargados demostraban en el encabezamiento del 
tratado ya estendido, que el emperador reconocía la república francesa: 
«Borrad, esclamó enordecídamente Napoleón; la existencia de la repú- 
blica es tan visible como la del sol, y un artículo como ese tan solo podría 
cuadrar para ciegos. » 

Había llegado el punto de tratar de Venecia. Aquella república fué por 
sí misma en busca del peligro que la estaba amenazando. Su nobleza, uni- 
da al Austria que parecía aguardar al abrigo del convenio de Leoben que 
unos viles matadores villanos acudiesen á su auxilio y la librasen de un 
vencedor que habia triunfado del valor de sus mas aguerridos soldados ; 
la nobleza de Venecia, repito, unida al clero italiano , sublevó las pobla- 
ciones ignorantes situadas á orillas del Adriático , haciendo degollar en 




DE \ tPOLBON. 87 

Verona nocido número de Franceses, tú la festividad déla Pascua. Ixw 
ministros de la relijion olvidando sn instituto <le paz y caridad, predica 
han como furiosos « que era lícito y aun meritorio matar á los jacobinos. » 

Acudió al punto Honnpai te para sofocar la revuelta y el asesinato en 
el Yoronesado, tomando venganza de las Vísperas venecianas. Kn la tarde 
misma do la asonada, dijo á su antiguo condiscípulo Ilóurríenne, que le 
acompañaba en clase de secretario privado y que al juntarse con él había 
estado cspiicsto á fenecer de una puñalada : « Sosiégate ; esos bribones me 
la pagarán. Su república dejará de existir. » De allí á pocos dias escribió 
al Directorio , « que el único partido que cabía, era destruir aquel gobier- 
no feroz y sanguinario, y borrar el nombre veneciano de la superficie del 
globo. » 

En vano los raajistrados de Brcscia, Bérgamo y Cremona formaron sus 
sumarias, en términos de manifestar empeñadamente que los Franceses 
habían sido los provocadores de su propia matanza. Bonaparte los des- 
mintió solemnemente en un manifiesto que fué el decreto de muerte para 
la aristocracia veneciana, y terminado con las disposiciones siguientes: 

« El jeneral en ¡efe requiero al ministro de Francia cerca de la repú- 
blica do Venecia que salga do dicha ciudad; manda á los varios ajentes 






■ 
ú 







ysá^plF 






88 HISTORIA 

de la república veneciana en la Lombardía y Tierra Firme veneciana, que 

la evacúen dentro de veinte y cuatro horas. 

■ Manda á los varios jenerales de división que traten como enemigas á 
las tropas de la república de Venecia, derribando el león de San Marcos 
en todas las ciudades de la Tierra Firme. » 

Esta orden del dia se ejecutó puntualmente. Despavorido el sumo con- 
sejo de Venecia, hizo dimisión de su potestad y entregó la soberanía al 
pueblo, quien cometió á un ayuntamiento el ejercicio de la autoridad. El 
46 de mayo la bandera tricolor fué enarbolada en la plaza de San Marcos 
por el jeneral Baraguay de Hilliers, efectuándose completamente una revo- 
lución democrática en toda la esteusion de los estados venecianos. Dándo- 
lo , abogado de Venecia , uno de los dos sujetos de mérito que Napoleón 
declaró haber encontrado en Italia , fué colocado , por el favor popular al 
al frente de este movimiento. El león de San Marcos y los caballos de Co- 
rinto, que sirvieron después para adornar el arco triunfal del Carrousel, 
fueron trasladados á París. 

Mientras que las negociaciones con el Austria se llevaban á cabo , Na- 
poleón supo que 1 loche y Moreau habian pasado el Rin. Pocos dias antes 
el Directorio le habia anunciado que este movimiento no podría verilicarse, 
y cuando la falta de esta poderosa cooperación le habia determinado á sus- 
pender las hostilidades y detenerse á las puertas de Viena, se veia conde- 
nado á asistir con la espada envainada por un armisticio á los movi- 
mientos militares que en vano había estado pidiendo y solicitando por 
espacio de dos meses , cuando podían ayudarle á tremolar la bandera 
republicana en la capital del Austria. Era evidente que sus triunfos 
demasiado rápidos habian sobresaltado al Directorio, y que los pen tarcas 
presentían todo un emperador en el guerrero triunfante de Italia. Él mis- 
mo confesó en Santa Helena que en efecto después de la batalla de Lodi, 
le habia venido al pensamiento que podría muy bien llegar á ser el prota- 
gonista en la escena política. « Entonces brotó, decia, la primera chispa 
de la encumbrada ambición. » 

Los directores, que habint advertido el chispazo, temerosos de que in- 
cendiase el edificio republicano cuya cima estaba ocupando , se oponían á 
sus progresos y su ensalzamiento , llevados de una envidia personal y del 
instinto suspicaz de la democracia. Veían con pesar que el reconocimiento 
nacional y el asombro de la Europa propendían á concentrarse en un so- 
lo individuo, y no querían proporcionarle medios de estremar el entusias- 
mo que lo endiosase, entrando triunfalmente en Viena al frente de todos los 
ejércitos republicanos. Los caló Napoleón , como ellos le habian penetra- 
do ; lo que no quitó el que se manifestase descontento en todas sus car- 
tas y conversaciones. Pero el Directorio disimuló los verdaderos móviles de 
su estraña conducta con tanto mayor motivo, cuanto el jeneral Bonaparte, 



DE NAPOLEÓN. *<> 

comandante del ejército del interior después de vendimiario, habia ideado 
y puesto en los archivos de la guerra un plan de campaña que fijaba 
el término de las hostilidades y la pacificación en la cumbre del Simering 
Kl mismo habia colocado la valla que ahora estaba deseaodo emlnsin 
Tero el vencedor del principe Carlos debia tener imprescindiblemente pM 
samientos mas grandiosos y miras menos comedidas que el arrollador del 
vecindario de Paris. 

Bonapnrte se hallaba en una isla del Tagliamcnto cuando recibió H 




correo que le traia la noticia de que Moreau habia pasado el rio. « No ca- 
be retratar, dice Mr. de Bourrienne, la conmoción del jeneral al leer aquel 

aviso Fué tal el trastorno de sus pensamientos, que ideó por un mo 

mentó traspasar la orilla izquierda del Tagliamento y romper bajo cual- 
quier pretcsto... » Decia: «Que diferentes hubieran sido los preliminares 
en el caso de haberlo sabido. » Cierto es que Napoleón no hubiera mam 
Testado el ánimo pacífico tan patente en su carta al principe (.«arlos, si hu- 
biese podido contar con la cooperación de los ejércitos de Alemania, la 
conquista de Viena le halagaba tanto como la de Roma, la doblez envi- 
diosa y suspicaz del Directorio no le permitió satisfacer entonces su ambi- 
ción. 

12 



90 HISTORIA 

Las negociaciones se iban dilatando, y el jeneral en jefe utilizó el 
ensanche del armisticio para recorrer la Lombardía y los Estados Venecia- 
nos, Organizando un gobierno. Para sus intentos necesitaba hombres, y 
los buscaba en vano. « ¡Dios mió, decia, cuan escasos son los sujetos! Cuén- 
tanse en Italia diez y ocho millones, y apenas encuentro entre ellos dos de 
mérito, Dándolo y Melzi. » 

Cansado Bonaparte de las trabas que ponían los jefes de la república 
á la ejecución de sus planes, y aburrido de las pausas de los diplomáticos 
austríacos, habló de orillar el mando del ejército de Italia, é ir tras el re- 
tiro y la soledad y luego el reposo que suponía necesitar. No hay duda 
que esta era solamente una amenaza que no tenia deseos de realizar, pues 
no conceptuaba que se pudiese prescindir de su desempeño , tras los ser 
vicios hechos, de los conocimientos prodijiosos de que habia dado prue- 
bas y de la asombrosa popularidad que se habia granjeado. La noticia de 
su renuncíale parecía con razón un acontecimiento político harto sonado 
para comprometer con la nación al gobierno que la hubiese acarreado con 
sus injusticias y admitido por esceso de ingratitud y de envidia. Pero to 
do se redujo á un mero susto, contentándose con quejarse amargamente y 
desentonarse en su correspondencia de oflcio con suma vehemencia y alti- 
vez. Después de haber declarado que, ■ en vista de la situación de los ne 
gocios, aun las negociaciones con el emperador habían llegado á ser una 
operación militar, » lo que le hacia arbitro de la paz y de la guerra y le 
habilitaba para serlo de la misma república, aparentó saciedad de gloria 
para convencer á sus apasionados, á sus émulos y competidores, que los 
intereses de la Francia, y no los suyos, eran los únicos móviles de la fogosa 
actividad que le estaba arrebatando. « Me lie arrojado sobre Viena, dice en 
una de sus cartas , habiéndome granjeado mas nombradla de la que se re- 
quiere para ser feliz, y dejando á la espalda las hermosas llanuras de Ita- 
lia, como habia hecho al principio de la última campaña, en busca de pan 
para el ejército que la república ya no podía alimentar. » 

Por lo demás acompañó al Directorio en su ruin emulación y en sus 
zozobras el desenfreno de la política interior. La reacción termidoriana 
habia alentado á los realistas, que acababan de rehacerse en las eleccio- 
nes de su derrota de vendimiario. Era natural que el partido contra-revo- 
lucionario temiese el influjo del jeneral que habia salvado á la república 
con cincuenta victorias, y cuya nombradla, timbres y existencia se her- 
manaban con los progresos de la revolución. Los oradores y publicistas 
de aquel partido se valieron de la libertad ilimitada de la tribuna y de la 
imprenta, para fomentar hablillas, y robustecer las sospechas mas inju- 
riosas respecto á la índole y los intentos de Napoleón. El Directorio, á pe- 
sar de la lid que estaba encarnizadamente sosteniendo contra los Clichien- 
ses , les dejó imprimir y obrar cuanto quisieron contra el héroe de Areola 



DE NAPOLEÓN W 

y Lodi, cuyo repentino engrandecimiento le lastimaba en ¿ran manera 
Imprimióse en periódicos y folletos, y se proclamó en consejos y juntas, 
que el gobierno de Venecia había sido víctima de las alevosías y provoca- 




ciones encubiertas del jeneral francés, y que todos aquellos asesinatos de 
que se habia quejado a la faz del mundo y de que habia tomado \ mean - 
za, habían sido acontecimientos previstos y maquiavélicamente ideados 
en el cuartel jeneral del ejército republicano. Dumolard, uno de los pro- 
hombres realistas, hizo una propuesta en la que introdujo una frase que 
mentaba espresamente las dudas suscitadas en el consejo de los Ancianos, 
acerca de las causas y gravedad de las violaciones del derecho de jentes co- 
metidas en Venecia. Sabedor Napoleón de todos estos ataques y malevo 






1)2 HISTOUIA 

las insinuaciones, escribió al Directorio en estos términos: «Tenia dere 
cIjo, después de haber firmado cinco paces y dado un golpe mortal á la con 
federación, sinoá triunfos cívicos, al menos para vivir desahogado y bajo 
la protección de los primeros majistrados de la república. En el dia me 
veo desatendido, perseguido , disfamado por cuantos medios vergonzosos 

suele usar toda política perseguidora 

«¿Pues que, hemos sido asesinados por traidores, han fenecido mas 
de cuatrocientos hombres, y los primeros majistrados de la república le 
acriminarán el haberlo creido por un momento ? 

« Ya sé que hay sociedades en las que se dice: ¿y qué, tan pura es esa 
sangre?.... 

« Que lo hubiesen dicho unos villanos, yertos para con la patria y la 
gloria nacional, no me quejaría, ni hubiera hecho alto; pero tengo de 
recho para quejarme del envilecimiento en que sumen los primeros ma 
jistrados de la república á los que han engrandecido y encumbrado la 
gloria del nombre francés. 

«Os repito, ciudadanos directores, la demanda que os hice de mi re- 
nuncia. Necesito vivir á mis anchuras , si los puñales de Clichy me lo 
consienten. 

« Me habéis encargado negociaciones; soy poco á propósito para ellas. » 
Poco tiempo antes habia escrito amistosamente á C&rnot : 
« Recibí vuestra carta, mi querido director, en el campo de batalla de 
Rívoli. Leí entonces con menosprecio cuanto se dice respecto á mí , pues 
cada cual me hace prorumpir á medida de sus deseos ; y harto me cono- 
céis para poderos figurar que alguien influya en mi ánimo; blasoné en todo 
tiempo de tantas finezas como os estamos debiendo, con sumo agradecí 
miento, asi yo como los mios. Hay hombres para quienes el odio es una 
necesidad, y que no pudiendo trastornar la república , se consuelan sem- 
brando zizañay discordia á diestro y siniestro. En cuanto á mí, por mucho 
que digan, ya no me alcanzan: lo único que me interesa es el aprecio de 
unos cuantos sujetos como vos , y el de mis companeros y soldados; á ve- 
ces también la opinión de la posteridad, y sobre todo la rectitud de mi 
conciencia y la prosperidad de mi patria. » 

Después Napoleón se encargó de responder personalmente á las calum- 
nias de la facción clichiense, respecto á Venecia, haciendo circular al efec 
toen el ejército, bajo un anónimo, una nota que iba refutando todas las 
patrañas de los realistas y ponia muy en claro la verdad con todos sus de- 
rechos. 

Queda ya advertida la ninguna sinceridad de su renuncia; mas en cuan 
to á la modestia con que se profesaba inhábil para tareas diplomáticas , 
se conceptuará el alcance de aquella manifestación con la anécdota siguien 



DE NAI'OLKON. tí 

te, relativa alas negoeiaeioiies de Campo-Formio, y que él mismo rcfi 
rió en Santa Helena. 

Mr. de Cobentzel, decia , era el prohombre de la monarquía austríaca, 
el alma de sus intentos y el móvil de su diplomacia. Había desempeñado 
las primeras embajadas de Kuropa y vivido mucho tiempo junto á Catali- 
na, cuyo aprecio particular se habia granjeado. Engreído con su jerarquía 
y su trascendencia , no dudaba que el señorío de sus modales y su prárti 
ca en las cortes arrollarían desde luego aun jeneral labrado en los campa 
mentos revolucionarios ; así recibió al jeneral francés con cierta liviandad; 
pero bastaron el ademan y las primeras palabras de este para arrinconar 
lo en su lugar, del cual no trató de salir en lo sucesivo.— I -as primeras 
conferencias, añade Mr. de I>as Cazes, iban con suma pausa, pues Mr. de 
Cobentzel, según costumbre del gabinete austríaco , se mostró muy du- 
cho en ir dilatando los puntos; pero el jeneral francés resolvió dar un 
corte. La conferencia, que habia resuelto fuese la última, llegó; y que- 
dando desairado en sus propuestas , se levantó furioso voceando briosa- 
mente: Ya que queréis la guerra, la tendréis, y asiendo una magnifica 
jarra de porcelana que Mr. de Cobentzel complacido repetía sin cesar que 
era regalo de la gran Catalina, la arrojó al suelo con toda su fuerza, don- 
de se estrelló en mil pedazos. Ix) veis, esclamó otra vez, pues bien, an- 
tes de tres meses yo os prometo que la monarquía austríaca va á quedar 
eu el mismo estado. Y se salió arrebatadamente de la sala. Mr. de Co- 
bentzel se quedó estático , decia el emperador; pero Mr. de Gallo , su se 




94 HISTORIA 

gundo y mucho mas conciliador , acompañó al jeneral francés hasta su 
coche, procurando detenerle, «haciéndome rendidos acatamientos , ana- 
dia el emperador , con unos ademanes tan estrambóticos , que á pesar de 
mis iras estudiadas, no podia interiormente contener la risa. » 

Este rumbo de negociar, que al parecer abonaba cuanto Napoleón ha- 
bía dicho acerca de su atraso en punto á diplomacia , no dejó sin embargo 
de conseguir el objeto que se habia prometido , pues en tal coyuntura te- 
nia el enojo visos de maña y sabiduría ; como que se hacia forzoso zanjar 
aquellas pausas premeditadas y los vaivenes alevosos del gabinete austría- 
co; y Napoleón lo vino á lograr estrellando el agasajo primoroso de Cata- 
lina. Su disparo fué mas provechoso en aquel trance para los intereses de 
la Francia de lo que pudiera serlo la política de un palaciego redomado. 
Pudo arrebatarse á tiempo, y cabe el decir que si quebrantó la etiqueta y 
los estilos corrientes, fué para merecer bien de su pais y de la humanidad 
acelerando el ajuste. 

Pero mientras Napoleón se enojaba en Italia de las interminables de- 
moras en las conferencias diplomáticas , de la inacción que le habia im- 
puesto la voluntad aviesa del Directorio , y de los insultos que le asesta- 
ban las facciones del interior de todos los puntos de la Europa, por medio 
de los emigrados y de los corresponsales asalariados , el Directorio se vio 
amenazado en su existencia por la mayoría realista de los dos consejos , 
al acercarse eH8 de fructidor. 

El ejército de Italia, que habia vencido en tantas batallas bajo la ban- 
dera republicana, y el jefe esclarecido que lo habia conducido á la carrera 
de victoria en victoria, no podían menos de embargar la atención de am- 
bos partidos, las zozobras del uno y las esperanzas del otro. Napoleón, po- 
co antes calumniado con rebozo ó sin él por los Clichienses y el Directorio, 
se vio de repente apetecido y galanteado por todas partes. Francisco Du- 
coudray, uno de los oradores predominantes de la mayoría monárquica, 
no escaseó dar el dictado de héroe al metrallador del \ 3 vendimiario , di- 
ciéndole « que habia descollado en su desempeño de negociador, después 
de haber igualado en ocho meses á los prohombres del arte militar. » Pe- 
ro estos elojios interesados de un hombre mañero no podían encubrir el 
odio que abrigaba y vertía su partido en los diarios y juntas contra el je- 
neral en jefe del ejército de Italia. Aubry, antiguo enemigo de Bonaparte, 
era uno de los prohombres en la reunión de Clichy. Sostenido por algu- 
nos oradores furibundos, pedia á gritos la deposición y arresto de Napo- 
león, lo cual era bastante para que este no debiese titubear entre el Direc- 
torio y los consejos. Pero Napoleón despreciaba al Directorio, en cuyo in- 
terior tan solo habia un sujeto, cuyo carácter apreciable y cuyos servicios 
y capacidad conocía, y este era Carnot, que se habia separado de la ma- 
yoría directorial por escrúpulos constitucionales, repugnándole repeler 



DE \ l POLIO N 0!> 

los ataques de los realistas con una arbitrariedad. Sin embargo, á impul- 
sos de sus antecedentes , recuerdos y previsiones , prevaleció su menospre 
ció de Barras y su inclinación á Carnot. 

Kstuvo decidido por un momento á marchar sobre Paris, atravesando 
lieon al frente de veinte y cinco mil hombres, y realizara esto intento, si 
la probabilidad del triunfo en la capital quedara ó favor de los Clichien- 
ses , y lo que ante todo le decidió á poner su poderosa espada del lado de 
los directores contra la mayoría de los consejos, fué el descubrimiento de 
la traición de Pichegrú que encabezaba aquella mayoría, y cuya criminal 
intelijencia con el estranjero se descubrió con la detención y reconocimien 
to de los papeles del célebre conde Antraigues, maquinador realista, sor 
prendido y preso en los estados de Venecia, puesto en libertad bajo su pa 
labra en Milán, y que se fugó á Suiza, donde publicó un libelo infame 
contra Napoleón, a quien no tenia mas que motivos para alabar. 

\a indignación de Bonaparte contra el partido estranjero se manifestó 
en la esposicion que envió en nombre del ejército de Italia para arredrar 
á los consejos y desahogar al Directorio. «¿Acaso, hizo decir á sus compa- 
ñeros de armas , el camino de Paris ofrece mas obstáculos que el de Vie- 
na? No; los republicanos fieles á la libertad nos lo franquearán, reunidos 
la defenderemos, y nuestros enemigos dejarán de existir. 

tUnos hombres, tiznados con su afrenta, ansiosos de venganzas, 
ahitos de maldades, se azoran y conspiran en medio de Paris, cuando nos- 
otros hemos triunfado á las puertas de Viena Vosotros que habéis he- 
cho patrimonio de los defensores de la república el menosprecio, el baldón, 
los ultrajes y la muerte, ¡temblad! desde el Adijio al Bin y al Sena no hay 
mas que un paso; ¡temblad! vuestras iniquidades están contadas, y la re- 
compensa reluce en la punta de nuestras bayonetas. » 

Napoleón cscojió para llevar esta esposicion á Augereau, el mas capaz 
entre sus tenientes de aspirar al primer papel y hacer olvidar al jeneral 
en jefe por su consistencia personal en medio de las circunstancias que se 
preparaban. En cuanto al dinero que Barras habia pedido por medio de 
su secretario Bottot para el buen éxito del dia premeditado, Napoleón se 
contentó con prometerlo y no lo envió nunca. Por lo demás despachó a 
Paris á su edecán Lavallette, contando con su celo y perspicacia para 
saberlo todo y obrar según lo exijiesen los acontecimientos. 

La intimidad de Bonaparte con Desaix empezó por entonces. Desaix , 
empleado en el ejército del Rin, seguía de lejos con asombro los triunfos 
del jeneral en jefe del ejército de Italia. Valióse del ensanche que le fran- 
queaba el armisticio de Leoben para admirar mas de cerca al sumo capi- 
tán. Estos dos hombres se calaron y se prendaron al verse, y en una de 
sus conversaciones, habiendo querido confiar Napoleón á su nuevo amigo 
el arcano de la traición de Pichegrú : «Hace tres meses que la sabíamos en 



96 HISTORIA 

el Riu, respondió Desaix. La furgón eojido al jeneral Klinglin puso en 
nuestro poder la correspondeueia de Pichegrú con los enemigos de la re 
pública. — ¿ Pero Moreau no ha dado parte al Directorio ? — No . — Es pues 
un criminal; cuando media la pérdida de la patria, el silencio es una com 
plicidad. » Después del 18 de fructidor ., cuando Pichegrú recibió el golpe 
del estrafiamiento, Moreau le denunció ignominiosamente. « Con no ha- 
blar antes, dijo Napoleón, hizo traición á la patria; con hablar tan tarde, 
ha rematado la suerte de un desgraciado. » 

Bonaparte supo con sumo gozo la derrota y proscripción de los di- 
chienses, que Augereau le participó en estos términos: «Al fin, mi jeneral, 
se cumplió mi eucargo, y las promesas del ejército de Italia han que- 
dado satisfechas esta noche. » ,; 

Pero el Directorio, libre ya de los realistas, volvió á su envidia encu- 
bierta y tenaz contra Napoleón. Aunque conociese muy bien el modo de 
pensar del jeneral respecto al!8 fructidor, después de los pliegos que ha 
bia recibido, reclamando todos el golpe de arbitrariedad con una ener- 
jía que rayaba en videncia, hizo correr la voz en Paris para que cundiese 
hasta el ejército que ia opinión de Bonaparte acerca de aquel suceso 

. 




t 



DE NAPOLEÓN. 97 

era dudosa; y para dar mas poso á esta sospecha, encargó á Augercan 
que remitiese él mismo á todos los jcnerales de división la circular que 
solo el jeneral en jefe hubiera debido naturalmente "nviarles. Avisado 
Napoleón de todos estos amaños, manilestó desde luego su duconUPlo v 
su indignación. 

«Es constante, cscribiaal Directorio, que el gobierno obra OMNMgo 
como procedió con Pichegrú después de vendimiario del año IV. 

«Os pido que mandéis quien me reemplace y admitáis mi renuneia. 
Ningún poder en la tierra seria capaz de hacer que siga sin ieudo. después 
de esta horrible prueba de la ingratitud del gobierno, que estaba muy a|e 
no de presumir. Mi salud, en estremo menoscabada, está pidiendo desaho- 
go y sosiego. 

«La situación de mi alma necesita igualmente recntonarse entre el 
bullicio délos ciudadanos. Demasiado tiempo hace que tengo en mis 111,1 
nos una potestad grandiosa, de la cual me he valido a todo trance para 
el bien de la patria; allá se las hayan los que descrean la virtud y hayan 
maliciado contra la mia. ¡Mi galardón se cifra en mi conciencia y en el 
juicio de la posteridad 

«Creed que si hubiera un momento de peligro, me hallaríais en pri- 
mera Ala para defender la libertad y la constitución del año III. » 

El Directorio , que no se conceptuaba con fuerzas para sostener una 
competencia directa y patente con el guerrero esclarecido, siguió disimulan- 
do; se esmeró en redoblarle espiraciones para desenconarlo, y le dijo: «Te- 
med que los conspiradores realistas, en el momento en que quizá estaban 
envenenando á Hoche, no hayan tratado de introducir en vuestro ánimo 
sinsabores y desconfianzas, capaces de privar á vuestra patria de los cona- 
tos de todo ese mimen. » 

Bonaparte no estaba tan desabrido con el mando en jefe como queria 
aparentar; así finjió aceptar las esplicaciones lisonjeras que le daban, y se 
puso en correspondencia particular con individuos y ministros del Direc 
torio , acerca de las eventualidades de la guerra, las condiciones de la paz 
y las cuestiones mas recónditas de la política jeneral. Conjorados momen 
táneamente los peligros de la república en el esterior é interior, se indi 
naba á la moderación y á la clemencia. « La suerte de la Europa, escribió 
á Francisco Neufchateau , depende de la unión , la sabiduría y la pujanza 
del gobierno. Queda una corta parte de la nación que es preciso cautivar 

por medio de un buen gobierno Un decreto del Directorio ejecutivo 

derroca los tronos; haced de modo que algunos escritores asalariados ó al- 
gunos ambiciosos fanáticos, encubiertos con toda clase de máscaras, no nos 
vuelvan á sumir en el torrente revolucionario. » 

Por entonces fué cuando un sujeto afamado desde la asamblea consti- 
tuyente, y cuya nombradía fué después siempre en aumento por una acu- 
ló 



98 HISTORIA 

va participación al establecimiento y al vuelco de todos los mandos que 
fueron mas y mas arrebatando á la Francia de reacción en reacción hasta 
su situación actual ; por entonces, repito, fué cuando Talleyrand, siempre 
pronto á saludar al sol saliente, procuró entablar relaciones seguidas y con 
íidenciales con Bonaparte. Escribióle varias cartas sobre el 18 fructidor, 
espresándose en todas con la vehemencia de un fogoso revolucionario. 
Curioso es ver al hombre que contribuyó tan eficazmente en lo sucesivo 
para eutronizar ambas ramas de la casa de Borbon, y cuyo último afecto 
político fué definitivamente adquirido, al menos en apariencia, á la di 
nastía reinante; curioso es verle anunciar con entusiasmo á su emperador 
venidero , al ídolo que habia de ensalzar y estrellar, que una muerte pron 
ta se habia sentenciado contra cuantos recordasen el trono, la consti- 
tución del año 93 ó á Orleans. 

Napoleón recibió estas proposiciones del jefe de la facción , llamada 
entonces los constitucionales y los diplomáticos, como hombre solícito 
de ir poniendo audamios y preparar instrumentos para la suma ambición 
que ocultaba en su pecho. Se hacia cargo de que no habia llegado la ho 
ra, pero que llegaría, y procuraba ir juntando sujetos para moverlos á su 
albedrío cuando las circunstancias lo rodeasen. Cabe conceptuar, en vis 
ta de la anarquía que reinaba en Francia, antes y después del 18 de fruc 
tidor , del poco aprecio de los depositarios de la potestad , de la maldad 
de los unos y la torpeza de los otros , que Napoleón fué harto reservado y 
encojido y no abarcó el influjo de su Hombradía y el cansancio de los par- 
tidos , cejando ante el golpe de estado que tenia premeditado, y ejecutó 
posteriormente con tanto éxito. Pero le pareció que era preciso engrande 
cer mas y mas todavía su fama con nuevos portentos, dejando aumentar 
en la masa de la nación el disgusto á las tormentas de la democracia. Aca- 
^so entonces ideó la espedicion de Ejipto, lo que muchos han pensado des- 
pués de haber leido la proclama que envió, el 16 de setiembre de \ 797 , á 
los marinos de la escuadra del almirante Brueix, y en la que, al celebrar el 
triunfo del Directorio sobre los traidores y emigrados que se habían 
apoderado de la tribuna nacional, dice á aquellos valientes i « Sin vo 
sotros no podemos llevar la gloria del nombre francés sino á un estrecho 
rincón de la Europa ; con vosotros cruzaremos los mares y llevaremos el 
estandarte de la república á las mas remotas rejiones. » 

Para realizar este grandiosísimo intento, se hacia forzoso ajustarpí i 
meramente la paz en Europa. El Austria, cuyas esperanzas fundadas en 
una revolución interior en Francia se habian desvanecido eH8 de fruc 
tidor, no tenia ya los mismos motivos para ir entorpeciendo las negocia 
ciones ; pero el Directorio, engreído con su victoria sobre los realistas alia 
dos del emperador , manifestaba ímpetus belicosos. «No hay que guardar 
miramientos con el Austria, escribió á Bonaparte; su doblez y su intcli- 



DE NAI'OI.KON. M 

jenciaoon los conspiradores del interior ion manifiestas. » Kstas órdenes 
belicosas no cuadraban con las miras del jeneral en jefe, la aproximación 
del invierno le decidió á ajnstar la paz. « Se necesita mas de un mes, dijo 
á su secretario , para que los ejércitos del Hin me apoyen , si es que se ha 
Man en estado de hacerlo, y dentro de quince dias los caminos y pasos es 
taran cubiertos de nieve. Ks asunto concluido, hago la paz. Veneciana 
gara los gastos de la guerra y el límite del Rin. Digan cuanto quieran el 
Directorio y los letrados. • 

Con efecto, se firmó la paz en Campo-Formio el '2A\ de vendimiario , 
año VI ( 17 de octubre de 4797). Una de las primeras condiciones del tra 
lado que Napoleón requirió tenazmente, fué la lil>crtad délos prisioneros 
de Olmutz, Ufayettc, Iatour -Maubourg y Burean de Fusy. Justo es decjr 
que obraba entonces con arreglo á las instrucciones del Directorio 




a y 




• U'ITILO Vf. 



Viaje ¡i Rastnilt. Vuelra ¡i Pan*. PaitiJn |»ar¡i el Fjiplo. 




ibre ya Napoleón de la guerra y de las nego- 
ciaciones en las fronteras del Austria, anduvo 
visitando sus conquistas, y con especialidad 
la Lombardía , que le recibió con aplausos 
de libertador. Vitoreado umversalmente 
por donde quiera , le llegó una providencia 
del Directorio para trasladarse á Rastadt, 
f.^^j^-^^ y presidir allí la legación francesa. En su 
tránsito seguia caminando en alas de miles y miles de aclamaciones estre- 






DK NAPOLEÓN. 101 

mudas, por toda la Suiza hasta liasilca. Antes de salir de Milán envió, por 
Joubcrt, al Directorio la bandera del ejército de italia, donde cam- 
peaban por una cara el resumen de todas las acciones portentosas que 
había desempeñado aquel ejército ; y por otra estas palabras: al ejército 
de italia la patria RECONOCIDA. A su paso por Mantua había mandado 
celebrar unos funerales en honor de Moche , que acababa de fallecer, y 
habia activado la conclusión de un monumento dedicado á la memoria 
de Virjilio. 

Entre los aclamadores ansiosos que le salieron al encuentro en aquella 
temporada, se cuenta un observador despejado , cuyas rellexiones envia- 
das á Paris se publicaron en un periódico por diciembre de 47í)7. Decían 
asi : « He visto con entrañable interés y suma atención aquel varón es- 
traordinario, ejecutador de heroicidades, que deja pendiente su carrera. 
Lo hallo muy parecido á su retrato, pequeño, flaco, macilento, con un 
esterior atropellado, pero no enfermizo como algunos han dicho. \jo he 
conceptuado distraído, y como ensimesmado y ajeno de cuantos obsequios 
se le estaban tributando. Su fisonomía es de suyo aguda , y al par de ca- 
vilosa, sumamente reservada. No cabe desentenderse de los pensamientos 
que está abarcando aquella cabeza y aquel espíritu, arrollador tal vez de la 
Europa entera. » 




102 HISTORIA 

Al atravesar la llanura de Morat, en la que los Suizos esterminaron el 
ejército de Carlos el Temerario en \ 45C , Lannes dijo que los Franceses 
de ahora peleaban mucho mejor. «En aquel tiempo, interrumpió Napo- 
león disparadamente , los Borgoñones no eran Franceses. » 

Cuando Napoleón llegó á Rastadt, conoció pronto que su nuevo empleo 
por ningún título le cuadraba; y tan solo en París, en el centro del mo- 
vimiento político ó al frente de su ejército, podia hallar en adelante hom- 
bre tan portentoso su lugar competente. Mas no tuvo para qué solicitar 
su regreso á la capital , pues pronto le llamó á ella una carta del Directo- 
rio. Mr. de Bourrienne , su secretario , que no sabia aun que estaba bor- 
rado de la lista de los emigrados , temia acompañarle y quería quedarse 
en Alemania. «Venid, le dijo Bonaparte, pasad el Rin sin zozobra; no 
os apartarán de mi lado; yo me constituyo responsable. » 

El recibimiento de Napoleón en París fué tal cual lo debia esperar de 
la aceptación universal que le habían granjeado sus hazañas. El Directo 
rio, encabezando el reconocimiento nacional, disimuló su envidia y so- 
bresalto disponiendo un agasajo esplendoroso al conquistador de Italia, 
en el recinto del Luxemburgo. Tallcyrand, que presentó el héroe á los 
directores, pronunció con este motivo un discurso rebosando de ardiente 
y acendrado republicanismo: «Quizase estrañará, dijo, este mi conato 
en rasguear y tal vez menoscabar la nombradíade Bonaparte, quien no 
se dará por ofendido. Debo decirlo, temí un momento contra él allá un 
desasosiego receloso que asoma en una república bisoña que se sobresal- 
ta con cuanto amaga al parecer á la igualdad ; pero me engañé ; la gran- 
deza personal , lejos de menoscabar la igualdad, es su mas esclarecido 
triunfo ; y en este dia , los republicanos franceses deben conceptuarse mas 
encumbrados. » 

Napoleón respondió, dando por primera vez el dictado de grande á 
la nación francesa, y se espresó en estos términos : 

« Ciudadanos directores : 

« El pueblo francés, para ser libre, tenia que pelear contra los reyes. 

« Para conseguir una constitución fundada en la razón , tenia que ar 
rollar las preocupaciones de diez y ocho siglos. 

« Triunfasteis de todos estos obstáculos con la constitución del año III. 

«La relijion, el feudalismo y los reyes han ido sucesivamente avasa 
liando la Europa durante veinte siglos ; pero la paz que acabáis de firmar 
deslinda la era de los gobiernos representativos. 

« Habéis conseguido organizar la grande nación, cuyo territorio solo 
está zanjado porque la misma naturaleza fijó sus límites. 

« Aun habéis hecho mas. 



DE NAPOLEÓN. 405 

• I -as dos partos preferentes do la Europa, antiguamente tan esclarecí 
das por sus ciencias , arles y prohombres , viven esperanzadas de ver el 
mimen de la libertad remontarse del sepulcro de sus antepasados. 

« Me cal>e el honor de remitiros el tratado firmado en Campo-Formio 
y ratificado por S. !\!. el emperador. 

«Cnando la felicidad del pueblo (Vanees estribe por fin en mejores le 
yes orgánicas , toda la Europa quedará libre. » 

Harto modesto se mostraba el negociador de Paseriano, traspasando 
así «al Directorio el blasón do haber ajustado la par. Pero requería la po 
lítica aquel acatamiento ceremonioso, y los favorecidos le dieron igual eré 
dito que el mismo favorecedor. Desde aquel punto encumbróse en realidad 
Napoleón á lo sumo de la diplomacia europea , en lugar del gobierno de 
la república. Cifraba en sí el estado entero y trasladaba á la Erancin el 
ademan y lenguaje que su grandiosa ambición y sus alcances traseenden 
tales, y no las instrucciones del Directorio, le patentizaban como los mas 
dignos del gran pükblo y los mas favorables á las miras ulteriores del 
hombre grande. Desde su entrada en Italia, y sobre todo desde lodi, se ha- 
bía dedicado á ir apeando la política francesa del carácter feroz que ñeco 
sariamente le infundiera la terrible lucha de 9."). No queria conquistar una 
paz gloriosa para su pais y una inmensa nombradía para sí, bajo la capa de 
una democracia desaforada é implacable. Parecióle que había llegado la épo- 
ca de amansar el fanatismo revolucionario, cuya necesidad habia compren 
dido en otro tiempo y cuyas inspiraciones le habían arrebatado. En las no 
gociaciones con el rey de Cerdeña, ol papa y el emperador, se mostró ave 
nible y revestido de aquel espíritu de conciliación y tolerancia que deslinda 
á los sujetos sensatos ; pero en el tratado de Campo Eormio sobre todo se 
esmeró en manifestará los reyes de Europa la república francesa como 
un enemigo jencroso que no profesaba enconos ciegos , y cuyos prin 
cipios y consejos nada tendrían en lo sucesivo que pudiese amenazará los 
gobiernos estranjeros. Él mismo lo declaró en Santa Helena, diciendo: «I-os 
principios que debían rejir á la república habian quedado en planta desde 
Gampo-Formio , pero el Directorio no tuvo parte en olios. » Y tal ora el 
poderío que estaba ejerciendo aquel individuo, que el Directorio, cuya au 
loridad suprema habia desconocido y cuyas funciones habia usurpado . 
no se atrevió á residenciarle por sus menosprecios y su osadía, y antes 
bien le halagó solemnemente por boca de su presidente con un cúmulo 
pomposo de lisonjas. « La naturaleza , avarienta en sus prodijios, dijo 
Parras en la contestación al jencral , solo franquea varones eminentes a 
la tierra de tarde en tarde, pero quiso esclarecer la aurora do la libertad 
con uno de aquellos fenómenos, y la sublime revolución del pueblo fian 
ees, nueva en la historia de las naciones , tenia que presentar un numen 
nunca visto en la historia de los hombres preeminentes. • Esta adulación 



404 HISTORIA 

que el influjo de la opinión pública arrancaba á la envidia, está demos 
trando el encumbramiento en que se hallaba Napoleón , siendo de notar 
que el caudillo del gobierno republicano se conceptuase precisado á hablar 
á un mero jeneral y subdito suyo, como le habló después en el mismo lu 
gar el presidente de su senado ó el principal de sus rendidos. 

Los Parisienses aparentaron trascordarse de que el vencedor de Arco 
la había sido el metrallador de vendimiado. Do quiera se presentaba, lo 
iban asaltando torrentes de aclamaciones, y en asistiendo al teatro, el au- 
ditorio lo vitoreaba con estruendosa gritería. Estas demostraciones, tan li- 
sonjeras para su amor propio, parecian sin embargo serle ya incómodas, y 
prorumpió en una ocasión: « No vengo al teatro, á saber que los palcos 
estaban tan patentes.» Deseando ver una ópera cómica muy celebrada, en 
la que cantaban madama de Saint-Aubin y Elleviou, pidió su representa 




V ni.iHow»-^ 



DE NAPOl.Kn\ 405 

cion bajo la fórmula comedida do: t Si fuese dable* Y el empresario 
contestó agudamente que no so daban imposibles para el vencedor di» Ita 
lia, quo hacia tiempo tenia borrada esta voz dd diccionario. 

A pesar del ansia universal que iba en su alcance, Napoleón , sin de 
jarse embriagar por tantísima humareda de incienso, y haciéndose atina- 
damente cargo de su situación , temió que con tan dilatada inacción fue 
se á menos el recuerdo de sus antiguos servicios y entibiase el acalora 
miento de sus secuaces. • Kn París, decia él, nada se tiene presente, y si 
paso mucho tiempo sin hacer nada, estoy perdido. Kn esta gran Babilonia 
una Hombradía desbanca «á otra , y cuando me hayan visto tres veces en 
el teatro, ya no harán caso de mi, por lo cual me escasearé por allá. Des 
pues repetía el dicho de Cromwell, cuando le llamaban la atención al en 
tusiasmo que movia su presencia: « ¡ Y qué! ¿si yo fuese al cadalso, el pue- 
blo no correría tras mí con igual afán? * Rehusó una representación de 
aparato que le ofreció la empresa de la ópera, y desde entonces asistió al 
teatro en palco cubierto. 

Sobrevinieron á la sazón varias conspiraciones contra su persona. I na 
mujer le hizo avisar que trataban de envenenarle: el individuo que fué á 
dar el aviso qnedó arrestado, y el juez de paz del distrito le hizo declarar 
la casa de la mujer que lo habia enviado. Hallaron a esta desventurada 
nadando en su sangre; los asesinos, noticiosos de que habia sabido y de 
latado sns viles intentos , trataron delibrarse de su testimonio con un 
nuevo atentado. 




\1 



100 HISTORIA 

Bonaparte, retraído del Directorio, apeteció entrar en el Instituto, aun 
que su afán se encaminase á otros objetos que los científicos ó literarios. 
Fué admitido en reemplazo de Carnot, fallecido el! 8 de fructidor, forman- 
do parte déla clase de ciencias y artes. La carta que escribió al presidente 
Camus merece citarse por entero. 

i Ciudadano presidente : 

« El voto de los sujetos de suposición que componen el Instituto me 
favorece. 

«Estoy muy hecho cargo de que antes de ser su igual, seré mucho 
tiempo su discípulo. 

« Si hubiese un modo mas espresivo de darles á conocer el aprecio que 
me están mereciendo, lo usaría. » 

i Las conquistas verdaderas hechas contra la ignorancia son las úni- 
cas que no redundan en quebrantos. Coadyuvar á la ostensión del alean 
ce humano es la tarca mas honorífica y provechosa para las naciones. 

« El poderío verdadero de la república francesa debe cifrarse para lo su 
cesivo en no consentir que asome un solo concepto nuevo que no sea suyo. 

Bonaparte. i 



Asombroso era este lenguaje en boca de un hombre que habia llega 
do á la cumbre de la gloria por medio de afanes puramente militares , pe- 
ro Napoleón quería manifestar que no le alucinaban la suerte ni las preo 
cupaciones de su profesión. Para encumbrarse allá hasta la altura que su 
mimen ambicioso habia divisado y hacia la cual asestaba sus pensamientos 
con desalada perseverancia, necesitaba manifestaren sí mas que un gran 
de capitán engreído con sus triunfos y propenso á apreciar únicamente el 
arte de la guerra, la ciencia y el valor de los campamentos. Importábale 
que la gran nación dueña del orbe sobre la que aspiraba á reinar , se seos 
tumbrasc á mirarle como al mas capaz ¿le defenderla con las armas, y tam 
bien de sublimar siempre sus alcances intelectuales y el ejercicio del pa 
trocinio universal que estaba ejerciendo, así por su superioridad moral, 
como por su preponderancia militar. 

;,Pero habia llegado el trance de patentizar pretensiones encubiertas 
que albergaba desde la campaña de Italia? Napoleón no lo creyó, y desde 
entonces debió pensar en salir pronto de la ociosidad que podia compro 
meter, si no dar al través con su grandiosa nombradía. 

Acordó pues pasar á Ejipto , á lo cual consintió el Directorio, porque 
su previsión menguada y que solo comprendía los trances del dia siguien- 
te , le hacia desear la ausencia del ilustre guerrero, sin reflexionar que 
nuevos triunfos deslumhrarían mas y mas á la nación, y por consiguiente 
acrecentarían la popularidad que tanto temían. Bonaparte, que ideara el 



DE \ IPOLBON 407 

plan , preparó por sí solo su ejecución , y se encargo de organizar todo el 
ejercito espedicionario. 'también formó y elijió las (lucientes comisiones 
de sabios y artistas que debían acompañar a nuestras tropas, para que los 
triuufosdc nuestras armas sirviesen á los progresos de la civilización . Cuan 
do le preguntaron si permanecería mocho tiempo en Ejipto, respondió ¡ 
« Estaré pocos meses o seis anos; todo depende de los aconta rimientos. » 
Llovó consigo una biblioteca de campaíía/compnesta de tomos en 18". que 
trataban de ciencias y artes, jcografiay viajes, historia, poesía, novelas y 
política. Kn su catálogo se hallaban Plutarco, l'olihio, Tucídides, Tito 
Livio, Tácito, llaynal, Yollaire, Federico II. Homero, el Taso, <>s¡an, 
Niijilio, Fonelon, \a Fon tai ne, Housseau, Marmontel, I-e Sage, (¿oethe, 
el Antiguo Testamento, el Nuevo, el Alcorán, el Vedan, el Espíritu de las 
Leyes y la Mitolojía. 

Una desavenencia de Reí nadotte con el gabinete austríaco , á causa 
de la bandera tricolor que el embajador francés habia enarl>olado en su 
casa y que la plebe de Viena habia insultado, faltó poco para que detu 
viese á Bonaparte en Europa la víspera de su marcha de Paris. El Direc 
torio quería tomar venganza de este ultraje á costa de una nueva guerra 
que hubiera capitaneado el vencedor de Italia; pero este, que veia desba 
ratadas sus miras con este nuevo desvío, observó « que á la política tocaba 
avasallar los incidentes, y no á los incidentes gobernar la política. » El 
Directorio tuvo que ceder á un reparo tan atinado, y Napoleón se encami 
nóá Tolón. 

Llegado el 4 8 de mayo de 4 799 á aquella ciudad , cuna de su fama y 
gloria, supo que la lejislacion violentísima, ocasionada por los emigrados 
contra ella, y restablecida en 48 de fructidor, estaba todavía causando 
amargo duelo á la 9 a . división militar. No cabiéndole promulgar órdenes 
como jeneral en un país que no estaba bajo su mando , escribió como in- 
dividuo del Instituto nacional á las comisiones militares del Mediodía , 
para exhortarlas á que se asesorasen para sus fallos con la clemencia y la 
humanidad. « He sabido muy á mi pesar , les dijo, que han sido ejecuta 
dos como reos de emigración, ancianos de setenta y ochenta anos, desdi 
chadas mujeres embarazadas, madres de niños tiernos. 

« ¿ Acaso los soldados de la libertad se han trasformado en verdugos ? 

« ¿ Falleció por ventura en sus corazones la compasión que llevaron en 
medio de los combates? 

«La ley del 48 de fructidor fué una providencia de salvamento jene 
ral. Su mente fué atajar á los conspiradores, desentendiéndose de miseras 
mujeres cuitadas y de ancianos caducos. 

«Os exhorto, pues, ciudadanos, á que declaréis, cuantas voces la ley 
haga comparecer ante vuestro tribunal mujeres ó ancianos de mas de se 



IOS II1ST01UA 

sonta años, que en medio de las refriegas habéis respetado las mujeres y 
los ancianos de vuestros enemigos. 

« El militar que firma una sentencia contra una persona inhábil para 
el manejo de las armas es un cobarde. » 

Este jeneroso paso salvó la vida á un anciano emigrado á quien la co- 
misión tolonesa habia condenado á muerte. Precioso se hace este rasgo en 
un guerrero acostumbrado á derramar sangre humana en los campos de 
batalla, recomendando á sus compañeros que respeten lahumanidad en la 
flaqueza ya postrada de la vejez y de las mujeres ; asombroso se hace el 
presenciarle encareciendo á sus guerreros aquella prenda con el sumo 
ahinco de su propia humanidad. Reina en aquella carta de Bonaparte, 
individuo del Instituto, á las comisiones militares del Mediodía, un im- 
pulso de subordinación necesaria de la espada al pensamiento en la gran 
carrera del progreso social. 

Dispuesto ya todo para el embarquo y cercana la partida, Napoleón 
dirijió á su ejercito la arenga siguiente : 




DE MAPOLKUiY lu'J 

t Oficiales y soldado»: 

« llano dos anos que vine á mandaros: cu aquella época os hallabais 
por la ribera de Jénova en sumo desamparo, faltos de lodo y habiendo 
sacrificado hasta vuestros relojes para vuestra reciproca subsistencia ; o^ 
prometí poner un término a vuestras desdichas, os condujo á Italia y allí 
se os concedió todo... Decid, ¿no he cumplido mi palabra?» l-os soldados 
respondieron que sí con vocería jcneral. 

Napoleón prosiguió: 

t Quedo enterado, pero sabed que aun no habéis hecho bastante por 
la patria, y que ella tampoco ha hecho todavía lo suficiente por vosotros. 

• Voy á llevaros ahora á un pais, en el que vuestras hazañas venido 
ras van á sobrecojer mas y mas á vuestros aclamadores, y en donde ha 
réis a la patria servicios tan sumos cuales tiene derecho á esperar de un 
ejército de invencibles. 

« Prometo á cada soldado que, al volver de esta espedicion, se le fiara 
con que comprar seis aranzadas de terreno. 

« Vais á correr nuevos peligros que participaréis con vuestros herma 
nos los marinos. Hasta ahora esta arma no se ha hecho temible á nuestros 
enemigos; sus hazañas no han igualado las vuestras; les han faltado oca 
siones; pero el valor de los marinos es igual al vuestro; su voluntad es 
triunfar, y también lo conseguirán. 

« Comunicadles esa esperanza invencible que os hizo en todas partes 
victoriosos; apoyad sus conatos; vivid á bordo en aquella buena intelijen 
cia tan jenial entre los hombres animosos de corazón y adictos al éxito de 
la misma causa; se han granjeado, al par de vosotros, derechos al recono 
cimiento nacional en el arte tan arduo de la náutica. 

« Acostumbraos á las maniobras de abordo ; sed el terror de vuestros 




HO HISTORIA 

enemigos de mar y tierra , imitando así á los soldados romanos que su 
pieron por igual derrotar á Cartago en las llanuras y á los Cartajincses en 
sus armadas. » 

El ejéreito respondió con aclamaciones de « ¡Viva la república! i 
Josefina habia acompañado á su marido hasta Tolón. Bonapartc la 
amaba con estremo, y así fué muy entrañable su despedida, pues podían 
temer que su separación fuese eterna, al pensar en los riesgos á que iba 
á esponerse el jeneral. La escuadra dio á la vela en 19 de mayo. 








H'IIIIM \|| 



Conquista di Ijij, 




stando ya la escuadra dispuesta para sdn i h 
mar, tomó el nimbo de Malla. I na larde que 
¡navegaba por el mar de Sicilia, el secretario 
fdel jeneral en jefe creyó divisar, ai ponerse el 
sol, la cumbre de los Alpes. Comunicó su des 
cuDiimientoa lionaparte, ijuien le respondió con un jestode incredulidad 
Pero el almirante Brueyx habiendo tomado su anteojo, declaró que Itour 
rienne tenia razón. Entonces Konapartc esclamó: « ¡Qué! los Alpes!* y al 
cabo de un rato de permanecer allá pensativo, añadió: «No, no puedo ver 
el suelo de Italia sin conmoverme. Allá está el Oriente y alia me encami- 
no. Una empresa aventurada me llama. Aquellos montes dominan las 



442 HISTORIA 

llanuras en que tuve la dicha de conducir en tantas ocasiones los France- 
ses a la victoria. Con ellos todavía venceremos. » 

Durante la travesía se entretenía en conversar con los sabios y jenera- 
les que le acompañaban, hablando á cada uno del objeto de su inclinación 
y de sus estudios.Trataba con Monge y Berthollet de las ciencias exactas, y 
aun de metafísica y de política. El jeneral Cafarelli Dufalga, á quien pro 
fesaba un aprecio afectuoso, le proporcionaba también distracciones dia- 
rias con la agudeza de sus aprensiones y la amenidad de su conversación. 
Después de comer solia suscitar cuestiones arduas sobre las mas graves 
materias, complaciéndose en estimular á los interlocutores unos contra 
otros, ora para aprender á justipreciarlos, ora para adquirir instrucción, 




dando siempre la preferencia al mas capaz y al que sostenía con mas inje 
nio lo paradojista y disparatado. Estas discusiones no tenían por consi- 
guiente para él mas que un valor de ejercicio mutuo ú de jimnástica in 
tclectual. Gustábale también sacar á luz el doble problema de la edad del 
mundo y de su destrucción probable. Su imajinacion y su pensamiento no 
se hallaban á gusto sino con datos grandiosos ó sublimes. 

Al cabo de una navegación bonancible de veinte dias, la escuadra 
francesa se presentó el 40 de junio delante de Malta, que se dejó ocupar 
sin resistencia, lo cual dio motivo á que Cafarelli dijese á Bonaparte des- 
pués de haber visitado las fortificaciones: « A fe mia, jeneral , que he- 
mos tenido suerte en que hubiese alguien dentro en la ciudad para abrir- 
nos las puertas. » Empero Napoleón negó en Santa Helena que debiese es- 



I>K NAPOLEÓN \\r, 

la conquista » intelijcncias particulares. iEn Mantua fue, dijo, riondc 
tomóá Malta; mi procedimiento caballeroso con Wurmsn m valió la 
sumisión del gran maestre y los caballeros. * Mr. de llourricnnc asegura 
al contrario que estos fueron vendidos. 

Como quiera que sea, Itonapartc se detuvo jxxos días en Malta. Li M 
cuadra surcó bácia Candía á donde llegó el 25 de junio, babiendo burlado 
con este rodeo á ¡Nclson , quien estaba esperando la espedicion francesa 
|H>r las aguas de Alejandría como habia calculado, lo cual fué muy reí 
turoso para la armada francesa , porque Hrueyx declárala que con solos 
diez navios, el almirante inglés tendría á su favor todas las probabilida 
des del triunfo. «Quiera Dios, decia a veces con un profundo suspiro, 
que pasemos sin encontrar á los Ingleses. » 

Antes de pisar la costa africana, Bonaparte (puso encararse de nuevo 
con sus soldados para enardecer mas y mas su entusiasmo con la perspec 
I iva de una próxima y grandiosa conquista, precaviéndolos del desalíen 
to y de la indisciplina. He aquí la famosa proclama que les hizo en aque 
Ha ocasión: 

« BONAI'ARTK, MIKMHKO DEL INSTITUTO NAOOflAL, JENERA1. EN IKH 
«A bordo del ürirktk, el \ de mesidor, año VI. 



« Soldados : 

« Vais a emprender una conquista cuyos resultados sobre la civiliza 
cion y el comercio del mundo son imponderables. Daréis sobre la Ingla 
ierra un embute recio y doloroso, ínterin llega el dia en que podáis darle 
el golpe mortal. 

i Haremos marchas penosas; trabaremos muchas peleas; pero saldré 
mos airosos de todas nuestras empresas, porque el destino nos es propi- 
cio. Los beyes mamelucos, que favorecen csclusivamenteel comercio in 
glés, que han vejado á nuestros comerciantes y tiranizan á los infelices 
habilantes del Nilo, fenecerán con nuestra llegada. 

« Los pueblos con quienes vamos á vivir son mahometanos . su primer 
articulo de fe es este: « No hay otro Dios sino Dios, y Mahoma es su pro 
felá. » No les contradigáis; obrad respecto á ellos como hemos obrado 
con los Judíos y los Italianos; guardad miramientos con sus muftis y sus 
imanes, como los habéis guardado con los rabinos y los obispos; dispen 
sad á las ceremonias que prescribe el Alcorán y á las mezquitas la misma 
tolerancia que usasteis con los conventos y sinagogas, con la relijion de 
Moisés y con la de Jesucristo. 

« Las lejiones romanas amparaban todas las relijiones. Hallaréis aquí 
usos diferentes de los de Europa, y es preciso que os acostumbréis á ellos 

15 



444 HISTORIA 

« Los pueblos á donde varaos , tratan á las mujeres de muy diferente 
modo que nosotros ; pero en todos países el que las violenta es un mons 
truo. 

« El saqueo solo enriquece á un corto número de hombres, nos des 
honra, destruye nuestros recursos y nos hace enemigos de los mismos 
pueblos que es nuestro interés tener por amigos. 

« La primera ciudad que encontraremos fué edificada por Alejandro ; 
á cada paso hallaremos grandes recuerdos dignos de escitar la emulación 
de los Franceses. » 

Después de esta proclama, Bonaparte publicó una orden del dia, con 
donando á pena capital á cualquiera individuo del ejército que saquease, 
forzase , impusiese contribuciones , ó cometiese tropelías de cualquiera 
clase que fuesen. Hacia responsables á los cuerpos dolos escesos de aquo 
líos individuos á quienes hubiera querido librar la intimidad militar de la 
aplicación de esta terrible pena. Ia)s jefes estaban también sujetos á una 
responsabilidad que debia activar su vijilancia, estimulando su severidad. 

Por lo demás, toda esta prudente rijidez era al remedo de los Roma- 
nos á quienes recuerda tan fundadamente Bonaparte en su proclama. Pe 
ro lo que hay de verdaderamente nuevo en este documento orijinal, como 
en la mayor parte de los que infundió la espedicion de Ejipto al prohom 
bre que la capitaneaba, es el espectáculo de un conquistador que, al decir 
una palabra solemne á sus soldados ó á los pueblos, cuyo territorio inva- 
de , no va á buscar, siguiendo las huellas de sus predecesores, en títulos 
pomposos y terribles el apoyo de la superstición, de la vanagloria ó del 
temor, sino que aparenta por el contrario considerar como su primer dic 
tado para el respeto y la confianza de las naciones su cualidad de indi- 
viduo de un instituto académico, cuya autoridad está afianzada en el in 
flujo pacífico del pensamiento y de la razón humana. Alejandro asomó en 
Ejipto como hijo de Júpiter ; César quiso también descender de los dioses 
por Ascanio ; Mahoma se presentó cual profeta , al paso que obraba en el 
ejercicio de su apostolado como un soldado feroz, dando el renombre de 
Espada de Dios al mas temible de sus tenientes. Atila se hizo llamar el 
Azote de Dios, y la divinidad misma en la edad media cristiana, reme- 
dando á la antigüedad pagana, recibió por principal atributo de parte de 
los teólogos y poetas el depósito de los rayos, el mando de los ejércitos 
y la dirección de las batallas. Bonaparte conocia bien el siglo que estaba 
grandiosamente encabezando y sobre el cual debia imperar con su numen 
todo poderoso , para acudir á otros realces que los enjendrados por sumos 
talentos y esclarecidos triunfos; y eomo si hubiese querido manifestar es- 
truendosa y ejemplarmente que el progreso social, anunciado por los filó 
sofos y acojido por los pueblos , se cifraba en la subordinación progresi 
va de la espada á la potestad civilizadora de las artes, del comercio y de 



DE NAPOLEÓN 44S 

!,is ciencias, siendo el primero de los guerreros cu la nación mas belicosa 
de la tierra, pospone su dictado de jcncral en jefe al de académico, en 

■ ■ 1 1 '!•/. mili i sus oficios y proclamas con estas palabras ¡ Honapartc , mimi 

IIHO UEL INSTITUTO RACIONAL. * 

La escuadra llegó el V. de julio á Alejandría, en donde habia estado 
Nclson dos dias antes, y estrenando no encontrar la espedicion francesa, 
sii|K) que se habia dirijido á las costas de Siria para desembarcar en Ale 
jandreta. Bonaparte, informado de su aparición y previendo su próximo 
regreso, resolvió efectuar inmediatamente el desembarro de su ejercito. El 
almirante Brucyx encontraba dificultades y se oponía á todo trance. Bona 
parte insistió y acudió á la potestad de su mando supremo. « Almirante , 
le dijo á Brueyx, que pedia una suspensión de doce horas, no tenemos 
tiempo que perder, la fortuna me concede tres dias, si no los aprovecho, 
estamos perdidos. » 

El almirante tuvo que ceder, felizmente para su escuadra, porque no 
habiéndola hallado Nelson en los parajes en donde la habia buscado , no 
tardó en volver á Alejandría, pero era ya tarde; la tenacidad y la pronti 




rey 



M6 HISTORIA 

tud de Bonapartc habían salvado el ejército francés, que se hallaba ya des 
embarcado. 

Esta operación se verificó en la noche del \ al 2 de julio á la una de 
la mañana en el Marabut , á tres leguas de Alejandría. El ejército marchó 
inmediatamente corttraesta ciudad, que fué asaltada, diríjiendo la opera 
cíob Kleber, quien salió herido en la cabeza. Esta conquista costó poco 
empeño, sin que resultase el menor esceso, pues no hubo saqueo ni mor 
laudad en Alejandría. 

Al desembarcar Bonapartc, escribió la carta siguiente al bajá de Ejipto- 

« El Directorio ejecutivo de la república francesa ha acudido muchas 
veces ala Sublime Puerta, pidiéndole el castigo de los beyes de Ejipto que 
oprimían á los comerciantes franceses. 

« Pero la Sublime Puerta ha declarado que los beyes, hombres anto 
jadizos y codiciosos, desoían los recursos de la justicia, y que no solo no 
autoriza los desacatos que cometían con los Franceses sus buenos y anti 
guos amigos , sino que también les negaba su amparo. 

«La república francesa ha por fin acordado enviar un poderoso 
ejército para poner coto á las demasías délos beyes de Ejipto, comorepe 
tidas veces tuvo que hacerlo en este siglo contra los beyes de Túnez y Arjel 

« A ti que debieras ser el señor de los beyes, y á quien tienen sin em- 
bargo en el Cairo sin potestad ni facultades , mi llegada debe serte agrá 
dable. 

« Sin duda estás noticioso de que nada intento contra el sultán ni el 
Alcorán, y que la nación francesa es la sola y única aliada que el sultán 
tiene en Europa. 

« Sáleme pues al encuentro y maldice conmigo la ralea malvada de los 
beyes. » 

Al entrar en Alejandría publicó una proclama, dirijidaá los habitan 
tes y concebida en estos términos : 

BONAPARTE, INDIVIDUO DEL INSTITUTO NACIONAL, JENERAL EN JEFE, 
DEL EJÉRCITO FRANCÉS. 

«Bastante tiempo hace que los beyes, gobernadores del Ejipto, están 
insultando á la nación francesa y causando estorsiones á sus comerciantes; 
la hora de su castigo ha llegado. 

« Tiempo hace que esa gavilla de esclavos comprados en el Cáucaso y 
la Jeorjia tiranizan la parte mas hermosa del mundo; pero Dios, de quien 
lodo depende, ha dispuesto que su imperio se acabe. 

« Pueblos del Ejipto , os dirán que vengo á destruir vuestra relijion ; 
mas no los creáis. Respondedles que vengo á reponeros en vuestros derc 
chos, castigando á los usurpadores, y que respeto mas que los mamelucos 
á Dios, á su profeta y ancoran. Decidles que todos los hombres son 



DE NAPOLEÓN. M7 

■míales á los ojos de Dios y que solo los diferencian la sabiduría, el talen 
lo y las virtudes. ¿Y que sabiduría, qué talento, que virtudes realzan ¡i 
los mamelucos para que tengan eselusivamentc todo euanto hace la vida 
grata y apetecible ? 

« Si el Kjipto es su hacienda , que presenten el contrato que Dios les 
lia hecho. Pero Dios es justo y misericordioso con el pueblo. 

« Todos los Kjipeios serán llamados a ejercer todos los cargos; gober 
narán los mas sabios, instruidos y virtuosos, y el pueblo será Miz 

tEn otro tiempo teníais grandes ciudades, hermosos canales y gran 
dioso comercio: ¿y quién ha destruido todo esto, sino la avaricia, la sinra 
zon y la tiranía de los mamelucos? 

«Cadíes, jeques, imanes, eschorbadjis, decid al pueblo que somos ami 
gosde los verdaderos musulmanes. ¿No somos nosetros los que hemos 
destruido al papa,que decia era preciso hacer la guerra á los musulmanes? 
¿ No somos nosotros los que hemos destruido á los caballeros de Malta 
porque estos insensatos ereian que Dios deseaba hiciesen la guerra á los 
musulmanes? ¿No somos nosotros los que hemos sido en todos tiempos 
amigos del (irán Señor (cuyos deseos cumpla Dios) y el enemigo de sus 
enemigos? Y al contrario, ¿no son los mamelucos los que se sublevaron 
contra la autoridad del Gran Señor, que aun desconocen, soltando la rien 
da á sus antojos? 

«Tres veces bienaventurados los que estuviesen con nosotros, pues 
prosperarán en riquezas y honores. Bienaventurados los que permanezcan 
neutrales ; tendrán tiempo para conocernos y se alistarán con nosotros 
Pero desgraciados, tres veces desgraciados los que se armaren por los ma 
melucosy pelearen contra nosotros. Para ellos no habrá esperanza: fene 
cerán todos. » 

Luego que Bonaparte hubo encargado á Kleber el mando de Alejan 
dría, salió de allí el 7 de julio tomando el camino de Damanhur por medio 
del desierto, en donde el hambre, la sed y un calor insufrible acosaron el 
ejército con padecimientos inauditos, feneciendo muchos soldados. Halló 
la tropa algún alivio en Damanhur , donde Bonaparte planteó sus reales 
en casa del jeque anciano, que aparentaba suma pobrezaá fin de libertarse 
de las tropelías que le acarrearan las muestras de su riqueza. Prosiguió su 
marcha sobre el Cairo, y en cuatro dias derrotó á los mamelucos en Kama 
nieh y destruyó la escuadrilla y la caballería de los beyes en ChebUMI 
En esta última refriega el jeneral en jefe habia escuadronado absoluta 
mente en cuadro, de modo que la caballería enemiga se estrelló á i>esar del 
arrojo de su ataque y del ímpetu de su denuedo. Al principio de este en 
cuenteo, en el que el jefe de división Peree,atacado por fuerzas superiores. 
se apoderó con brillante éxito de una posición arriesgada , los sabios Mon 



-H8 HISTORIA 

ge y Berthollet hicieron grandes servicios arrollando personalmente al 

enemigo. 

Estos diversos triunfos alcanzados sobre los Árabes fueron el preludio 
de una victoria mas señalada que franqueó las puertas del Cairo al ejérci 
to francés. A fines de julio se bailó en presencia de Murad-Bey y al pié de 
las pirámides, en donde Bonaparte, sin duda inspirado á la vista de aque- 




ni!H¡ii!:¡rt 



" v W*)*ft.VM*».V 



DE NAPOLEÓN H!> 

líos antiguos y njigantmlo* monumentos, esrlamo on el arto de dar la !>;< 




talla : « Soldados , vais á pelear contra los dominadores del Ejipto , recapa- 
citad que desde la cumbre de esos monumentos os están mirando cuaren- 
ta siglos, i 

Y con efecto, cuarenta siglos contemplaban á los Franceses desde la ci- 
ma de las pirámides; cuarenta siglos, habiendo visto echar el primero los 
cimientos de aquellos inmensos sepulcros rejios por las serviles manos de 
las castas ejipcias, y viendo el último conquistar á beneücio de la civiliza 
cion aquellos monumentos de la antigua servidumbre por las manos libres 
de ciudadanos franceses. La breve arenga de Napoleón rasgueaba toda 
la distancia qne mediaba entre los fundadores de entonces y los conquis 
tadores de ahora : unos tiranos ó esclavos por nacimiento ; otros todos 
libres e iguales , jefes ó soldados según su mérito. Desde los Faraones, 
señores absolutos y opresores de las tribus hereditariamente avasalladas 
para los mas violentos afanes y la mas vil existencia hasta el jeneral que 
viene á decir á los Ejipcios que « todos los hombres son iguales ante Dios* 
y les anuncia el reinado esclusivo de los talentos y de las virtudes, se es 
labona de continuo una serie de pausados y trabajosísimos progresos, 



\2i) 



HISTORIA 



uyo primer entronque procede allá de la primera piedra de las pirámi 




des, colocada por la desdicha hereditaria, y el último en la proclama del 
guerrero que solo reconoce á la sabiduría y á la capacidad el derecho de 
mandar á los hombres, mostrándose mas ansioso y ufano de la prepon- 
derancia de sus luces que del poderío de su espada. Al decir á los solda- 
dos de la república que cuarenta siglos los están mirando, al hallarse es- 
cuadronados y en el punto de trabar la pelea con las tribus que han reco 
jido las reliquias de la esclavitud antigua, Bonaparte enardece el afán por 
los trofeos para que conserven y estiendan los beneficios de una civiliza- 
ción que costó á la humanidad cuatro mil años de conatos y sacrificios. 
Por lo demás , no en vano tomó por testigos aquellos monumentos embe- 



DE NAPOLEÓN 121 

Icsantos y misteriosos, pues el ejército francés correspondió con una com- 
pleta victoria á la invocación elocuente de su caudillo. 

La batalla recibió el nombre de Embabé, de la aldea cerca de la cual 
vino á darse. Los mamelucos quedaron derrotados tn»s una refriega te- 
naz que duró diez y nueve horas. He aquí la narración ét esta encarni 
zada y tremenda lid, tal cual la describió el vencedor: 

• HATAM.A I»K I.AS IIRAMIDF.S. • 



i Al rayar el alba del dia .", encontramos los puestos avanzados que 
luimos rechazando de una en otra aldea. 

« A las dos de la tarde nos bailamos delante de los atrincheramientos 
del ejército enemigo. 

« Mandé á las divisiones de los jenerales Desaix y Rcynier que se situa- 
sen á la derecha entre Djyzé y Embabé á f¡n de cortar al enemigo la co 
municaeion con el Alto Ejipto, que era su retirada natural. El ejército es 
taba formado del mismo modo que en la batalla de Chebrcisa. 

« Luego que Murad-Bey advirtió el movimiento del jeneral Desaix, de- 
terminó atacarle, y envió uno de sus beyes mas valientes con un cuerpo 
sobresaliente que acometió disparadamente á entrambas divisiones. Ha 
biéndoles dejado aproximarse á la distancia de cincuenta pasos, se les re 
cibió con una nube de balas y metralla, quedando gran número tendidos 
en el campo. Después se arrojaron al intermedio de las dos divisiones, en 
donde fueron recibidos con dobles descargas que completaron su derrota. 

« Aproveché el momento y di orden á la división del jeneral Bon, que 
se hallaba sobre el Nilo, para que atacase los atrincheramientos, al mismo 
tiempo que el jeneral Vial, comandante de la división del jeneral Menou , 
se colocaba entre el cuerpo que acababa de atacarle y los atrincheramieu 
tos, con el intento de acudir al triple objeto de imposibilitar que este cuer- 
po revolviese sobre ellos, cortar la retirada al que los estaba arrostrando, 
y finalmente atacar dichos atrincheramientos por la izquierda, si fuese 
necesario. 

« Luego que los jenerales Vial y Bon se hallaron á tiro de fusil, manda 
ron á la primera y tercera división de cada batallón que se formase en 
columna de ataque, mientras que la segunda y la cuarta conservarían la 
misma posición, formando siempre un cuadro, que solo tenia tres hombres 
de fondo y se adelantaba para apoyar las columnas de ataque. 

« Dirijidas estas por el valiente jeneral Rampon , se arrojaron con su 
acostumbrado ímpetu sobre los atrincheramientos á pesar del fuego de 
crecida artillería. Cuando los mamelucos dieron una carga y salieron de 
los atrincheramientos á galope tendido, nuestras columnas tuvieron tiem- 
po de hacer alto y frente por todas partes recibiéndolos con bayoneta ca 

16 



122 HISTORIA 

lada y con una nube de balas. El campo de batalla quedó al punto cubier- 
to de cadáveres, y nuestras tropas se apoderaron de los atrincheramientos. 
Los mamelucos fujitivos se atropellaron sobre la izquierda, pero un bata- 
llón de carabineros, cerca del cual tuvieron que pasar á quema ropa, les 
causó una pérdida de consideración. Muchos se arrojaron también al Nilo 
y quedaron ahogados. 

« Han caido en nuestro poder mas de cuatrocientos camellos cargados 
de bagajes y cincuenta piezas de artillería. Calculo que la pérdida de los 
mamelucos asciende á dos mil hombres de su mejor caballería, pues ran- 
chos délos beyes han quedado heridos ó muertos, y Murad-ltey herido 
en la mejilla. Nuestra pérdida es de veinte á treinta hombres muertos y 
ciento veinte heridos. Por la noche la ciudad del Cairo ha sido evacuada. 
Todas sus cañoneras, corbetas, bergantines, y aun una fragata, han sido in- 
cendiadas,) el 4 nuestras tropas entraron en el Cairo. Durante la noche el 
populacho ha quemado las casas de los beyes y cometido muchos escesos. 
El Cairo, que tiene mas de trescientos mil habitantes , encierra la mas as 
querosa plebe del orbe. 

« Después del gran número de encuentros y batallas dadas por las tro- 
pas que mando, contra fuerzas superiores , no pasaría á elojiar su ade- 
man y serenidad en tan reñido trance , si verdaderamente este jénero en- 
teramente nuevo no hubiera requerido por su parte un aguante muy con- 
trapuesto al ímpetu francés, ya que con su ardor jenial no lográramos la 
victoria que solo podia alcanzarse con sumo sosiego y sufrimiento. 

« La caballería de los mamelucos ha descollado por su denuedo. De- 
fendían su fortuna, pues nuestros soldados les han hallado á todos de cua- 
trocientos á quinientos luises de oro. 

«Todo el lujo de estas jentes consistía en sus caballos y su armamen- 
to. Sus casas son ruines, y no cabe apenas ver terreno mas fértil y pueblo 
mas ignorante y embrutecido. Prefieren un botón de nuestros soldados á 
un escudo de seis francos, y en las aldeas ni siquiera conocen unas tijeras. 
Sus casas están fabricadas con barro, y su ajuar se reduce á una estera y 
dos ó tres vasijas, también de barro. Comen y consumen por lo jeneral 
poquísimos renglones, no conocen el uso de los molinos, de manera que 
hemos acampado sobre inmensos montones de trigo sin poder lograr ha- 
rina, alimentándonos con legumbres y animales. La escasa cantidad de 
grano que reducen á harina la muelen con guijarros; y en las aldeas ma- 
yores hay tahonas de bueyes. 

«Nos andau hostilizando de continuo nubes y nubes de Árabes, que 
son los mayores salteadores y asesinos de la tierra, pues degüellan á todos 
los que caen en sus manos, sean Turcos ó Franceses. El jeneral de brigada 
Muireur y otros muchos edecanes y oficiales del estado mayor han sido 
asesinados por estos desastrados , quienes se emboscan con sus caballos 



DE NAPOLEÓN 123 

(letras de las vallas y en los fosos, y desgraciado de aquel que se aleje a 
cien pasos de las columnas. El jcneral Muircur, á pesar délos avisos de la 
gran guardia , solo por una fatalidad propia de los llegndos á su última 
hora, quiso subir á un cerrillo que estaba á doscientos pasos del campa 
mentó, y tres Beduinos encubiertos lo han asesinado. Ia república ha pa 
decido con él grandísima pérdida, pues era uno de los jenerales mas arro- 
jados que he conocido. 

« No se puede rodear á la república colonia que esté mas á la mano , 
y de terreno mas fértil que el Ejipto. El clima es sano, porque las noches 
son frescas. A pesar de quince dias de marchas y fatigas de todas clases, 
de hallarnos privados de vino y aun de cuanto puede aliviar el cansancio, 
no tenemos ningún enfermo. El soldado ha fenido á hallar cuantioso re 
curso con las sandías que abundan en gran manera 

« La artillería ha descollado sumamente; y así pido el grado de jeneral 
de división para el jeneral de brigada Dommartin. He promovido al gra- 
do de jeneral de brigada al jefe de la misma Destaing , comandante de la 
cuarta semi-brigada ; el jcneral Zayonschek se ha portado esclarecidamen- 
te en las varias comisiones importantes que le han cabido. El ordenador 
Sucy se había embarcado en la escuadrilla del Nilo para podernos remi 
tir víveres de la Delta. Viendo que activaba mi marcha y deseando hallarse 
á mi lado en la batalla, se trasladó á una cañonera, y á pesar de los peli- 
gros á que se esponia , se desvió de la escuadrilla. Habiendo encallado la 
cañonera, fué acometido por una gavilla de enemigos, y estremó su añojo 
hasta el punto de hallarse mal herido en un brazo y reanimar con su ejem- 
plo á la tripulación y sacar su lancha de tamaño conflicto. 

« No hemos recibido noticias de Francia desde nuestra partida 

«Os ruego que mandéis entregar mil y doscientos francos á la mujer 
del ciudadano Larrey , cirujano en jefe del ejército. Nos ha hecho en me 
dio del desierto señalados servicios con su afán y desembarazo. Es el su 
jeto mas á propósito para estar al frente de los hospitales de un ejército. • 

Al dia siguiente, 4 de termidor (22 de julio), Bonaparte se acuartelo 
sobre el Cairo, y publicó la proclama siguiente : 

«Vecindario del Cairo, estoy bien hallado con tu conducta, pues lias 
tenido el tino de no tomar partido contra mí. He venido para destruir la 
ralea de los mamelucos, amparar el comercio y á los naturales del pais. 
Sosiégúense los medrosos, y vuelvan á sus casas los que se han ausentado, 
haciéndose hoy la oración como es costumbre y como apetezco que con 
tinúe siempre. Nada temáis acerca de vuestras familias, casas y propieda- 
des, y sobre todo por la relijion del profeta á quien amo. Como es urjente 
que haya hombres encargados de la policía para que no se altere la tran 
quilidad, se formará un diván compuesto de siete personas que se reuni 
rán en la mezquita de Ver; dos de ellas estarán siempre junto al coman 



Í24 HISTORIA 

dante de la plaza, y cuatro estarán ocupados en mantener la quietud pú- 
blica y mirar por la policía. • 

Bonapai te entró el 24 de julio en la capital del Ejipto, y el 25 escribió 
á su hermano José , individuo del consejo de los quinientos. 




« Verás por los periódicos, le dice, los partes de las batallas y la con- 
quista del Ejipto que ha sido harto reñida para añadir todavía una hoja 
á la gloria militar de este ejército. El Ejipto es el pais mas rico en trigo, 
arroz, legumbres y carnes que hay sobre la tierra. La barbarie está en su 
punto. No hay dinero para pagar las tropas. Dentro de dos meses estaré 
acaso en Francia. 

« Haz de modo que tenga una casa de campo á mi llegada , cerca de 
l'aris ó en Borgoña, pues quiero pasar en ella el invierno. » 

Esta carta prueba que Napoleón conceptuaba su conquista harto aíian 
zada para poder fiar su conservación sin continjencia á la cordura y des- 
empeño de sus segundos. ¿Pero qué objeto tenia esta vuelta inesperada á 
Francia ? ¿ era en busca de nuevos recursos militares y elementos de co- 
lonización, como algunos lo han opinado? ¿ó era solo su objeto acercarse 






DE NAPOLEÓN. l'¿ f > 

al teatro á -Ion. Ir su destino le llamaba á representar el primer papel, y mi 
raba próximos los acontecimientos que habia previsto y deseado por mu 
cho tiempo en alas de su encumbramiento? Esta última suposición nos pa- 
iree mas verosímil. 





CAPITULO VIII 



Desastre de Abukir. Establecimientos é institutos de Bonapatte en Ejipto. 

Campaña de Siria. Regreso al Ejipto. Batalla de Abukir. 

Salida para Francia. 




an afanado audaba Desaix en perseguir 
á Murad-Bey en el Alto Ejipto, como Na 
poleon en el Cairo por plantear una ad- 
ministración acertada en las provincias 
ejipcias. Pero Ibrahim-Bey, que se habia 
encaminado á la Siria, precisó con sus 
movimientos al conquistador á orillar 
para volver á las peleas. Bonaparte le encontró y 



I)K NAPOLEÓN 427 

le derrotó en Salehcy'h. El valiente Sulkowsky salió herido en este en 

cuentro. 

Aguóse luego aquel regocijo con una nueva muy aciaga. Klcber partí 
cipo de oficio á Bonaparte cómo Nelson acababa de derrotar la escuadra 
(raneen en Abukir tras una lid reñidísima. Luego que la noticia de esta 
catástrofe cundió por el ejército, el descontento y la consternación llegaron 
á lo sumo. Los soldados y jcnerales, que desde el primer dia del desem- 
barco adolecieron de estremado quebranto y desasosiego , se mostraron 
agravados de este achaque , prorumpiendo en estremos desesperados por 
su ilusión ya desvanecida. Napoleón, abarcando de una mirada toda la 
trascendencia de aquel desastre, se mostró al pronto igualmente postra 
do; y diciéndole que el Directorio sedaría priesa en repararlo, interrum 

pió atropelladamente diciendo: « Vuestro Directorio es una gavilla de 

Me envidian, me aborrecen y me dejarán perecer aquí.» Y luego añadía 
apuntando á su estado mayor: «¿No veis todas esas trazas? No hay un solo 
sujeto que trate de quedarse. » 

Pero el abatimiento no llegaba á su grande alma y salió pronto de él 
[>ara esclamar con acentos de una resignación heroica : « Enhorabuena 
nos quedaremos aquí , ó nos engrandeceremos á la antigua. » 

Desde aquel momento Bonaparte se dedicó allá con un ahinco y una 




428 HISTORIA 

actividad infatigable á la organización civil del Ejipto. Conoció mas que 
nunca la necesidad de cautivar á los naturales del pais y plantear en él 
establecimientos duraderos. Una de sus primeras y principales creaciones 
fué la de un instituto pautado por el de Paris. Lo dividió en cuatro clases: 
matemáticas, física, economía política, literatura y nobles artes. La pre 
sidencia se confirió á Monge, y Bonaparte se honró él mismo con el cargo 
de vicepresidente. La instalación de este cuerpo se celebró solemnemente, 
y allí revalidó el inmortal guerrero sus grandiosas palabras al superior 
del Instituto de Francia al quedar admitido , no mostrándose enamorado 
de sus conquistas, sino en cuanto las hacia contra la barbarie, y que el 
progreso de sus armas no era mas que el de las luces. 

Bonaparte, ya bienquisto con los musulmanes, que le llamaban el sultán 
Kebir (padre del fuego), fué admitido y convidado á todas sus funciones. 

Asi asistió, pero sin presidir, como se ha dicho, á las fiestas de la 
inundación del Nilo y del aniversario del nacimiento de Maboma. Los 
miramientos que guardó con la relijion del profeta en todas ocasiones no 
contribuyeron poco á hacer respetar su nombre y su autoridad entre los 
Kjipcios. Algunos han querido ver en esta conducta una especie de cariño 




DE NAPOLEÓN 129 

;il islamismo, cuando solo había en ella maestría política (t). Bonaparte 
no era musulmán ni cristiano; él y su ejército representaban en Ejipto la 
ülosofía francesa, el escepticismo tolerante, la indiferencia rclijiosa del 
siglo XVIII, y solo á falta de relijion positiva en su cabeza , abrigaba allá 
en su alma ciertos lejos de relijiosidad. Pero esta disposición, que le pre- 
servó del (lujo antirelijioso de su época y que le permitió conversar muy 
de veras y mantener relaciones amistosas con los imanes y jeques, como 
ha podido hacerlo en otras circunstancias con los ministros del cristianis- 
mo ó del judaismo; esta disposición no propendía mas al Alcorán que al 
Ityanjelio. 

El aniversario de la fundación de la república se celebró en el 
Cairo el \". de vendimiarío del ajio VII , presidiendo Bonaparte aquella 
solemnidad patriótica. «Soldados, dijo á sus compañeros de armas, 
cinco años atrás la independencia del pueblo se hallaba amenazada; re 
cobrasteis á Tolón, y esta victoria fué el presajio del esterminio de vues- 
tros enemigos. Un año después derrotabais á los Austríacos en Dego : y al 
siguiente estabais en la cumbre de los Alpes. Dos años hace que peleabais 
contra Mantua y que alcanzábamos la célebre victoria de San Jorje. El 
año pasado estabais en el nacimiento del Drava y del Isonzo al volver de 
Alemania. ¿Quién hubiera dicho entonces que os hallaríais en las márje- 
nes del Nilo, en el centro del antiguo continente? Embargáis las miradas 
del orbe desde las del Inglés, célebre en las artes y el comercio , hasta las 
del horroroso y feroz Beduino. Soldados, vuestro destino es grandioso, por 
cuanto sois dignos de lo que habéis hecho y del concepto que estáis mere- 
ciendo. Moriréis con honor, como los valientes cuyos nombres están ins- 
critos en esa pirámide (2), ó volveréis á vuestra patria ceñidos de laureles 
y admirados de todas las naciones. 

« Cinco meses ha que estamos ausentes de Europa y que somos el ob 
jeto perpetuo del ansia de nuestros compatricios. En este dia cuarenta 
millones de ciudadanos celebran la era del gobierno representativo ; cua- 
renta millones de ciudadanos piensan en vosotros; todos dicen: ásus afa- 
nes y á su sangre debemos la paz jeneral , el reposo , la prosperidad del 
comercio y los beneficios de la libcr<ad civil. » 

Por su parte los jeques (ó), en reconocimiento de que Bonaparte había 



(i) Mr. de fiourrienuc , testigo ocul;ir, desmiente todo manto Walter Scott 
y otros escritores han dicho de la participación solemne de Bonaparte á las ce- 
remonias musulmanas. Asegur.i que solo asistió á ellas como mero concurrente, 
y siempre en traje francés. 

(a) Hahia mandado esculpir en la columna de Pom}>evo Loa Honrare* <lc los 
cuarenta primeros soldados muertos en Ejipto. 

(3) En casa del jeque El-Bckri participó Napoleón en la cclchracion dtl .mi. 
versario de Malioma. Allí halló dos jóveues mamelucos, Ihr.iliim y HuM.ni, que 

17 



430 HISTORIA 

asistido á sus funciones, se asociaron, al menos en apariencia, á los regó 
cijos del ejercito francés; hicieron resonar la mezquita principal con can- 
tares de regocijo ; pidieron al gran Alá « que bendijese al predilecto de la 
victoria (I ) é hiciese prosperar el ejército de los valerosos del Occidente. » 




pidió al jeque y que este le cedió. Por lu demás no llevaba turbante ni ninguna 
otra insignia de mahometismo. Verdad es que se había mandado hacer un traje 
turco , pero solo por mero antojo y para divertirse con sus familiares. Como le 
manifestaron sin rebozo que no cuadraba á su fisonomía y á sus modales, no se 
lo puso dos veces. 

(i) Napoleón dejó en Ejipto , como en Europa , huellas permanentes de su 
tránsito; su nombre es venerado éntrelos bárbaros, como entre los pue- 
blos civilizados que sujetó con sus armas. El célebre orientalista Champollion 
menor, á' quien una muerte muy temprana arrebató á las ciencias y á sus ami- 
gos, nos ha referido que habiendo sido obsequiado por un bey de la Tebaida en 
su viaje á las ruinas ejipcias, y hallándose á comer en su casa, se conceptuó pre- 
cisado á dar un brindis al virey, persuadido de que su huésped correspondería 



DE NAPOLEÓN \M 

l'.n medio de estas demostraciones amistosas , Ibrahim y Murad-Bey , 
caudillos de los mamelucos aliados de la Inglaterra, estaban fraguando uu 
alzamiento en la capital misma del Kjipto, que no tardó en estallar, lio 
ñaparte se hallaba á la sa/.on en el Antiguo Cairo, y luego que supo lo que 
estaba pasando, regresó á su cuartel jenernl. I^is calles del Cairo queda- 







á e-ta atención meramente ceremoniosa á la salud del rey de Francia, que era 
entonces Carlos X. Pero el bey, orillando todo miramiento diplomático y en alas 
del asombro en que terciaba también nuestro esclarecido amigo, prorumpió con 
acentos de vivísimo entusiasmo : « Voy á proponerte un brindis que no rehusa- 
rás: Al gran Bortaparte.» 



\ 52 HISTORIA 

ron luego barridas por las tropas francesas, que obligaron á los sublevados 
árefujiarse en la mezquita principaren donde quedaron pronto malpara- 
dos con la artillería. Se desentendían de toda capitulación, pero el estam- 
pido del trueno que llegó á lastimar su imajinacion supersticiosa los mostró 
luego mas avcniblcs . Mas Napoleón se negó á sus propuestas ya tardías. 
«La horade la clemencia voló, les dijo; vosotros empezasteis, y a mí me 
toca acabar. » Las puertas de la mezquita quedaron al punto allanadas y 
la sangre de los Turcos rebosó por los umbrales. Tenia Bonaparte que 
vengar entre otras muchas la muerte del jeneral Dupuis , comandante de 
la plaza, y la del valiente Sulkowsky á quien apreciaba y quería en igual 
grado. 

El inllujo inglés, quehabia traido la sedición del Cairo y la sublevación 
de todo el Ejipto, decidió también al diván de Constantinopla á hostilizar 
igualmente á la Francia. Un manifiesto del gran Señor, lleno de imprecado 
nes y de invectivas, condenaba á la alienta las banderas de la república, 
y sus soldados al cstermüiio. Bonaparte respondió á estos ultrajes y pro- 
vocaciones homicidas con una proclama que terminaba así : « el mas reli- 
jioso de los profetas ha dicho: La sedición está dormida; maldito el que 
la despierte. » 

A poco tiempo pasó á Suez para visitar las ruinas del antiguo canal que 
juntaba las aguas del Nilo con el mar Rojo. Monge y Berthollet leacompa 
fiaron, y habiendo lenido deseo de ver las fuentes de Moisés, le faltó poco 
paraser víctima de su curiosidad, estraviándose, por efecto de la oscuridad. 



/ 




DE NAPOLEÓN. 153 

durante la sabida d« la marca. « Estuve á | iijnc de fenecer como Faraón . 
ha dicho él mismo . lo cual no htibicra dejado de proporcionar á todos 
los predicadora de la cristiandad un magnifico texto contra mi. » 

Los monjes del monte Sinai, informados de «pie se hallaba en las en 
canias, le diputaron un enviado pidiéndole (pie se apuntase en su reper 




torio á continuación de Ali, Saladino, Ibrahim, etc. Napoleón no les re 
huso una fineza que lisonjeaba su pasión á la nombradla. 

Entretanto Djezzar-Bajá se habia apoderado del fuerte de El- Arish en 
Siria. Napoleón, que estaba meditando desde tiempo atrás una campaña 
por aquella provincia, resolvió ejecutar inmediatamente su intento. Ha 
bia recibido en Suez la noticia de las ventajas de Djczzar ; se apresuró á 
volver al Cairo para lomar las tropas que necesitaba para su espedicion, y 
después de haber afianzado el rendimiento y sosiego de aquella capital 
con el suplicio nocturno de los cabecillas que habían descollado en la últi 
ma revuelta, salió de Ejipto y entró en Asia. Arrostra el desierto y lo atra 
viesa montando las mas veces sobre un dromedario que resistía mejor que 
sus caballos al calor y á la fatiga. Habiéndose estraviado la vanguardia, no 



Í54 HISTORIA 

la volvió á encontrar hasta el trance mismo de ir á fenecer de sed y de can 




5©íS*~íSP2^ 



sancio. Ronapartc ofrece víveres y aguaá los infelices soldados-. « Pero aun 
cuando todo esto hubiese tardado mas, les dijo, ¿habría motivo para tan 
to murmurar y carecer de tesón? No, soldados, aprended á morir con 
honor. » 

Sin embargo las privaciones y padecimientos físicos solían ser tan es- 
tremados que venian á redundar en sumo menoscabo de la obediencia y 
disciplina. Sucedió en los arenales ardientes de la Arabia, que un soldado 
francés cedió con repugnancia á sus jefes unos sorbos de agua cenagosa ó 




di: napoleón. 155 

la sombra do algunos restos di» pared, asi como posteriormente les disputó, 
«mi medio de los hielos de la Rusia, un rincón cu un hogar ó algunos des- 
pojos do caballo. Un dia que el jcneral en jefe estaba sofocado por el ardor 
del sol . obtnvo como un favor el poner su cabeza á la sombra de un pe- 
da/» de puerta; «y en esto, diee Napoleón, me badán un inmenso favor. » 
Habiendo levantado algunas piedras con el pie , descubrió un camafeo 
de Augusto al cual los intelijentes han dado mucho valor, y que Napoleón 
cedió á Andreossy para quitárselo después y regalárselo á Josefina. Kste 
hermoso descubrimiento ocurrió sobre las ruinas de Pelusa. 

Al ir en busca del ejército turco por Siria, era el ánimo de Nonapai te 
llevar adelante sus embates mas ó menos directos contra el poderío britá 
uieo. Tenia ideado el proyecto de una espedicion á la India, atravesando 
la Pcrsia, y habia escrito á Tipo-Saib una carta concebida en estos térmi 
nos: « Sabréis ya mi llegada á las orillas del Mar Rojo con un ejército in- 
vencible, ardiendo en anhelos de libertaros del yugo férreo de la Ingla- 
terra. 

« Os pido con ansia que me deis noticias de la situación política en que 
os halláis, por la via de Máscate ó de Moka. También desearía que pudieseis 
enviar á Suez ó al gran Cairo algún sujeto de todo desempeño que os me 
reciese confianza y con el cual pudiese yo conferenciar. » 

Esta carta no tuvo contestación. Se habia escrito el 2T> de enero de 
I7íU> , y el imperio de Tipo Sai b fracasó poco tiempo después. 

Bonaparte llegó delante de El Arish á mediados de febrero. 




15C HISTORIA 

Este fuerte capituló eH G de febrero después de mía completa derrota 
de los mamelucos. Seis dias después Gaza abrió sus puertas. Cuando es- 
tuvieron cerca de Jerusalen, preguntaron á Bonaparte si no deseaba pasar 
por aquella ciudad, á lo cual coutestó arrebatadamente : « ¡En cuanto á 
eso no ! Jerusalen no está en mi línea de operaciones; yo no quiero haber- 
las con montañeses en caminos intrincados. Y además por la otra parte 
me acometería una caballería crecidísima, y no apetezco la suerte de Ca- 
sio. » 

El C de marzo se tomó Jafa por asalto y se entregó al saqueo y de- 
güello. Bonaparte envió sus edecanes Beauharnais y Croisier á desenfure- 
cer al soldado. Llegaron á tiempo para conceder la vida á cuatro mil Ar- 
nautas ó Albaneses que formaban parte de la guarnición y se habían sal- 




vado del degüello refujiándose en unas grandiosas hosterías. Cuando el 
jeneral en jefe vio que le traían aquella mole de prisioneros, esclamó con 
tono entrañable: «¿Qué queréis que haga con ellos? ¿Tengo acaso víve- 
res para mantenerlos y buques para trasladarlos á Francia ó á Ejipto ? 
¿Qué diablos habéis hecho?» Los edecanes se escusaron acerca del riesgo 
que hubieran corrido desechando la capitulación, y recordaron á Bona- 
parte la embajada de humanidad que les habia encargado. « Sí, no hay 
duda, » les replicó al momento, « por lo que toca á las mujeres, niños y 



I>K N M'OI.ION <57 

ancianos, pero no en cnanto á soldados armarios; era forzoso morir y no 
traerme estos desgraciados. ¿Qué queréis «pie haga ron ellos?. Deliberó 
Ins dios -obre la suerte de aquellos desventurados, aguardando que el 
mar y los vientos le proporcionasen bajeles que le descargasen de tantísi- 
mos prisioneros sin obligarle a nuevo derramamiento desangre ; pero no 
permitiéndole las quejas del ejército dilatar por mas tiempo una disposi- 
ción repugnantísima, dio orden, el 10 de mar/o, para que los Amantas y 
A Iban eses fuesen ejecutados. l,a toma de Jafa se anunció en el Cairo con la 
proclama siguiente: 

« En el nombre de Dios misericordioso , clemente, santísimo, señor 
del mundo, que hace lo que quiere de su propiedad, que dispone de la 
victoria, lie aquí la relación délos favores que Dios poderoso ha'concedi 
do á la república francesa ; nos hemos apoderado de Jafa en Siria. 

« Djezzar estaba en ánimo de pasar con los salteadores árabes al Ejip- 
to, morada de los menesterosos, pero los decretos de Dios destruyen 
las tramas de los hombres. Quería derramar sangre, según su bárbara eos 
lumbre, á causa de su altanería y de los principios malvados que ha reci 
bido de los mamelucos y de su escasísimo talento. No ha recapacitado que 
todo proviene de Dios. 

« El 20 de ramazan, el ejército francés cercó á Jafa. El 27 el jeneral 
en jefe mandó abrir zanjas porque vio que la ciudad estaba guarnecida de 
artillería y contenia mucha jente. El 29 las zanjas tenían cien pies de 
largo. El jeneral en jefe hizo colocar los cañones, morteros y baterías por 
la parte del mar para detener á los que quisieran salir. 

i El jueves último, día de ramazan, el jeneral en jefe se apiadó de los 
habitantes de Jafa ; intimó la rendición al gobernador, y por respuesta fué 
detenido el enviado contra todas las leyes de la guerra*y de Mahoma. 

« Al punto estalló la ira de Bonaparte, hizo disparar balas y bombas, y 
al cabo de pocos instantes la artillería de Jafa quedó desmontada. A la> 
doce la muralla tenia brecha; se dio el asalto, y en menos de una hora los 
Franceses fueron dueños de la ciudad y de sus fuertes. Los dos ejércitos 
trabaron su pelea. I .os Franceses quedaron vencedores y el saqueo duro 
toda la noche. El viernes el jeneral tuvo compasión de los Ejipcios que se 
hallaban en Jafa; pobres y ricos, á todos concedió perdón, dejándolos vol 
ver con honor á su país. Del mismo modo obró por lo que toca á los de 
Damasco y A lepo. 

« En la refriega perecieron mas de cuatro mil hombres de Djezzar á 
tiros y al arma blanca, tas Franceses perdieron poca jente, y hubo tam- 
bién pocos heridos; penetraron por el camino del puente sin ser vistos. 
; O adoradores de Dios! sujetaos á sus decretos; no os opongáis á su vo 
Itmtad, guardad sus mandamientos. Sabed que el mundo es su propiedad 

18 



Í38 HISTORIA 

y que la da á quien quiere. Tras esto os deseo la bondad y la misericordia 

de Dios. » 

El ejército francés habia llevado á Siria las semillas de la peste que se 
manifestó en el sitio de Jafa y llegó á ser cada dia mas intensa. Bonaparte 
dijo, hablando del ayudante jeneral (írcsieux, que no queria tocar á nadie 
para precaverse del contajio: «si tiene miedo de la peste, morirá de ella;» 
pronóstico que se cumplió en el sitio de Acre. 

Bonaparte llegó el ti de marzo delante de esta plaza, en la que pade- 
ció una resistencia mas tenaz de lo que habia supuesto. El jeneral Cafare- 
II i rocibió una herida mortal, y antes de exhalar el último suspiro mando 
que le leyesen el prólogo de Voltaire al Espíritu de las Leyes, lo que pa- 
reció bastante estraño al jeneral en jefe , quien por otra parte se descon- 
soló en el alma con este malogro. 

Llegaron noticias del Alto Ejipto al cuartel jeneral. Desaix participa- 
ba, entre otras particularidades, que la barca la Italia se habia ido á pique 
en la orilla occidental del N'ilo después de un sangriento choque. Napoleón, 




di: napoleón 150 

de suyo afectísimo ¡i toda aprensión imuci'IÚOÍWI (4), esclamo, al uter 
este funesto suceso: «la Italia esta perdida parala I-' rancia. Mli H béeho 
mis corazonadas son siempre certeras ■ 



. I ' • ■ H 




x v. -- 



Durante el sitio de San Juau de Acre se ganó la batalla del monte la 
l>or, en la que Kleber, acometido y acorralado por doce mil infantes y otro s 
tantos caballos, les opuso con tres mil hombres la mas heroica resistencia 
Itonaparte, cerciorado de las fuerzas del enemigo, marchó con unadi\is¡oii 
para sostener á Kleber. Habiendo llegado al campo de batalla, escuadronó 
su división en dos cuadros y la dispuso de manera que formase un trian 
guio equilátero con el cuadro de Kleber, poniendo de este modo al enemi 
go en medio de ellos. El fuego terrible que salió entonces de los cstreir.os 
de este triángulo volcó á los mamelucos y los dispersó á diestro y siniestro, 
dejando la llanura cubierta de cadáveres. Aquel ejército, que los habitan 
tes deciar. tan numeroso como las estrellas del cielo y los granos de «re 
na del mar, quedó derrotado por seis mil Franceses. 

Al cabo de dos meses de sitio, viendo Napoleón que su escaso ejército 
iba aun menguando diariamente con los estragos de la peste y los repelí 
dos trances imprescindibles contra una guarnición intrépida y mandada 
por un caudillo tenaz, determinó volver al Ejipto. Todos sus grandiosos 
proyectos respecto al Oriente , que hacían vagar su ¡majinaciou ambiciosa 

(t) Sin embarga t elimo avenirse en el Cairo á las tramoyas de uno «te etoc 
|ir«>fet.T¡ vagabundo*, qne recorren el Oliente y «pie quería derirle la hurnaven- 
tnra. 



i 40 HISTORIA 

ora sobre el ludo, ora sobre el Bosforo, volaron para él desde aquel pun- 
to, lo cual hizo decir posteriormente que « si hubiese zozobrado San Juan 
de Acre, cambiaba la faz del mundo; que la suerte del Oriente dependía 
de aquella fruslería. » 

He aquí la proclama que publicó en su cuartel jeneral de Acre para 
anunciar y sincerar su regreso á Ejipto : 



« Soldados : 

« Habéis atravesado el desierto que separa el África del Asia con mas 
rapidez que un ejército árabe 

« La hueste árabe que estaba en marcha para invadir el Ejipto , queda 
derrotada ; habéis cojido su jenoral, su tren de campaña, bagajes, odres 
y camellos. 

« Os habéis apoderado de todas las plazas fuertes que defienden los po- 
zos del desierto. 

« Habéis dispersado los campamentos del monte Tabor, aquella nube 
de hombres reunidos de todas las partes del Asia con la esperanza de sa- 
quear el Ejipto. 

« Los treinta bajeles que habéis visto llegar doce dias ha , llevaban el 
ejército que debía sitiar á Alejandría, pero teniendo que acudir á Acre, ha 
terminado su destino: una parte de sus banderas adornará vuestra entra- 
da en Ejipto. 

« Finalmente después de haber sostenido con un puñado de hombres 
la guerra durante tres meses en el riñon de la Siria, tomado cuarenta ca- 
ñones, cincuenta banderas , hecho seis mil prisioneros y arrasado las for- 
tiGcaciones de Gaza, Jafa, Caifa y Acre, vamos á regnesar á'Ejipto á donde 
me llama la estación de los desembarcos. 

« Dentro de algunos dias teníais la esperanza de cojer al bajá en su 
mismo palacio; pero en la presente estación, la toma del castillo de Acre no 
equivale á la pérdida de algunos dias; los valientes que debería malograr 
en ella son hoy dia necesarios para operaciones mas esenciales. » 

El 20 de mayo se dio la orden de retirada. Bonaparte quiso que todos 
echasen pié á tierra para dejar los caballos á la disposición de los heridos 
y apestados. Cuando su asistente vino á preguntarle qué caballo se reser- 
vaba para sí, lo despachó enojado voceándole : « Que todos vayan á pié... 
yo el primero ; ¿no sabéis la orden ? salid. » 

En Jafa, á donde llegaron el 2í,los hospitales estaban llenos de enfer- 
mos, la fiebre causaba los mayores estragos. El jeneral en jefe visitó á 
aquellos desventurados, se condolió entrañablemente de sus padecimien- 
tos, y se manifestó inconsolable con tan doloroso espectáculo. Dióse la or- 
den de evacuarlos, pero había entre ellos apestados, cuyo número ascen- 
día á sesenta , y de ellos siete ú ocho estaban tan enfermos, dice el Dia 



1>K NAPOLEÓN. 141 

rio dr Santa Helena, que no podían pasar de veinte y cuatro horas, ¿yin- 
era lo quo cabía con aquellos moribundos? Honapartc lo consultó, y le 
respondieron que linbia muchos que pedían la muerte, que su contacto 




podía ser muy aciago para el ejército, y que seria á un tiempo un acto de 
cordura y caridad el acelerar su muerte de algunas horas. Viene á ser po- 
sitivo que les administró una bebida soporífica. 

Al acercarse al Cairo, Bonaparte encargó eficazmente que le preparasen 
una entrada triunfal en aquella capital , para desvanecer ó minorar la im- 
presión aciaga que hubiese podido causar el malogro de la espedicion á Si- 
ria en el ánimo del vecindario y de la soldadesca. Se hacia forzoso preca- 
ver el desaliento de esta y enfrenar los ímpetus sediciosos de los naturales. 
\a política le imponía la precisión, y aun diremos, la virtud de encubrir 
sus pérdidas y abultar sus ventajas. 

Kl diván del Cairo correspondió á las miras de Bonaparte , dispuso re- 
gocijos y dio á luz una proclama en que sobresalen los pasos siguientes : 

« Ha llegado al Cairo el bien guardado, el caudillo del ejército francés, 

el jeneral Bonaparte que ama la reiijion de Mahoma Ha entrado en el 

(airo por la puerta de la Victoria Este dia es tan grande cual no ha 






1 42 



HISTORIA 



tenido semejante... estuvo en Jafa y Gaza: ha protejido á los habitantes 
de esta ciudad, pero los de Jafa,estraviados,no habiendo querido rendirse, 
los entregó todos, como enfurecido, al saqueo y á la muerte. Ha destruido 
todas las fortificaciones y muerto á cuantos se hallaban en ella. » 

Durante su residencia en el Cairo, Napoleón se dedicó á sus tareas es- 
tadísticas sobre el Ejipto. Las notas que redactó se han publicado en las 
memorias de su secretario. 

Una nueva correría de Murad-Bey por el Rajo Ejipto le sacó pronto de 
estas pacíficas ocupaciones. Salió del Cairo en \ 4 de julio y se encaminó á 
las Pirámides. 

Pero un espreso de IVlarmont, que mandaba en Alejandría, le trajo el 
5 por la tarde la noticia de que losTurcos, protejidos por los lngleses,ha- 
bian efectuado un desembarco en Abukir el dia \\ . El jeneral en jefe voló 
al punto al encuentro del ejército musulmán mandado por el bajá Musta- 
fá, ansiosísimo de vengar el desastre de Abukir en este mismo punto. Com- 
pleto fué el desagravio, pues diez mil hombres fueron arrojados al mar, 
y los demás quedaron prisioneros ó muertos. Dejemos hablar á Bonaparte 
mismo escribiendo al Directorio sobre este gran dia. 

« En mis pliegos del 2\ de florea!, os participé cómo la estación de los 
desembarques me determinaba á dejar la Siria. 

« El 23 de mesidor , cien velas, muchas de ellas de guerra, se presentan 
delante de Alejandría y fondean en Abukir. El 27, el enemigo desembarca, 
y toma por asalto y con cstremado denuedo el reducto y estacada de Abukir. 



•:. -- 







DE NAPOLEÓN. 143 

III fuerte capitula ; el enemigo desembarca su artillería de campana, y re 
forzado por cincuenta velas, se sitúa, apocaría la dereeba en el mar y la iz- 
(|uiei da junto al lago Maadicb, sobre unos cerros de arena. 

Silgo de mi campamento de las Pirámides el 27 , llego el I", de ter- 
midor á Hahmanieh , elijo á Hirket por centro de mis operaciones, y ci 7 
de termidor á las siete de la mañana nrrostro al enemigo. 

■ Kl joneral l,annes marcha siguiendo el lago y so forma en batalla en 







144 HISTORIA 

frente de la izquierda del enemigo, al mismo. tiempo que el jeneral Murat, 
que manda la vanguardia , dispone que el jeneral de Deslaings ataque !a 
derecha sostenido por el jeneral Lanusse. 

« Una hermosa llanura de cuatrocientas toesas separa las alas del ejér- 
cito enemigo , nuestra caballería se entromete en ella, y con la velocidad 
del pensamiento pasa ¿retaguardia del enemigo, qucacuchillado y volcado, 
se ahoga en el mar sin que se libre uno solo. Si hubiese sido un ejército 
europeo, hubiéramos hecho tres mil prisioneros, pero aquí fueron tres mil 
muertos . 

« La segunda linea del enemigo, situada á quinientas ó seiscientas toe- 
sas , ocupa una posición formidable. El istmo es allí muy estrecho; estaba 
atrincherado con el mayor esmero y sostenido por treinta lanchas cañone- 
ras, ocupando además por delante la aldea de Abukir, que estaba aspillera- 
da y fortificada. El jeneral Murat entra en la aldea, y el jeneral Lannes,con 
la 22 a . y parte de la Gí) a . ,se arroja sobre la izquierda del enemigo, mientras 
que el jeneral Fugieres ataca en columna cerrada la derecha. Se echa igual- 
mente el resto en el ataque y en la defensa ; pero la intrépida caballería 
del jeneral Murat ha resuelto merecer el principal timbre en estedia; ata- 
ca al enemigo por la izquierda, coje la derecha por retaguardia , la sor- 
prende en un mal paso y hace en ella una carnicería horrorosa. El ciuda- 
dano Bernard , comandante de batallón en la 69. a , y el ciudadano Bayle , 
capitán de granaderos de esta semi-brigada, son los primeros que entran 
en el reducto y se cubren de gloria. 

« Toda la segunda línea enemiga queda, como la'primera, en el campo 
de batalla ó se ahoga en el mar. 

A Qucdanlc al enemigo tres mil hombres de reserva que ha situado en 
el fuerte de Abukir á cuatrocientas toesas detrás de la segunda línea: el je- 
neral Lanusse lo acomete bombardeándolo con seis morteros. 

« La playa á que las corrientes llevaron el año pasado los cadáveres 
ingleses y franceses, se halla cubierta ahora de los de nuestros enemigos; 
se han contado muchos railes, y no se ha salvado un solo hombre de este 
ejército. 

« ¡VIustafá, bajá de Romelia, jeneral en jefe del ejército y primo herma- 
no del embajador turco en l'aris, se halla prisionero con todos sus oficia- 
les : os envió esas tres colas 

« El triunfo de esta batalla se debe principalmente á Murat: os pido 
para este jeneral el grado de jeneral de división , pues su brigada de ca- 
ballería ejecutó imposibles 

«He regalado al jeneral BertLicr, departe del Directorio ejecutivo, un 
puñal de labor esquisita, como prueba de satisfacción por los servicios que 
no ha cesado de hacerme durante toda la campana » 

Aprovechóse Bonaparte de esta ventaja para enviar un parlamentario 



DE NAP0L8ON I4Í 

al almirante ingles , este Ir remitió la gaceta francesa de Francfort del 40 
de JUDÍO d« lfW< l'.l jéncral francés, que sr quejaba de algún tiempo á 
(Mfoella pai lo de que le dejaban sin noticias <)>' Km opa, leyó ron anhelo 
aquel periódico. Vio la rematada sitnanon de los negocio* de Francia y los 
desmanes de nuestros ejércitos: « Ya lo veo . esrlamó . no me engañó mi 
corazonada , ¡la Italia está perdida!!! ¡ab desastrados! Todo el fruto de 
nuestras victorias ba desaparecido; tengo que irme. » 

Desdo aquel momento tomó su determinación , comunicóla á Bertbier 
y al almirante (lantheaume, encargado de disponer dos fragatas, la Mui. 
ron y la Carrete, y dos bajclillos, el Desquite y la Fortuna, paratraspor 
tar a Francia nljeneral y su comitiva. 







140 HISTORIA ' 

Tratábase de dejar el mando en jefe del ejército en manos dignas de 
él. Bouaparte tenia que elejir entre Desaix y Kleber. Deseoso de llevar 
consigo al primero, se decidió á nombrar el segundo por sucesor suyo, 
aunque no estuviesen muy bien avenidos (1). Escribió para comunicarle 
su intento y entregarle el mando. Entre las instrucciones que le dio, mere- 
ce notarse esta frase : « Los cristianos serán siempre nuestros amigos: hay 
que irles á la mano en punto á sus demasías para que los Turcos uo ten- 
gan contra nosotros el mismo fanatismo que tieueu con los cristianos , lo 
cual nos haria irreconciliables. » 




(i)lionap.irte habla eser¡d> á Kleber en 1798: «Crea Vil. queaprecio mucho 
su amistad. Temo que estemos algo reñidos, y seria Vd. injusto, si dudase del 
sentimiento que esto me causaria. En el Ejipto, las nubes, cuando las hay, pasan 
en seis horas; por mi parte, si las hubiese, hubieran pasado en tres. » Todo es- 
to manifiesta la zozobra de un rompimiento, mas bien que una si Apatía mutua. 
Los dos guerreros podían y dehian apreciarse , pero es innegable que no se ama- 
ban. 



DE NAPOLEÓN. Ul 

En cnanto á si el regreso de Bonnpartc fué deseado y solicitado por el 
Directorio (l),i|uc le había visto marchar con pozo mal encubierto ¡Mira el 
guerrero mismo, liase citado una carta firmada por Trcilhard, Ijircveillcrc 
LepMtt y Barras , en vista de la cual Napoleón se hubiera decidido par 
tieularmente á salir de Ejipto. Arduo es apurar cómo pudo acordar aquel 
ptM cu medio de datos contradictorios , pero lo que nos parece cierto es 
qM desengañado de sus aprensiones sobre el Oriente por el poco éxito de 
su campafia de Siria, é instruido del estado de los negocios en Francia, 
creyó que era llegado el momento de patentizar sus miras ambiciosas y 
asestarlas al Occidente. « \as noticias de Europa , dice en una proclama 
dada en Alejandría, me han decidido á marcharme á Francia. Dejo al je 
ncral Kleber el mando del ejército, y pronto tendrá todo él noticias de mi 
paradero. Amarguísimo se me hace el dejar á unos soldados á quienes 
profeso tanto afecto, pero será momentáneamente, y el jencral que les que- 
da merece la confianza del gobierno y la mia. » 

Bonaparte dio á la vela á fines de agosto llevando consigo á Berthicr, 
Marmont, Murat, Lanncs, Andrcossy, Mongo, Berthollet, etc. Fué evi 
tando el crucero inglés que se habia alejado de la costa africana para ir 
á reponerse de víveres en un puerto de Chipre, y habiéndose librado así de 
Sydney-Smitb, desembarcó en Frejus el f> de octubre. 







(i) También se ha hablarlo de pliego* que Bonaparte hahria recibirlo de«u* 
hermanos en el sitio de Acre, por medio de un oficial llamarlo Rurbaki, y que le 
habrian inducido á abandonar aquel cerco para regresar á Francia. Esto no e« 
verosímil. Bonaparte se quejaba de la total ignorancia en que se hallaba acerca 
de los negocios de Europa hasta el acto de su partida. 




■ 
■ 






1 



r.MMTiio l\ 



Hfgiiao i Pmncift. 18 de bri 




a travesía de Alejandría á l'rcjus no se había 
efectuado sin contratiempos y peligros. Para 
salir de las aguas del Ejipto la escuadrilla habia 
tenido que forcejear contra vientos tan contra- 
rios, que el almirante habia propuesto volver 
al puerto ; y este partido, aconsejado ú desea- 
do por toda la tripulación, hubiera prevalecido 
sin el tesón brioso y la resolución incontrasta- 
ble de Bonaparte, decidido á aventurarlo todo para abarcar los destinos 
esclarecidos que le estaban aguardando en Europa. Iguales obstáculos y 
consejos encontró al partir de Ayacio, y les opuso igual tenacidad. Este 



DE XAPOI.I o\ Mí) 

empuje de su arrojo y el estraño rumbo que señaló al nlmirnnle (lantheau 
me, siguiendo las costas de África para tomar después la punta de la Ger- 
deña, le salvaron probablemente de los cruceros ingleses. Sumo contra 




resto le oponía la peí speeliva del fastidio de la cuarentena, al mismo tiem 
po que la mas pequeña vela le causaba las mayores congojas. Había sabi- 
do en Ayacio el funesto éxito de la batalla de Novi, y prorumpia una y 
mil veces: «Sin esa maldita cuarentena, apenas tocara en tierra, fuera á 
ponerme al frente del ejército de Italia. Aun hay remedio. Estoy seguro 
de que no hay un jcneral que rae negara el mando. La noticia de una victo- 
ria alcanzada por mi llegaría á París tan pronto como la de Abukir, y esto 
surtiría muy buen efecto, i Ya se ve que Bonaparte conocía la necesidad 
de rebozar con novedades las desagradables impresiones que podia produ- 
cir su partida de Ejipto, venida solitaria y tan inesperada que debia espo- 
ner al jeneral á las reconvenciones do haber desamparado su ejército. Pero 
cuando conoció toda la cstension de los reveses que habían padecido las 
armas francesas allende los Alpes, quedó desahuciado de sus soñados triun- 
fos, y luego se mostró tan abatido que con motivo so dijo que estaba vis- 
tiendo luto por el malogro de la ludia. Por lo demás, el afán del vecindario 
de Frejus le. preservó de las congojas de la cuarenteua. Luego que supieron 
la entrada del jeneral Bonaparte en su puerto, cubrieron el mar de botes, 
rodeando el bajel que traia á bordo al hombro grande, voceando: « Prefo 
rimos la peste á los Austríacos. » De modo que fue imposible observar las 
precauciones sanitarias, de lo cual se aprovechó Bonaparte para acelerar 
su regreso á París. 



\ 50 HISTORIA 

Había participado su llegada á la esposa y hermanos, quienes le salie- 
ron desaladamente al encuentro por el camino de la Borgoña que debía 
seguir según el itinerario que les habia enviado, Pero en Liou mudó de 




parecer y tomó el rumbo del Borbonés. Josefina y siis cuñados no habién- 
dole hallado en Lion, volvieron inmediatamente á París. 

CAialquiera que íuese el concepto que se pudiera formar del pronto 
regreso de un jeneral en jefe dejando su ejército allende el mar, bajo un 
cielo abrasador y en un pais mal sano, la gran mayoría de la nación le re- 
cibió como un libertador. La deraocracia,dcspues de haber dado á la Fran- 
cia sus inmensos recursos contra el estranjero, habia llegado á producir en 
el interior un quebranto universal á fuerza de vicisitudes, de reacciones 
y de turbulencias. La revolución, que habia hallado tan dignos y podero- 
sos pregoneros en la asamblea constituyente, la lejislativa, la convención 
y la junta de salvación pública, nada tenia que esperar de las institucio- 
nes y de los caudillos áp aquella temporada, porque estaban desconcep- 
tuando la potestad sin provecho para la libertad, y reemplazando la prepo- 
tencia popular con la tiranía alternada de las facciones. Si á esto se añade 
que la república, en las manos á donde habia ido á parar y bajo el viso 
que habia tomado, no lograba afianzar la victoria bajo nuestras banderas, 
y que desmanes redoblados habían desvanecido el fruto de nuestras pri- 
meras é inmortales campañas, era muy obvio que los ánimos estuvieran 
en lo jeneral dispuestos para una gran mudanza política. ¿ Pero de qué 
jaez seria este trueque, y qué hombre ó qué hombres lo ejecutarían? He 
aquí lo que todos se andaban preguntando, y lo que daba campo á mil con- 
jeturas, á esperanzas ó zozobras, según las opiniones é intereses de cuantos 
se afanaban tras estas cuestiones. 



DE napoleón. HW 

No Cabía «lar el golpe de estado á favor de la democracia, que padecía ó 
la sazón toda la odiosidad de los recuerdoi y cargo», Acriminándole mas y 
mas los trastornos y la anarquía <u\o termino aguardaban todos NU im 
paciencia. Tampoco podia darse á favor de los realistas, porque la nación 
en globo seguía apeteciendo los resultados de la revolución, ann cansándo- 
se de las tormentas del réjimen republicano, y todo el ejército, como 
lo había probado en fructidor,sc hubiera sublevado por otra parte contra 
cualquier tentativa para reponer á los llorboncv 

Era pues únicamente hacia una concentración de la autoridad en ma- 
nos briosas á lo que la opinión nacional manifestaba su propensión ; pero 
siempre por el rumbo y miras de la revolución, y no contra ella. En se- 
mejanto situación, entre la repugnancia invencible del pueblo y del ejér- 
cito por nna reacción borbónica, y la zozobra de un recrecimiento po|w- 
lar, la necesidad llamaba al timón de los negocios á un hombre que pu- 
diera preservar la reforma social del año Síí de los riesgos que le había 
hecho correr la relajación incesante de los móviles del estado, é imposibi- 
litase á los ánimos enconados el inclinarse al partido realista. En desem 
peno de tan sublime intento, no debía el emprend<xlor apear tcmporalmen 
te á la democracia sino en provecho de la revolución misma, y hacer iu 
dividual la dictadura colectiva que habían ejercido las asambleas naciona- 
les en nombre del pueblo. Era preciso pues que fuese íntimamente revo- 
lucionario, adicto sin reserva á los nuevos intereses, hondamente imbuí 
do en el aura de su siglo , enciímbrado en alas de una gloria granjeada al 
servicio de la Francia rejeuerada, y capaz de triunfar, con el predominio 
de su nombradía y de su mimen, de la fidelidad y adhesión que fomenta- 
ba el acaloramiento patriótico tras la constitución del año 111 en algunos 
pechos republicanos. También era preciso que su brazo fuese un antemu- 
ral poderoso contra el estranjero, y que su nombre no hubiese sonado entre 
los estadistas, despavoridos aun con el desenfreno que habia salvado al 
país sin dejar á los libertadores otra recompensa que el borrón de su me- 
moria. Solo un soldado de la revolución podia domar al león popular y 
derrocar el sistema republicano sin tocar al fondo del plantel revoluciona- 
rio, siempre bienquisto on la Francia. Tiempo habia que la corazonada 
estaba latiendo en el pecho de aquel soldado ambicioso, acechando allá el 
ti -anee, engreído con su situación y poderío que le ponían su logro en la 
mano. 

Lo que Bonaparte habia previsto y anhelado se avenia demasiado con 
el ansia y las necesidades públicas para que su presencia no fnesc la señal 
precursora del acontecimiento que debía entablar una carrera muy fttfera 
para el ímpetu irresistible de la revolución francesa. Asi, desde que se so- 
po sn regreso , todos los partidos se agolparon á él , formando un estribo 






J52 HISTORIA 

con su reputación y su talento, y haciéndole servir para el logro de sus com- 
binaciones y de sus planes. 

La mayoría del Directorio, formada de Barras, Gohier y Maulins, quería 
conservar la constitución del año III: el primero porque hallaba en ella 
medios de perpetuarse en la potestad; Gohier y Moulins, porque concep- 
tuaban muy asequible la continuación del réjimen republicano bajo su 
planta establecida. Sieyes, que por el contrario habia conservado siempre 
una predisposición monárquica y una repugnancia desdeñosa á las fórmu- 
las; populares, aguardaba con impaciencia una ocasión para manifestar y 
satisfacer su propensión encubierta. Y aun le acusaban de haber pensado 
en vender la república en beneficio de un príncipe de la casa de Bruns- 
wick, así como se maliciaba que Barras, desahuciando su causa y cansado 
de tantas vicisitudes, habia entablado relaciones con la casa de Borbon. 
Predispuesto ya Sieyes para quien se arrojara á una arbitrariedad contra 
los individuos y las instituciones democráticas, su compañero Roger-Ducos 
no pensaba ni obraba sino como él. Sin embargo Bonaparte desconoció al 
pronto á este cómplice imprescindible, y aun aparentó con él un menos- 
precio insultante en una comida que Gohier le dio al dia siguiente del pri- 
mer avistamiento que el jeneral tuvo con el Directorio, y en la que se pasó 
todo con suma reserva y despego respectivo. A consecuencia de esta comida, 
dijo Sieyes con enojo: « ¡Miren Vds. ese insolente cómo traía al miembro 
de una autoridad que hubiera debido mandarle arcabu/ear! » 

Pero esta repugnancia recíproca que sentían el metafísico y el guerrero 
cedió pronto al anhelo común de cambiar el orden político establecido en 
Francia. Habiendo dicho alguien delante de Bonaparte: « Buscad un apoyo 
en las personas que tratan de jacobinos á los amigos de la república, y no 
dudéis de que Sieyes está capitaneando esas jentes, » el jeneral fué amai- 
nando en su repugnancia ó se esmeró al menos en disimularla para com- 
prometer en la ejecución de sus intentos al hombre que habia recibido al 
principio con desvio y á quien positivamente no amaba. El Directorio, pa. 
ra librarse de un roce tan arriesgado, quería desterrar á Bonaparte dán- 
dole el mando del ejército que mas le cuadrase; pero este ofrecimiento, 
esplendoroso para cualquiera otro jeneral, no era para tentar al próximo 
soberano de Francia. « No he querido desentenderme , dijo , pero les he 
pedido tiempo para restablecer mi salud, y me he retirado para evitar otros 
ofrecimientos que pudiesen comprometerme. No volveré á asistir á sus se- 
siones; me decido por el partido de Sieyes, pues reúne mas votos que el del 
disoluto Barras. » Las combinaciones que ocasionaron el! 8 de brumario se 
tramaron principalmente por Luciano Bonaparte en los consejos, y por 
Sieyes, Talleyrand, Fouché, Real, Begnault de San Juan de Angely y 
algunos otros. Sobre todo Fouché se mostró ansiosísimo de volcar el 
sistema republicano cuyos antojos mas sangrientos habia lisonjeado , 



DF NAPOLBOIS 153 

y dijo al secretario de Bonaparte. « l |W é i w u v o c rt ro J w uil , pues sitar 
da . está perdido. » 

Cambaccrcs y Lchrun fueron mas pausados en decidirse. Kl pa|»el de 
conspirador no cuadraba eon la circunspección del uno ni con el comedí 
miento del otro. Informado Bonapartedc su incertidumbre, es» lamo como 
si ya dispusiera de los destinos de la Francia-. « No quiero medias palnlu m; 
no se figuren que los necesito; que se decidan hoy, si no, mañana será de 
masiado tarde,- ahora ya me siento bastante fuerte para obrar á solas. » 

Casi todos los jeneralcs de algún concepto presentes en París entraron 
en las miras de Bonaparte ; el mismo Morenu se puso á su disposición , \ 
pronto veremos qué papel se avino á representar en el movimiento que se 
preparaba. Pero le faltaba al esclarecido conspirador el arrimo del com 
pañero de armas cuya oposición , carácter y lalento le eran mas temibles. 
Bernadotte porfiaba defendiendo á la república y la constitución del 
año III. Sin embargo su pariente José Bouaparte lo llevó á casa de su her 
mano en la mañana del 48 de brumario. Todos los oficiales jenerales es- 
taban de uniforme, y Bernadotte se presentó en traje de paisano. Ofendióse 




Napoleón, y habiéndole manifestado agriamente su estrañeza, lo llevo á un 
gabinete, en donde se esplicó acerca de sus intentos con sumo desahogo. 
« Vuestro Directorio es aborrecible, le dijo, vuestra constitución esta des 
gastada , es preciso dar un barrido y encaminar por otro rumbo el gobier 
no. Idos á poner el uniforme, no puedo aguardaros mas; pero me halla- 
réis en las Tuilcrías en medio de todos nuestros compañeros. No contéis 
con Moreau ni con Beurnonville ni con los jenerales de abordo. Cuando 
conozcáis mejor á los hombres, veréis que prometen mucho y cumplen 



454 HISTORIA 

poco. No seáis confiado. ■ Bernadotte respondió que no quería lomar 
parte en una rebelión, y entonces Bonaparte exijió la promesa de una com- 
pleta neutralidad, que solo consiguió á medias al principio. « Permanece- 
ré tranquilo como ciudadano, respondió el austero republicano, que des- 
pués consintió en ser rey; pero si el Directorio me da orden de obrar, 
marcharé contra todos los alborotadores. » A estas palabras, Bonaparte, en 
vez de entregarse á su fogosidad jenial, echó el resto en amainarle para 
ajcnciarse con promesas y lisonjas la intervención de un hombre de talen- 
to y valor que podia hacer frustrar la conjuración. 

Mientras que esto pasaba en la casa de la calle de la Victoria, en don- 
de viviael vencedor de Areola y las Pirámides, el consejo de los Ancianos 
le enviaba por un mensaje el decreto siguiente: 

« Art. 4". El cuerpo lejislativo se traslada al pueblo de San Cloud. 

« Art. 2". Los consejos se hallarán allá mañana 19 á las doce. 

* Art. 3 o . El jeneral Bonaparte, encargado déla ejecución del presenta 
decreto, tomará todas las disposiciones conducentes á la seguridad de la re- 
presentación nacional. El jeneral comandante de la 47 a . división militar, la 
guardia del cuerpo lejislativo, los guardias nacionales sedentarios, las tro- 
ñas de línea que se hallan en Paris y en el distrito constitucional y en toda 
'a estension de la 47 a . división militar, quedan inmediatamente bajo sus 
órdenes, etc. 

« Art. 4 o . El jeneral Bonaparte, es llamado al seno del consejo para 
recibir una copia del presente decreto y prestar juramento. Se pondrá de 
acuerdo con los comisarios inspectores de ambos consejos. » 

El jeneral aguardaba este decreto, convenido entre él y los partidarios 
que tenia en el consejo, y después de haberlo Ieido á las tropas, añadió : 

« Soldados : 

« El decreto estraordinario del consejo de los Ancianos está conforme 
con los artículos 402 y 403 del acta constitucional. Él me confiere el man- 
do de la ciudad y del ejército. 

« Yo lo he aceptado en apoyo de cuanto va á providenciar, y es todo en 
favor del pueblo. 

« Hace dos años que la república está mal gobernada. Habéis esperado 
que mi regreso pondría término á tantos males (4); lo habéis celebrado con 

(i) Bonaparte estaba interesado eu recargar lo» quebrantos públicos para 
sincerar la revolución que estaba ideando bajo una planta gubernativa; pe- 
ro por muy lamentable que fuese la situación de la república, los negocios 
militares no infundían ya las mismas zozobras que tras la batalla de No- 
vi : los triunfos de Masena habian remediado en parte nuestros fracasos. Así 
cuando el jeneral en jefe del ejército de Ejipto dijo al Directorio que habia ve- 
nido llevado de un temor patriótico para participar de los peligros del gobierno 
republicano, Gohier le contestó arrebatadamente: «Jeneral, esos peligros eran 






DE NAPOLEÓN IW 

una hermandad, madre de las obligaciones que estoy cumpliendo; coa 
plircis las vuestras, y ayudaréis á vuestro jeneral con H l»ii'» <onl¡;in/;i 
y tesón que siempre he visto en vosotros. 

« \a libertad, la paz y la victoria volverán a colocar a la república 
francesa en el lugar que ocupaba en Europa, y que solo han podido hacer- 
le perder la torpeza ó la traición. >< 
Publicóse el decreto de los Ancianos, y si' tocó llamada en todos los cuar 




teles de Paris. Acto continuo, Bonaparte mando lijar por las esquinas la pro- 
clama siguiente : 

« Ciudadanos : 

« El consejo de los Ancianos, depositario de la sabiduría nacional, aca- 
ba de espedir el decreto adjunto. Está autorizado por los artículos 102 \ 
I0."> del acta constitucional. 

« Me encargo de providenciar el resguardo de la representación nacio- 
nal. Su traslación es necesaria y momentánea. El cuerpo lejislativo se ha 
liará en estado de sacar á la representación nacional del inminente peligro 



gravísimos, pero hemos salido de ellos con gloria. Llegaii á tiempo |>.>rn cele- 
brar con nosotros los repetidos triunfos de vuestros compañeros de armas y con- 
solarnos de la pérdida del joven guerrero (Joubert) que aprendió ,i vuestro lado 
á pelear y vencer. .Bonaparte habia abultado el peligro, y Gohier ex.ijeraha lue- 
go la seguridad. 



456 HISTORIA 

en que nos ha puesto la desorganización de todas las partes de la admi- 
nistración. 

« En este trance necesita la hermandad y confianza de los patriotas; reu 
níos en torno de él , único medio de afianzar la república sobre los ci 
mientos de la libertad civil , felicidad interior, victoria y paz. » 

Mientras que Bonaparte se hallaba así revestido de hecho y con uua 
apariencia de legalidad del mando supremo de la capital , el Directorio 
nada hacia, y preciso es decirlo para su descargo , nada podia hacer para 
contrarestar los amaños que lo cercaban y mantener á un tiempo la cons 
titucion y su propia autoridad. Gobier aguardaba en el Luxemburgo al 
caudillo de los conjurados que se habia brindado familiarmente á comer; 
no se hubiera atrevido á maliciar que su glorioso convidado quería con- 
signar por medio de este convite en su comedor al presidente de la repú 
blica para dejarle ignorar lo que se estaba tramando ú ejecutando contra 
el gobierno directorial. Moulins desfogaba sus iras con protestas solitarias 
y desvalidas; lianas venia en conocimiento dequeelgolpecuyasventajasle 
habían lisonjeado que participaría, iba á ejecutarse sin él (I), y que tenia 
que resignarse á la nulidad en que venia á quedar. Sieyes y Roger-Ducos 



(i) Bonaparte habia prometido á Barras que se entendería con él «obre sus 
intentos y le bahía ofrecido con este motivo una visita para el 17 brumario por 
la noche, pero se contentó con enviarle su secretario, lo que indicaba qne el 
jeueral estaba ocupado en otra parte y que habia dado otra dirección á sus 
confidencias. Comprendiólo Barras luego que vio entrar á Mr. de Bourrienne, y 
.te miró como perdido, y al acompañarle le dijo: « Veo que Bonaparte me enga- 
ña, y a sé que no volverá; 9Ín embargo á mí me lo debe todo. » El secretario 
quiso asegurarle que su jeueral le baria una visita al dia siguiente; pero esta 
promesa no esperanzó tampoco al director. 

El dia antes, Bouaparle no habia titubeado tanto en las Toilerías con Botot , 
secielario de Barras, á quien habia conceptuado representante del Directorio, y 
á quien descargó una amarga reconvención que empezaba con estas palabras: 
«¿Qué habéis hecho de la Francia..?» Mr. Collot, testigo ocular, ha referido así 
esta escena memorable: 

«No sé qué numen le estaba inspirando en aquel momento. Espresiones é imá- 
jenes sublimes manaron de sus labios como uu raudal de elocuencia. Rasgueaba 
á la Francia tal como la habia dejado; los arsenales llenos , su territorio au- 
mentado, sus tropas bien vestidas, bien mantenidas y en todas partes victorio- 
sas, etc. etc. ; luego trasladándose de repente á nuestros últimos campos de ba- 
talla, mostró todavía en ellos sus soldados tendidos , muertos en el campo de Ja 
derrota, aquellos soldados que no habian conocido á sus órdenes mas que la vic- 
toria ; pintó sus restos humillados, etc. etc. Todo esto fué bosquejado con pin- 
celadas tan recias y trascendentales y pronunciado con una vehemencia , una en- 
tonación de autoridad y de quebranto tau grandiosa, que todos los que estaban 
presentes quedaron exhalando ¡ras contra el Directorio. 



DE NAPOLEÓN 4T>7 

estaban decididos ;i hacer dimisión de sus cargos, y sobresalía sobre todo 
el primero entre los jefes de la maquinación. Los obstáculos que Ronapar 
le podia encontrar, solóse hallaban por consiguiente en el consejo. 

Trasladóse a él á la una de la tarde del ítt, después de haber tafeo 
ocupar por sus tropas todas los puestos importantes á las órdenes de jene 




rales adictos , llevando consigo á Berthier, Lefevre, Murat, Lamics, etc. 
Kn cuanto áMoreau, le nombró alcaide de los directores obstinados (lobier 
y Moulins, cuya renuncia se publicó sin embargo por medio de una de 
aquellas patrañas no escaseadas en este dia. Sieyes y Koger-Ducos en 
viaron efectivamente las suyas: el primero, siempre cuidadoso de tener una 
salida á todo evento, tuvo la precaución de mandarse arrestar en su casa. 
Informado Marras por Talleyraud de lo que le habia hecho presumir la 
visita de Bourrienne, abdicó en manos del célebre negociador y salió in- 
mediatamente para (írosbois , dejando una carta para el presidente del 
consejo de los Ancianos, en la que, después de haber protestado de su des- 
interés y amor esdusivo á la patria y á la libertad, declaraba «que volvia 
gustoso al estado de mero ciudadano , feliz, tras tantas l>orrascas , de en 
tregar enteros y mas respetables que nunca los destines de la república 
en cuyo depósito habia tenido parte. » 



Í58 



HISTORIA 



Aunque los conjurados se creían dueños del consejo de los Ancianos , 
Bonaparte encontró en este cuerpo mas oposición de la que habia previs- 
to. Su presencia fué la señal de vehementísimos cargos, y como estaba 
acostumbrado á hablar á muchedumbres obedientes, el ademan amenaza- 
dor de algunos republicanos adustos ó acalorados que se cubrían con el 
título sagrado de representantes del pueblo , le causó una conmoción que 
estuvo á punto de comprometer el éxito de aquel dia. Oraciones cortadas, 
palabras sin ilación , esclamaciones interrumpidas por los alaridos del au- 
ditorio, fueron todo lo que se le pudo oir en la tribuna. Ora dirijia re- 
convenciones al partido democrático , ora tomaba un rumbo apolojético y 
procuraba sincerar su conducta con el recuerdo de sus pasados servicios. 
Al lin invocó la libertad y la igualdad, y como Lenglet se valió de esto para 
recordarle la constitución , esclamó con mas entereza : « La constitución 
la habéis atropellado eH8 de fructidor y el 22 de floreal y el 50 de pra- 
deral. ¡ La constitución ! todas las facciones la invocan y todas la quebran- 
tan y aun hoy se conspira en su nombre. Si es forzoso esplicarse cla- 
ramente, si hay que citar personas, las citaré. Diré que los directores 
Barras y Moulins me han propuesto que me pusiese al frente de un parti- 
do, cuya propensión era abatir á todos los hombres de ideas liberales. » 

Estas últimas palabras estremaron todos los ímpetus que arrebataban 
al consejo. Pidieron que se declarase en sesión secreta, pero la mayoría 
se opuso é intimó á Bonaparte que se esplicase sin rebozo á la faz de la na- 
ción. Entonces se vio en mayor apuro, y reinando en la asamblea la mas 
ansiosa ajitacion , terminó con esta voz que pronunció al retirarse : « El 
que sea de los mios, que me siga. » 

Aun era mayor el desasosiego en el consejo de los Quinientos, cuya 
mayoría se mantenía firmemente adicta á la constitución y á la república. 
La lectura de la carta de Barras, al confirmar todo lo que hacían presajiar 
los acontecimientos del dia anterior, habia escitado las proposiciones mas 
enérjicas contra cualquiera que atentase contra el orden existente. A pro- 
puesta de Delbrel , los representantes renovaban su juramento , cuando 
Bonaparte se presentó en la asamblea con una escolta de granaderos. A es- 
te aspecto se manifestó en el salón una indignación casi universal, oyén- 
dose por todas partes los gritos de : « Muera el dictador , muera el Crom- 
well, Bonaparte fuera de la ley. » Algunos diputados se arrojaron de sus 
asientos, saliendo al encuentro al jeneral , para echarle en cara aquella 
profanación del templo de las leyes. « ¿Qué hacéis, temerario? le dijo Bi- 
gonet, retiraos.» Y como esta demostración parecía unánime, Bonaparte, 
aun conmovido de la resistencia inesperada que habia encontrado en el 
consejo de los Ancianos, se vio imposibilitado de contrarestar á este nue- 
vo alboroto parlamentario , mas amenazador que el primero, y volvió á 



DK NAPOLEÓN ww 

reunirse ron su escolta que le acompañó hasta H punto don le estaban Ins 
tropas (4). Allí se sintió roas alentado y recobró su osadía v confianza 




cuando Luciano, teniendo que dejar la presidencia porque no quiso poner 
á votación la proscripción de su hermano , le trajo , no solo el apoyo de 
la autoridad que acababa de deponer en el seno de la asamblea y con la 
que persistía en apoyarse fuera de ella , sino también el auxilio de su elo- 
cuencia, denuedo y eficacia. 

(i) Inútiles recordar aqui la interpretación de oficio qu« quito tranformar 
en asesinos á lo* representantes del pueblo, y recomendó a las gracias del primer 
cónsul al granadero Thotné y otro compañero suyo por supuestas heridas que 
no recibieron uno ni otro. Sabido es de todos boy dia que la fábula de los pu- 
nales solo fué inventada para lejitimar la intervención de las bayonetas y escitar 
la ojeriza nacional contra los republicanos. Cualquiera quesea la opinión que se 
forme acerca del 18 de brumario, imposible es no ajar, en nombre de la moral 
pública, todas las imposturas y calumnias de que hicieron uso los que de*pue* 
se proclamaron libertadores del pais, cuando el éxito coronó sus conatos. Asf el 
terror salvó á la Francia, y mas de cuatro terroristas emplearon medios ó come» 
tieron actos que el resultado no pnede abonar. En la misma balanza debe ¡ 
la historia los actos y las palabras de Luciano Bonapartey desús cómplices. 



160 HISTORIA 

Luciano nontó á caballo, recorrió las filas y con el acento de nn hom 
bre que parcciaaun teñera la vista puñales y asesinos , esclamó: 

« Ciudadanos , soldados : 

« El presidente del consejo de los Quinientos os declara que la inmensa 
mayoría de aquel consejo se halla en este momento aterrada por algunos 
representantes del pueblo que armados de puñales asedian la tribuna, ame 
nazan de muerte á sus companeros y acarrean las deliberaciones mas es- 
pantosas. 

■«Os declaro que esos malvados forajidos, sin duda pagados por la In 
glaterra, se han rebelado contra el consejo de los Ancianos, atreviéndose á 
querer poner fuera de la ley al jeneral encargado de la ejecución de su de 
creto; como si aun estuviéramos en aquellos terribles tiempos de su reina- 
do en que la palabra fuera de la ley bastaba para derribar las cabezas mas 
amadas de la patria. 

« Os declaro que ese puñado de furiosos se han puesto ellos mismos fue 
ra de la ley por sus atentados contraía libertad del consejo. 

« En nombre de ese pueblo, tantos años hace juguete de tan desastra 
dos hijos del terror, confio á los guerreros el afán de libertar á la mayo- 
ría de sus representantes , para que salvos de los puñales por medio de las 
bayonetas, puedan deliberar sobre la suerte de la república. 

« Jeneral , y vosotros soldados y ciudadanos , no reconozcáis por lejis- 
ladores de la Francia sino á los que se reúnan conmigo ; en cuanto á los 
que permanecerán en el Invernadero, serán espulsados á viva fuerza. Esos 
bandidos ya no son los representantes del pueblo, son los representantes 
del puñal. Quédeles este dictado, sígales á todas partes, y cuando se atre- 
van á mostrarse al pueblo, señalémoslos con el dedo dándoles el merecido 
nombre de representantes del puñal 

• ¡ Viva la república ! » 

A pesar de este lenguaje, los soldados titubearon, lo cual, visto por Lu- 
ciano, añadió para determinarlos: «Juro traspasar el pecho de mi propio 
hermano, si algún dia atentase contra la libertad de los Franceses. » 

Este juramento, pronunciado conbrio, triunfó déla indecisión délas 
tropas. Sin embargo Bonaparte titubeó al dar orden á Murat de marchar al 
frente de los granaderos y dispersar la representación nacional. Pero frus- 
trada ya la esperanza que habia concebido de conseguirlo todo con el pre- 
dominio de su presencia y de sus razonamientos, é instado eficazmente por 
su hermano y los principales conjurados, se decidió á disolver la asamblea 
á viva fuerza y el salón quedó desocupado en un momento. 

Sin embargo los autores del \ 8 de brumario, una vez victoriosos, quisie- 
ron valerse todavía de los fórmulas constitucionales que acababan de des- 
truir para dar á sus actos un viso legal, y al efecto buscaron por todas 



DI. \ MM>|.l.o\ 



lf.1 



partes algunos restos de In asamblea que habían etptfcHáo \in|.ntanv»ntc 




para formar un remedo do representación nacional. Luciano logró reunir, 
en el invernadero de San Cloud, unos treinta diputados que se encargaron 
de ejercer maquinalmente la potestad soberana que Bouaparte poseía ya en 
realidad y que decretaron, además de la esclusionde sesenta y un eompa 
fieros suyos, la disolución del Directorio y formación de una junta con 
sular compuesta de tres miembros, á saber: Sioyes, Hoger-Dueos y Bona 
parte. Este gran cambio se efectuó á las nueve de la noche. 

Eran las once, y aun Bonaparte se bailaba en ayunas de todo aquel 
dia. En lugar de atender á sus necesidades físicas, solo pensó al voher a 
rasa , aunque tan eutrada la noche , en completar aquel día memorable 
anunciándolo y esplicándolo al pueblo francés con su acostumbrada supe 
rioridad. Con este objeto redactó la siguiente proclama : 

« A mi regreso á I'aris bailé todas las autoridades divididas y solo 
unánimes en una sola verdad, esto es, que la constitución estaba casi <lcs 
truida y no podía salvar la libertad. 

«Todos los partidos acudieron á mi, me patentizaron sus intentos y 
reclamaron mi arrimo, pero me desentendí de partidos. 

« El consejo de los Ancianos me ha llamado y he correspondido á su 
confianza ; los sujetos , en quienes la nación está acostumbrada á ver 

21 



W2 HISTORIA 

defensores de la libertad, igualdad y propiedad, habían ideado un plan de 
restauración jeneral , que requería un escrutinio detenido, libre y ajeno de 
todo influjo y zozobra. En su consecuencia el consejo de los Ancianos ha 
dispuesto la traslación del cuerpo lejislativo á San-Cloud, encargándome 
de disponer la fuerza necesaria á su independencia. He creído deber aceptar 
el mando en obsequio á mis conciudadanos, á los soldados que están pere 
ciendo en nuestros ejércitos, y á la gloria nacional granjeada con su san 
gre.» 

Después Bonaparte referia lo que habia ocurrido en San-Cloud , con 
firmando con su poderoso testimonio el arrojado invento de Luciano so 
bre los puñales, y terminaba asi: 

« Franceses, sin duda agradeceréis el afán de un soldado déla libertad 
y de un ciudadano adicto á la república. Las ideas conservadoras, tutela 
res y liberales han recobrado sus derechos con la dispersión de los faccio 
sos que oprimían á los consejos, los cuales, al parar en malvados odiosí- 
simos , han venido á ser los mas desventurados » 








< APIH LO X 



i -i.ihic i ni" del gobierno (onsulai. 




os hombres austeros efl sus principios , los 
^republicanos inflexibles, persuadidos de que 
[la causa popular había zozobrado con la es 
[paila y la calumnia, con las formulas demo 
[créticas déla constitución del año III, tilda 
| ron de crimen de lesa nación la arbitrariedad 
fdc brumario. El pueblo en globo, el conjiin 
to de todos los partidos , la inmensa mayoría de las clases alta \ media, 
y casi la unanimidad de la clase trabajadora, cuantos daban mayor valor 
á la prosperidad material de la Francia, á su pacilicacion doméstica y a su 
seguridad esterior , que á las cuestiones de mecanismo constitucional y de 
metafísica gubernativa, en una palabra, todo el país, esceplo algunos áni 



4G4 HISTORIA 

mos indómitos , se afanó en descargar á Bonaparte del atentado de San- 
Cloud, considerándolo umversalmente como un suceso acarreador de fe- 
licidades. 

« Se ha estado ventilando metafísicamente , dijo Napoleón en Santa 
Helena, y aun se cavilará por mucho tiempo sobre si se atrepellaron las 
leyes y fuimos delincuentes; pero estas son abstracciones cuando mas apro- 
piadas á los libros y las tribunas, y que deben desaparecer ante la incon- 
trastable ley deja necesidad; y es en suma culpar al marino que hachea sus 
mástiles para no zozobrar. El hecho es que sin nosotros la patria estaba 
perdida y que la salvamos. Así los autores y ejecutores de aquella memo- 
rable arbitrariedad en vez de sincerarse, deben tan solo responder en- 
greidamente á sus acusadores á ejemplo del Romano •• « Protestamos que 
hemos salvado nuestro pais , venid con nosotros á dar gracias á los dio- 
ses. » 

« Y no cabe duda en que cuantos se arremolinaban en el torbellino 
político, han tenido tanto menos derecho de quejarse con justicia, cuanto 




DE NAPOLEÓN. 405 

concordaban todos en que era imprescindible una mudanza , que todos la 
ansiaban y que cada cual procuraba efectuarla por su parte. Yo ejecuté la 
inia á impulsos de los moderados, y sus resultados fueron el fln ejecutivo de 
|a anarquía y el inmediato recobro del orden, hermandad, fuerza y nom- 
inadla. ¿ Acaso hubieran sobresalido los de los jacobinos ó de los inmo 
rales? Permítasenos decir que no. Natural es que hayan quedado descon- 
tentos y hayan voceado destempladamente. Asi solo á tiempos mas remo- 
tos y hombres mas desinteresados toca sentenciar á derechas asunto tan 
grave. » 

Ksos tiempos remotos se acercan, esos hombres desinteresados van 
asomando , y aunque las jeneraciones actuales estén empapadas en el espí- 
ritu democrático cuyos representantes dispersó Bonaparte derribando las 
instituciones en San-Cloud, los demócratas de hoy día, personalmente 
ajenos de las violentas impresiones que esta dispersión y mudanza causaron 
á los mas ardientes patriotas , deben estar ya harto exentos de recuerdos 
amargos y del justo encono de sus padres , para cavilar á solas con la im 
parcialidad si el apeamiento de los mas fogosos revolucionarios y de los 
mas enteros, ardientes y acendrados demócratas y republicanos no fué al 
cabo mas favorable que perjudicial á la marcha déla revolución, y aun al 
porvenir de la democracia. 

Cuando Bonaparte se presentó espada en mano para entronizar su al- 
bedrio en lugar de las leyes que el pueblo había dictado y de los majistra- 
dos , fué porque las leyes y los majistrados no podian defender su causa 
contra sus enemigos interiores y estertores, porque el rumbo de la revo- 
lución se hallaba entorpecido, y su éxito comprometido ya por la debilidad 
y desquicio de la potestad ; poique la anarquía estaba amenazando entre- 
gar el pais á las ciegas y menguadas pasiones de los varios sitios y faccio- 
nes, y finalmente porque los chuanes y emigrados, siempre apoyados en 
la liga de los reyes de Europa, disputaban al jacobinismo desfallecido las 
gradea conquistas políticas que solo el jacobinismo en su mocedad habia 
podido emprender, realizar y sostener. 

Era evidente que la revolución habia apurado sus arbitrios populares y 
habia desgastado una de sus fórmulas. Después de haber vencido por la 
omnipotencia de la muchedumbre, corría riesgo de herirse á sí misma con 
aquel temible instrumento de su victoria que no acertaba á manejar por 
mucho tiempo sin peligro. Su nueva situación requeria por lo tanto una 
nueva planta; la dictadura de uno solo debia coartar el desenfreno que 
no podia contener la dictadura de todos. Una de las mas hermosas mani- 
festaciones de la potestad revolucionaria era aquella facilidad en hallar, se- 
gún las necesidades del momento, conceptos y hombres de orden para con- 
tinuar la obra de los conceptos y de los hombres de libertad bajo una 
apai ienriade reacción opuesta, y en realidad bajo un interés común y un 



IOG HISTORIA 

objeto idéntico. Los reyes y la aristocracia europea, que habian temblado 
ante el pueblo soberano cuando se espresaba con millones de voces y 
tremolaba millones de heroicos brazos , se habituaban ya á no temerle, 
y aun empezaban á recobrar sobre él cierta ventaja, desde que el sin- 
número de sus ajentes había acarreado funestas desavenencias y roto la 
unanimidad arrolladora que debió á sus dias de peligro, trasformándolos 
en dias de gloria. Era preciso que el pueblo soberano volviese á infundir 
á sus irreconciliables enemigos el terror y respeto de que trataban de exi 
mirsc, y enarbolase en sus mismas capitales el estandarte de la reforma que 
hasta entonces se habia ceñido á defender contra sus ataques. Para lograr 
este magnífico resultado, bastábale variar de táctica y de rumbo, remozan 
do y cobrando nuevo temple por medio de una trasformacion completa. 
El número inmenso de sus prohombres habia llegado á esponerle á mil 
discordias destrozadoras ; la mayor parte de sus miembros , acosados con 
tan larga lucha, se hallaban exhaustos y ruinosos. Sualbedrío y empuje, 
endentados por infinitas ruedas que se estaban rozando y entorpeciendo 
mutuamente , carecían de esfuerzo y unidad , y todo vino á brotar oportu 
ñámente por el numen de un solo individuo. 

Así Bonapartc no destronó al pueblo en San-Cloud , y solo varió su re- 
presentación haciéndola única de colectiva que era, y el pueblo manifestó 
que así lo comprendía, saludando su advenimiento con entusiasmo. Como 
la asamblea constituyente y la junta de salvación pública habian espresa- 
do la voluntad nacional en su período de destrucción y resistencia , así el 
dictador, que se revistió sucesivamente con los dictados de cónsul y empe 
rador , fué su esclarecida espresion en su período de reorganización y de 
propaganda armada. Tras tantísimo yerro cometido últimamente por el 
grande hombre , tras tantos descarríos villanos , tantos desmanes y tantos 
ultrajes padecidos, el pueblo ha permanecido inalterable en su pensamien 
to, y el pensamiento del pueblo es el único cuya infalibilidad atestigua la 
perseverancia. En aquel piélago político, cuyo flujo y reflujo ha sumido 
durante treinta años y diariamente absorve tantas grandes Hombradías y 
tan esplendorosas reputaciones, el recuerdo de Napoleón va surcando so 
lo y arrostrando la borrasca y las oleadas que al parecer lo encumbran, 
para que reciba en mas remontado sitio el testimonio duradero del afecto 
popular. 

Y esta inmensa y constante popularidad no la debe á los prodijios de 
su espada, cuyo poderío pudiera deslumhrar á la jeneracion contemporá 
nea. El culto á su nombre, mas relijiosamente tributado bajo un techo de 
paja que ea los palacios, demuestra que, lejos de haberse propasado de los 
principios y de los intereses democráticos , tuvo algún derecho en llamar 
se el primer demócrata de Europa; porque no sin motivo le eonsidera el 
pueblo todavía como el revolucionario que mas poderosamente conmo- 



DE NAPOLEÓN m;t 

vio las potencias antiguas y 1a preponderancia sobrepuesta dH nacimiento 
y de las riqueza», por medio de In emancipación del mérito que llegó á fa- 
cí único realce para todos los empleos , y cuyo* escojidos llegaron basta el 
trono para hollar el orgullo y los prestijios de la antigua soberanía, de 
jando nsi rampo desahogado y anchurosa carrera al sistema de igualdad 
desda el ínfimo escalón hasta el sumo en la gradería política 

No vayan pues á defender el tema personal de los republicanos del 
año VIII los hombres preocupados con la suerte de su pnis y con el por- 
venir de la humanidad , ni á pedir cuenta á Ronaparte de la ronstiturion 
del ano III , si es indisputable que su usurpación , yn (pie así quiere Ha 
ni arsela. no fué mas que una de las faces bajo que debia consolidarse en 
Frauda y cundir por Europa el afán revolucionario. También Mirabean 
fué un usurpador , cuando queriendo encumbrar á soberana la junta en 
que estaba reinando con su elocuencia, incitó al estado llano á menospre 
ciar sus acuerdos, á destruir la antigua distinción de los estamentos, y á 
derribar las leyes vijentes para proclamarse único depositario de la potes- 
tad constitutiva. Sin embargo, solamente los estremados del antiguo réji 
men se han atrevido á decir que el juramento del Trinquete fué un acto im- 
pío y culpable, porque atacó las instituciones fundamentales de la monar 
quia , y se tributó con manifiesta violación del espreso mandato de los 
diputados. En efecto, solo á partidarios y letrados, movidos por enconos 
ó por escrúpulos, toca andar escudriñando sutilezas al numen sobre la le- 
galidad de su desempeño, coando acaba de ejecutar heroicidades. 

Si Bonaparte no apagó el volcan democrático como alternativamente 
se le ha tildado y encarecido ; si tan solo ocultó su cráter espantoso, pri- 
mero con la silla consular, y luego con el solio imperial, debe descargarle 
la jente republicana de haber sacrificado los visos de la democracia á sos 
intereses esenciales , su salud y su propagación. Sin él, no por eso hubie- 
ra dejado de perecer la república; pero algunos años mas de existencia bajo 
leyes desvalidas y autoridades menospreciadas, no hubieran hecho mas que 
agravar el cáncer que la estaba corroyendo, y los cargos que le asestaban. 
Tales hubieran sido los progresos del quebranto y del enfado, que hubic. 
ra podido efectuarse una reacción violenta contra la revolución , aun sin 
permitir que ninguno de sus partidarios encaminase sus pasos por el rum- 
bo de los nuevos intereses, y que hubiéramos tenido en los primeros años 
del siglo XIX la restauración que vino quince años después. No cabe du- 
da en que la restauración no hubiera logrado tampoco sentarse definitiva 
mente, pero hubiera tenido mas probabilidades de duración, llegando á 
favor de las discordias civiles tras una conmoción interior, y con la apa 
ríencia de un acto espontáneo de la nación que la hubiera preservado del 
achaque orijinal que la manchó en su alianza con los estranjero3 ; acha 
que radical que la estrelló desde sus primeros pasos. Hallara además toda- 






108 HISTORIA 

vía á la sazón la mayor parte de las jeiieraciones educadas bajo el réjimen 
antiguo, y que las tormentas revolucionarias habian hermanado algún 
tanto con los tiempos pasados. Por otra parte, los hijos de la revolución, 
que se hallaron ya hombres en 4815 y cuya entrada en los negocios pú- 
blicos causó la desesperación de los Borbones , hubieran visto atajada en 
su principio aquella educación liberal, lográndose tanto mas fácilmente 
horrorizarlos con la república, cuanto hubiera enconado su odiosidad con 
la prolongación de su agonía. Luego, aunque involutariamente, en el in- 
terés mismo de las ideas republicanas, Bonaparte derribó el sistema repu- 
blicano, pudiendo decirse que sustancialmente ningún golpe mortal dio 
á la república , como tampoco á la revolución , sino que estorbó el que 
suscitase por mas tiempo contra ella las aprensiones y rencores, dificultan- 
do mas y mas su renovación. 

No cabia en los republicanos enterarse por entonces debidamente de 
los resultados de la arbitrariedad que presenciaban. Destempló al pronto 
su encono al nuevo gobierno, en términos de amagar con su esterminio á 
varios de sus caudillos; empero los ciudadanos beneméritos, designados 
para el ostracismo, quedaron libres y solo sujetos á la vijilancia de la nueva 
policía. 

Para formar un concepto cabal del desorden que reinaba en Fiancia 
bajo el Directorio cuando Bonaparte le arrebató el poder, baste decir que 
habiendo querido el cónsul despachar un correo á Ghampionnet que man 
daba en Italia, no se halló en el erario con qué costearlo, y cuando quiso 
conocer el estado de los ejércitos, hubo de enviar comisarios para hacerse 
cargo de ellos por falta de documentos en las oficinas de la guerra, a Pero 
á lo menos debéis tener , decia Bonaparte á los empleados del ministerio, 
un estado de los sueldos, lo cual nos conducirá á nuestro objeto. — Como 
no los pagamos, » le respondieron 

Desde la primera sesión de la comisión consular, Sieyes, queso lison- 
jeaba merecer por su edad y antecedentes políticos cierta deferencia por 
parte de su compañero aun mozo, á quien tenia mas envidia que nunca , 
preguntó : «¿cuál de nosotros presidirá? • lo cual era en cierto modo obli 
gar á los demás á darle este distintivo ; pero el raudal de los sucesos arro- 
lló á la política, y Roger-Ducos respondió prontamente: « ¿no veis que 
está presidiendo el jeneral ? » 

Sieyes, empapado en metafísica, no pensaba que un joven salido del 
ejército, y cuyos estudios y afanes militares parecían haber vinculado toda 
su existencia , pudiera abarcar ó imajinar nuevas combinaciones guber- 
nativas, al par de un antiguo lejislador , de quien con razón se decia que 
siempre tenia, como Tomás Payne, una constitución en el bolsillo. Pre- 
sentó pues osadamente el fruto de sus cavilaciones, y cuando llegó á pro- 
poner un grande elector que debia residir en Versalles con una renta de 



DE NA POLISÓN i.,-, 

mis millones, y sin otra función que la de nombrar dos cónsules con apro 




Imcion del senado, que podía anular la elección y borrar al propio elector, 
Honaparte prorumpió en risa y en sablazos, como él mismo lo dice, á las 
l>equeñcces metafísicas de su compañero. Sieyes , tan apocado como vani 
doso, cuando encontraba una resistencia tenaz, se defendía torpemente, 
queriendo sincerar su concepto por medio de una analojia con la majes- 
tad. « Pero no veis, le dijo el jeneral, que tomáis un abuso por un princi- 
pio y la sombra por el cuerpo. ¿ Y cómo os habéis podido imajiuar, señor 
Sieyes, que un hombre de algún talento y honor quisiera avenirse ai pa- 
pel de un cerdo cebado con algunos millones ? * 

Desde aquel momento no hubo mas discusiones entre el metafísico y 
el guerrero, comprendiendo ambos que no podían marchar por largo tiem 
po de pareja. Promulgóse la constitución del año VIH, que establecía un 
simulacro de representación nacional, repartida entre varios cuerpos, ta- 
les como el senado, el tribunado y la junta lejislativa, mientras que la 
verdadera representación residió de hecho en el consulado, ó por mejor 
decir, en el primer cónsul. 

Encumbrado Honaparte á tanta elevación , separó á Sieyes , quien se 
dejó deponer mediante una dotación nacional. También alejó de su lado 
a Roger-Ducos, quien halló un retiro natural en el senado, y entonces to- 
mó por nuevos compañeros á Cambaceres y Lebrun. 

Cuanto providenciaba al golpe el consulado se cifraba m mejoras. Ke 
vocarouse las le> es sobre los rehenes y el empréstito forzado, la toleran 
cía reemplazó á la persecución, y la fdosofia sentada en el solio permitió á 
los líeles que levantasen altares y amparasen á los sacerdotes. Regresaron 

23 



470 HISTORIA 

los emigrados y proscritos de todas las opiniones y de todas las épocas, y 
Carnot pasó del destierro al Instituto y al ministerio. 




Bonaparte conservó en los primeros tiempos de su majistratura supre- 
ma, y aun durante su residencia en el Luxemburgo, toda la sencillez de 
recreos , costumbres y modales que le eran naturalísimos , y que no habia 
perdido con el hábito de los campamentos. Era sumamente parco, y sin 
embargo ya barruntaba que pararía en comedor y que su flaqueza se tro- 
caria en gordura. Acaso no influyeron poco para este trueque los baños 
templados de que hacia mucho uso. Por lo que toca al sueño, dormía sie- 
te horas en las veinte y cuatro, y encargaba siempre que no le despertasen, 
á menos que no sobreviniesen novedades infaustas : « Porque si es una 
noticia favorable , solia decir , nada requiere, al paso que con una aciaga 
no hay que perder un momento. » 

A pesar de la vida algo vulgar que tenia en su palacio, recibía diaria- 
mente á todos los sujetos visibles de aquella temporada , y Josefina hacia 
los honores de su tertulia con el gracejo y amenidad de una gran señora 



.. 



DE NAPOLEÓN. 471 

de la sociedad antigua. Allí se introdujeron, á jnsar de la proscripción do 
que estaban amenazados, los términos de finura y cortesanía que el rigo 
rumo republicano habia desterrado de la conversación, y la palabra señor 
volvió á usarse con preferencia á la voz ciudadano. 

Kl primer cónsul, por lo regular vinculado en sus cavilaciones , por 
maravilla terciaba en los coloquios injeniosos y en los pasatiempos hala 
güeños de la esplendorosa tertulia que empezaba á plantearse en su casa. 
Sin embargo, solia estar á veces placentero , manifestando entonces, con 
la travesura, lluidcz y chiste de su espresion, que era amable cuando que- 
ría; pero esto no sucedía á menudo, y las damas tuvieron particularmente 
motivo para quejarse de tanto desvío. 

Adusto al parecer y arrebatado, encubría Bonaparte bajo aquel rapto 
desabrido un pecho de suyo afectuoso y graciable. Cuanto estaba ceñudo, 
angustioso, violento, despegado é inexorable en sus preocupaciones poli 
ticas obrando como hombre público , otro tanto se aparecía suave, fami 
liar y cariñoso en las intimidades de la vida privada. 

En comprobación de cuanto decimos acerca de las prendas del corazón 
y de los afectos de Napoleón, creemos oportuno citar el párrafo de una car 
ta que escribía el año III á su hermano José: * Cualquiera que sea la si 
tuacion en que te coloque la suerte, ya sabes, hermano mío, que no pne 
des tener mejor amigo á quien seas mas querido y que desee mas entra- 
ñablemente tu felicidad. ... La vida es un leve sueño que allá se desvanece . 
Si te marchas y crees que sea por algún tiempo, envíame tu retrato. Hemos 
vivido tantos años juntos y tan estrechamente unidos que nuestros cora 
zones se han hermanado también , y ya sabes mejor que nadie que el mió 
es todo tuyo; al rasguear estos renglones , siento unas corazonadas que 
l>ocas veces he percibido en mi vida ; conozco que tardaremos en volver- 
nos á ver y no puedo proseguir mi carta » 

Madama Leticia solia decir, hablando de su hijo Napoleón cuando es- 
taba en la cumbre del poderío: « El emperador es bueno por mas que 
haga. > Igual justicia le hace Mr. de Bourrienne, al paso que pretende que 
Napoleón aparentaba no creer en la amistad , y aun que manifestaba 
no tener cariño á nadie. Esta contradicción se halla esplicada por la dife- 
rencia de las situaciones: el hombre de estado no tiene afectos privados, y 
como tal y en la esfera de los intereses jenerales que traia á su cargo, de- 
cía Napoleón que no amaba á nadie. Pero dejando la política aparte, la 
naturaleza recobraba ampliamente sus derechos, y aun se le ha visto miti 
gar en los campos de batalla el alborozo y la embriaguez del triunfo con 
impulsos enfrenados á veces por precisión en la carrera de las armas. Du- 
rante las campañas de Italia, después de una refriega sangrienta, pasaba 
con su estado mayor por medio de los muertos y heridos, y sus oficiales, 
enajenados con la victoria, manifestaban su entusiasmo sin detenerse en 



\Tl U1ST0H1A 

los cuadros mas ó menos lastimosos que se ofreeian continuamente á su 
vista. De repente el jeneral victorioso advierte un perro que ahullaba jun- 
to al cadáver de un soldado austríaco: «Mirad, señores, les dijo, esc 
perro nos asta dando una lección de humanidad. ■ 




l'ero cualquiera lugar que ocupasen en el corazón de Napoleón los 
alectos fundamentales de toda virtud privada y de la felicidad domestica, y 
cualquier valor que diese á esta dicha, debia sacrificarla á la gloria y pros 
peridad del pueblo, constituyéndose su único representante, porque, lo 
repetimos, aunque la nueva constitución hubiese confiado la potestad 
ejecutiva á tres cónsules, sabido era de todos que uno solo gobernaba; así 
cuando Cambacercs y Lebrun fueron instalados, mas parecían, al decir de 
Mr. de Bourrienne, dos testigos que compañeros de Bonaparte.Hallábase 
pues restablecida de hecho la monarquía con el título de república. El pf i- 
mer cóusul hacia y debia hacerlo todo, según lo que cabia prometerse del 
oríjen de su potestad, de su predominio jenial y prepotencia de su si 
tuacion. Talleyrand lo habia presentido así como palaciego artero, y ha 
hia anticipadamente hablado bajo este concepto á Bonaparte, desde el pri 
nier dia que despachó con él como ministro de negocios estranjeros. 

« Ciudadano cónsul , le dijo , me habéis confiado el ministerio de es 
lado y corresponderé á vuestra confianza, pero creo deberos manifestar 
desde ahora que solo acudiré al despacho bajo vuestro mando. No es 
un mero engreimiento el que me impele , os hablo por el interés de la 
Francia: para que esté bien gobernada, es forzoso que haya unidad de 
empuje , que seáis el primer cónsul y que este tenga en su mano todo lo 
que corresponde directamente á la política, esto es, los ministerios de la 
gobernación y de la policía para los negocios interiores , mi ministerio 



DE NAP0L10N. Ifl 

para los estenios, y luego los dos grandes medios de ejecución, guerra y 
marina. Siria pues sumamente del caso que los ministros de estos cinco 
ramos despachasen á vuestras órdenes; no hay duda que la administra 
cion de la justicia y el buen orden en la hacienda están unidos con la 
|K)litica por un sinnúmero de vínculos, aunque menos estrechos. Si me lo 
permitís, añadiré, jcneral.que convendría dar al segundo cónsul, intelijen 
te jurisconsulto, pleno poder para la justicia, y al tercer cónsul, también 
muy versado en el conocimiento de las leyes de hacienda , pleno poder 
eo este ramo. Kso los ocupará, los entretendrá, y entonces teniendo á vues 
tía disposición todas las partes vitales del gobierno, alcanzareis el objeto 
grandioso que lleváis por delante, la rejeneracion de la Francia. » «Sabéis 
que Talleyrand es un buen consejero, dijo Bonaparte á su secretario des^ 

pues de haberse marchado el ministro. Es un hombre sensato harto 

perspicaz , y me ha penetrado el interior. Ya sabéis que lo que me acón 
seja es lo idéntico que estoy deseando. Sí , no hay duda, tiene razón : se 
camina con mas desahogo marchando solo. Lebrun es un hombre de bien, 
pero no hay política en aquella cabeza; parece como si estuviese traba 
jando algún escrito; Cambaceres está harto imbuido en la revolución. Ks 
forzoso que mi gobierno sea enteramente nuevo. » 

Preciso era que esta planta esencial de novedad llegase á cundir por 
todas las clases , porque los amigos de la revolución vitoreaban en globo 
el gobierno consular, aunque encumbrado sobre las ruinas de la constitu 
(ion republicana del año 111, al paso que las poblaciones ciegamente adic 
tas al antiguo réjimen rehusaban su adhesión á la nueva potestad , no 
obstante todos los actos de conciliación y de prudencia que habían seña 
lado su instalación. 

Temeroso el primer cónsul de que tanta terquedad reencendiese !a 
guerra civil por el oeste , espidió á los habitantes de todo aquel ámbito 
una proclama precaviéndolos contra las ajencias inglesas. Sus encargos, 
sostenidos por un ejército de sesenta mil hombres, lograron felices resul 
lados y evitaron una esplosion jeneral. Sin embargo los caudillos realis 
tas, sostenidos en su perseverancia por convencimientos personales y por 
las exhortaciones de la diplomacia europea, se mantuvieron sobre las ar 
mas. siempre dispuestos para reentablar la contienda. Bonaparte, á quien 
no cabia usar con ellos el lenguaje de la imparcialidad histórica, > que ni 
siquiera hubiera podido desempeñar su papel revolucionario , si hubiese 
sido capaz de contemplar con la insensibilidad de un estoico las nue\as 
amenazas de la chuaneria y de la emigración ; Bonaparte caracterizó con 
su enerjia acostumbrada á los tercos provocadores de la insurrección rea 
lista, y los citó en una proclama como acreedores al menosprecio de la na 
cion \ á la venganza del ejército. 

Se enteraron los realistas de que ya no teuia cabida la guerra civil, no 



174 HISTORIA 

pudiendo ya sostenerse en campaña ni dar batallas contra el nuevo re- 
presentante de la revolución, y tuvieron que resignarse á terminar la his- 
toria de la Vendea; felices en poder separar de los anales de su fidelidad 
y heroísmo los robos y asesinatos que debian en adelante formar los úni 
eos y mustios trofeos de las gavillas que infestaron el oeste y el medio 
dia después de haberse disuelto los ejércitos reales (I). 




Enfrenar ó castigar á los enemigos de la república y recompensar á sus 
servidores i tales eran las tareas que Bonaparte seguia con igual tesón y 
rectitud. Conociendo cuanto apetece el mérito su debido galardón, y 
cuanto aventaja en verse justipreciado, distribuyó cien sables de honor á 
los soldados que se habian señalado en esclarecidos encuentros ; y el pue- 
blo, que veia dar al denuedo los distintivos honrosos , antes reservados 
para el nacimiento, ensalzó esta distribución, que, lejos de faltar á la 
igualdad por la que tenia hecha la revolución , la establecía al contrario 



(i) En esta época creyeron algunos hombres eminentes del partido realista 
que Bonaparte, siguiendo el ejemplo de Monck, ajenciaria la restauración de la 
monarquía. Admitidos reservadamente á conferenciar con él, les dijo: Olvido lo 
pasado y despejo el porvenir. El que marchare recto delante de sí será proteji- 
do sin distinción, y al quese desviare á derecha ó izquierda le alcanzará el rayo- 
Dejad que todos los Vendeanos, ansiosos de avenirse al gobierno nacional, se pon- 
gan bajo mi protección y sigan la carrera que tienen patente » 



OK WPOI.KON 475 

sobro el cimiento de la justicia y In remuneración proporcionada á los 
servicios y a las virtudes. 

t na carta de gracias que recibió entonces de un sárjenlo de granade- 
ros llamado Aune, le proporcionó la ocasión de dar la respuesta sigm. ni. 
i Kiribi vuestra carta, mi valiente compañero, y no necesitabais hablar 
me de vuestras acciones, pues de todas esto> enterado. Sois el mas va 
líente granadero del ejercito desde que murió el esforzado ltenezcltc. lia 
beis recibido uno de los cien sables que he distribuido al ejército, todos 
los soldados concordaban en que lo merecíais mas que otro alguno. 

« Deseo mucho volveros á ver, y el ministro de la guerra os da orden 
para que paséis á París. » 

Cualesquiera que fueran las miras reservadas que encubriera Bona 
parte bajo sus demostraciones de llaneza y desahogo, preferible es verle 
halagar y recompensar el valor, aun por sistema de ambición, á seguirle en 
las fiestas dadas en honor de los sujetos conceptuados de haberle preser- 
vado en San C.loud de los peligros á que no estuvo espuesto. Por lo de 
mas, si es cierto que Bonaparte ansiaba bienquistarse á impulsos de la am 
bieion que abrigaba en su pecho, si es también innegable que el afán de 
su engrandecimiento personal , poderío y nombradla tenia gran cabida en 




476 HISTORIA 

todas sus empresas políticas y militares, es también muy obvio que su 
grandeza y poderío no podian ser sino los de la Francia, cuyos destinos le 
estaban cometidos, y que para él trabajar en su propia gloria, para el lo 
gro de su ambición y de su inmortalidad , era afanarse por el encumbra- 
miento, prosperidad y porvenir del pueblo al que habia apellidado gran- 
de, y cuya asombrosa personificación ofrecia en su persona y en su numen. 
El poderío ilimitado que estaba gozando solo debia servirle de palanca 
para que el sistema de igualdad y el mimen de la civilización moderna 
hicieran los nuevos progresos que el afán de libertad, momentáneamente 
entorpecido en su planta esterior, no podia ya favorecer ni por sí mismo 
ejecutar. Los sabios y artistas recibieron en efecto estímulos de todas cla- 
ses; la industria nacional, atascada con las discordias civiles, tomó un 
vuelo que nunca habia conocido. Se planteó el banco de Francia, el mar- 
co de pesos y medidas ideado por el Instituto mereció la sanción legislati- 
va; en una palabra, Bonaparte realizó como caudillo del gobierno francés 
cuanto habia concebido , anhelado y dado ya á conocer cuando era jene- 
ral republicano, y se mostraba celoso de enriquecer el Museo nacional, in 
terrogando á los profesores, poniendo sabios al frente de su estado mayor, 
y recomendándose al aprecio y respeto de los pueblos , mas por su dicta- 
do de individuo del Instituto que por el de comandante supremo de los 
ejércitos. 

El cónsul se conceptuaba tanto mas dichoso en poder presidir á las 
conquistas intelectuales y fomentar los progresos de la ciencia , cuanto él 
mismo habia pensado en la gloria científica durante su mocedad, y aun 
intentado aventajarse á Newton. « Siendo joven , dice, deseé ser un in- 
ventor, y allá un Newton. » El señor Godofredo Saint Hilaire refiere que 
le oyó decir: «La carrera de las armas no fué de mi elección; me hallé em 
juñado en ella por las circunstancias. » En las últimas horas de su residen 
cia en el Cairo, se dirijió áMonge, que repetia afectadaments el dicho de 
Lagrange : « Nadie alcanzará á la gloria de Newton , pues no habia mas 
que un mundo por descubrir.— ¿Qué oigo? esclamó, y ¡el mundo de 
los roRMBNORES ! ¿quién ha pensado en él ? Yo á los quince años ya lo te- 
ma creido ¿Quién ha clavado la atención en el carácter de intensidad 

y de imán á corta distancia de los mínimos átomos, de los que somos en 
cierto modo los forzosos observadores ? » 

En medio de sus afanes belicosos y de los triunfos diarios que esclare 
caeros las campañas de Italia, conservó siempre sus aficiones, y no cesó 
de hacer marchar de frente el engrandecimiento político de la Francia y 
la esploracion científica por la civilización universal. 

En Pavía hizo preguntas al fisiolojista Scarpa. En 1801, conferencio 
con el físico Volta, á quien condecoró sobre manera. En 1802, fundó un 
premio de sesenta mil francos para el que hiciese dar á la electricidad y 



DE NAPOLEÓN 177 

al galvanismo, con sus descubrimientos y «ponencias, un poso compara 
ble al que propon ¡(Miaron á estas ciencia* Frankhn y Volta. Pidió también 
al Instituto un resumen dolos progresos que lasarles, la literatura y las 
ciencias habiau hecho con la revolución. Chcnier quedó encargado de la 
parle literaria. 

No se dedicaba oclusivamente el primer cónsul á pacificar y organi 
/ni el interior de la república; también pensaba en la paz csterior. i <>n Ib 
cual hubiera querido poner el complemento á los beneficios con que sena 
l.ua su advenimiento á la potestad. Entabló al intento negociaciones con 
el gabinete inglés por medio de Talleyrand.y aun escribió personalmente, 
el '¿(i do diciembre de IV'.K). la earta siguiente al rey de Inglaterra, desde 
los primeros dias de su instalación en el consulado ron f-ayí hacer es y I> 
brun. 

Hi»\\i'\r.-iT., pansa cóvsn. i>f. u rehouca, a s. M. u aar 

l»K I.A GftJUi IniKI \>A V PC IllLARDA. 

« l.l.mi,i(l(i por el voto de la nación francesa á ocupar el primer puesto 
di 1 la república, creo muy oportuno, al encargarme de este destino, parti- 
ciparlo direelamente á V. M. 

«¿Ha do ser eterna la guerra que lleva ocho anos de estar talando las 
cuatro partes del muudo? ¿no cabe medio de entenderse? ¿Cómo es que 
las dos naciones mas ilustradas de Europa, poderosas aun mas de lo que 
requieren su seguridad é independencia, cómo es, repito, que sacrifican 
a ideas do vanas grandezas la suerte del eomercio, la prosperidad interior 
y la dicha de las familias? ¿Cómo no se hacen cargo de que la paz es la 
primera de las necesidades, como la primera de todas las glorias? 

« Estos impulsos no pueden ser ajenos del corazón de V. M. que go- 
bierna una nación libre con el único objeto de hacerla feliz. 

- V. M. no echará de ver en esta participación mas que mi anhelo sin 
cero de contribuir eficazmente por la segunda vez á la pacificación jeneral 
con un pronto arreglo, prescindiendo de aquellas fórmulas que, sisón ne- 
cesarias para disfrazar la dependencia de los estados débiles, solo raani 
fiestan en las naciones grandiosas un mutuo deseo de engañarse. 

«Francia é Inglaterra, abusando de su poderío, pueden aun dilatar |>or 
mucho tiempo su cstenuacion para desgracia de todos los pueblos; pero 
me atrevo a decir que la suerte de todas las naciones civilizadas eafiá m 
ti resada en que se termine una guerra que abarca al orbe «otero. 

« IkmPARTK. ► 

No era esta una mera ostentación de comedimiento \ humanidad Si 
llonapartc hubiese apetecido la continuación de la guerra, si la Míese 
querido como le han echado en cara, nada le precisaba á dar este paso 

25 



. 



m HISTORIA 

directo y solícito con el rey de Inglaterra. No hay duda en que eoncep 
tuaba provechosa la paz á su gobierno , pero sobre todo tenia empeño en 
consolidarlo y hacerlo amar por interés de la Francia y de la civilización 
europea. Además, ¡con qué desahogo y miramiento espresa sn menosprecio 
de las fórmulas de la diplomacia ! Sale aquí á luz y á las claras en este 
lenguaje el hijo de la democracia, el depositario de los intereses déla re 
volucion. Así el anciano monarca se desentendió de la innovación que eí 
majistrado republicano habia tratado de introducir en las relaciones di 
plomáticas , y mandó á lord Grenville que respondiese que no podia con 
venirle la correspondencia directa entablada por el primer cónsul, y aun 
encargó al ministro que redactase una nota llena de reconvenciones contra 
la Francia. Comprendió Bonaparte que, para obligar á la paz¡á enemigo tan 
tenaz de nuestra rejeneracion política, habia que acudirá llamamientos su 
periores ásu ilustración y jenerosidad. Pero no hubiera querido tener con 
trasí dos contrarios tan poderosos como Londres y Viena, y si entabló 
comunicaciones con ambos, fué con objeto de separarlos ánno ú otrojde la 
liga contra la Francia. Malográronse sus conatos. \a antipatía que las coi- 
tes estranjeras abrigaban siempre contra el pueblo francés, desde el orí- 
jen de la revolución , no podia cejar sino ante la victoria y la necesidad. 










ftV. 







CAPIT1 lo XI. 



Tnútriam de la roiidMTfe coiuular n la* luilcn.-iv Mueva <.nn| 
Ilahi. Batalla efe Marcngo. Vuelta a Pan-,. Fusta nacional 




\ importancia de las csterioridad. 9 era 
harto conocida del primer consol, para 

no dedil irte i dar a las suyas cuanto po 

dia engrandeeer lii i la riela del pn«* 
blo. Kl palacio del I ai xemburgo liabia -i 
do la morada de una autoridad endeble, 
\ hija de nuestras juntas revolucionarias, 
ml y derribada en medio de las aclamacio 
nes déla Francia, al impulso de la repugnancia pública «pie había enjen 
drado y que hacia diariamente mas amarga y aciaga la prolongación de 
la anarquía : bastaba esto para «pie llonapai le no se hallase gustoso en se 



180 HISTORIA 

mejante residencia. Ya no convenía á un gobierno que abarcaba toda la 
unidad y fuerza y que aspiraba á añadir la duración á su poderío y su 
gloria, no le convenia, repito, lo que habia podido bastar á hospedar 
aun lujosamente á un gobierno esencialmente provisional, cuya breve exis- 
tencia no formaba en los recuerdos populares mas que un período de re- 
vueltas, afrentas y desastres. Necesitaba en adelante el cónsul el palacio 
de los reyes, por cuanto se hallaba realmente ejerciendo la potestad ré- 
jia, y tan solo en las Tuilerías, dedicadas por las tradiciones nacionales, 
para residencia natural de los caudillos del estado y como una especie de 
santuario gubernativo, solo en las Tuilerías podia residir Bonaparte. Los 
republicanos suspicaces insinuaban que era de temer que allí le importu- 
nase ó influyese sobre él la sombra de la antigua monarquía, cuyo edificio 
se maliciaba intentaba restablecer; pero entre el 10 de agosto y el 18 de 
brumario , entre Luis XVI y Napoleón había habido otros dias y otras po- 
testades fundadamente gratas á los demócratas; habían existido la con- 
vención y la junta de salvación pública, que también habían celebrado sus 
sesiones en la real mansión, y seguramente su residencia en aquel palacio 
había debido bastar á su inauguración revolucionaria, y destenar para 
siempre la sombra amenazadora y todas las malignas influencias del an- 
tiguo réjimen. 

Una vez tomada la determinación, se fijó el 19 de enero de 1800 para 
la instalación del cónsul en su nueva residencia. Llegado este día, dijo á 

su secretario : « Al fin vamos á dormir en las Tuilerías Me fastidia te 

ncr que ir con gran séquito, pero es forzoso hablar á los ojos; esto produ- 
ce buenos resultados con el pueblo. El Directorio era demasiado sencillo, 
y por lo tanto no merecía la menor consideración. En el ejército es del 
caso la sencillez; en una gran ciudad, en un palacio, es menester que el 
caudillo de un gobierno procure embargar la atención por todos los me 

dios posibles » 

A la una en punto salió Bonaparte del Luxemburgo, acompañado de 
tt| séquito mas imponente que ostentoso, y cuyo principal boato se cifraba 
en el buen porte de las tropas. Cada cuerpo marchaba precedido de su 
música; losjenerales y su estado mayor iban á caballo, y el pueblo scagol 
paba á su tránsito para ver y aclamar de cerca á los héroes de tantas ba- 
tallas, la flor de los guerreros , cuyos nombres se le habian hecho tan fa- 




l)K NAPOLEÓN 181 

miliares con las esplendorosas campañas de la revolución Pero w <l.-il i 
ba BOtt todo tras el que sobro los domas so encumbraba en aquel <li;i por 
su |K)tcstaíl sola, poique siempre había descollado Iota tilos mu su mi 
meo y sus son icios ; el varón que compendiaba en si la uloria militar dr la 
('•pora con cuyos Ionios hermanaba la Francia cngí enlámenle su propio 

destino, Todas las minadas ndafabaa m el pitan cónsul, cuyo itdM 

iba tirado por seis caballos blancos que el emjwrador de Alemania le había 
dado después del tratado de Campo- Formio. Cambaeeres \ lebrón, ««uta- 
dos en la delantera del coche, parecían ser los jentiles hombres de su com- 
pañero. U comitiva atravesó una gran parte de París, y la presencia de 
Bonapartc enardeció por donde quiera con arrebatado entusiasmo . « no 
siendo preciso, dice un testigo verídico , que l.i policía lo dispusiese. » 

Luego que el cónsul llego al palio del palacio, paso re\ ista a las tropas, 
acompañado de Unncs y Mural. Cuando deslilaron la 30/, '•"» j N 
serai-brigadas, se quitó el sombrero, iuclínándo^c en señal de respeto aute 




sus banderas hechas jiras por el luego enemigo y ennegrecidas por la |nd 
vora. Terminada la revista, se instaló sin ostentación en la antigua mora 
da réjia. 

Sin embargo para desvanecer la aprensión de toda restauración mo- 
nárquica demasiado pronta, quiso que el albergue real solo fuese mi\o 
bajo el titulo de palacio del gobierno, y á fin de contemporizar con d vi- 
drioso republicanismo, mandó colocar en su nueva residencia los cu -nlros 
y estatuas de los virones eminentes de la antigüedad ven. >r able. cuyo re 
eueido era grato á los amantes de la libertad. 



182 HISTORIA 

David tuvo el encargo de colocar su Junio Bruto en una de las galerías 
de la nueva habitación consular , como también un hermoso busto del 
segundo Bruto, traido de Italia. 

Desde su instalación en las Xiiilerias se cuentan ya las providencias res- 
tauradoras y los grandiosos establecimientos, délos que algunos ya se han 
apuntado, tales como el decreto cerrando la lista de los emigrados, la or- 
ganización del banco de Francia y la de las prefecturas. Un suceso que 
acababa de enlutar los pechos de los republicanos de América proporcionó 
luego al primer cónsul una nueva ocasión de manifestar que á pesar de su 
rápido encumbramiento, se consideraba siempre como el primer majistra- 
do de una república, y como tal, unido al destino de los pueblos libres por 
una simpatía inalterable. 

« ¡ Washington ha muerto ! » decia una orden del dia dirijida á todas 
las tropas de la república; «aquel varón eminente peleó contra la tiranía 
y consolidó la libertad de su patria ; su memoria será siempre grata al 
pueblo francés, como á todos los hombres libres de ambos mundos, y par 
ticularmente á los soldados franceses , que , siguiendo su ejemplo y el de 
los Americanos , lidian por la libertad y la igualdad. 

« En su consecuencia el primer cónsul manda que durante diez dias 
todas las banderas y estandartes de la república lleven una gasa negra. » 

El mismo dia los cónsules proclamaron el resultado de los votos reco 
jidos acerca de la nueva acta constitucional. 

De los tres millones doce mil quinientos sesenta y nueve votantes, mil 
quinientos sesenta y dos habian desechado, y tres millones once mil sete 
cientos habian aceptado la constitución. 

Entretanto llegaron al gobierno noticias del ejército de Ejipto. Venían 
con el sobre al Directorio, y Kleber zahería á Ikmaparte culpándole de ha- 
ber dejado al ejército en el mayor desamparo. El primer cónsul, que abrió 
estos pliegos, se tuvo por dichoso que hubiesen caído en sus manos, pero 
incapaz de sacrificar á rencillas personales lo que podían requerir de 
él los intereses de la Francia, contestó grandiosamente á Kleber como hom 
bre que sabia dominarse y probar cuan digno era de mandar á los demás. 
Su respuesta fué una proclama dirijida al ejército de Oriente, y estendida 
para encubrir el contenido de los pliegos é informes recien llegados de 
Ejipto ; esta es la proclama : 

« Soldados : 
« Los cónsules de la república se afanan á porfía por la suerte del 
ejército de Oriente. 

« La Francia conoce todo el influjo de nuestras conquistas sobre la 
restauración de su comercio y la civilización del mundo. La Europa ente 
ra os contempla y mi imajinacion me traslada á vuestro lado. 



HK NAPOLEÓN «*' 

« Kn cualquiera situación ni qn«» lo» azares de la guerra os pongan , 
mostraos siempre los soldados de lli\oh\ de \l>iikn. \ seréis iim-ncibles 

• Tened en kleber la rmlianza ilimitada que en mi teníais, pnct la 
merece. * 

• Soldados, pensad en aquel día en que \ol\eivis \ ictoriosos al suelo 
palno: aquel día sera de gloria para la nación colera. » 

Sin embargo la corte de Viena. recobrada del abatimiento en que la ha 
Iii.iii dejado sus repelidos descalabros en las memorables campañas de 
Italia, había cedido otra nc/ a su odio in\eterado contra la república fran 
cesa, asociándose á la política hostil del gabinete inglés, y i relia/. indo lo 
das las proposiciones pacificas de Kounpartc. Kn esla situacion.'el primer 
cónsul mando al pronlo que se lormase en Dijon un ejército do reserv | <\> 




Í84 HISTORIA 

sesenta mil hombres, cuyo mando cometió á Berthier á quien reemplazó 
Carnoí en el ministerio de la guerra; pero no tardó en ir á ponerse el mis 
moal frente de aquella hueste, titulándola nuevo ejército de Italia. 

Salido de París el Gde mayo, llegó el 15 al monte San Bernardo que 
atravesó en tres dias. El 48, Bonaparte escribió desde su cuartel jeneral 
de Martigni al ministro del interior, anunciándole que se habia efectua- 
do aquel tránsito tan arduo y que todo el ejército se hallaría el 24 en el 
territorio italiano. 

« Ciudadano ministro, le dijo , estoy al pié de los Alpes en medio del 
Valles. 

« El Gran San Bernardo ha presentado muchos obstáculos que han 
quedado vencidos con aquel heroico denuedo, distintivo jenial de las tro- 
pas francesas en todas circunstancias. Una tercera parte de la artillería 
está ya en Italia; el ejército baja á marchas forzadas ; Berthier está en el 
Piamonte, y dentro de tres dias todos habrán pasado. » 

Con efecto todo se ejecutó con orden y celeridad como el primer cón- 
sul lo habia previsto. 

Después de haberse apoderado de la ciudad de Aosta, el ejército se 







DE \ \l'o|.Kn\ IH.i 

hallo detenido por el fuerte de Bard, considerado romo inexpugnable, a 
rausa <)«■ mi posición sobre un peñasco perpendicular, y atajando nn valle 
profundo que era preciso atravesar Para supernr tamaña dificultad, se 
abrió en la pefla , fuera de tiro de canon , una senda que hirvió de paso a 
la infantería y caballería; luego en una noche oscura se envolvieron con 
paja las ruedas de las cureñas y carros, logrando asi pasar el fuerte por 
medio de la villa de Bard , bajo los fuegos de una batería de veinte y dos 
piezas, cuyos tiros mal dirijidos ningún daño hicieron a los soldado? re 
publícanos. 

Trasladóse el cuartel jencral á Milán en los primeros dias de junio, y 
desde allí dirijió Bonaparte la proclama siguiente , después de haber de 
• retado el restablecimiento de la república Cisalpina. 

« Soldados : 

«Uno de nuestros departamentos se hallaba en poder del enemigo; 
todo el norte de la Francia estaba atemorizado y la mayor parte del terri 
torio liguriense , el mas fiel amigo de la república, estaba ya invadida. 

« Ia república Cisalpina, reducida «i la nada, era juguete del burlesco 
réjimen feudal. Soldados, apenas os ponéis en marcha, cuando queda li 
bre el territorio Irancés, sucediendo el alborozo y la esperanza á la zozo 
bra y la consternación. 

« Restituiréis al pueblo de Jénova su libertad c independencia ; estará 
para siempre libre de sus eternos enemigos. 

• Os halláis en la capital de la Cisalpina, y el enemigo aterrado solo as 



"s 










i\ 



*8G HISTORIA 

pira á alcanzar sus fronteras. Habéis cojido hospitales, depósitos y par- 
ques de reserva. 

« Ya está terminado el primer acto de la campaña , y como lo ois dia 
riamcntc, millones de hombres os manifiestan su reconocimiento. 

« Pero ¿quedará impune la violación del territorio francés ? ¿ dejaréis 
volver á sus hogares el ejército que tiene despavoridas vuestras familias ? 
¡ No , correréis á las armas. . . . ! 

« Hues bien, marchad en su persecución, oponeos á su retirada, arran 
cadle los laureles con que se ha engalanado , y así enseñaréis al mundo 
que la maldición cae sobre los insensatos que se atreven á insultar el ter 
ri torio de la gran nación. 

• El resultado de todos nuestros conatos será: gloria sin mancha y só- 
lida paz. » 

Tiempo habia que el ejército francés y su caudillo se habían granjeado 
aquella gloria sin mancha; pero mas arduo se les hacia alcanzar una sóli- 
da paz. Hallábanse sin embargo en vísperas de una de aquellas batallas 
decisivas que precisan á los mas pertinaces enemigos á enfrenar, al menos 
momentáneamente, sus ímpetus hostiles. El í) de junio, Bonaparte cruzó 




elPo, derrotó á los Imperiales en Montebello, mereciendo allí el jeneral 
Lannes un timbre esclarecido. El 14 alcanzó á los Imperiales en lasllanu 
ras de Marengo, y consiguió sobre ellos una de las mayores victorias que 
han inmortalizado las armas republicanas. Dejemos al vencedor la narra- 
ción de esta memorable jornada: 

« Después de la batalla de Montebello , el ejército se puso en marcha 
para pasar el Siera. La vanguardia, mandada por el jeneral Gardanne, en- 
contró el 24 al enemigo, que defendía los alrededores del Bórmida y los 
tres puentes que tenia cerca de Alejandría ; lo ha arrollado cojiéndole dos 
piezas y haciéndole cien prisioneros. 



Di: \ VPOI.tON |87 

Al miMiio tiempo llegaba la división del jonei .1 (.habrán siguiendo 




el l'o en Irontc do Valencia, para impedir que el enemigo cruzase aquel rio. 
He esta* nodo Melas se hallaba acorralado entre el Bormida y el l'o. Ha 
liábase interceptada la única retirada que le quedaba después de la refrié 
ga dt> Montebello; el enemigo al parecer carecía de plan, y hacia indeter 
imitadamente sus movimientos. 

i El 25, al rayar el dia, el enemigo pasó el Bórmida sobre tres puentes, 
resuello a abrirse paso; se presentó con Tuerzas mayores, sorprendió mies 
Ira vanguardia, y entabló con denuedo la célebre batalla de Marengo que 
decide Analmente de la suerte de Italia y del ejército austríaco. 

«Cuatro veces hemos retrocedido durante la batalla y otras tantas nos 
adelantamos. Mas de sesenta piezas se han cojido y recobrado por una y 
otra parle en diferentes puntos y en diversas horas. \¿i caballería ha car 
gado doce veces y con diferentes resultados. 

« Eran las tres de la tarde, y diez mil hombres de infantería se escua 
1 1 roñaban contra nuestra derecha en la hermosi llanura de .San Julián ; 
estaban sostenidos por una linea de caballería y mucha artillería Los gra 
naderos de la guardia se colocaron á fuer de un reducto de granito en 
medio de aquella inmensa llanura: dirijióse contra este batallón la caba- 
llería , infantería y artillería con el objeto de arrollarlo, pero fué en vano 
Entonces so vio lo que puedo un puñado de valientes. 

« Contenida la izquierda del enemigo con esta tonazisima resistencia . 
y apoyada nuestra derecha hasta la llegada del jeneral Monnier , nos apo- 
deramos á la bayoneta de la aldea de Castol Ceriolo. 

« Entonces la caballería enemiga hizo un rápido movimiento sobre 



I 

188 HISTORIA 

nuestra izquierda que empezaba ya á cejar, y aquel avance atropello su 

retirada. 




« El enemigo se adelantaba contra toda la línea, haciendo un luego de 
metralla con mas de cien piezas. 

■ Los caminos estaban cubiertos de fujitivos y heridos. La batalla apa- 
recía perdida. Dejamos adelantar al enemigo hasta tiro de fusil de la aldea 
de San Julián, en donde se hallaba formada en batalla la división üesaix, 
avanzando ocho piezas de artillería lijera y dos batallones sobre las alas. 
Todos los fujitivos se iban rehaciendo á la espalda. 

« El enemigo empezaba á cometer desaciertos que presajiaban su catás- 
trofe; pues fué estendiendo sus alas en demasía. 

« La presencia del primer cónsul rehacía el espíritu de las tropas. 

« Muchachos, les decia, acordaos de que yo suelo dormir en el campo 
de batalla. 



DI. NAPOLEÓN IH» 

\l eco del alarido «lo viva la república, vna el primer <<>:.«.,. I, l>i*;ii* 




acometo el rentro á paso de ataque, y en un ¡oslante el enemigo queda ar- 
rollado. Kl jeneral Kellermann.qne habia protejido todo el dia con su bri 
gada de cabaHería la retirada de nuestra izquierda, cargó con tanto acier- 
to y rapidez, que cayeron prisioneros seis mil granaderos, y el jeneral 
Zach , jefe de estado mayor jeneral , quedando en el campo varios jene 
rales enemigos. Todo el ejército siguió este movimiento, la derecha «leí 
enemigo se halló cortada, y la consternación y el espanto cundieron por 
sus filas. 

• Ia caballería austríaca se habia adelantado hacia el centro para cu- 
brir la retirada. Kl jefe de brigada Bessieres.al frente de los granaderos de 
la guardia, dio una carga con tanto denuedo como tesón, aportillando la 
caballería enemiga, con lo cual se completó la derrota del ejército. 



!<)<> IIISTOMA 

« Hemos cojido quince banderas, cuarenta pie/as, y herbó de seis 




ocho mil prisioneros; mas de seis mil enemigos han quedado en el cam- 
po de batalla. 

« El 0". lijero ha merecido el dictado de incomparable. La caballería 
de linea y el 8." de dragones han descollado hasta lo sumo. Nuestra pér- 
dida es considerable, hemos tenido seiscientos muertos, mil y quinientos 
heridos y novecientos prisioneros. 

« Los jenerales Champaux, Marmont y Boudet están heridos. 

« Los vestidos del jeneral en jefe Herthier han sido acribillados de ba- 
las, y muchos de sus edecanes han quedado desmontados. Pero una pér- 
dida que el ejército siente vivamente y que también sentirá toda la repú 
blica destierra el júbilo de nuestros pechos. Desaix ha sido herido de una 
bala al principio de la refriega, y ha muerto sin tener tiempo mas que pa- 
ra decir al joven Lebrun que estaba con él: «Id á decir al primer cónsul 
que muero con el sentimiento de no haber hecho bastante para vivir en 
la posteridad. » 



DE !S \ POLIO N 101 

huíanlo In batallo, rl jeneral Desoís quedo desmontado cuatro reres 




M./ 



y recibió tres heridas. Tres (lias antes se habia reunido con el cuartel jeno- 
ral, ardiendo en deseos de pelear, y la víspera habia dicho dos ó tres veces 
a sus edecanes: « Ya hace rancho tiempo que no peleo en Europa; las ba- 
las no me conocen, algo nos sucederá. » Cuando fueron á participar al pri 
raer cónsul, en lo mas encarnizado del trance, la muerte de Desaix, solo 
soltó estas palabras: t¿ Porqué no me cabe llorar? » Su cuerpo fue llera 
do en posta á Milán para embalsamarlo. 

Dos dias después Konaparte escribió á los cónsules la carta siguiente 
desde el cuartel jeneral de Torre di (iarafola. 

■ Al dia siguiente déla batalla de Marenso, ciudadanos cónsules, el 
jeoenü Meki em ió á pedir que se le permitiese enviarme el jeneral .skal 
Donato 1 el dia se ajustó el tratado de que remito copia. Anoche quedó lir 
mado por el jeneral Ilerthier y el jeneral Melas. Ksporo que el pueblo 
francés estará satisfecho de su ejército. • 

Ixi batalla de Marengo bizo dueña á la Francia del Piamonte y la 
Lombardia. Kl primer consol permaneció poco tiempo en Italia. En Hilan, 



4 92 HISTORIA 

el vecindario le había recibido con entusiasmo, y aun los sacerdotes ha- 
bían participado de la alegría jeneral. Bona parte, queriendo granjearse el 
apoyo de los clérigos de la capital, les habló en estos términos : 

« Ministros de una relijion que también es la mia , les dijo, os miro 
como á mis mejores amigos; os manifiesto que consideraré como á pertur- 
badores del sosiego público y escarmentaré ejemplarmente como tales, y 
aun si necesario fuere, con la pena capital, á todos los que cometan el 
mas mínimo desacato contra nuestra común relijion, ó incurran en el me- 
nor ultraje contra vuestras sagradas personas. 

« Los filósofos modernos , añadió, se han empeñado en persuadir á la 
Francia que la relijion católica era la implacable enemiga de todo sistema 
democrático y de todo gobierno republicano: de ahí provino la cruel per- 
secución que estremó la república francesa contra la relijion y sus minis- 
tros; de ahí todo el desenfreno á que se entregó aquel desgraciado pue- 
blo... También yo soy filósofo, y sé que en una sociedad, cualquiera que 
sea, ningún hombre puede ser tenido por virtuoso y justo, si no sabe de 
dónde viene y á dónde va. No cabe en la razón proporcionarnos la menor 
luz sobre este punto; sin la relijion se está caminando á ciegas, y la reli- 
jion católica es la única que franquea al hombre luces positivas é infalibles 
sobre su principio y su fin postrero » 

No hay que achacar este lenguaje á la política de un soldado ambicio 
so. Aunque indiferente en materias relijiosas, como lo manifestó en el 
Cairo , distaba mucho Bonapartede ser irrelijioso. « Mi razón, decia, me 
hace incrédulo tocante á muchos puntos; pero las impresiones de mi niñez 
y las inspiraciones de mi primera mocedad me envuelven en la incertidum- 
bre. » 

No cabe duda en que obraba á impulsos de la necesidad política de la 
relijion , como lo manifiestan el Diario de Santa Helena, las Memorias 
de Napoleón, el doctor O' Meara, Pelet de la Lozere y Thibaudeau. « Yo 
no veo en la relijion , decia, el misterio de la encarnación, sino el miste- 
rio del orden social ; ofrece en el cielo un concepto de igualdad que im- 
pide que el rico sea asesinado por el pobre — Hemos visto repúblicas 

y democracias, pero ningún estado sin relijion, sacerdotes y culto. » 

A este modo de considerarlas cuestiones relijiosas, debe atribuirse prin- 
cipalmente la acojida que Bonaparte hizo á los curas de Milán, y el dis- 
curso cuyos trozos mas notables hemos citado. Por lo demás reconquistada 
la Italia en pocos dias, se apresuró el primer cónsul á regresar á Francia 
después de haber formado una junta para reorganizarla república Cisalpi- 
na, y haber restablecido la universidad de Pavía. El 26 de junio mandó tras- 
ladar el cuerpo de Desaix al monte San Bernardo, disponiendo que se le- 
vantase en este lugar un monumento á la memoria de aquel héroe man- 
cebo. El 29 llegó á Lion , en donde quiso señalar su tránsito con un acto 



DE \\l»ni.F.n\ i»'. 

reparador que le conciliar» dc*dc entonces el afecto de aquella cinn.l. é 
industriosa ciudad, en cuyo regazo no ha cesado mi nombre de menear 
aceptación. Decretó la reedificación de la* indiadas de Bcll'-muí i \ .1 mi* 
ino puso la primera piedra. 

Kl ."» de julio, esto es , antes de lo» do» meses desdi* *u salida do l'an*, 
volvió triunfante á la capital en medio de las aclamaciones de un purblo 
inmenso. Su primer alan fué premiar el denuedo de sus compañero* do 
unió Va al principio de la campaña y en la falda del monte San Rernar 
do liabia nombrado imiimkr orajarkro i>k i.a rf.pi hlic.a al arrojado l.atour 
dc-Auvergne, que rehusaba todo ascenso A su represo, y después dn tan 
\elo/ espedicion coronada con victoria tan esclarecida, crc\oojH»rlunoba 
cer varias promociones y distribuir despachos de honor 

Mientras que el primer cónsul recobraba en pocos dins la |«rte mas 
hermosa de Italia, Bruñe y Bernadottc, comandantes en jefe d<- los ejérej 
tos del oeste, habían pacilicado la Bretaña, y con este motivo schabiadis 
puesto una función á la concordia de todos los Franceses. I n decreto con 
Milar del 1*2 de junio suspendió su celebración hasta el I i de julio, para 
que la nación hermanase en una misma consagración el regreso de la con- 
cordia y el nacimiento de la libertad; y para que nada faltara á tan escel 
sa solemnidad , se fijó para el mismo día la colocación de las primeras 
piedras de las columnas departamentales y sobre todo de la nacional 
unas levantadas en las cabezas de los deparlamentos . y oirás en París en 
la plaza Yendoma , todas á la gloria de los valerosos muertos en defensa 
de la patria y de la libertad 




23 



I1M HISTORIA 

El Campo de Marte, que habia recibido á los diputados de todas las 
guardias nacionales de Francia en el primer aniversario de julio, en aqnel 
dia memorable de la confederación, fiesta cívica que se procuró hacer re 
lijiosa, y en la que representó Laíayette el patriotismo en su cuna, yTalley 
rand la fe moribunda ; el Campo de Marte volvió á ver, tras diez años de 
conmociones civiles y guerras cstranjeras, á los defensores de la revolución, 
otra vez reunidos en su grandioso recinto, no para jurar vencer ó morir, 
sino para ver atestiguar solemnemente por los diputados del ejército que 
se habia cumplido gloriosamente el juramento de los diputados de la guar- 
dia nacional, y que la nueva Francia habia vencido á la antigua Europa. 
Fn efecto, oficiales enviados por los dos ejércitos del Rin y de Italia des- 
plegaron ante los cónsules las banderas cojidas al enemigo , que venían á 
ofrecer al gobierno como un homenaje á la patria, y Bonaparte les habló 
en estos términos grandiosos t 

« l,as banderas presentadas al gobierno delante del pueblo de esta in 
mensa capital atestiguan el desempeño de los jenerales en jefe Morcan, 
Massena y Bcrthier ; los conocimientos militares de los jenerales, sus te 
nienles, y el arrojo del soldado francés. 

.V & 




DK NAI'OI.KON. <•»» 

- \l volvci a los campamentos decid .1 los soldados quc|Mia la éjioca 
del I dfl \endinuario, 60 que celebraremos . I aun. 1 .11 unir la i. publica. 

el pueblo franco» espera o la publicación de ln pus, o en «i tmo ajos 1 1 

encmiiio opusiera obstáculos invencibles, nuevas tanderas, fruto de mi. 
V8J uctorias. • 

I 11. 1 particularidad se hace reparable cu estafaste arenp Honapain . 
teniendo i|u«* |>osponerse a si mismo en la distribución de los elojios que 
da á los caudillos) al ejército, sabiendo por otra parte muy bien qncesle 
olvido necesario sera compensado con ventaja por los rec u erd os del pan 

blo, Bonaparle se esmera en real/ar cabalmente ¡i los jenerales que pmlic 
ron concebir alguna idea de emulación ; antepone Morcan \ Mastena a 
Bertbier, su eonlidentc y amigo. También aleja asi todo asomo de cetos 
res|MTto á guerreros tan esclarecidos, al paso (pie maniliesta que no pin- 
dó cr formalmente en ellos competidores á quienes temer y rebajar Vqui 
se esta viendo el engreimiento del mimen que se deja adivinar y traslucir 
|K)r medio de tanto comedimiento imprescindible en el lenguaje de oficio, 
y qne nunca patento mas á las elaras el concepto que abriga de su pro 
pia superioridad 

Kste esplendoroso dia se terminó con un banquete que el primer con 
sul dio á las principales autoridades de la república, y en el que dio el brin 
dis siguiente : 

•Al. II PE ful 10, V AL PIKIH.O KR\>CÉS, M ESTRO SORERAV). • 




. 






1 94 HISTORIA 

El Campo de Marte, que había recibido á los diputados de todas las 
guardias nacionales de Francia en el primer aniversario de julio, en aqnel 
dia memorable de la confederación, fiesta cívica que se procuró hacer re 
lijiosa, y en la que representó Lafayettc el patriotismo en su cuna, yTalley 
rand la fe moribunda ; el Campo de Marte volvió á ver, tras diez años de 
conmociones civiles y guerras cstranjeras, á los defensores de la revol ucion , 
otra vez reunidos en su grandioso recinto, no para jurar vencer ó morir, 
sino para ver atestiguar solemnemente por los diputados del ejército que 
se había cumplido gloriosamente el juramento de los diputados de la guar 
dia nacional, y que la nueva Francia había vencido á la antigua Europa. 
En efecto , oficiales enviados por los dos ejércitos del Rin y de Italia des- 
plegaron ante los cónsules las banderas cojidas al enemigo ,que venían á 
ofrecer al gobierno como un homenaje á la patria, y Bonaparte les hablo 
en estos términos grandiosos: 

p I„as banderas presentadas al gobierno delante del pueblo de esta in 
mensa capital atestiguan el desempeño de los jcncrales en jefe Morcan, 
Massena y Heithier ; los conocimientos militares de los jencrales, sus te 
Dientes, y el arrojo del soldado francés. 

■ 

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I>K NAIMH.KON 105 

• M \olvei .1 los campamentos decid a los soldados que para la 
del I" de vendimiario, ni que celebraremos i-I aimei modela república, 
«•I pueblo flanees i ¡|mm i <• la publicación de la POS, Ó M el raso qm- «I 
enemigo opusiera obstáculos invencibles, nuevas Laminas, iiotod. mi, 
vas victorias. • 

l'na parlieularulad se liacc reparable cu CilltiiHOinwpi Rona|>nrte, 
leincndo que posponéis.- ,i |j misino en la distribución de los elojios que 
da n los caudillos y al ejército, sabiendo por otra parte muy bien <|u. . t. 
olvido necesario sera com|>ensado con ventaja por los rcc u efd os dd pne 
l>lo. Bonaparte se esmera en realzar cabalmente á los jenerales que pndie 
ron eoooebir alguna idea de emulación ; antepone Morcan \ MasscM ¡i 
Bcrthier, su eonlldentcy amigo. También aleja asi todo átomo de teta 
res|Hrto á guerreros tan esclarecidos, al paso que maniliesta que no pne 
de ver formalmente en ellos eom|)ctidores á quienes temer y rebajar \qui 
se esta viendo el engreimiento del mimen que se deja adivinar y traslucir 
por medio de tanto comedimiento imprescindible en el lenguaje de olido, 
y q-ie nunca patentiza mas á las claras el concepto que abriga de su pro 
pía superioridad. 

Kste esplendorólo día se termino con un banquete que el primer con 
sul dio á los principales autoridades de la república, y en el que dio el brin 
dis siguiente : 

•Al. 14 DF JII.IO. V \l. fl K.llMI KKWC.KS, M KSTKO SOItKRAIO. • 














CAPITULO XII. 






Organización del cuerno Je estado. Congreso de Luncvilic. Fiesta de la 
fundación de la república. Trama republicana. Conspira- 
ción realista. M.'iqninn infernal. 




a lirma de los preliminares de la paz entre 
Francia y Austria por el primer cónsul, si 
guió de cerca á la celebración del \ 4 de ju 
I lio, quedando justificadas las disposiciones 
¿•' pacíficas que habia manifestado á los diputa 
g^T dos y enviados á Paris por los ejércitos de 
Alemania é Italia. 
Al cabo de un mes , Bonaparte se dedicó á organizar el consejo de es- 
tado, y nombrar los que debían componerlo. El 5 de setiembre, firmó un 
tratado de amistad y comercio entre la Francia y los Estados Unidos, y el 
20 del mismo mes, negándose el emperador á firmar los preliminares de la 



I)K N\l'<)| I n\ 



497 



paz, apunta otro congreso en l.unevHle, hallándose representada la ropnMi 
ea por el jeneral Ctafta 

\a función del 1 Al \»ii<lnniario no íné menos ostento»! que la del 
44 de julio. Asistieron á ella diputados de todas las autoridades departa 
mentales, habiéndose fijado el mismo dia para la colocación de la primera 
piedra del monumento nacional (pie debia levantarse en la plata de la 
Victoria á la memoria de Desaix y de hleber , muertos ambos en un mis 
mo día, el uno en Marengo con los tiros enemigos , el otro en H Cairo con 
el puñal de un asesino. I a traslación de las cenizas de Turma al templo 
de Marte, decretada por los cónsules, realzo el esplendor del aniversario 







aywS . W ;y¥o«¿- 



de la fnndaeion de la república. Con este motivo el ministro de la goerra 
Carnot pronunció un discurso, y ningún labio era mas dignoqueel suyo de 
tributar encomios al guerrero inmortal cuyos restos honraba la Francia. La 
ciencia militar, el desempeño, las virtudes públicas y privadas del gran 
capitán de la monarquía, fueron celebradas por el gran ciudadano de la re 
pública, que había puesto, como Turena, al servicio de su país su virtud 
inalterable y su profundo conocimiento en el arte de la guerra. Carnet 
supo hermanar con los nombres de Kleber y l>esai\ el del adíente y sabio 



198 HISTORIA 

Latour-de-Auvergne, que acababa de fallecer en Alemania, y cuya muerte 
lastimaba á los descendientes del grande hombre, ácuya memoria rendía 
solemne tributo. Esplendoroso dia fué para todos los Franceses, engreídos 
y ansiosos con este nombre, aquel en que la patria reconocida pudo encum- 
brar en el templo de la fama ásus esclarecidos hijos, bajo los auspicios de 
un gobierno que tenia por ministro á Carnot y por caudillo á Bonaparte. 

La inauguración del Pritaneo en San Ciro contribuyó también á la ce 
lebracion del octavo aniversario de la fundación de la era republicana. 

Sin embargo á pesar del boato de las fiestas cívicas y de los conatos 
del cónsul para no lastimar á los patriotas recelosos sobre la naturaleza 
de sus segundas intenciones, la manera con que se había apoderado de la 
potestad, y las disposiciones posteriormente manifestadas harto patentiza 
ban su impaciencia por acabar con las instituciones republicanas, para 
que los veteranos del partido republicano , ya muy airados, no hallasen 
entre ellos algunos fanáticos capaces de idear y poner en planta el asesi- 
nato de un hombre que miraban como á un tirano y un usurpador. El ex- 
diputado Arena, el escultor Cerachi , Topino Lebrun, discípulo de David, 
y Damerville fueron de este número; y un mentecato llamado Harrel 
especuló con el odio que profesaban á Bonaparte, y los metió en una cons 
piracion , cuya trama descubrió á la policía , y fué tal la serenidad del 
primer cónsul respecto á los conspiradores, que no dejó de asistir á la 
representación estraordinaria de la ópera en donde tenían dispuesto aco- 
meterle. 

Por su parte los tenaces partidarios de los Borbones, que un momento 
antes se lisonjeaban de encontrar un Monck en Bonaparte, viendo que ya 
no podían abrigar aquella loca esperanza, empezaron á conspirar con 
tra él. Hermanáronse la malevolencia estranjera , la emigración y la 
chuanería, y de su conjunto resultó la máquina infernal. Era el 5 de nevo- 
so; el primer cónsul iba á la ópera, en donde se representaba por pri- 
mera vez la Creación de Haydn . Acompañábanle Lannes , Berthier y 
Lauriston. Al pasar por la calle de San Nicasio, oyóse la csplosion de 
un barril de pólvora colocado sobre un carro. A haber tardado diez 
segundos, Bonaparte y su acompañamiento quedaban en trozos. Afor- 
tunadamente el cochero, que estaba beodo, aguijó á los caballos mas de 
lo que acostumbraba, y esta celeridad , debida á tan estraño acaso, pre- 
servó al hombre cuyo trájico íin hubiera cambiado los destinos de Fran- 
cia y Europa. « Estamos minados, esclamó el primer cónsul. » Lannes y 
Berthier insistían para que se volviese á las Tuilerías. « No, no, dijo Bo 
ñaparte, á la ópera. « En efecto, compareció allá, se sentó en el primer 
asiento del palco, mostrando un rostro tan sereno como si reinase en su 
alma el mas cabal sosiego. Sin embargo no era así, y al cabo de algunos 
momentos, dados á esta demostración pública de tranquilidad, se dejó ai 



DE \ M'OI ,Ki\ iwi 

rcbntnr por H ímpetu de mis l É ^tMo iWI y nrndió n fosTnderi*»*. á donde 
llegaban los |>or*onnje* influyentes de la épora para saber lo qno habia 
Mínenlo y lo que iba a sureder. A ponas llegado M medio de ellos, lk)iin 
partí M- disparó COII todn su (nria jrninl. y ron voz rocín le* dijo : • Ean 
os obro do los jnrobinos: los jnrobinos me lian querido asesinar \o 

lereinu en «^to ni nobles, ni saeerdotes, ni cbtWMi Yn sé n lo qtie 

dobo atenerme y M me banni IMMtt 1 nno por otro bM rs un f> dpe de 
los sehombristns. di l#f imitados cubiertos do cieno que MAfl <n ron 
lúiim revuelta, en conspiración permanente, en batallón cerrado contra 
lodos los gobiernos que lian ido sobreviniendo. EMfe golpe c* obm de nr 
listas y pintores de imajinneion nrnlorndn. y de nn poro mas de iinfni 




200 HISTORIA 

que el pueblo, sobre quien ejercen su influjo. Esta es obra de los asesi- 
nos de Versalles, de los facinerosos del 51 de mayo , de los conspiradores 
de praderal, de los autores de todos los crímenes cometidos contra los go- 
biernos. Si no se les puede enfrenar , habrá que esterminarlos y despejad- 
la Francia de esa hez odiosa. Que no haya compasión con semejantes mal- 
vados » 

Estas palabras, en que la aprensión se juntaba con la ira muy funda- 
da , fueron repetidas con poca variedad en una respuesta del primer cón- 
sul á una diputación del departamento del Sena; pero lo lastimoso fué 
que se siguió á ellas el suplicio de las víctimas que el ájente Harrel había 
eutregado á la policía, y el estrafiamiento de ciento y treinta ciudadanos á 
quienes hacían sospechosos la perseverancia y el denuedo de su patriotis- 
mo. El ministro de la policía Fouché, que tenia que disculparse de no ha- 
ber precavido y desbaratado la atrocidad, se mostró uno de los mas ardien- 
tes en castigar á los supuestos culpados, y las providencias que propuso 
merecieron desde luego la aprobación del primer cónsul, cuyas sospechas 
contra los republicanos estaba fogueando y dirijiendo de tiempo atrás. Por 
una combinación que no admite disculpa, no se contentaron con proscri- 
bir en globo á ¡nocentes, quisieron también hollarlos con menosprecio y 
oprobio, asociando monstruosamente los honoríficos nombres deTalot, 
Destrem, Lcpelletier-Saint-Fargeau, etc. etc., á los de algunos terroristas 
sangrientos y forajidos, á los que se empeñaron en apellidar setiembristas, 
con el fin de hacer su complicidad mas agravante para aquellos republi- 
canos irreprensibles que se intentaba envilecer y estrenar al mismo tiempo. 




DE \ VPou.nv 201 

M rabo de un mes m descubrió que el crimen en obra do los realistas; 
dos emisarios de la chuaneria, llamados Carbón y Siint-Regcnt, eoOTictOf 
de ser autores del atentado, fueron condenados i muerte y ejecutados; pe 
i o este castigo do los verdaderos reos no hizo revocar la disposición que 
el gobierno liabia tomado do pronto contra los demócratas inocentes que 
á su transito por Nantcs habian estado á punto de ser victimas de la in 
dignación pública. 

Esta justicia directoría! tropezó con pocos oponentes, tan descollante 
era a la sazón el concepto á favor de Ronaparte. Kl almirante Truguet 
arriesgó algunas rellcxioncs en favor del partido cuyas doctrinas profesa 
ba, quejándose de que el espíritu público se iba estragando con publica 
ciones que pregonaban la monarquía y el gobierno hereditario Istoalu 
dia al escrito intitulado Paralelo entre César, CromwoH y Ronaparte, que 
se publicaba bajo la protección del ministro del interior, y parecía destina 
do a las claras para sondear las disposiciones del pueblo francés sobro la 
revolución que Ronaparte estaba ideando 




CAPITULO XIII. 



Creación de los tribunales escepcionales. Obras públicas. Tratado de Ln- 

neville. Fomento dado á las ciencias y á la industria. Tratados de 

paz con Es a fia, Ñapóles y Parnia. Concordato. Paz 

de Aniietis. Te-Deum en Nnestra Señora. 




os escritos destinados á labrar los ánimos para 
una nueva revolución en la forma del gobier 
no, no siendo acojidos como debian hacerlo 
^ suponer el favor popular de que gozaba el con 
sul , y el desconcepto en que habían caido los 
^pensamientos y las instituciones republicanas, 
se disimuló su oríjen gubernativo, posponien 
do atinadamente los intentos que traian consigo. Pero la máquina infer- 



DE \ iPOLEOtS «« 

nal motivó la creación de tribunales especíala y jurisdicciones deescep 
cion, que fueron instrumentos de I» potestad absoluta que el primer con 
Mil ejercía realmente sobre la Francia. Esta temible instituto sublevó en 
el tribunado la animosa Oposición de Benjamín -Constan!, Daunou, Cingue 
né, chenier, Isnard, etc. Trcsó cuatro voces jcaerosas, las de Laabndite, 
Lmjuinais, Carat y lenoir-laroche, se oyeron también en el senado; pero 
los defensores de las libertades públicas tuvieron una gran minoría, y los 
deseos del cónsul fácilmente se convirtieron en disposkiooei Icjislativas. 

Al par de estas providencias reaccionarias , veíanse diariamente actos 
que manifestaban el mimen que debia realzar la gloria y el poder «le la 
Francia. Por todas partes se abrían carreteras y canales, las nobles artes 
descollaban coa nuevo esplendor , los descubrimientos científicos recibían 
mayor fomento, y el comercio y la industria rompían por sendas basta en 
tónces desconocidas. 

Restablecióse el 17 de enero de I KOI la compañía de África, y el pri 
mer cónsul trasportándose en pensamiento del Atlas á los Alpes y atarean- 
do en su grandioso anhelo los intereses de la civilización entre los pueblos 
cultos y los bárbaros, cometió por un decreto de aquella misma fecha al 
jencral Turreau el encargo de presidir á la construcción del hermoso ca 
mino del Simplón. 

Fl *.) de febrero se lírmó la paz continental en Lunevillc, valiéndose 
Bonaparte de esta circunstancia para aci.sar al gabinete inglés de ser el 
único obstáculo á la pacificación universal. «¿Porqué, dijo al cuerpo le 
jislativo y al tribunado en su mensaje, porqué no es este tratado el de la 
pazjeneral? Este era el deseo de la Francia y el objeto constante de todos 
los conatos del gobierno; pero ellos han sitio vanos. La Europa sal>c todo 
lo (pie el ministerio británico ha hecho para que se frustrasen las negocia- 
ciones de Lunevillc. » Luego respondiendo á los parabienes que le dírijió 
el cuerpo lejislativo, dejó columbrar el grandioso concepto del bloqueo 
continental. «Todas las potencias del continente, dijo, se hermanarían 
|>ara hacer que la Inglaterra vuelva á la senda del comedimiento, de la 
equidad y de la razón. » 

Blasonando también de la paz interior que había precedido á la este 
rior, manifestó el cónsul su contento por la armonía y hermandad que ha 
bia notado en los departamentos que acababa de visitar, añadiendo: «Asi 
no debe darse ninguna importancia á las palabras indiscretas de algunos 
individuos. » Lo cual era una alusión á los atrevidos discursos pronuncia 
dos en el tribunado con motivo i!o los tribunales estraordinarios. I este 
cuerpo se le consideró desde este momento como el último refujio del es 
piritu republicano, y debió pensarse en sofocarlo , primero cercenándolo, 
y luego suprimiéndolo completamente. 

Al tratado de Luneville,firmado principalmente con la corte de Viena, 



20 < 



HISTORIA 



se siguieron otros particulares con Ñapóles, Parma y Madrid. Hacíala mis- 
ma época Bonaparte formó los departamentos del Roer, Sane, Rin y Po- 
seía y Mont-Tonnerrc, y como el engrandecimiento y la pacificación de 
la república dcbian acompañar á su prosperidad material , obtuvo el cón- 
sul una autorización por medio de una ley para plantear lonjas, y mandó 
que se hiciera anualmente en el mes de setiembre una esposicion pública 
de los productos de la industria francesa. 

Libre de todo recelo por parte de las potencias continentales y habien- 
do logrado aislará la Inglaterra, al menos en apariencia, con el nuevo 
sistema que la revolución victoriosa acababa de imponerá la diplomacia 
europea, fundaba Bonaparte grandes esperanzas en la amistad personal 
que le enlazaba con el czar Paulo I. El asesinato de aquel príncipe, acaeci- 
do en la noche del 25 al 2 i de marzo, trastornó todos sus proyectos. Luego 
que supo este suceso, manifestó el mayor desconsuelo, y mandó insertar 
en el Monitor la nota siguiente: 

« Paulo I ha muerto en la noche del 23 al 24 de marzo. 'La escuadra 
inglesa pasó el Sund el 50. La historia nos dirá qué relaciones pueden 
mediar entre estos dos acontecimientos. ■ 

Ksta era la segunda vez que Bonaparte veía frustrados los grandiosos 
intentos que habia ideado para derribar el poderío inglés en las Indias. 

Sin ombargo, no le bastaba al primer cónsul el haber vencido á la Eu 
ropa , pacificado la Francia, alentado el comercio y la industria y fomen- 
tado las artes y las ciencias. En medio de sus inmensas y gloriosas tareas 
y de sus fundaciones grandísimas, daba todavía por incompleto su edifi- 
cio, careciendo de lugar para la relijion. No cabe duda en que hasta en- 
tonces no la habia desconocido ni menospreciado; pero aun no habia dis- 
puesto nada para ella, ora en los tratados, ora en las leyes , y aunque el 
clero habia tenido también su parte en las finezas consulares, su nueva 
posición, por muy ventajosa que Bonaparte la hubiese hecho, no por eso 
dejaba de ser continjente. Para encumbrarla sobre cimientos legales entró 
el primer cónsul en negociaciones con Roma y firmó un concordato con 
Pió VIL Los filósofos que le cercaban y habían vitoreado la revolución de 
brumario , porque consolidaba su encumbramiento repentino, se queja- 
ron de esta reacción rclijiosa, pues hubieran querido que Ronaparte se 
proclamara cabeza de la relijion galicana y rompiera definitivamente con 
la santa sede; pero el primer cónsul conocía mejor la trascendencia de la 
relijion en la mayoría y cuan espuesto era lastimar á la nación en globo 
por parte tan vidriosa. 

Durante el curso de la revolución y bajo el reinado del filosofismo 
perseguidor de la Montana y del Directorio, algunos habiau sentido el va- 
cío que deja en el estado la falta de relijion, y en balde habian echado el 
resto para suplirlo, unos con fiestas al Ser supremo, otros con el culto de 






DE NA POLEO tN 200 

los teofllánrropos. «Kl qae lograra reemplazar la Divinidad n el riitaaas 
del uuiverso, había dicho Robespierre, seria para mi Mn prodqio da talen 
lo; pero el qne, sin haberla reemplazado, Irale de borrarla da la Diente de 

los hombros os un portento <lo estupidez ó de maldad. • 

Mgunosaños después, i»»* Maistre,nno de los entendimientos mas ,11 

(•timbrados y profundos del partido de la emigración . al lamentarse de la 
relajación de los vínculos sociales, de la decadencia de los principios mo 
rales y de la instabilidad de las solieran ias que carenan de cimiento, hahia 
atribuido el desorden universal a la desaparición de la fe, csclamando. 
que á vista de tan triste espectáculo, cualquier verdadero filósofo debía 
optar entre una de estas dos hipótesis, » o que el cristianismo seria rejene 
rado por algún medio extraordinario; ó que se formaría una nueva reli- 
jion. » 

Bonaparte, á pesar de la sublimidad habitual de su mimen, no vio la 
urjente alternativa en que el pensador católico habia puesto á todo verda- 
dero filosofo. Para él las creencias rolijiosas, tan varias entre las naciones, 
solo eran superstirionos que el tienijM) arraigara, aprensiones de la niñez 
en los pueblos, impugnadas por la razón, cuyos progresos no habia hecho 
mas que eontrarostar, y que sin embargo imponían en su vejez ciertas con 
sideraciones al estadista. Del cristianismo, solia decir, aun cuando le lia 
maba la verdadera relijion, que «la instrucción y la historia eran sus roa 
yore* enemigos. » 

Kraesto sentenciar al divino coloso que fué durante quince siglos el 
do|>ositario del saber y el maestro de la razón humana, no por el magnifico 
cuadro de su influjo civilizador en lo sumo de su encumbramiento, sino 
por el trihte espectáculo de su pugna con la ciencia y la razón en el resba 
ladero de su decadencia. Al oponer asi la instrucción y la historia al cris 
tianismo sin deslindar tiempos ni sitios, trascordaba Bonaparte el estrecho 
miicuIo que medió entre la relijion y el saber, y entre la relijion y la po- 
lítica, al formarse las sociedades modernas en la lucha de las creencias 
cristianas y de las costumbres caballerescas contra las repugnantes tradi- 
ciones del mundo pagano y las supersticiones rastreras de las naciones 
idólatras : alianza indisputable sin embargo y en que descuellan con es 
plendor los nombres de los Pablos, Clementes, Agustinos, Jerónimo- > 
Bernardos, al par de los de Hildebrando, f.arlomagnoy Alfredo. 

Kl entendimiento encumbrado de Bonaparte no podía menos de ador 
mecerse también , como suele hacerlo el mimen de Homero , pues al dar 
por sentada la contraposición de los dogmas cristianos y de las doctrinas 
lilosólieas, llegaba a negar, no tan solo el auxilio supremo del elemento 
relijioso en el desarrollo racional y la perfección política de las sociedades 
humanasen lo pasado, sino también la perfectibilidad del alcance huma 
no en materia relijiosa ; lo cual dio en espresar bajo esta formula vulgar. 



200 HISTORIA 

que « todos debiaii vivir en la relijion de sus padres (O'Meara ) , y que no 

quería que se estableciesen otras nuevas ( Pelet de la Lozere). » 

Si conceptuara Bonaparte el influjo social de la relijion muy del caso 
para lo venidero, se hubiera podido figurar que esta relijion no podia ser 
ya , al cabo de tres siglos de protestas y dudas filosóficas después de Ba- 
con y Descartes, Voltaire y Rousseau, lo que habia sido cu la edad media; 
y hubiera podido añadir á su carrera conquistadora, lejisladora y revolu- 
cionaria política , la de reformador relijioso. Entonces hubiera comprendi- 
do la necesidad de optar, á que intentaba someter De Maistre á^los filósofos, 
y llevando al dominio de la relijion el afán activo y fecundo de su numen, 
hubiera favorecido ú ocasionado la rejeneracion del cristianismo ó la apa- 
rición de una nueva creencia, según se hubiera decidido por una ú otra 
de estas dos hipótesis, según hubiera hollado la senda en que entró poste- 
riormente el ilustre Lamennais, ó la que han tratado de abrir innovadores 
cuya osadía ha merecido á veces la aprobación de los dos primeros poetas 
de Francia , Beranger y Lamartine. 




DE N \ POl.lo N 207 

Poro Honaparto , moro deísta , y cifrando su rclijion |>orsnnal en una 
creencia abstracta, solo veía, como filosofo, on las rolijionos positivas unos 
enemigo* perpetuos de la ra/.on y del sabor, y romo estadista, solo medios 
do empaje sobro ol pueblo, ó ostorhos para la potestad según la naturali- 
za do sus relaciones con los gobiernos. Por tanto . bailándola mayoría do 
la nación franeesa adieta al catolicismo, natural ora «pie. bajo el concepto 
que le hacia osolamnr que eada cual debía vivir y morir on la rehjioo ét 
sus padres, so afanara por zanjar eon la santa sede los internes del culto 
eatolieo, aparentando restituir á la Iglesia f al episcopado su antiguo espíen 
dor, y avinioudoseá eneubrir sus opiniones íntimas, su indiferencia é m 
credulidad bajo las mas grandiosas demostraciones do una fe ministerial 
Así arrostrando los escarnios de su corto, mandó cantar un Te-Deum en 
Nuestra Senora.con motivo del concordato y de la paz con la Inglaterra que 
acababa do firmarse en Asuena. Todos los personajes eminentes ala sazón 
acudieron á esta fiesta rolijiosa. Cuando taimes y Augercau. que forma 
ban parto del séquito de los cónsules, supieron que iban á misa, trataron 
de retirarse. Bonapartc les dio orden de asistir y se entretuvo al dia si 
guíente on preguntar taimadamente á Augercau qué le había parecido la 
ceremonia. Pero el bizarro campeón de Areola y Lodi le respondió: «Muy 
hermosa; solo faltaba un millón de hombres que han muerto por destruir 
lo que restablecemos. » 

Desabrida al par que exajerada fue la contestación ; pues el millón de 
hombres no habia muerto por derribar la rclijion , sino para impedií 
que volviesen los abusos, diezmos, franquicias y privilejíos eclesiásticos, 
y ol concordato nada de esto restablecía. No cabe duda en que la revota- 
cion asaltó al pronto, por lo monos al parecer á la rclijion misma, dispo- 
niéndose para derribar todos los cultos cristianos y sustituirles el de la ra- 
zón; pero este recuerdo ora el que eabalmente debía borrarse. Su afán 
no era solo acabar con la opresión y la arbitrariedad, asegurar el triunfo 
de un partido sobre otro , libertará los eselavos para avasallar á los amos, 
facilitar á la filosofía odiosas represalias contra la intolerancia rolijiosa > 
no dar al mundo mas que el escándalo de un dilatado bacanal. Lejos de 
esto, no podia triunfar definitivamente sino probando que su causa era la 
de toda la sociedad ; que el nuevo derecho que habia creado amparaba a 
todos los miembros del estado sin distinción de clases, opiniones ni creen 
cías. \ que bajo su tandera habia resguardos para todas las tradiciones, 
que aun podían ser objeto do los respetos populares, y para todos los inte 
roses físicos ó morales que dejalwu de serlo hostiles. Cuanto mas rigurosa 
ó implacable habia sido con los sacerdotes cuando se habia tratado de 
(potarlos la rica parte que el réjimen antiguo les habia concedido eu la 
distribueion de los privilejíos sociales, ó habia sido preciso castigar 
sn resistencia . tanto mas debía empegarse en manifestar que sus rigores 






208 HISTORIA, 

solo so aplicaban á las desigualdades-monstruosas establecidas en beneíi 
ció del clero y á la hostilidad activa de los privilejiados desposeídos con 
el nuevo sistema; porque si esta tenaz hostilidad habia dado motivo á que 
se cerrasen los templos, y acarreado el desenfreno de los apóstoles de la 
razón y trasformado las iglesias en bodegones , mientras habia durado la 
lucha, indispensable se hacia que la revolución victoriosa declarase rui- 
dosamente , al volver la paz y la concordia , que solo accidentalmente y 
por necesidad habia sido enemiga del sacerdocio y del culto ; pues no 
era incompatible para ella la relijion del mayor número, y lejos de pro- 
fesar el ateísmo, como vulgarmente se le tachaba, estaba propensa, no 
solo á tolerar, sino a practicar las creencias existentes, con tal que no 
acarreasen novedades al pueblo, que necesita por alimento relijioso ob- 
jetos abultados y ajenos de sublimidades inesplicables. Esta fué la mani- 
festación solemne y necesaria que hizo la revolución al negociar con Ro- 
ma, dando publicidad al concordato y yendo con grandiosa pompa á misa 
en la persona del mas glorioso de sus hijos y el mas esclarecido de sus in- 
térpretes. Si el partido de la contra-revolución miró este paso como un 
triunfo para su causa, gravísimo fué su error. Cuando Henrique IV halló 
que París valía « una misa» , y consintió en hacer profesión pública de 
catolicismo, estos actos de condescendencia , al quitar á sus enemigos el 
arma en realidad mas acerada que pudieran emplear contra él , no reani- 
mó, sino que dio al través con el partido de la liga. 

« El concordato de 1801 , dijo Napoleón en sus Memorias, era nece- 
sario á la relijion , á la república y al gobierno Puso coto al descon- 
cierto, desvaneció los escrúpulos de los compradores de bienes nacionales 
y rompió el último hilo con que todavía se comunicaba la antigua dinas- 
tía con el pais ■ En una de las conferencias que precedieron á este 

acto, habia soltado esta espresion : «A no mediar el papa, se hacia forzoso 
el plantearlo para esta ocasión , como los cónsules romanos nombraban 
un dictador en las circunstancial críticas. » 

Por lo demás, Ronaparte, reconciliado con la iglesia romana, dio una 
nueva prenda de duración á esta alianza fundando reinos en el suelo ita- 
liano, el mismo que en otro tiempo habia querido cubrir de república/;. 
La Toscana se constituyó en monarquía bajo el mando de un infante de 
Parma á quien habían quitado sus estados para incorporarlos con la Lom- 
bardía. Este príncipe, revestido con el dictado de rey de Etruria, visitó la 
capital de Francia bajo el nombre de conde de Liorna. Hiciéronsele brillan- 
tes festejos en que volvieron á aparecer los primores y modales de la anti- 
gua aristocracia. Toda la magnificencia de aquel recibimiento no alcanza- 
ba á encubrir la nulidad del personaje que la motivaba, y mostrando alguien 
á Bonaparte alguna estrañeza al ver encumbrado ala suprema dignidad 
un hombre de tan escasos alcances, respon dio : « Así lo ha querido la política; 



DI. N\l»nu:n\ un 

por lo domas es muy «l*»l caso que la jnventn l.qnc mi ha visto rc\c> \c.i 
como están hechos. » 

, No era «'sto decir (\\u> sus segundas intenciones di* reconstrucción 
monarquía llevaban siempre la estampa y sello revolucionario . y que si 
la \ imbloa lejislntivn y la Convención habían ajeado al rey de la sobera 
.na . él estaba llamado á proseguir el intento y destruir el prostijio pro 
lector de la misma planteando reyes?. . . . 

Pero si el primer eónsul manifestaba entre las csterioridades de un 
agasajo ostentoso el menosprecio que le infundía el rejio personaje que 
acaltaba de imponer á la Finiría, por otra parte osó de menos boato y 
ceremonial y mas injenuo esmero en el recibimiento de un nuevo huésped 
llegado de las orillas del Támesis. No era una nulidad soberana encabrien 
do, 1k\jo las insignias y el lujo délas cortes, la escasez de su talento y la estro 
• hez do su alma: era un entendimiento elevado, un hombre muy superior 
en el que dijo Napoleón que, «el pecho encumbraba el mimen , al paso 
que en Pitt, el injenio apocaba el corazón. » Este personaje era Fov 

Rooaparte dispensó al esclarecido Inglés el mayor afecto y aprecio 
« Venia ti visitarme con frecuencia, dice en el Memorial; la nombradla me 
había enterado do su talento, y pronto reconocí en él una alma grandiosa, 




un buen corazón, miras elevadas y jenerosas, liberales, en lin, un realce 
«le la humanidad. Yo le quería. Hablábamos á menudo sin ninguna preo 
capación acerca de muchos objetos.... Fox es un dechado para los e>i van 
tas . y su escuela debo rejir al mundo tarde o temprano. ...» 

El afecto que manifestó el primer cónsul para con Fox \ino a jcnorali- 

27 



•2Í0 HISTORIA 

zarse en Francia, « Recibiósele como un triunfador en todas las ciudades 
por donde pasó. Hiciéronsele espontáneamente festejos y se le tributaron 
los mayores obsequios por donde quiera que lo conocieron. » (O Meara). 
La revolución francesa no debia menos á su perseverante amigo, y 
treinta y siete años después quedará colmadamente retribuida por el aga- 
sajo hecho á Fox con el recibimiento que el pueblo inglés haga á un sol- 
dado de Napoleón, á un veterano de la república, y esto será porque la 
escuela de Fox y Mackintosh, popularen Francia en 4801, llegará áser 
lo en Inglaterra en 4858. 














CAPITULO XIV 



Desde el tratado de Aniinis ( J5 «le marzo de 18OI ) hasta el rompimiento 
de la Francia con U Inglaterra (22 de mayo de 1803 ). 



\ Étí& 



a revolución francesa habia abierto un hueco 
en el sistema europeo que nadie hasta entonces 
habia podido llenar. Tal fué la hermosa espío 
sion de Burke. Con efecto, aquel hueco estaba 
asustando á todos los gabinetes con sus ensan- 
ches por Alemania é Italia; pero los apuros del 
erario, el cansancio de los pueblos, la neeesi- 
' dad de rehacerse de tantas batallas perdidas 
y campañas desgraciadas , el temor de nuevos desmanes , y también una 
especie de creencia supersticiosa en la fortuna de la república y de su cau 
dillo, todo esto habia hecho doblegar la Europa cristiana y feudal ante la 
prepotencia irresistible de la Francia revolucionaría; y en adelante el pue- 
blo libre, tanto tiempo acometido por naciones esclavas, y herido con su 
reprobación como impío y rejicida , habia llegado á reconciliarse con la 




212 HISTORIA 

iglesia romana y la monarquía, siu retraerse un punto de sus principios 
ni de sus actos con el papa ni con los reyes. 

¡Cuan asombrosa era la situación de la república francesa! Después 
de haber sostenido con heroísmo, durante diez años, el peso, á veces po 
derosísímo, de una larga guerra para librarse del dominio de los privile 
jios, se vciaal fin en la cumbre del poderío, gozando engreída y sosegada 
los beneficios de la igualdad, y pudiendo maravillar al mundo con los 
portentos de la paz, así como lo habia asombrado con los prodijios de la 
guerra. Si sus ejércitos se componían de los mas valientes soldados y de 
los mejores capitanes del siglo , sus administraciones contaban en su se 
no lodos los prohombres que habían descollado con su desempeño en los 
negocios públicos; sus juntas políticas contenían la flor de los oradores y 
estadistas europeos ; su Instituto no tenia par entre los cuerpos académi 
eos; sus sabios presidian á los descubrimientos cuya iniciativa habían to 
mado; sus literatos, poetas, pintores y escultores empuñaban el cetro en 
el dominio de las artes ; su comercio e industria, enriquecidos en poco 
liempo con puentes , carreteras y un sinnúmero de canales , ostentaban 
sus adelantos bajo las bóvedas del Louvre,como para desairar el fausto es 
toril de la antigua monarquía con el fecundo lujo de la nueva Francia ; la 
juventud, para educarse digna de aquella grandiosa temporada, veía es 
cuelas abiertas para cada especie de instrucción, y hallaba en el erario un 
arrimo para entrar en los liceos; sus museos y bibliotecas se enríquecian 
con el fruto de sus conquistas y la victoria le traia á París la Venus de Me- 
diéis y la Palas de Velletri. Finalmente su nombre, temido de los reyes, era 
objeto del respeto y la admiración de los pueblos. De modo que, gloria 
militar, política y literaria; triunfo de la civilización por las armas, las 
ciencias , las artes y la industria ; tranquilidad completa en el interior , 
paz universal en el estertor, y además BONAPARTE ensalzado al asiento 

de primer majistrado Esta era la situación de la república írances;i 

después de la paz de Araiens. 

Nada faltaba pues entonces á la grandiosidad y prosperidad de la Fran 
cia. Pero aquel estado floreciente envidiado de la Europa hallaba en la 
constitución misma inevitables probabilidades de instabilidad. Todos esta 
bau convencidos de que las victorias, pacificación, poderío y esplendor 
de la república eran en gran parte obra del hombre estraordinario que la 
providencia habia enviado en auxilio de la revolución, y también opinaban 
todos que la permanencia y conservación de tanto esplendor y poderío es 
tribaban á la sazón, y aun por mucho tiempo estribarían en el numen que 
los habia dado á luz. ¿Cómo cabia pues maliciar que su numen criador y 
conservador pudiese quedar alejado del timón del estado y despojado de 
su instituto á impulsos del mecanismo constitucional y la intervención de 
los amaños y maquinaciones? ¿Cabia en la racionalidad suponer que eJ 



l)K NAPOLBOM til 

primero cu sei\ icios. |k>ha, intelijencia, voluntad y todo el desempeño 
(Ir guerrero y estadista, pudiese quedar arrinconado en un puesto sulml 
turno por una necesidad legal? Kl senado había creído hacer Instante, 
cuando. á propuesta del tribunado. que pedia una prenda del reconocí míen 
lo nacional para el primer consol , liabin nombrado á Bonapartc cónsul 
por diez años. Pero esta próroga dejaba la majistratura suprema con su 
carácter temporal, y por consiguiente, no hacia mas (pie ir dilatando in 
rom ementes y peligros (pie era del caso precaver y alejar interminable* 
mente. ln humbre como Boiuqiarte, en la situación que habia propon n> 
nado a la Francia y la que esta le iria rodeando, ya no podia, al cabo de 
cinco ni de diez años, volver á ser un mero ciudadano, ú avenirse á que 
dar el segundo en el estado. Tan solo el destierro ó la muerte podinn se 
pararle de la Francia y derrocarle del sumo encumbramiento. Asi lo con 
ceptuaron Unto el mismo como la Francia, porque habiendo tenido a me 
nos el \oto con que el senado le habia conferido el consulado por diez 
aiios. apelo al pueblo proponiéndole esta pregunta: «¿Será Ronaparte 
cónsul perpetuo? *\ acudiendo el pueblo atropelladamente alcscrutinio, 
respondió aJinnativamente con tres millones de votos. 




214 HISTORIA 

El senado , ansiando que se olvidara, en cuanto posible fuese , su in- 
tempestiva cortedad, se afanó en pregonar el voto del pueblo, añadiendo 
el realce de una nueva prerogativa para el primer cónsul , la de elejir su 
sucesor. Bonaparte respondió á la diputación de aquel cuerpo •. 

i Senadores, 

• La vida de un ciudadano es de su patria. El pueblo francés quiere 
que yo le vincule la mia Obedezco á su voluntad 

« Al darme una prenda nueva y permanente de su confianza , me im- 
pone la precisión de afianzar el sistema de sus leyes con próvidas institu- 
ciones. 

« Con mis conatos , vuestro ánimo y el de todas las autoridades , la 
confianza y voluntad de este inmenso pueblo, la libertad, igualdad y bien- 
estar de la Francia, quedarán escudados contra los caprichos de la suerte 

y contra la incertidumbre del porvenir El pueblo sobresaliente será 

el mas venturoso como el mas digno de serlo , y su felicidad acarreará la 
de toda Europa. 

« Entonces ufano de ser llamado por disposición de aquel con quien 
todo se eslabona para devolver á la tierra la justicia, el orden y la igual- 
dad, oiré sonar la hora postrera sin desazón ni zozobra acerca del concep- 
to de las jeneraciones venideras. » 

En efecto', la opinión de las jeneraciones contemporáneas era para él 
una prueba terminante y un anuncio precursor del endiosamiento que la 
posteridad le estaba reservando. Sin embargo, el voto popular que le ha- 
bía asegurado el goce vitalicio de la majistratura suprema , padeció sus 
protestas aisladas , que solo sirvieron para realzar á algunos varones sin 
menoscabar la universalidad y precisión del voto nacional. Imposible era 
que de otro modo sucediese. El consulado perpetuo estaba al parecer fijan- 
do los destinos de la república con la suerte de un individuo que consti 
tuia una especie de monarquía vitalicia que asomaba á la república sobre 
el confín de la monarquía hereditaria: ¿cómo cabía embotar los destemples 
y los recelos sistemáticos y el tesón de las diferentes ramas liberales for- 
madas desde \ 789 para dejar allá plantear con visos de una aprobación 
unánime loque les era jenialmente contrapuesto? Pero entonces cabia opi- 
nar que la Francia , al revestir á Bonaparte con su inmenso poderío , no 
cedia solamente al embate de las circunstancias , y que , en vez de hacer 
sencillamente una jestiou provisional de cordura, encumbrando un dicta- 
dor, conceptuaba proceder sistemáticamente, plantear una constitución 
definitiva, y renunciar en favor de sus caudillos venideros á todas las teo- 
rías que invocara con tanta gloria contra sus antiguos señores. Era preci- 
so que la revolución, al encumbrar á Bonaparte como el mas esclarecido y 
fiel representante de sus intereses actuales y de sus nuevas exijencias, no 






DE NAPOLBON MR 

se desentendiese de sus prohombres anteriores, ipie por d contrario hiciese 
(|iic algunos \elcranos de nuestras jimias nacionales sincerasen su obra 
grandiosa. Kl consulado no solo había salvado, sino también esclarecido 
la revolución ¡ la Asamblea constituyente y la Convención debían pues ha 
llar hombres que protestasen en nombre suyo contra la disposición de los 
ánimos i la potestad absoluta, y estorbasen que lasmáximas liberales, pro 
clamadas en 1789 y cuya exajeracion habia sido en 1798 una condición 
de salvación pública, no quedasen enteramente olvidadas, Li Asamblea 
i ■onsiitiiyento resucitó en la persona de tafayette para conceder tan solo 
un voto motivado y suspensivo sobre el punto del consulado perpetuo, al 
paso que la sombra de la Convención dio un voto absolutamente negativo 
por boca de Caraot. 

Kl primer cónsul habia previsto la oposición de Lafayette, porque nun 
ca habia podido determinar al prisionero de Olmutz, desde su vuelta á 
Francia, á que admitiese la dignidad de senador. Si Konaparte cono- 
ciera cabalmente á Lafayette, escusara todo paso en demanda suya. La 
fayette era, no solo el mismo que en J789, sino que tenia empeño en que 
esto se supiese en Francia, en Kuropa y en América. Recordando el gran 
dioso papel que tan gallardamente habia desempeñado, ya juntoáWashing 
ton , ya al lado de M ¡rabean , se habia constituido un estadista de primer 
orden , cuyo concepto ileso le embargaba de continuo, y no trataba por 
cierto de doblegarse á nadie. Aspiraba también á que se cifrase en él una 
época, apersonar en si un sistema y la bandera de los patriotas del año 89; 
y cuando este individuo se aparecía brillando todo con la gloria del hm 
quete y de la Bastilla, encumbrado á la cima que el reconocimiento nacio- 
nal le habia tributado en los dias esclarecidos de la Asamblea constituyen 
te; ¿cómo hubiera podido avenirse á apearse del pedestal que le habian 
levantado los vencedores del L4 de julio para sumirse y desaparecer en la 
oleada de rendidos que estaban cercando al vencedor del \ 8 de brumario? 
Sin duda en las miras del supremo y misterioso regulador de los negocios 
humanos, el I s de brumario y eH4 de julio se enlazaban para el desar- 
rollo de un plan idéntico, y para el éxito de una misma causa ; pero esta 
relación íntima, encubierta en los arcanos del sistema revolucionario de la 
Providencia , no por eso dejaba que existiesen entre los varios instrumen- 
tos de que alternativamente se habia ido valiendo, según las circunstancias, 
para llegar á un mismo fin , todas las incompatibilidades y antipatías indi- 
viduales que podían resultar de la diferencia de las situaciones de !os indi 
viduos y de los alcances. Asi el patriota de la primera confederación, celo- 
so de su inmutabilidad, mal podía hermanarse con el dictador de 1802: 
asi Lafayette debió desdeñar la toga de senador y oscurecer garbosamente en 
su retiro de tagrange. en vez de adocenarse en el brillante alcázar de las 
Tuilerías. 



2Í6 HISTORIA 

En el tiempo que medió entre el senado-consulto que confería el consu 
lado á Bonaparte por diez años y el plebiscito que hizo esta próroga vita- 
licia, fundó el primer cónsul la orden de la Lejion de Honor. 




« Este instituto, dijeron sus intérpretes ante el cuerpo legislativo, borra 
las distinciones que anteponían el blasón heredado á la gloria granjeada, 
y los descendientes de los hombres grandes á estos. 

Asi tributaba un nuevo homenaje á los principios de la filosofía moder 
na y constituía la verdadera igualdad, fundando la recompensa en el méri 
to; pero Bonaparte efectuaba este grandioso invento en medio de un pue- 
blo que todavía abrigaba en su seno algunos partidarios de las distincio- 
nes hereditarias, naturalmente envidiosasde las distinciones personales, y 
algunos niveladores que veían el restablecimiento de la aristocracia anti- 
gua ó la fundación de otra nueva en la mas lejítima distinción. Bastaba 
esto para que el establecimiento de la Lejion de Honor encontrase oposi- 
ción, y debemos decirlo, le dieron sus embates sujetos en quienes no po- 
día maliciarse competencia aristocrática ni exajeracion democrática. Ad- 
miróse Bonaparte y culpó á los oradores que habían defendido el proyec- 
to. Decia « que si la diversidad de las órdenes de caballería y su partícula 
ridad de galardones deslindaban los linajes, la única condecoración de la 
Lejion de Honor, con la universalidad de su aplicación, era por el contra 
rio el distintivo de la igualdad. » Por esta consideración había desechado 
los consejos de aquellos que apetecían fuese la Lejion de Honor pura- 
mente militar. «Ese concepto, les dijo., podia ser del caso en tiempo del 
réjimen feudal y de la caballería, ó cuando los Galos fueron conquistados 
por los Franceses. La nación era esclava; únicamente los vencedores eran 
libres; lo eran todo; lo eran como militares Es imprescindible que en 



DI \ M'OI I UN JI7 

rl tiempo nrtii.il se piense de olio modo qnr en Ir» siglo* do barbarie. So- 
idos treinta millones di* hombros reunidos |>or las lnrr« , l.i propiedad y el 
comercio. Nada son trescientos ó cuatrocientos militan-* para esa mole; 
i I. ni ii el caudillo solo mandn por sn desempeño civil . pnes en no ejer 
riendo sus moñones , vndve ni orden natural. Kl ejérrito es la nación, ti 
se conceptúa al militar prescindiendo del orden riul . se vera rpir < 
noce otra les que la fuerza a que iodo lo refiere y que iiontirnoV masque á 

si Ks jenial en el militar el quererlo todo despóticamente, y en H 

hombre civil el sujetarlo todo á la discusión, á la verdad j a la ii/.mi 
No titubeo pues en opinarque, tratándose de prceminenein, correspondo 

sin disputa á lo eivil No gobierno por ser jeneral . sino |K>r cuanto la 

nación conceptúa que tengo las prendas civiles adecuadas al gPbieno Bí 
no lo opinase asi . se desplomaría el gobierno. Ya sabia yo mu> bien lo 
qoe hacia . cuando siendo caudillo, me apropiaba el dictado de individuo 
del Instituto, pues estaba seguro de que me comprendería hasta el intimo 

tambor 

« Si la l-cjion de Honor no fuese el galardón do los servicios civiles en 
mo de los militares . dejaría de Mf lo que espresa su titulo. ... « 

Y después dijo: «Kldiaen que M desvien de la organización funda 
mental, habrán destruido un aran pensamiento y mi I .ejión de Honor deja 
rá de existir. • 

Grandioso era con efecto el jionsamiento de suscitar y promover la 
emulación entra losciudadanos, patentizando á todos igualmente la carre- 
ra de Ins distinciones honoríficas y la de las dignidades y destinos. En lo 
sucesivo, el mérito era todo , y nada valia la casualidad del nacimiento: 
era el triunfo de la revolución desprendida de sus pretensiones accidenta 
les y ansiosa de afianzar lo que esencial y constantemente había apetecí 
do. Cabe pues el conceptuar que si la Lejion de Honor tropezó con crecidos 
opositores entre los mas esclarecidos patriotas, fué porque no creyeron en 
los bienes que indicaban los oradores del gobierno, viendo solo un medio 
reclutador para revolver imperceptiblemente la nación á los antiguos titu. 
los, en ii 1 1 1.- 1 lo ni i sino donde Ilonapartc les mostraba los primeros ser \ idores 
del pais premiados, j los principios de la igualdad puestos en práctica con 
la fundación de una orden accesible á todos. De modo que cabe decir 
que la oposición briosa y manifestada en el interior del tribunado dima 
nó menos de que los tribunos indóciles comprendieron mal al primer 
cónsul, que de haber columbrado con acierto la mente del emperador 

l'ero entre las creaciones consulares, una hay á lo menos que niagn 
na aprensión de secta ó partido alcanza á menoscabar en la memoria y el 
reconocimiento de los pueblos, y este csel Código eivil. Vano fuera el em- 
peño de atribuir esclusivamente el milagrea los sumos jurisconsultos que 
lo revolución babia ensalzado. Sabido es que en las disensiones mas tras- 

28 



218 HISTORIA 

cendentales, Bonapartedió su dictamen, y que á veces le sucedió resolver, 
con una ocurrencia ó uno de aquellos rasgos grandiosos peculiares del 
numen , dificultades que no podian despejarlos lejistas. Así mandó añadir 
el capítulo V al título de los autos del estado civil para deslindarla condi 
cion civil de los militares fuera del territorio de la república. Decian, para 
desentenderse de esta adición, que bastaba que los autos concernientes á 
estos militares se hallasen revestidos con las fórmulas usadas en los paises 
estranjeros en donde se hallasen. ■ El militar, replicó prontamente Ñapo 
león, nunca está en el estranjero cuando está bajo sus banderas; donde se 
hallan estas, allí está la patria. • 




Sin embargo con la paz de Amiens quedaban ociosos en manos de Bo- 
naparte todos los recursos militares de la Francia. Entonces fué cuando el 
primer cónsul trató de aprovecharse de la bonanza europea para trasla- 
dar la guerra á América , y conquistar á Santo Domingo. Dio el mando 
de la espedicion á su cuñado Leclerc, y le cupo un éxito fatalísimo. Su 



Dfi NM'OI.KON *| 

principal resultado fué la sorpresa «Id rnnililln ucun» . Todo* Santo* l¿nti- 



•"' 










verture, varón descollante entre los suyos, el cual remitido á Francia, mu- 
rió en el castillo de Joux. Leclerc pereció con la pesadumbre de haberse 
encargado de una empTesa desastrada. Rochambeau. que lo sucedió, per 
dio la colonia con sus tropelías. 

La Italia, cuna de la gloria y del poderío de Bonaparte , embargaba 
también su pensamiento. Habia recibido de la consulta reunida en fjon ¡i 
principios de Í802, la presidencia do la república cisalpina, cuyo peso 
no era capaz de sobrellevar ninguno entre los Italianos; aun cuando no 
hubiese entrado en las miras de Bonaparte el reservarlo para si . «No te- 
neis mas que leyes particulares , dijo á los diputados de aquella nación ; 
las necesitáis jcnerales. Vuestro pueblo no tiene mas que hábitos locales y 
es forzoso que se nacionalize. » En el trascurso del mismo año Bonaparte 
incorporó el Piamonte á la Francia y lo dividió eu seis departamentos : el 
Po , el boira , el Sesia, el Stnra, el Tanaro y Marengo. 

Floreció el año nuevo de Í80S con una nueva organización del In^ti 
tuto nacional que se distribuyó en cuatro clases: 4". ciencias ; 2*. idio- 
mas y literatura; 3*. historia y literatura antigua; 4\ nobles artes. Esta 



220 HISTORIA 

clasificación cercenaba en el Instituto las ciencias morales y políticas, por 
encono de Bonaparte con algunos publicistas y metafísicos que osaron le- 
vantar la voz contra sus planes de gobierno hasta en el mismo tribunado, 
y que desde aquel punto le merecieron el concepto de meros soñadores. 

Planteó también por entonces varios establecimientos de suma entidad, 
como la escuela especial militar de Fontainebleau , y la especialísima de 
artes y oficios de Compiegne. 

Vencedor de las monarquías europeas y pacificador de la república 
francesa, quiso añadir Bonaparte á entrambos dictados el de mediador 
de la confederación helvética, dando á la Suiza una nueva organización 
que zanjó las contiendas sobrevenidas entre los antiguos cantones. Diez y 
nueve estados, que tenian cada uno su propia constitución bajo la protec- 
ción suprema de la Francia, formaron la nueva Helvecia. El primer con 
su I les dirijió una proclama en la que se nota el paso siguiente : 

« Todo hombre sensato está viendo que la mediación, de que me en- 
cargo, es para la Helvecia un beneficio de aquella providencia que en 
medio de tantos trastornos y tropiezos siempre se desveló por la existen- 
cia y libertad de vuestra nación , y que esta disposición es el único ai 
bitrio que os queda para salvar uno y otro. » 

Los gabinetes estran jeros veian con enfado y con ira la prepotencia que 
mas y mas se iban granjeando la Francia y su caudillo mozo en los negó 
cios de Europa. Pero sobretodo en Londres, en aquellos consejos de San 
James, donde se habían ideado y planteado tantas ligas por la aristocracia 
europea contra la democracia francesa , se iba sobrellevando la paz con 
suma impaciencia. ¿Cómo se avendrían los estadistas, autores ó aclamado 
res de los ímpetus de Brunswick, en su manifiesto, á presenciar por largo 
tiempo el aparato grandioso y armado y la prosperidad floreciente de un 
pueblo que soñaban poner absolutamente en manos de su soldadesca? 
Los injenios toris entonaban las cantinelas de Burke y de Pitt con todas 
sus violencias contraía revolución francesa. Bonaparte solo respondió al 
pronto mandando insertar en el Monitor una nota que empezaba asi i 

« Una parte de los periodistas ingleses está batallando en mil discor 
días Todas sus columnas están brotando sangre. Claman á gritos por la 
guerra civil en el regazo de la nación occidental tan felizmente pacificada 
Todos sus raciocinios é hipótesis versan sobre estos dos puntos: 

« I". Soñar agravios de parte de la Francia. 

<' 2". Ajenciar aliados y dar alas á sus ímpetus con el auxilio de las 
potencias principales del continente. 

« Sus agravios mayores son los negocios de Suiza, cuyo feliz éxito pro 
voca su zeloso furor » 

La nota de oficio terminaba con votos por la paz duradera, al paso 
que apuntaba estar la Francia preparada para la guerra y que nunca se 



DE NAPOLEÓN 124 

OMMfUilte nada de ella con amagos arrogante». Por lo demás «guióse á 
tvla nota otro parto de ia misma pluma y que terminal» con estas pala- 
lúas, liarlo reparables: 

Mas hiedes ipu* las idas del Océano derroquen el |wfton que enhena 
su saña por cuarenta siglos , que á la facción enemiga de la Europa y de 
los nombres reenoeoder la guerra y todos sos desafuero» en raed» del Oc 
cidenle, y sobre todo oscurecer por un momento el astro de) pueblo Ituf 
oes. • 

Pero pronto el primer cónsul debió tomar otro rumbo que el d»' sus 
contiendas periódicas de oficio, pues se patentizó que los periodistas i agir 
ses tenian harta cabida en el gabinete de San James, como Bonaparle lo ha 
bia dicho con bastante claridad en esta solemne denuncia que el Monitor 
llevó de un estremo ¿ otro de la Europa: 

• El Times , que dicen cstó bajo la vijilancia ministerial . desemboza 

incesantes embates contra la Francia El desastrado achaca al gobierno 

¡i unís cuanto la fantasía puede idear en bajeza, pequenez y ruindad. 
¿Goal es su objeto ?. . . . ¿ Quién lo paga?. . . 

i ii periódico, redactado por algunos viles emigrados, hez impura y 
escoria sin patria y sin honor, tiznados con todas las torpezas que ningu- 
na amnistía puede sincerar , sobrepuja todavía al Times. 

« Once obispos, presididos por el atroz obispo de Arras, rebeldes á la 
patria y á la iglesia, se congregan en landres ; imprimen folletos contra 
los obispos del clero francés, é injurian al gobierno y al papa porque han 
restablecido la paz y el Evanjelio entre cuarenta millones de cristianos. 

t La isla de Jersey rebosa de facinerosos sentenciados á muerte por los 
tribunales por crímenes cometidos posteriormente á la paz, tales como 
asesinatos , tropelías é incendios. El tratado de Amiens espresa que serán 
respectivamente entregadas las personas acusadas de crímenes y homici- 
dio ; muy lejos de esto, los asesinos que se hallan en Jersey son bien re 
ci Indos 




222 HISTORIA 

« Jorje lleva públicamente en Londres su cordón encarnado en re- 
compensa de la máquina infernal que destruyó un barrio de Paris y dio 
muerte á treinta mujeres, niños ó pacíficos ciudadanos. ¿Esta protección 
especial no inclina á creer que si hubiese logrado su intento, le hubieran 
dado la orden de la jarretera? » 

Tras tales jestiones y cargos y tales acusaciones , ¿ qué venia á ser la 
paz de Amiens? 



CU?, í)\ 

■ 
■ 

¿o! •!'.>■; 




<:\i'm Ijü \\ 



Rompimiento entra Francia e IngUterr^. Viaje» «le Bonaparle |ior la 

B. I|m ■■> y la» costas. Conspiración de Picbrpru v do. 

forje. Muerta del tintine de FnRhien. 

Fin del Consulado. 




a unidad europea, primitivamente plantea 
da á influjo del cristianismo y la conquis- 
ta , y escudada después bajo el manto de 
la diplomacia , habia ido al través con la 
revolución francesa. Todos los gobiernos 
añejos se habían alarmado , y el gabinete 
británico , aunque la Inglaterra se titulase 
•el pais clasico de la libertad, se habia mos- 
trado el mas desaforado y tenaade nuestro* 
enemigos, porque representaba, bajo fórmulas constitucionales, la 
eraría mas fiiureida é implacable, el feudalismo —I MUJO «pie 
Europa. Ninguna paz duradera tenia cabida para la Francia con aquel ga- 
binete ni con ninguno de los que dirijian el continente, toa hostilidad 
encubierta é incesante debia abrigarse tras todas las demostraciones pací- 






224 HISTORIA 

Qcas de las chaneillerías ; y esta antipatía, fundada en una contraposición 
fundamental de principios é intereses , iba en aumento , al paso que el 
triunfo de los intereses y principios revolucionarios, haciéndolos mas ame 
nazadores , enfrenaba un tanto sin embargo los ímpetus soberanos y aris- 
tocráticos. Si la escasez, la miseria y los clamores de los pueblos obliga 
ban á veces á los gobiernos á deponer las armas, la urjencia acarreaba 
tratados insubsistentes que dejaban en auje todos los móviles de guerra, 
reservándose el atropellados sin escrúpulo á la primera coyuntura. La 
vieja Europa queria reconquistar á todo trance su unidad, como aun lo 
quiere hoy dia; se hacia cargo de que mediaba su existencia, y cuando ya 
no podia marchar descubiertamente, disimulaba oficialmente y tomaba 
caminos ocultos. Por su parte, la Europa joven debia también afanarse, 
ya con el heroismo del soldado , ya con la sabiduría del estadista , en fun- 
dar una nueva unidad, sabiendo muy bien que siempre habria para ella 
peligro y mala vecindad , mientras el privilejio estuviese junto á la igual- 
dad. El desengaño de esta deshermandad hizo decir á Napoleón que 
« dentro de cincuenta años la Europa seria cosaca ó república, » lo que so- 
lamente significa que en este trascurso , la revolución ó la contrarevolu- 
cion habrán restablecido la unidad europea ; y como no cabe sn el orden 
natural de lo humano que el poderío del porvenir, la fuerza y fecundi- 
dad , tan jemales en la mocedad , tengan milagrosamente por paradero la 
vejez , claro está que la alternativa profética que han repetido los ecos de 
Santa Helena, no puede sobresaltar formalmente á cuantos esperan la con- 
versión mas ó menos remota de la barbarie moscovita á las ideas francesas. 

Si al cabo de mas de treinta años la guerra de principios que está 
enfrenando el influjo de las disposiciones y de las necesidades de los pue- 
blos , continúa calladamente por parte de los gobiernos en medio de la 
paz, ¿qué debia ser en 1805, cuando los ímpetus estaban siempre hirvien- 
do y la revolución aun no tenia para abogar por su duración y éxito defi- 
nitivo las victorias del imperio ni las desvalidas tentativas de la restaura- 
ción ni los portentosos acontecimientos de 1830? Una lid patente debia 
pues suceder á estas hostilidades, encubiertas tan pronto como asomase el 
trance propicio á los enemigos inveterados de la Francia. No se necesita 
ron dos años en la corte de Londres para cansarse de la paz engañosa fir 
mada en Amiensy para desenfrenar enmortal contienda á dosnaciones que 
solo hubieran necesitado manejarse por gobiernos con miras liberales, por 
estadistas de la escuela de Fox, para marchar de frente y en perfecta ar- 
monía á la paz, prosperidad y civilización del mundo. 

Un mensaje de los cónsules, con fecha del 20 de mayo de 1803, ente- 
ró al senado, al cuerpo lejislativo y al tribunado, de las disposiciones hos- 
tiles del gabinete inglés y lo inminente de la guerra. Estos diferentes cuer- 
pos contestaron á esta manifestación espresando el anhelo de que « se pro- 






DE NAPOLEÓN. 22-i 

vidcncinse ni punto para hacer respetar la fe de los tratados y la dignidad 
del pueblo (ranees, i Su resolución, participada al gobierno, fué acojida 
con otas solemnes palabras del primer cónsul : 

• Nos precisan a baeer la guerra para rechazar una injusta agresión : 
la haremos con gloria. 

■ Si el rey de Inglaterra está en el ánimo de mantener la (Irán Bretaña 
en estado de guerra hasta que la Francia le reconozca el derecho de cum 
plir ú hollar A su antojo los tratados, como también el privilejiode ultra 
jar al gobierno francés en impresos de oficio ú por particulares, sin que po 
damos quejarnos, forzoso se hace lastimarse por la suerte de la humanidad. 

t Es positivamente nuestro Animo dejar á los últimos nietos el nombre 
francés siempre condecorado y sin mancilla 

« Cualesquiera que puedan ser las circunstancias , cederemos siempre 
a la Inglaterra la iniciativa en tropelías contra la paz y la independencia 
de las naciones, y le corresponderemos con ejemplares de comedimiento, 
que únicamente puede mantener el orden social. • La posesión de las islas 
ríe I^impedusa y de Malta y la evacuación de la Holanda , eran Las causas 
aparentes , los protestos en que se fundaba el rey de Inglaterra p'ira rom 
|x«r el tratado de Amiens ; pero en realidad la idéntica causa que había 
fraguado la primera liga volvia á armar á la (irán Bretaña contra la Fran 
cía: la guerra que se encendía, era toda de principios contra la revolución 
francesa. En vano el emperador de Busia y el rey de Prusia aparentaron 
ofrecer su mediación ; los sucesos de los años siguientes comprobarán que 




220 HISTORIA 

eran los aliados encubiertos de nuestros enemigos, con los que estaban 
probablemente hermanados para que se rehusase de oficio su proposición ; 
pero como la Inglaterra habia padecido mucho menos en las primeras 
guerras que las potencias del continente, y habia necesitado plazo mas 
corto para rehacerse, natural era que encabezase la nueva coligación que 
debia encubrirse aun por mucho tiempo contra la Francia. 

El primer resultado de aquel rompimiento redundó en quebranto su- 
mo del gabinete que lo causó. Las tropas francesas ocuparon el Hanover, 
y el ejército anglo-hanoveriano , desamparado vergonzosamente por el 
caudillo duque de Cambridge, quedó prisionero de guerra. 

Entablada ya tan esclarecidamente la contienda, sale Bonaparte de 
Paris para recorrer la Béljica. Bruselas le recibe á fuer de triunfador, y el 
pueblo belga manifestó á su tránsito aquel entusiasmo que le causaba la 
presencia del héroe á quien debia el hallarse recien incorporado á la re 
pública francesa. Bonaparte va correspondiendo á este recibimiento, según 
su costumbre, dotando al pais con establecimientos y construcciones de 
utilidad pública: dispone el enlace del Rin, del Mosa y del Escalda por 
medio de un gran canal de comunicación. 

De vuelta á Paris, manda que se abra al público el puente de las Artes, 
y trasforma el Pritaneo en Liceo. Ocupábanle entretanto los negocios es- 
tranjeros. Firma un tratado de alianza con la Suiza, recibe en audiencia 
estraordinaria al embajador de la Puerta Otomana, y publica la cesión de 
la Luisiana á los Estados-Unidos, mediante una indemnización de sesenta 
millones de francos. 

Pero la guerra con la Gran Bretaña embarga ante todo la atención del 
primer cónsul. Cavila sobre un desembarco en Inglaterra, y con este mo 




DE NAPOLEÓN Til 

livo dijo después que • si en Taris se h.ibi.in rcido . no sucedía olro tanto 
en Londres. «• A principios de iio\iemhre sale de París 
parn ir examinando las obras inmensas que tema dispuestas ron este objeto, 
j pi esencia un combate que ocurre en Bolonia entre una división inglesa y 
la escuadrilla franeesa. 

Al volver á su capital (pues ya estaba reinando Itnnanarte) . halla el 
primer cónsul un mensaje del rey de Inglaterra al parlamento, en el que 
Jorje III declaraba «rque va personalmente á acaudillar á su pueblo, por 
qua la Francia está amenazando contra la constitución, relijion é iiidepcn 
delicia de la nación inglesa ; pero que va á providenciar de modo que todo 
redunde en quebranto , trastorno y desventura de la misma Francia. • 

Booaparte se enoja y escribe en el Monitor ■ 

« ¿ Ks posible que el rey de Inglaterra, que el caudillo de esa nación, 

«•ñora de los mares y soberana de la India, use semejante lenguaje? 

I Ignoran acaso los que le dictan esos párrafos indiscretos, que Ilaroldo, el 
perjuro, acaudilló también á su pueblo? ¿Ignoran por ventura que los pres 
tijios del nacimiento , los atributos de la potestad soberana y el manto de 
púrpura que cubre á los reyes, escudan frájilmente en tales trances, cuan 
do la muerte, arrollando filas por ambas huestes , aguarda la mirada 
del mimen y un arranque inesperado para escojer el partido que debe ofre 
corle sus victimas? Todos los hombres son iguales el dia de una batalla. 

« La maestría en las peleas , una táctica superior y la serenidad en el 
mando, sobreponen el vencedor al vencido. Un rey, que á los sesenta y 
tres años por la vez primera encabezase sus tropas, seria en la refriega un 
estorbo para los suyos y una nueva probabilidad de triunfo para sus ene 
migos. 

« El rey de Inglaterra habla del honor de su corona , del sosten de la 
constitución, de la relijion, de las leyes y de la independencia. ¿No le 
afianzaba el tratado de Amiens el goce de todos estos preciosos bienes ?. . . . 
¿t>ué tienen que ver el peñasco de Malta y vuestra relijion , leyes é inde- 
pendencia f 

• No le cabe alcanzar á la intelijencia humana cuanto la providencia 
decretó en su profunda sabiduría como conducente al castigo del perju- 
rio y de los que siembran la zizaíia, provocan á la guerra, y, por vanos pre 
testos ó motivos encubiertos de una ambición torpe, están derramando á 
rios la sangre humana; pero podemos presajiar con seguridad el éxito de 
»>sta grandiosa contienda, y decir que no tendréis á Malta, ni tampoco a 
Limpedusa, y que firmaréis un tratado menos ventajoso que el «le Amiens. 

• I-a derrota , la confusión y las desventuras Todos esos retos son 

ajenos de un gran pueblo y de un hombre que está en su juicio cabal. 
Aun cuando el rey de Inglaterra hubiera alcanzado tantas victorias como 
Alejandro. Aníbal ó César, insensato en cstremo fuera semejante lengua 



228 H1ST01UA 

je. La suerte de la guerra y de las batallas pende de lances tan nimios , 
que es forzoso carecer de todo raciocinio para afirmar que el ejército fran- 
cés, nunca cobarde, solo hallaría en el suelo de la Gran Bretaña derrota, 
confusión y desveuturas. » 

La guerra habia encumbrado á Bonaparte á la jerarquía del sumo cau- 
dillo del orbe ; había dado en el gobierno pruebas de grande estadista; 
faltábale darse á conocer como escritor en aquella temporada, cuando era 
la prensa ya una potestad política. A bien que sus proclamas, sus órdenes 
del día, sus arengas militares y rasgos de oficio podían dar una idea de 
su estilo; pero esto no bastaba para manifestar todo el ámbito de sus al- 
cances. Su instinto de hombre grande le estaba voceando que acudiese á 
todo jénero de armas, absolutamente imprescindibles en aquella época, á 
saber, la espada, el habla y la pluma; que no desateudiese personalmente 
ninguno de los principales medios que necesita la potestad para acaudillar 
en el interior los pueblos y defender sus derechos en el esterior. Los pe- 
riódicos ejercían en esta parte un imperio incontrastable, y bastaba esto 
para que Bonaparte no se desdeñase de hermanar la propiedad de perio- 
dista con la de guerrero y de lejislador , mostrándose en todo el hombre 
cabal de su siglo. Y lejos de conceptuar que se desdorase afanándose en 
contiendas periódicas, persuadidos estamos de que el vencedor de Maren- 
go no se tenia en menos, con la pluma en la mano peleando con elocuen- 
tes discursos y con el poderío de la razón contra los enemigos de la Fian 
cia, que al blandir la espada en el acto de la pelea para arrojar sobre ellos 
sus invencibles falanjes. Aun podemos añadir que en varias ocurrencias 
manifestó que si optar debiera entre las prendas civiles y militares , no ti- 
tubeara en dar la preeminencia á las primeras, y ya vimos poco ha como 
recordaba que en Ejipto é Italia habia antepuesto el dictado de individuo 
del Instituto al de jeneral en jefe. 

Y. no se diga que lo hacia con afectación ; no : Bonaparte estaba muy 
hecho cargo de los requisitos imprescindibles para gobernará un pueblo, 
puesto ya por la filosofía en insurrección contra la monarquía militar de 
Luis XIV. Sabia que la revolución francesa era una lid del entendimiento 
contra las instituciones feudales planteadas por la irracionalidad, y que 
si á veces tenia que valerse ella misma, en propia defensa.de aquella 
fuerza, le repugnaba en gran manera aquella clase de pelea. Anteponía 
por tanto Bonaparte el acudir á la lójica , arma natural que ilustra y ena- 
mora los ánimos para avasallarlos á la razón , que hacer uso de los ajenies 
mortíferos empleados en la guerra para derramar con profusión la sangre 
de los hombres, y que solo pueden dar por resultado el rendimiento de la 
razón á la violencia, lo que constituiría esencialmente la contra-revolución. 
Por eso en todas las guerras que sostuvo como jeneral, cónsul ó empera 
dor, siempre se dedicó á que constase, como en el rompimiento del tratado 



di: napoleón ISO 

di' \micns, que solo cedía a la necesidad ile repeler una injusta agresión, 
haciendo recaer sobre los enemigos «le la Francia li odiosidad «Ir mantos 
padecimientos debían caber a la humanidad desvalida (I). 

Al naso que el primer cónsul repella •■ n m periódico de oficio las hala 
drouadas parlamentarias del rey Jorje . echaba el resto en la KM| un/ 1 
i ion interior de la república. En '20 de diciembre de ISO", con\oco un se 
nado consulto para modificar la constitución del cuerpo lejislativo. que 
empezó sus sesiones clf» de enero de 1804, siendo presidente Mr Fontanes. 
Piole llonaparte la preferencia sobre kM «lemas candidatos, á pesar de sus 
relaciones con el |>artido realista, llevado del sistema de liermanamn rito 
por cuyo mcibo esperaba reconciliar con la revolución drstiznmla, como 
solía llamarla, á los enemigos comedidos y álos amigos exagerados de la 
causa democrática, á los que vieron la revolución COI repugnancia y los 
que la sirvieron con escesos, en una palabra, á Fontanes y Foucíié, y con 
ellos á cuantos la cordura o la ambición . el quebranto de lo pasado y la 
incei lidumbre del porvenir defraudaban de la reconciliación y el sosiego. 

El informe sobre la situación de la república, hecho ante el cuerpo le 
jislalivo , en la sesión del 10 de enero , era un magnifico cuadro de los 
adelantos en la prosperidad nacional. Mr. de Fonlanes, encabezando la di 
putacion, congratulo ni primer cónsul en nombre de aquella junta. «El 
cuerpo lejislativo, le dijo, os da gracias, en nombre del pueblo francés, 
|K>r tantos afanes entablados á favor de la agricultura y de la industria \ 
que la guerra no ha interrumpido. Kl raudal de pensamientos encumbra 
dos hace á veces que los prohombres desatiendan los pormenores de la ad- 
ministraeion ; pero no os hará este cargo la posteridad. La mente y el rum- 
Im) de vuestro gobierno caminan al par por donde quiera. 

Todo va á mas ; los enconos se embotan , las contraposiciones desapa 
recen, y al ímpetu del numen avasallador, sistemas 6 individuos, al pare 
cer opuestos , se aunan , se emparejan y acuden acordes á la gloria de la 
patria. Us costumbres antiguas y las nuevas se hermanan, conservándose 
cuanto puede mantener la igualdad de los derechos civiles y políticos, y au- 
mentar el esplendor y dignidad de un imperio grandioso. 

« Estos beneficios, ciudadano primer cónsul . son obra de cuatro anos 
Todos los destellos de la gloria nacional . de cinco años á esta parte empaña 



(i) Pnra 'I ir iiumit |msu .i IM pacificas prolMtftft, UoiiapaMe quiso i|uc rstu- 
\ie*rn revertida* con rl «rilo de la relijion. Pidióle al clero que Ituirsc pública* 
rogativa* |»or el Imen éxito da sus amias contr.» la injusta agresión He la logia- 
»rrr.i, y rl clero accedió a »ua deseos. Kl cardenal de Belloy,antobi«po <tr Paria, 
pul |i. ii con ole motivo una pastoral en la que da prof'-licameote a B<>na|>ar- 
ic el dictado da Cwhjuí umJor Je la Emrvpa, y apuuli a| gobierno ingles como au- 
tor de l.i guerra. 



230 HISTORIA 

dos , han ido cobrando un esplendor que hasta ahora nunca habían te- 
nido. » 

El asombro que todos estaban tributando á Bonaparte y el apego de 
casi toda la Francia á su consulado perpetuo, debian al parecer enfrenar 
desafueros y tenerlos á raya ; pero los partidos que tremolan principios 
en sus banderas, siguen agonizando tras sus derrotas, aun cuando su sis- 
tema esté ya alterado por el tiempo, y tan solo equivalga á una preocupa- 
ción. El cúmulo de Jos realistas podia ceder al raudal de los acaecimientos, 
á la prepotencia del numen y á la estrella victoriosa de Bonaparte, y resig- 
narse á ver la voluntad de Dios y el dedo de la Procidencia en los porten- 
tosos acontecimientos que mediaban á fuer de antemurales entre los Bor- 
bones y la Francia ; y este en efecto era el concepto que á la sazón iba 
predominando entre las poblaciones en otro tiempo adictas á la causa 
real. Empero, los prohombres del partido que habían permanecido en la 
emigración, perseveraban siempre en sus enconos y amaños contra el nue- 
vo sistema; contaban con el afecto de todas las cortes europeas y con su 
auxilio encubierto, que podia brotar y florecer según las circunstancias, y 
tenían el arrimo patente de la Inglaterra, desde que había quebrantado 
la fe prometida en Amiens. 

En tal estado, parecióles que la continuación del sosiego interior, res- 
tituyendo á lospueblos del Occidente á sus faenas pacíficas, dificultaría mas 
y mas cualquiera nueva tentativa de insurrección, y que por lo mismo era 
urjente abalanzarse al primer cónsul antes que su poderío hubiese echa- 
do mas hondas raices. Tramóse pues una conspiración contra el gobierno 
y la vida de Bonaparte. Los conjurados se aunaron desde el Bin hasta el 
Támesis bajo los auspicios del gabinete inglés, avasallado por los toris mas 
desaforados. Pichegrú, atenido á sus antecedentes de traidor, terció en 
la conspiración, asociándose con el célebre chuan Jorje Cadoudal. Moreau, 
empañando la gloria de Hohenlinden, recibió sin enfado, y aun quizá es- 
cuchó gustoso la comunicación de esta odiosa trama. « ¿Cómo se ha metido 
Moreau en este negocio? esclamó Bonaparte. ¿Es posible que se estrelle 
tan á ciegas el único prohombre que podia causarme zozobra, el único que 
podia tener algunas probabilidades contra mí ? Tengo una estrella..... » 

Descubierta la conspiración , el gobierno la denunció á la Europa en- 
tera, valiéndose de cuantos medios le cabían para pregonarla. Todos los 
cuerpos del estado pasaron á manifestar al primer cónsul su indignación, 
ofreciéndole su cooperación para cuanto fuera dable providenciar al inten- 
to. Bonaparte les contestó: 

« Desde el día en que rae encargué de la potestad suprema, se han ido 
fraguando repetidas conspiraciones contra mi vida; criado en los campos 
de batalla, nunca conceptué de entidad peligros que no me infunden zo- 
zobra. 



1)1. NAPOLEÓN 25t 

« Pero no puedfl menos de amargarme el recapacitar la situación en 
queso hallaría hoy este eran pueblo, si el atentado ultimo bobeen tenido 
éxito ; porque la conspiración iba principalmente asestada contra la pío 
ria. la libertad y los destinos del pueblo francés. 

« Tiempo hace que renuncié al embeleso de la vida primada, todos mis 
momentos, mi existencia entera se x incida en el ileMIBpeéo de los deberes 
que me han impuesto mis destinos y el pueblo francés. 

■ Kl cielo velará por la Francia y borlará las conspiraciones de los 
malvados. No tienen los ciudadanos porque sobresaltarse; mi vida durará 
tanto cuanto necesaria sea á la nación. Tero quiero que el pueblo francés 
sepa qoe la existencia sin su confianza y su cariño carecería para mi de 
todo consuelo y ante torio carecería de objeto. • 

De este modo, dejando que se trasluciese el triunfo de la contra revolu- 
ción en el malogro de una trama contra su vida, y enlazando con su pro 
pia existencia el blasón , libertad y deslinos de la Francia, Bonaparte da- 
ba á entender qoe no bastaba en su concepto, para precaver al país, la 
majistratura vitalicia que el pueblo le había conferido, y que pensaba en 
un nuevo instituto que pudiera escodar con él los intereses recién plan 
teados. Tronío veremos su |M*nsamientn patente y realizado. 

Futre los emigrados que estaban prontos para trasponer la rasa a la 
primera señal dada por los conspiradores, se hallaba el duque de Fnghien. 
ultimo vastago de la sangre de Conde. El primer cónsul lo mandó prender 




232 HISTORIA 

en los estados de Badén y trasladar á Vincenas para sumariarlo y ajusticiar- 
le atropelladamente. Algunos han afeado esta ejecución , tiznándola como 
un vil asesinato que eslampaba un borrón indeleble en la memoria de Bo- 
naparte. No cabe duda en que si el joven príncipe, que llevaba uno de los 
apellidos mas grandiosos de la antigua Francia, hubiese guerreado contra 
los intentos y novedades que le eran opuestos, con el antiguo pundonor y 
según las leyes de la honradez y el derecho de jentes, su arresto y su muer- 
te entrarían en el dominio de aquella implacable política que se valió del 
terror y del cadalso como armas de guerra ; y desde entonces Bonaparte, 
citado por aquel hecho ante el tribunal de la historia, solo pudiera sin- 
cerarse igualando su causa con la de la junta de salvación pública y acla- 
mando como ella la necesidad. Pero si, por el contrario, el duque de En- 
ghien no se habia ceñido á pelear contra la república como soldado, y si 
verdaderamente se habia asociado con los que asaltaran la persona del 
primer cónsul , para trastornar y avasallar á su pais, ya no es un descen- 
diente del vencedor de Rocroy el que pereció en los fosos de Vincenas, sino 
un cómplice de Jorje y de Pichcgrú. 

« He mandado prender y procesar al duque de Enghien, dice Napoleón 
en su Testamento , porque así lo requerían el aíianzamicnlo , el interés y 
el honor del pueblo francés, pues él mismo confesó que el conde de Artois 
pagaba sesenta asesinos dentro de Paris.En circunstancias iguales, volvería 
á obrar del idéntico modo con que procedí entonces. » — « Aun cuando las 
leyes del pais no abogaran á favor mió y contra el duque de Enghien, dice 
en otra parte, me autorizan los derechos de la ley natural y los de una le- 
j i tima defensa. Así él como los suyos no tenían otro objeto que quitarme 
la vida; yo me veía continuamente acometido; valíanse de escopetas de 
viento, de máquinas infernales y de toda clase de lazos y tramas. Cánseme 
al fin: utilizó la coyuntura de aterrarlos hasta en el mismo Londres, y lo 

conseguí Y ¿quién pudiera oponerse? La sangre está clamando por 

sangre ; preciso fuera ser necio é insensato para creer que una familia hu- 
biera gozado el estraño privilejio de atacar diariamente mi existencia sin 

darme derecho para pagarle en la misma moneda Yo nunca habia 

hecho personalmente nada contra ellos ; una gran nación me habia colo- 
cado á su frente; casi toda la Europa habia consentido en esta elección, y 
al cabo mi sangre valia tanto como la suya. » 

No cabe duda en que la sangre del hombre grande, acatado por la Eu- 
ropa entera y manantial de la dicha de la Francia, valia tanto como la de 
los príncipes empeñados en trastornarla Francia y la misma Europa. Pero 
¿quién ignora que la sangre de los héroes á quienes no está ya escudando 
el prestijio heráldico es de ningún valor para los linajes soberanos y las 
aristocracias que se agolpan á sus plantas? ¿Quién ignora que los mismos 
hombres que aparentan enternecerse y airarse viendo caer el esclarecimien- 



DE NAPOLEÓN, '253 

to hereditario bajo la cuchilla de las reacciooei políticas, bailan después 
romo los salvajes entorno del suplicio, cuando el plomo ardiente vuela el 
celebro á los prohombres nuevos? Preguntádselo si no á la sombra de 
aquel malhadado mariscal , que no era do la prole de los bravos, sino el 




mas descollante de los valerosos, y que no habia envilecido aquel dictado 
conflándose en viles asesinos. El pecho verdaderamente humano se con 
duele y enternece con todas las víctimas de las revoluciones sin acepción 
de partidos ; el Francés verdadero simpatiza con todas las glorias de la 
Francia, se desconsuela y se enluta en presencia de la desapiadada razón 
de estado, si no acierta á respetar en sus ímpetus las grandes nombradlas 
granjeadas en Austerlilz y Marengo. 

Algunos han conceptuado que el anhelo y la necesidad de resguardar 
contra el regreso de los Borbones á los jacobinos veteranos que rodeaban y 
franqueaban á Bonaparte el camino del solio, indujo á este á quitar de 
en medio al duque de Enghicn. Esta suposición, que desmienten el temple 
y las palabras de Bonaparte , es inverosímil. No recordaremos las desear 
gas de San Boque ni el estragamiento de los Clichienses ; obstáculos mas 
insuperables que los recuerdos del ir» de vendimiario y del IX de íructi 
dor, mediaban entre el primer cónsul y el partido realista. (Mros mas com- 
prometido! que él con la antigua dinastía, tales como Fouché y Talleyraod, 
tomaron posteriormente asiento en los consejos de Luis XVIII; pero lo que 
verdaderamente inutilizaba el resguardo horroroso que se le requería, es 
que habia manifestado claramente lo que intentaba y podía ser ; que á to 
dos constaba cómo , para avenirse con los Borbones, se hacia forzoso que 
mudara de repente de naturaleza , desertara de su destino . olvidara su 

SO 



254 HISTORIA 

situación y la de la Francia, que se desentendiera al par de sus anteceden- 
tes y de lo venidero, en una palabra, que dejara de ser el mismo. « Nun- 
ca pensé en los príncipes, ha dicho en Santa Helena; y aun cuando me 
hallara intensamente predispuesto á favor suyo , no estuviera en mi mano 
llevar á cabo mis intentos. Por lo demás, son falsas las noticias que corrie- 
ron de que yo les habia hecho proposiciones tocante á la cesión de sus 
derechos , por mucho que lo hayan voceado en grandiosas declaraciones 
derramadas con profusión por toda Europa. ¿Y cómo hubiera podido ser 
de otra manera, cuando yo no podia reinar sino por el principio de la so- 
beranía del pueblo que los escluia? Esto mismo habrán conceptuado ya á 
la sazón los hombres sensatos que sabían que yo no era un loco ni un 
necio. » 

Como quiera que sea, los conspiradores que habían intentado reponer 
el solio de los Borbones por medio de un asesinato , contribuyeron con 
efecto al restablecimiento de la monarquía; pero esta revolución no se eje- 
cutó en provecho del pretendiente á quien intentaban ensalzar; y desde 
su encierro pudieron ver que sus proyectos habían dado una corona á 
aquel cuya muerte estaban premeditando. 




j&toüJtilUR^ 


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(MMIl l.o \M 



EataMecintienin del gobierna imperial. Arlo «le rlcnicmia. < mi|.amcni.i 
»lr Bolnñ* Viaje .i ¡.i Bt'ljitM. 



i Bonaparte no hubiese apetecido 
mas que una potestad grandiosa 
para restableceré] orden \ la uni 
dad en la administración del esta 
do. y dar á la revolución . hasta 
entonces necesariamente militan 
te, elauje regular que las eonvul 
siones populares habían imposibi- 
litado por largo tiempo, bastarale 
el ejereieio \ italício de la majistra 
todo ron la regalía descompasada de nombrar él mis 




250 HISTORIA 

mo su sucesor. Con efecto , la elección, puesta en manos de tan subidos 
alcances, afianzabael desempeño sucesivo, obviando los acasos de todo he- 
redero inhábil, y era muy probable que el primojénito del monarca veni 
dero seria menos cabal que el segundo de los hijos esclarecidos de la Fran- 
cia para gobernar pais tan aventajado. 

Al plantear de raiz otra potestad , conceptuaba ante todo perpetuar un 
nuevo rumbo despejado por la revolución. « El derecho hereditario, dijo, 
es la única valla que ha de atajar toda contrarevolucion. Nada hay que 
temer mientras yo viva; pero en faltando yo, cualquier caudillo electivo 

adolecerá de apocamiento para contrarestar al bando de los Borbones 

La Francia debe mucho á sus veinte jenerales de división ; todos han pe- 
leado valerosamente en las filas donde estaban embebidos, pero ninguno 
sirve para jeneral supremo, y aun menos para caudillo del gobierno. » (Pe- 

LET DE LA L.OZERE. ) 

¿Era acaso fundado este concepto esclusivo que Bonaparte manifestó 
tocante á los jenerales de división mas sobresalientes? ¿No han desmenti- 
do posteriormente algunos de ellos su incapacidad para el gobierno, tan 
empeñadamente encarecida? ¿Y no es uno de aquellos tenientes de quienes 
se decia en t804 que no servían para caudillos de gobierno, el que ocu- 
pa aun en t85í) el trono de los Wasas, á que fué llamado en t8t0, sin 
que la alianza con las alcurnias añejas, que estrelló el cetro de Napo- 
león, haya podido hallar, por la incapacidad ó los deslices de aquel antiguo 
jeneral francés , medio y ocasión de restaurar la lejitimidad en Suecia, 
como pudo hacerlo en Francia, y libertar enteramente á la Europa mo- 
nárquica del escándalo de las soberanías plebeyas? 

Y si los mas decantados jenerales desdecían en realidad del papel de 
caudillos del gobierno, ¿habia también incapacidades políticas entre los 
prohombres civiles que galanteaban al primer cónsul y entre los que po- 
día entresacar el nuevo gobernante del estado, lo mismo que entre las 
Hombradías guerreras? 

No lo creemos, y nos parece indisputable que si Bonaparte, para sin- 
cerar el restablecimiento del derecho hereditario , alegó muy de veras la 
imposibilidad de hallar un hombre digno de la primera majistratura en el 
grande agolpamiento de varones eminentes que la revolución habia en- 
cumbrado en Francia , su ambición en este caso pudo mas que sus al- 
cances. Al buscar una garantía de estabilidad para el derecho hereditario 
monárquico, ¿acaso Bonaparte contaba con el poderío del principio here- 
ditario , y no con el desempeño de su heredero ? Si cupo tal esperanza en 
el primer cónsul, y si en ella participaron los hombres de estado que le 
ayudaron á plantear su solio, esto solo prueba que el numen mas encum- 
brado se aletarga á ratos, y que la perspicacia mas intensa se suele embo- 
tar y proceder ciegamente. 



DE NAPOLEÓN «17 

Knhorabtieníi que en la edad media se hubiese contado ante todo con 
el poderío del principe hereditario; entonces este derecho era, no solo ase 
quible, sino necesario. Kra posible, porque bastaba que la relijion lohubie 
ra consagrado para que fuera inviolable á los ojos de los principes y de 
los pueblos, cuya viva 6 idéntica fe afianzaba el avasallamiento jeneral a 
cualquier instituto, ley ó máxima realzada con su estampa divina. Kra 
asequible, porque en aquellos tiempos de universales y profundas creencias, 
la consagración de los reyes no era un mero ceremonial, pues el unjimien 
to sagrado atesoraba su virtud política, y el sello de la lejitimi.lad solo 
pertenecia al unjido del Señor y á su linaje. 

Era necesario, porque sin la consagración relijiosa de aquel dogma po 
litico , la tranquilidad y unidad del reino se hubieran hallado comprome- 
tidas al fin de cada reinado , con las competencias de los vasallos podero- 
sos, pretendiendo unos la corona de mano armada, mientras otros hubie 
ran apelado á la violencia para declararse independientes y sacudir el v u 
go de todo vasallaje. Ya que á pesar del derecho público de la monarquía 
sancionado por la relijion, se han manifestado tantas veces estas ambi 
ciosas pretensiones y estas propensiones trastornadoras , provocando en 
Francia á la guerra civil desde el oríjen del feudalismo hasta las conmo- 
ciones de la Fronda, ¿á qué no se arrojaran los magnates sedientos de 
dominio y de riquezas , desalados por la guerra y malhallados con todo 
jénero de freno, á no contener sus ímpetus la autoridad moral de un mó- 
vil que no podian contrarestar sin esponerse á los remordimientos de su 
propia conciencia y sin ser declarados traidores é impíos en el pregón de 
la Iglesia y del estado? \a barbarie y la indocilidad feudales destrozaran 
mas desaforadamente el regazo de la Francia, y careciera la corona de me 
dios para arrollarlas. 1.a sanción relijiosa concedida al derecho hereditario 
fué la que hizo desvalida contra el solio la tenaz insubordinación de los 
lirones, como habia dado á Juana de Are la fuerza milagrosa de que 
necesitaba para salvar, con un rey niño, el reino mas precioso del orbe. 
Cuando Kichelieu y Luis XIV lograron por fin doblegar la antigua ansto 
cracia y bosquejaron el plan de unidad y conecntramiento, perfeccionado, 
y después realizado por la revolución francesa, las violencias y el despo- 
tismo que ejercitaron contra la grandeza, favorecieron á la potestad real, 
en vez de redundar en su quebranto, porque entonces era el representante 
del derecho divino, escudado todavía por la fe de los pueblos, y porque 
lastimando á los subditos altivos que le hacian sombra, no alcanzaba mas 
que a los representantes de la fuerza irracional encubierto con el boato de 
los dictados. 

¿Qué habia sido en 4804 del derecho div ino, protector del hereditario? 

Había franqueado su asiento al derecho divino del mérito y del mi 



258 HISTORIA 

men, y asi la fe universal correspondía en adelante á la soberanía del puc 
blo. 

Por otra parte, ¿ habia acaso, al rededor del solio consular, vasallos te- 
mibles, dueños de las mas hermosas provincias de la monarquía , siempre 
dispuestas para alzarse aviva fuerza con la potestad suprema, y á constituir- 
se independientes ea un rincón del imperio? No, nada de esto habia que 
temer : pues si la santa ampolla estaba perdida, también el blasón queda- 
ba hecho jiras. En vez, de potestades feudales hereditariamente destinadas 
á la carrera de las armas y no pudiendo sostenerse sino por ellas en una 
sociedad constituida por la conquista y organizada para la guerra, la Fran- 
cia estaba viendo brotar por todas partes en la agricultura, comercio, ar- 
tes y ciencias , nuevos prohombres, levantándose sobre los antiguos con 
toda la superioridad del mérito personal ante el acaso del nacimiento y 
no pudiendo subsistir ó engrandecerse sino por medio de la paz. Los cau- 
dillos mas sobresalientes solo debían su encumbramiento al estado escep- 
cional sobrevenido en el pais de quince años á aquella parte, y sus timbres 
se cifraban por escelencia en hacerle gozar pacíficamente de los beneficios 
de una revolución, que preparando la asociación moral é industrial de los 
pueblos , dcbia hacer algún dia que se imposibilitase la guerra. Además 
nuestros jenerales no teuian influjo particular ni directo sobre parte algu- 
na del territorio , no tenían secuaces ni medio alguno de repetir el papel 
de los militares del antiguo réjimen. No podía tampoco haber entre ellos 
un Armagnac, un Burguignon, un Montmorency ó unEpernon-. y su con- 
ducta asombradiza y reservada en todas las vicisitudes del solio ha venido 
después á demostrar que la traslación de potestad, hereditaria ó electiva, 
no padecería alteración ó contraresto por sus miras personales. 

Engañábase pues Bonaparte al afanarse en sincerar el restablecimien- 
to de la monarquía hereditaria, acudiendo á máximas y hechos propios de 
un estado social enteramente diverso. Lo que habia sido posible y necesa- 
rio allá en el regazo de una jeneracion militar y creyente , no era preciso 
ni asequible en una sociedad industrial 6 incrédula que ya no tenia que 
temerla turbulencia feudal, y solo pedia por paradero délos trances, en 
premio de los triunfos guerreros mas esclarecidos , el derecho de entre- 
garse con seguridad á sus pacíficas tareas. 

Por lo demás, el primer cónsul habia dado, poco antes del 48 de bru- 
mario, poderosísimas razones contra el derecho hereditario, proclamando 
que este instituto, tan provechoso á la Francia en la edad media , era ina- 
sequible en el siglo decimonono «El derecho hereditario es absurdo, de- 
cía, no porque deje de afianzar la estabilidad del estado, sino porque es 
imposible en Francia. Estuvo allá establecido por mucho tiempo; pero con 
instituciones que lo hacían practicable, que ya no existen y que no se pue- 
den ni deben restablecer. El derecho hereditario dimana del civil; supone 



DE NAPOLEÓN. 2T.9 

la propiedad y tiene por objeto vincular mi traspaso. ¿Cómo cabía herma 
nar el derecho hereditario de la primera majistratnra 001 el principio de 
la soberanía del pueblo? ¿Cómo el persuadir «pie esta majistratnra es una 
propiedad? Cuando la corona era hereditaria, crecido numero «le majis 
ti aturas lo eran igualmente; esta aprensión era una ley casi jeneral. déla 
que ya nada existe. ■ (Thibaodbao. — El Consulado y r/ Imperio. ) 

¿Acaso lo absurdo se habia convertido en atinado desde el principio 
al Un del consulado, y por ventura habia cesado tí era menos aparente en 
1804 la desemejanza radical tan claramente advertida en I800?sin duda 
cpie no; cada época habia conservado su estampa; pero Ronaparte habia 
ido variando de pensamientos. Ya no le bastaba la potestad suprema a ti 
tulo vitalicio. Habia penetrado en su alma el concepto engreído de plan 
tear una dinastía y trasformar su familia en un rejio linaje. Desde entón 
ees su politíes, siempre nacional y filosófica, siempre grandiosa y abarca 
dora como sus alcances . se halló espuesta á contaminarse por el contacto 
de las consideraciones secundarias y apearse casi de continuo sobre las mez- 
quinas proporciones de la vanagloria y combinación dinástica. • Kste des- 
compasado jigante, dice >lr. Chateaubriand, no enlazaba completamente 
sus destinos con los de sus contemporáneos; su numen pertenecía á la 
edad moderna, y su ambición correspondía á los tiempos antiguos; no ad- 
virtió que los milagros de su vida descollaban en gran manera sobre el 
valor de una diadema, y que este gótico realce le «vendría al soslayo. > 

Justo es decir sin embargo que, aun cediendo á su « ambición de los 
tiempos antiguos,* Ronaparte comprendió bastante las necesidades de 
■ la época moderna, » para no embeber en el derecho hereditario que es- 
taba planteando, el sesgo de absolutismo y las consecuencias rigurosas del 
antiguo derecho divino. Quería por el contrarío eslabonarlos en cuanto 
cupiera con la soberanía del pueblo: asi, cuando el senado pasó á visitarle 
el 28 de floreal del año XII ( 18 de mayo de 1804) para presentarle el se- 
nado consulto de aquel dia , por el cual el primer cónsul. era llamado al 
solio y se declaraba la dignidad imperial hereditaria en su familia, Rona- 
parte se esmeró en espresar contestando : 

i Rindo ante la sanción del pueblo la ley del derecho hereditario. Be- 
pero que la Francia no se arrepentirá nunca de los timbres que derrama 
sobre mi familia. En todo caso , mi espíritu no estará con mi posteridad . 
el dia en que esta deje de merecer el amor y la confianza del pueblo 
francés. • 

¿No era esto hacer el derecho hereditario meramente condicional , 
posponer los privilejios de la sangre á los derechos de la nación , sostener 
el ejercicio privativo de la soberanía del pueblo y atenerse de antemano 
con solemnidad á la prescripción eventual de la dinastía que fundaba , si 
esta llegaba á perder la confianza nacional'' 



240 HISTORIA 

En este sentido, el principio hereditario solo atribuía á los miembros 
de la familia imperial una especie de candidatura legal que podia ofrecer 
algún afianzamiento de orden y de estabilidad contra las vicisitudes inse- 
parables de los interregnos, sin quitarle al pueblo el derecho soberano de 
separar al sucesor que no se granjeara ó dejara de merecer su amor y con- 
fianza. 

Con efecto, así fué entendido y practicado el derecho hereditario en 
Francia desde el principio de este siglo. El mismo Bonaparte, tan aprensi- 
vo de fallecer sin completar su obra y plantear herederos que la consoliden, 
sobrevivirá á su dinastía y á su propio gobierno por falta de arrimo con- 
tra el poderío estranjero en el león popular que habrá aherrojado ú ador- 
mecido á la sombra de su esclarecido despotismo. De nada le servirán el 
voto del Luxemburgo y la consagración de Nuestra Señora; veíase des- 
echado por el senado que lo encumbró , maldecido del pontífice que le 
bendijo, y cuando la antigua lejitimidad acuda ufana y se aposente sobre 
los escombros del derecho hereditario imperial, retando ciega y engreída- 
mente el ímpetu del siglo y de la nación, bastarán algunos jornaleros des- 
nudos para castigar el orgullo dinástico, vengar el siglo y la nación, cor- 
roborando el dicho de Bonaparte, «que en lo sucesivo, el derecho heredita- 
rio, tal cual se entendía en tiempo de nuestros antiguos reyes, es desatina 
do é inasequible. » Entonces se convencerá de que el numen del individuo, 
las glorias del linaje , ni las consagraciones de Paris y de Reinas no son 
mas que meras aprensiones de estabilidad, y que si la consagración cons 
titucional de un trono hereditario precave al pais de continuas revueltas 
populares y de amaños electorales, siempre espuestos, solo es para librarlo 
de conmociones revolucionarias periódicas. Con efecto, se podrá prescindir 
de zozobrasen las juntas parroquiales, mas no por eso dejará de romper- 
se el vínculo dinástico, y en lugar del bullicio del escrutinio, se oirá el es- 
truendo de las armas; se padecerá una invasión ó sobrevendrán revolucio- 
nes, y el orden de sucesión, ideado como medio infalible para perpetuar 
los gobiernos, se hallará quebrantado dos veces en menos de veinte años, 
ora por bayonetas estranjeras , en el nombrado por la nación , ora por la 
espada nacional, en el nombrado por las bayonetas estranjeras. Ufánense 
entonces de haberse libertado de los trastornos inseparables del sistema 
electivo y haber entronizado el sosiego del estado y la fortuna de los lina- 
jes soberanos al arrimo del derecho hereditario 

¿Cuál podia ser sin embargo y cual fué el resultado moral sobre el es- 
píritu de los pueblos europeos, del restablecimiento de la monarquía y de 
la potestad hereditaria en Francia? 

¿Salieron verdaderamente gananciosas la soberanía y la sucesión he- 
reditaria, conceptuadas idealmente? Se consolidaron mas los tronos? ¿Se 
afianzaron mas las dinastías? ¿Recobraron por ventura el poder de em- 



DE N UM)LKON ¿II 

I «losar y arrebatar que ed otro tiempo ejercieran sobre toda la sociedad 
europea y aquel antiguo prestijin que constituía mi brillante/ \ su pujanza? 

Por el contrario, aquel prestijio amaino masque nunca en «l regafl 
las naciones, al ver que ol pueblo que había reinado en glol>o encasque- 
tándose «'1 gorro encarnado y entonando la caramañola , se bada nw\»' 
rador en uno de sus soldados, vestia la purpura \ ceñía la diadema sin 
<pie pareciera escandaloso lo que la vieja Kuropa no podía conceptuar sino 
como una profanación de las insignias monárquicas n por una usurpación 
odiosísima. 

Kl principio hereditario se adultero mas y mas cuando las familias pfc 
beyas reemplazaron en Francia , Italia, Espafla, etc., ala dinastía n 
clarecida, sentándole marcialmente entre los descendientes «le Cárloa v, 
de Pedro el (irai.de y de Federico. 

Tan cierto es que el destino de Ronaparte era ser el ájente mas activo 
déla revolución, hasta en aquellos actos que mas estaban ostentando el 
sello contrarevolucionario. Para contrareslar ala Kuropa entera, aquella 
revolución habia tenido que pasar de la monarquía constitucional á la re- 
publica. Para rundir |>or donde quiera y afrancesar de estremo á estremo 
la Kuropa , paro en ambiciosa y conquistadora, pasando de la república á 
la monarquía militar. Ksta nueva trasformacion se ejecutó por el senado 
( onsnlto del ¿S de lloreal, año XII (IS de mayo de 1804). Kl cónsul Cam 
baceres, encargado de presentar esta solemne acta á los pies del compañe- 
ro que iba á ser su soprano . pronunció las palabras siguientes : 

' Kl pueblo francés ha estado disfrutando por largos siglos las venta- 
jas consiguientes á la potestad hereditaria. Ha hecho una prueba corta . 
l>ero trabajosísima, del sistema contrario, > tras una deliberación libre y 
premeditada, regresa á la senda que le señalaba su jenio. Kjeree desahoga 
(lamente sus derechos para delegar á vuestra imperial majestad una |K>tes- 
lad (pie su interés le imposibilita desempeñar por si mismo. Estipula pa 
ra las jencraciones venideras y cifra por medio de un contrato solemne la 
dicha de sus nietos en los vastagos de vuestrolinaje.F>stosimitarán\ uesiras 
vii ludes y herederán nuestro amor y nuestra fidelidad. » 
Napoleón respondió : 

« lodo cuanto puede contribuir al bien de la patria está esencialmcn 
le enlatado con nuestra felicidad. 

• Acepto el dictado que conceptuáis provecboao el conferirme para 
«loria de la nación. > 

talego subordinando el nue\o derecho hereditario a la sanción del voto 
popular, s,- esmeró en no provocar las repugnancias democráticas del si 
glo , tributando un postrer homenaje á la soberanía del pueblo en la acta 
misma que iba a suspender indefinidamente mi ejercicio Entonces pro- 
nuncio las | ...labras ,\\ U - ya citamos. 



242 HISTORIA 

« Rindo á la sanción del pueblo la ley del derecho hereditario. Espe 
ro que la Francia no se arrepentirá nunca de los blasones que franquea á 
mi familia. En todo caso, mi espíritu abandonará á mi posteridad el dia 
en que deje de merecer el amor y la confianza de la gran nación. » 

Al salir de la audiencia del emperador , el senado pasó á casa de Jose- 
fina para saludarla con el dictado de emperatriz. «Señora, le dijo Cam 
baceres, el concepto público y las finezas que estáis de continuo derraman- 
do pregonan que, amiga de los desgraciados, solo hacéis uso de vuestro 
valimiento con el caudillo del estado para aliviar su desventura, y que 
vuestra majestad añade á la complacencia en favorecer el entrañable esmo- 
ro que hace mas grato el reconocimiento y mas precioso el beneficio. Esta 
disposición presajia que el nombre de la emperatriz Josefina será la señal 

del consuelo y de la esperanza Kl senado se da el parabién de encabo 

zar á todos en saludará vuestra imperial majestad. » 

Cambaceres recibió en galardón de sus afanes la dignidad de canciller 
mayor. No se debia menos á las veras con que había depuesto el título de 
segundo majistrado de la república para allanarse al de primer subdito 
del imperio. Labran fué nombrado tesorero mayor. 

No fué solo en la respuesta al senado en la que Napoleón se esmeró en 
halagar á los asombradizos republicanos; la fórmula del juramento que 
prestó al tomar posesión del solio, demuestra el mismo afán. Quiere que 
la Francia sepa que el emperador es lo mismo que e! cónsul , el primer re 
presentante de la revolución, el arrimo mas esforzado de la causa popular 
y el supremo defensor do la república misma. He aquí el juramento. 

« Juro mantener la integridad del territorio de la república, respetar y 
hacer respetar las leyes del concordato y la libertad de cultos ; respetar 
y hacer respetar la igualdad de los derechos, la libertad política y civil, 
la irrevocabilidad de las ventas de bienes nacionales; no recaudar contri- 
bución ni impuesto alguno sino en virtud de una ley; mantener el insti- 
tuto de la Lejion de Honor y gobernar con la única mira del interés, la 
dicha y la gloria del pueblo francés. » 

Aun echando así el resto de sus conatos para persuadir á la nación que 
el establecimiento del imperio dejaría en pié la república, imposible era 
que la fundación de una nueva dinastía no moviera zozobras en los pechos 
republicanos, y no tuviera que prorumpir en protestas mas ó menos brio- 
sas. Fué Carnot, como el mas descollante, el mas señalado en el trance. La 
propuesta de restablecer la potestad hereditaria á favor de Napoleón y de 
su familia se habia hecho en el tribunado, y Carnot la habia impugnado á 
su primer asomo. «Desde eH8 de brumario, dijo , hubo una época, úni- 
ca acaso en los anales del mundo, para premeditar al abrigo de las bor- 
rascas, y plantear la libertad sobre sólidos cimientos , reconocidos por la 
esperiencia y la razón. Después de la paz de Amiens, Ronaparte pudo ele- 



DI. N M'OI.KON Jjr, 

jir entro el sistema republicano ) el monárquico hubiera hecho emolo 
¡ipeteciera sin asomo de contraresto Estábale confiado el dcpi>*ito de la 
libertad ; había jurado defenderla . cumpliéndola promesa, hubiera «lis 
fecho las esperaoxasde ln nación, que le habió cooocptuado «'I uniro capaz 
de resolvere! gran problema de la libertad pública en los estados gran 
•liosos; se hubiera cubierto de una «lona mu igual • 

l-a voz «le Carnot son<> en el desierto. Los grandes cuerpos del estad» 
fueron unánimes en su adhesión á la monarquía. No dirían sino que en 
una milagrosa resurrección del lado derecho de la asamblea constituyente 
Sin embargo, ni el senado, ni el tribunado, ni aun el cuerpo lejislativo 
habían venido por aquel rumbo. Pero tal babia sido el raudal de los 
acontecimientos, que los veteranos de la Convención se bailaron de repen 
le trasformados en rortesanos, olvidando los principios, lenguaje y rostí un 
bies que tuvieran el dia anterior. 

Ix)s jenerales republicanos se doblegaron . romo lo> antiguos reprr 
sentantes del pueblo, al imperio de las circunstancias. Siempre adictos á 
la revolución, se avinieron á servirla bajo su nueva planta", ron tanto mas 
motivo, cnanto hallaron una prenda de resguardo para mi propio enriim 
tiramiento. Después de hal>ci sido promovido á la dignidad imperial, Vi 
poleon convocó á la gradería de su sobo a los compañeros mas esclarecí 
dos, condecorándolos con el dictado de mariscales del imperio, á saber 
Bcrthicr, Mural, Moncey, Jourdan, Massena, Augereau, Bernadotte, 
Soult, Bruñe, l^annes, Mortier, Ney, Davoust, Besicres, Kellermann, \jc 
fevre, Perignon y Serrurier. 

El pueblo no culpó de apostasia á todos los soldados de la república 
viéndolos aceptar un titulo que recordaba la monarquía fcudnl. Al contra 
rio, consideró como un nuevo homenaje á los principios de igualdad, para 
él (anearos, el decreto que vinculaba en el cabal desempeño militar la 
alta dignidad que el antiguo réjimen solia conferir únicamente al naci- 
miento. 

Pronto se le proporcionó á Napoleón una coyuntura para solemnizar 
su advenimiento a la potestad suprema con un acto de demencia, l'.l fallo 
del tribunal de justicia criminal, pronunciado el lude junio de 1801, con 
dañó a pena capital á Jorje Cadoudal y á sus cómplices. Kl jeneral Morcan, 
escudado ron su nombradla y el afecto del ejército, fué sentenciado a una 
reclusión de dos años, conmutada en destierro perpetuo. Pero entre los 
reos sentenciados á la pena capital . se hallaban hombres de esclarecido 
linaje, tales como MM. de Bi viere y de Polignac. luciéronse las mas a< ti 
vas dilijencias para salvarlos, y Josefina se encargó de corroborar las efi 
caces instancias de las familias desconsoladas. Madama de Nonlessoe pasó 
ji San Cloud bajo sus auspicios , y presento al emperador madama Ac Po 
lignac, quien le pidió la gracia de su marido v la de Mr. ilc Riviere. « He 



244 HISTORIA 

mos conseguido , decia de allí a pocos dias la emperatriz , que madama de 
Polignac se le presentase. ¡Dios mió! ¡cuan hermosa estaba ! Bonaparte se 
conmovió al verla y le dijo : « Señora , perdono á vuestro marido , ya que 
solo trataba de quitarme la vida. » 




No paró en esto la jenerosidad de Bonaparte , pues también accedió á 
menos poderosas intercesiones. Una muchacha de una familia desconocida 
obtuvo para su hermano lo que madama de Polignac habia conseguido 
para su marido. La clemencia imperial, implorada con feliz resultado por 
MM. de Polignac y de Riviere, se estendió á Lajolais , Bouvet de Lozier , 
Rochelle, Gaillard, Russillony Carlos de Hozier; Jorje y sus cómplices 
fueron ajusticiados. Pichegrú habia precavido á un tiempo su sentencia y 
su castigo ahorcándose en el calabozo. « La ejecución de Jorje, dice Napo- 
león en sus Memorias, no movió á compasión, por cuanto el asesinato , 
cualquiera causa que lo motive, será siempre odioso á los hombres. La ac- 
ción de Judit necesita todo el predominio de la Sagrada Escritura para no 
causar ira. » En cuanto al suicidio de Pichegrú, debia ser revocado en du- 
da en una época en que todas las pasiones odiosas de los partidos contra- 
rios y de las facciones vencidas se hermanaban para calumniar y envilecer 
al vencedor. Puede haber habido hombres de buena fe que se dejaron per- 
suadir que se habia atropellado la muerte de Pichegrú por disposición del 
emperador. «Vergonzoso fuera, dijo Napoleón, quererse sincerar de un he- 



i>K NAPOLEÓN 
clin tan ilf^iiuiarfo- ¿(Joá podwi yo ganar ron c*ln» 1 n hombre de mi carác- 




ter no obra sin grandes motivos. ¿Me han visto acaso derramar sangre por 
antojo? Por mas qne echen el resto en timarme bajo todos los conceptos, 
I.N que me conocen saben qne mi organización es opuesta al crimen, y 
que en toda mi administración no aparece ningún acto privado del que yo 
no pudiera responder ante un tribunal, no solo sin cortedad, sino con cier 
to señorío. Kl hecho es que Pichegrú viéndose en una situación desahucia, 
da, no pudo su entereza arrostrar la afrenta de un ajusticiado; desconfió 
de mi clemencia ó la menospreció y se dio la muerte. • (Memorial.) 
Pero en tanto que los principes que habían armado el brazo de l< 
inducido á Pichegrú á una nueva traición, estaban devorando en Inglater- 
ra el sonrojo de haber dado el cetro al que intentaban matar á puñaladas, 
el caudillo ile la familia de Jos Borbones. a quien Napoleón declara no ha 
bcr hallado nunca ten una»conspi ración directa contra n vida, i | que se 
hallaba á la sazón retirado en Vnrsovía . ere* ó deber pnbliear un maní 
tiesto contra «d acta del cenado que había I u miado una cuarta dinastía. 
1'ouche. que fué el primer sabedor da aquel documento . estuvo solicito 
.mi lavando al emperador, conceptuando que Napoleón le agí adecena su 
afán * dilijemia > le daría inmediatamente ítideMi leveras para atajar en 
Francia el escrito de luis \\ III . pero Kouch.- m engañaba Napoleón leyó 
la declaración del pretendiente y dijo tibiamente al ministro al devolverse- 
la : • Vaya, vaya , ¿con qué el conde de lila quiere hacer de tes soyas ? 



246 HISTORIA 

bien, muy bien. Mi derecho está en la voluntad de la Francia y sabré man- 
tenerlo mientras tenga una espada. Los Borbones deben saber que no los 
temo, y así que me dejen en paz. Decis que los bobos del arrabal de San 
Jerman van á sacar copias de la protesta del conde de Lila; pues bien, que 
la lean á su gusto. Maudadla al Monitor y que la publiquen mañana. » Y 
en efecto , ell". de julio, el Monitor publicó la protesta de Luis XVIII. 

De allí á pocos dias era el aniversario de la toma de la Bastilla, y esta 
función republicana parecía deber hacerse desabrida al nuevo monarca ; 
pero muy lejos de esto , acertó Napoleón á eslabonar los recuerdos del 1 \ 
de julio con las instituciones que habia planteado. Elijió este dia para la 
primera distribución de las cruces de la Lejion de Honor, y para que los 
agraciados prestasen juramento. Verificóse la ceremonia en los Inválidos. 
El cardenal de Belloy, arzobispo dcParis, salió á recibir al emperador, á 
la puerta de la iglesia seguido de todo el clero. Napoleón iba acompañado 
de todas las grandes dignidades y empleados eminentes del imperio. Des 
pues del oficio divino , Lacepede , canciller mayor de la Lejion de Honor, 
tomó la voz y pronunció un discurso del que estractamos el paso si- 
guiente : 




DE \ IPOI.RON *¿Í7 

« Hoy existe por la voluntad del pueblo cnanto apeteció alia en I i él 
julio de ITHt». Ha conquistado su hUntad. y se halla afianzada sobre leu*. 
inmutable»; b« querido la igualdad. > esta escudada por un gobierno que 

constituye 80 cimiento Repetid estas palabras, ya proferida* en este 

milito, \ que suenen basta los confines dd imperio: caMtoteaanNeo m 
i • de julio m ¡nnutable ¡ cuaalo n de stru y ó do puede )a tener cabida. • 

Deapoei de su discurso, Lncepcde llamo por sus nombres A Ion gran 
dai itii.i.ilcs de la i .ejión, entre los que asomaba el cardenal Cepi i 

cubriéndose el emperador . según uso de losrc\es de Francia, dij» ron 

ros muy eatera ea medio dd profundo silencio y del fetyioso recojimien 
to de toda la ooncurreaeia. 

« Gomaodaales, oficiales, lejionarios . cíodadaoos y soldado*, ¿juráis 
por fueatro honor sacrificaros ni sonido del imperio y conservar integro 
su territorio? ¿Juráis defender d emperador, las leyes de la repábües > 
las propiedades por dlasreasagradaí, pelear per oaanfos lawlios abonan 

la justicia . la razón y las leyes, COOtra CUilqnieT intento encaminado a 
restablecer d réjaaea feudal? ¿jarais finalmente echar d resto de vuestros 
elctoeea BU sostener la Hkertad y la igualdad , estribos fundamentales de 
nuestras constituciones? ¿ Ijo juráis? • 

Todoi los miemhros de la Lsjion respondieron afirmativamente, y al 
punto resonaron bajo las bofadas del templo las voces de < Viva el empe- 
rador. » Mr. de Rourrienne confiesa que fuera imposible describir el entu 
siasmo de los circunstantes. 

Al dia siguiente de esta ceremonia, la escuela Politécnica recibió una 
nueva organización. 

Dos dias después, Napoleón salió de Paris para recorrer las costas de 
la Mancha é inspeccionar los campamentos que tenia dispuestos. Anuncio 
que este viaje tenia por objeto una solemne distribución de las anees ■ I » - 
la lsjion de Honor á los valientes que no habian podido asistir á la cere- 
monia de los Inválidos. Sin embargo, se creyó jenernlmente que esta dis 
tribucion era un pretesto, y que Napoleón tenia siempre i la vista la reali 
/«•ion de su intento predilecto, esto es, un desembarco en Inglaterra. 

I is tropas situadas en la costa se eslemban desde Ktaples basta (>sten- 
de. Davoust mandaba en Dunkerque ; Ney en Cales ; Oudinot en Santomer; 
Mormonl en Mis fronteras de Holanda, y Soulten el campamento jeneral en 
Boloña. 

\ su llegada á esta riudad , el emperador halló el ejército rebosando 
• le entusiasmo y denuedo. Soldados \ jenerales m- creían próximos á pasar 
el estrecho. > no dejaba de li d>or sus re. dos de la otra parle de la Mancha. 
Quinientas velas mandadas por el almirante Verbuel estaban como aguar 
dando una señal |>ara diríjirse sobre los puertos de la Grao Bielafta. Ñapo 
león era el único que tenia el secreto del destino eventual de aquellos te 



248 HISTORIA 

mibles campamentos. Al paso que amenazaba verdaderamente á la Ingla- 
terra , veia formarse nuevas borrascas en el continente ; y acaso cuando 
parecía estar engolfado con los inmensos preparativos de una espedicion 
marítima, se preparaba mas de recio para laguerra continental, cuya inevi- 
table esplosion divisaba á lo lejos. 

Ochenta mil hombres de los campamentos de Boloña y de Montreuil 
se reunieron á las órdenes del mariscal Soult en una dilatada llanura cerca 
de la Torre de César. El emperador compareció en medio de ellos, seguido 
de un estado mayor compuesto de los capitanes mas descollantes de aque- 
lla época esclarecida. Situóse en una eminencia que la naturaleza parecía 
haber proporcionado de intento para servirle de trono, y allí repitió con 
voz sonora la alocución que habia dirijido á los lejionarios en la ceremo- 
nia de los Inválidos. Sus palabras no tuvieron menos fuerza en Boloña que 
en Paris; fueron tales los arranques que escitó, y tal la satisfacción que 
sintió Napoleón, que su edecán, el jeneral Rapp, ha declarado después que 
nunca le habia visto tan complacido. 

Este precioso dia de la Torre de Orden fué sin embargo alterado por 
la tarde con un temporal que infundió zozobra por el paradero de una par- 
te de la escuadrilla. Elemperador, avisado, acudió inmediatamente al puer- 
to para providenciar presencial y ejecutivamente. Pero á su llegada, cesó 
la tempestad, como si los elementos acataran el predominio del prohombre 













DE NAI'OI.KON. 249 

> el embolen den mirada. ÜLaKeadj illa \«>h m inlarbí al puerto, y Na- 
poleón regresó al campamento en don. Ir las tropas se rutn-naron luego á 
<li\ rrsinnos y regocijos que se terminaron ron fuego* artilirtales disparados 




en la costa y cuyos destellos se divisaron desde la costa misma de Ingla 
térra. 

Durante la residencia de Napoleón en el campamento de Rolona , dos 
marineros ingleses, prisioneros en el depósito de Verdón, se escaparon y 
llegaron á Molona , en donde construyeron un l>ote , sin otra herramienta 
que sus navajas , con algunos pedazos de madera que ajustaron lo mejor 
que pudieron , para pasar á Inglaterra en aquel frájil bajel que \\u hombre 
solo podia llevar fácilmente al hombro. Acabado su trabajo , los dos ma- 
rineros se hirieron á la mar, procurando «lar lIcNMe á una fracata nicle 
sa que cruzaba á vista de la costa. Apenas salieron, cuando los aduaneros 
los descubrieron . y habiéndolos apresado y vuelto al puerto, fueron presen 
tados al emperador, quien habia manifestado deseos de verlos, como tam 
bien el bote, pues su arrojo habia causado mucha novedad en todo H 
r.mipamento «¿Es cierto, le» preguntó el emperador, que tratabais de 
pasar el mar en ese bote v — Señor . si k> dudáis, respondieron los marine 



250 



HISTORIA 



ros, dadnos vuestro permiso y nos marcharemos inmediatamente. —Cor- 
riente , marchad, puesto que tal es vuestro arrojo ; me prenda el denuedo 
en donde quiera que asome; mas no quiero que espongais vuestras vidas; 




desde ahora quedáis libres y voy á mandar que os lleven á bordo de un 
buque inglés. Allá podréis referir cuanto aprecio á los valientes, aun cuan 
do sean mis enemigos. » Estos dos hombres, que iban á ser ajusticiados por 
espías, con la vista del emperador, no solo consiguieron su libertad, sino 
también algunas monedas de oro. Hallándose después en Santa Helena, 
se entretuvo en referir este hecho á sus compañeros de destierro. 

Ya dijimos que el emperador contaba con una guerra mas ó menos 
próxima en el continente. Sabia que si la diplomacia monárquica de Euro 
pa habia ido atemperando su lenguaje y sus pretensiones á la pujauza de 
nuestras armas victoriosas, en nada habían variado sus propensiones. Las 
maquinaciones del gabinete inglés podrían inducir de un dia á otro á las 
cortes de Viena, de Petersburgo ó de Berlín á una nueva alianza contra la 
Francia. Las disposiciones hostiles de todas estas cortes se alcanzaban por 
cualquiera que comprendiese la incompatibilidad de nuestra monarquía re- 
volucionaria con la añeja soberanía de los demás estados. Pero Napoleón 
conocia aun mejor, de un modo positivo por medio de sus ajentes diplo 
máticos, la malquerencia y las disposiciones guerreadoras de los gabine- 
tes austríaco, ruso y prusiano. Los ochenta mil hombres que tenia en el 
campamento de Boloña debían servirle para las continjencias que esta 
mala voluntad podia acarrear. Miraba en ellos su porvenir y el de la Fran- 



DE NAfOLBOÍS I H 

na. \ asi echo d resto ni fomentar y estimular el entusiasmo di la» tropas 
Desde entonces fue Braoldando sobre lo restante «Ir los «•júralos repnbh. i 
nos la planta de las fe.lanjes imperiales . niyo transito trina dispuesto la 
Providencia por todas las capitales do Knrnpa. K.ran siempre los mismos 
soldados y jcnerales , eran los VITOMI > los pensamientos dH siglo diez y 
odio, los hijos de la revolución. Kl campo de lloloña fué la cuna de aquel 
(irande Ejército, á un tiempo avasallador y propagandista, qu«- hallo en 
los campos de Waterloo, tras diez años de inauditos triunfos, una huesa 
labrada por la traición y la fatalidad, y esclarecida con su heroísmo , ante 
poniendo la muerte á la rendición. 

Los preparativos militares que estaban embargando el ánimo del em 
perador no le hacían desatender la administración civil del imperio. Se 
complacía todo, al contrario, en abarcar cuantos objetos caben en losam 
bitos del gobierno con desojada y cabal maestría Asi en medio de las 
inspecciones y revistas del campo de Bolona, fundo los premios derenales 
con un decreto estendido en estos términos 

« Namh.eo* , emperador de los Franceses , a lodos los que las presen 
tes vieren, salud. 

t Siendo nuestro ánimo fomentar las atoan , las letras y las arte» 
que contribuyen ante todo á la ilustración y gloria de las naciones ; 

• Deseando no solo que la Francia conserve la preponderancia que se 
ha granjeado en ciencias y artes , sino también que el siglo entrante aven 
taje á los anteriores ; 

« Anhelando conocer también á cuantos descollaren eu la carrera de 
ciencias , letras y artes ; 

< Hemos decretado y decretamos lo siguiente : 

« Art. 1. Se celebrará cada diez años, el dia aniversario del IX de bru 
m. u 10 . una distribución de grandes premios , dados por nuestra propia 
mano, en el sitio y con la solemnidad que mas adelante se espresarán. 

t II. Todas las obras de ciencias, literatura y artes, todos los inventos 
útiles , Uníoslos establecimientos dedicados á los adelantos de la agricul- 
tura ó de la industria nacional , publicados , conocidos ó planteados en 
un intermedio de diez años, cuyo término procederá de un año á la épo 
ca de la distribución , competirán para los premios mayores. 

• III. S¿i primera distribución se verificará el 18 de brumario del 
año XVIII, y conforme á las disposiciones del articulo precedente, el certa 
men abarcará cuantas obras, inventos ó establecimientos sean publicados 
ó conocidos desde el intermedio del 18 de brumario del año VII al 18 de 
brumario del año XVII. 

• IV. Estos premios mayores seráo, unos del valor de I O.OOo frascos. 
y otros del de 5.000. 

■ V. Ixw del valor de 10.000 francos serán nueve, y conferidos: 



252 HISTORIA 

« I". A los autores de las dos mejores obras de ciencias : una de física 
y otra de matemáticas; 

«2°. Al autor de la mejor historia ó del mejor trozo de historia, ya 
sea antigua ó moderna ; 

« 5 o . Al inventor de la máquina mas útil á las artes y á la fabricación; 

« 4 o . Al fundador del establecimiento mas ventajoso á la agricultura ó 
á la industria nacional ; 

« 5 o . Al autor de la mejor composición dramática representada en los 
teatros franceses, ya sea comedia ó trajedia; 

• 6 o . A los autores de las dos mejores obras, una de pintura y otra de 
escultura, representando hechos señalados ó acontecimientos memorables 
sacados de nuestra historia ; 

« 7 o . Al compositor de la mejor ópera representada en el teatro de la 
Academia imperial de música; 

« VI. Los premios mayores del valor de 5.000 francos serán trece, y 
conferidos : 

«I o . A los traductores de diez manuscritos de la biblioteca imperial 
ó de las demás bibliotecas de Paris, escritos en lenguas antiguas ú orienta- 
les, y reconocidos por los mas útiles á las ciencias, historia, buenas letras 
y artes ; 

« 2 o . A los autores de los tres mejores poemas que traten de sucesos 
memorables de nuestra historia ó de acciones honoriíicás para el pueblo 
francés. 

« Vil. Estos premios se adjudicarán por informe y á propuesta de un 
jurado compuesto de los cuatro secretarios perpetuos de las cuatro clases 
del Instituto , y de los cuatro presidentes en ejercicio durante el año que 
preceda al de la distribución. » , 

Mientras que la Europa conceptuaba á Napoleón dispuesto á caer sobre 
Inglaterra, le vio Bruselas aparecer de repente en sus muros. Habia avisado 
á Josefina que se verian en aquella ciudad, y con efecto se verificó su reu- 
nión en el castillo de Laken, que estaba magníficamente dispuesto para el 
intento. Allí fué donde recayendo la conversación sobre una novela de 
madama de Stael , se espresó Napoleón acerca de aquella célebre escritora 
en los términos que citamos y que dan vado para enterarse de la hostilidad 
en que prorumpió posteriormente la autora de Corina respecto al empera- 
dor : « Así como no me gustan los hombres afeminados, tampoco me cua- 
dran las mujeres ahombradas. Cada cual desempeñe su papel en este mun- 
do. ¿Qué son esos desvarios de la imajinacion? ¿Qué viene á quedar de 
todos ellos ? Nada. Todo eso no es mas que metafísica inapeable y descon- 
cierto de potencias. No puedo estomagar á esa mujer; además no me gus- 
ta que las mujeres den conmigo los primeros pasos, y sabe Dios de cuan- 
tas zalamerías se ha valido la susodicha. » 



DK ISAPOLB01S ir, 

\a repugnancia que Napoleón había proferido siempre á madama de 
Stnel. convertida en enemiga por haberse visto desechada, • como diferí 
Piano rir Snnla Helena, destempla aquí descompasadamente al probom 
bre ron la? mujeres en joneral , porque tenin motivos particulares para 
quejarte de uñado ellas. Su tino habitual se estmio además tanto en esto 
punto ron su» rencores y sus mañas, que aun en Santa Molona continuaba 
opinando del mismo modo acerca de las relación»* morales de los sexos, y 
-tinaba eo afirmar que las mujeres solo oran del caso para procrear. 
• Devaneo os qno aspiréis a la igualdad . • doria á las señoras Bertrand y 
Montholon ; « la mujer es propiedad nuestra; nosotros no somos Ui suya. • 

li residencia del emperador en 1-iken fuo do corta duración l^p» 
aquel \ istoso paraje trasladándose á Aquisgran , donde pormanorió alga 
nos días, detenido eo cierto modo por una simpatía misteriosa a la capital 
y al tepatero del conquistador, cuyo imperio reponía al cabo de mil año*. 
> que había recibido del cíelo, como él. el instituto de cmlixador da la Eu- 
ropa por entrambas potestades . dd Domen J de lafl armas 

Desde la ciudad de C-irlomagno . ciñas insignias quiso trasladar a Ta- 
ris . s«- dinjio Napoleón á Maguncia . pasando por Colonia y Cohlcnza. Los 
principes del imperio se agolparon a su encuentro, y utilizó su oficiosidad 
para ochar los cimientos do la Confederación del Rin , con que trataba de 
\ aliar la Francia contra las grandes potencias del Norte. 

Poro no le bastaban todavía al glorioso restaurador del imperio de Car 
lomagno los rendimientos sinceros ó finjidos de los principes y los votos 
del pueblo. II héroe civilizador de la edad media habia hecho que la re 
Iijioii consagrara su potestad , y Napoleón desentendiéndose de la diferen 
cía de los tiempos, quería escudar su solio con todos los arrimos que eupie 
ron al do Carlomagno. Para que la semejanza fuese aun tan cabal como 
cabia. deseo el nnjimiento pontifical . y con este objeto despacho desdo 
Maguncia i liorna á Cafarelli para que recabase de Pió Vil el venir á con 
sagrar en Paris al emperador de los Franceses. Durante esta negociación . 
Napoleón disponía, desde las márjenes del Hin. la salida do (Lis escuadras. 




254 HISTORIA 

una de Rochefort y otra de Tolón, á las órdenes de los almirantes Missiessy 
y Villeneuve. Así andaba preocupado de espediciones marítimas. Al cabo 
de tres meses de ausencia, volvió á tomar el camino de su capital y llegó 
á San Cloud á mediados de octubre. 







I.AIM1IH» VMI 



t omocjrinn dr¡ rnerpo l*)i«l*ti*o < .miprnl.inon n> lo« »olo« popnlar 
I lrt»dj * Frjnria <!*•! papi Pió Vil. Coronarton ilrl amblador. 




a época de la coronación M 1K1 
acareando, pues Cafarelli avisaba 
de Roma que estaba corrunic su 
encargo. Napoleón iba i sentar* 
en el solio de los primoj«»nitos de 
la Iglesia con el solemne benapla- 
BÜO | Un auspicios de la 
infalible déla 



aunarse el boato de las representaciones políticas con las solemnidades de 
la rdijion Kl afijo . el tribunado y el consejo de esudo 



256 HISTORIA 

toarse como perenes ; solo el cuerpo lejislativo necesitaba convocarse con 
mucha anticipación, y lo fué por un decreto del 4 7 de octubre. 

Los individuos del senado habian prestado ya un juramento individual 
al emperador , y el presidente Francisco de Neufchateau habia pronuncia- 
do un discurso en que sobresalian las palabras siguientes : 

« Señor, cuando en un porvenir allá remoto, nuestros nietos y bisnie- 
tos vengan con igual festejo á reconocer por emperador á aquel de vuestra 
prole que deba recibir su juramento de fidelidad , una sola palabra basta- 
rá para retratarle al vivo los anhelos y urjencias del pueblo , y para deli- 
nearle todos sus deberes : « Os llamáis Bonaparte ; sois el hombre de la 
Francia : acordaos , príncipe , del Gran Napoleón. » 

Cuando se recojieron los votos del pueblo acerca del senado-consulto 
del 28 deíloreal del año XII, y la comisión especial del recuento que 
desempeñó Rcederer, hubo probado que «tres millones quinientos setenta 
y dos mil trescientos veinte y nueve ciudadanos » habian declarado que- 
rer la sucesión hereditaria de la dignidad imperial en la descendencia di- 
recta, natural, lejílima y adoptiva de Napoleón Bonaparte, y en la descen- 
dencia natural y lejítima de José y Luis Bonaparte, también fué Francisco 
de Neufchateau quien tuvo el encargo de dar el parabién á Napoleón por 
el nuevo testimonio de confianza y gratitud que acababa de darle el pueblo 
francés. En medio de los conatos de la adulación y de las lisonjas académi- 
cas que por precisión tenían que componer el razonamiento oficial del pre- 
sidente del senado, y que al menos se hacían disculpables con un hombre 
como Napoleón , supo el orador deslindar la diferencia esencial que debía 
mediar entre la monarquía imperial y la antigua soberanía, que venia á ser 
la misma que habia entre la revolución y el antiguo réjimen , porque de 
otro modo, no tuviera cabida el voto reciente del pueblo francés. «El dic- 
tado de emperador siempre recordó , dijo, no la soberanía ante que se 
humillan y postran los subditos, sino el concepto encumbrado y liberal 
de un primer majistrado mandando en nombre de la ley á la que los ciu- 
dadanos se precian de obedecer » 

Napoleón contestó: 

« Subo al trono á que me llaman los votos unánimes del senado, del 
pueblo y del ejército, convencido de los sumos destinos de ese pueblo á quien 
yo saludé el primero desde los campamentos con el nombre d" Grande. 

« Desde mi mocedad se vincularon en él todos mis pensamientos, y este 
es el momento de espresarlo ; mis recreos y mis congojas se cifran desde 
ahora en la dicha ó desventura de mi pueblo. 

« Mis descendientes conservarán por mucho tiempo este solio, el pri- 
mero del universo. 

« En los campos de batalla serán los primeros soldados del ejército , 
sacrificando su vida por la defensa de su pais. 



DE NAPOLIOfS 

• (jtinn majistrados. no perderán do visi.i qnr el mcnosprmo de h- 
leyw \ la illeiauon del órdei «.(>• iil son tan solo el rutilado de la flaqueza 
\ «Ir la ineertidumbre fio los principes. 

«Nosotros, sonadores . cnvo consejo y ¡irrimo minea mr hilaron en 
las mas criticas circunstancia*, VUestroi alcnnoe* se irán trasmitiendo á 
Mifsiros sucesores; so«l siempre el resguardo > km prinápele* cot)tt|efoi 
ríe ntfl trono. imprescindible parala folirul.nl de t.ui dilatado iiii|n>ii I 

toeraébeJC el «lia «le la consagración . Pío Vil. salido «lo Roma a pnnn 
pioc de noviembre, llegó el 2Bá Fwliiígbleac Napoleón, «pie había di* 
puesto imn cacería para hallarsr en si: transito, le salió al encuentra oa 
el camino de Nemurs. Luego «pie le áuuhtié, se apeó ; hizo lo mismo o| 
pontífice, y habiéndose abrazado, subieron en el mismo eoehe y pasaron al 
palacio imperial «le Kontaineblcan, alhajado de nuevo con loda maenifi 
cencía, Ll emperador y el papa tuvieron juntos vanas conferenciasen aque- 
lla rejia mansión . de la «pie salieron el '2X. verificando el mismo «lia su 
entrada en París. 

Habíase lijado el '2 «le diciembre para la consagración . pero aun n:> 
estaba determinado el sitio de la ceremonia. I nos hablaban del Campo de 
Marte, otros «le la iglesia «le los Inválidos, > al lin Napoleón prefiní) Nuestra 
Seftore. Kl Campo «le Harte abundaba demasiado en recuerdos revolucio- 
narios- para cuadrar eon un ceremonial en el que la revolución . dando al 




258 HISTORIA 

olvido sus borrascosos estremos y su odio primitivo á los sacerdotes y á 
los reyes, debia estremarse en sincerar su monárquico disfraz, y manifes- 
tar á la Europa que podia hermanarse con la unidad del poderío y el ejer- 
cicio de la relijion. Desatino fuera repetir en 4 804 lo que se hiciera en 
1790. Pero si Pió VII estaba harto sabedor de su dignidad para avenirse á 
un arreglo en el cual tenia que ser un imitador de Talleyrand , tam 
bien Napoleón tenia de suyo un tino muy certero para requerir algo 
que se le pareciese. «Se ha tratado del Campo de Marte, dijo, como un re- 
cuerdo de la confederación ; pero los tiempos han variado Se ha pen- 
sado en celebrar la ceremonia en la iglesia de los Inválidos á causa de las 
memorias guerreras que presenta ; pero la de Nuestra Señora será mejor; 
es mas capaz, y también tiene sus recuerdos que hablan mas á la imajina 

cion, dará á la solemnidad un carácter mas augusto » (Pelet de la 

Lozere. ) 

Llegado el dia, Pió VII pasó á Nuestra Señora, acompañado de un 
clero numeroso, y precedido, según costumbre romana, de una muía, lo 
cual dio campo para que los Parisienses prorumpiesen á porfía en carca- 
jadas, interrumpiendo por algún rato la gravedad del acompañamiento 
pontifical. El emperador siguió al papa. Nunca monarca alguno se vio ro- 
deado de un séquito tan grandioso y galano. Allí iba todo lo mas esclare- 
cido en armas'y gobierno. Agolpábase la brillantez de la gloria personal 
al de las jerarquías y dignidades. El boato de los trajes y condecoraciones, 
el lujo de las carrozas 'y caballos, la riqueza de las libreas, la oleada de 
los concurrentes de todo el ámbito del imperio, contribuía todo para ha- 
cer de aquella solemnidad un espectáculo inaudito de grandiosidad y mag- 
nificencia. La nación se hallaba representada en Nuestra Señora por los 
presidentes de los cantones, los presidentes de los colejios electorales, los 
diputados de las diferentes administraciones y del ejército, el cuerpo legis- 
lativo y las demás grandes corporaciones del estado. El papa celebró. En 
cuanto al emperador, al adelantarse hacia el altar, no aguardó que el pon- 
tífice le coronase, sino que tomando la corona de manos del papa, se la 
puso en la cabeza y después coronó á la emperatriz. 

Al dia siguiente de esta gran solemnidad, hubo en el Campo de Marte 
una revista á la que se siguió la distribución de las águilas imperiales á los 
diferentes cuerpos del ejército. El emperador, colocado en'un solio encum 
brado cerca de la Escuela Militar, hizo el repartimiento personalmente. 
A una señal dada, las tropas se pusieron en movimiento y se acercaron á 
él. « Soldados, les dijo, he aquí vuestras banderas ; estas águilas os servi- 
rán siempre de punto de reunión : siempre las hallaréis do quiera que 
vuestro emperador las crea necesarias para la defensa de su trono y de su 
pueblo. 



DE NAI'OI.KON. MI 

¿Juráis vi.riiir.u \ insii. i Mbttflda en defenderlas y manteoorlas 






■ 

M i 




• undantemente por vuestro valor ea el camino del honor y de In victo 
ria?i 

lx>ssoldados»rcspondieroii con unánimes aclamaciones: «Si, lo jura 
mos. ■ 

Kl senado y la ciudad de París quisieron después consagrar la época de 
la coronación con fiestas que dieron al emperador y á laemperatn/ II 
consejo mum< ip;.l de la . apital congratuló también con este motivo ni cm 
perador. ajinen k dio la respuesta siguiente: 

« Señores del ayuntamiento , he venido á vuestra presencia para ma 
infestar a mi buena dudad de Paris el afán con que ea mi animo apadrinar 



200 HISTORIA 

la. En todas circunstancias rae servirá de complacencia y será de mi obli- 
gación el darle pruebas particulares de mi afecto : porque habéis de saber 
que en las batallas, en los mayores peligros, en los mares, y aun en me- 
dio de los desiertos, siempre tuve á la vista la opinión de esta gran capí 
tal de Europa, aunque posponiéndola al voto, para mí preponderante, de 
la posteridad. » 

Pió VII se detuvo en Paris durante todas estas fiestas. Solo habia ido á 
Francia con la esperanza de que su condescendencia sirviese á los intereses 
de la relijion y á los de su soberanía temporal. Era pues natural que pro- 
longase su residencia junto á Napoleón tanto tiempo como lo conceptuara 
necesario á la realización de las esperanzas que traia.Mas adelante veremos 
si eran ó no fundadas, y si el emperador, al redoblar con el pontífice ro- 




■ 









DK \ L FOLIÓN 

niíino sus fusilamientos por los santos nloos ron qnr Iií liabin nnjklo, lavo 

1 1 uIim nV s.k i ilic.ii ;i mi nvoiniciininilM los |>mi«i|>i <» v inti i 
liticn ri.iiMi-sa en Italia. 




'<* 




►*• 



• 









1 










Sesión del cuerpo lejislalivo. Inauguración de l.< estatua de Napoleón. Carla del 

emperador al rey de Inglaterra. K< puesta de lord Mulgrave. 

Mensaje del .senado. 




einte y cinco dias después de la 
coronación, el emperador abrió las 
a¿{» sesiones del cuerpo lejislativo. 
«Príncipes, majistrados, dudada 
" nos, soldados, dijo, todos no tene- 
mos en nuestra carrera mas que un 
I' objeto: el interés de la patria. Si es- 
te solio en que me han colocado la 
Providencia y la voluntad nació- 
os preciosísimo á mis ojos , la razón es por cuanto solo él puede de- 



fondee y conservar los mas sagrados intereses 44 pueblo ir nj| 

< l-i flaqueza do I» potestad supieron es la mas espantosa calamidad 
pira los pudiatl. (.orno soldado u primer cónsul . no tuve masque un 
pensamiento ; ei mismo lie tenido romo emperador: la prosperidad de la 
I rancia, luí harto venturoso en esclarecerla con victorias, convalidarla 
con tratados . saharla de las discordias ciules > BfOpeTtt el rcstable. i 
miento de las costumbres . de la sociedad y de la relijion. Si la muerte no 
me asalta en medio de mis afanes, vivo esperanzado de traspasar a la nos 
teridad un recuerdo que sirva siempre do norma o de reeon vención á mis 
sucesores. 

• Kl ministro del interior os liará un relato <l« h situación del imp< i 
Con efecto. Mr. de Champagny desempeñó esta obvia y esclarecida 
describiendo el sosiego, prosperidad y grandeza de la Francia, 
despoei de (antas tormentas; los sacerdotes y pastores de diferentes culh* 
reunidos en un mismo amor de la patria y un pasmo universal respecto a 
Napoleón ; la nueva lejislacion celebrada en todas partes como un benefi 
ció ; las escuelas de derecho próximas á abrirse; la escuela Politécnica 
proporcionando jóvenes aventajado! a nuestros arsenales, puertos y talle- 
res; las escuelas de Artes y Oficios de Compicgne haciendo cada día nuevos 
adelantos; la inventiva francesa estimulada para producir obras majistra 
les en todos los ramos de ciencias, letras y artes, por medio de los premios 
docenales; la administración de Puentes y Calzadas ejecutando con la ma 




204 HISTORIA 

yor confianza las faenas entabladas é ideando otras nuevas; un vecindario 
recien venido á la Vendea (Napoleón— Vendea) , para ser un foco de luces 
y el centro de una activa y segura vijilancia ; el comercio reanimado en 
la orilla izquierda del Rin por los decretos del emperador y dando á Ma- 
guncia y á Colonia todas las ventajas de un verdadero depósito sin el ries- 
go de las introducciones fraudulentas en el interior de Francia ; nuestras 
manufacturas perfeccionadas; nuestra industria esfendiendo sus raices en 
nuestro mismo suelo y rechazando la industria inglesa lejos de nuestras 
fronteras, después de haber logrado igualarla en lo que constituía su bla- 
són y su ventaja, esto es, en la perfección de sus máquinas; la agricultura 
engrandecida y mejorada; finalmente, las verdaderas riquezas multiplican 
(lose en todos los puntos del imperio. A continuación de esta pintura, el 
ministro manifestó que el número de los pordioseros de la capital ascendía 
á treinta y dos mil menos que en 1791 , y á veinte y cinco mil menos que 
en el año X. 

Bl estado de nuestra situación colonial era menos próspero á causa de 
la guerra marítima. Por lo que tocaba á nuestras relaciones diplomáticas 
con las potencias del continente, eran esteriormenle amistosas, pero, como 
ya dijimos, era una paz fementida que estaba siempre encubriendo la 
guerra. 

En respuesta áesta comunicación, el cuerpo lejislativo se presentó de 
gala el 2 de enero de \ 805 en la audiencia del emperador para manifestar- 
le parabién, y el presidente Mr. de Fontanes usó, á pesar de los mur- 
mullos de casi todos sus compañeros , la antigua fórmula de « fidelísimos 
subditos. » Pocos dias después se inauguró en el sitio donde celebraban 
sus sesiones los diputados, la estatua de Napoleón, ejecutada por Chaudet: 
y Mr. de Vaublanc, cuestor del cuerpo, llevando la voz en aquel acto de- 
lante del emperador, la emperatriz y los grandes personajes del imperio , 
empezó así el elojio histórico de su héroe: 

« Señores , habéis señalado la conclusión del Código civil con un acto 
de admiración y reconocimiento. Habéis levantado una estatua al ilustre 
príncipe cayo tesón hizo llevar á cabo esta grande obra, al paso que su 
grandioso entendimiento difundió vivísima luz sobre esta porción sobre 
saliente de las instituciones humanas. Primer cónsul á la sazón, y hoy (lia 
emperador de los Franceses, se presenta en el templo de las Isyes, orlada la 
sien con la corona triunfal que tantas veces le ciñió la victoria presajián- 
dole la rejia diadema 

« Si las alabanzas estragan los pechos mezquinos, alimento son de co- 
razones grandiosos 

« ¿Qué hombre es mas acreedor que Napoleón al honor supremo que 
hoy se le confiere? ¿Quién ha merecido mas de sus contemporáneos y de 
la posteridad?.... » 



DE NAPOLEÓN 
>lr. de I botana hablo lurfio. y los olojios fnrron M H Uva no mi- 
nos amaestrados y grandiosos. *C«be, dijo, «mi esta punto el gakfdOfl 
mas debido á la gloría, al paso que la potolad s<< granjea csclnn 
instrucciones. No m> l«'\nn(.i »sp monumento ni gran capitán, ni al tente 
dorde tantas naciones : el cuerpo lejislativo lo dedica al restaurador de las 
No s<« homiilan a los pies de esa estálna trémulos ovrla^os ó pneMos 
aherrojados ; en rila se cooipltce una nación jenerosa presenciando las 
faenónos de sn libertador 




.-.; 



2C6 HISTORIA 

« ¡ Fenezcan allá cuantos monumentos levantaron el orgullo ó la lison- 
ja ! pero que el reconocimiento condecore á cuantos rebosan de heroísmo 
y beneficencia. ■ 

El cuerpo lejislativo terminó sus sesiones de allí á poco tiempo, cer- 
rándolas Mr. de Segur, consejero de estado, quien, después de haber re- 
cordado en su discurso y bajo una nueva planta las maravillas que cele- 
braran Lacepede, Neufchateau, Vaublanc, Fontanes, etc. , recomendó á 
los diputados las palabras que el emperador mismo habia pronunciado al 
abrirse las sesiones: « Príncipes, majistrados, ciudadanos, soldados todos, 
no tenemos mas que un objeto, el interés de la patria. » 

Pero Napoleón habia comprendido que este interés requería ante todo 
una paz sólida y duradera , una paz verdaderamente europea , de que no 
estuviese esceptuada la Inglaterra. Olvidando entonces el poco éxito que 
tuviera en otro tiempo la carta del primer cónsul al rey Joi je III , renovó 
como emperador sus pacíficos intentos. « Hermano mió, le escribía (en 
2 de enero de Í805) , llamado al solio por la Providencia y los votos del 
senado, del pueblo y del ejército, mi primer impulso es el anhelo de la 
paz. Francia é Inglaterra están desgastando su prosperidad, pueden luchar 
siglos enteros. ¿ Pero desempeñan bien sus gobiernos el mas sagrado de 
sus delires? ¿y no les reconviene su conciencia de tanta sangre inútil- 
mente derramada y sin la perspectiva de ningún objeto? No tengo por 
deshonroso dar los primeros pasos ; me parece que tengo harto demostra- 
do cuan poca zozobra me causan los trances de la guerra , y por otra par- 
te nada hay porque deba temerla. La paz es el ansia de mi corazón , pero 
nunca la guerra contrarestó mi gloria , etc. , etc. » 

Napoleón no recibió contestación directa , contentándose el rey de In 
glaterra con que lord Mulgrave escribiese á Mr. de Talleyrand una carta 
muy enmarañada, que el emperador sujetó al escrutinio del senado con 
una copia de la que él mismo dirijiera á Jorje III. «Su Majestad ha re- 
cibido, decia lord Mulgrave, la carta que le dirijró el caudillo del gobier- 
no francés. 

« Nada desea tanto su Majestad como utilizar la primera coyuntura de 
proporcionar á sus subditos los beneficios de una paz fundada en cimien 
tos que no sean incompatibles con la seguridad permanente y los intereses 
esenciales de sus estados. Su Majestad está persuadido de que este bien solo 
puede lograrse con arreglos que, al paso que afianzen el sosiego venidero 
de la Europa, precavan la repetición de los peligros y desventuras en que 
se ha visto comprometida. Bajo este concepto, su Majestad se halla impo- 
sibilitado de contestar mas particularmente á las proposiciones que se le 
hacen, hasta que haya tenido tiempo de comunicarlas á las potencias del 
continente y en especial al emperador de Rusia, quien ha dado las mas 



I>K NAIMH.KON. Üi7 

patentes mtiesttii de la cordura y elevación de sus dktáflMDei y del inte 
res que loma por la seguridad ó independencia de Kuropa. • 

\ pesar do los conatos del diplomático inglés para no decir nada ter 
minante sobre el ánimo verdadero del gabinete de l/mdres respecto á la 
Francia, harto demostraba que no era pacifica la respuesta que araba il<> 
leerse. Y con efecto , ¿qué significaba ese afectado empeño de no dar á Na 
poleon el dictado que acababa de conferirle el pueblo francés, que el papa 
babia consagrado, y reconocido toda la Europa continental y soberana ? 
¿Cuales eran además esos arreglos indispensables para la seguridad vem 
dera de la Kuropa y que solo podia evitar la repetición de las pasadas des 
venturas? Y esas relaciones confidenciales con las potencias del conlúini 
te y particularmente con el emperador de Rusia, ¿con qué objeto y contra 
quién se habían fraguado? Todo en esle documento , en la apariencia tan 
comedido é indeciso , estaba descubriendo y retratando el tenaz pensa 
miento del gabinete de San James , la mente de Burke y de l'itt , el liste 
ma que anhelaba guerrear con la Francia, á las claras ó con amaños en 
cubiertos , hasta que ofreciese garantías de tranquilidad á la vieja Kuropa 
orillando sus doctrinas y derrocando sus nuevos institutos para volver 
al antiguo réjimen. Comprendiólo Napoleón y dio la mayor publicidad á 
esta correspondencia, que atonaba sus preparativos, y bastó para com 
prolmr esta observación atinada de >lr. do Hignon , que se aplicó luego á 
las guerras posteriores, que « la guerra contra el emperador siempre fué 
la guerra contra la revolución. » 





CM'ITLLO XIX. 



Napoleón proclamado rey de Italia. Salida de Parí». Residencia cu Tai 
Monumento en M* rengo. Entrada en Milán. Reunión de 
Jen ova á la Francia. Nueva consagración. 
Viaje á Italia. Regreso á Francia. 




a comunicación que Talleyraud pasó al 
senado en nombre del emperador, había 
J avisado á la Francia. Napoleón se ha- 
llaba ya escudado con la opinión públi- 
ca de toda reconvención acerca de la 
guerra marítima, ó de haber suscitado 
la guerra continental , dado caso que cs- 



Pio Vil continuaba residiendo en Pa- 
donde vio llegar los diputados de los colejios electorales y de los 



DE NA POLLÓN Mfl 

cuerpos consumidos de la república italiana , poniendo á los pies del em- 
perador el voto de la nación y proclamándole rey de Italia. 

Melzi , v ice-presidente de la república, fué el informante de la diptiia 
cion: se presentó, el Í7de marzo de INO.i.cn la audiencia solemncdcl.ru 
perador, y allí, en presencia del senado, pronunció nn discurso que termi- 
nó con estas palabras ¡ 

«Señor, quisisteis que hubiese república italiana, y existió. Quered 
que la monarquía italiana sea dichosa , y lo será. » 

Napoleón respondió : 

« Nuestro primera voluntad, todavía salpicada con la sangre y cubier 
ta con el polvo de las batallas, fué la reorganización de la patria italiana. 

« Entonces conceptuasteis forzoso para vuestros intereses que fuese 
caudillo de vuestro gobierno; y hoy persistiendo en el propio pensamien 
to, queréis que seamos el primero de vuestros reyes : la separación de las 
coronas de Italia y Francia, que puede ser provechosa pera asegurar la in- 
dependencia de vuestros descendientes, redundara ahora en detrimento de 
vuestra existencia y sosiego. Conservaré esta corona, pero tan solo el 
tiempo que asi lo requieran vuestros intereses, y veré gustosísimo el mo- 
mento en que me cupiere poderla ceñir en sienes de persona mas joven 
que, siguiendo mi rumbo, se manifieste siempre dispuesta para labrar 
la dicha del pueblo, sobre el cual la habrán llamado á reinarla Providen- 
cia, las constituciones del reino y nú votijMad. 

No sin zozobra estaba viendo el papa como se planteaba el nuevo reí- 



(lia. 




270 HISTORIA 

no de Italia y se estendia la autoridad directa de Napoleón hasta las puer- 
tas de Roma.'El viaje de Francia, decidido sobre todo por consideracio- 
nes temporales , habia tenido un objeto muy diverso de aquella vecindad 
formidable. Pió Vil disimuló sin embargo su descontento , á lo menos en 
sus manifestaciones esteriores, pues consintió en franquear segunda vez 
su ministerio á la familia imperial. 

Luis Ronaparte acababa de ser padre de un segundo hijo, y el empe 
radar habia mandado depositar en los archivos del senado la fe de bautis- 
mo del joven príncipe á quien llamaban eventualmente al trono las cons- 
tituciones del imperio. El recien nacido recibió el nombre de Napoleón 
Luis, bautizándolo el papa, el 24 de marzo de 4805, en el sitio de San 
Cloud, y siendo su padrino el emperador. 

Salió este de París el i°. de abril para pasar á Milán con la emperatriz. 
Detúvose tres semanas en Turin, habitando en el palacio de Stupinice, lla- 
mado el San Cloud de los reyes de Cerdeña. Allí le volvió á ver el papa 




¿§SggÉ£§T§T«¡ 



I>K NAPOLEÓN. *27l 

ni su regreso n Huma. \ tuvieron junio* varia» conferencia* en las que 
Napoleón nunca eaporanaó a Pió \ II . lo mismo que en los alistamiento* 
de Partí v rontainobloau . rn pago de los santos óleos, ron U mas mínima 
rcnunria de territorio. 

Kn su viaje ¡i Milán, quiso visitar Napoleón, el s de m.no.cl campo «Ir 
batalla de Marengo. Habíanse reunido todos los CttcrpOi francotes que so 
bailaban en aquella parte (Ir Italia. Pat óleí revista el emperador, vestido 
• . 'ii el traje y el sombrero que llevaba el día de aquella gran batalla. ■ No- 
tóte, dice Bourrienne, qne la polilla que desacata los vetfidoi de los pro- 
bombres. al parque los gusanos sus cadaverca, habían agujereado su 
traje , lo cual no le retrajo do ponérselo. • 

Napoleón no continuo su viaje basta después de baber colocado U 
primera piedra del monumento dedicado á los valientes fenecidos en aquel 
eampo de batalla . J verileó d mismo día su entrada en Milán. 

I os historiado! n mas opuestos á Napoleón lian confesado que esta ca 
l'H.il le tributo entonces un recibimiento tan lucido eomo todos los que 
se hicieran en Francia después de las victorias de Leones > Marengo. El 
entusiasmo de los Italianos fue extremado. 

Napoleón ocupó el palacio de Muza, en que Duiazzo. ultimo du\ de Je 
nova, vino a pcdii le que incorporase la republiea liguriense con el impe 
no francés. 

Napoleón contesto. 

« Señor dn\ , y señores diputados del senado y del pueblo de Jénova. 

« Tan solo las ideas liberales alcanzarán á devolver «i vuestro gobier 
no el esplendor que tuvo alia en otros siglos; pero pronto me convencí 
de que estabais imposibilitados de ejoeutar por vosotros heroicidad alguna, 
digna de vuestros antepasados. 

• Varió todo: los nuevos principios de la lejislacion de los mares que 
lian adoptado los Ingleses , obligando á la mayor parte de Europa á reco- 
nocerlos ; el supuesto derecho de bloqueo qne pueden estender «i las plazas 
no bloqueadas, y que no es mas que el alan de acabar «i su antojo con el 
comercio de los pueblos ; los saqueos siempre en aumento de los B er b e r ís 
eos; todas estas circunstancias no os acarreaban mas que aislamiento en 
vuestra inde|»eiidenoia. I«a posteridad me agradecerá el halier libertado loa 
mares y obligado á los Berberiscos á no atropHIar las banderas inferiores 
\ minábanme á esto solamente el interés \ dignidad del hombre. Kn el Ira 
lado de \miens . la Inglaterra se negó á cooperar a BfJas ideal Kbfl til l 

• En no mediando la independencia marítima, forzoso se hace para 
todo pueblo comerciante acojersc á otra ¡Midan B-BI poderom. lumpli 

i uise vuestros anhelos, quedaréis reunidos á mi gran pueblo. • 

Con efecto, esta incorporación >e ejecuto al golpe . \ el dnx de I 
va tomó el titulo de senador franeév 



•>7 2 HISTORIA 

Celebróse la consagración de Napoleón, como rey de Italia, el 20 de 
mayo en la catedral de Milán. Ofició el cardenal Caprara, arzobispo de es- 
ta capital, y entregó.la antigua corona de hierro al emperador; y este re- 
novando lo que habia hecho en la consagración de Paris , se la colocó él 
mismo en la cabeza, esclamando: «Dios me la dio, cuidado con el que la 
toque, i 

Pero la corte de Viena debia tener mas zelos que la santa sede, al ver 
establecido el dominio francés en Italia. Se le rodeaba una queja particu- 
lar que tenia que añadir á las jenerales y que las antiguas monarquías de 
Europa mantenían con relijiosa pertinacia para ponerlas en cobro en tiem- 
po oportuno contra el gobierno revolucionario de' Francia. Napoleón, que 
contaba siempre con la esplosion de los odios y del descontento entre los 
antiguos enemigos de la revolución frc\ncesa,que no hacían mas que real- 
zar de nuevo su encumbramiento y la prosperidad del imperio, procuró 
desde entonces mantener mas que nunca y estremar la adhesión y el 
entusiasmo del pueblo sujeto á su poderío. Recorrió el reino de Italia con 
Josefina, y en todas partes fueron aeojidos con estruendosas aclamaciones. 
Jénova, sobre todo , obsequió con festejos á los ilustres viajeros. Antes de 
salir de Milán, Napoleón cumplió la promesa que habia hecho á los Ita- 
lianos, dándoles un virey y haciendo recaer su elección en Kujenio 
Reauharnais. Después fundó la orden de la Corona de Hierro, y organizó 
la universidad de Turin. 
Napoleón y Josefina tomaron el camino de Francia, y llegaron, el 1 1 de 



•&s*iáf- S? 



M)M 




I)K IHAPOI.I <»\ ¿7- 

juHo, ;i I onimneldenn Onde allí pasarooá Pwm > ¡i s.ox.iond. |»erolns 
« -iirunsi.iiiri.is no permitían ni emperador gozar en ptJ de su ul<>ri.» 
su destino que su engrandecimiento fuese siempre n eo*ta de su reposo. 




• • 




CAPITULO XX 



dida de Napoleón para el campo de Boloña. Reunión de las tropas francesa 
en las fronteras del Austria. Kegreso del emperador á París. Resta- 
blecimiento del calendario gregoriano. Comunicación 
al senado de la guerra inminente con el 
Austria, y orden para una quinta 
de ochenta mil hombres. 
El emperador sale 
para el ejérci- 
to. Campa- 
ña de Áus- 
terlitz. 



a hora prevista por Napoleón se iba 
acercando, y las hostilidades encubier- 
tas se iban á trocar en guerra patente. 
El emperador salió otra vez de su ca- 
J, v pital á principios de agosto para visitar 
el campamento de Boloña y el ejército 
¡repartido por las costas. 

Este viaje duró un mes, en cuyo 
tiempo dispuso el emperador que se 
reuniesen ocho mil hombres en las 
fronteras del Austria. 
A su regreso á París, en medio de sus afanes guerreros, se dedicó Na- 




t>K NAPOLEÓN. 273 

l>oloon á restablecer d calendario gregoriano. Kra una < mi 
sistema de gobiefDO que estiba planteando y del diotado con que había 
venido á condecorarse; la era republicana ora incompatible con el ronjun 
to de las inslitnriones monárquicas que iban brotando, al imputa) de Ni 
poleon, do quiera que asomaba su poderío. Sin embargo la división del 
año, decretada por la convención nacional, estaba fundada en cálculos non 
tíficos: mas no importa, abi está obsequiosa la ciencia y va á demostró 
la precisión de volver al calendario antiguo, encargándose \a Place de 
restaurar la obra romana. Empero justo es decir que este sabio senador 
esforzó ante todo la universalidad del calendario gregoriano , y que juz 
fió del caso desvanecer cuanta zozobra infundía el trueque propuesto res 
pecto al restablecimiento de las medidas antiguas. Tero sobre todo delnrn 
conservarse las palabras del orador del gobierno, Kegnault «le San Juan 
d'Angely, al intentar que se considerase como transitorio el proyecto tras 
puesto al senado. « Dia vendrá, dijo, en que la Kuropa bonancible, re 
puesta con la paz á sus conceptos provechosos y á sus sabios estudios . 
conocerá la necesidad de perfeccionar las instituciones sociales , de her 
manar á los pueblos jeneralizándolas, y en el que descollará una era me 
morable con un método común y mas cabal de medir el tiempo. 

« Entonces" podrá componerse un nuevo calendario para la Europa en 
tera, para el universo político y mercantil , con los restos perfeccionados 
del (pie desecha la Francia en este punto por no deshermanarse con las 
demás naciones. » 

Empero la Europa se obstinaba en tener á la Francia aislada á pesar 
del restablecimiento de tantas instituciones añejas y comunes á los anti- 
guos estados, porque veía claramente que la especie de contrarevoiucimí 
efectuada en la superficie de la sociedad francesa no constituía mas que 
un disfraz político y pasajero que dejaba á la revolución social todo su ¡n 
timo poderío y su virtualidad democrática. Asi diez dias después del sena 
do consulto que sustituía el calendario del antiguo rejimen al de la repú- 
blica, Napoleón tuvo que esponer al senado la conducta hostil del Austria 
y de la Rusia y anunciarle su próxima salida para el ejército. « Senadores, 
les dijo, en las circunstancias actuales de la Europa, tengo que asociarme 
con vosotros v daros á conocer mis interioridades. 

• Voy á ausentarme de mi capital para ponerme al Irente del ejercito, 
acudir al socorro de mis aliados, y defender los sumos intereses de mis 
pueblos. 

«Se han cumplido los anhelos de los enemigos constantes del eonti 
nente: ha vuelto á encenderse la guerra en Alemania. El Austria y la Ru 
sia se han coligado con la Inglaterra, y nuestra jeneracion se ha de i er 
acosada con todas las calamidades de la guerra. Dias atrás aun vivia es- 
peranzado de que no se turbaría la paz; pero el ejército austríaco ha tran 



27<> HISTORIA 

sitado el Inn , ha entrado en Munich, y el elector de Baviera ha sido arro 

jado de su capital. Todas mis esperanzas quedan desvanecidas. 

« En este punto ha salido á luz la maldad de los enemigos del conti 
líente. Temían todavía la manifestación de mi cariño á la paz ; temian que 
el Austria manifestara ideas mas justas y moderadas al presenciar el abis 
mo á dondt; iba á derrumbarse. Ellos la han precipitado á esta guerra. Me 
desconsuelo por la sangre que costará á la Europa ; pero el nombre fran 
ees se granjeará nuevos timbres. 

« Senadores, cuando con anuencia vuestra y por los votos de todo el 
pueblo francés coloqué sobre mi frente la corona imperial, recibí de vo 
sotros y de todos los ciudadanos la obligación de mantenerla pura é ilesa . 
Mi pueblo me ha dado á todo trance pruebas de su confianza y de su ca 
riño. Volará bajo las banderas de su emperador y de su ejército, que den 
tro de pocos dias habrá traspuesto las fronteras 

« Majistrados, soldados, ciudadanos, todos quieren mantenerla patria 
libre del influjo de la Inglaterra, porque si este prevaleciera, solo nos 
concedería una paz tiznada de afrenta y baldón y cuyas principales condi 
ciones serian el incendio de nuestras escuadras, la destrucción de nuestros 
puertos y el aniquilamiento de nuestra industria. 

« He cumplido cuanto prometí al pueblo francés, y este por su parte no 
ha contraido conmigo ningún empeño que no haya satisfecho colmada- 
mente. En esta coyuntura, tan sonada para su gloria y la mia, continuará 
mereciendo el nombre de gran pueblo con que le saludé desde los campos 
de batalla. 

« Franceses, vuestro emperador desempeñará su deber , mis soldados 
acudirán al suyo, y vosotros cumpliréis el vuestro. » 

El senado respondió al llamamiento del emperador votando una quin- 
ta de ochenta mil hombres y la reorganización de la guardia nacional. El 
tribunado quiso manifestar igualmente su afán y adhesión, espresando en 
las gradas del solio la indignación que le causaban las disposiciones hosti 
les de la Rusia y del Austria. Las autoridades de la capital tampoco enmu 
decieron en tan críticas circunstancias. El prefecto del Sena, Frochot, en 
cabezando el ayuntamiento, presentó al emperador las llaves de Paris co 
mo antiguo símbolo del rendimiento y afecto de toda la ciudad. « Si es 
cierto, como se susurra, dijo aquel majistrado, que están amenazadas 
vuestra persona , la independencia de la nación, nuestras libertades é ins- 
tituciones , mandad que nuestra defensa sea proporcionada al interés de 
semejante causa. Do quiera que sea preciso marchar, creed que todos es 
taran prontos á seguiros, serviros y vengaros. » 

Por mucho que quiera achacarse á las demostraciones forzosas de los 
grandes cuerpos del estado y al temple sospechoso de las arengas de 
oficio , lo cierto es que los oradores cuyas palabras hemos citado no 



DE \ k POLEO N 277 

liarían mas que retratar ni vivo con sus rasgos el anhelo naeíonal. Alian 
/ailu Napoleón con la unanimidad do la Francia , salió de Paris H '24 de 




**»«*«.>•». WU t¡ UAOl* 



setiembre, sentó su real en Estrasburgo y publicó el 29 la proclama si 
guíente al ejército: 

«Soldados, 

«Ua empezado la guerra de la tercera coligación. El ejército anstriaco 
ha pasado el Ion, quebrantando los tratados, acometiendo y arrojando 

de su capital á nuestro aliado Vosotros mismos habéis debido acudir 

á marchas forzadas en defensa de nuestras fronteras. Pero ya habéis 
pasado el Rin,- y ya no nos detendremos hasta que hayamos afianzado la 
independencia del cuerpo jermánico, socorrido á nuestros aliados y ajado 
el orgullo de esos injustos agresores. No firmaremos otra paz sino al res 
guardo de nuestra jenerosidad; no engañará ya nuestra política. 

•Soldados , vuestro emperador está con vosotros. Sois la vanguardia 
del gran pctehlo, y si es necesario, se levantará entero á mi voz para con 
fundir y disolver esa nueva liga que han tramado el encono y el oro 
inglés. 

«Tendremos que hacer marchas forzadas y padecer toda clase de afa 
nes y privaciones; pero por muchos obstáculos que se nos opongan, los 
arrollaremos y no descansaremos hasta que hayamos plautado nuestras 
águilas en el territorio de nuestros enemigos. 

• Napoleón.» 



278 HISTORIA 

El emperador pasó el Rin por Kehl el \ .° de octubre, hizo noche en 
Etelingen , donde recibió al elector y á los príncipes de Badén , y en- 
caminándose después á Luisburgo, se hospedó en el palacio del elector 
de Wurtemberg. 

El ejército francés entró el 6 en Baviera, después de haber ladeaíp los 
montes Negros y la línea de ríos paralelos que desaguan en el valle del 
Danubio. Los Austríacos, que, después de haber invadido los estados bá- 
varos durante la paz, habían querido adelantarse hasta los confines de la 
Selva Negra para disputar el paso al ejército francés , se hallaban ya 
acorralados por retaguardia. 

Aquel mismo dia, el emperador dirijió una proclama á los soldados 
bávaros. «Me he puesto al frente de mi ejército, les dijo , para libertar á 

vuestra patria de los mas injustos opresores Como buen aliado de 

vuestro soberano, me he enternecido con las pruebas de afecto que le 
habéis dado en esta coyuntura memorable. Conozco vuestro valor; y me 
lisonjeo de que después de la primera batalla/podré decir á vuestro prínci- 
pe y á mi pueblo que sois dignos de pelear en las filas del grande ejér- 
cito.» Al dia siguiente ocurrió el primer encuentro. El puente de Lech, 




defendido en balde por el enemigo, fué tomado por doscientos dragones 
del cuerpo de Murat. El coronel Wattier encabezó la embestida de aquellos 
valientes. 

El dia 8, el mariscal Soult, que habia entablado la campaña con la 
toma de Donawerth, se encaminó sobre Augsburgo. 

Entretanto Murat, capitaneando tres divisiones de caballería, manio- 
braba para atajar el camino de Ulma á Augsburgo. Habiendo encontrado 
al enemigo en Wertingen, lo acometió denodadamente, y sostenido por 
el mariscal Lannes que llegó con la división de Oudinot, hizo rendir Jas 



DE NAPOLEÓN 27» 

armas , a las dos horas de polca, al cuerpo austríaco, compuesto de doce 
batallones «le granaderos. Kl om|>crador quiso participar el mismo este 
triunfo esclarecido a los prefectos \ demás lo l o ridsjdw de la ciudad de 
París, anviándotes las banderas y dos piezas cojidas al enemigo, para 
que se colocasen en la cosa del Ayuntamiento la carta era del 40 de 
octubre en d cuartel jcneral de Augsburgo. Kl mariscal Soult habia en- 
trado la víspera en aquella ciudad con las divisiones Ar Yandamme, 
Saint llilnirey l>egrand. 

Kl emperador pasó revista á los dragones en la aldea de Zumcrshan- 
sen, y mandó que le presentasen á un tal Marente, que habia salvado a 
su capitán en el tránsito del Lech, á pesar de que estele habia depuesto 
algunos días antes del grado de alférez Napoleón concedió el amula de 
la I ejión de Honor al valiente, que respoudió: « No he hecho mas que 
cumplir. Mi capitán me habia dqniesto por algunos desmanes de disci 
plina; pero sabe que siempre fui un buen soldado . » 




El desempeño de los dragones en el encuentro de Wertingen no habia 
sido menos asombroso que en el puente de I .e« h . El emperador mandó 
comparecer un dragón por Tejimiento y les dio, como á Marente, el águila 
de la l.-jion «le Honor Cuando el comandante de escuadrón Kxcclraans. 
edecán de Mm.it. á quien habian muerto dos caballos eu aquel día, 
trajo al cuartel jeneral las banderas cojidas á los Austríacos, Napoleón 
le dijo: «Sé que no cabe mas valentía que la vuestra: os nombro oBcial 
de la Lejion de Honor.» 



280 HISTORIA 

Veinte y cuatro horas después del reencuentro de Wertingen, el puente 
de Gunzburgo, defendido por el archiduque Fernando en persona, fué to- 
mado á la bayoneta por un Tejimiento (el 59) de la división de Malhcr, 
del cuerpo del mariscal Ney. El coronel I'aeuée, que estuvo peleando 
valerosamente á la cabeza de este Tejimiento, quedó tendido en el campo 
de batalla. 

Por todas partes los Austríacos se iban retirando atropelladamente , y 
el ejército francés ejecutaba tan atinados movimientos en su persecución, 
que casi siempre se hallaban cortadas sus comunicaciones. 

«Va á darse una batalla decisiva, decia el quinto Boletín, el ejército 
austríaco se halla casi en la misma situación en que vino á estar el de 
Melas en Marengo. 

«El emperador se hallaba en el puente de Lech, cuando desfiló el cuer- 
po de ejército del jencral Marmont. Mandó que cada Tejimiento formase 
un círculo; y le habló de la situación del enemigo , de la suma entidad 
de la batalla que iba á darse, y de la confianza que en ellos tenia. Mien- 
tras les hacia esta arenga, nevaba copiosamente, y el soldado estaba me- 
tido en lodazales hasta la rodilla, padeciendo un frió intensísimo; pero 
las palabras del emperador eran como fuego, y al oirle, las tropas olvida- 
ban sus quebrantos y privaciones, ansiando mas y mas la llegada del 
trance. » 

El dia \ 4 de octubre, la capital de la Baviera quedó libre de los ene 
migos. El mariscal Hernadotte hizo su entrada á las seis de la mañana, 
después de arrojar al príncipe Fernando, que dejó ochocientos prisioneros 
en poder del vencedor. 

Casi al mismo tiempo una división francesa a las órdenes del jeneral 
Dupont, compuesta de seis mil hombres, resistía triunfalmente á la guar 
nicion de Ulma, de hasta veinte y cinco mil, y le hacia quinientos pri 
sioneros en el reencuentro de Albeck. 




DE NAPOLEÓN Mi 

II emperador llegó el I."» di* o< tubre al campamento sentado ttbh 
lima, y dispuso que se ocupase el puente con las posiciones de Elchiogen 
para facilitar el ataque contra el ejército enemigo. 

II ni. iris, al Nej paso aquel puente el 1 1 al rayar el día, y se aposentó 
sobre Elcbingcn, á pesar de la renitencia tenadehlMl 'I» I enemigo. Aldia 
siguiente, regreso el emperador sobre l lina. Mural , Lomes \ Ne| se 
situaron en bal. illa peía «lar el asalto, mientras que .soult íh upaba a l'.i 
beraeh y que llcrnadottc seguía triunfante mas alia de Munich, derro- 
lando de todo punto al jencral hienmayer. En el campamento de t Ima, 
los soldados estaban metidos en el lodo bástala rodilla, y el emperMQf 
no se descalzó en ocho dial 




El (7, Mack se anticipó al asalto, y capituló, quedando prisionera toda 
su guarnición. 

Conceptuaba Napoleón por en estremo descollante la refriega de 
Elcbingen. Desde sus reales, y sentado en aquel memorable campo de 
batalla, escribió el 18 al senado conservador, tributándole homenaje con 
cuarenta banderas que el ejército francés había cojido en faritfl | 
posteriores aja de Wertingen; «Desde que salí á campaña, dijo, be &¡ 
|>ersado un ejército de cien mil hombres, cuya mitad ha quedado pri- 
sionera; la otra se halla fuera de combate ó reducida á la ma\or eons 

teroacioQ El principal objeto de la guerra se ha cumplido El elector 

deRaviera ocupa otra vez su solio. Acentellados de m u erte lian venido! 
quedar los agresores, y confio que, Dios mediante. . a bn\e habré trian- 
fado de los demás enemigos.» Aquel mismo día peñó una circular á los 
obispos del imperio, encargándoles que mandasen cantar un Te Dmm 

-r, 



282 HISTORIA 

«Las esclarecidas victorias que acaban de alcanzar nuestros ejércitos 
contra la injusta liga que han fomentado el encono y el oro inglés, re 
quieren, les dice, que asi yo como mi pueblo demos gracias al Dios de 
los ejércitos y le imploremos para que esté constantemente con nosotros. • 

La capitulación de Ulma tuvo cumplimiento el 20 de octubre. Veinte 
y siete mil soldados austríacos , sesenta cañones y diez y ocho jenerales 
desfilaron delante del emperador, situado en las alturas de la abadía de 
Elchingen que dominaban el Danubio, á la sazón salido de madre con 
una riada sin ejemplar en cien años. Al ver pasar aquel ejército prisio 
ñero, Napoleón dijo á los jenerales austríacos que babia hecho venir á 
su presencia: «Señores, vuestro amo me hace una guerra injusta. Os lo 
digo sin rebozo , no sé porqué peleo, ni lo que de mí se requiere. MacK 
respondió que esta guerra no era del dictamen del emperador de Alema 
nia, y que solo la hacia, obligado por la Rusia. «En ese caso, replicó Na 
poleon, ya dejais de ser una potencia.» 

Una nueva proclama, dirijida al ejército en los reales de Elchingen 
el 21 de octubre, hablaba en estos términos: 

«Soldados del grande ejército; 

«En quince dias hemos hecho una campaña. Queda ejecutado cuanto 
intentábamos, arrojando de Raviera las tropas de la casa de Austria y 
reponiendo á nuestro aliado en la soberanía de sus estados. Queda des- 
truido ese ejército que habia venido á situarse en nuestras fronteras con 




DE NAPOLEÓN as- 

íanlo boato como desacierto é imprudencia /Pito que le importa estoá 
la Inglaterra? logró su intento. Ya no estamos en Boloña. y sus pagos no 
Mráfl BMi m menos crecidos. 

• De los cien mil hombres que componían aquel ejercito, sesenta mil 
están prisioneros. Irán á reemplazar á nuestros reclutas en las faenas 
campestres. Doscientas pie/as de artillería, todo el parque, noventa ban- 
deras, y todos los jenerales están en nuestro poder; apenas se salvaron 
quince mil hombres de todo el ejército Soldados, os habia anunciado 
una gran batalla; pero gracias á la suma loi pe/a del enemigo, he podido 
alcanzarlos idénticos ronltados sin correr los mismos riesgos, y lo que 
se hace inconcebible en la historia de las naciones, es que tan esclarecido 
triunfo apenas nos cuesta mil y quinientos hombres. 

-Soldados, esta victoria se debe á vuestra confianza total en \ucs 
tro emperador, á vuestro agitante para la fatiga y las privaciones de toda 
espe.ie y a \iiesho sin |»ar denuedo. 

«Pero no pararemos aquí. ÜMÍOlti estáis ya de entablar segunda 
campana. Igual suerte debe tener ese ejército ruso trasladado con d oro 
inglés de los estremos del universo. 

■En este trance se cifra esencialmente el pundonor de la infantería , 
por segunda vez va á sentenciarse, como ya lo fué en Suiza y en Holanda, 
la cuestión de si la infantería francesa es la segunda ó la primera de 
Europa. Allí no hay jeneralescontra los que yo pueda granjear blasones 
Todos mis desvelos serán alcanzar la victoria economizando sangre, 
pues conceptúo á mis soldados por otros tantos hijos.» 

A esta proclama siguió un decreto, espresando que el mes vencido, 
desde el 2.> de setiembre al '21 de octubre, secontaria á todo el ejército 
I»» i una campaña. 

El emperador marchó después de Elchingen y tomó el camino de Mu 
nich en donde entro el 24. 

El ejército austríaco estaba casi derrotado. Sin embargo sus restos, 
eficazmente acosados en su atropellada fuga, esperi mentaron todavía en 
varios encuentros el ímpetu y el denuedo francés. Finalmente después 
de nna marcha mas y mas victoriosa y esclarecida con los encuentros de 
M inenzel, Merhenbach, Lambach. Ix>vers y Vmstetten, el grande ejército 
llegó á los umbrales de Viena. El 40 de no\ieml. re, el emperador sentó 
su- reales en Molk . y se hospedó en la abad .'a , uno de los mas hermosos 
edificios de l'.mopa. Esta en sitnaeion Inri Usina señoreando el Danubio. 
los Romanos tenian en ella una desús mayores fortalezas, llamada la Casa 
de Hierro, y habia sido construida por Cómodo. 

Antes de entrar en la capital del Austria, el ejército francés debia aña 
dir un nuevo y grandioso triunfo á los que diariamente conseguía El 1 1 
de noviembre, seis batallones, formando un total «le cuatro mil hombro 



284 HISTORIA 

mandados por el mariscal Mortier, alcanzaron él ejército ruso en la aldea 
de Diernstein, en donde solo creían hallar la retaguardia. Aunque infe- 
riores en número , los soldados franceses no se acobardaron. Desde las 
seis de la maiíana hasta las cuatro de la tarde, estos cuatro mil valientes 
sostuvieron la pelea contra el ejército ruso, derrotándolo de todo punto, 
causándole una pérdida de cuatro mil hombres entre muertos y heridos 
y haciéndole mil y trescientos prisioneros. 

A los dos diasde aquel memorable empeño, el grande ejército verificó 
su entrada en la capital del Austria. El mariscal Lannes y el jeneral Ber- 
trand fueron los primeros que pasaron por el puente que no habian lo- 
grado quemar los enemigos. 

El emperador no quiso entrar en Viena; plantó su real en el palacio 
de Schonbrunn, edificado por María Teresa. Al ver en el gabinete que 
escojió para sus tareas una estatua de mármol que representaba dicha 
soberana, dijo que si hubiera vivido aquella gran reina, no hubiera con- 
sentido que los Cosacos y Moscovitas talasen su pais, tomando por con- 
sejeros una mujer como madama Colloredo, un palaciego como Cobentzel, 
un escribiente como Collenbach, un maquinador como Laraberty , y un 
jeneral como Mack al frente de sus ejércitos. 

La corte austríaca habia desamparado la capital y seguido los restos 
del ejército. Las autoridades que habian quedado en Viena, encabezadas 
por M. de Bubna, pasaron á Schonbrunn para tributar al emperador su 
homenaje en nombre de aquella gran ciudad. Napoleón agasajó á dicha 
diputación y publicó una orden del dia encargando á sus soldados la mas 
estrecha disciplina y el mas absoluto respeto á las personas y propiedades. 

La ocupación de Viena no suspendió el raudal de los acontecimientos 
y de las operaciones militares. Murat y Lannes, estrechando mas y mas 




DE NAPOLEÓN. 2H.i 

ni rj.-roito ntistro-nisn eO mi retirada hacia la Moravia , lograron alean- 
zarlo y lo derrotaron dos diae cootecvtifOf , H 18 j ir. <|p eovtmbfe, 
en Hollabninn y lontersdorf. Kl mariscal Sonlt se halló en esta última 
refriega. 

EotretaotO el marisral \ey, destinado á invadir el Tirol, estaba descm 
penando n encargo con la maestría que 1<* era Jenial , romo din <-i \ yéal 
mo quinto boletín. Después de haberse apoderado de las fortaleza» de 
Sohartnitl y Ncustark , entró en Insprnek , el 18 de noviembre efl dotda 
hallódiez y seis mil fusilas y una gran cantidad de pólvora. Kntre los 




280 HISTORIA 

Tejimientos valerosos de su división, descollaba el 70°., que habia perdido 
dos banderas en la última guerra y estaba entrañablemente apesadum 
brado por aquel malogro. Dichas banderas se hallaron en el arsenal de 
Inspruck; un oficial las conoció, y cuando el mariscal Ney las volvió al 
Tejimiento con toda solemnidad, prorumpieron en lágrimas los veteranos, 
mientras que los reclutas se estaban engriendo de haber contribuido á 
recobrar las insignias cuya pérdida habia causado tanta amargura á todo 
el cuerpo. El emperador, sabedor de este hecho, mandó que se perpetuase 
su memoria en un hermoso cuadro. 

Al dia siguiente de la refriega de Juntersdorf, el emperador trasladó 
sus reales á Znaim, y de allí á Porlitz y á Brunn. Los Rusos, en su retirada, 
andaban padeciendo diariamente nuevas derrotas. Al fin, alucinados con 
un movimiento retrógado, que efectuó Napoleón para hacerles conceptuar 
que juzgaba su situación arriesgada y su ejército comprometido , se detu 
vieron y tomaron al punto la ofensiva, no alcanzando que el caudillo fran- 
cés quería atraerlos al terreno que habia elejido para darles la batalla. 
Cuando Napoleón los vio caer tan de bruces en el lazo que les habia arma 
do, procuró mantenerlos en su necia confianza , enfrenando sus propios 
ímpetus para escuchar, con aparente allanamiento, las proposiciones inad- 
misibles de un parlamentario. Finalmente el I o . de diciembre, hallándose 
los dos ejércitos arrostrados, y siendo ya positiva la batalla que habia dis- 
puesto, juntó sus mariscales y mostrándoles las filas enemigas, esclamó ■ 
« Ese ejército es mió. » « Soldados , dijo después en una proclama con fe- 
cha del campamento de Austerlitz, el ejército ruso se presenta para vengar 
al austríaco de Ulma. Esos son los mismos batallones que habéis derrotado 
en Hollabrun y que habéis perseguido hasta aquí. 

« Las posiciones que ocupamos son inespugnables, y al marchar para 
acorralarme por la derecha, me presentarán su costado. 

«Soldados, yo mismo escuadronaré todos vuestros batallones; me 
mantendré lejos del fuego, si arrolláis con vuestro denuedo acostumbrado 
y desbaratáis á diestro y siniestro las filas enemigas ; pero si la victoria es 
tuviera un momento indecisa, veriais á vuestro emperador esponiéndose á 
los primeros tiros, porque el vencimiento no puede titubear, sobre todo en 
este dia en que se cifra el pundonor de la infantería francesa, que es deto 
dala nación. 

«Que no haya desorden en las filas al retirar los heridos, y que todos 
se enteren cabalmente de que es forzoso escarmentar á los asalariados de 
la Inglaterra enconados contra nuestra nación. 

« Esta victoria terminará nuestra campaña y podremos retirarnos á 
nuestros cuarteles de invierno, en donde se nos incorporarán los nuevos 
ejércitos que se están planteando en Francia, y entonces Ja paz que firme 
será digna de mi pueblo, de vosotros y de mí. » 



I)K NAPOLKOM 287 

l lo sucedía la víspera del cumpleaños do la coronación ; por la noche 
hubo ilumina» ion «mi el campo para celebrar aquella fiesta. 

Al din si^tn^iit* 1 se cumplieron las provisiones y esperanzas de Napo- 
león. \a maestría do su numen, al arrimo del desempeño de sus serondo* 
y del sumo denuedo de la tropa, le granjeó en Austcrlitz una de aquellas 
victorias decisivas que la historia retrata poquísimas veees en la vida de 
los masóles capitanes \ que solo Napoleón ha redoblado M h NJI LOI 
pormenores de aquella grandiosa batalla, contenidos en el .">o" tndetin, 
son los siguientes. 

BATALLA DK At'STKRMTZ. 

« El f» de frimario, al recibir el emigrador el pliego con los plenos po 
«leres de los señores de Stadion y de (iiulay . ofreció un armisticio para 
escusar el derramamiento de sangre, si efectivamente mediaban deseos de 
ajustar un convenio definitivo. 

« Pero desde luego se entero de que eran muy diversos los intentos del 
enemigo, y como este solo podia esperar el triunfo por parle del ejército 
ruso . conjeturó obviamente que ya habian llegado , ó estaban á punto de 
llegará Otante el segundo y tercer ejército, y que las negociaciones no 
«Tan mas que un ardid de guerra para adormecer su vijilancia. 

« El 7, á las nueve de la mañana, una nube de Cosacos, sostenida por la 
caballería rusa, arrolló las guerrillas del principe ¡Murat, cercó á Vischau y 
cojió cuarenta hombres á pié, pertenecientes al 0". rejimiento de dragones. 
Duranteel din, el emperador de Rusia se trasladó a Vischau , y todo su ejér- 
cito se situó detrás de aquella ciudad. 




288 HISTORIA 

« El emperador había enviado á su edecán el jeneral Savary, para cum- 
plimentar al emperador de Rusia, luego que supo su llegada al ejército. 
El jeneral Savary regresó en el acto en que el emperador estaba recono- 
ciendo los fuegos del campamento enemigo situado en Vischau. Elojió el 
agasajo y amenidad del emperador de Rusia, y aun del gran duque Cons- 
tantino, quien le mostró sumas atenciones; pero desde luego se enteró, 
por las conversaciones que tuvo en tres dias con unos treinta fatuos que 
bajo diversos conceptos están cercando al emperador de Rusia, que la pre- 
sunción, la desvergüenza y la botaratería habían de prevalecer en las deci- 
siones del gabinete militar , así como estaban reinando en las del gabine- 
te político. 

« Una hueste tan á ciegas acaudillada no podia menos de cometer yer- 
ros. El plan del emperador fué desde entonces disponerse para utilizar el 
trance favorable. Dio al punto orden á su ejército para que emprendiese 
la retirada de noche, como si hubiese padecido algún desmán, y tomando 
posiciones á tres leguas en zaga, les mandó fortificar con mucho boato y 
plantear sus baterías. 

«Propuso un avistamiento al emperador de Rusia, quien le envió su 
edecán Delgorouki : el cual vino á conceptuar por el ademan del ejército 
francés que procedia en todo con zozobra y sobresalto. La colocación de 
las avanzadas y las fortificaciones que se trabajaban atropelladamente , 
todo mostraba al oficial ruso un ejército mal parado. 

«El emperador, que nunca recibe con tanta circunspección á los parla- 
mentarios en sus reales, pasó personalmente á las guerrillas. Después de los 




DE NAPOLtOfS W.) 

primeros cumplidos, quiso el oficial ruso enlabiar cuestiones políticas .sen 
tcnciaba sobro lodo ron Mimn iui|>erlineiieia. desconociendo absolutamen- 
i.- kM kMBNHI de la Knropa y la situación del continente. Kn una pala 
lara . era un fnt sanio apuntnrín por la Inglnterra. Hablaba al emperador 

• orno suelo hacerlo ron los nucíales rusos a quienes tiene mucho tiempo 
li i destemplados eoo su ÉM y sus ruindades. Kl emperador so contuvo. 
\ aquel barbilampiño, que está gozando suma privanza ron el emperador 
\fejandro, volvió muy creido de «pío el ejército francés estaba en TÍtpc 

i m de su total esleí minio. Ya se deja discurrir cuanto vendria á padecer 
el emperador al enterarse de que proponía por despedida ceder la MQfei 
\ i mIih .11 la corona de hierro en las sienes de los mas implacables enemt 
«os de la Francia. Toda esta variedad de pasos vino á surtir su oferto. \a 
fatua liviandad que encabeza los dictámenes rusos , enloqueció su en 
freimiento jemal. Ya no se trataba de derrotar al ejército francés, sino de 
acorralarlo y eojerlo prisionero ; pues todos sos logros eran meros abortos 
de la cobardía austríaca. Asegúrase que muchos antiguos jenerales aus 
triaros . que habían militado contra el emperador, advirtieron al consejo 
que no era del caso engreírse tanto contra un ejército que contaba en sus 
lilas tantos soldados aguerridos y oficiales de acreditado desempeño. De 

• mu que habían visto al emperador reducido á escasísimas fuerzas, en cir 
«-(instancias mucho mas criticas, reconquistar la victoria por medio de 
marchas y contramarchas impensadas, y destruir ejércitos crecidísimos ; 
«pie además, ninguna ventaja se había logrado, y que muy al contrario, 
iodos los encuentros <!o la retaguardia del primer ejército ruso habían re 
dundado en favor del francés; pero aquella juventud engreída andaba 
oponiendo á estas razones el tesón de ochenta mil Rusos, el entusiasmo 
<¡iie les infundia la presencia de su emperador, el cuerpo selecto de la 
gmrdii imperial de Rusia, y lo que probablemente no se atrevían ;i es 







200 HISTORIA 

presar, su talento, cuyo poderío estrañaban que los Austríacos no quisie 
sen dar por averiguado. 

« El dia ÍO , el emperador advirtió desde el cerro de sus mismos rea 
les, con júbilo indecible, que el ejército ruso emprendía, á dos tiros de ca- 
non de sus avanzadas, un movimiento de costado para acorralar su dere- 
cha. Entonces vio hasta qué punto la presunción y la ignorancia del arle 
de la guerra habían descaminado los consejos de aquel ejército valeroso , 
y esclamó repetidas veces ¡ « Antes de mañana á la noche esa hueste va 
á ser mia. » 

« Muy diverso era sin embargo el concepto del enemigo: se encaraba 
con nuestras guerrillas á tiro de pistola, marchaba de sesgo en una linea 
de cuatro leguas , propasando al ejército francés que al parecer no se 
atrevía á dejar sus posiciones, sin mas zozobra que la de verlo trasponer el 
horizonte. Hízose cuanto cabía para aferrar al enemigo en esta aprensión. 
El príncipe Murat se adelantó con un cuerpo de caballería en la llanura, y 
aparentando pasmarse con las inmensas fuerzas del enemigo, retrocedió 
arrebatadamente. Así todo contribuía á encastillar al jeneral ruso en la 
operación mal ideada que habia emprendido. El emperador mandó poner 




DE NAIMH.KON J«.H 

cu hunden In proclama adjunta. \qucll.i noche quiso \ 
/ario torio el campamento ; pero apenas dio algunos (misos ruando fué ro 
nocido. Nocabecsprcsarcl entusiasmo de los soldados aJ verle Ai golpe 
afianzaron haces rie paja eiu elididas en ti estremo de estacas, y 
mil hombres se presentaron al emperador saludé nriole con acl 
unos para solemnizar el cumpleaños de su coronación , otros diciendo que 
el ejercito iba á presentar el dia siguiente su ramillete ni emperador I no 
líranarieros veteranos se acerco a el y le dijo i » Mi emperador, no 
necesitas esponerle ; te prometo en nombre de los granaderos del ejército 
que solo pelearás con la visla y que mañana te traeremos las honderas y 
la artillería riel ejército ruso para vitorear el día rie tu roronacion. • 

• Kl emperador dijo al volverá su tienda, que consistía en una ruin 
«boza rie jmja sin techo , que le habian levantado los granaderos i 

« Esta es la mas hermosa noche de mi \ ida ; pero me desconsnelo al 
recapacitar cuantos de estos valientes voy á perder, l.nticnrio, por el pesar 
que esto me causa, que son verdaricrameute hijos míos, v |>or cierto que i 
veces me reconvengo con esta congoja, porque temo que me inhabilite j»a 
ra guerrear. • Si d enemigo pudiera presenciar este espectáculo , qneriaia 
atorrnrio. Pero seguía el insensato con su movimiento y corría desalaria- 
mente a su esterminio. 

«El emperador fué dando to las las disposiciones para la batalla Ma:i 
«I.» al mariscal havouM que ocupase el convento de Raygern ; con una rie 
sus divisiones y otra rie dragones, dehia contener el ala izquierda del ene 
migojwa que se hallase acorralado en el trance predispuesto: dio el man 
do de la izquierda al mariscal l-annes , do la derecha á Soult , riel centro a 
liernadotte, y de toda la caballería al principe Mural, agolpándola en un 
soto punto. U i/.|iii.iil.' de I .aunes estribaba en el Santón, hermosa pos¡ 
cioil que <l eapendor habia mandado fortificar, y en donric bahía coloca- 
das. «li''/\ ocho pie/as. Desde la víspera hábil conliado aquel apostadero 
aventajado al 17". P-jimicnfo de infantería lijera, y por cierto que no poriin 
iirdarin BOrnéjOrca (ropas, l.i división del jencral Snchet formaba 
la izquierda rie tan nos; la riel jenepal Gafarelli su derecha al arrimo de la 
• ■aball. Tía riel príncipe Murat. Esta tenia delante los húsares y cazadores á 
1 1- ordenes riel jeneral Kellermann, j las di\ mOOOl de dragonea de Valthei 

i.Mii # - .11 resera las divisiones de uwaie ro s deloa jeneraJes Nsa> 
d II ititpoiilt con v.-inte \ cuatro piezas de artillería lijera. 
Penis iarnadotte, esto es, <-i centro á su izquierda la división del 

i ii-i .ri Hi\.uifl, apoyada en la dereelia rie Murat. \ aro derecha It-lm 
•ion «leí jeneral Dr 

Sil . OnS lldaba Is derecha riel ejército, tenía a mi izquierda la 
división del jeneral \ au. lamine, en el centro la riniMondc Saint Mil 
a mi derecha la división del valiente I eerand. 



•292 H1ST01UA 

« Davoust estaba destacado á la derecha del jeneral Legrand , que 
guardaba las salidas de las lagunas y las aldeas de Sokolnitz y de Celnitz. 
Tenia á sus órdenes la división de Friant y los dragones de la división del 
jeneral Bourcier. La división de Gudin debia ponerse en marcha sobre 
Nicolsburgo , para contener al cuerpo enemigo que hubiera podido esten- 
derse sobre la derecha. 

« El emperador, con su liel compañero de batallas el mariscal Berlhicr, 
su primer edecán, el coronel jeneral Junot y lodo su estado mayor, for- 
maba la reserva con los diez batallones de su guardia y los diez batallo- 
nes de granaderos del jeneral Oudinot, parte de los cuales estaban á las 
órdenes del jeneral Duroc. 

« Estaba dicha reserva escuadronada por batallones á distancia cabal 
para formar en batalla , y en los claros habia cuarenta piezas de artille 
lía servidas por los artilleros de la guardia. Era el intento del emperador 
arrojarse con esta columna al trance mas arriesgado , equivaliendo aque 
lia reserva á todo un ejército. 

« A la una de la mañana, el emperador montó á caballo para recorrer 
los puntos, reconocer los fuegos del campamento enemigo é inquirir de 
las avanzadas cuanto hubieran podido asechar de los movimientos de los 
Rusos. Supo que habian pasado la noche entregados á su embriague/ y 
prorumpiendo en bulliciosa gritería,y que un cuerpo de infantería rusa se 
habia presentado en la aldea de Sokolnitz, ocupada por un Tejimiento de 
la división del jeneral Legrand , á quien dio orden para que lo reforzase. 




I)K NAPOLEÓN, 
el H de frimnrio. saliendo el id 
le, y este eumplenftosde la coronación del emperador, en que ibaá m hnil i ' 
nii una de las mayores heroicidades del siglo , fué uno de los mas hermo 
m>s días del otoño. 

« Kstn batalla , que los soldados se empeñaron en llamar la jornada de 
los Tres Emperadores, que otros llaman del Cumpleaños , y que el empe 
i idor denominó <le tusterlitz, sera por siempre memorable en los anales 
de la grande nación. 

MalM el emperador en medio de todos los mariscales, aguardando . 
para «lar las ultimas órdenes . .1 desojo del horizonte. A los primeros 
rayos del sol, comunicó sus disposiciones, y cada mariscal acudió á escape 
al debido lugar. 

• Kl entrador dijo al pasar al frente de varios rejimicntos: «Sóida 
dos, es forzoso terminar esta campaña con un rayo qne anonade el orgn- 
llo de nuestros enemigos. • Al pnnto los morriones, colocados en la punta 
de las bayonetas, y los alaridos de t Viva el emperador» fueron la verda- 
dera señal déla refriega. Oyóse un momento después el cañoneo en la li 
nea de la derecha , qne la vanguardia enemiga habia ya propasado ; pero 
I ennientro imprevisto del mariscal Davoust detuvo de repente al cnemi 
gO, trabándose la pelea. 

< Kl mariscal Sonlt se pone en movimiento, y dirijiéndose á las alturas 
de la aldea de Priugen con las divisiones de los jenerales Vandamme y 
Saint Hilaire, corta enteramente la derecha del enemigo , cuyos mo\ imien 




204 HISTORIA 

tos vinieron á ser indecisos. Sobrecogida con una marcha de costado, 
mientras huia, viéndose acometida cuando creia embestir , se conceptúa 
como derrotada. 

« El príncipe Murat se pone en movimiento con su caballería ; la iz- 
quierda, mandada por el jeneral Lannes, marcha en escalones por Teji- 
mientos como en un dia de ejercicio. Rompe por toda la línea un cañoneo 
horroroso ; doscientos cañones y cerca de doscientos mil hombres causan 
un estruendo aterrador como una lid verdadera de jigantes. A la hora de 
haberse trabado la contienda, queda ya cortada toda la izquierda del ene- 
migo. Su derecha está llegando á Austerlitz, cuartel jeneral de los dos em- 
peradores, quienes destacan al punto la guardia del emperador de Rusia 
para restablecer la comunicación del centro con la izquierda. Un batallón 
del cuarto de línea contraresta el avance de la guardia rusa á caballo y 
queda arrollado; pero el emperador se halla cerca , advierte la novedad , 
manda al mariscal Bessieres que marche con sus invencibles al auxilio de 
su derecha, y en breve llegan entrambas guardias á las manos. 

« No cabe duda en el éxito, quedando al punto derrotada la guardia 
rusa. Coronel, artillería, estandartes, todo cae en poder de nuestra tropa. 
El Tejimiento del gran duque Constantino yace aniquilado , y este tan solo 
debió su salvación á la velocidad de su caballo. 

«Desde las alturas de Austerlitz , ambos emperadores están mirando 
la derrota de toda la guardia rusa. Entonces se adelanta el centro del ejér- 
cito, mandado por el jeneral Bernadolte ; tres de los Tejimientos que lo 




I)K NAPOLEÓN Mi 

• •)iii|m)im>ii controrestun una brillantísima carga do caballería. Uizqni<r 
«l.i. mandada por el jencral I .aunes, acomete hasta li Cuantos 

avance* te \ ,111 entablando logran resultados \cntajosisimos. la división 
di-I jencral Cafarelli descuella sobremanera, y las de corazeros se apoderan 
de las baterías del enemigo. A la mu de la tarde , la victoria se aparece 
completísima . y durante larefricua m un momento siquiera te dudó del 
éxito, sin que acuda un solo soldado de la reserva, que permanece in- 
moble. II cañoneo ya no se sostenía sino á nuestra derecha, y el cuerpo 
enemigo, que habiasido acorralado y vencido en todas su» alturas, se ha 
liaba en una hondonada y encajonado sobre un pantano. Kl emperador 
acude con veinte piexas, y deefMI de haberlo arrojado deposición en po- 
sición, asomó un espectáculo pavoroso y cual se había visto en Abukir, 
esto <s , vcmte mil hombres arrojándose al agua y ahogándose en las la 
ganas. 

« Dos columnas, de cuatro mil Rusos cada una, entregan las armas 
y se rinden prisioneras ; todo el parque del enemigo cae en poder nuestro. 
I as resultados de esta jornada son i cuarenta bauleras rusis, entre ellas 
los estandartes de la guardia imperial ; crecidísimo número de prisioneros 
que el estado mayor no acierta á sumar, habiendo ya dado una ñola de 
Minie mil : doce ó quince jenerales, y al menos quince mil Rusos entre 
muertos y heridos. Aunque no se tengan las relaciones, á primera vista 
se puede computar nuestra peni nía en ochocientos hombres muertos y de 
mil y quinientos á mil y seiscientos heridos. No estrenarán los militares 
tamaña desigualdad , sabiendo que en la derrota es donde se pierde jeo- 
te; pues á escepciou del batallón del A", ningún otro cuerpo fué desbaráta- 
lo, r.uentanse entre los heridos el jeueral Saint Hilaire, que lo fué al prin- 
cipio de la acción y permaneció todo el dia en el campo de batalla, los je 
ncrales de división Kellermann y Valther, los brigadieres Yalhuber, Thie 
baut, Sebastiani, Compan y Rapp, edecán del emperador. Este último dio 
una carga capitaneando los granaderos de la guardia, cojiendo prisionero 
al principe Repnin , comandante de los caballeros de la guardia imperial 
de Rusia. Kn cuanto á los que sobresalieron, puede decirse que todo el 
ejército ha logrado cubrirse de gloria. En todos los a\ anees ha resonado el 
grito de \i\a el emperador, y el alan de solemnizar esclarecidamente el 
cumpleaños d#la coronación estu\ o enardeciendo mas, J m is a los sóida 
dos. 

«El ejército francés, aun. pie muy crecido, no contaba las mismas 
fuerzas que el enemigo, el cual osceudia á ciento y cinco mil hombres, 
los ochenta mil Rotos . J veinte \ cinco mil Austríacos. La mitad de aque 
lia hueste ha quedado íbera de combate , el resto ho sido absolutamente 
derrotado, y la mayor paite ha ido arrojaudo las armas. 

« Ksta jornada costará lágrimas de sangre en San IVtersburgo. Ojalá 



•290 



HISTORIA 



logre que se deseche con la debida indignación el oro de la Inglaterra, y 

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que ese joven principe, habilitado con tantas prendas para ser el padre de 
sus subditos, se desentienda del influjo de esos treinta mentecatos asalaria 
dos por la Inglaterra , y cuyas necedades empañan sus intentos, le mal 
quistan con las tropas, y le enmarañan en pasos desatinados. La natura- 
leza, al dotarle de tan esclarecidos realces, le habia encumbrado para ser 
el consolador de la Europa. Consejos alevosos le constituyen auxiliar de la 
Inglaterra, y le colocan en la historiaal par de los individuosque perpetúan 
do la guerra en el continente, habrán consolidado la tiranía británica en 
los mares y acarreado la desventura de nuestra jeneracion. Si la Francia 
no puede lograr la paz sino bajo las condiciones que el edecán Dolgorouki 
proponía al emperador y que Mr. de Novozilzof estaba encargado de re 




*y 



I>h \ fcPOLBOM. l'Jl 

dnndenr. la Kusia no las conseguiría aun ruando M ejército estuuna 
m nipadoeo las alturas di Montniuhr 

I n un pule mas rirrunstannndo (Ir osla batalla informara H calado 
mayor ilrlo i|iu> r.ul.i cuerpo, jeneral \ olinal lian practicado para eacla- 
rccer el nombre francos y «lar un testimonio fie su amor al emperador. 

• II día VI al ui principe Juan de I n htenstein, comandan 
te del i'jcri itn MUtriacO, lia \ ruido a IfistorM ron r| emperador en SO* 
iralrs. sentados rn una quinta, > lia tenido una larga audiencia I Dtre 
tanto proM güimos on nuestro triunfo. Kl enemigo se lia rrtiradn por el 
camino de Austerhtz á (ioddinga. En esta retirada va presentando mi cos^ 
lado, y el ejército francés le sigue á retaguardia. * 

• Jamas campo <lc batalla presentó aspecto mas borroroso : oyense del 
centro de los inmensos pantanos los alaridos de millares de hombres ¿ los 
que no cabe suministrar el menor auxilio. Se necesitarán tres dias para 
que todos los heridos enemigos queden trasladados á Rrunn. Este espectá- 
culo saja el corazón. ¡ Ojalá que tanta sangre derramada y tantas desdi- 
chas recaigan finalmente sobre los pérfidos isleños que las han causado ! 
¡ojalá que los cobardes de landres padezcan la pena de tantísimo que 
branto ! 




-s 







r.AHTI I, o \\l 



Resultados de la batalla de Misierlitz. Combale naval de Trafalg.tr. Paz de 

Presburgo. Destronamiento de los Borbones de Ñapóles. La Baviera 

constituida en reino. Banderas de Austeilitz enviadas :í Parí». 

Regreso de Napoleón :i Francia. 




a soberanía y la aristocracia europea, luí 
muladas en la persona de los emperado 
res de Alemania y de Rusia, se aterraron 
con el desengaño de que li, nueva liga 
vino mas y mas á tropezar en Austerlitz 
con la misma nación que cu Zurich y en 
Marengo. Agolpaba al parecer la Provi 
dencia las épocas, reservando para el 
cumpleaños de la coronación el primer triunfo decisivo del emperador 
Napoleón, manifestando al mundo que los soldados del imperio iban con 
tinuando dignamente la obra de las falanjes republicanas ; que el boato 



DI >\l'n|.Kn\ wj 

monárquico en nada había nltrrmlo la pujau/a «leí pueblo y del ejército. 
ni el numen (ir mi caudillo. \ que la revolución, siempre batuca é inten 
cible. seguía también remando en Kran. 1 1 

i ir ili^innn . ipiesnlo mu" a rerarr sobre h Rusia y el Austria, peni 
eu\o nvharo estremeció vi» lentamente á Berlin y á landres, no enfreno 
.1 lo* proniotoi ■•> de la guei i .i \<> se cifraba rn una i esion de ten ¡ 
en intereses materiales, en agravios directo» ó accidentales la repetición «V 

• 




baten tremendas entre las mas poderosas monarquías de Kuropa. Tratábase 
para ellos de una contienda de principios, causa de guerra activa \ J0 
manente, aunque menos deslindada y aparente; que un pleito de tincas o 
I i. utas; lo cual daba marjen a que Napoleón, aparentando equivocante. 
dijera á los oficiales austríacos sus prisioneros : « No sé porqué peleo ni 
sé lo que de mi se requiere. » 

Kl gabinete de San James insistió pues en sus planes hostiles contra la 
lian, i a i i'.s.n (| ( > 1. 1 derrota completa de sus aliados Kl evito del comba 
le de Trafalgar vino á ofrecerle una inmensa compensación. Las escua 
«li i- IranreSi \ española combinada* habían rido destrozad is cu laSCOa^M 
meridionales de Kspana por Nelson . quien pago con la vida este triunfo 
ilecisivo de la marina inglesa. Kn medio de sus atro|>ellados y esclarecidos 
triunfos con los Austro Rusos . le llegó ¿ Napoleón la noticia de aquel de» 
catabro. Con cate motivo dijo posteriormente « Kn la mayor parte de las 
batallas que hemos perdido contra los Ingleses, o ¿ramos inferiores en nú 
mero, ó estallamos i, -minios con buques españoles, los males, estando mal 



500 HISTORIA 

organizados, debilitaban nuestra liuea en vez de reforzarla (I) ; ó bien fi- 
nalmente, porque los jenerales que mandaban en jefe, que deseaban el 
combate y marchaban al enemigo , titubeaban entonces , efectuaban su 
retirada bajo diversos pretestos y comprometían así á los mas valientes. » 
«He pasado mi vida, dijo en otra ocasión, buscando un buen marino 
sin haberlo podido hallar. Esta profesión tiene algo de especial y de teóri- 
co que coartaba todos mis conceptos Si hubiese encontrado un hom- 
bre que hubiera abundado en mi sentido y pensamientos, ¡cuántos resul- 
tados hubiéramos conseguido! pero durante mi reinado, nunca pudo des- 
collar en la marina un campeón que orillara el carril y acertase á idear 
novedades. » 

La destrucción de la escuadra francesa desconsoló en el alma al empe- 
rador, quien vio desde entonces que el imperio de los mares quedaba afian- 
zado por mucho tiempo á los Ingleses ; por lo mismo caviló mas que nun- 
ca sobre acosarlos en el continente, ya sea por los aliados que pensionaban, 
ó en el comercio colonial , cuyo monopolio estaban ejerciendo. 

El torismo, abatido con el primer boletín del grande ejército, se había 
erguido en Londres con mayor insolencia y altivez ; y su esclarecido cau- 
dillo, Pitt, cuyo fin se acercaba, agonizaba ya como Nelson en el regazo 
de su triunfo. Un mes hacia que la Inglaterra estaba embriagada con los 
triunfos inesperados de su escuadra ; se arriesgaba á perpetuar con el es- 
truendo del cañón de Trafalgar, una guerra que, al preparar el derribo de 
Napoleón, debía facilitar durante diez años la educación revolucionaría de 
la Europa. Pero dejemos al gabinete de San James en medio de los rego- 

(i) Bonaparte en cuatro palabras hacinó un cúmulo de desatinos. 

Siempre los Franceses, particularmente en los trances marítimos, nos han 
dejado en la demanda. Hace ya mas de un siglo que en las aguas de Mesina , un 
Mr. de Cour , socolor de ir ciñendo mas y mas para lograr el barlovento, des- 
amparó á D. José Navarro, titulado después marqués de la Victoria, quien con 
sobrado arrojo trabó por sí solo el combate, y con su Real Felipe, de iao ca- 
ñones, y el Poder, de 6o, se desembarazó de siete navios ingleses y entró en 
Cartajena con lodo el buque hecho astillas , de modo que solo sirvió para leña. 

En Trafalgar, la ciega terquedad de Bonaparte en acometer á todo trance 
al enemigo, y la ignorancia total de Villeneuve,acarrearon la ruina de entram- 
bas marinas. Mandando Gravina, no lograran seguramente atacar en columna 
una linea dilatada y respectivamente muy endeble , peleando en todos los pun- 
tos dos ó tres contra uno. Además los cuatro navios franceses d«^ la izquierda hu- 
yeron cobardemente y cayeron luego en manos de los Ingleses, ya sobre la cos- 
ta de Francia. 

Con esto se malogró el heroísmo de nuestros ínclitos marinos, y aquel des- 
calabro irreparable afianzó positivamente el imperio de los mares en la isla tra- 
ficante y enemiga por lo jeneral del continente. 






DE NAlMM.K.nN -,oi 

rijos, y volvamos íi Viisl.-rhi/ que nubló muv (tronío los fotejos del turis- 
mo y el postrer júbilo de l'itt. 

Al din siguiente de esta gran batalla, rl principe Juan de Licbten«.t. ni 
comandante del ejército austríaco de Moravia, se presentó al amanertr en 
el cuartel jcncral del cmpeíador Napoleón, planteado en una quinta. Ve- 
nia de parte de su amo, ansiosísimo de avistarse con el vencedor im pi o iw 
do su moderación y jenerosidad para salvar su corona y sos estados de la 
aplicación del derecho de conquista. Napoleón accedió á su demanda y ie 
avistó en el mismo (lia con el monarca vencido en el campamento del hé- 
roe victorioso. « Os recibo en el único palacio que habito de dos meseaá 
ella parte, ■ dijo Napoleón al emperador Francisco; y este respondió ai 
punto con una sonrisa forzada: «bebe gustaros vuestra habitación, ya que 
tan buen partido sacáis de clin. * Ku pocas horas se firmó un armistin.>. j 
se convino en las principales condicione» de la paz. El emperador de Ale 
inania, cediendo a las circunstancias, procuraba templar el euojo del 




Eg3Uf\ 



o<)2 HISTORIA 

dor contra los Ingleses. «Son unos comerciantes, repetía, incendian el 
continente por vincularse el trauco del mundo. » Habló también en nom- 
bre del emperador de Uusia; que orillaba la aliauza inglesa y queria hacer 
la paz por separado. « No cabe duda, añadió, en que la Francia tiene ra- 
zón en sus reyertas con la Inglaterra. » ¡ La Francia tiene razón ! Y ¿no era 
portentoso el estar viendo cómo los principes que habían levantado aque 
Mas moles inmensas de huestes contra la Francia, se desengañaban así de 
improviso acerca del derecho lejítimode sus enemigos y los agravios de 
sus aliados? ¿No era muy lastimoso el ver que revolución tan repentina 
solo hubiese aparecido tras veinte refriegas y una batalla en que la sangre 
humana habia corrido con abundancia? 

Napoleón no abuso de la superioridad que le tranqueaban los aconte 
cimientos de la víspera. Prometió suspender la marcha de sus columnas y 
dar paso al ejército ruso , si Alejandro empeñaba su palabra de volverse á 
sus estados y evacuar la Polonia austríaca y prusiana. El emperador Fran- 
cisco se lo aseguró á nombre de Alejandro, y se retiró después, acompañado 
de los príncipes de Lichtenstein y de Schwartzenberg. Napoleón le acom 
paño hasta su coche y se volvió á dormir en Austerlitz. Dijo después de ha- 
berse separado del monarca austríaco : « Este hombre me hace cometer 
un yerro, porque yo hubiera podido seguir mi victoria, y cojer todo ej 
ejército ruso y austríaco; pero se derramarán algunas lágrimas menos. » 

Napoleón habia hablado á sus soldados la víspera de la refriega para 
inflamar su denuedo y presagiarles la victoria; no se olvidó de encararse 
con ellos otra vez después de la batalla, en parabién de haber contribuido 
tan esclarecidamente á verificar su predicción. «Soldados, les dijo, estoy 
contentísimo con vosotros. Habéis desempeñado en la jornada de Auster- 
litz cuanto yo esperanzaba de vuestro tesón. Habéis cubierto vuestras 

águilas de una gloria inmortal Cuando hayáis llevado á cabo todo 

cuanto se requiere para afianzar la dicha y la prosperidad de nuestra pa 
tria, regresaréis á Francia, y allí echaré el resto en premiaros. Alborozado 
os verá allá mi pueblo, y bastará que digáis: « Yo me hallé en la batalla 
de Austerlitz, • para que respondan : « Ese es un valiente. » 

Sin embargo un edecán de Napoleón , el jeneral Savary , habia acom 
panado al emperador de Alemania para saber si Alejandro se avenía al 
ajuste contraído en su nombre. El czar desde luego ratificó las promesas 
de su augusto aliado y dijo al enviado francés : ■< Aunque inferiores en nú 
mero, lograsteis la superioridad en todos los puntos de ataque. —Señor, 
respondió Savary , ese es el arte de la guerra y el fruto de quince aíios de 
gloria; esta es la cuadrajésima batalla que da el emperador. — Es cierto, 
replicó Alejandro; es un gran militar. En cuanto á mí, esta es la primera 
vez que salgo á campaña. Nunca he tenido la presunción de habérmelas 
con él. Regreso á mi capital. Habia venido en auxilio del emperador de 



I>K NM'OIION -.0- 

VltMiinnia; me lia dicho que estaba satisfecho . yo también lo esto\ • 

Kl armisticio convenirlo el ." de diciembre mire Yi|»oleoii \ el rm 
l i ulor de \lemania quedó autorizado H iba | ron las firma* oVI 
cal Bertlner y del |»i mcipe de Uchlenstcta 




n oliéronse i esta suspensión do hostil idaries dos decretos, nno conce 
dicndo pensiones á las viudas y á los hijos de los militares de todn gradúa 
rion mnertosen austerliti , y otro mandando qne los caaones rusos y ans 
Iriacoseojidos en aquel rampo de batalla se fundiesen para servir a la cree 
rion. en la plaza de Yendoma, de una columna triunfal para perpetuar la 
gloria del ejercito francés. Kn un tercer decreto, el emperador prohijaba 
todos los niños de los jenerales , oficiales y soldados franceses muertos en 
la batalla «le Nnsterlil/. \ mandaba: I". Que fuesen mantenidos y educa 
dos i esponsas del estado : 2". que pudiesen añadir á sus nombres y apHli 
dosel nombre de \apnleniv 

Desde Anstetlit/ . el cuartel jeneral \o¡\ i<» á Itrunn. Mli mandó Napo- 
león que se presentase el principe Hcpiiiii . coronel de los caballeros guar 
dias, j le dija : « yue no quería privar |>m mas tiempo al emperador de 
Rusia de Jante tan valetfOa, j |M podía juntar todos los prisioneros de la 
limi.Ii.i imperial rusa y regresar con ellos a su patria. » 

Kl I" de i Na|K)leon estaba de vuelta en Schunbrunn en 

donde recibió la diputación de \o» i M » -| "lores de Paris. Kl correjidor del 
séptimo distrito comunal tomo la voz. Kl emperador les anuncio la pro 
rima conclusión de la pea i -<> que fletasen P • a las banderas 

eojidas en Au de Nuestra *>eüoia M 



504 HISTORIA 

tiempo escribió al cardenal arzobispo conflándole la guarda de aquel glo- 
rioso depósito, y espresándole su ánimo de que se cantase anualmente un 
oflcio solemne en la metrópoli en memoria de los valientes muertos por 
la patria en aquella gran jornada. 

Durante su permanencia en Schoenbrunn, el emperador pasó revista á 
las tropas, y al llegar al primer batallón del 4 o . rejimicnto de línea que ha- 
bía sido desbaratado en Austerlitz y habia perdido su águila. « Soldados, 
esclamó Napoleón, ¿qué habéis hecho del águila que yo os habia dado? 
Habíais jurado que os serviria de punto de reunión y que la defenderíais 
á riesgo de vuestra existencia : ¿cómo habéis desempeñado vuestro jura- 
mento?» El mayor respondió que habiendo muerto el abanderado cuan- 
do cargó el enemigo, nadie lo habia advenido en medio del humo; pero 
que el cuerpo no por eso habia dejado de cumplir con su obligación por- 
que habia arrollado dos batallones rusos y cojido dos banderas de que tri- 
butaba homenaje al emperador . Después de haber titubeado un rato, Napo- 
león intimó á los oficiales y soldados que jurasen no haber advertido el 
malogro de su águila, lo que todos hicieron inmediatamente: entonces el 
emperador prorumpió en acento mas blando y aun risueño : « En ese caso, 
os devolveré vuestra águila. » 

Las negociaciones para la paz se llevaron adelante con el mayor ahin- 
co y pararon en el tratado de Presburgo, que se firmó el 20 de diciembre, 
quedando por él los estados venecianos reunidos al reino de Italia, y los 
electores de Baviera y Wurtemberg elevados á la dignidad rejia. Napoleón 
anunció él mismo esta fausta nueva á su ejército con una proclama del 27, 
en la que les decia que después de haber visto á su emperador compartir 
con ellos los peligros y las fatigas, vendrían á verlo rodeado de la gran- 



,£klffito . 




DK NAPOLEÓN 

tinta y esj. Icudoi correspondientes al MuVrauo del primor pueblo del uní 
verso. « Duró una gran función «n Pnris ;■ primeros do mayo, anadia : allí 

• ■•.tap-is todos. \ después irruios doquiera que nos Manir la dicha de ni 
|»atria y los interese* de nuestra gloria. Soldados . la confian™ de Véfdl 
á lodos antes «le vis mcs«*s mimánMÚM en torno de mi alcázar esté ya 
li.il.ttraii.lo a mi pecho. Realzaremos la memoria de cuanlos vacien 
estas dos campañas por los campos del honor, \ el mundo nos verá pron- 
tos á imitar su ejemplo y :i hacer, si mfftétO, mas de loque hemos hecho 
contra aquellos que intentaren mancillar nuestro honor. •» se dejaren le* 
ducir por el oro cohechador de los eternos enemigos del coi 

Este májioo lenguaje arrollndor de los ánimos guerreros y estos Ha 
mamienlos personales en las revistas y el ademan «le familiaridad militar 
ron que Napoleón se allanaba a tomar cuando convenia, han dado campo 
para zaherirle de haber entablado y sostenido aquella suma |>opnlaridad 
en los campamentos a impulsos de su charlatanismo. Pero los escritores 
que han estampado tamaña impropiedad no han comprendido que si podía 
aplicarse semejante calificación á lamaestria de un prohombre para labrar 
una nación y un ejército capaces de heroísmo , no se inferiría que d pro 
hombre fuese menguando hasta el nivel de lo (pie vulgarmente se llama 
un charlatán, sino que el charlatanismo se encumbrara á la altura del pa 
triotismo \ de la maestría política. sublimnndoM- tal vez hasta losnmode 
los alcances. Con efecto , ábrase la historia y véase si hay alguno de los 
bienhechores de la humanidad ó de los grandes civilizadores por la lejis 
lacion, la relijion ó la conquista, que haya dejado de valerse de los medios 
que empleaba Napoleón para avasallar á los hombres y ensalzarlos hasta 
lo mas eminente. Si puede apellidarse charlatanismo el uso que han he 

• ho de su preeminencia para la dicha ó la gloria de las naciones, como se 
llamó brujería el predominio de la maríscala de Añero para con María de 
Mediéis, no es propio levantar en nuestro siglo una hoguera para seme 
jantes charlatanes, antes bien esclamar: Vi\a el charlatanismo. 

No merece ser menos recordada por la historia, que su última procla 
ma al ejército, la despedida de Napoleón á la capital del Austria. 

t Vecindario de Viena , le dijo , he tenido que escasearos mi presencia . 
mas no ha sido por menosprecio ni por engreimiento , sino por cuanto no 
.¡nena desimpresionaros del afecto que estabais profesando aun príncipe 
con quien ansiaba \o ajotar una paz duradera. \l dejaros, recibid, como 
un presente que os acredite mi aprecio, intacto vuestro arsenal que las 
ley es de laguer i.i lialuan hecho propiedad una. servios de él siempí 
el mantenimiento del orden. Atribuid cuantos pesares habéis padecido a 
los quebrantos inseparables <¡c la guei m j iodos lo- miramientos que mi 
ejercito ha temdo en vuestras campiñas, los debéis al aprecio que me ha 
beis merecido. «• 



506 HISTORIA 

Apenas estaba firmada esta proclama y anunciada la paz al pueblo de 
Viena y al ejército francés , cuando Napoleón pregonaba al mundo en una 
nueva proclama , con fecha del 27 de diciembre , las alevosías de la corte 
de Nápoles,que acababa de abrir sus puertos á los Ingleses con menosprecio 
de un tratado firmado dos meses antes. Jamás sonaron en sus labios pala 
bras mas grandiosas, enérjicas y amenazadoras. Unos Borbones daban la ma- 
no á los Ingleses y hacían traición á la Francia. Bastaba esto para que se 
sublevasen al punto las pasiones, antipatías y repugnancias de la nación y 
para que se manifestasen en el lenguaje de su caudillo. En este caso , la 
dictadura imperial debia hablar como lo hubieran hecho los convencio- 
nistas. Forzoso se hacia el mostrarse inexorable con el perjurio real y 
apear del solio á la faz de los Ingleses á los Borbones de Ñapóles abatidos 
y afrentados. Napoleón desempeñó asombrosamente aquel intento. Nunca 
representó mas airosamente la revolución y la Francia. He aquí la procla- 
ma publicada en el ejército: 

« Campamento imperial de Schcenbrunn , 26 de diciembre de 4 80. r >. 

« Soldados : 

i Hace allá diez años que eché el resto por salvar al rey de Ñapóles; él 
lo ha echado también por su parte para estrellarse. 

« Después de las batallas de Dego, Mondovi y Lodi, no podia oponer 
me mas que una endeble resistencia. Di crédito á las palabras de aquel 
príncipe y fui jeneroso con él. 

«Cuando la segunda liga quedó disuelta en ¡Marengo, el rey de Ñapó- 
les, que había encabezado aquella guerra injusta, desamparado por sus 
aliados en Luneville, quedó solo é indefenso. Me imploró, y por segunda 
vez le perdoné. 

« Pocos meses hace que os hallabais á las puertas de Ñapóles. Lejítimas 
fazones tenia para maliciar la traición que se estaba ideando y desagraviar- 
me. Otra vez fui jeneroso. Reconocí la neutralidad de Ñapóles ; os mandé 




x-j *m 



I>K NAPOLEÓN B07 

evactiai aquel miiii.) por la terrera vm la casa de Ñapóles quedó salva y 
cabal 

• , I udu liaremos todavía por la cuarta ves' ¿ nos fiaremos por la ruar 
ta ves de tina corte sin fe. sin honor y sin discernimiento 9 No . no. la 
dinastía de Ñapóles dejó de reinar; su existencia ■ incompatible con el 
sosiego de la Kuropa y el blasón de mi rorona. 

« Soldados, marclmd ; precipitad en lasólas, dado caso que o» aguar 
den. a esos débiles batallones de los tiranos de los mares. Mostrad al mun 
do de que modo castigamos á los perjuros No tardéis en informarme que 
toda la Italia yace avasallada á mis leyes o á las de mis aliados ; que el 
mas hermoso pais de la tierra esta libre del \ ugo de los hombres mas per 
(Idos; que se ha desagraviado la santidad de los tratados, y que están apta 
cados los manes de mis valientes soldados asesinados en los puertos de Si 
tilia á su regreso de Kjipto, después de haberse salvado de los naufrajios. 
de loa desiertos y de cien refriegas. • 

El ejército de Italia, que los triunfos de HatMM habían . onducidoá 
las fronteras del Austria . tomando con este motivo el nombre de 8°. cuer 
po del ejército de Alemania , correspondió airosamente á los anhelos de 
Napoleón apoderándose ejecutivamente del reino de Ñapóles. Kl trijesimo 
séptimo Metió del grande ejército pregono esta conquista velos en los tér 
minos siguientes: 

« El jeneral Saint Cyi se encamina a marchas forsadas hacia Ñapóles» 
para castigar la traición déla reina y derrocar del solio áaquella mujer cri 
minal que ha quebrantado cou tanto desenfreno cuanto se repula mas sa 
grado entre los hombrea. Han querido interceder por ella con el empera 
dor, y su respuesta ha sido : 

f Aun cuando debieran renovarse las hostilidades y tuviera que soste- 
ner la nación una guerra de treinta años , no cabe indulto para tan atroz 
alevosía. La reina de Ñapóles ha dejado de reinar; este último atentado 
redondeó su destino. Que vaya á landres á aumentar el número de los 
Iramoislas y formar una junta de tinta simpática con Drake, Spenecr Smith, 
Taylor y Wickam ; podrá llamar también , si lo juzga oportuno , al barón 
de Armfeld , á los señores Ferscn , Antraigues y al fraile Monis.» 

Antes de su salida de \ iena, Napoleón apeteció una esplicacion franca 
con Mr. de Ifeugwitz, enviado del rey de l'rusia, que solo había venido 
al teatro de la guerra para acechar los movimientos y estar dispuesto para 
• I.'. I n n la aliansa de su amo con las cortes de Austria J Itu-ia, al primer 
desmán de las armas francesas. Sin duda la Ivntalla «le Aiistei ht/ había h. 
eho dilatar aquella declaración.} el ministro prusiano, embargado en ne 
goeiar un nuevo tratado con Mr.deTalleyraml.no pensaba ya en su* ms 
truccioneN primitivas, cuando habiéndose presentado al emperador . este 
le dijo con sumo desentono y altn 81 



508 HISTORIA 

«¿Vuestro amo procede legalmente conmigo? ¿No le fuera mas deco- 
roso haberme declarado sin rebozo la guerra, aunque sin tener motivos 

para hacerlo ? Antepongo un enemigo patente á un amigo embozado. 

¿Qué significa todo eso? Os decis mis aliados, y consentís en elHanover 
un cuerpo ruso de treinta mil hombres que se comunica por vuestros esta- 
dos con el ejército mayor de la misma nación. Nada puede sincerar seme- 
jante conducta ; es un acto innegable de hostilidad. Si vuestros poderes 
no os autorizan para tratar todas estas cuestiones, poneos corriente ; en 
cuanto á mí, voy á marchar contra mis enemigos do quiera que se hallen. » 

No cabia en Mr. de Haugwitz negar la realidad de aquellos cargos, y 
para encubrir sus ambiguos intentos , se allanó á tralar con la Francia 
bajo el concepto propuesto por Mr. de Tallcyrand. Firmó pues un solem- 
ne tratado cambiando el Hanover por los margraviatos de Baireuth y de 
Anspach, mientras que Mr. de Hardenbcrg estaba tratando en Berlin con 
el gabinete de Londres por orden y á presencia del rey de Frusia. Pronto 
veremos el resultado de esta aleve diplomacia. 

A su regreso á Faris, Napoleón pasó por Munich, en donde permane- 
ció algún ticni|>o para asistir al casamiento del príncipe Eujenio con la 
hija del rey de Baviera. Desde aquella capital escribió, el 6 de enero de 
F806,al senado conservador, participándole que pronto presentaría el tra- 
tado de l'resburgo y que tendría que mandarlo publicar como ley del im- 
perio. «Mi ánimo, les dijo, era enteraros yo mismo de las condiciones en 
una sesión solemne ; pero habiendo ajustado con el rey de Baviera el en 
lace del principe Eujenio mi hijo con su hija la princesa augusta, y hallan 
dome en Munich , al ir á celebrarse este deposorio , no he podido menos 
de unir yo mismo á entrambos novios , que son al par el modelo de sus 
sexos respectivos Con este motivo se dilatará por algunos días mi lie 




Vi > 



I>K NAPOLBON 30U 

gada al centro de mi pueblo ; días que «eran largo» para mi corazón ; pero 
detona de vivir tan solo como soldado, me hallo gozosamente entregado 
al (Nirmcnor de las obligaciones de un padre de familia Pero no querien- 
do diferir normas tiempo In publicación M tratado de paz, he mandado 
que se os comunicase inmediatamente • 

A este parte siguióse pronto otro o al que Hipótesi informó al sena 
.lo que acababa de prohijar á Kujenio, llamándole á reinar tras él sobre 
los Italianos, a ralla de descendientes naturales y lejfthMI 

Kl casamiento de este joven principe se solemnizó en Munich el 15 de 
enero de IX4K». Napoleón y Josefina asistieron ¡i la ceremnni a * dieron 
con su presencia mayor realce á los festejos que la corte de I la viera dispu- 
so para celebrar aquel enlace Kujenio se había manifestado al pronto 
algo opuesto á las manifestaciones que el emigrador le había Invho OM 
este motivo, porque le repugnaba un matrimonio político; pero luego 
que hubo visto y pudo apreciar á la joven princesa que se le destinaba, 
entró gustoso en las miras de Napoleón. 

Mientras que el emigrador prolongaba su residencia en Raviera , los 
grandes cuerpos del estado y el pueblo parisiense se preparaban para re 
cibir dignamente al vencedor de \usterlitz. 




5Í0 HISTORIA 

El tribunado habia tomado la iniciativa; la sesión del 50 de diciembre 
de 1805 habia acordado una proposición dirijida á « dar al héroe que á 
fuerza de prodijios imposibilitaba los elojios, un testimonio de admira- 
ción y cariño que fuese inmortal como su gloria. » 

El T'.de enero de 1806, se trasladaron al Luxemburgo las cincuenta y 
cuatro banderas que el emperador habia dado al senado, asistiendo á este 
acto el tribunado, todas las autoridades, la música militar y una parte de 
la guarnición de Paris. El canciller mayor y todos los ministros se halla- 
ron presentes en aquella sesión. El senado, presidido por el gran elector, 
realzó el recibimiento del glorioso presente que iba á engalanar su palacio, 
decretando en nombre del pueblo francés ¡ 

« \°. Que se levantaría un monumento triunfal á Napoleón el Grande; 

« T. Que el senado en cuerpo saldría al encuentro deS. I. y R. M. y 
le tributaria las muestras de admiración , gratitud y cariño del pueblo 
francés ; 

«-5°. Que la carta del emperador al senado, escrita desde Elchingen , 



• : ; i:-^-,. 




DI \\n>i ion »U 

.1 ¿r» de vcndimiario del ano XIV, se graban/» en sitiare» de mármol que 
se colocarían en d «don deMiionei del senado. 

« 4*. S)w á continuación de aquella carta se grabaría lamhicn lo que 
sigue : 

• Las cuarenta banderas y catorce mas añadidas á las primera» por 
s. M. han sido trasladadas al senado por el tribunado reunid... ] dépoti 
l.i. la- en este salón .«I mimóles I «le enero de I9N 

Iji catedral de Paris había tenido también su parte en la distribución 
de I <>s trofeos de esta inmortal campana. Ya hemos \ istn que las banderas 
•pie le estaban destinadas habían sido entregadas al ayuntamiento de Pa- 
ris en el campo imperial de Schrenhrunn. El clero metropolitano salió á 
recibirlas .1 1 1 de enero con gran pompa á la puerta de su iglesia en cuya* 
bóvedas quedaron colgada- 




CAPITIU) XXII 



Napoleón reconocido emperador por la Puerta Otomana. El Panteón devuelto al cul- 
to católico. Restauración de San Dionisio. Apertura del cuerpo lejislalivo. Fae- 
nas públicas. Código de procedimientos civiles. Universidad imperial. 
Banco de Francia. Estatutos imperiales. José Bonaparte, rey de Ña- 
póles. Murat, gran dnque de Berg. Luis Bonaparte, rey de 
Holanda. Fundación de la confederación del Rin. Gran 
sanedrín reunido en Paris. Tratado con la Puer- 
ta. Negociaciones para la paz uni- 
versal. Muerte de Fox. 




apoleon y Josefina regresaron á Paris el 
dia26. Su presencia en la capital escitó un 
[rapto de entusiasmo universa^, descollando 
el senado y el tribunado en la solemne au- 
jdiencia que se les dio el 28 en las Tuilerías. 
Señor, dijo el presidente del primero de 
| aquellos cuerpos (Francisco de Neuf-Cha- 
teau), aunque vuestra modestia habla tan 
llanamente de los prodijios fin cuento con 
que ese numen que ya habia aventajado á todos los demás héroes acaba 



DK N IPOLION M8 

de sobreponerse á si mismo , permitid que planteemos el decreto del sena 
do dando solemnemente al salvador de la Francia el dictado de <, randa, 
nombre tan justo, y titulo que la voz del pueblo, que es la \<>/ -I U 
mi h pr.vi-i ,i i mil. Tiros i 

1.1 emperador respondió que daba granas al senado por las finen* qttt 
su presidente acababa de manifestarle, y que cifraba toda u nombradla en 
realzar mas y mas las excelencias de la Francia, de modo que bastí m los 
siglos mas remotos llevase por denominación peculiar la de Brande pueblo 

Coronaron los festejos publicos tan solemnes parabienes. 

Sumo era el ahinco de Napoleón porque todos los gobiernos di BflPI 
i. . reconociesen el dictado de emperador que le había conferido I • na- ion 
francesa. Parecíale comprometida en este reconocimiento la digrmlad del 
gran pueblo á quien debia el conjunto de sus derechos; y su altnez jemal, 
su amor propio y su engreimiento no le inclinaban menos á darles MM 
mado aprecio Alejandro le había descontentado mucho dirijiendole MM 
carta con el sobre de « caudillo del gobierno Iraneés. . a ejemplo del 
ie\ de Inglaterra, quien habia estremado el empeño basta el punto di- 
ño corresponder sino por medio de un secretario de estado. Fue pues una 
especie de indemnización para Napoleón cuando supo que el sultán de 
Constantinopla , Selim III . acababa de reconocerlo oficialmente por em 
perador de los Franceses. 

Aquel anhelo de alternar fraternalmente le ha de redundar en daño de 
trascendencia, arrojándole á jestiones torpes, asi en su diplomacia como en 
la administración interior. Asi se muestra en Austerlitz jencroso con resa- 
bios de indiscreción con unos enemigos poderosos é irreconciliables á quie 
nes tenia en su mano anonadar, y luego se lo echa cu cara como un 
yerro. Asi al volver de aquella memorable campana, restituye el Panteón al 
culto católico y manda restaurar los sepulcros reales de San Dionisio sin 
zozobra de lastimar las inclinaciones fllosoticas y democráticas del pueblo 
que solo constituye su pujanza y poderío. I n mismo decreto, dado el Itt 
de febrero de isoc. , basta para entrambas disposiciones. Kstendiose a ¡es- 
tancia de Mr. de Champagny , cuyo informe basta para justipreciar los 
intentos de aquella temporada: 

« Señor , dice aquel ministro , la iglesia de Santa Jenovcva, el templo 
mas hermoso, de la capital; un templo que, colocado en la cumbre del 
monte consagrado á un culto tutelar, coronaba tan gallardamente d con- 
junto de las obras maestras que engalanan esta ciudad, y pregonaba de le- 
jos al estranjero el augusto reinado de la relijion sobre una población in- 
mensa, arrebatado á los anhelos de la relijiosidad en el momento mismo 
de ir á disfrutarlo, consagrado después á otro destino, y al liu dejado en 
total desamparo, se muestra como atónito de tamaño menosprecio, labia 
curiosidad al visitar su recinto estraña en un monumento recién construí 

16 



544 HISTORIA 

do la soledad de los escombros; el numen de las artes se está desconsolando 
al verlos yacer sin esplendor, mejor diré, sin alma y sin vida; la relijion, 
viendo sus esperanzas frustradas, se desvia de un monumento cuya majes 
tad no puede realzarse colmadamente , sino con el culto del Altísimo, y 
que se encumbraba como el debido homenaje tributado á Dios por el in 
jenio humano. 

« San Dionisio se envanece con otro monumento tan antiguo como el 
oríjen mismo de la nación, que Dagoberto dedicó al protector de la Fran- 
cia, que el abate Sujero restauró, y que abarca en cierto modo dentro de sí 
toda la historia de este imperio. Allí descansan tres linajes que reinaron 
sóbrela Francia; espectáculo que infunde recuerdos á los príncipes y á los 
pueblos y retrata á un tiempo toda la grandiosidad humana y su frajili- 
dad; mausoleo consagrado por la relijion y por los siglos, anchuroso ataúd 
cuajado de polvo rejio, colocado á parte y fuera del bullicio de la capital 
como por un impulso de terror y de respeto 

« Señor, vuestro pensamiento solo ha reanimado y casi reconstruido 
entrambos monumentos. Él les restituirá su encumbramiento primitivo. ■ 

No podía espresarse mejor el desengaño que restablecía las máximas 
monárquicas. Si el emperador intentaba bienquistarse por este medio con 
estranjeros y nacionales, quedaba bien desempeñado todo su anhelo por 
su ministro ; aunque al cabo tantos conatos en mentir respecto á su orí jen 
y encubrir su verdadera naturaleza, debiese perderse ante la antigua Bu 
ropa, la Francia añeja y el antiguo sacerdocio, los que justipreciando á 
Napoleón Bonaparte mejor de lo que se graduaba entonces él mismo , se 
obstinaban en no ver en él mas que un discípulo y patrono del filosofismo, 
el hijo y el sosten de la democracia , el enemigo mas temible, y no el sin 
cero restaurador de lo pasado, objeto de su veneración y de sus anhelos. 
Para sincerar al emperador se ha acudido á su sistema de hermanamiento 
y de reconciliación jeneral.Esta disculpa seria admisible, si solo se tratase 
de los actos que restablecieron en Francia el libre ejercicio de los cultos 
interrumpido por la tiranía de la Convención ó el Directorio. Cuando el 
primer cónsul mandaba abrir los templos católicos en un pais cuya inmen- 
sa mayoría profesa y practica el catolicismo , á lo menos por hábito, si no 
es con todo el fervor de la fe, entonces Bonaparte obraba como estadista. 
Cedia á un tiempo á la razón y á las circunstancias. Quedaban igualmen 
te satisfechos el anhelo nacional, la relijion y la sana filosofía; porque to- 
do se reducía á mera tolerancia y libertad , que no escluyen ni aun la 
protección, cuando no tropieza con otros intereses y aprensiones. 

Pero cuando el emperador, tras de haber devuelto al clero sus iglesias 
desiertas y haber escudado al sacerdote católico con la doble protección de 
las leyes y del erario, arroja la filosofía de sus templos para entronizar en 
ellos el catolicismo ; cuando deja tratar con menosprecio á las fundaciones 



DE Wl'oi.i n\ ||8 

patrióticas para sustituirlo» ostentosamente resunción. 
do deja verter palabrea de escarnio sobre la tumba majestuosa que la pa 
iría reconocida había consagrado á la sepultura de sus prohombres , y 
luego atiende complacidamente ;d boato lotérico sobre • .-i |. »u.» «i.- los 
reyes, » sobre la dedicatoria de sus sepulcros en San Dionisio por Itaaohcr 
(o ; y todo esto para afrentar el endiosamiento de los sujetos «aclarecido» 
tu? su memoria en las bóvedas del Panteón; ruando drp Imllar por 
losoanónmn» l.isi-emzas deVollmv \ II ñuscan. \ para guardar los resto* 

nu|Hiiile> ILiini a 1 1 ----- -|- - | ■ i, |- jiini i | n nmnm di 

los reyes , entono - m siquiera media en tal dispone*** nn asom d. 

loteraocia, libertad ó ampara del mito católico . es un atan, Iirecto 

"lili.! Irióticn «pie de -li.ni d l'anlcou á la sepultura da I 

hombres; <>s una condenación da lo presente > una rc|>osicion de |g 
do, fl palmen ta lio caatraraarpiaiajoa y nada que se parezca a un arto tli- 
mveoidadodeliiio político, eomnse comprólo 1.1 en lo venidero 

l.i apertura de la nueva temporada del cuerpo lejislalivo afasjami áf 
lias al decreto de ¿n de febrero, y ninuono de los diputados de la 
Francia soñó eu querellarse contra .1 fcesaeoo que acababa de hacerse al 




mm - > 



5f$ HISTORIA 

clero romano de un templo nacional. Infructuoso lucra por lo demás cual 
quier protesta. Ya no cabía que en la tribuna ni por medio de la impren- 
ta la Francia ejerciese en adelante su empuje revolucionario sobre la 
Europa. 

Napoleón mismo pronunció el discurso de apertura; culpóse en cierto 
modo de la sobrada jenerosidad que le vituperamos poco ha, y como que 
presajiase los acontecimientos que han patentizadosu desacierto. « La Ru 
sia , dijo, solo debe á la capitulación que yo le he concedido el regreso de 
los restos de su ejército. Arbitro en derribar el trono imperial del Austria, 
lo he consolidado. ¿Por ventura la conducta del gabinete de Viena hará 
que la posteridad me tache de impróvido? » 

I^os ministros dieron cuenta de la situación del imperio, cuya prosperi 
dad iba siempre en aumento. Carreteras, azequias, puentes, monumen- 
tos de todas clases, inventos provechosos y todo jénero de realces se enta 
biaban ó concluían en todos los puntos de tan grandiosa monarquía, que 
se componía á la sazón de ciento y diez departamentos, sin comprender la 
Holanda, los Estados Venecianos y el reino de Italia. 

« Muchas nuevas carreteras, dijo el ministro del Interior, apetecidas 
por los pueblos, han llamado la atención del gobierno. Está concluida la 
de Valona á la Hoga ; se está terminando la de Caen á Honílcur; la de 
Ajaccio á Bastía se halla á su mitad; la de Alejandría á Savona se halla de 
lineada; la de Maguncia hasta Hamburgo y la de Aquisgran á Montjoie 
están dispuestas. Una emulación recomendable está animando á varios 
concejos para la recomposición de los caminos trasversales. 

« Se plantean puentes sobre el Rin en Kehl y en Rrissac; sobre el Mosa 
en Givet; sobre el Cher en Turs; sobre el Loira en Nevéis y en Roanne, 
sobre el Saona en Ausona, etc., etc. Dos raudales impetuosos, el Duran/a 
y el Isera , pasarán por debajo de puentes. 

« Se están ejecutando seis azequias mayores ¡ la de San Quintín, el ca- 
nal de Napoleón que enlaza el Rin con el Ródano , el de Borgoña , los de 
Blavet y de la He et-Rance, el de Arles y los de la Béljica. 

« Se hallan entablados otros , como los de San Valery , de Belcaire á 
Aguas-Muertas, de Sedan, de Niort á La Rochela y deNantes á Brest. Varios 
están ideados, como los de la Censea, de Charleroi , de Ypres y de Briare. 

« Si tendéis vuestras miradas por nuestros puertos, veréis que en am 
bos mares se está trabajando en habilitarlos haciéndolos mas seguros. » 

Mr. de Champagny hablaba después de las obras grandiosas que esta 
ban hermoseando á París. 

« Al volver á la capital , quedaron vuestros ojos atónitos al verla real 
zada en el espacio de un año de guerra , mas de cuanto en otro tiem 
po lo fué en medio siglo de paz. Nuevos muelles se van dilatando por las 
orillas del Sena. En los años anteriores se habían levantado dos puentes; 



DENAPOLBON SI7 

• I tercero, rl nuMcrcctdo do todos, esto á punto de concluir* Cerca de él 

I. iv delineado mi barrio nuevo al intento de completar por aquHIn parte 
su realce . fus calles tienen los nombres de nuestros guerreros desenlian 
tes, feíieridosesclare. idamente en la campana, el puente mismo toma el 
nombre ilc Vuslcrlitz. 

• A breve desvio de las orillas del Sena , nn arco triunfa I, colocado i 
la entrada de los baluartes, será un nuevo monumento de unos acontecí 
iniintos cayo recuerdo ha de ser mas duradero que cuanto podemos idear 
¡ u i )•• i|.. •1-i.nlit. \l menos estas obras atestiguaran á la posteridad que 
liemos sido tan equitativos como ella lo será, y que nuestro agradeci- 
miento igualo a nuesti o asombro. » 

A este i iili time, del que solo damos un trozo, y al discurso de apertu 
ra del emperador, contesto el cuerpo lejislalivoeon una congratulación en 
que sonaban y resonaban cuantas demostraciones de entusiasmo y de ca 
riño lujosamente ostentadas en todas las arengas anteriores de los cuerpo» 
l'iin. ipales del estado se andaban repitiendo. • Bajo vuestro reinado, de- 
.11 Mr de I ontanes , los artos abundan mas en acontecimientos esclarecí 
dos que los siglos en otra? dinastías. 

• Conceptúase eJ orbe retraído á los tiempos aquellos en que , como 
«lecia el escritor político mas elocuente y aventajado , iba tan disparada la 
marcha del vencedor, que el universo parecía mas bien ser el galardón 
de la carrera que el de la victoria. • 

Tan pomposo lenguaje, aun sonando en los labios de un palaciego, no 
dejaba de ser la sencilla narración de la historia ; porque tal era c! ímpe- 
tu portentoso de la vida de Napoleón, que á la lisonja, tan de suyo abulto- 
dora, no le rabia ya traspasar los ámbitos de la realidad, aun al remon 
tar mas y mas su vuelo. 

Kn esta tem|>orada el cuerpo lejislativo fué aprobando el Código de 
procedimientos civiles que d ministro del Interior había justipreciado 
atinadamente diciendo : « No será una obra cabal, pero será mejor que 
cuantas hubo hasta ahora. • 

l'or entonces se verificó también el establecimiento de la universidad 
imperial. El célebre Fourcroy , espuso los motivos de esta fundación gran- 
diosa; pero su saber y su patriotismo hubieran debido merecerle el dic- 
tado de redar que Napoleón confirió indebidamente á Mr. de Pontones, 
alíate del antiguo rejmien 

Cupo también la sanción lejislativn á la organización del banco de 
Francia, por informe del consejero de estado Regnault de San Juan de 
Angely. 

Kn el discurso de conclusión, pronunciado por otro consejero de esta- 
do, Mr. Jaubert, en la sesión del II de mayo de 1800, notóse el naso si- 
uniente 



318 HISTORIA 

i Su Majestad ha echado una mirada intensa sobre las diferentes par- 
tes del sistema de hacienda. 

« Ha tenido presente la naturaleza del pais, ha calculado los recursos 
y los medios que el movimiento del comercio esterior debe acarrear al 
agricultor y al comerciante. 

« Su Majestad ha oido también las reclamaciones universales hechas 
contra la contribución para el sostenimiento de las carreteras. 

« Y su Majestad ha dicho i 

• Que la contribución territorial quede descargada de este gravamen ; 

« Que se supriman los derechos de puertas ; 

« Que seaQanzeu los fondos necesarios para la administración por me 
dio de contribuciones indirectas esencialmente adecuadas 1 la situación 
de la Francia. » 

Esto era plantear la incorporación de todos los derechos. La política 
monárquica del imperio iba á retratarse en su sistema hacendista. Napo- 
león queria granjearse los hacendados principales , apoyarse en la aristo 
cracia territoral, y le prometía el descargo de gravámenes á costa del con- 
sumidor desvalido, estoes, del pueblo en globo, sobre el cual había de re- 
caer definitivamente el peso de la contribución indirecta. Si á pesar de 
haberse desviado tanto de la senda popular, Napoleón halla la nación siem 
prc enamorada de su ídolo , no es menos positivo que los estravíos de la 
política interior del monarca, aunque compensados con portentos que por 
fuera encabezarán la propaganda involuntaria del conquistador, llegaran á 
entibiar el entusiasmo nacional; y cuando llegue el día de los reveses, 
cuando la Providencia contrareste al imperio para reducir al pueblo á que 
deje obrar á la Providencia , se le hablara, entre otras promesas, de la 
abolición de los derechos incorporados. 

Era de suyo Napoleón muy certero, y debia obrar así en sus actas , en 
sus planes y en su reacción monárquica ; lo que habia hecho para sí como 
caudillo del estado, lo repitió para con sus parientes y paniaguados. Se le 
presentaron al senado, en la sesión del 51 de marzo de J80(>, varios esta 
tutos imperiales deslindando el pormenor de los principes de la casa impe- 
rial; erijiendo en ducados y feudos hereditarios la Dalmacia, la Istria, etc.; 
llamando á José Napoleón Bonaparte al trono de Ñapóles; dando á Murat, 
cañado del emperador, la soberanía de los ducados' de Berg jsde C.léveris; 
á la princesa Paulina el principado de Guastalla; á Berthier el de Neufcha 
tel, etc., etc. 

Loque hemos dicho del derecho políticamente hereditario, con moti- 
vo de la dignidad imperial conque se revistió Napoleón , puede aplicarse 
al establecimiento de los grandiosos feudos hereditarios, y por lo tanto es- 
cusamos renovar las reflexiones que hicimos sobre los ensayos de restau- 
ración ideados por el emperador, y sobre el cargo que hizo á la asam- 



DE NAPOLEÓN. 549 

blea constituyente. Mas adelante veremos anulada, en 54 de marzo «Ir 4 H4 4 , 
la olna principal del 84 de marzo do 1816; al paso que aeren eterno» lot 
Mimos resultados «le la ium lie del i de aposto de 4789. No te olride por 
otra parle, romo ya lo observamos, que los nobles y los reyes dd imperio, 
sacados del eieno plebeyo y eonservando.en medio de sns tramoyas y tras» 
fonnaeiones , su eieneia revolueionaria . no han hecho mai qne colorar al 
il mi. c de las miradas del pueblo la nobleza y la soberanía, contribuyen- 
do asi aminorar ó dcstrnir el prestijioque sostenía ni mi ancianidad a ca- 
ías dos urandiosis nislilueiones. 

Futre las ereaeioncs y promociones que acabamos de enumerar, había 
una que debia acarrear consecuencias muy favorables á la propagación de 
las máximas francesas y al ensayo teatral de la revolución europea: y es 
ta era la elevaeion de José Bonapartr al solio de Ñapóles con esdusinn de 
los Borbonos arrinconados en Sicilia. Sin saberlo ni apetecerlo, una ma 
no que se apellidará real depositará en la falda del Vesubio la semilla de 
las revoluciones liberales, y tarde ó temprano brotará con pujanza aquella 
planta. 

Otro hermano de Napoleón. Luis Bonapartc. reeiho también en el 
decurso del mismo año la investidura de una corona. lm diputados del 
pueblo batavo, por boca del almirante Vcrhiiel , pidieron al emperador 
el principe Luis Napoleón por ■ caudillo supremo de su república, » con el 
dictado de « rey de Holanda. • Sus anhelos se cumplieron llanamente. En 
una audiencia solemne que se les dio en las Tu llenas , el 5 de junio de 
i si mí. Napoleón proclamo a su hermano rey de Holanda, t Principe . 
le dijo, reinad sobre aquellos pueblos. Sus padres no se granjearon la in- 
dependencia sino con los auxilios constantes de la Francia. Desde en ton 
ees la Holanda hizo alianza con la Inglaterra ; fué conquistada y volvió á 
deber sn pnwtencia á la Francia. Que os deba también reyes que resgnar 
den sns libertades, sus leyes y tu relijion ; pero nunca olvidéis que sois 
Francés. • 

En estas ultimas palabras se halla compendiada toda la política de Na 
poleon al invadir los tronos vecinos. Al coronar á sus hermanos, no solo 
planteaba la mira de encumbrar su familia al par de si mismo, sino que 
antetodo quería qne las monarquías que le cercaban se conformasen con 
sos lc\ i mtas provincias de la monarquía francesa j 

que fuera mas lioml i .• incontrastable su hermandad con el (afelio, las 
colocaba bajo el dominio de su propia sangre. Ahora si es cierto que do 
quiera se planteaba soberanamente el poderío de la Francia , allí se en 
ironizaba el numen de la civilización europea, debe agradecértele á Napo- 
león, aun cuando no hubiera tenido á la vi>ta mas que la estension de mi 
autoridad personal, el halarse esmerado en redondear, bajo la unidad 



520 HISTORIA 

grandiosa de la nueva Francia , todos los pueblos que lograba separar del 
sistema de la antigua Europa. 

El emperador desempeñaba su intento , no solo colocando á los suyos 
en los tronos de las rancias dinastías, sino fraguando y encabezando pode- 
rosas confederaciones con el dictado de protector ó de mediador. Así, des 
pues de haber encumbrado á los electores de Baviera y Wurtemberg al par 
de los reyes , quiso enlazarlos mas estrechamente con los destinos de su 
imperio por medio de un solemne tratado que fundó la confederación del 
Rin, y cuyo resultado fué hacer casi írancesas las mas hermosas campiñas 
de la Alemania. 

En medio de estos afanes de renovación de los rejios linajes al rededor 
de la Francia, se dedicó Napoleón á la organización definitiva de su con- 
sejo de estado , al establecimiento de una cátedra de economía rural en la 
escuela de Alfort, al de buenos pastos de caballos, á la supresión de los 
garitos en todo el imperio , etc. , etc. También estendió sus desvelos al es- 
tado continjente de los judíos, y habia espedido un decreto, el 30 de mayo 
de 1806, invitando á todos sus subditos de la relijion hebrea para que en- 
viasen á París sus diputados. Este decreto logró su pleno cumplimiento , y 
el 26 de julio del mismo año, el gran senedrin judío celebró su primera 
reunión. 

La Francia solo se hallaba entonces en guerra con la Rusia y la Ingla- 
terra. Habia firmado un tratado ventajosísimo con la Puerta Otomana, 
gracias á la intelijencia y maestría del jeneral Sebastiani, que se hallaba 
de embajador en Constantinopla. Napoleón dio la primera audiencia al en 
viado estraordinario de la Sublime Puerta , Muhed Efendi , el mismo dia 
que se recibieron en las Tuilerías los diputados de la Holanda, y 'que se 







DI. \ IPOLBON Xl\ 

piililicorhlorrotodisponicndodr lospnií.ip.iilo^d.'iw-n. \.n«o > de Pont»- 
♦ Corvo a favor de Talleyrand y de Rcrnadottc. 

Tero si continuatan las hostilidades entre el gobierno francés y los ga 
bíneles de Londres y de Pctersburgo no en sin esperanza de paz. U 
muerte de Ktt.acaecidaen enero de I XlM;ji.iluamoti\adn la reposición -I, 
Fox en el ministerio, y esta sola circunstancia bastaba pera opinar sobre 
algunas modificaciones en la política inglesa ron res|>ccto á la Francia. 
Fox y Napoleón se apreciaban mutuamente como ya dijimos Durante su 
ultimo ministerio . el ilustre Inglés habiendo recibido de un desastrado 
desertor la oferta de armar asechanzas al emperador, mandó ejecutiva 
mente prender al asesino , y escribió después á París al ministro de reía 
ciones cstranjeras para informarle de tolo , y decirle que no psjsjJllwido 
las leyes inglesas que se detuviese por mucho tiempo en la cárcel á no es 
trnnjero que no había cometido ningún delito , había tomado sin cmbar 
go sobre si el no soltar aquel malvado hasta qne \a|>oleon muy advertido 
(guardase contra sus atentados. 

Con semejante ministro, la antigua competencia entre Francia é In 
glalerra podia dar cabida á propensiones meóos nostílea, y era asequible 
la paz. Ui lo creía Napoleón, según lo declaró en Santa Helena. Pero la 
revolución francesa aun no había visitado sino una de las grandes capí 
tales de Europa, \ se la esperaba en otras partes. Fox murió el 15 de se 
tiembre de 1800, durante las negociaciones con la Francia, y la sombre de 
Pitt restituyó la perseverancia guerrera á los consejos británicos. 






BKi 





CAPITULO XXIII. 



Campaña de Prosia. Batatín de Jena. Napoleón en Pol.sdam. 




n tratado de paz se lirmó en Paris el 
20 de julio de \ 800 por el ministro ru- 
so á impulsos, á la sazón pacíficos, del 
ministerio inglés. Pero el fallecimiento 
de Fox devolvió al idénticp influjo su 
destemple hostil, y Alejandro se desen- 
tendió luego del ajuste, hermanándose 
t(y^^^^^s¡**^-vr~- con el nuevo gabinete inglés y con la 

corte de Herlin para renovar la guerra en el continente. Un año antes, el 
emperador de Rusia, el rey de Prosia y su esposa habían firmado el cele 
bre tratado de Potsdam y jurado sobre el sepulcro de Federico el Grande 
que aunarían todos sus conatos contra la Francia. 






I>K NAPOLEÓN 513 

Kntcrado Napoleón «!•• I«»v preparativo* de Ib» cortmdd Norte, \*^ de 

lulo i mis iÜmIm «Ir la confedci.icion del Rill Kscnbló el '21 de setiembre 

ilc ihim, wpIHindohf coa especialidad los armamentos di la Praaái j 
requiriendo el continjente prometido poi el inundo dd i¿ de jubo 

i ir-, ih.ts duapuai salió de San Cloud j mai bo hada I» Üemnaii 
nrompauadn de Josefina. Llegó d '¿x i Maguncia, ea donde m separó di 
la emperatriz, y el SO recibió la accesión dd elector «Ir Wartxborp 
confiaJeracioo del Rio, jasando aquel rio «l i de octubre 1 1 día ••. mi 
cuartel Jeneral ib hallaba en Baniberg.desde donde eacaminóá su ojén it<> 
una proclama para esproNfle el enemigo contri quien ibi i putear « sol 
dados, les dijo, suenan gritos de guerra por la parir de Berlín : han» oes 
tnetei que cade día noe vemos mas provocados. 

• I-i misma lareion . el misino devaneo que conduna catorce afto» ha, 
favorecido por nncstrm disensiones intestinas. ;i los rYusianos enojad» 
de las llanuras de la Champaña, avasallan su cometo Hallaron ni ilion 
paña derrota . muerte > vergüenza 

• Ka pues, á «Nos padezca el ejército prusiano la misma suerte que 
le cupo alia in otro tiempo Sepa «pie si es obvio granjearse aumentos de 
señorío \ de potestad al arrimo del gran pueblo, su enemistad (que solo 
cabe acarrearte desviándose de toda cordura y racionalidad a mas |er 
ribleque las tempestades dd Océano. » 

Fácil es echar de \er «pie el emperador representa mejor su papel \ que 
su modo de obrar es mas espedito y brioso < uando decanta los trances re 
volueionarios cuyo depósito paraba» en sus manos, que cuando invoca 
los recuerdos relijiosos y monárquicos de Santa Jenoveva j de San Dio 
nisio. 

Sin embargo Napoleón está en campaña y va á desplomarse sobre los 
enemigos, sin saber , como en la ultima guerra, «porqué pelea y lo que 
de él se apetece. » Ksto es lo que espresa formalmente en un mensaje que 
dirijió desde Raml>erg el 7 de octubre al senado conservador : 

« Kn una guerra tan justa , dice , en que solo tomamos las armas para 
defendernos, que do hemos provocado , ni por jcslion ni ¡km - intento al 
guno. y cuyo verdadero mó\il DO cabe espocar, contamos enteramente 
con el apoyo de las leyes y el de los pueblos llamados por las dreunstan 
cias á darnos metas pruebas «le su afecto \ de mi tesón. » 

yueda ya apuntado el verdadero móvil , al historiar las guerras ante 
notes. \ NapoIeM, quien, dosdeque se coronó y consagro eni|>ci ador, aso 
m a como ajeno de Confesar que los reyes puedan todavía hacerle una guer 
i.i de principa I, lo di «I mismo i entender en su proclama al ejército, 
cuando acusa i la misma facción . al mismo devaneo que ronducia | 

Bruaswici i ( anuíanla en w.n . «le dominar aun como ratones na los 
consejos (!•• la monarquía prusiana 



524 HISTORIA 

Por lo demás , el mismo dia de su mensaje al senado , recibió de Ma- 
guncia un correo de Talleyrand que le traia una carta del rey de Prusia, en 
la que este príncipe repetía en veinte pajinas todos los agravios comunes 
que los enemigos de la revolución habían estado repitiendo de quince años 
á aquella parte y bajo todos los visos imajinables contra la Francia. El 
emperador no pudo acabar aquella lectura,y dijo vuelto á los circunstantes: 

« Me conduelo de mi hermano el rey de Prusia; no entiende el francés, 
y seguramente no ha podido abortar este chapuz. » 

Y como la carta iba acompañada de la famosa nota de M. de Rnobels- 
dorf, el emperador añadió encarándose con Berthier : 

• Mariscal , nos dan una cita para el 8 , ya sabéis que un Francés nun- 
ca falta á ellas; pero como dicen que hay una hermosa reina que quiere 
preseuci.ar la refriega , seamos cortesanos y andemos dia y ncche hacia la 
Sajonia. » 

Napoleón aludía á la reina de Prusia, que estaba en el ejército vestida 




de amazona, llevando su uniforme del rejimiento de dragones y escribiendo 
veinte cartas al dia, según el primer boletin, «para avivar el incendio por 
todas partes. • 

El emperador cumplió su palabra. El 8 de octubre salía de Bamberg á 
las tres de la madrugada, atravesaba durante el dia el bosque deFranco- 
nia y asistía el 9 en Schleitz á la brillante entrada de la campaña. Aquella 
aldea se tomó por el mariscal Bernadotte , quien derrotó al primer encuen- 
tro un cuerpo de diez mil Prusianos, cuya mayor parte quedó prisionera. 
Murat tuvo también parte en la acción , encabezando todos los avances. 



I». IHAPOI i un 



S» 







l n nuevo triunfo se logró el día lo en Saalfeld. Aquella pelea se trabó 
|x>r el ala izquierda del ejercito francés á las órdenes del mariscal I.mnes. 
Su resultado fué el descalabro total déla vanguardia del principe de lio 
licnlohc, mandada por el principe Luis de Prusia, que murió en el campo 




- 



526 HISTORIA 

de batalla. Aquel príncipe mancebo era el ídolo del ejército cuyas antiguas 
glorias ardia en deseos de renovar. Lo estrelló su denuedo. Habia sido uno 
de los mas eficaces en promoverla guerra, y su dictamen era en los conse 
jos que se tomase arrojadamente la ofensiva. Estremeciéndose al tener 
aue desamparar su punto , trabó empeñadísimo trance , contra fuerzas 
mucho mayores y aventajadamente situadas. 'Iras una resistencia porfiada, 
sus tropas vinieron á desbandarse, y mientras desesperadamente se esta- 
ba esforzando en detener á los fu jitivos, le embistió un húsar llamado Guin- 
det , quien le intimó que le entregase la espada, y al que solo contestó po 
niéndose en guardia. Entonces recibió una herida mortal, y con este mo- 
tivo se dijo en el segundo boletín que « los primeros golpes de la guerra 
habían muerto á uno de sus autores. » 

Desde el dia 12, las avanzadas del ejército francés se hallaban á las 
puertas de Leipsick, y el cuartel jeneral del emperador en Gera. Ya no era 
dudoso el éxito de la campaña para Napoleón , pero como tenia empeño en 
descargarse de toda responsabilidad y patentizar á la Francia y á la Eu 
ropa que se habia valido de todos los medios para conservar la paz, escri- 
bió en Gera una respuesta á la carta del rey de Prusia^ue se publicó po 
co después y de la que citaremos algunos trozos. 

« Hermano y señor , no he recibido la carta de V. M. lecha 25 de se- 
tiembre hasta el 7 del actual. Siento que os hayan hecho firmar esa espe 
cié de folleto,) solo contesto para protestar que nunca os atribuiré su con 
tenido, por opuesto á vuestro carácter y al pundonor de entrambos Lásli 
ma y menosprecio me causan los redactores de semejante escrito. Recibí 
inmediatamente después la nota de vuestro ministro del \". de octubre. Me 
daba una cita para el 8,y he cumplido mi palabra como buen caballero, pues 
me hallo en el centro de la Sajonia. Créame V. M. , tengo fuerzas tales que 
no cabe en las vuestras el contrarcstarlas. Mas ¿para qué derramar tanta 
sangre? ¿ Con qué objeto? Hablaré á V. M. en los mismos términos que 

hablé al emperador Alejandro dias antes de la batalla de Austerlitz 

¿Porqué hacer matar á nuestros subditos? Yo no aprecio una victoria que 
cueste la vida á crecido número de mis hijos. Si yo empezara mi carrera 
militar y pudiera temer el éxito de los trances, seria este lenguaje fuera del 
caso. Señor , V. M quedará vencido ; habrá comprometido el reposo de sus 
dias y la existencia de sus subditos sin asomo de pretesto. Actualmente se 
halla intacto y puede tratar decorosamente conmigo; V. M. lo hará den- 
tro de un mes, pero en situación muy diversa..... Conozco que quizá las 
timo en esta carta la susceptibilidad de soberano; pero las circunstancias 
no son para contemplaciones. Mande V. M. que ese enjambre de malévo- 
los y de bisónos que le asedian enmudezcan ante su solio, con el respeto 
que le es debido » 

No se equivocaba el emperador al decir que su carta al rey de ("rusia 



I>K \ t POLEO N V¿7 

lastimaría quizá la susceptibilidad de un soberano, y rilaba ya leyendo á 
las dam on lo venidero ruando dfsongartaba á aquel principo dirióndolo 
quo • «fia vencido. ■ Con oferto. dos días dos pues, el ejército prusiano 
quedo destrozado on los campos do Joña, y el 18 de octubre, ol quinto Ih>- 
lolm del grande ejército, estendido en d rampode batalla, se espresaba asi-. 

HATAI.I.A DI IRMA 



• La batalla de Joña desagravió la afrenta de llosbarh , zanjando en 
siete dias una campana que aquietó para siempro el frenesí guerrero y 
trastornador de lateebeai prusianas. 

• El rey do Prusia quiso entablar las hostilidades el í> de ortubre, dcs- 
oml>orando sobre Franefort por su dererha, sobre Wurtzburgo por mi 
rentro. y sobre llamberg por su izquierda ; todas las divi-iono de M rjél 
cito estaban dispuestas para ejecutar este plan ; peroclejérnto francos, re 
vol\ ieodo sobre eJ estremo de su izquierda.se bailó en poros dias en Sadl 
burgo, l-abensleiu . Schleilz . «.era \ Naumburgo. Kl ejercito prusiano 
acorralado empleó los dias i, 10. II y 12 en agolpar todos sus destara 
montos, y el !."> se presento en batalla entre GapeMoff] Vuerstaedl, ron 
'irnto y < in. nenia mil hombrr- 

« Kl i 5. a las dos de la tarde, el emperador llego á Joña, observó desdo 
una corta llanura que ocupaba nuestra vanguardia, las disposiciones del 
enemigo quo estaba al parecer maniobrando para embestir a la madrugada 
y forzar los diferentes pasos del Saale. Kl enemigo defendía on globo y 
en una situación inospugnable ol camino real de Joña á Weimar, como si 
conceptuase a los Franceses imposibilitados de asomar en la llanura sin 
haber forzado aquel paso; con efecto, no pareeia posible que subiese la ar 
tillena a la altura, siendo además tan reducida que apenas podian escua- 
dronarse cuatro batallones. Se trabajo toda la noche pata abrir uu cami 
no en la peña, consiguiéndose al fin colocar la artillería sobre aquella 
cumbre. 

• Kl mariscal Davoust tiene orden para desembocar por Naumburgo 
resguardando los desfiladeros de ka-sen, si ol enemigo intenta encaminarse 
á Naumburgo y pasar a Alpoda, ó cojerle por la espalda, si permanecía en 
la posición <¡n que se hallaba 

• Kl cuerpo del príncipe de Ponte-Corvo marcha a desembocar desde 
Dornburgo para embestir la retaguardia del enemigo, ora se dinjieso sobre 
Naumburgo, ora so encaminase á Jena. 

• l a caballería de linea rezagada no puede llegar hasta las doce del día: 
la de 1 1 guardia imperial se halla á treinta y seis horas de distancia, a pe 
sai de halier hecho algunas marchas forzadas desde su salida de París 
Poro sobrevienen proporciones on que es forzoso prescindir ik» reparos. 



528 HISTORIA 

y arrojarse desde luego y á todo trance sobre el enemigo. El emperador 
manda formar en la altura que ocupa la vanguardia, desatendida al pare- 
cer por el enemigo , y en frente de la cual está situado todo el cuerpo 
del mariscal Lannes presentando cada división una ala. El mariscal Lefeb- 
vre dispone en la cumbre la guardia imperial formando el cuadro , mien- 
tras el emperador vivaquea en medio de sus valientes. La noche ofrece un 




espectáculo grandioso, el de dos ejércitos, uno de los cuales va tendiendo 
süfrente'por seis leguas de estension y abrasando los aires con sus fuegos, 
y el otro, cuyas descargas patentes se hallan concentradas en ámbito estre- 
cho, reinando en ambos ejércitos suma actividad y' movimiento. Los fue- 
gos por una y otra parte se hallan á medio tiro de cañón , las centinelas 
casi se tocan y no se hace movimiento que no se deje oir. 

« Los cuerpos de los mariscales Ney y Soult pasan la noche enjmarchas, 
y al amanecer toda la hueste toma las armas. La división de Gazan se halla 
formada á tres de fondo á la izquierda de la altura. La división de Suchet 
forma la derecha ; la guardia imperial ocupa la cumbre del montecillo , 
y la artillería de sus respectivos cuerpos estáciñendo los intermedios. Ha- 
bíanse ido practicando desde la población y valles vecinos vítíos despejos 
para facilitar el despliegue de las tropas que no habian podido situarse so 
brc la altura , porque esta era quizá la primera vez que un ejército tenia 
que transitar por tan reducido trecho. 

« Hay cerrazón , y el emperador anda las filas encargando á los solda- 
dos que estén sobre sí contra aquella caballería prusiana que se decia tan 
temible. Les recuerda que un año atrás han tomado á Ulma, que el ejér- 
cito prusiano se halla ya acorralado como lo fuera el austríaco , habiendo 



DE NAPOLEÓN 32U 

malogrado mi linca de operaciODei y sus almacenes ; que ya no se pelón ni 
aquel trance |>or la gloria . sino |>or mi retirada, \ que ftotmmáotttint 
paso por diferentes puntos .quedaran mu boaoc Di repatarioa lo* cuerpo* 
«]••! ejército que lo dejen pasar. A razonamiento tan animador contestad 
M>|ila<in con alaridos de "marchemos » \a\$ tiradores empeñan -I trance; 
y por ventajosísimas que sean las posiciones que ocupa el enenuuo . • le 
\a desalojando, y el ejército francés, al desembocar en la llanura, em 
pie/a a lormarse en Imtalla. 

• Por su parle, el grueso del ejercito enemigo, CUYO intento DOl i a atacar 
hasta que se despejase la niebla, toma lasnrmas. lin cuerpo de cu* Mea 
ti mil hombres de la izquierda se sitúa para cubrir los desfiladero! de 
Nauniburgo y npo<lerarse de los pasos de Ka-sen. pero ya había sido gana 
do por la mano por el mariscal Üavoust. Los otros dos cueras, formando 
una fuerza de ochenta milhombres, marchan al encuentro del ejercito íran 
ees qoe desemboca de la altura de Jenn. la niebla encapóle entraCBDOI 
ejércitos por espacio de dos horas; pero al fin se disipa con un sol henno 
sisimo de otoño, las dos lineas se arrostran a tiro de canon. La izquierda 
del ejercito francés, apoyada en una aldea y algunos bosques, va manda 
da por el mariscal Augereau. I-i guardia imperial la separa del centro que 
ocupa el mariscal lannes. la derecha se compone del cuerpo del maris- 
cal Soult. Kl mariscal Ney no tiene mas que un cuerpo de tres mil hom 
lircs , únicas tropas suyas que han llegado. 

« Ks el ejército contrario muy crecido; presenta una hermosa caballi- 
na . y va ejecutando veloz y acertadamente sus maniobras. Quisiera el 
emperador diferir dos horas la batalla para aguardar . en la posición que 
acaba de tomar después del ataque de la mañana , las tropas que acudei/ 
y ante todo la cabal leria ; peí o el ímpetu francés lo arrebata todo. Ha- 
biéndose empeñado muchos batallones en la aldea de llollstedt, ve que el 
enemigo se ponia en movimiento para desalojarlos. Kl mariscal lannes 
recibe orden para marchar al punto por escalones y sostener esta aldea 
II mariscal Soult está atacando un bosque sobre la derecha. Cuino el ene 
migo ha hecho un movimiento de su derecha sobre nuestra izquierda, el 
mariscal V ligerean esta encargado de rechazarlo: en menos de una hora 
se je n •■ ral i /a la refriega ; doscientos cincuenta 6 trescientos mil hombro, 
con sctccici\¿as ú ochocientas piezas de artillería, disparan á diestro y si- 
niestro la muerte y ofrecen uno de aquellos espectáculos rarísimos en la 
historia. 

• l'or una parte se maniobra inalterablemente como «mi una parada. 
Kntre nuestras tropas no sobreviene el menor desconcierto. \ la victoria 
ni un momento queda dudosa. Kl emperador tiene siempre junto a si, ade 
mas de la guardia imperial, muchas tropas de reserva para constntstai 
cualquiera novedad imprevista 

\1 



330 HISTORIA 

« El mariscal Soult, á las dos horas, se apodera del mencionado bos- 
que , y hace un movimiento de avance. Avisan á la sazón al emperador 
que la división de caballería francesa de reserva empieza á colocarse y que 
dos divisiones del cuerpo del mariscal Ney se sitúan fuera de la línea de 
batalla. Adelántanse entonces á primera línea todas las tropas que están 
de reserva, y hallándose aquellas así apoyadas, arrollan al enemigo en un 
momento , y le precisan á retirarse. Este movimiento queda ejecutado con 
orden en la primera hora; pero se trueca en horroroso desconcierto, luego 
que nuestras divisiones de dragones y corazeros, mandados por el gran 
duque de Berg, pueden tomar parte en el trance. Estos valientes jinetes, 
que se desesperaban al ver que la victoria se decidía sin ellos , se arrojan 
por donde quiera encuentran al enemigo. La caballería é infantería pru- 
siana no alcanzan á contrarestar sus ímpetus. En vano la infantería ene- 
miga va formando cuadros. Cinco de sus batallones quedan anonadados ; 
artillería, caballería é infantería, todo es arrollado y cojido. Los France- 
ses llegan á VVeimar al mismo tiempo que el enemigo, al cual se va persi- 
guiendo por espacio de seis leguas. 

« A nuestra derecha el cuerpo del mariscal Davoust está haciendo pro- 
dijios. No solo contiene, sino que va derrotando, por mas de tres leguas, 
el grueso de las tropas enemigas que acaba de asomar por la parte de Kse- 
sen 

« Los resultados de la batalla son : de treinta á cuarenta mil prisione- 
ros ; de veinte y cinco á treinta banderas ; trescientas piezas de artillería é 
inmensos almacenes de provisiones. Entre los prisioneros se encuentran 
mas de veinte jenerales , muchos de ellos tenientes jenerales , entre otros 
el llamado Schmettau. El número de los muertos en el ejército prusiano 
es inmenso. Se calcula que ha habido una baja de veinte mil hombres en- 
tre muertos y heridos ; el mariscal de campa Mollendorff salió herido ; el 
duque de Brunswick y el jeneral Blucher han muerto y el príncipe Henri- 
que de Prusia está herido de gravedad. Según cuentan los desertores, los 
prisioneros y los parlamentarios, el trastorno y el pavor son grandísimos 
en los restos del ejército enemigo 

« Han perdido los Prusianos con esta batalla su retirada y su línea de 
operaciones. Su izquierda, acosada por el mariscal Davoust, se fué reti 
rando sobre Wcimar , al mismo tiempo que su derecha y ceq»,ro se retira- 
ban de Weimar sobre Naumburgo. La confusión ha sido suma. El rey ha 
debido retirarse atravesando campiñas , capitaneando su rejimiento de ca- 
ballería. 

«Nuestra pérdida se regula en mil ó mil y doscientos muertos y tres 
mil heridos. El gran duque de Berg está acometiendo en este momento la 
plaza de Erfurth, en donde se halla un cuerpo de enemigos que mandan el 
mariscal de Mollendorff y el príncipe de Orange. Si cabe algún realce á 



\ 



|)K NU'OI |ii\ 



V.I 







n > 



los títulos que tiene el ejército para el aprecio de la nación, no cabe formar 
concepto del entusiasmo y afecto que manifestaba para con el — pera d a 
en lo mas renido de la refriega. En asomando un momento de tibieza, con 
el grito de viva el emperador revivía el denuedo y rebosaba en Uxb* 
aquellos valientes. En medio del trance , el emperador , al ver que la ca 
ballena amenazaba á sos águilas , iba á galope disponiendo las maniobras 
\ 1 1 formación eo cuadros , y ¿cada instante se veia interrumpido con los 
gritos de vi*% el emperador, i a guardia imperial de infantería veia con 
sumo enfado a todos los cuerpos empeñados en la refriega, mientra que .lia 
permanecía inmoble. Oyéronse voces de «Adelante* < ¿Qoé .-> eso, dijo H 
emperador? Será algún joven barbilampiño el que quiere juzgar de lo que 
me 1001 haeer para que tnl haga. ha de li.iU-r manda. lo en Ir. mta batallas 

campales antes de meterse á darme consejos. • En efecto, los que tal vocea- 
ban eran algunos reclutas cuyo denuedo bisoño se impacientaba en no so- 

bresahr -obre la mareha 



552 HISTORIA 

« En tan reñida refriega, mientras que el enemigo iba perdiendo casi 
todos sus jenerales, debemos dar gracias á la Providencia que guardaba 
nuestro ejército, pues ningún oficial superior ha sido muerto ú herido. 
El mariscal Lannes quedó ileso de una bala que le pasó raspando el pe- 
cho. El mariscal Davoust tuvo el sombrero y los vestidos acribillados á ba- 
lazos » 

Seis mil Sajones y mas de trescientos oficiales se hallaban entre los 
prisioneros de aquella jornada. Napoleon,esmerándose en separar la nación 
sajona del pueblo prusiano , y con ánimo de formarse un aliado sobre el 
Elba contra la corte de Berlin, mandó que se le presentasen aquellos pri 
sioneros y les prometió que los licenciaría á sus casas si querían compro 
meterse á no volver á servir contra la Francia. « El lugar de los Sajones , 
decía, estaba señalado en la confederación del Rin. La Francia era la pro 
tectora natural de la Sajonia contra las violencias de la Prusia. Preciso era 
poner coto á dichas tropelías. El continente necesitaba sosiego, y este se 
hacia forzoso, aun cuando fuese á costa de algunos tronos. » 

Los Sajones comprendieron aquel lenguaje, y después de haber dado 
cuantos resguardos se requerían, se restituyeron á sus casas con una pro 
clama que el emperador dirijia á sus compatriotas. 

A la batalla de Jena se siguió prontamente la toma de Erfurth, que ca- 
pituló cH6. El príncipe de Orange y el mariscal de campo Mollendoríf 
quedaron prisioneros. 




I>K NAPOLEÓN 

\quel mismo «lia.rl ivv dfl Pruaia pidió un armisticio, que Ir negó Nt- 
(•oI.xmi l-'uli danto el jcucral halkreuth. estrechado por el mariscal SooJt y 
(Riñiendo mt cojwlo BM una mlumna «Ir diez mil hombre que Pitaba 
mamlnniln. y ru 1.a qui< sr hallaba el monarca prusiano, invoco OMMMV 
pensiou «le anneedieieDdoqiieel emperador la había concedido Kl 
Soult DO lo quiso «roer y dijo que no rabia en Na|>o|con (amano 
(o \ que M raOMOrcria aquel armisticio hasta que se h< hubiera notificado 
de oficio. Kl jcnoral prusiano paso entonces á las avanzadas francesa» para 
i -onferenciar ron el mariscal, y para encomendarse á la jcncrosnlad , y ca- 
si pudiera define, ala conmiseración del vencedor. 

«.Señor jencral . respondió el guerrero francés, tiempo hace que se 
procede así con nosotros ; apelan Vds. á nuestra jenerosidad cuando ca- 
lan vencidos, y olvidan un momento después la magnanimidad que solé 
inos ejercer. Deepoei de la batalla de Austcrhtz. el emperador coix 
ejército ruso un armisticio qnc fué n salvamento. Ved de qué manera 
obran ahora los Husos .... Hendid las armas, y en esta situación aguarda 
iv hs nnlcnes del emperador. • 

Kl jencral prusiano se retiro confuso; y el mariscal Soult persiguió efi 
cálmenle al enemigo, llegando el 2*2 á Magdeburgo. No alcanzaban los 
Prusianos aquella velocidad de marchas y movimientos que los insubordi 
liaban en su fuga, y con este motivo decia Napoleón en su decimocuarto 

Ifcdctm: 

• K' tos señores estaban sin duda acostumbrados á las maniobras de 
la guerra de siete años ; querían pedir tres días para enterrar los muertos 
ivnsad en los vivos, respondió el emperador, y dejadnos la faena de en 
terrar los muertos, para eso no se necesitan treguas. • 




.154 HISTORIA 

Entretanto que Soult acosaba así al enemigo por el rnmbo de Magde- 
burgo, causándole repetidos quebrantos, Bernadotte destruía en Hala la re 
serva prusiana mandada por un príncipe de Wurtemberg. A consecuencia 
de esta victoria el emperador atravesó el campo de batalla de Rosbach, y 
mandó que la columna levantada allí se trasladase á Paris. 

El reencuentro de Hala se habia dado el \ 7. El 18, el mariscal Davoust 
se apoderó de Leipsick , y el 21 , hallándose atajado para los Prusianos el 
camino de Magdeburgo por los cuerpos de Soult y de Murat, los restos 
del ejército se dispersaron á diestro y siniestro. El antiguo enemigo de la 
Francia, el famoso Brunswick, autor del manifiesto incendiario de 4792, 
puso entonces sus estados bajo la protección del emperador. Estraño pa- 
radero del primer jeneralísimo de la aristocracia europea levantada contra 
la revolución francesa. Estaba ahora de rodillas ante aquel mismo pueblo 
que amenazaba catorce años atrás con tanta insolencia é irracionalidad ; 
temía por sus palacios , por su propia morada la sangre y el fuego cuyos 
estragos invocaba contra la capital dé la Francia, ciudades y campiñas. 
Brunsvvick,temiendo las represalias que habia ocasionado,apelaba rendida- 
mente á la jenerosidad del soldado francés , sobre el que se prometiera tan 
fácil triunfo, atreviéndose á pedir con el manifiesto en la mano al héroe 
heredero y representante de los republicanos de J792 que se le tratase 
con moderación y se le escudase contra las demasías de la victoria. ¡Qué 
momento mas grandioso para la revolución triunfante ! La Providencia le 
trae suplicante y despavorido al mas antiguo , fogoso y tenaz de sus so- 
berbios enemigos. La revolución sabrá escarmentar el orgullo , aunque 
mostrando su preponderancia con su induljencia , porque tiene á Napo- 
león Bonaparte para hablar y obrar en su nombre. 

«Si yo mandara echar abajo la ciudad de Brunswick, dijo el empera- 
dor al enviado del duque, si no dejara piedra sobre piedra, ¿qué diria vues- 
tro príncipe? ¿No me permite la ley del talion que haga en Brunswick lo 
que él intentaba hacer en mi capital? Anunciar el proyecto de derribar 
ciudades puede ser insensato ; pero querer ajar el honor de un ejército de 
valientes, proponerle que deje la Alemania tan solo con la intimación del 
ejército prusiano , esto es lo que la posteridad creerá difícilmente. El du- 
que de Brunswick nunca debiera incurrir en tamaño ultraje ; quien ha 
encanecido en el ejército debe respetar el honor militar , y además no será 
en las llanuras de Champaña en donde se habrá granjeado ese jeneral el 
derecho de tratar á las banderas francesas con semejante menosprecio.... 

« Derribar y destruir las habitaciones de los pacíficos ciudadanos , re- 
pitió muchas veces Napoleón todo enardecido , es un crimen que se repara 
con tiempo y dinero ; pero deshonrar á un ejército, querer que huya fue- 
ra de Alemania ante el águila prusiana , esa es una bastardía que solo era 
capaz de cometer el que la aconseja. » 



DE NAPOLEÓN. 

Im soldados del duque de ilrunswick quedaron bajo el resguardo del 
derecho de Joules. El emperador llegó ¡i l'otsdam d '21 Este mismo dia 
por la noehfl visito el palacio de Seos Souev , «uva planta y distribuemn 
le parce ieron hermosísimas; se detuvo algún tiempo, como absorto y caví 




H V 



loso, iii el aposento de Federico el Grande, que estaba todavía amueblado 
> colgado como el dia de su fallecimiento. 

Al dia siguiente ¿"», después de haber pasado revista á la guardia im- 
perial de infantería, mandada por el mariscal liífebvre. visito el sepulcro 
de Federico. 

« Ix» restos de aquel hombre célebre , dice el décimo octavo boletín . 
están guardados en un ataúd de madera cubierto de cobre, colocado en 



356 HISTORIA 

una bóveda, sin adornos ni trofeos y sin un realce que recuerde las gran 
des acciones que hizo. 




«El emperador regaló al depósito de los Inválidos de Paris la espada de 
Federico , su cordón del Águila Negra , su faja de jeneral y las banderas 
que llevaba su guardia en la guerra de siete años. Los antiguos inválidos 
del ejército de Hanover acojerán con relijioso respeto cuanto perteneció á 




j^r'^m^^mgm 



I)K NAPOLEÓN. 551 

uno de los primeros capitanes de que consona el recuerdo la historia. » 
\ iendo que la corle de Prusia no había tratado de poner estas gloriosas 
reliquias á buen recaudo contra toda invasión , esclanio Ronaparte , mos 
liando con su ademan la espada del «raí: jeneral : • Pradera esto á Veinte 
millones. • 



;- 




CAPITULO XXIV 



Kntrada tle Napoleón en Berlín. Su residencia en aquella capital. Bloque 
continental. Suspensión de armas. Mensaje del senado. Quinta 
de ochenta mil hombres. Proclama de Posen. • 
Monumento de la Magdalena. 




a puerta magnífica de Charlotenburgo 
en Berlín dio paso, el 27 de octubre de 
'1 806, á menos de un año desde la to- 
ma de Viena , á Napoleón en medio de 
los mariscales Berthier, Davoust y Au- 
gereau , del mariscal mayor de palacio 
Duroc, y de su gran caballerizo Caulin- 
court. Marchaba entre los granaderos y 
los cazadores a caballo de la guardia, por un camino en que estaban for- 



DE NAPOI.Kns - vi 

nudos en l>;ii.ill.i los granaderos de la división de Nansnuly. Kl mariscal 
Irfcbvre abría la marcha capitaneando la infantería di la guardia. Ia po 
Manon de Berlín había salido en tiopel ll en. mniro del veneedor.aquien 
\ iiorco desaladamente 1 1 a\ untamiento ofreció al emperador las llaves de 
aquella capital, presentadas por el Jcneral llnllin, comandante déla plaza. 

I na de las primeras atenciones del gobernador fué formar un ayunta 
miento de sesenta pla/.as, euva elección encargó á los dos mil veri nos oías 
|»ndientes. Habiéndosele presentado seguida ve/ el cuerpo minihipal en 
ralieíatlo por el principe de llatzfeld, que había areptado el gobierno civil 
de Berlín en nombre de los |-'rauce*cs, \ que M pn MO dejaba de seguir 
en correspondencia con el rev de Prusia para enteíai I.- de los mol minutos 
del ejercito victorioso : t No os presentéis delante de mi. dijo el emperador 
á aquel principe, no necesito vuestros servicios; retiraos á vuestras pose- 
siones. > A poco rato, Mr. de llatzfeld quedó arrestado y puesto á cargo 
de una omisión militar. 

Informada su esposa, hija de M. de Schulenburgo, de lo que acababa 
de suceder, se acongojó desesperadamente, cuando le sobrevino el pensa 
miento de implorar la clemencia de Napoleón. U alentó Duroc y se encar 
gó de presentarla. Acudió á plació, se arrojó á los pies del emperador 
suplicándole que indultase á su marido á quien conceptuaba atropellado 
por relaciones con el ministro Schulenburgo, uno de los promovedores de 
la guerra. Desengañóla Napoleón informándola de que M. de llatzfeld es 
taba en correspondencia con el rey de Prusia , lo nial probaba que solo 
había procurado granjearse la confianza de los Franceses para hacerles trai 
don Madama de llatzfeld prorumpió protestando la inocencia del princi- 
pe y asegurando que era victima de una calumnia atroz. • Sin duda cono 
eeis la letra de vuestro marido, le dijo el emperador, vais á enteraros vos 
misma;- y al punto mandó que le trajesen la carta interceptada, que puso 
en manos de la señora. Hallábase esta á la sazón embarazada de mas de 
ocho meses; la conmoción que la enajenaba al ir leyendo la prueba irre 
Tragable de la culpabilidad de su esposo, le causaba repetidos desmayos, v 
solo volvía en si para prorumpir en jemidos y sollozos. Conmovióse Ñapo 
león de la situación dolorosa de aquella mujer. « Pues bien , le dijo, ya 
que tenéis la carta, echadla al fuego; y no mediando semejante docnmeii 
to, no podjé hacer condenar á vuestro marido.» Esta escena ocurría de 
Imite ile una chimenea. La princesa de llatzfeld se esmero en salvar á su 
marido: la carta se quemó, y el mariscal Berthier recibió al punto orden 
pai a poner al jeneral de Hat /leí. 1 en libertad. 

I n uno de sus boletines , el emperador se había destemplado contra la 
reina de Prusia. • Ix>s Prusianos , decia , achacan al viaje del eni| 
Mejandro los quebrantos de la Pnisia. Kl cambio sobrevenido después en 
el animo de la reina, que se ha trocado en mujer alborotada y mierrera. 



;«<> 



HISTORIA 




de medrosa y comedida que habia sido, es una revolución repentina. Ha 
querido tener un rejimiento, asistir al consejo y ha dirijido de tal modo 
la monarquía que en pocos dias ha logrado abocarla al precipicio.» 

Cuando la emperatriz Josefina leyó esta denunciación, pregonada á la 
faz del mundo contra una reina joven y linda, lo sintió en gran manera y 
se esplicó á las claras con su esposo en una carta reconviniéndole por ha 
berse complacido muy á menudo en zaherir á las mujeres. Napoleón lo 
contestó : 

« Recibí tu carta en la que me culpas por mi destemplanza con las mu- 
jeres; y con efecto estoy á matar con las tramoyistas, pues avezado á las 
bondadosas, suaves y halagüeñas , con ellas me embeleso, y •ne han mi 
mado en estremo; tuya es la culpa. Por lo demás, ya te harás cargo de 
mi bondad para con madama de Hatzfeld , que se mostró afectuosa y es- 
celente. Cuando le enseñé la carta de su marido, me dijo sollozando con 
entrañable sensibilidad y sencillez : « No hay duda en que esa es su letra. » 
Su acento traspasaba el corazón, y me fué dolorosísimo. Yo le dije: «Pues 
bien, señora , echad esa carta al fuego y quedo imposibilitado de hacer 
sentenciar á vuestro marido. » Quemó la carta, y se me figuró entonces 



DE NAPOLEÓN .Vil 

muy \enturosa. Su marido ««sta desahogado desdo aquel pnntn ; y si me 
dian dos horas mas. hnhin fenecido. Ya \es que mr mistan las mujeres 
líomlndosas, sencillas y «granadas; poro e* porque sola» cutas *e te p» 
reoen. » 

Al dia siguiente de su entrada en Berlin.el emperador dio audiencia a 
los ministros de Baviera. B*p«! i . Portugal y la Puerta. F.l mismo día ad- 
mitió al elero de las diferentes comuniones protestantes y los tribunales 
de justicia que le presentó el canciller ; y luego conferenció con varios 
majistrados sobre diversos puntos de la organización judicial. 

Durante su residencia en Berlín, Napoleón espidió el famoso decreto, 
estableciendo el bloqueo continental y prohibiendo á los pueblos y á los 
aliados del imperio francés todo comercio y comunicación con las Ñas 
británicas. Ksta acta, conceptuada poralgunos como una providencia ni 
sensata, y jeneralmente achacada á la ceguedad del encono, era sin emlwir 
go fruto de la tenacidad del gabinete ingles en sublevar continuamente a 
las potencias continentales contra la Francia. Kra el resultado de aquel 
••umulo de amaños, alevosías, conspiraciones, hostilidades y atentados 
de toda clase , por cuyo medio la aristocracia inglesa habia estado contra 
restando* la democracia francesa desde Í7tr2; era la respuesta de la re 
\olucion > ictoriosa á las demasías monárquicas cuando la pregonaban por 
Europa , donde los estadistas de ultramar.se empeñaban en que habia oca 
sionado « un vacio. • Ya que Burke y Pitt se estremaron en aislar a la 
Francia en medio del mundo civilizado, estaban todavia predominando 
por medio de sus amigos y alumnos en los consejos de Londres y prevale 
cía el mismo afán , mal |xxlia la Francia desentenderse de represalias , y 
abstenerse de aislar en cuanto le fuese dable á la Inglaterra en medio de los 
mares. Kl bloqueo.eon que se habia amenazado durantequince añosal espi 
rita revolucionario, debia encerrar encontradamente á la contrarevoluciou 
misma en su foco principal en medio del Océano. Y además, ¿es cierto que 
este bloqueo, aun considerándolo por lo que tocaá los intereses materiales, 
haya hecho daño á los pueblos del continente y acarreado universalmente 
en Kuropa cuantas resultas desastradas se le lian achacado? No hay duda en 
que causó trastornos de fortunas en el comercio maritimo y redundó en pri 
vaciónos momentáneas para las poblaciones que no pudieron surtirse encu 
tuertamente, o que se abstuvieron de los productos coloniales por la subida 
crecidísima (fe los precios. Pero ademas de que este desquite solo era tem 
poral y que el bloqueo, aun mal cumplido, debia surtir el efecto moral 
que n prometí i <l emperador, también es indisputable que la industria 
europea no estaba absolutamente comprometida, y que por ejemplo h 
Francia debió al decreto de Berlín la creación de una mima industria muy 
trascendental. cual es la fabricación del azúcar indijena. Y aun cuando solo 
mediara este resultado inmenso para lo sucesivo, debiera bastar para que 



542 HISTORIA 

las jeneraciones venideras fueran propicias á Napoleón , atendidos los pa- 
decimientos pasajeros que su sistema acarreó á la jeneracion contemporá- 
nea. « Me hallé solo en mi opinión sobre el continente, ha dicho Napoleón; 
tuve que acudir por donde quiera á la tropelía. Al fin empiezan á compren- 
derme; el árbol da ya fruto; el tiempo hará lo demás. 

« Si por dicha no zozobrara, trocada quedaba la faz del comercio con 
el camino de la industria. Había connaturalizado entre nosotros el azúcar 
y el añil ; también hubiera conseguido lo mismo con el algodón y con 
otros muchos productos. Las colonias hubieran mudado de lugar, si se 
hubieran obstinado en no darnos cabida. » 

Mientras se afanaba el emperador en Berlín por aprisionar á los moto 
res de la guerra y se esmeraba en apear á la Inglaterra del derecho común 
para acosarla con armas iguales y escarmentarla de sus repetidas violacio 
nes del derecho de jentes , los tenientes de Napoleón seguían estrechando 
al enemigo y persiguiendo á diestro y siniestro las reliquias del ejército 
prusiano. El 28 de octubre, Murat se apoderó de Prentzlow, precisando al 
príncipe de Hohenlohe á capitular con su cuerpo de ejército. Al día siguien- 
te, el fuerte de Stettin cayó en manos del jeneral Lassalle, comandante de 
la derecha del gran duque deBerg, mientras que el jeneral Milhaud, que 
mandaba la izquierda, hacia rendir las armas á una columna de seis mil 
hombres. 

Custrin se rindió el 2 de noviembre al mariscal Davoust, al paso que 
Mortier ocupábalos estados de Hese y de Hamburgo. En Fulda y en Bruns- 
wick , quitaron las armas del principe de Orange y las del duque. « En 
trambos príncipes ya no han de reinar , dijo el vijésimo cuarto boletín ; 
son los principales autores de esta nueva liga. » 




DBNAPOLEOM S49 

l o triunfo señalado espérala á los Franceses bajo los muros y eo las 
ralles <!<• I.ubock. Elfl de noviembre, Murnt. Soult y Bernadoile, con la 
maestría de sus maniobras y de sus molimientos combinados, se encon 
traron sobre nqnella plaza, en la que el famoso Rlucher babia venido a 
encerrar las ultimas esperanzas de la monarquía prusiana l>ióse el asalto, 
> liernadotte se internó en la ciudad por la puerta de la Trava. ■iwHfM 
que Soult entraba por la de Mullen. 

I a resistencia había sido porfiada. Aun se batían por las calles ; pero 
el 7 por la mañana, liluchcr y el principe de Brunswick <)Els, capitaneando 
hasta diez jeneralcs prusianos , quinientos diez y ocho olicialcs y mas de 
veintemil hombres, se presen taroná los vencedores, pidiendo capitulación, 
y destilaron inmediatamente por delante del ejército francés. 

Dentro de pocos días las demás plazas tuvieron igual suerte. Magdebur 
•-<> abrió sus puertas el 8, y los Franceses hallaron ochocientas piezas de 
artillería y una guarnición de diez y seis mil hombres. Kl emperador ha 
bia encaminado también un cuerpo de ejército sobre el Vístula, en perse- 
cución del rey de Prusia, que huía atropelladamente con sus diez ó doce 
mil hombres restantes. 

El 40, el mariscal Davoust entró en Posen, cuyo vecindario, mas pola 
co que prusiano, le recibió con entusiasmo. El 10, el trijésimo segundo 
Motín anunció « que después de la toma de Magdebnrgo y el reencuentro 
de I.ubock , la campaña contra la Prusia quedaba ya terminada. » 

l.u aquel mismo dia se firmó una suspensión de armas en CharlotU-n 
burgo 

Entonces fué cuando se dedicó el emperador al decreto arriba dicho 
sobre el bloqueo ríe las Islas británicas. 




344 HISTORIA 

La Prusia, aceDtellada de muerte, yace como potencia para siempre; 
pero su instigadora la Inglaterra permanece intacta; Napoleón quiere alcan- 
zarla , aislarla de la Europa á la que tiene tributaria por medio de mono- 
polios é intrigas diplomáticas. El sistema que Napoleón ha ideado se estre- 
lla con los principios de la civilización moderna ; así lo entiende y lo ma- 
nifiesta, pero acude á la ley y al derecho de la debida correspondencia. 

Al pedir al senado una nueva quinta, el emperador le espresa como es 
forzoso providenciarla en desempeño de su sistema jeneral é imprescindi- 
ble. Nuestro sumo comedimiento, tras todas las guerras siempre propicias, 
es la causa de cuanto ha ido sucediendo. Así hemos tenido que batallar 
contra una cuarta liga nueve meses después de disuelta la primera, tras 
aquellas esclarecidas victorias que nos habia franqueado la Providencia y 
que debían afianzar el sosiego al continente?. . . . 

« Bajo este concepto hemos tomado por principios invariables de nues- 
tra conducta no evacuar á Berlín , Varsovia ni las provincias rendidas á 
viva fuerza, antes que esté firmada la paz jeneral, que devuelvan las co- 
lonias españolas, holandesas y francesas, que se hayan consolidado los ci- 
mientos del poderío otomano y la independencia absoluta de este grandio- 
so imperio , sumo interés de nuestro pueblo , ya irrevocablemente consa- 
grado. Hemos puesto las Islas británicas en estado de bloqueo, y hemos 
tomado contra ellas disposiciones que repugnaban á nuestro corazón. Pe- 
ro nos hemos visto precisados á prohijarlas en beneficio de nuestros alia- 
dos , oponiendo al enemigo común las mismas armas de que se valia con- 
tra nosotros 

« Nos hallamos en uno de aquellos momentos importantes para el des- 
tino de las naciones,y el pueblo francés se mostrará digno del que le aguar- 
da. El senado consulto que hemos dispuesto se os presente y que pondrá 
á vuestra disposición, en los primeros dias del año, la quinta del año \ 80Í , 
que en circunstancias comunes no debiera efectuarse hasta el mes de se- 
tiembre, se planteará con ahinco por padres y por hijos. ¿Y en qué pun- 
to mas trascendental pudiéramos llamar á la juventud francesa? Tendrá 
que atravesar, para reunirse con sus banderas, las capitales de nuestros ene- 
migos y los campos de batalla esclarecidos por las victorias de sus primo- 
jénitos. » 

Abonaba tan solemne demanda la nueva venida de Ruso$, á cuyo en- 
cuentro quería marchar Napoleón para empezar una nueva campaña tan 
pronto como la estación lo permitiera. Salió de Berlin el 25 de noviembre 
y llegó á Posen el 28. Con el recio temporal, las fatigas y privaciones, ha- 
bia amainado el ímpetu de la soldadesca. Después de tanta pelea victorio- 
sa, estando los enemigos de la Francia allende el Vístula, parecía que 
habia de llegar la hora de pararse, en vez de correr al encuentro de nuevos 
trances. El senado, por lo jeneral tan obsequioso, se habia esmerado en re- 



DE NAPOI.KON 345 

comendar la moderación en na parabién que H emperador había Ntfhafo 

en BcrHn. Pero ni sonado, ni ejército, ai pi:ohlo alcanzaban la trascender! 
fia «Irla situación . la tenacidad do la antigua Kuropa . ni lo mi|>i> .nn 
diblc del sistema que Napoleón había tenido que idear |>ara imposibilitar 
<!«• una vez a los Implacables eacmigoa da la mu-va k rancia el fraguar mas 
ligas contra ella. La paz era el anhelo jeneial : el emigrador lo sabia moy 
bien . estos eran también sus deseos, pero también sabia mejor «pie nadie 
en que parajes le seria mas ventajosa la guerra . y bajo que condicioi 
asequible y debia apetecerse la paz. Por tanto soltando el vuelo ;i mi bita 
lijenoia y desentendiéndose de clamores tanto remolos eomo cercanos §jb* 
pudiera ocasionar, marchó directamente á Polonia para dar al través ron 
los Rusos antes de asomar sobre Prusia \ recojer los restos \ esperanzas 
de sus aliados vencidos. No cabe duda en que de este modo se esponja 
a que le tildasen de provooador de guerras , asi como habia compróme 
tido su popularidad con el bloqueo continental . aunque tan solo pro 
curaba sublevar al pueblo inglés «ontia sus ministros pertina. 
guerrear, malquistándolos como estremados en su porfía. Pero tiempo 
hacia que Napoleón dijera que siendo su encumbramiento fruto de las 
circunstancias , reclamaba á todo trance la dictadura. Es el caso que 
por su naturaleza de hombre sin par y por su instituto de dictador , no 
podia menos de insistir á solas en su dictamen y arrojarse denodadamente 
tras sus intentos, aun en medio de la desaprobación de los pueblos que 
Dios habia colocado bajo sn diestra avasalladora, y según la espresion de 
Mirabeau, «avenirse á esperar justicia del tiempo y la posteridad. » 

Si el ejercito se muestra propenso á hacer alto cuando el vencedor de 
tantas batallas conceptúa forzoso seguir adelante, ¿cabe acaso el creer 
que por eso abdicará sn numen para obedecer á los que le corresponde 
mandar? No, al contrario, esto le ofrecerá ocasiones nuevas para manifes 
tar su prep ot eac ia irresistible, y si hay entre las tropas, no digamos aso 
moa de malquerencia, sino meros anhelos de sosiego, va á reentonarlas 
con una palabra y enardecerlas mas que nunca para proseguir la guerra 
contra los enemigos del nombre francés. 



■ Cuailel jciter.il d«- Pusen , a de dit:irinl>rr 

« Soldados, tes dijo, hoy hace un año que á esta misma hora os halla 
bais en el campo de batalla de Austerlitz. I -os Tejimientos rusos huían des 
balitados, nal verse circuidos, rendían las armas á sus vénoaBOm \l Üa 
siguiente sonaron voces de paz ; pero eran falaces : pues no bien salidos a 
salvamento del naufrajio de la tercera liga , por efecto de una jenerosidad 
quizás reprensible , han tramado una cuarta alianza ; pero el aliado en cu 
ya táctica fundaban principalmente sus esperan zas \a no existe; sus pía 
xas fuertes, sus capitales, sus depósitos, arsenales, doscientas y ochenta 

■ti 



346 HISTORIA 

banderas, setecientas piezas de artillería y cinco grandes plazas de guer- 
ra paran en nuestro poder. Nada ha podido deteneros un momento, ni el 
Oder, ni el Wartha, ni los desiertos de la Polonia, ni la intemperie; to- 
do lo habéis arrostrado, todo lo habéis vencido; huyendo á carrera el 
enemigo á vuestro asomo. En vano los Rusos han intentado escudar la 
capital de esta antigua y esclarecida Polonia. El águila francesa domina el 
Vístula. El valiente y desventurado Polaco al presenciaros está viendo las 
lejiones de Sobicski regresando de su espedicion memorable. 

> Soldados, no depondremos las armas hasta que la paz jeneral haya con 
solidado el poder de nuestros aliados, restituyendo á nuestro comercio sus 
colonias y su seguridad. Hemos conquistado en las orillas del Elba y del 
Oder nuestros establecimientos de las Indias, Pondiehery, el cabo de Bue 
na- Esperanza y las colonias españolas. ¿Quién diera á los Rusos el dere 
cho de contrarestar al destino y de trastornar tan justos intentos? ¿ No so 
mos olios y nosotros los soldados de Austerlitz? » 

Esta proclama surtió un electo imponderable, no solo en el ejército 
del Vístula, sino en toda la Alemania ; el mismo Rourrienne lo confiesa \ 
atestigua. Ahora bien, si asomaron críticos por los campamentos, y si se 
prorumpió en tal cual devaneo de oposición entre las adulaciones del se 
nado , todo esto carece de entidad ; Napoleón respondió con su laconismo 
jemal á todas las insinuaciones y rumores contrapuestos. 

Antes de emprender otra campaña, el emperador quiso eternizar con 
un monumento los prodijios de las dos últimas guerras. A la proclama 
del 2 de diciembre, añadió el mismo dia un decreto, mandando entre otras 
disposiciones : 

« Art. I". Se establecerá á espensas del erario y de nuestra corona , 
en el solar de la Magdalena, de nuestra buena ciudad de l'aris, un monu 
mentó dedicado al grande ejército, ostentando en el frontispicio : 



UL EMPERADOR NAPOLEÓN A LOS SOLDADOS DEL GRANDE EJERCITO. 

« 2". Se estamparán en el interior del monumento en sillares de mar 
mol los nombres de cuantos , por cuerpo de ejército y por »yejimiento , 
asistieron á las batallas de ülma , Austerlitz y Jena , y en lápidas de oro 
macizo los de cuantos fallecieron en los campos de batalla. En lápidas de 
plata se grabará la recapitulación por departamentos de los soldados que 
aprontó cada uno al grande ejército. 

«3 o . Se esculpirán al rededor de la sala bajos relieves que representa 
rán los coroneles de cada uno de los Tejimientos del grande ejército con 
sus nombres , etc. , etc. » 

Las demás disposiciones de este decreto providenciaban el depósito, 



I)K NAPOLEÓN. r>47 

en rl iiii.noi del monumento, de los Irofroi eojkkM «I enemigo en «arias 
campañas) la soirmiirn ¡lebracion <|i| • iini|>l«-.Mi 
l« rlil/ \ Jcna 








CAPITULO XXV 



Campanil de Polouia. Faz de Tilsitr 




l emperador permaneció cji Posen hasta el 
Í6 de diciembre. Allí recibió la diputación 
de Varsovia , compuesta del gran camar- 
lengo de Lituania, Gutakuski, y del seño- 
río polaco. 

Pero el ejército francés seguía marchan- 
do adelante. Después de haber derrotado á 
los Rusos en su primer encuentro, acaecido 
en Lowiez , ocupado á Varsovia y conse- 
guido la capitulación de Torgau, atravesó 
el Vístula el dia C por Thorn, en donde el mariscal Ney encontró y disper- 



DE N M'OI.KON 34U 

so todau.i algunos Prusianos. Sobresalió allí nn neoBQ ^'regrino. Hallan 
dote detenida |>or los hielos «mi medio del rio la Imrca (jue trasportaba la 
vanguardia francesa, loe barqueros polacos acudieron á desprendí 1 1 1 
pesar del fuego del enemigo asestado contra ellos. \ icndo los Prusinnosqne 
las balas no los detenían, enviaron por su pule otros barqueros para con 
trarestarel intento de. los Polacos, siguiéndose una lid de hombre a hombre 
lx>s Prusianos quedan arrojados al agua \ con elauxilio heroico y fraternal 
los Polacos, traspuso sana y salva la vanguardia francesa la orilla de 
rocha del Vístula. 




Al cabo de algunos dias, todo el ejército se halló en aquella orilla. Kl 
11 , el mariscal Davoust derrotó un cuerpo ruso después de pasado el Bug ; 
pero en aquel mismo día se firmó un tratado de paz con la Sajonia. El olee 
tor entró en la confederación del Rin, cabiéndole el dictado de rey, lo cual 
era de suma trascendencia para el sistema francés, pues se hallabaasi plan 
teado hasta las puertas mismas de Berlín. 

El emperador solemnizó el 18 su entrada en Varsovia. Instáronle efl 
ca/mente para que restableciera el reino de Polonia ; pero con el recelo 
de comproMctersc.tan solo dio contestaciones que le desabogaban para lo 
reñidero. «Soy amigo de los Polacos , deciaá Rapp, me tiene prendado 
su denuedo , y anhelara en el alma constituirlos en nación independiente 
pero es empresa sobrado ardua. Son muchos los que han terciado en el 
ramillete; el Austria, la Rusia y la Prusia, y una vez encendida la mecha, 
quien sabe á donde iria á parar el ineendio. Mi primer afán es por la 
Francia, y no debo sacrificarla á la Polonia; aquel empeño nos arroba 
taria hasta lo sumo. Y además, preciso es dar traslado al tiempo, soben 
no de todo: él nos franqueará el debido rumbo. » 



ó 50 



HISTORIA 



Entretanto el jeneral Kaminski, mal hallado con tanto cejar de todos 
sus compañeros, se adelantó ejecutivamente contra los Franceses. Efectuó 
su reunión con Bcningsen y Buxhowden, y conceptuándola como prenda 
segura de victoria , la celebró en el castillo de Sierock con fiestas é ilu 
minaciones (pie los Franceses podian divisar desde lo alto de las torres de 
Varsovia. 




El emperador salió el 25 de diciembre de la capital de la antigua Po- 
lonia, y pasando el Bug, sobre el que echó un puente en dos horas, lanzó 
el cuerpo de Davoust contra los Rusos, que fueron derrotados en Czarno 
vo , peleando casi hasta media noche. El jeneral Petit tomó los reductos del 
puente al resplandor de la luna, y á las dos de la madrugada el enemigo 
se declaró en completa derrota. 

Este primer desmán de Kaminski fué la señal de nuevos descalabros, 
padecidos en los dias 24, 25 y 26 en Nasielsk, Kursomb, Lopackzyn, Go- 
lymin y Pulstuck, á consecuencia de los cuales el ejército rtso se retiró 
atropelladamente tras haber perdido ochenta piezas de artillería , mil y 
doscientos carros y de diez á doce mil hombres. Así se realizaron las espe- 
ranzas que el jeneral ruso habia solemnizado con tanto boato y presun- 
ción en las fiestas del castillo de Sierock. 

Breslau capituló el 5 de enero de \ 807. Aquella ciudad habia tenido 
ya sus arrabales incendiados por los sitiados, y muchas mujeres y niños 
habían perecido en las llamas. Habia Jerónimo Napoleón descollado en 
aquel desastrado acontecimiento, acudiendo con auxilios á las víctimas 




«leí incendio. \w Franccr.es antepusieron el desentenderse del riguroso 
derecho que les franqueaban las leyes do la guerra al quebrantar las de la 
humanidad. Aoojieron jenerosamente á los fujitivos.cn vez «le recitarlos 
á la plaza sitiada qoe coronaba el incendio do sus bogares. # 

Kl emperador regresó el '2 de enero á Varsovia y recibió las autorida 
des de aquella ciudad, los ministros ostranjoros y una diputación del reino 
de Italia. Para estimular alas tropas de la confederación del Itin, nvoin 
pensó al cuerpo w urtombergués que se babia a|H)dcradode Glogau, reno 
tiendole al rey de Win temberg una parte de las banderas cojidas en aque 
Ha plaza y diez condecoraciones de la Lejion de Honor para que se distri 
bnyeMQ^É los loldldoi mas salientes de aquel cuerpo. 

las hostilidades unieron h cesar por veinte dias. Pero el 2.» de enero 
volvieron á gmprcnderscaveiitaj, idamente en Mohringue por BcmadoUc. 
quien derroto ;i los condal «le Palben y C.allitzin, eojióndoles trecientos 
Immbres. y dejando á mil y doscientos fuera «le combate. 

Kl emperador acabábanle saber que habían ocurrido grandes aconte 
cimientos en c.oiMantinnpla. h>sHus.»> % lottQlÍMOf habían sido arroja- 
dos; se babia ofrecido una suma crecida por la cabeza de Ipsilanle, y el 
sultán había declarado la guerra á la Rusia. Napoleón advirtió eu esla 
lieteiminaeion de la Puerta, no solo el acierto «le su diplomacia, sino el 
indujo de su carrera triunfadora por el norte. Uual éxito invierno sos co 



HISTORIA 







natos con la Persia para promover nuevos apuros á la Rusia. Contento 
con esta doble llamada , dio á conocer su trascendencia en un mensaje 
que envió al senado , insistiendo en la precisión de escudar la cabal inde 
pendencia é integridad del imperio otomano como valla natural á las in- 
vasiones del poderío moscovita. «¿Y quién pudiera calcular, dijo, la du- 
ración de las guerras y el número de las campañas que seria forzoso hacer 
algún dia para remediar las desventuras que resultarían de la pérdida del 
imperio de Constantinopla, si el afán de un vil reposo y los deleites de la 
gran ciudad predominaran á los consejos de una previsión atinada? Deja- 
ríamos á nuestros nietos una larga herencia de guerras y de conflictos. La 
tiara griega, engreída y triunfante desde el Báltico al Mediterráneo, ve- 
ríanse en nuestros dias las provincias atropelladas por un turbión de fa- 
náticos y de bárbaros, y si en aquella lid harto pausada, la Europa civi 
lizada llegase á fenecer, nuestra culpable indiferencia moveria fundada- 
mente las quejas de la posteridad y seria un borrón de oprobio en la his- 
toria. » Este mensaje contestaba tanto mas directamente que la proclama 
de Posen á las pacíficas insinuaciones del senado, cuanto Napoleón se ha 
liaba en situación de juzgarlas y de declararlas intempestivas. Es de notar 
además que el propio afán manifestado aquí por el emperador de los Fran 



DI. NAPOLEÓN S53 

-■.non has I.» ( •niisrrvm ion cabal del poderío otomano, había sido maní 
restado, eo tiempo de la espedicion do Ejipto, por rl caudillo del gabine- 
te inglés, por PiU mismo, quien, i impulsos del interés ese 1 tusivamente 
britéoioo, dijo las mismas palabras que Napoleón envía á sn senado por 
el interés europeo y el «le la n\ili/an<ui universal. 

Durante su residencia en \arso\ia el emperador reeibió la petirion si 
guíente : 

• vSritor , 

• Mi fe de bautismo es del ano IfiiK) ; por consiguiente tengo ahora 
ciento diez y siete años. Todavía me acuerdo de la batalla de Viena y de los 
tiempos de Juan Sobieski 

t >le estaba alia figurando que nunca mas Asomarían , y aun menrn 
soñaba en llegar á ver el siglo de Alejandro. 

« Mi veje/, me ha merecido las finezas de cuantos soberanos han pasa 
do por acá , y asi aspiro a las del gran Napoleón . estando á mi edad im 
posibilitado de trabajar 



' 







•.:. 



354 HISTORIA 

« Vivid, señor, tanto tiempo como yo; vuestra gloria no lo necesita, 
pero lo pide la dicha del jénero humano. 

« Narocki. » 

El emperador, á qnien este anciano presentó él mismo su petición, le 
acojió bondadosamente, concediéndole una pensión de cien napoleones y 
mandándole pagar un año anticipado. 

Las noticias de Constantinopla aumentaron el desabrimiento del em- 
perador Alejandro, sin por eso infundirle deseos de suspender las hostili- 
dades sobre el Vístula para abocar sus fuerzas bácia el Danubio. Lejos de 
esto, aprovechando la llegada de los refuerzos que habia mandado venir 
de la Moldavia, trató de mover á los Franceses de sus cuarteles de invier- 
no y volver á tomar la ofensiva. 

Napoleón advirtió gustoso los ánimos del czar. Mandó á Bernadoltc 
que los estimulase, retirándose ante el ejército ruso para irlo atrayendo á 
las orillas del Vístula. Salió después de Varsovia y se reunió con Muraten 
Villenberg, el 31 de enero por la noche. 

Al dia siguiente, el ejército francés marchó en busca de los Husos, á 
quienes* alcanzó en Passenhcim , pero cejaron luego hasta aposentarse por 
las cumbres de Suktdorf. Conceptuándolos Napoleón en ánimo de hacerle 
frente, se situó entre el I'asarge y el Alie con su guardia, la caballería y 
el tercero y séptimo cuerpo,- encargando al mariscal Soult que tomase el 
puente de Bergfried para acorralar la izquierda del enemigo. 

Beningsen , hecho cargo de la trascendencia de aquel paraje , habia 
confiado la guardia del puente de Bergfried á doce batallones aventajados, 
pero todo su tesón desmayó ante el denuedo é ímpetu francés. El puente 
se tomóá paso de ataque, y los Rusos dejaron, además de cuatro piezas de 
artillería, crecido número de muertos y heridos en el campo de batalla. 

Habia Napoleón combinado los movimientos de sus diversos cuerpos 
de ejército en términos de venir á descargar un golpe decisivo; pero un 
acaso desbarató en parte sus planes. El oficial que llevaba sus órdenes á 
Beruadotte cayó en poder del enemigo; y Beningsen utilizó la proporción 
para evitar el lazo á que le iba conduciendo la maestría consumada del 
caudillo francés. 

La refriega de Bergfried, ocurrida el 3 de febrero," solo fué, con las de 
Waterford, Dieppen, Hol'f y Preussich-Eylau , que se dieron <3i los dias 4, 
5 y 6 de febrero, preludios de una de las jornadas mas sangrientas de 
nuestra historia militar. La iglesia y el cementerio de Eylau, tenazmente 
defendidos por los Rusos, no se entraron hasta el f> á las seis de la tarde, 
tras una pelea reñidísima y costosa en cstremo para entrambas partes. Al 
amanecer del dia 7, Beningsen se arrojó al avance con estruendoso caño 
neo sobre la ciudad de Eylau , y al punto se jeneralizó el trance por toda 
la línea. La artillería francesa causó al principio mucho daño al enemigo, 



+•« 



DI. NAPOLEÓN 

por cuauto tai I acababa de ■tacarlo |»or la espalda, ni paso qeo tage 

n ni k abalanzaba I "ii centro, ruando una netadi densísima encapotan 
do a entrambos ejércitos, iu lobreguea aalvó á los Rosos data total des 
catabro. Rstravióee tugercaa entre In derecba j el centro dd menina» . \ 
i .11 1 roanaliiiln de situación tan azarosa, m requerís «I ooatallaiodeJaai 
peredor con la pujanza de Mural en 1 1 pjeenrion i i raballerfa, sostenida 
por la guardia, se revolvió al resguardo de la división de Saint-Hilaáre > 
ms abalanzó de improviso al enemigo. Cuanto se empeñó en rontrarestai 1 1 
quedó arrollado; atravesó varias veces el ejercito ruso derramando 
lio y siniestro el pavor y la mortandad. Al mismo tiempo los mari 
Davousl v Nej aoa di eron, doanmlwirandn uno i retaguardia, > otro pn la 
i/quierda «le los Husos Viendo Honingsni que su retaguardia se hallaba 
comprometida, intentó posesiooarse da ooevoj ;» las ocho de la n 
«I»' la aldea tic Scboadüaío . ansioso de aiian/ar un estribo para m retira 
•la. pero los granaderos rusos. a quienes en l iatgadisiAl leota 

Uva, quedaron abaolutainenU' sobreenjidos y derrotados M día sigoaante 
.d ejército ruso se retiró mas nlla del Pregd, mas \ mas acosado, dejando 
en el campo de batalla sus heridos > diez \ *< as piezas de artdlena Unir.. 
rosa fué la carnicería en aquella jornada. Por el quincuajesimo Opiato bo 
lettn ascie nd en a mil novecientos moertoi > a chaco mu seteeieitoi heridos 

l 88, J los Husos ,i siete mil muertos ¡ peni llgUMM historiadores 

■ itirman que este mnnero no está cabal, ) que el numero de los Husos He 
gó ¿ seis mil muertos ) veinte mil heridos , al paso que los Franceses ha 
l)ian tenido tros mil hombres muertos y mil y quinientos hei idos 




55Ü HISTORIA 

Como quiera, debió ser grandísima la mortandad, porque el emperador 
reincidió siempre en su desconsuelo acerca de este triste asunto en tres 
cartas que escribió á Josefina por el mes de febrero. « Ayer hubo una gran 
batalla, le dice. La victoria ha sido mía, pero he venido á perder mucha 
jente. El quebranto del enemigo, todavía mucho mas crecido, no me con 
suela 

« Este pais está cubierto de muertos y de heridos , añade en la según - 




r ,. t-^^a 



I>K NAPOLBOK. v.7 

da carta; este lio es d \iso mas vistoso de la guerra. Se padece en estremo, 
y H alaMeftá oprimida al ver tantísima victima • 

Cuando los enemigos de la Francia no queda han totalmente anonadados, 
solían apellidarse vencedores. Kra pues natural que la batalla de F.ylan, en 
la que nos habían causado tanto mal como ellos mismos habían padecido, no 
les pareciese bastante decisiva para terminar la campaña y motivar pro 
noticiones de p.i/ \m no pasaron ocho dias mm nuevo derramamiento de 
sangre. El 48 de febrero, el jen era I Essen, al frente de veinte \ cinco mil 
hombres, se encaminó sobre Ostrolcnko, en donde quedó derrotado por 
el quinto cuerpo del ejercito francés al mando del jeneral Savary. aimlia 
do encálmente por los jeneralcs Oudinot, Snchet > (.azan Kl lujo del ce 
lebre Suwarow feneció en aquella refriega. 

Kl mismo dia.el emperador. que se hallaba todavía en Prcussisch Kylau. 
publicó una proclama terminada en estos términos : 

• Habiendo frustrado todos los intentos del enemigo, vamos i recaer 
sobre el Vístula para volver á ocupar nuestros acantonamientos. Quien 
lucre osmio á turbar nuestro reposo se arrepentirá de su demasía ; puesto 
que allende el Vístula, como en las márjenes del Danubio, en medio de 
los hidos del invierno , como al asomar la otoñada , siempre seremos los 
soldados franceses y ante todo del grande ejército. • 

Napoleón, siempre esmerado en tributar homenajes A la memoria de los 
valientes, mandó que se fundiesen los cañones cojidos en Kylau para le 
vantar una estatua al jeneral de Hautpoul , comandante de los coraceros . 
muerto dé resultas de las heridas que había recibido en aquella tremenda 
jornada. 







Manifestó su satisfacción al jeneral Savary por su desempeño en Ostro- 
lenko y lo retuvo ¿ su lado. Kl jeneral Massena obtuvo el mando del quin 
to cuerpo. 

Tras varios reencuentros que dieron nombradla a pueblos y parajes 
desconocidos, tales como Peterwalde. Gustadt. Ijgnau . etc , pero que 



558 HISTORIA 

ninguQ resultado intereresante produjeron para el éxito de la campada, el 
emperador sentó sus reales, el 21 de abril, en Finkenstein, desde donde 
espidió un decreto sobre los teatros de Paris, dividiéndolos en dos clases. 

Sin embargo, con tanto vencer y conquistar, el ejército francés seha- 
bia menoscabado , y mas teniendo que abarcar dilatadas provincias con 
un sinnúmero de plazas. Se hicieron imprescindibles nuevas quintas; pi- 
diólas el emperador, y con este motivo se dijo que el anuncio de un gran 
triunfo era el encabezamiento de mas reclutas. Pero las potencias enemigas, 
á pesar de sus incesantes descalabros, insistían en sostener la campaña y 
rechaza!" la paz bajo las únicas condiciones decorosas para la Francia, y 
no cabia en el vencedor el malogro de tantas batallas con el sacrificio de 
sus intereses y su gloria; puesto que Napoleón tremolando sus banderas 
victoriosas en el Vístula , en Berlín y en Varsovia, seguia ofreciendo cuan 
to habia propuesto antes de la campana. 

« Estamos prontos á firmar un tratado con la Rusia, decia al senado, 
(mensaje del 20 de marzo de 1807 con fecha desde Osterode) bajo las 
mismas condiciones en que habia convenido su negociador y que le han 
obligado á rechazar los amaños y el influjo de la Inglaterra. Estamos pron- 
tos á devolver á estos ocho millones de habitantes conquistados con núes 
tras armas su sosiego, y al rey de Prusia su capital. Pero si tantas prue- 
bas mil veces repetidas de moderación nada pueden contra las ilusiones 
que la pasión sujierc á la Inglaterra , sí aquella potencia solo puede hallar 
la paz en la humillación de la Francia, no queda mas arbitrio que lamen- 
tar las desventuras de la guerra , haciendo recaer el oprobio y vituperio 
sobre esa nación que da por pábulo á su monopolio la sangre del conti 
nente. '» 

Conceptuaba el emperador que sus propuestas pacíficas no tendrían 
cabida hasta quitar á los Prusianos la ciudad de Dantzick, su último re- 
corto , y alcanzado sobre los Rusos una victoria tan señalada como la de 
Jcna; y eutrambos objetos embargaban su atención. 

Dantzick habia sido acometida en el mes de marzo; pero muchos Teji- 
mientos rusos se habían ido introduciendo por mar. El jeneral Kalkreuth 




DK NM'OI.KON 
mandaba en la piara, y el ejército sitiador («taba á la» unirnos del maris- 
oal Irfebvre. Tras varias salidas, todas infructuosas, la guarnición se 
creyó por un momento á punto de quedar libro. Kl t.i de majo, d jen< mi 
Kaminski. hijo del mariscal de campo déoste nombre, que había acudido 
i! socorro de la dudad, atacó al ejército francos; pero el emperador, avisa- 
do ron tiempo de su intento, habia enviado el mariscal l-annony el jeneral 
Ondinot para relor/ar al marisral l^febvre. boa Husos s ju eOUT O U elieairaen- 
t.< rechazados en la refriega; de Ueiseholmunde. Teniendo que retroceder 
hasta las fortificaciones de la plaza. pasaron atropelladamente los herido* á 
los bajeles que les habian servido de trasportes . y los enviaron a Konigs 
borg a la vista do los sitiados, ouienei prtMDCiiTOIl, de lo alto de sus mu- 
rallas arruinadas, la vergonzosa luga da sus ansiados libertadores. 

Mentidos los sitiadores con tan sumo logro, activaron sus faenas, y el 
17 de mayo una mina voló parte del camino cubierto. Kl tí», a las siete de 
la noche, se efectuó la bajada y tránsito del foso, y el 21 , el mariscal I Web 
\ re dio la señal de mito, J los soldados iban ya trepando, cuando el jone 
ral Halkrcuth pidió capitular bajo las mismas condiciona que el mismo 
habia otorgado á la guarnición de Maguncia, lo cual se le concedió 

Cifraba Napoleón tanta entidad en la toma de Danlzick . que a la pri- 
mera noticia que recibió en mis reales de Kinkenstein. mandó arrebatada 
mente que se hiciesen rogativas publicas ni ao.-ion «le gracias . dando 
al mariscal IWebvro una prueba de satisfacción. « No hay duda . dijo en 
una carta al senado , que el concepto de haber cumplido sn deber, y lúe 
go los bienes acreedores al jeneral aprecio, bastan para el digno realce de 
un Francés pundonoroso: pero el sistema social está hermanando los din 
lintivos patentes con la foi tuna, la brillantez y el boato en todo subdito 
nuestro que se distingue por su talento, sus servicios y su alma , primer 
don del hombre 

« Kl que mas nos ensalzó en la primera jornada de nuestro reinado . 
después d«« haber desempeñado cargos en todas las circunstancias de su 
cañera militar, acaba de enlazar su nombre con un sitio memorable, en 
el que han sobresalido su maestría onbol y denuedo, haciéndole acreedor 
;i una distinción preferente. También hemos querido encumbrar unaépo 
ea tan esclarecida para nuestras armas , y por los oficios que o- | 
nuestro pririfci el canciller mavoi . hemos nombrado a nuestro primo, el 
marisca] \ senador Lef ebrio, duque de Dantack. Que este dictado trasmi 
tido a sus descendientes les recuerde lis (.rendas de su padre, y que ellos 
mismos se conceptúen indignos de él, si en algún tiempo antepusiesen H 
ocio torpe y los devaneos de la capital á los peligros y noble polvo do los 
campamentos Que ninguno de ellos termine su carrera sin haber derra 
rondo mi sangre por la gloria y el timbre do nuestra preciosa Francia; que 



560 HISTORIA 

nunca vean un privilejio en el nombre que llevan, sino obligaciones pa- 
ra con los pueblos y para con nosotros. » 

Si el emperador no intentara mas que encumbrar á grandes por medio 
de dictados á los que ya lo eran por talento , servicios y prendas , nada 
tuviera que tachar la sana filosofía en aquel encumbramiento personal de 
los varones que habían merecido bien de su país; quizá solo notaría que 
la distinción esplendorosa á que se les conceptuó acreedores no hacia 
mas que reproducir ó trovar antiguos prerogativas que la razón del siglo 
había abolido de tiempo atrás , como incompatibles con el reinado de la 
igualdad y con las que se enlazaban inevitablemente recuerdos de engrei- 
miento aristocrático y privilejiado. Pero Napoleón no se ciñe aquí á buscar 
en el blasón , poco ha tan ridículo , la brillantez y sobresalencia con que 
ansiaba condecorar á los personajes eminentes que estaban cercando su 
solio, pues se afana en hacer hereditarios aquellos realces, y en hacer des- 
aparecer los héroes de la democracia y su descendencia tras el boato y el 
devaneo heráldico que la democracia se jactaba de haber soterrado. Y co- 
mo si él mismo reconociera la estrañeza é inconsecuencia de tamañas pre- 
tensiones, se esmera en rasguear una enmienda, anulando moralmente el 
beneficio del derecho de sucesión, si la posteridad del valiente ennoblecido 
malogra con la molicie y la haraganería de las ciudades el recuerdo del 
valor que habrá servido allá de estribo para su esclarecimiento. Napoleón 
se desentiende altamente de las consecuencias de la contradicción even 
tual que plantea entre el derecho y el hecho, traspasando así á las jenera- 
ciones venideras el afán de juzgar todavía las descendencias nobiliarias y 
renovar á todo trance el poderío de los linajes desmejorados. Aun requie- 
re mas de los herederos de un gran ciudadano que fué casualmente sol- 
dado,que todos hasta el postrero derramen su sangre en las lides para con- 
servarse dignos de su patrimonio aristocrático, cual si estuviera apuntan- 
do que en lo venidero, como en lo pasado , la carrera de las armas será la 
única esclarecida , y desconociendo así la gran revolución que estamos 
presenciando y que deslindará la nueva sociedad de la de la edad media , 
sobreponiendo á los realces militares de los tiempos feudales las escelen- 
cias pacíficas del mundo intelectual é industrioso (I). 

(i) Napoleón justipreció mejor las tendencias del siglo, cuando dijo, con 
motivo de la Lejiou de Honor: 

«Nuestra educación y nuestras costumbres pasadas nos hacían mucho mas 
vanidosos que pensadores. Así á muchos oficiales les disonó Tcr la misma con- 
decoración que llevaban en el pecho, en el tambor, el sacerdote, el togado, el es- 
critor y el artista. Pero esta preocupación hubiera cesado; caminábamos á paso 
redoblado, y pronto los militares se dieran por favorecidos , hermanándose con 
los sabios y los sobresalientes en todas profesiones.» 



M K IPOLEON ~,r,i 

l'cro Napoleón leniaquodesempeoar na instituto mandwso, chic en- 
I.!/. ii 1. 1 Enrona á ssMcndas <> i pesai suyo en hermandad permanente ron 
la revolución francesa por la faena de lastrUM \si poeiCOMdOCMDBI 
Im.i .1 mi toldado, preaciodiendo del medio que tiene . eatá en su papel. 
|i nin,- ,| s,»|, |, i,|, i esd instrumento heroico y amañado que so le ha 
proporekMiado para desempeñar su grandiosa larca \ edenies por mu 
clin que lo repitamos, aun cuando plantee noblexaa en recompensa de 
loa '«•i virios hechos ¡i la revolución arrotladors «Ir Matones, vmejanlo 
irregularidad no resocitará, sino que acabará de arruinar aquel anejo ína 
titulo. 

Mientras el postrer arrimo de la monarquía prusiana se desplomaba 
con Dantzick, se habían entablado negociaciones para la paz entre los 
Ilusos y los Franceses. Pero el gabinete inglés se empeñaba en dilatar la 
guerra, teniendo en poquísimo el quebranto de sus aliados, romo lograse 
postrar y desangrar también á la Francia. Además el emperador Alejandro 
seguía aun en ademan de guerrear, pues no había padecido ninguna de 
aquellas derrotas con que Napoleón solía terminar la guerra. Kl ejército 
i oso se puso en movimiento el .'> de junio y las hostilidades empezaron in 
mediatamente. 

Kl puente de Spanden rué el primer punto de ataque para los Rusos 
Doce rejimientos trataron de tomarlo, y siendo reciamente rechazados, re 




novaron h ,-■ ■ nnatos \ otras tantas se vicrou burlados sin 

arbitrio t o solo rejimiento de dragones, el t" riel coerpo de Bernadotle, 
los embistió tan esforzadamente Ifll ^n séptimo avance, que tuvieron que 
ceder y tocar Mirada. Tampoco tuvo mejor éxito igual (colativa en el 

i», 



562 HISTORIA 

puente de Lomittcn. Eljeneralruso perdió la vida. El mariscal Soult tenia 

á su cargo aquella porción de línea. 

La guardia imperial rusa, sostenida por tres divisiones y mandada por 
el jeneral en jefe á quien acompañaba el gran duque Constantino, quedó 
igualmente desairada al embestir las posiciones que el mariscal Ney ocu- 
paba en Altkirken, y en la reñida refriega del dia siguiente. Deppeu causó á 
los Rusos mil muertos y tres mil heridos. El triunfo del ejército francés se 
debió, según la relación de oficio, «á las maniobras del mariscal Ney, y 
al tesón que manifestó el jeneral de división Marchand. » 

Durante ocho dias, los dos ejércitos trabaron encuentros parciales 
hasta que batallaron en pelea jeneral, encontrándose, el 14 de junio, en 
Friedland. A las tres de la madrugada sonó ya el cañoneo ; « y este es un 
dia feliz, dijo Napoleón, como cumpleaños de Marengo. » 

Los mariscales Lannes y Mortier entablaron el fuego, sostenidos por 
los dragones de (íroucuy y los coraceros Nansouty. Nada decisivo resultó 
al pronto del encuentro de los diferentes cuerpos empeñados, y solo á las 
cinco de la tarde fué cuando reconociendo Napoleón la posición de la bata 




lia, dispuso que se tomase inmediatamente la ciudad de Friedland, man- 
dando ejecutivamente un cambio de frente , y emprendiendo el nuevo 
avance por el estremo de la derecha. 



DE NAPOLEÓN. "><;■> 

\ las rimo y media una batería de veinte piezas dio la ««nal ; y ora «-I 
mariscal Noy que se poninco movimiento \l mismo tiempo rl jeocral 
Marchand. al frente «!•• su división . M adelanto arma al brazo contra el 
enemigo. eneainm;m<lose al campanario de la población Este avance UTO 
jado, sostenido |wu la artillería que voleo miles de Rosos, preparo el trinn 
lo de este dia. Sin embargo el enemigo había emboscado su guardia impe 
nal «le ¡i pié y a caballo, mas al ver (jue el cuerpo «leí mariscal Nej de etn 
penaba su intento con tanto denuedo, arrollando a «liestro y siniestro 
miles de tropiezos . desemboca la reserva terrible sobre la izquierda del 
mariscal. Horroroso es d encuentro , pero acudiendo el jeneral Dupont 
con su división , queda decididamente la victoria por los Franceses. Ko 
vano adelantan los Rusos todas sus reservas, pues Fricdland quería sojuz 
gada en medio de imponderable carnicería. Dejan veinte mil hombres eo 
el campo de batalla, de ellos quince mil muertos y cinco mil heridos, 
contándote en este número treinta jenerales. « Mis soldados, escribió Na 
paleon á'Josclina, han solemnizado colmadamente la batalla de Marengo; 
pues decantada y esclarecida para mi pueblo será la de Fríedland ... Ks 
hermana dignísima de Marengo. Austerlitz y Jcna. • 

Llega á Konigsberg la noticia , y Rusos y Prusianos desamparan eje- 
cutivamente la plaza, en la que entra el mariscal Soult el l<> de junio, ha 
liando inmensas riquezas , cuantiosos abastos , mas de veinte mil heridos, 
municiones de toda clase y ciento sesenta mil fusiles que acababan de He 
gar de Inglaterra y estaban todavía embarcados. Kl 10, el emperador tras 
lada su cuartel jeneral á Tílsitt. 

Quedaba finalmente ejecutado' el acontecimiento que «*l emperador 
Mejandro estaba al parecer aguardando para entablar muy de veras la 
paz ; el ejército ruso habia padecido un descalabro horroroso. Kl '2t <!v 
junio, el czar y el rey de Prusia firmaron un armisticio con el emperador 
El ±2. Napoleón pregono en su ejercito la proclama siguiente: 

« Soldados : 

« Fuimos el ."» de junio embestidos en nuestros acantonamientos |>oi 
el ejercito ruso, equivocando las causas de nuestro sosiego; y anduvo tar 
dio en advertir que vaciamos con el sueño del león: mas ya so arrepiente 
de haberlo^)! v ¡dado. 

• Desde las marjeiies delvistula hemos llegado á las orillas del Nictneu 
con la velocidad «leí águila. Celebrasteis en tusterlitz »•! cumpleaños «le la 
coronación; en este ano habéis solemnizado el de la batalla ele Marengo 
que puso termino a la guerra de la segunda coligación 

« Franceses, os habéis mostrado dignos de vosotros y de mi >ol\ 
a Francia enramados de múni tos laureles después «le haber conseguida 
una paz esclarecida > duradera. • 



564 HISTORIA 

Avistáronse los tres monarcas y acordaron las bases de aquella paz en 
las orillas del Niemen. 

El 25, á la una de la tarde,. Napoleón, acompañado de Murat, Iterthier, 
Duroc y Caulaincourt,se trasladó en una barca al medio de este rio en don- 




de habia varias balsas y se babian levantado algunas tiendas para recibir 
álos dos emperadores y al rey de Prusia. Al mismo tiempo Alejandro acu 
dio á embarcarse en la orilla opuesta con el gran duque Constantino, el 
jeneral Peniugsen , el jeneral Ouvaroff , el príncipe Labanof y el conde 
de Lieven. 

Las dos barcas llegaron al mismo tiempo. Al poner el pié sobre labal 
sa, Alejandro y Napoleón se apresuraron á manifestar ante los ejércitos 
acampados por arabas orillas una muestra de reconciliación : se arroja- 
ron en brazos uno de otro y pasaron después muchas horas juntos. Termi- 
nada la conferencia, volvió cada monarca á su bajel, regresando á sus res- 
pectivos reales. 

Al dia siguiente, 26, medió segunda vista en la tienda del Niemen, 
asistiendo á ella el rey de Prusia. Durante muchos dias, los tres príncipes 
se visitaron y agasajaron mutua y repetidamente. Reemplazó al parecer 
repentinamente la amistad mas entrañable á los ímpetus hostiles que ha 
bian derramado tanta sangre. En una comida, Napoleón brindó ala salud 
de la reina de Prusia, tras de haberla tratado en sus boletines con poquí- 
simo decoro. 



DE \ * POLEO N 

Ksln princesa lle^ó áfilsitt el f. de julio á la* doce . 
pues Napoleón fué a visitarla, tycese que insinuó en atemperar la» comli 



S6S 

i do* horas des 




. iones de paz relativas á su corona ; mas a pesar del atnn-tivo ron <pi<* la 
natnralea > la edocacion la habían dotado, eú inda logro alterar las de 
lennínaciones ajustadas ya á su llegada. F.l s, so Bnno el tratado de paz 
por el cual la Francia hacia reconocer el bloqueo continental . los reinos 
de Sajonia. Holanda y Wesfalia (este último planteado para Jerónimo a 
espensas de |a l'rusia , el llanóvcr y el Hese i y el gran ducado de \ ai so 
\ia que entraba en la confedcrVion del Km. de la que Napoleón quedaba 
prodaiDadoproleefor |»or las grandes potencias «Id norte, contra I»-- que 
se bahía constituido principalmente aquella alianza. 

Vntes de marchar de Tilsjtt, Napoleón mando que le i resentasen el 
soldado mas valiente de l.i guardia imperial rusa . > le dio el amula de oro 
de la Lejion de Honor como una prueba de mi apre ¡o para con aquel 
cuerpo llégalo su retrato á Plato* . hetmán de los (.osaros \ lumia» bas 




cbires, enviados por Alejandro, le dieron un concierto, según estilo de 
su pa»s. 

El 9 de julio, á las once de la mañana, Napoleón, condecorado con el 
gran cordón de la orden de San Andrés, pasó al palacio del emperador de 
Rusia á quien halló capitaneando su propia guardia y revestido con la gran 




h I \ tpOl I «>\ '.(,', 

« itmlr. -nractal «lo In li-jion «Ir Honor lv*pnr* «Ir h.ibrr nawlo Irr» horns 
junio*, montaron • ■•!)• unm »r.»n É Im onll.n dri Ni-uun. doa 

mbtrn) fclejandro Napoleón le siguió eon li tWa baria la orilh 
opuesta en prueba dt wrirtml Poco deapaca habiendo Uranio H rr) de 
I'imm i .1 vene ron d eajperador di loi r>aneeaN,eatetr nagri pioni.immi»' 
mi \ i «. 1 1 n \ ni irrbb M Nfliidí |»íirn konic*l>rrg 







CAPITULO XXVI. 



Regreso de Napoleón á Paris. Sesión del cuerpo lejislativo. Supresión del 
tribunado. Viaje del emperador A Italia. Ocupación de Por- 
tugal. Vuelta de Napoleón. Cuadro de los progre- 
sos de las ciencias y artes desde 1789. 




a permanencia del emperador en la an 
tigua capital de la Prusia fué de pocos 
dias. Marchó eH 3 de julfo y llegó el \ 7 
á Dresde, acompañado del rey de Sajo- 



¿¡ nia que le habia salido al encuentro eo 



Bautzen , al coufln de sus estados. El 
27, Napoleón se hallaba 8e vuelta en 
San Cloud. 
Éfseñado7eÍ tríbunadoTel cuerpo lejislativo, el tribunal de apelación, 



ÜK NAPOLEÓN BOfl 

• I clero, el ayuntamiento, en una palabra, toda» la* autoridades civiles 
^ mi litares ó eclesiástica* tributaron á porfía «n« parabienes a los pies del 
mnnnrra victorioso. 

Kl emperador quiso realzar su roercsn ron promociones y reeompen 

I iilino la dignidad de senador É los jcneralcs do división Klein y de 
llcaumont . á los tribunos ('.urce y Fabrc del Ande, al arzobispo de Turin 
\ i uno de los alralilcs de Taris llamado Mr. Iniponl F.l principo de Be 
miento. Tnlleyrand. fué nombrado \ ice sumo elector ; el principe de 
Noufohalel, Bcrlhicr, mereció el dictado da rice condestable. 

El 15 de aposto . dia de su santo , el emperador ecbó el resto de su boa 
to pasando á Nuestra Señora, en donde se entonó un 7> Dmm en acción 
de gracias por la paz de Tilsitt. 

t na diputación del reino de Italia vino á juntar su enhorabuena eon 
lis de lo* ruernos preferentes del imperio . mostrándose Napoleón muy 
papado. • Complacidísimo be estado durante la última campaña por el des 
empeño que lian acreditado mis tropas italianas. Por la primera \<v. al 
¡abo de tantos siclos . los Italianos se han presentado bizarramente en el 
grandioso troatro del mundo: confio en <jue este principio venturoso será 
un estimulo de competencia para la nación , y que las mujeres mismas ori 
liaran rdlá esa caterva ociosa que pasa la vida en los tocadores, ó á lo me 
nos que la admitirán tan solo enramada de laureles y cubierta de hidalgas 
cicatrices. Por lo demás espero antes del invierno ir á dar una vuelta i 
mis estados de Italia • 

la apertura del cuerpo lejislativo se verificó el lf> de agosto. El em 
porador asistió á ella, y resumiendo en una palabra toda la grandeza de 
la Francia, pronuncio estas palabras memorables: « Me engrio sobrema- 
nera en descollar sobre vosotros. » Mas en seguida tras aquellas palabras, 
prorumpió Napoleón en un abono impensado de los dictados imperiales 
que había ido planteando para dar pábulo á vanidades de otros siglos. Se 
pun él. estaba ansiando el «atajar toda renovación de títulos feudales, in- 
compatibles con nuestras instituciones ; » como si el restablecimiento de 
los títulos endiosados por el feudalismo pudiera conceptuarse en realidad 
como un obstáculo á su regreso, por cuanto no se atrevian á añadir cier 
tas regalías insufribles, particularmente al irlos desenterrando bajo el 
concepto de¿iereditarios. esto es, encontrados con el siglo XVIII y la re 
volunon francesa. 

Por lo demás, la institución de una nobleza hereditaria era consecuen- 
cia de la fundación de una dinastía. I>espues de haberse apersonado en 
cierto modo como restaurador déla potestad derribada, según él doria, en 
la sangre y el cieno. Napoleón se dejó llevar del contraresto que encabezó 
á favor del orden y de la conservación. Conceptuando ceñirse á los limites 
déla racionalidad, se desentiende hasta lo simio de UN dictámenes, asi 

17 



570 HISTORIA 

como se lisonjea de no encumbrar mas aristocracia que la del mérito cuan- 
do plantea grandezas de nacimiento y se empeña en habilitar al intento su 
nuevo imperio , apoyándolo cabalmente sobre los andamios carcomidos 
que se estrellaron violentamente medio siglo atrás bajo el peso de la mo- 
narquía de Carlomagno. 

En su discurso de apertura , el emperador habia participado también 
algunas modificaciones en las leyes constitucionales. Podia asegurarse de 
antemano que el resultado de tanto cavilar seria el ir dilatando su dicta 
dura y que trataba de debilitar, y aun destruir cuanto aparentaba un le- 
jos de representación, fuera del absolutismo real y positivo que cifraba en 
su misma persona. El tribunado quedó suprimido, á pesar de lo muy celo- 
so que se habia mostrado en estar encabezando propuestas monárquicas; 
su nombre solo hubiera bastado para acarrearle desventuras. Un instituto, 
cuyo oríjen y denominación estaban de continuo recordando el sistema 
republicano, mal podia tolerarse por mas tiempo al par de los duques y 
príncipes que la munificencia imperial iba resucitando encantadoramente 
en torno de su solio en la persona de los mas decantados detractores y de 
los mas temibles enemigos del antiguo blasón. Por lo demás, los tribunos 
mostraron una resignación ejemplar ; pues mas palaciegos que nunca, die- 
ron gracias y bendijeron la mano que los malhería, aparentando abonar 
al emperador, probando ante la Francia que la supresión de su cuerpo en 
nada podia desmoronar las libertades nacionales, quedando tan solo una 
mentira menos en la constitución del estado. 

El emperador hizo también algunas variaciones en la organización del 
cuerpo lejislativo y en la forma de sus deliberaciones. Exijióse que los 
miembros de aquel cuerpo tuvieran cuarenta años, y su vida política que- 
dó concentrada en tres comisiones que debían conferenciar con las comi- 
siones del consejo de estado sobre tal cual proyecto de ley cuya iniciati- 
va se reservaba esclusivamente el gobierno. En esta sesión quedó votado 
el código de comercio. 

Continuaba la guerra en el norte entre la Francia y la Suecia. El 49 de 
agosto, los Franceses tomaron la ciudad de Estralsundo, y habiendo capi- 
tulado la isla de Rugen el 5 de setiembre siguiente, se redondeó la conquis 
ta de la Pomerania sueca. Mas no por esto quiso el rey de Suecia separar- 
se de la alianza inglesa. 

Con sumo disgusto estaba viendo Napoleón el Báltico abierto al comer- 
cio británico y la corte de Estocolmo obstinadamente rebelde al bloqueo 
continental. Pero habia otro reino cuyas constantes relaciones con la In- 
glaterra contrarestaban mucho mas el sistema francés; y este era el de Por- 
tugal. La casa de Braganza, unida ya por intereses comerciales, ya poraíi 
nidades políticas, se avino á cuantas demandas le imponía el gabinete in- 
glés, y no hizo el menor caso del decreto de Berlín, aun al declararse de 



DE N U'MI.I o\ :»7I 

nlicioca rsi.nlo de hostilidad respecto a la tiran Bretaña para engañar 
mejor á Napoleón. Ksla infidelidad con la alianza francesa fin- dcMOMÚ 
da ante la Kuropa por el emperador , quien envió nn ejercito á Portugal i 
l \$ órdenes de Junot, después de haber tratado con la corte da Madrid pe 
rael paso <!<• lai tropas imperiales por España 

Mientras que Jonot se encaminaba al Tajo . Napoleón trataba da m»i 
lar otra vez las orillas del Po y del Adriático. ViiIcn de su marcha recibió 
en solemne audiencia al embajador de Persia. que había llegado i París 
trayendo magníficos presentes para el emperador, álos pies del nial de 
pósito, entre otras preciosidades, los sables de Tsmerland) de ihamas 
Kouli-kan. 




Napoleón salió de París el tfi de noviembre (t807), y llegó á Milán el 
'¿I . Pocos dias después, la guardia imperial, enramada con los laureles de 
Austerlitz, Jena y Kriedland, verificó su entrada triunfadora en la capital 
Su llegada tyé la señal de grandiosos regocijos. I as autoridades parisién 
s««s quisieron solemnizarla en la casa del ayuntamiento, y el senado en su 
propio palacio. 

Kl emperador se detuvo pocos dias en Milán, pues ansiaba el darse a 
conocer i los nuevos subditos que le habían cabido en el tratado de Pres- 
bureo. Lleco á Yen.viu el 2'.) de noviembre, el mismo día en que Junot, 
después de haber cruzado la España, se apoderaba de Ábranles, primera 
ciudad «le Portugal. Al día siguiente, el ejercí' o francés desembocó en Lis 



372 HISTORIA 

boa, desamparada por la familia real, á presencia del vecindario despavo- 
rido, para embarcarse en la escuadra inglesa y retirarse al Brasil. 

Después de haber recorrido los estados venecianos y la Lombardía , 
y haberse avistado en Mantua con su hermano Luciano, cuya hija ideaba 
casar con el príncipe de Asturias , volvió Napoleón á la capital de su reino 
de Italia. Allí publicó varias cédulas que conferian el dictado de príncipe 
de Venecia al virey Eujenio Beauharnais, y el de princesa de Bolonia á su 
hija Josefina; Menzi, ex-presidente de la república Cisalpina, quedó nom- 
brado duque de Lodi. Después que Napoleón dio lectura en estas actas al 
cuerpo legislativo italiano, tomó él mismo la palabra y se espresó así: 

«Señores los possidenti, dotti y commercianti , me complazco en 
veros junto á mí solo. De regreso después de tres años de ausencia, me em- 
beleso con los adelantos de mis pueblos ; pero ¡ cuántos cabos quedan por 
atar todavía para enmendar los yerros de nuestros mayores y constituiros 
dignos de los destinos que os estoy disponiendo ! 

« Las divisiones intestinas de nuestros antepasados y su menguado 
egoísmo fueron acarreando el malogro de todos nuestros derechos. La pa- 
tria quedó desheredada de su solar y señorío , la misma que en siglos re- 
motos habia traspuesto tan á lo lejos el timbre de sus armas y el esplen- 
dor de sus prendas. Mi nombradía se cifra en que se reconquisten aquel 
esplendor y aquellas prendas. » 

Estas palabras se oyeron y vitorearon con sumo alborozo por los dipu- 
tados italianos, cuya división en hacendados, sabios é industriosos corres- 
pondía mejor, digámoslo así, que la organización del cuerpo lejislativo 
francés á los varios jaeces de intereses y de capacidades, cuyo predominio 
en la sociedad podia sincerar ó aun precisar á la representación en la po- 
lítica. Pero esta diferencia en el mecanismo constitucional de dos pueblos 
subordinados á un mismo dominio, sujetos bajo el mismo cetro, se alcan- 
za con la particularidad de que en el suelo de Italia, Napoleón, hijo de la 
revolución, habia arrancado la potestad al réjimen antiguo, al paso que 
en Francia habia destronado á otros revolucionarios. Con efecto, en Mi- 
lán , Bolonia y Venecia , como en el resto de la Europa , sus enemigos 
naturales eran la aristocracia y el clero, sobre cuya postración habia fun- 
dado el poderío francés ; los patriotas salidos de las clases intermedias 
eruditas y laboriosas eran sus arrimos forzosos. Al contrario en París se 
acordaba siempre de que habia conquistado el solio en San Cloud á los 
republicanos y á los alumnos de la filosofía moderna. Propendía siempre 
por tanto á conceptuar por sospechosos y tratar de cavilosos á los sujetos 
formales qne hablaban de libertad en sus escritos y se afanaban en espe- 
culaciones políticas; de ahí el destierro de madama de Stael, la desgracia 
de Benjamin-Constant, el menosprecio deTracy, Volcey, Cabanis, etc. , 
y finalmente la supresión del tribunado y de una clase muy principal del 



DE NAPOLEÓN 37.- 

Instituto. IíOS dotti del reino de Italia no eran mas qnc melafisicot de 
aquella partede los montes; tan cierto es que había dos hombre* ó mas 
bien ilus pápele* en Napoleón, según se hallaba en presencia de extranjeros, 
ó «leíante de la Francia. Reformador en la organización de los paises con 
quistados, se trocaba 80 conservador cuando se trataba de la administra 
n. tu intima del imperio ; en variando de paraje acá o acullá de la raya ó 
del interior, incurría en esta contradicción; con cuyo motivo ha dicho 
Mr. de Chateaubriand que • tan pronto daba un paso con el siglo como 
cejaba hacia lo pasado. ■ 

Desde la paz de Tilsitt . la Inglaterra, á quien el emperador Ale jan d ro 
habia tratado infructuosamente de reeonciliar con la Francia, no habia 
hedió mas que poner mayor ahinco y encarnizamiento en sus resolocio 
oes guerreras, Fnfurecida con la incorporación formal de las potencias 
principales del norte al bloqueo continental, habia rechazado tenazmente 
la intervención del czar y enviado veinte y siete bajeles y veinte mil hom 
bres al Italtico á las órdenes de lord Oathcart para precisar al rey de Dina 
mana á que entregase su escuadra en clase de deposito. No pudo menos 
aquel principe de rechazar tamaña solicitud, pero el almirante infles ha 
bia respondido á su noble resistencia bombardeando a Copenhague, a lo 
cual se siguió la capitulación inmediata de aquella capital y el allannmien 
to de la escuadra dinamarquesa. Al saber tan horrorosa violación del de 




574 HISTORIA 

recho de jentcs, que los Ingleses andaban repitiendo por todas partes y 
bajo todas formas contra la neutralidad desvalida, Napoleón determinó 
completar el sistema de represalias entablado después de la batalla de .le- 
na; y el decreto de Milán dio al de Berlin toda la estension estremada que 
las circunstancias estaban al parecer exijiendo. En él declaró el emperador 
« desnacionalizado » todo buque que se allanase á la providencia violenta 
por la cual el rey de Inglaterra acababa de poner todos los puertos de la 
Francia y de sus aliados en estado de bloqueo, y dispuesto el rejistro en el 
mar de todos los bajeles europeos encontrados por los cruceros británicos. 
Nuevas combinaciones territoriales llamaron también la atención del 
emperador durante su residencia en Italia. La Toscana y las legaciones es- 
taban destinadas á formar parte del imperio francés. Después de tenerlo 
todo dispuesto para esta reunión, tomó el camino de Francia, y al atrave- 
sar los Alpes se detuvo en Chambery. Allí le aguardaba un joven para pe- 
dirle que suspendiese el destierro de su madre; este mozo era M. de Stael. 
Napoleón le franqueó acojida graciable, pero se mostró muy adusto con 
la hija de Necker y con Necker mismo. « Vuestra madre, le dijo, debe ale- 
grarse de estar en Viena; tendrá tiempo para aprender el alemán No 

digo quesea una mujer mal intencionada Tiene injenio, quizá de so- 
bras; pero es un talento desbocado. Educóse en el laberinto de la monar- 
quía ruinosa ya y la revolución, y con aquel conjunto revuelto puede ser 
perjudicial. Aquella cabeza acalorada puede hacer jente, y no puedo me- 
nos de cortarle los vuelos. No me quiere bien, y por interés de los que iria 
comprometiendo, debo no dejarla volver á Paris Tremolaria su ban- 
dera en el arrabal de San Jerman.... Prorumpiria en chanzonetas, que si 
para ella no son de entidad, para mí la tienen y grandísima. No es mi go- 
bierno de burlas, sino al contrario muy de veras ; forzoso es que así cons- 
te, y haréis bien en decírselo á todos. » El mozo Stael afianzó los intentos 
de su madre como ajenos de causar la menor zozobra al gobierno imperial, 
ciñéndose á unos cuantos amigos cuya lista se pasaría á la aprobación del 
emperador ; y luego añadió : « Algunos me han dicho que vuestro des- 
temple contra mi madre provenia de la última obra de mi abuelo; empero 
puedo jurar á V. M. que ninguna parte tuvo en ella. — Así es positiva 
mente, replicó el emperador , esa obra ha contribuido en gran parte á este 
resultado. Vuestro abuelo era un cavilador, un loco, un vie 5 o maniático. 
Querer á los sesenta años derribar mi constitución y fraguar planes para 
otra nueva ; á fe mia, bien gobernados estarían los estados con jente siste- 
mática , que conceptúan á los hombres por sus libros , el mundo sobre 

los mapas Los economistas son unos almanaqueros, unos soñadores 

de planes sobre hacienda; no alcanzaran á desempeñarel cargo deun cobra- 
dor en la menor aldehuela de mi imperio. La obra de vuestro abuelo es 
parto de un anciano caprichudo que ha muerto machacando sobre el go- 



DE NAPOLKON r>7.i 

bienio <lc los estados • testas palabras, el ateto de Néctar se iosralo,éifl 
icrrumpieodo al emperador, le dtyo iqoesia duda algún mal intenciona- 
do le había POterado ^Diestramente de aquella obra, y que no la habría 
leído por si mismo, porque su abuelo hacia justicia al mimen de Napo- 
león. — Kn eso estaii equivocado, le dijo resueltamente rl emperador; yo 

mismo la he leído de la cruz ala fecha Sí; bonita Justina mehaee; me 

llama el hombre preciso, y según él , lo primero que debiera hacerse Cae- 
rá (putar de enmedio al varón imprescindible si. yo era preciso, indi* 
pensahle. para ir enmendando todos los disparates de mestTO abuelo, para 

borrar el daño que causó á la Francia Kl fué el causador de la retóla 

cion tcabÓM para siempre el reinado de los enredadores ; quiero snb 

ordmacion. Respetad la autoridad, por cuanto proviene de Dios Sois 

mozo; si tuvieseis mi esperiencia, os enteraríais mejor de todo. Vuestra 
lisura me ha prendado, lejos de disonarme: me gusta que un hijo abogue 
por su madre.... A pesar de esto no quiero esperanzaros engañosamente. 
\ DO me cabe encubriros que nada conseguiréis. • M. de Stael se retiro, \ 
el emperador prorumpio después con Doroc : • ¿Me parece que he estado 
algo adusto con ese joven?... Conceptúo que si. Pero al cabo me alegro, 
pues otros, labiéodok) , no volverán. Esas jentes andan tiznando cnanto 
practico . porque no me comprenden » 

Napoleón llego á Paris el l\ de enero de 1808, y tres días después 
visitó, acompañado de la emperatriz Josefina, al célebre pintor David en 
su obrador, para ver el cuadro de la coronación 





376 HISTORIA 

En el discurso del mismo mes, dio estatutos definitivos al banco de 
Francia é incorporó Flesinga y sus dependencias con el imperio. Aun no 
estaba zanjado el negocio de Portugal , pues aunque estaba ya absoluta- 
mente sojuzgado por las armas francesas, sin embargo Napoleón no quiso 
precipitarse. Se contentó con organizar un gobierno provisional , á cuyo 
frente colocó á Junot, con el dictado de gobernador jeneral, por medio de 
un decreto del I o . de febrero. Al dia siguiente, confirió igual título á su 
cuñado el príncipe Borghese para los departamentos situados á la otra par- 
te de los Alpes. 

El instituto nacional desempeñó por entonces un encargo muy trascen- 
dental que le habia cometido el emperador en uno de aquellos momentos 
en que el numen del hombre, exento de las pasiones del monarca, se preo- 
cupaba todo con los intereses jcnerales de la civilización. Cada una de las 
tres clases de este ilustre cuerpo presentó un informe sobre los adelantos 
hechos en la parte de los conocimientos humanos que le competía. El 




I)K \ IPOLBOK 577 

cuadro histórico contenido en el conjunto de esto» informes fue Abarcando 
las ciencias, las artes y las letras desde el aftodi tTS'j < bata fué el que 
informó por laclase que representaba la antigua Academia francesa; De 
lambre] Gnvfer espusieron los progn concias físicas y materna 

ticas; Itacier habló en nombre de aquella parte del Instituto que forma hoy 
dia la Academia de las inscripciones \ bl8Mtletrat, > I .ebreton presen- 
tí» el informe de la clnse de nobles artes. las tareas del Instituto se con 
servarán como un monumento de la grandiosidad del pueblo que. en me 
dio de las tormentas de la guerra civil y de las incesantes zozobras de la 
guerra estranjera , había cultivado con fruto el dominio del injenio y se 
había encumbrado en la triple carrera del erudito, del literato y del artis- 
ta, cuando la Kuropa y el mundo lo cretan eselusivamente guerrero. Tam 
bien aera una contestación elocuente á los detractores de la resolución, y 
por consiguiente un descargo indirecto de cuantos contribuyeron como 
Necker, tan ajado por el emperador, con sus teorías económicas y sus pía 
nes de hacienda a la esplosion de aquella gran crisis ; pues por mas que haya 
(tiebo Napoleón, los metafisicOS han desempeñado su tarea tan bien como 
los conquistadores ; unos y otros han podido extraviarse al fin , tras ha 
l>er sido por un momento los hombres de su siglo. I-a sociedad renueva 
en su rumlx) arrebatado sus guias . mas no debe menospreciar á cuantos 
deje detrás, porque no les fué dado poderla seguir siempre. Necker, ridi 
culo en 1808 para los ojos de Napoleón, que representaba la Francia de 
entonces, habia sido llevado en triunfo por la Francia de t78í) 



,s 



-í*** -—"A 




<\IMTUU> XWII. 



Negocio» de España. 




esde algún tiempo la revolución Trance sa 
tenia ya arrollado el nprte de Europa ; p ero 
el mediodía estaba mas bien sojuzgado que 
convertido. El desagrado violento que ha- 
bía ido causando á su oríjen en todas las 
cortes, si bien se habia sofocado por la fuer- 
za de las armas , quedaba allá abrigado re- 
cónditamente en los pechos; y así en Madrid 
como en Lisboa y Viena, ÍJerlin y Peters 
burgo, el Olosofisraoera un vecino fatigoso, y sobretodo debia serlo para 



i»K n ir ni m>> 

clsantooi i- h mijuiMniM» Constábale nal i Nipoteow Sabia 

gabinete español . lo nu»ino ipi.- el de IttStria, 'Mal i pronto adcrlarar 
* »li ido de 1,1 h iism . Rnaia •• Inglatci 1 1 en inda I » b ■»' «n i di temí oVjó 

l.i enhaaeinn .1. -mIuh iid.i I M proclama dd pi Incipe de la l»a/ ' el rrH>rr 

lo] i» ■!" i 'I' i cu bier to lai segundas inteocionea Hlradeseí H toconal 

\qnH manifiesto atropellado perdió al eobimio «!•* CArion l> . fuel. 

i I.i .mii lodasla* orjeneÚM de Napoleón |»ara que <e I. amj 
mnlaseu las disposiciones hostila que había dado mmpo para «pie «e Ir 
malicianui. 1>«* aquí multó el novio «lo na cuerpo auxiliar A lira 
l >s ordena d«' la Romana, y el tránsito tan tnrpom«'nte concedido a la* iro 
pas franccfta» para h conquista de Portugal Formáronse en toda la linca 
de los Pirineos cuerpos de observación «tui diferentes nomhri 
rente destino de reformar > sostener la espedicion lusitana II ''morra 
dor no solo quena castiga! loa aolojoi \ d lenguaje p ro vocador de Ijwuv 
«noque trataba de escodarse para lo venidero nV cualquier ademan ofea 
*ivo por parte ilc las potencias nerküoi des, en d raso «l« nuevos desa 
raimientos con 1 1» njoaarqiiiai del nortr Preocupado todo eoi d cumplí 
miento riguroso «l«- I »> decretos de Horhn \ de Milán mi srvrml.nl en 
este punto se rtavaba con especialidad en los países marítimos, en talca 
coojo entrambas penínsulas \n otaban ajustadas sus paedklas en Nápo 
!«>> eu Lisboa, > mu\ adelantadas en Roma, como vefémoa mas adelante, 
pero importalai ruinripulineole doblegar al i'ntewi frasea la i ipafta, ba 
nada |n<r «los mares, gobernada p«»r un Sorbos, > lucen lobrecojtda de 
provocadora contra la Francia, leordóse pues la octiparion militar de las 
provincial > píaos septeabionaJei «le aqod romo 

i a cuerpos de observación déla lironda > de los Pirineos recibieron 
orden para marebar adelante. Kl mariscal Noncey entró en las provincias 
vascongadas . Dopool m acuarteló en \allad«»h<l.\ Dubesmese interno en 
Cataluña, llalu.i en la Península ipbre setenta mil Francesa sin contar el 
cuerpo dcJunol. > estas tropas quedaron admitidas en las plazas tuerto 
mu ninguna oposición 

1 rmnerailor no npelecícrn mas que un rcsguaido posiüto |»ara la 
Inlelidad de la «orle d> Madrid É la alcuza francesa . quiza le bnbiera 
Ims|. ui,i 1 1 ocupación de estos punto predominanta Pero la aituaboo m 
trnor de l.s^oi i \ los toan minutos palaciegos ocurridos en el Ksconal 
alteraron su plan primitivo y ofrecieron i mi ambición > a su inventiva li 
coyuntura de incorporar la nación española coa el pueblo frano - no 
solo |>or medk) de una imasion permanente, sino con una revolodoa 

la menaiipiia de reírlos IV se hallaba á h sazón av as al l ada por uno 
de aquellos eola que i>i.>s mi, i. , olocar en el timón de lo* amomi 
\ uel.i» permite para mi rejencracion . n la familia real vacia laminen e\ 
baosta > menoscabada la sangre •!•• Luis \l\ s,- mancillaba a b ía/dH 



580 HISTORIA 

mundo; el descoco de un privado y la desfachatez del vicio merecían los 
rendimientos de la arrogancia castellana; se habia encumbrado á lo sumo 
el desenfreno de la potestad, inevitable precursor de su esterminio; el que- 
rido de la reina era el privado del rey y el tirano de España; Godoy avasa- 
llaba, envilecia y anonadaba un augusto linaje cuyo destino estaba ya 
cumplido. « Su privanza, dice un escritor adicto á los Borbones, no tenia 
coto con la familia real , su poderío era el de un dueño absoluto ; los te- 
soros de América estaban á su disposición y los empleaba en indecorosos de- 
vaneos; en una palabra, habia trasformado la corte de Madrid en una 
mancebía de aquellas á donde la musa indignada de Juvenal condujo á la 
madre de Británico. 

Estaba en suma retratando al vivo la fealdad rematada del siglo. La 
protección divinase habia desentendido del reino de Pelayo, como habia 
también desamparado poco antes el trono de Clodoveo. Cupo también á la 
España su temporada de nuestra rejencia. El cieno encubría las muestras 
del santo oleo sobre frentes abru ¡nadas con el peso de una corona enmo- 
hecida y afrentada. Mas no era tan solo el trono el queyaciacon los acha- 
ques de la exánime decrepitud. Aquella pujanza de la edad media se ha- 
llaba yerta en todas las partes del cuerpo social. La nobleza y el clero , 
arrimos naturales y auxiliares de la potestad real en los dias de su esplen- 
dor, adolecían al par de las dolencias de la ancianidad. También habia 
llegado á la otra parte de los Pirineos la hora postrera del antiguo réji- 
men ; Napoleón se conceptuó llamado á dar la señal y á tocar el tremen- 
do clamoreo de sus funerales. 

Al principio solo habia tratado, repetimos , de escudarse militarmente 
con la fidelidad de un aliado sospechoso ; pero cuando vio que la familia 
real se estrellaba con el escándalo y la discordia , cuando vio al pueblo 
azorado con las revoluciones de palacio, á Carlos IV y á Fernando implo- 
rando á sus pies uno contra otro la protección de la Francia , al rey y la 
reina denunciando á su hijo , y al hijo desacatando á entrambos , com- 
prendió cuanto mas podia hacer en España que ocupar plazas fuertes, y 
que habia llegado el trance demudar la traza lastimosa de aquel precioso 
y ameno pais, juntándolo estrechamente con su imperio, entronizando en 
Madrid las máximas francesas , ora bajo el nombre de Carlos IV, ora 1 ajo 
el de Fernando ó de cualquiera otro pretendiente que le cuadrase elejir. 
Con este objeto dirijió al mariscal Bessieres con veinte y cinco mil hom- 
bres á las provincias vascongadas para reforzar á Moncey y Dupont, y 
dio el mando en jefe de la espedicion á Murat , quien trasladó su cuartel 
jeneral á Burgos á principios del mes de marzo. 

Luego que se supo en Madrid la aproximación de los Franceses , el 
pueblo clamó traición , y la corte huyó á Aranjuéz. Godoy, que se habia 
lisonjeado por un momento de haber engañado á Napoleón y haberle in 



I)K NM'OI I n\ .Vil 

do pof <i . vino a cooooa mi devaneo ) aeoeeejó ooberdfaentc -i 
Carlos IV que imítatela caea de Bragania ] m retii >-• i l.i \m. n.-a «pé- 
ñola. Kl rey, que no sabia masque obedecer a M privado, consintió ■ 
salir inmediatamente para Sevilla . pero lo» preperativoa «lo marcha lasü 
marón el engreimiento castellano, i ns sospechas dekalevosia que andaban 
cuodieodo sobre el príncipe de la Paz. se corroUnarou v enardecieron . 
• I I'» de marzo estallo lasaña narional. \a casa <lel privado qnodo allana 

I 




tía, y solo pudo esrapar a una muerto cierta saltándose en un desván. Kn 
tomes (irlos IV. que había procurado aplacar al pueblo anunciándole 
que el principo do la Paz consentía en hacer dimisión de lodos sos crnpleoa, 
luvo qoedepoaer la dignidad real. Publico una aota solemne de renuncia 
á favor del príncipe de vstnrtas, el cual lomo al punto el nombre ' 
nando Vil. y empezó su reinado confiscando los bienes de i.odoy . á quien 
bebían encarcelado para procesarlo 



382 HISTORIA 

Apenas llegó a Burgos la notieia de estos acontecimientos, cuando 
Mural marchó atropelladamente sobre Madrid, en donde entró el 25 de 
marzo al frente de seis mil hombres de la guardia y de los cuerpos de Du 
pont y de Moncey , asombrando al vecindario, que no por esto se mostraba 
despavorido. 

Al dia siguiente, Fernando Vil marchó de Aranjuez para celebrar tam- 
bién su entrada en la capital de las Españas. El mudo silencio con que 
habían sido recibidos el dia antes los Franceses se trocó en entusiasmo á 
la aproximación del nuevo rey. Toda la población le salió al encuentro, 
ansiosa de aclamar al príncipe que la libraba del yugo afrentoso de Godoy. 



■ 




El cuerpo diplomático sancionó con un paso oficial los sucesos de 
Aranjuez, no teniendo escrúpulo en reconocer al rey nuevo. Solo el cm 
bajador de Francia evitó su avenencia, mancomunado con Murat. Sin 
embargo el jeneralisimo francés envió un mensaje á Carlos IV, ^segurándo- 
le su resguardo y ofreciéndole su auxilio. El monarca anciano solo pensó 
al pronto en salvar y recobrar ásu predilecto. «Su única culpa, decía, es 
haberme sido muy adicto durante toda mi vida; la muerte de mi desgra 
ciado amigo ocasionaría lamia. » * Y Godoy fué puesto eu libertad por los 
amaños de la reina y sus regalos á Murat. 

Carlos IV protestó después contra la abdicación que le había arrebata 
do la supuesta insurrección; denunció al emperador la violencia que ha 



|»K MPnl ion 583 

|)ia padecido ni una «-arfa que entrego a Mural para que «c la 

Por mi part«\ el príncipe di Asturias escribió también á Napolm 

dn -«ii poderosa intervención k favor del padre, queriendo «inrrrar lo» 
acontecimientos que le habían eoloeado ron anlinparion en el trono y 
poner su autoridad asomante hijo el resguardo «Ir h alianza francesa 
tkHnprendio Napoleón , al rcdbo fa estas dos certas, que los supuestos 
ilii. nos de Ja monarquía española la postraban ante sus planta*. lacapacc* 
ambo* de sobrellevar la carga; pero le infundí* /<>/.»l>ra v teníale «un 
suspenso el tesón del pnebk) español • Koimii, le escribia a Moral en 
20 de marzo, que baste presentar tropas pora sojuzgar la • -y ina la re 
volnrion del '¿o de marro prueba que hay pujaría en lo* Kspaftoles 
Li aristocracia y el clero son dueños <!<• la España si caducan mis prmlr 
jios j mi existencia . liaran contra nosotros levantamientos en «lobo 
la España tiene mas de non mil hombres armado- \ i sto rs mas óV lo 
que »«• necesita partí sostenei con ventaja una mirria interior l>n ululo* 
«n miu Ih<s puntos . pueden s««i\u de animo al levantamiento total de h 
monarquía (1s maniflesto ri rú mulo de obstáculos que son inevitables; 
olios ha\ ipii- vos mismo conoceréis, l.a Inglaterra no malogrará i 
\ untura de redoblar nuestros apuros < orno la (amiba real no se ba 
maullado de España para ir I residii en las Indias, solo una revolución 
puede cambiare! estado de es.- país tcaso en toda Kuropa es el que esta 
menos dispuesto parad intento Punió hacer muebo hiena la España 
on creces de mi imperio ¿Poro cuales son io> mejores medios que hay 
ipil 1 lomar? ... 

«¿Iré a Madrid' Mr parece arduo el reenlrnnizar á «arlos IN : su 
gobierno] su privado yacen tan desconceptuados que apenas se sosten 
•Irían tres mese* 

« Fernando es enemigo de la Francia, y por eso le han nombrado re\ 
Comearle en el trono será favorecer á los bandos que hace veinte \ cinco 
■nos están pidiendo el esterminio de la Francia. Creo que es forzoso 
dar tregua \ que eoni iene aconsejarse con los acontecimientos une han de 
sobrevenir Be dado orden i Savarv para que vaya a la inmediación 
del nuevo rey y asentan di* lo que pasa Se entenderá con vuestra altiva 
imperial. Harén de modo que los Españoles no alcancen ;: maliciar el 
partido que junare, lo cual no será difícil . pues yo mismo no lo 
le*, dirris qin- • I . •mperador está deseando que se perfeccionen li-uis 
litiii iones políticas en Kspafta . para relacionarla con el estado de civiliza 
ciou de la Kuropa. que la K-spaña tiene que renovar la máquina •!•* su 
gobierno \ que necesita leyes que escuden a los ciudadanos de las arbitra 
nedades y lar. usuriucionc* del feudalismo . inslilu. iones que fomenten 
la industria, la agricultura y la- artes I es retratareis el sumo mk^o y 
bienestar que está gozando la Francia a pesar de las guerras en .pie sr 



384 HISTORIA 

halla empeñada; el esplendor de la relijion, que debe su establecimiento 
al concordato firmado con el papa. Les demostraréis las ventajas que les 
redundarán de una rejeneracion política : el orden y la paz en el interior, 
el aprecio y el poderío por de fuera. Tal debe ser el tema de vuestros dis- 
cursos y de vuestros escritos No deis paso alguno aventurado. Puedo 

aguardar en Bayona y pasar los Pirineos Ya cuidaré de vuestros inte- 
reses particulares , no penséis en ellos... Os estáis ahí atropellando en de- 
masía con vuestras instrucciones deH4 Si se encendiera la guerra, 

todo se perderia. A la política y á las negociaciones toca zanjar la suerte 
de España.» 

Antes de acordar una resolución, Napoleón quiso ver de cerca el esta 
do de los negocios y convencerse por sí mismo de las urjencias y posibili- 
dades de la situación. Habiendo salido de Paris el 2 de abril, llegó el 4 á 
Burdeos, donde permaneció aguardando á Josefina, que se le juntó el \0. 
Marcharon al par á Bayona y celebraron su entrada el dia 15. El castillo de 
Marrac , destinado para presenciar un acontecimiento político de mayor 
cuantía en nuestro tiempo , fué por algunos meses la residencia imperial. 
Al dia siguiente de su llegada «á Bayona, el emperador se esmeró en 
contestar al príncipe de Asturias. Suspendiendo su concepto sobre el mé- 
rito y valor de la renuncia de Carlos IV, no le dio al hijo mas que el dic- 
tado de real alteza, hablóle del peligro, para los príncipes, en avezar á 
los pueblos á tomarse la justicia por sí mismos y le apuntó el suicidio po- 
lítico que cometería y la vergüenza que recaería sobre su propia cara, si 
se dejaba llevar del afán de procesar al privado, mancillando escandalosa- 
mente á su madre. Al fin de su carta, el emperador espresaba en dos pa- 
labras el ansia de un avistamiento. Necesitaba estudiar directamente á los 
personajes para tomar una determinación. Si se hubiese realizado la fuga 
á Méjico, se hubiera simplificado la cuestión, la posición fuera menos crí 
tica y la rejeneracion de España mas obvia. Pero no mediando aquella 
ida, y triunfando la resistencia, quedaban dos reyes en vez de uno, y se ha- 
cia forzoso deslindar su paradero. El partido que debia tomarse sobre los 
negocios dependia mucho del que se tomase respecto á las personas sobre 
las cuales Napoleón no queria sentenciar hasta después de tenerlas estu 
diadas con su mirada agudísima y su perspicacia sin igual . 

El príncipe de Asturias titubeó al pronto en acceder á los deseos de Na- 
poleón. Sin embargo, mientras que algunos consejeros maliciaban un la- 
zo en el avistamiento propuesto , otros le abultaban la trascendencia de 
anticiparse al padre para con el emperador y de granjearse su voluntad , 
por cuanto las primeras impresiones se borran siempre á duras penas. Fer- 
nando cedió á este último consejo. Salió de Madrid con gran sentimiento 
del pueblo español, y se encaminó con mortal incertidumbre y zozobra ha 
cia las fronteras de Francia. A su llegada á Vitoria, quiso aguardar al em 



IM \ M <»! |i)N 5g3 

pecador; pero este no llegaba . v btt nrnimn consideraciones que habían 
conducido «I joven principe hasta llava, te arrebataron á llamona Pre 
enlose d 20 de abril, acompañado fie mi hermano l»on (arlos, en el ca* 
iillo de Mai rae, en donde pe hallaba Napoleón < .irl«»s i\ aigaao de 
ni principe de Istmias, No queriendo dejarle el rampa libreen liavona. 
tindío ron larri na y d privado pira escudarse con el emperador Kntonce? 
••I guerrero entronizado . el elejulo del pueblo, el hijo »lr la revolución 
franceai.TióaatetiderodiUai a toa d e sc en dientes de San imv l<»s ben 
devosde Pela yo, los depOSÍtaríoi de la espada del Cid . poniendo a su dis 
crecion el desuno de aquella antigua y grandiosa monarquía, coya pose 
moh haría prorumpir ron tanto orgullo a Felipe II, • que el sol M 
nía nunca en sus dominios. • ¡Qoé lección jwira la níieja Europa en este 
cuadro! Kn frente de aquellos encumbrados Pirineos que un Borboo había 
tratado en vano de allanar por medio de enlaces rejios, la edad media, de 
Jeoerada, cubierta de oprobio \ toda desvalida, ic encenagaba allí lusti 
mosamente, mendigando, ante el publico horrorizado . a la puerta del 
rastillo de Mame . algunas horas de existencia o deponer antes de morir 
los arreos de su grande/a pasada , su boato ajado y sus timbres empana- 
dos á los pies del majestuoso representante de la «loria y de la grandeza 
de la era moderna. 

Kl principe de litarías hubiera deseado una reeoneiliaeion ron su pa 
dre para entenderse y evitar la intervenrion del temible medianero que 
habían elejido. Con este intento «pliso seguir un dia á Carlos IV á su apo 
sentó ; pero el anciano monarca le dijo ron ímpetu : • Deteneos, prinripe; 
i, no habéis ultrajado bastante mis ranas? • y le rechazó. Al dia siguiente 
le echó en cara su conducta en términos mordaces en una carta cuyo con 
tenido supo Napoleón > que terminaba asi aludiendo al tumulto de \ran- 
¡na : • ivbe hacerse todo para el pueblo y nada por él. Olvidar esta máxi 
ma es hacerse reo de todos los crímenes que provienen de este olv ido. • 

Sin embargo . Napoleón habia conocido y justipreciado en pocos días 
a los dos persooaja que intentaba penetrar. Desde el primer asomo , t^r 
los IV y so hijo estaban sentenciados irrevocablemente. «Cuando Ion \i i 
mus pies, dijo después Napoleón . y pode enterarme por mi mismo de toda 
sn incapacidad , me compadecí de la suerte de un eran pueblo ; avalore* la 
coj untura míe me ofrecía la fortuna de rejenerar la Kspaña , anrUitaria 
a la Inglaterra y enlatarla intimamente con el conjunto nuestro, pues en 
mi concepto era sentar sobre cimientos duraderos j la secundad 

de 1 1 Europa. Pero ajeno de valerme de vilezas y dobleces iodecoro sa s.co- 
mo se ha dicho . si pequé, fué al contrario por un osado desembozo y un 
eserso de brio. Ix> de llayona no fué una alevosía . sino un grandioso gol* 

pe de estailo Desprecié tos medios torcidos y i ideares Me hallaba tan 

poderoso y me atreví i dar el golpe de muy alto, queriendo obrar romo 



586 HISTORIA 

la Providencia que remedia los quebrantos de los mortales por medios á su 

entender á veces violentos , sin hacer alto en sus conceptos » 

Napoleón se ha sentenciado á si mismo de un modo asombroso en estas 
últimas palabras ; pues quiso sublimarse frenéticamente nada menos que 
hasta la Providencia qué hiere á veces violentamente á los que quiere sal- 
var, sin curarse del juicio de los hombres. ¿Y cómo no hubiera obrado 
como ella, ya que al cabo solo era su ájente en la grandiosa obra de la re- 
jeueracion española , yaque estaba obrando á impulsos de otros alcances 
superiores á toda combinación de la prudencia común y se arrojó á esta 
empresa á pesar de los obstáculos que tan bien habia previsto ó apuntado 
en su carta á Murat? ¿Pero qué le hace á la Providencia, qué le hace á la 
humanidad el mero intento , si está cumplido el objeto providencial, si la 
razón humana conserva y estiende su imperio, al paso que un potentado 
pierde el suyo? 

Sí, Napoleón podrá decir un dia « que la guerra de España le perdió; 
que todas las circunstancias de sus desastres vienen á mancomunarse con 
este nudo fatal. (Memorial). • Pero al trastorno de su prodijiosa fortuna 
y de sus esperanzas dinásticas precederá una lucha de seis años , durante 
la cual los dos pueblos mas civilizados de Europa , los Franceses y los In- 
gleses, se aplazarán en España y llevarán , unos las costumbres democrá- 
ticas, otros las máximas constitucionales de su pais. Tras esto, que el éxito 
de la guerra sea definitivamente funesto á las armas francesas, no por eso 
la filosofía moderna habrá dejado de residir mucho tiempo y ejercitado su 
persuasiva muy cerca del santo oficio, abrigándose bajo la tienda de los 
aliados de España, como bajo la de sus conquistadores. Locke y Bentham 
se habrán aposentado en los campamentos de Wellington , mientras que 
Condillac y Montesquieu habrán visitado lasmárjenes del Ebro, del Man- 
zanares y del Tajo en pos de Napoleón. Y cuando las tropas imperiales se 
verán precisadas á volver á pasar los Pirineos y abandonar su conquista, 
el antiguo rejimen hallará do quiera á su regreso el jérmen de los arran- 
ques liberales, el odio á la inquisición y al monaquismo y el amor á la li- 
bertad. Entonces, tan feroz como fué cobarde, manchará su mano con 
la sangre de sus mas ilustres libertadores, porque habrán creido en la cons 
titucion que salvó su independencia. Pero toda la monstruosidad de esta 
ingratitud producirá mártires y no esclavos. No en vano habrá tenido Cá- 
diz, émula de Londres, durante seis años su tribuna nacional, y Madrid, 
Pamplona y Barcelona habrán sido poblaciones francesas. Porlier será se- 
guido por Lacy , Mina , y por el Empecinado ; luego vendrán Riego y Qui 
roga, y si el absolutismo halla esta vez un arrimo en Francia, esta alian- 
za inesperada tendrá los mismos resultados que la inglesa. Los jóvenes 
soldados de Luis XVIII completarán lo que empezaron los veteranos de Na- 
poleón. Alistados contra la constitución de Cádiz, continuarán iniciando 



.- 



MI. \ \l'n| | n\ 



:,x; 



,il pueblo español , ron su COOtactO, en log hábitos y opiniones ronslitu 

rionales, de nodo que «-I real eaonador «!«' Iraojtm . ilespne* «V hal>er 
recompensado ron presidios y cadalso* a los liberales españoles que Mipie 
nui conquistar heroicamente d ioIm qna <| había abandonado vergonzo 
Mínente, ai verá precbado en mi últíma hora a ootoeof el cairo «l«* castilla, 
I « h.i .ni i.i .Ir sus lujas, Imíjo la protección del sistema reformador á royos 
jenerosos secuaces persiguió ron lauta cruel. I ni BntóOCOI . lo repetimos, 
|mm.) importa, aun ruando nada quede del poderío personal de \ ipoleon. 
de los destinos que habia reservado á su familia; no por eso dejara «' 
IxHaneen Roropa la bandera delacifiltsacion, \ ai medio «l.iiscalami 
dadcsqoc habrán acotado ;i las janerociODearootcinpofaneas) que aun j*> 
dran dorar por mucho tieni|>o, al ral>o se eumplira d engendro dri BOOVO 
pueblo español Ksteera el principal objeto de Napoleón; asi |n aponte es 




588 HISTORIA 

presamente en su carta al gran duque deBerg, y lo ha repetido en Santa 
Helena. En la crisis en que se hallaba la Francia, ha dicho, en la lucha de 
las máximas nuevas, en la gran causa del siglo contra el resto de la Eu 
ropa, no podíamos dejar atrás la España. (Memorial.) » 

Todo va á contribuir para abreviar y robustecer la determinación de 
Napoleón. Estalla pronto una insurrección en Madrid; y aunque sofocada 
con gran derramamiento de sangre, ha dejado la capital de España en un 
estado de enardecimiento que se comunica por horas á las provincias. Ya 
no hay que titubear : los Borbones ya no podrían reinar sobre el pueblo 
español, sino bajo el antojo de los alborotos, enemigos del influjo francés. 
El 5 de mayo, Carlos IV renuncia á favor de Napoleón, y cinco dias des 
pues, el principe de Asturias y los infantes Don Carlos, Don Antonio y Don 
I-Yancisco ratifican esta abdicación y renuncian todas sus pretensiones al 
trono de España. El monarca anciano se retira á Compieña con la reina y 
el inseparable Godoy ; los infantes pasan á Valencay. 

Este abandono de la corona, hecho por Carlos IV y sus hijos, remata 
el despecho español. Jeneralízasc la insurrección, fórmansc por todas par- 
tes juntas para organizar y dirijir la defensa del pais contra la invasión es 
tranjera. Reúnese en Sevilla una junta central , y los Españoles en globo , 
según espresion de Napoleón, se portan pundonorosamente. 

Este gallardo ademan correspondía á las previsiones del emperador ; 
pero una vez empeñado ya, no podia retroceder, y además contaba siem- 
pre con el predominio de su fortuna y el poderío de sus armas. Nombró 
por su parte una junta, á laque confirió el gobierno de España, dándole 
por presidente su cuñado Murat. Apenas se instaló esta junta , cuando pi 
dio por rey á José Napoleón , hermano del emperador, y que ocupaba en 
tónces el solio de Ñapóles. 

Napoleón encabezó el anuncio á los Españoles de los acontecimientos 
de Bayona con una proclama en que les esponia el bien que era su ánimo 
ejecutar al admitir la cesión solemne del 5 de mayo.' « Después de una 
larga agonía, les dijo, vuestra nación estaba espirando. Presencié vues 

tros quebrantos, y trato de remediarlos Vuestra monarquía ha parado 

en caduca, y mi afán es remozarla. Mejoraré todas vuestras instituciones, 
y si me acompañáis , os haré gozar de una reforma sin tropiezos, vaive 
nes ni trastornos. 

« Españoles , he mandado convocar una junta jeneral de las dipntacio 
nes de provincia y de las ciudades ; quiero cerciorarme personalmente de 
vuestros deseos y vuestras necesidades. 

« Entonces depondré todos mis derechos , colocaré vuestra esclarecida 
corona en las sienes de otro como yo , afianzándoos una constitución que 
hermane la santa y saludable autoridad del soberano con las libertades y 
privilejios 4c\ pueblo. 



DE NAPOLKOH 599 

• Esperanzad conliado* en las circunstancia» ai túnica, porque quici.i 
que vuestros a hrtos conserven mi memoria y digan : — Ki d rejcnerudor 
de nuestra patria » 

Isla proclama m publico Hl Bayona el 'iTi de mayo, y rl A de junio si- 
guiente, un decreto imperial, dado ni la misma ciudad, llamo á José Napo- 
león ni trono de las Espauas y da las launa. Bateprtaeipc no i.udo en lie 
par Antes do pasar a Madrid, permaneció algún tiempo junio al 
dor, y aun indinó «mi Bayona las dipotacMoei que Mural tema 
■ I. - nviarlc do lodas las provincial sujetas ya n las armas francesas. Ka 
cata ciudad M reunió e) r. de julio la junta jrnrral oon^ornda por Napo- 
león. Se presentó a esta junla una constitución pautada por la del nñ Mil 
y se adoptó al punto! 

Pero osla no en mas que una represen tarion postiza del pueblo espe 
nol. Algunos jonerales franceses la dieron demasiada importancia. creyen 
do que bastaría para sojuzgar la España, ó al menos para reducir al estado 
de mero alboroto, laril de sofocar, el alzamiento jeneral que se organizaba 
en todos los puntos de la Península. Kste yerro fué muy aciago a uno de 
ellos El jeneral Dupont. que había tenido tan esclarecida parteen la vic 
tona de Eriodland , se separó do los demás cuerpos del ejército francés 
para descolgarse sobre Andujar y pene tra ran Andalucía, en donde la sub 
levantan hacia rápidos progresos Este molimiento, en estremo toipe. tu 
\o funestas congruencias. Apenas Bessieres acababa de ganar la acción 
de Hio Soco, y Moncey casi se habia apoderado de Valencia, cuando la 
derrota y capitulación de Baylon empanaron el esplendor de la bandera 
francesa . pregonando por Europa que los ejércitos de Napoleón no eran 
invencibles. Dupont , acorralado por llcding, rindió las armas, \ su cuer 
|H) do ejército , que constaba de diez y ocho a veinte mil hombres . quedó 
prisionero de guerrra. A esta noticia cundió el alzamiento por todas las 
ifin is provincias de la monarquía española. y el rey José creyó enmonion 
le mandar al ejército francés que se retirase á la otra parte del Ebro 

Napoleón, que habia salido de Bayona el 2*2 do julio. su|H) en ll¡!r.l..'N 
la derrota y capitulación de Dupont; y abrasado de ira dijo a uno de sus 
ministros: «Que un ejército sea derrotado, nada tiene de estreno; la 
suerte de las armas os diaria \ se repara una derrota ; pero que un ejérri 
lo haga una capitulación vergonzosa, eso es un borrón para el nombre 
francés y el timbro do sus armas. las heridas hechas al pundonor nunca 
se curan . su efecto moral es tremendo. ¡Cómo! ¡on Francos ha cometido 
la rilen de despojarse de su uniforme para vestir el uniforme enemigo' 
lia Uceado la vileza hasta consentir que nuestros soldados lúeas rejistn 
dos como ladrones. ¿Dcbia yo esperar esto del jeneral Dupont. de un hom 
bre que yo qtieria y á quien trataba de ensalzar á mariscal? Dicen que 
no habia otro medio de salvar H ejército y evitar el degüello de nuestros 



390 HISTORIA 

soldados. Mejor hubiera sido que hubieran perecido todos con las armas 
en la mano y que no hubiese vuelto uno solo. Su muerte hubiera sido 
gloriosa; los hubiéramos vengado. Pueden hallarse otros soldados; pero 
no se vuelve á hallar el honor. » (El consulado y el imperio.) 

El jeneral Dupont fué entregado al alto tribunal imperial, y Napoleón 
escribió él mismo en el Monitor del \0 de agosto las palabras siguientes : 

« Pocos ejemplos se ofrecen de una conducta tan ajena de todos los 
principios de la guerra. El jeneral Dupont, que no supo acaudillar su ejér 
cito, ha mostrado después en las negociaciones aun menos valor civil c 
intelijencia. Semejante á Sabino Titurio, el desaliento lo arrebató á su es- 
terminio, y se ha dejado engañar por los ardides é insinuaciones de un se- 
gundo Ambiorix; pero los soldados romanos, mas afortunados que los 
nuestros, murieron todos con las armas en la mano. » 

Si el baldón de la capitulación de Baylen no se podia borrar, tampoco 
eran menos irreparables las pérdidas materiales ocasionadas por esta ca- 
tástrofe. Después de haber ajado á su teniente , dedicóse Napoleón á rea- 
nimar las esperanzas y brio del soldado francés en España. Decretó nuevas 
quintas, envió refuerzos , y para manifestar cual era su confianza en el 
resultado definitivo de la guerra , para atestiguar que siempre era la mis 
ma y siempre inmutable la determinación de enlazar íntimamente la na 
cion española al imperio francés, dio un decreto en \5 de agosto mandan- 
do que se abriese un camino real de Madrid á París. 




«M1TI IO WMII 



Varita «leí emperador * San (I. uní ( • •mumrarione» diplomática* Rnvj 

■ Ir tropas * Fapaña. Asistamirnio» ni K.iTurth. Regreso * Pan» 

\ mi»* al Mnvo. Sesión ilrl coerpo lejislatiso. .Salida del 

emprr*«l«»r |>ara Bayona. Nueva invasión de Rapa- 

ña. Toma «le Madrid. Abolioon de la inqni 

» 11. Asomos «le hostilidades por el 

Austria, napoleón deja atropelln 
«lamente al ejércil«i «le K«- 
paña para rolver > Pa- 
ria y i'iMi ., Ale- 
mania. 




mejor ara I 



a fiesta del emperador lo fió llegar a San 
(Joud. Allí recibió ron gran ceremonia al 
conde de Tolstoi , embajador ruso . quien le 
entogó magníficos presentes de parle del 
emperador Alejandro. Napoleón dispuso que 
se pusieran de manifiesto en las Tuilerias. 

siempre afanado por borrar todo rastro 
de la disensión intestina en la Francia para 
le lio-manami'Miio. iltvrrto la fundación «le 



592 HISTORIA 

varios establecimientos públicos de todas clases en los departamentos que 

habian sido teatro de la guerra civil. 

Entretanto llegó á Paris la noticia de la batalla de Vimeyra entre lord 
Wellington y Jnnot. Los Franceses, completamente derrotados, habian te- 
nido que capitular allanándose á evacuar el Portugal y volver á Francia 
en buques ingleses. 

Este segundo revés de sus armas allende el Pirineo, por muy bochorno 
so que fuera, no alcanzaba á desalentar á Napoleón, cuyo intento relativo 
acerca de la Península era tan terminante, que decía al senado el 4 de se- 
tiembre : « Estoy resuelto á llevar adelante los negocios de Lspaña con la 
mayor actividad y esterminar los ejércitos que la Inglaterra ha desembar- 
cado en aquel pais Impongo confiadamente nuevos sacrificios á mis 

pueblos; son precisos para escusarles otros mayores. » En este mensaje, al 
que siguió un informe del ministro Champagny sobre los negocios de Es- 
paña, se lamentaba el emperador de la pérdida del sultán Selim su aliado, 
á quien llamaba el mejor de los emperadores otomanos y que acababa 
de fenecer á manos de sus sobrinos. Por compensación se daba el para- 
bien de su íntima alianza con Alejandro, « lo cual debia desahuciar á la 
Inglaterra en sus intentos contra la paz del continente. » El senado con- 
testó al emperador votando una quinta de ochenta mil hombres. « La vo- 
luntad del pueblo francés, señor, le dijo el presidente Lacepede, es la mis- 
ma que la de vuestra Majestad. 

« La guerra de España es política , justa y necesaria » (I ). 

No es preciso omitir una circunstancia, y es que el orador del senado 
declaró en su arenga que aquel cuerpo habia estado unánime en corres- 
ponder inmediatamente á los deseos del emperador. 

Sin embargo, cada dia era mas urjente la necesidad de nuevos refuer- 
zos en España. La insurrección reinaba triuníadoramente en la capital y 
las principales provincias , y la victoria no podia acudir á las banderas de 
la Francia con raeros bisónos. Napoleón se encaminó por lo tanto á sus 
íalanjes veteranas, á los vencedores de Austerlitz, Jena y Friedland. En una 
gran revista que pasó en las Tuilerías el II de setiembre, anunció á los 
soldados del grande ejército que marcharía pronto con ellos á España en 
donde la gran nación tenia también ultrajes que vengar. 

« Soldados, les dijo, después de haber triunfado en las márjenes del 
Danubio y del Vístula, habéis atravesado la Alemania á marchas forzadas, 
hoy vais á cruzar la Francia sin daros un momento de reposo. 

«Soldados, os necesito; la espantosa presencia del leopardo está man- 
chando los continentes de España y Portugal. Que huya aterrado á vuestro 



(i) El célebre naturalista La re pede hablaba indudablemente por ironía. 

N. del T. 



DK NAF01 RON MI 

aspecto llevemos nuestras Éguilai triunfante* hasta las columnas fie llcr 
rulis. lili también lencnu* ultrajes qoi* M-ugar 







Soldados, babees aventajado la táma^HoseJérc ilo s roñarnos \»- 
m habéis igualado la gloria de los ejércifbsde Roma que triunfaron en 
una misma campana sobre d Rin y H Eufrates, en Nina j lobre eJ Tajo 
« Pa/ dilatada y prosperidad duradera sertn el premio «I»' vuestros 
afanes \\\\ verdadero Francés no puede ni del>c lomar descanso basta que 
los mares queden libres \ espeditOl 

• soldados, euaatobabets hecho, cuanto bagáis todavía por la dicha 
del pueblo (ranees > por mi «loria, quedara carmínente impn 
ixon. « 

palabraf estreasaron d entusiasmo de los soldados del ejérciin 
del Norte Ansiaban, tras taltal guerras fomentadas por la Inglaterra ti • 
taStaitñualbS Conseguidos M>bie sus aliados encontrarse caía a cii.i \ 

babénemí coa los soldadoi de aquella rema de los mares, mostrada re 
todas las proclama* como h «'terna enemigs dd continente 

Kl primer ni»r|Mi. formad») de aquellos magníficos j temibles batallones, 
siln» de Parñi d 28 dt setiembre a mi órdenes dd mariscal \ ictor \l atra 
vesar la eapiL-.!. le salieron al enrnenlro el prefecto ilel Sena J H apunta 
miento 

Pero antes de acaudillar personalmente las tropas queemiaUi l 
paña . al impulso fementido del otar en U* campos de hbiN qm- N 
poleon lanfiounr de nuevo su amistad . avistándose ron eJ . al parerer 



-,ÍM 



HISTOKIA 







ton anhelo de entrambos. Se hacia caigo de la precisión de conferenciar 
con aquel principe que, después de él, era el mas poderoso de los monar 
cas del continente, sobre todas las cuestiones actuales de la política euro 
pea, y principalmente sobre los negocios de España. Erl'urth fué el sitio 
convenido para avistarse, y entrambos emperadores llegaron á princi- 
pios de octubre: lodos los príncipes de la confederación del reino habian 
asistido como para formar un cerco de palaciegos coronados en torno de 
su esplendoroso dueño. Napoleón habia mandado que la compañía cómica 
francesa le siguiera para hacer mas agradable á su encumbrado amigo 
su residencia en Erfurtli. Eo una de las representaciones, Alejandro apa 
rentó penetrar con sumo alborozo y vitoreó con ahinco \r. verso cuya 
aplicación hicieron todos : 



La amistad do un prohombre es don divino. 

Pasaron ocho dias en festejos , pero no quedó olvidada la política 



|)| \\:h||mN 




t OH l<* l».iu«i<i- ii s \ riiversiouei iban alternando intimo* coloquio* Y\ 
emperador di Ku*ia se mostró oficioso en inclinar la Inglaterra á la pa* . 
y un firmó con Hayolron mm arta nnrj eoneeptaosa con «le objeto, pe 
ro H porvenir \a a demostrar <n sinceridad, aprobó enteramente la puerro 
do Rspana, porque veta ana llanuda ventajosísima lejos dd Norteen aqoH 
.•m|Hñ(i contra la molocion. y además una coyuntura para debilitar) 
malparir !a Francia e Inglaterra p lisa coj i compdcnd • ora m.is Icroi 
ble parar! imperio raso 

Sepan ion»** entrambos «olieninovinuy pag idos mutuamente. <l I 
nrtnbre, conceptuándote Napoleón sinceramente amico de Alejandro, * 
no sonando en que íleon dhi ri leeir «leí mismo: K* nn (•ncgodrl 

B."»jO Impeity) 

Kl I8deortobce.de a per t dor estabadg Bant load <4»im 

ibas ilespars, visito H Hateo eoa taanperatríi > conversó laraubin 
con los artistas que se habían afanado en .tributar ol«cquin* oVmi |*o 
pió temple al esclarecido amparador de las artes. 

» i •_' ". ^- verificó la apertura <lel cuerpo lejisJaliro Conceptuándose 
muy nfianaado |»or parta tle bi taaj i li ibló H emperador o»nfia«lan>Miir 
ile sus intentos \ esperantas respecto á Rspana • hneni 1-arimil.n dr 



;<)<> 



O* D 



HISTORIA 







aquella Providencia que ba protejido constantemente nuestras armas es, 
dijo , que las pasiones hayan cegado á los consejeros ingleses para que 
depongan el resguardo de las olas , y presenten por fln su ejército en el 
continente. Dentro de algunos dias marcho á ponerme al frente de mi ejér- 
cito, y con aj uda de Dios coronar en Madrid al rey de España y plantar mis 
águilas en los muros de Lisboa, El emperador de Rusia y yo nos hemos 
avistado en Erfurth, y hemos convenido y quedado invariablemente 
acordes para la paz y la guerra. » 

Con efecto , el emperador salió de Paris el I í) de octubre, y llegó el 5 
de noviembre al castillo de Marrac. El 5, su cuartel jeneral se iiallaba en 
Vitoria, y el 9 en Rúrgos, después de una victoria del mariscal Soult con- 
tra el ejército de Estremadura.'-El mismo dia, el mariscal Victor derrotaba 
el ejército de Galicia en Espinosa de los Monteros. 

El plan de Napoleón era aislar á estos dos ejércitos desviándolos para 
destrozarlos separadamente. Habia dirijido á Victor contra Rlacke, y á 
Ney y Moncey contra Castaños ,que mandaba siempre el ejército de Anda- 
lucía, mientras que se colocaba él mismo con Soult y una reserva de ca- 
ballería, confiada á Ressieres , en el centro de las operaciones. 

Esta distribución de sus fuerzas habia sido acertadísima, pues el ejér- 
cito de Estremadura quedaba disperso, y el de Galicia aniquilado. Los 



DI \\\'<>\ ROt> S97 

riijiüvosde l.i refriega <!•• Kspinosa Intuido ntatado rcnf-gaaeau 
Reinóse . la aproximación dd imróod 800H los prrnv» « ahamlonar *ro 
provisiones] coserá, tafeado que enriscarse «l.^or.li*na«l*mcni«' por lm 
monta «I** León 

l-a derecha «1**1 ejército franca estaba flnlcraasaiils ofidMa, ^rnm 
la ifqoferda m* bailaban foletos, que nandaba « «najo*, y rasiaoo». H 
vencedor de Beylen. Mientras que Souli r croma •• «Irvumil » i> pmtin 
cía de Sa nta n d er , el emperador encargó al mari* il lianna la pcrwncíon 
de I"- ejércitoi de tragón > <!»• tndalucia Kl mariscal Xej m» situó mire 
Sori i j larasona, para oortaii 
tic derrota, > arrojarle tobre Valencia 

Laa maniobras de Lannea pwci sar op i los jeoei da espartóla a una 
retirada entre Tndela v Ctacante. vlh. al arrhnodel Hm.» \ co ntan do 
<on cnarenta > cinco mil hombres, creyeron podei trabar la contienda 
pero d rnariscel Launas los derroto i ompletamente > \riici»vil»r«' réstanos 
mismo d blasón trances comptoaaetido en Bayka \m batalla «V huida 
costó á los i apañóla neta mil boaabres, tremía caAooa > mci»* bamlfra** 
Pandos - retiró sobre taratoaa j fraffrftw sobre CaatUbv 

Al salárosla nueva victoria, Na|x>loon ilriYrmino nimbar dsrecta 
inenie sobre Madrid, dejando a Sooll » la derecha para ;irrrhar lea moví 
mientosdebu provincias occidenUües, j i Lannes ala t equí e nla pararon 
lea-er los restos dd ejército de tragón Se) continuó atalayando H ejército 
de tndaluda Pero el patriotismo español era incansable Nuevas quintas 
en Kitrpmadnra) Castilhi habían planteado de improviso na nucro ejéi 
rito de veinte mil hombres, que vino á presentarse al paso «1**1 emperador, 
intentando cerrarle d dalUadero de Somocáerra i os primeros cuerpo* 
rranceses rueron electivamente detenidos cierto rato i>or el fuego «IV la» 







598 HISTORIA 

baterías que defendían aquella garganta estreeha y de empinada subida 
Fué precisa la presencia de Napoleón y el ímpetu irresistible de la caballe- 
ría de la guardia para vencer la porfiada resistencia de los Españoles. Pe- 
ro cuando se presentó el emperador, á una señal dada, los cazadores y 
lanceros polacos dieron una carga, y en un instante desapareció todo obs 
táculo. El ejército francés pasó por encima del enemigo, acuchilló á los 
artilleros sobre sus piezas y se presentó á las puertas de Madrid, sin hallar 
el mas mírjimo rastro del ejército español que habia querido detenerle er: 
Somosierra. Esta acción brillante ocurrió el 29 de noviembre , siete dia.; 
después déla batalla de Tudela. El \". de diciembre, el emperador plantó 
sus reales cu San Agustín cá los alrededores de la capital, que capituló el i 
al dia siguiente de la toma de Segovia por el mariscal Lcfebvre. 

Madrid habia pensado al principio en defenderse. Cuarenta mil paisa 
nos armados y ocho mil hombres de tropa , además de la milicia, estaban 
encerrados con cien piezas de artillería. Habíanse abierto zanjas y levan 
tado parapetos: todo aparentaba tenaz resistencia, pues las dos intimacio- 
nes del emperador habían sido rechazadas con demostraciones de menos 
precio y enfurecimiento. Entonces empezó el fuego dirijiéndolo contra el 
palacio del Buen Retiro, inmediato al pueblo. Luego que el mariscal Víctor 
ocupó aquel punto esencial, después de sangrientos reencuentros, se ama 
gó á la villa con prontísimo esterminio, y esta amenaza surtió efecto. Kl 
ejército español salió de Madrid, la milicia se marchó también, y las au 
toridades Orinaron una capitulación. 

Napoleón sobresalió en esta conquista con un rasgo que la saña del 
pueblo español no pudo alcanzar, como lo hubiera hecho en otro tiempo 
El mismo dia de la capitulación de Madrid, quedó suprimida la inquisi 
cion, y se disminuyó considerablemente el número de los'conventos 






i 




ni s IPOI i «»\ 

Napoleón «lirijio despean mm nueta proclama a lo» K*p»ñ< 

Un hoeabra alevosos que oí están descaminando . h-« «lijo 

han empeñado en un» lnrhn desalmada Ivntm de BOfOl mo»e* m ha 

lira roto armado» por todas las dinamias de la» íamorw^ populares Han 

1 tIchh m marchas para derrotar vuestros • vio rti 

Madrid, > aunque Ion derechos de la nuern me antorifan para hamr un 

• mínenlo n empapar PO ftangK loi ultraje* herbó» a mi % a la 
fninceaa . 10I0 be atendido á mi ámmm ai I li aabaí d» ' 
■ I .mi dd '2 «I»' jumo qu«' trataba de M vneatTO i- )• un ailor I ka dm 
rhos fjM BM lian lido cedido» por loi pnneq.es de la nllima di na it H . Ii i 

pjerMoajM nn.ii.se lambuMi el di ronqniela Btfa on n*i.i 

mi^dispOiK»onej. Aun quiero alabar cuanta generosidad cabe en tuc-an* 
rooilOI qni. re ronvciirrrmc «Ir que os han encubierto Micstrm tfrdaoY 

ros intereses K*panolcs. vuestra suerte está en vuestras mam 

rebad rl teárM que te* Ingleses han sembrado entre totoaroi 
nuniilo.n.miM »r .qnmia á vwstni prosperidad v engrandecimiento. h« 
roto las (rabas que oprimían al pueblo; una eOMtita KM hl»eral o* fran 
-,nea nna monarquía moderada en ve/ dr una autoridad absoluta Kn 
vuestra mano esta que esta ronstitneion sea todavía vuestra |q 

• Pero si todos mis roña ti* M malogran, aliadlo al terminal % 
correspondéis a mi confian /a . no me quedara mas arhilno que d «le Ira 
larosromo provincias COnqutSl »r i mi hermana en otro 
rntiMi.es |.,tn,ir.' ii eorooa de Rspofti nbre mi cabe/a j sabré h 
respetar ile los malvados, porqne l>ios me ha dado la fuerza j la voliin 
tad necesaria para allanar todo*, los obstáculos. • 

■MOrdirieron los Bapanoltl á lodo este eumnlo de anicua/n» I 
preciando igualmente las promesas de lionaparte. I'ero no en vano se 
pronunció la palabra ennstituei ni ; la uallanha castellan a la .¡arbolo en 
sr.s pendones. \ los caudillos de la insurrección luv ieron que projioi 
a la Kspana una conslitueion mas democrática que la acordada en Itayoua 

Kl correjidor de Madrid . encabe/ando nna diputación déla villa lie 
\ o á los pies del vencedor la espresion de unos sentimientos que ni 
lian en los corazones, aero coya manifestación había Heajado á leí imprrs 
rmdiNe por la ocupación militar de la capital Siento .1 daño que luí 
pmlerido Madrid, contesto el emperador. > miro .• -m.» mu dicha portara 
lar .-I lialn-r |*vl. I» salvarlayeseiisarle m ■ inkM 

i roMik ociado quedo cnanto cnndii/ca al m> 
dadanoa, sabienfornanrongojosamUincritidm -los lo» por 

DKM \ todos k» individuos. 

• He conservado las órdenes rchjiosas. re duoea d o .1 numero de tos 
frailes No ha] un hombre aaajajo qne ■ . pensara pie eran d. man a do 

m H «obrante i!e los bienes ile lo* convnMo* be alrn.li 



400 HISTORIA 

do á las necesidades de los párrocos que forman la clase mas interesante 
y provechosa del clero. 

« He abolido ese tribunal, contra el cual estaban clamando el siglo y 
la Europa. Los sacerdotes deben dirijir las conciencias, mas no ejercer 
ninguna jurisdicción esterior y material sobre los ciudadanos. 




i He suprimido los derechos usurpados por el señorío en tiempos de 
guerra civil. 

« He suprimido también los derechos feudales, y cualquiera podrá es- 
tablecer posadas, hornos, molinos, fábricas, almadrabas y dar vuelo es- 

pedito á su industria El egoismo, la riqueza y la prosperidad de un 

corto número de hombres dañaban mas á vuestra agricultura que los ca- 
lores de la canícula. 

« Así como no hay mas que un solo Dios , no debe haber en un estado 






1*1 KAMI i n\ 401 

mas qor nna sola Jlk il Mal I M jmlioa* particulares habían sido MR 
peda* y eran contraria» a lo» derecho» de la nanon . y por lanío lea be 
abolido 

• Tamlurn be «la«l.> i conocer .i oaila uno lo que podía lemer y «ape- 
rar 

• Ningún aj uttfl o hay capa» de diferir por mucho tiempo la ejec» 
rion de mis voluní 

• Loa Borbones ya no pueden reinar en Kiiropa 

• Li |. ii. ti. i. >ii jwwlrá lanar en sos opiniones, se han «lesmandadn en 
dtMMlMpaalooes; pem vuestros niclos me henderiráaeoMOá IMÉI 
regenerador, y contarán en el número de lo» días memórala lo* une he 
pasado con vosotros. • 

Durante su corta residencia en la capital de las Kspanas. Napoleón se 
dedico á inspeccionar el desempeño y mantener el buen proceder de sus 
tropas. Paso H O de diriembre, en la dehesa de las Guardias , retíala al 
ruerpo del mariscal l,elebvrc; el tO.á los rojimirntns tW l.i ronfederacion 
del Rin. y H 1 1 , á la caballeria en la que deacollaban los lanceros 
K< coronel de eate hermoso cuerpo recibió de manos del 
aquella última revista. I > rnu de comendador de la l-epon de Honor. 

Desdo Madrid remitió Napoleón al Monitor una nota desmintiendo Li 
respuesta dada por la emperatriz auna diputación del cuerpo lejisla ti vo. 
y en la que Josefina había colocado este cuerpo en la cumbre de las jerar 
qmas políticas diciendo • que representaba la nanon • 

N i|H»!eon declaró en su periódico ministerial «que el primer represen 
i inte de la nanon era el emperador. 

Se ha clamado mucho contra esta pretensión, y sin embargo era con 
íorme al orden legal de la époea y fnndad.i ante todo en la prepotencia 
de los hechos 




ví y 






i I 



I ! 



¡ 



402 HISTORIA 

El pneblo,quehabia colocado en el solio á Napoleón, primero con sus 
aclamaciones, y luego con sus votos manifestados de un modo cualquiera, 
debia hallarse mejor con aquel representante que con una junta cuyo nom- 
bramiento le era ajeno. 

Y además, ¿era por ventura adecuado el cuerpo lejislativo para go- 
bernar á la Francia y hacer frente á todas las urjencias de su situación en 
medio de las circunstancias en que se hallaba la Europa, como lo hizo 
Napoleón? No, por cierto. Él era pues el que tenia en sus esclarecidas y 
poderosas manos todo el destino presente y próximo de la nación , era su 
verdadero representante, y no la junta inservible que solo era de suyo un 
destello del poderío imperial , por el modo con que se efectuaban las elec- 
ciones , y que hubiera sido incapaz de ejecutar lo que realizaron el brazo 
robusto del dictador y el numen del hombre grande. 

Sin embargo , mientras que el emperador se afanaba en Madrid por la 
organización de la España , lo cual no le imposibilitaba el zelar las espre- 
siones y los actos de las personas que le representaban en París , las ope- 
raciones militares continuaban en las provincias españolas, en donde el al- 
zamiento seguia retoñando por todas partes de sus cenizas. 

Los Ingleses habían dejado el Portugal para acudir en auxilio de la 
capital de la monarquía española ; pero el jeneral Moore, perdiendo la es- 




I»K NAPOLEÓN 
peranra de Itcppir á tiempo, vanó de repente de pUn e ide» • I mt 
atravesarse sobre Vallailolirl pata corlar las comunicaciones ilH iJfrtMll 
francés ; p*ro ll redundo rn Mimo descalabro Acometido por «na parir 
cortado por oír» , tuvo qnr rontram.irrh.ir desventuradamente sobre I*» 
lencia. contrarestado y perscsnido por el mariscal Sonll . hasta la i • ■ 
N dondfl fu»* mortalmrntc hendo después de haber perdido «lir/ mil luán 
bres . caballos . canon» y promisiones de toda ríase l,os rcstm de h 
rilo tuvieron mucho tralmjo en hacerse á la tela .\ ibawJotWOI ln 
al mariscal , después do una vana tentativa de defensa que duro tres di«< 
Sonll había dispersado también, durante esta persecución . el cuerpo espn 
ñol de la Romana que so habia refujiado en las montañas d<- uiunas 






i' 




404 H ISTMIA 

El emperador había salido al encuentro á los Ingleses luego que supo 
su movimiento sobre Madrid, y las operaciones habían empezado en Gali- 
cia bajo sus órdenes y en su presencia. En los primeros dias de enero, su 
cuartel jeneral se trasladó sucesivamente á Astorga y Benavente. También 
lo estableció , duranteestaespedicion,enTordesillas,en las obras esterto- 
res del convento de Santa Clara, en donde murió Juana la Loca , madre 
de Carlos V. Estaba aquel convento construido sobre un alcázar morisco, 
conservándose todavía un baño y dos hermosas salas. La abadesa, de edad 
de setenta y cinco años, se presentó al emperador, quien la recibió con su- 
ma distinción y le dispensó varias gracias. 

En Cataluña, (iouvion-Saint-Cyr habia entrado por traicionen Barce- 
lona, después de haber tomado á Rosas, y el marqués de Vives, derrotado 
en Canledcu, se habia malquistado con la junta. 

Así desde la llegada del emperador á España todo habia mudado de 
semblante, la victoria habia vuelto bajo sus banderas, tan oficiosa y veloz 
como lo habia sido hasta entonces en Alemania y en Italia. 

En menos de dos meses, el ejército inglés habia sido aniquilado, el 
cuerpo de la Romana destruido , la capital recobrada y ocupadas las prin- 
cipales provincias. Los desastres de Dupont y Junot quedaban así desagra- 
viados con ventaja. Si los Españoles persistían en su encono al dominio 
francés, el gabinete inglés empezaba á temer sin embargo que viniesen á 
quedar inutilizados por mucho tiempo y subyugados, si no reunidos; y á 
pesar de la apariencia de su rendimiento, no por eso hubiera salido menos 
frustrada la lejitimidad en esta primera guerra, la mas próspera de cuan 
tas había sostenido contra la revolución. Era por lo tanto preciso que aban- 
donase la España el numen incontrastable que habia venido á destruir las 
grandes esperanzas ideadas después de las capitulaciones de Haylcn y de 
Cintra. La diplomacia inglesa se encargó de llamarle al Norte y obligarle 
otra vez á dividir sus fuerzas. No fué la frusta, aun resentida del tre 
mendo descalabro recibido en Jena, la que sirvió esta vez de instrumento 
al gabinete de San James ; tampoco fué la Rusia , pues no habia cicatriza- 
do sus llagas de Friedland , y además no se hubiera atrevido á manifes- 
tar tan pronto la hipocresía de las protestas amistosas de Erfurth ; fué el 
Austria, vuelta en sí del abatimiento que habia manifestado después de 
Austerlitz , la que consintió en provocar otra vez al vencedor»harto jene- 
roso que la habia indultado indiscretamente. Tres años de paz y de sosie- 
go le habían bastado para reorganizar sus ejércitos; se sentia dispuesta á 
sostener la campaña, y si alcanzaba triunfos, entonces la diplomacia vete- 
rana manifestaría que ya no se conceptuaba atada en Berlin y en Peters- 
burgo por el tratado de Tilsitt, así como tampoco se habia creído mania- 
tada en Viena por el de Presburgo. Cualquiera que sea el caso, hay siempre 
la seguridad de hallar un refujio en la jenerosidad del vencedor; y si se 



DK \ \l»n| }n\ KM 

IMilivm nuevo» desmane* . se firmar* nn nuevo ir» l ido Podran impo 

norv alguna* concaÑooei territoriales ; prro H solio quedara siempre in 

. nln bo BapaAa lacauai de h antigua «oiwrania «trayendo i»u 

tremendo ■ntigpiiiíl ni interior do la Jermaun 

Napoleón h bailaba bo ValladoHd emdo Mipo las disposiciones boa 






"c 



A^ 



* i 






liles y los armamentos dd \u>ti ia Después de recibir en aquella ciudad 
i epetidM digitaciones llegadas de Madrid, decretó la supresión de un COI 




rento de dominicos, eu donde habían muerto á un soldado 
trandosc propicio á los benedictinos, que solo se dedicaban á 



4!)(i HISTORIA 

al cultivo de la literatura, y quehabiau salvado la vida á muchos France- 
ceses,y salió atropelladamente de España para regresar á París, á donde 
llegó el 25 de enero de 1809. 




X*^—^.^! 




capiti u> \\i\ 



«Mi #■! Anuro 




su regreso de Bayona, en agosto de 1808. 
supo Napoleón que el Austria, ruyo ademan 
fue muy ambiguo durante la «imparta de 
Prusia , dejaba entrever intentos avieso» 
contra la Francia, Con este motivo hablo Mi 
rebozo á M . de Metternieb , embajador de 
1 aquella potencia , que habia ido con H coer 
po diplomático a San Cloud para obsequiar á 
S. M. I. y K. el día de su festividad. Kl em 
bajador se desaló en protestas pacifica* por sn corte y manifestó que los ar 
mámenlos tachados ante d gobierno francés no tenian mas que un objeto 
dcMMifO Napoleón le replicó lo impropia que era aquella demostración, 
puerto que ningún motivo de zozobra mediaba para H Austria . cnanto 
mas anuncios ni remotos de rompimiento i (.reo «in embargo . 
que VMOtfO emperador no quiere la guerra; cuento con la 



// 7 



408 HISTORIA 

me dio en nuestra conferencia. No pueden caberle enconos contra mí. Ocu- 
pé su capital y la mayor parte de sus provincias, y todo se lo devolví 

¿Creéis que hubiera obrado con igual moderación el vencedor délos ejér 
citos franceses que hubiera sido dueño de París? ( M. de Metternich y todos 
los diplomáticos y príncipes de la liga han respondido á esta pregunta en 

abril de Í8I4) Amaños personales os arrebatan á donde no quisierais 

ir. Los Ingleses y sus parciales son los que providencian estos yerros; ya 
se están aplaudiendo con la esperanza de ver otra vez la Europa incendia- 
da » Mr. de Metternich insistió en negar las miras hostiles de su go- 
bierno. Mas adelante y á principios del mes de marzo de -1809, cuando 
Napoleón volvió de Madrid , por temor de un próximo rompimiento acar- 
reado por la corte de Viena , el embajador austríaco osó tener idéntico 
lenguaje con Mr. de Champagny, ministro de negocios estranjeros. «Si el 
emperador, le dijo, abrigaba verdaderamente zozobras acerca de lo que 
se llama nuestros armamentos, ¿porqué no me habló de ello en vez de re- 
servarse de mí, convocando las tropas de la Confederación? nos hubiéra- 
mos esplicado y probablemente entendido. —¿Y deque hubiera servido 
eso? respondió el ministro francés. ¿De que sirvieron iguales pasos dados 
cinco meses ha? El emperador ya no os habla, porque entonces os haLló 
en vano , porque habéis perdido para él , vuestras promesas falaces, la 

fe que se concede al dictado de embajador Además, el emperador no 

os pide nada sino que le dejéis gozar de la paz; no quiere la guerra ; pero 

os la hará, -si le precisáis. No os ha dado el mas mínimo pretesto No sé 

hasta qué estreñios van á lanzaros esas disposiciones; pero si se entabla la 
guerra, será porque así lo habréis querido. » M. de Metternich, confuso, se 
retiró quejándose de que no se le trataba cual debia en las tertulias de la 
corte , y M. de Champagny le replicó que la corte de Viena era la que ha 
bia faltado á su propio decoro, por no haber ejecutado las promesas que 
habia hecho su embajador. Aquel ministro comunicó al senado, en la se 
sion del i 4 de abril, ambas conversaciones, la suya y la del emperador con 
el embajador austríaco ; manifestó los preparativos hostiles de la corte de 
Viena, y según su iuforme, un consejero de estado presentó una minuta de 
senado consulto que ponia cuarenta mil reclutas á la disposición del mi- 
nistro de la guerra. Se adoptó la propuesta, y el senado añadió una ma- 
nifestación en la que reproducía las memorables palabras que Napoleón 
habia espresado en una carta al emperador de Austria. «Que las provi- 
dencias de V. M., habia dicho Napoleón, manifiesten coníianea y la lo- 
grarán. Hoy dia la mejor política se cifra en la llaneza y la verdad. Que 
me confie sus recelos cuando se los ocasione , y al punto los desvaneceré. » 
Francisco 11 habia confiado sus zozobras al gabinete de Londres, y 
cuando el senado francés votaba nuevas quintas y aprobaba los prepara- 
tivos de guerra, ya habían empezado las hostilidades; el Austria habia pu- 









DI N M'»| ) iiN 
binado «m manilie*to i invadido Im r<l*1m de h 
Napoleón (Win. romo su ministro, que no habui «Ubi » U roete de Viena 
•-I nm« mínimo prcte*to para un rompimiento. % acaso repetía romo en I** 
campana* de \n*lrTh!/ v «le Jrna. «pie no sabia lo que de H querían ni por 
qué peleaba Sin embargo el gabinete MUlrfMO se bahía espi ta ndo en tíf- 
minot «Ir desvanecer *n* aprensiones . > dar A piil.n«l.r que no era por 
i «i arioi particular»** . sino por moúvm jcncrolc*. por una • ue*tton euro- 
yen . por la causa tjtjc lab*] «Mijcn«lra«lo todas la* . nligaonnes anteriores 
y qnr había quebrantado la fe jura«la en el campamento de \ii«icrh(/ y 
asentada en el tratado «lo rreshurgo. Kra la reproducción <le lo* manific.* 
loa .Ir la l'.nropa añeja desde d de Brunswick era una nueva cru/a.h OS* 
ti consejo Áulico estaba predicando contra ol rnrmtgo enmun , estoca , 
contra la Frauria. H siglo \ l.is máxima-, nuevas de que NnpoJeun erad 
representante. 

1 1 \uMria m había declarado en U de abril, y el lo »u> ejercito» «alian 
a campana. F.I VI, d emperador, enterado por d telégrafo de que d ene- 
Daajo había pasado el Inn. se marcho al instante de Parí*, el ir. de 
abril, llego á Ihllmgen y prometió «I rey de Batiera que dentro de quince 
.has le restituiría .1 su capital de dondi el tf»MÍa«Gnrtoi k había arroja 
do; d 17, estuvo en iMiiaurit. y «hjoá sm soldados en una prorlama: 

■ toldados, h.i m,|o atrofiado .-I territorio <le la confederación H |i 
neral austríaco quiere «pie huyamos ,il tspoetO «le sus armas y queoVsam 
|varrroos a nuestros aliado* Yo llego con la vclocnlad de una centella 

• Soldados, vosotros Be «atabais en torno cuando el soberano «le \ns 
tría uno a mi campamento de Morana: le oísteis implorar mi ciernen. 1 1 
y jurarme amistad eterna. Vencedores en tres guerras , todo lo debí.» d 
\ustria a nuestta jenerosidad; tre-» \«vin fue perjura. Nuestros triunfos 

paandoason l> prenda segura «le la ridoriaque mi espera. 

• Marchemos pues, y que a nuestro aspecto el enemigo reconozca a su 
v encedor. » 

\ usina había contado con la ausencia de Ni no le o u y «le m guardia 
y con la (alta délas aguerridas tropas de Marengo y de Austerht/. Sabia 
«pie solo quedaban ochenta mil Franceses desparramados por toda la Ale 
mama . y su ejército, dividido en nueve cuerpos á las órdenes dd arriuda 
«jue < arlos. %sceodia a quinientos mil hombres Sus primeros m.nmi. n 
tos habían sido venturosos. El rey de Bañera había huido de Munich al 
asomo dd archiduque, quien había marchado vdoiiaimsmnili dd Inn al 
Iser. B ejército francés te hallaba á la saxoo disperso por una linea de 
jnas. lo cual le esponia a quedar acorralado y sueesitamrnte 
FJ jeneral austríaco lo había advertido y te nwstraba 
cuando la llegada de Napoleón dio nuevo aspecto é los 
\maino d ardimiento en d príncipe Carlos y en su ej^éreito, 






4Í0 HISTORIA 

al contrario mas y mas el denuedo en el soldado francés. Todo lo descar- 
riado quedó repuesto. El emperador acudió al arbitrio de sus asombro- 
sas maniobras, y cumplió la palabra que habia dado al rey de Ba viera, 
pues antes de acabarse los pocos dias lo acompañó triunfante á su capital. 
El 25 de abril, el monarca bávaro hizo su entrada en Munich, y Napoleón 
en seis dias alcanzó otras tantas victorias contra el ejército austríaco. Has- 
ta eH 9 no se habia podido dar alcance al enemigo, y dos triunfos esclare- 
cieron aquel diacon la refriega de Pfaffenhoffen y la batalla de Tann. En 
el reencuentro de Peissing, el tremendo 57°., mandado por el valiente coro 




nel Charriere, abonó su nombradla; acometió solo y derrotó sucesivamente 
seis Tejimientos austríacos. El 20, nuevo encuentro en Abensberg, nueva 
batalla y nuevo triunfo para los Franceses. El enemigo se mantuvo firme 
una hora y dejó en poder del vencedor ocho banderas , doce piezas y diez 
y ocho mil prisioneros. El 2\ , el empeño de Landshut completó la derrota 
del dia anterior. En aquel trance, el jeneral Mouton, acaudillando una co- 




i»i NAPOLEÓN ni 

Inmnn de granadero* , so arrojo por modín (Ir la» llama» qu* consumían 
uno ilr los puente* del Isor. • Adelante y sin tirar . • voceo a sos (toldados 
roa impela atronador.)- en pocos instantes se interno en la andad. que fué 
teatro de nna sangrienta lid . y que ol rnnnmo no lardó ai desamparar. 
Kn este momento rl archiduque Carlos, al frente del cuerpode Rnhemia, 
sorprendió en Ratisbona nn destacamento de mil hombres qne estaba en 
«argado <lc guardar el puente y que se dejo acorralar y cojrr por falta de 
habéreek avisado que so retirte*. A la primera noticia de esie acontecí 
miento, el eni|ierador juro que dentro de veinte y cuatro horas correría la 
sangre austríaca en Hatisbona para vengar la afrenta hecha a sus armas 
Couefocto, el 22, marrbó contra aquella andad, y encontró al enemigo con 
ciento y dio/ milhombres qne había tomado |M»sieion en Kckmiihl Nueva 
coyuntura filé aquella para el emperador de dar una batalla reñida y alean 
/ar un grandioso triunfo. Kn pocos instantes aquella crecidísima inerte 
atacada por todos puntos fué arrojada de sus postáODM y completamente 
derrotada dejando la mayor parto de su arlillei ia. quince banderas v \. m 
te mil prisioneros Kl archiduque (irlos se salvo a rienda suelta. 

Al día siguiente 'i"» . el ejército victorioso se presenta dolante de Ratis 
bona que no acierta á resguardar la caballería austríaca arrollada por 
I -mués poro seis rejimienlos .pi«> el arelnduque había dejado en la pía** 
tratan de defenderla. Kl emperador acude en |>ersona para disponer el 




4L2 HISTORIA 

avance, y queda herido de una bala en el pié derecho. Al punto se divulga 
esla noticia por el ejército, y los soldados se agolpan despavoridos ; pero 
apenas llegan, cuando Napoleón, que se habia hecho curar, vuelve á mon- 
tar á caballo en medio de estruendosas aclamaciones. Pronto se escalan 
las murallas y se toma la ciudad ; cuanto se resiste queda pasado por las 
armas; ocho mil hombres son los rendidos. 

Entretanto el mariscal Bessieres persigue los restos de los cuerpos aus- 
tríacos derrotados en Abensberg y Landshut. Los alcanza el 24 en Neu- 
mark en el momento en que acaban de rehacerse con un cuerpo de reser- 
va que llegaba sobre el Inn, los derrota y les hace mil y quinientos prisio- 
neros. 

Aquel mismo dia el emperador publica en Ratisbona la orden siguiente: 



« Soldados , 

« Habéis correspondido á mis esperanzas ; habéis suplido el número 
con vuestro denuedo, señalando gloriosamente la diferencia que media en- 
tre los soldados de César y los ejércitos de Jérjes. 

« En pocos dias hemos triunfado en las tres batallas de Tann , Abens- 
berg y Eckmuhl y en los reencuentros de Peissing, Landshut y Ratisbona. 
Cien piezas de artillería, cuarenta banderas, cincuenta mil prisioneros, 
tres trenes completos y tres mil carros con bagajes y todas las cajas de los 
rejimientos : he aquí el resultado de la rapidez de vuestras marchas y de 
vuestro esclarecido valor. 

« El enemigo, alucinado por un gabinete perjuro, mostraba trascordar 
lo que erais; pronto vuelto en sí, os está viendo mas terribles que nunca. 
Poco ba atravesó el Inn é invadió el territorio de nuestros aliados ; poco 
ha se prometía trasladar la guerra al regazo de nuestra patria. Hoy der- 
rotado y despavorido, huye desconcertadamente; mi vanguardia ha pasa 
do ya el Inn ,y antes de un mes estaremos en Viena. » 

Esta osada predicción tendía cumplimiento como la que hizo al rey de 
gaviera. ¡Napoleón vaá dirijirse rápidamente contraía capital del Austria. 
El 30 de abril, su cuartel jeneral se halla en Burghausen, adonde lacón 
desa de Armansperg vino á suplicarle que la restituyese su marido, á quien 
los Austríacos habían llevado prisionero conceptuándole afectísimo á la 
Francia.Aili publicó Napoleón el tercer boletín del grande ejerciten el cual 
arrebatado con el recuerdo de las conferencias de Austerlitz y olvidando 
que no hay empeño sagrado para los príncipes de antiguo linaje con los 
gobiernos de oríjeu revolucionario , se espresa con amargura y aspereza 
acerca de la persona misma del emperador Francisco. « El emperador de 
Austria, dijo, ha salido de Viena, y á su marcha ha publicado una pro- 
clama redactada por Gentz , en el estilo y con el destemple de los mas ne- 
cios folletos. Se ha dirijido á Schardiug, posición que ha elejido cabal 



I 



l»K NAPou.on 113 

ni ni-' para no estar ai ninguna parte, ni cu Ni capital para gobernar su* 
rsu.lm.ni '" "" campamento, ea* don» Ir hubiera sido nu estorbo 
vible. Difícil r* *rr un principe ma« endeble y fementido. • si > 
esta resuelto a destronar ni monarca n quien ultraja ron tanta solemnidad. 
«u lenguaje no es mu qoe injurioso ; pero si debe tratar lodaffi eoo «l y 
dejarle en eJ wliodc orí grandiosa j respetable monarquía. »str lengua 
je a inÓHscrOtO, porque vtertt C0 el alma <I«*1 plioeipe, tan altamente ni 
iraj uto, enconos profundos que liaran masque mima lotpecbosaa y es 
puestas toila paz y ali.ni/ i < 00 '•> COfaYttl \iena. 

Kl I* (Ir mi).' el .11.11 te| JenOlll H asento en Itieil, a donde llegó de 
no, he d uaapfradoi. Kl IV un cuerpo ilc treinta mil Austriaeo*. resto de 
loi vrocidoi da l.indshut. se retirnlia sobre Kbcrsl>crg, ruando fai alean 
zado por los tiradores del Po y los ea/adores rorros que I»' causaron 
da p«-rdida lU'ssirres \ omlinoi arnbahan de reunirse con Masscna y se di 
njian sobre Klicrsberg. amanando en\olvcr y destruir el cuerpo austríaco, 
H jeneral (Japarede marchaba aJ frente con su división que apenas conta 
batióle mil hombre I leajaejW ImÜM di^embocado, el cnctiiigo, en po 
siciou ventajo» i. no quiso aguantar que llegasen los diferentes cuerpos del 
ejército francés que le pcrsrgiiian . ttOOÓ la dnision de vanguardia dea 
pues de balier incendiado la ciudad que estaba construida de madera. Kn 
un instante el incendio lo abraso lodo, hasta los primeros áreos del poen 
te Kl fuego detuvo en su marcha a Dcmiens, que poJlbo el puente con la 
■ aUillena para sostener á Claparede. Kste jeneral tuvo que defenderse so 
lo|»or es|iacio de tres botas 000 Míe mil hombres contra treinta mil. Pero 
al lin se abrió paso por medio de lasllamas. y los jenerales leerand y l)u 
rosno] llegaron por diferentes puntos. Kl soldado francés descolló con pro- 
dijios de intrepidez y de valor. Kl castillo fué tomado é incendiado, y el 
er.emujo se retiro dtNordcnadameiitc hasta Knns . en donde quemó H 
puente para resguardar su fuga por el rumbo de Viena. I -os Austríacos 
perdieron doce mil hombres en la refrieua de Khcrsberg , en estos, líela 
mil quinientos prisioneros. Kl quinto boletín condecoró en estos términos 
a los vencedores de este día 

• la división de Claparede, que forma parte ile los granaderos de Owtt 
not, se ha cubierto de gloria ; ha tenido trescientos muertos y seiscientos 
herÑlos K* ímpetu de los batallones de tiradores del Po y de caradores 
corzos ha llamado la aleación de todo el ejército. Kl puente . la nadad 
y la posición de Kbersberg pregonarán alta y perpetuamente su deooedo 
Kl viajero se detendrá y dirá: — Aquí fué, con esta hermosa posmoo y es- 
te puente tan grandioso y míe castillo tan fuerte por su situación, donde 
siete mil K ranéese* desalojaron A treinta y cinco mil Austríaco». • 

Kl enijHTador recibió en sus reales de Kl»er*berg una diputación de 
¡os estados de la Mta \ostria. Kl 4, durmió en Knns en el castillo dd con 



414 HISTORIA 

de de Awesperg, y se volvió á hallar el 6 en la famosa abadía de Molck,en 
donde schabia detenido durante la campaña de 1805, y cuyas bodegas 
abastecieron por esta vez al ejército de algunos millones de botellas de 
vino. Al pasar delante de las ruinas del castillo de Diernstein en un cerro 




elevado mas allá de \Iolck y por el rumbo de Viena, el emperador dijo al 
mariscal Lannes que se hallaba á su lado: « Mira, allí está el encierro de 
Ricardo Corazón de León. También él fué como nosotros á Siria y á Pa 
lestina. El Corazón de León, mi valeroso Lannes, no era mas denodado 
que tú. Fué mas afortunado que yo en San Juan de Acre. Un duque de 
Austria lo vendió á un emperador de Alemania que le mandó encerrar ahí. 
Era en tiempo de barbarie. ¡ Qué diferencia con nuestra civilización ! Ya 
se ha visto cómo he tratado al emperador de Austria pudiendo hacerlo 
prisionero. Pues con los mismos términos volveré á tratarle, no porque 
yo lo apetezca, sino porque la época así lo requiere. » Razón tenia Napo- 
poleon: pues la época le hacia jeneroso, esclarecido y magnánimo después 
de la victoria; el siglo obraba en él, cuando apuntaba por sus procedimien- 
tos con los monarcas vencidos la distancia que media entre nuestra civi- 
lización y la barbarie. Pero si se muestra hijo de la civilización con la so- 
beranía añeja , esta permanecerá por el contrario digna de su oríjen, 
mostrándose observantísima de los errores de la barbarie. El numen del 
siglo XIX habia sido el huésped cortés y benévolo del campamento de Aus- 
terlitz; el desenfreno de la edad media será el alcaide feroz de Santa He- 
lena. 

Desde Molck se trasladó el cuartel jeneral del emperador, el dia 8, á 



flK N\IM»I ION M . 

San Poltrn IVm día* después, á la« nnetc de la mañana , Napoleón se Im 
Hala á la« puertas do \ icna 

i ' <l* allí mandando rl archiduque Maximiliano hermano (H»rm 
jh r.iiri/ Trato do defenderla y lerba/n ron altucj l*« pr imeres intima 
< ÍOMI que se le hicieron Aquel principe btsono estrrmó mi ceguedad has 
l« rl punto do decretar una especie de o\ ación * un caudillo de motín 
que había qneliranlado el derecho de joules en la persona de un edecán 
.1.1 muitc.il I annes , cimado como parlamentario . mando pasear Innn 
talmente al mencionado frenético por toda* la» calles de Viena . montado 
.11 el rahallo nmmn del oficial francos que había «ido coltanlomentc aaal 

i I < mperador era dueño da loa arrabales, que forman las dos tetóme 
partes de la población de aquella capital. Allí organizo una guardia mi 
rn y municipalidades que enviaron una diputación al archiduque «apocan- 
dolé que mirase por sus moradas: mas el principe ai desentendió de la su 
plica y continuó el fuego. Knlónccs el emperador tuto qoe disponer el 
bombardeo I na batería de retóte morteros, colorada á cien toceos de las 
murallas, empeced 1 1 á las nuevede la noche, y en menos de cuatro ho 
ras disparo mil y ochocientas bombas sobre la ciudad, la cual A poco ralo 
esturo ofreciendo alia una perspectiva de i olean inmenso, A coya falda se 
rciolwa acA y acullá atropelladamente un vecindario despavorido. í>os 
pues de mil conatos infructuosos contra la faena de loa sitiadores, sabedor 
el archiduque de que los Franceses habían pasado un brazo del Danubio, y 
f ruñando que le cortasen la retirada, salió arrebatadamente de la ciudad A 




/,1fi HISTORIA 

favor de la noche, dejando al jeneral O'Reilli el encargo de capitular. Con 
■efecto, al rayar el dia, aquel jeneral mandó anunciar que iba á et-sar el 
fuego, y poco después envió una diputación de que formaba parte el arzo- 
bispo de Viena, y Napoleón la recibió en el parque de Schcenbrunn. 

El mismo dia \2, se apoderó Massena de Leopoldstadt. Por la tarde se 
firmó la capitulación de Viena, y el 13 á las seis de la mañana, Oudinot, ca- 
pitaneando sus granaderos, ocupó la plaza. Al punto se publicó la orden 
del dia siguiente : 

« Soldados , 

« Al mes cabal de haber atravesado el enemigo el Inn, en el propio dia 
y á la misma hora , hemos entrado en Viena. 

«Sus landwehres, sus levas en globo, sus resguardos levantados pol- 
la saña desvalida de los principes de la casa de Lorena, no han contrares. 
lado vuestras miradas. 

« Los príncipes de esta alcurnia han desamparado su capital, no como 
soldados pundonorosos que se avienen á las circunstancias y á los reveses 
de la guerra, sino como perjuros á quienes persiguen sus remordimien- 
tos. 

« Al huir de Viena, el incendio y la muerte han sido sus despedidas de 
los habitantes, y asemejados á Medea, han degollado á sus hijos por sus 
propias manos. 

« Kl pueblo de Viena, huérfano y en total desamparo, según la esprc- 
sion de la diputación de sus arrabales , será el objeto de vuestras atencio- 
nes. Tomo al vecindario bajo mi protección especial. En cuanto á los albo- 
rotadores y malvados, haré con ellos un escarmiento ejemplar. 

« Soldados, sed avenibles con el paisanaje bondadoso, con este hon 
rado pueblo que se hace muy acreedor á nuestro aprecio. No hay que en- 
greimos de todos nuestros triunfos; veamos en ellos una prueba de la 
justicia divina que castiga al ingrato y al perjuro. 

« NArOLEON. ■ 



Persistía siempre en la guerra el ejército austríaco, aun después del 
abandono de su capital. Al resguardo del Danubio, cuyos puentes habia 
volado en Viena y lugares circunvecinos, estaba en acecho d^coyuntura 
adecuada para tomar la ofensiva. El puente de Lintz fué el primer punto 
de sus ataques; pero Vandamme le opuso porfiada resistencia, y Bernadot 
te , que acudió, logró derrotarlo completamente. Por su parte Napoleón 
estaba ansiosísimo de atravesar el rio para terminar aquella gloriosa cam- 
paña. Llamaba entonces su atención la reconstrucción del puente. Massena 
habia ido colocando varios sobre los brazos del Danubio que riegan la isla 
de Lobau; y Napoleón determinó valerse de ellos para el tránsito de todo 



DL N uni.l <>\ ¡17 

el ejército. En Ira «lias loi caernos de Launcs. Hossiercs y Masscna se ba- 

llaion trasladados a la isla, desde la nial se comunicaba ron la orilla don- 
cha (M>r un ponte dfl barras de qoioieolM toesas de largo y que cabria 
tres braxo> del rio. Otro puente de anas sesenta toesas «Ir largo unía la 
isla ron la orilla izquierda. \ por < I desembocaron sin tropie/o.el día '21 do 
mayo, trrinta y rinro mil hombres para colocarse en batalla desde \s 
|mtii hasta Kssling Pero a las rualn» de la larde clarrhiduqurCarlo*, que 
había reunido todos los restos de los diferentes coerpoi tostriacoi derrota 
dos cfl Naviera y que había heeho afamar sos reservas, M premié al 
frente de cien mil hombres y se descolgó sobre los nirr|H>s de M.iwn.i. 
Linnes y Bcssieres.que eran los uniros del ejército francés que habian pa 
s.idi» a la izquierda del Danubio. Masscna fur el primero atacado en As- 
pero J M mantuvo á |>esar de la inferioridad del numero bacieodo prodi 
jios de valor ; lo mismo ejecutó Lanncs en Kssling, mientras que Bcssio 
res daba brillantes cargas de caballería contra el centro del enemigo sitúa 
do entre ambas aldeas 

> el fuego al cerrarla norhe. Los dea mil tostriacoi dd principe 
C-árlos no habían podido conseguir que retrocediesen una pulgada los Ireio 
ta y rinro mil Franceses de MasM-na. Laooes y Bossirres. Megan los re 
róenos y fatalísima jornada es|iera el día siguiente al archiduque. Con 
efecto, los granaderos de Oodinot, la división deSau Hilan e. dos brigadas 
de caballería lijera y H tren de artillería pasaron los puentes de noche y 
ocuparon sus posiciones en la linea di- batalla. Napoleón lo dispuso todo 
para una gran victoria. A las cuatro de la mañana el enemigo volvió á dn 
la señal del avance , atacando la aldea de Aspen ; pero .Masscna estaba allí 
para defenderla. Aquel guerrero esclarecido, cuyo denuedo, serenidad y 
conocimientos militares nunca descollaban mas altamente que en los tran- 
ce! apurados, no se contentó con rechazar á los Austríacos en todos sus 
ataques; tomó pronto él mismo la ofensiva y arrolló las columnas que se le 
oponían. Al mismo tiempo Lannes y la nueva guardia se arrojaba allá eon- 
tra el ejército austríaco con el intento de zanjar la comunicación de en 
trombas alas. Todo cedió ante el heroico mariscal, y la victoria era ya cier- 
ta y decisiva, cuando á las siete de la mañana informaron al emperador 
que una avenida del Danubio arrebatando plantíos, balsas y hasta los ras- 
tros de habitaciones , se había llevado el gran puente que enlázala la isla 
de Loba o .011 la orilla derecha y que formaba e¡ único medio de corauní 
cacion entre los cuerpos empeñados en la orilla izquierda y el resto del 
ejercito trances, ion tamaña novedad, Napoleón no teniendo mas que 
caneáosla mil hombres para hacer frente á cien mil, manda suspendere! 
movimiento hacia delante , dando orden á sus mariscales de que conser- 
ven solamente sus posiciones para efectuar después su retirada a la isla de 
U>ba u ('.limpíese puntualmente la orden Jeuerales y soldado». scMinn-n 



418 HISTORIA 

esforzadamente el honor de la bandera francesa. E! enemigo, sabedor de 
la rotura de los puentes que habían detenido el parque de reserva del ejér- 
cito francés, privándole así de municiones, se atreve á tomar la ofensiva 
sobre todos los puntos. Ataca al mismo tiempo Aspern y Essling por tres ve- 
ces y otras tantas queda rechazado. El jeneral Mouton descuella capitanean- 
do los fusileros de la guardia. El mariscal Lannes, á quien el emperador 
habia encargado conservar el campo de batalla, desempeña heroicamente 
aquella disposición, y coopera eficazmente á salvar tan preciosa porción del 
ejército francés, cuya existencia acababa de comprometer un fracaso. Pero 
aquel servicio señalado era el postrero que tan esclarecido guerrero debía 
hacer á su país y al gran capitán , que era mas bien su amigo que su amo. 
Una bala le lleva el muslo al terminarse la jornada, y aunque se le hace la 
amputación y con un éxito que infunde esperanzas, no vienen estas á rea- 
lizarse. Llevan en hombros al mariscal ante el emperador, quien no pue- 
de contener sus lágrimas al ver herido de muerte á uno de sus mas queri- 
dos compañeros de armas. « Preciso era, dice, volviéndose á los que le ro- 
deaban, que golpe tan atroz traspasase mi corazón en este dia para que 
pudiese hacerme trascordar á mi ejército. » Lannes , que habia perdi- 
do todo el conocimiento, recobró el sentido hallándose junto á Napoleón, y 
atrojándose á sus hombros le dice: « Dentro de una, hora habréis perdido 
»l que muere con la gloria y el convencimiento de haber sido y de ser 




I»| N U*0| I <»N ll'l 

\ucstro mejor amigo • 1 1 maria .ihni» todavía diez di 
dios la esperanza de salvarlo; pcw una calentura maligna Ir arrebato el 
"i do mayo en \ icna • Ba el monwolo de dejar la «ida. ha dicho Ñapo 
l< un. el hombre so apega n rila ron todo su ahinco L-innov rl ma* «ilion 
le «Ir todos los hombres, aunque privado <le entrambas pierna». no QM 

i ii morir A rada instante andaba el desventurado pregiintait«l<» 101 «I 

emperador : se asía de mí eon lo que le quedaba de «nía ; no quería y no 
|M'n*aha sino en mi Kspeeiedo instinto . pues seguramente amaba masen 
tr añabloinonle a su mujer y á sus lujos. « sin embargo no hablaba de cll<x. 
I-M,pie nada podía esperar ; él era quien los resguardaba, mientra* por 
••I contrario \ o era su protcetor. Yo era en confuso como algo alia «upe 

rior . era su pro« ideneia . y me imploraba Imposible se liana . anadia 

Napoleón . imposible sor mas valiente «pío Mural y (jinnes Kl primero no 
había pasado de valiente, pero el talento de l-annes sehabia engrandecido 
\ ajigantado al nivel de su valor.. Si hubiese vivido en estos últimos 
tiempos, no creo que cupiera en su pundonor rl menor tioecabo 

I ra uno de aquellos varones capaces de cambial la faz de los negon 
mi influjo y su prepotencia personal. • 

1 i batalla de Kssling dio otro golpe al afecto privado del emperador y 
arrebató al ejército, en el jeneral San llilairc, uno de sus roas esforzados « 
entendidos caudillos. « Kn aquel día, dicen las Memorias de Napoleón , 
fenecieron los jcnerales, duque de Montebdlo y San llilaire. dos héroes. 
kM mejores amigos de Napoleón ; quien prorumpio en Ingrimas por ellos. 
No amainara su tesoo por los fracasos, y no fueran infieles á la gloria del 
pueblo francés. • listas perdidas crueles causaron sumo desconsuelo al em 
llorador y clavaron dolorosamente su pensamiento en la no nada de los ne 
gorros humanos. Ksexibiendo á Josefina el ."» I de Rayo y franqueándole su 
quebranto con motivo de la muerte de lannes, que había fallecido aquella 
mañana . prorumpioen esta amarga reflexión: • Asi se acaba todo, • olvi 
< lando en aquel momento la grandiosidad de su obra y la inmensidad de 
su gloria que esperanzaba perpetuar, y la opinión de aquella posteridad n 

I I (pie otaba tributando cultos , y cuya justicia no podia fallar ni para él 
ni ¡vira sos inmortales coropa fieros de armas. 

l-i jornada de Kssling, sumamente esclarecida para las armas franor 
sas , dejo sig embargo la victoria indivisa ¡ ambas partes se atribuyeron H 
triunfo. A los ojos de la Kuropa era un revés para Napoleón . habituado a 
aniquilar al enemigo. el no haber podido desalojar esta veza los «tistriaros 
de sus posiciones y haber tenido que guardar las suyas por un i nenien te 
imprevisto y la inferioridad de sus fuerzas. Kl emperador se hizo cargo de 
que tamaña pausa produciría un efecto moral en estremo desabrido, asi 
en Francia como eu los demás países, para que insistiese en no agravar su 
trascendencia con movimientos refregados. Determino pues mantenerse en 



420 HISTORIA 

la isla de Lobau, que al principio no habia debido ser mas que una especie 
de depósito para el tránsito del Danubio, y en la cual la avenida del rio y la 
rotura de los puentes acababan de acorralarle con una porción de su ejér- 
cito. 

Por su parte el príncipe Carlos , sobresaltado con los movimientos de 
Davoust, que estaba bombardeando á Presburgo , no se atrevió á tomar 
la ofensiva y se decidió á fortificarse entre Áspera y Enzersdorf. 

Sin embargo Napoleón activaba la recomposición de los puentes, y muy 
en breve se hallaron restablecidas las comunicaciones de la isla con la 
orilla derecha. Luego se supo que el ejército de Italia á las órdenes del 
príncipe Eujenio habia derrotado completamente en San Miguel, el cuerpo 
austríaco de lellachich , tres días después de la batalla de Essling, y que 
los vencedores habian verificado su incorporación con el ejército de Ale- 
mania en las alturas del Simmering. Tan próspero acontecimiento se no- 
tició á las tropas en la proclama siguiente : 



« Soldados del ejército de Italia, 
« Alcanzasteis allá esclarecidamente mi anhelado objeto; el Simmering 
ha presenciado vuestra incorporación con el grande ejército. 

« Sed bien venidos, y estoy muy pagado de vuestro desempeño. Sobre- 
cojidos alevosamente sin que vuestras columnas se hubiesen reunido, tu- 
visteis que cejar hasta el Adijio; pero cuando recibisteis la orden de mar- 
char adelánteos hallabais en el memorable campo de Areola, y allí triun- 
far jurasteis sobre los manes de nuestros héroes. Habéis cumplido vuestra 
palabra en la batalla de la Piava, en los choques de San Daniel, Tarvis, Go 

riza La columna austríaca de lellachich. que entró la primera en Mu 

nich y dio la señal de los asesinatos en el Tirol, envuelta en San Miguel, 
ha caido bajo vuestras bayonetas ; y habéis así luego ajusticiado á esos 
restos que se habian salvado del furor del grande ejército. 

.«Soldados, ese ejército austríaco de Italia que mancilló momentánea- 
mente mis provincias con su presencia y se jactaba de estrellar mi corona 
de hierro, derrotado, disperso y aniquilado, gracias á vosotros, será un 
ejemplo de la verdad de esta divisa : Dios me la da, ah de quien la toque. » 
Siguió á la incorporación de Eujenio una nueva victoria alcanzada con- 
tra el archiduque Juan y el archiduque Palatino de Raab, eH4 de junio, 
cumpleaños de las batallas de Marengo y de Friedland. Marmont se reu- 
nió también con el ejército grande y terció en el ámbito de operaciones 
del emperador, después de haber triunfado en Dalmacia. Desde entonces 
Napoleón vio que habia llegado el trance de dar el golpe decisivo para el 
cual, hacia un mes, se estaba preparando. Tras la sangre inservible, aun- 
que gloriosamente derramada en Eylau , se le hizo imprescindible la de 
Friedland; y después de Essling, le faltaba todavía Wagram, cuyo por- 



f)F N I Mil K>\ Vil 

iit.noi ^ii.i.Umn* dd t ijésimo quinto bolftin. que participa primer MM m 
Ir rl |»a<iO «M l>aniil>io. el l da julio a Im din <!•• h norlie. el incendio de 
ln/rivlmíy nlgun.is ventaja* aleanaadaa d día .*» 



M « \«.**w. 




• Kl enemigo, aterrado con los progresos del ejército franca y ron la* 
grandiosas resultas qne iba consiguiendo por instantes , puso en marcha 
todas sus tropas, y á las seis de la tarde ocupo la posición siguiente : su 
derecha deade Stadatas I Ganadorf; su centro desde aquí a Wagram, y su 
izquierda de Wagram y Neusiedel. Kl ejercito frnnn-s tenia su izquierda en 
<.r«>ss V«.prm. su centro en Raschdorf, y su derecha en (.linzcodorf. Kn 
esta posición se daba por cumplida la jornada . estando ya dispuesto para 
la gran tutalla del día siguiente; pero se evitaba e interrumpía la posición 
dd «iiemigg. imposibilitándole el idear plan alguno, si por la noche se 
iviipaba la aldea de Wagram : entonces su linea, ya inmensa . sobrecoji 
da de improviso y con los trances de la refriega , baria vagar a bulto y sin 
nimbo cierto los diferentes cuerpos dd ejercito y se alcanzaba sumo lo 
gro sin lance de la mayor entidad. Verificóse el avance sobre Wagram 
nuestras tropas toman aqodla aldea ; pero una columna de Sajones y otra 
de Franceses se tienen á oscuras por tropas enemigas, y queda 
el intento 



422 HISTORIA 

« Preparóse entonces la batalla de Wagram. Las disposiciones del jene- 
ral francés y del austríaco aparecen inversas. El emperador pasa toda la 
noche agolpando fuerzas sobre su centro, en donde se hallaba en persona 
á tiro de canon de Wagram. Al intento, el duque de Rívoli se encamina 
sobre la izquierda de Aderklau , dejando en Áspera una sola división con 
orden de cejar sobre la isla de Lobau, en caso de novedad. El duque de 
Auerstaedt recibe orden de estender su línea mas allá de la aldea de Gross- 
hoffen para acercarse al centro. El jeneral austríaco debilita al contrario 
su centro para guarnecer y aumentar sus estremos, á los que iba dando 
mayor estension. 

« El C, al rayar el dia, el príncipe de Ponte Corvo ocupa la izquierda 
teniendo en segunda línea el duque de Rívoli. El virey lo enlazaba con el 
centro en donde se hallan eí cuerpo del conde Oudinot, el del duque de 
Ragusa, los de la guardia imperial y las divisiones de coraceros formando 
á siete ú ocho de fondo. 

« El duque de Auerslaedt marcha desde la derecha para llegar al cen- 
tro. El enemigo, por el contrario, pone el cuerpo deBellegarde en marcha 
sobre Stadelau. Los cuerpos de Colowrath, de Lichtenstein y de Hiller, en- 
lazan aquella derecha con la posición de Wagram, en donde se halla el 
príncipe de Hohenzollern, y al estremo de la izquierda en Neusiedelpor 
donde desemboca el cuerpo de Rosemberg para dilatar su línea sobre el 
duque de Auerstaedt. El cuerpo de Rosemberg y el del duque de Auerstaedt 
haciendo un movimiento inverso se tropiezan al rayar el sol, y dan la se- 
ñal de la refriega. Acude el emperador ejecutivamente á aquel punto, 
manda reforzar al duque de Auerstaedt con la división de coraceros del 
duque de Padua, disponiendo que una batería de doce piezas del jeneral 
conde Nansouty coja de costado el cuerpo de Rosemberg. En menos de tres 
cuartos de hora , el hermoso cuerpo del duque de Auerstaedt da cuenta 
del cuerpo de Rosemberg, lo arrolla y persigue mas allá de Neusiedel, 
después de causarle mucha pérdida. 

« En aquel mismo punto se está entablando el cañoneo en toda la línea 
y las disposiciones del enemigo se ponen al golpe de manifiesto; toda su 
izquierda está guarnecida de artillería: aparenta el jeneral austríaco no pe- 
lear por la victoria ciñéndose únicamente al intento de utilizarla. Esta dis- 
posición del enemigo se conceptuó tan desatinada que se temja algún lazo 
y que el emperador titubeó un rato antes de providenciar para escarmentar 
al enemigo. Da orden al duque de Rívoli para que ataque una aldea que 
ocupa el enemigo y que estrecha un tanto el estremo del centro del ejér- 
cito. Manda al duque de Auerstaedt que envuelva la posición de Neusiedel 
y siga hasta Wagram, disponiendo que el duque de Ragusa y el jeneral 
Macdonald formen en columna para tomar á Wagram en el momento en 
que desemboque el duque de Auerstaedt. 



DE NAPOLEÓN 

• hiitrcUnto llega aviso do que .1 enemigo está 
■lamenta la aldea tomada por el duque de Rivoli . que 



«2- 




itqmerda por espacio de Ir» mil tocsas , que se esta oyendo ya recio ca- 
ñoneo por la parle de tirovs Aspern. \ que el intermedio desdo aquel pun 
(o á Wagram se aparece guarnecido de inmensa Artillería. Ya no cabe du- 
da : esta el enemigo cometiendo un yerro capital , y hay que aprovechar 
lo. Kl emperador manda al punto al jeneral Macdonnld que forme en co- 
lumna de ataque las dh ímohps de Hroussier y do Limarquc: las acompaña 
con la división del jeneral Nansouty. la guardia de n caballo y una balería 
de Menta piezas de la guardia y cuarenta piezas de diferentes cuerpos. Kl 
jeneral conde de Lauristoo, al frente de aquella batería de cien piezas , 







¿*MI* 




marcha al trote al enemigo y se adelanta sin disparar , hasta medio tiro 
de canon . empezando allí un fuego horroroso que acalla el del enemigo y 
derrama la muerte por sus filas. Entonces el jeneral Macdonald rompe á 
paso de ataque al arrimo del jeneral de división Heille con la brigada de 
« y tiradores de la guardia , y esta marcha por el frente para i 






424 HISTORIA 

zar el avance. En un instante , el centro del enemigo pierde una legua de 
terreno; su derecha aterrada conoce el peligro de la posición en que se ha- 
lla y retrocede atropelladamente. El duque de Rívoli la ataca entonces de 
frente. Mientras que la derrota del centro deja despavorido al enemigo y 
ataja los movimientos de la derecha, su izquierda se halla embestida y 
amenazada por el duque de Auerstaedt, el cual, dueño ya de Neusiedel,ha 
trepado al páramo y marcha sobre Wagram. Las divisiones de Broussier 
y Gudin se han cubierto de gloria. 

« Son los diez de la mañana , y ya aun los mas torpes dan por decidi- 
do el trance y por nuestra la victoria. 

« A las doce, el conde Oudinot marcha sobre Wagram para auxiliar el 
avance del duque de Auerstaedt. Lo consigue y toma aquella posición im- 
portantísima. Desde las diez, el enemigo tan solo seguía peleando en reti- 
rada; desde las doce, ya esta se mostraba patente y se ejecutaba sin arre- 
glo, y antes que anocheciese, el enemigo se habia perdido de vista. Nues- 
tra izquierda estaba colocada en letelsee y Ebersdorf, nuestro centro sobre 
Obersdorf, y la caballería de nuestra derecha se adelantaba hasta Sonkir- 
chen. 

« El 7 al amanecer , el ejército estaba en movimiento y marchaba so- 
bre Korneuburgo y Wolkersdorf, teniendo avanzadas sobre Nicolsburgo. 
El enemigo, corlado por la Hungría y la Moravia, se hallaba estrechado por 
parte de la Bohemia. 

• Tal es la narrativa de la batalla de Wagram , batalla decisiva y por 
siempre célebre en que trescientos á cuatrocientos mil hombres y mil dos- 
cientas á mil y quinientas piezas de artillería estaban peleando por gran- 
diosos intereses en un campo de batalla escojido, premeditado y fortificado 
meses antes por el enemigo. Diez banderas, cuarenta cañones, veinte mil 
prisioneros, entre ellos cuatrocientos oficiales y gran número de jenerales , 
coroneles y mayores son los trofeos de esta victoria. Los campos de bata- 
lla están cubiertos de cadáveres , entre los que se cuentan los de muchos 
jenerales y el de un tal Normann , francés traidor á su patria que habia 
mancillado su sobresalencia contra ella. » 

Por la tercera vez, Napoleón se hallaba dueño de la suerte de la casa 
deLorena, á la que habia acusado de ingratitud y de perjurio ante la Eu- 
ropa y la historia : por la tercera vez aquel vencedor, tan violento en sus 
amenazas y tan terrible en sus reconvenciones, acoje solicite las proposi- 
ciones pacíficas de los provocadores de la guerra, cuyas esperanzas habia 
frustrado la jornada de Wagram , aniquilando al mismo tiempo todos sus 
recursos. El emperador de Austria pide una suspensión de armas, y Napo- 
león se la concede, quedando firmada el 40 de julio en Znaim. Entáblanse 
inmediatamente las negociaciones para la paz; duran tres meses, y en este 
tiempo habita Napoleón el castillo de Schcenbrunn. 



DH NAPOLEÓN 

Kn aquella mansión salir H devemlwrco de din y ocho mil Ing1«*!»«^ 
ni la isla de Wtkhefvn. la raprtularion de Hcsingn \ la* tentativa* sobre 
\mberes Al punto da orden a lu riHMlottc y al ministro l»arn pira que 
rolen el resgnardo nV cst» ultima playa On tflKlO . los Inglese* qn. .1 n, 
rechazados j tienen que embarcarse de regreso a tualatcrra. después de 
haber perdido las tres cuartal partes de aquel ejército espedí ioáario «Ir 
resaltai de enfermedades 

Kl emperador dispuso que so formase causa al Jeoeral Moud fue m 
se había defendido bastante en Fleai n fja. 

Pero asi oomü se maestra adusto roa los que m lian a jee alado ea *n 
concepto manto habieron podido para salvar H blasón francos, asi se 
complace en vitorear y premiar el mérito de los vahentes y aventajados 
que le auxiliaba poderosamente en los r.impoi > Bfl los consejos, for tan 
lo tres la batalla de Wagram nombro tres nueras mariscales. Oudinol . 
Mscdoaald y Marmont. 

Kl ejército francés v hallaba entonces situado ea lodos los puntos de 
Memania. desde el tmaukna hasta el Klba y desde el Rin hasta el Oder. 
KsU ocupación, siempre gravase |»am los habitantes. los predisponía para 
escachar con agrado todas las declamaciones violentas que los ajenies de 
la Inglaterra y los emisarios de Viena y de Ilerlm hacían cundir contra la 
I inicia y su candida. Las pobln< ii mes alemanas ignnralwn los pasos de 
la diplomacia, y poco enteradas de la falsedad de su chanciller ia. solo les 
constaba que la guerra «a un azote para Hlas y achacaban naturalmente 
la responsabilidad á quien invadía su territorio y se aparecía insaciable 
en sus conquistas. De aquí empezó á fermentar desde entonces en la Jer 
mania un odio nacional contra Napoleón que preparó nuevos y temibles 
enemigos entre los pueblos al representante del principio popular que has 
la entonces habían sido desvalidos entre los soberanos. 

V sumaron los primeros ímpetus de aquella antipatía en Schcpobruno 
con la tentativa de un joven fanático llegado de Krfurtli a Viena pan ase 
sinar á Napoleón. Sobrccojido en H trance , se mantuvo sereno é inaltera 
ble, sin manifestar el menor arrepentimiento; y mostrando solamente pe- 
s-ir de no babor muerto al emperador. Napoleón, qoiso escudrinarle el 
mismo acerca de su pais, familia, relaciones y costumbres. Declaró que 
se llamaba Straps de Krfurtli , y que era hijo de «ia ministra luterano, que 
nunca habia conocido a SeJiill ni a Sehncider, y no oslar hermanado con 
los (raomaaones ni los iluminados. Preguntóle el emperador . ñuño no 
había tratado de matarle cuando estuvo en Krfurtli • Kntooccs dejabais 
respirar á mi pais . respondió . y recia la paz asegurada • Kste joven ao 
liabia intentado pues traspasar á NapoWvn . sino ni autor de la guerra , al 
conquistador infatigable, al perturludor del sosieao europeo Si lospoe 
blo> de Alemania hubiesen conocido mejor la verdadera planta de los ne 

»t 



42f> HISTORIA 

gocios y los provocadores efectivos de la guerra , su encono se asestara y 
su brazo se alzara contra sus propios gobiernos. Napoleón se enteró por 
las respuestas de aquel joven , basta qué punto la política mendaz de sus 
enemigos había acalorado las cabezas en Alemania. Dicen que hubiera que- 



'Wliílí 1! 




rido indultar á Straps, cuya lisura y tesón le habían interesado, y á quien 
por otra parte conceptuaba ciego instrumento de las pasiones enardecidas 
por la vieja diplomacia. Pero sus órdenes no llegaron á tiempo. El joven 
alemau recibió la muerte con la mayor frescura voceando: ¡viva la paz, 
viva la libertad, viva la Alemania! 

La paz, que también tenia sus parciales en el suelo jermánico, se firmó 
finalmente en Viena el 14 de octubre de 1800. El emperador de Austria 
se allanó á nuevas concesiones territoriales para la Francia y la Sajonia, etc. 

El czar, cuyos anhelos durante la guerra se habían exhalado proba 
blemente por los enemigos de la Francia , participó también de los despo 
jos de sus aliados secretos: Napoleón, que creia siempre en la sinceridad 
de las demostraciones de Ermrth , hizo dar á Alejandro la parte oriental 



DE NAPOLEÓN Vil 

itr la antigua it.ilhrta, ultArmniln m ifajajiaj|a .1. . u iii<* » ni.i- mil al 
mas l.u.'go (\\w te firmo d bHaoVí mm lt«» it MannnWlM aaj¡ 
m i Francia y Regó d 96 de octubre ¿íto 





CtPITtlM) X\Y 



Cortíiendas con el gappi Imcoi potación di' los islados romanos goii 
el Huberto fvMMi». 



onde quiera habia cesado en el continente la 
oposición de los reyes á la prepotencia de 
Napoleón y á la pujanza de sus armas. Por 
donde quiera yacia postrado el orgullo here- 
ditario de las dinastías y de las aristocracias, 
. se doblegaba ante la gloria plebeya del tro- 
no imperial ó se guarecia con el piélago para 
encubrir su desdoro y sus llagas. En el me- 
diodía, la casa de Braganza habia huido al 
Brasil, y la de Ñapóles se habia refujiado á 
"^TfflBPWBSrtHSBBr^icilia al relumbro de nuestras águilas vic- 
toriosas , al paso que los Borbones de España habían acudido á implorar 




DE NAPOLEÓN m 

en Bayona d arrimo de Napoleón y entregarle mi corona. Kn d Norte no 
retaban mono» humillados los altivo* linajee ; las casa» de Urrna y de 
brando burgo, poco ha tan engreídas y rencorosas, tenían que amainar «os 
i uolo* v solicitar el dictado de «liados do su vencedor. Por mi parte d ao 
UtIiio autócrata , el caudillo de la nk urina e*claroi uU oV Romano* , ha 
hia aparentado «lejar d papel cabdlercsro do primer campeón dd derecho 
divino, aara ilerirse y pro» toman* por donde quiera d edebrador y ami- 
go dd pronombre ámiicn el moul n utlucionario entronizó «óbrela Freo 
ría. y á cuya corte andaba redoblando embajadas j rendo». I-a» potencias 
menores y las repúblicas se habían visto imprescindiblemente! 
en aquella oleada inmensa de rendimiento uimersaJ: las alte 
se habían puesto bajo la protección del invicto conquistador, y lo» repu- 
blicanos bnlavos le habían pedido un rey de mi alcurnia . al paso que los 
de Italia le daban to corona de hierro y que la confederación helvética 
acedaba mi mediación tan temante. 

Sin embarco en medio de la postración jenernl que causaban en unos 
<>l pnsmo y en otros la zozobra, en aquel cuadro grandioso de la lujación 
i-omnn de las monarmitas y de las repúblicas, asomaba allá cierto claro. 
Kn un rincón de Knropa . al estremo ríe la Italia, el mas débil de los sobe 
ranos poHfcVns osaba eootrares*ar solo al dominador universal.) no lerma 
desentonar con su oposición , mi vituperio y mis amagos, el concierto de 
alabanzas y adulaciones que retaba resonando de estremo i estremo dd 
- -ont mente. Aquel principe pertinaz, aquel órgano postrero de la resisten- 
cia de lo pasado á tos demandas del hombre del día . era d papa , d mis 
mo qnc había dejado el palacio Quirinal para consagrar á Napoleón en 
París. 

El papa, tan poco temible como principe temporal, ¿acaso podía con- 
tar todavía con el efecto de los ra) os espirituales ? ¿Descollaba en Roma 
rebotando depnjaaaa y vida la edad media que se desplomaba ó bambo- 
leaba por todas partes? ¿Habían padecido menos al empuje mortal del 
tiempo los institutos relijiosos y las creencias políticas ea las que habían 
fundado su imperio los soberanos y la aristocracia? 

MU estaba la historia pregonando lo contrario. Doscientos anos atrás 
sehalnaescntoejeFraM^áUsanmseoxíqnesusbiHnsenelabnii aJ pa- 
sar los Alpej. Tren sidos hacia que el espíritu filosófico, las teoría* libera 
le* y rl Ubre escrutinio habían cercenado casi todo el Norte de I uropadel 
señorío penoJcal. Uahia la racionalidad brotado en Alemania con las 
cuestiones Hiñeses . reglándose contra las potencias y soberanías de la 
edad media, la revuniczon en la iglesia asina acarreado en Inglaterra la 
revolución en d estado. Verdad ea nao en Francia d cisma y la 
habían al parecer respetado d fcono de san tais, ó a lo menos no 
logrado aposentarse en d: pero nada habia aventajado la íe roma 



450 HISTORIA 

esta conservación oficial del reino cristianísimo. Sin hablar de los ataques 
dados á las tradiciones del Vaticano con la aparición del galicanismo que 
intentó humillar el numen de Hildebrandoante el de Itossuet, un revojucio 
nario mas osado, poderoso y radical que el cisma y la herejía, habia iu- 
vadido todas las clases de la sociedad francesa, y este era la filosofía. No 
era su afán el contraponer altares nuevos á los antiguos , sino tras- 
tornar todos los cultos salpicando de dudas todos los dogmas, y este arrojo 
habia logrado su intento. Montaigne y Descartes, Voltaire y Rousseau ha 
bian sido para la santa sede enemigos mas azarosos que Lutero y Calvino. 

No cabia en Pió Vil desentenderse de esta verdad que han ido prego 
nando sus mismos sucesores en solemnes y amargas lamentaciones. Pero 
Pió VII era depositario de una potestad que habia avasallado á los reyes 
y gobernado sin contraste la conciencia de los pueblos, cuando el sacer- 
docio, único poseedor de toda ciencia y estudio, y centinela descubridora 
de la civilización, era también el único amparo de los pueblos contra las 
demasías de la irracionalidad feudal. Engreído con este recuerdo y al ar- 
rimo también de la fe que le mostraba el oríjen de su autoridad en el cie- 
lo, no se hacia cargo el pontífice romano de la relajación de las creencias 
sino como una aberración accidental del entendimiento humano, y tanto 
por altanería como por su instituto, no le cabia alcanzar que la decadencia 
de su doctrina hubiese alterado el principio y debia trascender hasta su 
dignidad suprema. 

Pero este empeño del papa era solo una ilusión gallarda. No cabe du- 
da en que la potestad espiritual, civilizadora del mundo feudal, no se ha- 
bia desplomado tanto como el feudalismo. Natural era que las máximas 
relijiosas que habían sobrepuesto el clero á la nobleza en el tiempo de su 
esplendor común , contuviesen un tanto su esterminio. Ningún vacío de- 
jaba en el estado la desaparición de la aristocracia, pero no hubiera suce- 
dido otro tanto con la del sacerdocio; porque si es obvio á la filosofía, tras- 
tomadora del orden político, sustituirle otro nuevo, formar una república ó 
una monarquía, labrar una constitución, plantear un gobierno, idear una 
policía, y finalmente hallar hombres y leyes para salvar interinamente y 
con mas ó menos acierto lo material de la sociedad arrrollando desconcier 
tQS, nada de esto cabe en el orden relijioso. Allí no hay organización inme- 
diata que esperar, ni voto de dogmas, ni encumbramiento arbitrario y re- 
pentino de individuos. Entonces las creencias añejas, en medio de su men- 
guante , quedan allá como escombros grandiosos á cuyo abrigo se acojen 
cuantos tienen que orar y creer , cuantos viven de hábitos á falta de fe. 

Aquella perseverancia servil del conjunto de los fieles, suficiente para 
mantener algún asomo de movimiento en los templos y encubrir la indi 
ferencia de las almas bajo las esterioridades de un ejercicio sin trascen- 
dencia ; aquella perpetuidad del culto en medio del desmoronamiento de 



DE N IPOI l «»n 431 

ku doctrina* y de I» creencia* piulo mío engatar á la po test ad espin 
in.ll .un < i de mi \ . i dadei i rilnadoa . é inducirla á conceptuar que aun Ir 
quedaba poderío para hablar a lo* rr)« y emperadores rl aliño lenguaje 
ild monje de das] 

Deedc IHO.». |»oco después de la coronación del cm parador . Tío Vil 
había querido r radiar la* rsprrauzas qnr Ir habían determinarlo a Iramon- 
lar lo» Alpes para consagrar rn París la resolución francesa en la persona 
de Napoleón Estaba pidiendo de eontÍNO que h Ir . -ntregasen la* leg» *> 
nesy se engrandeciese mi trrritorio. Fata concesión no cuadraba ron las 
mirai dd emperador sobro Italia, y quedo siempre desatendida Kntónces 
el pontífice se arrepintió de haUr tranqueado mi ministerio supremo para 
un ario que esc luía del trono rio Francia • a lo* hijo* primojcnito» de la 
igfeeia. > Su pesar y desagrado M iiianifr*iarnn ea mi* palabra*, m te» 
radas y m todos sos pasos. Rehusó ob*tinarlamrntr la uistiti» ion rano 
nica dr lo* obispo* nombrados por rl rmprrador ron arreglo al concorda 
to . \ siguió franqueando su» punto* á los Ingleses. 

Krta conducta enojó á Napoleón y escribió al papa el 43 de lebrero de 



« Por intereses mundano* se drjan perecer la* alma* 

• > ueslra santidad e* soberana dr Roma ; pero yo soy so emperailor y 
lodo* mi* enemigo* deben serlo suyos. • Pío > II respondió como lo hubie 
ran hecho lo* R oa Mot i o i J (.rucónos: • FJ *umo pontífice no reconoce ni 

nunca reconoció potestad alguna superior a la suya FJ rmprrador ilc 

ROM no existe B rkario «le un Dios ilr paz debe comunicarla a todos 
sin barcr distinción de eatolico* Ó ln i 

No rabn en contratación tan alli\a y desentonada rl aplacar la desteñí 
planza del emperador. Insistió, amenazó; pino fue en \ano Pío \ II alega 
ha que se alema á los términos del i O tO l d a lo que no lijaba plazo para la 
inclín, ion canónica. \ no quena desprenderse de lo que llamaba un medio 
de arción para la santa sede sóbrelos gobiernos y los pueblo*, la* nere 
ridadei «le sus sulxlitov mis principio* dr paz y la caridad OttVCnal le im 
ponían la admiMon de lo* Ingleses en sus puertos 

I I encargado de negocios de Napoleón trato de hacer cargo al papa 
dr que vmejanlr lenguaje > sus ilaciones eran intempesta a* . ) que solo 
sminan par/ acarrear alguna tormenta sobre Roma FJ papa se manlmo 
inflexible . H M quitan la \ ida. le dijo al ministro francés, mi srpolrm 
me sera honorífico ) quedaré sincerado á los ojos de Ihos y rn la inetnona 
«Ir los hombres Si el emperador ejecuta su* amenazas y no quiere re- 
conocerme como principe soberano, tampoco \o le icconorerr como cea 
pecador si yo quedo mal . él no quedará muy bien. • Pío Vil estaba per 
r e ndid o que una maldición de so boca sena muy aciaga para Napoleón, 
j que la santa serle solo podía ir a ganar rn un rompimiento absoluto 



452 HISTORIA 

«La persecución, decia, producirá el cisma, único medio de salvar la 
iglesia. » 

Todas estas espresioues de altivez y de terquedad, referidas al empera- 
dor por su plenipotenciario, no hacían mas que sobrecojerle, desconsolar- 
le é indisponerle cada vez mas. El I o . de mayo de 1807 , escribió desde 
las márjenes del Vístula al príncipe Eujenio, entonces virey : «Con que el 
papa no quiere que yo tenga obispos en Italia. Sieso es servir larelijion , 
¿cómo deben obrar los que quieren perderla? » 

El resultado de las campañas de Prusia y de Polonia no alteró la de- 
terminación de Pió VII. Después del tratado de Tilsitt , sabedor del ren- 
dimiento de los potentados del Norte á las miras de Napoleón, persistió 
el papa en oponer al vencedor de Priedland la supremacía de la santa sede 
sobre todas las potestades de la tierra. Entonces Napoleón acordó, de vuel- 
ta á París , enviar desde Dresde á su ministro en la corte de Roma una 
larga carta en la que sentenciaba ya desde su escaño las pretensiones pon- 
tificias y anunciaba que si se hacia preciso, iría á responder personalmen- 
te al papa en la misma Roma. « Su Santidad, le dice, ¿creería acaso que 
son menos sagrados los derechos del trono que los de la tiara? Habia reyes 
antes que hubiese papas Dicen que quieren denunciarme á la cristian- 
dad. En eso hay una equivocación de fecha de mil años... Dos años hace 
que la corte de Roma predica á la sordina una rebelión jeneral. Si lo con- 
siento al papa actual, á ningún otro papa se lo consintiera. ¿Qué preten- 
de hacer con denunciarme á la cristiandad? ¿Poner mi trono en entredi- 
cho? ¿escomulgarme? Pues qué, ¿piensa que seles caerán las armas de 
las manos á mis soldados? ¿Cree poner el cuchillo en manos de los pue- 
blos para degollarme? Papas furibundos ha habido que han predicado tan 
infame doctrina; pero aun se me hace cuesta arriba el creer que Pió VII 
esté en ánimo de imitarlos. Entonces no me quedaría mas arbitrio que 

cortarme el cabello y encerrarme en un claustro Es tanta la estrava 

gancia, que no puedo menos de contristarme con ese devaneo de que ado- 
lecen los dos ó tres cardenales que manejan los negocios de Roma. 

« El papa actual se ha tomado el afán de venir á mi coronación. He co- 
nocido en este paso á un santo prelado ; pero quería que le cediese las le- 
gaciones. No he podido ni he querido hacerlo. El papa es demasiado po- 
deroso Amenaza que apelará al pueblo. Por consiguiente apelará á mis 

subditos, ¿y qué le dirán estos? Le dirán, como yo, que quieren la reli- 

jion , pero que no quieren tolerar nada de una potencia estranjera Yo 

tengo mi corona de Dios y de la voluntad de mis pueblos. Siempre seré 
para la corte de Roma un Carlomagno, y no un Luis el Manso. Silos sa- 
cerdotes de Roma creen conseguir un engrandecimiento temporal valién- 
dose de sutilezas, se engañan. No daría las legaciones por una reconcilia- 
ción. » 



DK NAPOLEÓN t.V. 

No ha] duda ni que ofrecía un grandioso espectáculo aquel ademan d. 
entereza inalterable de un pontífice desarmado á la faz de nn conquista 
dor bajo rujo espada temblaba \ se rendía toda la Rompa; prro la* pre 
loniiofl ) amonara* pontificales nn dojalwwi de encerrar . ronw decia 
Napoleón . un yrro do focha de mil años K.n tuno se afanaba Roma i la 
prepotenna moral y H templo brioso «lo su obispo no podían d eí o lftfle *" 
antiguo poderío % solo teman para dar realce a un individuo majestuoso 
importa pie la riodad Pierna lóndiga i» mddiea el adolar.fr nin 
gUII principe liare alto rn día. porque ninsun purblo aguarda ^ de rila 
1 1 señal de la sumisión ó de la deso b e d ien c ia . de la adbnion A del dospr 
go respecto i sus candillos. Roma asi lo ha querido D ia p n e s de haber do 
minado los reyes n favor de los pueblos en nombre dr la emli/anon. en 
toncos cristiana, M colmo con los royes contra loi pueblo* bajo la bando 
ra de las preocupaciones v de los abusos, cuando la civilización, dejando 
en sus continuas J |io.;i.Mvastrasformacioncs la tu mea del sacerdote pa 
ra tomar el manto del filosofo, vino á verter por el orbe especies nuevas 
y arrojadas, mas avcuiblos ron las doctrina» del F.vanjHinquc con bucos- 
lumbres de un sacerdocio admitido por la potestad temporal * la repartí 
non «le los pmi lejíos políticos y el embeleso de la \id.i mundana. 

lntoncos |h imprecaciones soberanas del Vaticano ya no se asestaron 
contra las fiosmciai y los escesos del opresor feudal, sino contra tarazón 
md<>al \ los deseos de emancipación del pueblo oprimido, \justose la 
alianza entre la corona y la tiara sin distinción de rreencia* relijiosas 1.a 
soberanía, ya hereje o cismática, mereció mas agrado en Roma que la libor 
tad ortodoxa. Ksta lo ha tenido presente, y cuando la Providencia dio la 

1 1 dt las revolueíones \ a los pueblo» la potestad de fulminar allá uno*, 
mismos anatemas . los traspasaron al barón y al clérigo que se habían be 
olio sus auxiliares. Kl rayo ha venido al par á caer sobre los púlanos epis 
eopalesy las mansiones soberanas. Leí potestades encontradas en la edad 
media han sellado su roeoneilianon amenazadas por la tormenta. Habían 
ahusado man» omunad.uuenle de su pre po te n cia . y alia han zozobrado dr 
pareja Mh do la mofa del filósofo \ la afluencia traspasante del tribuno 
habían rasgado el maulo rejio, laeabicn te han podido notar manrhai in 
del eble! ) jiron«*s irrepafabtei fechos á la purpura romana, y han trasren 
«lulo a la sapta sede los ftitaf I J conmociones que andaban volcando 
nolica 

\si pues, «uando Pío Vil sigue clamando por la supremacía unifersnl 
deque gozaron sus predecesores, sin hacer caso de la diferencia de lo» 
tiempos, esta tentativa tan solo merece conceptuarte romo un anacronis- 
mo mu trascendencia. Por mucho que se encarame sobre e! orgullo here- 
ditario del Vaticano y ostente desde la cumbre del yuinnal sus rayos apa- 
gados . H potentado a quien amenaza esta demostración tiene ya mnv 



434 HISTORIA 

conocida su inutilidad ; sabe que no es un papa temible de la edad media 
el que se levanta contra él , sino allá una sombra desvalida, y que no se 
requiere mucho denuedo para arrostrar la escomunion en medio de un 
pueblo que no cree como él en la resurrección de lo pasado, y en cuyo re- 
gazo el alarido alborotador exhalado por la venerable cabeza de la cris- 
tiandad apenas conmueve algunas almas en el recinto de los presbiterios 
y de las basílicas. 

Sin embargo, Pío Vil , al paso que esgrime la embotada cuchilla de 
Gregorio VII y de Sixto V , se muestra dispuesto á recibir en su palacio al 
formidable enemigo que le anuncia una próxima visita. « Si tal intento se 
realizara, á nadie, dice, cederíamos el honor de obsequiar á tan escla- 
recido huésped. El palacio del Vaticano, que mandaríamos preparar, esta- 
ría destinado para el alojamiento de V. M. y su comitiva. » 

Pero el emperador no pudo ejecutar aquel viaje. Los negocios de Por- 
tugal y los de España le detuvieron en Paris, mas pronto á marchar hacia 
los Pirineos que á pasar los Alpes. Sin embargo continuaron las negocia- 
ciones con la santa sede por la mediación de los ajentes diplomáticos, y 
siempre con poco éxito. El papa se resistió mas que nunca á las urjencias 
de Napoleón, y este persistió por su parte en no acceder á los deseos del 
pontífice, de modo que se hacia ya inevitable el rompimiento. « Cesen pues 
las negociaciones, escribió Napoleón á su ministro, el 9 de enero de Í808, 
ya que el papa asi lo quiere, y que en adelante no haya ninguna relación 
pacífica entre sus estados y los de S. M. ■ 

Esto era pregonar que las tropas francesas ocuparían muy luego los 
estados romanos. Pió VII no podia menos de entenderlo, y así dijo al 
ájente de Francia en una audiencia que le dio á fines del mismo mes: 
«No habrá resistencia militar. Me retiraré al castillo de San Anjelo. No'se 
tirará un tiro; pero será preciso que vuestro jeneral mande derribar las 
puertas. Yo me colocaré á la entrada del fuerte. Las tropas habrán de pa- 
sar sobre mi cuerpo, y el universo sabrá que el emperador ha hecho pisar 
á quien lo consagró. Dios hará lo demás. • 

No hay duda de que todo era asombroso en este lenguaje. El pontífice 
se mostraba grandioso en su resignación y sublime en sus esperanzas; pe- 
ro esta entereza y confianza tan solo estribaban en la fe aislada de sacer- 
dote soberano, cuyas prendas estaban condecorando. Dios no tenia ya na 
da que hacer por el papazgo, y el universo, poco afanado en conmoverse 
por él , ni siquiera echaba de ver sus peligros y sus quejas. 

Según las previsiones de Pió VII, el emperadar dispuso y mandó la 
ocupación militar del patrimonio de San Pedro. Algunos destacamentos de 
tropas francesas bastaron para marchar á la conquiste de una ciudad que 
habia sido dos veces arbitra del mundo y cuyo inmenso dominio habia 
recibido otras tantas la promesa de la eternidad. Por demás hubiera esta- 



DK NArni.KoN isa 



(lo todo aparato de luorzas militaron. I-a reina (Ir la» 

ipareddo; yano velaba en el Capitolio el mimen de la antigüedad, yd «Ir 

la edad inedia estaba espirando en d Vaticano . H signo que ln/«» 

a Constantino se inclino pon sin resistencia ante la» águilas de 

cuyos soldados pudieron d»vir, al apoderar*** sin disparar un tiro de h 

grandiosa capital , que en lo sueesivo la ciudad eterna ya no era mas 

que un magnifico mausoleo y la tumba \crta y solitaria de los 

y de los Césares 

Kstc derrocamiento, no menos estruendoso que el de Bayona , 
deaba el triunfo de la revolución francesa. Kn medio de las conticmlas de 
Pió Vil y de Napoleón, el sistema moderno había venido á dar á Nn mi 
prepotencia y zanjar por tín las grandezas romanas, pintando sus msic 
nías en las cúpulas de la orgullosa metrópoli de lo pasado , sin encontrar 
la menor oposición , sin mover á protestas á los pueblos y a los roye* de 
la cristiandad . sin enarbolar en el universo católico la señal de una nueva 
cruzada. 

I a inili'MbilnLid del papa no se dio empero por vencida con la un i 
sion de sus estados. Kn desempeño de su amenaza, lanzó Tio Vil una bula 
de esconunion contra el emperador, cuando vio que este ultimo no era 
menos inmutable que el en sus resoluciones y que la ocupación militar dn 
Roma se iba dilatando indefinidamente « Por la autoridad de Dios Todo 
|x»derr*o. de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y la nuestra, dice el san 
to padre . declaramos que asi \ os como todos los que han cooperado en 
el atentado que acabáis de cometer, habéis incurrido en la oscomunion . 
etc. etc. • 

Napoleón so hallalm en Niena, enramado con los laureles de Kckmulil 
\ de Itatisbona, cuando supo la publicación de aquella bula Al punto de 
terminó exíjirle al papa la incorporación del dominio pontifical al imperio 
francés, y en caso de negativa . apoderarle de su Santidad Kl jeneral 
Itadet fué el eomisionado do tan desabrido encargo. \1 intento le presen 
la en el palacio (¿uirinal por la noche del '» al 11 de julio de IKOO é insta 
. lica/mente a Pió Vil para que consienta en la cesión 6V so dominio teni 
poral, evitando asi las providencias violentísimas á que lo espondria una 
i.-Msteiioia infructuosa « No puedo, ni debo, ni quiero, respondo el pon 
tilico. Prorqpti ante Dios conservará la santa iglesia todas mp oü 
\ nunca faltaré al juramento que hice do mantenerlas . Kl jeneral replico 
• Santo padre, siento en el alma que vuestra Santidad no acceda á esto 
demanda , porque no hacéis mas con ese empeño que esponcros a nuevas 
tribulaciones. » — Kl rktx • • Ya lo be dicho ; nada en la tierra puede ha 
«•orine mudar de propósito, y estoy pronto á derramar la ultima gota de mi 
sangro y á perder ni infante la vida antes que venir á quebrantar el jura 
mentó que hice aata Mm - li moui « I a determinación que tomáis 



430 HISTORIA 

será quizá para vos el orijen de grandes calamidades. • — El tapa : « Es 
loy decidido, y nada puede alterar mi ánimo. » — El jeneral. « Ya que 
tal es vuestra determinación , siento las órdenes que me ha dado mi sobe- 
rano y el encargo que me ha cometido. » —El papa : « A la verdad, hijo 
inio, esta comisión no llamará sobre vuestra cabeza las bendiciones del 
cielo. » — El jeneral: « Santo padre, preciso es que vuestra Santidad ven- 
ga conmigo. » — El papa : « ¿Y es ese el reconocimiento que se me reser- 
va por todo cuanto he hecho por vuestro emperador? ¿Es este el galardón 
debido á mi gran condescendencia con él y con la iglesia galicana? Pero 
quizá soy en este punto culpado ante Dios ; quiere castigarme, y me con- 
formo con humildad. » —El jeneral : «Tal es mi comisión , siento ejecu 
larla , porque soy católico é hijo vuestro. » Entonces el cardenal Pacca pi 
de que el santo padre pudiera llevar consigo las personas que espresaria; 
pero el jeneral responde á su eminencia que , según las órdenes del empe 
rador, solo él puede acompañar al papa. — « ¿ Y cuánto tiempo se nos con 
cede páralos preparativos del viaje? » replicó el cardenal,— « Media hora, » 
contesta el jeneral. Entonces el pontífice se levanta y solo pronuncia es 
tas palabras : « Vamos, hágase conmigo la voluntad de Dios. » 

Un coche aguarda al papa á una de las puertas del palacio. Pió Vil su 
be cu el con el cardenal Pacca. El jeneral Radet se sienta delante en un 
birlocho. En la puerta del Pueblo estaba dispuesto otro coche para los au 
gustos viajeros. El oücial francés quiso utilizar aquel tránsito para reno- 
var sus instancias al papa. — • Aun es tiempo, le dice, que vuestra Sanli 
dad renuncie á los estados de la iglesia. » — « No, » repite despegadamen- 




DE NAPOLBOM J" 

!• el |H>ntili<r \ la | url./iirl.i del eooho ««• neroi inmi lüwt—iente. A lo» 









l>oeos minutos se baila forra de liorna y en rl camino «le Florencia Algo 
nos biógrafos lian supuesto que el jenoral lladet liabia enramado poste 
nórmente al pintor Itcnvonutti un cuadro que representaba la salida del 
|>npa da Monto ('.avallo ron Unios los personaje* que lo aoompaftaban. 

• l'.l desgraciado pon ti fice . dice M. de llourricune, anduvo errante do 
ciudad en ciudad , sin que nadie quisiera albergar á tan ilustre prisionero 
F.lisa lo envió de Fhrencia i Tnrin . y el triaÓBfl da Horglicae lo envié 
desde Torio al interior déla I-rancia. Tuvo invariablemente por guardia 
de honor una partida de jendarmes; y finalmente Napoleón lo remitió a 
S IVON en el gobierno del principe Borghcso, sin duda para recordar alia 
estudiadamente á su cuñado que antes de lograr emparentar con él, había 
tenido por ensalzador á Paulo V. (.orno quiera que sea, este suceso dea- 
agradable no conduciría para opinar que el ciclo se complace en vengar 
prontamente los atentados contra la cabeza de la iglesia , porque el mismo 
día (pie siguió á la noche en que el papa fué arrebatado de Roma, resplan 
debo la victoria de Wagram. » 

Desde el palacio imperial de Schrcnbrnnn y durante las negociaciones 
de la pazcón el Austria, envió Napoleón al jcncral Xiolhs, comandante 
militar do Homa. orden para ejecutar el decreto que incorporaba los esta 
dos del papa con el imperio francés. Al dar cuenta de esta disposición al 
cuerpo lejislativo en la apertura do las sesiones de I80tt, después del Ira 
lado de V ieua . el emperador se espresó así i 

• Ia historia me M MJ e t r i la conducta que debia observar con Roma, 
l-os papas, habiendo llegado á ser soberanos de una parte de Italia , se han 
manifestado á todo trance enemigos de las demás potestades preponderan 
les do la Península. Han empleado su influjo espiritual para perjudicarla 
Se me ha demostrado que ora contrario ala independencia de la Francia. 
i la dignidad y alian/amiento de mi trono, cualquiera influjo espiritual 
ejercido en mis estados por un principe estranjero. Sin embargo, como es 
toy enterado de la necesidad del inllujo espiritual de los descendientes del 
primerode los pastores, no lio acortado á hermanar tamaños intereses, sino 
■ululando la donación de los emperadores franceses mis predecesores, « 
incorporando {os estados romanos con la Francia. • 

Pió Vil lo habia previsto todo, desapropio)' persecución, \ e>ta pers 
pectira no había conmovido su alma grandiosa. Cuando se hubieron rea 
hzado sus previsiones, insistió aon mas en su primera resolución n laa 
do 1810, negó la institución canónica á un obispo que Napoleón había 
nombrado para la sede de Florencia, y aun prohibió por un breve que se 
admitiese un administrador F.I emperador pidió á su consejo de estado 
un informo sobre este punto, mandando que se imprimiese, como tam 
bien d breve del papa. En \a*io lo opusieron los inconveoieotei que tenia 



458 HISTORIA 

semejante publicación. « Deseo esta publicidad , dijo , preciso es que toda 
la Europa se entere de mi longanimidad, la provocación del papa y el mo 
tivo de las providencias que voy á tomar para atajar y precaver en lo su- 
cesivo semejantes actos. Es »n crimen por parte de la cabeza de la iglesia 
el habérselas con un soberano que respeta los dogmas de la relijion. Ten 
go que resguardar mi corona y mi pueblo y el universo entero de estas 
temerarias empresas que harto tiempo envilecieron á los reyes y atormen- 
taron ala humanidad. Un papa que predica la rebelión á los subditos ya 
no es la cabeza déla iglesia de Dios, sino el papa de Satanás. 

« Hora es ya de poner coto á tanta avilantez, usurpación y desconcicr 
to. Creo que la Providencia me ha llamado para que reponga en sus justos 
límites esa autoridad perniciosa que los papas se han abrogado, precaver 
de ella á la jeceracion presente y librar por siempre á las jencraciones ve 
nideras. Que al menos se tomen en Francia contra esta autoridad invaso 
ra las mismas precauciones que contra las demás potencias de Europa. 
Dentro de ocho dias se presentará al senado un proyecto para restablecer 
el derecho que siempre tuvieron los emperadores de confirmar el nombra- 
miento de los papas, y para que estos juren, antes de su instalación, en ma- 
nos del emperador de los Franceses , avenencia á los cuatro artículos de 
la declaración del clero de \ (582. Si los artículos son ortodoxos , ¿porqué 
los papas los desechan? Si no están conformes con la creencia de los papas, 
¿ estos y los Franceses no pertenecen á la misma relijion? » 

Con efecto , tiempo había que los Franceses no correspondían ya á la 
misma relijion , á pesar de las manifestaciones esteriores de una práctica 
común ; á no ser así , el monarca escomulgado por haber quebrantado el 
patrimonio de San Pedro y aherrojado á su sucesor no hubiera seguido 
acaudillando bajo sus banderas á una nación tan acalorada con su entu 
siasmo , cuando su augusto prisionero estaba viendo caer sus jemidos y la 
mentos en un abismo sin fondo y sin contestación, esto es, el de la indi 
lerenda. 





<;\nn i.n \\\i 



•I i mpri uliii Su catamirnin ron uní jrrhiilnqnrví > !•■ to<tiu 




i. regresar de Alemania, Napoleón se había 
detenido algún tiempo en Kootainebleau . 
donde estuvo espidiendo varios decretos re 
lativos á la administración del imperio 
leatituido ri sn capital . siguiéronle U* re 
yes sus hechuras, desalados linios • n albri 
cías por sus nuevos triunfos y la rondnaion 
de lapas Hilan , Florencia j Romadeapa 
eharoa dipotacionei ••<>n ignaJ objeto; H 
sínodo priego de Dalmaria envió tasnmea 

la suya, j NapnleM m recibiáen endiencia soten» d 90 de notienabre 

«I»- mw 

\ creábase d eumplennos de la coronación y de la batalla ile Aoster 



UO HISTORIA 

ílitz , y echóse el resto en su celebración , pues sobre el boato de la fiesta 
anual, se cantó un Te Deiim con motivo de la paz , y la iglesia de Nues- 
tra Señora recibió esta vez, no solo el senado y los demás cuerpos eminen- 
tes del estado , sino también el concurso de altezas y majestades que ibr 
maban entonces la corte y el séquito del emperador : asistieron á la cere- 
monia los reyes de Sajonia, Holanda, Wesfalia, Ñapóles y Wurtemberg. 
Pocos dias después, el virey de Italia y los reyes de Bavicra aumentaron 
mas aquella reunión de testas coronadas. 

Napoleón podia conceptuarse en la cumbre de su poderío. Ya que no 
ie era concedido plantar nunca sus águilas en las torres de Londres , nada 
mas tenia que añadir en Europa á su esclarecida nombradía. Empero fal 
taba mucho para que ya quedase desempeñada su carrera. Por él y con él 
habia trascendido la revolución en Ñapóles, Madrid , Roma, Milán, Vie- 
na, Munich, Stuttgard, Casel , Maguncia, Dresde, Hamburgo , Berlín 
y Varsovia; pero la revolución, reducida á distrazarse con el traje imperial, 
ya no podia proceder arrebatando á los pueblos con el ímpetu de una 
propaganda. Importábale pues residir cuanto pudiera en pais estranjero, 
para que la comunicación recóndita y pausada de sus miras y costumbres 
pudiera plantearse, florecer y fructificar sin tropiezo. Napoleón la sirvió 
colmadamente. Obstinado en fundar una dinastía y conseguir para él y sus 
descendientes el timbre de la hermandad soberana por parte de las mayo 
res potencias del continente, quiso granjearse, tras sus señaladas victorias, 
la amistad y alianza de los potentados que habia vencido. Erfurth con- 
ceptuaba que le tenia afianzado á Alejandro. Si lograba enlazar al Austria, 
la Prusia sola no se atrevería á moverse ; el influjo inglés zozobraría en 
el Norte, y los tratados de paz dejarían de ser meras treguas ó armisticios. 
Tras esto, poco importa que sea una ilusión aciaga en que incurrió el 
prohombre con la esperanza de pacificar duraderamente la Europa y enla- 
zar sinceramente con su alianza los antiguos linajes rejios de Petcrsburgo 
y de Viena. Los conatos pacíficos de Napoleón han de parar siempre en 
grandiosos resultados: alejarán la esplosion de la guerra; dejarán que los 
soldados franceses sigan cubriendo por algunos años la Alemania y una 
parte de la Polonia, mostrando á los pueblos de aquellos países, en las re 
Iaciones diarias de la vida común , la moral revolucionaria y los hábitos 
democráticos en planta. 

El afán de redondear su establecimiento dinástico y de quedar admi- 
tido en la alcurnia rejia infundía á Napoleón ideas favorables á la pacifi- 
cación de la Europa. Pero al mismo tiempo que se ajenciaba amigos y 
aliados para su dinastía en las cortes estranjeras , pensaba en darle en 
Francia una planta nueva. Conceptuó lograr entrambas miras divorcián- 
dose de Josefina y contrayendo un nuevo enlace que le prometiera here 
deros de su sangre en linea recta y augustas alianzas fundadas en un escla- 



DF N MM»| ION U| 

ircido parentesco. Ya no le bastaba la adopción <lr I nj«fKSO. Rri a 1 1 rfl 
dad un menor prnnlo i asir bu riendas > aolwrnar por si indino . pOVO 
00 s«> había educado para el trono . \ a los oyts de Napoleón carri 
presumió del Bidarionto, pon pretoria fundir mi imperio sobre la runa ilc 
nn niño nocido principe imperial . antn que rondarlo ,il noble carácter 
de nn mentó palpable v A la capacidad patentada nn individuo formado 
a mi ismediarion. I><< idiose )| im h separación do Josefina Ksta, se lo 
ntaba lemieodo, >aunqoe bubieae ido labrando la dicha de su man ' 
le bobine njoatrado constantemente su mas entrañable amiga,* se«un di 
ce Napoleón mismo en el Memorial de Sania llrienn. I ai coñuda aciones 
de ntado se babian sobrepuesto en el ánimo del emperador á los afectos 
particoiam, siendo ante todo un estadista Josefina bahía laido tiempo 
atrás la suerte que le estalla reservada en la fisonomía da su esclarecido 
nposo, que al parecer se le iba retrayendo al paso que se encumbraba mas 
y mas |>or la esfrra de las grandezas y las vanaglorias monárquicas. Al fin 
se realizaron sus corazonadas. Kl arcano tan aciago qne bahía estado •»• 
aetrando en el pecho de Napoleón y cuya aprensión le demarraba cruel 
mente el inyo . le fué revelado |M>r mi mando Kra el 7A) de noviembre de 
tsoo Kl emperador j la emperatriz babian coñudo juntos ¡ Napoleón c> 
taba pensati\o \ preocupado, Josefina apocada y silenciosa. Terminada la 
comida, despide a los circunstantes. « Kstaba yo leyendo en h alteración 
de IOS facciones, ha dicho después Josefina, la bicha que batallaba en su 
interior: mas al fin veia que era ya llegada mi hora. Kl estaba trémulo, y 
\o sentía OJ estremecimiento de pus á cabeza. S- acerca á mi , me ase la 
mano , la coloca sobre su corazón , me mira un rato calladamente, y al 
fin prommpe en estas fu nestisimas palabras: Josefina, mi preciosa Joseli 
na. va snbncuanto te he amado V ti sola he debido los únicos instan 



MV.t) «r w ■ 



r 11**' 




M 



442 HISTORIA 

tes de dicha que he podido disfrutar en este mundo. Josefina , mi destino 
se sobrepone irresistiblemente á mi albedrío. Mis mas íntimos afectos de 
ben enmudecer ante los intereses de la Francia. » Josefina no quiere oír 
mas, é interrumpe arrebatadamente al emperador. «No hay que añadir 
mas, le dice, ya me lo temia, quedo enterada i Sus sollozos la inter- 
rumpen y ahogan sus palabras, se desmaya y la llevan á su estancia, en 
donde se vio, al volver en sí, entre su hija Hortensia y Corvisart, y enfren- 
te de Napoleón. 

Pero tras aquel primer sacudimiento que debia presumirse, sobrevino 
un pesar mas entrañable y sosegado. Josefina manifestó resignarse, avi- 
niéndose á cuantas demostraciones públicas se le impusieron. El drama 
oficial se representó en las Tuilerias la noche del \ 5 de diciembre de \ 809, 
en una reunión de familia á la que asistían el canciller mayor , Cambace- 
rcs y el secretario de estado civil. Napoleón, que lo tenia dispuesto ya todo 
para la ejecución de sus intentos, se espresó de esta manera: 

« La política de mi monarquía, dijo, el interés y la necesidad de mis 
pueblos que han dirijido constantemente todas mis acciones, requieren 
que, faltando yo, deje á mis hijos, herederos de mi amor á mis pueblos , 
este trono en que la Providencia me ha colocado. Sin embargo, años 
hace que he perdido la esperanza de tener hijos de mi matrimonio con mi 
querida esposa la emperatriz Josefina: esto es lo que me induce á hacer 
el sacrificio de los impulsos mas gratos á mi corazón, á escuchar tan solo 
el bien del estado y apetecer la disolución de nuestro matrimonio... Lle- 
gado á los cuarenta años, puedo esperanzar todavía suGciente vida para 
criar con espíritu y pensamiento los hijos que la Providencia se sirva dar- 
me. Sabe Dios cuanto me ha costado esta determinación; pero no hay sa- 
crificio preponderante á mis alientos , cuando se me demuestra que es 
provechoso al bien de la Francia. 

« Forzoso me es añadir que, muy lejos de mediar motivos de queja , 
no he tenido al contrario mas que razones para complacerme con el cari- 
ño y ternura de mi muy querida esposa: ha estado realzando quince años 
de mi vida; su recuerdo quedará por siempre esculpido en mi corazón. 
Fué coronada por mi mano, y quiero que conserve el carácter y el dictado 
de emperatriz ; pero sobretodo que nunca dude de mi afecto, mirándome 
siempre como á su mejor y mas íntimo amigo. » 

Josefina se esmeró en ahogar su conmoción amarguísima desempeñan 
do con señorío el desairado papel que se le habia impuesto, y fué puntua- 
lísimamente pronunciando las idénticas palabras de oficio que recojió el 
canciller para llevarlas al senado : 

« Con el permiso de nuestro augusto y querido esposo , dijo, debo de- 
clarar que absolutamente desahuciada de tener hijos que puedan satisfa 
cer las necesidades de su política y el interés de la Francia, me complaz- 



DF. N \IMH KnN M5 

n» ni darle la ma>or prueba «Ir carino \ icinma i|M N haya dado sobre 
la tierra lo itabo lodo «mi «lianarion. mi mano me coronó, y desde lo alio 
de ni< «¿olio no he recibido mas que testimonios de afecto y de amor por 
parte del puebm francés 

• Conceptuó dar por reconocidos tolos estos estrcmos. consintiendo en 
1 1 iIisoIii.imii de un matrimonio trata en adelante nn obstáculo á la Mi 
«i dad de la Francia v la defrauda de ser un día «ol>ern*da por los descen- 
dientes de un prohombre tan á la* claras aprontado por la flroi idcncia pa 
r a soterrar los quebrantos de una rewducion horrorosa \ mtaMtesf H al 
tar. el trono y el orden social. IVio la. disolución de mi matrimonio i m 
nada alterará los impulsos de mi coraron ; el emperador tendrá sien 
mi su mejor amiga. Sé cuanto ha quebrantado su corazón este acto impue* 
10 por la política \ por tan sumos intereses ; |>ero ambos nos vanagloria 
mos del sacrificio que hacemos en bien de la patria. • 

I i.i |.i concurrencia crecidísima: to<los los circunstante* se ent e i ne ci c- 
ion hasta el punto de derramar lagrimas. Al día siguiente el canciller ma 
\or presento. > el señalo adopto prontamente un proyecto del senado con 
Millo decretando el divorcio de Napoleón y Josefina. 

ejecutado este grandioso acto, se esmero el emperador en la elección 
•le una nue\ a esposa. Mejandro le había dado a entender que tendría gns 
to en verle enlazado con su hermana, la gran duquesa Ana. Kn so con 
secuencia se enlabiaron negociaciones con la Kusia ; pero Napoleón supo 
pronto por M de Narbonne, embajador en Vienrt . que la casa de Lorena 
cataba también ansiando su entronque y que tendría satisfacción en verle 
casado con una princesa austríaca, la archiduquesa María Luisa. ¿Cabe 
conceptuar que estos anhelos de parentesco anunciasen , por parte de loi 
soberanos estrnnjeros. una renuncia á toda nueva guerra de principios y 
una conversión sincera. i un sistema comedido y benévolo de política reí 
|»ecto al gobierno que solo era para ellos el heredero representante de la re 
\olucion francesa? Tantos reveses redoblados por largos años habían alte 
radosin duda sn conmiseración para con los desventurados y lejitimos pnn 
cipes : y se deja entender que tras Austerlitz , Jena , Friedland y Wagram. 
los monarcas del Norte se fueran cansando de sostener la campana, apurar 
>us caudales y recursos y regar la mitad de la Kuropa con la mejor sannre de 
mis subditos . por la causa de un linaje apeado ; sobre todo , cuando Ñapo 
león procuraba persuadirlos que \ a no mediaba el peligro común con qoe 
la república los había amenazado Mas aquel cansancio nunca podia acar- 
rear una >erdadera reconciliación: bastaba un trueque de fortuna en la 
rida < le Napoleón para hacer reviví r.á pesar de los vínculos de la sangre, loa 
antiguos enconos y las iras asestadas contra él y la revolución. Ix» acon- 
tecimientos lo han comprobado respecto al \ustria ¡ la Husia tampoco te 
hubiera desviado de sn rumbo anti-frances por la consideracioo de un roa 



444 HISTORIA 

trimonio. Sabido es que eu política los afectos de familia se posponen á los 
intereses y á las razones de estado. Probable es que un cuñado en el trono 
de los czares hubiera hecho lo mismo por la salvación del imperio y la 
dinastía de Napoleón que un suegro en el trono de María Teresa. En am 
hos casos, el prohombre, según sus propias espresiones,, hubiera «puesto 
el pié sobre un abismo cubierto de flores. • 

La pretensión de su entronque con las alcurnias soberanas mas engreí 
das y poderosas de Europa se conservará en la historia como un monu 
mentó de la grandiosidad á que se habian encumbrado la Francia y su 
caudillo, y de la superioridad esplendorosa que estaba ejerciendo la nom 
bradía plebeya ante el esclarecimiento y la vanagloria antigua. ¡ Qué triun 
Ib para la democracia francesa ! No bastaba que su larga y tenaz conjura 
cion contra el ímpetu revolucionario hubiera venido á parar en la corona 
cion de la revolución misma y en tributarle la mas centellante diadema en 
cambio del gorro encarnado; aun faltaba un postrer desdoro para la altivez 
rejia, y estaba reservado un golpe mortal ala preocupación del nacimien- 
to. Esta preocupación, arrinconada ya con el menosprecio del filósofo y 
traspasada con el anatema del pueblo , habia venido á quedar sacrificada 
en Francia hasta por la suma nobleza ; pero la memorable noche del 4 de 
agosto de 4789 no habia sido para la Europa monárquica mas que un 
desenfreno lejislativo cuyas consecuencias habian acarreado unánimes 
protestas en las cortes estranjeras, el manifiesto de Brunswick y la decía 
ración de Pilnitz. Para la victoria del principio de igualdad forzoso era 
que se estrechase con la solemne abjuración de los Montmorency en la tri- 
buna de la asamblea constituyente, el sacrificio de las pretensiones de li- 
naje, el abandono del sistema de casamientos desiguales y la profanación 
del culto jenealójico por parte de las casas reinantes mismas; y esta profa 
nación, abandono y sacrificio se cumplieron con efecto por los mismos que 
habian firmado la declaración de Pilnitz. Los descendientes altivos de Pe- 
dro el Grande y los magníficos herederos de Carlos V enviaron un dia su 
diplomacia contrapuesta á dar su aldabazo en la puerta de las Tuilerías 
para brindar con la mano de una hermana ó de una hija de los Césares al 
comandante de artillería que volcó en Tolón la antigua soberanía en nom- 
bre de la Montaña rejicida. Desde entonces se aventó para siempre el pres- 
tijiodel esclarecimiento hereditario, y luego el principio revolucionario 
ya nada mas ha tenido que añadir al triunfo de los derechos del numen y 
del esplendor personal sobre las preocupaciones de la sangre, cuando la 
casa de Lorena, enlazada con María Antonieta á la casa de Borbon , vio á 
su augusto caudillo conduciendo á la hija con gran pompa, y pasando so- 
bre la tumba del duque de Eughien al lecho del soldado que sentenció á 
los realistas eN8 de fructidor y que los ametralló el 45 de vendimiarlo. 

Dueño Napoleón de elejir entre varias princesas de la sangre mas es 



DE ÑAPO I i «»n 
dar. vida . después do haber oído rl parecer de m coo«ejo. te decidió por 
I» wrhiduqMM Mana Unjo, luja del .mper^lW de Austria. FJ mariscal 
iwthicr recibió la lonmion «Ir pedirla solemnemente en *iena I Jago á 
» pielU capital .1 pnn. i|«if>- .!<• marro de IHIO. \ nVsptw* de haber mire 




gado H retrato de su amo. m* presento en la audiencia lokaUM que .1 OÍ 
pcradoi I i.m. ¡no Ifl COBCOdio para el cumplimu uto de n nnmmhitdu 
escargo. 

SdkNr, le dijo , tengo en nombre del emperador mi amo a pcdiro* 
la bmum «Ir vuestra augusta hija la archiduquesa María Luisa 

* las prendas relevantes que ensalman a esta princesa lian labrado su 
lugar en un elevado m»|io Allí se cifrará la dicha de un gran pueblo \ la 
de un hombre grande 

* la política de mi soberano ha venido a lili 11000116 con lo* anhelo» 
do m coroioo 

enlace de dos poderosas familias dará , señor . a do» 
jrnerosa- 10*90 resguardo para su dicha v su sosiego • 
Kl emperador de Austria contestó: 

* <4Mieeptuo d hecho de pedir á mi hija cu casamiento como una < 
maso .i. ion del animo del emperador de b> Krancese», a quien aprecio 



446 HISTORIA 

« No cabe espresar adecuadamente los anhelos que abrigo por la dicha 
de entrambos novios ; baste decir que en ella se cifrará la mia. 

« Hallaré en la amistad del príncipe, á quien representáis , preciosos 
motivos para consolarme de la separación de mi querida hija, nuestros 
pueblos desde luego verán la prenda segura de su mutuo bienestar. 

« Concedo la mano de mi hija al emperador de los Franceses. » 

Entonces el mariscal se encaró con la archiduquesa María Luisa. 

« Señora, le dijo, vuestros augustos padres han colmado el anhelo del 
emperador mi amo. 

«Consideraciones políticas pueden haber influido en la determinación 
de entrambos soberanos; pero el principal miramiento es el de vuestra di- 
cha: de vos misma, señora, apetece alcanzaros el emperador mi amo. 

« Asombroso ha de ser el ver reunidos en un gran trono el numen de 
la potestad y ios dotes peregrinos que le han de dar nuevo realce. 

(i Este dia, señora, será venturoso para el emperador mi amo, si vues 
Ira alteza imperial me manda le diga que participa de las esperanzas, anhe- 
los y conatos de su corazón. » 

La princesa dio al punto la respuesta que le habian dictado. 

« La voluntad de mi padre siempre fué la mia, y mi dicha se cifrará 
siempre en labrar la suya. 

• En estos principios puede hallar S. M. el emperador Napoleón el 
móvil del sumo afecto que concentraré en mi esposo , y feliz si me cabe 
contribuir á su dicha y á la de aquella nación grandiosa. Doy, con el per- 
miso de mi padre, mi consentimiento á mi enlace con el emperador Napo- 
león. » 

Un tercer discurso se encaminó á la emperatriz, la cual repitió en su 
respuesta los anhelos que habia espresado ya su augusto esposo. Finalmen- 
te, el embajador francés manifestó al príncipe Carlos que el emperador 
Napoleón deseaba que su Alteza aceptase su procura para la ceremonia del 
casamiento. «Acepto gustoso, respondió el archiduque, la protesta que 
S. M. el emperador de los Franceses me traslada por vuestro conducto , 
igualmente lisonjeado con su elección que complacido por el concepto de 
que este enlace borrará toda aprensión de disensiones políticas , reparará 
los males de la guerra y dispondrá un porvenir dichoso á dos naciones 
dignas de apreciarse y que se tributa a recíproca justicia. Cuento entre los 
ratos mas halagüeños de mi vida aquel en que presente, en prueba de una 
reconciliación tan franca como gozosa, la mano á la señora archiduquesa 
María Luisa en nombre del gran monarca que os ha delegado, y os ruego, 
príncipe (el mariscal habia recibido el dictado de príncipe de Neufchatel y 
de Wagram) , que seáis con toda la Francia el intérprete de los ardientes 
anhelos que abrigo para que las prendas de la señora archiduquesa afian- 



DE NAPOLEÓN H7 

/• n para siempre la amistad de nuestros soberanos y la dicha de sos puc 

lllOS, • 

1 1 casamiento se celebro en \ iena d 1 1 de mano, y U nueva empera 
tn/ de los Franceses se puso en camino para Francia el día I.V Uegó el 
ll 4 Cocopiegne, I donde Napoleón babea ido a reí ibhit Habíase prepa 
rado mi ceremonial ostentoso pnra este primer alistamiento , pero Ñapo 
li oo DO pudo contener su impaciencia y arrolló la ley que <>l mismo se ha 
bia impu •>!<> leooptaado solamente dd ti) de Ñapóles, salió reservada 
menta de Compiegne en tiempo llovioso y fo¿¿ colocarse, para aguar. I u .i 
la novia y emperatriz, bajo el pórtico de una iglesia «lo aJdea . luego qu»- 
llegó Mana Luisa, nitro en su coche ) volvieron inmediatamente al pala 
. io de GompiegM Loi novios esclarecidos pasaron después á San < load, 
donde M celebró d Ciwiento mil d I . de abril. Al dia siguiente lneie 
ron su entrada en la capital. I -a ceremonia del casamiento relijioso. real 







448 HISTORIA 

zada con todo el boato de las cortes y del culto católico, se verificó el mis- 
mo día en una capilla del Louvre, magníficamente engalanada para aquella 
solemnidad. El emperador y la emperatriz recibieron la bendición nupcial 
de mano del cardenal Fesch , capellán mayor , en presencia de toda la fa- 
milia imperial , de los cardenales , arzobispos , obispos y magnates del 
imperio, como también de una diputación de todos los cuerpos del estado. 
Esta función fué verdaderamente popular ; todo París se empapó en albo- 
rozo , y aquel rapto público se comunicó, no solo á todas las partes de la 
Francia, sino á todos los pueblos del continente, que conceptuaron ver en 
el enlace de Napoleón con una archiduquesa de Austria una prenda segu- 
ra de la permanencia de la paz. 

El 5 de abril, el senado de Francia, el de Italia, el consejo de estado, 
el cuerpo legislativo, los ministros, los cardenales y el tribunal de apelación 
fueron presentando sus parabienes al emperador y á su nueva esposa , 
quienes los recibieron sentados en su solio y cercados del séquito esplen- 
doroso de entrambas cortes de Italia y Francia. Dos dias después, Napoleón 
y María Luisa salieron para Compiegne, en donde permanecieron hasta el 
27 del mismo mes. Pasaron después á visitar la Béljica y los departamen- 
tos del Norte, desde Dunkerque y Lila hasta el Havre y Rúan. El 1 o . de ju- 




M. \ tPOLKON MU 

nw se nMitinrron MU nwjeMades a I» capital, en donde no v había rn 
tibi.idocl entusiasmo manifestado en las funciona del casamiento lacin 
dad de Pan» dio una grandiosa fiesta á Napoleón ) María Luisa, quienes 
asistieron al banquete y al baile qnc M les dieron en la casa d?l Ayunta 
minito. 

I-i guardia imperial quiso también solemnizar el polaca di M eamdUlo 
esclarecido con la hija querida de un monarca a quien había ven 
humillado Untas veces. Ksta función se verifico en el campo de Marf 
guardia hizo los honores n Napoleón y a su encumbrarla esposa en nom 
hre de todo el ejercito. 

Kn medio de estos arranques universales y de estos espléndidos reao 
rijos, el embajador d6 Austria señalo su día para ostentar su jubilo de 
oficio y su boato diplomático. Klijio el I", de julio . y un aconte» i míen 
to siniestro nubló la fiesta. Se pegó fuego á la sala del baile . la mujer del 
ministro austríaco y otras muchas personas perecieron en rl incendio. Na 
noleon no dejó á mano estrana el esmero y el timbre de salvar a su esposa, 
pnes asiéndola arrebatadamente, la llevo él mismo fnera de los aposen 



• 



; Í&1 




450 HISTORIA 

tos incendiados. Entonces se acordaron de que el enlace de Luis XVI y de 
María Antonieta había también adolecido de gravísimos incidentes. 




• 




i \V\r\ ln \\Mt 



rWitu<1i>t|r llaOMrfo 



l-i. •!!. nlM ..I ir» éi Mir. M liKciipoiarion i\< U 
Mol ukU ron I* Kimni. 




I OS r.'ITlN. 



oco tiempo después de los festejo?» \hm H 
ilcsposorio de Napoleón ) Nana Luisa, ocur 
rió en el norte de Kuropn un acaecimiento 
de suma entidad Rcrnadotte halxa sido ele 
jido prinripe real de SoeeiJi ; la dicta It fu 
roa llamado para soeeder i Cario* XIII j 
mantener la cscltision de la famdia de los 
Wasas, que se había lastimado ron la He\ a 
eiou al trono del principe rcj.nir «luque de 
sudermania 
ll mcíod sueca conceptuaron sin duda agradar 



452 HIST0U1A 

á Napoleón y proceder cou arreglo á su política con esta elección. Quizás 
habían ya consultado cou el emperador sobre este punto, aunque algunos 
escritores hayan supuesto que la elección habia sido enteramente espon- 
tánea, y que el ájente francés en Estocolmo solo habia tomado parte en 
ella para oponerse. « Bernadotte fué clejido , ha dicho Napoleón , porque 
su mujer era hermana de la de José que á la sazón estaba reinando en Ma- 
drid/Bernadotte, ostentando sumo desvío, vino á pedirme mi beneplácito, 
protestando con zozobra muy patente que no aceptaría á menos que fue- 
se de mi agrado. 

¿tQué tenia que responderle, yo, monarca elejido por el pueblo, sino 
que no acertaba á oponerme á las elecciones de los demás pueblos? Esto hié 
lo que dije á Bernadotte , cuyo ademan estaba demostrando el anhelo 
con que esperaba mi contestación. Añadí que utilizase la privanza con que 
le honraban, que no quería sonar para nada en su elección ; pero que desde 
luego contase con mi anuencia y mis finos deseos. Sin embargo debo de- 
cirlo; sentía allá un instinto recóndito que me hacia el hecho repugnante 
y penoso. » 

Esta corazonada fatigosa era muy natural en el emperador, quien no 
podia olvidar que siempre habia mediado una contraposición solapada, y 
nunca simpatía entre él y Bernadotte. Sin embargo era un Francés, un 
soldado de la república, al que no habían faltado las grandezas del impe- 
rio ; parecía que un vínculo indisoluble, mas recio que las repugnancias y 
los agravios personales , enlazaba irrevocablemente con los destinos de la 
Francia nueva al ilustre guerrero llamado para reinar algún dia sobre 
la Suecia. Napoleón no se paró pues en las advertencias íntimas que le 
aprontaba su profundo conocimiento de los hombres. Permitió á su tenien- 
te que accediese á los deseos de los Suecos, y si en esto violentó su pro- 
pia inclinación , mayor motivo hay para reconocer que el dominador uni- 
versal estaba también bajo el imperio de una fuerza superior á la suya. 
Estaba escrito que en el grandioso movimiento de la rejeneracion europea, 
un hijo de la revolución , cuyo mas tenaz enemigo en el continente ha 
biasido el último de los Wasas, iria á sentarse en su trono y convertiría 
su capital en una ciudad francesa. Si posteriormente el nuevo rey olvida 
su oríjen y sigue las huellas de la antigua Europa, podrá esto empañar su 
antigua gloria , sin redundar en contraresto de Napoleón ; mas no por eso 
dejará de serla Suecia una conquista segura y masó menos próxima para 
la joven Europa y la causa del siglo. No en vano habrá instalado la filo- 
sofía y la democracia en sus palacios y habrá visto apearse sobre ella, des 
de la cumbre administrativa y de los alrededores del solio, el soplo liberal, 
el aliento civilizador de la Francia. 

Casi en la misma época en que uno de los mas célebres mariscales de 
Napoleón iba á esperar uua corona en Estocolmo, uno de los hermanos 



I»K N\r«M.KoN 
deponía la suya M Amslerdam. I uw Honapartc era hombre de laicato y 
'a de sanísimas intenciones . pero H eetro de Holanda bajo el ¡rape 
i ¡o dri bloqueo continental sobrepujaba A sns fumas y lo arrojó al tacto. 
Tiempo había que el emperador le reconvenía de sobrada flojedad en te 
ejecución «le lo* decretos de Iterlm \ de Hilan Kl Monitor había ido apas- 
tando las contravenciones diarias de la Holanda al sistema napoleónico, y 
«I nejándose el priado* Luis con este motivo, el emperador le había < 
lado desde Sebo nbrunn • U Francia es la que tiene ra/on para < 
II Mimo .I.Memple reinante en esc país. Obvio mesera, si queréis que os 
. Me lodoj I a ■ isas holandesas que son ajenies de la Inglaterra. Yoee- 
¡M»- uxl un. ■nins de aduanas carecen de ejecución, y toda la corresponden 

ii de Inglaterra con el continente se hace por Holanda la Holanda 

es una provincia inglesa. • 

I tfai i \eii« iones no habían surtido el menor electo FJ rey laus 

presenciaba los quebrantos actuales de la Holanda . desentendiéndose délos 
resultados remotos que el bloqueo continental podía prometer a Napoleón 
FJ sistema dri emperador requería para la ejecución almas grandiosas y 
puestas al temple de la suya Sus hermanos fueron sus primeros ajenies 
deade qae N aajpeAÓ en la fundación de una dinastía. Conceptuó que ter 
ciarían con él en anhelos j |*nsamienlos, participando de su idea po 
lilica, dándoles un encumbramiento al nivel del suyo, y ánéndoles una 
corona; pero asmo la eepreáoa que aplico a l.uis. no hizo mas que • re 
yes perfecto! . - qae abrigaban cuantos requisitos se necesitaban para so 
hrcsahr honrosamente en un sitio subalterno y en otra época, y ninguno 
de ka que evijinn las circunstancias. Si fácilmente había hallado el empe 
rador un séquito adecuado de testas coronadas, menos fácil le fué al pro 
hombre hallar auxiliares y cooperadores intelíjentcs. Kl trono se había le 
vantadoen medio del cerco mas esplendoroso; el numen quedó solitario. 

Luis II Miañarle, en ve/ de enterarse del pensamiento de su hermano y 
procurar que la Holanda fuese francesa . la dejaba vivir bajo el patrocinio 
j la independencia mercantil de la Inglaterra, á pesar de las resistencias 
pasajeras de los intereses atropellados. Napoleón, ofendido de esta condes 
candencia y de ver desdeñados sus primeros avisos, escribió al rey de lio 
lauda otra carta que bastaría sola para atestiguar en la historia que el 
emperador é plenamente idenliUcadocou el pueblo que le había escojido. 
no vivía »in.) con el aliento de la Francia. He aquí algunos tro/os de esta 
. omuuicacion conceptuosa. 

• \ uestra Majestad ha olvidado, al subir al trono de Holanda . que era 
francés, y aun ha locado todos los móviles de su racionalidad y aquejado 
la dclicadc/a de mi conciencia para persuadirse que era holandés. Los Ho- 
landeses que lian abogado por la Francia lian salo desatendidos, y los que 
han sen ido a la Inglaterra han sido colocados \lgunos Franceses, ya olí 



454 HISTORIA 

cíales, ya soldados, se han visto arrojados y sin aprecio, y yo he tenido 
el dolor de ver en Holanda, bajo un principe de mi sangre, el nombre fran- 
cés espuesto á la vergüenza. Sin embargo, ocupa un lugar tan eminente 
en mi corazón y he sabido encumbrar tanto sobre las bayonetas de mis 
soldados el aprecio y el blasón del nombre francés, que ni la Holanda ni 
nadie logrará asaltarle á su salvo.... ¿Quién puede sincerar la conducta 
insultante para la nación y para mí ofensiva que ha tenido vuestra Majes- 
tad?Debeis entender que no me separo de mis predecesores, y que respondo 
de todo desde Clodoveo hasta la junta de salud pública... Yo sé que está 
en moda entre ciertas jentes hacer mi elojio y desacreditar á la Francia ; 
pero los que no la quieren tampoco me quieren á mí , y á los que dicen 

mal de mis pueblos , los considero como á mis mayores enemigos En 

mi discurso al cuerpo lejislativo, dejé traslucir mi descontento; porque no 
debo encubriros que mi ánimo es incorporar la Holanda con la Francia, 
como complemento de tcrritorio,como el golpe mas funesto que puedo dar 
á la Inglaterra, librándome así de los perpetuos insultos que me están ha 
ciendo cuantos dirijen vuestro gabinete. ta embocadura del Rin y la del 
Mosa han de pertenecerme. El principio de Francia de que el Thalweg del 

Rin es nuestro limite es de suyo fundamental Puedo dejar á la Ho 

landa la orilla derecha del Rin, y alzaré las prohibiciones dadas á mis 
aduanas,con tal que se ejecuten los tratados existentes una vez renovados. 
Mis intenciones son las siguientes : 

«1 o . La prohibición de todo comercio y de toda comunicación con la 
Inglaterra; 

«2 o . Una escuadra de catorce navios de línea, siete fragatas y siete 
bergantines ó corbetas armadas y tripuladas; 

« 3 o . Un ejército de veinte y cinco mil hombres , 

« 4 o . Supresión de los mariscales ; 

« 5*. Anulación de todos los privilejios de la nobleza contrarios á la 
constitución que he planteado. 

« Vuestra Majestad puede contratar bajo estas bases con el duque de 
Cadore por la mediación de su ministro; pero puede estar seguro de que 
al primer paquebote que entre en Holanda, restableceré la prohibición de 
Jas aduanas, y que al primer insulto que se haga á mi bandera, mandaré 
cojer á mano armada y colgar al palo mayor al oficial holapdés que se 
atreva á insultar mi águila » 

El rey de Holanda no se convirtió con este lenguaje de soberano. Las 
necesidades y los intereses actuales de la industria holandesa llamaban 
sobre todo su atención. No se conceptuaba comprometido sino con el pue- 
blo bátavo, y le pesara en el alma el seguir otro intento que la prosperidad 
inmediata de las provincias comprendidas en el ámbito de su reino. No 
viendo mas que la Holanda, se olvidaba de que habia sido colocado para 



I>K NAPOLEÓN 

li m m la contribuir al triunfo «lo una cansa mas jenerel . á la gloria y nu 
mentó del grande imperio Repugnábanle ál.nis por temperamento la» pro 
\u!euciascstrcmada«y los remedios heroicos Kra de aquellos a quicnc* 
llama De Maistrc. mto|)es en política, y sus escrúpulo*, que teman por otra 
parte su aspecto laudable . le imposibilitaban hacerse rargo de que el 
bloqueo continental era para el emperador una necesidad lastimosa y pasa 
jera . como el gobierno revolucionario lo habia sido para la república. 

Uhaál Lab DO conceptuaba que el bloqueo decretado contra la Ingia 
térra pudiera tener para los intereses británicos el funesto resultado qne 
el emperador se prometía. 

• \a destrucción de la Holanda, escribía á Napoleón, lejos de ser nn 
nwdk) de alcanzar á la Inglaterra, lo es para aumentarla con toda la in 
dustria y todas las riquezas que en ella se refujiarán. Tres medios hay de 
dar un golpe la Inglaterra: ó separando de ella la Irlanda, ó apoderándose 
«le las Indias orientales, ó con un desembarco. Estos dos últimos medios 
aunque los mas eficaces, no pueden ejecutarse sin marina; pero estreno H 
que desde luego se haya orillado el primero. • 

El emperador, muy enterado de que no iba á menoscabar á la Holán 
da imponiéndola sacrificios temporales, y no creyendo que la industria in 
glesa pudiera ganar con la crisis que padecían indispensablemente las in 
dustrias continentales empeñadas en especulaciones marítimas, hizo poco 
caso de los cargos que le oponía el rey Luis. Al ir á Réljica le dirijió desde 
( Meada una nneva carta en la que reproducía sus reconvenciones anterío 
res. «Si la Holanda, sujeta á uno de mis hermanos, no encuentra en él mi 
imájen, le dice, destruís toda confianza en mi administración, y vos mis 
mo quebráis vuestro cetro. Amad la Francia . amad mi gloria . este es e! 
único medio deservir al rey de Holanda. 

• La Holanda formando parte de mí imperio, si hubieseis sido lo que 
debíais, me viniera á resultar tanto mas predilecta por cuanto le había 
dado un principe á quien miraba como á hijo. Al colocaros en el solio de 
Holanda . creí entronizar á un ciudadano francés ¡ habéis seguido un 
nimbo diaroctralmentc opuesto... Volved de vuestro estravio, sed francés 

«le corazón, ó vuestro pueblo os arrojará Con estadio y política se go 

biernan los estados.... • 

Kl rey \ Holanda, que persistía mas y mas en ser holandés según la 
voz del momento y Isa necesidades actuales del pueblo comerciante «le sus 
puertos, y no según las mires y previsiones lejanas del emperador, se can 
so al fin «le la competencia desigual que sostenía con su hermano, y desaav 
paro sus cMadoj |^ra retirarse | \lcmania. después de Babel emiado .» 
París una acta formal de renuncia Napoleón se enojó de este paso, y se- 
gún H informe que le hizo el ministro de relaciones estertores, decretó, el 



í:íg historia 

9de julio de 18t0, la incorporación de la Holanda al imperio francés, y el 
mariscal Oudinot se apoderó inmediatamente de Amsterdam. 

El emperador no reservó el desconsuelo que le causaba la conducta de 
su hermano. Cuando este por su abdicación y su fuga habia hecho ánimo 
de tacharle ante la Europa y la posteridad por haberle hecho demasiado 
pesada la corona con tanta demanda, Napoleón no podia avenirse al es- 
rándalo de aquella denunciación, sin responder al acusador inesperado 
que habia hallado en su familia , aunque debiese abrumarle con el estalli- 
do violento de un vituperio solemne. Y como todo tenia que ser en los pa- 
sos de aquel hombre estraordinario fuera de las combinaciones vulgares 
y de las reglas comunes , supo hallar un medio que nadie hubiera imaji- 
nado para ahondar mas el golpe que asestaba al desventurado Luis y ha- 
cer su reprobación mas estruendosa. Lastimará al padre estremeciéndolo 
con la suerte del hijo. Las mismas palabras darán, en el mundo político, 
vida al uno, y muerte al otro; y el pueblo, que mide sus afectos y sus odios 
por los de su héroe, dejará de incluir en su adhesión á la familia impe- 
rial al hermano que habrá querido separarse del emperador, y se intere- 
sará por el sobrino de quien aquel se habrá declarado el arrimo y casi el 
padre. El 20 de julio, hubo esplendorosa tertulia en San Cloud; Napoleón 
mandó que le trajesen el príncipe Napoleón Luis, su ahijado, y le dijo con 
afecto : 




DE NAPOLKON « .7 

« Venid . lujo mío , soto medro padre ; nada pcrdoni» en dio. 

• Iji conducta do vuestro padre traspasa mi pecho . ) tan «oto mi do 
loneta puede abonarla. Cuando hayáis crecido pagareis mi deuda y la too- 
ti i n un. i olfidds, en cualquier esfera que os coloquen mi política y eJ 
nitores de mi imperio, quo \ uostro* primeros ilcboTes son para conmigo, y 
los segundos para con la Francia; tras estos vendrán todas v uretra* demás 
obligaciones, aun para con los pueblos que yo pudiera mnfiarov • 

Si un rey vulgar sentado en otro solio que el de Francia tuviera seme- 
jan lo lenguaje . con razón se le reconvendría como una dorna* 1a de engrei- 
miento el colocarse antes de la patria, y como un eaceso deegoismo nació 
nal el sacrificar á su política los intereses de los pueblos aliados ó conqnis 
tailn- Per.» Napoleón no anteponía los deberes para consigo á las obliga- 
ciones con la Francia sino porque se consideraba como la cabeza y d 
corazón de esta, y no recordaba los deberes de ios principes sus subditos 
con los pueblos que les confiaba sino tras sus obligaciones con la Fran- 
cia . porque también miraba á esta como la cabeza y el corazón de la En 
ropa y del mundo civilizado. 

La incorporación del Valles con el imperio siguió a la de la Holanda. 
Fl emperador comunico estas dos disposiciones grandiosas al senado con 
un mismo mensaje en la sesión del 40 de diciembre de 1810. En él se 1* - 1 - » 

• I -as disposiciones publicadas por el consejo británico en t80f> y 
t K07 han rasgado el derecho publico do Furopa. t'n nuevo orden de acón 
tecimientos está rijiendo el universo. Necesitando nuevos resguardos, me 
han parecido los principales y mas importantes la reunión de los embo 
calleros del Escalda, Mosa, Rin , Ems, Weser y Elba al imperio y el es- 
tablecimiento de una navegación interior con el Báltico. 

< He mandado delinear el plano de un canal , que se ejecutara en me 
nos de cinco anos y unirá el Báltico con el Sena. 

« La incorporación del Valles es una consecuencia >a prevista de las 
inmensas faenas que mando ejecutar de diez años á esta parte en aquellos 
países. Coando cstendi el acta de mediación , separé el Valles de la confe 
derarion helvética , previendo desde entonces una providencia tan provo 
chosa para la Francia y la Italia. 

« Mientras dure la guerra con la Inglaterra, el pueblo francés no debe 
dejar las armas. 

• Mi hacienda se halla en el mas próspero estado; puedo acudir a cuan 
tos desembolsos requiere este inmenso imperio, sin pedir á mis pueblos 
nuevos sacrificios. • 

Esta prosperidad económica no era uno de los menores portentos del 
reinado de Napoleón. Debíase principalmente al espíritu sistemático que 
había ido comunicando á todos los departamentos de la administración , 
y que exijia aun con mayor tirantez en el manejo de los intereses puWi 






58 






458 HISTORIA 

eos. Se ha podido estrañar después que hubiese sostenido la guerra de es 
tremo á estremo de Europa por espacio de quince años , y que hubiese 
gobernado la nueva Francia, en sus ámbitos grandiosos desde Roma hasta 
Hamburgo , con las mismas contribuciones que apenas bastaron después 
para mantener la paz en el estrecho coto de la antigua Francia. 

El senado correspondió inmediatamente al llamamiento del empera- 
dor; adjudicó por dos senados consultos la reunión del Valles y la de Ho- 
landa al imperio francés, y votó después un parabién, cuyo pensamiento 
se halla espresado en la primera frase ■ 

« Señor, nunca se han manifestado tanto en el mensaje dirijido al se- 
nado por vuestra Majestad imperial y real la trascendencia recóndita de 
vuestros intentos , la franqueza y señorío de vuestra política y vuestro 
constante desvelo por el bien de vuestros pueblos. » 

Por lo demás, la adhesión del senado no se vinculó en cláusulas pom- 
posas y aéreas lisonjas, pues en la misma sesión se votaron la quinta ma- 
rítima y la dc48H. 








I M'IM lo WXIII. 



Urdidas conlr» la nupirnla. Mr. .Ir Chateaubriand nombran m el Intiiiuto en 

lnc»r oV Chrnirr Nanrnientn y KanliMNO dH CTJf de llnaia. Fniirmri.i 

piíMirat en la rapital t rn rl nupeno Concilio nacional 

H p'p» en Fontuneiileati 




k cuantas recoiitencionr* «*• han ha. un. lo 
contra la memoria de Napoleón . nii)ciin.b 
mas repetidas y rencorosas que su pa 
rancia en sofocar la libertad de discusión en 
las juntas deliberantes y en los periódico» 
) Aun ruando no hubiera hecho mas que plan 
tear la censara y acallar la tribuna, bastaría 
esto á los ojos «le algunos jansenistas polio 
«.>-^>^BMB^aw« eos para empanar H esplendor desanda con 
♦•I borrón de la tiranía. Mn> ajenos estamos de negar la utilidad ini 



460 HISTORIA 

de la imprenta. Mas que nadie reconocemos y respetamos en ella el prime- 
ro de los móviles civilizadores, la verdadera soberana de los tiempos mo 
demos y el ájente incontrastable de la Providencia en la grandiosa empre- 
sa de la emancipación de los pueblos , la gloriosa antecesora del cónsul 
ltonaparte en preparar, cumplir y abonar la revolución francesa, y la única 
heredera del influjo, predominio y poderío del emperador Napoleón sobre 
la opinión pública, no solo en Francia , sino también entre todas las na- 
ciones cultas. 

Cuando Napoleón empuñó las riendas del estado, yacia la imprenta 
exánime, tras una lucha tenaz de diez años. Instrumento del sinnúmero 
de bandos en que estaba dividida la nación , no redundaba mas que en 
anarquía, sembrando los desabrimientos y el menosprecio en torno de la 
revolución que en otro tiempo habia sabido hacer respetar. Necesitaba re- 
poso para cobrar nuevo temple, asi como la revolución necesitaba un 
nuevo protector que la escudara mejor contra sus implacables enemigos y 
contra sus amigos estraviados. Era llegada la horade un dictador, y com- 
pareció Napoleón; la democracia abandonó la palabra de sus comicios, jun 
tas y periódicos , palabra que habia sido á veces sublime y siempre pode- 
rosa en los trances de la Francia, y que habia parado en no ser mas que una 
causa continua de sacudimientos para el pais y un medio siempre dispuesto 
para quebrantar y desconceptuar la potestad. Empezó la era del silencio, ó 
mas bien sobrevino á las borrascas del foro un asombroso monólogo en 
el que la Francia se mostró tan grandiosa como en los esclarecidos dias 
de su carrera parlamentaria. Sucesores indignos y negados malparaban la 
herencia délos decantados oradores de la constituyente y de la convención. 
Mil voces discordes se alzaban , queriendo interpretar todas á su modo 
las necesidades y los afanes del pais, y solamente lograban conmoverlo in- 
terminablemente y perpetuar sus peligros y padecimientos. En medio de 
aquellas confusas voces, sobrevino un hombre que se atrevió desde luego 
á pregonar : « Yo soy la Francia, porque sé mejor que todos sus supues- 
tos intérpretes lo que necesita y apetece. » Y como aquel individuo decia 
verdad, la Francia le creyó y admitió por su orador ya único. 

Desde entonces enmudeció la revuelta gritería, y solo habló el supre- 
mo representante de la Francia : era la condición inevitable de la tarea 
que tenia que desempeñar para hacer la revolución apacible en el interior 
y poderosa por de fuera. Sin embargo , la libertad de imprenta no quedó 
ahogada; se dejó solamente cubrir con un velo y poner aparte hasta que 
hubiera cesado la inevitable reacción que le cabía y que las circunstan- 
cias le devolvieron para restituirle el gobierno de los ánimos. Sin duda 
comprendió que habia llegado el trance de su retirada y que debia fran- 
quear el paso y la voz al numen del dictador, ya que se resignó al silencio, 
bajo cuyo reinado pudo aun hacer olvidar sus demasías y reponer sus fuer- 



DE XA POLI «»\ H.l 

/aspara vrtverseáprvsentar algún día ma» activa y pn. \mmktwtt qm tma ■ 
i Si hubiese sido imprescindible por aquella temporada d desahogo de 
U>s escritos y <lc los periódico» , nadie la hubiera atropellado A su muyo . 
y si la imprenta, que »c mosir.» después her.Hcarnenlc rcbelile a la» onlc 
nan/a* de reírlo» X, obedeció entonce» rcndidamentr á lo» decrete* de Na- 
polcon , fui' porque la» idea» y ncccsuladc» populare» de IHlo no crau la* 
de I88H| y la imprenta H impuso en los instinto» nacionales y «mió igual 
menle la causa del siuln. <»i .» cuaado <«e abstuvo «le resistencia con d repre 
sentante «le la nación, ora cuando dio la señal de la sublevación contra d 
1 1 presentante del antiguo rejimen. 

Apena» Napoleón acababa de publicar una nueva medula restrictiva 
«•nn respecto á la imprenta periódica, que tenia por objeto autorizar un 
solo periódico por departamento, ruando un suceso imprevisto fíat a 
confírmarle en el sistema que la dificultad de lo» tiempos le babia impue» 
U) de /ciar toila manifestación publica de los pensamiento» y de las opi 
mones políticas. 

Mr. de Chateaubriand había »ido nombrado para reemplazar átUieuier 
• n d Instituto. Km de costumbre en d entrante el elojiar su antecesor 
Mr. de Chateaubriand, obrando como osado innovador, trató de sacudirel 
yugo de la tradición, y se encargó de aquel papel revolucionario en 
el regaro de la Academia . para tener ocasión de repetir elocuentes decía 




462 HISTORIA 

maciones contra la revolución francesa y vituperar amargamente al poeta 
patriota á quien la Francia debia el « Canto de la Partida. » Mas no le cu- 
po el pronunciar su discurso, por cuanto revisado antes en una comisión, 
esta lo desaprobó. Sin embargo , una parte de los comisarios opinó en sen 
tido contrario, y entre ellos se bailaba un palaciego muy solicito de Napo- 
león. Luego que este lo supo, quiso leer la obra de Mr. de Chateaubriand, 
y cuando vio con que desentono y violencia el autor de Átala, cuyo mimen 
no se habia encumbrado todavía á las sublimes previsiones que le han 
descubierto después « el porvenir social » de la Francia, trataba de ajar 
lo presente y elojiar la pasado , no pudo contener su ira, y apersonándose 
en medio de una junta crecida al condecorado académico que habia juz- 
gado el discurso proscrito conforme con el decoro y digno de la publici- 
dad , se le encaró arrebatadamente en estos términos : 

«¿Es Vd. , caballero, le dijo , el que ha intentado autorizar semejan 
te desmoche ? ¿y de cuándo acá el Instituto se toma la libertad de ser una 
junta política? que componga versos y censure los yerros del idioma; pero 
que no salga del recinto de las Musas, ó yo sabré hacerle volver á él. Si 
Mr. de Chateaubriand es loco ó mal intencionado, hay hospitales y casti- 
gos. Además, esa puede ser su opinión y no debe sacrificarla á mi política, 
que ignora, como Vd. que la conoce tan bien: puede tener su disculpa; 
pero en Vd. no cabe, pues vive á mi lado y sabe lo que hago y lo que 
quiero. Caballero , os tengo por culpado y por criminal : nada menos in- 
tentáis que renovar el trastorno, la confusión , la anarquía y los asesina 

tos ¿ Pues qué, somos salteadores, soy yo acaso un usurpador? Yo no 

he destronado á nadie; hallé y levanté la corona en el cieno , y el pueblo 
la colocó sobre mi sien ; respétense sus actos. 

« Analizar en público , poner en cuestión , discutir hechos tan recien- 
tes en las circunstancias en que nos hallamos, es ir á caza de nuevas 
convulsiones y ser enemigo del sosiego público. La restauración de la mo- 
narquía es y debe ser un misterio. Y además, ¿qué es esa nueva y supues- 
ta proscripción de los convencionales y de los rejicidas ? ¿Cómo atreverse 
á renovar puntos tan delicados ? ¿ Dejemos á Dios el decidir sobre lo que 
ya no cabe en los hombres sentenciar ? ¿ Pues qué, seriáis mas desconten- 
tadizo que la emperatriz ? Ella tiene intereses tan caros como Vd. , acaso 
mucho mas directos; imite Vd. su comedimiento y magnanimidad, pues 
no ha querido saber ni oir cosa alguna. 

« ¡Cómo se malograría pues el objeto de todos mis desvelos y el fruto 
de todos mis conatos! Está visto que si yo llegara á faltar mañana, os de- 
gollaríais otra vez como en lo pasado. ¡ Ah, pobre Francia ! ¡ cuánto tiem- 
po necesitas todavía de tutor ! » 

Esta última esclamacion del emperador pregona todo el pensamiento 
político que imperó á su advenimiento y caracterizó su reinado. Concep 



DI n IFOI i <>\ 
á la Francia, preservarla del 
liar que «c desangrase ron fritóla» contienda* ó < 
espíritu ite partido le achacaba el obrar por ínfula* < 
miento; \ loqncsuszahcrtdorcs calificaban de «Urania.* ¿I 
• tutela soberana: • bien asi como el pueblo, an Juez nupreaao é 
no \i>m ni admiraba nw i|ue un yon % esclarecido dirijido por 

el numen de un hombre grande, allí donde algunos críticos aislado» solo 
vetan é indicaban la*, huellas del despotismo Sin embargo se acortaba d 
trance en que la fortuna iba á conceder á Napoleón el mas sonido favor 
que pudiera en mídante esperar de su mano 

II tí) de marzo de 1 8H , la emperatnz María Ijiisa sintió los primeros 
asomos de parto. Al principio se temió que el alumbramiento seria azaro- 
Mi . \ el célebre Dubois. previendo H caso en que sena necesaria una ope 
ración anlua , pregunto lo que debena hacerse en el caso de que hubiese 
•|ue optar entre la salvación de la madre ó la del hijo • No penará mas 
que en la madre,* prornmpió denodadamente el emperador, en quien los 
afecto* del hombre triunfaron en aquel grandioso trance de loa intereses y 
combinaciones del monarca. Kl '10, á las nueve de la mañana, se había des 
canecido toda zozobra , y todos los anhelos qnedabaa satbfccbos: Mana 
I ¿lisa dio á luz un hijo qm Napoleón recibió al punto entre sus brazos y 
que mostró A los oficiales de palacio , esclamando en la embriague/ del 
alborozo: • Ks un rey de Roma. • 

Kl estruendo del cañón anunció pronto A la capital el feliz aconten 
miento que colmaba de regocijo al caudillo del imperio. El pueblo mani 
feMó con funciones y festejos públicos que estaba participando de la di 
cha del prohombre. Ñapóles , Milán y todas las ciudades en que se había 
señoreado el dominio francés, imitaron A París. Los cuerpos del estado y 







4C4 HISTORIA. 

los embajadores estranjeros se esmeraron á porfía en redoblar parabienes 
al venturoso padre del rey de Roma ; y el príncipe de Hatzfeld, el mismo 
á quien Napoleón habia indultado en Berlin, enternecido por las lágrimas 
de su esposa , hizo en esta ocasión las veces del rey de Prusia. 

El bautismo del rey de Roma se celebró el 9 de junio en Nuestra Seño- 
ra. Todo Paris acudió al tránsito del emperador. El pueblo queria leer por 
sí mismo en la sien centellante de su héroe la complacencia entrañable 
del padre y del monarca, y estaba también ansioso de manifestarle su pro- 
pio alborozo. La sonrisa de Napoleón, tan escasa y fugaz en su adusto sem- 
blante, asomaba á la sazón y estaba causando sumo reflejo sobre todas las 
fisonomías que se agolpaban al rededor del séquito. Era un espectáculo 
magnífico, á cuyo esplendor el cielo mismo se esmeraba en contribuir fa- 
voreciendo tan precioso dia con un sol resplandeciente y un celaje vistoso, 
por lo cual dijo el entusiasmo popular, cuyo recuerdo y espresion recojió 
el poeta: « El cielo le protcje siempre. » 

El príncipe fué bautizado por el cardenal Fesch , hermano de su abue- 
lo. Tuvo por padrino al emperador de Austria, y recibió los nombres de 
Napoleón, Francisco, Carlos, José. Su bautismo fué el anuncio de gran 
diosos regocijos en todo el ámbito de los anchurosos dominios de su padre. 
El prefecto del Sena y el cuerpo municipal de Paris obsequiaron á los al- 
caldes de las demás ciudades del imperio y del reino de Italia. Mr. de 
Bourrienne , el mas estremado detractor de Napoleón, tiene que confesar 
que « el nacimiento del rey de Roma fué vitoreado con jeneral entusiasmo, 
y que nunca niño salió á luz realzado con tan esplendorosas ráfagas de 
gloria. » 

Pero en medio de las manifestaciones del júbilo público y del embele 
so universal , advertía Napoleón que el espíritu sacerdotal se azoraba allá 
en tinieblas para entablar una oposición subterránea y socavar su trono. 
Pió VII persistia siempre en no querer dar la institución canónica á los 
obispos nombrados por el emperador, ó mas bien, no queria entrar en 
ningún arreglo hasta quedar absolutamene reintegrado en la posesión de 
su capital y de sus estados. En vano Napoleón habia promovido al arzo- 
bispado de Paris al mismo jefe del antiguo lado derecho de la asamblea 
constituyente; la i n flexibilidad pontifical no se doblegó con el célebre aba- 
te Maury, que decía no haberse hermanado con el nuevo imperio, sino 
porque hallaba consagrado el principio monárquico de que habia sido fo- 
goso y tenaz defensor. El papa espidió un breve contra aquel antiguo cam- 
peón del solio y de la santa sede ; pero esta acta de reprobación solo cor- 
rió reservadamente. Entonces Napoleón, noticioso de que un empleado 
eminente del imperio, el director de la librería, Portalis, habia sabido esta 
propagación encubierta sin atajarla, le reconvino destempladamente en 
medio de su consejo de estado. «¿Qué motivos habéis podido tener? le 



«lijo ¿Señal aca.%0 vena tr O J pnnnptn« rrltjHxm? prro «iUhmt» . Apara 
fjn.- o* halbútaqai r Yoco rtofento I «kIk> i.i<> >o 

n l»u»rar para limero* mi roovjrro dr estado f Vw vm« H qor babeis so 
Inalado arta *nmi loca. Soéseqel Homh moto, \ «|m/ » .1 étlmqmM 

taiga lililí prrsonalrs . r» nlaitli por Imvninm o* \i»r*lrn padi •• 
|«is deberá de un COU»e)ero t\c cutailn par» conmigo «on inmoi«m lo» 
habato qwbriatado •• ) ato fe toss. Salid,] MotTOfrabápreanMei 

lo «Meólo murlio. j»or.jiir i'Min pn***ait»** m mi mamona Un pínula* y 

ios .1.- \11.M1.. pulir 

Se salió con efecto el |óten ronsejero de catado, > eJeotpeí 

• Espero Baje no te repetiré numn sena bote ivrna po»** nw ha rao 

tona setisai >■■ 
Pero no le haMahas tapoIeM irrojai <l<- mi lado .» bu afectos al papo 
Para frustrar la malí rolonrál ocnlta «Ir un» gran partí dri • lera .-Mino 
•mi animo do dar poJriicided a la eurna eocadMcrta eje* l< estaba herirá 
1I0 ron bretes \ huía* «mi eoosfart 'Ir PÍO MI. > <!»• citar safe H rpivopeilo 
((nardo nataral ilc las doctrioas gaHcanai i»-» preleaaioaai aftra 
montanas <lr| poolilce <-oino«*opuc* un concilio n.ii tona). ai\a presiden 
ría coovtio al ranlaial t>*cli. \ ni rayo rn lOtO procuro tOC • -nti 
rpbcopodo italiano qor ">iu eptoaba mrniMr a ¡ms adres i'l Itasaamirnto 

•pif ilinjl" 1 !<>«■ obispo» i|m eo CStO* l'rmmn. 




í<56 HISTORIA 

« Las iglesias mas ilustres y populosas del imperio se hallan vacantes ; 
una de las partes contratantes del concordato lo lia desconocido. La con 
ducta usada en Alemania de diez años á esta parte hadado casi al través 
con el episcopado en aquella parte de la cristiandad : no hay hoy dia mas 
que ocho obispos ; gran número de diócesis se hallan á cargo de vicarios 
apostólicos ; se ha estorbado á los capítulos el derecho que tienen de 
proveer en sede vacante á la administración de la diócesis, y se han trama 
do tenebrosos amaños al intento de mover discordias y sediciones entre 
nuestros subditos. Los capítulos han desechado breves contrarios á sus 
derechos y á los santos cánones. 

i Sin embargo pasan años, y nuevos obispados quedan diariamente va 
cantes, y si no se proveyesen prontamente, el episcopado se estinguiria en 
Francia y en Italia como en Alemania. Queriendo evitar un estado jeneral 
tan contrario al bien de nuestra relijion y á los principios de la iglesia ga 
licana y los intereses del estado , hemos resuelto juntar el 9 de junio pró- 
ximo, en la iglesia de Nuestra Señora de Paris, todos los obispos de Francia 
é Italia en concilio nacional. 

« Deseamos pues que luego que recibáis la presente os pongáis en ca- 
mino para llegar á nuestra buena ciudad de Paris en la primera semana 
del mes de junio. 






j: r fr 




I»i: NAfOLBON ,«.7 

n<> teniendo c*u « .11 ii «lio objeto, rocana* a Ifcos que na conceda 
mi Malo amparo. • 

l-i primera junta jiMin.il .Ir la obispos no pudo relebw * hasta H *Ü» 
I I emprrailor. á pesar «le mi eaoMTO en eleju |n>r presidente de aquella reu 
ilion a uno ile mi familia, no l.i balk) Lin atcnihlc mmo se lo había pro- 
métale H cardenal Kesch fué el piimcro que íiusiin n/aa de 
Capóleos, maniHM.m.io^ 1 n d eooeiUo un bita m ee r ó ott ■!•• Roma 
.lin- Mimo prelado efl el ioJOOTM H opiacopado no podía rad ol»rar de 
olio nodo; pues ya no ora el tiempo «l«l galicanismo H dejo W III y la 
it '\oliinnn francesa^ cuidos después de llosstict. habían ron mot i>|o p ro ft ai 
damente la doctrina j la aoloi idad de aqud bombí o tan cHebí r para ron «'I 
clero l ladeado coa los chistes dr Voltairc ) ron la pcfset ii. ion política, 
■ I siurnloao había Irnido que acudir á la santa sede y adherirse mal da* 
nunca á l.i caben suprema en quien residía rl principio * ilal di •! ratotá i> 
mo h»N obbpoi hobieraa temido completar el estrago de I » iejknñi romana 
en K raneta ) malhrrir^' .t m mismos al/andose •!<•• I.tradamrnle rontra las 
p ceten aiooci pontificales % a\ inundóse a providencia» eacimiaidii i en 
ii Mfoecer sas vinculo» con la poantad etpiritoal de donde proceda! mi pro 
pió |>oder Despee» de hal>er eometido l.t irnpi ndrn. ia de meterse i habla 
dores y proclamar bajo latís \|N latlibertadeide la iglesia ua I iraní habían 
\ nelto violentamente a las tradiciones ultramontanas |>or los aeonlrrimirn 
los tirios últimos años del reinado del. tus \\| \ maulo aja» ■■minados 
se sentían |»or el destemple de los tiempos nwdernos, mas ansiaban cs< tidal 
se ron el resguardo de lo antiguo tras el onjen de su poderío > de mi cms 
i. una IVro m los obispos reunidos pcrleiicciM necesariamente todavía i 
lo \ a pasado, los principes tic la iglesia eojidos aisladamente eran de ».i m 
glo\ estiban poco propensos ¿estrellarse, mi el temible \ eapleodoroaodü 
pensador <le las gracias y favores mundanos Dwolvióar poei d concilio. 
> el em|H-rador fue obteniendo de cada prelado franca ¿ italiano uñad. 
elaraeton indi>idual enteramente conforme i MI miras 

Kl papa se hallaba ent - nona, siempre inmutable en su de 

i. iminanon Kl emjHTador le creyó demasiado contiguo i Roma «> tierna 
mi. lo espuesto a yr arrebitado |K)i los IiiuIcmn. > lolnzo pasai É I "iilatne 
Idean Kn medio de sus desabrimientos contra Pió MI. Napoleón no oh i 
daba los miramientos que debía al caractn \ i la «huoidad de mi augusto 
príiiouero. Para hacerle mas Bei ede r o d tedio del destierro, rotocii junto 
i el al arfan i», n. «II. .uvas atenciones unas, aseñorado agasajo j conveí 
s.ieion antena mitigaron • * quebrarlos del santo padre PÍO Vil 

cobró alerto al sabio y aprcciablc compañero de su retiro I e lu/.» l 
ilas preguntas sobre la espedtoion fie Kjiplo > quiso enterarse de la obra 
que había publicado solio las antigüedades de aquel paiv M Denoa . que 
se acordaba que su libro encerraba algunas pajinas poco católicas y aniñas 



408 HISTORIA 

de hermanar con el sistema de la Escritura sobre el oríjeu y la edad del 
mundo , habia temido que su santidad se ofendiese al hallar esplicaciones 
y conjeturas cosmogónicas mal avenidas con las del Jénesis. Pero el papa 
no se paró en esta desavenencia entre la especulación científica y el siste- 
ma revelado, y advirtiendo que Denon se esmeraba en ocultársela , lo es- 
playó diciéndole : «No importa, hijo mió, todo esto es sumamente cu- 
rioso; en verdad yo lo ignoraba. » El sabio francés informó entonces al 
pontífice que su santidad habia anatematizado el libro que elojiaba, y tam- 
bién al autor. « Yo te he escomulgado, hijo mió, replicó el papa; lo sien- 
to, y á fe que no me lo presumía. » 














. Mili m \\\|V 






■ 



** fc»*»J l-l 




rio» y tras *angncata* batalla» 

%t hallaba tnihtannrntr planteada por ra*i Indnrl ara bu 

f ap ag óla 



v intañoo frai • • ■ i • n I apata iI»a imh 
prcámav aun ra medio de losqorbraa 
lo* do la guerra Daajc qne d iiiwi 
dor h» había ausentado ilr la IVmnMil.i 
su» lugarlfiiu-iiio* . aromctuli" |w la* 
guerrilla*, bala la Unido que prloar lam 
bien ron freeiHwia contra la» tropa» ar 
re«lad .^ dr que M i omponian Un ejcr 

:l harpaajoa, pero ra m 
la» \ leiMludr* nenln» tba 

Mtio» terrible» . la anímala* I «W rey Joar 
Irían. 



470 HISTORIA 

En los primeros meses de \ 809, vuelto Napoleón á Francia, Palafox, 
que se había metido en Zaragoza después de la derrota de Tudela, habia 
defendido la capital de Aragón con el heroísmo de los antiguos Cántabros. 
Los Franceses pasaron muchos meses bajo las murallas de Zaragoza, y 
cuando el valor de los soldados, la ciencia de los jenerales y todos los re 
cursos del arte de la guerra asestados con maestría por los oüciales facul 
tativos dieron al través con las obras estertores de la plaza, y las murallas 
de la ciudad pararon ya en poder de las armas imperiales, fué preciso con 
tinuar todavía por las calles aquella lid encarnizada y formar en cierto 
modo el sitio particular de cada casa. Al fin la pertinacia española tuvo 
qne ceder al empeño francés. 




A y 



El 2í de febrero de \ 809, la ciudad se rindió á discreción al mariscal 
Lannes. El presidente de la junta, Mariano Domínguez, prestó juramento 
de fidelidad al rey José. « Hemos cumplido con nuestra obligación contra 
vos , le dijo al mariscal , defendiéndonos hasta el último trance, y con el 
mismo tesón daremos cumplimiento en adelante á nuestros nuevos empe 
ños. i 

No cabe retratar el estado pavoroso y la suma asolación en que se ha 
Haba aquella ciudad. Una horrorosa epidemia habia añadido sus estragos 
á los de la guerra. « Los hospitales no podían ya acudir á los enfermos y 
heridos, dice un ilustre mariscal en sus Memorias. Los cementerios no 

i 



DE NAPOI l un .Tt 

ha«labnn para sepultar á lo* muerto* . lo* cadáverc*. emulo* en «ro» de 
IH » \ in 111 |>or centcnarc* a la* puerta» de l»» iglesia». 

\ la toma de/aragn/a mbiii.— h -I- Juay fio Monzón. Empero lodo* 
e*to* rvféwi no alcanzaron a quebrantar el lc*on de lo» fcpnftolr* l na 
parir dd <j«r. tío fruncirlo Arason aeahaha de pasar ac.a.*tdla. para acá* 
!• juicio «I tercer caorpO el encargo decon*rvar una conqnwta 
que había costado ocho mil hninbn^ á lo* *ttiadore* Luego que el |aM 
ral Hlacfce supo «mi Cataluña que lo» vencedores de Palaíox ««• habían di 
\ kÜdo y que el «punto cuerpo M había alejado dri Lbro (tara enraminanc 
h u i.i el Tajo , marcho de Tortosa al frente de cuarenta mil hombre* y *e 
interno en Vracon COI d intento j la wpeniwi de re. obrar á Zaragoza. 

K*la tentativa prospero al prineipioeon una ptqveAl ventaja que Riad» 
logro en \lrani7 Tero d terrer cuerpo miaba mandado por Suche!, rao 
ddta intelijente y \ alero*o que se había granjeado lo* grado» *npcnorcs dH 
. j. i> ito eon unialado* servicio* en la* guerra» de Italia y de Memaoia. v 
.pie .lebia ha., i do n llgM día á Napoleón que si hnbw-se tenido en K*pa 
i>a do* maríscale» como él, conquistara y conservara la Península, pue»lan 
to» triunfos inaudito* vino a confuir |>or su tino, su talento militar y su 
denuedo Súchel había ñdo llamado a Aragón en reemplazo de Jimot F.s 
le sabio v valiente guerrero alian/. • la v ictona l> ij.> Im tandera» fran 
Ia* refriegas de Mana y Belchite desahuciaron a Hit kf |i> i> índole. i rol 
verse á Cataluña Sucbct fué dignamente auxiliado por el intrépido jeneral 




■ - ' 



Í72 HISTORIA 

Harispe, jefe de estado mayor, y el comandante de artillería Vallee, á quien 
una conquista lejana valió después el bastón de mariscal. 

Una vez disperso el ejército español, el jeneral en jefe del tercer cuer- 
po volvió á Zaragoza , en donde se dedicó á cicatrizar las llagas y desen- 
conar los ánimos de la población. No fueron vanos sus conatos, pues Za- 
ragoza recobró pronto, en medio de sus escombros, el curso de las fiestas 
y ceremonias relijiosas, celebrándose las mas grandiosas en la iglesia del 
Pilar bajo los auspicios del jeneral francés, quien juzgó oportuno herma 
Dar el boato militar con la majestad del culto. 

Con tales jestiones y á fuerza de cordura, de amistosas demostraciones 
y manteniendo rigurosamente la disciplina, consiguió que la ciudad mas 
contrapuesta al dominio francés de todas las poblaciones españolas fuese 
eallada é insensiblemente sobrellevando el mismo dominio que habia re 
chazado con tanto brio y pertinacia. 

Aparentábase ya pacífico Aragón , cuando volvió á encenderse el fue- 



<tr- - 



§:; r 




I>K NM'MI H>\ 



m 



c I' la ancrra «I presentarse el joven Mina, mirto adalid de guerrillas 
ivm .1 j. nrr.il Surhct no «lio tiempo i qur «c propagase rl ino ndio. poe» 

persiguió .i Mim . diopeno m partí I 

I I . j. r. do francés no era igualmente afortunado rn Cataluña. So» Je- 
nrralcs *c acotooioo ipeoai tentado qur luchar « ontinnamcnlc. va contra 
no ni eroeoí cuerpos de voluntario! oeo proporcio n obo la población cátala- 
ni . \ i nuitia l.js ti-.j.ts ur.v », Hlarko y (» Doncll Puní fiar 

.ii estf punln .i loa armas francesas la misma ooperio ri dod que fO tragón, 
fue* íi»i*>mi eognodeoor lo ariota • Btenet, bectendotefouoj de la» cam 
pinas de Zaragoza É bu ilf Tarragona y de Valein la 

\ntes de rerifeer nlo mmimirnto. rl eoodülodd tercer enrrpo «ec* 
nortea mjmtar la provincia qur iba a drjar. tpoderendootda las forta 
pM deiliodjUI del nortr a! mediodía Aragón \ Catátate. EalO Icos 
lo algunos meses Kl t de abril dr IKIO. OTO doeio 00 tehOjlHO, % ri I" 
dr junio dr| mismo ano l ■oaoJMSOl J Monlla se hallaban rn su 

poder Knionccs se OOOPOtilorol al pacificador de \iagon entrambos en 
BttOOO, d da Valencia \ .1 di< DortOOB; y tomo este ultimo 

Kl jtnrral Taro mmüeM al proñlO intentos de oponerse al sitio de 
aquella plata . pero al acercarse Súchel . vano ilc dictamen y se retiró ar 
rebaladamenle sw cmlurgo Suehet aguardó para atacar á Tortosa que el 
séptimo cuerpo le hubiese proporcionado los refuerzi* indispensables que 
bahía pedido. Kstos llegaron en iliriembre de IHto. \ rl I*, de enero de 
«XII, tremolaba la bandera francesa sobre los muros déla plan 

Hendida Tortosa . no quiso el vencedor . atenido a su sistema de cor 
dura, llevar mas alia sus trinlbl ni CotoluÉO antes de haber despejado 
otra vex d Aragón de algunas partidas que se habían internado á las ór 
cienes tic Yillacampa , el Kmpccinadn y Mina el mayor. 1.a espulsion ile es 
tos tres caudillos empleo a Súchel durante alapoflMM RMsea V illacampn y d 
Kmpecinado se retiraron a la proi nina de Cuenca. Mina se ennseo por los 
montes de Navarra, y Suehet volvió i presentarse en fal alóla á las puer 
tas de Tarragona 

Kia aipirlh OÍodod un | de los baluarte» de la resistencia 00 el norte 
de la Península tema ocho mil hombres fie guarnición que contaban con 
refuentos por mor. Kl jeneral Suehet acometió U pla/a 000 euarenta mil 
hombres y A tomo por asalto, al cabo de dos meses, el 21 dejooiode IMI l 

Ksta nueva •'• importante conquista regonj.» en Ortwo el em|>erador. 
quien fiaba tanto mas valor ¿ los tnunlos de 100 ejér ikM en K.spaña. cuan 
lo mas escasos y menos derisi\ os eran que en las demos parle» de Kurofn 
\si d concepto x .i tan favorable que leajo del j üei.il Snenel ■ rohusflmn 
m H x mas en el .mimo de Napoleón, quien oondarordd \emrdor deTar 
ragona con la digimlad de marisca! del ira|* i ío 

\ la loma ile Tarragona siguió la oenpacio n dr HmN-ruif I as arma- 



HISTORIA 




francesas iban declaradamente cobrando por aquella parte el predominio 
que habían ejercido en los mas prósperos dias de las guerras de Alemania 
é Italia. La rejencia española, temerosa de que Valencia padeciese la mis- 
ma suerte que las fortalezas de Cataluña, se esmeró en enviar un cuerpo 
de diez mil hombres á las órdenes de Blacke para atajar la marcha triunfa- 
dora de Suchet. 'Pusiéronse en estado de defensa los castillos deOropesa y 
Sagunto ; mas no pudieron resistir al ímpetu francés. El castillo de Oropesa 
se tomó fácilmente, y el de Sagunto, aunque socorrido por Blacke al frente 
de, veinte y cinco mil hombres, tuvo que capitular el 26 de octubre de 
\S\i , después de repetidos asaltos y al dia siguiente de una sangrienta 
batalla en la que el jeneral español perdió mas de cinco mil hombres. 

Ya no habia contraresto para el ataque directo contra Valencia. Enton- 
ces, para estorbar ó diferir la caida de aquella plaza, el Empecinado y Mina, 
que descollaban entre los héroes de la independencia nacional , y que de- 
bían encabezar la lista de los proscritos en el absolutismo y entre los mar 
tires de la libertad , trataron de maniobrar en ayuda de Blacke haciendo 
nuevas correrías por los montes de Aragón. A fin de precaverse Suchet del 
peligro que podia amenazarle por aquella parte, pidió refuerzos, y luego 
que los hubo conseguido, pasó el Guadalaviar , rechazando una parte del 
ejército español al reino de Murcia y encerrando la otra en Valencia. Aque- 



I»K \\r«»l RON 17 . 

lia mxbd ota pronunciar «m «ot.rcsallo H nombre Ae Sarhrt, Mmnáp 
iim» lo* trannr* ilr nn «itio y di un* toma por asalto *«i . lo**» q»eH 
homhardro hiro alguno» i**tragn» . U pobtarinn pida» rapftaatrto* . qar 
ibiulo |t>m«'Ikth U guarnición . compurMa ilr dier y nrhn mil hombre» y 
«ii caudillo H jmrral rilarle 

ll lo de moro de lftl'2. «brío Y «leona *u» punta» «I cjernto fraan*. 
> ••! '21 ilrl mismo mr* . H emperador . qne migaba «trmprr nn «llardo* 
cspléodido sobre an *n* icio eminente, dio un drrrrto llorando rn el rn 
no de Valencia un capital dH valor dr do*nrntn* millones para drOribuir 

10 á lo* jcneralc* . oficíale* y toldado* del ramio de Araron Por el mi» 
mo decreto nombro al mansral Snchet duque de \lbnfrra . mh/ adoa i 
la* rentas anejas al mi*mo dictado. 

Durante lo» Iré* ano* qnr mediaron mire I* i-nw ib /arago/a y la de 
valencia, en lo» qneornrnrron arontrrimirnto* diario», myo resoltado 
fue plantear con alguna probabilidarl de duración el dominio francés en 
las pro* incia* dH nc.rdr»te dr la IVnin*ula . la» alternan* a* dr la 
-Hinque mono» propina* a la cau*a drl rey José rn rl oestr * el 
proporcionaron vn emlaugo la coyuntura dr a t l a l sutoria» a kM 
ralr» que rl ratperador había rolorado al frente .Ir »u* intrépida» bbnjr* 
rn l*» pro* inri** mrndton*lr« de la monarquía española y rn H rnno «I»' 
Portugal 

Deapoe» de la toma dría Coro na en cinto de INOO. rl man*cal Soull 
lialna io*adidor*te ultimo reino. ■¡entra* .pie el manual V-> pn 

1 1 • ••uquista y pacificación ilr i.alkia \ de Wniia» * que el mandil \ *• 

i rotaba en Medelhn d ep-mio df I <>t remadura mandado por el ¡> 
ueral 4 ¿testa 

l-os progresos <!H marisca] Soult en Portugal fueron repulo» y* esrb 
i codo» , pero no dr larga duración. Había derrotado a la Romana H fi de 
marro rn la» orillas dd Tamega. apoderándose sucesivamente dr Chave». 
Braga, (¡almaracos y OportO. K»ta última cuidad, la *rgun«Li dr Portugal 
que liabia herho vanas demostraciones de defensa. M había rendí d 
un primrr asalto rl '29 dr mano de IXOtl. al día siguiente dr la batalla 
«Ir Mcildlin y do* día* drspnr» «Ir la de i'md.id lleal. en b qucrl jn>*ral 
Scbaatiani derroto al duque drl Infantil,. 

Shi rmbargo. cato» triunfo» casi simultaneo» ile los difcrrnlc» caudí 
lio» ilrl ryrmto franrr» mugan resaltado produjeron ea H animo de la» 
poblaciones, que se iban exasperando en vet de acobardarse 1 na mam 
reerjoa jennal e*tallo rn fetremadura, y b junta de B*ibj»i ri^pomfco 
. M un* aterre*. intermediada de tropelía» a b* inlimaoooe* ilrl vearr 
dor de vl.,1. Uní \| mi*mo lirmpo Mrllinginn . al írealr de un cuerpo dr 
treinta mil hombres, se encaminaba de lasboa «obre iiporl» para arTrba 
lar aquetb importante conquista al mariscal Soult. a quien el tevauUimni 



470 HISTORIA 

to de la Extremadura privaba de la cooperación del mariscal Víctor, y se 
hallaba además amenazado por la parte de Tamega por el jeneral porta* 
gués Silveira á quien iba á reforzar Beresford. En tan critica situación, el 
ejército francés se aparecia en vísperas de padecer inevitablemente por ter- 
cera vez el desdoro de Bailen y de Cintra; pero tenia por caudillo en estas 
circunstancias uno de los mas consumados capitanes del siglo. « Soult la 
salvó con la prontitud y el acierto de sus disposiciones, dice el autor de 
las Guerras de la revolución. Sacrificó sin titubear enseres , pertrechos y 
víveres, pasó prontamente áGuimaraens, y dejando á la izquierda Braga en 
donde Wellington estaba amagando antecojerle , se enriscó por los mon- 
tes que atraviesan el Cavado. Al cabo de dos dias llegó á Buivaens, en- 
crucijada del camino de Chaves, en donde estaba situado Silveira, y de 
una profunda garganta que conduce á Montalegre siguiendo el cauce 
del torrente. Todo el ejército se fué encajonando por aquellos senderos , 
donde apenas cabían dos hombres de fíente. A sus pies, el Cavado, cre- 
cido con una lluvia tempestuosa, bajaba bramando; sobre su cabeza es- 




III NU'nIHiN 177 

Litan »u«ocndtdo» lo* |»cnasem desde donde estaba saliendo un tiroteo ron 
iiiiii»* Finalmente, rl camino, yn tan penoso, calaba atajado é Irerlios 
por arroyos qnc salían de sos caire* bjadov ítouli venció tantísimos oh» 
laculoa Supo encubrir M marcha a entrambos )rnfml« enemigo* y lle«ar 
• li frontera, desde donde paso a Orense Perdió Win solo alguna role 
al tratar» en d desfiladero iM Cavado l a caballería couserró ««* eaba 
lio» y b infantería su» arma» . siendo r*n r. «ir >.l.i non .lurrwi de la de 
noore. y uno de tos timbre» del man val Ktfrrchado. romo lo había «ido 
H )cncral ingina, entre do» ejercito* Hiporiore* en numero, logró sortear 
ntrambo* paso entre M *""" alborotado y acertó a infundir * 
loa anidados bastante con lian ra para trnr sobrellevasen ron lc*on las es 
enanca* . aguacero» y tropiezo* de un camino en el que fueron Komp ui a- 
Joa por un fuego graneado al que n:i podían corresponder • 

Kl mariscal Sooll habiendo evitado milagrosamente a tMImgton. Br 
resfnrd y Silvcira que se liso, jcahan de tenerle encarcelado en la» ganan 
tas de Portugal . rmsomo en t «paita para »lescolgar*c «obre la HnaMM y 
prcctsarlc a levantar H «tbode Logo Ney.qnc había conseguido en \stn 
ría» iguale* resaltado* que Suriieten v rogón. marrlióalcncnentrodcSoull 
y *r minino con H para acabar de destruir el rnerpo ile la Romana > *o 
pirgar a lo* sublevado* en «.alma Pero lo» movimientos militare» que el 
enemigo otaba preparando en el centro de la Península precisaron proa 
lo a entrambos maríscale* a ni tincar sns combinaciones y variar so* 
planea 

Wefttagtoa no habiendo bajado ésta en tu eapeoVion contra Soult 
btbi i i nano a fatn madura en donde esperaba ser mas afortn nado eontra 
« -I cuerpo de Vietor llalaa dejado sos reales de \brantesnl frente de veinte 
y cuatro mil hombres, apoyada la derecha en ei ejercito español d. 
ta. compuesto «le treinta \ mis mil hombres, y la izquierda en la lefbl 
de Robarlo Wilson. compuesta de cuatro mil hombres Podia contar »<!• 
me* con H arrimo ile un cuerpo de veinte y do» mil hombres, mandado 
por V ruegas y que estaba pronto á desembocar en las llanuras de la Van 
lia. mientra» que H duque del Parque maniobraría en el norte coa to* 
•le la Romana, y que Reresford operaría en las fronteros ét Ketre 
madura con un rnerpo de quince mil Portugueses destinado a «en ir de 
rearrra Oeurria ademas que en medio de numerosas guerrilla» y de par 
tilos cnanleeidos con la causa de la independencia nacional . todo» «no» 
ejércitos españole* . ingleses y portugueses iban á echar el resto, no solo 
para recaer sobre H mariscal Vietor. sino para abalanzarse a la capital % 
arrebatar Vadnd al rey José. 

Comprendió este ultimo H |»Higro que le amena/aba y mandó por su 
parle una concentración grandiosa de los cuerpos dd ejercito trance» so 
l-i I Tajo . lucia Tablera de la Reina Pero sm dar tiía Mi u á que Son I» 



478 HISTORIA 

y Mortier efectuasen su reunión , prefiriendo José el parecer de Víctor al 
de Jourdan y sin aguardar siquiera la llegada de Sebastiani quedebia acu- 
dir de Toledo, empeñó la refriega. Esta impaciencia libró al ejército ene- 
migo de una derrota decisiva. Los Anglo-hispanos defendieron esforzada- 
mente sus posiciones y las conservaron. Su pérdida, igual á la de los Fran- 
ceses, ascendió á unos ocho mil hombres muertos y heridos ; y como en 
todas las batallas eu que el ejército francés no quedaba completamente 
victorioso, acostumbraban los ejércitos enemigos atribuirse el triunfo, se 
celebró la jornada de Talavera como esclarecidamente gloriosa para Wel- 
lington en España, Inglaterra y todos los países de Europa en donde se 
abrigaba una envidia inveterada contra la Francia. Pero Soult desbarató 
pronto los cantos de triunfo que resonaban en el campamento enemigo. 
Ocupó á Plasencia en el momento en que Wellington, nombrado jeneralí- 
simodelos ejércitos anglo-hispanos y portugueses, después del éxito de 
la batalla de Talavera, le conceptuaba todavía en los alrededores de Be 
navente. Reunido con Mortier y con Víctor en Oropesa, atacó Soult el ejér- 
cito enemigo, el 8 de agosto de \ 80i), en el puente del Arzobispo, y esta vez 
el éxito no fué dudoso. Sin embargo en lo recio de la pelea, titubeó por 
un momento el mariscal sobre su paradero. Habíase levantado una polva- 
reda que le imposibilitaba divisar los cuerpo» que tomaban parte en la ac 
cion, y no distinguiendo ya los Tejimientos de caballería que había diriji- 
do contra la infantería anglo hispana y creyéndolos aniquilados por una 




I»l \ \ P«| ION ;:•» 

rnnr.a riH riuqiw <lr> Mbuquerquo. qm.-n balita «obrerenirin ron» miaja rio 
iiumrrn. retuvo y» para hacer rinparar enntra aquella nube, temienrio que 
ibrtaw In rr.ballorin enorme » * i< toriOMI Pronto aaJM rir oMa ineer 
liriumbro. pue« inoenriiario» lo* ramp¡'inrotrw |»or lo« K«panoto4 , j enn 
riiendo el fueao por In malera. tnanitWti- a. trm*» fie un tfTaiirimmo mrrn 
«lio loria la rienoi I J |".tipiUwla fuga riela* tropa* rir Wllmalon 

Kl roMiltario dt la refriega en H puente riel \r/obi«po fu> arrojar A 
I w&$M i lo« moni»-* «Ir ia Mnnrba y oV K*tromariura . obligando al jmf 
ral ingle* a una rrtiraria ojeeuliva lObrc Hariajor Por N parir rl marival 
n- | solviendo a (ialiria . derroto la lejion rie VAil*nn en la allura rio lia 
nOt.tPBI (Hn tfafXMI drl enrnenlro «Ir \lmnnanri.qii»- *o din al di.» «iguirn 
lo de 1 1 .in ion <IH Bajante, y m la qur rl jenrral SebaMiani rie*trmo H 
rorrpo de Nenega*. cuyo* ro*ln< «o refnjiaron alrnpdl.nlamente en la* 
cárpanla* de Sierra Morena 

Sin embargo H U*on («panol riWnlló en modín «Jo torio* e«tm o>s- 
IM1 I W . BalloMero*, que retalia asomando, bahía lnvbo nurvo* ali*tamion 
lo* en \*tuna* * lo* había Horario al diiquo riH Parque, quien M había 
aporiorario rio Salamanca. nVspuosrio hahrr airan/ario un pequeño Iriunín 
ron ira un destacamento rirl cuerpo riel marital N. \ . a quien rl empero 
rior había Mamario a Alemania y a quien arañaba nV reemplazar el jene 
ral Marchanri en el manilo riel ejercito «I.- «...iluta 

Iíw Ktpanole», engreído* ron e*ta ventaja y siempre prontos ■ relia 






,' 




ÍSO HlSTOttlA 

ccrse de sus derrotas, quisieron probar una nueva asomada por la Man- 
cha y apoderarse otra vez de Madrid. Arizaga, al frente de sesenta mil 
hombres, desembocó por Despeña-Perros y se adelantó sobre la capital si- 
guiendo la dirección de Toledo y de Aran juez, mientras que el duque del 
Parque verificaba su movimiento sobre el camino de Burgos. 

El mariscal Soult mandaba en jefe el ejército francés , como sucesor 
del mariscal Jourdan. Llamó á sí á Víctor, Mortier y Sebastiani, y marchó 
en derechura al enemigo obligándole á retroceder hasta Ocafia, en donde 
el ejército español quedó aniquilado el 4 8 de noviembre de 4 809. Durante 
esta memorable batalla, Arizaga, en vez de pelear al frente de sus tro- 
pas, se retiró á un campanario de la ciudad, y desde allí asistió como 
mero espectador á la derrota de su ejército. Perdió su artillería, trenes y 
banderas, y dejó treinta mil prisioneros en poder del vencedor. 

La derrota de Arizaga motivó la retirada]del duque de Albuquerque, 
quien habia quedado en Estremadura para sostener su izquierda, y cejó á 
Trujillo. El duque del Parque, así mismo comprometido con el desastre 
de Ocaña , se retiró también sobre Ciudad Rodrigo, á donde no llegó sin 
haber padecido un quebranto en el puente de Alba, perdiendo tres mil 
hombres , la artillería y los bagajes. 

Habia llegado la horade dar el golpe postrero á la insurrección espa- 
ñola y á la intervención inglesa. El emperador lo podia tanto mas fácil 
mente cuanto sus triunfos en Alemania y la paz en el norte le permitían 
agolpar sobre la Península una parte de sus tropas victoriosas. Por consi- 
guiente se aumentó el ejército francés en España hasta el número de tres 
cientos mil hombres en los primeros meses de 4840, y se puso á la orden 
del rey José, cuyo mando supremo era aparente, pues en realidad lo cjer- 
cia el mariscal Soult. 

Las primeras operaciones se encaminaron á atacar la Sierra Morena , 
cuyos picachos estaban minados y que sin embargo fué ocupada en un dia 
(20 de enero de 4840) á pesar de la tenaz resistencia de los Españoles. 
Desde entonces el mediodía de la Península quedó patente al ejército fran- 
cés. Granada, Sevilla, Málaga, Murcia, Oli venza, Badajoz cayeron su- 
cesivamente en poder de sus armas. Pero Cádiz se resistió ; Cádiz , re 
sidencia de aquella famosa junta que estuvo ventilando una constitución 
democrática y dirijió una guerra nacional bajo los tiros de laaFrancia re 
volucionaria y en nombre de un rey cuya causa era la misma que la de la 
aristocracia y de la frailería. Este último baluarte de la indepeudenciares 
pañola padeció un estrecho bloqueo por tierra; pero quedábale el mar, y 
este le trajo víveres , pertrechos, jente y pensamientos. 

Mientras que Soult recorria triunfal mente la Andalucía persiguiendo 
los restos del ejército español, sitiando y tomando plazas, Massena, llegado 
á España, ceñido con los laureles de Essling, invadía el Portugal y mar 






Dr NAPOLEÓN Wi 

. haba •nnim lisboa Pero había matado con la cooperación <M ejército 
«Ir \n«taluna.ycstaleWtó..Houll. dctrn*to por Im Anglc^HisBanos de Al 
jeciras y de Jibraltar que amcns/aUn continuamente U Andalucía y le* 
pfOl mcias de la rosta oriental . no hiro el menor metimiento * (atoe dH 

> oV Portugal , ron lo mal Massena aislado no podo hacer írenle A 
Mrllinglon ) tuvo qor tolter á Espala Su ralbada fue n>sastradi*ima 
Wclhngton persiguió rl ejercito frasees soto rl territorio español, tomo 
á oliveaa y sitió á Badajo So presencia reanimó al denuedo y las e*pe 
rautas dr la sublevación Pero acudió Snnll > atcrO rectamente A Rere» 
lord en Alboera . cncaminAndose A la laida de las sierras y aguardando 

m pfTt liln-rtaré Badajo/ ruando los movimientos de Blacac y oV 
llallcsteros Ir hicieron volvn < Sevilla Desde allí disputo una espcdÚM 
contra lo* sublevado* de la Srrranta de Ronda y un ataque infructuoso 



Kntrrtanto Mcllingtnn. libre de la vijilanna dr soult . arinoelMiio 
de Badajos y st apoderé de esta ptaa el 6 de abril ile IKI'i. Soult había 
at ululo otra v er para sororrerla . pero llego al siguiente día de la rapitn 
betón, y el teurrdor no queriendo exponerte A perder tan pronto sn ron 
tlrieta . rehuso la batalla que le presentó H jenersl (raneas. 

Bcgrcso Soult A Sevilla, en donde se dedico A pacificar la \ndalucia j 
I partidas de Honda y del Campo dr San Roque. Pero los 
habían proseguido en sus triunfo* Desde fotremadnra se 
habían enraminado a la Mincha, y después dr haber drrrntado rl centro, 
ocuparon á Madrid obligando á Jo*e á retirarse sobre Valrncia para poner 
se bajo la proterrion de Stichrt. Kntóners v a no era posible la ocupación 
de \ndalucia Sr abandono rl Moqueo de Cadii. y rl mariscal Soult. ven 
ficando sn retirada por («ranada y Murria, se reunió mu Sueheten Alicante 
y luego ron rl ejercito del centro para volver á tomar el camino 
dnd | ponerse en disnoaieion de reconquistar aquella capital 




f.l 







CAPITULO XXXV 






- 



Ho...,.i...¡,..lo con la R„*. 

■ 




lejandro habia dejado de conceptuar tiempo 
hacia la amistad del hombre grande como un 
beneficio de los dioses. Del cariño solemne 
de Tilsitt y de los recuerdos íntimos de Er- 
furth , ya no quedaba en el aínda del czar 
mas que el desabrimiento y pesar que bro- 
tan de un impulso yerto y de una esperanza 
burlada. Mientras que la Europa continental 
le habia parecido harto pujante todavía para 
continuar la guerra de principios contra la re- 
francesa compendiada en Napoleón, el autócrata habia estado es- 



I>r. n IPOI I n\ ;h-, 

i m liando los estimulo» del gabinete ingtV-» y mirado «olíalo en la» coliga 
. ioaei de I MM y IHOO contra le Francie. ye merrhendo k cspaltla» <IH An» 
tna. ye en po» «Ir le Prusie Pero leeeirtHl y Friedlend habían |*>»tredo»u 
orgullo dinástico rapaz do enardecerse y dotado do uno» abáneos herto 
tni rrnil mrtrifl para comprender que le mayor parte do manió airaba é U 
aneja K«iro|»e potlin muy bien redueJrej a mira» de la Providencie (I) , se 
habie desentendido interinamente de lo posado en lo» av istamientos drl 
Niemen, soslayándose do la alian/a inglesa parn abrazar le política del 
hombro mino quo había proclamado el bloqueo continental Si el estro 
«lo le Francia no dobia nublarse, si le fortuna do Napoleón p< rmimiii 
inmutable y Meneare 60 Baje, ora mejor hermanarse con el para promediar 
la supremacía ouropoe. que obstinarse en quedar derrotado |">r mis inven 
cibtee falanjos y por ol interés do una causa quo ol ciólo al parooor cstabe 
desamparando. Kstes reflexione? fuomn la» que hicieron .1 Alejandro ten 
afectuoso 011 libéN y (en entusiasta en Krfurth . hii retraería por oso do 
lo» azares de un trueque político y de los trances de un regreso el antiguo 
sistema europeo cuando lo cxijieran ó lo permitieran las circunstancias. 

Pero Napoleón, al paso que creta en la sinceridad afectuosa que estaba 
manifestando Alejandro y que el mismo percibia como conducente al cum 
phmicntode sus intentos, avalorando los lancea en beneficio del predonu 
1110 y preponderancia francesa, sin ■leader al desabrimiento que la relea 
sion de su poderte podía causar al potentado que reinal» en Pelen 
burgo. sea 11 11 su rumbo Asi la agresión del Aeetrie n I Wrí). al esponer al 
e mpera do r Francisco A añeras derrotas, le habie acarreado nuevos des 
mcmbramientos que habían aproximado los limites del dominio francés 
.1 las fronteras del imperio ruso, y esta cercanía ocasionaba peligros quo 
no quedaban harto compensados en concepto del autócrata con la cesión 
quo se le hacia, por uno do lo» artículos del tratado de Viene, de una par 
le de la «¿alma. Pero lo que destemplaba al czar muy señaladamente era 
li enetaacta del gran ducado de Varso\ia. cuva creación BO habia podi 
do oontraroster en Tibiit . \ en el que sus desconfianzas y recelos le ntabea 
siempre mostrando el reino de Polonia en ademan de brotar de sus esrom 
bros. Asi para lograr alcun resguardo en este punto no ceso de insistir coa 
.1 Rebínete do les Tuilenas para conseguir do KepoteOO una espresn y so- 
• 

1 . ( Sr rrrrt» muir*. !i» 1I1. I1.1 N iiMi!r«>n • n Saula r.l«-n» •/ •«•<->', U» '|»e 
\o Hi«|,iii. ron rl? M< *o«triiia querl derecho hereditario era uo ab»»«n en La 
'••heranta. Jf la«ff qn« emplear roa* de ooa hora y »alerme de miptfí 
mi l«ijim par* probarla que en e*le «lerech'i hereditario «e ofVat»» »| ••>« 
IñtaOTler He |n» pueblos. A~a«o me engañaba.* Fl elejiHo H «I pueblo, et h*H» 
•te la r*»oln«-ion alerri.>t>anHn al hijo de lo« retr« . al eauHi.b» «te la* eahjracio. 
nr« mon anjnieas, par» ruaren irle al dogma del dererbo l.c-H.iari • ¿(l*** •*• 
t raneta tan |«-ier.noa ! ; que trastrueque de ro«ne<liaaim ' 



484 HISTORIA 

leinne declaración de que nunca trataría de restablecer la nacionalidad 
polaca. Por un momento pudo creer que estaba cumplido su mas ansioso 
deseo. El 5 de enero de Í8IO, el embajador francés Caulaincourt, duque 
de Vicencio, firmó un bosquejo de convenio espresando formalmente : \°. 
que el reino de Polonia no se restablecería jamás ; 2 o . que se orillarían en 
las actas los nombres de Polonia y de Polaco ; 3 o . que el ducado de Var 
sovia no recibiría nunca aumento de territorio con alguna de las partes 
correspondientes al antiguo reino de Polonia; 4 o . que se publicaría el con- 
venio. 

Caulaincourt no era de aquella escuela diplomática cuyo maestro ha 
dicho « que la palabra solo habia sido concedida al hombre para ayudarle 
á encubrir su pensamiento. • La disposición para todo jénero de asuntos y 
la maestría en las negociaciones se hermanaban en él con sumo señorío, y 
la agudeza de su entendimiento quedaba siempre subordinada á la recti- 
tud de su alma. Se acordaba de que al hacer proposiciones para el enlace 
de Napoleón con la gran duquesa Ana, se le habia autorizado á prometer 
una declaración semejante á la que Alejandro requería, y consintió en fir- 
mar el proyecto de convenio que se le presentaba, sin recapacitar las mo- 
dificaciones que habian debido causar en las miras y combinaciones del 
emperador de los Franceses el rompimiento de la alianza de familia y el 
rumbo de los acontecimientos. Preciso es decirlo también, el duque de 
Vicencio,al granjearse el aprecio y alecto del czar con sus finos modales y 
sus esclarecidas prendas, se habia dejado embelesar por su parte con el 
trato íntimo del esplendoroso Alejandro. 

Napoleón se desentendió de cuanto su embajador habia aceptado. Des- 
contento de Alejandro, que ejecutaba á medias el bloqueo continental, y no 
teniendo ya motivo alguno para sacrificarle uno de sus mas antiguos pen- 
samientos acerca de la política europea, se mantuvo firme en el concepto 
que ya habia dado á luz y que constantemente profesó después, « que el 
restablecimiento de la Polonia era de apetecer para todas las potencias del 
occidente, y que mientras no se restaurase aquel reino, la Europa estaría 
sin fronteras por la parte del Asia. * Sin embargo el czar insistió y envió 
un nuevo proyecto,que siendo idéntico, enmarañaba y suspendía en cierto 
modo el contenido del primero. Napoleón insistió por su parte y rechazó 
reciamente la proposición modificada del monarca ruso. Enté/ices el prín- 
cipe Kourakín , por orden que recibió de Petersburgo , declaró al empera 
dor de los Franceses que se tendría su dilatada negativa por una muestra 
positiva de segundos y solapados intentos á favor de la Polonia. Pero Na- 
poleón , mas airado que sobrecojido con esta nota del negociador mosco 
vita, le contestó resueltamente: ¿Qué pretende la Rusia con semejante 
lenguaje? ¿Quiere la guerra....? Si hubiese querido reponer la Polonia , 
lo hubiera dicho, y no hubiera sacado mis tropas de Alemania Mas 



DI NA FOLIÓN i*. 

mi quiero desdorarme manifestando qoe nunca at restal4ecerá H mw> 
«ir INdoma . ni ndiouliiarme entonando oráculos de dmoidad . m mono» 
lunar mi memoria adiando esa acta de roaqniairltca poblara . porqoe <k 
.Urar .jiio nuiKa M reOJÜifocpr* U PokWM t» M» qw roofrsAr <u rcpar 
lición No . no punto comprometerme i iraanM contra jenles qnr me 
han scmdo Un bien y me Un manifestado mm buena noluntad comv 
Unta y «no carino. No le* diré a loa Frailease*: prenso es qoe 
rom lucstra sangre par» poner U Polonia bajo d yugo da la 
v •> firmara algún día que rl mno de Polonia no se restablecería 
íi.era porquo )o baria ánimo de reponerte . y rl desdoro de 
curación quedaría borrado coa rl bocho que la desmentiría. • 

iiübia licitado d trance cu que Alejandro se eatoaaar hostilmente 
pero no aguardando ya nada d> la abanta francesa, punto que Napoleón 
rebuvioa por una parle declarar*» paladinamente contra d reaUblen 
mmiin iM mno de Polonia, y que por otra se ladraba baña U política 
auMnaca sobre U roesboo «le Oriente. limiUndo las rcHHesiono» hechas ea 
Krfofla « U pmcMon de U Moldas* y de la \ alaquia . lo mal arfana te 
orilla derecha y tes bocas dH Danubio, el ctu. que bahía dejado qocbraa 
lar ha*u entonces d btoqoco coabnenUl por d rontrabaado y por lo* 
neutrales . no disimulo ya coa H m desTio en U cnrrc»poo<lcncia de oooo 
II «ule enero de Iftl I . dio un ukase que prohibía los productos (ranee 
a», Ules romo objetos de lujo y i idos, y Uiorcoa la introducción en mm 
atados de los frutos coloniales por medio de ana rebaja en los derechos 
Urmas.on casodecontraTcncion.lasi 
•e y los productos coloniales solo 

Irritóse Napoleón á U vista de esta acta • Solo d odio le dijo alero 
bajador roso, ba podido aconsejar H ukase del 15 de enero. ¿Pues qué nos 
conceptúan yertos en materia de pundonor? La nación francesa ea 
se creerá deshonrada al saber que mis productos se queman en los 
ruso» , al paso qae los producios ingleses tan solo quedan con Sacados No 
temo declararlo . señor embajador , antepusiera recibir un Meton al qur 
roar los productos de la industria y del trabajo de mis subditos ¿Oue 
mayor daño puede hacerle la Rosta ¿ la Francia? No alcanraudo a una 
dir nuestro territorio . nos saltea nuestro comercio \ nuestra industria • 

N K ososo H emperador a esta briosa manifestación de mi dVseooteo 
to. poes dio orden aldoqncde Vicencio para que pidiese U revoraoon 
dd osase Pero Alejandro no se había adelantado con tanto arrojo para 
afrentarse Ua pronto cediendo cobardemente a la primera protesta de te 
Francia No se haina providenciado tan grandiosamente sin sarga y ma- 
dura ddibcracsoa: antea de darte al publico, d gabinete de 
baba intlodabsrmeote prettsto U entidad . Us eo n o a oenoas y tos i 
Mibredgataaear francés Nopodn donar» «le te respamta . por» tos Ru 



486 HISTORIA 

sos se habían vuelto ingleses desde que la Francia había rehusado procla 
mar por boca de Napoleón la irrevocable aniquilación de la^ Polonia y 
permitir á la ambición moscovita que pasase el Danubio y'se'estableciese á 
las puertas de Constantinopla. Había también contribuido al desvio de 
Alejandro la preferencia dada á la casa de Austria en la elección de esposa. 

Desahuciado ya de repartirse el imperio del continente y desenten- 
diéndose de la Francia sobre ambos puntos de Turquía y de Polonia , no 
le cabia al czar el avenirse al sistema del héroe de la democracia y sacrifi- 
carle sus miras primitivas. Cuando estuvo pues bien convencido de que 
nada podia aventajar con el hombre de la revolución, volvió naturalmente 
á los principios contrarevolucionarios que habían arrojado anteriormente 
áSouwarow hasta la frontera francesa y le arrebataran áél mismo hasta 
Austerlitz y Friedland. Este regreso de Alejandro á la alianza inglesa le era 
tanto mas obvio cuanto satisfacíalo solo las opiniones políticas de la jerar- 
quía suprema de su imperio, sino también los intereses materiales de todos 
sus subditos, el comercio y la industria déla Rusia entera. 

Quedó pues el ukase tal cual se había publicado y continuaron los ar- 
mamentos considerables que lo habían precedido. Hízolos por su parte 
Napoleón reforzando la guarnición de Dantzick y enviando crecidas divi- 
siones por toda la Alemania. Entonces Alejandro pidió esplicaciones, y se 
le respondió que solo se trataba de prepararse contra los intentos hostiles 
que hacían maliciar sus preparativos militares. Protestó que eran pacífi- 
cas sus miras ; pero renovando siempre sus quejas é insistiendo en la de- 
claración relativa á la Polonia y en la restitución del ducado de Oldenbur- 
go que Napoleón habia tenido que invadir por haberse convertido en el 
foco mas activo del contrabando europeo, que amenazaba hacer ilusorio 
el bloqueo continental. 

Así el rompimiento mediaba en realidad desde \ 8H en el pensamiento 
íntimo de entrambos emperadores. Ya no podían avenirse en los puntos 
mas importantes de su política respectiva; por lo tanto era forzoso que lle- 
gasen á las manos tarde ó temprano. Sin embargo Napoleón, que siempre 
se esmeró en revolver sobre sus contrarios la odiosidad de la guerra y que 
aparentaba salir á pesar suyo á los campos de batalla donde la gloria de 
su nombre iba por cada dia en aumento, Napoleón no quiso salir á cam 
paña contra su amigo de Erfurth, sin haber procurado entre eüos una re- 
conciliación en que se cifraba el sosiego de la Europa. Varias yeces le es- 
cribió con este objeto y en una ocasión le decia. «Esto es una repetición 
de lo que vi en Prusia en 4806 y en Viena en -1809. Por lo que á mí toca, 
seré el amigo de la persona de vuestra Majestad, aun cuando esa fatalidad 
que arrastra á la Europa debiera algún dia poner las armas en la mano 
de nuestras ambas naciones. Yo me rejiré por lo que haga vuestra Majes- 
tad ; nunca atacaré, y mis tropas solo se adelantarán cuando vuestra Ma- 



I»l \ \l'ii| KiN |H7 

testad luda» desgarrado H tratado de TiUiit Vrr «I primero cu HmnMf, 
m a uastra Majestad qtiirrr volver a U misma ennnaota. ¿lia tenido HM 
que urepenlirse de te que roo tu dispensado?* 

Kste lenguaje comedíelo turo conceptuar «I emperador A l ij a mi ro que 
Napoleón tonua un rompimiento patente \ que no «e hallaba dispuesto 
para la guerra ronfinnabanle en esta opinión lo* informe!» qne Mr de 
Roroantof recibia de Pan» y qne representaban «I emperador «ir Im Fraa 
eeses dispuesto á hacer sacrificios para e\itar una nueva coligación ea d 
.entínente • la coyuntura se mostraba propina. decía el diplomático 
v era preciso asirla ilel rabHIo; noto so trataba de manifestarse 
recio; se lograrían indemnizaciones del duque do nldonhurgn. *e sanana 
Oantiick.y la Rima se granjearía una consideración inmensa en F.urnpa • 

Kstas insinuaciones y hostiles consejos halagaban sobradamente H 
temple del erar para que do los escachase Se dejó fácilmente persuadir 
de que Napoleón no se hallaba en «lado de apetecer la guerra > de ha 
corla con éxito, y en su consecuencia dinjio nuevos cuerpos de tropa» 
«obre el Vístula, acompañándolos con una nota que sn embajador en París 
uno rnrargodc presentar a! emperador, y en la que anadia á sus denan 
•las anteriores la salida de tainUtca y la evacuación dd durado de Var 
arria 

• Fnlónre» creí la guerra declarada , ba dicho Napoleón . tiempo ha 
< m que yo no estaba acostumbrado á semeja o te lenguaje , y romo no so- 
lía dejarme ganar por la mano , podía marchar á Rusia acaudillando el 
re*to de la Europa . la ernpi esa era popular y la caasa europea era d ul 
timo osruorro que le quedaba por hacer ala Francia, su suerte y la del 
nuevo sistema europeo pendían de te lucha. • (Memorioi. > 

Con efecto , tocaba ya á »u termino la reacción providencial que la 
nueva Francia estaba ejeráendo con el poderío de sus armas sobre la ane 
•>ua; pero antes de concluirla, debía redondear so obra y su gloria 
No le bastaba haber castigado en Viena > en Rerliu á los firmantes del tra 
tado de Pdnit* . y que los soldados de la revolución se hubiesen roe/rb 
do por la conquista con tes poblaciones avasalladas de la Prusia y del lan 
tria; todavía faltaba algo á la educación de los pueblos por te grau nanou 
II terror que Soowaron derramó algún día en sus fronteras , 
llevarse basta d centro del imperio ruso á la antigua capital de los 
hasta Moscou 1 . te dudad santa, y estaba escrito que la ci vibración france- 
sa, provocada con tes tenaces ligas de los altivos campeones de lo pasado, 
ma a visitar en triunfo. bajo d traje guerrero y en pos dd numen cúnanos 
tador. a te barbarie ea medio de sos desiertos, y baña envidiar é linajes 
humillados con te servidumbre tes ráfagas ele entendimiento que aparecen 
en te sien de te noble estirpe de los hijos de te Francia <umptiranse los 
destinos te revolución se sentará en d bogar dd paisano ruso, v 



488 HISTORIA 

á aquellos entes misteriosos en cuya presencia se soñaba un influjo recón 
dito que el tiempo solo evidenciaba, dejará por do quiera en su tránsito 
rastros que serán al pronto invisibles ¡ pero que no borrará el estremo de 
las estaciones y que los acontecimientos darán á conocer tarde ó temprano. 

Cúmplanse pues los destinos «Napoleón va á marchar á Rusia 

acaudillando la Europa.» En el Kremlin han clavado los dioses el término 
de sus conquistas , y Alejandro lo llama con sus notas provocadoras, con 
el quebrantamiento del bloqueo continental y con sus pretensiones sobre 
Dantzick y la Polonia. 











<«inp#£« «ir R.. 



>te* de salir de Parts y de enterar so 
Icmnementc a la Francia de como lo* 
juramentos de Krfurth solo (m roo me 
ra artimaña de loa principia, y que Ale 
janilro le prectaa á recniabbr ea H 
norte de Kuropa la conuea 
da taialtt anos atrás eolrc d 
y d nuevo sistema político. Napoleón 
hace providenciar por los cuerpos pre- 
eminentes del imperio «arias dayoai 

que |irnpjii— ■ á ana puiMoi la tjraodr espedsrsou que prepara y la 

lejana que esta pronta i entallar 










400 HISTORIA 

El 23 de diciembre de 1 81 4 , un senado consalto habia puesto á la dis- 
posición del ministro de la guerra uncontinjente de ciento veinte mil hom- 
bres sobre la quinta de -1 842. EN 5 de marzo siguiente, una nueva acta 
del senado organizó la guardia nacional y la dividió en tres clases. De allí 
á pocos dias (el -17), sesenta mil hombres de la primera clase quedaron 
declarados disponibles para formar un ejército interior que debia quedar 
peculiarmente encargado de la defensa del territorio ; decretándose ade- 
más la quinta acostumbrada. 

No contento con disponerlo todo para la guerra en el centro del impe- 
rio , queriendo Napoleón marchar á Rusia acaudillando la Europa, se de- 
dicó á contraer y consolidar poderosas alianzas por defuera. A este efecto 
se íirmaron dos tratados, uno con Prusia, y otro con Austria, el 24 de febre- 
ro y el 44 de marzo de 4842. Las cancillerías de Viena y de Berlín agol 
paban á porfía por entonces las mas vehementes protestas al potentado 
victorioso á quien la fortuna no parecía amagar todavía con una próxima 
traición. 

Del regazo mismo de aquella Francia que habia trasformado en cuida 
déla inespugnable, y atravesando la Alemania, cuyos reyes yacían á sus 
plantas, se encaminó Napoleón hacia las fronteras del imperio ruso para 
ponerse al frente del ejército mas formidable que jamás acaudillara el nu- 
men conquistador. 

Salido de París con la emperatriz el 9 de mayo de 4812, atravesó ve- 
lozmente Metz, Maguncia y Francfort y llegó á Dresde el 47. Habia gran 
concurso de testas coronadas en la capital de Sajonia. Napoleón celebró 
junta de reyes : las majestades y altezas se estaban esmerando en tributar 
obsequios y lisonjas al caudillo del grande imperio. Ante él se doblegaban 
igualmente el orgullo de los linajes añejos y la vanagloria de las familias 
nuevas. Al ver aquel boato de palaciegos engreídos y de grandiosos adu- 
ladores que se arremolinaban de todas partes desde las cumbres mismas del 
solio para hermanarse en la postración jeneral que el emperador iba ad- 
virtiendo por donde quiera en su tránsito, no dirían sino que todos aque- 
llos centellantes aduladores tenian en él una fe constante y que su poderío 
les parecía participar de la inmortalidad afianzada bajo su sobrescrito. 

« O vosotros , esclama Mr. de Pradt, que intentáis conceptuar adecua- 
damente la prepotencia que ejerce Napoleón en Europa, trasladaos en sue- 
ños á Dresde y venid á contemplar á aquel principe en lo sumo de su en 
cumbramiento. 

«Napoleón habita los grandes aposentos del castillo; cércale su redo- 
blada servidumbre, y alternan en su tertulia los augustos huéspedes que 
encierra el palacio del rey de Sajonia. 

«Recibe, según costumbre, á las nueve. Allí es preciso ver con cuanto 
rendimiento crecido número de príncipes (contábanse entre estos el em 



DI N IFOI \ mn 
pcrador <ie \ asina y H rey de Prusia coa so» 
denberg ), tiiiQOQpi roa kn palaciego*. oMén 



V. tlrmirh y llar 
que *e prevnlr 






■ÉB*<40)* 







. Napoleón .-s el rey «Ir lo* iryes. Toda* la* miradas» ola» a n cfl él 
Uoooatrreoria de ostranjeros , militares y palaciegos, la llegada y salí 
da de los correos, rl jentio que se arremolina i las puertas do palacio al 
mrnor mo\ imiento do nuestro emperador, y que lo rodoa contemplándole 
ooo asombro y estrañeza, la ospertaoion do los aeontecimiento* retratada 

oo todm los rostros todo este conjunto prosonta ol cuadro mas cían 

dioso o interesante y H monumento mas esplendoroso qne pued.i eoroov 
bramé la p ottor i a de Napoleón i 

Kn aquel aristamionto de Dresde. H emperador de Austria conceptuó 
balayar d orgullo de Napoleón informándole que la familia de los Booa- 
partes babia sido soberana en Trovisa. ■ Quería dehrsolo á Mana Ijbm. 
que tendría morbo gusto en saberlo. » AqoH principe enloquecía coi coló 
noticia. «H emperador deAostria. dice d barón r un. no poede eoeobrir 
la suma conmoción qoc percibe; abran é su yoroo j seeomoéaceeo re- 
petirle qne poodo contar coo el Austria para el triunfo de la coa 



492 HISTORIA 

El rey de Prusia se porta del mismo modo que él y redobla ante Napoleón 
los cstremos de un afecto inviolable al sistema que los hermana. 

No fué larga la residencia de Napoleón en Dresde. Acudió arrebatada- 
mente á las orillas del Niemen, pasando por Praga, donde se separó de 
María Luisa. Antes de salir á campaña visitó Kcenigsberg y Dantzick. 
Rapp,á quien apreciaba mucho por su valentía y naturalidad, mandaba en 
la segunda plaza. Murat y Berthier acompañaban al emperador. El rey de 
Ñapóles se mostraba descontento, y observándolo Napoleón, le preguntó á 
Rapp: «¿No habéis notado allá cierta estrañeza en Murat? Lo advierto 
demudado. ¿Está enfermo?— Señor, respondió el gobernador de Dant- 
zick, Murat no está enfermo, pero está allá como triste. — ¿Como triste 
y por qué razón? replicó prontamente el emperador, ¿no está bien hallado 
con ser rey? — Señor, añadió Rapp, Murat dice que no lo es. — Suya es 
la culpa, respondió Napoleón, ¿porqué es Napolitano? ¿Porqué no es 
Francés?... Cuando está en su reino, no hace mas que disparates; favore- 
ce el comercio con Inglaterra, y yo no quiero eso. » 

Al dia siguiente de este coloquio,el emperador convidó á cenar á Rapp, 




Berthier y Murat. Crejó notar por la reserva de los convidados^que temian 
dar su parecer sobre la guerra que iba á emprender, lo cual era una espe- 
cie dé tácita' protesta! ■ Estoy viendo, señores, que Vds. no tienen ya ga- 
nas dé guerrear. El rey de Ñapóles quisiera no alejarse del hermoso cli- 
ma 4de su reino; Berthier desea cazar en su posesión de Grosbois, y Rapp 
está ansioso de; habitar su gran casa de Paris. » Napoleón acertaba ; pero 
Berthier y Murat no se atrevieron á concedérselo; Rapp solo tuvo la osa- 
día de confesarlo. Además el emperador no debia culparse sino á sí mismo 



i>k lurouKtn *« 

dd trueque eMremaóo que había podido sobrevenir en d i 

,!.> ras jeneralrs. Rn medio dd boato de las cortes , dr Jo» 

nono y dd alíñente ■■iagneno <!«• te «rande», d rey de Capoles y d prfu 

ríp« dó \.ní. Intel no habían debido conservar las costumbres aventure 

ras , el denuedo y d desalado afán que habían podido rralrar a ütorat y 

Itcrthier . soldados dH carrito de Italia en Montenotte y l,ndi 

Bni embargo tos recdos. deque nopodian prescindir aqnHIostettrUü 
al acertarse nna guerra COJO éxito se trasponía á la previsión humana, 
no los inhabilitaron para seguir so esclarecida cañera por las hndla* Ari 
hombre grande que era á la ve* su companero, su norte y su matulo. 
« Apreciamos la na* , dijeron ; pero es preferible hoy dia la guerra á un 
convenio seguido de nna paz aérea, pues seria nunca acabar > Y Rapp 
anadió levantándose : • Seoor, vuestro Rapp maneja todavía bastante bien 
d sable y el caballo para que se le deje aquí como un viejo inválido, cuan 
do vais á pdear eoncededme que vudva á hacer las veres de edecán i 
vuestro lado. • 

Rapp se había granjeado en d mando de Dantzick d aprecio y d afee 
lo de tos Prusianos por d ensanche que había dado al bloqueo continental 
las nrjencias rigurosas de la política eran incompatibles ron tos hábitos 
y d temple pechi abierto de aqud militar. Napoleón, que le apreciaba, no 
le habia reconvenido por su conducta, y soto se había conteutadocon de 
arle al entrar en so salón y advertir el busto de la reina de Prusia: «Señor 
Rapp , os aviso que le escribiré á Mará Luisa esta infidelidad. • 

Kl emperador salió de DanUick el II de junio y siguió el camino de 
Kumigsberg, á donde llegó el 42, después de haber pasado revista al cner 
po de Davoust. Preocupábanle entonce* principalmente la subsistencia y la 
policía dd ejercito. • Daba mas horas al ronde Daru que al jeneral del 
estado mayor. • (Fain.) *8i temple fogoso, añade Mr. de Segur, estaba 
estonces engolfado en aquellos pormenores importantes. Prodigaba reco 
mendadones . órdenes y dinero como lo atestiguan mis cartas. Pasaba los 
días dictando sus instrucciones sobre tamaños objetos, y de noche seguía 
(.nublen trabajando Di solo jeneral recibió en el mismo dia hasta seis 
pliegos, «atendidos todos con igual ahinco. • 

Sin embargo, antes de dar la señal de las hostilidades, trato de recoo 
aliarse Napoleón con Alejandro , valiéndose de una negociación directa. 
Encargó pues á so edecán Launston que prxurase apersonarse con el mis- 
mo otar» para espresarle d ansia que abrigaba de evitar un rompimiento 
con su antiguo amigo de Tilsitt y de Erfurth. Pero Lauristoo do consiguió 
un solo alistamiento con el monarca ruso ni con sus ministros. Cuando 
rapo Napoleón por su secretario de legación , Prevost , que su plenipoten- 
ciario se hallaba desairado, dio la orden de marcha y dispuso atravesar el 
Niemen • los vencidos se entonan a fuer de \ cocedores .esclamo la fa 



494 HISTORIA 

talidad los arrebata, cúmplanse los hados. » Y al punto se publicó la pro 
clama siguiente dada en el cuartel jeneral de Wilkowiski : 

« Soldados : 

« Vuelve á empezarse la segunda guerra de Polonia. La primera se ter- 
minó en Friedland y Tilsitt: aquí juró la Rusia eterna alianza con la Fran 
cia y guerra á la Inglaterra. Hoy quebranta sus juramentos; ninguna es- 
plicacion quiere dar de su estraña conducta, hasta que las águilas fran 
cesas hayan traspuesto el Rin dejando así nuestros aliados á su discreción. 

« La fatalidad está arrebatando á la Rusia, sus destinos deben cum 
plirse. ¿Qué nos conceptúa acaso dejenerados ? ¿No seríamos ya los sol- 
dados de Austerlitz? Nos coloca entre el desdoro y la guerra. No hay que 
titubear en la elección. Marchemos adelante, pasemos el Niemen, y sea la 
guerra en su territorio. La segunda guerra de Polonia será gloriosa para 
las armas francesas como lo fué la primera; pero la paz que firmaremos 
llevará consigo su resguardo, atajando ese descompasado influjo que ha 
ejercido la Rusia de cincuenta años á esta parte en los negocios de Europa. » 

El ejército francés , compuesto de trescientos mil hombres , estaba di- 
vidido en trece cuerpos sin incluir los escojidos ni la guardia. 

Mandaba Davoust el primer cuerpo ; Oudinot el segundo; Ney el ter- 
cero; el príncipe Eujenio el cuarto; Poniatovvski el quinto; San-Cyr el sex- 
to ; el séptimo Reynier; el octavo Jerónimo Napoleón, rey de Westfalia; 
el noveno Víctor ; el décimo Macdcnald ¡ el undécimo Augereau j el dúo 
décimo Murat , y el decimotercio el príncipe de Schwartzenberg. Los di 
lérentes cuerpos de la guardia estaban á las órdenes de los mariscales Le 
febvre, Mortier y Ressieres. 



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1 1 Inri» ilH Ntemru racainináu>lW »| ttairprr y al fmmo Xapolron lo* 
«lauu» nVcrmi. y H XI <lr jnnio * U« «lo* dr U maoVurada. Ile*ó * los Otoo 
rada» rti to almlnlorr» ilr Knw no . tomó na rapot* y i 
•le o» soldado oVraUlIrria . y ** di«fr«uado rmwrió y 
aura» lo» aritos dd \ieioro ea borní dd paraje moa á ¡ 
trénsilodr tosimos» IJ jroeroJ Hato loé H ñateo que le 
ilo. 

ofaeroé Mi cimillo qiM> forma H no cerro de ti 
•Ir Poawor». ojos ar ni* «U» lumoo, y seaalo aqad panto par» pasar A U 
ahila opácala. Por U tarde dd mi*oo du d ejrrnto *c poto eo mor iom 
to. tnataodole do» boros «1 jcocrol BUé por» croar ire» p**airs. sobre fes 
qiir íuó dr^atoodo lodo to .social dejeratofoniiodoruir» rolaaraas lo 
anchar» dd Nieroea oo aqad sitio en deaaas dea tocaos. Al rayar ddta 
• i . ,, ralo íraocr» * holló aposentado co lo orillo opacólo. • ,Uoé coodro 
.b^rabrr ratnares U ralo desde lo* alturas de Abmsloo' dice d autor dd 
tfaaaacrífeoV I Hl 2. U Karopo coloro, représeosla en lo ma* «cierto de 
wUupas.w arroja «obre d sotor de lo» tosos que les oponía rt deilo «lo 
\ 





«i v 



U rmsjarodor. lauto dckowoo . quiso coostitaalo eo rsinbo a so 
pakta. y al intrato dejóos» toarme* hi y plañir,» un hmpital 
Rojo los oraros dr oqadto ciadod, d Yibu desagua en d 

pero lij an pii ial oIi oopodootojor d teopet» de to cal» 
qoe<rarrojoal\day topaaoOoodo 

todo rorro de eocoeolro y roñicas dd ejerolo iraore» I 



496 HISTORIA 

te algunos Cosacos en ademan de guerrillas, y que prontamente desapare- 
cían. 

Así llegó el ejército bajo los muros de Wilna. El emperador se hallaba 
allí el 27 á las dos de la tarde ¡ y al dia siguiente al amanecer tomaba sus 
disposiciones para un ataque formal, no figurándose que el enemigo des- 
amparase sin defensa un punto de trascendencia que estaba resguardando 
hasta tres lincas de almacenes. Napoleón se habia equivocado acerca del 
intento de los Rusos. Después de haber disparado algunos tiros y hecho 
volar el puente del Vilia y entregado sus provisiones á las llamas, se retira- 
ron atropelladamente al acercarse el ejército francés. Alejandro mismo dio 
la señal de aquel movimiento retrógrado. Hacia tiempo que se hallaba en 
Wilna con su corte, y en un baile dado en el castillo de Zacrest, en casa 
del jeneral Benigsen, recibió la noticia de que Napoleón babia pasado el 
Niemen y se adelantaba ejecutivamente atravesando la Polonia rusa. Del 
regazo placentero de sus funciones, pasó el czar á las zozobras de una re- 
tirada con apariencia de huida. La caballería lijera estrechó el alcance á 
los Rusos. Al mismo tiempo Napoleón, cercado de Polacos, mandados por 
el príncipe Radziwil , verificó su entrada en Wilna el 28 de junio á las 
doce «vitoreado por un pueblo que le miraba como á su libertador.» 
(Chambray.) 

Esmeróse desde luego el emperador, al posesionarse de la capital de la 
Lituania, en plantear un gobierno provisional en aquella provincia. 
Mr. Bignon , que se ha granjeado merecido concepto con el Testamento 
de Napoleón y Ja Historia de la diplomacia francesa, quedó colocado 
junto á aquel gobierno en calidad de comisario imperial. Por otra parte 
se sabia que acababa de constituirse una dieta en Varsovia en confedera- 
ción jeneral bajo la presidencia del príncipe Adam Czartorinski, y muy 
luego se supo que esta « voz secular, • según espresion de Mr. Fain , pro- 
clamaba la restauración del reino de Polonia. Aquella asamblea nombró 
diputados que pasaron á avistarse con Napoleón para poner bajo sus aus- 
picios aquella nacionalidad ya renacida. «-Si yo hubiese reinado cuando 
se hizo el primero , segundo y tercer reparto de la Polonia, les dijo el em- 
perador, hubiera armado todo mi pueblo para sosteneros Si vuestros 

conatos se aunan, podéis esperanzar que precisaréis á vuestros enemigos á 
reconocer vuestros derechos ¡ pero en estas rejiones tan remotas y dilata- 
das debéis fundar ante todo vuestra confianza de logro cabal en la unan i 
midad de los esfuerzos de la nación. » 

Reinaba aquella unanimidad en Polonia. Ya el sexto boletín, al dar 
cuenta del efecto que habia producido en Lituania el tránsito del Niemen 
por el ejército francés, habia delineado en estos rasgos el arranque brioso 
que nuestra presencia acababa de comunicar á la nación polaca : 






|.| Mi'Ml ION 



;•»: 



; 



• Wttvtt , I » fW j»l|f» •*» f ■ i I 

\ I pueblo poUro «r pone rn movimiento por toda» parte* til anula 
blanca tremóte á diestro y siniestro. Sacerdote», noble*, labradores y roe 
)en», lodo» están voceando U independencia d> «n patria 

NOftl m- /.jumo MOdta DOT MMlTM tro,.!* ftfBJ I MMhIMH Bl 
iri«ttJco de les poblaciones que dchiamm ocupar y recorrer enle» de IWar 
a kn Roto». Pero Napoleón, al paso qur fomentaba aquel impnUojrnenm», 
no podía sathnlerw colmadan» utc mi» urjcncia» I* 
del pueblo polaco hubiera comprometido lo» inlere*c» del 
\iMri* y del rey de Prusia . monarcas á qnicne» consideraba 
romo Mi pt wnpalc* abados Por lo tanto se iba ron tiento en ponto i oV 
clarar qur v rr»tanraria H antiguo reino de lo» JajdloMa : y mando loa 
diputadlo» de la dieta de Varsovia Ir piden aquella restauración, afreta de 
nrlr* que lo» Polaco» »olo deben contar contigo mt»mo» para la 
ilc mi independencia con motivo de la separación y 
til gobierno provisional que establece »e cine pne« á la 
e». la Ijtuaiua . No hay que arrojarte á nn alan incoaaiderado por la 
canal polaca, dmc: ante todo la Francia, esa r» mi política • Política cner- 
da . es verdad . pero qoe bobera parecido «obrado apocada á Napoleón 
en otro» tiempo». 

til cuartel jeneral dH emperador »e hallaba siempre en Wilna; pero eJ 
ijn i ^m francéa | WOa üg Bitporacá) acolla su marcha victoriosa. Bagration 
y Platow qnedaban desviados de Barclay de Tolly por la rapidez de lo» 
movimientos y de la» maniobras del emperador, tira muy arriesgada te 
posición de aqoeUoa dos jeoerales. Sábelo Alejandro y despacha 
lamente so edecán, H jeneral RalachofT. á Napoleón, con H objeto i 
de entablar n eg ociaciooes para la paz y con el encargo positivo de conté 
ner d ímpetu del ejercito francés, dando tiempo á Ragration para que ce 
jane. Napoleón acoje «olinto al enviado de Alejandro y le espresa H mayor 
por nn rompimiento qoe ha procurado evitar, til oficial roo» 
i aquella acojida , anunciando que el emperador esta en 
animo de entrar en el sistema dd bloqueo continental y consentirá en oe- 
conar «obre aquel amiento con tal qoe los Franceses cejen tras el Nieveen 
y evacúen al territorio roso. 

yo mas allá dd Niemen! a ««sorra Napoleón Se coarte 
•ea «recatadamente y recapacita su contestación tia «espante 
H punto que le ha lastimado . vuelve al principal .... « Va> 
o. replica, aegooemo» aqni en Wilna aatssao no dejar 
la diplomacia nada termina cuando las arnsswtanoa» no te 
: irmesaos. y volvere i pasar H Nteaw 
da la paz > • Mmmmtcnfo dr iftfi 

.-. 




368 HISTORIA 

No cabe duda en que esta proposición hubiera correspondido colmada- 
mente á los intentos del czar, si hubiese apetecido de veras la paz. Pero 
ya dijimos que la ida de Mr. Balachoff encerraba objeto muy diverso. 
Aquel jeneral se ciñó pues rigurosamente á las instrucciones que habia re- 
cibido de su amo y declaró que debia insistir ante todo en la evacuación 
inmediata del territorio ruso. «¿Son esas proposiciones de paz? esclamó 
entonces Napoleón. ¿Se obra así cuando se quiere de buena fe una eonelu 
sion? ¿Se procedía así en Tilsitt?.... No puedo equivocarme; estas jentes 
solo anhelan algunos dias de espera ; solo tratan de salvar á Bagration y 
se chancean comprometiendo lo mas sagrado. Pues bien, no tratemos 
mas que de redondear lo que está ya lindamente entablado; preciso es 
que sus apuros sean rematados para que consientan en que su emperador 
se encare conmigo. » 

El emperador marchó de Wilna el 16 de julio, determinado á internar- 
se por la antigua Rusia colocando su centro de operación entre el Dwina 
y el Boristenes. Soslayándose pues de Barclay , que huye hacia San Peters- 
burgo, y dejando á Davoust, Jerónimo y Schwartzenberg, que maniobran 
sobre su derecha, el conato de atajar á Bagration el campamento atrinche- 
rado de Drissa en donde le aguarda Alejandro mismo , Napoleón va á 
marchar por el rumbo de Witepsk y de Esmolensko. Pero este movimien- 
to se ejecuta sin que nadie alcance el intento del emperador, « Ideando sus 
planes para la continuación de la campaña, dice Mr. Fain, y dando él 
mismo las órdenes que habilitan la ejecución , no da á conocer á cada jefe 
de los que deben cooperar, sino la parte que le concierne. El conjunto 
queda en su mente, y sus combinaciones militares , semejantes á los escri- 
tos simpáticos que solo el fuego puede evidenciar, no asomarán hasta que 
el campo de batalla las haya sacado á luz. » 

Pero esta ignorancia de los arcanos del numen da lugar á mil conjetu- 
ras : todos quieren adivinar é interpretan á su modo los intentos del em- 
perador. Así como en la campaña de 4807, cunde el afán de la crítica por 
el cuartel jeneral. Napoleón se desentiende ¡ pues le importa poquísimo 
que se engañen á su lado, que recelen y murmuren. Está hecho cargo del 
tino y trascendencia de sus planes, y le consta que enmudecerá la crítica de 
los campamentos cuando realize sus miras asociado con la victoria. Cíñan- 
se pues sus tenientes á desempeñar cumplidamente sus disposiciones eje- 
cutando puntualmente sus órdenes, y el éxito aclarará todas las previsiones 
siniestras, mas por desgracia no todos sus lugartenientes son tan ejecuti- 
vos en obrar como él en idear y disponer. Hay entre ellos uno, y este es 
Jerónimo, hermano del emperador, que ha recibido orden de perseguir de 
cerca á Bagration, y deja, con la pausa de su marcha , que el jeneral ruso 
se adelante y se reponga sosegadamente de sus fatigas durante tres dias 
en Neswig. Sin embargo Napoleón habia escrito á su hermano en los tér- 



DI N Sl'Ol HiN f§% 

mino* mn« extremado» pura r»timiil*ilc * que »<l dantas* *u cuerpo de 

ejl r. i!o 

Prro esta» instiurcionr* no limeron efecto. # M jeueral rus» ha podi 

•lo r frutar mi movimiento Un apaciblemente rumo si nadie te pn«unir 

1/ .nnf«ni/.. rfi IMS BMóacm Y>|«olcou. dando rienda meJm ¿N 

•*rribió al rey dr Westfalia .No cabe maniobrar ron mayor lorpe 

n . seréis cause de que Itagration Irnga tiempo para retírame me habrán 

malogrado H fruto dr la» mas esmerada» mmbiuanonr* y la me» preciosa 

etiranu n pueda rodearse en esta guerra. 

operador no se cine áeata rrron vención Uniere afUn/arv a«rt lo 
sucesivo nna cooperación mas euros del cuerpo » iMíalim*' , y pone á so 
hermano Jci ommo á tasórdtoeade Davoii»! Pero Jerónimo conceptúa que 
mi dirtado ilr rey le imprnihilita rl admitir aqin-ll» «nbordinarion y at re 
tira dH ejército Napoleón lo »ieiilc ¡ prro detora amarga » ralladamente 
H pesar que Ir rauss la «rparanon de mi hermano \ra*o reconoce qnr 
hiro mal m qu« brantar m lieneurio de mi familia lo* principio* de igual- 
dad que conMituycron mi pnjann y nombradla ; quiza* *e arrepieolt de 
haber desconocido la única prepotencia kjitinw. colorando en H logar mi 
preso entendimiento* adocenado» c inhábil. * para tan encumbrado des- 
empeño . haciendo reyes menos rapaces que tus miriiralcs y esponiendo 
se asi á suscitar engorrosas competencias entre la Hev ación del dictado \ 
la «operiondad del talento. 

Con motivo de la retirada de Jerónimo, los Westfalicoses pasaron á tes 
órdenes del jeneraJ Thnrrean, y después al mando de Jnnot , duque de 
\brantes. Moa no por eso dejó de estar comprendido el octavo cuerpo bajo 
H mando del mah»cal bavouM,\ el emperador tuvo motivo para ronera 
tularse de aquella providencia. Oavoust había logrado dar alcance á Ra 
grauoo cerca de Mohilow, y á pesar de no tener mas que dos divisiones 
cansadas con larga» marchas , habia derrotado á los Rusos. Pero la sepe- 
racwn deJ cuerpo w eett ul iensc , desamparado á la saxon por so caudillo, no 
le permitió sacar de aquel triunfo toda la ventaja que hubiera podido 



Kntanto que Davoust deapejaba asi nuestra derecha arrojando a Be 
grauoo sobre P smo lffum o, Maedonald y Oudinot perseguian rl cuerpo de 
WiManjmlml (J) „» Bnjojq había ummmmi unjl InMmjm Mulfei menJa 
da y resguardar á Sao Petereburgo, habiendo tenido él mi*mo que aban 
con H emperador Alejandro el campamento de Drt*sn ) lomar H 
de Witepst por el rumbo que iba siguiendo Napoleón. 
Rarclay contaba siempre en que Bagratioo. libertándose de Dnvou*t. 
efectuaría al fin su incorporación . No habiéndole encontrado mi Witep* . 
corrió en su busca baria Orrha . dejando al cuerpo de Ottermann den 



500 HISTORIA 

cargo de abrigar la retirada de Doetoroff que mandaba la retaguardia , y 
atajar las primeras columnas del ejército francés. 

Este cuerpo destacado del ejército de Barclay fué el que encontraron 
y derrotaron Murat y Eujenio en Ostrowno en dos refriegas consecutivas 
trabadas el 25 y 20 de julio. 

El triunfo del primer dia se debió á la llegada de la división Delzons, 
que determinó la retirada de la infantería rusa, contra la que repetía in- 
fructuosamente sus embates-la caballería del rey de Ñapóles. 

Al dia siguiente el ejército enemigo, que habia recibido refuerzos du- 
rante la noche, se mostró en ademan de renovar el trance. Los Franceses 
eran también en mayor número que el dia anterior ; el príncipe Eujenio 
se habia incorporado con Murat. 

El jeneral ruso que habia reemplazado á Ostermann ocupaba una po- 
sición tan ventajosa que era forzoso para desalojarlo echar el resto del ím- 
petu y denuedo en los soldados franceses. Tenia delante una quebrada 
profunda, á su izquierda un bosque espeso, y á su derecha el Dwina. Así 
los primeros avances délos Franceses fueron infructuosos. Los Rusos, ava- 
lorando las ventajas del terreno, se defendieron con ahinco, y aun se creyó 
por un instante que iban á tomar la ofensiva, cuyo amago fué precisa- 
mente la señal de su derrota. Cuando nuestros jenerales advirtieron aquel 
movimiento de adelante, comprendieron que tan solo estremados conatos 
y la trascendencia de su intrepidez personal podían evitar el peligro y 
decidir la suerte á favor de nuestras armas. Murat y Eujenio dieron el 
ejemplo; Junot, Nansouty, etc. , los imitaron; dieron una carga al fren- 
te de su columna, y el arrojo impetuoso que comunicaron á los soldados 
surtió un efecto tan pronto que en pocas horas los Rusos, desalojados de 
todas sus posiciones, cejaron hasta los alrededores de Comarchi, en donde 
hallaron una selva que les sirvió de resguardo y el jeneral Toutchkoff que 
acudió á reforzarlos. 

Ansiosísimo estaba el ejército francés de arrollar el postrer obstáculo 
que les atajaba su entrada en Witepsk ; pero sus jefes no querían empe- 
ñarse indiscretamente en un bosque anchuroso donde todo estaba demos- 
trando que el enemigo habia reunido nuevas tropas , cuyo número y fuer- 
zas no cabia computar. Murat y Eujenio titubeaban pues cuando llegó Na- 
poleón. Luego que se presentó, apareció la confianza y el entusiasmo en 
la fisonomía de los jenerales y soldados. « Comprendieron todos , dice un 
testigo ocular (Mr. Eujenio Labaume), que iba á coronar la gloria de 
tan grandioso dia. El rey de Ñapóles y el príncipe corrieron á su encuen- 
tro y le comunicaron los acontecimientos que acababan de suceder y las 
disposiciones que habian tomado. Napoleón acude al vuelo á los puntos 
avanzados de nuestra línea para enterarse de todo, y observa desde una 
altura la posición del enemigo y las particularidades del terreno. Traspa- 



Minio su pcoetraooo beata el campo de lo» Rom» . adivina «o* 

■ nlóuces nuevas diapowooocv mandadas con serenidad y noculndas 
mu ..nlon y rapidci, llevaron rl ejército al centro del bosque y «ifoirndo 
al trole, desemboca bada l<» cerro* de Witepsfc en d ponto ya de 
i mohecer. » 

Al amanecer del dia 27, d ejército victorioso prosigue «marcho Pe 
ro los Roto», qoc te retiran rn buen orden, habiendo alranndn d grueso 
1. 1 . j. r , ito ,1o Rarrlay, hacen alto y se muestran cu ademan de trabar noe 
v amenté la batalla 

Kl arroyo de Utdussa lepara entrambos ejémtm I npocntcnllo echa- 
do sobre una quebrada ac ofrecía á Napoleón para d paso de mis tropos i 
pero tiene aquel puente que repararse, y d emperador encanta al jeneral 
Rrottssíer d resguardo de dicha operadon , mientra» qne » I mismo se en 
camina á una altura donde está la vanguardia. Desde allí alcama * ver un 
destacamento de doscientos caiadorc* del noveno do linea, aislado al pron- 
to del resto dd ejercito y acorralado por la caballería ruta, que desaparece 
coi la confusión do hombres > caballos y reaparece intacto y triunfante 
m d momento mismo en que se le creia absolutamente perdido. • ¿ A qué 
cuerpo corresponden esos valientes? • pregunta desaladamente d empera 
dor , y despacha al instante un oficial para saberlo y decirles en su nom 
bre « que habían merecido todos la criu. • Ijo% cazadores contestan i • So- 
mos hijos de París; • y levantando sus morriones en la punta de la bayo 
vocean coo alboroto i • ¿ Viva el emperador! • 




502 HISTORIA 

Sin embargo la batalla tan apetecida por Napoleón, y á la que los Hu- 
sos se mostraban finalmente resueltos, debia quedar todavía dilatada. Por 
la tarde del 27 , Barclay supo que Bagration habia tenido que pasar el 
Dniéper y encaminarse al Soga. Esta noticia le hizo variar repentinamen- 
te de intento. Desamparó su campamento, resguardado con la oscuridad, y 
se retiró atropelladamente allende Witepsk, marchando en derechura al 
Boristenes, en donde esperaba incorporarse con Bagration. Atónitos que- 
dan los Franceses al amanecer no viendo ya la hueste enemiga que estaba 
pocas horas antes cubriendo las orillas del Lutchissa. Ocuparon al punto 
las posiciones que los Rusos habian abandonado, y entraron, sin disparar 
un tiro , en Witepsk cuyo vecindario habia seguido á Barclay en su fuga. 
Permanecieron algunos dias los reales en aquella ciudad, y el empera- 
dor fué sabiendo los varios triuufos que habian alcanzado sus lugartenien- 
tes. El 30 de julio, el jeneral ruso Koulniew fué derrotado en Jakubowo 
por el jeneral Legraud. El 4°. de agosto, Oudinot derrotó á Wittgenstein 
en Oboiarzina, en una batalla cuyo éxito estuvo por largo rato dudoso. El 
12 del mismo mes, mientras que Napoleón se encaminaba sobre Rassasna, 
y que nuestras armas estaban padeciendo desmanes por todo el ámbito 
de Europa y que el ejército anglo-portugués se apoderaba de Madrid, los 
Rusos esperimentaban en tres refriegas diferentes, y á gran distancia unos 
de otros, el denuedo de los soldados franceses queparecia haber trascendí 
do á nuestros aliados: Schwartzenberg triunfaba de Tormasofí en Goro- 
deczna; Ney dispersaba á Barclay en Krasnoi; y Oudinot causaba un nue- 
vo descalabro á Wittgenstein en los alrededores de Polosk. 

Pero en medio desús derrotas diarias, los Rusos se vieron auxiliados 
por la diplomacia antes de serlo por el clima. Mahmud, hostigado por el 
gabinete inglés , acababa de firmar la paz con el czar ; y Bernadotte habia 
negociado también con los enemigos de la Francia como para defraudar 
de intento á Napoleón de la ventaja de una doble llamada con la que ha- 
bia contado antes de la guerra. El emperador supo esta desagradable noti- 
cia en Witepsk. « Los Turcos , dijo, pagarán muy caro este yerro. Es tan 
clásico que yo no debia preverlo. » Cuando descubrió que la Suecia ha- 
bia firmado un tratado con Alejandro desde el 24 de marzo, esclamó: « ¡El 
24 de marzo! y el 29 de mayo, ¿no me enviaba todavía Bernadotte á Mr. 
de Signeul para entrar en ajustes en Dresde ? Si algún dia nra tildan de 
haber provocado esta guerra, añadió, considérese para descargarme cuan 
poco enlazado estaba mi juego con los Turcos y en que apuros me hallaba 
yo con la Suecia. » 

A pesar de estos contratiempos diplomáticos, Napoleón debió proseguir 
su intento con tesón , esperanzado de reparar en los campos de batalla el 
inmenso perjuicio que acababan de causarle tan aciagas negociaciones. El 
ejército francés continuó pues acercándose al Boristenes y engolfándose por 




I»f \ IPOI M»\ 
el interior de UBujm» El 14 deaajosfo. H 
*c planteó m Rmmmm á corta di«tancta de I 
rUy y fUgraüon minutos Kr» inevitable uní 
1 7 ilr agosto bato las muralla* de 
anUieron á olla por un» parto á las 
«Ir Barclay de Tolly y Bsgration lx» Rimo» se habían fortificado ante* nV 
Hogar á Eamolensfto ; lodo» mi* atrincheramiento» «o fooron tomando.como 
t.imlion los arrabales . con tos cuerpos do Davuuel . Ni] j fmkmmM. 
i titVaoono» interiores tampoco pudieron resalir ¡ l»« .li*i*tones 
h i ■nl.Gndia y ¥onind.»o»teuidaa pord jeneraldeariiller.a sorb.cr. abrie- 
ron brecha, obligando al enemigo á que mcOMe la» torro* qne o. upaba, 
y arrojando bomba». queaemmntaroo d fuego que loa Rusos babiau prm 
«lulo a la ciudad; « lo cual dio á lo» Franceses, en medio do nna hermosa 
norhe «le agosto, coow djet d décimo tercio boletín, el espectáculo que 
ofrece a lo» habitante» de Mapolea una erupción del Vesubio * 

A la una de la madrogada, viendo tos Rosos que ya no podían manto 
nene acabaron de incendiar la dudad, y pasando el rio, incendiaron tos 
puente» a las dos nuestro» granadero* treparon al asalto y hallaron la pía 
m ev acoada . El enemigo no babia dejado mas que muerto» o moribundos 
en medio de las Imana y de toa escombros. Horroroso fué el cuadro que 
se presento al ejército (ranees. El emperador trato al pronto de atajar el 
incendio y proporcionar auxilio» á toa herido». • Napoleón , dice el jene 
ral (toorgao-l. es, de lodos lo» jonerale» antiguos y modernos . el que mas 
se ha interesado por los heridos. Nunca se loa biso olvidar la embriaguez 
de la victoria . y tras cada. batalla, su primer pensamiento fue por ellos. • 

Después de haber recorrido el estertor de la ciudad y examinado los 
i fortificado» de donde sus intrépidas falanjes habían desalojado a 
. Napoleón quiso reconocer por si mismo la nueva posición del 
en la orilla opuesto del ttonstenee. Colocóse al intento en la Ira 
ñera de una torre antigua y anduvo buscando con la vista en la» altura» 
que i to miann á Fimnlonato d campo de Barclay y H de Bagration lYro 
entrambos jenerales se habían retirado , el primero por d camino do iv 
tersburgo. y d segundo por d de Moscou. Esta separación voluntaria de 
tos ejércitos rosos, tras haberles costado tonto su reunión . pareció a Na- 
poleón irnaamaniolua encnbserta ; tus batidores le informaron muy luego 
•lequeno«ehabmena}anaé\iensnaeonjotiiravy qoo Barclay, dejando nV 
■anmmi ii h haej Nmti ■ acer.-alweí.vii\ amento •» Ra^ranmi afj aj ran) 
bo de Moscón. Desde entonces mandó que aa per sigui era amamadaanenar 

■I imiuaujo ■|mauiartti ili ■liaa m i l n j ilnt In mi i|iif Bnp» i m 

antigna capital. H tanro de enenbe/ar la vanguariha y do dar lo 
golpes recayó en d marañal Ney . d cual dejo airosasnuo a 




:;o4 HISTORIA 

correspondiendo á su confianza con la intelijencia y arrojo que manifestó 
en la acción de la Valoutina. 

Fué aquella refriega una de las mas sangrientas. Los Rusos, arrojados 
cuatro veces de sus posiciones, las recobraron otras tantas; pero al fin fue- 







ron arrollados por el denodado Gudin, quien cargó al frente de su división, 
cuyo ímpetu y pujanza hicieron conceptuar al enemigo que estaba contra 
restando el embate déla guardia imperial. Las divisiones de Razout, Le 
dru y Marchand , del cuerpo del mariscal Ney, terciaron denodadamente 
en el ataque de sus compañeros. El jeneral ruso Toutchkoff , asaltado en 
medio de sus soldados por un teniente del \ 2 llamado Etienne , rindió sus 
armas á este arrojado oficial. Sin embargo el triunfo de aquel dia costó 
muy caro á Napoleón y al ejército francés , pues Gudin, que tanto habia 
contribuido á él, lo pagó con su existencia. Lo trasladaron mortalmente 
herido á Esmolensko en donde espiró poco después. El emperador mandó 
que le enterrasen en la ciudadela. 

La victoria de Valoutina hubiera podido ser decisiva, si Junot, cum- 
pliendo puntualmente las órdenes que se le habian pasado, hubiese llega- 
do á tiempo para cortar el cuerpo de Barclay que se habia separado del de 
Bagration á su salida de Esmolensko tomando la dirección de Petersburgo, 



DI N IfOl I «»N ai, 

) ty.tr llegues maniobraba para efectuar om mu reunión en H m 
miuo ile Moscou Pero H duque »le sbr*nte«. 
|ion*lrnr« |>or H punto qur se Ir hat*a inalado, 
l*H4r «Ir las instancias <W rey de Ñapóles y lo» co ns ej o * <IH 
gand que Ir hablaba en nombre del emperador Cnando 
l « eondueta de su teniente, padeció Mimo ilesennsnrlo. y «lijo á 
. Jnnot ya no quien» guerra . ya k> veis . no fute dejarle en H mando 
qne Rapp le. reempUee. habla alemán > sabrá capitanear á lm ttcsfalira 
«t . Jnnol rra el mismo Mibaltcrno a quien el comandante de artillería . 
Ibinaparte. había cobrado alerto en el olio de Tolón por mi serenidad y 
levw pero H sárjenlo republicano, «pie había llegado á ser . durante el 
imperio, duque de \hcante*. emperaba á padeorr los asomos de su arha 
que mortal, estado N inacción é imlorili lad preserraron al carrito raso 
ile nna derrota rompleti 

M yan -> df Junot . al paso que lleno de amargura el pecho de Ñapo 
l'>>n . no Ir i|iuiii e| manifestar su satisfacción y alboroto á los valientes 
•Hi" habían decidido ild triunfo ni el (ranee de Y a Ion ti na Acudió inme 
dMtamente al campo de batalla y paso resista a los diferente*) rejimicnios 
que habían sobresalido . si llegar junto al 7* de infantería bjera áVc 
el r ñera I (¿onrgaud . mando formar cirrulo á todos los capitanes y les 
dijo \punt ulme el mejor oficial del rejimícnto. — Señor . todos son bne 

nos — Vamos, eso no es responder á la pregunta ; á lo menos decid 

como Temisiorlc* el primero soy >o: ej segundo mi reciño Knton 
1 nbramn al espitan Gonces . herido , y á la saioo ausente j « orno? 
dijo el emperailor. ¿Monee) que fue mi paje, d hijo del mariseal? cítenme 
\d* otro —Señor es el mejor.— Pne* bien, le doy la condecoración . 

I* suelta i Ksmolensio , acosaron á Napoleón las mascrtnlas rmVxkl 
nes sobre la ocasión que »e acababa de malograr de aniquilar el ejérrüo 
niso s llegar a una pronta conclusión de la pa*. Kmpe/aba 4 preocuparle 
la incertidnmbre; sus presentimientos le hacían ansiar el termino de aqne 
lia remota cam paña. Todo cuanto le anunciaron de los estado* de r 
«le Pokmia, da la dSs poa k i on da los animo» y los movimiento* de l onna 
«WT . todo cnanto veía y oía en sus reales, donde habían apar.vi.lo otra se* 

Pabtod » Kyhu; todo w leí 
y repetidas teces pensó en pararse 
mego sapo las s enlajas aJcaoiadas sobre el enemigo Hdu l'J por vhwart 
reoberg . txgrand. Oudinot y Goorioo San Cyr. v sus recelos se úVttane 
rieron ó minoraron Por otra parte los Rosos huían al parecer mas birn 
que se retiraban al acerrarse H ejercito francés tedwroa pata las sania 
nones de la prudencia á la esperann de uaa victoria dmsnra « Rataans 
empeñados muy adelante para retroceder . dijo Napoleón al llegar al O» 
gea ; m no me cautil ara mas que la gloria de basan** guerrera», note» 

Cl 



506 HISTORIA 

dria sino volver á Esmolensko, plantar allí mis águilas y contentarme con 
estender á derecha é izquierda brazos que aniquilarían á Wittgenstein y 
Tormasoff. Estas operaciones serian esplendorosas , acabañan hermosa- 
mente la campaña ; mas no terminarían la guerra La paz está ahí de- 
lante de nosotros ; nos hallamos á ocho marchas de ella ; no hay que de- 
liberar tan cerca del objeto. Marchemos sobre Moscou. » 

Marchemos sobre Moscou, el prohombre lo quiere : una mano invisi- 
ble lo empuja; preciso es que se cumplan los destinos. 





I M'lll lo WWII 



II fl«-rn*.l<>r Rmloprbín 

m»ll» B«U|U «I* <ÍH.nlll 



l*-lrfinin> 




rocnr su rrbjion 



LOüpwailor Alejamlro M había rHr*l.> 
á Moaooa al dejar el rani|-> de l>rw*a 
Aprovechándose de la prr*rocia del ciar. 
H gobernador Rostopcbm babia mi nido 
«mi rl KicniliD á I» ooMia y traíanla 
para pedirU* muño» vanAno» dV boa» 
brr» 5 d imto. le» batoa moctmlo H roe 
mi«o rn H erntro dd «lado y retratado 
a >a|N i|.i>n en ademan de lalar w palna 
ur ui>.W*j».*od*ooaoaoooaly drr 
rsto para que r*\ na wbrr H cooqnbtador h 



508 HISTORIA 

execración de los nobles y ciudadanos moscovitas. Unánimes aclamaciones 
acojieron pues la vehemente alocución de Rostopchin ¡ mas no se dio aun 
por satisfecho el mañoso gobernador. Para enardecer mas y mas la supers- 
tición y estremar el entusiasmo del vecindario , aconsejó al caudillo del 
imperio, que estaba además revestido con el supremo pontificado, que 
viniera á ejercer en persona la suma persuasiva é influjo incontrastable de 
su autocracia política y omnipotencia sagrada. En el momento en que 
Rostopchin tenia al parecer ya acaloradísima la concurrencia , llega Ale- 
jandro de repente por una puerta de la capilla del palacio, se apersona y 




«y 



habla arrebatadamente por la patria y la relijion asomadas al profundo abis- 
mo por la insaciable ambición del tirano universal. « Los desastres que os 
amagan, dice al acabar, solo deben conceptuarse como arbitrios imprescin- 
dibles para conseguir el esterminio absoluto del enemigo. » Había en la voz, 






I»l WIMH.KON .<►» 

-idcmanr* \ miradas de Alejandro alguu impero «ntcstro. amado pro 
nuncio r«u« ultima* palabras, fon efecto, imposible «ra qw en medio de 
i ni . nucas onnmllTili y en trancr que requería H wo (H« ««Iw» 
ralnmui . oo asomaran en H leomiaje del cmt lo» impolso* ardientes dH 
l«wtifkt* y drl monarca. U poblira tomata un rarartrr apasionado, y la 
Kiirrn descollaba roo oo aspecto trrrihlr por parte «le los Roso* 

Pura HlosN apoleoo'oo era oo enemigo romoo que ileUnin meTamco Ir 
rootr»rarfarte|ninlMi^ltsieoenüe»;MOoqor.rcmM)raodilmdrl pueblo 
í raneé», era ante Indo d opresor dr loa momvraailcl continente, y le par* 
aa al c/ar que para destrocar el yogo qoe los rutaba abrumando los mo 
narra* podían % aleñe de otro* medio* fuera de lo» corriente» ro la» laye* 
de la guerra Am. leyó» de reniñe á confiar la defensa de mi imperio al «a 
ber ile mi* jencrales ) al denuedo de su soidaoV* » dinjiendosc «otema* 
menta ro mis decretos y proclamas coa la jrncralnl.nl de mis subditos. Hi 
jto rnlrc na *em.loTe* roas adieto* individuo* de pujania bravia para mi 
ciarlos cu eJ rspantoso srraoo de uoa resístrocia desesperada \lejandro 
. rc\.» que la monarquía podía Imrr también mi lev «uprrma «le so/cono» 
pmhlien, ;a para contrarestar la invasión, ya para q;te redundar* en rster 
minio drl ejercito conquistador Si c*tc provimiroto no Ir indnjo á alter 
nar ron carretero» y «a»onrs. redoblando Im eorarrelarniento* y lo» radal 
>«>v fue porque la Mtoartoo «IH imperio roso no lo requería y qne oo p«*lia 
lial>rr mtprrkomt ni prnterih* doodc no alomaban Hrsttrmititu. rmi 
'jmiim 01 tmtdorrs Pero mi jencrosidail jemal se allanó á otros sarrileio» 
* i Mema ticamente cooMimado», y que vinieron a acarrear moríale» resultas. 
•im para hermosas provincia» y ciudades populosas de la monarquía mo* 
coi ii i . como dolorosos para la humanidad. Ko ve» de rarcelrros y ver 
dono*, rl autócrata tuvo HH inceodiarios que. después dr haber alumbra 
ilo la fuga del ejercito roso y la marcha virtoriosn de los Franceses deadr 
Wdna hasta Esmoteosao. entregando á las llama» puentes. almacene* \ 
ciadades enteras, roronaroo aquel inmenso inrendio ron el de la ciudad 
«anta, este era d borroroso presajio qoe anunciaban allá las ultima* 
palabras dH ataren la concurrencia del kremlin Sépalo H tcan.lano 
ile Moscón; so amo Im curado la salvación de su imperio en et oWufrr 
no dr la dcstntecion. 

Mi embargo. Napoleón, una vez decidido t marchar sobre toaron. 
había activado te guerra y perseguMlo 4 loa Rosos para que a i i| t a m a la 
roo te qne se lisonjeaba terminar las riostilidadr» y decidir al 
a la peí Pero A lejandro no le aguardo en H Kremlin . y ro te* oV 
al encuentro para lomar d mando «te lo* ejercito» mana, atenea 
minó al \ orlo a Mentaran, de donde envió al anciano Rotoso» en reem 
plato de Barclay de Toliy, • coocrptoaodo . dice d roronrl Rolturlin 
que se necesitaba nn nombre ruso para oariooaluar mas te guerra • 






54 HISTORIA 

Cuando Kutusow llegó al ejército , Barclay habia tomado sus posicio- 
nes entre Viazma y Ghjath, y se disponía para la pelea para el dia siguien- 
te. El antiguo guerrero no quiso dar á entender que él jeneral desairado 
por el emperador habia escojido bien su terreno, y los Rusos se retiraron 
otra vez á nuestra aproximación. Al fin se detuvieron mas acá de Moscou 
entre la Moscowa y la Kalocza : allí se dio el 7 de setiembre la gran bata- 
lla que estaba ansiando Napoleón. 

La víspera de aquel memorable dia y á los primeros albores, el empera- 
dor estaba á caballo y arropado con su levitón gris. Tomó consigo á Rapp 
y Caulaincourt, á quienes seguían álolejos algunos cazadores, y sin otra es- 
colta, reconoció primero las avanzadas rusas y fué prolijamente visitando 
las posiciones que ocupaban los diferentes cuerpos del ejército francés. La 
confianza estaba resplandeciendo en su frente, y aun le oyeron talarear , 
en medio de los vivaques del jeneral Pajol , la canción patriótica- 

La vil-loria ron cantus nos abre la valla. 

Entretanto llegaron al campamento el coronel Fabvier que traia del in- 
terior de España la infausta nueva de la batalla de Salamanca , y Mr. de 
Beausset que llegaba de San Cloud con el encargo de entregar al empera- 
dor cartas de María Luisa y el retrato del rey de Roma. 

Napoleón se espresó ásperamente con el coronel Fabvier, hablando del 




7i V 






DI N iPOI »«»N MI 

mari«cal Uarmont, coya derrota había entregado Vadnd * Wethnglon. 
l.l ■ .»r->nH abogó caballero-iamenle por «u jencral 
otro recibimiento di«pcn*o el emperador á Hr 
rtóM entran «Memente al rmlnr noticia* de lo qoe nw 
mundo FJ retrato de mi hijo Ir cansaba «a 
liespac* de Haberlo cnseaado á cuantos le esUban rodeando . lo 
«a *eerctario dmen.l.'lc • Tomad . Ilevaotlo. guardadlo . m %rt 
do proato un aunpo de baUlla. * ion cierto . el «ido 
«atado H rral el r. fae H campo de batalla del 7 



en rl 



m talla ac i a eo*co» » 

pAtlTK*» tW «Wi«»*> oí-UVo holtMin . 



. I" I 7 * \*\ (Uh de h madrugada, el emperador %c ItilUbi 
por loa marorato en la posición que babia lomado el día anterior. A la* 
riaco ) medta H mi ¿«cana despejado . la viipera había Hondo . F.« H sol 
da \u«ierliu . • dijo el emperador . aunque en H me» fie «etiembre baria 
unto frío cnaao por dwi«mbn en Horn\ ■ i D t)rr*Jta aceptó e»te pmajio. 
y te leyó la orden del iha ugniente: 



• aoronone: 

. lie aquí U UulU que Unto habett deaeado. Urictoriaesta en voes 
ira mano i nos ca aeccaaha . nos proporcionara abundancia, buenos ruar 
teles de invierno y no pronto regreso á nuestra patria. Portaos como en 
VusterliU . Fnedland . W i teosa , Ksmolcnsko. y que la posteridad roa* re 
mo\^ «ilc engr. •idamente \ue*tra condurU en Mil <li i . | que ilig.in «I- to 
sotros: «Se hallaba en aquella gran batalla dada bajo los muros de Vos 
coa. ■ 

• Kn el campa meo lo impenal sobre las altura» dd Rorodino . H 7 de 
setiembre alas dos de te mañana • 

♦ FJ ejército lo a to s l d coa repetidas aclamaciones FJ páramo en que se 
bailaba el ejército estaba cabierto de cadav ere» rusos, del encuentro de la 



Q principe Puaiatuwati, qoe twaiai te derecha . se poso en motí 
el bosque en que el enemigo apoyaba hi izquierda. FJ 
principe da Eduaobl ataread costeando H bosque con te diswoo de Can* 

á 
I, as habían constmido durante te i 
A teste». eJ jeaeral conde Sorbier. que babu artillado te 

i rasenra de te guardia . r»>mpio H faego D> 

piaras , toma te deteatera A te disaaoo * om 

(coarta del pnmer coarpo), qoe sigue el bo*qoe errraado las 



512 HISTORIA 

oes del enemigo. A las seis y media, el jeneral Compans sale herido, y á las 
siete, el príncipe de Eckmuhl pierde el caballo. Se traba la refriega y em 
pieza el fusileo. El virey,que formaba á nuestra izquierda, acomete y to 
ma la aldea de Borodino , que el enemigo no podia defender porque so 
hallaba en la orilla izquierda del Kologha. A las siete, el mariscal duque 
de Elchingen se pone en movimiento y marcha contra el centro , al res- 
guardo de sesenta piezas que el jeneral Foucher habia colocado el dia an- 
tes contra el centro del enemigo. Mil piezas están arrojando la muerte por 
ambas partes. A las ocho se toman las posiciones del enemigo, sus reduc- 
tos caen en nuestro poder, y nuestra artillería se coloca en sus troneras. 
Entonces teníamos la ventaja de posición que habían tenido por espacio 
dedos horas las baterías enemigas. Los parapetos que habían estado con- 
tra nosotros durante el ataque nos resguardan. El enemigo ve la batalla 
perdida , cuando apenas la creia empezada. Parte de su artillería cae en 
nuestro poder, y el resto se retira á la parte de la espalda. En este aprie- 
to, toma el partido de rehacer el choque atacando de poder á poder las 
fuertes posiciones que no ha podido conservar. Trescientas piezas france- 
sas colocadas sobre las alturas anonadan su muchedumbre, y sus soldados 
vienen á morir al pié de aquellos parapetos levantados con tanto esmero 
en los dias anteriores y mirados como abrigos incontrastables. 

« El rey de Ñapóles da varias cargas con la caballería. El duque de El- 
chingen se cubre de gloria y manifiesta tanto denuedo como serenidad. El 
emperador manda una carga de frente y la derecha hacia adelante ; movi- 
1 miento que nos deja dueños de las tres cuartas partes del campo de bata- 
lla. El príncipe Poniatowski pelea en el bosque con éxito vario. 

« Quédanle al enemigo sus reductos de la derecha , el jeneral conde 
Morand marcha contra ellos y los toma ; pero á las nueve , atacado por 
todas partes, no puede mantenerse. Alentado el enemigo con esta venta- 
ja , manda avanzar su reserva y sus últimas tropas para probar otra vez 
fortuna. La guardia imperial forma parte de ellas y ataca nuestro centro 
sobre el cual habia jirado nuestra derecha. Por un momento se teme que 
los Rusos tomen la aldea incendiada; diríjese allá la división de Friant ; 
ochenta piezas detienen primero y luego destrozan las columnas enemigas 
que se mantienen durante dos horas formadas bajo la metralla, no atre- 
viéndose á avanzar, no queriendo retroceder y desahuciadas y<?. de la vic- 
toria. El rey de Ñapóles zanja aquella incertidumbre ¡ manda cargar al 
4 o . cuerpo de caballería y se interna por los claros que deja abiertos la 
metralla de nuestros cañones en las moles cerradas de los Rusos y los es- 
cuadrones de sus coraceros; estos se dispersan á diestro y siniestro. El je 
ueral de división conde deCaulaincourt, ayúdelos pajes del emperador, 
marcha capitaneando el 5 o . de coraceros, lo arrolla todo y entra en el re- 
ducto de la izquierda por la gola. Desde entonces ya no cabe duda, la ba- 







prnr coa cata púlanla carta . había terminado MM de*tino* . car muerto 
por ona bata*de canon muerte esclarecida y envidiable 

• Son la* do* de la tirde. y H enemigo piífdc toda esperania la bata 
lia quera termiuda, aon continua el cañoneo ¡ pem |ix Ruvh *nln pelean 
cubriendo so retirará, mas no por la virioria 

• la perdida del enemiao e* enormr han*c contado en el campo de 
batalla de doce A treec mil hombres y de ocho a nueve mil caballo* *e 
árala afea» de ariilleria y cinco mil pn*ionems han caído en nuestro 



tenclodm mil y quinientos hombre* muerto* y triple nume 
m de herida». Ma e str a perdida total puede computarte en diex mil boro 
hrea: la del enemigo en crareata ó cincuenta mil Nnora *e ha ti*to an 
campo ile batalla igual De seis cadáveres, uno era íranrv* y cinco rwm 
i uarrnta jrnerale* rmo* han *ido muerto*, beodo* ó prtMoncrn» • Hjcae 
ral ftagration queda herido 

. lien»* perdido el jeneral de divt*mn coode ttoatfcraa . muerto de 
na hala» de caaoa : itnal tuerte copo una hora deapaea al Jmeral coa 
de de t anlaiBcourt . enttado para iwmplaianf 



314 HISTORIA 

« Cuéntanse entre los muertos los jenerales de brigada Compere, Plou 
zonne, Mariont Huart, y entre los heridos siete ú ocho jenerales ; pero 
muy levemente. El príncipe de Eckrnuhl no ha padecido daño. Las tropas 
francesas se han cubierto de gloria y han mostrado su mucha superioridad 
con las rusas. Tal es en pocas palabras el bosquejo de la batalla de la Mos- 
eowa, dada á dos leguas de Mojaisk y á veinte y cinco leguas de Moscou, 
cerca del pequeño rio Moscowa. Hemos disparado sesenta mil cañonazos, 
que se hallan ya reemplazados con la llegada de ochocientos carros que 
habían pasado de Esmolensko antes de la batalla. Todos los bosques y al- 
deas desde el campo de batalla hasta aquí están cubiertos de muertos y 
heridos. Se han hallado aquí dos mil muertos ó amputados rusos. Muchos 
jenerales y coroneles han caido prisioneros. 

« El emperador no se espuso un momento ; la guardia de á pié y á ca- 
ballo no peleó y por consiguiente no perdió un solo hombre. La victoria 
nunca fué dudosa. Si el enemigo forzado en sus posiciones no hubiera que- 
rido recobrarlas , nuestra pérdida hubiera sido mayor que la suya ; pero 
destruyó su ejército manteniéndolo desde las ocho hasta las dos bajo el 
fuego de nuestras baterías y obstinándose en recobrar lo que habia per- 
dido. Esta es la causa de su inmensa pérdida » 

Por muy grande que fuera el triunfo de este dia, podía serlo mucho 
mas, si Napoleón, en vez de terminar la batalla alas cuatro de la tarde , 
hubiese avalorado lo que restaba del dia para que cargara su guardia, 
convirtiendo asi el desconcierto del enemigo en una completa derrota. Esta 
reserva del gran capitán en medio de la embriaguez de la victoria ha sido 
interpretada de varios modos. Algunos escritores aseguran que fué muy 
vituperada en el cuartel jeneral , y dicen que el mariscal Ney se espresó 
así: «Ya que no guerrea personalmente, y puesto que ya no es jeneral y 
quiere hacer en todas partes el emperador, que se vuelva á las Tuilerías y 
nos deje ser jenerales por él. » «Murat, dice Mr. de Segur, creyó que 
los primeros ataques del equinoccio le habían trastornado el temperamento 
debilitado, y que la acción de su numen estaba en cierto modo aherrojada 
por su cuerpo agoviado bajo el triple peso de la fatiga, de la calentura y 
de un accidente, que entre todos es quizá el que mas abate las fuerzas fí- 
sicas y morales del hombre Los que estaban mejor informados cre- 
yeron que á tanta distancia y al frente de un ejército de estranj^os á quie- 
nes no enlazaba otro vínculo que la victoria, le habia parecido indispen 
sable conservar un cuerpo selecto y leal. » 

No es verosímil que ninguno de los tenientes de Napoleón haya sido 
nunca, no diré harto desmandado, sino bastante injusto para reconvenir- 
le «de hacer en todas partes el emperador y no ser ya jeneral,» con moti- 
vo de una batalla cuyos sabios preparativos y cuya activa y suprema di- 
rección no habían salido indisputablemente sino de él solo. En cuanto al 



I>> NM'M »,»N 



.1 . 



'Iwwikcownrm w w r i i lóaselo y 
v adicto u» como so gnardta, llnpotaoa lo esptsco diciendo : • 
na ha) uim segooda batalla . qué tropas presentaré? • taspnea el j#n*ral 
i al ftirir tu esta i iinlloManí i «81 tai 

• "©yo nervio se cifre ataonpre ee aquello ((oardie , y coy o valor lo < 

sote toaran atravesar otra ve» el N vasco • 
qoe sea, pareco qoe la c eoniuet t loa «lo ta atona do so 
rjcraloó la esperan/a da ooo prosiaaa paz, y siempre por el interés dota 
rraacio y do la humanidad, indujeron á S o p otaoo á ao tiorcr aata asuro 
tara U sangrienta bátanlo do ta Moscón» roa ta iiitrrvencioe d» so gnur 
díi¡ \ m tratara alguien do ataiaaar qoc se almo por cotonea» ¿Mr» 
guanta personal . y qoe anta codio al impnho «le ao i 
al tal ta raapoodicramoi qoo Ñapearen ba dado daado Totas b 

oaajolo w|i ndariao atapoloita ao caaaovoaaotoó H 
definitno coa ta traatiroda del cootsmo une H aersdeote faca le 
Imbsarn a lrooo adp y deta atado cono i cualquier otro . aoda bay en «ato 
ar faaraaáblc. Qoo ao prontitud de reaoloejoo y 



foojiáiaoi 



taaotaacu resentido, «nao cabe todatai. poca yo til 
foro si al locar al término da eos pfuiporetaoaa, y 
.|oraoaaar al aapla n do r da ao ooasbradaí , y 
>a nota quedaba nw que decaer, babia dejado á 
, * mirasen en m interior la inccrtidurobrc y la rorobra. aquella ronojodon 
¡Mvajera de la confianza ) de la fe. que le había i n fundillo por mu. lio in-m 
I «o so tartana aiemprc en auje. potlia inin bien hacerle perder en cierto* 
rooaaenloa . al asomar mi menguante, algún tanto de mi pujanza en idear. 
di mi rapidez en ejeeatar y de aquel arrota qoc parecía estar dictando en 
otro tiempo leye» al destino , sin que se alterase ta gran.li. -M.lad de so al 
>ua. sia qoe torpes precaociooes dictadas por una menguada personalidad 
apearan en él aquel coentanle, desvelo que babia manifestado ante todo por 
(a Franesa ilrsde que se babia remontado 4 la cumbre del poderío 
iliense le bar4 creer que d w.W.oie denueuo dH soldado de vr.-ola j de 
lodi.qoeHaaYXMaesodHjcoeralquc arrostraba de tal modo el peligro 
•nKsslioftqaesneoatoaleskaineuazarouftaqw 

. i quien se hará creer qoe tan perrgrieo vetar y brnxsmo pa 

ion Napoleón por uno zozobra altana ocerco do ta 

tt Bonrienne mismo , Ion propenso á ajar tas 

¿tonaadUpronoesbre. y que al parecer no toa» ta pluma sino poro con 

«redecir el testimonio de so país y de so welo ante el tribunal do ta ansio 

i eoolra H recelo de laquezn ó temor con 

se atrevieron atochar 4 Napoleón al ree/eser de \soscoo «,Te 



o4C HISTORIA 

mer él! esclama, ¡él cobarde' por cierto que le conocéis bien. Nunca esta 
ba mas satisfecho que en un campo de batalla ni mas sosegado que en me- 
dio délos peligros. » 

Repitámoslo pues con el jeueral Gourgaud, el barón Fain, etc. , el em- 
perador tuvo estas contemplaciones con la guardia en la Moscowa por el 
interés mismo de todo el ejército, y á la vista de las posibilidades ulterio- 
res de la guerra ó de la próxima conclusión de la paz. Por lo demás, cual- 
quiera que fuera su decaimiento físico, lo cierto es que no imposibilitó su 
numen ni su actividad. Él fué quien preparó y estuvo dirijiendo aquella 
gran batalla , por lo cual no dejó de atribuir el timbre de la victoria á los 
principales adalides de su ejército, los mismos á quienes se achacan tan 
estraños dichos respecto á él. « Denodados héroes, dice en sus Memorias, 
Murat, Ney, Poniatou ski, á vosotros es debida la gloria. ¡Cuántas grandes y 
esplendorosas acciones tendria que recojer la historia! Diria como aquellos 
desalados coraceros forzaron los reductos , acuchillaron á los artilleros so- 
bre sus cañones ; referiria el heroico sacrificio de Montbrun y de Caulin 
court que hallaron la muerte en medio de su gloria; diria lo que nuestros 
artilleros , descubiertos en campo raso , hicieron contra baterías mas cre- 
cidas y resguardadas con macizos espaldones, y hablaría de aquellos intré- 
pidos infantes que en el trance mas apurado, en vez de necesitar que su 
jeneral los desahogase, estaban voceando i « No hay cuidado , tu jente ha 
jurado toda vencer en este dia, y vencerá. » ¿ Llegarán algunos rastros de 
tanta gloria á los siglos venideros, ó prevalecerán la mentira, la calumnia 
Y !a maldad?» 





. \l-llliM WWIII 






KM *a *q««IU C»|*Ul | H .| lo, 







i* .derrotado en laMoacouaa 
de U ventaja i|ue le dalwii sus 

itiQi.ru. no se empacho dr mentir 
con el pueblo rwso y con *i soberaao. per 
patudo por doade quiera . y mb earnaiaa 
•h 4 Alejandro que la l 
dado por la bandera mo* 



de 
de Mójate y haber 
aqeri poetto á kn 




_» I 



548 HISTORIA 

tos heridos á los que 110 se habia proporcionado todavía ninguu auxilio, y 
que los debieron al ejército victorioso. «Con la ayuda de algunos soldados 
de la guardia, cuya humanidad habia esperimentado en varios trances , 
dice el doctor I^arrey, atendí ante todo á las urjencias de aquellos desven- 
turados. Se habian habilitado las iglesias y la casa de ayuntamiento para 
recibir á los heridos franceses. Los Ilusos se reunieron en las casas de los 
comerciantes. » Cuando dieron parte á Napoleón que la retaguardia de Ku- 
tusow mandada por Platoff se disponía para resistir sobre Mojaisk ¡ «Bien, 
respondió, nos detendremos algunas horas mas con nuestros desgraciados 
heridos. » 

Sin embargo se sabe que Kutussow conserva todavía esperanzas de sal- 
var á Moscou; que está levantando, á algunas leguas antes de aquella capi 
tal, fortificaciones que demuestran intentos de nueva refriega. Rostopchin 
se esmera también en persuadir á los Rusos que tal es el ánimo del jene- 
ralen jefe, según la proclama del 4 4 de setiembre, cuyo contenido es el 
siguiente: « Dice que defenderá á Moscou hasta la última gota de su sangre 
y que está pronto á pelear aun en las calles de aquella ciudad. Se han cer- 
rado los tribunales ; pero esto no os sobresalte, ó amigos mios : hay que 
ponerlo todo corriente. No necesitamos tribunales para formar causa al 
perverso. Sin embargo , si los necesitara , tomaría jóvenes de la ciudad y 
del campo. Dentro de dos ó tres días daré la señal . Armaos bien con hachas 
y picas, y aun mejor con horcas de tres dientes: el Francés está ya desmo- 
ronado como una hacina de mies. » — « Marcho mañana, decía Rostop- 
chin al dia siguiente , para juntarme con su Alteza el príncipe Rutusovv , y 
providenciando juntos aniquilar á nuestros enemigos. Enviaremos á Sata 
nás esos huéspedes y les haremos rendir el arma. Volveré á la hora de co 
mer y pondremos mano á la obra para reducir á polvo esos alevosos. » 

Con este lenguaje presajia el gobernador de Moscou , el orador del 
Kremlin , el cumplimiento de los sacrificios tremendos que el czar mismo 
está anunciando. Pero Rutusow no derramará la última gota de su san 
gre para precaver á la ciudad santa de la invasión estranje'ra : el antiguo 
guerrero no lo pensó jamás , y Rostopchin lo sabe muy bien. Otro es el 
intento que se abriga , y está próxima la hora de ponerlo por obra. En la 
noche del 43 al 4 4 de setiembre, Kutusow abandona todas las posiciones 
que anteceden á Moscou y se retira hacia el oriente atravesando rápidamen- 
te la inmensa ciudad que aparentaba poco ha venir á defender con una es 
pecie de fanatismo. « El 44 de setiembre , dice un escritor moscovita, dia 
de eterno luto para los corazones verdaderamente rusos, el ejército levan- 
tó el campo de Fili á las tres de la madrugada, y entró por la puerta Do- 
ragomilovv en la ciudad que debia atravesar en su mayor ámbito para sa- 
lir por la puerta de Kolomna. . . . Aparecióse Moscou allá como enlutada. . . 
y la marcha del ejército ruso se asemejaba mas bien á una pompa fúnebre 



1*1 N\|-..||h\ til 

que n una hmoniion militar nOnale» y «oblados Doraban ilo »oia } 
d o^pora cioo. t (nVrrtmii'» 

Mn embargo toe Franceses finado rl campo do Ftli letaniado ton MR. 
««nal é alcance á lo» Rasos, ««ral. ej denodado Mnrai. 



m pos del mrmign , y se adelanto á la % anguardia A I 
w halla rn l»« ralle* de Moscón, ton tolnarompaftadodt altano» jbeto». y 
«in rtnUrgn cargando la rrtagnanlia n> Knln*ow . Pronln w aumento »n 
i, pbes Napoleón Ir m*¡* á tinnrgaml para sosteaoret. Eatonc** lo* 

i entran m capitulación y corran al gnorrero cuyo rico lra> 
i lo cantan asombro Mural. qno c* may conocido de ello», «obra lodo 
«Irsdo i'iUiit on donde Ion hirn *m regalen, no tora Meno» garbmn m este 
ocasión. Va repartiendo cantidades á loa jHea y dispone do la« alhajes oV 
«¿onrgand y do tus oficíalo* para distribuirlas igualmente ¿ loa bárbaro» 
qne lo rodean ; y ralo», ana rea p o seed ora» de tomafto» agasajos , atareo 
pHIan por evacuar á Moacoo y pcovgoír toa correr toa y OMUúobras irrr 
«niara» A espaldas del ejerrilo roao. 

Fo tonto que los Conato» »e retiran , Napoleón llega coa d reato de »n 
Tangnaniía á toa pner tos de la eindad. la aaarcha repentina de Kutnsow 

"7™"^ *wr l* II I m»»^ • 1 1 I ^ ' ^ • I • I I M# IM Im f t1 ife~>«MI |emíl » 

de nnn eindad que urre de emporio á te» preriosidade» do Enropa y de 
%«« . H ejrmphr de F.Mnolenaao y lo» restijio» en*angreatado* de lanío* 




TJ20 HISTORIA 

fracasos agolpados por las mas hermosas provincias de la Rusia por mano s 
rusas, todo infunde desconfianza al emperadoryle liace titubear. En cierto 
modo va á tomar á tientas posesión de su nueva 6 importantísima conquis- 
ta. Se detiene primero á las puertas, manda reconocer la ciudad por afuera, 
da orden á Eujenio para que la acorrale por el norte, y á Poniatowski al 
mediodía, mientras queDavoust se mantenga en el centro; después envia 
su guardia al mando de Lefevrc. que entra triunfalmente en Moscou y se 
acuartela en el Kremlin. 

Napoleón traspasa también el umbral ; pero como si una voz interior 
le avisara que está poniendo la planta sobre un abismo, y que Moscou en- 
cierra en sus murallas el término de los triunfos del ejército francés y la 
primera señal de la decadencia del grandeimperio, teme todavía engolfarse 
por la ciudad , da solamente algunos pasos y se aloja provisionalmente en 
una posada. Al dia siguiente Vi, no asomando señal aciaga, acalla las 
corazonadas y zozobras que le estaban acosando la víspera, y entregándo- 
se confiadamente á su destino y á la suerte de la Francia que conceptúa 
siempre identificados , marcha osadamente y se posesiona del Kremlin. 

¿Se ha conseguido ahora el objeto de la campaña? ¿La ocupación de 
Moscou determinará á Alejandro á la paz como Napoleón se ha lisonjea- 
do? Este es el dictamen que reina en el ejército francés y la esperanza de 
jefes y soldados que claman todos á porfía i « Esta es pues la famosa ciu 
dad Moscou , Moscou. . . peligros y padecimientos, todo queda olvidado. » 
¡Ojalá que á este entusiasmo no suceda pronto un amarguísimo desengaño! 
Según el dicho del emperador, « vamos á ver lo que harán los Rusos. » 





cAPmn/i \\\i\ 



rm M« df *.|iirl ff «..»•>«• ?UjM>lt olí r»l i ni I..I 
irionr» «Ir |WMV RrtiratJa ilr li.« r'r«ii<rw« 
FJ mariaral Morí ir r *orU H 




lo por 



i f. le queda ahora por liacer a la ntolu. »«mi 
fraooeaa para redondear su contraresto cale 
ñor y su marcha triunfal por medio ile la 
huropa . e*-armentando a la» aristocracias j 
antiguas soberanías de mi pertinax enture 
amiento contra la nuera Francia * 

Si en otro tiempo les hito purgar la» dr 

aafaradaí arrogancias de Rmns« ica, hoy te 

teaga de la «afta de So«aro» Después de 

leromduciiloaMimagniBVori^rearnUn 

introducido al eaciarendo nielan a en todo» los 

M 



522 HISTORIA 

alcázares que servían de asilo y santuario al engreimiento, se avecinda en 
el Kremlin y en la morada misma de los czares, y Pedro el Grande pue 
de ahora sollozar bajo los pasos del recién encumbrado , como poco ha 
Federico el Grande y Carlos V. 

¿Estaña ya pronto á cumplirse cuanto la revolución debia cumplir ba- 
jo los auspicios del águila y por el brazo del prohombre para la humillación 
de los reyes y educación democrática de los pueblos? ¿Llegaría ya á su 
paradero la carrera de Napoleón? 

Los acontecimientos van á contestar. 

Napoleón no ha cesado y sin duda no cesará de ser una aparición pa- 
vorosa del principio revolucionario para los monarcas estranjeros ; el pue- 
blo francés no se avendrá tampoco á ver en él sino la igualdad aperso- 
nada en el emperador. Empero el pueblo francés no se equivocará acerca 
de las miras de su caudillo , cuando le vea olvidarse por un momento 
i del derecho divino de la capacidad y del mimen, » cuya sublime imájen 
está retratando para complacerse en resucitar superioridades postizas tras- 
mitióles por el nacimiento ; y los pueblos europeos, abandonados después 
de Austerlitz, Jena y Wagram á la merced de sus añejos gobiernos destrón 
cados, tendrán que echar en cara á aquel de quien esperaban su libertad, 
de haber cejado sobradas veces ante una aplicación espedita y grandiosa 
de aquella propaganda de la cual fué por lo demás el ájente mas eficaz y 
portentoso ya con el empuje de las cosas, ya con el poderío de su nu- 
men. Sin hablar de los Polacos, provisionalmente colocados bajo el res 
guardo incierto del porvenir, los Rusos mismos acaban de esperimen 
tar que Napoleón repugna á hacer el papel de propagandista. « Procla- 
mando la libertad de los esclavos , dijo después á su senado, hubiera po 
dido armar la mayor parte de la población rusa contra sí misma. En crecido 
número de aldeas se me ha pedido esta manumisión ; pero la guerra que 
hago á los Rusos solo es política; y además el embrutecimiento de aquella 
elase dilatada del pueblo ruso es tal, que semejante providencia redunda 
ría en martirios horrorosos de infinitas familias.... Esta última considera- 
ción bastaba para que me desentendiese de semejante medio contra mis 
enemigos. » Un escritor inglés asevera el mismo hecho. « No cabe duda , 
dice Roberto Wilson , que hubiera podido fomentar en Rusia una guerra 
civil ; y Bonaparte fué el que desechó los ofrecimientos de insurrección 
que se le hicieron cuando se hallaba en Moscou. » 

Por muy loables que sean los motivos que hagan desechar al empera 
dorios ofrecimientos de los vecindarios esclavos, lo cierto es que Napo- 
león puede zozobrar en adelante sin arrollar la revolución en su vuelco . 
sin comprometer el progreso ulterior de los principios populares. Hay en 
su temple y en su posición repugnancias inevitables que la historia debe- 
rá justipreciar. La democracia está muy próxima á haber alcanzado de él 



HE NAFOI i »N 

' lo I Mpi.podm aperar por H rorrclr vi» ílrnodmk» hijo» roo las nano 
nos il.-l septentrión y ilrl mediodía desde <*i\\t hasta Motean. 

I Vi o «i pronto debe acabar el papel político (Ir Napoleón . m está ti 
estremo de M carrera revolucionaria, ,.quc sera de mi papH de conqniv 
tador? 

Coando Ion diosos mismos oran «I parecer loa tasadores de su fortuna, 
la mifaacion aun mas que In conquista llamaba sn atenu n 5 Maulaba mi 
misteriosa ffljltrncll . era ol instrumento pujante ) esclarecido de la rej> 
nrracion europea que pruttjta enol, mas bien que al fundador de una di 
nastía. al vencedor de tantas batallas. Podra pues carecer del auxilio *o 
brebumnno tan pronto como no tenga nada que pro\iden< Mf por el rum 
Ih) sobrenatural para la bumillacion tic tos reyes y la educación de lo» pue 
blos. Kl cielo, que por tanto tiempo le fué propicio por el ínteres de la 
emancipacioB universal, podrá declararse neutral cutre el neto y tos 
viejos potentados; y entonces, ¿no trascenderá esta neutralidad ¿ los al 
i <lel hombre , no acarreará dias aciagos para su poderío y anticipa 
ra el cumplimiento de su destino 9 . 

Vamos t ver toqoe harán tos Rasos. 

• Napoleón cree haberlo previsto todo . dice un testigo ocular : san 
críenla batalla, permanencia dilatada, invierno riguroso y aun fracasos. 

la posesión de Moscón y los doscientos sesenta mil hombres que ba dejado 

tras si, parecen sobreponerle á todos los acasos Pero apenas está sen 

tado en d Kremlin . cuando se manifiesta un horroroso incendio : lo que 
no ha previsto, ni podido prever, la destrucción de Moscón por los Ru- 
sos mismos, le desencaja el arrimo en que estriban sus principales coa 
Ilinaciones. 

agimos inivudios parciales se habían manifestado en los primeros 
momentos de nuestra llegada. I -os habíamos atribuido á las demasía* de 

la soldadesca Pero el tr». habiendo soplado el viento con violencia 

se jeneralixó d incendio, t na gran parte de la ciudad es de madera . en 
cierra cuantiosos almacenes de aguardientes, aceites y materias mmhu«ti 

1 1 an desaparecido todas las bombas y nuestros trabajadores se afanan 
nfhKtUOsainrntc 

• Negros remolinos de humo se levantan con d viento y saliendo délos 
arrabales #nen tales, se han ido estendiendo por la ciudad esparciendo un 
pestífero hedor de a/ufre y alquitrán. Las llamas cunden ron rapuleí pro 
pagándose de una en otra casa, aumentándose con lo que devoran, v 
corriendo una riada de fuego de un estremo i otro de la ciudad Mientras 
que tos primeros raudales dd incendio siguen su espantosa carrera, se 
han encendido otros volcanes ; correo nuevos torrentes, e impelidos por d 
i icnto. se «tienden por tos intermedios que no lian podido akauaar las 
llamas antenoces. Parece como si la tierra se hubiera abierto para d esca í 






524 HISTORIA 

bocar todos los fuegos que mas y mas aparecen. El incendio se propaga 
enfurecidamente; ya no conoce dirección ni límites; brama, hierve como 
las olas de la tempestad, y la desgraciada ciudad acaba de sepultarse en un 
océano de llamas. 

« En vez de tantas casas y palacios, no quedan en pié sino moles de 
ladrillos que indican el lugar de los hogares domésticos. Aquellos milla- 
res de pirámides truncadas y ennegrecidas nos parecen el esqueleto que- 
mado de Moscou . 

« Desde las ventanas del Kremlin, Napoleón presencia esta gran catás- 




trofe Escipion al ver arder á Cartago no pudo desechar una triste co 

razonada sobre la suerte que Roma tendría á su tiempo : Naj^kíon queda 

pensativo todo el ejército yace atónito. El triste silencio que reina en 

el Kremlin solo se interrumpe con estas esciamaciones : « ¡ Este es pues el 
modo con que hacen la guerra! La civilización de Petersburgo nos ha en- 
gañado ; tenemos que haberlas con Escitas. » {Manuscrito de 4842.) 

Napoleón ve ahora lo que iban á hacer los Rusos. En vez de parlamen- 
tarios ó negociadores que vengan á pedirle la paz, ha hallado en Moscou 
incendiarios que le han acorralado en un inmenso volcan, cercándolo de 



DI N aKM i DK 
escombros. Ahora puede prornmpir coa 
nación cniluada tiene Unto ib* botal como el pueblo raso. • Ijm ájente 
•Ir Rostoprlun. en numero de nm mentó*, mtabaa ■ace ta dos ea las bode 
«as para prender fuego * todo* Ion arrabales. K algunos se leí be i 
• lulo mn H hachón en la mano. l/> han eonfeMdo todo ; y su d 
MWl a Rostopcbin. que no ha obrado sin la autorización de mi Amo. pues 
¿qué subdito del autócrata hubiera querido tomar sobre »i la rcspoatabi 
hilad de tan horrendo iraca*)? 

Mu embarga. Ins ||nma«*e MM ni Kremlin M Nfelal los vidria 
•leí palacio imperial . hora ea que Napoleón atienda ¿ *n seguridad y te 
decida á reararse. Empero se reátate á verificarlo , pura Ir piden un pn 
roer paso hacia atrás ¡ lo conoce y no quiere cejAr Ante la barbarie á la que 
venció en veinte reíne*as , que hizo huir ante si por espacio de doseien 
tas legua* y por medio de las mas amena* provincias del imperio ruso 
Kn vano le muestran las chispas que caen en el patio del arsenal . las es 
topas encendida* «I'"' cubren el Mielo en donde esta de plantón la artillcra 
con sus trenes ¡ en vano le aseguran que su peligro personal desaxona á 
los artilleros y de mio a i r a i ¿ lodo el cuartel jeneral. se desentiende allá de 
cootejos. instancias y ruegos lAiibotssicre, 1-cfevre, D c a s i erc a y Eujcnio 
vieron alternativamente desatendida* *us encarecidas re coav e oci o ne » , para 
desasirle de un peligro que á cada paso es mas inminente. Napoleón se halla 
en su cumbre aposentado en el Kremlin . ha llegado allí hollando á cien 
mil valientes de KutnsoW. y le repugna la Aprensión de verse arrojado de 
él por una cuadrilla de incendiarios y algunos centenares de ajenies de 
Rostopchin. Rajar después de haberle encumbrado tanto la victoria, re 
troceder \ mu haber m<Io vencido: no le cabe avenirse Se empeña en retar 
a la barbarie enfurecida , batallar hasta el estremo contra su fatalidad . 
probar á mis bravio* enemigos que ha\ mas pnjaan M aipnlh «randio 
sidad que potestad en sus infernales combinaciones. Durante mucha* ho 
ras permanecerá con su cabal entereza en el kremlin... Pero aquella vi 
ila que espone y arroja pertenece al ejército y á la Francia. Está inevita 
blemente comprometida, » Napoleón se obstina en permanecer á pesar del 
pavoroso progreso de las llamas. Napoleón ha de reconocer pues la mano 
de la necesidad y al fin tendrá que avenirse. Cuando Rerthier. que ha su 
bido á la asolea dd kremlin, venga á participarle que no hay que perdrr 
un momento y que el incendio envuelve el palacio . cederá al anhelo de 
cuantos le están estrechando, y andando bajo una bóveda de fuego, se re 
tirará á corta distancia de Moscou , al castillo de Petrowafcoie ea d cami 
N de |vt,r>bnr«o 

Kl lf» de setiembre por la tarde , sale Napoleón de Moacoa. Apeaas 
aposentado ea na nueva residencia, se entrega todo á su» recónditas rede 
\iones sobre el fracaso aterrador que acaba de 1 



526 HISTORIA 

y acerca del partido que debe tomar. Su primer pensamiento fué de ir en 
busca de la paz en Petersburgo , ya que no habia podido conquistarla en 
Moscou, y pasó la noche delineando su marcha sobre el mapa. Pero antes 
de obrar, quiso consultar ó mas bien probar á los que le rodeaban, y ad- 
virtió que su intento hallaba poquísimos aprobantes en el cuartel ieneral. 
Solo Eujenio pensaba como el emperador, solo él estaba pronto á marchar 
á vanguardia. Su denuedo incontrastable vitoreaba aquel arrojo y la cons- 
tancia de Napoleón. Pero otros ánimos no menos esclarecidos se habían 
dejado avasallar por la prudencia con los últimos desengaños. Los que 
habian temido en su principio aquella remota campana no podían ave 
nirse al concepto de irla dilatando todavía y de internarse por el norte en 
demanda de los hielos. Volvieron pues á manifestarse los recelos que ya 
aparecieran en Dantzig y en Esmolensko. En otros tiempos en nada hubie- 
ran alterado las determinaciones del soberano- en Petrowskoie fueron mas 
poderosos. « Lograron , dice Mr. Fain, hacerle dudar por la primera vez 
de la superioridad de sus miradas. » La responsabilidad de una segunda 
campaña le parecía muy trabajosa de sobrellevar. Empero no se deja con- 
vencer por los que dicen que solo desechan la prosecución de la guerra 
hacia Petersburgo, con la esperanza únicamente de alcanzar la paz en 
Moscou. « No creáis, les dice, que los que han prendido fuego á Moscou 
sean jentes que acudan á hacer la paz algunos dias mas tarde i si domina 
actualmente en el gabinete de Alejandro el partido que es culpable de esta 
determinación , vanas son todas las esperanzas con que veo que os lison- 
jeáis. » A pesar de esta previsión, muy comprobada después, doblegó an 
te el dictamen de sus tenientes aquella superioridad que en otro tiempo 
hacia ceder todo ante sí. « Ojalá no descaiga de sí mismo , añade el autor 




|>K N t FOLIÓN 

dd Vmusrrito de I HV1, apeándose hasta la pequenez de lo» que le rodean 
II primer paso está dado. • 

N íjm>Ipoii permanece pues en Ion alrededores de Moscou. Sé 
hubiera sido por agosto , se hubiera mantenido en su opinión , y , 

10 dijo rn Santa Bffett . él ejercito hubiera marchado sobre 
burgo. Pero la estación favorable va á terminarse, j esta consideración le 

I seguir Ion consejos de sos antigaos compañero* de armas 
K.l incendio habia cesado en Moscón, y el Kremlin, tan amenazado, se 
hnbia librado de las llamas. Kl emperador volvió a habitarlo H IK por la 
mañana I -i ciudad estaba llena de saqueadores de todas las naciones la 
presencia de Napoleón restableció pronto el orden. Al pasar por d muelle 
de la Moscowa, vio lacas» de los espósitos. «Id, le dijo á su secretario in 
térprete , id á ver de mi parte que ha sido de esos niños desventurados. • 
obedeció el secretario, y habiendo llegado al establecimiento, supo que los 
niños de mas de doce anos habían sido encaminados a Nizni Novogorod, y 
que los mas pequeños, abandonados á la merced de las llamas, habían sido 
calvados por el piquete qne Napoleón les habia enviado en la noche del 

11 al I "i. «la protección de vuestro amo , le dijo el director dd hospicio . 
ha sido para nosotros nn favor dd cido . á no ser por la mirada que su 
Majestad echó sobre nosotros . lo cual no nos cabia esperanzar , nuestra 
casa hubiera sido presa dd saqueo y dd incendio. » El anciano ruso acom 
paño después al intérprete á las salas y lo presentó ¿ los niños , diciéndo- 
les: • Kl emperador envía a este Francés. > Bastó esto para promover el 
mas entrañable y rui.loso reconocimiento en aquellos jóvenes desgraciados 
Se arrojaron á porfía sobre el mensajero de Napoleón para halagarlo: unos 
abrazaban sus rodillas, otros se le echaban al cuello y todos voceaban con 
alborozo i • Tu emperador es nuestra providencia. • 

Cuando supo Napoleón , por boca de su secretario, los pormenores de 
aqud recibimiento . se enterneció y mandó al punto por el director del 
hospicio que se llamaba Tutelminc, quien le pidió permiso para escribir a 
la emperatriz madre para informarla como se habia salvado la casa del 
incendio. Aun duraba la conversación, cuando se advirtieron algunas lia 
mas del otro lado del rio , lo cual hizo temer a Napoleón que el incendio 
no estuviera dd todo apagado. Con aquella vista se indigno y repitió H 
nombre da Rostopchin. « Malhaya, esclamo , quien se ha atrevido á aña- 
dir a calaiudades tamañas como son las de la guerra un incendio atroz 
ejecutado a sangre fría. Bárbaro, no le bastaba desamparar a unos pobres 
niños de quien es el primer tutor y veinte mil heridos que el ejército ruso 
ht cnnfi.idoa mis débelos mujeres, niños anciaii«>v huérfanos, heridos 
todo yace entregado i un estemiinio desapiadado, y presume hacer d Bo 
siendo nn vahaje, un irracional i 

Al día siguiente, Mr de Tutdminc entrego al emperador la carta que 



528 HISTORIA 

le había permitido escribir á la suprema protectora de los espósitos. Aque- 
lla carta encerraba una especie de introducción á la paz, terminando así: 
« Señora, el emperador Napoleón está exhalando mil ayes por nuestra ca- 
pital, casi enteramente destruida con medios que no son, según él dice, 
los que se usan en buena guerra. Se muestra convencido de que si nadie 
se interpusiera entre él y nuestro augusto emperador Alejandro, su anti- 
gua amistad recobraría pronto sus derechos y se acabarían todas nuestras 
desventuras. » 

No paró Napoleón en aquella demostración indirecta de sus díctame 
nes pacíficos. Escribió él mismo al emperador Alejandro por la mediación 
de un tal Mr. Jakowleff, que marchó el 24 de setiembre para San Peters- 
burgo ; y el 4 de octubre se decidió á dar un paso ostensivo en apoyo de 
sus tentativas reservadas enviando su edecán Lauriston al cuartel jeneral 
de Kutusow. Pero este declaró que no podía entrar en negociaciones ni 
dejar pasar al negociador mas adelante sin haber recibido la autorización 
de su amo. A este efecto despachó al príncipe Wolkonski para el czar. 

Durante todas estas negociaciones preparatorias y estos lejanos men- 
sajes, que empleaban mucho tiempo, se iban apurando los recursos resca- 
tados del incendio ; el ejército ruso maniobraba como si hubiera querido 
encerrarnos en Moscou , los Cosacos nos andaban hostigando por todas 
partes y la cruda estación se acercaba, sin que siquiera se hubieran enta- 
blado las negociaciones. 

Napoleón veia así comprobado lo que anunciara á sus jenerales, esto 
es, que « los incendiarios de Moscou no eran jen tes que acudiesen luego 
en busca de paz. » Sin embargo continuó residiendo en el Kremlin, dedi 
candóse eficacisimamente á la policía interior de Moscou y de los países 
conquistados, atendiendo á los mas mínimos pormenores del servicio mi- 
litar, de los movimientos del ejército, encabezando todavía, en medio de 
tantísimas atenciones y afanes y á tan suma distancia , la administración 
superior de su imperio. Empero habia mediado un mes desde su entrada 
en la antigua capital de los czares, y ni la carta de Mr. de Tutelmine ni el 
pliego confiado á Mr. de Jakowleff, ni el encargo cometido al príncipe 
Wolkonski, ni la presencia de Lauriston en el campo de Kutusow, ni si- 
quiera habían hecho esperanzar el mas mínimo resultado. Alejandro,sordo 
á todas las proposiciones pacíficas, como que tenia olvidada la^ocupacion 
de lo mejor de sus estados , cubiertos en gran parte de escombros , re- 
traía sus miradas del Kremlin para dirigirlas al gabinete de San James de 
donde le llegaban continuamente estímulos y parabienes. Por lo demás la 
conducta de Alejandro guardaba la lójica mas terminante. Habia querido 
la guerra y habia aceptado todos sus amarguísimos trances para que pre- 
valeciesen el añejo réjimen europeo y el sistema inglés sobre la política 
de la revolución y de su caudillo. No debia orillar su ideado intento des- 



DI NAPOLEÓN MO 

pila dfi | ■ "I. i i i i iianto semejante determinaeinn hubiera podido acarrear 
le en quebranto» v trastorno» I ji aneja Kuropa, «le la «pie se había cona- 
tituido el campeón, no le pedí l por MIDO ronato manque enmudece) antv 
Ir . -nnqnista aposentada entre la hnmareil a M \ % .pie aguardaba 
ron afán palabras «le paj 60 el rega/o mismo del triunfo Alejandro no 
tenia pues que titubear su negativa de mirar en negociaciones había 
quedado comprometida de antemano eon Castlereagn pof bal hMtrvtCal 
nes dadas á Rostopchin 

Mientras que el gobierno ruso se mantona asi af»>ri adámente e,i su 
ademan batallador, el elima se enennle.ia Kl l"> de octubre, la nuneeu 
bna todo el país. • Démonos priesa, dijo Na p oleó n , dentro de veinte día*, 
debemos estar en cuarteles «le inueino • Al día siguiente le BU ríbM > 
Mural que reconociera el eamino de Nojtilk, \ deipachó d IS los trofeos 
bajo la eecolta del jeneral C.laparede. mientras que espetaba la el acuaciou 
«le l«»s enfermos y heri»los sobre Ksinnlensko. DiÓM irre\ocablemenle la 
orden. i EetB no debe llamarse una retirada, «bee Napoleón en sus Memo 
rías. \a «pie el ejercito telaba victorioso y «pie hubiera podido marebar 
igualmente sobre San Peleisburgo . Halaga o Tula . que kutusov* hubiera 
tratado de cubrir infructuosamente \n s ( > retiraba á Ksmolensko por 
que eetoi ieee derrotado, sino para invernar en Colonia. • 

Con ctorto. «•! ejército francés estaba victorioso > siguió siéndolo BOJ 
ta«»l trance postrero «le la ocupación de >l«iscou; porque el 17 de octubre. 
el rey de Ñapóles derrotó á los Rusos en Wenáowo. al mismo ticm|>o «pie 
«touvion San Cyr recházate los embates de Witlgenstcin sobre PolotsK sin 
embargo Napoleón preveiaque su marcha retrógrada re«bindaria |>or to«lo 
el ámbito de Kuropa en desconceplo de su autoridad > «leí encambrado 
predominio que sus prosperidades y su mimen le tenían granjeado sobre 
sus amigos y enemigos, sobre los gahjnctei y los pueblos. Sus aliados de 
('■onstanünoplav de Kstokholmo se le habían retraído al abrirse la campa 
na ; sus aliados de \ iena y de Berlín, ya tan pausados y tibios en su coope 
ración. podían resfriarse mas y mas y alentarse en sus ílisposicioiws a\ i«»sas 
al ver que los Franceses abandona, an sus conquistasen Rusia |>ara fotvoi 
a Poloaia, Sin emlwrgo no habia que titubear Filaba desahuciada la pa/. 
\ «*l rlima del norte habia mostrado los primeros destemples. Napoleón 
salió de Moscou el tí) «I» octubre por el camino de Kaluga . después de 
haber dado al mariscal Mortier. comandante de la retaguardia, el encargo 
de volar el Kremlin 

KJ mariscal recibió del emperador otraa instrucciones mei»os rinleatai 
No me cabe recomendaros bastante, le dijo Napoleón, los h 
•pie aun nos apodan «olivadlos en los carros de la guardia joven . en lo* 
«le la caballería desmontada en una palabra, en lodos los que se eocoen 
tren. I.OS Romanos daban coronas ei\ieas a cuantos saltaban a sus cou 

«.: 



530 HISTORIA 

ciudadanos. ¡Cuántas mereceréis á mis ojos por todos los desventurados 
que salvéis! Forzozo es hacerlos moutar sobre vuestros propios caballos y 
los de toda vuestra jente. Así hice yo en San Juan de Acre. Debéis empe 
zar por los oficiales , luego pasar á los sarjentos y preferir á los Franceses. 
Reunid á todos los jenerales y oficiales qus están á vuestras órdenes y dad 
les á entender cuauto está requiriendo la humanidad en tamaño trance. » 

Esta retirada, que no tiene al pronto nada de siniestro , se manifiesta 
sin embargo al ejército francés bajo un aspecto muy nuevo , y acarreador 
de tristes corazonadas y amarguísimas reflexiones sobre la inconstancia de 
la fortuna y la instabilidad de las grandezas humanas. Napoleón es toda- 
vía vencedor; pero ceja ante los vencidos en su marcha con los inmensos 
enseres que ha debido acopiar y arrastrando en algún modo tras sí sus 
almacenes y hospitales en infinitos carruajes. « Larguísima es su tirada, 
dice Mr. Fain , en torno de la cual se agolpan respectivamente las compa- 
ñías. Se ha echado mano de cuantos medios de trasporte se han podido 
haber en Moscou y en los alrededores. Cada cual ha colocado su reserva 
particular de víveres y ropas y conceptúa poderla conservar hasta el tér- 
mino de la retirada. Mujeres y niños, algunas francesas, rusas y alemanas 
avecindadas en Moscou han preferido el marcharse con nosotros al aguar 
dar en la ciudad el regreso de los Cosacos. I^es ha cabido resguardo en 
medio de nuestros bagajes. » 

l,as últimas columnas del ejército francés salieron de Moscou el 25 de 
octubre á las dos de la madrugada. De allí á una hora voló el Kremlin, lln 
jefe de batallón de artillería de marina, llamado Mr. Ottone, se habia en- 




I»K \ IPOLKOK "i 

uuyudo de coiocg lw — dtcof W H H dM nbrolofbtfTitei la 

causada por nonio) órnenla mil ImitiIi«* iU> pnttora destruyó, 
las torre* principales del palacio \ dd ir^ena!, H nVpmito de fusile» y lodo 
los enseres «Ir la artillería riM I I y NM i «I H ini/inacroda, qM « balua 
»|im|h.||.hIoiii \«»Jmt«'I iliaaalosá MoacOO, escudándose rmi rj sobresertlo 
«le ptrlUMOlano, no Mni .1.' mi precipitación ma* ip | ipiehranto <!•< 

tir m pc i ar cautivo 1 1 -I- 'mi • . ton (Irla andana morada délos ctarea. Por 
lo flema*, la ciudad tanta, al quedar evnruad.i jmr I»**. frlIU», ímalpun 
it» \ictxn* «Ir los CwatOi y saqueadores 





CAPITULO XL. 



Continuación do i., rrrira'clii 3é los Franceses. Napoleón wi Esmolenski 

Conspiración <le .Mallct. 




apoleon se lisonjeaba de plantear sus reales 
para la invernada sobre la raya de Lituania. 
« En las primeras semanas de noviembre , 
escribia al duque de Bassano, á la sazón en 
Wilna. reuniré mis tropas en el ámbito que 
media entre Esmolensko, Mohilow, Minsk y 
Witepsk Esta nueva posición me aproxi- 
ma ya á San Petersburgo, ya á Wilna,y en la 
próxima campaña me hallaré á veinte mar- 
chas mas cercano á los medios y al fin Por lo demás, en los negocios 

de esta especie á veces desdicen infinito los acontecimientos de cnanto se tie- 
ne previsto.» 



DK NAPOLEÓN 

l*oi desgrada los BOceaoi van muy pronto n ••omprohnr H acierto de 
ota retlexion 

Sin eml>argo kutusow .iiiíormadodenuexirmmovimicntns. habia levan 
lado su ram|H> de Tarontino , encaminándose ejecutivamente liana Malo 
jnroslawctz para anteponerse ni ejército francés Pero rl principe Kujenio 
estaba ya ocupando las posiciones Kl jeneral ruso', queriendo valer»* de 
su superioridad numérica, dio al punto la señal di» ataque Km por la ma 
ñaua del 21 de octubre l a división de belznns fué la primera eml>eslida | 
resistió licroicamente y perdió en medio de la acrion a su iotitfoido jeneral, 
.1 quien reemplazo inmediatamente el jefe de estado mayor í.uillcminot 
Por ambas partes se peleaba con tanto encarnizamiento que la ciudad fué 
tomada y recobrada siete veces Kl cmpcMdor. que había sobrevenido, lo 
estaba obten iodo todo desde una altura La Uceada de las divisiones Ge- 
rard y Compans suspendió H combate Desesperanzado hutusow deapo 
sentarse en MfJojtffOelaWfltt, cejo para cubrir el camino de Kalugn, en aile 
man de corlárnoslo . aun A costa de una nueva batalla 

Por la noche Napoleón volvió I mis reales de i;orodmn . donde etfOVO 
alojado en una ruin choza Sabedor dd brío amenazador que estalla to 
mando Kutusow . ». empeñado en proseguir su marcha sobre K al uga . se 
decidió á pelear al día siguiente y acometer al enemigo Pero sus jenerales 
eran de diverso dictamen . pues la refriega de la víspera habia sido muy 
sangrienta. Kujenio y Davnust frrtlbtl acampados sobre montones de 
cadáveres en donde había asistido Malojaroslawetz abrasado y reducido á 
escombros. Aconséjate la prudencia que se alcanzasen cuanto antes los 
cuarteles de invierno . evitando todo trance arriesgado. Ya que el camino 
dfl I Mnolensko por Wiasma quedaba espedito, habia que seguirlo dejando 
al jeneral ruso que esperase en balde en atajarnos el de kaluga. Asi lia 
biaban los que rodeaban á \a|>oleon. y él se airaba contra semejante con 
sejo. • (Retroceder delante de Kutusow ! esclamo; ¡retroceder delante del 
enemigo cuando acallamos de arrollarlo . y acaso en el punto de estar él 
esperando una señal para retroceder! • 

Todos los partes que traían al cuartel jeneral los edecanes retrataban 
sin embargo á Kutusow preparado á hacer frente al ejercito francés y aven 
turar la batalla antes que desamparar sus posiciones «, redemos d terreno 
sol»< d cajnino que intentaba cerrarnos 

Nada recababan de Napoleón aquellos partes; quiso enterarse por si mb 
nao, j el 25 al amanecer, montó á caballo para recorrer el campo de ba 
talla y reconocer d campamento y las dhpOM ioofi dd enemigo Al llegar 
cerca de Hatajárosla»* etx se vio de repente acorralado por una partida de 
Cosacos que clamaban con tremendos alaridos. Conservó so serenidad en 
medio del pavor que infundio i todos ,| nombre y la tenida de Platón . 
pero fué forzoso que el emperador \ su escolla se pusiesen en defensa Kl 



534 H1ST0KIA 

jeneral Rapp, que halló en aquella sorpresa una nueva ocasión de mostrar 
su denuedo, fué derribado y volvió muy mal parado al campamento. «Cuan 
do Napoleón, dice en sus Memorias y vio mi caballo cubierto de sangre, 
me preguntó si estaba herido. Respondile que solo habia recibido algunas 
contusiones : entonces se echó á reir de nuestra aventura, que por cierto 
no me pareció muy chistosa. » La presencia del mariscal Bessieres, que 
acudió al frente de algunos escuadrones de los granaderos de la guardia, 
bastó por lo demás para restablecer el orden y dispersar á los Cosacos. El 
emperador prosiguió entonces sosegadamente su marcha y se halló pronto 
en el teatro del encuentro sangriento de la víspera. Fué allí recibido por 
el joven héroe que habia aprendido á vencer con él, y que estaba todavía 
inmutado con las pérdidas tremendas que le habia costado su triunfo. 
« Eujenio, le dijo dándole un abrazo , esta pelea es vuestra mejor hazaña. » 
Por lo demás , la visita del campo de batalla confirmó á Napoleón los 
partes que se le habian dado. Los Husos levantaban reductos, y por lo tan 
lo estaba patente su determinación de cortarnos el paso. Por otra parte, 
cada dia era mas preciosa la sangre del soldado. Se habia derramado tan- 
tísima en el encuentro de Malojaroslaw etz, y Napoleón tenia á la vista tan 
redoblados y dolorosos testimonios, que todo debia inclinarle á seguir 
los consejos de los que le instaban á retirarse pronto sobre Esmolensko , 
por el camiuo libre de Mojaisk y de Wiasma. Sin embargo no tomó aque- 
lla determinación hasta el 20, cuando supo que Kutusow se habia retira 
do. Napoleón no tenia ya que temer que se le sospechara de haber retro- 
cedido ante el enemigo y podia eu adelante desentenderse de Kaluga sin 
comprometer el honor de sus armas. 




H%. 



hl \ «l'Ol ION 

Desdo t.orodnia erjo primero toktt Rorows* y a<am|>o «I ¿7 en VcfBM. 

\l (lia siguiente llega por la noche ni castillo «lo Oupinskoe. Vi '20, te 
detiene cerca de la abadía do holotskoi . en donde, á pesar de M» ordene» 
tan rían* y terminantes, so hallaron algunos heridos qne no so habías po- 
dida trasportar por falta de carruajes « Que lome rada rarro tino de estos 
d. sM-ninrados. • osolamn val mismo tiempo mando (pie empozasen por 
sus rocho* y que los módicos y cirujanos do su casa . Hito* y l.henninier 
zolason ol desempeño de todo jónero de asistencia. 

Habiendo llegado por la noche del mismo día a (ihjath, se det 11 vo rer- 
en de veinte y cuatro horas y entró eJ ."»l en Miasma . donde lo oslaban 
aguardando cartas do Paris y de Wilna. y los partes do Víctor y di B MC] i 

Napoleón, qtie esperaba juntarse con el duque do Itellnna en Ksmolenv 
ko \ que había contado con las maniobras de aquel jeneral. romo laminen 
con las do Macdonald. San C.yr y Sehwartxonl>erg para mantener su reta 
guardia y costados expeditos a luí de arrojar al norte á Witlgcnstrin hacia 
l'elersbnrgo y enfrenar por el mediodía al almirante Tehitehagofl que ha 
bia acudido desde las orillas del Danubio sobre el Dniéper. Imada \.\ 
la paz con la puerta ¡ Napoleón r.upo que no hallaría ya á Víctor en Ksino 
lensko. ni a San f.yr en Polotsk ¡ que Macdonald. arrojado sobre la Cor 
landia. ya no so comunicaba sino con V* ilna . y que Sehwart/cnl>erg ha 
bit dejado transitar al almirante ruso entre él y el ejército francés. Asi la 
fortuna, que habia ido contrarestando nuestra marcha \ ictoriosa por ama 
nos diplomáticos que no podían preverse, va di lien I lando nuestra retira 
da ron acaecimientos militares no menos inesperados; se complace en tras 
tornar (odas las combinaciones. > burlar todas las esperanzas del héroe eon 
quien estremaba poco ha sus finezas. Pero por mas que haga, si logra al 
gun dia apearle de su poderío, no le cabrá á lo menos tiznar su mimen ni 
mi Hombradía. 

Kl emperador se detuvo dos diasen Wiasma ¡ de allí safio ol 2 de do 
\ ¡cafare a las dore \ trasladó el 5 SUS reales á Slowkowo, mientras que el 
principe Kujenio . Davou? rriiestidoscn Wiasma y rn el canino 

de Medyn por Miloradowitz y Haeffskoi. rechazaban esforzadamente a los 
Rosos y mantenían el orden de la retirada en las últimas column 
rjérato francés. Si kutusow se nos anticipase por la mano en Miasma, 
nuestra poción resultara sumamente critica. Pero Butturlu; apüea las 
I musas »IH mariscal ruso con el recelo do pnvisar á los Franceses t pelear 
como desesperados y redociríos 4 la terrible alternativa de vencer ó morir 
que tantas veces habia redundado en estermmio de »iis enemigos. 

la refriega esclarecida do Wiasma enfreno aun mas h perverueion de 
9n tropas de linea 00 trataron ya de atajar al ejército franoés 
en su marcha rotrógada Ixw Comeos solos confinnaron hostigando la re- 
lagnardh que H emperador habia sujetado a las ordenes del mari*ojil V\ 



530 HISTORIA 

Para alejarlos en cuanto fuera posible, se ideó un medio que produjo fa- 
vorables resultados. « Cuando se desmontaba algún carro y era forzo- 
so desampararlo, dice el jeneral Gourgaud, se le ponia una larga mecha 
encendida. Los Cosacos viendo que salia humo de los cajones, no se atre- 
vían á acercarse hasta que se hubiesen volado , y esto solia á veces tardar 
larguísimo rato. » 

En Michalewska, Napoleón recibió pliegos del duque de Belluna, pol- 
los que supo que el mariscal, después de haberse reunido con el cuerpo de 
Gouvion-San-Cyr, se había retirado hacia Senno , en vez de marchar con- 
tra Wittgenstein y recobrar á Polotsk. 

Por otra vez van á quedar frustradas las previsiones del emperador, 
quedando desairadas sus instrucciones. Sin embargo las conceptúa de tan 
suma entidad , y anhela en tanto grado su cabal cumplimiento , que las 
renueva aquella noche por medio de su estado mayor. Pero en la idéntica 
noche, el terrible auxiliar con que han contado los Rusos, y que se asoció 
la suerte para hacer traición á nuestras águilas, cae como un vestiglo esler- 




minador sobre el campo de los Franceses. Un viento helador va derraman- 
do por donde quiera el quebranto y la muerte. Cuando amanece y es for- 
zoso ponerse en camino, se encuentran los caballos helados á millares, y 



DE NAPOLEÓN 557 

el nrvasro va deteniendo á cada paso cuanto ha resistido al frío de la no 
che. Kl roche del emperador se extravia en medio de las nieves. 

Sin embargo se acercan A KsmnlcnsVo i ,Kn que angustioso catado , 
dice mi testigo ocular , arroja el \icnto del norte al ejercito «obre aquella 
ciudad! I.n torno del emperador la sonrisa del palaciego ha desaparecido 
de los labio» mas halagúenos; todos los rostros asoman mohínos. Ím pe- 
dios gallardos que nunca se solaparon son los únicos qne ilcscuellan to 
davia en medio de la crodeta y el desvelo que acongojan y alteran lea 
semblantes. I.n cuanto á Napoleón, su quebranto es el de la magnanimidad 
batallando con los elementos. • 

Boira en Resaotenato, donde espera dar descanso á sus tropas; en Es 
molcntto, doode >a no ha de hallar a Victor para sostener la retirada de 
un ejercito que el invierno está guadañando mas y mas por instantes, y 
que pronto no ofrecerá mas que reliquias. Y como sino fuera bastante con 
el fracaso que está presenciando, noticias de París llegan para mostrarle, 
junto á la inconstancia de la suerte, la instabilidad de su poderío y de su 
dinastía, cuando conceptuaba haberlos escudado contra todo embate y 
haberles, digámoslo asi , estampado el sello de la perpetuidad. 

t n reo «le estado en el encierro «le un hospital , un individuo ignora 
do de una aso ci ación republicana casi desconocida ¡ un oficial sin amik'ov 
opinión ni arrimo, ni mas recurso que el de su inventiva y su arrojo . el 
jeneral Mailet había ideado el inulto de derrocar (valiéndose de una noli 
.1.1 i n p om ta y de algunas órdenes falsas) el poderío ajigantado , ante el 
cual todo temblaba ó se postraba en Kuropa y que se aparecía inmoble en 
su asiento. 

Kl l«) de octubre, mientras suena en el kremlin la hora de la decaden 
cia, y Napoleón sale de Moscou, Mailet huye del hospital donde esta- 
ba bajo la vijilancia de la policía , y poco después se presenta con el nom 
bre del jeneral I .amolle al jefe de la décima cohorte de la guardia nació 
nal , el coronel Soulier, le participa la muerte del emperador, el establea 
miento de un nuevo gobierno y le ordena que le entregue el mando de su 
cuerpo. Kran las dos de la madrugada. Kl coronel estaba en cama y en 
fermo. Al saber la muerte de Napoleón, solo piensa en llorar y se escasa 
de no acertar á levantarse. Pero da órdeu a su a> udante para que junte la 
. oborte v la ponga á disposición del jeneral Umotle, lo cual se ejecuta 
inmediatamente. Kulunccs Mailet se proporciona una lux y leeá los solda- 
dos medio dormidos los periódicos, pro-lamas y decretos que ha fraguado. 
y aquel cuerpo de mil y doscientos hombres le signe dócilmente á doode 
quiera que lo conduce. 

Marcha primero á la cárcel de la Fuer /a. en donde pone en libertad a 
sus dos principales cómplices Lohorie y i.uidal, á quienes comete d arres- 
to de los dos jefes de la policía , los señores Satary y Pasqnier. 



358 H1ST01UA 

El prefecto de la policía no opone la mas mínima resistencia á las órde- 
nes de dos hombres que eran poco ha presos suyos , y cuyo arresto debia 
zelar y mantener. 

El ministro de la policía tampoco hace objeción alguna acerca de su 
arresto y á todo cuanto le dicen Guidal y Lahorie de las patrañas de Mallet. 
Se le sorprende en la cama y se deja llevar á la Fuerza, en donde reempla- 
za con el prefecto de policía á los dos reos de estado que acaban de pren- 
derlos á entrambos. 

El prefecto del Sena, Frochot, muestra igual confianza y docilidad. 
Cree que el emperador ha muerto y manda preparar el salón que ha de 
servir para la instalación del nuevo gobierno. 

Queda Mallet mas desairado con el gobernador de Paris. El jeneral 
Hulin, cu vez de dejarse prender sin replicar, quiere ver las órdenes en 
virtud de las cuales se procede contra él y pasa al punto á su gabinete. Si- 
gúele Mallet, y en el acto en ojie el gobernador se vuelve para examinar 
las órdenes en que se funda su arresto, el osado conspirador le dispara un 
pistoletazo que le lastima el rostro y lo vuelca sin matarle. Hállase presen- 
te un capitán de la décima cohorte, y la entereza del gobernador no le 
hace maliciar la falsedad de aquel intento, siguiendo la credulidad de todo 
el cuerpo con su coronel. 

Herido y preso Hulin , se traslada Mallet á casa del ayudante jeneral 
Doucet; pero allí tropieza con un inspector jeneral de policía, quien le co- 
noce, y habiéndole reconvenido agriamente, da en seguida orden para 
que le prendan. Entonces Mallet viéndose perdido, trata de librarse de 
la suerte que le amaga valiéndose de otra pistola que lleva oculta. Fáltale 
este último recurso, pues las personas que están presentes en el estado 
mayor , y aun las que le han seguido hasta entonces con entero rendi- 
miento se abalanzan á él y le desarman. A poquísimo rato, los conjura- 
dos, después de haber reinado dos horas en la capital , se hallan otra vez 
en sus calabozos. El ministro de la policía nombrado ya por Mallet estaba 
en su casa afanado en hacerse tomar medida de su nuevo traje, cuando 
fueron á prenderle. 

Así finó aquella estravagante conspiración, que fué como una especie 
de pesadilla , ó como una farsa de sonambulismo para algunos empleados 
eminentes, mientras que la población parisiensesumidaenelsueiose halló 
al despertarse con el desahogo del dia anterior. Enteróse tan solo de la 
trajicomedia nocturna que habia sobrevenido y terminado al vuelo por la 
narración del Monitor, y solo mostró algún interés con las prontas ejecucio- 
nes que siguieron y costaron la vida á catorce personas. 

Cuando Napoleón leyó el pliego que le enteraba de aquella intentona, 
no estraiió tauto la avilantez de los conspiradores como el ensanche que 
habían hallado en las autoridades superiores, de quienes debian esperarse 



DI \ vi 01 I <»\ 
un terminante mentís ) una rutilo** represión por sus falsas noticias y su» 
loras tentativas. Asaltáronlo y cntriste* irronlc redoliónos en estremo an 
gustioaas y sobre todo fundadas . ¿He aquí pues . prorumpe , do que de 
penda m» poderío' 1 1 "in-> I muv n\ roturado esta, si para compróme 
torio basta con un solo hombre, roo un preso Máximamente a danzada 
rsta la corona sobre mi sien , puesto que 011 mi propia capital un golpe de 
mano atrevido de tres aventureros puede hacerla bambolear. Tra» doce 
artos de gobierno . IrM mi desposorio, tras el nacimiento de mi lujo y tras 
miles de juramentos . mi muerte pudiera llegar á ser todavía un móvil de 
i evolución , Y de Napoleón II nadie se acordaba! • 

No. n<> se acordaban de Ü . ni a nadie se le habia ocurrido que el acto 
sacramental de la monarquía antigua pudiera aplicarse ¿ la monarquía 
imperial y que debían contostar á Mallet \ .1 mis secottea: - Kl emperador 
ha muerto . v ¡\a el emperador. • 

sin embargo d derecho hereditario do la potestad suprema