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1. 



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mSTOBIA 6BHBRA£ DE BSPASA. 



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HISTORIA. 6BAL 

DE ESPAÑA, 

7 

KUl Lll TIBiPtS HIS UlflTM UlTl SUSntS «tí. 

POR DON MODESTO LAFÜENTE. 



TOMO ni. 



■ADRID. 

BSTin,ECnUBNTO TÍPOGEIFIOO DK HBLUDO, 
ulli li Siita Ttmi, lii. I. 

MDCcatlI. 



n,g,t7cdb/G00gIc 



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HISTORU eENEBAI^DK ESFAM. 

PARTE SEGUNDA. 



LIMO ni. 

cAPimo XII. 

CASTILLA 

. PUUEfiA UTAD DEL SIGLO -XlV. 

>. 1295 i OSO. 



Reinadoade meooredad. loco ave Dientas yveolajasdi 

/«ditaria para estos casos. 1.— Reinado de Femando IV.— Causas 
da las larbsciones que agitaron el reino.^A atece den tes ; elemen- 
tos qae para ello había. — CómofuerondeBapareciendo, y á quién se 
debió.— Josto eliTgio de la reina dofia Harla,de MoJíds.— Fidelidad 
de lojcoDcejOa castellaaos.— Célebre Htrmandad de Castilla. Suob- 
jeto, consecuencias y resultados. — Alianza del trono y del pueblo 
contra la^nobleza. — Influencia delestado llana. — Espíritudelas cor- 
tes y Irecuencia con que se celebraron en este tiempo. 11— Beina- 
dode Alfonso XI. —GstadotastimoBO del reino en su menor edad.— 
Jdícío crítico de la conducta de este monarca cuando llega i la ma- 
yoría.— Júzgasele como raetsursdordelórdeninterior.—Comoguer- 
rero y capitán. — Influencia de sus IriunFos en el Salado y Algecira' 
en la condición y porvenir de EspaAa. 111— Progreso de las ineli- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



6 HISTOKU DI UFAflA. 

laoioaeapalíticas. Ele me oto popular. Derechos, franqnJciasyliber- 
udesqoe ganó el poebloon eate reinado. — Cómo ÍDeronabatidoBy 
hamilladoa los Qoblea.—SoleniDJilsd, aparato, arden y ceremonia 
conqoeaecelebrabanleACÚrtea.— Alfonso KI. como legislador. Cor- 
tea de Alcalá: Reforma en la legialacion de CaatíUa. El OrdenamitnU: 
los Futro*: las Partida»: ea qaé orden obligaba cada uno de esUw 
códigos. IT.— Estadode la literatura caatellana enesteperfodo.— El 
poema d« Alejandro.— Obras literarias de donJnaa Hanuel: el con- 
de Luoanor .—Poesías del arcipreste de Rita.— Crúnicaa.— Gampa- 



Uoa de ias calamidaiües que pesaron mas sobre la 
monarquía castellana y entorpecieron mas su desai>* 
rollo, faeroQ las frecaeotes meoorlas de sas reyes. 
Es cieitameote una dé las eventualidades mas funes- 
tas á que está sujeto el principio de la sucesión here- 
ditaria. Kas al través de estas y otras coBlingencias 
des^Torables al orden social é ¡Dherentes' á la íastí- 
tncioD, compénsalas coa tal esceso otras tan re- 
conocidas ventajes, que ana vez supuesto el orden en 
QD estado, es so mejor salvaguardia contra las turbu- 
lentas pretensiones de los ambiciosos y el mas fuerte 
dique en que vienen á estrellarse los (^bordamientos 
de la anarquía; á tal estremo, qae desde que se 
estableció en España aquel saludable principio, ana 
en las agitaciones de tas menoridades de los reyes na- 
die se atrevió á volver á invocar como remedio la ' 
monarquía electiva. Tal aconteció en los dos reioadoa 
consecutivos de Fernando IV. y Alfonso XI. que abarca 
el período que ei;aminamos. Hay ideas que una vex 



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FÁtn U. LIMO Ul. 7 

adquiridas vao fonnaado otras tantas bases que sir- 
veo de cimiento al régimen de las sociedades. 

I. No estrañamos el furor con que se desarrolla- 
roa las amtMciones en el roñado de Fernando IV. U 
fHreparacion venia de atrás; y la menor edad del rey 
00 fué la cansa, sinouna circunstancia de que seapro- 
vecbó la nt^leza, y que la bizo , si no mas preteocio- 
18, por lo menos mas audaz. Los principes de la real 
familia; los magnates poderosos; aqnellos codiciosos 
é inquietos infantes, don Juan, don Enrique y don 
luán Hanoel; aqnellos indómitos señores; don Juan 
de Lara, den Diego y don Juan Alfonso de Haro, que 
se habían atrevido con un monarca del temple de don 
Sancho el Bravo, ¿cómo no babian de envalentonarse 
al ver al frente del reino un niño y una muger? No 
es, pnes, de maravillar el desorden, la confusión y 
anarquía en que tantos revoltosos pusieron el reino: 
Y gracias qna, oo había entre ellos unidad de miras; 
que á haberla, como en Aragón, algo mayor hubiera 
sido todavía el conflicto del trono. Pero pretendiendo 
el uno la corona, limitando el otro sus aspiraciones á 
la regencia, concretándose los demás al aumento de 
BUS particalares señoríos, ó á usurpar loa que otros 
poseían, y no entendiéndose entre al, todos preten- 
dientes y todos rivales, daban lugar, y ocasión á que 
un genio, sagai y astuto, estudiando sus partículares 
intereses, los dividiera mas y \oi quebrantara. 

A esloselemcnlosdc turbación se agregaron otros 



n,g,t7cdb/G00gIc 



8 HinOUA DI BSPAf^A. 

todavEa mas poderosos y mas terribles. El lierDo mo- 
narca y SB prudente madre vieron conjarados contra 
sf todos los soberanos, los de Francia y Nararra, los 
de Granada y Portugal. Se invoca nuevamente el 
derecho, y se alza de nuevo el pendón de los infan- 
tes de la Cerda. Entre unos y otros se reparten bue- 
namente la Castilla , como si fuese un cmcnrso de 
acreedores, y cada cual se adjudica la porción que 
mas le conviene. El territorio caslellaoo se .ve á la 
vez invadido por franceses y navarros, por aragon&- 
ses, pOTtugueses y granadinos. Uno de ios candillos 
del ejércilo confederado, es el infante aragonés don 
Pedro, á qnien le han sido aplicadas las ciudades fron- 
terizas de Castilla y Aragón. Otro de sus capitanes es 
el perpetuamente rebelde infante castellano don Juan, 
que en Sahagun se hace proclamar rey de León, de 
Galicia y de Sevilla. ¿Quién coujurará tan universal 
tormenta? Imposible parecía que el pobre trono cas- 
tellano pudiera resistir á los embates de mar tan pro- 
celoso y embravecido. 

Y sin embargo, se ve ir calmando gradualmente 
las borrascas, se ve ir desapareciendo los nubarrone^ 
que ennegrecían el borizoate de Casiilla, se ve ir re- 
cobrando su claridad el hermoso cíelo castellano. El 
infante don Pedro de Aragón sucumbe con sus mas 
esclarecidos bai'ones en el cerco de Mayorga, y la 
hueste aragonesa se retira conduciendo eo carros fú- 
nebres los restos inanimados de sus mas bravos ada- 



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FABTB ti. LIBKO llf. 9 

lides. El rey de Portugal retrocede á sus estados casi 
desde las puerlasdeValladolid.EI infante don Juan 
se reconcilia con su sobrino, deja el titulo de rey de 
León, y reconoce por legltinio rey de Castilla á Fer- 
nando IV. Alfonso de la Cerda renuncia también á la 
corona, y se somete á recibir algunos pueblos que le 
dan en compensación. Fijante por arbitros los limites 
de Aragón y de Castilla. Guzman el Bueno salva á 
Andalncia de las imprudencias de don Enrique, y si- 
gne defendiendo á Tarifa contra el emir granadino. 
El papa legitima los hijos de la reina. Fernando IV. 
de Castilla casa con la princesa Constanza de Portu- 
gal: queda en pacifica posesión desu corona; desapa- 
rece la anarquía, y disfruta de quietud y de sosiego 
el reino castellano. 

¿Quién bafaia obrado todos estos 'prodigios? ¿Cómo 
han podido irse disipando lanías nubes como trona- 
ban en derredor del niño rey? ¿Cómo de la mas es- 
pantosa agarquia se ha ido pasando & una situación, si 
no de completa bonanza, por lo menos comparativa* 
mente apacible y serena? 

Es que Femando IV. , como Fernando Ili. de Cas- 
lilla SD bisabuelo, ha tenido á su lado un genio tule- 
lar, una madre solicita, prudente y sagaz como do- 
ña Berengnela: es que el rey y el reino han sido di* 
rígidos por la mano bábil, activa y esperta de doña 
María de Uolina, que como madre ha desplegado la 
mas viva solicitud y el mas tierno cariño, como mu- 



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10 HISTOBIA DEUPaSa. 

ger ha mostrado un valor y una entereza varonil, y 
como regente se ba conducido con ^bia política y con 
noa energía maravillosa. Serena en los confliclos, as- 
tuta y sulü en los recorsos, halagando oportunamente 
la ambición de algunos magnates, severa y fuerte coa 
otros, supo dividirlos para debilitarlos, supo dividir 
para reinar, y no para reinar ella, sino para entregar 
el reino sin menoscabo á su hijo (1). 

El gran tacto de la reina regente estuvo en saber 
concillarse el afecto del pueblo, en utilizar conve- 
nientemente la lealtad de los concejos castellanos y 
en buscar en el elementoy en la fuerza popular el 
contrapeso á la desmedida ambición de los príncipes y 
do los nobles. Entonces se vio cómo se necesitaron y 



(I) El |lBeNtr»Tir«)de Molías, coa su hijo pone el autor en boca 

óeeaFr.GdbrielTellez.hsretra- de dofla María la siguiente des- 

tado con «erdad y coa vivos coló- criíician de la situación bd que ge 

rea el carácter de esta reina en hallaba el reino cuando su encar- 

uasdesuamejareacomedlaatiLu- gó de la regencia, y del calado en 

lada Laprudineia en la mugm', que se le entrega cuando el rey 

Eduuo de losdiálogMque supone llega i la mayor edad. 

Un Bolo palmo de tierra 
no bailé á vuestra devoción, 
R zóse (lasLilla y León, , 

Portugal oa bizo guerra, 
el granadino se arroja 
por estendersu Alcorsn, 
Aragón corre ó Almazan, 
el navarro la Riojí; 

£ero lo aue al reino abraiía , 
ijo, es la guerra interior, 
que 00 hay coatrHrio mayor 

Íue el enemigo de casa. 
odos fueron contra vos, 
y aunque por tan varios modas 

[ué de naeslra parle Dios. - 



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FAKIll II. LIIKO III. II 

apoyaron taútaameote el troDo y el pueblo cooira la 
nobleza tarboleota y codiciosa. Fieles á sus monarcas 
les coBcejos de Castilla, pero celosos al propio liempo 
de sos fueros, formaroo entre sí, muy en los princi- 
pios del reinado de Fernando IV. (1395}, liga y her- 
mandad para defenderse y amparai^e contra los des- 
afueros del poder real , pero mas priucipalmeDle con- 
tra las demasías de la clase noble. Es curioso observar 
la marcha que en su orgaaizacion política fué lle- 
vando la sociedad española en el último tercio de la 
edad media. En aquella lucha de poderes y elementos 
sodates hemos visto, antes en Aragón como ahora en 
Castilla, formarse eslas confederaciones ó hermanda- 
it* como por un instinto de propia conservación y 



pues eD el tiempo prese Dt«, 

porque al cielo gracias á«\s 

del reino <]ua le debeii, 

le bailareis tan diferente, 

quepariaiel moro os pafi, 

elnafarro, el de Arsgoiii 

hijo, amigos voestros «on, 

y para qoa os salisfasa 

Portugal, ai lo admitís, 

á do Da Constanza bermosa 

os ofrece por eapoca 

■u padre el rey doo Dtonls. 

No hay guerra qne el reino inquieta, 

iosnlto con qae ae estrague, 

villa qne no os peche y pague, 

TasalFo qae no os respete; 

de qoe aalgo tan contenta 

cnanto poEre, pues por Toa 

^e treinta no tengo dos i 

villas qae me paguen renta. 



paes tanta n 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



M HISTOIIA DK ISriJi*. 

por UD seDUmieoto de digoiilad para resistir álos em- 
bales é iovasiooea de oíros poderes. Pero en Aragoo, 
especie de república oligárquica, eslas hermandades 
las forman principal meo te los nobles conlra el influjo 
de la auloridad real. En Castilla, monarquía esencial- 
mente demoGi-ática, las forma el pueblo, los cooce- 
jos ó municipios, no laoto para contener los desafue- 
ros del poder real cnanto para qaebraolar el poderío 
de la nobleza. 

La hermandad de loscoDcejos de Castilla en 1296 
tiene para nosotros una grande importancia híslórica. 
Si no fué la primera confederación popular, fué la 
protesta mas solemne del pueblo contra las demasías 
y contra las usurpaciones de la corona y de las clases 

que el reino qoa hallé perdido 
hoy os le vuelvo ganado. 

Acto llj., esceoa primera. 

Gb ngestros dias el aeñor Roca algtiao* de los pereoiiaifes de ca- 
de To^orea, marqués de Holiaa, te reinado. LaailaacioD dei releo 
ba evcrito también un drama ti- etti pialada en eldí«cuTso de la 
(alado DoHa María da Molina, reina é las curtes de VaJIadalid. 
«n que se bailan bieo dibujados 

Por do quier mirad las doeCaslillaa 

de rubsldes falanges dominadas, 
coQHumidas por barbaras itavillss 
tus mieses, y con hierro deatrozadss, 
BUS mejores ciudades y sus viliai 
al saco y é las llaiuss entregadas, 
y en medio de sus páramos incultos 
cadáveres sin número insepultos. 
Discordia y escasez con doble estrago 
min.in el trono, ej pueblo despedazan, 
y casi ya con furibundo amago 
tornar la patria en ruinas amenazan 

Acto V., escena tercera. 



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PAkTB II. LIBIO III. 1 3 

privilegiadas. CaandoSSK años mas adelante veamos 
sucumbir las comwñdada de Castilla en guerra ar- 
mada contra las Tuerzas y el poder de un soberano y 
de uDOS magnates, el vencimiento de estas comuni- 
dades será la derrota de aquella hermandad despnes 
de UD8 lucha de mas de dos siglos, y será de tanto 
influjo en la condición política de España, que repre- 
sentará el tránsito del gobierno libre y popul ar de la 
edad media española al gobierno monárquico absolu- 
to del primer período de la edad moderna. Forzoso 
DOS es por lo tanto conocer la fodole de la Aerman- 
dad de Castilla de 1S9S. 

«En el nombre de Dios é de Santa María; Amen, 
•(comenzaba esle pacto deconféderacion). Sepan qnan- 
>los esta carta vieren como por ranchos desafueros é 
«muchos daonos, é ranchas fuerzas, é muertes, é pri- 
>8Íones, et despachamientos »n ser oidos, é deshon- 
>ras é otras muchas cosas sin guisa, que eran contra 
ajusticia . é contra fuero, é gran danno de todos los 
kregnos de Casliella, de Toledo, de León, de Gallícta, 
>de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaban, del 
•Algarbe é de Molina, que recelamos del rey don 
«Alfonso, fijo del rey don Fernando, 6 mas del rey 
>don Sancho, su Gjo, qae agora finó, fasta este tiem- 
>po en qae regnó nuestro sennor el rey don Feman- 
kdo, qne eos otorgó é coññrmó nuestros fileros, et 
«nuestros privilegios, á nuestras cartas,- é nuestros 
«buenos usos, é nuestras boeoas -costumbres, é nues- 



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i i HISTOBIA DB UFáHa. 

xtraa libertades que babiemos en tiempo de los otros 
nreyes qaaado los mejor bobíemos. Por eode, é por 
«mayor asesego de la tierra, é mayor guarda del so 
■seoQorfo, para esto guardar é manleoer, é porque 
•DUDqua en oiagua tiempo sea quebrantado, é Te- 
ayeodo que es á servicio de Dios, é de Santa María, 
>et de la cijrte celestial, é á honraéá guarda de nues- 
KtroseDOor ei rey don Fernando, á quien dé Dios 
«buena vida é salud por muchos anuos é buenos* é 
t> mantoiga i so servicio: et otrosí á servicio, é á hon- 
»né& guarda de los otros reyes qae serán después 
»del, é á pro é á guarda de toda la tierra, facemos 
«bermandat eo uno nos todos conceios del regno de 
«CastidUi, quanlos pusieoios nuestros sellos en esta 
Bcarta, en testimonio é en confirmación de la ber- 
»niandat. 

»Et la hermandat es esta. Que guardemos ¿ nues- 
■tro senoor el rey don Fernando lodos sus derecbos 
»étodo su seonoriobieo é cumplidamente,... etc.» 

Designa y fija la bermandad las contribuciones y 
servicios-lega (mente establecidos cchi que se había de 
seguir asistiendo al rey; acuerda cómo ban de nnírse 
todos para el mantenimiento de sus fueros, usos y li- 
bertades, en el caso que el rey don Fernando 6 sns 
sucesores, ó sus merinos, ú otros cualesquiera seño- 
res quisiesen atentar contra dios; determina someter 
al frilo del concejo los desafueros qoe los alcaldes 6 
I del rey cometiesen; que si algno rico orne ó 



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PAKTB II. LIBIO in. 1& 

mraDzoD ó cabaUero prendare iodebidamenle á al- 
gnnp de la henoaodad ó le tomase to suyo, y á pesar 
de la seotencta del concejo no lo quisiese restituir, si 
Tucse hombre arraigado, <quel derriben las casas, el 
•corlen las vinnas, é las howtas, é lodo lo al que 
■hubiere.» para lo cual se ayndeo todos los de la 
hermandad, y añade; «Otrosí, si un orne, 6 ínfan- 
izon, ó caballero, ó otro ome qualesqnier qne non 
Rseao eo noeatra hermandat, matare ó deshonrare á 
»algoao de nuestra hermandat.... qae todos los de 
itU hermandat que vayamos sobrel, el sil falláremos 
wquel matemott é si haber non te podiéramoe, quel 
•derribemos las casas, el cortemos las vinnas é las 
• huertas, el astraguemos quanto en el mundo le fa- 
■ liáremos; Después til podiéremos haber, quel ma' 
•temos..,. Otrosí ponemos qne si alcalde, ó merino, ó 
>olra orne cualquier de la hermandat, por carta ó por 
» mandado de nnestro seonor el rey donFeroando.ó 
>de los otros reyes que serán después del, coniiMdre 
ná uno ein ser oido ó yudgado por fuero, qne la her- 
' amandat quel ftiatemos per ello; é si haber non le pe- 
■diéremos, que finque por enemigo de la herman- 
»dat, et quandol pudiéremos haber quel matemos por 
»ello (•>.> 

Torible manera de hacerse á sí mismos justicia, 
poro que proeba coán agraviados debiao estar toscon- 

(I) Colección diplomillca iaé- la Qjstorii. 
dita, formada porla Aeademíade 



D,g,t7cdb/COOgIC 



1C HISTOftU DB UPASa. 

cejos de los reyes y de los ríeos hombres, y que ma- 
nifiesta sobre todo cuan iomensameote habia mejora- 
do la coadicioD política de los hombres del estado 
tinao, y cuan larga escala habían corrido desde la an- 
tigua servidumbre hasta dictar leyes á los grandes 
señores y á los monarcas misaros. La reina, lejos de 
contrariar y reprimir' este espíritu de libertad é íade- 
pendencia deios comunes, como por otra parte veía 
la fidelidad que guardaban á su hijo, los halagaba por 
que los necesitaba parahacer frente á las pretensiones 
de los nobles. La lealtad les valia á ellos concesiones 
y franquicias de parte del rey> ó sea de la reina re- 
gente: estas concesiones le valían al rey la seguridad 
y espontaneidad de los subsidios y el apoyo material 
y moral de los cuerpos populares. Eran dos poderes 
que se necesitaban y auxiliaban mutuamente contra 
las invasiones de otro poder. Los pueblos ganaron eñ 
influjo y en condición, y doña María salvó la corona 
de su hijo. Las menorías de los reyes, turbnl^tas y 
aciagas como son, suelen por otra parte redundar en 
beneficio de la libertad de los pueblos: la debilidad 
misma del gobierno te obliga á apoyarse en el brazo 
popular: el pueblo pierde en tranquilidad, en conve- 
niencias y en materiales intereses, se empobrece y su- 
fre; pero es cuando saele ganar en prerogativas y de- 
rechos, es cuando suele hacer sus conquistas políticas. 
Son como aquellas enfermedades de los individuos en 
que el físico padece y la parte intelectual se avira. 



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MtTB n. uBio ni. 47 

Mucho progresó el estado llaoó ea iDDuencia y po- 
der en el reinado de Fernando IV. Las cortes de Ta- 
lladolid de \ S95 se decían convocadas por facer bien 
yvtereed á todoi los concqot del regno. En las de Cue- 
llar de 1 397 sé creó ana especie de dipntacioa per- 
maneole ó alio consejo, aombrado por la nacbo, para 
qne acompañase al rey en los doá tercios del año y le 
aconsejase. En las de Valladolid de 1307 se restable- 
ció ya por la ley no loipoDer tributos ún pedirlos á las 
cortes. tiSiacaeteierequepechot algunos haya menes- 
ter, pedirgelos he, é en otra manera no echaré jtechos 
niagmosen la tierra.» En las de Burgos de 1311 
qnisíeron los procuradores saber á cuanto ascendían 
las rentas del rey: y en las de Carrion de 1 31 S to- 
maron cuenta á los tutores. En las de Valladolid de 
1299 y 1307 se consignaron las garantías persona- 
les, ordenándose que nadie fuese preso ni embargado 
sin ser oido autes en derecho, y se prohibieron las 
pesquisas generales. Estas y otras adquisiciones polí- 
ticas, que en aquel tiempo alcanzó el elemento popu- 
lar no se respetaban y cumplían siempre en la prác- 
tica, pefoquedaban coosígaadas y escritas con carácter 
de leyes, que era un grao adelanto, y no las olvidaba 
el pueblo. Salió, pues, éste gaaaDcioso de la lucha 
entre la nobleza y la corona, poniéndose de parle de 
esta. La frecuencia misma con que se celebraban cortes 
revela que nada bacía ya el rey sin su acuerdo y d&- 
liberacion. En el reinado de Fernando IV. no pasó un 
Tomo vu. 2 



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48 simniA de bspaía. 

solo -año sin que se luviuaea cortes y ea alf^uoo, como 
en. 1301, húbolas en dos diferentes partes del retoo, 
Bargos y Valladolid <■•. 

La conquista nacioaal avaozó bien poco en este 
reinado, y aun fué maravilla que se recobrara á Gí' 
braltar, aunque para volver á perderle proDlo: y el 
rey acabó faltando á las buenas leyes saocionadas por 
él mismo, coa el arbitrario suplicio de los Carvajales, 
á que debió el triste sobreoombre de Emplazado. 

II.~Mas larga y do menos borrascosa la menoría de 
SD hijo Alfonso el Onceno, Castilla vuelve á sufrir to- 
'das las calamidades de ana anarquía horrible. Era un 
cuerpo que, no bien aliviado de una enfermedad pe- 
nosa, apenas entraba en el primer período de la con- 
valecencia recala en otra enfermedad mas peligrosa 
y mas larga. Ua rey de trece meses, dos reinas viu- 
das, abuela y madre del rey niño, tantos aspiran- 
tes á lu tutela cuantos eran los príncipes y grandes se- 
ñorea, todos codiciosos y avaros, todos osados y tnr- 
bnleotos, generoso ninguno, en vano era hacer las 
mas estrañas combinaciones para que ningún preten- 
diente se quedara sin su parte de regencia, inútil era 
dejar á cada monarca y á cada pueblo elegir y obede- 
cer al regente quemas le acomodara, á cada tntor 
mandar en el pais que le faera mas devoto. Era íoten- 

(1) Tenemos i la vigía la ma- Diodo IV., pablícadsa por los doc- 
tor parte d« los oaadernoB d« «»- torea Amo V Manuel, Ib* de Harf- 
tM oórtus. Paedea versa laa de na, on so Teoría, t la Colección 
don Sancho el Bravo ; don Per- diptomátiea wbre Femante IV. 



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TMTB n> Limo Ul. 19 

tar corregir la anarquía fomeotáadola, era querer 
apagar el fuego añadiéndole combustibles. El reioo 
era un caos, y tas dos reinas marieroD de pesar. Doña 
Haría de ]liIoliaa era una gran reiaa, pero al cabo do 
era oo genio sobrenatural, era noa mugen. Afortuna- 
damente para Castilla los moros dé Granada no an- 
daban menos desconcertados y revueltos, ocupados 
en destronarse los hermanos y parientes. No era el 
peligro esterior el que amenazaba para el reino caste- 
llano. Todo el mal le tenia dentro de, si mismo: la 
gangrena estaba en las entrañas mismas del caer- 
po social. 

No creemos pueda imaginarse estado mas lasti- 
moso en una sociedad que vivir los hombres á mer- 
ced de les aséanos y ladrones públicos; que enseño- 
rear los malvados y malhechores la tierra, y tener 
qee abandonarla los pacíficos y honrados; que ejercer 
páblicamenle y á. mansalva, hidalgos y plebeyos, el 
robo y la rapiña; que mirarse como acaecimiento or- 
dioario y común encontrar los caminos sembrados de 
cadáveres; que tener que andar los hombres en cara- 
vanas armadas para librarse de salteadores; que des- 
poblarse los lugares abiertos y quedar deshabitadas y 
yermas las aldeas por ser imposible gozar en ellas de 
seguridad. San Fernando no hubiera podido recono- 
Tersu Castilla; ¿y quién pensaba entonces en poner 
en qecucLon las leyes de Alfonso el Sabio? Pues tal fué 
la situación en qae halló su reino el ondéoimo AI- 



n,g,Uf,ib/G00gIc 



20 IIISTOKIA DE BSPAtA. 

fonso coaado iamó en sa maDO tas riendas del Estado. 
Príncipe de grandes prendas, enérgico y brioso,, 
dotado de do coman capacidad, y amante de la jos- 
ticiael hijo de Fernando IV., pero joven de catorce 
años cuando tomó á su cargo el regimiento del reino, 
no estrañamos ver mezcladas medidas saludables de 
orden, de conveniencia y de tranquilidad pública con 
lijerezas y arbitrariedades, y basta con arranques de 
tiránica craeldad, propios de la inesperiencía y de la 
fogosidad impetuosa de la juventud. Con el buen de- 
seo de restablecer el orden en la administración to- 
maba cuenta al arzobispo de Toledo de los tributos 
y rentas que habia percibido, y le despojaba del car- . 
go de canciller mayor: obraba en esto como principe 
celoso y enérgico. Pero se entregaba de lleno á la con- 
fianza de dos privados, Garcilaso y NuñezOsorío, de 
tos cuales el primero por sus demasías habia de pere- 
cer asesinado por el pueblo en un lugar sagrado, y al 
segundo le habia de condenar él mismo por traidor y 
mandarle quemar: aqui se veía al mancebo inexper- 
to, y al joven impetuoso y arrebatado. Comprendía 
la necesidad de desarmar á los principes y magnates 
revoltosos, y se atraia á don Joan Manuel casándose- 
coa su bija Constanza: en esto obraba como hombre 
político. Pero luego la repudiaba para dar su mano á 
doña Uarfa de Portugal, recluía á la primera en uir 
castillo, y provocaba el resentimiento y el encono de 
sa padre: veiase aquí al joven ó inconstante ó dea- 



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PAATB II. LIDIO ni. SI 

considerado. Propasóse enfrenar la aoarqafa, casti- 
gando severamente á los proceres rebeldes y bullicio* 
sos: nada mas justo ni mas conveniente á la tranqui- 
lidad del reino. Perobalagabaconeogaños á don Juan 
el Tuerto para mandarle matar sin formas de justicia: 
y con dotes de monarca justiciero aparecía vengativo 
y cruel . 

Los suplidos de don Juan el tuerto, de Nuñez 
Osorio, conde de Trastamara, de don Juan Pooce, de 
don Juan de Haro, señor de los Camero», del alcaide 
de Iscar y del maestre de Galatrava, no diremos que 
fuesen inmerecidos, puesto que todos ellos fueron ó 
revoltosos ó desleales: mas la manera arbitraria y 
ruda, la inobservaocia de toda fbrma legal en tan 
sangrientas ejecuciones, no puede disimularse á quien 
dijo en las corles- de Vallddolid de 1325: «Tengo por 
«bien de non mandar matar, ni lisiar, nin despe- 
kcbar, nin tomar á niuguno ninguna cosa de, lo suyo 
»tin wr ante oido é vencido por fuero é por derecho: 
>otrosí, de non mandar prender á ninguno sin guar- 
tdar tu'fuero y su derecho de cada uno <".» Compren- 
demos lo difícil que era en tales tiempos desbacer&e 
por medios legales de tan poderosos rebeldes y de 
tan osados perturbadores. Esto podrá cuando mas ate* 
nuar eb parte, pero nunca justificar tos procedimien- 
tos tiránicos. Es muy común recurrir á la rudeza de 

(O CMd«nos de CórtuptibUcados por la Academia. 



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SS fHSTOni DB BSPAft*. 

los tiempos para basctir discolpa á las tropelías mas 
tnjostiBcables, y querer cubrir con el tupido manto 
de la necesidad loa actos mas violentos y tiráni- 
COS. «Trasladémonos, so dice, á aquellos tiempos.» 
Pues IñenV trasladémonos á aquellos tiempos, y ba- 
Itaremc» ya, no unos monarcas rudos y estraños al 
conocimiento de las leyes naturales y divines, sino 
prfocipe&que eslabledan ell(» nñamos muy sabias y 
muy justas leyes sociales, que consignaban en sus có- 
digos tos derechos mas apreciables de los ciudadanos, 
loa principios y garantías de seguridad real y perso- 
nal ,^ tan lata y tan explfcitamenle como ban podido 
hacerlo los legisladores de las naciones modernas mas 
adelantadas; y que sin embargo, cuando llegaba el 
caso dé obrar, pasaban por encima de sus propias le- 
yes, y mandaban degojlar ó quemar, ó lo ejecataban 
ellos mismos, sin forma de proceso y sin oirlos si joz- 
garlos, á tos que suponiaa y suponemos criminales, y 
se apoderaban de sus bienes. No sino demos elastici- 
dad y ensanche á la ley .de la necesidad, y á fuerza 
de invocarla nos convertiremos sin querer en apolo- 
gistas de Hi tiranía. Nuestra moral es taü severa para 
los antiguos como para los modernos tÍempos> porque 
las leyes naturales han sido y serán siempre las mis- 
mas, y las leyes humanas tampoco se diferenciaban 
ya en este punto. 

Según que crecía en años Alfon^, mejoraba su 
carácter y mejoraba la situación del reino. Enérgico 



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FAaTB ii. umo III. 83 

y TÍgoroBO siempre, pero ya no violento ni atropella- 
do; severameDle justiciero, pero ya mas guardador de 
la ley, y hasta dispensador generoso de la pena, solía 
pndonará los magnates rebeldes después de vencerlos 
y subyugarlos; desmantelaba los mnroB de Lerma, don- 
de (eniasu foco la rebelión, pero se mostraba clemente 
cooeldeLara, y el mismo don luán Manuel no le halló 
sordo á la piedad: resultado de esta conducta fué con- 
vertirse ambos de enemigos en servidores y auxilia- 
res. Otorgando indulto y perdón general por todas las 
muertes y,delÍtos cometidos anteriormente, y decla- 
rando su firme reso.lucion de castigar irremisiblemente 
los que 60 lo sucesivo se perpetraran, hizo cesar las 
guerras entre los nobles y puso término á la anarquía, 
obligándolos á que en lugar de recurrir á las armas 
para dirimir sus diferencias, apelaran á los tribnna- 
les. Haciendo que loa hidalgos Juraran entregar al rey 
los castillos qae teoian por los ricos-hombres siempre 
que aquel los reclamara, minó por so base la gerar- 
qoia feadat, y reivindicó el supremo señorío de la co- 
rona. Merced á esta ioSexible enei^fa el orden se 
restableció en el reino, cesaron los crímenes públicos, 
sometíéronse los turbulentos nobles, el trono recobró 
sn fuerza perdida, la autoridad real se hizo respetar, 
y la monarquía castellana marohaba visiblemente ha- 
cia la unidad. Hasta las provincias de Álava y Viz- 
caya se reunieron bajo una sola mano, y los hon>bre3 
de eek» puses eseocialmente independientes no va- 



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S4 HISTOKIA DB BStifijI. 

cilaroD ea reconocer la soberanía de Alfonso en Vilorta 
y en Goernica, sin renanciar por eso á sns amados 
fueros. 

Sí mérito grande adquirió el undécimo Alfonso 
como restaurador del orden inleríor de la monarqafa, 
no fué menor la ^oria que sopo ganar como guerrero. 
Aun no tenia su tierna mano fuerza para manejar la 
espada, y ya hizo espediciones felices contra los mo- 
ros del reino granadino. Aun no sombreaba la barba 
sn rostro, y ya los reyes de GlraDada y de Marrue- 
cos le respetaban como á príncipe belicoso y bravo.^ 
Si por deslealtad ú por cobardía de nno se perdió Gi- 
brallar, y por las turbulencias interiores no pudo res- 
catarla, costóles por lo menos á los dos emires musot- 
manes la faumillacion de ofrecer la paz al joven monar- 
ca castellano, y de reconocerle de nnevo vasallage el 
de Granada. Revivieron por último con Alfonso XI. 
los buenos tiempos de Castilla, y á orillas del Salado 
volvieron á brotar los laureles de las Navas de Tolosa 
y las palmas de Sevilla, que parecía haberse marchi- 
tado. Repitiéronse á la vista de Tarifa casi los mismos 
prodigios queeo las Navas: aparte de la diferencia de 
lugar, semejaba la jornada de un drama heroico re- 
producida, por los mismos personages con otros nom- 
bres. En la batalla de et Salado y en el sitio de Atge- 
ciras mostraran Alfonso y sus castellanos dos diferen- 
tes especies de valor, ambas en grado heroico. En la 
' primera el valor agresivo, el brío en el acometer, la 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PABTB a. LIBBO III. SS 

bravura ea el pelear; en el aefjuado el valor pasivo. 
la perseverancia, la paciencia, el sofritaiento y la re- 
sgoacion en las privaciooes. en las penalidades, em 
las tribulaciones. Con los trianros de el Salado y de 
Algodras quebrantó Alfonso el poder reunido de los 
musulmanes africanos y andaluces, incomonicó al 
Arñca con España, y dejó aislado el emirato graoadi- 
DOr abandonado á sus propias fuerzas, frente á las mo- 
narquías cristiapas, que tardarán en consumar su ruina 
lo qoe tarde en aparecer en Castilla otro geuo como 
el de Alfonso XI. 

La Providencia no le permitió acabar la conquista 
de Gibraltar. La peste que habia desolado el mundo 
arrebatando la tercera parte de la especie hamana, 
prívó á Castilla de un soberano, á quien siis enemi- 
gos respetaron y temieron vivo, veneraron y elogia- 
FOD muerto. 

Y síd embargo este monarca de tan eminentes 
prendas dejó en berencia á Castilla, á causa de sn ia- 
continencia y de sus incestuosos amores, el mas fu- 
■esto de los legados, el germen de sangrientas guer- 
ras civílea, que apreciaremos debidameole cuando to- 
qoemoB los resultados de aquellas lamentables flaque- 
zas y estravfos. 

m. — En el reinado de Alfonso XI., y en medio de 
las agitaciones ; guerras que le señalaron, se ve pro- 
gresar las instituciones políticas y crecer las preroga- 
tivas populares y la influencia del estado llano. Si 



D,g,t7cdb/COOgIC 



S6 HUTOUA DI UTAftA. 

Fernando IV. en las cortes de ValladoUd de 1307 se 
comprometió á no imponer tributos sia pedirlos A las 
cortes, Alfonso XI., su hijo, en las de Medina del Cam- 
po de 1328; se obligó á do cobrar pechos ó servicios 
especiales ni generales sin que fuesen otorgados por 
todos los procuradores que á ellas viniesen *'>. De tal 
manera respetó Alfonso este derecho, que cuando 
apremiado por la necesidad recurrió al estraordinarío 
servicio de la alcabala, hubo de irla pidiendo á cada 
concejo en particular, ba&la que eo las cortes gene- 
rales de Burgos de 1 342 le fnó coocedida por todos 
los brazos reunidos, y aun asi la fué planteando par-' 
cialmeote en las provincias con asentimiento de los 
concejos. Y aunque el precioso derecho de la seguri- 
dad real y personal foó quebrantado mas de una vez 
por el monarca, escrita estaba esta garantía política, y 
los pueblos castellaoos miraron ya siempre como des- 
afuero toda prisión, muerte ó despojo de un hombre 
antes de ser oido y vencido en juicio, nno de losde- 
rechos mas fundamentales de las moderoas constitu- 
ciones. Joven de catorce años Alfonso cuando otorgó 
estas garantías, nos conSrmanios mas en que las me- 
norías de los reyes, turbulentas y aciagas como sue- 
len ser, favorecen comunmente á la libertad de los 
pueblos y á sus conquistas políticas. 

ü) «Otroii, é lo qae mn pidie- ptimeramentB A corte*, é olorga- 

roQpor merced de les non ocbar do |}or todotlos procuradores que 

ni mandar pagar pecho dosaron- y TiDÍeaem i esto respondo qae lo 

do aÍDguDo eapecial, ai general en tengo por bien i lo olorgo.» 
toda la Dii tierra, aia ser Uamadoa 



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MBTE II. LIBRO III. 27 

rdeotificados no obstante eo ta época que esamt- 
Bamoe los intereses del pueblo y det trono, y necesi- 
taoJo apoyarse múluemente coiitra el poderío y las 
DsarpacioDes déla nobleza, las cortes contríbuian con 
gasto á robustecer el poder real. La prohibición de 
eoagenarlospoeblosó señoríosde realengo; el derecho 
qae se quitó á los nobles de fortiBcar tas vpeñas bra* 
«<u;» la obligación que m impuso á^ losalcaides de los 
ea^llos de entregarlos al rey siempre qae éste tos pí- i 
diera y por quien quiera que los laviesen; los seve- 
ros y ejemplares-escarmientos con que Alfonso XI. cas- 
tigó á tos que se negaron á obedecer y cumplir esta 
medida; todas estas disposiciones y leyes, tan podero- 
sas á dar robustez y unidad al trono y quitar fuerza 
é influjo á la nobleza, hallaban al elemento popular 
dispuesto á prestarles su apoyo, y merced á esta com- 
binación y al empeño y perseverancia del rey, los bu- 
lliciosos magnates tuvieron que convencerse de que 
babiao pasado los tiempos en que podian á mansalva 
rebelarse contra la autoridad real. 

Celebráronse ya las cortes en tiempo de este mo- 
narca con na aparato y ana 'solemnidad que hasta en- 
tonces no se habia acostumbrado. Las de Sevilla de 
4340 presentan un ejemplo det ceremonial que en ellas 
se usaba. Reunidos los prelados, señores y procurado- 
res de las ciudades, sentóse el rey en un estrado co- 
locando á un tado la coronay al otro la espada, y les 
dirigió un largo razoaamiento ó discurso en que espuso 



D,g,t7cdb/COOgIC 



a mnWIA OBBSFAftA. 

el estado del pais y el objeto principal dtí aquella coo- 
gregacioD, espresanrdo lo que á él le parecía que cod- 
TeDdria hacer, pero sometiéodolo á su cousejo: «que 
ellos viesea lo que el rey debia facer, et que leaconseja- 
sen; caélun orne era,et sin todos ellot non podia facer 
mas que por un ome.n Seguidamente salió del palacio 
dejándolos solos, para que disculiesen y deliberasen 
con (oda libertad; apor que ninguno dejase de deár lo 
que entendiesepor miedo del, ninpor vergüensa.* Que- 
daron tas cortes discutiendo, y razonando y emitiendo 
cada cual libreoienle su parecer. Volvió el monarca, y 
tuvo la fortuna de iaclinar con sus razones á la asam- 
blea á segnir el dictamen que él balña propuesto '*'. 
Igoal conducta observó en las de Burgos de 134S: y en 
prueba de la libertad con que los procuradores deli- 
beraban, bástanos citar las sigoentes palabras de la 
Cróoica. cEl los cibdadaoos de Burgos habiendo fabla- 
»do sobre esto que el rey les avia dicho, venieroa al- 
»gunos dellos ante él con poder de su concejo, para 
>darle respuesta de aquello que les avia dicho, et la 
>respuesta era tal, que el rey entendió dellos que non 
■»era su voluntad de lo facer.* Tratábase ya del servi- 
cio de la alcabala para la conquista de Algecíras^ y oída 
aquella respuesta, el rey muy prudentemente y con 
mucha mesura se contentó con decir: Que «él cataría, 
de lo que pudiese aver de sus rentas, y que esperaba 
que muchos por mercedes que les había fecho irían con 

(1) Chron. de Alfonso el Onceno. 



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PAITE n. Lnao ni. 39 

¿U» hasta qae coaTeocidos los prelados y procarado- 
res de la nulidad de aquella conquista y de la resola- 
don del monarca, «otorgáronle todas las alcabalas de 
lodos los sus logares, et pidiéroole merced que las 
mandase arrendar et coger.» Asi se trataban mátua- 
mrate el rey y las cortes en ana época todavía tan 
apartada como aqaella. 

Y^o fué solo eo las cortes donde et estado I(a- 
DO mo^ró el indujo grande que habia adquirido, »no 
que en los consejos del rey era oido y consultado, y 
alternaban ya ios hombres del pueblo con los prela- 
dos y señores. Envalentonados paes con la protección 
de QD monarca, que hacia pechar á los nobles y demo- 
lía sus castillos; alentados con las consideraciones que 
el rey les guardaba oyendo y satisfaciendo sus peti- 
ciones en corles y su consejo en palacio, do es mara- 
villa que aquellos humildes pecheros que hasta el si- 
glo XI. habian vivido bajo la servidumbre de la noble- 
za, llegaran á mediados del XIV. por una especie de 
reacción á abusar de su pujanza basta espulsar de 
o. algunos lugares á sos mismos señores, levantándose 
ya tríbonos populares que excitaban á combatir la 
aristocracia, y qae por el contrario los magnates antes 
tan soberbies sufrieran humHIaciones y tuvieran que 
tascar el Freno ante la fuerza reunida de los dos po- 
deres, el monárquico y el popular. 

Mas donde se ven como compendiadas las tareas 
legislativas del undécimo Alfonso es en las cortes de 



nigiUrrlb/GOOglC 



Sft nUTOllA DI lUrAfiA. 

Alcalá de 1348, notables, no solo por el riguroso oe- 
remonial que ya en la representación nacioDal se- ob- 
servaba, y de qae dá buen testimonio la célebre dis- 
puta sobre preferencia entre los procuradores de Bur- 
gos y de Toledo, sino también y mas príacipalmento 
por la gran revolución que en ellas se hizo en la le- 
gislación del país, y que forma época en la historia 
política de Castilla. Uenos sabio y menos teórico que 
su bisabuelo Alfonso %.., pero con mas lino práctico y 
mas conocedor del estado intelectual- y moral de bu 
paeblo, no aspira como elrey Sabio á hacer de una vez 
una legÍslaci(Hi general para la cual no e^tán prepa- 
rados sus subditos; al contrario, transigiendo hábil- 
mente con todos, publica el célebre Ordenamietito de 
Alcalá, encaminado á dar unidad y robustez á la po- 
testad real, pero ordena que los pleitos que por él 
no puedan librarse lo sean por los Fueros municipales 
ó de conquista, y cuando ni unos ni otros alcancen 
manda que se guarde y observe el código de las Par- 
tidas. Alfonso XI. comprende bien la contradicción 
que existe entre el espíritu de libertad de los Fueros 
y las máximas absolutistas de las Partidas, pero con- 
prende también la adhesión de los pueblos á su le- 
gislación foral, y por eso da el último lugar á las Par- 
tidas, admitiéndolas solo como un código suplementa- 
rio después da haberlas corregido y modificado en al- 
gunos puntos. De este modo, y no escondiéndose á la 
previsión de este gran monarca que la organicacioB 



,,Googlc 



ráxn u. una ni. 31 

social de uo pueblo no puede hacerse de una vez sino 
acomodáadose á las circunstaacias y costumbres, lo- 
gró el doble objeto de hacerle admiUrsÍD repagoaDcia 
una legislacíoo aueva, y dar faerza y carácter de ley 
nacional á la grande obra de Airooso el Sabio, y con 
menoe sabiduría, perp con mas tacto que éste, alcanzó 
lo que al grande autor de las Partidas no le fué dado 
conseguir. 

Comenzó también Alfonso el Onceno la forma- 
ción del libro Becerro de Uu Behetrías, famosa colec- 
ción en que se contienen los derechos de las pobla- 
dcmes castellanas que gozaban del beneficio y privi- 
legio de behetría, que eu otro lugar dejamos ye e»- 
pUcado '". Fué el que cambió el título arábigo de 
abnejarife, por el castellano de tesorero, dejando de 
dar á los jodíos la universal y casi exclusiva interven- 
aon que hasta entonces habiau tenido en la percep- 
ción de las rentas reales. losMtayóse igualmente en su 
tiempo el o6cio y dignidad de alcaide de ¡os donceles^ 
especie de capitán ó gefe de los jóvenes de la clase 
de caballeros ó hijos-dalgo, que se criaban desde 
muy pequeños ea el palacio y cámara del rey, de los 
cuales concurrieron hasta ciento i la batalla de el Sa- 
lado, y se distinguieron y señalaron por su esfuerzo 
y valor™. 

(I) Ea UD graesisimo Tolúmen (2) Porlo meuoiDionlHPar- 
qiiB m eoDMrit en el Archivo ds tida* dl en U« Crónicas h bice 
SimaDcaf,; quehemoittiiiidooca- meocioo de estoa danceleí, ni d4 
«OD de comultar muchas vecOi. su alcaido baiU el reinado de Al- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



32 HISTOBIA DB BSP&Xá. 

IV. — May poco favorables faeraú á las letras los 
áUimos años del siglo XUI. y los primeros del XI Y. 
Ocupados los bombres duraote las procelosas meoo- 
rías de Fernando IV- y Alfonso XI., ya en las luchas 
intestinas, ya en la guerra contra los moros, no es- 
laban los ánimos para dedicarse al cultivo pacífico de 
las letras; y d Idioma, la poesfa< la bella literatura, 
á pesar del graade Impulso que les había comunicado 
el rey Sabio, se ^lacioaaroa, ó mas bien retrocedie- 
roD en vez de progresar. Sin embargo , aunque el 
ejemplo de aquel monarca nó produjo todo el fruto 
que se habría podido esperar y hubiera sido de ape- 
tecer, no fallaron algunos íageníüs privilegiados qae 
consagraron su tiempo á tareas literarias, de las cua- 
les dejaron prnebas que DO carecen de mérito, aten- 
dido lo calamitoso de la época y lo desfavorable de 
ias circunstancias para tales ocupaciones. 

foiuo XI.;; es de presumir que adonde IraUodode AIodM Ber- 
le crbaria Mta clase para aquella laandei, «Icaide de lu doDOelet, 
umpresa, «egua loa reyea lo acoa~ seu el cerco de Algeciraa, dice de 
tumbraban i hacer para tales ca- leata manerBi-^ate alcaide ; ea- 
«08, ; b1 modo qae Saa Fernando >tos donoelet eran bornea que m ' 
instituyó el Cffrgo y dignidad d» ■hablan criado desde may peqa^ 
slmiranle para la ooDauiaia de Se- toos en la cámara del rey y en la 
Tilla, y don Juan 1> el de conde»* >aa merced, y serTiao al rey do 
tablepsrala de Portugal. Era el (bneaUlanteenloqueálleaman- 
que Uaoian atgucos Prwseí domi- idalit, é avian buenos corazonea, 
eeíorum 6 Domiaellorvm cutlot. >é ealoa fueron A comeoiar la pe~ 
«DoDCeles han dicho algunos alea con los moros; é eran faata 
sque son pa^es (dice SaUzar de scien de i caballo que andaban i 
BHendoza, Digpidadea de Castilla, sla guerra. — Buen testo para pro- 
(lib. III., cap. 9.°), y do están en ibarque el alcaide de loa doñee- 
>lo cierto, porque sío duda son >les era capitán, y que loe donoe' 
■gente de guerra, aunque criada ilesno eran pagea, aunque lo bu- 
vea palacio. Esto ae muestra claro ibiesen aido etc.» 

«en la Crónica del rey, cap. S38. 



D,g,t7cdb/COOgIC 



PAITE II. Lino ni. 33 

Tal fué el «lérjgo de Ástorga Jaao Lorenzo de Se- 
gara, autor del poema de Al^andro, en qae refiere 
en verso la historia del héroe de Hacedonia, si lúeD 
con tan poco guato j con toa poca crítica histórica, 
qae en él confaüde lastiorasameote las hechos, usos 
y costumbres de la aatigttedad griega, coa las tradí- 
cioiies y usos de la edad media españtda y del tiempo 
en que él escribía; las ficciones y fábalas de la oiilo- 
logfa con las ceremooias y ritos de la religioD cris- 
tiana, como cuando al acercarse Alejaodro á Jerusa- 
lea, prosiguiendo la conquísla de Asia, hace al obispo 
de aquella ciudad de la Palestíua celebrar una miaa 
para impedir la entrada del conqoistador. Es, no 
obstante, apreciable este poema como an monumento 
curioso en qae se refleja el gasto y espíritu de ta poe- 
sía española en aqael tiempo, y do deja de haber en 
la v,ersificacion algaoa lozanía. 

Don Sancho el Bravo escribió para su heredero en 
el trono un libro de consejos, de que se haa conser- 
vado algunos fragmentos, pero que eu mérito no es 
comparable á oiDgana de las obras de su padre '*'. 

Quien mas se distinguió eo esta época, y escribió 
mas y mejores obras en prosa y en verso» fué el io- 
&ate donjuán Manuel, aquel nieto de San Feruando 
tan inquieto, turbulento y bullicioso, y que tantas 



(1) Se titaliba: CantJgMT do- to, ialítulado el Bravo. Paeden 
comeptospara bien vJTJr, ordena- veno algunoa «atractoaenCMlro, 
d» poc el re; don Saocbg el Cuar- BíblioU, Lom. II. 



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34 HISTOBIA DB BSr&fÍA. 

discordias y rebeliones promovió en ios reinados de 
Femando el Emplazado y de Alfonso et Justiciero. 
Este revoltoso príncipe, qoe pasó treinta años en una 
vida agitada y revuelta, que parecía no deber dejarle 
vagar para consagrarse á ocupaciones literarias, faé 
acaso el ingenio á quien debieron mas ias letras y el 
tdoima castellano en el siglo XIV. Entre las diferentes 
obras que escñbió, puede citarse como la principal 
la titulada El conde Lucanor, que és una colección de 
anécdotas y apólogos, en la cual, báp fonna de diá- 
logo y en estilo sencillo y agradable, se dan reglas y 
consejos muy importantes para conducirse y vivir 
bien. Figura qoe el conde Lucaoor es ud magnate 
poderoso que carece de la suficiente disposición para 
manejarse convenientemente por sf mismo en qssos y 
cuestiones de política y de moral, y el autor ha puesto 
á su lado al consejero Patronio, especie- de Mentor 
que le dirige y enseña como ha de conducirse en cada 
caso que va ocurriendo, y resuelve las cuestiones ó 
dadas con una fábula ó cuento moral, que él llama 
Emcoiemplos, y que juntos forman como una colección 
de máximas eiosóñcas y caballerescas, propias de 
aquel siglo. Su estilo es generalmente grave y ele- 
vado, y el autor muestra en la obra bastante erudi- 
ción. Las anécdotas ó emxiemplos son en número de 
cuarenta y nueve '''. 

H] Eetre otras obras de don ja mérito en tos capítulos anterío- 
Joao MiDuel se citao : Bl CroDí- res: El librode los Estadoi . qai> 
oou, de que nontroi hemos hecho legua Ticknor poede ser el que Ar- 



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Mtra u. uno III. 35 

Añ como el iofonte doa Jmd Ueaaet M quien 
después de doo Alfonso el Sabio calttvó mejor la prosa 
'castellana, síd qoe por eso dejase de ser tambieo . 
poeta, asi quien se seaaló mas por sus obras poéticas 
eo los últimos años de Alfonso XI., fué el arcipresla 
de Hila, ó sea Juan Raíz de Alcalá de flenares. Dis- 
tíngueose las poesías del Arcipreste, ya por la varie- 
dad de sos rneU-os, de que se cuentan hasta, diez y 
seis diferentes, ya por la agudeza, soltura y donaire 
con que están escritas, y ya también, y muy príoci- 
palmeole, por cierta tendencia nada diúmuladá que 
se deacnbre en el autor á la licencia y á la inmorali- 
dad. Aoaqae sns asuntos aparecen i primera vista 
tan variados como los metros, red&cense can todos á 
contar las aventaras amorosas de que parece fué harto 
fecunda la vida del buen eclesiástico, mezcladas con 
algorfas, cuentos, sitiras, refranes, y aun con de- 
vociones, informe amalgama no rara en aquellos 
tiempos. A veces donoso y satEríco, á veces cáustíoo 
y mordaz, muestra un conocimiento profundo del 
corazón humano, y pinta con libre desenfado las cos- 
tumbres y vicios de su época, pero descubriendo á 
cada paso que no era él mismo, en verdad, ningún 



EíM-.i el Libro del Caballero y el don Juan HeDael : Códice de Ik 

Escodefo, que jLrgote baos dos Biblioteca naoioaal de Madrid: 

abraBdiferaotesielTibradaloiGii- Sánchez, Colee, de poesías, etc.: 

gefloa, ó tratado de miquiaBí mi- TickDor, EUt, de ta Uler. espaO-, 

uUfu: Ubro de li Caballería: Li- primera época, cap. A, y la no- 



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36 mSTOllA M «SFA^A. 

modelo de virtud, por lo cual no eslraBamos Ofne el 
arzobispo de Toledo le hiciera sufrir uDa larga pn- 
sioD eotre los aoos 1337 y 1350 <*>. 

El mismo rey Alfooso XI. tan guerrero y lau polí- 
tico, á vueltas de tan gravísimas ateacioaes de su 
tormentoso reinado, no descuidó el fomento de la li- 
teratura, ademas de un Tratado de Caza ó Libro de 
la Montería que se escribió de su orden, mandó tam- 
bién compone, y fuá lo mas importante, las Crónicas 
de sus tres antecesores, ó sea de los tres reinados de 
AlfODSO-el Sabio, Sancho el Bravo y Fernando el Em- 
plazado, que han servido de guia á los historiadores, 
y que generalmente se han atribuido i la pluma de 
Fernán Sánchez de Tobar. De este modo Se continuó 
y anudó la historia de los sucesos de Castilla, que 
desde la Crónica general de Alfonso el SaUo habia 
quedado como interrumpida. A pesar de los err<»tt 
cronológicos de .estas crónicas, de su desaliño y pe- 
sadez, y de que en punto á lenguage y estilo distan 
mucho del que distingue á la General del rey Sabio, 
fueron no obstante de grandísima utilidad, y prueban 

(1 } SoD notables eolre sos poe- ecliigiíetico critica eo pocaa j áa- 

sias al^UDoa apólogos, v robre to- ra* palabrai la avaricia qua deoit 

do la lucba eolre don Carnaval j haber observado en la corte de 

¿003 Cnsreama. Han dejado me- Roma, 
moría loa doa versos eo que este 



Sobre el ardprwte de Hita v¿a- Anuario de la literitora; Vi«a, 
ae á Sánchez, poeaiaa anter. al ai- 1S3S, donde m baila una detenida 
(¡lo XV.— Feraando Woír, en el crllioa de las «braa de este autor. 



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FARTB II. LIBRO III. 37 

qoe Alfooso XI. cuidó de reparar en este puoto el 
descoidó de su padre y abuelo. 

Dijimos antes que la literatura casteilaoa había 
mas bieo retrocedido que progresado desde el décimo 
al undécimo Alfonso; y en efecto, ninguna de las 
obras literarias de esta época que hemos citado igua- 
la en Doérilo á las del célebre autor de la Cróaica ge- 
neral y de las Partidas, que es el mayor leslimonio 
de que aquel ilustrado mqaarca se adelantó á su figlo 
y á la sociedad en quevivia. Se ve, do obstante, que 
m ejemplo no fué del tüdo perdido, y que á pesar de 
lo desfavorable de las circunstancias no faltaban in- 
genios qae se dedicaran al cultivo de la ciencia histó- 
rica y jurídica, de la poesía, y de otros ramos del sa- 
ber humano. 

Tal era el estado material y moral de la monarquía 
y de la .sociedad castellana en la mitad del siglo XIV. 
á la muerte de Alfonso XI y cuando entró arañar 
80 hyo don Pedro. 



nigiUrrlb/GOOglC 



CAPITULO xxin* 

ARAGÓN 

A FIHBS DEL SIGLO XIII. T PRINCIPIOS DBL XtT. 

••1S94 4 1336. 

Cootrarts eotn las dos monarqniai aragoneH y eaftellau. f.— 4i- 
toaoJon áti niao Mtffiait an l« nterior >l *dT«iiimi«ato da doq JiU 
me II.— Brror de esta monarca en haber qoeridu reoair Its coconai 
de Sicilia y Aragón.— Fué causa da que se reaofáraD las auestiooai 
europeas. — La pai de Auagoi < eoiuecoenda de la de Tarascón. — 
Hudanza en ia polUio* del roloo arsgonéa, y qaé fb¿ lo qaa la prodv- 
jo: infloencia de las censuras ecleaiAalicas .—Heroicidad de loa sici- 
lianas f.de doQ Padriqoe, y bumillacioD de Roma.— Cuestión de 
CArcega yCerdeSa-. ti fiíéútil ó perjudicial esta conquists.-Gmba,- 
raioe qne prodigo i AlfooM IV.-^erJQÍoioB para la etosa de laoris- 
tÍBBdad enEapaÜa. R. — Sitnicioa política interior de Arigon^^s- 
tado de la lacha entre el trono ; la noblexa ea el reinado de Jai- 
me R.— Trínoft) de la oorona contra la Onion.— £on qué eleoieutos 
veDoió el moDaroa: nobleza de segundo orden; el Jatlina; los legis- 
tas. — Beepeto delfej y de la nobleza á laB leyea. — Beinado de Al- 
fonso IV.— ^Carácter qne le distingue. — Su empeño imprudente en 
heredar i sns lujoa desmembrando el reino. — Resiatancia y suble- 
vación de hM ratencianot.— ^tasgo dé rnds independencia. — Revoca 
eioDdelaa donaciones.— K apir itu y tendencia de loe puebloa de 
Aragón y de Caalilia hacia la unidad nsoionsl. 

[Notable cootrasle el de las dos graodes moaar- 
qufas españolas! Castilla sigue agitáodose y revolvíén- 
dose deatro de sí misma: Aragoa coalíaúa gastando eo 
empresas esteriores.su vigorosa vitalidad. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



tAvn II. unom. 30 

I. — Virtualmeote anulado por el teslamenlo de Al- 
fonso ni. el ignomiaioso tratado de Tarascón, que- 
daban ea píe las grandes cuestiones que tenían coq- 
movida la Goropa desde la conquista de Sicilia por 
tas armas aragonesas. Aquel mooarca parecía haber 
querido enmendar in articulo mortis el grande error 
de 911 vida, pero era ya tarde. Jaime II. al trasladar- 
se del trono de Sicilia al de Aragón dejando por lo- 
garteniente de aquel' reino á su hermano Fadrique, 
no cumplía ni el tratado de Tarascón, por el cual de- 
bía volver la Sicilia al dominio de la Iglesia , ni el 
testamento de su hermano, por el caal debía quedar 
don Fadrique, no lugarteniente , sino rey de Sicilia. 
No cumpliendo don Jaime ni la una ni la otra disposi- 
ción, descootentti ¿todos, y se embrollaron masen 
lugar de desenredarse las cuestiones europeas. 

Foé un grande error de Jaime II. aspirar á las 
á(s coronas, y creer que podrían reunirse sin peligro 
en. ana sola cabeza. En esto habían sido mas prevíso- 
.res y mas prudentes sus dos predecesores Pedro el 
Grande y Alfonso III. Aragón y Sicilia con dos reyes 
de una misma familia hubieran podido ayudarse y 
robostecerse mutuamente y dar la ley á Roma y á 
Francia. Sicilia agregada á la corona de Aragón era 
na engrandecimieoto embarazoso y eñmero , mas 
propio para lisonjear la vanidad de un rey que útíl y 
provechoso al reino: era i^mper el compromiso del 
Gran Pedro III.; era faltar al testamento del tercer 



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Alfonso , y era en ña atacar la íodependeDcia del 
paeblo siciliano, qae aspiraba ¿ tener y á qnieo se 
había ofrecido dar uq rey propio. 

Coo estos precedenies era natural qae todos re- 
novaran sus antiguas pretensiones y qae Jaime H. 
tuviera contra sí loa miamos enemigos que Alfon- 
so 111. Asi, á pesar de los esfuerzos del nuevo mo- 
narca aragonés, hubo de resignarse á aceptar la paz 
de Aoagoi, consecuencia casi forzosa de la de Taras- 
cón. Por segunda vez fué sacrificada la Sicilia. Este 
abandono babría sido algo mas disculpable, si la in- 
demnización de Córcega y Gerdeña que secreta y co- 
mo vergonzosamente recibía doa Jaime del papa hu- 
biera sido segura: pero el papa do daba sino un de- 
recho nominal sobre dos islas cuya conquista habia 
de costar á Aragón una guerra sangrienta , y habia 
de consumirte muchos hombres y machos tesoros, y 
el aragonés renunciaba á derechos legítimamente 
adquiridos por derechos dadosos 6 eventuales. En 
poco tiempo se víó por dos veces un mismo fenóme- 
no: dos reyes de Aragón abandonando la Sicilia , y 
loa ñcílíanos lachando con todo el mnodo por tener 
an monarca aragonés; y don Fadrique de Aragón 
debió ál esfuerzos de los »cÍlianos el ser rey de Sici- 
lia contra la voluntad y las fuerzas reunidas de Ña- 
póles, de Roma , de Francia y de sn mismo hermano 
don Jaime de Aragón, comprometido por el tratado de 
Anagni & impedir qae se ciñese la corona. 



ü,g,t7cdb/GOOglc 



rAkTBII. LIBRO 111. 4t 

Eo el traseorso de diez años, desde Pedro 111. á 
Jaime II. se ve ana mudanza completa en la política 
de AragoD. Jaime II. restituye á la Iglesia el reiao 
siciliano conquistado por Pedro 111. ; Jaime 11. casa 
con la hija del rey Carlos de Ñapóles, el antiguo ene- 
migo de la casa de Aragón , y antiguo prisionero de 
so padre: Jaime II. se obliga á poner cuarenta gale- 
ras al serTÍcio del rey de Francia , el perseguidor y 
el invasor de la monarquía aragonesa: Jaime U. se 
hace el auxiliar mas decidido de Roma , y es nom- 
brado gonfalonero ó porla-estundarte del gefe de la 
Iglesia, que habia excomulgado y depuesto á su pa- 
dre y dado el reino de Aragón á un principe francés; 
y por último Jaime 0. hace la guerra como á eaemi- 
gos á los únicos amigos naturales de la dinastía ara- 
gonesa, á los sicilianos y á su hermano don Fadrlque. 
Fué, pues, la política y la conduela de don Jaime II. 
de todo punto contraria á la de don Pedro III. Hízo- 
se amigo de todos los enemigos, y enemigo de los uni- 
óos amigos de sn padre. ¿Quién produjo tan estraña 
mudanza? A nuestro juicio nada iafluyó tanto en e^ta 
Tariacion como las censuras lanzadas por los papas 
sobre los reyes y sobre los pueblos del dominio ara 
gonés. Estas censuras, que soportó con impavidez el 
Gran Pedro III., intimidaron al fía á Alfonso III. y á 
Jaime íl,, y los decidieron, mas que el temor á los 
ejércitos coligados de Italia y Francia, á sucumbir á 
las estipulaciones de Tarascón y Anagni. Los rayos 



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Í2 BUTMU DI BSrAltA. 

de la Iglesia, temprano 6 tarde , sartUo siempre su 
efecto. Los papas caidabao de reaovarlos coastanle- 
meote; y entre príncipes emiDeatemeDte cristianos 
como eran los de Aragón si uno manifestaba no te- 
merlos por parecerle ínjastos. ni todos podían ser 
aa, ni podia dejar de venir alguno que se acordara 
de aquello de: s&Uentia pastoris, sive jtuta, sive tn- 
justa, timenda. Si las cortes de Aragón y Cataluña, 
tan amantes de la independencia nacional, ratificaron 
sin dificoltad aquellos tratados ignominiosos en poli- 
tica, Fué porque un pueblo esencialmonte religioso do 
podia ya sufrir el entredicho que desde tantos años 
sobre él pesaba, y estar tanto tiempo segregado del 
gremio de la Iglesia. Estas mismas censuras fueroa 
las que movieron á Juan de Prócida y á Roger de 
Lauria, los -promovedores y sostenedores de la inde- 
pendencia de Sicilia, á abandonar al fin la causa á- 
ciliana , y é conducir las naves y los pendones de 
Roma contra aquel mismo reino por cuya emancipa- 
ción tanto habían trabajado. Las armas espirituales 
eran todavía mas poderosas á cambiar ía política do 
los estados que la fuerza material de los ejércitos. 

Solo los sicilianos y los aragoneses fieles ¿ don 
Fadrique mostraron no temer ni las unas ni los otros. 
Los portadores de los breves pootifícies á Mesina es- 
tuvieron á riesgo de perder sus vidas, y don Fadrique 
con el pequeño pueblo que te aclamaba tuvo valor 
para hacer frente y sostener noa guerra de mar y tíer- , 



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ti%n II. LIBIO III. i3 

ra contra todos los pueblos del Mediodía de Europa. 
Aragón, CataliiDa, Proveoza, Francia, Roma, Ñapó- 
les, y Calabria, qae cubrieron los mares con uno de 
los mas formidables armamentos que jamás se habían 
visto y coa el rey doa Jaime á su cabeza. Vencedor 
don Fadrique con sus «ciliaDos en Siracusa, veocido 
en el cabo Orlando, pero triunfador otra vez en Fal- 
conara y en Mesina, al 6d después de veinte anos de 
erada guerra lodo el poder reunido del Mediodía de 
Europa se vio forzado á ceder ante el esfuerzo de los 
moradores de una isla y ante el valor de un príncipe 
de la casa de Aragón. Por la. paz de 4303 fué recono- 
cido don Fadrique de Aragón rey de Trínaqaia ó de 
Sicilia, y por primera vez al apuntar el siglo XIV. el 
poder de Roma, ante el cual se habían sometido tan- 
tos reyes y emperadores, se doblegó á nn pequeño 
pueblo de Italia y á un infante de Aragón, abandona- 
dos de todo el resto de Europa y h<}rídos de anatema. 
El papa reconoció por rey de Sicilia á Fadrique ó Fe- ' 
derico III-, alzó al reino el entredicho, y la casa de 
AragOD qnedó dominando en Sicilia, á pesar de los 
mismos monarcas aragoneses* 

Perdida Sicilia para Aragón, quedaba la cuestión 
de Córcega y Cerdeña cedidas por el papa. En lo pe- 
rezoso y renitente que anduvo don Jaime para em- 
[H-eoder la conquista de e^as dos islas parecía presen- 
tir lo costosa que babia de serle. Veinte años tardó 
en acometerla, cuando ya el papa mismo intentó re- 



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44- HISTOMIÁ UB B8FÁÍÍA> 

traerle y disuadirle so preteslo de que barta^ guer- 
ras había ya en lacristiaDdad; coosideracíoa que hu- 
biera coavenido mucho la hubiese tenido presente 
Boniracio VIIL' cuaodo le díó la investidura de ellas. 
Pero la resoluciou estaba tomada, y don laíme €□<»>• 
méndó esta espediciou á su hijo el íafaute don Al- 
fonso. Ordeña fué cooquislaJa. porque las armas de 
Aragón triunfabau entonces donde quiera que iban: 
pero falló muy poco para que el prfocipe y todas sus 
gentes quedaran sepultados en el ardiente y húmedo 
suelo de Cerdeoa, víctimas del arrojo de sus babilan- 
les y de la insalubridad del clima. Hartos, sin embar- 
go, sucumbieron en aquella mortífera campaña, y 
era un cuadro bien triste y patético el que ofrecían 
seis mil cadáveres devoradospor la peste, la esposa 
del in&nte de Aragón mirando en torno de sf, y no 
hallando con vida una sola de las damas de su corte- 
jo, el prfocipe su esposo teniendo que dejar el lecho 
del dolor con el ardor de la fiebre para rechazar los 
ataques de los isleños, y no habiendo apenas quien 
cuidara ni de sepultar los muertos, ni de defender los 
vivos, sino oíros hombres escuálidos, enfermos y se- 
mi-moríbundos. Todo to venció, es verdad, la cons- 
tancia aragonesa; pero fué á costa de padecimientos, 
de sacrificios, de caudales y de preciosas víctimas 
humanas. 

Si el valor, la paciencia y la perseverancia que 
emplearon los aragoneses en los sitios de Villa do. 



n,g,t7cdb/G00gIc 



tAvn II. Lino III.' 48 

Iglesias y de Cagtíari, si las fuerzas navales qae ba- 
tÑaD ido aoLes á pelear contra otros aragoneses en las 
aguas de Siracusa, de Ostia, deGaglíaro y de Meai* 
na, 86 hubieran empleado contra los moros de Grana- 
da y de África en udíoo cod los soberanos y los ejér- 
citos de Castilla, la obra de don laime el Conquista- 
dor y de San Fernando hubiera tenido mas breve 
complemento y mas pronto y próspero remate. Pero 
Castilla consumiéndose, en luchas intestinas, Aragón 
gastándose en conquistas lejanas, ó acometían solo 
empresas á medias contra los musulmanes como las de 
Almería y Gibraltar, ó les daban lagar á rehacerse 
y é que ellos se atrevieran á invadir las fronteras 
cristianas. 

Tal aconteció á Alfonso IV. de Aragón á muy po- ' 
co de la muerte de su padre Jaime U. ¥ una vez que 
el ca^llano y el aragonés se hablan concertado ya 
para proseguir la guerra santa, no pudo el de Ara- 
gón hacerla en persona, porque se lo impidió ana 
sablevacion que sobrevino en Cerdeña, y hubo de 
contentarse con enviar en ansilio de Castilla una pe- 
queña flota con los caballeros de las órdenes: todo 
pOT atender á ana isla que no valia lo qne costaba, y 
euyas rentas empeñaban la corona, porque no alcan- 
zaban é cubrir los gastos de conservación. Para esto 
fué necesario sostener una nueva guerra con la repú- 
blica de Genova, guerra encarnizada y sangrienta, 
como snelen serlo las de los pueblos marítimos y mer- 



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i6 BlSTOlU DB BSPAÜA. 

caaUles qao aspirao i dominar los mismos mares, 
que tales era Géoova y Gatataoa. ¿De qué servia que 
los marinos catalaaes dierao ouevas praebas de bu íd* 
ttiligeDcia y de sa arrojo en tas aguas del Mediterrá- 
neo, que las dieran tsmtMea los geaoveses de su ha- 
bilidad y destreza, a se destrozaban entre si y se 
arruinaba el comercio de ambas naciones? Alfonso IV. 
de Aragón oo logró dominar tranquilamente en Cer- 
deña, y las n^ociaciones de paz quedaron pendien-r 
tes para su socesor. 

No era, pues, que follaran á la España cristiana 
elementos para acabar de arregar del territorio de la 
península sus naturales enemigos los sarracenos, 
esos incómodos huéspedes de seis siglos, cuya total 
expulsión debió ser el pensamiento y la obra princi- 
pal de los monarcas cristianos. Elementos para ello 
sobraban; pero empleábanse y se distraían en lo que 
menos relación tenia con aquel objeto. En Castilla 
solo hemos vi^o guerras entre principes de nna mis- 
ma sangre, entre reyes y nobles, entre señores y va- 
satlosi alguna vez se acordaban de los moros como de 
un objeto secundario; las campanas de Alfonso XI. 
fueron una honrosa escepcion. Si t{ueremos hallar la 
fuerza y el poderlo de Aragón, tenemos que ir á 
buscarle en estrañas y apartadas islas, y encontrare- 
mos los marea y los pueblos de Italia, y hasta de 
Grecia y de Turquía, llenos de briosos aragoneses y 
de intrépidos catalanes asombrando al mundo con sus 



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PAKTB 11. tlBlO III. 47 

hazañas, ganando y abandonando reinos, deshacien- 
do DDOS monarcas la obra de los oíros, peleando siem- 
pre coD franceses y napolitanos, con sicilianos y sar- 
dos, con romanos y griegos, muchas veces goerreando 
entre sf y con los rasteljaoos, pocas y por incidencia 
con los moros en auxilio de los cristianos de Castilla. 
Así se eternizaba la gran Ipcba entre cristianos y mu- 
solmaDes, entre españoles y sarracenos. 

U.—La Incha política interior entre las diversas 
clases y poderes del Estado, y principalmente entre 
el trono y la nobleza, cootiouó también en estos dos 
reinados, aunque con mas intervalos y con menos es- 
trato que en los anteriores. Aplazada parecía y co- 
mo adormecida la gran coolieoda entre el rey y los 
ríeos homiH'eá dorante los diez primeros años del rei- 
nado de Jaime II., alimentado y distraído el humor 
belicoso de los aragoneses en las guerras esteríores. 
Mas al apantar el primer año del siglo XIT. renné- 
vase y se reorganiza la terrible Union, casi bajo las 
mismas bases y condiciones que en el precedente rei- 
nado, poniéndose á su cabeza el mismo procorador 
general del reino, coa gran peligro de ta antrnidad 
real. Pero esta vez el monarca se encuentra apoyado 
por la capital del reino, por las cortes, por el Justi- 
cia, qae todos se pronuncian contra la Union, se ligan 
para resistir las devastadoras tropas de los anionis* 
tas, y declaran lalJmon contraria á los fueros del ra- 
no y ¿ tos derechos de la corona. 



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4'S atSTOllA DB KStflJíA. 

iDleresaate' y sublime espectáculo es el que ofre- 
ce 60 este tiempo bajo el punto de vista poKlico el 
reino de Aragón; espectáculo que do ofrecía ea aque- 
lla época otra uaciou alguna. En esta solemne quere- 
lla entre el rey y los ricos-bombres, todos íovocan la 
ley: la nobleza que ataca y la corona que resiste, todos 
apelan, todos se someten al representante de la ley; 
unos y otros llevan su causa al tribunal del Justicia, y 
este supremo magistrado, oídas las partes enjuicio con- 
tradictorio, pronuncia so seoteucia definitiva. Este 
respeto á la ley por parte de dos grandes poderes del 
Estado que se disputan importantes derechos políti- 
cos, por parle de una nobleza acostumbrada á humi- 
llar al tronOr y por parte de -un trono acostumbrado á 
dominar remotos y dilatados reinos, prueba cuan hon- 
das raices había echado en Aragón en medio de tan- 
tas agitaciooes y revueltas et amor á la.legalidad, y ea 
cuan sólidas bases descansaba ya la libertad arag<H)esa. 

Ed esta ocasión el Justicia sentenció contra la 
Union, declarándola ilegal, anulando sus actos, yen- 
tregando las personas y bienes de los rebeldes á la 
merced del rey; y el rey, á pesar de las reclamacio- 
nes de los subldvados, desterró á muchos y privó de 
sus feudos á otros. Comienza pues el Justicia A poner- 
se de parle del rey, y aquella iastitucíoo que hasta 
entonces había favorecido alternativamente á unos y 
á otros partidos, se convierte en instrumento dócil de 
la autoridad real. Asi el privilegio de la Union ar- 



,,.Goo^lc 



rAKTB II. UBBO III. 49 

raneado á AlfoDSO III. viene á ser aoulado en la prác- 
tica por Jaime II. Las corles de Zaragoza se han mos- 
trado ñivorables áiosdeiechos del monarca. ¿Coa 
qué elementos ha coatado doo Jaiíae para triunfar asi 
de la alia nobleza, á que ningún monarca ha podido 
resistir? Don Jaime no ha recurrido para ello al pue- 
blo jÁ tas comunidades como los soberanos de Cas- 
tilla: don Jaime ha buscado ya su apoyo en la nobleza 
de segundo orden, en los caballeros, especie de aris- 
tocracia intermedia creada por sus antecesores, y qae 
por rivalidad á la ríco-hombrfa de natura se ha pues- 
to del lado del trono. Don Jaime con mucha política 
ha buscado tambiea por auxiliares á los legistas, á 
quienes, como San Fernando, ha dado participación 
en su consejo; y el fundador de la universidad de Lé-. 
rida, el que ayudado de un docto juriscoosuUo ha 
puesto en orden la colección de los fueros nacionales, 
ha encontrado á so vez apoyo co una clase que esca- 
seaba en Aragón, pueblo esencialmente conquistador 
y guerrero, la cual ha defendidolas prerogativas de 
la corona con l^ios legales. De este modo don Jai-^ 
me II. de Aragón ha merecido el titulo de Justiciero 
y de amante de la ley, y el pueblo ha visto un testi- 
monio, si no del todo sincero, por lo menos aparente, 
de respeto y de culto á las leyes, confirmado con un 
rasgo de hábU política, coa el destierro de aquel 
hmoao y pérfido legista que había arruinado y empo- 
brecido á tantos litigantes. 

Tono Til. i 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



so HISTOUA UB BSrAÜA. 

Alfooso IV. encontró ta aatorídad real robustecida 
coQ este triunfo legal de su padrcí y por fortuna suya 
la nobleza, durante su débil reiuado, pareció como 
apartada ó retirada de la antigua contienda entre la 
corona y los rícos-bombrea, si bien, como mas ade- 
lante veremos, no hizo sino prepararse á renovar con 
masfurur la pelea eu el reinado siguiente. 

Distingüese el de Alfonso IV. por la tendencia á 
la coQservacioD de la integridad del lerrítorrio y dola 
unidad oaciooal. El decreto ó estatuto con que se pri- 
vó á sí mismo de dar en feudo uiaguna ciudad ó do> 
minio perteneciente á la corona, era laespresionde las 
ideas y de la necesidad de la época. Qnebraotando ese 
mismo decreto én favor de tos bijos de su segunda es- 
posa, doña Leonor de Castilla^ por complacer á una 
madre exijente, dló una prueba de su debilidad, dis- 
gustó y se enagenó los pueblos, y derramó la 'semi- 
lla de largas discordias. Los reyes, hemosdichoantes, 
00 pueden tener pasiones privadas: los reyes, añadi- 
mos ahora, pertenecen á los pueblos antes que á su 
familia. Alfonso IV., reparüeado las ciudades de Va- 
lencia entre los hijos de ud segundo matrimonio, pu- ~ 
do obrar como padre amoroso y como esposo condes- 
ceodieale: pero desmembrando los dominios de la co- 
rona é infringiendo su propio decreto, falló á sus de- 
beres como monarca y ofendió al pueblo; y el pueblo 
aragonés era demasiado libre, demasiado altivo, y 
demasiado ilostrado ya para consentir en que asi se 



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9Éxn II Liuioiu. SI 

boltáran leyes reraentes, liechas en provecho y cod- 
Tenieacia del reino.'Los valeacianos. á quienes mas 
directamente aqaella desmembración perjadicaba, no 
-menos celosos de sus privilegios que los aragonesesi 
se sublevan contra su soberano, y el iofante don Pe- 
dro, hijo del primer matrimonio y heredero legitimo 
de la corona, concibe un odio mortal contra su ma- 
drastra, causa y móvil de tas ilegales é injustificadas 
preferencias de su padre. De este modo la. indiscreta 
y apasionada predilección de un rey produce una goei* 
ra civil y una guerra doméstica; da ocasión á que se 
insurreccione el pueblo, mal que lamentaremos siem- 
pre, y lleva la discordia al seno de la familia real> 
mal de por sf harto d^lorable. A la prudencia de los 
soberanos toca evitar estos males y prevenirlos. Lo 
peor era que la razón y la justicia estaban esta vez de 
parte del pueblo' perjudicado y del infante ofendido. 
Jamás se oyó lenguaje mas rudo, mas enérgico, 
mas atrevido de -boca de un hombre del pueblo ha- 
blando á su soberano, que el que asé Guillen de Vioa- 
tea cuando fué á exponer al monarca á la faz de toda 
la certa que el pueblo valenciano estaba resuelto á oo 
consentir tales donaciones hechas en detrimento -de la 
fuerza y de la integridad del reino. La protesta de 
qae antes se dejarian todos segar las gargantas que 
acceder á que un rey de Aragón desmembrara y de- 
bilitara asi la monarquía , era ya un rasgo de enérgica 
y roda independencia difícilmente tolerable por qd 



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52 BISTORIA DB B^PASa. 

monarca de parle de ua subdito: pero la amenaza de 
que si alguD oficial de palacio se propasaba á atacar 
ú ofender á alguQo de la conrederacion pop'ilar estu- 
viera cierto de que caeríaa rodaado las cabezas de to- 
dos los de la corte, sin perdooar ó escepluar siao aj 
rey, la reina y los iafaDles, fué ea verdad el colmo 
de la audacia. Desdichados los principes á qaienes sus 
debilidades ponen en el caso , y trance de snfrir tales 
desacatos. El rey se intimidó, y las donaciones fue- 
ron, por entonces rerocadas é^ pesar de la oposicioo va- 
ronil de la reina y de tas conminaciones con la ven* 
ganza de su hermano el rey de Castilla. 

Lo que de estos hechos se deduce y hace mas á 
nuestro propósito es la tendencia á la nnidad política 
y nacional que desde los principios del siglo XIV. se 
observa asi en Castilla como en Aragoo. Las leyes he- 
chas en cortes por los monarcas castellanos prohibien- 
do la enagenacioD de loa pueblos de realengo, ponien- 
do coto al engrandecimiento de los señoríos y á la 
acumulación de bienes en manos muertas: la prohibi- 
ción de repartir y fraccionar los dominios de la coro- 
na, consignada ya en la legislación de Castilla hecha 
por uD monarca y mandada observar por otro: la pri- 
vación de dar en feudos la villas y lugares del reino á 
que se obligó un monarca aragonés: la sublevación 
que produjo en el pueblo la imprudente infracción de 
aquel estatuto, aun habiendo querido legitimarla con 
la dispensa y autorizacioo de la Santa Sede, y la re- 



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rARTB II. LIBRO III. S3 

Tocación de las donaciones á que aquel príncipe se vio 
forzado, todo revela que el insLinlo, y las ideas, y el 
espíritu publico, asi en Aragoa como en Castilla, se ma- 
Difestaba y pronunciaba ya en et siglo XIV. en favor 
de la unidad oacional, de la centralizacioa del poder, 
y de la iategridad de cada monarquía. Este era ya un 
grao adelanto eo la organización social de los esta- 
dos; y bajo este aspecto, reinados ó escasos ó estéri- 
les &t conquistas y en - hechos ruidosos, son de gran 
importaocia é interés en el érüen público. 

Las querellas que la predilección apasionada y las 
doDaciones imprudentes de Alfonso IV. de Aragón á 
ios hijos de su segunda muger provocaron entre la 
mna y el infante don Pedro, dieron lugar y ocasión 
á que se descubriera el carácter enérgico y sagaz, la 
ambición precoz, la inflexible fírmeza, la Índole ar- 
tera y doble de aquel príncipe, que tan luego como 
empuñara el cetro habia de eclipsar y oscurecer los 
nombres y los reinados de sus predecesores. 



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€AP1TI]L0 XIV. 

PEDRO IV. (el CeremoDioso) EN ARAGÓN. 

*« 1335 é «387. 

CuottioB «DtrcMtalanu; aragoQflSM MbrflelpoutoeDqaebabiade 
eer coronado— Es jurado an Zarsgois.— Enojo de lot catalaneg.^ 
Odio profundo del rey i doüa Leonor de Caatilla, lu madrastra, y á 
loa bfaotes don Fernando ; doo Juan, aaa hermaaoii persecDCioa 
qaa lea iiiae*e: guerra civil: parto quetoma el deCattillaen'eBto 
negocio: mediación para la paz: juicio y aenteooia do irbitroa.— Con- 
docla del aragonés en las eapediciones de Algeciraa y Gibraltar.— 
Caaa con la iobota doña Uarla da Navarra: estrañaa coadicioosi de 
este enlace.— Ruidoso proceso que movid contra su cuñado don Jai- 
me U.de Uailorca.— Artificiou conducta dedon Pedro para arruinar 
al laaüorqain. — Mañosas □egociacioQea coa el de Francia y con el de 
Mallorca: grave acosacioa que bace i éste; malicia de don Pedroi y 
bita de discreción de don Jaime.— Sentencia de privación dri reino 
oonlrs el de HaUorc*.— Apodérase el aragonés do esta isla. — Despá- 
jale del Bosellou y la Cerdaña. — Últimos esfuerzos y desgraciada 
muerto de don Jaime: el reino de Mallorca queda iocwporado á la 
corona de Aragón.— Proceso contra tu hermane don Jaime-, prívale 
de la gobernación general y de la sucesión al trono.— Levantamiento 
en Valencia y Aragón en Tavor del infBnte.^> redama ae otra vei la 
Union. — Guerra civil en Aragón y Valencia, la mas sangrieola de to- 
das.— Apnros, confliotOB y sitnacionea criticas y humillantes en que 
se vio el rey. — Célebres Cdrtoa de Zaragoza: jura ol Privilegio de la 
Union.— AatntB, pero poco noble política de don Pedro.— Muere et 
inbnte don Jaime, oon sospechas de haber sido envenenado por su 
faermaao.— Disidencias entre los de la Union: partido realista. — En- 
ciéodeae mas la guerra: combates.— Cautiverio del rey en Valeijpia: 
como salió deál.— Ejércitos unionietas y realistas: angustiosa y la- 
mentable ailaadOQ del reino.— Hemoiable batalla ds Epila, en qae 



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MKTB II. UUO III. B& 

qnedd defiatUiament» derrotadi li bandera dnU UnioD.-4ártes d< 
Zaragoza: raaga el rey bq ellas el Privilegio de la ünion con sd pu- 
ñal: UdniaDle don Pedro el lUl Puüal.— Coofiroia laa aDtigua* li- 
iMrUdMdel reino.— la dolto general: horribles sap lie i oa pa reíales.— 
ll»a>ateBCÍad»laa«alancisDoa.— Aoibaaelambieacon la Uoioo en 
Valeocis: perdón f caatigoa. — Matrimoaioa del rey- — Asuntoa de 
CerdeDaydeSicilia.—ReTolucionesy guerras en aquellas ¡alas:com-' 
bat«* BBTalea: aliancaa, pacas, rompimientoa, tratados.— Célebre 
batalla naTaleotre catalaaes, geaovesea, veaaciaaoa y griegos es 
las aguas de ConstaDlÍHopla. — SaerlGcioa que costaba á Aragoo la 
precaria poseeioa de Cerdeña.— Grandes novedades eu Sicilia: bOíc- 
tita aitaaoion de aquel reino.— Ínter vene ion del monarca aragonés: 
eoTÍo de armadas: e al acea de principes.— Reclama parail alde Ara- 
gón la corona de Sicilia ; con qué derecho. — Oposicioa del papa; in- 
sistencia del aragonés: cede el trono de Sicilia i suiíijc don Uartin, 
y coa qoé condiciones. — Cnarloy illimo matrimonio del rey don Po- 
dro: discordias que trajo al seno de la bmjlia re.il. —Persiguen el 
rey y lareinaJí losinfantesüon Juan y don Hartia. — Amarguras y 
sinsaborraque acibararon los últimos momentos del monarca: fuga de 
la reina: situación notable. — Muerte de don Pedro IV.— 4>or qué ea 
Ibniado «I Csrsnumiato. 



iFoé la coDdicíoD del rey dou Pedro (dice el jui- 
kcioso Geróaimo de Zurila hablandode este monarca), 
uy 3D naturaleza tan perversa é ioclíoada al mal. qae 
»eD niagñoa cosa se señaló taolo, ni puso mayor fuer- 
>za, como en perseguir su propia sangre. El comienzo 
»de BD reinado turo principio en desheredar á los 
«infantes don Fernando y don luao, sus hermaDos, 
>y á la rana doña Leonor, su madre, por una causa 
«ni muy legitíma ni tampoco honesta , y procuró 
■cnanto pado destruirlos: y cuando aquello no se pu- 
>do acabar por irle á la mano el rey de Castilla, qiie 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



B6 RIBTOUA DB RfirAÍA. 

Hlomó á sa cargo la defensa de la reina sa hermana, 
»y de sus sobrinos, y de sus estados , revolvió de tal 
«manera contra el rey de Mallorca, que no paró, con 
»serle tan deudo y su cuñado, hasta que aquel prfn- 
»GÍpe se perdió; y él incorporó el reino de Mallorca, 
Ky los condados de Rosellon y Cerdaña en su corona. 
«Apenas habia acabado de echar de Rosellon el rey de 
■Mallorca, y ya trataba como pudiese volver ásu anti- 
»gua contienda de deshacer las donaciones que el rey 
»su padre hizo 6 sus hermanos: y porque era peligro- 
Bso negocio intentar lo comenzado contra los ¡orantes 
»don Fernando y don Juan, y era romper de nuevo 
«guerra con el rey de Castilla, determinó de haberlas 
>coa el iufante don Jaime, su hermano, y contra él 
>se indignó, cuanto yo conjeturo por particular odio 
«que contra él concibió, sospechando que se inclinaba 
»¿ favorecer al rey de Mallorca: porque es cierto que 
«ninguno creyó, ni aun de los que eraa sos enemí> 
»gos, que el rey usara de tanto rigor en desheredarle 
«de so patrimonio tan inhumanamente; y finalmente, 
■ «muertos sus hermanos, el uno con veneno y loa otros 
«á cuchillo, cuando se vio libre de otras guerras en 
«Icpostrerode su reinado, entendió en perseguir al 
«conde de Urgel, su sobrino, al conde de Ampurías, 
>sn primo: y acabó la vida persiguiendo y procn- 
•rando la muerte de su propio hijo, que era el pri- 
«mogénito <'>.» 

(1) Zurita, Anal, de Arig. líb. VIIU, c. K. 



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ruTB 11. uBio III. 57 

Asi compendia el cronista aragonés algunos de 
los principales hechos qae caractenzan mas la índole 
y carácter de don Pedro IV de Aragón, uno de los 
mas célebres monarcas de este reino. Nosotros da* 
remos cuenta del orden con que se faeron desarro- 
llando los importantes sucesos de un reinado que pue- 
de contarse en el número de aquellos ea que se de> 
cide y &ja casi definitivamente la suerte y el desUoo 
de una monarquía. 

EopeñébaosQ los condes y barones catalanes, y 
entre ellos los infantes don Pedro y don Ramón Be- 
rengner, tíos del príncipe heredero, en que antes de 
coronarse en Aragón habia de ir personalmente á 
Barcelona á jurar los Usages de Cataluña, pretendien- 
do ser esta la costumbre observada por sus anteceso- 
res. Noticiosos de ello los ricos-hombres aragoneses, y 
entre ellos el inlante don Jaime, hermano del pr(a- 
cipe, requiriéronle para que ante todo jurase en cor- 
tes los fueros de Aragón, asi como el estatuto del rey 
don Jaime, su abuelo, sobre la unión de los reinos 
de Aragón y Valencia y condado do Barcelona. Mo- 
vióse sobreesté gran coaiieoda: don Pedro se decidió 
en favor de los aragoneses, y en su virtud, jurados 
los fueros y privilegios del reino en Zaragoza, se ce- 
lebró con gran pompa la tiesta de su coronación, que 
fué ademas solemnizada con un suntuoso banquete ea 
la Aljaferfa, á que asistieron basta diez mil convida- 
dos. Notóse, no obstante, en esta fastuosa ceremonia 



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68 inSTOBU DR RSVAfiA. 

la falta de los íofaotea, prelados y barones cata- 
lanes, que 00 quisieroo concurrir, y se retiraron 
sentidos de la preferencia -dada á los de Aragón. 
Asi coaodo el nuevo monarca procedió á proveer 
los oficios de Calalnña, sus provisiones no fue- 
ron al proDlo obedecidas en algunos pueblos. Sus- 
citóse luego igual disputa entre valencianos y ca- 
talanes sobre la mistna pretensión de preferen- 
cia. £1 rey atendió primero á los de Cataluña, 
mas como para jurarles y coofirmarles sus usages 
y privilegios ouivocase corles para Lérida en lu- 
gar de Barcelona, cabeza del condado y donde se 
liabia verificado siempre, tuviéronso de nuevo por 
ofendidos los catalanes, y comenzó el rey á ser ge- 
neralmente malquisto y odiado de ellos. Seguida- 
mente pasó á Valencia, no tanto en verdad por el 
afaa de confirmar los fueros de este reino, como por 
atender y proceder contra los partidarios de su ma- 
drastra doña LooDor, asunto que tanto le habia preo- 
cupado siendo principe, y para prevenir un rompi- 
loiento con Alfonso XI. dé Castilla, que estaba dis- 
puesto á sostener con las armas los derechos de su 
hermana. A este efecto procuró también don Pedro 
de Aragón confirmar con el rey Yussuf de Granada 
una tregua de cinco años. 

Ia aversión qne siendo principo habia mostrado 
siempre hacia la segunda esposa de su padre prosi- 
guió y aun creció siendo rey, y la cuestión de las 



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PAKTS U. LIBKO 111. 5!) 

donacioDes de Alfonso IV. á doña Leooor y á sus dos 
hijos los iafiíQtes doa Fernando y don Juan continuó 
siendo causa de serias negociaolones y graves distur- 
bios. Diversas veces le requirió el rey Alfonso XI- 
de Castilla y le envió diferentes embajadas, para que 
respetando el testamento de su padre confirmase d 
la reina viuda y á los infantes sos hijos las donacio- 
nes de las villas y castillos que aquel les había he- 
cho. Contestaba siempre el aragonés que estaba dis- 
puesto á h(uirar y tratar á la reina doña Leonor como 
madre y á loa infantes como hermanos; mas á vuel- 
tas de tan buenas palabras y so protesto de no poder- 
se publicar el testamento de su padre por ausencia 
de algunos testamentarios, concluía siempre por alegar 
alguna causa especiosa que le Impedía dar cumpli- 
miento á las demandas del de Castilla; que era el 
aragonés, aunque joven, mañoso y diestro en artifi- 
dos cuando se proponía eludir ó compromisos ú obli- 
gaciones. 

Procurando entretener con engañosas protestas, 
pero estudiando los medios y ocasiones de arruinar á 
so QKtdrastra y de desheredar á sus hermanos, re- 
solvió proceder contra don Pedro de Exerica, pode- 
roso magnate valenciano, señor de grandes estados y 
el partidario mas decidido de la reina doña Leonor; y 
con achaque de no haber asistido á las cortes que 
mandó celebrar en Valencia, á pesar de reclamar 
Exerica el fuero de Aragón de que gozaba y quo lo- 



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60 RUTOKU DB B8PÁÜA. 

eximia de asistir i las cortes valeaciaDas, el rey rnaa- 
dó secuestrar todas las rentas de la reiDa y todos io^ 
estados de doa Pedro. Eq sq consecaeDcia trató de 
apoderarse de las villas y castillos del rico magnate; 
resistiólo éste cod valor y energía, y una guerra ci- 
vil entre el rey y su poderoso vasallo se encendió 
por cerca de tres años en las fronteras de Valencia y 
Castilla. Los mismos ricos-hombres aragoneses de la 
mesnada real se deteniao ante las razones legales 
COD que se escudaba don Pedro de Exerica , y la reina 
doña Leonor y sus bijos contaban con la proteccioa 
decidida del monarca castellano. Este principe, el in- 
Tanledon Pedro de Aragón, tío del rey, el iofaDle ddn 
Juan Manuel de Castilla, juntamente con los legados 
del papa enviados espresatnente á Aragón, lodos 
procuraron mediar entre don Pedro y su madrastra, 
entre el soberano aragonés y el señor de Exerica, 
estorbar la guerra que amenazaba con Castilla, y po- 
ner término á las odiosas disensiones que traían con- 
movido el pais valenciano, perturbado y dividido el 
reino de Aragón, y agitadas ambas monarquías ara- 
gonesa y castellana. Viese, pues, el joven y obstina- 
do monarca aragonés, á pesar de su odio profundo 
á doña Leonor y sus hijos, á don Pedro de Exerica y 
á los de so bando, en el caso y necesidad de convo- 
car varios parlamentos y cortes para tratar de ave- 
nencia, que se celebraron sacesivamente en Caslelloni 
en Gandesa y en Daroca, donde se juntaron, adc- 



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PABTB II. LIBIO 111. 61 

mas de los ricos-hooibras y prelados de los reíaos, 
todos tos mediadores para la paz, iaclusos tos nun- 
cios apostólicos. Deliberóse por último en Daroca (oc- 
tabre, 1338] someter el asanto al juicio y falto de 
dos arbitros, qae lo Taeroa por Aragón el inraote don 
Pedro, por Castilla el inraote doa Juan Manuel. Sen- 
tenciaron estos, como medio úpico para concordar 
tan lamentables diferencias, que el rey de Aragón y 
don Pedro de Exerica se perdonasen mutuamente los 
daoosy ofensas que se hubiesen hecbo desde la muer- 
te del rey don Alfonso: que se alzase al de Exerica el 
secuestro de todos sus bienes, y fuese de nuevo reci- 
bido al servicio del rey: que la reina doña Leonor y 
sos hijos tos infantes don Fernando y don Juan con- 
üaaasen en la posesión de las reatas y lugares que 
so esposo y padre respectivamente les babia dejado, 
aonqoe conservando el rey sobre ellos la alta y baja 
jurisdicción. 

De mala gana, y mas por fnerza que por voluntad 
se soDoetió el rey don Pedro IV. de Aragón á las con- 
diciones de la concordia y del fallo arbitral, y harto 
lo demostró despnes, como mas adelante veremos, 
no dejando de perseguir á la reina y á sus hermanos. 
Difícilmente en verdad hubiera accedido á tal recon- 
ciliación, á pesar de los esfuerzos de tantos mediado- 
res, si no se hubiera agregado otra causa mas pode- 
rosa que todas, la alarma que en aquel tiempo pro- 
dujo en los principes españoles la formidable invasión 



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62 mSTOBU DE ESPAÜA. 

del rey musuloian de Marruecos que entonces ame- 
nazaba; aquet postrer esfuerzo del islamismo africa- 
no, que obligó á Icís reyes cristianos de España á 
concordarse entre sf para resistir de consuno á la in- 
numerable morisma. Pero nunca bien apagadas las 
reyertas, y nunca amigo sincero el de Aragón del de 
Castilla, pareció haber dejado de intento caer todo el 
peso de aquella guerra sobre este úllimo reino; y asi 
se esplica aquella flojedad que notamos en el rey de 
Aragón como auxiliar del castellano, cuando dimos 
cuenta de las gloriosas espediciones, batallas y con- 
quistas del Salado, de Algeciras y de Gibraltar, y 
aijuellas retiradas de las escuadras aragonesas cuando 
parecía ser mas necesarias y estar mas empeñada la 
pelea entre españoles y africanos <''. 

Habíase pactado en este intermedio el matrimo- 
nio del rey don Pedro IV de Aragón coa la infanta 
dona Marfa, bija de los reyes de Navarra. Aconteció 
en este negocio un caso esiraño y muy digno de no- 
tarse. Habíase ya tratado en vida de don Alfonso IV. 
el casamiento del príncipe don Pedro coadoñaluanat 
hija mayor de los reyes navarros. Conviniéronse des- 
pués los dos monarcas en que la esposa del aragonés 
fuese doña María, la bija segunda, á condición de 
que si los reyes de Navarra do dejasen bijos varones 
fuese la bija menor preferida á la mayor en la suce- 
^on del reino, el cual seguirían heredando los qae 

(l) Zorita, AdbI., [ib. Vil., cap. 30 á 41. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



pixn ti. Lino III. 63 

nacierea de esle malrimonío. Admira ciertamente la 
lacilidad con que los prelados, caballeros y procura- 
dores de las ciudades y villas de Navarra aprobaron 
esta alteración laa esencial en las condiciones natu- 
rales del órdea de sacesioa at trono, sin que los cro- 
nistas de aquel reino den para etlo otra causa ó razón 
sino la de ser la edad de doña Marta mas adecuada á 
la del rey de Aragón que la de doña Juana; pero 
prueba inequívoca al propio tiempo de la soberanía 
qne en aquella época se creían facultados á ejercer 
los pneblos en estas materias. Es lo cierto que con 
esta condición se celebraron los desposorios de los dos 
[M-incIpes (1337), y qae''cumplidos por la infanta los 
doce años, se efectuaron mas adelante las bo- 
das (133S], siendo recibida la jóvén reina navarra en 
Zaragoza con públicos y grandes regocijos. 

Comenzó la pcrsecocion que hemos apuntado de 
Pedro IV. de Aragón contra so cuñado Jaime II. de 
Uallorca por la tardanza de éste en hacer el recono- 
cimieoto y juramento de homeoage que debía al ara- 
gonés en razón at feudo de aquel reino. Diversas ve- 
ces le citó y requirió el de Aragón para que compa- 
redese á jurarle la debida fidelidad, y siempre el de 
Mallorca buscaba y discurría prelestos para diferirlo. 
AI fin. en 1 339 se decidió á venir á Barcelona á pres- 
tar el homenage, cuya ceremonia pidió que do se hi- 
(ñese delante de todo el pueblo, pero en la cual halló 
todavía el de Aragón manera y artificio para hami- 



n,9t7cdb/G00gIc 



64 HISTOBIA DB BS^aSa. 

liarle '*'. Por esto, y por ser los dos prlocipes jóvenes 
y altivos, y llevar el uno de mal grado su dependen- 
cia, y DO sufrir el otro con paciencia que aquel reino ' 
estuviese como segregado de la corona de Aragón, 
separáronse después de aquella ceretnoaía tan poco 
amigos y tan mal predispuestos á serlo como esta- 
ban antes. Sobrevino á poco tiempo un incidente en 
que ambos monarcas dieron un grave escándalo, y 
estuvieron á punto de darle mucho-mayor aan. Habia 
ido el aragonés á Avignon á hacer reconocimirato de 
feudo y homenage al papa B^edicto XII. por el mno 
de Cerdeña y Córcega, y habíale acompañado el de 
Mallorca en este viage. Hízolesel papa un recibimiento 
suntuoso. El día destinado para prestar el juramento 
marchaban los dos reyes á la par hacia el sacro pa- 
lacio en medio de un brillante cortejo. El caballero 
que llevaba de la brida el caballo del de Mallorca, 
pareciéodole que el del rey de Aragón iba demasia- 
damente gallardo y que se le adelantaba, propasóse á 
descargar algunos palos sobre el caballo y sobre el 
palafrenero. El rey de Aragón cuya irrascibilidad ne- 
cesitaba poco para ser escitada, echó mano á la es- 
pada para herir al de Mallorca, de quien se figuró 
qne no habia sentido el desacato. Por fortuna, aun- 
que lo intentó tres veces, no pudo arrancar de la 

(1) Primeramanle le hizo e«- maño, de los cuslei dettioó «1 me- 

tsr en pie ud baeo espacio de norparaque bd élnaeotara»! de 

tiempo; aeipnei hiio llevar de aa Mallorca, 
cimara dos coginea dedesigunl ta- 



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pura (I. LiBto iit. 66 

vaioa el acero, y dio lugar á que el íarante doa Pe- 
dro padiera aplacarle coa prudentes y oportunas ra- 
zones, y merced á esto se efecloó la ceremoDÍa, cod- 
cluida la cual, cada oao de los monarcas regresó á sus 
eslados "K 

Fuese por reseotimieDto de estas reyertas, fuese 
' qoe recelara el de Aragón de la fidelidad del de Ma- 
llorca, ó lo qae creemos y aparece mas probable, 
que desde el principio le mirara con cierto aborreci- 
miento porque no le hallaba tan sumiso y subordina- 
do como creía le debería ser, deseaba una ocasión en 
qae vengarse y perderle, y esta ocasión no lardó eo 
preseolarse. El rey de Francia Felipe de Valois re- 
clamó de Jaime II. de Mallorca le reconociese y pres- 
tase homenage por el señorío de Hontpeller, alegan- 
do para ello antiguos derechos. Negábalos el de Ma- 
llorca, y sobre su negativa determinó el francés in- 
vadir aquel territorio, y escribió al de Aragón para que 
DO diese ayuda á don Jaime. Este por su parte requi- 
rió diferentes veces al aragonés para que lé ampara- 
se y protegiese contra las pretensiones del de Fran- 
cia, ya como directo señor del feudo, ya como her- 
mano de su esposa, y ya también con arreglo á las 
convenciones y pactos que ligaban á los dos reinos y 
á las dos familias de la casa de Aragón. Una palabra 
del aragonés hubiera podido ciertamente detener al 

i*) Crónica del r'eT don Pe- broVll.c. 4». 
dío tV., p. 1X3.— Zur. AdbI. li- 

ToMO vil, 5 



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6o IDSTOHA DB KPANA. 

rey Felipe eo sos ^reteosioaes y evitar ta guerra que 
ameDazaba, mas no entraba esto en los planes de| 

. rey don Pedro, antes ood mañosa astucia procuraba 
eludir la cuestíon eatreteoiendo coa respuestas am- . 
biguas á los dos conteodieotes, sÍd que ai las iastan- 
ciasy reqaerimienlos, oí las embajadas apremiantes, 
DÍ las rislasque coa él lavo d de Mallorca, bastasen 
á arrancarle ai uo auxilio positivo, ni siquiera aoa 
GootestacioQ sati^actoría. Las tropas francesas ame- 
nazaban ya el Bosellon, y doo Jaime se creyó en el 
caso de declarar la guerra al francés confiado eo que 
no podia Gillaríe ^ auxilio de su inmediato deudo y 
soberano el de Aragón; pero éste en vez de darle so- 

. corro le repreodia por la impradeocia coa que se me- 
tia en aquella guerra. Noevameote instado por el de 
Mallorca, qae cada éioi se veia en mayor apuro, con- 
tedle por fio que convendría se viesen en Barcelo- 
na para atediados del próximo febrero (1341), á fin 
de poder deliberar sabn aquel negocio. Bien conocía 
el artifidoso aragonés que no le era posible al ma- 
llorquia comparecer á la cita en tales circunstancias, 
abandonando su terrtiorío amenazado, como eo efecto 
no acudió; pero asi le cofivenia para hacerle de ello un 
cargo y tener no fuodameoto para el famoso proceso 
y ca[rftalo de culpas que contra él inventó. 

Reunió pues el de Aragón su consejo, y mañosa- 
mente le indujo á que se convocaran cortes de cata- 
lanes en Barcelona, á las cuales se mandó llamar al 



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VAITBII. Linoui. S7 

de Mallorca señaláadole uq término deatro del cual 
hubiese de comparecer penooalmente como era obli- 
gado, y si DO lo campliese se ooQsideraria relevado 
el aragonés de las coadicioae» del feudo y de la obli- 
gacioD de valerle y ampararle. El malicioBO espe- 
dieoie, de que el rey se alaba en la cróaica escrita 
por él mismo, produjo el efecto que iba buscando. 
DoD Jaime so concurrió á las cortes ai pw sí oi por 
procurador, y don Pedro le acusó por ello de subdito 
desobedieole y cootuniaz, á cuya acusación agregó la 
de que había quebrantado el pacto y prohibición de 
batir en el condado de Roselloq otra moneda que no 
foeae la barcelonesa. Descubríase pues ya bien á las 
claras la intención y propósito de tratar al esposo de 
so bertnauB como rebelde, y el designio de apoderar- 
se del rew) de Mallorca y de los condados de Rose- 
lloo y Cárdena. Notioioso de esta discordia ^ papa 
Clemente VI. qne había sácelo á Benito XII. enrió 
eqtresamenle «a naacio apostólico para que viraa de 
concordar i los dos monarcas españoles, y el de Ma- 
llorca por su parte, babieodo recibido una citación so- 
lemne en Perpííian, determinó veoir á Barcelona 
acompañado de la reiea doña Constanza, esperanzado 
de qne esta señora alcaozaria á desenojar á su herma- 
ao, en unión coa el legado poatifieio. Pero el astuto 
aragonés divulgó, y asi lo refiere él mismo ea su Cró- 
nica, qne la venida de los reyes sos bermauos envol- 
vía el designio alevoso dé apoderarse por medio de 



n,g,t7cdb/G00gIc 



68 HI8T0BIA DE BSPAJÍA. 

uoa eslratagema de su persooa y de los ÍDfaQtes. Ni 
el pueblo entonces, ni la historia después díeroa eré- 
dito á esta especie, antes se consideró como un ardid 
dal monarca, por mas que él difundió la voz de ba" 
berle hecho el descubrimleato de esta maquinación uq 
religioso, y habérsela cooresado después la misma rei- 
na de Mallorca su hermana <*>. Por último, informado 
don Jaime de las matas disposiciones de su cañado, se 
presentó á él para declararle que do se reconocía feu- 
datario suyo, y partióse bruscameole para su? estados, 
dejando á la reina en poder de don Pedro. También 
el legado del papa regresó á Avigoon para informar 
al pontífice de la inutilidad de sus gestioues en favor 
de la paz(13i3). 

Ciertamente no anduvo el de Mallorca ni discreto 
ni bien aconsejado en este negocio, y alegrábase no 
poco el astuto aragonés de verle precipitarse por ej 
camino de su perdición. Asi fué que haciendo activar 
el proceso, se pronunció sentencia solemne y defini- 
tiva contra don Jaime II. de Mallorca, declarándole 



sisuienta. Los rufei de Uallorci 

habiaa de fingirse ooferioos. Su- ._ 

poniendo que el de Aragoo no de- la nciai hacen ioTerosimil de par- 
larla de ir ú TÍsítar áau berrasna, te del de Wallorca t)l ardid que su- 
te rosarían que entrara aolo coa pone el rav don Pedro eu sus He- 
los infantes, i ña de que no mo- rooria*, y lira mas juiciosos histo- 
Icstaie la mucba gente á la enfer- riadorea de Aragón lo tienen por 
ma. Doce hombres armados esta- cal umniow), j lo consideran como 
rían diipueatos para apoderarse de una iOToncioa del rey para jualifi- 
loda la lamilia real, y trasportarla car ta persecución ; el Despojo que 
por mar al castillo de Alaron en se proponía hacer á su Ceudatario. 



,,.GoogIc 



PAITB II. LIBSO.III. 69 " 

desobedíenle, rebelde y contamaz, y confiscado el 
reino de Mallorca coa las islas adyacentes, los conda- 
dos de Rosellon y Cerdaña, y todas las demás tierras, 
bienes y derechos -que tenía en feudo por el de Ara- 
gOD, y que si no compareciese y se compurgase den- 
tro deun año fuesen incorporados at dominio del rey 
(febrero, 1343). En su virtnd, y bábieodo llamado - 
ai almirante don Pedro de Moneada , que se hallaba 
con veinte galeras en el estrecho de Gibraltar como 
aaxiliar del de Castilla contra lo» moros » y dejando á ' 
so hermano e) infirDte don Jaime encargado de las 
fronteras'de Rosellon y Cérdaoa, preparó- el rey don 
Pedro de Aragón sa espedicion navat contra Mallorca', 
para donde se embarcó el 18 de mayo coa una escna- 
dra de ciento diez y seis reías. Ni los mallorquines re- 
pugnaban incorporarse á la corona aragonesa , ni la - 
condocta de-don Jaime había sidoá propósito para ga- 
narse la voluntad de sus subditos, á quienes tenía opri- 
midos y vejados con tributos. Asi fné que una dipu- 
tación de Mallorca se presentó & don Pedro ofrecién- 
dole la entrega de la ciodad* siempre que les jurase 
guardarles todos sus privilegios ; proposicíoQ y de- 
manda qae el aragffliés se apresuró á otorgar. Y cuan- 
do este arribó con su armada á la isla , aunque don 
Jaime le esperaba con quince mil infantes y trescien- 
tos caballos, la flojedad con que estos sostuvieron el 
primer combate con las tropas aragonesas, y lo pron- _ 
to qoe se desbandaron y huyeron , mostraba no sola 



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70. HI9T0EU DB BSTAÜA. 

desáDimo y felta de orden ea la gettle maUorqaíaa; 
sino también poca deoisioQ y no macho empeño eo la 
defensa de su rey, elcaal bayo también, ó desam- 
parado de los sayos, ó fiándose poco de ellos. Venci- 
do don Jaime en aquella [»rimera refriega, proaígaió 
el de Aragón hacia la capital, donde, oídos y despa- 
chados los embajadores de la clodad, y acordadas las 
condiciones de la entrega, hizo sa entrada solemne y 
toQMÍ el titulo de rey de Uallorca **' en medio de 
grandes Sestas y regocijos. Congregado el pueblo eo 
la catedral, espúsoie el rey don Pedro los moÜToa 
que había tenido para despojar del reino á su cañado. 
El'ejemplo de la capital fué seguido en toda la isla. 
Menorca é Ibiza no lardaron tampoco en someterse, ' 
y dejando provisto lo necesario para el goluorDO de 
las tres islas, reembarcóse el aragonés para BsEcaloiia 
(junio, 4343}, resuelto á completar so obra apode- 
rándose del R<Mell(Hi, donde don Jaime se habia re- 
fugiado. 

Nadie dudaba que ao pararía ya el rey don Pedro 
hasta despojar al de Mallorea de todos sus estados del- 

(() iDtitalÓMdoo Pedro iV.ny t«ih). CoDtsitóla d esloelgrsgo- 

4a AngOD, de Valencid de Jto- n^ con maobo doDaire, qae mim 

UoTca, de GerdeAi, de^Cdrcegí j_ Hsllorcs na habia tenido la mejor 

eonde de Baroeloaa: aintiéroiise fortoaa, como parte, del raino de 

mucho loa nuUorquloes de que en Aragón en él lugar qne antea ha- 

' elÓrdendeloatltulotkatHeman- bia o»pado. ^ealraa Valencia ee 

tepueato el de Valebcia >t de Ha- baliia mejorido j engrandecido 

lloroa. contra elótdeudeantigOe- mecbo, quería eneaTar si mejo- 

dad en la oonqoiata, j contra lo rarii sa «nerte poniendo oí titulo 

qaebabianwxMtainMsdodoD Jai- enel orden y lugar que abora le 

mel. r todoa loe deinu r«;ea de daba.— Zurita, Anal. lib. Vil. c.M. 
Aragón ^e babian poseído aquel 



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FÁMrsn. LiBiauí. 71 

contíaentet de la misiiia manera que lo había becho 
de los ÍBSDlares. Asi íuó qoe solo se delavo en Barce- 
kma el tiempo oecesarío para prepararse ó iovadir el 
RoselloD , de cuyo empeño oo fueroo parte á hacerie 
desistir Igs ruegos del cardenal de Roders» legado do 
Sa Santidad , que eocarecidaoMQte le pedia cb Dom- 
bra del papa y de la iglesia reciUese eo so clemencia 
al desgraciado rey de Mallorca. El mumo doo JaioM 
solicitó ea vaoo por dos veces qoe le diese sako- 
cooducto para so persona , con coya condición iris 
i ponerse eo su poder. loexorable el de Aragón , le 
negó ambas veces el salvo-coaducto , y la resolacbn 
de peoetanr eo el Roselloo fué llevada adelante. In- 
vadido ya aqoel territorio, volvieron el cardenal lo- 
gado y varios prelados «ragoneseeá insistir en favor 
de ana concordia ó acomodamiaito : la respuesta del 
rey foé ignal i las anteriores , los mediadores fneroQ 
despedidos, y doa Pedro proaguió -tomando una eii 
pos de otia las plazas del Rosellon, hasta acampar so- 
bre Per[Hñan, coyas vegas y campos taló y devastó. 
Otra vez taé á encontrarle allí el cardenal legado , y 
con Dnevos razooamieDtos y discursos le instó á que 
por honra al menos y reverencia i la Sede j^iostólioa 
laviese á bien sobreseer en aquella guerra. £1 rey 
COD SD natural astucia aparentó dejarse convencer de 
las rezones del enviado de Roma , y mostrando gran 
respeto y acatamiento al Santo Padre y á la silla nv- 
mána , accedió á suspender las hostilidades y á otor- 



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72 USTOUA DB tWAix. 

gar QDa tregua de nueve meses ; pero en realidad lo 
hacia por la fella de comodidad y de basiimeotos ea 
aquella tierra para mantener sd gente , por carecer 
de máquinas y pertrechos para el cerco y cómbalo de 
Perpiñan. Con esto y con proveer á la defensa de las 
plazas conquistadas, tomó la vuelta de Barcelona, co- 
ya población no se le mostró satisfeeha de verle re- 
gresar sin haber ccmipletado sn conquista. 

Pero pronto pudieron conocer los barceloneses 
que la conquista de Perpiñan no bahía sido sino opor- 
tanameote aplazada, que no era don Pedro hombre 
que cejara en tales empresas. El desventurado don 
laime, reducido á la ciudad de Perpiñan, desampa- 
rado de todos , aislado y pobre , sin recorsos ni aun 
para pagar los sueldos de su escasa gente , envió i so 
hermano y primo el de Aragón, qd religioso agustino 
con carta escrita toda de so puño , suplicándole le 
oyese benignamente, seguro de quenada le habría de 
pedir «que no fuese provechoso á su ánima*» T^a res- 
puesta del rey á tan humilde súplica fuá despedir al 
religioso, y prevenir á los bailes de la frontera que 
Tígilasen y espiasen si por acaso pasaba por allí el 
üestroaado rey de Mallorca , y si pudiesen haberle le 
pusiesen á buen recaudo en la torre de Oironella. 
Después de esto hizo proclamar solemnemente ()ne el - 
reino de Hallorca y demás islas, con los condados de 
Rosellon. Cerdaña, Conflent, y demás estados que ba- 
biao pertenecido ¿ Jaime II. de Mallorca quedaban 



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PAtn II. Lino III. 73 

perpétoameate incorporados á la corona de Aragón 
{S9 de marzo, 1344), jurando el rey por si y- por sos 
sucesores que jamás y por ningaa título se reslituiriao 
aquellos estados,- ni darían en feudo al rey de Ma- 
llorca, ni á sus hijos, ni -apersonas esirañas, y que 
esta anión é incorporaciou definitiva fuese jurada por 
lodos los que sucedieran en el reino de Aragón, sin 
cayo requisito no esturiesea obligados los ricos-hom- 
bres y ciudades del reino á prestar el juramento de 
fidelidad a! rey. 

Aparejado de nuevo y ordenado todo lo pertene- 
ciente á la guerra, empreadió el rey don Pedro sa 
segunda campaña del Rosellon (mayo, 1344). Enesta 
segunda entrada, todas las plazas, con facilidad unas, 
con naas ó menos resistencia otras, se le fueron su- 
cesivamente rindiendo. Provisto ahora el aragonés de 
todo lo necesario para batir y lomar á PerfHñan, €\ 
desgraciado don Jaime no tuvo ya otro remedio que 
entregarse en poder y á discreción de su enemigo, 
bajo la palabra que éste le dio de- salvarle la vida y 
osar de clemencia con él. «Vino hacia Nos, dice el 
«mismo rey en su crónica, todo armado y con solo ta 
«cabeza desnuda; al acercársenos nos pusimos en pé, 
«él hincó la rodilla en tierra, nos lomó la mano y am 
«la besó como por fuerza; Nos le hicimos levantar y 
>]e besamos en la boca. — Mi señor, nos dijo, yo he 
terrado contra vos, mas no contra mi té: pero si lo 
«hice, fué por mi loco seso y por mal ooosego; y ven- 



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74 BUTObA 01 tSTAiA. 

»go para hacer enmienda de mi delante de v<m, que 
>de vuestra casa soy, y qoiéroos servir, porqne siem- 
xpre os amé de corazón, y soy cierto que vos, mi se- 
RÍior, me habéis mocho amado, y aun de presenta me 
xamais, y qiiiéroos haoer tal servicio, que os tengáis 
n por bien servido de mi, y pongo, señor, en ?uestro 
«poder á mf mismo y toda mi tierra libremente.* A 
lo coal le contestamos: «Si habéis errado, á mí me 
»pesa, porque sois de mi casa: pero errar y reeono- 
»cer el yerro es cosa hamana, y perseverar en él e« 
«malida; y asi. paes tob reconocéis vuestro yerro, 
«yo usaré de misericordia con vos y os haré merced, 
»dé manera que todos conocerán que me he habido 
■con vos misericordiosa y gratamente, con que libre- 
» mente pongáis en nuestro poder á vos mismo y toda 
avueslra tierra.* 

Halagaba todavía á don Jaime alguna esperanza de 
escitar por aquel medio la generosidad de su vence- 
dor, y alimeotaha la ilusión de que tal vez le resti- 
tuyera aquella corona que acababa de poner á sus 
pies. IIubíoo de todo punto infundada y vana, porque 
nada hizo don Pedro qué pudiera mantenerla. Lo pri- 
mero que le exigió , fué que le entregase la plaza y 
ciudad de Perpiñan, donde en su conseouenoia entró 
el aragonés con gras pompa, y no sin beneplácito de 
los babitBDles, «que es muy ordinario, observa con 
razoD un cronista, regocijarse los pueblos con la mu- 
danza de príncipes, sin considerar ni temer nuevos 



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pAMm n. Lino iii. 76 

malee.» Ordenó el rey doa Pedro lodo lo cooceraieote 
al gobierno del condado, proveyó los oficios y em- 
pleos, coafirmó la- íacorporacitHi de todoa loe esiados 
qae habiaa aido del de Mallorca i la corona arago- 
nesa, é iorormado de que doa Jaime propalaba toda- 
vía que en breve le seria restilnido el trono, y de 
que eacríbia en este seoiido á algunos lugares, dio 
orden para que se le tuviese en buena pnslodia, y 
acabó de apoderarse del Roeelloa y la Gerdaña. Lo- 
gró, sin embargo, don Jaime tener otra entrevista 
«m el rey, mas de lo que en ella solicitó solo alcanzó 
qae se le señalase por punto de resideDcia ' B erga, m ' 
Cataluña. En cnanto é las esperanzas da vi^ver i ce- 
ñir la corona, y á las voces que sobre eslo se difun- 
dían, desragañóle el aragonés con ruda franqueza. 
añadiendo que castigaría de muerte ¿ los que conti- 
nuasen en sembrar y divulgar talea rumores. Por úl- 
Ümo, habiendo reunido y celebrado cortes en Barce- 
* lona para fijar ia suerte dei destronado monarca, 
acwdó en ellas darle por vía de indeióaizaoion la 
miserable pensión de diez mil libras anuales, y esto 
i condición áe qae renunciase el titulo Á insignias 
reales, y todos los derecbos que creyera tener á 
loe ranos y dominios que antra babia poseído. Con- 
dición foá ésta que despertó un resit) de digni- 
dad en el infortunado príncipe, y á que se negó á 
sucumbir en medio de su desgracia, tomándola 
por «flatosa é indigna de quien babia ocupado logf- 



n,g,i7cdb/GÓOgIc 



76 HinOUA DB UPAÜÁ. 

limaroeate un so)» y ceüido legalmenteana diadema. 

CoDveDCido 6naltneole el desventurado don Jaime 
de lo infructuoso de sos reiteradas reclemacioues pa- 
ra que se te oyera en justicia , y que por lo menos no 
se le condenara sin oirlOt boyó dd territorio de 9u 
encarnizado enemigo, y refugiándose á Gerdaña ten- 
tó allí un golpe de mano, que como concebido en un 
arrebato de desesperación é intentado sto elementos 
de ejecucioD, no podía conducir sino á consumar su 
perdición y ruina. Los halñtanles de Puigcerdá en 
quienes se %uró encontrar apoyo le arrojaron y des- 
{údíeron ¡gtíomioiosamente apellidando el nombre de 
Aragón. Allt apuró el atribulado principe el cáliz de la 
amargura. Para ganar el terrtlono francés con los 
pocos que le seguiauen su infortunio tuvo que cruzar 
la móntaSa en un estado deplorable de desnudez, de 
hambre y de frío, que estuvieron todos á punto de 
perecer de miseria. Ualdecia don Jaime su suerte, y 
diversas veces atontó contra su vida, cuya idea hu- 
biera realizado si los suyos no le hubieran quitado io- 
das las armas. El aragonés, que babia ido á CerdaSa 
en su persecución, pudo celebrar con cruel sonrisa la 
estrema desventura i que logró redncir á su victima. 
Acogido al 60 don Jaime por el conde de Foix que le 
focilitó algunos recursos con que pudiese sustentar á 
sus pocos seguidores, ganó á Montpeller, último asilo 
del proscrito monarca. 

Acontecía esto en los úlümos meses de 1344, y 



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FABTB II. LlUO lU. 77 

aaoqoe ya en este tiempo suministra la historia de 
Aragón sucesos imporiaates de otro género, lermíoa- 
remos este lamentable efásodio del reinado de don 
Pedro IV. Enredado el rey de Francia en la guerra 
coD el de Inglaterra, nada babia hecho por atajar el 
eagraodecimieato del aragonés, (|ue dominando en el 
Rosellon privaba á la Francia de un territorio que 
mieotras'fiabia -pertenecido á los de Maliorca le babia 
mas de nna.vez servido de panto de apoyo contra los 
soberanos aragoneses. Tarde conoció Felipe de Valois 
e( error que cometió en baber dado él mismo ocaúon 
al destronamiento de don Jaime con sna pretensiones 
al feudo de HontpelLer. Quiso después subsanar su 
bita, y coando vio á Aragon^earoelto en disensiones 
y guerras civiles, parecióle oportuna sazón para ello, 
y facilitó al ex-rey de Mallorca tropas francesas para 
invadir los condados de Goofient y Cerdaña. Pero ni 
el francés ni el mallorquia contaron bastante con la 
natural actividad y energía del rey don Pedro, el 
cual acndieddo presurosamente al territorio invadido, 
y no dando tregua ni rep(»o al destronado monarca, 
Bo paró hasta lanzarle por segunda vez de sus anti- 
gnos dominios (4347). No tuvieron mas feliz éxito 
otras tentativas del desgraciado don Jaime, el cual con 
ú objeto de interesar y tener siempre propicio al rey 
de Francia, llegó á venderle la baronía de Hontpeller 
en precio de 120,000 escudos de oro (1S48). Con 
esto, y con el apoyo que el desposeido rey de Mn- 



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78 HIStOUA DK ÜFIAa. 

Horca enconlró ea la reina dooa Jaaita de Ñapóles, 
pudo don laime armar una respetable escaadra con 
que 36 dio á correr y molestar tas costa* de Valencia 
y Cataluña, poniendo en no pooo cuidado y alarma á 
don Pecjro de Aragoa. 

Hallábase éste entonces en útuacioo muy com- 
prometida y grave. Ardía (como despees veramos) 
ea 80 mayor fariS la gaerra da Cerdeña; la femosa 
■cuestión de la Udíod traia todavía profundamente 
agitados los reinos de Aragón - y Valenciar y decíase 
de público que%l ex-rey de liallorca obraba prote- 
gido no solo por Francia y Sicilia, sino también por 
loe de la Union, á coya cabeza intentaba ponerse.'y 
esto era lo qne al aragonés le poaia en mas recelo y 
cuidado. Dirigióse, por último, don Jaime con sa flota 
bada Mallorca, asiento principal de sn antiguo reino; 
mas habiendo arribado i la isla cari al propio tiempo 
la armada aragonesa y oatalant que ai activo doa Pe- 
dro había espedido oontra él, dióse alli un fuñoao y 
terrible conrbate, en que de aaAaa partes se peleó 
valerosamente, pero en qoe comenzaron á perder el 
ánimo tas tropas francesas del de Mallorca. Solo-este 
desventurado principe con naos pocos caballeros sos- 
tenia coo esfuerzo' Iwróico todo el peso de la batalla, 
mas fiíeron taidos lo* enemigos qoe cargaron sobre él 
que cayó al fia sin sentido del caballo. Un almogávar 
valenciano le cortó la cabeza (2S de octubre, 1349). 
A SQ vista acabaron d^ desordenarse los sayos, y auo- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



putn II. LiHo III. 79 

que se aprestmron á refugiarse en las galeras ó á e»* 
conderse por. la isla, lodos quedaron ó moertosó prí- 
ñoneros. Su mismo hijo el infante don Jaime, preso y 
herido en el rostro, fué llevado al castillo de Játiva, y 
mas adelante & Barcelona, donde estuvo macho tiem- 
po encerrado en el palacio menor (*'. 

Tal fué el trágico desenlace del ruidoso proceso y 
de la guerra desapiadada que Pedro IV. de Aragón 
hizo á 80 deudo y vasallo Jaime II. de Mallorca, y ad 
concluyó el reino de Hatlorca conquistado y fundado 
por Jaime I., quedando desde esta é(Aea deSnitiva y 
perpélnaineDte iocorporado y refundido en el de Ara- 
gón. El infottoaado don Jaime dio con se muerte na 
lestimoDio de que no desmerecía ser rey, pnes por ■ 
sostener su dignidad murió bacieodo su deber como 
buen caballero, dentro de su reino mismo. No nega- 
remos que su desacordada conducta le acarreó en 
gran parte la desdichada suerte que tuvo; y su felfa 
de prudencia y de tacto contribuyó mucho á que per- 
diera nn cetro qne legítimamente eiapu&aba, y que 
con mas talento y mas cordura hubiera podido con* 
servar. Convendremos también en que la incorpora- 
don de Mallorca á lá .monarquía aragonesa fué db 
beneficio grande para la nnidad nacioaal. Mas como 

(1) Bste iorsnto don Jaimo ca- did un asilo en sus reinot. E«l« 

■6 dMpnsf eoD doDi Ja i^a, rtini inMis srlnuipe aor íó da osa S^ 

daNápole*,ébÍio, BuoquQÍDÚtil- bre maligna en Soria Bnl37B, 7 

■ante, alsunai lentativaa i in*a- con é\ se oatiogaió la laceúoi 

■OOM eoloa domiaios de Arason. legitima al trono de Hallon». 
Bl nj doB Eoriqoa de Cartilla la 



n,g,t7cdb/G00gIc 



80 HUTOllA DB B»^A. 

para nosotros los resultados do jiislifioao los medios, 
siempre condenaremos el proceder artero, mañoso y 
desleal de Pedro IV. de Aragón para con sa aliado y 
hermaoo, la manera artificiosa é hipócrita coa que, 
afectando respeto á la legalidad, ioveotó y condujo , 
el proceso que faabia de perderle, y el rencor y la 
saña con que. sordo á la voz de la sangre y de la 
piedad, y á las iostaacias y empeños' de venerables 
mediadores, se obslioóen hacerle tan dura, constan- . 
le y encarnizada guerra hasta cebarse eo la completa 
destrucción de 9u víctima. 

Esta [odole y condición oatoral del rey don Pedro 
nos conduce á dar cuenta de . otro proceso no meaos 
raidoso y no mas noble que en este intermedio proee- 
guia, no ya contra una madrastra y dos hermanos 
uterinos, ni contra el oiarido de su hermana, sino 
contra el hijo de su mismo padre y de su misma ma- 
dre, centra su hecmaoo carnal el ■infame don Jaime, 
conde de Urge!. 

Era costumbre en Aragón que el prímogéoito ó el 
heredero presunto 'del trono tuviese la gobernación 
general del reino. Como el rey don Pedro IV. no te- 
nia sino bijas, y en Aragón ni las leyes ní el uso da- 
ban á las hembras derecho de suceder en la corona, 
ejercía el cargo de gobernador general su hermano 
el infante don Jaime, como heredero dei reino á fal- 
ta de hijos varones del rey. Don Pedro, so color de 
sospechar que su hermano Favorecía al rey de Ma- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



FAITB II. LIBRO III. 81 

narca, ó per lo menos censuraba y afeaba el des- 
pejo que se le había hecho, no se contentó con querer 
privarle del oficio de gobernador, siao también de la 
herencia del trono, proclatnando que debían ser pre- 
feridas las hijas al hermano, y pretendiendo en sa 
eonsecaencia qae se reconociese por heredera á la in- 
fiíDta doña Constanza, qae era la primogénita "^ Co- 
BOcieBdo lo peligroso de una ianoracion tan conb'aría 
A la fXMlainbre y prictíca de la monarquía, pero pro- 
wgniendo en su sistema de respeto aparente á la ley, 
con la caal procuraba escudarse siempre, nombró 
nna junta de letrados para que ditacidaseo este pnn^ 
to y diesen sobre él su dietámen. Bien sabia eH asíalo 
iDooarcá que no faalnaB de serle desfavorables los 
pareceres de loe legistas, y en efecto, la mayoría opi- 
nó en favor de la sueeáon de las hembras, n bien no 
fidtaroD algunos, entre ellos el mismo vice-cancUler 
del rey, que se ata^vieroo á arrostrar so enojo, en;H- 
tiendo el dictamen contrario de sus deseos y preten- 
siones (1347). Fnndábanse los primeros en d ejemplo 
de Castilla, donde reinaban mugeres, en eIdeSici-. 
lia y ea el de Navarra, drade á pesar de haber pasa- 
do el r«no á la casa de Francia segoiaa heredando 
las hembras, y á la sazón reinaba doña Juana; y aun 
respecto de Aragón mismo citaban el caso de doña 

(1) Veía, dice 61 ioíhdo eo «i que Dimca (endria hijo «sroo. El 

hiMona.qaflla reilUDDptrüiiiM tiempo deamintió bien prooto «I 

qm hÍMa. T añaden algonoa aue prODÓsUoode los médicoa. 
Mf nédicoa te hiciBron eoUiítder 

Tomo vii. 6 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



Sa HIsrOKU PE BSPAfiA. , 

PetroDÍla. Apoyábaose los sínodos eo loa ejetnpkM 
de Inglaterra y de Fraocía, y de olroa reinos, dmde 
en aquel tiempo estaban eecloidas las bembraB; citaban 
respecto i Aragón el teslameDlo de don Jaime L, por 
el cual se escloyóespresamente la sucesión de las bi- 
jas siempre qae hubiese varoa legitimo en la linea 
trasversal; dñpoácioa que babia sido ioridableEMale 
observada por lodos sus sucesores; y por lo^oe ba- 
cía á doña Petronila, respondían que habia sido un 
caso escepctoDa!, no autorizado por la ley. sino per- 
milido por el consoaüiniealo de todos pera evitar 
gravea iocoavebieates y oíales, y que do cayese el 
reino en poder de un estraogero, y que tai misma 
r^na dom Petronila en aa testaneolo babia escloido 
las bijas y declarado sucesor ai coade de Barcelona 
su marido en caso que oo dejasen bijos varones. Pero 
cualquiera que Euase la opinión de k» letrados, la del 
p«A!o estaba porque se guardara hi antigua costunt- 
bre. y lomaba por grande desafaero y agravio que en 
el r«BO de Aragón sucediese moger. 

AbraiiS no obstante el rey, como se eafieraba y 
saponia, el dioiámes de los legistas que rsvorecia á 
sus deseos, y eo su virtud procedió á declarar y or- 
denar por cartas á los pueblos de sus aeñorios la sn- 
eesioo de la infanta doda Constanza eo al caso de mo- 
rir sin hijos varones; y como recelase qne resentido 
su bermano se pondría en secreta iot^igooaa con el 
de Mallorca, mandó que se le espiara y se íntercep* 



,,Googlc 



. ruiTB ti. Lino 111. 83 

tara la correspoodeocia que entre gl pudieran tener; 
y so^ncbando ademas qoe doa Jaimo trataba de coo- 
ÜKlerarse cod sus herntaoos los ÍDraotes doo Femando 
y don Juan y coa el pueblo de Valencia, le privó de 
la gobernación general del reino, le mandó salir de 
Valencia, y le probibió que entrase en ninguna ciu- 
dad principal: don Jaime se desftidió del rey, y co- 
menaó con esto á moverse alteración en los reinos. . 
Un acontedmiento inopinado vino á este tiempo á 
derramar el consaalo y la alegría en todos los arago- 
oesee. la reina dio & loz un príncipe, cuyo náci- 
roieato se miraba cemo uncía de paz y como el iris 
de las discordias y torfanleocias qne amatazabaa. 
Pero «1 regocijo ae coavictió iastantáneameole en lu- 
lo y llanto. £1 tan deéf»do infante pasó de la orna 
al sepalcro el mismo ám que Labia nacido, y á los 
eiaeo dias la siguió -á la tamba la. reina doña Harta 
M madre <*'. El pueUo previo los males que habrían 
de vei^r en pos de tan iabnslo suceso. El rey, ape> 
ñas eBTÍndó, contrató inmediatamente so segundo 
enlace con la prínceía doña Leonor, hija de A^- 
so IV. de Partagal, y á |»esar de loe grandas cdKtá- 
ealoa- qoe opcnifi á este matrimonio el rey de Casti- 
lla, sDMDigo d^ de Aragón, so pretesto de estar la 
princesa promatida á su sobrino el infante don Fer- 

(4) Fué la reíDt do&a María de treí hfjai, que eran doBa Coostan- 
NavarraseDOra da nar eu«l«Dtes u, daAa Juana y doña Haría. Esta 
prendas. Eo su iMtametilo íostí- última nmrló lambieo ea la íofan- 
liiit bcrederoa, primero al biio, cía.— £ofarall, Gondea deBaroe- 
TirOD qae naciese, deapuea & aus' lona, tam, II. 



n,g,t7cdb/G00gIc 



81 UISToatA UK BSVAÑA. 

naodo, liermano del aragonés, manejóse éate coa tal 
maña por medio de sus embajadores, .que- la unioa 
conyugal con la infaota portugaesa se realizó habien- 
do sido enviada por mar á Barcelona para evitar que 
cayese en poder del de Castilla. 

Quedaba, pues, en pie la cueslioo de la sucesio*. 
El rey, firme en su primer propósito, removió lodos 
los empleados qne don Jaime había tenido eu la re- 
gencia de la gobemaciont y los reemplazó por otros 
de su confianza: encomendó al poderoso don Pedro 
de ExericB, antes sg enemigo,' y convertido ahora* 
DO sabemos cómo, en el mas apasionado de sus ser- 
vidores, el cargo de la gobemacioo del reino de Va- 
lencia en nombre de la infanta doña Con^anz«, y 
emancipó á ésta en presenda de su familia y de va- 
rios grandes del reino; General escándalo produjo es- 
te acto en un pueblo donde nanea «e habla visto que 
la gobernación del estada se ejermese. á nombre de 
una mEanta. Don Jaime per su parte tampoco se des- 
cuidó en excitar á los ricos-hombres, caballeros y 
generosos aragoneses á que se uniesen á él y le ayu- 
dasen á vindicar 4os agravios y desafueres que el rey 
hacia á sus leyes y costumbres, é igual excitación 
fué dirigida á los inEaotes don Eernando y don Joan 
sus hermanos, que se hallaban refugiados en Casti- 
lla. A\ llamamiento de don Jaime, y á la voz siempre 
mAgica para los aragoneses de libertad y fueros, acu- 
dieron multitud de ricos-hombres y cabtdleros á Za- 



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UnB II. LIIB9 Hl. W 

lagoza, y todos lu ciudades, escepto Daroca. Te- 
rael, Calatayud y Huesca, enviaroQ sus sfDdicos y 
Itrocaradores. Proclacoóse allí la antigua Vnim para 
defender los fueros, fraoquicias y libertades del reioo;. 
se nombró, segua costumbre en tales casos , los Ua- 
mados arntervadores , y se pidió al rey que fuese á 
celebrar cortes á Zaragoza. 

Como aconteciese que en este tiempo saliera el 
rey de Valencia para Barcelona con objeto de aten- 
der á lo del RoselloD, aprovecháronse los valeocia- 
Bos de su ausencia y se alzaron también á la voz de 
Union lo niismo que los aragoneses, y escribieron co- 
no ellos á la rana doña Leonor de Castilla y á los 
infantes sos hijos, para qae sé juntasen á tratar del 
remedio á los agravios qne el rey les hacia en ofen- 
sa de sus costumbres y leyes. Impuso esta actitud al 
rey doD Pedro, y sabiendo que los valencianos tra- 
taban de confederarse con tos aragoneses, se apresu- 
ró á prevenir á don Pedrode Ezerica y á los gober- 
nad(H«s de Aragón y Catalana que en los títulos no 
pusiesen que ejerciaa la gobernación á nombre de la 
infonta, sino de él mismo: primer trionfo de los de la 
Union sobre el monarca. Convidado el de Exeríea por 
los valencianos para que se adhiriese á so partido, 
negóse á ello con corteses razones ea na psincipio , y 
despnea proclamó una Contra-ünum, invitando ú los 
ricos-hombres y villas que quisiesen defender al rey 
1 que se congregasen con él en Villareal para acoc— 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



' 66 IllSTOBU VR RBMftA. 

dar la manera de resistir á los insorrectos. Los que 
se agruparon ea derredor de esta bandera realista ro' 
gabao «1 rey qae se volviese á AragOD para alentar 
el partido, mas él taro por mas argente atender pri- 
mero sl'ds Hallorcaque por aquel tiempo babie iora* 
dido coa tropas franoeeas el Confient y la Csrdaña. 
guerra que tuvo que hacer con solos los catalanes^ 
porqne tos neos-hombres de Aragón se negaron i ser- 
virle mientras do diese BaUsftocion á sus agravios. 

Terminada aqoella campaña an los términos que 
ya referimos, y previendo don Pedro los conflictos 
en que habiande ponerle los aynainmientos y anio- 
nes de Aragón y Valencia, con su natural y malictosa 
cautela hizo ante sus privados y ftmüiares coa pro- 
visión secreta, ea que declaraba nulos y de ningún va- 
lor coalesqaiera privilegios óconfírmad<»ies que otor- 
gara álosde Aragón, á que 00 fuese obligado por fuero 
ó por derecho. Y tomando jurammto á los barones ca- 
talanes, que era en qniencs mas fiaba, de que la serían 
fieles, volvióse de Perpioen á Barcelona (Junio 1347), 
muy receloso de las alteraciones y novedades que ame~ 
nazaban á sus reinos; recelo en verdad no infundado, 
porque el bando de los de la Union iba creciendo cada 
dia en fuerza y en audacia , á pesar de los esfuerzos 
de el de Exerica, y de los maestres de Montera y Ga- 
lalrava para robustecer el partido del rey. Ligados y 
iiermanados los unionistas de Aragón y de Valencia; 
liBcbo juramento de auxiliarse mutuamente y de- 



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FAMTI II. LIMO Hl. S7 

feíKier BUS penoMSB y tñeoei de lodo ataque qse eit 
geoeral ó em particular intaotasea cootra eÜM el r^ 
ó sus ofioialM, ooi facultad de malar á quien quisie- 
M ofe«l«rtos, excepto á los reyes y á (os mbutet; 
dispoestoB todos i sostener sus fueros, libertades ;: 
privil^ios, y dados nnUaos rafaeoee para asegurar el 
complioiíeailo de sus eompromims. Acordaros pedir 
at rey la revocacioD de k» que había ordenado ea 
pimío á t* proeuraoiaD geoeral y 4 la «oceaioa del 
reÍBo; que se oombrate OB Justicia para Yalencia; que 
recibieM en sa ooaaejo algunas personas de la Union 
anovibles i volaatad de sos coaservadores y no da 
otra naaeía; qae cada afiose juatasealosde laUuioa 
eo odrles pan rarisar sos capítulos, y «doiitir ea ella 
é Iot qae oo ]» hobiesen jurado; q«e ningoa «strao- 
gero iaviese ni empleo en «1 Estado ni lugar en a' 
consejo del rey; qae otogaDa de las dos üoiaDes tra- 
tase oo« ri «oonarca sin conocimiento y parttcipacioa 
de la otra; y per áltimo, que viniese á celebrar c<ir- 
les á Zaragoza, segvnk» babíe proaetido. 

Grasde eiopeSo tenia el rey y con grande ahin- 
co prelAidiá qae las cortes se celelM'asen en Hoasoa 
en vezde hacerlo fea Zaratán, alegando ser aqoel 
panto mas á propósito para «o caso que el de Mallor- 
ca Tolvíese i molestarte, pero ea realidad con e( de- 
signio de sacar i los de la Union de Zaragoza, y va- 
lerse «ontra ellos de los oatalanes, con qoíenes con- 
taba. Insislieroo con tenacidad ios auonislas en que 



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S8 mnOMXk DE ESMÜA. 

lascóiles se baUan de tener en Zaragoza, y do en. 
otro pUDlo algaoo del reÍDO, y al propia tiempo en- 
TJabaa cdd admirable oeadía- ¿desafiar al infontedoa 
Pedro, y á todo rice-hombre, caballero ó ckídsd qn 
rehusase firmar la Uoíoq. Beaaetto al £n el rey á ce- 
der ¿ sus ÍDSta>oias, pidióles salvo- conducto para ir á 
Zaragosa, cosa que eacaHd^zó á les aiiiooistas, y lo 
tuvieroD por ofeosivo y afreatoso, proclamando ade- 
más (}ue ouDca se habia oido que ud señor pidieee 
segBro á sas vasallos. Vino pues el rey á Zafago- 
za, de doude salieron á recibirle los infantes don 
Jaime y doo Fernando sus bermaQOS, i la cabeza 
de los rícos-bombres, mesnaderos y procuradles de 
la Union, imponente y respetuoso cortejo, qae le 
acompañó basta su palacio de la Aljaferfar despidió- 
dose gravemente en la plaza sin que nadie se apease 
de su caballo. A los pocos dias se abrieron las cortes 
con un razonamiento del rey, en qae espuso las cau- 
sas de no haberlas celebrado antes, y rogó á todos 
que demandasen tales cosas cuales se debían pedir y 
él las pudiera otorgar. Los de la Union por su parte 
acordaron entre sí que nadie -pudiese -hablar en parti- 
cular con el rey, sino todos juntos. A la segunda se- 
sión acudieron todos armados; súpolo el rey y la pro- 
rogó para el día sigaiente. Interpelado sobre esto el 
Justicia, respondióle que era costumbre antigua asis- 
tir á las cortes secretamente armados, no con ningún 
dañado fio, sino con el de poder contener ó castigar 



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MKTK II. tIBM llh 80 

coalquiér esceso de loa'coDCurrentes. Entonces el rey 
hizo publicar an pregoo, mandando que en adelante 
nadie fuese á las cortes con armas, y que mienlras 
aquellas dnrasea, recorrerían la ciudad compañías de 
i[He y de i caballo para mantener el «írden, y ro- 
dearian el lugar de la asamblea para que nadie pu- 
diera mover alboroto. Todo anunciaba que aquellas 
ctktes hablan de ser interesantes, y la disposición de 
los ámmos lo hacia también esperar asi. 

En la seaon siguiente, como viesen al monarca 
ratrar con el arzobispo de Tarragooa, con don Ber- 
nardo de Cabrera y otros caballeros catalanes de su 
consejo» requiriéroule desde luego que los despidie- 
se é hiciese salir, y que en adelante no tuviese en su 
consejo ningon caballero de Cataluña ni de Rosellon; 
volada la petición por todos , el'rey accedió á ella, y 
los consejeros catalanes y roselloneses Fueron despo- 
didos de las cortes y de la casa real. Comenzando á 
tratar de los negocios del reioo, demandáronle ante 
todas cosas que les confirmase uno de los privilegios 
de la Union arrancados á Alfonso III., á saber, la ce- 
lebración anoal de cortes generales aragonesas el dia 
de Todos Sanios, la facnitad de nombrar el consejo 
del rey, y la entrega de los diez y seis castillos en 
rehenes á los de la Union. El rey don Pedro contra- 
dijo al principio esta petición, diciendo que el. privi- 
legio estaba de hecbo y por prescripción revocado; 
remitióla después á la decisión del Justicia; mas 



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90 HISTORIA l>B RSPAfÍA- 

coDio loa ioffintes le hostigasen con ptlubras muy da - 
ras, ameoazáDdole que de no faacerio procedería! á 
elegir otro roy. adoptó éste la política de concederlo 
todo para ree(rf)rarto doapoea todo, j lea coofirmó el 
Privilegio, y les señaló los caitillos qoe les babia de 
eDtregar(6 de setiembre, 1347); pero wtes god su 
acostumbrada cautela babia leoido cuidado de pro- 
iMtar á solas anle el Castellan de Ampoeta y doa Bw* 
□ardo de Cabrera (este era el priacipal y mas ÍQtiau> 
de sus coDSfijeros), que todas las oonceáooea qae hi- 
ciese ae eDieudiera las hacía, do de grado y Tolnotad, 
Eiioo forzado y compalido. Cod las ooneesioaes oreciaa 
las exigeociaa. Después de despedidos del couseio fa» 
catalanes, y nombrados otros á gusto de la Uaion, 
pidiéroole que coafinnaae las doaaciones de su padre 
á la reíaa doña Leonor y á los iniáDtes don Fernando 
y don Joan: híciéronle dar un pregón mandando sa- 
lir de la dudad y de todos los lugares de la Uoion en 
el término de Ires dias á los que no la hubiesen jor»- 
dot y si después matasen á los qae se hallaban en 
este caso no incurriesen por ello en pena alguna; y 
exigiéronle que para mayor seguridad de lee con6Bde- 
rados les diese en rehenes los principales de su casa, 
como asi se hizo, poniéndolos ó buen recaudo é inco- 
municadas entre ^. pero teniendo el rey la ñjriana 
de quedarse oon don Bernardo de Cabrera, que por 
su talento, prudencia y valor valia él solo tanto como 
todos los consejeros. 



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rAi» II. Liuo jii. 01 

Logró el <)iestro y hábil Cabrera iatroducir coa' 
muchi maña la discordia entre los coofederados , y 
segregar de la Única á Taños ricos hombres , entre 
ellos ai mas poderoso de todosdoo Lope de Luna, coa 
los coales y coo los que en Valencia seguiao la voz 
del rey 11^ á formarse uo partido aati-uoioaista 
respeuble, coatribuyeodo ea gran parte á ello el dis- 
gusto cooque muchos veian que los infantes se va- 
liesea de gente estrangara llevada de las fronteras de 
Castilla, cosa que creían contraría A la fodole de la 
Union y peligrosa á la iraoqailidad del reino. Aunque 
el rey se había propuesto apurar la copa del sufri- 
miento y de las humillaciones accediendo á cuanlo lo 
demandaban ó exigiao , esperando con calma y pa- 
ciencia una ocaaioD en que vengarse de sus humilla- 
dores, un día en las cortes al oír leer un capUnlo do 
demaúdas dirigidas A cercenarle la poca autoridad 
qoe le había quedado, ya no pudo sufrir mas, y levan- 
tándose de repente le dijo en alta voz al infante don 
Jaime: «¿Cómo, infante? ¿no os basta ser cabeza de 
•la Uaion, sino que queréis señalaros por concitador 
•y amoliDadór del pueblo? Os decimos, pues, que 
•obráis eo esto infamemente y como falso y gran trai- 
>dor qoe sois, y estamos pronto á sostenéroslo, si 
•queréis, oon vos cuerpo á cuerpo, cubierto coo las 
•armaduras, ó sino sin salvamos coo la loriga, cu- 
•chillo eo roano; y os haré decir por vuestra misma 
•boca que cuanto habéis hecho lo hicisteis desorde- 



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92 niSTOBIA DS BSFAÍÍA. 

«nadaiueDleí aunque reDuncieaios para ello á la dlg— 
«DÍdad real qae tenemos y á la primogeoitura , y 
»hasla absolveros de la fidelidad á que aie sois oblU 
>gado (*'.» Y dicho esto, tonió á seotarse. Entonce» 
el iafoale se levantó á sa vez, y dirigiéodose al> 
rey : «Duéleme mucho , señor , le dijo , oíros lo- 
»que decís , y qne teniéndoos en cuenta de pa- 
lidre me. digáis semejantes palabras, qae de na- 
»die sino de vos sufriría.» Y volviéndose hacía la 
asamblea; «¡Oh pueblo ouitadol esclamó: en esto ve- 
xreiscomos&os trata; que caaado á mi que soy su 
■hermano y su lugarteniente general se me dtcan ta- 
lles denuestos, ¡cuánto mas se os dirá á vosotrosl» 
Sentóse el infante: quiso hablar don Juan Jiménez de 
Urrea, y el rey no se lo permitió. Levantóse entonces 
on caballero catalán camarero del infante, y empezó 
á decir á gritosl «Caballeros, ¿no hay quien se atreva 
«á responder por el infante mi señor, que es retado 
■como traidor en vuestra presencia? ;A las armasl I.. .> 

<t) aiBcoin, iofant, ooas bitta tambiea i la tiempo, bihedio nn 

aueíos siaU cap déla UDÍú,etc..k útilísimo y ■preoíábloMrvioíoi Is 
róaica de doD Pedro el Ceremó- literalara histórica con Ib pablica- 
niojo, escrita por é] mismo, capí- oion de esta nueíaobrs. Ea la do 
tulo 1 ,— Esta Cr6aica qua hemos don Pedro IV^ ha cooserTado «1 
ciladu ya diferentes feces bs sido texto l«mosÍQ en la columba ii- 
rMienUmeoie traducida del lemo- qnierda deosdapigÍDa,; i)) de- 
sÍD al caitellsDo, anotada v publí- Techa lleía paralelamente la Tor- 
eada (4&6(>) por el ioatruido y la- lioacaEtellaoaidemodoqueftu*- 
borioso oHcial del arcbÍTo geueral de saborearM toda la gracia ; 
de la CoroDs de Aragón, don An- sencillez 'del original, j juigaraa 
toniodeBofarull. Este aprovecha- al propio tiempo déla fidelidad de 
do jÓTen,<iue había vertido ;a al la trsd noción. Le precede una Íq- 
caaidlano ladedon Jaime el Con- troduccioo bastante erudita. 
qaisUdor, de qne nos tervimos 



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Min II. LIBIO III. 93 

Y atniendo las pnerlas de la Iglesia salió alborotaado 
al paeblo: á poco ralo se rió entrar de tropel ea el 

.templo la gente popular: el rey y tos de su partido se 
retiraron aun lado con las espadas desnudas, y fe- 
Kzmenle pudieron abriree paso y, salir de las cortes, 
ab qae sDcédieseo en aquel tumulto, cosa que pare- 
ce can milagrosa, muertes y desgracias de todo gé- 
aera, según los áaimos estaban predlapueatos y aca- 
lorados. 

Imposible era ya . que parasen en bien aquellas 

- cortes. Cabrera accHisejaba al rey qae se fugase se- 
cretamente de Zaragoza, siquiera sacrificase á los re- 
faeoes que estaban en poder de los de la Union, ha- 
aéndoee cuenta que los babia perdido en alguna ba* 
talla. Por esta vez no siguió don Pedro el iobumaoo 
consejo de su mayor confidente, y pareciéadóle me- 
jor llevar adelante su astuto sistema de concederlo 
todo para recobrarlo todo, presentóse otro dia en las 
corles, y en un estudiado discurso mauifesló que el 
giro peligroso que habían tomado los asuntos de Cár- 
dena y de Hallorca reclamaba con urgencia su per- 
sona en otra parte: que restituía á su hermano el in- 
bnie don Jaime la procuración general del reino, y 
revocaba los juramentos y homénages que se habían 
hecho á so hija la infonta doña Convenza; que el Jus- 
ticia y los consejeros que le babia nombrado la Union 
arreglarían los asuntos de interés que quedaban pen- 
diente^ y en cuanto á los qtie requerían ser deter- 



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B4 flISTOftU Ot MPAft*. 

loÍDados en cortes, lofleríao ea Us primeras que se 
reiiaieseo, lo cual no tardaría en suceder, pues esco- 
raba estar de vuelta para el mayo siguiente. Con etío 
se despídieroQ las cortes* satisfechos los de la Uuíod 
con haber arrancado cuantas concesiones se habían 
propuesto obtener; pusieron en libertad los rehenes, 
y el rey se partió para Cataluña (24 de octubre), re- 
bosando eo ira, maidicieodo la tierra de Aragón, y 
ardiendo en deseos de ejecutar sq plan de vengan». 
Tan luego como se vio en su deseado suelo de 
Cataluña, comenzó, de acuerdo con aa hábil cooMgero 
don Bernardo de Cabrera, á tonar medidas contra loa 
de la UoioD aragonesa y valenciana, ypriDoipalaiente 
contra el infante don Jaime, á lo cual le ayodabaa 
muy gustosos todos los catalanost justamente reaen- 
lidos. Habiendo convocado corles en Barcelona, doa 
Jaime concurrió á ellas como proGuradOT del reino; 
mas á pocos dias de haber llegado á aquella ciudad, 
se supo coD sorpresa la noticia dé su muerte. £1 rey 
dice en su historia qoe iba ya gravaaente enfermo; 
mas atendidas todas las circunstancias, y las preven- 
ciones que el monarca habia hecho á su tío don Pe- 
dro respecta ó la persona del iníante, no pudo librarse 
el rey de tas sospechas de haber envenenado á su 
hermano <". 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



rAiTi II. Lino ilt. 95 

Estalló coa esto la guerra civil qae se veia ineTÍ' 
tabte, y que Toé la masterrible y sangrienta que jamás 
eael reino aragtmés se babia visto. Comenzó el movi- 
mieoto por Valencia, saqueando los de la Union las ca- 
sas de tasque eoteDdiao les eran contrarios. El rey or- 
deii6á doD Pedro de Bxeríca y al maestre de Montesa 
que resisiiesen con toda au gente á los tamultaados, 
y estos iavooaroD la protección de los nnionistas ara- 
goneses, oon arreglo á los pactos y conTenctraes que 
eotre ettos babia. Dieron principio los combates, y en 
los primeros eacaentros vencieron los de Ja Union 
valoDcíaDa al de Exerica y sus realistas con el pendón 
de Jáliva. Cor esta noticia el rey envió á loe vencidos 
DO refueno de catalanes al mando del infante don 
Pedro, y k» de Zaragt^a sacaron la bandera de la 
DaioBf que bacía sesenta años no babia salido, y la 
panero» coo gran pompa y entusiasmo -en la iglesia 
det Pilar. Todo el reino ardia en bandos y en gner- 
ras. Solo á» Valencia salieron treinta mil unionistas, 
que cerca deBetera dieron una batalla al ejército 
real, en qoe bobo gran carnioeria de ambas partes 
(f 9 de dicieabre), pero es que los de la Union que- 
daran Tenoedores, y oolgaroo los pendones cogidos 
at eaeoágo ea ta iglesia mayor de aqa^la ciudad. 
El r^ doB Pedro de Aragón despachó una embajada 
al de Castilla, rogándole por el deudo qoe entre ellos 
había no diese ayuda 6 los revoltosos de su reino, y 
ofr«ci(Ado al ÍD&Dte don Fernando la procuración 



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90 H1ST0BIA DE «SFASa. 

general del de Valeacia; Mas como los de la Union 
enviasen lambieo á decir á la reina dooa Leonor y al 
infante don Fernando, que maerto su hermano don 
Jaime á él le pertenecía de derecho la gobernación 
general de todos los reinos, y que le esperaban y de- 
seaban, don Fernando atendió mas á los nnionistaSr 
y acadjó en en socorro con ochocieolas lanzas caste- 
llanas y mucha gente de á píe, lo cual obligó al rey 
de Aragón á prorogar las cortes de Barcelona y acu- 
dir personalmente al foco y centro de la guerra. 

Bascó el rey en Murviedro un punto de apoyo 
contra los valeocíanos. Mas cuando se ocupaba eo 
reparar las fortificaciones de la plaza y castillo, mo' 
vióse en la ciudad un grande alboroto contra los da 
sa consejo, que la mayor parte eran otra vez caba- 
lleros del Rosellon, y mas priocipalmente contra don 
Bernardo de Cabrera, en términos que todos tuvieron 
que huir secretamente de la plaza, dejando al rey 
casi solo. EnUelanlo el ^rcito de los jurados arago- 
neses que iba en socorro de los de Valencia sedividió 
en dos luindos por una cuestión suscitada entre sus 
doe caudillos don Lope de Lona y don Juan Jiménez 
de Urrea. y después de haber estado á punto de rom-, 
per unos con otros y venir á las manos, el üe Urrea 
continuó con su hueste, y don Lope coo la suya re-^ 
trocedlo á Daroca, donde, por último, se preparó á 
resistir y oreoder á los de la Union. Con esto se exal- 
taron en Aragón todas las parcialidades, encoidióse 



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rAKTB II. LIBIO 111. 97 

l8 guerra, y aquel reino presentaba un cuadro de lu- 
ebas y de lamentables escenas do meoM funesto que 
el Taleaciauo. Uas no por eso mejoraba la situación 
del rey en Murviedro. Reunida ya la hueste de Urrea 
en Valencia con las tropas del iarante don Fernapdo. 
era inminente el peligro del rey don Pedro. Por for- 
tuna soya el Justicia de Aragón con plausible celo re- 
onria la tierra exhortando encarecidameu^ á unos y 
i otros á la paz: un nnncio del papa vino á tal tiempo 
á tratar de reconciliar al rey de Aragón con el infante 
don Fernando y con doña Leonor so madre, y prela- 
dos y embajadores de Cataluña cooperaban también 
á eaie intento. El rey don Pedro en su apurada si- 
tuación, fingiendo otra vez dejarse persuadir y ablan- 
dar por las razones é instancias del legado poatiñcio, 
y constante en su doble -política de ceder á lascir- 
cnnstancias y cedM-lo lodo coa ánimo de retractar 
coando pudiera lo que la nece^dad le habia arran- 
cado, declaró al Infante don Fernando sucesor del rei- 
no en el caso de no tener hijos legítimos varones, dán- 
dole la procaracion y gobernauion general , accedió 
á despedir de su consejo y casa los que los jurados 
propusieron que saliesen, concedió al reino de Valen* 
cia oa magistrado con las mismas atribuciones que el 
Justícia de Aragón , y por último firmó la Union de 
Aragón y de Valencia , comprendiendo en ella á los 
bfontes sus tíos y á los caballeros principales de su 
parcialidad (marzo, 1348). 

Tomo tu. 7 



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9S UlSTOBU DE ESPÁÍik* 

Parecía eslo el colmo de la bumillacíoa, y sin em- 
bargo le estaba reservado sufrirlas mayores. Sus ín- 
timos amigos y valedores don Bernardo de Cabrera 
y don Pedro de Exerica, le insligaban á que se fugase 
de Murviedro, doode le consideraban como cautivo» 
y á que fuese con ellos á Teruel, pueblo entonces 
decididamente realista. Traslucióse este proyecto, y 
se movió en Murviedro otra mayor alarma» alboroto 
y escándalo que el primero. Se cercó el palacio por 
el pueblo amotinado , y se pedia á gritos que el rey 
y la reina fuesen conducidos á Valencia y entregados 
en poder del infante y ios de la Union. Asi se ejeca- 
tó, siendo escoltados por una muchedumbre desor- 
denada, con mengua grande.de la magestad real. 
Salieron á esperarlos el ¡ufante y los principales ju- 
rados, y los reyes fneron recibidos en Valeucia con 
estremados trasportes de júbilo. Celebráronse danzas 
y juegos, é biciéronse largas y brillantes fiestas , que 
en la situación de los monarcas mas podían lomarse 
por insulto que por obsequio. En uno de los días que 
el pueblo se hallaba entregado á aquellos recreos bu- 
Iliciosos, uno de la casa del rey tuvo la imprudenda 
de lanzarse e» medio de la danza popular, llamando 
traidores á los que bailaban, y dirigiéndoles otras 
amenazas y denuestos. Sacaron ellos sus espadas con- 
tra el atrevido agresor; un francés que salió á la de- 
fensa de éste hirió con su maza á uno de los del pue- 
blo: suiñó COD eslo la irritación do los populares. 



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tAwn n. Lino ui. 99 

creció el tamalto daodo mueras á los traidores rebel- 
des que malabaa á los de la Uaioo, dirigiéronse los 
amotíaados al palacio, rompieroo las paertas y peae- 
traroD coa las espadas desnudas ea los aposentos mas 
interiores, buscando hasia por debajo de las camas á 
don Bernardo de Cabrera y á otros privados del rey 
qoe decían bailarse allí escondidos. Hl rey salid de su 
cámara y se llegd á la escalera coa sola su espada 
ceñida, y á iosiigacioD de algunos de los suyos tomd 
una maza, y comeozd á bajar gritando: «¡A Nos, á 
Nos, traidores! ■ 

PoF una de esas peripecias y repentinas mudan- 
tas que suele ocurrir en las conmociones populares, 
loe amotinados, á quienes por lo común sorprende y 
arrebata et valor y la serenidad de un personage per- 
seguido cuando arrostra el peligro de fíente, comen- 
xaron Á gritar ¡viva el r.ey! Asi bajó hasta la puerta, 
y montando alli en un caballo que le dieron, circun- 
dado siempre de grupos que repetían d grandes vo- 
ces ¡viva d rey.' salió á la rambla. El infante don 
Fernando que sintió el aiborolo salió también con los 
conservadores de la Unioa, y con escolta de su caba- 
lleda de Castilla. Oponíanse los populares á que los 
castellanos se acercaran al rey. El infante don Fer- 
nando, un poco. turbado, se aproximó reverentemen- 
te al monarca, y se besaron los dos fraternalmente. 
«Entonces, dice el mismo rey continuando esta curio- 
»8a ración, segnimos andando juntos: pedimos de 



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100 aiSTOSIA DB BSPAJÍA. 

nbeber, y como rtbs trajesen agaa en una cscadilla, 
Kcl pueblo se empefió eu que se probara aules de 
^dárnosla, temeroso de que estuviera eavenenada. 
»Asi dimos vuelta á la ciudad, y en el momento de 
«tornar á palacio rendidos de fetiga coo intento de 
Bacostarnos, un grupo de cuatrocientos 6 quinientos 
«hombres vino á danzar bajo nuestras rentanasa) son 
»de trompetas y de címbalos, y quieras á oo quieras 
»la reina y Nos tavímos que tomar parte en el baile. 
»Un barbero quo dirigía la danza se puso entre Nos 
»y la reina, entonando uaa canción qoe tenia por le- 
- »ma: ¡Mal haya quien se partiere! Nosotros callamos 
»y no dijimos ana palabra.» Escena qae parece haber 
sido el tipo de tantas otras como se han representado 
en las modernas revolDoiones populares. 

Hachos atribuyeron á don Bernardo de Cabrera 
el haber promovido y concitado aquellos desórdenes 
á 6d de desunir y desacreditar á los de la Union: acu- 
sación á nuestro juicio inftindada,' puesto qae Cabrera 
continuamente representaba al rey que aquellas humi< 
Ilaciones á que se prestaba eran afrentosas á la ma- 
gestad, que su política de condescendencia rebajaba la 
dignidad real, que no era paz decorosa ni sería trinn- 
fo verdadero el que á tal precio se propusiera alean- 
zar de bus subditos, que debía mostrar mas valor y 
arrostrar mas rrancamente los peligros, concluyendo 
por aconsejarle encarecidamente qae á toda costa, de 
. secreto ó de público, saliera de Valencia y se ñiese á 



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PAsm II. LiBfto III. 101 

Teruel, donde le esperaría cod gran oám^o Je ricos- 
hombres calalaoes y aragooeses de los que deseaban 
su servicio, 6 iría él secretamente, si era necesario, 
á sacarle de la cautiridad en que estaba. Gomo el rey 
don Pedro, á pesar de estos consejos é íosiaDcias, no 
se resolviese á salir de Valencia, el infatigable Ca- 
brera pasó á Barcelona á negociar con los barones, 
conselleresy ciudadanos de Cataluña, casi todos par- 
tidarios del rey, la manera de librar de aquella espe- 
de de cautiverio á su soberano. Los de la Union ba- 
bian requerido á los catalanes que eoviaran sus pro- 
caradores á las cortes generales que pensaban cele- ~ 
brar para ordenar la casa y consejo del rey. y nom- 
brar an regente del reino; uegáronse á este requeri- 
miento los catalanes á instigación de Cabrera, antes 
bien acordaron sigilosameule decir al rey que proco- 
rase salir de Valencia y fuese á Barcelona á celebrar 
las cortes que había dejado suspensas. 

Era esto en el tiempo que estragaba el litoral de 
España la terrible epidemia , llamada peüe negra, 
que viniendo de Oriente á Occidente había asolado la , 
Enrc^ y el mundo, y arrebatado la tercera parte de 
la hnmaDidad, según en otro lugar dejamos ya apun- 
tado. Morían en Valencia entonces sobre trescientas 
personas cada día, y esto dio ocasión al rey para 
animarse á manifestar á los conservadores de la Union 
que quería salir de aquella ciudad y reino por huir 
ilel peligro de tan horrible mortandad y trasladarse 



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IOS DMTOUA DI BfrAftA. 

a) de Aragón. VioieTon en ello los jurados, ; se de- 
terminó la salida del rey; mas ya éste babia confir- 
mado- por segunda vez en ValeDcia-et derecho de 
primogeoitura y sucesión á sus hermanos los lofantes 
don Feraando y don loaii, revocado la declaracitm 
que habia hecho en fovor de la infanta doña Cons- 
tanza, y ratificado en fio^soañto la Uñioo pretendía, 
escribiendo á las ciudades y villas que se adhiriesen 
á ella. Todo esto hacia el rey por sí, mientras sus 
partidarios de los tres reíaos, dirigidos por Cabrera, 
Exeríca, Lona y otros magnates y caudillos, acorda- 
ban entre sf los medios de dar un golpe á la Udíod y 
libertar á sn soberano (junio, 1348). El rey se enca- 
minó á Teruel; el infaate don Fernando se dirigió á 
Zaragoza, donde se encontraron todas las fuerzas de 
la Union. 

Aunque el rey hizo publicar que no llevaba otra 
intención que la de restituir la paz al reino, reconci- 
liar los partidos, pooer término á sus dírerencias y 
haberse benigoamente con todos, no había quien no 
estuviese persuadido de que tan larga querella, seguo 
la disposicioQ' de los ánimos, no podia resolverse ya 
smo por la espada. Desgraciadamente aconteció asi, 
rompiéndose la guerra por parte de los de la Union, 
que se hallaban en Zaragoza y Tarazona. Entonces 
don Lope de Lona que capitaneaba las huestes rea- 
listas de Daroca, Teruel y sus comarcas, se dirigió 
con toda la ñierza de sn ejército á Epila, lugar á 



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PAKTB II. LIBRO lU. 103 

propósilo para ofender á tos de Ia Uqíoq. Llegado es- 
le caso, el rey y el iafanle cada cual escribió á las 
ciudades y ríeos-hombres de su partido paia que 
acudresea eo socorro de sus respectivos ejércitos. El 
rey doo Pedro arrojó ya la máscara coa que hasta en< 
tonces babia procurado disfrazarse, y declaró pábli' 
caoieale que la causa que defendía doa Lope de Luna 
era la suya propia. A fuerza de manejos babia logra- 
do separar al rey de Castilla del partido del infaule, 
y aun obtenido de él un socorro de seiscientas lanzas, 
y saliendo de Teruel se encaminó hacia Daroca oon 
inlenlo de incorporarse á don Lope de Luna que te- 
nia cercada á Tarazona. £1 ejército de la Union, com- 
puesto de quince mil hombres al mando del infante, 
se puso sobre Epila, que estuvo á punto de tomar (21 
de julio]. Acudió entonces dejando el cerco de Tara- 
zona el de Luna con toda su hueste, y trabóse alli 
una reñidísima y cruel batalla, en que el estandarte 
de la Union quedó derrotado y el ejército de los con- 
federados vencido, herido y prisionero el infante don 
Fernando, y muertos don luán Jiménez de Urrea y 
muchos ¡lucres ricos-hombres. Habiendo venido el 
iafante don Fernando á poder de los castellanos, te- 
sterosos estosde que su hermano el rey de Aragón le 
luciese matar, le llevaron al rey de Castilla su tío. Los 
pendones de Zaragoza y de la Union quedaron ea 
Epila en memoria de esto 'célebre triunfo, debido al 
arrojo y esfuerzo dedon Lope de Luna, á qnien muy 



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404 aiffOKu DI uvaSa. 

seSaladameote ayadaroD los caballeros y gente de 
Daroca. 

Esta batalla fué uaa de las mas memorables qoe 
cuenta la historia de Aragón, y en política acaso la 
mas importante y de mas inOaencta, paes como (tice 
el cronista aragonés, fué la postrera qae se baila 
haberse dado en defensa de la libertad del rano, ó 
mas bien por el derecho que para resistir al rey con 
las armas daba el ñimoso príTÍlegio de la Uiuon ar- 
rancado á Alfonso IIÍ. Desde entonces el nombre de 
Union qnedó> abolido por universal consentimiento de 
todos. 

Luego qneel rey tuvo noticia de este trionfo, de»- 
de Cariñena donde se trasladó, tomó las convenientes 
medidas para el castigo de los mas delincnentes, des- 
pués de lo cual pasó á -Zaragoza. Sin embargo no se 
ensañó con los vencidos tanto como se temia, y como 
daba ocasión á errarlo la invitación que le hicieron 
y el estatuto que ordenaron los jurados y concejo de 
Zaragoza para que procediese contra tas personas y 
bienes de los mas calpadt». Trece de estos, todas 
personas principales de la ciudad, fueron habidos, 
procesados y condenados á muerte por motores de la 
rebelión y reos de lesa magostad , y como tales su* 
frieron la pena de horca en la puerta de Toledo y en 
oU-os lugares públicos de la población. En otras di- 
versas partes del reino se hicieron también ejecu- 
ciones y confiscadones, guardándose en todos los pro- 



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rAknii. uBMui. 106 

GesoB las formas legales. Entre los bienes seonestradoe 
lo fueron loe de la poderosa casa de don Joan Jimé- 
nez de Ürrea, señor de grandes estados; y aanqae la 
reacción no fué lan sangrienta como se había espera- 
do, el terror faé restableciüido por todas parles la 
tranquilidad, escepto en Valencia, donderla Union se 
mantenía aun en jáé. El rey se apresuró á oonrooar 
cortes generales con el objeto de asentar las cosas, de 
manera que se consolidase la paz y cesasen para saeta- 
pre las alteraci(»ies -y guerras civiles. 

Lo primero de que se trató en estas c<ktes fué de 
la abolición del privilegio de la Union, á qne todos 
deliberadamente renoDciaron, como contrario A la 
dignidad y á los naturales derechos de la corona, y 
CUDO germen de intranquilidad y de tarbulencias pa- 
ra el reino: ordenóse qne lodos los libros, escrituras 
y sellos de la Union se inutilizasen y rompiesen, y el 
nombre de Union quedó perpetuamente revocado (oc- ' 
tubre, 1348]. Cuéntase que el mismo rey don Pedro 
queriendo romper por su propia mano uno de aque- 
llos privilegioB, al rasgar el pergamino con el puñal 
que llevaba si^npre. consigo se hirió en una mano y 
esclaroÓ: cPnMiegío que tanta sangre ha costado no 
te dehe romper sino derramando sangre-.t de que le 
quedó el nombre de En Pere del Punyalet, don Pedro 
el del puñal, Salíslecha la parte de venganza, mani- 
festó en un largo razonamiento que otorgaba perdón 
general de todos los excesos y ofensas hechas á su 



D,g,t7cdb/G00glC 



106 BI8T01U Dt BSriflA. 

real persona y dignidad, á escepcioD de aquellos íd- 
diríduos qoe estabao ya Jazgados y seotenciados. Se- 
guidamente hizo jurameoto de guardar y hacer guar- 
dar inviolablemeDle los antiguos fueros, usos, cos- 
tumbres y pnvil^ios de Aragoo, mandando qoe el 
propio jurameoto bicieseo los reyes sos sucesores, et 
gobernador general, el justicia y todos los oficiales 
del reino. Determinóse en aquellas cortes que en lo 
sucesivo el gobierno y procuración general bullera 
de recaer, do en ríco-bombre, sioo en caballero na- 
tnral del reino, para que se Je pudiese mas obligar á 
guardar las leyes, y castigar hasta de muerte sí se 
escediese ó abusase de su cargo. Dióse grande autori- 
dad y preei^inencJa al oficio del Justicia, cuya juris- 
dicción recitúii desde estas icórtes todo sn mayor en- 
sanche; y vióse con sorpresa que el rey del pvñal, » 
con ona mano hacia trizas el anárquico privilegio de 
la Union, con otra no solo confirmaba, sino que am- 
pliaba las antiguas libertades de Aragón. 

Faltaba lo de Valencia, donde la Uaton se manto- 
□ia pujante, sin desmayar por la derrota de sos her- 
manos los aragoneses, y dominaba casi todo el reino, 
baciendo estragos en él, y en especial en los pueblos 
de don Pedro de Exerica y de don Lope de Luna. De- 
cidido el rey don Pedro á sofocar la insurrección va* 
lenctana, hizo equipar una flota en Barcelona para 
emplearla contra la ciudad rebelde, mientras él, pro- 
rogadas las corles de Zaragoza, marchaba condón 



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pAB-n u. LIBIO ni. 107 

Lope de Lana (á qaiea había premiado cod el titulo 
de conde) y coa las hoestes de Aragoo hacia Segorbe 
y Valencia, (noviembre 4348). Los de la Dnioa, qae 
babiaa nombrado general de sus tropas á un letrado 
llamado Joaa Sala, dirigieroa urgentes reclamacio- 
nes el íuikDte doD Femando para que les acudiese y 
valiese con gente de Castilla, mas ya el precavidoara- 
gméa se había anticipado i ganar al castellano, el 
cual halagado con la idea de casar á su hijo bastardo 
don Enrique deXrastamara, hijo de su dama doña 
Leonor de Guzniao, con ooa de las infantas bijas del 
deAra'goú, había ofrecido ayudar á éste, y pendían 
ademas eutre ellos otras DegocíacicHies relativas á la 
reina dona Leouor y á los infantes don Fernando y 
donjuán. Viéronse pues los valencianos reducidos á 
sos solos y propios recursos, y no obstante cóotínua- 
bao estragando la tierra, atacaban sin cesar - áBur- 
rlana, el pueblo que resistió mas heroicamente á la 
Union, saqueaban la judería de Murviedro, é impo- 
nían peoade muerte á todo el que hablara de rendir- 
se. Pero atacados al fia por todas las fuerzas del rey 
en Mistata, fueron rechazados basta las puertas mis- 
mas de Valencia con gran pérdida de gente. Hubiera 
podido el rey entrar en la cíndad, pero detúvose te- 
meroso de no poder evitar los desastres de ud saqueo 
por parte de sus tropas, y contentóse con enarbolar su 
estandiarte en el palacio llamado el Real, que esta ba 
fuera del maro. 



nigiUrrlb/GOOglC 



108 BUTOMA DB UFAJÍA. 

Coavencidos al ñn los valencianos de qne «la ir« 
>de Dios había venido sobre ellos para castigarlos por 
>sas pecados.» enviaron al rey un measage suplicán- 
dole los recibiese á merced. Refiere el mismo monar- 
ca en sos Hemorias. qoe en. el primer impulso de so 
indignación estovo determinado á mandar arrasar la 
ciudad rebelde, ararla y sembrarla de sal, para qoe 
jamás pudiera ser habitada y no quedara rastro ni 
memoria de ella, pero que oyendo las súplicas y ra- 
zones de sos consejeros, que le representaban no ser 
oslo ni razonable qne con toa culpables y delincuen- 
tes pereciese los servidores leales y los inocentes que 
en la dodad había, y que fuera mengua de un monar- 
ca, y menoscabo ademas de su corona destruir lan 
hermosa población, que era una de las joyas de Es- 
paña, dejóse ablandar, y accedió á otorgar merced con 
las condiciones siguientes: 1 .' que se confiscarían los 
bienes de los que habían muerto con tas armas en la 
mano: 2.* que serían esceptuados del perdón algunos 
que él nombraría: 3.* que tampoco serían compren- 
didos en el indulto general los que se bailaron en las 
tres principales batallas que se dieron en aquel reino 
entre los de la UdIod y los capitanes del rey, á sa- 
ber, la.de Játiva, la de Betera y la de Hislata: 4.* 
que le serian entregados todos los privilegios de la 
ciudad para confirmar los que le pareciese y revocar 
los otros. Aceptadas estas condiciones, entró el rey 
don Pedro en la ciudad de Valencia (10 de diciem- , 



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FAkTi II. un.« m. 409 

bre 13Í8), coa todo sa ejército eo drdea de gnerra, 
pasó á la catedral á dar gracias á Dios, hizo después 
nn, largo razoaamieato al pueblo eDumeraodo los gra- 
ves delitos qao habiaa cometido, concluyendo por de- 
cir qoe como rey misericordioso y clemente ofrecía 
perdoD geoeral y total olvido de lo pasado. 

Fsto DO impidió para que cinco días antes de Na- 
vidad diese sentencia de muerte contra veinte per- 
sonas, de las cuales unos fueron degollados, ar- 
rastrados otros, y á otros se les dió na nuevo y mas 
horroroso género de tormento y de maerle. Consistió 
este suplicio (horroriza decirlo, y no lo creyéramos 
n DO lo leyésemos en la ■ Crónica misma del rey) en 
derretir en -la boca de los sentenciados el metal de la 
campana qne los de la Union habían hecho construir - 
para llamar á consejo sus conservadores <*) .La pena 
era horible, pero al decir del rey recala sobre quie- 
nes se babian becbo merecedores de ejemplar escar- 
miwito y castigo: puesto qoe, según él afirma, los 
gefes de la Union, halñan iaventado también y orga- 
nizado un sistema de terror, que cousistía en que un 
Jtiaider, creado por ellos, iba de noche á las casas 
de los qoe hablan «do condenados por enemigos de 
]b Union, les intimaba que le uguiesen al tribunal de 
los conservadores, mas lo que hacia era llevarlos á 
abogar al rio. En la sala del tribunal tenían colgados 

(1) Crónica del re; don Pe- — Zurita, Aoal.lib. VIH., 0.33. 
dra 1\., eaorite por ét aúnDD- 



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140 iosnmu db bspaSa. 

diversos sacos, y por los que faltaban á la mañana 
sigui^DleeDlendiao los qae habían sido seeretameote 
ejecutados, y ellos deciao entre sí, haciendo donaire 
de la crueldad, que la noche pasada te habían dado 
órdenes. Después de la fiesta de Navidad se hicieron 
de orden del rey otras varías ejecuciones, y entre los 
que fueron arrastrados por la ciudad lo fué el letrado , 
Juan Sala, el caudillo últimamente nombrado de la 
Union. Este nombre fué también abolido perpetua- 
mente en Valencia en corles generales. Diéronse otras 
varias disposiciones para castigar los delincuentes y 
sosegar el reino de los escándalos y alteraciones pa- 
sadas, y el rey atendió con mucha solicitud á la fron- 
tera de Castilla, receloso siempre de ta reina doña 
Leonor, su madrastra, y mas del infante don Fernan- 
do, su hermano, que con algunas compañías de gente 
de á caballo se habia puesto sobre Requena. 

De esta manera fué estinguida y como arrancada 
de cuajo la formidable liga de la Union, y tal desen- 
lace tuvo la sangrienta y porfiada lucha entre el trono 
y la alta aristocracia aragonesa» qoe venia de largos 
tiempos atrás iniciada, y en que tantas humillaciones 
había tenido que sufrir [a autoridad real: resultado 
debido A la política astuta y ladina del rey don Pe- 
dro IV./ á su perseverancia y tesón para llegar á un 
fin sin reparar en los medios, á sa mezcla de cobar- 
día y atrevimiento, de rigor y de clemencia, que nos 
hace admirar su carácter sin amarle: resultado de 



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rjom II uno iii. 111 

que fué qd milagro ver salir ilesas aatiguas y legi- 
timas libertades del reino aragonés, y qae honra, á 
pesar de los defectos de su índole y condición, á don 
Pedro el del Puñal. 

Ocorríó después de esto la final destraccion y 
moerle de Jaime II. de Mallorca, que ya hemos refe* 
rído (1 349): la alianza y amistad de Pedro IV. dé Ara- 
gón y Alfonso XI. de Castilla, qae se negoció por 
medio de don Bernardo de Cabrera, bailándose el 
monarca castellano sobre Gibraltar, para ayudarse 
mutuamente en la guerra contra los moros, de que 
dimos csenta en la bístoria de aquel reino; y la ter- 
minación del ruidoso pleito entre el monarca aragonés 
y so madrastra doña Leonor y los infantes don Fernan- 
do y don Juan, sus hermanos, dejándoles las villas y 
castillos de que respectivamente les había hecho do- 
nación el rey Alfonso IV., de que tamtúen hemos in- 
formado ya á nnesUos lectores. 

Babia en este intermedio fallecido, vfctima de la 
e[Mdemia, la isegnnda esposa del rey, doña Leonor 
de Portugal (1348). Pensé pronto don Pedro en ud 
tercer enlace, para el cual se fijé esta vez en la casa 
de Sidlia, aliada de la de Aragón. Aquel desgracia- 
do T«ÍD0 desde la muerte del duque Juan de Atenas, 
lio y tatúr del rey Luis, niño de cinco años, se había 
hecho teatro de lamentables discordias' y guerras 
intesUoas. El partido de la reina madre, que domi- 
oaba con gran preponderancia en Hesina, perseguía 



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lis BlSTOtU OB HSPaRa. 

entoDces eocarniKadameQte á los aragoneses estable' 
ddos en Catania; que aragoneses y catalanes coa sus 
privilegios habiaa provocado la enviada de los áci- 
lianos' y concitado contra ellos una revolacioa de par- 
te de los naturales del país, que do se propoDÍaa me- 
DOS qoe estirparios si pudieseo y acabar la memoria 
de la casa real de Aragón. En tales momentos llega- 
ron á Sicilia embajadores de dea Pedro IV» encalca- 
dos de pedir para él la mano de la hermana del rey 
Luis, bija de don Pedro y de doña Isabel de Carin- 
thia, llamada también Leonor como la princesa difba- 
ta de Portugal ">. Diósele al monarca aragonés la íd- 
fonta de Sicilis, mas do síd que éí partido siciliano 
la hiciese antes renunciar á sos derechos eveataales á 
la corona de aquel reino. Fué pues, conducida la 
princesa doña Leonor por mar á Valencia, donde se 
celebró con solemnes Beatas au matrimonio (4349). 
Al año siguiente la nueva reina con universal alegría 
de los tres reinos dio á luz en la villa de Perpinan un 
príncipe á quien se puso pornombre Juan, od memo- 
ria deldiaea que nació {27 de diciembre, Sau Inan 
apóstol y evangelista), y el cual fué recibido como 
iris de paz, puesto que cortaba las pretensiones y 
zanjaba el famoso pldto de snoesion entre los infantes 



(1) Don Fadriane do Aragón, fficiliíaarainoaBgregadodelaixH 

rejde Sicili» , babia muerta eo roua de Esoañi, aunque baja la do- 

1338, y sucodldolo ta hijodOD Pa- mÍDacioD ae la díDatlia aragane- 

dro. A éste le sucediú ea i 341 el sa, deja por abora de pertuaecer- 

iofaote don Loís, su hijo, niño de noa fu historia sino ea la partean 

CÍDCO años, bajo la tutela de »a tío que ae eu Ir •'mezclan 7 enlazaD los 

doD Juan do Ateuas- Siendo ja la aac«so« de ambaa moDarquks. 



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PAITB n. LIBItÚ lil. i 1 3 

doD Fernando y don Juan sus (Los y la infanta dona 
Constanza su hermana. Encomendóse su educación al 
consejero don Bernardo de Cabrera : diósele luego et 
lUulo de duque de Gerona, que pasó á ser anexo á la 
prímogenilura de Aragón, y en 13&1 fuéjuradoen 
cortes heredero y sucesor del reino. 

Encontrábase el rey don Pedro IV. de Aragón al 
promediar el siglo XIV. en nua situación no solamen- 
te desahogada sino hasta halagüeña. Habia termina- 
do la guerra de la Union; se veía poseedor tranqui- 
lo de los estados de Mallorca , y tenia un heredero 
varón que frustraba las pretensiones y tentativas de 
sus hermanos. Faltábale asegurarse la alianza y amis- 
tad de los vecinos monarcas, y á esto consagró su 
atención y sus esfuerzos. Pendia con el rey de Fran- 
cia la cuestión sobre la baronía de Montpeller con los 
vizcondados anexos, que el destronado rey de Ma- 
llorca habia vendido á aquel soberano. Reclamábalos 
el aragonés como parte integrante del reino de Ma- 
llorca- qae don Jaime n. no habia podido enagenar. 
Sostenia el de Francia la validez de la venta : mas 
después de algunos altercados y dispntasconcordáron- 
se en que el señorío de Montpeller quedase del domi- 
Dio del de Francia , . pagando éste al de Aragón lo 
que de.su precio restaba á deber. Hfzose este ajuste, 
porque tratándose al poco tiempo de casar á la in- 
fanta doña Constanza de Aragón con el nieto del de 
Francia, Luis conde de Anjou, se estipuló éntrelos 
Tow TU. S 



n,g,t7cdb/G00gIc 



114 niSTMii n bwaAa. 

dos monarcas an pacto de amistad y coafederacioD 
para valerM nútaamente contra todos sas enemigos. 
El casamiento se hizo después con la infanta doña 
Juana hija segunda del de Aragón. 

Este año de 1350, notable en la cristiandad por 
el segundo jubileo general que concedió el papa Cle- 
mente YI. reduciendo sd término á cincneata años , y 
en Aragón por haberse ordenado qae los instramen- 
toap<U>licos se datasen empezando á contar el aSo. 
por el día del Nacimiento del Señor , en lagar del de 
la Encamación como se hacia antes, lo foé tambim 
por las deñinciones casi simnltáneag de tres reyes; . 
Felipe de Valois de Francia , & quien sacedió su hijo 
luán n.; Juana de Navarra, á quien heredó so hijo 
Carlos el Halo, y Alfonso XI. de Castilla , cuyo trono 
ocopó su hijo Pedro el Cmel. Procuró el aragonés 
mantener con los nnevos soberanos las buenas rela- 
ciones que le nnian con sns padres. Al de Navarra (e 
propuso fA enlace con la hermana de la reina de Ara- 
gón, hija de los de SicaHa , pero aquel principe siguió 
la tendencia de sns antecesores y prefirió qna de las 
hijas del monarca francés. Descoofiaba el de Aragón 
del nnevo rey don Pedro de Castilla, y temeroeo de 
qna diese favor al infante don Fernando que amena- 
zaba entrar otra vez en Valenoa con muchas compa- 
ñías de á caballo , mandó á todos los ricos-hombres, 
ctiíalleros y gente de goerra de aqnel reino , qne ae 
apercibiesen para guardar y defender la frontera. 



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Mtn n. una iii. 44S 

¿aya medida aplazó por k) meaos ud rompimienlo en- 
ire dos laooarcas que uo podían ser amigos. 

QcDpado PedroIV.de Aragonea los graves oego- 
cio6 ioteríores del reino de qoeacabiBiosdedarcuen- 
ta, no había podido atender corao bobíera querido á 
los asontoB de Cerdeoa , de ese malhadado feudo qoe 
parecía haber sido adquirido para consomir el oro y 
la sangre de la nacían aragonesa, siempre inqoieUn- 
do pCH* la señorfa de Genova, perpetua rival de Cata- 
lana, y por la InrbQléola jr poderosa familia de los 
de Oria. Verdad es que m el principio de su reinado 
(4336) logró ajuslar ana paz, que por lo menos yaque 
so prometiese eet darodeca, le dio un respÍEo y puso 
tes cosas en algo mcgor estado que el qiie astea te- 
aian. Has todas «ib gesttfflws y sáplioae al papa Be- 
flito XIL, «fm aanea se mostró propicio al arag^oés, 
para %w te relevara d«I censo que por aqwUa pose- 
ma pegaba i la Iglesia, fueron enteramente io£ruc- 
tooaw, y en este paaito no alcaaaó mas de lo q«e ha- 
bía conaegiude sn padre Alfoito IV.; y siando aquella 
iala t» iHGaeuQdft e/a prodaotw para Aragón q«e 
apesaa alcaAadwn las r^ita» para eJ mantraiBÚaat» 
del <^ctto y 1^ ow^ervaiúoa y presidio de las plazas, 
tenia «1 ffiODKca a^agoo^ qn? pagar «1 censo de los 
Iwdos de fiw propia gámara. Goooedióleeaun|>rÍnQipÍQ 
el papa, oono jxu- ee|i«cial oieroed^ qm la hiciese ei 
imviBento^fiflelidtadppr B)e(li»dae«ifa^Íadoi^w;peco 
mta adelante tuvo el rey de kTag^a que ir en perso- 



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116" - HlSTOUi DB BStAÜA. 

Da á Aviñou á prestar el bomeaage á la Saota Sede. 
Y ea cuanto á Córcega , do se había obtenido otra 
cosa que el titulo y el derecho. Por otra parte la paz 
do Cerdeña había sido , como era de esperar , bien 
poco respetada por los .enemigos de la domíoacioo ara- 
gonesa, y manieníase la isla en un estado indefinible* 
que DÍ era paz ni era guerra, y mas bien que por 
los esfuerzos y el poder de los gobernadores aragone- 
ses, limitados á la defensa de los castillos , se susten- 
taba por las rivalidades mismas entre písanos y geno- 
veses, entre los de Oria y los marqueses de Halas- 
pina. 

£n tal estado permaneció hasta 1 347, en que los 
siete hermanos Orias eoarbolaron et nuevo estandar- 
te de la rebelión, se apoderaron de Alguer y otros 
castillos, pusieron eo grao estrecho la ciudad de Sa- 
cer y pidieron al rey exoiciooes y privilegios exage- 
rados. Envió el aragonés algunos refuerzos , que no 
podían ser grandes, envuelto como se hallaba en las 
cuestiones con los de la Union, y protegidos los de 
Oria por los genoveses dieron ana batalla en que 
quedaron derrotadas las Iropasaragonesas, con muer- 
te de Guerao de Cervellon y sus hijos , y de muchos 
ilustres caballeros y ricos-hombres. Apresuróse el 
rey á proveer los cargos de los que allí murieron, é 
hizo llamamiento general á los barones y caballeros 
heredados en la isla para que acudiesen en su socor- 
ro. La ciudad de Sacer fué libertada; pero ni la se- 



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PAITI II. LIBRO m. — 117 

ooria de Genova ni la familia de loa de Oria dejaban 
QQ momento de reposo á los aragoneses, y para ma- 
yor iDfortnnio suyo la célebre epidemia de 1348 hizo 
en ellos horrible mortandad y estragos, señaladamen- 
te en (a ciudad de Caller , de modo que era por todos 
lados costosa y funesta á Aragón la posesión precaria 
de aquella isla. 

Coaodo en 13S1 se hallaba Pedro IV. de Aragón 
en la siloacion ventajosa que dijimos, esiinguida la 
Udíod, vencido y muerto el rey de Mallorca, y en 
paz con Francia, con Navarra y con Castilla , solo en 
Gerdefia ardía el fuego de la rebelión , y andaba todo - 
tan pertnrbadoy revuelto y en tal peligro por parle 
de todos los contendientes, qne hubieron de conve- 
nirse el monarca aragonés y el duque y la señoría de 
Genova en enviar sus embajadores á la corle del papa 
para que viese el medio de evitar un rompimiento 
qne pudiera ser calamitoso á todos. Por fortuna para 
el rey don Pedro se hallaban entonces en guerra ve- 
necianos y genoyeses, y un embajador- del común de 
-Venecia viaoá Perpiñan á proponerle coa empeño se 
confederase con aquella república contra sus comu- 
nes enemigos los de Genova. Varió con esto totalmen- 
te et rumbo de los negocios. El de Aragón aceptó la 
alianza, por mas sagacidad que empleó olro embaja- 
dor genovés para retraerle y apartarle de ella, y una 
armada de veinte y cinco galeras al mando del cata- 
lán Ponce de Santa Pau salió de las costas de Valen- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



118 HISTOftlA DB KSI>a1ÍA. 

cía y Catalana á ÍDCorporarae cod la de los veneda- 

Dos que se compoaia de treinta y cídco, Géaova por 
su parte lanzó al mar hasta sesenta y cinco galeras. 
EDCODtrároDse las escuadras cerca de Gonalaotinoida^ 
cuyo emperador, Juan Paleólogo, envió nueve de sus 
galeras en ayuda de los aliados de Venecia y España. 
Un furioso temporal dispersó la flota genovesa , lo 
cual no estorbó para que la escuadra confederada la 
persiguiese, y en el estrecho canal del Bosforo Tra- 
cio que divide á Europa de Asia, entre loa mugidos 
de las olas de un mar horriblemente embravecido se 
dio QDo de los mas terribles combales que cueotaa los 
anales de la marina (1 3 de febrero, 1 35S). La armada 
genovesa quedó derrotada, cogiéronaele veinte y tres 
galeras, estrelláronse otras, gran parte de la gente 
fué pasada á cochillo, y muchos se arrojaron al mar. 
El triunfo cosió caro á los vencedores, perdieron ca- 
torce galeras, pereció el almirante de la flota valen- 
ciana Bernardo de Ripoll, y el almirante en gefe Pon- 
ce de Santa Pau quedó tan quebrantado y recibió tan- 
tos golpes en so persona, que de sus resallas sncam- 
bió en Consta nlinopla al mes siguiente. 

Lejos de desalentar los de Genova por aquel con- 
traiiempo que parecía decisivo, vióseles al poco üem- 
po equipar otra armada de cincuenta y cinco naves. 
Intentó el papa restablecer la paz entre Genova y 
Aragón, á lo cual contestaba el rey don Pedro que la 
aceptaría siempre que viniese en ello la señoría de 



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fABTB II. LIMO III. 119 

Venecia, y le entregasen los genoveses la ida de 
Cúrcega y lo qoe le teoiao' usurpado de Cerdada. 
Frustró estes negodadoDes la inopinada defécoion 
det juez de Arbórea, que había eido eiempre fiel al 
rey de Aragoo, y concibió el peBsamiento de irse 
apoderando poco á poco de la i»la hasta hacerse rey 
y señor de día. Esto movió al a ragonés A enviar uoa 
ilota de cincuenta naves al mando del anciano don 
Bernardo de Cabrera, la cual uniéndose en las aguas 
de Cerdeña á veinte galeras venecianas batió á laar- 
mada genovesa cerca de Alguer, apresóte treinta y 
tres bagóles, y dio muerte á ocho mil genoveses, ha- 
ciendo tres mil {H-isioneros. Rindióse Alguer á las 
armas de Aragón, y convencida Genova de que ert| 
demasiado débil para locbar sola cmtra dos tan po- 
d»t»Qs enemigos, echóse en brazos del señor de Mi- 
lán, Joan Visconti, reconociendo sa soberanía (13S4). 
ContÍDoaba el papa Inocencio VI. (que había suce- 
dido ¿ Clemente VI. en diciembre de 1352) en su 
bueo propósi to de concordar la señoría de Genova con 
el rey de Aragón, mas todos sus esfuerzos se estrella- 
bao contra la tenacidad de los genoveses , alentados 
con el nuevo favor del señor de Mil an y con la coope- 
ración del juez de Arbórea. Asi á pesar de uoa nueva 
tialalla naval ganada por el infatigable don Bernardo 
de Cabrera, Alguer se perdió de nuevo, Villa de Igle- 
sias y otros castillos se entregaron á los rebeldes, y 
Sacer se veia estrechada por losde Genova. Fuéle pre- 



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130 BlSTOftU dbsspáIIa, 

cieo á don Pedro de Aragón acadir en persona á la 
guerra de Cerdeña. Aprestóse en las costas de Cata- 
luña una fuerley numerosa escuadra. Un duque ale- 
mán, tío del rey de Polonia, y muchos nobles ingle- 
ses y gascones vinieron espontáneamente á formar 
parte de una espedicion que prometía ser famosa. La 
misma reina de Aragón qiúso participar de los peli- 
gros y de las glorias de su esposo. La armada, com- 
puesta de cien bageles entre grandes y-medianos, se 
dio á la vela en el puerto de Rosas, y después de 
una feliz travesía arribó á la vista de Alguer, donde 
se te reunieron treinta galeras venecianas. El ataque 
de Alguer fué terrible, pero no era menos vigorosa 
y tenaz la t-esistencia. La escasez de mantenimientos 
cu el ejército real era tal que tenia que proveerse de 
subsistencias de Cataluña, y las enfermedades diez- 
maban la hueste de Aragón. El rey mismo adoleció 
de tercianas, que era fatal á los aragoneses aquel in- 
salublc clima, y mas en la estación del otoño. El dux 
(ieVeuecia tiabia espedido una embajada alaragoo^ 
para persuadirle á que tiatara de concertarse con el 
poderoso señor de Milán, en cuyo apoyo fundaban sus 
mayores esperanzas el de Arbórea y tos genoveses. 
Por oti'u parte don Bernardo de Cabrera y don Pedro 
de Exerica, casado este último con una hermana 
del juez de Arbórea, interpusiéronse con éste para 
que se redujera á la obediencia del rey, devolviéndole 
Alguer y otras fortalezas, lo cual se realizó, dejando 



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PAKTK II. LIBRO Ul. Mtf 

el rey al de Arbórea y á sus herederos por cincaeula 
años otros castillos y lugares en la Gallura; concierto 
que pareció afreotoso á los aragoneses, y resultado 
que se tuvo por poco digoo de tan poderoso rey y de 
tao formidable escuadra (1365). 

Hizo el rey so entrada con la reina en Alguer 
(AIghero), de donde pasó á visitar ó Sacer (Saseari), 
y de alli se trasladó á Calter (Cagliarí), donde convo- 
có á cortes generales á todos los sardos. Astuto y sa- 
gaz el juez de Arbórea, anduvo entreteniendo y re- 
basando de verse con el rey de Aragón, y ni aan 
quiso concurrir á las cortes contentándose con en- 
viar á ellas so- esposa y su hijo primogénito, y por su 
causa dejó de asistir también Hateo de Oria. La con- 
ducta de estos dos persoúages fué cada vez mas con- 
venciendo al rey de Aragón de que ni estaban en 
ánimo de cumplir lo capitulado, ní renuncíabanalse- 
ñorío de la isla, para lo cual solo esperaban oportu- 
na ocasión. Fuéle pues forzoso emprender de nuevo 
la guerra con un ejército menguado por las enferme- 
dades. A este tiempo el papa Inocencio VI., en uníon 
con Carlos rey de Romanos, babia logrado poner' en 
paz las dos repáblicas de Genova y Venecia, dejando 
fuera de ella al rey de Aragen. Era en aquella sa- 
zón dux de Venecia Marino Faliero, el mismo que 
coD muchos gentiles-hombres conspiró contra la re- 
pública por tiranizarla, y siendo descubierta la con- 
jeracion les costó al dux y á los principales conspi- 



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1S2 HlSTOtU DI urjjA. 

radwes ser decapitados. Viéiidose solo el aragonés, 
eotró oira vez en tratos con los rebeldes, y recibió á 
merced al juez de Arbórea con que le resUlayese 
algunos castillos y-.le hiciese boioenage por otros, con 
otras coDdicíonoa semejantes á las del primor tratado. 
y perdonó tamlñen á Mateo de Oria con qne le reco- 
nociese vasallagepor losfeudos que tenia en-Cerdeña, 
y se obligase á servir como fiel vasallo al rey. Con 
esto creyó don Pedro de Aragón poner en buen es- 
tado la isla, y dejando algunos de los de su consigo 
encargados de procurar que el de Arbórea cnmpUeae 
lo pactado, apresonJse á salir de aquella isla fatal 
consn armada, y á 12 de setiembre (13&&) arribó i 
Badalona en Cataluña. 

Falleció en este tiempo don Luis rey de Kdlia, 
y sucedióle su hermano don Fadrique que se intituló 
rey de Sicilia y duque de Atenas y Neopatria: primero 
que usó de estos títulos, que quedaron de allí adelan- 
te á sus sucesores, y boy los tienen loa reyes de Es- 
paña por razón del reino de Sicilia. Era la situación 
del reino siciliano sobremanera deplorable. Niño de 
Vocéanos el rey, llamado el Simple por su escasa 
capacidad intelectaal, dada la gobernación del Esta- 
do á la in&nta doña Eufemia su hermana, en gnvra 
no ya solamente los catalanes y aragoneses de la isla 
coDlra los do Claramoole, sino aragoneses y catala- 
nes entre sf, tíos y sobrinos, deudos y hermanos, 
todo era alteraciones, miserias y escándalos, y no ba- 



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«AKTtll. UNO m. 4S3 

bia m» gobierno dÍ política que la fuerza y el pe- 
der de las aroias. «No sé yo de reino oinguDo de 
>Ia crÍBÜandad, dice el juicioso cronista de AragOB, 
sqoe padeciese ea uo mismo tiempo taolos trabajos y 
«males como aquel en esta sazón, que tenia por ene- 
amiga. á la Iglesia, y estaba «nlrediche, y le hacían 
•guerra la reina Juana y el rey su marido dentro 
»en su casa, y cada día se le iban gaoaDdo lugares 
>y castillos por los de Claramente, y lo que era últí- 
»roa miseria, ser el rey tan mozo y simple, y gober- 

■nado pormuger, y por parcialidad y bando 

»y habiendo tan grande disensión y contienda entre 
aloe mismos barones catalanes y aragoneses que te 
'habían de amparar y d^nder, que era entre elloe 
»mu^o mas terrible la guerra que la que solían ba- 
>cer bs enemigos antiguos en los tiempos pasados '*\» 
Persuadido don Pedro IV, de Aragón de que cum- 
plía á su honor acudir al remedio de tan miserable es- 
tado, y mas tratándose de casar á su hija doña Cons- 
tanza con el rey doo Fadríque de Sicilia, como antes 
se trató de casarla con su hermano don Luis, ravió 
primero embajadores al papa, y después fué él per- 
sonalmente á Aviñon (1386), con el doble objeto de 
hacer que el pontífice entendiese en el remedio de las 
guerras y males que afligían á Sicilia, y de que arre- 
giasede «cnerdo con el colegio de cardenales lo rela- 
tivo á Cadena, sobre cuya isla continuaban las com- 
eo Zgríta, Ao8l. lib. Tin. c. 00. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



Mii IÍI9T0UÁ DB ESVaA*. 

plicadas pretensiooeB del rey de Aragón, de la repú- 
blica de Genova, del señor de Mílao , del jaez de Ar- 
bórea, y de la casa de los Orias. Pero después de al- 
gunas pláticas las cosas se quedaron en tal eslado, ó 
, por m^or decir, vioiaron otra vez á rompimiento por 
la traición con que Hateo de Oria falló á todo lo pac- 
tado: el rey se volvió i Perpiñao , y otra armada fué 
enviada pronlameale á Cerdeña. No pudo don Pedro 
alejarse de Perpiñan en razón á las grandes novedades 
ocurridas en Francia con motivo de la famosa batalla 
de Poitiera, ganada por Eduardo, príncipe de Gales, 
hijo del rey de Inglaterra , ea que quedaron prisione- 
ros el rey de Francia y su hijo menor Felipe , y muer- 
tos su hermano el duque de Borbon, padre de doña 
Blanca, muger del rey don Pedro de Castilla, coo otros 
grandes del reino : lo cual no solo impidió que se 
efectuase el concertado enlace de la infanta doña Jua- 
na de Aragón con Luís, conde de Anjou, que estaba á 
punto de concluirse , sino qne entorpeció también el 
de doña Constanza coa don Fadrique de Sicilia, que 
estaba todavía mas adelantado. Las cosas de Sicilia 
marchaban lan adversamente para don Fadrique, que 
sin la constancia y maravilloso esfuerzo de don Artal 
de Alagon hubiera acabado de perder el reino. 

Rota por otra parte la guerra entre los dos Pedros 
de Aragón y de Castilla (de cuyo principio y sucesos 
daremos cueuta cuando volvamos á la historia de es-- 
le último reino), poco podia hacer el aragonés ni ea 



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FAITE Il> LlItO ni. i%Í 

hior de Sicilia dÍ en favor d e CerdeSa, que se cod- 
virtieron para él en dos objetos secundarios, absor- 
bida toda aa atención en lo que tenia mas cerca y 
le interesaba mas directamente . Sin embargo, las co- 
sas de Cárdena mejoraron algún lanío con la muerte 
del rebelde Mateo de Oria (1358). Pero las de Sicilia 
empeoraron lauto para el rey don Fadrique , que. no 
teniendo áquien volver los ojos sino al de Aragón, le 
rogó encarecidamente íe socorriese con una armada, 
; para mas obligarle hizo donación de su reino y de 
los ducados de Atenas y Neopati'ia y del condado de 
Caríntia en favor de la reina de Aragón sa bermana, 
6 de alguno de sus bijos, el que ella eligiese. Mas el 
aragonés se bailaba en lal necesidad por la guerra de 
Castilla, que no solamenle no podia «ocorrer á oíros, 
«noque lavo que llamar principes eslraños en propio 
«niilio y que confederarsecon el rey de losBeai-Me- 
rioes de África. Asi fué que convencido de la imposi- 
bilidad de atender siquiera á lo deCerdeña, tuvo á di- 
cha el poder transigir ccm la república de Genova, cu- 
yo dnx era entonces Simón Bocaoegra (1360), com- 
prometiendo sus diferencias en el marqués de Hont- 
ferrato, el cual sentenció que hubiese verdadera paz 
entre ellos, y que el de Aragón entregase á la señoría 
de Genova la dispalada cindad de Algaer, y Genova 
«idiese al aragonés la no menos disputada villa y cas- 
tillo de Bonifacio. 

La circunstancia de haber el infante don Fernaa- 



n,t7ccib/pOO<íIc 



i%& HiSTOKIA DE BSPAHÁ. 

do, bermaoo del rey de Aragón, -U^iado & su cargo 
la gaerra contra el de CastÜia (par causas que espU- 
caremos eo otro lagar], permitió al fin al moaarct ara- 
gonée «Dviaf al atribulado don Fadrique de SidUa do 
solo la iofaota doña Gooslaaza su prometida esposa, 
sino lambtm ud peqoeño auxilio de ocho galeras. Las 
bodas se celebraron en Catania (1361), y oon decla- 
rar el de Aragón que tomaba bajo su amparo «quel 
príncipe, y con el socorro de aquella pequeña flota, y 
con el valor y constancia del eonde don Artal de Ala- 
gon, defensor iacanaable de don Fadrique, sufiieroa 
tal mudanza las cosas de aquel reino , que de la ú\á~ 
nía miseria y adversidad en qae estaban pasaron i 
suceder próspera y íelizmente para el protegido de 
Aragón, cayendo en abatimiento la causa de la reioa 
doña Juaaa, prestándose todas las parcialidades á 
obedecer á su le^timo roy, quedando ya muy pocas 
ciudades en poder de sus enemigos, y comenzando 
don Fadrique á ejercer de becho una autoridad y á 
revestirse de una aoberania qu« hasta eatoooes había 
«do «olsmente nominal. 

Eo una ocasioB estuvo ya el rey don Pedro á 
ponto de ser privado dei raino 4e Cevdeña por la 
misma silla ponlifiew. La ^erra de Gastílla le había 
pueaio en tan grande eslreobo y neoesidad, que como 
medio úbíco para poder BostaHar sa ¿¡ente procedió 
á la ocupación de todos los bienes de la cámara apos- 
' tólíca, y de los frutos y reatan de todt» los beneficios 



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PAKTI II. LIBIO ill. 427 

de los cardeoates y otros eclesiásticos que se hitla- 
bao ausentes del reíoo, y esto lo hacia á público pre- 
gón. Notíctoeo de ello el pepa Urbano V., reuokiel 
coosislorio, y en él se IraU} de excouialgarie y poner 
m reino en ent^edícbo , privándote además del reino 
de Gerdeia, y dando so mvestidora á otro. Rc6exio- 
nando entonces don Pedro qoe si la Iglesia diese aqoet 
reino al jaez de Arbórea en un scAo dta podrían rebe- 
táraele todoe los sardos, recordando la hi^oría de sos 
mayores, y q«e ningan nnonarca por poderoso que 
Aiesehabia tenido contra si la Iglesia qoe.á la postre 
nohnbiera redundado en su daño, envió á so tio el 
infante don Pedro para que le escasára ante el pontí- 
fice, y le espusiera al propio tiempo que él habla coih 
soltado á grandes letrados, y qoe estos unánimemente 
le hablan dicho que en es^emaa necesidades como 
era la soya, podía tomar no solo los firotos y rentas 
edeñásticas, sino todo el oro y la plata de las iglesias 
devolviéodolo á sn tiempo, puesto qne era para de- 
fender la tierra, lo cual redundaba en beneficio mii- 
versal de clérigos y legos. En fia , con la ida del in- 
fante don Pedro se solu'eseyó en aqnel asunto (1 364)^ * 
mas lo qne el papa no llegó á conceder trató el juex 
de Arbórea de tomarlo de propia autoridad, logrando 
poner ea armas la mayor parte da lot sardos. 

De tal manera progresaba en su rabelioa Harianot 
jaez de Arbórea, que el rey en medio de sos vastas 
atenciones se vid precisado i eoTÍar noevos refuerzoa 



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1S8 HISTOIIA DB ISPAltA. 

(1366) al mando de don Pedro de Luua, ano de los 
príocipales ricos-hombres y de los mas valerosos del 
reino. Uegó éste en i 368 á tener cercado al de Ar- 
bórea en Oristan , pero un descuido que tuvo , dejan- 
do á sus tropas esparcirse por la comarca, le aprove- 
cbó tan grandemente el de Arbórea que cayendo so- 
bre el rea) de rebato rompió y desbarató el campo 
aragonés, quedando alli maerlos don Pedro de Luna 
y su hermano don Felipe con otros muchos caballe- 
ros: golpe que puso en el mayor peligro la isla, y 
qae inspiró al rey el pensamiento de volver allá en 
persona con la armada, y residir en ella hasta redu- 
cirla á su obediencia. Llegó á pregonarse la ida del 
rey (1369), y aun se dieron los gniajes á los que ha- 
blan de ir en la expedición , si bien mas con intento 
de alentar á los suyos 'que de ponerlo entonces por 
obra. Mas entretanto el juez de Arbórea se iba apo- 
derando de la isla, entregósele la ciudad de Sacer, 
puso eu grande aprieto al gobernador del castillo, y 
estuvo ya para perderse la isla, discordes entre sf los 
pocos catalanes y aragoneses qae en ella quedaban, 
y desavenidos et capitán general y el gobernador del 
castillo. 

Apelaba ya el rey de Aragón á recursos estremos 
para mantener aquella posesión que veia escapársele. 
En 1371 se concertó con ao caballero inglés llamado 
GualterBeneditopara que con una hueste de ingleses y 
provenzales Tuese á sostener las ciudades que le que- 



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- PABnil. LIBSOIIt. 1S9 

daban ea Cerdeña, y dio á Gualter el tílalo de conde 
de Arbórea. Mostrábanse ya los pueblos de su reioo 
allacaeale disgastados y aun ¡miados coo los gastos, 
impuestos y sacriScíos de oro y de sangre que costa- 
ba el empeño de sostener aquella coaquista , y en la 
cual decían, do habia persona principal que no hu- 
biese perdido algún deudo muy cercano. «Que deje 
>el rey, anadian, para los mismos sardos esa ti^ra 
•miserable y pestilendal, de 'gente vilísima y vanísi' 
>Ba, y que sea guarida para los corsarios genoveses, 
»y población de desterrados y malhechores. ¿Qué 
«premio son sus bosques y montañas llenas de fieras 
sen recompensa de laníos y tan escelentes caballeros 
«como han muerto en su conquista? ¿Qué cotejo tiene 
ala isla de Sicilia, y los fértiles y abundosos campos 
■de Girgeoti y de Lenlioi, con los miserables yermos 
•de esa isla, cuyo aire y cielo es ademas pestilen- 
tcial?j* Pero el rey se obstinaba en su defensa como si 
se tratase de una pertenencia principal de su corona. 
Poco prosperó sin embargo con la ayuda de aquellos 
auxiliares estraogeros, porque en cambio los genove- 
ses , sin tomar en cuenta la paz qae tenian asentada 
con el de Aragón, equiparon y enviaron en 4373 una 
gruesa armada á Cerdeña en favor del juez de Arbó- 
rea. El (ncansable aragonés no obstante tener entoo- 
oes su reino amenazado por Francia, por Mallorca y 
por Castilla, todavía no desistió de despachar mas re- 
ftierzos á Cerdeña al mando de don Gilabert de Cruy- 
ToHO vil. 9 



D,g,t7cdb/COOgIC 



130 HISTORIA DR KSPAÜ*. 

lias. La gaerrá conlinuaba para mal de todos en aqadld 
isla desventurada. Los aragoneses á quienes so mala 
suerte tenia allí se hallaban en el estremo de la mi- 
seria y de la desesperación: los qne . derendian al 
juez de Arbórea tampoco gozaban de condición mas 
ventajosa: el papa Urbano VI., nada propicio -al rey 
de Aragón, y de índole naturalmente áspera , le con- 
minó también con privarle de la isla: en tal situación, 
y como remedio parcial que no hacia sino prolongar 
la enrermedad y hacerla crónica, renovó en 1 378 la 
paz con la señoría de Genova, en términos semejantes 
á la que antes se había hecho por mediación del mar- 
qués de Monferrato. 

Continuaron asi las oosas de Cerdeña hasta 4383, 
en que candados los mismos sardos que se levantaron 
con Mariano, juez de Arbórea, y con Hugo, su hijo, 
,de 80 tiránica dominación, se rebelaron contra él y le 
mataron, ensañándose en su persona y ejecalaodo coa 
él las propias crueldades que él había usado y le 
babian visto ejecutar. Creyóse entonces que los mismos 
sardos se vendrían á la obediencia del rey de Aragón, 
ó que seria fócil reducirlos. Corroboraba esta idea la 
ctreunslancia de haber venido á Monzón , donde el 
rey celebraba cortes, el caballero Brancaleon de Oria, 
casado con Leonor de Arbórea , hermana del úlUmo 
juez, ofreciendo servir al monarca en reducir á su 
obediencia aquella isla. Recibióle grandemente don 
Pedro, y le dio el Ututo de conde de Honteteon. Pe- 



,,GoogIc 



HIT! II. LIBftOlll. 131 

ro eagañároose lodos. Los sardos peosaroo enloaces 
ea hacer aquel reioo dd estado libre é iodependieote, 
f ea el caso que no lo piidiesen alcanzar eotregarseá 
la señoría de Géaova. Esta resolución tan cootraria 
á los derechos de la Iglesia como á los del monarca 
aragonés, fué causa de qae procurasen el rey don Pe- 
dro y el papa Urbano entenderse y confederarse, con 
ánimo cada cual de sacar jKira sí el mejor partido de 
la oneva situación. Mas habiendo sido avisado en es- 
te tiempo el aragonés, de que doña Leooor de Arbó- 
rea con su hijo recorrían la isla, apoderándose de to- 
das las ciadades y castillos que babia tenido el juez su 
hermano, retuvo el rey en su poder á Brancaleon sa 
marido, hasta que éste le hizo y juró pleito bomeña- 
ge, de que en llegando á Cerdeña reduoJria á su es- 
posa y su hijo á que se sometiesen al rey, y cuando 
DO pudiese haberlos se entregarla á Bernardo de Se- 
nesterra, gefe de la armada aragonesa que iba á par- 
tir para la isla, para que le tuviese en el caütillo de 
Galler. Asi sucedió. Brancaleon no pudo recabar de 
su mnger que viniese á concordia , que era doña 
Leonor muger no menos resuelta y de no inenos am- 
bidón y orgullo que su hermano, y Brancaleon su 
marido cumplió su compromiso de darse á prisión en 
el castillo de Caller. 

Por último, en 1386, el poderoso rey de Aragón 
se vio en la necesidad de transigir con una muger, 
pactando con doña Leonor de Arbórea: 1 ." que per- 



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432 HISTOKU OB ISPAÜA. 

donaría á los sardos rebeldes y les confirmarla las li- 
bertades y franquezas que doña Leonor les liabia coq- 
cedido.por diez años: %.' que pondría en libertad á 
Braocaleon de Oria, su marido, y á todoá los que es- 
taban presos en Cerdeña: 3." que en tos castillos qae 
habían -sido antes del rey pondría éste la guarnición 
que quisiese, escepto en el de Sacer, «uyos soldados 
hahian de ser sacereses: 4." que ningún aragonés ni 
catalán de los heredados en la isla había de residir en 
ella: 5." que habrfa un gobernador en toda la isla, y 
un oficial y un administrador en cada, lugar para re- 
caudar las rentas reales, pero que todos los demás 
oGciates serian naturales de la isla: 6." que los oficia- 
les reales se relevarían de tres en tres años, y que 
los que hubiesen gobernado mal no podrían volverse 
al país: 7." que con estas condiciones le serian resti- 
tuidos al rey todos los pueblos y castillos que eran de 
la corona real antes de la guerra: y 8.* que á doña 
Leonor le quedaría todo el estado que fué del juez 
de Arbórea, su padre, antes de la rebelión, pagando 
lo que en este tiempo no había satisfecho por el feudo. 
Esta humillante concordia fué jurada por el rey en 
Barcelona (agosto, V386]- Pero ai esto se podo cum- 
plir por la muerte qne luego sobrevino á don Pe- 
dro IV., y Brancaleon de Oria y su muger doña Leo- 
nor perseveraron después en su r^elíon, dejando' 
don Pedro en herencia á su sucesor, después de tan- 
tos años, la fatal cuestión de Cerdeña. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PABTBll. LlBftO llf, 4-33 

Veamos el rombo qoe tomaron las cosas de Sici- 
lia durante el reinado de don Pedro IV. de Aragón. 

Por un pacto celebrado en 1372 entre el rey don 
Fadriqae de Sicilia y la reina doña Juana de Ñapóles, 
su constante competidora , babtase convenido en que 
doD Fadrique tuviese por si y por sus sucesores la isla 
de Scilia, ó el reino de Trinacria con las islas adya- 
centes por la reina doña Juana y sus hijos y descen- 
dientes legítimos tan solamente, haciéndole pleito-ho- 
raeDage y pagándole un censo anual: y en que don Fa- 
drique y sus sucesores se intitularían reyes de Trina- 
cria, y la reina y los suyos tomarían título de reyes 
, de Sicilia, teniendo cada reino diverso título por si. 
£n cuanto á la sucesión del reino de Trinacria , de- 
claró el papa que pudiesen suceder hijas en defecto 
de varones, contra la antigua costumbre de aquel 
reino. En su consecuencia habiendo muerto don Fa- 
driqae III. en 1377, debia suoederle la infanta doña 
Haría sa hija, niela de Pedro IV. de Aragón. Pero 
este monarca que veia una nueva carrera abierta á 
su ambición, apresuróse á protestar ante et papa y los 
cardenales contra la declaración de suceder las hem- 
bras, esponíendo que en conformidad al testamento 
del primer Fadrique de Aragón que babia reinado en 
Sicilia, le pertenecía á él aquel reino por muerte de 
otros mas inmediatos sucesores varones, ofreciendo 
recibir sa investidura de mano del pontífice y hacer 
reconocimiento del feudo á la Iglesia, pero suplicando 



,,G'ooglc 



434 aiSTOUA bb bsfaAa, 

no se diese lugar á que por fuerza de armas adqui- 
riese su derecho (1 378). Negóse á semejante declara- 
ción el papa Urbano VI., anles le amenazó con que si 
se entrometió en los negocios de Sicilia le privaría 
hasta del reino de Aragón. Ni por ésto desistió el rey 
don Pedi-o, antes publicó que tomaba sobre si la em- 
presa de Sicilia, mandó aparejar para ello una gruesa 
armada, y declaró que queria ir á la isla en persona. 
Disuadiéronle de este propósito muebos de su con- 
sejo, que teniao inteligencias coa los barones sicilia- 
nos, y suspendió sa marcha. Considerando luego que 
aquel reino estaba dividido en bandos, cada ano de 
los cuales aspiraba á apoderarse de la iofaDta , y que 
muchos pretendían sa mano para abrirse el. camino 
del trono, hizo donación de aquel reino al infante don 
Bfartin su hijo, para él y sus sucesores , declarando 
de nuevo que do pudiese suceder muger, siempre in- 
vocando el testamento de don Fadrique el viejo. Re - . 
serrábase en esta donación el señorío de la isla con 
título de rey duranle su vida, y que don Martin se 
titulase Vicario general del reino por su padre. Hizo 
esta donación en Barcelona á 4 1 de junio de 1 3S0. 
La desgraciada do5a> María á quien así se heredaba 
en vida, fué sacada de Sicilia por el vizconde deRo- 
caberti y dejada en el castillo de Galler de Gerdeña, 
hasta que enviando por ella el rey de Aragón fué 
traída á Cataluña. 

La cuestión de Mallorca , que se tenia por terml- 



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PARTB ü. LIBKO III. 13S 

nada hada ya machos años, resucitó lambieD iaopU 
oadameotei como si fuese poco todavía el cúmulo de 
ateacioues que rodeaban al rey doo Pedro. Aquel jo- 
ven prlocipe Jaime de Mallorca, á quien eu 1349 vi- 
mos caer prisionero y herido en la batalla en que su, 
padre don Jaime II. acabó de perder el reino y la vi- 
da, había estado encerrado primerameDte en el cas- 
tilla de Jáliva, después en el castillo nuevo deBarce- 
Ima. Al cabo de trece años de rigurosa prisión lo^ró 
escaparse por industríade un canónigo de aquella ciu- 
dad (1372), y se refugió á Ñápeles, donde se intituló 
rey de Mallorca. No había pasado un año, cuando 
obtuvo la Goano de la célebre y famosa Juana reina 
de Ñapóles, que acababa de enviudar del rey Luis. 
Protegido mas adelante por algunos principes, y 
viendo á'don Pedro de Aragón su tío envuelto en las 
gnerras de Castilla y Cerdeña, juntó algunos cente- 
nares de lanzas, é hizo una tentativa por el Ro- 
selIoD para recobrar la corona perdida por su pa- 
dre (1374)-. Frustrada aquella. empresa por la vi- 
gilancia del aragonés, que con maravillosa activi- 
dad atendía á todas partes, resolvió y ejecutó el 
pretendiente mallorquio una invasión en Cataluña por 
las riberas del Segre. Puesto el reino en armas , cor- 
rióse aquella gente hacía Aragón, haciendo gran daño 
en la tierra. Pero faltos de viandas y mantenimientos 
y hostigados por todas partes y desde todas las forta- 
lezas, hübieroD de refugiarse á Castilla, repartién- 



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436 HtsnmiA db ESPAtA. 

dose en las fronteras de Soria y Almazan (1375). 
Alli murió al poco tiempo el inraote de UalÍQrca.' To- 
darla ao Taltó quien se encargara de proseguir las 
preteasioaes sobre aqnet reino y sobre los condados 
de Roselíon y de Cerdaña. El iuquieto y turbaleoto 
Lois duque de Anjoa, á quien la infonta Isabel de 
Mallorca, última hija del destronado don Jaime, be- 
bía hecho cesión de los derechos que pudieran per- 
"^ tenecerle, se encargó de reclamarlos para s[ con las 
armas, protegido por su bermaoo el rey Carlos V.de 
Francia y por el rey don Fernando de Portugal. En- 
vió el duque á desafiar al de Aragón (4376), y ya 
don Pedro se aprestaba á combatir aquel nuero ad- 
versario, cuando Francia y Castilla, convencidas de 
lo insensato de aquella guerra, iaierpusieron sos lea- 
les esfuerzos para que no siguiese adetante, y desde 
entonces el reino de las Baleares, de Roselloo y de 
Cerdaña quedó sin cootradíccioD anido é incorporado 
á la corona de Aragón. 

Por aquel tiempo (abril, 137S) había fallecido la 
reina de Aragón doña Leonor de Sicilia; la famosa 
luana de Ñápeles, por segunda vez viuda, hizo 
proponer su mano al rey don Pedro, ó bien al in- 
fante don Juan su hijo, ofreciendo que baria donacioa 
de so reino para que se uniesen las coronas de Ña- 
póles y de Aragón. Desechó el aragonés con gran 
desprendimiento ambas proposiciones, y prefirió para 
sí á una hija de un caballero particalar del Ampur- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



MBTI II. II8B0 III 437 

dao, llamada Sibitia de Porcia, vioda de Ái^ldeFo- 
ces (1377), con quien contrajo sus cuartas y postre- 
ras nupcias ('*. Hfzosele una corooación en Zaragoza 
coa la misma solemnidad que si hubiese sido en e) 
principio de un reinado i'*. Pero esta nueva reina es- 



(4) Etla e41«bre reina de Ni- 
potw, doBa Juana, dio después la 
UTitfidura de sa taino i Luía, du- 
ne de Aojou, hetmaoo del rej de 
PraneJB, adaptándole por hijo, ca- 

BdoaacioQ y sombra m i entu apro- 
el papa Clemeote VII. j na cu- 
7a elección había infloido muy es- 
pecialraente la reioa Juana. Pero 
« papa Urbano VI., did la ioveati- 
dora del reino de Nlpolea A Cdr- 
k» d« Dnraio. 

Esla coexistencia de dos papaa 
coaatítuTO el Tanesto cisma que ae 
WBcilú en la Iglesia i la muerte 
del pontífice Gregorio XI. en 1378. 
Prímeramentü el colegio de carde- 
nalea proclamó en Hdoi» á Urba- 
no VI. en ocsíjíoD de hailnrae el 
pneblo alborotado y en armaa. Es- 
ta cirCDDEtaocia, ; el carácter ás- 
pero, serero f poco social que des- 
cobriú el elegido, mo*iá luego á 
Im cardenales ¿ declarar nula le 
etcccioD como srrancada por la 
*¡uleDcía y hecha por miedo. Dea- 
pnes de mochas f agrias con leila- 
cioneaentrBUrbsDoy ios cardena- 
les, estos lograron pasar á Fundí, 
donde eligieron otro puotifice con 
el nombre de Clemeole Vil. .varou 
qne parecía muy humilde y cari- 
laÜTO y de gran espedicion en los 
negocios. A esta eloccion ayudó 
moflM la reina de Ñipóles. Urba- 
no promulgó su sentencia decla- 
rando A Clemente cismáiica y he- 
'*S*t 1 pri*aodo A los cardena- 
les que con él estaban de toda a sus 
digoidadet y oficios. Estos á sn 
*ez fonasTOD proceso comra Ur- 



bano 7 le declararon intfDso. Esta 
cisma afliBió por mucbo tiempo á 
la it;lesia de Occidente. 

Requerido el rey don Pedro IV. 
de Aragón, para que diandaee pu- 
blicar este procesa en las iglesias 
de sus reiooa, congresú el arago- 
nés una gran juoLa de letradas, 
barones, caballeros y persona* 
priucipales, 7 en ella unánime- 
mente se acordó que aquella pu- 
blicación no^ae hiciese, 7 que el 
rey de Aragón no se pronunciase 
por nioguua de las partes. El re7 
don Pedro con euma 7 muv loable 
prudencia lo cumplió asi. No ob»- 
tante lo deeruvorable que le fué 
Urbano VI., 7 lo rudamente que se 
condujo cun él en las cuestiones 
de Sicilia 7 de CerdeQs, doD Pe- 
dro IV. de Araeoo obierTÓ una es- 
[rlcta neutralidad entre los doa 
papas, dejaodo A la iglesia la reso- 
íueioD de querella tan lamentable. 
Heconocieron A Urbano VI. la ma- 

Snr parte del imperio. Bohemia, 
uogria é Inglaterra. Fué tenido 
Clemente VII. ^or leaítimo en 
Francia, en España, en Escocia, en 
Sicilia 7 en Chipre. Puede decirse 
que .duró el cisma hssla i4lT. 

(S) Ocurrió en las corteada Za- 
ragoza en que se hizo esta corona- 
cion (1381) uu incidenie notable 
que prueba bien lo que en otra 
parte hemos indicado acerca de la 
miserable condición de la clswde 
vasallos de aquel reino, en medio 
de los grandes priTilei^ioa de la uo- 
blezH.LoaTecinosdeAozBnego[en 
las meotañas de Jaca) ee .habían 



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138 BisioEíA DI bshAa, 

taba destíoada á llevar la discordia á la familia, y á 
ser causa de las desavenencias y los escáadatos que 
se vieron entre don Pedro y los infantes sns hijos en 
los últimos años de aquel monsirca. Vióse príacipal- 
mente et infante heredero don Joan en el mismo caso 
en que se había visto sn padre cuando era principe, 
perseguido por una madrastra, y privado á iosliga- 
cioQ suya por su padre de la admioistracion y gober- 
nación general de los reinos, dando el rey por causa 
ó escusa de su proceder et haberse casado don Joan 
con la hija del duque de Bar, doña Violante, y nócon 
una princesa de Sicilia, como el rey deseaba. El con- 
. de de Ampurias que tomó et partido y la defensa de 
su cuñado el infante don Juan, fué viva y crudamente 
perseguido por el rey y por la reina, que se fueron 
apoderando de la mayor parte de su condado. 

Anciano y enfermo ya el rey don Pedro, dejá- 
base, goheraar en todo por la reina su muger. in- 
curriendo en sus últimos días en la misma flaqueza 
que Alfonso IV. su padre. Seguía la discordia entre 
los reyes y el infante, y como don Pedro mandase 
pregonar en todos sos señoríos que nadie obedeciese 

quejado de loe malos tratamieotos tratarlos bien ó mal, ; li fuete ñe- 
que rncibiiin da su señor, j el re; cesarlo, motorloi <U hambre , ó 
les dio uoa carta de inhibicioo pa- de sed, ú en prútonet, y au- 
ra 4]ue aauet do lot nialtrataK. pilcó al rey maullase reTooar lo 
Qaejdw de esto la nobleza en que contra este fuero y pnwmi- 
aquellas cortes, dicieudoque oi el oencio habla ordenado. Uespoea 
rey ni ras oficiales podiao entro- de muy discutido este oe^ocio, el 
meterse i conocer de semejante rey se rió preciudo i reíocar 
eaeo, antes bien todo señor de va- aquella inhibictOD. Zar. &ul. U- 
mIIm del reino de Aragtrn podil bro Z. o. 18. 



,,.GoogIc 



PABTB It. LIBIO III 139 

á 80 prímogéDÍto ni le coDsíderase como (al, reoorrid 
éste al losticia, que era siempre el amparo y defensa 
cODlra toda TÍoiencia y qnebraotamiento de la ley. 
Este sapremo magistrado falló en favor de los dere- 
chos del iofaote y á nombre de la ley, soperior en 
Aragón al poder de los reyes, volvió don Juan, duqoe. 
de Gerona, á entrar en el ejercicio de la goberoacion 
general, sí bien anduvo retraído y apartado por ta 
furia con que sn padre le perseguía.' 

Acibararon las disensiones entre la madrastra y 
.el entenado los últimos momentos del monarca. Agra- 
váronsele á ésle las dolencias en fines de 1386. Al 
verse próximo á la muerte mostró grande arrepenti- 
miento por los disgustos y perjuicios que había irroga- 
do al arzobis^H) de Tarragona, y por los daños hechos 
á sna vasallos y lugares,' pretendiendo sobre ellos la 
dominación temporal que los arzobispos de Tarragona 
Tenían disfrutando en aquella ciudad y so campo des- 
de el tiempo y por donación del conde don Ramón 
Berengoer IV. de Barcelona, mandando restituirle 
la posesión en que habían estado sus predecesores. En 
ea testamento (hecho en 1 379) instituía por herede- 
ro en sus reinos at infante don Juan y á sus hijos y 
descendientes varones legitimes; á falta de estos at 
infonte don Martin y á los suyos; y en su defecto al 
hijo que tuviese de la reina Sibilia; y et mismo qne 
tantas alteraciones había movido por declarar suceso- 
ra á su hija doña Constanza eo perjuicio de don Jai- 



n,g,t.7cdb/G00gIc 



440 HISTOBIl DB BSPaSa. 

me 80 bermaóo, en su teslameoio excluía de la snoe- 
sioD á las hembras. Asi patentizaba qae la pasioo y do 
la ley ai la coociencia había sido aotes el móvil de 
sus acciones. £o ua codicilo que otorgó al tiempo de 
morir dejó ordenado que el infante doo Joan, con 
coDsejo de los prelados, barcmes y procuradores de 
las ciudades de sus reinos, y tenieado presentes las 
informacioDes que se habían hecho en Roma y en 
Aviñon sob^e la elección de los dos pontífices Urbano 
y Clemente, declarase á cuál de los dos se debía re- 
conocer por verdadero y universal pastor de la Igle- 
sia. En otra cláusula del mismo codicilo mostróla 
poca confianza que en su hijo tenia, paesle echaba , 
so maldición si no cumplía lo que eo su testamento y 
codicilo ordenaba, requiriendo, exhortando y man* 
dando á todos los prelados, barones, caballeros y.súb- 
dílos de sns reinos, bajo la pena de su maldición; que 
DO le reconociesen ni tuviesen por rey sin que prime- 
ro se obligase á ejecutar lo que en dicho tcslameolo 
y codicilo le dejaba prescrito y ordenado. 

No hemos visto nada mas parecido que lascircoDs- 
tancias que acompañaron la muerte del rey don Pe- 
dro IV. de Aragón y las que mediaron en la de su pa- 
dre don Alfonso IV. La reina Sibilía su esposa le dejó 
en el lecho del dolor, luchando con las ansias de la 
muerte, y se salió á media noche del palacio y de la 
ciudad con su hermano y con algunos caballeros ofi- 
ciales de su casa, huyendo la persecución" de su 



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PUTB II. uno III. 1i1 

entenado don Juan, de la misina manera qae la reina 
Leonor de Caslilla había dejado á su esposo Alfonso lY. 
en el artfcaio de la muerte, hayendo la persecución 
de su entenado don Pedro, principe heredero enton- 
ces, y ahora rey moribundo. Don Pedro se halló en 
sns últimos momentos colocado por un hijo odiado de 
SD madrastra en idéntica situaciOD á la en que él sien- 
do principe colocó á su padre en el trance de la muer- 
te por odio á la madrastra. Del mismo modo que en- 
tonces se dio orden para perseguir y atajar los pa- 
sos y prender á la fugitiva Leonor de Castilla , as^ 
ahora se mandó seguir y detener donde quiera que 
se los encontrase á la reina Sibüía y á los que la acom- 
pañaban en su Tuga. Entonces el infante don Pedro 
mandaba despojar á la esposa de su padre y á sos hi- 
jos de las donaciones y mercedes qde aquel tes había 
hecho, y ahora el infónie don Juan mandó que los bie- 
nes de la espo3a de su padre se diesen á doña Violante 
su moger. La reina fugitiva y los barones de su sé- 
quito ttatsroQ de concordarse con el infante don Juan, 
al modo que doña Leonor en su tiempo intentó hacerlo 
con el infante don Pedro su perseguidor, [Situación 
angular la de este monarca en sus postreros instantes, 
qoe parecia coma enviada ó permitida por la Provi- 
dencia para recordarle en aqael trance crítico la en que 
él babia puesto á su padre en iguales momentos ''M 



bailaba enCermo en Gerooa, había deéila,BerDarJo d«ForcÍa, acu- 
hecho iiulniit vd proceso contra bId^oIoi de tiaber dado beohin» 



nigiUrrlb/GOOglC 



1 4S HISTOUA BB BSrAf A. 

Ed este ÍDlermedio murió el rey cd Barcelona (& 
deeaerode 4387), á la edad de setenta años , y á 
los cincaenta y uno de qq reinado de los mas agi- 
tados, laboriosos y turbulentos de que hacen men- 
ción las historias, pasado eo incesantes tachas, ya ci- 
viles, ya estrangeras "'. Parece imposible que en un 
cuerpo de complexión tan delicada y débil , tal como 
nos pintan & este príncipe ios historiadores de aqnei 
reino, hubiese un corazón tan ardiente y vigoroso, y 
un espíritu tan vivo, tan perseverante y eficaz para la 
ejecución y prosecución de las empresas, y ana alen- 



mo, lo primero que tiiio fué Dom- tanto todo lo relativo á Ibiri 

brir sa lugarUoieutB eeDeral al r negocia cío o es coa Castilla , coa 
inlaDle don HirtiD, la nermeDo, Portugal, con Francia ; coD Na- 
enemigolambieD deaumadraatra. varra, que absorbí croo una gran 
Lod hijos que tuTO el re; don parle de la vida de eito re<^; mí 
Pedro de «u primera esposa dona por teaer aquellos acoalMíraieaki* 
Haria de Navnrra fueroa: don Pe~ mejor y mas projllo lugar en la 
dra, qne vÍTiú pooas boras: doña biaUjrtadeCa8tilla,deduodeprjiH 
Constanza, que caaú con don Pa- cipalDieDteoacian,yqueeoDtioiw- 
drique de Sicilia: doña Juana, que remos ahora, como porque habieo- 
easú coa don Juan, conde de Aia- do abarcado el largo reinado da 
paria^ j doSa Haría, gue murió Pedro IV. de Aragoa loa de treí 
en la inraocia. — De ooaa l.eooor monarcas caateltanos , Pedro el 
de PortttKal do levo aocwion.— Cruel, Enriaue II. j Joaa L, con 
ne doña Leonor de Sicilia tuvo á todos tos cuates tuvo el aragonés i 
don Ju*tt y don Harlio, que reí- guerras, d tratos 6 Deaooiaciope*, 
natOD aac«sivameDie, doo Alfonso bubiera sido faltar al urden ? cla- 
que murió mu; oioo, y doña Leo- ridad de una bisloria general refe- 
aor , que vico á ser reioa do Cas- riraquello* euccsosbíd tener cono- 
tilla, casada con don Juan I.— De oimiento de estos reioados. El rea- 
doña Sibilia de Porcia, au cuarta to pues del reinado de Pedro IV. 
muger, toTo i don AIÍodm, á quien de Aragón le haliari el lector Ase- 
dió el titulo de conde de Uorella: minado eo los de ettoa tre> me- 
otro cuyo nombre se ignora , y a oarcaí de Castilla. 
do3i babel, que casé Jespues con 



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MBTB 11. Lino ni. 1 43 

cioo tan aaiveraa], que ai le embarazado los compli- 
oados Degocios interiores del reiao. ni le ahogasen las 
goerras y aegociacionea que EÍmaltéoeamente solía te- 
ner COD Mallorca y con Francia , con Sicilia y con Cer- 
. defia, coa Veneda y coa Roma, con Castilla, Portugal 
y Navarra, y coo los moros granadinos y africanos. Y 
to mas admirable es que á vneltas de aoa vida tao 
agitada y negociosa tuviera tiempo y vagar para de- 
dicarse al estudio de las letras, para adquirir conoci- 
mientos de astrologfa y del alquimia, á que dicen que 
era grandemente aficionado, y para escribir sn histo- 
ria á ejemplo de don Jaime el Conquistador. Reser- 
vamos ampliar nuestro juicio acerca del rarácter y 
del sistema político de este monarca y sos consecuen- 
cias, para cuando consideremos la condición social 
del reino aragonés en esta época. 

Réstanos esplicar por qné le señala la historia coa 
el sobrenombre de El Ceremonioso, que parece no 
tener relación ni analogía, y asi es en realidad, coa 
ninguno de los actos que hemos referido de este mo- 
narca. 

Fué este soberano tan aficionado é ordenar el go- 
bierno de su casa, y é arreglar y prescribir lo que 
hoy llamaríamos la tíiqutía de palacio, que procuran- 
'do informarse del orden que en sus casas tenian los 
mas distinguidos principes de la cristiandad, asi como 
de tas disposiciones que sobre ta misma materia ha- 
bían dado ya algunos reyes de Aragón sus anteceso- 



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'14i BISTOBU BB HSIaAa. 

res, hizo DO ordeoamieDto general tiiolado Ordenaeions 
feles per le Molt ÁU Senyor En Pere Terx O rey Da'- 
ragó sobra lo regimerU dé tots los of fináis de la sua cort, 
«.Ordenanzas hechas por el Muy Alto Señor don Pedro 
Tercero rey de Arayon sobre el regimiento de todos lot 
oficiales de su corte.» Ea esle reglamealo, dÍTÍdido ea 
cuatro partes, prescribía los deberes de todos los ofi- 
cios, desde el mas alto hasta el mas humilde, desde 
el mayordomo general hasta el aguador que surtía la 
cocioa, desde el caocillet- y el maestre racional hasta 
el sastre y la costurera y su'coadjutora, así en sua 
servicios ordinarios como en todas las ñestas y cere- 
mooias, con tan admirable minuciosidad que en parte 
no eslrañamos que se leaplícara y le quedara el lítalo 
de don Pedro el Ceremonioso '*'. 



(I) Pedro llt. coRio conde de Bofarull, gefe jobilado da aqael 

Barcelona, IV. como rof de Ara- Arcliivo. 

gOD. Para que nuestros lectores puB> 

(3) Tenemos i la tísta ^ste dsnformsruoa ligeraideadeestas 

reatamento, que Torois un regular célebres Orden a a zas de don Pedro 

ToTúmen, publicado por nuestro el Cefemoaioui, oopiaremoa algu- 

buen amigo el actual uoniala del nos eplgrafeade sus capUulua. 
reino de Aragón doa Prásporo do 

F1RT8 PRUURÍ. . 

Deis Hajordomens. 

Deis Copera. 

Deis Boteílers mayors. 

Deis BüteTleri; como os. 

Deis Portaot ajigua i la botejlaria. '> 



D,g,t7cdb/GOOglC 



PAKTB II. tlBKO III. 

DBbCoetWK 



Deis Juglan. 

PMTE SESDRM. 

D«b Camarleachs. 

Dek Escudera de ta oambra. 

Del Sastre et ie« coadintora. 

De li Cctturerff et de ui coidjatora. 

Del Apotbecarí. 



Deis Bebosters comans. 



PlITR 

Del Canceller. 
Del Ticecaocelluf. 



Del Calfodor de la cera perols aegelb pendaoU. 

Deis EodrezadOTS de la coDcienaa. 

DebOydora. 

Déla Eacribaas deis Oydon. 

Deis Cobfessors. 

Deis Uoogea de la Capaila. 

Dala Correas.' 

Del Haestre racüODol. 



Del ConTits. 

Deis T ¡andes. ' 

De la manera de dar raeioaa. 



Ue Is ilumiaaria quanl per defunt se celebra. 

be le mnacra de escriure letres i diverses persone 
De la Vigilia e de la Nati* ided de Nostre Senjor. 
De la festa de Sent Joban e^aagelista. 

De la íesta de Seat Pere. 

De la festa da saoU Aona, etc., etc. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



CAPITULO XV. 

PEDRO (el Cruel) EN CASTILU. 
Ae 1350 A 13S6. 



ProclamaoioA de dea Pedro.— SoMaoe de Hedinaaidania, j primer 
mwiioienUí de rebeliOD en 'Algeciras.— Pritaou de Albarquerqne. 
— PrisioD de doña Leonor de Guiman en Sevilla.— EDrermedad det 
rey j planea (rustradoa de anceatoa.— Trígics muerte de dofia Leo- 
nor de GuimaD es Talafera. — Suplicio horrible de Garcilaso de la 
Vaga en Burgos. — Cáiebrea cortea de Valladolid en 1 36t : loyea que 
eo etlaa se bioieroD'. Ordenamiento de Uenestrates: Ordenamiento 
de Alcalá: Libro de laa Bebetrlaa: trátase el casamiento del re; con 
doña Blanca de Borbon. — Rebelión de don Alfonao Fernandez Coro- 
nel en Andalucía y de don Enrique en Astoriaa: sumisión de don 
Enrique; derrota y suplicio de don AlFonso Coronel. — Principiode 
los amores de doo Pedro con doña liarla de Padilla. — Deoadencia 
de Alburquerque. — Matrimonio de] rey con doña Blanca: la abando- 
na: la recluye en una prisión.— Di sturbioii de Csatills. — Matrimraiio 
de don Pedro con doña Juana da Castro. — Liga contra el rey: loa 
batlardoE: Alburqperqne: los inFantea de Aragón. — Tree relnaaen 
Castilla, y situación de cada nna.- Id de doña Haría de Padilla.— 
Peticiones de los de la liga: conducta del monarca.— Caotif «rio del 
rey en Toro y so faga.— Castigos crueles.— Entrada de don Pedro 
en Toro: escenaa borriblea: la reina doña Haría: au desaetroaa mner- 
te.— Huida de don Enrique á Francia. 

No habiendo dejado el úllimo Alfonso de Casulla 
cuando muñó ea el cerco de Gibraltar otro hijo le- 
gítimo que el íafaole don Pedro, de edad entonces de 



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rABTB II. uno III. 147 

poco mas de quíace años, fué desde hiego y sin 
coalradiccion recoaocido como rey de Casulla y de 
Leoa ea Sevilla, doode se hallaba coa su madre la 
reÍDa viada doña María de Portugal (f 3S0). 

La desarreglada y escandalosa coaducta de su 
padre, monarca por otra parte de tan grandes pren- 
das, con la célebre doña Leonor de Guzman , su da- 
ma : la ronesla fecundidad.de la favorita , y la larga 
prole, fruto de aquellos amores tristemente famosos, 
que para desdicha del reino quedaba á la muerte de 
aquel soberano; tos pingttes heredamientos qne cada 
000 de los hijos bastardos habia obtenido ; la inSuen- 
da qae por espacio de veinte años habia ejercido la 
Gozmao, dueoa del corazón del monarca y única dis- 
pensadora de las mercedes del trono , que halúá te- 
nido buen cuidado de distribuir entre sus deudos,' 
parciales y servidores ; el humillante y tormentoso 
apartamiento en que hablan vivido la legítima esposa 
y la única prenda del enlace bendecido por la Igle- 
sia: aquella devorando en melancólico silencio el bal- 
deo á que la condenaba el ciego y criminal desvio 
de so esposo y la insultante privanza de la altiva 
manceba; éste presenciando la dolorosa y amarga sí- 
taacion de su madre, y comprendiendo ya la causa de 
sos llantos y de so infortunio: dona María atormen- 
tada de celos y herida en lo mas vivo para una mu* 
ger y en lo mas sensible para una esposa; don Pedro 
alescvando en su corazón juvenil, pero que ya des- 



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148 DISTOBIA DE BSPAflA. 

puolaba por lo impetuoso y lo vehemeole , una pasión 
reocorosa hacia la causadora de las iríbulacioaes de 
su madre y de su desairada situacíoo: era Tácil augu- 
rar qae coD tales elementos no Taltarian á la muerte 
de) undécimo Alfonso, ni discordias que lamentar en- 
tre la real familia legítima y bastarda, ni venganzas 
que satisfacer á los ofendidos, ot al reino castellaoo 
males y disturbios que llorar. Síntomas de ello co- 
menzaron ya á notarse aun autes de dar sepultura á 
los inanimados restos del finado monarca. 

Cuando de Gibraltar á Sevilla marchaba el lágn- 
bro convx)y que acompañaba el carro mortuorio eo que 
iba el cadáver del vencedor del Salado y de Algeci- 
ras, contándose entre el cortejo fúnebre doña Leonor 
de Guzman con sus deshijes mayores, los gemelos 
don Enrique y don Fadríque, conde de Trastamara el 
uno y gran maestre de Santiago el otro, el infante 
don Fernando de Aragón hermano de don Pedro el 
Ceremonioso, don Juan de Lara, señor de Vizcaya, 
don Fernando Manuel, señor de Villeaa, con otros 
ilustres caballeros y ricos-hombres de los que habían 
estado en el cerco y campo de Gibraltar. Al llegar á 
m villa de Uedinasidonia vio ya doña Leonor de 
Guzman el primer indicio de cómo comenzaba á Do- 
blarse y oscurecerse su estrella , y de cómo los mis* 
mos que en otro tiempo la habían lisonjeado para 
alcanzar de ella protección y mercedes, se apresa* 
raban á abandonarla á la presencia misma del cadá- 



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FAKTR II. Linio III. 14-9 

ver del qao habia sido su real amante y favorecedor . 
DoD Atfoaso Fernandez Coronel, que leoia por ella 
aquella villa, le dijo desembozadamente que se sirvie- 
ra alzarle el liomenagc qae le tenia hecho, y entre- . 
gar la villa á quien quisiere, pues cslaba resuelto á 
DO tener cargo alguno por doña Leonor ni por sus hi- 
jos. Turbada la Guzman al verse asi' tan pronto des- 
amparada por los que miraba como á sus mas devo' 
tos servidores: «en verdad, cojnpadre amigo, le res- 
spoodió, en fuerte tiempo me aplazaste la mi villa, 
«ca DOD sé agora quien |)or tul la quiera tener.» Y no 
fué esto lo peor, sino que haciéndose sospechosa su 
entrada en Medina á ios que llevaban el cuerpo del 
rey, y dándote otra intención, llegó á proponer don 
Juan Alfonso de Alburquerque, noble portugués, ayo 
que batua sido del infante don Pedro, ahora rey de 
Castilla, que se tuviese como presos á los hijos de 
dona Leonor, don Enrique y don Fadríque, basta ver 
loqoeelta- hacia. Súpolo doña Leonor, y cobró tal 
miedo que bobiera desistido de continuar su viage á 
Sevilla, si no te hubiera dado seguro don Juan NuSez 
deLara; que era et de Lara partidario de la Guz- 
mao,' porque tenia una hija desposada coa don Tello. 
uno de los hijos del rey don Alfonso y de doña Leonor. 
Inspiró no obstante este incidente tal recelo á los 
hijos y parientes de la enlutada dama, que con temor, 
de ser presos acordaron entre s! apartarse del rey, y 
los uDos se fueron al castillo de Morón, del orden 



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1 50 nuTOKU DB ispaRa. 

de AlcáDlara, con su maestre doa Fernando Pérez 
Ponce, los otros á Algeórascon el conde don fioriqoe, 
y el maestre don Fadriqne para la tierra de su maes- 
trazgo de Santiago: ' pequeña nube que BDunciaba y 
dejaba entrever desde' lejos las negras tormentas -y 
borrascas que habían de sobrevetiir. Los damas cón- 
tinuai'CHi so marcha á Sevüla, dwde el rey y la reina 
madre salieron á recibirlos buen trecho foera de la 
ciudad. Depositados los restos de don Alfonso en la 
capilla de los Reyes, en tanto qae sa trasladaban á la , 
iglesia mayor de Córdoba cooforme á su postrera vo- 
luntad, procedió el rey don Pedro á ordenar los ofi- 
cios de su oasa y reino. Gdpote á don Juan Nuñez de 
Lara el de Alférez y Mayordomo mayor; el de Ade- 
lantado mayor de Castilla á GarcUaao de la Vega; dió- 
se el adelantamiento de la frontera al infante don Fer- 
nando de Aragón, primo del rey; el de Murcia i don 
Martín Gil; hijo de doo Juan Alfonso de Alburquer- 
qne; fué nombrado Guarda mayor del rey don Gu- 
tierre Fernandez de Toledo; quedó de espero don 
Alfonso Fernandez Coronel, y asi se repartieron otros 
oficios, conservando algunos los que los habian tenido 
en tiempo del último monarca. 

Recelándose mucho el joven rey doo Pedro de los 
que se babiaa ido á la importante plaza de Algeciras, 
envió allá de incógnito al escudero Lope de Cañizares 
para que se informase del estado de la ciudad yde los 
medios de asegurarla. Traslucida la llegada del emi- 



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rABTB II. LIMO III. 151 

atrio por los parlkbrrios de doD Earique,- tuvo aquel, 
para ao caer eo manos de los que le boscabaa , que 
sabr de la ciudad coa ayuda de algunos coofideates 
qoe de aoche le descolgaroo por el muro. Coutó al 
rey eo Sevilla el peligro en que se había visto, mos- 
trándole las huellas y seiiales que había dejado eo 
sus manos la cuerda con que le habiau atado para 
evadirse, y con las noticias que éste le dio del estado 
de la plaza envió el rey á don Gutierre Fernandez de 
Toledo con galeras y gente de armas. Tan luego como 
los vecinos de Algeciras vieron acercarse á su puer- 
to las galeras del rey, comensaron á gritar: ¡Castilla, 
CaiUlla por el rey .don Pedrol Entonces don Enrique 
y los suyos salieron precipiladameotede la ciudad, y 
se r^iraron á Horon, donde estaba el maestre de Al- 
cántara don Pedro Ponce de Leos, so pariente. No era 
aqnella todavía una rebelión abierta; antes lodo pare- 
cía encaminarse á una concordia. Los hijos de doña 
Leonor entablaron negociaciones para volver á la mer- 
ced del rey, y como el de Alburqaerqua aconsesjára 
también á su regio pupilo la conveniencia de tener en ' 
la corte á tos bastardos y sns parciales, dou Enrique 
obtuvo permiso para ir á Sevilla, donde fué acogido 
benévolamente por el rey; don Fadriqoe recibió auto- 
rización para residir en Llereita, pueblo de su maes- 
trazgo, y solo en cuanto á los castillos de la orden de 
Alcántara ordenó don Pedro á los caballeros que los 
luvicsea por él; y no acogiesen eo ellos al maestre 



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169 OISTOIU DB urjülA. 

don Pedro Pooce sino con su mandamiento. Toda- 
vía «D embargo di6 entonces el rey á algonos de loe 
Guzmanes cargos militares de importancia en las 
fronteras. 

En cnanto á doña Leonor, tan luego como II^Ó 
á Sevilla bfzola recluir el de Alburquerque en la cár- 
cel de palacio, no obstante el seguro de don Juan Nu- 
ñez de Lara, que tuvo de ello grao pesar , y fué parte 
para que éste y otn» magnates acabaran de mirar de 
mal ojo al valido portugués, que era el que predomi- 
naba en el corazón del joven monarca y le guiaba en 
todo. Masía prisión no era todavía tan rigurosa que 
no se permitiese al conde don Enriqne, desde qne fbé 
á Sevilla, visitar diariamente en la cárcel á su madre. 
Una imprudencia de ésta agravó su situación y turbó 
de nuevo la mal segara concordia. Tratábase de casar 
á dofia Juana hermana de don Femando de Villena, 
ó bien con el rey don Pedro, ó bien con el infante 
don Fernando de Aragón. Este proyecto, en que en- 
traban la reina madre y Alburquerque, fué mañosa- 
mente frustrado por doña Leonor de Gozman, qne 
desde la prisión misma, <4)rando como en los tiempos 
de su mayor poder, hizo de modo que la joven pre- 
6riese y diese su mano á su hijo don Enrique, llegan- 
do á consumarse el matrimonio ocultamente dentro 
del mismo palacio. Grande fué el enojo del rey, de 
la reina, y del ministro favorito cuando lo supieron, y 
su consecuencia inmediata estrechar la prisión de la 



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PAKTB II. LIBKO m. . 1B3 

Gozmao, y trasladarla después á Carmoaa. Sapo don 
£Driqae que corría también riesgo bu persona, y fu- 
góse á Aslurías con dos caballer03.de su parcialidad. 
Sin ser formales rompiíuieulos. eraDÍodlcios harto cía- 
ros de que do podianDí avenirse ai'parar eu bieaes- 
tasdosfomilias. 

Un accidente inopioado vino á producir ouevas 
discordias y á poner mas de manifiesto ios partidos. 
Atacó una grave enfermedad al joven rey don Pedro, 
y tan grave fué y tan á puoto de muerte le puso, que 
se trató ya muy formalmente entre los señores de la 
corte sobre quién babiadesucederle en el trono á fal- 
la de directo heredero. El de Alburquerqne, el maes- 
tre de Calatrava y algunos otros se declararon por el 
infoaledoD Femando de Aragón, como hijo de doña 
Leonor de Castítla, hermana de Alfonso XI.: don Al* 
foDSO Fernandez Coronel, Garcilaso de la Vega, y 
otros caballeros de Castilla tomaron partido jnr don 
Joan Nuñez de Lara, á quien decían tocaba reinar qo- 
mo descendiente de los infantes de la Cerda. Unos y 
otros trataban de casar al sucesor .que cada cual había 
escogido coD la reina viada dona liarla. Pero uno y 
otro plan quedaron igualmente frustrados con el im- 
pensado alivio del rey, y era claro que siendo el de 
Alburqoerque el consejero intimo del monarca babia 
de qnedar el partido de don Juan Nuñez espaeslo á 
sQfrír el enojo y la persecución del soberano y de su 
favorito, por lo cual tuvo A bien el de Lara refugiarse 



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164 HISTOUA DB urAfti. 

á sus tierras de Burgos. Peligrosa bobierB podido ser 
la guerra que este magnate hubiera heoho desde alK 
al odiado Alborquerque, si la muerte que á los pocos 
dias le sobreviuo (noviembre, 13S0) no bubiera ata- 
jado tan proQto sus desiguios. ¥ como casi al propio 
tiempo falleciese también don Fernando Manuel, se- 
ñor de Vitlena, sobrino de doa Juan Nuñez, cuñado 
ya del conde don Enrique de Trastamara, y otro de 
los grandes apoyos con qoe contaban los descíMitentos 
de Alborquerque, quedó este ministro portugués des- 
embarazado de dos- poderosos eóemigos, goberoan- ' 
do á isu sabor el reino, poniendo al lado del rey las 
personas de su mayor confianza, y entre ellas en ca- 
lidad de tesorero al judío Samuel Levi, qne babia 
sido su almojarife. 

Permaneció el rey el resto de aquel año en Sevi- 
lla, convaleciendo de su enfermedad y entretenido en 
ta caza, «sin entrometerse, dice su cronista, de nia- 
sgunos libramientos, sino de andar á caza con fal- 
Bcones garceros é altaneros '*';» hasta que al año ú- 
guiente, habiendo convocado cortes para Valladolid, 
según costumbre en principio de cada reinado, deter- 
minó^lir para Castilla (febrero, 13&1). En Carme- 
na tomó consigo la reina viuda á doña Leonor de 
Guzman que se bailaba allí presa, y la llevó basta Lio- 
rena gozando con ver abatida á su antigua rival. Co- 
mo en Llerena se encontrase su hijo don Fadríque, 
(1) Lope-» de AysU, Chroa. sao 1, cap. ti. 



nigiUrrlb/GOOglC 



FABTB II. LIBIO lU. 1SS 

B de Santiago, pidid étí», y coocediósele per- 
miso para ver á su madre. La entrevista fué tierna y 
dolorosa^ niaguna palabra , solo suspiros y sollozos 
acertaron á crazar entre si la madre y el Hijo ^ basta 
que el carcelero los. obligó & darse el último abrazo: 
el último, porque ya no volvieron á verse mas, y la 
modez misma de aquella escena tormentosa parecia 
presagiar la catástrofe que no tardó en sobrevenir. 
A instigación de Alburquerque y de la reina fué des- 
de allí llevada doña Leonor bajo la custodia de Gu- 
tierre Fernandez de Toledo, ¿Talavera. llamada de 
la Reina, por ser del señorío de la reina madre. A 
loe pocos dias penetró en la prisioo del alcázar un 
escudero de la reina doña María: pronto se vio la mi- 
sioQ funesta que llevaba: el puñal del escudero se 
hundió en las entrañas de doña Leonor de Guzman: 
primera tragedia con que se inauguró el reinado de 
don Pedro. Asi expió la célebre dama de Alfonso XI. 
de Castilla los ilícitos favores con que en otro tiempo 
se había envanecido. La reina doña Haría de Porta- 
gal, tan sufrida y prudente cuando era esposa desgra- 
ciada, se acreditó de vengativa, cuando bubiera po- 
dido ganar fama de generosa, y cuando tenia en su 
raanoDoa venganza* mas noble que la de la muerte, 
la humillación de la que había sido causa de sus pa- 
sados tormentos. El pueblo auguró de aquel suplicio 
grandes guerras y escáodalos para Castilla: el pueblo 
aoguró bien. En cuanto al rey don Pedro , si no fué 



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1S6 msTOtu DB Esr&ltA. 

participe de aquella muerte, por lo menos oo hemos 
oído eo oinguDa parte que dirigiera una palabra de 
recoavencíoQ , ni aua de desaprobación, é su madre 
por haberla ordenado. 

Al contrarío, eígaíéodo el rey con su corte para 
Caslilta. y habiendo entrado en la Tuerle Villa de Pa- 
lenzuela, donde se hallaba don Tello, otro de los hijos 
de doña Leonor, cuando éste se le presentó á baoerlo 
homenage, dijole el rey con admirable sangre fría: 
¿Sabedes, don Telío, tomo vueitra madre dma Leonor 
es muertaf El joven don Tello, á por temor que el rey 
le inspirara, ó por sugestioo de don Juan García Man- 
rique, contestó con eslremadabumildad: Señor, yo 
non hé otro padre nin otra madre salvo á la vuestra 
merced. Plúgole al rey, dice el' cronista, la respuesta 
que don Tello dio, y lo creemos bien. 

Desde allí, mientras los diputados se congregaban 
en Valladolid, encaminóse el rey con su corte y con su . 
hermano don Tello hacia Burgos , dondu se notaban 
síntomas de alteraciones movidas poc Garcilaso de la 
Vega, unode los parciales del difunto don Juan de La- 
ra, y enemigo del privado don Juan Alfonso de Al- 
burquerque. En Burgos habían muerto el recaudador 
de la alcabala por el rey , y los perpetradores del 
crimen hablan quedado impunes. Salió Garcilaso á es- 
perar at rey á Celada, cuatro leguas de Burgas, y allí 
y en Tardajos tuvo ya altercados con algunos caba- 
lleros del rey, que hubieran pasado á vias de hecho 



n,g,t7cdb/G00gIc 



PASTB 11. LIBRO III. 157 

á no mediar y separarlos por dos veces el monarca. 
Aunque el movimieoto de los biii^aleses que dirigía 
Garcilaso se encamiDaba eo lo principal contra Albur- 
qoerque, acusábasele á aquel de hechos y de inlen- 
(08 que no eraa en verdad propios de un boeo vasallo, 
y por los cuales merecía casligo^ y de este dictamen 
foé el coDsejo qne mandó reunir et rey á luego de su 
eolrada en Burgos. Atizaba ademas cuanto podía el 
privado portugués su personal enemigo, y el mismo 
soberano no olvidaba que babia sido Garcilaso de los 
qae dnranle su enfermedad habiaa querido entroni- 
zar al de Lara. La reina, mas generosa con Garcilaso 
qne con doña Leonor, porque aquí do se mezclaban 
las pasiones y celos de muger, intentó parar el golpe 
que preveía, y aun envió á decir á Garcilaso que por 
nada del mundo fuese á palacio al otro dia, que era 
domingo; pero desatendió el adelantado mayor de 
Castilla tan prudente aviso, y presentándose á la ma- 
ñana temprano en et palacio c-sn algunos de sus caba- 
lleros y escuderos, encontró alli la pena de su indis- 
creción. Todos fueron presos, primeramente á la voz 
de Alburquerque, después á la del rey. Pidió Garci- 
laso nn confesor, que ya comprendía lo poco que le 
restaba vivir, y le fué dado el primero que se eacoo- 
tró á la ventura. En un pequeño portal de la misma 
casa compiló aquel desgraciado con este d^ber reli- 
gioso, y concluido que fué, se oyeron las compendio- 
sas y fatales palabrasde Alburquerque y del rey, del 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



4S8 ninoau db m^aÍ a. 

uno: *8eñor, ¿qné mandades facer de GanilatoU del 
otro ^Ballesteros, mándovoi que le matédes.» Si proa- 
ta y breve fué la senteocia, proDta y breve faé tain- 
bieo la ejecución. El cuerpo del desgraciado cayó eo 
tierra á los golpes de las mazas y de las cucbillas de 
los terribles ejecatores. Sin duda la venganza real no 
quedaba todavía satisfecha, y mandó el rey arrojar 
el cadáver ala calle. Y como aquel dia se lidiasen . 
toros en Burgos en celebridad de la entrada del sobe- 
rano, acaeció que los toros que por detaute de palacio 
pasaban pisotearon el ensangrentado cadáver, que al 
ñu Tué al día siguiente recogido y estuvo largo tiem- 
po espuesto en un ataúd sobre la muralla. Espectá- 
culo siempre draagradable, pero horñble en medio 
del alegre bullicio de una fiesta popular. 

También los que fueron presos cod Garcilaso so- ' 
ñ'ieroD después la pena capital, entre ellos dos de sus 
cuñados; prendióse á su infeliz viuda, con varías 
otras personas; su hijo, Garcilaso como su padre, faé 
llevado por algunos de sus criados á Asturias, doode 
estaba el conde don Enrique, y macbos bnyeron d« 
Burgos, temerosos de sorrir la misma suerte. El ade- 
lantamiento de Castilla se dio á don Juan García 
Manrique. 

Produjo tal terror en Castilla el suplido de Garci- 
laso, que no contándose segura el aya y nodriza que 
criaba en Paredes de Nava (Tierra de Campos) al tier- 
no hijo de don Joan Nuñez de Lara, niño de tres años. 



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p*m II. LIBRO lii. 1 K9 

púsose con él en salTorefogiándose^Q Vizcaya, qae 
era el señorío de su padre, y eacomeodó sa guar- 
da y defensa á la lealtad de los vizcaiaos. No perdo- 
nó el rey don Pedro la fuga de da nioo de tao corta 
edad como era don Nudo, y ea pos de él caminó has- 
ta Santa Gadea, de donde bobo de retroceder sabien- 
do qne los vizcaínos le habían puesto en cobro lle- 
vándole al puerto.de Bermeo, para desde alli embar- 
carle á Francia si menester fuese. Pero despachó el 
rey prímeraroente á Lope Díaz de Rojas, después á 
Femando Pérez de Ayala, al primero como presta- 
mero mayor de Vizcaya, para que se enlendiese y 
negociase cod los vizcaínos, al segundo para que se 
apoderase de la comarca llamada las EucartacioDes, 
qae sometió y rednjo á la obediencia del rey. Mas al 
poco tiempo de esto murió el tierno don Ñuño de La- 
ra, y Iraidas á poder del monarca sus dos hermanas 
doña Juana y doña Isabel, toda Vizcaya y todas las 
tierras del señorío de los Laras fueron incorporadas 
al dominio real. No dejan de ser notables unas defun- 
ciones tan á sazón ocurridas como las del señor de 
Villeoa don Fernando Manuel, y las de los dos Lara» 
padre é hijo. Sosegadas de esta manera Burgos y 
Vizcaya, volvióse el rey á celebrar las cortes de Va- 
lladolíd, no sin baber hecho antes tratos de amistad 
con Carlos el Mato de Navarra, qae había venido á 
visitarle cuando se hallaba en Santa Gadea. 

Son de grande iroporlaocia en la historia política 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



160 IUST0KI4 DB BSPAftA, 

y civit de Castilla estas cortes de Valladolid de 43S1 . 
l>or las muchas leyes y ordeDaDzas de interés general 
que en ellas se hicieron. Burgos y Toledo se dispu- 
taron otra vez la primacía de asiento y de pelabra 
como en las de Alcalá de 1 348, y dou Pedro cortó la 
disputa y concilio las preteDsiooes de las dos ciudades 
con las mismas palabras qne habia empleado en aque- 
llas su padre Alfonso XL; fórmula que, como en otro 
lugar indicamos, se conservó hasta nuestros dias. En- 
tre los muchos reglameotos que sobre todo género de 
materias de gobierao y de admioistracíoD se sancio- 
naroD en estas corles, es digno de mención y de ala- 
banza el Ordenamiento de tos Menestrales, bajo cuya 
denominación se comprende á jornaleros y artesanos. 
Eo él se condena la vagancia y se prohibe la mendi- 
cidad; se ordena con minuciosidad admirable lodo lo 
relativo al precio y modo de ajustarse los jornales, á 
la duración de las horas de trabajo en cada estación, 
al valor de cada artefacto, hechura de los vesti- 
dos, etc. '*K Hfzose una ley contra malhechores, or* 
ganizando para su persecución el somaten ó rebato, 
ó sea apellido geaeral al toque de campana, prescri- 
biendo á cada población sus obligaciones y deberes, 
. igualmente que á los alcaldes, jueces ó merinos, en 
los casos de robos ó muertes en poblados, yermos ó 
caminos, para la aprehensión y castigo de los saltea- 



,,.CoogIc 



PAKTin. LIBKOIII. 481 

dores, impoDÍendo sabidas maltas á losóoocejos y 
oficíales que en tales casos do acudiesea con socotro 
eo el radio en que cada coal estaba obligado á per- 
seguir á tos foragidos , y otras circiíDstaQCJas del mis- 
ma géoero. Haniuvo el rey las leyes sobre juegos y 
laforerfas, hechas por sa padre, hizo otras para la 
segundad iudividual; rebajólos encabezamientos de 
las poblaciones á causa de haber venido á menos los 
valores de las fincas; impidió la tala de los montes, 
y estableció penas contra los que cortasen ó arran- 
casen árboles; dio disposiciones favorables al comer- 
cio interior y'¿ la indastria, condenando al monopo- 
Uo y ei sisten)a gremial; puso tasa á los gastos de los 
convites coD que habían de agasajarle las ciudades, 
los prelados y ricos-bombres; fué á la mano á los 
pre^ado8en tos abusos que cometian en laespedícion 
de cartas para las cuestaciones; hizo un ordenamiento 
sobre las mancebas de los clérigos, mandando entre 
otras cosasqne llevasen siempre en sus vestidos cierto 
distintivo para quesedistinguieran de las mugeres hon_ 
radas '*'; alivió y fijó de algún modo la suerte de los 

(t) «Eqaetraígon todas en las »tsl manera, que coa ufana é «o- 
BCabezas BobreUa tacas,é los ve- >berbia que traben doq catan re- 
stos, é lad coberturaa con que as oTerencia ni honra á laa daefias 
BtoOD, an prendedero de lienzo •boDradas,émugBreacasadBa,por 
•que sea bermejo, de anchura de alo cual.;... dan ocaaioná lasotraa 
•tres dedos, en guisa que sean co- «mugeres por caasr, do facer mal- 
■Doscidaa entre las otras.» V ba- idad!.... de lo coal se sigue mav 
bbadode dichas mancebas de los igran pecado , é daQo á los del mi 
clérigos decia: nqne andan muy «sefiorfo, etc.« — Cuadernos de 
MaettamenteéBinregla.trayendo cortos. —Sempere y Guaríaos. 
• pannos degrandos cootiascon HistDríadelLujo,ia[n.Lpág.l66. 
•adobos de oro 6 de plata, en 

TOHU vil. 11 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



162 III8T0IU DB BCFARa. 

judios, permiiiéadoles vivir ed barrios apartados.de las 
villas y ciudades, y pombrar alcaldes que les librárao 
sus pleitos, y persooas eacargaijas de cobrarles los 
préstamos que bacian á los cristianos; mandó que se 
residenciase cada año á tos adelantados, meríBOS» al- 
caldes y escribanos por hombres buenos y de iote^ri- 
dad nombrados en calidad de visitadores; determinó 
(jar audiencia los lunes y vierues, á ejemplo de algu- 
nos de sus antecesores, y saucioDÓ otras varías leyes 
de no menor utilidad y convenieucia qué estas. 

Ocupáronse también estas cortes en ir perfeccio- 
nando la obra de la legislación nacional , y el rey don 
Pedro conñrmó y mandó observar, corregido y en- 
mendado, el Ordenamiento de Alcalá hecho por su 
padre don Alfonso. «Don Pedro por la gracia de Dios 
»Rey de Castiella. Me., dice la carta del rey; A to- 
ados tos Perlados, é Ricos-ornes, é Caballeros, éFi- 
»josdalgo, etc.» Espoue qae sa padre mandó ordenar 
aquellas leyes en Alcalá para gobierno de sus pueblos 
y concluye: <Et porque fallé que los Escribanos que 
>las ovieron de escrebir apriesa, escribieron en ellas 
«algunas palabras erradas, é menguadas, é pusieron 
»y algunos titolos, é Leys dó non hablan á estar. Por 
«ende yo en estas .cortes que agora fago en Vallado- 
»lid mandé concertar las dichas Leys, é escribirlas en 
DUD libro, que mandé tener en la mia cámara , et 
»en otros Libros que yo mandé levar á las Cibdades, 
>é Villas, é Logares de míos Regnos, é mándelos see- 



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PATB M. LIBBO ni. 163 

•llar eoD mios seellos de plomo. Porque vos mando 
nqne usedes de las dichas Leys , é las guardédes se- 
iguD CD ellas se cootiene, asi en los pleitos que agora 
■son en juicio como en los pleitos que fueren de aquí 
xadelaote. Et non fagades ende al por oiaguna raa- 
xaera só pena de la mi mercei '*^» 

Tratóse igualmente en estas cortes dé proceder á 
una repartición y nueva organización de las Behetrías 
de Castilla''', so pretesto de que en el estado eo 
que se hallaban eran ocasión de discordias y enemis- 
tades eqtre los hijosdalgo. Fomentaba esta preteopioa 
el privado don Juan ^U^oso.de Albgrquerqne, con la 
esperanza de que le tocara una buena parte eo aque- 
lla repartición, ya por el valimiento que con el rey 
tenia, conOando en que sería preferido en los machos 
lagares que con motivo de la muerte de los Laras y 
otros ricos-hombres de la tierra carecían de señor, 
ya porque su muger doña Isabel de Meneses era moy 
heredada en tierra de Campos. Mas no consintieron 
los caballeros de Castilla en qne tal distribución y ar- 
reglo se hiciese, y después de acaloradas y bien sos- 

(t) Ea la Crónica da Ayala ae de ana materia tan importante, j 

omita todo lo relativo á lae ley ea eo líniita, como Ayala^ á contar lo 

ordenada! en aquellas corlee, y de las Bebetríaa. indicando bien 

aolo ae h>ca manto de la disco- que no ha becbo eino hiatoriar la 

•ton «obre laa Behetrlaa , de que crónica del canciller de Castilla. 
Iwblamoa á oontinoacioD en el (S) Eoeltom. iV.,c8p,a6, pá- 

tostc. fpoa 313 de nuestra histona de- 

Miriana , para quien parece jamoa ya eaplicado (o qne eran 

eiempreindiferenté todo loque se BehetriBay easdirertas tlaaes y 

refiere á la legiajaoion delpaia, especies, 
tampoco dice ana palabra acerca 



,,Googlc 



164 HtSTOlIA DB RSPAÜA. 

tcnidaa disputas entre Alburquerque y un rico caballe- 
ro castellano, llamado don Juan Rodríguez de Sando- 
val, que defeudia la antigua constitución de las be- 
hetrías, no se repartieron estas, y «ñncaron como 
vprimero estaban.» Entonces el roy don Pedro mandó 
hacer el libro Becerro de las Behetrías, que, como en 
otro lugar dijimos, habla comenzado á ordenar su pa- 
dre, y traíale siempre, dice el cronista, en su cámara 
para juzgar con él las contiendas, á pesar de algunos 
yerros que en él habia : libro singular, eo que se en- 
cerraban los derechos de muchos pueblos de Castilla 
y de una parte considerable d(^ antigua nobleza cas< 
lellana. 

Duraron estas cortes desde el otoño de 1 3&1 has- 
ta la. primavera de 1352(<'. Período apacible, y no 
señalado ni. afeado con actos de violencia, y en que 

(1) HJciórODse al rey US peti- aá mi llamada á eítas curtes qae 

cionL'ri (jeneralos, además de Í8 «mande é tenga por bien que non 

que le dirigieron los nobles y SI nsean demandadas oin presos fas- 

lus aciesias I icos. — Ademas deí itaquo sean toroados ásus casas, 

cuaderno de cortee puede verse iselvo por los misderecbos, ó por 

ú los doctores Asso y Hannel. In- smalefíclDs, ó contratos, si algu- 

troduccion é la Instiluts; Harina, (dos aquí nciesen en la mi cór- 

Teorfa de las Coi tes, tom. I. y II. Ble.... E pidiéronme merced que 

y otras. smande a los mis alcaldes de la 

Es carioso lo que se lee en el imi corte que non connoscan de 

capítuloSS del ton. I, pág. S53. Dquereilasoin d^mandasqueante- 

■Desde que las procnradores sa- «ellos den contra los dichos pro- 

lian de sus pueblos hasta que, tcuradores y mandaderos, nin 

concluidas las cortes, regresanan isean presos nin afiados fasta que 

a ellos, á ninguno era licito in- ucada uno de ellos sean tomados 

quietarlos ni ofenderlos, ni ausci- aen sus tierras. «El rev se confor- 

Urles pleitasQ litigios, ni deman- mú y mandd guardar lo conteni- 

darlos enjuicio EIreydonFe- do en esta pcticJoo. Que son las 

dro mandó que se guardase lo que mismas garaotíaa é inmunidades 

la nación lebabiasnplicado por la ¿a que gozan los diputados ó rr 

petición 3i de lasgenerales... ' .— .-- j. i— ....~hi.,= . 

«ibcr: iquelos quer------- 



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PAKTB II. Liuao ut. 465 

consuela y satisface ver á un monarca jóvea (en quieo 
por desgracia hallaremos ea lo dé actelaote no poco 
quelameotar y abominar) pacificamente ocupado en 
establecer leyes justas y s<Ab¡as en medio de su-pue- 
blo, mostrando su justicia en la entereza con que su- 
po deliberar en contra de las pretensiones de su mayor 
valido y mas ínlim^ consejero. Los que por sistema 
defienden en todo á este soberano no han sabido en lo 
general baccr resaltar et mérito ^ue cu estas cortes 
coatrajo como legislador; y los'que no ven en ét sino 
moDslruosidades, lajnpoco son ai imparciales ni justos 
en condenar al silencio ó pasar de largo por hechos 
que tanto honran á un monarca. Nosotros compren- 
demos que un joven de- 47 años, como era entonces 
(Ion Pedro, no podia ser el autor de tan útiles é im- 
portantes medidas de legislación y de gobierno, pero 
tampoco podemos privarle de la gloria que le cupo en 
el otorgamiento y sanción de aquellas importantes re- 
soluciones. ;Ojatá en lo sucesivo halláramos ¡guales 
hechos que aplaudir, y no tantos qne condenar '"I 

,1) No puedo diirsu ni oliieto nmaloaquo no tomicroii ni Uniira 

masMno, ni lengaago mas plnu- mú Dios, lomaron en esto esfuerzo 

sibte, DÍ sentimientos mas niljips »c aLrevimientodc mal Tuncr, por 

Suetosqueae pusieron en lioc^i "iMid', é ijLiciiendoécotHJiuiumjo 

el rey en la introducción áaquu- umanteiier loi cnios pueblos en 

llaicórtes: tporquelosreycsyloa nderi'ubo.é cumplir la Juslicíeco- 

>príacipea (dicn) viven é roi;i3an uini> dolió; porque les mnlos sena 

■por la justicia, en la cual son te~ •reírenados do Inssu.unDJdades, 

xnados de mantener é gobcinar *é los buenosvivan aapaz osean 

■los suEpueblos,é la debencura- agujrdadof, por esto primero- 

■plir é guardar; á porque me fe- umente ttiveporbiende ordenar 

Kcieron entender quc<;n lostiem- len Feche de justicia, c te. ■—Caá- 

Rpos pasados se menguó enaicu- dernoa de Cditi's. 
mas maneras la roi justicia, 6 los 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



466 HISTORIA DB KSPAHA. 

Habíase acordado ea este iotérvalo por coosejo de 
la reina madre, de su canciller mayor don Vasco, 
obispo de Falencia, y del señor de Alburqaerque, 
con anuencia lambien de los tres estados, casar al jó' 
ven rey coa una sobrina del rey Carlos V. de Francia 
llamada doña Blanca, hija det duque de Borbon, y . 
envióse al efecto ea calidad de embajadores á doo 
loan Sánchez de las Roelas, obispo que fué de Bur- 
gos, i don Alvar García de Albornoz, noble y honra- 
do caballero de Cuenca, coa poderes para solicitar 
la mano.de la joven princesa, y arreglar, en caso de 
ser alcanzada, los desposorios. Vinieron eo ello el pa- 
dre de la pretendida y el monarca francés, y los es- 
ponsales fueron Brmados. Desgraciadamente diversas 
circunstancias difirieron la venida do la princesa de 
Francia & Castilla. 

Entretanto, lo primero que i escitacion de Albur- 
querque hizo don Pedro después de las cortes de Va* 
lladolid fué tener unas vistas con su abuelo don Al- 
fonso de Portugal. Viéronse tos dos monarcas, abuelo 
y nieto, en Ciudad-Rodrigo con las deoioslraciones de 
cariño que de tan estrecho deudo eran de suponer. 
Intercedió allí el de Portugal en favor del bastardo 
don Enrique de Trastamara, que intimidado con los 
suplicios de su madre y de Garcilaso, desde Asturias 
en que se hallaba se había reifíigíado á aquel reino. 
Don Pedro tuvo á bien perdonarle, y don Enrique se 
volvió á Asturias. Los dos monarcas se separaron con 



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tíKtt U. LIBRO III, 167 

mátnas protestas de úncera y estrecha amistad, de lo 
cual holgó mucho Alburqaerque, que también tenia 
deudo COQ aqael rey. 

Volremos á eotrar coa esto eu el campo de las 
agitaciooes y de lasrevueltaB, dedonde yadificilmen- 
te nos será periDitido alguna vez salir. Don Airooso 
Feroaadez COTonel, el antiguo mayordomo de doña 
Leonor de Gozman, el que la desamparó y volvió la 
espalda en Medinasídonia, el qne después se adhirió 
coa Garctlaso 6 la causa del de Lara, se fortificaba, 
coD sÍDlomas de rebelión, ea su Tilla de Aguilar, eo 
Andalocla, villa qae ea otro tiempo le habia dispu- 
tado el ilustre aragonés don Bernardo de Cabrera, á 
quiea tantas veces hemos mencioDado ea la historia de 
aqnel reioo, y de la cual se posesionó después el don 
Alfonso, recibiendo por ella el pendón y la calde- 
ra, atributos de la ríca-bombrfa, por gracia é influjo 
de Albúrquerque, de quien ahora se mostraba acér- 
rimo enemigo. Tomó el rey don Podro apresurada- 
mente desde Ciudad-Rodrigo el camino de Andalucía. 
Y llegado que hubo cerca de Aguilar envió delante á 
su camarero mayor don Gutierre Fernandez de Tote- 
do coa el pendón real y algunas Iropas, juntamente 
con el gefe de ballesteros, para que requiriesen al 
magnate dejase franca entrada al rey en la villa. Ne- 
góse á ello el Feroaadez Coronel, alegando que sien- 
do señor de la villa, no estaba obligado á recibir^eu 
ella al rey do aquella manera acompañado, y sobre 



n,g,t7cdb/G00gIc 



1 68 ' HISTORIA DE ESPAÑA. 

todo, que do lo haría roieotras fuese atli el valido 
Alburquerque, de qaiea tenia motivos de recelar. Con 
esta respuesta embistíeroD los hombrea del rey las 
barreras de la villa, pero hubieron de retirarse .coo 
el pendón real agujereado de las saetas y piedras 
lanzadas desde el adarve. Entonces -el monarca man- 
dó hacer secaestro de lodos- tos bienes y pertenencias 
del rebelde magnate, y no hubiera descansado hasta 
someterle, si la bandera de la rebelión alzada en otro 
eslremo del reino do le hubiera llamado la ateudon 
y obligado á dejar los fértiles campos andaluces. 

Eraqiie habían llegado nuevasal reydon Pedro de 
que el bastardo don Enrique se fortificaba y bastecía 
en Asturias, y quiso ir en persona á ahogar en su cu- 
na lo que parecía ser prÍDcIpío de sedición. Dejó pues 
por frontero de Aguilar al maestre de Calatr^va don 
Juan Nuñez de Prado, y emprendió su marcha. Tomó 
al paso .las villas de Montalvan, Burgoíllos, Capilla 
y Torija, que pertenecían at señorío de don Alfonso 
Fernandez Coronel. Llegó el rey á Asturias y puso su 
campo delante de Gijon, donde se hallaba la condesa 
doña luana, esposa de don Enrique, protegida por al- 
gunos caballeros de su parcialidad. Don Enrique se 
habia refugiado & la sierra de Monteyo. Contaba el 
conde con tan escasos'recursos, que tenia que pagar 
á sus servidores con las joyas que su madre, cuando 
estaba presa en Sevilla, habia dado á su esposa do- 
ña Juana como regalo de boda. A los pocos üias de 



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PAMTB II. LIDUO III. 1 69 

cercada GijoD, capitularon los sitiados, á los cnales 
capitaneaba doo Pedro Carrillo, haciendo homeDage 
al rey, á coadicioo de que perdonaría ádon EDrique» 
(i caal por su parle aceptó la sumisioD, declarando 
en un documento solemne que no haría guerra á SQ 
. soberano oí desde Gijon ni desde olro lagar alguno de 
su señorío "^ 

Sosegada (an breve y felizmente aquella revuelta 
Tdvíáse doo Pedro á Andalucía á acabar su obra de 
someter al señor de Aguilar don Airooso Coronel. Que 
auQque duraule aquella espedicion el olro hermano de 
doo EDiique, don Tello, desde Arauda de Duero, ha- 
biéndose apoderado de una recua que iba de Burgos 
á Alcalá de Henares, se habia dirigido como en aso- 
nada á su pueblo de Monteagudo eo la frontera de 
Aragón, ni esto presentaba todavía síntomas alar- 



(<) Escoriosoeste documento aquecoDiiiigoracron en facer csla 

qae nos ba trasmitido Pellicer, vguerra, de todos los maleñctoa' 

poique demuéstrala situación en squehayamoa Tacbo Fastaqui. Et 

Íne se hallaba don Enrique, y la lutrosf que msoda^tcs dar é tor- 
nmikle coare»ionque liizode los naar á ia¡, é á la coDdessa doQa 
beneBciosqusbastaentODceH ba- .ojhoana mi muger, todas las be- 
bía recibidodcl rejdon P.dra.— uredadcs que nos fueron loma- 
tSepan qaantos esta carta vie- idas después que el dicbo rey 
areDComoyodoDEorique, fijo del > mío padre, que Uiosperdune, fi- 
imuy noble rey don Alfon, con- aoá, acá, asi villai', é cantillos, é 
»de de Trastamsra, de Lemos é fcasas fuertes é tierras llanas, é 
>deSsrria,é5enorduNorena éda «nos mandastes degembargsr ñ 
■Cabrera éde Rivera. Porque vos sOiduQa; ¿ Valmaseda, á Santa 
sel muy alto, á muy noble ému~ nOlalla élía8r....ni!:num<:ra otros 
Fcbo honrado señor rey doo Pe- beneficios y consideraciones que 
■ dro da Casliella, por me facer debiú al rey don Pedro, y sigue 
■bien, tovistes por bien da me el acta de sumisión en los térmi~ 
lotor^r las peticiones que vos nos que hemos dicho.— Pellrcor, 
•envíe pedir, sefialadament qua loformedc larasadclosSarmiea- 
«perdoDaste» A mí, é á todos tos tos de Viliaoiayor. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



170 UISTOHU BK «SPaSa. 

maules, dí doa Tello y sus Villas tardaron cq redu- 
cirse A su obediencia, y to que importaba Á doD Pe- 
dro era vencer al rebelde de Aguilar. Sí bien los 
recursos de éste no habian crecido mucho, á pesar de 
haber enviado á su yerno don Juan de la Cerda á 
buscarlos hasta entre los moros de Granada y de AfH- 
ca, tampoco su villa había podido ser tomada por las 
tropas reales. A tiempo llegó todavía don Pedro de 
emplear todos los recursos do la guerra y todas las 
máquinas de batir contra ios muros de la villa, la 
cual I no obstante, lejos de dar señales de rendirse, 
era tan valerosamente defendida, que tuvo el reyque 
pasar acampado delante de ella todo el invierno. Eran 
ya los principios de febrero de 1 353, cuando puesto 
fuego á todas las minas, volado nn lienzo del maro y 
dado el asalto general, pudieron el rey y su hueste 
{lenelrar en la población de su altivo vasallo. Grandes 
pruebas de serenidad habia dado ya don Alfonso Co- 
ronel en los momentos del mayor peligro, pero nadie 
esperaba qne la tuviera para oír misa armado á la li- 
gera cuando ya las tropas reales estaban entrando por 
las calles d^ la villa, ni menos para que avisado de 
ello contestare que le dejasen acabar de cumplir con 
'aquella devoción; impasibilidad que nos recuerda la 
de Arquimedes en la entrada de Dionisio el Tirano en 
Siracusa. Refugiado después á una torre tuvo ya que 
darse á prisión. Pretendió ver al rey y no pudo lo* 
grarlo. Cuando Albuiqucrque le dijo; ¿qué porfía to- 



,,Googlc 



PAkTB II. LIHRO 111. 171 

- masies lan sin pro, siendo tan bien andante en este 
rtintíi contestóle Fernandez j^oronel: Don Juan Al- 
fonso, esta es Castilla, quehace los hombres y los gasta. 
Frase sublime, esclama aquí un ilustrado escritor do 
nneslros dias, y que retrata, añadimos oosotros, el 
genio castellatto de aquel tiempo, y el genio castella' 
DO de los tiempos sucesivost 

Don Alfonso Fernandez Coronel fué entregado y 
pereció á manos de los alguaciles del rey don Pedro 
7 i presencia saya, á los trece años justos de haber 
dado él el mismo géoero de muerte, y en circunstaU' 
cías casi idénticas, al maestre de Alcántara don Gon- 
zalo Mariinczde Oviedo, en tiempo de Alfonso Xí ''^ 
Seguidamente fueron decapitados á presencia del rey 
otros varios caballeros, amigos y'del bando de don Al- 
fooM Coronel, y las casas y ios muros de la villa fue- 
ron derribados de orden del monarca, el cual, como 
en testimonio de su cólera, quiso que el recinto que 
ocupaba la villa se llamara en lo sucesivo Monte Real. 
En su espedicion de Andalucía i Asturias, y á su 
paso por Castilla la Vieja, babia el rey don Pedro co- 
nocido en Sahagun y en la casa de doña Isabel de 
Heneses, esposa del de Alburquerque, una liúda y 
joven doncella, llamada doña Marta de Padilla, hija 
de doD Diego García de Padilla, señor de Villagera y 
de doña María González de Hiaestrosa. Convienen lo- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



472 HISTORIA DE BSFaSa. 

dos los hisloñadores de aquel liempo eo el retrato * 
que hacen de la jóveo Padilla: pequeña de cuerpo, 
dicen, pero de eoteodimieuto grande, y dotada de 
gracia y hermosura. Prendóse de ella el joven sobe- 
rano, y su corazón quedó cautivo de la linda caste- 
llana. Esta, por so parte, nó se mostró ni insensible 
ni desdeñosa á los galaateos del coronado principe, 
y encendióse para no apagarse nunca la-llama de unos 
amores destinados i adquirirno menor celebridad que 
tos que eo análogas circunstancias nacieron entre su 
padre don Alfonso y doña Leonor do Guzmati en Se- 
villa '*'.Supónese,y fundameniossobran para creerlo, 
que ni la entrevista ni la relación amorosa de don 
Pedro y la Padilla fueron resultados de la casualidad, 
sin ocasión y lazo mañosamente preparado por Al- 
burquerque, el cual, conociendo á fondo la condición 
y las inclinaciones de) joven soberano, su antiguo pu- 
pilo, viendo la tardanza en- venir de la desposada 
princesa de Francia, y temeroso de decaer en el va- 
limiento y privanza del rey, si por acaso éste fijara 
su cariño en tal otra dama cuya influencia en el áni- 
DIO del monarca le pudiera perjudicar, calculó que 
aseguraría su omnipotencia y predominio poniéndole 



(1¡ RecuérdannostambiQnestos délos cuales iiBCJódaíla Urraca la 

amores los que allá en otro tíeni- Asturiana, que vino áser después 

po (principios del ai^lo XII) y eo reíoa de Navarra. Véase el lo- 

ana espedicioD semejante á Astu- mo IV. de nuestra Historia, pdüi- 

rias tomó el emperador Allon- 6a 33'J, y el tom. V. pág-G3. 
Bo Vil. con una dama de aquel país, 



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PIBTB II. LIBRO III. 173 

en trance de dejarse avasallar por las naturales gra- 
cias y eocantos de ana joven, qiie como criada en su 
casa y ai lado de sa esposa , habría de serle obsecuente 
á él mismo y contribuir alafianzamÍRnlode su poder. 
Abominable condncta é innoble medio da buscar apo- 
yo y seguridad al favor; mas, por desgracia, no es raro 
caso en los privados de tos reyes estudiar sus capri- 
chos y flaquezas y estimularlas para seguir dominando 
en 50 corazón. Engañóse, no obstante, el de Albur- 
quercfue en su? bajos designios, pnes, como iremos 
viendo, lo que calculó que habría de ser la base mas 
sólida de su privanza, fué lo que labró poco á poco 
su caimiento. 

Tan vivamente prendió la llama del amor entre 
don Pedro y la Padilla, que desde entonces el tao- 
narca la llevó siempre consigo; el ascendiente de la 
dama crecía con admirable rapidez, y las mercedes 
real» caían ya, no sobre los amigosde Alburquerque, 
sino sobre los deudos de doña María. Después que 
don Pedro tomó la villa de Aguílar ádon Alfonso 
Fernandez Coronel, partióse para Córdoba, donde 
doña María le regaló el primer fruto de sus amores, 
dando á luz una niña qne se llamó Beatriz, á quien 
el rey se apresuró á dotar con las'villas y castillos de 
Hootalvan, Capilla, Burguillos, Mondejar y otras po- 
sesiones de las confiscadas á don Alfonso Coronel. Ví- 
nose dé allí á algún tiempo el rey á tierra de Toledo, 
siempre en compañía de doña María de Padilla, y en- 



D,g,t7cdb/COOgIC 



17i aUTQBIA D8 ISrAMA. 

treleniasé en Torrijos en bacer torneos, cuando siipo, 
en verdad no con satisfacción, que la princesa doña 
Blanca de Francia, su desposada, se -hallaba ya en 
Castilla, acompañada del vizconde de Narbone y otros 
ilostres caballeros franceses, y que habría llegado á 
Valladotid, donde estaba la reina madre. De buena 
gana hubiera renunciado el rey á este- matrimonio, 
pero Albarquerqne le presentó con viveza los com- 
promisos adquiridos, los esponsales celebrados ya en 
Parfs, el enojo qoe de tal desaire tomaría el rey de 
Francia, la estrañeza quecansarfa en su propio reino, 
' donde se llamaba ya á doña Blanca reina de Castilla, 
los inconvenientes de la falta de un heredero directo 
y legitimo del trono, confirmados con el ejemplar de 
lo que había ya acontecido durante su rafermedad eo . 
Sevilla, y otras diversas consideraciones políticas, 
todas muy justas y muy dignas de tomarse en cuenta. 
Esforzaba además Alburquerque por iuteréa propio 
estas razones, pues conveoiale la realización de este 
enlace, como medio de atenuar la influencia de 
los Padillas y de los Hinestrosas, que había ido sus- 
Ulnyendo & la suya, trabajando ya por destruir sn 
propiv obra. Dejóse persuadir don Pedro, y haciendo 
trasladar á la Padilla al castillo de Hontalvan, deter- 
minóse á celebrar sus bodas con doña Blanca, y pasó 
á Valladolid, donde le esperaba ya reunida toda la 
nobleza del reino. 

Era ciertamente angular la sítuadon que habían 



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riin II. LIBRO III. 17S 

creado ta polfüca poco escrupulosa del latQislro Albur- 
querqae y la conducta ao mas escrupulosa del rey. 
Por ana parte uaa princesa estrangera, una uieta de 
Sao Luis, jóvea y hermosaT según la pintan todos los 
historiadores de aqael reino, pedida con toda solem- 
nidad púr el monarca de Castilla, ; ya con no menos 
(solemnidad desposada, traída á ser esposa de un rey, 
merecedora de serlo, pero pospuesta y postergada en 
el corazón de aquél rey á la bija de un simple caba- 
llero de Castilla, viniendo inocentemente & turbar an- 
teriores relaciones amorosas, y espueata ún saberlo á 
safrir on bochorno inmerecido: por otra parte otra 
jóv«i no menos bella, dueña del corazón del monar- 
ca, de cuyo amor existia una prenda pública, joven 
qoe por suscnalidades merecia-lambien ser reina, que 
acaso lo era en secreto, y que reducida á pasar en el 
concepto público solo por dama ó manceba del rey 
iba á presenciar el enlace de su real amante con otra. 
Enojosa ñtuacion, que hacia augurar resentimiralos y 
rivalidades de alia trascendencia, y de que babia de 
resentirse la tranquilidad del reino, cualquiera que 
fuese sn desplace. 

Complicóse esta situación, en especial para Albur- 
querqne, con la aproximación de los dos hermanos 
bastardos del rey, don Enrique y don Xello, á Valla- 
dolid, convidados por don Pedro á sus bodas. El re- 
ceto que ya tenia el ministro faToríto de que aquellos 
dos hermanos conspiraban secretamente con los Padi- 



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176 mSTOIIA DB KétíiA 

lias para sa caida, se aumeoló al saber que se halla- 
bao en Cigales (dos leguas de Valladolíd) mochas 
compañías de gente armada. Sirvió esto á Alburqoer- 
que para inleatar persuadir al rey de que los herma- 
nos bastardos llevabao torcidos designios contra su 
persona; mas esta sugestión se desvaneció con la lle- 
gada de un escudero enviado al rey por sus hermanos 
para decirle en su nombre que tenían gusto en asis- 
tir á sus bodas según su mandato, que si traían consi- 
go gentes de armas, no era por otra cosa sino por 
temor á don Juan Alfonso que sabían era su eoemi- 
go, pero que estaban en todo á la merced del rey su 
hermano , y harían lo que les ordenase , siempre 
que los asegurara de don Juan Alfonso de Atburquer- 
qae. Esta declaración, que hubiera debido descon- 
certar al privado, no hizo sino empeñarle mas en su 
afán de convencer al rey de la necesidad de hacer la 
guerra á unos vasallos que venían como en asonada, 
hasta destruirlos y matarlos. La prueba de que obra- 
ban yii tibiamente en el ánimo del monarca los con- 
sejos del valido, fuéque á (tesar de todo su ahínco por 
llevar aquello á trance de rompimiento, cruzáronse 
tales mensages entré doa.Pedro y sus hermanos, lo- 
dos ya y cada cual con su hueste en los campos de 
Cigales. que al 6n, dado seguro por-el rey á los hijos 
de doña Leonor, vióse á estos acercarse á don Pedro 
desarmados de sus lorigas» besarle la mano, y entrar 
todosjuntosá confereocíareo una ermita que allí habia. 



,,CoogIc 



FASTS II. Lino III. 177 

De mal humor debiá presenciar esto Alburquerque. 
y de peor (alante sin duda los vio salir y encaminarse 
unidos don Pedro y sos hermanos en dirección de Va- 
lladolid. Sin embargo disimuló, y aqaella noche los 
sentó á cenar á so mesa. La condición con que fueron 
don-Enrique y don Tello recibidos en la merced del 
rey. fué ta de entregarle las fortalezas que tenían y 
darle en rehenes sns principales c!d)alleros. ' 

Terminado este incidente, procedióse á celebrar 
las realesnopcias en la iglesia de Santa Haria laNae- 
va de Valladolid con suntuosa ceremonia y espléndido 
aparato. Et rey y la reina iban vestidos de panos de 
oro forrados de armiños, y cabalgaban en caballos 
blancos; era padrino del rey don Juan Alfopsode Al" 
barqaerque, y madrina la reina que lo habia sido 
de Aragón, doña Leonor, hermana de Alfonso XI.: 
llevaba don Enriqae de la rienda el palafrén de dona 
Blanca, el infante don Fernando de Aragón el de la 
reina madre doña María, don Juan de Aragón el de 
doña Leonor bu madre, é iban ademas en la regia co* 
miUva don Tellp hermano de don Enriqne, don Fer- 
nando de Castro, don Juan de la Cerde, don Pedro 
fie Haro, el maestre de Galatrava don Juan Ñoñez de 
Prado, y otros ilustres proceres y grandes del reino. 
A la bendioiOD nnpcial (3 dejanio, 1353), siguieron 
las justas y torneos, y otros juegos y regocijos públi- 
cos. Parecía que todo respiraba fraternidad y coo- 
cordia, y que todo anunciaba dias risueños de tranqui- 

XOMO vil. 1S 



nigiUrrlb/GOOglC 



178 tllSTOtlA DB ISPaSa 

lUlad y de ventura para Castilla. Nada, sin embargo, 
estaba tan cerca como el triste (le<«ngaíÍo de esta be- 
lla esperanza. 

Soto dos dias liabian trascurrido cuando so espar- 
ció por Valladolíd la voz de qtie el rey pensaba ir á 
reunirse oon do&a María de Padilla. A la hora de co- 
mer entraron en su palacio y cámara las dos reinas 
viudas de-Castilla y de Aragón, y oon lAt^rimas en los 
ojos espuaeron á doq Pedro que sabedoras de sa fu- 
nesta resolución le rogaban cuan encarecidamente 
podían que no hiciese una cosa que sería tan en des- 
honra suya como en. escándalo y detrimento de su rei- 
no. Mostróse el rey maravillado de que diesen crédi- 
to á tales rumores, y las despidió asegurando y pro- 
testando que ni lal cosa babia pensado ni tenia volon- 
tad de haoerla. Apenas tendrían tiempo lasdos reinas 
para llegar á sus posadas, cuando ya don Pedro ca- 
balgaba por las afueras de Valladolíd acompañado de 
don Diego García de PádHIa, hermano de doña María, 
y algunos pocos oficiales de su palacio. A la segunda 
jornada se hallaban ya reunidos don Pedro y doña 
Haría de Padilla eo la Puebla de Montatvan, adonde 
la hatÑa avisado se trasladase desde el castillo de este 
nombre, donde antes la dejara. Siguiéronle do tar- 
dando los dos hermanos bastardos don Enrique y doa 
Tello, junto con don Juan de la Cerda, y en pos de 
dios 86 fueron también los dos infantes do Aragoft 
don Femando y don Juan, dejando solo á Alburquer~ 



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rAsTB tr. LiBfto lu. 179 

que: siolooia bien claro de que los hijos de do&a Leo- 
nor de Guímaa se arrímabao al partido de los Padi- 
llas eo c(Hitra de esle prívadOi y del desvio del rey 
hacia su antiguo favorito, cod qoiea Qo contó para rd- 
stducioD de tanta trascendweia. Compréndese la hon- 
da seosacioo qoe causaría- en Valladolid y en toda 
Castilla la fuga del rey en busca de las caricias de 
ana amante, abandonando á ana esposa á loa dos días 
de casado, el disgusto en que quedariau las dos reinas 
hurtadas con las iñeutídas seguridades de su hijo y sa 
serrino, y la trislesa y luto de la desventurada doña 
Blanca, esposado dos dias, y victima inocente del 
desvario de un hombre á quien ni bahía peieado ui 
tenido tiempo de ofender. 

Habido consto entre las tres reinas y el de Al- 
harquerque, comiaionóse á éste para que faesa á ver 
al rey y probara de persuadirle á que por honra suya 
y bien del reino volviese á vivir con su esposa doña 
Blanca. Salid pues don Juan Alfoaso de Valladolid coa 
mncboa caballeros castellanos y sobre mil y quinien- 
tos hombres armados camino de Toledo, donde ya el 
re^ y la Padilla se hallaban. No lejos de aquella ciudad 
salió á encontrarle el jodio Samuel Leyi, tesorero y 
oonfideote del r«y, para escitarle de parte del moaar- 
ea á que acaleii&ni el viage, seguro de que hallarla el 
mismo favor qoe siempre en su soberano, y que, pues 
era sopérano que llevase consigo tanta gente, la des- 
pidiera y mandara volver. Otro s^undo i 



Q,g,t7cdb/G00gIC 



1 so UISTORIA DE ESPAÍ^Á. 

enviado por el ley con o) propio objeto hizo ya spspe- 
clioso & Alburquerquo lanío empeño Je don Pedro por 
que apresurara su camino, y . con e^o y con saber 
después que el rey habla mandado cerrar todas las 
puertas de Toledo menos la de Vísagra, y que había 
dado á personas ouevas todos los oñcios de palacio, 
conoció el objeto engañoso de aquellos measages, 
comprendió su caída, penetró el lazo queselearma* 
ba, y eo vez de prosegnir su camino acordó cod el 
maestre de Calatráva don Juah'Nuñez de Prado, .que 
éste se fuese á las tierras de su maestrazgo, y él se 
iría á sus casUllos de tierra de Alba' de Liste, donde 
se le habrían de reunir sus gentes, basta ver el sesgo 
que aquello tomaba. 

De tauto escándalo y de tan dañoso efecto debió 
parecer esta conducta de don Pedro, que to^ mismos 
de su nuevo consejo y privanza, los parientes mismos 
de la Padilla, señaladamente su tio don Juan de Hi- 
nestrosa, \f> instaron á que se volviese á Vatladolíd y 
á Ios-brazos (le su esposa. ÍI(zolo asi el rey; y la ale- 
gría de las reinas y del pueblo fué grande al verle 
volver al camino dé la irazon.' ¡Alegría fugazt Otros 
dos días trascurridos solamente entre el gozo de 
verle llegar y la amargara de verle salir para oo ver 
ya jamás á la infeliz doña Blanca. A Olmedo se fué 
esta vez, donde pronto se le incorporó la Padilla. 
Harto claro se víó ya que el ciego monarca daba de 
manoá lodo miramiente,yquemarchabasinmaSEior- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



FABTk II. LIBIO III. 181 

te QÍ consejo ni guia que so desaforada pasión. Et 
vizconde de Narbooa y tos caballeros frauceses se 
toroar-oQ á Fraocia escandalizados y musllos. La rei- 
na doña Harfa se retiró á Tordesillas, llevándose 
consigo á ' su desconsolada nuera. Don Pedro babia 
sollado el freno á sus antojos, y ya no hay que espe- 
rar ni enmienda en el rey ni sosiego y ventura en el 
reino. 

No buscó al pronto venganza, como era de rece^ 
lar, el deAlburquerque. Antes entrando en negocia'- 
ciones y pleitesías con el rey, conviniéronse, mediante 
liaber dado don Jnan. Alfonso en rehenes sus dos hi- 
jos, el uno legitimo, don Martin Gil, y el otro ba»i- 
tardo, en qne el de Albnrquerque no moverla guerra 
desde sus fortalezas ni inquietaría á su soberano, 
y en qne éste tampoco le molestarla en el goce de 
sus posesiones, bien permaneciese en Castilla , bien 
prefiriese vivir en Portugal. Peor suerte cupo á va- 
rios caballeros de don Juan Alfonso, qne con igual mi- 
lioD pasaban confiadamente á Olmedo. Gracias á áoif 
Haría de Padilla, que obraba mas como reina pru- 
dente y gf»erosa que como dama y manceba del rey, 
el uno fué sacado de la prisión en que habia sido 
puesto, los otros se libraron de la muerte por aviso 
confidencial que recibieron de doña Marfa , pero no 
dejaron de sufrir una persecución vivísima por el rey 
basta tener que refugiarse en Portugal. AHÍ se inter- 
nó también don Juan Alfonso, no. fiandp ya en la pi_~ 



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tSS HinORU D« ISrAÜA. 

labra del monarca, y desesperanzado de poder vivir 
tranqailo en Castilla. 

Los bermanoa bastardos del re]r,los hijosde doña 
Leonor de Gazman» eran los gae gozaban entonces de 
mas seguridad, y ano se veían hasta cierto punto ha- 
lagados» porque entraba en el plan de los Padillas 
tenerlos contentos y devotos b^sta acabar de destral- 
á Alburquerque. Asi el maestre de Santiago don Fa- 
driqne fué moy bien recibido por el rey en Cueltar, 
y bailándose el monarca en Segovia concertó las bo- 
das de su hermano don Tello con doña luana de Lara» 
una de las bijas qne quedaron de don Jean Nupez> 
disponiendo que fuese á lomar el se&orlo de Vizcaya. 
Pero al propio tiempo daba orden para qoe la iofeliz 
reina áímn Blanca fuese trasladada á Arévato en cali- 
dad de presa bajo la guarda y vigilancia de escogidos 
oficiales de sa palacio, con la prevención de que é I< 
reina doña María su madre do la permitiesen verla 
que ya hasta de su misma nradre desconfiaba el mo- 
narca desatentado. Y partiendo de Segovia á Sevilla, 
acabó de distribuir allí los oficios de palacio y del rei- 
no, entiéndese que recayendo todos en los parientes 
y amigos de doña María de Padilla. Asi Diego Gar^ 
de Padilla, su hermano, tenia el car^o de so cámara; 
á oiro hermano bastardo, Jnan García cte Vlllsgera , le 
dio la encomienda mayor de Castilla; repartieodo los 
demás oficios entre don Juan Fernandes de Hioestro- 
a,.t¡o de doña María, don Juan de la Cerda, doa 



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run u. u»o III. i 83 

Alvar García de Albornoz, don Fernán Pérez Porto- 
carrero, y otros de los que pasaban pgr mas enemigos 
de Alburquerqoe, no quedando con empleo ninguna 
de las hechuras de este antiguo valido. Pasaba esto 
eo los últimos meses de 1.353. 

loaugoróso el siguiente con una persecuciop que 
tOTO DD horrible remate. Fué el blanco de ella aquel 
nuestre de Calatrava don Juan Nuñez de Prado, ¿ 
quien vimos retroceder del camino de-Toledo con Al- 
burqaerque, receloso de la actitud det rey eo aquella 
ciudad. Codiciaba aquel pingüe maestrazgo eLberma- 
no de la Padilla don Diego, no satisfecho con ser ca- 
marero mayor. A juna iovítacion del rey vínose el don. 
luau Nuñez de las fronteras de Aragón á su villa de 
Almagro. Hacia allá marchó el rey, enviando delante 
con gente armada á don Juan de la Cerda. No £altó 
quien acoosejára al gran maestre que peleara con la 
hueste del rey, pero él lo ref)ugDÓ, y confiando eo el 
seguro del monarca prefirió ponerse en sus manos.. 
Dióle el rey por preso, y el maestrazgo de Calatrava 
fué conferido á don Diego de Padilla. Dueño el nuevo 
maestre de la persona de su antecesor, encerróle en 
el alcázar de Haqueda, donde á los pocos dias termi- 
nó so existencia á manos de un verdugo. Dicen que 
fué don Diego de Padilla , no el rey, quien le mandó 
matar, pero el que ordenó la terrible ejecución no. 
cayó por eso de la gracia del monarca. Añádese que 
el Nuñez de Prado habia á su vez depuesto iojustamco.' 



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1 Sí HISTOftlA DB ESPAÜA. 

te del maestrazgo á su predecesor ; pero la expíacioo 
de la ÍDjusticia del doo do creemos santifique el crf- 
meo de) otro. Ya se ve señalado el camioo por donde 
se precipitaba el rey don Pedro. 

Creyó llegado ya el caso de poderatacar abierta- 
mente las posesiones de doa Juaa Alfonso de Albur- 
querqae, á pesar de la reciente promesa de seguri- 
dad, y le tomó la villa de MedelPrn, cuyo castillo hizo 
demoler. Púsose luego sobre la de Albnrquerque, 
donde halló mas resistencia , y hubo de retirarse de- 
jando por fronteros de está plaza á sus dos hermanos 
bastardos don Enrique y don Fadriqae; y parecién- 
dole que por otro medio podía apoderarse mas pronto 
de su antiguo valido, envió dos mensageros á su 
abuelo ét rey don Alfonso de Portugal, pidiendo les 
fuera entregada en su nombre la persona de Albur- 
querque para que fuese á Castilla á dar cuenta de su 
administración pasada. Llegaron estos mensageros á 
Evora en ocasión que el rey de Portugal celebraba las 
bodas de sti nieta doña María con el infante de Ara- 
gón don Fernando. En contra de la acusación que pa- 
recía envolver el mensage y pretensión de los envía- 
Jos de don Pedro, pronunció el de Alburquerqne an- 
te el rey de Portugal un discurso tan enérgico y nu- 
trido de buenas razones en defensa de su administra- 
cion en Castilla, de su desinterés y pureza , de sus 
servicios al rey don Pedro, respondiendo de reinte- 
grar con sus bienes cualquier nialversacion que acaso 



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riBTB II. LIBIO m. 18S 

alguno de tos empleados por él pudiera haber hecho, 
y retando coa aire de coofianza a)' que lo conlraríose 
alreviese ¿ dar ósaslentar.queel monarca portagués 
acabó por dar la razón á Alburquerque, y lorBáFonee 
los meosageros á Castilla sía lograr su objeto. 

Los bijos de doña Leonor de Gazman, don E&ri- 
qoe y doa Fadriqae, que por potflica y ao por devo- 
cioD defeatKan entonces la causa del rey don Pedro, 
acordaron dar ya distinto rumbo á sus designios, y se- 
cretamente, por mediación de uu fraile franciscano, 
fray Diego López, confesor de don Enriqne conde de 
Trastamara, fueron á buscar por aliado cuando estaba 
caído al mismo á quien habían hecho guerra cuando 
era poderoso, á don Juan Alfonso de Albarquerque. 
Casado aguija á muchos un mismo deseo de vengarse 
de otro, suelen los hombres unirse entre si, siquiera 
sea momenláneamente, olvlda'ndo. ó aparentando ol- 
TÍdar que' antes han sido enemigos. Esto fué lo que 
aconteció á Alburquerque, oyendo con beneplácito la 
proporción del. fraile mensagero. La liga entre Albur- 
querque y los bijos de la Guzmao quedó concertada, 
y so primer acto ' ostensible fué prender al hermano 
de la Padilla Juan García, comendador mayor de Cas-^ 
lilla, que con los hermanos bastardos se hallaba de 
froQtero contra las fortalezas de Alborquerqué. Pero 
evadióse aquel de ta prisión, y fué á informar al rey 
de la conspiración que contra- él habia. Pensaron los 
nuevos aliados en proclamar al infante dou Pedro de 



npt7ccib/G00<íIc 



180 BISTORIA Ut KStAÍÁ. 

Portugal, ' y hubiéraDlo b^ho á do «stoi bario coa 
eaergfa $a padre don AlCuuo. 

OportQoa ooasipn hablan escogido los de la liga, 
puesto que ^ rey don Pedro cao nuevos y mas locos 
devaoeo? andaba eotonces escaadalizaodo, y fomea- 
taado la aaioiadversioo de sus súbdilos. Babia puesío 
el rey sus lascivos ojos en una hermosa y jóvea via- 
da, que lo era de dou Diego de Raro, del lioage de 
lossGDoros deVizcaya^, llamada doña Juaoa deCastro. 
No escrupulizó el desatenlado monarca, ya que con 
otros halagos DO logró sin duda sedacirla, ea solki- 
larlapara esposa. Esposóle la prudente dama la imposi- 
bilidad de ser llevada Ucilamente á un tálamo á que 
en ley y en conciencia nadie sino la reina dooa Blanca 
tenia derecho. La dificultad hubiera sido invencible 
para todo oiro que eacootrára reparos tratando de 
saciar su apetito; pero doa Pedro salió de ella ase- 
gurando que no era casado, puesto que hal^a aido 
Dulo su m^imiKiio coo doña Blanca. Quedaba la di- 
ficultad de acreditar la nulidad de tan público enlace, 
y también la venció doa Pedro, hallando dos prela- 
dos, el de Avila y el de Salamanca, ó tan détúles ó 
tan aduladores, que diadose por convencidos de las 
razones que el rey alegó, pronunciaron sentencia del 
nulidad declarando que podia casarse con quien le 
pluguiese. A pesar de todo, un callero de Galicia, 
pariente de dona Juana, llamado don Enrique Enri- 
quez, que andaba en este negocio de malrimoBioj 



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MKTB U. LIBRO til. 1 8? 

pidióle por prenda Je segundad que le eotregase ea 
rebenes el alcázar de J&ea y los casUUos de Caslroje-. 
m ; Dueñas. Pequeño sacrificio era este para quiea 
se propcuia saiisfocer uq deseo y llevaba vencidoa 
obstácaloB mayores,, y los castillos fueron entregados. 
la jáveo doña luana, no aabeffioa si del todo candi- 
da, si tal vez con miras menos disculpables, accedld 
i estregarse al rey en calidad de esposa , y las bodas 
se celebraron páblicameote eo Cuellar. Si doña Blanca 
de Borbon había sido esposa de dos dias, doña Juan^t 
de Castro lo fué de una noche. En el mismo dia 
de las bodas recilHÓ el rey la nueva de la confedera- 
cioa de sns hermanos y Alborquerqoe, y al dia si- 
guiente partió de Cuellar i Castrojeríz, donde se ha-. 
Haba la Padilla, sin que jamás volviese á ver á doña 
Juana de Castro, á quien sin embargo dio para su 
loantenimiento ta villa de Dueñas ^*K Por lo que hace 

(t) Alli vivió macho tiempo rior apostrofaba al rey don Pe- 
ItamindoM wenprereioadaCl»- drocon lasBigaientes eoéigicu y 
tilhgSnnqpeal reynolegustaba. d aras palabras: (Mira qua ya la 
— Ayal*, &óa.iAaoV.,cap.lOal n&ma <1b tai crfmeoes reiuena 
U.-^CoandoelpapalooceQcioVI. >par el mando: gue ya suena ea 
ngaflado antes fwr el rey don Pe~. sloadidoade lodos el m ñor de 
dro.npalanoredaddeeste ca- >ta8 pecados, con loa cuales ae 
■o, nenodfiinditínacloacainiaionó »ba Ha tu sahacíoa comprometida, 
■1 obiqpoBef trandeSieuDe, «a in- sel loetre de tu DorobreoBcurecí- 
tcroaDCio,paraqv>eemplazsraaD- »do, violada tu gloria, rebajada 
tth corté de Roma á loa obispo* «tu dignidad, marcbítaclo tu bo- 
de Avila y da Salamanca, y obli-~ >nor y to real nombre mancba- 
gira al rey por madio de uettn- »do ea ao ptincipio, destrozado 
inru de la Igleiia á *ivÍT con la »por los labjos de la multitud-.. 
niaa dafl>B&nca,«ae«paBaIeRl- »fiee« ja» quaii orf^s sctlerun 
tírna, procediendo en derecno lUtorumrumoribitt ptrstrepit.... 
cpotradycontrahMgrandetqae «etc.a Dat-Avin. iV.kBlend maii, 
■■¡^aiéndolefonientaranaudesar- aon. II. — Raynald- Annal. líele. 
f)^daTÍda.Snoirobfeveposte- ann. 13KV. n. %f- 



D,g,t7cdb/COOgIC 



488 HISTORIA DB BSrÁRA. 

á las fortalezas enlrcgadas á doD Enrique Eariqaez, 
qoitóselas lao pronto como llegó á CaBtrojmz: coa tal 
msoera de cumplir compromisos bieo podían hacerse 
bodas y empeñarse reheaes. 

Para contrarestar la' liga de los bastardos y de 
Alburqoerque Haaió dob Pedro á sus primos los íd- 
fantes de Aragón, y casó á don Juan coa doña Isabel 
de Lara, hija segunda deldifunlo: dob Joan Nuoez, 
con ánimo de darles él señórfo de Vizcaya, de qae 
pensaba despojar á don Tello, suponiendo, que éste 
no lardaría ea ligarse coa susberoiaDos. GonefiU), de- 
jaodo en Castrojeriz á doña Haría de Padilla, que al 
poco trempo dio á laz otra niña que se llamó doña 
Constanza; encaminóse el rey para Toro. Mas su pro- 
ceder con doña Juana de Castro propoccioaó á los de 
la liga la adquisición de aa nuevo aliado que vino á 
darles gran refuerzo y ayuda, taé este don Fernando 
de Castro, poderoso señor de Galicia y hermano de 
doña Juana, que poco afecto ya al rey por piqaes an- 
teriores se declaró ahora vengador de la afrenta de 
su hermana, y se confederó con los enemigos del que 
acababa de escarnece á su familia. Encendióse pues 
la guerra en Castilla, León, Asturias y Extremadura, 
entre los hijos de doña Leonor, Alburqnerque y don 
Fernando de Castro de una parte, y el rey y los in- 
fantas de Aragón sus primos.de la otra. Tomábanse 
mutuamente fortalezas y castillos, y los magnates se 
arrimaban al partido de que esperaban mas medro. 



D,g,t7cdb/G0PgIC 



rARTB II. LlltKO 111. 189 

Difuso el re; que la desveoluraila Jofia Blanca fiicse 
para mayor seguridad trasladada á Toledo y recluida 
en el alcázar bajo la custodia de doD Juan Fernandez 
de HiDestrosa, el tio de la Padilla. Mas la juveotud, la 
¡nocencia, el iafortuDio de una priucesa de tan ilustre 
linage comenzó por escitar la compasioo y las simpa- 
Ifas de las damas toledanas , y acabó por interesar á 
ios caballeros é hidalgos de aquella noble ciudad en 
lérmJDOs que se alzaron casi lodos en au defensa , (o - 
máronla bajo su. protección, corrió gran peligro la vida 
de Hioestrosa, y eso qne habia sido el mas caballeroso 
desús guardadores, y. partió éste á dar cuenta. al rey 
(le lo qué pasaba en la ciudad. v 

lóviiarop los toledanos al maeslrede Santiago don 
Fadriqne á que acudiese en su ayuda, como lo hizo, 
llevando consigo seltcientos de á caballo, é hizo alli 
bomenage^^y pleitesía & su reina, doña Blanca. El ejem- 
plo de Tcdedo foé.imitado por las ciudades de Córdo- 
ba, JaeA, Baeza, Ubeda, Cuenca y Talavera. El rey, 
queá tal tiempo se hallaba combatiendo ¿Segura, 
del maestrazgo de Santiago , acndió hacia ^el punto 
donde el peligro, ameoazaba'ser mayor , y se vino á 
Tórd^umos, no olvidándose deconferir antes el maes- 
trazgo de Santiago á don Juan García de Villagera, 
hermano de la Padilla; que no desperdiciaba ocasión 
de acumular en la dichosa familia desu dama las mas 
altas y pingües dignidades del reino. Lo que en otro 
tiempo babia practicado su padre Alfonso XI. con la 



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1 9(} niAíAU B« isfriÜA. 

finnilia de la Gnzmao, lo reproducía su hijo coa la fa- 
milia de la Padilla. Desdichada era de la monarquía 
castellana. 

Nublábase de día en día > hasta ainenazar apa- 
garse la estrella que alumbraba á doo Fedro^ Hallán- 
dose en Tordehumos, despidiéronsele tos iaGmtes de 
AragoD, arrastrando consigo á la reioa do&a Leonor 
de Aragón su madre, y á la flor de los caballeros de 
Castilla, que habiau seguido basta entonces la parte 
del rey, y fuéronse todos ú Cuenca de Tamariz. Na- 
tural era que tan pronto como esta defección lle- 
gase & noticia de tos coligados, se regocijaran estos y 
trataran de liablar y entenderse con loe díGideotes de 
Cuenca, é tiíciéroDlo asi; de forma que llegaros á reu- 
nirse y confederarse tos ia&ntes de Aragón, dooa Leo- 
nor su madre,. doD Enrique de «Trastamara, don Te- 
tlo su Iiermaao qoe también fué á incorporárseles, 
don Juan Alfonso de Alborquerque» don Fernando de 
Castro, y muKIlnd de otros nobles y cabalteros de 
Castilla. Quedábale apenas á don Pedro ana hueste de 
seiscientos hombres, con ta cual y con la reina doña 
Haría su madre y coa doña Uarfa de Padilla se aco- 
gió á Tordeaíltas. No tardó &a ver ocapados todos los 
pueblos de la circunferencia por las tropas de la gran 
confederación. Lo que pedían entonces asi los de la 
liga como las ciudades sublevadas era , que hiciese 
tida con doña Blanca su esposa tratándola como reina, 
que apartase de sa lado y privanza y del regimieDlo 



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mn it. uno iii. 191 

del nano A los paiiwtes de la Padilla , y que é esUi la 
pusiesen en algana orden del iteínode Francia ó det Je 
Aragón. Por acuerdo de todos los de la liga pasó la 
mna doña Leonor á Tordesiliaa á esponer de palabra 
al rey sn sobrino estas proposiciones, asegurándole 
qoe de oliN-garlas y cumplirlas todos se dariad por pa- 
gados y cooienlos y volverían á sa obediencia y ae 
pondrían á su merced. 

Con loca tenacidad se negó el rey á todo; y sio 
ablandarle las prudentes reflexiones de la reina su tía, 
ni intimidarte la imponente actitud de los confedera- 
dos) ni arredrarle el aí^miento en que se iba viendo, 
ni amansarle las enérgicas exhortaciones y manda- 
mientos del pontífice, manifestó que por nada del 
mundo dejaría la Padilla, y ciego de^mor hasta el 
delirio y animoso hasta la temeridad resolvió hacer 
rostro á todo y lachar á brazo partido con todas laa 
contrariedades. Volvióse la desde&ada reina con aque- 
lla respuesta al campo de los confederados, los cua- 
les después de haber amagado á Valladolid y Salaman- 
ca entraron por Tuerza en Medina del Campo, que es- 
taba por el rey. Allí murió á los pooos dias don Juan 
Alfonso tie Alburquerque. Aunque entonces se susur- 
rara , y en algunas crónicas se lea qpe el rey hizo 
dar yerbas á su antiguo valido por medio de un mé- 
dico italiano que le asistía, oomo no haHemoseíta es- 
pecie bastante jnsli&cada, queremos complacemos en 
creer que la muerte fuese natural. Lo que hay de 



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1 ^2 III8T0U* DR BSP&(f A. 

cierto y de singular es, qae Iteveodo aquel magnate 
su pasión de venganza hasta mas allá de la tumba, de • 
jó ordenado que rio se enterrase sii cadáver hasta que 
acabase la demanda en que se había metido. En sn 
virtud el féretro de Albarqiierque era llevado siem- 
pre en la hueste, como si gozara eo capitanearla des- 
pués de maerlo, y en los consejos que celebraban los 
conrederados llevaba su voz y .hablaba por él su ma- 
yordomo mayor Ruy Diaz Cabeza de Vaca. «¡Espec- 
táculo peregrinó, esclama aqni con razón uo ilustra- 
do escritor de nuestros días, y testimonio anténUco de 
rencorosa barbarie , el de ana conrederacion capita- 
neada por uñ muerto '''in Juntóse en Medina cpn los 
coligados el maestre don Fadríque con seiscientos de 
'á caballo, y oon. mucho dinero del que en Toledo ba- 
hía hallado en las casas de Samuel Lev!, tesorero del 
rey, y del que la reina d<ma Blanca había podido re- 
coger. La hneste que entre todos reunían en Medina 
era de siete mil caballos y correspondiente número de 
peones. 

Aunque imponente y numerosa esta liga, velase i 
sus caudillos obrar con mas detenimiento y cordura 
que lo que era de esperar de gente tumultuada y po- 
derosa, y no parecía que intentasen llevar la discor- 
dia á términos de enlatar al pais con escenas de san- 
gre. Prueba de ello dieron, cuándo después del des- 

(4) El seDorFerrerdelRio,eD 
9D Exámea bistórico-crftico del 
reioado de don Pedro, premistfo 



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partí 11. LIBKOIII. 193 

eogaSo de Tordeñllas todavía enviaroo mensageros á 
Toro, donde se había trasladado q1 rey y se bailaba 
antes que él la reina madre, para acordar coa el mo- 
narca el medio de poaer algno sosiego en et reino. 
Las peticiones de los coligados no eran ob'as que las 
que en su nombre le babia hecho antes la reina doña 
Leonor. Quiso-el rey tomarse tiempo para deliberar, 
y como inaDÍfestase deseos de conferenciar coa los 
principales de la liga, conviniéronse unos y otros en 
traer unas vistas en on pueblo nombrado Tejadillo, 
entre Toro y Morales. Presentáronse alli hasta cía- 
cuenta caballeros de cada parte, armados de lorigas y 
espadas; oadie llevaba lanza sino el rey y et in&nte 
don Fernando. En aquella especie de asamblea arma- 
da habló primerameote por el rey su repostero ma- 
yor don Gutierre Fernandez de Toledo, manifestando 
marafíllarse de que tan á enojo llevaran los coligados 
elque el rey dispensara su confianza á los parientes 
de la Padilla, siendo costumbre de los reyes tener por 
privados y hacer mercedes á quien bien quisiesen; 
pero que el rey tenia voluntad de honrarlos también 
á ellos, y les daría tos grandes oficios que hobiese en 
SQ casa y estado, y en cnanto á la reina doña Blanca 
enviaría por ella y la honraría como á reina y como 
á esposa. Habló seguidamente por los confedera- 
dos don Fernán Pérez de Ayala, y en un grave y co- 
medido discurso espresó el disgusto y pesar con que 
sos vasallos habiaa visto el desamparo en que dejó á 
Tomo vh. 13 



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19i HISTORIA DE SSPASa. 

doña Blaoca, á quieo todos habiao recibido por reioa, 
io cual creiaa habría hecho por consejo de los pariea- 
lesde doña María de Padílía;1a sallsfaccion con que la 
veriau volver á sa gracia y compañía; la desconfianza 
y temor que á todos había iofuadido la persecucioo y 
supliciodct maestre de Calalrava Nuoez de Pradoy el 
despojo de las tierras de Alburquerque después de 
dar en rehenes dos hijos; que sí todo esto se eomea- 
dase, volverían gastosos at servicio de su rey y señor; 
y pues eran cosas do para traladasy resueltascou pre- 
cipitación, podrían nombrarse cuatrocaballeros de ca- 
da parle que hablasen y conrercnciasen y acordaseo el 
medio de dar feliz cima á este negocio. Aprobaroo to- 
dos el peasamíenlo, quedó el rey eu que nombraria 
sus cuatro caballeros, y despidiéronse para sus res- 
pectivos lugares, besando al rey la mano. 

No podía darse oi mas comedimiento eu las 'pala- 
bras, ni mas cordura y prudencia de parte de unos 
hombres que coataban quintuplicadas fuerzas qne el 
rey. Llamárnoslo comedimiento y prudencia, atendi- 
do to que suele ser gente alzada eu rebelión y. qne se 
siente fuerte para vencer. Pero el rey no se cuidó ni 
de enviar ni de nombrar sus cuatro caballeros; pro- 
curó por el contrario sembrar la discordia entre los 
confederados, y en lo que mas pensó fué eo salir de 
Toro y en pasará Ureña en busca, como ciego aman- 
te, de las caricias de doña María de Padilla, que alli 
so bailaba. iBella manera de venir é acomodamiento 



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PABTB II. UBKO III. 19S • 

y entrar por la senda qae le marcaba el clamor popu- 
larl Vióse enioaces una singularidad moastruosa. Sa 
misma madre la reina doña Maria avisó á los coliga- 
dos de la salida de su hijo, y los instó á que se fue- 
sen á Toro, donde ella los esperaba para concertar 
la manera de redncir al rey. Los de la liga, qne iban 
camino de Zamora, siempre llevando consigo el ataúd 
de Alburqnerqne, oyeron con placer la escítacioa de 
la reina madre, y enderezaron sus pasos á Toro, cu- 
yas puertas hallaron francas, según éHa les había 
ofrecido. Juntos alti todos, y en tan estraña y escan- 
dalosa amalgama como era la de la madre de don 
Pedro y los hijos de la Guzman, la qne había manda- 
do matar á doña Leonor y los padrones vivos de su 
aotigna afrenta, acordaron enviar un mensage al rey 
invitándole á que volviese á Toro para ordenar allí 
tas cosas del modo qne mejor cumpliese á su servicio. 
D(Hi Pedro hizo la humillación de ir, los parientes de 
la Padilla la cobardía de no querer acompañarle por 
miedo, y de entre sus privados solo le dieron compa- 
ñía don Fernán Sánchez su canciller, el judio Samuel 
Levf, sn tesorero mayor, y 'don Juan Fernandez de 
Hinestrosa, tio de la Padilla, honrado y pundooorosb 
caballero, el primero que aconsejó al rey qne se avi- 
niese con las reinas viudas y con los de la liga, y qne 
ni por él ni por sus sobrinos pusiese en aventura y 
eu peligro el reino-. 

La ida del rey á Toro equivalía á darse por veo- 



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496 IIISTOEIA DE BSPAlfA. 

(ido y á entrcgarge á discrecioo de los de la liga, que 
no lardaron ea obrar como triuo&dores, por mas 
que salieran á recibirle con apariencias de respeto y 
le besaran la mano con mentido ademan de vasallos 
humildes. Su tia la reina doña Leonor fué la primera 
que bajo las bóvedas del convento de Sanio Domingo 
se atrevió á reconvenirle por sus. estravfos, de los 
cuales no tanto le culpaba á él atendida su edad y 
suioesperiencia, cuanto á sus privados y consejeros, 
añadieudo que era menester fuesen desde luego re- 
emplazados por otros mas honrados y* mas celosos 
guardadores de su servicio y de su honra. Y cuando 
el rey comenzaba á díscnlparlM, se procedió á pren- 
der á presencia suya y de las reinas á Hinestrosa, al 
judío Samuel y á Fernán Sánchez, poniéndolos bajo 
la guarda del infante don Fernando y de don Tello. 
Condujese al real cautivo, que cautivo era ya mas 
que rey, á las casas del obispo de Zamora, y la ma- 
nera que tuvieron los confederados de ordenar las 
cosas al mejor servicio del monarca fué distribuirse 
entre sí todos los empleos y oficios del palacio y del 
reino, apoderarse de los sellos, y obrar como sobera- 
nos. Hasta como solemnidad del triunfo pudo mirarse 
la boda que entonces se celebró de don Fernando de 
Castro con doña luana, hermana bastarda del rey, co- 
mo hija también de Alfonso XI. y de la Guzman. Y 
como ya se daba por fenecida la demanda y por 
cumplido el deseo y et testamento de Alburquerqae, 



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PASTE II. LIBIO 111. 197 

tralósede dar sepultura á su cadáver, lo cual se ve- 
riftcóea el célebre monasterio de Espina. 

Vigilado de cerca el rey por el maestre doa Fadri- 
que, que se había nombrado su camarero mayor, y 
privado de hablar con determinadas personas, bien 
' comprendió que su estado era una prisión no muy 
disfrazada. Quejóse de ello, y diósele mas ensanche, 
y permitíasele salir á caza todos los días á caballo. 
Los de la liga no acertaron á ser ni bastante gene- 
rosos con el monarca si se proponían ganar su amis- 
tad, oí bastaiite rigorosos si habían de mirarle como 
enemigo. Por otra parte no leemos en las crónicas que 
se volviese á tratar de la rehabilílacion de la reina 
doña Blanca, que se había proclamado como causa 
y fin principal de la sublevación. Conócese que no 
había entre toa coligados un pensamiento noble, gran- 
de y digno, y que habiendo entre ellos reinas, hijos 
de reyes y príncipes de la sangre, limitaban sus as- 
piraciones á derrocar de la privanza una familia y á 
reemplazarla en los empleos de ínQuencia y de lucro. 
O el rey conoció bien este flaco de sus rivales, úobrd 
por lo meóos como si le conociera, y negociando en 
secreto con los que veia ó suponía mas propensos á- 
mudar de partido, con los infaulcs de Aragón sus pri- 
mos, con Ruiz de Villegas. Juan de la Cerda, Pérez 
Sarmieoto y otros, ofreciéndoles los empleos ó las vi- 
llas y lagares que mas parecía apetecer cada uno, pú- 
Eolos do su parte: siendo de notar que hasta la reina 



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198 BlSTOEÜ DE BSPAÍÍA. 

doña Leonor, alma que babia sido de la liga, deser- 
tara de ella por obtener la villa de Roa de que le ha- 
cia merced su sobrino. No dudaooos que en esta mu- 
daaza se mezclaría algo de resentimiento ó rivalidad 
con los bastardos y sus adeptos, mas aun asi no des- 
cobrímoa miras elevadas en niagueo de los actores de 
es^ drama vergonzoso. Hecho esto, salió una mañana 
de Toro el rey don Pedro como de caza, según cos- 
tumbre, acompañado del judío Samunl, que á fuerza 
de>oro había cambiado la prisión en fianza, y apro- 
vechando la densa niebla que cubría la atmósfera 
fuéronse deslizando camino de Segovia hasta no ser 
vistos, y apretando luego los hijares á sus caballos no 
pararon basta aquella ciudad, dejando burlados y ab- 
sortos á la reina madre y á los bastardos, mas sin sor- 
presa de doña~ Leonor y de los infantes sus hijos que 
estaban en el secreto. Desde Segovia envió á pedir 
los sellos, diciendo que de no enviárselos no le falta- 
ba ni piala ni fierro con que hacer oíros, y los de 
Toro se los enviaron con docilidad admirable- 

Era esto en fines de 1354, y á principios de 1355 
ya se hallaban incorporados con el rey en Segovia do- 
ña Leonor y los infantes de Aragón y sns hijos, junta- . 
mente coa los demás que en Toro habían recibido la 
promesa de ser heredados. Desmembrada asi la liga, 
y como Castilla ne había visto resultados de ella de 
que se pudiese felicitar, engrosábase cada día el par- 
tido del rey, al compás que menguaba el de la reina 



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rAKTB II. LtBlO Itl. 199 

madre y loa bastardos. Díseminároose los mismos que 
habían qoedailo en Toro para inejor dereader cada 
cual su señorio: asi don Fadríque se fuá á Talavera, 
que estaba por él, y donde lenia su gente, don Tello 
á 9U señorío de Vizcaya, y don Fernando de Castro á 
sm tierras de Galicia, quedando solos en Toro la ma- 
dre del rey don Pedro, y el primogénito de los bas- 
tardos don Enrique; estraña asociación por cierto. El 
(iade la Padilla, Joan Fernandez de Hinestrosa, uno 
de los encarcelados en Toro, obtuvo libertad de la 
reina dona María, con palabra que dio de trabajar 
con el rey para que se viniese á un acuerdo y dejan- 
do euatro caballeros en rehenes. Los esfuerzos del 
buen Hinestrosa foeron inútiles, y doña Maria dio 
suelta á los cuatro caballeros, esperando templar con 
este acto las iras del rey, pero se engañó. 

Don Pedro desde Segovia partió coa los infantes 
de Aragón para Burgos, donde celebró cortes y. pidió 
subsidios, DO para sosegare! reino por vía^ de con- 
ciliación, slaopara hacer cruda guerra á los que se 
mantenían alzados. Comenzando pues su escursion bé- 
lica por Medina del Campo, el primer desahogo de 
su cólera fué hacer matar á la hora de siesta en su 
pro[Ño palacio á Pedro Ruiz de Villegas y á Sancho 
Ruiz de Rojas, que no negamos habían sido de fa li- 
ga y del partido do los bastardos, pero á los cuales 
acababa de agraciar en Toro, al uno con el adelan- 
tamiento mayor deCaHlülu, at otro con la merindad 



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' 200 aisroRiA mi «»««*. 

de Burgos. Con esto acreditó el moaarca que no iba 
con él el sislema de perdón por lo pasado. Asi no es 
maravilla que cuando se aproximó á Toro, su misma 
madre le temiera y le cerrara las puertas de la ciu- 
dad. En esta comarca recibió aviso de que don Enri- 
que BU hermano habia salido de Toro y se dirigía á 
Talavera á reunirse con don Fadríque. Apresuróse el 
rey á ordenar á los de tierra de Avila que le ataca ' 
sen en las Fragosidades del puerto del Pico por donde 
tenia que pasar. Hiciéroalo asi los vecinos de Colme- 
nar, y acometiendo en emboscada la hueste de don 
Enrique al paso de aquellos desfiladeros matáronle 
muchos hidalgos de cuenta y persiguiéronle basta el 
llano y casi hasta las pnertas de Talavera. Reunido el 
de Traslamara con su hermano, revolvió con lucida 
hueste rebosando venganza sobre Colmenar, atacó el 
pueblo, le quemó, hizo acnchillar gran parte de sus 
moradores, y volvióse para Talavera. Las disidencias 
que algunos meses antes parecía iban á resolverse 
por parlamentos, babian degenerado ja en guerra 
mortífera y sangrienta. 

' Puestas tenia el rey sus miras en ta fuerte ciudítd 
de Toledo, que guardaba en depósito á la sin ventura 
doña Blanca de Borbou, y allá enderezó sus pasos 
con todas sus haces. Hallábase ya en Torrijos, cuando 
sabedores de ello los hermanos don Enrique y don Fa- 
drique se movieron apresuradamente de Talavera, en 
socorro, deciao. de los toledanos y de la legitima 



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FllTB II. LIMO III. 201 

reiiia de Castilla. Disgusto y sorpresa graade recibie- 
roD los qae iban como libertadores cnaudo habieodo 
llegado al puente de Sao Hariia de Toledo, supieron 
de boca de algunos caballeros toledanos qae andaban 
los de la ciudad en tratos de avenencia con el rey, y 
por lo tanto aunque les agradecían su venida no era 
conveDiente acogerlos á ellos en la ciudad hasta obte- 
ner respuesta del rey. á 6a de que no se malograsen 
y rompieseo aquellos tratos. A pesar de esto algunos 
partidarios ardientes de tos bastardos les facilitaron 
la entrada por otra puerta; entrada fatal para los ju- 
díos de aquella ciudad, puesto que desfogando en 
ellos su saña las compañías de don Euriqne mataron 
basta mil doscientos entre hombres y mugeres. gran- 
des y niños, y eso que no pudieron penetrar en la 
joderfa mayor, aunque la cercaron y atacaron. Pero 
el espíritu de la población, por esas mudanzas que 
acontecen en las revohiciooes, era ya adverso á los 
hijos de la Guzman, y otros toledanos enviaron car- 
tas de llamamiento al rey, el cual se presentó al dia 
siguiente, y quemando la puerta que los ba^rdos 
defendían, y ayudado eficazmente ' por muchos tole- 
danos, fué recibido en la murada ciudad, teniendo 
por prndeole don Enrique, y don Fadrique no dar lu- 
gar á mas pelea, y salir como fugitivos por la opuesta 
. puerta de Alcántara, por doa'de dos dias antes habían 
Entrado (mayo 13B5). 

Cruel se mostró don Pedro de Castilla en Toledo, 



nigiUrrlb/GOOglC 



202 IIISTOIIA bl BIPAftA. 

y engañáronse los ((bedanos qae esperaban hallarle 
indulgente. Sin querer ver á la reina doña Blanca, 
mandó inmediatamente á Hinestrosa que tomara tales 
medidas qae no pudiera salir del alcázar. A los cuatro 
días era llevada la reina de Castilla á la Torlaleza de 
SigOenza bajo la* custodia de>dos guardas de la con- 
fianza del rey. Preso también el obispo de SigOenza, 
natural de Toledo y del partido de don Enrique, fué 
luego trasportado cob otros caballeros á Aguilar.de 
Campó. Destinóse á otros por prlaion el castillo de Ho- 
ra. La cuchilla de la venganza cortó los cuellos de mu- 
chos ilustres toledanos. Veinte y dos hombres buenos 
del coman Tueron ademas decapitados en un día. En- 
tre los vencidos destinados al suplicio lo era un platero 
octogeDario, que tenia un hijo que frisaba apenas ea 
los diez y ocho. Este joven, lleno de amor filial, se 
presentó al rey. ofreciendo sn cuello á la muerte, con 
tal que sirviera su saci-ificio á salvar la nevada cabeza 
de su padre. El rey con duras entrañas aceptó la nue- 
va victima, y consintió que la cabeza del generoso 
joven cayera separada del cuerpo, y regara la tierra 
con sangre preciosa y pura; «Pluguiera & todos, dice 
con admirable comedimiento el cronista á quien se 
atreven algunos á tachar de parcial, que el rey man- 
dara que non matasen á ninguno detlos, oíd al padre, 
nin al hijo.» Vías lo que pluguiera á todos no le plu- 
go al rey don Pedro de Castilla. 

Desde Toledo fué el rey á Cuenca, otra de las ciu- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PAKtB li. LfBKO III. 203 

dades sublevadas, donde se hallaba otro de los hijos 
deAiroDsoXI. y de la'Guzmaa, llamado don Sancho, 
deqaieono hemos tenido ocasioo dé hablar hasta 
ahora. No podiendo lomar aquella ciudad, pactó tre- 
goas con los sublevados, y se dirigió por Segovia y 
Tordesillas á Toro, donde habían acudido ya don En- 
rique y don Fadrique llamados por la reina madre. 
No era fácil apoderarse de Toro mientras estuviera 
tan bien guardada: por lo mismo, y en tanto que ha- 
llaba ocasión, tavo que limitarse don Pedro por mu- 
chos meses i provocar escaramuzas y correr la co- 
marca haciendo algunas escarsiones hacia Rueda, 
Valderas y otras villas de Tierra de Campos que se- 
galán la voz de dou Enrique, de las cuales unas lo- 
maba, y resistíanle otras, haciendo prisiones y casti- 
gos allí donde lograba vencer. Peleábase al propio 
tiempo en otras partes entre tos dos bandos; que la 
guerra civil se propagaba á las regiones de Galicia, 
Vizcaya y Extremadura, y entre las personas notables 
que en estos encuentros perecían lo fué don Juan 
García de Villagera, hermano de la Padilla, á quien 
el rey había hecho maestre de Santiago. Y como tes- 
timonio de la constancia amorosa del rey, menciona 
la Crónica, que en este tiempo le nació en Tordesillas 
otra hija de doña María de Padilla, qae dijeron doña 
Isabel. 

Noticioso at 6n deque don Enrique, que huía 
siempre do verse cercado por su hermano, Labia sa- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



SOi BláTORli DB RSPaSa. 

■ido de Toro y eacaDiiaádoee á Galicia á incorporarse 
con su cuñado don Feroaofio de Castro, resolvió doa 
Pedro aproximarse con su hueste & la ciudad por la 
parte de las huertas sobre el puente del Duero. Allí 
vino á hablarle un legado pontificio, enviado para 
ver de poner remedio á los disturbios de Castilla. Pi- 
dió al rey. la libertad del obispo de SigUeoza, y el rey 
se la otorgó. Rogóle luego por la de doña Blanca su 
esposa, y en esto quedó el nuncio del papa desairado. 
Intercedió por que viniese á concordia con su madre 
y hermanos, y sus repetidas y enérgicas inslaDcias 
DO arrancaron sino negativasá don Pedro. E^e siguió 
combatiendo coa ingenios y bastidas el puente y le 
tomó, no sin que costara á dob Diego García de Padi- 
lla la pérdida de un brazo. 

A la orilla del río bajó un día el defensor de Toro 
don Fadrique (comenzaba el año 1351), acompañado 
deotros s^s entre caballeros y escuderos. Viole desde 
el otro lado, y á díslaacia de poderse hablar, el hon- 
rado caballero don Juan Fernandez de Biaestrosa, lio 
de la Padilla y camarero mayor del rey. Con mucho 
encarecimiento, y hasta con ternura (que era así la ín- 
dole de Hlaestrosa), aconsejó y requirió á don Fadri- 
que que se fuese al servicio del monarca, porque de 
otro modo estaba muy en peligro su persona. Como 
manifestase don Fadrique los inconvenientes que el 
caso ofrecía, y la desconfianza que tenia del rey su 
hermano, aMaestre y smor, le volvió á decir Hines- 



n,g,t7cdb/Go'OgIc 



PAKTS II LIBRO III. 205 

Irosa, sed cierto que si non venides Juego para ¡a su 
merced del Rey mi smor vuestro hermano, que aqui es- 
tá, que eslades en peligro de muerte. É non vos puedo 
mas apercibir; é séanme testigos todos los que me oyen. 
— Y bien, Juan Fernandes, replicaba -el maestre, 
¿cómo me aconsqades de ir á la merced del rey sin ser 
seguro del? E! rey que lo oía todo de la otra parle, del 
Dtifflv, Hermano Maestre, le dijo, Juan Fernandes vos 
aamsqa bien; é vos venid para mi merced, que yo vos 
perdono, é vos aseguro ávoséá esos caballeros é es- 
cuderos que están con vos.* Don Fadrique y los de 
SQ compañía pasaron el río, y besaAm las manos al 
rey. — tUuertos somos, ea el Maestre de Santiago es 
ido para el Rey, é nos somos -desamparados:» íaé el 
grito uoáoiaie que se oyó resooar eii la altura de To- 
ro qae domioa el río y eatre las muchas gentes que 
desde' allí presenciabao aquella escena siu percibir lo 
que se hablaba;' y corrieron á tomar las armas y á pre- 
pararse á una desesperada defensa. El honrado Hi- 
neslrosa habia obrado como baeno: la noche de aquel 
día habia de entrar el rey con so bneste en Toro, y 
babia de entrar de seguro. Porque un vecino de la 
Tilla (Garci Alfonso Trigueros sq llamaba) . habia se- 
cretamente pactado con el rey abrírle una de sos 
paertas, y tomado sus medidas con tal cautela y se- 
guridad, qoe el golpe se contaba como infalible, y 
asi se realizó. Aquella noche á la hora acordada se 
presentó el rey con su gente á la puerta de Santa Ga- 



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S06 III8TOII1A ,D8 B8FAtÍA. 

^ taltna, la puerta estaba fraaca, y cQtró el rey coa sus 
haces eu Toro cuando menos lo esperabao sus mora- 
dores (2S do eoero, 1356). 

La entrada de don Pedro en Toro señala un pe- 
riodo fecundo eu esceaas dramáticas, tiernas y subli- 
mes algunas, horriblemente trágicas las mas. Muchos 
se ocultaron donde pudieron, otros se acogieron al 
alcázar con la reina doña Maria;. Un honrado navarro 
avecindado en Castilla, llamado Martin Abarca, teDía 
en sus brazos á otro de loa hijos de doña Leonor de 
Gozman , hermano del rey, joven de catorce años, 
nombrado don Juan, que era señor de Ledesma. Dí- 
jole el Abarca al rey que si le perdonaba se iría para 
él y le llevaría su hermano don Juan. Contestóle el 
rey que perdonaría á su hermano , pero en coaoto á 
él estuviera cierto que le mataría. aPues faced de mi, 
í^íor, como ftteula vuestra merced,* replicó coa re- 
solución el navarro, y con el joven en los brazos se 
fué al rey. Don Pedro le perdonó, y se maravillaron 
y alegraron todos. Con razón se maravillaron, porque 
menos afortunada la reina madre, que quiso interceder 
por ios caballeros de su compañía , no alcanzó de so 
hijo otra respuesta sino que ella seria respetada , mas 
&i cuanto-á los caballeros él sabia lo que teuia que 
hacer. A ruegos de algunos de estos , y . llevándola 
dos de los brazos, salió la reina del alcázar juntamente 
con la condesa doña Juana de Trastamara , muger de 
don Enrique. Muy conñadamente ostentaba Ruy Gon- 



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PARTB II. LIBKOIII. 207 

zalez de. Castañeda, uao do los caballeros que daban 
el brazo á la reioa, un alvalá ó carta de perdón que 
leoia del rey. Dod Pedro dijo que aquella carta no 
valia, por ser pasado el plazo por que babia sido dada. 
No bieo había pisado esta ilustre comitiva el pueote 
del foso, cuando ud escudero de Jod Diego García de 
Padilla, dando ud golpe de toaza en la cabeza á doa 
Pedro Estebanez, mae^itre de Calairava, otro de los 
qae daban el brazo á la reina , le dejó muerto á los 
pies de doña María. Uo sayón . del rey segó coa uo 
cochillo la garganta de Roy González de Castañeda, 
y otros maceros acabaron' con los caballeros Martin 
JUfoaso y Alfonso Tellez, salpicando la sangre de es- 
tas victimas los rostros de la reina doña Maria y de 
la condesa doña Juana. Cayeron estas señoras al suelo 
sin sentido, y cuando volvieron en sí, todavía se vie- 
ron rodeadas de aquellos sangrientos cadáveres, aun- 
que ya desnudos. A voces maldecía la reina al hijo 
que había llevado en sn seno, y pedia que la alcan- 
zara á ella la cuchilla de alguno de aquellos verdugos. 
Don Pedro la hizo llevar á su palacio, desde donde á 
ruegos suyos fué enviada al rey don Alfonso de Por- 
tugal su padre, p<;ro no tan pronto que no pudiese 
presenciar otros suplicios ejecutados de órdén del rey 
su hijo ea loa caballeros de la rebelión de Toro *''. 
Allá murió después (1 357) do mala muerte esta reina 

()) Ayala, Crúo.jASo vil.,cap. 1 js. 



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sos HISTOIU DK KSPAÜA. 

sin veotura, do síq sospechas de habei* sido eavene- 
nada por su mismo padre '*'. 

Noticiosos los de Coenca de la eatrada de) rey en 
Toro y de los rudos saplicios alli ejecutados, do se 
atrevieron á permanecer 60 Caslilla, y se- melieroa 
eo Aragón , llevándose á don Sancho el hermano del 
rey. Los caballeros que habían dado mnerle al her- 
mano de la Padilla doo Jaan de Villagera cobraron 
también miedo y se refugiaron á Francia. Don Tello 
su hermano desde Vizcaya envióle á decir que se 
vendría para él si le diese seguro de perdón; otorgó' 
sele el rey, el cual esperaba impaciente la venida de 
su hermano, mas don Tello defraudó sus esperanzas 
permaneciendo en su señorío, en lo cual obró muy pru- 
dentemente, si, como dice la crónica, fuese cierto que 
aguardaba don Pedro sa venida para sacrificarle á un 
tiempo con los infantes de Aragón y algunos otros ca- 
balleros. El mismo don Enrique conde de Trastamara, 
gefe y cabeza de las revueltas, pidió cai-tas de seguro 
, al rey para partirse á Francia. Dlósetas dou Pedro, 
mas tomando medidas y espidiendo órdenes secretas 
para que le atajaran los pasos, aunque no tan secre- 
tas qoe no las trasluciera doo Enrique, el cual para 
borlarlas hizo arrebatadamente su viage por Astorias 
y Vizcaya, donde se embarcó para La Rochelle. Alli 

(I) ■¡Huger ■!□ Tentural es- padra 1s aseaioa; ; i1 ceniunrla 

cliioi aquí el citado autor de la el bintoriador, do puede esciuano 

Memoria hiatórict: lu esposo la de compadecerla.» 
abandou; m bijo ta desacata, 1 m 



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PAITB ■!■ uno III. 209 

96 le réaoteroD varios otros refugiados de los fugiUvos 
de Castilla. Bl rey enlretaúto , -libre de sus príocipa- 
les enemigos , eotretúvose ea hacer loraeos en Tor- 
desillasi no por recreo solamente, bÍdo coa mas torcido 
designio, al decir del cronista ; y en verdad do mos- 
tró llevar en ello buena intención respecto al maestre 
doD Fadrique, puesto que al salir con él despqes del 
tonieo de Tordesillas á Vülalpando, ya que otra co»a 
no pudo hacer, dejó detrás alguaciles que prendieran 
y mataran á dos hombres de la servidumbre y con- 
fianza del maestre de Saaüago. Así iba el rey don 
Pedro dejando por todas parles en pos de si rastros 
de sangre. 

De Villalpando se trasladó el rey á Aadaluola. En 
Sevilla mandó armar ana galera , en que quiso darse 
no dia de solaz viendo hacer la pesca del almadraba, 
y coa este objeto se embarcó y llegó á Sanlúcar de 
Barrameda, donde las aguas del Guadalquivir desem- 
bocan y se mezclan con las del Océano. Alli ocurrió 
un incidente impensado, que fué causa' y principicde 
grandes sucesos.'que hizo que las cosas de Castilla, 
haslaaqai reducidas á disturbios y guerras interiores, 
(omAraa diferente rambo, haciendo participes de sus 
revueltas á reinos y príncipes estraños. Tomamos de 
ello ocasión para dividir este complicadísimo reinado 
en tres partes, la una que alcanza hasta la primera 
salida de d(Hi Enrique del reino . la otra hasta su en- 
trada como conquistador , y la tercera hasta qoe le 
Two vil. 14 



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210 aiSTOUA DI RSVAftl. 

veamos escalar \aá ^laüas del trono de Castilla aohre 
el cadáver easaogreotado de su beraumo ''^ 



fuDBsta celebridad de que gaza, empleado en su ¡Igstrocioa iü 
aunque no tanta umo la Crúnics pininas en folio. Hoaotroa, sin 
de Afsla, qoe le dedica SflO pági- omitir heoho alguno impotUnta, 
liasen 4.": Prosper Herimeo na hemos po^do reaacirle a tres so- 
escrito la historia de este reinado loa cspltuloi. 
«D UD tomo de 5S0 pigioas: otras 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



CAPITIltO XH. 

CONTINÚA EL KBINADO 

DE DON PEDRO DE CASTILLA. 
••1^56 é 4366. 

Csofs T ptiaoipio dala HMrn da AragoB.— Llama el arigonéa i don 
Enrique ; á los castellaoos que oslaban en FnDcia: tratos eatre doQ 
Pedro de Aragón j don Enrique.— Apodérase don Pedro de Cutilla 
de algunas plazas de Aragón.— Treguas.— Deserción del inbnte doa 
FetnsDdo.— Esceiot ; craeldades de don Pedro so 3e<rilla.— Horri- 
ble muerte que d\á i su hermano don Fsdrique.^nteota matar i 
don Tello: fuga de áste, y prisión da su esposa. — Engaña don Pedro 
al inbnte don Joan de Aragón. ; le mata alevosamente en Bilbao.- 
Prisioa de la ruina doña Leonor y doña Isabel de Lar8.-^Lr08 ^- 
pÜcios. — Prosigae la guerru de Aragón. — latrepidez de don Pedro.— 
Hedtscion del legado pontificio: negociaciones Frustradas. — Otraa 
prisiones j otraa mnertes ejecutadas por don Pedro.— BzpedicioB d« 
ana grande armada caatgllana á Barcelona y las Baleares y au resul- 
tado. — Combate do Araviana, funesto para el nj de Castilla.— Colé- 
ricos desahogos del rey: nuevos y horribles suplicios. ^Prosigue la 
gnerrtde AragonioumbaledeAzoFra, ventajoso pare don Pedro.— 
Otros castigos de 4ste: muerte alevosa que maudú dsr i don Outiorre 
de Toledo: notable carta que éste dejó escrita.— Suplicio det tesorero 
Samuel Levf.— Muerte de la reina doüa Blanca.— Ídem de do3a Ha- 
ría de Padilla— Guerra de Granada, y au reanlta do.— Suplicio del 
rey Bernipjn.—GArtes de Servilla: reconioese en elbs par reina de 
Caatilla y de León & la difunta doña Haría de Padilla y i sus hijos 
por herederos.— Sea uávase la guerra de Aragón. — Triunfos de don 
rudro: desaveoenciss eo Aragón: mnerte del infaot» don Fernando. 
—Concibe doa Epriqne el proyecto de hacerse rej de Caatilla, y 
prepara una invasión en este reino. 

CaaDdo la bandera real se osteDlaba victoriosa, 
Ueo qae manchada con sangre, en la mayor parte de 



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%M aiSTÚlIA DB BSPAÜA. 

los pueblos de Castilla, muertos unos y prófugos otros 
de los confederados contra el rey doa Pedro, el genio 
belicoso de éste, y su carácter impetuoso y arrebata- 
do le coodujeroa á buscar enemigos foera de su reino, 
á traer nuevas y mas graves turbaciones sobre la ya 
harto desasosegada monarquía , á poner en peligro el 
trono, y en continuo riesgo su propia persona. El mo- 
tivo que produjo la guerra de Aragón y sus lamenta- 
bles resultados de que vamos á dar ensota, fué hasta 
leve, si hubiera recaído en varón prudente y de re- 
flexión y maduro juicio. 

Hallábase coa el motivo que hemos dicho el rey 
don Pedro en Saniácar de Barrameda, en ocasión que 
acababan de arribar á ai^uel puerto diez galeras cata- 
lanas al mando de un capitán aragonés, nombrado 
Francés de Perellós, que iban en socorro del rey de 
Francia, aliado entonces del rey de Aragón, para la 
guerra que aquel tenia oon ingleses. El almirante ara- 
gonés di6 caza á dos bageles placentinos que llegaron 
á aquellas aguas y los apresó diciendo que pertenecían 
á genoveses, con quienes Aragón estaba entonces ev 
guerra '*'. Tomándolo el rey don Pedro por irreve- 
rencia á su persona, requirió al capitán Perellós que 
los devolviese, no solo por consideración á él, sino 
por no ser buena presa en .atención á haberse hecho 

(I) Pin la debida apreciacíoD do ; aitaacioa dol reino aragooét 

de los ROCOOB que ñus tw« referir en aate Uampo dijjnuw ea DHestra 

on eate capitulo, es oeceurio te- capit. XIV., reiaado de Pedro IV. 

Der imaeDte lo que «obre el esta- e¡ Certmoniom». 



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PUTBIl. LlÚO lie. 213 

eii UQ puerto Deulral, oonmínáadole con que de do 
hacerlo baria prender lodos los mercaderes catalanes 
establecidos eo Sevilla y secueslraries los bieoes. El 
marino aragonés, desateodiendo la insinuación, ven- 
dió los barcos y dióse á la yela para Francia con sus 
galeras. El rey don Pedro cumplió tambieD sa ante- 
Daza, y volviendo á Sevilla encarceló todos los mer- 
caderes catalaues y tes ocupó sus bienes. Puesto á de- 
SberacioD del ctmsejo si debía ó oo tomarse ademas 
satisfacción del agravio coa las armas, opioaron los 
mas en este sentido, los unos porque con la guerra se 
proponían medrar y hacer fortuna, los otros porque 
asi calculaban afianzar un valimiento que sospecha- 
ban irse entibiando; y aunque los letrados, gente de 
suyo mas pacf&ca, y los concegoe cansados de revuel- 
tas y vqadós coa exacciones» preferían que se procu- 
rara la reparación de la afrenta por la via de las ue- 
gociaciooes, era de suponer, como asi aconteció, que 
UD rey de 83 años , de saugre fogosa , animoso de 
corazón é iaclinado al bullicio y ruido de las ar- 
mas y á tos combates, se decidiera por el dictamen 
de ios primeros. 

En su consecuencia despaehó inmediatamente al 
rey don Pedro IV. de Aragón us alcalde de su corte, 
Gil Velazquez de Segovia, para que le informara del 
caso y le requiriera que le entregara al autor del des- 
acato, y que ademas pusiera en su poder los castella- 
nos refugiados en aquel reioo, y princlpalrneute uoo 



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Slt RIBTUIIA DB BSfi^A. 

iquieo el aragonés -había dado la eooomieada de Ai- 
caoíz, la cual el rey de Gaalilla quería se coafirieae i 
doQ Diego García, bermaDO de la Padilla; y que de 
lio acceder á esto, le desafiara eo au nombre y le de- 
clarase guerra. No era el Pedro de Aragón menos be- 
licoso que el Pedro de CasUUa, y sobraban á aquel 
motivos de queja coolra el caslellaDO, señaladamente 
por la protección quedaba á los infantes de Aragón > 
don Fernando y don Juan, sus bermanos y eneraigos. 
Pero ocupado ei aragonés y distraídas sus fuerzas en 
la guerra de Cerdeña, conveníate evitar la de Casti- 
lla. Asi contestó al embajador castellano, que cuando 
el capitán Perellós, que se hallaba entouces ausente, 
volviese al reino, baria justicia, de manera que el rey 
de Castilla, quedase contento, mas en cnanto í los re- 
fugiados castellanos do podía dcyar de darlbs amparo: 
con esto y con do haberse convenido en noa caestion 
sobre las órdeoes de Santiago y Calatrava, el emba- 
jador Gil Vetazquez declaró la guerra al aragonés en 
nombre del de Castilla (4 3S6). 

Para atender á los gastos de esta guerra no se 
.contenió don Pedro con la confiscación de los bienes 
de los aragoneses y catalanes, ni con sacar graesas 
sumas á los mercaderes y otras personas ricas de Se- 
villa sino que profanandOi ó por necesidad ó por co- 
dicia, el sagrado de los sepulcros, y preleatando la 
poca seguridad con que allí estaban, penetró en la 
santa capilla do yacían los reyes don Alfonso el Sabio 



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tám II. uno m. SIS 

y doña Beatriz, y despojó de preciosísimas joyas sos 

OOrODBS '*>. 

• Comenzó crudamente la lacha por las froDleras 
de Aragón y de ValenÑa, acometiendo por aquella 
parte Gutierre Fernandez de Toledo, por esta Diego 
García de Padilla, con las milicis» de Murcia. El rey 
de Aragón aprestó también sus huestes, y mandó for- 
lificar á Valencia, donde puso por capitán general á su 
tió el infante don Ramón Berenguer, mientras poi>ili 
parte deHolinayCalatayud peleaba como gsre el con- 
de de Luna. Del impetuoso estrago con que por aqui 
se encendió iostantáneameote la lucha , daban triste 
testimonio las llamas dé cincnenta aldeas, que junto 
coD el arrabal de Requena ardían á un tiempo. El 
rey de Aragón reclamó d auxilio del infante don Luis 
de Navarra qne le acudió con cuatrocientos caballos 
con arreglo á k» pactos que habla entre los dos rei- 
nos, y al conde Gastón de Foix; y llamó á don Enri- 
que, conde de Trastamara, que á la sazón se bailaba 
en París sirviendo con una peqaeña hueste de caste- 
llaoos é sueldo del rey da Francia contra el de Ingla- 
terra. Oportunamente recibió don Enrique este llama- 



II] Zúñiga, Ana), de SeTÍlIa, capellán encargada du la cuatoilia 

aña 13M.— ^ata juieioao «(critor de aqueliaa RlliijaB , ; qm da ni- 

aOnna que en el archivo á« aque- naclosa cueats da la^ riquezas que 

lia capilla ae «ootervaD tra^UdiM habñ en aqaella capilla, moaáa de 



noviembre del aoo siguíeDle, para humbrosa , que copia i la letra, 
descargo de Gaíllea Peroandez, 



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216 KISTOktÁ DB bwaHa. 

miento, puesto que acababa de ser vencido y [h«so el 
rey de Fraacia en la célebre batalla de PoiUers. Vf- 
Dose, pues, el de Trastamará con sua castellanos i 
Aragón, donde se pactó qae doo Enriqae se haría va- 
sallo del monarca aragonés y le defendería siempre 
contra el de Castilla, y qae el rey de Aragoo daria á 
don Enriqae lodos los estados que en aquel reino ha- 
biau pertenecido á los infantes don Fernando y don 
loan y á sn madre doña Leonor, que formabaa mu- 
cha mayor porción que lo qae poseía el de Trastaoia- 
ra en Galicia y Asturias. Confiscó el aragonés los bie- 
nes de todos los mercaderes castellanos que había en 
su reino, convocó á sus ricos-hombres, envió refuer- 
zos á la frontera dé Murcia, y desde Cataluña se vino 
con doi) Enrique hacia Zaragoza [1357). 

Sabedor el monarca castellano de esta alianza y 
de estos movimientos, acudió apreBoradamente desde 
Sevilla á Molina, penetró en Aragón, y tomó vanos 
castillos; que do puede negarse que era hombre de 
resolución, de audacia, de intrepidez y de brio el rey 
don Pedro de GastUla. Servíanle en esta guerra los 
infantes de Aragón don Fernando y donjuán, el maes- 
tre de Santiago don Fadriqne, y hasta don Tello ydoa 
Fernando de Castro, que deponiendo al parecer sos 
rencillas con el rey, fueron, el uno con sus vizcaíoos, 
el otro con sus gallegos, á engrosar las haestes casta - 
llanas para una lucha que miraban como estr^ngera, 
aun teniendo que pelear contra su mismo hermaao y 



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pun u. LUSO m 217 

cuñado doo Enriqoe ^*\ Eatre tes caballeros que se- 
guiao las banderas del rey don Pedro cootábaose doa - 
Joaa de la Cerda y doa Airar Pérez de Guztnao, ca- 
sados coa dos hijas de doa Alfoaso Feraaadez Coro- 
nel, el que foé ajostíciado ea Aguilar. Estos caballe- 
ros, iaforoiados de -que el rey había requerido de 
anHH-esá doBa Blaooa Corooel, mager de Alvar Pé- 
rez, dejaron su caiopo y se faeron, el doa Juaa de la 
Cerda á revolver la Aodalada desde sa villa de Gi- 
brateon, y don Alvar Pérez al servicio del moaarca 
aragonés. Doa Pedro les fué al alcance en su fuga, 
mas no pudieodo darles caza se volvió á la frontera 
de Aragón, en cayo reino contiaaó tomando otros 
caslillos. E! cardenal Goillerino, legado del papa, que 
vino á poner paces entre los dos reyes, no pudo reca- 
bar del de Castilla sino una tregua de quince dias, y 
antes que este plazo se campliese se apoderó el caste- 
llano de la fuerte ciudad de Tarazona, qoe pobló con 
goQte de su reino. Desde allí prosiguió hacia Borja, 
donde se hallaban reunidas las fuerzas del aragonés, 
na con gran decisión de entrar en peleaj ; en verdad 
debió agradecer el monarca de Aragón que el legado 
pontificio lograra esta vez á costa de esfuerzos esta- 
blecer tregua de un año, bajo la condición de que 

(l) No entriremcw ea los por- es Gerónimo Zurita en el libro IX. 

■MDores da eita eompUeadi y la- da sm Analei. La cróaioa de Aja- 

meaiable guerra, j harto haremos la ea to Mte puuto tan sucÍDta y 

«o coDaigQar loa icoDteoinüeDtoa aun manca cocao, difusa eo lo qae 

qoe tuTÍeroa alguoa iroportaaoia. loca á los sucasbs iaterioraa de 

^1 qoe coo idm lalilad loa nñan CasLilla. 



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218 BtBIMUA DR BWaSa. 

el rey de Castilla pondría en poder del lefjado la eia- 
dad de Tarazooa y los demás lugares qae había loma- 
do al de Aragón , y que éste haría lo misaio coo la ciu- 
dad de Alicaote y otros lagares que tenia de Castilla, 
hasta que las contiendas entre los dos reyes cesasen, 
coa pena de excomunión al que no guardara lo capitu- 
lado (mayo 1 3S7]. Hízose esto do sin dificultades y 
contestaciones, que po^erou tas cesas en trance de 
venir & nuevo rompimieuto y de lanzar el cardenal le- 
gado excomunión y entredicho sobre el rey y el rei- 
no de Castilla. Al fin se ejeoaló el pacto, no sin algo- 
na modificadoo, y la guerra cesó por entonces. 

No había olvidado el rey don Pedro de Castilla en 
medio de las alencioaes de aquella lucha los agravios 
recibidos de sus hermanos bastardos, ni las hamilla- 
ciones que le habían hecho sufrir los demás caballe- 
ros de la liga de Toro, y aunque muchos de ellos le 
babiao ayudado en la guerra contra Aragón, hecha la 
tregua tuvo impulsos y aun bascaba ocasión y mane- 
ra, al decir de su cronista, de desembarazarse de to- 
dos por los oiedios qoe él sabia emplear. A esla» ten- 
taciones de ruda venganza, propias de la impetuosa 
condición de don Pedro, debió contribuir el haber 
traslucido que el rey de Aragón y el conde don Enri- 
que con varios ricos-hombres aragoneses movieron 
secretos tratos, é hicieron proposieiones á los her 
roanos don Fadríque y don Tello para que fuesen á 
servir al de Aragón y á su hermano el delrastamara. 



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PAHB II. uno ui. S19 

■Y para mf leogo por derto, dÍoe el croata arago- 
«oés, qoe fué esta upa de las (M-iocípales eaosas por- 
«queeV rey .de Castilla mandó malar al maestre de 
kSintiago, aonqoe antes ya hátna deliberado de ma- 
»tar á na bermaaos >*>.> Pero do k atrevió á ejecu- 
tar laa sanguinario pensamiento en la frontera tenieo- 
do tan cerca el rey de Aragoa y á don Enrique, y sin 
reoDDciar á él se volvió á Sevilla. 

Mas felíc don Pedro el Ceremonioso de Aragón 
en esta clase de negociaciones coo el iafaote don Fer- 
nando so bermano, nao de loa adalides del rey de 
Castilla, logró por medio de su íntimo y primer con- 
sejero don Bernardo de Cabrera y otros mediadores 
atraerle á su servicio, y olvidando tos dos sus anti- 
guas querellas, el infante voluble como casi todos ios 
personages de este Tunesto reinado, se pasó al servi- 
cio del monarca aragonés, y éste le halagó dándole la 
procaraeion general del reino, anteponiéndole á su 
mismo priinogéoito contra el fuero y la costumbre 
aragonesa. Gran pérdida fué para ol de Castilla la de- 
fección del infante, y grande so enojo y su ira cuan- 
do toé informado de ello. Para acabar de irritar el 
genio ya harto irascible del casteUaoo, pidióle Pedro 



(1) Zorita, &iwl.1ib. IX. c. 8. «stellaoo qaew decía SaeroGat- 
— El croDÍsta Á^ala do apuota Bita da , j que si orreclmíeuto que se 
«peeta tan inOiTSMute. pero el bacía á don Tello «rs de darle 
ODalUtade Aragón da ooticias aua sueldo para quinieotoa caballos y 
ma indi TÍdoa fea , y dice qoe en otroataotospeones, y tantaatier- 
laspliticaseiilroelre^f do AragoD ras como las que tenia úd Castilla: 
y don tello andaTO ufi eabetlero todo lo oval ci muy veroalmil. 



n,g,t7cdb/G00gIc 



S80 HI8T0BIA fiB SMJSií. 

Carrillo, que estaba con don Eariqae, liceocia para 
veairse á sa merced apartáadosQ del 'de Trastamara; 
diósela el rey, y el CarriUo se víoo á tierra de Tama- 
riz ea Campos. Hombre de travesara debia ser este 
Pedro Carrillo, paealo que supo burlar al rey resca- 
taudo á )a condesa de Trastamara doña Juana, que 
permanecía presa desde la entrada de don Pedro en 
Toro, y trasportarla á Aragtrn donde se la entregó i 
so esposo don Enrique. Pesadísima bnrla é imperdo* 
nable para un genio como el de don Pedro. 

Cuando éste regresó de la frontera de Aragón pa- 
ra Sevilla, ya don Juan de ta Cerda haiña sido venci- 
do y preso por los sevillanos, y muerto de drden del 
rey después de haber engañado con uua carta de ia- 
dnlto á su desgraciada esposa doña Marta Coronel. Es 
fama que ambas hermanas, doña Uaria y doña Aldon- 
ta Coronel, esposas de don Juan de la Cerda y de Al- 
var Pérez de Guzman. tuvieron la desgracia de oscilar 
la seusualidad del antojadizo monarca; que doña Ha- 
ría salvó heroicamente su honra llagando y desigiv-' 
raudo horriblemente su agraciado rostro,' pero doña 
Aldonza, menos persev«'aote en ta virtud, llegó á 
ocupar un lugar en los&vores del rey, que estuvo á 
pique de derrocar del solio de la privanza á la mis- 
ma Padilla, y hubo momeotos de dudarse cuál de las 
dos obtendría el cetro de los regios amores, si doña 
Aldonza que vivia en la Torre del Oro, ó doña Haría 
que moraba en el alcizar de Sevilla. Prevaleció al fin 



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MRTB II. UBBA 111. 8S4 

la antigua pasión, y doña Aldoaza fué relegada al ol- 
ndoi y bastacayeroQ eo el real desagrado ella y todos 
los oiediaDeroade sus paaegeras iaUmídades (4S58}. 
Fanesllsimo y tristemente céletM^ fué el año de la 
tregua c<hi Aragón. Eo lagar de emplearle en resta- 
ñar las heridas abiertas eo Castilla por las pasadas dis- 
cordias, el rey don Pedro se entrega desbordadameD- 
le á satisfacer sus reacores y su pasión de veoganza^ 
y dige aqq0l periodo, que hubiera podido ser de bo- 
DaoeiUe olvido y de feliz concordia, para enrojecer 
con sangre todas* las comarcas del reino. Escogió por 
primera vlcUma al maestre de Saatiago, donFadriqae, 
su hn-maoo, y quiso que fuese sn matador el infante 
don Juan de Aragón su primo, recordándole la anti- 
gua enemistad dti maestre de Santigo, y haciéndole 
jarar por los Santos Evangelios (¡sacrilegio horrible y 
abomioablel) que gaardaria secreto sn pensamiento de 
matar á don Fadrique, y después á don Tello, ofre- 
ciéndole á éleleeñork) de Vizcaya que éste tenia. Vi- 
no don Fadrique á Sevilla llamado por el rey, y se 
presentó ásu soberano en el alcázar coa la coofianza 
de quien acababa de rescatarle algunas villas en la 
frontera de Murcia. Recibióle don Pedro con la sonrisa 
en los labios, y le escitó á que se fuese á reposar de 
las fetigas del viage. No asi doña María de Padilla, que 
sabedora de la suerte que le estaba reservada, con una 
mirada triste y melancólica, ya que otro aviso no pe- 
dia darle, quiso ügoificarle el peligro qne corría: «ca 



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2¿2 HUTOU* DK BSPaSa. 

>ella era daefia muy baeaa, é de baeo seso, dice ^ 
xcronista oastellaoo, é ooa se pagaba de laa cosas que 
xel rey facía, é pesábale modio de la atoerte que era 
«ordenada de dar 9I maestre í'K» 

Llamado después doa Fadrique por el rey á pala- 
cio, acudió obedieute á la real cámara. tPero Lope de 
Padilla, prended al maestre, — Balletteros, matad al 
maettre de Santiago:-» fueron las terribles y lacónicas 
palabras que salieron de la boca del rey de Castilla. 
Los misDKM verdagos papecia que vacilaban ea la eje- 
cncion del bárbaro mandato. Fué meaester repelfrseie 
apellidándoles traidores. Entonces los maceros Ñuño 
Fernandez de Roa, Jaso Dieote. Garci Díaz y Rodri- 
go PeroE de Castro alzaron sas .terribles mazas, pero 
no tan de prisa que 00 pudiera don Fadrique correr 
á no patio del alcázar; «gaiéronle allí tos verdugm; 
el maestre pugnó eo vano por desenvainar sa espa- 
da; con el azoramiento enredábasele el pomo eo Ut 
correa del cinturon; corriendo de un lado á otro pro- 
curaba evadir la mawte; no había salida, y al &o la 
alcanzó la pesada maza de Ñuño Feruandez, que dáft* 
dolé en la cabeza le derrU)ó al suelo; entoooes todos 
los ballesteros cargaron sobre él. El rey mismo sediÓ 
á buscar por palacio algunos de la servidumbre de 
don Fadrique, y solo pudo enoontrar á Sancho Ruiz 
de Tillegas su caballerizo mayor, que creyó librarse 
de la muerte tomando en sus brazos á doña Beatriz, 

(1) Ayala,CrÓD.A3oIX.o. 3. 



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MKTK II. LIBIO III. »3 

h ama mayor dd rey y de la Padilla. jPrei^aoioo 
iaútil tamU^iI el rey le obUgó á sfdUr el tierno es- 
codo qae le servia' de amparo, y con su miamo pañal 
hirió al Villegas, ayudando & matarle uno de sus ca- 
balleros. Volvióse el rey bácia donde yacia tendido el 
maestre so hermano, y como no hubiese acabado de 
morir, alargó su propio pañal '*^ á un mozo de su cá* 
mará para que cortara los últimos alientos de su vícti- 
ma. Apuró don Pedro la copa de su bárbaro deleita 
sentándose á comer en la pieza en que yacia el cadá- 
ver de su hermano t*. 

Aunque el infante don Juan de Aragón do había 
sido el egecntor de la muerte de doa Fadrique, s^on 
que lo halña orrecido, segaia el rey halag^adole con 
(a ol^ta dd señorío de Vizcaya tan luagoi como ma- 
tase á don Teilo. luntos pues se encaminaron en su 
basca á Agoilar de Campó, donde éste se hallaba. 
Por fiHiBDa soya estaba de caza el día que eí rey Ue^ 
gó. Avisado por ao escudero de la llegada del Tey, y 

(t] Bnncba M llamaba stitoo- duccionea de bo cnñado, y que ha- 

ega, arma oorta de uero paieci- bía qaedado un hijo de eitos iUci- 

m al pofial. ' . toa amares. Calamnin infundada ; 

(W AlgpDM d« los defmaorM ürDwra, pawtog» di doaFadn- 

de don Pedro, buaoBDdo como po> qaeFaéi Praocia, ni ucompsBó á 

dn diaoalpar n ooodiicta oob It mmUb priacMi, ni U baibia Túts 



ninadoBtiBÍanoa.BsicomoeraBe-' tod ai (a cuando se celebraron Iw 
■Dato horraroeo dedoo'FadnqaeL bodaa oon ^ re; w beraaoa, ca- 
ben oslamniado á an tiempo i mo ae evideacia por testimaoios 
•mella danentored* príDoeea j anttaticoa ave no repradocioof, 
•TdeKraoiadoinaeatredeSantJa- porque no mj nadie ;a que ss 
8», iSoiendo dw habiaii mediado streva á «uteaer eau caloonU. 
entre eltoe eriminalea rolacionea Algomasfuadadasaonlaa razones 
•iiMron8,ba8UtupoiierqDeeiiel quede Zorita pan el enojo dtodoB 
Tiage de Parla & VailidoLd babia Pedro oon don Fadrique. 
■BcomlMo doíiB BlenM i laa se- 



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%%i BISTOtlA DB 9SriJtA. 

proDoslicaodo mal de ella, desde el raoate oitsmo bo- 
yó derecho á Vizcaya. Ed pos de él íaé doD Pedro, 
llevando presa á sa esposa doña Joana. Poe^ don 
Tello ea Bermeo, tomó una lancha y se embarcó para 
San Juan de Luz y Bayona. También el rey lonoó ana 
nave y le persiguió basta Leqoeitio: embravecióse 
allí el mar, y tuvo que regresai* el rey á Bermeo. No 
alcanzó á don Téllo por aqaella vez la cuchilla ven- 
gadora. 

Reclamábale ya no obstante el in&inte don Juan 
su prometido señorío do Vizcaya; pero el rey con 
diabólica astucia le dijo que había pensado convocar 
una junta general de vizcainos, y propouer en ella 
qne le tomasea por su señor, para que faese iqas so- 
lemne el rQcooocimiGQto. Dióse don Juan por moy 
pagado y túvolo por merced. Congregáronse los viz- 
caínos so el Árbol de Guernica, y propuesta la de- 
manda qoedijee absorto don Joan al oírles proclamar 
que ellos no qoeriao otro señor en el mundo sino al 
rey de Castilla y á los que después de él viniesui. 
Esta respuesta era resultado de secretas pláticas que 
el rey había tenido con los príncipátes de aquel seño- 
río. Sirvióte, no obstante, para decir á don Joanqoe 
ya veia cómo no era la volontad de los vizcainos te- 
nerle por su señor, pot) que aun te propondría se- 
gunda vez en Bilbao. Con recelo le seguia ya el in- 
fante de Aragw, pero no tanto que presagiara el 
trágico remate que habla de tener muy pronto. AL 



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PABTB II. LIBM III. 825 

día sigaiaiite de llegar á Bilbao llamó el rey á su pri- 
mo á la casa doade estaba aposentado. Al entrar eo 
ia cámara qaitáronle como por juego los camareros 
nn pequeño oucbillo que acostumbraba ¿ llevar; en- 
loDces se abrazó uno de ellos con el infante, y el qae 
se había ofrecido al rey á ser el asesjoo de don Fa- 
driqae en Sevilla cayó él mismo aplastado por las 
mazas de Juaa Dieate y demás sayones del ven- 
gativo monarca. También el cadáver de don Juan 
loé arrojado á ia plaza, como años antes el de Gar- 
cilaso de la Vega, y asomándose. á una ventana ese 
rey que nos quieren decir tan justiciero y basta pia- 
doso^ gritó al pueblo con sarcástica ironía: </AAÍ te- 
néis el qm 0$ pedia ser señor 'de Viscayat [Parodia 
grosera del Eece Somol '*' 

Faltábale al rey piadoso y justiciero bacer gustar 
la copa de la amargura á la madre y á la esposa de 
su última víctima, la reina doña Leonor y doña Isa- 
bel de Lara, qoe se hallabaa en Roa ignorantes de la 
catástrofe de su hijo y esposo. Supiéronlo por el mis- 
mo don luaa Hinestrosa que se presentó á darlas á 
prisión de orden del rey y trasladarlas al castillo de 
Castrojeriz. £1 rey fué en seguida y les embargó los 
bienes. De alli se partió para Burgos; y su e^ncia de 
ocho días en aquella ciudad dejó memoria , no por 
algún aclo de real munificencia, sino por el presente 

(t) Uandd despoéa' llevar el Arlsozoo, como si fuete nndeap»- 
«•airrr i Burn», y al cabo de jo uunoado.— Ayala, A, IX-, o. S. 
alguD tiempo le nizo arrojar al rio 

Tomo vii. 15 



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£26 HISTOHA DK ESFAfiA. 

horrible que allí le llevaroo de seis cabezas de otros 
tantos caballero^ castellanos' segadas de real orden en 
Córdoba, en Hora, eaSalamaaca.ea Toro y en Toledo. 

Paréceoos íDconcebíble qoe haya almas nobles qoe 
no rebocen de santa indigaacioD al leer ó al rcoordar 
escenas tan sangríeotas y repagnaoles, y peiioftase 
al historiador que tiene la triste necesidad de dete- 
nerse á estamparlas dejar consignado que no lo bace 
sin sentir una emoción profunda.... iPor.cuán tristes 
periodos ha pasado la bamaoidadl 

Bien aprovechado llevaba el rey don Pedro el 
año de la tregua, y aun parece que pensaba con- 
tinuar sa obra en Valladolid, si por fortuna para 
Castilla no hubiera sabido allí que se había renovado 
la guerra. Por fortuna, decimos, porque la guerra 
con todas sus calamidades era nn alivio en aquella 
situación. Don Enrique, irritado con la noticia de los 
suplicios do sus hermanos, halña rolo antes de Uempo 
Itt tregua, y entrádose en Castilla por Ja parte de So- 
ría. El iafoole don Fernando con igual motivo invadía 
el reino de Murcia y combatía á Cartagena. El rey 
don Pedro nombró fronteros para ambos pantos, y 
partió rápidamente á Sevilla á aparejar algunas na- 
ves. Tuvo la suerte de que arribaran á tal tiempo 
seis galeras de genoveses, que, como hemos dioho, 
estaban en guerra con Aragón, y con estas y con 
<Hras doce qoe pudo armar er Sevilla, tomó rumbo 
para la costa de Valencia, y combatió y tomó la fuer- 



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Mtimit. ümoiH. , S|t7 

le villa de Guardamar qae era del íofente don Feman- 
do. Preciso es hacer jasticia al valor é intrepidez del 
rey don Pedro para la guerra. Una fuerte borrasca 
qne á tal sazón se levantó en aquellas agitadas aguas 
estrelló las naves y las rompió y deshizo, á eseepcion 
de dos una genovesa y otra castellana. Este contra- 
tiempo obligó al rey á encaoiinarse á Murcia, y desda 
«lli comanicó las órdenes mas enérgicas para qne en 
las atarazanas de Sevilla se construyese y reparase y 
annasa cuantas eraba rcaciraes se padieae, ordenando 
también que de las costas y pnertos de Galicia, Astu- 
rias, Vizcaya y Guipúzcoa se recogiese cuantos leños 
hobiese , sin permitir fuesen fletados para otra 
parte alguna sino para Sevilla , donde determinó 
formar ana grneaa armada para hacer la guerra de 
Aragoo. 

De Uvrcia se entró por varías villas y castillos, 
qoe aunque pertenecientes á bu reino, se hallabaa 
alzados contra él. Acometidos coa ímpetu, los reco- 
bró y ganó, y dejándolos con buea presidio marchó 
otra vez á Sevilla á activar y dar calor á la constmc- 
cioD y reparación de naves. En estd ocapacion pasó el 
resto de aquel año (13B8), no sin enviar mensages y 
«oobajadas al rey de Portugal su tio, que lo era ya 
don Pedro, hermano de su madre, y al rey Moham- 
aed de Granada para que le ayadasen coa algunas 
galeras. Hasta diez le prometió el de Portugal, y 
tre» el moro granadino. Grandes eran los aparejos 



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S28 HI8T0BIA VE SAtÁSx, 

navales que se hacian para la guerra de Aragón. 
Guerra morlífera ameDazaba ya en príacipios de 
1 369 eaire los dos reíaos y los dos Pedros de Aragón 
y de Caslitla, cuando llegó el cardenal de Bolonia, le- 
gado del papa Inocencio IV., con la noble y apostólica 
misión de conciliar á los dos soberanos. Celoso, acli- 
TO, diligente y discreto se mostró el venerable media- 
dor en las conferencias qiie frecuente y alternativa- 
mente celebraba con el castellano y con el aragonés, 
andando continuamente y sin descanso de Atmazan, 
donde habia ido el rey de Castilla, á Zaragoza, d^onde 
estaba el de Aragón, ó á Calatayud, donde se trasladó 
después, para que fuesen mas fáciles las comunicacio- 
aes, y mas cortos y menos molestos los viages del 
purpurado negociador. Pedia el castellano como con- 
diciones para la paz: que le fuese entregado el capitán 
Perellós, autor del desacato de Sanlucar de Bárrame- 
da, para bacer de él justicia donde quisiese; que echa- 
ra de su reino al infante don Fernando, á los herma- 
nos don Enrique, don Tello y don Sancho, y á lodos 
los castellanos que en Aragón estaban; que le devol- 
viese las villas y castillos de Oribuela, Alicante, Goar- 
damar. Elche. Crevillente, EIda y Novelda, que doo 
Jaime de Aragón habia tomada durante la minoría y 
tutela de su abuelo don Fernando de Castilla; y que 
le diese por gastos de guerra quinientos mil florines 
de Aragón. AcceJia ya el aragonés á hacer juzgar y 
castigar, sí resultase culpado, al captlaa Perellós, y 



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PABTB II. LIUKO III. S29 

aoD á entregarle al de Castilla, si fuese coadenado á 
muerte. Allanábase tamlñeD á hacer salir del reioo, si 
la paz se firmase, á don Earíque y sus hermanos y i 
los demás caballeros de Castilla que allí se hallaban, 
mas no al infante de Aragón don- Fernando so herma- 
no, ni á pagar lo que por iademaizacioo de gastos de 
guerra era pedido, ni menos á entregar las villas y 
castillos que se le reclamaban y que habla heredado 
del rey su padre. Llegó don Pedro de Castilla á re- 
nanciar, aunque de malagana, á tas otras peticiones, 
meaos á que dejaran de devolvérsete tas villas y cas- 
tillos mencionados. £1 aragonés, habido consejo con 
sos ricos-hombres y por unánime dictamen de estos, 
declaró que do podia desmembrar territorio alguno 
délos dominios de su corona, pero que en todo caso 
podia ponerse el pleito al juicio del papa , alegando 
cada uDo de los soberanos su derecho. Aquí se estre- 
llaron los esfuerzos conciliadores que el legado del 
poQlí&ce babia estado haciendo con prodigiosa activi- 
dad por espacio de algunos meses, porque don Pedro 
de Castilla recibió con tal saña y enojo la postrera 
ctmtestacipn, \¡\Qn que razonable y templada, que de- 
claró DO querer hablar mas del asunto, antes iba á ac- 
tivar los preparativos de )a guerra; y allí mismo en 
Almazan dio sentencia contra el infante don Fernando, 
contra sa hermano don Enrique, y contra todos los 
castellanos que en Aragón estaban. 

Pluguiese al cielo que se hubiera contcaiado con 



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, S!30 HisToiu »■ urjJlA. 

dar esle solo desahogo á an ira, y do la habieitrde»- 
cargado tambieu sobre débiles é Indefensas muge- 
res. Dolorcao, pero necesario es referirlo. Desde alü 
mandó quitar la vida á so tia la reina doña Leeoor que 
se hallaba en el castillo de Caslrojeríz, y su mandato 
fué ejecutado. A doña Juana de Lapa, mnger de so 
hermano doo Tallo, presa desde su viage á Aguílar de 
Campó, mandó trasladarla á Almodovar del Rio. De 
alli i pocos días la esposa de so hermano acabó sd 
exbteocia en Sevilla. Dispnso qoe la reina d<ma Blan- 
ca, presa en el alcázar de Sigttenza , faese llevada & 
Medina Sidonia; y alli mismo fué coaducida doña Isa- 
bel de Lara, la viuda de sn primo el infaote doi» 
JuaD ¿ quien mató en Bilbao. «Algnoos días eatavo 
»aUi presa, y allí finó, dice el cronista: é.dicen qoe 
«por mandato del rey le fberon-dadas yerbes.» ¡.Coáa- 
do podremos dar alivio á nuestro angustiado e^riluf 
ly coindo le será dado á nuestra pl«ma dejar de es- 
cribir horroresT 

Dejó, pues, don Pedro por fronteros costra Aragofr 
á don Juan Fernandez de Hinestrosa, don Fernando de 
Castro, doD Diego García de PadiHa, don Gutierre 
Fernandez de Toledo, don Juan Alfonso de Benavides, 
y don DiegoPerez Sarmiento, cada cual coa su res- 
pectiva hueste, y él se fuéá Sevilla á dar impulso á 
los trabajos de los arsenales. A los dos meses surcaba 
las aguasdel Guadalquivir, y asomaba á los mares con 
rumbo ¿ Levante una respetable armada de ctuureota 



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PARTB U. LIMO Ul. S31 

galeras, ochenta oaos, tres galeotas y cuatro teños, 
guiada por el almirante de Castilla Micer Gil Bocaoe- 
gra, y por otros capitanes y espertos niarinos, como 
Garci Alvares de Toledo, que iba por patroD de la ga- 
lera del rey. Reuniéronsele eo Cartagena diez, galeras 
qoe enviaba doo Pedro de Portugal. Embistió y rindió 
la escuadra la villa y castillo de Guardamar, que erao 
del infaDie dou Feraando, y donde antes habia des- 
becbo el temporal una pequeña flota castellana. Avan- 
zó seguidamente á la costa de Aragón. Hallándose á 
ladesembocadara del Ebro, otra vez el infaligabte 
cardeoal de Bolonia saliendo de Torlosa se acercó A 
hablar al rey de Castilla para ver si aun podia reducir- 
le á poner alguna tregua entre é\ y el de Aragón: 
negóse el castellano á toda idea y propoeicion de tre- 
gaa, y la armada siguió su^ derrotero á Barcelona, 
donde ya se bailaba el monarca aragonés. 

Asombrados quedaron éste y sus catalanes, acos- 
tumbrados á dominar el Mediterráneo, al ver tan res- 
petable fuerza naval conducida por el rey de Castilla, 
y mas cuando la vieron acometer á doce galeras, que 
acostadas á tierra en aquel puerto habia (9 de junio, 
4359). Acudieron los oficios de Barcelona censos 
banderas á defender sus naves: los. famosos balleste- 
ros catalanes trabajaron también con su intrepidez 
nunca dtssmentida; pero los castellanos combatían por 
sa parte con admirable arrojo, empleándose ya y ha- 
ciendo jugar de un lado y de otro desde las galeras 



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S32 BISTOBtA DB ISMÜA. 

máquinas, trabucos y bombardas de fuego '". Este 
combate naval fué terrible, y pereció macha gente de 
ano y otro reino, y aunque las gateras aragonesas do 
pudieron ser tomadas, túvose por granJo afrenta pa- 
ra Cataluña, atendido el renombre de su poder marf-. 
timo, verse asi acometida en la playa de sn misma ca- 
pital por un nuevo adversario á quien estaba lejos de 
creer tan poderoso en los mares. 

' Movióse de alli el rey de Castilla con su armada, 
y tomando rumbo para las Baleares, se puso sobre 
Ibiza. El de Aragón juntó basta cuareita galeras, y se 
fué en pos de él á Mallorca, llevando por almirante al 
ilustre don Bernardo de Cabrera, y en combinación 
con !a gente de tierra de las islas, envió sus naves en 
socorro de Ibiza cercada por l(» castellanos. Divisá- 
ronse alli las dos escuadras. El rey de Castilla entró 
en una galera notable y célebre por su magnitud, ad- 
mirable para aquel tiempo. Llevaba á bprdo ciento y 
setenta hombres de armas, y ciento y veinte balleste- 
ros: habia sobre ella tres castillos; en el de popa iba 
de capitán don Pedro López de Ayala, el mismo que 
en su crónica nos suministra estas cariosas noticias. 



(t) Dlc« «1 re; don Pedro IV. •caslollana, en leva una grao 

de Aragón ea su Crónica escrita uesquardá, é y diposrtá alguna 

en lemosia; *E Ib noitra dbu (lia- Bgent.n — Véaie también sobre el 

upara uoa bombarda, é Ferl eo empleo de la artillería en esto 

dIm cutells de la dila nan de combate, i Zurita, Anal- lib. IX., 

•Caatella, et degnaatá loa caatells, cap. 23, ; i López de Ajala, que 

■é y ocia an bom. E aprea pocb aaiatió peraonalmeote á él, como 

»b k dita bomtMrda faeren altra capitán del rey de Caatilla, Croa. 

»treD, é férf «D r «rbre de la usa Ano %., cap. IS. 



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PAKTI II. LIBt<í III. S33 

Don Pedro de Castilla por consejo de &o almiraote do 
qatso pelear con la armada de Aragón en aquellas 
■gaas, y se volvió á la costa de Almería, siguiéndole 
don Bernardo de Cabrera coa quince galeras basta el 
río de Denia. Prosiguió el rey basta frente de Alican- 
te, desde cuyo castillo, que estaba por el rey de Ara- 
gón, mataron los aragoneses alguna gente de la bueslfi 
de don Diego García de Padilla. Las galeras de Por- 
tugal se despidieron del rey en (Cartagena , éste dio 
orden á sas capitanes para que se Tuesen á Sevilla coa 
la flota, y él tomó el camino de Tordesíltas, donde se 
hallaba doña María de Padilla. La flota de Aragón se 
volvió también para Barcelona, y ambas escuadras, 
castellana y aragonesa, fueron desarmadas. Las ope~ 
raciones déla guerra no babian servido de estorbo á 
tas relaciones amorosas del rey don Pedro , y á los 
pocos dias de baber partido de Tordesillas para Sevi- 
lla recibió la nueva, placentera para él, de que doña 
María habia dado al mundo un bijo, que se llamó don 
Alfonso; novedad que lo pareció al rey bastante grave 
para volver á Tordesillas á conocer el nuevo fruto de 
sos amores. 

No fué tan lisonjera la nolicia que le llegó de allí 
i poco. Don Enrique y don Tello, sus bermanos, jun- 
to con los ricos-hombres de la ilustre familia de lo 
Lanas de Aragón, habían invadido á Castilla por lier- 
la de Agreda (setiembre de 1359). Los fronteros cas- 
tellanos que hablan quedado en Atmazan salieron a 



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S3i HiBToau D» upaSa. 

batirlos, y en los campos de Araviaaa se^ empeñó una 
brava y seria pelea, que fué funesta para Castilla. Allí 
pereció el tío de la Padilla, doD Juan Fernandez de Hj- 
Deslrosa, camarero mayor del rey, y el mas honrado 
y pundonoroso de sus caballeros. AHÍ sucumbieron el 
comendador mayor de León, Suarez de Figoeroa', y 
otros ilaslres proceres. Otros quedaron pri^oneros, y 
don Fernando de Castro tuvo á buena suerte el poder 
escapar á uña de caballo. La c'apilaaia de la Frontera 
le fué dada A dos Gutierre' Fernandez de Toledo. Et 
efecto que estos rereses producían en el ánimo iracnn- ■ 
do del rey era buscar victimas en que desahogar su 
cólera y su rabia , siquiera fuesen ¡nocentes. No po- 
dían serlo mas las que cayeron esta vez bajo la se- 
gur de su venganza. Tenia presos en Carmona otros 
dos humanos bastardos soyos, los últimos hijos del 
rey don Alfonso su padre, y deiloña Leonor de Guz- 
man, don iuan y don Pedro, de quienes no nos ha 
ocnrrído hasta ahora hacer mención, 'porque nada ha- 
bían hecho. Contaba el uno diez y nueve años, calor- 
ce solamente el otro. En nada habían ofendido al rey 
su hermano, y sin embargo, de orden del rey fue- 
ron segadas sus tiernas gargantas en Carmona. Asi 
acabó el año de 13S9, no menos fecundo en vfctimaa 
que el de 1358. 

Bajo pretesto ó con motivo de no haber ayudado 
algunos caadillos del rey al combate de Araviana, y 
sobre « esta falta ba'bia sido bija de dañada ioleDcion 



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ruTB II. Lino iit. 236 

é de imposibilidad ó falta de tiempo para coacorrir A 
ella, emprendió el rey tan sa&uda persecucioa contra 
sus principales caballeros, y mauifesiabaa estos por 
su parte tal recelo y desconSanza del rey , que parecía, 
ó qoe estaba rodeado de traidores, 6 que del rey don 
Pedro S6 habia apoderado una especie de rabia fre- 
nética contra los mas altos dignatarios de Castilla. De 
estos, el adelantado mayor Diego Pérez Sarmiento, y 
el frontero de Horcia Pedro Fernandez de Vetasco, 
se pasaron á la bandera de Aragón , arrastrando tras 
sf muchos caballeros y escoderos. El adelantado ma- 
yor de León. Pedro Nuñez de («uzman , andaba ha- 
yendo de la venganza del rey. que le buscaba con 
ansia por todas partes, y tuvo qoe hacerse^ fuerte en 
■no de sos castillos. £1 froutero Pedro Alvarez de 
Osorió tuvo la detracta de caer ea tnanos del rey, y 
yo dia que estaba comieodo en Villaoobla ¿ la mesa 
eoD don Diego Garcfa el hermano de la Padilla, en 
aquel acto y momeólo cayeron sobre su cabeza las 
mazas de los ballesteros Juan Diente y Garci-Díaz. 
Dos hijos de Feroan Sánchez fueron presos porqne 
tenían cartas de dou Pedro Nuñez, y ejecutados al 
sigaiente dia ea Valladolid. Ea esta ciudad; y también 
por suponer que habia recibido cartas de don En- 
rique, fué preso el arcediano don Diego Anas Maldo- 
nado, y conducido á Burgos, donde dejó de existir á 
tos 0^0 días. Es un registro general de matanzas el 
fue tropieza á cada paso la historia. 



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236 UISTOKU DK KSPAfil. 

Acootecia esto cuando don Enrique de Traslamara 
y los de Aragón, alentados con el triunfo, de Aravia- 
na y con el reruerzo délos castellanos que diariamen- 
te se les agregaban hoyando las iras del rey, medita- 
bao otra invasión en Castilla. Bella ocasioa para tra- 

* bajar en la buena obra de la paz ofrecieron estos he - 
cfaosal infatigable legado del, papa cardenal de Bo- 
lonia, el cual logró reducir á ambos monarcas, cas- 
tellano y aragonés, á que enviaran sus embajadores 
á Tudela de Navarra para tratar los medios de ana 

' conciliación y concordia. Fué por parte de doQ Pe- 
dro de Castilla don Gutierre Fernandez de Toledo, 
por la de don Pedro de Aragón don Bernardo de Ca- 
brera. Desgraciadamente los esfuerzoi apostólicos del 
cardenal legado fueron también ahora ínfroctuosos;- 
los embajadores nu se avinieron, y don Enrique y sus 
hermanos hicieron su entrada en Castilla y se apode- 
raron de Ilaro y de Nájera, donde sus gentes se ce- 
baron en matar los judíos, lo mismoque en otro tiem- 
po habían ejecutado á su entrada en Toledo. Casi 
simultáneamente el gobernador de Tarazona, Gonzalo 
González de Lucio, mal contento del rey' de Castilla, 
entregaba aquella ciudad al de Aragón por precio de , 
cuarenta florines y de recibir por muger una noble 
doQceUa llamada doña Violante, hija del rico-hombre 
de Aragón don Juan Jiménez de Urrea (1 360). 

Con fuerzas contaba todavía el rey don Pedro , y 
sobrábalo espíritu y arrojo para hacer frente á sus 



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FAKTB 11. LIBIO 111, 257 

hermanos y veogar sus atrevidas irnipcíoDes. Partió 
pues de Burgos con cinco mil caballos y basta doble 
número de peones qae pudo reunir, y dirigiéadose 
por Pancorbo, Bribiesa, Miranda de. Ebro y Santo 
Domingo de la Calzada, puso so real sobre Azofra, 
mny cerca de Nájera. Estando allí, llegóse á él un 
sacerdote de Santo Doraiago de la Calzada y le dijo: 
«Señor, Santo Domingo de la Calzada me vino en 
xsneños é me dixo que viniese á vos, é que vos dixe- 
>se que fuésedes cierto que si non vos guardásedes, 
Bqueel conde don Enrique vuestro hermano vos avia, 
»de malar por sus manos.» El rey, un tanto supers- 
ticioso, se sobrecogió en un principio; mas luego re- 
poniéndose mandó qaemar en su presencia al clérigo 
agorero. En verdad el profeta no anduvo feliz por 
esta vez en so pronóstico, puesto qué emprendida la 
pelea entre don Pedro y don Enriqne, quedó éste 
derrotado, su pendón ea poder de los del rey, y ape- 
nas y con mucba dificultad logró refugiarse con unos 
pocos dentro de los muros de Nájera. Perdidos esta- 
ban don Enrique y los suyos, sí el rey hubiera car- 
gado sobre Nájera en lugar de retroceder á Santo 
Domingo; pero esta inoportuna rearada, que quieren 
atribuir también á un acto de superstición fundado 
en causa muy leve, dio tiempo y oportunidad al bas- 
tardo para meterse otra vez en Aragón. El rey, des- 
pués de ordenar lo conveniente para la guarda y de- 
fensa de la frontera, tomó la vuelta de Andalucía. 



,,GoogIc 



t38 HinoBiA VE nsfáS^. 

Erau temibles para los castellaoos estos períodos 
de descanso dé su monarca. Había en Portugal alga- 
DOS rerogiados por miedo á las persecaciones del rey. 
Había igualmente ea Castilla refagiados portugtieses 
deios persegoídos por el soberaao de aquel reino, 
llamado don Pedro también, por suponerlos cómpli- 
ces 6 consejeros en la muerte que sa padre el rey 
don Alfonso babía mandado dar á doña Inés de Ca^ 
tro, célebre manceba de su hijo coando era príncipe, 
y con quiea éste dijo despoes que era oasado ^*l Los 
dos monarcas celebraron entre sf uno de esos pactos 
ñinestos qae boy llamaríamos de ex-tradícion, con- 
vinieodo eo entregarse mútoameote los refugiados de 
cada reino. Tan luego como estos desgraciados fueron 
puestos en poder de sus soberanos respectivos, sufrie- 
ron la muerte, que era el objeto con que se tos recla- 
maba. Entre ellos la sufrió tormentosa^ cruel el ade- 
lantado mayor de León don Pedro Nañez de Gazman, 
aquel á quien el rey babia andado buscando antes 
por tierra de León. 

Pero entre los asesinatos ejecatados en este tiempo 
de real orden, ninguno fué acaso tan alevoso ooaw 
el de don Gutierre Fernandez de Toledo, repostero 

[i) Daña loés de Castro, Tamo- de doña Juana, la qu^ caió ilegl- 

U pcx- (lu amoreí coo el infnte titaamente eo Cuellar god el rof 

doQ Pedro de Portugal, á quien el don Pedro de Castilla, ; á quien 

ref don Alfooso, su padre, hiio éale dejó tuego abandonada. (Ft- 

matar en Saot:! Clara de Coiiiibra, milía infortuDada e^la, eo que dos 

era bija de doo Podro de Caítro, hermana* fueron Tiotimas da n 

rico DMsnate de Galicia, y herma- bermotura ▼ do la ÍDcanliDenciB 

na de don Fernando de Caatro 7 de do* prfnotpeal 



,,Goóglc 



run II. Lino iii. S38 

mayor del rey^ y uno de sas mas aoügnos é ilostrefl 
■serTÍdores. Eo los toaomeiitoa ea que parecí» gozar de 
90 mayor confianza, puesto que de su orden se halla- 
ba eo^avarra, segunda vez designado para iratar de 
la paz con el cardenal legado eo unión coa don Bft- 
oardo de Cabrera como representante del rey de 
Aragón, recibió cartas de don Pedro mandándole qae 
foese á Alfaro, donde'te darían instrncctoDes para el 
asunto de la paz. Mas las ioslruccíones reservadas 
que los oñcíales del rey en Alfaro tenían eran de 
prenderte y matarte taa pronto como llegara, como 
añlo q'ecotarÓD. apoderándose alevosamente de sa 
fersooa y cortándole la cabeza, qne enviaron al rey 
con nn ballestero de maza. La ejecncíon sin embargo 
no Fué tan pronta, que no le diesen tiempo á solici- 
tad saya (condescendencia estraña eo tales gentes) 
para dejar escrita ana earta al rey que decía asi: 
«Señor: Yo Gutíer Fernandez de Toledo beso vues- 
• tras manos, é me despido de la vuestra merced, é 
»vó para otro señor mayor que non vos. E» Señor, 
tbien sabe la vuestra merced, como mí madre, é 
»mis hermanos, é yo, fuimos siempre desde el dia 
>qoe vos nacisteis en la vuestra crianza, é pasamos 
kmuchos males, é sufrimos muchos miedos por vues- 
»tro servicio en el tiempo que doña Leonor de Guz- 
amao avia poder en el Reguo. Señor, yo siempre vos 
«serví; empero creo que por vos decir algunas cosas 
aquecomptianá vuestro servicio me mandaste» ma- 



nigiUrrlb/GOOglC 



240 nraroitu dr bspaAa. 

ntar: ea lo qua), Señor, yo tengo qnelo fecistespor 
kcomplir vuestra volaotad: lo' caal Dios vos lo per- 
•done; mas yo nnoca vos lo meresci. E agora, Se- 
»ñor, (ligóos tanto al pualo de la m¡ muerte (porque 
»éste será el raí postrimero consejo), qve ñ vot non 
taliodes el cuchillo, é non esctuades ie facer takt 
«muerta como esta, que vos avedes perdido vuatro 
wRegno é tenedes vuestra persona en peligro. E pido* 
»vo9 por merced que yós guardedes; ca lealmeote fa- 
»blo con vosco, ca en tal hora esto qoe non debo 
«decir anón verdad.» 

Esta carta, escrita á la hora de la muerte por un 
tan antiguo y leal servidor, y el fatídico prcHióstico 
con que terminaba, hubieran debido hacer estreme- 
cer de remordimiento al autor del suplicio, si su co- 
razón estuviera menos empedernido. Pero don Pedro 
se contentó con decir que no debieran haberle dcsjado 
escribirla, y alegó que habia ordenado su mnerte 
porque 3« correspondía con los de Aragón. £o todos 
veía ya el rey aliados secrelos de don Enrique. Por 
la propia sospecha seguía prendiendo á otros, otros 
emigraban del reino por temor, y el arzobispo de To- 
ledo don Vasco fué desterrado á Portugal por el de- 
lito de ser hermano de don Gutierre Fernandez, sin 
permitirle llevar consigo ni na solo libro, oí otra ropa 
que la que Iraia puesta. 

No habia de ser tan afortunado su mas íntimo 
consejero y tesorero mayor, el judío Samuel Levi, 



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PAKTB II. LIKRO llt. 341 

que pudiera jactarse de perpetuar su privanza vieodo 
cada dia de«aparecer de la escena como sombras en- 
saogrenladas los mas eacumbrados personages y mas 
. allegados. del rey. Su turno le había de tocar, y le to- 
có á pesar de su reconocida sagacidad, de su estudio 
en halagar ai rey , de sus rigorosas y exorbitaotes 
exacciones al pueblo para satisfacer los caprichos del 
monarca y la avaricia propia. Un dia le pidió el rey 
sus tesoros; no creyó el administrador general de la 
hacienda que aquello fuese de veras, hasta que se 
vieron presos simultáneamente él y lodos los parien- 
tes que tenia en el reino. Lo que en sa poder se halló 
en Toledo parece que fueron ciento sesenta mil doblas 
de oro, cuatro mil marcos de piala , cieulo veinte y 
cinco arcas de paños de oro y seda, y ochenta moros 
y moras. Sospechaba el rey que tenia mas tesoros, y 
conducido ¿ Sevilla y preso en la atarazana fué pues- 
to á cuestión de tormento para obligarle á declarar: 
el viejo israelita maldecía en medio de los dolores la 
ingratitud de su soberaoo^ pero conservando con una 
cabellera y una barb^ emblanquecidas por los años 
nn corazón fuerte y vigoroso, tuvo entereza y valor 
para morir descoyuntado antes que revelar otras ri- 
quezas, si las tenia. 

Alternaba el rey don Pedro enire estas ocupacio- 
nes (si ocnpacion podemos llamar el decretnr supli- 
cios) y la guerra de Aragón, que pasó á continuar en 
enero de 1361. Puesto sobre Almazan con muchas 
T»uo VII. 16 



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S42 HISTORIA DB BSPaR*. 

compañías, peiletró atrcvidaiueote en tcrrílorío ara- 
gonés, y rindió varios castillos, entre ellos los de Al- 
haoaa y Ariza. Mas tampoco descansaba et cardenal 
de Bolonia en su misión de pacificador, y allí acudia 
diligente donde veia amenazar 6 renovarse el rompi- 
mieoto. Esta vez Toé mas feliz en su santa tarea el le- 
gado ponti6cio. Merced á su apostólica mediacioD se 
hicieron y pregonaron paces entre los dos reyes y con 
gran satisfacción de ambos reinos con las condicione^ 
siguientes: que ei de Aragón baria salir de sus domi- 
nios al conde don Enrique con sus hermanos y los de- 
más castellanos qne scgaian sus estandartes; que el 
de Castilla devolvería al de Aragón los lugares y cas- 
llllos qae le teniao tomados, y que ambos monarcas 
quedai'iao aliados y amigos. No fué todo deferencia 
al cardenal legado lo que movió al rey de Castilla á 
snscríbir á esta paz; otras causas hubo también que 
esplica remos loego. 

Vuelto el rey de la frontera de Aragón á Sevilla, 
volvió, como tepia de costumbre, á su afán de bnscar 
víctimas. No sabemos en qoé podia ofenderle, ni qué 
hiciera para provocar sus iras la desdichada reina 
doña Blaoca, presa ahora en Medina Sidonia, sufrien- 
do con paciencia su desventura en su lúgubre eocier- 
ro. buscando consuelos en la oración, y ejercitándose 
algunas horas cada dia en sus devociones. En esta pia- 
dosa ocupación la hallaron los oficiales del rey que 
por su mándalo peoetraron un dia ea la prisión para 



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PAitrii. UBBo III. 243 

averiguar si era ella la que había enviado cierto pas- 
tor, qae, estando el rey de caza por los montes de Je- 
rez y de Medina, había osado dirigirle palabras de si- 
niestro aagorio "'. V aaoque salieron craveocidos de 
qneao pedia haber sido la reíoa la autora de aquella 
miñón, don Pedro tenia resuelto acabar de perder á 
doña Blanca, y era raeaester que aquella resolución 
fie cumpliese. Alabansa merece el guardador de la 
ítostre prisionera Iñigo Orliz de Zúñiga, qae tuvo va- 
lor para decir á ua rey como don Pedro, que nunca 
eodsentiría que se diese mnerte á la reina de la mane- 
ra que de él se preleodia, mientras á so cuidado es.- 
(uviese. Entonoeeel rey la mandó entregar en poder 
del ballestero Juan Pérez de Rebolleio, él cual con dea- 
apiadado corazón y rudo brazo ejecutó sin escrúpulo 
la orden sangrienta del monarca. Asi acabó, tras lar- 
gos dias de amarguras y de cautiverio, la desgraciada 
r^na de Castilla doña Blanca de Borbon, modelo de 
resignación, de sufrimiento y de virtud, á los veinte 
y (áiM» años de edad, traida á Castilla para ocupar el 
solio de las Sanchas y de las Berenguelas, y condéna- 



lo AweúraM que eiUndo el oerleu de mUm iiistM mUlerii}- 

r«]r de montería por te conurca de loi, msi do los bellamoti del todo 

■odiiM, se le aceroó ud bombre iuvnroaímileí ai impropioí de Ib 

riiilicúeD iTBgede ^ator, el cual ruda fretiquexa de un tiombre dd 

le diio que SI •efjoia tratando de oampa. Hooircas maa iamediatoe 

•quclla Dtanera a la reÍDa dooa i Dueslros diaa faaii escucbudo 

Bwoca le eeperaban grandes que- MDteaeia^aaoiejaDtee, cuaado en 

brapto», aei cono ai quiii«ae TÍvir uarlidaa de caza 4 en oiraa aná- 

coneltecaDio4ebia,MDdrie<)uieD logas aituacioaes han descendido 

heredtN tegíüBUtMnte el reioo. á convenar con gente labriega j 



Md podMnos bo; responder de ta oampesioa. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



244 RISTOIIA DR RSPAtiA. 

da, siendo ioocenle, á aadar de calabozo etl calabozo 
como los criminales '". Por si algo otilaba á completar 
este cuadro de horrores, ua t<ísigo acabó ea Jerez con 
la vida de dooa Isabel de Lava, la viuda del inraato 
doD Juan de Aragón, el asesinado eo Bilbao. Deseando 
estamos salir de esta galería Túnebre y ensangrentada. 

No lardó éa seguirla á la tumba su afortanada ri- 
val doña María de Padilla (julio, 1361). Esta por lo 
menos, después de haber sido halagada en vida, fué 
también mas dichosa en la maerie, puesto que- marió 
de muerte' natural en el alcázar de Sevilla, que en 
aquel tiempo pudo mirarse como un privilegio, como 
lo fuéeo fiaber sido la única coya muerte enterneció 
las entrañas del rey don Pedro, la única por quien hizo 
luto y mandó qne se hiciese en lodo el reino. De dis- 
creta, afable y bondadosa la calíQcan loscronistascoQ* 
temporáneos, y bien debió serlo en alto grado cuando 
no la aborrecían los pueblos, habiendo sido, no la 
causa, pero sf la ocasión de tantas calamidades ''). 

Dijimos que un motivo ageno á la intervención del 



(I) Era doña Blaoca, blanca epitsüo, aunque de fecba p<nte- 

taiDDteD do rostro, de cabetlo ra- rior.— Zúfiíga, Anal, de Sevilla, 

bjo, aé de buea donaire, dice ta tom. II. — Zurita, Aoal. lib. IX.— 

Cróaiea, é de buen aeso.* Graves Floreí, R^ioas Catúlicaa, tomo n. 
hitturiadoreaaSrmDD que ios [ran- (S) Llevdroab i ealerrar i un 

ceaes quiíieroo llevar dospoea su monaaterio de Aatudillo, que «)ll> 

cuerpo á Pfaacia, pero que le de- babia fundado, mas después maa- 

jaron en Tudela de Navarra. Cráe- dú el re; trasladar sus cea iza ■ á 

ai3, 8iD embargo, coa maaseguri- la capilla real de Sevilla, nejaba 

dad quesecoDserTó en el convento trea hiiaa ; un hijo, doña Beetriz, 

de Sso Francisco de Jerez, donde doña Gonstaoia , doña Eaabel y doa 

se mostraba su sepulcro, con un Alfonso. 



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PiKTB 11. Limo III. 245 

cardenal legado babía impalsado tanabien al rey de 
Castilla á aceptar la paz con Aragón. Fué éste la 
guerra que empreodió contra los moros de Granada: 
lo cual DOS pone en ta necesidad de dar una idea de' 
estado en que á la sazón se bailaba el reino grana" 
dioo. 

El rey Yussuf, veucido por Alfonso XI. en el Sala- 
do, había sido asesinado por úq loco en ocasioa de es- 
lar rezando su azala en la mezquita (13$4). El aáosino 
fué despedazado por la plebe furiosa , y se proclamó al 
hijo de Yussuf con el nombre de Mobammed V., jó-- 
ven de veinte años, de cuyo bello y agraciado conli - 
nente, amable condición y humanitario gobieruo ha- 
cen los historiadores arábigos los elogios mas cumpli- 
dos. Pero este magnánimo príncipe solo ocupó el tro- 
no hasta que una de las sultanas de su padre batió 
ocasión d<3 derrocarle para entroaizar á su hijo Ismael; 
La conjuración, de largo 'tiempo urdida por la sulta- 
na, estalló una noche deafro de los muros de la Al- 
hambra, cuaudo Mobammed reposaba dulcemente en 
una de las estancias misteriosas del palacio entre las 
caricias de una linda esclava á quien tenia entregada 
su corazón. Esta le salvó vistiéndole con sus propias 
tocas y velos, y con este disfraz pudieron salir los dos 
juntos, y andando loJa la noche llegaron felizmente á 
Guadix, donde Mobammed fué reconocido como rey 
l^ítimo {{ 359]. El destronado emir pidió socorros al 
rey de Marruecos y de Fez.'y dirigió cartas á dou 



D,g,t7cdb/COOgIC 



246 uiSToau i>r bapaíIa. 

Pedro de Castilla solicitando SQ alianza y su amparo. 
Este no podía entonces darle ayuda por eatar ocupado 
en Ib guerra de Aragón, y los auxiliares qne le ve- 
oíso de África tuvieron que volverse por andar el rei- 
no de Fez tan revuelto como el de Granada. Entretanto 
el nuevo emir granadino Ismael, joven de ánimo apo- 
cado y dado á los deleites de la areminacion, dejábase 
dominar por el tirano Abu Said á quien debia la co- 
rona. No satisfecho el ambicioso Abu Said con el 
despótico influjo que ejercía, aspiró á suplantar en el 
trono at mismo á quien había elevado. No le fué difí- 
cil conseguir su intento. En nn tumulto popular qne 
movió con sos parciales, Ismael pudo salvarse con al- 
gunos guardias; quiso después combatir á loa suUeva- 
dos, y cayó en poder de ellos. El cruel Abo Said, ' 
qne le acusaba de los mismos delitos que le había ins- 
pirado, le despojó igncHnioiosamente de sns vestida- 
ras, y entregándole á sus sanguinarios satélites, cor- 
táronle estos la cabeza igualmente que á uo hermano 
suyo. Los bártiaros soldados pasearon por -las calles 
ambas cabezas asidas por sus largas cabelleras, y sos 
cuerpos insepultos se pudrieron á la intemperie sin 
haber quien osara recogerlos (1360). En el día mismo 
que se ejecutaron estas brutales escenas fué procla- 
mado Abu Said, el que nuestros historíadores llaman 
el rey Bermejo '*'. 

(I) Conde, Doroín- át los Mn- Kaltib, Hitt. de Gnoadi, p. S. in 
bw, part. IV., cBp. 13 y Si.— Al Cuiri, tom. II. 



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PAKTB II. LIBBO Ul. 247 

In^ba Mohammed al rey de Casulla para que le 
anudara á recuperar su remo, aotes que los grana- 
dinos se acoslumbráraa al despotismo del usurpador. 
Por oira pa^te Aba Said, el rey Bermejo, parece Uwo 
ÍQleacioD de hacer gaerra al castellano, cosa que don 
Pedro no le perdonó nunca, aunque luego entabló 
tratos de amistad con él. Resolvió, pues , el rey don 
Pedro acudir en socorro de Mohammed , el soberano 
legítimo de Granada, y por eso suscribió, aunque no 
de buen, grado, á la paz con Aragón. Púsose en mar- 
cha el de Castilla con su hueste y multitud de carros^ 
cargados de aprestos y máquinas de guerra hacia Roa- 
da, donde se le reunió Mohammed. El rey Bermejo 
salió á correr la Troatera, y pactó alianza con los ara- 
goneses (1361). Hohammsd y el castellano cercaroD 
á Aotequera, y no pudienüo tomarla talaron los cam- 
pos de Archidona y Loja hasta la vega de Granada- 
Arrogante el rey Bermejo- les fué al encuentro en la 
llanura, donde empeñó on combate con los cristianos; 
pero viendo el bo'nrado Mohammed los estragos que 
el ejército aliado causaba á los moros, rogó á don Pe- 
dro que se volviese, queriendo mas vivir en humildo 
coodicioD qiie cansar talos daños á los pueblos. Reti- 
ráronse, pues, don Pedro á Sevilla y Mohammed á 
Bonda: mas como quedasen en Ui frontera de Grana- 
da los caudillos castellanos, prosigaieron allí los en- 
Gueolros con los moros de Abu Said. De algunos sa- 
caron ventajas los de Castilla; pero en una atrevida 



Digitzcdb/GOOglC 



248 HISTORIA i)B esPAÜA. 

algara que el rey Bermejo hizo por las m^rgeDes del 
rio Fardes, los gioetes granadinos lograron una seña- 
lada victoria sobre los crisliaDos, alanceando á mu- 
chos, desbandando á otros por barrancos y cerros, y 
haciendo prisioneros á varios caudillos y nobles, en- 
tre ellos al maestre de Galatrava don Diego García de 
Padilla. Pensando el rey Bermejo captarse la gcatilad 
y amistad del castellano, dio libertad al maestre y á 
los demás caballeros cautivos, eoviáodoselos al rey 
con grandes presentes y sin rescate. 

Las cosas fueron empeorando de día en día para el 
usurpador Abu Said. En Málaga proclamaban al legi- 
timo emir Mohammed: abandonaban al rey Bermejo 
sus mas decididos parciales y huian de sn alcázar. 
Viéndose aborrecido y desamparado, creyó tomar una 
medida de salvación, y tomó una determinación acia- 
ga. En su inrortunio le ocurrió confiarse á la genero- 
sidad del rey de Castilla é implorar so favor y am- 
paro. Fuese, pues, para Sevilla con grao séquito de 
caballeros moros, llevando consigo sus mas ricas jo- 
yas y sus mas preciosas alhajas, armas, caballos y lu- 
josos jaeces, con DO pequeña cantidad de plata y oro, 
creyendo con esto ganar el ánimo del rey y de los de 
su consejo. Recibióte don Pedro también con n^ia os* 
tentación y aparato, y mandó á sus ministros que le 
obsequiasen y agasajasen como á rey (136S). Poco le 
duraron al ilustre huésped las ilusiones de aquella 
afecliios;) pero menltdu hospitalidad. Bien que tenlá- 



n,g,t7cdb/G00gIc 



PARTH It. LIBBO III. 249 

ran al i-ey de Castilla las riquezas ilel refugiado emir, 
según las crónicas arábigas y crisliaoas indican '*', 
bien que le durara el rencor de haber intentado antea 
declararle guerra, ó que se creyera designado para 
ser instromeoto de venganza de las traiciones del mu- 
salman, determinó sacrificarle, pero de una manera 
poco noble y poco correspondiente al generoso com- 
portamiento det moro con el maestre de Calalrava y 
á la confianza con que sehabia ecbadoen brazos del 
rey de Castilla. Aquella misma noche convidó el maes- 
tre de Santiago Garci Alvarez de Toledo á cenar en 
sn casa ai rey Bermejo, y á sus magnates granadinos. 
Al servir los pages los últimos platos del espléndido 
banquete, entró el repostero mayor Hartin Gómez de 
Cordel con una compañía de gente armada, y Abu 
Said y los cincuenta moros convidados fueron dados á 
prisión y conducidos á hts atarazanas. A losjjos dias 
salía el rey Bermejo montado arrentosa mente en un 
asno con un sayo de escarlata; á su lado iban treinta 
y siete caballeros moros. Ue%'ados al campo de Tabla- 
da, el mismo soberano de Castilla clavó una lanza en 
el pecbodeAbuSaid diciendo; tTomaesto, por cuanto 
me hiciste facer mala pleitesía con el rey de Aragón en 
perder el castillo de Aríza.—¡Oh Pedro! contestó el 
alanceado moro, ¡qtié torpe triunfo alcanzas hoy de mi! 
¡qué ruin cabalgada hiciste contra quien de ti se fiabalp 



D,g,t.7cdb/GOÓglC 



250 niSTOBU DB rspaRa. 

Dicho esto, rematároale los sayones, y con él á los 
ireiala y sieir« musiriaiaiies, cuya cabezas fueroa 
amoDtoDadas para que se vieraa desde la ciadad'". 
Voló la Dueva de la muerle de Abu Said, dice el his- 
toriador arábigo, y llegó á Málaga, donde á la sazwi 
estaba el rey Mohammed, que se holgó de ella cooio 
(le la maerte de su enemigo, pero le estremeció la 
perfidia yíraicioo de lus crisiiaoos. Al punto, acompa- 
ñado de la aoblezB de Andalucía, partió para Grana- 
da y entró en ella eotre populares aclamacíoQes O . 
Terminada esta ejecución, congregó el rey don 
Pedro cortes en Sevilla, para hacer en ellas una de- 
claración que debía parecer bien estraña y peregrina 
á los proceres castellanos. Dijo allí solemnemente que 
doña Blanca de Borbon no habia sido su legitima es- 
posa, por cuanto antes se habia desposado por pala- 
bras de presente y recibido por muger á doña María 
de Padilla, de cuyas bodas citaba por testigos pre- 
senciales á don Diego García de Padilla, hermano de 
doña Haría, á doa Juan Fernandez de Hinestrosa su 
tío, que era muerto, á don Juan Alfonso de Mayorga 
canciller del sello de la puridad, y al ahad de San- 
tander don Juan Pérez de Orduña su capellán mayor. 

(O Conde, part. IV., C. S5. — al pavimenlo el saagrienlo lro[e<>, 

Ai8)s,CrdD<MoXUl.,o*p'3al7. y dijo: tAti owm, ínclito r^ ctc 

{i} Aünde el escrilor aribígo Granada, lodat las de tiu «neni- 

3ae doD Pedro le euTíú la cabess goa .> Desagradó, dice, al moro «»- 

e Abu Said embalsamada, eo una U accron, pero aisimuló, ; envió 



caja de plata, y que su emisario, al rey dno Pedro ti de sus mejo- 
recibido en audieocia por Hobsm- rea caballos, con ricos alfaiígn 
med en la sala de Gomares, arrojó guarnecidos de oro j plata. 



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PABTR 11. LIBBO III. S54 

Decía que por miedo de qiie se alzasen contra ét 
algonos del reino no se habia atrevido á publicar an- 
tes aqud matrimoDto. Y esto lo decía quien no había 
temido á tsdos ios grandes del reino alzados ya con- 
tra él cuando contaba solo una sesta parte de Fuerzas 
qae ellos, y cuando la revelación de aquel casamien- 
to hubiera tal vez bastado para aquietarlos. Y esto 
h decía el que casado de público con doña filanca, y 
desecrelo, ssgun él, con doña Haría de Padilla, no 
halua tenido receto ni reparo en contraer otro matri- 
monio tn facieecdmíB coa doña Juana de Castro. Pero 
los testigos cirados juraron sobre los Santos Evange- 
tíos ser verdad lo que el rey decía, y el prelado de 
Toledo don Gómez Manrique predicó un sermón en 
quedaba por buenas las razones .del monarca. Con- 
secuencia do la declaración del rey era la petición ó 
mas bien mandato que seguidamenle hizo para que en 
adelante se llamase á doña María de Padilla reina de 
Castilla y de León, y para que se reconociese á sus 
hjios como legítimos herederos y sucesores del reino. 
Los miembros de las cortes, á quienes queremos cali- 
ficar solamente de medrosos, no hallaron ni palabras 
ni razones que oponer á una declaración tan sorpren- 
dente y á un mandamiento ó sea proposición tan 
oTenatva i la hidalguía castellana, y la ley de suce- 
sión quedó hecha á gusto del rey, y la difunta doña 
Marfa de Padilla, reconocida como reina de Castilla, 
cumpliéndose en ella el argumento y título dramático 



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SB2 mSTOIlA DI RSPAftl. 

de Reinar dtspues de morir <'>. Y cotDO sí quisiese el 
' rey depositar uaa corona sobre la tumbe de su ama- 
da hizo trasladar sus cenizas del oíonasterío de Astu- 
dillo y eaterr arlas con r%ia pompa ea la catedral de 
Sevilla. 

Disgustaba, á don Pedro la paz que de mala gana 
liabia firmado c<hi el rey de Aragón, y resuelto á 
romperla, procuró aliarse primero con el rey de Na- 
varra Carlos el Mato, con el cual. se vio en Soria, y 
con mucha sagacidad celebró un tratado en que am- 
bos monarcas se compromelian á auxiliarse uno á 
otro en la primera guerra que cualquiera de los dos 
tuviese. Teniéndola el navarro por parte de la Fran- 



caso lrÍF;te é digno da inemoris, 
Que do Hepulrhro oa homeui desenterra, 
AcoDteceo de mísera é meíquinha. 
Qat, deepois de ler moría, foi raitiha. 

Uívat en sud Aantas dice: 'Qie papa, sobre la cual dice Salszac 
M veló el rev don Pedro coa doña en su moaarqui'e de EapaÜa. 
Maria de Paailla eo la sauta igle- «Los mas acreditados hiatoria- 
sia de Seiiila ea la capilla de Sao dores portugueses Sousa. Barbou 
Pedro con aolemnidad ; ceremo- y alro« bao pretendido probtrqoo 
niaa públicas, lo reñereo antijjuas au rey don Pedro, cuatro años des- 
memorias Y lo advierte don Pablo puoa de babor ascendido al trono, 
de Bapioosa en au Teatro, reñrjeo- declaró conjuramenta el dia 4Sdo 
do esl* capilla y citando inalru- junio de 4360 en la «illadeCan- 
mento de aquellos tiempos.» Na taóele hebia aido casado in fañe 
nos dice eo qoó tiempo ae hizo eecUiia; ooo doSa Inéa de Castro, 
esta velación pública y sglemne, por el deán de la Guarda, obispo 
que no babía llegado i noticia de después de aquella iglesia, y tam- 
nadie: j en cuauto al inatrumen- bien médico del mismo rey. Que 
to, padiera hacer alguna maafuer- el casamiento babia sido celebrado 
za, si no estuviera Un recioole en Bragania y á presencia de Gs- 
el ejemplo de don Pedro de Por- téban Lobato, auardaropa del rey. 
toga), que también alegó en Druo- Que estos declararon bajo jura- 
ba de au matrimonio una bula del meato cu dicho año de 1360 ser 



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PAITB II. LIBIO Itl. 2&3 

cia, creia haber salido grandemente aventajado en 
el pacto. Por lo- mismo fué mayor su sorpresa al ha- 
llarse cogido en la red, coando seguuJameote le dijo 
el de Castilla qae estaba determinado á declarar in- 
mediatamenle la goerra al aragonés. Disimuló el de 
Navarra su disgasto, porque no le convenia en aque- 
lla ocasión tener por enemigo al de Castilla , y com- 
proiDetido*á observar el tratado lo ofreció que iovadi- 
ria el territorio aragonés al miámo tiempo que él, y 
asi lo ejecutó apoderándose' del castillo de Sos, mas 
lu^o que tomó este castillo se volvió á su reino. Don 
Pedro de Castilla con su acostumbrada. actividad se 
paso sobre Calatayud, ganando de paso muchas for- 
talezas y lugares, mientras don Pedro de Aragón se 

cierto yverdaderd; bien quo el dasmartii, buho ooDO,i en dídru- 
nbispo ai]o<:|UBno4e acordaoadet na manera puede Mr de Juan XXII. 
dia, mea, ui aun Hño, pero creía lisie papa murió din i de diciem- 
KabiB sido unos siete aBos aires, bre de 4334, v el año nono de %a 
y qae se publicó enloacesla bula pontiñnado fue el de 133B, eo que 
del papa Jaait XXII. do dispensa- dea Pedro no pauba de lotí cinco 
cioo en el pareaWaco, como que de edad. Luego la bula esñagida, . 
aran tío j aobrioa. Sacan ealo de ; con tan poM habilidad como ve- 
una escriturB que se guurda en la mes. Keneiióoese Umüiea A qa« 
torre del Tombo datada eo IH dul si don Pedro hubiera sido casado 
miHDO mes y año, eo la cual ae c«d doña Inés, por ^ué razón lo 
incorpora la declaración dol rey, había de negar con juramento al 
del obispo y Lobato. rey su padre. I.o que yo creoet 

<Me maravillo mucho de que que este príncipe, llegado al tro- 
aqnellod hiftoríadorts no tropeia- no, Quiso abrir camino á que \a 
MD en las equivucacioues y ana- euceaieseu los híjoi da la Castro 
croDÍWDOt que hay en loque dicen, (que en Gn era su igual y loi ama- 
La bula de dispensucion., cuyo ba oomo i sU madre) caso de mo- 
priocipio es: «Joaanes Epíscopus rir ain hijos el principe don Per- 
■errus serTomm Dei, dilecto iilio nando. Lo mismo pretendía al mis- 
Petro infanli primogénito charis- mo tiempo el rey de Caslilla con 
simi in Cbristo fílii nosirí Alfon- las bijas de la Padilla, finiendo 
ni regís PorluRaliffi et Algarbis, un matrimonia que había negado 
IMuslrÍB, salutem, etc.; y al ño: eo varias ocasiones.n— Lib. XI., 
Datura ATinhODdccímoDonokalen- cap. 9, tom. 4. 



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264 HitfTOKiA &■ rspaHa. 

hallaba en Perpiñan vigilando la froDlera de Francia. 
Tan loego como supo la entrada del de Castilla envió 
á llaniará don Enrique de Trastamara, que con. «13 
bennanos y los demás caballeros de Castilla se baila- 
ba en ProTOoza en cumplimieoto del tratado do 
paz. los cuales se aprestaron á acudir al llamaniieato 
del aragonés. Defendíanse eotretanlo valerosa meóte 
los sitiados de Calatayud, mas como viesen ya los 
lienzos dti sus muros por muchas partes derribados* 
y no pudiese el rey de Aragón socorrerles desde tan 
lejos, capitularon con el de Castilla y le rindieron la 
ciudad i condición de que se hubiesen de respetar 
sos vidQs y sus bienes. Entró, pues, don Pedro de 
Castilla en Calatayud (29 de agosto, 136S); y cuando 
era de esperar que desde alli avanzara al corazón del 
reino, viósele con sorpresa regresar á Andalticia des< 
pues de dejar guarnecidas las villas y castillos que 
habia ganado, llevándose consigo á seis principales 
ricos-hombres aragoneses que había "sorprendido y 
hecho prisioneros en el lugar de Miedos. 

Al poco tiempo de su regreso á Sevilla, murió so 
hijo y de doña María de Padilla, don Alfonso, á quien 
llamaban ya el infante, y hatúa sido jurado heredero 
del reino (8 de octubre). Gran pesadumbre tuvo de 
ello el monarca, y mandó hacer luto general por sn 
muerte. Tal vez este suceso y el fallecimiento toda- 
vía reciente de doña Haría de Padilla hicieron al mo- 
narca pensar mas y mas en asegurar la suerte de 



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PARTB II. tlHHU III. . 355 

SOS tres bijas. Por lo meóos tat pareció ser el objeto 
principal del teslamento que al mes de la pérdida de 
sn hijo otorgó el rey doa Pedro en Sevilla (48 de do- 
viembre, 136S), iastituyendo herederas deltroao ea 
el órdeo de prímogeDÍtura á sus tres hijas doña Bea- 
iriz, doña Constanza y doña Isabel: sucesión y here- 
danaieoto qne se mostraba afanoso en añanzar, como 
si su conciencia presagiara las adversidades del 
porvenir, puesto que se le ve poco mas adelante ce- 
lebrar nnas cortes en Bnbíerca con el solo fin de ob- 
tener nuevo recoaoGÍmíento de aquella sucesión. 

La guerra de Aragón solo sufría interrupciones de 
algDDOS meses. Para emprender la nueva campaña 
quiso dos Pedro contar con la cooperación de amigos 
y aliados. At efecto, y recelando tener en la Francia 
una vengadora de la muerte de doña Blanca de Bor- 
hoa, negoció una liga ofensiva contra Francia y con- 
tra Aragón con el rey Eduardo III. de Inglaterra y 
con su hijo el principe da Gales. El de Navarra en 
virtud del tratado de Soria le envió su hermano el in- 
fante don Luis con algunos centenares de lanzas. 
Mohammed el de Granada le facilitó seiscientos gine- 
tes, y don Pedro de Portugal le acudió con trescien- 
tos caballeros y escuderos, gente buena y escogida. 
Ck)D esto y con las milicias de su reino se halló el de 
Castilla al frente de una hueste respetable. Los triun- 
fos de esta espedicion fueron mas rápidos y mas ím- 
portanles que los de las anteriores. Operando desde 



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S56 HISTORIA DR RSVAÜA. 

Calatayud, fueroa sucesivameate rindiéadose Tarazo* 
na, Borja y Magalloo al rey de Castilla, quearoenaza- 
ba ya á Zaragoza, Uoto que hubo de mandar el ara- 
gODés que todos los pueblos que do pudiesen defea- 
derse á quince leguas del radio de Zaragoza , Tuesea 
desmantelados y destruidos. Gracias al valor de los 
moradores de Daroca, hízoseesta villa el baluarte de 
todo AragoQ. Cariñena se riadió también á las armas 
castellanas. 

Quebrantadas las fuerzas del aragonés con la guer- 
ra de Cerdeña y conlas largas y graves discordias de 
su reiao, recurrió á la Francia, con quien hizo un tra- ' 
tado de alianza y amistad, y trabajando por coociliar 
las disensiones que habla entre Francia y Navarra pro- 
curó atraer á su partido al navarro, que de mala vo- 
luntad y solo por compromiso ayudaba al de Castilla. 
Mucha fuerza daban al aragooés el conde don Enrique 
de Traslamara y los refugiados castellanos. Y como á 
don Enrique te hubiera pasado ya por el pensamiento 
la ardua empresa de hacerse rey de Castilla (primera 
vez que la historia nos habla de esta idea del hermano 
bastardo de don Pedro], bízose un pacto secreto, pero 
que llegó á firmarse y sellarse, entre don Enrique j 
don Pedro IV. de Aragón, en que éaie prometía aya- 
dar al conde á conquifitar el reino de Castilla, i 
condición de que el de Traslamara le dejaría pa- 
ra incorporar en su reino la sesia parte de lo qae 
fuese ganando en los lugares que el rey esco- 



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rA&TB II. -LIBKO III. 257 

"giese '*'. Coa estoy coa saber qoe kidas tas fuerzas 
del rey de Aragón §e reaaiaa ea Zaragoza, don Pe- 
dro de Casulla torció rápidamente hacia Valencia; na- 
da resislia al intrépido castellaao: Teruel, Segorbe, 
. Almenara, Chiva, Buñol, Liria, Murviedro, malütud 
de otros lagares dieron entrada á los peadones caste- 
llanos, y el rey don Pedro fué á aposentarse en el pa- 
lacio de los reyes que estaba fuei-a de ios maros de 
Valencia. Allá acudieron don Pedro de Aragón, don 
Enrique, el infante don Fernando, todo el ejército 
aragonés, que corrió el llano de Nales, el paso de la 
Losa 7 la Vega de Bnrriana. El de Castilla se retiró á 
Murviedro. 

En tal estado, diseminadas las tropas dé Castilla 
ea las gnaroiciones de tantos pueblos conquistados, y 
con poca gana de pelear udos y otros, vino bien la 



(I) TeneotM en Dnestfú poJer ipersODatment ho por otro. E assi 

ucado por aueslra mano del Ar- ncomo aoa tob lomos tenido da- 

cfairo general de la Corona de Ara- ayudar á conquerir el dito regno, 

goo, m auldgraCb ó fac-Blinile de laaai toi siad» tenido i nos ayu- 

eale tratado, por la aiogularidad ndarcoctralodo hombre, éeocara 

du B«tar BKrito de msoo del rey bcod lo que airedes conquerido, é 

; del conde ea nn miarao papel y >aoer amigo de Dueatro* amigoa 6 

•□ letra diferente la parte correa- lenemiao de nuestroa eoemtsot. ^ 

pondiento i cada uno: dice yi: «EacriDladenueatramanoenHoD- 



il lagoer día de mano Tan- 
f o i 363;» (Hasta aqai de letra da 



■El Be; de Aragón.— frometemoa 
»d vos don Aoncb, conté de Tra»- 

>taiiMr8,qaeii9ayuibreiiM)aácoa- dbo Pedro, y luego prosisne de 

aanerif el regpo de Castiella bien letra del conde}, — tE yo efcunde 

M verdadera ment con condicio idbn F.arrique prometa d Toa dito 

>qae nos dedea é aiades tenido de eaeñor Rey que ci 



idon F.arrique prometa d 
»Beñor Rey que cum-"-' 
r en Tranco é libero aloucoa' «mieole todo lo que 
■rogaltas de rey la sejaena part >plir tegun dssiuM 
>de todo lo que couqiurredM eo «deto. Efácriptu de n 
■fli rmio de Caati^la eo aquella ndeMuso dito. Rm; i 
•partMperteaqueooaeitieiemoB abajo).— Toklcohdr, 



Toae vil. 17 



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2K8 II13T0B1A dbbsfaSa. 

meiliacioD del. nuncio apostólico para bacei-los avenir- 
se á oQ tratado de paz, qae ciertamente fué harto 
afrentosa para el de Aragón y que manifiesta la silua- 
cioQ angustiosa de aquel reino. Los principales artícu- 
los de la paz fueron: que Alicante, Elche y domas 
poblaciones de Murcia agregadas á Aragón en la me- 
noría de Fernando IV. quedarían para siempre incor- 
^ peradas á la corona castellana; que et rey de Castilla 
casaría con doña Juana, hija del de Aragón, trayendo 
ésta en dote las villas de Ariza, Calatayad, Tarazona, 
Magatlon y Borja; que el Ini^nte don Juan, primogé- 
nito del de Aragón, casaría con doña Beatriz, hija del 
monarca castellano y de la Padilla <^^ dándole áésta 
SQ padre por via de arras las villas de Murviedro, Se- 
gorbe, Jérica. Chiva y Teruel recién coaquistadas; 
que si el'rey de Castilla do cumplía esta concordia, 
el de Navarra quedaría obligado á ayudar contra él 
al aragonés, no obstante los pactos y alianzas que 
entre ellos había (junio, 1363). Desgraciadamente su- 
cedió asi, que don Pedro de Castilla, requerido en Ha- 
llen por el legado pacificador para que firmara el tra- 
tado de Murviedro, negóse á ello mientras el rey de 
Aragoa.ao matara al infante don Fernando y al bas- 
tardo don Enrique, según decía haberlo tratado secre- 
tamente con don Bernardo de Cabrera <*'. A tan ruda 

(4) Zurita dice, sin dudí equi- do pasA asi, las coses qae despaea 

vocn llameóte, do5a babel, que era eucediuron eulre el rey y r\ conde 

la última do las hermanas. de Trastamara, y 'la muerte del 

(i) Bjto dice Avala, i lo cual inraote, dieroD harta cauM para 

añade ol juicioso Zorita, quv ni «npechatlO'i Lib. n., cap. i7. 



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9áKHS II. LIBIO III. S&9 

coDlesUcion, que desbarataba todo lo acordado en 
Hurvíedro, debió contribuir la circUDStaDCia de qae 
baliáadose doa Pedro de Castilla en Malleo, le na- 
ció eo AlmazaD, de la due3a misma que había cria- 
do al iaraote don AlfoDSO, UD bijo varón quo se llamó 
Soncho, y -vínole al rey al pensamiento heredar en el 
reino á este bijo, casándose coa la madre, lo cual ha- 
cia ya inótil su matrimonio con la infanta aragonesa 
ofrecido eo el tratado. Tal era el rey don Pedro. 

Desavenencias y rivalidades ocurridas después en 
Aragón entre el conde don Enrique y el infante don 
Femando, y recelos que de este concibió su hermano 
el monarca aragonés, ayudaron grandemente al plan 
de don Pedro de Castilla, si es cierto que le tuvo, ó 
por lo meaosá sus deseos respecto del infante. Don Pe- 
droel Ceremonioso puso el sello á la persecución que 
en otros tiempos habia desplegado contra sus herma- 
nos loa bijos de la reina doña T^onor, quitando la vi- 
da al infante don Fernando por medios muy parecidos 
á los que solia emplear el rey de Castilla, esto es, con- 
vidándole á comer á su mesa, y haciéndole prender 
y asesinar por término y remate det banquete. tEpoca 
calamitosa y aciaga la de los reinados simultáneos de 
los tres Pedros de Castilla, Aragón y Portugal, todos 
empleandoel puñal contra los mas ilustres personages, 
siquiera fuesen de su propia sangre, que tuvieran la 
desgracia de esuilar sus celos, sus sospechas ó su eoo- 
-jol Por mas razones que espuso el monarca aragonés 



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260 nUTOftlA DB BSFAfÍA. 

para justificar esta macrte, ao pudo evitar que cau- 
sara en ei reino usa impresioD profunda de desapro- 
baciOD y de disgusto. Y mucho Decentaron el rey y 
el coode don Eorique para sosegar á don Tello yak» 
demás caballeros de Castilla qoo seguías la hueste del 
infante. 

La negativa de don Pedro (te Castilla á ratificar y 
complír la paz de Hurviedro produjo la deserción de 
Carlos el Malo de Navarra de las banderas castella- 
nas que solo por compromiso y como á remolque ha- 
bía seguido, y la alianza del navarro con el aragonés, 
conforme á ia áltima cláusnla del tratada. Los dos nue- 
vos aliados trataron tamlñen da desembarazarse de 
don Enrique alevosamente en unas vistas que con él 
concertaron en el castillo de Sos. Pero el de Trasta- 
mara comprendió el lazo que se le bahía armado, su- 
po burlarle, y como acaudillaba muchos castellanos y 
se leallegaban multitud defrancesesqae querían ven- 
gar la muerte de doña Blanca, logró prevalecer y so- 
breponerse á lodos los amaños, y aun obligó al rey 
de Aragón á darle las mayores seguridades. 

Henos reliz el ilustre don Bernardo de Cabrera, 
antiguo y el mas Intimo de los consejeros de don Pe- 
dro el Ceremonioso, á cuya poUtica, prudencia y sa- 
gacidad debió muchas veces la conservación del trono 
y del reino, el hombre por cnyo consejo se babia re- 
gido tantos años el timón del Estado, fué blanco de 
una conjuración que urdieron contra él la reina, el rey 



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PAKTB 11. LIBKO III. 261 

de NaTUrra y el conde don Earíqae, soponiéadole au- 
tor de todos los males que afUgiau el reiao, y de de- 
litos de lesa magostad. El rey, dando fácil oído á sus 
scQsaciones, le llamó para prenderla, y coadoaado á 
■uaerte fué degollado ea ta plaza del mercado de Za- 
ragoza. Asi acabó el gran privado de don Pedro IV. 
lie Aragón, que después se arrepintió de su ingrati- 
tud para coa el maé esclarecido y mas fiel de sus ser- 
vidorest declarando babiasido provocado é inducido 
á dio por vanas sospechas. Ejemplo que nos recuerda ' 
el soplicio ejecutado por el rey de Castilla en don Gu* 
Uerre Fernandez de Toledo, si bien el de- Aragón 
guardó los trámites de un proceso, y tuvo el mérito 
de reconocer un dia la propia injusticia '*'. 

Continuó los dos años siguientes (1364-1365) la 
guerra entre Casulla y Aragón. Los bechos mas nota- 
bles del prioiero (descargados de los incidentesdiarios 
y comunes en todas las guerras) fueron haberse apo- 
derado el rey de Castilla de Alicante y otras pobla- 
ciones 4el reino de Murcia, haber estado á punto de 
rendir la ciudad de Valencia, y por la parte de Cala- 
layud y Teruel haber recobrado á Castelfabib que fe 
babia alzado contra él. En el segundo fueron apresa- 

(() Tan BpMdambrada te >?o, añada, eo o«toi reino* da 

iMMtra el croobla aragonés al ibombre tan priocipal que mas 

referir eeta aaceso, qae recuerda iseñaladH loa hubiese bectio i su 

ood eatemotiTo uoproterbío vul- tpriDcipe, dí antea ni después, y 

orq» dicebabiaeDAragon, re- ■ que tan I ajusta mea le t cen taa 

«Cím á mprewr, que ere fuero amaloa ; perversos medios pade- 

del reüw dañe mal galardón por scieao en pago dello tal muerto 

bnooM MrTicios. «Porque no sé Anal, de Aragón, lib. IX., c. SI. 



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262 HISTOUA DB BSTASA. 

das cÍDCo galeras catalanas, coyas compañtas maodó 
malar don Pedro de Castilla eo Cartagena, sin qae 66- 
capara uno solo de la muerte, á escepcionde los re- 
meros que salvaron las suyas para ser empleados en 
las galeras castellanasen Sevilla, donde habia menes- 
ter de gente de este oficio. Oribuela cayó en poder 
del castellano, y Uurviedro se ríadió por capitulacioo 
al aragonés y al conde don Enrique, tomando partido 
ios mas de los defensores en favor del de Trastaroars. 
Eq este intermedio, diferentes veces habían estado el 
castellano ea Sevilla, el aragonés ea 'Barcelona, y 
volvian á encontrarse en los campos de Valencia y 
Murcia, donde empeñaban diarios combates. 



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CAPITULO XVII. 

CONCLDTB BL REINADO 

DE DON PEDRO DE CASTILLA, 
•• 1366 * 4369. 

Sutrada (h doa Enrique de Trastamara eo Castilla. — Quienes compo- 
Díao BU ejército: qué erao Itu corapañioM blimca$ de FroociB: quién 
era el terrible Bertrand Diiguejclin. — Aclaman ref á don Enrique 
en Calahorra. — Buye doo Pedro de Burgas á Sevilla: cssligos que 
ejecuta eo oila ciodad.— Cordoaso don Enrique en Burgos.— Reci* 
beale en Toledo.— Dod Pedro aale eipulsado de Sevilla: desaire qne 
)e hace et re; de Portugal: se refugia en Galicia: se embarca para 
Ka foaa.— Entra don Enrique en Sevilla: va i Galicia: vucIveáBur- 
go*.- Tratado de alianza en Bayona entre don Pedro de Castilla , el 
Príncipe Negro de Inglaterra y Cirios ei Hale da Navarra.— Quién 
•ra el Principe Negro, — Pacto de alianza en Soria entre don Enri- 
que ; Carlos el Malo. — Abominable conducta del rey de Navarra na 
estol tratos. — Entrada de don Pedro ccn el ejército auxiliar de Cas- 
ulla.— Célebre batalla de Néjera : derrota del ejéroito de don Enri- 
que, y fu^a de ísio á Francia.— Recobra don Pedro el reino de Cas- 
tilla.— Desavenencias entre el rey ; el principe de Gales.— Don 
Pedro en Toledo, eff Córdoba y en 3eTÍlla: castigas terribles.— Et 
principe Negro deja i Castilla ; se vuelve á sui eatadoi de Guiena.-:- 
Seguuda entrada de don Enrique en Castilla, protegido por el rey 
de Francia.— Situación en que se bailó e] reino. — Ataque de Córdo- 
ba por las tropas de don Pedro y del rey moro de Granada.— Cerco 
de Toledo por don Enrique. — Bdscanse los dos harmanoa.— ^^omba- 
ten en Hontiel.— Muerte da don Pedro de Castilla. 

Comenzó este largo drama á lomar vivo interés ea 
los primeros meses de 1366. Una hueste aterradora, 



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964 BISTOBIA DB ssriflA. 

qae parecía ser rudo iostrumeoto de ana iqísÍod pro- 
vidflQcinl, ÍQvadió la Castilla por la Trootera de Ara- 
gOD. GocDpoDÍan esta especie de legloo vengadora el 
coade don Eoriqae de Trastamara; sos hermanos doo 
Tello y doo Saacbo coo todos los casteltaoos que ba- 
bian militado bajo sus pendones en Aragón; ricos- 
hombres y caballeros aragoneses ansiosos -de tomar 
venganza del que taolas veces loa faabia inquietado en 
sus hogares; las grandes compañüu de Francia, mu- 
cbednmbre allegadiza de franceses, bretones, ingle^ 
ses y gascones, capitaneados por una parte de la no- 
bleza francesa, y principahuente por el terrible Bet- 
trand Doguesclio '", el hombre mas famoso de so 
época y el guerrero mas formidable de aquel tiempo, 
que parecían enviados á librar á Castilla del sacrifica- 
dorde una reina francesa Inocente y desventurada. 

¿Qué eran esas grandes compañías, y quién ese 
campeón Daguesdin, y cómo se hablan incorporado al 
hijo bastardo de Alfonso XI., pretendiente á ia corona 
castellana? 

Llamábase en Francia las grandes compañías & una 
turba numerosa de aventureros de diferentes paiaes, 
gente desalmada, acostumbrada á vivir del pillage en 
los 'Campamentos en tien^Kts de guerra y de revuel- 
tas, especie de guerrilleros, brigantes ó eondottieri, 
que mal hallados coa la paz que acababa de estable- 
cerse entre Francia é Inglaterra, infestaban el suelo 
(<) El que Ájala nombra Beltrio de ClaquÍD.J 



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PAKTB II. tlBRO III. 265 

fraocés y estaban siendo ana calamidad para aquel 
reino. Deseosos el naevo rey de Francia CfirlosV. y 
80 gobierno de libertar el pais de tan terrible azote, 
inlaotaron enviarlos á Hungría á combatir contra los 
tarcos, pero ellos dijeron que no qaenan ir á guer- 
rear tan lejos. Presentóse en esto et caballero Do- 
guesclin ofreciendo hacer á su patria este serviciOi 
que el rey y todos le agradecieron, racoltándoto para 
. acabar con las grandes compañías por la paz ó por la 
guerra, como mejor le pareciese: Fué, pnes, Dugues- 
clÍD acompañado de doscientos caballeros, á buscar 
las compañías, que en número de treinta mil hombres 
se bailaban en los campos de Chalóos, y en jun dis- 
curso lleno de ruda energía los escitó & que le síguiS' 
ran á España, con pretcsto de libertarla del yugo de 
los sarracenos. Kecibieron la proposición con entu- 
siasmo, y aclamaron por gefe al valeroso Bertrand 
Dngnesclin. La flor de la nobleza de Francia se alistó 
también en sus banderas. Prometióles pagarles desde 
ioego doscientos mil florines de oro, y qne no fallaría 
quien en el camino les diese otro tanto. Dirigióse el 
caballero Bertrand con sus compañías á Aviñoo, resi- 
dencia entonces del papa, que era con quien aquel 
contaba para el pago délos doscientos mil florines. 
Como aparecía que iban á guerrear contra íoGetes, 
alzó el pontífice una escomunion que había lanzado 
sobre las grandes compañías, mas como rehusase dar 
dinero, alborotáronse los soldados, el papa los ame- 



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266 HISTORIA DR SSPASa. 

nazó coQ retirarles la absolucioa, ellos se entregaroa 
á saquear la comarca y á iacendiar las poblaciones, 
y el gefé de 1^ iglesia se vio en la necesidad de des- 
escomulgarlos y de darles ademas cien mil florioes, 
con coya cantidad se pusieron en marcha para Cata- 
Inña y Aragón; que el objeto verdadero era hacer la 
guerra á don Pedro de Castilla. Resultado era este de 
Degóciacioaes practicadas por doo Pedre de Aragón 
y por el conde don Enrique para atraer á so servicioy 
aun á su sueldo las grandes compañias, halagando 
ademas á la nobleza de Francia, y mas á los que per- 
tenecían al linage de la flor de lis, como dice la cró- 
nica, coa la idea de tomar venganza de quien tan in- 
homanamento habia sacrificado á la reina doña Blanca 
de Borbon ">. 

Bertrand Duguesclin, oriundo de una de las mas 
ilustres familias de Bretaña^ era na caballero de una 
fuerza estraordinaria, que habia hecho del ejercicio de 
las armas su única ocupación; tanto, que menospre- 
ciando toda cultura intelectual, ni siquiera babia que- 
rido aprender á leer. Habia en su figara algo de de- 
forme. «Yo soy muy feo, solia decir él mismo, y nun- 
ca inspiraré interesé las damas, pero en cambio me 
haré temer siempre de mis enemigos.» Comenzó su 
carrera caballeresca en un solemne torneo, de una 

(1) Sobre las grande» eompO' CuTelier. Se IlamsbaD también la 

AliM pueden verse curiosas é in- genle blanca ó compañía* 6(an- 

teresanled Doticias en Froiasarl y cas por el color de sus armadarsa 

en el poema coatempotáneo de j bacinetes. 



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r&BTi u. LiBto III 267 

manera que le colocó desde aqueh primer ensayo en el 
. Damero de los |H-imeros campeones de la época. Su 
padre, que era »no de los corobatienles, le había pro- 
hibido entrar en la liza, pero é) supo inlroducirse en 
el palenque, y derribó doce caballeros de otras tan- 
tas lanzadas. Admirada la concurrencia de la fuerza y 
valor del brioso adalid, prornmptó en aplausos es- 
trepitosos. cuando alzando la visera descubrió su res- 
tro de diez y siete años. Sii padre le perdonó, le de- 
claró la gloria de su familia, y el joven vencedor fuÓ 
paseado en triunfo. Desde entonces su carrera fué 
una serie no interrumpida de empresas, haziiñas y 
proezas caballerescas, que eclipsaron las de todos los 
eampeones que le babiau precedido. No habia arma- 
dura lau fuerte que resistiera al golpe de, su lanza, y 
la maza que mancaba apenas la podía levantar otro 
hombre. Cuéntase qoo en el sitio de.Vannes con so- 
los veinte hombres arrojados, y de su elección y con- 
fianza, se defendió una noche entera de mas de dos 
mil ingleses. Su vida era una cadena de aventuras 
heroicas, y por su valor y su natural pericia militar 
llegó Á ser condestable de Francia <'>. 

Tal era el caudillo y tales las tropas auxiliares 
que acompañaban á Enrique de Trastamara cuando 
hizo su invasión en Castilla. La primera ciudad caste- 



(1) FroiBsart, tom. I.— Mr. Bi- 
llot ha compendiado eo una rege- 
üa biogrífica de Bertrand Dugues- 



D,g,t7cdb/GOOglC 



2CS UISTOBU DB BSTaSa. 

lana que dio entrada á los coofederadús Tué Calahor- 
ra. Allifué lambiea donde, por primera vez se pro- 
clamd rey al mayor de los hijos bastardos de Alfon- 
so XI. y de doña LdoDor de Guzmaa. uReal, Btal por 
el rey don Enrique,* gritaban en las calles de Calahor- 
ra (marzo, 4366). Y don Enrique comenzó á obrar 
como rey y á dispensar mercedes. De alti avanzó á 
Navarrete y á Brtviesca, venciendo la corta resisten- 
cia que e^la última villa podía oponerle. Hallábase 
don Pedro en Burgos; y él monarca belicoso, el hom- 
bre intrépido y el guerrero brioso y esforzado, pare- 
ció sobrecogido de una especie de asombro y estupor 
que le embargaba el ánimo. Presen tárensele alli el 
señor de Albret'') y otros caballeros emparentados 
con muchos capitanes de la espedidoa á proponerle 
que, si^queria, ellos barian que los de las compañías 
se vioiesen al servicio del rey ose tóroasea á sus tier- 
ras, siempre que el rey les quínese dar sueldo ó man" 
teniraiento, ó bien alguna cuantía de su tesoro. Nega- 
se á ello don Pedro, y los nobles franceses se retira- 
ron. Atónitos se quedaron un dia los de Burgos al . 
saber que su soberano, sin haberlo consultado con 
nadie, se disponía i abandonar la ciudad y encami- 
narse á Sevilla. Acudieron inmediatamente á su pala- 
cio á requerirle y suplicarle que no los desamparara 
ni dejare sin defensa una ciudad donde contaba tantos 
y tan buenos y leales servidores, dispuestos á sacri- 

(4> El mQot de Lebrel que diee Kjt\t. 



,,.GoogIc 



PAKTI II. UBKO IIÍ. S69 

Gcarse por su rey y señor. Y como viese at rey obs- 
tinado en realizar su niarcba, y le pregoDlasea qué 
podisD ellos hacer, y cómo podrían defeaderse ellos 
solos, «mándeos, les respondió, que fagades lo me- 
jor que pudiéredes.» EaloDces le rogaron como leales 
subditos, que para el caso en que no se pudiesen de- 
fender de la gente de -don Enrique les hiciese merced . 
de alzarles el juramento de homcaage y fidelidad que 
te tenían becho. A esto accedió el monarca, y de ello 
se lerantó escritura y testimonio signado por notarios 
públicos. 

Con esto," y después de dar mandamiento de muer- 
te contra Jaan Fernandez de Tovar, hermano de Fer- 
nán Sánchez el que habia entregado Calahorra á don 
Enrique, salió don Pedro fugitivo de Burgos, camino 
de Toledo. Aquel dia despachó sus órdenes á los ca- 
{Htanes de las fronteras de Aragón y de Valencia para 
que dejando las fortalezas allí ganadas y destruyéndo- 
las si podían, vinieran á incorporársele, y asi lo hici^ 
ron los mas. En Toledo dispuso lo conveoieote para 
la guarda y defensa de la cíadad, que encomendó al 
maestre de Santiago y á otros caballeros castellanos, 
y fuese para Sevilla. 

Entretanto los burgaleses, abandonados por don 
Pedro y relevados del juramento de fidelidad, creye- 
ron ya no faltar á ella enviando á decir á don Enrique 
qoe le acogerían y reconocerían como á rey y señor 
siempre qne jurara guardarles sus fueros y liber- 



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270 HISTORIA DB RSPaSa. 

tades. Gustoso vino eo ello eldo Trastainara, y luego 
que hizo su eairada en Burgos, hízose coronar solem- 
nemente eo el monasterio de las Huelgas como rey de 
Castilla y de León. Fueron tantos los caballeros y 
procuradores de las ciudades que allí concurrieron á 
prestarle bomeoage, que á los veinte y cinco dias de 
haberse coronado estaba ya bajo su obediencia y se- 
ñorío casi todo el reino, á escepcion de la parle de 
, Galicia en que se mantenía don Fernando de Castro' 
las villas de Astorga, Agreda, Soria, Logroño. San 
Sebastian y algunas otras <'^ El recaudador que tenia 
en aquella tierra le proporcionó buenas cuantías de 
dinero, y los judíos le acudieron con un millón de ma- 
ravedís. Mostróse don Elnrique generoso, y ano pró- 
digo con sus nuevos vasallos; á nadie negaba lo que 
le pedia; y entonces procedió al célebre repartimiento 
de mercedes entre los caballeros de su séquito, asi 
estrangeros como aragoneses y castellanos, de las 
cuales diremos solo las mas señaladas. A Bertrand 
Duguesclin le trasfirió so condado de Trastamara con 
el señorío de Molina; al inglés Hugh de Calverley <* 

(1) A esta faga de don Pedro ites del rey de Aragón no vacila- 
de Burgos y á asta aituacion del tria en combatir la Castilla, y ann 

reino podía npiicnr^e lo que de él '¡a I^spaüa entcrn: y para que se- 
cueula doD Pedru el Ceremonioao apajs por qué oa tengo i todos eo 
de Aragón oo eua Hsniorías. Dice • lo que sois, os dj'ré que con esle 
qui) escltondo eo uaa ocasión al >paa que uqui veis rae atreferi* 
rey de Castilla sus capitaoee A que •yo á alimeotar í lodos Ioü vasa- 
diera una baulia, lomó en la loa- «Uoa leales que lengo en Caslilla.» 
no un pan y lesdijg: tVosotros [2¡ El qua Avala nombra CaU' 
■ sois de parecer que yo dé la ba- reley, Zurita Catviley, Proi^att 
Btalla; pues bien, yo os digo, que Caucelée, Mezoray y Hariana Cau' 
>si tuviese por vasallos las gen- rotey. 



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PARTE II. LIBKO III. 371 

lo hizo conde de Carrioii; á su hermaoo don Tetlo le 
coDfirmó eo et señorío de Vizcaya y de Lara, y ademas 
le dio el de Castañeda; á doa Sancho su hermano, ü| 
señorio y condado de Alburquerque, con el de Ledes- 
ma; et de Niebla, á don Juan Alfonso de Guzman; y 
asi foé reparlieado lugares, villas y castillos entre los 
ricos-hombres y caballeros. Desde allí envió á buscar 
á dooa Jaana su muger, y á don Juan y á doña Leo- 
nor sus hijos, coa los cuales vino el arzobispo de Za- 
ragoza don Lope Fernandez de Luna. 

De Burgos partió don Enrique derechamente para 
Toledo. Eu el eamiuo se le presentaron á rendirle ho- 
menage muchos caballeros castellanos, siendo nota- 
ble que se contase eulre ellos al maestre de Calatra- 
va don Diego García de Padilla, el hermano de doña 
María, bajeza abominable de parte de un hombre á 
quien tantos vínculos ligaban con el rey don Pedro, 
y testimonio triste de cuan fácilmente vuelven los 
hombres la espalda á aquel á quien se la vuelve tam- - 
bien la fortuna. Habia entre los toledanos mnchos que 
deseaban y muchos que se oponían á la entrada' de 
don Enrique. Prevalecieron al fin los primeros, y et 
nuevo rey entró ea la ciudad y permaneció en ella 
quince dias pagando sus gentes. La Judería de Tole- 
do le sirvió con un cuento de maravedís como la de 
Burgos. Alli concurrieron á hacerle homenage los 
procuradores de Avila, de Segovia, de Talavera., de 
Madrid, de Cuenca, y de otras muchas villas y tuga- 



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872 HISTOKIA DI UPaHa. 

res de Castilla. El reden aclamado moDarca, dejando 
el regimiento de la ciudad al arzobispo don Gómez 
Manrique, prelado querido de todos, tomó con su 
hueste el camino de Andalucía. 

Sabedor don Pedro en Sevilla de la eolrada de 
su enemigo en Toledo, celebró con'sejo con los pocos 
privados que ie quedaban; deliberóse eoél pedir ayu- 
da al rey da Portugal su tio; y para mas interesarle 
le envió su hija mayor doña Beatriz, declarada here- 
dera del reino, y promeUda en casamiento al infante 
primogénito de Portugal don Fernando. Mas apenas 
dofia Beatriz había salido de Sevilla, llegáronte nue- 
vas á don Pedro de cómo don Enrique se encamina- 
ba ya para aquella ciudad. Entonces ya no pensó doa 
Pedro sino poner en salvo primeramente su tesoro 
y después su persona. Aquel le encomendó á so 
mismo tesorero Harttn YaSez para que en una galera 
le trasportase i Portugal, donde le habría de espervr 
hasta que él fuese. Seguidamente se preparó 6 salir 
él mismo de aquella ciudad que tanto tiempo habia' 
ffldo la mansión de sus delicias: mas caando él pensa- 
ba salir solo como fugitivo, tuvo que salir espnlsado. 
O bien porque se difundiese entre los sevillanos la voz 
de que don Pedro había llamado en su auxilio á tos 
. moros de Granada , ó bien porque los alentara la 
aproxímacioa d<! don Enrique, alborotóse el pueblo, 
los tumultuados se dirigieron á robar el alcázar, y don 
Pedro tuvo que embarcarse apresuradamente coa sos 



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puiTB II. uno III. 273 

dos hijas y ano3 pocos caballeros que le seguían. 
Desesperada se hizo entonces sa sitaacioo. El rey de 
Portugal le envió á decir que no era ya la voluntad 
desa hijo casarse con doña Qeatrlz. Esta ruda ínti- 
macioo ie obligó á variar de rumbo y diñgirse á Al- 
bnrquerqae; pero esta villa de Extrenaadnra le cerró 
sos puertas, y tuvo que pasar por la humillación de 
pedir seguro al de Portugal para transitar por sus 
tierras á fin de meterse en Galicia. Diósele el porta- 
gaés, mas do »q hacerte entregar en rescate la hija 
de don Enrique, doña Leonor, qae don Pedro llevaba 
presa y como en xebeaes. Desesperado llegó á Uon- 
lerrey, donde después de tres semanas de consejos, 
dedadas y de vacilaciones, sin saber qué partido to_ 
mar, optó por el de embarcarse en la Coruoa para 
Bayona, que era entonces de Inglaterra, y pedir am- 
paro y protección al príncipe de Gales. Pero no habia 
de salir de la península sin dejar una memoria san- 
grienta á los gallegos. La victima escogida fué el ar- 
zobispo de Santiago don Suero García. Habiendo ido 
el rey á aquella ciudad y celebrado alli su pequeiío 
consejo en que el venerable prelado contaba algu- 
nos enemigos, quedó decretada so muerte. A un lla- 
mamiento del rey acudió reverente el arzobispo: 
veinte hombres armados le esperaban á la entrada de 
la ciudad; los aceros de estos sacrilegos asesinos pu- 
sieron término i la vida del prelado á las puertas 
s de la iglesia, viéndolo el rey desde una tor- 
Tmio tu. 1S 



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S74 BUToiu DB ispaSa. 

re: á la muerte del arzobispo sucedió la del deán: el 
rey se aprppúS sus haberes. Pasó seguidameale á la 
Corana, tomó unas naves, ; dándose á la vela coq 
sus tres hijas, y llevando consigo treinta y seis mil 
d(d)las de oro y algoüas alhajas, y haciendo recalada 
en San Sebastian de Guipázcoa, -arribó á Bayooa, 
donde pensaba hallar al príncipe de Gales. Queda- 
ba manteniendo por él la Galicia daa ■ Fernando de 
Castro. 

Mientras esto pasaba , don Enrique era recibido 
con aclamaciones en Sevilla, y las ciudades de Anda- 
lucía se iban poniendo á su obediencia y merced. El 
tesoro del rey don Pedro que llevaba Uartin Yañez 
caia en poder del almirante Utcer Gil Bocanegra, que 
hacía CAu él un rico agasajo á su nuevo soberano, 
pues dicen consistía en treinta y seis quintales de oro 
con algunas alhajas. £1 rey Hofaammed de Granada 
le enviaba mensageros solicitando de él una tregua, y 
don Enrique los enviaba al de Portugal para asentar 
paces con él. Se averiguó dóode se hallaba el bir- 
baro ejecutor de la muerte de la reina doña Blanca. 
Juan P^ez de Rebolledo, vecino de Jerez, y buscado, 
aprehendido y llevado á Sevilla, «mandáronle enfw- 
car.» dice la crónica. Y como el conde de la Harca y 
el señor de Beaiyeu, de la sangre real de Francia y 
deudos de aquella desgranada princesa, bobieraD 
venido á Castilla movidos solo del a^n de vengar sa 
muerte, y como no se hallase ya don Pedro en Espa- 



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PMTB II. U*M Itl. 27S 

fia, volviéroú3e luego á sus tierras. Viendo doü Enri- 
que la e^ODtaoeidad cod que te aclamabaa y obe- 
deeiao los^meblos, y como por otra parte los merce> 
Daríos eslrangeros de ias compañías blancas hubieran 
cometido ea el país tas rapiiias, violeonias y desma- 
nes pr<^io8 de gente aviesa y desalmada como ellos 
eran, acordó Hcenoiar la mayor parte y enviarlos á 
sas pmses pagándolos espléndidamente. Qaedaron solo 
coa él Beitrand Dogoesclin coa sus bretones, y Hugo 
de Calverley con sus ingleses, entre todos sobre mH y 
quinientas tanzas. 

Restábale someter la Galicia, donde don Fernan- 
do dé Castro, coade de Gastrojeriz, maatenia obstina- 
dameite enarbrHada la bandera del rey don Pedro <". 
allá sé «DCamiDiS don Enriqoo despnes de cuatro me- 
ses de permanencia en Sevilla. £1 Castro se fortificó 
en la auaratlada ciudad de Logo. Dos meses te tuvo 
«Hi cercado don Enrique, at cabo de los cnales hubo 
de pactar con ét (So de octubre, 1366), qae si en el 
plazo de cinco meses no le socorría don Pedroi deja- 
ría é doD Eoriqae todas las fortalezas que en Galicia 
taaia; que entretanto ni uno ni otro hostilizarían á los 

f1] Era doD Feroaado de Cas- y sin embargo, llevaba ya liempo 

tro cuiíado de doo Enrique, cooio de ter aa mas Grme sosteoedar en 

marido de su única burDiaoR'. era los dias de 3u mayor inforlunio: 

«ÉMMa MriMM de aquella do- tantoi que habrá repudiado ásu 

Oa Juaas de Castro, c«n qoiea ei muger iloña Juana, hermaDa de 

mf dea Pedro n eatéeDCoe- dan Ennoiift, lacaat casó en laaC 

llar, y i qniea dejó burlada al ai- con dea Foiipo de Gaatro, rico- 

gúiétite me de laa bedai. Por t&D- hombrede Arana. Es Ineaplica- 

lo, parece que debiera ser et fa- ble taconducta de este persooaije. 
•tm tus reaenMo de don Pedro, 



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276 HISTOBU DI BSTaSa. 

que seguían sus respecüvas bauderast y que sí antes 
don Fernando reconocía á don Enrique, éste le con- 
firmarla eo su condado de Caslrojeriz. Hizo el Duevo 
rey de Castilla este pacto, y pasó por la neceádad de 
dejar la Galicia entregada á las discordias de los par- 
tidarios de los dos reyes, por noticias qoe tovo de que 
don Pedro había hecho alianza en Bayona con el prin- 
cipe de Gales y con el rey de Navarra, con cuyo au- 
xilio se aprestaba á invadir el reino. Esto le obligó á 
marchar aceleradamente á Burgos, donde ordenó con- 
vocar y celebrar cortes. En ellas hizo jurar heredero 
y sucesor del reino á su hijo primogénito dou Juan; le 
fué otorgado et servicio de la decena, ó sea el diezmo 
de todo lo que se comprase y vendiese, lo cual pro- 
dujo diez y nueve millones de maravedís aqoel año, 
dispensó allí don Enrique nuevas mercedes, y ofre- 
déronle lodos ayudarle y servirle en la guerra con- 
tra don Pedro y contra el príncipe de Gates que ya se 
aguardaba. 

Veamos ahora lo que en Bayona había acontecido 
al rey don Pedro, y lo que alli estaba preparando con 
el príncipe de Gales. Diremos antes quién era este 
persooage que tao gran papel va á hacer en los asun- 



Eduardo, príncipe de Gales, llamado el Principe 
Negro, por el color de su armadura, era hijo del rey 
Eduardo III. de Inglaterra. Habia capitaneado et ejér- 
cito inglés casi desde el principio de la guerra coa 



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rjkxn II. uno 111. 277 

Fraocia, y él íaé el que ganó la memorable batalla de 
Poitiers. en que fué hecho pri^oaero e! mooarca fran* 
cés Juao I. Tan compUdo caballero como guerrero 
brioso y capilao euleodído y esforzado, impetuoso 
con los fuertes basta veocerlos, generoso con los ven- 
cidos, y compasivo con los débiles y menesterosos, 
cumplidor de sus palabras, templado en el decir y de- 
licado en el obrar, modesto en sus pensamientos, mo- 
derado en sus pasiones y galante con los amigos y con 
las damas, era el Principe Negro el dechado de los 
caballeros de su siglo. 

Sí acogió tan benévola y cortesmente á don Pedro 
de Castilla y leofi-eció desde luego su patrocinio, fué no 
solo por su natural inclinación á dolerse del infortunio 
y á proteger á los desvalidos, sino porque lo creyó un 
deber como principe. Asi á los consejeros que le recor- 
daban los-crimeaes del rey destronado les respondía: 
«¿cómo he de ver yo fríamente á un bastardo lanzar 
del reino á un hermano suyo que poseia por legítimo 
derecho el trono? El consentirlo seria en detrimento 
de los tronos, y un ejemplo funesto para los reyes.» 
Prometió, pues, á don Pedro ayudarle con todo su 
poder, y acompañarle hasta reponerlo en la posesión 
de sos reíaos. Y enviando cartas y mensageros al rey 
de Inglaterra su padre, solicitando su consentimiento 
y beneplácito para que le ayudara con lodos lossuyos, 
ordenó éste á todos los condes y señores de Guiena y 
de Bretaña (donde dominaba entonces In Inglater- 



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378 HISTOUA -DI bspaJIa. 

ra) que esluTÍesen en esta demanda coa el príncipe de 
Gales y el duque de Laucaster sus bijoa. .Túvose, 
pues, ua parlamealo eo Bayona «itre el príncipe de 
Gales, don Pedro de Castilla y el rey Carlos el Malo 
de Navarra. Estipulóse allí que dou Pedro daria al 
Principe Negro la tierra de Vizcaya y la villa de Cas- 
trourdiales: al condestable de Gjiiena y famoso catH- 
tan Juan Chandos, rival del terrible Diiguesclin, la 
ciudad de Soria: el rey de Navarra se obligaba á de- 
jar libre á las tropas de los confederados el paso por 
3u territorio , y á combaür personalmente por don 
Pedro, el cual le darla en compensación de este ser- 
vicio las provincias de Guipúzcoa y Álava, Calahorra 
Alfaro, Nájera y todas las tierras que decia haber 
pertenecido antiguamente á Navarra <'> . Era de cargo 
' de don Pedro pagar las tropas aaxiliares del principe, 
á lo cual destinó todo su dinero y alhajas, obligándo- 
se á dejar en rehenes en Bayona sus tres bijas basta 
satisfacer todas sus deudas y los haberes que deven- 
garan el príncipe y sus gentes. El tratado se ratificó y 
fij'mó en Libourne, cerca de Burdeos, el 23 de se- 
tiembre de 1 366. El de Gales se dedicó desdo enton- 
ces á reclutar compañías en gran número. 

Noticioso don Enrique de estos preparativos, y de 
que la invasión amenazaba por Rooccsvailes , procuró 
aliarse con el rey de Navarra, eo cuya virtud Carlos 



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^Avn II. u»o III. S79 

d Halo y doa Enrique tuvieroa uuas vistas en Saata 
Cruz de Campezo á pt'eseacia de los dos arzobispos 
de Toledo y Santiago y de varios magnates de Casti- 
lla, en las cuales el navarro juró por la boátia sagra- 
da que DO daría paso por los paertosde Roncesva- 
lles al de Gales y á don Pedro, y que servirla con 
su persona y con todo su poder á don Enrique ea la 
batalla ó batallas que bubiese, y don Enrique te dio 
en remaaeracioQ la villa de Logro&o (enero, 1367). 
Cambiáronse en rebenes algunos castillos, y separá- 
ronse los dos monarcas oloc^ates. Don Carlos se fué 
para Pamplona, para Burgos don Enriqae, de donde 
luego partió á Haro á ordenar sos tropas y tenerlas 
dispuestas para el caso de la invasión. Desde allí s^ 
apartó de su servicio el inglés Hugo de Calverley con 
las cuatrocientas' lanzas de su compañía, no queriendo 
pelear contra un principe de Inglaterra: grao- vacio 
era este para las Glas de don Enrique, el cual sin em- 
bargo lo miró como un rasgo de lealtad á so nación . 
No tardó en saber don Enrique, y de ello quedó no 
poco sorprendido, que don Pedro y el Principe Negro 
babian pasado, los puertos de Roncesvalles sin haber- 
les poesto embarazo alguno el de Navarra. Fué cier- 
tamente singular, y tan abominable que parece ape- 
nas crable, la conducta de Carlos el Malo. No conten- 
to coa el sacrilego de baber jurado á don Enrique 
eo Santa Cruz lo contrarío de lo que babia jurado á 
doD Pedro en Bayona, traficando inicuamente con la 



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S80 HISTOBIA DE ESPaIa. 

íé del jurameato, recurrió para eludir sus compromi- 
sos á otro espedieate todavía, si cabe en lo posible, 
mas innoble. Para no bailarse con su cuerpo eo la ba- 
talla, como era obligado, trató con el caballero Otí- 
vier de Uanny, primo de Bertrand Daguesclin, el cnal 
tenia el castillo de Borja, que él andaría á caza por 
las cercanías del castillo, y qae el dicho Olivier 
saldría á él y le prendería, y le tendría preso hasta 
que hnbiera pasado la batalla, en premio de cayoser- 
TÍcio le daría un castillo y una renta de algunos miles 
de Trancos. Asi se verificó, y Cáríos el Malo de Na- 
varra coronó con un acto de insigne cobardía la do- 
ble perfidia de tos tratados. 

Amenazaba una gran batalla, en que al propio 
tiempo que dos hermanos, ambos reyes de CasUlta, 
se iban á disputar á muerte una corona y ud reino, 
se realizaba un gran duelo entre ta Francia y la In- 
glaterra, representada aquella por Bertrand Dogoes- 
clin, ésta por el Príncipe Negro. Avanzaba el ejército 
invasor; hizo algunos movimientos don Enriqne; hu- 
bo parciales reencuentros entre las avanzadas de am- 
bas huestes, y por último, tomó posición don Enríqne 
cerca de Nájera, mediando el pequeño rio Najeri- 
11a entre su campo y el camino que necesariamente 
había de traer el enemigo. Componíase la hueste de 
don Enrique de los estrangeros que capitaneaba Ber- 
trand Duguesclin, y en que se contaba el mariscal con- 
de Audenham , el Bégue de Villaincs y oíros qo- 



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FAITE U. Lino III. 281 

Hes é ¡lastres Franceses ; de aragoneses, noandados 
por don Alfonso, hijo del infante don Pedro de Ara- 
gón, conde de Denia ; de Rivagorza, á quien don 
Enríqne babia hecho marqués de Vitlena; j de («ste- 
Ilaoos, entre los cuales iban los dos hermanos del 
rey. don Tello y don Sancho, so sobrino don Pedro, 
bijo natural de don Fadriqne, los maestres de las ór- 
denes, don Juan Alfonso de Gozman, y otros ricos- 
hombres y caballeros de Castilla. Puestos ya á la vis- 
ta ambos ejércitos, presentóse en el campo de don 
Enrique nn heraldo del principe de Gales con una 
carta de éste fechada en Navarrete el I." de abril, en 
qoe tratando á don Enrique solo de conde de Trasta- 
mará le esponia las cansas de aquella guerra y de 
haber tomado la protección de don Pedro, añadiendo 
que si quería evitar la batalla se ofrecía á ser media- 
dor entre él y su hermano. Acogió don Enrique mny 
poUUca y cortesmente al heraldo, leyó la caria y 
contestó al de Gales con mncha energía y dignidad 
titulándose rey de Castilla y de León W. El rey 
Carlos V. de Francia, el monarca mas político de 
sn tiempo , aconsejaba por cartas á don Enrique 
qoe DO diera la batalla, porque el príncipe de Gales 
llevaba consigo los mejores caballeros de la cristian- 



(0 Rjinery AyaU IneoMtu Enrique en Ih dMCróoicaa d« 

oos oírlas, qos do cópiaiDoa, A;ala, la Abreviada j la Volgnr, 

porqoeii tíen cbUd conlestes «d j do es Qcil deciiJit cuál sea la 

el bmdo, hay algaDat variantoi mas auléolics 
neaeitle* respecto h U de doo 



D,g,t7cdb/GOOgIC ~ 



S83 HisToiUA ra bspaAa. 

dad y del muodo, y opioaba porque se les fuese 
eotreteoiendo hasta qoe se les pasara el primer eo- 
tusiasmo y les faltaran Tos vfvei;e!t y las pagas. Del 
mismo dictamen era Dugaesclin. Pero mudios nobles 
castellanos deseaban el combate, y aunque don Enri- 
que conocia que iba á jugar la corona y la vida á la 
suerte de una sola batalla, comprendió también todo 
el mal efecto que baria en los castellanos una mues- 
tra de timidez y de cobardía de parte de quien acaba- 
ba de ser proclamado por ellos, y quedó determinado 
dar ta batalla. 

Queriendo don Enrique dar un testimonio público 
de su valor, renunció á la ventajosa posición que ocu- 
paba, y pasando el río Najeriila se presentó arro*- 
gantemente en é llano de Aleson, entre Navarrete y 
Azofra. Al verle el Príncipe Negro salir tan briosa- 
mente á la llanura y plantar sos banderas delante de 
su campo, ti\pór San Jorge, esctamó, que es un t>ale> 
nuo caballero este bastardóla 

Todo aquel dia (2 de abril, 1367) le emplearon 
unos y otros en ordenar sus tropas para el combate- 
Cada cual dividió su hueste en tres cuerpos. El de Ga 
les encomendó la vanguardia á su hermano el duque 
de Lancaster, que tenia un vivo interés eu la restau- 
ración de don Pedro, como quien esperaba casarse 
con su hija doña Constanza: acompañábale el bravo 
capitán y atrevido aventurero Juan Chandes: onanda- 
ban el centro el príncipe de Gales y el rey don P&- 



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FAK-n II. LIBIO III. 283 

dro: cúoducian la relaguartlia don laime, que se ti- 
'tulaba rey de Mallorca ">, los condes de Armañac y 
de Perigord, y los señores de Albret y de ComiDges. 
Capitaneaba la vanguardia de don Enrique el intré- 
pido Bertrand DugaescÜn: el cnerpo del ejército tos 
bermanos del rey, don Tello y don Sancho; guiaba la 
retaguardia el mismo don Enrique, que acompañado 
de sus caballeros y montado sa un cabüllo tordo re- 
corría las Glas recordando á los suyos las crueldades 
de doD Pedro yalenláudolos á que supiesen manteoer 
en su cabeza la corona qne ellos mismos te babtan 
dado. Distinguíanse los capitanes de don Pedro y del 
príncipe inglés por tos escudos y sobrevestas blancas 
con la cruz roja de San Jorge, los de don Enrique 
por las bandas doradas qne les cruzaban del bombro 
al costado. 

La batalla se díó el 13 de abril, y fué una de las 
mas memorables del siglo XIV. El principe Negro 
-lomó la mano á don Pedro, á' quien acababa de ar- 
mar caballero y le dijo: uSeñor rey, hoy sabréis si no 
90M nadaósois rey de CasliUa.> Y en seguida gritó 
con Toz Brme: n\Avancen mis banderas en nombre 
de Dios y de San JorgeU Los de Duguesclin y del 
duque de Lancaster chocaron tan reciamente, que ro- 
tas las lanzas pelearon cuerpo á cuerpo con hachas. 



Í4} Becaérdew loq^ua de esle B«ÍDadode don Pedro el Ccremo- 
RDte de Híllorc* doiamoa con- oion. 
tado m la Hittoria de ArigoD. 



,,.GoogIc 



S84 BisTOiii DI isr&lli. 

dagas y espadas, los unos al grito /(rutena. San 
Jorgel los otros al de ¡Castilla, Safüiagot Don Tello, 
que mandaba el ala izquierda, fuese aturdimiento ó 
cobardía, fué el primero que se dio á la buida com- 
prometiendo la suerte de la batalla y del ejército, 
aunque para honra de Castilla su ejemplo no fué se- 
guido por oinguD otro. Pero su fuga y la captura de 
su hermano don Sancho bastaron para decidir la pe- 
tea en contra de don Enrique, que en vano espuso 
muchas veces su vida por detener áloa fugitivos y 
alentar á los combatientes. Vimdo la inutilidad de 
sus esfuerzos y la superioridad que habia tomado el 
enemigo, para no caer prisionero como su hermano 
don Sancho huyó á uña de caballo á Nájera. Victorio- 
so ya el Príncipe Negro, preguntó á los suyos si don 
Enrique era muerto ó prisionero: «nt muerto, m pri- 
sionero,» le contestaron: «pues entonces, replicó el de 
Gales, no hemot hecho nada.í» 

Sin embargo, el triuufo de los ingleses habia sido 
completo. Entre los muertos de la hueste de don En- 
rique se contaban Garcilaso de la Vega, Suero Pérez 
de Quiñones con otros caballeros, y hasta cuatrocien- 
tos hombres de. armas: eatre los prisioneros lo eran 
el conde don Sancho hermano del rey, el terrible 
Bertrand Duguesclin, el mariscal de Audenhan, el 
Bégue de Villaines, don Alfonso marqués de Vitlena, 
los maestrea de Calatrava y de Santiago, el obispo de 
Badajoz, y muehos otros caballeros de Aragón, de 



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PA&TB11. LIBKOItl. 28^ 

LeoD y de Castilla, siendo de este oámero e) ilustre 
doQ Pedro López de Ayala, autor de la Crónica, qne 
por primera vez aparece siguiendo las banderas del 
bastardo. Notable contraste formaban las diferentes 
maneras qne el principe de Gales y don Pedro tenían 
de juzgar los pridoneros; el inglés los sometía á juicio 
de doce caballeros, después de oír sus descargos, co- 
mo lo hizo con el mariscal de Andenhan; el castellano 
mataba por sf ó condenaba á muerte á quien le pare- 
cía, como lo ejecutó con don Iñigo López de Orozco, 
con Gómez Carrillo y otros varios. Terminada la ba- 
talla, marchó el ejército vencedor á Burgos. 

El fugiüvo doQ Enrique, apurado en Nájera, tuvo 
que tomar un caballo que le ofreció un escudero su- 
yo, puesto que el que él montaba no se podía ya mo- 
ver, y cabalgó todo lo mas aceleradamente que pudo 
camino de Aragón; vendó de paso á una cuadrilla 
que le salió al encuentro con intento de matarle, y 
habiendo bailado cerca de Calatayud á don Pedro de 
Luna, qne despnes fué papa Benedicto, éste le guió 
hasta salir de Aragón y ponerle en tierras del conde 
de Foix, que le recibió benévolamente y le equipó 
de todo lo necesario para seguir su marcha, que él 
coDtinuó por Tolosa hasta cerca de Avino n. El duque 
de Adjou, hermano del rey de Francia, que goberna- 
ba aquella tierra, le dispensó la mayor protección de 
acuerdo con el papa Urbano V. que estimaba mucho 
ádoo Enrtqne. Habíase refugiado ya su hermano don 



- n,g,t7cdb/G00gIc 



286 HISTOBU DE BSPAÜA. 

Tello á Aragou; y los arzobispos de Toledo y Zarago- 
za qae habiao qaedado en Burgos con la esposa y los 
hijos de dea Eorique, luego que sapieroa eX éxito de 
sastroso de la batalla de Nájera, retiráronse lambien 
coQ la real familia junio con la ioEanta doña Leonor 
de Aragón á Zaragoza, paswdo en el camino do po- 
cos trabajos, sobresaltos y temores. El rey de Navar* 
ra, fiogidamente preso en Borja hasta que se diera la 
batalla, después que esta pasó, retribuyó á Oliriersu 
servicio prendiéndole á él de veras, y orándole el 
castillo y las üerras que le había ofrecido. El nego- 
cio tuvo un remate digno de su principio. 

Eran caracteres diametralmente opuestos los del 
Principe Negro y de don Pedro de Castilla, y no po- 
dían estar mucho tiempo avenidos, como asi «ooote- 
ció. £1 príncipe balña hecho jurar á don Pedro que do 
malaria niDgun hombre de cuenta mieutras estuvie' 
se á su lado, y don Pedro comenzó por matar algu- 
nos caballeros de Castilla rendidos ¿ los ingleses en 
la batalla. Don Pedro preteodió que se le hiciese eu- 
Irega de todos los prisioneros castellaDos, poniésdo- 
les uD [H-ecio que se oUigaba á pagar, y el príatípe 
le coatesló que no se los libraría por todo el oro del 
mundo. De un lado estaban la caballeroeidad y la io- 
dutgeacia, del otro los iastintos de crueldad, que do 
había perdido ai con la emigraron ni con el triunfo. 
Pesábale ya al principe inglés haberse hecbo el pa- 
drino de quien abrigaba sealímientos ian (gestos 



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PÁETB U. LIBBO III. 287 

i los sayos, y de buena gana sie hubiera vuelto á su 
tierra, si no le detuviera el estado de sus tropas , que 
DO babiao recibido estipendio alguno desde su entra- 
da CD Castilla. De buena gana también le hubiera 
visto marchar don Pedro si hubiera podido pasarse 
sin él , pues si se hatáa de conservar la vida á tos 
mismos que antes le hahian perdido, valía tanto, de- 
cia él, como no recobrar el reino, ó como privarle de 
los medios de conservarle; que no entendía don Pe- 
dro qne se pudiese conservar sino destruyendo. Con 
estas dispoúciones so es maravilla que cuando los 
dos aliados se aposentaron en Burgos se movieran 
ealre ellos y tomaran mas grave aspecto las disensio- 
nes. Reclamaba el Principe Negro los sueldos atrasa- 
dos de sus tropas, recordándole las promesas juradas 
de Bayona, y pedia seguridad para las pagas futuras. 
Eotre las contestaciones de d(« Pedro hubo una que 
desazoad en gran manera al prinrape de Gales, cual 
filé la de qoe el príncipe y sijs capitanes y compañías 
debian darse por bien pagados basta d dia con las jo- 
yas que habían recibido en Bayona por la mitad de su 
juslo valor, á lo cual replicó indignado el de Gales, 
que sobre ser tal respuesta contraría á las estipulacio- 
nes, nadie BÍooél(don Pedro) había puesto precio ¿ 
las alhaijas, y que mejor recado y menester les hubie- 
ra hecho tomar metálico y moneda llana con que po- 
der comprar armas y caballos y demás cosas necesa- 
rias para la gaerra ó para la vida , qne piedras y jo- 



nigiUrrlb/GOOglC 



288 USTOUA DI bspaKa. 

yas de que alguoos do habían podido aprovecharse 
todavía. Has después de machos debates y contesla- 
cioaes, y ajoatadas cuentas de lo devengado, don Pe- 
dro, que en lo de ofrecer no era corlo, firmó nuevas 
escrituras, y volvió á jurar por los Sanios Evangelios 
que satisfaría lo vencido en plazos de cnatro mese& 
y un año, y que no habría retraso en el pago de las 
soldadas sucesivas <*^ 

Recordó igualmeole el príncipe Eduardo á don 
Pedro su compromiso de daríe el señorío de Vizcaya 
y Castrojeríz, asi como la ciudad de Soria al condes- 
table luauChaudos. Contestaba á eslo el casletlano 
que era cierto' cuanto el inglés esponta, y justo lo que 
reclamaba; y juraba sobfe el altar mayor de la cate- 
dral de Burgos cumplir lo pactado, y daba cartas al 
principe y al condestable para que tomaran posesión, 
de Vizcaya el uno, de Soria el otro ; pero al proiHo 
tiempo tomaba medidas para que le saliese tan cara i 
luán Cbandos la posesión de Soria que le tuviese me- 
jor cuenta reaunciarla, y despachaba cartas á losviz- 
caíaos significando su voluntad de que no eniregasen 
al príncipe el señorío de sus tierras (ma yo , 1 367). 
Disidentes andaban en otros tratos, y muy desconfia- 
do y receloso se mostraba ya el de Gates de la úMez 
y arteria de su protegido, cuando un día se presentó 
don Pedro eo el alojamiento del principe, que era el 



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FAITBII. uno III. x89 

mouasterío de las Huelgas, á decirle que había envia- 
do ya parlas y hombres á los pueblos reclaniaado con 
premura los tributos y servicios para la primera pa> 
ga O, y que á fia de dar mas actividad é impulso á 
la recaudacioD había resuelto salir de Burgos y recor- 
rer personalmeate el reino. Agradecióselo el de Ga- 
les, ansioso de cobrar las pagas de sus compañías, y 
ea su coDsecueDcta don Pedro se eacamioó á Toledo, 
y el principe Negro derramó y escalonó sus compañías 
por las tierras de Burgos, Paleocia y Valladolid, las 
cuales se entregaron al merodeo, como tropas que te- 
nían que vivir sobre el paisk 

Aflige tener que seguir eo su marcha destructora 
al conquistador de su propio reipo. Don Pedro no 
se habia humanizado. Cuando entró en Toledo, ya ha- 
tuan muerto Ruy Pooce Palomeqne y Fernán Martí- 
nez del Cardenal por partidarios de don Enrique. 
Conmovióse y se alteró la ciudad al saber que aun 
exigía algunos rehenes, pero concluyeron por dárse- 
los, y con ellos lomó el camino de Sevilla. A los do? 
días de su entrada en Córdoba, una noche ¿ deshora 
recorrió la ciudad con una compañía armada, TÍsitao- 
do las casas de los que le designaron como los prime- 
ros en haber salido á recibir á don Enrique. El re- 
saltado de esta visita domiciliaria nocturna y miste- 
riosa fueron diez y seis víctimas. Dejó por gobernador 

. (4) Caicaleü en lu Qiitorii de .tu, píg. H9. 
Murcia Irse algún» de eitai car- 

TOMO vil. I» 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



S90 HISTOBU DB mrAÍÍA. 

de la ciadad á Uartin López de Córdoba, Dombrado 
náaeslre de Calatrava desde la defeccioD de Diego 
García de Padilla, y prosiguió su espedicion. Preee- 
diéroole órdeaes de muerle eo Sevilla, como le b- 
bian precedido en Toledo, y sa estancia en aqaella 
ciudad DO señaló la saspension, sino la conüDuacioD 
de las suplicios. Dod JuaD Pooce deLeoo, doo Alfon- 
so Feroandez, la madre de doo Juao Alfoaso de Gdz- 
man, el almiraole Gil BocaDegra que había cogido á 
HarLia YaBez el tesoro del rey, y Martia YaSez qoe 
DO podo impedir que le fuese cogido, todos cayeron 
igualmente bajo la cuchilla oiveladOTa deun rey.síao 
iwtieiero, por lo meaos iodudablemeDleajiultctador. 
Todavía desde alli ordenó al maestre de CalalraTi 
Martín López otras ejecaciones de cordobeses; pero 
BlartÍD López convidó á comer á los mismos cuyasca- 
bezas le mandaba el rey cortar, y les confió en se- 
creto la orden que tenia. Con menos que esto bastaba 
para incurrir ea las iras del rey, el cual hizo prender 
al mismo Martin López, y hubiérale aplicado la pena 
que él no babia querido ejecutar en sus paisanos y 
amigos, si DO se hubiera interpuesto el rey MohamiDcd 
de Granada, que estimaba en mucho al don Martia; 
que tal era el caso, que los miamos reyes moros tenían 
que ponerse por medio para atajar la sangre que en su 
propio reino derramaba na rey cristiano de Castilla. 
No era por lo tanto inverosímil la voz ■ esparcida 
por el maestre don Martin López en Córdoba, de que 



D,g,t7cdb/GOOglC - 



PABTB II. LIBSO UI. S91 

ei Principe Negro, con deseo de que do acabara de 
perderse el reino casíeUaiio bajo las tiraofas y las 
crueldades de su rey-, tenia proyectado un plan, que 
consistía en hacer que don Pedro casara con alguna 
noble señora de quren pudiera tener legítimos here- 
deros, en dividir la monarquía en cuatro grandes 
distritos ó departamentos, á saber. Ca<tlilla, Galicia 
con León, Estremadura con Toledo y Andalucía con 
et reino de Murcia, i cargo de las personas que ya se 
designaban, lomando el mismo príncipe de Gales la 
gebernacipa general del reino. Mas si tal pensamiento 
tuvo, por lo menos no dio muestras de intentar reali- 
zarle, ni tampoco hubiera sido de fácil ejecución. An- 
tes bien, como viese que iba trascurriendo el plazo 
de los cuatro meses sin que ni á él ni al condestable 
JüBD Chandes se los hubiera puesto en posesión de 
Vizcaya y de Soria, que si los 'paeblos aprontaban 
sos tributos, no por eso se pagaba el estipendio á sus 
tropas, y que éstas cometían los desmanes y los es- 
Iragos, y sufrían las miserias consiguientes á so situa- 
cÑm, determinó abandonar la Castilla, y recogiendo 
sascompañlas, menguadas en Jos terceras parlest in- 
fectadas de epidemia, y enfermo él mismo <", salió de 
España detestando y maldiciendo la doblez y falsía 
del hombre á quien acababa de reconquistaran reino, 
arrepentido defiu obra y compadeciendo á la pobre 

(O Aldeeir de los historiada- Priocipe Negro dujaron bus huotoi 
rosÍDglesMiai cuatro quiataa par- ea Espaaa. 
tes da lo* que Tioieroa con el 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



S9S BUT4M1A DB UPA^Á. 

monarqofa caslellBoa precisada á escoger entre ua 
déspota legitimo y na usorpador bastardo. 

Veamos lo que eatretaoto ba;bia acoalecido á don 
&)ríqtie. 

Dejárnosle en Laognedoc benévola y amistosa- 
mente recibido por el duqae de Anjou, hermaao del 
rey Carlos V. de Francia. Allá babiao ido á incorpo- 
rársete su esposa y^as hijos, descootentos de la tibia 
acogida que habian hallado en el rey de Aragón; que 
andaba ya en tratos el rey Ceremonioso con el prínci- 
pe de Gales. Et rey de Francia no solo aprobó la con- 
ducta galante y generosa de su hijo con el rerngiado 
castellano, sino que le hizo merced del condado de 
Cessenon, qoe ya don Enrique habia tenido darante 
su permanencia en Francia 1362* y mandó que ae 
le diesen cincuenta mil Trancos de oro, á los cuales 
añadió el duque de Aujou por su parle otros ctocuen- 
la mil. Don Enrique vendió el condado (junio, 1 367) 
en veinte y siete mil francos de oro *', y dedicó to- 
das estas sumas ácomprar ameses y otroe pertredtos 
de guerra. Llegábanle cada dia nuevas de lo mal ave- 
nidos qoe andaban don Pedro de Castilla y el principe 
de Gales, é fbansete reuniaido machos caballeros y 
escuderos castellanos que emigraban, ó por desafec- 
tos á don Pedro, ó huyendo de que los alcanzara la 
violencia de su cólera. Supo también que muchos de 

{i) Hát. do UDgnedoc, lib. IV. 



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PAtTR u. Lino lU. S93 

kts prisioaeros de Nájera andaban ya libres, y se pre- 
paraban á hacer guerra á don Pedro desde sus cas- 
tillos. La retirada del de Gales de Castilla fué lo que 
mas te alentó en sus planes de reconquista, y la li- 
bertad que el Prlaoipe Negrodió caballerosamente á 
so ilostre priúcuero Bertrand Duguesdin , te daba la 
esperanza de volver á eontar un dia con uno de sus 
mas decididos auxiliares y el mas esforzado de sus 
aoügaoe campeones. Las tropelías y crueldades de don 
Pedro en Toledo, Córdoba y Sevilla apuraban la pa- 
ciencia de los súl}dÍtoSt qae- sabiendo ya lo que era 
destronar un rey atreviéronse muchos á alzarse en re- 
belión abierta, especialmente desde los castillos de 
Atienza. Gormaz, Peñañet, Aylloa y otros de lasiler- . 
ras de Patencia, Avila, Segovia y Valladolid: decía- 
róee por don Eoriqoe toda Vizcaya, y aun Guipúzcoa, 
á escepcion de Guetaria y San Sebastian. 

Con estas noticias tan lisonjeras para él, movió- 
se ya de Languedoc el prófug'> bastardo- eon algunos 
centenares de lanzas y con ánimo deliberado de pe- 
netrar en Castilla. Vióse en Aguas-muertas con el 
duqne en Anjou y con el cardenal Gnido de Bolonia, 
y habiendo alli consejo pactáronse avenencias y se-fir- 
oaaron con juramentos, y diéronle auxilios á don En- 
rique, porque interesaba á la Francia, que esperaba 
Dn nuevo rompimiento con Inglaterra, contar con el 
mayor número de aliados que pudiese. Allegáronse 
¿ las compañías de don Enrique varios ooblea y cS/- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



294 iiinouA DB urifiA. 

balleros fraoceses, entre ellos don BerDardo de-Bear- 
oe, que foé después conde de Uedioaceli en Castitla. 
Quiso negarte et de Aragón el paso por su retoo, en 
virtud del concierto que ya babia hecbo con el prte- 
clpe de Gales; pero favorecían á doo Enrique muchos 
nobles aragoneses, yeatro ellos el iafanle don Pedro, 
tío del rey, que le franqueó el paso por su condado 
de Rivagorza. Siguió avaozaodo, aunque no sin Ira- 
bajo, por BeDaverre, Estadílta, Barbastro y Huesca, 
penetró en Navarra, y contiauando su camino para 
Castilla, hizo su entrada en Calahorra (setiem- 
bre , 1 367) , donde fué recibido con el mismo eolu* 
siasmo que cuando le aclamaroa rey la vez primera. 

Cuenta la crónica que cuando doo Earique se vi6 
en los campos contiguos al Ebro preguntó si estaban 
ya ea los térmluos de Castilla, y contestándole qne 
sí, se apeó del caballo, hincó la rodilla en tierra, hi- 
zo una cruz con su espada en el arenal que estaba 
cerca del río, y después de besarla dijo: <Yo lo juro 
■á esta sigaificauza de cruz, que nunca en mi vida, 
xpor menester que haya, salga del regoode Castilla, 
aé antes espere en ella la muerte ó ia veatara que 
«me viniese.* Con este juramento aseguraba á los su- 
yos que antes perecería en la demanda que dejarlos 
abandonados y espuestos á la colérica saña de su ad- 
versario. 

üniéronsele en Calahorra, hasta seiscientas lanzas 
de los nismoB que en Nájera habúan peleada ya por él. 



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PAKTB ti. LIBBO I». fi9& 

Logroño se maatenia por don Pedro, y ao quiso ea- 
Iregársele; Burgos, acostumbrada i ver entrar y ulir ' 
reyes, le abrió sus puertas y le recíbieroaen proceñoo 
el clero y el pueblo; pero resistiéroose la judería y el 
castillo, y tuvo que emplear ¡Dgeaiosy máqniaaspara 
conubaiirlos y hacer mioas y cavas; ríodiósele prime- 
ramente la judería, y compraroa los sectarios de la 
ley de Moisés el seguro de sus vidas cod ud coeoto 
de maravedis. El goberuador del castillo capituló 
tarntúea coo doa Earique; hallábase eo él et aventu- 
rux>doo Jaime de Mallorca, que se titujaba rey de 
Ñapóles, como casado coa la célebre reina doña Jua- 
na, la cual le rescató del poder de don Enrique por 
precio de ochenta mil doblas de oro '*'. finloaces oI>- 
tavo su libertad el aragonés don Felipe de Castro, 
cuñado de don Enrique, que desde la derrota de Ná- 
jera se hallaba preso en aquella fortaleza. Súpose' ya 
en Bargos que Córdoba habia alzado pendones por 
don Enrique: toda la Vieja Castilla, y aan la comarca 
de Toledo llevaban ya su voz, y eoesta confianza fue* 
ron enviados la reina y el infante á Guadalajara y & 
Illescas acompañados de los prelados de Falencia y 
Toledo. Don Enrique se encaminó á Valladolld: la vi- 
lla de Dueñas, que está en el camino, se sostenia por 
so hermano, defendida por el adelantado mayor de 



(1) Brte primipe aTentorero, en Soria, legaa ea la historia d* 
úHoDo viiUgo Tiroa de los njet Aragón dejamot ja coñudo^ 
da HaJIoraa, mmi á poco üompo 



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896 nsTOUA ob atA$A. 

Castilla: coatóle un mes de cerco, pero al fio la nndió 
al termioar el año 1367 <". 

A mediados de enero de 1 368 pasó don Eoriqae á 
cercar á.Leon, cuyos defeosores se dieron á partido, 
porqoe ca« todas las montañas de Asturias y León es- 
taban ya por él. Volvi<i Itiego por Tordetiumos, Hedi- 
Qa de Rioseco, y otras poblaciones qne iba ganando; 
traspuso los puertos, entró e,n Madrid , de que ya se 
habiaa apoderado los suyos, y pasó á Illescas, donde se 
hallaba su esposa y so bijo, los cuales envió á Bur- 
gos mientras sitiaba á Toledo. Hacia solo cuatro me- 

(I) Caeata 4I croaista Ayala Jti hermanú don Teilo: é decidí» 

en U AbTQTÍada un caso ungular qu» tome placer, i qutntm car» 

acaecido cd Bu^goai que prueba otilo, ^ue yo fíea anoche aquella 

Oail era el ciricter Je dou Tello, corta dentro «n Hwgoi por man- 

hermano del re;. Dioe qne dd día dado del conde don Tfllo: « il rey 

»o preaeotá este don Tello én la «« stgvro gue en Bayona nin u el 

cimbra de sa bermaoo don Enrir Príncipe, ntn orne* d,» arma* aj- 

qae, j le enseñú una carta <]ue gunoa áon atonadoi.t A}slo fué á 

acabaCa de recibir de dd amigo dei^r«eh>8! rey, á quieo bailó al 

■iifo de Sajona, en que U anua- salir del palacio; alearóse mucho - 

oia|» hallarae eji aquella ciudad don Enrraae, y leñatóal seorela- 

el Principe Negro con cuatro mil tio de au hermano diez mil mara- 

hombree, diipnealo i entrar en vedi* de renta, que le pagaba en 

Eapaoa «n auxilio de don Pedro, dinero para qne don Tollo no se 

La noticia era graTe, y na dejó da apercibieae, y aiguiú diiimulando 

dar iaquietud á don Enrique, «1 coa su bermano como si uada sa- 

oual celebró cooaejo aecreto entre píese ni sospechase. 
ana man Intifnoa senidores para Este era 9! carácter de don Te- 

déliberar lo que debería hacerse' Ho, que aua EÍ^uiendo tas bsude- 

en tale* oircunatancias. Pero no ras de don Enrique, tubia.mudHa 

lardó mucho en salir del cuidado, veof s estado eo tratos coa don 

porque el aacretario primado de pedro, ó con el rey de NaTarra, ó 

. dou Tello se praseiitó k don Pedro con don Fernando de Aragón; y 



(«peí t}e Ayala (el autor qiamo ajan desnues que obtuvo el 9 

dé la crónical, j después de pe- rio de viicaya eEtuTo bsciend 

dlrle q«e le Jnrira guardar el se- papel dudoso mieutris duró la la- 



oreto que le iba i conflar, le dijo: cba entre los dos berraanos. Don 

^fd al rey dtu cdmara, é fallar^ Teilo, sobre no amar muobo i don 

lo edet *n gran cuidado por uno Enrique, era nn lumbre Taraétil) 

f orla que te otoitrú «ala moAona si^ dignidad ni oonseQoenáa. 



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PAITE II. LIBBO Ilt ' S97 

ses qn6 don Eariquo habia eotrado ea Castilla con muy 
corta hueste, y ya el reioo se bailaba dividido como 
por mitad entre los dos Eiermaoos. Seguian la voz de 
don Enrique, en lo general Asturias y LeoD, las dos 
Castillas, Vizcaya. Guipúzcoa y Álava, aparte de al- 
gunas ciudades, como Zamora, Toledo, Sería, Logro- 
ño, Vitoria, Sao Sebastian , Salvatierra y Goetaría. 
Obedecían á don Pedro la mayor parle de Galicia, de 
Andalucía y de Murcia, salvas algunas ciudades que 
en cada uno de estos reinos estaban por don Euriqué: 
miserable y desdicbada situacioa la del reino caste- 
llano. 

¿Qué hacia don Pedro en Sevilla á vista de los rá- 
[Hdos progresos del hermano bastardo? Desamparado 
de lodos los prfncipes ensílanos, y a)>andonado de la 
mayor parte de los pueblos mismos á que poco ha se 
estendia su odiosa dominación, -echóse en brazos del 
rey moro de Granada y solicitó su socprro. Diósele el 
musulmán, y vino- él mismo con siete mil gíoeles y 
muchedumbre de ballesteros y peones '". Juntos los 
dos reyes, el cristiano y el infiel, fueron á atacar á 
Córdoba con ua ejército que nobajaba de cuarenta mil 
hombres. Contentos y gozosos iban los musulmanes, 
llevados del afán de entrar como oonqnistadores en la 



(1) La Vulgar de Ayals hace siate mil poetes, coaviene la cró- 

■ubir el número de estos últimos nica «^peiiola cua los historiado- 

é ocbeDla rail: tu la AbreTÍaÜB ae res trabes da Conde, Domin. Par- 

decia treinta mil; esto dos parece te IV., C. M. 
má) Toroeiinil. Bn onaoU i los 



D,g,t7CÍb/GOOgIC 



S98 HtnOKlA DB UPáIÍA. 

capital del imperto de sus antepasados, ea la célebre 
corle de los aalignos Califas. Rudos é impetuosos ata- 
ques dieron los moros á la ciudad; abiertos teoian ja 
seis portillos en las murallas, y loa pendones de Ma- 
boma se vieroo clavados por obra de don Pedro de 
Castilla en aquellos alminares de d<mde los babia ar- 
rojado el saoto rey don Fernando. Desmayados y sÍo 
aliento aodabaa ya los de la ciudad, cuando se rió á 
las damas y doncellas cordobesas salir por las calles 
con las lágrimas en los ojos y las cabelleras esparci- 
das rogando á sus padres, hijos y esposos que oo las 
dejaran abandonadas al furor de los infieles. Los lUa- 
tos, los lamentos, las súplicas de aquellas descoosola- 
das mugeres de tal modo reanimaron á los defensores 
de Córdoba, que volviendo vigorosamente á las mu- 
rallas derribaron los estandartes, rechazaron y arro- 
llaron los enemigos á bastante distancia, en tal ma- 
nera, que tuvieron tiempo aquella noche para repa- 
rar los muros y cubrir las brechas y los boquetes 
abiertos en ellos. Mientras en el campo el emir gra- 
nadino se desesperaba por no haber podido cobrar la 
ciudad de la grande aljama, y mientras don Pedro de 
Castilla con no menos desesperación juraba que si un 
dia tomaba á Córdoba no había de dejar en ella pie- 
dra sobre piedra, los defensores celebraban dentro 
80 triunfo con danzas y fiestas populares. 

Pasados algunos días, don Pedro regresó á Sevilla 
y Hohammed á Granada. Pero el musulmán, que ba- 



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.rAITB II. LtBKO m. X9t) 

bia gusiado el placer de visitar comarcas y paise3.quu 
hacía mas de uq siglo qo habían pisado plantas infie- 
les, aprovecbaado la ocasioa de coalar QOQ tan liuea 
aliado, volvió coa autnerosa hueste, acometió y ría* 
dio áJaea, destruyó casas é- locendió templos, ejecutó 
otro tanto en Ubeda, Marchena y Utrera, llevándose 
solo de esta última ciudad hasta once mil cautivos, 
entre hombres, oíaos y tnugeres. Goo esto y coa ha- 
ber recobrado los castilJos que ganó el rey don Pedro 
al rey Bermejo de Granada, con mas los que habiaa , 
conquistado los iofantes de Castilla en el tiempo de las 
talorias del último Alfonso, bisa pudo el granadino 
regresar conteato y satisfecho de la alíapza con que le 
coovidó doa Pedro de Castilla. 

Las ciudades de Logroño, Vitoria y-Salvaiierra de 
Álava, viéndose apuradas por la gente de doa Enri- 
que, cuando vieron que no podían prolongar su re- 
sistencia prefirieron darso el rey de Navarra, contra la 
voluntad misma de don Pedro, que les había ordena- 
do que por manera alguna se separaran déla corona 
de Castilla. El versátil don Tullo, qne traía sus pleite- 
sías con.el navarro, le acompañó á tomar posesión de 
aquellas villas "^ 

(1) Merece elogio un rasgo de contestó que nunca seportíeaeo 

pstriotiMna que Iuto en ests oca- ilo la corana de Caililla, f que ID- 

aion doD Pedro. Cuando los de Lo- tes se dieseu i don Enrique q'ie al 

groQO j Viiori4 le inaniFestaraD el navarro. Don Tallo fué el que se 

aparo ea que se Teian, y le cea- condujo en esto con la poca caba- 

MllaroD u en el cato de do poder Ueroiidad ; nobleza que (ente de 

ser «ocorrjdos ae entregariaD al costumbre. 
re; de Ntvarra, doo Pedro tes 



n,g,t7cdb/G00gIc 



300 HisroKiÁ DB bspaSa. 

Eolretanto don Enríqae aegaia combaüendo la 
fuorle ciudad de Toledo, haciéndose I03 de doitro ; 
los de faera ana guerra de eaemigos eocaroízados. 
Mioábanse y se ÍDceodiabao torres, corlábanse puen- 
tes, poníase en ju^o todo género de máquinas, y no 
cesaba la mortandad entre sitiados y siüadores. Con- 
taba don Enrique en la ciudad algunos parciales; tra- 
taron éstos de entregarle algunas torres, pero mncbos 
perdieron la vida á manos de los partidarios de don 
Pedro, que eran alti los mas; y pasó todo el afio 1 368 
sin que don Enrique pudiera apoderarse de Toledo. 
Pero en este intermedio habíanle venido embajadores 
del rey de Francia (SO de noviembre) proponiéndole 
la renovación de so amistad y alianza, en cuya virtud 
se firmó un tratado entre Carlos de Francia y Enri- 
que de Castilla, obligándose á ser amigos de aim- 
gos y enemigos de enemigos, y ayudarse oontrs 
todos tos hombres del mundo ">. Estos mismos em- 
bajadores negociaron con don Enrique que compro- 
metiera en el rey de Francia sus diferencias con el d» 
Aragón; y una de las cosas que mas halagaron al 
castellano fué el anuncio que le hicieron de que proo- 
te vendría en so ayuda Bertrand Dugnesclin con qaí* 
nientas lanzas. 



er> el famoio Hocea Fraocé* de Ctttilla y de Aragón, el ctul llegó 

Perellóe, el ingonéi de la cnec- i ler f Tenia cea el carMar 3» 

tiOD de laa nave* «d San Looer de mariHal ¿t Pf«DOia. 
Barraiseda, que di6 ocuioa á la 



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MBTI ti. UBKO m. 301 

Ll^ó el año 1 369 , y con él el desealace, que 
cierlameDle se apetece ya ver , de este larguísimo 
drama. Resolvió al Go don Pedro ir á socorrer á los 
sitiados de Toledo que carecían absolutafoeole de 
viandas, aunque le costara pelear con su enemigo y 
bernuDo; y partiendo de Sevilla se vino para Alcán- 
tara, donde se le juntaron el goberuador de Zamora 
Fernán Alfonso, don Fernando de Castro el de Cali- 
da, y otros que seguían so partido en Galicia y Casti- 
lla. Sabedor de sus proyectos don Enrique , mandó á 
los de Córdoba que viniesen en pos de el, é hizo lia- 
maoaiento á lodos sus parciales de Castilla y de León. 
Cuando don Pedro llegó á la Puebla de Alcocer , loa 
cordobeses en número de mil quinientos hombres de 
armas se hallaban en Villareal. Don Ennque , habido 
an consejo, deliberó salir al encuentro á su beroiano, 
y detenerle en so marcha, y pelear con él , dejando 
alguna gente eo el cerco de Toledo & cargo del ar- 
Eobiapo don Gómez Manrique ; que padecían los de 
Toledo todos los horrores del hambre''', y en diez 
meses y medio de cerqo habíanse pasado muchos al 
campo de dcm Enrique, de manera que eran pocos 
los hombres de armas que defendían la ciudad, y 
aanqae pocos bastaban para la defensa de plaza tan 
fuerte, pocos bastaban ya también para cercarla. 

Partió, pues, don Enrique del real de Toledo, y 

(4J La faoaga de trigo, dice comian loa csballD» J mülaa, j mi]- 
Ajaw, Talñ 1,SS0 iiiar>TedÍ*; m cbu geUM loorian <hi mbods. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



30S HISTORIA DS ISfAtA. 

puso SU campo en Orgaz (cinco leguas), donde se le 
incorporaron los maestres de Santiago y CaUtrava con 
la gente de Córdoba. Uotéronsele las demás compaolas 
hasta el número de tres mil lanzas; gente de A pie 
solo la^iie solían llevar consigo los seaores y caba- 
lleros. Oportunamenie llegó alli, con gran coDteala- 
mlento y jubilo de don Enrique, el terrible Berlrand 
Dugiiesclin coo su compañía estrangera. Puso don En- 
rique su gente en orden de batalla dividiéndola eo 
dos cuerpos, y dando el mando del de -vangaardia á 
Bertrand Duguesclin y á los caudillos de la hueste 
cordobesa, quedó él mismo rj^pendoel segundo cuer- 
po. Al salir de Orgaz, supo que don Pedro había pa- 
sado por el campo de Calatrava, y que se hallaba eo 
Mnnticl, lugar y castillo de la orden de Santiago. 
Iban con don Pedro los concejos de Sevilla, Carmooa, 
Ecija y Jerez, algunos caballeros y escuderos que de- 
fendían su partido en Mayorga, y como capitanes don 
Fernando de Castro de Galicia y Fernán Alfonso de 
Zamora, entre todoa otras tres mil lanzas: llevaba 
ademas don Pedro mil quinientos ginetes moros que 
le suministró el rey de Granada, el cual se negó é 
venir personalmente por mas que se lo rogó el cast»- 
Itano. Todas estas gentes las tenia don Pedro acampa- 
das en la circunferencia de Montiol á la legua y dos 
legnas del castillo. Lo notable es que los dos cronistas 
contemporáneos, Ayala y Froíssart, ambos convieoen 
en que don Enrique sabía lodos los movimíeatos de 



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MKTt II. Lino III 303 

doD Pedro, jpientras doa Pedro carecía absolaUtmeo- 
te de noticias de don Gnríqae y de su gente, lo cuat 
parece indicar que éste tenia mas á so devocioo et 
país. Conocieron don Enrique y Du^juesclia que les 
oooTeoia acelerar todo lo posible la marcha para co- 
ger á su adversario desprevenido, y asi Tué que an- 
dovieron toda la noche (del dia 13 al H'dc marzo), 
sendo ésta tan oscura y el terreno tan escabroso, que 
leniao que ir delapte algunos soldados encendiendo 
fogatas para poder ver el camioo, y aun asi Dugues- 
clio y el cuerpo que mandaba se perdieron en uD 
valle sÍQ salida y no pudieron incorporarse á los del 
otro cuerpo hasta la mañana siguiente. Avisado don 
Pedro, y aun viendo él mismo las hogueras desde sa 
castillo de Hontiel, todavfa creyó que serian los de 
Córdoba que irían á juntarse con los del campo de 
Toledo; apercibióse sin embargo para la pelea, y 
mandó á los que tenia acampados por las aldeas que 
fuesen á reuaírsele; mas antes que estos concurriesen 
Uegóel bastardo al romper el alba ala vista de Montiel. 
Trabóse alii la pelea entre las huestes de los dos 
hermanos, no sin sorpresa de don Pedro al encon- 
trarse frente á las banderas de don Enrique, de don 
Sancho y de Dnguesclin. Un tanto desordenada, como 
mas desapercibida su gente, fué- la qoe comenzó á 
flaqnear, y en especial los moros, que fueron los pri- 
meros & volver la espalda. El cronista castellano pinta 
como somamente rápido y fócil el triunfo de don Eo- 



n,g,t7cdb/G00gIc 



304 HISTORIA DB BSrAfii. 

riqoe ea esta batalla. Has el crouista francés Froissart 
aGrata haberse peleado en ella dura y maravillosa- 
mente ''^ y aoadeqae doo Pedro combatía may va- 
lerosameate, manejando una hacha con la cual daba 
lao terribles golpes que nadie era osado á acercárse- 
le '*>. lo cual nos pacece barto verosímil en el genio 
belicoso y en la probada intrepidez de don Pedro da 
Castilla, que por otra parte aventuraba en aquel com- 
bate la corona y la vida. Pero desordenados y fngíü- 
vos los suyos, y muertos muchos de ellos, tavo al fin 
que retirarse alcastülcí de Montiel, que don Enrique 
hizo -ceñir en derredor con una cerca de piedra, 
guardada por tanta gente, «que ni no pájaro hubiera 
podido salir del castillo sin ser visto.» 

El maestre de Calatrava Hartin López de Córdoba 
que acudia á la batalla con sus compañías en favor de 
don Pedro, noticioso del áx.ito desastroso del combale 
por los fugitivos que encontró en el camino, volvióse 
para Carmena donde don Pedro habia dejado sus 
hijos don Sancho y doo Diego ^^K Luego que llegó i 
aquella villa apoderóse de los tres alcázares, de los 

(1) La eut grand bataiU», dti- (3) Gston hijos sod loa qae ta- 
ri el menelUui» (dice eo bu to de doEi Isabel, la nodriza qoe 
francés anticundo), al maint hom- babia aido del infante doo Alfoo- 
mtTmmmrgá par t»m et ocoí* du au, biio de la Padilla. Ademas ba- 
eoté du roí dan Pialrí. bia deiado en CarmoDa , aegan 

(4) Et Ut ftaít I* roj dan Pió- Ayala, aotroa Sios qas oviera da 

lr«, hardi homtne (luram«nt qui otras daonaa.* Chron. ASo XX., 

geeotnbattaitmouU vaillamment c«p.7.—ED la dedeo Enri^iiellL 

SI tatuitt WM hacht dont il don- se hace mención de tras hijos úú 

nafl leí ecup* ti grattdt gue nul rey don Pedro que estabao en P»* 

na la oíaíl apjtrtichtr. Froissart, Bafiel. 
CbroD. pég. 551, edit. de 184S. 



nigiUrrlb/GOOglC 



PAKTK II. LIBIO III. 305 

hijos de doD Pedro, de su tesoro , y se fortaleció allí 
coD ocbocieotos de á caballo y muchos ballesteros. 

Fallaba á este largo y trágico drama deseolasarse 
coa nna escena horríblemeotesangrieata, precedida de 
an acto de perfidia y felonía. Hallábase eutre los po- 
cos caballeros que aoompañiibau á doo Pedro eo et 
castillo Hea Bodriguez de Saoabría. el cual como cf>- 
nocíese persooalmeote á Berlraad DuguesClin de ha- 
ber sido eu otro tiempo prisiouero siiyo y debidole su 
rescate, se resolvió á pedirle una entrevista, dicieudo 
qae quería hablarle secretameate. Accedió d ello Du- 
goesclia , y salió el Saoabría ana noche del castillo 
segOD babiaa acordado, para tener su plática. En ella 
le dijo el castellano al caudillo bretón, que á nadie co- 
ma áél, que era tan noble y tan hazañoso caballero, 
le estaría bien salvar la vida y el reino á don Pedro 
de Castilla, y que por lo mismo que era tan grande la 
coila en que éste se hallaba , sería una acción que le 
daría honra en todo d mundo: que si se resolvía á po' 
perle eo salvo, le otorgarla el rey el señorío de Soria 
y de Almazan y de otras vülas para si y sus descen- 
dientes, con mas doscientas mil doblas de oro caste- 
llanas. Recibió al pronto Duguesclin la propuesta 
como ofensiva é injuriosa á un buen caballero, mas 
insistiendo el Sanabría en que lo meditase y reflexio- 
nase, ofrecióle Bertrand que habria sobre ello su con- 
sejo y le contestaría. Consultólo, en efecto, con al- 
gunos de sos amigos y allegados, los cuales fueron 
Tono vil. SO 



nigiUrrlb/GOQglC 



306 HiSTOUA Dt bipaAa. 

de parecer que to conUra al rey doa Enrique. Hi- 
zolo asi el caballero bretón, faltando ya eo el hecho 
de tal rerelacion al sagrado de la confianza y del ñ- 
gilo. Pero restaba consumar con la alevosía lo qne 
comenzaba por una falta de caballerosidad. Oyó doa 
Enrique lo acontecido, y diciendo á Dugnesclin qoe 
él le haría tas mismas y aun mayores mercedes qoe 
las qoe en nombre de sn hermano le habían prome- 
tido, le incitó áquQ fingiese asentir A la propuesta de 
Men Rodriguez de Sauábria, diciendo á éste que po- 
día el rey don Pedro venir seguro á su tienda, donde 
hallaría preparados los medios que te habían de pro- 
porcionar la fuga. Asi se practicó como lo proponía 
don Enrique. 

Descon6ado y sospicaz como era don Pedro , no 
descubrió la celada alevosa que se le preparaba , ó ' 
bien porque creyera eo los juramentos con qoe le 
asegoraron. ó bien porque el afán de verse eo salvo 
no le diera lagar á la fría reflexión ; y saliendo ona 
Docbe del castillo con Hen Rodríguez de Sanabria, 
don Fernando de Castro y don Diego González de 
Oviedo, entróse confiadamente en la tienda de Du- 
guesclin. «Cabalgad, le dijo, que ya es tiempo que 
vayamos.» Como nadie le respondiese , don Pedro 
sospechó la traición y quiso huir solo en su caballo, 
pero te detuvo Olivierde Manny. Entonces se llegó 
don Enrique armado de todas armas y dirigiéndose i 
don Pedro amanténgavot Din, señor hirmano,» le 



,,GoogIc 



»AtT8 II. LIBBO III- 307 

dijo; y doD Pedro esclamó: «/aA traidor borde\ ^\ 
laqui eslait <■>?» ¥ dicho esto se abalanzó á su her- 
maoo, y agarrados los dos cuerpo á caerpo cayeron 
ambos en tierra, quedando eaciina don Pedro, quo 
hubiera acabado con el bastardo, si Bertraad Du- 
guesclio lomando con su bercúlea mano por el pié á 
doD Enrique, y dándoleta vuelta no le hubiera puesto 
8(^re don Pedro, diciendo estas palabras que la tradi* 
cion ha conservado: <ni quito ni pongo rey, pero ayu' 
áoá nú señor.» Entonces el bastardo degolló á su her- 
mano con su daga y le corló la cabeza <*'. 



(1) Borit, auticuado de &at- Uoto que m foll6 deapues do su 

tordo. maerte qoe Talieron la* joyas de 

<3] Froiiwrt cuenta que cuan- au cámara treinta cuodU» en píe- 
do oDtrú dOD Eurique preguntó: dran preciosas é aljófar, é bazilla 
i¿dónde esid M«;iiato hi de p.... de oro é de plata, é ea pañoa de 
ftw u nombra rey de CaéiiUát oro, á otros apostamieotoa. E avía 
iOúttteefiitáeputainquií'ape- en moneda de oro é do plata en 
lía roy át CatlÜM y qoe don Pe- Sevilla ea la Torra del Oro, é en 
dro replicó: mI hi de p.... lereis el cattillo de Almodorar aeteuta 
mu, qm yo toy hijo legitimo del cuentos-, é en el Regno, é eo suj 
buanrey Alfonso de Cailitla.t recabdadordS en mooeda de DO- 
ÁluQOua dicen que quieo re- venes é cornados iroinla cuentos, 
volvió á don Enrique y le sacó de t en debdas ea sua arreodadorea 
debajo de su bermaoo fué el viz- otros troiota cueotoa: asi que ovu 
conde de Bocabertí, arsgODéa. Pft> eo todo cieoto é aeseata cuentos, 
récenos este becho oías propio de aeguo'd después fué fallado por au» 
la gran fueria flaica de Dugne»- contadorea de cámara é de las 
"■ . I mató mucboa eo au 



(3) oEfuéel rey doD Pedro, re^no, por lo euaUu vinote 
lice el cronista Avala, asaz «rao- daño que avades oído. Per 
de de cuerpu, é blanco é rubio, é diremoa aqui lo que dixo el profe'- 



Cerceaba un puco eo la fabU. Era ta David: Agora loa reyei apren- 

muj cazador da ave:). Fué muy ded , é sed cailigados todo» los 

aoff idor de trabajo^. Era muy tem- ^ue jusgadei el mundo; ca graod 

prado é bieu acoslumbiado eu el juicio, 6 maravilloso fué este, i 

comer é beber. Dormia poco, é muy espantable. o Chron. cap. últ. 

amó macbo rougurea. Fué muy Su cuerpo fué sepultado eD 

trabajador en guerra. Fué cobdi- Monliel, de donde fué trasladado 

tíoso ii allegar tesoros é joya^, á la Puebla de Alcacer : allí per- 



n,g,t7cdb/C00gIc 



368 HISTOBU DC bsvaKa. 

Tal faé el trágico y miserable 6d del rey doo Pe- 
dro de Castilla (33 de marzo, i 369), á la edad de 35 
años y 7 meses, y á los 19 de su saogríenlo y proce- 
loso reioado: y tal fué el eosaogreolado pedestal sobre 
el cual paso so pié el bastardo doa Earique para sabir 
al trono de Castilla y de Leoa. 

ni3Qeci6ha«UlJt6, enqueáru»- don Juan 11., so biznieto, i la i§te- 

go de doña Canstaaza, nieta de ■ia de dicho moaasterjo, ; ooloca- 

«ste rej, v priora del monasterio do en au capilla tnaTor [andada 

de Santo Damingo el Real de Ha- por la padre dan Aironao. 
drid, fué trasladado por cédula de 



Nuestros lectores ban podido se habrá bailado en posición mas 
observar que para la biatoria de ventajosa para . escribir con co- 
este reinado nos bemos servido nocimiento de los sucesos de sa 
como de guia principal de la Cr6- tiempo, qae el cronista Pedro Lo- 
OLcadeP«ro¿o;)»(IaA!/aJa, sin pet de Ayala. Hijo de douFemaa 

n'uicio de cotejar su relación i;au Pereí de Ájala, del linase ilustre 
e otros escritures cootempu- do 1i» de Baro, adelantado del rei- 
Táñeos, espaEoles y eitran^ros, no de Uurcia en tiempo del nj 
j con los documentas de loa arcbi- don Pedro, j amigo oel ministro 
TOS que hemos podido examinar. Alburquerqae, figurú desde mp* 
Para DOsotrOB es fuera de duda la JÚveneD lacdrtedelref. jeolüd 
veracidad de Avala. Pero se Ira- le vemoi de gefe en la flota caste- 
tade un reinado que ha sdqui- llana dirigida contra Baroelooa f 
rido una funesta celebridad: se Isa Baleares, siendo unn de los que 
trata de un perwiaagu que I-i bi»- detendían loa castilletes de la ga- 
tería, 1s tradición, el teatro T el lera real. Sirvió Ájala fielmeoteal 
romance han popularizado; se 'ira- rey don Pedro basta 1366, v le ba- 
ta, en Bn, de un monarca oouocido llamos entre los pocos caMlerca 
con el sc^renomlire aolonomtstioo que acompañaban al roy en su re- 
de £ICrue(, que algunos han pre- tirada de Burgas, y solo cuando 
tendido y pretenden reemplazar éstepasd á Guiena eo busca de 
con el de Jusiicieyo. Las dos cali~ auxilio estran&ero, tomó Ayala 
ficacioaes se eacluyen; nosotros le partida por el bastarda don Enrt- 
aplicamnala primera, y necesita- qud. Como capitán de don Borique 
mos justiñcar los fundamentos de combatid en la célebre batalla d« 
las acciones que en nuestra narra- Nájera, 6 sea Navarrete, doDda 
cioQ histórica le atribuíalos, v del cayó prisionero de los ingleses. 
Juicio critico que del rey y ael rei- Bescatado por una soma coatide- 
nado, apoyados en la historia, ha- rabie, continuó a) servicio de don 
remos después. Enrique, el cual le dispensaba es* 

CoD dincnitad escritor alguno pecial lavar y conaiderecion. Otra 



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tAm 11. LIBtO III. 

Unto )e HoitaciA dod el rey doo ref don Pedro; do bi; acrimonia 

Joan 1., T como adere: '■ _..^- _._■ _. ... . 

Mte príncipe m bailó 



Joan l<, j como atlérez mavor de eo su piafna; uai Binmpre refiere 



e príncipe M bailó ea la me- los faeohMBmJaisar loa hombrea, 
nueTiDDeata batalla deAlju- j cuando juzga lo bace can lal 
rroia, donde también (u4 becho templanza ; parsimonia, que pa- 
prúioaeni. Alcanió Ájala el rei- receCQstarletrabajoBataTDparuaa 
nado de Enrique III, Obtuvo la fraie de disguato ó de reproba- 
dignidad de canciller mavor de cion, ylo quesdmiraprcciaamente 
Caitilla, Y mari6 en \itn, de edad ea la especie de frialdad con que 
de 79 años. Foé Ájala o d varón va contando taoloa horribles au- 
reepetable, j uno de loa botnbres plicioi ; laulus eacenae seogrien> 
mas iluttra'ioa f do maa aólido tas, ain prarumpir siuo muy rara 
jnUáodeanépocBíademaadeotraa vez en alguna sentida eEclama>- 
obns qoe eicribiA, y de que da~ oion, como arrancada por la pena 
remo«raiOQiBasadelRDte,ruAiu- que le ioapira lo miamo que cuen- 
tor de laa crónicaa de doo Pedro, ta, pero aio mostrar ni enemiga ni 
de don Enrique II., dedoD Juan I. ojeriza connadii.-. Se descubre, ea 
T de una parte de la de doQ Bnri- verdad, de qoé lado estjn sus 
que Ijl. Como croniata aveotajd i efecoiones, pero parece haber he- 
lodos iosde su aiglo, ; bajo sa pin- cbo proluodo estudio de lastimar 
macomenzA la crónica i perder lo menOs posible la memoria de un 
■n aridez ; á lomar cierto linle y monarca á quien habla «ervido 
sabor de bistorja. laníos años. Si esto era adulara 
Taleafueron lascircuualancísa don Enrique, meuoster es coiife^ 
políticas 7 persona I na del autor A aar, eomoobserva mu ]» oportuna - 
quien enlo genera] seiiuiíuoa en mente uo escritor ilustrado, que 
la historia deeste reinado. Testigo era harto mas ficil deaempefisr el 
ocular, actor y narrador i uo tiem- oficio de adulador y de cortesano 
po. la autor ioad de Aya la parece ealaedadmediaqueenlostiempos 
ioaeatrnctU)le, y como tal fué mi- modernoa. Solo al final d« la eró- 
rada por siglos enteros, haate que nica se atrevió Ayala á hai^er uoa 
algunos, TundadoB en el favor qoe breve reseña délos vicios del rey 
oHuvo delosreyea de la linea don Pedro, pero siempre coo mas 
baatarda, discurrieron que no ha< miramiento y meaos dureza que 
bría podido ser imp/rcial para con loa demás escritores deaquel aii^lo. 
don Pedro, yesta especie de cen- Escluyamos, si se quiere, -'- 

— a eospecDOaa, aunque vaga,'no eotreea '"'" '" — '^" 

dejado de hallsralgunos seguí- aar r, pe . ^ 

dores Insta en nuestros mismos moa al rey cíon/Vdro /V, de 



Secboaa, aunque vasa,'no entre eatos al cronista JaanFrois- 

deb-""-' - " 

Insta e ^ 

_ _B. Para deavaneeer esta caliñ- gon, que eu sus Memarias s( 

caGÍoii,queá primera vista noca- aaSa contra el deCuslilla, yü^ta- 



ha dejado de hallar algunoa seguí- aarf, por aer estrangero. Becuse- 

.ifta, 
ude 

dea8pasionadoleersuorónics,aun lancia é las palabras conque 

fin necesidad de compulsarla con italiano Matlto ViUani (si bien 

loe teatimonioa contextos de otros Fuá el padre de la hi'lurio italiana 

escritorea de la misma edad, que en elsigloXIV.) caliñcóalrey don 

son tas verdaderas fuentes bisló- Pudrodu Castilla de «crudelíHinio 

ricaa. Lleva la cróoioa de Aya la ébesliaU rá.... forsennalo ré..., 

en si misma cierto aire de inge- perv«rsolirunno difc'spagna.non 

noidad y de ■eDcillea que conven- degno d'eiserñ nonmaio ré.' Sin- 

ce; nooca te ensongrienU con el , guiar ea, sm embargo, que lodos 



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310 IIIS-rOUA DB RgíAÜA. 

coiDcidsa en elmiimojaioioaccr' ras, á ZdQigí, i Cetrneureí, ié 

C8 de üoa Podro da (astilla. Uae Ortii y Sam, ¿ Llaguao y Ainiro- 

□o «abetno» quápodráopooeneal la, í Sabsu, á multitud de otrM 
testimonia del arzobispo de S«T¡- que fuera largo «Dumerar, Un es- 
lía don Podro Gómez do Alborooi,' ' critot eatrangero de muy aauo jul- 
3ae lo fué apeoas murió úqa Pe- ció, Protfwr Merim^ ba eecrito 
ro, y le juzga del miamo modo de propóáitolu historiade dcnPe- 
que A;Bla;a1 de loa pontiBceaque dro deCaitilla en no *olúmea de 
tdDaeveramenterepreDdiaDauin- cercado se i scie ola a páginas. Via- 
moral coiidacts; al del escritor le- lúmbraae en el ilustre aca'démico 
muaiu del siglo XV> Puig Patdtoai, TraDcéa cierto deseo de sacar á 
que dice que rusodo murió este salvo t aquel Qumirca de los ter- 
rey su alegró toda la tierra, 'COmo riblos cargas que le hace la bialo- 
aquel que habis sido el mas cruel ría: pero cooreDC¡da~de la nra- 
priucipe del mundo:! á Gutierre cidadde li otóaica de Ayala, i(l- 
bíaz deGamea, autordelsfirónica mala también por su ia, y admite 
de don Pedro M do, que hace el yedupta lodos los necbos que ro- 
aiguieole retrato de don Pedro; Gere el gran eaociller de Caatilla, 
' «El rey don Pedro lué home que j lioiítase i ateouar en lo posible ' 
■i)iabe rivir mucho é BU ToluQlád, las violeocias, crueldades y tira- 
amostraba ser muy justinero, mus nías de don Pedro, con la rudea 
aera laota la su justicie, ú fecha del siglo T coa el designio que le 

■ de tal manera, que toruaba «a atribuye oe abatir la orautloaa no- 
itcrueldad. Aqualquiermuger que bleza. Uaarraucaasusaas compa- 
■hien Id páresela con calaba que triólas Romey-y Rosseeuw-Saiot- 
(fuese casada ú por casar: todas Hilaire, tratan al rey de Caslilia 
ilaaqueria para Bi;DÍa curaba cu- cod Ib misma dureza que los aotl- 
lya fuese. Por muy peque So yerro guos cronistas españoles. «Querer 
Koaba gran pena: i las «ecea pe- rehabilitarle, dice el segunde de 
«naba 6 mataba los ornes sin por estos dos hislor id dores, es una ta- 
>qud á muy crueles muertes,... rea que ha podido agradar al cs- 
lAquel rey teniai ÜioB muy airt- pirilu de paradoja, pero que re- 
xdo de la msla vida que avia TÍ- pugna al verdadero espfritu bístó- 
avido: yanoD le podia mas sufrir, rico... A medida quose avanza en 

■ porgúela mucha sangre de loa au historia, se nota mas y masía 
■inocentes que él avia derramado odiosa conducta de este monstruo, 

■ lediba voced sobre la tierra.» ¿quienpor honor de-la humanidad 

Finalmente, lodos los escrito- debemos suponer atacado ~de una 

rea de loa siglos XIV. y XV., es especie de vértigo.. ..■ Romey le 

decir, loecoet&neoay los inmodia- juzga poco masó menos coa la 

tos, concucrduD en represeutaral misma aspereza- 'Cod que sean 

reydoDPcdronorribiemeDtecruel verdad, dice el inglés Duuham, la 

tal como se desprende de lanar- mitad de Isa crueldades que su 

ración biílórica de Ayala. Do entre cronista le atribuye, pocos reyes 

los historiadores y aualisLesdelos antea ó después de él lueron ó han 

siguientes siglas, tudoslos que bao sido tan feroces. Y por cierto, le- 

alcanzado mayor reputación lite- yendo é. Ayala, y notando la ea- 

raria convienen en la misma ¡dos crupulosa proligidad con oue re- 

y BD el propio juicio acerca de e»- fiere tos hechos de cruelaad de 

te célebre monarca. Enasta res- don Pedro, tiene eq narración lo- 

petable falange contamos á Ha- daa laa apariencias de ai^tcolie»- 

riaaa,á Zurita, á Floreí, iFerre- dad.... y la crflíca se ve' obligada 



,,.GoogIc 



PAtn II. Mnoiii. 311 

i admitir por booDO ; Torai al naroa. De MU rey dseii el aDA- 
tMtUBOoiodBeiteúltiino (Ayala), Dimo, ba; doa cránioaa, uaaver- 
Nnfirmado , coma lo «sli', por dadera 7 otra Bagida, «ata última 
l>íoÍ8aaTlf loa denuí oicritorea «por «a dJMolpar de loa jarroa 
oootomponoMs.» que contra él Tueroa hechoi ea 
A iHta, puei, da tanto* 7 t*o Castilla.» Baató esta frase al deaa 
ooDtexte» laatimoaios y acordea da Tolodo para eoponer que la 
juicio*, ida dóode y ouindo, dos cróaiea Bagida era la de Ájala, j 
progaotaoMM, nació ia idea deoe- la verdadera ana qns dicen eacnta 
Mr 6 poaar eo duda la autenticl- por dos Juande(^gtrOkObi<ipode 
dad 6 veracidad de la Crónica de Jaeo, ea defensa de don Pedro. 
AmIb, 7 la preteotion de reero- Annt^ne nadie duda ya de que el 
pnzar en dou Pedro el dictado de anÓDimosdíoioaadorqulwaludird 
Cniti por el da jMliciircf El prí- laa doa crónioag de Ayala que m 
iMroqaeabrió «ato camino, que «onocon oon el titula de Abr»- 
■DD i»} no [alta quien pretenda vtoda, que fué la primeTa aue es- 
•eonir oiegaaeDle 7 ain critica,' cribió, 7 otra con el de Vulgar, 
Moa rcv de arinaa de loa rejea que anata ocia I mente son una mia- 
eaUliooi. llamado Pfdroda CralJn mn, el que deaee eonfeocera emú 
Dei, que sírIo t medio deapuea de de eato puedfe leer i doo Nícolis 
la muerte de dnn Pedro , aaoribió Antonio, en au Biblioteca, 7'.Bobre 
en au defenu ana crónica leoa, todo el prólogo de Zurita en la 
deacarnada, incoherente 7 pobre, edición de la cráoica hectia por 
i DO dudar oon el deaignio de adu- el llustraflo académico Liagaoo j 
lar i loa reTO* y t algún la gran- Amirola en (719, 7 la larga cor- 
dm caaa* « Caetilla, de ladee- reapondencia del.miimoGerúnirao 
Mwleneii bastarda de don Pedro, de Zurita oon el deán de Castilla, 
Sirvió da fundamento al Gralia aobreeetuitiateria, inserta por Le- 
Dti «na oceurs crónica dei ai- dodel Pozo ensu Apolosfadelrey 
glo KV., titulada Sumario dt Ion don Pedro. Ambas crónicas , la 
rmei d» Eipaña, que se atribaye Ábraviaday la Vulgar, están e«- 
al llamado OMpenaero di ¡a reí- critaa en el propio sentido, 7 si 
na doña Leonor, nMger de don bien en la aeguoda se conoce ba- 
Juan /., 7 las adiciones qne i seta bar sido suprimidos alguno* paaa- 
indigeite corapilacioa hizo un dea- gea de la primara con una inteo- 
conocido aaónima. Fars probar la cien políiica, la eaenci» de lo* su- 
ijliioraiicia profunda de este autor oeson se conserva sin alteración, 
sin nombre, baste decir que sopo- En cnanto i la famosa crónica 
ne babcr ealedo don Pedro tres de don Juan de Castro, en quedi- 
añoscantivo en Toro, 7 otros tres cea que defeodia 7 alababa al rey 
ileilerrado en Inglaterra: absurdo don Pedro, seméjaseno* i aque- 
Moe Boa sobrarla, dado que otros llaa damas de los caballerea an* 
aamejante* no contuviera elle ei- daotea, cuya hermosura celebra- 
crito, para mirarla con el drspre- han todo* sin cooocerlaa nadie, 
cío que se merece. puesto que (jeapues de tantos ai- 
Puro estampó et tal compiUdor gloa como se habla de ells no ae 
ana eapresioc de que han procu - ha atrevido nadie & asegurar que 
rado aaciir grao p¡n lido los dejen- la haya viilo. Creyóse algún tiem- 
aoraa de don Pedro, 7 muy prio- po qnu hahia Mdo la aue el doctw 
cipalmente el deao de Toledo, don Galiadci de Carvajal había saca- 
Diego de Caatilla , que ae deoia do del monaaterio de Quadalupe 
bimieto bastardo de aqnel mo- en tüli por real c¿dnla de Per- 



,,GoogIc 



313 BISTotlA DB BSPAltA, 

nandoV. (so de Fd'tpeV. como aKritaporqnientisniA conbnt* 

equifocadameDtB dice Hérimée). ; ano iBoazmeate Ibb bsnderasy 

Ubi laego rualtó qae el dec«D- el partido del rey don Pedro y de 

tado manuscrito de Gasdalape, re- aoa bijasT Cuando la diéramos po- 

cobrado por Fr. Diego de Cioereí, dríamos ju^ar: eotretaoto séanot 

era un ejemplar de las cránicas licito instatrr eo el joicio qae uoi 

de Aya la. Si hubiera ex latido la ban becbo formar toi documentos 

del obispo de Jaén, icómo este que aparecen mas auténlicoa t de 

£ [filado que aeompsñá á higla- mwi 'autoridad , y que marcnai 
lira á la bija dol rey don Pedro coatextea. 
doña Constanza, no la publicó allí Figurael primero éntrelo* que 
en tantofl añoa con» estuvo? tCi- podemos llamar moderDoe defea- 
mo DO la hiio publiesr y conocer sores del rey don Pedro el eoDde 
el duque de Lancaster, á quien de la Roce, nombre «n duda mas 
tanto interesaba rectificar la erra- Huatre eo cuna que en letras. Es- 
ds opinión que eo Gaslijla ae tu- te eKribió i mediado* del si- 
viese de s« suegro el rey donPe- ^0%yH. El reg^áo* Pedro defm- 
dro, y ToWer per le Isma del p8< aido. Nada hay mes fácil que de- 



) de Lancaster, nieta de don cion que da al suplicio rjccutado 
fedro, con elinfante don Enrique porerreyenloidoaioDceoteabat- 
deTraslamats, nielodedon Enri- tsrdoe, últimos hermanea de doe 



Castra, no dio i lósese crúni- enentes, diseulpa M craeldadé in- 
, cuando ya nioRan inconTe- humaDidad del rey con U pere- 
nienle'olreciu el publioarlal 4CÚ- grina míxiim de que mí tHon in- 
mopermanecióoEcondidaauDde»- liciparelcaatigod la culpa onnoa 
pues de ser reina de Castilla la será juaticia, alguna Tez es coa- 
niela dedon redro? iGómono se Teeiencia.v-En verdad qu<Teour- 
hizD publicar en tiempo de los re- rtenda¿ la eoBTeniencia i falta de 



teaoatóbcoa, que dicen no guata- juaticia. eo hay acción huraanaque 

— -i- jue se diera á don Pedro nopaeaalleTarButalio-Conducto. 

iiuacion de Cruel? ¿Cdmo Pero el que descuellaeotrelo- 



Ka católico 
n de q^ue 



estuvo Eccrela eo el reinado de doa los defensores eotiguos y mo- 

< Felipe 11., que dícee mandó que i demos del rey don PedrOj es un 

don Pedro deCastilla se le apelli- catedrf tico da la universidad de 

dirá el Jusiieíero, mandato que, Valladolid, nombrado don JoaéLe* 

sea dichodGpaso,nÍOoamaraTÍIIe do del Poio, que á Enes delsi- 

en aquel monarca ni nosoonvence? glo XVIII. escribió un tomo eo fo- 

iCómo, enbn.DadlebaitaDueatrDs Ho, titulado: apología del reydo» 

días ha logrado ver esa crónica Pedro de CaiUila, omforme ata 

portantes y taDsolfoilamenlebnK crónica verdadera de don Pedro 

cada? Todos los sintomaB y proba- Lopefáe ^vola.Boesta Apología, 

bilidades son de no baber exiiti- única obra aue conocemoa de este 

do;pero dado que existiese yse sutor, no solosecontieneoloaar- 

encontraao^ ¿baatarfa i haoernoa Mímenlos de Gratia Deí-, de lea 

variar de juicio y de opinión, y aoa CaatillaE, don Diego y don 

lendrlsmoB por de todo punto ve- Frtincíieo, del conde da tg Aoeay 

raí y deaspasionada una crónica de cuantos le precedíeroD en b¿- 



,,Googlc 



Man II. uuo m. 313 

car 6 intentar la derensa deoale >tÍeÍ«ro.> SeaUmot qtn aeleea- 

nonarcB, •ido qae ea «1 arMoal capara añadir-, ud rey ntaaríeop- 

eo que han ido á tomar las arnias dioto, duke , dninteratada . ua 

loa defenaoTM poateríorea, de loa eipoío |l«l, para qoe ae reaiíia^ 

cuales tenamoi i la liata, «El ray re pleDSineote lo de: argwmtn- 

doo Pedro defendido,» de Vera y iwn ntmú probana biea qoe 

Figoeroa , el AnÓDimo lerillaDo, todo ealá comprendido en lo de 
qne eo meetrof diaa ha eicrito f»r(»ao eritUano. 
la IKatoria (tal r» don Ptdro, el . Tarea de volúmenes aeria nece- 
Mleto de nn tal Oodínez de Pai, aaria para rerutar ta cada caao al 
Ulntadot Vindicación del rey don díraao apoloB'^^i ^ incompatible 
Pedros.- da Cattit¡a,\a obre de con la naturaleza do eMa obra, 
don Lino Picado y otroa tijeroa Reduce o se no obstante en lo ge* 
opátcalot y artícoloa escritoa en el neral aua argumeotoa á que nía- 
propio eaplritu v sentido. Lo ain- chua de los oue sufrieron el impla- 
guiar eaque LedodelPozooonie- cable rigor ae don Pedro le eran 
eDingena de las accioBea aLri- ó babian aido rebeldea, lo cual no 
¡das al rey don Pedro en la crú- oeetmoa, y á que como seBor de 
Bien de Ayals; al contrario, de- vidas y haciendas podía disponer 
fieode]NV «ría ai/acía la veracH de las de ana súbaitoS) con coya 
dad de la crúníea « del cronista, doctrina aiampre inadmisible, pe- 
Por conaecuencia, tiene que limí- ro mucho mía ta tiempos en que 
larse, y lo hace con admirable pi- había ya tan escelaatea cuerpoa 
ciencia y maravilloaa proligidad, de leyeí, no habría nunca delitoe 
á ir interpretando cada uno de loa ni osceaoa eo los soberanoa. Hay 
hechos y casoa í guias de abogado quien dice que el catedrático apo- 
en defensa de so cliente, dando legista escribió su obra con un fio 
ameba» veces tortura i au imasi- polilico, que fué el de deavaneoor 
McioD, como era indispensable, 'as sospechas de volteriano, que 
luciendo en otras su msenío, j por sus ideas flloadficaa habia ins- 
arrancando en ocaaionea Va sonri- pirado á los ministroa del rey j_ i 
sa del lector con aua peregrinaa lo* del santo tribunal, 
veraionea, baata venir á parar i Sea de esto lo qoe quiera, y 
k BÍgnieute conolusian con que aparte de lo que llevamos espuea- 
lermina su obra: «Floreció en eieo- te, nosotroe creemos qne la ten- 
~'~ ~~ ' ' D reinado la ad- dencia qne ae nota en muchas 



MDioistrscioode joslicia, elesta- gentes á juati6car ó A gustar de 

iblecimiento de las leyes políticas loa esfueraos que otros han hecho 

>V el adelantamiento de las mili- para vindicar ia memoria del rey 

■lares, misericordia con los pi>- don Pedro, no nace tanto de toa 

abres, la veneración á la iglesia, fuodamenlos bistúricos que pudie- 

xel respeto i la religión, el culto ra haber, que por desgracia no loe 

»á los templos, el temor i Dios, hay, oomo de dos pTíocipioa que 

■y en una palabra, cuanto pudo vamos á esponer aquí: 4.° de nna 

scoDcurtir a formar en don re< propensión, innata al mdío espa- 

>dro un integro legislador, un ca- ' nol, hija ai ae quiere de nn acn- 

apitan valiente, un crisiiono par- timiento y fondo de noblexa, pero 

s/leclo , un Juei severo , un pa- lameotable y perjudicial eo ana 

»dre caritativo, un monarca apa- efectos y resultados: esta pnipeo- 

iteibl». y un rey i ninguno según- aíon es la de atenuar primero, dia- 

»do, digno por esto de tqs oom- culpar deaoues, olTídar mas ade- 

abrM de 6ueno, pradtnte y Jta~ lante, y samirar ó defender con 



D,g,t7cdb/GOOglC 



31 i BisioiiA DB uriiU. 

el tiempo i kw hombree oroeleí, darle olerU popnlarided, y peri 

cundo para perpetrar mu tío- predapocer i slguiue gentes i 

leocia* baa ueoeiitedo de valor, recibir cod btor loi em-ítoi dg 

de arrojo y de tmoIocíod. El ee- loe que han iotenudo represen, 

paüot le borroriía primero del cri- (arle como imticiero. 

men, pero panda ta primera im- Por eek) bemoa «itto con (foilo 



brio aceba por acordarae a — - „ 

béroeyoJvidaraedalbambre.Pero nado de don Pedro de Caslil», 

la bistória es -un tribonel perma- el eeBor Ferrer del Bio , en n 

oeate que tieoeque jiia§ar por el Hemoria premiada en certénwn 

proceso eiempre abierto de lo« do- por la Heal Acadernia Kspañoli, . 

comentos, y no tieoe como los re- no tomado por suia para bu ezi- 

yes Ib prerogatiTs de indultar. men las Terdoderna fueulea bi*- 

i" De Ir idea que el pueblo tórJcaa, no la tradición populir. 

■uele /ormsr de loa persooages ni el romance, ni la leyenda, oí al 

bistóricos por Isl cual STeotura drama, T ha juzgado a don Pedro 

cabtlleresca que la tndicioa le ba con biitorica leTeridsd, repreaen- 

ido trasmitiendo, ó por loe romao- lindóle sobradamente digno de 

oes populares, á bien por su re- ser apellidado coa el sobrenombre 

prewuiieioo testra). Un rasgo de de Crutl, «como quien convertia, 

generosidad cintado por un re- dice, en máximas de política Ih 

mancero, ó eaoogido con habilidad pasiones de la incontinencia, de 

por un poeta dramático, y puesto la perfidia y de la Teniisnu, y 

en escena con las libertados que con cuya muerte pareció que la 

ae consienten i la poesía, y con la patria y la humaaidad se liberta* 

exornación y aparato que ae exiae oao de un graD peso.i Con muchot 

i se permit» en el drams, deja de aus juicios nos bailamos con- 

tiempre una impreiion tanto mss formes; y oj*Íá nuestros esfueraoe 

duradera cusulo halaga mas los cootritHiyan igue acabedefijerse 

sentidos, y cuanto es mas difícil la opinión pública acerca ríe la 

Boudir para borrarla ú neutrali- ladoíe y carácter de este célebre 

xirla á los recursos bislóricos, de monarca. Gooresamos que bubié- 

por si mas Áridos y meiioa alai- ramos querido, que hubiáramoa 

canee de la muchedumbre. Por tenido singular placer en podernos 

eso 00 nos oansanaioos de reco- contar en ol número de sus pane- 

m-indaré ÍDouloari los autores de girístss, y con este anhelo em- 

dramas y de leyendas que cuidé- prendimos el estudio de au histo- 

rsn rauobo de no falsear los ca> ría. Por desgracia este mismo es- 

ractéres de los persooages bistd- ludio ba engendrado en noMtros 

ticos. Al rey don Pedro le ba to- nua convicción contraria i ouea- 

cado ser fsToreoido por la poesía, tro deseo. Mucbo celebrariamoa 

y han bastado algunas arenturas que ó nuevos descubrimientos his- 

nocttintasamorosBs,algunaseo4or loríeos ó sanios mas perspioacea 

dolaa como la del sapatero, la de y prívilegiadoe nos hicieran toda- 

la vieja del uodilejo, la del lego vía madar de opinión, 
de Sao Francisco en SeTillí, para 



D„j,i7<-,ib,. Google 



CAPIÍILO XVIll. 

ENRIQUE II. (el Baslardo) EN CASTILLA. 
••1369*1379: 

Situación nuteriil del reino de>pne« de la catáitrore de Hontiel.— Oifl< 
coltedei que bello don Eoríque, ; c4mo tea fnd TeDciendo. — Ley w- 
bre moD^e. — Preteaiionei de don Feruendo de Portugal: entrida 
de doa Enrique en aquel reieo ; sus triunfos.— Cortes de Tok: leyes 

. contra DMlheotwrea.— Titulo* ; mercedes i los capitaaes estrange- 
ros.— 'ReodicioD de Garmoaa: castigos. — Entiégsse Zamora. — Paz 
con Poftugai.—SeguDdns corles de ToroMof es Importaotei: orde- 
aamiento de justicia: uudiencts: ordeuaozas de oBcios: ley sobre ju- 
dloa.— Triunfo de qdb flota cástellaae en la costa de Francia! prisión 
del almireute inglés.— Renuévase la guerra de Portugal: ll<aga don 
Earique baata Lisboa: paz humillante para el portiigods: casamien- 
toe de principes.'— Tratos con Cérica el Malo de Navarra: ciudades 
que de él recobró don Enrique.— Di ferendat y negociaciones coa 
don Pedro IV. de Aragón. — Don Euriqne en Bay ou a. —Csm miento 
del iofeole don Juan de Castilla cou doña Leonor de Aragao. — Pro- 
yeolos aletOBO* de Carlos el Halo de NavaTre.— Coaduota da don En- 
ríquo ia el cisma que aQigia i la Iglesia .~4aarra eotre Navarra y 
Castilla: paz vergootoaa para el oaTarro.-^ofermedad y muerte 
de don Boríque: su testamento: sos hijos. 

La corona de Alfooso el dé las Navas , de Sao 
FerDüodo y de Alfonso el Sibio, pasa á ceñir las sienes 
de UQ bastardo, de un usurpador, de ud fratricida. 
Cuda lina de estas cualidades hubiera bastado por si 
sola para alcfjar del trono de Castilla á Enrique de 



n,g,t7cdb/G00gIc 



346 uiSTom db bsfaSa. 

Trastamara, aan cuando le bubierao adorsado tína 
prendas y condiciones de rey, si las violencias y las 
crueldades de don Pedro no hubieran tenido tan pro- 
fundamente disgustados á los castellanos. Sí alguna 
duda nos quedara de las tiranías que habían beeho 
odiosa la domioacíon precedente , desaparecería al 
ver á la nación castellana, tan amante de la legitimi- 
dad de 803 reyes , no solamente reconocer y acatar 
como monarca á ao hijo espúreo, rebelde y man- 
chado con la nota de traidor , sino alterar la ley de 
sucesión, legitimando en él la línea bastarda , caando 
aun habia en Aragón y en Portugal vastagos de la 
línea legítima de nuestros reyes, cuando aun existían 
las hijas de don Pedro reconocidas como herederas 
legítimas del trono en las cortes de Savilla. Veamos 
como acabó don Enrique de conquistar el reino cas- 
tellaao, como se afianzó en él , y lo qoe legó á sus 



Muerto don Pedro , presos don Fernando de Cas- 
tro , Men Rodríguez de Sauabría y los demás ca- 
balleros que con él estaban, y rendidos los pocos de- 
fensores del casülto de Hontiel ,. partió don Enrique 
al dia s^aíente para Sevilla , que estaba ya por él y 
habia tomado su voz. Siguieron su ejemplo los demás 
pueblos de Andalucía, & escepcion de Carmena, don- 
de se mantenía dos Uartio. López de Córdoba goar* 
dando los hijos y los tesoros del difunto monarca. Za- 
mora s Ciudad-Rodrigo en Castilla tamfüco recoDo- 



,, Google 



PAin n. LIBIO III. 3(7 

daD la aotorídad de don Enrique ; Molina y los castí- 
llos de Requena, Cañete y otros, se dieron al rey de 
Aragón, como antes se habiao entregado al de Na- 
varra Logroño, Vitoria, Salvatierra y Santa Cruz de 
Campezo. Por el contrarío, Toledo se le había dado 
á merced, y allá habían ido ya desde Burgos la nue- 
va reina doña Juana, y su hijo el infante don Juan. 
Tal era la situación de Castilla inmediatamente á la 
catástrofe de Montiet. 

Lejos de contemplarse don Enrique ni seguro ni 
respetado, harto conocía que no habia de faltarle ni 
inquietudes para sufrir, ui contrariedades que vencer. 
Enemigos le quedaban dentro del mismo reino, y no 
contaba por amigo á ningua monarca vecino. Los so- 
beranos de Granada, de Navarra, de Aragón y de 
Portugal lodos le eran céntranos; queríale mal el de 
Inglaterra, y solo, como veremos, halló un amigo y 
un aliado constante en el de Francia. Comenzó el 
emir granadino desechando una tregua que don En- 
rique le proponía. Intentó éste tran^gir con Uartín 
López de Córdoba, ofreciéndole poner en salvo su 
persona y las de todos los suyos, asi como los hijos y 
los tesoros del rey don Pedro, y el imperturbable de- 
fensor de Carmena rechazó también con .altivez la 
proposición. Con esto, y como le urgiese á don En- 
rique volver á Castilla, dejando algunos ricos-hom- 
bres y xabalteros que guardasen las fronteras de 
Carmena y Granada, vínose á Toledo á reunirse con 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



318 UltTOKU DB HMftA. 

SU esposa y cod sq hijo, y desde aqui envió á buscar 
á Francia á sa hija doña Leonor, Necesitaba pagar i 
Bertraad DugDescIÍD,-y á saa auxiliares, franceses y 
bretones; pero el tesoro estaba exhausto, y te- 
miendo /enagenarse á sus sábditos, de quienes aun no 
estaba uny seguro, si inauguraba su reinado car- 
gándolos con nuevos impuestos, recurrió al espe-~ 
diente conocido y usado en aquella edad, al de la- 
brar moneda de baja ley. Handó, pues, batir tres 
clases de monedas nuevas, llamadas cruzados, rea- 
les y coronas. Con este recorso satisQzo al pronto 
sos deudas mas urgentes; pero resoltó después lo 
que siempre en tales casos acontece, que los arlleo- 
los subieron de precio á tal punto, que una dobla de 
oro qoe antes valia de 8S á 33 maravedís, se estima- 
ba en 300; un caballo valia 60,000 maravedís, y á 
este respecto lo demás ^*K 

Becibió don Enrique en Toledo nnevas de que 
et rey don Feraundo de Portugal, pretendiendo cor- 
responderle la corona de Castilla ,como iMznieto de 
don Sancho el Bravo, no solamente le movia guerra, 
sino qae había logrado ya que se declararan en sa 
favor Zamora, Ciudad^todrigo. Alcántara, Valencia 
de Alcántara, Tuy y otras ciudades de Galicia. Cor- 
rió donEnriqne á ponersesobre Zamora (jumo, 4369), 

(4) Avala, CbroD. de don E o- moneda nDetamentA labrada le- 

rítñe n.ASo 1369, cap. l4.-^las- nía triple labr del jatrloaeeo. 

caloa, DiacnraCH Hidtor. «obre la Véaae Caotos B«iiitez, Eicratioio 

oindad de Horda , díte. 7. La do moDodaí, p. <7. 



,,CoogIc 



VAsn 11. urao.ni. 319 

mas como raféese que el pprüigués se había apode- 
rado de la Coniña, tomó resueltaoiaite el castellano 
coD toda so hneste el camino de Galicia, decidido á 
pelear allí con su adversario. Pero no habiendo teni- 
do valor el de Portugal para esperar ai bastardo de 
Castilla, volvióse apresuradamente ésa reino. Allá 
le sigoió atrevidamente don Enrique, y entrando por 
la comarca de Entre Duero y Miño, cercó y rindió la 
ciudad de Braga, y pasó, luego á poner, su campo 
/rente á la villa de Guimaranes. También se hobiera 
hecho daeoo de aquella villa, si don Fernando de 
Castro, á quien llevaba consigo desde Montiel mas 
sueltamente- de lo que correspondía á nn prisionero, 
ño le hubiera hecho traición incorporándose á los de 
dentro 80 color de irá hablarles para que se dieran 
á don Enrique. ílovióse entonces don Enrique hacia 
la proviaóa de Tras-os-Hootes, donde se detuvo es- 
perando al de Portugal qae le había enviado á decir 
que queria trabar con él batalla. Eo tanto que venia, 
cercó el castellano y tomó la cindsd de Braganza; 
mas como don Fernando no pareciese, que era el 
portugués mas jactancioso que valiente, y mas revol- 
vedor que guerrero, volvióse don Enrique para Cas- 
tilla después de una espedicion mas gloriosa que útil, 
y COD el sentimiento de haber sabido que durante su 
breve campaña de Portugal el rey moro de Granada 
se halú apoderado de Algeciras, mal defendida y 
guardada por los cristianos: hizo el ínasnlman demo- 



D,g,t7cdb/GOOglC 



ler aqaella fortaleza, brillante y costosa coaquista do 
Alfonso XI., ycogó sa puerto de manera que no fué 
ya posible rehabilitarle nunca. 

Desde Toro, donde se vino don Enrique» ^vió 
los refuerzos que pudo á tas fronteras de Galicia y de 
Granada, y emploó algún tiempo en ir reuniendo 
fondos para pagar á las compañías eslrangeras. Pero 
lo que señaló mas honrpsamente su estancia en Toro, 
fueron las cortes que allí celebró y las ordenanzas 
. que en ellas se hicieron'''. Decretáronse penas moy 
-severas contra los aséanos, ladrones y malhechores. 
«Primeramente que cualquier ome de cualquier con- 
«dicionquesea, qnier sea fijo dalgo, que mataren 
kferíere en la noestra corte ó en el nuestro rastro 
>{radio], quel maten por ello; é sí sacare espada ó co- 
» chielfo para pelear, qwl corten la mano; é si furtare, 
»ó robare, ó forzare en la nuestra corteó en el nues- 
»tro rastro, quel matea p(»-ello,v Prosigue ordenando 
cómo se ha de perseguir y castigar y administrar la. 
justicia á los salteadores, aunque fuesen caballeros, de 
los que acostumbraban á cometer robos desde las 
fortalezas y castillos. Se dieron instrucciones á los al- 
caldes de corte, merinos y alguaciles sobre el cum- 
plimiento de sus respectivas obligaciones; se estabte- 
dó ana especie de ronda continua en la corte en que 
residiese el rey, y en los campos y caminos de la co- 

(1t En cali DÍDgaaa biatoríi se Bacaudo m decir qae Hariaai ni 
hice meDcion de ettai cartea, cit- liquiera las nombra. 
JO cuderno tenemoa & la vista. 



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FARTK II. LIBBOIII. 321 

marca, para la proleccioD y- seguridad de los habi- 
laotes, de . los viageros y de los frutos; y se hizo otro 
ordeDamieoto de meaeslroles á semejanza det que ha- 
bla hecho diez y ocho años autos en Valladolid el rey 
doD Pedro, ponieodo tasa á todos los artículos de co- 
mer y de vestir, y ñjando los precios do las hechuras, 
salarios, jornales y alquileres en todas las artes y ofi- 
cios f". 

Allí eslavo don Enrique hasta entrado el invierno 
que se movió con intento de apoderarse de Ciudad- 
Rodrigo, que estaba por el rey de Portugal. Mas la 
eslacioD era tan inoportuna, y fueron tantas las llu- 
vias, y se presentó un invierno tan crudo, que le fué 
preciso regresar por Salamanca á Medina del Campo, 
donde congregó una asamblea de ricos^hombres y ca- 
balleros, que algunos nombran cortes, para pagar la 
hueste auxiliar estrangera. Auoque apenas podo el 
rey satisfacer en metálico la mitad de lo que adeuda- 
ba, en cambio recompensó espléndidamente con otras 
mercedes á los capitanes de la espedicion. A Bertrand 
Dugnesclin, conde de Trastamara y duque do Molina, 

(4) EtteordeDamientoesUGr- por ejemplo, qae las telas que es- 
nado en Toro, el t ." de letiembro Uban ea uso eran los paños, cha- 
de la era U07 (3S0 1369). Nada malotes, bruaetas, uMarlatsa y 
naa útil qae Ta leclura de estos otras semeiaotes, de Bruselas, Lo- 
documealos para conocer las eos- bayoa, HaliDas, Brujas, CouItit y 
tumbrea de la época, do solo en la otrascíudades de Bélgica. Por ellaa 
parte politice y moral, sioo tam- sabemos lo oue costaoa cada pieza 
bien ea la vida civili el estado de de iaa armaduras asi de hombrea 
la Eoduetria y de las artes, la ma- como de caballos, los nombres de 
ii«ra de leslir y de calzar, y su eslas, la malaria, etc., etc., de lo 
coflU, lelas que ae uiabao, etc. cual acaso nos ocuparemos en 
Bstae ordenanzoi nos eDsoñiD, otro lugar. 

Tovo vu. 21 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



322 HtSTOKlA OB SSPAÜ&. . 

)tí dio las poblaciones de Soria, Almazan, Alienza^ 
Deza, MuQteagudo, Seroo y otros lugares. A) Bégae 
de VillaÍDés le hizo conde de Rivadeo; dio la villa de 
Agreda á Olivierde Manny, la de Aguilar de Campos 
á Jofre Rechon, y la de Villalpando á Arnaldo de 
Solier (oaarzo, 1370). Despaes de lo cual los mas se 
faeroQ cootenlos á Fraacia, donde el rey los llamaba 
para la guerra que aun sostenía con Inglaterra. 

Entre el rey de Portugal y don Fernando de Cas- 
tro le teniaa dominada casi toda la Galicia. Hostili- 
zábale Mohammed por la parte de Granada; estraga- 
ban el país los de Carmena, y don Pedro IV. de Ara- 
gón ayudaba á los enemigos de don Enrique. Atento 
á todo et nuevo rey de Castilla, envió algunas tropas 
á Galicia al mando de Pedro Manrique y de Pedro 
Sarmiento, y con el fio de separar al aragonés de la 
alianza con el de Portugal, despachó á aquel una em- 
bajada instándole á que se realizase el matrimoDÍo, 
años antes concertado, de sa hija doña Leonor con el 
infante don loao de Castilla. Negóse á ello el de Ara- 
gón, mientras don Enrique no le entregase el reino 
de Murcia y las demás tierras ofrecidas en el tratado 
de Monzón, cuando se estipuló que don Pedro le ayu- 
daría á conquistar el reino de Castilla: estraña preten- 
sión la del Ceremonioso, cuando lejos de ayudar á 
don Enrique se babia aliado con el príncipe de Gales, 
y habia hecho to posible para impedir la entrada dd 
de Trastamara en Castilla, negándolo el paso por su 



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FAITB it. Lino lU. 333 

FMDO. A lodo esto/ el de Portugal habia enviado ana 
escuadra de veíate y tres galeras y algunas naves á 
la embocadura del Guadalquivir, lo cual obligó á don 
Enrique á apresurar su ida á Sevilla. En el camino 
supo con placer que sus Tronteros habían pactado tre- 
goas con el rey de Granada. Lnego que llegó á Sevi- 
lli, aparejó su flota, y partiendo el almirante de Cas- 
tilla con veinte galeras por el rio, el rey con su gente 
por tierra en busca de la armada portuguesa , ésta hu- 
yó á alta mar sin querer combatir dejando en poder 
de los castellanos cinco naves. 

Hallándose el rey de vuelta oh Sevilla llegaron 
alli los dos obispos, ^n calidad de nuncios apostólicos, 
para tratar de-paz entre los reyes de Aragón, Portu- 
gal y Castilla, y también trabajaron por hacer que vi- 
niese á composición don Martin López de Córdoba, 
mas nada consiguieron. Entonces don Enrique pasó á 
cercar á Carmena. Dorante este sitio murió el her- 
mano del rey, don Tello. señor de Vizcaya y de Lara, 
que habia quedado por frontero de Portugal \\ B de 
octubre, 1 370). La voz pública acusó al rey de haberle 
hecho dar yerban por medio de su fisico, en razón á 
que don Tello andaba siempre en tratos con los ene- 
migos de su hermano: el carácter de don Tello era 
éste en verdad: acerca del envenenamiento no sabe- 
mos si mintió la fama. Y como no dejase hijos legíti- 
mos, dio el rey él señorío de E^ra y de Vizcaya al iu- 
bnle don Juan su primogénito. 



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33i OISTOtlA DS rspaSa. / 

Continuaba et sitio de Carmona. Martio López se 
defendía valerosa meóte. Cuarenta hombres que esca- 
laron el muro una noche cayeron lodos prisioneros, y 
llevados de órdeo de Martin López á un palio los hi- 
zo matar á lodos á lanzadas. Grande enojo causó al 
rey tan inhumana ejecución; la tuvo presento, y es- 
trechó el cerco con mas ahinco. Apurábalos ya el 
hambre á los de dentro,- y viendo Uartin López qoe 
ai de Granada ni de Inglaterra le libaban tos socor- 
ros qne esperaba, consintió al fin en rendir á doo En- 
rique la ciudad con oí tesoro y con los hijos de don 
Pedro, á condición de salvar su vida y de que se le 
permitiera ir libremente á vivir en el reino que él de- 
signase. A lodo condescendió don Enrique, y asi lo 
juró. En su virtud Marlin López de Córdoba entregó 
la ciudad (10 de mayo, 1371), pero don Enrique, 
follando á su palabra y juramento con gran desdoro 
de la dignidad real, le hizo prender y llevar á Sevi- 
lla, donde le mandó degollar, juntamente con el se- 
cretario del sello del rey don Pedro: la ejecución de 
los cuarenta prisioneros quedó vengada, pero lo. ñié 
con un acto de perfidia y de crueldad que recordaba 
los de don Pedro el Crael: apoderóse don Enrique de 
los tesoros de éste, y envió sus hijos prisioneros á 
Toledo"). 



Cránica Abre- »d«l re; don Pedro, 6 cortironl» 

Tíada, •maDdoelrejarraslrgrpor npíea 6 oíSDOs, i de^oUiraale; é 
atodaSeTÍlladHattwosFmiaDaei, *el laneadoceJiaidejaDioarras- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PAHTB U. LIUHO 111. 3S5 

Prósperamente babtaa marchado eo taoto las co" 
883 para doo Enrique por tas fronteras de Galicia y 
Portugal. El castillo de Zamora se le hatna entregado, 
y el gobernador de la ciudad FernaD Alfonso había 
sido hecho prisionero por Pedro Fernandez de Velas- 
co, camarerodel rey. Zamora quedaba, pues, bajo su 
obediencia, y los fronteros de Galicia habían batido j 
don Fernando de Castro en el puerto de Bueyes, y 
perseguídole en derrota hasta Portugal. Los nuncios 
del papa hablan logrado á costa de. esfuerzos reducir 
al monarca portugués á ajustar paces con el de Casti- 
lla. La principal condición del convenio era el casa- 
miento del rey don Fernando de Portugal con la in- 
fanta doña Leonor, hija de don Enrique, y la restitu- 
ción de las plazas de Castilla que aquel tenía. Con . 
objeto de arreglar lo necesario para las bodas de su 
hija pasó el castellano á Toro, pero el versátil portu- 
gués le envió allí un mensage anunciándole que no 
podía realizar aquel casamiento^ por cuanto habia 
contraído ya matrimonio con una dama de su cor- 
te'^', rogándole que no lo tuviese á enojo, puesto 



D laplaza deSaDFcaQCÍsQO, mismo ref M eJ que sienda prío- 

»é le quemarOD.n cipe reaunciá i la maoo de d(ma 

[]) Esta dama erndoSsLeoaor Beatriz, bija de doo Pedio de Ca»- 

Tellez de Meoeses, cauda coD tilla, con quien teoia Uatado ma- 

Juan Loreaui de Acuña, if srraa- trimonio, v otro igual menaage la 

cada por ul re; Tioleotí ; crimi- fué dirigido á don Pedro, cuando 

nalmenle i bu marido. «Asi era, ?a éste habia enviado eu biju á 

esclama aquí un ilustrado escrl' Portugal, 
tor, como estos «tñores eoseila- 



D,g,t7cdb/GÓOgIC 



3^6 HI8T0UA BB BSPAAa. 

que estaba dispuesto á devolverle las plazas conveDÍ- 

das. Don Eorique, á quien no interesaba tanto ser 
yerno del rey de Portugal como cobrar las plazas y 
vivir en paz god él, lejos de mostrarse disgnstado se 
dio por contento, y recobró sus ciudades y quedaron 
•amigos. 

Vemos con gusto al nuevo monarca de Castilla 
emplear los pocos períodos de descanso que le deja- 
ban las guerras en dc^ar al país de leyes saludables. 
- Las que hizo en las cortes que celebró en Toro este 
año (1371) fueron de suma importancia para la orga- 
nización política y civil del reino. Con el título de 
Ord^amiento w&r« laadmitUstraeion dejutíicia tene- 
mos á la vista un cuaderno hecho en aquellas cortes, 
en que se crea una audiencia ó chancillerla (aMt«n- 
cia, chancilleria,, »e la llama indistintamente en el 
texto), compuesta de siete oidores, para librar 
ó fallar los pleitos en la corte del rey, especie de 
tribunal supremo, de cuyos juicios no babia alzada 
ni suplicación. Establecíanse en la corte ocho alcal- 
des ordinarios, dos de Castilla, dos de León, uno de 
Toledo, dos de Extremadura y uno de Andalucía, que 
□o fuesen oidores, ni pudieren tener olro oGcio. sino 
el de librarlos pleitos criminales en la forma y térmi- 
nos que se les prescribía. Los primeros habían de te- 
ner tribunal tres. dias, los segundos dos á la semana. 
Se 'señala ademas en este cuaderno sus obligaciones 
respectivas á los adelantados, merinos, escribanos, 



,,Cooglc 



PAKTB II. LIBIU III. 327 

nolarios, alguaciles y demás empleados de justicia. 
Se reproducen tas ordeaauzas de ronda y policía, las 
leyes coulra malhechores y ladrones, y se manda 
derribar y destruir los castillos, cuevas y peñas bra- 
vas, de doade se baciau muchos daños á la tierra, 
prohibiendo levantar Fortalezas sin espreso manda- 
miento del rey O. Asi se iba organizando la adminis- 
IracioD de justicia, y marchándose hacia la unidad 
del poder. 

En otro cuaderno hecho en las mismas cortes res- 
ponde el rey á treinta y cinco peticiones presentadas 
por tos procuradores de tas ciudades, entre las cuales 
las babia de grande importancia para el gobierno del 
reino. Tales eran, la de que no se desmembraran las 
ciudades, lugares y fortalezas de la corona, dándolos 
á particulares señores-, que no entorpecieran los 
grandes y magnates el ejercicio de la jurisdicción y 
señorío real; que tos juzgados de las ciudades y vi- 
llas no se diesen á caballeros y hombres poderosos, 
sino á ciudadanos y hombres buenos, entendidos cu 
derecho, y que estos hubieran de dar cuenta cada 
año del modo como hablan administrado la justicia; 
que se guardase el foero de cada ciudad, y no so les 

(1) Dh estas leyes no baco por la parte legialativa, ú la omi- 

■mucíoq Uarisns, »vf,m> su eos- ten del lorio, y nunca se les cao- 

tumbrc, oí casi ninguoo [le oues' saba ta pluma ca traiéndose de 

troB historia dores, los coaleí pa- ciinlar loa mas oieDudos v mond- 

Tcce DO ccnsidereban como paito tonos Isocesdo cada batalla 6 eo- 

de la bislnria la lef;¡Btac¡OD de un cuentru, 6 de mformarDos de dóo- 

paia, siendo anaso la mas esen- de se hallaba ul rey cada dia ; 

cial. Asi ea.que ó pasan de largo cada hora. 



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328 UISTOBIA PB bstaSa. 

diese jueces de fuera sino á pelicion de todos los ve- 
cinos; que DO se permitiese levantar fortalezas sin or- 
den del rey; qae ningún hombre lego pudiese deman- 
dar á Otro lego ante los jueces de la iglesia con cosas 
pertenecientes á la jurisdicción temporal, y otras se- 
mejantes t)ue conducían á la disminución de los privi- 
legios oobitiavios, al robaslecimiento del brazo popa- 
lar, y á la debida separación de las diversas jnrísdic- 
ciones. A todas accedía el rey, salvo alguna pequeña 
modificación. Por la segunda peticioa de estas «órtes 
se vequelos jtjdiosse hallabanapoderadosde los me- 
jores empleos de la córie y del reino, á tal estremo, 
que con su poder, influencia y riquezas tenían avasa- 
llados y supeditados á los pueblos y concejos. Pedían 
pues estos por sus procuradores, «que aquella mala 
companna,! «gente mala é atrevida, é enemigos de 
Dios éde toda la cristiandad,* no tuviesen oficios en 
la casa real, ni en las de los grandes y señores, ni 
fuesen arrendadores de las rentas reales con que ha- 
cían tantos ¿obechos; que viviesen apartados de los 
cristianos, llevando una señal que los distinguiera de 
ellos; que no vistiesen tan buenos paños, ní cabalga- 
sen en molas, ni llevasen nombres cristianos. Condes- 
cendió el rey áesto último de los nombres y de las 
señales, mas en cuanto á los arrendamientos y á los 
empleos y oficios de la real casa y en las de los gran- 
des y caballeros, lo negó no muy disimuladamente 
diciendo: «en razón de todo lo al. tenemos por bien 



nigiUrrlb/GOOglC 



MITB n. LIBIO III. 329 

>qae paseo aegunt que pasaron en tiempo de los Reys 

>Duestros antecesores, é del rey don Airón nuestro . 
>padre.» Prueba grandedel influjo y poder que aque- 
lla raza conservaba, y de que tos mismos sobevanoe 
no se atrevían á despojarla. 

Hay otro cuaderno de eslas mismas cortes, qae 
contiene trece peticiones enviadas por el concejo, al- 
caldes, y veinte y cuatro caballeros y homes buenos 
de la ciudad de Sevilla. Interesables son algunas de 
ellas, como testimonio de los adelantos de la época 
en materia de legislación. Que no se prendiera á las 
mugeres, ni se embargaran sus bienes por deudas de 
sns maridos: que los clérigos no tuvieran mas dere- 
chos para con sus deudores legos, que los que estos 
para cou aquellos teuian; que nadie fuese desapode- 
radode sos bienes basta ser primeramente oida y ven- 
cido por fuero y por derecho; y otras á este simil con- 
ducentes á asegurar lasgarahtfas individuales ^*K Re- 
vocóse en estas cortes la ley de moneda de los cruza- 
dos y reales, reduciéndolos á su justo valor, en razoñ 
de tos daños que su creación babia causado enel reino. 
Se trató otra vez de la forma de las behelrfas; pero 
el rey se n<^ó á alterar esta apitigua institución y qne- 
dó eo tal estado. 

Habia enviado don Enrique algunos de los suyos 
para ver de recobrar los lugares que se habían dado 



D,g,t7cdb/GOOglC 



330 HUTOtU DB ESPAftA. 

al rey de Navarra. Salvatierra y Sania Cruz de Cam- 
pezo volvieran á tomar la voz del de Castilla: Logro- 
ño y Vitoria se pusieron en manos del papa Grego- 
rio XL (sucesor de Urbano Y.), hasta que éste libra- 
ra el pleito entre los dos reyes. 

Fiel don Enrique á la alianza del monarca fran- 
cés, á quien en gran parte debía la corona de Casti- 
lla, habíale socorrido, coa una Qold de doce galeras al 
mando del almirante Ambroáo Bocanegra, hijo de 
HicerGíl, para la guerraqueel fraucés traia con los in- 
gleses. La flota castellana encontró oerca de LaRoche- 
lle la armada inglesa mandada por el conde de Pem- 
broke, yerno del rey. El almiraote de Castilla la ala-. 
cóisia vacilar, la batió, é hizo prisionero al almirante 
inglés con la mayor parte de sas naves, escepto la c|ue 
conducid el dinero, que se fué á pique con harto seo- 
timiento de los castellanos. Esta derrota causada á los 
ingleses en el elemento en que ellos estaban acos- 
tumbrados á dominar, produjo que uno gran parte 
de Guíena volviera al dominio del rey de Francia. 
Para los castellanos fué como un justo desquite de las 
pretensiones de los hijos del rey de Inglaterra, á sa- 
ber, el duque de Laocaster y el conde de Cambridge 
que habiaa casado con las dos hijas de don Pedro el 
Croet, doña Constanza y doña Isabel, y priocipat- 
mente del de Láncaster, que pretendía tener por aquel 
matrimonio derecho ala corona de Castilla. Recibió 
don Enrique esta agradable nueva en Burgos, donde 



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MBTI II. U»*Q ni. 331 

le toé llegado d priáoiiao conde de Pembroke con 
oíros setenta caballeros ingleses de la espuela dora- 
da. Pródigo en mercedes el rey de Castilla, basta el 
panto de que le valiera esta cualidad el sobrenombre 
de doo Enrique el de lai Mercedes, no podia dejar de 
dárselas espléndidas al^gefe y á ios capitanes de la 
armada veDcedora. El ilustre prisionero Toé dado por 
el rey & Bertrand Dnguesclin, de quien volvió á com- 
prar por cien mil francos de oro las villas que antes 
le había dado. 

Una rebelión movida por los descontentos de Ga- 
licia y Castilla en Tuy obligó & don Enrique i mar- 
char apresuradamente á aquella ciudad : la cercó y to- 
mó, y volvióse pronto á Castilla (437S), á preparar 
eo Santander una armada de cuarenta velas para en- 
viarla á La Rochelle eo aniitio de su íntimo amigo y 
aliado el rey de Francia, conducida por el almirante 
Ruy Diaz de Rojas. La armada castellana arribó á la 
Rochelle, mas no habiendo parecido la escuadra in- 
glesa qoe había de ír en socorro de aquella ciudadt 
entreg(^ ésta á los franceses, y la flota de Casulla 
regresó á invernar en los puertos del reino '*K 

Poco guardador de los pactos el rey don Fernando 
de Portugal, babia apresado en las aguas de Lisboa 
algunos barcos mercantes vizcaínos, guipuzcoauos y 
asturianos, sin motivo ni causa conocida, si no lo era 

(t) Carta de don Enrique, Te- Murcia, píg. t3i.— -Ayala, Chroa. 
cha eo Benaieoto i 37 da wticm- Aoo VU. cap, 1. 
bre de 1311: en CaacalM, Híit. de 



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33S lUnoUA OB UPAÑA. 

et deseo de romper olra vez^ con el' de CaslíHa, aten- 
dida la alianza que el portugués hizo cod el duque 
de Lancaster, que leoia la arrogaocia de titularse rey 
de Castilla, por su muger doña Constauza, hija de 
doD Pedro y de la Padilla '''. Envió el rey sus cartas 
al de Portugal por medio de Diego López de Pache- 
co, caballero portugués á quieu don Eorique tenia 
heredado ea Castilta., requiríéodole que desembarga- 
ra las naves que habia tomado de su reino, y mieo- 
tras su hijo don Alfonso sometía algunos rebeldes de 
Gaitcia, dOD Enrique esperó en Zamora la contestación 
del de Porlugal, á quien habia enviado á preguntar» 
habia de tenerle por amigo ó por enemigo. Que do 
era la voluntad del portugués ser su amigo, fué lo que 
le aseguró el ^Pacheco, con lo cual se resolvió don En< 
fique A invadir el- rdno vecino. 

La ocasión no podía ser mas oportuna. El matri- 
monio escandaloso del rey don Femando con doña 
Leonor Tellez tenia sublevado contra él al pueblo , y 
su mismo hermano don Dionis, bijo de doña Inés de 
Castro, sevino ¿ las banderas del rey de Castilla, que 
le recibió muy bien y partió con él sus joyas, caba- 
llos, armas y dinero. Don Enrique, sin atender á las 
amonestaciones del cardenal Guido de Bolonia, que 
intentaba poner paces entre los dos reyes, continuó 

(1) Doña Beatriz, que era la ra de Turdcfillai , fundido por 
nuyordelsatreihijiadedoaPe- ella, y acabó sa vida ea el cltoi- 



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FAKTB II. LIBIO III. 333 

m marcha por Portugal (diciembre, 1372), y se apo- 
deróle Almei'la y otros lagares. Pidió sío embargo 
refaerzos para proseguir la guerra. Los hidalgos por- 
tagneses, disgustados con el matrimonio de su monar- 
ca, ayudábanle de mal grado, y muchos do te asistiao 
cao sus servicios. Asi don Enrique, después de pose- 
síoDarse de , Viseo (U73), marchó sobre SantaréD, 
donde se hallaba don Fernando, que no se atrevió & 
presentar batalla al castellano, el cual se dirigió 
atrevIdameBle oin su ejército á Lisboa, en cuyos ar- 
rabales acampó (marzo, 1373). Defendieron los por- 
tugueses valerosamente su capital por mar, y por tie- 
ra, en términos que tuvo don Enrique que retirarse 
con sa ejército á los monasterios que babia fuera de la 
ciudad, no sin haber incendiado antes algunas calles 
y las naves de las atarazanas. Los barcos de Castilla 
apresados fueron recobrados por la escuadra castella- 
na del almirante BocanegVa. 

A tiempo llegó para el de Portugal la interven- 
cion del cardenal legado, que con deseo de poner pa- 
ces entre los dos reyes habia ido á Saalarén á confe' 
renciar con el portugués. Las condiciones de la paz 
DO eran demañado duras para éste, atendida la criti- 
ca situación en que se bailaba. Reducíanse á que el de 
Portugal dentro de cierto plazo echaría del reino á 
don Fernando de Castro y á otros caball^os y escu- 
deros castellano^ que con él andaban en número de 
quinientos: que el conde don Sancho, único hermano 



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334 HtSTOklA OB BSPAtiA. 

que quedaba det rey de Castilla, casaría con la íofonta 
doña Beatriz, hermana del rey de Portugal, hija de 
doD Pedro y de doña Inés de Castro: que don Fadñ- 
que, hijo bastardo del de Castilla, se desposaría eos 
doña Beatriz, hija de doD Feruando de Portugal y de 
doña LeoDor Teilez, que acababa de nacer eaCoim- 
bra; que el conde don Alfonso, otro hijo bastardo de 
doD Burique, habría de casar coa doña Isabel, otra 
hija bastarda del portugués, la cual Itevaria eo dote 
Viseo. Celorico y Liuares. La moralidad de los reyes 
de este tiempo se ve eu esta mulUtud de hijos bastar- 
dos y de prole ilegítima que todos teoian, y de que 
concertaban públicos enlaces. Hizo el legado pontifi- 
cio aparejar tres barcas en Santarén, y entrando en 
nna el rey de Castilla, en>oira el de Portugal, y el 
cardenal en la tercera, viéronse ambos reyes en tas 
aguas del Tajo, y se hablaron y juraron amistades. 
Termioada así la guerra de Portugal, y celebradas las 
bodas de don Sancho y de doña Beatriz, dio don Eo- 
ríquela vuelta para Castilla. 

Su primera diligencia fué intimar á Cérios el Ma- 
lo de Navarra que le devolviese las ciudades de Lo- 
groño y Vitoria. Débil para reustirle el navarro, dijo 
que ponia el asocio eo manos del noncio del papa. 
Incansable este prelado, que iba siendo el arbitro de 
todos los litigios de la península, logró también con- 
certar Á estos dos príncipes y que hicieran sus pleite- 
sías bojo las condiciones siguientes: que el de Navarra 



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PAKTB 11. LIBBO 111. 335 

dejaría al de Castilla las ciudades de Vitoria y Logro- 
ño; que doD Carlos, hijo primogéoilo del navaiTo, ca- 
saría coa dooa Leonor, bija de don Enrique; y queeo 
tanto que el infaute de Navarra se hallaba en edad de 
poder «oDlraer matrimoaio, estaría su heroiaDo menor 
don Pedro, como en rehenes, en poder de la reina de 
Castilla. Viéi'onse también ambos soberaups entre Brio- 
nes y San Vicente, comieron juntos, y firmados loa 
desposorios, y entregadas las dos ciudades, y enviado 
á Burgos el infante don Pedro, quedó todo sosegado 
entre los reyes de Castilla y Navarra. 

A poco tiempo de hechas las paces vínose el de 
Navarra á Madrid, donde trató de persuadir á don 
Enrique que se separara de la liga y amistad del de 
Francia, lo cual sería bastante para que tuviese por 
amigos al rey de Inglaterra y al duque de Lancaster, 
y tanto, que éste renunciaría á sus demandas y pre- 
tensiones sobre Castilla como esposo de la hija de don 
Pedro. Contestó don Enrique'que pomada del mundo 
dejaría su alianza con el francés; y no pudiendo con- 
certarse sobre este punto, despidiéronse el de Navar- 
ra para su tierra, y el de Castilla para Andalucía. De 
esta manera, y merced á sn energía y actividad, iba 
don Enrique venciendo lascontrariedades y desemba- 
razándose de los enemigos quedentro y fuera del rei- 
no halló conjorados entre sí al ceñirse la corona de 
Castilla. 

Faltábale desarmar al aragonés. Veía con recelo 



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'336 HISTOKIA DK'BSPAfÍA. 

don Pedro IV. de Aragón et Ceremonioso el éxito que 
babia tenido la campaña de don Enrique en Portagal 
y el poderlo que el castellano iba adquiriendo, y te- 
míale tanto mas, cuanto que sabia bien que do se en- 
cubría á don Enrique la situación del reino aragonés, 
y que conocia perfectamente todas las plazas de I« 
frontera, como quien babia vivido mucho tiempo en 
aquel reino en intimidad coa el monarca. Por taolo 
renovó don Pedro su alianza con Inglaterra y con el 
duque de Lancasler contra el de Castilla; pero en 
cambio éste, juntamente con el de Francia, protegían 
al infante de Mallorca, que amenazaba invadir la Ca- 
taluña <*). Interpúsose el duque de Ánjou entre el 
aragonés y el castellano, y quiso que vinieseo á un 
arreglo sobre el señorío de Molina y el reino de Mur- 
cia, que era sobre lo que versaban tas preteosiones 
del de Aragón. Pero estando en estas negociacioDes, 
él duque de Anjou se convirtió de repente de arbitro 
y mediador en enemigo del aragonés, y cesó de tra- 
tarse de paz por su medio. Entonces los dos monar- 
cas comprometieron sus diferencias en el cardenal 
Guido y en algunos prelados y caballeros de ambos 
reinos, los cuales convinieron en que iiubiese tregua 
de algunos meses (diciembre, 1 373). Et rey de In- 
glaterra y el duque de Lancasler no cesaban de instar 
al de Aragón á que hiciese guerra abierta al de Cas- 

(<] Recuérdese lo quo nobre ría del reiDado de don Pedro fV. 
eeto dejamos referido en la hislo- de Aragón- 



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PARTB II. LIBKO Ul. 337 

lilla para caando el príncipe ioglés viniera á tomar 
posesioQ de este reioo, halagándole con orrecimieQlos 
pomposos; pero cauto y sagaz el aragonés, entreteDia 
estas pláticas, como aquel á quien no conrenia tener 
por enemigo al castellano en ocasión en que le daba 
barto qne hacer el infante don Jaime de Halldrca "'. 
Seria mediado enero de 1374 cuando supo don 
&irique, bailándose en Burgos, que el duque de 
Lancaster amenazaba invadir su reino, y para estar 
aperdbido reunió en aquella ciudad sus compañías y 
sus pendones. Alli perdió la vida por un incidente 
casual el conde de Alburquerque don Sancho, único 
hermano que habla quedado al rey. Habíase movido 
una riña entre soldados de dos cuerpos; acudió don 
Sancho vestido con armas que no eran suyas á apa- 
dgnar la contienda, y un soldado, sin conocerle, lo 
dio una lanzada en el rostro, de la cual murió aquel 
mismo día ''^ Gran pesadumbre causó este suceso al 
rey, que sin embargo no dejó de apresurar sus pre- 
parativos de guerra, y cuando tuvo reunidas todas 
sus compañías, partió de Burgos para la Rioja, paso 
su real en el encinar de Bañares, é bizo alarde de su 
gente, que consistía en cinco mil lanzas castellanas, 
igual número de peones y mil doscientos gineles. El 
de Lancaster, tal vez desanimado con la tibieza que 

<1) Zorita, Anal, de Arig., li- togal, la coal dio á laz nos niña 

bro X. que m llamó doña Leooor, ; oasÓ 

(t) Qaedaba en cinta aa etpo- aDdaodo el liempo, con don Per- 
sa la cODdeu doiia Beairís dePor- naudo de Auteqnera. 

Tomo tu. ÍSl 



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338 BtSTOiíA M bspaKa. 

Iialtó ea el de Aragoo, no so atrevió á entrar ea Eit- 
paña. EaloDces recibió doo Enrique un meosage del 
duque de Anjou ioviláadole á que |»8ára coa su ejér- 
cito á cercar á Bayoaa, doode é\ simulláDeameDle se 
presentarla. Uizoto asi don Enrique, y et ejército cas- 
tellano, atravesando con mil trabajos el pais de Gui- 
púzcoa eu medio de copiosísimas lluvias á pesar de 
ser ya la estación del verano (junio, 1374], acam|H} 
delante de Bayona^ El duque de Aojou no parecía. 
Avisóle don Enrique á Tolosa, donde se hallaba, y 
aun asi nú concurrió alegando tener qué atender por 
aquella parle á los ingleses. Ea su virtud, y esca- 
seando los mantenimientos para so gente, levantó 
don Enrique el campo de Bayoaa y se volvió á Casti- 
lia. Dejó en Burgos al infante don Juan con algunas 
tropas, licenció otras, y á la proxAnidad del invieroo 
se fué á Sevilla. Desde allí mandó una armada al rey 
de Francia, al mando del almirante Fernán Sánchez 
de Tovar, que naida á una flota flrancesa hicieron 
grandes estragos en las costas de Inglaterra «>. 

Solo faltaba al castellano trocar en paz la tregua 
que tenia con el aragonés. Babia de fundarse aque- 
lla principalmente en et casamiento, mucho tiempo 
hacia concertado, del iufaote heredero don loan de 
Castilla con la infanta doña Leonor de Aragón. Ha- 

(1) Por oste tierapo murió él Araf^oa beOM dicho.— Tambiea 
iDfsote doa Jaime a» Millgrca, murió «I alroiriDt« loglét,ci>iiit» 
qae ae titulaba ra; de NipolM,<)e de Penbrofco, ra podar de Bar- 
la maoora que en la bistoria de tiand Oii¿«eiclin. 



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PARTE II. LIBRO nu 339 

bísDse criado juntos, por aoteriores Iralos, toados Jó- 
venes principes, y se amabsn. La muerte de la reina 
de Aragón, que se opouía á este enlace, favoreció 
mucho á las negociaciones y mensages qoe á aquel 
intento se entablaron y cruzaron entre los dos mo- 
narcas y el fallecimiento de don Jaime de Mallorca 
contríbnyó también no poco i allanar las dificultades. 
Prosigniendo, pues, los tralost acordóse que se vieran 
en un punto de la frontera las personas designadas 
por QDO y otro reino para negociar el matrimonio y 
la reconciliación. El punto señalado fué Almazan. 
Allí concorrieron por parte de (bastilla la reina y su 
hijo, los obispos de Falencia y Plasencia, y los caba^- 
lleros Juan Hurtado de Mendoza y Pedro F^eroandez 
de Telasco; por parte del aragonés el arzobispo de 
Zaragoza y Ramod Alaraan de Cerbellon. Talis vi- 
nieron & ccuformarse en ajuslar la paz con las condi* 
dones siguientes: que se realizaría el matrimoaío del 
infonte don Joao de Castilla con la infanta doña Leo- 
nor de Aragón; que te serían contados al aragonés 
como dote de su hija los descintos mil floriaes de oro 
que habia prestado & don Enrique para su primera 
Mitrada en Castilla; qoe devolvería al castellano la 
ciudad y castillo de Molina; que don Enrique pagaría 
al aragonés en varios plazos dentó ochenta mil Oorí' 
oes por ios gastos que éste habia hecho ayudándole en 
las guerras pasadas, y qoe de una parte y de otra se 
darían las seguridades conveoieotespara laobservan- 



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340 MISTOKIA DB BSrAÜA. 

cía del Iralado. Firmó éste el infante de Castilla en Al* 
maean el 12 de abril de 1375, el rey de AragoD eo 
Lérida el 10 de marzo, jurándole los aragoneses y 
catalanes allí presentes, y otro tanto se ejecutó por 
parte de don Enrique y de los principales señores 
de su corte "'. 

Habiendo convenido en que las bodas se celebra- 
sen en Soria , don Enrique envió un mensage al rey de 
Navarra manifestándole el gusto que tendría en que 
al propio tiempo y alli mismo se realizara el malrimo- 
DÍo ajustado entre el infante don Carlos de Navarra y 
la infanta doña Leonor de Castilla. No puso dificultad 
en esto el navarro, y enviando seguidamente su bijo 
á Soria, se efectuó su casamiento (27 de mayo), aun 
antes que el de la infanta de Aragón, cuya venida se 
retrasó algunos dias, y su enlace coa el heredero de 
Castilla no se verificó basta el 18 del iamedialo 
junio. 

Terminadas las fiestas del doble enlace, llegáron- 
le á don Enrique á Burgos cartas del rey de Franda 
participándole qae iba á celebrarse un congreso eo 
Brujas (Flaodes) para tratar la paz entre Francia é 
Inglaterra. Allá envió también sus representantes el 
rey de Castilla. Mas habiendo estos diferido su viage 
por incidentes que sobrevinieron, cuando llegaron á 
Paris hallaron ya de vuelta á los hermanos del rey de 
Francia, después de prorogada en Brujas por media- 

(() Ájala, CbroD. Año IX.— Zurito, Anal. lib. &. c. <9. 



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PjUbTK II, LIBItO lU. ¿41 

«ion del papa la tregua qae habia eolre ingleses y 
fraaceses. Al liempo que los embajadores regresaroa 
á Caslilla, vino lambieo el duque de Borboa en pere- 
grÍDacioD á Compostela. Recibióle muy amislosa mente 
doo. Enrique ea Segovia , y le hizo grandes presentes 
y honores. Acompañóle hasta LeoD„y el fraacés coa- 
tínuó su caminoá Santiago, y doo Enrique se fué para. 
Sevilla (1376). 

Parecia que se hallaba ya el monarca de Castilla. 
en paz y concordia con lodos los reyes cristianos de 
España. Pero el navarro, cuyos aclos lodos corres- 
pondían al sobrenombre de Malo que llevaba , coa su 
acostumbrada perfidia y doblez determinó enviar su 
hijo á Francia, en la apariencia con objeto de que en* 
taUase ciertas negociaciones con el monarca de aquel - 
reino, en realidad con el siniestro designio que va-< 
mos á ver. Algo receló el de Castilla , conocedor del 
carácter de Carlos el Malo, y bien mostró aJ infante sa 
yerno el desagrado con que vcia aquel viage, |)ero el 
príncipe obededendo á su padre partió para Francia. 
Seguíale sa escudero y privado del rey su padre, 
llamado Jaques de Rúa. El previsor y hábil polflico 
Ciarlos V. de Francia hizo preuder en el camino al 
conüdento del navarro, y puesto á tormento declaró 
que el objeto con que le enviaba el rey era de tratar 
con los ingleses, bajo la base de que si el rey de In- 
glaterra le cediese la Guíena y le pagase dos mil lan- 
zas, ól le ayudaría haciendo personalmente la. guerrí^. 



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342 iiiSToiu DE ustáÍÁ. 

al de Francia y le uederia todas las fortalezas que te- 
nia en Normandía, que eraa muchas. Confesó ademas 
el agente secreto de Carlos el Malo , que éste habia 
querido sobornar á on médico de Chipre llamado 
Maestr'Angel para que diera veneno al moaarca 
francés, pero que el médico habia tioido por do co- 
meter aquel crimen, todo lo cual sabia por boca del 
miamo rey (i 377), el negociador del navarro que 
esto confesó fué condenado á una muerte afrentosa en 
París. Llevado á esta ciudad el infante de Navarra, 
principe noble, que de seguro no tenia parte en la 
traición , fué detenido allí por el rey de Francia, el 
coal mandó á su hermano el duque de Borgofia y A 
Bertrand Duguesctin que tomaran y desmantelaran 
todas las fortalezas que en Normaodfa poseia el na- 
varro. Solo quedó el casUllo de Cherboui^, que em- 
peñó el de Navarra á los ingleses, y desde el cual hi- 
cieron éstos mucho daño á Francia ">. El monarca 
francés envió meosageros á don Enrique, qoe á la sa- 
zón se hallaba en Sevilla, noticiándole este suceso y 
rogándole por la amistad que entre ellos había que 
hiciese guerra al de Navarra. 

Llegaba hi escitacion del monarca francés en sa- 
zón oportuna, puesto que sabia doQ Enrique que ha- 

(1) Ájala, ChroD. Aña XII. castJHo de Cherbourg, pera sju- 

C.I.— Hartene.Theaaur. EotaTa- darle en la guerra de Eapaña cun- 

niDia coleccioD de Rymer eslá el tra la batard Henri oeeupant á 

tratado que hicieroD los iaglsBea preMnt ii áit Raiaumtá' Éipaig- 

coD el rar de Navarra á cense- ne; Tech, en WcaUn. ú ' 1 de agos- 

cueDCJade haberles eotregadoel tode13^7. 



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PAkTB II. LIBIO UI. 3 Í3 

eialietopo-andaba el oavarro trabajando por soborDar 
al adelantado de Castilla Pedro Haoríque para que le 
vendiera la ciudad de Logroño en veinte mil doblas. 
Previno entonces el rey á sa adelantado qoe fingien- 
do estar dispuesto á darle la plaza procarára atraerle 
i ella y apoderase de su persona. Asi lo inlenlii don 
Pedro Manrique; los que iban con el rey de Navarra 
cayeron eo el lazo, pero él malició alguna emboscada 
y retrocedió desde el puente (1378}. Con estos prece- 
dentes no tardó en encenderse la guecra entre Gastl- 
Ua y Navarra'. El navarro llamd en su aunlio com^- 
pañfas y capitanes ingleses, á quienes dio algunas 
plazas de sa reino, y don Enrique envió su faijo el in- 
Tante don Juan con cuatro mil lanzas y buen golpe de 
'ballesteros de las tres provincias de Álava, Vizcaya y 
Guipúzcoa, con los cuales penetró hasta las marailsit. 
de Pamplona, devastó la comarca , tomó algunos tu- 
gares y cercó y rindió la villa de Viena. Mas como se 
aproximase el invierno, dejó guarnecidos los lugares 
que babia ganado y dio la vuelta para Gaslilla. 

Acontecía esto á tiempo que comenzaba á alligir á 
la cristiandad el lamentable y funesto cisma de la 
EgleMa, de que hemos dado cuenta eu otra parle i'>. 
y el cooBicto en qoe ponía á los pueblos cristianos la 
coexistencia de los papatsUrbano VI. y Clemente Vil f*>. 



{i) Cap. li de «»te libro. na, adicioD da ValeDOi*. h pude 

(1) Ed el Ap^odice i." al U- tw nDUMleDleirabaio sobre sa- 
mo Vlll. en U Diihiria de Muía- te oisma, tiecbo, do por el buIoe, 



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3ii HISTORIA DB ESPASa. 

Halláadose et rey don Enrique en Córdoba llegároDle 
dos legados de Urbano V[. anunciándole su elección 
y su baen deseo de poner en paz á todos los principes 
cristianos. Traíanle presentes de parte del pontífice, 
y asegurábanle en snoombi-e que todas tas dignida- 
des y beneficios eclesiásticos de Castilla se cooferírian 
precisamente á los nalorales del reino. Uas como á 
poco tiempo viniesen nnevas de la elección de Cle- 
mente vn. declarando nula la de Urbano, don Enri- 
que, babido su consejo resolvió inferir la contesta- 
ción á los mensageros del papa , hasta ser mejor in- 
formado del verdadero estado de las cosas: y dando 
por motivo hallarse los mejores letrados de su consejo 
ocupados con su hijo ea la guerra de Navarra. 
desde Toledo , donde todos habrían de reuiúrse 
muy pronto, les daría una contestación cumplida. 
Partió , pues , don Enrique para Toledo, donde en 
efecto se le incorporó á los pocos dias su hijo et in- 
fante don Juan qne venia de Navarra. Haslambieo 
llegaron mensageros del rey Carlos V. de Francia su 
mas Intimo aliado y amigo, por los cuales le informa- 
ba de todo lo acontecido en Roma y Avídod, y de to- 
do lo relativo á los dos cónclaves y á las dos elec- 
ciones, concluyeado por rogarle que reconociese á Cle- 
mente vn. que era á quien él tenia por verdadero y 



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■ PAITt Ll. LliBO III. 34S 

legitimo vicario de lesncristo. E» tal conflicto don En- 
rique tomó el partido prudente de contestar, asi á los 
mensagerosde Roma como á los de Francia, que haS' 
ta que ta Iglesia declarara caal de los dos electos era 
el legitimo, su voluntad era de estar indirereote y 
neutral, sin tomar la parte del uno ni del otro. Y asi 
lo cumplió mandando á todos los prelados é iglenas 
de su reino que oo entregasen á nadie las rentas per- 
teoecieotes á la Santa Sede, sino que las tuviesen como 
en depósito, para darlas á aquel que todos los cristia- 
nos fallasen que era el verdadero papa '". 

Despachados con esta respuesta anos y otros em- 
bajadores, encaminóse el rey á Burgos, donde apelli- 
dó todas sus banderas, con iatencion, ó bien de re- 
novarla guerra con el navarro, ó'bien de iatimidar- 
le para hacerle aceptar una paz estable y duradera 
(1379). Mostróse muy dispuesto á ello el de Navar- 
ra, y asi lo manifestó en la contestación al primer 
mensago que en esle^ntido le envió don Enrique; y 
en su virtud representantes de uno y otro soberano 
firmaron las paces en Burgos con tas condiciones si- 
guientes: que ambos monarcas quedarían amigos, 
respetando la liga que el de Castilla 'tenia con el do 
Francia; qne el de Navarra haría salir de su reino á 
los capitanes ingleses; que pondría en poder de caba- 
' lleros castellanos los castillos deTudcla, los Arcos, 

(1) Ya hamos visto que una re; dOD Podro IV. de AragOD. 
datcrmiDacJon semejaDlB lomó el 



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346. niSroKIA DB ESPAÑA. 

Sao Víceote, Bernedo. Viaoa, Eslella y oíros hista 
veíate; que el de Castilla daría veíate mil doblas al 
de Navarra para ayudarle á pagar lo que debia á los 
auxiliai-es iogleses y gasconea, y le volvería los luga- 
res qae le habla tomado el ínfaote doo Juan; que los 
rehenes estarían así por diez años. Firoudas las paces 
y entregadas las fortalezas, viéroase tos dos reyes en 
-Santo Domingo de lo Calzada, donde juraron sus tra- 
tos, y estuvieron juatos seis días, al cabo de los coa- 
tes el de Navarra se volvió á so reino. 

A poco de haber partido de Santo Domingo Car- 
los de Navarra siotió don Enrique alterada su salud, 
y tan rápidamente se le agravó la dolencia que a) 
amanecer del décimo dia conociéndose próximo á la 
ranerle pidió un confesor del orden de predicadores, 
de quien recibió los últimos sacramentos de la Igle- 
sia. Incorporado en la cama y cubierto con su manto 
de oro, >dírigió al olMspo de Sigüenza y á otros caba- 
lleros alli presentes estas razones: «Decid al iafante 
«don Juan mi fíjo, que en razón de la Iglesia , é de 
]»la cisma que hay en ella, que le ruego haya buen 
»oons^o, é sepa bien como debe facer; ca es un caso 
«muy dudoso, é muy peligroso. Otrosi qoe yo' le me- 
»go que siempre sea amigo de la casa de Francia , de 
«quien yo recibi muchas ayudas. Otrosí que yo man* 
»dó, que todos los presos chrístiaoos que sean en el 
*mi regno, ingleses ó porlogaleses, é de otra nación 
sque todos sean sueltos.» Con esto y con dejar man- 



,,Googlc. 



PABTB n. LIBIO III. Sw 

(fado que se le enterrara eo hábito de la orden ide 
Sanio Domingo de la capilla que había hecho cods- 
Iniir en Toledo, dio su ahna á Dios la noche del 20 
al 30 de mayo do 1 37&, á la edad de cua renta ; seis 
afios, y á los diez de reinar solo en tos reinos de LeoD 
y de Castilla. 

Las circaustancías de su enfermedad y falleci- 
miento hicieron recaer sospechas sobre el rey de Na- 
varra, al caal no abonaban mucho los antecedeales 
de sa vida y la memoria de lo qae habia intentado 
con el rey de Francia. Has al decir de algunos escri- 
tores arábigos su maerle foé producida por un snti- 
tfsimo veneno de que estaban impregnados unos ricos 
borceguíes que le habla regalado el emir Hohammed 
de Granada, temeroso de que el castellano, una vez 
en paz con todos los reyes cristianos sus vecinos, lle- 
vara la gnerra con todo el peso de su poder á sus es- 
lados. Sea lo que quiera de esta especie, á que algu- 
nos atribuyen el fenecimiento de otro posterior mo- 
narca, parece cierto que sorprendió la muerte á don 
Enrique, cuando tenia concebido un plan de guerra 
contra los moros de Granada, que consistía en armar 
y poner una gran flota en el estrecho para cortar to- 
da comunicación con la tierra de África, hacer desús 
líierzas de üerra tres cuerpos, invadir con ellos dos ó 
tres veces al año el territorio granadino, talar sus 
campos y todo cuanto encoutráran verde sin detener- 
se á cercar lugar alguno, con lo cnal esperaba qu& 



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348 HISTORIA t)B HSfAáA. 

al cabo de dos 6 Ires años la necesidad y falla de ali- 
iiienlos los obligarían &. reodlrsele. 

«Fué, dice un cronista, peqiieio de cuerpo, pero 
»bien fecho, éblaaco, é rubio, é de buen seso, é de 
«grande esfuerzo, é franco, é virtuoso, é m^y bueD 
^recibidor é honrado de las gentes.» 

Tuvo don Enrique, ademas de los tres hijos legí- 
limos de doña Juana, don Juan, doña Leonor y doña 
Juana, basta otros trece bastardos, cuyos nombres 
nos sean conocidos, de otras diferentes damas, ó aim- 
aras, como las nombra el autor de La$ Reinas Católi- 
cas, á saber: de doña Elvira Iñiguez de Vega, á doa 
Alfonso, doña Juana y doña Coostanza; de doña Jua- 
na de Cifuenles, á otra doña Juana; de doña BeaUi¿ 
Pooce de León, á don Fadriqoe, doo Enrique y doña 
Beatriz; de doña Beatriz Fernandez,' á doña María y 
doD Feroaodo; de doña Leonor Alvarez á otra doña 
LeoDor; y de otras que probablemente fueron doña 
Juana de Lossa y doña María de Cárcamo, tuvo á don 
Pedro, doña Isabel y doña Inés. A la mayor parle de 
osios hijos, asi como á sus madres les señaló este t>iV- 
tmso rey grandes heredamientos eo su tegmento, 
hecho eo 29 de mayo de 1374, designando á hijos y 
madres con sus propios nombres'*', qne'lal era la 
(lespreoGU pación de los reyes de esta época en punto 
á moralidad conyugal; si bien previno en él al ínraD- 

(1) El lejUmeulo leiD«erta li- CfÚDÍca. 
leíalmealo A;alg al fiaal da au 



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PARTB II. LIBIO III, 349 

te su hijo que no diera á la reina coa quieo se casare 
taala tierra, y ciudades, y villas y lugares como tenia 
la reina doña Juana su esposa, «tpor quanto non fué 
uReyna en Caslilla que (anta tierra toviese t".» 

(1) Su cuerpo fué lle'Bdo pri- do daspoes á m capilla do la ca- 
nNraoienle á Burgos; donde ^h le tedral de Toludo, sei;uD eo au 
hicieron laBOxequiat. y traslada- totiamento di-jó ordenado. 



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CAPITULO XIX. 

DON JUAN I. DE CASTILLA. 
D« 4379 * 4390. 

PrimerM actos de este rey.— Corta» de Bargos: le; auotuarÍB: indul- 
to: ley de vago».— EspedicjoDMiuiTalMdeCaatilla.— Actos dejos- 
licia y de generotidaddedCD Juae. — Südeciiion en el siuoto del 
oima de la Iglesia .-^PrÍDci pió de la guerra de Portugal:— Tregua: 
condicionei: casamieotoa uotables.— El de don Jnau de Castilla con 
doña Beatriz de Portugal .--J'órtes de SegoTia: Feforou en la mane- 
ra da contar los años. — lovasion de Portugal por el de Castills, y 
motiTo de ella.— Proclamación de dooa Beatriz.— Sitio de Lisboa 
por h)B castellanos: epidemia: gran mortaadid: ret¡rada.~Es acla> 
nudo rey de Portugal eDGolinbra el maestre doAvis. — Segonda \a- 
Tasion de los castellanos en este reino.— Memi>rabt« batalla d« Al- 
jubarroia, Tunests para las amas oastellanas.— Loto en Castilla.— 
C6rtea de Vslladolid: leyes qne se hicieron.— iDnsion iogtesa: el 
daqae de Lancastcrt sus pretensiones i la cortma de Caslilta.— Au- 
xilia el rey de Francia al caatallano-. medidas de éste para sn dehn- 
sa.— Embajadas: trato*.— <¡órte> de Segoiia: leyes: hermandadee.— 
Trtgica muerte de Cirios el Malo deNararra: ancédele Cirloe el 
Noble.— Ingles efi y portugueses en Castilla-, sn retirada.— Trátase 
el casamiento d<)l infante don Enrique de Castilla con dofia Catalina 
de LancBster: sns condicionea; paioon lo* ingleaea. — Céfebres C¿t> 
tea de Brivíesoa: reformas importantes en la legislación.— Tratado 
en Bayona enbe don Juan I. y el duque de Lancaater sobre el can- 
miento de sos bijoa.— Celébranae las bodas.— Carteado Palencii: 
«opréstíto forzoso: pideole cuentas al rey.— Tratado con el de Pop- 
tn^l. — Cartea de Guadalajara: grande inlluenoia del estado llano; 
ordenamiento de laous: ordenamiento de preladosi ordenamianlo 
de sacas: importancia de estas Cortes.— últimos actos de don Joan I. 
-Su desgraciada inoerte.—ProclamacioD de Boríqve III. 

En el mismo día qae morió don Enrique O. eo 
Saoto Domingo de la Calzada faé proclamado rey de 



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PARTS II. LIBKO III. 3fi1 

GasUlla y üe León su hijo doo luao, primer monarca 
de este nombre en Castilla. Se coronó en el monasle- 
rió de las Huelgas de Burgos, armó aquel dia cíen 
caballeros, habo grandes fiestas, y dio á Burgos eo 
meiDoría de su corooadoa la villa de Pancorbo. Tam- 
tnen se coronó la reina doña Leonor sa esposa, que á 
poco tiempo dio á luz un principe, que se llamó don 
Enrique, destinado á reinar algno dia. 

Joven de poco mas de veinte y un años don 
Joan I. cuando empuñó el cetro de Castilla, domenzó 
á alendar á los negocios graves del reino coa la sen- 
satez de OQ hombre maduro. Su afición á dolar el 
reino de leyes saludables hechas eo cortes la mos- 
tró desde las primeras que celebró en Burgos á muy 
poc# de su coronación (1379). Figura entre las leyes 
BDDtoariasde España la que hizo don Juan I. en es- 
tas cortes, prescribiendo la calidad de las telas, ador- 
nos y vestidos que hablan de usar los caballeros, es- 
cuderos y ciudadauos, asi en sus trages como en sus 
armas y en los arreos de sus caballos ^*K Confirmó á 
los pueblos sus privilegios, franquicias y libertades: 
concedió un indulto general por toda clase de delitos 

(1] ElMSorSempere T Quari- proTÍdeocis, mai aae ley formal. 

nos M equivoca ciUndo como era una eipecie de lulo general 

única ley luntoaria de este mo- que ae inaadaba snardar por la 

narca (en «u Hiatoria del Lujo, pi- desgraciada pérdida de la baialla 

noa 4M, «dio. de I7SS) uoa que de Aljubarrota. Bo primer Inur, 

dicebdwrdadoMKSSn.maodau- Isbaialla de Aljubarrotanoselia'- 

itoqMiMdiesiMhMMnDtosira- biadadoen 1380, jen ae^undo 

dion Umt *Mtida« de oro ni de lugar, la ley que oosolro* ciUotoa 

Mda, m •domoi de oro, piala, ti- m «atwiar á la que cita el biato- 

joCar ni pwdrui y añada que «(a ríador juriscooMilw. 



n,g,t7cdb/G00gIc 



353 HiSTOBU DI bsfaSa. 

osceplo lo9 de alevosía, iraidon y muerte segara; 
maodó que los obispados, dignidades y beneficios 
eclesiásticos sedíesea precisamenleá naturales de los 
reinos, y no A estrangeros, «pues que en los nuestros 
regaos ay asaz buenas personas é perlenescieutes pa- 
ra ello;* ordenó á los alcaldes de lodos los pueblos 
que no consintieran la vagancia ni la mendicidad, si- 
no que obligaran á todo el mundo á tener ocupación 
ú oficio con que mantenerse, y que á toda persona sa- 
na que encontrasen mendigando le dieran cincuenta 
azotes y le echaran del lugar; corrigíó muchos abu- 
sos que cometían los jueces, alguaciles y arrendado- 
res de rentas, é hizo otras leyes no menos útiles *''. 

Cumpliendo don Juan I. con el encargo y reco- 
mendación que á la hora de la muerte le habia h«cbo 
su padre don Enrique relativamente á la amistad c<m 
el rey de Francia, envióle primeramente ocho gale- 
ras auxiliares, y mss adelante oirás veinte al mando 
del almiraote Fernán Sánchez de Tovar: sirviéronle 
las primeras contra su hermano el duque de Borgoña 
que andaba en ioleligencias y tratos con ios ingleses, 
las segundas contra el duque de Lancaster. Estas Al- 
limas se dirigieron á la costa de laglalerra, y coa 
una audacia sin ejemplo hasta entonces, remontaron 

(1) HañBDa, bablaadode eatas itraxese abierta la corona y hA- 

Górtee, se caolenU coa decir •«« ibito chirical, gozase del priTtlfr- 

lestsbleoieroD en «lias mucbas agio da la [fjlesia.a Lib. xvm., 

(coMí'.una, queelclérigode laS' cap. 3. Para Uarúna do hubo «r 

sDOres órdenes cfuadi) pectuea; estai cortes otra cosa que oure- 

>pero qae ti fueM soltero, como ciera lor meBCiODada- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



ruTB II. LiHO III. 3E13 

el Támesisi*', llegaron hasta cercada Lóadres, bicie- 
fOD machos estragos y apresaron algoaas naves ingle- 
sas; atrevimiento sin igual en aqnet tiempo (1 380). 
Pero 00 lardó Castilla en perder con la mnerte de 
Carlos V. de Francia el aliado mas constante y el 
amigo mas útil, y el cetro de la Francia pasó de las 
nMQos del principe mas hábil y mas pollltco qoe ha- 
Iria visto aqael reino después de San Lois, álasde 
so bijo Carlos VI., principe destinado á perder la ra- 
zón antes de llegar á ser hombre. Habíale precedido 
á la tumba el gran auxiliar de don Enrique O., el fa- 
meso Bertrand Dnguesclln. 

Inconstante, como de costumbre, en sus reaola- 
ciones el rey doo Fernando de Portugal, aunqne aten- 
to siempre á su provecho, propuso ^ don Juan de 
Castilla que se anulase el ajaslado casamiento de la 
hija de aquel, doña Beatriz, con uno de los herma- 
nos bastardos del castellano, don Fadríqae, duque de 
BeDaventei solícitaodoqne en lugar de éste se despo* 
sase con su hija el inbnte don Enrique que no tenia nn 
año de edad. Vino en ello el de Castilla, concertando 
entre si ambos reyes que si cualquiera de los dos 
principes muriese sin hijos l^ltimos el otro le sucedie- 
te en el reino. Embajadores del de Portugal vinieron 
á Castilla á firmar el pacto de matrimonio en Soria, 
donde entonces don Juan celebraba cortes (*). 

¡1) El río jLrlamisa, que dice (3) Biciéroiue eo eataieórtei 
la crónica de iysla. do Soria de 4300 variaalei«ioon- 

ToMO vil. S3 



g,g,t7cdb/G00gIc 



3lt4 UISTOKI* DS upaía, 

1)0$ sucesos ÍDopiaados de bien diferenlQ índole 
pusieron & prueba en el pnocipio de este reinado, el 
uno la serera justicia, el otro la nobleza y generosi- 
dad de don Juan I. Unos judíos de las aljamas del rey 
le arrancaron por sorpresa un akalá contra otro jodio 
á quien querían mal, y al cual dieroo muerte esco- 
dados con el real docomento. Averiguó el joven mo- 
narca la suplantación, y condeoiS á la última pena y 
mandó hacer íamediata jusiicia de los criminales. 
Desde entonces derogó el derecho que (eoian los ju- 
díos de librar sus pleitos y fallar sus procesos por sos 
particulares ordenanzas, y acaso fué aquella una de 
las causas de las medidas que contra aquella raza lo- 
mó en las cortes de Soria. El otro suceso Tué de diver- 

tra loi judíos, ae los privA de ■!• dto, relativa d qae tu nuneobM 

gano» •ieractÚM que ante* teoÍBa, de loa ctérifiM llaiávan nna Moal 

j por último, M BOOrdó la medida qae las distiDRniera. «A eslo re^ 

' tan reclamada por lo» paebloa, de > poedemoi (dioe uotesÍMdo á la 

que DO podieran aw almojarifet apeticioo DOTeoa), que teoemoa 

nt obtener otroa empleos en 1^ »par trien, é m noeotre mereed, 

casa real, DieDlasdelaainfantes, «por escour que Iss bueoaa mu- 

prelsdos ni csbalteroa. *geree non a^sa Toluntsd de b- 

Entre las proTidenoias toma- acer pecado con los dicboa cMri- 

das en estai cortes en asuQtoi de 'fios, que todaí las mancebas de 

Eúblioa moralidad, son iiotatri«a atoa clérigos de nuestros ragooa 

is relativas i la vida moral de loa »que tra; bq agora 6 de a<¡a¡ ade- 

ecleaiáslicoa. En respoesta i la alante cada una de ellas por cen- 

Kticioa Dotava se declararon no- «nal an prendedero de panno ber- 

I los prfvilesioa f cartas qne en loiejo tan avcho como los tread^ 

olgnnaa ciudsdea y «illas teaian >doa, j que los trajan encima de 

loa clérigos para dejar berederoa ilas tocadona pAblieuMnlo, «* 

i losbijosqua tenían «ñaua man- «manera qoe paresca..» é laa qt» 

ceba*, oomo si fneaeo naoJdoade >DanlotroxÍereD;<|iwpierdaato- 

legltinM matrimonio, lo onsl daba «das tas vestid aras.... « ae la* t<^ 

ocasim á escindaloa. y era un ame ~el alguasil i oerbio de h 

perniciosiaimo ejemplo pera las aeibdadó vitta, eto.aCaadenode 

mogerea honestas. oArtes, sacado del monasterio del 

También reprodujo doD Jnao I. Escorial, 
en esta* «Mee la ley de don Pe- 



. n,g,t7cdb/G00gIc 



rAKTt II. f.l8M III. 36S 

sa oaturaleza. El rey de Armenia León V. había sido 
cautivado por el SoIddD de Babilonia. Mensageros del 
cautivo monarca andaban solicitando la ayuda y fa- 
vor de los príncipes crislianos para librarle del cau- 
tiverio. Dos de ellos, ua prelado y ua caballero, lle- 
garon al rey de Castilla que estaba en Medina del 
Campo. Espneslo el objeto de su embajada, preguntó 
el rey qué cantidad seria necesaria para rescatar al 
ilustre prisionero, pues le cumplía liacer aquella 
buena obra. Respondiéronle los enviados que el prín- 
cipe de los infieles ni necesitaba ni quería dineros, 
sino que se pagaría mas, y se tendría por mas hon- 
rado con que los reyes cristianos le rogaran por la li> 
bertad del real cautivo, y le enviaran, si era posible, 
algún regalo de joyas y otros objetos que no tenia ea 
su tierra. Ei^toncesdoa Juan dio á los mensageros al- 
gunos falcones gerífaltes, escarlatas, peñas^veras, 
(martas blancas), y varías alhajas de oro y plata, las 
mejores que pudo haber. Con esto y con cartas de 
ruego de los reyes de Castilla y Aragón se encamina- 
ron los mensageros á Babilonia, presentáronse al Sol- 
dan y obtuvieron el rescate del monarca cautivo. Al- 
gún tiempo mas adelante, hallándose el rey de Cas- 
lilla en Badajoz, vio llegar al príncipe armenio, que 
lleno de gratitud venia á darle las gracias por haberle 
libertado de la dora prí^on en que estaba. Traíale 
cartas del Soldán de Babilonia, Rajab el Sencillo, en 
estrémo honorificfis para el rey de Castilla. Don Juan 



riigiUrrlb/GOOglC 



356 uiSToiu DI bstaSa. 

DO solo le recibió beDévolameote, sino qae ademas 
de agasajarlo con pafios de oro, joyas y vajillaa de 
plata, le dio para toda su vida las villas de Madrid, 
Yillareal y Aadáj^r, con todos sus pechos, derechos 
y reolas, coa mas uaa renta de ciento cincuenta mil 
maravedís anuales. 

Proutó tuvo el joven rey de Castilla que entender 
y decidir eu la cuestión mas grave y en el negocio 
mas delicado y difícil en que se bailaban Bjas las mi- 
radas de) mundo, y traía perplejos á todos los princi- 
pes de la cristiandad, el de resolver á cnál de los dos 
pontífices qoe sé disputaban el derecho de regir el 
mundo cristiano se habia de reconocer y acatar por 
legitimo y verdadero. Habiao venido en calidad de 
embajadores y como abogados do Urbano VI. el obis- 
po de -Favencia y otros esclarecidos doctores: por 
parte de Clemente Vil., reconocido ya en Francia y 
en otras nacioDes, vino el ilustre y célebre arzobispo 
de Zaragoza don Pedro de Luna (después papa Beni- 
to XIU), que valia por muchos. El rey don Juan aun- 
que joven, queriendo proceder en negocio tao arduo 
con toda madurez y circnnapeocion, sin perjuicio da 
tomar cuantos informes pudiera acerca de la legilinñ- 
dad de ambas elecciones congregó en Medina del 
Campo los mas doctos prelados, doctores y juristas da 

(1) Ayals, ChroQ. ASoall. y V. drid, Villarealy Andújar, ; eotro 

— Loa historiadores de Madrid ello* uno fecho en Segovia á 49 

baen alcuaos ÍDttronieDtos de esto de oclubre de i 333 , firntado Rff 

rifdsMiienlscODioMSordeHa- León. 



n,g,t7cíb/G00glc 



rim II. LUM in- 357 

sa reino, para que eo udíod coa los enviados de uao 
y otro pontífice xliscatieran maduramente el punto y 
delíberárau Ío que mas coaforme á derecho fuese. Ea 
aqudla especie de cóDclave , que aai le llamaba el 
pueblo, puesto que se trataba de ver quiéo salía de 
allí verdadero papa,' espuso cada cuál detenidamente 
su opÍDÍoD y sus razones. Tra^adado después el con- 
cilio (que como coDcilío se miró eo la cristiandad este 
consejo) á Salamanca, por convenirle asi al rey, la 
gran mayoría decidió que el verdadero papa , según 
qoe ellos pudieron entender, era Clemente Vil. En- 
tonces el rey don Juan declaró solemnemente (1381) 
que quedaba reconocido en Castilla Clemente Vil. co- 
mo legítimo vicario de Jesucristo y sucesor de San 
Pedro, y en este sentido escribió y dirigió á todos 
los de sus reinos una larga carta para que como tal 
le recoDocieseo y acatasen '''. 

En este tiempo tuvo el rey la amargura de p»*- 
der eo Salamanca á la reina doña Juana su madre (S7 
de marzo). 

Mientras que Juan I. de Castilla se ocupaba eo re- 
solver para su reino la gran controversia religiosa, ana 
tormenta se babia estado formando contra él del lado 
de Portugal, quQ fuá lo que motivó su traslación á 
Salamanca. El versátil don Fernando de Portugal, á 



{i) EMa carta fué «gcritaeD la- Rajiul eaanaApalaa, r Ajalac»- 
tia paia qne as enteoJiaM ea laa pja en lu crúaica la veiiioa caa- 



» artrañas: so latín la tiaa wllan*. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



3SS nSTMIA DE BSfAftA. 

pesar del reciente tratado hecho coq Castilla, ae habra 
ligado con los príncipes de Inglaterra, y ann coa uno 
de los hermanos bastardos del de Castilla llamado don 
Alfonso. Y mientras el portugués se preparaba secre- 
lameate para ta guerra, el conde de Cambridge '*>( 
después duqae de Yorck, hermano del de Lancast» 
que pretendía el trono castellano por su muger doña 
Constanza, disponía, nna espedícioD á Portugal con 
mil hombres de armas y mil flecheros. Tampoco se 
descuidó el rey de Castilla. Primeramente trabaja pa- 
ra traer á merced á sa hermano Alfonso; penetró se- 
guidamente en Portugal y se apoderó de la ciudad de 
Altaeida, mientras su almirante Sánchez de Tovar, á 
quien habia enviado con una flota de diez y siete ga- 
leras á lasagaasde Lisboa, deshacía una armada de 
veinte naves portuguesas que mandaba el almirante 
Juan Aironso Tello, hermano de la reina de Porloga), 
híícíendo prisionero á éste y matando todas sus com- 
pañías y caballeros (julio, 1381). Con este triunfo 
quedaba el castellano dominando el mar. Enfermó el 
rey don Juan gravemente en Almeida, mas luego que 
restableció su salud envió na reto al príncipe i&glés 
qae supo baber llegado á Lisboa, convidándole á ve- 
nir con é) á batalla. No contestó el de Cambridge , y 
dejando el castellano guarnecidos los lugares de la 
frontera portuguesa, vínose á Castilla á levantar com-i 
pañias y prepararse á mas formal guerra. Aqai pasó 

. (4} El coode de CaoUbrígía , qae dicen A;aU y HarMoa. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



.F&KTI II. UMO III. 359 

el resto del sao entre PaleDcía, Avila, Tordesillas y 
Simancas. 

Portagueses y castellaDos 86 aprestaban á entrar 
en campaña en ,1a primavera de 138S. El conde doo 
Alfonso, hermaao del rey deCastilla, que otra vez an-' 
daba desde Brsganza en pleitesías con el de Portugal, 
tuvo qae venirse de nuevo & tes banderas de sa her- 
manOf qae había sabido atraerse antes las compañías 
qae llevaba el conde. Hizo ya movimiento don Jfuao 
i Zamora, Ciadad -Rodrigo y Badajoz con cinco mil 
hombres de armas, muchos lanceros y ballesteros, y 
gran námero de gente dea pie. Para entrar en esta 
campaña nombró mariscales de la hueste á Fernán Al- 
varez de Toledo y á Pedro Raiz Sarmiento, y condes- 
table á don Alfonso de Aragón, marqués de Tillena y 
conde de Denla y Rivagorza: dos títulos y oGoios, el 
de mariscal y el de condestable, por primera vez es- 
laUecidos y usados en Castilla <'). Hallábase en Yel- 

H) Eite dOD Alfonso «rs bijo queleperUDecieseD.F.rapreuini" 

del iafoDte doa Pudro de Aragón neocia del coad«iUble, aue m bi- 

Í nieto de doo Jaimo 11> La cera- zo la primera dignidad de Casti- 

oaia oon qae w biio lu nombra- lia, lleTar guioa y maxap, reyea da 

miunto de condestable, fué'laai- armas, y estoque cao vnioa, la 

EiflDte: bincado de rodillaa de- puata abajo, á diFereocia del re^ 

ite del rey, éste lepusoiiDíoillo que le llevsoa deaaudo y la punta 

da oro en UD dedo de laniaaode- arriba. Tenia lus llarea de la cin- 

rccba: luego le alaraú uu estoauu dad á villa donde el rey estuviese, 

desaado y un estandarle: toman- y loa bandos que ae ecbaban de- 

doles doo AlfoDao bíio juramento clan : «Manda el rey y el condea- 

de que por teraor de la muerte an tabla.* Era, en fio, el oficial sn- 

dajaria de bacur lo que fueae obli- perior de loa ejércitos deepuea del 

ftaaoan aumento de la f¿, en ser- rey.LoBpr ■"- - - - 

ticiodelr«T.TMiacreceotamieDto Koa pueaei 

- . naoaa, Oisn 

Utalo cnarenta mil maravedís de cap. 19, lib.a. 



de la tierra. ^Ealfile el rey coo el Heodou. OisnidactM de Castilla, 
Utalo cnarenta mil maravedís de ~ '" * 
quitaeion, ademaa d« loa derechos 



,, Google 



860 nuTMu DR umUa. 

ves el re; de Portugal ; et principe inglés, cada ddo 

con tres mil hombres dearmaa ycorrespondieate nú- 
mero de flecheros. Esperábase de un día á otro la ba- . 
talla; pero habiendo mediado prelados y caballeras 
^e ano y otro reino, y no llegando al de Portugal los 
refuerzos que aguardalía del duque de Lancaster. aco- 
modóse á ajustar una paz, que se estipuló con las 
condiciones siguientes: que su hija y heredera diña 
Beatriz, prometida antes á don Fadrique, hermano 
bastardo de don luaa de Castilla, desposada después 
con el inñinte don Enrique, y ofrecida mas adelante á 
on hijo del principe inglés conde de Cambridge, se 
casase (deshaciendo todos los anteriores esponsales) 
CMi el hijo segundo del de Castilla don Fernando, lo 
cual hacia el de Portugal porque las coronas de am- 
bos reinos no se reuniesen en una sola cabeza: que 
se daría libertad al almirante portugués Alfonso Tello, 
y le serian restituidas las veinte galeras apresadas por 
«I almirante caslellano: que el rey de Castilla pagaría 
al conde de Cambridge lo necesario para que pudie- 
se llevar á Inglaterra tas compañías que había traído. 
Cumplidas las condiciones y desposados los infantes* 
el príncipe inglés se embarcó para so tierra, y doD 
Juan se vino de Badajoz por Toledo á Madrid. 

Aquí recibió la triste nueva del fallecimiento de 
so esposa la reina doña Leonor de Aragón en Cuellar 
(13 de setiembre, 438S), al dar á luz una princesa, 
que sobrevivió muy poco ¿ su madre; reina á quien 



,,Googlc 



»Am i|. UBBo ni. 361 

. uneicríUirde aqaelta edad dice que pudiera llamar 
santa, segnoeran santas sos obras '•*K Pero á pesar de 
todas las TÍrtades de la fiaada reina no duró macho la 
viudez del rey. Y es qne don Fernando de Portagal 
que con una sola bija que aun no babia cumplido 
doce años, llevaba contralados ya cnatro matrimonios 
ñn realizar ninguno, vio la ocasión de negociar el 
qninto; y envió á decir á don Juan qne quería casar 
con élá SQ hija Beatriz (la miama que habia estado 
desposada con un hermano y dos hijos del rey), aña- 
diendo para halagarle quesiendo aquella hija la única 
heredera del reino, en faltando él quedaría don Juan 
por rey de Portagal. No desagradó al castellano la 
proposición, y oido su consejo envió á Portagal al ar- 
tobiafo de Santiago para que conctayera los tratos y 
los firmara (marzo, 1883). Las condiciones fueron; 
que doña Beatriz heredarla el reioo despoes de tos 
días de sD padre, y do» loan se nombraría rey de 
- Portugal; pero qae la gobernación del estado la ten- 
dría la rana vínda doña Leonor hasta que doña Bea- 
triz y sQ esposo hubiesen un hijo ó bija de edad de 
catorce años; que llegado este caso pasara la gober- 
nación det reino al bijo ó hija de don Juan y de doña 
Betaríz, los cuales tan pronto como tuviesen bijoó bi- 
ja dejarían de titularse reyes de Portugal, cuyo titulo 
tomaría aquel bijoó bija dé hecho y de derecho. Fir- 

(1) El que compiuo el Suma- cido por tlDeipanstro de ta reina 
rto ii< foi rtyti d» SipaHa, codo- dotla Ltonor. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



36S HUTniA DI umAa. 

mados y jarados estoa capítulos (2 de abril) aclamóse 
desde luego á doña Beatriz reina de Castilla; y acor- 
dado qae el casamieoto se hiciese *ea Yelves 6 en Ba- 
dajoz, dispuso el rey don Juan todo lo necesario para 
celebrar coo espleodidez sus bodas. 

Ed el mes de mayo inmediato hallábanse ya doa 
Juan de Castilla con los grandes de su reino y el arzo- 
bispo de Santiago en Badajoz, doña Leonor y doña 
Beatriz de Portugal con los principales hidalgos por- 
tugueses y el obispo de Lisboa en Yelves. Gravenaen- 
te enreroao el rey don Fernando, no pudo asistir á es- 
las bodas. Juraron sobre el cuerpo de Dios todos los 
' prelados y señores de ambos reinos que se hallaban 
presentes guardar aquellos tratos, y hecho esto salía 
uadiael monarca castellano de Badajoz (17 de mayo) 
camino de Yelves. En anas tiendas que se babiao le- 
■ vantado fuera de la villa encontró i la reina doña 
Leonor que te «guardaba; lleváronle alli á doña Bea- 
triz, y tomándola consigo fuéronse'á Badajoz, donde 
se velaron al siguiente día en medio de regocijos y 
alegres fiestas. 

Viniendo ya de Badajoz para Castilla, supo don 
Juan que su indócil y bullicioso hermano don Alfonso 
se babia rebelado de nuevo y fortificádose en Gijon. 
Despachó ia mediatamente á Asturias algunos de sos 
capitanes, los cuales cercaron á Alfonso en Gijon hasta 
que le obligaron á rendirse con toda su gente. Trajó- 
roole á su hermano, que tuvo la generosidad de per- 



n,g,t7cdb/G00gIc 



J 



MiTB 11. uno lu. 363 

donarle bajo palabra "que le empeñó de qae le se- 
ría siempre fiel y do se apartaría ya jamás de so ser- 
vicio. El rey se vído á Segovia, donde celebró cortea 
generales. Uiciéronse en ellas algunos ordenamientos 
para la reforma de abasos, pero lo mas notable de es- 
tas cortes Tué la ley en que se abolió la costumbre de 
contar por la Era de César, mandando que en lodo el 
reino se contara en adelante por lod años del naci- 
miento de Nuestro Señor Jesocrlslo O. 

Terminadas estas cortes, y caminando el rey á 
Toledo con ánimo de dirigirse á Sevilla, noticiáronle 
en Torrijos el fallecimiento de su suegro el rey de , 
Portugal (22 de octubre, 1383). Kl primero que le 
escribió invitándolo á qne pasara á aquel reino, di- 
ciendo que le pertenecía de derecho por doña Beatriz 
. sa muger, fué el maestre de Avis don Juan, hermano 
bastardo del difunto monarca. Comenzó en efecto el 
casiellano á usar títnlo y armas de Portugal, cosa que 
no agradó á algunos de su 'consejo. En Montalvan 
prendió á su hermano don Alfonso, y encerróle en un 
castillo por sospechas de que andaba en nuevas ma- 
qaioaciones, y mandó también llevar preso al alcázar 
de Toledo al infante don Juan de Portugal, refugiado 



(1} Ca»c«l«a en Ib Bíetoria de primero dsl año tiñi; y asi m 

NurciS) y ColmanareB^n ladeSe- cunto geiieralmeote hasta I9t(, 

fiovía iu<ar(aroa el testo de eata en que pretaleció el uso, é mas 

ej. En Aragón se hatiia hechü ya bien el abuso que ee había ido in- 

esta reforma el año 13Sa> — Seguñ Iroduciendodepriacipiará cootar 

alta el aBo debeiiii empezar el !S el sQo nuevo por el I." de enero. 
de diciembre, j eete día fué et 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



36i aurmu db uvaía. 

ea Castilla con su hermano doo Dbnis después de la 
muerte de su padre; no porque hubiese hecho cosa 
cúDlra su servicio, siao porque recelaba que aiguoos 
ea Portugal le quisiesen aclamar por rey. Con esto se 
preparó para hacer su entrada en Portugal, mas cele- 
brado consto sobre la manera como convendría eje- 
cutarlo, dividiérüose los pareceres, opinando los mas 
que debería de ganar antes á los portugueses con po- 
líticos y amistosos tratos y por medio de embajadas y 
conferencias pacificas, por la via en fin de -las nego- 
ciaciones, y siendo otros de dictamen que debería mi- 
rar losanteriores tratados como hechos conb^ su hon- 
I-a y derecho, y como no válidos ni obligatorios, ea 
cuya virtud conveodria que entrara inmediatamentia 
como rey y con poderoso ejército, y tomar posesión 
del reino como por sorpresa y antee que los portugue- 
ses se apercibiesen. Conformáhase mas este dictamen 
con los deseos y con las intenciones del rey, y como 
al propio tiempo el canciller de la reina, obispo de la 
Guardia, ciudad portuguesa de la frootera, lé asegla- 
rara que en esta ciudad seria muy bien acogido, el 
rey desoyendo toda reflexión contraría á su peusa- 
mieolo tomó el camino de Portugal y entró en la 
Guardia, donde fué recibido tan benévoUimente como 
el prelado le ofreciera. 

Muchos caballeros é bidalgos portugueses de la 
comarca presentáronse luego á hacer homenage al rey 
de Castilla, pero disjfustároose pronto del carácter od 



D,g,t7cdb/GOOglC 



ruTB II. UBBO ni. 366 

tanto seco y tadltñiKi de don Juan, acostombradoa 
como estabao i las familiaridades de don Fernando. 
Por dra parte et gobernador del castillo de ]aGaar- - 
día QO le entregaba al rey, y sé roanteaiB en aoa ac- 
titud sospechosa, bien que don Juan se creyera ase- 
gurado con las compañías que le libaron de Castilla 
basta qolnientos bombres de armas. Había don Juan 
despachado cartas para Lisboa, y engeoeral para todo 
d reino, recordando los derechos de so esposa dcña 
Beatriz después de la muerte de su padre. En su vir- 
tod el conde de Cintra don Enrique Manuel, tio délos 
dos reyes el difunto don Fernando de Portugal y don 
Juan de Castilla, tomó el pendón de las Quinas (el 
estandarte de las armas portagaesas) y acompañado 
de algunos ofidales de la casa real recorrió las callea 
de Lisboa proclamando: ¡Real, Real, Portugal, Por- 
tagal, por ¡a reina doña Beatriz! Pero esta procla- 
mación fué generalmente recibida con tibieza, porque 
machos querían al infante don Juan, hijo de doña 
Inés de Castro, y hermano natural del último rey, el 
qoe quedaba preso en el alcázar de Toledo, puesto 
que temían por la independencia' del reino si se ponía 
ésle en manos de la esposa del rey de Castilla. 

Había en Lisboa un hombre muy popular, qoe era 
el maestre de Avis. Era éste enemigo del conde de 
Oren, & quien el pueblo tampoco qoería bien. Un dia 
hallándose el conde en el palacio de la reina doña 
Leonor entró el maestre de Avia con ooarenta hom- 



,,Goaglc 



366 HISTOUA DB BSTAIIa 

bres armados y asesiaó al ds Oreo judío á I& cámara 
misma de la reioa. El obispo de Lisboa don Harlio, 
natural de Zamora, privado del úllimo rey, y tampo- 
co tHeaquisto del pueblo, tan luego como sapo la 
muerte del coode de Oreo, cobró miedo y buscó asilo 
eu la torre de la catedral. Agolpóse allí el pueblo ta- 
multuado, penetró en et asilo del obispo, y sin respeto 
al carácter sagrado de su persona le dio muerte y le 
arrojó de la torre. En vista de estas escenas intimidó- 
se la reina doña Leonor, y viendo al maestre de Avis 
apoderado de la ciudad se salió de Li^oa y se refu- 
gió en Santarén. Pdblicamente deoian ya en Lisboa 
que no querían ni á la reina doña Beatriz, ni al iofante 
don Juan, mientras no tuviese la regencia del reino 
el maeslre'de Avis. Inrormó la reina viuda de todo al 
rey de Castilla, y envióle á llamar invocando su am- 
.paro. Bespondiendo don Juan á su llamamiento, pasó 
de la Guardia á Santarén, donde la reina doña Leo- 
Dor abdicó en él el' derecho á la regencia del reino 
que tenía con arreglo á los tratados, y acudieron á 
reconocerle como tal buen número de caballeros, 
hidalgos y capitanes portugueses, señores de castillos 
que obedecían como reina á doña Beatriz (1 384). 

Pero entretanto ana gran parte de la población da 
Lisboa y de otras ciudades del reino proclamabsa rey 
al loff^Dte don Juan y regente el maestre de Avis pa- 
seando el pendón de las Quinas, con la efigie del in- 
fimie, que para conmover al pueblo hablan pintado 



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PAKTt II. LIBRO III. 367 

represenláodóle preso en Espafia y .cargado de cade- 
nas. Envió el rey algunos de sus ^pitanes con mil 
hombres de armiis á cercar á Lisboa, y auoque espe - 
raron algua liempo á que salieran los sitiados á dar- 
les batalla , no se atrevieron estos á moverse de la 
ciudad. Encendíase oo obstante, la guerra entre cas- 
tellanos y portugueses por la parte de Evora. Creyó 
el rey qne se le entregaría Coimbra, y se engañó á 
pesar de tenerla un hermano y on pariente de la 
~ reina doña Leonor. Antes bien como supiese que su 
primo don Pedro, hijo del antiguo maestre de San- 
tiago, don Fadrique, haciéndote traición se Jiabia en- 
trado en aquella plaza, y como le lorormasen de que 
todo esto era movido por la reina su suegra, de quien 
suineron algunos que- tenia relaciones demasiado es- 
trechas con don Pedro, prendió á doña Leonor, con- 
tra el dictamen de algunos de su, consejo, y la hizo 
trasportar á Castilla con buena escolta, y la recluyó 
en el monasterio de Santa Clara de Tordesillas. Difr- 
cnlíóseen consejo si'se cercaría Lisboa, ó se baria la 
guerra por el resto del reino, y prevaleció el primer 
dictamen, do obstante estar la epidemia haciendo 
grande estrago eo el ejército castellano. Formalizóse» 
pues, el sitio de Lisboa: ana Qota castellana desarma- 
ba las naves de Portugal: el reino estaba mny divi- 
dido entre los dos partidos: el maestre de Avis pro- 
puso un acomodamiento que no fué aceptado; mas 
la mortandad ocE^ioaada por la peste aumentaba cada 



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368 aiSTinu n utaIa. 

día á tal panto que eo dos meses marieron sobre dos 
(Milhombres de armas, los mejores de Castillai ade- 
mas de muchos. otros de los qae compoDÍaa la hueste, 
entre ellos el maestre de Saotiago, Cabeza de Vaca, 
■ el camarero mayor del rey, Feroandez de Velasco, el 
comendador mayor de Casulla, Raíz de Sandoval. los 
mariscales de Castilla,. Alvarez de Toledo y Ruiz Sar- 
mieoto, el almirante Saochez de Tovar, don Pedro 
Noüez de Lara, coode de Hayorga, y otros machos 
ricos-hombres y caballeros de Castilla y de Leoa. 

Túvose consejo para deliberar lo qne en tan fa* 
oesta sitoacioD debería hacerse, y se acordó levantar 
el cerco (3 de setiembre, 1 38i), y rolverse á Castilla 
basta qne la peste cesase, dejando gnarnecidos los 
castillos y villas que se poseían en aqoel reino. Igual 
medida se tomó con la escuadra. Regresado que hu- 
bo don XuBD á Sevilla, escribió al rey de Francia, re- 
firiéndole el grande estrago qae en so gente habia 
hecho la epidemia y pidiéndote ayuda, y se^edicd á 
armar galeras y naves y á aparejar todo lo necesario 
para reparar las pérdidas y volver á emprender la 
campaña. 

Al comenzar el año 1 38K doce galeras y veinte 
naves cast^lanas surcaban de Sevilla & Lisboa. En la 
parte de Santarén habían sido hechos prisioneros en 
pelea el prior del Hospital y el maestre de la orden de 
Cristo por el castellano Gómez Sarmiento. El. maestre 
de Avia habia sitiado á Torres Yedras, donde estovo 



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rutn II. UBio 111. 369 

á punto de ser Tictima de uoa conjuracioo que le ha- 
Uan tramado algunos caballeros originarios de Casti- 
lla qae tenia en su cainpo, cuya conspiración se sn- 
paso instigada por el rey de Castilla ^*K Alzando lúe- 
fp el maestre el campo de Torres Vedras, entró en 
Coimbra (3 de marzo), donde había convocado las 
cortes del reino. En aquella asamblea uo célebre 
jorísoonsulto portugués proDanciii un largo discur- 
so para probar qoe el heredero mas directo de la 
corona era el maestre' de Avis; que habiendo sido 
ilegitimo el malrímonio de don Fernando con doña 
Leonor Tellez, ya casada, la era también el nacimíea- 
10 de doña Beatnz; qae los infantes don luao y don 
Dtonfs, prisioneros en Castilla, tampoco eran sino bas- 
tardos, no habiéndose casado el rey don Pedro con 
doña Inés de Castro su madre; y que siendo el maes- 
tre de Avi3 de la sangre de sus reyes, un bnen ca- 
ballero, hombre ilustrado y el mas valeroso del reino, 
en sus maDOB debia ponerse el cetro de Portu- 
gal "). Los que defendían el derecho de doña Beatriz 
y los qae estaban por el infante don Juan, alegaron 
también sus razones, mas su voz fué ahogada por las 
de los bumerosos partidarios del de Avis, diputados 
de las ciudades, que eran mas en número que los no-' 



(I) FsrnanLopez, portugués, iodicacíOD. 

CrÚDica del rey doo Jaüam de boa (t) El macatre de Avia era bi- 

memoria. — Avala pasa bábilmen- jo del rey don Pedro y de Teresa 

te de largo sobre este hecho, del Lorenzo, oae otros llanaa doAa 

cual apenas hace una ligerísima Teresa te Gallega. 

To«o vu. S4 



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370 IIISTOKU DB KSPlJ*. 

bles en la asamblea, y el maestre deAvis quedó acia- 
niado rey en las cortes de Coimbra [6 de abril, 1385) 
con el nombro dé luán I. tomando desde luego el ti- 
tulo y las iosigoias reales. Asi eo pocos años dos bas- 
tardos ocuparon los tronos de Castilla y de Portugal, 
legitimando, por decirlo asi, la ilegitimidad ambos 
pueblos "'. 

Mostróse don Juan I. de Portugal desde el prin~ 
cipio merecedor de la corona que acababa de redbir, 
pues merced á su actividad casi todas las plazas de 
Entre Duero y Miño, que estaban por doña Beatriz 
fueron reconquistadas, y Portugal se vio en actitud 
de tomar la ofensiva contra Castilla. Uno de sus pri- 
meros actos- fué reconocer por ponUGce ¿ Urbano VI., 
á quien escribió participándole su elección y solici- 
tnndo de él la competente dispensa por so cualidad de 
. gran maestre de una orden religiosa (*>. El rey de 
Castilla supo estas nuevas cuando se preparaba á ha- 
cer otra invasión en Portugal después de restablecido 
de una gravísima enfermedad que le había puesto en 
peligro muy próximo de muerte. La gente de mar 
habia ido ya delante, según hemos dicho. Ei arzo- 
bispo de Toledo don Pedro Tenorio recibió orden de 
penetrar en aquel reino por la parle de CÍudad-Ro- 

(I. Soaresda Silva en las Me- propia objelo que las da Santiago, 

nioi'iaí' de doQ Juan I. ÍD^ertó el Alca alara y Catatrsva, se deao- 

acta de la elección de i^imbra, oiiaé do AvU, de la ciudad y ca&- 

',i) Eets orden de caballería, tillodeestanombrj.que Alfonsol. 

fiindada en Porlu^l á medíadoa dio á los caballeros para sn reai- 

d?! s\¿\(¡ XII., á ejemplo y oob el dencia. 



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9AMJ» II. UBBOUl. 374 

drígo ccw las banderas del rey, pero adeUDlároose al- 
ganos caballeras castellanos, qae rompiendo por ter- 
ritorio portugués con trescientas lanzas, pagaron caro 
so atreTÍmiento siendo completaniente derrotados en 
TroDCoso. El monarca castellano habia pasado á Ba- 
dajoz, donde se le reanieron sos banderas, con mas 
algunas compañfas qae le vinieran de Francia. De 
allí hizo moyimieato á Gadad -Rodrigo. Debatióse en 
consejo si se entraría ó no en Portagal, atendido el es- 
tado del reino, ei. prestigio del nnevo monarca, sos 
recientes tríonfos y el auxilio que habia recibido de 
Inglaterra. Oponíanse machos; pero el rey se adhirió 
como siempre á los que opinaban por la invaaon. Hl- 
zose, paes, Ha entrada (julio, 4385); rindióse Celoria, 
pasó el rey por las inmediaciones de Coimbra, cu- 
yo arrabal qoemó, y proúgnió camino de Leiria. El 
maestre de Avia, rey de Pwlugal, estaba en Tovar; 
de alK movió su gente á Ponte do Sor, en dirección de 
Leiria también. 

Hallároose los dos ejércitos cerca de Aljubarrola, 
villa abacial á una legua de Atcobaza , en la Extre- 
madura portuguesa. El de Portugal era bastante infe- 
rior en número al castellano, que constaba de treinta 
mil hombres de todas armas, si bien sus principales 
caiHtaDes habian perecido un año antes de epidemia 
en el silio de Lisboa. Favorecían al portagués las po- 
sioiooes, el hambre y la fatiga del ejército castellano, 
y la quebrantada salud del rey de Castilla que se faa- 



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372 UISTOklA Dt RIHltá. 

Haba casi postrado é imposibilitado de cabalgar. Acón' 
sejaban á éste los nías pradeotes qae ao diera el com- 
bate con tales desventajas y á esto se iDCtioaba el rey; 
pero la gente jóveo y fogosa espuso que la menor va- 
cllacion de parte de uo ejército tan superior eo número 
al del enemigo seria mostrar una vergonzosa cobar- 
día; y ccHi mas valor que reflexión atacaron la hneste 
portaguesa, la cual los rechazó también vigorosamen- 
te. Sacedió entonces lo que los hombres esperimenta- 
dos y pensadores habiaa previsto. La oatoraleza del 
' terreno no permitió maniobrar á las dos atas del ejér- 
cito castellano, y solo el centro y la vanguardia del 
cey tuvieron qae sostener el empuje de los tres cam- 
pos enemigos. Los portugueses embistieron con ad- 
mirable brío sembrando la muerte por las filas de 
Castilla. EJ rey don Juan, doliente como estaba, era 
-llevado en una litera. Cuando los castellanos vieron 
que iban en derrota, pusiéronle en una muía, y cuan- 
do la necesidad los obligó á retirarse precipitadamen- 
te dióle su caballo Pedro González de Mendoza, su ma- 
yordomo, con el cual, enfermo como estaba; bayo 
del campo, y llegó con mucho trabajo á Santaréo. dis- 
tante once leguas. Alli tomó un barco de guerra, y 
descendiendo por el Tajo arribó á Lisboa, donde es- 
taba la armada castellana, y con ella se voWió á 
Sevilla. 

Faé la memorable batalla de AIjubarrota el 44 de 
agosto de 1386. Hácese subir & diez mil la cifra 



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Man II. UHD ui. 373 

de los castellaoos qae en ella perecieroD; alti sacuin- 
bJeroQ los mejores capilanea y los mas ilaslres caba- 
lleros de Caslilla; don Pedro, bíjo del marqués de Vi- 
lieaa, el señor de Aguitar y de Castañeda, hijo del 
eoode don Tello, el prior de Sao Juao, «1 adelantado 
mayor; et almiraote y los mariscales de Castilla, el 
' porti^nés doD Juan Airoaso Tello. coade de Mayorga 
y Uo de la reina doña Beatriz, con otros mucbos pro- 
ceres ó hidalgos castellanos y portugoeses.. Entre los 
prisioneros se contaba el ilustre don Pedro López de 
Ayala, el autor de la Cróaica. El maestre de Alcáota^ 
ra Gonzalo Ñoñez de Guzman se mantaToalguo tiem- 
po firme con loa de i caballo después de la derrota:. 
á ¿I se reunieroo los que pudieron escapar de la Qui- 
tanza, coD Iqs cuales se retiró en cierto orden á San- 
taren, y pasando el Tajo se iblernóenCastilla. Salvá- 
ronse otros por cerros y senderos, y algunos se in- 
corporaron al inrante don Carlos de Navarra, que con 
algunas compañías de Aragón^ de Bretaña y de Cas- 
tilla halüa entrado en Portugal después que el rey, y 
sabiendo eu tierra de Lamego el funesto desastre de 
Aljubarrota dio la vuelta con los fugitivos para el ter- 
ritono castellano. Afectó tanto al rey don Juan aque- 
lla derrota que se vistió él y mandó vestir luto á toda 
la corte, y eu mas de un año no permitió que hu- 
biese diversiones ni espectáculos públicos, ni oingua 
género de fiestas- populares. Los portugueses solem- 
nizan anualmente el triunfo de Aljubarrota, y le cc~ 



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374 uisnitA DB iwAfti. 

lebruD con pomposos y no infundados panegirícos "'. 
Ganada ta batalla, recobróel nuevo rey de Porta- 
gal las plazas qne habían tenido los castellanos, y al 
dar la noticia de sa triunfo al duque de Lancasler, le 
escilaba á que Tioiese á tomar posesión del reino de 
Castilla que decia pertenecerle por su muger. Orf^jU- 
lloso y envalentonado cod eu vícloría el antiguo maes- 
tre de Avis, mandó á so condestable Ñuño Alvarez 
Pereíra que invadiera el país de Badajoz haciendo 
cuanto estrago pudiese. Mas falljí poco para que él 
con toda su gente cayera en foder de tos castellanos, 
y solo por nn desesperado esfuerzo pudo volver á ea< 
Irar en Portugal, despnes de haber dejado en Caati- 

(1) Froísssrt aQ sa Cróaics, >Ssbed qoe Iones catorce diía de 

cap, 3., cuenta miaucioaamenli: leate mua de agoslooviaos bata- 

euui batalla, y reflere pormeno- >lla coa sqoet traidor que solía 

res curiosos j laacas dramáticos, tser Maeatie dv Avis, é con lod.s 

que el croaiata castellano, des^jra- dosdol regno de Portugal que do 

ciado actor en ella, omitía como >su parte teaia, é con todo* loa 

huyendo de un triste recuerdo, «otros estrangeros, asi inglese* 

Froiwart dice que aupo lodaa >oomo gascones, i^u« con 61 ettM- 

aquellascircuDslaaciasilubacadB >ban: é la batalla liió de e«l3 ma- 

UD caballero del codmío del rey »neTa. Ellosae peBianaaqoel día 

de Portugal á quien vio en Flan- sdesde la maítana en una plaza 

des, y empleó seis dias en escri- ofuerle entrttdosarroyotde foaúo 

bir lo que aquel lo dictaba. Por acuda uno diez ó doce brazas; A 

coQsecuaDcia es muy veroalmtl «quindo nuestra gente allí llejjA, 

queau relación en algunos punto» te vieron que non luspodianaco- 

n'o tenga tanto do verídica como 'meter por allí, ovimos todoa de 

de noveloica. >rodesr para venir á ellos por otra 

Loque aabemoa de cierto es «parte que noa pare&ció ser mas 

que luego que eirev llegóáSevilla allaiio: O quandaUeaanHuáaquel 

escribió cartas á las principales >logarera ya bora díe víspuras, é 

ciudades de sus reinos, par tioi- Miueatra gente estaba inaT cad- 

pándolesen términos muy tristes •sjda.Eotooces los mas.de losca- 

el infortunio de Aijubirrota, al 'balleros que con noeoCros etts- 

propiotiempo que las convocaba 'ban, que se avían visto en otras 

para laa cortes de Valladolíd. He sbatalusiacordaban que no»dies« 

aquí losprincipa les párrafo^ de es- «esta en aquel dia, lo uno porque 

tassenlidaacartas. <DoQJuan,etc. »aueatra gente iba fatigada, é lo 



,,Googlc. 



VAiTB n. uMmm. 376 

lia naucfaos de los que le acompaSaroD ea su alrevida 
irrupcioa. 

De Sevilla pasó don Juan á celebrar cortes eo 
Valladolid. Ea estas cortes se hizo an ordeDamieoto 
presoríbieado y se&Blaodo mkiaciosa menté las armas 
y armaduras que (wda ciudadano de T<UDte á sesenta 
años, fuese eléf igo ó lego» estaba obligado á tener en 
proporción á las reatas y haberes de cada odo, asi 
como el Dúaieró de caballos qae babia de oíanlener, 
y la proporción en qoe éstos faabian de estar con el 
de las muías y otras cabalgaduras, concluyendo con 
varias medidas ecnduceotes al fomento de la cria ca- 
ballar. Hadase lo primero con el fin de que lodo el 

lotro para mirar la gente portu~ «iioa dejaron de acometerlos; é 

•gueas como estaba. Has toda l> npornueslros pecados fui moa ven- 

sotra DoestraKeiite, conla voIuq- icídos. Nos viendo nueslra gente 

atad que avian depelear.fuéronaB ^desbaratada 6rota,fuímanos pa- 

>«ÍD nueatro acuerda alláiénoa ira Saolaren , ú de allí d^s vici- 

■ fallaiDos COD ellos, aunque con niños por mar para nuestra Flota, 
imucha Qaqueu, que a* ía catorce iporquautopor oueslra emrerme- 
idiaa que loamos camÍDO en lile- ndad non podíamos subir é caba- 
>n,ép<ir«at8caDaaDoniiodiamDB «lio... E Ulos queriendo, enten- 
lentender ninguna cosu del cam- «demos partir de esta cibdad^Se^ 
ipo, como oompliaéDuealro ser- >villa) para Ceslillado aquiácua- 
>vicio. Después que los nuejlros >tro ú cinco días, por quunto con 
■se vieron frente i freela cou >la Sfuda de Dios, é de todos vo»< 
sellos, fallaron tres cosas: la naa lOttos los de nuestros reinos, de 
lun monte corlado que tea daba iquien creemos que sentiréis el 

■ fasta la cinta; éla segunda, en la «mal, deshonra é pérdida que ha- 
ifrente de sa balaltanoa cabitan abemos reBcibidu.entendemoscon 
lalta como un orne fasta la gar- «brevedad avcr venganza de esta 
llanta; é la tercom que la frente ndeshbnrs, é cobrar lo que nos 
■dd so eMuadroD estaba tan c»r- iprilenesce...> Concluye convo- 
«cadaporlüsarroyosquela tenían cardolBs á cortes en Valladolid 
•alrededor, que non avia de Trinte para t.''de octubre, d fin de re- 
>da trescientas 6 quarenta á qus- solver en ellas lo que cumpla á su 
■trociestas lanzas. Pero acuque servicia. — (escales en au iliat. de 

■ esto «ataba asi, é los nuestros Uurcia, Disc. VIH., c. t5, inserta 

■ vieron todas Mtaa dificultades, la carta dirigida á aquella ciudatf. 



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376 uinwiA DI wstkSLA, 

muodo estuviera preparado y armado para la guerra, 
y lo segando á causa de .la dismiaucioD y escasez de 
caballos que se iba Dotaado. Reprodujároose alganas 
leyes hecbas eu otras cortes relativas á Jos judies y á 
los arreodadores de las realas, olyetos pereDnes de 
las quejas, reolamacíoaesy peticioBea de tos pueblos; 
y por último, mauifestó el rey las causas per qué lle- 
vaba luto, qoe decía ser mayor el de su corazoo que 
el de sos vestidos, sirado la priaoipal el sentimieolo 
qoe le cansaba la pérdida de taotoa y tan bueoos ca- 
balleros y escuderos como babiao muerto en la re- 
cieote guerra, y el quebranto y mancilla que acaba- 
ba de sufrir el reino, y que su voluntad sería no de- 
jar el duelo basta que la deshonra de Casulla ñiese 
vengada y pudiese aliviar de pechos á sus subditos y 
regir sus reinos en justicia: nobles sentimientos, que 
honran sobremanera al monarca que los emilia. 

Disueltas las cortes de Valladolid en fioes de 4 385, 
recorrió el^ apesarado don Xnan las provincias ani- 
mándolas á reparar el contratiempo de Aljubarrota, 
cuyo recuerda le laceraba el corazón. £1 rey Car- 
los VI. de Francia, á quien don Juan había participa- 
do el suceso Euoesto de Portugal y solicitado le am- 
parase en tal confiícto con arreglo á los tratados, le 
envió dos mil lanzas pagadas, al mando de su tío d 
duque de Borbon, hermano de la reina doña Blanca, 
muger de don Pedro de Castilla^ y el-papa Ciernen*' 
le VU. te dirigió una afectuosa carta procurando con- 



,,.CoogIc 



Mcn II. urao 111. 377 

solarte de la pérdida de la batalla. Has los emisarios 
qae el de Portugal había despachado á loglalerra ha- 
llaron tan buena acogida eo la corte de Ricardo U. 
(sucesor de Bdoardo 01.), que el partameoto de 
Lóodres otorgó uo servicia de mil quÍDÍeatas lanzas y 
otros tantos ballesteres al duque de Lancaster, para 
qoe viniera á cobrar el que llamaba él su reino de 
Castilla '*^ Embarcóse, paes, el priacipe inglesen 
Brístol con esta gente en galeras de) rey de Portugal, 
trayendo consigo á bu esposa , á su hija Catalina y á 
muchas damas y doncellas, que sin duda miraban la 
empresa de la conquista de Castilla mas como de re- 
creo que como de peligro , y después de haber toca- 
do en Brest, tomaron rumbo para la Coruña, donde 
arribaron eV S& de julio (438S). Apresaron alli algu- 
nas naves castellanas, y aun hubieran tomado la po- 
blación sin la vigorosa defensa de un caballero de Ga- 
'icia llamado don Fernando Pérez de Andrade, que se 
batteba alli muy bien apercibido y con buena compa- 
ñía. Menos foerte y menos defendida la ciudad de 
Santiago, cayó en poder de h» ingleses, y no fsjtaroa 
caballeros de la üerra que se fuesen con el de lan- 
caster. 

En abril de aquel año había publicado Ricardo de 
Inglaterra una bula de Urbano VI. en favor de «Juan 

(ti VoT tos documentos de la We8niinster,se vequebaciatíem' 
cofecáQiidenymer,enqueaetii- ixt^ne el duque de LeocaBlert»- 
sertBD actai del rey Ricardo II., nía resuelto venirá Espafla coasu 
deTebrero de t38S, fochas en «sposa doña Constanza. 



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378 aiSTOBIA DB BtTAfiik. 

nrey de Castilla y de León, duqoede I^ncaster,» cod- 
tra ajaao, hijo de EariqQe. intruso é injusto ocupa- 
«dor, y detentor cismítico de dicho reino de Castilla, 
n y contra Roberto, que íaé cardenal de los doce Apó&- 
»totes, «nti-papa (Clemenle VU.J , su cóiD[rfice y aos- 
«tenedor ^'.» Asi el de Laocastet- traia ya en sus peo* 
dones las atmas de Castilla y de Leoo , y su sello de 
plomo para los despechos figuraba un trono gótico 
con las mismas armas, en qae estaba sentado el duque 
con el globo en.una mano y et cetro en la otra, y en 
derredor la leyenda: loBAioimB dbi cutía, ikk cas- 

TKLLAE KT LBQlOIflS.... DDX LARCAaiVC, BTC. 

Comunicáronse y se felicitaron mutuamente el de 
Avi» y el de- Lancaster, y acordaron tener unas vistas 
en la oomaKa de Oporto , en un sitio que nombran 
PoDle-de-Mor. Comieron allí juntos y concerlaroa: 
1 .<* que el de Lancaster daría al de Avis, rey de Por- 
tugal, so hija Felipa (habida de prim^* matrimoiüo), 
siendo de cargo del poriagnés impetrar la dispensa 
. pontificia, como saperíor que era de una orden reli- 
giosa: i." qae el de Portugal entraría con el inglés 
en Castilla para ayudarle ¿ cobrar este reino, por cu- 
yo servicio le daría éste ciertas villas y lugares , que- 
dando ademas en rehenes la prometida esposa de) 
pOTtugaés: 3." que pasado aquel invierno entrarían 
con todo su poder en Castilla. Firmados estos tratos, 
volvióse el de Lancaster á Galicia; pero probó tan mal 

(!) liymcr, tom.Vll.^p. SOT. 



D,g,t7„lb,.GOOgIC 



PAKTBll. LIBIO III. 379 

la estaoda eo este paisa las tropas inglesas, que grao 
número de soldados y los mejores c^tpitanes quedaron 
sepultados eo éi. Por otra parte, aunque algunos ga- 
llegos se habían adherido á la causa de Laucasler (que 
«empre habí? sido Galicia la provincia menos adicta 
Á los reyes de la dinastía de Trastamara), muchos se 
alzaron por el rey de Castilla, y hostilizaban desde tas 
fortalezas á los ingleses, v daban buena cuenta de los 
que salían á buscar viandas ó andaban sueltos por los 
caminA <^>. 

Don Juan de Castilla, á quien las dos campañas do 
Portugal babian dejado síd capitanes, menguádole la 
gente de guerra y consumtdole pingües recursos, li- 
niitábase á proveer á la deruosa de Castilla, y i forti- 
ficar á LeoD, Zamora y Benaveote, por donde temía la 
ÍQvasoa; mandó despoblar y destruir los lugares lla- 
Dos y descercados, y esperaba lambíenque acabara de 
llagar la hueste auxiliar francesa, de la cual se adc- 
lautaroD é venir algunos capitanes y cooipañfas. Eo 
aoa caita que dirigió desde Valladoltd á todas las 
ciudades det reino , les daba cuenta, de las disposicio- 
Des que habia adoptado para resistir la invasión (se- 
tiembre, 1386). El de Laocaster desde Orense envió 
un heraldo al de Castilla para intimarle que pertene- 



1 1) Loaingledes, dice Froitsirt, embriagados y lirados por loaeae- 

«nlusiasmados con la abundancia los. La disenteria hizo en ellos 

de viandas j ceñios buenos vinos mas eatrago qne hubiera podido 

do aaucl país, se dieron tanto á la hacer la guerra, 
betnda, que casi siempre cstabao 



nigiUrrlb/GóOglC 



380 IIISTUKIA DE BSUfÍA. 

cieodo el reiao 4e derecho á su mager doña CoosUo- 
za, esperaba se le cediese, ó de otro modo «se entes- 
deriaa en batalla poder por poder.* A su vez el de 
Castilla despachó al de Inglaterra tres mensageros, á 
saber: el prior dé Guadalupe, un caballero quede- 
cian Diego López de Medraoo, y ud doctor en leyes 
llamado Alvar Hartiaoz de Villareal con las coiope- 
lentes iostruc^oDes. Recibidos 'beaévolameDle estos 
embajadores por el de Lancasler en audiencia ante su 
consejo , cada uno da ellos pronunció un discurso en 
defensa de los legitimos derechos de don Juan de 
Castilla. A los ires oradores castellanos contestó por 
parte del de Lancasler el obbpo de Aquis don Juaa 
de Castre, caslellaao también, pero que siempre ha- 
bla seguido el partido de don Pedro da Castilla contra 
u hermano don Enrique , que seguia defendiendo los 
(jerechos de su hija doña Constanza, y que era el 
principal consejero del duque de Láacasier ^*K Termi- 
nados los razonamieotosT los embajadores de Castilla 
concluyeron cm decir al de Lancaster que se aSrma- 
ban en lo que primero habian espuesto , y pidiéronle 
su venia para volver á Castilla. 

Mas todo esto se redujo á mera fórmula. En an 
rato en que se habia suspendido la sesión de la au- 

[^) Este don Juan de Castro, AladeAyala.quecalificSDdepBr' 

obispo qnefué de Jaea, es el que cial.— AyalaíDsertalategroatodoi 

M aupoDoescribiá Dnacrónicadel esto» diacuraoB. Crónica ds don 

re; don Pedro, que nadie ba ha- Joan e] Primero, Afio VUI., capi- 

llado todavía, y que muchos sin talo 9 y 10. 
haberla víalo quieren contraponer 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PARTE II. tiHBo ni. 381 

JíoDcia, el prior de Guadalupe había dicho separada- 
mente y en secreto al príncipe inglés de parte del rey 
de Castilla , qae puesto que él tenía una hija de doña 
Constanza y el de Castilla no hijo reconocido herede- 
ro del reino, podía ponerse fátíl término á sos quere- 
IIk, casando a) inftnte don Enrique con la princesa 
Catalina, declarándolos herederos en coman de tos 
reinos de Castilla y de León, con lo coal cesaba toda 
competencia y motivo de guerra. Oyó con gusto el do 
Lancaster la proposición, recomendando al prior de 
Guadalupe la necesidad de guardar secreto sobre es- 
la y otras negociaciones que pudieran mediar con el 
de Ca'stilla hasta que fuese tiempo y razón de publi- 
carlas: lo cual hacia sin, duda por el compromiso que 
leiria con el de Portugal. 

Grandemente dado el rey don. luán I. de Casti- 
lla á celebrar cortes generales y hacer en ellas las 
leyes convenientes al mejor gobierno de sos reinos, 
aprovechó los momentos de tregu a que las circuns- 
laDcias le permitían para tenerlas en Segovia al espí- 
raf este año de 1366. Ymlentrassusembajadores de- 
fendían so derecho en Orense ante el duque de Lan- 
caster, él pronunciaba en las cortes de Segovia'nn 
largo y razonado discurso para probar que ni la hija 
de don Pedro ni otro principe ni princesa alguna le 
podían disputar el que él tenia al trono de León y de 
Castilía. Eq entas cortes respondió á veinte y ocho pe* 
ticiones que le presentaron tos grocoradores de las 



,,.Go6gIc 



.362 HISTORIA DB ESPASa. 

ciadades , relativas á los qne debiao pecbar tribatos, 
á establecer ta mayor eqaidad posible eo los iimpues- 
los, y á la maDera mas coaveoieole y menos gravosa 
de recaudarlos. Merece especial mencioQ la ley que 
eo estas cortes se hizo regalarizaodo las Aermonrfa- 
d& de Castilla para la persecucioD y castigo de mal- 
hechores. «Otrosí, dijo el rey, á tos que nos pidie- 
vroD por merced que por que la nuestra justicia fue- 
>se guardada, é complida, é los nuestros regóos de- 
»feodido8,éDuestro servicio se podiese mejor com- 
>plir, que mandásemos que las nuestras cibdades é 
> villas, é lugares de nuestros regnos ñciesen her- 
>mandades, é se ayuntasen las unas coa las otraK, 
»asi las que son realengas como las qoe bod de seño- 
«ríos. A esto respondemos que nos place qua lasdt* 
Dcbas hermandades se fagan segnnd que otro tiempo 
«fneron fechas eo tiempo del rey don Alfonso nuestro 
«abuelo, que Dios perdone , é segno se oootione por 
»estB clánsula que adelante se contiene.»— ^igue un 
reglamento prescribiendo las obligaciones délos poe^ 
blos de la hermandad, y la manera de obrar cuando 
ocurrieren muertes ó ri^os en desp(^lado. de que 
puedeservír de muestra el primer artículo de la or- 
denanza de somatenes , en qoe se manda, que cuando 
uno de estos casos aconteciere se dé parte al juez, 
alcalde, merino ó alguacil de la primera ciudad, rflla 
ó lugar, aé que estos oficiales é qoalquier dellos á 
«quieo fuere dada ^ querella, que fagan repicar la 



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PARTU II. Liimo III. 383 

«campaDa y que salgan luego á voz de apellido é que 
>vayaa én pos de los malfecbores por do qnier que 
• fuereD; é como repicasen en aquel lugar, que loen- 
>TÍeD taaer saber á loa otros lugares de enderredor 
«para que fagan repicar las campanas, é salgan á 
«aquel apellido lodos los de aquellos lugares do Tuese 
«enviado decir, ó oyeren el repicar deaqael lugardo 
«fuese dada la qnerella, ó de otro caalqnier que re- 
«picaren, óoyeren ó sopierenel apellido ó ta muerte, 
«que sean tenudos de repicar é salir todos, é ya todos 
«en pos de los malfecbores, é de ios seguir Tasta que 
«los lomen ó los encierreo, etc. '*>.» 

Tai era el estado de las cosas en Castilla alentrar 
el año11E87> cuyo pnncipio señaló la muerte del rey 
Carlos el Halo de Navarra (4 .-" de enero), después de 
nn reinado de cuarenta años. Sí el sobrenombre que 
c<Mi8erva Mmbolíza bien lo que fué.en vida, las cir- 
cunstancias de su muerte parecieron como nna ex- 
piación proTideocial, pnes murió de lepra entre hor- 
ribles tormentos, abrasado ademas en el lecho enque 
yacía , y que se encendió casualmente con la luz de 
ana candela, pereciendo el rey entre los dolores do 
la enfermedad y los alaridos que le arrancaba el fuego 
de las llamas (*)'. Sucedióle sn bijo Carlos, llamado coa 

(4) Ni Hariána oí oíros hiato- con la infanta de Castilla, j here- 

riidorasnieDcioiíaQ estas odrtes dero dul trono; don Felipe, qae 

cunto mai las leyes beohas ud luuríú desgraciadamente, dejan- 

ellu. dolé caer sa nodriza por uDBVdi- 

fSJ ToTo este monarca aíete tana: don Pedro, conde ^e Uor- 

hijOB [egitinios: don Cirloi, casado taíag, llamado en Francia Hosea- 



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384 (lUTOUA DR BSPAAa, 

justicia fíl Noble, boeo caballero, qoerido de todos 
por su amable carácter y por sus escelentes prendas, 
y mas querido del rey de Castilla su cuñado, coa 
quiea se bailaba en Peñafiei cuando fué llamado por 

. las cortes del reino para ocupar el trono de su padre. 
Don Juan de Castilla le dio una prueba de su amistad 
evacuando los castillos que tenia en rehenes desde las 
paces ajustadas con su padre. Lo primero que en su 
reino hizo Carlos el Noble fué tratar la cuestión del cis- 
ma de la iglesia, en la cual se decidió por Clemen- 
te Vil.' con lo que aBrmó mas la alianza con Francia 
y coa Castilla , donde aquel ponUfice era reconocido. 
A los cinco dias del rallecimíenlo deCárlos el Halo 
sucedió el de Pedro IV. de Aragón el Ceremonioso 
(5 de enero), cuyo reino entró á heredar su hijo, 
luán I. también como el de Castilla. 

Llegada la primavera, fuese por sus compromi- 
sos con el rey de Portugal, fuese por obligar mas al 
de Castilla, se decidió el de Lancaster, á pesar de lo 
mermado que la peste tenia su ejército, á penetrar eo 

. el territorio castellano acompañado del portugués. Eo 
pocos días llegaron á Benavente; guarnecian esta villa 
las tropas de don Alvar Pérez de Osorio, las cuales 
rechazaron vigorosamente á los confederados. Eutra- 



' Fierres de Itavarra: doQa Harta, r¡qDelV.delnglaterrB:do6BB]aD- 

casada condón AlfoQso de Ara- ca que muría jó^on, fdoDa Bona, 

gon, conde de Denia: dofla Juaus, de quieu do se sabe sido el nom- 

caaada cod Joan de BreUQa, y de bre: ademas dd hijo natural, llfr- 

R^andas uupcíaa coa el rey En- mado don León de Ntfarra. 



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FAftTB II. LIBIO ni. 385 

roQ estos en VillalpaDdo, Valderas y otras villas de 
menos importancia. Pero íaltábaDles losmantenicoien- 
los, qae había tenido baen uuidado de retirar el rey 
de Casulla, y la epidemia contiauaba estragando las 
compañías inglesas, mengoadas ya en mas de las dos 
terceras partes, en términos qae maríeron en esta 
espedicion sobre trescientos caballeros y escuderos de 
los de Lancaster. Viéronse, pues, el de Portugal y el 
de Inglaterra en la necesidad de renunciar á su em- 
presa y de volverse á Portugal con poca gente , y esa 
ó agobiada de necesidad ó contaminada de la peste. 
El de Castilla, oo necesitando ya las lanzas auxiliares 
francesas, las pagó y despidió, dándoles Ins gracias 
por sus baenos oficios. > 

Deseaba don Juan de Castilla la paz, y el preten- 
diente inglés no tenia motivos para apetecer la guer- 
ra. Asi volvieron á entenderse fácilmente sobre el ca- 
. Sarniento tratado en Orense, y habiendo enviado el 
castellano sos embajadores al de Lancaster, que se 
hallaba en un pueblo de Portugal nombrado Troncoso, 
se estipuló deGaitivamente la paz bajo las condicio- 
nes siguientes: 1.* et infante primogénito de Castilla, 
don Enrique, de edad de nueve años, había de casar 
condona Catalina, de edad de catorce, hija del daque 
de Lancaster y de doña Constanza de Castilla; si 
don Enrique muriese antes de consumar el matrimo- 
nio, deberla sn hermano don Fernando casarse con 
dona Catalina: 2.* ésta llevarla en dote las villas de 

Touo vil. 2& 



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386 IIISTOttA DI BJriÜA. 

Soria, At¡en2a, Almazao, Deaay Motioa: 3/ el rey de 
Castilla pagaría al duque y ¿ la duqaesa de Lancaster 
seiscientos mil francos en ciertos términos, y cuaren- 
ta- mil cada año, los cien mil de contado, para los 
qoioientos mil restantes se darían rehenes: 4." ta do- ' 
quesade Lancaster tendría por so vida las rentas de 
Guadalajara, Medina del Campo y Olmedo: IS/se da- 
ría perdón general á todos toa qoe habían seguido el 
partido del de Lancaster '*>: 6.* el duque y ladoque- 
sfr reogntíarian para siempre toda pretensión sobre 
los reinos de León y de Castilla: 7/ que dentro de 
dos «DOS se deliberaría acerca de la suerte de los hi- 
jos dedon Pedro, que el rey don Juan tenia en sa po- 
der: 8.* que los duques de LaocastA- partíriao h^o 
de Portugal pera Bayona, donde irían procuradores 
del de Castilla á formalizar y ratificar el «ionveaio. 

No podia el rey de Portugal llevar con resigna- 
ción tíi tratado de Troocoso, hecho sin intervención y. 
como á escondidas de él, y ya que no podia impedir- 
le, reclamó brosc-amente al de Lancasterel doledesn 
hija Felipa con quien ya se había casado, y los anel- 
dos de las tropas y detnas gastos hechos en la des- 
graciada campaña de Castilla. Después de algaoas 
acres contestaciones entre suegro y yerno, el doqoe 
hizo donación al de Avfs, por via de indemnización de 
gastos, de todos los lugares que había conquistado en 

(t) Aestoslosilamabaelpue- mos la raion de este apodo, 
blo lo* tmptrtgilado». No ñb^ 



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PAin II. UNO III. S87 

Galicia, con lo cual se embarcó para Bayona. Mas 
apenas habría doblado el cabo Ortega! cnando sucedió 
lo que debía saponerae; las ciadadesde Galicia, San- 
tiago, Oranse y demás qoe se había d declarado por el 
de Laocaster, se sometieron á sn legfUmo soberano et 
de Castilla, pidiendo aquellas y otorgando éste gra- 
cia é iodalto por sa defección. Mal parado dcijó al de 
Portogal la alianza con el inglés. 

Para satisfÍMser las cantidades que se habían de 
pagar al doque de Laucaster en conformidad al tra- 
tado, congregó el rey don Joan de Castilla las corles 
úei reiao en Bñviesca, y pidió no servicio estraordi- 
nario, qoe se llamó el servicio de las doblas, del cual 
DO se exinteron ni eclesiásticos, ni hijosdalgo, ni per- 
sona alguna de caalquier condición que faese, y á 
que contribuyó cada uno en rigorosa proporciqu de 
su lortODa: votáronle los procuradores como un im- 
puesto verdaiteramente nacional. Hfzose en las pro- 
[úaB cortes an ordenamiento bajando la moneda lla- 
mada blaneot, i la cual se babia dado el valor de un 
maravedí, i seis dineros nuevos, y se tomaron las 
BMdidaB conventeotes para la manera de satisfacer las 
«Uigaciones omtraidaB eú el tiempo en qne se haiña 
SBtñdo el valor de dicha moneda. Mas lo que hizo cé- 
lebres estas cortes de Brivieeea eñ la historia do la 
larispradeneis española fueron los dos ordenamientos 
ó cnad&mi» de leyes, que forman hoy todavía una 
parte de Miestnt tegiidacion. Creóse porelprimero uu 



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3S8 UISTOUA DB bspaSa. 

consejo de cuatro letrados, qiie no habían de ser de 
la clase noble, sioo hombres baenos de las cíodades. 
los cuales habian de acompañar continaameote a) rey, 
y despachar con él dos veces cada día. Se reglamentó 
este consejo, así como la aadieocia y el cuerpo de los 
alcaldes de corte, se señaló tos puntos en que habian 
de residir en cada estación, y cómo habian de alter- 
nar en el despacho de los negocios, y todo lo relativo 
á sus fanciones. El otro es an ordenamiento de leyes 
dividido &i tres tratados: contiene el primero las qne 
se refieren á astíntos de religión y de moral; el se- 
gando trata de impuestos, rentas, arrendamientos y 
oficios y empleos de hacienda: y el tercero es una es- 
pecie de código penal, que concluye con otro qne po- 
demos llamar código de procedimientos para los tri- 
bunales de justicia. 

Son notables y no podemos pasar en silencio algu- 
nas leyes de este ordenamiento. uPor qoanto en nues- 
»tros regaos se acostumbra (dice la primera delpnmer 
^tratado), qnando Nos, ó la reina ó los Infantes veoi- 
nmos á cibdades é villas é lugares, salir con la eras í 

»nos rescibiren procesión loqnal non es bienfe- 

>cho, nin es ratón que la figura del Rey de ¡os Reys 
vsalgaáNos que somos Rey déla tierraé nada árespe- 
vto del, é por esto ordenamos que los prelados numden 
» en nu obispados á sus clérigos que non salgan con las 
tentíea de las iglesias á Nos, nin á la Reyna, nin al 
vtn/ante heredero,,.,.*— So ordena en la segunda qne 



nigiUrrlb/GOOglC 



tAKTB II. LIBIO III. 389 

cuando el rey, la reíaa ó lus iofaotes encueQlien por 
la calle el Sanio Víálico, esiéa obligados á acompa- 
ñarle hasla la iglesia, y hacerle reverencia de hino- 
jos; «.é que non nos eseusemot de lo faser por polvo, 
»mn por lodo, nin por otra cosa ; que do aun los ornes 
» fosen a un rey reverencia é van de pié con él, mas de 
itrason es de lo faser al Rey de los Reys.» — Mándase 
en la tercera que oo se hagan fígurasde cruces, ni de 
santos, ensillos oÍ en objetos en que se puedan hollar. 
Ed la cuarta se imponen penas á los blasfemos. Pro- 
híbese en la quinta aposentar en los edificios de las 
iglesias aun á los reyes : por la sesla se condena y cas- 
tiga el uso de los agUeros, sortilegios y artes divina- 
torias, y co la sétima se prescribe oo trabajar los do- 
miogos eo oficios mecánicos. En el tercer tratado hay 
una rigorosa ley de vagos; se prohibe jugar á los da- 
dos en público ó en secreto; se establecen muy seve- 
ras penas contra los casados que tenian mancebas pú- 
blicas, como igualmente contra las mancebas públicas 
de los cléiigos. 

Parécenos sobremanera notable la siguiente dis- 
posición, que ha hecho parle de la jurisprudencia de 
nuestros tribunales basta nuestros dias. — «Muchas 
» vesos per imporlunidat de les que nos piden libra- 
»mientos, damos algunas cartas contra derecho. E por 
»que la nuestra voluntad es que la justicia floresca, é 
>que las cosas que contra ella pudiesen venir non 
»ayan poder de lo contrariar, eslablescemos que si en 



D,g,t7„lb,.GOOgIC 



390 uuTO&u DE bsfaAa. 

>Questras cartas mandáremos alganas cosas que sean 
vcoDtra ley, ó fuero, ó derecho, que tal caria sea 
^obedescida é non cumplida, ood embargante que la 
«dicha carta faga meocioQ espeoal'ó general de la ley 
>ó fuero ó ordenamiento contra quien se dé, etc. t".» 

Sirve de consuelo al historiador ver á los reyes y 
á los pueblos aprovechar todos los momentos qae el 
tráfago de las guerras les permitía para dedicarse de 
común acuerdo á la - ntiüsíma obra de moralizar el 
país y organizarle política y civilmente, introduciendo 
todas las mejoras que alcanzaban en su legislación. 

Concluidas las cortes de Briviesca en diciembre de 
4 387, pasó el rey don Juan en febrero del águiente á 
la comarca de Calahorra, donde se vio con Carlos el 
Noble de Navarra, y juntos estuvieron algunos días, 
lomando placer, dice el cronista, en las Gestas del 
Carnaval de aquel año. Desgraciadamente la esposa 
del navarro, hermana del de Castilla, dona Leonor, no 
amaba á su marido ni hacia buena vida con él , y con 
pretesto de enfermedad la trajo consigo sn hermanoá 
Castilla. 

Losmensageros ó embajadores del castellano ba- 
tí i Cada vei nos admiramos to tenemos por imposible formar 
mas de ver que nocatroí historia- tdea de las costumbres deaqno- 
dores en general hayan pasado lia época, y del estado sociaf de) 
lan de largo ú tan en jileocio lis país en aquellos tiempos. Podrá 
dieposicioces de nuestras curtes sin ellas conocerse tal vez, aon- 
de la edad media, citando no solo que imperfectameole , el pneblo 
se ve nacer en ellas muchas de guerrero, pero no la organización 
laslejoa que conatitiiyen todavía política, moral, civil, económica. 
parle de nuestra actual legisla- industrial , etc. de ese mismo 
cion, sino que sin in conocimien- pueblo. 



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FA&TK II. LIMO III. 391 

biao iiJo ya á Bayona á ratificar ysotemnizarellralado 
de TroDcoao coa el duque de Lancaster. Ademas db 
reproducirse allí con prolija oiiQuciosídad ledas las 
condicioaes del anterior convenio relativas al matri- 
monio de los dos principes, aoadiéroDse algunas otras, 
tales c<»uo la de que el íofanle don Fernando no po- 
dría casarse hasla que su bermauo don Enrique cum- 
pliera los catorce años, á fin de que s¡ moña antes de 
esta edad pudiera don Fernando casar con doña Ca- 
lalioa ; se repitió por tres veces y se juró sobre los 
Santos Evangelios la renuncia solemne del duque y 
duquesa de Lancaster &, todos sus tiluioá, pretensiones 
y derechos que creyeran tener á los leinos de Casti- 
lla y Je León, pero á condición de qoe si las sumas 
estipuladas no se les pagaban en- los plazos convenidos 
la reauDcia se tendría por nula y de ningún valor, y 
volverían á reclamar sus derechos como antes; se de- 
signaron las personas que habían de servir enrebe- 
oes para la seguridad de la ejecución del tratado en 
lodas sus partes; que en el término de dos meses el rey 
doD Juan baria jurar en cortes & don Enrique y doña 
Catalina como herederos suyos en el reino; se fijó la 
ley de sucesión, primeramente eo los hijos que oa- 
cieseu del malrímonio que se trataba, á falta de estos 
en los del infante don Fernando, ó en su defecto en 
otros legítimos herederos de dicho rey don Juan; y si 
donJuaa inuríese sin legilioios sucesores, entonces el 
derecho al señorío de Castilla volverla á los duques 



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393 HISTORIA DE ESPAÍÍA. 

(le Laocaster. Tal vez lacircaastaocia de darse en Iq' 
gtaterra al primogéoilo y presunto heredero de la co- 
rona el título de príncipe de Gales, inspiró la idea de 
dar á don Enrique y doña Catalina, á ejemplo de In- 
glaterra, el Ututo de príncipe y princesa de Asturias, 
que desdeentonces se ha consei'vado á los primogéni- 
tos de nuestros reyes'". 

Firmadas y juradas las capitulaciones por eiduqne 
de Laocasler y los embajadores de Gaslllla en Bayona, 
suscrito el tratado por el rey don Juan , tomados los 
rehenes y señalado el día en que la princesa habia de 
venir á España, un gran cortejo de prelados, caballe- 
ros y damas castellanas salió á Fuenterrabía á recibir 
la princesa de Asturias y futura reina de Castilla, do- 
ña Catalina de Lancaster, y de alli fué traida á 
Falencia , ciudad designada para la celebración de 
las bodas. Pero antes era menester tener dispaesla la 
suma de los seiscientos mil francos franceses que se 
habían de pagar al de Lancaster con arreglo al trata- 
do, y aunque las cortes deBríviesca habían en un mo- 
mento de esponsión patriótica votado el impuesto es- 
iraordínario, habíase recaudado tan solo una cortí- 
sima cantidad; los nobles, tas damas y las doncellas 
á quienes se habia comprendido entre los contribu- 
ía) iLa Torma que guardó el chapeo en lo cabeza, y en la ma- 
rey.diccSalazardeUendoza, en do una vara de oro, v dióle pai 
Ja sublimación de esta gran aig- en el roslro llaniándole príoi^ipe 
nidad, fué esta, Seotd d su hjjo de Asturias.* Digoidades do Caí- 
eo uu trono real, y Ileso a £1 y tilla, lib. III., cap. S3. 
vistióle UD manto, y púsole un 



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FABTE lí. LiBKO III. 393 

yeates á aquel servicio, do correspoadieroa á las es- 
peranzas ni del rey ai de las cortes. El tesoro estaba 
exhausto, y fué menester recurrir á un empréstito 
forzoso entre las ciudades. Ni el clero, ni los grandes 
señores, ni hs damas de la nobleza contribuyeron á 
él; pero el rey obtuvo, auoque con trabajo, la suma 
necesaria, y hecho el pago de ella se procedió á ce- 
lebrar tas bodas en la catedral de Palencia con toda 
suntuosidad y aparato, solemnizándolas con justas y 
torneos (1388). A poco tiempo vino á Castilla la du- 
quesa deLancastcr, doña Constanza, madre déla des- 
posada, y el duque envió al rey don Juaú la coro- 
na de oro con que él mismo babia pensado coronarse 
rey de Castilla, y cada día se enviaban mutuamente 
presentes y regalos coa la mejor amistad y concordia . 
También con este motivo celebró el rey don Juan 
cortes en Palencia en setiembre de este año. Y es 
en verdad digna de observación la valentía con que 
los procuradores, condes, ricos-hombres, caballeros, 
escuderos é hidalgos "' reunidos en estas cortes ha- 
blaron al rey al tratar de como había de hacerse 
el repartimiento de los quince cuentos y medio do 
maravedís que importaba el empréstito hecho para 
el pago de la deuda del de Lancaster. «Lo cual vos 
notorgao, Sennor (le dijeron) con estas condiciones; 
mque nos mandfídes dar las cttentas de lo que rendte- 

(t) Loa DonobramoB en ul ór- qoe tenjan ya voto on cóftes cd 
den quose ballaa enel cuaderno, esta época. 
y sírveDoa para probar las clases 



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394 HISTOUA DB KSrAftA. 

»ron lodot los pechos, é dereehot, é pedidos que de~ 
•Bmandastes é otistes de aver en quatquier manera, 
»desde las cortes de Segovia fasta aqui, é como se des- 
itpendieron, según que dos lo promelisles: la qual 
»cueDla vos pedimospor mercel de que mandedes dar, 
Meten Segaláronle los procuradores las personas á 
quieaes había de dar cuentas, y le pidieron ade- 
mas que todo éí importe del nuevo impuesto le de- 
positarao los recaudadores reales en manos de cinco 
ó seis diputados, ofnei buenos, honrados, ricos é abo- 
nados, los cuales $e encargarían de pagar la deuda 
en los plazos convenidos, á ñn de que no pudiera 
distraerse á otros objetoa ni por el rey ni por otra per- 
sona alguna; & todo lo cual respondió el rey que le 
placía y era contento de ello. SatisBzo ademas en es- 
tas cortes á otras cator^:e peticiones generales, entre 
las cnales figuraban la de que «non Gciese tan gran- 
des despensas é costas en la real casa;^ la de que 
fuese mas moderado en las dádivas y mercedes; que 
DO permitiera sacar del reino tantas cabalgaduras y 
taoto oro y plata; que por ningún título se diesen 
beneficios á estrangeros, y otras referentes á los abu- 
sos que se notaban en estos y otros ramos análogos 
de la admÍDtsl ración. 

Ibase quebrantando cada día la salud del rey« en 
láminos que habiendo ofrecido al de Lancaster te- 
ner con él una entrevista eo Bayona, no le permitie- 
ron los médicos pasar de Vitoria, y hubo de conlen- 



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rABTB II. Lluo III, 395 

tarse ooo enviar desde allí su3 embajadores. Trató coa 
ellos el prfacípe ingtés, que puesto que era acabado 
b>do motivo de desaveneDcia eotre Inglaterra y Cas- 
lilla, seria coavenieDle que se asentara una amistad 
verdadera y sólida entre loe monarcas de ambos rei- 
nos. No oponiaa á ello mas dificaltad los castettaoos 
sino que era menester en todo caso guardar y respe- 
lar la liga que hubiese entre su rey y el de Francia, 
á ia cual estaba obligado por gratitud. Este que fau- 
biera podido ser dd obstáculo desapareció luego con 
la tregua de tres años que felizmente se pactó entre 
el rey de Fraocia y sus aliados con el de Inglaterra 
y los suyos (1389). Ya entonces babia el rey don Juan 
convalecido, y celebrado otras cortés en Segovia pa- 
ra acordar alganas cosas que cumplían á su servicio. 
Habiendo ido después á la abadía de la Granja, á dos 
leguas de aquella ciudad, supo que el rey de Portu- 
gal , ó quien no acomodaba la treg na de los demás so- 
beranos, babiá invadido la Galicia y tenia cergada á 
Tuy. Aunque donjuán se movió apresuradamente ba- 
cía LeoQ, no pudo evitar que la ciudad de Tuy fuese 
lomada. Logró no obstante por medio de su confesor 
fray Fernando de Illeséas pactar una li-egua de seis 
años con el portugués, bajo la base de restituirse las 
plazas que reciprocamente se habían tomado en am- 
bos reinos. 

A la primavera siguiente (1 390) convocó don Juan 
á lodos los prelados, caballeros y procuradores de las 



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396 HISTOKIA DE BSPAMA. 

ciudades para celebrar corles generales en Guadala- 
jara. Aoles de ordenar uada en ellas, comuaicó eo se- 
creto á los de su consejo y les pidió parecer sobre un 
pensamiento cícrlamente bien estraño, que habia con- 
cebido é iuteotaba realizar, á saber: el de abdicar la 
corona de León y de Castilla en su hijo don Enrique, á 
qnien se nombraría un consejo de regencia, quedán- 
dose él cou la Andalucía y Murcia y el seooríode Viz- 
caya, y que entonces tpmaria título y armas de rey de 
Portugal; pues toda vez que los portugueses no habían 
querido reconocerle por su rey ni á él ni á su muger 
doña Beatriz, por no perder ellos su independencia 
reuniéndose las dos coronas, cesando y desaparecien- 
do este motivo y temor, no dudaba que los portugue- 
ses lodos le querrían tener por su soberano. Pedida 
venia por los del consejo para hablarle sin lisonja y 
con lealtad, todos, á escepcioo de uno, desaprobaron 
su proyecto, y en un largo y bien razonado discarso le 
espusieroD los inconvenientes de su plan, y lo infunda- 
do de sus esperanzas é ilusiones. Disgustó al pronto a) 
rey tan franca contestación, mudóseie el color, y aun 
prorumpió en imprecaciones impropias de su carácter; 
mas luego volvió en sí, les pidió perdón de su acalo- 
ramiento, y dándose por convencido, no volvió á ha- 
blarse mas del proyecto '". 

En estas cortes hizo donación á su hijo don Fer- 
nando del señorío de Lara, nombróle duque de Peña- 
(t) Ayala, Croo., Año XII. c. 1 y I, y en la Abreviada. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



MKTB II. LIBIO III, 397 

fiel y coDdeda Mayorga, y le dio ademas )a ciadad 
de Coellar, las villas y casüllos de San Esteban de 
Gormaz y Castrojeñz, y ana renta anual de cnatro- 
cientos mil maravedís; mas con la cláusala de que en 
muriendo la duquesa de Lancaster, que tenia las vi- 
llas de Medina del Campo y Olmedo , fuesen estas del 
infonteen lugar de las de Castrojeriz y San Esteban, 
que Tolveriao á la corona. 

Las cortes de Guadalajara de i 390 ocupan un lu- 
gar muy preferente en la historia de las instituciones 
de Castilla, y pocas asambleas de la antigüedad po- 
drían semejarse tanto á las asambleas deliberantes 
modernas. AsistieroD á ellas los tres órdenes del es- 
tado, y eu todos los ramos se hicieron graves é impor- 
tantes reformas. El elemento popular ó estado llano 
llegó en ellas al apogeo de su ioflnencia y de su po- 
der. Todos los procuradores de las ciudades espusíe- 
ron al rey, que terminadas las guerras contra portu- 
gueses é ingleses, estaba en el caso de cumplir su pro- 
mesa de aliviarlos de los pechos y tributos que acos- 
tumbraba á pedirles. Necesitaba el rey por lo menos 
cierta cnantía al a&o para subvenir á los gastos de la 
real casa, aamentados por la circunstancia die tener 
en sn compañía la reina de Navarra , la reina viuda y 
los infantes de Portugal , con muchos caballeros y 
dueñas de aquel reino. Pero no se atrevía el rey á pe- 
dir este subsidio á las cortes, y habló en particular á 
díganos de sn confianza para que estos vieran de in- 



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398 HISTOtU BS BWAÜA. 

ducir á los procaradores, por las nías dalces maneras 
que pudiesea, á que le volaran aquel servicio. Loe 
procaradores, oída aquella especie de súplica del rey, 
y después de lener enlre si varias pláticas y discuwo- 
nes, acordaron responder: que daado el reioocada 
año, entre alcabala , monedas y derechos ant^;uo8, 
treinta y cinco caentos de maravedís, y no sabiendo 
cómo podía gastarse tan grao suma, seria gran ver- 
gtienza prometer mas , y rogaban al rey cpie viese en 
qoé se invertía y quisiese poner regla en ello, sobre 
todo en caanto á las mercedes que bacfa, y ea lo de 
las lanzas y hombres de armas que deberia BiaDteoer 
el reino. Con recomendable ingenuidad confesó el rey 
ser verdad lo que los procuradores le decían, y dejó 
& su vduDtad el determinar qaé número de lanzas ha- 
bta de tener cada tierra, y lo que se había de dar para 
su manteDÍmíento. 

Hizose en bb virtud el Ordenamienio de laiuas, 
qne fué como una organización militar del reino, en 
quc-se fijó en coatro mil el número de laazas castella- 
nas, en mít quinientos el de ginetea {caballerfa líjera) 
que babia de dar le Aadalucfa, y en mil loa bellesto- 
ros del rey. Prescribtase las cabalgaduras qoe cada 
lanza ó gínete había de tener, las piezas de cada ar- 
madura, y los maravedis con que había de oootríbnir 
la tierra á su maoteninHeoto. Se puso reoedio á ma- 
chos abasos qse se cometían eti tiempo de guerra , y 
seaoordóqaeaeeiattwiaaeD rig(»«samefite losübroa 



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rjATi II. uno 111. 399 

de coeDlas. Resioliéroase de la reforma algunos gran - 
des y rícos-hooibres cuyo námero de laozas se dis* 
raÍDDÍa, pero do por efw dejó de hacerse. 

Qaejáronse en aquellas corles todos los grandes y 
todos tos procuradores de la injusticia con qua la cor- 
te de Roma trataba al reino de Castilla: «qoe entre 
xtodos los reinos de cristianos non avia ninguno tan 
«agraviado ni tan injuriado como estaba el snregno de 
«Castilla en razón de las provisiones que el Papa íiicia. 
iQue non sabían qae orne de los regnos de Caslilta é 
>de León faese beneficiado de ningún beneficio grande 
«ni menor en otro regno, en Italia, nín Francia, nin 
«en Inglaterra, nin en Portugal, nin en Aragón; é 
»qne de todos estos regnos é tierras eran muchos que 
savian beneficios é dignidades en los regnos de Cas- 
> tilla , é qne deslo rescebian el Rey é el Regno daño, é 
«pérdida, é poca honra...» Y espuestos largamente los 
abusos de la corle de Roma en esta materia y los per- 
juicios de )n Iglesia española, se acordó enviar emba- 
jadores al papa sobre esto, y hacer que se cumpliesen 
las leyes tantas veces hechas en cortes para que por 
Dingna título se diesw prebendas ni beneficios ecle- 
siásticos sino í los naturales del reino. Hízose igual- 
mente en estas cortes un Ordmeemiento de perlados, 
principal mente para satisfacer á t^s quejas délos obis- 
pos sobre diezmos que indebidamente cobraban los 
legos, 7 para determinar de qué impuestos habian de 
estar libres y exentos los clérigos, y de qué tierras y 



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400 UISTOBU DB BSPAÍA. 

para qué objetos habían de pechar como los demás 
ciudadaoos, qae eraa las tíerras heredadas con esla 
carga, ; las derramas hechas para obras y objetos de 
pro comunal. 

Gran conquista fué para el estado llano la le; que 
en estas cortes se hizo, ordeDaodo que todos tos plei- 
tos de señoríos se libraseo ante los alcaldes ordinarios 
de la villa ó lugar que era de señorío , y si la parte 
se sintiese agraviada, apelase ai señor de tal villa ó 
lugar, y si el señor no le hiciese derecho y le agra- 
.viase, entonces pudiera apelar al rey. — También se 
hizo en las mismas córtese! Ordenamiento Waiaado de 
sacas, ó sea de exportación que ahora diríamos, pro- 
hibiendo extraer del reino oro, plata , ganado, espe- 
cialmente caballar, y otros objetos de que el reiuo es- 
caseaba , por la grande estraccion de ellos y por la 
gran disminución que durante las guerras hablan pa- 
decido: se establecieron las obligaciones de los alcal- 
desde sacas, y se decretaron penas contra los infrac- 
tores de estas leyes <*'. 

(I) La primera de ellas decía: ifrenocomodealbardaiécerrales; 

■OraeasmDsímaDdainosqueniD- léqualquier que los sacare, por 

BguDOB nin síganos de los del «ese mesmo fecho pierda Jo que 

snuestro sennorfo 6 de fuera del, BleTaba, é lo maten por josticia, 

nasL cafalleros como escuderas é «salvo ai las dichas bestias can,- 

lOtraa personas cualesquier, de vlisres ó mulares estovieren es- 

nqualq a ] crestado áconmcioo qae icriptas en bI libro de les sacas, 

>seaD,queDOD sean osados desa- *se(;unt lo Nos maudamos cscre- 

»car fuera de los nuestros regnos »TÍr, é en este ordeDamiento se 

Résennon'os caTsUo, nio rocin, scoDtieae.i— Tenemos á la vista 



íDin yegí 



n muía, los tres cuadernos de ristas cortes 



Mninmu1o,oinmulet33, nin mulé- publicados por la Academia d 
»tosgraDaesnÍDpeqneDQOs,asida Historia. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



FAITB II. uno lil, 401 

Tales fneroD tas principalesmaterias y asoalos so- 
bre qoe deliberaron las cortes de Gnadalajara de 1 990, 
doade se ve las grandes alríbacioaes qae entoDces 
ejercían los diputados de las ciudadesea puntoá cod- 
tríbacioaes é impoeslos, á los gastos de la corona, al 
DÚftiero y organización de la fuerza militar, i los oe- 
gocio6 de jnsticta, y hasta á los eclesiásitcos^ y á las 
oegociacioDes oon la corte romana. El consejo real 
(^avo también grandes Esicultades y prerogatívas 
en este reinado, y casi nada hacia don Joan I. sin 
consalta y acuerdo de su consejo. La última prue- 
ba de su deferencia y respeto á esta corporación la 
dio en el asunto de la reina de Navarra so her- 
mana & qnien el rey Carlos el Noble sd marido re- 
clamaba para que hiciese vida conyugal con él, se- 
gún debía. Instada la reina por su hermano para qae 
asi lo cumpliese, manifestó ella las causas de su re- 
pagnanda á noirse con so esposo , que eran el no 
haber sido bien tratada por él y con el decoro qoe 
debía, y sobre todo, que en la enfermedad que allí 
tuvo halÑa intentado el jadío so médico darle yerbas, 
que era la razón porqae se habia venido á Castilla , y 
el motivode resistir el volver á Navarra. Grave era 
la revelacioD, y árdao y difícil el caso, si bien el ca- 
rácter de Carlos el Nol>le parecía ponerle á cnbierlo 
de toda participación en el denunciado crimen. El 
rey por lo tanto llevó el asanlo al consejo , sometiéo- 
dose á lo qoe él deliberara. El acuerdo del consejo fué 
Tomo vii. 26 



D,g,t7cdb/GOOglC 



iOS BIBTÓUA DB UTaSa. 

que la reina de Navarra debería unirse coa su mari- 
do, siempre qoe éste le diese (ales prendas de segu- 
ridad y tales rehen^ que ella pudiera ir sia género 
alguno de temor ni recelo , y segara de ser tratada 
hoDtosa y amigablemente , y como ¿ reina y como á 
esposa le corre^ndia. Mas como el rey de Navarra 
creyera iaconveoiente y peligroso dar ciertos rehenes 
de los que se le pedían, y solicitase al propio tiempo 
que por lo menos se le enviara so hija doña Juana, 
que era la heredera del reino, don Juan, de confor- 
midad con el consejo y con su hermana doña Leonor, 
accedió á enviarle la princesa su bija desdeHoa donde 
se bailaba, con gran cortejo de caballeros de sa cor- 
te dejando para mas adelante tratar la concordia eo- 
tre los dos mal avenidos esposos. 

Ed tal estado, y con corta diferencia de tiempo 
vinieron ai rey embajadores de Mofaammed el de Gra- 
nada y del maestre de Avis, ó sea el rey dePortuga^ 
del uno ftftra prolongar la tregua que habia , del otro 
para ratificar la de seis años que acababan de ajostar. 
Becho todo esto, se trasladó á pasar los meses del es- 
tfo á la abadia de la Granja, Mluada en un logar lla- 
mado Sotos Alvos, sitio agreste y fVesco , que andan- 
do el tiempo se halna de convertir en una de las re- 
sidencias ó »lios reales mas amenos para pasar la 
estación de verano los reyes de España. En la inme- 
diata ciudad de Segovia instituyó la orden y condeco- 
ración del collar de oro con una paloma blanca , que 



D,g,t7cdb/GOOglC 



VAITI II. UBRO lU. 403 

dio á alfjOQOS de sus caballeros, pero cuya divisa 
cayóiamediatamente en deíoso: y en lo mas áspero 
de las Tecinas «erras, cerca de un lugar que llaman 
Rascafri3,.eDel valledeLozoya, Tundo el moaasterio 
de frailes cartojos denominado ei Paular. EsCos fueron 
los úllimos actos del rey don Juan I. 

Coa ánimo de pasar el invierno en el templado 
clima d^ Andalucía, segan lo requería el estado de su 
dedicada salud, hallábase ya en el mes de octubre en 
Alcalá de Henares, donde babian de reonlrsele la 
reina y sus hijos. Aconteció allí que un domingo 
(O da octubre], habiendo salido el rey á caballo con 
el arzolÑspo de Toledo don Pedro Tenorio y varios 
nobles y señores de sú corte, al atravesar na barbe- 
cho apretó las espuelas á su caballo, y tropezando 
éste en la carrera cayó con el rey y cogiéndole deba- 
jo le aplastó y fracturó todo bu cuerpo. Imposible fué 
á los caballeros, por mas que corrieroo llegar á 
tiempo de salvarle. El rey babia espirado: grande fué 
la pesadumbre y el Uaolo de todos los de su séquito: 
cé era muy grand razón, dice la crónica, ca fuera 
»el rey don Juan de buenas maneras, é buenas cos- 
stambres, é sin saña ninguna; como quier que ovo 
«siempre en todos sus fechos muy pequeña veo- 
>tDra, señaladamente en la guerra de Portugal.» 
Tal fué la desgraciada muerte de don Juan I. de 
Castilla, á la edad de treinta y dos años, y despue-s 
de ' haber reinado doce años, cuatro meses y doce 



D,g,t7cdb/GOOglC 



40i HtnOBIA DB ESPÁÜA. 

diasC). El arzobispo de Toledo, testigo de Id calia- 
trofe, Uamó á los médicos, y de acuerdo con ellos hi- 
zo difundir por udos días la voz de qae el rey do era 
muerto, mienlras enviaba cartas á las ciudades y á lo8 
- seSores del reioo noticiándoles que se hallaba en pe- 
ligro, y que era su voluntad y los exhortaba & que 
después de su muerte reconocieran y jarárao como 
leales por rey de Castilla ¿ su hijo don Enrique. 

Cuando el arzobispo lo creyó oportuno, publicó 
la verdad del caso, y colocó el cadáver del rey ea la 
capilla del palacio de los arzobispos de Toledo en Al- 
calá de Henares. Al otro día partió para Uadríd, don- 
de se hallaban los iafanles don Enriqoe y don Fer- 
nando, y alzó voz por don Enrique, que quedó pro- 
clamado rey de Castilla y de Leon..£l lato y el llanto 
por la muerte del padre se mezcló con las fiestas y las 
alegrías de la proclamación del hijo. 

(11 «E era (dioe el arooista oieDcia, ó omeqaese pagabamn- 

Ájala, que le conoció bien peno- olio de eatar en codwío: á era d« 

nalmentej noD graude de cuerpo, peqoeña compliaioa, i avia sm- 

é bleoco. é rubio, é manto, é w- obaa dolencias.» A&o XU-, cap. 10. 
tegado, e franco, é de baena com- 



n,g,t7cdb/G00gIc 



I 



CAPITULO XX. 

JUAN I. (el Cazador) EN ARAGÓN. 
.. <387 • <39S. 

Trata croelmeate á la reina liada ux madraEtra j á aua parciales. — 
Deliberación qae UimA cd bI aanolo del dima: se declara por Cl»- 
neiite Vil.— Dirtncdonea del aey: lujo, boato f dispacioa de ni 
corte. — Quejas j reclamaciooeB de loa aragoneat»'. hiceole refermar 
Ea casa. — Enlaces de priocipes: quién loa pramoiió j cod qué obje> 
to.— LeTaDlamiento contra los judies. — Rebelión en Cerdeña: peli- 
groa: medidas. — Sitoacioa de Sicilia: espedioioD de la reina doña 
Haria y del ¡orante dou Hartin de Arsgoa j ana reaultados.— fro- 
meaas del rey: su indcdon.— El cisma de la iglesia: muerte de Cle- 
mente VU. y eleocioá del cardenal de Aragón don Pedro de Luna: 
caricter y condacU del pontífice electo: proaigoe el cisma.— Hnerle 
de don Joan I< de Angón. 

Coaódo murió el rey doa Juaa I. de Castilla bacía 
ya cerca de cuatro años (desde «leru de 1 387} que- 
reioaba en Aragón olro doa Juau I,, hijo de doa Pe- 
dro IV. el Ceremonioso <". Sin los grandes derecios, 
pero también sin las grandes cualidades de su padre, 
flu primer acto como soberano fué ensañarse contra 
su madrastra la reina doña Sibilia de Porcia y contra 
sus partidarios, acusados de haberle dado hechizos 

(i) De esta manera reioaban á b^cia pocos años hablan roñado 
un tiempo tres Joaoea, en Aragón, simultáneamente tres Pedros ea 
Caatilla y Portu^l, al modo que estos tres reinos. 



nigiUrrlb/GOOglC 



iOG HISTOKU wt isfaIía. 

siendo príncipe, y de haber abandonado at rey sa 
padre eo el artículo de la muerte. No obstante ha- 
berse puesto á merced del nuevo monarca, y á pesar 
de haber dado sus descargos ea lo de desamparar al 
rey difunto, y sin ser oídos en defensa acerca de los 
maleficios, enfermo y doliente como el rey estaba los 
mandó poner á coestioo de tormento; inhumanidad 
que disgustó & todos, y mandato que se resistieron á 
ejecutar los jueces mismos encargados de la pesquisa. 
Algo aplacó las iras dol rey la cesión que la reíoa 
vioda hizo de todos los bienes, castillos y villas que so 
mando le habla dado <*> , pero desahogó su cól&ra en 
los dem^s presos, condenando á muerte y haciendo 
decapitar hasta veinte y nueve, sin perjuicio de seguir 
el proceso contra la reina y contra so hermano 
don Bernardo. ^ 

Terror y espanto universal causó este proceder 
del rey, pues lodos unánimemente decían que si eo el 
principio de su reinado y estando tan gravemente en- 
fermo usaba de tanta crueldad con su madrastra y 
con los antiguos pnvado3.de su padre, ¿qué podrían 
prometerse mas adelante? Por fortuna .no fué así. Al 
fio se interpuso el cardenal de Aragón como legado 
del papa, y gracias á su activa mediación la atormen- 
tada reina fué puesta en libertad, y á cambio de los 
iumeDSOs bienes y riquezas que ella habia andido se 

(I) Recuérdese lo que sobre reinado de don Pedro lY. 
esto dijimoii al Gd del capít. XIV., 



D,g,t7„lf.GOOglC 



VUTB II. LIBIO III. i07 

le dio uoa pensión de veinte y cinco mil sueldos anua* 
les (sobre doce mil francos franceses), sin dejar de 
oontinoarse por macho tiempo .las pesquisas contra 
diversos caballeros acosados de complicidad con la 
reina madre. 

Otro de sus primeros actos, tan luego como juró á 
los oatalaaes guardarles sos constituciones y costum- 
bres, fué anular las donaciones y enagenamientos he- 
chor por su padre desde 436S en perjuicio suyo y 
del reÍDo. Seguidamente nombró por su lugartenieDte 
general en los ducados de Aleñas y de Neopatria al 
vizconde de Rocaberti, á quien mandó pasar con ar- 
mada 6 la Morea y poner eo buena defensa aquellos 
estados. En Cerdeña se ajustó una suspensión ó tre- 
gua de dos años entre don ' Jimen Pérez de Árenos, 
gobernador nombrado por el nuevo rey, y doña Leo- 
nor, hijadel juez de Arbórea, que seguía sosteniendo 
la causa de su'padre; todo esto mieutraa el papa de- 
cidia como arbitro eu. aquella contienda. 

Todas las naciones habian tomado ya su acuerdo 
y su poácion respectiva en el asunto del cisma que 
afligía y trabajaba la Iglesia. Portugal, sometida á la 
influencia inglesa, habia tomado partido por Urba- 
no VI. como Inglaterra. Casulla recoDocia á Clemen- 
te Vil. como su aliada la Francia. Faltaba Aragón, 
quebabia guardado una estricta neutralidad durante 
el reinado del político y cauto don Pedro el CeremO' 
díobo.^ Enredóle al hijo que era tiempo ya de sacar al 



IriigiUrrlb/GOOglC 



408 HUTOiu DI ufaAa. 

reÍDo de aqael estado de perplexídad é iocertidum- 
bre, y coagregaado ep Barcelona al modo qae se 
había hecho en Castilla, ona asamblea de obispos y 
de los letrados mas eminentes, examinado y disentido 
madaramente el negocio, se resolvió tener por caíala 
primera elección de papa hecha en Roma, como ar- 
rancada por la opresión y la vi(^eacia, .y reconocer 
por canóDicala segunda, optando en so coDsecaeocia 
el rey y el reina de Aragón por el papa Clemente Vn. 
como Franda y Castilla. 

Señalóse don Juan I. de Aragón por el lujo, el 
boato y la etiptendidez de sn casa y corte. Siendo sus 
dos pasiones favoritas l^caza y la música, preciábase 
en cuanto á la pñmera de poseer los oteosilios de ce- 
trería y montería de mas gasto y precio y mas raros 
y angulares que se conocían, toa mas diestros halco- 
nes y las traillas de los mas adiestrados perros, en que 
gastaba sumas inmensas, y en que bacía vanidad de 
no igualarle prfaicipe alguno. En cuanto á la música, 
en cuya añcion solo la reina doña Violante su esposa 
rivalizaba con él, el rey hacia venir de todas partes 
y á cualquier costa los mas hábiles instrumentistas y 
los cantantes mas célebres, la reina entretenía en sn 
casa gran número de damas las mas gentiles de so 
reino, en términos que ninguna corte de principe 
cristiaoo podía ostentar cortejo tan brillante y lucido; 
y como sí sus negocios de Estado fuesen el placer y el 
recreo, pasaban ■ alegremente la vida en músicas y 



,,Gopglc 



ráiTi H. uno Id. 409 

^Dzas y saraos. Al decir del croDÍsta Carbonell teniaD 
eoociertoe tres veces cada día, y todoe los dias antea 
de acostarse, escepto ios vieraes, hacian daazar en 
palacio las doncellas y mancebos de la corte '*>. Com- 
pañera inseparable la poesía de la música, llenóse la 
ctirte de poetas y Irobadores: originase escuelas y 
academias en que se coltivaba y enseñaba la gaya 
eieneia , y á las justas y otros ejercicios belicosos 
reemplazaron ios pacíficos debales de los juegos Do- 
rales y de las cortes de amor, debates en que se guar- 
daba ea verdad ta decencia mas rigurosa, para lo 
cual habla hecho el rey una severa ordenanza, y se 

(1) Entre loi documeotoa cu- (iaArumeDtos tocaaen inte ipl, é 
riosoB A este reinado qae hanioa >por esío daeia tod* esta mi gen- 
visto eu el Archito geuersl de la nte: EDodegeaera quien i los su- 
corooa de Aragón, es uno la si- «f w parece.n é yo los oigo muf 
guíente carta, cuyo autú^rafo te- ibieo, mas no quiero responder: 
■emoa, qui la ioFanta dona Juana a(el angina) lemoaia dice: el tog 
de PerpiSsn, bija del ley don plenu qae cuyi dormir volria que 
Joan [., escribid a la reina su ma- narpti «t tempera it moiu eítur- 
dro deide la Junquera. tmeni me tachasen davant, et 

■A la muy alta e muy excelente 'per jo díau tota aquetia mia 

■Scjlora madre í señora mía muy tgent, no dasltnya qui loa Sfua. 

■cara la señora reina.— Muy alta tiembra).t La habla ea seguida 

b6 muy excelente señora roadre A de que no tenia cera para aeilar Is 

■señora mia muy cara. Porque carta, y Grma: La infanta Jaana 

•pieuso que vuestra sefioria ten- di P«rpiflan. 
■drí en ello gusto, os haf;o saber Por esta caria se Ten las coe- 

>qae yo con gree placer é moy tambres ninelles j *o)apluo*8f d« 

■aprisa he pasado boy el puerto, aquella cdrie. Sin duda esta ia- 

■é helleeado A la Junquera, é por fanta doña Juana llamaba madre i 

igrjcia Je Dios be estado aquí to- la reina doña Violante da Aragón, 

■doeldia de hoy muy alegra, tino su madrastra, porque ellaeraliija 

>que después de la fiesta tuve ua de Matba ó Marlha de Armenyacn, 

■ poco de desaioD por tal aue no segunda esposa de don Juan I. K»- 

■ podia dormir, basta que Aldonia ta inraota Juana fué la que caed 
>de QueraR toc4 el barpa, y ella coa el conde de Folx, y pretendió 

■ y Pablo cantaban, é yo tomando la corona de Aragón deapuea i» 
len ello placer me dormí, é aiem-' la muerte de su padre, como Iub- 
»pre que quiero dormir quisiera go leremoa- 

«que harpas é tímpanos é muchos 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



41 ainouA db titAtk. 

castigaba la menor iarraccioD coa mulla de mil soel- 
dús '*'. Gastábaose en estos eapectáctilos y festines 
cuantiosas sumas, y de este géoero de vida se dio al ' 
rey los dos sobrenombrea de el Cazador y el Indolente. 
Parecía que este príncipe, después de sus penoeasdO' 
léñelas, se proponía darse prisa á gozar de los place- 
res de una vida que teoaia escapársele. £a corte tan 
afeminada era también una dama la que ejercía el 
mas ascendiente imperio sobre la reina y el rey, y era 
como la -verdadera reina de Aragón: llamábase doña 
Carroza de VUaragul. 

No podían los fieros y graves aragoneses ver con 
paciencia ni consentir que asi se alteraran las costum- 
bres severas de sus mayores, ni que la modesta corle 
de sus reyes se convirtiera en oórte de fausto y de afe- 
minación, DÍ que en esto se consumieran las rentas 
del Estado y loa sacrificios del pjueblo, ni que predo- 
minara el inftajo yprívanza de una muger, ni que por 
entretenerse en deleites y regalos se desatendieran 
los negocios y el gobierno del reino. Asi en las pri- 
meras corles que el rey lavo en Monzón (4388), va- 
rios ricos'hombres aragoneses, sostenidos por prela- 
dos y por nobles catalanes, presentaron sus quejas 

(1) Ddd Joan I. de Aragoo en- siete eanoervadores de loa juegos 

vi6 UDB embajada á Carlos VI. de fioratea, y fondaroo eo Barcelona 

Francia, pidiéodola permiso para el Consistorio de la Gayí Ciencia 

008 algnno» poetaa del gremio de regido por leyes y oslatutoa aeme- 

Toloaa TÍnieaeo á Barcerona á es- jantes a las Ordenaniai áeit aept 

tablecer aquí una academia sdíI»* Mithors maMenedor» del Gay ta- 

ga á la de aquella ciudad. En su btr. 
consecDeocia vinieron dos da loa 



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MMTR II. LIMO ni. 441 

contra los desórdenes de la corte, y pidieron enérgi- 
camente y en alta voz la rerorma de la casa real. Co* 
mo el rey se mostrara en el principio un tanto inde- 
ciso y auD reoiteDte, significáronle so disposición á 
recnrrir en caso uecesarioá las anima. Noera don Joan 
bombre que dejara llegar las cosas á tal estremo, y 
asi hubo de ceder no solo á desterrar de palacio'la 
dama favorita, sino á reformar su casa y á ordenar 
pragmáticas poniendo tasa y limites á los gastos y á 
moderar los desórdenes, con lo coat pudo conjurar la 
tempestad que amenazaba. 

Una invasión de bretones en Cataluña capitanea- 
dos por Bernardo de Armañac <", al pareoer eo gran 
número, y sin causa justificable, como do fuese la co- 
didadef robo, hizo acudiría gente del reino en defen- 
sa de su territorio. Hul)o diversos reencuentros, en 
que por lo común llevaron la peor parte el de Arma- 
ñac y sus fraaceses. Mas como estos mucbas veces 
rehicieran sus fuerzas, el mismo rey desde Gerona es- 
taba resuelto á salir á campaña y batir los enemigos. 
No bobo necesidad de ello, porque Armañac y su 
gente, cansados de una guerra sin resultados (1389), 
y teniendo que acudir á la defensa de su propio pais, 
dieron la vuelta sin esperar al rey, y salieron por la 
parte del -Rosellon haciendo de paso cuanto daño y 
enantes estragos pudieron. 

do da I 



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413 niSTOUA DB UMitÁ. 

En este iatermedio habiendo 'fallecido Urbano Vh 
en Roma (1389), los cardeDales itaHaoos, queneodo 
daf sucesor al finado pontífice á qaien obedecía la 
mitad del mundo cristiano, siquiera siguiese el cisma, 
eligieron nuevo papa que tomó el nombre de Bonifa- 
cio IX. Entonces el rey de Francia y Clemente YO. 
con objeto de suscitar enemigos al nuevo pontífice 
concertaron en Aviñotí eí matrimonio de Luis duque 
de Anjon, que se Ütulaba rey de Jerusalen, de Ñapó- 
les y de Sicilia, iM>n doña Violante, hija del rey de 
Aragón, y el de don Martín, conde de Exerica. hijo 
del infante don Biartio, de Aragón, duque de Hom> 
blaoch, con la reina María de Sicilia, tr-aida á Cátalo* 
ña por don-Pedro IV. Resultado de estos condertos 
fué qu&mienlras el duque de Anjeo iba cen armada 
á la conquista de Ñapóles y era alli recibido con fies- 
la y solemnidad, el infante don Martín aparejaba nna 
gran flota para ir á sacar el reino de Sicilia de manos 
de los barones que le tenían usurpado (1390). 

Dos acontecimientos graves ocurrieron al año si- 
guiente (1391), el uno dentro de España, el otro en 
Cerdeña, El primero fné no levantamiento casi gene- 
ral que hubo contra los judíos del r«Íno. Tiempo ha- 
cia que los cristianos españoles deseaban la destme- 
cíon de esta raza, ya por ódío á su ley, ya por las usu- 
ras con que los judíos vejaban á los pueblos, y ya 
también por envidia á sus riquezas yá sus privilegios; 
y bien se veía este espíritu, puesto que rara vez 86 



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TáMCn U. LOBO ID. 413 

r»DÍMi las cortes qoe no se presentaran algunas pe- 
ticiobes coDlra dios. En agoslo de este año eo la 6es- 
ta de Naestra Seoora de tas Nieves se poso á saco la 
odería de Barcetooa y tas de otras varias ciudades, 
en el tomnlto faeroa d^otlados mochos jadfos , ; el 
bautismo faé el único recorso que sirvió á mochos pa- 
ra salvarse. Soto en Barcelona se banlizaroo once mil. 
El rey doa Juan hizo los mayores esrnerzos para po- 
ner término á aquella matanza, y maodó restituir á 
los bautizados los bienes de que se tes halúa despoja- 
do. Estos arraoqaes populares iodicaban ya bien la 
suerte que al caira de mas ó menos tiempo espendia á 
esta raza desgraciada. 

El otro faé ta sablavacion que movió en Cerdeña 
Brancaleon Doria en unión con Leonor de Arbórea su 
mogo', fondados en bien tijera y liviana causa , pero 
instigados sin duda por Genova, la enemiga y perpe- 
tua rival de Cataloña. Apoderados de Sacer, (Sassari), 
poco falló para que subyugaran toda la isla, de mal 
grado Bojeta siempre A la dominación española, pues 
las gnerras y las ejudemias y la insalubridad del país 
habían reduoidoá nómero muy escaso los catalanes y 
aragoneses encargados desa defensa. Y en verdad no 
fué grande el refuerzo que don Juan piMJo enviar de 
pronto para la conservación de las priocipales fortale- 
zas, mientras él preparaba otra mayor espedicion para 
conducirla en persona, puesto que aquella coosisUa' en 
algunas lanzas y en algunos centenares de sirvientes y 



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4H mSTOBIA DB BSFAftÁ. 

de ballesteros. Eab'elaDto avfno&e y se confederó el 
' rey de Aragón con el de Castilla, que lo era ya en 
aqoella sazoo Enrique III. 

No era tampooo lisonjera para los aragoneses la 
ailaacioD de Sicilia; los barones catatanes que allí do* 
mÍDsban junto con algaoos potentadoe Italianos se ba- 
bian anido con Ladislao de Durazzo, qae acababa de 
ser coronado rey de Sicilia por el papa Bonifacio IX.. 
para reüslira) doqae deMombtaoch en la empresa de 
poner en posesión de aquel reino á su hijo el infaote 
don Martin y á la esposa de éste la reina doña Haría. 
Mo habiendo atendido los niales sicilianos la embaja- 
■da que el infante aragonés tes envió preventivainente, 
resolvió don Martin acompañar persoaalineate á los 
reyes litnlares de Sicilia sus hijos ea la grande ar- 
mada que al efecto se estaba aparejando en' Catalo- 
Da(1292). La nobleza catalaoa y aragonesa, -de suyo 
dada á las empresas de que los unas esperaban en- 
' graudecimíeoto en su comercio, gloria militar los 
otros, se agrupó en derredor de las banderas del in- 
fante don Martin , nombróse á don Bernardo de Ca- 
brera, principal promovedor de la espedicion, almi- 
rante de la flota, que se componía de cien velas entre 
galeras y naves, y puesta en movimiento la armada 
no tardó en arribar á las aguas de Trápani. Rindió- 
seles esta ciudad después de alguoa resistencia, y An- 
drés de Claramonle, uno de los principales barones 
que se hallaban apoderados del gobierno de la isla. 



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PABTB 11. Lino III. ilK 

fioé degolta()o en ana plaza frente á so casa por trai' 
dor y rebelde, ^ incorporados bqs bienes á la corooa. 
Ganada aqaella ciudad, mulütud de plazas y castilloa 
de la isla se les fueron entregando. Don Artal de Ala- 
gon, olro de ios barones que la gobernaban, no se 
atrevió á esperar en Cataoia al infante aragonés ni á 
los reyes sus bijos, tos cuales entraron en ella y re»- 
.dieron algún tiempo poniendo en orden el estado de 
la isla. Don Martin de Aragón, como coadjutor de la 
i«ÍDa doña María y como administrador del rey su 
hijo, iba heredando en aquel reino á los capitanes de 
la espedicion, y entre ellos hizo conde de _Módica al 
almirante Cabrera. 

Hallábanse á este tiempo las cosas de Cerdefia en 
gran peligro, y asi era de esperar del menguado so- 
corro que antes luibia enviado el rey para sofocar el 
levaotamiento de BrancaleoQ Doria. Ahora pensó ir 
el rey don Juan personalmente con buena armada, ó 
por lo menos asi lo anunció publicando et pasage y 
poniendo el estandarte real en Barcelona con gran so- 
lemnidad, como era de costumbre en tales casos, y 
contrulanse con gran prisa galeras en Bar.celona, Va- 
lencia y Mallorca. Pero, ó bien por la voz que corrió 
de que el rey moro de Granada pensaba mover guerra 
por la parte de Murcia, ó bien porque le entretuvie- 
ran las bodas de su bija doña Violante con el rey Luis 
de Ñapóles, ó que le costara trabajo abandonar los 
placeres de la corte, prorogó su pasage para el octubre 



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ÍI6 BinOUA DB BSFAitA. 

^gu^ale(1393), conteatáadose ea lauto cod enlabiar 
lrato3 de paz coa los rebeldes de Cerdeña, tratos qob 
DO ímpediaú á «sios seguir coabatiendo plazas. 

Lo de Sicilia do maruhaba con mas prosp^idad. 
Aquellos barones habían sublevado de nuevo las ciu- 
dades oonlra el duque de Momblanch, don Hartin, y 
contra los reyes sus hijos, á quienes teniaa bloquea- 
dos en el castillo de Galanía. El indolrate don Juan ni 
realizaba su pasage á Gerdeña, ai socorría á los de Si- 
cilia. Prometíalo todo y á todo se preparaba, pero en- 
tre promesas, preparativos, prórogas y consultas na- 
da resolvía, ó por lo menos nada realizaba. A la indo- 
lente flojedad y tibieza del rey suplió la enérgica ao- 
lividad y el patriotismo de don Bernardo de Cabrera, 
que empeñando sus estados de Cataluña, se propor- 
cionó algunas cantidades y oompiEtDías, coa las cuales 
se apresuró á socorrer al íafaale y á los reyes sicítia- 
nos, y en pocos días arribó á Palermo. Desde allí hi- 
zo una atrevida espedicion pw tierra atravesando la 
isla basta llegar á socorrer á don Marlin y á sus hi- 
jos, poniendo cerco á la ciudad de Catania. Eatretan- 
to el rey deAragon paseaba de una á otra ciudad de 
su reino, siempre, amagando con embarcarse y no 
hallando nunca ocasión de cumplirlo, hasta que al fin 
resolvió enviar con la armada á don Pedro Maza de 
Lizana en socorro de Cerdeña y de Sicilia. Mucho 
alentó este refuerzo al iarauíe don Martin y á don 
Bernardo de Cabrera; mas la resistencia de los de 



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rULTB U. LIBIO III. 417 

Catania era grande, ya animados cod ana bula de 
Boniracio IX, qoe declaraba á los catalanes enemigos 
de la ré-ca(ólíca, ya por ofensas y malos tratamíenlos 
que de ellos habían recibido, hasta el punto de jurar 
tqoe antes se comeriao los brazos, que permitir qae 
ningún catalán entrase en Catania.» Sjo embargo y á 
pesar de tan enérgico juramento, de tal manera y coa 
tal furia fué combatida la ciudad, que no obstante ha- 
ber maerto de enfermedad en el cerco el almirante 
Lizaoa, tovo que rendirse y dar entrada á los catala- 
nes que tanto aborrecían (agosto 1S9i), Con esto el 
infante de Aragón anduvo con su ejército por toda la 
isla haciendo la guerra á los obstinados barones, 
gnerra cra^ y sangrienta, con la que á' duras penas 
consegoia mantener á los reyes sos hijos en una domi- 
nación incierta y precaria. 

La muerte del papa Clemente Til. ocurrida á este 
tiempo en Aviñon (26 de setiembre de 1 39 () parecía 
ofrecer una oca^n propicia para hacer cesar el cisma 
y restablecer la apetecida unidad déla Iglesia, que tan 
provechosa hubiera sido á las naciones cristianas. 
Mas los cardenales franceses^no queriendo ser menos 
que los italianos en dar sucesor á Gemente Vil. como 
aquellos le babian dado á Urbano VI. reuniéronse en 
cónclave para proceder á segunda elección. El carde- 
oal de Aragón don Pedro de Luna, el mas ilaslre 
de aquel colegio, doctísimo en letras y de muy reco- 
mendables costambres» el partidario mas decidido de 

TUHO TU. S7 



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il8 BinoMA ra bspaSa. 

- Clemente VIL y á cuyo iaQujo eo tas asambleas de Sa- 
lamanca y de Barcelona se debió ea grao parte el que 
íaese reconocido aquel papa en Castilla y en Aragón, 
habia asegurado at rey de Francia y á la aniversidad 
de París, hallándose delegado en aquel reino, qne si 
algún día él sucediese á Clemente baria todos los es- 
fuerzos posibles por restablecer la unidad de la Igleda 
basta abdicar el poottBcado si .necesario facse. Todos 
los cardenales hicieron la misma protesta, y creyen- 
do en la sinceridad de los discursos del aragonés y 
atendiendo á su especial y distinguido mérito, apreso- 
rároDse á elegirle, y quedó don Pedro de Lona nom- 
brado pontífice con el nombre de Benito XUI. 

Desde luego dio muestras et promovido de Atí- 
DOD de que no estaba en ánimo de abdicar la tiara 
según habia ofrecido; y aun antes de ser coronado 
escribió al de Aragón parÜGÍpándole su etevacíoo 
á la cátedra pontificia. Con gran regocijo se recibió la 
noticia en este reino, y aun en el de Castilla, donde 
también fué reconocido. Eo Barcelona se celebró con 
una proceeioa solemne, á que asistieron el rey y la 
reina. Mas si bien lisonjeaba á los españoles, y pría- 
cipalmente á los aragoneses tetfer un papa de so rei- 
no, alegrábanse mas por la esperanza que tenían de 

I que tan ilustrado varón, y tan prudente y grave, al- 
canzaría el medio de dar á la Iglesia la unidad tan de- 
seada. Engañáronse todos. El papa Benito XIII. olvidó 
de todo puntólo que habia prometido como cardenal do 



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FAKTB II. LIMO Ul. it9 

Aragt», y l^jos de estar dUpueslo á resignar su digoi- 
dad, después de haber eotreteiüdoalgua Uempoalrey 
Cirios VI. de Fraocia, á la oniversidad de París y á 
varios principes cristíaDos con respuestas ingeaiosas, 
y ambiguas sobre el asunto de la renancia, concluyó 
por decir formalmeate que sa teoia por legítimo papa 
y que nunca baria la abdicación; y como tendremos- 
ocasión de ver por la historia, no buho ni príncipes, 
ni reyes, iti olúapos, ni cardenales, ni concilios que 
hicierau ceder al obstinado y tenaz arqgonés, que de 
este modo, en lugar de haber sido el paciñcador de la 
Iglesia, comoje habia esperado, fué causa de nuevas 
y grandes perturbaciones en lacristíaudad ^*K 

A todo esto, y mientras el mundo crísliauo se 
agitaba sospiraudo por la ansiada unión, y en tanto 
que el reino de Cerdeña amenazaba acabar de per- 
derse, y que su hermano don Martio y los defensores 
de la reina doña María su sobrina pasaban los traba- 
jos de una guerra porfiada y penosa on Sicilia, el rey 
don Juan de Aragón continuaba entregado i los re- 
creos y pasatiempoi de su voluptuosa corte. Dedicá- 
base con su acostumbrado ardor al ejercicio de la 



(4) Don Podra de Lou, dw- Ortis), TnlaelMoioadeClemao- 
oeodieDtede li iMigua y oobíUsi- tsTU. fué udO de los cuatro lega- 
mt oasa de Im Lvoaa de Aragoa, do* que h Dombraron para tratar 
era B«tval de lllaeca, logar de m de la DDÍeD de (a Igltsis. Intervi- 
biDtlia cD eete reioo. fué doctor no vartM vecei oumo legado entre 
endecretMycatedréticoanliaDt- loare}» de Fraocia j de lagla- 
peRer. Bebía sido creado cardenal larra. Era nao de los hombrea de 
por el papa Gregorio XI. (no Tí. mas eriidicioo deau tiempo, 
como diceequiTocadatneateeldeaD 



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420 BUTOUA DB BHASa. 

caza, en cuya di^)eQdiosa distracción había al fin de 
acabar so vida. La reina era la encargada del go- 
bierno ipieotras el rey cazaba. Un día que babia sa- 
lido con sus monteros á lús bosques de Foixá, mien- 
tras aquellos esperaban apostados tas fieras, el rey 
que iba solo á caballo encontró con una disforme y 
rariosa loba. Espantóse acaso su caballo, ó bien aco- 
metió al rey algún accidente repentino, que no pudo 
saberse la verdad del caso, y de ambas maneras lo 
cuentan los historiadores; lo cierto es que cayó ó fué 
arrojado del caballo, y cuando se advirtió y se acudió 
á socorrerle ya no existía (mayo, 139S.) [Singular coin. 
cideucia la de haber muerto de caída de caballo los dos 
reyes contemporáneos de un mismo nombre, Juan I. 
de Castilla, y Juan I. de Aragonl Por lo menos el de 
Castilla, aooqoe desgraciado en suaempresas, concibió 
atrevidos designií», corrió persoaalmpnte los peligros 
de la guerra, sopo rechazar primero y negociar des- 
pués con un pretendiente tenaz á su carona y dotó de 
leyeselpais.DonJnan I.deAragonnodejóotra memo- 
ria que su indolencia y las disipaciones de su corte '*'. 

(1) DoD Jun 1. áe Aragón faé reino: tereeri con Viobola, sobri- 

caMdo treí *eoei: primera con na de Carlea V. da Fraacía, de 

Juaoa de Valoia, hija de Felipe TI. qnieo tuvo i doD Feroando, do2a 

de Francia, de quiea no tuftf h¡- violante ; dooa Juana, de kú ea»- 

Ím: seguQda con Matha ó Uartha, Ih solo aobreviTió doña Violante, 

lija del conde de Armenjach, de qne casó con Luis II. daque ds 

qaien tuvo á don Jaime y doña Anjoa, que ae tituló rey de nipo- 

Juana: aquel títíó poooi maaea, les, Jeriuales y Sicilia.— Bofarnll, 

éata caso con Hateo, conde de Condes de Barcelona, tomo II. 
Foix, I pretendiú la suceiioo del 



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CAPITULO XXI. 

MARTÍN (el Hamaoo] EN ARAGÓN. 

Be1395 á U10. 

Gomo MCAdió don Mirtio en el reiao.— Cuo «atraño coa la reiiu Tiadll 
de doQ Joan.— Preleoaioaes del conde de Foix: invade el reino con 
gente armada: es vencido y eipulsado.— Viene don Hartin de Sici- 
lia: loqoe le pidieron lea corles de Zaragoza. — Estado det ciima: lo 
que aa proprniia para reatablecer la imidad de la Jglcaiat cdno obra- 
ban en Mte negocio los dos papas, ; loa reyea de Francia, de Ara- 
gón y de Castilla. — Obstinación d«l papa aragonéa Pedro de Luna. 
— Bs cercada y aUcado en su palacio de Ariñoa: cea» el combate, y 
permanece encerrado cerca de cuatro añoa.— Situación de Sicilia: 
rey doo Hartin, hijo del de Aragón: reina doña Blanca de Navarra.— 
Bandos interiores en Aragoa: lochas entre ellos: plágase el reino d« 
malbechores: medidas qoe contra elloa se toauron: facaitsdes que 
se dieron al Justicia,— Prosigue el cisma: fúgase Pedro de Lona de 
Aviñoo: suxilianle los aragoneses. — NaoTas complicaciones entre 
los dos papes: estado lamentable de la Iglesia. — Predicaciones de 
San Tícente Ferror.— Elección del nuevo pontlGoe en Roma: aigue 
el címdb.— Providencia que domaron los cardenalua de nno y otro 
papa: ooociiios de. Pisa y de Perpifiao: sentencia del de Pisa; aoQ 
declarados císcoiticos loa dos papas: proclamaciuo de Juan XXtlI.— 
Triunfos de don Hartlo de Sicilia en Cerdeña: muere ain dejar su- 
«iíod: herédale don Usrtin de Aragón, so padre.— Ultimoa momeo- 
toa de don Martin de Aragoo: muere también sin heredera directo.— 
Pretendientes á la corouai turbaciones: lastimosa situación del reíoo. 

No habiendo dejado doD Juao 1. á su muerte bijos 
varooes, locábale la sucesión de los reinos, asi por los 
testamentos de sus antecesores, qoaw por el del mis- 



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422 BISTOKIA H ISFAftl. 

mo don Juao, al iafeDle doa Martm duque de Hon- 
Uaoch, BU hermaDO, que se hallaba ea Sicilia reda- 
ciendo aquel estado á la obediencia del rey don Marlin 
sa hijo. Asi lo reconocieron sin contradiccioo las cortes 
de Cataluña, dando desde luego el titulo áe reina á la 
duquesa de Monblanch que se hallaba en Barcelona, 
y enviando una embajada á Sicilia para suplicar al io- 
fnate don Martin á qoe viniese á tomar posesión de 
sus reinos (4 395). 

Ocurrió muy en et principio un iocideate estraño, 
que refenremos, asi por la previñon y cordura con 
que en él se abrá, como porque puede servir ó de 
lección 6 de aviso á otros pueblos en casos análogos. 
Dfjose que la reina viuda dráa Violante, y ella loase- 
guraba también , quedaba embarazada del rey don 
hian. Súpolo la nneva reina doña Marfa, esposa de . 
don Hartio, qoe ya gobernaba eu ausencia de su ma- 
rido, é inmediatamente nombró una junta ó consejo 
de varones respetables para que requiriesen á la via- 
da del último rey que declarara la verdad de lo qae 
sobre aquel asunto hubiese. Hiciéronlo asi los del con- 
sejo, y la reina declaró ser realmente cieürta su preñez, 
«y con síntomas mascaltnos,* añade un cronista de 
aquel reino, soltando ademas alguna espresion de 
amenaza sobre la mudanza que podría haber todavía 
en el estado. Entonces los conselleres nombraron cua- 
tro matronas «honradas y sabidas,» ó dueñas que di- 
cen los antiguos historiadoresi qae estaviesen god^ 



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num II. LÚM m. 423 

noamente en m oompaota ; eocaigadas de sa ganda 
y asistencia. «Pero lo del preñado (dice el aator de 
los Anales de Aragón) fué de manera que no salió á 
luz, y la noeva reina qoedó libre de aquel cuidado (*>.» 
De estas palabras un tanto ambigaas, y que otros cro- 
nistas no aclaran mocho mas. infiérese que lo del em- 
barazo había sido ana ficción, que sin la previsión y 
diligeocia esquisita de la reina y de sos consetlerea 
hubiera podido traer trastornos al reioo. 

Por 80 parta el conde Mateo de Foix, casado con 
doüa Juana, la hija mayor del monarca diAipto, se 
presentó como pretendiente al trono aragonés en vir-> 
tnd de losqne llamaba legítimos derechos de so es- 
posa á la sucesión de aquel reioo; y reuniendo y pa- 
gando las cómpañfas de gentes de armas qae aa- 
daban como desmandadas y dispersas por Proveaza y 
Laogoedoc, se preparaba á invadir el suelo aragonés. 
La nueva reina, sin intimidarse, tomó sos medidas para 
la fortificación y derensa de las fronteras, y congregó 
cortes generales representadas por sos cuatro brazos, 
para que respondieran á los mensageros que con 
cartas de reclamación habia eaviado el de Foix. 
No solamente rechazó la asamblea la pretensión del 
conde, fondándose en el (estamento del rey don Pe- 
dro, y en el del mismo don Juan que hizo leer, sino 
que dijo eoérgicameatc á los enviados del de Foix 
que se maravillaba de que hiciese una preten^on tan 

- (1) ZwiU, ¿Bal., lib. X; c. 57. 



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ifi HISTOWUk DE BSnftA. 

desrariada y loca, y acordó lo coareoieDle á la se- 
guridad del territorio, tomando entre otras precau- 
ciones la de encerrar eo un castillo al conde de Am- 
purJas, por sospechoso de dar favor al conde preten- 
diente. 

Mas no por eso desistió éste de so propósito, qoe - 
es siempre admirable la obstinación y persistencia de 
los que agirán á ceñir uua corona; y en octubre 
de \ 395 se vio al conde de Fots, franquear el Piríoeo 
con ana hueste de cinco mil hombres de todas armas, 
de á caballo la mayor parte. Venia también con él la 
condesa. Con la noticia de la invasión se Juntaroa es- 
pontáneamente en corles los cuatro brazos ó estados 
de Aragón en Zaragoza para proveer á la defensa d« 
la tierra, é bicieron en ellas un acuerdo para qoe se 
entendiese que cualesquiera que fuesen sus provi' 
dencias habría de ser sin causar te^on ni perjuicio i 
los fueros, usos, costumbres y libertades del reino; 
que nunca y en ningún caso se olvidaba este pueblo 
de mirar como su primer deber la conservación de su 
libertad '*'. Se nombró el ge^ieral y los capitanes que 
habían de mandar las tropas', se hizo la distríbucioo 
de estas, y se señaló el sueldo que se había de dar i 
cada hombre de armas y á cada soldado. Entretanto 
los condes de Foix. y su gente, á pesar de algunos 
reencuentros que hablan tenido, habían ido avanzan- 
do basta Barbaslro, donde [tensaron hacerse fuertes, 
(1) Zorita, Anal., lib. \., c. SI. 



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rAiTi n. LIBIO iH. 43S 

y en cayo arrabal IlegaroD á alf^arse. Ha» fué taa 
heniica la defensa quelos moradores hicieroo desde 
la ciodadela, DO obsta ate estar mal fortificada, qoe 
aqaella resistencia desbarató todos los proyectos det 
de Foix. En Monzón, en GaríñeDa, donde acudió el 
mismo arzobispo de Zaragoza cod su compaüfa, eran 
escarmentados los invasores, que al fin tuvieron 4jue 
abandonar el arrabal de Barbastro. Harcbaron hacia 
Huesca, y en todas partes encontraban ya enemigos 
que les dispDtárao el paso sin dejarles un momento 
de reposo. Era et mes de diciembre, y sin poder to- 
mar en estación tan erada punto alguno foriificado 
donde esperar nuevas compañías que do Francia 
-aguardaban) fu^oose recogiendo arrebatadamente 
por Ayerbe al reino de Navarra para entrar en Bear- 
ne, perdiendo ea su retirada macha gente. (Jo re- 
fuerzo de mil doscientos combatientes qne intentó pe- 
netrar por el valle de Aran, fué rechazado porel con- 
de de Pallas, que no permitió qne entrase un solo- hom- 
bre. Tal fué el remate que por entonces tuvo la loctf 
tentativa del conde de Foix, quien no por eso dejaba 
de proferir amenazas y de hablar de futuras invasio- 
nes, que esperaba habrian de ser mas felices (1396). 
La muerte que á poco tiempo le sobrevino libró á 
Aragón de un enemigo mas importuno y molesto 
que temible. 

Guando don Martin recibió en Sicilia la noticia de 
la muerte de su hermano y de su proclamación, ya 



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4S6 Hinoiu n nrAÍA. 

con su valor y su perseverancia habn raducido una 
grao parle de aquella isla á la obediencia de ios re- 
yes sus hijos. Muchos de los barones rebqldessele 
. someüeroD al saber' que había heredado el reino de 
Aragón, temiendo el acreceolamiento de su poder. 
Solo quedaban algunos aragoneses perlinaces. Dejan- 
do pues i su hijo don Hartin en poseaoo de casi todo 
el reino siciliano, y señalados los [íñocipales qae ba- 
biaa dé componer su consejo, se hizo á la vela en 
el puerto de Mesina (1 306); y comprendiendo la utili- 
dad de su presencia en Cerdeña y en Córcega, per- 
maneció algún tiempo en aquellas posesiones tan 
costosas á la corona aragonesa, proveyendo á la de- 
fensa y seguridad de los castillos qne se mantenían 
por Aragón. Pasando después á Marsella, ana escita- , 
cion del papa Benito le movió á llegarse á Aviñon, 
donde fué recibido con grandes festejos. Hecho allí 
juramento dé bomenage por los reinos de Cerdeña y 
Córcega á eu compatricio el nuevo papa, antiguo 
arzobispo de Zaragoza, tratóse del negocio del cisma, 
y empleáronse nuevos medios, de acuerdo con -el rey 
de Francia y otros principes, para venir á una concor- 
dia entre los dos pontífices Benito y Bonifacio. Cruzá- 
ronse embajadas de una á otra parle, y todos parecia 
desear que terminara aquella lamentable escisión ami- 
gablemente, mas al llegar al punto de la renunda 
deshacíanse las negociaciones y se perdía iodo íoade- 
lanlado. Vista por el rey de Aragón la dificultad de 



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FÁKTB II. Lino 111. 427 

arreglar negocio taa arduo, despidióee del pontífice 
electo en Aviñon y se vino para Barcelona (4397). 

Saplicáronle y le requirieron con mucha instancia 
las cortes de Zaragoza que viniese á esta ciudad á ju- 
rar los fueros y libertades del reino, como lo acos- 
tumbraban todos los reyes de Aragón antes de ser co- 
ronados. Contestó don Martin que asi lo baria y cum- 
pliría eo.cuaato proveía lo conveniente á la defensa de 
Cataluña, pero le detuvieron ón Barcelona tres graves' 
asuntos: primero, el proceso que se hizo contra el 
conde de Foix y contra la infanta su muger, á qnienes 
se condenó como á vasallos rebeldes: segundo, en- 
Tiar socorros de dinero y galeras á Cerdeña, cuya «- 
tnacioD se bacía cada dia mas insegura y aparada, y 
tercero, el delicado negocio del cisma. Instaba el rey 
de Francia por la rennacia de Pedro de Luna, ó sea 
de Benito Xm., conforme á lo convenido en el con - 
. clave, para de esta manera facilitar también la abdi- 
cación de Boaifacio IX. Había logrado el monarca 
francés persuadir al de Castilla (que lo era Enri- 
que III.) á declararse por este partido. Oponíase el 
aragonés queriendo amparar al papa Benito. El medio 
que éste proponía era que se viesen los pontífices, 
el de Aviñon y el de Roma, en un lugar seguro, 
y que dentro de un término señalado acordasen los 
dos á su voluntad el camino mas breve que conven- 
dría seguir para poner remedio al cisma, y que den- 
tro de aquel plAo diesen á la Iglesia y á la cristían- 



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428 HttTOkU DB BWIÜ*. 

dad uQ solo verdadero y UDiversal pastor, y que de 
DO hacerlo as( renaDciariaD ambos el derecho que 
cada cual creía teoer al pontificado. Ed estas propues- 
tas y coDtestaciooes se pasó hasta el mes de selieai- 
bre BÍD -que nada' se adelantara. Abandoaaban en taa- 
to al de A.vÍQoa sus cardenales, pero él bacía nuevas 
proonocioDes , y no daba trazas de resignar su digni- 
dad poútiGcia. 

Vínose por último el rey don Martín á las cortes 
de Zaragoza (13 de Octubre, 1397), donde jaro en ma' 
aos del Justicia de Aragón guardar y hacer guardar 
inviúlablemente los fueros establecidos por so padre 
don Pedro IV. eo las célebres cortes de 1 348, y todos 
los demás fueros y privilegios vigentes en tos reinos 
de Aragón y de Valencia. Y en otras cortes generales 
que convocó para el mes de abril ' siguiente (1 398), . 
pidió que se reconociera y jarara sucesor del reino á 
don MartíQ rey de Sicilia su hijo. Respondióle á esto 
el arzobispo de Zaragoza á nombre de toda la asam- 
blea que se baria asi» siempre que les diese seguridad 
de que el dicho don Martin de Sicilia vendría asa 
tiempo á Zaragoza á jurar personalmente en cortes 
que mantendría sus fueros y libertades, y que guar- 
daría el estatuto de la unión de ios reinos, y á condi- 
ción también de que el rey su padre no se partiría de 
alli hasta saLisfacer las enmiendas y agravios que en 
aquellas cortes se presentarian. Hechas por el rey es- 
tas promesas, se reconoció y juró á don Martin rey de 



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MKTB ti. U^O III. 429 

Sicilia, por sucesor y heredero del reiao de Aragoo 
después de los días del rey sa padre, y se otorgó á 
éste QD servicio de traíala mil floríoes, con roas otros 
ciento treinta mil para desempeñar el patrimoDÍo 
real; señalada gmerosidad de las cortes para aquellos 
tiempos. 

Eran cootEnnas las rebeliones é interminables las 
guerras de Gerdeña y de Sicilia. TTna aaeva revo- 
lucioQ de este último reino hizo necesaria la es- 
pedición de ona armada aragonesa, con qae se logró 
someter los principales rebeldes. Al pro[HO tiempo la 
dodad de Valencia y la gente de Mallorca espontánea- 
mente armaban íina flota y la enviaban á combatir los 
moros de la costa de Bugla: apoderáronse allí de al- 
gDOOS lugares, qae pusieron á saco, y no sabemos lo 
deroas que hubieran hecho tan atrevidos espedicio- 
nftrios, si un recio temporal no los hubiera obligado á 
recogerse á sus naves y retirarse á Deoia para reparar 
sus galeras. Asombra ciertamente el poder marítimo 
qoe en aquel tiempo alcanzaba el reino aragonés, 
poesto qae ademas de dominar tres grandes islas de 
Italia perpetuamente agitadas de revueltas, aun le 
quedaban fuerzas y ánimo para salir á devastar el 
litoral africano. 

El negocio grande, importante, inmenso, político 
y religioso á la vez, que entonces preocupaba no solo 
al reino de Aragón, sino á todos los reinos cristianos, 
era el del cisma qae desgraciadamente continuaba 



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430 BitTotu Bi m^aSa. 

afUgieado la Iglesia, sosteDtdo ya príDcipalmente por 
el obstioado y tenaz Pedro de Lana. A escenas de 
dolor y de escándalo dio lugar este impertérrito y 
terco aragonés. Ni porque el rey de Francia y loe 
cardenales y el dero francés se apartaran de s« 
obediencia, ni porque leabandoaaran los reyesdeNá- 
potes y de Castilla, ni por ver declarado contra él el 
pueblo mismo de Aviñon, por nada, accedía el obce- 
cado Luna á bacer dimisión del pontificado en obse- 
quio á la paz y unidad de la Iglesia porque todo el 
mundo suspiraba. El mismo rey don Martin de Sicilia 
estuvo á punto de reconocer por único verdadero papa 
á BoníEacio IX. si no le hubiera cqntenido so padre el 
rey de Aragón, único defensor del anüpapa Benito. 
Viese éste cercado en au palacio de Aviñoo, y comba- 
. tido por .'las tropas francesas y por las gentes de la 
ciudad misma. Defendíanle ea aquella fortaleza algu- 
nos cardenales, clérigos y soldados, catalanes, arago- 
neses y valencianos, que entre todos no llegaban á 
trescientas personas. Entre ellos se hallaba el célebre 
Fray Vicente Ferrer, del orden de predicadores, cuya 
doctrina y santidad fué después tan venerada. El pa- 
lacio fué batido con máquinas é ÍDgenios; bícíéronse 
minas y contraminas, y hubo ocasión en que los mi- 
nadores fueron cogidos y muertos dentro de la raaa- 
sion pontificia. El ánimo y valor del papa aragonés pa- 
ra resistir estos combales, que duraron siete meses, 
fué tan grande como su tenacidad. La noticia de que 



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MSTS II. unoiu. Í3< 

navegaba por el Rddaao nna Bota catalana en aoiilío 
de Benedicto, movió á tos de AviñoD á suspender los 
ataques y á concertar ana tregua de tres meses. Con- 
TÍDOse por parte del rey de Fraacia en qoe si Pedro 
de Lona prometiese renaociar, y despidiese la gente 
de ariQ*s que tenia consigo dentro de su palacio, él ne- 
gociaría con los cardenales y con la gente de Aviñoo 
qne se apartaran de las rías de hecho, y se sometie- 
ran á lo que decidiese un concilio congregado por los 
prelados que habían sido de la obediencia de Clemen- 
te; pero que entretanto no saldría de aqael lugar sin 
el consentimiento de los reyes que seguían su partido. 
Accedió A todo esto el asediado pontífice, aunque de 
mala gana y forzado solo por la necesidad; y combi- 
náronse las cosas de modo que pasó cerca ele cuatro 
afios encerrado en aquel palacio con graaguardia, un 
resolverse cosa cierta sobre su situación, y sin que él 
hiciese tampoco la rennnda que tanto se deseaba. 

Coronóse el rey don Martin con suntuosa pompa 
y solemnidad en Zaragoia (13 de abril, 4399), éhi- 
zose la misma fiesta y ceremonia con la reina doña 
María. Renovó sus confederacúones y alianzas con los 
reyes de Navarra y de Castilla, y con nna armada de 
setenta velas, entre galeras, galeotas y otras naves, 
que eovió Á Sicilia, acabó de someter á los condee y 
barones de la isla que se mantenían en rebelión y pu- 
so todo aquel reino en pacífico estado bajo la obedien- 
cia de su hijo (U0<1). La muerte de la reina de Si- 



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433 Hinoiu DB «sfaSa. 

dliaf á la cual había precedido pocos días ta de so byo 
prímogéDÍto el íafaote don Pedro, hizo que quedara 
el reÍDO siciliano bajo el domiaio del jóvea don Martto, 
que siguió rigiéndote coa poder y facultad del rey de 
Aragón su padre. Los soberanos de Alemania, de Fran* 
cía, de Inglaterra y de Navarra, todos movieroD plá- 
ticas sobre matrioionio de sos, bijas con el joven mo- 
aarca siciliano, pero á todas fué preferida doña Blanca 
de Navarra, hija tercera del rey Carlos el Noble., . 

Mientras en esta prosperidad marchaban los ne- 
gocios deAragon en el esterior, agitábase el reino sor- 
damente en bandos intestinos entre los ricos-hombres 
y caballeros, á tal puoto que hallándose el rey en Va- 
leacia eo 1402 disponiéndola partida de la nueva 
reina de Sicilia, eslallarou en abierta guerrat señala- 
damente entre los Gurreas y los Lunas que capitanea- 
ban los principales bandos. A/avor del desorden se 
plagaron las diferentes comarcas del reino de mal- 
hechores y facinerosos, en términos que ni bastaba 
que las ciudades se uniesen en hermandad, según cos- 
tumbre eb lales casos, para la persecución y estermi- 
nio de los delincuentes, ni alcanzaban los esfuerzos 
del Justicia, ni de los diputados del reino, ni del lu- 
garteniente general que al efecto se nombró, para re- 
primir los crímenes y desmanes que por todas partes 
se cometian. Si en un punto se lograba restablecer aU 
gün tanto la tranquilidad y el orden, movíanse por 
otro ó recrecían las disensiones y pendencias, y desde 



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FUn II. LIBKO IH. 433 

el Ebro á los coaGoes dé Catalana todo ardia eo gar- 
ras y tarbaciones. Eo 1 404 habiao crecido tanto los 
odios de los partidos, que los bandos de tos Centellas 
y los Soleros llegaron á pelear como en batalla apla- 
zada, y asi entre estos como entre los Laoazas'y los 
Cerdeo bubo macbas maertes y se derramó macba 
sangre» de los unos en Valencia, de los otros en Zara- 
goza. Los dipotados del reino saplicaroo al rey pusie- 
se remedio á tan fatal situacioo, y en su virtad fueron 
convocadas en Haella cortes generales, compuestas do 
los cuatro brazos, otero, rícos-bombres, calulleros y 
procoradores (julio, 1404). El rey, annqoe doliente, 
asistió á ellas, y después de hablar en un largo dis- 
corso de tos males que sufría el reino, y de decir á los 
aragoneses que ellos eran los verdaderos descendien- 
tes de los antiguos celiiberoa, que sunca desampara- 
ban á sn señor en los peligros y en las batallas, tenien- 
do por traición no morir con él en el campo, concluyó 
espooiendo qoe quería dar orden para que su hijo el 
rey de Sicilia viniese á Aragón á fía de que viese y 
entendiese por sf mismo cómo los monarcas de este 
rtíno debían guardar y conservar las libertades de la 
tierra. Se dio en estas cortes focultadesestraordinarias 
al Justicia para conocer eo los negocios y delitos de 
los particulares, y merced at upo que de ellas hizo, 
M apaciguaron por entonces los bandos en Aragón. El 
rey. prodgaió su-camino & Cataluña, 

Había estado dando en este intermedio el papa Be- 
T<»o VII. 28 



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434 IIISTOMA DE ESPAfÍA. 

nedicto, aunque encerrado en su palacio de AvÍdod, 
no poco que hacer á los príocipes cristiaD09,.á los car- 
denales, al clero, á los embajadores de Fraacia, de ■ 
AragOQ, de Castilla, de Ñapóles y de Sicilia, queríea- 
do los unos volver á su obediencia . estreebándole mas 
en su prisión los otros, predicándose sermones en to- 
das partes eu pro y en coolra de su legit¡mida(^, lia- 
ciéndose y de^aciéndose propuestas y negociacioDes, 
padeciendo grandes males la Iglesia uoÍTersal , y no 
poca confusioD los reinos cristianos, y prolongándose 
el cisma cuanto mas se discurría c<3mo ponerle re- 
medio. Cruzándose estaban en 1403 proposiciones de 
concordia y de paz, cuando el condestable de Aragón 
don Jaime de Prades batió medio de sacar de la pri- 
sión al recluido pooti6ce, abriendo con mucho disi- 
mulo un boquete en la casa contigua al palacio apos- 
tólico. Poralli salió una mañana sin ser visto hasta la 
ribera d^ Ródano, donde le esperaba el cardenal de 
Pamplona con algunas compañías de gente de armas 
y una barca, en la cual se trasladó á Chateau-Recard. 
Volviéronle entonces la obediencia los reyes de Fran- 
cia y de Castilla: él proveyó arzobispados, se fué á 
Marsella, donde le acompañó el duque de Orleans» y 
con los cardenales de su colegio envió una embajada 
á Bonifacio IX. tratándole de papa intruso (liOl). 
Nunca pareció la paz de la Iglesia mas distante que 
entonces, aunque la embajada se decía dirigida á tra- 
tar de la uníoD. 



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PABTB 11. UMO III. 43S 

Figuraron por lo meóos los dqdcíos del papa Be- 
nito haber ido á Roma con propósito de tratar de la 
concordia de la Iglesia, y noo de los medios que pro- 
poDÍBD era qae si alguao de los dos pontífices muriese 
desistieseo sos respectivos cardenales d« elegir á otro. 
La circunstancia de haber perdido' el habla el papa 
Bonifacio cuando esto se trataba, y de morir antes de 
los dos días, hizo que fuesen presos los nuncios de Be- 
nito y encerrados en el castillo de Saot-Angelo, si bien 
lograron por precio de cinco mil ducados su rescate. 
Los cardenales de Roma se reunieron en cónclave y 
nombraron á Inocencio VII. sucesor de Bonifacio. En- 
toncos el papa aragonés Benedicto, desde Niza donde 
se bailaba, mandó armar algunas galeras en Barcelona 
con ánimo de ir sobre Roma. El rey don Martin de Sí-- 
cilia y el rey Luis de Ñápeles pasaron á verle á Villa- 
franca de Niza, y te ofrederon acompañarle á Roma 
con sna armas. Mas como esta confederaron se hi- 
ciese á disgusto del rey de Francia y sin consentímicato 
del de Aragón, Luis de Anjou se apartó luego de (¡ü&, y 
don Martin de Sicilia se vino á Barc^ona, donde fué 
recibido con grandes fiestas, creyendo qne residiría en 
este reino y tomarla parte en el gobierno con su padre 
para sucederle después de sos días. Juró entonces el 
siciliano las constituciones y costumbres de Cataluña, 
mas como en su ausencia ocarriesén algunas alteraóo- 
nes «a Sicilia, enviáronle á llamar apresnradamenle y 
se volvió con su armada á su reino (agosto , 1 iO&}i. 



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436 iiisimu DE UFAtá. 

Iba eo esto orecíeado el partido del papa aragonés 
de AvjñoD, porque se le creía con resoluooa bastante 
á acabar coa el cisma aua-con peligro de so persona. 
Embarcóse, pues, en üha para Genova, on cuya cío- 
dad, como en todos los pueblos de aqnella costa, fué 
recibido en procesioh solemne por el .clero y el pue- 
blo. Prestábanle obedieocia cardenales y prelados que 
antes le habían hecho guerra en nombre de Bonifa- 
cio, y él comenzó á despachar letras á todos los prin- 
cipes invocando su favor y auxilio contra su adrer-i 
sario Inocencio, y los que él llamaba perturbadores de 
la paz de la Iglesia. En Genova celebró ana consagra- 
ción general nada menos qne de dos arzotnspos, 
nueve obispos y treinta y ocho abades. Entre ellos se 
consagró su sobrino don Pedro de Luna arzobispo de 
Toledo. En este tiempo fué cuando hizo sus célebres 
predicaciones en Genova el insigne valenciano San Vi- 
cente Ferrer, con taotoaplauso de aquellas geotes, y 
con tal maravilla, que siendo sus sermones eo lengua 
valenciana , raoviá y convertía á los estrangeros qoe 
hablaban diversas lenguas, lo mismo que si predicara 
á cada uno en la suya propia, al modo qne en otro 
tiempo había acontecido á los apóstoles. Daban ana 
fuerza irresistible á sus misiones los milagros con que 
las acompañaba , curando enfermos y endemoniados 
con poner las manos sobre ellos, y haciendo otros 
prodigios qne la iglesia española canta y celebra de 
este gran santo. 



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FAkTB II. LIBBO 111. Í37 

Sufría alternativfts y vicisitudes la causa de Be- 
nito XIII. Enviábale cotopanias el rey de Aragoa, pero 
la ODiversidad de París se volvía á apartar de su obe- 
dieacia; y ona moriifera peste que se desarrolló ea las 
ciadades de Italia y de que iban muríeudu sus carde- 
nales mas adictos, do ledejó -parar uieo Noli, oí ea Mo> 
nago, oi en Niza, y le obligó á volverse á Marsella. 
Mtirióenestoelpontt&ce romano Inocencio VII. (1406), 
y los cardenales de Roma elevaron á la silla pontifi- 
cia á Gregorio XII. En el cónclave hablan convenido 
tamlÑen y jurado que el papa que saliese electo re- 
nnDciaria pura y sencillamente por el bion universal 
de la Iglesia, siempre que el antipapfl Benito 6 el que 
le sucediese hiciera igualmente resignación da su de- ~ 
recho, y que entreíanio no crearía ningan cardenal, 
tino basta igualar el námero de los que por la otra 
parte hubiese, para que entre ambos colegios pudie- 
ran en un caso proceder á elección canónica. En efec- 
. lúi Gregorio XII. se mostraba por su parte dispuesto 
i hacer este sacrificio en bien de la paz según lo ha- 
bía ofrecido á los cardenales "*. 

En lat estado se hallaba este delicadfsímu asunto, 
cuando murió la reina doña Marta de Aragón (di- 
ciembre, 1406), no dejando otro hijo varón que el 
rey don Martín da Sicilia, el cual al propio tiempo 
perdió el único fruto de su segundo matrímcfaio, reu- 

(1) Bvtorís Ao eitfl cuan, por Rsjosl, ad >iui.~Záríla, Anjleí, 
Dgpur y por Tbieri de Hiem.— lib. X., c. G8. 



D,g,t7cdb/GOOglC 



438 nistoiu VI BgfÁlli. 

Díeodo asi todas las probabilidades de juntarse eo él 
las dos coronas de Aragoo y de, Sicilia <*'. 

Desde Marsella escribió el papa Beoito al pepa 
-Gr^orío, á quien llamaba intruso, asegurándole que 
estaba pronto á celebrar con sa colegio de cardena- 
les una reonion en lugar idóneo y seguro con él y con 
los que se decían cardenales de sn obedienda, para 
tratar los medios de paz, renunciando, si era preciso, 
su derecho al pontificado, para poder venir á una 
elección áuica de romano pontífice. Gregorio accedió 
también ¿ ello, y envió sus nuncios á Marsella para 
que acordasen el lugar y' tíempo en que se habíao de 
reunir (1407); pero dé cinco ciudades que por ambas 
partes se propusieron no pudieron conformarse en 
DÍQguna. Eligióse finalmente la ciudad de Salooa, j 
eoDvfnose en que para la fiesta de Iodos los Santos 
cada papa coacurríria con veinte y cinco prelados, 
doce doctores en leyes y otros tantos maesU-os en teo- 
logía. El papa Benito acudió alti en el plazo conco-ta- 
do, pero el papa Gregorio se esousó de no poder 
asistir á causa de no tener aquel lugar por seguro. 
Parecía esta cuestión interminable, siempre por la 
fiíha de voluntad de alguoo, cuando no de los dos ge- 
' fes en qne se hallaba dividida la cristiandad. Coa esto 
jnientras el pontífice Benito recorría los puertos de Ge- 
nova y Portvendres con ^ete galeras mandadas por el 



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PAUTE II. LIBIO III. 439 

condeslable de Aragón y almirante de ^cilia Jaime de 
Prades, el mismo que le sacó de la prisioo de AvÍDon, 
el pOQlfGce Gregorio en Laca coátra lo tratado y con- 
tra la voluntad raisma de su colegio creaba Duevos 
cardenales, y se alejaba más y mas la concordia. Ya 
los cardenales de una y otra obediencia vieron la se- 
cesidad de entenderse entre si y reunirse para acor-< 
dar la manera de estirpar de una vez el funesto cis- 
ma que tanto se prolongaba en daño y detrimento de 
toda la crísUandad, y Irataroo de celebrar un conci- 
lio general en Pisa. Hubo también sobre esto debates 
y escisiones grandes, queriendo unos que asistiera al 
concilio el papa Benito, otros que se celebrara sin él. 

Por último acordaron los de una y otra obediencia 
convocar el coacílio general sin orden ni consulta de 
ninguno de los que competiaa por el pontificado, es- 
cudándose con lo cstraordÍDario y apremiante de las 
circanstancias, en qoe no podía seguirse ley ni regla 
algana.(4i08): siendo su resolución que loque en 
aquella asamblea se determínase había de ser acep- 
tado por todos. Quedó, pues, convocado el concilio 
general para el 25 de marzo siguiente (1409) en la 
ciudad de Pisa. 

Viendo esto el papa Benito, y que ademas su ad- 
versario Gregorio habla puesto eu armas loda la Ita- 
lia, determinó retirarse á Perpiñan, donde con los car- 
denales que le quedaban y otros que creó de nuevo, 
congregó un concilio, que llamaba también general, 



n,g,t7cdb/G00gIc 



440 BUTOMA DB SWAÍA. 

para oponerle al de Pisa. Llegaron á reunine ea Fer- 
piñao hasta ciento veíole prelados de lo» reíaos de 
Aragón y Castilla, j de loa condados de Foix, de Ar- 
magnac, deProvenza, de Saboya y de Lorena. «Con 
esta división y contrariedad, dice 'el autor de los 
Anales de Aragón, permitió Nuestro Señor, por loa 
pecados del pueblo cristiano, que su Iglesia padeciese 
en esta tormenta tanta turbacioo.» 

Al ña en el concilio de Pisa, á que asistieroD coa- 
tro patriarcas, doce arzc^ispos y ochenta obispos, se 
hizo elección de Sumo Pontífice (3!3 de junio, 1409), 
que recayó en el arzobispo de Milán, y se llamó Ale- 
jandro V. , siendo declarados cismáticos Benito y 
Gregorio. El antipapa Benito, á quien parecía s^uir 
por todas partes la epidemia, salió de ^erpiñan en el 
mes de julio huyendo de la peste, de que habian 
muerto ya repentinamente algunos de sus [relados, 
y se vino á Barcelona, y se aposentó en el palacio del 
rey que estaba en las afueras de la ciudad. Si la gran 
decisión del concilio de Pisa no restableció pronta y 
totalmente la paz y la anidad en el mundo cristiano, 
fué por lo menos el principio de ella, y aquel sfaodo 
preparó la obra que habia de acabar el de Coostao- 
za. Solo tos reyes de Nápdea y de Baviera permane- 
cieron fieles á la causa de Gregorio XII., como solos 
los de Aragón y Castilla persistieron en la obediencia 
de Benito XIIL: el resto de la cristiandad acató la 
decisión del concilio y se sometió al nuevo pontífice. 



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PABTB 11. LIBKO 111. 4i1 

Este murió á poco tiempo en Boloaia (3 de ma- 
yo, 1410], yea 8U lugar fué elevado á la dignidad 
pontificia Baltasar Coxa con el nombre de Juan XXIII. 
Al lieiBpo que asi marchaban los negocios de la 
Iglesia, et rey don Martin de Sicilia, joven de grande 
ánimo y corazón, ejercitado en la guerra y diestro ea 
las armas, teniendo su reino en paz, y sin temor 
de inmediato peligro, quiso acabar también de some- 
ter la Cerdeña y sacarla de aqoel estado de iasego- 
rídad oontfnaa para Aragón. La ocasión era favora- 
ble, puesto que habiendo muerto sin sacesioixel últi- 
mo descendiente de tos jaeces de Arbórea, reinaba la 
mayor división entre los sardos disidentes. Salió pues 
de Trápani coo diez galeras , y desembarcó en Algaer, 
donde esperó la flota aragonesa que debía enviarle su 
padre (octubre, 1408). Asustaba al de Aragón ver al 
heredero de ambos reinos meterse tan de llenOsea 
los peligros de la guerra en el insalubre suelo é .io' 
fectada y mortífera atmósfera de Cerdeña. ^as.vién- 
dolé tan empeñado en la demanda, y con resolución 
de no salir de la isla hasta acabar su conquista , con- 
vocó cortes de catalanes en Barcelona para apresurar 
la espedicion de una armada . cual para aquella em* 
presa se requería. La mayor parte de la nobleza de 
Cataluña y Aragón quiso tomar parte en aquella jor- 
nada, y hasta el papa Benito envió cien hombres de 
armas al mando de su sobrino Juan Martínez de ,Lu- 
ua. Partió pues de Barcelona en la primavera de 1409 



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443 UI9T0BIA DI KSrAÍt*. 

ana acmada Je hasta ciento ciocueota velas , qoe se 
apoderaron luego de seis galeras geoovesas que lle- 
vabao socorros á losquesosteoian la rebelioD. El ín- 
tréfñdo rey de Sicilia á la caheza de seis mil hombres 
de escogidas tropas ofreció el combate cerca de Calter 
á veíDte mil sardos, valieotes pero mal discipltaados. 
Dioso pues una reñida y furiosa batalla, en que des- 
pués de haberse distinguido el rey por sos proezas 
personales mas que ningún otro combatiente, queda* 
ron de todo punto desbaratados los sardos , muriendo 
en el campo basta cinco mit. Tal terror inspiró este 
triunfo del joven inonarca siciliano á los genoveses y 
á los potentados de Italia que dejaron (as ciudades de 
Cerdeña á merced del vencedor , y unas en pos de 
otras se le fueron rindiendo y entregando. Tembló 
también el papa Gregorio XII. por la voz que se di- 
fundió de que el rey don Martín proyectaba poner á 
Benito XIII. en posesión de la silla apostólica. 

Nadie esperaba que con la alegría del triunfo se 
habia de mezclar tan pronto la pesadumbre y la tris- 
teza. Pero aun no habia trascurrido un mes después 
de tan señalada victoria cuando ya ambos reinos de 
Aragón y Sicilia lloraban amargílmente la pérdida 
del joven y esclarecido monarca siciliano. Una enfer- 
medad, que los escritores contemporáneos califican de 
diferente manera, arrebató en pocos dias y en la flor 
de su edad al mas estimado de los principes de su 
tiempo, porque era el mas generoso y el mas esfor- 



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FAKTB U. uno 111. iÍ3 

zado de lodos (25 de julio, U09). Las circtostaD- 
das haciao lambíeo mas sensible la maerte de doo 
Hartio de Sicilia, porque do dejando hijos legflíinos 
Tarones, y no teniéndolos tampoco su padre el rey de 
Aragón, se veía la horfandad y se presentian las ca- 
lamidades que amenazaban á ambos reinos. Asi es 
que Dunca dí en Aragón ni en Sicilia se habia hecho 
tantodaeloy tanto llanto, ni sentidose tanta tribula- 
ción como la que produjo el fallecimiento de este mo- 
narca. Como DO dejaba hijos legítimos, instituyó por 
su heredero uoiversal eo el reino de Sicilia é islas y 
ducados adyacentes al rey de Aragón don Martin su 
, padre, y por regente del reioo i doña Blanca su mu- 
ger, basta qae so padre dispusiera de aquel gobierno. 
A un hijo natural, que se llamó don Fadríque de Ara- 
gón , le heredó eu el condado de Luna y el señorío de 
Segorbe y otras baronías que habia poseído por la 
reina doña Harfa su madre. 

Para dar algún consuelo al rey de Aragón, y para 
ver si podía tenerle también el reino , instáronle sus 
privados á que «ontrajera segundas nupcias, puesto 
que se hallaba aun en edad de poder tener sucesión. 
Repugnábalo don Martin, asi por sentirse achacoso y 
doliente, como por parecerle que mejor que esperar 
lo que estaba por nacer seria nombrar desde luego 
por sucesor en los reinos á don Fadrique, hijo natu- 
ral del rey de Sicilia y nieto suyo. Pero á fuerza de 
instancias y ruegos condescendió á casarse con doña 



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4i4 BUTOKU SB mWAftí. 

Margarita de Prades, hija del condestable dou Pedro, 
cuyas bodas se celebraron ea seliembre del mismo año. 
Confirmó ea la regeDcia de Sicilia á la viuda de su hijo, 
y atendió lo mejor que pudo i lo de Gerdeña, taalo 
que hizo el esfuerzo de empeñar su coudado de Am- 
purías á lá ciudad de Barcelona por la suma de cin^ 
caeuta mil Qoriues de oro. Coa esto aparejó y envió 
tioa nueva flota, con-cuyo auicilio fueron todavía es- 
carmentados los rebeldes. 

. El buea rey don Martin, devorado por la pena de 
la moerte de su hijo, enfermo ademase inmoderada- 
mente obeso, usaba de arlifícíos y remedios propios 
para acabar de destruir su salud , y que indiscreta- 
mente le propinaban los que ansiaban que diese un 
heredero al trono, tratando de suplir por el arte 
aquello á que se negaba ya su naturaleza: recursos 
toátiles, que la moralidad repugnaba, que do aprove- 
chaban al objeto , puesto que la reina salia siempre 
doncella del tálamo nupcial , y que solo produciau 
acelerar la muerte del rey. Contando ya con que esta 
nopodia diferirse mucho, comenzaron á presentarse 
pretendientes á la sucesión de un trono todavía no va- 
cante. Fué el que mas se anticipó el rey Luis II. de 
Aojou, yerno de don Juan I. que apoyado por la 
Francia, reclamaba la corona aragonesa para el du- 
que de Calabria su hijo. Era otro, y no el menos ar- 
rogante de los pretendientes, el conde de Urgel, biz- 
nieto d0 don Jaime II., á quien apoyaban los catala- 



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FAftTE n. i,iaBO III. 146 

oes. Figaraba también entra los aspirantes á la sace- 
«OD el viejo iafaote doo Alfonso de Aragón, duqne de 
Gandía: lo era ignalmenle el infante de Castilla don 
Fernando, sobrino del rey, y hermano del difunto 
ÍDonarca castellano Enrique 111. Permitía el buen don 
Mariin qne en su presenciase trataseydíscutiese muy 
de veras sobre el derecho de cada uno de los concur- 
rentes. Inclinábase él á dar la preferencia sobre todos 
á su nieto don Fadrique, el hijo natural de doo Mar- 
lio de Sicilia, al meóos para sucederle eo aquel reínOt 
y esperaba que podría obteaer la adhesión de los sici- 
lianos, ya que no la de los aragoneses, decididos par- 
tidarios de la legitimidad, y cuya constitución escluia 
del trono los bastardos. Pero lo que mas pudo hacer 
en favor de su nieto fué que le legitimase antes de 
morir el antipapa Beiaito XIII. En cuanto á la sucesión 
á la corona aragonesa,. inclinábase el rey don Hartin 
en favor de sa sobrino don Fernando de Castilla, ya 
por considerarle con mejor derecho que sus competi- 
dores, ya por creerle el mas conveniente para aque- 
llos reinos, y el mas acreedor por su conducta y por 
so reputación y fama. 

Pero las afecciones personales del rey hacia su 
nieto don Fadrique y su sobrino dmi Fernando, no 
estaban de acuerdo con las del pueblo, que en su ma- 
yor parte se inclinaba al conde de Urgel, joven brio- 
so, altivo, de gran disposición, y el mas propincuo 
por linea de varón á tos reyes. Este reclamó desde 



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446 nisroHiA DE ssfaKa. 

Itiego para sf ia goberoacioq general del reino» que el 
rey le coocedió sin contradicción y con mucha polfü- 
ca, con mas el honroso cargo de condestable, espe- 
rando que aquello mismo baria qae sé enemistaran 
con el de Urgel los neos-hombres aragoneses. Asi fué 
que cuando el conde vino á Zaragoza á tomar pose- 
sión de su alto empleo, lodos los brazos del Estado 
protestaron contra la legitimidad de aquel acto, y el 
Justicia mismo se saliá de la ciudad para no recibirle 
el juramento ni darle la investidura, lo cual produjo 
alteraciones y tumultos en la población hasta venir á 
las armas y tener que escaparse el conde por nn pos- 
tigo y refugiarse en el lugar de la Almunía. 

Asi las cosas, y hallándose el rey en el mooaste- 
rio de Valdoucellas, ex-tramurosde la ciudad de Bar- 
celona, adoleció de tan repentino accidente, qae ape- 
nas sobrevivió'á él dos dias, y falleció en 3t de 
mayo de 1419. Atribuyóse comunmente su repen- 
tino rallecimienla á las medicinas y drogas que le su- 
ministraban para rehabilitar su agotada é impotente 
naturaleza. En vano los conselleres de Barcelona le 
habían instado en tos úllimos momentos de su vida 
en presencia de notarios públicos, á que designara 
sucesor en el reino, pues nada mas pudieron arran- 
carle sino que sucediera aquel á quien perteneciese 
legítimamente: conducta cuyo objeto no ha podido 
áverignarse bien todavía, y respueste que abria an- 
cha puerta ¿ mayores discordias en el reino despees 



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riRTí II. LIBIO III. 4 47 

tle su muerte que las que te habían agitado eo los 
postreros instaotes de su vida '*>. 

De esta manera acabó el rey don Martin de Ara- 
gón, qae por su bondad y benignidad y por su amor 
á la justicia mereció el sobrenombre de Humano. Con 
él se esttngúió la noble estirpe de los ilustres condes 
de Barcelona, que por cerca de tres siglos habia es- 
lado dando á la monarquía aragonesa-catalana una 
serie de esclarecidos principes, de que cpn dificultad 
podrá vanagloriarse tanto otra alguna dinastía. La 
circunstancia de morir sin directo- heredero, y su 
obstinación eo no declarar quién debería sucederle 
eo el IroDo, caso nuevo en España, dejaron el reino 
en tanta división y discordia, que para pintar sn si- 
tuación no haremos sino reproducir las palabras con 
que termina el grave Zurita la segunda parte de sus 
Anales. «Fueron verdaderamente aquellos tiempos 
«para este reino, si bien se considerase, de gran tñ- 
»bulacÍon y de ana penosa y miserable condición y 
«suerte: porque en las cosas de la religión, de donde 
«resulta todo el bien de los reinos, se padecía tanto 
«detrimento, que eo lugar del único pastor y oniver- 
«sal de la iglesia católica, habia tres que conteudian 



miento, m Uegaron & él la madre uno de \bt coDselleret de Barcelo- 

delcoadadaUrgoly lainftDta do- d> faeseo i la mano 4 la desaten- 

3a babel, la nuera, y asiéndole tada condesa } la iiitimasea i;ne 

aquella por el pecho comeDi¿ i tratare con maa decoro y mira- 

RntariedicioDdoqDequeriapriTDr miento al rey y le dejira morir 

injaabuneDto de la raceiion del en pai. 



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4Í3 HISTOtlA DB B9FAÍÍ&. 

•por el samo pontificado, y estaba la iglesia de Dios 
»eD grao lurbacioa y trabajo por este cisma, habieodo 
«dorado tanto tiempo: y en el poderlo temporal de 
»él nunca se pasó tanto peligro después qne se acabd 
»d0 conquistar de los infieles: pues en lagar de soce- 
>der an legítimo rey y señor natural, quedaban cinco 
«competidores, y trataba el que mas podía de prose- 
vguirsu derecho por las armas "'.« 

(4) Para la historia de este reí- lo relativo al cisma del Occidente, 

nado hemos cooaultado loa docu- los Condes de Barcelooa de Bnra- 

mentoa del Archivo seneral de rull, ; muy seSalada mente á Zo- 

AragOD, á Pedro Tomicn, Loreozo rita, en el lib. X. de sus Anales, 

deValla, loaCemeoteriosdeBlaa- desde el cap. H baAael9l. 
cas, las historias eclesiásticas en 



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CAPITULO XXIU 

ESTADO SOQAL DE ESPAÑA. 
CASTIIXA 

EN U SEGUNDA UITAD DEL StGLO XIV. 

I-— Jaido crítico del reinado de doa Pedro de CaitiUa.— Sos primeroi 
acUn.— ObserTscioDKibre el miQiitroAlborqaerqoe.— Sobre las cór- 
' ' tea de VaUadolid.— Sobre loa amoraa de doa Pedro oon da&a M aria 
de Paditlaw-^raleio entre dm Alfonao XI, ; don Pedro, — Liga oon- 
' tra el re;: an oaricler: mu fineai eondocU de los ooofederadoa.— La 
guerra de Aragoo: comportamiento del rey, de sos hermaDos, de loa 
mtpietea y candillot.— SopliciOB borribleaeo Castilla: «i se condvjo 
en olloi como joatíeiera d oeoo crael: rellexioáea aobre el carác- 
ter de don Pedro: aobre au épooa: comparaciooea: ejemploa de 
otroa prlocipes. — Cai>8tioD aobre el caaamiento de don Pedro con la 
Padilla.— Car toter y oondocta de don Enrique; cotejú eotr» loe do* 
barmano*. II.— Reinado de don &iriqne. — Jpieio de ette monaroa 
antea y deipoea de sabir al trwo.— Don Enrique como legialador; 
como guerrero; cODKi gobernador. — Sos coatumbreí morales. IIT. 
—Reinado de don Juan 1.— Cómo as manejó ee el arante del cisma. 
— Sna errorea en la guerra de Portugal .—^^aous del dessitre de 
Aljnbarrota.— Lo queaal«6 la independenüi portORapsa: el maestre 
de A vil.— Prudencia del rey en la guerra con el de Laocaater.— Tl- 
toloa del rey don Joan á U gratUnd de su paeblo.— BeapeU) de este 
monarca i las eúrtea: llega i aa apogeo el elemento popular en cala 
reinado. IT.— f^dode la literatnra en este periodo.— £1 jndlo 
Rabbf don Santob: la Doctrina cristiaDa*. la Danza general de la 
muerte: Ayala: ana obras en prosa y en Terso: «I Rimado de Palacio. 
— Comercio, attea, indoMria de CaitilU en eata época.— Ordenanzas 

Tomo rn. S9 



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4S0 HISTOBIA DB ESPAÜA. 

de meneslrsles: oficios, tragos, armiidnris, coate de tuda aiitíM». 
—Gaita de le mest real: tara en loi coaTÍte*. T.— Coatambree pA- 
blicai. — iDmoralidad política. — Delitos comuDes: lejeadereprew'oo. 
—Vicíoa de aquella sociedtid.—LB JDCoatineacia en todealaa clases. 
—Lajea sobre la vagan cíe .—Indue ocia del dmero. 



I. Angustiase el alma, y se eslremece la mano, y 
ti^nbla la pluma al baber de trazar el cuadro y lu- 
cer el aualfsís razoaado y crítico del reinado de don 
Pedro de Castilla: y eslo do solamente por la cadena 
casi no interruEQpída de trágicas escenas y horribles 
suplicios, y sangrientas ejecuciooes á que se dejóar- 
rastrar este violento monarca , con razón y justicia unas 
Teces, por venganza otras, otras por impetuosidad de 
carácter, y las mas por una especie de ferocidad orgá- 
nica: DO solamente por las revueltas, las perturba- 
ciones y las calamidades que afligieron la momrqBfa 
castellana en este período: sino porque entre todos los 
actores y persoaages de este complicado drama de 
cerca de veinte años, de la misma manera qae eo el 
reinado de doña Urraca, al cual no sia meditación 
le comparamos, no vemos siso ambiciones, y ven- 
ganzas y rebeldías, y traicjones, y veleidades y fla- 
quezas, y miserias y crímenes. Al fin en aquel repo- 
saba el espíritu y se coasolaba cada vez que se dirigía 
la vista á la bandera iooceote y sin maoclia del DÍ6o 
Alfonso que después fué emperador: en éste no se di- 
visa una sola bandera legítima y pura, y para hallar 
descanso y alivio al espfritu atormentado con laa im- 



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PUtB II. LIBIO III. 451 

presiones de tasta catástrofe lameotable, hay que 
bascarle en. la estéril virtud de la desgraciada doña 
Blaaca, ea el corazón compasivo de dofia María de Pa- 
dilla, reducida á la odiosa condición de manceba me- 
reciendo ser reina, á tal cual destello de humanidad 
del mismo rey dou Pedro, que se vislumbra como un 
rayo de débil luz por entre negras sombras, y á la ge- 
nerosidad caballeresca de nn príncipe estrangero que 
acaba por arrepentirse de haber tendido una mano 
protectora á quien no era digno de ella. En éste co- 
mo en aquel reinado se ve palpable y sensiblemente 
la mano de la Providencia haciendo expiar i cada 
nno sus esi^esos y sus crf menes. 

«Fué desgracia de Castilla, decíamos hablando de 
don Sancho el Bravo; desde que tuvo un rey grande 
y santo qoc la hizo nación respetable, y un monarca 
sabio y organizador qoe le did una legislación uni- 
forme y regular, los soberanos se van haciendo cade 
ves mas despreciadores de las leyes naturales y es- 
critas, se pn^esa de padres á hijos en abuso de po- 
der y en crueldad, hasta llegar á uno que por esceder 
á todos tos otros en sangrientas y arbitrarias ejecu- 
ciones adquiere el sobrenombre de Cruel, con qne le 
señaló y con que creemos seguirá conocléudole la 
posteridad <'>.« 

Sin embargo en el principio de su reinado no apa- 
rece todavía ni sanguinario ni vicioso. Al contrario, 
(1) Part. 11., lib. m, cap. 6. 



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4K2 aUTOUA DE tBtAií. 

se le ve perdmar mas de una vez á aus hermanos ba»- 
tardoa y i otros magnates rebeldes. ^ el puñal de on 
verdugo se clava eo las entrañas dé doña Haría de 
Guzmao, no es don Pedro el que ha armado el braxo 
del asesioo de la dama de su padre; ba sido su madre 
la reina doña Haría la que ha ordenado al terrible eje* 
cutor la muerte de su antigua rival, precisamenle 
cuando babia dejado de serlo. En consentirlo ó no re- 
probarlo el hijo, creemos que hubo culpa, pero aun 
DO descubrimos ferocidad. El fallecimiento casi umul- 
táueo de los Laras y de don Fernando de Villena apa- 
rece bario sospechoso, pero nos complacemos en que 
DO haya pruebas sobre que fundar capítulo de acusa- 
ción conU-a el rey. Garcilaso y don Alfonso Coronel 
habían sido rebeldes y merecian cas^go. Cierto que el 
del primero fué ejecutado con circunstancias que ha- 
cen estremecer de horror* y revelan una saña fer(n y 
repugnante , incompatible con todo sentimienio ho- 
mand. Goncedamos no obstante á loa defmsorés de 
don Pedro que este acto de dura fiereza no emanara 
del rey, sino de so privado el ministro Albarqnerqoe. 
Goacedámoselo, por mas que sea difícil absolver la 
autoridad real del pecado de cousentimiento, ya qua 
la supongamos libre del de mandato. 

Una observación tenemoaquehacer acerca del cé- 
lebre ministro don Juan Alfonso Albarquerque. Mu- 
chas veces hemos oído, y muchas hemos visto estam- 
pado que el valido portugués era el instigador de las 



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I 



TUTB 11. LIBIO iU. (B3 

mal&s pasiones de don Pedro, el despertador de sos 
iostíQios impetuosos, j el consejero de sos cruel- 
dades. Los que tal airraan do poeden haber leído 
bien la faistoria del reinado de don Pedro de Cas- 
lilla. No somos, ni- podeooos ser panegiristas de 
aquel privado. Sediento de dominacioa y de taflojo, 
como lo SOD en lo general los que ooa vez alcan- 
zan la privanza de los reyes, no perdonaba medio el 
de Albnrqoerqne para conservar su valiinienlo ó re- 
ctorarle: como todos los fovoritos, sascitaba envidias, 
rivalidades, odios, y era vengativo con los magnates 
qne aspiraban á precipitarle de la cumbre de sa pri- 
vanza. Tan lejos estamos de defender á Albarqaerqoe, 
que le hacemos un cargo imperdonable de haber em- 
pleado un medio altamente inmoral para conservarse 
en la gracia de sn regio pupilo, el de esplotar sos vo- 
laptoosas'paHones y de especolar con la honra de ona 
dama honeste y de grande entendimiento, soponiendo 
que se dejaría avasallar de sn hermosura, como asi se 
realizó, y qoeél medraría ata sombra de ona amo- 
rosa relación proporcionada por él, en to cnal le' salie- 
ron fallidos sus cálculos. Notamos al propio tiempo 
qae dorante' la dominación del valido el país faé do- 
tado de boenas y saludables leyes; en su administra- 
ción hubo urden y regularídad, y no se vieron ni dila- 
pidaciones, ni distribuciones de mercedes notoñamenta* 
injustas. Nuestra observación no se encamina & notar 
esta mezcla de bueno y de malo en el ministro favo- 



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4Si BIROMA OB BIVAlá. 

ríto, siao á mostrar qiie ea niogoo periodo eaenta la 
historia menos actos de tascivia y de crueldad del rey 
don Pedro qae mientraa dur«í la privanza de Atbur- 
querque. Cayó preoisameate el valido cuando comeo- 
sabaa los desvarios del monarca: solUi éste el freoo á 
sus autojos, segUD que se fué emaDcipaDdo de anü- 
guas ioQuenciafl y obrando por sf mismo ; el primar 
escándalo conyagat señaló la caída defioiliva de Al- 
burqaerque: ya éste oo era privado, siao enemigo, 
cuando el rey falló & la maoc^» y á la esposa, y bor- 
ló con achaque de matrimonio á la de Castro en Cue- 
llar : cuando tas matanzas de Toledo y de Toro, el de 
Alborquerqne ya oo existía: hacia el comedio á«A rei- 
oado, cuando se desataron en todo su furor las iras, y 
los violencias, y las tropelioB del mooarca , ni memo- 
ria quedaba apenas del antiguo valido, y borrada casi 
del todo estaría wi los últimos años cuando «e consu* 
maban tos atentados mas borribl^. Escasado es, pues, 
invocar inOuenciis para atenuar k» crímenes y coím- 
Destar los desmanes de este soberano. Por inclinación 
pro|»a y por propio iostialo fué lo que fué doa Pedro 
de Castilla. 

Pero gocemos todavía al contemplarle en loa pri- 
meros años legislando en las cortes del reino, y san- 
cionando leyes de buei^ gobierno y de recta admiais- 
tracioD. Plácenos recordar que ea su tiempo y de so 
urden se corrigió y mandó observar el Ordenamimlo 
de Alcalá y el Fuero Vi^ó ái Catíilla. Con gusto 



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PMTS II, LIBIO Itl. 455 

traemos á la meiopria ei OrdenanUerUo de los Menatra- 
la I*'; las tasasen los jornal^ y salarios, ea los gás- 
tesele los convites que daban á tos reyealas ciudades - 
ó los ricos-bombrae; hi ordeoanxas contra malhecho' 
res, contra jugadores y vago;; la rebaja ea los en- 
cabezaoRentos de los pueblos; \»s leyes en beneñcio y 
fomento del comercio, de la agricultura y ganadería; 
la organizacioo de los tríbuiuleB y de la administra- 
ción de justicia; las disposiciones sobre los judíos, y 
s<^re todo las medidas para atajar y reprioiir la des- 
mcib>al)zacÍoD pública y la relajaciou de costumbres en 
clérigos y legos, en casados y ea célibes, eo magna- 
tes y en plebeyos <*>. No será nuestra pluma la que 
escasee alabaneas á los soberanos que eo tan nobles 
tareas se ejerciten. 

Has por desgracia podemos deleitarnos poco tiem* 
po eo la contemplación de tan balagüeño cuadro. 
Dosafios trascorreo aijenas, y bailamos ya al legisla- 
dor OHiculcarido do solo sus propias leyes, sino 
todas las leyes divinas y natorales; al moralizador do 
SD pueblo despeñándose por la carrera de la iomora- 
tídad; al que hatna decretado que las mugeres qoe 
vivían amancebadas llevaran un distintivo que prego- 
nara 80 ignominia , dejar las cariciaB de una esposa 

(I) At final del TOlúmeo, baila- acerca da loa trsgea, costumbres, 

rio nnaetns iMiorai por Apea- comercio y tnanera de Tívir en 

dic« loa priDcipjIue capjlulos y aquella época. 
di>paaicioBe> de eate cnrioaftimo é (1) También damoa por Apén- 

jmportante docamento. que dé dice algunas de eslaareBolociaaes, 
tniiy exactaa y iumüioaas idea:j 



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iS6 Binotu DI bspaRa. 

bella, tierna é ÍDoceote, por correr exhalado á k» 
braios de ana rnaacdu , hacáendo de ello público 
alarde. Auq qo se babrian apagado las antorchas qm 
alumbraroD so himeneo; por lo meóos aan oslaba el 
pueblo eatregado á los regocijos de la boda, cuando 
vio á 80 rey abandonar la esposa por la dama» la reí- 
na por la favoriía, el tálamo napoial por el lecbo del 
adulterio. Don Pedro qoe había visto á so madre 
doña María de Portugal llorar con lágrimas de aouur- 
gara los desvíos de su esposo , aprisioaado en los 
amorosos lazos de una altiva dama, se apartaba aho- 
ra de doña Blaoca de Borboo su esposa, dándola 
sumida en llanto amargo mteotras él corría á los bra- 
xos de la dama qae le tenia el corazón canlivo. Don 
Pedro que sentía los efectos de la sucesión bastarda 
qne su padre había dqado, iba tamb;ien sertiendo a' 
reino de bastarda prole. Don Pedro, que taipentaba 
tos pingttes heredamientos con qae sa padre había 
dotado á los hijos de la Guxmaa, señalaba coaatiosos 
heredamientos á las hijas qae iba tenioido de la Pa- 
dilla. Don Pedro, que había oído las quejas del poe- 
hia castellano euando veía qoe las mas ricas merce- 
des, que los mas altos oargbs de la corte y del Estado, 
que los grandes maestrales d» Santiago y de Cala- 
trava se repartían entre tos Guzmanes, hermanos, 
hijos é parientes de la Eavorecída dama, distribuía 
ahora los oficios del reino , los cargos de la cámara, 
de la copa y del cudiillo de palacio, y tos grandes 



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rABTK u. uno 111. 457 

maesb-azgos de Sanltago y Calatrava eotra los Padi- 
llas, hermanos, Uos ó paneates de la dama favorita. 
Al fia el padre en medio de sus amorosos eslra- 
vloe había dado sucesión leg(líma-al reino, y don Pe- 

'dro era el froto de la aaion bendecida por la iglesia: 
el hijo, el fmto de esta tioioD, el qne debia í ella 4a 
corona, no se caraba de dar sucesión legítima al rei- 
□0, y repudiaba á dráa Blanca al segando dia de ma- 
trimonio para no unirse i ella mas. Al fin el padre 
pwmítia á la reina doña María vivir con él, aunque 
desairada, bajo un mismo lechp, y solía llevarla con- 
ago, y 00 atentó nunca contra sos dias: el hijo no 
cdialñtaba con su esposa ^doña Kanca, la trasla- 
daba de priñoD en prisión, de Arévalo á Toledo, 
de Toledo á Sigfkenza, de Sigtteoza á Medinasidonia, 
y concluyó por deshacerse crimíaalmente de la que 
DDnca le halüa ofendido. Al fin el padre guardó fide- 
li^d á la dama, ya que quebrantaba la de la esposa; 
el Ujo, después de casado con doña ^oca, y de te- 
ner sucesión de la Padilla, contraía nupdas tn faeie 
eeUtÚB con doña Joaoa de Castro para poseerla una 
s<^a noche, 'atentaba al honor ds doña María Co- 
read, mantenía en la Torre del Oro de Sevilla á 
so hermana doña Aldonza, frente á frente de la Pa- 
dilla, nacíale en Almazan un hijo de la nodriza 
misma que le había criado otro, y fiualmeute «á qual- 
quier muger que bien le parescia non cataba que 

- fuese casada ó por casar... ain pensaba cuya ruese.i> 



nigiUrrlb/GOOglC 



4SS IIISTOtU DB UFAltA. 

De tal maDera sobrepasó e} hijo al padre en el camí- 
00 del libertinage y de la liviaodad. 

Desde que doQ Pedro se precipitó desbocado por 
este sendero, comenzaron las defecciones, las re- 
vueltas y-tas turbación^ á tomar un carácter grave; 
y si de pronto no le abandonaron todos en medio |de| 
general disgusto del pueblo, fué, en primer lugar 
por respeto á lá legitimidad, de que era el Anieo re- 
presentante, y en segundo, porque divididos los 
magnates en bandos rivales, coavenfaies & los unos 
cúnisr con el apoyo del monarca mientras acababan de 
derrocar á los otros. Pero ni aquellos lia servían por 
afición, ni por lealtad, ni el rey se desviaba del camino 
de perdición y de escándalo. Asi poco á poco fuéron- 
sele lodos desertando, y llegó á formarse contra ¿I 
aquella gran confederación é imponente liga, eo 
que entraron los hermanos bastardos don Enrique, don 
Fad fique y don Tello, el de Alborqaerque, los in- 
fantes de Aragón don Fernando y don Jnan sus pri- 
mos, la reina viuda de Aragón doña Leonor so lía, e| 
magnate de Galicia don Fernando de Castro, como 
vengador de la honra de su escarnecida- hermana do- 
ña Juana, y lo que es mas, hasta su misma madre la 
rana doña María, con la flor de los caballeros caste- 
llanos, mientras se alzaban én el propio sratido las 
poblaciones de Toledo, de Talavera. de Córdoba, de 
Jaén, de Ubedaj de tiaeza, y ayudaban á la liga pw ' 
la parte de Cuenca tos García de Alboroce con el 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PAKTK lU UBftO iU. 4&9 

bastardo dos Sancho. ¿Quiénes le qoedab^D al rey 
doD Pedrof Los Padillas y algún etro ooatado caba- 
llero coooo doD Gutierre Fernandez de Toledo que se 
le mantenía fiel. 

llnlentaban ó se proponían los confederados der- 
ribar del trono al soberano legitimo? Ni una sola es- 
presion salió de los labios de ninguno de ellos que tal 
designio revelara. iQuerían veacerle por la fuerza? 
Dueños eran de ella, y no la emplearon. ¿Cuál era 
pues el objelOf - cuál la bandera de los de la liga? Con 
ana mesara estraña eo gente lumaltuada, y en Iodo 
mas de subditos suplicantes que de rebeldes podero- 
sos, lo maoUéstaroa en Tordesillas por boca de la rei- 
na d(ña Leonor, la muger diplomática de aquel tiem- 
po, en la conferencia de Tejadillo por boca de Fer- 
nán Pérez de Ayala, el orador popular de aquella 
época.^— «Tratad, señor, te decia éste á nombre de 
«todos ke confederados, bonrad á la reina doña Blanca 
' Bcomo vuestros progenitores han honrado siempre á 
>las reinas de Castilla, haced vida conyugal con ella; 
•apartaos de dcma María de Padilla, y no hagáis los 
BoGoíos y la gobernación del reino patrimonio de sos 
kparíenles. Perdonad, señor, que asi vengamos arma- 
»dos para hablar con nuestro rey y señor natural. Si 
«accedéis á lo que el clamor popular os pide, todos 
Bseremos vuestros Seles y leales servidores.» La de- 
manda parecía no poder ser oí mas justa ni mas co- 
medida, en el supuesto de venir de gente asonada, y 



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460 niSTOtlA DK RSFAft*. 

que teoia en sa favor el sentimienlo páUíco, y en su 
mano la fuerza material. ¿Qué necesitaba don Pedro 
para conjurar aquella tormenta, nua vez rebajada sa 
dignidad basta entrar en pláticas con los rebeldes? 
Obvio era el camino, indicábasele el clamor de las 
ciudades, señalábansete los confederados, y su con- 
ciencia debia diciársele; con apartarse de )a dama y 
unirse á 1^ reina desarmaba la rebelión, quitándole 
todo pretesto, lodo barniz de justicia, si justas pueden 
ser las rebeliones. No lo bizo aá el ciego monarca, y 
lo que hizo- fué entregarse de lleno y sin rebozo á las 
delidasdesu vehemente y fogosa pasión. ¿Se estre- 
nará con esto que los confederados, cuando logran 
atraerle á Toro, prendan á los Padillas, los, despojen 
de los cargos de palacio, se los repartan entre si, y 
tengan al monarca como cautivo? Y úa embargo na- 
die piensa en usurparle el trono, ni una voz se alza 
contra el derecho del hijo legítimo de Alfonso XI., 
la liga ha vencido, pero respeta la legitimidad, ha 
humillado al soberano, pero no ataca la soberanía: 
alli están los hermanos bastardos, alli están los inAin- 
tes de Aragón, y nadie da señales de aspirar á ser 
rey de Castilla, ni parece soñar nadie en que pueda 
haber otro rey de Castilla mas que don Pedro. 

Aunque acriminamoü la licenciosa vida del rey, 
los motivos de público descontento qne con ella daba, 
la ocasión y pretesGo que ofrecía á las revueltas, el 
descrédito en que bacia caer la autoridad real, y la 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



MiTS II. uiio tu. 464 

terquedad y obetioacioii am que se jxe gaba á complir 
las demandas de los confederados, si aplaudimos la 
sedJcioD, oi meóos podemos tríbular elogiosa ana liga 
taa moostruosa como aquella, en que bajo la capa del 
bien público se encubrían pasiones innobles, intereses 
rutDesyuaaiDmoralidadprofoada y repugnante. Baste 
observar que la madre del rey co nspiraba contra su 
propio hijo,, unida á los hijos de doña Leonor de Guz- 
man, la manceba de su esposo, que tantas veces habia 
profanado su lecho; que los hermanos bastardos del rey 
andaban ligados con la que había mandado asesinar 
á sn madre. Hemos dicho antes que nos desconsuela 
trazar el cuadro dé este reinado, porque entre loe au- 
tores y personages de este largo y complicado drama 
no T«nos sino ambicionas, y rebeldías, y traiciones, 
y veleidades, y miserias y crímenes, y en esta oca- 
«on no foé cuando menos se manifestó esta triste 
verdad. Hablan triunfado los de la liga, y ya no se ' 
acordaron de la desgraciada reina doña Blanca, cuyo 
nombre y cuyo inine recido abandono habian invocado 
para legitimar su alzamiento. Ya no pensaron mas 
que en repartirse los mas altos y pingues empleos co- 
mo lobos que se arrojan á devorar una presa. Gente 
interesada y veleidosa la de la liga, y no nnida con 
ningún pensamiento elevado y noble y con nii^an 
tÍdcuIo de moralidad, fuéle fiicil al rey aunen sa 
mismo cantiverio desmembrarla sembrando la cizaña, 
y sobre todo las dádivas y el soboroo. Bastaron las 



D,g,t7cdb/GOOglC 



f6S UUTOmiA l>B BWAftA. 

ofertas de alguaos empleos y de algunos lugares para 
que cleserláran de la liga varios caballeros castellanos, 
los iofaotes de Aragoo, y la misoia doña Leonor su 
madre, y cuando el rey buyo de Toledaá.Segovia, 
ya eran con él todos estos, y adhertansele cada día 
ricos-hombres y ciudades, desengañados del ningon 
ben^cio que habían prooorado -á los pueblos los de 
la confederación. 

La escena ba cambiado, la 1^ queda quebr^Ua- 
da, disemioados sus gofes, y el fuerte abora es don 
Pedro. ¿Le han servido de leocioa y eicarmienio las 
pasadas hamíllacioaes é infortnniosl Lo que han be- 
«ho ha sido despertar so vengativa saña y sos instin- 
tos de crueldad. Hasta aquí ba sido licencioso, abora 
comienza á ser sanguinario. £1 legislador de Talla- 
doKd y de Burgos se bace ejecutor de suplicios eo 
Medina del Campo, eo T<rfedo, en Toro y en Tor- 
desíHas; el que había hecho leyes sabias y aaludaUes 
entre prelados, nobles y hombres bueoos de las cin- 
dades, se rodea de alguaciles, y en mía sentencia 
de dos palabras se compendia todo su sisteva de pro- 
cedimientos para la ímposicloo dalos mas rudos casti- 
gos. Las dos primeras victimas son dos cabellaros qae 
habían vuelto á su servicio y i quienes acababa de 
nombrar, al uno merino mayor de Burgos, al otro 
adelantado mayor de Castilla. En Toledo se cveatan 
por docenas los ajusticiados, y ta sangre inocente del 
hijo del platero octogenario mueve todavía á lástima 



D,g,t7cdb/COOgIC 



. PAn* II. LIBRO III i63 

despoes de cíbco sígloa. Juato al í(áo del alcázar de 
Toro y eo medio de uoos cadáveres doa ilustres seoo- 
ras yaciam qd día desmayadas oon los rostros salpica- 
dos de sangre; al volver de sq desmayo una de ellas 
iDaldecia á gritos d hijo que balna llevado en sus 
entrañas; esta sefiora era una reioa de Castilla, era la 
viuda de Alfonso XI., era la madre de don Pedro: la 
otra era esposa de don Enrique de Traslaoiara: la 
sangre que leñia BUS, roatros y sus vestidos era de 
unos cabañeros castellanos que alsalirdel alcázar 
llevaban del brazo á la madre y á la cuñada del rey 
de Castilla: aquella sangre halña sa Itado á los golpes 
délas mazas y de los machetes de los baUesleroa de 
don<l^ro: el ordenadw de aquellos suplicios babía 
sido el bijo de Alfonso XI. y de doaa Maria de Portu- 
gal. Y sin embargo eeto no ea sino el ptólogo.de m» 
larga tragedia. 

Sesegadas tas revueltas y tranquila el reino pudo 
don Pedro haberse dedicado á cicab-iiar las llagas 
abiertas en la monarquia por los pasados disturbios. 
Pero n genio inquieto y bdicoso le inclinaba loas á 
la guerra, y en vez de hacerla al rey owro. de Grana- 
da, la declaró al monarca cristitmo de Aragón. En 
■nestra narración dijim(H ya cuánto mas conveniente 
hubiera sido recabar por la via de las negociaciones 
' k reparacicm del agravio que le sirvió de fundamento 
qoe empeñarse con obstinación en promover ana lu- 
cha sangrienta entre dos principes cristianos y deu- 



n,g,t7cdb/G00gIc 



464 liinvKiA m istaIIa. 

das. Durante la larga gaerra de Aragón, mochas 
veces interrumpida y muchas renovada, en que tan- 
tas treguas se ajustaroo y DÍogana se guardó, eaque 
se celebraron tantos tratados sin que ningano se 
ejecutase, en que se empeñaroo tantas palabras nn 
que ninguna fuese cumplida, don Pedro de Castilla 
ganó merecida fama de capitán brioso y esforzado, de 
general intrépido y activo, de guerrero haiañoso é úi- 
fatigable. Don Pedro de Castilla se apodera de plaxas 
y ciudades aragonesas en las fronteras de Aragón, da 
Valencia y' de Murcia. Teniendo el aragonés que at^t* 
der al Rosellon, á Mallorca, á Cerdeña y ¿ Siália, el 
castellano amenaza á la misma Zaragoca y'pone en p»* 
ligroá Valencia. Upa formidable armada castellana lle- 
va el sobresalto á Barcelona, y las naves de Castilla van ■ 
á asustar á ios isleños de las Baleares. Con razón se 
ascMDbraroQ tos catalanes del poder marítimo de Cas- 
tilla, pórqae nanea los mares habían visto tantas 
velas cadlellanas, y no esperaba nadie que una poten- 
cia interior presentara en aquella ^oca en el Medi- 
terráneo tanto número de galeras, y tan graodes y 
tan bien provistas y armadas. Debiese todo á la acti- 
vidad de don Pedro de Castilla, que asi guerreaba en 
el mar como- en la tierra. Cierto que ni por mar ni 
por tierra Aieron todos triunfos para el nastellano, y 
que snfrió también reveses, pero fueron aquellos ma- 
yores y en mayor número, y llegó á poner en coidio- 
to y ¿ hacer vacilar el poder ya entonces iomeoso del 



,,.GoogIc 



FAinn. UBBOiii. 465 

rey de Aragón, de CatalaSa, de Valeacia, de Mallor- 
ca, dé Cerdeoa y de Sicilia. 

Durante esta guerra de Aragón y desde sn pría- 
cipío bastasu ña mostróel gefede la cristiandad, y ea 
SD nombre el legado cardenal de Bolonia, el mas Uq- 
dable y esqaisito celo, la aolicitud mas recomenda- 
ble, 6 por evitar la guerra, ó por restablecer la paz 
entre los dos principes cristianos. Digno $e hizo de 
eterna alabanza el pontífice Inocencio, merecedor de 
recoDOcimiento eterno el cardenal legado, por los es- 
fuerzos que nno y oiro practicaron para procurar la 
concordia y la reconciliación entre los dos príncipes, 
y para libertar ambos países de las calamidades de la 
guerra. Jamás el sumo sacerdocio correspondió me- 
jor á 8u misioD pacifica y civilizadora; Jamás negocia- 
dor alguno desplegó mas diligencia y actividad, ni se 
armó de mas paciencia y mansedumbre, ni tuvo mas 
perseverancia que el cardenal de Bolonia para pro- 
curar que los dos soberanos enemigos depusiesen sus 
rencores y vimesen á amigables conciertos. No desma- 
yaba aunque sus esfuerzos se estrellaran céntralos 
arranques impetuosos, ó contra el genio descontenta- 
dizo, ó contra la infidelidad á los pactos del rey de 
Castilla. Aquel varón apostólico volvía con el mismo 
fervor á continuar su santa obra, y do quiera y cuan- 
do quiera que veia ocasión de interponer su media* 
cion homanitaria, alli estaba el afanoso apóstol de la 
paz derramando palabras de mansedumbre evaugéli- 

TOMO TU. 30 



n,g,t7cdb/G00glc 



i64 umMtiA M t»if 

dos; Durante la larga goerr predicado á cora- 
veces ¡üterrumpida y moc* 

US treguas se ajaslaroQ . de pane del porp»rado 
se celebraron tanlo- er cómo los pcrsóMge» Ms- 
eiecutase, en que ,(«"« ™ " «"í"» *> A"»™ 

„ue oiDguD. !■ jxt" d« «"i° P"»»» '»» """''^^ ■•* 
g,ndmere(r/¿t'=rn.anoa bastardos don Fadnqoe 

generan-^.."» ««^ ''«I» «8» "=°°'™ °' ""I 
ialiga' ^V'm .hora huestes en su fa«¡r y van 4 
. ,• >¿„ su hermano don Enriqoede Trastamara, 

* /•¿ífra""» '«»'''" ™°'''° "" "'"** ' ™'''''° 
»''^e Aragón y era el alma de la guerra oon- 
'*'« Pedro de Castilla. El procer gallego don Fer- 
"^j de Castro, cuñado do don Enrique, hermano 
Je doña Juana, la moger deshonrada y borlada por 
don Pedro en Cuellar, el que en la liga representaba 
el papel de vengador de un escarnio hecho por don 
Pedro al honor de su hermana y al lustre de su fa- 
milia, es ahora uno de los capitanes del rey de Casli^ 
lia contra el de Aragón y contra su cuñado el conde 
dan Enrique. El infante don Fernando de Aragón, an- 
tes enemigo del monarca aragonés su hermano, alter- 
nativamente amigo y contrario de don Pedro, alterna- 
tivamente contrario y aliado de los basUrdos, sigue pri- 
mero las banderas del' rey do CasUlla, entabla luego 
inteligencias con el de Aragón, y se pasa pronto i sos 
estandartes, para ser alli tan turbulento y tan incons- 
tante como acá. El infante don loan signe militando en 



n,g,t7cdb.G00gIc 



\ 



fÁsn II. UBU> lu. 467 

peadoaes á los de su hermano; el uno para 

tsamente á maDos de don Pedro de Aragón, 

urrir muerte alevosa á niaiios de don Pe- 

.ii3. TjOS desarreglos y los alentados del 

^aaciaa mas y mas deFeccioDes, y las defeccio- 

.^ irrilabao mas el genio iracundo del monarca. 

Durante esia geerra de Aragón ó por mejor decir, 
en los períodos de tregua 6 de descanso que le dejaba, 
foé cuaado se desarrolló en don Pedro de Castilla en 
todo su rudo furor, el afau de verter sangre. Es ana 
verdad lo que antes dijimos, que las escenas trágicas 
de Medina del Campo, de Toledo y de Toro, no hablan 
sido «no el preludio de los horrores de este largo y 
sangriento drama. A don Fadrique sn hermánale 
llama de lejanas tierras^ le .recibe afable, le invita 
afectuoso á que repose del viage, le vuelve á llamar 
ixm afectado cariño, y ordena á sus ballesteros que le 
aplasten el cráneo con sus pesadas mazas; observa que 
ano res[ñra, y alarga sq propio puñal para que le cor- 
ten el último aliento, y no le amargan pi se le anudan 
en la garganta los manjares que come en la pieza en 
que yace tendido el cadáver del hijo de su mismo 
padre. No le vale á Ruiz de Villegas llevar en sus bra- 
zos por escodo á una tierna niña* hija del mismo rey: 
aquella inocente pudo ver al autor de sos días hacer 
oficio de verdugo clavando por su propia maao la da- 
ga en ^ pecho del que la buscó por amparo. Con el 
ansia de sacrificar á su hermano don Tello, cruza des- 



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Í6S HUTOftU n ESFlfil. 

(le Sevilla á Vizcaya, y aun se lanza tras él á loa ma- 
res: uaa txtrrasca salva la vida al bermaoo bastardo. 
Ueaos afortunado el iofaole doa Jaaa de Aragón su 
primo, cuando esperaba que el rey le ponga en poseáoo 
del señorío da Vizcaya que le ha ofrecido, en vez 
de electores que le aclamen, encuentra verdugos que 
le asesinen de mandato y á la presencia del rey. 
En Burgos creen hacerle una ofrenda agradable pre- 
senlánd(^e seis cabezas cortadas de sn orden en 
otros tantos pueblos de Casulla. En Villaoubla co- 
mía tranquilamente Alvarez Osorio con el hermano 
de la Padilla, cuando de improviso cayeron sobre 
su cabeza tas rudas mazas de los ballesten» del rey. 
Negociando paces con el legado pontificio se baila- 
ba el antiguo é ilustre servidor Gutierre Fernandez 
de Toledo, coando fué llamado engañosamente, á Al- 
fíro para recibir alli muerte alevosa. El tesorero Sa- 
muel Lev! acaba sus días entre horribles tormentos, 
como el adelantado de León Pedro Nuñez de Gozman. 
Y noa vez que le dió gana de guerrear contra los in- 
fieles, fué para escandalizar á moros y cristianos con 
la muerte del rey Bermejo de Granada y de obtis coa* 
renta mosuloianes, después de agasajarlos con un es- 
pléndido banquete, complaciéndose en clavar por su 
mano la primera lanza en el pecho del emir que se ha- 
bía conBado á su amparo y goierosidad. 

¿A dónde llegaría el registro de las matanzas si 
fuéramos á indÍTÍdualizar actos y nombres? Conceda- 



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PABTB II. LIBIO HI. 4'69 

mos que tod(H los que hemos nombrado y los que he-- 
mos omitido merecerían suplicio de muerte; ¿y cuái 
«ra el crfmw de los dos jóvenes hermanos doo Pedro 
y don Juan, inmolados en la cárcel de Carmona, antes 
de haber tenido m edad, oi tiempo, ni ocasión, ni po- 
sitúlidad de ofenderle? Síú duda para don Pedro de 
Cásiitia que tenía bijos de tantas mugeres, fué un de- 
lito imperdonable en aquellos tiernos mancebos, haber 
nacido del mismo padre y de otra madre que él. Si 
la iaocencía do estaba al amparo de las iras del rey 
justiciero, tampoco la belleza, ni la juventud, ni las 
gracias del seso débil debian estar al abrigo de los ri- 
gores del monarca benigno. Si para flacas mugeres no 
se oecesitan ni pesadas mazas, ni pañales de tres Glos, 
hay yerbas y tósigos que abrevian prodigiosamente los 
dias. No somos nosotros, son autorizados cronistas los- 
que cargan sobre la conciencia del rey valiente y jus- 
ticiero el p^o enorme de haberse desembarazado por 
tan inicuos medios de la reina doña Leonor su tía, de 
la esposa de su hermano doo Tello, de la viuda de su 
primo el inbnte don Juan, y de haber cerrado este 
corto pero horrible catálogo con el sacríBcío de la ino- 
cente, de la virtuosa, de la bella y joven doña Blanca 
de Borboa, reina de Castilla y esposa del rey ante Dios 
y los hombres....! 

No han acabado los suplicios,' porque faltan las ca- 
tástrofes sangrientas de Toledo, de Córdoba, y de Se^ 
villa en el último periodo de este reinado de sangre. 



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i70 HisToiu DB umRa. 

Pero D09 embaza ya la qae va vertida, y es llegado d 
momento de cumplir con el triste deber que nuestra 
tarea dos impone de pronunciar neesfro fallo histórico 
sobre un mooarca con tan diversos colores retratado. 
Justicia había y razón para castigar á muchos de 
los persoaagea que ñguratt eo esta galeriadesu|dicia- 
dos. Si fueron traidores ó rebeldes é su soberano legí- 
timo, si acaudillaron ú fomentaron sediciones, si lle- 
vando las banderas de su rey andaban en tratos se- 
cretos con los enemigos de BU monarca, no seremos 
nosotros los que aboguemos por la impunidad de los 
sediciosos y de los desleales, ni Iw qne defendamos 
á los perturbadores de los estados. Comprendemos 
también .qae se creyera conveniente un sistema de 
severidad y de terror para con los verdaderos de- 
lincneates ó para con los enemigos temibles: conce- 
demos qne se conceptuara necesario prescindir de 
largos trámite» para la imposición de los castigos: 
pero de esto á recorrer el reino seguido do una com- 
pañía de sayones y verdugos, como los satélites de nn 
planeta sangriento; de esto á los sumarlos procesos 
compendiados eo las lacónicas frases de: «ballesteros, 
prended y matad:» de esto á descender á las veces 
el monarca al oficio de verdugo; de esto á emplear la 
misma cuchilla para cortar inocentes que criminales 
cabezas; de esto á verter con la misma impasibilidad 
la sangre del hijo inocente de un artesano que la de 
un promovedor de rebeliones, ta de un hermano buár- 



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FABTB II. LIBIO III. 47f 

boo, tierno é íaofeosivo, que la de un desleal capitao 
de fronlera, y de esto á ordenar el suplicio de una viu- 
da desveoturada, de una reíua ilustre, y de una es- 
posa, reina' también, que do habia cometido mas crí- 
leen que llorar y rezar en calabozos y en prisioaes; de 
esto & halagar á los hombrescon dulces promesas para 
atraerlos á la mum-te, á soareírlos para matarlos, á 
convidarlos á su mesa para clavarles el puaal mas & 
mansalva^á mostrarse afoctaoso al liampo de mandar 
descargar las mazas sobre las cabezas; de esto á ensa- 
ñarse oon los cadáveres hasta arrojarlos por la venta- 
na ctíD sarcástíco ludibrio, hay una distancia inmen- 
surable. Lo nno constituiría un monarca severamente 
jnsticiero: lo otro representa un vengador cruel. 

A arranques de un genio vivo, impetuoso y arre- 
batado se suele atribuir las violencias de este monarca. 
Nos alegraríamos de poder creerlo asi: mas por des* 
gracia es un error que la historia tiene que rectificar. 
La mayor parte de los suplicios ordenados ó ejecuta- 
dos por don Pedro fueron resuttado^de moy anticipa- 
dos ymuy meditados planes. No eran movimientos 
indeliberados y momentáneos de aquellos á que se 
deja arrastrar un genio fácilmente irritable en qne 
tiene poca parte la reDexion, y á cuya ejecución sue- 
le seguir inmediatamente el arrepentimiento: no lee- 
mos qne don Pedro se arrepintiera nunca de lo que 
hacia: obraban en él de acuerdo la cabeza y el cora- 
zón: ó por lo menos eran unos acaloramientos los de 



D,g,t7cdb/GOOglC 



4-72 BISTOIU DB UMIÍA. 

don Podro que le daraban mncbos años y qoe le de- 
jaban la cabeza despejada y fría para diacarrir y 
combioar los medios de ejecacioo. 

Pero el grande argumento de los defensores ó de 
los disculpadores del rey don Pedro, el que presentan 
como iodestructible, es la rudeza de su época. Aparte 
de que la moralidad de las acciones bamanas ba sido 
y será perpetuamente la misma en todos los siglos, 
¿ban estudiado bien la época del rey don Pedro los 
que la invocan para justificarle? 

Si ruda fuá su época, mucho mas lo sería la de 
los reinados que la precedieron, y seríalo tamluen la 
de los que le ^gui^ron inmediatamente, porque ni 
una sociedad se civiliza, dí las costumbres de na pue- 
blo se mudan y alteran en el trascurso de una década 
de años, y mas do sobrevioieado, como entonces do 
le hubo, niuguDO de aquellos acontecimieotos estraor- 
dinarios que influyen traaceadentatmente en la coodi- 
eion intelectual y moral de las sociedades humanas. 
Rebeliones y disturbi(H y traiciones esperí mentaron, 
sin ir muy atrás, los reyes Alfonso X., Sancho IV., 
Fernando IV. y Alfonso XI. qoe precedieron inme- 
diatamente á don Pedfo; traiciones y revueltas y re- 
beliones esperimentaron, sin venir muy adelante, los 
-reyes Enrique II., Juan I. y Enrique III., que á don 
Pedro sucedieron inmediatamente; y sin embargo, de 
niognno de estos monarcas cuenta la historia la serie 
de suplicios y do matanzas y de actos de iohamani- 



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MRTBll. LIBMOIII. 4'73' 

dad y de fiereza qae ensangrientan las páginas de la 
de don Pedro de Castilla. Casos aislados de injastícia, 
de violencia- y de tiranía hemos referido de algunos, y 
coD Dueslra severa imparcialidad los hemos reproba- 
do y coodeaado: ninguno se saboreal>a coo la sangre 
que .vertía, nioguoo hizo de la crueldad un sistema, 
nioguoo mereció el título de croel: reservado estaba 
este triste privile^o para don Pedro de Castilla, que 
ocupó el lugar medio entre estos príncipes en el or- 
den de los tiempos. 

De ruda se califica una época en que regia como 
ley del estado el sabio y venerable código de las Siete 
Partidas; de ruda una época, en que coa tanta frecuen- 
cia se reunían para legislaren unión coa el monarca las 
cortes del reino, compuestas de los (res brazos del Es- 
tado, clero, nobleza y pueblo; de ruda una época, ea 
que había una legislación que consignaba la inviolabi- 
lidad de los diputados, que prescribía que nínguo 
ciudadano pudiera ser preso, ni despojado de sus bie- 
oes, oi menos condenado á muerte ni á peoa corporal 
aa ser antes procesado, oído y juzgado en derecho; de 
ruda una época en que se hicieron multitud de leyes 
tan justas, tan sabias, tan ilustradas, que hoy mismo 
tomadas de aquel tiempo y de aquellas córles.-cons- 
tituyen una gran parte de nuestra jurisprudencia, fi- 
- guraa ea nuestra actual legislación, y sojuzga y falla 
por ellas en nuestros tribunales '*'. 

(I) Ed loa apéodícet que tsq ■■ final it eate Totdmeu baLlaria 



,,Googlc' 



174 BUTOU* DB BSPAlti* 

Y no se paede decir ai almiar qoe el ceoocimieoto 

de las medidas coDreníeotes al bien público y al go- 
bierno y admiaíslracion del Estado esluviora en aquel 
tiempo concentrado y como viaculado en un corto nú- 
mero de letrados que pudiera constituir el consejo del 
rey. No, la mayor parte de las leyes era resaltado de 
peticiones hechas en cortes por los diputados y procvi- 
radores de las ciudades, y aquellas peticiones eran 
por lo común la espresioa de losdeseos y de las ins- 
trucciones que los pueblos traemiliaD á sus represen- 
Cantes al tiempo de conrerirles la procuración. 

Oimos decir y vemos escrito por algunos que en 
aquella época no se instruían procesos, ni se obser- 
vaban trámites y furmalidades de justicia para el cas-* 
tígo de los delincuentes, de los rebeldes y de los trai- 
dores. Error crasísimo, que desmienten las decisiones 
do lascórtesylas ordenanzas de justicia, queenoaeS' 
tra narración hemos citado. En aquel mismo tiempo 
vivía el rey don Pedro IV. de Aragón, por cierto no 
muy escrupuloso en estas materias, y sin embargo 
para cohonestar el destronamiento de su feudatario el 
rey de Mallorca y el suplicio de don Bernardo de Ca- 
brera tuvo buen cuidado de formarles proceso y de 

naestroBliictorBaua cuadro siaóp- va de la sociodad oaitellaoa «D 

lico da l3« lefus da las aDtiRuaa materia* de legiílacioD, la* ditpo- 

c6rte9 qua forman hoy parte de la sicioues polilícas, jurídicas j cití- 

líuvisima Reeopilacion- Es un tra- i«a de cada época y da cada reioa- 

bajo que hemos hecho non guato, do que ae ha creído conveDiente 

¡que entra oirás uliUdades liana,- adopUr en los tiempo* moderDOS, 

nuestro jaicio, la da ottecer á ud jr el astado social de la monarquia 

golpe de víala la marcha progreti> en cada período. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PAETI II. LIBIO m. 475 

legalizar, ¿iquiera fuese eo apariencia, su fallo. Y si se 
quiere aoa prueba de como los reyes de Castilla en 
aquel propio siglo jazgaban á los DOtoHameote rebel- 
des y criminales, puede servir de ejemplo , lo que hizo 
don Juau I. con su hermano baMardo el conde don 
Alfonso. 

Hablase éste rebelado y hecho armas contra su so- 
berano diferentes veces, y teníale preso el nx)narca, 
obrando eu su poder cartas y escritos que comproba- 
ban el delito. A pesar de esto reunió su consejo para 
consultar lo que debería hacer de él. Uno de los con- 
sejeros le dijo: «Señor, á mf me paresce que vos de- 
>bedes encomendar este fecho á dos alcaldes vuestros 
nde la vuestra corte, que vean todos los recabaos que 
itvos tenedes: é sí después del perdón que vos le fe- 
»cistes el conde vos erró, que io junguen, é se libre se~ 
%gund fallaren por derecho é fuero de Castilla é de 
*Leon, si lo él asi meresciere.» Otro consejero en un 
discreto y sabio razonamiento esposo al rey los es- 
cándalos y males que habian producido algunas muer- 
tes ejecutadas ú ordenadas sin forma de justicia por 
los monarcas sus predecesores, «por las cuales las sus 
»femas se dañaron, é les vinieron grandes deservicios: 
Ȏ, mal pecado, todos los reyes de crisfianos fablan 
>dello, diciendo que los reyes de Castilla malarcm re- 
«batadamente en sus palacios, é sin forma de jusli- 
ücia, á algunos grandes de sos regnos, de los cuales 
»vo6pi»iió algunos ejemplos.» Púsole los suplicios del 



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476 BIMMIA DI BSTAÜA. 

inraote don Fadrique y de don Sioion de los CaiDeros 
ejecutados por don Alfoaso el Sabio, la muerte dedw 
Lope señor de Vizcaya eo las corles de Alfaro por doa 
SaDcbo IV., las de doa Juan el Tuerto eo Toro y de 
doa JaaD Alfoaso eo Ausejo por Alfoaso XI., las del 
maestre de Santiago doo Fadrique eo Sevilla y del 
infonle don Juan eo Kibao por el rey don Pedro, y 
decia. «E, señor, como qnier que todos estos daños é 
Kfflaleb hayan acaescido por ser fechas tales muertes 
«corno estas, pero lo peor dello fué, que locaroa eo la 
>fama de los reyes que tales muertes é en tal manera 
«mandaron facer.» Aconsejábale, pues, que imitara ai 
rey don Juan de Francia cuando hizo prender por 
traidor á doo Carlos de Navarra, que le dio á escoger . 

«abogados para que defendiesen su derecho ¿que 

»el rey de Francia pagaría el salario de los doctores 
»quéalli vioiesen á defender el derecho del rey de 
«Navarra, en tal guisa que fuesen contentos. E asi se 

>fizo é un dia en la semana traian al rey de Na- 

kvarra á juicio, é lo& procuradores del rey de Francia 
«acusábanle, é los procuradores del rey de Navarra 
«defcadian su derecho.» ¥ concluía diciendo: «E, se- 
«ñor, á mi paresce, si la vuestra merced fuera, que 
«vos en esta guisa debedes tener et fecho del conde 
«don Alfonso de que demandasles consejo, é que en 

>esto guardaredes justicia , é vuestra fama » — 

■El rey doo Juan ( continúa la crónica ) era orne de 
«buena consciencia é plógole deste consejo, i 



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rkvn II. LIBIO ni. 477 

»qaÍ8Íéralo facer asi, segand que este caballero le 
)»dixera (*'.» 

¡Qaé coDtraate entre el proceder de este úonarca 
y el de dra Pedro de Castilla I Nos es, paes, ioaposible, 
A DO faltar á Duestras coDvícciooes bistóricas, justifi- 
car las sangrieatas 'ejecuciones y horribles violencias 
de don Pedro, y toiemos el sentimiento de no poder 
relevarle del sobrenombre, que creeoios desgraciada- 
mente muy merecido, de Cruel. 

Con las manos teñidas de sangre se presenta en 
las uSrtes de Sevilla á declarar qnedoña Haría de Pa- 
dilla había sido so legitima esposa, y á pedir, coando 
ya no exilia, que sea reconocida como rana y sos 
hijos como herederos legítimos del trono castellano. 
los que invoca como testigos presenciales de su ma- 
trimonio SOD an hermano de la Padilla, un tío de la 
misma ya difonlo, 'sa canciller privado y su capellán 
mayor. No reparaba don Pedro que protestando estar 
casado con la Padilla cuando contrajo enlace con doña 
Blanca de Borbon, se acusaba á sf mismo de bigamo 
en el hecho de haber celebrado otras nupcias en Cae-' 
llar con doña Joana de Castro. Y si en Cuellar no le 
hilaron dos prelados de tan elástica conciencia que 
antorizáraa aquel escándalo, i& qnién puede sorpren- 
der que encontrara en Sevilla quien jurara sóbrelos 
Santos Evangelios haber visto caer la bendición nup-' 
ciat sobre don Pedro y doña María? La praeba de lo 
(I) Crúnica de dou Juan 1., Afio vil. cap. 4 7 e. 



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178 HVTMU DB EfPAiA. 

qae había qae fiar eo (ales teslimonios la ofreció el 
arzobispo de Toledo doa Gómez Uaariqíie, que des- 
pués de haber predicado eo Sevilla un fervoroso ser- 
moa para persuadir á los délas cortes deser verdade- 
ras las razones del rey y l^ftima la sacesion de los 
hijos de aquel matrioionio, acaudillaba poco después 
las huestes del bastardo don Enrique, y dejábale éste 
como á la persona de su mayor confianza al frente de 
las tropas que sitiaban á Toledo. Época de profunda 
inmoralidad era aquella» y por cierto no filé la meaor 
prueba de ella la cood ucta de las cortes de Sevilla. 

Una y otra dama, doña Blanca deBorbon y doña 
Haría de Padilla, bnbieraa podido ser buenas reinas,' 
porque lenian cualidad^ escelentes para serlo. Pero 
don Pedro, coa la fortuna inmerecida de poder esco- 
ger entre dos buenas reinas, tuvo la torpe habilidad 
de dejar sin reina á Castilla. La una cautiva y prisio- 
nera siempre, la otra siempre manceba para el coa- 
eepto público; la ona maríeodo de orden suya en un 
calabozo, la otra declarada reina y consorte después 
de muerta, condújose don Pedro inicuamente coa la 
primera y no acertó á reparar el hcMior de la segun- 
da. Si don Pedro estaba casado con doña María cuan- 
do vino doña Blanca, según dijo en las cortes de Se- 
villa, 00 debió haber engañado á doña Blanca, á Cas- 
lilla, á Francia, al mondo entero, casándose pública y 
solemnemente con la princesa de Borbon en Vallado- 
. lid. Si no era sloo aaiaote de doña María y esposo de 



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fMKtñ II. uno 111. 479 

doD* Blanca, engañó pérfidamente á las cortes del 
reino eñ Sevilla. O en Sevilla ó en Valladolid fué don 
Pedro sacrilego y perjuro. Sí doña Haría no exa su es- 
posacoandose enlazósacrameatalmentecoD doñaBlao- 
ca» en tenerla siempre cautiva y en ordenar su muerte 
fué reo del cautiverio y de la muerte de nua reina de 
Castilla. Si doña Mar(a era ya su esposa, ¿por qué no 
lo manifestó» imitando é Alfonso 11. de Aragón cuan- 
do venia á darte su mano la hija del emperador Ma- 
nuel de Constantinopla declarando no poder realizar 
su enlace, por haberlo hecho ya con dona Sancha de 
Castilla? Si era su esposa, ¿porqué no cuidó de mirar 
por su honra, y no que la tuvo tantos años con escán- 
dalo páblíco reducida á la condición lastimosa de man- 
cebal Si temía (hender á la Francia, ¿no la ofendía 
mas con repudiar á doña Blanca y con tener prisio- 
nera á la que había sido pedida y enviada para reina? 
Doña Haría de Padilla es un persooage histórico, 
que escita interés: causa inocente de muchos males, 
' ni concitó odios, ni se hizo enemigos: de Índole apa- 
cible, de generoso corazón, é inclinada á hacer bien, 
libró á algunos de la muerte, é intentó salvar á otros: 
neceátó ser muy buena para que no la aborreciese el 
pueblo siendo la favorita del rey y habiendo ocasiona- 
do la desventura de la reina; necesitaba el rey ser in- 
domable para que la influencia de la Padilla no al- 
canzara á amansar sus fieros. Parece iucoocebíhle que 
entre dos personas de lao opoestos sentimientos y ca- 



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i80 atStOUA DR UPAÍA. 

ractéres padiera haber ana pasión amorosa lan vehe- 
meote y Uid daradera; pero esto deja 'de so- iacom- 
prensíble si se atiende á lo que halaga obtener las 
preferencias de un soberano, dominar en el corazón 
del que domina á todos, y ser la única persona ante 
quien el hombre belicoso y fiero convierte la feroci- 
dad en dalzura, y en blandura la dureza. Quizá las 
prendas de amor que entre ambos existían eran tam- 
bién ya lazos que unían indisolublemente á la bon- 
dadosa dama con d amante vengativo y cruel. 

Por lo que hace á la cuestión entre los dos herma- 
nos que se disputaron el cetro de Castilla, y al pro- 
blema de si don Enrique fué traidor porque don Pe- 
dro fué cruel, ú sí don Pedro fué cruel porque don 
Enrique fué traidor, creémoslo de bien fácil solución, 
al revés de los que le presentan como casi indisola- 
ble. Don Eoriqoe (bé rebelde i antes que don Pedro 
fuese cruel, y don Pedro hubiera sido crue] sin las 
rebeliones de don Enrique. Pero ambicioso, revol- 
toso y díscolo como era don Enrique, de tal ma- 
nera se consideraba alejado del trono de Castilla por 
la ilegiümidad de su nacimiento, que llevaba ya don 
Pedro trece años de reinaré iban pasadas muchas al- 
teraciones y guerras, cuando le asaltó por primera 
vez el peosamieoio y se le presentó como de po^ble 
realización la idea de ceñir una corona arrancada de 
la cabeza del monarca legitimo. La guerra obstinada 
y tenaz que dou Pedro de Castilla hacia á don Pedro 



nigiUtrlbyCOOglC 



PASTE ir. LIBIO m. 481 

de AragOD abrió doa Earíque el camiao para ajustar 
coD el monarca aragooés aqael célebre pacto en que 
éste se comprometió á ayidar al hijo baatardo de Al- 
fonso XI. á conqaisUr el reino de Castilla. Los rudos 
sai^icios y cruentas ejecociones de doo Pedro en Cas- 
tilla predispusieren á tos castellanos, proverbialmeii- 
te amantes de la legitimidad, á acoger y aclamar ppr 
Fey á quien carecia ds tUulos y de raerecimienlos pa- 
ra serlo. 

Que carecia de títulos y de merecimientos deci- 
mos. Porque ¿cuáles eran los títulos con que se pre- 
sentaba el pretendiente al trono cachano? Dob En- 
rique representaba no origen impuro: den Enrique 
babia hecho armas machas veces contra su soberanOf 
y era no revolvedor incorregible: don Enrique do ha< 
bia tenido reparo ea estrechar alianza coa la que 
hatúa ordenado d asesinato de sa madre doña Leo- 
nor: don Enrique habia huido á Francia cobarde- 
mente y no se habia distiognido en Espaaa ni por su 
valor ni por sus virtudes: y por último don Enrique 
invadía á Castilla acaudillando tropas mercenarias es- 
traogeras, numerosa turba de bandoleros, foragidos 
y gente avezada á vivir de rapiña, que no eran otra 
cosa, aparl^ de algunos capitanes, las grandes com- 
pañfas francesas. Y á pesar de esta reunión de ele- 
mentos tan poco á propósito para halagar el carácter 
castellano, don Enrique se ve proclamado casi sin 
contradicción desde Calahorra hasta Sevilla, no por 
Tono Tit. 31 



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482 BlBTOmA Dt BSPAfÍA. 

amor de los castetlaoos á doa Enrique, sino por odio 
(le los casteltanos i don Pedro. 

Síd embargo, pi'ea Castilla se b» estioguido el 
respeto á la legitimidad, ni en et pecho de doo Pedro 
se ha apagado el ardor belicoso, y si sh alma sieote 
el infortunio, en so corazón no cabe e) desaliento. 
Vuelve, pnes, don Pedro eoxiliado de tropas ingle- 
sas, como don Enrique había venido acompasado de 
tropas francesas. Ya los dos hermanos no tienen que 
reoonvenirse en panto á* traer armas estrangeras á 
Castilla. En los campos deNAjera se encuentran fren- 
te á frente don Pedro y don Eoriqoe, el príncipe Ne- 
gro y Bertrand DuguesclÍD, el caballero inglés mas 
cumplido, y el personage francés mas rudamente ca- 
balleresco de su época. Vencieron don Pedro y los in- 
gleses, Bertrand fué hecho príáonero, don Enríqoe 
huyó á Francia, y don Pedro qeedaba otra vez señor 
de Castilla. 

Mas no renunciando á sus anlignos instinlAs, al- 
tando descaradamente á las promesas y juramentos 
solemnes que babia hecho, el de Gales le abandonó 
maldiciéndole, y los castellanos tampoco le bende- 
cian. Asi coando volvió don Enriqne, encontró ya al- 
zadas contra sa hermano varías pt^laciones do Casti- 
lla, y no te valió á don Pedro ni llamar en so ayuda á 
los moros de Granada, ni buscar su ventara coosal- 
tando & agoreros y magos. El'trágico drama se des- 
enlazó en Honliel por medio de una pérfida alevosía. 



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pAiTi II. uno 111. tSS 

con que el caballero Dagaescltn empañó el lastre de 
sM anteriores proezas, y don Enrique añadió á sus 
tftutós de bsstardo y osnrpadot- los de traidor y fra- 
tricida. No es cosa Doéva que anos críminalea sirvan 
oomo de ios^umento profideüciat para la expiación 
de otros criminales, y don Pedro que habia teñido su 
pnñal en la sangre de sus hermanos, pereció á sn vez 
al filo del pañal de un hermano. 

Repítese mucho que don Pedro se proponía aba- 
tir le nobleza y Tavórecer al pueblo, libertar á éste 
de la opresión en qae te teaíaü los magnates, y ro- 
bustecer la antwidad y el poder de la cM'ona con el 
elemento popular, de lo ceaf dicen provino el encono 
de los nobles y sus rebeliones. De haberse mezclado 
muchas veces con la clase (ollma y humilde del pue- 
blo deponen las anécdotas y aventuras que la tradí- 
cioD y la poe^a nos han trasmitido. De haber conver- 
tido el |viQeipi0 pf^lar en sistema de gobierno, no 
nos ha »do pMfUe hallar, por mas que hemos cs- 
codriñado, testiMoaios históricos que acrediten el 
fbndaoaento de esta voz, al modo qoe la historia nos 
enseña haberlo hecho los Fernandos ni. y IV. y otros 
monarcas de su siglo. 

ti. Con Enrique II. se entroniza en Castilla una li- 
nea bastarda. Tan fatigado ha quedado el reino de las 
tiranías del monarca legitimo, qne acepta con placer 
un usurpador, drida la traición, perdona el fratrici- 
dio, y sostiene y consolida la nueva dinastía. 



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46 i HISTOBtA DB ESPAÑA. 

No era en verdad don Enrique el modelo de los 
principes, pero bastaba entonces que aventajara en 
luucho á su antecesor. Al revés de otros, borró siendo 
rey algunas de las fallas que le faabian afeado siendo 
pretendiente, y mostró que no era indigno de llevar 
una corona. Por de pronto quedaron sin ocupacioo ha- 
bitual los verdugos, y el puñal dejó de ser arma de 
gobierno. Aunque tardaron en sonielérsele varías ciu- 
dades, y algunos a^tes á don Pedro llevaron hasta 
un estremo admirable so resiateocia y su tenacidad, 
solo registra la crónica de este monarca dos suplicios 
crueles, el de Martin López de Córdoba y el de Bla- 
theos Fernandez. Deploramos estas horribles ejecu- 
ciones, si bien pueden considerarse como unas seve- 
ras represalias, puesto que ellos hablan tenido antes 
la crueldad de matar á lanzadas á coarenta prisioneros 
en la plaza de Carmena. La fama le acusó de haber 
hecho dar yerbas á su hermano don Tello, qoe pare- 
ce continuaba siendo tan infiel al hermano carnal co- 
mo lo había sido al hermano paterno. Si la voz pú- 
blica no se engañó, no será en nuestro tribunal histó- 
rico en donde halle el crimen de don Enrique la ab- 
solución que á los de igual naturaleza de don Pedro 
les fué negada. rfo«straBaríamos que don Tello ex- 
- piara asi los de su vida, que habia sido una cadena 
de inconsecuencias y de infidelidades. 

Tan dispendioso don Enrique como habia ááo 
avaro don Pedro, no perjudicó menos á Castilla la 



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MkTB II. LIMO in. ts5 

prodigalidad de las mercedes del uno que la codicia 
del otro. 

La ley de alteracíoo de la moneda parasubvenir á 
tes atenciones de un tesoro exhausto Tué- uo error fu- 
nesto eo que ¡Dcurrió don Eorique, como muclios de 
sus predecesores y muchos de sus sucesores. Era el 
«rror admiaUlrativo de aquellos siglos. Aunque do tar- 
daba nunca ea tocarse sus malos efectos, no se escar - 
mentaba en él. Sucedía lo que con aquellos dolientes 
que en su desesperación toman una medida que los 
alivie momentáneamente del padecimiento que los 
mortiBca, aun á riesgo de que tes prodnzca mas ade- 
loóte otra enfermedad mas grave. 

Don Enrique, como la mayor parte de los usurpa- 
dores, procnró hacer olvidar su origen, y el que había 
conquistado el trono por el camino del crimen, doló 
al reino de saludables leyes é institacíones. El asesino 
en Hontiel decretaba en Toro severas penascontra los 
asesinos, y el que debia su corona al acero ordenaba 
que al que sacara espada ó cuchillo para herir á otro, 
«le mataran por ende.* AI revés de don Pedro, que 
había sido buen legistador'antes de ser cruel y tirano, 
don Enrique Fué primero gran delincuente para ser 
después gran legislador. Parecía haberse propuesto, 
como el rey godo Eurico, borrar la memoria del fra- 
tricidio á fuerza de hacer leyes justas y provechosas. 
Las de las cortes de Toro fueron an verdadero pro- 
greso ea la legislación de Castilla. El ordenamiento 



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48& msTosu BR kspaIU. 

para ta admioistracioD de justicia, la creacioD de la 
audiencia, las iostniccioaes á los adelaatados, merir 
DOS, alcaldes y atgviacilQs, et estableoimieato de las 
rondas de policía, las ordenanzas sobre menestrales, 
la entrada solemnemente reconocida de loe delegados 
de los comones en el consejo real, las conceúones he- 
chas á los procuradores de las ciudades sobre mata- 
rías de derecho y de admÍDÍstracion, la inOaeocía qoe 
bajo su dominación alcanzaron los diputados del pue- 
blo, revelan el adelanto del pais en sa organización, y 
el estudio del monarca en hacerse perdonar el poder 
usurpado por el oso que de él bacía. Varias de las le- 
yes hechas en las cortes de Burgos se conservan to- 
davía en nuestros códigos. 

A fuerza de actividad y de energfa sapo conser- 
varse en el trono, á despecho de todos los monarcas 
vecinos, que todos le eran contrarios, sise oscepliia 
el de Fraacia, y á unos homilió y á otros mantoro en 
respeto. Don Fernando de Portugal tuvo qne arrepen- 
tirse de haber querido dispotarle el trono, cuando vio 
i las puertas de la capital desu rein? al monarcayal - 
ejército castellano, después de haberle tomado una ea 
pos de otra sus mejores ciudades. El duque de Lao- 
caster, después de grandes y ruidosos preparativos de 
guerra y de jactanciosas amenazas, no se atrevió á 
pisar el suelo castellano. Don Pedro de Aragón bnbo 
de renunciar á sus reclamaciones sobre el reino de 
Murcia» y vióac reducido á transigir con el bastardo» 



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PARTlt II, UHRU 111. i87 

y i roslituifle las plazas oooquisladas y á dar su hija 
en miirimooio al heredero de Caslilia. Carla? el Halo 
de Navarra, á pesar de su arliSciosa doblez, de sas 
, aleves desigaios, y de haber llevado en su ayuda in- 
geses y gascones, tuvo que solicitar una pazhumi- 
llaute y somelerseá uq tratado ignominioso, dando ea 
rebeoes á dou Enrique uoa veiotena de castUlos, des- 
pués de haber casado con la infanta de CasUlla á su 
hijo Carlos el Noble, principe digno de mejor padre. 
Asi fué ófm Enrique el bastardo humillando á unos, 
baciéndose respetar de otros, y sacando partido de 
lodos los príncipes enemigos, y con su «lergia, su ta- 
lento y su destreza, puede decirse que llegó á legiti- 
mar la usurpación. 

Si durante su primera espedicioD á Portugal per- 
dió á Algeciras, do fué culpa suya, sino de los descui- 
dados guardadores de aquélla importante plaza. Bien 
mirado, parcela unoastigo providencial de haberla es- 
cogido para alzar en ella su primera bandera de re- 
belión. Eq cambio tuvo la gloria de pasear en triunfo 
tos pendones castelIaDos desde el arrabal de Lisboa 
basta los muros de Bayona; las naves de Castilla des- 
truían una fbla portnguesa en el Guadalquivir, des- 
Uozaban una armada inglesa en las aguas de La Ro- 
ehelle, y devastaban el litoral de los dominios de In- 
glaterra, dando rudas lecciones al orgullo británico 
sobre el elemento en que estaba acostumbrado á 
dominar. 



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498 BISTUBI'A DB ESFAJlA. 

Celoso ooiQO legislador, y enérgico yesforzadbco- 
mo guerrero, coodújose como prudente poIflicoeD la 
delicada cuestioa del cisme de la Igleáe. En ealo 
imitó et cuerdo proceder de don Pedro IV. de Ara- 
gón, á quien DO se puede dispotar la cualidad de 
grao político; lo cual Tenia á ser una acusacioá tácita 
de la peligrosa Hgereza coa que en eAte asunto habían 
obrado otros príncipes crislianos, incTüsos tos de Fran- 
- cía, no obstante ocupar aquel trono uu Carlos V. de- 
nominado el Pnidente, ó el Ditereto {Charles le 8a- 
ge). Don' Enrique rey era completamente otro hom- 
bre de lo que había sido don Enrique pretendiente. 

En lo qué no vemos que mudara de condición es 
en el vicio de la iaeontineDcia. Trece hijos bastardos 
habidos de (aferentes damas preganan bástente que 
en este punto no era don Earique quien con^u ejen>- 
plo curara de moralizar á sus subditos, ni tuviera de- 
recho á acusar de estragados á su padre don Alfonso 
y á su hermano don Pedro. Si ninguna de sus amo- 
rosas relaciones fué de naturaleza de producir los es- 
-cándalos áe don Alfonso y don Pedro de Casiilla coa 
laGuzman y la Padilla, dedonPedro ydonFernando 
de Portugal con doña Inés de Castro y doña Leonor 
Teliez de Ueóeses, en cambio don Enrique dio el dé 
de^ar solemnemente consignadas sus flaquezas de 
hombre en su testamento de rey, y el de señalar he- 
redamientos á madres é hijos, del mismo'modo y con 
la misma liberalidad y tan desembozadamente como 



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PAKTB II. LIBBO tlt. 489 

SÍ loctas aquellas hubiesen sido legíUmad esposas, y 
todos estos hijos legiliiiios <". 

De las dos versioaes que se daa á la muerte de 
Eoñque II., parece la mas verosimil la que supone 
culpable de ella á Carlos el Malo de Navarra, si se 
ha de juzgar por los precedentes y las circuuslancias. 
Celebraríamos se descubriesen documentos qne liber- 
taran al monarca navarro de este cargo mas. 

ni. Con la proclamación de don luán I. acabó de 
saucionarse la eatronizaciqa de la dinastía bastarda, 
haciéndola hereditaria. 

En el principio de este reinado se ven felizmente 
amalgamadas la energía de la juventud y la prudcn- 

(1) Cono prueba de esta ver- por bien gue las dicbsa doña Leo- 
dad oopiaremo* alguDas cláusulas ñor, é dcoa Juana, é doña CodS' 
de eata curioso testamento. tanza nuealras fijas que non puo- 
lOtroai mandamos á don Alón- dan casar sin licencia é mandado 
(o mi fijo (t de doña BW ira Iñí- déla reyoa, ádelioFante... 

Soez), eucima de loa otros logaret, lOlroii eso me^mo rogainosé 

de la* Otras mercedes qoe le fi- mandamos á la reina. 6 al inrau- 

cimos oonTíene ¿ saben la Puebla te, qae á don Hernando mi fijo, é 

de ViraTiciosB, e la Puebla de Co- i doña Haría mi ñja.queai enten- 

langa con Cansas de Onia... {si- dieren criarlos é facerles merce- 

guen otras mucnaa villaa], é con des, que lo fagan; é sinñn, que al 

todos sus términos, é vasallos, é dicho don Ue mando qoe lo bgan 

Djos-dslgo, é fueros, é cou todas clérii^o, etc.n 

Rua rentas é peobos.'é derechos. T conclujt^; tOtroii porquan- 

á con todas «us pertenencia*, é tofastaagora&algunosolrosnues- 

con et seSorfo Boal; é mero-mixto tros fijos é fijas que aiemoa aii- 

imperio que los no* átenos do noa les avernos dado ninguna 

oOtroei mandamos i don Fa- cosa, nia tecbo ninguna merced, 

drique mi flio la villa de Uausilla rajamos á mandamos á la rejna é 

con BUS aloeas... é Alcalá de los al loFanlo que los quieran criar, 6 

Gazalee, á Medina Sidonia... con dar caaas, é Facerles mandas, 

todos lua términos etc. aquellas que etlosentendierun que 

nOtrosi mandamos qae al dicho deben aver, porque ellos lo pue- 
den Fadrique le tenga doña Bea- dan pasar como á nos perleoesce, 

triíBU madre.é lecrie fasta que éá su tionra » Chrou. de don 

sea deedadde catorce años... Enrique U. 

«Otroei mandamoa é tenemos 



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490 IIISTOHIA IIK K$PAÑA. 

cía (le la andaaiJad. Don Juaa I. legislaodo eo las 
cortes de Burgos parece ua monarca ¿ quiea la edad 
y la esperieocia haa easenado á gobernar uo pueblo, 
y sin embargo do es sino un rey que acaba de cum- 
plir veinte y ua años. Dos cosas le ba dejado reco- 
mendadas su padre á la hora de la muerte ; que coa- 
serve buena amistad coa el rey de Fraocia , y que se 
aconseje bien en el negocio del cisma de la Iglesia. 
£a cumplim.íeoto de la primera, envia don Juan dos 
flotas en auxilio del monarca francés, y las naves de 
Castilla dan un ejemplo de audacia inaudita y un es- 
pectáculo nuevo al mundo, surcando las aguas del 
Támesis , dando vista á Londres y regresando con 
presa de buques ingleses. En ejecución de la segun- 
da, congrega una asamblea, concilio 6 congreso de 
varones eminentes, donde se discute con dignidad y 
con madurez el asunto del cisma, y de donde sale 
reconocido como verdadero pontífice Clemente Vil.: 
el concilio de Salamanca hace ecoen toda la cristian- 
dad, ^ donde no se sigue su decisión se respeta por 
lo menos. 

Conjúranse entretanto y se ligan contra el joven 
monarca castellano los dos pretendientes al trono de 
Castilla , don Fernando de Portugal y el duque de 
Lancaster es decir, Portugal é Inglaterra. No asusta 
esta alianza á don Juan é invadiendo los dominios 
del portugués, dondu había venido el conde de Cam- 
bridge, hermano del de l^ncaslcr, obliga al de Por- 



,,Googlc 



FAETE ti. LIVHO lU. 491 

iuf^al á pedir una paz que debió paiucer á los iagle- 
se$ bieo vergonzosa» cuaodo de sus resultas vieroa 
al de Cambridge regresar á su reino abatido y mus- 
tio, coa el resto de sus destrozadas compañías. 

Todo iba bien para Castilla hasta que, viudo don 
Juan de la reina doña Leonor de Aragón, aceptó la 
mano de la joven doña Beatriz de Portugal, que le 
orreció su padre don Feroando. Este versátil mo- 
narca tuvo el don singular de oegocisr cinco matri- 
tnonioa para uoa sola bija que tenia, y que rayaba 
apenas en los doce años. Don Juan de Castilla luvo á 
su vez la Qaqueza de lomar por espora la que había 
sido ya prometida sucesivamente á su hermano bas- 
tardo y á sus dos hijos. Le alucinó la idea de al- 
zarse coa el reino de Portugal cuando falleciera su 
suegro, y este ambicioso designio fué una tenlacion 
funesta qua costó cara al rey, á la reina y ab reino. 
La actitud con que á la muerte de don Fernando de 
Portugal se presentó en este reino don Juan de Castilla, 
. era demasiado arrogante y provocativa para el genio 
iodepeudiente y altivo de ios portugueses. La prisión 
det infante don Juan ofeadia también su orgullo na- 
cional y escitaba el interés de la compasión por su in- 
merecido infortunio* Con otra conducta y con preten- 
siones mas modesta» por parte del castellano, por lo 
menos hubiera podido ser proclamada su esposa doña 
Beatriz, y sus hijos hubieran sido sin contradicción 
reyes.de Portugal con legitimo derecho. Pretendiendo 



D,g,t7cdb/GOOglC- 



49JÍ mSTURIA DI ItSPAÜ*. 

para sí la corona portuguesa, la perdió para bu esposa 
y para sus hijos, y ocasionó á Caslilla desastres que 
él lloró toda su vida y el reino deploró mucho tiempo 
después. 

En el sitio de Lisboa don Juan llevó la obstina- 
ción hasta la imprudencia; aun después de haber 
visto sucumbir la flor de los caballeros de Castilla, y 
cuando todos le decian que era tentar á Dios el per- 
manecer mas tiempo, todavía repugnaba retirarse ccm 
sus pendones victonosos. Sin la peste de Lisboa no se 
hubiera perdido la batalla de Aljubarrola; pero des- 
pués de aquel estrago, fué ana temeridad haber 
aceptado la batalla: aqui el rey fué vfuüma del incoa- 
BÍderado arrojo de algunos y de su propio pundonor. 
Castilla le perdonó el desastre, porque imprudente, 
temerario ó débil, don Juan era un monarca de buena 
inteocioQ y muy querido de sus vasallos. ¥ en verdad 
la actitud de don loan L de Caslilla en las cortes de 
Valladolid, vestido de luto, con el corazón traspasada 
de pena, asomándole las lágrimas á -los ojos, lamen- 
tando la pérdida de tantos y tan buenos caballeros co- 
mo hablan perecido en quella guerra, protestando 
que no volverla la alegría á su alma ni quitaría el lu- 
to de su cuerpo hasta que la deslioura y afrenta qae 
por su culpa había venido á Castilla fuese vengada, 
representa mas bion un padre amoroso y tierno que 
llora la muerte de sus hijos, que qq soberano que los 
sacrifica á su ambición ó á sus antojos. A los que ba- 



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rAKTi II. Litko III. 493 

bÍBQ coDOcido hacia quince años al rey doo Pedro, 
antojariaseles fabulosa teata sensibilidad, y apenas 
acertarían á creer la transícioo que con solo el inte.r- 
nedio de un reinado esperímentaban. 

Salvó á Portugal la proclamación del maestre de 
Avis. Los sucesos acreditarou pronto que la elección 
de Coiotbra habia sido acertada, y Portugal se felici- 
tó de haber puesto eo el trono á un bastardo y á ud 
religioso: porque este religioso no era un Bermudo el 
])iácono, ni un Ramiro el Monga, sino on hombre que 
bajo el hábito de su orden encubría uo corazón de 
guerrero y una cabeza de príncipe. El maestre de Avfs 
fué el segundo represenlaote déla nacionalidad portu- 
guesa, el Alfonso Enriquez del siglo XIV., que hizo 
revivir en Aljubarrota el antiguo valor de los vence- 
dores de Ourique, y mereció el título de Padre de la 
Patria. Mas como hubiese necesitado del auxilio de 
los ingleses, tuvo entonces principio el protectorado 
que la Inglaterra ha ejercido por siglos enteros en 
Portugal, y que en ocasiones ha degenerado en una 
especie de soberanía. 

Fallábale á don Juan de Castilla hacer rostro á 
otro de los aspirantes al trono castellano, el duque de 
Lancaster. Este pretendiente, que en el reinado de 
Enrique II. no se habia atrevido á pisar el suelo espa- 
ñol, se alentó con el suceso de Aljubarrota, y se vino 
con grande escuadra á Galicia, contando por tan se- 
gura y fácil empresa la de apoderarse del reino de 



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494 Bi5T0fiTA ñu rsp&Ka. 

Castilla, que no solo traia con!ngo su esposa y su hija, 
•tino (ámbieo una riquísima corono con que esperaba 
ceñir muy pronto sus sienes. Pero cala vez acreditó 
el monarca castellano que no había sido inútil para él 
la lección del escarmiento y la enseñania del inforlnnio. 
Con aparente, pero con muy estudiada inacción el rey 
de Castilla ni se mueve, ni acomete, ni hostiliza at in- 
vasor arrogante. Deja al clima y ala peste, álaembría' 
guez y á la incontinencia de los soldados ingleses que 
destruyan sin peligro las fuerzas enemigas, y cuando 
ya la epidemia y los vicios las han mermado en mas 
de dos terceras partes, el rey de Castilla, vencedor sin 
haber combalido, propone secretamente al de Lancas- 
[er el medio mas oportuno y seguro de transigir para 
siempre sus diferencias, el matrimonio de don Enri- 
que y doña Catalina para que reinen jontos en Casti- 
lla después de sus dias. El principe inglés acoge la 
proposición á despecho de su amigo el de Portugal, y 
sale de España dejando al portugués enojado. El con- 
venio de Tronco» se solemniza en Bayona, y se cum- 
ple en Palencia, y la preciosa corona de oro que el 
' de Lancaster habla hecho fabricar para so cabeza se 
convierte en presente que hace al suegro de su hija. 
Si otros merecimientos y otros títulos no hubiera 
tenido don Juan I. de Castilla al reconocimiento de 
los castellanos, bastaría á hacerle digno de su grati- 
íud el pensamiento y el hecho de haber enlazado la 
^^lirpe bastarda con la dinastía que se llamaba legf- 



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puTB n. LIBIO ni. 49& 

lima, CMtando de présenle y para lo futuro la cues-, 
tion de sQcesioD, que hubiera podido (raor á Casulla 
largas guerras, turbacioaes y calamidades sin cuento. 

Ha» )o que á nneslro juicio da aoa verdadera im- 
portancia histórica al reinado de don Juan I. no 
son ni ms. guerras, ni sus taiubs, di sos desas- 
tres, ni 809 tratados con otros prfocipes, aunque do 
carezcande ella, sino la nsltitud y la naturaleza de 
las leyes retigíosaa, políticas, ecoaómicas y ciríles, 
roB qtte t«o pocterosamente contriboyó á la orgaDÍza- 
cioa social de )a momrqufa castellaoa. En los once 
aSos de su reinado oo dejó de consagrarse á mejorar 
la legislación de sa reino sino aqnetlos períodos que 
le teoian oíaleriahMiiite embargado ó tas ausencias de 
sos domíDios 6 las aleaciones urgente» de ana guerra 
activa. Aunque no existiesen de él sino los catorce 
cnademos de leyee que tenemos á la vista de las he- ~ 
cbaaen las cortes de Burgos, de Soria, de Valladolid, 
deSegovia, deBrívíesca, de Falencia y deGnadala- 
jara, sobrarían para dar idea de la aetiviilad legislati- 
va de este soberano 7 de s» solicitud pera mejorar y 
arreglar lados los ramos de gobierno y de adminbi- 
tracion. Algiraas DOS r^n todavía, y muchas daría- 
mos de buena gana á conocer eo so espHtu y has- 
ta en sv tetra, ST la consintiera la índole de niestro 
trabajo. 

Lo qtfe no podemos dejar de consignar es que en 
este reinado llegó ásu apogeo el respeto y la defereo' 



D,g,t7cdb/GOOglC 



496 HISTORIA DE SSPAÑA. 

cia del monarca á la rcpreseDlacioa nacional, y qoe 
el elemealo popular alcanzó el mas alto ponto de su 
influencia y de su poder. Nosolamente el rey noobra- 
l>a por sí mismo en materías-de administración y de 
gobierno ún consulta y acuerdo del consejo 6 de las 
cortes, sino qtie en todo lo relativo á impuestos y á la 
inversión de las rentas y contribuciones era el esta- 
mento popular el que deliberaba con ana especie de 
sdieranfa y con una libertad que adn^ira cada vez que 
se leen aquellas documentos legales. Los tratados mis- 
mos de paz, las alianzas, las declaraciones de guerra, 
los matrimonios de reyes y príncipes, se esaminabao, 
debatían y acordaban en las cortes. La admisioa de 
un número de diputados de tas ciudades eo los con- 
sejos del rey marca el punto culminante del inSujo 
del tercer estado. Si hablando de época tan apartada 
ROS faese Ucito usar de una frase moderna, diríamos 
qne don Juan I. de Castilla había sido jin verdadero 
rey constitaciooal. 

Justo es también decir qne ea tiempo de este mo- 
narca la sangre de los suplicios no coloreó el suelo de 
Castilla', benigno, generoso y bamanitarío, el reino 
descansó de los pasados horrores; una vw. qne creyó 
necesario juKgar á un alto delincoeote, consultó á su 
consejo, siguió el dictamen del que te aconsejó con 
mas blandura, y se ciñó estrictamente á lá ley. Tam- 
bién dejan en este reinado de dar escándalo y aflic- 
ción al espíritu las impurezas y liviandades que afea- 



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MKTBII. LIBIO lll. iO? 

roD tos anteriores. A pesar de los desa'stres de Portu- 
(jal, fué ua reinado provechoso para Caelílla el de don 
Juan I. y puede lamentarse que Tuesc tan breve. 

IV. Al paso que se notaba en esta segunda mitad 
del siglo XIV un verdadero adelanto en los conocí - 
míenlos relativos & política y á jurisprudencia, y que 
en las c(3rles, en el consejo del rey y en otras asam- 
bleasse examinaban y discutiaa con mucha discreción 
y cordura difíciles y delicadas cuestiones de derecho 
eclesiástico y civil, y se hacían muy sabias leyes que 
bonrarian otros siglos mas avanzados, la literatura 
continuaba rezagada desde los tiempos de don Alfon- 
so el Sabio, y cítase solamente tal cual nombre y tal 
cual obra literaria como testimonio de que en medio 
de aquella especie de paralización y ana decadencia 
no fallaban ingenios que se dedicaran, al modo que 
antes lo hablan hecho el infante doQ Juan Manuel, el 
arcipreste de Hita y algunos otros, á cultivar las le- 
tras, siguiendo el impulso dado por el sabio autor da 
la Crónica general, de las Cantigas y de las Partidas. 
Figui'a el primero en este periodo un judio de 
Carrion, conocido con el nombre de Rabbi don San- 
lob, corrupción tal vez de Rab don Sem Tob <*'. Atri- 
báyense Á este iluslrado rabino, que escribió en líem- 
. po del rey don Pedro, varias obras poéticas, cuyos tí- 
tulos son: Comaos y documentos del fey don Pedro, la 

(1) véase el Easiyo sobra los dor da Ifls Rios, pág. 305, nott. 
judíos de EipaÓB, del señor Ana- 

ToMO vil. 32 



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498 mSTOSIA DB BSPAÜA. 

Vition del ermitaño, la Doctrina cristiana, y la Danta 
general en. que entran todos los estados de gentes. La 
círcuDslancia de haber escrito un libro de doctrina 
cristiana lacliaa á algunos á creer que Rabbi don 
Santob- seria de los judies conversos, mientras oirps 
sostienen que era de los no convertidos, fundados eo 
el hecho de llamarse él mismo jadío en varios pasa- 
ges de sus obras '". De todos modos este hebreo con- 
quistó con su talento un lugar muy distinguido entre 
los poetas castellanos. La mas notable de sus obras es 
la Danza general 6 Danza de la muerte, especie de 
pieza dramática en que toman parle todos los estados, 
ó sea todas las clases de la sociedad, llamadas y re- 
queridas por la Muerte, y en que aparecen sucesiva- 
mente ea escena el emperador, el cardenal, el rey, el 
patriarca, el duque, el arzobispo, el condestable, e| 
obispo, el caballero, el abad, y basta treinta y cinco 
personages de todas categorías, basta los labradores y 
meoestrales, sin esceplaar los de las creenoias mis- 
mas del autor, rabbies y alfaquies. Los diálogos de 
cada uno de estos inlertocotores con.la Muerte repre- 

(1) Ea una parte dice: 

Señor ney, noble, alto, 
Oy este sermoo, 

Íue TTeae desyr Saotob, 
tdio de CarrioD. 



T enoliB: 



Non yi\ el azor menos 
Por nascer de mal nido; 
Nin lof eozempliM bueno* 
Por los decir jadío. 



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rAKTl'U. LIBW 111. 409 

Hulao como éo bosqaejo el cuadro de la relajación de 
las coslaDQbreseD todas las clases, y los vicios de que 
adolecía en aquel tiempo la sociedad española. Los de 
algunas ciases están retratados con colores muy fuer- 
tes y vivos '*'. La diccioa es generalmente seacilla y 
vigorosa, hay eo la obra peosamientos muy poéticos, 
y es de notar que esté escrita en versos llamados de 
arte mayor, tan poco cultivados desdé don Alfonso el 
Sabio. 

El qae en este medio siglo descolló mas como 
hombre de letras fué el- canciller Pedro López da 
Ayala, al propio tiempo guerrero y político, cronista 
y poeta. Auque su sobrino el noble Fernán Pérez de 
Gozmen no nos habiera dicho eo sus Generañmea y 



(4) Pueden serfir de muestra al usurero; 
algOBU MtroEu. Dloele li Hnerle 

. Traidor, wureríi}, de mala coQoeaeisi 
eredes lo que facer suelo: 
o iofernal tin mas deteoencá 



Agora Teredos lo que facer suelo: 
Eo fuego ioferDal sin mas dateoencL. 
Porué la Tuegtra alma cubierta de duelo. 



Allá estarédet, do eatá «neaira abuelo. 
Que quiso, uisr segund ios naastei; 
Por poca gaoBQOÍa mal ligio gaoasUi... 



Don Abad beodito, lotgada, tiñoao, 
Quo poco caríate de veitir oeltoio, 
Abrazadue agora, leredei mi upota. 
Pon qme deMaatea placeré* 6 Ticio 



Don rico •Tarieolo, dein muy nfsno, 
Qna Tneatroa cUoeros trocaitei en oro, 
k pobtM é á Tindaí oemita* la mano, 
.B iml deapaoiUates el tubsUo teaoroi 
No qoíero qae •atede* mai en el coco. 
Salid hiego foera, aio otra pereaa; 
To vot DOttraré Tmir i pobreaa ate, 



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500 HISTOBI* DE ESPAÑA. 

Semblanza» que Ayala fué muy dado á libros é bislo* 
rías y. que ocupaba gran parte de tiempo eo lee^ y 
estudiar, dos lo díríaD sobradamente sus obras. Las 
Cróaicas de doD Pedro y doa Enrique II., de don 
Joan I. y la de los primeros, años de don Enrique UI. 
que debemos á su pluma, y de que tanto oos hemos 
servido, revelao que Ayala dio ya ud paso en la ma- 
nera de escribir esta clase de libros. 5a estilo, aun- 
que duro y desaliñado, es claro y natural, y á veces 
00 carece de energía. Aparece como el mejor prosa- 
dor despoes de don Juan Manuel; y (a lengua bajo su 
pluma va saliendo ya, como nota bien un juicioso crí- 
tico, de la tosca infancia para entrar moy luego en su 
florida pubertad. Escribió ademas Ayala un tratado de 
' Cetrería, 6 seatíe la casa de las aves é desús phtma- 
ges, etc. Mas la obra que le acreditó como poeta fué 
la titulada Rimado de Palacio, escrita en variedad de 
metros, la cual viene á ser como un tratado de los 
deberes y obligaciones de los reyes y de los nobles en 
el gobierno del Estado. Critica también á veces con 
mucha viveza las costumbres y los vicios de su tiem- 
po, y al modo del arcipreste de Hita^y del judío 
Rabbi don Saotob, seiadigna en ocasiones al retratar 
la relajación y desmoralización de la época en que 
vlvia í**. 

(I) Há aqai como piala ia loeletradoB. 
■[«ctada importaocia qae se daban 

Si quisieres sobre aa plejto d'ellos avor consejo, 
PoDOBse wdeinn emente, luega sbaun «1 wjo; 



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PAHTB II. LIBBO 111. ■ SOt 

Del estado de [as artes, de la indoslria y del co- 
mercio de Castilla en esta segunda mitad del siglo XIV. 
se paede juzgar, asi por las noticias que dos sumíais-' 
(rao las cróDicas, como por las leyes suntuarias que 
en este tiempo se hicieron. Ua reino que presentaba 
ea los mares escuadras tan ¡juponentes, y flotas tan 
tsnmerosas como la que llevó el rey don Pedro á Ca- 
taluña y las Baleares, como las qae en tiempo de don 
Enrique II. vencieron en las aguas de Lisboa , de Se- 
Tílta, de La Rochelle y de Bayona, como la queen e| 
reioado de don Juan I. arribó hasta la playa de Lon- 
dres desafiando el -poder marítimo de Inglaterra; una 
nación á quien se atribuía el designio de destruir la 
marina inglesa y de alzarse con el dominio- del mar (<>, 
an^ nación en que solo los comisionados de las villas 
marítimas de Castilla y Vizcaya obligaron á ios ingle- 
ses á concluir el tratado de 1.' de agosto 13&Í, por- 
el que se estableóla una tregua de veinte años, oo po- 
día menos que haber hecho grandes adelautos en el 
comercio, porque et poder de. la marina de guerra 

Dis: igraot quMlioa es eata, Kraot trabajo aobejo; 
El plejtoserá luengo, ca ataúe á to el concejo. 
To pieoso que podría si^uj al^o ajodar. 
Tomando granl Irabaio mis libros ealudíar etc.) 

Sobre la literatura de eslaÉpo- Eaaayo segunda, cap. 6 ; 6.— 

ca puede terse é Saochei, Coleo Aoafa, Uisl. de la LUecatura ea- 

Gioa de poesiaa castellanas, etc. pañola, T otros. 
— Caatro, Bibliot. Habin.— Bouler- íl) tiarlas del re; de Inglater- 

-weck, trad. por Cortina.— Tlck- ra Eduardo III., en las notas de 

ñor, Hist. de la Literatura españu- Llaguno ; Amirola i la Crúoica de 

la, tom. I. cap. S f 9.— Ríos, Es- don Pedro, 
tadios «obre lot judíos de España, 



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sos HMTOUA DI ttrAtk. 

de UD estado aupoae siempre en aqad estado la exis- 
(eacía de ana marina mercaote correspoadieate. Des- 
de las ordenanzas de Alfonso el Sabio sobre aduanas 
y sobre importactou ; exporiacion se ve ya un reino 
que DO carecía de tráfico ; el ordeaamieato de sacas 
hecho eoel periodo que ahora examinamos y las-leyes 
santuarias, que demuestran hasla qué pauto era co- 
man en Castilla el uso de paños y tetas estrangeras, 
confirman lo estendido que se hallaba ya en Castilla el 
comercio. Los puertos de Vizcaya eran mercad(» de 
estenso tráfico con el Norte, y esta provincia tenia sus 
íáctorfas en Brujas, grande emporio de las relacicmes 
mercantiles entre el Norte y el Mediodía o. 

Ed estos állimos años de la época que comprende 
nuestro examen, recibieron el comercio y la industria 
de Castilla un grande impulso con la introducción de 
un interesante articulo, que se debió á las bodas de 
doda Catalina de Lancaster con el iorante don Enrique. 
Aquella princesa trajo á Castilla comaparte de sn dote 
an rebaño de merinas inglesas,' cuyas lanas se distín- 
guian en aquel tiempo sobre todas las de los demás 
paises por su belleza y finura, y desde entonces data 
la gran mejora de la casta de las ovejas españolas, lo 
cual dio materia á ud comercio lucrativo '^, y las fá- 
' brícas de paños se mejoraron hasta el punto de poder 
competir con las estraogeras, tanto, que como habre- 

(4) DicoioDurio QeoRráfioa-BÍB- (%) Capmanj, Uemoriaa ,HM. 
lórico (le U Real Aesaemia de la aoítre la ttarioa, etc. tom- III- 
KMoria, toin. I. 



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PASTB II. LIBRO tU. S03 

IDOS de ver {h>co mas adelaote, á priocipios del si- 
glo XV. pedia ya el reiao que se prohibiera la ietro- 
duccioo de paoos estraogeros. 

Sobra el estado délas artes indastríales, de -la 
agricaltura, de los precios, materias y rormas de los 
vestidos y de las armas qne eotODces se asaban, y 
hasta del géaero y coste de las viandas y de los con- 
vites, nada puede informarnos mejor que los ordena- 
mientos de los menestrales y Us leyes suntuarias que se 
hicieron en los tres reinados de don Pedro, don Enri- 
que II. y don Juan I. El ordenamiento de menestrales 
del rey don Pedro en las cortes de Vattadolid de 1 33f 
es el mas esténse y minucioso de todos; los de don 
Enrique II. en las de Toro de 1 309 y de don Juan I. 
en las de Soria de 1380 solo añadieron algunas pe- 
queñas modificaciones á aquel '^>. 

V. Las costumbres públicas, en la época que exa- 
minamos, do presentan en verdad un cuadro muy ha- 
lagüeño ni edificaoie, y el estudioque bacemosde ca- 
da período histórico nos confirma cada vez mas en 
que es un error vulgar suponer que fuesen mejores,' 
bajo el punto de vista de la moralidad social, los anti- 
guos que los modernos tiempos, salvo algunos es- 
cepciouales períodos.' Si las leyes de un pais son el 
mejor barómetro para, graduar las costumbres que 
dominan en un pueblo, no es ciertamente la mo- 
narquía castellana del siglo XIV. la que puede escilar. 
- (I) VéaDEO los apéodiccs. 



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604 HISTOKIA DB KSPaOa. 

nuestra envidia por el estado de la moral pública. 

Puédese juzgar de las coshimbres y de la moraU- 
dad política por esa mullitud de defecctoaes, de d^- 
leallades. de revueltas, de rebelioues, por esa especie 
de conspíracioQ perpetua y de agitación penaancute, 
poresa conlÍDuainrraccion de Tos mas solemnes tra- 
tados, por esa incoasecuencia y esa versatilidad en las 
alianzas y rompiínientos entre los soberaoos, por esa 
facilidad en hacer y deshacer enlaces de príocipes, 
por esa iaconslaDcía de tos hombres y ese incesante 
mudar de partidos y de banderas, por esas ambicio- 
oes bastardas que coomovian los tronos y no dejabao 
descansar los pueblos, por esa cadena da infidelidades 
de que encontramos llenas las páginas de las crónicas 
en este tercer periodo de la edad media. 

Si de las infidelidades políticas pasamos á los de- 
litos comunes, que mas afectan y mas perjudican i la 
seguridad y al bienestar de los ciudadanos, á saber, 
los asesinatos y los robos, harto deponen del misera- 
ble estado de la sociedad castellana en este punto esas 
confederaciones y hermandades que se velan forzadosá 
hacer entre sí los pueblos para proveer por sí mismos 
á su propia defensa y amparo .contra los salteadores y 
malhechores: confederaciones y hermandades que las 
cortes mismas pedían ó aprobaban, y que los monar- 
cas se consideraban obligados á sancionar, vista ta 
ineficacia de las leyes y de los jueces ordinarios para 
la represión y castigo de tan frecuentes crímenes. Es- 



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PAKTS 11. LIBRO 111. S05 

tos males, de que el croDÍ3la de Alfonso XI, hacia lan 
triste y laslimosa piotura, do habían cesado en tiempo 
de Enrique II., á quien las cortes de Burgos en 1367 
pidieron por merced que «mandase facer hermanda- 
des, é que ayuntasen al repique de tina campana ó 
del apellido,» en atención á «los muchos robos é ma- 
ules é dagoos, é muertes de ornes que se fasian en to- 
»da la tierra por mengua de justicia,» puesto que los 
merinos y adelantados mayores «vendian la justicia 
squeavyande faser por dineros.» Tampoco se habian 
remediado en tiempo de don Juan I., áquíeo las cor- 
tes de Vatladolid en 130S esponiaa alas muchas mner- 
>tes de bornes, é furtits, é robos é otros maleQclos que 
>se cometían en sus reinos', é los que los facían acó- 
»gfanse en algunos lugares de sennoríos, é maguer tos 
squerellosos pedían á los, concejos é.á los oficiales qoe 
vies cumplan de derecho, ellos non lo querían faser 
xdésiendo que lo non han de uso nin de costumbre, 
>nín quieren prender los tales malfechores, por lo 
»qual los que fasiau tos dichos maleficios toman gran 
«osadía;, é non se cumple en ellos justicia.» Y tal 
proseguía la situación del reino, que en las cortes de 
Segovia de 1 386 se vio precisado el mismo monarca 
á autorizar el establecimiento de hermandades entre 
la» villas, fuesen de realengo ó de señorío, y á apro- 
bar y á sancionar sus estatuios para la persecución y 
castigo de los asesinos y malhechores. 

La incontinencia y la lasdvia eran vioiosque 



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S(I6 HISTORIA DR ISPAKa. 

tenían conlaminada toda la sociedad, desde el trono 
hasta los últimos vasallos, y de que estaba may lejos 
de poder escepluarse el clero. Respecto á los monar- 
cas DO bay sino recordac esa larga progenie de bastar- 
dos que dejaron el último Alfonso, el primer Pedro y 
el segundo Enrique, esa numerosa genealogía de hi- 
jos ilegítimos, á quienes pública y solemnemente se- 
ñalaban pingttes bereocias en los testamentos, á quienes 
repartían' los mas encumbrados puestos del Estado y 
las mas ricas villas d^ la corona, y á quienes coloca- 
bao en los tronos. De público los teniaa también los 
clérigos, y en algunas partes habían obtenido privile- 
gios de los monarcas para' que los heredaran en sns 
bienes como si Tuesen nacidos de legítimo matrimo- 
aio, al modo del que el clero de Salamanca había al- 
canzado de Alfonso X. En las córtesde Soria de 4380, 
á petición de los procuradores de las ciudades, dero- 
gó don Juan I. los dichos privilegios, dicieodo qae 
tenia por bien «que los 'tales Ojos de clérigos qoe non 
«ayan nin hereden loa bienes de los dichos sos pa- 

vdres nin de otros parientes éqnalesquier pre- 

«vítlejos ó cartas que tengan ganadas ó gauareo de 
»aqui adelante en su ayuda... qne non valan, nin se 
•puedan dellas aprovechar, ca Nos las revocamos, é 
«las damos por ningunas.» Y no es de maravillar que 
el severo ordenamiento del rey don Pedro en las 
córtesde Valiadolíd de 1351 contra las mancebas de 
loe clérigos, fuera ineficaz y quedara sin observancia. 



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'PAKTB II. LIMO UI. 507 

teoieodo qoe reproducirle don Jaaa I. eo las de Brí- 
TÍetca de 1387, ea términos tal vez mas daros qae 
80 preantecesor. Decimos qoe do es de maravillar 
que tales ordenanzas no se cumpliesen, porque á la 
severidad de las leyes les fallaba á los monarcas 
afiadir lo que hubiera sido mas eOcaz que las leyes 
mismas, á saber, el ejemplo propio. 

No estaba sin embargo limitada la desmoraliza- 
ción en este punto á los monarcas y al clero. Todas las 
clases de la sociedad participaban de ella, según he- 
mos ya indicado. «Ordenamos, sedecia eu las últimas 
xcórles citadas, que oingunt casado non tenga man- 
>ceba públicamente, é qualquier qae la toviese de 
xqualquier estado ó condición que sea, que pierda el 
«quinto de sus bienes fasta eo qnantia de dtes mil 
sraaravedfácada vez que ge la fiílIareD.... E aunque 
sningono non le acose nio lo denuncie, que tos alca- 
viles ó juesesde su oficio lo acusen, é le dea la pena, 
uso pena de perder el oficio.» Y de la frecuencia con 
queso cometía el delito de bigamia, y de la neoesi- 
dad de atajarle y corregirla con duras penas, dan 
teütimoDÍo las mismas cortes en su postrera ley que 
dice: «Huchas veces acaesce que algunos que son ca- 
nsados ó desposados por palabras de presente, siendo 
«sus mugeres ó esposas bivas, non temiendo á Dios, 
>oin ala nuestra justicia, se casan ó desposan otra 
sveSj é porque esta es cosa de grant pecado é de mal 
sejemplo, ordenamos^ é mandamos que qualquier 



nigitfcdb/GoOglc 



sos H19T0UA DE KSFJlSa. 

>que fuese oasado i) desposado por palabras de pré- 
nsente, sise casare otra ves ó desposare, que demás 
■de las penas en el derecho conteDidas, que lo fierren 
jten lafruettíeeon un fierro caliente que sea fecho á 
atermal de crta. 

Las repelidas ordenanzas contra los V3f;os y geole 
valdfa, y las providencias y castigos que se decreta- 
ban para desterrar la vagancia del reino, prueban lo 
infestada que tenía aquella sociedad ia genteocioea, y 
lo difícil que era acabar coa los vagabundos , 6 hacer 
que se dedicaran á trabajos ú ocupaciones útiles. Esta 
debía ser ana de las causas de los crímenes que se 
cometían y de los males públicos que se lamentaban. 
Llenas están también las obras de los pocos escri- 
tores que se conocen de aquella éptíca de invectivas, 
ya en estilo grave y sentimental, ya en el satírico y 
festivo contra la desmoralizacioQ de su siglo. Y si en 
tiempos posteriores se ha lamentado la influencia del 
dinero como principio corruptor délas costumbres, 
parece que estaba muy lejos do ser ya desconocido au 
funesto influjo, según lo dejó^consignado un poeta de 
aquel tiempo en los siguientes cáusticos versas: 
Sea un ome nescio et rudo labrador» 
Los dineros le fasen fidalgo é sabidor, 
Quanto mas algo tiene, tanto es mas de valor, 
El que non ha dineros non e$ de si señor. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



APÉNDICES. 



CBONOLOGIA DE LOS REYES COMPRENDIDOS EN LOS 
TOMOS VI Y VII. 



Año en que 




Año en que 


empezaron. 


Nombre». 




ItSi 


Alfonso X. el Sabio. 


1184 


liSi 


Sancho IV. el Bravo. 


1195 


1195 


Femando IV. el Emplazado. 


1311 


13U 


Alfonso XI. el Justiciero. 


1350 


1350 


Pedro I. Cruel. 


1309 


1319 


Enrique li. ol Bastardo. 


1379 


1379 


Joan 1. 

• ABAGO». 


1390 






1176 


1176 


Pedro 111, el Grande. 


1185 


1185 


Alfonso III. el Franco. 


1191 


1191 


Jaime II. el Justo. 


13>7 


ia«7 


Alfonso IV. el Benigno. 


1336 


1S»6 




1387 


1387 


. Juan I. «1 Caiadir. 


1395 


1395 


Hinln el HuDuno. 

NATAtlBA. 


1410 


1170 


Bnriqoo t. el Gord». 


1174 


1174 


Dula Juana y don Felipe el Eemioio. 1305 


1S05 


Luis Huitín, el Pendenciero. 


1316 


1316 


Felin el Largo. 
CM« el Calvo. 


isn 

1318 



n,g,t7cdb/C00gIc 



13S0 
• 381 


DoBa Juana y don Felipe 
Cifloi el Malo. 
Cirioa el Noble. 

PORTDOiL. 


1117 


1!79 
ISÍ» 
1357 
1S67 
ISSS 


Dionb. 
AUonso IT. 
Fodro 1. 
Fernando I. 
Joan I. 


4n5 

«57 
«»7 
1383 
lt33 



,, Google 



OBDENAMIENTO DE MENESTRALES DEL UET DON PEDRO. 

Don Ptdro por la gracia de Dio», rey 4e Castilla, de Toledo, d» Lton, 
de Galicia, de SiviUn, de Córibtba, de Murcia, de Jatn, det Álgar- 
be, de Álgeeiraté tenor áe Molina. 

Al concejo ¿ loa omcs baeno», ele. 

Primen mente, tango por bien, i mando que oinguaos ornes, ó mu- 
geres que sean i perteoezcan paia labrnr, noo anden faldios por mío 
•eCorlo, Din pidiendo, oíd mendigando: mas que todoa ^abajen é tÍ-' 
Tan por labor de ■ui maooa, salvo aquellos ó aquellas que ovieaen ta. 
les enfermada dea, ú lisiunea ú tan grao vejei, qae lo non puedan 
facer. 

Otroai, teogo por bi^ n, é mando que todoa loa labradores, é labra- 
doraa, ¿ * aldioa, é personaa que lu puedan, í deban ganar, como dicho 
ea, que labren en las laborea de las heredades continuadamente é sir- 
van por aoldadaa ó por jornalea por loa precioa qoo adelante ae con- 
tíeoen. 

A loa zapateros, denles por loa zapatos de lazo da buen cordobán 
para orne, loa mejorea cinco maratedia-. é el par do loa zapatos de oa- 
nra para orne, de boen cordobán, por úl dos maravedís 6 medio; é por 
de los suecos prietos é blancos, de buen cordobán, quatro maravedís 
é medio, é por el par da lapatoi de lazos de badana, diez jr siete dine- 
~~i: é por el par de loa zapatos de badana de muser, diez ; ocho djn»- 



liechen tan buenas «uelas como Ea«ta aquí usan becbar, 
é deatos precio* sfuao k) mejor que ae aviaiesen. 

B i loa zapateros de lo corado, denles por el par de lo) zapatos de 
baea, ires auravadie é medio, é por el par da laasnelsada toro, veinte 
y do* dineros, ¿por el P>r de las suelas de loa novillos, é de las otras 
tan rocías como ollas, diez y ocho dineros por las mejorea, é por el psr 
de las snela* nNdlaoaa, doce dineros, é las otras delgadas, un marsve- 
di, é dende aynso oomo mejor pudieren. 

B i los otros remendones ispateros, denles por coser por cada pai 
de ansias de Isa mas recias, cinco dineros: 6 las medianas, cuatro di- 
neros: i de las otras delgadas, i tres dineros, é dende ajoso, lo mejor 



D,g,t7cdb/GOOglC 



peñe, cinco mgravedis; é por el UliBrdo pequcDO csialBD »¡ti adobo 
tres maravedís: é ai fuete bolcinado é de las otras l.iborea, cuatro ma- 
raruilis: é por el pelote de ame que Dun fuere forrado, dos maravadía: 
é si fuere forrado en rendnl 6 en peñ», tres maratedis: é por la raya 
del orne do (iBDO de doce girones, é deodo ajusa, doce dioeroi: é den- 
de arriba por cada par dogitooea, undiorro. Eai «chare guaruicioo en 
ella, que le den cíoco dineros mas. E por la capa ú velaman sencillo, 
aiu adobo ninguno de omei siete dineros, é si fuere turrado d[' cendal, 
quince dii^eroa: é si quisiere entretallatln que se avenga et que qui^íe- 
re entullar cun el allayate, en laii'n de la enlretüliadura, é p> r la piel: 
é por ei capuz sin margamaduras, ó sm'forraduraa quince dineros: é 
por el (tabuo tres dineru^: é por las calzas dtl orne forradas, ocbo di- 
neros: 6 Fin forraduros seis d iieros: é por Isa calzas demuEter cinco di- 
neros: é pnr él capirote sencillo, cinco dineros: é por el pi:ll<,tedema- 
gercon furraduras, seis maravedís á sÍo lurradiira (^uilromararcdíaé 
medio: á con forradura, é uuarnicion seis iT):iravi'dia: é por la saya de 
la muger tres marovedlr-.e por el redondel coo au capiroli-, dos mara- 
vedís: por las capas de lus petladoK forradas, por cada uoa ocbo mara- 
vedís: é por redonileles, por cada uno de ellos ocho maravedfs: é por 
tas puní adías, por cada una tres maravedí*: i por loa mantos loban- 
du» forrados con su cilp:^otl^ por cada uno ocho maravedís: si no fuesen 
forrado), seis marüvedis: é por las mangas botonadas é por mano* do 
el maestro, quiuco dineros. 

A lo? armeros que han da facer loa escudo<i, que les den por ellos 
estos precios que se siguen. Por el escudo catalán de slmaceo, «aca- 
rado dos veces diez mara'vt-dis: é por el escudo caballar, el mejor de 
las armas costosas, ciento y diez maravedís: é por el otro mediano de 
armas no tan coslosaá, cien maravedís: é por cadu uno je loa eocudoc 
no tan costosos, noiouts maraTedís; í por el escudete de las armas fi- 
nas costosas, veíale maravedís: é por la adarga mejor de armas mat 
co^tosa<i, diez v ocho maravedís: é que sea encorado dos veces: é por 
la adarga mediana, nuince maravedís: 6 por la otra adarba de morios 
costa, doce maravedís: é por cada una de las ntras adargas de alma- 
cén, siete msravndis: é estas adargas oue las vendan é den con ma 
rmimentoa é pregaduras: é lus cabalk-riles con guarnim lento* 
adoa. 

Eso mismo tengo por bien é mando, qae los otros menestralea, car- 

Einteros, i albeois, é cnoteros, é zapateros, así de lo dorado como de 
I otro, é terreros, é fondidorea, é alfavates, é pelMjeroa, é freoeros, 
¿ acicaladotes, é oreosea, é silleros. í los oti o* menestrales de oG- 
cioa semejantes á estos que labren, ¿ usen de sus oficios, édo sos me- 
nesteres, ¿ que den, é taoren, i que fagna cada oiio cida una cosa da 
aos oficios, por los precios que du buso eo eate ordenamiento se contie- 
ne: é que non reciban mayur cuantía por ellas, de las que suso con- 
tienen: é cualquier du los dichos meneatraJcs que mayor cuantía reCH 
btese, 6 non quisiere labrar é osar de sus oficios, ó fueren, <i paaarOB 
contra lo que ea este ordeoamíeolo se contiene, sejéadcie probada en 
b minera que lutodicba ea, qae pechan por la primera vegitl* oia- 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



ownta mara««dÍB, é por la segunda vuada, cieo maraTedis: é por I* 
Zarcera «^da doeoieoUM maravedií: e dende adolaove por cada ve- 
^da doacienUw maravedís: é ai aon hobiaro bienes de que pechar di- 
fáta» peiMt, ó coalquiera de ellaa, qaa le den por oada vegada la pena 
de eulea qna ea puesta de loio coalrt Um labradorec 



COSTUHBBBS PünJCAS. 



£1 capitulo M ordMidiBMnto del rey don Pedro publicado -^it tai eor< 
teide Valladolid dé 43BI, relativo «{ (rtqfí^AaMan de utar Iw 
manceba» de lot etírigoa, diae ati; 



OtToai i lo que dicen que en mucba* eibdades, é villaa, i locares 
-del mió seSorio, flue b>; muohaa bairagaDas de cléri{(os, ari páblioai 
como ascondidas e eDCobiertas, qae bqcud maf aueltamente, esin n- 
gla, trajeodo panooa de grandes oontias con «dobotí de oro, 6 de plata 
-en la! manera, que ood uiaDa, é sóbervia que traen, ooa oatan revé- 
rencis. Din honra i laa duaflaa hoDradas, é mugerea casadaí, por lo onat 
aconteoQ mucbaa vegadas, peleas é contiendas, 4 dan ocasión i las 
otraa mugeres por casar, de fao«r maldad oontra toa eatableciraieatoa . 
de la Sánela Igloiia, de lo cual se ai|tue ma; grao pecada, 6 daño á lu 
del mi señorío: é pidiéronme merced que ordenase, á mandase i las 
barraganas de los clérigos traigan pannos ciados de Ipre, sin adobo 
ninguno, porque aean conoscidas, i apartadas de las doeBas honradas 
4 caradas. 

A esto respondo que tengo por bien que cualquier barragana da 
clérigo, pública ó escondida, que vistiere panno de cotor que lo viata 
de Tiado de Ipre, ú tiritaña viada , é non otro ninguno; pero que ai al- 
snnas non ovieren de vestir panno viado de Ipre, o de vilencina, ó de 
tiritaña, que puedan vestir pellicos de picote, & de lienso, é non otros 

riónos ningunos: é que traigan todas en las cabeza), sobre las tocas, 
velos é las coberturas con que se tocan, un prendedero de lienio que 
sea bermejo, de ancbora de tres dedos, en guisa que sean coDOsaidas 
entré las otras. G si aosi non lo ficieron que pierdan por la primera 
vez las rt^s que truxeren vestidas: i por la segunda que pierdan la 
iropa, é pecben sesenta maravedís: é por la tercera que pierdan la ropa 
é que pechen ciento é veinte maravedís: é dende adelante por cada 
vegada que ficieren contra esto, que pierdan la ropa, é que pechen la 
pena délos ciento é veinte maravedís. E esto, qne lo pueda acusar 
cnalquier deV pueblo do acaescíere, é desla pena que hava vo, é el se- 
ñor del losar ao fuera, la tercia parte, é el Alguacil, ú el Herino, é el 
Juez que la prendare, ia tercia parte: é si lus dichca oficiales, ó alguno 
de ellos fallaren á est«* mogeres átales sin la dicha señal, é faciendo 
contra lo que dicho es, é Its prendare sin otro acusador', que bayan la 
metad de la dicha pena, i el oBoial que esto non ficlese é compliese, 
que peche la pena sobrediotuí doblada, en la manera que dicho es. 

Tomo vii. 33 



n,g,t7cdb/G00gIc 



. En las atada» «6rU$ dt Vatkutotid w pidió al rty don Ptdn qm 
pusiera alguna reforma tn ¡os eoncitei, y lo ki%o aii en uno de tos 
ordeñamienlos que ealonets se pubUcaron, 



A lo que me pidieroD por merced, qae tomate por biea de ordenar, 
é tasar, e poner tanprameDto en tbeoo de loa combiles que loa de mi 
tierra n>e laceo, porque dicen que cuando acaeece que me alsnnoa 
oombidan, por cuanto do ha; puesta regla nin ordeosmieato de lo qae 
me baa & dar, que los quu por mi recaudan la vianda, las otras cota* 
que son menester para esU» combitet, que piden é toman graadea 
contlas qoe lo non pueden cumplir, é ai lo cumplen que resciben gran- 
des dan oob an sus facieo da a. ■t.j . . .„ , 

A esto responde, que teoRO por bien que las cibdade^, é villas, é 
maestrea, 6 priores de les óríeoes de la cabaUeria que me convidasen, 

Jue me dea el combite en la manera qoe aqui dirá. Carneros cuarenta 
cinco, i raion de ocbo marafedls csda uno, mouiaa trescientos é se- 
leota maravedís. El dia de pescado que den pescado reco, Yeiote é 
dos docenas, á doce maraTeilis cada uno moula iloscieutos á setenta é 
qaatro maraTedíai de pescado fresoo noventa maVavedin: vaca é media 
i razón Ue setenta maravedís, quémenla ciento é cinco maravedís: tres 

fiuercos, A veinte maravedís cada uno. montan setenta maravedís: ga- 
linas Bésenlo, á raioa de diei y seis dineros cada una, ciento é veinte 
maravedib: setenta ¿ cíuco cántaras de vino, á tres maravedís la cán- 
tara, dotcieatos é veinte é cinco maravedís: psnes de á dinero, mili é 
quinientos, que son ciento é cincuenta; fanegas de cebada, sesenta, i 
razón d« tres maravedís la fanega, monta ciento ochenta maravedí!. 
Soma de este combite mili é quÍDiealoa é ciocuenta é quatro.mara- 

Lot perlados, ricos bornes, é caballeras, é otros omes cualesqaier ■ 
que me combidareo, qae me den esto que sigue/d non mas. Carnero» 
(VeinU, á odio maravedís, que montan doscientos cuarenta. El día de 
peMadoquedea pescado seco, quince docenas, á doce maravedís: 
roas para pescado fresco seaenta maravedís: una baca setenta marave- 
dís: gallinas cincuenta, é diez y seis dieeros: puercos dos, i veinte 
maravedís, que son cuarenta aüaravcdis: vino cincuenta oiniaras, á 
tres maravedís, que son ciento á cincuenta maravedís: pan mili panee 
dea dinero, cien maravedís: cebada quarenla fanegas, a tras marave- 
dís, ciento d veinte maravedlsi é desto que se cumpla la mesa del ru^. 

Qdb OOD haya cera, nin don otra cosa ninguna al despensero, nin 
dinero i los oficios, salvo de los lugsres que dan jantar, forera, é el 
día del combite qael pidni por merced qoe lo manden descontar de 
las raciones: é i las roTnas que lea den esto mismo, tanto como al rev, 
' ' " ' " -' — ■■'■- -' ------ ^r vianda 



í cada aoa de ellas, é el que fíciere el combíle, si quisiere dar v 

£e la di, segDnd estas contias, é si non quisieren dar vianda, qae 
a á estos precios que aqui están por cada cosa. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



DBL OU)BNDnBNTO DE DON JUAN I. SOBBB TASAS. 



A lo« tDDdidorefl denle) por tundir Iw psSoí da uta auaera: por la 
van de escaríala, ai la adoiare dos veces, siete dineros, é si la adoTara 
ana t« oustro diueros: é por cada Tara de los olroa pafios de IprM, 
é de Malinas, á de Brujas, i da VillaForda, éde los otro* paño* delga- 
doedesta guisa etc. 



B los aoioaladorei, que lee den por alimpiar y acicalar lai armas en 
e*ta minera. Por limpiar ó acicalar espadas, ó cachillo de arias rochan- 
cal, on maravedí, é por limpiar j acióalar la capeJIina, dos maravedía, 
¿por limpiar j acicalar naos qoijoleseon sos canilleras, tros marave- 
dii, é por la gorgnera un maravedí. E lai lubaa ó capatoa de acero, 
quince dineros, é por limpiar é acicalar los yelmos de los caballos, por 
cada uno dos maravedií é medio: por alimpiar laa lorigas é lorigonet 
de eoerpo d« orne, doa maravedfi e medio: é por laa lorigas de caballo, 

cuatro mararedia etc. 

III. 

LEYES DE LAS ANTIGUAS CORTES, 

que hacen parte de la Novísima Recopilación, con lot 
Libros y Títulos á que corresponden (1). 
OORTES DB taas. 

DOn ÁLTONM) SJ. Bn VULADOUD. 

P. i. Lej 7, tft. SI. lib. (.—Calidades y juramento de los Alcaldes de 
la Corte para oso de sus oficios. 

-^ L. 3, tft. 4, lib. 3,— Las cartas desaforadas para matar ó pren- 
der á alaooo j tomarle bienes no ae oomplao, f se haga de elba lo 
preveoida eo la ley. 

—6. L. 3, tit. 1, lib. 1.— Provisión de las Alcaidías j tenencia* de 
los alctzares. castillos y fortalezae de los poebloa en natorales de 
ettoa reinos. 

—7. L. 1, lit, t, lib. 7.— Observanoia de los privilesios de los poe- 
bloa, sos ofiuio* T libertades, buenos uso* y costumbres. 

-4. T M. L. 1, tit. II, lib. 7.^>rohib¡cion de despojar i los pueblos 
de loa términos y aldeas qae posean, ain preceder su audieocia j 
decisión en juicio. 

—9. L. 3, tit. i, lib. 7. — Observancia del ñioro, coatnmbre ó privi- 
legios de los pueblo* psra el nombramiento de oBcios de jaigadot 
J otros en los vecinas de ellos y uaturalea de estos reioos. 
i. h. O, tit. 4, lib. 7. — Nombramiento de notarios y escribanoa 
público* por los pueblo* que teogan privilegio ó nso de cnsrents 
año* para elegirlo*. 

(I) Ha rMpoBlcBM da algaBU ieauetitaileí ea qaal*oeni6«l cenpUtdoT 
da «ki IBMM «Mise, } qa* ea alftta oesiloa bátenos oelai. 



nigiUrrlb/GOOglC 



3 tS6. L.V, liUl, lib. (. — bbligucion delosqoa teogen.la jaris- 

diocioD de itgua pmbla i motlrtr el tflalo de parunaima pira 

su aso. 
—24. L. S, iit. 44, lib. i.— LoBooLariosapostólioMf edmiéiLicMiM) 

usen sus oBcios «a cauMs temporalas. 
— !6. L. 4, t(t. U, lib. S.— Los legoi do bsgsD «tentaras, nioonUs* 

tos íDto loa vicarios ; notsrjoa eclesiisticoa, sino en coms tocaales 

á la jurisdiccioD eclesiástica. 
— 17. L. i, tit, 4, lib. 41. — Uw MOcibaDOs de los pueblos do sean 

emplazados por los recaudadores de reotss resles, para que muai- 

tren sos registros y escciiDrs*. 
—33. L. 3, tit. 34, lib. 13. — Prohibición dehscer pesquisas geoerii- 

les j cerradas los jueces de los pueblos. 
—34. L. 3, tit. 34, lib. 41.— Probibicioo de prendar é u dos lugares j 

personas por lo que deben otros. 
—39; 40. L. t.tit.M, lib. 7.— Libertsd de los Teciooa de los pu»> 

blos de señorío para mudar su vecindad á los realengos. 
—44. L. 41, tit. 45, lib. 7.— Obligación de los escribaaos á serTÍr loa 

oficios por sos personas, sin poner sustitutos. 

4339 

n. lUSIfO nON tLIDNSO XN MADMB. 



•u& oBcios, 7 también cuando diesen por concertsd^is relacioDes. 
—4. L. B, tlL. S!, lib. fi.— Prohibición de ab(^ar los clérigos j reü- 

gtosos a Dtejuecus seglares, bído es en los casos que se esceptáan. 
—«y 9. L. 6, ift. 30, lib. 4.— Obligación de los alguaciles de Corte i 

rondar de dia ; de ooclie para loa Anea oue se usprasan, 
—7. L. <i tit. 13, lib. 49.— Pena del que tiiviese en >a casa lablera 

para iu^ dados 6 naipes, y prohibición de tableros ea todoa los 

J'Ueblos. 
0. L. S, tit. SI, lib. 12.— Pena del que mate A hiera eu la Corte, y 
del que sacare en ella cochillo ó espada para herir. 
— SS. L. 1, tit. 6, lib. 3.— Modo en que coniiene al rey andar por te- 
da su tierra cou el consejo y alcaldes para admioistrar josticta y sa- 
ber al estado de lua pueblos. 
" ' l,tit.%t, lib. 3.— ProhihiciODdeteoerraachosfomiliareihH 



— 3V. L. 3, llt. 4), lib. 4.— Prohibición de deípachsr cartas ni aln- 

laes en blanco, firmados del real nombre. 
—49. L. a, tit. SI, lib. 7. — Restitución de los términos y heredamieo- 

uw de los concejos, y prohibición de su labor j venta y de romper 

los ejidos. 
— tS8. Ii. O, tit. 4, lib. 40. — Pena del escribsno que autorice oontrato 

entre legos coD sumisión Ais jarisdiccionMlesiistica. 
—69. L. 3, tit. 44, &!. >■— Loa eacribiau idérigoa no m» de n 



n,g,t7cdb/G00gIc 



o6«o eutrs Isf^ ni ftilna sui eviritaraa en negooioi temporiles. 
— 63*61. L. 1, tit. 30, hb. 6.— Prohibición da cobrar portaigos y 

pesjMMOdBsf Mstillerlss^in real prifile({io. 
—66. L. 1, tit. 89, lib. l.-^o u lleTeo dececboa de lo que diesan 

lOH criitiaDOR é moros por bq resctte. 
— 70. L. 4, tit> 1S, líb. il.-^ormacioD de procesos contra los aloaí- 

dea Y aeSores de caatilíoade donde aa hicieren robos v malas. 
—76. L. ^.Ift.lO, lib. 7.— Audiwcia.j bre»6 despacho guaba da 

darae á los que vengan á la Curte con mensages y nagocLOS de sua 

ooDceJoa. 
— SlySS. L. 17, lit. 6, lib. T.— Reglaaquebsa de observar loscon- 

certadoTM jeaoribanos de los privilegios, y «us derecbos. 
13 ie. 
Kb ■isao BU Alcalá. 
—4. L. 4.tlt.38,lib. i.-~lMs qUeatores do pasdaD apremiara loa 

pueblos á que Yayan á oir aus aermonas. 
—8*9. L. 4, lll. % lib. 6.— Privilegio del hijodalgo para no ser pre- 

•0 por deuda, ni pueato á tormento. 
—ÍR. L, 4i tít. S, lib. 1.— No se haga pesquisa contra loe malos diez- 
meros, y ai contra los terceros que euoubrieaen algo de lo recibido 

— S7 V S8- I» ^ < ^>V ^?> '"'' ^' — ^^'^'° ^^ chanciller, y calidades de 
b Dereona que le sirviere eo la audiencia. 

—31; L.í.til.í,lih. íO— Nulidaddelaa reales carta» ú mandamien- 
tos pata que mugar algoQa case contra bu voluntad. 

— 43. L, t, tít. 11, libro 10 — Tiempo en que se prescribe la fianza 
hecha para presentará alguno enjuicio. , , , 

—40 L^í, til. 28. lib. i— Losqdestoreay procnradoresde laa ór- 
deñésde 1<i Trinidad y Sania Olalla no usen de provisiones para que 
les maniBestea los testamentoa, ni eiijan cosa alguna de ellos por 
virtud da aus privilegios. , „ , 

—13. L. G, tit.lt, lib. 7.— Pagoda aueldoa y aalarioode los corregido- 
res y otros o6cialea. 

18M. 

MK FRDBO KR TALlAllOLm. 

II L. 7 tít. 9, lib. 7.— Prohibición ¿ laa joaticias, regidoreay de- 

maa concejales de arrendar laa rentas realea y de propioa de loa pue- 
blos, V de fiar y abonar en ellas. 

-16. L. 1 , til. 1 , lib. 7.— Declaración de las per sonaa qaa deben te- 
ner les llavea de las puertas de los pueblos 

—17. L.t, tít. 39, lib. 1. — El cristiano cautivo qaeasiga de tierra de 
moro» no pague derecho alguno. ... 

— U. L. &, til. 13, lib. 9.— Prohibición de introducir en estos reinoe 
vino, vinagra j sal de loa de Aragón, Navarra y Portugal. ' 

— Í6. L, 6,llt. 8, lib. 7.— Los procuradores de Cortea no puedan aar 
reconvenidos enintciodurantean procuración, sino en loscasosque 
seespresao. , , , 

—39. L. S, tlt. 30, lib. G.— Obaervanoia de lea privilegios de loa 
pueblos psrs no pegar portsigoa ni otrns tributos. 



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—85. L. t,tit.3l,lib. 11.— Losnsviasque liDierencoD moroadv- 
riasno s«tD prendados por deudas daiuadaeDM, ni losreouencT 
n»rcad«rw por Uf d« los pueblos d« su vecindad. 



wa BKUCOB II. BU burgos. 

—3. L. 4, l(t. 36, lib. 8.— Tasa de los jornales da los meaettrales ; 
demas-obraros. 

—4. L. 3. tit. S, lib. 10. — Mingnn seSor apremie á sa rasftllo para 
que case contra *a TQluntad. 

— 16. L.f,tít. 18,l¡b,S. — Lospriiilegiadosexentosdepecbos no pue- 
den Mcusar i sus familiarea T otra» personas. 

—16. L. Sjtít. 9, lib. 7,— Proiiibioioe de teaer dos oficios en micon- 
cejo un mismo oficial, j dos regimienUis en diiersoa lasarM. 

—17. L. i, tlt. <7, lib. 1. — Ninguno, salvo el rej, paedá tener cih^o* 
miandaí en los abadengos y monasterios de estos ruino*. 
4379. 
Don jÍtah i. Bit Boaoos. 

—4. L. 9, lit. t, lib, 4.— Prohibieron de llantos ; duelos ¡omodera- 
dotporlosdituDtos. 

— B. L. 6, tlt. 8, lib. 3. — Aposentamiento de los procuradores qoo 
tinieren á Cortea. 

~^. L. i, tu. 8i| lib. ti.— Inteligencia de Iqs pendones reales da 
delitos cometidos. 

—36. L. S. tit. S9, lib. i.— CoDOcimiento de los alcaides de Curte li- 
mitado i las cantas de lu rastro. 

4380. 

non lOAK I. BH SOBIA. 

—9. L.|t,tit. 1, lib. 10.— Reecition de las ventas v demaa oontraíos 
enque intervenga engiDoen mas de Is mitad del justo precia j 
casos esceptoados de ella. 

—12. L. 4,t!t. 10, lib. 4.— Probibicionde comiai(»iea i personaa 
particulares con perjuície de la'real jurtadicoion ; de las j)enas j 
achaques. 

— IS. L. 2, tit. 18, lib. IS.— Destrucción de las fortaleiss CDjfOs al- 
caides y señorea resistían la entrega de malhechores á las justicias. 

—30. L. 3, tlt. 24, lib. 11.— Pena del que tomo la posesión de los 
bienes del difunto contra la loluntad de sus heredaros. 

—SI. L. %t tft. ts, lib. tS.— Pena del qne injurie con paltibras. 
43áK. 

EL Misas EN TiLtADOLID. 

—^1 L. 4, tit- S. lib. 1.— Prohibición de arrendar los oficios de justi- 
cia de loa pueblos y de la real Casa y C6rte j c ha nci Herías. 

—7. L. 14, tit. 4, lib. 6. — Loa señorea de los lugares no bsganbiaru 
ni agravios á aa& vasallos. 

— SS. L.l.tit. 30, lib. M.— Derechos de los slguscílea por Isa eje- 
cuciones; y modo de proceder para evitar frauaes en ellas. 



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OOn IDAK t. IK IKOYU. 

—i. L. 4, Ut. tO, lib. 6.— Bseiicioii de pignr portaxgM lof ganado* 

Íat UMiflD huveado de uoos lugirea á otro* por uiosa de guerra-. 
t. L. i, ttt. ii, lib. 7.— Nulittad de las obliaacioaei d« guardar 
vecindad en loa pueblos de señorío sj'n pasar á tos resleagos. 
—48. L. 3, tít. 6, lib. l.—ltecibo do los diezmas en los tiempos; lu- 

Jare* aooetambradoa. , 

9. L. i, til. 18, lib. 6. — En .las coatribucioDes para ropatos da 
adarfea, muros y barreras de los pueblos se incluyan bus aldeet y 

—91. L. 6, tíi. n, lib. G.-^rohibicion de aer abogado* los jneces, 
regidores y eacribaoos en los pleitos que ante ellos' peodiesea. 

—38. L. 3, tu. I, lib. 3.— Peoa de los que blasfemen ú digan pala- 
bra* iDJurioHs coDtra el rey, Estado ó personas realea. 

1387. 

DOK lOAff t. SU miBiKacá. 

—1 . L. 0, tít. 1 , lib. S.— Hodo de recibir al rey, principe 6 infente* 

en los púa blo* coa laa crucea delaí '-'--' 
— >. L.i,tit.4, lib.t.-ObUgacioa 

Santísimo Sacrameoto eu la calle. 
-— ^. L. 5, tit. I , lib. 1 . — ProhíbioioD de la figura de la orui y de aan- 

tú donde paeda piaarte. 
—7. L. 7, tit. 1, lib. i .— ProbibicioD de labores ; tiendas abierbs lúa 

domingos. 
—13. L. S, tit. 3, lib. 4. — Jnrameato que deben bacar los ministro* 

del CoDSOJo, y pena del que lo quebrante. 
— tS. L. 3, tít. Si, lib. 10.— Obligación de dar cuenta á la justicia el 

que supiere de tesoro, bienes d oosa perteneciente al rey, con al 

firemio de la cuarta parte de ello. 
7. L. 4, tit. 6, lib. 7.— Prubibioion deponer auslitatos sin real li- 
cencia, loe proiistoa par el rey para servir oGoios públicos. 
—18. L. 40, tit. 5, lib. 4.— Declaración de los negocio* que deben 
despacharte por la real cimera, y de los pertenecientes al conooi- 
miento del Consejo. 
— <9. L. 1, tit. 42, lib. 4.— Obligación de todos lo* prelado», trtbn- 
Dt les, justicias y peñones del reino ttfbedeoer y ourapUr las carta* 

ÍcOTisiones del Consejo. 
I. L. 3, tit. 21, lib. 41.— Cssos en que tiene ó DO lugar la suplica- . 
cioa de la sentencia de loa oidores. 
—36. L. * , tít. 9, lib. 11. — Respuestaa aue ba de dar una parte i las 

peticiones de la otra, j pena de la que fuese reUoIde. 
—87. L. 3, Ut.!t(, lib. H.— Término eu que suba de presentar ante 
los oidores la suplicación de los jueces de Aluda residente* en las 
eudienciaa, etc. (ij. 

[1] Párente Mta podrlioüti sDntlnuar el ailrirloquc uosidos hecha bitfa 
las eórtst de IBÜ pni don Clrlm } dotti Juins sn Midrid, que funKin las úlll- 
■u da que le lomiron Ivjts para U NstWou RcaoplUcloa. 



D,g,t7cdb/GOOgIC 



PAUTE SECUNDA. 



LiMorri. 

CAPITULO xir. 

CASTILU 

m LA PKIIIEK& HITAII DBL SIOKO XlV. 

•• 1S95 4 13S0. 



Reinadosde menor edad. Incomenieotm yvenUjss áb la 
ancesion hereditaria para eatoa casoi. l.>~Remado de 
Femando [V,— Cansae de las tarbacioDea que asilaron 
el reino.— 'Antecedeo tea y elementoa a.ue ¡úra ello ha- 
bía.— Cómo foeroD desaparecieodo, T a quién se debió. 
— Jasto elogio de la rema doDa Hsris de Holina.— Fi- 
delidad de los concejo» oa ate Itanoa.— Célebre HarmoH- 
díid de Castilla. Su oojeto, consecaencias y resoltados. 
— AliaDxa del trono y del pueblo contra la nobleza.— 
Infioencia del eatsdo llano. — G^írita de las cortea y 
frecuencia con qae se celebraron eo eate tiempo, ti. — 
Reinado de Aironso XI. — Estado lastimoso del reino en 
en menor edad. — Inicio crítico de la conducta de erte 
manarcB cuando llegó i la mayoria.— Jútgasele com» . 
restaurador del orden interior. — Como guerrero y capt- 
tao. — InSoencía de bus [riunfbs en el Salado y Algeciras 
en la condición y porvenir de EspaGs. 111.— Progreso 
*- '"1 inslitnciones políticas. Elemento popular. Dere- 
Tranqjiicias y libertades que ganó el puebloen este- 



Mk', 



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fXoiHAS. 
rffindo.'-H^óaio faeron abatidos y humillados los □(>> 
bles.— Solemnidad, aparato, órdun y ceremoaia con 
qne ae celebraban las cortes. — Alfonso XI. com» legia- 
lador. Cortes de AlcalA: Reforma en le legislación do 
Caatills. El Onísnnmímt*: loa Fuero*: laa Partidaa: en 
qu¿ ^den oMieaba cada uno de esios códigos. IV.— 
Estado da la htitratura castellana en este periodo.— El 
poema á» Alejuidro.— Obraa literarias de don Juan 
Manael: el coode Locan or.— Poesías del arcipreste de 
Hita .'-^rtaicas.— Coro paraciones B i 31- 

CAPITÜLO Xll!. 
ARAGÓN 

A FIHBS DBL 816LO Xni. T PKmClPIOS DEL XIV. 

D, 1291 A 133&. 



Contraste entre las dos monarquías aragonesa ; castella- 
na. I.-^toacion del reino aragonés en lo esterlor al 
adieoimieDlo-de don laime II. — Srror de este monarca 
en haber querido reunir las coroose de Sicilia y Atsgon. 
—Fué oaoaa de qae s« renovaran las cuestiones euro- 
peas.— La paz de Anagai, consecoeocia de la de Ta- 
rascón. —Hmlanis en lapoKlica det reino sragonét.yquó 
fué lo que la ;>radDjoi inllueocia de las eensorsE ecletiss- 
ticss. — Beroicidad de los licilianos y de don Fadriqoe, 



Íhumiltscion de Roma.— Cueslion de Córcega 7 Cerde- 
a: <i fué útil ó perjudicial esta cnoquista.— Embarazos 
qne produjo i Alfonao IV. — Perjuicios para la causa de la 



cristwndad en EspaBa. II. — Situación política interior 
de Aragón.'— Estado de la lucha entre el trono ; la no- 
bleza en el reinado de laime II. — Triunfo de la corona 
contra ts Union. — Con qué elemeutosTéoci6el monarca', 
nobleza de segundo 6rden; el Justicia; los legistas. — Res- 
peto del rey y de la nobleza é laa leyes. — Reinado de Al- 
íonso IV,— Carácter que le dislingue.—Sn empeño ím- 
pnideote en heredar i sus hijos desmemhrsndo el rei- 
no.— -ReMStcncis y sublevación de los valencianos.— Ras- 
go de ruda indepéndeo cía .—Revoca cien de laa donscio- 
nes.— Rspiritu y tendenaa de ios pueblos de Aragón y 
de Castilla hacía la anidad nacional 88 í K3. 



nigiUrrlb/GOOglC 



CAPITULO XIV. 

PEDRO IV. (el Ceremonioso) EN ARAGÓN. 

». 1335*1387. 

■• rkO¡MA». 

Cuettion entM oattltnes y arsgOQMM «obre «1 ponto ea 

Suo_ babia do «er CDroDado- — Es jurado eo Zaraaozí. — 
Dojo de Im coltlanei.— Odio profundo del re; 1 doña 
LeoDordeCaatilla, su madrastra, jr i loa iaraotea don 
Fereaudo j <ÍIod Jusq, aao hermaooi: peraecacion qae 
lea mueTB: guerra d«il: parte que tona et de Csatilja 
eu ettte 04f(cicio; mBdiaoian para la pai: juicio ; aenten- 
oiu do Úrbilrof. — Coaducta del aragonáa eo laa eapjadi- 
oionea de Aleeoiraa ; Gibraliar— Casa coa li iofaota 
doBa Haría oe NaTsrra: eitraSaa eondicioneade eate eo- 
lace.— Ruidoso proceaa que morió coDtra eo cuüado don 
Jaime II. de U al lo rea —Artificiosa conducta de don Pe- 
dro para arrutoar al niallorquin.— MañoseanegoeiacUinas 
coo el de Francia j con el de Mallorca: grate acusación 
que baca i éste: malicia do don Pedio, y Taita de ditore- 
ciou de don Jaime. — Soateocia de privacioo del reino 
contra al de Hall otes .—Apodera se el aragonés de esta 
isla.— 4)eapójale del Boselloo ; la CerdJna. — Últimos 
etfueraoa j desgraciada muerte de don Jaime: el reino 
de Halloroa queda incorporado é la corona de AraRon. 
— Proceio contra au hermano don Jaime: prftale de la 
gobernación seneral j de la aocesion al trono- — LCTSn- 
lamientoeo Valencia ; AraHOQ en favor del iofaiile. — 
Prodimaae otra tez la Uoion. — Guerra civil en Araron 
y Vuleacia, tu mai sangrienta de todas. — Apuros, conuio 
ios y eituacioDOs criticas * humilluntes en que ae lió al 
rev. — Célebres Cartea de Zaragoza: jura ol Privilegio de 
la Uoioo.— Astuta, pero poco noble política de doo Pe- 
dro. — Huero el iofaote doo Jaime, con sospechas de ba- 
bor aido envenenado por su hermana.— Di si de acias en- 
tre loa de la Union: partido realista .—Eaciéndeao mas la 
guerra: combates. — Cautiverio del ref en Valencia: có- 
mo salía de él. — Ejércitos unionistas ; realistas: angas- 
tíoaa V lamentable situacioo del reino. — Memorable ba- 
talla de Bpila, en que quedé deSailiva mente derrotada 
la bandera án la tloion. — Curtes do Zaragoza: rasga el 
rey eo ellas el Privilegio de ¡a Union con su puñal: lié- 
maole don Pedro «I así PuAaí.— Confirma las antiguas 
líbertadeadel reioo. — Indulto ge o oral: borribles Bupl:cioi 
parciales.— Bes istencia de los xa ten ci a o os. ~ Acábase 
también con la Tlnion en Valencia: perdón y castigos. — 
Uatrimonios del rey. — Asuntos de CerdeSa y de Sicilia. 
—Revoluciones y guerraa en aquellas islas: combates IW- 



ü,g,t7cdb/GOOgIC 



tcIm: atianzai, pace*, rompimiootot, trstatiM.— C^lobra 
batalla naval entre catalaneit, geDOTflHt, veneciaiíai 
7 Riegos en las aguas de ConaUntioopla. — Sacrificioi 
qoe cortaba i Aragón la precaria posetioa de CerdeDe. 
—brandes DOiedadea bd Sicilia: afliclÍTa 'aitaaoion da 
agual reino.— lalerreacioD del monarca acagODéa: en- 
vío de armadas: enlaces de priocipei. — ReclaoM para ■( 
«1 de Aragón t> coróos de Sicilia y con qué derecho.— 
OpOiJoion del papa: InsitteDcia del arsfjODés: cede el 
trono de Sicilia i sd hijo don Uartia, y con qué condicio- 
nes. — Coarto ; último matriiDODÍo del rey don Pedro: 
discordia* qoe trajo al seco da la Familia renl. — Persiguen 
el rey y la reios a los iorintes don Juan y don Uartin. — 
' Amadoras y sinsabores que acibararoDlos úllimosmo- 
mentoB del monarca: [usa de la reioa: situación noUble. 
— Haertededon PudrolV,— 4>or quí es llamado el Cere- 
monioso, 1 

CAPITULO XV. 

PEDRO (el Crael) EN CASTILLA. 

Se 1350 á 1356. 

Proelamacion de don Pedro.— Snceíoa de Uedinasidonis, 

5 primer movimiento de rebelión en Algeoíras.— Privanu 
B A Iburqu erque. '^Prisión de doüa .Leonor de Ouiman 
en Sevilla.— Eorermedad del rey y planes ftuairadoade 
inceaioQ. — Trígica mnerte de dona Leonor de Ouiman 
en Tal» vera.— Suplicio horrible de Garcitaso de la Vrga 
en Burgos.— Célebres cortes de Vallsdolid en 4361: t«- 

Íes que eo ellas se hicieron; Urdena miento de Henesh-a- 
m: Ordenamiento dóAloali: Libro de Isa Bebelrfas: trá- 
tase el casamiento del rey con doBa Blanca de Borbcn. 
— Ecbelion de don Alfonso Fernandez Coronel en An- 
dalucía y de don Eorique en Asturias: sumisión de doD 
EDrique: derrota y suplicio de don Aironao Coronel.— 
Priacipro de los amores de don Pedro con doSa Marfa 
de PadJtls.— Ot:cadenc¡a de Alhurquerque. — Hatrimonio 
del rey con doBa Blancaí lu aband^iuai la recluye en una 
prisión. — Disturbios da Castilla. — Matrimonio de don Pe< 
dro con doSa Juana da Castro.—Liga conira el rey: loa 
bastardos: Alhurquerque: loa infantes de Arsaon.— Trea 
reinaa en Castilla, y situación de cada una.— id de doña 
Uaria de PsdillH. — Peticiones de los de )a liga: conducta 
del monarca.— Cautiverio del rey en Toro y su fuga.— 
Castigos crueles. — Entrada del rey en Toledo: prisión de 
doZa Bjsnca: suplicios. — Ectrsda de don Pedro en Toro: 
escenas borribleí: la reina doBa liarle: sn desastrosa 
muerta.— Halda da don Enrique i Fnnoia i 



nigiUrrlb/GOOglC 



CAPITULO X?I. 

CONTIIIÚA BL BBlJtADO 

DE DON PEDRO DE CASTILLA, 
•e 435S i <366. 

Ciasa T prÍDCipio dé te guerra de Aragón. — Llama el era- 
«onés á don Rnriqoe ; é los castellanos que ostabaa ea 
Francia: tratos entre doe Pedro de Aragón t don Enri- 
que. — Apodérase don Pedro de Caalilla ae algnnas pla- 
zas de Aragón.— Treguas.— Deserción del inbnte don 
Pernando. — Escesos y crueldades de dort -Pedro enSoTÍ- 
lU.— horrible muerte que dio ¿ su hermano doo Fadrr- 
-__ .-.._. .._ j i._ -.1.. r_„ j, ¿gjg^ y prUion 

ite don Juan de 

. _.. _jo. — Prisión de 

do3a Leonor jdcüa ItabeldAl^ra. — Otros su- 
plicios. — Prosigo^ la guerr» de Aragón. — Intrepidei do 
don Pedro.— Uediac ion del logado pontiRcio: negocia- 
cinoM Frustradas. — Otras prisión es v otras muertes ejecu- 

. tadaspor don Pedro. — Bspedicion de udb grande arma- 
da eactallana ¿ Barceboo y Im Bilaares ; m resultado. 
—Combale do Araiiena, funesto para el rey de Castilla. 
-^^léricoadMahogocdelTeyíaDSVOiy borribleaaupli- 
cioa.- Protigae la guerra de Aragón: combate de Aioira, 
ventajoso para don Pedro. — Otros caitigos de éste; muer- 
te aletosa qoe insudó dar á doo aut4errs de Toledoi no- 
lable carta <tuB éste dejA escrita.— Suplicio del leaorero 
Samuel Levf. — Muerte de la reina dona Blanca.— Ídem 
de doDs Haría de Padilla.— Querrá de Granada, y eu 
resultado.— Saplioi o del rey Bermejo. — Curies de Sovi- 
11a: reooBÓoeae en eiba ñor reioa de Castilla ; de León 
i la ditiuta d<& Marta ae Padilla y á aua liiios por be- 
rederos.— 4tenaévate la guerra de V4S0D. — Triunroe de 

- don Pedro: desaveneDeias en Ara^u: muerta del infante 
doD FBriWDdo.'-^^neibe doB Earique el proyecto de ba- 
cerso rey de CaatiUa,v prepara ana mvasion en esta reino. SHiVS. 

CAPITULO XVK. 

COHCLDTE BL REINADO 

DE DON PEDRO DE CASTILLA. 
M 1366 *4369. 

Entrada de dan Enrique de TraaUmara ea Castilla.— ((ui»- 
nec cooipoaiaa su ejército: qué eran ,laa oow^aiioi blatf 



,,GoogIc 



'COI de PriBCia: quién wi si t«rribl« Bertraitd Doaue*- 
olio.— Aclamn woj á don Enrique eo Celehorri.— Ho^e 
dea Pedro do Biráot é Sevilla -. eaitigas que ejacata ea 
«sU ciudatd-— Cmódim dea Enrique en Burgc». — Recf- 
benle en Toledo.— Don Pedro ule aipaliedo de SeTílli: 
-deMire qae le hica el rey de Portugah m refunta eo Ge- 
■ liojai M einbikrca para Bayona.— E aira don Enrique en 
Sefilla: TB á Galiciai vuelve i Burgoi — Tratado de 
aliaou caBsjona eotre don Pedro deCaatilla, el PrlN- 
■cipt Negro de Inglaterra T Carlos el Halo de Navarra. 
— Quiéu era el Principe Negro. — Pacto de aliaoia en 
Soria eatro don Enrioue ; Clrloa el Halo.— Abominable 
conducta del rey de ÑaTarra na estos tratoa. — Rnlrada 
de doD redro con el ejéruilo auxiliar deCaelilla. — Cele- 
bre batalla do NájaTS: derrota del ejdrcito de doo Enri- 
que, ; fu/a dédalo i Francia. — Recobra don Pedro el 
reino de Castilla.— DeaaTeneodaa eatru el re; y el prio- 
«ipe .le Gales. — Don Pedro en Toledo, eo Córdoba ; en 
Serilia: castigos terribles. — El orincipe Negro deja á Caa- 
tilla y se vuelte i susealadusae Guiena.— Segunda es- 
trada de doo Enrique ea Cabilla, protegido por el rey 
de Francia.— Situación en aue se bailó el reino.— Ataque 
de Cdrdc^ por laa tropas de don Pedro jr del rey moro 
de Granada.— Cerco de Toledo por don Enrique^— Búa- 
canae loa dos hermaooe.— Combaten en Uontiel.— Uuer- 
io de don Podro de Castilla Sd3d3U, 

CAPITULO XYIII. 

ENRIQUE II. (el Bastardo) EN CASTILLA. 

••t369*137d. 

Sitoacion material del remodestiMade la eatdatrofedalloa- 
ti el .—Di Oculta des qae hallé don Enrique, ycómo las fnd 
Tenciendo. — Ley sobre moneda— Preteni iones de don 
Fernando de Portugal', entrada de doo Enrique en aqnel 
reino y Bua triunfos, — Cortea de Toro: leyesoontra malhe- 
oborea.— litólos y mercadea i losoapitanes eatrangeros. 
— Reodicion de Cérmooa-. castigos.- Entregase Zamora. 



— Pai con Portugal.— Segundas cortes de Toro: leyes 
importantes*, ordenamiento de justicia-. audieaciB:orae- 
nanisa da oficios: ley aobre indios. — Trionfo de una fióla 



oaateliana eo la costa de Francia: prisión del almirante 
inglés. — Renoéf ase la guerra de Portugal: llega'don En- 
rique hasta Lisboa-, paa numillante para el portogoés: ca- 
aamieatoade principe*.- Tratos oon Cérlos el Halo de Na- 
varra: ciudadeaquadeélreoobrédonEnriqaB. — Dileren* 
eioa y nefOciaoionM con doo Pedro IV. de Aragón.^' 



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S26 BISTOBIA DB BSPAKA. 



DoD Buriqu» «a BiTOoa.— Cuamieato del íDfuito don 
Juan d« Csttilla ood doña Leooor do AraiiOD.— Prandot 
aloTososdeCirlosel Halo doMavarra.— Conducta do don- 
Eoriquo «n alciaona qusaQi^a t la leleña— Guerra en- 
tre Navarra y Castillai pat «ergoozoaa pdira el uvatro, 
— Enfermedaa v muerU de doo Enrique: au teatunento: 
eosbijoi ■■ - . »SiSi». 

CAPITULO XIX. 

DON JUAN I. DE CASTILLA. 

■e 1379 A 1390. 

Rrimeroaaotoade eete rey.— Cdrtea de Borgot: ley roa- 
tuarie-. ladulto: I«y de *sgos-— Esp edición ea na»alw de 
Caitilla— Acto» de iuslicia y de generosidad de don Juan. 
— Su deciiioD en el asunto del cisma de la Iglesia— Prin- 
oipio de la guerra de Portugal.— Tregua: coodicionet: 
csMmIentM nuteblea. — El de don Juao de Castilla con 
doña Beatriz de Portu!ial.—<2úrte9 de Segovia: reforma 
en Ib manera de contar los aflos. — lurasion de Portugal 
por el de Castilla, y motivo da ella.— J>roclBm8ciaa de 
doña Beatrii. — Sitio de Lisboa per los castellaDos: epi- 
demia: Bran mortandad: retirada. — Es aclamado rey de 
PortugaleD Coiinbra el maestre de Avia. — Segunda in~ 
Tasioa do loí castellaoos en este reino.— Memora ti* bth- 
talla de Adubarrolaifunesla para las armas castellanai. 
—Luto eo Castilla-— Cortes de Valladolid: layes qne se 
btcieron.— Inission iuglesa: el duque de Lancaitun ana 

Keteasiones á la corona de Castilla.— Auxilia el rey do 
BDcla al castellaoo: medidas de úste para su delen- 
•a.— Bmbsjadas: tratos.— Curtes de Seaovia: leyes: her> 
ma edades.— Trágica muertu de Carlos el Uslo de Navar- 
ra: suoédole Carlos ul Noble.— Ingleses y portugueses 
ea Castilla-, su retirada.- Trátase el casamiento .del in- 
fante doD Eorique de Castilla coo doüa Catalina de Lan- 
otater: sus condiciones! pss ooo los ingleses.— Célebre» 
Curtes de Briviosca; reformas importantes en la legie- 
lacioo.— Tratado en Bayona eotre don Joan I. y el duane 
de Lancaster sobre el casamiento de aus bijos. — Cele- 
bra use laa bodas-— Cortes de Palencia. empréatlto for- 
■oao: pídanle cuentas al rey.— Tratado con el de Porto- 

Sl.— Cortes de Guadalajara-. grande influencia del esU- 
llano: ordenamiento de lanxas: ordenamiento de pre- 
lada, ordenamieolo de aaoas; importancia de eataa Cor- 
tes.— Ultimo* actos de don Juao I — 3a desgraciad* 
Miiarte.—Proclafflac¡oD de Enrique 111 SSOáiU. 



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CAPITULO XX. 

JUAN I. (el Cazador) EN ARAGÓN.' 
iM 1387 i 439S. 

pXflWAS. 

Trata ora«1mente i la reina rinda in madrastra v i su 
parcialaa. — DaliberaoioDque tomd en el asunto del oiaon: 
86 declara por Clemeat» Vil.— Diatraccionesdel ref: 
lujo, boato T disipación de au corte. — Queja* j redama' 
clones de loa aragoneses-. hác«nle reforoursu casa. — Etf' 
laces ds priodpea: qnién loa promotió j coQ qué obje- 
to. — Leva ota miento contra loa judíos.— Rebelioa en Cer- 
deos: peligros: medidas. — Situación de Sicilia: espedi- 
eioD de la reJan doña Haría ; del infante don Martin de 
Aragón T sus resultadas. — Promesas del ref : sn ind^ 
cioo. — €\ cisma de la Iglesia: moerle de Clemeola Vil. f 
eleccioQ del cardenal de Arnson doa Pedro de Luna: 
caráaer 7 conducta del pontiBce electo: prosigue el cis- 
ma.— Haerte de don Juan I. de Aragón U6i(t0. 

CAPITULO XXL 

MARTÍN (el Humaao) EN ARAGÓN. 

■•1396 a Uto. 

CAmo socedlo don Hart'io en el reino. — Caao eetraSo con la 
reina lindH de don Juan. — PretBoaiones del conde de 
Foii: miarte el reino con ^ente armada: es vencido y es- 

tuisado. — Viene don Harlio de Sicilia: lo que le pidieron 
M cortes de Zaragoza.— Estado del cisma: lo que ae pro- 
KDÍa para restablecer la unidad de la Igleaia: cúmo obra- 
Den este negocio tos dos papas, ; los reyes de Francia, 
de AraBod j ds Castilla.— Obstinación del pspa arsgooés 
Pedro de Luna. — Es cercado ; atacado en au palacio de 
Atídod: cesael combato,; permanece encerrado cerca de 
cuatro aooa. — Sitaacioo de Sicilia: re; don Martin, hijo 
del de Aragón: reina dousBlanca de Navarra. — Bandos ia- 
teriores eo Aragón: lucbaa entre ellos: plágaae el reino de 
malbechores: medidas que contra ellos se tomaron: facul- 
tades qae se dieron al Justicia.— Prosigue el ciamai f iliga- 
ae Pedro de Luna de Aviñoo: auxlliaole los aragooeses.— 
Hoevaa complicaciones entre los doa papas: estado lamen- 
teble de la Iglesia.— Predicaciones de San Vicente Per- 
rer. — Elección del nuevo pootIGce en Roma: sigue el ó^ 
■na. — Providencia que lomaron los cardenales de nno y 
otro papa: concilios de PíM y de PerpiDam sentencia del 
de Fuá: son declarados cisniiticos los dos papas: procla- 
- macíon de Juan XXIII.— Triunfi» de don Martin de Sicilia 



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HS^ . HISTOBIA DBBtVAftA. 

«D CerdeSa: muera tin dejar sucesioo: boridíledoD Mar- 
tía d^Aragoo, íu padre.- UltimoB momentcn de don Mar- 
tío de ArngoDi muere tambiea sin heredero directa. — Pro- 
ieodieatei á la eoroua: lurbacitiRes: laslimoea sitoacion 
del reino 421AiU. 

CAPITULO XXH. 

ESTADO SOQAL DE ESPAÑA. 

CASTILX.A 

EN U SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIV. 

1— Juicio critico del reiuadodedoa Pedro de Castilla. —Sus 
p r imerca actos .— Übae n a ci o a so bre el m i u igtro A Ib u rq u (ir- 

3ue. — Sobre las cortes de ValUdolíd. — Sobro loa nmores 
e don Pedro con dnüa Haría de Padilla. — Paralelo en- 
tre doo AlCoasoXI. ; dea Pedro. — Liga contra e1 re;: su 
carícter: sus fiaes: conducía de loii coafoderados.— Li 
(;uerra de Aragoo; comporta mié oto del rey, de sus her- 
inanoa, de los magoates y caudillos. — Suplicios horribles 
encastilla: «i se condujo en iiüoa como justiciero ó como 
cruel: reflexiones sobreel carácter de duuPedro;sobre su 
ópoca: cemparaciooes: ejemplos do «Aros principes. — 
CuKlioD sobre el csnamiento de don Padro con la Padi- 
lla. — Caricter y conducta de don Enrique: coUijo entro 
los do* bermanoj. H. — Reinado du don Enrique. — Jui- 
cio de este monarca antes v después de subir el trono. 
—Don Enrique como legislador; como guerrero; como ' 
Koberoador. — Sus costumbres morales, llt. — Heiuade 
de don Juan I. — Cómo se manejó en el asunto del cismi, 
— Sui errorea en la guerra de Portugal.— C a usaa dol de- 
sastre de AIjubarrota. — Lo aue salva la iodeseadencia 
Gortuguesa: el maestre de Avii. — Prudencia del rer en 
1 guerra con el de Lancaster. — Tftulosdelrey don Juan 
A la gratitud de su pueblo. — Respeto du este monarca á 
las cortes: llega d su apogeo el elemento popular en este 
reinado. IV,— Estado de b literatura en este periodo. 
— m judio Rabbf don Sautob: lá Uoctrina crialiaua: Ji 
Danza general do la muerte: Ayala: sos obras en prosa y 
en verso: el Bimado de Palacio. — Comercio, artes, in- 
dustria de Castilla en esta ¿poca. — Ordenanzas de me- 
nestrales: oScioi, trages, armaduras, coste de ojda arte- 
facto. — Gasto de la mesa real: tasa en los cooTÍtea. V. — 
Costumbres públicas. — Inmoralidad política. — Delitos co- 
munes: leyes de represión. — Vicios de aquella socJ«dsd. 
— La iucontinencia en todas las clases. — Leyoi sobre la 

Taganoia. — Inlluenci a del dinero 4l9iB08> 

Apéndices IW9Í549. 



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