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Full text of "Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar oceano"




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a pistara dineral g tatural 
Df 3nDias- 



HISTORIA 

GENERAL Y NATURAL DE LAS INDL\S, 

r 

ISLAS Y TIERRA-FIRME DEL MAR OCANO , 



EL CAPITAL GONZALO FERMNDEZ DE OVIEDO Y VALDS, 



PRIMER CRONISTA DEL NUEVO MUNDO. 



publcala la real academl\ de la historia, 

COTEJADA CON EL CDICE ORIGINAL, ENRIQUECIDA CON LAS ENMIENDAS Y ADICIONES DEL AUTOR, 
ILUSTRADA CON LA VIDA T EL JUICIO DE LAS OBRAS DEL MISMO 



D. JOS AMADOR DE LOS ROS, 

Inilividuo de Nmero de dicho Cuerpo , (laledrlieo de Ampliacin de la Lilcratura Espaola en la Lniversidad de esta ('ile, ote 



PRIMERA PARl'E. 




LIBRARY 
NEW YORK 
BOTANICAt. 

OARDEN. 



MADRID. 

IMPRENTA DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

1851. 



-t I. 



A SU AUGUSTA PROTECTORA, 



LA REINA DOA ISABEL II, 



KX TESTIMONIO DE PROFUNDA GRATITU'O 



LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



ADVERTENCIA. 



'as. 



Desde que recay en la Real Academia de la Historia el cargo de cronista mayor 
de Indias , ha mirado este Cuerpo como una de sus principales obligaciones la de 
atender, por cuantos medios tieiic su alcance, al esclarecimiento de la historia 
de aquella rica parte del globo. La publicacin de los historiadores primitivos, 
cuyas obras no han salido luz , ya por no ser consideradas como verdadero ob- 
jeto de logro por los que al trlico de libros se dedicaron en siglos anteriores, ya 
por no haberse conservado reunidos los cdices en que se conlenian, llam viva- 
mente la atencin de la Academia , dedicando este propsito sus tareas. Entre 
los escritores quienes daba preferencia , la merecieron especial los que habien- 
do vivido largo tiempo en el suelo del Nuevo Mundo , aparecan revestidos con la 
autoridad de testigos de los acontecimientos que narraban ; debiendo por tanto ser 
reputadas sus obras como irrecusables testimonios de la conquista, glorioso tim- 
bre de las armas espaolas , que en vano intentaron anublar la emulacin y la en- 
vidia. 

Tres fueron las obras que mas directamente excitaron el celo de la Academia: 
la Historia general y natural de Indias , escrita por el capitn Gonzalo Fer- 
nandez de Oviedo y Valds, primer cronista de Amrica; la Historia de Indias 
de don fray Bartolom de las Casas , y la Historia de Nueva Espaa , debida 
fray Bernardino de Sahagun. Difcil era en verdad el decidir cul do estas pro- 
ducciones debia darse luz primero, especialmente respecto de las historias de 
Oviedo y de las Casas: la importancia de ambas obras, bien que dirigidas fin 
distinto, y la f que merecan sus autores, quienes pasaron la mayor parte de su 
vida en aquellas comarcas , ejerciendo no pequea influencia en los negocios p- 
blicos, hacian con razn vacilar la Academia, que se inclin por ltimo en- 
cabezar la Coleccin de Jsloriadores de Indias con la general y natural de Gonzalo 
Fernandez de Oviedo, atendiendo principalmente al orden cronolgico, entre otras 
poderosas razones. Mas no se levant por esto mano de los trabajos relativos la 
Historia de Indias del Obispo de Ciudad-Real de Cbiapa. 

Ni eran entre tanto de poco bulto las dificultades que presentaba la adquisicin 
de los manuscritos de Oviedo : dividida su //sorm general en cincuoiila libros, 
cuyos diez y nueve primeros, aunque publicados por el autor en 150,") ' , hablan 
recibido despus de sus manos grandes adiciones y enmiendas, era empresa punto 



NEW YORK 



i En la primera edicin de la primera parle do la 
Bisloria general de Indias so incluy lambion parle 
(y no el lodo, como generalmente se hacreidn) del 
libro de los Naufragios , lliino de los ciacuenla que 



dej Oviedo cscrilos. Como so advorlir en su lu- 
gar, se imprimi lambien en 1oo7 el libro XX , pri- 
mero de la segunda parle, nieo de osla y de la ter- 
cera que ha visto la luz pblica. 



VI ADVKRTMNCIA. 

menos que imposiltlc h di' ((hiiiiIoImi' la so^iiinla y Icrcci'a parlo, loilavia iiidl- 
las , por ignorarse el paradero de los lihros (pie de una y oira i'all altan. Manifes- 
taba no obstante el dilineiile don ,os('' Vivare/. Haena, en sus Hijos ilustres de Ma- 
drid, (pie en 1775 liabia dado comisin el manpis de la Sonora, secretario del 
despaclio de Indias, don Francisco Cerda y Rico, oficial de la misma secreta- 
ra, para (pie, encontrados ya en poder d(d mar(pi(!!s de los Trujillos y en la bi- 
blioteca Colombina algunos libros de los no publicados, ampliara sus investiga- 
ciones al descubrimiento de los restantes. Baeua declaraba por Vdlimo que c ex- 
cepcin del libro XWIII, noveno de la segunda parte, todo se bailaba copia- 
do, comprobado y en disposicin de imprimirse, cuando dio la eslampa su Dic- 
cionario histrico ^. Pero si esta noticia de tan erudito bigrafo parecia allanar 
los trabajos de la Academia , pedidas las copias de Cerda al Ministerio de Gracia y 
Justicia de Indias , solo pudo averiguarse que en una memoria del referido litera- 
to constaba babor este dispuesto que se entregasen al arcbivo de dicbo Ministerio 
los cuatro volmenes de la lisloria general de Indias que tenia recogidos , los 
cuales babian desaparecido, nunca se hablan entregado. Quedaban en pilos 
obstculos que se oponan al logro de los deseos de la Academia , habiendo solo 
obtenido de sus prolijas averiguaciones los ltimos nueve libros de la segunda 
parte, que se custodiaban en la biblioteca Colondiina. 

No descansaba , sin embargo , la comisin (pie enlendia en estos trabajos res- 
pecto de la primera parte de la lisloria de Oviedo, cuyas adiciones tenia ya re- 
cogidas pora su uso el docto acadmico don Juan Bautista Muoz, empeado 
en la plausi!le empresa de escribir la Historia del Nuevo Mundo. Mas no pudien- 
do estos apuntamientos satisfacer por una parte los celosos individuos que for- 
maban la expresada comisin , y escaseando por otra de dia en dia los recursos 
con que la Academia contaba para dar cima estas investigaciones , hubieron de 
suspenderse al cabo las relativas la publicacin del Oviedo , bien que sin re- 
nunciar en manera alguna c la esperanza de realizar un proyecto, cuya utilidad 
era umversalmente reconocida. 

Dos hechos vinieron por fin colmar hasta cierto punto las esperanzas de la 
Academia: el seor don Miguel Salva, su individuo de nmero y bibliotecario de 
la palriuionial de S. M., manifestaba al Cuerpo (pie existan en la citada biblio- 
teca, en dos gruesos volmenes, los ocho primeros libros de la segunda parte y los 
doce de que la tercera se compone , los cuales fueron luego facilitados, de orden 
de S. M., peticin de la Academia. Casi al mismo tiempo venian su poderlos 
cdices originales , que legados principios del siglo XVII por el Maestre-escuela 



2 Ignrase el fundamenlo que pudieron Icner iri don Francisco Cerda y Rico en poder del mar- 

los autores de la Biograpliic Univcrsellc awicnie el qus los dos tomos primero y tercero , copias anli- 

modcrne para asegurar que en 1783 liizo el mar- guas del original de la Casa de Conlralacion de 

qus de los Trujillos una edicin completa de la Sevilla. De ellos sac Cerda el traslado, de que habla 

Historia general y natural de Indias de Oviedo. Baena; pero el marqus no dio luz la Historia, 

Esta noticia , trasmitida despus por Brunel, aunque que lampcco lenia completa, y aunque so dispuso de 

con alguna reserva , no podia apoyarse en las pa- real ideu la publicacin de la recogida por Cerda, 

labras de Baena , quien solo aseguraba (juc descu- no lleg esto siquiera emprenderse. 



ADVERTENCIA. VII 

(lo la catedral de Sevilla, don Andrs Gaseo, la Casa de Contratacin, y ad- 
quiridos despus por don Luis de Salazar, hablan pertenecido al monasterio dcMon- 
serratc, quien hered aquel erudito cronista con su copiosa y rica librera. Pero si 
el traslado dlos referidos libros mereca toda f, por haber sido hecho bajo la vi- 
gilancia del mencionado Maestre-escuela ; si los cdices originales, retocados y aa- 
didos por el autor, aunque lastimosamente mutilados de algunas hojas, eran el mas 
seguro comprobante de los trabajosya verificados, y la mas clara guia de los que era 
necesario emprender, todava no fu posible dar por completa h Historia general 
y natural de Indias , pues que ni en la copia ni en el autgrafo existia el li- 
bro XXVIII, que no pudo tampoco encontrar Cerda, segn el testimonio de Bae- 
na. Nuevas diligencias se hubieron de practicar por tanto, fin de llenar aquella 
laguna, no pudiendo ser mas satisfactorio el xito que ha coronado estos esfuer- 
zos. El libro XXVllI, con algunos captulos del anterior, do que antes no se te- 
nia noticia, se ha encontrado, pues, entre otros papeles procedentes del extin- 
guido archivo de jesutas , en un tomo en folio do cuatrocientas treinta fojas, 
siendo indudable, por la identidad de la letra, que fu desglosado en otro tiempo 
del traslado hecho por el Maestre-escuela de Sevilla, traslado que perteneci, an- 
tes de pasar la biblioteca de S. M., la del conde de Torre-Palma \ 

Con estos seguros datos no era ya tan difcil llevar cabo los trabajos, tantas 
veces interrumpidos , y confiados ahora exclusivamente al celo del acadmico de 
nmero don Jos Amador de los Piios. La comprobacin de los libros antes reco- 
gidos, asi como la copia y cotejo de los nuevamente hallados, han exigido arduas 
y prolijas tareas , que terminadas sin embargo en breve tiempo , dieron la Aca- 
demia la seguridad de que poda sacarse luz la primera parte de la Historia 
general y natural de Indias, tan completa y autorizada como es hoy posible, 
logrados afortunadamente los originales. Para suplir las cortas lagunas que en 
estos resultaban, se ha tenido presente la edicin do 1555, la cual ha pare- 
cido mas autntica y segura que la de 1547, no solamente por haber cui- 
dado de ella el mismo autor , sino tanden por no hacer este mencin alguna de 
la segunda en los MSS. , que daba la postrera lima en 1548, segn se ad- 
vierte en muchos pasages de la Historia, y va notado en la Vida y escritos de 
Oviedo. 

Extremado ha sido el esmero que se ha puesto en esta edicin, procurndose que 
no desmerezca del concepto, formado respecto de la Historia general y natural de 
Indias por cuantos escritores la mencionan. La Academia, no solo ha creido que 
se debia atender conservar con sumo cuidado la diccin de Oviedo, sino tam- 
bin su pecuhar ortografia. La variedad que se observa en el autgrafo, rcspcc- 

3 Asi consta en la ltima hoja del primer vol- presa en la nota con que terminan puesta de mano 
nien ; pero atendiendo las noticias que d Baena de Antonio Gaseo , sobrino y amanuense del Macs- 
de los dos tomos que poseia el marqus de los Tni- tre-escuela , se viene en conocimiento de que son 
jillos, y considerando que los dos gruesos volme- unos mismos los referidos lomos, pareciendo pre- 
es de la biblioteca patrimonial de S. M. , que lene- bable que de la del marqus do los Trujijlos pasaran 
rao la vista, son copias antiguas dlos cdices la librera del conde de Torre-Palma, 
de la Casa de Contratacin de Sevilla , segn se ex- 



VIII ADVERTENCIA. 

to de la escritura de algunas voces , ha obligado no obstante deducir la regla 
general del mayor nmero de ejemplos; pero pesar de esto, ha sido tal el res- 
peto tributado al autor, que aun en las numerosas citas italianas y latinas que 
hace, se ha guardado suortograia, consultando con frecuencia los cdices y las edi- 
ciones mas antiguas de los autores por l alegados; pues que habindose valido 
de manuscritos impresos contemporneos , no parecia oportuno despojar su 
Ilisloria de este matiz de antigedad, que tanto la recomienda la estimacin de 
los discretos ^. La Academia ha deseado, en una palabra, no apartndose un 
pice del cdice original y conocida por l la ortografa del autor, que solo el papel 
y los tipos fuesen modernos. 

La importaticia de esta y las dems producciones de Gonzalo Fernandez de Ovie- 
do , cuya infatigable pluma se consagr exclusivamente los estudios histricos, 
exigia que se diesen al pblico algunas noticias de aquellas tilsimas tareas, des- 
conocidas en su mayor parle aun de los que se precian de eruditos. A tal pro- 
psito cumple sin duda el trabajo que sigue esta Advertencia, encomendado 
tambin al seor don Jos Amador de los Rios, quien recorriendo paso paso 
los acontecimientos principales de la vida del primer cronista de Indias, seala 
oportunamente las vicisitudes que padece, y observa el contraste que presentan 
estas con sus empresas literarias, ofreciendo por ltimo el juicio de todas las 
obras, cuya autenticidad est reconocida, y mas detenidamente el de la Historia 
general y natural de Indias. 

Al fin de la tercera parte, ltima de la misma obra, ha parecido conve- 
niente poner un glosario de las voces americanas usadas por Oviedo, las cuales, 
se han aclimatado y hecho frecuentes en nuestra lengua , pueden servir de nor- 
te para intentar algn ensayo respecto de los numerosos dialectos idiomas que 
hablaban los indios, al verificarse la conquista. En la parte de este trabajo relati- 
va las ciencias naturales , se ha consultado , para mayor ilustracin , al labo- 
rioso y entendido acadmico de la Real de Ciencias, don Mariano de la Paz 
Graells, gcfe tambin del Museo de Historia natural, y catedrtico de la Facul- 
tad de Filosofa do la Universidad de esta Corte. Igual servicio ha prestado la 
Academia el no menos celoso profesor don Manuel Maria de Caldo , quien ha en- 
tendido con un esmero digno de todo elogio en la comprobacin de las plantas y 
animales, cuyo diseo presentaba Oviedo, cuidando al propio tiempo de obtener 
la mayor fidelidad en los grabados. 

Con tales modios ha contado la Academia : la publicacin de la Historia ge- 
neral de Oviedo comienza, pues, realizar el proyecto aos h concebido, 
abrigando esta Corporacin la lisongera esperanza de llevar felizmente cabo la 
Coleccin de Historiadores de Indias. 

4 Lo mismo so ha lioclio respcclo de los nombres la milicia , sino tambin respecto de las letras , cu- 
propios y geo rlieos , que lia modificado ya el yo mas iniporlante instrumento es la lengua de ca- 
uso , han toinado despus carta do naturaleza en da pueblo. Los irrefragables testimonios del progre- 
nuestro suelo. Las liistori.is escritas en los pasados si vo desarrollo de una nacin se encuentran ma- 
siglos no deben solo considjrarse como monumen- yormenle en la historia de su lengua, 
tos de civilizacin respecto de la poltica, la toga 



VIDA Y ESCRITOS 



DE 



GONZALO FERNANDEZ DE OVIEDO Y VALDES. 



I. 



Estado poltico de Castilla fines del siglo XV. Conquista de Granada. Descubrimiento del Nuevo Mun- 
do. Renacimiento de las letras. Esludios clsicos. La Reina Catlica alienta y estimula los trabajos 
histricos. Crecido nmero de cronistas de su reinado. Gonzalo Fernandez de Oviedo. Su patria y cali- 
dad. Su educacin. Presntale en la corte el duque de Villalicrmosa. Conoce en Granada Cristbal 
Colon. Forma el proyecto de escribir la historia de sus expediciones. Su amistad con los hijos de aquel 
hroe. Predileccin del principe don Juan hacia Oviedo. Muerte del prncipe. Peregrinacin de Oviedo 
por Italia. Su trato con los mas celebrados pintores. Su amistad con Ponlano, Serafn del guila y Sanna- 
zaro. Visita Roma. Entra al servicio de don Fadrique de aples. Vuelve Espaa. Su casamiento y 
primera viudez. El Rey Catlico le eiige para el servicio del duque de Calabria. Su segundo casamiento. 
Pretende llevarle Italia por su secretario el Gran Capitn. Alstase en la expedicin de Pcdrarias Dvila. 
Es nombrado Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Firme. Parle al Nuevo Mundo. Contraste que 
ofrecen su vista la cultura de Europa y el estado de las Indias. 



JliNTRE los ingenios o.spafiolos que deben sn educacin y fama al glorioso reinado 
de los Reyes Catlicos , merece sin duda lugar sealado Gonzalo Fernandez de 
Oviedo, cuya vida activa y laboriosa, cuya acrisolada lealtad y generosa constancia 
estn revelando el espritu de aquella felicsima era, en que pareca levantarse la 
nacin espaola de un sueo profundo , para conquistar entre todos los pueblos el 
mas elevado asiento. Grandes males haban afligido Castilla durante los turbu- 
lentos reinados de don Juan II y Enrique IV , cuando plugo la Providencia asentar 
en el trono de los Alfonsos una niuger, dolada de corazn niagnninio y claro 
talento , quien estalta reservada la noble empresa de curar tan liondas heridas. 
Cea Isabel en 1474 la corona de sus mayores, y cinco aos adelante heredaba 
Fernando , su esposo , el cetro de Aragn , formndose de esta manera un solo 
pueblo de aquellos dos poderosos reinos, hasta entonces rivales. 

^aca la administracin, su advenimiento, en un caos espantoso: era un vano 
nombre la justicia , y ni la hacienda reconoca otro sistema que el antiguo y re- 
probado desorden de los almojarifes , entregadores y recogedores judos , ni el 
Consejo de los reyes ejerca su influencia legtima en los negocios pblicos , ni 
lograba por ltimo ser respetada en todas partes la magestad real , con grave des- 
doro V menoscabo de la corona. Clamaban los mieblos por salir de tan ansustio.sa 



X VIDA Y ESCRITOS 

servidumbre, y aquellos dos prucipcs, que no desconocan los peligros que les 
rodeaban , comprendiendo que la nica senda de salvacin era la acertada organi- 
zacin del Estado , acometieron tan ardua tarea llenos de aliento y do esperanzas. 
La creacin de los Consejos Supremos de Castilla, de Aragn, de Hacienda y de 
Estado, dictada en 1480, deslindando todas las atribuciones de la administra- 
cin, vino por una parte manifestar la firme voluntad de los Reyes y descu- 
brir por otra la extensin de a(piella poltica previsora , constante inflexible, 
(|ue debia someter al elemento monr(|uico cuantos elementos sociales liabian bas- 
ta entonces existido en completo divorcio. 

Sujeto ya el pais tan saludable como severo rgimen, volvironse los Reyes 
Catlicos la conquista de Granada, empresa en alto grado meritoria, y olvi- 
dada en los anteriores reinados entre el tumulto estril de las discordias civi- 
les. La sorpresa de Zabara, llevada cabo por Muley Hacen el siguiente ao de 
1481, rompiendo las treguas asentadas con los Reyes de Castilla, ofreci estos 
justa ocasin de acometer aquella guerra santa, de donde debia salir puiiicada de 
sus antiguos extravos la nobleza espaola, fuerte y poderoso el trono, respetada 
y temida la nacin ibera entre todas las gentes. Diez aos fueron menester , no 
obstante , para postrar del todo el podero de la media luna , sacando uno uno 
(segn la feliz expresin del Rey Catlico) los granos de aquella codiciada Grana- 
da. Al cabo lograba Isabel ver cumplida su esperanza, recibiendo el dia 1 de 
enero de 1492 las llaves de aquella poderosa metrpoli: la luclia comenzada en 
Cobadonga ocbo siglos antes babia terminado; y aquel trono vacilante y desau- 
torizado en 1474, apareca ya vigoroso y robusto, ostentando en sus gradas una 
nobleza leal, aguerrida y sumisa , y un pueblo magucnimo, feliz independiente. 

La Providencia que asi premiaba los nobles desvelos de la Reina Catlica, qui- 
so tambin coronar la pursima f de sus creencias, poniendo sus plantas el vasto 
imperio de un Nuevo Mundo. El ilustre y no comprendido piloto, que babia men- 
digado en vano el favor de las cortes extrangeras, el sabio Cristbal Colon, lo- 
graba al fin ser oido por Isabel, y poco tiempo cortaban naves espaolas las mas 
remotas ignoradas regiones del Ocano. Colon volva un ao despus la corte 
de los Reyes Catlicos, para ofrecerles las primicias de aquel inmortal descubri- 
miento , que despertando el espritu aventurero de los espaoles , abra ante sus 
ojos un nuevo teatro de bazaas y victorias, brindndoles al par con inauditas ri- 
quezas. No haba espirado aun el siglo XV, cuando la misma nacin que, encer- 
rada por los Pirineos y rodeada por ambos mares, consumia todas sus fuerzas en 
restaurar su libertad y salvar la religin de sus mayores, tremolaba tambin sus 
estandartes en el centro de Europa, preparndose de esta manera las grandes 
conquistas que en los primeros aos del siguiente siglo la bicicron duea de Na- 
varra y aples y le allanaron las costas del frica , engendrando en la mente de 
Carlos I el pensamiento de la monarqua universal, tan constantemente acariciado 
por Felipe II '. 

i Para prueba de que el pensamienlo de la los reyes, sino que habla cundido tambin entre los 
monarqua universal no solamente era abrig;ado por ejrcitos espaoles , copiamos aqui las siguientes li- 



DE GON. FERN. DE OVIEDO 



XI 



Mas si lograron los Reyes Catlicos levantar en esta forma la nacin ibera del 
abatimiento en que yacia, borrando para siempre de Espaa el imperio mahome- 
tano, no menores esfuerzos los debieron las ciencias y las letras, aletargadas du- 
rante el infausto reinado del ltimo Enrique. La corte de don Juan II, si fu triste 
espejo de flaquezas polticas, encerr no obstante cuantos elementos de cultura se 
hablan elaborado en no remotos tiempos: imitronse en ella las obras del arte tos- 
cano, ilustrado por tan altos ingenios como Dante y Petrarca; sintise el renaci- 
miento de la poesa lemosina, halagada en Aragn por Juan II y don Enrique de Vi- 
llena ; y comenzaron finalmente ser cultivados los estudios clsicos con predilec- 
cin y esmero. La Reina Catlica que, miraba el ocio como fuente de vicios, no 
tuvo por completa la grande obra que estaba realizando, sin apartar sus magna- 
tes y caballeros de los frecuentes peligros, que los expoma su interminable hol- 
ganza. Para conseguir tan plausible intento, procur atraer aquella desvanecida 
juventud la honesta ocupacin de los estudios, considerados al cabo como auxi- 
lio y complemento de la milicia ^; y reanudando las tareas literarias que ilustra- 
ron la corte de su padre, alcanz la gloria de ceir su frente la inmaculada aureo- 
la de restauradora de las letras. Daba Isabel la preferencia los estudios histricos, 
y admirando los grandes hechos y varones de la antigedad, ardia en el deseo de 
reconocer en su nativa lengua los historiadores latinos, anhelando saborear al 
propio tiempo las bellezas que habian sembrado en sus inmortales obras los Hora- 
cios y Cicerones. La voluntad de la Reina, superior siempre todo obstculo, 
triunf tandjien en esta ocasin, siendo ella la primera que acometi con firme 
empeo la larca de aprender la lengua del Lacio', y trayendo Espaa los 
mas insignes humanistas que en Italia florecian, para fomentar aquellos estudios. A 
su ejemplo quiso unir el de su fiunilia: Pedro Mrtir de Angleria y los hermanos 
Geraldinos recibieron el honroso encargo de dirigir la educacin de los infantes de 
Castilla, tarea que mas adelante compartieron respecto de la primera nobleza con 
el nenenos docto humanista Lucio Marineo Sculo. Los duques de Guimarens y 
Villahermosa, el primognito del duque de Alva, don Pedro Fernandez de Velasco, 
don Gutierre de Toledo y don Alfonso Manrique, siguironlas huellas de la Reina y 



ncas , lomadas del mismo Oviedo: cEI qiial (Csar) 
))ha scydo digno, mcdianlo la divina clemencia (que 
nle hizo merecedor de sus buenas venUiras y nucs- 
)ilras) de ser seor de tan valerosa naseion , para 
)iqiie veamos al prsenle, como se vee, la bandera 
ude Espaa celebrada por la mas victoriosa , acala- 
da por la mas gloriosa, y amada por la mas digna 
de ser qnenda en el universo. Y assi nos ensea 
el tiempo vemos palpable lo que nunca debaxo 
iidel cielo se vido hasta agora en el podero alta 
umagestad de algiind principe cripsliano ; y assi se 
"debe esperar que lo que est por adquirir y ve- 
)inir al colmo de la monarcliia universal de nues- 
)'tro Qcsar, lo veremos en breve tiempo debaxo de 
))su yugo y obediencia. Y no digo solo esto por los 
infieles; pero ni de los que se llaman cripstianos, 
si dexarcn de reconosccr por superior, como de- 



ben y Dios tiene ordenado, nuestro (lsar; pues 
))le sobran osados milites y gentes y no le han de 
faltar riquezas que les reparta, assi de sus grandes 
Estados de Europa y frica , como destotra mi- 
tad del mundo que comprehende sus Indias (//s. 
nat. y gen. de Ind., lib. Vi, cap. 8). 

2 Pedro Mrtir de Angleria: Opus epislolarwn, 
epist. 115. 

3 Hernn Prez del Pulgar deca la Reina 
con este propsito: Mucho desseo saber cmo 
va V. A. con el latn que aprendeys: dgolo, Sc- 
ora, porque hay algund latn tan zahareo que 
no se dexa tomar de los que tienen muchos nego- 
cios ; aunque yo confio tanto en el ingenio de 
V. A. que, si lo tomays entre manos, por soberbio 
que sea, lo amansareys, como habeys heclio con 
otros lenguajes (Letra XI, ao t4t!2). 



XII VIDA Y ESCRITOS 

(Je los prncipes, y dieron muy en breve inequvocas pruebas tic su amor las le- 
tras, amor que arraig tambin cu el pecbo ile las mas ilustres dauis castellanas, 
entre quienes se distinguieron, con las dos bijas del conde de Tendilla, doa Lucia 
de Mcdrano y doa Francisca de Lcbrija, las cuales emularon dignamente la lama 
ya adquirida por doa Beatriz de Galindo, maestra de la Reina Catlica. 

Brillante fue el resultado que tan decidida proteccin produjo en la repblica 
de las letras, tomando un vuelo inusitado todos los estudios: la teologa y la ju- 
risprudencia, la filosofa y la literatura, la elocuencia y la bistoria, apoyndose 
poderosamente en la filologa, recibieron ardiente culto, preludiando asi los glo- 
riosos dias del gran siglo que no en balde es llamado entre nosotros Siglo de oro. 
Prodigioso es verdaderamente el nmero de los importantes trabajos llevados 
cabo cuesta felicsima poca, no cabiendo pequea parte en tan extraordinario 
movimiento los cultivadores de la bistoria; y digna es por ltimo de sealado 
aplauso la esclarecida coborte de ingenios que dedicaron sus plumas ilustrar, 
en vida, el inmortal reinado de los Reyes Catlicos. 

En esta edad y en esta corte nace, pues, se educa y florece Gonzalo Fernan- 
dez de Oviedo, quien animado de la mas viva gratitud, consagra su vida entera 
la memoria de aquellos Soberanos y al servicio de sus descendientes. Acaricia- 
do en su juventud por amiga suerte ; expuesto en su virilidad los golpes del in- 
fortunio, y condenado llevar siempre una existencia laboriosa y vagabunda, nos 
presenta Oviedo en sus numerosos escritos la mas evidente prueba de lo que al- 
canzan la actividad y el buen deseo y de lo que pueden la voluntad y la constancia. 
Impulsado por estos poderosos mviles, todo lo observa y examina, todo lo pre- 
gunta inquiere, todo lo escribe y guarda en sus memoriales, que donde quie- 
ra le acompaan desde la puericia, y que, aun riesgo de la vida, logra salvar, 
como otro Csar, ora en el paso de hondos torrentes y caudalosos ros, ora en el 
centro de inaccesibles boscages, ya en medio de abrasadores desiertos, ya final- 
mente en las desconocidas sirtes del Ocano. Su talento observador y reflexivo, 
su amor profundo la verdad y el religioso culto que la bistoria tributa , le po- 
nen la pluma en la mano: para Oviedo nada importa la magnitud de la empresa: 
contando siempre con la firmeza de su voluntad, si tiene por til y meritorio el 
objeto de sus vigilias, nada le arredra al emprender sus proyectos, nada le des- 
anima ni abate en mitad de sus tareas, reproducindolas una y otra vez con infati- 
gable tesn y levantado esfuerzo. Gonzalo Fernandez de Oviedo, si no aparece 
nuestra vista como el mas elocuente y docto intrprete de la grande era que de- 
jamos bosquejada, es por tanto el mas vivo reflejo de los instintos y de las espe- 
ranzas de aquella nacin, que no cabiendo ya en los patrios confines, inundaba al 
par la Europa, el frica y la xVmrica, aguijoneada siempre por el estmulo de la 
gloria, y prodigando siempre la sangre y las hazaas. 

Oriundo del valle de Yalds en las Asturias de Oviedo , naci Gonzalo Fernan- 
dez en Madrid en agosto de 1478 ^, sin que nos sea dado sealar el nombre de 

4 Refiriendo el mismo Oviedo una pendencia que acaeci en Barcelona, el ao de 1493, enlrcdon 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. 



XIII 



su padre. Su calidad de hidalgo, de que se pagaba mucho y hace frecuente alarde 
en sus escritos, ha sido no obstante causa de sospecharse que pudo serlo ya Fer- 
nando de Oviedo, regidor de Madrid, ya Juan de Oviedo, secretario en 14GC 
de don Enrique IV '. D mayor consistencia esta fundada conjetura la circuns- 
tancia de traer Gonzalo Fernandez en algunos pasages de sus obras la autoridad 
de su padre , como testigo presencial de varios sucesos, acaecidos en la corle y pa- 
lacio de don Enrijue , donde al -parecer asista mas obligado que devoto *. Mas 
no puede dejar de llamar la atencin el silencio que guarda Oviedo sobre su fami- 
lia, cuando le vemos tan solcito en instruir sus lectores en cuanto su calidad 
V servicios concierne. Sea como quiera, es cosa averiguada que entr servir 
desde su niez en casa de don Alfonso de Aragn , segundo duque de Yillahermo- 
sa, sobrino del Rey Catlico y hermano de don Juan de Aragn, duque de Luna. 
Era el de Villahermosa uno de los magnates que mayor empeo habian mostrado 
en el cultivo de las letras , segn queda advertido ; y prendado del buen natural 
inteligente viveza de Oviedo , crile con especial afecto , procurando iniciarle 
en los estudios, y despertando en su corazn aquel inextiguible amor los gran- 
des hechos que se relleja vivamente en todos sus escritos '. No liabia cumpli- 
do Gonzalo trece aos, cuando el mismo don Alfonso, deseando labrar su fortuna, 
le sac de aquella escuela de Minerva y de Marte , que este nombre d Oviedo 
la casa de ambos duques, y le present en la corte de los Reyes Catlicos, don- 
de obtuvo el nombramiento de mozo de cmara del prncipe don Juan , con el suel- 
do quitacin de 8,000 mrs. anuales y ttulo firmado por la misma Reina *. 



Iigo Lpez de Mendoza y otro caballero , prosigue 
de esta manera el dilogo que sostiene con otro per- 
sonage: Seiieno : Que aos habriades vos eslon- 
wces?... Alcaide: Yo nac ao de 1478 y esto fue 
ao de 1493 ; habra algo mas de 14 aos. Sereno: 
iiEdad era essa para quedaros en la memoria lo que 
i)hays dicho. Alcaide : Mejor me acuerdo de lo que 
aveysoydo qudelo que h pocos dias quepass. 
{Bal. y Quinq., Bibliol. Nacional , Cod. Y. 59, folio 
602). En el captulo XXIX del lib. VI de la I.' Parle de 
la Hisl. gen. y nat. de Ind. dice el mismo Oviedo , ha- 
blando del ao 1548 : Una cosa dir aqui que aun- 
))que he setenta aos , ele ; y despus anadia: los 
compli en el mea de agosto en que estoy; pero esta 
clusula que subrayamos , fu(' despus borrada por 
l, aunque puede leerse fcilmente en el original. 
(Real Aoad. de la Hist., Cod. de Salazar, tom. I, fo- 
lio 181, enmendado 128). 

5 El secretario Juan de Oviedo , era Seor de 
Casasrubios del Monte , y habindose declarado por 
la Beltraneja , le fueron confiscados sus bienes por 
los Reyes Catlicos, luego que vencieron cslos al do 
Portugal y los parciales de doa Juana. El seoro 
de Oviedo fu donado Gonzalo de Chacn, favorito 
de los Reyes, de quien le hubieron despus sus he- 
rederos , saliendo por tanto de sus primitivos posee- 
dores. Acaso por no despertar estos desagradables 



recuerdos, call Gonzalo conslanlemenle el paren- 
tesco que tenia con Juan de Oviedo, mostrndose 
por el contrario muy adido los Reyes Catlicos. 

6 Oviedo escribe: uOy decir mi padre que se 
wava hallado en Segovia en aquella sa^on , donde 
el rey don Enrique el IV estaba la reina doa 
wJohana, su muger , etc. {Bat. y Quinq. , 111 Bat., 
dial. 28). Y en otro lunar: ((Yo oy mi padre que 
lo vio (estando en la corle) y conoci Barrasa 
(Quinq., I." Parte, Est. 12, fol. 204. Cod.orig. de la 
Bibliot. Nacional , Ff. 104). 

7 Narrando CH'iedo el famoso desafio del capi- 
tn Benavides y el comendador Urquillas , acaeci- 
do en Zaragoza , escribe : Spelo tan menuda- 
menle porque la villa de Cortes en Navarra era ea 
essa sacn de doa Leonor de Solo, duquesa de 
Villahermosa , mi seora , madre de don- Alonso 
de Aragn, duque de Villahermosa, mi seor, 
que me cri , a! qual yo serv antes que sirvies- 
)),se al prncipe don Juan. {Bal. y Quinq., Y. 59, fo- 
lio 457.) En otra parle deca: Porque el duque 
de Villahermosa , el segundo duque, era su hcr- 
mano (de don Juan de Aragn, duque de Luna) y 
me avia criado {Bal. y Quinq. 187 vto.). 

8 Hablando de los mozos de la cmara del 
principe don Juan , y apuntando los nombres de 
todos, se pone Oviedo en el llimo nmero, diciendo: 



XIV 



VIDA Y ESCRITOS 



Tonia onloncos el prncipe trece aos de edad, piios (po liahia nacido en junio 
de 1478, dos meses antes que Gonzalo; y esta favorable circunstancia, que se 
agregaban el abierto genial y la reverente solicitud del mozo, fu causa de que 
le prefiriese don Juan entre todos sus servidores, asistiendo Oviedo y tomando parte 
en sus lecciones durante el dia, y entretenindole en los ocios de la nocbc con 
la lectura de los bistoriadores y moralistas. 

Dos aos contaba Gonzalo al servicio del principe, cuando abatido y quebran- 
tado el imperio de los granadles, rindise aquella poderosa metrpoli los es- 
fuerzos de Isabel y de Fernando. Procuraban los Ueyes que el prncipe don Juan 
lomase enseanza, como beredero de ambas coronas, en los ejemplos de la go- 
bernacin y de la guerra : era la conquista de Granada la mas difcil cnqiresa que 
en mucbos siglos acometieron las armas espaolas; y el Rey Catlico, que en el 
otoo de 1490 babia ya armado caballero al prncipe ante los muros de aquella 
opulenta ciudad, asentado el cerco y fortalecidos los reales en el siguiente ao, 
quiso que asistiese al ejrcito la Reina Isabel con todos sus bijos, fin de quitarla 
ltima esperanza de salvacin los sarracenos. Sigui, pues, la corte Gonzalo Fer- 
nandez de Oviedo , y todava en su adolescencia , tuvo la fortuna de conocer alli 
los mas ilustres varones que la sazn florecan en Espaa, y de presenciar los 
mas liericos becbos, que iba ya recogiendo cuidadosamente, formando asi el in- 
apreciable tesoro de sus obras ^. Conoci al tambin Cristbal Colon, pobre 
y oscuro mareante , quien la Providencia encaminaba Granada, para ofrecer 
la Reina la mas alta ocasin que ban visto las edades. Oviedo, que se prendaba de 
todo lo grande y extraordinario, no le perdi de vista desde aquel momento; y 
enterado con diligencia de su pasada vida, apuntaba cuidadoso todos los contra- 
tiempos que en la crtele sobrevenan. La rendicin de Granada, en que hicie- 
ron intervenir los Reyes Catlicos al prncipe don Juan , puso trmino tan peli- 
grosas dilaciones , partiendo al cabo la feliz expedicin de la isla de Saltes el 5 de 
agosto de 1492, no sin que Oviedo formase el decidido propsito de escribir su 
bisloria '*'. 



Tenan on mi tiempo 8,000 mrs. de quitacin y 
i2,000 en la despensa , que por tercios de quatro 
)icn qualro meses les pagaban, en dineros, cada 
fun ao. (Off. de la Casa Real de Cast. . Bibliot. 
Nacional, Cod. T. 88; Quinq. , ll." Par. , Est. 23.) 
Prescolt , Irwing- , Ticknor , Ternaux y oros es- 
crilores exirangeros asientan que fu page , ya del 
principe don Juan , ya de los Reyes Catlicos : se- 
mejante error, que (al vez dio origen el mismo 
Oviedo, diciendo que se haba encontrado page nni- 
(hacho en la conquisla do Granada {Hist. gen. de In- 
dias , I.' Parte, lib. l, cap. 7) , queda enteramente 
desvanecido, cuando se advierte que esta frase solo 
determina la tierna edad que entonces tenia, siendo 
muchos los pasages de sus obras en donde hace 
relacin del oficio que en la cmara de don Juan 
desempeaba (.frf. los Off. de la Casa Real: Hist. 
en. delnd., lib. VI, cap. 8). Debe sin embargo 



advertirse que el destino de mozo de cmara era 
nuevamente creado, cuando se concedi Oviedo, 
siendo considerado como cargo de distincin , pues 
que se exigia la nobleza. i 

9 Al mencionar Gonzalo Fernandez la toma de 
Granada, el descubrimiento del Nuevo Mundo, la 
expulsin de los judos y la herida del Rey Catli- 
co , escribe: Assi que, no hablo de oydas en nin- 
Dguna deslas quatro cosas sino de vista, aunque 
las escriba desde aqu , mejor diciendo , ocur- 
riendo mis memoriales, desde el mismo tiempo 
escripias en cIIosd (Hisl. Gen. y Nat. delnd., 1." Par- 
te, libro 11, cap. 7). 

10 En el prohemio que puso Oviedo al Suma- 
rio de la Natural Historia de las Indias, deca, dan- 
do al Csar noticia de sus trabajos literarios : Todo 
lo qual y otras muchas cosas desla calidad muy 
mas copiosamente yo tengo escripto y est en los 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XV 



Echados los cimientos la gobernacin del nuevo reino y arrojados de Espaa 
los judios, partieron entre tanto los Reyes Catolices de Granada la vuelta de Ara- 
gn, llevando en su conipaia las infantas y al prncipe don Juan, sus hijos. En 
Zaragoza pernianccioron algunos meses, hasta que en el de octubre se encami- 
naron Barcelona, donde estuvo el Rey punto de ser victima de la traicin 
de la demencia. Viernes, siete dias del mes de diciembre (escribe Oviedo, les- 
ligo ocular del hecho), un villano natural del lugar de Rcmensa del Principado 
de Catalua, llamado Juan de Caamares, dio en Barcelona una cuchillada al 
Rey Catlico en el pescueco, tan peligrosa que lleg punto de muerte: del 
qual traydor fu hecha muy sealada justicia, no obstante que seguud paresci, l 
estaba loco siempre dixo que si le matara, que l fuera rey". Aun no conva- 
lecido de la herida, tuvo don Fernando nueva ocasin de admirar la clara previsin 
de la Reina Catlica, respecto de la existencia del Nuevo Mundo. El ilustre ge- 
novs, tenido antes por loco, lleg c Barcelona en abril del siguiente ao, pre- 
sentando los Reyes larga y brillante muestra de las riquezas que la desconocida 
Amrica atesoraba: en pago de tan extraordinario servicio, no solamente alcanz 
las mayores honras, conforme las capitulaciones asentadas, sino que obtuvo la 
gracia, por l solicitada, de que sus hijos fuesen recibidos en el m'miero de los 
pages del prncipe '*. Era esta favorable coyuntura los planes de Oviedo, que 
solo contaba quince aos, y ola desaprovech por cierto: el respeto que Crist- 
bal Colon le habia inspirado , se convirti en acendrado cario para con sus hijos. 
Distinguido por el prncipe , fu Oviedo fcil empresa el iniciarse en la amistad de 
los jvenes Diego y Fernando, inquiriendo de su padre por este camino cuanto ha- 
bia sucedido en aquel viage, cuyo fruto era el descubrimiento de tan peregrinas re- 
giones. Mas aunque muchacho, habia ya aprendido Gonzalo que no delie la verdad 
histrica recogerse en una sola fuente , y fin de comprol)ar los hechos que 
apuntaba, procur informarse tambin de los hermanos Pinzones, y en especial de 
Vicente, con quien desde entonces sostuvo amistosa correspondencia ". Esta 



originales y chrnica que yo escribo desde que tu- 
iive edad para ocuparme en semejante materia, assi 
))de lo que pass en Espaa desde el ao H90 has- 
)>la aqui, como fuera della (Historiad, primit. de las 
nd. occid , por don Andrs Gonz. Barcia, lomo 1). En 
el captulo 30 del lib.L y ltimo de la III.'' Parle de la 
JHst. Gen. y Nal. de liid. escriba despus: Doy 
7)( Dios) infinitas gracias por la misericordia que 
conmigo ha usado , pues sin elegancia de cir- 
cunloquios ni afeytes ni ornamentos de relhrica, 
sino llanamente ha dexado llegar tal estado esta 
General y Natural historia de Indias, confomie a 
verdad , la qual h que contino desde el tiempo 
que estas partes se descubrieron por el primero al- 
mirante don Chripstbal Colom, ao de 1492 hasta 
el presente de 1348; y puesh einqenta aos que 
en esto entiendo, creer se debe que es historia. 

^ i Historia General y Natural de Indias, I. Par- 
te , libro II , cap. 7. 



12 (iMas como era prudente hombre (Cristba' 
Colon) luego que Espaa fu con las nuevas del 
primero descubrimiento, suplic los Reyes Ca- 
thlicos que oviessen por bien q le sus hijos el 
prncipe don Juan los rescibiese por pajes suyos... 
E assi el prncipe don Juan tracto bien estos sus 
hijos y eran del favorescidos anduvieron en su 
casa hasta que Dios le llev su glora en la cb- 
dad de Salamanca ao de 1407 {Hisl: Gen. y Nal. 
de lid. , I." Parte , lb. III , cap. G). 

1.3 Narrando lo ocurrido en los primeros viages 
que hizo Colon las Indias , dice Oviedo: n Allende 
i'de lo que , fuy informado dellos otros del primero 
camino, assi como de Vicente Yaez Pncon, que 
fu uno de los primeros pilotos de aquellos tres her- 
manos Pincones, de quien queda hecha mencin; 
porque con este yo tuve amistad hasta el ao de 
1)1514 que muri (tfis. Gen. y Nal. de //k/., I. "Par- 
le, lib. II, cap. 13). 



XVI 



VIDA Y ESCRITOS 



juiciosa comlucla, digna de odad madura , lia sido no okslanlo causa do (|uc algu- 
nos escritores tengan Oviedo por sospechoso , en cuanto la historia de Colon 
se refiere ". Dispuesta entre tanto la segunda expedicin del ahnirante, soli- 
citaron seguirle nuichos criados de la casa Real, amigos conocidos de Gonzalo, 
quienes rog que le comunicasen cuanto hallaran digno de memoria. En este 
mismo ao de 141(5 conoci y trat en Barcelona don Frey Nicols de Ovan- 
do '', comendador de Lares, que en oOl fu nomhrado gohernador de la Isla 
Espaola, cuya capital recibi de sus manos considerables aumentos. 

Restituyse en {\d\ la corte Castilla, y con ella Gonzalo Fernandez '^ de 
quien don Juan, su seor, se mostraba de dia en dia mas aficionado. Concerta- 
das entre tanto las bodas del prncipe y de la princesa Margarita, hermana del 
archiduque de Austria, determinaron los Reyes Catlicos en WM) ponerle casa v 
rodearle de la juventud mas ilustre y de los mas experimentados caballeros. 
Oviedo, que no habia salido aun de la esfera de mozo, logr entonces que el mis- 
mo prncipe don Juan le encomendase, con titulo firmado de su mano, la custodia v 
llaves de su cmara, cargo de que se manifest aquel honrado y satisfecho". 



14 Washinglon Irving en su Vida y viages de Cris- 
lbil Colon (Apndice n. 28), no lilubea en aseg^u- 
rar que Jio debe confiarse en la historia de Oviedo en 
materias relativas al almirante, suponindole, como 
al pillo Hernn Prez Mateo, parlidario de los Pin- 
zones. Para desvanecer esla idea ofensiva Oviedo, 
cuya sinceridad y afecto Colon se reconoce desde 
las primeras lineas de su obra, nos bastarla citar las 
siguientes palabras: Godos son y espaoles los 
que estas nuestras Indias hallan)n , vasallos de 
V. M. y de la corona real de Castilla , guiados por 
la industria de aquel memorable almirante primero 
dellas, don Chripstbal Colom , cuya memoria no 
puede avor fin , porque aunque todo lo eseripto y 
por escrcbir en la tierra perezca , en el cielo se per- 
xpcluar tan famosa historia... De cuyos suboeso- 
res deste almirante, me paresce y es razn que 
i/quede un continuo y perpetuo acuerdo en vuestra 
"Sagrada Magestad y en todos los reyes de Castilla, 
wpara honrar y gratificar y conservar la subcesion de 
Colom y su casa y sostenerla y aumentarla y esli- 
wmarla, como joya propria y ornamento de sus rey- 
anos , pues fu causa de tantos bienes y que Chrips- 
))lo y su f cathlica en estas Indias se sirviesse y 
Jiaumentasse) {Hisl. Gen. y Nal. de Ind., II. "Parle, 
lib. I, Proh.). Quien de esta manera habla podr te- 
nerse por sospechoso ?.. Pero Oviedo, sobre quien 
se ha querido echar el borrn dla ingratitud, es el 
primer escritor que tiene la gloria de haber conside- 
rado Colon acreedora que se le erigiese una estatua, 
y no de cualquier manera, sino una estatua de oro. 
c( Por cierto (dice) aquella estatua llamada holosphi- 
yiraton y la otra de Leonino, que fu el primero de 
)ilos hombres que en el templo de Delphos puso 
))si mismo una estatua de oro macico, muy mejor la 
meresce don Chripstbal Colom , primero descu- 



obridor inventor destas Indias y primero almiran- 
le deltas en nuestros tiempos ; pues no como Leo- 
nino, que mostrando el arte oratoria alleg el oro 
de su estatua , sino como animoso sabio nula 
valeroso capitn nos ense este Nuevo IMundo, 
))tan colmado de oro que se podran aver fecho mi- 
wllares de estatuas, etc. [Hist. Gen. y Nal. de In- 
dias ,1.' Parle ,\\h. VI, cap. 8). Necesario ha sido 
que trascurran tres siglos para que se tribute Co- 
lon el homenage (y mas humilde ciertamente) que 
Oviedo le pretenda rendir mediados del si- 
glo XVI. Mas si quedase todava duda del entusias- 
mo con que habla siempre de Cristbal Colon , oi- 
gamos la declaracin que hace en otra de sus obras, 
respecto del descubrimiento de las Indias: El qual 
servicio (exclama) hasta hoy es uno de los mayo- 
res que ningn vasallo pudo hacer su prncipe y 
tan til sus reinos , como os notorio: y digo tan 
til, porque hablando la verdad, yo no tengo por 
castellano ni buen espaol al hombre que este 
ndesconosiessen (Suin. delaNat. Hist. de las Ind. 
Proh.). 

15 Bal. y Quinq.,BM\ol. Nacional, Cod. K. 130, 
fol. 383 vuelto. 

16 OfpQios de la casa Real de Castilla. Biblol. 
Nacional , Cod. 205, fol. 3. 

17 i(En Almazan, ao de 1496, se le dio casa 
al prncipe don Juan , mi seor , porque los que 
de antes de esso le servamos, estbamos asenta- 
dos en los libros de la Reyna Cathlica , nuestros 
ttulos firmados de S. A. no del prncipe. Y en 
otro lugar: Tambin tuve las llaves (de la cma- 
ra) en los postreros das de la vida del principe 
(Officios de la casa Real de Castilla. Quinq., 
111." Parle, Est. 23). Hablando tambin Oviedo de 
un collar de oro encontrado en Almazan en 1496; 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XVII 

En marzo de 1497 aport Santamlcr la hija del emperador Maximiliano, en la 
misma armada que liabia llevado Flandes la infanta doa Juana , desposada ya 
con Felipe. Salironla recibir el Rey Catlico y el prncipe con numeroso y lu- 
cido acompaamiento: proponase don Juan festejarla galante y rendido, y tuvo por 
discrecin el presentarse su vista, ostentando entre atrevido y recatado la cifra 
de su nombre. Fi la ejecucin de este proyecto Gonzalo de Oviedo, el cual go- 
zaba ya reputacin de entendido en las artes del diseo ; y cmo se satisfizo de 
la cifra, que estaba de letras antiguas maysculas latinas, le dijo: Di, Oviedo, 
entiendes lo que dicen essas letras que vas dibuxando?.. A lo cual le respondi 
Gonzalo: Seor, piensso que dicen Margarila. Estonces el prncipe se sonri, y 
dixo: Pues mira, gurdate del diablo; no lo digas ni ensees bondjre delniun- 
do '*. Esta escena, que por una parte descubro la inocente galantera de don 
Juan, basta por otra para darnos conocer el aprecio ntimo que hacia de Gon- 
zalo. Avistronse al fin los dos prncipes en Reinosa, y velronse en Burgos en 
los primeros das de abril, con las mayores fiestas y regocijos que jams se vieran 
en Espaa: las mas generosas damas y los mas poderosos magnates compitieron, 
segn el mismo Oviedo nos refiere, en la pompa y gala de sus joyas y atavos y en 
la magnificencia y numeroso squito de sus casas, como quienes procuraban hacer 
pblico el placer de sus corazones por tan deseado acontecimiento ". 

Breves fueron, por desgracia del suelo espaol, tantas alegras y esperanzas: 
el prncipe don Juan, que apenas contaba diez y nueve aos, adoleci en Salaman- 
ca de tan aguda fiebre, que le acab en trece das, espirando el 4 de octubre, 
cuando no se haban terminado aun los regocijos en algunas villas y ciudades de 
los reinos. Hondo sentimiento produjo en todas tan infausto suceso , y mayor que- 
branto caus entre los fieles servidores del prncipe, cuya brillante corte se des- 
vaneci como por encanto, acogindose unos al retiro de la clausura,* muriendo 
otros de tristeza y partiendo otros extraas regiones, para buscar tal vez en la 
guerra el fin de sus das. Gonzalo Fernandez de Oviedo eligi el ltimo partido. 
Mi descontento (dice) me llev fuera de Espaa peregrinar por el mundo, 
habiendo passado por m muchos trabaxosy nescessidades, en diversas parles dis- 
wcurriendo, como mancebo, veces al sueldo de la guerra y otras vagando de unas 
partes y reynos en otras regiones ^'*. Anduvo asi por toda Italia , teatro en aque- 
llos dias de las proezas de los tercios castellanos y de la pericia del Gran Capitn; 
y guiado siempre de los saludables avisos que en la infancia haba recibido , huy 
cuidadosamente de los malos y viciosos , procurando el trato de los buenos ilus- 
tres. Ni le abandon tampoco su grande aficin los estudios: su amor la pin- 
tura le acerc Vinci, Ticiano, Michael Angelo y Urbino, prncipes de aquella 
encantadora arte : su inclinacin las ciencias y las letras le indujo salici- 

precisamento en los dias en que se dio casa al prn- 18 Bat. y Quiiq. Bibliot. Nacional, Cd. K. 81 

cipe, dice: Yo luve esle collar en mi poder, por- fl. 56. 

que luve las llaves de la cmara del prncipe 19 fat, y Quinq. Hist. Gen. y Sat. de Ind., 

{Hist. Gen. y Nat. de Ind., 1." Parle , libro VI, cap- III.' parle, lib. X, cap. 6. 

tulo 8). 20 O'iinq. . III." Parle, Est. 23, Ff. 106, fol. 48. 

TOMO I. 



XVllI VIDA Y ESCRITOS 

lar la aiiiistail del docto Pontano, y (h los no menos celebrados ingenios Serafn 
del guila y Jacobo de Sannazaro , padre de la poesia buclica italiana ^' : su 
predileccin los trabajos bislricos le impuls estrechar relaciones con lodos 
los hombres sealados en armas , notando cuanto veia , y encomendndolo ya 
la memoria, ya ala pluma. Oviedo no desaprovech pir tanto un solo dia, du- 
rante su permanencia en Italia ; y para hacer mas fecundas sus tareas , se dio 
al estudio de la lengua toscana , enriquecida por tantos y tan esclarecidos escrito- 
res , buscando al mismo tiempo y adquiriendo los libros que mas convenian su 
propsito , algunos de los cuales conserv hasta los ltimos aos de su vida ^^ 

Tres habia pasado desde la muerte del prncipe don Juan sin permanencia ni 
rumbo seguro, ya alistado en las banderas espaolas, ya al servicio del duque de 
Miln, ya en el palacio del marjus Francisco de Gonzaga, cuando publicado en 
1500 el jubileo, lom la vuelta de Roma, con intento de ganar, como catlico, las 
indulgencias concedidas los fieles por el Sumo Pontfice. Conoci alli don Anto- 
nio de Acua, que servia entonces en la cmara de Alejandro VI, y que lano figur 
veinte aos adelante en las comunidades de Castilla ^, presenci las desavenencias 
y sangrientos choques ocurridos entre los suizos del duque Valentn y los cuerpos 
espaoles que militaban en la guardia del Papa ^*; asisti al famoso duelo de Fer- 
rer de Lorca y el castellano de Arche, donde se reprodujo fielmente uno de aque- 
llos desafios , narrados con frecuencia en los libros de los Amadses y Esplandia- 
nes *^; y depositando lodos estos hechos en sus curiosos diarios , parti para aples, 
terminada ya la cuaresma. Solicit, al llegar esta corle, entrar al servicio del 
rey don Fadrique , de quien fu bien recibido y tratado , creyendo con esto repa- 
rar la inolvidable prdida del prncipe de Castilla. Pero como me estaban (dice) 
olros trabajos esperando, reservados en mi poca ventura , siguise que el siguiente 
ao aqul buen rey perdi su reyno, dividindole Espaa y Francia ^".>) 

Era el reino de aples desde siglos anteriores blanco de la poltica francesa, 
que habia encontrado siempre insuperable barrera en el esfuerzo de los espao- 
les. Codiciaban ahora su posesin , alegando cada cual privilegiado derecho, el 
rey don Fernando y Luis XII; y temerosos de empearse en nuevas guerras, ya 
reconociendo la necesidad de reunir sus fuerzas contra el turco , enemigo formi- 
dable de la cristiandad, resolvieron, al asentar las paces, que el Abruzo y la Cam- 
paa quedase por el de Francia , con ttulo de rey de aples , y se llamara el 
Catlico duque de la Pulla, con el seoro de Calabria. Despojado en tal manera 
el desdichado don Fadrique , no faltaron consejeros que le incitaran la vengan-, 
za , proponindole que trajese en su ayuda contra los cristianos, que asi le vili- 
pendiaban, las temidas armadas del turco; pero aquel infeliz prncipe rechaz in- 

21 ()"i9-> I-" Parle, Est. 4i, fol. 103. punto mi tiempo {Quinq., 111} Part., Est. 22). 

22 Discurr por toda Italia, donde me dito- 23 Relacin de lo subcedido en la prisin de 
do lo que yo pude saber leer y entenderla len- Francisco de Francia , etc. Cod. X. 227, fol. C9 
Dgua toscana , y buscando libros en ella , de los vto. 

quales tengo algunos que ha mas de 53 aos (es- 24 Quinq., III. " Part., Est. 43, fol. 74. 

ucribia en el de 1333) que estn en mi compa- 23 Quinq., III. Par., Est. 23, fol. 48 y sif. 

ia, desseando por su medio no perder de lodo 26 Quinq., Ib. 



DE GON. FER. DE OVIEDO. 



XIX 



dignuilo intento semejante , declarando que en nada tenia la corona , si haba de 
ser recuperada tan infame precio ^''. Resignado con su desgracia , reuni al 
fin don Fadrique la Real lamilia en la cmara de la Reina viuda , y con lgrimas y 
sollozos les manifest su dolor infortunio , despidindose tiernamente de lodos. 
Aquesto (escribe Oviedo) tur bien cuatro horas, y de alli se sali el rey, y al 
tiempo que salia, como yo estaba en la puerta y le servia en la cmara, dxo- 
me: Oviedo, la Reyna , mi hermana, quiere que vais con ella, y yo os lo 
mando por amor mi ; porque se le ha do su guardarropa los franceses (que 
))ba veynte cinco aos que la sirve desde que la criaba), y quiere que ten- 
))gais su cmara, porque os criasteis en la del seor principe de Castilla, llaceldo 
assi, que todo parar en bien, y presto volveremos todos aples. Lo que yo 
nsenl con la misma angustia de la muerte, hincado de rodillas, le supliqu 
que oviesse por bien que yo fuesse morir donde S. M. fuesse. l dixo : Ha- 
ced lo que yo digo: que aunque vais con la Reyna, mi hermana, no me de- 
))xais de servir ^*. 

Mientras el triste D. Fadrique embarcaba los restos de aquel naufragio poltico, 
para refugiarse en la isla de Isela , la princesa doa Juana , que pocos aos antes 
cea la corona de aples ^^ , parta de esta capital con toda su servidumbre 
en siete galeras , que al mando de don Iigo Lpez de Ayala haba enviado el 
Gran Capitn, para que la llevase Sicilia. Iba Oviedo en su compaa, y arri- 
bada Palermo aquella escuadrilla en los primeros das de agosto de 1501, 
permaneci al servicio de la Reina por el espacio de diez meses , tiempo en que 
procur cultivar la amistad de Gonzalo Fernandez de Crdoba , no descuidando 
el acaudalar sus memoriales, ya con la relacin de las hazaas de lan ilustre cau- 
dillo , odas de su propia boca, ya con peregrinas noticias de aquella celebrada 
isla, ya finalmente con la narracin de los sucesos, do que era testigo. En mayo 
de 1502 se dal)a nuevamente la vela la reina doa Juana , dirigindose la 
ciudad de Valencia, donde lleg en el trmino de ocho das, teniendo el placer 
de estrechar alli en sus brazos su anciana madre , que haba salido recibirla. 
Pasados algunos meses , dio Oviedo cumplida cuenta de la cmara , puesta su 
cuidado , y con licencia de doa Juana , se despidi de su servicio , encaminn- 
dose Madrid , su patria , no sin locar antes en Zaragoza , ciudad en que la 
sazn se hallaba, teniendo Corles, el Rey Catlico ^''. 



27 Despus de dar noticia de este consejo, del 
cual disuadi al rey don Fadrique con muy cristia- 
nas razones don Frey Luis Garrapho, caballero de la 
Orden militar y hospitalaria de San Juan de Jerusa- 
len , dice Oviedo : Bien creo que pocos chronis- 
tas han hecho memoria de esta calhlica snela 
determinacin del rey don Federique: ni os mara- 
villeis , letor , que yo tan puntualmente os la haya 

contado y sabed que servia en su cmara de 

ayudante de cmara , uno era yo de los que 
guardbamos la puerta mas prxima su real per- 
sona coy muy bien lo que en aquel consejo se 



jilract y os tengo dicho [Quinq. , II. Part., 
Est. 34, Cod. Ff. 20, fol. 73 vio.). 

28 Epilogo Real y Pont. , edad VI. Reyes de a- 
ples, Bibliot. Nacional, Cod. orig. S. 33, f. 376 vio. 

29 La Reina doa Juana , que era sobrina del 
Rey Catlico , habia sido esposa de Fernando II de 
aples, muerto sin hijos en 1490: sucedile en el 
trono su tio don Fadrique, ltimo rey de aquella di- 
nasta. 

30 El erudito don Joseph Alvarcz Bacna, en sus 

Hijos ilustres de Madrid, tomo II , pg. 3od, se ex- 
presa del siguiente modo, al dar nolicia de estos 



XX VIDA Y ESCRITOS 



Llegado Mailrid , de donde faltaba mas habia de cinco aos , enamorse de 
Margarita de Vergara , una de las mas hermosas mugeres que ovo en sii lienipo en 
el reino de Toledo , con la cnal contrajo matrimonio mas mancebo y con menos 
hacienda que fuera menester , pnosto que frisaba ya en los veinte y cuatro aos, 
gastados en servicio de magnates, prncipes y reyes ". Corta fu no obstante su 
ventura : apenas contaba diez meses de casado , cuando sobrevino su esposa tan 
azaroso parto , que hubieron de extraerle el feto en pedazos , quedando tullida y 
expirando al poco tiempo entre agudos dolores '^. Grande amargura produjo en 
Oviedo aquella desgracia , que aun recordaba cuarenta y cinco aos despus con 
lgrimas y suspiros "; y despechado de su mala suerte , volvi de nuevo al ejer- 
cicio de las armas. Ofrecile ocasin oportuna la entrada que hicieron por el Ro- 
sellon los franceses, rotas las paces de 1500. Pusironse los enemigos sobre Sal- 
sas en nmero de veinte mil combatientes, mandados por el mariscal de Bretaa; y 
defendida aquella fortaleza por don Sancho de Castilla, general dla frontera, fue- 
ron rechazados bizarramente en cuantos asaltos intentaron. Urgia , sin embargo, 
socorrer el castillo , y concertado el Rey Catlico con don Fadri([ue de Toledo, 
quien tenia confiada la guarda del Rosellon , corri contra los franceses , que to- 
mados entre ambos ejrcitos , huyeron precipitadamente , aunque superiores en 
nmero, dejando en poder de los espaoles artillera, municiones y bagage. 
Cupo Oviedo parte en esta singular victoria de nuestras armas , obtenida en oc- 
tubre de 1505 "; y terminada en tan breves dias aquella amenazadora campaa, 
sigui la corle del Rey Catlico , quien habia ya resuelto aprovecharse de su fide- 
lidad en otro linage de servicios. 

La acertada poltica del Gran Capitn, que por aquel tiempo tenia allanadas casi 
toda la Pulla y la Calabria, le habia aconsejado apoderarse de Trente, donde se for- 
tificaba el primognito de don Fadrique. Pocos meses tard esta ciudad en recibir 
las banderas espaolas, procediendo tan afortunado caudillo de tal manera que el mis- 
sucesos, (artculo de Gonzalo Fernandez de Ovie- wpocos meses despus que ove dado cuenta de la 
do (a) de Valds): Habiendo muerto en la flor de su cmara , con licencia de la reina , mi seora , fuy 
edad el ao de i496 el prncipe (don Juan) , pas Madrid, mi patria (Quinq., III." Parte, Est. 23: 
servir (Oviedo) Federico , rey de aples , en Bat. y Quinq. Y. 59. fol. 42 ). Oviedo no fu , pues, 
donde estaba en d507; y despedido de alli , volvi guarda-alhajas de la reina Germana, sino de la rei- 
Espaa , y fui- guarda de las alhajas de la reina na doaJuana de aples. El error de Baena lia si- 
Germana y del Rey don Fernando. Ni el prncipe do, no obstante , seguido por los autores del Diccio- 
don Juan muri en 1496, pues que se cas en abril nario universal de Hiat. y Geog., tom. V, pg. 457 
de 97, ni Oviedo pas seivir desde luego, como {Madrid, \a%). 

Baena supone , al rey don Fadriq.e , ni estaba en 31 Ilist. Gen. y Sat. de Ind., 1.' Parte, lib. VI, 

aples en 1307 , ni fue guarda de las alhajas de la cap. 38. Quinq. , III." Part. Est., 23. 
reina Germana. Los dos primeros hechos quedan 32 Hist. Gen. y Nal. de Ind. , I." Parle, lib. VI, 

plenamente ilustrados en las notas que anteceden: cap. 38. 
respecto de los dos siguientes, bastarnos copiar las 33 Ib. 

palabras textuales de Oviedo, conlo cual no quedar 34 Yo estuve essa noche en el campo , y tuve 

ya duda alguna de las equivocaciones en que Alva- creydo que, segund la dispusicion de aquel passo 
rez Baena incurre : En el mes de mayo de 1502, eslrcclio , en que los franceses estaban entre la 
en otra armada, torn navegar la Reina , mi se- montaa y los estagnos de agua salada, que po- 
))ora , y dentro de ocho dias fuymos en Espaa, eos franceses salieran de alli con las vidas Bat. y 
cn Valencia del Cid , donde estaba su madre (la Quinq., Y. 59 , fol. 383 vto. Off. de la Casa Real 
rena doa Juana, hermana del Rey Catlico), y de Castilla. .203). 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XXI 



mo don Fernaiulo ile Aragn solicii pasar al servicio de los Reyes Callicos. No 
titube el Gran Capitn en acoger el ofrecimiento del duque de Calabria , como 
tjuieii le babia provooiHlo ; y bacindole en nombre de los Reyes las mas lisongc- 
ras promesas , dio orden Juan de Conebillos para que en una galera le llevase 
Espaa. Lleg el luque Madrid, donde principios de 150 fu recibido 
por Isabel y Fernando , como hijo de rey ; y el Catlico , (pie daba todo su valor 
tan feliz conquista , procur rodearle de caballeros hidalgos de su entera con- 
fianza , poniendo con este propsito los ojos en Oviedo, en quien dems de la 
loaltad tantas veces proliada , concurria la circunstancia de haber ya servido al 
duque en casa del rey, su padre '^. De esta manera volvi Gonzalo Fernandez de 
Oviedo verse Hgado la corte de Esiiaa, abandonando su proyecto de la 
mihcia. 

La llorada muerte 'de la Reina Isabel, ocurrida en noviembre de \W, vino 
entre tanto ser fecunda ocasin de disturbios y desavenencias, llevando al Rey 
Catlico al extremo de pretender echar por tierra con sus propias manos el edifi- 
cio de la unidad poltica, levantado por l tanta costa. Fiel se mantuvo Oviedo, 
en medio de aquellos trastornos, al Rey Fernando , quien aficionado sus eslu- 
dios y erudicin, le insinu en Toro, donde hacia Cortes en 1505, el deseo de 
que recogiese y compilase cuantas noticias concernian los royes de Espaa des- 
de los tiempos mas remolos '". Consagr Gonzalo Fernandez todas sus vigilias 
este intento, <pie solo pudo ver realizado veinte y siete aos adelante; y devoto 
siempre del Rey Catlico, asisti en Dueas su casamiento con doa Germana, 
siendo despus testigo de las entrevistas y diferencias entre .suegro y yerno (don 
Fernando y don Felipe) , olcual pas al fin de esta vida en setiembre de 1506, 
tiempo en que el Rey Catlico, desconfiando del Gran Capitn, .se habia partido 
para iSpoles. Las continuas tareas literarias, que por natural inclinacin se en- 
tregaba Oviedo , no le libertaron de que pensara de micvo en contraer matrimo- 
nio, siendo ahora mas afortunado que la vez primera, pues que en 1500 le naci 
un hijo que habia de sucederle con el tiempo en sus empleos y trabajos. 

Cambi entre tanto con la ausencia del Gran Capitn el a.'^pecto de ias cosas de 
Italia, y repuestos los franceses de sus pasadas rolas, volvieron con mayor co- 
rage tentar la suerte de sus armas. La costosa balalla de Ravena , dada el vier- 
nes santo de 1512, despert al Rey Catlico de sus perjudiciales recelos y des- 
confianzas respecto de Gonzalo Fernandez de Crdoba, quien pens de nuevo 
enviar Italia, para saldar a([uella sangrienta quiebra. Fu elegido (dice el mis- 



35 Yo fui criado un tiempo del rey Fotloriquc 
xdc aples , padre del dicho duque (de Calaljria), 
le serv en la cri'.ara liasla que sali de peles, 
Be assi mesmo fuy despus en Castilla uno de los 
criados que por mandado del Rey Calhlico sirvie- 
ron al mesmo seor duque , y domstico de Su 
Excelencia (Relac. de lo sub(ed. en la prisin del 
Jiey Francisco de Francia , etc. , f. 9). 

36 En el proemio que puso Oviedo a su Ca- 
tlogo Real de Castilla , dirigido Carlos V, es- 



ciiljia: El qiial (catlogo) yo comenc copil:u- 
)>el ao de liJOo de la Natividad de Nuestro Seor, 
conosciendo que el Serenissimo Rey don Fernan- 
do, Vde tal nombre, vuestro abuelo, desseaba una 
Mcopilacion semejante. Y al final de la misma obra 
dice: Este trabaxo..., como en oira parle tcn- 
go dicho , comenc estando el Rey Cathlico don 
Fernando, V de tal nombre, en la cibdad de Toro, 
haciendo alli Corles, ao del Seor de l.'jOaaos 
(mi. del Esc, Cd. orig. (I-j- 7). 



XXII 



VIDA Y ESCRITOS 



);nio OvuHlo}por ol Rey Callico por general, pura volver Italia el Gran Capitn, 
el qiial ipiiso servirse de mi de secretario. Y para yr con l y ponerme en orden, 
xvendi parle desso cpie tenia, porque en lo dems mi nniger, viviendo, atendies- 
se la iorliina de and)Os: y en caballos y armas y ataviar mi ersona y criados, 
o-ast lo que no cobr, y fuy Crdoba, donde fuy del Gran Capitn graciosa- 
>'mente acogido y le escrebi algunos meses, basta (jue de alli se parti para yr 
xLoxa desdeado y gastado y despedido de la jornada. Y yo con su licencia me volv 
)) la corte del Rey Calblico , gastada mi bacienda y perdido el tiempo ; porque 
mi no me estaba propssilo la yda Loxa, ni de comencar servir al Gran 
Capitn ni otro seor de Espaa ". 

No babian trascurrido mucbos meses desde que se restituy Oviedo < la corte, 
cuando decretada por el Rey Catlico la expedicin de Pedrarias Dvila, deter- 
minse pasar con l las Indias, ganoso de reponer su malparada bacienda. 
Alistse con este intento entre los bidalgos que tomaban parte en tal empresa, di- 
rigindose luego Sevilla, donde debia bacerse el grueso de la gente para la ar- 
mada. En aquella capital permanecieron los expedicionarios todo el resto del ao 
de 151o y parte del siguiente, tiempo en que falleci Juan de Queicedo que iba 
proveido en el oficio <le Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Firme ; y 
noticioso de ello don Fernando, nombr para sucederle Gonzalo Fernandez de 
Oviedo =**. Apercibida al fin la armada, que se componia de veinte naos y carave- 
las, sali del puerto de Sanicar elll de abril de 1514, no sin que antes se vie- 
ra punto de zozobrar la nave en que el nuevo Veedor iba embarcado ^'. 



37 Quinq., 11.= Par., Est. 4.-IJ. , III.'' Part. 
Est. 23. 

38 Notables son por cierto los errores en que 
lian caido la mayor parte de los bigrafos que han 
lialilado de Oviedo , al tratar del oficio que le confi 
el Rey Catlico en {'\i. Mr. Ternaux en su fiblio- 
thcque Amertcaine (Paris 1837) asienta que fu a 
las Indias con el empleo de Director dlas minas de 
Santo Domingg , error que hubieron de inducirle 
los autores de la IJiographie universclle ancienne ct 
modcrne (tom. XXXll, pngs. 310 y H, Paris 1822), 
quienes aseguran que el Rey Callico le nombr Di- 
rector de las minas de la isla de Ilayli , en pago de 
sus servicios en Npulcs. Verdad es que antes de 
que esto se escribiera le hablan hecho ya Moreri 
y los autores del Diclionaire historiqie portatif (io- 
mo n, pg. 337, colum. i.', Paris 1752) Intendente 
Inspector General del comercio en el Nueco Mundo, 
bajo el reinado de Carlos V. Pero lo mas censurable 
de lodo es que Mr. George Ticknor, autor de la 
aprcciable obra titulada : History of Spanish Litera- 
ture (Londres, 1840, tomo I , Perodo II, cap. VI), 
haya perdido de vista al erudilo Baena y al respe- 
table don Martin Fcrnandi-z Navarrcle (Colee, de 
Viag. Espa., tom. I, inirod.) diciendo que fu 
Oviedo nombrado en 1513 Veedor de las fundicio- 
nes del oro de Santo Domingo. Quien intentaba 



analizar la flisl. Gen. de Indias y las Quinquagenas, 
razn tenia para no incurrir en semejantes inadver- 
tencias. Oviedo d noticia de sus empleos en dife- 
rentes pasages de una y otra obra , y sobre todo en 
el lib. X, cap. 1 de la II.= Parte de la Hist. Gen. y 
Nal. de Ind., esplica cmo y por qu fu nombrado 
Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Fir- 
me ; cargo que desempe, segn en su lugar ad- 
vertiremos, hasta el ao de 1o32, bien que en el 
de 1S23 se viese obligado trasladar su casa y fa- 
milia la Isla Espaola. 

39 Aquesta armada sali con muy buen tiem- 
)>po del puerto de SanU'icar de Barramed?, domingo^ 
))de Carnestolendas ao de 1514, y despus que la 
nnao capitana estaba quatro cinco leguas en la 
mar , salt el tiempo al contrario y hubo de dar la 
vuelta: la postrera nao que sali del puerto, era 
aquella en que yo yba , y aun quedaba otra surgi- 
da en que el contador Diego Mrquez estaba , que 

nunca se quiso desamarrar Y cmo los piloto 

del rio habian dcxado yr las naos fuera en la mar 
y se habian tornado Sanicar en sus barcos, y la 
mar andaba brava, forzosamente hizo tornar el 
liempo el armada al rio ; y la nao en que yo yba, 
assi como avia salido la postrera hubo de entrar la 
primera, y al entrar por la barra , dio ciertos gol- 
pes en tierra y nos hubiramos de perder por falla 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXHI 

Hasta aquella poca liabia recorrido Oviedo las mas ilustradas cortes de Euro- 
pa , conociendo y tratando en ellas los hombres eminentes que en la repblica 
de las ciencias y las letras florecian. Roma, Florencia y aples babian excitado 
su admiracin con la multitud y brillo de sus monumentos, gloria de las artes 
que en aquel privilegiado suelo aspiraban eclipsar la fama de Atenas. La corte 
de Castilla , acaso la mas poderosa del continente, con sus esplndidas fiestas, con 
sus vistosas justas y torneos, le babia familiarizado al fausto y la opulencia. Cami- 
naba ahora, guiado de su desgracia, las desconocidas regiones de Amrica, don- 
de en lugar de los sabios le estaban esperando gentes brbaras y salvages; en lu- 
gar de las suntuosas ciudades, inmensos y abrasadores desiertos; en lugar de la 
magnificencia y lujo de las cortes, la desnudez, el hambre y la miseria. Contras- 
te singular por cierto el que debia presentarse su vista!.. Pero si apareca vio- 
lenta la comparacin entre la cultura del mundo antiguo y del nuevo mundo , no 
menos peregrino era el desusado espectculo que iba desplegar sus ojos aque- 
lla rica y varia naturaleza , virgen todava la codicia de los hombres y las espe- 
culaciones de la ciencia. Todo habia de ser nuevo para Oviedo dentro de breves 
meses, excitando poderosamente su imaginacin, despertando con mayor fuerza 
aquel indefinible deseo de examinarlo y anotarlo todo y avivando al par el prop- 
sito ya concebido en 1492 de escribir la historia de las Indias. Hombres, religin, 
ritos, tradiciones, costumbres, todo era distinto en Amrica de cuanto en Euro- 
pa conoca, no habiendo mayor conformidad en los rboles, plantas, flores y ani- 
males que poblaban los bosques y estendidas llanuras. Mas no era Oviedo en aque- 
lla armada el nico espaol que debia con el tiempo contarse en el nmero de los 
.soldados historiadores, mas celebrados por su pluma que por su espada: en ella, y 
tal vez en el mismo barco, iba tambin Bernal Diaz del Castillo, quien ya en edad 
madura, lleg poseer, en premio sus servicios, una de las mas pinges enco- 
miendas del reino de Mjico. Al tomar partido bajo la conducta de Pedrarias Dvila, 
se hallaba Bernal Diaz apenas entrado en la primera juventud: Gonzalo Fernandez 
de Oviedo rayaba en los treinta y seis aos: el primero falto de experiencia, mo- 
zo no formado todava, comenzaba entonces su carrera, sin que alcanzara vali- 
miento alguno entre aquellos conquistadores: aleccionado el segundo en la gran- 
de escuela de Italia y protegido de la corte , llambale intervenir en los nego- 
cios de la conquista no solamente su pericia de soldado, sino tambin la obliga- 
cin de su empleo. 

depillo; y quiso Dios ayudarnos por su miscri- donde aviamos salido (Hisi. Gen. y Nal., lI."P.ii- 
wcordia y que quassi pendiendo de un bordo por le , lib. X , cap. 6). 
el agua surgimos dentro del rio Guadalquivir , de 



XXIV VIDA Y ESCRITOS 



II. 



Prspero viagc de Oviedo. Su arribo Sania Mara. Su desembarque en el Darien. Codicia y tirana del 
Pedrarias. Desolacin del Darien. Resulvese Oviedo volver Espaa para quejarse del gobernador de 
Castilla del Oro y del Obispo. Prelendon ambos ganarle. Parte Oviedo de la Tierra-Firme. Piionle es- 
pas el Pedrarias y el Obispo. Los oficiales reales de Sanio Domingo le encargan la conduela de los quinlos de 
la Corona. Presntase Oviedo en la corle del rey Catlico. Muerte de este monarca. Resulvese el Vee- 
dor pasar Flandcs , i>ara querellarse al nuevo Rey, Remtele este los gobernadores de Espaa. 
Pensamiento poltico de Cisneros sobre el gobierno de las Indias. Retirase Oviedo su casa de Madrid. 
Venida del rey don Carlos Espaa , y vuelta de Oviedo la corte. Su desavenencia con el licenciado 
Bartolom d las Casas. Torna Oviedo la Tierra-F^irme bien despacbado. Muerte del gobernador don Lo- 
pe de Sosa y desconsuelo del Veedon Recibenle el Pedrarias y los suyos con encubierta enemistad. Aban- 
dona el Pedrarias la ciudad del Darien. Resulvese Oviedo protegerla. Es nombrado Teniente del Gober- 
nador. Pierde su segunda muger. Su gobierno. Tramas de sus enemigos. Destituyele el Pedrarias de 
la tenencia. Su nombramiento de procurador del Darien. Intentan sus adversarios asesinarle. Residencia 
de Oviedo. Castigo del asesino. rOviedo se embarca secretamento para Espaa. 



tlocha la vela la annaila de Pedraria.s Dvila , arrib los nueve dias la i.sla 
de la Gomera , donde .se gastaron veinle en abastecerse de lo necesario , tornando 
luego c la mar con tan prspero tiempo, que el 5 de junio toc en la Dominica, y 
lleg el [1 al puorto do S.i;ita Marta , en que comenzaba la gobernacin de Cas- 
tilla del Oro. Mand alli el Pedrarias sillar en tierra parle de la gente , y con ella 
Gonzalo Fernandez de Oviedo (quien dems del oicio de Veedor, llevaba el car- 
go de escribano general) , y abuyenlados los indios quo en la costa pretendan es- 
torbar el desembarque , lom posesin de aquellas regiones , en nombre de los 
reyes de Espaa. Estendido el oportun) auto que autoriz Oviedo, dio el Pedrarias 
orden que entrasen trescientos bombros la tierra adentro, para reconocerla ; y 
como traia prevenido que no Tucsen maltratados los indios, sin que primero se les 
hiciera el requerimiento ordenado por el Rey Catlico y rompiesen ellos las bos- 
lilidades, cupo Gonzalo Fernandez la obligacin de leerles, no sin grave ries- 
go de su persona, aquel intrincado y estril formulario '. Solo alcanzaron los es- 
paoles conocer en esta entrada la fiereza y bro de aquellos naturales y el gne- 
ro de flechas herboladas con que herian sus enemigos. Vuelto el Pedrarias las 
naves el 15 del mismo junio , entr el 50 en el golfo de Urab ^ , surgiendo al 
siguiente dia en el puerto de Santa Maria del Antigua , donde fu recibido y pues- 
to en posesin de la justicia y gobierno por Vasco Nucz de Balboa , no sin que 
poco empezaran sentirse los rumores de rompimiento , que vueltas de mil 

1 Advertido Oviedo del poco fruto de aquel re- wmos algund indio en una jaula, para que despacio 

querimiento, poco inteligible aun para los doctos en nlo aprehenda y el seor obispo se lo d enlen- 

tflologia , dijo Pedrarias, despus de terminada der ( Hisl. gen. y nat. de Ind. , 11." Parle, lib X, 

la refriega : Seor, parsceme que estos indios cap. 7). 

no quieren escuchar la Iheologia de este requer- 2 Quiuq. , III." Parte, Est. 23. Ilisl. gen. y 

miento , ni vos tenis quien se lo d entender: nal. de Ind., III.' Parte, lib. X, cap. 8: III.' Parle, 

xiiiande Vuestra Merced guardallo hasla que tenga- lib. 18, cap. 3. 



DE CON. FER. DE OVIEDO. XXV 

contradiccioes y mudanzas costaron la vida este clebre descubridor y valiente 
soldado. 

No Iiabian pasado muclios meses , cuando trocada la codicia del Pedrarias en 
crueldad y la crueldad en tirana , lleg s:^r aborrecido, tanto de los espaoles 
que tenian poblada la villa del Darien , como de los que con l vinieron. Subi 
juntamente la imprevisin y mal gobierno basta el punto de acabarse los basti- 
mentos que se trageron de Espaa, sin que se pensara en reponerlos; y aban- 
donado el cultivo de los campos, y presa los maizales de borrible langosta, fue- 
ron aquellos pobladores afligidos por el borrible azote del bambre , vindose obli- 
gados, para salvar las vidas, desamparar en gran nmero la misma tierra, don- 
de reinaban antes la paz y la abundancia. Mucbos de los que fueron en aquella 
armuda (escriba Oviedo algunos aos despus) buyeron de la tierra, y algunos 
se volvieron Espaa , otros se passaron estas nuestras islas Espaola , 
Cuba, Jamyca, Sanct Joban ; en espacio de siete oclio meses eran mas 
los muertos ydos que los que quedaron en la tierra. Y en aquellos que vinieron 
avia tanto descontentamiento, que ninguno estaba de su voluntad , y aun el go- 
bernador y obispo y oficiales desampararan la tierra , si con buena color sin 
vergenza lo pudieran bacer '. Cansado Oviedo de presenciar tantas injusticias, 
crueldades y tiranas como el Pedrarias y los suyos ejecutaban , asi en los indios 
como en los espaoles, form la bidalga resolucin de volver Espaa, para dar 
noticia de todo su rey, y vivir en tierra mas segura para su conciencia y vida. 
Procur estorbrselo el Pedrarias, obligndole bacer residencia , como escribano 
general que era en nombre del secretario Lope de Concbillos ; mas publicada 
aquella por el espacio de sesenta dias , y no resultando queja alguna contra Ovie- 
do , bubo de acudir , aunque en vano , los blagos y promesas , temeroso de 
qm: el Rey Catlico fuese informado de cnanto en el Darien pasaba. Tuvo igual 
recelo el Obispo don fray Juan de Ouevedo , pastor mas dado la codicia que 
la prctica de las virtudes evanglicas y al cuidado de sus ovejas , y acudi tam- 
bin ganar en la ltima bora la voluntad de Oviedo, quien se vio de pronto 
erigido en arbitro entre aquellos dos poderosos rivales. Cargronle ambos d(^ 
cartas para el Rey y su Consejo, declarndose mutuamente contrarios la bue- 
na gobernacin de Castilla del Oro , y rogronle uno y otro que asi lo manifes- 
tara al Rey Fernando, en lo cual no tenia por qu violentarse Oviedo , pues que 
tal era el motivo que Espiuia le traia. Parti al fin de la Tierra-Firme prin- 
cipios de octubre de 1515, lleno su corazn de enojo contra el Pedrarias y el 
obispo , bien que enriquecida su mente con la observacin y estudio de aquellas 
regiones, cuyos inaccesibles boscages y estensos lagos habia recorrido , y acau- 
dalados sus memoriales con la relacin de las entradas y conquistas becbas en 
aipiel perodo , y la descripcin de las peregrinas costumbres de los indios *. 

3 Ilist. gen. y nat.de Ind-, II.'' Parle, 1. X,c. 9. ))que yban aquellas enlradas (las expediciones 

4 I. Parle, lib. III, cap. o y 12. Lib. V, c. \. que se iiacian desde el Darien), los quales torna- 
I.il). VIII , cap. 28. Yo proveia los escribanos del "dos dellas , me cnlregaban los procsos dilig-cn- 
illZ^^ldo del sobernndor v del alcalde niavor v los wcias (itic avian lieclio los capilaMcs; y sabia lo que 

T.Ml. j . . ^ 



XXVI 



VIDA Y ESCRITOS 



Dudosos quedaron lano el Gobernador como el Obispo de la disposicin con 
que Oviedo liabia escucliado las quejas de audjos, y para asegurarse de su con- 
duela, resolvieron, cada cual por su parle, enviar una persona (jue espiara todos 
sus pasos y pendrara, si fuese posible, sus inlcnciones. Designo el Pedrarias con 
este propsito al capitn Rodrigo de Colmenares, soldado mas diestro en lides 
cortesanas que en campales refriegas, y nond)r el Obispo fray Diego de Tor- 
res, provincial de la Orden de San Francisco, muy sealado por su astucia y por 
su facilidad en disponer todo gnero de intrigas. En una misma caravela salieron 
los tres del Darien , no pasando niucbos dias sin que Oviedo conq)rendiese el ob- 
jeto de la expedicin del capitn y del fraile. Juntos y amigos fueron, no obstan- 
te, basta la ciudad de Santo Domingo de la Isla Espaola, donde se detuvo Ovie- 
do algunos dias, para recoger ciertos millares de pesos de oro que el tesorero Mi- 
guel de Pasamonle y los oficiales reales de aquella Isla enviaban al Rey Catlico. 
Encomendronle al mismo tiempo el mando de la nave que debia conducir aque- 
llos caudales , y dile ademas el tesorero , para que al Rey los ofreciera en su 
nombre, seis indios caribes y otras tantas indias mozas, con treinta papagayos^ 
seis panes de azcar, labrada en la Espaola, y quince veinte trozos de caafis- 
tola; presente mas precioso en verdad por lo peregrino que envidiable por lo es- 
plndido ^. Falt paciencia al capitn Colmenares para esperar Oviedo, y dioso 
luego la vela , aprovecbando la partida de ciertas naves que volvian Espaa: 
no asi el franciscano Torres, quien abroquelado en el convento de su Orden que 
en la ciudad de Santo Domingo ya existia, averigu entendido cuanto hizo Ovie- 
do, resuelto seguirle en la misma caravela que l mandaba. Larga y trabajosa 
fu la navegacin que lucieron, tardando setenta y cinco dias desde Santo Domin- 
go la isla de la Madera , donde bubo de quedarse en tierra el religioso Torres, 
causa del recio temporal que alli les sobrevino. Embarcado, sin embargo, 
pocos dias en otra caravela , y no pudiendo resistir mas las molestias de tan pe- 
noso viage, pas de esta vida, cuando tocbalas costas espaolas, entrado ya 
en la babia de Cdiz. 

Seguia Oviedo entre tanto su derrota Espaa, y llegado Sevilla en los pri- 
meros dias de diciembre, encaminse sin dilacin alguna Plasencia, ciudad en 
que la sazn se bailaba el Rey Catlico. Tenia este determinado pasar la ca- 
pital de Andaluca, fin de reponer su quebrantada salud en aquel templado 
suelo ; y aunque recibi contento al antiguo mozo de cmara del prncipe don 
Juan, holgando mucho de las cartas y nuevas que le traia, asi como del presente 



en sus viages avian hecho , por f de los escribn- 
wnos, que yo avia enviado con cada capilan (Hisl. 
gen. y nal. de Ind., 11." Par., lib. X, cap. 9). 

y ((Pocos dias antes quel Calh(Jlico Rey don Fer- 
wnando pasasse desla vida, le Iruxe yo Plasen- 
))cia seys indios caribes, de los flecheros que comen 
carne humana, seys indias mocas, la muestra del 
accar que se comencaba hacer en la Isla Espa- 
uola , caafistola y treynta papagayos {Sum. de 



la Nat. Hist. de Ind., cap. 31; Colee, de Barcia). 
((Me dio (el tesorero Miguel de Pasamonte) cartas (! 
))Cr('dito y envi seys indios (i seys indias muy bien 
dispuestos , ellos y ellas caribes , y muchos papa- 
Hgayos y seys panes de acucar, y quince veynle 
cautos de caafistola , que {\x el primer acucar y 
caal'istola que el Rey vido de aquestas partes y 
lo primero que Espaa I'ul' {Uist. gen. y nat. de 
Ind., 11." Parte, lib. X, cap. 11). 



DE GONZ. FERN. DE OVEDO. XXVII 

(l( los indios caribes, azcar, caafisLola y papagayos, no quiso entonces oirle 
en las cosas que la gobernacin locaban , mandndole que diera al secretario 
Concbillos memorial de cuanto conviniese proveer, y que compareciera en Sevi- 
lla, donde seria oido y despacbado. Pidile Oviedo licencia para visitar de paso 
su familia, y dirigise sin mas tardanza Madrid, sabiendo en esta villa la muer- 
te del Gran Capitn, y llegndole dentro de breves dias la infausta noticia del 
fallecimiento de don Fernando , acaecido el 25 de enero ". 

Acaso bubiera bastado este fatal suceso para desanimar cualquiera otro que 
en lugar de Oviedo se encontrara; pero resuelto, como estaba, aponer enmienda 
en los males de la Tierra-Firme, determinse partir para Flandes, con el inten- 
to de informar don Carlos de todo cuanto tenia pensado decir al Rey Callico. 
Estbanle en esta navegacin reservados nuevos trabajos : embarcado en Porluga- 
Icte y arrojado por una borrasca la costa de Laredo, torn probar fortuna, sin 
mas favorable xito, pues que ya en mitad del camino, se vio forzado dar la 
vuelta Espaa, no pudiendo tomar puerto basta la Corua, desde donde le lle- 
v su piedad visitar la casa del Apstol Santiago. Dentro de tercero dia (escri- 
)>be) tornamos la Corua c nos embarcamos seguimos la via de la canal de Flan- 
des, y estando ya dentro della, nos dio tiempo contrario nos sac fuera ; con 
mucho trabaxo mayor ventura podimos lomar las islas de Gorlinga , y en una 
dellas estovimos ocho dias, haciendo vida peor que la de las Indias, porque no 
avia alli sino una forlaleca, ruinada y yerma, del rey de Inglaterra y qualro 
))Cnco chocas pajicas, no tales como los buhos de ac (de Amrica) con mu- 
clio. Con todo avia vino; pero tan caro y mas que aqui le bebemos. Tenian un 
poco de harina, de que hecimos unas tortillas que cocimos en el rescoldo 
)>cenica : otra cosa de comer no la tenamos ; pero avia conejos algunos balleste- 
ros de la nao mataron algunos. Y en esta penitencia estovimos ocho dias diez, 
esperando el tiempo; viamos desde alli la isla de Inglaterra seys siete lu- 
garcs: si por caso no pudiramos aferrar aquellas isletas, furamos la vuelta de 
Irlanda pudiera ser que dende un ao no volviramos Flandes ^. Ces 
por ltimo tan recio temporal, y aprovechndose del buen tiempo, pudieron to- 
mar tierra en Cals, encaminndose desde alli Bruselas, donde lleg Oviedo 
mediado ya el mes de agosto. 

Fu en esta capital bien recibido por don Carlos, quien enterado de su deman- 
da, orden al gran Canciller de Borgoa que le oyese; pero no atrevindose este 
proponer resolucin alguna en asunto tan arduo como peregrino, dispuso el nue- 
vo rey que se diera orden los gobernadores de Espaa, los cardenales don 
fray Francisco Ximenez de Cisneros y Adriano de Ulrecht, para que examinasen 
el memorial por Oviedo presentado. Ordenaba tambin don Carlos, satisfecho de 
la conducta de esto leal vasallo, (pie se le pagasen los gastos, ocasionados en tan 
largo viagc, y que fuera igualmente gratificado por sus buenos servicios. Dise 

6 Mariana, ir!st. gen. de K!:pafa,\\b. XXX, cap. A IOS. ///sf. r/cn. y nal. de Ind., U." Viwlc, lib. X, 
27. Carla de Oviedo, fecha 2o do oclubro -IG?; capUilo H. 

feal Acad. dclallint., Colee, de Muoz , knii. 81, 7 llist. gen. y nal. de Ind. ni stipra. 



XXVIll VIDA Y I-SCRITOS 

Oviedo por conloiilo con oslo (l('s|)acliD, y cuando se preparal)a para volver 
Castilla, deparle la suerle al capilan Uodrigo de Colmenares, que se disponia 
landjien dejar Bruselas, remitido, como l, los gobernadores di; Espaa. Ha- 
llbalo Oviedo enfermo y menesteroso, y olvidando en aquel momcnlo la causa 
de su venida Europa y su privanza con el Pedrarias, dolise de su infortunio, 
llevndole consigo Castilla y socorrindole con mano generosa. 

Poco mas de tres dias dur esta vez la navegacin (|uc antes liabia costado 
Oviedo cuatro meses de trabajos y peligros *, no pareciendo sino (|ue el mar se 
ablandaba sus ruegos, avivando asi la esperanza que le babian becbo concebir la 
conocida rectitud y acrisolada experiencia de Cisneros. Mas dominado este gran 
poltico por el |>ensamienlo de someter un nuevo rgimen la administracin y 
gobierno de las Indias , enviando aquellas parles los priores gornimos de la Me- 
jorada , San Juan de Ortega y Montamarla ^, aunque puso Oviedo en sus manos 
la cdula del rey don Carlos y el memorial de las cosas del Darien , no obtirvo 
respuesta ni despacbo alguno , viendo con profundo dolor cuan infructuosos ba- 
bian sido lodos sus esfuerzos , para remediar los males que la Tierra-Firme afli- 
gian. Yo les di aquellos reverendissimos Cardenales (exclama) la remisin y 
memorial que be dicbo , y les supliqu que me oyessen , como el rey , nuestro 
)>seor , lo mandaba ; pero nunca fuy dcllos respondido ni oydo , ni despacbado en 
cosa que tocasse aquella tierra , ni la paga gratificacin que Su Mageslad 
mand bacerme ; y assi la tierra se qued con sus trabaxos y otros que se aug- 
mentaron cada dia , y yo con los mios , y con mas de dos mil castellanos me- 
nos que gast en aquellos viages. Sea Dios servido de todo *"! Hasta aqiti 
las quejas de Oviedo. Pero no fueron los gobernadores mas accesibles Rodrigo de 
Colmenares, quien advertido del poco efecto de los pasos del Veedor, y cansado 
de seguir inlilmente la corte , quiso tentar fortuna por otra via, y abandonando 
los negocios del Pedrarias , se pas al reino de aples. Tal fu el trmino (juc 
tuvieron aquellas negociaciones, en que animaba Oviedo el noble deseo de la 
prosperidad de las ludias , y babia movido los procuradores de Pedrarias y de 
Quevedo el inters particular de sus patronos la esperanza del propio en- 
grandecimiento. 

8 (lEsuve en esle camino quassi qualro meses ))con de lo niismo al gran Clian do Borgoa , fuy 
gasl trabax mas que si dos veces viniera remitido al cardenal don fray Francisco Ximenez; 
desde Sevilla esta cibdad de Sancto Domingo : y porque no se lo remitieron l solo, nunca quiso 
))la vuelta torn , desde Gelanda Portugalele , en oyr nada , y porque estal)a ya puesto en enviar 
tres diasi) (Hist. Gen, y Nat. de Ind. , ut supra), ciertos frayles liiernimos, que nunca salieron de 

9 Estos priores eran fray Luis de Figiicroa, fray osla cibdad (Santo Domingo) ni entendieron cosa 
Alonso de Santo Domingo y fray Bernaldino de Man- de la Tierra-Firme. Mand Vuestra Mageslad que 
zanedo ( Hist. gen. de la orden de San Gernimo, yo fuesse gratificado se me pagassen mis gastos; 
por fray Jos de Sigenza, 111." Parto, lib. I, cap. 2S). pero tampoco se liizo esso como lo oiro: y porque 

10 Hist. gen. de Ind., 11." Parte, cap. ii. Yopre- no me anduviesse diciendo verdades, qudeme con 

sum un tiempo de avisar Vuestras Mageslades avor perdido el tiempo , que fueron quassi tres 

de muchas verdades, y hall vivo al Rey Cathlico, Bai'ios , y con mas de mili quinientos ducados de 

de gloriosa memoria, en tiempo que si viviera mas, mi hacienda gastados en caminos {Carta al Real 

yo'piensso que fuera muy servido dlo entender; Cons. de Ind., fecha. 2o de octubre de 1537. Colee. 

c muri dendc poco , fuy Flandcs , di rea- de Muoz , tom. 81, A. 108). 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXIX 

Perdida ya la de alcanzar juslicia , y despechado del poco fruto de sus pretcn- 
siones, se retir Gonzalo Fernandez al seno de su familia , resuelto acaso re- 
nunciar para siempre al bienestar que le habia brindado Amrica. Pero tenalo 
dispuesto la Providencia de otro modo. En setiembre de 1517 aportaba el nuevo 
rev Villaviciosa de Asturias , y el cardenal Cisneros sala recibirlo hasta Roa, 
donde le lleg un correo de don Carlos, mandndole que no pasara adelante. Fu 
este un golpe mortal para el octogenario arzobispo , que afligido , al verse trata- 
tado con semejante desden , cay en tan hondo abatimiento , que expir el 8 de 
noviembre del mismo ao , tildando la posteridad con la nota de ingrato al prin- 
cipe , quien habia conservado ilesa , en medio de los mayores contratiempos, la 
corona de sus abuelos. Andaba por este tiempo en la corte don Diego Colon, 
pleiteando con el fiscal del Consejo de Indias sobre los privilegios concedidos 
su padre invalidados por el acuerdo de Cisneros ; y llegado don Carlos Cas- 
tilla , ya fuese en odio al mando del cardenal , ya por amor la justicia , resti- 
tuy don Diego en las prerogativas del almirantazgo , y orden que volviesen 
Espaa los priores gernimos. Alentado con esta determinacin, dej Oviedo su 
retiro , en el cual no habia por cierto desperdiciado el tiempo , aumentando y or- 
denando sus diarios , mientras ponia en castellano el peregrino libro de don Ca- 
riballe , que dos aos despus dio la estampa en Valencia ". 

A principios de 1518 se present , pues, de nuevo en la corto con el mismo 
empeo que en 1515 le habia traido de Amrica ; y aunque no existia ya el obs- 
tculo de los priores, gast otros dos aos con igual fortuna, hasta que en 
1519 logr en Barcelona ser oido y bien despachado. Mas no sin que su natu- 
ral franqueza y desenfado le atrageran para lo porvenir duras irreconciliables 
ojerizas. Hallbase en aquella populosa ciudad por el mismo tiempo el licencia- 
do Bartolom de las Casas, procurando la gobernacin del rio y provincia de Cu- 
man en la Tierra-Firme : dolase este clrigo , como se dolia Oviedo , del mal 
tratamiento que los indios recibian, y llevado de un celo verdaderamente evan- 
glico , habia venido , como Oviedo , querellarse y buscar el remedio de tantos 
males. Pero las Casas se apartaba del Veedor de las fundiciones del oro en que 
solo pedia este para el Darien un gobernador experto y justificado y un obispo 
que , ageno de codicia , pensara nicamente en reglar la conducta de sus clri- 
gos, mientras pretenda aquel que se echaran de las Indias gobernadores, capi- 
tanes y soldados ; comprometindose conservar la tierra de Cuman en el ser- 
vicio y poder de los reyes de Castilla , sin mas aparato que unos cuantos ccnlc- 

i\ Es notable la aversin que manifest despus que dexassen de leer 

Gonzalo do Oviedo los libros de caballera: no con- y tambin de se vender 

tent con anatematizarlos en diferentes pasages de la essos libros de Amads , ele. 
Hist. gen. y nat. de Ind. , como fabulosos y nocivos 

la verdad, les dedica algunos recuerdos del mismo En la Estanza 10 do la III." Parle de las mismas 

gnero en los Off. de la Casa Real, exclamando en la Quiiquagenas Iruona do nuevo contra los libros de 

Estanza H de la I." Parte do las Quinquarjcnas: caballera, cuya lectura debia eslar entonces en su 



mayor fuga. 



Sancto cons_ejo seria 



XXX 



VIDA Y ESCRITOS 



nares de sencillos lahiadores >, unos ciiiciicnlii calall(M'os de cruces rojas, (|uc 
sirviendo los indios de escudo, amparasen Uunhien los (jue dehian ciiUivar los 
campos '"^ Todo lo confiaba las Casas de la mansedumbre y natural bondadoso de 
los indios: Oviedo, que conoca su fiereza y que tenia inequvocos testimonios del 
terrible efecto de sus (leclias berboladas, lodo lo esperaba por el contrario de la 
prudencia de los gobernadores y capitanes, de la continencia y abnegacin del 
clero, de la ausencia absoluta de los legistas, y finalmente de la disciplina de los 
soldados y de la morigerada conducta de los pobladores. Todo esto crey logra- 
da el Veedor, respecto del Darien, con la nnierle del obispo Quevedo '^ y con el 
nombramiento de don Lope de Sosa , que debia reemplazar al Pedrarias en la go- 
bernacin de Castilla del Oro; pero teniendo la doctrina del licenciado las Casas 
por aventurada y peligrosa la quietud de las Indias, y no pudiendo consentir, 
como soldado, que se metiese a tratar del oficio de la conquista persona tan poco 
experimentada en aquel gnero de guerra , se opuso franca y enrgicamente la 
pretensin del clrigo, manifestando que en lugar de convertir los indios, como 
pensaba , era aquello llevarles armas su propia ierra para fjue matasen los cris- 
tianos 7idefensos. La contradiccin de Oviedo , que se arrim el voto de los con- 
sejeros de Indias y la opinin de cuantas personas respetables babian pasado al 
Nuevo Mundo , ofendi en tal manera al licenciado las Casas , que no solamente 
le vio desde entonces con declarada aversin , sino que ni aun despus de su muerte 
lleg perdonarle la ofensa de no baber pensado como l , respecto de la conquista. 
Bartolom de las Casas triunf, sin embargo, de sus opositores, merced al favor 
de Laxao y los privados flamencos ", viniendo al poco tiempo mostrar la malha- 



12 Oig'amos al mismo liccnciad Barlolom do 

las Casas narrar estos hechos , replicando Oviedo 

y Gomora, respecto de los misios: Lo que en 

esto hay (dice) es que para que los indios de aque- 

))llas tierras (Cuman) que lan escandalizados y mal- 

Mlralados estaban (hasta entonces no se haban re- 

iibelado) crcyessen y no pensassen que les avia 

))dc faltar palabra por parle del rey nuevo que avia 

Dvcnido reynar Castilla, como muchas veces se 

les avia quebrantado la f y palabra en lo que les 

prometan los espaoles; parescilc al clrigo que 

wassi como avia de certificar de parle del rey cosas 

nuevas , como eran que avia sabido los escndalos 

))y daos que avian roscibido y le avia pesado mu- 

))cho dello , y que por tanto enviaba c'l para que 

dende en adelante no luvessen temor alguno que 

les avia de suceder agravio de los pasados y que 

cl los avia de defender; que assi convcrna que 

moslrasse el clrigo y los einqenla que para ca- 

balleros avia do escoger, ser gente nueva y dife- 

renle dlos pasados, y por aquella seal todos los 

eonosciessen. Y porque no tuvo lugar de sealar 

los einqenla, como por la historia se ha visto, no 

dio la cruz a alguno : l se la puso, etc. (Ilist. 

gen. de Ind., lib. III, cap. lfl). 

i3 Don fray Juan de Quevedo (escriba el Vee- 
dor, refirindose al ao de lilO) era llegado Es- 



paa , el qual me escribi que le atendiesse en la 
corle, y assi lo hice, porque me holgara yo mu- 
))cho de decir en su presencia lo que avia dicho 
en Flandes en el Consejo : c lleg la corte , y 
desde muy pocos das muri cerca de Barce- 
lona. {Ilist. gen. y nal. de Ind., 11." Parle, lib. A', 
cap. 1 1). 

14 Quedaron tambin (observa las Casas) hu- 
miilados Gonzalo Hernndez de Oviedo y los de- 
mas que avian partido entre s la tierra que al cl- 
rigo se avia encomendado , mayormente Oviedo, 
que por ser tan del obispo, pensaba tener en el ne- 
gocio mas parte {Ilist. gen. de Ind., lib. III, capi- 
tulo 141). El obispo Fonseca era proiccior del Pedra- 
rias, y Oviedo habia venido denunciar las arbitra- 
riedades y tiranas de este. Cmo, pues, haban de 
ser tan amigos el Veedor y Fonseca?. . . Barlolom de 
las Casas aada en otro lugar, hablando do sus pa- 
trocinadores : Tornado avia el rey aquellos rey- 
nos , y con l eran venidos los caballeros y priva- 
))dos que lo avian favorescido ( al clrigo ) ; y cslo 
paresci despus , porque los mismos , desque su- 
peron lo que le ava suoedido (su perdicin y de 
los suyos en Cuman), lo escribieron que tornasse 
all ( la corte), y que lerna mas favor para con c) 
rey que antes ava tenido; y el mismo Papa Adria- 
nolambicn le mand escribir; sino que llegaron las 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XXXI 

dula suerte de los que osaron seguirle, el lundanienlo de los temores de Oviedo ". 

Haba este solieitado entro tanto la gobernacin de la nueva provincia de Santa 
Marta, una de las tres en que acababa de ser dividida Castilla del Oro, obtenin- 
dola sin otra dillcullad, en pago de sus largos servicios; pero deseando como las 
Casas, que cesaran las violencias cometidas contra los indios, pidi, llegado el 
momento de las capitulaciones, que se le concedieran cien bbitos de Santiago, 
los quales liabian de recaer en otros tantos liijosdalgo de conocido y antiguo lina- 
ge . Proponase Oviedo por este camino que fuesen los indios bien tratados y redu- 
cidos la f catlica, poblndose la tierra de hombres de honra xj de buena casia, 
los cuales con esperanza de los bbitos y beneficios ellos anexos, mirasen con 
amor la provincia y curasen de su prosperidad, como de cosa propia *^. A esta de- 
manda se opusieron algunos consejeros de Indias , declarndola perjudicial los 
intereses y dignidad del trono, puesto que podria llegar bacerse en aquellas 
parles muy poderosa la Orden de Santiago , y no estaban aun muy lejanos los tiem- 
pos en que era temida de los reyes su inlluencia. Pero Oviedo, que no alcanza- 
ba entonces la fuerza de estas razones polticas , crea firmemente que era aque- 
lla la nica manera de lograr la fcil conquista y quieta posesin de tan belicosas 
regiones, insisti en su propsito, renunciando por ltimo la gobernacin de San- 
ta Marta, luego que bubo de convencerse de que no venia el Consejo en conceder 
la peticin de los bbitos. 

Mas si no qued en esta parte enteramente satisfecbo de la corle, dbanle motivo 
para no tener queja las diferentes cdulas que respecto del Darien Iiaba alcanzado. 
Nombrado ya gobernador Lope de Sosa , procur quitarle el estorbo del consejo 
de los oficales reales, y obtuvo la conqietente cdula para que gobernase solo: 
convencido de que la insaciable codicia de los mismos oficiales era causa de ve- 
nalidades , vejaciones y escndalos , logr que se les vedara lomar parte en lodo 
gnero de grangerias; sabeedor por experiencia propia de que la ninguna respon- 
sabilidad de los quilatadores del oro daba ocasin continuos fraudes, Iizo que 
se expidiera cdula real, para que no tuvieran hs puntas ni q\ toque, sin fianzas. 
Ninguna ley reconoca la casa de fundicin del oro, y qued por su celo sujeta 
previsoras ordenanzas , gozando al mismo tiempo de amplios fueros : quejronsele 
los pobladores del Darien del crecido derecho de almojarifazgo y recab la fran- 
quicia de cuatro aos para toda la tierra: parecales, finalmente subido el diezmo 
del oro de las minas, y tuvo Oviedo la fortuna de reducirlo al quinto en el espacio 
de cinco aos. Regidor perpetuo de Nuestra Seora del Antigua, escribano gene- 
ral de la provincia, receptor por S. M. de las penas de Cmara; he aqu los car- 
gos y mercedes, que en desagravio de los pasados sinsabores, se concedieron 
fines de 1519 al Veedor dlas fundiciones del oro de la Tierra-Firme"; man- 
dndose al mismo tiempo todos los adelantados y gobernadores de las Indias 

Hcarlas qiiandoyanopodia dclcrminarde si {Hist. 10 Ilist. gen. y nat. da Ind., U." Parto, I. VIF, 

gen. de Ind., lib. III, cap. dS9). c. 1 y 4. 

Vi Vase el cap. 5 del lib. XIX de esla 1.= par- 17 Ib. [\? Parlo, lilj. X, cap. l. 

le de la IIM- gen. y nal. de Ind. 



XXXII VIDA Y ESCRITOS 

que le ilioscn relacin verdica de sus hechos, fin de que pudiera dar cima 
la Historia General, (jue lenia comenzada. 

Disponase va dejar la corte, donde se hallaba coiirrcfado todo lo mas ilustre 
de Espaa, para l'elicilar al nuevo Uey de romanos, tiempo que IIct Barcelona 
la noticia de haber de^follado el Pedrarias, como traidor, y coniscado sus bienes 
al adelantado Vasco Nuez de Balboa. Exagerados por el Gobernador los crmenes 
que esle alentado descubridor y sus cmplices se achacaban , y abultadas por 
demasas riquezas que se les suponan, pues (pie hubo de creerse en la corle que 
pasal)an de cien mil pesos de oro, expidi el Consejo de Indias cdula favor de 
(onzalo de Oviedo, para que tomara cuentas y cobrase los bienes de aquellos 
sentenciados "; mandando por otra, dada en Mohns del Rey el 24 de diciembre, 
que se le abonaran 15,000 mrs. para ayuda de los gastos de su pasage y el de 
su familia *'. Despachado en esta forma, parti por ltimo de Barcelona, y ve- 
nido Madrid , dispuso lo conveniente para el viage , en que debian acompaarle 
su muger, dos hijos y ocho criados^. Con esta pequea comitiva sali de Madrid 
por marzo de 1520, embarcndose en Sevilla principios del siguiente abril en 
la caravela del maestre Pedro Rodrguez , y dirigindose la Gran Canaria , en 
busca del nuevo gobernador Lope de Sosa, que haba tenido antes el mando de 
aquellas islas. Supo alli Oviedo que esle celoso caballero iba ya adelante con los 
oficiales de justicia que al Darien llevaba, y tornse luego lmar, para seguir- 
le, logrando tan prspero viento que, habiendo locado en la isla de Santo Do- 
mingo , donde le detuvo ocho dias un inesperado y poco gralo accidente ^' , arri- 
b al puerto de San Juan en la noche del 24 de junio. Halle alli (escribe) otra 
))nao, dla qual supe la muer le de Lope de Sosa, cjue yo sent en el nima, por- 
que me hall tuve por mas preso que si me viera en tierra de moros; porque 
en la verdad yo haba procurado y hecho todo lo que en m fu para que Pedra- 
rias fuese removido. E no me enga en ello, ni me desembarcara, si no hiera 
))por mi muger hijos; pero cmo no pude hacer otra cosa, atend me enco- 
mendar Dios y esperar su socorro: que otro no lo lenia -^'>. De esta manera, 
cuando iba recoger el fruto de sus largos trabajos, cuando daba por realizada 
la salvacin del Darien, vea desvanecidas todas sus esperanzas, encontrndose 
en situacin mas comprometida y arriesgada que en 1515. 

Mas ya estaba jugada la suerte, y no era posible volver un paso atrs: Oviedo 
envi el siguiente dia un criado suyo al Pedrarias para noticiarle su arribo ; y al 
saberlo, dispuso el gobernador que salieran recibirle el bachiller Diego del Cor- 



18 Informe dado por Oviedo al Consejo de In- do en 1S20 la Tierra-Firme, y hallndose en 
dias en 1324 sobre Pedrarias y su gobierno {Real aquella ciudad alojado en una posada, en cuyo cor- 
Acad. de la Hist. , Colee, de Muoz. A. 103). ral habia algunos de los referidos manzanillos, co- 

19 Esla cdula fu obedecida por el tesorero mieron sus dos hijos de las almendras y purgaron 
Malicnzo en 2 de marzo de 1520. {Real Acad. de la lano que cayeron desmayados, llegndose dudar 
Hist., Colee, de Muoz, tom. 8a). de sus vidas {Hist. gen. y nal. de hu., 1." Parle, 

20 Ced. de 2 de Diciembre, ut supra. lib. X, cap. 4). 

21 Al describir Oviedo los manzanillos ponzoo- 22 ///*(. gen. y nal. de nd. , W.' Vare , lib. X, 
sos de la isla de Sanio Uomingo, refiere que vinien- cap. 14. 



DE GON. FERN. DE OVIEDO XXXIII 

ral y Diego de Maldonado , para asegurarle de su benevolencia y amistad, mani- 
festndole que holgaba mucho de su llegada , y que le honraria y ayudaria como 
propio hijo hermano *'. Con esta seguridad, aunque no sosegado del lodo, 
salt Gonzalo Fernandez en tierra , dirigindose inmediatamente la ciudad , pa- 
ra visitar al Pedrarias, quien pas en cambio la posada en que la muger del 
Veedor se habia hospedado , prodigarle toda clase de corteses cumplimientos. 
Present despus Oviedo las cdulas y provisiones del Real Consejo de Indias, y 
aunque se dio el Pedrarias por servido de la relativa su gobierno, que no se ha- 
bia por cierto ganado para l ; aunque Diego del Corral y los regidores , cuvos 
nombramientos perpetuos llevaba, manil'estaron no poca sorpresa a vista de tales 
mercedes, no solamente esquivaron el dar Oviedo las gracias por ellas, sino 
que ni aun le satisficieron los derechos del despacho de los correspondientes t- 
tulos. En tanto los oficiales reales , quienes se cerraba el camino del logro, 
prohibindoles lodo linage de grangerias , recibieron al nuevo regidor, si no con 
abierta ojeriza, al menos con poco disimulado desvio. Estas ostensibles muestras 
de desafecto causaron en Oviedo hondo disgusto , confirmndole hasta cierto pun- 
to en sus recelos ; y aadindose tsdo la desgracia que dos meses despus de 
llegado al Darien le sobrevino, perdiendo uno de sus hijos, que apenas contaba 
ocho aos, estuvo muchas veces ilclcrminado de tomarse Espaa en la misma 
nave que le huhia llevado, y lo hubiera sin duda puesto por obra, si la necesidad 
y la vergenza no se lo estorbaran. 

Pero si hasta entonces solo hablan dado el gobernador y los oficiales leves 
indicios de su encubierto enojo, bien pronto vino su conducta poner Ovie- 
do en el trance de arrostrar pblicamente su enemistad y malquerencia. Era 
Santa Maria del Antigua cabeza de Castilla del Oro, y en tal concepto habia pro- 
curado el Veedor que recayesen sobre esta ciudad las franquicias v mercedes 
otorgadas por la corte; pero ya porque no convenia al Pedrarias ni los oficiales 
la vigilante fiscalizacin de Oviedo, quien reclamara en todo caso el ciunplmien- 
lo de las reales provisiones , ya porque en odio Vasco INuez de Balboa inten- 
tara el gobernador despolilar aquella comarca , ya en fin porque urga unos 
y oros recoger los despojos de la costa del Sur, para ponerlos en salvo, antes que 
viniese otro gobernador de Espaa; resolvironse trasladar Panam el asiento 
de la gobernacin, reduciendo casi la impotencia al Regimiento del Darien, pues 
que el tesorero Alonso de la Puente y el contador Diego Mrquez eran regidores 
perpetuos de los nombrados solicitud de Oviedo. Requiri este Pedrarias, ma- 
nifestando los daos, que al procomunal y al servicio de los Reyes con semejante 
determinacin se ocasionaban; mas no bastaron reflexiones para retraer al gober- 
nador y oficales de un intento, que los inclinaba su insaciable codicia. Pedra- 
das dej por su teniente en el Darien Martn de Estete, hombre de ninguna 
experiencia en letras ni en armas, casado con una ciiada de doa Isabel de 11o- 
badilla, muger del mismo Dvila. 

23 Ut suvra 

TOMO I. 5 



XXXIV 



VIDA Y ESCRITOS 



Kl resiiUado de csla desacertada resolucin no pudo ser mas falal al Darien: al- 
zse la tierra con los desafueros de Esleto, y vindose reducidos los espaoles casi 
al recinto de la ciudad, comenzaron abandonarla, temerosos por una parle de 
comproineler sus haciendas, y llamados por otra de los nuevos repartimientos 
que en Panam les hacia el Pedrarias. Pero asi como iba creciendo el nmero de 
los que desamparaban la tierra, asi se airmaba Oviedo en la determinacin de 
protegerla , y mientras los mas llegaban hasta el punto de arruinar las casas alli 
labradas, se empeaba en fabricar para s una tal y tan costosa que ninguna has- 
ta aquel tiempo habia en la Tierra-Firme como ella ^\ Entre tanto lleg Pana- 
m el oro recogido en la parle del poniente, y deseando el Pedrarias fundirlo y (uin- 
tarlo, mand Oviedo que se presentara en aquella ciudad ejercer su oficio, 
saliendo con este intento del Darien en agosto de 1521. No quiso el Ayuntamiento 
perder esta ocasin de reclamar la observancia de las ltimas reales cdulas y 
provisiones que hablan ya caido en desuso, y para este efecto dio Gonzalo de 
Oviedo poder bastante, seguro de que no habia de faltarle resolucin en seme- 
jante demanda. Asi sucedi por cierto: verificada la fundicin y sacado el quinto 
de la corona, requiri el Veedor nuevamente al Pedrarias, hacindole responsa- 
ble de todos los males que aquejaban al Darien y declarando, en nombre de su 
Ayuntamiento, que por su causa se despoblaba y perdia aquella ciudad, la mas 
principal y rica de cuantas existan en la Tierra-Firme. Tom Oviedo testimonio 
pblico del requerimiento, y disponase ya tornar al Darien, cuando escogitado 
el medio de comprometer y arruinar al Veedor , cuya integridad y firmeza de carc- 
ter tanto le ofendan, le propuso Pedrarias Dvila hacerle su teniente, con lo cual 
se dara la ciudad por contenta y se sostendra la tierra , puesto que l no poda 
por entonces abandonar aquellos mares. No desconoci Oviedo el lazo que se le 
armaba ^*, y aunque dud primero si aceptara cargo , en que no era posible ganar 
mucha honra, acordndose de que aquella ciudad se despohlaria enteramente , yper- 
deria l su hacienda, si no habia quien de ella se doliese, se resolvi al cabo ser- 
vir la tenencia, en nombre de S. M., reservndose siempre sus oficios de Veedor 
de las fundiciones. Regidor perpetuo y Receptor general de la real cmara y 
fisco. 

A principios de noviembre del mismo ao volvi, pues, al Darien, hecho ya 
capitn de aquella comarca, donde le estaban aparejados nuevos quebrantos. Aco- 
metida su muger de aguda fiebre, durante su ausencia, apenas lleg tiempo pa- 



24 Yo hice una casa en la cibdad de Snela 

nMaria del Antigua del Darien que me cosi 

wmas de 1 ,500 pesos de buen oro , en la cual se pu- 
wdiera aposentar un prncipe, con buenos aposen- 
los allos baxos con un hermoso huerlo de mu- 
nchos naranjos oros rboles , sobre la ribera de 
un gentil rio que pasa por aquella cibdad (Hist. 
Gen. y Nat. de nd., 1." Parle , lib. VI , cap. i). 
assi como otros la desamparaban ( la ciudad del 
Darien) comenc yo labrar dex la traza di- 



neros mi muger para que hiciese mi casa (Hist. 
Gen. y Nat. de Ind., IV Parle, lib. X, cap. 14). 

25 En la hora que se me dio la provisin (dice 
wOviedo) por la qual avia de gobernar aquella cib- 
dad ser capilan de aquella provincia, dixo Pe- 
ndrarlas algunos que por mi mal avia tomado 
aquel cargo; y assi fu ello, porque mi condicin 
de hombre libre no pudo comportar cosas feas 
torpes (Uist. Gen. y Nat. de tnd-, ut supra). 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XXXV 



ra cerrarle los ojos, siendo imponderable la tristeza que produjo en l tan impre- 
visto acontecimiento. Con el dolor de prdida tan triste para m (exclama), 
transportado fuera de sentido, viendo muerta mi muger que yo amaba mas 
que mi, estuve para perder el seso, porque dems de tan dulce compaia v ser 
mi desseo vivir en el estado matrimonial, como cristiano, no era acostumbrado 
))las mancebas que mis vecinos tenian y aun algunos duplicadas*. Rendido, no 
obstante, aquel justo tributo al amor conyugal, pens Oviedo en las cosas de su 
tenencia, con el firme propsito de cortar de raiz los envejecidos abusos y castigar 
severo los crmenes que diaria impunemente se cometan. Persigui, pues, los 
amancebados; probibi los juegos de naipes, mandando quemar por mano del pre- 
gonero todas las barajas que se encontraron en la ciudad ; castig los blasfemos; 
amonest y mult los escribanos pblicos para que se abstuvieran de sus fraudes 
y rapias, y defenit bajo graves penas que se maltratasen las mugercs indias, 
cargndolas como acmilas; adoptando otras disposiciones no menos acertadas *^, 
que si bien merecieron la aprobacin de los bombres bonrados, comenzaron 
grangearle el aborrecimiento de los malos y viciosos. A tal punto los habian lleva- 
do la impunidad y falta de justicia de las pasadas gobernaciones! 

Mas si solcito se mostr el Veedor en cuanto la moral y las buenas costum- 
bres tocaba, no despleg menor actividad en cuanto la prosperidad material se 
referia. Despus de concertar la mayor parte de las diferencias que sobre deudas 
existan entre los vecinos, poniendo de su casa mas que palabras, para avenir y 
amistar las partes ; despus de establecer de su propia bacicnda el abasto de car- 
ne para la ciudad; y finalmente, despus de baber sometido la limpia del oro 
rgimen menos duro, procur abrir pacficamente el comercio con los indios cari- 
bes , logrando en pocos meses que armasen su ejemplo no pocos vecinos del 
Darien piraguas y caravelas , para segundar su industria ; con lo cual se recogieron 
en la ciudad mas de 50,000 pesos de oro, sin riesgo alguno de los espaoles y 
con beneplcito de los indios. Pero al mismo tiempo que estas nuevas exaspera- 
ban en Panam la codicia y saa del gobernador y los suyos , ofrecales la justifi- 
cacin de Oviedo frecuentes ocasiones para desautorizarle y malquistarle. No ba- 
bia delincuente que se acogiese Panam, que no obtuviera impunidad completa: 
no liabia penado (pie apelase de las sentencias del Veedor, que no lograra ser ab- 
suelto y premiado con heredamientos y distinciones. Por esta senda se v en breve 
personalmente odiado de cuantos malbecbores vagaban por aquellas partes, sin 
que le sirviese de escudo el asentimiento de de los buenos *\ Y no fueron por 



26 Ib. 

27 Una de las ordenanzas mas provechosas 
la ciudad y provincia del Darien, fu sin ddala 
que hizo Oviedo para exterminar los tigres que in- 
feslaban aquellas comarcas con grave dao de los 
g-anados, oblcniondo el mejor resullado de este 
acuerdo. Al (ue presentaba la cabeza de un tigre, 
se le daban cuatro y cinco pesos de oro {Surn. 
de la Nat. Hist. de Ind. , cap. ii : Hist. Gen. 



y Nat. dernd.,l.' Parle, libro XII, capitulo 10). 
28 a Junto con esto (escribe Oviedo hablando 
))de su gobernacin) fuy temido juez, por no haber 
disimulado los pecados pblicos , ni dexado de ha- 
cer justicia , aunque templada fuesse; cada uno 
))saliia que no tenia nada en m para se quedar sin 
pena moderada correccin, si culpado fuesse: 
))de lo qual no poca indignacin contra nn' formaron 
algunos, porque al que yo castigaba, si apelaba, 



XXXVI VIDA V KSCRITOS 

ciorto los clrigos, que tan siioUos aiidiihan dosilo la prolacia de don fray Juan 
deQucvedo, los que menos odio nioslraron contra el Veedor, no pudiendi) sufrir 
que un soldado osara amonestarles y reducirlos prisin, para que se apartaran 
de los escndalos carnales y de las vedadas rapias. Juan l*erez de Zaldiiendo, 
den de Santa Maria, hombre de pocas letras y de menos honestas costumbres, to- 
mando por suvas las ofensas del clero, en el cual contaba deudos muy cercanos, 
V (>ristbal Muoz , escribano quien Oviedo pcrseguia, como Receptor del lisco, 
fueron, pues, los cabezas de aquella especie de faccin que contra l se levantaba, 
ai;!mada de profundos inestinguibles rencores, y que solo poda darse por satis- 
fecha con su ruina y muerte. 

Brevemente salieron plaza los tenebrosos planes que contra el Veedor se fra- 
guaban. Alzados en los bosques y montaas desde las entradas del bachiller Cor- 
ral y la tenencia de Estete, negbanse los caciques de Bea, Corobari y Guaturo 
acudir con sus rentas al fisco y los comendadores, llegando tal extremo el 
desprecio de los cristianos, que dio el primero cruel muerte al capitn Martin de 
Murga, quien, desoyendo los avisos de Oviedo, y fiado en las promesas del caci- 
que , habia osado penetrar en el interior con otros cuatro espaoles, que fueron 
asimismo alevosamente asesinados. Quiso el Veedor lomar enmienda de aquel 
desacato, recelando que la impunidad ensoberbeciera los caciques, y dispuso 
luego que el capitn Juan de Ezcaray, con hasta cuarenta hombres, fuese cas- 
tigar aquella ofensa y rebelin de los indios. Mas cuando ya se apercibian para 
salir los espaoles del Darien , fu esta resolucin pblicamente contradicha por 
el bachiller Corral , que acordado con Zalducndo y Muoz , y deudo cercano 
de los caciques de Bea y Corobari ^, procuraba por una parte evitar la perdicin 
de los indios, labrando por otra la de Oviedo. Intiles fueron los esfuerzos de 
este para que la expedicin por l acordada, partiese contra el cacique de Bea: el 
den , el escribano y el bachiller trabajaron de manera que los cuarenta soldados 
que antes se habian ofrecido voluntarios para la interpresa , llegaron amotinar- 
se contra su capitn , quien presentndose Oviedo le dijo : Seor , espantado 
estoy de tanta mudanca como hay en esta cibdad, porque ayer todos estaban 
de buen propssito , y en esta noche passada han mudado la voluntad y paresce 
que los llevan la horca, no veo hombre en dispusicion de ir conmigo '". 
Disimul el Veedor, forzado de la necesidad, aquella abierta rebelin, no sin que 
diese orden para procesar y descubrir los promovedores de ella; y cmo resul- 
tara ser uno de los principales el bachiller Corral , quien los testigos cargaron 
de otras muchas culpas, temeroso de que hallara absolucin en el tribunal del 
Pedrarias, determinse , con el acuerdo del licenciado Sancho de Salaya, que iba 

le absolva el gobernador y le daba dineros (//s. que Oviedo habla tomado de castigar los caciques 

Gen, y Nat. de Ind., 1.^ Parle, Wh. X, cn<p. ]5). rebeldes. Corobari , que llevaba ya el nombre de 

29 El bachiller Diego del Corral tenia encomen- cristiano, se habia levantado antes otras dos veces, 

dados la madre, la muger y los hijos de Corobari, logrando que se le perdonase, lo cual sirvi eolo 

de quien era pariente muy cercana la india Elvira, para inducirlo nuevas rebeliones, 
en la cual tenia varios hijos. Asi ligado por el inte- 30 Hisl. gen. y nat. de Ind., ut supra. 

res y por el parentesco, se oponia la resolucin 



DE GOX. FERN. DE OVIEDO. XXXVll 

por alcalile mayor ile la costa del Sur , enviarle Espaa cargado de grillos y 
acompaado de Luis de Crdoba , hombre perjudicial la repblica por sus des- 
honestas costumbres, cuyo hijo Simn Bernal servia en casa del Zalduendo. 

Desembarazado de taks estorbos, volvi Gonzalo Fernandez de Oviedo la vista 
al castigo de los revueltos cacipies , liacieiido de manera (|ue en breves dias 
tuvo en su poder hizo justicia de Corobari, el cual, no solamente confes lu 
complicidad del bachiller, sino que declar tambin que, aun despus de la muer- 
te del capitn Murga, habia sostenido con los insurgentes intimas relaciones ^'. 
Muerto Corobari, el mas temible de los caciques de la comarca, dirigise Ovie- 
do contra Guaturo , que tenia su asiento veinte y ocho leguas de Santa Mariu 
del Antigua, y dise tan buen recaudo, que le hubo i'ciimenlc las manos con 
su familia y principal caudillo, llamado Gonzalo, haciendo en ambos singular es- 
carmiento. Aquietada asi la provincia, torn el Veedor la ciudad del Darieii, 
<!onde pensaba recoger el fruto y galardn de sus trabajos ; pero le estaban alli 
esperando nuevas asechanzas y peligros. Recelando tal vez que acabase por triun- 
far de sus enemigos, ya cediendo las instigaciones de Zalduendo y sus con- 
sortes, habia escrito el Pedrarias al Regimiento, retirando Oviedo sus poderes, 
y dndolos al bachiller Corral , cuya remisin Espaa no era llegada aun su 
noticia. El ofendido Veedor, que todo lo esperaba de la conducta del Pedrarias y 
de las tramas de los adversarios que le habia granjeado su malhadada tenencia, 
no pudo sin embargo resistirse la indignacin , viendo cuan infame premio re- 
cibian sus servicios; y cuando le mostraron en el Regimiento las cartas del go- 
bernador, abandonando la silla de la presidencia, y ocupando la que como re- 
gidor le correspondia, exclam en esta forma: Este es mi lugar que el Csar 
me dio, y desde aqueste servir yo Sus Magostados, como su oficial y no como 
teniente del seor gobernador; y en todo lo que yo le pudiere contentar al seor 
gobernador con mi persona lo que yo alcancrc que sea en servicio de mi rey 
y en pro utilidad desta repblica , lo har como lo tengo jurado y soy obli- 
gado. 

Con la destitucin de Oviedo, envi Pedrarias Dvila al Darien un peregrino man- 
damiento, para que eligiese la ciudad procurador que la representara en la junta ge- 
neral que de todas las poblaciones de Castilla del Oro se proponia hacer, fin de 
nombrar alli otros procuradores que residieran constantemente en la corte de Es- 
paa. Pagado el Regimiento de los importantes servicios que el Veedor acababa 
de prestar la ciudad y provincia, no titube en designarle para este honroso 
cargo, logrando fuerza de ruegos que lo admitiera, y dndole cumplidos pode- 
res. Mas divulgado este acuerdo, subi tal punto la saa del den y sus amigos, 

31 Confes que sabia la tniiei le del capilan Mar- Ia niuerle del capilan Marlin de Murga. Por lo qiiat 

i)tin de Murga que se lo avia dicho el bachiller Cor- \xo pblicamenlc el licenciado Salaya que, si el 

ural en una eslanea que tenia inedia legua de la cib- ))bachillcr Corral no Tuern partido, que pblicamente 

dad que ah se avian visto comido juntos al- unoreeia ser quemado con su cacique Corobari, por 

Dgunas veces el bachiller y esle cacique: lo qual era wlraydor enemigo de los chripslianos (Hist. gen. y 

en tiempo que se velaba la cibdad, por temor del nat.delnd., II. Parle, lib. X, cap. 16). 
mismo Corobari y del cacique de Bea, despus de 



XXXVIir VIDA Y ESCRITOS 

que se rosolvioron oclinr ol rosto en ol asnillo, para qtif so aniilason los poderes 
dados al cado leniontc del Podrarias, poniendo en sn In^rap snjfolo de sn liechnra. 
Y cmo ya eran duchos en promover asonadas, hicieron fciiniente (|ue unos po- 
cos osados se presentaran en el ayiinlamienlo, acaudillados por el procurador del 
concejo, primo de Zalduendo, el cual tomando, de su autoridad, el nomhre y voz 
de todos los vecinos, pidi que se revocara el nomhramiento hecho unnimemente 
por el cabildo, sometiendo de nuevo la eleccin al voto de los pobladores. Cono- 
ci Oviedo la urdimbre de aquella tenebrosa tela ^^ y deseando probar sus ene- 
migos que en nada les temia, rog al ayuntamiento que aceptara la propuesta del 
procurador del concejo: la votacin verificada en el mismo dia, no solamente le 
proclam representante del Darien, sino que exasperando mas y mas al Zalduendo 
y los suyos, los arrastr al camino del crimen. 

Era para ellos de sumo inters y urgencia el evitar que el Veedor se presen- 
tara en la junta de Panam, recelosos, como culpados, de que descubriera alli sus 
torcidas maquinaciones: ponales espuelas la sed de venganza, y para conseguirla 
tan completa como deseaban , dispusieron de comn acuerdo que aquel criado del 
den, cuyo padre haba echado Oviedo de la tierra, dndose por sentido del Zal- 
duendo, solicitara entrar su servicio , para asesinarle en su propia casa, cuando 
lo hallase dormido ^^ Pero saliles vano este depravado intento, negndose el 
Veedor recibirle, como hombre sospechoso y agraviado , con lo cual subi 
tal punto su ira que no repararon ya en los medios, resolvindose aprovechar 
la primera ocasin, por pblica que fuese. Tenia Oviedo fletado un barco y ade- 
rezado su viage al Nombre de Dios, no solamente para ejercer su cargo de 
procurador on Panam, sino tambin para presentarse en la residencia que al go- 
bernador se lomaba, fin de reclamar por el rey, por la ciudad del Darien y por 
s propio los perjuicios, que el Pedraras haba causado todos con su arbitrario 
gobierno. Dispuesto darse la vela, hallbase un viernes 19 de setiembre de 
1522 la puerta de la iglesia de San Sebastian, hablando con uno d los alcaldes 
ordinarios de la ciudad, cuando aquel Simn Bernal , criado del Zalduendo y en- 
cargado de dar cima al proyectado crimen, juzg llegado el momento que espia- 
ba. Pero oigamos al mismo Oviedo referir este alevoso atentado: Quando este 
))lleg (Simn Bernal) donde el alcalde yo nos pasebamos delante de la iglesia, 
quitse el bonete, acatndome, yo abax la cabeca, como quien dice: bien seays 
yivenido; y arrimse una pared frontero dla iglesia. Y el alcalde en esta sacn 
me rogaba que diesso la vara del alguacilazgo de aquella cibdad un hombre de 
bien (porque yo tenia poder para proveer de aquel officio , quando convinesse, 
en nombre del alguacil mayor, el bachiller Encsopor su absencia, que estaba en 
"Espaa y era m amigo) ; dixe al alcalde que me placa de hacer lo que me ro- 

32 (iLoida esta pelicion en Regimiento y en mi liclo , y ser hecho sobre asechanea y sobre pens- 
)>presenc'a, dixe que bien parescia que lodo aque- sado , y dixo que quando avia procurado de vivir 
))llo era fabricado por el doahD (Utsupra.). conmigo, era por me matar durmiendo como me- 

33 Refiriendo Gonzalo Fernandez la confesin jor le parescicsse (Hist. gen. y nal. de Ind. , li- 
de Simn Bernal , se expresa asi : Confes su de- bro X, cap. 19). 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. XXXlX 

Mgaba, porque me presela que era buena persona aquel, para quien me pedia la 
vara del alguacilazgo. Y en csle instante lleg por detras el Simn Bernal con 
))un pual luengo y muy alilado, aunque Iraia otra espada ceida, dime una 
gran cuchillada en la cabeca y descendi cortando por debaxo de la oreja sinies- 
)>tra cortme un pedaco grande de la punta huesso de la quixada y entr hasta 
(media mexilla , fu tan grande honda la herida que me derrib dio conmi- 
go en tierra; y al caer dime otras dos cuchilladas sobrel hombro izquierdo; 
todo tan presto que antes que el alcalde le viesse ni yo me reconosciesse , era 
hecho lo ques dicho. Y el malhechor ech huir la calle adelante, no querin- 
))dose acoger aquella iglesia, par de donde estbamos (porque si alli se entr- 
wra, fuera preso), sino fuesse la Iglesia Mayor, donde el den y otros clrigos, 
))sus amigos valedores le aiendian, para le favorescer, como lo hicieron. Assi 
cmo cay en tierra atordido, dixe: Vcilgame la madre de Dios; y mir atrs 
vile aleado el pual, dndome priessa levantarme, dixe: Oh Iraxjdor! por- 
qu me has maerlo?... E puse mano la espada que tenia ceida debaxo de una 
loba cerrada que tenia vestida, tomando el pomo por encima de la ropa, medio 
sin sentido, tal que no conosci bien al que me hiri por la turbacin de la vis- 
ta.... E estando de esta manera herido, me llevaron mi casa ped mucha 
priessa un confesor, porque conosci bien el peligro en que estaba : venido un 
barbero cirujano, cmo me vido, no me queria curar, dixo que para qu avia 
de curar un hombre muerto; con importunacin de los que alli estaban, me cu- 
r , sin esperanca de lodos los que me vieron que pudiesse vivir tres horas. E yo 
no sent la cura ni hablaba : desde mas de cuatro horas que estaba curado 
echado en la cama, volv tener algund sentido torn pedir el confesor, 
me confes dixe por auto ante un escribano que perdonaba, perdon quien 
me avia muerto todos los que en ello avian seydo, porque Dios me perdo- 
nasse m , pues se puso en la cruz por mi redempcion y de todos los peca- 
dores ". 

Con asombro de sus enemigos que le daban por muerto , san en breve el Veedor 
de las heridas, no sin que en lo mas recio de su dolencia protestara ante el escri- 
bano Pedro de Rojas que habia ido al Darien publicar la primera residencia del 
Pedrarias , para que si no podia presentarse en ella al tiempo sealado, no se si- 
guiera perjuicio sus intereses ni los del fisco, pues que suban 10,000 pesos 
de oro los cargos que contra el gobernador formulaba. Restablecido al fin, vise 
poco sujeto juicio de residencia , la cual fu pregonada en el Darien por Juan 
de Carvallo , quien hizo el gobernador su teniente , porque sabia que no era de- 
voto del Veedor, el cual le habia multado y perseguido por varios delitos. Diez 
mil pesos de oro exigi Carvallo de fianzas Gonzalo Fernandez de Oviedo, para 
seguridad de su persona, no pareciendo sino que, al estrecharle de este modo, se 
procuraba incitarle la fuga ; pero cmo no podia allegar aquella suma tan cre- 
cida, ni se tenia tampoco por culpado, dejse echar grillos dentro de su propia 

34 Ib., cap. 17. 



XL VIDA Y ESCRITOS 

casa , qiiodando oii ella reducido prisin , liasla que vindolo flaco y enfermo, es 
ofreci el mismo teniente (juitarle los hierros, obligndolo en cambio deposi- 
tar 1,000 pesos de oro, con la pena de pagar otros 5,000, si (uebranlaba la 
clausura. Venido por ltimo el juez de residencia, que lo era el licenciado Juan 
Uodri^uez de Alarconcillo, contest Oviedo victoriosamente todos los car- 
gos que se le hacian , siendo de ellos absuelto, cou no poco despaclio de sus ene- 
migos, quienrs despus dlo pasado, osaron todava pedirle en nombre del bachi- 
ller Corral sesenta marcos de oro, en desagravio de los perjuicios que le habla 
causado en su hacienda, con remitirlo Espaa. Nada se atrevi fallar Alarcon- 
cillo sobre este punto, y ya fuese por seguir la justicia, ya porque el bachiller 
Corral se hallaba en la corte, acord enviar esta causa al Real Consejo de Indias, 
asi como otro proceso, instruido < solicitud de una muger, < la cual mando Ovie- 
do azotar y sacar los dientes, como perjura ^'. 

Vagaba entre tanto por aquellos contornos cl asesino Simn Bernal, echado por 
Zalduendo y sus amigos de la iglesia (que no otro pago tienen los traidores) y 
sentenciado por los alcaldes del Darien ser mutilado de la mano derecha y del 
pi izquierdo. Oviedo que en ol primer momanto le perdon generoso, agraviado 
de nuevo por la conducta de sus enemigos, mostrse parte en la causa, y acudi 
para que le hiciera justicia al juez Alarconcillo, quien atendidas las graves cir- 
cunstancias del crimen, revoc aquella sentencia de los alcaldes, fallando el pro- 
ceso en rebelda y condenando Bernal al ltimo suplicio , con perdimiento de 
sus bienes. Supo luego el asesino cuanto ocurra, y mas saudo contra el Vee- 
dor, jur darle muerte en su propia casa; pero traale la Providencia por este 
camino pagar todos sus delitos, pues avisado secretamente de su intento, no 
solo desbarat Oviedo todos sus planes , sino que resuelto apoderarse de l, 
para lo cual obtuvo el mandamiento oportuno , dise tales trazas , que le encon- 
tr al cabo, metido dentro de una pipa, en cierta nave que iba hacerse en 
aquel instante la vela para Janiyca. No dejaron cl den y sus consortes de 
moverse para impedir que le sacaran del Darien, pero sin fruto alguno: con- 
ducido la villa de Acia, confes plenamente su crimen, con lo cual dio Alar- 
concillo sentencia delintiva, confirmando la de los alcaldes de Santa Mara del An- 
tigua, que fu sin mas ejecutada, los ocho meses no cabales de cometido el ase- 
sinato. Simn Bernal muri los tros das en la Ccrcel, donde le volvieron para 
el pago de las costas ^. 

No haban trascurrido veinte y cuatro horas de la ejecucin, cuando tuvo 
Oviedo nuevo aviso del gnero de amistad que el gobernador le profesaba. Noti- 
cioso este de que Bernal haba sido apresado y de que era Alarconcillo el juez de 
la causa , envi toda prisa un corroo , mandndole que se inhibiese de ella , y 

.35 Esta mugfiT habla dclalado su marido co- pilulo 19 del libro X, de la 11." Parle, que ya hemos 

mo asesino, sin probarle el crimen de que le acu- cilado repelidas veces, y al cual reniilimos los lec- 

saba {Ib., cap. -JS). lores; no creyendo oportuno recargar estos pasages 

36 Oviedo rclii're menudamente lodas las cir- con la repetLon de aquellos pormenores , sin que 

cinislancias de la prisin de Simn Bernal en cica- logrramos tampoco dar mas inters este escrilo. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XLI 



avocndola s , como juez y autoridad suprema oii aquellas parles. Tarde vi- 
no sin embargo esta diligencia , bien que el mensagero traia andadas cuarenta 
leguas en poco mas de diez y seis horas ": cuando lleg la villa de Acia, ha- 
ll al licenciado y Gonzalo de Oviedo, que saliendo de misa, pasaban casual- 
mente delante del palo en que se veian clavados el pi y la mano del asesino , y 
(pie era por cierto el mismo, donde pocos meses antes se contemplaba con asom- 
bro la cabeza del ilustre descubridor Vasco Nuez de Balboa. Mand Alarconcillo 
leer pblicamente aquella orden del Pedrarias, y declarando en el acto que se 
apartaba del proceso , en cuanto al descubrimiento y castigo de los cmplices, 
pidi Oviedo testimonio de esta declaracin, protestando en debida forma contra 
el procedimiento del gobernador, quien hizo responsable de los daos y perjui- 
cios que se le ocasionaran, los cuales montaban ya dos mil pesos de oro. Mas 
perdida toda esperanza' de justicia, cansado de sufrir persecuciones, y expuesto 
cada instante nuevas asechanzas, resolvise Oviedo recurrir al Real Consejo 
de Indias , y recogiendo secretamente parte de su hacienda y toda su familia (que 
ya habia contraido nuevo matrimonio), se embarc el o de Julio de 1525 en el 
mismo bergantn que le trajo del Darien, y pretestando dirigirse al Nombre de 
Dios, torci el rumbo hacia la isla de Cuba, alejndose de aquellas costas, teatro 
de sus trabajos y desgracias , con el mismo deseo y la misma esperanza que en 
1515. 

Pero no habian sido estriles aquellos tres aos para sus empresas literarias: 
en medio de las penosas tareas de sus oficios ; entre el cmulo de contratiempos 
que le sobrevinieron ; enfermo , perseguido y despechado , hallaba siempre Ovie- 
do placer y contentamiento en sus tareas histricas, siendo verdaderamente pro- 
digioso el tesn con que las prosegua y el fruto que blenla de sus vigilias. Cuan- 
do se embarcaba en el puerto de Acia , era acaso su mayor cuidado el de poner 
en salvo sus numerosos manuscritos , entre los cuales contaba ya la crnica y vi- 
lla de los Reyes Catlicos, que insert despus en su Cattllogo llcal de Castilla y 
la Ilisloria general y natural de Indias, comprensiva de todos los acontecimientos 
acaecidos hasta el ao de 1525, en que se hallaba ^^ 



37 Replicando cl mensagero de Pedrarias Dvila 
al licenciado Alarconcillo que al recibir la orden del 
gobernador, le reprendi por haber llegado larde, 
creyendo que se habria dormido en el camino, dijo: 
<(S me he dormido no mande Vra Mrd. que se 
)inic d por (estimonio qu hora llego aqui; por- 
))que pueden ser tres quairo horas que amneselo 
despus de vsperas parl de Panam {ist. gen. 
y nal. delnd., 11/" Parte, lib. X, cap, )9). 

38 Cuando en 1523 presentaba Oviedo al empe- 
rador Carlos V el Sumario de la Natural Historia 
de las indias , deca , hablando de sus trabajos lite- 
rarios; Distinguiendo la crnica y vidas de los Ca- 
nthlicos Reyes don Fernando y doa Isabel, de glo- 
riosa memoria , hasta cl fin de sus das , de lo que 
despus de vuestra bienaventurada sub9eson se 
))ha ofrescido. Estas palabras de Oviedo han dado 

T.M I. 



sin duda motivo que el erudito anglo-amerlcano 
Mr. George Ticknor tenga por obras distintas y es- 
peciales las Crnicas no completas de los Reyes Ca- 
tlicosy de Carlos V; pero debe advertirse que estos 
trabajos forman parte, segn queda notado, del Ca- 
tlogo Real de Castilla, en que so ocupaba Oviedo 
desde 1503. Al final del Sumario observa: uYo he 
escrito en este breve sumario relacin lo que de 
aquesta Natural historia he podido reducir la 
memoria y he dexado de hablar en otras cosas niu- 
chas, de que enteramente no me acuerdo ni tan al 
propio, como se pudieran escrcbir, ni expresarse tan 
largamente, como estn en la General y natural 
nhistoria de Indias , que de. mi mano tongo cscrip- 
ta... lo qual tengo en la cibdad de Sancto Domingo 
de la Isla Espaola, ctc. {Ilisoriad. primit. de las 
Ind. occid., por don Antonio Gonzlez Barcia , t. 1), 





XLll VIDA Y ESCRITOS 



111. 



Peligroso viaije de Oviedo. Presntase en la corle. Su acusacin conlra el Pedrarias. Conlradiccioii del 
hachillcr Corral y doa Isabel de Bobadilla. Ofrcele el Consejo de Indias la gobernacin de Sania Marta. 
Pichsala y obtiene la de Carlagena. Trabajos literarios do Oviedo. Destitucin del Pedrarias. Pedro de 
los Ros. Vuelve el Veedor la Tierra-Firme. Halla despoblado el Darien. Residencia del Pedrarias. 
Indemnizacin de Oviedo. Muerte de Juan Prez Zalduendo. Invasin de Rodrigo Bastidas en la goberna- 
cin de Cartagena. Rennciala Oviedo y psase & la de Nicaragua. Es nombrado el Pedrarias gobernador 
de esta provincia. Intenta Oviedo retirarse su casa. Residencia de Pedro de los Rios. Las ciudades de 
Panam y Santo Domingo cnvian Oviedo como procurador la curto. Llega Espaa. xito de su 
procuracin. .Nmbralo el Csar cronista de las Indias. V'uelve al Nuevo Mundo. Es elegido alcaide de 
la fortaleza de Santo Domingo. Dnle sus poderes para la curte la Audiencia y el Regimiento de esta ciu- 
dad. Salisfaclorio efecto de su nueva procuracin. Impresin de la 1." Parte de la Historia general y 

natural de Indias. 



1^1 bien se liabia dado la vela Gonzalo Fernandez de Oviedo , para buscar en 
Espaa la juscia que se le negaba en el Nuevo Mundo , cuando aquejado de agu- 
das y continuas fiebres, y demagrado por las dolencias anteriores, lleg tal 
punto de abatimiento, que todos cuantos le servan desconfiaron de su vida. 
Agregbanse esto las frecuentes borrascas que en aquella travcsia le aligieron, 
siendo tan recios los vendbales que embravecan las ondas y coiubatian la cara- 
vela (poco segura ademas por ir comida de la broma), que cada momento te- 
nan delante de sus ojos el abismo. Finalmente (escribe el mismo Oviedo en su 
vlibro de los Naufragios ) , nos vimos en tanto peligro, que de liora en liora cspe- 
rbamos la muerte; y yo mas que otro , porque dems de lo que be dicbo, yba 
muy enfermo, tanto que queriendo un marinero aprovecbarse de un sern de 
esparto que alli estaba debaxo de un colcbon, en que yba yo cebado, le dixo un 
criado mi: iS'o tomes el sern : que ya veys quel capitn est murindose , y 
muerto, no bay otro en que envolverlo y ec!:ar'o la mar. Lo que yo oy y en- 
tend muy bien; y asentme en la cama enojado con mi criado, dixe : Saca 
ese sern de ahy y dsele esse bombre : que no me tengo de morir en la 
mar , ni querr Dios que me falte sepoltura en su sagrada Iglesia. Y desde essa 
bora tuve alguna mejora '. 

Doliente y trabajado aport Oviedo Santiago de Cuba, donde se bailaba la 
sazn el adelantado Diego Velazquez , quien no solo le recibi afectuoso , sino que 
vindole en tan lastimero estado, le bosped en su propia casa, baciendo cuanto 
estuvo de su parte para que se repusiera de su enfermedad , y festejndole genero- 
so. Quince dias permaneci el Veedor en compaia de Velazquez, logrando en este 
tiempo reparar algn tanto su quebrantada salud, y aprovecbando aquella propicia 
ocasin, para recoger noticias y relaciones sobre el descubrimiento del Yucatn y la 

1 Hist. Gen. y Nal. de hu, III. Parte, libro XII, proh. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XLI!I 



expoilicion (le Juan (le Grijalva: cuando ya se dispona parlir , rogle encare- 
cidamente el adelantado que llevase al Csar las nuevas de aquel descubrimiento 
hecho su costa , encargo que recibi gustoso el Veedor y que desempe fiel- 
mente, como hombre agradecido ^. En la misma caravela (que habia ya ven- 
dido en Cuba) pas la Isla Espaola con todos los suyos, deseml)arcando en 
el puerto de la Yaguana, desde el cual se encamin por tierra la ciudad de 
Santo Domingo, en que hall al almirante don Diego Colon, apercibindose para 
ir Espaa , donde el Emperador le habia llamado. Mucho celebr don Diego 
la llegada de su antiguo y carioso amigo , cuyas desventuras supo indignado con- 
tra el Pedrarias y sus secuaces ; y despus de prodigarle todo gnero de cuida- 
dos , avudndole establecer su casa y familia en aquella ciudad, le brind con 
su propia caravela, de que era maestre el experimentado piloto Juan Lpez Ar- 
chuleta, saliendo juntos del puerto el 16 de setiembre de 1525. 

Pero si difcil y trabajosa habia sido la navegacin que trajo Oviedo desde Acia 
hasta Santiago de Cuba , no mas bonancible fu el viage que en compaa de don 
Diego Colon hizo Espaa. Pocos dias navegaron con prspero tiempo: asaltados 
en mitad del Ocano por sbita borrasca , en vano procur el diestro Archuleta 
defender aquella pequea nave de la furia de los vientos y de las olas. Arreciaba 
por momentos la tempestad, faltaban las fuerzas los cansados marineros, crujia 
]>or todas partes la mal segura caravela, y saltaban las ondas de banda banda, 
llenando de pavor Colon y Oviedo , quienes juzgaron llegada en aquel instante 
su ltima hora. Ya hablan arrojado a! mar parte del mas precioso cargamento; 
ya el maestre, abandonado el tiinon, habia declarado la necesidad de alijar hasta 
de la ropa , encomendndose todos al Hacedor Supremo , cuando plugo este di- 
sipar los vientos y aquietar las aguas, tornando la esperanza y la alegra al pecho 
de aquellos afligidos espaoles que pocos minutos antes se lloraban nufragos '. 
Libres de tanto peligro, y favorecidos por amigas brisas, avistaron al fin con j- 
bilo extraordinario las costas de la pennsula ibrica , montando la barra de San- 
lcar el 5 de noviembre , y dirigindose luego Sevilla , emporio entonces de las 
artes y del comercio. 

No se detuvo Gonzalo Fernandez de Oviedo en esta ciudad muchos dias : no- 



2 Guando narra Oviedo la cxpcdiciot de Juan de 
Grijalva , se expresa, respecto de este punto, en los 
sig-uienles trminos: Y como he dicho en el li- 
)>bro II dcsta I." Parte , pues Su Magostad manda 
que me den relacin verdadera todos sus gobcrna- 
dores de las cosas destas Indias, esto tengo yo sig- 
nado por testimonio que me fu dado por el te- 
wniente Diego V'elazquez , passando por aquella isla 
wFernandina el ao de mili quinientos veynle c 
tres ; c yo llev este testimonio Espaa, su rue- 
go, para dar noticia destc descubrimiento suyo 
))de oirs cosas la Qesrea Magostad (//s. gen. 
ynat. de Tnd., I.' Parte, lib. XVII, cap. -17). 

3 Curiosa es por cierto la circunstancia que re- 
fiere Oviedo de esta peligrosa navegacin en el ca- 



ptulo 4." de su libro de los Naufragios, ltimo de 
la General historia: En una nao (dice) en que yo me 
"hall el ao de mili quinientos veynte tres 
aos en el mar Ocano, de la qual era maestre Juan 
Lpez de Archuleta que hoy vive, yndonos ane- 
wgando quassi perdidos, alijando de la ropa y car- 
))ga, yba un mancebo, criado del almirante don 
))Diego Colom , durmiendo y roncando tan descan- 
sadamente como si estoviera en Toledo. Llambale 
Delalmirantede quandoenquando, y decale: Sanc- 
))la Cruz (que assi se llamaba), no veos que nos anc- 
Dgamos?... Por qu no despiertas, Iraydor, y te 
encomiendas Nuestro Seor?... Ye! mancebo res- 
pondia y dccia: Seor, ya lo veo. E inconli- 
nenti tornaba roncar)). 



XLIV 



VIDA Y Kscnrros 



licioso all ih ([lie el Csar Icnia su corle en Vi loria para alenlar las operacio- 
nes del ejrcito, (pie bajo la conduela del Condeslalde don Inij^o Fernandez de 
Vclasco, se hallaba sobre Fuenle-Uabia , fortaleza de (pie se apoderaron ios l'ran- 
cescs durante los disturbios de las Comunidades , se diri>i ajuella ciudad, nio- 
vido no solamente por el deseo de librar la Tierra-Firme de la opresin del l*e- 
drarias, sino aguijoneado tambin por las graves ofensas personales que de sus 
manos babia reci!)ido. Fn Burgos encontr al Real Consejo de Indias (pie se pre- 
paraba trasladarse al lado del Csar, siendo tal la impaciencia (pie le a(piejal)a 
por representar sus querellas, que tuvo mal agero aquella partida. Sigui, 
no obstante, los seores del Consejo ((pie no habia de vencer el desaliento 
quien sobraban la voluntad y la constancia) , y resuello pasar la plaza de im- 
portuno basta ser oido , lleg Vitoria principios de 1524 *. Pero cunq)liselc 
su esperanza mas fcil y prontamente de lo ([ue pensaba : servale la ilustre me- 
moria del principe don Juan de prolector escudo, y abriansele su nombre, co- 
mo al influjo de misterioso talismn, las puertas de magnates y prelados: el mis- 
mo Csar , que ya en Bruselas y Barcelona babia oido de su boca las quejas 
contra el gobernador de la Tierra-Firme, y que recordaba complacido su leal- 
tad para con el principe , su lio , luego que bnbo de enterarse del propsito de 
su venida , no solamente previno al Consejo que le biciese justicia , sino que le 
concedi en su cmara especial audiencia. Oviedo expuso al Emperador y su 
Real Consejo lodos los trabajos y persecuciones que babia padecido desde su par- 
tida de Barcelona en 1520, y presentando los poderes que Iraia de la ciudad del 
Daricn, pidi, en nombre de la misma, nuevo gobernador para aquella desventu- 
rada provincia. Ordenle el Csar, oida su demanda, que presentase al Consejo 
por escrito su relacin y querellas contra el Pedrarias, lo cual verific el Veedor 
inmediatamente , como quien veia lograda la ocasin de que su rey supiera las 
vejaciones, inbumanidades y tiranas, de que era vctima tan rica y vasta regin 
del Nuevo Mundo ^. 



i Don fray Prudencio de Sandoval , en su His- 
toria del Emperador Carlos V, 1." Parte, lib XI, 
pir. 2 (Amberes d68l) , dice;, aludiendo las no- 
ticias que trajo Oviedo de la Tierra-Firme : (.Vini- 
ronle tambin (al Emperador) carias y relaciones de 
las navegaciones y conquistas de Indias , assi de las 
tierras y provincias de la Nueva Espaa, como de 
Tierra-Firme y Nicaragua y otras parles della, que 
en aquellos dias se hablan conquistado, trayendo los 
naturales al conocimiento del verdadero Dios, como 
lo escriben Gonzalo Hernndez de Oviedo y otros 
dotos y curiosos coronistas. (Vase tambin el ca- 
ptulo 20 del lib. X de la II." Parle de la Hist. gen. y 
nal. de Ind.Bat. y Quinq., K. 130, fol. 3 vto.) 

5 He aqui como empieza Oviedo esta importan- 
te relacin: Al tiempo que bselas reales manos 
>ide Su Magostad, le dixe cmo yo le servia de 
Veedor en Tierra-Firme, d es gobernador Pe- 



ndrarlas , que venia desde all dar noticia Su 
nMagestad de cmo aquella tierra est perdida 
))destruyda robada, lian passado passan en ella 
"muchas crueldades , de que Dios Su Magestad se 
wdessirven la tierra se pierde , seycndo , como en 
))la verdad es , lo mejor de lo descubierto ; todo 
west escondido ocultado Su Mageslad y su Con- 
Dsejo.... E dixome Su Mageslad que a Vras. Mrds. 
))hablasse dixesse todo aquello que sabia me 
"parcsciesse de las cosas de aquella tierra , de don- 
de vengo , para que Vras. Mrds. se informassen , 
que Su Magestad lo mandarla luego remediar 
proveer, como conviniesse. E cumpliendo con el 
mandamiento de Su Magestad con lo que debo 
)) su real servicio y mi consciencia, digo, etc.. 
{Arch. gen. de Siman., Patr. Real, Arca de Indias, 
leg. 7. Jteal Acad. de la Hist. , Colee, de Muoz, 
tom. 76, A. 103). 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XLV 



Duros eran en verdad los cargos que formul Oviedo conlra el Pedrarias; pues 
no solamente le negaba en su informe las cualidades mas precisas para la gober- 
nacin , tildndole de flojo, inconstante, codicioso, dscolo y sembrador de ciza- 
a (con lo cual habia sido causa de continuas desavenencias y escndalos), sino 
que le acusaba tambin de injusto, arbitrario, cruel, venal liipcrita, declarn- 
dole como usurpador, inobediente al rey y su Real Consejo. Pero estas calii- 
caciones lejos de ser hijas del enojo que el Veedor atesoraba en su pecho, ve- 
nian hasta cierto punto comprobadas por la simple exposicin de los sucesos, que 
se referia. Apandillado el gobernador con los oficiales reales, que su ejemplo 
abandonaron el Darien, ni liabia obedecido las cdulas de 1519, permitiendo en 
contrario el trfico inmoral , en que aquellos se ejercitaban y admitindolos a su 
consejo; ni remitido Espaa los (plintos de la corona, protestando gastos ex- 
traordinarios ; ni guardado las provisiones reales en el repartimiento y trato de 
los indios, haciendo violenta y falaz aplicacin del requerimiento ordenado por 
el Rey Catlico '. Y si consinti, dbil mal intencionado, que los oficiales rea- 
les maltrataran los indios, mudando su placer los repartimientos, con lo cual 
crecan por dems sus haciendas y la del mismo Pedrarias; si toler que su pri- 
io, el capitn Gaspar Morales, pasara cuchillo trescientos de aquellos desdi- 
chados , sin perdonar edad ni sexo , cebando asi su desenfrenada rapacidad ; si dej 
impune la alevosa de Renito Hurtado, el cual vendi como esclavos los indios de 
carga que le diera, baja seguro, el cacique de Careta; si no castig la inhumani- 
dad de Pedro de Crdenas que as por su placer dos mugeres indias de encomien- 
da; y si apadrin finalmente al capitn Francisco de Medina y otros muchos 
desalmados que, sobre saltear y aperrear indios caribes, osaron tambin vender en 
pblica almoneda no pocos de los que haban ya recibido las aguas del bautismo; 
no mas humano y justo se mostr con los espaoles que se oponan su volun- 
tad y de los suyos no se doblaban fcilmente la lisonja. 

Acusbale asimismo el ofendido Oviedo de haber tomado para s las islas de Olo- 
que y Terarequi (lelas Perlas, pertenecientes ambas la corona, haciendo en 
ellas inmoderado logro, sin participacin legtima de la real cmara y en dao de 
todos los pobladores, quienes ved all la pesquera. Pero si debi este cargo 



6 Es sobre manera iniporlanle', para ilustrar 
la hisloria de la conquista, lo que en la /?e?acOi 
hecha por Gonzalo Fernandez de Oviedo de los 
males causados en Tierra-Firme por el gobernador 
Pedrarias se dice, respecto de la inversin de cau- 
dales : Las pagas que se le hacen ( al gobernador) 
do gente serian excusadas , pues ninguna tiene ni 
)>la hay para ninguna nescessidad, por razn de las 
dichas pagas; assi hcense copias vanas , por 
aquellas libra el contador paga el tesorero: sc- 
nria n-.ejor, ya que las ovicsse de llevar, drselo de 
salario que por esta via : que parescc ques untarse 
la cebada su dueo ; dessotra manera seria mer- 
(iced sonarla mejor el salario , seyendo mayor. 



7 Las palabras de Oviedo son en esta parle har- 
to significativas: despus de recordar el objeto que 
el rey don Fernando se propuso, al disponer que se 
hiciera los indios el requerimiento , de que lleva- 
mos hecha mencin arriba , observaba: Esto se 
ha fecho desta manera: que primero eran sallea- 
dos, despus de presos atados se les leia ; 
con esto eran dados por esclavos repartidos 
vendidos. E nunca hasta hoy se ha fecho ni guar- 
dado la fuerza del dicho requerimiento ; para ver 
si esto es assi , llamen o tomen un indio que me- 
jor entienda nuestra lengua , vorsc que ninguna 
cosa entiendo del requerimiento . 



XLVI 



VIDA Y ESCRITOS 



llamar srianioiilo la atencin ilcl Coiisojo de Indias, no era por cierto menos 
gravo el qnc i'iilniinaha el Veedor de las fundiciones del oro en las sif>uientes pala- 
bras: Entre las culpas (pie hall (el i'edi-jirias) Vasco Nnez, para le degollar, 
))cs aver lomado el dicho Vasco Nucz una marca de las con que marcan el oro, 
su suegro Verdugo, (pie era Veedor de la dicha Tierra-Firme (que creo que 
)de llaman Silvestre); poro no obstante esso, envi el dicho gobernador Pedrarias 
desde Panam al Darien por un cuo de los que tenia el Veedor Gonzalo Fcr- 
wnandez de Oviedo, lo tuvo en su poder el tienqio quele paresei lo pudo hacer, 
)) marcar pudo el oro que le paresciesse, abscondidamente. Y no menos re- 
prensible aparecia el Pedrarias en la Relacin de Oviedo, respecto de las cosas 
del esclarecido y malogrado descubridor del mar del Sur: ya desde su llegada al 
Darien habia obligado este venderle su casa por menos dinero del que valia en 
renta; y cuando despus de degollado, se apoder de sus bienes, en nombre del 
fisco, reparti los indios que le (piedaban entre doa Isabel de IJobadilla, su mu- 
ger, y los criados de esta, separndolos asi del grueso de la hacienda del adelan- 
tado, la cual puso en poder de Martin de Estele. Aquellos ponderados cien mil pe- 
sos de oro que en Barcelona despertaron con razn la solicitud del Real Consejo 
de Indias, vinieron quedar reducidos la insigniicante suma de tres mil, que 
diezmados de nuevo por el administrador y los escribanos del proceso, dieron por 
ltimo resultado dos mil castellanos *, pagados principalmente en recibos y otros 
apeles, lo cual bastaba sin duda poner en claro la integridad de los oficiales y 
apadrinados del gobernador de Castilla del Oro '. Mas para que el ruido de estas 
violencias y rapias jams llegase la corte de Espaa, negbase astutamente el 
Pedrarias permitir que saliera de la Tierra-Firme espaol alguno que no se 
le confesara parcial , ofrecindose decir maravillas de su gobierno : tal extre- 
mo llegaron la arbitrariedad y la impudencia , que se apoderaba de cuantas car- 
tas iban y venian de las Indias , fin de que por ningn camino fuera en la corte 
conocida su conducta '". 

Oviedo, cuyo principal deseo , aunque personalmente injuriado, era la salva- 
cin del Darien , terminaba su Relacin, proponiendo al Real Consejo de Indias los 
medios, que en su juicio debian adoptarse para evitar la ruina de aquella desdi- 



8 Tenia cada castellano el peso de un adarme, 
y fu establecido en Amrica por los primeros con- 
quisladores, para el cobro y paga del oro , compu- 
tndose por el valor de dos pesos y medio de Es- 
paa dos pesos fuertes de Amrica, y equivalen- 
te un escudo de oro del dobln de ocho antiguo 
(Alcedo , Dice. Geog. Hist. de las Iiid. occ, lom. V, 
pg. 48 del Voc. de las voc. prov. de la Am.). 

9 Oviedo , que habia ejercido el cargo de Re- 
ceptor de las penas de Cmara, y que tuvo ademas 
el especial de tomar las cuentas de los bienes de 
Vasco Nuez, deciaen su Jtelacion al Consejo: tal 
maa se dio el dicho Estete escribanos , que el 
)) ellos se llevaron de los dichos tres mili caslella- 
))nos mas de los mili dellos , pagando solamente 



con papeles, c sin cobrarlos ni pagar en dineros. 
10 (E tmanse las cartas no se dan quien 
\an, las que de all vienen, tmanse porque Su 
))VIagestad ni su Consejo no sepan verdad: c assi 
no osan escribir ni avisar de cosa que all passe. 
Tales son las palabras con que denunciaba Oviedo 
en su Relacin tan inaudito abuso , que anadia el 
Pedrarias , para mas oprimir y obligar los espa- 
oles, el de apoderarse de los instrumentos pb'i- 
eos, que convenan sus codiciosos intentos: el 
Veedor escriba: Algunas eseripturas registros 
originales que l quiera tener en su poder, es nes- 
Bcessario que se le den; porque el que gelas impi- 
)>de, no se halla bien dello; si d conoscimienlo 
dellas, es de muy mala gana no lo d.u 



DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO. 



XLVII 



diada comarca: Assi que (cscribia) para lo de Tierra-Firme conviene que Su 
"Magostad delermine una de descosas, y son: perderlo ganarlo. Para perderlo, 
ninguna cosa se podria buscar, ni penssar, ni proveer mejor que dexarlo oslar 
))de la manera que ello se est : c para ganarlo atajar tantos daos dar orden 
cmo Dios Su Magostad sean servidos la tierra remediada, liase de proveer 
quel <pie gobernare aquella tierra , sea bombre de buena sangre que tenga celo 
)> fin prencipal del servicio de Dios del Rey que sea amigo de justicia bombre 
para trabaxar por su persona non de sobrada cobdicia, ni cargado de bijos, 
))de edad convenible para el seso para los trabaxos. E que este tenga, d quiera 
que estoviere, una dos personas de buena consciencia letras; que por su 
persona visite ambas costas, los pueblos dellas; si nescessario fuere (que si 
es mucho), torne tomar las residencias los jueces passados, -que no sern de 
poco inleresse para la "hacienda de Su Magostad: que dems desso, tenga siem- 
pre en el Darien un teniente que sea persona de letras buena consciencia , que 
admiiiislre justicia en la costa y pueblos del Norte, c otro en la costa pucl)los 
del Sur. Tal era el bello ideal de Oviedo, que no pudo ver realizado en tantos 
aos de contradicciones y desgracias ". 



H Despucs de conocer las persecuciones que 
padece Gonzalo Fernandez de Oviedo por de- 
fender la ciudad y provincia del Darien de las 
injusticias del Pedrarias y de los suyos; des- 
pus de nolar los principales cargos que le diri- 
ge en la enrgica Relacin presentada al real Con- 
sejo de Indias , no se comprende cmo se ha con- 
fundido el nombre de Oviedo entre los asoladores 
de la Tierra-Firme y los desiruelores y despoblado- 
res del Darien por un escritor coetneo suyo, que 
le dirige sobre este punto severos y formidables 
cargos. Bien se advertir que hablamos del licencia- 
do Bartolom de las Casas. Que Oviedo (dice) ha- 
)iya sido participe de las crueles tiranas que en 
aquel reyno de la Tierra-Firme que llaman Casti- 
11a del Oro se han hecho desde el ao catorQe que 
fu no gobernallo, sino destraillo Pedrarias, 
hasta este de diez y nueve , confisalo el mismo 
vndelo al rey por servicios sefialados. Oviedo 
no confiesa tal, ni podia confesarlo; pues que 
en ISlo habia dado la vuella Espaa para de- 
nunciar , como lo hizo , aquellas tiranas , sobrevi- 
nindole todo lo que dejamos referido en la 11.^ Par- 
le de este escrito , hasta que fines de 1519 lo- 
gr derribar, aunque sin fruto, al Pedrarias, de 
quien le hace las Casas ayudador y cmplice. 
Lo que Oviedo confiesa, cuando habla de s, y 
no respecto de los cinco aos desde 1S14 1519, 
sino refirindose al tiempo en que tuvo la tenencia 
del Darien , es que se ocup cuando convino asi en 
el desempeo de sus oficios , como en la conquista y 
pacificacin de algunas partes de aquella tierra, con 
las armas sirviendo Dios y al su Rey, como su ca- 
pitn y vassallo (Prohcmio del libro 1, de la I." Parlo 
dla Ilist. Gen. y Nal. de Lid.). 



El obispo de Ciudad Real de Chiapa, aade sin 
embargo: Llamaba tambin sus indios los repar- 
limienlos que tenia sojuzgados con las violen- 
Dcias y entradas que se han referido arriba, en las 
nquales y en los robos que por ellas se hacian, tenia 
Oviedo su parte, como la tenia Pedrarias que des- 
Hgobernaba la tierra, y los otros oficiales del rey 
con el Sr. obispo. Mas adelante prosegua las Ca- 
sas : Solo vido (Oviedo) y se hall y particip en 
las tiranas y deslruycion de aquella Tierra-Firme 
cinco aos que en ella estuvo , segn queda dicho, 
de los males y perdicin que hizo ayud iiaccr, 
concedmosle que ser muy cierto testigo ; mas 
)>no dice l ni deca cosa dellos , sino en quanto 
fuere de infamia y en detrimento de los indios y 
en excusacin y justificacin de sus crueldades y 
de sus consortes, y ambicin y cudicia {Hist. Gen. 
de las Indias , libro III, captulo 141). Una ob- 
servacin sola bastar para desvanecer todas estas 
acusaciones: Oviedo lleg la Tierra-Firme en ju- 
nio de dol, y no pudiendo sufrir los desmanes del 
Pedrarias y del obispo , se parti para Espaa en 
octubre de 1515. Cmo, pues, si estaba en Es- 
paa y representando contra ellas , ejerci en el 
Darien aquellas ominosas tiranas en los restan- 
tes cuatro aos? Por cierto que si Oviedo hubie- 
ra sospechado que tan reverenda persona , como 
las Casas , le habia de acusar con tal dureza y agru- 
ra por haberse expuesto mil peligros, desafiando 
y arrostrando en tantas ocasiones la saa del Pe- 
i!rarias y de los suyos , habra sin duda desmayado 
en el meritorio intento que le trajo Espaa dos 
veces , y que le mova en 152 fulminar tan seve- 
ros cargos contra el gobernador de Castilla del Oro. 
Lejos, pues , de disculpar las crueldades injusli- 



XLVIII 



VIDA Y ESCRITOS 



Mediado el mes de marzo de \T)'-l'i , (raslad el Emperador Burgos su corle, 
cuyos pasos sigui el Veedor, resucito, como (slaha, que se le liicicsc justicia. 
Pero al mismo tiempo que expoiiia aiile el Real (lonsejo de ludias los cargos ya 
indicados contra el Pedrarias v los suyos, csforzbinse doa Isal(d de Pohadilla v 
el bacliiller Corral en contradecirle, procurando dar entender al mismo Consejo 
que seria grave inconveniente, para la conquista y posesin de aquellas regiones, 
remover de su cargo al gobernador, cuya pericia inteligencia eran grandemen- 
te ponderadas. Andaban en todo el oro y las perlas de la Bobadilla, la cual, como 
sobrina de la clebre marquesa de Moya, bailaba entrada en todas partes, y no ha- 
cian menor efecto las gestiones del astuto bachiller, quien demandaba personalmen- 
te Gonzalo de Oviedo , para que le pagase los daos producidos en su hacienda 
con el extraamiento de Santa Maria del Antigua; acto que calific el Real Conse- 
jo de arbitrario, condenando al Veedor en cien mil maraveds, por no haberle 
remitido, como debiera, al tribunal superior del Pedrarias. Abstei>iase, sin em- 
bargo, el Consejo de absolver Diego del Corral de los delitos castigados por Ovie- 
do; y mientras enlendia en proveer lo mas acertado, respecto de la gobernacin 
de Castilla del Oro, mandaba que, tanto el Veedor como el bachiller, se presen- 
taran en tiempo oportuno dar sus descargos ante el juez de residencia, que de- 
ba pasar la Tierra-Firme '^. Pero no desmay Oviedo por este contratiempo, 
que le acarre mas bien su lealtad que su injusticia; y si hall castigo d jnde bus- 
caba premio , no por eso se dio por vencido. 

Iba entre tanto muy despacio el principal asunto que le habia traido Espaa; 



cias, de que habla las Casas, fu el mayor y mas 
constante anhelo del Veedor el que llegaran oidos 
del rey y de su Consejo : esta gloria , puesto que lo 
es, nadie puede disputrsela , pues contra todo g- 
nero do declamaciones , aparecer siempre la irre- 
sistible fuerza de los sucesos y el irrecusable testi- 
monio de los documentos que, como la Relacin, he- 
cha por Gonzalo Fernandez de Oviedo , de los ma- 
les causados en Tierra-Firme por Pedrarias , son 
bastantes destruir cualquiera acusacin mejor fun- 
dada. Lo notable de todo esto es que un hombre, 
como don fray Bartolom de las Casas , que vio 
Oviedo en Barcelona en iSI9, ignorara olvidara 
tan fciluiente todos los hechos sobre que habia de 
recaer su terrible censura. Que esta , por injusta 
infundada que fuese, habia de producir nuevos 
errores , lo prueba la lectura de los artculos biogr- 
ficos de Oviedo que se han escrito fuera y aun den- 
tro de Espaa. Los autores de la Biographie uni- 
verselle ancienne el moderne (lom. XXXII, pg. 310 
y ii) ignorando cnleramcnto las circunslanoias de 
la vida del Veedor, llegaron hasta el punto de lan- 
zar contra l el siguime anatema: L'abominable 
))lyranie d'Oviedo envers ees iiisulaires, diminua 
considerablement Icur nombre en tres peude temps; 
))Clpour se juslifier des cruautsqu'il exercait envers 
jieux, il eut la mauvais loi d'avancer dans ses es- 
)< crils que les haitiens etainl disolus, mochants et 



Bcn lout dignes de rextermination. Esta calumnia, 
que da lugar el suponer que Oviedo fu al Nuevo 
Mundo como Director de las 77iinas de Santo Domin- 
go, no se hubiera indudablemente fornmlado, sin la 
Injusta y arbitraria acusacin de las Casas, quien no 
se atuvo la verdad de los hechos , como debiera, 
para condenar Oviedo aftrafo; pero propagado 
el error sin correctivo alguno , asientan en nuestros 
dias otros escritores , y entre ellos Mr. Ternaux, las 
mismas ijnposturas manifestando que 7 parait que 
sa cruaiitc fit pcrir un grand nombre d' indignes 
(Bihliothque amricaine , Pars, 1837). Lstima es 
que escritores espaoles , curndose poco de la 
verdad histrica , hayan repelido sin otro examen, 
que Oviedo seal su administracin , como intenden- 
te de Ilayti, con exacciones violentas, /que para jus- 
tificarse, calumni toda la poblacin india (Diccio' 
nario univer. de Hist. y Geog., Madrid, 1848, to- 
mo V, pg. 457). 

Lo que en realidad sucede desgraciadamente, es 
que por ignorancia de unos y por interesadas miras 
de otros, se ha calumniado sin miramiento alguno al 
Veedor de las fundiciones del oro de Tierra-Firme 
en un asunto, en que su conducta le hace digno de 
verdadero elogio. 

1-2 lsl. Gen. i/A'a. delud., II." Parte, lib. X, 
cap. 20). 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. IL 

y aunque no apart la vista de las cosas do Amrica, volvise al cultivo de las le- 
tras para no consumirse en la ociosidad y esparcir el nimo, fatigado en el labe- 
rinto de querellas y demandas, rplicas y ratificaciones. Escribi entonces la 
Respuesta la Epstola moral del almirante de Castilla , obra en que bosquej de 
mano maestra el estado de las costumbres, considerando su corrupcin como 
priiuMpio y raiz de los males que afligian al Estado ; recogi en sus diarios las no- 
ticias del portentoso descubrimiento del cstrecbo de Magallanes, cuya relacin 
oy al valeroso capitn ilustre piloto Juan Sebastian del Cano ", que acababa de 
dar la vuelta al mundo ; y cuando parti el C'sar para Valladolid con el propsito 
de asentar en aquella ciudad las capitulaciones del matrimonio del rey de Portu- 
gal y de la infanta de Castilla, doa Catalina , babia logrado ya el laborioso Vee- 
dor reanudar sus antiguas relaciones literarias,, disponindose de este modo 
completar las noticias de los acontecimientos que haban acaecido en Europa , du- 
rante su ausencia en el Nuevo Mundo. 

Pocos meses hacia que Gonzalo de Oviedo moraba en Valladolid , cuando re- 
cibi una prueba inequvoca del aprecio con que el presidente del Consejo de 
Indias miraba su lealtad, bien que no hubiera podido absolverle de la fal- 
la por l cometida en el negocio del bachiller Corral, excedindose de sus fa- 
cultades. Llamado el Veedor al seno del Consejo, supo all de boca del car- 
denal de Sevilla que pedia la gobernacin de Santa Marta, renunciada por l 
en Barcelona, el capitn Rodrigo de Bastidas, y que rehusaba el Consejo con- 
cedrsela hasta conocer su voluntad, pues como antiguo criado de la real casa, 
deba ser preferido otro alguno. Mas recordando Oviedo que entre los captulos 
por l presentados, cuando solicit aquella provincia, pedia cien hcbitos de la 
Orden de Santiago, aunque agradeci tan singular fineza, ya por no juzgar 
decoroso el desistir de semejante demanda, ya porque realmente la creyera 
necesaria sus planes, insisti de mievo en la pretensin, negndose aceptar 
tan honroso cargo, sin su otorgamiento *'. Pero no era posible que el Real Conse- 
jo de Indias concediera en 152'! lo que en 1519 haba negado como perjudicial 
los intereses de la corona: razones de alia poltica le aconsejaban lo contraro, y 
reprobando la insistencia de Oviedo, mand que no se hablase mas en el asunto 
de los hbitos, con lo cual hubo de recaer en el capitn Rastidas la gobernacin 
de Santa Marta. Arrepentido tal vez deseoso de borrar el mal efecto que en el 
Consejo produjo aquella especie de repulsa, se aventur Oviedo tentar fortuna, 
solicitando la tercera gobernacin de Castilla del Oro, apellidada de Cartagena, 
comarca puesta al Occidente de la encomendada al Bastidas y no menos rica , por 
la abundancia de sus metales y por la feracidad de sus campos. Escasa resisten- 
ca encontr en el Real Consejo esta nueva pretensin , bien que estaba muy re- 
ciente la negativa de Oviedo: sometiase ya este las condiciones ordinarias im- 
puestas los (lemas capitanes y pobladores, y merced esta circunstancia obtuvo 
finalmente los ttulos y despachos de gobernador y capitn general de Cartagena, 

13 0<"'7-, in'I'arl.,Esl. 6. 14 //s. (en. de /if?., II." P;iile, lib. VII, cap. 3. 

TO.MO I. 7 



L VIDA V I-SCP.ITOS 

aprobadas por el Csar las oporlunas capilulaciones ". Pero al mismo qno asi cu- 
raba do sus propios asnillos, no so mosir manos solicito on los ([lu; la ciudad del 
Daricn le tenia cncoinoiulados: profnidamcnlc convencido de (pie era ialal para la 
Tierra-Firme la permanencia en ella del Pedrarias, estaba , pues, resuello soste- 
ner su acusacin, no dejando la corte hasta derribarle de nuevo, por mas que do- 
a Beatriz de Bobadilla apurase en contrario todos sus recursos. 

Combatido el Csar de rebeldes fiebres, trajo en el otoo del mismo ao su cor- 
le Madrid, con nimo de restablecerse y pasar el invierno en esta villa. Daba 
aqu Oviedo mayor calor sus pretensiones, deseando poner termino tantos sin- 
sabores y disgustos, como le ocasionaban, cuando los prsperos sucesos de la guer- 
ra de Italia vinieron despertar su amor patrio, ministrndole copiosos materiales 
para sus proyectos histricos y empendole en nuevas tareas. En abril de 1525 
llegaba Madrid la fausta noticia de la victoria de Pava y prisin de Francisco I, 
siendo este monarca traido la corte de Espaa los pocos meses, y puesto bajo 
la custodia de Hernando de Alarcon en la famosa torre de los Ljanos. Oviedo, 
en quien tan vivo entusiasmo causaban siempre los triunfos de las armas castella- 
nas, concibi desde luego el patritico proyecto de consignar aquel extraordinario 
y glorioso acontecimiento; y siguiendo paso paso los que sobrevinieron durante la 
prisin del rey Francisco, desde su llegada Madrid hasta su matrimonio con la 
reina viuda doa Leonor , escribi la curiosa Relacin de todos aquellos sucesos, 
haciendo en ella frecuente alarde de la amistad y favor que entre los grandes y 
principales cortesanos alcanzaba *^. 

Convocadas en tanto Cortes generales del reino en la ciudad de Toledo, se vio 
el nuevo gobernador de Cartagena obligado trasladarse aquella metrpoli, don- 
de habia fijado tambin su residencia el Real Consejo de Indias. De vencida lle- 
vaba ya las cosas del Darien, tiempo que lleg la corte el segundo presente 
que desde Mjico enviaba Hernn Corts al Emperador, dando pbulo tan des- 
lumbradoras riquezas la murmuracin y la envidia ". Pera Oviedo, que si aun 



i 5 IHst. gen. y nat. de Ind. ul sujyra. 
i6 Es notable verdaderamenle la facilidad con 
(110 Oviedo lograba ingerirse en lodas parles, con- 
Irayendo amistad con lodos los personagos que por 
su experiencia en las cosas de la corle de la mi- 
licia , podan conlribuir con sus relaciones sus co- 
losales proyectos hislricas. No bien liabia llegado 
Madrid Rodrigo de Pealosa, portador de la nue- 
va de la victoria de Pava , cuando se cont Ovie- 
do en el nmero de sus amigos, adquiriendo noticias 
circunstanciadas de la batalla y traslados de las car- 
las , que el Marqus de Pescara y la reina Luisa de 
Francia dirigan al Emperador. Lo mismo sucede 
con todos los acontecimientos que en esta Relacin 
comprende: en octubre de i'T entraba en Toledo 
el Gran Maestre de Rodas, Felipe de Ladslan: Ovie- 
do ganaba los pocos das el afecto de uno de los 
cuarenta caballeros que le seguan, y recoga en sus 
memoriales la narracin del asedio y prdida de 



aquella isla. De esta manera es, pues, como se com- 
prende que pudiera atesorar tantas y tan peregrinas 
noticias sobre los principales sucesos de su tiempo, 
y asi tambin es fcil apreciar las siguientes pala- 
bras del mismo Oviedo respecto los mencionados 
en esta relacin: Desde el mes de diciembre de 
1523 que yo llegu ( la corte) de Espaa, vinien- 
))do de las Indias, hasia el ao de 1H26 que el Em- 
perador, nucsiro Seor, parti para Sevilla, yo 
Dresid en la corle de Su Magestad, y pude bien 
))ver c considerar algunas cosas c passos de lo que 
Dsubcedi en aquellos tres aos, como lo tengo di- 
))cbo , porque con mucba diligencia procur de in- 
iiquirirlo. [Relac. de lo subf. en la prisin del rey 
Francisco de Francia, etc., Bibliol. Nacional, c- 
dice X, fol. 81 vio.) 

\1 Hisl. gen. y nat. de Ind., III. " Parle, lb. Vil, 
captulo 33. 



DE GONZ. FERiN. DE OVIEDO. LI 

no sabia todo el precio de las hazaas do Corts, conocia por experiencia propia 
los grandes trabajos y penalidades de Amrica , oy enojado las mnrmuraciones 
cortesanas, qne lejos de abatir sn nimo, engendraron en su pecho el deseo de 
examinar de cerca y qnilalar los sucesos de tan prodigiosa conquista. No podia esto 
llevarse cabo desde Esiiaa , por lo cual activando el despacho de los negocios de 
la Tierra-Firme, pens de esta manera apresurar sn viage; mas no era llegada 
lodavia la hora de triunfar de doa Isabel de Bobadilla y sus valedores , quienes 
oponian la mas constante y vigorosa resistencia los tiros de Oviedo. Procurba- 
se la sazn en el Real Consejo de Indias poner en claro el tratamiento que 
los americanos debia darse , cosa en que personas de alta virtud y ciencia anda- 
ban discordes, y que por tanto llamaba seriamente la atencin del Csar. No eran 
por cierto los religiosos que en el Nuevo Mundo moraban los que mas avenidos 
se habian mostrado en esta parte: prontos defender hoy lo que ayer era por 
ellos vituperado , ofrecan en su conducta el misero contraste de la soberbia y fa- 
(pieza humana, manifestando en aquel fcil trocar de opiniones que no era siem- 
pre el amor del prgimo ni la caridad evanglica el mvil de sus acaloradas dis- 
putas. Oviedo fu tambin llamado por el Consejo de Indias dar, bajo juramento, 
declaracin sobre asunto de tanta importancia , y aprovechando esta coyuntura pa- 
ra ratificarse en cuanto tenia expuesto sobre el mal tratamiento dlos indios, con- 
den los cristianos , que pensando solo en enriquecerse , los opriman cruelmen- 
te, asolando y despoblando vastas regiones, sin curar de su conversin y ense- 
anza. No sospechaba que esta noble conducta habia de atraerle, aun despus de 
muerto, enemistades y anatemas *^. 

18 El obispo de Chiapa decia sobre esle puni en mas de lo juslo las variables opiniones de los domi- 
su Historia general de hidias: Se ceg tambin nicos y franciscanos de la Isla Espaola , cosa que 
(Oviedo) por la permisin divina c que diesse er- ni afirma ni contradice el obispo de Chiapa , debi 
dilo los que le referan mentiras y l (amblen de manifestar lo mismo que tenia dicho en su Relacin 
Dsuyo las dixesse, sin creer que las decia; y con contra Pedrarias, para no contradecirse y desacre- 
wcsla ceguedad dixo en el libro 111 , capitulo C." de dilarse ; y al referirlo en el lugar alegado , da a 
))su primera parle historial, que dos veces que se entender de una manera inequvoca que reprobaba 
))hall en Caslilla , en el ao veynte y cinco y en el aquel dar y lomar de pareceres, de los cuales re- 
xde Ireynla y dos, por mandado del Consejo de las sullaba unas veces que los nidios no carecan de al- 
Indias le fu lomado juramento de loque senlia ma , semejanza dlos dems hombres, y oirs 
jidcstas gentes y que habia depuesto que eran llenas que no eran seres racionales. Oviedo escribe, des- 
ude aiomiaciones y c/eiicos / ?iw)-sos srcncro; de pues de referir el llamamicnlo del Consejo: Assi 
culpas y que eran ingratissimos y de poca memoria que, yo me rcniilo eslos religiosos dolos, dcs- 
ny menos capacidad; y', si en ellos hay algn bien, pues que estn acordados: y entre tanto esl so- 
mos en tanto que llegan la edad adolescente, por- wbre aviso quien indios tuviere para los tratar co- 
nque entrando en ella, adolescen de lanas culpas y mo prximos vele cada cual sobre su conscien- 
Dvicios que son muchos dellos abominables : y que cia. Mas adelante prosigue : Para m yo no ab- 
si en aquel mismo dia en que jur, l estuviera en suelvo los chripsiianos que se han enriquescido 
el articulo de la muerte, en verdad (dice l) aques- gozado del Irabaxo deslos indios, silos mal- 
ulo mismo dixera. Eslas son sus palabras. (Lib. III, Iraclaron no hicieron su diligencia para que se 
cap. 142.) Oviedo no dice en el lugar citado ni en salvasen. De donde y de toda su historia se de- 
olra parte alguna que pronunci anie el Consejo de duce cuan injusla y gratuita es esla acusacin, 
Indias las palabras que las Casas le atribuye: como en que no se descubre por cierto aquel espritu que 
apreciador imparcial de las coslumbrcs , capacidad debe animar quien busca solo la verdad, con el fm 
inclinaciones de los indios apunla las buenas y noble y sincero de esclarecerla ; pues que se alri- 
las malas cualidades que en ellos descubre; pero buye Oviedo hasla la frmula de una declaracin 
cuando se prsenla al Consejo , respetando ocaso que absolulamcnle se desconoce. Las Cr.sas reuni 



111 



VIDA Y ESCRITOS 



Al cabo loo-raba ol nuevo gobornudor de Cartagena salvar la Tierra-Firme de 
la Urania del Pedrarias: el Real Consejo de Indias consultaba al Csar su des- 
liturion, desi'niando para sucederle un caballero de Crdoba, liauado l*edro de 
los Uios, cuya antigua nobleza y buen nombre bicieron concebir al Veedor las 
mas balagieas esperanzas. Mas despacbado y pronto para volverse Amrica, 
vino detenerle en Toledo una obligacin nueva respecto del Soberano " : ba- 
biale este manifestado el deseo de conocer las cosas del Nuevo Mundo, y Ovie- 
do , para quien semejantes indicaciones eran supremas leyes , babiendo dejado en 
Santo Domingo sus memoriales y minutas -" , acudi su prodigiosa memoria pa- 
ra complacer su rey , presentndole al poco tiempo el Sumario de la Natural 
Historia de las Indias , que fu impreso en Toledo por mandado del Csar en 
lo'20 ^'. A principios del mismo ao fuese el Emperador Sevilla, para cele- 
brar sus bodas con doa Isabel de Portugal , siendo recibido en aquella populosa 
metrpoli con extraordinaria pompa y regocijo. Tuvo alli Oviedo la satisfaccin de 
ver nombrado gobernador de Castilla del Oro Pedro de los Rios , quien ofre- 
ci luego su amistad y servicios ; y empeado mas que nunca en seguir su justicia 
contra el Pedrarias y los suyos, se embarc el oO de abril en la misma caravela 
del nuevo gobernador, donde bail acaso al bacbiller Diego del Corral , (pie se di- 
rigia la Tierra-Firme , en cumplimiento de lo ordenado en Burgos y Valladolid 
por el Real Consejo de Indias. 

Salidos la mar, tocaron en la Gomera el 31 de mayo, y tomadas alb las co- 
sas necesarias , prosiguieron su viaje , haciendo escala en la isla Dominica , don- 
de se detuvieron tres dias , para reparar una de las caravelas que iba lasti- 
mada y abastecerse de agua y lea , no sin tener algunas ligeras escaramuzas 
con los indios -^. El 50 de julio arribaron por ltimo al Nombre de Dios, pose- 
sionndose alli de sus oficios el gobernador Pedro de los Rios y su alcalde mavor, 
el licenciado Juan de Salmern , que iba tambin nombrado juez de residencia. 
No habia este comenzado ejercer su ministerio , y ya el bachiller Diego del 
Corral , que durante la navegacin se mostr reconciliado con Oviedo , presen- 



lodas las calificaciones adversas los indios que 
habia hecho Oviedo, y con ellas form la supucsla 
declaracin , de que solo l puede ser responsable 
en el tribunal de la Historia. Vase, en prueba do 
todo lo dicho, el cap. C del lib. III do la I.'" parle 
de la Gen. y Nal. Hist. de India i. 

i9 Al final del proemio que puso al Sum. de 
la Nat. Hist. de las Ind., deca: Pero porque ya 
estoy despachado para volver aquella tierra yr 
,i servir Vuestra Majestad en ella, si no fuere 
tan ordenado lo que aqiii ser contenido ni por lan- 
ta regla dicho, ele. De <lim-i: iialuirlmente se 
deduce que cuando se le encarg este trabajo estaba 
ya consultada la destitucin de Pedrarias Dvila. 

20 Dems desto (dooia Oviedo, hablando de sus 
Drabajos historiales, compilados despus en el Ca- 
toi/o Real de Casulla), tengo aparte escriplo lodo 
lo que he podido comprender y nolar de las cosas 



ndt Indias ; y porque todo ai|ncllo est en la cb- 
dad de Snelo Domingo de la Isla Espaola, don- 
))de lcng;n mi casa y asicnlo y muger y hijos, y 
))aqui no Iruxo ni hay desla escriptura mas de lo 
))que en la memoria esl puedo dclla recoger, de- 
Dlermino para dar Vuestra Mageslad alguna re- 
Hcreacion de resumir en aqueste Reporlorio algo de 
lo que me paresce que aunque ac se haya escrip- 
lo, y testigos de vista lo hayan dicho, no ser tan 
apuutadamente en todas estas cosas , como aqui se 
wdir. (Prohcni. del Sum. de la Nat. Hist. de las 
rnd.) 

21 Hist. gen. y nal. de Ind. , I." Pane, lib. I, 
Proh. Lh. XIV, cap. 7. Lib. XV, cap. 3. II. "Par- 
te, lib. X, cap. 20. 

22 Hist. gen. y nal. de Ind., II." Parle, lib. X, 
cap. 22. 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. 



Lili 



laba contra l una demanda de 8,000 pesos, cantidad que ascendan los da- 
os (jue declaraba haberle causado cu su bacienda, con la remisin Espaa; 
mas dados por el gobernador de Cartagena sus descargos, y solicitada al par 
la indemnizacin de los perjnicios que le originaron el Corral y sus amigos, 
terciaron en el asunto honrados medianeros, quienes temiendo la destruccin 
de entrambos, pudieron por fin avenirlos, poniendo en manos del juez Salme- 
rn todas sus diferencias ^. Concertadas estas amigablemente , bien que con 
grave prdida de aml)as parles , pusironse todos el 25 de agosto camino de 
Panam, donde debia tambin acudir el Pedrarias, que era ido Nicaragua, 
para degollar su teniente Francisco Fernandez , con no mas justicia que 
Vasco Nnez de Balboa. Spose entre tanto que enojado el vengativo golierna- 
dor contra el Darien por el poder dado Oviedo, irritado contra este por su 
inesperada fuga, habia pasado aquella ciudad en setiembre de 1524, sacan- 
do de ella lodos los vecinos , y dejndola expuesta la saa de los indios cari- 
bes, quienes dando muerte los pastores y enfermos que alli quedaron, arrima- 
ron fuego las casas, que por ser de paja y madera, ardieron fcilmente , sien- 
do reducida cenizas la fabricada por el Veedor en 1521 , y destruida igualmente 
la preciosa heredad por l fundada, con lo cual desapareci casi toda su fortuna, 
perdiendo mas de 0,000 castellanos ^^. 

El dia 5 de febrero de 1527 lleg el destituido gobernador Panam, noti- 
cioso ya de que iba tomrsele formal residencia de sus actos , si bien no tan 
cumplida como el Veedor y los muchos agraviados desearan, pues que la Boba- 
dilla habia alcanzado cdula del Real Consejo, para que solo se le pidiesen cuen- 
tas del tiempo trascurrido desde la simulada residencia del licenciado Alarconci- 
11o. Mas no fu esto parte para que dejara Oviedo de presentarse como querelloso. 



23 Hist. Gen. de Iml, II." Parle, lib. X, c. 20. 

24 Peregrinas son por cicrlo las nolicias que el 
iliffenle Alvarez Baena da sobre esle parliciilar en 
sus Hijos ilustres de Madrid: En 13)9 so hallaba, 
"(dice) teniente de Pedrarias en el Darien , y le fu 
"urden para que despoblase aquella tierra y sacase 
"lo que habia y lo llevase Panam, como lo hizo, 
y cada vecino levant su casa . Si del contexto de 
la misma Historia general y natural de las Indias no 
resultase que ni-nguno de los hechos apuntados por 
Baena pudieron acaecer, la seguridad con que los 
expone podra acaso producir la duda aun en el ni- 
mo de quien mas seguridad tuviera en el conoci- 
niienlo de los referidos hechos. Pero ni Oviedo es- 
taba en el Darien en 1319 , ni fu en aquel ao te- 
niente del Pedrarias, ni despobl esle aquella ciudad 
basta 324, ni se liallaba el Veedor en Amrica, 
cuando se consum semejante atentado, ni tuvo en 
l parle alguna directa ni indireclamenlc. Oviedo 
trabaj por el contrario para evitarla ruina de aque- 
lla poblacin , en la forma que dejamos manifestado; 
y al volver en 1326 al Nuevo Mundo, escriba 
losiguienle: Llegado el gobernador Pedrarias al 
"Darien , despus que se ovo visto con el nuevo 



obispo (don fray Vicente Peraza), dixole mucho 
)>mal de aquella cibdad , y lole mucho Panam y 
"assi le sac de alli y en pblico secrelo pro- 
Dcur con los vecinos que se fuessen Panam y 
Acia , diciendo que alli estaban perdidos y que 
"no avia alli indios que les pudiessen dar , que en 
"las otras poblaciones los avia , lodos estaban ri- 
"cos, que l los enriquesceria mas: volvise 
"Panam l y el obispo. Desde dos tres meses 
adelante se despobl el Darien por el mes de sep- 
"liemlire del ao de 1324... quemaron (los indios) 
"la mayor parte de aquella cibdad , y enire las oirs 
casas la niia , que era tal como en oira parle be d- 
"cho , en la cual y en mis heredades y hacienda 
perd mas de seys mili castellanos" [Hist. (jen. y 
nal. de Ind. , 11.'' Parle, lib. X, cap. '.2). No sa- 
bemos, pues, qu atribuir los errores de Baena, 
que sigue en parlo un docto escrilor de nuestros 
dias , diciendo: En tot9 se hallaba de teniente de 
"Pedrarias Dvila en el Darien , donde hizo dislin- 
"guidos servicios" (Navarrele, Colee, de Viag. esp.y 
lomo I, Inlrod.). Mas sea cual fucic el origen de 
eslas inexacliludes , no nos es dado dejarlas sin el 
oporlnno cnrreclivo. 



l.IV yin A Y ESCRITOS 

ponindole varias demandas personales, qno asccndian la crecida suma de 8,000 
pesos de oro , lo cual redujo al Pidrarias al extremo de buscar intercesores para 
con el Veedor , q lien resentido de las injiu'ias pasadas, y receloso de que hu- 
biera sido participante en los consejos del Zaldiu'udo , se resisti por algn 
tiempo las splicas de sus amigos. Deseaba, sin embargo, poner trmino tan 
enojosas contiendas , y viniendo finalmente concierto, fu indemnizado por el 
Pedradas con setecientos pesos de oro y dos marcos de perlas, precediendo formal 
juramento de que no hahia sido en dicho ni en hecho ni consejo para que el Veedor 
fuese asesinado "'. Como prenda de seguridad comn , y para evitar nuevas que- 
rellas, celebrse entre ambos cierta concordia, autorizada por escribano pblico, 
en la cual se imponia la multa de 2,000 pesos de oro al que primero la quebran- 
tase -". Mas si levantaba mano de las cosas del Pcdrarias, no desistia Oviedo de la 
accin que contra los cmplices de Simn Bernal le corresponda ; y cuando ya se 
preparaba pedir justicia contra el den, para lo cual habia Iraido de Espaa es- 
pecial provisin del Consejo, plugo la Providencia librarlo de estas nuevas al- 
tercaciones con el fallecimiento de Juan Prez Zalducndo -''. 

Terminadas asi aquellas desavenencias , pens Oviedo en disponerse para partir 
Cartagena , y con este propsito rog Salmern que le recibiese las cuentas 
del resto de los bienes del adelantado Balboa, entregndose del corto alcance que 
favor del fisco resultaba. Ocupbase en esto con la mayor diligencia, cuando lle- 
garon Panam las nuevas de que Rodrigo de Bastidas , enemistado con el Vee- 
dor por cartas de malos terceros , habia saqueado la isla de Codego , apoderndo- 
se de quinientos indios , los cuales fueron vendidos en Cuba , San Juan y la Espa- 
ola. Mucho enojo caus en el de Cartagena esta conducta del gobernador de 
Santa Marta, que asi atrepellaba los mandatos del Csar, invadiendo el territo- 
rio de agena gobernacin , y maltratando tan impamente los indios que otro 
estaban encomendados. Era ya imposible, despus de aquel atentado, el reanudar 
la resfriada amistad del Bastidas ; y aunque habia gastado parte de su hacienda en 
apercibirse para la jornada , se dirigi Oviedo al Emperador y su Consejo de In- 
dias, quejndose amargamente de tan desleal proceder, y renunciando al propio 
tiempo la gobernacin de Cartagena, cuya comarca se habia puesto en armas con 
aquel incalificable rebato -^ Despedido asi de semejante empresa, torn Gonzalo 
Fernandez de Oviedo ejercer el cargo de Veedor de las fundiciones del oro, 

23 Uist. Gen. ij Nat. de Ind., 11. ' Parle, Hb X, Dlraicion (Ilist. gen. y nal. de Ind., ut supra) _ 
cap. 2. 28 Despus de referir Oviedo la invasin qiiehi- 

20 II). zo Rodrigo de Bastidas en la provincia de Carlagc- 

27 n Quedbame (dice Oviedo) mi recurso con- na , aade: dComo yo supe aquesto en la cibdad do 

lra aquel den ; c yo llevaba provisin para que "Panam, escrebi Sus Magoslades los seores 

wfuessc con el oydo juslicia: quando en ella qui- del Consejo Real de Indias , quoxndome de Bas- 

))se entender, se muri , quiso Dios que lacuen- (idas; despidindome de la gobernacin, supli- 

ta que yo pensaba pedirlo, la diesse all ante su di- i.qu que la diessen quien fuesse su servicio, aun- 

"vina Magestad, l cual plega averie perdonado: que avia gastado dineros, comencando aparcjar- 

qne en verdad l me hizo mucbo dao, y como era wnic. E a.ssi enojado, alc la mano de la negocia- 

oliombre idiota y sin letras, l se movi por consejo i.'cion {lisl. gen. tjnat. de iid. , II. Parle, lb. Vil, 

de aquel bachiller Conal , para me hacer matar cnp. .S). 



DE GON. FERX. DE OVIEDO. LV 

(lo que aun no se liabia despreiulido, y deseando salir del teatro de sus desgraeins 
inlbrtuitios , passe la gobernacin de Nicaragua , que desempeaba enton- 
ces su deudo Diego Lpez de Salcedo , permaneciendo alli sin contratiempo algu- 
no , basta que vino inquietarle de nuevo la presencia de Pedrarias Dvila -. 

Mucho trabaj y logr la Robadilla en el Consejo de Indias desde abril de 152G; 
pues que no solo bizo olvidar el mal efecto de los cargos, fulminados por Oviedo 
contra su esposo, sino que, aun sin terminar la residencia de su gobernacin de 
Castilla del Oro, se le proveyese en la de Nicaragua, con dao y mengua del Sal- 
cedo. Ofendi este sobremanera tan desusado acuerdo (le Consejo, y aun- 
que pudiera resistir su ejecucin , atendiendo que no era todavia espirado el 
tiempo de las capitulaciones, entreg el oficio al Pedrarias, quien al verse de 
nuevo en el mando , olvid la concordia de Panam , molestando al Veedor , en 
odio del Salcedo, con nuevos disgustos y quebrantos. Escarmentado de las desave- 
nencias pasadas, y advertido de que iba la edad aumentando la codicia y tirana 
del octogenario gobernador, resolvise Oviedo vivir lejos de l; y recorriendo 
los ciudades de Granada y Len y las poblaciones de Guacama, Teocatega, Ma- 
nagua, Matinari y otras mucbas, procur completar de esta manera sus estudios 
y observaciones sobre los rboles, plantas, aves y animales de la Tierra-Firme, 
no perdiendo de vista el examen de los inmensos y pintorescos lagos de Xaj'agua 
y de Lenderi, ni los maravillosos volcanes del Masaya ^*'. 

Seis aos se babian cumplido desde que dej Oviedo su familia en la Isla Es- 
paola , sin que entre tantos afanes tuviese el consuelo de estrecbar ni una vez en 
sus brazos sus tiernos hijos. Pasaba ya de medio siglo su existencia, y apagado 
algn tanto en su pecho aquel espritu aventurero que anim su juventud, reco- 
noca la necesidad del sosiego que solo puede esta edad encontrarse en el ho- 
gar domstico; volviendo por tanto todas sus miradas la ciudad de Santo Do- 
mingo, donde le llamaba el cario de sus hijos y de su esposa. Resuelto, pues, 
dar la vuelta Panam , fin de recabar de Pedro de los Ros la oportuna li- 
cencia para realizar su intento , embarcse en el puerto de la Posesin fines 
de mayo de I5'29; pero si daba el deseo alas su imaginacin, sobrevinindole 
eternas calmas en mitad del Ocano , vease siempre igual distancia de Pana- 
m , adoleciendo al cabo de penosas cuartanas , que hubieron de poner en riesgo 
su vida. Dentro del golfo de Orotia reconoci el maestre Juan Cabezas que no 
ofreca la caravela seguridad alguna para proseguir la navegacin, dado que el 

29 Hisl. gen. y nal. de Iiid. , 11." Parlo, libro X, llos muclio humo , y en algunos ompos fuego, 
cap. 25). liay innumerable acufre por aquella (ierra , rios 

30 En carta dirigida por Oviedo al Emperador, arroyos cllenles que salen de los dichos mon- 
en il de julio de 1539, fechada en Sanio Domingo, les^ assl como de uno quesl cerca de la ciudad 
manillesla que el dia de Santiago de i 529 (25 de ju- de Len , dos leguas par de la laguna grande, 
lio) observ por el espacio de cuatro < cinco horas otros Iros montes qucsln juntos queso llaman Ma- 
el monte fuego de Massaya, otro dia siguiente vio Dribios (Real Acad. de la IJisl. , Colee, de Muoz, 
el lago de Lenderi que era cosa de mucha udmira- loni. 81, A iOS.Ilist. gen. y nal. de Ind.. III," Par- 
ci'oM. Despus aade: uEst en Mcaragua csse mon- te, lib. IV, cap. -i). 

))le de Massaya; mas hay otros montes que sale de- 



LVI 



VIDA Y ESCRITOS 



viento so movise; y lor/ados Ivavav lici'ra oii el |)ii(M'Io do Posossi, no sola- 
monlo onconlraron comido por la broma ol limn, sino landiioii podridas dos la- 
Idas del costado de la caravcla , siendo verdad(!ramenlo milagroso ol que no so liii- 
])ieran sinnergido en el mar, dnranlc la travesa de cmi lognas rpie llevaltan an- 
dadas. Reparado el barco , mas bien por la industria del piloto (pie por los medios 
que el arte le prestaba , dironse de nuevo la vola , llegando Panam los 
cinco meses de babor salido de la Posesin, sin (uo bubiora triunfado Oviedo de 
las tenaces fiebres que lo persiguieron en lodo a([nol tiempo y que le molestaron 
algunos meses despus mas de lo que deseara ^'. 

No sospecbaba el Veedor que babia de enoonlrar en Panam (rocadas las cosas 
de la gobernacin de Pedro de los Uios en la Ibrma en que estaban. La insacia- 
ble codicia de su muger, doa Catalina de Saavedra, y la excesiva blandura de 
su carcter fueron causa do que menudearan las (piejas elevadas al Real Consejo 
de Indias, acordando esto enviar, para que le tomase residencia, al licenciado 
Antonio de la Gama, ol cual ba])ia aportado Panam pocos dias antes que Ovie- 
do. n ao dur la residencia do Podro do los Rios, quien no creyendo justas las 
resoluciones de la Gama, parti luego dla Tierra-Firmo, para seguir su dorccbo 
ante el Real Consejo, dejando en el Nuevo Mundo la avarienta doa Catalina. 
Disponase con esto ol Veedor pasar la Isla Espaola , cuando el Regimiento 
de Panam que tan claras pruebis tenia de su hidalga entereza , temiendo el favor 
que gozaba Podro de los Rios , le suplic que aceptase sus poderes para represen- 
tarlo en la corte, demanda que luibo de ceder no sin repugnancia, pues que 
harto ya de arrostrar sin fruto enemistades de poderosos , solo ambicionaba vivir 
pacificamente en el seno do su familia ^'. Al fin se embarc Oviedo en los postreros 
dias de setiembre de 1550, haciendo escala en Santo Domingo, para dar un abra- 
zo su esposa hijos, y arribando prsperamente la pennsula ibrica me- 
diados de diciembre del mismo ao. 

Ardia por este tiempo en Alemania el fuego de la protesta, amenazando consu- 
mir con sus llamas todo el Imperio; y deseoso el Csar de poner trmino tan 
crudas disensiones, procuraba, cual principe catlico, reducir con su presencia 
los partidarios de Lutero: ardua y dificilsima empresa, cuyo xito buho de librar- 



31 Hist. Gen. y A'ai. de Lid. , I." Parlo , cap. 2. 
III. " Parle, lib. L, prohem. 

32 En carta escrita al Csar por el Picgimienlo 
de Panam en 30 de junio de lo33 , se hacia refe- 
rencia este cargo de Oviedo, diciendo: (iHemos 
suplicado otras veces con Gonzalo Hernndez de 
Oviedo y oros, quien dimos poderes, varias co- 
))sas, etc.) (Pieal Acad. de la Hist., Colee, de Mwloz, 
lom. 79, A lOG). En la carta que dejamos citada del 
mismo Oviedo se aludia !a misma procuracin con 
estas palabras : Despus venido ala Espaola \ 
enviado procurador la corle por las cibdades de 
Snelo Domingo y Panam , estando Vuestra Ma- 
gcslad en Ralisbona, etc. Pero donde no deja du- 
da del objeto con que le di sus poderes la ciudad 



de Panam es en la Ilist. gen. y nal. de Indias : di- 
ce asi: De alli (de Nicaragua) torne Panam, 
donde estuve mas de un ao, en el qual tiempo 
hizo residencia Pedro de los Piios , porque se die- 
ron del de su nuiger lanas quexas en el Pieal 
Consejo de as Indias , que no le tur el officio 
tros aos.... Y en la verdad no dio la cuenta , co- 
mo l conviniera, fuesse Espaa en segui- 
miento de su justicia dex alli a su muger. E por 
ruego de aquella cibdad, como yo estaba para me 
venir osla de Sanlo Domingo, despus que vol- 
v de Nicaragua Panam , fui importunado que 
fuesse Espaa y acept el poder, etc. (11." Par- 
t', lib. X, cap. 2o). 



DE GO.XZ. FERN. DE OVIEDO. 



LVII 



se por lliino la suerte de las armas, (loljornalja enlrc tanto en Espaa la Empe- 
ratriz doa Isabel, asistida de don Juan Tavera, arzobispo de Santiago y presi- 
dente del Consejo de Castilla , varn cuyo gran talento y extremada prudencia le 
liabian conquistado, con el amor de los reyes, el respeto de la mucliedumbre. En 
vila se bailaba la corte, tiempo que Pedro de los Rios y Gonzalo Fernandez de 
Oviedo llegaron de Amrica, dirigindose entrambos aquella ciudad, animados 
de diverso propsito. Solicitaba el primero ecbar por tierra los cargos que contra 
l aparecan : deseaba el segundo que aprobase el Consejo las sentencias del licen- 
ciado la Gama; y para salir adelante con su intento, comenz cada cual sus tra- 
bajos, acudiendo al auxilio dess antiguos valedores. Traia Oviedo mejor causa, 
y no era en consecuencia de extraar que obtuviese tambin mejor fortuna : vista 
la residencia de Pedro de los Rios por el Consejo, no solamente fu destituido 
de la gobernacin de Panam, sino que se le conden pagar la real cmara 
cierta suma de pesos de oro, prohibindole que volviese al Nuevo mundo '^ 

Cumplido en tal manera el objeto de la procuracin de Panam, trat el Vee- 
dor con igual diligencia de obtener el favorable despacbo de los asuntos locales 
que su paso por la Isla Espaola le encarg el Regimiento de Santo Domingo. 
Habia recogido en esta ciudad parte do los apuntamientos, que desde 1505 tenia 
liecbos para formar la conq)ilaciou que en Toro le encargara el rey don Fernando; 
y mientras alcanzaba la resolucin de aquellos negocios, dedicse asiduamente 
al exmeny coordinacin de sus minulas y memoriales, dando por resultado de 
sus largas vigilias la primera parte del Catlogo Real, que conqirendicndo 
desde la poblacin de Espaa basta los reinados de don Juan II de Castilla y don 
Juan II de Aragn, logr ver terminada en 50 de abril de 155'"2, delarando al 
propio tiempo que solo le faltaba sacar en limpio las dos siguientes ^*. Apre- 
tbale entre tanto el deseo de poner trmino sus peregrinaciones, y rale con- 
trario la salud el clima de Espaa, acostumbrado ya la templanza de Amri- 
ca ^*: movido de ambas causas, que se agregaba su avanzada edad, determin- 
se renunciar la plaza de Veedor de las fundiciones del oro de la Tierra-Firme, 
suplicando al Consejo que se dignara proveerla en su hijo Francisco Gonzlez de 



33 Ib. 

34 lo acab (el Catlog-o Real de Casulla) en 
DMedina del Campo el postrero da de abi-il de mili 
nqulnientos Ircinla y dos aos: plega a Jhesu- 
Chripsloqiic su servicio y alabanza y para gloria 
y honor de Espaa sea lodo lo quesl dicho y que 
me dexe sacar en limpila 11. "y III. " Parle, pues que 
))lo mas que en ellas se conliene csl escriplo por mi 
en mis mili memoriales; porque en la verdad hay 
muchas cosas que ver en lo que ha passado desdol 
Drey don Johan II de Casulla y don Johan II de Ara- 
Dgon, donde aquesla parle se concluye hasla el 
Hllempo prsenle (Cd. del Escorial, Ibl. 427). 

3.^ En el mismo Catlogo Real (fol. 13 vuel- 
to) , decia: Desde el ao passado de mili (' c(ui- 
iinienlos c catorce hasta el presente de mili cpii- 

TOMO I. 



nientos treinta y dos aos, yo he servido los 
nCalhlicos Reyes passados sirvo Sus Mages- 
wlades y lengo al prsenle mi muger hijos en 
naquella lierra; y en este tiempo h ydo y tornado 
Ires veces y passado seis el gran mar Ocano, y 
con la ayuda de Dios , pionsso tornar < aquella 
patria nueva usar el oflicio que all tengo de 
Veedor de las fundiciones del Oro. Y piensso ya 
acabar de esta vez , volvindome Dios mi casa, 
mis caminos y peregrinaciones en ella , assi por- 
que mi edad no pide ya mas romeras , romo por- 
que Espaa no me seria mi propsito c salud tan 
convinientc , por los temporales della desconvi- 
niencia del verano con el invierno , de los qualcs 
exiremos las Indias carecen. 



8 



LVIII 



VIDA Y ESCRITOS 



Valds, joven que la sazn contaba escasamente veinte y tres aos. Mas no 
solo obtuvo Gonzalo Fernandez de Oviedo la gracia (|ne para su liijo liabia pedido: 
pagado el gobernador del Consejo de su incansable laboriosidad y justo aprecia- 
dor de sus obras, propuso al Csar el nond)rauiiento de cronista gMicral de Indias 
para Gonzalo, pensamiento que mereci la aprobacin del rey, manihuido que, co- 
mo hombre constituido para reposar, descansase ya en su casa, recoligiendo y escri- 
biendo con mayor sosiego la comenzada bisloria de aquellas regiones '*. Seme- 
jante distincin, que le restituia al seno de su familia, apartndole de la azarosa 
vida que basta entonces babia llevado, colmaba todos sus deseos y esperanzas. 
(Contento y satisfecbo volvi, pues, al Nuevo Mundo en el otoo de ISM, siendo 
recibido con singular aprecio por el Regimiento y ciudad de Santo Domingo, 
cuyos encargos babia desempeado con boma suya y provecbo de sus nuevos 
conciudadanos. 

Bien pronto bailaron estos ocasin de manifestarle su gratitud y afecto. A prin- 
cipios de enero de 155." pasaba de esta vida Francisco de Tapia, alcaide de la 
fortaleza de aquella ciudad; y mientras era designado por el Csar nuevo teniente, 
pusironla en manos de Oviedo los oficiales reales y magistrados de la Audiencia, 
seguros de que no desagradarla esta resolucin la corte ^''. En efecto; restituido 
Espaa el Emperador, confirm por cdula de ^25 de octubre del mismo ao el 
nombramiento becbo en Oviedo, concedindole todas las prerogativas y dere- 
cbos que babia gozado el Tapia ^'. Con igual i'eclia le escribia el mismo Soberano, 
resolviendo las dudas manifestadas por l en carta de 17 de mayo, sobre la for- 
ma en que debia remitir al Consejo los cuadernos de la Historia General y Nalu- 



36 Dando Oviedo noticia de su renuncia del em- 
pleo de Veedor y nombramienlo de cronista escribe: 
Desde el ao de mili quinientos catorce hasta 
el que pass de mili e' quinienlos treinta y dos, 
Mservi al Rey Calhlico , don Fernando y la Ca- 
thlica Serenssima rcyna, doa Joliana , su 
hija y la (lesrea Mageslad, nuestros seores, 
de su Veedor de las fundiciones del oro en la 
Tierra-Firme; y Su Magostad queriendo que mi hi- 
jo , Francisco Gonzlez Valds , lo sirva en el mis- 
1110 ofligio , le hizo merced del, por mi renuncia- 
))cion suplicacin: y mand que yo, como hom- 
nbm consliluido en edad para reposar, descansasse 
ya en mi casa, recoligiendo y escribiendo con mas 
reposo , por su Real mandado , eslas materias 
nuevas historias de Indias {Hisl. Gen. y Nal. de 
Iml., 1." Parle, lib. VI, cap. 8). 

37 El Piegimicnto de Sanio Domingo decia al 
Emperador, en carta escrita 2 de enero de 1533, 
sobre osle punto: icMuri Francisco de Tapia, le- 
nicnte do la forlalcca desla cibdad, y su oriicio he- 
))mos depositado en Gonzalo Fernandez de Oviedo 
{Real Acad. de la Hisl. , Clcc. de Muoz , t. 79, 
A. 196). El mismo cronista declaraba , al referir este 
hecho, lo sigiiienlo: aEl qual (Francisco de Tapia) 
muri el ao que pass de mili quinienlos 



treinta y tres , y en tanto que la Qesrea Mageslad 
proveyesse de alcayde de esla forlalcca , los oydo- 
res desta Audiencia Real los oflleiales que Sus 
Magestadcs aqui tienen, la depositaron pussie- 
ron en poder del capitn Gonzalo Fernandez de 
Oviedo y Valds, vecino desla cibdad , auctor 
chronisla desla historia, como antiguo criado de la 
casa real (ffts. (/en. / nat. de Ind.,!." Parle, li- 
bro IV, cap. I). 

38 En carta , dada en Monzn 23 de octubre 
de 1533 , decia el Emperador Gonzalo de Oviedo, 
respecto de la tenencia del caslillo de Santo Domin- 
go, las siguientes palabras: El depssito que en 
vos se hizo de la forlalcca dessa cibdad , en tanto 
que mandramos proveer della quien furemos 
servido, me parcsce bien; y con esla fecha os man- 
do enviar cdula, para que durante el tiempo que 
la luvircdes, se haga con vos lo que se hacia con 
el alcayd:' Tapia, en la paga de vuestro salario y 
de la gente (Real Acad. de laHist., Colee, de Mu- 
oz , lom. 91, A. 118). Desde esto tiempo debe, 
pues, ser considerado Oviedo como tal alcaide, sien- 
do verdaderamente extrao que, tanto el erudito 
Baena como el respelable Navarrele , aseguren que 
no fu nomljrado para este oficio hasta el ao de 
lb3o. 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. LIX 

ral de Indias , obra que se liabia consagrado desde su vucUa Sanio Domingo 
con singular empeo ^*. Mandbale el monarca al propio tiempo que enviase en 
el primer navio, que para Espaa sabera de la Isla , el cuaderno tratado, donde 
se propona demostrar, segn tenia ofrecido, que pertenecieron las Indias en la 
antigedad los reyes de Iberia ; empresa que acometida por Oviedo con menos 
razn que patriotismo, despert en aquellos dias el enojo de Fernando Colon, y 
le atrajo despus la ojeriza de los eruditos ^''. Pero no se pierda de vista, para 
comprender lo que la opinin de Oviedo significaba, el mvil que le impuls 
formularla, fundndose en la inoportuna autoridad de Aristteles, Ensebio, San 
Isidoro , el Beroso y Tefilo de Ferrara. Habanse levantado entre Espaa y Por- 
tugal graves contiendas sobre la lnea divisoria de la conquista que uno y otro 
reino pertcnecia en las Indias: nada se concluy en la junta mixta de Badajoz, 
celebrada en 1524, y "mientras los reyes de ambas naciones teman esquivaban 
el rompimiento , bacansc espaoles y portugueses cruda guerra , con no peque- 
as vejaciones de los naturales y dao propio. Al fin se asentaba que des- 
de las islas de Cabo Verde y las Azores , trescientas leguas al Occidente, se ti- 
rase una linea de polo polo , quedando asi definitivamente dividido el imperio 
de aquellos desconocidos pases. Mas insistiendo los portugueses en que les 
corresponda todo lo del Oriente , designado los espaoles , exasper esta pre- 
tensin el patriotismo de Oviedo tal punto, que para corlar aquella especie de 
nudo gordiano, concluy asegurando que las Indias se hablan sabido y posedo an- 
tiguamente por los rojes de Espaa ". Las pruebas que alegaba para convencerlo, 
ni eran tan slidas como pretenda , ni bicieron tampoco valedera en la corle 
aquella opinin , que severos bisloriadores calificaron despus de vana , daosa y 
Usongcra ''^. Justo es reconocer, sin embargo, que no poda ser mas sana ni pa- 
tritica la intencin de Oviedo. 

Laudables fueron en tanto sus esfuerzos para poner la fortaleza , cuya guarda 
se le haba confiado, en verdadero estado de defensa. Habala recibido en com- 

39 El Emperador escriba: Vi lo que me decs gun l mismo refiere (Nota 36); llamndonos por 
que se os mand que cada ao envasedes al nes- tanto la atencin el ver la seguridad con que Alvarcz 
tro Consejo Real de las Indias un traslado de todo Baena y despus el sabio Navarrete asentaron que 
))lo que tenis cscriplo y de lodo lo que furedes fu electo', para desempear aquel cargo, despus 
))acrescetando , y que mas creis que se os mand de i 333. Lo notable de todo es que tanto en el enca- 
por daros entender que en lo que escribades no bezamicnto como al final de la I.^ parte de la Histo- 
haya dilacin , que no porque Nos ni nuestro Con- ria gen. y nal. de Ind., publicada en 1533, se in- 
))sejo queramos ver cada ao una misma cosa, si titula Oviedo cronista dlas cosas de las Indias , lo 
con lo que se acrescenlare avcis de enviar tambin cual no vieron olvidaron sin duda aquellos ipre- 
))lo primero. Y porque nuestra intencin os verlo ciab!cs escritores , cuando creyeron que se lo lialiia 
que hasta aqui ha pnssado , y que se contine lo conferido despus de dicho ao tan honorfico oficio. 
porvenir, me suplicis sea servido que quanlo lo 40 Ilisl. del Alm. de las Ind., don Cristbal Co- 
nde hasta aqui , lo enviis de una vez, y que se va- Ion , escrita por su hijo don Fernando. Historiad. 
))ya acrosecnlando lo que subrediere ; y parsccme primit. de las hu. Occ, lomo 1, p%s. 8 y 9, co- 
)>bien que, como decs, lo vays enviando como fu- lumnas 2." y 1." 

redes escribiendo, sin lomar enviar lo que una 41 Ilisl. gen. y nal. de Ind., ]." Parle, lib. II, ca- 

wvez oviredes enviado {Colee, de Muoz , lo- pilulos 2, 3 y 8. 

mo 91, A 118). No queda duda de ningn gnero de 42 Vase la nota de la pg. 13 de esta I." Parte, 
que Oviedo era tal cronista desde el ao 1532 , se- 



LX 



VIDA Y ESCUITS 



pelo ahaiidnno: sin armas, sin niiinicioiios ni plvora , ini'ilil Imlcra sido inlon- 
tar la resistencia en caso de asedio, el cual no liahria lani|)oc() podido ser nniy 
dinadero, pues que se careca en el caslillo del agua necesaria para soportarlo. 
Oviedo repar los unn'os, limpi y hari'e los fosos, se aliaslcci de municiones 
y de armas, ahri en la esplanada mi ancho algibc, y llam la fortaleza mi lom- 
hardero acreditado, quien seal el salario de 20,(500 nu's. , sueldo superior al 
(pie disfrutal)a l mismo como alcaide *'. Nada omili en suma pai'a hacerse dig- 
no de la coiilianza de sus compatriotas y de su rey, sin dolerse jams de su ha- 
cienda, qu como su vida, estaba pronta gastarse en servicio de la repblica ^. 
Alentaba todos estos trabajos con tesn comparable solo al afn con que dedica- 
ba sus vigilias al cumplimiento de sus obligaciones, comocronisla, cuando los inau- 
ditos desmanes y tiranas de Garcia de Lerma, gobernador de Sania Mara, vinie- 
ron llenar de escndalo al Regimiento y Audiencia de Santo Domingo, alte- 
rando la no gozada paz que tanto codiciara Oviedo. Noticioso este de las quejas 
y formidables acusaciones que contra el Lerma fulminaban, asi los propios como 
los extraos, habale escrito en 1555, para apartarle con tiempo de la senda (pu- 
le llevaba al despeadero; mas no hicieron efecto alguno aipiellos amistosos avi- 
sos, siendo cada dia mas frecuentes y terribles los crmenes, de que se le culpaba. 
Ni fueron por cierto inas dicaces las amonestaciones de la Ueal Chancilleria , la 
cual orden por ltimo que se le formara el oportuno proceso, de que resultaron 
probados lodos los robos, desacatos y maldades anles denunciados, sentencin- 
dole pagar al tisco gran suma de pesos de oro. Era, pues, necesario acudir al 
Consejo de Indias, para que se impusiese al rebelde Lerma, la pena que le hizo 
acreedor su torcida conducta; y el Regimiento y la Audiencia de Santo Domin- 
go volvironse al par al cronista, para suplicarle que admitiese los poderes del 
primero y el crdito de la segunda, demanda que cedi Oviedo, vencido del 
noble deseo de libertar aquella comarca de tan ominosa tirana ".. Partido para 
Espaa , arrili Sevilla en el verano de 1554, tiempo que dispona Gernimo 
de Ortal su expedicin para el descubrimiento del Orinoco ^''; y llegado la cr- 



43 Curiosos son los pormenores que en caria de 
31 de mayo de 11)37, dirigida al Emperador, daba 
Oviedo sobre el piden por l establecido, en el pago 
de salarios de los que servan con el en la forlaleza 
de Sanio Domingo: Mi salario (observaba) es de 
veynte mili nirs. y el del lombardcro veynle mili 
Mseyscienlos: el qual nunca tuvo alcayde alguno en 
esla, sino yo, llevndose los dineros: llamaban 
))lombardero un negro, lo qual yo no (engo de 
nliacer; pues de seys hombres otros, que se pagan 
once mili seyscientos mrs. cada uno , no hay 
hombre que por ellos quiera eslar en la fortalera, 
ni pueden sostenerse con ellos en ninguna parle. 
Y para suplir aquesto pgalo mi hacienda, porque 
ninguno tengo sin le dar de comer dems del di- 
wnero , y lo menos bsele de dar cada hombre 
una carga de ca<;abi cada mes, que vale cada una 
un peso de oro, que son doce pesos en un ao... E 



tengo dems desso quatro negros la continua en 
casa : que si por estos no hiesse, no me podra va- 
ler, que en ninguna cosa de ni hacienda enticn- 
den , sino en traer agua la forlaleca los dos de- 
llos de la otra parle del rio, y en dos caminos se les 
va el dia , porque el agua del algibe es fecha cal y 
no para beber, etc. (Real Acad. dla Hist., Colee, 
de Muoz, tom. 81, A IOS). 

44 En la misma carta de 31 de mayo de 1537 
anadia : Concluyo con que lo que tongo es lo que 
me da de comer, y deslo lo mas gasto en servir 
vuestra Magostad; y assi gastar lo que me que- 
dre de la vida do la hacienda. 

43 llisl. gen. y nal. do /hL, 11." Parte, lib. VII, 
cap. 8. 

4(j Id. id. lib. V, cap. 7. 



DE GON. FER. DE OVIEDO. 



LXI 



le , que se hallaba la sazn en Valladolid , expuso ante el Consejo las causas de 
suviage, presentando el proceso y sentencia contra elLerma, y logrando que se 
designara al oidor Rodrigo Infante, para que le tomase residencia de todos sus ac- 
tos. Garcia de Lerma muri al poco tiempo, agoviado ])ajo el peso de sus crme- 
nes, sin que satisficiese las fuertes y numerosas demandas de sus agraviados, en- 
tre quienes se contaban los oficiales reales, lanzados por l del territorio de San- 
ta Marta. 

No quiso Oviedo desaprovechar el tiempo ni el viage , y terminada la primera 
parte de la lsloria general y nalural de hulias , present al Consejo los ltimos 
cuadernos por l escritos, solicitando su examen y aprobacin, fin de darlos 
luego la estampa con los anteriores. Pero los grandes sucesos que principios 
de 155 turbaron la paz de la cristiandad, fueron sin duda causa de que no vie- 
se cumplidos sus deseos tan pronto como apeteca. En 28 de febrero saha el Csar 
de Madrid con el intento de dar calor los grandes aprestos navales que se hacan 
en el Mediterrneo contra el poder de Barbarroja, permaneciendo la familia real 
en aquella villa , donde recibi el cronista nuevo Icstimon de la predileccin 
con que se recordaban sus antiguos servicios. Deseaba por entonces el Emperador 
que el prncipe don Felipe se criase y sirviese como se habia criado y servido el 
primognito de los Reyes Catlicos; y con este propsito dio orden su partida 
para que , oyendo los mas ancianos caballeros de Castilla que fiorecieron en la 
corte de aquellos Soberanos, se estableciese la casa del prncipe. Muchos perso- 
nages fueron consultados al intento, contndose entre ellos el respetable conde 
de Miranda, don Juan de Estiga y Avellaneda ; pero remitindose todos Gon- 
zalo Fernandez de Oviedo, cuya intimidad con el principe don Juan y cuva ex- 
traordinaria memoria eran imiversalmente elogiadas, mandle llamar don Felipe, 
fin de ipie informara su ayo, don Fernando de Estiga, del orden y etiqueta 
establecidos para la casa del malogrado prncipe de Asturias ". Inform Oviedo, 
como se-lc ordenaba, escribiendo una breve relacin, donde consign el rgimen 
y forma del servicio y cmara del hijo de Isabel la Catlica, y abrig desde en- 
tonces el pensamiento, que realiz doce aos mas tarde, de componer el pre- 
cioso tratado de los Officios de la casa Real de Castilla "**. 

Y no permanecia tampoco ocioso respecto de las dems tareas literarias por 
l emprendidas; declaraba en ISo^i, al concluir la primera parte del Callogo 
Real, que tenia ya entonces acopiados los materiales y aun estendidas las miiiu- 



47 En el ao de 1o3 en esla villa de Madrid, 
))donde yo nasi; (dccia al prncipe don Felipe) me 
hall al lienipo que el Emperador, nneslro Seor, 
"parli dcsdella para cl'etuar la gloriosa empresa 
de Goleta c de Tnez en frica.... dende dos 
wlres dias que Su Magostad era salido de aqui , me 
iienvi llamar Vuestra Altera, para que yo infor- 
xmra don I'"ernando de Stiga, Comendador ma- 
)>yor de Castilla, su ayo, le dixesse lo que me 
acordasse de la orden que se tuvo en la casa ser- 
vicio del prncipe don Juan , mi seor; porque sc- 



Bg-und el Comendador mayor estonces me dixo, la 
voluntad del Qsar l'uc que Vuestra AKeca se crias- 
Dse sirviesse de la manera que se crio sirvi ol 
iprncipo, su tio ; que por la informacin que el 
uComendador mayor tenia, todos aquellos con quie- 
))ncs liabia liablado, inquiriendo lo que en este caso 
se deba saber inquirir, se avian remilido m 
con ellos el conde de Miranda, don Juan de Sl- 
))iga Avellaneda, su hermano, etc. {Off. de la 
Casa Real dcCast., Inlrod.) 
i8 Introd. la II. ^ Parle do los mismos. 



LXII 



VIDA Y ESCRITOS 



tas (lo la sogiinda y tercera parle ilc este impnrtanle monumenlo liislrico; v en 
1505 se (leleniiiiiaba darle cima, coinplelaiitlo la rela( ion de los principales 
aconteciinienlos, desde la nmerle de don Jnan II iiasta el ao de 157)4, en (pie la 
cristiandad celebraba el advenimiento de Panlo III la silla apost(')lica *". Daba la 
segunda parte el titulo de Epilogo Ueal de Castilla, y apellidaba la tercera con el 
de Epilogo imperial y pontifical, formando de este modo la historia general de los 
reyes de Espaa, emperadores y ponlilces romanos que basta aptella edad Iiabian 
florecido. Aprobada entre tanto en todas sus parles la primera de la Historia gene- 
ral y natural de Indias, y obtenido el privilegio del Consejo Real para su impresin, 
encaminse Gonzalo Fernandez de Oviedo Sevilla, donde fnies de setiembre vio 
terminada la edicin de aquella obra , en que llevaba ya invertido el largo pe- 
rodo de cuarenta y tres aos de no interrumpidas vigilias. El efecto que la His- 
toria general produjo no pudo sor mas universal ni songero : ponanse en ella 
de manifiesto los grandes misterios de aquella naturaleza tan rica y esplndida co- 
mo desconocida por los sabios del antiguo mundo; dbanse peregrinas noticias so- 
bre la religin, los ritos, las costumbres de aquellos hombres, cuya existencia 
se habia puesto constantemente en duda ; explicbanse las prodigiosas virtudes de 
aquellos rboles y plantas jams sospechados por los naturalistas; hacanse pinto- 
rescas descripciones de aquellos lagos, rios y montaas, en cuyo seno se escon- 
dan tantos y tan maravillosos tesoros; y ponderiibasc finalmente el extraordi- 
nario esfuerzo de aquellos primeros navegantes, que luchando con las olas en mi- 
tad del Ocano, haban logrado arrancar de las tinieblas la existencia de un mun- 
do , llevando tan remotas regiones los catlicos estandartes do Castilla. Las 
ciencias filosficas y naturales, la medicina, la cosmografa, la nutica y aun la 
milicia acudieron la Historia general de Indias para pedirle enseanza, logran- 
do al poco tiempo ser traducida en las lenguas toscana y francesa , alemana y tur- 
ca, latina, griega y arbiga, honra hasta entonces no alcanzada por obra alguna 
moderna, y de que el mismo Gonzalo Fernandez de Oviedo se manifest des- 
pus altamente satisfecho "". 



49 Oviedo escriljia en el mismo Epilojo: Dosdc 
nel primer ao que tuvo principio el rcyno de Espa- 
))a hasla esle del iiaseimicnlo de Cliripslo de mili c 
oquinienlos Ireynla c cinco , en que este Epitono 
y sumaria relacin se escribe, son passados tres 
mill seplecientos aos. En otra obra deca, alu- 
diendo esta seg-Linda parte de! Callogo feal: <(Y 
nsu (Cesrea Majestad se quiso servir de aquel trac- 
))tado , que era de quinientas mas hojas de marca 
real , y dcsta mi mano y letra; y alli dixc lo que vi 
y alcance de aquella bendita Reyna su nielo, el 



ao de mili quinientos treynta y cinco , al 
tiempo que Su Magostad Callilica se parti para 
AlVica, quando lom lodc Goleta y Tnez {Qu'mq., 
III.' Parte, Esl. -10). 

50 Hablando el mismo Oviedo del efecto que 
produjo la publicacin de la primera parte de su 
//('/. (jen. y nal. de itd. , aseguraba que aquel li- 
bro oslaba ya en lengua toscana , y francesa, c ale- 
mana, latina, griega , turca, c arbiga, di- 
ciendo: aunque yo la escrebi en castellano (II." Par- 
le, lib. XIV, cap. b). 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. 



LXIII 



IV. 



Torna Oviedo por la quinta vez al Nuevo Mundo. Envidia de Gaspar de Asludillo. Muerte desastrosa de 
Francisco Gonzlez de Valds. Aparicin de piratas en los mares de Amrica. Proyecto de forlilicacion de 
Oviedo. Repara el castillo de Santo Domingo. rmale de gruesa artillera. Emigracin de los espaoles 
al Per. Funestos resultados para la Isla Espaola. Procura Oviedo promover , con su ejemplo , el desar- 
rollo de la agricultura. Enlermedad peligrosa que en 1541 padece. Intenta volver Espaa. Suspende 
su viage por mandado del Csar. Alonso Lpez Cerralo. Sus arbitrariedades en el gobierno de la Isla Es- 
paola. Es nombrado Oviedo procurador contra el Cerrato. Llega la corte. Diticullades y obstculos de 
su procuracin. Retrase Sevilla , mientras el capitn Alonso de la Pea pasa Alemania, en busca del 
Csar. Entrgase las tareas literarias. Vuelve a la corte sin fruto alguno, respecto de los negocios pbli- 
cos. Restituyese Sevilla. Carla del infanle don Fernando. Llega Pea de Alemania , ya depacbado. 
Peligros y disgustos do Oviedo en Santo Domingo. Dedicase exclusivamente los trabajos bislricos. 
Remite al principe don Felipe las Ouinquagcnas.Ma\brd\e el Regimiento nuevamente su procurador. 
ltimo viage Espaa. Comienza la impresin de la segunda parle de la Historia de Indias. Sa nuicrie. 



Ocho veces haba atravesado Oviedo la vasta extensin del Ocano, cuando en 
1555 dio luz la primera parte de la Uisloria General y Natural de Indias *: im- 
primase el 50 de setiembre el ltimo pliego, y con igual fecha diriga la dedica- 
toria al cardenal don frey Garca Jofre de Loaysa , no sin que recordara en ella su 
cargo de procurador, pidiendo para las Indias prolados doclos y de buena casta, y 
jueces inlcyros y enemigos de codicia. Al fin daba en aquel invierno la vuelta la 
Isla Espaola, arribando al puerto de Santo Domingo sin contratiempo alguno 
el H de enero del siguiente ao de 155G ^, siendo recibido por la Audiencia y 
Regimiento como quien tan cumplida cuenta liabia dado de la procuracin , ya 
atendiendo al bienestar de sus conciudadanos, ya promoviendo cuantos medios 
lavorccan el aumento de poblacin en aquella ciudad Isla, 

Haba con este propsito suplicado y obtenido del leal Consejo de Indias cdula 



i Todos los escritores que ban dado noticias 
de Gonzalo Fernandez de Oviedo aseguran de una 
manera que no parece dejar entrada la duda, que 
habia cruzado su muerte, acaecida en d557, ocbo 
veces las vaslas llanuras del Ocano; y sin embargo 
incurren en manifiesto error, cuando esto asientan. 
Oviedo, que en 1 535 publicaba la primera [lar- 
te de su Uisloria general y lalural de Indias, se- 
gn queda apuntado, decia en el proemio de la 
misma, con este propsito: Yo acumul lodo lo que 
aqui escribo de dos mili millones de trabaxos y 
wncscessidades y peligros en vejnte dos aos 
mas que b que veo y exporimonlo por mi persona 
estas cosas , sirviendo Dios mi rey en estas 
Indias , y aviendo ocho x;cccs passado el grande 
nmar Ocano. Despus del ao citado de 1535 hizo 
Oviedo los cuatro viagcs, de que damos noticia en 
esta IV." p.irle, siendo por tanto inexacto el supo- 
ner que solo habia pascado el mar Ocano por odio 



veces; error en que hubo de caer el erudito Baena, si- 
guiendo la autoridad de Quintana, Gil Gonzlez, el 
P. Sarmiento , don Nicols Antonio , Pinelo y don 
Leas Corts (cuya preciosa Biblioteca public con 
su nombre Gerardo Herneslo), quienes por no 
haber podido tal vez examinar las obras MSS. del 
Alcaide de Sanio Domingo , se atuvieron , sin mas 
examen , lo que habia l mismo dicho de sus 
viages en 1535. 

2 Refiriendo Oviedo la desgracia de Simn de Al- 
cazaba y el mal efecto de su expedicin las regio- 
nes australes, dice: Yo habl en esta cibdad (Santo 
Domingo) estos que escaparon deste viaje y ar- 
mada de Simn de Alcacaba, y su hijo era moco de 
ti-e(;e catorce aos; donde allegu los once dias 
del mes de enero de mili quinientos treynfa y 
seys, tornando yo de Espaa, despus de la prime- 
ra impression do la primera parle dcsta Historian 
(11. Parle, lib. lll", cap. 3). 



LXIV VIDA Y ESCRITOS 

y merced de 00,000 maraveds por vida para el primer vecino de Sanio Domingo 
que en una sementera cogiese cien lauegas de Irigo', y era asimismo porlador de 
Giras gracias y privilegios, encaminados lodos igual lin: pues (pie (d (lescid)ri- 
mienlo y con([uisla de otras regiones, despertando con sus lipu'zas la codicia d(! 
aquellos liabiantes, comenzaba ya despol)lar las feraces comarcas donde primero 
asentaron su planta los espaoles. .Alas si el llcgimicnto v la Audiencia quedaron 
salisleclis de la conducta del Alcaide, no laltaron liondjres envidiosos y desal- 
mados que intentaran malpiislarlc con los moradores de Sanio Domingo y con la 
corte de Espaa , lildndole de haber procurado nicamente su provecho , y decla- 
rando como ilegilinias las dietas que durante su residencia en la pennsula habia 
disfrutado *. Pero eslas quejas que os elevar al mismo Csar el V(\edor de las 
fundiciones Gaspar de Asludillo, lejos de producir el efecto que este se propona, 
solo contribuyeron poner de relieve la hoiu-adez de Oviedo, acarreando al Aslu- 
dillo la jusla animadversin y desprecio que mereca por sus lorpezas. A lal puni 
llegaron eslas, que dos aos despus dirigan al Emperador el almiranle y regi- 
dores de Sanio Domingo las siguienles palabras: Gaspar de Asludillo es hombre 
bullicioso y de mal vivir. Fu essos reynos poco monos (pie desterrado , y luvo 
raaa para venir de veedor de las fundiciones, veedor del Audiencia y regido- 
res, Ires oficos que con cada estara contento qualquer vecino honrado. El esl 
procesado por varios delclos y .sentenciado desdecirse pblicamenle ser 
traydo la vergenza; cosas que hacen infame. Por cierto fraude en quilalar 
el oro, mand V. M. llamarle preso esse Real Consejo y que el offico de vee- 
dor del Audiencia no lo luviesse y se dcpostasse en el Alcayde Gonzalo Fer- 
nandez de Oviedo; pero no falta quien le sostiene. Suplicamos V. ]M. provea 
sus oflicios en otras personas dignas: que es afrenta para los buenos un tal liom- 
bre en semejantes empleos. Ilse casado Ires veces con tres mngeres, sacadas 
de lugares plilcos^. Tal era en suma el detractor de Oviedo. 

La favorable acogida que alcanz en el Consejo de ludias la Ilisoria general 
y el xito extraordinario que obtuvo en la repblica de las letras, eran en lano 
para el Alcaide nuevo y elicaz estmulo, alentando mas y mas sus tareas hislrcas, 
que iban Lomando cada da mayores dimensiones. No salisfecho de lo publicado, 
dedicse desde su llegada la Isla Es)aala ilustrar con peregrinas iniporlanles 
adiciones aquella primera parle , enriquecindola al par con la narracin de los 

3 Juan Ramos , escribano de niiioro de la eiii- cmbarg'o aplicarse (.Jt/. gen. de Jnd., Cart.,l. 2-). 
dad de Sanio Domingo, que informaba en 31 de - Asludillo dceia, baldando de la procuracin de 
mayo de lo37 al Real Consejo de Indias sobre la Oviedo: La cibdad poco provccbo ovo , se le de- 
necesidad de fomentar cficazmenle en la Isla Espa- ))bicran mandar volver los mili pesos que llev de- 
ola la agricultura , decia enire oirs interesantes lla mal llevados. Es mi enemigo , y fatgame de 
razones: Para aumento de poblacin en esta is- >ji11 modos con relaciones y pleitos (Arch. gen. 
Illa, seria lo principal que se cogiese pan y vino. En de liid., Cari., leg. 24). 

))lo de las vias se d orden cmo dentro de poco (o) Este importante documento , cuya fecba es 

)>liaya cantidad de vino. En lo del trigo dio V. M., de 20 de julio de 1o38, est firmado por el Almi- 

)> suplicacin de Gonzalo Fernandez de (_)vicdo, ranle y los regidores Diego Caballero , Francisco 

"cdula baciendo merced de 30,000 maraveds por Dvila, Alonso de la Torre y Alvaro Caballero 

)>vida al primero que en una semeolcra cogiese cien (Pycal Arad, de la list. , Colee, de Mrioz , lomo 81 , 

bancgas. Esta imporlanle concesin no lleg, sin A OS). 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



LXV 



aconlccimiontos que succsivaniculc acaccian y llcgaLaii su iiolicia. Ni descuid 
tampoco la prosecucin de la segiuula y tercera , valindsc de la real cdula que 
impona gobernadores y adelantados el deber de comunicarle las relaciones de 
los nuevos descubrimientos , con lo cual ensancliaba inscnsiblenienle el circulo 
de sus tareas, bien que alejaba de esta forma el dia de la terminacin de las mis- 
mas. Consaurbasc tan laudables estudios con admirable constancia, cuando 
recibidas por l las relaciones de los descubrimientos y conquistas del mariscal 
Diego de Almagro, bail en aquel peregrino 'documento la triste nueva de la de- 
sastrosif muerte de su liijo. Scguia Francisco Fernandez de Valds el ejrcito de 
Almagro, como veedor de la Tierra-Firme, oficio bcredado de su padre; y afli- 
gidos los expedicionarios del banibrc y del fri , tornbanse desde Cbile la vuelta 
de Catama, arrostrando, en tan largo y penossimo camino todo linage de tra- 
bajos y privaciones , ya trepando inaccesibles montes , ya atravesando inmensos 
desiertos , ya salvando con esfuerzo maravilloso pestilenciales pantanos. Llegaron 
al rio de Arequipa, enlrado el mes de noviembre tle 1550, iba tan bincbado y 
furioso, que apenas osaban pasarle los mas valientes nadadores, temiendo con 
razn el mariscal que llegara desbaratrsele del todo la gente con aquel 
grande inesperado peligro. Y no fu pequea su amargura, en medio del ge- 
neral sobresalto, al contemplar la catstrofe del veedor, que arrebatado de im- 
proviso por la impetuosa corriente , lucbaba en vano para ganar la opuesta orilla, 
desfalleciendo al cali y desapareciendo entre las olas. Imponderable sentimiento 
asalt Oviedo al recibir en tan extraa manera aquel terrible golpe, contras- 
tando solo la magnitud de su dolor con la piadosa conformidad cristiana que des- 
pleg en tan duro trance. Contaba Francisco Fernandez de Valds la edad de 
veinte y siete aos, y dejaba, al morir, dos burfanos en poder de su padre, 
quien no goz tampoco en su vejez el consuelo de verlos crecer ambos su lado, 
pues que los pocos dias de sabido el desastre del veedor , pas mejor vida 
el lujo varn de este, cuando apenas rayaba en los cinco aos . 

Pero si estas desgracias afligieron bondamcnte el nimo de Oviedo, pagado ala 
naturaleza el indispensable tributo, busc en las tareas de la milicia la paz y sosie- 
go interior que esta vez le babian negado las vigilias histricas, si bien jams pudo 
abandonarlas. Entregbanle en 1552 el castillo de Santo Domingo casi desmante- 
lado y destruido, y procur entonces con singular esmero fortificarlo: en 1535 
expona la necesidad de su armamento al leal Consejo de Indias , y juraba en 



o Al lererir Oviedo ni paso del rio de Arequipa, 
dice : (i Se aho;,' en l el desdichado Francisco de 
Valds, veedor de Tierra-Firme , hijo de! capilan 
Gonzalo Fernandez de Oviedo , chronisla dcsla Gc- 
ncral historia de Indias; porque pueda mas al 
Dpropssilo dolerse con los dems, y le quepa lana 
parle deslas desavenliiras. Y porque su dolor no 
wfuesso sencillo , le quedaron un nio c una nia, 
hijos del veedor: c desde pocos dias despus que 
supo la desventurada niuerle del Iiijo aho^-ado, le 
TOM 1. 



llev Dios el nielo en edad de cinco aos en csla 
cibdad de Snelo Domingo de la Isla Espaola. 
Bendito sea Dics por lodo!... Y aunque, seyendo 
como soy hombre pasible , y la falta de tales deu- 
dos no puede dexar de lastimarme, sin duda la nia- 
yor pena que siento es llevar Dios aquel mancebo 
en la llor de su edad de vcynte siete aos, con 
tal manera de muerte, elc. (IHsl. Gen. y Aa'. de 
//,(Z., III. "Parle, lib. IX, cap. C). 



LXVI VIDA Y ESCRITOS 

manos del doctor Deliran, decano del mismo, que solo pedia lo necesario ': des- 
de su vuelta la Espaola ni un solo dia dej de atender al reparo de la fortale- 
za, aguijonendole en semejantes faenas la aparicin de algunos piratas que, 
amenazando la seguridad de apiellas tierras, comenzaban ya infestar los ma- 
res de Occidente. Tal acontecimiento, que difundi en Amrica grande alarma y 
sobresalto , despert en el Alcaide de Santo Domingo una actividad, prodigiosa ; y 
no contento con solicitar de nuevo para su castillo la artillera de gi'ueso calibre 
que desde 1555 tenia pedida *, reprodujo ante el Consejo el proyecto de fortifi- 
car las islas y costas de la Tierra-Firme, levantando en el Nombre de Dios,* Puerto 
Belo , isla de Bastimentos, embocadura del Cliagre, Cartagena, Santa Marta, es- 
trecho de Magallanes y otros muchos puntos de no menor importancia , respeta- 
bles fortalezas que pusieran tan ricas y dilatadas comarcas al abrigo de los corsa- 
rios , haciendo asi temida y respetada en todas parles la bandera espaola '. Ni 
olvidaba el celoso Alcaide la necesidad de formar algunas escuadrillas que anduvie- 
ran reconociendo la mar constantemente, fin de restituir la confianza los mer- 
caderes, que no osaban ya salir de los puertos '", y de evitar al propio tiempo todo 
gnero de violencias y pillagc. Mas aunque proponia Oviedo un plan vasto de for- 
tificacin, segundndolas instancias hechas por l los aos pasados, no perdia de 
vista que era su principal deber la custodia y defensa del puerto de Santo Do- 
mingo, insistiendo una y otra vez en sus leales reclamaciones ". Ilabia sido cau- 
sa la impericia el abandono de sus predecesores de que al lado del castillo se 
fabricaran algunos edificios, los cuales, sobre cerrar el puerto la fortaleza, im- 
pedan el que pudiese jugrsela artillera, para defenderlo de cualquiera agresin 
extraa. No titube, pues, el Alcaide en proponer la demolicin de aquellas ca- 

7 En caria de 31 de mayo de 1537 decia Oviedo citados, eran Puerto-Rico, San Gorman isla de la 
al Emperador, respecto de este punto, Al liem- Mona, donde podian tener fcil abrig-o los saltea- 
))po que estuve en la corte de Vuestra Mages- dores y piratas : hablando de la isla de San Juan 
lad , el dotor Beltran , uno de los mas antiguos observaba que deberan levantarse varias fortalezas 
de su Real Consejo de Indias, en presencia de en toda la costa del Norte, procurando que fuesen 
todos los del Consejo, porque yo dixe en cierto de mas efecto que la comenzada fabricar en Puer- 
nmeniorial la nescessidad questa casa tenia tiene to-Rico , de la cual afirmaba que aunque ciegos la 
))de armas municiones , me tom juramento para edificaran, no la pudieran poner en parte tan sin 
wque , s cargo del , dixesse las cosas mas nesces- provecho. 

sarias , porque no se liiciessen gastos excesivos, 10 En este punto que escribo esta carta estn 

yo dixe, s cargo de juramento , lo que me pares- en este puerto quatro naos cargadas, que lo que 

Mci que no se podia excusar , lo proveyeron llevan vale sobre cinqenla qentos, no osan sa- 

{Real Acad. de la Hist. , Colee, de Muoz, tom. 81, wlir la mar, porque hay nueva que andan ciertos 

A. 108). navios de franceses por aqui cerca. 

8 En la misma carta , citada en la nota anterior, H Cuando en 1533 estuvo Oviedo en Espaa, 
escriba: Ydo Sevilla, los oficiales de la Casa de no solamente manifest al Real Consejo de Indias 
"contractaeion me dieron creo que cinqiienta duca- cuanto habia hecho ya en beneficio de la fortaleza, 
dos, de que yo compr ciertas laucas laneones, cuya tenencia le estaba encargada, sino que le ex- 
hice hacer veynte barriles de plvora otras co- puso repetidas veces la necesidad de artillar y mu- 
sas de las que vuestro Real Consejo provey; c nicionar dicho castillo, fin de evitar cualquier 
dex hacie'ndose quatro plecas de artillera para rebato. Sobre este punto son dignos de consultarse 
esta casa , y hasta agora ninguna cosa de todo ello los dos extensos Memoriales de Oviedo que se 
se ha traydo , ni tengo una arroba de plvora. conservan originales en elArcIi. Gen. de Ind., Gob. 

9 Los puntos que, en concepto del Alcaide, de- de la Espaola , legajo 3, nm. 1. 
bian fortificarse en aquellas islas , ademas de los ya 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXVIl 

sas, levantadas por algunos magistrados de la Real Cliancilleria '^, ponderando 
cuerdamente los peligros que amenazaban la ciudad isla , si no se acudia pron- 
tamente al remedio. Nada provey sin embargo el Consejo en cuanto Oviedo so- 
licitaba, teniendo acaso por exagerados los temores, que muy en breve justi- 
ficaron las correras becbas en 157 y 58 por los piratas franceses, con grave 
escndalo de aquellas tierras y notable perjuicio de la corona. Pasado ya el es- 
panto de semejantes excursiones , y reconocida por el Alcaide la oportunidad de 
sus demandas, escriba al Emperador sobre tan importante asunto en los siguien- 
tes trminos: Lo que conviene, ante todas cosas, es que Vuestra Magostad mande 
)'labrar de hecbo esta fortaleca en la punta adelante de donde agora est doscien- 
tos pasos, que le quede todo su sitio franco libre dende la casa del dotor 
))Infante basta la mar que en la otra punta del rio se baga una muy buena 
torre, donde est constante vela media docena de tiros Ilecba la fortaleca 
)) torre ser por esso guardada esta isla?... Digo que no; porque no es menor 
falta que en otras partes della, en especial en los puertos prencipales , assi co- 
mo en la villa de Acua en la Savana en Puerto-Real en Puerto de Plata 
))Otras partes, haya fortalecas recabdo en ellas; porque est visto que si una ar- 
niada do propssito viniesse se assentasse en qualquiera de los puertos, quin 
"les excusara despus de se enseorear de parte de la isla y bacer guerra? " 
El Real Consejo de Indias mand por ltimo proveer de artillera gruesa el casti- 
llo, cuya tenencia estaba confiada Gonzalo de Oviedo '*, sin que en lo dems 
diese muestras de aceptar sus avisos, quedando por tanto expuestos aquellos rei- 
nos la rapacidad extrangera, que no escase desde entonces linage alguno de 
asecbanzas. 

Aumentaba tambin todos estos peligros la numerosa emigracin de los pobla- 
dores que al reclamo de las riquezas del Per, abandonaban tanto la Isla Espa- 
cola como la de Cuba y San Juan, volando tal vez en busca de una muerte segura, 
puesto que las discordias de Almagro y de Pzarro , traan yermadas y sangrientas 
tan felices regiones. Reconocalo de este modo el Alcaide de Santo Domingo, y ya 



12 Vuestras Magoslades (dccia el Alcaide en 31 npuede aprovecharse del arlilleria, como podra, 

))de mayo de 1S37) hicieron merced al licenciado quilando las dichas casas. Apercibo dello Vues- 

wEspinosa de cicrlo solar dentro de los solares de la tras Mag'estades, digo que aunque las manden lo- 

fortalcca, no se le debiera dar ni l pedirlo, por- mar pagar sus dueos , conviene mucho su 

que est la casa que en el solar que digo se ha real servicio. (Real Acad. de la Hisl., Colee, de 

fecho muy perjudicial, e' es padrastro ella otra Muoz, lom. 81, A 108.) 

iide un clrigo para esta casa de Vuestras Magesta- 13 Carta de 24 de mayo 1538, Colee, de Muoz, 

des. Me dicen que una vez las mandaron derribar iil supra. 

)) despus ces se mand otra cosa: yo digo 14 En el ao de 1538 mand la Cathlica Ma- 

1) Vuestras Magestades que quien les informrequc no gestad proveer de artillera gruesa muy hermosa 

se deben quitar derribar las dichas casas , no mi- esta fortaleca suya que est mi cargo, se Iru- 

ra bien vuestro real servicio, ni quiere qucsta casa xcron culebrinas de seplenla quintales mas 

sea lo que ha de ser no lo entienden los que tal cada una, de bronce, caones de cinqiienta cin- 

dixeren. Ya el licenciado las vendi; suyas co, medias culebrinas de a quarenla algo me- 

agenas , aunque fuessen mas , no dcxaria de de- nos, (llist. gen. y nat. de bul., I." Parle , lib. VI, 

cir la verdad; porque (piilan gran parte de la vista cap. 5.) 
de la mar entrada del puerto esta forlale9a no 



LXVII 



VIDA V ESCUITOS 



([lie no le (>ra dado ovilar lo primoro, movido do su lealtad liidal^iiia, liahia pro- 
curado reslahlecer la aul<^na auiislad iuleligoncia enlrc atpiellos coiKjiiislado- 
res, moslrndoles cuan errados aadaban en sus odios, con los cuales labraban 
lorpcnienle su perdicin, al rayendo sobre sus cabezas la indignacin de su rey y 
el desprecio de los buenos '^ Pero ningn electo produjo esta patritica solicitud 
en el nimo empedernido de apielios capitanes, y Oviedo se crey en consecuencia 
obligado dar noticia al Real Consejo de ludias de los escandalosos crmenes, ([ue 
inundando de sangre espaola el imperio de Atabaliba, arrebataban al comercio y 
ala agricultura innumerables brazos, ofendiendo la moral y relajando todos los vn- 
culos sociales con tan pernicioso ejemplo. Cundieron, pues, tal extremo los males 
de Amrica y en especial de la Isla Espaola, ya afijida por el azote de los piratas, 
ya mermada por la furia de la emigracin , ora abandonada de sus pastores , ora 
desamparada de sus jueces, que despus de baber clamado Oviedo por la vuelta 
del prelado, solicitando la creacin de un procurador mayor de la ciud;(d, el nom- 
bramiento de cuatro jurados y la conservacin del fiel ejecutor, oficio que se ha- 
bla suprimido con poco acuerdo ^^ exclamaba en esta forma, dirigindose al C- 
sar el 24 de mayo de 1558: La justicia de Vuestra Magestad ni se hace ni se 
cumple , en especial en esta isla cibdad , donde nunca se paga cosa que se 
)>deba ni se castiga ladrn que baya, porque la Audiencia est sola con un solo oy- 
dor, viejo y heredado en la tierra y en el officio. 

Y no mas grata perspectiva presentaron los negocios de la Isla Espaola en los 
siguientes aos , que gast el Alcaide en la prosecucin de sus trabajos histri- 
cos ", sin apartar la vista de los cuidados de su tenencia, promoviendo al mis- 
mo tiempo cuantas mejoras agrcolas le aconsejal)a su talento observador y le 
inspiraba el deseo de la prosperidad de sus compatriotas. Posea Oviedo ori- 
llas delHayna, rio que pasaba tres leguas de Santo Domingo, uno de los mas 
pinges heredamientos de aquellas rilieras; y deseoso de alentar con el ejemplo los 
esfuerzos de los pocos labradores que el descubrimiento del Per y Nueva Espa- 



do En caria escrila en Sanio Doming'O el 23 de 
octubre de -1037 , dando cuenla al Real Consejo de 
Indias de las desavenencias de Almagro y Pizarro, 
observaba Oviedo: Yo he cscripto estos capila- 
i>nes lo que me paresce y qnnla razn ternn 
))Vras. Mrds. de los mandar ordenar, sino se orde- 
Hnren, y que miren muy bien quien los conseja y 
))que por ningund inleresse ni pasin no se apar- 
))len de la paz ni den causa en un pelo en que Vues- 
Ira Magestad sea deservido : hselo escriplo muy 
)) la verdad mis cartas lo dirn , como amigo 
quc los he Iractado tuve hacienda antes quellos 
y no tengo nescessidad de ninguno dellos ; y 
piensso que si me creyeren que ellos acertjan, 
))y tngolos por hombres que no erraran en la vo- 
luntad ni en la obra el servicio de Vuestra Ma- 
gestad , si malos consejeros no los hicieran errar. 
Lo mismo repela en carta de 9 de diciembre do aquel 
aTio) Real Ac. cicla Hist. C. de Muoz, t.8l,A. IC^')- 



16 Cria de O de diciembre de lo38. Colee, de 
Muoz , !/ supra. 

17 Al retocar el captulo 7 del libro IV de la 
I.'' Parle, decia el Alcaide de Santo Domingo: Aqu 
Dllcgu con esta materia, quando esto se escriba 
))cn limpio en fin de marco de 1539. En el captu- 
lo 20 del libro VI de la 11." Parle observaba: Ya 
))todo lo que en estos Iraclados se acrescentrc 
desde aqueste ao de 1341 aos poco antes, ha de 
ser la jornada, segund las cosas subcedieren y 
))lleg;;ren la noticia del chronisla, hasla la impre- 
))sion deslas liistorias'). Al final del captulo IG del 
libro V de la misma parle , apuntaba: Aqu lleg 
wesla historia en el mes de agosto de IK45 aosi). 
De donde claraniene se deduce que no dejaba 
Oviedo de acrecentar sus trabajos hislricos sobre 
las Indias , prosiguindolos con admirable constan- 
cia, segn observaremos adelante. 



DE GONZ. FER:-;. de OVIEDO. 



LXIX 



a iiabia dejatlo cu la Isla, ensayaba el cullivo de cuantas plantas, frutas y cerea- 
les juzgaba provecbosos, lograjulo con frecuencia los mas satisfactorios resulta- 
dos '*. Diverta de esta manera los ocios de sus oficios, siendo al par consultado de 
los capitanes y descubridores i|uc pasaban por aquella ciudad en demanda de la 
Tierra-Firme, cuando principios de IHil vise acometido de aguda y penosa 
enfermedad, ponindole los bordes del sepulcro y dejndole tan flaco y que- 
brantado que bubo menester, para fortalecerse, de larga y esmerada convale- 
cencia ''. rieslablecido ya algn tanto y temeroso de no poder dar la estampa, 
si le asaltaban de nuevo las fiebres, la segunda parle de la Hisloria General de in- 
dias, conchuda en aquella sazn, solicit licencia del Emperador y su Consejo para 
venir Espaa con propsito de publicar lo escrito, obtenindola tan cumplida y 
pronta, como deseaba; pues que el xito alcanzado por la [irimera parte hacia 
apetecible la impresin dlas siguientes, en que deberan referirse maravillosos 
descubrimientos y portentosas conquistas. 

En 1. de marzo de 1542 escriba Oviedo al virey de Nueva Espaa, don An- 
tonio de Mendoza, quien tenia pedidas relaciones de lo ocurrido en aquellas par- 
les, rogndole que se sirviese remitrselas antes de mayo, fin de utilizarlas 
convenientemente en la edicin que preparaba. Mostrbase el Alcaide resuelto 
no tornar las Indias hasta dejarlo lodo impreso ^"; y apercibido para el viage, 
bien que no tan pronto como al virey habia manifestado, solo aguardaba ya el dia 
de la partida, cuando recibi tres cartas del Emperador, concebidas en unos mis- 
mos trminos, las cuales bastaron desbaratar por entonces todos sus proyectos. 
Avisbale el Csar desde Monzn, en 50 de agosto, de haber roto la guerra con 
Espaa el rey Francisco I , invadiendo los Estados de Italia , y amenazando en- 
trarse en la Pennsula por la parte de Perpian , al propio tiempo qiu infestaba el 
Mediterrneo con sus armadas y las de Barbarroja, su aliado, y alentaba los 
protestantes de Alemania, llamando al turco sobre Ungra. Prevenale en conse- 
cuencia que atendiese con el mayor cuidado y vigilancia la custodia del castillo 
que le estaba encomendado y la defensa del puerto y ciudad de Santo Domin- 
go , mandndole que suspendiese su intentado viage , lo cual verific Oviedo , co- 
mo obediente y fiel vasallo , dedicndose desde aquel momento reparar las forti- 
ficaciones, lin de que no le tomase desprevenido cualquier desagradable acon- 
tecimiento -'. Grandes temores combatieron el nimo del Alcaide, durante esta 



18 Hist. Gen. y Nat. de Ind., ]." Parle, lib. Vil, 
cap. i. 

19 Hist. Gen. y Nat. de Ind., \.= Pail., lib. 1V_ 
cap. 2y. 

20 Dirigindose OvicJo al virey de Mjico en la 
fecha cilada ledecia, hablando de su hisloria: Yo 
lengo liecneia del Emperador, nuestro seor, pa- 
ra llevar Su Mageslad Calblica lo cscriplo , y 
es muy desseado en Espaa fuera dclla; y ando 
alistando mi partida , y espero con ayuda de Nues- 
lro Seor que ser en todo el mes de mayo ; y no 
piensso volver ac hasta dejarlo todo mpresso 



{Ilist. Gen. y Nat. de Ind., II." Parle, lib. XIV, 
cap. 53). 

2t (tEslandopara parlirnie (escribe), rescebi tres 
letras de un tenor duplicadas de la Calblica 
"Mageslad, fechas en Monzn de Aragn, los 
))troynta de agosto del ao que pass de mili (|ui- 
nienlos quarenla y dos, en las qiialos me man- 
iid que tuviesso el cuidado y vigilancia que Su 
))Mageslad de m persona confia como soy obli- 
))gado, en la guarda c fortificacin desla fortaleza de 
la eibdad de Snelo Domingo , que mi cargo es- 
))l , en que yo resido en su real scrv9o; porque 



LXX 



VIDA Y ESCRITOS 



nueva giiorra, on que iban reproiliieirse las anli<rLias pretensiones de aipiellos 
dos poderosos rivales que con tan denodado esfuerzo y tesn aspiral)an al dominio 
de Europa; y mientras las banderas espaolas tremolaban victoriosas en Alema- 
nia, Flandes Italia, recbazando al par y desbaratando los franceses, turcos, 
alemanes y africanos, guardaba Oviedo celoso y entendido aquella preciosa llave 
de Amrica, dispuesto siempre castigar con las armas toda invasin extraa, si 
bien se dolia de que, por no haberse aceptado en aos anteriores sus consejos, no 
pudieran ahora presentar las islas y costas de Tierra-Firme igual resistencia. El 
portentoso esfuerzo y corage de los espaoles triunfaba por ltimo de todos los 
enemigos del Csar, comprando Francisco I la paz de Crespio, publicada en O de 
setiembre de 1544, con la renuncia de todo derecho los Estados de Italia y pa- 
tronato de Flandes ^^ 

En los primeros meses del siguiente ao supo Oviedo la concordia asentada entre 
el Emperador y el Rey, no mas duradera por cierto que las anteriores, y volvi des- 
de luego entender en su proyectado viage, enriquecidas la primera y segunda 
parte de la Ilisloria general y natural de Indias, con nuevos y mas peregrinos do- 
cumentos ^'. P'avorecia los deseos del Alcaide la necesidad en que la ciudad Isla 
se encontraban de reclamar justicia contra la dureza y arbitrariedad del licenciado 
Alonso Lpez Cerrato, enviado fines de 154." por el Real Consejo, para tomar 
residencia los oidores y presidente de la Chancilleria de Santo Domingo y gobernar 
aquella provincia; siendo ya insufribles las vejaciones y demasas con que fatigaba 
sus habitantes. Movido el Regimiento de la afrenta y dao comn, resolvise final- 
mente elevar sus quejas la corte, poniendo de relieve los vicisitudes y penalidades 
que tenian reducida al ltimo extremo tan envidiable comarca, y recordando las s- 
plicas dlos aos pasados, hasta entonces de todo punto infructuosas. Nombr con 
este intento sus procuradores Gonzalo Fernandez de Oviedo , de cuya lealtad y 
entereza habia recibido tantos y tan claros testimonios , y al capitn Alonso de la 
Pea, honrado y discreto regidor de Santo Domingo ^*, quienes recibidas las ins- 



la guerra esl rompida , fue principiada por el 
rey de Francia con la Cathlica Magestad sus 
reynos c seoros. Y desta causa , como obediente 
))c fiel alcayde c criado , cess en mi camino , y po- 
))niend en efelo lo que el Emperador, nuesiro se- 
))or, me mand , he eslado quedo, aguardando 
welliempo su real servicio (Ilist. Gen. y Nat. de 
Ind.,n.^ Parle, lib. XIV, cap. 54). 

22 El articulo octavo de la concordia de Crespio, 
estaba concebido en los siguientes trminos: ((Que 
iiel rey (Francisco) baga cession traspassacion rala 
firme , como la hizo en la concordia de Madrid y 
nen otras , de cualquier derecho que pretenda tener 
nal reyno de aples , Sicilia, Miln, condado de 
Arle , derecho de patronazgo que tuvo en Flandes, 
nArtoes, Islas, Duaco, rchiaco , Tornay, Mortan- 
))ga y San Amando (Fray Prudencio do Sandoval, 
Eist del Emperador Carlos V, l\.' Parte, lib. XXVI, 
prr. 27). 



23 Explicando Oviedo las causas ya indicadas 
de la suspensin de su viage, aade: Assi estas 
materias (la historia de Indias) se han suspendido 
quanto la impresin dellas; pero hnse augmen- 
lado t cada dia crescen en su discurso historial 
{imt. Gen. y Nat. de Ind., 11." Parle, lib. XIV, 
cap. ^4). Lo mismo repite en otros muchos lu- 
gares. 

24 La ciudad y Regimiento de Santo Domingo 
cscribia al Consejo de Indias en 13 de julio de 1546: 
((A tantas relaiiones como esta cibdad ha hecho de 
los Irabaxos y fatigas de qualro aos esta par- 
le y splicas para su remedio, con el ausen- 
cia de Su Magestad y otras ocupaciones , nada 
))se ha provehido. Esta nuestra tierra est punto 
))de perderse. Enviamos procuradores al alcayde 
))Gonzalo Fernandez de Oviedo, coronista de Su 
Magestad, y al capitn Alonso de la Pea. Favo- 
rczenles Vras. Mrds. en sus pretensiones {Rea 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. 



LXXI 



truccioncs del Regimiento y oportunas credenciales, salieron de la Isla Espa- 
ola entrado el mes de agosto de 1546, arribando Sanlcar en los ltimos 
dias de octubre , no sin que en la navegacin dejaran de experimentar riesgos y 
trabajos. 

Mediado ya el mes de noviembre, llegaron el Alcaide y el capitn la corle, 
la cual estaba la sazn en Madrid, causndoles hondo disgusto la ausencia del 
Csar, que empeado en las guerras religiosas de Alemania, tenia confiada la go- 
bernacin de estos reinos al prncipe don Felipe ^^ Presentaron , no obstante , al 
Real Consejo de Indias sus poderes, y procediendo con arreglo la instruccin 
que traian , le expusieron el lamentable estado en que dejaban la Isla Espaola, 
grandemente acrecido con la publicacin de las ordenanzas formadas en Vallado- 
d el ao de 1542 ^. Instaba el buen despacho de las pretensiones del Regimien- 
to de Santo Domingo, entre las cuales no era la menor la remocin del Cerrato; 
y para conseguirla, pusieron ambos procuradores en juego todo su antiguo vali- 
miento. Aidiclaba el Alcaide ganar la voluntad del prncipe, y noticioso de que no 
le desplacera el ver ampliada la breve relacin que en 1555 compuso de su orden, 
describiendo algunos oficios de la casa y cmara del primognito de los Re- 
yes Catlicos, consagrse asiduamente este trabajo, vindolo terminado antes 
de que pasase el prncipe al Aragn , donde pensaba tener cortes de aquel rei- 
no ^- Oviedo aprovechaba la propicia coyuntura de presentar don Felipe su 



Acad. de la Hist., Col. de Muoz , toni. 84, A. i21). 
Narrando el mismo alcaydc las arbitrariedades y 
dureza de Cerralo, observa: A mi no me esl 
bien hablar en eslo , porque la cibdad de Snelo 
Domingo me envi m al capilan Alonso de la 
Pea , por sus procuradores Espaa , con su 
poder inslruccion, por el mal concepto que de 
Cerralo de su riguridad la cibdad lenia {Hist. 
Gen. y Nal. de Lid., I.'' Parte , lib. V, cap. 12). 

23 El ao de lo4G fuy procurador desla cibdad 
))de Snelo Domingo Isla Espaola la curte, 
))hall en Madrid al Serenssimo prncipe don Plie- 
lipe, nuestro seor, que gobernaba en ausencia. 
{Quinq. , 11." Parle. Esl. 32.) 

2 Las ordenanzas de Valladolid , aconsejadas 
y solicitadas por don fray Bartolom de las Casas, 
si bien eran encaminadas un fin santo y benfico, 
no por eso dejaban de ofender los intereses de los 
pobladores de Amrica. Fray Bartolom de las Ca- 
sas, frayle dla Orden de Santo Domingo, que fu 
obispo de Chiapa (decia el de Pamplona en su Ilis- 
ntoria de Carlos V), dio memoriales al Emperador, 
diciendo que los indios eran muy mal tratados de 
los espaoles , que les quitaban las haciendas y 
las vidas cruelmente : que los ponan en minas y 
pesqueras y trabajos , donde perecan y las tier- 
ras se asolaban, como lo estaban ya grandes s- 
las. Apretaba fray Bartolom de tal manera que si 
sc hiciera lo que l quera, no fuera Espaa se- 
ora de las Indias. Opsoscle el doctor Juan Gins 



de Seplveda, coronistadel Emperador y sucape- 
llan, hombre gravey doctsimo... Tuvieron disputas 
y conclusiones, y el Emperador por el celo sanio 
que en todo tenia , mand que ningn indio se pu- 
diesse echar en las minas , ni la pesquera de las 
perlas , ni se cargassen , salvo en las parles que no 
se pudicsse escusar, y pagndoles su trabajo: que 
se tasassen los tributos que haban de dar los es- 
paoles : que lodos los indios que vacassen, por 
muerte de los que agora los tenan, los pusiessen 
en la corona real: que se quilassen las encomien- 
das y repartimientos de indios que tenan los obis- 
pos , monasterios y hospitales , y otros officiales 
del reyno , y particularmente se quilassen en el 
Pir lodos los que luibiessen sido parle y culpa- 
dos en las passiones ealre don Francisco Pizarro 
y don Diego de Almagro ; y estos indios y rentas 
se pusiessen en cabeza de Su Mageslad. Esta or- 
denanza se llev muy mal y la ejecucin della le- 
vanl las gentes del Pr , otc. (11." Parte, 1. XXIV, 
prr. 2i). Justo es reconocer que el celo que anima- 
ba al obispo de Chiapa es digno de lodo elogio : lo 
que no lo merece igualmente son los medios por l 
cscogilados y propuestos al Emperador , lo cual 
demostraron bien pronlo los acontecimientos. Sen- 
sible nos parece que para evitar la opresin de los 
indios, se fuese al extremo de prodigar sin fruto al- 
guno la sangre espaola. 

27 En las .idicioncs que en i'S puso Oviedo 
los Offi^ios de la Casa Real (fol. i), escriba : En 



LXXII 



VIDA Y ESC\1T0S 



curioso tratado de los Officios de a Casa 'leal de Castilla, para recordarlo li- 
bilineiile los males que faligabaii la Isla Espaola, expresndose de esto modo: 
E por(|iie mi edad no es ya ni estos Trios de Madrid (donde nase) para hombre 
))(pie li Ireynta cinco aos que est sirviendo Sus Majestades V. A. c 
))sns progenitores en Indias, suplico Innnilmente (pie en los negocios nesces- 
sidades de la muy leal cibdad de Sancto Domingo de la Isla Espaola del mar 
Ocano, por cuyo procurador estoy en esta corte de V. A., mande remediar 
aquella tierra con brevedad que sea socorrida con tiempo con el favor jus- 
))ticia que en su nombre atiendo, y (pie el Real Consejo de Indias me despache, 
pues ninguno v tanto en la subsIentaMon c buena gobcrna(;ion de aquella 
tierra como al ceptro real de Castilla -S). 

Nada alcanz Oviedo por entonces, pesar de este y oros esfuerzos no me- 
nos acertados , en que hidjo tambin de probai'sc la discrecin del capitn Alon- 
so de la Pea. Al fin se movia la C(jrte de Madrid, encaminndose el principe 
Monzn, donde tenia convocadas las cortes aragonesas; y sigui(!'ndole los Con- 
sejos hasta Aranda de Duero, establecieron alli sus audiencias, fin de estar 
prontos al gobierno de Castilla, vi^ndosc por tanto los procuradores de Santo 
Domingo forzados trasladarse dicha poblacin, para conliunar sus comenza- 
das diligencias. En Aranda permanecieron todo el resto del verano de 1547, 
tiempo en que fueron resueltas por el Real Consejo de Indias algunas demandas 
de la Isla Espaola, remitindose las mas arduas consulta del rey don Carlos, 
que en aquellos dias se hallaba en Augusta celebrando dieta del imperio. Seme- 
jante determinacin del Consejo advirti al capitn y al Alcaide de la necesidad 
en que estaban de acudir Alemania , si habian de obtener verdadero residtado 
de su procuracin ; y como ni la edad ni la salud de Gonzalo de Oviedo le con- 
sentian hacer aquel viage, conformndose arabos procuradores en que pasara 
Alonso de la Pea la corte del Csar, retirse el Alcaide al Andaluca , huyen- 
de los penetrantes fros de Castilla ~^. 

Llegado Sevilla , punto mas propio que otro alguno para la inquisicin de 
noticias de Amrica , pues (pie la casa de contratacin llamaba alli los capi- 
tanes, descubridores y mercaderes que del Nuevo Mundo volvan, dedicse 
coordinar las relaciones que en Madrid le hida dado Alvar Nuez Cabe- 



))el ao de \'o' en la villa de Madrid, donde nas- 
ci y me cri, envi al prncipe don Plielipe una re- 
))laeiou de ('inco seys fojas , en r|ne dixe breves 
nienle aquello do que yo me acord , y creo que 
))no fueron inlilas ias cosas que aquella caria eon- 
lenia para la casa y ordinario servicio de V'ucs- 

))lra Alteza Despus que en el mes de noviem- 

))brc de mili quinienlos (' quarenla y scys pr- 
Hximo )assado , llegu esla corle, he sabido 
qiie ser Vuesira Alteza servido de m, si re- 
novasse despertasse mi memoria, excrcitn- 
dola en escrcbir lo que loca los of/irio.s de la 
nCasa Real de Castilla , etc) De donde se deduce 
wque en 'io?-,o fu una f7a o breve rc'acion lo que 



en V'iG l'orm el libro de los Offirios , aumenta- 
do en 158, segn nolarcjnos ailelaiile. 

28 Officios de la Casa feal, etc., fol. 4, Cd., E. 
203 de la Bibliol. Nacional. 

29 (lE cmo el ao passado de lo47 el prncipe, 
nuestro seor , dende Madrid se fu tener corles 
))0n Aragn y los Consejos so fueron Aranda de 
)iDuero, despus que alli estuve despachado de al- 
gunas cosas se remitieron otras consulta de la 
i)Cesrea Magestad , esperando de Alemania algu- 
ima respuesta de despachos viendo que so larda- 
ban.por mi edad, huyendo del fri, me fuy al 
)' Andaluca. (Ib., lol. 23.) 



DE GO.NZ. FERN. DE OVIEDO. 



LXXIII 



za de Vaca, relativas las cxiieilicioncs de la Florida y Rio de la Piala , donde 
tantas y tan inauditas fatigas liabia padecido aquel valeroso y experimentado cau- 
dillo ^''. Amenizaba el Alcaide estas sabrosas tareas , trayendo la memoria los 
recuerdos de su juventud, y acaudalando con ellos el tratado de los Officios de 
la Casa Real, no sin que procurase activar las negociaciones de su procuracin, 
manteniendo activa correspondencia con el capitn Alfonso de la Pea y con sus 
amigos y valedores de Monzn y de Aranda ^'. En estas ocupaciones gast Oviedo 
los restantes meses de 1547 y parte del siguiente, traduciendo tambin de len- 
gua toscana la piadosa obra, titulada Reglas do la vida espirilnal sccrcla theolo- 
(jia , libro que impreso en el mismo ao, bajo la inspeccin del traductor, obtuvo 
el mas desgraciado xito ^^. A principios de agosto debian reunirse en Valladolid 
los procuradores de las ciudades para celebrar las cortes alli convocadas por el prin- 
cipe don Felipe , quien ruego de su padre , gravemente enfermo, se preparaba 
dejar estos reinos, encomendando su gobernacin al prncipe Maximiliano, velado 
ya con la infinita doa Maria. Supo el Alcaide que era esta la ocasin sealada por 
el Emperador para montar la casa del principe de Asturias la borgoona, desau- 
torizando asi la eti([ueta grave y sencilla de los Reyes Catlicos y olvidado el antiguo 
proyecto de seguirla ; y deseando estorbar aquellas novedades , partise luego 
Valladolid, donde present don Felipe las Adiciones los Ofjlctos de la Casa 
Real, en que se completaba el cuadro del servicio y corte de aquellos esclareci- 
dos monarcas. Ningn efecto produjo en esta parle la solicitud de Oviedo: el 
dia 45 del referido agosto se comenz el prncipe servir ala borgoona, repar- 
tiendo los oficios de su palacio entre los mas ilustres magnates de Castilla ^^. 

Pero si vio el Alcaide malogrado el tienqxi consumido en aquellas tareas y des- 
deado el generoso impulso que le sac de Sevilla, no por eso fu intil su pre- 
sencia en la corte para su procuracin y empresas histricas. Pocos das pasaron 
desde su llegada, cuando se recibieron en Valladolid las nuevas del levantamiento 
V tiranas de Gonzalo Pizarro, quien desbaratado al fin por la constancia y pru- 
dencia del presidente Pedro de la Casca, babia sido degollado en el valle de Xa- 
quixaguana, para escarmiento de traidores. Vinieron con estas cartas algunas re- 



30 list. Gen. y Nat. de Ind., II. = Parle, lib. XVI, 
cap. 7. 

31 E llegado Sevilla, acord de aconiular 
HOlros Officios de la Casa Real en el cmpo que va- 
Mcaba t me faltaba que escrebir mensageros para 
))las inlcligencias de Alemania Monzn t Aranda 
(Ad. los Off., ul supra). 

32 E assi lo restanlc del ao (Ibi?) lo passt al 
fuego (en Sevilla) t lo qne del venidero t presente 
de 1548 no hizo calor... lo gaslt en esto (en escri- 
))bir las adiciones los Offifios) y en la impression 
))de aquel devoto libro de las Ueylas de la vida espi- 
iiritual e secreta theologia , que yo passt t Iraduei 
))de la lengua toscana en esta nucslia castellana: en 
lo qual el mpressor gan pocos dineros t yo nin- 
Dgunos; pero ambos despendimos bien el tiempo , el 

'^ TOMO I. 



wqual est de manera que no buscan los mas de los 
"hombres libros que apreveclien al :nma, sino trac- 
tados que tengan essa y el cuerpo ocupados en leer 
devaneos, por su passatiempo , y es tan mal pas- 
sado , que os de averies lstima los que en essas 
1) vanas liciones gastan la vida (t/< supra). 

33 Cristbal Calvete de Estrella, criado del mis- 
mo principe don Felipe, dccia sobreest punto qua 
el duque de Alva vino de Alemania con iden del 
Emperador Carlos V para poner la casa del prncipe 
don Phelipe forma y uso de la casa de Borgoa. 
Despus aade que los mayordomos del pri.cipe 
(era el mayor el mism.o duque de Alva ) salieron 
muy galanes y muy rici.nieiilc vestidos , y lo mi- 
mo los gentiles hombres de la boca y de la casa, ele. 
{Via C del principe don l'hciipe , fol. 12). 

10 



lAXlV 



VIDA V ESCRITOS 



lacioncs de todo lo ocurrido <mi I;iii saiinriciilas rcvucllas, apareciendo evideiUc 
(jiic iiabian sido principal causa de ellas las ordenanzas de Valiadolid , contrarias 
al bienestar de los pobladores, y la din-eza y poco lino del virey Vasco Nucz 
Vela, vencido y muerto en Quito por clPizarro. Aprovech Oviedo el mal efecto 
de las ordenanzas para inclinar el nimo del Consejo , que ya blandeaba , su mo- 
dificacin, y con no menor diligencia adijuiri en breve las relaciones remitidas 
por don Alonso de Monlemayor y otros pobladores del Per, las cuales hall en 
manos del magnfico caballero Pedro de Mejia, cronista, como l, del Empera- 
dor Carlos y, y ijuien le unian ya amistosos lazos ". Terminadas las cortes, sa- 
li el principe de Valiadolid el 1." de octubre, dirigindose Barcelona con ni- 
mo de pasar Flandes, mientras tornaba Oviedo Sevilla, para esperar alli la 
vuelta del capitn Alonso de la Pea. 

Desesperado de la tardanza , bien que atento siempre recoger cnanto im- 
portaba la prosecucin de la Ilisloria general de Indias, cuya nueva impre- 
sin habia suspendido, no solamente por la ausencia del Emperador, sino tam- 
bin por el deseo de al)razar todos los sucesos que iban llegando su noticia ^', 
comenzaba ya flaquear su constancia, tiempo que recibi una caria del infante 
de Castilla y Rey de romanos, en la cual le manifestaba el placer hallado en la 
lectura de la primera parle publicada en 1555, rogndole al par que no levan- 
tase mano de aquellas tareas , hasta cumplir lo que en la misma habia prometi- 
do ^^ Fu esta splica de don Fernando supremo mandamiento para el Alcaide, 



34 Ilisl. Gen. y ^at. de Iiul. II!. Parle , lib. XI, 
caps. 10 y H). 

3o No podemos menos de llamar la alencioii de 
los leclores sobre un hecho que parece conlradic- 
lorio de estos asertos y cuya explicacin no es lan 
fcil como deseramos. Hablamos de la edicin de 
la 1." Parlo de la Historia general , hecha en Sala- 
manca con estos ttulos : aCrnica de las hedas. 
La Historia general de las Indias, agora nueva- 
mente impressa, corregida y emendada, ioil y 
la conquista del Pcrn. Es digno de notarse cier- 
tamente que no hoga Oviedo me:cion alguna de 
esta edicin en sus manuscritos, aumentados en 
.db8 (segn v apuntado), nianifcsando por el 
contrario en multitud de pasages que se prepara- 
ba en dicho ao hacer la segunda y no !a terce- 
ra impresin de la referida I." Parte. No deja sin 
embargo de ser extrao el que se advierta alfrenle 
de esta edicin que iba corregida y enmendada; por- 
que si bien no se expresa que lo fuese por el autor, 
la circunstancia de hallarse este en Espaa , aunque 
no consta que pasase en dj4S Salamanca, d oca- 
sin creer que no hubiera consentido nadie po- 
ner la mano en una obra propia, traducida ya tantos 
idiomas. Hay otra circunstancia en la impresin de 
Salamanca que debe, en nuesiro concepto, tenerse 
presente: en la de Sevilla de o3ose decia, al final 
del libro de los Naufragios: ((Lo qual todo fu visto 
y examinado en el Consejo Real de Indias, y le fu 



dado ( Oviedo) previlegio para que ninguna otra 
persona lo pueda imprimir , sino l ouien su po- 
MDER oviERE, s graves pcnusn. En la de Salamanca 
se omite esta clusula subrayada, expresndose so- 
lo ((que se acab de iuipriuiir en la muy noble cib- 
))dad de Salamanca , en casa de Juan de Junta , 
))dos dias del mes de mayo de mili y quinientos y 
quarenta siete aos, tiempo en que Oviedo se 
h.allaba en Sevilla. De todas estas observaciones , 
las cuales debe aadirse la de haberse impreso jun- 
tamente la relacin de la conquisla del Per , es- 
crita por Francisco de Xerez, lo cual no hubiera 
hecho ni consentido Oviedo en manera alguna, 
pues que la tenia l ya escrita, se deduce sin 
violencia que no hizo por si la edicin referi- 
da de J7, si bien pudo dar su consentimien- 
to, introduciendo al par algunas enmiendas y cor- 
recciones. Pudiera tambin deducirse del silencio 
absoluto de Oviedo y sus continuas referencias 
la segunda impresin que prcparciba en tS48, cu- 
yas copiosas adiciones van incluidas en la presen- 
te, que no la tuvo tampoco por lan autorizada co- 
mo la de )o33 , lo cual aumenta notablemente la 
estimacin de esla en el aprecio de los eruditos . 

30 Refirindose Oviedo su avanzada edad, 
enfermedades y vicisitudes que le haban estorbado 
sacar luz la II." parte de la Historia general , ana- 
dia : (( Pero no por esso me excusar de continuar 
estas vigilias^ y agora mucho mas, porque junto 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXV 

quien en el mismo ao de 1548 consignaLa en la Uidoria General las siguientes 
jialabras; En la brevedad de niisdias, dir lo que fuere Dios servido que por mi 
))se conlinuen estas materias; donde con mis canas, passado ya de los sesenta 
MHuevc aos que lia que vivo, ningn dia se me passa fuera desta ocupacin (al- 
"gunas horas) , trabaxando todo lo que en m es y esciibindolo de mi mano, con 
desseo que antes del ltimo dia de los que me quedan , yo pueda ver corregido 
\ en limpio impresso lo que en todas tres partes de aquesta General historia de 
^'Indias yo tengo notado. Y en tanto que el sol me tura, estoy agora en este ao 
de mili quinientos quarenta y oclio, dando orden cmo en este ao en el s- 
guientc se reimprima esta primera parte , acrescentada y enmendada v mas or- 
inada que estuvo en la primera impression: assi mismo se inq)iimir la segun- 
))da, y yo quedar contiimando la tercera, en la qual no me faltar voluntad para 
"Concluirla, pues que est una grand parle della escripta en minutas '^. No se 
liabia terminado el ao, y ya el Alcaide de Santo Domingo (llegado Sevilla con 
los despachos de Alemania el capitn Alonso de la Pea), se preparaba para res- 
tituirse la Isla Espaola, teniendo aun en aquellos ltimos dias la fortuna de 
aumentar los datos, adquiridos en Valladolid sobre el levantamiento de Gonzalo 
Pizarro , con la relacin de Diego Centeno, que Pedro de Me\a le enviaba ^'. El 
resultado de la procuracin , bien que algo costoso por el tiempo gastado en ella, 
no podia menos de satisfacer los deseos del Regimiento de Santo Domingo: tanto 
el licenciado Cerrato como su compaero Alonso de Grageda fueron removidos de 
la Chaucillera y quedaron sujetos residencia , volviendo la isla Espaola, con 
ttulo de Arzobispo y capitn general, el antiguo presidente don Alonso de Fuen- 
mayor , querido y deseado de aquellos pobladores ^^. 

En los primeros dias de 1549 se embarcaban el capitn y el Alcaide, la vuelta 
de Amrica, nondirado el ltimo regidor perpetuo de la ciudad de Santo Domin- 
go, donde llegaron fines del mes de marzo, siendo agasajados y honrados por 
el Piogimiento, que veia en ellos los salvadores de aquella comarca. Mas bien 
pronto vinieron turbar el contento y satisfaccin de Oviedo nuevos sinsabores y 
peligros. Cercano ya los setenta y un aos, tuvo la amargura de vei-se insultado y 

))C0ii servir en ello l;i Catlilica Magcslad del Em- docunicnlos que recogi en Valladolid en el mes do 

))pcrador rey, nuestro seor, y hacerlo por su agosto: <i las carias, que el chronisla di^e que all 

mandado y como su chronisla en estas parles uvido de capitanes personas d('l conoscidas de 

Indias, me manda la Mageslad Serenissima de su Hcri'dilo, en muchas cosas concuerdan con esla rcla- 

hormano el infanlo de Caslilladon Fernando , Rey cion que en Sevilla vino sus manos en el mes de 

nde los romanos y de Ungria y Bohemia, por su car- diciembre de tSiS. Y luego aade : uEstando en 

la messiva que no cesse de escrebir lo que ofrcsc Sevilla , atendiendo que abonancen los tiempos pa- 

en la primera parle, lenin 'ose por servido dello, ra volverse la eibdad de Snelo Domingo de la 

lo cual tampoco puedo fallar, haciendo lo que Isla Espaola, con los despachos que de la Qes- 

debo su real servicio , como fallarme m mes- rea Mageslad del prncipe , nucsiro seor, ha ne- 

mo, negndome yo los alimenlos para vivir gociado para la buena gobernacin de aquella lier- 

(Hist. Gen. y Nal. de Iiid. , U." Parte, lib. 111, ra , cabo de escribirse d conlinuarse estas his- 

proh). lorias hoy lunes, tres dias del mes do diciembre 

37 Ib., 1." Parle , lib. Vl,proIi. del dicho ao, (<lc. (///s/. Ger. ?/ A'a. de //id., 111." 

38 Al dar cuenla Ovidio del Icvanlamienlo y Parle, lib. XI, cap. I ). 

traicin de Gonzalo Pizarro , dice, mencionando los 39 Ib., I." Parle , lib. V, cap. 12). 



LXXYI 



VIDA Y ESCIUTOS 



aun aincnizailo (lMiiuortc por un racionero de la catedral, llamado Mcdrano, 
(|uien no solanicnlc os niaUralar sus hidalgas canas, sino que riesgo de pasar 
por sacrilego, llev su odio hasta el extremo de quitar las armas del Alcaide de 
su enterramienlo y capilla , labrados en la misma iglesia y pertenecientes al ma- 
yorazgo , fundado por l en aquella isla *". En \\ de ahril siguiente se hacia ante 
la Audiencia la informacin de aquel alentado, dndose el Alcaide por satisfecho 
con la reparacin completa que obtuvo, siendo el racionero multado y condenado 
restituir en su primer ser el sepulcro y capilla ^'. 

Pasado este nublo , que derram no poca ponzoa en el corazn del cronista, y 
asentado de nuevo en su casa y fortaleza, volvi los ojos sus colosales proyee-. 
losUterarios, resuello darles cima con la voluntad de un mancebo y la perseve- 
rante madurez de un anciano. Era una de las obras que mashabia acariciado Ovie- 
do desde que present al Csar el Calloijo llcul de Caslilla, un tratado sbrela no- 
bleza y casas principales de Espaa, considerado por l como el complemento de 
aquella larga historia, interrumpido desde lolo por la promesa que Florian de 
Ocampo hacia en el mismo ao de publicar las ilustraciones que tenia recogidas so- 
bre los linages espaoles. Cansado de esperar intilmente, mas bien convencido 
de que no era fcil Ocampo el cumplimiento de su palabra ^^ , determinse dar 
la ltima mano esta importante obra, en la cual alleg tantas y lan peregrinas 
noticias, respecto de las costumbres y proezas de sus coetneos, que no sinrazn 
podra ser considerada como uno de los monumentos que mas fielmente reflejan 
el n-lorioso reinado de los Reyes Catlicos. Dilc el ttulo do BalaUas y Quin- 
quagenas, dividindola en cuatro gruesos volmenes ; y proponindose, ejem- 
plo de Hernn Prez de Guzman, formar en ellos copiosa y rica galera de re- 
tratos, trajo consecuencia los asccndknlcs y dcsccndicnics de cada pcrsonage, 
como quien habia conocido casi todos los hombres de Estado de los reinos de 
Len y Caslilla, Navarra y Aragn, Granada y Catalua *^. Terminada esta pre- 
ciosa obra, procur tambin dar cabo otra, no menos interesante y til al es- 
clarecimiento de la historia nacional, la cual, empezada desde 1520, tenia ya 
bosquejada y recogida en minutas el ao de IHo^i, cuando present la corte 



40 El mayorazgo, fundado por Oviedo en la Isla 
Espaola , pertenece hoy al seor don Manuel Se- 
queira y Caro , residente en la Habana , habindolo 
lieredado este caballerro del llinio poseedor don 
Francisco Javier de Caro y Torquemada , consejero 
que fu delReal y Supremo de Indias, ya abolido. 

41 Real Acad. de la Hist., Colee, de Muoz, to- 
mo 83, A W.Arch. gen. de Iiid., Cari., leg. 24. 

42 El Alcaide de Sanio Domingo escriba sobre 
este particular lo siguiente: u Desseo ver lo que tie- 
);ne prometido esse coronisla (Florian de campo) 
desde quince de diciembre de mili quinienlos 
quarenta y tres , y no me maravillo que larde tan- 
to en cumplir su palabra, aunque eslamos ya en 
el ao de mili quiaicutos cinqenta, porque 



nias me maravillar si l cumple lo que dixo en el 
prohcmi prlogo de los quatro libros de la pri- 
Duiera parte de la Crnica general de E.<paa que 
))rccoj)la ese auctor {Dat. y Quinq., Cod. K., 130, 
fol. 180). Lo mismo manillesla on el lol. 221 del mis- 
mo cdice, y lo repite en oros lugares. 

43 En la eslanza 22 de la 111. Parle de las Quin- 
quagenas dccia Oviedo: (cY no os maravillis si en 

alguna de las cosas que hasta aqui he escriplo 

yo hablo mas puntualmente que oiro lo baria, por- 
que la verdad pocos hombres de Estado ( y digo 
muy pocos) hay de estos reyios de Castilla y de 
Len , Galicia, Navarra, Granada, Aragn, Va- 
Icncia Catalua que yo no los baya visto conos- 
cido ellos o sus padres abuelos. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXVII 

la primera parle del Catdoijo Real de CastUla ^*. Iiilitulbase aquel escrito Libro 
del blasn de todas las armas, teniendo por ohjelo el investigar los orgenes 
de cuantas empresas y blasones ilustraban la nobleza espaola; tratado en que 
mostr Oviedo vasta y sazonada lectura , confesndose partidario de la ciencia 
lierUlica , la cual comenzaba por aquellos dias ser considerada y cultivada con 
empeo, por la misma razn que, vencida y dominada la grandeza en el campo 
de los hecbos, acudia los recuerdos de sus mayores para justificar con las glo- 
rias de aquellos su representacin y valimiento en el Estado. 

A estos meritorios trabajos consagraba el Alcaide de Santo Domingo sus vigi- 
lias, sin que olvidase un puntla Historia general , cuya terminacin estaba obli- 
gado como cronista, ni se creyera excusado de retocar el Catlogo Real. de Casti- 
lla , aadindole la narracin de la ltima campaa, sostenida por el Csar contra 
los luteranos, campaa en que babia don Carlos conquistado los envidiables ttulos 
de experto caudillo y magnnimo prncipe ^*. Pero si no era la nieve de los aos 
bastante apagar en su pccbo aquel amor las letras, que desde la infancia le ba- 
bia alimentado, tampoco las tareas bistoriales le impedan el acudir los negocios 
pblicos, que sus cargos de alcaide y regidor le llamaban. Eli lastimoso estado 
que presentaba la Isla Espaola en 1540, no babia cambiado desgraciadamente 
con las provisiones alcanzadas dos aos despus por el capitn y el cronista: ni 
la poblacin se aumentaba, ni floreca la agricultura, ni se reformaban las costum- 
bres, ni lograba la justicia seorear aquella desventurada provincia, presa de 
bastardas pasiones, engendradoras de todo linagc de abusos. En vano clam Ovie- 
do, ya como regidor de Santo Domingo, ya como Alcaide y cronista de las Indias, 
por el alivio de aquellos males : atenta la corle de Espaa los grandes aconteci- 
mientos que turbaban la paz del catolicismo, y deslumbrada sin duda por los triun- 
fos del Csar, meditaba tal vez en el remedio y prosperidad de aquellos opulen- 
tos dominios, cuando venan las flotas cargadas de oro sacarla de sus frecuen- 
tes apuros. 

Un suceso , en sumo grado fatal para la Isla Espaola , mova al iVlca- 
de en 8 de febrero de 1554 importunar de nuevo la corte, para represen- 
tarle la boruulad que amenazaba los pobladores de Santo Domingo. Acometido 
el Arzobispo gobernador de mortal dolencia, ninguna esperanza de vida daba 
aquellos babitantes, que en medio de sus tribulaciones y quebrantos acudan 
siempre l, como padre solcito y carioso, bastando el prestigio de su voz 
para consolarlos y fortalecerlos. Oviedo ( quien distingua el Arzobispo entre to- 
dos los regidores de la capital, no tanto por la solicitud que siempre babia mos- 
trado en bien de aquellas regiones, como por su edad y madura experiencia), 
acaso mas dolorido que otro alguno, bien que atento siempre la prosperidad 

4i Todo cslo que loca las banderas de ar- Dcnpiosamenlc iiolado. [Catlogo Real de Casli- 

))mas , si yo luvicrc vida para acabar de sacar en la, bi. 7). 

limpio c[ Libro general de .rm.s- que mucbo lieiii- 43 Cuando refiero el Alcaide las causas que es- 

po h yo escreb , de lslima de ver las ynoraneias lorbaron su venida Espaa en 1342, observa: 

que en ella andan en cslos reynos, se ver asaz Despus que do Moncoii parti Csar pass en 



l.XXVIII VIDA Y ESCRITOS 

comn, ci'ov nporlimn prevenir el 'inino del (]i)iiseio sol)r(' esla imeva calamidad, 
adelaiilndose maiiicslarle que no scnlaria mal la dignidad de Fitcnmaijor al Obis- 
po de San Juan, don Hodrigo de Baslidas, cuyos servicios y los de su padre lo 
hacan acreedor la gratitud del Csar ''". iludiera tal vez inclinarle dar este 
paso el deudo que ya le unia al hijo del capitn, que en 1527 le estorbara pose- 
sionarse de la i>ol)ernacion de Cartagena; pero aiuKpie apareciese interesado, eran 
tantas v tales las prendas del Obispo, y se habia consagrado con tan esmerada so- 
licitud labrar la felicidad de sus feligreses , que bien mereca disculpa la sana 
intencin del Alcaide. Al cabo plugo la Providencia alargar los dias del Arzo- 
bispo, restituyendo la esperanza perdida los moradores de la Isla Espaola, que 
vean en la muerte del gobernador su total ruina. 

Todo el ao de Irh)^ lo pas, no obstante, el Ilegimiento de Santo Domingo en s- 
plicas y demandas dirigidas al (Consejo de hulias, y encaminadas evitar (|ue se des- 
poblara lotalmente la Isla Espaola, considerada solo como escala y factora de las 
regiones ltimamente descubiertas en la Tierra-Firme. Uni Oviedo su voz la de 
sus compaeros no con mayor fortuna que en los aos anteriores, y cansado al fin 
de tan intil y larga poria, pens en restituirse Espaa, deseoso de terminar sus 
dias en el suelo donde haba nacido. Mas no quiso impetrar esta gracia de la corte, 
sin conquistarla primero con sus merecimientos ; y en aqnella edad , cuando pare- 
ca que le hubiesen ya abandonado las fuerzas intelectuales, emprendi una de sus 
mas preciosas obras, capaz de arredrar por su extensin importancia quien se 
encontrara en la virilidad mas entera. Proponase en este peregrino tratado, que 
dividi en tres partes, corregir las costumbres de la jnvcntud, presentando su 
vista heroicos ejemplos, dignos de ser imitados; y dndole el ttulo Quinquagenas, 
recogi en ellas lodo el fruto de su nestorana experiencia, poniendo al mismo 
tiempo en contribucin sus apuntamientos, diarios y minutas. Admirado sin du- 
da el mismo Oviedo de conservar los setenta y siete aos el vigoroso alien- 
to de la juventud, baca gala de su ancianidad en diferentes pasages de di- 
cha obra, manifestando de paso su perseverancia en los trabajos histricos: 
Entended, letor (exclama), que hc dias que en estas y otras materias escribo y 
hablo, y no desde ayer, sino sin muelas y dientes me ha puesto tal exercico. 
c las muelas, ninguna tengo, y los dientes superiores todos me faltan, y un 
pelo en la cal)eca y la barba hay que blanco no sea , y en septenta y siete aos 
constluido, vivo hasta que el Seor de la vida sea servido. Y desde el ao de mili 
quatrocentos y noventa, seyendo de doce aos, page muchacho, hiy llevado 
)) la corte de los Serenissimos Cathlcos Reyes, don Fernando y doa Isabel de 
inmortal memoria, y empec ver y conoscer la caballeria y nobles y principa- 
rles varones de Espaa ". El Alcaide de Santo Domingo que escribi, tanto esla 

)i Alemania en aquellos sus Eslados qv.e por olli Gen. y Nat. de Ind., U." Pane, \\h X!V, cap. 54). 

iiliene, le lii Dios los buenos suIji;osos que en la 46 Real Acad. dla list. Col. de Muoz, lo- 

Dsegunrla parle que ocrelii c\ Cathlogo eal de nm 87, A. W'i. 

nCaslilla desde el cap. IV adelanlc podr ver, en- 47 Quinq., III." Parte, Est. 22. 

lender cunoseor quien sanojuiHo lavierc" (//.'i. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



LXXIX 



como todas las (lemas obras que salieron de su pluma, sin salario ni remunera- 
cin alguna, dirii>ia al principe don Felipe la primera parte de las Quincjuagcnas 
en 10 de enero de 1555 ^*, dando in la tercera en l'i de mayo de 155( ''^. Al 
rcmiiirla, rogaba al lieredero de Carlos V que se dignara mandar verla y examinar- 
la, !in deque se imprimiera y sirviese de correctivo los libros de apcrifas 
lecturas. 

Pero al mismo tiempo que de esta manera procuraba grangearse la benevolencia 
del principe , acuda al Real Consejo de Indias para suplicar que en gracia de sus 
largos servicios, se le admitiese la dejacin que liacia de la tenencia del castillo, 
que gobernaba desde loo'i , sealando para que le reemplazara su yerno Rodrigo 
de Bastidas, deudo muy cercano del obispo del mismo nombre. Propicio el Conse- 
jo esta demanda del cronista , quien babia por otra parte alegado, para retirarse 
Espaa, la necesidad de dar la estampa la Ilisloria general de Indias, conce- 
di Bastidas la alcaida de Santo Domingo, dando Oviedo licencia para que 
pasase la pennsula y conservara el carcter de regidor de aquelL) ciudad, lion- 
ra que agradeci sobremanera, mostrndose de ella satisfecbo basta la muerte ''''. 
Preparbase ya emprender el ltimo viage, cuando reconocida por el Regi- 
miento la conveniencia de bacer guerra los indios caribes, que andaban orgu- 
llosos con la emigracin de los espaoles, resolvise en 10 de abril dar Ovie- 
do sus poderes, para que alcanzase la oportuna licencia del Consejo, encargo que 
desempe con la eficacia por l acreditada en las pasadas procuraciones, obte- 
niendo la provisin solicitada ^'. A principios de junio de 155G se alejaba, pues, 
el cronista de aquellas regiones, donde tantos trabajos y amarguras babian entur- 
biado los sueos de su felicidad, y donde tanto babia estudiado y aprendido, ga- 
noso de conumicarlo los dems bombrcs. Perseguale, al separarse de tan pri- 
vilegiado suelo, el sentimiento de baber lucbado en vano para vencer los obstcu- 



48 Al final de la dedicatoria , dirigida al prnci- 
pe don Felipe, se lee: Fecha en la muy noble y 
muy leal cibdad melropolilana de Snelo Domin- 
go de la Isla Espaola del mar Ocano... y acaba- 
))da de cscrebir dia de Sanct Pablo , primero lier- 
mitao , diez dias del mes de enero de mili 
quinientos cinqentay cinco aos de la Natividad 
de Nuestro Redemptor, de mi propia y cansada 
mano y seyendo coniplidos splenla y siete aos 
de mi edad. 

49 La UI.* Parte de las Qainquagcnas termina con 
estas palabras: Acab de escrebir de mi mano este 
))famoso Iraetado deja nobleca de Espaa, domingo 
primero de Pascua de Pentecosts, XXIV de mayo 
))de iG aos. Laus Deo. Y de mi edad 79 aos. 
Asi est en el cdice autgrafo que existe en la Bi- 
blioteca Nacional, lanas veces cilado; pero Oviedo 
hubo de padecer aqu involunlario error, pues que 
luibiendo nacido en agosto de 1478, solodebia cum- 
plir en igual mes de 1o6 los setenta y odio aos 
de su vida. Debe, no obstante, llamar la atencin lo 
que sobre su edad liabia dicho un ao antes en la 



dedioaloria de las mismas Quinquagenas , segn s 
advierto en la nota que precede: de donde se infiere, 
ser cierto que en 10 de enero tenia ya cumplidos los 
setenta y siete aos , que naci en los primeros dias 
de este mes y no en agosto, como expresamente ha- 
bla dicho en la Historia general de Indias. De todas 
estas dudas nos hubiera sacado la partida de bau- 
tismo del mismo Oviedo, que hemos buscado en las 
parroquias de Santa Maria y San Pedro de esta corle 
con la mayor diligencia, bien que inlilmenle, por 
no existir en dichas iglesias libros de asientos an- 
teriores los aos de 1550 y 52, segn nos mani- 
festaron los encargados de uno y otro archivo. 

50 En 4 de mayo de 1558 solicitaba Rodrigo de 
Bastidas , yerno de Oviedo , la plaza de regidor que 
habla desempeado este hasta su fallecimiento Era 
entonces Bastidas alguacil mayor de la Audiencia, 
en nombre de Francisco de Rojas, menor de edad, 
quien el rey tenia hecha merced de aquel cargo. 

51 Arch. gen. de Ind. , Gobierno de la Isla Es- 
paola , Icg'. II , niii. 13. 



LXXX VIDA Y ESCRITOS 

los que so oporiinn la prosporidail de sus compnlrio(as , y doliiuloso tol aial^ 
micMilo en (pie la Isla Espaola se veia postrada, iba prestarle el llimo servicio. 
En aquella licrra tan querida dejaba iiialiueiile las nicas prendas de su cario: 
ella se volvan por lano las miradas de aquel buen padre y lioiu'ado ciudadano, 
que caminaba buscar su lumba en el suelo ]ialrio, donde descansaban lambien 
las cenizas de sus mayores. 

Oviedo llegaba Espaa en el oloo de 1550, llenndose de admiracin, al sa- 
ber los grandes aconlecimienlos que estaba presenciando el antiguo mundo: el 
vencedor de Italia, el valeroso domador de los turcos, el debelailor de los galos, 
verdes lodavia los lauros de Alemania , depuesta la prpura y grandeza , vivia re- 
tirado en el monasterio de Yuslc , y cansado ya de triuiiar de los reyes de la tier- 
ra, ambicionaba solo el perdn de sus culpas, conquistando la eterna bienandanza. 
Sorprendi Oviedo este maravilloso cambio, temiendo U vez que pudiera ser 
contrario la realizacin del nico proyecto que en su ancianidad abrigaba, el 
cual se reduela dar luz la lisloria general y nalural de Indias corregida, au- 
mentada y mas exornada , segn tenia prometido en diversos pasages de la mis- 
ma ^^ Guiado de esta idea, se encamin Yalladolid, donde la sazn se bailaba 
la corte, gobernando estos reinos la princesa doa Juana, bermana del rey don 
Felipe , y presentados al Consejo los poderes de Santo Domingo y los cuadernos 
de la bistoria, mientras lograba el despacbo de su procuracin, obtena el per- 
miso para dar la estampa aquella oltra , concebida en los primeros albores de 
su juventud, compuesta en medio de los vaivenes y azares de su larga vida, y ter- 
minada las puertas del sepulcro. Con aquella f y singular constancia, que ba- 
bia sido siempre norte y sosten de todas sus empresas, acometi, pues, Oviedo la 
de imprimir la Hioria general , comenzando por el libro vigsimo de la misma, 
primero de la segunda parte ; pero estaba decretado por la Providencia que no 
gozara en vida de la fama que le auguraban sus escritos. Apenas impreso el ex- 
presado libro, se vio asaltado de tan agudas fiebres que, postrando su cansada 
aunque vigorosa naturaleza , le acabaron en breves dias, suspendindose por tanto 
la impresin de la Historia general, que ba permanecido indita y desconocida en 
parle, aun de los eruditos, basta nuestros tiempos. Gonzalo Fernandez de Oviedo, 
mozo de cmara del principe don Juan, soldado en Italia y familiar del rey don 
Fadrique, secretario en Espaa del Gran Capitn Gonzalo Fernandez de Crdoba, 
veedor de las fundiciones del oro y mas adelante regidor y teniente del Darien en 
la Tierra-Firme, gobernador electo de la provincia de Cartagena, primer cronista 
de las Indias, alcaide de la fortaleza y regidor de Santo Domingo ^' pasaba en Ya- 

52 En el proemio del lili. I de !a II.' Parlo de la bien que sin aumenlar el nmero de los cincuenta 

Hist. Gen. haLiia escrilo: k No se dcxarn (las (res libros, en que tenia divididos sus trabajos. 
))parles) do continuar c crescer en algunos libros 53 Gonzalo Fernandez de Oviedo fu tambin 

))quc estn pendientes lo que se supiere paraelloen tesorero del 1 20 que de las entradas perteneca 

))mis dias , ni de acresccntar mas libros en la 1er- la redencin de caulivos , cargo que desempe 

cora parlo sobre el nmero ya dicho de linqenla, desde el ao de 1528 (Real Acad. de la Dist , Co- 

))si yo lo viere o supiere, no dexando de creer que leccin de Muoz, lom. 70 , A iOC'). 
))cl tiempo los bar mas. Asi sucedi en erecto, 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXXI 

llatlolid de esla vida en el eslo de 1557, cumplidos ya los setenta y nueve aos. Ni 
la confianza de sus compatriotas en el Nuevo Mundo, ni la predileccin de la corte 
fueron bastantes engendrar en su pecho bastardas ambiciones , contento siem- 
pre con la niediania en que la suerte le habia colocado, y aspirando solo con 
tribuir con sus esfuerzos labrar la felicidad de aquellos pases, que despertaron 
en su imaginacin desde la infancia pacificas esperanzas de gloria. Doce veces 
cruz Oviedo con este propsito el Ocano ^^ : las ciudades del Darien , Panam 
y Santo Domingo, mirndole como su libertador, acudieron constantemente su 
lealtad, para que las sacase de los mas grandes conflictos: la Real Cliancilleria de 
la Isla Espaola , primera audiencia de las Indias , no se desde tampoco de in- 
vestirle con su representacin y poderes, coronando siempre el xito mas favorable 
las esperanzas de todos, Y entre tantos y tan difciles cargos que le trageron in- 
quieto y errante, poniendo prueba el temple superior de su alma, vino sor- 
prenderle la muerte con la pluma en la mano, no menos infatigable que en los 
negocios pblicos, en sus colosales tareas literarias. 



Obras de Oviedo y juicio cn'lico de las mismas. Sus principales caracleres , como historiador. Catlogo 
cronolgico de sus escritos. El liljro de don Clariballe. La Respuesta la Epstola moral del Almirante. 
La Relacin de lo sucedido en la prisin do Francisco L El Sumario de la Natur.al Historia de las Indias. 
El Catlogo Real de Castilla. El libro de la Cmara Real del prncipe don Juan. Reglas de la vida espiri- 
tual. Las Batallas y Quinquagenas. El libro del blasn. El libro de los linages. Las Quinquagenas. La 
Historia general y natural de Indias. Juicio de la misma. Opiniones de don fray Bartolom de las Casas, 
respecto de la historia de Oviedo. Si deben seguirse por la crtica. Veracidad y honradez de Oviedo. 

Conclusin. 



i\cabamos de trazar la vida del capitn y primer cronista de las Indias, Gonzalo 
Fernandez de Oviedo y Valds, dejando en ella comprobado cuanto expusimos al 
dar principio este bosquejo, no menos difcil por su novedad (puesto que solo 
se tenan vagas y muy escasas noticias de tan apreciable escritor) , que importante 
en la historia del Nuevo Mando, por los cargos que desempea Oviedo , y mas que 
todo por el noble tesn con que defiende aquellas maltratadas comarcas, procuran- 
do su prosperidad y la de sus pobladores, mientras era tal vez acusado de los crme- 
nes en ellas cometidos. Rstanos, pues, dar razn individual de sus escritos, ta- 
rea en que habramos de encontrar no menores dificultades, si nos atuviramos 
al juicio de los crticos y bigrafos , que sin el examen de sus numerosas obras, 

54 En pago de los servicios extraordinarios de cumpliendo lo que advierte el mismo en la Histo- 

Oviedo le concedi el Emperador por mejoramienlo ria general, con estas palabras: Las qualcs armas 

de sus armas las cuatro estrellas polares , para que estarn en fin deste Iractado , porque es escriplo 

l y sus sucesores las ufasen con las antiguas de en estas parles , donde tantos Irabaxos padcscen 

Valds, en la forma que manifiesta el escudo, pues- dIos hombres que vocn estas estrellas donde yo he 

lo al final de la pr.'fenle edicin y publicado por gastado lo mejor de mi vida. (I." Parte , lib. II, 
Oviedo en la de ioj'-j; de donde lo hemos tomado, ' cap. 12). 

TOMO I. 1 1 



LXXXII 



VIDA Y ESCRITOS 



se han propuesto darle conocer ou la repblica de las letras. Mencionados ya 
los trabajos que el Alcaide de Santo Domingo consagre) sus vigilias, en medio de 
los sinsabores y afanes que amargaron su existencia; reconocidas en parte las cau- 
sas que le inq)ulsaron emprender apiellas largas tareas, y fijadas por ltimo las 
pocas sucesivas en que logra llevarlas cabo, l'cil nos ser establecer un orden 
severamente cronolgico , desechando al par las obras que sin fundamento algu- 
no se le han atribuido, y reduciendo sus verdaderos lmites las (pie sin mayor 
criterio se han dividido en dos mas tratados, con mengua de su importancia 
literaria y ofensa del mismo Oviedo ^ 

Intil nos parece el advertir que la mayor parte de las producciones de este 
laborioso cronista son historiales , cuando en la exposicin que llevamos hecha 
queda esto plenamente demostrado. Solas dos obras, ambas traducidas, dejan de 
pertenecer este linage de esludios, que le inclinaban el espritu de su poca 
y el ejemplo de la afortunada corte en que pasa 'su juventud y logra su ense- 
anza. Como indicamos oportunamente, aquel inusitado movimiento que reci- 
bieron de manos de la Reina Catlica las artes y las letras, aquella proteccin tan 
eficaz como ilustrada que en nuestro suelo alcanzaron los ingenios mas seala- 
dos de Italia, no podan menos de excitar el noble estmulo de los naturales, 
quienes al mismo tiempo que levantaban su corazn las mas arriesgadas em- 
presas, procuraban consignar las glorias de sus reyes, legando su grata me- 
moria los siglos venideros. Ningn soberano de Castilla encontr jams entre 
sus vasallos tantos y tan doctos cronistas como Isabel y Fernando : Alonso de Pa- 
lencia, Diego Rodrguez de Armella, Fernando del Pulgar, Andrs Bernaldez, 
Mosen Diego de Valera , Antonio de Nebrija , Juan Ramrez de Lucena y tantos 
otros, como en aquel reinado florecieron, dedicando sus plumas celebrarlo, co- 
nocidos y respetados por Oviedo , vinieron con sus obras encender dentro de su 
pecho aquella poderosa y vivaz llama, que solo pudo apagar el soplo de la muerte. 
Llevado de semejante impulso, funda Oviedo su erudicin histrica en el estudio 
de las obras hasta su tiempo dadas luz, y entendido en las lenguas francesa, fla- 
menca, alemana, toscana y latina ^, no solamente se nutre con la lectura de los 



i Es por cierto digna de toda censura la conduc- 
ta que han seguido algunos escritores extrangeros, 
llevados sin duda de las suposiciones de los erudi- 
tos respecto de este punto. Los autores de la Bio- 
graphie universelle ancienne el moderne, teniendo 
tal vez noticia de que so habia dado lugar entre los 
escritores ce" /Uo'io glico ala relacin que hace 
Oviedo en su Hisloria general y natural de Indias 
de las aplicaciones del rbol guayacan palo 
santo, fueron al extremo de suponer, con el testi- 
monio de otros bigrafos , no mas verdicos , que 
habiendo adolecido en aples de la citada enfer- 
medad el ao il3, solicit Oviedo pasar la isla 
de Hait, sabiendo que en ella existia el remedio de 
su dolencia. Adese tambin que, vuelto Espaa, 
se dedic curar las sillicas , dndose tan buen 



arte que aument en breve considerablemente su 
fortuna. No creemos necesaria la refutacin de estas 
mal fraguadas imaginaciones ; pero tampoco nos ha 
parecido conveniente el callarlas , porque siendo 
hijas de los errores en que los eruditos han caido, 
muHiplicando sin criterio alguno las obras de Ovie- 
do, justifican plenamente nuestro aserto, que ve- 
remos despus comprobado en la exposicin de las 
que realmente salieron de "^u pluma. 

2 Al dar noticia el mismo Oviedo de las largas 
vigilias empleadas. en una de sus obras, exclama- 
ba: Dcsseand rccoliegir lo que en muchas y muy 
difusas, prolijas y largas chrnicas y de gran di- 
Hversidad est derramado, las quales con mucha 
Bdiligencia y trabaxo he buscado y con mucha di- 
wficultad hallado , assi en la lengua latina, como en 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXXIII 

autores patrios, sino que acude tambin poner en contribucin los que en los 
citados idiomas escribieron. Pero la principal fuente de la erudicin histrica de 
Oviedo est en su propia experiencia: dotado, segn ya dejamos advertido, de 
un talento observador y reflexivo , colocado en mitad de los graves acontecimien- 
tos de su tiempo; en contacto siempre, ya con lo mas ilustre y autorizado de la 
corte espaola, ya con los mas valerosos capitanes de la conquista del Nuevo Mun- 
do, nada se oculta su vista penetrante, contribuyendo enriquecer sus tareas, 
cuya variedad y extensin excitan hoy la admiracin de los discretos. Aquel esp- 
ritu de investigacin que le anima, llega sin embargo degenerar no pocas ve- 
ces en nimia curiosidad, sacndole del terreno de la elevada consideracin histrica, 
para llevarlo ala exposicin de recnditas noticias y pormenores, genos alguna 
vez de la situacin y aun del carcter mismo de sus escritos. Mas esta es preci- 
samente la ndole especial de las obras de Oviedo : apoderado de. un hecho , ja- 
mas perdona la ocasin de rodearlo de todas las circunstancias con que ha llegado 
su noticia: tratando de un personage-, no olvidara tampoco el referir todos los 
acontecimientos que sobre l su familia tiene recogidos: pintando una situacin, 
no omitir el ilustrarla con numerosos ejemplos que no siempre son oportunos, 
bien que muy pocas veces dejarn de ser curiosos y peregrinos. 

Semejantes observaciones que nos ministra la lectura de las obras de Oviedo, ma- 
nifiestan claramente cul es el mrito principal de sus escritos. En ellos estn 
bosquejadas la grande poca de su juventud y la no menos gloriosa para las armas 
espaolas de su edad madura; pero no con el pincel atrevido y vigoroso de quien 
abraza de una sola mirada toda la extensin y magnitud del portentoso cuadro 
que tiene delante, sino con el detenimiento y esmerada tibieza de quien, por no 

nuestra vulgar castellana y en la francesa, flamen- tanlo se seal en el conocimiento de las humanida- 
ca y alemana, etc. {Ep. Real de Castilla, proh.) des , como discpulo' de Pedro Mrlir ; distinguido y 
De estas breves lineas se deduce sin violencia de preferido despus por el prncipe don Juan, de cuya 
ningn gnero que era el Alcaide de Sanio Domin- educacin clsica particip , segn va advertido, y 
go entendido en las expresadas lenguas, y parlicu- dedicado por ltimo al estudio de las crnicas, es- 
larmente en la latina, lo cual se halla demostra- crilas en su mayor parte en el idioma del Lacio, de- 
do con usura en sus numerosas.produceioiies. Sin jase de tener nociones de aquella lengua, que se 
embargo, un escritor contemporneo suyo, que no babia llegado poner de moda en la corte de los 
leer muy devoto, lo acusa de presuntuoso y ar- Reyes Catlicos. Y si estas observaciones persua- 
rogante, por figurarse que sabia algo, cmo no su- den que no es tan fundada, como debiera, la poco 
"piese qu cosa era latin , aunque pone algunas au- piadosa acusacin de las Casas , no parece de mas 
toridades en aquella lengua, que preguntaba y pesla circunstancia deque Oviedo anduviese siem- 
wrogaba se las declarasen algunos clrigos que pre importunando los clirigos para que le traduje- 
passaban de camino por aquella ciudad de Santo sen las autoridades que cita; porque ni es posible que 
Domingo para otras partes. Y el mismo autor ase- tuviese conslanlemenle amano tales traductores, lia- 
gura mas adelante que el ejemplar de Plinio, de biendo escrito en tan diversos puntos (cosa que pa- 
que Oviedo se valia , no estaba en latin sino en los- recio olvidar las Casas), ni es de creer que en su vi- 
cario. (Ilisl. Gen. de Ind. , \\h. 111, cap. 142.) da errante y agitada se valiese de terceros para re- 
Pero esta acusacin literaria, heclia por don fray coger dalos y noticias de la multitud de obras que 
Bartolom de las Casas entre otras muchas , relati- cita en las suyas, siendo palpable que sabia qu co- 
vas las tiranas que achaca al Veedor de las fun- sa era latin , pues que leia, extractaba y citaba 
diciones del oro, pierde toda su fuerza, al conside- oportunamente obras latinas. A la verdad que la 
rarla inoportunidad con >,.ie se formula; siendo por ojeriza, mostrada por las Casas contra Oviedo, fu 
otra parle iricreiblc que un hombie educado primero esta vez mas lejos de lo que el mismo Obispo haba 
en la casa del joven duque do Villahcrmosa , quien imaginado. 



LXXXIV VIDA Y ESCRITOS 

aloanzar la sul)linic entonacin del conjunto, so goza y entretiene en perfilar me- 
nudamente lodos los pormenores , juzgando acaso trasmitir de esta manera con 
mayor fidelidad los objetos que se ofrecen su vista. Asi Oviedo, aunque se llena 
de entusiasmo, al recordar los grandes sucesos que lia presenciado, aunque com- 
prende instintivamente su importancia, rara vez se levanta la esfera de las altas 
consideraciones polticas, careciendo por tanto sus ojos los liedlos que examina 
de aquella precisa trabazn y natural armona, alma de la historia. Mas no le culpe- 
mos hoy de lo que ni estaba en su mano alcanzar, ni alcanz tampoco ninguno de sus 
coetneos: cuando florece Oviedo, si bien son ya en parte conocidos los grandes mo- 
delos de la antigedad clsica, no ha logrado todava la imitacin echar tan pro- 
fundas raices , que pueda ser bastante sacar los estudios histricos del crculo 
estrecho de las crnicas. Si un ingenio tan esclarecido, como el rey don Alonso 
el Sabio, aspir desde el siglo XIII levantar aquellos estudios de la consi- 
deracin particular la apreciacin general de los hechos , empresa en que ni lo- 
gr todo el fruto por l deseado, ni hall despus afortunados imitadores; si du- 
rante el reinado de don Juan 11 no fallaron escritores que, como Pablo de Santa 
Mara y su hijo don Alonso de Cartagena, Uodrigo Snchez de Arvalo , Alfonso 
Martnez de Toledo, Fernn Prez de Guzman y otros no menos afamados, inten- 
tasen generalizar las crnicas ; no por eso podr decirse que haba nacido entre 
nuestros mayores, cuando Oviedo recibe enseanza, aquel espritu verdaderamente 
crtico, que guia en el siglo XVI la pluma de nuestros grandes pensadores. Co- 
locado Oviedo entre los infatigables cronistas de Isabel y de Fernando y los doc- 
tos historiadores de Carlos V y Felipe II, no se remonta, como Ocampo, Mora- 
les , Garibay y Zurita , la investigacin filosfica de los heclios , procurando qui- 
latarlos justamente y probarlos en la piedra de toque de la verdad : incapaz de 
fallar ella , admite como demostrados los sucesos que halla consignados en las 
crnicas de los pasados siglos, y todo su afn y anhelo consisten en atesorar no- 
ticias para esclarecer con nuevas autoridades los puntos y materias de que trata. 
Este respeto excesivo, de que se aparta sin embargo en las cosas por l conoci- 
das personalmente , le lleva menudo al extremo de seguir los incalifi-cablcs er- 
rores de las falsas crnicas respecto de los tiempos primitivos, yendo tan adelante 
su candor que se atreve fundar sobre tan quebradizos cimientos opiniones pro- 
pias , las cuales han de parar naturalmente en lo absurdo *. 

Pero aunque la crtica de nuestros das advierta y tilde en las obras del Alcaide 
de Santo Domingo esa falla de miras generales y esa sobra de credulidad, achaque 
harto comn en su tiempo, no por eslo se crea que son aquellas merecedoras del 
desprecio del olvido. Nada hay mas curioso importante respecto de las cos- 
tumbres y trages de sus conlemporneos; nada mas vario, nada mas rico respecto 
de la vida interior y aun de la vida pldica de aquellos guerreros que, postrando 
en Granada la media luna , domearon ea aples el orgullo de Francia y asora- 

3 Vase cuanto en la pgina LIX del presente caps. 2, 3 y 8 del lib. II de la I." Parle de la Ilist. 
ensayo dejamos apuntado respeclo la posesin de Gen. y S'aL de Ind. 
las Indias por los primilivos reyes de E^paa, y los 



DE GO.NZ. FER. DE OVIEDO. 



LXXXV 



hraron con el alenlo de su peclio los ignorados confines del Nuevo Mundo. Bajo 
oslo punto de visla (necesario es confesarlo) merecen las vigilias de Oviedo la mayor 
consideracin y alabanza : sus numerosos escritos presentan , acaso en calculado 
desorden * , toda clase de noticias y materiales, cuya utilidad es ya tiempo de que 
sea reconocida por los estudiosos. En aquel vasto depsito y copioso arsenal ha- 
llar el anticuario preciosos dalos para valorar los usos y costumbres de nues- 
tros abuelos, y encontrar el artista seguro guia para evitar, respecto de los tra- 
ges, armas, muebles y paramentos, los groseros anacronismos con que afea 
menudo sus producciones: alli el historiador ver ilustrados los hechos dudosos y 
aprender .otros muchos no ponderados olvidados lastimosamente por los dems 
historiadores, y comprender tambin el filsofo las relaciones que existen entre 
las costumbres, las creencias y los sentimientos de aquella sociedad, pudiendo ex- 
plicar (armado de esta antorcha) las bases que la constituyen y los resultados ma- 
ravillosos de sus colosales empresas. li aqui cmo el estudio de las obras de 
Gonzalo Fernandez de Oviedo , lejos de contrariar los grandes fines de la ciencia 
histrica, no puede ser mas fecundo ni importante para ella, principalmente cuando 
se trata del felicsimo reinado de Isabel la Catlica, y del no menos brillante de Car- 
los V. Esta poca, con tanta diligencia estudiada por los escritores extrangeros de 
nuestros dias , y cuyos recuerdos no podrn menos de enaltecer en todo tiempo 
los pechos espaoles, habr de recibir nueva luz de los escritos de Oviedo, 
consagrados exclusivamente su esclarecimiento. 

Las obras debidas al Alcaide de Santo Domingo , tanto origmales como tradu- 
cidas, son, pues las siguientes: 

I. Claribalte: libro del muy esforzado invencible caballero de Fortuna, pro- 
"priamente llanindo don Claribalte que segund su verdadera interpretacin quiere de- 
cir don Flix bienaventurado, nuevamente emprimido y venido en esta lengua 
castellana : el qual procede por nuevo y galn estilo de hablar por medio de Gon- 
zalo Fernandez de Oviedo, alias de Sobrepea S vecino de la noble villa de Ma- 
drid. 

Este libro de caballera, que tradujo despus de la primera vuelta del Nuevo 
Mundo, durante su retiro en la expresada villa, fu impreso (fol. got. 2 col. 



4 Oviedo asentaba lo siguiente respecto de la 
amenidad y variedad de la lectura: <iEl pasto de la 
wlecion , assi como en la mesa del principe es ador- 
namonlo y aucloridad la diversidad de los maiija- 
Bres y grand ocasin para despertar el apetito del 
paladar las diferencias dulces agras mezclados 
sabores , assi al que lee acrescicntan la persevc- 
rancia de la lecion los diversos discursos d nove- 
))dades que la historia trae consigo, {llisl. Gen. y 
Nal. de liul, b. VI, cap. 49). 

5 Es notable esta circunstancia que se repite 
despus, aunque en otra l'orma , cuando en 1S25 
presenta el Veedor de las fundiciones del oro de la 



Tierra-Firme el Sumario de la natural historia de 
las Indias al Emperador Carlos V. Al terminar esta 
obra escriba : El menor de los criados de la Casa 
Real de V. S. C. C. M. que sus reales pies Leso, 
))Gonzalo Fernandez de Oviedo alia^ de Valdcs. 
Era esto sin duda efecto de no haberse fijado lodavia 
los apellidos, como en siglos posteriores, dando 
ocasin que se variasen con frecuencia, lo cual 
sucede aun en algunas provincias de Espaa. Ovie- 
do se apellidaba en i''d'j sin el alias del Sumario ni 
el de don Claribalte, empleando constantemente el 
apellido de Valds, que trasmiti a su hijo Francis- 
co Gonzlez , y conservo hasta su muerte. 



LXXXTl 



VIDA Y ESCRITOS 



con grabados en madera) en Valencia el ao de 1510, segn se advicrlc al final 
del mismo: dice asi: Fenesce el pressenle libro del invencible y muy esforca- 
do caballero don Clariballe, otramente llamado don Flix, el qual se acab de 
emprimir en Valencia treynla de mayo por Juan Venao, ao de mili c qui- 
nientos diez y nueve aos. Es por cierto notable que babiendo entretenido 
Oviedo los ocios de su retiro en esta traduccin , se maniliestc , ya en edad ma- 
dura, contrario de todo p\mlo tal gnero de libros, como dejamos en otro lu- 
gar apuntado. El de don Clariballe, calcado sobre los modelos que ofreca en 
tanta abundancia la literatura caballeresca, no podia en efecto satisfacer quien, 
desdeando la lectura de mero pasatiempo, solo encontraba digno de estima 
el estudio y conocimiento de la bistoria ; pero esta exagerada opinin babria de 
conducir naturalmente la proscripcin de toda obra de ingenio, lo cual no pue- 
de admitirse, sin condenar los pueblos al mas vergonzoso embrutecimiento. 

II. <( La Respuesta la Epstola moral del Almirante ( 1524 ). 



En la Biblioteca nacional , tan rica en preciosos manuscritos , existe un cdice 
sealado con la marca T. 44, donde entre otros tratados se contiene la carta 
del almirante y la respuesta de Oviedo con el siguiente ttulo: Esta es una muy 
))nolable y moral Epstola que el muy illustre seor Almirante de Castilla envi al 
auctor de las sobredicbas Quinquagenas, bablando de los males de Espaa y de 
la causa dellos , con la Respuesta del mismo auctor . 

La epstola del almirante , que lo era don Fadrique Enriquez , consta de doce 
captulos, en los cuales considera en trminos generales la corrupcin de las cos- 
tumbres, y procura sealar esta depravacin como la principal fuente de todos los 
males que plagaban Castilla. Sus observaciones son, no obstante, demasiado va- 
gas para que pueda reconocerse plenamente el verdadero estado de aquellas; 
y sin embargo se encuentran menudo vigorosas pinceladas que descubren el 
talento y larga experiencia de aquel personage, que tanta parte babia tomado en 
las cosas pblicas ''. Es sin duda digno de tenerse presente lo que, al contemplar 
el estado del clero espaol, observa don Fadrique. Pues mirando al sacerdocio 
(exclama) qun pocos son los perlados de nuestro tiempo que liayan residido 
en sus iglesias y becbo las caridades y limosnas espirituales y temporales, y 
administrado la luz de la doctrina, y dado buen exemplo, y guardado sus ove- 
ias, segund y como debieran! ^ Tan significativa aseveracin del almirante obli- 



6 No creemos fuera de propsito el observar aqui 
queelMS. dla Biblioleca Nacional, que tenemos 
la vista, parece escrito fines del siglo XVI , mu- 
cho despus que la Respuesta de Oviedo la Eps- 
tola del Almirante, por lo cual se hace mencin en 
el titulo comn de la Epstola y la Respuesta de las 
Quinquagenas, obra que no se termin hasta el ao 
de ibo6, como va advertido. 

7 Tan alta idea tenia el Alcaide formada del al- 
mirante de Caitilla, que despus de haber Iralado 



largamente de el y su familia, terminaba asi su elo- 
gio: Pero, pues, yo vi conose a este seor Al- 
mirante don Fadrique II , la seora condesa de 
Mdica , su niuger, mi parescer lodo lo que est 
dicho en su loor es muy poco , rospcclo de sus 
excelencias altos mritos verdaderamente, mu_ 
))cho mas y mas que se diga en su alabanza cabe 
cupo en sus muy illusires personas. {Quinq., III. 
Parle, Est. 5 =) 
8 Cap. Vil, p-g. r. 



DE GON. FERN. DE OVIEDO. 



LXXXVIl 



g Oviedo detenerse algn tanto considerar lo que era y Iiabia sido el clero 
espaol, manifestando en esta parte de su Respuesta aquel sublime celo que movi 
en otros dias la inspirada pluma de San Bernardo. Al mencionar las calamidades 
que llovieron sobre Espaa con la guerra de los comuneros , se babia mostrado 
digno mulo de Guevara. El fin de su guerra (decia en uno de sus mas enrgi- 
))Cos prrafos) no pudo para ellos ser mas prspero que seyendo vencidos, y mo- 
wrir por no padescer los males que mcrecian *. Pero si con tanta aspereza y pa- 
sin juzgaba las comunidades, no aparecia mas blando respecto del clero, quien 
acusa de interesado, ignorante, bullicioso c bipcrita : Como no trabajan por lo 
))que deben (exclamaba por ltimo), sino por lo que dessean, lo que dessean es 
tener vida de viciosos y honra de virtuosos, bijos como casados y auctoridad co- 
)>mo castos, vanidades como mundanos y reputacin como religiosos. Assi que, la 
Iglesia sirve ellos y c"llos la carne, y la carne al demonio '**. Oviedo apos- 
trofaba despus los principes cristianos con no menos vigor , eclindoles en cara 
su disipacin y tiranas ; y desplegando menudo todas las galas de la verdadera 
elocuencia, lleg por este escrito merecer en su tiempo el dictado de docto ". 

III. Relacin de lo subgedido en la prisin del Rey Francisco de Francia des- 
que fu traydo Espaa, y por todo el tiempo que estuvo en ella hasta que el Em- 
perador le dio libertad y volvi Franga, casado con Madama Leonor, hermana 
del Emperador Carlos Y, Rey de Espaa: escrita por el capitn Gonzalo Fernandez 
))de Oviedo , alcayde de la fortalega de la cibdad de Sancto Domingo de la Isla Es- 
paola , y coronsta de la Sacra Cesrea Magestad del Emperador Carlos V y de la 
iiSerenssima Reyna doa Johana , su madre ( 1o2o ). 

Esta relacin, contenida en un tomo en 4. de 165 folios y letra al parecer de 
fines del siglo XVI principios del XVII, con la marca X. 227, mas bien que 
dar cuenta de lo ocurrido en la prisin del rey Francisco I , se dirige narrar 
cuanto en la corte sucede en todo aquel tiempo. En esta parte aparece Oviedo 
como un exactsimo y veraz testigo , mereciendo por tanto ser consultado por los 
eruditos bisloriadores, para apreciar las caballerescas y gallardas costumbres 
de nuestros abuelos, y aquel bidalgo espritu que los animaba, en medio del la- 
mentable desborde , de que se duele el mismo Oviedo en su Respuesta al Almi- 



9 Cap. IV de la Respuesta. 

10 Cap. Vil de id. 

di En el cdice que dejamos mencionado se ha- 
lla expresada esta calificacin , del siguiente modo; 
Epstola moralque el seor Almirante de Castillaen- 
vi un hombre docto, con su respuesta'). De don- 
de naturalmente se deduce que tal era el concepto 
formado entonces sobre el mrito de la Respuesta 
de Oviedo. Despus de terminada esta , se encuen- 
tra en el mismo cdice un poema, compuesto de se- 
tecientos cuarenta y cinco versos de arte menor, 
con este ttulo : Obra nuevamente compuesta sobra 
el naufragio que la armada del invictissimo ca- 
thlico sei'ior el Emperador y rey , nuestro seor, le 



subfedi en la conquista de Argel en el mes de sep- 
tiembre del ao 1541. El carcter de la letra de 
este opsculo, muy parecida la de Oviedo, fu 
sin duda causa de que el erudito don Jos Var- 
gas Ponce sospechara {Real Acad. de la Hisl., 
Colee, do Vargas Pon., tomo 3, B. 2)4) que pu- 
do ser obra del Alcaide de Santo Domingo. Mas 
como este se hallaba , al verificarse la expedi- 
cin de Argel, en la Isla Espaola, y el autor 
del poema referido habla como testigo de vista , no 
parece dejar duda de que no fu escrito por Oviedo. 
Despus del naufragio de Argel hr.y en el indi- 
cado volumen oiro poemita sobre el saco de Roma, 
acaso debido al mismo autor del precedente. 



xxxvm 



VIDA Y I-SCRITOS 



rante. La Itclacion de o sitbrcdido en la prisin del Rey Franuco es por olrn 
parle el mas duro capiliilo de acusacin eoulra a(|ii('l moiiarca , pues que a^asa- 
jado , servido al exlremo, y cuidado ron la mayor solicilud durante su peligrosa 
enfermedad, segn menudamente relierc el Veedor de las fundiciones, fall lue- 
go su palabra de caballero , olvidando lanas y tan singulares finezas *^. 

IV. Oviedo : de la Historia natural de las Indias, Sumario de a Natural Histo- 
vria de las Indias [V^']. 

Este repertorio, dirigido principalmente dar conocer al Emperador las cosas 
de Amrica, se halla dislribuido en ochenta y seis captulos, en los cuales, des- 
pus de tratar de la navegacin de Espaa las Antillas y de los naturales de estas 
islas, asi como de sus costumbres y manjares, pasa Oviedo describir los indios de 
la Tierra-Firme, bosquejando tambin sus ritos, costumbres y ceremonias, y 
exponiendo las peregrinas noticias que habia recogido sobre los animales, aves 
insectos, rboles, plantas y yerbas de lan distantes regiones. Terminada es- 
la parte , que tanto inters ofreca entonces las ciencias zoolgica y botnica, 
menciona Oviedo las minas de oro de la Tierra-Firme, y mostrndose entendido 
en el laboreo de ellas, pondera sus riquezas, describiendo, por ltimo, la pes- 
quera no menos envidiable de las perlas, que tanto abundaban en aquellos 
mares. El Sumario de la Natural Historia acaba inoslrando el camino de la mar 
del Sur, y descubriendo al Csar la facilidad de acudir por el estrecho de Maga- 
llanes al comercio y contratacin de las Malucas. Dado la estampa por la vez 
primera en Toledo, segn en olro lugar advertimos, fu traducido la lenfvua 
latina por el docto Urbano Chauvelon, logrando en toda Europa el aplauso de los 
eruditos , y reimprimindose ltimamente por don Andrs Gonzlez Barcia en el to- 
mo do los Ilsloriadorcs primitivos de las Indias occidentales ". 



i 2 La -01(101011 (le lo sub^cdido en la prisin del 
rey Frangisoo se halla comprendida en los 122 pri- 
meros folios del cdice cilado: desde el 223 co- 
mienza otra relacin distinta, la cual trata de la 
guerra y famoso sitio de aples de 1328 , abrazan- 
do desde el saco de Roma liasla la lernii nacin de 
aquellos memorables sucesos. Este discurso no 
puede en modo alguno aUibuirsc al primer cro- 
nista de las Indias, quien en el folio 88 de la Re- 
lacin de lo subcedido , etc., se expresaba en los si- 
guientes trminos: (iComo la tiisloria ha satisfecho 
hasta la coronacin de la Qesrea Magestad del Em- 
Mperador Rey , nuestro seor , queda agora de sa- 
Mllsfacer los oros subeesos cosas que en los 
quatro aos siguienles ocurrieron.... c porn una 
relacin que en Roma se escribi se envi al se- 
renssimo Duque de Calabria.... por el doctor ]\li- 
Mcer May, embaxador por Su Magostad -en la corte 
romana y uno de los del Consejo de Aragn, per- 
Msona grave digna de crdito. La dala de su caria 
"fu en Rnma, i.' de octubre de 1 j32. La relacin 



de Micer May est escrita con soltura y no carece de 
elegancia, mereciendo por otra prtela estimacin 
de los eruditos , por la veracidad que loda ella 
rcspia. 

3 El autor del diccionario de los flijus ilustres 
de Madrid, asienta que es esta produccin de 
Oviedo una <(relacion sumaria de su Historia de In- 
dias,') erior que ha dado sin duda motivo que el 
distinguido escritor anglo-americano Mr. George 
Ticknor se adelante decir que en 1q2o, hallndo- 
se (Oviedo) en Toledo, ofreci Carlos V un Suma- 
rio de la Historia do la Espaolan (Ilislory ofSpa 
iiish Litoralurc, tom. 1, Perodo II, cap. VI, Londres, 
1849). Ni Oviedo comprendi en el Sumario, de que 
tratamos, la relacin de los hechos militares y pol- 
ticos de la conquista, como en la Ilis'oria general, ni 
menos se atuvo al territorio de la Isla Espaola, pun- 
to que en I o2o no poda conocer lo bastante para es- 
cribir su historia, pues que solo habia estado de paso 
en aquella comarca. Conocedor entonces dlas cosas 
de la Tierra-Firme, se refiere principalmente lan 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. LXXXIX 

V. Cithlogo Real de Castillo , y do todos los Reyes de las Espaas de Npo- 
j>les y Secilia , de los Reyes y seores de las casas de Francia , Austria , Holanda y 
Borgoa: de donde proceden los (pialro abolorios de la Cesrea Mageslad del Em- 
perador don Carlos, nuestro seor: con relagionde todos los Emperadores y Sucumos 
BPonlfices (jue han subcedido desdo Julio Csar, que fu el primero Emperador, y 
desdel Apstol Sauct Pedro, que fu el primero Papa, hasta este ao de Chripsto 
dii MDXXXIl irnos n (y 1335). 

Esla obra, conocula tambin coiicl lliilo de Ilisloria general de Emperadores, 
Pontfices, /iVi/cs, etc., es una de las mas aprcciabies de Oviedo, tanto por su 
extensin, como por su importancia: consrvase en la Biblioteca del Escorial, es- 
crita toda de mano del mismo autor, y sealada con la marca h-j-7. Consta de cua- 
trocientos cincuenta y un folios, inclusos los veinte y cuatro que ocupa el ndice y 
se halla compartida en cinco divisiones, con los siguiente ttulos: 

1." Calhlogo de los Reyes de Castilla y del antiqusimo origen del castillo de 
sus armas: de donde procedieron todos los Reyes de las Espaas, copilado por Gou- 
zalo Fernandez de Oviedo y de Valds, y dirigido la Sacra, Cesrea, Real Ca- 
thlica Magostad del Emperador de los cbripslianos, nuestro Rey de las Espaas : 
)>del origen subgesionde todos sus (piatro abolorios, con relagion de todos los Em- 
peradores y Summos Pontifices. 

." Colnpnas de las estirpes casas reales de Castilla de Len Aragn 
"Navarra, Npoles Portugal de Borgoa Flandes, Holanda: assi mismo la 
conseqenQa imperial de.sde Julio Csar hasta el Emperador, nuestro seor, donCr- 
los V de tal nomijre; concluirse h con los Summos Ponliices desde el glorioso 
Apstol Sanct Pedro hasta el Papa Clemente Vil que hoy vive, nuestro Sancto 
Padre. 

3." Sumaria relagion del Cathlogo de los Reyes de Franga para traher con- 
seqencia las casas Estados de Austria de Borgoa Flandes Holanda Habs- 
"burgia, que de la dicha casa real de Francia descienden, que son los solares abo- 
-'lorins paternos del Emperador don Carlos, nuestro seor. 

4." Eplogo imperial de los Csares desde Cayo Julio Csar, el primero dellos, 
hasta la Cesrea, Sacra Cathlica Magestad del Emperador rey don Carlos V de 
tal nombre, nuestro seor. 

o." Sumaria relacin del Cathlogo de los Summos Pontfices del glorioso trono 
silla apostlica, dende el Apstol Sanct Pedro, espojo y vicario primero en la 
Iglesia de Dios, sus subgesores hasta nuestro muy Sancto Padre Clemente VII que 
al presente es Papa de toda la monarchia religin chrpstana '^. 

vastas provincias en cuanto se contiene en el referi- hay desde el mar del norte la mar auslr;il que di- 
do Sumario , empleando solo los siete primeros ca- ceii del sur, es el que (ucdc ofrecer ali,'un inlc- 
p!ulos en hacer una breve resea tanto del asiento res poltico. Por qu<' hombres de tan sealadas 
y moradores de Hayti , como de algunos de sus prendas y erudicin incurren en tamaos errores?., 
mantenimientos y aves, y destinando el octavo Don Nicols Antonio no hace mencin de esta obra 
dar una lijersima idcade la isla de Cuba. Todo lo en el artculo de Of/erfo (Vid. Bibliot. Hisp. nova, 
dems se refiere al eslu<lio de la historia natural res- lom. I, pg-s. y ''.i, Ed. de Madrid ITS.T), 
pectode la Tierra-Firme , y solo el capitulo que de- 1 1 El Catlogo Real de Casiilla termina con los 
diea el Veedor hablar del estrecho y camino que si^'iiientes versos: 
T.MO I. 12 



XC VIDA V ESCRITOS 

Por la simple exposicin de las divisiones del Calaloqo feal, se nolar fcil- 
mente cnn grande es la iinporlancia de este Irahajo liislrico, liallndose en l 
plenamente confirmadas cuantas observaciones llevamos expuestas sobre el mrito 
literario de Oviedo. La cronologia que establece respecto de los primitivos reyes, 
basada en la autoridad del Beroso, de fray Juan Annio de Viterbo y de los falsos 
cronicones, es solo comparable la seguida por el benediclino Argaiz en su Co- 
rona Real de Espaa por Espaa , [andada en el crdito de los mucrlos ''. El 
Veedor de las fundiciones del oro que no acierta rechazar las fbulas fraguadas 
sobre tan oscuras edades, movido de su natural candor, seala la existencia de 
veinte y cuatro reyes, descendientes de Jafet y de Tubal; y si bien no dejan de asal- 
tarle en este punto arduas y racionales dudas, todas las desvanece el ejemplo 
del dominicano, quien seguia entonces y pensaba seguir ^tavA en adelante al pie 
dla letra. Mas si dominado de este espritu, incurre Oviedo en tan ciegos erro- 
res, cuando trata de los tiempos primitivos; si al recorrer la historia romana, 
manifiesta que no ha hecho un estudio profundo de los escritores griegos y lati- 
nos que trataron de la Pennsula ibrica, dirigindose principalmente fijar la 
cronologa del Imperio, no sucede lo mismo cuando llega la historia de la edad 
media, perodo estudiado por l con mayor detenimiento que otro alguno de sus 
coetneos. Desde que se acerca la conquista de Toledo, acontecimiento de alta 
significacin en los anales de la civilizacin espaola , parece que le anima ya es- 
pritu distinto: Oviedo no haba hecho sus estudios registrando los archivos, ni 
sacando plaza otros testimonios, coetneos de los sucesos que refiere; pero ha- 
ba ledo y examinado cuantas crnicas se escribieron en los siglos XIII, XIV y 
XV, y cotejndolas entre si y comparando sus narraciones y depurando los hechos 
dudosos ', logr establecer un mtodo claro y sencillo en la exposicin histrica, 
enlazando la de Castilla con las de Aragn y Navarra, acaso con mas arte que el 
diligente Garibay , quien pudo sin duda emplear mas abundantes medios en sus ta- 



A Espaa pobl Tubal ^'"^ mas notables, siguiendo el orden alfablico. 

y u , I' 15 Ed. de Madrid por Melchor Aleare, 1668. 

Jaeobo la convirlio s > 

y Rodrigo la perdi ^'^ Hablando el primer cronista de las Indias de 

por sentencia divinal, ''' "'res que habla consultado , para componer 

y Colom la enriquesc; ^' Catlogo Real, observaba : -Epilogando , pues , y 

pero su fama inmortal concordando la diversidad variedad de lo que 

Carlos Quinto se la dio niuy difusamente he hallado en las Chrnicas de 

Espaa , assi en la que llaman General Historia, 
))Como en las que antiguamente escribieron el Arzo- 
Despues de esta estrofa puso Oviedo la siguiente bispo don Rodrigo y el Ubispo de Tuy y el Bnr- 
nota, que hemos aludido ya en oira parte: gense y el Obispo de Falencia, y en la que inler- 
Paulo, Papa III de tal nombre, subcedi Ce- pret del arbigo Abembique y en las que moder- 
wmente Vil. No se puso su relacin , porque agora unamente han escripto y copilado Hernando del Pul- 
Den el mes de septiembre deste pressenle ao de gar y Mossen Diego de Valera y el Palentino y 
mill quinientos treynta y quatro aos fu Antonio de Lebrixa y el Sieulo y otros historiado- 
assumplo la silla apostlica. Plega Dios que res modernos destos nuestros tiempos , todas las 
sea por bien para su snelo servicio. Des- quales y otras muchas he visto para copilar este 
pues de esta advertencia y pasadas tres hojas en nEpilotjon (Proh. del mismo, Cod. S. 33 de la Bi- 
blanco , comienza la labia de las cosas y nom- blioleca nacional). 



DE GOiNZ. FERiN. DE OVIEDO. 



XCI 



reas. No rcciljioron las deOvicdu poca ilustracin con el auxilio de los rboles ge- 
nealgicos que emplea para esclarecer sus investigaciones y explicar los entron- 
ques de la casa real de Castilla con las de Francia, aples y Alemania, punto prin- 
cipal donde se encamina; pudiendo asegurarse por ltimo, que el Catlogo Ueal 
de Castilla es el tratado mas complelo de la historia de Espaa y de sus relaciones 
con los dems Estados de Europa , do cuantos hasta fines del primer tercio del si- 
glo XVI se escribieron. 

Completa esta preciosa obra el E\>\]o()o Real , Imperial y pontifical , que parece 
formar la segunda y tercera parte del Calcdogo , y comprende desde el reinado de 
don Juan II de Castilla y don Juan II de Aragn hasta el ao de 1555, en (|ue 
Oviedo lo dio por terminado , segn dejamos en otro lugar advertido ". Insert en 
el Epilogo la crnica de los Ueyes Catlicos que tenia escrita en 1525 **, y abra- 
z asimismo la relacin del reinado de don Carlos, aadiendo, ya en los ltimos 
aos de su vida , la de los hechos memorables que dio cima el Emperador en su 
campaa contra los sectarios de Lulero. Digno de la mayor estima es el Alcaide 
de Santo Domingo en esta parte del Catlogo , donde aparece como autor original 
y testigo de vista de la mayor parte de los sucesos que narra, siendo verdadera- 
mente sensible que por la ndole misma de su proyecto no se extendiera bos- 
piejar con mas detenimiento el reinado de los Reyes Catlicos. Curiosos y pere- 
grinos son no obstante los datos que recogi sobre las rentas reales de Castilla, 
tanto ordinarias como extraordinarias f que se agregaban las de los maestrazgos 
(!c las rdenes militares incorporados la Corona y las de Indias), cuya suma 
total ascenda 2.250,000 ducados. Y no son menos interesantes las noticias que 



J7 Debemos advertir aqui , para mayor ilustra- 
cin, que Oviedo debi sin duda variar, despus del 
ao 1532, en que present eii la corte la I.' Parte del 
Catlogo Real, el plan que, al concebirlo, liabia tra- 
zado. En el prohemio de dicha I.' Parte dccia: oLa 
ipressente es dende el primer rey de Espaa hasta 
fin de la vida de don Johan 11 ; la segunda ha de 
serdl hasta elpressente , y la ltima de las casas 
))illustres y generosos varones que debaxo de vues- 
))tro seoro y servicio militaron)). Se v, pues, que 
el primer pensamiento de Oviedo fu incluir en el 
Catlogo Real las casas y hombres clebres de Cas 
tilla, pensamiento que realiz mas adelante en otra 
obra , que habremos por tanto de considerar como 
natural complemento del Catlogo. 

18 Si el examen del Catlogo Real no bastase 
dejar probada esta observacin , las frecuentes de- 
claraciones de Oviedo sobre el plan de dicha obra y 
el recuerdo de que desde el ao de 1503 se ocupaba, 
por mandado del Rey Catlico, en recoger los datos 
que utiliz en ella, serian suficientes disipar toda 
duda sobreest punto. Y sin embargo, ya sea por- 
que no sellan reconocido estos datos, ya porque 
la segunda parte del Catlogo Real se ha considera- 
do como obra distinta, es lo cierto que los escrito- 
res que dan razn de las de Oviedo , tomando esla 



especie de don Nicols Antonio , ponen entre ellas 
un Memorial de algunas cosas de la Cornica de 
los Reyes Catlicos don Fernando y doa Isabel y 
de la Cornica del Emperador don Carlos. Esto ha- 
ce el erudito Baena, y esto se inclina el anglo- 
americano Ticknor, segn queda apuntado en otro 
lugar de este bosquejo; pero el circunspecto don Nico- 
ls Antonio, de qui n lom el primero la noticia, no 
solamente comprendi el Catlogo y Memorial refe- 
ridos en un mismo prrafo de su biblioteca, sino que 
manifest la dudas que tenia respecto de este punto, 
diciendo despus de poner el titulo delme/nonaZ: 
Cujus initium est.ut suppetal unde cum catalogo, si 
"vcnit ad manus, conferre possis: fcynando en Casti- 
lla el rey don Enrique IV, etc. (Bibliot. Nova,tom.l. 
pg. 555). Tan legtima y racional duda de aquel 
docto biblilogo se convirti despus en una afirma- 
cin, que hoy rechaza la crtica, ilustrada yacen el 
examen del mismo Catlogo. Lo que de todo se de- 
duce es que de las obras de Oviedo se hubieron de 
sacar, trozos, diferentes traslados , poniendo c.i- 
da copiante al que extractaba el ttulo que mejor 
hubo de parocorle, lo cual veremos mas adolanle 
conlrniado, al di-.r cuenta de las fatallas y Quinqua- 
(jcnas y de la Historia i/acrul y natural de Indias. 



XCII VIDA V ESCRITOS 

trae Oviedo sobre las rentas ilo los coinentladores de las expresadas rdenes, do 
los cabildos y prelados, de los ^raiidi's y mayorazgos, y liiialmenle de los monas- 
terios y conventos; conlrihiiyciido lodos estos dalos csladistieos ;i diirnos la mas 
cabal idea de a(|nella nobleza y clero, <|mc lana [unle ab^anzaban en la gober- 
nacin del Estado '". 

VI. Libro de la Cmara Real del progipe don Juan y offigios de su casa ser- 
vicio ordinario (1o4G y 1o48). 

De este curioso tratado existen , l;inlo en la biblioteca del Escorial , como en 
la patrimonial de S. M., en la Nacional y en la de la Ueal Academia de la Histo- 
ria varias copias, sacadas en diferentes tiempos. En la biblioteca patrimonial de 
S. M. se conserva, no obstante, el ejemplar anlgrafo, de (ne liabla el erudito 
Baena, bien que no pudo escribirse, como babrn tenido ya ocasin de notar 
los lectores, en 1540, segn este bigrafo supone. Conocido el objeto de Ovie- 
do al componer tan interesante libro, fcilmente se comprender (pie ba de ser 
un precioso deposito de noticias relativas la vida interior de la corte del prn- 
cipe y aun de los Reyes Catlicos, lo cual basta para recomendarlo grandemente 
la estimacin de los estudiosos. Oviedo , que recordaba complacido aquellos pri- 
meros dias de su juventud , procur completar en las Adiciones ci Ls Officios la 
idea que se proponia dar de aquella corle , en donde tan bien avenidos se mostra- 
ban el fausto y la opulencia con la sobriedad y la economia ^". 

Vil. Reglas de la vida espiriial y secreta theologia. [Sevilla, por ouiingo de 
Roberlis, 8., 1548). . 

Traducida por Oviedo esta oljra meramente asctica, y dada luz por rl mismo, 
segn queda ya anotado, movile su desgraciado xito lanzar contra sus coet- 

19 El resullado (olal, que ofrecen los dalos esla- del serenssimo prncipe don Juan, de gloriosa me- 
dislieos que en esle lugar del Eplogo prsenla Ovio- mora, priniogcnllo heredero dlos muy allos Cn. 
do , es el siguiente : Reas de la corona 2.230,000 Ihijlicos Ptcyes don Fernando y doa Isabel , heclio 
ducados: rentas de los grandes 1.728,000 ducados; por Gonzalo Fernandez, de la cmara de" Su Alle- 
id. de mayorazgos 9b), 000 ducados; id. del clero za en 37. 4. ((Officios de la Casa Real de Casli- 
superior secular 1.490,000 ducados; id. de los mo- lia , por el capilan Gonzalo Fernandez de Oviedo y 
nasterios y conventos (noeomplelos) de Len y Cas- Vald(?s)). s. Tratado de la Cmara Real del prin- 
lilla 900,000 ducados. La razn individual de estas cipo don Juan , los officios de su casa y servicio or- 
rcnlas no puede ser mas curiosa interesante. diarlo , compuesto por Gonzalo Fernandez de Ovie- 

20 Muchas son las copias que hemos examinado do y Vald^s , su mozo de cmara y llaves. Otras 
del Libro de la Cmara Real del principe : solamente tantas copias hemos registrado en la Biblioteca pa- 
en la Biblioteca Nacional se conservan cinco trasla- trimonial de S. M. , advirlindose en ellas como en 
dos con los siguientes ttulos: 1. (Gobierno y offi- las de la Nacional y las dos que se custodian en la 
nos de la eassa del principe don Juan , hijo de los Real Academia de la Historia que los Irasladadores 
Reyes Cath(ilicos don Fernando y doa Isabel; por han variado su placer el ttulo que le puso Ovie- 
Juan (Gonzalo) Fernandez de Oviedo, su mozo de do, no siendo mas fieles respecto del texto. El c- 
cmara , 1548. 2. Libro de la Cmara Real del dice original que dejamos citado, regalado Cr- 
principe don Juan y officios de su casa y servi(;o los IV por don Antonio Pisn , segn expresa Bae- 
ordinario , compuesto por Gonzalo Fernandez de na, forma un tomo en 4., marcado S. 2, esl. G., 
Oviedo y Valds. 3." Instruccin de la Casa Real plut. G. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. 



XCIII 



neos la acusacin de que so pagaban estos de los libros perniciosos y mundanos 
mas que de los tiles y religiosos; pero esta acusacin no puede con justicia rccai r 
de lleno sobre una poca en que se leian con avidez las obras do fray Luis de 
Granada, y era escuchada con entusiasmo la inspirada voz del venerable Cray Juan 
de Avila, apstol de Andaluca. Sin embargo, como lu) ha sido posible li.d)er 
las manos ejemplar alguno de esta traduccin de Oviedo, parece acertado el sus- 
pender aqui lodo juicio sobre ella. 

VIH. Batallas y Quinquagenas , escripias por cl capitn Gonzalo Fernandez de 
Oviedo , criado del prngi|)e don Johan, hijo de los Reyes Catlilicos, y coronisla ma- 
yor de las Indias, del Emperador Curios V (1350). 

Aunque el Alcaide de Santo Domingo no bubiese escrito mas que esta obra, 
bastarla ella sola para conquistarle lugar sealado entro los primeros gcnealogis- 
las espaoles. Trazadas en el Cullogo Bcal las ascendencias del monarca , no 
tuvo por terminada tan ardua tarea sin presentar igualmente cuantas noticias ba- 
ba atesorado, durante su larga vida, sobre las casas ilustres de Espaa y los 
generosos varones que bajo los estandartes del Csar militaron. Tal fu el pensa- 
niienlo que dio vida las Batallas y Quinquagenas; pero Oviedo, para quien este 
propsito era solo una ocasin de bacer gala de sus csquisitas investigaciones 
bistricas y de su no vulgar experiencia , pretendi emular los esfuerzos de los 
esclarecidos autores de los Claros varones y las Generaciones y semblanzas, til- 
dndoles de parcos mal contentadizos, por el corlo nmero de los personagcs 
incluidos en sus obras ^V La de Oviedo est dividida, segn observa el erudito 
Clemcncin , en Batallas, Quinquagenas y dilogos enlre el Alcaide, que es el 
autor, y un tal Sereno, que le pregunta de ordinario y da ocasin ([ue so rc- 
fieran la bistoria , prosapia, armas, rentas y divisas de alguno de los pcrson.a- 
ges notables de Espaa y veces de toda una familia. Con este motivo, apenas 



21 Oviedo decia, despuosde acliacar los Iras- 
ladadores 6 trasquiladores de las minutas orig-inal 
de Hernando del Pulgar , lo siguiente: Pero olvi- 
iidar muchos me paresoe mayor delicio incom- 
oporlaljle, hacer un quadernillo libro muy bre- 
Dve, llamarle de ios Ciaros raroncs no hablar 
sino de veynle siete personas , esto es lo que yo 
no s disculpar; y algunos de aquellos no c'aros ni 
)iaun limpios de todo esto... E en esse rnesmo error, 
quanto al poco nmero, incurri Hernn Pcroz de 
Guzman, seor d,e Batres , puesto que no di lilulo 
de Claros varones su obra....; pero esta muestra 
llamaba en su Adicin el doctor Loreneo Galindoz 
))de Carvajal Claros varones , y contados con el rey 
don Henrique y la reyna doa Cathalina, su mu- 
))ger, el infante don Fernando que gan Ante- 
quera y fu rey de Aragn y con el rey don Juan II 
hasta parar en el condestable de Castilla , macs- 
lre de Sancliago don Alvaro de Luna; en todos 



los que memora y escribe son Ireynta y Iros ])er- 
Hsonas captulos breves : por manera que ambos 
tractados de essos auclores son sesenta , menus 
uno ; y hasla aqui tenemos vos yo ciento diez 
nueve y no avenios cscriplo la quarta parle de 
nuestros dias. Y despus aade : Por uno de los 
que puso Pulgar, pudiera yo poner Ireynta... no- 
solros porncmos mas de Irescicnlos castellanos, si 
)ila muerte no me ataja, {fat,, y Quiuq., Y. aO, 
fol. 1 13 vuelto.) Pero Oviedo perda de vista respec- 
to de Hernando del Pulgar que no es lo mismo ca- 
ros que poderosos varones, y que aquel distinguido 
escritor aspir presentar nicamente benemritos, 
mientras el alcudia tambin la antigedad y lim- 
pieza de linage : Pulgar juzgaba como un crtico: 
Oviedo escribia mas principalmente como un genea- 
logista: debiendo laiubien tenerse presente que los 
reinados en que llorcce , fueron mas fecundos en 
grandes hombres que los anteriores. 



XCIV 



VIDA Y ESCRITOS 



))hay suceso pequeo ni grande del liiinpo de los Royes Catlicos y de los anos 
inmediatos de que no se haga mencin, con tal nudlilud de relaciones parli- 
culares, ancdotas y noticias de todas clases, que es un verdadero tesoro pa- 
ra la historia de aquellos tiempos; y como escrito por un testigo de vista tan 
"lidedigno, adquiere mas derechos la estimacin y aprecio de los curiosos **. 
Tan clara idea de las Batallas y Quinquagenas , dada por aquel docto acadunico, 
no ha sido parte estorbar que distinguidos historiadores de nuestros dias for- 
men sobre ellas equivocados juicios , confundindolas con las Quinquaijenas es- 
critas algunos aos despus, siendo en verdad notable que, aun procediendo equi- 
vocadamente, casi todos hayan seguido Clemencin, al quilatar el mrito de tan 
importante obra ^. 

Lstima es que no exista de ella ningiui cdice completo, lo cual hizo mani- 
festar al autor del docto Elogio de la Hcina doa Isabel , que no liai)ia apariencias 
de que Oviedo la concluyese enteramente, conforme al plan que so habia propuesto. 



22 Memorias de la Real Acad. de la Hisl., to- 
mo VI, ilusl. 10, pgs. 123 y 24. 

23 Mr. W. Prescotl, icspelable escritor anglci- 
amcricano , que en su Historia del reinado de o? 
Reyes Catlicos da algunas noticias de Oviedo y sus 
obras , y reconoce en las Batallas y Quinquagenas 
el mrito que realmente tienen , creyendo sin Juila 
describir esta obra , inserta el titulo de las Quin- 
quagenas de que hablaremos despus, aadiendo 
para completar la idea de las Batallas la nota final 
que pone el Alcaide de Santo Domingo en la ter- 
cera parle del cdice autgrafo de dichas Quinqua- 
genas. Despus aade : Esta curiossima obra es! 
escr:ta en torma de dilogos, en los cuales el in- 
))lerlocutr principal es el mismo autor : contiene una 
Mnolicia muy completa y ciertamente prolija de las 
oprincipales personas de Espaa, de su linage, ren- 
tas y armas, con un caudal inagotable de ancdo- 
))las de la vida privada. Y mas adelante prosigue: 
((Ademas de los tres tomos en folio que existen en 
))la Biblioteca Nacional de Madrid , de que se sac 
))la copia que tengo en mi poder, Clemencin, que 
elogia con exageracin esta obra, como propia pa- 
)ira ilustrar el reinado de Isabel , cuenta otros tres, 
))dos existentes en la biblioteca particular del rey y 
))uno en la de la Academia. A la verdad que Pres- 
cotl ha debido ser torpemente engaado por quien 
le remiti la copia que dice tener en su poder, para 
incurrir en tales inexactitudes : de otra manera seria 
imposible el que diese razn de una obra, apropin- 
dole el titulo y atribuyndole citas sacadas de olra. 
Si no creysemos en su probada honradez y veraci- 
dad , todava pudiera sospecharse que solo vio , y 
muy de prisa, loque dej Clemencin escrito, puesto 
que este docto acadmico habl de ambas produccio- 
nes de Oviedo y copi el titulo y algunos fragmentos 
lelas Quinquagenas , sin atribuidos las B tallas 
v.\ menos confundir ambas obras. Pero si Prcscolt, 



escritor que solo hizo mrito de esta obra inciih'u tal" 
mente, merece alguna censura , por haber caido en 
semejante desliz, mas culpable nos parece Mr. Geor- 
ge Ticknor, quien tratando de propsito estas ma- 
terias , escribe en su Historia de la literatura espa- 
ola, ya citada: La olra obra notable de Oviedo 
(solo lleva examinada Ticknor la Hist. gen. de Ind ) 
wfruto de su ancianidad , est consagrada los afec- 
dIuosos recuerdos de su pais nativo y de los honi- 
obres dislinguidos que habia conocido en l. Inlil- 
))!ala Las Quinquagenas , y consiste en una serie de 
"dilogos en que con poco mtodo y orden , da m- 
nuciosas noticias de las principales familias que fi- 
Hguraron en Espaa en tiempo de los Reyes Cat- 
xlicos y Carlos V , mezcladas con ancdotas y es- 
Dpecies que no sin cierta oslenlacion de vanidad 
"propia pueden pasar por unas memorias de su lar- 
)>ga y atareada vida. Por el dilogo sobre el Carde- 
wnal Jimnez y por oros, parece que se ocupaba 
en esta obra el ao de 1545 ; pero la fecha que cita 
"mas en estas conversaciones imaginarias, es la de 
"1550; y al fin de ellas declara terminantemente 
que concluy las Quinquagenas en 24 de mayo de 
"1556 , los 79 aos de edad." Oviedo no declara 
en las Batallas y Quinquagenas, obra de que habla 
aqui Ticknor, semejante cosa: donde lo dee/ara ter- 
minantemente es en las Quinquagenas que tenianun 
objeto distinto , como notaremos en su lugar corres- 
pondiente. Una de dos: estos apreciables escrito- 
res han examinado las Batallas y Quinquagenas de 
que intentan dar noticia, no: si lo primero por 
qu confundirlas tan lastimosamente con las Quin- 
quagenas?... S\ lo segundo por qu aventurarse 
dar razn de ellas?... Y dado este ltimo caso por 
qu no siguieron Clemencin, que hizo mencin de 
ambas producciones de Oviedo de una manera clara 
y distinta?... 



DE GONZ. lERN. DE OVIEDO. 



XCV 



atendiendo la avanzada edad en qnc se hallaba -*. En la biblolcca Nacional se 
conservan tres cdices, sealados con las marcas Y 59, K 81 y K 150, de don- 
de hemos lomado muchas de las noticias empleadas en este bosquejo , parecin- 
donos indudable que con el examen comparativo de estos y de los dos manuscritos 
de la biblioteca patrimonial de S. M. y el que se guarda en la Academia, habr 
de venirse en conocimiento de lo que realmente ha llegado nuestros das de las 
Batallas y Quinquagenas ^. 



24 Los temores del eiilendiflo Clomencin pare- 
cen quedar juslicados, cuando leemos en las Quii- 
qvagenas: Hnine aprovechado mucho para salir 
"oon eslc Iraclado Quinquagenas oirs que escri- 
dIj mas largamente, diaiog-ando de la nobleza y ca- 
nsas principales de Espaa, eque digo sus funda- 
dores rentas armase sus genealog'ias sushis- 
Blorias casos intervenidos aquellos de quien alli 
Htracto (en quairo gruesos volmines); y en cada 
MCasa, de quien Iracto, comicneo por el seor della 
que yo vi, y dialogando se traen conseqencia 
los aseendienlcs y descendientes. Obra en que yo 
he gastado mucha parte de mis dias y noches y no 
))he acabado por dos cosas : la una porque he te- 
Dnido esperanca de yr morir Espaa, para per- 
fecionar algunos passos en lo moderno do aquellas 
cosas que se tractan en la 111." Parte de las Quin- 
nquagenas dialogales : lo olro que me ha detenido es 
Huna promesa que hizo el coronista Florian Docam- 
po , donde dice en su prohemio de la primera parte 
de la Crnica de Espaa... que Iractar entre otras 
cosas una relacin de las parentelas linages de 
Espaa, etc. {Quinq. , III. " Parle, Esl. 22). No 
deja, pues, duda esta confesin de Oviedo de que, 
s en JbSO daba la llima mano las Batallas y 
Quinquagenas , el ao de 1335 56, en que escriba 
la III. de las Quinquagenas no dialogales, tenia 
determinado retocar y aun aadir alguna parte de 
aquellas , siendo probable que no consiguiera termi- 
narlas , pues que pas de esta vida poco tiempo 
de su vuelta Espaa , muy ocupado por otra parte 
con la Historia general de Indias. 

23 El crudilo don Nicols Antonio, y con mayor 
seguridad don Jos Alvarez Baena , atribuyen 
Oviedo una obra titulada: Memorial de la vida y ac- 
ciones del cardenal don fray Francisco A'imencz de 
daeros, asegurando ambos que se conservaba en 
el colegio de San Ildefonso de Alcal. Don Nicols 
Antonio manifestaba que de esta produccin del Al- 
caide de Sanio Domingo se habian aprovechado 
Alvar Gmez de Castro, en su historia latina de Cis- 
ncros y el franciscano fray Pedro de Quintanilla en 
su Archetipo de virtudes, refirindose al Archivo 
Complutense que puso Quintanilla al final de su obra. 
Deseosos nosotros de apurar la verdad de eslos 
asertos , hemos registrado cuantos papeles se con- 
tienen entre los documentos, de que se vali Alvar 
Gmez de Castro y dej al colegio de San Ildefonso, 



para que se guardasen en su archivo {refera tiio- 
numenta.... scriniis comptuteiisis Scholce aserrando 
tradidit), y solo hemos encontrado algunos extrac- 
tos sacados , segn se expresa , de la Historia de 
Oviedo , nombre que lleva tambin el Catlogo feat, 
segn queda oportunamente advertido. Los extrac- 
tos indicados tratan del inquisidor Lucero y de lo 
que toca los presos de Crdoba , y dla desembar- 
cacion del rey don Carlos. Ni en los ndices antiguos 
ni en los modernos , que se custodian en la Llniver- 
sidad de esta corte , donde se trasladaron la libre- 
ra y archivo del colegio de San Ildefonso , hay no- 
ticia de que existiera el indicado Memorial , pare- 
cindonos que el error de don Nicols Antonio , 
quien copi Baena , proviene de lo que fray Pedro 
de Quintanilla dice en su Archivo Complutense. Las 
palabras de este laborioso franciscano son las si- 
guientes : ( Dej (Oviedo) una relacin memoiial 
en nuestros archivos de la ltima gobernacin del 
siervo de Dios, etc. (pg. 77, edic. de Palermo, 
1633). Pero de este testimonio de Quintanilla no es 
posible deducir lgicamente que Oviedo escribi una 
obra separada y dislintadel dilogo sobre el cardenal 
Cisneros, inserto en las Batallasy Quinquagenas, ni 
menos que le dio el ttulo citado por don Nicols An- 
tonio y por Baena. Aun cuando el autor deL4/-c/c/i";)o 
no aludiera con la expresin dej en nuestros archivos 
la generalidad de los del reino, refirindose los de 
la orden de San Francisco que el cardenal haba 
pertenecido , tampoco se podr sacar en claro que 
hablaba del colegio de San Ildefonso de Alcal , por- 
que entonces se hubiera expresado en otros trminos 
mas particulares. No existiendo en el archivo del ex- 
tinguido colegio , ni constando de sus ndices <iue 
haya existido el Memorial de la rida yaccicnes del 
Cardenal , y siendo tan vaga la referencia de Quin- 
tanilla , en que se apoy don Nicols Antonio , nos 
inclinamos, pues, creer que la relacin memorial 
vista por aquel laborioso franciscano no es oira cosa 
que el dilogo que dedica Oviedo Cisneros en las 
Batallas y Quinquagenas, donde atesora en efecto cu- 
riosos dalos sobre la gobernacin de tan ilustre pre- 
lado, si no es ya la parte que en el Catlogo Beal 
consagra dar cuenta de la regencia del mismo. No 
dejaremos de advertir por ltimo respecto de los di- 
logos de las Batallas, que trasladados con mucha fre- 
cuencia, sin expresar los nombres de los interlocuto- 
res , ha podido esto ser causa de que se tengan por 



XCV VIHA Y ESCRITOS 

IX. Traclado general de todas las armas difercnrias dellas, de los escudos 
diferencias que en ellos hay, de la orden qne se debe guardar en las dichas ar- 
mas, para que scan.fiertas no falsas, de las colores c melles que hay en armera, 
de las reglas circunstancias este efeto convinientes u (loO '\ ]. 

Esle Iralado, compuesto de once libros, y reco^ido cuidadosamente de mul- 
titud de autores, es sin duda digno do aprecio, tanto por lo claro y metdico, 
como por lo curioso y recndito de las noticias que encierra respecto de la he- 
rldica, parte tan principal de los esludios histricos. Dcspfraciadamente solo he- 
mos podido haber las manos el libro primero, que dividido en veinte captu- 
los , presenta claras interesantes nociones sobre la manera de hacer los escu- 
dos de armas, sus colores y metales, su significacin importancia, asi como 
tambin sbrela legitimidad de los timbres y divisas que podian em)!ear los caba- 
lleros y nobles de Castilla. Los diez libros restantes tenian por objeto el estudio 
y aplicacin de diversidad de armas, historias, figui'as, banderas, 6 di- 
visas, c otras muchas cosas pertenoiieiites tan til materia, que ilustr Ovie- 
do con oportunos dibujos y pinturas, segn expresa en el proemio del libro pri- 
mero que tenemos la vista. Considerado, pues, osle Iralatlo con relacin 
las dems obras del Alcaide de Santo Domingo, creemos conveniente observar 
que no desmerece de ellas, contribuyeniKo en contrario completar la idea (ue 
nos da en todas, dla poca en que lnrece, pues que la ciencia del blasn tenia cii- 
lonces una significacin verdadera en el Kstado. Lstima es que solo hayamos po- 
dido examinar hasta ahora el primer libro de este peregrino tratado, que menciona 
el mismo Oviedo en diferentes pasages de las dems producciones : el cdice quo 
posee la Real Academia de la Historia , est -ealado con la marca E. 21, gra. 5.\ 
nm. 00, y encierra tambin parte las julallas y Qninquarjcnas. 

X. K Libro de linages y armas que escribi el capitn Gonzalo Fernandez de Ovie- 
do y Valds, coronista del Emperador Carlos V y de las Indias ( lol o 52). 

No carece tampoco de inters este Iralado, que ha venido ltimamente po- 
der de la Real Academia con la selecta biljlioteca de don Luis de Salazar , custo- 
diada en otro tiempo en el monasterio do Monserrato. Y decimos que no carece 
de inters, porque si bien no da Oviedo cada articulo la extensin que induda- 
blemente requeria un Nobiliario rjcncral, la circunstancia de sealar las relacio- 
nes y enlaces de las principales familias y personages por l conocidos , objeto 
nico que tal vez se propuso , es bastante para que pueda ser consultado con pro- 
vecho. Hllase marcado con la letra C , nm. 24, y puede tal vez considerrse- 
le como una segunda parte de la obra anterior, atendida la semejanza de la ma- 
teria de que tratan una y otra ^^ 

Iralados distintos independientes entre si, como pa- ser considerado como la segunda parte del Trata- 

icce en alguna de las copias que hemos consultado. do general de todas armas, porque no puede ser 

20 Decimos que puede el Libro de los linages mayor la semejanza de la materia que uno y otro 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. XCVII 

XI. Las Qiiinquagenas de los generosos illusires no menos famosos reyes, 
prngipcs , duques , marqueses y condes caballeros personas notables de Espaa: 
que escribi el capitn Gonzalo Fernandez de Oviedo y Valds, Alcayde de Sus Ma- 
gestades de la fortaleza de la cibdad puerto de Sancto Domingo de la Isla Espao- 
la , coronista de las Indias , islas Tierra-Firme del mar Ocano , vegino regidor 
desta cibdad, natural de la muy noble leal villa de Madrid ( 1555 y 155G). 

El objclo de esta obra , principahiienle encaminada corregir los vicios y loar 
las virtudes , es distinto del que se propuso el Alcaide de Santo Domingo al es- 
cribir las Batallas y Qxnqxiagcnos ya mencionadas. En estas aspiraba olo tras- 
mitir la posteridad las hazaas y licclios heroicos de sus coetneos: en las 
Quinqttacjenas intentaba memorar los famosos varones de nuestra Espaa, que 
haban florecido lano en armas como en letras y virtudes. Acaso el propsito de 
generalizar este trabajo , quitaba las Qninquagcnas aquel inters vivo y ])alp- 
lanle de las Dalallas ; pero al mismo tiempo les daba mas variedad y cxlension, 
trayendo la memoria cuantas acciones generosas, cuantos dichos clebres, cuan- 
tas difciles empresas ilustraron los fastos de la historia nacional desde las mas 
remotas edades , sin olvidar en tan gloriosa copia ni los mrtires de Cristo , ni 
los sectarios de Mahoma , ni los descendientes de Judea. Sirvile de modelo 
para esta produccin la Suma de varones ihislrcs , recopilada por Juan de Sede- 
o, bien que tenia ya escrita mucha parte de las Quinqnagcnas, cuando hubo las 
manos dlclia Suma, y solo le aprovech el ejemplo de Sedeo para dar alguna 
mas amenidad sus trabajos. Con este propssito (escribe Oviedo en el proemio 
de la I." Ouinquagena) proced en lo comencado , mezcl inger los famosos 
seores y varones antiguos y modernos, y compuse en todo siete mili quinien- 
tos versos en estilo comn y nuevo ^^, distintos en tres Quinquajcnas, que son 
primera, segunda y tercera partes, cada parle (Juinquagcmi de cinquenta es- 
tanzas, cada estanza de cinquenta versos ^*. Esla distribucin, tan diferen- 
te de la que dio el primer cronista de las hidias las Dalallas, facilita gran- 
demente la lectura de las ciento cincuenta estanzas, de que se compone toda la 
obra (fuera de lo acrecentado la III. parte) , aunque altera el orden cronolgi- 
co de los sucesos en ella referidos. Como depsito de noticias, siempre recnditas 
y exquisitas , como repertorio de hechos memorables , donde no se ha negado la 

conliene. Siendo el objeto de este el dar una idea Assi como llaman tercia rima al estilo en que el 

general del blasn, sus diferencias y aplicaeio- Danthe escribi su Comedia Francisco Per;irca 

nes, y concretndose aquel referir los enlaces sus rriump/ios de tres en Ires versos, j>nesto que 

de las familias ilustres de Espaa, apuntando al "aquellos son de arte mayor de once doce sla- 

par las armas que cada cual correspondan , na- bas, aquestos mios son de arle conum baxo de 

tural parece por tanto que puedan formar estos dos siete de ocho slabas ; pero el nombre se aplica 

tratados parle de una sola obra. Nuestra observa- "aqiii la respondencia seijunda rima , como tengo 

clon no pasa , sin embargo , de ser una congelura wdicbo : los versos de los poetas alegados los de 

mas menos fundada. aquellos que aquel estilo siguen , los llaman tereia 

27 Oviedo, que sin tener verdaderas dotes po- nrima, como es notorio entre la nascion italiana 

ticas, quiso tambin despuntar los aceros de su in- en especial en la toscana lengua que es de las vul- 

genio en el lenguage de las musas , decia respecto wgares italianas la mejor. {Quinq , I."Parle,Est. 4.) 

del estilo comn y nuevo , empleado en sus versos: 28 Prohemio la I." Onintuagena. 

TOMO i. 1 -.i 



XCVIII 



VIDA Y ESCRITOS 



entrada las proezas debidas las ilustres matronas castellanas , bien puede ase- 
gurarse ([uc son las Quinquageias dignas del mas alto aprecio , bailando en ellas 
abundante motivo de estudio cuantos se consagren al de la bistoria de nuestro 
suelo, ya civil, ya mibtar, ya religiosa, ora poltica, ora literaria. 

Los cdices originales de esta importante y curiossima obra, escritos de mano 
del mismo Oviedo, se custodian en la Biblioteca Nacional, signados con la mar- 
ca Ff. 104, 105 y 100, siendo al parecer los mismos que posea el dn([ue de 
Medina de las Torres, cuando don Nicols Antonio compuso su Bibliolheca 
JSova ^'. 

XII. Historia General y Natural de las Lilias, Islas y Tierra-Firme del mar 
Ogano (1-j3o y 1557). 

Llegamos dar razn de la obra mas acariciada ^ por Oviedo durante su larga 
vida y la cual parecen agruparse todas las ([ue produce su fecundo ingenio, sien- 
do al propio tiempo el principal objeto de las presentes tareas. La Historia Ge- 
neral , que no conocida del todo , ba bastado colocar el nombre de su au- 
tor entre los bistoriadores clsicos de Indias '' , ya que se ha logrado completar- 
la, no solamente merece la estimacin de los doctos, por ser la primera que so- 
bre el Nuevo Mundo se escribe , sino por haberse trazado y llevado cabo en 
medio de los mayores contratiempos y en aquellas mismas comarcas que hollaban 
por vez primera plantas espaolas. Bajo este punto de vista ser difcil encontrar 
en la repblica de las letras otra produccin, que ofrezca mayor inters ni pre- 
sente mas espontaneidad y frescura. Sorprendido Oviedo por el magnfico espec- 
tculo de aquella poderosa y pintoresca naturaleza, todo excita su curiosidad, 
todo despierta su entusiasmo, impulsndole su contemplacin y estudio. Si hu- 
biera nacido poeta, habra cantado la manera de Ercila la belleza y templan- 
za de aquel cielo, la casi fabulosa riqueza de aquellas ele vadsimas montaas, el 
curso magestuoso de aquellos anchurosos ros, la furia de aquellos desatados tor- 
rentes, la portentosa variedad de aquellos gigantescos rboles y peregrinas plan- 
tas, la vistosa copia de aquellas aves matizadas de mil colores, la bravura de aque- 



29 Despus fie poner el titulo , aunque no com- 
pleto dlas Quinquagenas , decin: Cujus exein- 
plar, ut videtur, antiquis conseriptum superiorls 
Hsaeculi characteribus miniarioquc opere distinctum 
adservarl lego in bibliothcca excellentlssimi , dum 
Min vivis esset , ducis Medina-Turrium , idque tri- 
bus voluminibus divisum (Bibl. Noi'a, tom. I, 
pg. 353). 

31 Don Martin Fernandez Navarrete, Coleccin 
de Viages espawles , tom. I , intr., pg. 7o. 

30 Para prueba de esta observacin bastar ad- 
vertir que terminadas en io^a las tres partes que 
han venido nuestras manos, pensaba Oviedo aa- 
dir una cuarta , para recoger todos los sucesos que 
iban llegando sus oidos : Todo lo que tengo yo 



escripto de la General y Natural historia de las 
)i/(Za.s , yslas y Tierra-Firme del mar 0(i'ano lo 
))he dedicado la Qesrea Real Mageslad del Em- 
Dperador rey , nuestro seor, cuyas son. Digolas 
tres partes , en que hay cinqenta libros, que se 
yrn imprimiendo en tanto que yo la qiiarta escri- 
bo , porque es hisloria corrieulo mas larga que mi 
Hvida (Quinq. I.'' Parte, Proh.). No queda, pues, 
duda en que, ya celoso de su obligacin como tal 
cronista, ya inclinado naturalmente estas inves- 
tigaciones, nunca apart Oviedo la \ ista de la His- 
toria de Indias , empresa en que , aun cargado de 
aos, mostr el mismo tesn que en su virilidad ha- 
Ijia desplegado. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. IC 

los animales que poblaban las selvas, y finalmente las agrestes y singulares cos- 
tumbres de aquellos hombres, que tan admirable contraste presentaban con los 
moradores de Europa. Pero Oviedo, quien no concedi la Providencia ni el 
mcns divinior ni el os magna sonalumm, dotado de un talento de observacin 
comparable solo su exquisita diligencia, sino prorumpe en ardorosos cantares, 
se aplica la investigacin y detenido examen de cuantos objetos le rodean, y ya 
siguiendo el ejemplo de Plinio, ya procediendo de propia autoridad, observa, com- 
para y analiza toda clase de fenmenos, procurando comunicar sus lectores la 
mas completa idea de ellos. El Alcaide de Santo Domingo, que no podia someter 
sus especulaciones los principios de las ciencias naturales, porque aunen el es- 
tado en que estas se encontraban en el siglo XVI, no le era dado alcanzar sus 
misterios, si no logra. establecer ima clasificacin severa de los rboles y plantas, 
de las aves y animales, asi terrestres como marinos, de los metales y piedras 
preciosas que atesoraba el suelo de Amrica, atiende sin embargo su individual 
descripcin, sealando menudamente sus formas y perfiles, y apuntando al mis- 
mo tiempo las virtudes medicinales de cada planta insecto, sin omitir tampo- 
co en esta til y nueva tarca las calidades nocivas de cuantos objetos menciona. 

Y si este tributo paga el Veedor de las fundiciones la naturaleza, rectifi- 
cando menudo los errores de los doctos '^, no llaman menos su atencin las cos- 
tumbres de aquellos naturales. Ora revelando sus creencias religiosas y ciegas su- 
persticiones, ora bosquejando sus ceremonias, matrimonios, duelos y funerales, 
ya apoderndose de sus tradiciones trasmitidas de padres hijos en sus bailes y 
poesas, ya pintando sus juegos y diversiones pblicas, pretende Oviedo darnos 
conocer aquellos pueblos, cuyos muebles, trages, joyas y armas inquiere y es- 
tudia prolijamente, sin omitir la descripcin de sus grangerias y mercados, ni me- 
nos olvidarlas continuas y feroces guerras que entre s mantenan, en las cuales 
usaban de toda astucia y crueldad, mostrndose pintados de mil colores para cau- 
sar mayor espanto sus enemigos. Ni calla el primer cronista de las Indias las 
groseras pasiones y abominables vicios de aquellos moradores, anhelando para ser 
tenido por imparcial y verdico, poner de manifiesto las buenas prendas que en 
ellos descubre, bien que se muestre menudo condolido de que los aviesos 
instintos de la barbarie llegaran estinguir en sus corazones los generosos afec- 
tos y dulzura que parecan ostentar en la infancia. Estudio tan oportuno y aun 
necesario, cuando se iban presentar frente frente dos razas distintas, en di- 
verso grado de cultura, abriendo naturalmente las puertas !a relacin de la 
conquista, prueba de una manera incpivoca que no desconoca Oviedo las prin- 
cipales condiciones de una historia , destinada patentizar Europa cuanto en- 



32 Vase el cap. IV del lib. XV de la I. par- de vista: Pedro Mrlir , segua las relaciones de los 

le y otros varios pasages , en que reclifica las primeros conquisladores , que ni podian tener la 

inexactitudes del docto latinista Pedro Mrlir de experiencia de quien liabia consumido su vida en 

Angleria, cometidas en su libro ZJe Orie noi'o, res- las Indias , ni se haban dedicado de propsilo al 

pecio de las propiedades de las plantas y rbo- estudio de aquella rica y varia naluraleza, como lo 

les que describe. Oviedo hablaba como testigo hizo el primer cronista. 



C VIDA Y nsCRlTOS 

corraba oii su seno ol Nuevo Mundo. Mas ya fuera porque procurase dar su 
Icclun aipiella diversidad, lanas veces por l apclocida, ya ponple la misma fa* 
liga irregularidad con cpie recihia los dalos, le impidiese sonlelerlos i un plan 
maduro iiiallerablc; es lo cierlo que la crtica de nueslros dias, al par que 
aprecia y agradece lan interesanles inquisiciones, echa de menos cierta cohe- 
sin y armonia en la exposicin de las costumbres de los indios, no hallando 
mavor enlace en la narracin de los descubrimientos y conquistas , que ni se re- 
fieren siempre en orden cronolgico , ni guardan entre s la conveniente relacin 
para que pueda comprenderse sin dificultad su influencia recproca. 

Pero en cambio de esa vaguedad incertidumbrc del pian seguido por Oviedo, 
lo cual es causa de que se detenga veces demasiado al dar noticia de los suce- 
sos, mientras pasa oirs rpidamente por ellos, no puede menos de llamar la 
atencin el noble afn con que procura, en medio del cinnulo iniuenso de infor- 
maciones y diarios contradictorios que llegan sus manos, inquirir la verdad de 
los hechos, borrando una y mil veces de los libros ya terminados aquellas rela- 
ciones que, por sospechosas apasionadas, no le inspiraban confianza ^. Ni po- 
da suceder otra cosa en los primeros momentos de la conquista, en que abulta- 
ba la imaginacin lodos los hechos, y donde quiera finga el deseo portentos y 
maravillas, brindando capitanes y soldados con una felicidad , que se trocaba con 
frecuencia en amarga desventura. 

Grande era por cierlo la empresa de Oviedo, el cual no titubeaba en manifestar 
que le fallara el tiempo la pluma las manos la eloqencia... para concluir 
una mar tan colmada de historias; pero ni careca de la perseverancia verdadera- 
mente heroica que se haba menester , para llevarla cabo , ni se hallaba tampo- 
co desprovisto de aquellas dotes que recomiendan los historiadores la estima- 
cin de los doctos. Dolindose de que la ciega codicia de los espaoles los arras- 
trara una perdicin segura, reprueba la insensatez de los capitanes que sin pe- 
riciani conocimiento alguno de los pases, adonde conducan sus soldados, entra- 
ban en porfiada lucha con la misma naturaleza, acabando su miserable vida en 
medio de la insurreccin , y dejando entregados la desesperacin mas horrible 

33 Sobre esle punto escriba el Alcaide de San- caneen mas claridad en la historia que entre ma- 
lo Domingo: Una de las cosas que a mi me nos tcng-o; pues se me vienen ellos avisos inte- 
lian dado mas fatiga , buscando informaciones ligencias para polir perlecionar algunos passos 
"inquiriendo otras materias, no ha seydo tanta la notables que atrs quedan escriplos, segund fuy 
que siento en escribirlas todas de mi mano , aun- informado que hasta aqui no eran bien entendi- 
que passan de tres mili pliegos de papel los que he dos en parles, por haber seydo no perfetos ni aten- 
"borrado y emendado y reescripto una dos tos consideranleslos que me dieron nolieia dellos... 
mas ve^es, quando me han fatigado algunos torpes Y como solo Dios es el que sabe y puede entender 
y otros groseros y otros apasionados y otros ver- todos , yo como hombre podria ser engaado 
dadores, entre los quales diversos relatores he no tan al proprio informado como conviene ; pero 
andado midiendo averiguando atendiendo al oyendo muchos , voy conociendo en parte algu- 
verdadero discurso que sigo en las cosas donde nos errores , assi voy yr emendando donde 
soy ausente constreido creer otros qui- convenga mejor distinguir lo que estuviere dubdo- 
larles el crdito por mi eslimativa {Hist. Gen., so desviado de lo derecho. Lo mismo declara 
11." Parte, lib. XIII, cap. 3). En el siguiente bbro, en otras muchas parles, ponderando las dificuKa- 
cap. 54, anadia: En verdad paresee que Nuestro des inconvenientes con que luchaba para llevar 
Seor permite que mis ojos no se cierren que al- cabo tan ardua empresa. 



DE GONZ. FERN. DE OVIEDO. CI 

los que, engaados de sus palabras, osaban seguirlos. Indignado conlra los que, 
sembrando la cizaa entre los espaoles, atcndian nicamenle su logro, mien- 
tras ensangrentaban con bandos y motines el suelo donde apenas Iiabian asentado 
su dominio, seala la presencia de los legistas y doctorcscomo una de las mayores 
plagas y calamidades del Nuevo Mundo: condenando al propio tiempo la soltura de 
aquellos clrigos y religiosos que, olvidados sus votos de castidad y pobreza, es- 
candalizaban con sus vicios y excitaban con su mal ejemplo la codicia y torpeza 
de la muciiedumbre. Animado de un celo verdaderamente evanglico, afea y re- 
prende la dureza de los que maltratbanlos indios, truena contra la crueldad de 
los que por aumentar sus bacicndas los fatigaban y consumian, y acusa enrgica- 
mente los que, dtando la piedad cristiana injuriando la humanidad, hacian 
ostentacin de tiranos, ensandose alevosamente en los indefensos y rendidos. 
Oviedo, que no podia ser indiferente al entusiasmo que despertaban en los espa- 
oles las colosales empresas llevadas diariamente cabo por un puado de hroes; 
que, aun siendo testigo de tantas proezas, se mostraba no pocas veces sorpren- 
dido vista de aquel indomable esfuerzo ; y que veia en todas partes el dedo de la 
Providencia, guiando los estandartes de la cruz, atribuye justo castigo del 
cielo los desastres que sobrevienen los capitanes que llevaban delante de sus 
banderas el exterminio, y aun admitido el derecho de conquista, v cumplida la 
ley de la expiacin en cuantos , abusando de las armas , las manchaban por lujo 
lasmovian por repugnante fiereza. 

Tales son los principios que se ajusta el primer cronista de las Indias en la 
Historia general que examinamos. Pero ni la severidad de sus juicios, ni la digni- 
dad de que menudo se reviste, anhelando apartar de la conquista del Nuevo 
iMundo los pocos borrones con que os manchar la codicia aquellas brillantes pgi- 
nas de gloria, fueron bastantes libertarle de las acusaciones de otro historiador 
coetneo, cuya manera de enjuiciar conocen ya los lectores. Don fray Bartolom 
de las Casas, varn digno por otra parte de respeto, que movido de santo y cris- 
tiano celo se liabia constituido en procurador de las Indias, no solamente le con- 
funde entre los que opriman y asolaban aquellas comarcas, sino que apurando el 
diccionario de las injurias, le prodiga los ttulos de infamador, temerario, falso, 
wembaydor, inhumano, hipcrita, ladrn, malvado, blasfemo y mentiroso, de- 
clarando su Ilisloria general como sospechosa , y llegando al extremo de asegurar 
que solo haba escrito fuera de aquello del Darien, por relacin de marineros 
wdcsoladores. Mas no adverta que aun en la historia de Castilla del Oro por l 
aprobada, depona la verdad de los hechos contra tan airada censura ^^ Oviedo es- 
criba como historiador, no como panegirista; y al bosquejar las costumbres de los 
indios, al mencionar sus sacrificios y ceremonias, al tratar de sus vicios y viilu- 
des. ni le aconsej su imparciaUdad que los absolviese de la nota de antropfagos, 

34 Respecto de los sucesos del Darien, baslar el primer cronisla de las Indias, pueden consiillarse 
recordar solamente cuanto en la 11." yin." Parte de los captulos 23, 141, 142, 13, 144, 145 y 139 del 
este bosquejo llevamos notado: respecto de las libro III de la isora de /ndios, escrita por el mis- 
acusaciones que lanza el Obispo de Chiapa contra mo las Casas. 



cu 



VIDA Y ESCRITOS 



ni crey justo ocullarsus sangriculas idolalrias, ni le pareci tampoco digno el 
disculparlos del vergonzoso crimen de sodoma por ellos cometido. Pero si con- 
"ncn su historia lodos estos hechos, no por eso dej de apiadarse de aquellos 
hombres, (pie desposeidos de la luz del Evangelio, habian yacido hasta entonces 
en tan profunda oscuridad, aspirando sacarlos de la barbarie que asi los rcba- 
j:d)a y envileeia. El obispo de Ciudad Real de Chiapa no escribia como historia- 
dor: dominado de un pensamiento nolilc y humanitario, bien que exagerando su 
aplicacin de una manera inusitada, solo tenia por norte de sus escritos la alaban- 
za de los indios, quienes ansiaba sacar dla servidumbre, mirando por tanto 
con honda ojeriza cuanto se oponia su proyecto ^'. 

Mas no era solo esto loque le exaliaba respecto del Alcaide de Santo Domingo: 
en 151) se hablan encontrado frente frente el sacerdote y el soldado en el Real 
Consejo de ludias: el sacerdote pas despus Amrica para realizar el nuevo plan 
de conquista por l ideado, tenindola desgracia de llevar al matadero aquellos hu- 
mildes labradores, entre quienes pensaba repartir las cincuenta cruces rojas otor- 
gadas por el Consejo. El soldado que liala predicbo aquella catstrofe, escribi des- 
pus la historia de tan desventurada expedicin , tratando tal vez con excesiva dure- 
za al licenciado, que acogindose al ri'liro del claustro, procur ponerse cubierto 
de la indignacin que habia levantado su crdula inexperiencia. Oviedo, que en 
1555 tenia ya conocimiento de que el dominico las Casas escribia tambin sobre la 
historia de Amrica, mientras le motejaba speramente por haber tomado oficio <ue 
no sabia, le invitaba que diese luz sus trabajos, de esta manera: Dicen que 
l (las Casas) escribe por su passatiempo en estas cosas de Indias y en la calidad 
de los indios y de los chripstianos que por estas partes andan v viven; v seria 
bien que en su tiempo se mostrasse, porque los que son testigos de vista lo apro- 
wbassen respondiessen por s. Dios le d su gratia para que muy bien lo ha- 
ga, etc. ^^. Algunos aos adelante abandonaba las Casas la clausura v volva 
la corle con determinacin de reducir prctica su proyecto: el Alcaide de San- 



3o Las Casas va lan lojos en este empeo, que 
no titubea en'alribuii- con creces los espaoles los 
vicios que Oviedo y lodos los historiadores primiti- 
vos del Nuevo Mundo sealan en los indios. Hablando 
de sus mentiras decia: Y cerca desto, como tambin 
lienen experiencia de infinitas mentiras de los es- 
jipaoles y que nunca les han guardado f que les 
"prometan ni verdad , hay dichos de Indios dignos 
))de considerar. Preguntando espaoles indios , y 
lino una vez acaesci, sino mas, si eran chripstia^ 
nos, respondi el indio: Si, seor: yo ya soy po- 
)>quilo chripstiano (dixo l) , porque ya saber yo 
))un poquito mentir: otro dia saber yo muclio 
mentir y ser yo mucho chripsliano. Esto, sobre 
ser altamente ofensivo y contrario al carcter nacio- 
nal, pone solamente de manifiesto el punto que 
conduce la exageracin de una idea, aun siendo tan 
plausible como la que invocaba las Casas (cap. 144). 
La jiluma se resiste descubrir hasta el exiremo que 



llega el Obispo en este gnero de disculpas: veamos, 
no obstante, como al rechazar las declaraciones he- 
chas por Oviedo , respecto las preocupaciones y 
vicios de los indios , deja caer sobre los espaoles 
la injuriosa sospecha de que tuviesen participacin 
en ellos : Si le decian (los que en virtud de cdu- 
))la real daban relaciones al Alcaide) que eran (los 
indios) idlatras y sacrificaban diez hombres, 
aidia que eran diez mil , imponindoles abomi- 
nables vicios que ellos (los que informaban Ovie- 
))do) no podian saber sino siendo participantes 
hcmplices en ellos , etc. (cap. 141). El Obispo ol- 
vid que existan mil medios, ms honestos por 
cierto, para averiguar tan reprensibles torpezas, sin 
que hubiese nunca necesidad de acudir semejantes 
argumentos. 

3G Hist. Gen. y Nal. delnd., L' Parle, lib. XIX, 
cap. o, ed. de Sevilla. 



DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO. 



(.111 



lo Domingo, que escribia la sazn la segunda parle de su historia, fu invitado 
por el obispo don Rodrigo de Bastidas, solicitud del ya electo de Cliiapa , para 
que modificase la relacin qie liabia hecho de lo ocurrido este en Cuman con 
SUS pardos m/ics; pero desdeando Oviedo dar satisfaccin semejante, manifesl 
al obispo Bastidas que debia don fray Bartolom sacar luz su historia , pues (|ue 
estaban en parte donde se podria fcilmente probar la verdad de todo ^''. VA Obis- 
po las Casas no solamente esquiv el salir la liza que Oviedo le ofreca, sino que 
habiendo fallecido nueve aos despus que el Alcaide, en cuyo tiempo hubo de 
escribir el libro III de su historia, dispuso que no se diese esta la estampa sino 
mucho tiempo despus de su muerte. 

No era por tanto el nico motivo que agitaba contra Oviedo la phima de las Ca- 
sas el celo evanglico que le impulsaba solicitar la libertad de los indios, aun 
costa de lanzar la esclavitud contra los negros del frica, tan dignos por ciei- 
lo de excitar la caridad cristiana como los moradores de Amrica ^. Ni podia 
tampoco ser esta la causa de su destemplada agrura, cuando el Veedor de las 
fundiciones del oro, si no acudia como religioso la enseanza y doctrina de los 
indios, se habia empeado, como cristiano, en su defensa hasta el punto que lle- 
vamos en otro lugar referido. Las Casas se dejaba, ya en su vejez, arrastrar del 
enojo que abrig desde su juventud contra el primer cronista de las Indias, sin 
considerar que aquella misma piedad y dulzura que tanto recomendaba los cris- 
tianos, debian moderar su lenguaje para darle la autoridad que ambicionaba. IVro 
si duras parecen bajo este punto de vista las calificaciones con que designa Ovie- 
do y su historia, mas notable es lodavia el considerar el poco fundamento con 
que procede: todas las relaciones, todas lascarlas, todas las historias que han lle- 
gado nuestra edad del tiempo de la conquista , lodos los monumentos pertene- 
cientes los antiguos americanos que estudia hoy y explica la ciencia arqueolgi- 
ca, dan razn de sus costumbres y preocupaciones, confirmando de una manera 
irrefragable las observaciones de Oviedo, quien apelaba tambin al testimonio de 
los monumentos para apoyar su relacin, buscando en la historia de la gentilidad 
disculpa tan lastimosos errores ^'. Por qu, pues, tanta destemplanza en perso- 



37 Ib., H." Purle, lib. XIV, cap. 54. 

38 H aqu el lamenlable fruto de la exagera- 
cin de un senlimieno altamente noble y generoso. 
Las Casas , para quien la servidumbre de los indios 
era un crimen , no reparaba en que los negros de 
lrica eran tan hombres como los americanos , y 
pedia para ellos la esclavitud, como nico medio de 
salvar sus prole;idos. Tan familiar lleg ser en 
l esta idea , que la hizo triunfar al cabo , no con- 
tentndose con admitir la esclavitud de los negros, 
sino reconociendo tambin la de los sarracenos 
aprisionados en las guerras. Hablando de los indios 
que tenia Oviedo encomendados en la Tierra-Firme, 
dice: Aquellos esclavos no eran cierto los que he- 
))red de sus padres , ni los prendi en la batalla de 
))los moros de Berbera , ni eran negros , porque 
Honlonces ningn negro traer a estas Indias se per- 



xmilia (cap. 141). Por manera que el Obispo de 
Chiapa, que se apoyaba en el Evangelio para im- 
pelrar y defender la libertad de los indios , daba 
por bien empleada la esclavilud en oros hombres, 
como si el Salvador del mundo no hubiese expirado 
en la cruz por todas sus criaturas. 

39 Para prueba de las irrefragables que Oviedo 
lenia de los vicios contra natura de los indios, 
bastar eilar aqu lo que l mismo refiere acerca de 
los abominables simulacros de aquel nefando aclo 
que Iraian pendientes del cuello , asi hombres como 
mugeres: Yo vi uno de estos joyeles del diablo, 
oque pesaba veynle pesos de oro, hueco, vaciado 
bien labrado , que se ovo en el puerto de Sanc- 
ta Marta en la costa de Tierra-Firme ao de mili 
)) quinientos catorce, quando all toc el armada 
wquel Rey Cathlico envi con Podraiias Dvila , su 



CIV 



VIDA Y ESCRITOS 



na tan califirada, tratndose de la averiguacin y probanza de semejantes he- 
chos?.. Tan frgil y dele/nahle es el barro que vestimos (iie no puede resistir al 
soplo de la contradiccin, sin (pie lo cpiiebrc el golpe de la ira. 

Oviedo, que en todas partes protesta decir verdad, parecia ya en 1555 adivinar 
la enemistad (pie se le preparaba, cuando al hablar de las falsas historias decia: 
(Lbreme Dios de tamao delicto (de la mentira), y encamine mi pluma que 
con verdad, ya que el buen estilo me falte, siempre diga y escriba lo que sea 

conforme ella y al servijio y alaban^a de la misma verdad, (pie es Dios , 

nunca me desacordando de la propriedad y costumbre que tiene la (^orra para 
passar el hielo: la qiial..., quando quiere passar los rios lagunas heladas, ja- 
ms lo ha(:e sino quando va viene al pasto. E porque es animal de muy stil 
oyr, anl(>s que passe , pone la oreja sobre el hielo, y de atpiclla manera arbitra 
qu tan gordo est , y si es sufi^iente para sostenerla cuestas, y passa sin pe- 
ligro. Pues desta manera s que no se hundirn mis traclados , porque passan 
)'por la puente de la verdad , ques tan re(3a y poderosa que sostern y perpetuar 
mis vigilias, que son en alaban^a del Hacedor... Yo no escribo por passar estos 
hielos de los murmuradores sin causa, sino porque voy al pasto de la obedien(?ia 
voluntad que tengo de servir Dios en ello y mi rey, por cuyo mandado me 
ocupo en esto; y de aqui arbitro y entiendo que puedo passar seguro y sin calumnia 
quanto la medula y fructo de escrebir lo cierto '"'. Hasta aqui Oviedo. Mas 
no se crea por esto que la Historia General carece de inexactitudes y errores, 
hijos unos do la vaguedad misma de las relaciones que , no los marineros , como 
en desprecio de su autor dice las Casas, sino los adelantados y gobernadores le 
remilian , y causados otros por el extraordinario entusiasmo que despertaban en los 
espaoles los fenmenos que diariamente se ofrecian su vista. En cuanto no se 
ocult la del Alcaide de Santo Domingo , necesario es confesar que resaltan en 
su narracin tanta naturalidad y sencillez, tanto candor y frescura, que no es po- 
sible dudar de la exactitud de lo que entonces niega afirma. 

Hse hablado generalmente de su estilo y lenguaje, tildndole de bajo y ras- 
trero ; y aunque no es Oviedo uno de aquellos escritores que empeados en le- 
vantar la lengua castellana la elevacin con que aparece en las obras de fray 
Luis de Granada , Fernn Prez de Oliva , Ambrosio de Morales, Juan de Avila v 



capitn general, Caslilla del Oro: cmo se 
hIiuxo montn el oro que alli se tom c lo lieva- 
ron despus fundir anle mi , como oficial real 
"veedor, lo quebr con un martillo lo machaqu 
por mis manos sobre un tas yunque, en la casa 
de la fundicin en la cibdad del Darien {Hist. Gen. 
y Nal. de Ind., I." Parle, lib. V, cap. 3). Vase, 
pues , como no habia necesidad de participacin ni 
complicidad alguna para saber semejantes aber- 
raciones , confirmadas por desgracia en otros mil 
monumentos. 

40 Proh. del lib. XVIII de la I.= Parte de la Hisl. 
Gen. y Nat. de Ind. Oviedo repite en otras muchas 
partes que fallando su pluma la gracia y ornu- 



xmenlo de palabras, le da por guia Dios , quien 
Dpidc que le favorezca, nunca desacordndose que el 
"Santo Job dice: Mientras tura mi aliento en mi y el 
espritu de Dios en mis narices no hablarn mis la- 
bios maldad , ni mi lengua pensar la mentirn. 
(Proh. del lib. VI de la I. Parle.) Tan firme era en 
esta parle su honradez que exclama, al narrarlas 
sangrientas enemistades de Almagro y Pizarro: 
iiSlamente quiero acordar al Ictor que be seplenla 
aos que iodo el dinero que ambos adelantados 
llovieron no bastara hacerme escrebir mentira (si 
yo s que lo os) ni dexar deponer aqui la verdad 
i)(si no la ignoro). (Proh. del lib. IX de la III.'' Parle.) 



DE GONZ. FERN. DE OVEDO. 



cv 



tantos otros como lustran con sils nombres el siglo XV, todava debe advertirse 
que merece el aprecio de la crtica, por la soltura y pintoresca variedad de su 
frase, que sabe menudo salpicar de lumbres y matices, bien que ese mismo 
empeo le conduzca involuntariamente al defecto contrario la sencillez y exce- 
siva llaneza, de que so le acusa. La pedantera que alba alguna vez el estilo de 
Oviedo , no proviene sin embargo de afectacin en su lenguaje : cuando se deja 
llevar de aquel irresistible deseo que asalta casi todos sus coetneos , preten- 
diendo ostentar una erudicin no sazonada , entonces altera de pronto el aspecto 
de la frase , intentando levantarla , llega al extremo de tropezar en la bincliazon 
y oscuridad que tan lejanas aparecen siempre de la claridad y lisura con que ex- 
pone los liechos. Pero si pudiera tal vez presentarse algn ejemplo que acre- 
litra, mas que el mal gusto de Oviedo, la inexperiencia y poca sobriedad de 
su erudicin , menor trabajo seria necesario emplear para sealar multitud de 
pasages, en que no solamente se muestra correcto y esmerado, sino que raya 
tambin en los lmites de la verdadera elocuencia. Oviedo, aunque mas instruido 
que el comn de los escritores populares de su tiempo , no puede en modo alguno 
clasificarse entre los eruditos que le echaban en cara el no haber compuesto la 
Historia general de Indias en la lengua de Horacio y de Virgilio '"'. Escriba para 
ser entendido de todos; narraba las glorias de su nacin; sabia que era tenida la 
castellana por la mejor de todas las lenguas vulgares "*', y no quiso privar los es- 
paoles del conocimiento de las inauditas proezas que sus compatriotas daban 
cima en el distante suelo del Nuevo Mundo. 

Llegamos , pues , al trmino de nuestra tarea : destinadas las cuatro partes 
precedentes bosquejar la vida del primer cronista de las Indias, hemos pro- 
curado presentarle cual en la historia aparece ; luchando siempre con nuevos 
infortunios, y condenado siempre llevar una existencia errante y laboriosa. 
Acaso ser difcil encontrar en la repblica de las letras quien, en medio de tan- 
tos sinsabores y dolorosas vicisitudes, haya consagrado mas largas vigilias al estu- 
dio: testimonio irrecusable de esta verdad son las obras que sumariamente de- 
jamos examinadas. Su importancia histrica, superior sin duda la literaria , no 
.solamente las recomienda la estimacin de los hombres entendidos, sino que es- 
t exigiendo el que se pongan en manos de todos, pues que todos hallarn en 
ellas utilidad y enseanza. No se obtendr poca de la publicacin do la Ilisloria 
general de Indias. Fruto de sesenta y cinco aos de observaciones , encierra 



40 El Alcaide de Santo Domingo dedica el ca- 
ptulo 30 del lib. XII, ltimo de la list. Gen., res- 
ponder los que, preciados de doctos, le tildaban de 
no haberla escrito en latin. Oviedo les decia que 
debieran acordarse que Moyseny David y los oros 
))escriptores y snelos prophelas que escribieron la 
vieja y sancta Scriptura, en su propria lengua es- 
wcribieron , y Sanct Malheo en su lenguage hebreo 
su sancto Evangelio y el bienaventurado Sanct Pa- 
))blo escribi en su lengua malcrna la Epstola que 

TOMO I. 



escribi a los hebreos , porque mejor fuesse dellos 
entendido; y en fin esta es regla universal: que to- 
dos los escriptores caldeos, hebreos, griegos y 
latinos en aquella lengua escribieron en que mas 
pensaron ser entendidos y en que mas aproveeha- 
ron sus proprios naturales. El buen sentido de 
Oviedo triunf por fortuna de la pedantera de los 
seudo-latinos do su tirnipo. 

41 El primer cronista de Indias decia , con cier- 
ta vanagloria, dando razn de su estilo y lengua- 

14 



CVI 



VIDA Y ESCRITOS 



inuUilud de noticias y hechos , entcramenlc desconocidos , no muy generali- 
zados aun entre los eruditos , cuyo conocimiento vendr ilustrar por tanto los 
estudios histricos , que parecen inclinarse los mas distinjj;uidos escritores de 
nuestros dias. iNo le auguramos sin einhargo el extraordinario xito (pie en 1555 
obtuvo la primera parte, traducida tantos idiomas como el mismo Oviedo nos 
refiere *'^ , inserta en parte por el sabio gegrafo Juan Bautista Ilauusio (con 
(Miieii mantuvo su autor larga correspondencia) en el lomo III de sus Navegacio- 
nes, y extractada por los mas sabios mdicos de Italia, para enriquecer las biblio- 
tecas de los escritores sealados en tan til como benlica ciencia". Han pasado 
ya tres siglos, durante los cuales se han hecho muchas y muy proliiudas investi- 
"aciones sobre las cosas de Amrica , imponindose al mismo tiempo los que se 
consa"Tan al cultivo de la historia mas estrechas condiciones, y aspirando osla 
dificilsima ciencia mas elevados fines ; pero aunque la Historia (jcncral y natural 
de Indias no satisfaga hoy todas las exigencias de la critica, siempre presentar 
nuestra vista el maravilloso efecto que en nuestros abuelos produjo el espectcu- 
lo de un Nuevo Mundo, y descubrir los extraos mil ignorados tesoros ^\ 



je : Si algunos vocablos exlranos c brbaros nqiii 
se hallaren , la causa es la novedad de que se 
Mirada ; y no se pongan la cuenta de mi roman- 
)>ce: que en Madrid nasc y en la casa real me edu- 
))qu , y con gcnle noble he conversado , y algo he 
nleydo, para que se sospeche que avr entendido 
mi lengua caslellana , la qual de las vulgares se 
atiene por la mejor de todas (Proh. del lib. I de la 
1.' Parte de la Hist. gen. y nal. de Ind.). 

42 La traduccin que mas boga ha alcanzado en 
la repblica lileraria , y que ha llegado nuestras 
manos , os la francesa , dada luz en loo6 con este 
titulo: Histoire naturelle el general des Indes, is- 
Ies el lenes fermes de la grande mor Occane , 1ra- 
dule du caslillan en francs par Jean Poleur. Pa- 
iiris, ISIJG, parMichel Vascosan. Don Nicols An- 
tonio cita esta traduccin , fijando su publicacin en 
el ao de 1533. 

43 La importancia que los mas distinguidos m- 
dicos dieron desde la aparicin de la L Parte de la 
Historia general de Indias los captulos en que 
Oviedo trataba de las virtudes medicinales del gua- 
yacan y palo sanio, insertndolos en las mas selec- 
tas colecciones de Scriptores de morbo glico , ha 
sido causa de qne el nombre del primer cronista de 
Indias ocupe tambin en la Historia de la medi- 
cina un puesto distinguido. Muchos son los escrito- 
res extrangcros que al dar noticia del origen y de- 
sarrollo de las enfermedades venreas, presentan ol 
testimonia de Oviedo, como autoridad bastante para 
resolver la enmaraada cuestin de si existan en 
el antiguo continenlo desde tiempos remotos, so 
propagaron Europa con el descubrimiento del 
Nuevo iMundo. Entre los nacionales han tralado 
en nuestros dias esta cuestin don Antonio Her- 
nndez Morejon en su Historia bihliogr [ica de 



la medicina e.'<paola , don Anastasio Chinchilla 
en sus Anales histricos de la medicina y don Jo- 
so Gutirrez de la Vega en su Historia de la sfi- 
lis , que precede la edicin espaola del Tra- 
tado completo de las enfermedades venreas de Mr. 
Fabre (Madrid, i8o0). Todos estos escritores toman 
en cuenta el testimonio de Oviedo , dndole el va- 
lor que realmente tiene; mas no lo hizo asi un autor 
espaol del pasado siglo, don Antonio Snchez Val- 
verde, quien en su Amrica vindicada de haber sido 
madre del mal venreo (Madrid, 178K) se apart de 
esta opinin general , llegando al exiremo de mo- 
tejar Oviedo con los ttulos de inventor do cuentos 
y buboso cirujano, y pensando humillarle con el de 
mozo de cmara del prncipe don Juan , cosa de 
que l tanto se pagaba. Los apodos de Valverde, 
que han dado acaso origen la calumnia , de que 
hicimos mencin en la nota 1." de osla V." parte, 
solo prueban que careca de razones, lo cual han 
demostrado despus hasta la evidencalos escritores 
arriba mencionados. La crcunslancia de haber cir- 
culado los extractos referidos , sin referirse su proce- 
dencia, ha contribuido sin duda que sean tenidos 
por tratados distintos, cuando en suma solo forman 
los captulos 2 y 3 del libro X y oH7 del libro XVI 
de la 1.^ Parte de la Historia general y natural de 
Indias. 

44 Algunos de los tratados correspondientes 
la 11." y 111.^ parle de la Historia general son ya 
conocidos en la repblica de las letras. Don Nicols 
Antonio hace relacin de la Historia del estrecho de 
Magallanes, que dice haberse dado luz en 1532, 
bien que no se public hasta -1357, pues que no 
es otra cosa que el libro I de la II." Parle , vig- 
simo do la Historia general , en otro lugar ci- 
tado. Tambin menciona este docto biblilogo un 



DE GOiNZ. FERN. DE OVIEDO. 



CVII 



libro de la Navegacin del rio Maraon, inserlo por 
Ramusio en el tomo lUNavigationum, y los dos Ira- 
lados ya referidos del Palo del guayacan y palo san- 
to. Pero si esle erudito escritor manil'esto que eran 
estos opsculos, en su concepto, fragmentos de 
la Historia general ( hujus universalis Hisloriae 
fragmenta sunt forsan quae de diversis rebus Indi- 
cis opuscula inscribun(ur) , no dud el autor de 
los Hijos ilustres de Madrid en sealar los dos 
ltimos escritos como obras distintas y separa- 



das de dicha Historia , aadiendo el siguiente l- 
tulo de oira produccin , no mas diferente de aque- 
lla que las ya citadas: Historia de las cosassuccdi- 
das en su tiempo en las Indias. Qu oIra cosa era, 
pues, ]a Historia general, de que da Baena noticia 
por separado?.... dnde vio el cdice de este nue- 
vo escrito? A la verdad que no acertamos ex- 
plicar las causas de tanta inexaclilud y falta de cir- 
cunspeccin en hombres , cuyos trabajos literarios 
merecen por otra parte la mayor eslima. 



epstola dedicatoria. 



Sigese una carta missiva, con que el chronisla y auclor destas historias envi 
este volumen primera parte delias , assi como se acabaron de emprimir, al re- 
verendssimo illustrssimo seor, el cardenal de Espaa don fray Garcia Jofre de 
Loaysa, presbtero cardenal del ttulo de Sancta Susanna, obispo de Sigenca, 
confesor de la Cesrea Magostad, presidente del Consejo Real del Imperio occi- 
dental de las Indias, islas Tierra-Firme del mar Ocano, etc. 



REVERENDiSSIMO E ILLUSTRSSIMO SEOR. 



Jciscribese que los rboles que ni se plantan, ni producen fructo, son estimados 
por infelices y daados en la religin. Pues cotejado con los hombres intiles que 
por su floxedad no aprovechan otros, parsceme que los tales son muy seme- 
jantes lo quel Plinio dice de los rboles que es dicho '. Tambin es de haber 
consideracin (para mas culpar los hombres) que aquellos son dotados de la ra- 
zn industria y tienen voluntad libre arbitrio para inquirir y saber conos^er 
lo malo y elegir lo bueno, y los otros animales vegetativos sensitivos quien 
falta essa razn, son mas dcsculpados, pues natura los hizo tales en mas en me- 
nos grado unos de otros , segund sus efetos , pero totalmente no son intiles , pues 
como dice Job : Nihil in trra sine causa fil.' 

En verdad, Reverendssimo prncipe, yo he desseado siempre no ser de aquellos 
mas olvidados en el trabaxo que mi persona se pudiesse recrescer , para escoger 
segund la flaqueca de mi ingenio por qu via podra, sirviendo ala Cesrea Magos- 
tad, emplear bien el tiempo y assi despender mi sudor y vigilias que quien las 
oycsse, tuviesse de qu loar Dios por sus maravillas y que no le paresciesse mi 

* Cuando en 1548 daba Oviedo la ltima mano eedi en la presidencia del Real Consejo de Indias, 

la I." Parle dla Historia general, no solamente gobernado en el referido ao de i:;48 por don Luis 

era pasado ya de esta vida el cardenal don fray Hurtado de Mendoza. Vase respecto de este punto 

Garcia Jofre de Loaysa, del Orden de Sanio Do- el Probemio del libro VII de esta I." Parle, 
mingo, sino que habla muerto tambin el conde de 1 Plinio, lib. XVI, cap. XXVII. 

Osorno don Garci Fernandez Manrique , que le su- 2 Cap. V. 



ex illSTUIA (il'MIUL Y NATUIAL 

cuydailo iii.il cxorrilado , ni vo ser coiiliulo por nibol im'ilil v (|ir' oh alguna iiin- 
iicra ayndamlo oros, diesso yo cansa con lo (nc csciihu, (|nc los (\nc leyeren 
en oslas nialorias sean aprovooliados con lal ocupacin ; ])nos de ncs(,'cssidad lian 
de dar ininilas gracias y loores al Hacedor do lanas maravillas, conosciendo 
su Dios y oyendo las cosas que aqu lie cscriplo, lan parlicularnienle, como aqu 
las digo y ellas son. A osle propssilo con una mi naUral inclinacin y desseo, 
li;i llegado osla primera parle de la General y natural hisloria de Indias al oslado 
en (|iio Vuestra Seora Rcvcrendssima aqui puede ver : la qual despus que fu 
visla y examinada en el Ueal Consejo de Indias, (jue debaxo de la presidencia de 
Vuestra lovcrendssima Sooria milita, con la real licencia y anctoridad del mis- 
mo Consejo vine esta cuidad de Sevilla la hacer emprimir. En lo qual assi en 
en (d lioiiipo, como en la costa dcsta primera iinpression yo lie Irabaxado y 
despendido harto mas de lo que ser el interesse que por los tales libros oviere. 
Por el qual yo no me detuviera en esto, ni dexra de averme tornado las In- 
dias, sino tuviera respecto otro mas cierto y mayor galardn premio: el qual 
es penssar f|ue dems de cumplir lo que Su Magostad Cesrea me tiene manda- 
do (en copilar estas materias), creo que sirvo Vuestra Seora Rcverendssima en 
ello, y so da noticia al mundo de muchas cosas que sern gratas los oydos de 
los prudentes; en expecial soyendo certificados que ante lan alto mare magno y 
excelencia de la persona de Vuestra Seoria Rcverendssima, y de tanta ancto- 
ridad y sciencia, tan experimentada informada y oxercitada en oyr cada dia 
las cosas deste imperio de Indias ( quien Vuestra Seoria Reverendissima man- 
da y gobierna con lan amplissima potestad y rectitud), hayan mis mal ornados 
renglones referido parte de lo que de tan nuevas verdaderas historias, aqui va 
acumulado hasta que el cumplimiento de la segunda y tercera partes dellas sal- 
gan luz, quando Vuestra Seoria Reverendissima lo permitiere, y me diere li- 
cencia para ello. 

Y pues la Cesrea Magostad est al pressente fuera do Espaa , gocando de 
sus inmortales triumphos , como agora nuevamente aadi Nuestro Seor sus me- 
morables y gloriosos Iropheos (aviendo conquistado por fuerza de sus armas la 
muy poderosa y antigua Carlago, que agora de los modernos es dicha Tnez), y 
aunque aqui se hallara, quiere su Cesrea Magostad que lodo passe y se ofrezca 
en las manos de Vuestra Seoria Reverendissima; cumpliendo yo con su real man- 
dado , y con el muy cierto desseo que siempre tuve y terne de servir Vuestra 
Seoria Reverendissima, suplico haya por bien que, como servidor de su casa, sea 
acepta esta mnima ofrenda, y por su mano notificada Qsar. Y vuestra seoria 
mande favorescer lo escripto y el escrplor con aquella clemencia que suele ha- 
cornos mercedes lodos los que en Indias vivimos, los quales siempre hallamos 
en Vuestra Seoria Reverendissima padre y amparo verdadero en las nescessida- 
des, favor ayuda para nuestros Irabaxos, assi todos en general quantos en 
aquellas partes estn , como los que de nosotros por aqui vienen , en especial los 
que hablan verdad. Y porque desta va colmada mi obra , y muy pobre falta de 
estilo palabras artificiales, yo la pongo con aquella reverencia y acatamiento 



DE INDIAS, epstola DEDICATORIA. CXI 

que se debe sub unihra alarum luanim, assi la resciba Vueslra Seora Reve- 
rendssima. 

Por cierto , Reverendssiino Seor, muchas veces quedo admirado , quando me 
acuerdo que estando Vuestra Seoria Reverendssima en la corte romana exeroitan- 
do la gobernacin del mundo Iglesia de Dios (como tan grande y excelente pi- 
lar es en ella), tuvo por bien la Providencia Divina de tornarnos Vuestra Seoria 
Reverendssima nuestra Espaa para nuestro bien favor destos reynos ; y que 
en ventura de Csar juntamente con el ayuda del Consejo y prudencia de Vuestra 
Seoria Reverendssima , paresce por la obra que Nuestro Seor ha acrescentado las 
victorias de la Cesrea Magestad y se aumentan mas cada dia, y aun las cosas de 
las Indias sus riquecas paresce (jue crescen vuestra sombra. El servicio de 
Dios en ellas floresce ; las repblicas de chripstianos que allc hay se ennoblcscen: 
los reynos de Espaa se enriquescen, y todo va de bien en mejor; y es forcado 
que assi sea y que cada dia tantos bienes se mullipliquen, pues Vuestra Seoria 
gobierna aquellas partes, de que resulta tanto provecho ollas y estas. Y no sin 
causa alumbr Jesu-Chripsto el corazn de Csar, para encomendar Vuestra Se- 
oria Reverendssima su imperio occidental de Indias, puesto que en todos sus Es- 
lados seoros se da Vuestra Seora tanta parte que ninguna cosa sin su acuer- 
do parescer se determina que de importancia sea. Y porque al tiempo que esta 
primera parte de la General nahiral historia de Indias fu vista y examinada en 
el Real Consejo de Indias , Vuestra Seoria Reverendssima estaba con la Cescrea 
Magestad en Rarcelona y esta causa no la pudo ver entonces, la envi con 
esta mi suplicacin que arriba dixe, pues la vido el illustrssimo seor conde de 
Osorno, don Garci Fernandez Manrique, que en ausencia de Vuestra Seoria Re- 
verendssima suele presidir en el mismo Consejo, y en su presencia se le da parte 
en todo por el gran ser de su persona quien meritamente Qsar tiene por uno 
de los grandes de Espaa mas aceptos en su consejo secreto y en todo lo dems. 
E assi mismo vieron corrigieren la dicha historia las otras personas que assisten 
en el mismo Consejo de Indias debaxo de la presidencia de Vuestra Seoria Reve- 
rendssima, que son el muy magnfico seor el dotor Beltran , que en antigedad 
tiene all el primero lugar voto, persona de tan grandes letras curso como en 
Espaa fuera della es notorio ; y el muy reverendo y generoso seor el licencia- 
do Xuarez de Carvajal, sapientssimo varn debdo cercano de Vuestra Seora 
Reverendssima; y el muy reverendo seor dotor Rcrnal, en quien tan grandes 
reposadas letras estn colocadas; y el noble caballero el licenciado Gutierre Ve- 
lazquez. Todos quatro escogidos pcrfctos ingenios bastantes para tan grandes 
importantes negocios como administran juntamente con el muy magnlico no- 
ble seor el secretario Johan de Samano, caballero de la Orden militar de Sanc- 
tiago, y no inferior los que he dicho ni el Uimo, con cuyo parescer los ne- 
gocios han el efecto que conviene ; porque desde su tierna edad se cri en la ne- 
gociacin y proveymientos de los despachos de las Indias: tan instruto est en 
las cosas dellas que ninguno de quantos all vivimos las alcanca mas suficiente- 
mente, dems del mucho crdito que su Qesrea Magostad le da con Vuestra 



CXII IIISTOBIA GE.NEUAL V NATURAL 

Seora Rt'vorcndissiiiia liciic muy (nninonte. (oii csla compafia de tan soca- 
ladas suPuMcnlcs personas, alinnliradas |i(ir Dios r de la cominiicacion i'osjdaii- 
dor de Vuestra Seoril lievercndissima, son gobernadas nuestras Indias, en cuyo 
nombre como el menor de los vasallos que Sus Magcslades en ellas tienen , 
como procurador que soy de la Isla Espaola cibdad de Sancto Domingo c lan 
antiguo en los Irabaxos de la coupiisLa pacificacin de a(uellos reynos (que 
aimque fny sin alguna cana aquella tierra, estoy cubierto dellas), suplico Vues- 
tra Seoria Reverendissima se acuerde, como suele, de continuar las mercedes que 
las Indias hace, y en especial a(|iiella nuestra cibdad isla en la tener muy 
en la memoria en todo lo que le tocare, pues que es la madre principio fun- 
damento de todas las repblicas de cbripstianos que hay en Indias. Y especial- 
mente en dos cosas: la una en que los perlados que para all se proveyeren, 
sean dotos y de buena casta de aprobada y experimentada vida virtudes, 
que residan en sus obispados ; lo mismo digo que se guarde en las eleciones 
de los jueces de la justicia officiales de la real hacienda , porque aunque hasta 
agora, por la bondad de Dios y aviso de Vuestra Seoria assi se lia mirado, si en esto 
oviesse dcscuydo, visto est qu tales andarn las ovejas, si los pastores quien 
fueren encomendadas no fueren quales los han menester : tanto es mayor el pe- 
ligro, quanto el camino es mas luengo y Vuestra Seoria Reverendissima lan 
apartado de lo ver, tanta dubda como ocurre en saberse ac la verdad. Y por 
esto querria yo, Monseor Revercndissimo, que Vuestra Seoria, primero que 
estos pastores oficiales acull passassen , fuessc de vista informado de .sus per- 
sonas calidades, porque no oviesse nesccssidad de llamarlos despus para su 
castigo ; y la consciencia real del Csar la de Vuestra Seoria Reverendissima 
dessos seores del Consejo mas sin escrpulos estoviessen , los vecinos de aque- 
llas partes mas seguros pacficamente vivissemos gloria alabanca de Jesu- 
Chrispto, el qual la reverendissima ilhitrssirna persona y estado de Vuestra Se- 
oria largos tiempos prospere en su santo servicio. De Sevilla trevnta dias del 
mes de septiembre de MD XXX V aos. 



^^ tv ^ (I rrvO 0-- 




Ciomien?a el primero libro desle volumen. El qual consiste en el prohemio intro- 
ducion desta primera parte dla Ge/era/ y natural historia dlas Indias: dirigido la 
Sacra, Cesrea, Gathlica y Real Magestad del Emperador, Rey nuestro seor. 



S. Ces. Calh. R. M. 



E 



scribe el Albulensis, por otro nombre 
dicho el Tostado , sobre la declaracin 
que hizo de Eusebio De los tiempos el glo- 
rioso doctor de la Iglesia, Sant Hierni- 
mo , que los etopes se levantaron de 
par del rio Indo. Aquesta Etiopia, parte 
della es en Assia y parte en frica. Pero 
los etopes orientales en la India son : la 
qual segn Isidoro (Ehimol., lib. XIV, 
cap. III, de Assia) ovo este nombre del rio 
Indo : India vocata ab Indo flumine. El qual 
auctor antes desto dige que el mar Roxo 
en el Oriente resgibe en s el rio Indo : In- 
das fluvius orientis qui rubro mari accipi- 
tur. Esta es la parte de la Etiopia oriental; 
pero en la cosmographia moderna (y es- 
perimentada) yo hallo sealado y puesto 

el rio Indo, no como los auctores suso 
TOMO I. 



dichos escriben ; sino quinientas mas 
leguas adelante del mar Roxo y del mar 
de Persia; y entra en el Ocano en la cos- 
ta dla cibdad , llamada Lima , en la boca 
del qual est el reyno de Cambaya , entre 
el qual rio Indo y el rio Ganges est la 
India mayor, India mas oriental, que 
es muy lexos, como he dicho, del mar 
Roxo, y mas al levante que no son los eto- 
pes, contra quien difen que fue enviado 
pelear Moysen, como capitn de los 
egipcianos. Mas despus fueron estos eto- 
pes buenos chripstianos, como di- 
ce el Tostado en el lugar de suso alega- 
do , convertidos la f por sanct Ma- 
theo, apstol. Y el comiendo de la con- 
versin les fu el sancto Eunucho, ma- 
yordomo dda reyua Candafis , baptizad 



2 



HISTORIA GENERAL V .NATI RAL 



y enseado por sanct Pliolipe, apstol. 
Quiero significar y dar entender por 
verdadera cosmograpliia , que a(pii yo no 
tracto de apieslas Indias (ue lie dicho; 
sino de las Indias, islas tierra firme del 
mar Ocano , que agora est actualmente 
debaxo del imperio de la corona real de 
Castilla, donde innumerables muy gran- 
des reynos provinc^ias se incluyen ; de 
tanta admiracin y riquezas, como en los 
libros desta Hisloria jeneral e 7ialural des- 
tas vuestras Indias ser declarado. Por 
tanto, suplico Vuestra Cesiirea Magostad 
haga dignas mis vigilias de poner la men- 
te en ellas; pues naturalmente todo hom- 
bre dessea saber, y el entendimiento ra- 
cional es lo que le hage mas excelente 
que otro ningn animal : y en esta ex- 
celencia es semejante Dios en aquella 
parte que l dixo : Hagamos el hombre 
nuestra imagen y semejanra. Desta causa 
no se contenta nuestra voluntad, ni se 
satisface nuestro nimo con entender y 
especular pocas cosas , ni con ver las or- 
dinarias prximas la patria , ni den- 
tro della misma. Antes por otras muy 
apartadas provincias peregrinando ( los 
que mas participan deste lindo desseo), 
pospuestos muchos y varios peligros, no 
cessan de inquerir en la tierra y en la mar 
las maravillosas innumerables obras 
que el mismo Dios y Seor de todo nos 
ensea (para que mas loores le demos), 
satisfaciendo la hermosa cobdicia desta 
peregrinacin nuestra. Y nos declara, por 
lo que vemos del mundo, que quien pu- 
do ha^er aquello es bastante para todo 
lo que del no alcanzamos, assi por su 
.grandeza, como por la poca diligencia 
nuestra, principalmente por la flaqueza 
..humana, de que los mortales estn vesti- 
_dos; de que resultan otras causas in- 
_ convenientes que pueden inqiedir tan 
loable ocupacin , como es ver con los 
. ojos corporales lo que hay en esta com- 
pusicion ellos visible 'allende dlo que 



es contemplativo) de la universal redon- 
dez, quien los griegos llaman cosmos 
los latinos mundo. En el qual mucho me- 
nos dpla quinta parte algunos cosmgra- 
phos (piieren que sea habitada : dla qual 
opinin yo me hallo muy desviado , como 
hombre que fuera de todo lo escripto por 
Tholomeo , s que hay en este imperio de 
las Indias, que Vuestra Cesrea Magos- 
tad y su corona real de Castilla posseen, 
tan grandes reynos provincias y de tan 
extraas gentes diversidades costum- 
bres y cf^'^inionias idolatrias, aparta- 
das de quanto estaba escripto (desde 
ab initio hasta nuestro tiempo): que es 
muy corta la vida del hombre para lo po- 
der ver, ni acabar de entender conjec- 
lurar. 

Qul ingenio mortal sabr comprehen- 
der tanta diversidad de lenguas, de hbi- 
to, de costumbres en los hombres destas 
Indias? Tanta variedad de animales, assi 
domsticos como salvajes y fieros? Tanta 
multitud innarrable de rboles, copiosos 
de diversos gneros de fructas, y otros es- 
triles , assi de aquellos que los indios cul- 
tivan, como dlos que la natura de su 
propio oficio produce, sin ayuda de ma- 
nos mortales? Quntas plantas y hiervas 
tiles y provechosas al hombre? Quntas 
otras innumerables que l no gon co- 
noscidas, y con tantas diferencias de ro- 
sas flores olorosa fragancia? Tanta 
diversidad de aves de rapia y de otras 
raleas? Tantas montaas altsimas y fr- 
tiles , otras tan diferenciadas bravas? 
Quntas vegas y campias, dispuestas pa- 
ra la agricoltura , y con muy apropia- 
das riberas? Quntos montes mas. ad- 
mirables y espantosos que Ethna Mon- 
gibel, y Vulcano, y Estrongol (y los 
unos y los otros de baxo de vuestra mo- 
narcha)? 

No fueran celebrados en tanta manera 
los que he dicho por los poetas histo- 
riales antiguos, si supieran de Massaya, 



DE INDIAS. LIB. I. 



y Maribio , y Guaxocingo , los que ade- 
lante sern memorados desta pluma, 
escriptor vuestro. Quntos valles, flo- 
restas, llanos y deleitosos! Quntas cos- 
tas de mar con muy extendidas playas 
de muy excelentes puertos! Quntos y 
({un poderosos ros navegables ! Qun- 
tos qun grandes lagos ! Quntas fuen- 
tes frias calientes , muy cercanas unas 
de otras ! E quntas de betum de otras 
materias, licores! Quntos pescados 
de los que en Espaa conosgemos , sin 
otros muchos que en ella no se sa- 
ben ni los vieron ! Quntos mineros de 
oro plata , cobre ! Qunta suma pre- 
ciosa de marcos de perlas uniones que 
cada dia se hallan! En qul tierra se 
oy ni se sabe que en tan breve tiempo 
y en tierras tan apartadas de nuestra Eu- 
ropa , se produgiessen tantos ganados 
granjerias y en tanta abundancia, como 
en estas Indias ven nuestros ojos , tra- 
das ac por tan amplssimos mares? Las 
quales ha resgebido esta tierra , no como 
madrastra, sino como mas verdadera 
madre que la que se las envi ; pues en 
mas cantidad mejor que en Espaa se 
liagen algunas dellas, assi de los gana- 
dos tiles al servicjio de los hombres, 
como de pan y legumbres, fructas, y 
agcar , y caafistola ; cuyo principio des- 
tas cosas en mis dias sali de Espaa , y 
en poco tiempo se han multiplicado en 
tanta cantidad, que las naos vuelven 
Europa la proveer cargadas de agcar, 
caafistola y cueros de vacas. E assi 
lo podran hager de otras cosas que ac 
estn olvidadas, aquestas Indias, antes 
(pie los espaoles las hallasen, produ- 
gian agora produgen; assi como al- 
godn , orchilla , brasil , alumbre , 
otras mercaduras, que en muchos rey- 
nos del mundo las dessean y serian gran- 
de utilidad para ellos. Lo qual nuestros 
mercaderes no quieren , por no ocupai- 
sus navios sino con oro , [lala , 



perlas, las otras cosas que dixe pri- 
mero. 

Y pues lo que deste grandssimo 
nuevo imperio se podra escrebir es tan- 
to tan admirable la lecion dello , ella 
misma me desculpe con Vuestra Cesrea 
Magostad , si tan copiosamente como la 
materia lo requiere no se dixere : baste 
que, como hombre que ha los aos que 
he dicho que miro estas cosas, ocupar 
lo que me queda de vivir en dexar por 
memoria esta dulce agradable. General 
natural historia de Indias, en todo 
aquello que he visto, y en lo que mi 
noticia ha venido viniere, desde su 
primero descubrimiento , con lo que mas 
pudiere ver y alcangar dello en tanto 
que la vida no se me acabare. Pues la 
clemengia de Vuestra Cesrea Magostad, 
como criado que en estas partes le sir- 
ve persevera con natural inclinacin 
de inquerir (como he inquerido) parte 
destas cosas, ha seydo servido mandar- 
me que las escriba y envi su real 
Consejo de Indias, para que assi como 
se fueren aumentando sabindose, assi 
se vayan poniendo en su gloriosa Chrni- 
ca de Espaa: en lo qual Vuestra Ma- 
gostad, dems de servir Dios, nuestro 
seor, en que se pu' lique sepa por el 
restante del mundo lo que est debaxo 
de vuestro real ceptro castellano, hage 
muy sealada merged todos los reynos 
de chripstianos en darles ocasin con este 
tractado para que den infinitas gragias 
Dios , por el acregentamiento de su sanc- 
ta f cathlica. La qual con vuestro 
sancto chripstianssimo gelo cada dia se 
aumenta en estas Indias; y esto ser un 
glorioso colmo de la inmortalidad de 
vuestra perpetua nica fama ; porque 
no solamente los fieles cristianos ternn 
(pie scr\ir Vuestra Cesrea Magostad 
tanta benignidad, como es mandarles 
comunicar esta verdadera y nueva his- 
toria, pero aun los infieles idlatras 



que fuera destas j)artes en todo el mun- 
do oviere , oyendo estas maravillas, que- 
darn obligados para lo mismo , loando 
al hafedor dellas , por serles tan incni- 
tas y apartadas de su hemispherio ho- 
rizontes. 

Materia es, muy poderoso seor, en 
que mi edad diligencia, por la gran- 
deza del objecto sus circunstancias , no 
podrn bastar su perfecta difinicion, 
por mi insuficiente estilo brevedad de 
mis dias. Pero ser lmenos lo que yo 
escribiere historia verdadera desviada 
de todas las fbulas que en este caso 
otros escriptores, sin verlo, desde Espa- 
a pi enxuto, han presumido escre- 
bir con elegantes no comunes letras 
latinas vulgares, por informaciones de 
muchos de diferentes juyf ios, formando 
historias mas allegadas buen estilo que 
la verdad de la cosa que cuentan; por- 
que ni el ciego sabe determinar colores, 
ni el ausente assi testificar estas mate- 
rias, como quien las mira. 

Quiero certificar Vuestra Cesrea Ma- 
gostad (jue yrn desnudos mis renglones 
de abundancia de palabras arliliciales, 
para convidar los letores ; pero sern 
muy copiosos de verdad, y conforme 
esta, dir lo que no terna contradiciun 
(quanto ella; para que vuestra sobera- 
na clemencia all lo mande polir limar. 
Con tanto que del tenor sentencia de 
lo que aqui fuere notificado vuestra 
grandeza, no se aparte la intencin y 
obra del que tomare cargo de enmendar 
la mia, digindolo por mejor estilo; si- 
quiera porque no se ofenda mi buen des- 
seo , ni se me niegue el loor del trabajo 
que en tanto tiempo y con tantos peligros 
yohepadescido; allegando y inquiriendo 
por todas las \ ias que pude saber lo cier- 
to destas materias, despus quel ao de 
mili quinientos y trcge de la Aatividad 
del redemptor nuestro , Jcs!i-Chri)sto, el 
Cathlico rey don Fernando , de gloriosa 



HISTORIA GENERAL Y NATLRAL 

memoria , abuelo de Vuestra Cesrea Ma- 
gostad , me envi por su veedor de las 



fundiciones del oro la Tierra-Firme; 
donde assi me ocup (juando convino en 
aquel oficio , como en la conquista y pa- 
cificacin de algunas partes de aquella 
tierra con las armas, sirviendo Dios j 
Vuestras Magestades (como su capitn 
y vassallo'; en aquellos speros principios 
que se j)oblaron algunas cibdades villas 
que agora son de chripstianos : donde con 
mucha gloria del real ceptro de Espaa , 
alli se continua sirve el culto divino. En 
la qual conquista los que en aquella sa- 
Con passamos con Pedrarias Dvila , lu- 
gar teniente capitn general del rey Ca- 
thlico , despus de Vuestras Magesta- 
des, seriamos hasta dos mil hombres, 
hallamos en la tierra otros quinientos 
mas chripstianos, debaxo de la capitania 
de Vasco Nuez de Balboa en la cibdad 
del Darion 'que tambin se llam antes la 
Guardia), despus santa Maria del An- 
tigua , la qual cibdad fu cabeca del obis- 
pado de Castilla del Oro, agora est 
despoblada , no sin gran culpa de quien 
fu la causa; porque estaba en la parte 
que convenia para la conquista de los in- 
dios flecheros de aquellas comarcas. Y 
destos dos mil y quinientos hombres que 
he dicho , no hay al presente en todas las 
Indias ni fuera dellas quarenta hombres, 
lo que yo creo; porque para servir 
Dios y Vuestras Magestades , y para que 
viviessen seguros los chripstianos que des- 
pus han ydo aquellas pro-\ incias , assi 
convenia , mejor diciendo era forcado 
que se hiciesse. Porque la salvajez de la 
tierra y los ayres della y la espcssura de 
los hervajes y arboledas de los campos, 
y el peligro de los rios grandes lagar- 
tos tigres, y el experimentar do las 
aguas manjares , fuosse costa de nues- 
tras vidas y en utilidad de los mercade- 
res pobladores , que con sus manos la- 
vadas agora gozan de muchos sudores 



DE INDIAS. LIB. I. 



ajenos. Y porque estando Vuestra Ces- 
rea Magestad en Toledo , el ao que pas- 
s de la Natividad de Chripsto de mili 
quinientos y veinte y cinco aos, yo es- 
creb una relacin sumaria de parte de lo 
que aqui se contiene ; de aquella fue su 
ttulo: Oviedo , De la natural historia de as 
Indias; mas aqueste tractado se llamar 
General y natural historia de las Indias; 
porqu todo lo que en aquel sumario se 
contiene se hallar en este y en las otras 
dos partes, segunda y tergera del, me- 
jor y mas copiosamente" dicho , assi por- 
que aquello se escrebi en Espaa , que- 
dando mis memoriales libros en esta 
cibdad de Santo Domingo de la Isla es- 
paola (donde tengo mi casa) , como por- 
que yo h visto mucho mas de lo que has- 
ta entonges sabia destas materias en diez 
aos que han pasado desde que aquello 
se escribi; experimentando con mas 
atencin lo que este efecto convenia 
mas particularmente ver y entender. Y 
dems desto , es de notar que todo lo que 
aquel reportorio sumario contiene, 
avr en este tractado y sus partes acres- 
dentado, otras cosas grandes muy 
nuevas, de que alli no podia yo hager 
memoria, por no averias visto, ni sa- 
bido. 

Assi- que , muy poderoso Seor , por 
las causas que de suso dixe , justo es que 
tales historias sean manifiestas en todas 
las repblicas del mundo ; para que en 
todo l se sepa la amplitud grandeza 
destos Estados, (pie guardalja Dios vues- 
tra real corona de Castilla en ventura y 
mritos de Vuestra Cesrea Magestad, 
debaxo de cuyo favor y amparo ofrezco 
la presente obra liimiihnente suplico, 
en pago del tiempo que en esto he tra- 
bajado, de la antigedad que en vues- 
tra real casa de Castilla me dan quarena 
y mas aos (que ha que soy del nmero 
de los criados de ella) sea servido de 
aceptar mis libros; ponjuc aunque estos 



que aqui yo escribo , no son de mucha 
industria artiflcio , ni de calidad que re- 
quieran prolixa oracin , ornamento de 
palabras, no han sido poco laboriosos, 
ni con la facilidad que otras materias se 
pueden allegar componer escriptos: 
pero es lo menos muy aplacible lecion 
oyr y entender tantos secretos de na- 
tura. 

Si algunos vocablos extraos br- 
baros aqui se hallaren , la causa es la no- 
vedad, de que se tracta; y no se pongan 
la cuenta de mi romance , que en Ma- 
drid nasg y en la casa real me cri y 
con gente noble he conversado , algo 
he leydo , para que se sospeche que avr 
entendido mi lengua castellana, la qual 
de las vulgares , se tiene por la mejor de 
todas; y lo que oviere en este volumen 
que con ella no consuene , sern nombres 
palabras por mi voluntad puestas , pa- 
ra dar entender las cosas que por ellas 
quieren los indios significar. 

En todo recompense Vuestra Magestad 
con mi desseo las faltas de la pluma : pues 
dixo Plinio de la suya en el proliemio de 
la Natural historia , que es cosa difcil ha- 
fer las cosas viejas nuevas, alas nue- 
vas dar auctoridad, y alas que salen de 
lo acostumbrado , dar resplandor, las 
obscuras, luz; y alas enojosas, gracia; 
las dudosas , f. Bas'.a que yo he dessea- 
do y desseo servir Vuestra Cesrea Ma- 
gestad y contentar quien viere mi obra; 
y si no lo he sabido hager , loarse debe 
mi intencin. Contntese el lelor con 
que lo que yo he visto y experimentado 
con muchos peligros, lo goza l y sabe 
sin ninguno; y que lo puedo leer, sin que 
padezca t;;nta hambre y sed, calor, 
fri, con otros innumerables trabajos, 
desde su patria , sin aventurarse las tor- 
menlas de la mar, ni las dcsveniuras 
que por ac se padesyen en la tieira ; sino 
que para su passatiempo y descanso haya 
yo nasyido, y )eregrinaudo visto estas 



c 



IlISTOUIA (IINKRAL V .XATIRAL 



obras d natura ( mejor diriondo , del 
maestro de la naliira); las qiiaies he es- 
cripto en veinte libros que contiene esta 
primera parle volumen: y en los qne 
iiay en la segunda y terrera [)artes, en 
que al presente estoy ocupado, las (}ua- 
les trac taran de las cosas de la Tierra- 
Firme. 

Verdad es que el ltimo libro, que ago- 
ra se pone ajui por el nmero vcynte, 
se passar despus en fin de la tercera 
parte , porque es de calidad que sirve 
todas tres; el qual se llama De los infor- 
tinoa ij luwfraijios , de casos acaesridos en 
las mares deslas Indias. Todos estos li- 
bros estn divididos, segund el gnero 
calidad de las materias por donde discur- 
ren ; las quales no he sacado de dos mili 
millares de volmines que haya leydo, 
como en el lugar suso alegado Plinio es- 
cribe , en lo qual parcsfe que l dixo lo 
i{ue ley; algunas cosas dife l que 
acresfcnt , que los antiguos no las en- 
tendieron, despus la vida las fall; 
pero yo acumul todo lo que aqui escri- 
bo de dos mili millones de trabajos y nes- 
(.essidades peligros en veynte dos aos 
mas que ha que veo y experimento por 
mi persona estas cosas, sirviendo Dios 
mi rey en estas Indias, y avien- 
do ocho ve^es pasado el grande mar 
Ocano. 

Mas porque en alguna manera yo en- 
tiendo seguir, ymitar al mismo Pnio, 
no en defir lo que l dixo (puesto que 
en algunos lugares sean alegadas sus auc- 
toridades, como cosa deste jaez universal 
de historia natural) ; pero en el distinguir 
de mis libros y gneros dellos , como l 
lo fizo, confesar lo que l aprueba en 
su introducion; donde dife, que es cosa 
de nimo vicioso y de ingenio infelifo, 
(juerer mas ayna ser tomado con el hur- 
to (jue volver lo que le fue prestado, 
mxime avindose capital de la usura; 
pues por no incurrir en tal crimen, ni 



desconocer al Plinio lo que es suyo quan- 
to la invencin y ttulo del libro) yo le 
sigo en este caso. 

Una cosa lerna mi obra apartada del 
estilo de Plinio , y ser relatar alguna 
parte de la conquista destas Indias, 
dar razoQ de su descubrimiento prime- 
ro, de otras cosas, que aunque sean 
fuera de la natural historia , sern muy 
nescessarias ella , para saber el prin- 
cipio fundamento de todo, y aun para 
que mejor se entienda por donde los Ca- 
thlicos Reyes, don Fernando y doa Isa- 
bel, abuelos de Vuestra Cesrea Magos- 
iad, se movieron mandar buscar es- 
tas tierras ( mejor diciendo los movi 
Dios). 

Todo esto y lo que tocare particula- 
res relaciones yr distincto puesto en 
su lugar conveniente, mediante lagragia 
del Espritu Sancto su divino auxilio, 
con protestacin expressa que todo lo que 
en esta escriptura oviere , sea debaxo de 
la correpdon y enmienda de nuestra sne- 
la madre Iglesia apostlica de Roma , cu- 
ya migaja y mnimo siervo soy; y en cu- 
ya obediencia protesto vivir y morir. Pero 
porque todos los celosos del honor y ver- 
genza pro[)ia temieron la murmuracin 
de los detratores , y no solamente Plinio 
'que u tan famoso auctor) , mas tantos 
que no se pueden contar , y tambin el 
Sancto rey David temia desto, quando 
rogaba Dios que le librasse de la lengua 
dolosa, con mas justa razn debo yo te- 
mer lo mismo ; pues los muertos y los au- 
sentes no pueden responder por s. Y co- 
mo Plinio aleg aquel dicho de Plancho, 
quando dixo que los muertos no comba- 
ten contienden, sino con las mscaras, 
quiero yo , domas desso , degir los que 
desde Europa , Assia , frica me re- 
prendieren, que adviertan que no esto en 
ninguna dessas tres partes (segund se pue- 
de sospechar de lo que est visto y des- 
cubierto de la mar austral y la vuelta que 



DE INDIAS. LIB. I. 



va dando por ella la tierra hacia el norte 
cabo del Labrador) ; pues los letores 
me han de escuchar desde tan lexos , no 
me juzguen sin ver esta tierra, donde es- 
toy y de quien tracto ; y que les baste que 
desde ella escribo en tiempo de innume- 
rables testigos de vista , y que se dirigen 
mis libros Vuestra Cesrea Magostad, 
cuyo es aqueste imperio , y que se escri- 
ben por su mandado , y que me d de 
comer por suchronista destas materias , y 
que no he de ser de tan poco entendi- 
miento que ante tan altssima y Cesrea 
Magestad ose degir el contrario de la ver- 
dad , para que pierda su gracia y mi ho- 
nor ; y que dems desso , no son cosas las 
que aqui se traclan para ambiciosos ho- 
nores de particul^es personas , con pa- 
labras ficiones aplicadas por esperanza 
de ser gratificado de ninguno de los mor- 
tales ; antes conformndome con aquella 
verdadera sentencia del sabio que dige: 
que la boca que miente , mata el nima, 
espero en Dios que guardar la mia de 
tal peligro , que , como ilel oscriptor, 
ser del remunerado por la amplssima 
liberalidad de su clemencia real mando 
de Vuestra Cesrea Magestad , cuya glo- 
riosa persona largos tiempos nuestro Se- 
or favorezca dexe gozar de la total 
raonarchia , como vuestro excelso cora- 
zn lo dessea vuestros leales y verda- 
deros subditos desseamos , toda la uni- 
versal repblica chripstiana ha menester, 
ame7i. 

Pues entre todos los prncipes que en 
el mundo se llaman fieles y chripstianos, 
solo Vuestra Cesrea Magestad al presen- 
te sostiene la cathlica religin d Iglesia 
de Dios , la ampara contra la innumera- 
ble malvada seta grandssima poten- 
cia de Mahoma; poniendo en exilio su 
principal cabera y Gran Turco, con tan- 
ta efusin de sangre turquesca , y con tan 
sealadas victorias en la mar y en la tier- 
ra , como en los aos passados de mili 



quinientos y treinta dos , y de treinta 
tres aos se vido ; estando callando otros 
reyes chripstianos', esperando en (pi pa- 
raran vuestros subfcsos; dio nuestro 
misericordioso y justo Dios tal evento 6 
salida tan inmortal triumpho, que en 
quanto oviere hombres jamas ser olvi- 
dado ; y assi ser en la celestial vida 
acepto y remunerado que Vuestra Ces- 
rea Magestad sea glorificado con los bien- 
aventurados rey Ricaredo, primero de 
tal nombro, y su hermano sanct Ilemer- 
gildo, mrtyr, de los quales tan larga 
dependencia y origen trae vuestra real 
prosapia silla de Espaa; y de quien 
hablando el Burgensis dife que entrando 
en Espaa sessenta mili franceses, envi 
desde Toledo el rey Ricaredo Claudio, 
su capitn general , y los venci , mat 
prendi la mayor parte dellos": y por 
tanto dixo : Nulla unquam in hispaniis vic- 
toria viator vel similis invenitur. Lo mismo 
escribe el argobispo don Rodrigo , quien 
en esto sigui el Burgensis, y mejor lo 
pudieran degir estos excelentes varones, 
si vieran lo que obraron vuestros capita- 
nes y vasallos el ao de mili quinientos 
veinte cinco aos contra el rey Fran- 
cisco su caballera poder de Francia 
en la prisin de su persona , de los mas 
mas principales de sus reynos y Esta- 
dos en el cerco de Pavia, si vie- 
ran lo que se espera que ha de obrar 
Dios en vuestra buena ventura invicto 
nombre. 

Todo esto se quede para vuestros ele- 
gantes chronistas que all estn y gozan 
de verlo, y ellos lo escriban: que ac en 
estos tan apartados reynos, aunque los 
que amamos vuestro real servicio no vea- 
mos lo que es dicho de estas grandes vic- 
torias de Vuestra Cesrea Magestad, tan- 
ta i)arte deste plagcr rescibimos, como le 
han de tener los (pie aman su. prnci- 
pe, segn deben como leales subditos y 
chripstianos; porque en la verdad no creo 



8 HISTORIA GKM'RAl, V .NATURAL 

que se pueden (lo(;ir laU-s, los (jue dexa- Persona vida; pues en ella consisten las 
ren de dar continuas gracias Dios por nuestras, todo el bien de lacliripstiana 
el acrcsrontamiento de vuestra Cesrea religin. 



Comienza el segundo libro de la General y natural historia de las Indias. 



PROHEMIO. 



ara que mas ordenadamente esta 
grande, natural, general historia de 
las Indias se entienda, conviene hager 
distincin de mis libros ; y en el prohe- 
mio principio de cada uno dcllos en- 
tiendo dar particular sumaria relacin 
de las materias que se han de tractar y 
escrebir en cada uno , lo menos de lo 
mas substancial. E assi digo que en este 
segundo se seguir la historia en conti- 
nuacin del primero precedente libro 
prohemio;- diciendo el motivo inten- 
cin con que yo prosigo , cumpliendo lo 
que por la Cesrea Magostad me est 
mandado. E junto con esto dir en qu 
manera sigo , mejor diciendo quiero 
desseo imitar al Plinio , tocar breve- 
mente las opiniones que hay sobre 
quien l enderez su Natural Historia. E 
assi mismo dir la opinin que yo tengo 
cerca de averse sabido estas islas por 
los antiguos, ser las Ilesprides: 
probarlo con historiales auctoridades 
de mucho crdito. E dir quien fu don 
Chripstbal Colom, primero descubridor 
almirante destas Indias , por qu via 
forma se movi al descubrimiento dellas: 
y en qu tiempo fueron halladas por l, 
y lo que le acaesci en el primero se- 
gundo viajes que hizo estas parles lo 
que descubri en ellas de cada viaje, 
de la donacin ttulo apostlico quel 

Summo Pontfice hizo destas Indias los 
TOMO I. 



Reyes Cathlicos, don Fernando doa 
Isabel sus subcessores en los reynos 
de Castilla y de Len (no obstante que 
antiqussimamente fueron de Espaa se- 
gn mi opinin). E dir quin fueron al- 
gunos caballeros hidalgos que primero 
se hallaron en la conquista pacificacin 
desta Isla Espaola, de los trabajos que 
los chripstianos passaron en ella , en tan- 
to que el almirante fu descobrir la isla 
de Jamyca ; y del origen de la enferme- 
dad de las bas , de quatro cosas muy 
notables que acaescieron el ao de mili 
quatrocientos noventa dos aos que 
estas Indias se descubrieron; la orden 
del camino navegacin que so hace 
desde Espaa estas partes , y del cres- 
Cer menguar de la mar su fluxo 
refluxo , del nordestear noruestear de 
las agujas de navegar, otras particula- 
ridades convenientes al discurso de la 
historia, como mas largamente consta de 
los siguientes captulos. Y porque dixe 
en el primero libro que he passado el 
mar Ocano ocho veces, las siete fue- 
ron antes que esta octava vinicsse, pre- 
sentar este tractado nuestro gran C- 
sar , como lo he hecho ; placiendo 
nuestro seor, la novena ser volvindo- 
me Dios mi casa sei'vir Sus Magos- 
tados escrebir en limpio la segunda 
tercera partes destas historias. 



10 



IIISTOniA liE.NEIlAL Y iNATURAL 



CAPni LO I. 

De las opiuioiics qiio liay cerca de quiii diriyiu Piiio .su libro de la Natural Historia: tambin relaUndo 
en parle sumariamcnle las malcrias, de iiiie se iracta en eslc libro segundo. 



l/scribi Pliiiio treinta o siete libros en su 
Natural Historia yo en aquesta mi obra 
c primera parte della veynte, en los qua- 
les como be diclio en todocjnanto le pu- 
diere imitar, entiendo facerlo. El primero 
dlos suyos fu elproliemio, eudere^'an- 
do lo que escribi Tito , em[)erador, 
aunijue otros tienen que Domieiano, 
y no falla quien diga que Vespasiano. 
Yo no tengo nesgessidad desso , pues no 
escribo de auctoridad de algn bistoria- 
dor poeta, sino como testigo de vista 
en la mayor parte de quanto aqui tracta- 
r ; y lo que yo no oviere visto , dii'lo 
por relacin de personas fidedignas, no 
dando en cosa alguna crdito un solo 
testigo, sino muchos, en aquellas cosas 
que por mi persona no oviere experimen- 
tado. Y dirlas de la manera que las en- 
tend y de quin, porque tengo gdulas 
y mandamientos de la Cesrea Mages- 
tad , para que todos sus gobernadores 
justicias, oficiales de todas las Indias 
me den aviso relacin verdadera de 
todo lo que fuere digno de historia por 
testimonios autnticos, firmados de sus 
nombres signados de escribanos p- 
blicos, de manera que hagan f. Por- 
que como gelosos prncipes de la verdad 
tan amigos della , quieren que esta His- 
toria Natural General de sus Indias se 
escriba muy al proprio. Porque como dige 
Plinio (lib. V. cap. lE), aunque paresge 
claro el camino via de se poder enten- 
der la verdad, es difcil, porque los hom- 
bres diligentes se cansan o enojan de in- 
vosligar lo gierto; por no i)ares(;er igno- 
rantes, no se avergenzan de mentir. Y 
es gran peligro transcorrer en mucho 
crdito, (piando quien es auctor de lo fal- 



so es hombre grave de auctoridad. Por 
cierto yo veo cosas escriptas desde Es- 
paa destas Indias que me maravillo de 
lo que osaron los auctores degir dellos, 
arrimados sus elegantes estilos, seyen- 
do tan desviados de la verdad como el 
cielo de la tierra; y quedan disculpado 
con degir: assi lo o, aun([ue no lo vi, 
entendlo de personas que lo vieron 
dieron entender; de manera que se 
oso escrebir al Papa los reyes 
prncipes extraos. 

Pero lo que yo aqui dir , no quiero 
contarlo los que no me conosgen , ni 
los que viven fuera de Espaa; por tan- 
to, dico CIJO opera mcaregi, como quien 
la relata su Rey proprio ante tan al- 
ta Magostad. Pues Plinio cont su pro- 
liemio por primero libro, sea assi mi in- 
troducion pregedente en quien comien- 
gen los mios, aqueste llamemos el se- 
gundo. 

Dixe que Plinio endereg su Natural 
Historia Tito, emperador, podr pares- 
ger algunos queme contradigo, porque 
en aquella sumaria relacin de cosas de 
Indias que escreb en Toledo el ao de 
mili quinientos veynte ginco , dix 
que lo quel Plinio escribi de semejantes 
materias lo dirigi Domieiano, empera- 
dor (y de tal opinin soy). Y para satis- 
fager los que desta inadvertencia qui- 
sieren culparme, porque mi paresger no 
lo es , digo que yo oy sobre la misma 
quislion al Pontano en peles, ao de 
mili y quinientos, el qual en aquella 
sagon era tenido por uno de los littera- 
tssimos y doctos hombres de Italia, y 
este tenia que Plinio escribi Domieia- 
no no su hermano Tito, y para ello 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. I. 



11 



daba suficientes razones. Pero dems de 
lo que algunos historiales escriben, es 
de otro paresf er el Antonio de Florencia, 
el qual alega que Vine, in Spccu. hist. 
(lib. XI, cap. LXVII,) hablando en Pu- 
ni y su General Natural Historia, dige 
assi: Hicscripsil de historia naturali libros 
XXXVll, quos Vespasiano cum epistola 
pra;inissa direxit. Por manera que esta es 
otra tercera opinin , conforme la cual 
Plinio dirigi sus libros al emperador 
Vespasiano, no ninguno de sus hijos. 
Dexemos aquesto, tornemos nuestro 
principal intento propsito. 

Digo quel segundo libro de Plinio 
tracta de los elementos y estrellas, 
planetas y eclipses, y del dia y de la no- 
che , de la geometra del mundo sus 
medidas , de los vientos , truenos , 
rayos; de los quatro tiempos del ao; 
y de prodigios portentos ; y dnde y 
cmo se conjolan la nieve y el granizo; 
y de la natura de la tierra 6 de su forma; 
y qual parte della es habitada. (Aunque 
en lo que dice de ser inhabitable la tr- 
rida zona lnea equinocial , l se en- 
ga tambin como los que tal escribie- 
ron : pues que es muy habitada , por lo 
que hoy vemos en la Tierra-Firme dcstas 
Indias ; aun Avi(^ena assi lo crey , 
dio razn para ello , no sinti otra cosa 
en contra como natural philsopho 
cierto, mas que todos los que en este ca- 
so han escrito dicho otra cosa). Y tam- 
bin hizo mencin de los terremotos y 
en qu tierra no llueve , y dnde conti- 
nuamente tiembla la tierra , como cres- 
Ce mengua la mar, relata algunos 
miraglos de fuego. 

De aquestas cosas otras muchas que 
l dige, las que oviere semejantes ellas 
en esta historia de Indias se dir en las 
provingias tierras, donde oviere algo 
que notar de tales materias , por tanto 
no las expressar en este mi segundo li- 
bro. Mas notificar en l la persona y ser 



de donChripstbal Colom, primero inven- 
tor descubridor almirante destas In- 
dias ; dir de su origen , y del primero, 
segundo, tercero quarto viajes que hi- 
zo estas partes; por lo qual aviendo 
respecto sus grandes servigios, los Ca- 
thlicos Reyes, don Fernando doa Isa- 
bel, que ganaron los reynos de Granada 
aples, irc, le higieron merced del 
Estado ttulo de almirante perpetuo de 
sus Indias , despus del sus subgesso- 
res, le fueron dadas las armas reales de 
Castilla y de Len , otras mezcladas con 
ellas con las qul se tenia de su linage, 
en cierta forma como adelante se dir. 
E fue hecho noble con ttulo de don para 
l sus desgendientes. Y tambin se di- 
r de qu forma se ovo en el descubri- 
miento que hizo en parte de la Tierra-Fir- 
me, la qual creo que no es menor que 
todas tres juntas, Assia, frica, luropa, 
por lo que la cosmographia moderna nos 
ensea. Pues en lo que se sabe hay de 
tierra continuada desde el estrecho que 
descubri el capitn Fernando de Maga- 
llanes, que est dla otra parte dla l- 
nea equinogial la banda del polo antar- 
tico, hasta el fin dla tierra que se sabe, 
la qual llaman del Labrador, que est la 
parte de nuestro polo rtico septen- 
trin , andando lo que es dicho costa 
costa, son mas do cinco mil leguas de 
tierra continuada; lo qual paresger al 
letor cosa impossible , aviendo respecto 
lo que boja tiene de circunferengia to- 
do el orbe. 

Pero no es de maravillar, viendo la fi- 
gura que la Tierra-Firme tiene ; porque 
est enarcada de seniejanga de un seue- 
lo de cagador, como una herradura de 
un caballo: considerando la parte 
forma en que est assentadaesta otra mi- 
tad del mundo , entender muy bien cual- 
quiera mediocre cosmgrapho que es muy 
posible ser tan grande, como he dicho, la 
Tierra-Firme. F]n algunas cosas dlas quo 



12 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



en esta primera parte yo escribo, no ser 
largo, por sor notorias. Y tainbiMi dir 
algunas opiiioties (jii(> hoy viven rovvn 
de aqueste descubrimiento, de donde 
ovo noticia destas tierras este primero 
descubridor deilas , estando tan iacnitas 
apartadas de todo lo que Tiiolomeo 
otros cosmgraphos escribieron. Pero no 
dar en este caso mas crdito (ni tanto) 
lo que el vulgo algunos quisieron afir- 
mar; porfiando que desta tierra mares 
otro fue descubridor primero , como lo 
que la misma obra y el^ efecto del dicho 
almirante consintieren. Porque en la ver- 
dad , aunque otra cosa se pudiesse presu- 



mir de los contrarios indicios fbulasv 
para estorbar el loor de don Chripstbal 
(jolom, no deben ser creydos. Suya es 
esta gloria , y solo Colom , despus de 
Dios, la deben los reyes de Espaa passa- 
dos cathlicos, los presentes y por 
venir. Y no solamente toda la nas(;ion d- 
los seoros todos de Sus Magestades; 
mas aun los reynos extraos , por la gran- 
de utilidad que en todo el mundo ha re- 
dundado destas Indias, con los innumera- 
bles tesoros que de ellas se han llevado 
cada dia se llevan , se llevarn en 
tanto que haya hombres. 



CAPITULO II. 

Del orig'en persona del almirane primero dlas Indias, llamado Chripslbal Colom , por qu via 
manera se movi al descubrimiento deilas , segund la opinin del vulgo. 



iluieren algunos defir que esta tierra 
se supo primero grandes tiempos ha, y 
que estaba escrito notado donde es , y 
en qu paralelos; que se avia perdido 
dla memoria dlos hombres la navega- 
cin cosmographia destas partes , y que 
Chripstbal Colom , como hombre leydo 
docto en esta sgiengia , se aventur des- 
cobrir estas islas. E aun yo no esto fuera 
desta sospecha , ni lo dexo de creer, por 
lo que se dir adelante en el siguiente 
captulo. Mas porque es bien que hom- 
bre, que tanto se le debe, pongamos por 
principio fundador de cosa tan grande 
como esta , quien l dio comiengo in- 
dustria para todos los que viven y des- 
pus del nos vinieren; digo que Chripst- 
bal Colom , segn yo he sabido de hom- 
bres de su nasf ion , fue natural dla pro- 
vingia de Liguria, que es en Italia, en la 
qual cae la cibdad seora de Genova: 
unos difen que de Saona, otros que de 
un pequeo lugar villaje, dicho Nervi, 
que es la parte del levante y en la costa 



de la mar , dos leguas dla misma cib- 
dad de Genova; y por mas cierto se tie- 
ne que fue natural de un lugar dicho Cu- 
gureo , gerca dla misma cibdad de Ge- 
nova. Hombre de honestos parientes 
vida, de buena estatura aspecto, mas 
alto que mediano , de regios miembros^ 
los ojos vivos las otras partes del ros- 
tro de buena proporcin : el cabello muy 
bermejo , la cara algo encendida pe- 
coso: bien hablado, cauto do gran in- 
genio , gentil latino, doctssimo cos- 
mgrapho; gracioso, quando queria; ira- 
cundo , quando se enojaba. El origen de 
sus predesgossores es de la cibdad de Pla- 
gencia en la Lombardia , la qual est en 
la ribera del rio P , del antiguo noble 
linaje de Pelestrel. Viviendo Dominico 
Colom, su padre, este su hijo, seyendo 
mancebo bien doctrinado , ya salido 
de la edad adolescente, se parti de aque- 
lla su patria, pass en Levante, an- 
duvo mucha parte lo mas del mar Me- 
diterrneo, donde aprendi la navega- 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. II. 



iZ 



cion y exercigio della por experiencia; 
despus que algunos viajes fizo en aque- 
llas partes, como su nimo era para mas 
extendidas mares altos pensamientos, 
quiso ver el grandssimo mar Ocano, 
fuesse en Portugal. E all vivi algn 
tiempo en la cibdad de Lisbona, desdo 
la qual de donde quiera que estuvo 
siempre, como hijo grato, socorra su 
padre viejo con parte del fructo de sus 
sudores; viviendo en una vida assaz limi- 
tada, no con tantos bienes de fortuna 
que pudiesse estar sin assaz nesfessidad. 
Quieren de^ir algunos que una carave- 
la que desde Espaa passaba para Ingla- 
terra cargada de mercadurias bastimen- 
tos, assi como vinos otras cosas que 
para aquella isla se suelen cargar (de que 
ella caresge tiene falta), acaesfi que 
le sobrevinieron tales tan forzosos tiem- 
pos tan contrarios, que ovo denes^es- 
sidad de correr al poniente tantos dias, 
que reconosgi una mas dlas islas des- 
tas partes Indias ; sali en tierra, vi- 
do gente desnuda dla manera que ac la 
hay , y que cessados los vientos ( que con- 
tra su voluntad ac le truxeron ) , tom 
agua y lea para volver su primero ca- 
mino. Digen mas: que la mayor parte 
de la carga que este navio traa eran bas- 
timentos cosas de comer, vinos; y 
que assi tuvieron con qu se sostener en 
tan largo viaje trabajo ; que despus 
le hizo tiempo su propsito y torn 
dar la vuelta , tan favorable navegacin 
le subgedi, que volvi Europa, fue 
Portugal. Pero como el viaje fuesse tan 
largo y enojoso , y en especial los que 
con tanto temor peligro forjados le hi- 
cieron , por presta que fuesse su navega- 



cin , les turara quatro ginco meses 
( por ventura mas ) en venir ac vol- 
ver donde he dicho. Y en este tiempo 
se muri quasi toda la gente del navio, 
no salieron en Portugal sino el piloto, con 
tres quatro alguno mas de los mari- 
neros , todos ellos tan dolientes, que en 
breves dias despus de llegados, mu- 
rieron. 

Dcese junto con esto que este piloto 
era muy ntimo amigo de Chripstbal Co- 
lom , y que entenda alguna cosa de las 
alturas , y marc aquella tierra que hall 
de la forma que es dicho, y en mucho se- 
creto dio parte dello Colom , le rog 
que le fifiesse una carta y assentase en 
ella aquella tierra que haba visto. Dgese 
que l le recogi en su casa, como ami- 
go , y le hizo curar , porque tambin ve- 
na muy enfermo ; pero que tambin se 
muri como los otros , que assi qued 
informado Colom de la tierra navega- 
cin destas partes , y en l solo se resu- 
mi este secreto. Unos digen que este 
maestre piloto era andaluz ; otros le ha- 
cen portugus ; otros vizcano ; otros di- 
fen quel Colom estaba entonces en la isla 
de la Madera , otros quieren defir que 
en las de Cabo Verde , y que all aport 
la caravela que he dicho , y l ovo por 
esta forma notigia desta tierra. Que esto 
passase assi no, ninguno con verdad lo 
puede afirmar ; pero aquesta novela assi 
anda por el mundo entre la vulgar gente 
de la manera que es dicho. Para m yo lo 
tengo por falso, como dige el Augusti- 
no : Melius esl dubilare de ocultis , qiiam 
litigare de incertis. Mejor es dubdaren lo 
que no sabemos , que porfiar lo que no 
est determinado. 



14 



HISTORIA GENERAL V NATURAL 



CAPULLO IIL 

Eli que se Irada dola opinin que cl auelor coronistadesla Natural General Historia de laa India!: tiene 
I/orea de avcrsc sabido y eseriplo por los antiguos, dnde son eslas Indias , cmo v con qnicii lo irucba. 



JCiii fl precedente captulo so dixo l;i 
opinin que el vulgo tiene^crca del des- 
cubrimiento doslas Indias : agora quiero 
yo decir lo que tengo creydo desto , 
cmo mi paresfer Cliripstbal Colom se 
movi, como sabio docto osado varn, 
emprender una cosa camo esta, deque 
tanta memoria dex los presentes ve- 
nideros; porque conosf i , y es verdad, 
(fue estas tierras estaban olvidadas. Pero 
lialllas escripias, para m no dudo 
averse sabido posseydo antiguamente 
por los reyes de Espaa. E quiero decir 
lo que en este caso escribi Arisltilcs, 
el qual dige que despus de avcr salido 
por el estrecho de Gibraltar lifia el mar 
Atlntico , se dif e que se hall por los car- 
taginenses, mercaderes, una grande isla 
que nunca avia seydo descubierta ni habi- 
tada de nadie , sino de fieras otras bes- 
tias ; por lo qual ella estaba toda silves- 
tre y llena de grandes rboles rios ma- 
lavillosos muy aparejados para navegar 
por ellos , muy frtil abundosa en todas 
las cosas que se pueden plantar nasfer, 
nasfidas, cresger engrande ubertad; 
pero muy remota apartada de la tier- 
ra firme de frica y por muchos dias de 
navegacin. A la qual, como Ilegassen al- 
gunos mercaderes de Gartago , como por 
ventura movidos de la fertilidad de la 
tierra por la clemencia del ayro, co- 
mencaron all poblar assentar sus si- 
llas , pueblos lugares. Por lo qual mo- 
vidos los cartaginenses su Senado, man- 
(daron pregonar s pena de muerte , que 
ninguno de ahy adelante aquella tierra 
ossase navegar ; que los que avian 
ydo ella los matassen , por razn que 
era tanta la fama de aquella isla tierra, 



(jue si esta passasse otras nasgiones que 
la sojuzgassen otro de mas imperio 
que los cartaginenses , rebelaban que les 
seria muy gran contrario inconveniente 
contra ellos contra su libertad. 

Todo esto que es dicho, pone en su re- 
pertorio fraterTeophilus deFerrariis, Cre- 
monensis, Vil(e regiilan's sacri ordinis pre- 
dicatoruin, siguiendo lo que escribi el 
Aristtiles : De admirandis in natura au- 
dlis. Esta es gentil auctoridad para sos- 
pechar que esta isla que Aristtiles dife 
podra ser una destas que hay en nuestras 
Indias, assi como esta Isla Espaola, o 
la de Cuba; por ventura parte de la 
Tierra-Firme. Esto que es dicho no es tan 
antiguo como lo que agora dir; porque 
segund la cuenta de Ensebio , e los tiem- 
pos, tres(?ientos cincuenta nanos antes 
del advenimiento de Clirispto , nuestro re- 
domplor, fueron Alexandre Aristtiles . 
Pero en la verdad, segund las historias nos 
amonestan dan lugar que sospechemos 
otro mayor origen de aquestas partes ; yo 
tengo estas Indias por aquellas famosas 
islas Hespridos (assi llamadas del duod- 
cimo rey de Espaa, dicho Hspero). Y pa- 
ra que aquesto se entienda ruebe con 
bastantes auctoridades, es de saber que la 
costumbre dolos ttulos nombres que los 
antiguos daban los roynos provinfias, 
procedieron despus de la divisin dlas 
lenguas la fundacin de la torre do Ba- 
bilonia; porque entonaos todas las gen- 
tes vivan juntas, all fueron divididas 
se apartaron con diferentes lenguajes 
capitanes, prosupuesto como es verdad, 
que todas las gentes se desparcj-ioron 
sembraron sobro la tierra como la Sacra 
Escriptura nos lo acuerda en el lugar de 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. III. 



II 



susso alegado. Di^e Isidoro (i'/i/m.lib. IX, 
cap. II): que los assirios ovieron nombro 
de Assur, los de Lidia de Lido; los he- 
breos de Heber ; los ismaelitas de Ismael: 
de Moab deseendiorou los moabitas; de 
Amon los amonitas ; de Canaam los ca- 
naneos; de Sbalos sbeos; deSidoalos 
sidonios ; de Jebus los jebuseos ; de Co- 
mer los gaalatas y galos ; de Tiras los tra- 
ces; del rey Perseo los persas; los cal- 
deos de Caseth, hijo de Nacor, hermano 
de Abraham; los fenicesde Fnix, herma- 
no de Cadmo ; los egipcios de Egipto, su 
rey ; los armenios se dixeron assi de Ar- 
menio su rey , que fu uno de los com- 
paeros de Jason; los troyanos de Troo, 
su rey ; los sicionios de Sicion, su rey; los 
archadios de Archadio su rey , hijo de J- 
piter; los argivos do Argo; los macedo- 
nios de Emacion, su rey; los do Epiro do 
Pirro su rey , hijo de Achiles ; los lacede- 
monios de l.acedemon, hijo de Jpiter; 
los alexandrinos de Alexandre Magno, su 
rey, que edific aquella cibdad de Ale- 
xandria ; los romanos de Romulo su rey, 
que edifico la cibdad de liorna : assi 
este propsito se podran decir otros 
muchos que el mismo Isidoro trae 
conseqengia en el lugar de susso ale- 
gado. 

Esta costumbre qued desde los pri- 
meros capitanes caudillos que, como 
dixe de susso, se apartaron en diversas 
lenguas desde la tierra de Senaar, que es 
adonde se edificaba aquella torre de Ba- 
bilonia. Pues conforme esto sabemos 
por Beroso ', que Hibero, segundo rey 



de Espaa, hijo de Tubal , dio nombre al 
rio Ilebro, donde las gentes de aquella 
ribera se dixeron hiberos; segn el 
mismo Beroso dige, Bi'igo fu el quarto 
rey de Espaa, del qual so dixeron los 
brigos; crese que corrupto el vocablo 
poniendo por b ph se dixeron phri- 
gios los del reyno de Frigia, que despus 
se llamaron troyanos de Troo, su rey : de 
lo qual se colige aver vido su primero 
origen los troyanos de los brigios hispa- 
nos. Porque di^'e Plinio (lib.V, c. XXXIII) 
que hay auctores que escriben que de Eu- 
ropa fueron los brigos, de quien fueron 
nombrados los phrigios ; pues luego bien 
se diga de susso que los de Frigia tro- 
yanos ovieron de Espaa su fundamento 
principio. 

Tornando nuestro discurso, segundel 
mismo Beroso, digo que Hspalo fu no- 
veno rey de Espaa , y este dio nombre 
al rio Hispalis , Sevilla, que es la mis- 
ma Hispalis, los moradores de su ribe- 
ra se dixeron hspalos , que fueron gen- 
tes venidas de Scithia ; los qualcs truxo 
consigo Hrcoles, como lo dife el arzo- 
bispo don Rodrigo. El qual Ilispalo se 
cree ser hijo del dicho Hrcoles Libio (no 
del fuerte thebano que nasQi quasi se- 
tecientos aos despus). Al qual Ilispalo 
subgedi Hispan, de quien so dixo Espa- 
a. Y este Hispan fu nieto de Hrcoles Li- 
bio susso dicho , que fu , segn Beroso 
dif e, antes que Troya se edificasse dos- 
cientos veynte tres aos, mili seto- 
cientos diez antes quel Salvador del 
mundo viniesse. Y assi como deste tom 



i Cuanto refiere Oviedo en este caplulo rela- 
tivo cosas de Espaa en tiempos tan remotos, de- 
be tenerse por fabuloso , especialmente lo que funda 
y apoya ea la autoridad de Beroso, de cuyo libro di- 
ce Mariana {Hist. Gen. cleEsp., lib. I, c. 7) , que fue 
ocasin de hacer tropezar y errar muchos : libro 
(aade) compuesto de fbulas y mentiras... sin sa- 
ber bastantemente disimular el engao. Por esta cre- 
dulidad censur con mucha acritud cslc pasage de 
Oviedo don Hernando Ck)!om , aseg'urando que in- 



terpret mal el texto de Aristteles (Vida del Jim., 
c. IX). El cronista Antonio de Herrera en sus Dis- 
cursos {Disc. XV, pg-. 2G) impugn muy de pro- 
psito el sistema opinin que adopl Oviedo , y 
dice que este escribi desde la Espaola al Consejo 
de las Indias, ofreciendo enviar la prueba de que 
aquella isla habla sido poseda antiguamente por los 
reyes de Espaa ; que el Consejo conlcsl que hol- 
gara de ver la averiguacin que ofreca, y queja- 
ms pareci; y que despus lo toc en su Uisloria 



16 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



nombre Espaa, so creo qiic (anibion se 
ndiiilir de los otros nueve reyes primeros 
de sus nombres dellos.Assi que este fu el 
dcimo rey ih; Espaa. Cuenta el arfo- 
Lispo don Rodrigo que Mrceles susso di- 
cho truxo consigo Atblante , que fu 
cerca de los tiempos de Moysen. El qual 
Atlilanledife Beroso que no fu mauro, si- 
no italiano; y ({ue tenia un hermano llama- 
do Ilespei'o , segund (jue escribe Iliginio. 
Al (pial llrcoles Libio dex porsub^essor 
y heredero en Espaa; reyn, segund Be- 
roso dice, diez aos, porque el Atblante 
italiano lo ech del reyno, lu liizo yr 
Italia , como dige el dicho Higinio; por 
esto prueba l que Italia y Espaa se di- 
cen Hesperias desterey Hspero, y no de 
la estrella , como Ungen los griegos. 

Este rey Hspero quiere Beroso que co- 
mengase reynar en Espaa, subfediendo 
Hrcoles egipcio , antes que Troya fues- 
sc edihcada ciento setenta un aos, 
antes que Roma fuesse fundada seys- 
<,;ientos tres , que seria antes que nues- 
tro Redemptor fuesse vestido de nuestra 
carne humana mili seysfientos cin- 
cuenta ocho aos. Assi que por lo que 
tengo dicho queda probado que las pro- 
vincias reynos tomaron antiguamente 
los nombres de los prncipes seores 
(jue las fundaron conquistaron , po- 
blaron , heredaron cuyas fueron. Eassi 
como de Hispan se dixo Espaa , des- 
pus , mudado el nombre , de Hspero se 
llam Hesperia , assi de todos los dems 
se colige que las tierras, donde rey naron, 
lomaron los nombres de aquellos reyes 
que las posseyeron. vido aquesto por 
cierto presupuesto, volviendo lo que 
aqu hace nuestro caso , digo que de 
Hspero duodcimo, rey de Espaa como 
est dicho, se nombr Hesperia. Dice el 
Abulensis (lib. III, cap. LXXIX) sobre 



Ensebio De los tiempox , que fueron tres 
Alhlanles; uno de Archadia otro de 
Mauritania , que vulgarmente llamamos 
Marruecos , y que Hspero fue hermano 
deste segundo , y que ambos passaron en 
frica la parte de Occidente en tierra de 
Marruecos, que el uno dellos tuvo el 
cabo de frica contra Occidente , y que el 
otro tuvo las islas cercanas , que llaman 
las islas Fortunadas , los poetas las lla- 
man Ilesprides, nombradas de Hspero. 
Mas yo creo quel Tostado se enga en 
pensar que los poetas dicen Hespridos 
las Fortunadas de Canaria , ni tampoco 
los historiales ; porque dice Solino ( cap- 
tulo LXVni , De mirabilibiis mundi) estas 
palabras: Ullra GorrjadesJIesperkhim nsu- 
la} sunt, sicut Sebosus afirmal, dierum qua- 
draginla navigatione in ntimos maris sinus 
receserunl. Estas Gorgades, segn Tho- 
lomeo todos los verdaderos cosmgra- 
phos, son las que agora se llaman de 
Cabo Verde generalmente , y en particu- 
lar se dicen por los modernos isla de Ma- 
yo , Buena Vista, la de la Sal , la del Fue- 
go , isla Brava, etc. Pues si desde las 
Gorgades en navegacin de quarenta dias 
estn se hallan las Hespridos , no pue- 
den ser otras , ni las hay en el mundo, si- 
no las que estn al hueste poniente del 
dicho Cabo Verde , que son las de aques- 
tas nuestras Indias; las quales estn dere- 
chamente al Occidente de las Gorgades, y 
de nescessidad se han de hallar en los qua- 
renta dias de navegacin, en poco mas o 
menos tiempo , como Seboso dice ; assi 
Colom las hall en el segundo viaje que 
hico, volviendo estas partes , quando 
reconosci la isla Desseada , Mariga- 
hnte , las otras islas que estn en aquel 
paraje, como en su lugar se har particu- 
lar mencin. Y en lo que dice Seboso de 
quarenta dias de navegacin , est muy 



general, tratando no solo de la Espaola , sino de tuvo siempre llenera por vana, daosa y lisomje- 
todas las Indias Occidentales ; ])cro esta opinin la ra , como procur dcmoslrarlo en el citado Discurso. 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. III. 



V 



hicii medido considerado el camino, 
si agora acaesge navegarle algunas veges 
en menos tiempo , pudelo causar el ser 
mejores los navios, los hombres mas 
(xpertos diestros agora en el navegar 
que en aquella edad sagon que l lo 
dixo. 

La isla Desseada , que se d\o de suso 
est derecliamente al Occidente del Cabo 
Verde de las islas Gorgados, que Solino 
|)or Seboso testifica ; hay desde la isla de 
Sanctiago, que es una de las mas occiden- 
tales de Cabo Verde ( Gorgados) hasta la 
Desseada seysgientas leguas pocas mas o 
menos. Es de tanto crdito esto, que di- 
te Solino , que conformndose con l, 
quasi lo mesmo dife y escribe Plinio 
(lib. VI , cap. XXXI ) , aprobando la mis- 
ma opinin auctoridad ; pues dige que 
Estacio Seboso pone desde las Gorgades 
hasta las Hesprides navegacin de qua- 
renta dias, de lo qual se colige quel Tos- 
tado inconsideradamente dixo que los 
])oetas llaman Hesprides las islas For- 
tunadas ( si los poetas tal tienen, ellos 
se engaan como en otras cosas muchas); 
porque desde las Gorgades las Fortuna- 
das no hay sino doscientas leguas menos, 
lo qual no seria navegacin de quarenta 
dias , como los auctores de suso alega- 
dos difen. De manera que los poetas nj 
tuvieron por las Hesprides sino estas 
islas de nuestras Indias , quanto mas (|ue 
dige Isidoro (lib. XIV, cap. VI, Elhiin.): 
Hespcridum insulce vocuke chilate Hespe- 
ride, quce fiuntin finibus Maurilaiiue, sunl 
enim ultra Gorgades sitce sub Alhlanteum lil- 
tiis in intimis maris finibus, etc. No dis- 
crepa esta sentencia con lo que se toco de 
suso de Beroso , alegando Higinio, que 
Athiantc y Hspero fueron hermanos, no 
de .Mauritania , sino de Italia ; y deste 
Hspero se dixo Hesperia, Espaa, no 
de la estrella, y que Italia y Espaa deste 
rey se nombrassen Hesperias. 

E assi digo yo que, pues tuvieron 
TOMO I. 



Mauritania , que aquella cibdad quel Isi- 
doro dige ( llamada Hespride ) que dio 
nombre alas islas Hesprides (que fue si- 
tuada en el fin de Mauritania) , est claro 
que la fundara nombrarla assi el mis- 
rey Hspero , y que l daria tambin su 
nombre las dichas islas ; pues dige assi 
mesmo que las islas Hesprides son ultra 
Gorgades, en los fines de los ntimos 
mares, y en esto se concuerda con los 
auctores suso dichos con Selwso ; 
por tanto las mismas islas Hesprides son 
estas islas de l?s Indias de Espaa. 

tem; Ambrosio Calepino en su tractido 
de dictiones latinas griegas dige assi: 
Hesprides apcUatce sunt Hesperi, fratris 
Athiantis : las Hesprides son llamadas 
se nombraron assi de Hspero , hermano 
de Athlante. De forma quese entiende de 
tan verdaderas autnticas auctoridades 
que las Hesprides estn en navegicion de 
quarenta das al poniente de las Gorga- 
des islas de Cabo Verde , que son las 
mismas, como los auctores que he dicho 
quieren. E assi como Espaa Italia 
aquella cibdad, que se dixo en Mauritania, 
se nombraron Hespridas y Hespride de 
Hspero , rey duodcimo de Espaa , assi 
las islas que se dicen Hespridos , (jue 
sealan Seboso Solino , Plinio Isi- 
doro segund est dicho , se deben tener 
indubitadamente por estas Indias , 
aver seydo del seoro de Espaa desde el 
tiempo de Hspero , duodcimo rey della, 
que fue , segund Beroso escribe , mili 
seysgientos ginquenta ocho aos antes 
quel Salvador del mundo nasgiesse. Y por- 
que al presente corren de su gloriosa Na- 
tividad mili quinientos treynta ginco 
aos, sgnese que agora tres mili giento 
noventa tres aos Espaa su rey 
Hspero seoreaban estas islas Indias 
Hesprides ; assi con derecho lan anl- 
qussimo , por la forma que est dicha, 
por la que adelante se dir en la prose- 
cucin de los viajes del almirante Clirips- 



IS 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



tiihil (ioloiii , volvi Dios osle sefiorio 
Espaa cabo do tantos siglos. E paresfe 
i|iR', coiiio cosa que fue suya, quiere la di- 
\ ina jiistiria f[uo lo haya tornaflo sor 6 lo 
sea perpluaiuoulo, cu ventura dlos bien- 
aventurados Cathlicos Reyes, don Fer- 
nando doa Isabel , que ganaron Gra- 
nada e^ aples , etc. ; en cuyo tiempo 
poi' cuyo mandado descubri el almirante, 
don ChripstbalColom, este Nuevo Mundo 
parte tan grandssima del, olvidada en 
el universo: la qual despus, en tiempo 
de la Cesrea Magostad del emperador, 
nuestro seor, mas largamente se ha sa- 
bido descubierto, para mayor amplitud 



de su monarchia. Assi que, fundando mi 
inten(,'ion con los auctores que tengo ex- 
presados , todos ellos sealan estas 
nuestras Indias. E por tanto yo creo que 
conforme estas auctoridades ( por 
ventura otras que con ellas Colom po- 
dra saber), se puso en cuydado de bus- 
car lo que hall, como animoso experi- 
mentador de tan ciertos peligros lon- 
gussimo camino. Sea esta otra la ver- 
dad de su motivo : que por qualquier 
considera(;ion que el se moviese, em- 
prendi lo que otro ninguno hizo antes 
del en estas mares , si Jas auctoridades ya 
dichas no oviessen lugar. 



CAPITULO IV. 

Que (rada como Cliripslbal Colom Tiie el que moslr navegar los espaoles por las alturas del sol 
Hurle , c de cmo fu Porliigal otras partes buscar quien le ayudasse al descubrimiento desdas 
Indias, le favoreseiesse para ello , cmo ovicron noticia de su persona los Calblicos Reyes, don Fer- 
nando doa Isabel, por cuyo mandado hizo este descubrimiento. 



JliS opinin de muchos ( aun la razn 
lo ensea amonesta que se crea ) que 
Chripstbal Colom fue el primero que en 
Espaa ense navegar el amplssimo 
mar Ocano por las alturas de los grados 
de sol y norte. E lo puso por obra; por- 
que hasta l , aunque se leyesse en las 
escuelas tal arte, pocos ( mejor dicien- 
do ninguno) se atrevan lo experimen- 
tar en las mares ; porque es sf ienf ia que 
no se puede exeryitar enteramente, para 
la saber por experiencia y efecto , sino 
se usa en golphos muy grandes muy 
desviados do la tierra. E los marineros 
pilotos hombres de la mar hasta enton- 
ces arbitrariamente hafian su ofigio, se- 
gund el juicio del nauta piloto ; pero no 
j)untualmente ni con la razn que hoy se 
hace en estas mares, sino como en la 
mar Mediterrnea , y en las costas de Es- 
paa Flandes , y en toda Europa y fri- 
ca, restante del mundo, donde no se 
apartan mucho de la tierra. Mas para na- 
vegar en demanda de provincias tau 



apartadas, como estaslndias estn de Es- 
paa, servirse el piloto de la razn del 
quadrante, requirense mares de mucha 
longitud latitud, como aquestas que hay 
de aqui Europa la Especieria que 
tenemos al poniente de la Tierra-Firme 
destas Indias. 

Movido, pues, Colom con este desseo, 
como hombre que alcancaba el secreto 
de tal arte de navegar (quanto andar 
el camino) , como docto varn en tal 
sciencia,' por estar cc'tific'do de la 
cosa por aviso del piloto que primero se 
dixo quo le dio noticia desta oculta tier- 
ra en Portugal , en las islas que dixe 
(si aquello fu assi); por las auctorida- 
des que se tocaron en el captulo antes 
deste , en qualquier manera que su 
desseo le llamasse; trabaj por medio 
de Bartolom Colom, su hermano , con 
el rey Enrique ^11 de Inglaterra (pa- 
dre de Enrique YIII que hoy alli rey- 
na) que le favoreseiesse 6 armasse para 
descobrir estas mares occidentales; ofre- 



DE INDIAS. LIB I. CAP. IV. 



19 



cindose le dar muchos tesoros en 
acresQentaraiento de su corona y Esta- 
dos , de muy grandes seoros reynos 
nuevos. Informado el rey de sus con- 
sejeros , y de personas quien l come- 
li la examinacion desto ; burl de 
quanto Colom degia , tuvo por vanas 
sus palabras. El qual no desconfiado por 
esto , assi como vido que alli no era aco- 
gido su servigio , coment mover 
tractar la misma negociacin con el rey 
don'Juan, segundo de tal nombre en Por- 
tugal ; tampoco del , aunque ya 
era Colom casado en aquel reyno , se 
haba hecho natural vassallo de aquella 
tierra por su matrimonio. Pero por esso 
no se le dio mas crdito , ni el rey de 
Portugal quiso favoresger ni ^ayudar al 
dicho Colom para lo que degia. De ma- 
nera que determin de irse en Castilla; y 
llegado Sevilla, tuvo sus^ inteligencias 
con el ilustre y valeroso don Enrique de 
Guzman , duque de Medina-Sidonia ; y 
tampoco hall en l lo que buscaba. E 
movi despus el negocio mas larga- 
mente con el muy ilustre don Luis de la 
Cerda , primero duque de Medina Celi, 
el qual tambin tuvo por cosa fabulosa 
sus ofrecimientos, aunque quieren degir 
algunos que el duque de Medina Celi, ya 
queria venir en armar al dicho Colom en 
su villa del Puerto de Snela Maria , y 
que no le quisieron dar licencia el Rey 
Reyna Cathlicos para ello. Y por tanto, 
como no era tan alto seoro sino para 
cuyo es , fuesse Colom la corte de los 
serenssimos Cathlicos Reyes, don Fer- 
nando doa Isabel ; y alli anduvo un 
tiempo con mucha nesgessidad pobrera, 
sin ser entendido de los que le oan , pro- 
curando que le favoresgiessen aquellos 
bienaventurados reyes y le armasen al- 
gunas caravelas, con que en su real nom- 
bre descubriesse este Nuevo Mundo , 
partes incnitas del en acjuella safon. Y 
como esta empresa era cosa en que los 



que le escuchaban no lenian el concepto 
gusto, esperanza que solo Colom te- 
nia del buen fin de su desseo , no sola- 
mente se le daba poco , mas ningn cr- 
dito, y aun tenase por vano quanto de- 
gia. Y turle quasi siete aos esta im- 
portunacin, habiendo muchos ofresgi- 
mientos de grandes riquezas y Estados 
para la corona de Castilla. Pero como 
traa la capa rayda ( pobre), tenanle por 
fabuloso y soador de quanto degia ha- 
blaba ; assi por no ser conosfido y ex- 
tranjero y no tener quien le favores^iesse, 
como por ser tan grandes y no oydas las 
cosas que se proferia de dar acabadas. 
Ved si tuvo Dios cuydado de dar estas 
Indias cuyas son ; pues rogados Inglater- 
ra Portugal con ellas , y los duques que 
he dicho , no permiti que alguno de 
aquellos reyes tan poderosos , ni los du- 
ques tan ricos que dixe, quisiessen aven- 
turar tan poca costa, como la que Colom 
les pedia ; para que descontento de 
aquellos prncipes, fuesse buscar los 
que hall tan ocupados , como i'i la sagon 
estaban , en la sancta guerra de los mo- 
ros del reyno de Granada. 

Ni es de maravillar si tan Cathlicos Rey 
Reyna , movidos buscar nimas que 
se salvassen (mas que tessoros y nuevos 
Estados , para que con mayor ocupacin 
y cuydado reynassen) acordaron de fa- 
voresfer esta cmpressa y descubrimien- 
to. Ni crea ninguno que esto se poda 
escusar su buena ventura ; porque no 
v ojo , ni oy oreja , ni subi en cora- 
gen de hombre las cosas que aparej 
Dios los que le aman. Estas y otras 
muchas venturas cupieron en aquellos 
buenos reyes nuestros , por ser tan ver- 
daderos siervos deJesu Chripstoydesseo- 
sos del acresgentamiento de la sagrada 
religin suya. Y por tanto la voluntad 
divina les dio notigia de Chripstbal Co- 
lom ; porque el mismo Dios mira todos 
los fines del mundo , y v todas las co- 



20 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



sas do (i(>h;i\o del ciclo. V (jiuindo lleg 
la llora (jiic (an grande negociacin se 
concluyesse, fu por estos trminos. 

En aqii(>l tiempo que Colom, como di- 
xc, andaba en la corle, llegbase casa 
de Alonso de Qnintanilla, contador ma- 
yor de cuentas de los Reyes Calliolicos 
'el qual era notable varn y desseoso del 
acres(,enlaniiento y servicio de sus re- 
yes) , y mandbale dar de comer y lo 
nesgessario por una compasibilidad de 
su pobreca. Y en este caballero hall 
mas parte acogimiento Colom que en 
homljre de toda Espaa, por su res- 
pecto interfession fu conestido del 
reverendssimo ilustro cardenal de Es- 
paa, arf;obispo de Toledo, don Pedro 
Gonzlez de Mendoza, el qual coment 
dar audiencia Colom, conos^i del 
([ue era sabio bien hablado, y que da- 
ba buena rafon de lo que dec^'ia. Y tvo- 
le por hombre de ingenio de grande 
habilidad ; concebido esto , tomle en 
buena reputacin, qusole favoresfor. 
Y como era tanta parte para ello, por 
medio del cardenal y de Alonso de 
Quintanilla fu oydo del Rey de la Rey- 
na ; luego se principi dar algn cr- 
dito sus memoriales y peticiones, 
vino concluirse' el negogio, teniendo los 
Reyes Cathlicos cercada la grande y 
muy nombrada cibdad de Granada, ao 
de mili quatrocientos noventa dos 
aos de la Natividad de nuestro Redemp- 
tor. Y desde aquel real campo aque- 
llos bienaventurados prncipes le despa- 
charon Colom en aquella villa, que en 
medio de sus exrcitos fundaron, llama- 
da Sancta F; y en ella, y mejor difien- 
do en la mesma sancta f , que en aque- 
llos corazones reales estaba, ovo prin- 
cipio este descubrimiento. 

Nd contentndose aquellos sanctos 
prncipes con sola su empresa con- 



(fuisla sanctssima que entre las manos 
Icniaii, con que dieron iiii la subjecion 
de lodos los moros de las Espaas (don- 
de lial)ian estado en despecho y ofensa 
de los chripstianos desde el ao de siete- 
fientos y veynte que la Virgen pari al 
Salvador, como muchos auctores cncon- 
lrniidad escriben); jiero dems de re- 
ducir Espaa toda nuestra catlilica 
religin , propusieron de enviar buscar 
este otro Nuevo Mundo plantarla en 
l, por no vacar ninguna hora en el ser- 
vicio de Dios. Y con este sancto prop- 
sito mandaron despachar Colom, dn- 
dole sus provisiones y fdulas reales, pa- 
ra que en el Andalufia se le diessen tres 
caravelas del porte y manera que las pi- 
di, y con la gente bastimentos que 
convenia para viaje tan largo , y de que 
ninguna cfi'tinidad se tenia mayor que 
el l)uen celo sancto fin de tan crips- 
tianssimos prncipes; en cuya ventura 
por cuyo mandado tan grande cosa se 
comencaba. Y porque avia nescessidad 
de dineros para su expedicin , causa 
de la guerra, los prest para facer esta 
primera armada de las Indias y su des- 
cubrimiento, el escribano de racin, Luis 
de Sanct ngel. Y esta primera capitu- 
lacin assiento que el Rey la Royna 
tomaron con Colom , fu en la villa de 
Sancta F, en el real de Granada, diez 
y ocho de abril de mili quatrocientos 
noveuta dos aos , la qual pas ante 
el secretario, Juan de Coloma. E fule 
confirmada la dicha capitulacin por un 
real privilegio , que le fu dado desde 
trece dias que se contaron treinta de 
abril en la cibdad de Granada del dicho 
ao de noventa dos. Y con este des- 
pacho parti Colom donde es dicho y 
fuesse la villa de Palos de Moguer-, 
donde puso en orden su viaje. 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. V. 



21 



CAPITULO V. 



Del primero viaje y descubrimieiilo de las Indias, hecho por don Chripstbal Colom , primero descubri- 
dor dellas, por lo qual diifnamenle fu hecho almirante perpetuo destas mares imperio de las hidias 

deslas partes. 



vJydo aveys cmo y do qu manera 
por qu rodeos vino Cliripstbal Colom 
ser, conosgido de los Reyes Catlilicos, don 
Fernando y doa Isabel, estando sbrela 
cibdad de Granada con sus exrcitos : 
como le mandaron despachar y le dieron 
sus provisiones reales para ello , y se fu 
la villa de Palos de ^loguer para princi- 
piar su viage. Debeys saber que desde 
alli principi su camino con tres carave- 
las : Ja una mayor dellas llamada la Ga- 
llega ; y las otras dos eran de aquella vi- 
lla de Palos, fueron bastecidas y ar- 
madas de todo lo nesgessario. Y segund la 
capitulacin que con Colom se tom, avia 
de aver despus una decena parte en las 
rentas y derechos que el rey oviesse en 
lo que fuesse por Colom descubierto ; 
aSsi se le pag todo el tiempo que l vi- 
vi , despus que descubri esta tierra , 
assi lo goz el segundo almirante, don 
Diego Colom, su hijo, assi lo goza don 
Luys Colom, su nieto, tercero almirante 
que al presente tiene su casa y Estado. 

Antes que Colom entrasse en la mar 
algunos dias, tuvo muy largas consulta- 
ciones con un religioso llamado fray Juan 
Prez, de la Orden de sanct Francisco, su 
confessor; el qual estaba en el moneste- 
rio de la Rbida (que es media legua de 
Palos hgia la mar). Y este frayle fu la 
persona sola de aquesta vida , quien Co- 
lom mas comunic de sus secretos ; aun 
del qual de su sgiengia se dige hasta hpy 
que l resgibi mucha ayuda buena obra , 
porque este religioso era grande cosm- 
grapho. Con el qual estuvo en el raones- 
teri(;, que es dicho de la Rbida, algund 



tiempo , y l lo fizo yr al real de Grana- 
da, quando se concluy su despacho y en- 
tendi en ello. Y despus se fu Colom 
al mesmo monesterio y estuvo con el fray- 
le comunicando su viaje ordenando su 
alma vida , y apercibindose primera- 
mente con Dios y poniendo como cath- 
lico en sus nianos misericordia su em- 
presa, como fiel chripstiano , y como ne- 
gogio en que Dios esperaba ser tan ser- 
vido por el acresgentamiento de su rep- 
blica chripstiana. Y despus de se aver 
confessado, resgibielsanctssimo sacra- 
mento de la Eucarista , el dia mesmo que 
entr en la mar ; y en el nombre de Je- 
ss mand desplegar las velas y sali del 
puerto de Palos por el rio de Saltes la 
mar Ocana con tres caravelas armadas, 
dando pringipio al primero viaje y des- 
cubrimiento destas Indias, viernes tres 
dias de agosto, ao del nasgimiento de 
nuestro Salvador de mili y quatrogientos 
y noventa dos aos, con la buena ven- 
tura, efectuando este memorable hecho 
movido por Dios , el qual quiso hager 
este liombre arbitrario ministro para tan 
grande sealada cosa. 

Destas tres caravelas era capitana la 
Gallega, en la qual yba la persona de Co- 
lom: de las otras dos, la una se llamaba 
la Pinta, de que yba por capitn Martin 
Alonso Pingon ; y la otra se degia la A7- 
a , yba por capitn della Frangisco Mar- 
tin Pingon , con el qual yba Vigente Ya- 
ez Pingon. Todos estos tres capitanes 
eran hermanos pilotos naturales de 
Palos , la mayor parle de los (jue yban 
en esta armada eran assi mismo de Palos- 



22 



mSTOUIA GENERAL Y NATURAL 



Y serian por lodos liasla fienlo y veynte 
liiiniliii's; con his (nali's , despus que 
oslas tres caravelas se dieron la mar, 
tomaron su derrota para las islas de Ca- 
naria , que los antiguos llaman Fortuna- 
das. Las quales estuvieron mucho tiem- 
po que no se navegaban ni se saban na- 
vegar, basta que despus en tiempo del 
rey don Juan, segundo de tai nombre on 
Castilla, seyendo nio y debaxo de la 
tutela de la serenssima reyna doa Ca- 
talina , su madre , fueron halladas tor- 
nadas na\egar conquistarse estas is- 
las por su mandado Ugengia , como mas 
largamente se escribe en la Chrnica del 
mcsmo rey, don Juan segundo. Despus 
de lo qual muchos aos, Pedro de Vera, 
noble caballero de Xerez de la Frontera, 
Miguel de Moxica , conquistaron la gran 
Canaria en nombre de los Cathlicos Re- 
yes, don Fernando y doa Isabel , y las 
otras , excepto la Palma y Tenerife , que 
jior mandado de los mesmos reyes las 
conquist Alonso de Lugo , al qual hicie- 
ron adelantado de Tenerife. 

Esta gente de los canarios era de mu- 
cho esfuerzo , aunque quassi desnuda y 
tan silvestre , que se dige afirman al- 
gunos, cjuo no tenian lumbre ni la tuvie- 
ron hasta que los chripstianos ganaron 
aquellas islas. Sus armas eran piedras 
varas , con las quales mataron muchos 
chripstianos hasta ser sojuzgados pues- 
tos, corno estn, debaxo de la obediencia 
de Castilla , del qual seoro son las di- 
chas islas. Y estn doscientas leguas de 
Espaa las primeras ; la isla de Langa- 
roe la del Fierro doscientas qua- 
renta ; por manera que todas ellas se in- 
cluyen en espacio de cinqenta cinco 
sossenta leguas pocas mas menos. Y es- 
tn assentadas desde veynte siete has- 
ta veynte nueve grados de la lnea equi- 
nocial la parte de nuestro polo rtico: 
la ltima isla dellas mas occidental est 
del hueste al leste con el cabo de Boja- 



dor en frica , sessenta cinco leguas 
d!. Son todas estas islas frtiles abun- 
dantes de las cosas nescessarias la vida 
del hombre, y de muy templados ayres. 
Pero ya de la gente natural que avia, cuan- 
do fueron concjuistadas hay poca , mas 
todas estn muy pobladas de chripstia- 
nos. E all , como en lugar apropiado y 
para la navegacin al propsito , lleg 
Colom, continuando su primero descubri- 
miento destas Indias, con las tres carave- 
velas que tengo dicho, tom all agua 
lea carne pescado otros refres- 
cos , los que le convino para proseguir 
su viaje. El qual efectuando con su ar- 
mada, parti de la isla de la Gomera 
seys dias de septiembre de aquel ao de 
mili quatrocientos noventa dos aos, 
anduvo muchos dias por el grande mar 
Ocano, fasta tanto que ya los que con l 
yban comencaron desmayar quissie- 
ran dar la vuelta; temiendo de su ca- 
mino, murmuraban de la sgiencia de Co- 
lom y de su atrevimiento , amotinba- 
sele la gente los capitanes , porque 
cada hora crescia el temor en ellos men- 
guaba la esperanga de ver la tierra que 
buscaban. De forma que desvergoncada- 
mente pblico le dixeron que los avia 
engaado los llevaba jterdidos ; y que 
el Rey y la Reyna avian hecho mal usa- 
do con ellos de mucha crueldad, en fiar de 
un hombre semejante, dar crdito un 
extranjero que no sabia lo que se decia. 
E lleg la cosa tanto que le certifica- 
ron que si no se tornalta, le farian vol- 
ver mal de su grado, le echaran en 
lmar, porque les presela que l estaba 
desesperado , decan que ellos no lo 
cjuerian ser, ni creyan que pudiesse sa- 
hr con lo que avia comencado; y por 
tanto una voz acordaban de no seguir- 
le. En esta sacn contienda hallaron en 
la mar grandes praderas (al paresger) de 
hiervas sobre el agua, pensando que 
era tierra anegada que eran perdidos 



DE liNDIAS. LIB. II. CAP. V. 



23 



doblbanse los clamores. Y para quien 
nunca avia visto aquello sin dubda era 
cosa para mucho temer; mas luego se 
pass aquella turbacin, conosfiendo que 
no avia peligro en ella, ponjue son unas 
hiervas que llaman salgazos, y se andan 
sobre aguadas en la superficie de la mar. 
Las quales segund los tiempos los agua- 
jes subgeden , assi corren se desvian 
allegan Oriente Poniente, al Sur, 
la Tramontana; y ve^cs so hallan 'i 
medio golpho, otras veces mas tarde y 
lexos mas ^erca de Espaa. E algunos 
viajes acaesfe que los navios topan muy 
pocas ninguna dellas , y tambin ve- 
tes hallan tantas que , como he dicho, pa- 
resgen grandes prados verdes y amari- 
llos de color jalde , porque en estas dos 
colores penden en todo tiempo. 

Salidos pues deste cuydado y temor de 
las hiervas , determinados todos tres ca- 
pitanes quantos marineros all yban de 
dar la vuelta, aun consultando entre s 
de echar Colom en la mar , creyendo 
(jue los avia burlado ; como l era sabio 
sinti la murmuragion que del se hacia, 
como prudente , comeng los confortar 
con muchas dulges palabras , rogndo- 
les que no quissiessen perder su trabajo 
tiempo. Acordbales quanta gloria 
provecho de la constangia se les segui- 
ra, perseverando en su camino: prome- 
tales que en breves das daran fin sus 
fatigas 6 viaje con mucha indubitada 
prosperidad ; y en conclusin les dixo que 
dentro de tres dias hallaran la tierra que 
buscaban. Por tanto que estuviessen de 
buen nimo prosiguiessen su viaje , que 
para quando degia , l les enseara un 
Nuevo Mundo tierra , avrian concluy- 
do sus trabajos veran que l avia di- 
cho verdad siempre , assi al Rey Rey- 
na Cathlicos como ellos ; que si no 
fuesse assi, higiessen su voluntad y lo que 
les paresgiesse , que l ninguna dubda te- 
nia en lo que les degia. 



Con estas palabras movi los corago- 
nes de los enfiaquegidos nimos de los 
que all yban alguna vergenza, en es- 
pegial los tres hermanos capitanes pi- 
lotos que he dicho; acordaron dehager 
lo que les mandaba , y de navegar aque- 
llos tres dias no mas, con determina- 
cin y acuerdo que en fin dellos darian 
la vuelta Espaa, s tierra no viessen. 
Y esto era lo que ellos tenan por mas 
gierto ; porque ninguna) avia entre ellos 
que pensassoque en aquel i)aralelo ca- 
mina que hacan, se avia de liaUar tierra 
alguna. E dijeron Colom que aquellos 
tres dias que l tomaba de trmino les 
asignaba, le seguiran; pero no una hora 
mas, porque crean que ninguna cosa de 
quantas les degia avia de ser gierta; y en 
una conformidad todos, rehusaban pasar 
adelante, digiendo que no queran morir 
sabiendas , y que el bastimento y agua 
que tenian no poda bastar para tornarlos 
Espaa sin mucho peligro, por bien 
que se reglasen en el comer beber. Y 
como los coragones que temen, ninguna 
cosa sospechan que pueda afloxar sus fa- 
tigas, en espegial en exergigio de nave- 
gacin y semejante , ningn momento 
cessaban en su murmurar, amenagando 
su pringipal capitn guia. JN l tampoco 
reposaba ni cessaba un punto de confor- 
tar animar todos la prosecugion do 
su camino ; quanto mas turbados los 
va , mas alegre semblante l mostraba, 
esforgndolos ayudndolos desechar 
su temerosa turbacin. E acjuel mesmo 
da que el almirante Colom estas palabras 
dixo, conosgi realmente que estaba gerca 
de tierra en semblante de los celajes de 
los cielos; amonest los pilotos (juc 
si por caso las caravelas se apartassen 
por algn caso fortuito launa de la otra, 
que passado aquel trange corressen h- 
gia la parte viento que les orden, para 
tornar redugirse en su conserva. E co- 
mo sobrevino la noche, mand apocarlas 



24 



HISTORIA (iE.\ERAL V NATl'lAI> 



volas y i{ue corriesson con solos los Irin- 
(juclos Laxos ; andando assi, un mari- 
nero do los que ybanen la capitana, na- 
tural de Lepe, dixo : I timbre!., tierra!.. E 
luego un criado de Colom , llamado Sal- 
cedo, replic diciendo: Esso ya lo ha di- 
cho o almirante, mi seor; y encontinen- 
ie Colom dixo: Ralo ha que yo lo he di- 
cho y he visto aquella lumbre que est 
en tierra. Y assi fue: que un jueves , las 
dos horas despus de media noche, lla- 
me) el almirante un hidalgo dicho Es- 
cobedo , repostero de estrados del Rey 
Cathlico, y le dixo que vea lumbre. Y 
otro dia de maana, enesclaresfiendo, 
y la hora que el dia antes avia diclio 
(^olom , desde la nao capitana se vido la 
isla que los indios llaman Guanahani , de 
la parte de la tramontana norte. Y el 
que vido primero la tierra , quando ya fue 
de dia, se llamaba Rodrigo de Triana, 
on?e dias de octubre del ao ya dicho de 
mili quatrofientos y noventa y dos. Y 
de aver salido tan verdadero el almiran- 
te, en ver la tierra en el tiempo que avia 
dicho , se tuvo mas sospecha que l es- 
taba certificado del piloto que se dLxo 
que muri en su casa, segund se toc de 
suso. Y tambin podra ser que viendo 
determinados quantos con l yban para 
se tornar, dixesse que si en tres dias no 
viessen la tierra se volviessen , confiando 
(jue Dios se la ensearla en aquel trmi- 
no que les daba, para no perder trabajo 
tiempo. 

Tornando la historia, aquella isla 
que se vido primero, segund he dicho, es 
una de las islas que di^en de los Luca- 
yos ; y aquel marinero que dixo primero 
que veia lumbre en tierra , tornado des- 
pus en Espaa, porque no so le dieron 
las albrif;ias, despechado de aquesto, se 
pas en frica y reneg de la f. Este 
hombro, segund yo oy de^ir Vifente 
Yaez Pinfon y Hernn Prez Matheos, 
(jue se hallaron en este irimero descu- 



brimiento, era de Lepe, como lie dicho. 
Assi como el almirante vido la tierra, 
hincado de rodillas saltndosele las l- 
grimas de los ojos del extremado placer 
que sentia , coraeng de(;ir com Ambro- 
sio y Augustino : Te eum kmdamus , Te 
Dominum confitemur, etc.; y assi, dando 
gragias nuestro Seor con todos los que 
con l yban , fue inextimable el gozo que 
los unos y los otros hafian. Tombanle 
unos en bragos, otros le besaban las ma- 
nos , otros le demandaban perdn de la 
poca constanfia que hablan mostrado. 
Algunos le pedian mercedes se ofres- 
(,ian por suyos. En fin , era tamaa la leti- 
cia regofijo , que abrazndose unos con 
otros, no se conosgian con el pla(;er de su 
buena andanza; lo qual yo creo bien, 
porque sabiendo como sabemos los que 
agora vienen de Espaa los que de 
ac vuelven all que el viaje camino es 
seguro y cierto, no tiene comparacin 
otro plager con el que resgiben los que 
ha dias que navegan, quando ven la tier- 
ra. Ved qu tal seria el de los que en tan 
dubdosa jornada se hallaron, vindose 
certificados y seguros de su descanso. 

Pero aveis de saber que por el contia- 
rio difen algunos lo que aqui se ha dicho 
de la constancia de Colom , que aun afir- 
man que l se tornara de su voluntad del 
camino y no lo conclue, si estos herma- 
nos Pintones no le hicieran yr adelante, 
dir mas , que por causa dellos se hizo 
el descubrimiento , (ue Colom ya fiaba 
y quera dar la vuelta. Esto ser mejor 
remitirlo un largo pro^esso que hay 
entre el almirante y el fiscal real , donde 
pro contra hay muchas cosas alegadas, 
en lo qual yo no me entremeto; porque 
como sean cosas de justicia y por ella se 
han de decidir, qudense para el finque 
tuvieren. Pero yo he dicho en lo uno y 
en lo otro ambas las opiniones : el letor 
tome la que mas le ditare su buen juyfio. 
Tardse el Almirante en llegar desde las 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. VI. 



islas de Canaria hasta ver la primera 
tierra que he dicho treinta tres das; 
pero l lleg estas islas, primeras que 



vido , en el mes de octubre del ao de 
mili quatrofientos noventa y dos 
aos. 



CAPITULO VI. 

Cmo el almirante descubri esta Isla Espaola, dox en ella treinta ocho chripstianos en tierra del rey 
cacique toacanagaii , en tanto que llevaba las nuevas del descubrimiento primero destas parles ; cmo 

volvi Espaa en salvamento. 



Jlin aquella isla que he dicho de Gua- 
nahani ovo el almirante los que con l 
vban vista de indios . gente desnuda , 
all le dieron noticia de la isla de Cuba. E 
como paresgieron luego muchas isletasque 
estn juntas y en torno de Guanahani, 
comentaron los chripstianos llamarlas 
Islas Blancas (porque assi lo son por la 
mucha arena), y el almirante les puso 
nombre las Princesas, porque fueron el 
principio de la vista dcslas Indias. E ar- 
rib ellas , en especial la de Guana- 
hani, y estuvo entrella y otra que sedige 
Gyeos; pero no tom tierra en ninguna 
dellas, segund afirma Hernn Prez Ma- 
iheos , piloto que hoy dia est en esta cib- 
dad de Sancto Domingo , que dif e que se 
hall all. Pero otros muchos he oydo 
degir quel almirante bax en tierra en la 
isla de Guanahani la llam Sanct Sal- 
vador , tom all la possession ; y esto 
es lo mas gierto y lo que se debe creer 
dello. E de all vino Baracoa, puerto de 
la isla de Cuba de la vanda del norte ; el 
qual puerto es dogo leguas mas al po- 
niente de la punta que llaman Mayci; 
all fall gente , assi de la propia isla de 
Cuba, como de las otras que estn al norte 
opuestas , que son la isla Guanahani que 
tengo dicho, otras muchas que alli hay, 
que se llaman islas do los Lucaijos gene- 
ralmente todas ellas , no obstante que ca- 
da una tiene su propio nombre y son mu- 
chas; assi como Guanahani, Caycos, Ju- 
meto, Yabaque, Mayaguana, Samana, 

Guaninia, Yuma, Curatheo, Ciguateo , Ba- 
T.M I. 



hama (que es la mayor de todas), el Yu- 
cayo y Nequa , Habacoa otras muchas 
isletas pequeas que por all hay. 

Tornaudo la historia, llegado pues 
el almirante la isla de Cuba donde he 
dicho, salt en tierra con algunos chrips- 
tianos , y preguntaba los indios por Ci- 
pango, y ellos por seas le respondan y 
sealaban que era esta isla de Hayti, que 
agora llamamos Espaola. E creyendo los 
indios que el almirante no acertaba el 
nombre , decan ellos: Cibao, Cibao! , pen- 
sando que por degir Cibao degia Cipan- 
go ; porque Cibao es donde en esta isla 
Espaola estn las minas mas ricas y de 
mas fino oro. E assi el almirante con las 
tres caravelas , guiado por los indios, de 
los quales algunos de su grado se entra- 
ron en los navios, se embarc en aquel 
puerto de Baracoa de Cuba , vino es- 
ta isla de Hayti , que agora llamamos Es- 
paola , y de la parte banda del norte 
surgi en un muy buen puerto , llamle 
Puerto Real. Y la entrada del toc en 
tierra la nao capitana , llamada la Galle- 
ga, abrise; pero no peligr ningn 
hombre : antes muchos pensaron que ma- 
osamente la avian hecho tocar, para de- 
xar en la tierra parte do la gente, como 
qued. E all sali el almirante con toda 
su gente , luego vinieron habla con- 
versacin con los chripstianos muchos in- 
dios de paz de atjuella tierra, la qual era 
del seoro del rey Guacanagari (que los 
indios llaman cacique, assi como los 
chripstianos decimos rey), con el qual se 



26 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



tralu luego la paz c amistad. Y l vino 
olla muy de grado , y se vido con el al- 
mirante y los chripstianos muy domstica- 
mente muy continuo, y se le dieron algu- 
nas cosas de poco valor (entre los chrips- 
tianos, pero de los indios muy estimadas), 
assi como cascabeles, alfileres, agujas 
algunas cuentas de vidro de diversas co- 
loros ; lo qual el cacique sus indios con 
mucha admiracin contemplando, mostra- 
ban apreciarlo y estimar, y holgaban mu- 
cho de que algo assi se les daba , y ellos 
traiau los chripstianos de sus manjaies 
cosas que tenian. 

Viendo el almirante que aquesta gente 
era tan domstica, paresrile que segu- 
ramente podria dexar all algunos chrips- 
tianos para que en tanto que el volvia 
Espaa apreudiessen la lengua cos- 
tumbres desta tierra. Efigo ha(;'erun cas- 
tillo quadrado, manera de palenque, con 
la madera de la caravela capitana Ga- 
llega, que es dicho que toc al entrar del 
puerto, con faxina tierra lo mejor que 
se pudo fabricar en la costa par del 
puerto arra^ifesdi, en un arenal. E dio 
orden el almirante treynta ocho hom- 
bres, que all mand quedar, de lo que 
avian de hager en tanto que l llevaba 
tan prsperas nuevas de su descubri- 
miento los Reyes Cathlicos, tornaba 
con muchas mergedes para todos, ofres- 
gindoles complidos galardnese los que 
assi quedaban. Y nombr entre aquellos 
por capitn un hidalgo llamado Rodri- 
go de Arana , natural de Crdoba , man- 
dles, que le obedesgiessen como su per- 
sona. Y para si aquel muriesse en tanto 
que l volvia, seal otro , para despus 
del segundo nombr otro tercero ; de for- 
ma que nombr dos para despus de los 
dias del primero. Y dcx con ellos un 
maestre Juan, girujano, buena persona: 
amonest todos que no entrassen la 
tierra adentro, ni se desacaudillasson, ni 
dividiessen, ni tomassen mugeres, ni 



diessen pesadumbre ni enojo alguno los 
indios por ningn caso , en quanto possi- 
ble les fuesse. Y como se perdi la nao 
capitana, passsse el almirante la ca- 
ravela llamada la Nia, en que yban 
Frangisco Martin Vicente Yaez Pingon. 
Mas como de la quedada de aquesta gen- 
te no le plugo al capitn de la otra cara- 
vela Piula, llamado Martin Alonso Pin- 
gon, hermano de estos otros, contrad- 
xolo todo quanto l pudo; degia que 
era mal hecho que aquellos chripstianos 
quedassen tan lexos de Espaa, seyendo 
tan pocos, porque no se podran pro- 
veer ni sostener y se perderan. Y este 
propsito dixo otras palabras, de que el 
almirante se resabi, y sospechse que 
le quisiera prender; y el Martn Alonso, 
con temor que ovo desta sospecha, se 
sali la mar con su caravela Pinla 
fuese al puerto de Gragia, veynte leguas 
al leste oriente apartado del dicho puer- 
to real. Y en tanto que el almirante tar- 
d en la obra que dixe de aquel castillo, 
spose de los indios de la tierra, donde 
estaba el Alonso Martin la otra carave- 
la; luego los otros dos hermanos Pin- 
gnos que estaban con el almirante, pro- 
curaron de le recongiliar volver la 
gragia del almirante, acabaron con l 
que le perdonasse. Y l lo figo assi por 
muchos respectos, y en esi)egial porque 
la mayor parte de quantos hombres de la 
mar tenia, eran parientes amigos destos 
Pingnos hermanos y de una tierra , y es- 
tos tres eran los mas pringipales. Y assi 
como le perdon, le escribi una carta 
muy generosa, como en el caso con venia, 
mand que at[uel puerto se llamasse 
puerto de Gracia , assi se nombra hasta 
agora. E los indios que llevaron la carta 
volvieron otra, respondiendo Martn Alon- 
so al almirante tenindole en merged 
el perdn ; assi se congertaron para que 
en gierto dia el Martin Alonso, desde don- 
de estaba con aquella caravela, y el al- 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. VI. 



27 



mirante con la otra, se fuessen juntar 
en la Isabela , all saltaron todos en tier- 
ra muy conformes. Aquel assiento de la 
Isabela es en la misma costa diez ocho 
lo^uas poco mas al leste de Puerto Real. 

No fu poca maravilla para los indios 
ver cmo por las cartas los chripstianos 
se entendan ; y llevbanlas puestas los 
mensajeros en un palillo, porque con te- 
mor acatamiento las miraban , y crean 
que cierto tenan algn espritu habla- 
ban, como otro hombre por alguna dei- 
dad no arte humana. - 

Juntos el almirante su gente, y que- 
dando los treynta ocho hombres donde 
se dixo, tomaron agua y lea y lo que mas 
pudieron de los bastimentos desta tierra, 
j)ara que mas les turassen los que les que- 
daban de los que truxeron de Castilla ; 
salieron de la Isabela , el qual nombre el al- 
mirante puso aquella provincia puerto 
en memoria de la Cathlica Reyna, doa 
Isabel . E desde all ambas caravelas fueron 
Puerto de Plata , el qual nombre le puso 
el almirante ; despus fueron puerto de 
Samana ^assi llamado por los indios). E 
desde Samana, que es en esta Isla Espa- 
ola de la banda del norte, tomaron estas 
dos caravelas su derrota para Castilla con 
mucho piager, encomendndose todos 
Dios la buena ventura de los Cath- 
lcos Reyes de Espaa , que tan grandes 
nuevas esperaban, aunque no confiados 
de la scieugia de Colom, sino de la mi- 
sericordia de Dios. E llev deste camino 
el almirante nueve diez indios consigo, 
para que como testigos de su buena ven- 
tura besassen las manos al Rey la 
Reyna , viessen la tierra de los chrips- 
tianos aprendiessen la lengua , para que 
quando aquestos ac tornassen , ellos 
los chripstianos que quedaban encomen- 
dados Goacanagar y en el castillo que 
es dicho de Puerto Real, fuessen lenguas 
intrpretes para la conquista pagifi- 
cacion conversin destas gentes. Eassi 



como Dios, nuestro Seor, fu servido que 
estas tierras se descubriessen , y que pa- 
ra hallarlas oviese seydo prspera acer- 
tada la navegacin deste primero viaje y 
en breve tiempo; assi tuvo por bien 
permiti que fuesse favorable la vuelta, 
llev en salvamento este primero descu- 
bridor destas Indias Espaa. E fu 
reconosf er las islas de los Acores , 
quatro das de margo de mili quatro- 
gentos noventa y tres entr en Lisbo- 
na, desde donde se fu al puerto de Pa- 
los, adonde se avia embarcado quando 
comeng esta jornada , no estuvo des- 
de que parti desta isla fasta que en Cas- 
tilla tom tierra sino gincuenta das. Pe- 
ro estando ya gerca de Europa , por tor- 
menta, se apartarou launa caravela de 
la otra, corri el almirante Lisbona 
y el Martn Alonso Bayona de Gahga. 
E despus cada navio destos tom su ca- 
mino para el ro de Saltes, do caso en- 
traron en un mismo da ; y entr el al- 
mirante por la maana la otra caravela 
lleg en la tarde. E porque se tuvo sos- 
pecha que por las cosas passadas el al- 
mirante faria prender al Martin Alonso 
Pingon, salise en una barca del navio, 
assi como entraba la vela , fuesse don- 
de le paresgi secretamente, y el almi- 
rante luego se parti para la corle con 
la grande nueva de su descubrimiento. Y 
como el Martin Alonso supo que era ydo 
fuesse Palos su casa, muri desde 
pocos das, porque yba muy doliente. 

Tard el almirante en reconosger la 
primera tierra destas Indias en las islas 
de los Lucayos , segund he dicho , desde 
que de Espaa parti quass tres meses, 
y en volver Espaa y en lo que ac se 
detuvo otros tres , y en todo estuvo en la 
venida vuelta seys meses, diez das mas 
menos. 

Tornando la historia , digo que des- 
pus que Colom sali en Palos ccn los in- 
dios que llevaba destas islas, de ks qua- 



28 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



les uno se lo avia muerto en la mar , to- 
m los soys que yban sanos , dex all 
dos o tres que estaban dolientes, fues- 
se la corte de los Catlilicos Reyes 
darles cuenta de su prosperidad, de lo 
que Dios acresgentaba en los reynos se- 
oros de Castilla : la qual nueva no se 
esperaba en tan breve tiempo, porque 
en la verdad fu cosa de admiracin, se- 
gund lo que despus tardaban otras naos 
caravelas en venir volver desde ac 
hasta que esta navegacin se fu mejor 
entendiendo. E aun hoy que se sabe me- 
jor , seria assaz dos navios andar lo que 
a(|uellos anduvieron en tan breve tiem- 
po ; puesto que , como digo , agora est la 
navegacin entendida, y estonces la an- 
duvieron tiento , con la sonda siem- 
pre en la mano , apocando las velas de 



noche, y en recelo, como lo suelen hacer 
los que son prudentes sabios pilotos, 
quando descubren y van por mares que 
no se saben ni han navegado. 

En esto que los hombres de la tier- 
ra que no han cursado la mar no les 
parescer por ventura bien , no tan sa- 
broso de mi obra , tengan respecto que 
yo escribo para los unos los otros , 
tome cada uno lo que hace su gusto 
propssito, lo otro dxelo para cuyo 
es. Que bien veo que los hombres de la 
mar me culparan , si no pusiesse apun- 
tasse lo que es para ellos ; y los caballe- 
ros y gente exercitada en la tierra que 
no entendieren algunos trminos de la 
navegacin , con que me conviene dar 
cuenta destas cosas de la mar, passen ade- 
lante: que aquello no les impide lo dems. 



CAPULLO VIL 

[c qinlro cosis notables en ol ao de mili qualroeienlos y nvenla e dos aos; de qiiando el al- 
iniranle don Chripstbal lleg la corte de los Reyes Calhlicos, don Femando doa Isabel, de 
las mercedes que le ficicro'n, despus que volvi Espaa del primero descubriraicnto dlas Jndias; 
la racon porque se debe creer que en estas parles fu predicado el Evangelio por los api)sloles por al- 

sruno dellos. 



\_jon menor auctoridad ensea el que 
habla las cosas que oy, quel que dice 
las que vio. Esto Sanct Gregorio lo dice 
sobre los captulos catorce quince de 
Job ; mas yo no lo traygo aqu conse- 
(jencia solamente por los que aquestas 
cosas do Indias las han escripto desde 
Espaa por oydas, sino dgolo porque 
hablar aqu de las de Espaa desde las 
Indias. Mas hay en ello lo uno' lo otro; 
porque aunque vivo ac, vi lo que 
acaesci acull ; y porque no es fuera de 
mi propsito , digo que fu muy notable 
en Espaa el ao de mili quatrocientos 
noventa dos aos. En el qual los 
dos dias del mes de enero tomaron los 
Cathlicos Reyes , don Fernando doa 
Isabel , la muy nombrada gran cibdad 
de Granada. El mismo ao, en fin de ju- 



lio, echaron los judos de sus reynosi El 
mismo ao viernes, siete dias del mes 
de deciembre, un villano natural del lu- 
gar de Remensa del Principado de Cata- 
lua , llamado Juan de Caamares , dio 
en Barcelona una cuchillada al Rey Ca- 
thlico en el pescuero , tan peligrosa 
que lleg punto de muerte: del qual 
traydor fu hecha muy sealada justicia, 
no obstante que, segund paresci, l esta- 
ba loco , siempre dixo que si le matara, 
que l fuera rey. Y en aquel mesmo ao 
descubri Colom estas Indias, lleg 
Barcelona en el siguiente de mili qua- 
trocientos noventa tres aos, en el 
mes de abril, fall al Rey assaz flaco, 
pero sin peligro de su herida. 

Aquestos notables se lian traydo la 
memoria, para sealar el tiempo en que 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. VII. 



29 



Colora lleg la corte, en lo qual yo 
liablo coij testigo de vista, porque me 
hall paje rauchacho en el gerco de Gra- 
nada , vi fundar la villa de Sancta F 
en aquel exrcito , despus vi entrar 
en la cibdad de Granada al Rey Reyna 
Cathlicos, quando se les entreg; vi 
echar los judos de Castilla y estuve en 
Barcelona, quando fu ferido el Rey, co- 
mo he dicho; vi all venir al almirante, 
don Chripstbal Colora , con los primeros 
indios que destas partes all fueron en 
el primero viaje descubrimiento. Assi 
que no hablo de oydas en ninguna des- 
tas quatro cosas , sino de vista ; aunque 
las escriba desde aqu, mejor dicien- 
do, ocurriendo mis memoriales desde 
el mismo tiempo escripias en ellos. Vol- 
vamos nuestra historia. 

Despus que fu llegado Colom Bar- 
celona, con los primeros indios quedes- 
tas partes a Espaa fueron l llev, 
con algunas muestras de oro muchos 
papagayos otras cosas de las que ac 
estas gentes usaban ; fue muy benigna 
graciosamente resfebido del Rey de la 
Reyna. E despus que ovo dado muy lar- 
ga particular relacin de todo lo que 
en su viaje descubrimiento avia passa- 
do , le finieron muchas mercedes aquellos 
agradesfidos prncipes le coraencaron 
tractar corao hombre generoso y de 
Estado, que por el grand ser de su 
persona propria tan bien lomeresgia. xMas 
mi paresfer (s la protestacin por 
ra hecha en el prohemio libro I) , di- 
go que en aquestas nuestras Indias justo 
es que se tenga afirme que fu predi- 
cada en ellas la verdad evanglica , y 
primero en nuestra Espaa por el apstol 
Sanctiago , despus la predic en ella 
el apstol Sanct Pablo , como lo escribe 
Sanct Gregorio '. E si desde nuestra Casti- 
lla se cultiv ac transfiri la noticia del 



Sancto Evangelio en nuestros tiempos, no 
Cessa por esso que desde el tiempo de 
los apstoles no supiessen estas gentes 
salvajes de la rederapcion chripstiana 
sangre que nuestro Rcdemptor , Jesu 
Chripsto, verti por el humano linage: 
antes es de creer que ya estas generacio- 
nes indios destas partes lo tenan olvi- 
dado; pues que //; omnem tcrram exivil 
somis eorum , et ii fines orbis terree ver- 
ba eorum. Conforme lo que es dicho 
del psalraista David ^, dice Sanct Gre- 
gorio sobre el captulo diez y seis de 
Job estas palabras : la Sancta Iglesia h 
ya predicado en todas las partes del 
mundo el misterio de nuestra Redemp- 
Cion. Assi que, estos indios ya tuvieron 
noticia de la verdad evanglica y no pue- 
den pretender ignorancia en este caso: 
qudese esto los telogos , cuya es esta 
materia. Pero quiero decir, que puesto 
que de nuestra sancta f cathlica ac 
oviessen vido noticia los antecessores 
destos indios, ya estaba fuera de la me- 
moria destas gentes; y assi fu gran- 
dssimo servicio el que Dios hicieron 
ios Reyes Cathlicos en el descubrimien- 
to destas Indias. Y grande fu el mrito 
que adquiri nuestra nacin en ser por 
espaoles buscadas estas provincias, 
tantos reynos de gentes perdidas id- 
latras , por la industria y en compaa , y 
debaxo de la guia del primero almirante, 
don Chripstbal Colom, reedificando 
tornando cultivar en estas tierras tan 
apartadas de Europa la sagrada passion 
mandamientos de Dios y de su Iglesia ca- 
thlica; donde tantos millones de nimas 
gozaba, mejor diciendo, tragaba el infier- 
no ; y donde tantas dolotras diablicos 
sacrificios y ritos que en reverencia de 
Satans se facan muchos siglos avia, ges- 
sassen; y donde tan nefandos crmenes y 
pecados se exercilaban, se olvdassen. 



i Moralium , Ib. XXXI, cap. XXXVll. 



2 Psalm. XVIll. 



:o 



llISTOHIA GENKRAL V NATURAL 



En esto se podra dec^ir t;in(o (juc cu 
muchas Iiistorias no se pudiesse acabar de 
relatar los nirilos do los Reyes Catlili- 
cos, don Fernando doa Isabel, y de sus 
subcessores, por la continua^ion del sne- 
lo (;elo y obra para la conversin destas 
gentes. Porque en la verdad , por su real 
voluntad y expressos mandamientos 
muy continuado cuydado , siempre han 
proveydo en el remedio de las nimas 
destos indios, y en el buen tractamiento 
dellos. Y si en este caso algo ha fallado, 
os causa de los ministros; y no tiene 
la culpa otro sino el que ac viene por 
gobernador perlado , y en esto se des- 
cuyda; pero no tura mas su negligencia 
de quanto tarda de llegar noticia de 
(]sar de su Real Consejo de Indias, 
donde luego se provee con grande aten- 
cin en el reparo y enmienda, como con- 
viene. 

Vo en la verdad la principal causa de 
li) que en este caso puede haber mal 
subcedido , no tambin efectudose co- 
mo fuera racon , tampoco la quiero dar 
los oficiales ministros de tan sancta 
pia obra , como es doctrinar esta ge- 
neracin de indios ; sino ellos mismos, 
especialmente por su incapacidad y ma- 
las inclinaciones; porque es cierto que 
son muy raros aun rarssimos aquellos 
que en tanta multitud dellos perseveran 
en la : antes deslican della , como el 
granico de las puntas de las lancas. Es 
menester que Dios ponga en esto su ma- 
no, para (ue assi los que ensean como 
los enseados, aprovechen mas que has- 
ta aqui. Vuelvo la historia. 

Seys indios llegaron con el primero 
almirante la corle Barcelona, quando 
he dicho; y ellos de su propria voluntad 
consejados, pidieron el baplismo, 
los Cathlicos Reyes por su clemencia se 
lo mandaron dar; juntamente con sus 
Altecas, el serenssimo prncipe don Juan, 
su primoge'nito y heredero, fueron los 



padrinos. Y un indio que era el mas 
principal dellos, llamaron don Fernando 
de Aragn, el qual era natural desta isla 
Espaola pariente del rey cacique 
Goacanagari. E otro llamaron don Juan 
de Castilla, los de dems se les die- 
ron otros nombres , como ellos los pidie- 
ron, sus padrinos acordaron que se 
les diesse, conforme la Iglesia Cathli- 
ca. Mas aquel segundo que se llam 
don Juan de Castilla , quiso el prncipe 
para s y que quedase en su real cassa, 
y que fuesse muy bien tractado mira- 
do , como si fuera hijo de un caballero 
principal, quien tuviera mucho amor. 
E le mand doctrinar y ensear en las 
cosas de nuestra sancta f , dio cargo 
del su mayordomo Patino ; al qual in- 
dio yo vi en estado que hablaba ya bien 
la lengua castellana , despus dende 
dos aos muri. 

Todos los otros indios volvieron es- 
ta isla en el segundo viaje que ella hi- 
zo el almirante ; al qual aquellos grats- 
simos Prncipes Cathlicos hicieron sea- 
ladas mercedes , y en especial le contir- 
raaron su previlegio en la dicha Barcelo- 
na veinte ocho de mayo de mili y 
quatrocientos noventa tres. Y entre 
otras, de mas de le hacer noble dar t- 
tulo de almirante perpetuo destas Indias 
l sus subcessores , por va de ma- 
yoradgo , y que todos los que del depeu- 
diessen , aun sus hermanos , se llamas- 
sen don , le dieron las mismas armas rea- 
les de Castilla y de Len , mezcladas y 
repartidas con otras que assi mesmo le 
concedieron de nuevo ; aprobando con- 
firmando de su auctoridad real las otras 
armas antiguas de su linaje. E de las 
unas las otras formaron un nuevo y 
hermoso escudo de armas con su timbre 
divisa, en la manera forma que aqui se 
contieneyse vee patente. (Lm. 1, fig. 1.) 

Un escudo con un castillo de oro en 
campo de goles sanguino con las puer- 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. Vil. 



31 



tas ventanas azules 6 un len de pr- 
pura morado en campo de plata con 
una corona de oro , la lengua sacada , 
rampante , assi como los reyes de Casti- 
lla de Len los traen. Y aqueste casti- 
llo len han de estar en el chieph ca- 
bera del escudo ; en la parte dereclia , y 
el len en la siniestra ; y de all abaxo las 
dos partes restantes del escudo todo han 
de estar partidas en mantel , y en la par- 
te derecha una mar en memoria del 
grande mar Ocano : las aguas al natural 
azules y blancas, puesta la Tierra-Fir- 
me de las Indias , que tome quasi la cir- 
cunferencia deste quarto ; dexando la 
parte superior alta del abierta , de ma- 
nera que las puntas desta tierra grande 
muestran ocupar las partes del medioda 
tramontana. E la parte inferior, que sig- 
nifica el Occidente , sea de tierra conti- 
nuada , que vaya desde la una punta la 
otra desta tierra ; y entre aquestas pun- 
tas lleno el mar de muchas islas grandes 
pequeas de diversas formas; porque 
esta figura , segund est blasonada en este 
quarto , es do la manera que se pueden 
significar estas Indias. La qual tierra 6 
islas han de estar muy verdes con mu- 
chas palmas rboles , porque nunca en 
ellas pierden la hoja sino muy pocos; 
ha de haber en esta Tierra-Firme muchos 
matices granos de oro , en memoria de 
las innumerables riqussimas minas de 
oro que en estas partes islas hay. E 
por esta pintura , si el letor no qued 



bien informado de lo que se toc en el 
primero captulo , lib. II , de la grandeza 
forma del assiento de la Tierra-Firme, 
lo podr algo mas claramente entender, 
yo tornar difinir estas armas de que 
agora se tracta. E digo que en el otio 
quarto siniestro del escudo hay finco n- 
coras de oro en campo azul , como insig- 
nia apropriada al mismo oficio ttulo de 
almirante perpetuo destas Indias ; y en 
la parte inferior del escudo las armas do 
la prosapia del linage de Colom, convie- 
ne saber ; un chieph cabeza , parto 
alta de goles, vel sanguina, de all 
abaxo una banda azul en campo de oro; 
sobre el escudo un bal de Estado al 
natural , de ocho lumbres vistas , con 
un rollo y dependencias azules de oro, 
y sobre el bal por timbre gimera un 
mundo redondo con una cruz enfima de 
goles , y en el mundo pintada la Tierra- 
Firme islas, de la manera que estn do 
suso blasonadas ; por defuera del escu- 
do una letra en un rtulo blanco , con 
unas letras de sable, que dicen: Por 
Castilla por Len nuevo mundo hall Co- 
lom. Assi mismo por respecto del almiran- 
te, hifieron los Reyes Cathlicos adelan- 
tado desta isla Espaola don Bartolom 
Colom , su hermano ; y le hicieron otras 
grandes mercedes, que por evitar proli- 
xidad aqui no se difen , como mas lar- 
gamente paresge por su previlegio real 
que le concedieron , yo he visto algu- 
nas veges. 



CAPITULO VIH. 



Del segundo viaje quel almirante primero, don Chripslbal Colom, liizo desde Espaa esla isla de Hayfi 
Espaola , c de cmo hall muertos los cripslianos que avia dexado en tierra del rey Guacanag-ari , de la 
eonccssion qucl Papa Alexandrc VI hizo destas Indias los Reyes Cathlicos, don Fernando doa 
Isabel, sus subccssorcs en los reynos de Castilla y de Len. Y del descubrimiento de las islas de los indios 
flecheros , llamados caribes , otras cosas notables. 



iluin hay que no sepa que dio el Se- y que cri las nimas de los hombres pa- 
or las cosas terrenas para nuestros usos, ra los suyos , como nos lo recuerda Sanct 



32 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



Gregorio ? ' Assi pues , conforme es- 
to , los bienaventurados Reyes don Fer- 
nando doa Isabel , desseando que 
las aimas dcstos indios fuessen pa- 
ra Dios , mandaron quel almirante don 
Chripstbal Colora volviesse esta isla de 
Hayti Espaola con una muy buena ar- 
mada, en que vinieron algunos caballe- 
ros hidalgos de su casa real otros no- 
bles varones hombres de claros linajes, 
desseosos de ver esta nueva tierra las 
cosas della. E ovicron primero aquellos 
sanctos prncipes la merced congession 
destas ludias por el Summo Pontfige, assi 
porque con mas justo ttulo su sancto 
propsito S8 efectuasse (que era ampliar 
la religin chripstiana, como siervos de 
Dios), aunque para esto no tuviessen nes- 
gessidad , tomaron ligengia ttulo del 
vicario de Christo , quien ellos siempre 
con fiel coraron tuvieron obediencia , co- 
mo por ser estas mares imperio de la 
corona conquista de Castilla, averse 
solamente los Cathlicos Reyes don Fer- 
nando doa Isabel ocupado en este 
memorable sancto exergigio; quanto 
mas que por lo que tengo dicho , ya mu- 
chos siglos antes fue este seoro de los 
reyes de Espaa. Y assi el Papa dio al 
Rey Reyna sus subgessores en los rey- 
nos de Castilla y de Len estas Indias, 
todo lo dems , fabricando una lnea de 
polo polo , por dimetro desde gient 
leguas adelante de las islas de los Agores 
y de las de Cabo Verde , y desde all 
discurriendo al poniente todo lo que en 
el mundo se hallasse, de que no tuviesse 
actual possession algn prngipe cripstia- 
no. Despus de lo qual, fue convenido 
assentado entre Espaa Portugal que 
desde las dichas islas que dixe de suso, 
tresgienlas setenta leguas dellas al Occi- 
dente, se higicsse una lnea de polo po- 
lo , lo que quedasse entre esta lnea 



la que se dixo primero fuesse de Portu- 
gal; y de aqui los portugueses interpre- 
tan que les queda todo lo del Onente, 
en lo qual se engaan. De manera que 
conforme la bula donagion apostlica, 
hecha Castilla los Reyes della, se 
comprehenden todas las islas de la Espe- 
gieria de Maluco Rruney , donde se 
coje la canela , con toda la Espegieria lo 
dems del mundo , hasta tornar por el 
Oriente la lnea primera que se dixo 
del dimetro , significada las gient le- 
guas de las islas de los Agores de Cabo 
Verde. Y esto, como he dicho, cae en la 
parte assi congedida los Reyes Cath- 
licos , de gloriosa memoria , pertenesge 
la corona de Castilla. 

Pero porque estas cosas estn aproba- 
das por el vicario de Dios de la sagra- 
da Iglesia , no es nesgessario degir otra 
cosa,snoqueyohevstoun treslado,auc- 
torizado y signado, de la Bula apostlica, 
la dala de la qual dige : Datis Romee apud 
sanctmn Petrum, anno Incarnationis Do- 
m7ii millessimo quadricjentessimo nonages- 
simo tertio, qiiarlo no7ias ma , pontifi- 
catus nostri anno primo. Pues conforme 
lo amonestado por el Sancto Padre en su 
bula donagion apostlica, gerca del cuy- 
dado que se debe tener en la conversin 
de los indios , vinieron religiosos, perso- 
nas de aprobada sancta vida letras; 
en espegial fu escogido para esto fray 
Buil , de la Orden de sanct Benito , natu- 
ral de Catalua. Al qual el mismo Sancto 
Padre dio plenssimo poder para la ad- 
ministragion de la Iglesia en estas partes, 
como perlado cabcga de los clrigos 
religiosos que en aquesta sagon ac pas- 
saron , para el servigio del culto divino 
conversin destos indios. E truxeron los 
ornamentos cruges cliges imagi- 
nes , todo loque era nesgessario para las 
iglesias templos que se higiessen. Y en 



i Libro XXXI, capitulo X, sobre cl capilu- lo XXXIX de Job. 



E INDIAS. LIB. II. CAP. VIII. 



r>3 



la Ijula siisodiclia apostlica amonest 
mand el Papa, en virtud de sancta obe- 
diengia al Rey la Reyna , que envas- 
sen para lo que es dicho estas In- 
dias buenos varones temerosos de 
Dios, doctos y expertos para instruir 
ensear los habitadores destas nuevas 
tierras en la f cathlica y en buenas cos- 
tumbres , con la debida diligenria que 
para tan sancta ardua cosa convenia. 
E assi conforme esta araonestaf ion del 
Summo Pontfice al sancto gelo que 
los Calhlicos Reyes "tuvieron , para 
complir por su parte loque en ellos era, 
en coniplimiento de lo que es dicho, 
buscaron en todos sus reynos tales per- 
sonas como eran ncsgessarias , assi de 
eclesisticos como de seglares. E con 
una muy hermosa armada lucida no- 
ble compaa de gente , qual he dicho, 
se parti el niesmo ao el almirante de 
la corte, desde la cibdad de Barcelona 
para la provin^^ia de Andaluca ; llega- 
do la cibdad de Sevilla, comentse all 
juntar la gente , las naos caravelas 
en la baha de Cliz para esta flota. Des- 
de all , hecho su alarde dada la orden 
derrota cada capitn los maestres 
pilotos para su viaje, con la buena 
ventura sali con su armada la vela, 
mircoles veynte cinco das del raes de 
septiembre de mili quatrof lentos y no- 
venta y tres aos. Y al quarto del alba 
solt las velas la nao capitana lo mis- 
mo hicieron todas las otras naos y cara- 
velas , que eran por todas diez y siete ve- 
las en que avia mili y quinientos hombres 
de hecho, muy bien adorerados y provey- 
dos de armas municiones y bastimen- 
tos y de todo lo nesgessario ; la qual 
gente vino al sueldo real. Y en esta ar- 
mada vinieron personas religiosas y ca- 
balleros hidalgos y hombres de honra 
y tales quales convenia para poblar tier- 
ras nuevas y las cultivar sancta y recta- 
mente en lo espiritual temporal ; v co- 
TMO I. 



mo por tan chripstianssimos prncipes 
proveydo , muchos criados de su casa 
real, y todos los mas de los pringipales 
dellos los vi y conosc. Y algunos al pre- 
sente hay vivos en estas Indias y en Es- 
paa, aunque son ya muy pocos los que 
quedan dellos. 

Tornando la historia al camino, digo 
que el almirante como mas diestro en la 
navegacin , por la experiencia del pri- 
mero viaje , truxo mas derecha justa 
su derrota en este segundo. Y la prime- 
ra tierra que iiall reconosri fu una 
isla que l nombr, assi como la vido , la 
Desseada ; conforme al desseo que l y 
todos los de su flota traan de ver la tier- 
ra. Y assi mismo se vio luego otra isla, 
llamla Marigalanle , porque la nao ca- 
pitana en que el mismo almirante venia 
se llamaba assi : puso nombre todas 
las otras islas que estn en aquel para- 
ge de norte sur , de polo polo; con- 
viene saber, la parte de la tramon- 
tana, primera mas cercana isla, Guada- 
lupe , la Barbada , el Aguja , el Sombrero 
otras ; mas coreanas ella , el Ane- 
gada, desde la qual al poniente estn 
muchas sletas que llaman las Vrgincs, 
mas adelante est la isla Boriquen (que 
agora se llama Sanct Juan, la qual isla 
es muy rica de las mas notables , co- 
mo se dir adelante en su lugar). A la 
parte austral de la dicha isla Desseada, 
la mas prxima ella es la isla Domini- 
ca, la qual el almirante nombr assi, 
porque en domingo fu vista. Y los 7b- 
dos Snelos es otra isla , y mas al me- 
dioda est Maiinino: la qual han queri- 
do algunos chronistas decir que era po- 
blada de amaconas , otras fbulas muy 
desviadas do la verdad , como parcsge 
por sus tractados, se ha despus ave- 
riguado por los que avernos visto la isla 
y las otras de su parage ; y es todo falso 
lo que destase ha dicho quanto ser po- 
blada de mugeres solamente, porque no 



ni 



iiisioA (;i:m:hai, y natliai. 



loes ni so sahe (|iR' jainas lo luesse. Hay 
otras islas por all , assi como Sonda Lu- 
na , Saiict ('hrip.slbal , los Harhados y 
oirs que no lia^'on muclio al caso , por- 
que son iiHiclias y pequeas. Pero quan- 
do se (liia del descubrimiento de la Tier- 
ra-Firiue, se dirn otras que hay entre 
ijueslas que he nombrado; la costa de 
Tierra-Firme destas que he dicho otras 
(jue estn con ellas, assi como Abuqucijra, 
la qual los chripstianos llamamos Sancta 
("ruz ; c el clironista Pedro Mrtir la llama 
Aymj '. Y las de al par della todas las mas 
estaban pobladas de indios ni;';'!ieros lla- 
mados caribes, que en lengua de los in- 
dios quiere derir liravos osados. Estos 
tiran con hierva tan pestfera y enconada 
que es irremediable , los hombres que 
son heridos con ella, mueren rabiando 
haciendo muchas vascas mordindose 
sus proprias manos carnes, desatina- 
dos del dolor grandssirao que sienten. Y 
quando alguno escapa, es por sobrada 
dieta, dIigen(;ia de algunas medicinas 
apropriadas contra ponzoa, de las quales 
hasta agora ac se veen pocas que apro- 
veclien. Pero lo mas giero quando algu- 
no sana, es por ser fecha la hierva de mu- 
cho tiempo , por faltarle alguno de los 
materiales poncoosos, de que es com- 
puesta , como adelante se dir ; porque 
en diversas partes, diversa manera de 
hacer esta hierva tienen los indios. Estos 
floclieros destas islas que tiran con hier- 
va, comen carne humana , excepto losde 
la isla de Boriquen. Pero dems destos 
de las islas, tambin la comen en muchas 
partes de la Tierra-Firme, como se di- 
r en su lugar. Y aquesto mismo difo 
Plinio que hacen los antroppliagios en 
Scythia : el qual anctor dige assi mismo ^ 
(lie dems de comer carne humana, be- 
Jjen con las cabecas calavernas de los 



hombres muertos, y que los dientes con 
los cabellos dellos traen por collares; y 
destos tales collares he yo visto algunos 
en la Tierra-Fi'me. 

Tornemos nuestra historia camino: 
(pie para lo que se toca de suso de otras 
criminales costumbres de los indios en su 
lugar se dir mas largamente. Digo pues 
assi: que reconoscidas estas primeras islas 
Desseada y las que estn mas gercanas 
ella, pass el almirante su armada, prosi- 
guiendo su viaje, ntrelas unas las otras, 
despus que ovieron tomado agua en una 
dellas: ydos adelante, reconosf ieron la 
isla de Boriquen, que como se dixo de su- 
so, es agora llamada Sanct Juan . E aquesta 
es la mayor isla de las que hay en aquel pa- 
raje mas principal , de cuyo sitio me- 
dida assiento gente , y de lo que hay 
desde Espaa fasta ella y las que tengo 
dicho, se far especial mencin en su lugar, 
quando convenga. E no entienda el letor, 
como han querido afirmar algunos que han 
cscripto estas cosas de Indias , que todas 
estas islas que he nombrado, las descubri 
el almirante en este segundo viaje ; por- 
que aunque hall la Desseada las que, 
viendo aquella, era forcadoque assi mis- 
mo se viessen, por ser tan propincas unas 
con otras; despus, andando el tiempo, se 
hallaron se conquistaron por diversos 
capitanes , y se descubrieron las mas de- 
llas por la continuacin de la navegacin 
destas mares. 

Tornando nuestro propsito cami- 
no , digo que despus que pass esta ar- 
mada de la isla de Boriquen Sanct 
Juan, vino esta de Hayti, que llama- 
mos Espaola , tom puerto en ella el 
mes de deciembre del mesmo ao de mili 
([uatrorienlos noventa tres aos, en 
Puerto de Plata, que es de la banda del 
Norte. E desde alli fu por la costa al)a- 



i F.n sil primera decafla, ea|). 11. 
2 I.ih. VI, cap. XVII. 



3 I.ib. Vn, cnp. II. 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. VIH. 



3;; 



xo al Occidente ala Isabela, de all |)a- 
s Monte-Chrispto , donde seoreaba el 
rey Goacaaagari, que es donde agora 
se llama Puerto Real. La qual tierra pos- 
ela ua hermano suyo, quien l avia 
dado aquella provingia ; alli avian que- 
dado los treynta oclio hombres que 
dex el almirante en el primero viaje, 
quando descubri esta tierra isla; los 
quales todos avian muerto los indios, no 
pudiendo sufrir sus exgessos, porque les 
tomaban las mugeres usaban dolas 
su voluntad , les hagian otras fuergas y 
enojos , como gente sin caudillo desor- 
denada. E avanse apartado unos de 
otros, uno uno dos dos, quando 
mas tres quatro juntos, por diversas 
partes la tierra adentro por donde que- 
ran , continuando su desorden ; como 
los indios los vieron assi divisos se- 
parados , acordaron de los matar, des- 
confiando de la vuelta del almirante 
creyendo que no avian de volver jams 
otros chripstianos: assi acabaron aque- 
llos pocos que entre ellos estaban des- 
partidos, dndoles enojo. Tambin fu 
la causa ser naturalmente la gente desla 
tierra de poca ninguna prudencia , por- 
que nunca tienen respecto lo porvenir. 
Murieron aquellos treynta ocho chrips- 
tianos , segund despus se supo de los 
mesmos indios , por lo que es dicho y 
porque no quissieron estar quedos en el 



assiento que el almirante los avia dexa- 
do. El qual, como fu certificado de la 
verdad, se volvi poblar en la Isabela; 
hizo alli un pueblo de la genle que Iruxo, 
que co;no se dixo dj suso serian mili 
quinientos hombres, puso nombre 
aquella fibdad Isabela, en memoria de la 
serenssimaCathlicaUey na doa Isabel. 
Aquesta fu la segunda poblacin de 
chripstianos que hubo en las Indias se 
fund en esta isla de Hay ti (que agora 
llaman Espaola). E hasta el ao de mili 
quatrocieutos nvenla ocho luru 
aquella repblica, porquel primero pue- 
blo que ovo fu aquel de los treynta y 
ocho chripstianos que quedaron del pri- 
mero viaje ; desde la laabela se passo 
despus toda aquella vecindad esta 
cibdad de Sancto Domingo, como ade- 
lante dir. Pero porque de la culpa de 
los antiguos que supieron destas islas (si 
son las Hesprides , segund yo creo por lo 
que al principio en el segundo captulo 
se dixo) no nos alcance parle, por n; 
escrebir la forma de la navegacin , an- 
tes que mas se proceda, ser bien que 
se diga esto, para que en ningn liemp) 
se pueda ignorar perder este camino; 
el qual se navega de la manera que en 
el siguiente capiulo ser declarado, con- 
forme la verdad de las alturas del sol 
norte de la regla de las modernas car- 
tas y experimentada cosmographia. 



CAPITI LO IX. 

I>el viiije que desde Espaa se hace para eslas ludias, de la manera lunna i|ue se tiene en la navega- 
cin , del rbol maravilloso de la Isla del Hierro, qae es una de las islas Fortunadas, (jue agora 

llaman las Canarias. 



HiU la cibdad de Sevilla tiene el empera- 
dor rey de Espaa, nuestro seor, su real 
casa de Contractagion para estas Indias, 
sus oficiales en ella; ante lus cuales las 
naos caravelas, genle m('rcaih''rias, 



todo lo que estas partes viene, se 
registran visitan. E con su licencia, la 
gente se embarcan con los capitanes 
maestres en el puerto de la villa de Sant- 
I.car de Barranieda, donde entra en el 



36 



llISTOaiA GENERAL Y NATI IlAL 



mar Oraiiu el riu de C.iiacUilquivir, que 
los anliguos llamaron Blis, del nombre 
do 15elt) , sexto rey de Espaa , segund 
alirma Beroso. E desde all siguen su 
viaje para las Islas de Canaria , que los 
cosmgraphos llaman Fortunadas, que 
son estas: Lanrarote, Fuerte Ventura, 
(ran Canaria, Tenerife, la Palma, la 
Gomera, el Hierro; de las quales liage re- 
lacin Solino en aquel su tractado de 
Mirabilibus Mundi , mas copiosamente 
Plinio, aunque no pone tan particular- 
mente, como hoy sabemos, aquel miraglo 
de la Isla del Hierro, la qual l llama 
Onibrio. Y porque es cosa mucho de sa- 
bor, dir lo que en esto he entendido de 
algunas personas fidedignas, aun por- 
que es notoria cosa. 

La Isla del Hierro no tiene agua dulce 
de rio, ni fuente, ni lago, ni poco, y es 
habitada, todos los dias del mundo la 
provee Dios de agua folestial, no llo- 
viendo. La qual le da desta manera. Ca- 
da dia del mundo , desdo una hora dos 
antes que esclarezca hasta ser salido el 
sol , suda un rbol que alli hay, cae por 
el tronco del abax.0, de las ramas ho- 
jas del muclia agua; estando continua- 
mente en aquel tiempo una nube peque- 
a niebla sobre el rbol , fasta quel sol, 
dos horas despus del alva poco me- 
nos , est encumbrado, la nube desapa- 
rcsfe, y el agua cessa do caer. Y en el 
tiempo que es dicho, que pueden ser 
quatro horas poco mas menos tiempo, 
en una balsa laguna hecha mano pa- 
ra esto, allgase taa agua al pie del r- 
bol, que basta para toda la gente que en 
aquella isleta vive , para sus ganados 
bestias. La qual agua que assi cae , es 
muy excelente sana. Esta isla y la de 
la Gomera son del conde don Guillen 
Peraca, vassallo de sus Magestades. E 
todas las otras finco islas de las Cana- 
rias Fortunadas, son do la Corona real 
do Castilla, excepto la que llaman Lan- 



garote que es de un caballero de Sevilla, 
llamado Fernandarias de Sayavedra. Es- 
ta del Hierro es pequea isla , yo la he 
visto ya tres ve^es, viniendo estas lu- 
dias. Est leste al hueste con el mar pe- 
queo que llaman en frica, puesta al 
Occidente en veynte siete grados 
medio de la etiuiuo^ ial , de la banda de 
nuestro polo rtico. 

Tornando al viaje deste camino de nues- 
tras Indias, digo pues que de una deslas 
siete islas, en espegial de Gran Canaria, 
ola Gomera, la Palma, (porque estn 
en mas derecha derrota y al propsito, 
son frtiles abundan de bastimentos, 
y de lo que conviene los que esta lar- 
ga navega;ion hacen), toman alli los na- 
vios refresco de agua lea, pan fres- 
co gallinas , carneros cabritos , 
vacas en pie, carne salada quesos, 
pescados salados de tollos gaUudos 
pargos , de otros bastimentos que con- 
viene aadirse sobre los que las naos sa- 
can de Espaa. Aquel espacio golpho 
de mar que hay desde Castilla estas 
islas, se llama el Go/yj/io (/e /as Yeguas, 
causa de las muchas deltas que alli se 
han echado. Porque como es tempestuo- 
so mar , en mucha manera mas que desde 
alli adelante hasta las Indias, de mas 
peligro, acaesgi en los pringipios que 
esta tierra se poblaba, que trayendo los 
ganados yeguas desde Espaa, todas 
las mas dolas se quedaron en aquel gol- 
pho, por tormentas, por se morir en 
el viaje ; y de ser tan dificultoso de pas- 
sarlas, comencaron los hombres de la 
mar llamarle el Golpho de las Yeguas. 
E assi se le puso este nombre se ha 
quedado con l, porque las que llega- 
ban vivas hasta las islas de Canaria , las 
tenan por navegadas puestas en salvo. 
Mas tambin pudieran llamarle el golpho 
de las vacas, pues no murieron menos 
que de las yeguas de la mcsnia ma- 
nera. 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. IX. 



37 



Tardan desde Espaa hasta estas is- 
las las naos ocho diez dias poco mas 
menos comunmente. Y llegados alli han 
andado dogicntas ginqenta leguas, 
(digo hasta la del Hierro) , porque desde 
aquel paraje tomamos nuestra derrota pa- 
ra estas partes. Y vista desta isla se si- 
gue el camino en demanda de la isla 
Desseada , de alguna de las que se di- 
xo en el captulo antes deste que estn 
en su paraje; lardan veynte finco 
dias poco mas menos, hasta ser con 
la tierra de las islas, llamadas La Dessea- 
da, Todos Sanctos, Marigalante, Gua- 
dalupe, la Dominica, otra alguna de 
las prximas estas, segund el tiempo 
les hage , como es prudencia del piloto 
en saber guiar su navio; puesto que ha 
acaesgido algunas veges passar las naos 
de noche por tiempos forgosos adelan- 
te, por estar gerrado el horigonte, 
discurrir entre estas islas, sin ver alguna 
dellas hasta dar en la isla de Sant Juan 
en esta Espaola, en la de Jamyca 
(que agora se dige Sanctiago que est 
mas al poniente), por caso en la de 
Cuba, que es la mas occidental de todas 
las que tengo dicho. E algunas veges 
por culpa desventura de los pilotos 
marineros ha vido navios que en nin- 
guna de todas estas islas han tocado , 
se han passado de largo hasta la Tierra- 
Firme, y los menos destos se salvan. 
Mas hagiadose el viaje con piloto bien 
enseado diestro (de los quales ya hay 
muchos), siempre los mas reconosgen 
una de las primeras islas que tengo di- 
cho. E hasta alli se navegan desde las 
islas de Canaria setegientas ginqenta 
leguas (aunque en algunas cartas do na- 
vegar ponen algo mas y en otras me- 
nos); pero desta cantidad que he di- 
cho de setegientas ginqenta leguas, 
poca puede ser la diferengia. Desde alli 
hasta llegar esta cibdad de Snelo Do- 
mingo do la isla do Ilayli 'f[uo agora lla- 



mamos Espaola) , navegan otras giento 
ginqenta leguas. 

Assi que desde Espaa hasta aqui hay 
mili giento ginqenta, mili dosgien- 
tas leguas poco mas menos. Esto se- 
gund las cartas de navegar que agora se 
tienen por mas crrelas mejores que las 
passadas; porque en otras solian poner 
mili tregientas leguas , y en algunas mas. 
Pero como cada dia se va mejor enten- 
diendo este camino , los mas tienen que 
aqueste viaje es de mili dosgientas le- 
guas poco mas menos. Mas causa del 
nordestear noruestear de las agujas, as- 
si en el arbitrar este defecto de la aguja 
do marear, como por las continuas mu- 
dangas de los tiempos corrientes de las 
aguas, muchas mas leguas se andan en 
este camino de lo que es dicho, las mas 
veges para venir estas partes , muchas 
mas la vuelta, para volver Espaa; 
porque es otra derrota navegacin la 
que se hage para yr desde ac Europa, 
como aqui dir. 

Trdanse desde Espaa esta cibdad de 
Sancto Domingo comunmente treynta 
ginco quarenta dias , no tomando los ex- 
tremos de los que tardan mucho mas lle- 
gan muy mas presto do lo que he dicho; 
porque yo no digo sino lo que las mas ve- 
ges acaesge. En la vuelta van desde aqui 
Castilla en ginqenta ginco dias pocos 
mas menos, puesto que el ao de mili 
quinientos veynte ginco , estando 
la Cesrea Magostad en la cibdad de To- 
ledo , fueron dos caravelas desde aques- 
ta cibdad de Sancto Domingo hasta en- 
trar en el rio de Sevilla, en veynte y ginco 
dias. Pero no so ha de lomar desto lo que 
raras veges contesge , sino lo que es mas 
ordinario, pues los extremos no son de 
seguir. Tambin solian tardar las naos en 
volver Espaa tres y quatro meses, por- 
que porfiaban hager el camino derrota 
que para ac avian Iraydo. E assi algu- 
nas veges peligraban se tardaban do- 



38 



HlSroHlA Cl-M'HAL V .NATURAL 



blado lieinpo; lu qiial agora est iiipjor 
cntLMidido, como mas diestros los pilo- 
tos en esta navegacin , corren los navios 
la vuelta del Norte, van en demanda 
de la isla Bermuda ((uc tambin se llama 
la Garga] que est en tre\ na tres gra- 
dos, algunas ve^-es la veen oirs no. 
Pero quando en esta altura se hallan las 
naos , dexan la derrota que hasta alli lle- 
vaban la vuelta del Norte, corren al 
leste la via del Oriente, porque esta isla 
est del leste al hueste , como Alamor en 
frica ; desde Agamor Sanct-Lcar, 
donde entra Guadalquivir en la mar , hay 
ochenta leguas poco mas menos. Esta 
manera de navegar mostr la experien- 
cia , porque despus que los navios se 
ponen en los treynta tres grados , son 
quassi ordinarios los vientos norueste 
norte, con que van mas ayna que por es- 
totra via que ac vinieron las naos. Aque- 
lla isla que se di^'e la Bermuda la Car- 
ca , he yo visto tiro de lombarda della, 
estando puesta la proa de la nao ella 
corriendo ya en ocho brabas de fondo. Es 
isla pequea crese que est despobla- 
da ; yo yba determinado de hager salir 
alli diez do^e mancebos con sus armas 
y que echassen media docena de puercos 
y puercas de los que llevbamos para 
nuestro matalotaje bastimento , para que 
alli se criassen hif iessen carne para que 
en algn tiempo sirviesse. Y estando apa- 
rejando de echar el batel fuera de la nao 
para lo que es dicho, faltnos el tiempo 
al contrario de mi propssito, algo es- 
forcado, fiznos desviar la vuelta de 
nuestro camino. Es tierra que no es alta 
aunque tiene un lomo mas alto que toda 
la otra tierra; y hay muchas gaviotas 
otras aves de agua por alli, y muchos pe- 
xes voladores , de los qualcs se dir en su 
lugar. Tiene aquestos dos nombres, porque 
la nao que la descubri se llamaba la Gar- 
ra, y el capitn que alli yba se e(;\s Juan 
Bermudez, el qnal era natural de Palos. 



Muchos peligros acaes(;ieron en los 
principios primeros aos (|ue estas In- 
dias se hallaron, assi al venir ac como 
volviendo bastilla, como en esta otra 
navegacin de Tierra-Firme, cada dia 
acaescen cosas de notar los que nave- 
gan. E porque ovo cosas sealadas de que 
miraglosamente escaparon algunos, de- 
cirse h algo desto adelante en el libro 
llinio, ponjue no se interrompa la ma- 
teria deste camino de Espaa. El qual 
afirman todos los que muchas ve^es le 
han andado , son hombres que han ex- 
periencia en las cosas de la mar, que es 
la navegacin del mundo mas segura en- 
tre quantas se saben del mar Ocano. 

Desde aquesta Isla Espaola araviessan 
las naos que de aqui parten , en esta 
(ierra tocan para Tierra-Firme, en siete 
y ocho y diez dias y en mas , segund la 
parte donde van guiadas ; porque la Tier- 
ra-Firme es muy grande , y hay diversas 
navegaciones derrotas para ella. Y por- 
que aun no es tiempo para hablar en su 
descubrimiento, quiero guardar esto para 
lo decir adelante en su lugar proprio. So- 
lamente digo en este caso , que quien 
desde la isla del Fierro , de quien queda 
fecha mencin (que es una de las siete 
Fortunadas de Canaria, y tan notable 
por su agua), fuere en demanda de la 
costa Tierra-Firme, y buscar aquel gran 
rio llamado Maraon (que est en ella), 
fallar la Tierra-Firme y aquella costa, 
navegando seyscientas leguas menos, 
como mejor lo podr entender quien fue- 
re curioso por la moderna y experimen- 
tada cosmographia destas Indias. Pues 
Tholomeo , antiguo cierto cosmgrapho, 
no habl cosa alguna de la Tierra-Firme, 
lo que se dixo de Aristliles Solis 
no Plinio Isidoro, en el captulo II 
deste libro, aquellas auctoridades islas 
Hesprides dicen, y en islas hablan y no 
en Tierra-Firme. A lo que yo alcauco (50 
enmienda de los que otra cosa oviereii 



DE LNDIAS. LIIJ. II. CAP. IX. 



39 



leydo), para m bien creo que el almirante 
primero, don Cliripslbal Colom, no co- 
meng este descubrimiento lumbre de 
pajas ; sino con muy encendidas claras 
auctoridades verdadera noticia destas 
Indias. Pero porque no quiero ser vido 
por corto, dir dnde estn estas islas 
tierras nuevas , quando hablare en qual- 
quiera parte dellas. 

Y satisfaciendo particularmente lo que 
toca este camino, digo que los que su- 
pieron medir, hallarn que la isla Des- 
seada (que es laprimer\en cuya deman- 
da las naos vienen de Espaa hagen su 
derrota para estas Indias), est en catorce 
grados de la lnia equinocial, la parte 
de nuestro polo rtico; las de dems 
ella prximas, todas estn en nuestro ho- 
rizonte deste mismo polo : algunas los 
lados de la Desseada hgia medioda , y 
dellas la parte septentrional, segundque 
ya las tengo nombradas en el cap. IV, 
deste lib. II. Esta Isla Espaola de la parte 
que mira al austro, y en especial en esta 
cibdad de Sancto Domingo , dista de la 
equinogial diez y ocho grados, la par- 
le costa del Norte est en veynte grados 
algn poco mas en alguna parte, y en 
otras mucho menos, por las entradas que 
la mesma tierra desta isla tiene, ensan- 
chndose y encogindose conforme la 
proporcion figura suya. Assi que desde 
diez y ocho hasta veynte es la mayor la- 
titud della ; de forma que podr ser el 
anchura treynta siete leguas, de lon- 
gitud tiene giento y veynte leguas cien- 
to y treynta poco mas menos. De las 
otras islas de dems y de la Tierra-Firme, 
en sus proprios lugares historias mas 
me detern. 

Alguno de los que bien entienden la 
cosmographia y la disputan y ensean 
complidamente, estndose en la tierra, y 
no sabindola por vista y experiencia, di- 
rn que he dicho un grande error en esta 
pltica desto viije, porque dixe queja 



isla del Hierro, donde se apunta prin- 
cipia esta derrota, est en veynte y siete 
grados y medio , que la isla Desseada 
es la que las naos vienen buscar prime- 
ro, y que est en catorce. Y que esta 
Isla Espaola, por taparte del medioda, 
y esta cibdad de Sancto Domingo estn 
en diez y ocho grados , que lo mas an- 
cho desta isla por la parte del norte est 
en veynte grados ; de forma que paresce 
que lo menos se abaxan quatro grados 
mas de lo que conviene, para tomar esta 
isla, por lo menos. Y cada grado do nor- 
te sur de polo polo tiene diez y 
siete leguas media. Assi que setenta le- 
guas se aparta del paralelo desta Isla Es- 
paola, dexndola la parte del norte^ 
y es assi verdad. Pero quien , despus que 
toma los diez y ocho grados, no se abaxa 
hasta los catorce , errara mucho en ello, 
despus que ha navegado veynte das 
con mediano tiempo. Porque sin tomar- 
los, yria por los diez y ocho dar en las 
islas que llaman las Vrgnes , mas afue- 
ra ; all hay muchos baxos peligrosa 
entrada entre las islas. E si se fuesse en 
diez y nueve en veynte, por ventura 
por poco de tiempo contrario por los 
defectos del aguja de marear (que se di- 
rn en el captulo siguiente) , no tomara 
esta isla , por las corrientes yria dar 
en las islas de los Lucayos, en la de 
Cuba , como hizo el almirante en su pri- 
mero viaje. E para excusar muchos in- 
convenientes peligros , porque el em- 
bocamiento de las islas es mas segura 
entrada en los catorce grados hasta quin- 
ce, tinense este nmero, procurando 
siempre que sea de quince abaxo; por- 
que despus de entradas las naos por tal 
paralelo entre las islas de la Desseada 
la que llaman el Antigua las que por 
all hay, lo dems que resta del camino, 
causa de las corrientes , muy presto se 
anda, toman plager esta isla. 

Esto que he dicho no so puede aprcn- 



40 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



der en Salamanca, ni en Boloa, ni en 
Paris, sino en la ctedra de la gisola, 
que es aquel lugar donde va puesta el 
aguja de navegar, con el quadrante en 
la mano ; tomando en la mar ordinaria- 
mente las noches el estrella , los dias 
el sol con el astrolabio. Porque como dice 
el italiano: altro vol la tabla que tovalla 
blanca, digo yo que otra cosa quiere tam- 
bin la navegacin que palabras ; porque 
aunque los manteles estn blancos, no co- 
mern los convidados con solo esso, ni 
porque uno estudie la cosmographia la 
sepa muy mejor quel Tholomeo, no sa- 
br, con quantas palabras estn escripias, 
navegar hasta que lo use. Ni el que Ice 
medicina curar, como debe, al enfermo 
hasta que experimentado sea para catar 
el pulso, por l entienda los paroxis- 
mos trminos que se deben proveer en 
la dolengia. Y dcssa misma manera el pi- 
loto diestro, mirando el pulso de su gi- 
sola , que es aquella calamita mixta en el 
aguja, le ensea el norte, y el quadrante 
su altura, y el astrolabio la del sol; su 
experiencia le acuerda cmo ha de tem- 
plar las velas gobernar sus marineros 
gente , y la sonda le ensea las hondu- 



ras. E criado desde paje en la mar, qu- 
dale el ofigio tan fixo, quanto le basta su 
natural; porque aunque pequeos entren 
en el arte, no salen todos pilotos, ni quan- 
tos estudian no llegan ser graduados 
de doctores. Pero pudese tener por cosa 
muy averiguada que el que no se cria en 
la mar desde muy pequeo pajegico, nun- 
ca sali perfecto marinero. Con esto con- 
suena un proverbio cortesano que suelen 
degir los curiosos: el que no fu paje, siem- 
pre huele acemilero. Quiero degir, que 
assi como desde nios se han de criar 
los pajes, hijos de los buenos, en la corte 
palacio para ser valerosos bien cria- 
dos gentiles cortesanos, no tener par- 
te de grosseros, assi los que han de ser 
marineros aprobados, es menester que en 
tierna edad comiencen padesgerlos tra- 
bajos de la mar, para no desmayar ni es- 
tar acobardados en el tiempo de los afor- 
tunados peligrosos naufragios, para 
que salgan diestros pilotos. Y esto baste 
quanto al camino, y quanto al segundo 
viage quel primero almirante fizo, conti- 
nuando este descubrimiento, quanto la 
verdadera navegacin destas mare.s desde 
Europa. 



CAPITULO X. 

llel i:rp-:v<^r y menguar rlol mar Medilerriico y del mar Ocano; en qu parles cros^e y mengua, eomo ol 

Mediterrneo , y en qu costas mucho mas. 



4 ues se ha movido la pltica del exer- 
C-i^io de la navegacin destas mares de 
ac, no es cosa para dexar en olvido, ni 
de pequea admiracin , lo que agora di- 
r , que he visto de la mar Ocana en el 
fluxo refluxo de su cresger menguar; 
porque hasta agora ningn cosmgrapho 
ni astrlogo, ni hombre experto en las 
cosas de la mar, ni algund natural de mu- 
chos, quien lo he preguntado, me han 
satisfecho ni dado rafon conveniente de 



la verdadera causa que pone en efecto lo 
que mis ojos muchas veges han visto , y 
es el misterio aqueste. 

Muy sealada cosa es el estrecho tan 
famoso de Gibraltar, donde estn aque- 
llos dos montes que los fabulosos grie- 
gos dixeron que Ilrcoles Thebano abri, 
llamados Calpc o bila, dexando el uno 
en frica y el otro en Europa , para que 
el mar Mediterrneo se comunicasse con 
el Ocano. Desde aquella puerta, siguien- 



DE liNDlAS. LIB. II. CAP. X. 



41 



do al Levante en todo lo que el mar Me- 
diterrneo Adritico, y Egeo (y los 
otros que son miembros partes de aque- 
lla agua toda que desde Gibraltar al Le- 
vante hay salada entre frica Assia 
Europa desse mar Mediterrneo), no eres- 
ge, ni mengua la mar comunmente mas 
ni menos de lo que en Valengia Bar- 
celona Italia ; y quando algo mas de lo 
ordinario sale, es poco espacio mas por 
algunas sealadas tormentas. Pero Qes- 
sando aquellas, trnase su orden tiem- 
pos ordinarios del invierno y del verano. 
Desde el estrecho afuera este mar Oca- 
no cresfe mengua mucho en la costa 
de frica Europa , como lo han visto 
veen cada dia los que miran la mar por 
la costa del Andalugia y Portugal , Ga- 
ligia , Asturias y las Montaas , Viz- 
caya, Guipzcua, Normandia, 'Bre- 
taa, Inglaterra, y Flandes, y Alema- 
a y todo lo dems opuesto al Norte ; de 
tal forma que es sin comparacin en 
grandssima manera mas lo que el Ocano 
cresge donde he dicho. Digo mas , que 
por el mismo mar Ocano (desde donde 
mas cresge de las partes que he dicho), 
partiendo en una nao , llegando las 
islas de Canaria , assi en ellas como en 
las islas que he dicho destas Indias , y en 
quanto he tractado dellas hasta el cap- 
tulo presente, y desta parte ac de la 
Tierra-Firme se ha fecho mengion , y en 
todas las costas della que miran al Norte, 
en mas de tres mili leguas, nocresfe ni 
mengua el agua de la mar mas ni me- 
nos de lo que en Bargelona dentro del 
estrecho mar Mediterrneo. Y desta mis- 
ma manera en esta Isla Espaola y en 
la de Cuba , y en todas las otras destas 
mares, conforme al mar de Italia : que es 
poqussimo, respecto de lo que el gran- 
de mar Ocano cresge en las costas de 
Espaa Inglaterra Flandes, etc. 
Noten bien los letores todo lo que est 

dicho, para que se comprehenda mejor lo 
TOMO 1. 



que agora se dir. No obstante lo que 
de suso es apuntado, digo que este mis- 
mo mar Ocano, en la costa que la Tier- 
ra-Firme tiene opuesta al Medioda , 
parte austral , en la cibdad de Panam 
desde alli la parte del Levante Po- 
niente de la misma cibdad de la isla de 
las Perlas (que los indios llaman Terare- 
qui) y en las islas Taboga Toque , 
todas las otras que llaman de Saiicl Pablo 
las dems de aquella mar del Sur al 
Poniente, en mas de trescientas leguas que 
yo he navegado por aquellas costas, cres- 
Ce mengua tanto la mar, que quando 
se retrae, paresge que se pierde de vista 
en algunas partes. Pero sin duda son dos 
leguas mas las que se aparta en luga- 
res algunos, desde la cibdad de Panam 
por la costa occidental della. Esto he yo 
visto muchos millares de veges. 

Otro notable maravilloso en la mesma 
materia , de lo que mas se deben los 
hombres maravillar, y es al mismo pro- 
pssito de lo que est dicho. Desde la 
mar del Norte la del Sur , en que tan 
gran diferencia hay en el cresger men- 
guar de la mar, hay poco camino de costa 
costa, atravesando la tierra desde la 
cibdad del Nombre de Dios que est desta 
parte de Tierra-Firme mirando el Norte, 
hasta la cibdad de Panam, que est al 
opsito en la misma Tierra-Firme, miran- 
do el Sur; porque no hay mas de diez y 
ocho veynte leguas de travs, por 
donde el sol las anda no debe aver do- 
ge, porque la tierra es muy spera 
montuosa. De manera que, pues todo lo 
que es dicho de ambas costas de Tierra- 
Firme es un mismo mar Ocano , cosa es 
aquesta para contemplar y especular los 
que semejantes secretos son inclinados 
y dessean entender cosas secretos de 
tanta admiracin. 

Con algunas personas de grandes le- 
tras he todo aquesto platicado : no me 
han satisfecho, porque no lo alcangan, 



42 



HISTORIA (".l'.NKHAL V NATLHAI, 



i) jionjuc no so lo lio sabido dar on- 
Icndor no lo han olios como yo visto. 
Pero para m, yo me satisfago , acordn- 
dome que el qne estas cosas de admira- 
f;ion permite, sabe obrar estas y otras 
incomprensibles maravillas que al enten- 
dimiento humano no se conceden sin es- 
pecial gracia. Yo he puesto a(pii esta quis- 
tiun , como testigo de vista : de la absolu- 
cin della no he sido digno hasta agora; 
mas en la verdad mucho holgara de verla 
decisa. Visto he en Plinio lo que di^e * 
afirmando que en muchas maneras cresfc 
(' mengua la mar; mas que la causa del 
sol de la luna procede. E da para ello 
ciertas rabones de los cursos destos dos 
planetas: tambin difo que los cresgi- 
miontos del mar Ocano son mayores 
que aquellos del Mediterrneo; y para 
ello d'iQQ que lo puede causar ser mas 
animoso en el todo que en la parte, 
porque su grandeza mas esparcida , sien- 
ta mas la fuerza del planeta , \a qual se 
jiuede mas extender, trae su prop- 
sito otras rabones. Y en el mismo li- 
bro segundo de su Natural Historia ^ 
dice que en algunos lugares fuera de ra- 
tn cresfe mengua la mar, porque los 
planetas no nasfon un mismo tiempo 
en todas las tierras; y que por esso in- 
terviene que el cresger de la mar no es 
de una manera. Mas dice que la dife- 
rencia est en el tiempo y en la forma: 
assi que en algimas partes hay una espe- 
cial natura (3 movimiento , assi como en 
la Isla de Euboea, en la qual siete veces 
al dia va viene la mar, tres dias del 
mes est firme , que son el sptimo oc- 
tavo noveno dias de la luna. 

Esto que dige Plinio , de que aqui se ha 
iiecho memoria , lo que mas en esta 
materia por l se tracta, cosas son muy no- 
tables. Pero yo no tengo por cierto que el 



sol y la luna sean la causa de la grands- 
sima diferencia ([ue dixe que hay en el 
crosger menguar de la nuir en la cibdad 
del Nombre de Dios costa del Norte de 
Tierra-Firme , respecto de lo (jue eres- 
ge mengua en la cibdad de Panam 
sus costas australes en la mesma tierra; 
habiendo tan poco camino de la una cib- 
dad la otra. Ni tampoco me satisfago 
(|ue diga PUnio que los cresgimientos del 
Ocano sean mayores que los del Me- 
diterrneo mar, porque no dixo en par- 
te [)artcularigando , sino expressa ge- 
neralmente en todo el Ocano , por las 
ragones que l lo funda ; pues el mucho 
crescer y menguar en Espaa el mar 
Ocano, y el poco menguar en las In- 
dias, en estas islas costa del Norte de 
Tierra-Firme , todo es en una mar , y la 
mesma ocana es assi la de Panam y 
sus costas, donde tanto cresge y mengua, 
como tengo dicho. Ni tampoco me satis- 
fago que l diga que lo causa no nasger 
los planetas en un mismo tiempo en ca- 
da pais tierra,- ni le congedo que la 
diferengia est en el tiempo. Mas creo 
que est en la forma , aver en algunos 
lugares una espegial natura movimien- 
to , no como l presume que acaesge en 
la Isla de Euboea , porque lo que della l 
escribe tambin lo tengo por incom- 
prehensible al ingenio humano; y pienso 
que es nesgessario ser alumbrado de arri- 
ba el que esse secreto alcaagare. Si co- 
mo l dige , siete veges al dia alli cresge 
y mengua la mar, y que tres dias del 
mes est firme, cosaos maravillosa!.. Es- 
ta Isla Euboea es en el mar Mediterrneo 
Arcipilago , la qual escribe que fu 
desapegada divisa de Boecia que la 
mar hizo este apartamiento ; tambin 
dige que la isla de Secilia la despeg la 
mar la dividi de la Italia '. Pero por- 



1 I.ib. II , cnp. XCIX. 

2 Cap. C. 



3 I. ib. Ilf, cap. VII. 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. X. 



43 



que dixe de suso que yo creo que est 
en la forma , aver en algunos lugares 
partes del mundo una especial natura, 
no lo entiendo yo como Plinio lo pen- 
saba ; mas dir lo que pienso sospe- 
cho deste secreto, y es aquesto. 

Desde el estrecho que en la Tierra- 
Firme descubri el capitn Hernando de 
Magallanes (del qual en su lugar ser 
hecha mas particular mengion), hay des- 
de la boca punta del, llamada Arci- 
pilago del Cabo Desseado hasta Pana- 
m, por la parte austral (medido por una 
regla derecha un hib) mas de mili le- 
guas, las quales sern muchas mas, quan- 
do la costa sea descubierta de todo pun- 
to, causa de las puntas y ensenadas 
que harn la mar la tierra (de nesf essi- 
dad) , de donde grandssimos secretos se 
esperan alcanzar descobrir. Este es- 
trecho tura fiento diez leguas de lon- 
gitud, tiene dos tres leguas fasta 
seys poco mas menos en algunas 
partes de latitud en todo l ; de forma 
que en una canal tan grande tan estre- 
cha , de tierras altssimas , como se diQO 
que hay en ambas costas deste estrecho, 
de creer es que las aguas que por alli 
entran la mar del Sur, que corre- 
rn con extremada velocidad mpe- 
tu. E assi lo oy defir al capitn Juan 
Sebastian del Cano, que entr por 
aquel estrecho con la nao Victoria, fu 
la Especiera , corriendo al Poniente, 
volvi por el Levante. Assi que anduvo 
aquella nao todo lo que el sol anda en 
aquel paralelo , como se dir en su lugar; 
lo mismo oy Fernando de Busta- 
mente otros fidalgos que en la misma 
nao fueron vinieron. 

Estos fueron los primeros espaoles 
hombres que hasta agora se sabe aver 
hecho tal camino aver bojado el mun- 
do. E poco h lo entend mas particu- 
larmente de un clrigo, sacerdote de 
missa , que despus en otro viaje ar- 



mada pass por el mismo estrecho, lla- 
mado don Juan de Areygaga. Este estre- 
cho est en f inqcnta dos grados 
medio, allende delaequinofial, en el otro 
polo antartico , al opsito de nuestro 
hemispherio ; y la cibdad de Panam es- 
t en ocho grados medio desta parte 
del equinofio, la vanda de nuestro polo 
rtico. Y enfrente de Panam, por sus 
costas al Poniente hay muchas islas de 
luengo luengo de la costa algunas (ger- 
ca de la Tierra-Firme, algunas algo 
mas desviadas); por el assiento de las 
quales su forma dellas de la Tierra- 
Firme , pienso yo que se causan las gran- 
des corrientes, y que aquella disposicin 
de la mar y de la tierra es la causa de 
tan grandes cresfientes menguantes. 

A esto se puede degir, que quando vi- 
niendo de Espaa estas Indias, topamos 
las primeras islas, Marigalante, la Des- 
seada las que estn en aquel paraje, 
que son muchas en espacio de fiento rin- 
qiicnta leguas de Norte Sur ( toman 
desde las que se llaman las Vrgincs, 
fasta el golpho de la Boca del Dragn 
costa de Tierra-Firmo) , cmo alli no se 
causan tan grandes corrientes men- 
guantes, como en esta costa austral. Esto 
tiene fermosa natural respuesta. La 
(nal es , que todas estas islas desta par- 
te de Tierra-Firme que digo, las toma el 
mar Ocano de travs; y assi passan 
las aguas con monos resistencia entre 
ellas, hay mas lugar de exalacion ex- 
pirar, sin tanto contraste de su curso. 
Mas las islas de la mar austral estn 
opuestas en longitud, leste al hueste al 
luengo de la costa de Panam; assi 
naturalmente resisten la fuga mpetu 
de las aguas que deben venir, de nesge- 
sidad, del dicho estrecho de Magallanes. 
E assi entre aquellas islas la Tierra Fir- 
me, desta causa me paresfe mi que 
son mayores las corrientes , por con- 
siguiente el crcscer c menguar de la mar 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



es all tan extremado, como de suso se 
dixo. Esto por la forma assiento de las 
tierras; assi me parcsfe m que de 
aqui nasge la espcgial natura que esto 
causa, mejor diciendo (si esto no es 
la raQon dello), ser aquella causa de las 
causas, que es el mismo Dios, que assi le 
plugo ordenarlo. Quanto mas que para 
lo que yo ignoro en este caso , me des- 
culpa Aristtiles con su muerte; en la 
qual yo no le pienso imitar, investigando 
estos secretos : del qual escribe Joliannes 
Yalensis' que en Gregia, par de Ni- 
groponte , queriendo Aristtiles inves- 
tigar la causa del fluxo refluxo del 
mar, no pudiendo considerar ni en- 
tender la causa suficiente de lo que 
vea : Ex indignatione alloquens aquam, 
ail: Quia not possum capere te, capias me; 
el se precipilavit siibmersit. Quiere degir 
que enojado, se ech en la mar, dicien- 
do: Pues no te puedo comprehender. 



comprehendeme t mi, assi se aho-^ 
g. Por lo qual concluye San Gregorio 
Naf ianreno : quod sapientia mundi, slulti- 
tia est apitd Deiim. Y conforme estas 
auctoridades, ningn sabio se debe eno- 
jar por lo que no alcanza; sino tomar 
dello lo que tuviere Dios por bien de le 
comunicar hager capaz para lo com- 
prehender ; desso y de todo darle siem- 
pre loores creer que le es todo posible, 
y l sabe lo que fage para qu efecto. 
Pero porque de suso se dixo quien son 
los que tienen que Aristtiles hizo tal fin, 
digo que otros escriben que no fu l el 
que se ech en la mar , por no entender 
el fluxo refluxo dola, sino Euripo 
philsopho: qualquiera que haya sido, 
err , y assi errarn los que quisieren in- 
vestigar las maravillas de Dios y alean- 
garlas por su seso, sin intervenir la gra- 
fa espegial del mismo fagedor dellas. 



CAPITULO XI. 

Del iiordeslear d noruoslear de las agujas de marear, de las mudancas de la estrella del norle, de 
las quatro estrellas que llaman el crucero del Sur de la linia del dimetro. 



"ixe en el quinto captulo que las agu- 
jas del marear eran defetuosas nordes- 
teaban noruesteaban; y porque este trac- 
tado no solamente puede ser til los 
que han conosgimiento destas cosas , mas 
tambin puede aprovechar los que nun- 
ca vieron la mar, avisando los hombres 
que aquesto nunca oyeron, y deleytan- 
do los que dessean entender cosas ra- 
ras y de semejantes efetos, digo assi. 

Las agujas de marear estn cebadas 
compuestas con la virtud medio de la 
piedra calamita (que vulgarmente en Cas- 
tilla llamamos piedra yman) , de la qual 
y de sus propriedades hagen gran men- 



gion los naturales , la nombran por di- 
versos nombres; porque dems de los 
dos que he dicho, la llaman magnete, 
ematite , siderita y heraclion. Es de di- 
versas espegies gneros esta piedra; 
una es mas fuerte que otra , no todas 
las calamitas son de una color ; la mejor 
de todas es la de Ethiopia , la qual se ven- 
de poso de plata. Tienen todas las ver- 
daderas calamitas grande eficagia en la 
medigina,paramuchas enfermedades. Mas 
hablando solamente en lo que aqui fage 
nuestro propssito de las agujas del na- 
vegar, cebadas con esta piedra , ellas en- 
sean los que navegan el proprio lugar 



i De rcgimme vilce humana: de Arist. el ejus mnrtc , cnpiliiln XXf. 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. XI. 



45 



del polo nuestro rtico, tramontana (que 
tambin se llama Norte) , en qualquier 
tiempo hora momento del dia de la 
noche , assi estando los cielos claros y se- 
renos, como ofuscados nublosos, por 
qualquier caso de tormentas lluvias. E 
aunque de dia no vemos la estrella mas 
propinca del polo , que vulgarmente lla- 
mamos Norte (puesto que no lo es) , que 
la noche sea de tales nublados que tam- 
poco parezca el estrella, siempre el agu- 
ja , causa de la mixtura virtud que 
tiene por la calamita con que est com- 
puesta, nos seala el polo, por alli se 
gobiernan los pilotos mareantes to- 
dos los que usan el exergicio de la na- 
vegacin. 

Dixe de suso que la estrella que lla- 
man Norte no lo es; assi lo digo, si pen- 
sredes que por ella se entiende el polo 
axis, que es fixa, porque en la ver- 
dad el polo es otra cosa, y aquel tiene 
respecto la piedra calamita las agujas 
cebadas con ella , porque la estrella que 
vemos es movible no fixa. Pues que es- 
tando las estrellas que llamamos las guar- 
das (d essa misma tramontana) en la ca- 
bera , est la estrella debaxo del polo 
tres grados ; y quando est en el pie , es- 
t la estrella tres grados sobre el polo, 
assi que de Norte Sur se mueve tres gra- 
dos. Estando las guardas en el brago del 
leste , est la estrella debaxo del polo 
grado y medio; y estando en el brago 
del hueste est la estrella grado me- 
dio engima del polo ; assi que de Oriente 
Occidente se aparta grado medio de 
la forma que he dicho. Estando las guar- 
das en la lnia del nordeste , est la es- 
trella debaxo del polo tres grados me- 
dio ; y estando en la lnia del sudueste, 
est la estrella otros tres grados medio 
encima del polo. Y estando las guardas 
en la lnia del norueste, est la estrella 
debaxo del polo medio grado; y al op- 
sito estando las guardas en la lnea del 



sueste, est la estrella encima del polo 
medio grado. Por manera que pues to- 
das estas mudanzas desvos fafe la es- 
trella , no es ella el polo , ni es fixa, ni 
seria medida fierta para los navegantes. 
Pero como es la que est mas gerca del 
polo, hnse de advertir todas estas mu- 
danzas desta estrella, pues que el pro- 
prio polo no se puede ver , atendiendo 
la constangia que la calamita aguja por 
su respecto tienen , mirando fixa perpe- 
tuamente en el polo invisible. E assi al- 
canzan los hombres diestros en estasgien- 
gia arte de navegar el camino que lle- 
van, concertando el aguja con el Norte, 
y por las alturas del y del sol , cotejan- 
do las unas con las otras, conforme la 
regla de la declinacin del sol. Y por es- 
tos avisos llevan concertado su camino. 

Todo esto es para hombres que usan 
este exergigio de la mar mas aplacible 
letura que los que en ella no se ocu- 
pan. Pero quanto la dificultad que dixe 
que padesgen las agujas , mejor digien- 
do, el entendimiento de los hombres (pues 
ellas nos ensean lo que agora dir), cre- 
se que el dimetro mitad del mundo, 
lnia que atraviessa de polo polo, cru- 
zando la equinogial, passa por las islas 
de los Agores , porque nunca las agujas 
estn derechamente de todo punto fi- 
xas en perfigion de medio medio del 
polo rtico , sino quando las naos ca- 
ravelas estn en aquel paraje altura. Y 
quando de alli passan hgia estas partes 
occidentales, noruestean bien unaquarta, 
quando mas se desvian de alli. E passan- 
do ala vuelta para Levante, desde las di- 
chas islas de los Agores, nordestean otra 
quarta, quanto mas se alexan. Assi que 
aquesto es lo que quise degir, quando to- 
qu esta dificultad de las agujas, para 
nuestro propssito. 

Quiero degir otra cosa muy notable, 
que los que no han navegado por estas 
Indias no la pueden aver visto , salvo los 



g 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



que fueren en demanda de la equino(,'ial, 
estuvieren lo menos en veynle dos 
grados poco mas menos della. Y es que 
mirando la parte del Sur, vern que se 
alfan sobre el horizonte quatro estrellas 
en cruz [Lm. 1, firj. 2) que andan al 
derredor del circulo de las guardas del 
polo anlrlico , de la forma que estn en 
esta figura puestas : las quales la Ces- 
rea Magestad me dio por mejoramiento 
de mis armas, para que yo mis subtes- 
sores las pusissemos juntamente con las 
nuestras antiguas de Valdes , aviendo 
respecto lo que yo he servido en estas 
partes Indias primero en la casa real 
de Castilla, desde que ove trefe aos; 
porque en tal edad comeng servir en 
la cmara del serenssimo prncipe don 
Juan , mi seor de gloriosa memoria, tio 
de la Cesrea Magestad , despus de sus 
dias los Reyes Cathlicos, don Fernan- 
do doa Isabel, de inmortal recorda- 
cin, despus sus Magestades. Las 
quales armas estarn en fin deste tracta- 
do , pues que es escripto en estas partes, 
donde tantos traijajos padesgen los hom- 
bres que veen estas estrellas , donde yo 
he gastado lo mejor de mi vida. Toqu 
esta particularidad de las estrellas, por- 



que son muy notable figura on el cielo; 
en el qual hay otras innunu'rahlos (jue se 
veen [)oco antes dcilas , al paresger h- 
gia el rtico; y de alli discurriendo la 
vista la parte austral, vern el cielo tan 
lleno de estrellas, como est sobre Espa- 
a en diferentes intervalos figuras , que 
no se veen ninguna dellas desde Espaa 
ni desde parte de toda la Europa, ni en 
la mayor parle de Assia ni frica , sino 
fuere passando de los veynte dos gra- 
dos del polo rtico , aliaxando el nmero 
dcllos la parte del polo antartico, yen- 
do hgia la equinogial, ni se pueden ver 
en todo el tr()pico de Cncer. 

Tornando la historia , tiempo es que 
se diga por qu causa los indios gente 
del rey Goacanagari mataron en esta Isla 
Espaola los chripstianos, que el j)rinie- 
ro viaje dex en ella el almirante, don 
Chripstbal Colom ; cju gentes fall en 
esta tierra , hasta que adelante se conti- 
nen las otras cosas que la historia con- 
vienen , para que despus con mas aten- 
gion se escriban los animales aves 
rboles fructas mantenimientos que 
los indios tenian para su sustentagion , 
las otras cosas que higieren al caso de la 
historia. 



CAPITULO XII. 



Dlo que hico elalmiranle, don Chripslbal Colom, despus que supo que los ludios avian niuerlo los- 

cbripslianos que dex en esta Isla Espaola el primero viaje ; como fund la cibdad de la Isabela la 

forlalcza do Snelo Thoms, como descubri la isla de Jamyca, vido mas parliculariiienle la isla 

costa de Cuba, de las primeras muestras de oro de minas que se llevaron Espaa. 



Uicho se han el primero y segundo 
viajes que el almirante, don Chripstbal 
Colom, fizo estas islas Indias, y cmo 
en el primero camino dex treynta y 
ocho hombres en tierra del rey cagi- 
que Goacanagari. Aquellos chripstianos 
escogi que le parogieron de mejor tien- 
to y esfuerzo ; pero como conosgia la fra- 
gilidad desta humana vida, dex tantos. 



porque si algunos muriessen, otros que- 
dassen que l puJiesse hallar quando 
volviesse ; y tambin para que fuessen 
parte para corregir y enmendar los unos 
los otros, si entre ellos algn exgesso se 
cometiesse. Y no dex mas de aquellos, 
porque tenia negessidad de los que le 
quedaban en los navios, para volver Es- 
paa , y porque esta gente le prese i 



DE INIAS. LIB. II. CAP. XII. 



muy domstica y mansa. Assi que para 
fronteros ha^er guerra no quedaban, 
ni el pensamiento del almirante fu que 
los indios tal tentaran, segund su manse- 
dumbre, porque si l esto sospechara, no 
los dexra. Pero para lenguas soste- 
nerse en paz eran muchos , f ierto para 
aquello bastaran diez do?e, no avia 
de dexar mas, avian de quedar doscien- 
tos, y l no los tenia. Finalmente su in- 
tencin err menos en los mandar que- 
dar, que ellos mismos en no se saber 
conservar y estar bien ordenados. Con 
todo esso, el almirante les hizo muchas 
amonestaciones, diles la orden que 
debian tener, para se conservar entre 
aquestas gentes salvajes. Prometindoles 
muchas mercedes, parti con ellos assi 
de los bastimentos, como de todo lo de- 
mas que l pudo darles para su vestua- 
rio. Dexles armas, de las quales les 
exort que no usasen en ninguna mane- 
ra , sino siendo muy forjados , y no sien- 
do jams los agressores; y encomend- 
los, quanto mas aficionadamente lo supo 
mostrar, al seor de la tierra Goacanaga- 
ri, al qual dio assi mismo muchas cosas, 
porque mejor los tractasse favores- 
fiesse. Y qued por capitn con esta 
gente, como tengo dicho, un buen hi- 
dalgo , natural de Crdoba , llamado Ro- 
drigo de Arana, assi mismo qued con 
ellos otro hombre de bien, llamado 
Maestre Juan, gentil cirujano. Pero co- 
mo los mas de aquellos hombres que assi 
quedaron, eran marineros, y estos tales 
es gente sobre s, tan diferentes de los 
de la tierra , como lo es su oficio , muy 
pocos dellos ninguno ovo capaz para 
lo que el almirante los quera : que era 
saberse comportar 6 regirse entre los in- 
dios aprender la lengua sus costum- 
bres , comportar los defectos bestia- 
lidades que en los indios viessen. Mas 



en la verdad , hablando sin perjuycio de 
algunos marineros que hay hombres de 
bien comedidos virtuosos , soy de 
opinin que por la mayor parte en los 
hombres que exercitan el arte de la mar, 
hay mucha falta en sus personas y enten- 
dimiento para las cosas de la tierra ; por- 
que dems de ser por la mayor parto 
gente baxa y mal doctrinada , son cob- 
diciosos inclinados otros vicios , assi 
como gula, luxuria, rapia, mal 
sufridos. E como no cupo en los que Co- 
lom dex en esta isla alguna parte de 
prudencia ni vergenca, para se sostener, 
obedesciendo los preceptos de tan pru- 
dente varn, ni quisieron estar quedos 
donde l los avia dexado , dieron mala 
cuenta de sus personas, no dieron 
ninguna, pues no les qued vida pa- 
ra ello. 

Luego se supo de los indios cmo 
aquellos chripstianos les hacian muchos 
males les tomaban las mugeres las 
hijas todo lo que tenian, segund lo que- 
ran hacer. Y con todo esto , vivieron en 
tanto que estuvieron quedos acaudilla- 
dos ; mas assi como se descomidieron 
con el capitn que les qued y se en- 
traron la tierra adentro , pocos pocos y 
desviados los unos de los otros, todos los 
mataron sin que alguno quedasse. S- 
pose assi mismo que la elecion de los 
dos capitanes que el almirante mand 
que quedassen, para despus del prime- 
ro, fu mucha causa de su separacin, 
porque segund los indios decian, cada uno 
de los otros quiso ser capitn. E assi co- 
mo el almirante se parti para Espaa, 
comoncaron estar diferentes dividir- 
se, c cada uno dellos quiso ser la cabeca 
y el principal ; y la seora de muchos no 
es til en los hechos de guerra , segund 
dice Livio *. E assi ovo lugar su perdi- 
cin por sus diferencias, y no teniendo 



l Decada I , liliro IV, cnpituln XXIII. 



48 



HISTORIA GKNERAL V .NATURAL 



vn nada i los indios, de dos en dos, c 
tres en tres, pocos juntos se despar- 
tieron en diversas partes ; usando de sus 
ultrajes en tal manera, que los indios no 
lo |>odiendo ya comportar , durmiendo 
unos otros descuydados, dexando las 
armas, cpiaudo mejor aparejo se falla- 
lia, todos les dieron la muerte, sin que 
ninguno dellos quedasse. E como el al- 
mirante volva consigo algunos de los 
indios que avia llevado Espaa , entre 
ellos uno que se llamaba Diego Coiom, 
avia mejor que los otros aprendido 
hablaba ya medianamente la lengua 
nuestra; por su interpretagion el almi- 
rante fu muy enteramente informado de 
muchos indios y del proprio rey Goaca- 
nagari, de cmo avia passado lo que es 
dicho, mostrando este cagique mucho 
pesar dello. Pero muy mayor le sinti el 
almirante, el qual despus de se aver 
gertificado desto , desde pocos dias que 
estuvo en Puerto Real, se vino una pro- 
vingia desta isla, fizo alU una cibdad 
que nombr la Isabela. 

Desde aquella parti con dos carave- 
las el almirante descobrir, y des en 
esta Isla Espaola por su teniente go- 
bernador don Diego Colom, su herma- 
no , entre tanto que llegaba don Bartolo- 
m Colom , adelantado y hermano suyo 
assi mismo , que avia quedado en Espa- 
a , c venia de Inglaterra buscar al al- 
mirante. Y dex al comendador, Mossen 
Pedro Margarite, por alcayde de una for- 
talega que el almirante avia mandado 
hacer en las minas que llaman de Cibao 
[que son las mas ricas desta isla, par 
de un rio que llaman Jauico) , assi como 
se tuvo notigia dellas; en las quales se 
cogieron algunos granos de oro por los 
espaoles, porque los indios no lo sa- 
ban coger, si no se lo hallaban engima 
do la tierra. Y tambin los espaoles no 
tenian aquella esperiengia que los anti- 
guos asturianos, lusitanos, eallejos 



tuvieron antiguamente en este exergigio 
de las minas en las provingias que he di- 
cho en Espaa , de donde los romanos 
tan grandes tesoros ovieron. Esta forta- 
leza fu la segunda que ovo en esta isla, 
alli fu el comendador Mossen Pedro 
Margarite primero alcayde della , lla- 
mronla Sancto Tilomas ; porque como 
estaban en dubda del oro, quisieron ver 
y creer, cmo desto fueron gertificados 
los chripstianos, quiso el almirante que 
la fortaleza se llamasse como he dicho. 
Pero en aquel pringipio no se sac sino 
poco oro , con el qual envi el almirante 
en giertos navios al capitn Gorvalan. Y 
este hidalgo llev las nuevas del oro 
minas ricas de Cibao los Cathlicos Re- 
yes, don Fernando doa Isabel, por lo 
qual le higieron mergedes , aunque otros 
quieren degir que el que primero truxo 
las muestras del oro Espaa , por man- 
dado del almirante, fu el capitn An- 
tonio de Torres, hermano del ama 
del prngipe don Juan , de gloriosa me- 
moria. Assi que hallado el oro, el almi- 
rante puso en efeto su camino sali de 
la Isabela, y con l otros caballeros, 
los que le paresgi que convenia llevar 
en dos caravelas muy bien armadas 
provedas. En tanto que l yba des- 
cobrir, se siguieron muchos trabajos los 
chripstianos que aqu quedaban como se 
dir adelante ; y aquel mesmo ao de 
noventa y quatro se perdieron en la Isa- 
bela quatro navios, uno dlos quales fu 
la nao capitana llamada Marigalante. 

Deste viaje descubri el almirante la 
isla de Jamyca, que agora se llama 
Sanctiago, hasta la qual hay desde la 
parte mas occidental desta isla (que es 
la punta del Tiburn) veynte ginco le- 
guas. Pero la verdad es que el almirante 
llam el pringipio parte mas oriental 
desta isla, cabo de Sa?Kt Raphael, al 
cabo ltimo mas occidental de la isla 
llam cabo de Sanct Miguel; al qual ago- 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. XII. 



49 



ra algunos ignorantes de la verdad le lla- 
man el cabo del Tiburn. Tornando Ja- 
myca , digo que est aquella isla en diez 
y siete grados de la lnia equino^ ial : tie- 
ne de longitud finqenta leguas mas, 
de latitud veinte y finco; pero primero que 
el almirante la descubriesse, fu la Isla 
de Cuba , vido sus costas mas particu- 
larmente que quando la avia descubierto 
en el primero viaje : la qual agora se lla- 
ma Isla Fernandina , en memoria del 



Serenssimo Cathlico Rey, don Fer- 
nando, de gloriosa memoria. Esta isla 
creo yo que os la que el clironista Pedro 
Mrtir quiso intitular Alpha, a; otras 
ve^es la llama Juana ; pero de tales nom- 
bres no hay en estas partes Indias isla 
alguna. Y no s que le pudo mover la 
nombrar assi ; pero pues destas islas 
adelante se ha de tractar mas espef ifica- 
damente, basta lo que en esto est ya 
dicho. 



CAPITULO XIII. 



Que Iracta de los trabajos y guerras que passaron los chripslianos que quedaron con don Diego Colom 
con el adelantado don Bartolom Colom en la villa de la Isabela, en lano que el almirante fu dcscobrir 
desde alli, y de lo que acaosci con eiorlas trtolas al alcayde Mossen Pedro Margarile en la forlaleca de 
Sancto Tilomas, y de la poblacin fundamento de aquesla cibdad de Snelo Domingo , adonde el almi- 
rante torn, despus de aver descubierto Jamyca otras cosas, etc. 



vluando el almirante primero partij de 
la cibdad de la Isabela , dex por su te- 
niente gobernador desta isla , con to- 
da la mas gente de los chripslianos don 
Diego Colom , su hermano , entretanto 
que venia , como despus vino , el ade- 
lantado don Bartolom Colom, su her- 
mano. Aveis de saber que como luego 
que se pobl aquella cibdad y el almiran- 
te reparti los solares para que los espa- 
oles figiessen, cotuo Iiifieron, sus casas, 
les seal la caballeras tierras para 
sus heredamientos; vindolos indios que 
esta vegindad les avia de turar , pesles 
de ver el propssito de los chripsianos. 
E para escusar esto darles ocasin que 
se fuessen desta tierra, pensaron un mal 
ardid, con que murieron mas de las dos 
partes la mitad de los espaoles , de 
los proprios indios murieron tantos que 
no se pudieran contar. Y esto fizse de 
forma que no se pudo entender ni reme- 
diar , porque como eran tan nuevos en la 
tierra los chripslianos, no caan en el tra- 
bajo en que estaban, ni le entendieron; 

y fu aqueste. Acordaron todos los indios 
TOMO I. 



de aquella provincia de no sembrar en el 
tiempo que lo doblan hafer, como' no 
tuvieron mahiz, comironse la yuca, que 
son dos maneras de pan , y el principal 
mantenimiento que ac hay. Los chrips- 
lianos comironse sus bastimentos ; 
aquellos acabados, querindose ayudar 
de los de la tierra que los indios acos- 
tumbran, no los tenian para s ni para 
ellos. Y desta manera se caan los hom- 
bres muertos de hambre, en aquella cib- 
dad los chripslianos ; y en la fortaleza 
que es dicha de Sancto Thoms, do esta- 
ba el comendador IMossen Pedro ]\Iarga- 
rite, tambin por la misma nesf essidad se 
le muri la mitad de la gente, por toda 
la tierra estaban los indios muertos 
cada parte. El hedor era muy grande y 
pestfero : las dolencias que acudieron 
sobre los chripslianos fueron muchas, 
allende del hambre ; desta manera los 
indios efectuaban su maldesseo, que era, 
que los chripslianos se fuessen huyen- 
do por falta del bastimento, que se 
muriessen, si quedassen, no lo teniendo. 
Los indios que escapaban, metanse la tier- 



50 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



ra adentro desamparaban la conversa- 
cin de los nuestros, por les hager mas 
dao yr buscar de comer por otras 
provincias. 

En este tiempo de tanta nesgessidad se 
comieron los chripstianos quantos perros 
gozques avia en esta isla, los quales eran 
mudos que no ladraban, comieron tam- 
bin los que de Espaa avian traydo , 
comironse todas las ludias que pudie- 
ron aver , lodos los quemis , otros 
animales que llaman mohuy y todos los 
otros que llaman coris, que son como 
gazapos conejos pequeos. Estas qua- 
tro maneras de animales se cagaban con 
los perros que se avian traydo de Espa- 
a; desque ovieron acabado los de la 
tierra, comironse ellos tambin, en pa- 
go de su servicio . E no solamente dieron 
in estos cinco gneros de animales de 
quatro pies , que solamente avia en esta 
isla; pero acabados aquellos, se dieron 
comer unas sierpes que se llaman yvatia, 
que es de quatro pies , de tal vista que, 
para quien no la conosgc, es muy espan- 
toso animal. Ni perdonaron lagartos, ni 
lagartijas , ni culebras , de las quales liay 
muchas de muchas maneras de pintu- 
ras, pero no ponzoosas. Assi que, por 
vivir, ninguna bestia animal de quan- 
tos he dicho perdonaban ; porque quan- 
tos podian aver yban al fuego , cogidos 
assados, no faltaba su nesgessidad 
apetito para comer estas cosas tan ene- 
migas de la salud tan temerosas la 
vista. De lo qual y de la humedad gran- 
dssima desta tierra, muchas dolengias 
graves incurables los que quedaron 
con la vida, se les siguieron. Y desta causa 
aquellos primeros espaoles que por ac 
vinieron, quando tornaban Espaa algu- 
nos de los que venian en esta demanda 
del oro, si all volvan, era con la misma 
color del; pero no con aquel lustre, sino 
hechos azamboas de color de agafran 
tericia ; tan enfermos que luego des- 



de poco que all tornaban so morian, 
causa de lo que ac avian padesgido, 
porque los bastimentos y el pan de Es- 
paa son de mas regia digestin que es- 
tas hiervas malas viandas que ac gus- 
taban , los ayres mas delgados rios 
que los desta tierra. De manera que aun- 
que volvan Castilla, presto daban n 
sus vidas, llegados ella. 

Padcsgieron mas estos chripstianos, pri- 
meros pobladores desta isla , mucho tra- 
bajo con las niguas , muy crueles dolo - 
res passion del mal de las bas (porque 
el origen dellas son las Indias), digo 
bien las Indias; assi por la tierra donde 
tan natural es esta dolengia , como por las 
indias mugeres destas partes. Por cuya 
comunicacin pass esta plaga algunos 
de los primeros espaoles que con el al- 
mirante vinieron descubrir estas tier- 
ras, porque como es mal contagioso, pudo 
ser muy possible. Y destos, despus do 
tornados en Espaa aver sembrado en 
ella tal enfermedad, deahy pass Italia 
y otras partes, como adelante dir, sin 
desacordarme de hager relagion particu- 
larmente, donde convenga, de onge cosas 
notables que en este captulo se han to- 
cado , que son ginco animales de quatro 
pies , conviene saber : perro , hutia, 
quemi, mohuy, cori; assi mesmo se dir 
de la yvana , que es una serpiente tam- 
bin de quatro pies. Y no olvidar las 
lagartijas, culebras , lagartos, que hay en 
esta tierra ; dir de la passion de la ni- 
gua , de la dolengia aborresgible de las 
bas , con que se dar cuenta de las onge 
cosas do suso tocadas. 

Assi que , continuando lo que promet 
en el ttulo deste captulo XIII , digo que 
al tiempo que en la Isabela los chripstia- 
nos padesgian estos males que he dicho, 
otras muchas nesgessidades (que por 
evitar prolixidad se dexan de degir), es- 
taba el comendador Mossen Pedro Mar- 
garite con hasta treynta hombres en la 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. XIII. 



51 



fortaleza de Sancto Thoms, en las minas 
de Cibao , sofriendo las mismas angustias 
que los de la Isabela ; porque tambin les 
faltaba de comer tenian muchas enfer- 
medades , padesgian aquellos trabajos 
que estn obligados los primeros po- 
bladores de tierras tan apartadas , tan 
salvages dificultosas para los que tan 
lexos dellas se criaron ; por estas cau- 
sas los que en esta fortaleza estaban se 
murian, de cada dia eran menos. Por- 
que para salir de la fortaleza eran pocos: 
dexarla sola, era mal caso: la lealtad de 
aquel caballero era la que debia : el al- 
mirante estaba fuera de la isla en el des- 
cubrimiento que he dicho : los que en la 
Isabela estaban con el adelantado don 
Bartolom, tenian tanto trabajo que no se 
podan valer : los indios avanse ydo la 
tierra adentro los que queran podan 
escapar de la hambre ; de manera que, 
estando este alcayde su gente tan 
fuerte partido , vino un dia un indio al 
castillo (porque segund l dcfia, el alcay- 
de Mossen Pedro Margarite le presela 
bien y era hombre que no hafia ni con- 
senta que fuesse hecha violencia ni enojo 
los indios naturales de la tierra), 
truxo este indio al alcayde un par de tr- 
tolas vivas presentadas. E sindole dicho 
al alcayde, mand que lo dexassen subir 
la torre donde l estaba , subido el in- 
dio le dio las trtolas , y el alcayde le dio 
las gracias y la recompensa en fiertas 
cuentas de vidro que los indios en essa 
saC'On presgiaban mucho, para se poner al 
cuello. Y el indio ydo muy gozoso con su 
sartal , dixo el alcayde los chripstianos 
que con l estaban en el castillo , que le 
paresgia que aquellas trtolas eran pocas 
paYa comer todos dolas , que para l 
solo ternia que comer aquel dia en ellas: 
todos dixeron que l doria bien , que 
para todos no avia nada en aquel presen- 
te , y l podria passar aquel dia con las 
trtolas las avia mas menester, porque 



estaba mas enfermo que ninguno. Enton- 
dixo el alcayde : Nunca plega Dios que 
ello se faga como lo def is : que pues me 
aveys acompaado en la hambre traba- 
jos de hasta aqui, en ella y en ellos quiero 
vuestra compaa, y paresgeros, vivien- 
do muriendo, fasta que Dios sea servido 
que todos muramos de hambre , que 
todos seamos de su misericordia socorri- 
dos. Edigiendo aquesto, soltlas trto- 
las , que estaban vivas , desde una ven- 
tana de la torre, furonse volando. 

Con esto quedaron todos tan contentos 
hartos , como si cada uno de los que 
alli estaban se las diera ; y tan obligados 
se hallaron por esta gentileza del alcay- 
de para sofrir con l lo que le viniesse, 
que ninguno quiso dexar la fortaleza ni 
su compaa, por trabajo que tuviesse , 
Estando pues en tanta nesgessidad los 
chripstianos , por la continuacin destas 
fatigas dolencias que he dicho , y por- 
que para ser complidos sus males no les 
faltasse ningn afn , sobrevinieron mu- 
chos vientos del norte (que en Castilla se 
llama giergo), y en esta isla es enfermo; 
moranse no solamente los chripstianos, 
pero como es dicho los naturales indios. 

No teniendo ya otro socorro sino el de 
Dios , l permiti su remedio ; y este fu 
la mudanza de la cibdad de la Isabela, 
donde estaban los espaoles avecindados. 
Y para esta trasmigracin acaesfi que 
un mancebo aragons, llamado Miguel 
Diaz , ovo palabras con otro espaol , 
con un cuchillo dile ciertas heridas ; 
aunque no muri dellas, no os atender, 
puesto que era criado del adelantado don 
Bartolom Colom, ausentse de temor 
del castigo , con l siguindole fa- 
cindole amigable compaa cnco seis 
chripstianos (algunos dellos porque avian 
sido participantes en la culpa del delito 
del Miguel Diaz, otros porque eran sus 
amigos). E huyendo de la Isabela furon- 
se por la costa arriba hacia el leste 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



lovaule, bojronla hasta venir la i)ar- 
le del Sur, adonde agora est aquesta cib- 
(ladde Snelo Domingo, y en cslo asien- 
to pararon , porque aqui hallaron un pue- 
blo de indios. E aqui tom este Miguel 
Daz amistad coa una cagica , que se Ha- 
mo despus Catalina, ovo en ella dos 
fijos, andando el tiempo.^ Pero desde a 
poco que aqui se detuvo , como aquella 
india principal le quiso bien, tratle co- 
mo amigo que tenia parte en ella, por 
su respecto los de dems , dile noti- 
cia de las minas que estn siete leguas de 
esta cibdad, rogle que figiesse que 
los chripstianos que estaban en la Isabe- 
la (que l mucho quisiesse) los llamasse 
se viniessen esta tierra que tan frtil y 
hermosa es , de tan excelente rio 
puerto ; quella los sosternia daria lo 
que oviessen menester. Entonce este hom- 
bre , por complacer la cagica , mas 
porque le paresgi que, llevando nueva de 
tan buena tierra tan abundante , el ade- 
lantado por estar en parte tan estril y 
enferma le perdonaria , pringipalmente 
porque Dios queria que assi fuesse no 
se acabassen aquellos chripstianos que 
quedaban; acord de yral adelantado, 
atravess con sus companeros por la tier- 
ra , guindole giertos indios que aquella 
su amiga mand yr con l fasta que lle- 
garon la Isabela , que est g incuenta 
leguas desta cibdad poco mas menos. 
E secretamente tuvo manera de hablar 
con algunos amigos suyos , supo que 
aquel hombre que avia ferido estaba sa- 
no ; assi os ver al adelantado su seor 
pedirle perdn, en pago de sus servicios 
de la buena nueva que le llevaba de 
aquesta tierra de las minas de oro. Y 
el adelantado le resgibi muy bien y le 
perdon , figo las amistades entre l 
su contendor. Y despus que le ovo oido 
muy particularmente las cosas desta pro- 
vingia desta ribera, determin de venir 
en persona verla, con la compaia 



que leparesgi,vino aqui y fall ser ver- 
dad todo lo que Miguel Diaz avia dicho, 
y entr en una canoa barca de las (]ue 
tienen los indios, tent este rio llama- 
do Ocama , que por esta cibdad passa , 
hzolo sondar tent la hondura de la 
entrada del puerto , qued muy salisfe- 
cho y tan alegre como era razn : fu 
las minas y estuvo en ellas dos dias 
cogise algn oro. E desde all se volvi 
la Isabela, dio muy grande plager 
los espaoles todos, despus que les ovo 
dicho lo que avia visto por ac ; dio 
luego orden cmo la gente toda viniesse 
con l por tierra este asiento, man- 
d traer por la mar lo que all tenian los 
chripsiiauos en dos caravelas que tenian; 
lleg este puerto , segund algunos 
digen , domingo dia del glorioso Sancto 
Domingo, ginco dias de agosto , ao de 
mili quatrogientos y noventa quatro 
aos. E fund el dicho adelantado don 
Bartolom aquesta cibdad, no donde ago- 
ra est , por no quitar de aqui la cagi- 
ca Catalina los indios que aqui vivian, 
sino de la otra parte deste rio de la Oga- 
ma , junto la costa y enfrente desta po- 
blagion nuestra. Pero inquiriendo yo 
desseando saber la verdad porqu esta 
cibdad se llam Sancto Domingo , digen 
que dems de aver all venido poblar 
en domingo dia de Sancto Domingo, 
se le dio tal nombre, porque el padre del 
primero almirante y del adelantado , su 
hermano , se llam Dominico , y que en 
su memoria el fijo llam Sancto Domingo 
esta cibdad. 

Desde dos meses medio pocos mas 
menos dias , vino el almirante los que 
con l avian ydo descobrir ; llegado 
esta cibdad, envi luego saber si era 
vivo Mossen Pedro Margante, mand 
por su carta que l todos los que con l 
oviesse se viniessen para l dexassen 
la fortaleza en poder del capitn Alonso 
de Hojeda , que fu el segundo alcayde 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. XIII. 



53 



della, assi lo higieron. Y llegados aqu, 
se repararon todos por la abundancia 
fertilidad de la tierra, cobraron salud. 
Despus que todos fueron juntos , co- 
mo nuestro comn adversario nunca se 
cansa ni gessa de ofender tentar los 
Heles, sembrando discordias entre ellos, 
anduvieron muchas diferencias entre el 
almirante aquel padre reverendo, fray 
Buyl. Y aquesto ovo principio, porque el 
almirante ahorc algunos, y en espe- 
cial un Gaspar Ferriz , aragons , 
otros agot; comeng. se mostrar se- 
vero con mas riguridad de la que so- 
lia, puesto que aunque fuesse ragon de 
ser acatado , y se le acordasse de aquella 
grave sentengiadel emperador Otto: pe- 
reunte obsequio imperium quoc/ue intercidit; 
que dige : si no hay obediengia no hay 
seoro ; tambin dige Salomn ' : univer- 
sa delicia operit charitas. Pues si todos los 
delictos encubre la caridad, como el sabio 
dige en el proverbio alegado , mal hage 
quien no se abraga con la misericordia, 
en espegial en estas tierras nuevas, don- 
de por conservarla compaa de los po- 
cos , se han de dissimular muchas veges 
las cosas, que en otras partes seria de- 
licio no castigarse. Quanto mas debe mi- 
rar esto el prudente capitn que otro nin- 
guno, pues est escripto : constituy- 
ronte por cabdillo , no te quieras ensalgar; 
mas sers en ellos assi como uno de ellos. 
Auctores son destas palabras sanctas Sa- 
lomn ^ Sanct Pablo ^ El almirante era 
culpado do crudo en la opinin de aquel 
religioso , el qual , como tenia las veges 
del Papa , ybale la mano ; assi como 
Golom hagia alguna cosa que al frayle no 
paresgiesse justa, en las cosas de lajus- 
tigia criminal , luego ponia entredicho y 
hagia cessar el ofigio divino. Y en es- 
sa hora el almirante mandaba cessar la 
ragion, y que no se le diesse de co- 

1 Prover. X. 

2. Ecclesias. cap. XXXII, vers. I. 



mer al fray Buyl ni los de su rasa. 
Mossen Pedro Margante los otros ca^ 
balleros entendan en liagerlos amigos 
tornbanlo ser; pero para pocos dias. 
Porque assi como el almirante hagia al- 
guna cosa de las que es dicho , aquel pa- 
dre le yba la mano tornaba poner 
entredicho hager gessar las horas 
ofigio divino , y el almirante tambin tor- 
naba poner su estanco y entredicho en 
los bastimentos, no consenta que le 
fuessen dados al frayle , ni los clrigos 
ni los que los servan. Dige el glorioso 
Sanct Gregorio *: Nunca la concordia 
puede ser guardada, sino por sola la pa- 
giengia; porque continuamente nasge en 
las obras humanas por donde las nimas 
de los hombres sean de su unidad amor 
apartadas. A estas passiones respondan 
diversas opiniones, aunque no se publi- 
caban ; pero cada parte tuvo manera de 
cscrebir lo que sentia en ellas Espaa, 
por lo qual informados en diferente ma- 
nera los Reyes Calhlicos de lo que ac 
passaba, enviaron esta isla Juan Agua- 
do, su criado (que agora vive en Sevi- 
lla). E assi se parti con quatro caravelas 
vino ac por capitn dolas, como pa- 
resce por una cdula que yo he visto de 
los Reyes Catholicos , hecha en Madrid 
ginco de mayo , ao de mili y quatrogien- 
tos noventa ginco; por otra cdula 
mandaron los que estaban en las Indias 
que le diessen f y creengia , la qual do- 
gia assi: El Rey, la Reyna: caballeros y 
escuderos y otras personas que por nues- 
tro mandado estis en las Indias , all vos 
enviamos Juan Aguado , nuestro ropos- 
tero, el qual de nuestra parte os fablar. 
Nos vos mandamos que le dedes f y 
creengia. De Madrid nueve de abril de 
noventa ginco aos. Yo el Rey Yo la 
Reyna; y de Fernand Alvarez, secreta- 
rio, refrendada. 

3 Hcbre. XXIII. 

i Lib. XXI, cap. XVII sobre el cap. XXI de Job. 



01 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



Este capitn fizo pregonar en osla Isla 
Espaola osla creongia, y por ella todos 
Jos espaoles so le ofnvjieron en todo lo 
que les dixcssedeparlcde los Reyes Ca- 
thlicos : assi desde pocos dias dixo 
al almirante que se aparejasse para yr 
Espaa , lo qnal l sinti por cosa muy 
grave, vistise do pardo, como frayle, 
y dexse cresger la barba. 

Esta vuelta del almirante Espaa fu 
ao de noventa seis, en manera de pre- 
so , puesto que no fu mandado prender; 
mandaron llamar el Rey y la Reyna 
fray Buyl , mossen Pedro Margarite, 
fueron Espaa en la mesma flota : 
assi mcsmo el comendador Gallego , y el 
comendador Arroyo , y el contador Ber- 
nal de Pisa, Rodrigo Abarca, Micer 
Girao , Pedro Navarro , que todos es- 
tos eran criados de la casa real ; y lle- 
gados todos en Espaa, cada uno se fu 
por su parte la corte besar las ma- 
nos los Cathlicos Reyes. E aunque 
por cartas desde ac , y despus perso- 
nalmente all , oyeron fray Buyl otros 
quexosos , fueron aquellos bienaventu- 
rados prncipes informados de las cosas 
del almirante ( por ventura hacindolas 
mas criminales de lo que eran), despus 
que elle oyeron, aviendo respecto 
sus grandes servigios , por su propria 
real clemengia, no solamente le per- 
donaron , pero dironle licengia que tor- 
nasse la gobernacin destas tierras. E 
mandaron que continuasse el descubri- 
miento de lo restante destas Indias, y en- 
cargronle mucho aquellos Chripstianis- 
simos Reyes el buen tractamiento de sus 
vassallos espaoles y de los indios , y que 
l fuesse mas moderado menos riguro- 
so, como era razn. Y el almirante assi lo 
prometi, no obstante que los mas de los 
que de ac fueron, fablaron mal en su per- 
sona. De lo qual no me maravillo, aun- 
que l no tuviera culpa alguna ; porque 
como algunos de los que estas partes 



vienen , luego el ayre de la tierra los des- 
pierta para novedades discordias (que- 
es cosa propria en las Indias), assi natu- 
ralmente estn los indios gentes natu- 
rales dellas muy diferentes de continuo; 
no sin causa por este pecado otros 
muchos que entre ellos abundan, los ha 
Dios olvidado tantos siglos. 

A esto tambin de las discordias que 
entre los chripstianos ha vido en los 
tiempos passados , primeros aos que 
ac passaron, dieron mucha ocasin los 
nimos de los espaoles que de su incli- 
nacin quieren antes la guerra que el 
ogio , si no tienen enemigos extraos, 
bscanlos entre s, como lo dice Justino; 
porque su agilidad grandes habilidades 
los hagcn muchas veges mal sofridos. 
Quanto mas que han ac passado dife- 
rentes maneras de gentes ; porque aun- 
que eran los que venian vassallos de los 
Reyes de Espaa , quin congertar_ al 
vizcayno con el cataln, que son de tan 
diferentes provingias y lenguas? Cmo se 
avernn el andaluz con el valengiano, y 
el de Perpian con el cordobs , y el ara- 



gons con el guipuzcuano, 



y el gallego 



con el castellano (sospechando que es 
portugus) , y el asturiano montas con 
el navarro? etc. E assi desta manera no 
todos los vassallos de la corona real de 
Espaa son de conformes costumbres ni 
semejantes lenguajes. En espegial que en 
aquellos pringipios, si passaba un hombre 
noble y de clara sangre , venian diez des- 
comedidos y de otros linajes obscuros 
baxos. E assi todos los tales se acabaron 
en sus rengilias. 

Mscemela cosa ha seydo tan grande, 
nunca han dexado de passar personas 
pringipales en sangre caballeros hi- 
dalgos que se determinaron de dexar su 
patria de Espaa, para se avegindar en 
estas partes , y espegial y primeramente 
en esta cibdad , como sea lo primero de 
Indias, donde se plant la sagrada reli- 



DE INDIAS. LIB. II. CAP. XIII. 



55 



gion chripstiana, como se dir mas ade- 
lante. Mas porque me paresgeque se me 
podra notar descuydo dexar de de- 
gir dos plagas nuevas que los chripstia- 
nos, en este segundo viaje del almirante 
(entre otras que he dicho muchas que 
se dexan de degir), padesgieron; las dir 



en el siguiente captulo, porque fueron 
de mucha admiragion peligrosas. Y una 
dellas fu transferida con esta vuelta de 
Colom Espaa, y de all todas las 
otras proviugias del mundo todo, segund 
se cree. 



CAPITULO XIV. 

De dos plagas passiones notables y peligrosas que los chripstianos nuevos pobladores dcstas Indias 

padesieron hoy padcsccn algunos. Las quales passiones son naturales deslas Indias, la una della 

fu Iranslerida d llevada Espaa, y desde all las otras partes del mundo. 



ues que tanta parte del oro destas In- 
dias ha passado Italia Frangia , y aun 
poder assi mcsmo de los moros y ene- 
migos de Espaila , y por todas las otras 
partes del mundo , bien es que como han 
gogado de nuestros sudores, les alcange 
parte de nuestros dolores fatigas, por- 
que de todo lo menos por la una por 
la otra manera, del oro del trabajo, se 
acuerden de dar muchas gragias Dios. 
Y en lo que les diere plager pesar, se 
abragen con la pagiengia del bienaven- 
turado Job , que ni estando rico fu so- 
berbio , ni seyendo pobre llagado im- 
pagiente : siempre dio gragias aquel 
soberano Dios nuestro. Muchas veges en 
Italia me reia, oyendo los italianos de- 
gir el mal francs , y los frangeses lla- 
marle el mal de pales ; y en la verdad 
los unos y los otros le agertran el nom- 
bre, si le dixeran el mal de las Indias. Y 
que esto sea assi la verdad , entenderse 
h por este captulo y por la experiengia 
grande que ya se tiene del palo sancto y 
del guayacan , con que espegialmente esta 
terrible enfermedad de las bas mejor que 
con ninguna otra medigina se cura gua- 
resge; porque es tanta la clemengia di- 
vina , que adonde quiera que permito por 
nuestras culpas nuestros trabajos, all 
par dellos quiere que estn los remedios 
con su misericordia. Dcstos dos rbo- 



les se dir en el libro X, cap. II: ago- 
ra spase cmo estas bas fueron con las 
muestras del oro destas Indias , desde 
aquesta isla de Hayti Espailola. 

En el precedente captulo dixe que vol- 
vi Colora Espaa el ao de mili qua- 
trogiontos noventa seis, assi es la 
verdad : despus de lo qual vi habl 
algunos de los que con l tornaron Cas- 
tilla, assi como al comendador Mossen 
Pedro Margarite, los comendadores 
Arroyo Gallego , Gabriel de Len 
Juan do la Vega , Pedro Navarro , re- 
postero de camas del prngipe don Juan, 
mi seor, los mas de los que se nom- 
braron, donde se dixo de algunos criados 
de la casa real que vinieron en el segun- 
do viaje descubrimiento destas partes. 
A los quales y otros oy muchas cosas de 
las desta isla , de lo que vieron pa- 
desgieron y entendieron del segundo via- 
je, allende de lo que fui informado de- 
llos , otros del primero camino , assi 
como de Vicente Yaez Pingon , que fu 
uno de los primeros pilotos do aquellos 
tres hermanos Pingnos, de quien queda 
hecha mengion; porque con este yo tuve 
amistad hasta el ao de mili quinientos 
catorge que l muri. E tambin me in- 
form del piloto Hernn Prez Matlieos, 
que al presente vive en esta cibdad, que 
se hall en el primero tergero viajes que 



oG 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



i'l almirante primero don Cln-ipstbal C.o- 
lom fizo estas Indias. Y tambin he vi- 
do notigia de muchas cosas desta isla de 
dos hidalgos que vinieron en el segundo 
viaje del almirante, que hoy dia estn 
aqui y viven en esta cibdad , que son Juan 
de Rojas Alonso de Valengia, y de otros 
muchos , que como testigos de vista en 
lo que es dicho, locante esta isla y sus 
trabajos, rae dieron particular relacin. Y 
mas que ninguno de todos los que he di- 
cho el comendador Mossen Pedro Mar- 
garitc, hombre princ^ipal de la casa real, 
y el Rey Cathlico le tenia en buena es- 
timacin. Y este caballero fu el que el 
Rey la Reyna tomaron por principal tes- 
tigo , quien dieron mas crdito en las 
cosas que ac avian passado en el segun- 
do viaje de que hasta aqui se ha tracta- 
do. Este caballero mossen Pedro andaba 
tan doliente se quexaba tanto, que tam- 
bin creo yo que tenia los dolores que 
suelen tener los que son tocados desta 
passion, pero no le vi bas algunas. E 
desde pocos meses, el ao suso dicho 
de mili quatrocientos noventa seis, 
se coment sentir esta dolencia entre 
algunos cortesanos; pero en aquellos 
principios era este mal entre personas 
baxas do poca auctoridad , assi se 
creia que le cobraban, allegndose mu- 
gares pblicas , de aquel mal tracto li- 
bidinoso ; pero despus extendise entre 
algunos de los mayores mas principales. 
Fu grande la admiracin que causaba 
en quantos lo vian , assi por ser el mal 
contagioso y terrible, como porque se 
morian muchos desta enfermedad. E co- 
mo la dolencia era cosa nueva , no la en- 
tendian ni sabian curar los mdicos, ni 
otros por experiencia consejar en tal tra- 
bajo. Siguise que fu enviado el gran 
capitn Gonzalo Fernandez de Crdoba 
Italia con una hermossa y gruessa arma- 
da, por mandado dlos Cathlicos Reyes, 
como su capitn general, en favor del 



rey Fernando, segundo de tal nombre en 
aples , contra el rey Carlos de Francia, 
que llamaron de la cabega gruessa; y en- 
tre ajuellos espaoles fueron algunos to- 
cados desta enfermedad, y por medio de 
las mugeres de mal trato vivir se co- 
munic con los italianos franceses. Pues 
como nunca tal enfermedad all se avia 
visto por los unos ni por los otros, los 
franceses comencronla llamar mal de 
aples, creyendo que era proprio de 
aquel rcyno ; los napolitanos , pensan- 
do que con ios franceses avia ydo aquella 
passion , llamronla mal francs , assi 
se llama despus ac en toda Italia; por- 
que hasta que el rey Charles pass ella, 
no se avia visto tal plaga en aquellas 
tierras. Pero la verdad es quede aquesta 
isla de Hayti Espaola pass este tra- 
bajo Europa, segund es dicho; y es ac 
muy ordinario los indios , sbense cu^ 
rar tienen muy excelentes hiervas r^ 
boles plantas, apropriadas esta y otras 
enfermedades, assi como el guayacan 
(que algunos quieren decir que es hebe- 
no) y el palo sancto, como se dir, quan- 
do de losrboles se tractare. Assi quede 
las dos plagas peligrosas que los chrips- 
tianos nuevos pobladores destas Indias 
padescieron hoy algunos padescen, que 
son naturales passiones desta tierra , esta 
de las bas es la una , la que fu trans- 
ferida llevada Espaa de all las 
otras partes del mundo, sin que ac fal- 
tasse la misma. Assi que, continuando el 
propssito de los trabajos de Indias, d- 
gase la otra passion que se propuso de las 
niguas. 

Hay en esta isla y en todas estas In- 
dias, islas Tierra-Firme el mal que he 
dicho de las bas , y otro que llaman de 
las niguas. Esto de las niguas no es en- 
fermedad, pero es un mal acaso; por- 
(juo la nigua es una cosa viva peque- 
sima , mucho menor que la menor 
pulga que se puede ver. Pero en fin es 



DE LNIAS. LU. 11. CAP. XIV. 



gnero de pulga, porque assi como ella 
salta, salvo que es mas pequefia. Este ani- 
mal anda por el polvo, donde quiera que 
quisieren que no le haya , hse de barrer 
menudo la casa. ntrase en los pies y en 
otras partes de la persona , y en especial 
las mas ve^es en las caberas de los de- 
dos, sin que se sienta aasta que est 
aposentada entre el cuero la carne , 
comienra comer de la forma que un 
arador harto mas; y despus, quanto 
mas all est, mas come. De manera que 
como acuden las manos" rascando , este 
animal se da tanta priessa multiplicar 
all otros sus semejantes, que en breve 
tiempo liare muchos; porque luego que 
entra el primero, se anida ha^e una bol- 
silla entre cuero carne tamaa como 
una lenteja, algunas como garbanzo, 
llena de liendres , las quales todas se tor- 
nan niguas. E si con tiempo no se sacan 
con un alfiler aguja , de la forma que 
se sacan los aradores , son malas ; y en 
especial que despus que estn criadas 
(que es quando comienzan mucho co- 
mer), de rascarlas se rompe la carne y 
desprvense de manera que si no las sa- 
ben agotar, siempre hay en qu enten- 
der. En fin , como en esto tampoco eran 
diestros los chripstianos , como en el cu- 
rarse de las bas, muchos perdan los 
pies por causa de estas niguas, lo 



menos algunos dedos dellos , porqtie des- 
pus se enconaban ha(,ian materia , y 
era nesgessario curarse con hierro con 
fuego. Pero aquesto es fcil de se reme- 
diarpresto, sacndolas al principio; pero 
en algunos negros bocales son peligro- 
sas , porque por su mala carnadura , 
ser bestiales no se saljer limpiar, ni de- 
cirlo con tiempo, vienen se mancar de 
los pies, assi otros muchos que se quc- 
xan. E yo las he tenido en mis pies en 
estas islas y en la Tierra-Firme , y no me 
paresgc que en hombres de racon es cosa 
para se temer, aunque es enojo on tanto 
que tura , est la nigua dentro ; mas f- 
cil cosa es sacarla al principio. Yo tengo 
averiguado, assi lo dirn las personas 
que tienen experiencia en sacar estas ni- 
guas, que es menester tener aviso, quan- 
do las sacan, para las matar; porque al- 
guna vez, assi como con el alfiler aguja 
la descubren, rompiendo el cuero del pie, 
assi salta y se va la nigua como una pul- 
ga. Esto acaesfe si h poco que all en- 
tr ; y por esto se cree que la que entra 
en el pie, despus que ha hecho smala 
simiente, se va a.ssi como vino otra 
parte hacer mas mal, por ventura por 
sise despide del pie, despus de haber de- 
xado en l una mala enxambrc de innu- 
merable simiente y generacin. 



TOMO I. 



Coinienca d lJi'o tercero de la Natural y general historia de las Indias. 



PROHEMIO. 



Hin este tercero libro se Iractar de la 
guerra que los chripslianos tuvieron y el 
capitn Alonso de Hojeda, en nombre del 
almirante don Crijistbal Colom , con el 
rey Caonabo, y de su prisin muerte: 
y de las victorias que ovo el adelantado 
don Bartolom Colom, hermano del al- 
mirante , contra el rey Guarionex otros 
catorce caciques reyes que con l se 
juntaron ; cmo se apart Roldan Xime- 
nez, con algunos chripstianos de su opi- 
nin, de la obediencia del almirante y 
adelantado. Y tambin se dir del terce- 
ro viaje y descubrimiento del almirante 
primero; qundo hall y descubri parte 
de la gran costa de la Tierra-firme, 
descubri la isla de las Perlas , llamada 
Citbagua. Y de la gobernacin del almi- 
rante , y qu reyes y seores principales 
avia en esta isla , y del gran lago de Xa- 
ragua , de otro lago que hay en las 
sierras cumbres mas altas de esta isla; 
y cmo con qu armas peleaban los in- 
dios, y qu gentes son los caribes fle- 
cheros. E decirse h tambin de la mira- 
glosa y devotssima cruz de la Vega , y 



de la venida del comendador Francisco 
de Bobadilla , el qual envi preso en gri- 
llos Espaa al almirante sus herma- 
nos, el adelantado don Bartolom don 
Diego Colom. Y por qu causas se murie- 
ron los muchos indios que ovo en esta 
isla Espaola , y de la venida del comen- 
dador mayor de Alcntara, don frey Ni- 
cols de Ovando , partida del comen- 
dador Bobadilla , que se ahog en la mar 
con muchos navios gentes mucho oro, 
y de la buena gobernacin del comenda- 
dor mayor. Y cmo el ahuirante viejo 
primero, don Chripstbal Colom, fizo el 
quarto viaje descubrimiento en estas 
hidias; qundo descubri Veragua otras 
provincias de la Tierra-Firme, de su 
muerte despus en Espaa. Y cmo se 
mud esta cibdad de Sancto Domingo 
adonde agora est; de la nobleza 
particularidades desta cibdad isla; y de 
las villas poblaciones , otras cosas con- 
cernientes nescessarias la prosecucin 
de aquesta Historia Natural, como se ver 
mas particularmente en los captulos si- 
guientes. 



DE INDIAS. LIR. III. CAP. I. 



59 



CAPITULO I. 



Que Irada de la guerra que tuvo el capilan Alonso de Hojeda con el cacique Caoiiabo , y de su prisin 

muerle. 



E, 



iii el segundo libro se dixo cmo des- 
pus que el comendador, Mossen Pedro 
Margarite, dex la fortaleza de Sancto 
Thoms , mand el almirante que la tu- 
viesse el capitn Alonso de Hojeda , le 
fizo alcayde della , dile f inqiienta hom- 
bres para que la guardasse , porque esta- 
ba en parte que importal)a mucho , assi 
para lo que tocaba las minas ricas de 
Cibao , como para la reputacin fuerza 
de los chripstianos. Mas como el almi- 
rante fu partido para Espaa , los indios 
con soberbia , y en espegial Caonabo de 
cuyo seoro era aquella provincia, no 
eran contentos de aquel nuevo seoro 
vecindad de la fortaleza: determinado el 
Caonabo los ciguayos (que assi se lla- 
maban los flecheros indios de la costa del 
norte en esta isla) , acordaron de dar en 
la fortaleza y quemarla , ponerla por el 
suelo, si pudieran. E con mano armada, 
seyendo mas de ginco seis mili hombres, 
gercaron aquel castillo, tuvironle en 
mucho aprieto hasta treynta dias , sin de- 
xar salir de la fortaleza algn hombre 
dellos. Pero como el alcayde era ma- 
oso y esforzado caballero , resisti los 
contrarios de tal forma , que al cabo del 
tiempo que he dicho, desviaron su cam- 
po , como gentes salvajes y no guer- 
reros, se descuydaron dieron lugar que 
este alcayde higiesse mucho dao en 
ellos. E como era hombre maoso de 
mucha solicitud, continu la guerra de 
todas las maneras qul pudo , assi con las 
armas, quando convino, como con las as- 
tucias cautelas que suele aver en los 
capitanes de experiencia. E no obstante 
que en la continuacin de la guerra mu- 
rieron algunos chrijistianos, muchus fue- 



ron los indios que mataron, al cabo fu 
preso Caonabo con mucha parte de los 
suyos principales; puesto que se dixo que 
Hojeda no le avia guardado la seguridad 
que el cacique decia que le fu prometi- 
da, no lo aviendo entendido Caonabo. 
Por manera que desta prisin de Caonabo 
.se caus la paz subjccion de la isla to- 
da ; pero como Caonabo tenia un herma- 
no , hombre de mucho esfuerce bien 
quisto de los indios, luego se juntaron 
con l todos los de su seoro: el qual, 
no olvidando la prisin de su hermano, 
acord de lo yr redemir con fuerza de 
armas, llevando prosupuesto de tomar 
todos los chripstianos que l pudiesse pre- 
sos ; creyendo que despus trueco de- 
llos podria aver rescatar su hermano 
Caonabo, libertar assi mismo otros in- 
dios principales que con l estaban pre- 
sos en poder de los chripstianos. E junt 
mas de siete mili hombres para esto , y 
los mas dellos flecheros ; ordenadas c'u- 
co batallas, se pusieron bien cei'ca de los 
espaoles, el capitn de los quales, Alon- 
so de Hojeda, con algunos de caballo 
con la gente que l pudo sacar de la for- 
taleza, dexndola guardada, con alguna 
que el adelantado don Bartolom le avia 
enviado en su socorro (que por todos no 
eran trescientos hombres), pele contra 
os indios. E quiso Dios favorescer los 
nuestros darles victoria , assi como los 
ginetes dieron en la delantera primera 
batalla de los indios, los pusieron en hui- 
da, porque ovieron mucho espanto de 
tal novedad, nunca avian visto esta 
manera de hombres caballo pelear con 
ellos ni con otros. E assi fu hecho mu- 
cho estrago en los contrarios , fue pre- 



r,() 



IlITORIA GExM'HAL Y NATLHAL 



so su principal caudillo, hermano de Cao- 
nabo, y otros iHUclios indios. Este dia 
lizo Ilojoda el olieio de valiente soklado 
y esforrado caballero, no menos pru- 
dente capitn. 

Despus que este cacique rey fu pre- 
so y su hermano, acord el adelantado 
don lartolom de los enviar Es)aa con 
otros indios, algunos de los principales 
prisioneros; porque le paresfi que en 
esta isla seria mucho inconvinientc tener 
al dicho Caonabo deteiiidn, ni doxarle 
en la tierra , assi por ser tan principal se- 
or en ella, como ponjue siempre avria 
novedades su causa , ponjue era hom- 
bre de mucho esfuerzo c sabio en la guer- 
ra . Y en dos caravclas que estaban pues- 
tas para Espaa , mand el adelantado 
que los llevassen ; (ero assi como Caona- 
bo su hermano supieron que avian de 



yr al Rey la Reyna Calhlicos , el hei - 
mano se muri(') desde ;i jiocos dias , y el 
(Caonabo, entrado en la mar, desde po- 
cas jornadas que navegaron tambin se 
muri; y desta manera qued pacfica toda 
la tierra deste Caonabo por los chrips- 
lianos. Y su muger Anacaona, hermana 
del cacique Behechio (que era seor en 
la parte occidental hasta el fin de aquesta 
isla), se fu de la tierra de su marido, 
vivir en la de su hermano, la provincia 
(|ue llaman de Xaragua; all fu tan 
acatada temida por seora, como el mes- 
mo Behechio. De esta Anacaona se dir 
adelante, porque fu grande persona y 
en mucho tenida en estas partes , por ser 
muy valerosa y de grande nimo inge- 
nio : sus cosas desta muger fueron no- 
tables en bien y en mal , como se dir en 
su luar. 



CAPITULO II. 

lie la balalla vicloria quo ovo el adelanlado don Barlolom contra el rey Guarionex oros calorec 
caciques reyes , cmo se aparl Roldan Ximenr'Z de la obediencia conipaia del adelantado don 

Bartolom del almirante primero. 



'inisi en el tiem que el cerco se te- 
nia por Caonabo contra el cai>itanHojeda 
(segund algunos digen), despus que fu 
descercado ( segund otros afirman ) , el 
cacique Guarionex convoc todos los in- 
dios caciques que l pudo, se juntaron 
mas de quinge mili hombres para dar so- 
bre el adelantado don Bartolom los 
chripslianos que estaban con l en la cib- 
dad de la Vega por aquella comarca. 
Porque, como tengo dicho, los indios se 
yban enojando desta vecindad de los 
chripstianos , no queran por ningn 
caso que permanesfiesen qucdassen en 
la isla, assi ponjue su seoro no fuesse 
turbado ni aniquilado , como les paresgia 
que se les yba aparejando , como porque 
sus ritos fcrimonias vigios no pares- 
cian bien los chrijislianos, derian mal 



dellos. Y tambin porque les paresfi el 
tiempo aparejado para su mal propssito, 
causa de los pocos chripstianos que 
avian quedado en la tierra toda , assi por 
las enfermedades trabajos passados que 
he dicho, como porque antes que viuies- 
sen otros de nuevo con el almirante que 
de cada dia se esperaba, pudiessen excluir 
acabar los que parescia que tenian ya 
alguna noticia dla tierra, podran ser 
aviso mucho provechosos, parte para 
les poder daar , en compaa de los 
chripstianos que de nuevo viniessen. Y 
para exccufion dcsto, juntado su exrci- 
to, movieron buscar los chripstianos. 

El adelantado , certificado de lo que es 
dicho , no esper ni quiso atender se 
hacer fuerte en aquel pequeo pueblo ni 
dar causii que de noche le pegasson 



DE INDIAS. LIB. 111. CAP. II. 



01 



fuego le f ercassen en l ; si no como 
buen caballero diestro capitn , sali al 
campo transnoch anduvo tanto que 
lleg cerca del real del rey Guarionex, 
la segunda guarda , quasi media no- 
che con hasta quinientos hombres (entre 
sanos y enfermos) , dio con tanta furia 
mpetu animosamente en los enemigos 
por dos partes, que los desbarat. Y co- 
mo los indios eran gente salvage de- 
sarmada no diestra en la guerra res- 
pecto de los chripstianos, mataron muchos 
dellos, los dems fueron presos, puesto 
que muchos escaparon por la escuridad 
de la noche . Pero fu preso el mismo rey 
Guarionex con otros catorce reyes ca- 
ciques , los mas principales que en esta 
batalla se hallaron , la qual fu cerca de 
donde es fundada la villa del Bonao. Fu 
ajuesta victoria tan sealada cosa y de 
tanto favor para los chripstianos, que de 
mas de aumentarse su crdito y esfuerzo 
en la reputacin memoria de los indios, 
dio causa que gessran en sus ruinda- 
des rebeliones : comencaron ser mas 
domsticos se comunicar mas con los 
chripstianos desechar los pensamien- 
tos de la guerra; puesto que en la ver- 
dad la gente de aquesta isla es la que de 
menos ser esfuerzo se ha visto en to- 
das las Indias islas Tierra-Firme , 
la que mas quieta sossegada manera de 
vivir tenia, no obstante que, como tengo 
diciio, no faltaban algunas guerras dis- 
cordias entre estas gentes; pero no tan 
continuadas sangrientas como en otras 
partes. 

Tornando la historia , es de saber que 
despus (ue el adelantado ovo este ven- 
cimiento, paresQiIe que seria mucha cau- 
sa, para perpetuar la paz amistad entre 
los chripstianos los indios, soltar Gua- 
rionex con los mejores partidos que l 
entendiesse. E assi so dio orden en ello 
fu libre. De ahy adelante hagia buen 
acdgiiiiicnld Iraclaba bien los chrips- 



tianos en su tierra, quando por ella pas- 
saban ella yban. Otros digan que en 
esta batalla no se hall Guarionex , si no 
su gente ; que yba por su capitn ge- 
neral el cacique Mayobanex , y que este 
fu despus con otros suelto; pero que 
continundose la guerra, aviaseydo presa 
la muger de Guarionex , que por rede- 
mirla, avia venido de paces ser amigo 
de los chripstianos. 

Despus que estas victorias ovo el ade- 
lantado , presela que se le avia trocado 
la condicin , porque se mostr muy ri- 
guroso con los chripstianos de all ade- 
lante , en tanta manera que no le podan 
sofrir algunos , en especial Roldan Xime- 
nez que avia quedado por alcalde mayor 
del almirante. Al qual el adelantado no 
hacia la cortesa tractamiento que l pen- 
saba ser merescedor, ni el Roldan con- 
senta que en las cosas de la justicia fues- 
se el adelantado tan absoluto como que- 
ra serlo ; y desta causa ovieron malas 
palabras y el adelantado le tracto mal, 
segund algunos dixeron , puso quiso 
poner las manos en l. Por lo qul se in- 
din de manera, que con setenta hombres 
se apart de su compaa y se entr la 
tierra adentro , aleado y desviado de la 
conversacin de los chripstianos , prego- 
nando diciendo las sinrazones que el 
adelantado y el almirante avian fecho ( 
que l por su enojo les quera imponer) . 
E con determinacin de no se apartar del 
servicio de los Reyes Cathlcos, el dicho 
Roldan faca sus protestaciones para no 
estar debaxo de la gobernacin del al- 
mirante ni del adelantado en ningn 
tiempo , como nunca lo quiso despus es- 
tar: s no fuesse la provincia de Xara- 
gua la tierra seoro del rey Behe- 
ch , por all anduvo y estuvo fasta 
que despus algund tiempo, vino gober- 
nar esta isla tierra el comendador Fran- 
cisco de Bobadilla , como se dir ade- 
lante. 



G2 



HISTORIA GKNKHAl. V NATURAL 



CAPITULO 111. 

Oiie Irada de lo que en esla isla pass, en lano que el almianle fu Espaa ; del Icrcero viaje e' 
descubrimiento qul hizo, quatido hall la costa ( grandssima parle del mundo incgnita) llamada Tierra- 
Firme g-eneralmerile , donde muy grandes reynos c provincias se incluyen, de cmo descubri assi- 
niismo la isla de Cubagua , donde es la riquissima pesquera de las perlas, de otras islas nuevas que 
hall, y del subi;csso de todo ello, con otras cosas adrenles la historia. 



/1.SS como el almirante ostuvo algunos 
dias en la corte de los Cathlicos Reyes, 
satisfaciendo las quexas informacio- 
nes que contra l avian dado fray Biiyl 
otros, fu con clemencia oydo y ab- 
suelto, como se dixoenel segundo libro; 
disele ligen^ia que tornassc la gober- 
nagion destas tierras , mandronle con- 
tinuar el descubrimiento dellas. Y para lo 
poner en efecto , parti de la baliia de C- 
diz en el mes de marf o del ao de mili 
quatrogientos noventa y seis (aunque 
algunos di^en que era en el ao de no- 
venta siete de la Natividad de Jesu- 
Chripsto, nuestro Redcniptor) , sali la 
mar ocana con seis caravelas , muy bien 
armadas proveydas de bastimentos 
de todo lo nesgcssario para su viaje. E 
despus que lleg Canaria, envi las tres 
caravelas esta isla Espaola con basti- 
mentos alguna gente; y l sigui su 
camino con las otras tres caravelas que 
le quedaron, la vuelta de las islas que lla- 
man entre los vulgares islas de Antonio, 
agora se digen de Cabo Verde , que son 
las mismas que los antiguos nombraban las 
Gorgades. Y desde all corri con sus na- 
vios al sudueste bien fiento finqilenta 
leguas: tomles una gran tormenta 
psolos en tal nesgessidad que cortaron 
los msteles de las mcganas, aliviaron 
mucha parte de la carga y se vieron en 
grandssimo peligro. Pero esta tormenta 
que digo Hernn Prez Matheos, piloto 
que hoy est en esta cibdad de Sancto 
Domingo, no fu assi , segund dige don 
Fernando Colom, hijo del almirante, que 



all se hall, el qual afirma que fu de 
calmas calor tanta , que las vasijas se 
les abran y el trigo se podria; y les fu 
nesgessario alijar arredrarse de la equi- 
nogial , corrieron al huesnorueste fue- 
ron reconoscer la isla de la Trinidad, 
el qual nombre le puso el almirante, por- 
que llevaba pensamiento de poner la 
primera tierra que viesse la Trinidad. E 
assi, quando vido la primera tierra firme 
la dicha isla, vido tres montes un tiem- 
po cercanos , luego puso aquella isla 
por nombre la Trinidad , pass por 
aquel embocamiento que llaman la Boca 
del Drago , vise la Tierra-Firme 
mucha parte de la costa della. Pero co- 
mo es de flecheros caribes , y la isla que 
he dicho assi mesmo, tiran con hierva 
inrremediable , y es gente muy fiera 
salvaje , no pudieron aver lengua con los 
indios, aunque vieron muchos dellos en 
sus piraguas canoas en que navegan, 
de las quales de su forma se dir ade- 
lante ; y tambin vieron gente en tierra . 
Est aquesta isla en nueve grados la 
parte de nuestro i)ol() rtico de la banda 
que tiene esta isla hfia el sur medio- 
dia , de la que tiene mirando al sejtlen- 
trion norte, est en diez grados. Tiene 
de latitud diez y ocho veynte leguas 
poco mas menos, de longitud veynte 
ginco algo mas. La tierra que est 
opuesta la parte del sur desta isla en la 
Tierra-firme, se llama el Palmar, porque 
all vieron hay grandes palmares. Y mas 
al levante, la costa arriba, est Rio Sala- 
do i porque queriendo tomar agua en 



DE INDIAS. Lili. III. CAP. III. 



63 



l, Ic iiallaron muy salobre, dio causa que 
el almirante assi le nombrasse. Al po- 
niente dcsta isla de la Trinidad est la 
puntado las salinas, en Tierra-Firme, diez 
do(;'e leguas , y entre aquesta punta 
la Tierra-Firme (aunque tambin la mes- 
ma punta es tierra firme) , est un gol- 
plio al qual el almirante llam la Boca 
del Drago (porque pares^e algo la figura 
deste embocamiento boca de drago abier- 
ta) , dentro del qual hay muchas isletas. 
Y desde la punta de las salinas, que est 
en diez grados de la equino^ ial , discur- 
ri el almirante por la costa al poniente, 
reconosf i otras islas y psoles nombre 
los Testigos , otra isla llam la Gene- 
rosa. E vio otras muchas islas que por all 
hay : fu adelante y descubri la rica 
isla llamada Ciibagua , que agora llama- 
mos la isla de las Perlas , porque all es 
la principal pesquera dolas en estas In- 
dias. E junto con ella est otra isla muy 
mayor , mandla el almirante llamar la 
Margarita. La isla de Cubagua, de las 
Perlas, est quasi finqenta leguas al po- 
niente de la punta de las salinas que se 
dixo de suso. Esta es una isla pequea 
que terna de Qircuyto tres leguas poco 
mas menos , desde ella la Tierra- 
Firme hay quatro leguas la provincia 
que se dige Araija. E all descubri los 
Testigos, que son isleos, isla de Pxa- 
ros y otras islas. Y pass el almirante con 
sus tres caravelas la costa de Tierra-Fir- 



me al poniente, hall la isla de Poi-e- 
gari , que est veynte siete treynta 
leguas de Cubagua. Y mas adelante des- 
cubri otras islas que se llaman los Ro- 
ques, y la isla de la orchilla , que se di- 
ge Yaruma, donde hay mucha cantidad 
della, segund fama. Esta isla est doge le- 
guas de otra que tambin descubri el 
almirante mas al hueste, que se llama Co- 
ruf^ao. E assi mismo descubri otras mu- 
chas islas isleos, hasta que lleg al Cabo 
de la Vela. Y porque all se vio una gran 
canoa piragua de indios que yba la 
vela , psole nombre aquella tierra el 
Cabo dla Vela, en Tierra-Firme. Desde 
el qual cabo la dicha punta de las sa- 
linas Boca del Drago hay giento ochen- 
ta leguas poco mas o menos ; desde 
aquel Cabo de la Vela atravess el gol- 
pho que hay entre Tierra-Firme aques- 
ta isla Espaola, vino esta cibdad que 
en aquel tiempo estaba de la otra parte 
deste rio. Est aquel Cabo de la Vela nor- 
te sur con la isla Beata , que es una is- 
Icta gerca desta isla de Hayti Espao- 
la, al poniente desta cibdad treynta 
gingo leguas. Assi que aqueste fu el ter- 
cero viaje descubrimiento que hizo el 
primero almirante destas Indias. Mas por- 
que se dixo de suso que en Cubagua ha- 
ll la pesquera de las perlas , y es cosa 
tan notable rica , degirse h de qu 
manera supo que all las avia , quando 
en particular tractremos desta isla. 



CAPITULO IV. 

De lo que el adclanlado don Barloloni fizo, en tanto que el almirante fue Espaa hasta quiU torn i 

esta cibdad, despus que descubri parte de la Tierra-Firme; de la gobernacin dil almiranle hasta su 

prisin , de los reyes seores que avia en esta isla. 



JCin el captulo de suso se dixo el ter- 
gero viaje del ahniraute don Chripstbal 
Colom hasta que volvi esta cibdad de 
Sancto Domingo. Es agora de saber que 
en tanto qul estuvo en Espaa y en el 



descubrimiento de parte de la costa 
tierra grande firme , y de las otras is- 
las que se dixo en el captulo pregeden- 
le, no venan navios de Espaa ni de ac 
yban ella , como los que avian ydo 



64 



HISTORIA GE.NKHAL V NATUUAI. 



(le ara r(n el ;iliiiirante antes sin l (' 
avian padosfido los trabajos que se lian 
dicho, yl)an enfermos c j)o])res de 
tan mala color que pares(;ian muertos, 
infamse mucho esta tierra Indias, 
no se hallaba gente que quisiesse venir 
ellas. 

Por fierto yo vi muchos de los que en 
aquella sagon volvieron Castilla con 
tales gestos , (jue me pares^e que aun- 
que el Rey me diera sus Indias, quedan- 
do tal como aquellos quedaron , no me 
determinara de venir ollas. Y no era de 
maravillar, si tales quedaban algunos, si- 
no cmo pudo vivir escapar hombre de 
todos ellos, mudndose;! tierras tan apar- 
tadas de sus patrias , dexando todos los 
regalos de los manjares, con que se cria- 
ron, y desterrndose de los deudos 
amigos , y faltando las medic^inas ; por 
otras causas nesfessidades que no se 
podran acabar de expressar sin prolixa 
relacin. Y cmo faltaba ya la gente, 
no dexaban de yrse Espaa si no los 
que no podian por falta de navios , 
de la vuelta del almirante ninguna certi- 
nidad se tenia , estaba ya quasi perdida 
esta tierra , tenida por intil y con mu- 
cho temor los que ac estaban. Esin du- 
tla se perdieran, sino fueran socorridos de 
aquellas tres caravelas que vinieron de 
Espaa con gente , que dixe que el al- 
mirante envi desdlas islas de Canaria, 
truxeron mas trescientos hombros sen- 
tenciados desterrados para esta isla, los 
quales llegaron en tal sagon , que assi los 
tales como los que los truxeron, juntados 
con essos pocos que ac estaban , fue- 
ron causa que la tierra no se despoblas- 
se se sostuviesse ; pues los chripstianos 
no osaban ya salir desta cibdadnipassar 
el rio para esta otra parte costa del. Y 
pudese afirmar que por este socorro fu 
restaurada la vida de los que ac esta- 
ban , se sostuvo y no se perdi total- 
mente esta isla , porque entre aquella 



gente ovo muchos hombres valientes y 
especiales personas. E assi luego los in- 
dios descercaron la cibdad de la Concep- 
cin de la Vega osla cibdad su for- 
taleza (estando de la otra parte deste 
rio , donde primero fu fundada) , los 
indios perdieron la esperanca (jue tenian 
de ver la tierra sin los chripstianos. En 
especial viendo desde apoco tiempo des- 
pus venir al almirante con otras tros ca- 
ravelas muy buena gente en ellas , de- 
xando ya descubiertas las islas y parte de 
la Tierra-Firme las Perlas , segund se 
dixo en el captulo antes do aqueste. El 
qual llegado esta cibdad , que estaba 
(como he dicho) , de la otra parte deste 
rio enfrente do donde agora est , hall 
al adelantado, su hermano, los otros 
chripstianos que con l estaban on paz; 
pero no muy contentos algunos dellos 
por la ausencia do Roldan Ximenez , 
con las murmuraciones que suelo avor 
en esta tierra ; porque quedaban algunos 
aficionados inficionados de las passio- 
nes viejas del tiempo de frey Buyl. Mas 
todos obedescieron rescibieron al al- 
mirante con alegre semblante, y le die- 
ron la obediencia como visorey go- 
bernador que en nombre de los Cathli- 
cos Reyes venia. Y exerciendo su oficio 
gobernacin como l mejor podia, nun- 
ca faltaron quexosos de sus obras , por- 
que les parescia que assi como favores- 
Cia ayudaba unos, assi ofenda 
maltrataba otros. Anglico ha de ser el 
gobernador que todos contentare mas 
que humano, porque unos hombres son 
inclinados vicios, otros virtudes: 
unos trabaxar y exercitar las personas, 
otros al reposo quietud : unos des- 
pender , otros guardar ; y unos una 
cosa, otros otra. E assi ol que go- 
bierna no puede contentar tantos g- 
neros de inclinaciones , porque unos 
quieren la guerra robar y no poblar la 
tierra , si no darle un repeln y volverse 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. lY. 



G3 



donde le esperan , y dcssea acabar sus 
das: otros que querran lo contrario y 
assentar arraigarse , no les dan con qu 
ni los favoresfen. E assi como son di- 
versos los fines de los hombres, y tan 
diffil cosa entenderlos , assi el que go- 
bierna es menester que tenga especial 
ventura y favor de Dios para ser amado; 
no obstante que niuclio est en la mano 
del que puede mandar para que le quie- 
ran bien los gobernados. E si uno estu- 
viere dessabrido, muchos estarn satisfe- 
chos con que solamente tenga tres co- 
sas : reto en las cosas de justi(;'a; liberal, 
sin codigia. Volvamos nuestra his- 
toria. 

En esta sa(;'on dio orden en fundar, 
mejor diciendo, reformar la cibdad de la 
Concepcin de la Vega la villa de 
Sanctiago la villa del Bonao. Estas 
tres poblacj'iones hizo el almirante pri- 
mero , don Chripstbal Colom , en esta 
isla , primero que todas ellas la cibdad 
Isabela , de la qual se pass la gente 
dar principio esta cibdad de Sancto Do- 
mingo , como se dixo en el segundo li- 
bro. Y estando las cosas en este estado, 
torn el almirante don Chripstbal en 
Espaa; y los Reyes Cathlicos, tenin- 
dose por muy servidos del, le confirma- 
ron otra vez sus privilegios en la cibdad 
de Burgos veynte tres dias de abril de 
mili quatrogientos noventa y siete aos. 

Mas porque, para lo que se espera pro- 
seguir adelante en la historia, convie- 
ne que se diga qu reyes prncipes te- 
nan el seoro desta isla de Hayti , que 
agora llamamos Espaola, digo que aqu 
ovo (segund yo supe de los testigos que 
tengo alegado , por las memorias que 
yo he copilado desde que en Barcelona, 
ao de mili y quatrofientos noventa y 
tres , vi los primeros indios Colom en 
la corte de los Reyes Cathlicos), ginco 
prefetos reyes, que los indios llaman 

caciques , que mandaban y seoreaban 
TOMO 1. 



toda la isla ; debaxo de los quales avia 
otros ca^-iques de menor seoro, que 
obedesfian alguno de los ginco princi- 
pales. E assi todos cinco eran obedesci- 
dos de los inferiores que mandaban , 
eran de su jurisdif ion seoro , aque- 
llos menores venan sus llamamientos 
de paz de guerra como los superiores 
ordenaban , mandlianles lo que que- 
ran. Los nombres do los finco eran es- 
tos: Guarionex, Caonabo, Behecho, Goa- 
canagari, Cayacoa. Guarionex tenia todo 
lo llano seoreaba mas de sessenta le- 
guas en el medio de la isla. Behecho te- 
na la parte occidental la tierra pro- 
vincia de Xaragua , en cuyo seoro cae 
aquel gran lago de que en adelante se 
dir. El cacique rey Goacanagari tenia 
su seoro la parte del norte , donde y 
en cuya tierra el almirante dex los trcyn- 
ta y ocho cliripstianos , quando la prime- 
ra vez vino esta isla. Cayacoa tena la 
parte del oriente desta isla hasta esta cib- 
dad fasta el ro de Ilayna , hasta don- 
de el ro Yuna entra en la mar, muy 
poco menos ; y en fin era uno dlos ma- 
yores seores de toda esta isla, su gente 
era la mas animosa por la vecindad que 
tenia de los caribes. Y aqueste muri 
desde poco que los chrpsiianos comen- 
Caron le hacer la guerra ; su muger 
qued en el Estado , fu despus chrps- 
tana, y se llam Ins de Cayacoa. El 
rey Caonabo tena su seoro en las sier- 
ras, y era gran seor y de mucha tierra. 
Este tena un cacique por su capitn ge- 
neral en toda su tierra , la mandaba en 
su nombre , que se deca l'xmatex; el 
qual era vizco visojo, y era tan Aa- 
liente hombre que le teman todos los 
otros caciques indios de la isla. Este 
Caonabo cas con Anacaona, hermana 
del cacique Behecho , seyendo un ca- 
ribe principal , se vino esta isla como 
capitn aventurero , y por el ser de su 
persona se cas con la susodicha , hizo 



66 



IIISTOIUA GEM:1{AL y NATIRAL 



sil principal assienlo donde agora esU'i 
la villa de Sanct .Iiuiii do la Maguana, 
sofiorc (oda aquella provincia. 

Nunca avia ni acaes^ian guerras di- 
ferencias entre los indios desta isla sino 
por una destas tres causas : sobre los 
trminos jurisdif ion , sol)re las pes- 
queras , ({uando de las otras islas ve- 



nan indios caribes flecheros, saltear. Y 
({uando estos extraos venan , eran 
sentidos, por Touy enoniigos diferentes 
que los prncipes o principales caciques 
desta isla estuviessen , luego se juntaban 
y eran conformes, y se ayudaban contra 
los que de fuera venian. 



CAPITULO V. 

Que liada del lago de Xoragua, y de oiro lag-o que csl en las sierras cumbres mas altas desla isla, 
y de la forma de la gente que en esta isla se hall, con qu armas peleaban; y qu gente son los ca- 
ribes flcclieros, y de la Santa Vera Cruz de la Concepcin de la Vega. 



O 



uioro aqu declarar qu cosa es el la- 
go de Xaragua , y qu tal es el que est 
en las cumbres c sierras mas altas de 
aquesta isla, quin son los indios cari- 
llos que nombr de suso, todo lo que 
contiene el ttulo deste quinto captulo, 
porque todas estas cosas son muy nota- 
bles. El lago de Xaragua comien(;'a dos 
leguas de la mar, ferca de la villa de la 
Yaguana; dcese de Xaragua, porque 
assi llaman los indios la provincia en 
que l estt\. Extindese al oriente, y en 
algunas partes tiene de ancho tres le- 
guas, y en todo lo dems es de dos y de 
una legua , algo mas menos. Es sa- 
lado assi como la mar, porque es un ojo 
que se hace sale della , puesto que en 
algunas entradas de ros arroyos es 
dulce. Hay en l todos los pescados que 
hay en la mar, excepto vallenas otros 
de los muy grandes : aun tambin hay 
tiburones que son bien grandes , otras 
muchas diferencias de pescados, mu- 
chas tortugas , que llaman los indios hi- 
coteas. Y en el tiempo que esta isla es- 
tuvo muy poblada, estuvo poblado por 
toda la costa este lago de todas partes. 
El ao de mili y quinientos y quinge, yo 
anduve por toda su longitud , y hall mu- 
chos indios que par deste lago vivian 
en muy hermosos asientos. Terna este la- 



go , desde donde est mas gerca de la mar 
fasta donde osla mas metido en la tier- 
ra, diez y ocho leguas; y es de muchas 
pesqueras , causa de lo qual era muy 
joblado , porque el pescado es el man- 
jar que los indios son mas inclinados. 
El otro lago, que dixe que est en las 
cumbres sierras de aquesta isla , es una 
gran novedad cosa muy notable para 
mirar en ella ; y aunque en esta isla hay 
algunos que hablan en l , pocos son 
muy raros los que le han visto. Y llega- 
do al cabo esto, solo uno he visto que 
mas se deba creer , porque es buena per 
sona y hoy vive y es vecino desta cib- 
dad de Sancto Domingo : el qual dige 
que en tiempo de la gobernagion del co- 
mendador mayor, don frey Xicols de 
Ovando , y por su mandado , este hom- 
bre y otros chripstianos fueron aquellas 
sierras altas, donde nasge el rio de Nigao, 
en espegial adonde viva el cagique Biau- 
tex, que estaba al pie de la sierra mas 
alta : hasta el qual cagique asiento hay 
desde aquesta cibdad de Sancto Domin- 
go quinge diez y seys leguas , por 
aquella parte no se puede subir la di- 
clia sierra , porque est all tan spera y 
derecha que no es possible subir arriba. 
Pero por la otra parte, la banda del 
norueste, este hombre, llamado Pedro 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. V. 



G7 



de Lumbreras, subi ver esle lago , 
con l otro hidalgo, llamado Mexia, con 
ellos hasta seys indios gandules bien 
dispuestos ; pero quando fueron f crea de 
la altura se quedaron el Mexia los in- 
dios , assi como comentaron oyr el ruy- 
do que en lo alto sonaba. E como esto 
vido Pedro de Lumbreras , dixo al Mexia 
que por qu no andaba , y le respondi 
que porque de cansado muerto de fi'io 
no podia yr adelante; y l por esto no 
dex de proseguir su camino , aunque 
muy cansado con mucho fri, por la 
altura grande que hay en aquella monta- 
a. E ya que avian seguido por un rio 
que hay entre aquellas sierras, que se 
dife Pai, y que el rio seguia otra via 
se apartaba por el travs, sigui Pedro 
de Lumbreras por la Cuesta Rasa que lla- 
man, que est de la parte que he dicho 
del norueste ; lleg muy cansado des- 
mayado quasi la sumidad mas alta 
parte de las cumbres, descans all un 
poco, no desando de se encomendar 
Dios, segund el mucho espanto que avia 
tomado del estruendo que andaba en lo 
alto. E porfi por subir arriba, y lleg has- 
ta en fin de todo lo que se pudo subir, 
por un camino muy dificultoso que con 
mucho trabajo se pudo andar; y llegado 
all, vido una laguna que su paresger 
dige que seria de tres tiros de ballesta 
en luengo longitud , ternia de ancho 
la tergia parte de lo que he dicho. Y es- 
tuvo mirando este lago tanto espacio 
quanto se podran degir tres credos. Di- 
fe Pedro de Lumbreras que era tanto el 
ruydo y estruendo que oia, que l es- 
taba muy espautado , que le paresgia 
que no era aquel estruendo de voces hu- 
manas , ni sabia entender qu animales 
fieras pudiessen hager aquel horrible 
sonido. En fin que como estaba solo y 
espantado, se torn sin ver otra cosa. Yo 



le he preguntado si avia llegado al agua, 
si era dulge salada , y l me dixo que 
no lleg ella con doge quince passos, 
y que visto lo que es dicho , Pedro de 
Lumbreras se torn en busca de aquel 
Mexia de los indios que avia llevado. 
Assi que esto es lo que mas se sabe de 
aqueste lago , del qual hay derramadas 
por esta isla muchas novelas que yo no 
creo , ni son para escrebir sin mas gerti- 
ficafion dellas. 

Vengamos los caribes flecheros. Es- 
tos viven en las islas comarcanas, y la 
principal isla desta gente fu la isla de 
Boriquen, que agora se llama Sanct Juan, 
las otras cercanas delia , assi como 
Guadalupe, la Dominica, Matinino y Ci- 
buqueyra , que agora se dige Sancta Cruz, 
las de aquel paraje. E de aquellas ve- 
nan en sus canoas con arcos y flechas 
saltear por la mar , hager la guerra 
la gente desta isla de Hay ti. Son aquellos 
flecheros mas denodados valientes que 
los desta isla, porque solamente avia en 
ella flecheros en una parte sola provin- 
cia que se dige de los Ciguayos, en el 
seorio de Caonabo; mas no tiraban con 
hierva ni la sabian hager. 

Crese que estos antiguamente vinie- 
ron de alguna de las islas gercanas de los 
flecheros , que hay muchas , como he di- 
cho ; y por la antigedad avian olvidado 
su lengua y hablaban la desta tierra, 
aviendo dexado la suya. E si esto no es 
por aventura, para se defender de sus 
enemigos , aprendieron usar sus armas 
mismas: los que son caribes tiran con 
hierva muy mala. Mas yo tengo quasi 
por naturales armas, por las mas anti- 
guas las flechas. Aunque digo Plinio ' que 
el arco y las saetas hall primero Scy- 
the , hijo de Jpiter , otros digen que las 
saetas las hall Perseo , hijo de Perseoj 
pero yo tengo que es muy mas antigua 



i Libro vil, caiiiliilo I.Vl. 



68 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



(juc lo que diye 'linio el arco y las fle- 
chas ; pues que Lamech , el qual fue pa- 
dre del palriarcha No, en la primera 
edad lual Caiui con una flecha saeta 
(juo 1(> lini. Aver miierlo Lamech Caim 
l lo confiesa ' ; pero no di^e con qu ar- 
ma. Mas en aquel Suplemento de chrni- 
c'fsdife que engaado Lamech por un mo- 
chacho, le tir con el arco: y aquella Chr- 
nica theulnica , (|ue Iracta desde el prin- 
cipio del mundo, di^e assi: Camqiie Caim 
confcctus esseL snior , el nter fructifera 
aliquando sederet , pronepote suo Lamech, 
Ipil senectuiis vitio cecus faclus, ditin vena- 
lioni insisteret,pueri diictoris siiasii credens 
Caim fcram , sagita occisus fiiit. Por las 
quales auctoridades digo que las flechas 
saetas son las mas antiguas armas de 
todas , quasi naturales , y como tales 
naturalmente pudieron estas gentes sal- 
vages venir en conocimiento deltas. 

Tornando nuestro propsito, digo que 
la color desta gente es lora : son de me- 
nor estatura que la gente de Espaa co- 
munmente ; pero son bien hechos pro- 
porcionados , salvo que tienen las frentes 
anchas las ventanas de las nariges muy 
abiertas, lo blanco de los ojos algo 
turbio. Esta manera de frentes se lia^e 
artificialmente; porque al tiempo que 
nasfcn los nios, les aprietan las ca- 
beras de tal manera en la frente y en 
el colodrillo, que como son las cria- 
turas tiernas , las hacen quedar de aquel 
talle, anchas las cabegas delante de- 
tras, quedan de mala gracia. Andan to- 
dos desnudos no tienen barbas, an- 
tes por la mayor parte son lempios. 
Las mugeres andan desnudas, desde 
la cinta abaxo traen unas mantas de 
algodn fasta la mitad de la pantorria; 
las cacicas mugeres principales hasta 
los tobillos : las tetas lo dems , desde 
la cinta arriba, est descubierto. Este h- 



Itito trayaii las (juc eran casadas ha- 
ban conoscido varn ; pero las doncellas 
vrgines ninguna cosa trayan destas 
mantas ((jue llaman naguas) sino de lo- 
do punto toda la persona desnuda. Hay 
algunas de buenas disposiciones : tienen 
muy buen cabello ellas y ellos, y muy 
negro llano y delgado : no tienen bue- 
nas dentaduras. 

Despus que los chripstianos vinieron, 
tomaron de su conversacin alguna ver- 
genza estas gentes, pusironse los 
indios unas pampanillas , que es un pe- 
dazo de lienzo de pao tamao como 
una mano , delante de sus vergonzosas 
partes; pero no con tanto aviso puesto, 
que se les dexe de ver quanto debrian 
encobrir. 

Pelean con macanas los indios de esta 
isla , que son unos palos tan anchos co- 
mo tres dedos algo menos, tan luen- 
gos como la estatura de un hombre con 
dos filos algo agudos; y en el extremo 
de la macana tiene una manija , usaban 
dellas como de hacha do armas dos 
manos: son de madera de palma muy 
recia y de otros rboles. Plinio dige^que 
los africanos fueron los primeros que fi- 
Cicron batalla contra los egipcios con 
macas de lea , las quales se llaman pha- 
lange : lo qual me paresge que es lo 
mosmo que las macanas, no obstante 
que los latinos llaman phalange al esqua- 
dron de gente de pie, puesta en orde- 
nanca. Y deste nombre phalange tam- 
bin hay una araa ponzoosa, y el latino 
dice assi mismo phalanga sive palanga por 
la palanca ; y esto es lo que quiere decir 
Plinio , y lo que paresce la macana 
arma destos indios. Assi mismo pelean 
con varas arrojadizas como dardos , al- 
gunas mas delgadas que dardos y agu- 
das las puntas, que para entre gente 
desnuda son assaz peligrosas, aun pa- 



i iinesis, capilulo IV. 



2 Lilj. Vil, ca). L^'- 



DE INDIAS. LIB, III. CAP. V. 



69 



ra donde no fallaron buena resistencia; 
porque las que son do i)almas, desgra- 
nan, despus que han herido: que es ma- 
dera muy cruda, hilosa y enconada, 
se quiebra fcilmente, tomndola de tra- 
vs : en fin , que es lea que sobre ser 
muy refia se desgrana , salen rajas del- 
gadas della , que son peores despus que 
la llaga principal, fasta sacarlas. 

Quanto la sancta Vera Cruz de la 
ribdad de la Congepgion de la Vega , es 
de saber que el segundo viaje que el al- 
mirante don Chripstbal vino esta isla, 
mand veynte tantos hombres que 
fuessen cortar un buen palo derecho y 
alto bien hecho. Elos mas de aquellos, 
quien lo mand, eran hombres de la 
mar, fu con ellos Alonso de Valencia 
que hoy vive en esta gibdad ; cortaron 
un rbol gruesso redondo, de lo mas 
alto del cortaron un tronco que atra- 
vesaron habindolo cruz , la qual ser de 
diez ocho veynte palmos de alto. Afir- 
man muchos tienen por cosa pblica 
cierta que ha hecho miraglos despus ac, 
y que el palo desta cruz ha sanado mu- 



chos enfermos; y es tanta la devogion, 
que los cripstianos en ella tienen que 
hurtan muchos pedazos astillas della, 
assi para llevar Espaa como otras 
partes: y es tenida en mucha veneracin, 
assi por sus miraglos , como porque en 
tanto tiempo como estuvo descubierta, 
jamas se pudri ni cay, por ninguna 
tormenta de agua ni viento, ni jamas la 
pudieron mover de aquel lugar los in- 
dios, aunque la quisieron arrancar, tiran- 
do della con cuerdas de bexucos mucha 
cantidad de indios; de lo qual espanta- 
dos ellos la dexaron estar donde agora 
est , como avisados de arriba del cie- 
lo de su deydad. Y como cosa sancta y 
ellos de mucha admiracin , no osaron 
porfiar en la arrancar de donde estaba, 
antes viendo como los chripstianos tie- 
nen en la cruz mucha reverencia , 
acordndose que aquella al hincada no 
eran bastantes tantos hombres la me- 
near ni quitar de aquel lugar, la mira- 
ban con acatamiento y respeto y se hu- 
millaban ella de ahy adelante. 



CAPITULO VI. 

De la venida del comendador Francisco de Bobadilla gobernar esta Isla Espaola , de cmo envi 
preso en grillos al almirante don Cliripslbal Coloni y al adelantado don Bartolom don Diego, sus her- 
manos, con l ; de los muclios indios que ovo en esta isla y las causas por qu se murieron son quasi 

acabados. 



JlLstuvo el almirante en esta goberna- 
cin hasta el ao de mili quatrocientos 
noventa y nueve que los Cathlicos Re- 
yes don Fernando doa Isabel muy 
enojados , informados de lo que passaba 
en esta isla y de la manera que el al- 
mirante don Chripstbal Colom su her- 
mano el adelantado don Bartolom te- 
nan en la gobernacin, acordaron de 
enviar )or gobernador desta isla un 
caballero, antiguo criado de la casa real, 



hombre muy honesto y religioso , llama- 
do Francisco de Bobadilla , caballero de 
la orden militar de Calatrava. El qual 
llegado esta c'ibdad , luego prendi al 
almirante sus hermanos el adelanta- 
do don Bartolom don Diego Colom, 
y los fizo embarcar en sendas caravelas, 
y en grillos fueron llevados Espaa y 
entregados al alcayde corregidor de la 
Cibdad d(( (^diz , hasta tanto que el Rey 
la Reyna mandassen lo que 'uesse su 



70 



HISTORIA GENEUAL Y NATLRAL 



servicio ^erca de su prisin y mritos. 
Quieren de^ir (jue ;il comendador Hoba- 
dilla no lo mandaron prender al almi- 
rante, ni avia venido sino por juez de 
residencia, para se informar del alza- 
miento de Roldan sus consortes ; pero 
en fin , mandndoselo no , l prendi 
al almirante sus heniianos los envi 
Espaa. Y qued en el cargo y gober- 
nacin de aquesta isla este caballero 6 
la tuvo en mucha paz juslifia fasta 
el ao de mili quinientos y dos aos, 
que fu removido y se le dio lifeufia 
para tornar Espaa , aunque no fu su 
'ventura de llegar Castilla. 

E assi como este caballero lleg es- 
ta isla, luego el Roldan que estaba apar- 
tado del almirante , escribi al comen- 
dador, se vinieron l los otros 
cbripstianos que con l esaban en la 
provincia de Xaragua, le servir y estar 
en la obediencia que debian los Reyes 
Cathlicos, cuyos vassallos eran. Y este 
Bobadilla envi muchas quexas in- 
formaciones contra el almirante sus 
hermanos, sinificando las causas que 
le movieron los prender; pero las 
mas verdaderas quedbanse ocultas , por- 
que siempre el Rey la Reyna quisieron 
mas verle enmendado que maltratado. 
Pero dir lo que entonces algunos le 
oponan, para culparle. Degiase que avia 
querido tener secreto el descubrimiento 
de las perlas, que nunca lo escribi 
fasta que l sinti que en Espaa se sa- 
bia ; avian ido la isla de Cubagua cier- 
tos marineros llamados los Nios , que 
aquesto lo hafia fin de capitular de 
nuevo. Degian assi mismo que era muy 
soberbio ultrajoso que tractaba mal a 
los servidores criados de la casa real, 
que mostraba ser absoluto , que no 
obedescia de las cartas mandamientos 
de sus Reyes, sino aquello qul quera, 
que con lo de dems dissimulaba ha- 
cia su voluntad. 



Todo esto cuentan otrus de utra ma- 
nera , dicen que la muestra de las pri- 
meras perlas que se ovieron , la envi el 
almirante los Reyes Cathlicos, luego 
que las descubri, con un hidalgo dicho 
Arroyal; y lo mas cierto de todo fu 
que nunca faltaron en el mundo mur- 
muradores y envidiosos. Y como esta 
tierra est lexos de su rey, los que 
ac vienen son fijos de diferentes pro- 
vincias contrarios desseos opiniones; 
assi sintenlas cosas diferenciadamente. 
Unos con buen celo del servicio de Dios 
y del Rey, parescindoles que el almirante 
usaba absolutamente en la justicia y en 
todo lo dems, aunque la voz fuesse en 
nombre de los Cathlicos Reyes, no qui- 
sieran tanta riguridad^: otros por diver- 
sos fines passiones , pintronle de la! 
manera con sus cartas, que por orde- 
narlo assi Dios, se efectu la prisin del 
almirante de sus hermanos, los lle- 
varon Espaa segund he dicho. A esto 
dio mucho lugar la poca paciencia del 
almirante y estar muy mal quisto y en 
possesion de crudo. 

Llegado en Espaa, assi como el Rey 
la Reyna lo supieron, enviaron mandar 
que lo soltassen l sus hermanos 
que se fucssen la corto , assi lo ficie- 
ron. E assi como fu suelto el almirante, 
fu besar las manos al Rey la Reyna, 
con lgrimas refiri sus desculpas lo 
mejor que l pudo: despus que le 
oyeron, con mucha clemencia le consola- 
ron le dixeron tales palabras que l 
qued algo contento. Y como sus servi- 
cios eran tan sealados, aunque en al- 
go se oviesse dessordenado , no pudo 
comportar la Real Magostad de tan agra- 
descidos prncipes que el almirante fues- 
se maltratado; por tanto le mandaron 
luego acudir con todas las rentas de- 
rechos que ac tenia, que se los ha- 
blan embargado detenido, quando 
fil preso. Pci'o nunca mas dieron lu- 



DE INDIAS. LI13. III. CAP. VI. 



gar que tornasse al cargo de la gober- 
nacin. 

Mas como era prudente hombre , lue- 
go que Espaa fu coa las nuevas del 
primero descubrimiento , suplic los 
Reyes Catlilicos que oviessen por bien 
que sus hijos el prncipe don Juan los 
regibiesse por pajes suyos. Los quales 
eran don Diego Colom , hijo legtimo 
mayor del almirante, otro su fijo don 
Fernando Colom que hoy vive. El qual 
os virtuoso caballero ; y dems de ser de 
mucha nobleza, afabilidad, dulye 
conversagion, es doto en diversas sgien- 
gias , y en espegial en cosmographia ; de 
quien la Cathlica Magestad hago cuenta 
mritamcnte como de tan buen criado y 
servidor, porque losservigios del almiran- 
te, su padre, assi lo piden. E assiel prhi- 
gipe don Juan tracto bien estossus hijos, 
y eran del favoresgidos, anduvieron en 
su casa hasta que Dios le llev su glo- 
ria en la cibdad de Salamanca, ao de 
mili quatrogientos noventa y siete 
aos. 

Assi que tornando la historia , des- 
pus que el almirante fu perdonado, no 
le traclaron menos bien el Rey la Reyna 
que primero ; como era sabio , procur 
por todas las vias que l pudo de tornar 
la gragia de aquellos buenos prngipes, 
y que le diessen ligengia de volver es- 
tas Indias. Pero como eran muchas las 
quexas que ovo contra l, no lo pudo 
acabar tan ayna ; y en tanto gobern es- 
ta isla el comendador Bobadilla fasta el 
ao de mili quinientos y dos, segund 
he dicho : en el qual tiempo se sac mu- 
cho oro en las minas desta isla, porque 
avia muchos indios que andaban en ellas, 
sacndolo para los cripstianos para los 
Reyes Catlilicos, que (amblen manda- 
ban tener sus proprias hagiendas gran- 
jerias en su real nombre. 

Todos los indios desta isla fueron re- 
partidos y encomendados por el almiran- 



te todos los pobladores que estas par- 
tes se vinieron vivir ; y es opinin de 
muchos que lo vieron hablan en ello, co- 
mo testigos de vista, que fall olalmirante, 
quando estas islas descubri, un milln de 
indios indias mas, de todas edades, 
entre chicos grandes: de los quales to- 
dos de los que despus nasgieron, no se 
cree que hay al presente en este ao de mili 
quinientos y quarenta ocho, quinien- 
tas personas entre chicos grandes que 
sean naturales de la progenie estirpe 
de aquellos primeros. Porque los masque 
agora hay, son traydos por los chripstia- 
nos de otras islas de la Tierra-Firme, 
para se servir dellos; pues como las mi- 
nas eran muy ricas , y la cobdigia de los 
hombres insagiable, trabajaron algunos 
excesivamente los indios : otros no les 
dieron tan bien de comer como convenia; 
junto con esto, esta gente de su natu- 
ral es ogiosa vigiosa , de poco traba- 
jo , melanclicos, cobardes, viles 
mal inclinados, mentirosos de poca 
memoria, de ninguna constangia. Mu- 
chos dellos, por su passatiempo, se mata- 
ron con pongoa por no trabajar , y otros 
se ahorcaron por sus manos proprias , y 
otros se les recresgieron tales dolengias, 
en espegial de unas viruelas pestilengia- 
les que vinieron generalmente en toda la 
isla , que en breve tiempo los indios se 
acabaron. 

Dieron assi mismo gran causa la muerte 
desta gente las mudangas que los gober- 
nadores repartidores Agieron de estos 
indios ; porque andando de amo en amo 
de seor en seor , passando los de 
un codigioso otro mayor , todo esto fue 
unos aparejos instrumentos evidentes 
para la total difinigion desta gente, pa- 
ra que , por las causas c(uo he dicho por 
qualquiera dellas, muriessen los indios. Y 
lleg tanto el negogio , que no sola- 
mente fueron repartidos los indios los 
pobladores, pero tambin se dieron ci- 



r2 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



bulleros privados, personas aceptas y 
que estaban gerca de la persona del Rey 
Caflilico , que eran del Consejo Real de 
Castilla Indias, otros. Cosa en la 
verdad no para sufrirse , porque aunque 
eran personas nobles y de buena congien- 
f ia , por ventura sus mayordomos e fato- 
res que ac andaban con sus indios, los 
hagian trabajar demasiadamente por los 
desfrutar para los de all de ac. Y co- 
mo eran personeros ministros de hom- 
bres tan favoresf idos , aunque mal hicies- 
sen , no los osaban enojar. Por cierto 
ningn chripstiano habr envidia de la 
hacienda que assi se allegasse. Ni tam- 
poco fue de todo punto la final perdicin 
de los indios lo que es dicho ; sino per- 
mitirlo Dios por los pecados de los des- 
comedidos chripstianos que gozaban de 
los sudores de aquestos indios , si no los 
ayudaron con su dotrina, de manera que 
conosgiessen Dios. Y' no tampoco se de- 
xaron de juntar con esto, para la permis- 
sion divina que los excluy de sobre la 
tierra, los grandes y feos inormes peca- 
dos abominaciones destas gentes sal vajes 
bestiales; al propsito de los quales qua- 
dra bien conviene aquella espantosa 
justa sentencia del soberano y eterno 
Dios * : Vdens aiitem Deus quod multa ma- 
lilia hominum essel in trra, el cuneta co~ 
fjUalio coris intenta esset ad malum omni 
tempore, pcenuit eum quod Iioniinem fecis- 
set in trra. E assi con justa causa dixo: 
Poenitet enim me fecisse eos : Psame de 
haber hecho al hombre sobi'o la tierra. 
De que infiero que no sin grande misterio 
tuvo Dios olvidados tontos tiempos estos 
indios , despus quando se acord de- 
llos conforme la auctoridad de suso, 
viendo quanta malicia estaba sobre esta 
tierra toda, que todas las cogitafiones 
de los corazones destos en todos tiempos 
eran atentas mal obrar, consinti que 



se les acabasen las vidas, permitiendo 
que algunos inogentes , y en espcfial ni- 
os baptizados se salvassen, los de de- 
mas pagassen. Porque en la verdad, se- 
gund afirman todos los que saben estas In- 
dias ( parte dolas), en ninguna pro- 
vincia do las islas de la Tierra-Firme, de 
las que los chripstianos han visto hasta 
agora, han faltado ni faltan algunos sodo- 
mitas , dems de ser todos idlatras , con 
otros muchos vicios, y tan feos, que mu- 
chos dellos por su torpeza fealdad no 
se podran escuchar sin mucho asco y 
vergenza , ni yo los podria escrebir, por 
su mucho nmero suciedad. E assi de- 
baxo de los dos que dixe muchas abomi- 
naciones delictos diversos gneros 
de culpas ovo en esta gente , dems de 
ser ingratssimos de poca memoria 
menos capacidad. E si en ellos hay al- 
gn bien , es en tanto que llegan al prin- 
cipio de la edad adolescente ; porque en- 
trando en ella, adolescen de tantas culpas 
vicios, que son muchos dellos abomi- 
nables. Assi que estos tales hombres, co- 
mo dice el Evangelio ^, en los fructos de- 
llos los conoscereis. 

Todo esto se ha platicado disputado 
por muchos religiosos personas de 
aprobadas letras mucha conciencia, 
assi de los moncsterios hbitos que ac 
hay de Snelo Domingo, Sanct Fran- 
cisco , la Merced , como de la regla del 
apstol Sanct Pedro ; muchos perlados 
grandes varones en Espaa han bien 
trillado esta materia, para assegurar las 
conciencias reales cerca del tractamiento 
destos indios ; assi para poner remedio 
en sus nimas que se salvassen , como 
para que sus personas vidas se sostu- 
viessen. Y especiales muchos manda- 
mientos provisiones reales se han dado 
para los gobernadores ministros de su 
justicia sus oficiales ; pero yo veo que 



^ Gnesis, cap. VI, vers. V y VI. 



2 Matli. VIL 



DE INDIAS. LIB. III. C.4P. VI. 



r3 



ninguna cosa lia bastado para que esta 
gente infelige no se haya consumido en 
estas islas, scgund he dicho. Y desta cul- 
pa no quiero sealar ninguno de los 
que ac han estado ; mas s que lo que 
los frayles dominicos degian lo contrade- 
can los franciscos, pensando que lo que 
aquellos porfiaban era mejor ; y lo que 
los franciscos amonestaban, negaban los 
dominicos ser aquello tan seguro como 
su opinin. Y despus andando el tiem- 
po, lo que tenan los dominicos lo defen- 
dan los franciscos ; y -lo que primero 
alababan los franciscos, ellos mismos lo 
desecharon y lo aprobaban entonces los 
dominicos. De forma que una misma opi- 
nin opiniones tuvieron los neselos 
otros en diversos tiempos; pero la con- 
tinua muy diferentes en cada cosa de to- 
das ellas : quiero decir , que en lo que los 
unos estaban, nunca los otros vonian en 
ello en un mismo tiempo. Ved como acer- 
tara entender esta cosa quien la escu- 
chal:a , qual parte se avia de acostar 
el lego que avia de escoger lo que mejor 
fuesse para su conciencia , viendo que lo 
de antao era el ao venidero malo , 
lo malo tornaba ser alabado. Y estas 
cosas son peligrosas , no tan solo los 
que nuevamente vienen la f, pero aun 
los que son cln'sptianos castizos po- 
dran poner en muchos escrpulos ; pues 
van que los unos frayles no los queran 
oyr de penitencia, s no dexaban los in- 
dios, los otros padres religiosos de la 
contraria opinin los oyan daban los 
sacramentos. 

Yo digo lo que vi. Esto no quiero tan- 
to hacerlo de la cuenta culpa de tan 
buenos religiosos como ha vido hay 
en esta isla Indias, como de la propria 
infelicidad desaventura de los mismos 
indios y (mejor digiendo), este secreto es 
para el mismo Dios, que no hage cosa 
injusta , ni permite que estas cosas de 

tanto peso sean sin misterio grande. Ni 
TOMO 1. 



es de pensar que los religiosos todos , ni 
alguno dellos, diran cosa que no pensas- 
sen ser buena qual convenia la buena 
reformacin y seguridad de las concien- 
cias de los chripstianos, 6 por evitar la 
perdicin de los indios. Ni quiero exten- 
derme mas en esta materia ; porque yo 
ya me he fallado dos veges en Espaa 
jurar por mandado de los seores de 
Consejo Real de Indias lo que rae pares- 
Ce siento del ser capacidad dcstos in- 
dios de los de Tierra-Firme (qiianto 
aquellas partes donde yo he andado ) : 
la una vez fue en Toledo , ao de mili c 
quinientos veynte y cinco, y la otra en 
Medina del Campo el ao de mili qui- 
nientos y treinta dos aos: assi lo 
juraron otras personas sealadas, cada 
uno creo que mirara su conciencia en lo 
que dixesse , atento lo que le fu pre- 
guntado mandado por aquellos seores 
que declarasse. Y en verdad que si aquel 
mismo da dias en que lo jur yo estu- 
viera en el artculo de la muerte , aquello 
mismo dixera. Assi que yo me remito 
estos religiosos dotos, despus que estn 
acordados : y entre tanto est sobre aviso 
quien indios tuviere para los tratar como 
prximos , vele cada qual sobre su 
conciencia. Aunque ya en este caso 
poco liay que hacer en esta isla y en 
las de Sanct Juan, Cuba, Jamyca, 
que lo mismo ha acaescido en ellas, en la 
muerte acabamiento de los indios que 
en esta isla. Y agora que son acabados, 
podrn estos padres religiosos , como avi- 
sados de la experiencia que tienen de las 
cosas que aqu han passado , mejor deci- 
dir determinar lo que conviene hacerse 
con los otros indios que estn por sojuz- 
gar en aquellos muchos rcynos provin- 
cias de la Tierra-Firme : que para m, yo 
no absuelvo los chripstianos que se han 
enriquescido gozado del trabajo destos 
indios , si los mallractaron no hicieron 

su diligencia para que se salvassen. Ni 

10 



74 



HISTOlllA GENERAL Y NATURAL 



quiero pensar que, sin culpa de los indios, 
ios avia de castigar 6 casi assolar Dios en 
estas islas , seyendo tan viciosos sacri- 
ficando al diablo, habiendo los ritos 
feriinonias que adelante se dirn. E por- 



que decirlas todas seria cosa imposible, 
dir algunas de las que mi noticia de 
otros muchos son notorias, por aquello 
se podr entender lo dems, quando 
esta materia volvamos. 



CAPITULO VIL 

l'c la venida del comendador mayor de Alciitnra, don ficy Nicols do Ovando, el qual gobern esta isla, 
de la parlida del comendador 'ranci^co de Bobadilla , el qual con loda la Hola so perdi en la mar con 
mucho oro , del aviso que dio el almirante al comendador mayor, para que no dcxasse salir la ilota dcste 
^ulcrlo, como hombre que conoscia la disposicin del tiempo. E por no le creer ni dexar entrar aqui, se per- 
di el armada mucha gente. 



serenssima Reyna que solamente sus 
vassallos passassen estas partes no 
otros algunos, si no fuesse por les facer 
muy seiialada merced ; assi se guard 
fasta el fin del ao de mili c quinientos 
quatro que Dios la llev su gloria. 
Mas despus el Roy Cathlico, gober- 
nando los rcynos de la serenssima Rey- 
na doa Juana, su fija, nuestra seora, dio 
ligencia los aragoneses todos sus 
vassallos que passassen estas partos con 
oficios como le plugo. Y despus la 
Cesrea Magostad extendi mas la li- 
cencia, passan agora de todos sus se- 
oros do todas aquellas partes, vas- 
sallos que estn debaxo de su monar- 
chia. 

Parti pues el comendador mayor des - 
de Espaa, ao de mili quinientos y dos 
aos , lleg esta cilxlad de Sancto 
Domingo quince de abril de aquel ao, 
estando poblada esta vecindad de la otra 
parte deste rioOcama. E luego fu obedcs- 
cido por gobernador ; y el comendador 
Bobadilla, que lo avia seydo, dio orden 
en su partida , porque los Reyes Cathli- 
cos le removieron del cargo le dieron 
licencia que so fuesse Espaa, tenin- 
dose por muy servidos del en el tiempo 
que ac estuvo, porque avia rotamente 
como buen caballero hecho su oficio en 
todo lo que toc sn cargo. E assi se 
parti para Castilla en la flota armada 



la sacn que el comendador de La- 
rez , don frey Nicols de Ovando, de la 
Orden caballera militar de Alcntara, 
pass esta cibdad isla, no era co- 
mendador mayor de su Orden : que des- 
pus estando ac, vac la encomienda ma- 
yor de Alcntara por muerte de don 
Alonso de Sanlillan, y el Rey Cathlico 
lo envi el ttulo merged de la enco- 
mienda mayor al dicho comendador de 
Larez que ac estaba algunos aos avia. 
Y por tanto no le llamar en todo lo que 
del se tractre sino comendador mayor. 
El qual, por mandado del Rey Reyna 
Cathlicos, vino esta isla con treynfa na- 
ves caravelas muy hermosa armada, 
vinieron con l muchos caballeros hi- 
dalgos gente noble de diversas partes 
de los reynos de Castilla de Len. 
Porque en tanto que la Cathlica Reyna 
doa Isabel vivi, no se admitan ni de- 
xaban pasar las Indias sino los pro- 
prios si'ibditos vasallos de los seoros 
del patrimonio de la Reyna, comoquie- 
ra que aquellos fueron los que las Indias 
descubrieron, c no aragoneses, ni cata- 
lanes , ni valencianos , vasallos del la- 
trimonio real del Rey Cathlico. Salvo 
por especial merced , algn criado 
persona conoscida de la casa real se le 
daba licencia, no seyendo castellano; 
porque como estas Indias son de la coro- 
na conquista de Castilla , assi queria la 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. VII. 



/O 



en que avia venido el comendador ma- 
yor; mas como avian sacado mucho oro, 
llevbanse en aquel viaje sobre qien mili 
pesos de oro fundido marcado , algu- 
nos granos gruesos por fundir, para que 
en Espaa se viessen. Porque aunque ya 
otras veges se avia llevado oro para los 
Reyes Cathlicos de personas particu- 
lares , nunca hasta entonces en un viajo 
avia ydo tanto oro juntamente, fundido 
por fundir y en algunos granos seala- 
dos , entre los quales yba un grano que 
pesaba tres mili seysientos pesos de 
oro; al paresger de hombres entendi- 
dos y expertos mineros , decan que no 
tenia de piedra tres libras , que son seys 
marcos , que montan trescientos posos. 
Assi que descontado lo que podria aver 
de piedra , quedara el grano en tres mili 
trescientos pesos de oro , y era tan 
grande como una hogaza de Utrera. Y 
porque dixe en la memoria que escrib 
en Toledo , ao de mili quinientos 6 
veinte y cinco aos , que este grano pe- 
saba tres mili doscientos pesos , aque- 
llo se escribi sin ver mis memoriales , 
tenindome atrs de lo que pudiera degir 
en muchas cosas , ahora digo , pues es- 
toy donde hay muchos testigos vivos que 
vieron aquel grano , que pesaba algo mas 
de tres mili seysgientos pesos, segund 
que dixe de suso, con piedra oro. El 
qual hall una india de Miguel Diaz , del 
qual se dixo que fu causa que esta cib- 
dad se poblasse aqui de la otra parte des- 
te rio ; porque este tenia compaa con 
Francisco de Garay, qued el grano por 
entrambos , sobre lo que mont el quin- 
to que pertenesgi al Rey , sacados los 
derechos , se les pag la demasa , que- 
d el grano para el Rey y la Reyna ; 
llevndole en aquella armada, se perdi. 
Y era tan grande, que assi como la india 
que le hall lo ense los chripslianos 
mineros, ellos muy alegres acordaron de 
almorzar comer un lochon bueno c ior- 



do, dixo el uno dellos: Mucho tiempo 
ha que yo he tenido esperanza que he de 
comer en platos de oro, pues deste 
grano se pueden hacer nnichos platos, 
quiero cortar este lochon sobre l. E assi 
lo hizo ; sobre aquel rico plato lo co- 
mieron, cabia el lechen entero en 
l , porque era tan grande como he 
dicho. 

Tornando la historia , parti el co- 
mendador BobadUa en fuerte hora con 
mala ventura, con l Antonio de Tor- 
res, hermano del ama del prncipe, que 
era capitn general de la flota en que el 
comendador mayor ava venido. Y estan- 
do para partir, acaesgi que uno dos 
das antes que el armada salesse deste 
puerto , lleg el almirante primero don 
Chripstbal Colom con quatro caravelas, 
que venia descobrir por mandado de 
los Reyes Cathlicos , traya consigo 
don Fernando Colom , su fijo menor. Y 
como lleg una legua deste puerto de 
Sancto Domingo, envi all el comenda- 
dor mayor un batel con ciertos marine- 
ros , crese que estaba avisado de su 
venida aun prevenido para que no en- 
trasse aqui. Y como el almirante sinti es- 
to , envi decir al comendador ma- 
yor que pues no quera que entrasse en 
lo que a^ ia descubierto , que fuesse como 
lo mandaba : que l no pensaba que de 
aquello se servan los Reyes Cathlicos; 
mas que le pedia por merced al comen- 
dador mayor que no dexase salir el ar- 
mada deste puerto, porque el tiempo no 
le paresQa bien , y qul. se yba buscar 
puerto seguro , pues aqui no le fallaba ni 
le acogan. E assi se fu con sus carave- 
las Paerlo Escondido, que es en esta 
isla diez leguas desta cibdad de Sancto 
Domingo , en la costa banda del sur al 
occidente , all estuvo hasta que pass la 
tormenta que adelante dir. Y despus 
de passada, atravess desde all para la 
costa de Tierra-Firme , descubrci lo 



7G IIISTUIUA GENEHAL Y NATURAL 

(jnese dii atk-laiile en su lugar. Otros vo el almirante hasta que pass la tor- 
turen que se fu Arua , que allestu- menta. 

CAPITULO VIII. 

Be lo que dL-scibrieron en la costa de Tierra-Firme los capitanes Alonso de Hojeda y Rodrigo de Bastidas. 



n el tieiiq)0 que estuvo en Espaa el 
almirante primero, se sigui quel capitn 
Alonso de Hojeda, con el favor del Obispo 
don Juan Rodrguez de Fonseca , que era 
prin';ipal que entenda en la gobernacin 
destas Indias, vino doscobrir por la 
cosa de Tierra-Firme, truxo su derro- 
ta reconosQer debaxo del rio Maraan, 
en la provincia de Paria, lleg tomar 
tierra ocho leguas encima de donde ago- 
ra est la poblacin de Sancta Marta ,' en 
una provin(;ia que se defia Cinla. Y era 
all cac^'ique uno llamado Ayaro, el qual 
qued de pages muy amigo de los 
chripstianos , al qual despus tom por 
engao, no bien facindolo, otro capitn 
dicho Cliripstbal Guerra. Esto fu ao de 
mili quinientos y uno. Pero no fueron 
solos eslos armadores; porque el capitn 
Rodrigo de Bastidas corri desdel cabo 
de la Vela (donde el almirante avia lle- 
gado quando descubri la cosa de Tier- 
ra-Firme) , pass adelante al poniente, 
como se dir en su lugar. Porque sin cul- 
pa mia no podra callar lo que mi no- 
ticia ha venido de lo que sealadamente 
ha hecho cada uno en estas partes que 
sea digno de acuerdo; por tanto digo que 
Rodrigo de Bastidas sali de Espaa ao 
de mili quinientos dos con dos cara- 
velas desde el puerto baha de la 
cibdad de Cdiz, su costa de Juan de 
Ledesma otros sus amigos ; la primera 
tierra que tomaron fu una isla, que por 
ser muy fresca de muy grandes arbo- 
ledas , la llamaron Isla Verde , la qual is- 
la est la banda parte que hay desde 
la isla de Guadalupe hgia la Tierra-Fir- 
me , cerca de las otras islas que en 



aquel paraje hay. E de all levantados 
estos navios, fueron por la costa de la 
Tierra-Firme , platicando con los indios 
en diversas partes della , ovieron hasta 
quarenta marcos de oro , discurrieron 
por la costa, la via del poniente, por de- 
lante del puerto de Sancta Marta desde 
el cabo de la Vela , por delante de 
rio grande. Y mas adelante descubri el 
mismo capitn Rodrigo de Bastidas el 
puerto de Zamba , los Coronados , que 
es una tierra, donde todos los indios della 
traen muy grandes coronas. Y mas al 
occidente descubri el puerto que llaman 
de Cartagena, y descubri las islas de 
Sanct Bernaldo las de Baru , las que 
llaman islas de Arenas , que estn en 
freno cerca de la dicha Cartagena. Y 
de ahy pass adelante descubri Isla 
Fuerte , que es una isla llana dos leguas 
de la costa de Tierra-Firme , donde se 
fafc mucha sal buena. E mas adelante 
est la isla de la Torliuja : esta es muy 
pequea no poblada : mas adelante 
descubri el puerto del Cen , y pass 
mas adelante descubri la punta de Ca- 
rihana, que est la boca del golpho de 
Vrah, y entro dentro del mismo golpho 
vio los isleos farallones que estn en 
la otra costa frontera junto tierra en la 
provincia del Darien. Y como all lleg, 
acab de descubrir las fiento treynta 
leguas que he dicho , poco mas menos, 
que hay desde el cabo de la Vela hasta 
all. E quando el agua fu de baxa mar, 
hallla dulge en quatro bragas donde pu- 
do estar surgido, llam golpho Didre 
aquel que se llama de Vrah ; pero no vi- 
do el rio de SanctMuan , que tambin le 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. VIII. 



llaman Rio Grande , que entra por siete 
bocas siete bracos en el dicho golpho, 
el qual es causa que se torne dulge en la 
jusento menguante el agua de la mar; 
y en mas espa(,"io de do^c leguas de luen- 
go otras quatro cinco y en partes seis 
de ancho que hay de costa costa , den- 
tro en el dicho golpho do Vrab ; de lo 
qual y del dicho rio se dirn mas parti- 
cularidades adelante, porque yo he esta- 
do algunos aos en aquella tierra En es- 
te viaje yba por piloto principal Juan de 
la Cosa , que fu muy ex(;elente hombre 
de la mar. 

En aquel golpho estuvieron estos ar- 
madores algunos das, como los navios 
estaban ya muy bromados facian mu- 
cha agua, acordaron de dar la vuelta 
atravesaron la isla de Jamyca , donde 
tomaron refresco. Y de alli fueron la 
isla Espaola , y entraron en el golpho 
de Xaragua, all perdieron los navios 
que no los podan sostener: sali la 
gente en tierra , furonse la cibdad 
de Sancto Domingo , donde fallaron al 
comendador Bobadila , que ya tena preso 
al almirante. E tambin prendi al di- 
cho capitn Bastidas, porque habia res- 



catado con los indios de la misma isla 
Espaola, y envile preso Espaa en 
el mismo navio quel almirante fu lleva- 
do ; porque la una prisin la otra fue- 
ron quasi un tiempo. Pero luego el Rey 
la Reyna le mandaron soltar, por es- 
te servicio que fu grande fecho pro- 
pria costa del mismo capitn Rodrigo de 
Bastidas otros sus amigos, como he 
dicho , los Cathlicos Reyes le Agieron 
merged de ginquenta mili maraveds de 
juro de por vida en aquella tierra pro- 
vincia del Darien. Todo lo que descubri 
Bastidas en este viaje fasta la punta de 
Caribana es de indios flecheros de la 
mas regia gente de la Tierra-Firme, 
tales son desde el cabo de la Vela al 
oriente fasta la punta de las sahnas Bo- 
ca del Drago ; o todo lo quel primero al- 
mirante avia descubierto en Tierra-Fir- 
me. E tiran en toda la dicha costa islas 
della con hierva muy mala inremedia- 
ble; si hay remedio, los chripstianos no 
le saben. En su lugar se dir de qu ma- 
nera con qu materiales fagen los in- 
dios esta pongoosa hierva ; por no me 
detener agora en esto, tornar al ahni- 
rante su descubrimiento. 



CAPITULO IX. 

Out Iracta de cmo se perdi el armada con el comendador Bobadilla, del ltimo viaje descubrimiento 
que tizo el almirante don Chripslbal Colom en la Tierra-Firme. 



icho tengo, en el captulo Vil deste 
libro, cmo el almirante lleg gerca del 
puerto desta cibdad, viniendo de Es- 
paa para yr descubrir lo que descu- 
bri en su ltimo viaje de la Tierra-Fir- 
me , yendo buscar el estrecho qul de- 
gia que avia de fallar para passar la 
mar austral; en lo qual so enga, por- 
que el estrecho qul pensaba ser de mar, 
es de tierra , como so dir adelante. Pe- 
ro no le fu dado lugar por el comenda- 
dor mayor para que entrasse en este 



puerto desta cibdad de Sancto Domin- 
go: por lo qual despus el almirante en- 
vi avisar quel tiempo estaba de ma- 
nera que le paresgia quel comendador 
Bobadilla , la armada que con l esta- 
ba aparejada para yr Espaa , en nin- 
guna manera debia partir desta cibdad; 
mas como no se le dio crdito, subgedi 
dello lo que aqu dir. Y el almirante, 
como prudente nauta, se acogi Puer- 
to Escondido; passada la tormenta, tir 
su camino para el descubrimiento de la 



78 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



Tiorra-Firme ; . cmo ya l tenia noticia 
quel capitn Rodrigo do Bastidas avia 
descubierto hasta ci golpho de Urab 
(que est en nueve grados medio , la 
punta de Caribana , que es la boca de 
aquel golplio) , passse adelante des- 
cobrir la costa de Tierra-Firme mas al 
poniente; lo qual en este captulo se di- 
r , porque no quiero olvidar la muerte 
del comendador Bobadilla del capitn 
de la flota, Antonio de Torres, hermano 
del ama del prncipe , lo qual pass des- 
ta manera. 

Partieron estos caballeros de aqueste 
rio puerto desta cibdad de Sancto Do- 
mingo, por no aver lomado el consejo del 
almirante. E salida el armada la mar, 
ocho diez leguas de aqui, didles tal 
tiempo que de tre\ nta naos caravelas 
no escaparon mas de qualro cinco , 
dieron al travs todas las de dems por 
estas costas , muchas se hundieron c 
las trag la mar, que jams parcsfieron, 
anegronse mas de quinientos hombres, 
entre los quales eran los mas prinrjpalcs 
los que tengo dicho , assi mismo aquel 
Roldan Ximenez que se avia algado con- 
tra el almirante adelantado, su herma- 
no ; se ahogaron assi mismo otros gen- 
tiles hombres hidalgos muy bueno gen- 
te. E all se perdi aquel giano de oro 
que dixe que pesaba tres mili seysf len- 
tos pesos, con mas de otros gient mili pe- 
sos de oro y otras muchas cosas : assi que 
fue muy gran prdida y mala jornada. 

El almirante, como conosgi el tiem- 
po, recogise al Puerto Escondido, el 
qual nombre l le puso ; desde all, 
assi como fu passada la tormenta , atra- 
vess la vuelta de la Tierra-Firme , no 
corri riesgo, segund paresfi por el efe- 
to ; porque descubri debaxo de lo que 
tengo dicho que coste Bastidas, segund 
yo oy los pilotos Pedro de Umbra 
Diego Martin Cabrera , Martin de los 
Reyes, y otros que se hallaron en ello, 



lo que agora dir. El almirante fu re- 
conosfer la isla de Jamyca, y de all 
pass y fu reconoscer ol caijo de Hi- 
gueras y las islas de los Guanaxcs (una 
de las quales se dige Guanaxa) , y fu 
Piiciio de Honduras, la qual tierra lla- 
m puso nombre Puna de Caxincs; 
de all fu al cabo de (rarias Dios , y 
tir la vuelta del levante la costa arriba 
de Tierra-Firmo, y descubri la provin- 
cia rio de Veragua , pass otro rio 
grande que est mas al oriente, llam- 
le rio de Bclcn. Este est una legua del 
rio que los indios llaman Ycbru, que es 
el mismo de Veragua (la qual se cree que 
es una de las mas ricas cosas que hay en 
todo lo descubierto); y de ahy subiendo 
la costa al oriente, lleg un gran rio, 
llamle rio de Lagartos. Este es el ([ue 
agora los chripslianos llaman Chagre, que 
nasfo gerca dla mar del sur, aunque 
viene fenesgcr en la del norte, passa 
quatro leguas de Panrm. Y de all dis- 
curriendo, lleg una isla que est junto 
la cosa de la Tierra-Firme, llamla 
isla de Bastimcnos , Puerto Bello , 
de all pass por delante del Nombre de 
Dios ( el qual nombre puso despus 
aquel puerto el capitn Diego de Kicue- 
sa, como se dir en su lugar). E pass 
el almirante al rio de Francisca al puer- 
to del Betretc; de all subi hasta el 
golpho de Secalira , llamle golpho de 
Sancl Blas; subi mas por la cosa has- 
ta las islas de Pocorosa, all llam el 
almirante aquello el Cabo del Mrmol. 
Por manera que deste camino, que fu 
el ltimo quel almirante fizo estas par- 
tes , descubri de la Tierra-Firme Qento 
noventa doscientas leguas de costa, 
poco mas menos. 

E desde all atravess la isla de Ja- 
myca, la qual est del cabo de Gracias 
Dios la vuelta del nordeste gient leguas. 
E all se le perdieron los dos navios, que 
los trava va niuv cansados bromados; 



DE INDIAS. LIB. 111. CAP. IX. 



79 



de quatro que avia llevado , el uno de- 
x perdido en el rio de Yebra (que es en 
la provincia de Veragua), y el otro le de- 
x en la mar, porque no se podia lener 
sobre el agua; porque en aquellas costas 
de Tierra-Firme, como hay muchos 6 
grandes ros, assi hay mucha broma en 
ellos, presto se pierden los navios. 
Pero ea treynta diasque atravessaron fu 
reconosger la tierra de Oinoha^ja, que 
es en la isla de Cuba de la banda del 
sur, quasi al n de la isla , donde ago- 
ra est poblada la villa do la Trinidad : 
desde all fu Jamyca, donde, como 
es dicho, perdi los otros dos navios , 
dio con ellos f abordando en la costa don- 
de aa;ora dicen Sevilla. E desde all dio 
notigia de su venida al comendador ma- 
yor, que estaba en esta cibdad de Sne- 
lo Domingo , con una canoa que envi do 
indios , y en ella Diego Mndez , su 
criado , que es un hidalgo , hombre de 
honra, vegino desta cibdad, que hoy dia 
vive. El qual se atrevi mucho, por ser 
la canoa muy pequea, porque fgil- 
mente se trastornan en la mar tales ca- 
noas , no son para engolfarse ninguno 
que ame su vida , sino para la costa c 
gerca de tierra. Pero l, como buen cria- 
do hombre animoso , viendo su seor 
en tanta nesgessidad , se aventur de- 
termin pass toda la mar que hay des- 
de aquella isla esta con las cartas del 
almirante, para quel comendador mayor 
le socorriesse y enviasse por l. Por el 
qual servigio (que en la verdad fu muy 
sealado, quanto se puede encaresger) el 
almirante siempre le tuvo mucho amor, 
le favoresgi : sabido por el Rey Ca- 
thlico le hizo mergedes, le dio por ar- 
mas la misma canoa, por cxemplo de su 
lealtad. E sin dubda en aquellos pringi- 
pios meterse un hombre en la mar con 
sus enemigos, seyendo como son tan 
grandes nadadores y en barca passaje 
tan peligroso ingierto , fu cosa de gran- 



de nimo y de sealada lealtad amor 
que su seor tuvo. Y cmo el comen- 
dador mayor vido las cartas del almiran- 
te , envi luego una caravela saber si 
era verdad , para ver do la manera que 
estaba el almirante sentir la cosa , no 
para lo traer. Pero el Diego Mndez com- 
pr un navio de los dineros del almirante 
bastecile y envi por su seor , en que 
vino esta isla, en tanto quel Diego Mn- 
dez fu Castilla dar noticia al Rey 
Reyna Cathlicos de lo quel almirante 
avia fecho en aquel viaje. No es razn 
de dexar en siiengio lo que al almi- 
rante intervino en aquella isla, despus 
de aver enviado Diego Mndez esta, 
como es dicho, dar uotigia de su que- 
dada all, porque es cosa memorable y 
para ser notado lo que agora dfr. 

Es de saber que assi de los trabajos 
que su gente marineros avian passado 
en este descubrimiento, como en aver 
passado por tan diferentes regiones coq 
tan malas comidas falta de reposo , avia 
muchos enfermos ; los que estaban sa- 
nos se le amotinaron, inducidos ello 
por dos hermanos que all yban, llama- 
dos Fraugisco de Porras , capitn de un 
navio de aquellos , Diego de Porras, 
contador de aquella armada: los quales 
tomaron todas las canoas que los indios 
tenan , pubhcaron que el almirante no 
quera yr Castilla , porque les avia di- 
cho que esperassen la respuesta de Diego 
Mndez y que enviasse navios que los 
llevassen todos. Pero ellos, mal acon- 
sejados , no queriendo obedesger su man- 
dado , se fueron metieron en la mar, 
pensando atravessar venir en las ca- 
noas esta Isla Espaola; aunque mu- 
chas veges lo tentaron, no pudieron salir 
con su intencin : antes porfindolo, se 
anegaron algunos de los compaeros que 
estos seguan; por lo qual acordaron 
los que dellos quedaron, de volver donde 
el almirante quedaba , con determnagion 



80 



lllSTKIA GK.NEUAL Y NATURAL 



de le tuiiai- los navios que le oviessen 
venido. Mas en lano que los aleados 
desobedientes entendian en lo que es di- 
cho, cobraron salud los que avian que- 
dado enfermos y en compaa del almi- 
rante, aunque eran pocos en nmero. Y 
como fu entendida la raalifia, mand 
el almirante al adelantado don Bartolo- 
m , su hermano , que saliesse al campo 
resistir el mal propssito de los contra- 
rios: pele con ellos los desbarat 
venf i mat tres ([uatro dellos, otros 
muchos quedaron heridos. E aquesta fu 
la primera batalla que se sabe aver vido 
entre chripstianos en estas partes In- 
dias; y el Francisco Diego de Porras 
fueron presos. 

Antes que esta batalla diferencias 
subgediessen , como los indios vieron que 
los que estaban sanos de los chripstianos 
se avian ydo dexado al almirante , 
que los que con l avian quedado eran 
pocos y enfermos no les queran dar de 
comer ni otra cosa alguna. E viendo es- 
to el almirante, hizo juntar muchos de 
los indios dixoles que si no le daban 
de comer l los chripstianos, que 
tuviessen por gierto que avia de venir 
muy presto una pestilencia tan grande 
que no quedasse indio alguno dellos, 
que por seal desto de la pestilencia 
vertimiento de sangre que avria en 
ellos, verian tal dia (que l les seal), 
tal hora, la luna hecha sangre. Esto 
dixo l , porque como era gentil astrlo- 
go, sabia que avia de ser eclipse de la 
luna, quando les avia dicho. Llegado 
pues el tiempo, como vieron los indios 
eclipsada la luna , creyeron lo que el al- 
mirante les avia dicho , muchos dellos 
fueron, dando vofes llorando, pedir 
perdn rogar al almirante que no cstu- 
viesse enojado ; dironle l los 
que con l estaban quanto queran 
avian menester de sus mantenimientos , 
sirvironle muy bien. 



En aquesta manera de vida trabajosa 
estuvo el almirante los chripstianos 
que le quedaron un ao, durmiendo 
habitando en los navios que estaban al 
travs, anegados hasta la cubierta dentro 
del agua de la mar junto tierra, 
dentro del puerto donde agora est la 
villa de Sevilla, que es la principal po- 
blacin de aquella isla. E alli cei'ca fu 
la batalla que es dicho , y el puerto se 
dice Snela Gloria. Passado lo que es di- 
cho , lleg la caravela que Diego Mndez 
envi por el almirante ; y quando se em- 
barcaba en ella , lloraban los indios por- 
que se yba , porque pensaban que l 
los chripstianos eran gentes celestiales. 

Llegado el amirante esta cibdad de 
Sancto Domingo , estuvo algunos dias 
descansando aqui; festejle el comen- 
dador mayor, tvole en su posada, 
fasta que despus se parti el almirante 
en los primeros navios que fueron Es- 
paa dar cuenta al Rey Calhlico de lo 
que avia fecho en este su postrero des- 
cubrimiento de parte de la Tierra-Fir- 
me. E de aquel camino despus que vol- 
vi Castilla , como ya era viejo y en- 
fermo muy apassionado de gota , mu- 
ri en Valladolid , ao de la Natividad 
de Chripst de mili quinientos y seis 
aos , en el mes de mayo , estando el Rey 
Cathlicoen Villafranca de Valcacar, la 
sacn quel serenssimo Rey don Felipe 
la serenssima Reyna doa Juana, padres 
de la Cesrea Magestad, nuestros seo- 
res, venian reynar en Castilla. Assi que 
muerto el Almirante donde he dicho, fu 
llevado su cuerpo Sevilla al moneste- 
rio que est de la otra parte del Guadal- 
quivir, llamado las Cuevas, de la Orden 
de la Cartuxa, alli se pusso en depsi- 
to. Plegu Dios dele tener en su glo- 
ria'... porque dems de loque sirvi los 
Reyes de Castilla, mucho es lo que todos 
los espaoles le deben ; porque aunque 
en estas partes han padescido muerto 



DE INDIAS. LB. III. CAP. IX. 



81 



muchos dellos en las conquistas pa^i- 
ficagion destas Indias, otros muchos que- 
daron ricos remediados; lo que me- 
jor es, que en tierras tan apartadas de 
Europa, donde el diablo era tan servi- 
do acatado, le hayan los chripstianos 
desterrado della , plantado y exer^ itado 
la sagrada f cathlica nuestra Iglesia 
de Dios en partes tan remotas y extra- 
as do tan grandes reynos seoros, 
por medio industria del almirante don 
Chripstbal Colom. Y que dems desto, 
se hayan llevado llevarn tantos te- 
soros de oro, plata, perlas, otras 
muchas riquezas mercaderas Espa- 
a: por lo qual ningn virtuoso espaol 
se desacordar de tantos benefirios co- 



mo su patria resg'ibe han resultado, 
mediante Dios, por la mano de aqueste 
primero almirante destas Indias. Al qual 
subfedi en su ttulo , casa y Estado el 
almirante don Diego Colom , su hijo : el 
qual cas con doa Maria de Toledo , so- 
brina del ilustre don Fadrique de Tole- 
do, duque de Alva, de buena memoria, 
fija de su hermano don Fernando de To- 
ledo , comendador mayor de Len en la 
Orden militar de Sanctiago. En la qual 
ovo el almiradte don Diego Colom al 
almirante don Luys Colom , que des- 
pus hered su casa y Estado y al pre- 
sente lo tiene, ovo otros fijos en esta 
seora. 



CAPITULO X. 



De la gobernacin del comendador mayor, don Frey Nicols de Ovando, de cmo se pass la vecindad 
desla cibdad, que eslaba de la olra parle del rio, adonde agora esl, y de las iglesias y perlados dolas que 
ha vido y hay en esta isla Espaola, c de los edificios desta cibdad de Snelo Domingo y otras cosas 

nolablos desta Isla. 



Jl erque en la segunda parte destas his- 
torias se continuarn los descubrimientos 
de los particulares armadores , solamente 
digo que el ao de mili quinientos y 
quatro Juan de la Cosa otros sus con- 
sortes passaron con quatro navios la 
costa de la Tierra-Firme, y en ella y 
en algunas islas cargaron de brasil y 
esclavos. En el qual tiempo tambin otro 
capitn, llamado Chripstbal Guerra, arm 
pass la Tierra-Firme extragar lo que 
pudo ; y del mal subcesso de los unos 
los otros se dir en su lugar convinien- 
te: assi mosmo de la desventurada 
muerte del capitn Diego de Mcuesa, y 
del primero descubrimiento de la mar 
del Sur, hecho por Vasco Nuez de Bal- 
boa, y del mal fin c nombre con que 
acab sus dias. Pero porque todo esto es 

del jaez de la segunda parte de la Natu- 
Tjy.O I. 



ral general historia dcslas ludias, de- 
cirlo he donde mejor quadre sea mas 
conviniente la relacin dello. E por tan- 
to volver esta Isla Espaola cibdad 
de Sancto Domingo , donde lleg el co- 
mendador mayor, don Frey Nicols de 
Ovando (estando la poblacin de la otra 
parte deste rio), los quince del mes de 
abril de mili quinientos y dos aos, 
so fu el comendador Bobadiila con la 
armada, segund os dicho, aquel mismo 
ao vino el almirante don Chripstbal 
Colom fafcr el descubrimiento do Ve- 
ragua parte de la Tierra-Firme ; apor- 
t despus en Jamyca, do quedaron sus 
caravelas perdidas, vino aqui en el 
mes de septiembre de mili quinientos y 
quatro aos. Pero lo gierto es que el al- 
mirante vino el mismo ao desde 

poco licnipo que el comendador mayor 

1t 



82 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



ac estaba, porque en los mismos navios 
qul vino, se tornaba Espaa el comen- 
dador Bobadiila; aquellos se perdieron 
y)or no aver tomado el consejo del almi- 
rante, segund lo he dicho. 

Assi que, tornando la historia , digo 
que despus que ahy lleg Colom, veni- 
do de Jamyca , ovo una tormenta que 
los indios llaman hwacun los dofe 
dias del mes de septiembre que derrib 
todas las casas buhios desta cibdad , 
la mayor parte dellas. Mas porque des- 
pus, passados algunos aos, ovo otras 
dos tormentas huracanes mayores de 
que mas largamente se dir adelante, no 
dir aqui mas en esto del huracn. E ya 
esta cibdad la avia hecho passar donde 
agora est el comendador mayor; de 
alli adelante se comentaron edificar 
labrar casas de piedra de buenas pa- 
redes y edificios. Pero yo no le pienso 
loar aver passado aqui la cibdad, ni 
averia quitado de la otra costa ribera 
deste rio, donde primero fu fundada; 
porque en la verdad de nesfessidad se- 
ria mas sano asiento vivir del otro ca- 
bo que de aqueste, porque entre el sol 
aquesta cibdad passa el rio de la Of a- 
ma ; assi las nieblas de la maana , lue- 
go quel sol aparesce, las derriba trastor- 
na sobre esta cibdad. Dems de aqueste 
defeto, que es muy grande, el agua de 
una muy buena fuente, de donde se pro- 
vee la mayor parte desta poblagion, est 
en frente della de la otra parte del rio, 
los que no quieren beber de los pocos 
que no son buenos, no hacen traer agua 
de otras partes lexos, van alli por agua. 
E como este rio es muy hondo, no tiene 
puente ; esta causa , aunque hay una 
barca ordinaria que la cibdad paga 
tiene para passar quantos quisieren yr 
venir atravessar el rio pie ca- 
ballo, es menester tener un esclavo 
mas otros mocos ocupados solamente 
en proveer la casa de agua de la dicha 



fuente. Assi que grande inconveniente es 
tambin; mas dio lugar esta inadver- 
ten(,ia del comendador mayor ser muy 
possible traerse el agua esta cibdad 
desde un rio que se llama Hayna , que 
est tres leguas de aqui , de muy bue- 
na agua pueden facer que venga la 
plaga desta cibdad todas las casas 
que aqui hay : con lo qual seria una de 
las poblaciones muy buenas del mundo, 
assi cessaria el defeto del agua. E tam- 
bin pudo caussar la mudanza deste 
pueblo que siempre los gobernadores 
nuevos quieren enmendar las obras de 
los passados, dar forma cmo se ol- 
vide lo que los antecessores cu el oficio 
obraron, para escuresger la fama del que 
pass. 

Pero con estos inconvinientes que he 
dicho desta cibdad, tiene otras cosas bue- 
nas. Lo primero est aqui una iglesia ca- 
thedral, cuya ereccin se fizo por el Ca- 
thlico Rey don Fernando la serenssi- 
ma Reyna doa Johana , su fija , nuestra 
seora ; y el primero obispo delia fu don 
fray Gargia de Padilla, de la Orden de 
Sanct Francisco , el qual no pass estas 
partes , porque vivi poco despus que 
fu obispo; y el segundo fu el maestro 
Alexandro Geraldino. Este fu romano 
buen perlado y de sana intenfion. El ter- 
cero obispo desta sancta iglesia obispa- 
do de Sancto Domingo, que hoy tene- 
mos , es don Sebastian Ramrez de Fuen- 
te Leal , presidente que fu de la Audien- 
cia Real que aqui reside, el qual es assi 
mismo obispo de la iglesia de la cibdad 
de la Concepcin de la Vega, en esta 
misma isla de Hayti Espaola , que est 
treynta leguas la una cibdad de la otra. 

Mas para que mejor se entienda la unin 
destas dos iglesias obispados, es de sa- 
ber que quando fu hecho el primero obis- 
po desta cibdad, fray Garcia de Padilla, 
fu hecho el primero obispo de la cibdad 
de la Concepcin de la Vega, don Pero 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. X. 



83 



Suarez de Dega. Y aqueste fu el primero 
obispo que pass esta isla las lu- 
dias destas partes ; despus de los dias 
de aquel, no proveyeron de obispo de la 
Vega otro alguno. Y estando vacantes 
ambas iglesias , la de la Vega en este su 
primero obispo, don Pero Suarez de De- 
ga, aquesta de Sancto Domingo en su 
obispo segundo, que fu el maestro Ale- 
xandro Geraldino, la Cesrea Magestad 
quiso unir entrambas iglesias cathedi'ales 
debaxo de una mitra solo un obispo, 
causa que, seyendo dos perlados, era poca 
renta , juntas las iglesias, es buena co- 
sa. E assi provey Su Magestad de per- 
lado en quien entrambos obispados estu- 
viessen ; y este fu fray Luis de Figueroa, 
prior del monesterio de la Mejorada , de 
la Orden de Sanct Hiernimo,quees una 
legua de la villa de Olmedo. Y estando las 
bulas concedidas despachadas por el Pa- 
pa el ao de mili quinientos veynte y 
quatro, antes quel despacho viniesse de 
Roma, muri el cleto en el monesterio su- 
yo que he dicho de la Mejorada; la Ces- 
rea Magestad despus desto hizo la misma 
merged, quel mismo eleto tenia, don 
Sebastian Ramrez de Fuente Leal, obispo 
que hoy tenemos, en el qual fueron unidas 
ambas iglesias en un perlado , la pre- 
sidengia desta Real Audiengia Changi- 
lieria que aqui reside. Y despus que en 
esta cibdad estuvo un poco de tiempo, le 
mand la Cesrea Magestad que passasse 
la Nueva Espaa con el mismo cargo 
de la presidengia, para reformar aquella 
tierra. Y esto baste quanto los perlados, 
fablemos en la propria iglesia: la qual, 
de mas de tener las dignidades canni- 
gos ragioneros que conviene , todo lo 
dems congerniente al servigio del culto 
divino , es muy bien ediflcada en lo que 
est fecho, acabada, ser sumpluosa 
tal que algunas de las calhcdrales de Es- 
paa no le harn ventaja; porque es de 
fermosa c fuerte cantera , de la qual hay 



aqui assaz canteras veneros de piedra 
junto la cibdad, en la costa deste rio, 
quanta quieren. E assi est aquesta cib- 
dad tan bien edificada , que ningn pue- 
blo hay en Espaa, tanto por tanto, mejor 
labrado generalmente, desando aparte 
la insigne muy noble cibdad de Barge- 
lona; porque dems deste aparejo grande 
que he dicho de la piedra, toda la bue- 
na cal que al propssito de la fbrica es 
menester, hay muy singular tierra para 
tapiera , iigeuse tales tapias que son 
como muy fuerte argamassa. E assi hay 
aqui nuiy buenas muchas casas pringi- 
pales , en que cualquier seor grande 
se podria aposentar ; aun algunas do- 
las son tales que en muy buenos pueblos 
de los de Espaa he yo visto la Cesrea 
Magestad aposentado en casas no tales, 
quanto la labor dellas, y en muchas que 
en sitio vista no se igualan con estas. 
Es aquesta cibdad toda tan llana como 
una mesa, al luengo della, de norte 
sur, passa el rio de la Ogama, que es 
navegable , hondo muy hermoso cau- 
sa de las heredades jardines labran- 
gas que en sus costas hay, con muchos 
naranjos caafstolos arboledas de fruc- 
ta de muchas maneras. A la parte que 
esta cibdad tiene el medioda, est lmar 
batiendo en ella , de forma quel rio la 
mar gercan la mitad mas parte desta 
cibdad. E la parte del poniente del 
norte est la tierra , donde se extiende 
mas la poblagion do hermosas calles 
nuiy bien ordenadas anchas , tiene 
de parte de la tierra muy hermosos pra- 
dos y salidas. En conclusin , que en vis- 
ta asiento y en lo que es dicho no hay 
mas qu pedir; puesto que no est tan 
poblada ni de tanta vegindad como estu- 
vo el ao de mili y quinientos veynte 
ginco , quando yo fize relagion su ma- 
gestad desta cilxlad en a([uel Smnario re- 
porlorio que escreb de cosas de Indias, 
causa que todo lo desta vida sana y 



Si 



HISTORIA GENERAL Y NATLRAL 



adolcsfo; luuelios que se li;in liallad 
ricos so han ydo Espaa, otros 
poblar en otras islas Tierra-Firme, 
porque desde aqu se ha descubierto 
poblado proveydo siempre lo mas de 
las Indias, como desde cabega madre 
nndridora de todas las otras partes dcs- 
tc imperio. Tambin han sido causa de se 
aver ydo mucha gente de aquesta isla las 
grandes nuevas que en diversos tiempos 
han venido de los descubrimientos nue- 
vos del Per otras partes : como los 
hombres son amigos de novedades 6 des- 
saaa presto enriquesger , muchos dellos 
(en especial los que ya estaban aqui asen- 
tados) han acertado empobresger, por 
no reposar. 

El puerto desta cibdad es dof e quin- 
ce pasos de tierra, donde surgen las naos; 
las casas que estn en la costa del rio 
estn assi cercanas de los navios como en 
peles , en el Tber de Roma , en 
Guadalquivir en Sevilla Triana. Y en 
quatro bracas do agua, tan cerca como 
he dicho , surgen naos grandes de dos 
gavias , y otras algo menores se allegan 
tanto la tiorra que echan una plancha, 



sin barca, por la plancha, botan en tier- 
ra las pipas toneles, tambin toman 
la carga. Hay desdo donde surgen las 
naos hasta la boca de la mar comiendo 
de la entrada del puerto, tiro medio de 
escopeta o poco mas; y entrando en el 
rio dentro par del puerto est un cas- 
tillo assaz fuerte para la defensin guar- 
da del puerto y de la cibdad : el qual cdi - 
fic el comendador mayor don frey Ni- 
cols de Ovando en el tiempo de su go- 
bernacin. Pero porque no se olvide tan 
sealada particularidad, ni pierdan las 
grafas los que las meresgen por prime- 
ros edificadores , digo quel que primero 
fund casa de piedra 6 al modo de Es- 
paa en esta cibdad , fu Francisco de 
Garay, despus del frey Alonso del Vi- 
so, de la Orden caballera de Calatra- 
va, y el tercero fu el piloto Roldan, en 
las Qualro Calles, y el quarto fu Juan 
Fernandez de las Yaras : despus y tras 
los que he dicho, se principi la fortaleza 
se fizioron otros edificios , se hacen 
labran cada dia por el gran aparejo de los 
materiales que hay para la fbrica. 



CAPlTliLO XI. 

Da lu ve;iUija y difereii'.'ia ((ae el aujlor pone de esla Isla Espaola las islas de Secilia Inglaterra : las 

razones que para ello expresa. 



ion conozco que toda comparacin es 
odiosa para algunos de los que escuchan 
lo que no querran oir; assi acaesfer 
algunos letores segilianos ingleses con 
este mi tractado , en especial con lo que 
podrn ver en este captulo , en el qual 
torno defir lo que he dicho y escrito 
otras veges , y es : que si un prncipe no 
tuviesse mas seoro de aquesta isla sola, 
en breve tiempo sera tal , que hif iesse 
ventaja las islas de Scgilia Inglaterra; 
porque lo que aqui sobra otras provin- 



cias hara muy ricas. Y porque he puesto 
la comparacin en dos islas de las ma- 
yores y mejores de los chripstianos , ra- 
zn es que diga qu me movi poner la 
comparacin en ellas. 

Dxelo, porque aquellas dos islas ca- 
da una dellas son muy ricas notables 
reynos, porque son muy conosci- 
das. Dxelo, porque esta Isla Espaola es 
donde hay muy ricas minas de oro, 
muy abundantes, continuas, que sola- 
mente se enflaquescen, quando los hom- 



DE INDIAS. LIB. 

bres dexaii de exergitarse en ellas. D- 
xelo, porque aviendo venido en nuestro 
lienipo las primeras vacas de Espaa 
esla isla, son ya tantas, que las naves 
tornan cargadas de los cueros dellas ; 
ha acaesf ido muchas veges alancear tres- 
;ientas quinientas dellas , mas me- 
nos , como plafc sus dueos , dejar 
en el campo perder la carne, por llevar 
los cueros Espaa. Y porque mejor se en- 
tienda esto ser assi , digo quel arrelde de 
carne vale dos maraveds. Dxelo, por- 
que assi mismo se truxeron las primeras 
yeguas del Andalugia , y hay tantos ca- 
ballos 6 yeguas, que han valido qua- 
tro tres castellanos, una vaca 
paridera un castellano, y un carnero un 
real. Yo digo lo que he visto en esto de 
los ganados, yo los he vendido de mi 
hacienda en la villa de Sanct Juan de la 
Maguaua este presfio menos. Deste 
ganado vacuno de puerco se ha hecho 
mucho dcllo salvaje; y tambin de los 
perros gatos domsticos que se truxe- 
ron de Espaa hay muchos dellos bravos 
por los montes. 

En esta isla hay tanto algodn que la 
natura produce , que si se diessen las 
gentes lo curar y labrar, mas mejor 
que en parte del mundo se baria. En la 
isla del Xio , que es en el archipilago la 
principal que tienen genoveses, es una 
de sus mas principales riquezas gran- 
gerias el algodn , y aqui no curan de- 
11o. Hay innumerable caafistola en esta 
isla ; y muy hermosas arboledas della , y 
en gran cantidad continuamente se car- 
ga para Espaa otras partes , y es muy 
buena vale el quintal quatro ducados 
y menos. Hay tanto adcar, que entre 
los ingenios que muelen los que se la- 
bran (que molern presto) , hay en sola 
esta isla veynte ingenios poderosos , que 
cada uno dellos es muy rico y hermoso 
heredamiento ; sin otros trapiches de ca- 
ballos. E continuamente van las naves 



CAP. XI. 



8j 



cargadas rnuchas caravelas con adcar 
Espaa, vale aqui el arroba duca- 
do y peso y menos , y es muy bue- 
no ; y las mieles y sobras que del adcar 
ac se pierden se dan los negros tra- 
bajadores, serian en otras partes un gran 
tesoro. Hay en estas islas mucho brasil: 
non curan dello, por no trabaxar en ir 
lo sacar cortar en las sierras que llaman 
del Baoruco , porque hay otras cosas 
muchas en que ganar y emplear el tiem- 
po, sin tanto trabaxo con menos costa. 
Hay excelente color de acul y mucho, 
aunque ac lo estiman poco; puesto que 
no es menos bueno que el que nuestros pin- 
tores llaman de acre. Hay muchos y muy 
grandes montes boscajes de los rbo- 
les del guayacan , que puesta esta made- 
ra leos del en la playa del puerto des- 
ta ribdad, vale el quintal sesenta mara- 
veds vef es real de plata ; hay en 
muchas partes del mundo donde vale 
dos tres reales la libra: yo lo he 
visto vender en Medina del Campo dos 
reales la libra, y aqui es tenido en poco 
por la mucha abundancia que hay dello, 
y es muy excelente y maravilloso rbol, 
por las grandes curas y diversas enfer- 
medades que con este palo se curan 
con el agua del. Todas las cosas que se 
siembran cultivan en esta isla, de las que 
han venido de Espaa , las mas se dan 
han multiplicado muy bien. En lo que di- 
xe de los ganados hay hombres ve- 
ginos desta cibdad de siete y de 
ocho y de diez y doge mili caberas de 
vacas , y tal de diez ocho veydte 
mili cabegas mas , y aun veynte y fin- 
co treynta y dos , y si dixere quarenta y 
dos hay quien las tiene : que es una duea 
viuda, honrada liijadalgo, llamada Maria 
de Arana, niuger de un hidalgo que sed- 
ela Diego Solano, (jue ha poco tiempo 
que muri. Y porque quando la primera 
vez se imprimi esta primera parte, dixe 
quel seor ol)ispo de Venezuela , (pie 



8G 



HISTORIA GENERAL Y iNATURAL 



agora lo es de Sanct Johan, don Ro- 
drigo de Bastidas , tenia diez seys mil! 
caberas dcste ganado , digo que ai pre- 
sente en este ao de mili quinientos 
quarenta siete aos tiene veynte gin- 
co mili caberas mas de vacas. De los 
carneros y yeguas iiay mucho ganado 
assi mismo. De los puercos se han algado 
ydo al monte tantos, que andan 
grandes rebaos fechos monteses salva- 
jes , assi dcllos como de las vacas , por- 
que los pastos son muchos muy ordi- 
narios. Las aguas muy buenas: los aires 
templados y el verano y el invierno de 
tal manera , que hay poca diferencia en 
todo tiempo de los dias las noches : y 
el tiempo del invierno es sin fri , la 
calor del verano no es demasiada. Y la 
isla es grande, donde se pueden bien ex- 
tender los ganados las gentes con sus 
labrangas , porque boja su circunferencia 
de aquesta isla tresgientas ginquenta 
leguas , pocas mas menos, costa costa 
terrena, aun algunos digen quatrogienlas. 
En esta isla se han fecho innumerables 
naranjos gidras limas limones dul- 
ges agros, y es tan bueno todo que lo 
mejor de Crdoba Sevilla no le hage ven- 
taja , haylo siempre. Hay muchas higue- 
ras granados, solamente se han dexado 
de dar en esta tierra las fructas rboles 
de cuesco : aunque podr alguno degir 
con verdad que hay olivos dentro en esta 
cibdad, algunos dellos hermosos gran- 
des , digo que es assi ; pero son estriles, 
porque no llevan otra fructa alguna, sal- 
vo hojas. Hay muy buena hortaliza assi 
de lechugas rbanos y berros , como de 
perexil culantro hiervabuena gebo- 
lletas coles de las que llaman llantas 
vergas napolitanas abiertas , como de 
los repollos gerrados murgianos. H- 
gense tambin las berenjenas que les es 
tan natural su propssito esta tierra, 
como los negros la Guinea ; porque ac 
se hagen muy mejor que en Espaa , y un 



pi de una berenjena tura dos y tres aos 
raas, dando siempre berenjenas. Fl- 
gense tambin los fesoles que es muy 
grande su abundangia, y es muy gentil 
legumbre (estos se llaman en Aragn ju- 
dias). Hgense buenos nabos algunas ve- 
ges, zanahorias muchos pepinos. Hay 
melones de Castilla muy buenos la ma- 
yor parte de todo el ao : lo mismo ha- 
gen los higos, que la mayor parte del ao 
los hay pocos muchos como los melo- 
nes; pero en su tiempo ordinario son 
mayores mejores. Poco tiempo h que 
por la diligongia de un vegino desta cib- 
dad se han fecho muchos cardos: como 
cosa nueva los vendi bien ; pero des- 
gragiados amargos aparejados para 
los codigiososde beber, porque la ver- 
dad este manjar granjeria no es tal ac, 
como en las tierras frias de nuestra Es- 
paa, ni los nabos las zanahorias. 

En conclusin que todas las cosas que 
he dicho que se truxeron de Espaa, 
aquellas se dexan de hager multiphcar 
de que los hombres se descuidan no 
curan ; porque el tiempo que las han de 
esperar, le quieren ocupar en otras gran- 
jerias gruesas de mas provecho para 
enriquesger mas pronto (y en espegial 
los que en estas partes no tienen pensa- 
miento do permanesger ni quieren desta 
tierra, sino desfructalla volverse sus 
patrias) , dnse la mercadura las 
minas, la pesquera de las perlas, 
otras cosas con que presto alleguen ha- 
gienda, con que se vayan. E por tanto 
ningunos muy raros son los que quieren 
ocuparse en sembrar pan poner vias , 
porque los mas que por ac andan , tie- 
nen esta tierra por madrastra (aunque 
muchos hales ydo muy mejor que en su 
propria madre). 

Pues no se piense que, si falta pan 
vino de Castilla, que es por culpa de la 
tierra: se ha probado algunas veges el 
pan se ha hecho naiy bien ; assi mis- 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. XI. 



87 



luo las libas como se puedo ver en muy 
buenas ubas de muchas parras que hay 
en esta cibdad : aunque no se liubieran 
traydo de Castilla los sarmientos, muchas 
ubas de parras salvajeses hay en la isla 
dellas se pudieran plantar y enxerir: 
que assi se cree que ovieron principio 
todas las del mundo. Quanto mas que yo 
vi en el mes de hebrero del ao de mili 
quinientos troynta y nueve, que un 
vef ino desta cibdad higo sacar de la pia- 
fa una canasta de ubas de un majuelo 
via nueva que tiene en la ribera de 
Nigua, quatro leguas y media finco do 
aqui; se vendieron dos reales de pla- 
ta la libra hasta en quantia de nueve 
diez pesos de oro , y este fue el mismo 
de los cardos que se dixo de suso. Assi 
que las ubas pan que faltan en la tier- 
ra, es culpa de los moradores della. Por 
manera que la comparacin que toqu de 
aquellas tan famosas islas, por lo que est 
dicho, se puede muy bien ver y entender 
qunta ventaja esta nuestra Isla Espaola 
les hage entrambas, cada una de- 
llas , examinadas todas las particularida- 
des dichas otras muchas mas que se 
podian decir. 

Avia en esta isla de suyo , que no se 
truxeron de Espaa ni de otra parte, mu- 
chas buenas hiervas como las de Espaa: 
que ac por los campos ellas se hagen sin 
industria de los hombres, como lo podr 
ver el letor en el libro IX desta his- 
toria, porque alli se tracta esta materia. 

Dixe de suso que vale el arrelde dos 
maraveds de la vaca en esta cibdad, 
todas gentes no entendern qu cosa es 
arrelde ni qu presrio es el maraved, si 
no fuero espaol el que lo leyere. Y para 
que esto se entienda, digo que un dine- 
ro jaqus de Aragn , un dinero de 
Italia es un maraved medio, un qua- 
Irin romano es tanto como un maraved, 
quatro cavaluchos de aples valen 
lantn quanto un rnaravcdi ; y una arrelde 



es peso de quatro libras, cada libra es 
peso de diez seys ongas. Y desta ma- 
nera ser entendido de los italianos de 
otras gentes muchas, por lo que he dicho; 
conoscern qun barato vale aqui la 
carne , puesto que es de las mejores que 
puede aver en el mundo. Gallinas como 
las de Castilla no las avia ; pero de las 
que se han traydo de Espaa, se han fe- 
cho tantas que en parte del mundo no 
puede aver mas; porque raras veges sale 
huevo falto de quantos se echan una 
gallina de los que ella puede cobrir con 
sus alas cuerpo. Assi que, generalmente 
yo he tomado lo que hage al caso de mi 
comparacin y desta isla cibdad de 
la iglesia principal della, que est con 
su clero dignidades cannigos ra- 
cioneros capellanes bien doctada. 

Assi mismo hay en esta cibdad tres mo- 
nesterios, que son Sanct Francisco Sanc- 
to Domingo la Merced: los quales por 
la orden que los he nombrado assi son 
antiguos , primeramente fundados ; to- 
das tres casas de gentiles edificios, pero 
moderados no tan curiosos como los 
principales de Espaa , aunque el de la 
Merced no est acabado; pero su principio 
es muy suntuoso se cree que ser el 
mejor edificado. En estos raonesterios 
digo (hablando sin ofensa de ningn mo- 
nesterio de quantos hay por el mundo de 
aquestas tres rdenes), que hay en estos 
de aqui personas de tanta religin gran 
exemplo que bastaran reformar todos 
los otros monesterios de otros muchos 
reynos, porque son snelas personas y 
de gran doctrina. Hay assi mismo un muy 
buen hospital, bien edificado, doctado 
de buena renta, donde los poloresson cu- 
rados socorridos , en que Dios es muy 
servido. Hnse fecho agora nuevamente 
unas escuelas para un colegio (donde se 
lea gramtica lgica, se leer philo- 
sophia otras sciencias), que do quiera 
seria estimado por gentil edificio , cada 



88 



HISTOHIA GKNERAl, Y NATIHAK 



dia se ennobles^e mas esta cibdad en edi- 
ficios de casas las iglesias raoneste- 
rios, fortalezas continuamente edifican. 
Reside en esta cibdad la corle de la 
Audiencia Clian^illeria real , debaxo de 
cuyajurisdigionno solamente est aques- 
ta isla Espaola , pero todas las que he 
dicho estn con mucha parte de Tierra- 
Firme. Reside aqui assi mismo el seor 
almirante don Luis Colom , duque de 
Veragua de las islas bahia de Cere- 
baro, marques de la isla de Jamyca, nie- 
to del primero almirante, don Chripstbal 
Colom, que descubri estas partes, hi- 
jo del segundo almirante, don Diego Co- 
lom. Desde aquesta isla han salido la 
mayor parte de los gobernadores capi- 
tanes que han conquistado .poblado la 
mayor parto de lo que los chripslianos 
poseen en estas Indias , como se dir 
mas largamente en sus lugares partes 
que convengan ; pero tomando exemplo 
principio dechado en la industria del 
primero descubridor deste nuevo mundo 
( parte tan grandssima del). Assi que, 
tornando mi propsito de la compara- 
<,ion fecha desta isla con las do Ingla- 
terra Sefilia, consecuencia de lo 
qual he traydo todo lo que est dicho, 
digo assi mismo que no se han acabado 
de degir otras particularidades desta 
tierra que se podrn notar de los cap- 
tulos adelante escriptos, porque aqueste 
no sea prolixo, aun porque la breve- 
dad del tiempo no ha dado lugar sa- 
berse otras cosas muchas que adelante 
se sabrn. E porque la orden no se per- 
vierta vaya reglada , assi en lo que to- 
ca los rboles, como los animales, 
al pan agricoltura de la propria isla , 
otras materias particularidades de 
medigina, c de los ritos gerimonias, 6 
costumbres desta gente de Indias; y en 
especial desta isla, de que agorase tracta, 
liay mucho masque decir notar, allen- 
de do lo que est dicho y escripto hasta 



aqui. Por tanto ir distinguiendo parti- 
cularizando lo que hasta el tiempo presen- 
te ha venido mi noticia ; y porque toda 
comparacin semejante suele ser odiosa, 
algunos querrn responder por su mis- 
ma patria, podr decir el ingls que 
no se debe admitirlo que digo, en per- 
juicio de su isla, que de tantos tiempos 
es habitada de reyes, prncipes, 
gente noble belicosa, tan frtil, 
rica poderosa , con otras muchas par- 
ticularidades y exgelengias que se le pue- 
den atribuir; assi como dos arzobispa- 
dos , Cantuarensis et Evoracensis diez y 
nueve obispados, fincpicnta cibdades, 
la principal dellas Londres, que es 
una de las famosas de la chripstiandad, 
giento treinta y seis villas sesenta y 
tres provincias , ducados , sealados 
barones prncipes debaxo de la admi- 
nistracin seoro de un rey tan po- 
deroso de tantos reyes descendiente, po- 
drn decir que quarenta aos despus de 
la destruicion de Troya fu su fundacin 
inglesa , y que por tanto debe pregeder 
todas las otras islas. Podr decir el se- 
Ciliano que ovieron su origen de los ibe- 
ros de Sicano su capitn , del qual se 
llam Skania , al qual subgedi Siciilus, 
Neptuni fiUits , que es copiosa de exce- 
lentes cibdades, antiqussimas nobles, 
assi como Mecina , Siracusa , Palermo 
otras , de muchas villas , varones 
muchos, de ttulos gente noble, fer- 
tilssima de pan vino, todo lo que es 
menester para el uso de los hombres; 
situada en el coracon de Europa ; assi 
su itropsito traern su Diodoro S- 
culo otros auctores aprovados que 
largamente han escripto en su favor, 
por tanto dirn que ninguna otra isla le 
debe preceder. Ninguna cosa desas de 
otras muchas que se pueden decir en 
loor de Secilia de Inglaterra , no con- 
tradigo; pero ha de considerar el letor, 
que todas esas cosas hacen mi props- 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. XI. 



89 



sito, pues desde tantos siglos aquellas 
islas estn pobladas de gente de razn 
con corte de prncipes Reyes tan 
sealados, como en la una y en la otra ha 
vido: que tanto mas se delte estimar 
nuestra isla, pues siempre ha estado en 
poder de gente salvage bestial , que 
su prin(;'ipio se puede contar desde el ao 
de mili quatrogientos noventa y dos 
aos que los primeros chripstianos aqui 
vinieron con el primero almirante don 
Chripstbal Colom , que en este de mili 
quinientos quarenta y sigte son ginqen- 



ta cinco aos; y en tan breve tiempo estar 
las cosas desta isla en el estado que es 
dicho , hse de tener en mucho atri- 
buirse solo Dios , la buena ventura 
de los Reyes Cathlicos de Espaa , y al 
invictssimo Emperador don Carlos su 
nieto, nuestros prngipes, la diligen- 
cia virtud de sus milites y vassallos 
castellanos, con cuya industria armas se 
ha poblado , mediante nuestro Seor, 
siempre se va mas ennoblesfiendo. Pas- 
semos las otras cosas de nuestra his- 
toria. 



CAPITULO XII. 

De la gobernacin del comendador mayor de Alcntara, don Frey Nicols de Ovando, c' de las parles 
de su persona y rectitud, de las poblaciones villas que hizo c fund en esta Isla Espaola. 



wuien oviere continuado la legin des- 
le tractado , visto avr que queda dicho 
que el ao de mili quinientos dos de 
la Natividad de Chripsto , nuestro Salva- 
dor, lleg esta cibdad de Sancto Do- 
mingo de aquesta Isla Espaola (que aun 
estaba de la otra parte del rio) el co- 
mendador mayor de Alcntara , don Frey 
Nicols de Ovando , y tambin avr sa- 
bido cmo se fu y se perdi con el ar- 
mada el comendador Frangisco de Boba- 
dilla , que primero avia gobernado esta 
isla. Por tanto dgase agora qu persso- 
na fu este subgessor en la gobernagion, 
y qu manera tuvo en el cargo ofigio 
en tanto que ac estuvo. Por gierto, se- 
gund lo que muchos testigos fidedi- 
nos he oydo, los muchos que hoy 
hay que digen lo mismo , nunca hombre 
en estas Indias le ha fecho ventaja , ni 
mejor exergitado las cosas de la buena 
gobernagion , y tuvo en s todas aquellas 
partes que mucho deben estimar los que 
gobiernan gente ; porque l era muy de- 
voto gran chripstiano, muy limosne- 
ro piadosso con los pobres: manso y 
TOMO I. 



bien hablado con todos; con los des- 
sacatados tenia la prudengia rigor que 
convenia : los flacos humildes favo- 
resgia ayudaba , los soberbios al- 
tivos mostraba la severidad que se re- 
quera aver con los transgressores de las 
leyes reales. Castigaba con la templanga 
y moderagion que era menester; te- 
niendo en buena justigia esta isla, era 
de todos amado temido. E favoresgi 
los indios mucho ; todos los chrips- 
tianos , que por ac militaban debaxo de 
su gobernagion, tracto como padre, 
todos enseaba bienvivir: como caba- 
llero religioso y de mucha prudengia, 
tuvo la tierra en mucha paz sosiego. 

Quando esta isla lleg , hall la tier- 
ra pagfica , salvo la provingia que lla- 
man Higuey; y en breve tiempo la alla- 
n hizo justigia de los rebeldes y cul- 
pados. Despus, siendo avisado que la 
cagica Anacaona , muger que avia seydo 
del cagique Caonabo, con otros muchos 
cagiques tenan acordado de se algar 
apartar del servigio de los Reyes Cath- 
licos, de la amistad de los chripstia- 
12 



90 



HISTORIA GENERAL Y NATUR^VL 



nos , dejar la paz que tenan con ellos 
matarlos en la provincia de Xara- 
gua c sus comarcas; prendi muchos de- 
llos, mas de quarenta caciques, me- 
tidos en un buliio , les hizo pegar fuego 
quemronse todos. Y tambin se hizo 
justicia de Anacoana, pass assi : que 
teniendo el comendador mayor inforraa- 
gion de la traicin acordada el ao de 
raill quinientos y tres , fu con septen- 
ta de caballo doscientos peones la 
provincia de Xaragua, que estaba eu lo 
secreto aleada , por consejo de Anacaona, 
la qual para ello estaba confederada con 
otros muchos cagiques. E certificado desto 
el gobernador , mand que un domingo los 
chripstianos jugassen las caas; que 
los caballeros viniessen aper^ebidos , no 
solamente para el juego , mas para las 
veras pelear con los indios assi mismo, 
si conviniesse , assi se hizo. 

Aquel donaingo despus de comer, es- 
tando juntos todos aquellos cagiques 
principales indios de aquella comarca 
confederados, dentro en un caney ca- 
sa grande , assi como la gente de caba- 
llo lleg la plaza , llamaron al comen- 
dador mayor , para que viesse el juego 
de caas; al qual hallaron que estaba 
jugando al herrn con unos hidalgos, por 
dissimular con los indios que no en- 
tendiessen que de su mal propssito l 
tenia aviso ; luego vino aUi aquella 
cacica Anacaona su hija Aguaymota 
otras mugeres pringipales. E Anacaona 
dixo al comendador mayor que ella ve- 
nia ver el juego de caas de sus caba- 
lleros chripstianos ; que aquellos cagi- 
ques que estaban juntos , lo queran assi 
mismo ver le rogaban que los higiese 
llamar. E luego el comendador mayor 
les envi degir que viniessen alli; 
dixo que primero los qucria hablar 
darles giertos captulos de lo que avian 
de hager; mand tocar una trompeta 
y juntse toda la gente de los chripstia- 



nos hicieron meter todos hs cagi- 
ques en la posada del comendador ma- 
yor, alli fueron entregados los capi- 
tanes Diego Vclazquez Rodrigo Mexia 
Treillo ; los quales ya saban la voluntad 
del comendador mayor, higironlos 
atar todos; spose la verdad de la 
traygion, fueron sentenciados muer- 
te. E assi los quemaron todos dentro 
en un buhio casa , salvo la dicha 
Anacaona que desde tres meses la 
mandaron ahorcar por justgia. Y un so- 
brino suyo , que se llamaba el cagique 
Guaorocaya , se algo en la sierra que di- 
gen Baoruco, el corendador mayor 
envi buscarle hagerle guerra giento 
treinta espaoles que andovieron tras 
l hasta que lo prendieron fu ahorca- 
do. Despus de lo qual, se hizo la guerra 
los indios de la Guahava de la Sa- 
vana de Amigayahua de la provingia 
de Guacayarima , la qual era de gente 
muy salvage. 

Estos vivian en cavernas espeluncas 
soterraas fechas en las peas mon- 
tes : no sembraban , ni labraban la tierra 
para cosa alguna, con solamente las 
fructas hiervas rayges que la natura 
de su proprio natural ofigio produca, se 
mantenan y eran contentos , sin sentir 
nesgessidad por otros manjares , ni pen- 
saban en edificar otras casas, ni aver 
otras habitaciones mas de aquellas cue- 
vas, donde se acogan. Todo quanto te- 
nan , eso que era de cualquier gnero 
que fuesse , era comn y de todos , exgepto 
las mugeres , que estas eran distintas , 
cada uno tena consigo las que quera ; 
por cualquiera voluntad del hombre de 
la muger se apartaban , se congedian 
otro hombre , sin que por eso oviese gelos 
ni rengllas. Aquesta gente fu la mas sal- 
vaje que hasta agora se ha visto en las 
Indias. 

En esta guerra estuvo con gente de pi 
de caballo seys meses el capitn Diego 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. XII. 



9< 



Velazqiiez hasta el mes de hebrero de 
mili quinientos quatro qiie se acaba- 
ron de conquistar las provincias que es 
dicho, assi qued pacfica la isla. 

El castigo que se dixo de suso de Ana- 
caona sus secazes fu tan espantable 
cosa para los indios , que de ahy adelan- 
te assentaron el pi llano, no se rebe- 
laron mas : y en memoria de aquesto , y 
para que aquella provincia estoviesse en 
paz , fund all una villa el comendador 
mayor que se llam Sa7icla Maria de a 
Vera Paz , gerca del lago grande de Xa- 
ragua , en la qual villa "yo estuve el ao 
de mili quinientos quinge; y era muy 
gentil pueblo de gente de honra , y 
avia en l muchos hidalgos, y porque es- 
taba desviado del puerto y de la mar, se 
despobl despus , y se pass aquella ve- 
gindad otra villa que fundaron par 
de lmar, que se llama Snela Mara del 
puerto de la Yaguana. 

Antes desto avia fundado esta cibdad 
de Saucto Domingo, donde agora est, y 
pass la poblagion della aqui ; la qual en 
esa otra costa parte del rio estaba pri- 
mero, hizo labrar esta fortaleza, y dio 
la tenengia della un caballero , su so- 
brino , llamado Diego Lpez de Salgedo; 
reparti y dio los solares deste pueblo 
hizo hager la traga del como est. E 
fund el hospital de Sanct Nicols desta 
cibdad ; dotle de muy buena renta que 
hoy tiene en los mejores edifigios de ca- 
sas de renta que hay en esta cibdad : la 
qual renta han acresgentado otras limos- 
nas de personas devotas. Fund assi mis- 
mo el comendador mayor de Alcntara la 
villa que se llama la Buena Ventura , que 
est ocho leguas desta cibdad. Fund la 
villa de Sancl Juan de la Maguana en la 
costa del rio de Neyva , que es quasi en 
el medio desta isla la parte de las sier- 
ras , quarenta leguas desta cibdad , y otras 
quarenta est del puerto de la Yaguana 
villa de Sancta Maria del Puerto. Fun- 



d la villa del Puerto de Plata , la qual 
est quarenta quatro leguas desta cib- 
dad en la costa del norte. Fund Puer- 
to Real en la misma costa , que es adon- 
de el primero almirante, quando descu- 
bri esta isla, dex los troynta ocho 
hombres, que fall muertos quando volvi 
el segundo viaje. Fund la villa de Agua, 
que est veynte quatro leguas desta 
cibdad, y es buena cosa por los ingenios 
de agcar que hay en ella y en su comar- 
ca. Fund la villa de Lares de Guahaba; 
fund la villa de Higuey ; fund la forta- 
leza de la villa de Yaquimo ; fund la vi- 
lla de la Sabana. Por manera que fizo es- 
ta cibdad de Sancto Domingo y su forta- 
leza y otras diez villas de chripstianos, 
segund tengo dicho; porque las que el 
primero almirante, don Chripstbal Co- 
lora , fizo fund , fueron aquella primera 
poblagion de los treynta ocho chrips- 
tianos, donde qued por capitn Rodrigo 
de Arr;ua , la qual se llam la Navidad , 
fu el primer pueblo cathlico en esta 
isla ; y despus en el segundo viaje que 
vino fund la cibdad llamada Isabela, de 
donde ovo pringipio esta cibdad, quando 
estuvo del otro cabo deste rio. Porque 
alli truxo la gente de la Isabela el ade- 
lantado don Bartolom Colom, hermano 
del dicho almirante , como en otras par- 
tes est ya dicho. Fund assi mismo el al- 
mirante primero la cil)dad de la Congop- 
gion de la Vega fund las villas de Sanc- 
tiago y del Bonao. 

Mas porque los Cathlicos Reyes , don 
Fernando y doa Isabel, siempre des- 
searon que estas tierras se poblassen de 
buenos , pues de todo lo que tiene buen 
pringipio se espera el fin de la misma ma- 
nera, entre los proprios criados de sus 
casas reales , de quien mas conogimiento 
y experiengia tenian , escogan y los en- 
viaban esta isla con cargos ofigios, 
porque se ennoblesgicssen y oviessen 
pringipio y mejor fundamento y origen 



92 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



las poblaciones della , y prin^ipalmenlc 
esta cibdad , no de pastores , ni salteado- 
res de las sabinas mugares , conio los ro- 
manos finieron , sino de caballeros y per- 
sonas de mucha hidalgua noble san- 
gre, y aprobados en virtudes y chrips- 
tianos perfetos y castigos, que estn en 
la otra vida, y otros que al presente es- 
liin y viven en esta cibdad y en las otras 
poblagiones desta isla. Y porque esto tu- 
viesse mas cumplido efeto , tenan aque- 
llos prncipes en la memoria aquella auc- 
toridad de Sanct Jlatheo ' que di^e : Non 
potesl arbor mala bonos fructus facer. Pues 
porque no puede el mal rbol haf er buen 
fructo, como di(;e el Evangelista, y por- 
que un poco de levadura corrompa toda 
la masa, segund dige el apstol Sanct 
Pablo -, mandaron el Rey y la Reyna ex- 
presamente que en Sevilla sus oficiales de 
la casa de Coatractagion ( que alli residen 
para el proveimiento tracto destas In- 
dias ) , no dexassen passar estas partes 
ninguna persona sospechosa nuestra 
sancta f cathlica (en especial hijos ni 
nietos de quemados ni de reconciliados), 
y assi se ha guardado y guarda ; si por 
caso algunos hay de los tales , chanlos 
de la tierra. Y assi por este cuy dado de 
los Gathlicos Reyes, como por los lin- 
dos desseos y valerosos nimos de los 
mismos espaoles , han passado todas 
las Indias deste imperio muchos caballe- 
ros hidalgos y gente noble, y se han 
avecindado en esta isla , y en especial en 
esta cibdad de Sancto Domingo y en las 
otras islas y Tierra-Firme. 

Dixe aquesto propssito que cada uno 
de los dos gobernadores , el comendador 
Francisco de Bobadilla , y el comendador 
mayor de Alcntara, don frey Nicols de 
Ovando , eran caballeros hombres prin- 
cipales y de limpia sangre , y con cada 
uno de ellos , antes con el primero al- 



mirante y despus, vinieron otros mu^ 
chos hombres de linage personas sea- 
ladas y prudentes y de grandes habilida- 
des , para los oligios y cargos reales 
administracin de la justicia , para la 
conquista pacificacin poblacin des- 
te mundo oculto, que ac estaba tan ol- 
vidado lexos de Europa de Assia 
frica. E dems de las personas que en 
algunos captulos quedan nombradas, 
de las que se nombraren, quando conven- 
ga por sus obras mritos, digo como 
tengo dicho que de los criados proprios y 
conoscidos en la casa real se solan ele- 
gir proveer para los oficios destas par- 
tes. E assi vino Miguel de Passamonte, 
criado antiguo del Rey Calhlico, por te- 
sorero esta cibdad, en el mes de no- 
viembre del ao de mili quinientos y 
oclio ; hombre de auctoridad y experien- 
cia en negocios, docto gentil latino, 
honesto apartado de vicios. Y es opi- 
nin de algunos que nunca conosci mu- 
ger carnalmente, aunque passde aques- 
ta vida constituido en edad bien viejo. 
Este fu mucha parte para la buena go- 
bernacin desta isla, assi en el tiempo que 
la gobern el comendador mayor , como 
despus hasta que este tesorero muri; 
porque siempre tuvo mano en la hacien- 
da real y en las cosas de la gobernacin, 
porque en todo se le daba parte lugar, 
por mandado del Rey Catholico , con 
quien tuvo tanto crdito que bast ser 
causa de parte de los trabajos del segun- 
do almirante don Diego Colom , assi por 
su mucho crdito como por cosas quel 
tiempo ofresci, de lo qual se dir algo 
brevemente en el lugar que convenga 
la historia orden della. Assi que este 
tesorero fu en la verdad proprio oficial 
de tan alto Rey , y como han de ser los 
que en semejantes oficios cargos eslo- 
vieren. Y assi con enviar estas partes, 



i Cap. vn. 



2 Prima ad Corint. V. 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. XII. 



93 



seguud he dicho , los Reyes CathUcos y 
despus la Cesrea Magestad, personas 
conosgidas se hafe mejor su servicio, y 
quando no son tales, ni el suyo ni el de 
Dios ( que es lo que mas se avia de mi- 
rar). Y aquesto ello mismo se dige, quan- 
do es digno de enmienda. 

Volvamos al comendador mayor, que 
por bueno reto que fu no le faltaron 
trabaxos ; pues que estando en pagfica 
paz comn concordia de todos los 
chripstianos pobladores destas partes, 
hall tuvo tantos murmuradores como 
el primero almirante ; y revolvironle de 
tal manera con el Cathlico Rey ( seyen- 
do ya la CathUca Reyna yda la gloria), 
que le quit el cargo y le envi llamar. 
Y en la verdad no por demritos suyos, 
sino porque ninguna cosa ha de estar lar- 
go tiempo en un ser en esta vida ; puesto 
que lo que aquel caballero aqui estuvo 
fu harto menos de lo que ac le qui- 
sieiwn fuera menester. A su yda dio mu- 
cijia^ causa esta fortaleza de Sancto Do- 
mingo , la cobdif ia que della tuvo 
Cliripstbal de Tapia , veedor de las fun- 
digiones del oro en aquesta isla , criado 
que avia seydo del obispo de Badajoz , don 
Juan Rodrguez de Fonseca , que en aque- 
lla sagon (desde Espaa) gobernaba es- 
tas Indias, fu de aquesta manera. Assi 
cmo el comendador mayor labr esta 
fortalega de esta gibdad , dio la tenencia 
della un su sobrino, llamado Diego 
Lpez de Salcedo , buen caballero ; 
cmo el veedor Chripstbal de Tapia vi- 
do fecha esta fuerga , escribi al Obisjjo, 
su seor , fule fecha mcrgcd de la tc- 
nengia, por su favor. E quando present 
el ttuto al comendador mayor obedesgi 
la provission , quanto al cumplimiento, 
dixo qul nformaria al Rey Cathlico, 
en fin se haria lo que su Alteza fuesse 
servido. De manera, que no le admiti 
al cargo alcaydia; y escribi al Rey 
cmo aquel era veedor le bastaba el 



ofigio que tenia , sin que se le diesse la 
fortaleza ; por tanto respondi el Rey, 
suspendiendo la merged de la tenengia, 
por quel comendador mayor alegaba qul 
la avia fecho que tenia merged de las 
tenengias de todos los castillos fuergas 
en tanto qul gobernasse ; y que el Rey 
no debia innovar aquello ensuperjuigio, 
pues le avia muy bien servido. 

Despus estuvo preso el veedor Tapia 
en la misma fortaleza, por algunas pala- 
bras que dixo contra el comendador ma- 
yor ; y cmo el negogio era proprio to- 
caba l su sobrino , Diego Lpez 
de Salgedo, quien tenia encomendada 
la fortaleza , mand su alcalde mayor, 
el ligengiado Alonso Maldonado , que 
oviesse informagion de los desacatos 
soberbias palabras mal dichas del veedor, 
Chripstbal de Tapia, contra l , higies- 
se justigia. El qual dicho alcalde mayor, 
fecha la pesquisa , le envi con ella 
Espaa remitido : pues cmo en aquel 
tiempo era el obispo, don Juan Rodriguez 
de Fonseca, todo el todo de las cosas 
destas Indias , el qual solamente con el 
secretario Lope Conchillos proveya las 
cosas destas partes , y ambos eran priva- 
dos y personas muy aceptas al Cathlico 
Rey , aprovecli poco lo quel comenda- 
dor mayor escribi alterc sobre este 
caso. E assi, por industria del veedor 
Chripstbal de Tapia del obispo , se tu- 
vo forma que un trinchante suyo , qul 
avia criado, llamado Frangisco de Ta- 
pia, hermano del dicho veedor, fuesse 
proveydo de alcayde desta fortaleza con 
un buen repartimiento de indios , assi 
vino ac con el ttulo de la alcaydia. 

Poco antes desto avia fecho merged el 
Rey Cathlico al secretario Lope Conchi- 
llos de la escribana mayor de minas ; y 
mand que todos los que fuessen sacar 
oro, llevassen una gdula firmada del te-- 
nicnte que en este ofigio toviesse Con- 
chillos y de los otros ofigiales del Rey, so 



94 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



graves penas ; que por aquella ligcngia 
gdula se le diessen Conchillos tres 
tomines de oro , que son giento y sesen- 
ta y ocho maraveds, otros derechos 
de todo lo que se registrasse de los 
navios que saliessen desta isla : fasta 
entonces dbanse las fdulas de minas 
de vaidc graciosamente. E dems des- 
to, mandle el Rey dar pierios indios de 
repartimiento al secretario Conchillos, 
por razn del oficio de la escribania ma- 
yor de minas. Quando se presentaron las 
provissiones, obedecilas el comendador 
mayor ; mas quanlo al complimiento su- 
plic suspendi la ejecucin dellas, pa- 
ra lo consultar informar al Rey; di- 
le entender quanto porjuigio era tai 
impusifion derechos en una tierra tan 
nueva. E el Rey oylo suspendi la co- 
sa por entonfes , reraitisela al mismo 
comendador mayor, y tass las tales li- 
gengias en la mitad de los giento sesen- 
ta y ocho maraveds , quedaron en tres 
reales de oro, que son ochenta y quatro 
maraveds, para el mismo secretario Con- 
chos ; pero siempre el comendador ma- 
yor tuvo sospecha que no le ava de ser 
buen amigo el secretario Conchllos , por 
le aver fecho perder la mitad de lo que 
primero se le avia mandado dar por 
aquellas Ugengias. 

Y assi por estas dos ocasiones, el obis- 
po por sus criados los Tapias , y el se- 
cretario Conchillos por sus derechos, cre- 
y el comendador mayor que ambos 
avian sido mucha parte para quel Rey 
removiesse , como removi , del cargo 
desta gobernagion al comendador mayor, 
y se diesse don Diego Colom , segundo 
almirante primognito heredero del pri- 
mero almirante, descubridor destas Indias, 
don Ciiripstbal Colom ; porque andaba 
importunando al Rey que le diesse el 
cargo , conformo sus privilegios y ca- 
pitulafiones que su padre avia feclio con 
los Gathlicos Reyes, quando descubri 



estas partes. Y el Rey , assi por esto, co- 
mo porque el duque de Alva, don Fadrique 
de Toledo , su primo , era la mas acepta 
persona al Rey que avia en sus reynos, 
favoresQa al almirante don Diego, por- 
que era casado con su sobrina , doa Ma- 
ra de Toledo , hija del comendador ma- 
yor de Len, don Fernando de Toledo, 
bastaron estas cosas para quel comenda- 
dor mayor de Alcntara fuesse quitado de 
la gobernacin. Porque en la verdad, se 
tenia por gierto que ninguna cosa oviera 
que en aquella sagon el duque de Alva 
pidiera con alguna color de justicia , que 
le fuera negada ; porque no tan solamen- 
te el Rey le amaba por el deudo grande 
que avian, pues las madres fueron herma- 
nas, hijas del almirante de Castilla, don 
Fadrique Enriquez; mas allende de ser el 
Rey y el duque primos hermanos , el ao 
de mili quinientos seys aos , quando 
el Rey don Phelipe, de gloriosa memoria, 
la serenssima Reyna doa Johana, nues- 
tra seora, padres de la Cesrea Magestad, 
vinieron heredar reynar en Castilla, 
por fin de la Cathlica Reyna doa Isa- 
bel , ningn deudo , ni amigo , ni vassa- 
11o tuvo el Rey Cathlico en aquellos tra- 
bajos mutacin de estado , tan propin- 
quo ni tan determinado en le seguir 
servir como fu el dicho duque de Alva; 
y por esta razn era muy agepto al Rey. 
Porque aunque entonces sali de Castilla 
y se pass sus reynos de Aragn , fu 
aples , assi como llev Dios despus 
al Rey don Phelipe en el mismo ao de 
mili quinientos y seys , la Reyna doa 
Johana , nuestra seora , por sus passio- 
nes y enfermedades, no quiso ni pudo 
gobernar sus reynos , siempre dixo que 
quera que los gobernasse su padre; y su 
ruego suplicacin de todos los pueblos 
principales de Castilla y de Len , el Rey 
Cathlico volvi Espaa, y torn tomar 
la gobernacin de los reynos de su hija. 
E cmo el duque de Alva se avia tan bien 



DE INDIAS. LIB. III. CAP. XII. 



93 



sealado en su servigio , siempre le am 
y le tuvo gerca de s , y le hizo muchas 
mercedes l sus hijos deudos. 

Pues cmo el almirante don Diego Co- 
lom se cas con doa Maria de Toledo, 
que como es dicho era sobrina del Rey 
y del duque , assi por este respecto co- 
mo por satisfacer la demanda del al- 
mirante los sen'igios de su padre el 
Rey Cathlico, le provey y mando venir 
esta isla ( y pass vino aqui con su 
muger), mand al comendador mayor 
de Alcntara que se fuegse Espaa. E 
assi se hizo, no sin pensar que el obispo 
don Juan Rodrguez de Fonseca , y el se- 
cretario Lope Conchillos le avian ayuda- 
do echar de aqui, por lo que es dicho. 
Ni tampoco sali desta tierra sin mucho 
sentimiento de la mayor parte de quan- 
tos en ella vivian ; porque ( como se ha 
dicho en otra parte ) era muy gran varn 
de repblica muy reto : honraba los 
buenos , como era razn ; los de me- 
nos calidad era muy manso y gracioso, 
todos los que bien servan , favores- 
gia y ayudaba ; los indios haf ia muy 
bien tractar, assi era muy amado de 
todos en general. En conclusin, fu tal 
gobernador, -que en tanto que haya hom- 
bres en esta isla, siempre avr memoria 
dl; porque veo que todos los que en l 
hablan de los que le alcanzaron vieron, 
hoy en dia le sospiran digen, que por la 
propria infelicidad desta tierra , sali de- 
lld , cuya partida fu muy llorada y sos- 
pirada algunos aos. Otra cosa notable 
se me acuerda de aqueste caballero ; por- 



que segund es pblica y notoria y loable, 
era imposible olvidarla ; y es qul tenia 
muy buena renta. E assi desso qul tenia, 
como comendador mayor de la Orden 
militar caballeria de Alcntara, como 
de los salarios que con esta gobernacin 
llevaba , tenia ocho mili ducados de renta 
en cada un ao mas, segund yo lo supe 
de Diego Lpez de Salgedo, su sobrino, 
y de otras personas que gerca del estu- 
vieron. Estos despendi l de manera 
que lo que medr en esta tierra con el 
cargo que tuvo fu quinfc cesas de pie- 
dra que hizo, muy bien edificadas, en la 
calle desta fortaleza desta cibdad en am- 
bas haceras ; las seys que estn juntas 
de la una parte, dex los pobres del 
hospital de Sanct Nicols , qul fund ; 
las otras nueve dex su Orden con- 
vento , como buen religioso. E quando 
se ovo de partir desta cibdad , le pres- 
taron quinientos castellanos para su ca- 
mino ; porque de no ser cobdicioso , gas- 
t quanto tenia con los pobres nesges- 
sitados, por heredarse en el cielo, donde 
se cree que est por la clemencia de 
Dios y sus buenas obras , que fueron ta- 
les , que no dan lugar sospechar lo con- 
trario. 

Tornando la historia , digo que de la 
subcession de la gobernacin desta isla, 
que pass del comendador mayor en el 
almirante segundo don Diego Colora , se 
tractar en el libro siguiente, con otras 
cosas , que para aquel libro son anexas 
la continuacin de la historia. 



Este es el quarto libro de la Nahiral y general historia de las Indias , Islas y Tierra- 
Firme del mar Ocano. El qual Iracta de la gobernacin trabajos del segundo almi- 
rante , don Diego Colom , de otros jueces justicias que ha vido en esta Isla Es- 
paola hasta el presente tiempo ; de otras cosas convinientes al discurso de la 
historia. 



PROHEMIO. 



r ues que es ya tiempo que se d con- 
clusin las cosas de la gobernacin 
gobernadores que ha vido en esta cib- 
dad de Sancto Domingo Isla Espaola 
sus anexos , hay hasta el presente; 
fecho aquesto, passaremos las otras 
cosas que sern de mas agradable re- 
creacin los letores. Y por tanto dir 
en suma , primero y en pocas hojas , en 
este libro quarto lo que falta de explicar 
destas tales materias, por llegar alas que 
son de admiragion de grandes nove- 
dades, no oydas jams. E para esto dir 
aqui la venida estas partes del almi- 
rante segundo , don Diego Colom ; to- 
carse han las mudangas que ha vido en 
la gobernagion desta isla otras hasta el 
tiempo presente. E dir lo que alcange 
de la persona mritos deste segundo al- 



mirante y su muerte ; y de la subgesion 
de su hijo , don Luis Colom , tergero al- 
mirante y agora nuevamente duque de 
Veragua de la Bahia islas de Cereba- 
ro, marqus de Jamyca, por nueva con- 
gesion y merged perpetua de la liberali- 
dad de la Cesrea Magestad del Empera- 
dor Rey, don Carlos, nuestro Seor. E 
degirse h qundo ovo pringipio el Au- 
diengia Changilleria real que reside en 
esta cibdad de Sancto Domingo , y tam- 
bin se har memoria de la venida de los 
reverendos priores de la Orden de Sanct 
Hiernirao esta isla, lo que higieron; 
no dexar en olvido otros juegos que 
ha vido en la misma Real Audiengia 
los que hay al presente. E continuarse h 
la narragion de otras cosas nesgessarias 
la historia. 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. I. 



97 



CAPITULO I. 

Donde se Iracla de la venida del segundo almiranlc, don Diego CoUmi, esla olbdad de Snelo Do- 
mingo, puerto de la Isla Espaola, de las mudaneas que ha vido en la gobernacin della 

oirs cosas. 



J_Jxose en el libro precedente que el 
ao de mili quinientos seys vino 
reynar en Castilla el seroussimo Rey, don 
Phelipe , cmo el mismo ao le llev 
Diosa su gloria. Digo pues assi, que tor- 
nando Castilla desde Ntipoles el Catli- 
lico Rey don Fernando gobernar los 
reynos della por la serenssima Reyna, 
doa Joliana, su hija (nuestra Seora), 
intercedi don Fadrique de Toledo, du- 
que segundo de Alva, para que el Rey le 
diesse esta gobernacin al almirante don 
Diego Colom; aun antes que el Rey 
Cathlico partiesse de aples para Es- 
paa, se la otorg por sus cartas, segund 
yo lo oy decir al mismo almirante , estan- 
do en Hornillos la Reyna doa Johana, 
nuestra Seora , desde pocos meses que 
estaba viuda. E ^ess la venida de don 
Fernando de Velasco (tio del condestable 
de Castilla, don Bernaldino de Velasco), 
al qual pocos das antes que el Rey don 
Phelipe passasedesta vida, se la avia con- 
cedido esta gobernacin. Assi que, des- 
pus que el Rey Cathlico acord de ad- 
mitir al segundo almirante, ovo por 
bien que ac pasasse , lleg esta cib- 
dad de Saucto Domingo con su muger la 
vissoreyna , doa Maria de Toledo , diez 
dias de julio, ao de la Natividad de 
Chripsto de mili quinientos nueve 
aos , muy bien acompaado su casa 
poblada de hijosdalgo. E con la visso- 
reyna vinieron algunas dueas donce- 
llas hijasdalgo , todas las mas dellas 
que eran mocas se casaron en esta cib- 
dad y en la isla con personas principales 
hombres ricos de los que tc estaban, 

porque en la verdad avia mucia falta de 
TO.M I. 



tales mugeres de Castilla; aunque al- 
gunos chripstianos se casaban con in- 
dias principales, avia otros muchos mas 
que por ninguna cosa las tomaran en ma- 
trimonio, por la incapacidad fealdad 
dellas. E assi con estas mugeres de Cas- 
tilla que vinieron, se ennoblesci mucho 
esta cibdad, hay hoy dellas de los 
que con ellas casaron hijos nietos , 
aun es el mayor caudal que esla cibdad 
tiene de mas solariegos , assi por estos 
casamientos, como porque otros hidalgos 
cibdadanos principales han traydo sus 
mugeres de Espaa. E csl ya esta cib- 
dad aumentada en tan hermosa repbli- 
ca , que es cosa para dar muchas gracias 
Dios ; acordndonos que donde el dia- 
blo era tan solemnicado sea Jesu-Chrips- 
to en tan breve tiempo alabado servi- 
do, con tal cibdad con los otros mora- 
dores chripstianos de la isla pueblos 
della. 

Volviendo nuestro propssito , digo 
que assi como el almirante sali de la 
nao , vnose possar en la fortaleza des- 
ta cibdad de Sancto Domingo, donde el 
alcayde , Diego Lpez de Salcedo , que 
la sacn la tenia, fu causa que el al- 
mirante se entrasse , no porque le dexa- 
se l entrar en ella de su grado, pero su 
descuydo dio lugar ello ; porque estan- 
do fuera de la cibdad quando lleg el al- 
mirante y la casa no bien guardada, ni 
estorbndolo alguno , se entr en esta for- 
taleza con su muger criados. En la qual 
sacn estaba en la isla, la tierra adentro, 
apartado desta cibdad el comendador 
mayor , al qual no pes poco desque su- 
po que el almirante estaba en la forlalc- 



98 



niSTOniA GF.NKHAI. V NATI RAL 



za. V llegado esta cibdail , vnu era 
prudente , mostr que liolgaha de la ve- 
nida del almirante c obedesfi lo que el 
Rey Catlilico le mandaba, que era que 
se fuesse para l Kspaua, le dar cuenta 
de las cosas de ac ; assi se parti de 
esta cibdad por el mes de. septiembre del 
mismo ao de mili quinientos y nueve. 
Francisco de Tapia, criado del obispo 
Fonsecay su hermano el veedor, Chrips- 
tbal de Tapia , venan ambos con el al- 
mirante y muy encargados l por el 
obispo; desde pocos dias que aqui 
llegaron, present el Francisco de Tapia 
ol ttulo merged que traia de la tenen- 
cia y alcaydia de esta fortaleza. Pero di- 
ltesele el entregamiento della , y fule 
dado aviso al Rey Calhlico de cmo el 
almirante se avia entrado on la fortaleza; 
envile mandar, s graves penas, 
que luego que viesse su real mandamien- 
to, se saliesse fuera la entregasse al te- 
sorero, Miguel de Passamonte, para qul 
loviesse esta casa hasta tanto que el Rey 
]iroveyesse lo que fuesse su servicio. E 
assi el almirante , vista la voluntad man- 
dado del Rey, luego se sali de la forta- 
leza y la entreg al tesorero, y se fu 
possar la casa de Francisco de Garay. 
K desde finco seys meses que el te- 
sorero Passamonte tenia esta fortaleza, la 
entreg , por mandado del Roy , al al- 
cayde Franrisco de Tapia, estando aun 
el almirante en la casa de Francisco de 
Garay , su alguacil mayor qne fu en es- 
la cibdad, del qual adelante ser feclia 
mas particular mencin. Assi que, Fran- 
cisco de Tapia qued pacfico alcayde en 
la tenencia de esta fortaleza , le fueron 
dados doscientos indios muy buenos con 
ella , allende del salario , con que despus 
fu rico. El qual muri el ao que pass 
de raill quinientos treynta y tres aos. 
Y en tanto que la Cesrea Magostad pro- 
veyesse de alcayde desta fortaleca, los 
oydores desta Audiencia Real los oficia- 



les (pie Sus Magcstades aqu tienen la 
depositaron pusieron en poder del ca- 
pitn, Goncalo F'ernandez de Oviedo y 
Valds , vecino desta cibdad, auctor 
chronisla desta Ilisturia, como en antiguo 
criado de la casa real ; al qual despus 
la Cesrea Magestad le hizo merced de 
la tenencia desta fortaleza , la tiene al 
presente como su alcayde. 

Tornando al propssito primero, digo 
(jue el comendador mayor sigui su ca- 
mino , con l el licenciado Maldonado, 
su alcalde mayor; el qual , segund la p- 
blica voz fama de su persona obras, 
fu uno de los mejores jueces que han 
passado las Indias: assi como era hi- 
jodalgo virtuoso, assi administr su 
oficio rectamente, siendo amado, temido 
y acatado. No fu tirano cobdicioso, ni 
dex de hacer justicia , assi en el tribu- 
nal como fuera del, doquiera que se 
le pedia ; tanto que en las calles can- 
tones por do yba, avena concertaba las 
partes y deshaca los agravios y excusaba 
las contiendas en quanto poda , sin dar 
lugar gastos de papel y tinta ; la qual 
con otros jueces suele doler costar mas 
que la sangre de los descalabrados. Lle- 
gado cl comendador mayor Espaa, 
fuesse Madrid , donde hall al Rey Ca- 
tlilico , ao de mili quinientos diez 
aos, ol qual lo rescibi muy bien mos- 
tr aver holgado de verle, le tracto con 
mucha urbanidad placer. Porque, dems 
de ser mucha la bondad y clemencia del 
Roy, ora el comendador mayor su criado 
antiguo, de la Cathlica Reyna ; la qual 
por caballero virtuoso y bien acostum- 
brado , le puso en el nmero de aquellos 
primeros caballeros que los Royes Ca- 
tlilicos escogieron en todos sus rcynos, 
para que sirvessen al prncipe don Johan, 
su hijo primognito y heredero , que 
tovesse par de su real persona ca- 
balleros experimentados, virtuosos y de 
buena sangre. Y este comendador mavor 



DE LNDIAS. LIB. IV. CAP. I. 



99 



fu uno de aquellos escogidos que terca 
del estovieron fasta que llev Dios al prn- 
cipe su gloria ; y era entonces comen- 
dador de Larez. Assi que, ydo de ac 
en Espaa , aunque l sospechaba que el 
obispo Fonseca ni el secretario Couchi- 
llos no le avian de ser amigos, por las 
causas que estn dichas, no fu por eso 
mal acogido del Rey: antes despus que 
le ovo bien oydo se inform del de to- 
do lo de aquestas partes, se dixo muy 
pblico que le avia pesado al Rey por le 
aver removido del cargo, porque ac le 
echaron luego menos le lloraban mu- 
chos. E si no se muriera, desde poco 
tiempo despus que de ac fu, se crea 
que el Rey le tornara enviar esta tier- 
ra, por la nesgessidad que ovo de su 
persona, con mayores poderes por las co- 
sas que despus sub'edieron. 

Concluyendo en las cosas del comen- 
dador mayor, continuar el subgeso de 
las del almirante don Diego Colom, que 
en la verdad fu buen caballero cath- 
lico; mas no le faltaron trabajos en el 
tiempo que gobern esta tierra , ni falta- 
rn los que la gobernaren , por todas 
estas causas que agora dir. Lo primero, 
de aqui Espaa hay muchas leguas , 
sulese degir que de luengas vias etc.; y 
aunque fuesse mas corto el camino, el 
dia de hoy, por nuestros pecados, anda 
ofendida olvidada la verdad en la ma- 
yor parte de las lenguas ; y aunque se 
quieran escudriarlas verdades, no hay 
tiempo para saberse lo cierto dellas; y 
quando algo se sabe en Castilla , que re 
quiera proveerse, quando ac llega lo 
proveydo es tarde, y el que queda lasti- 
mado, nunca suelda su dolor. Lo otro, 
porque como su padre descubri esta 
tierra , no han faltado en ella alicionados 
l sus subgesores (en espegial de 
aquellos que por su mano fueron gratili- 
eados); y cmo subcedi la gobernacin 
despus del primero almirante en el co- 



mendador Francisco de Bobadilla, y des- 
pus en el comendador mayor de Alcn- 
tara , don frey Nicols de Ovando , to- 
vieron servidores amigos que de su ma- 
no por sus buenas obras les quedaron 
obligados, aqueste segundo almirante 
truxo otros criados amigos que se alle- 
garon su casa , los quales gratific y 
encomend buenos indios los favores- 
gi; de todas estas mezcladas volunta- 
des se fundaron muchas passiones, en- 
gendrse una conten(;ion desvariada 
vana, dieron entender al Rey Calh- 
lico que en esta cibdad isla avia par- 
tialidades , en que los unos se mostraban 
sealadamente por servidores aficiona- 
dos al almirante, don Diego Colom, que 
los que estos repugnaban , se llamaban 
del Rey. Y daban entender los unos los 
otros, por sus cartas, lo que lesparesria. 
Result desto que assi cmo el almi- 
rante era visorey , las justicias eran 
puestas por l , los repartimientos de 
los indios por su mano repartidos, acor- 
d el Rey Cathlico que en esta cibdad 
de Sancto Domingo so pusiessen fiertos 
letrados, que estos se Uaraassen jue- 
ces de apelacin, conosciessen, como 
superiores , se apelase del almirante 
de sus tenientes alcaldes mayores , 
de otras justicias qualesquier, para los 
tales jueces. Parescile al almirante que 
sus poderes previlegios se le limitaban 
por los tales jueces, quexbase desta 
compaa superioridad que le ponan; 
sobre estas cosas subcedieron otras de 
tal forma, que l envi pedir residencia 
sobre los tales jueces, quexarse de 
tan nuevo oficio en su perjuicio. Y ellos 
tambin y el tesorero, Miguel de Fassa- 
monte , le armaron de tal manera que el 
Rey Cathlico envi mandar al almi- 
rante que fuesse Espaa ; y estuvo all 
algn tiempo , en el (fual negoci poco 
gast mucho. En la (jual sacn vino por 
juez de residencia, para tomar cuenta al 



100 



HISTORIA GliNERAL Y NATURAL 



li?enf ado Marcos de Aguihir, alcalde ma- 
yor del almirante ;'i sus oficiales, el li- 
^enciado Jolian Ibafiez de Iharra ; el qual 
desde pocos dias (jue aqu estuvo mu- 
ri l , y el secretario Cvala que con l 
venia entender en aquellos negogios. 
Y por la muerte de Ibarra vino despus, 
ao de mili quinientos y quince, el li- 
^enf iado Cliripstbal Lebrn ; el qual por 
la ausencia del almirante y por cosas que 
subcedieron , tomando la residen^ ia , es- 
tuvo un tiempo quasi absoluto en la go- 
berna(,'ion. \ lo que esto dio despus 
mas oportunidad , fu que desde poco 
tiempo despus que el almirante lleg 
la corte, llev Dios al Rey (^atlilico , ao 
de mili quinientos y diez seis aos. 
Antes que adelant se proceda , es 
bien que se escriba ( avian de ser las 
letras de oro) de un diclio que dixo la 
Cathlica Reyna, doa Isabel, de la ca- 
lidad desta tierra gente della; porque 
con este dicho tan grande natural phi- 
lsophia acabar de fundar mejor lo que 
dixe de suso, expressando las causas, 
por donde nunca han de faltar trabajos 
los que gobernaren en las Indias. E lo 
que dixo aquella serenssima Reyna fu 
aquesto : Quando el primero almirante, 
don Chripstbal Colom, ovo descubierto 
estas Indias , estando un dia dando parti- 
cular razn al Rey la Reyna de las 
cosas destas partes, dixo entre otras co- 
sas particularidades, que los rboles en 
esta tierra, por grandes que sean, no me- 
ten hondas debaxo de tierra sus rai^-es, 
sino poco debaxo de la superficie. Y assi 
es la verdad , porque allende de aquella 
corteza temple que tiene la superficie 
del terreno {que puede ser medio estado 
poco mas), poqussimos y raros rboles lle- 
gan las raices un estado de hondo; porque 
alli adelante , antes hallan la tierra seca 
chda, quanto mas ahondan; y cmo en 
lo alto est hmeda, en aquello poco se 
sustentan los rboles se extienden 



multiplican esparcen tantas raices 
mas (pie tienen ramas; pero, como es 
dicho, no entran en lo hondo de la tier- 
ra. Verdad es que el rbol de la caa- 
fistola solo en estas partes llega hasta el 
agua con las raices ; pero tales rboles 
no los vido Colom ni los avia desta ca- 
afstola , hasta que andando el tiempo, 
se comentaron hager de las pepitas de 
la caafstola que se truxo para medegi- 
na , no obstante que en la mayor parte 
de las Indias hay caafstolas salvajes, 
como se dir en su lugar. 

Assi que tornando la historia, cmo 
la Reyna oy lo quel almirante avia di- 
cho , preguntle que qu atribula el no 
meter los rboles sus raiges en la tierra, 
sino tan poco como degia ; y l replic 
que cmo en estas Indias llueve mucho 
hay muchas aguas naturales que tiemplan 
la haz superficie de la tierra , que aque- 
llo era la causa que los rboles , con po- 
ca hondura, se extendiessen en raiges 
no las metiessen en la calor de lo muy 
baxo de la tierra , que de nesgessidad ha- 
llaran en lo hondo , por estar en tal cli- 
ma esta tierra ; por esso avia de ser 
mas caliente en lo hondo quemar las 
raiges que all baxassen : las quales sin- 
tiendo esto, naturalmente se extendan 
por donde esta misma naturaleza las guia 
les conviene extenderse, para su nutri- 
miento. Despus que la Reyna le ovo es- 
cuchado, mostr averie pessado lo que 
avia odo , dixo estas palabras : E?t es~ 
sa tierra, donde los rboles no searrajan, 
poca verdad y nenos constanria avr en 
los hombres. Por gierto quien conosgiere 
bien estos indios, no podr negar que la 
Reyna Cathlica habl lo que es dicho, 
sino como masque philsopho natural, y 
no adevinando , sino digiendo la misma 
verdad y como passa. Porque esta gene- 
ragon de los indios es muy mentirosa 
de poca constangia , como son los mu- 
chachos de sevs siete aos, aun no 



DE INDIAS. L1I3. IV. CAP. I. 



lOi 



iiui constantes. E assi creo yo que al- 
gunos chripstianos se les ha pegado har- 
to desto, en especial los mal inclina- 
dos ; porque otros muchos hay do mucha 
prudencia y los ha vido en estas partes; 
mas tambin han venido otros ac de tal 
suerte que bastaran para revolver Ro- 
ma Sanctiago , como lo suelen dcfir 
los vulgares. Que se deba creer lo que di- 
go de los indios , prubasse porque la ex- 
periengia obras de algunos lo mostra- 
ron, y por los mestizos, hijos de chrips- 
tianos de indias; porque con grands- 
simo trabaxo se crian con mucho ma- 
yor no los pueden apartar de vigios 
malas costumbres inclinaciones algu- 
nos. Y para lo que apunt que han pas- 
sado ac algunos que no debieran venir, 
esso se comeng remediar por los Ca- 
thlicos Reyes su Real Consejo , en pro- 
curar que los que estas partes viniessen, 
fuessen personas escogidas. Y assi sede- 
be pensar que no se moveran ni daran 
lugar semejantes mudancas tan Cath- 
licos Reyes , como los passados , ni la 
Cesrea Magestad despus por ligeras in- 
formagiones, daadas voluntades de 
particulares , sino con muy pensado sa- 
no acuerdo determinacin , assi en la 
mudanga que se hizo del almirante pri- 
inero como en las de dems; puesto que 
como los reyes son hombres , pueden er- 
rar como hombres : en espegial que la 
mayor infeligidad mas ordinaria que se 
atribuye al ceptro real , es que pocos le 
digan al prngipe la verdad , que si le 
fuere dicha, que no la crea. Esta desven- 
tura anda tan junta con el reynar, como la 
misma corona real. Pero hay en esto otra 



cosa de mas podero que lo que es di- 
cho contrasta , por donde se crea que to- 
do aquesto ni est en mano de los hom- 
bres ni en descuido infeligidad total de 
los prncipes; pues que no se puede negar 
aquella auctoridad del sabio , que dige ' 
que el coragon del rey est en la mano del 
Seor, nuestro soberano Dios. E assi ave- 
nios de tener por gerto que estas cosas de 
tanta importangia para la f para la re- 
pblica chripstiana, donde tantas gentes 
de indios han de ser gobernados indus- 
triados , que todos los errores acerta- 
mientos , que en los gobernadores go- 
bernados ha vido, que no es sin per- 
misin causa oculta ; para m yo assi 
lo pienso, s mejor enmienda. No me 
quiero detener mas por el presente en 
aquesto. 

Volviendo la historia, digo que es- 
tando las cosas desta isla en el estado 
que est dicho, como llev Dios su 
gloria al Cathlico Rey don Fernando (su 
nieto el prncipe don Carlos, nuestro se- 
or , estaba en Flandes ) , mand en su 
testamento el Rey que gobernasse 
Castilla Len sus reynos el cardenal 
don fray Frangisco Ximenez de Cisneros, 
argobispo de Toledo , en tanto quel prn- 
gipe , nuestro nuevo Rey Seor , sub- 
gessor de los reynos de Espaa , venia 
tomarla possesion della: el qual luego 
que supo la muerte del Cathlico Rey , su 
abuelo, no solamente aprob la goberna- 
gion del cardenal , pero envile de nue- 
vo muy mas bastante plenssimo poder 
para la administragion gobernacin de 
sus reynos y Estados, en tanto que su 
Alteza venia Espaa . 



1 Cor rcgis in manu Domini : Provcrb.^ cap. XXI. 



102 



iiisTouiA (;i;.M<:iuL y NAiruAi. 



CAPITULO 11. 

Kn que so Irada do la persona ( grand ser del cardenal, don l'ray P'rancisco Xinienez de Qisneros, arcobis- 

po de Toledo, gobernador de Kspafia; y de algunas cosas que en su lieuipo subcedierou ; cmo por su 

mandado, vinieron gobernar estas Indias tres padres reverendos, priores de la Orden de Sanct llierninio, 

con ellos el licenciado Alonso Quaco , c otras cosas notables. 



Hil cardenal don frey Francisco Ximenez 
de Cisneros, arzobispo de Toledo, fu 
gran varn, y lo que le tur el cargo de 
la gobernacin de los reynos de Castilla 
y de Len (que fu despus que llev 
Dios al Rey Catlilico , don Fernando, 
que por su testamento lo mand, en tan- 
to que su nielo el Rey don Carlos venia 
Espaa), y hasta que muri, lo hizo tan 
bien, que tuvo en paz los reynos, aun- 
que se coraengaron algunas novedades 
asonadas de gentes , en especial sobre el 
prioradgo de Sanct Johan en Castilla y 
en Len , en la possession del qual esta- 
ba don Diego de Toledo , hijo del duque 
de Alva. E pedalo llambase prior don 
Antonio de Stiga, hermano del duque 
de Bjar; y estos dos duques, el uno por 
el hijo y el otro por el hermano , tenian 
competencia, comentaron tomar las 
armas de la una de la otra parte. Pero 
el frayle cardenal, se dio tal recabdo en 
su ofifio de gobernador real , que no les 
convino los unos ni los otros llegar 
rompimiento , ni osaron ha^er cosa que 
al Rey despluguiesse.E el cardenal se apo- 
der del prioradgo , y le tuvo de su ma- 
no en nombre del Rey hasta que su Alte- 
za , despus que vino Espaa , concer- 
t ambos priores partiles la renta 
vassallos de aquel estado dignidad ; 
al uno dio lo del reyno de Castilla al 
otro lo del reyno de Len , con tal regres- 
so y aditamento, que muriendo el uno, se 
tornasse la parte del tal defuncto al que 
vivo quedasse dellos. E assi intervino 
despus ; porque muri el prior don An- 



tonio de Stiga , qued en todo el 
prioradgo don Diego de Toledo. 

Dexemos aquesto , tornemos nues- 
tras Indias , las quales , assi como los 
otros reynos , estaban cargo del carde- 
nal ; y en aquella misma sa(;on estaba en 
la corte de Espaa el almirante don Die- 
go Colom , negociando lo que le conve- 
nia , tambin avia procuradores por es- 
ta cibdad de Sancto Domingo Isla Es- 
paola. Pero cmo el cardenal, desde 
mucho tiempo antes, tenia larga noticia 
de las cosas dcstas partes, acord para 
el bien dellas de buscar tres religiosos de 
la Orden de Sanct Iliernimo , personas 
de grand auctoridad letras de aproba- 
da vida ; y envilos esta cibdad de 
Sancto Domingo , con muy bastantes po- 
deres para gobernar las Indias. Estos re- 
ligiosos fueron fray Luis de Figueroa, 
prior del monesterio de la Mejorada, que 
est una legua de Olmedo; y aqueste 
fu el mismo que dixe (en el libro ter- 
cero) que muri estando oleto conce- 
didas por el Papa las bulas para la unin 
deste obispado de Sancto Domingo y del 
obispado de la cibdad de la Concepcin 
de la Vega , y lo enviaba la Cesrea Ma- 
gestad para estas dignidades obispados, 
como obispo de ambas iglesias, por 
presidente desta Real Audiencia; pero 
atajle la muerto , y por ventura fu me- 
jor para su nima , que es de creer, por- 
que era tenido por sancta persona : mu- 
ri el ao de mili quinientos veynte 
quatro. Mas como de suso dixe, l 
avia ac passado primero por mandado 



l)< INDIAS. LIB. IV. CAP. II. 



103 



del cardenal , el ao de mili quinientos 
e diez y seis aos, juntamente con los 
otros dos religiosos que con l vinieron, 
iguales en el poder gobernacin : que 
fueron fray Alonso de Sancto Domingo, 
prior del monesterio de Sanct Jolian de 
Ortega, que es quatro leguas delacib- 
dad de Burgos; y el otro fu fray Ber- 
naldino de Manganedo , prior de Monta 
Marta , que es dos tres leguas de Ca- 
mera. Y llegaron esta cibdad de Sancto 
Domingo poco antes de pasqua de Navi- 
dad del ao de mili quinientos diez y 
seis aos, apossentronse en el mones- 
terio de Sanct Francisco. Y notaron mu- 
cho que estando en maitines con los 
frayles franciscos, la noche de Navidad, 
ovieron tanto calor que sudaron. Y aquel 
dia comer les dieron los frayles ubas 
frescas y higos acabados de coger de las 
parras y higueras; las quales fructas y ca- 
lor son ac comunmente en tal tiempo; 
cosa jamas oyda ni vista en los reynosde 
Espaa ni en toda Europa. Aunque se loe, 
segund dife el maestro Olchod en la glos- 
sa que liizo sobre la Esphera, (jue tenien- 
do un sancto varn en Inglaterra un de- 
monio apremiado en cierta clausura, y 
desseando el demonio verse libre de 
aquella prisin , prometi aquel sancto 
hombre la noche de Navidad de le traer 
higos frescos de las Indias , si le libcrtas- 
se de aquel encerramiento en que estaba. 
E assi con esta condicin libertado el de- 
monio, en muy breve espacio de tiempo 
le truxo los higos frescos que le prometi; 
de lo qual aquel sancto varn qued muy 
maravillado, conjccturando la grand tem- 
planza de tiempo que avria donde se 
avia cogido tal fructa, con la diferencia 
rigor del fri que en cl mismo tiempo 
era en Inglaterra , donde era natural; 
creyendo que tierra tan templada y en tal 
tiempo era muy propinqua y gercana al 
paraiso terrenal. Pero no creo yo que los 
higos serian deslas nuestras Indias, por- 



que no los ovo en ellas hasta que de Es- 
paa se truxeron las higueras : ubas bien 
podria ser , porque assi en esta isla como 
en otras y en la Tierra-Firme son natu- 
rales. 

Tornando al propsito de la venida 
destos padres reverendos, que como he 
dicho, vinieron por visoreyes gober- 
nadores dcstas partes, enviados por el 
cardenal de Espaa, que la sagon presi- 
dia con los Consejos Reales en la gober- 
nacin de todos los reynos de Espaa, 
por su Magostad ; el qual con muy ntimo 
desseo de proveer remediar las muchas 
querellas y agravios que destas partes 
yban (de que continuo se qucxaban los 
vassallos espaoles y los naturales tam- 
bin destas Indias) , eligi en toda la Or- 
den de Sanct Hiernimo estos tres reli- 
giosos que es dicho , para en todo lo que 
conviniesse al estado de la tierra buen 
tractamiento conservacin de los in- 
dios, naturales destas partes todas de 
nuestras Indias , islas Tierra-Firme 
del mar Ocano, para que snpiessen las 
passiones de ac entre los chripstianos, 
lo pusiessen toviessen en todo concier- 
to. De manera que en lo de adelante se 
acertasse proveyesse, como al servicio de 
Dios, nuestro Seor, mas conviniesse, y 
para que laconsciencia del Rey se satisfa- 
ciesse la tierra se remediasse. Con estos 
padres religiosos fu elegido por juez, en 
las cosas do la justicia civil criminal, el 
licenciado Alonso Cuaco, el qual estando 
ya ac los padres hiernimos , lleg es- 
ta cibdad desde poco tiempo, en cl si- 
guiente ao de mili quinientos diez 
siete aos, ocho de abril, mircoles de 
la semana sancta. Al tiempo que los reli- 
giosos llegaron , como en aquel tiempo la 
muerte del Rey Cathlico era reciente, 
los jueces de apelacin que aqui residan, 
que ya se llamaban oydores, su audi- 
torio ya se decia Audiencia Real , otras 
personas dcsta cibdad principales, qui- 



104 



IIISTOKIA GENERAL Y NATURAL 



sirunse informar ile la venida do aque- 
llos padres hierninios (nunca vistos en 
estas parles hasta entonces ) , de los po- 
deres que trahian qu venian ; y ellos 
como prudentes, mostraron el poder que 
les era dado, y luego fu obedesgido. E 
comentaron entender en sus ofigios y 
cargos, hasta en tanto que el liren- 
(.iado CmxQO vino pocos meses despus, 
como es dicho. Lo qual assi mismo caus 
mas admiracin , porque llegado pres- 
sentado en las casas del cabildo desta 
cibdad con sus poderes, maravillronse 
mucho, aun dio temor algunos, vien- 
do que en el despacho de los negogios 
pleitos civiles criminales avia de aver 
brevedad ; que segund la forma destos 
poderes, se avian de acabar feucsger 
aqui, sin apelacin ni otra dilacin para 
Su Mageslad en los reynos de Espaa , y 
para que tomasse residencia los oydo- 
res, que eran la sagon los ligenfiados 
Margelo de Villalobos , Jolian Ortiz de 
Matiengo , Leas Vzquez de Ayllon , y 
que tambin la tomasse todos los otros 
gobernadores, juegos justicias; para 
que tomasse cuenta ragon todos los 
ofigiales de Su Magostad y escribanos de 
minas , otras personas que oviessen te- 
nido cargos ofigios en todas estas par- 
tes , con muy cresgido salario. Por ma- 
nera qul fu por el cabildo resgebido 
obedesgido para en todo lo contenido en 
sus poderes ; comeng luego enten- 
der en las residengias de los oydores 
de los otros jueges justigias goberna- 
gion , hizo sus progessos los cerr 
sentengi. Hizo hager algunos edifigios 
pblicos; repar los caminos cargles 
que estaban abiertas , no como conve- 
nian, provey juntamente con el regi- 
miento desta cibdad, cmo oviesse una 
barca de passaje (que hoy hay para el 
rio puerto desta cibdad para la otra 
banda della ) , con otras obras pblicas y 
provechosas la repblica. 



La gobernagion destas quairo personas 
por la forma que es dicha, fu asaz buena 
lo que tur , y aquellos padres lo higieron 
lo mejor que Dios les dio entender; pero 
tambin entendieron en remover indios. 
El remover los indios ha seydo una cosa 
de las mas peligrosas que ac ha vido 
para la congiengia de los gobernadores: 
lo que estos padres en este caso higieron 
fu sancto , porque los quitaron todos 
los caballeros y privados, quien el Rey 
Cathlico avia mandado darlos, y no los 
dexaron ningn ausente , dironlos 
los pobladores veginos de la isla: hi- 
gironlos redugir en pueblos , causa que 
les fuessen mejor administrados los sacra- 
mentos estando juntos , fuessen infor- 
mados de las cosas de nuestra sancta f. 
Sobre este servigio de los indios ha vido 
muy grandes altcrcagiones en derecho en- 
tre iimosos legislas, canonistas ihe- 
logos, religiosos , perlados de mucha 
sgiengia congiengia ; digiendo si deben 
servir no estos indios, si son capages, 
no: si esos quien se encomiendan los 
tienen con buena congiengia, no; con 
qu calidades limitagionesse deben ad- 
mitir, congederse tal tutela. Pero cmo 
han seydo muy diferentes en las opinio- 
nes en esta disputa , ningn provecho se 
ha seguido la tierra ni los indios. Ha- 
llaron estos padres hiernimos grandes 
quexas por causa de un repartimiento ge- 
neral que Rodrigo de Alburquerque, primo 
del ligengiado Luis Capata (que la sagon 
era el mas pringipal en el consejo del Rey) , 
avia fecho con paresger del tesorero Mi- 
guel de Passamonte : este Rodrigo de 
Alburquerque era vegino de la cibdad do 
la Congepgion de la Vega en esta isla, 
con favor del dicho Ugengiado ovo pro- 
visin del Rey Cathlico para repartir los 
indios con paresger y voto del tesorero 
Miguel de Passamonte, y con facultad de 
poder enmendar otro repartimiento que 
avia fecho antes el almirante, don Diego 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. IT. 



105 



Colom. Pero tantas mas quedas resul- 
taron desta enmienda, como de lo que el 
almirante avia primero fecho repartido; 
y en la verdad esto es de calidad que 
del postrero repartidor de los indios ha 
de aver mas quexas , aunque sea mejor 
mirado que lo primero ; porque el mudar 
la costumbre (y espofial en los indios); 
es cortarles la cabega , assi qued la 
tierra muy dagnificada en toda esta isla. 
Y cmo estos padres hiernimos eran ser- 
vidores de Dios, pensando do lo enmen- 
dar, lo remendaron, pussieron los in- 
dios en pueblos (quitndolos de sus asien- 
tos): que fu harto dao, porque todos 
estos remedios resultan en mayor perdi- 
s-ion de aquesta gente. Porque cmo los 
chripstianos vian tantas mudanzas no 
avia seguridad que les avian de turar los 
indios y dejrselos, los trabajaban de- 
masiadamente , no los tractaban como 
los tractran , si no temieran estas revo- 
luciones que tan menudo se hacian. E 
aunque algunos comedidos cathlicos 
lo higiessen bien, otros los desfructaban 
acosaban de manera (con excesivos tra- 
bajos de otras formas) que presto se 
moran. 

Pero assi cmo se redugieron pue- 
blos, les sobrevinieron unas viruelas 
tan pestilengiales, que dexaron estas islas 



las otras comarcanas, Sanct Johan, Ja- 
myca Cuba asoladas de indios, con 
tan pocos, que paresgi un juigio grande 
del cielo. Dbese creer que la inlengion 
de aquellos tres religiosos hiernimos 
fu snela , yo assi lo tengo por gierto; 
porque quitarlos los caballeros pri- 
vados ausentes fu sanctssimo , si al- 
gunas mudanzas higieron proveyeron, 
fu con gelo caritativo, por aprovechar 
los mismos indios, y que mejor mas 
tiempo se sustentassen. Esi los quitaban 
los seores caballeros que se estaban 
en Espaa , gogando destos sudores d- 
gitos sirvindosse dellos, por mano de 
criados de cobdigiosos mayordomos, 
dbanlos estos padres los veginos po- 
bladores de la isla , los que avian 
pagificado conquistado la tierra la 
poblaban. 

Pero esta gente destos indios de s 
misma es para poco , por poca co- 
sa se mueren se ausentan van al 
monte; porque su pringipal intento ( lo 
que ellos siempre avian hecho antes que 
los chripstianos ac passassen), era comer, 
beber, folgar, luxuriar, idola- 
trar, exerger otras muchas sugieda- 
des bestiales; de las quales de sus ri- 
tos gerimonias se dir en su lugar ade- 
lante. 



CAPITULO III. 



De cmo la Ces5roa Magcslad dio l9encia pn derla forma al almiranifi don Diego Colom , que lornassft 
esta cibdad de Snelo Domingo IslaEspaola, otras cosas. 



'espues que el Rey don Carlos , nues- 
tro seor, vino en buena hora Espaa, 
el ao de mili quinientos diez y sie- 
te , fu despus en el de diez nueve 
elegido por Rey de los romanos futuro 
Emperador (la qual nueva supo Su Ma- 
gestad en la cibdad de Barcelona) , esta- 
ba alli el almirante don Diego Colom, 
TOMO I. 



entendiendo en su despacho , litigando 
con el fiscal real sobre sus prehcmmen- 
gias previlegios. E sin desgidirsse la 
causa, le dio Su Magestad ligengia el 
ao de mili quinientos y veynte en la 
Corua , desde donde Su Magestad se 
embarc la sagon para volver Flan- 
des : por aquella ligengia volvi el al- 



1 00 



IIISTOiUA GKNEIUL Y NATlItAL 



mininlc don Diego Coloni esta cibdad 
enfierta forma, el qual estaba en Espa- 
a desde el ao de mili quinientos 6 
qninfo, finco aos avia. Pero non obs- 
tante su venida , todava qued esta Au- 
diencia como real Chanfilleria en su 
prelieminencia superioridad, y de la 
misma manera se despachaban ya los ne- 
gocios que ella concurran , como ago- 
ra lo liaren , aunque despus ac se le ha 
traydo el sello real. 

Poco antes avia el Emperador, nues- 
tro seor, enviado llamar los padres 
hiernimos que se fuessen Espaa ; 
assi lo hicieron algunos meses antes que 
el almirante aqui volviesse, tenindose 
Su Magostad por muy servido dellos en 
lo qu toc la gobernacin: porque en 
la verdad aprovecharon mucho dieron 
industria (conque se aumentaron los in- 
genios de afcar desta isla) , en tavoroscer 
los que los fundaban , ayudaban los 
buenos vecinos , los allegaban , como 
personas notables de buen celo 
sancto propsito. Pero es de saber que 
quando continuaron estos religiosos y el 
licenciado Alonso Cuaco esta jurisdicion 
gobernacin , acaesci que estos pa- 
dres llegados esta isla , informados 
de los graves daos muertes que so- 
brevenan los indios naturales destas 
partes (que estaban encomendados ca- 
balleros perlados que residan en Es- 
paa que tenian favor, aun algunos 
dellos cargo los negocios del Estado 
destas partes); porque cmo los indios 
eran tractados por criados mayordo- 
mos de los tales caballeros, y por ellos 
desseado el oro que se cogia con las vi- 
das destos indios gente miserable , es- 
crebian las personas principales de ac 
sus mayordomos que les enviassen 
oro; y cmo todos los principales ofi- 
ciales de ac eran favorescidos de aque- 
llos seores, el fin de todos ellos era ad- 
quirir, y enviar y rescebir oro, por lo 



([ual se daba oxcessivo trabajo 6 mal 
traclamiento, esta causa, los indios; 
morian lodos tantos dellos, que de los 
repartimientos, que cada qual tenia en 
nmero de doscientos trescientos indios, 
brevemente este nmero era consumido 
y acabado, tornado rehacer de los 
otros indios que estaban encomendados 
los casados vecinos destas partes. 
En manera que los repartimientos de los 
pobladores se yban diminuyendo, los 
de los caballeros acrescentando; y de 
los unos y de los otros , todos morian con 
el mal traclamiento : que fu potssima 
causa para grand parte de su total des- 
fruicion acabamiento. Pues cmo los 
caballeros fueron certificados de cmo 
los padres hiernimos les avian quitado 
los indios, enviaron luego la Cessrea 
Magesad (que la sacn aun estaba en 
sus seoros de Flandes no era venido 
Espaa), dxosse que ganaron cierta 
cdula provission , enderescada al li- 
cenciado Cuaco, para que l conosciesse 
desta causa restituyesse todos los in- 
dios que se les avien quitado los caba- 
lleros ausentes, y que primeramente les 
estaban encomendados. Pero ello no se 
hizo, ni se les restituyeron; porque in- 
formado el Rey de la verdad , ovo por 
bien lo que estaba hecho; aviendo res- 
pecto no dar causa para que aquella 
miserable gente indios que los caba- 
lleros de Castilla estaban encomendados, 
con el mal tractamiento que les era he- 
cho, en muy breve peresciessen , si les 
fuessen restituidos. Como Su Magestad 
lo mandaba, sobresey el licenciado en 
la execucion de las provisiones l diri- 
gidas, inform Su Magestad de lo 
que acerca dosto passaba , de cmo los 
mas destos indios se avian quitado 
personas que avian seydo conquistado- 
res en esta isla, y estaban casados 
avecindados en ella , que los tenian 
tractahan como hijos; cmo despus 



DE LNDIAS. LIB. IV. CA'. III. 



10"; 



que les fueron quitados y puestos en po- 
der de los mayordomos de los caballe- 
ros, y que no tenan respecto mas de 
sacar oro para enviar Castilla sus 
seores [que yba teido con la sangre des- 
tos indios), todos ellos peresgian, y los 
espaoles , cuyos fueron , sin ellos que- 
daban destruidos, desamparaban la 
tierra ; la poblacin de acpiesta isla so 
destrua desminuia. De lo qual per- 
lificado Su Magestad , tuvo en mucho 
servicio lo hecho, disimulo en la im- 
portunacin de los que pedian los in- 
dios. 

Pues cmo esto lleg notigia de los 
caballeros, sintironlo muclio por perder 
gran cantidad de oro , que en cada ao 
con el trabajo destos indios les era envia- 
do ; y por esto tuvo creydo el ligengiado 
Cuago que no faltaron en Espaa soligi- 
tadoros para ser removido del cargo. E 
vino provedo para le tomar residencia 
el ligengiado Rodrigo dePigueroa, hom- 
bre asaz astuto y no poco cobdigiosso, 
segund despus paresgi por los cargos 
que en su residencia le fueron feclios 
probados (como adelante se dir). Assi 
que, llegado esta isla, el ao de mili 
quinientos y veynte, con las informacio- 
nes que traia de Espaa contra el licen- 
ciado Cuaco, hall ac muy graud parte 
para le destruir en algunos de los prin- 
cipales desta isla. E comencse la resi- 
dencia, apercibironse en ella todas 
las cibdades villas desta isla de las 
otras comarcanas , furonle puestas 
muchas demandas acusaciones civiles 
criminales, de muy excesivas cantida- 
des ; pero l se dio tan buen recabdo en 
la defenssa de su limpiecaque finalmen- 
te todos los pleitos conclusos, con otros 
muchos que se dexaron de seguir, so 
sentenciaron por el licenciado Rodrigo 
de Figueroa en favor del licenciado Cua- 



co; aunque iu muy perseguido de los 
criados servidores de aquelles caballe- 
ros, quien se avian quitado los indios, 
como ya se dixo (con acuerdo de los pa- 
dres hiernimos), en no se los querer tor- 
nar, el licenciado Cuaco, mandndolo 
Su Magostad (por mas le servir). Y es de 
saber que el licenciado Figueroa fu pe- 
dido )or los enemigos de Cuaco, y es- 
cogido como persona muy rigurosa para 
que lo destruyesse ; y aunque l vino 
con intencin de no le perdonar alguna 
cosa culpa, por venial que fuesse, 
nunca pudo ni ovo lugar de le ofender 
por la retitud que avia usado en su 
oficio. 

Estando las cosas en estos trminos, 
y el licenciado Cuaco vindose entre sus 
mulos personas , que por lo que ten- 
go dicho casos que resultan contra los 
buenos jueces que administran justicia, 
en alguna manera como desfavorescido y 
sin cargo, aunque con mucho favor de 
todos los pobres y de aquellas personas 
quien avia administrado justicia en sus 
pleitos causas ; viendo aun otros 
muchos que tomaban las piedras en las 
manos contra l , exemplo de nuestro 
iledemptor \ ascendise de todos ellos 
passe la Isla de Cuba, con poder que 
le dio el almirante don Diego Colom, 
para la gobernar ; en el qual oficio se 
ovo, como adelante se dir en el lugar 
que convenga. Assi que ydo el licen- 
ciado Cuaco Cuba , qued absoluto en 
la gobernacin desta isla aquel juez de 
residencia, llamado el licenciado Ro- 
drigo de Figueroa, el qual no dex de 
qu se le pudiesse dar gracias en quanto 
ac estuvo, puesto que no le tur tanto 
el cargo como l ([uisiera. Yo pass por 
esta cibdad, el ao de mili quinientos 
y veinte, yendo la Tierra-Firme , su- 
])e de los desta cibdad, aun de algu- 



1 JoIj, cap. VIH. 



108 



IJISTRIA GEiNEKAL Y NATURAL 



nos lie los pringipalts della , que era 
juez muy perjudicial c cobdigiosso ; 
dixe quieu esto me degia , que por qu 
no daban noticia de aquello Su Mages- 
tad , para que lo raandasse remediar , 
fume respondido estas palabras: "C- 
mo nos han de creer , que nosotros le pedi- 
mos? Luego bien dixe de suso que avia 
seydo juez granjeado pedido por apas- 
sionados contra Cuago. Y assi este juez, 
como conosgia l de sus obras que no 
avia de permancsger en el cargo (jue te- 
nia, recogi todo el oro perlas que l 
pudo asir, fuesse Espaa ( mejor 
diciendo hirironle yr, porque su cobdi- 
fia era insaciable, su conversacin no 
de juez que se debiesse comportar); 
porque despus que en esta cibdad le fu 
tomada residengia le pusieron muchas 
demandas en ella , acusaciones crimi- 
nales, fu condepnado en muchas de 
ellas apel para el real Consejo de In- 
dias, que reside en la corte de Su Ma- 



gestad, alli se vido su residencia: de 
la qual result una sentengia contra l, 
pronunciada en la cibdad de Toledo, ao 
de mili quinientos veynte ginco, 
bien rigurosa fea; condenndole en 
quatro tantos de cohechos robos que 
avia llevado en esta cibdad de Sancto Do- 
mingo en esta Isla Espaola, con otras 
condenaciones de penas pecuniarias , no 
bien sonantes, privndole de tener 
oficio de juzgado real. La qual senten- 
cia original yo vi ley firmada de los 
seoies del Consejo Real de Indias en 
aquella misma sacn en Toledo ; des- 
de donde este licenciado se fu Se- 
villa en fiucia de un amigo suyo , natu- 
ral de Camera , de donde era : el qual 
gobernaba la casa del duque de Medi- 
na Sidonia , y este se llamaba el comen- 
dador Alonso de Sotelo, el qual le me- 
ti por letrado de la casa estado de 
Medina Sidonia, donde muri desde 
poco tiempo. 



CAPITULO IV. 



En que se Irada la rebelin de os negros e' del caslig-o que el almirante, don Diego Culom , hizo en 

ellos , etc. 



u un caso de mucha novedad en esta 
isla , principio para mucho mal (si Dios 
no lo atajara) la rebelin de los negros; 
y no seria razn que cosa tan sealada se 
dexase de escrebir , porque si se callasse 
la forma de cmo pass, tambin se ca- 
llarla el servicio que algunos hombres de 
honra de aquesta cibdad en ello hicieron. 
Y' porque esta culpa no se me pueda dar, 
ni se crea (jue queda por mi de inquerir 
la verdad del fecho , dir lo que en este 
caso he podido saber de personas que en 
ello pussicron las manos; y tenga por 
cierto el que lee , que si algo se dexa 
de decir , que ser por falta de los que 
informan y no del que escribe. Assi que, 



dir lo sustancial deste movimiento y al- 
teracin de los negros del ingenio del al- 
mirante, don Diego Colom: que por sus es- 
clavos fu principiado este alcamiento (y 
no por todos los que tenia); dir lo que 
del mismo almirante de otros caballe- 
ros hombres principales supe desta ma- 
teria; y es aquesto. 

Hasta veynte negros del almirante, y 
los mas de la lengua de los jolophes, de 
un acuerdo , segundo dia de la Natividad 
de Chripsto , en principio del ao de mili 
quinientos veynte dos, salieron del 
ingenio furonse juntar con otros tan- 
tos que con ellos estaban aliados en cier- 
ta parte. E despus que esovieron juntos 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. IV. 



109 



hasta quareata dellos , mataron algunos 
cliripstianos que estaban descuydados en 
el campo , prosiguieron su camino para 
adelante, la via de la villa de Agua. S- 
pose luego la nueva en esta cibdad , por 
aviso que dio el li(;enciado Chripslbal 
Lebrn que estaba en un ingenio suyo; y 
sabido el mal propssito obra de los 
negros, luego cabalg el almirante en se- 
guimiento dellos, con muy pocos de ca- 
ballo y de pi. Pero por la diligencia del 
almirante buen proveliimiento desta 
Audiencia Real, fueron tras el todos los 
caballeros hidalgos , los que ovo de 
caballo en esta cibdad por la comarca; 
y el segundo dia despus que aqui se su- 
po, fu parar el almirante la ribera 
del rio de Nigao , alli se supo que los 
negros avian llegado un hato de vacas 
de Melchior de Castro , escribano mayor 
de minas , vegino desta cibdad , nueve 
leguas de aqui; donde mataron un 
chripstiano, albair que estaba alli la- 
brando , tomaron de aquella estancia 
un negro do^e esclavos otros indios, 
c robaron la casa ; y hecho todo el dao 
que pudieron, passaron adelante, hagien- 
do lo mismo y pesndoles de lo que no 
se les ofresgia, para hacerlo peor. 

Despus que en el discurso de su viaje 
ovieron muerto nueve chripstianos, fue- 
ron asentar real una legua de Ocoa, 
que es donde est un ingenio poderoso 
del ligenjiado Cuago , oydor que fu en 
esta Audiencia real ; con determinacin 
que el dia siguiente, en esclaresgiendo, 
pensaban los rebeldes negros de dar en 
aquel ingenio matar otros ocho diez 
chripstianos que alli avia, rehacerse de 
mas gente negra. E pudiranlo hacer, 
porque hallaran mas do otros f;iento 
veynte negros en aquel ingenio ; con los 
qualcs si se juntaran, tenian pensado de 
yr sobre la villa de Agua y meterla cu- 
chillo y apoderarse de la tierra , juntn- 
dose con otros muchjs mas negros (uc 



en aquella villa hallaran de otros inge- 
nios. E sin dubda se juntaran su mal 
intento , si la Providencia Divina no lo 
remediara de la manera que lo remedi. 
Assi que, llegado el almirante la ri- 
bera de Nigao , como he dicho , sabi- 
dos los daos ya dichos que los negros 
yban haciendo por el camino que lleva- 
ban, acord de parar alli aquella noche, 
porque la gente que conlyba reposasse, 
los que atrs quedaban le pudiessen al- 
cancar, para partir de alli otro dia al 
quarto del alba , en seguimiento de los 
malfechores. Es de saber que entre los 
que alli so hallaron con el almirante es- 
taba Melchior de Castro, vecino desta cib- 
dad , al qual avian fecho en su hacienda 
y estancia el dao que se dixo de suso; 
cmo le dolia su proprio trabajo (de- 
mas allende del general de todos que 
se aparejaba), acord de se adelantar con 
dos de caballo , sin degir cosa alguna al 
almirante ; porque crey que si le pedia 
ligencia , no se la daria ni le dexaria yr 
tan solo adelante, quedando el 'almirante 
gente donde es dicho. E secretamente 
se sali del real fu su estancia hato 
de sus vacas , y enterr el albair que alli 
avian matado los negros, hall su casa 
sola robada: alli se junt con l otro 
chripstiano de caballo, determin de yr 
adelante: desde alli envi degir al al- 
mirante que l se yba en seguimiento de 
los negros con tres de caballo que con l 
estaban, y que le suphcaba que le euvias- 
se alguna gente, porque l yba con deter- 
minacin de entretener los negros, en tan- 
to que los chripstianos con su seora lle- 
gassen , puesto que l y los que con l 
yban eran pocos. Sabido esto por el al- 
mirante le envi luego nueve de caballo 
siete peones, los quales le alcangaron; 
juntados con Melchior de Castro, fue- 
ron por todos doge de caballo , siguie- 
ron los negros hasta donde es dicho 
que estaban. Entre esta gente de caballo 



IllSTOUIA GE.NKHAL V .NAlLHAL 



que el almirante envi tenor compaa 
Melchior do Castro , para detener los ne- 
gros rebelados, fu el prinripal Frangis- 
co Dvila , YOf ino desta c'ibdad ((jne ago- 
ra es uno de los regidores della) ; 6 pro- 
siguiendo su camino, al tiempo que el 
lugero del dia salia sobre el horizonte, se 
hallaron par de los negros: los quales, 
assi como sintieron estos caballeros , se 
acaudillaron con gran grita, fechos un 
esquadron, atendieron los de caballo. 
Los caballeros , viendo la batallf. apare- 
jada , sin atender al almirante por las 
causas que es dicho, no esperar que 
los negros se juntassen con los de aquel 
ingenio, determinaron de romper con 
ellos , embragaron sus daragas, pues- 
tas sus langas de encuentro , llamando 
Dios y al apstol Sanctiago, todos doge 
de caballo fechos un esquadron , de po- 
cos ginetes en nmero , pero de animo- 
sos varones, estribera con estribera, 
rienda tendida, dieron por medio del ba- 
talln contra toda aquella gente negra, 
que los atendi con mucho nimo para 
resistir el mpetu de loschripsianos; pe- 
ro los caballeros los rompieron, passa- 
ron de la otra parte. Edoste primero en- 
cuentro cayeron algunos de los esclavos; 
pero no dexaron por esso de juntarse en- 
continente, tirando muchas piedras va- 
ras dardos, con otra mayor grita aten- 
dieron el segundo encuentro de los ca- 
balleros chripstianos. El qual no se les 
dilat, porque no obstante su resistencia 
de muchas varas tostadas que laucaban, 
revolvieron luego los de caballo sobre 
ellos con el mismo apellido de Sanctia- 
go, con mucho denuedo dando en ellos, 
los tornaron romper passando por me- 
dio de los rebelados : los quales negros, 
vindose tan emproviso apartados unos 
de otros con tanta determinacin osa- 
da de tan pocos tan valientes caballe- 
ros acometidos desbaratados , no osa- 
ron esperar el tercero encuentro , que ya 



se pona en execugion. E volvieron las 
espaldas, puestos en huyda por unas pe- 
as riscos que avia gerca de donde este 
vencimiento pass , qued el campo 
la victoria por los chripstianos , all 
tendidos muertos seys negros, fueron 
heridos dellos otros muchos; y al dicho 
Melchior de Castro le passaron el brago 
izquierdo con una vara y quedo mal he- 
rido. E los vencedores quedaron all en 
el campo hasta que fu de dia , porque 
como era de noche y muy escura la 
tierra spera arborada en partes, no pu- 
dieron ver los que huan , ni por don- 
de yban ; poro sin se apartar del mismo 
lugar donde esto avia passado , hizo lla- 
mar Melchior de Castro, por voz de un 
vaquero suyo; al negro indios suyos 
que le avian robado los negros de su es- 
tancia ; luego cmo conosrieron la voz 
del que los llamaba , los recogi se vi- 
nieron todos, porque estando ahy gerca 
escondidos entre las malas de orle 
conosgerle en la voz se aseguraron , y se 
fueron su seor con muclio plager. 

Assi como fu de da claro , Melchior 
de Castro Francisco Dvila los otros 
pocos de caballo que en este trance hon- 
roso se hallaron, se fueron al ingenio del 
licenciado Alonso Cuaco reposar. E lle- 
g el almirante , la gente que con l 
yban aquel da quasi hora de vsperas; 
y de lo que hallaron fecho todos los 
chripstianos dieron muchas gracias 
Dios, nuestro Seor, por la victoria vida: 
porque aunque estos negros rebelados no 
eran de mucho nmero , yban encamina- 
dos con su mala intencin obra donde 
dentro de quince das veynte, no yn- 
doles la mano , fueran tantos y tan ma- 
los de sobjuzgar, que no se pudiera ha- 
cer sin gastarse tiempo y muchas vidas 
de chripsiianos. Sea Dios loado por el 
buen subceso desta victoria, que en cali- 
dad fu grande. 
El almirante mand Melchior de Cas- 



DE INDIAS. LIB. IV. C\P. IV. 



111 



Iro que se viniesse esta cibdad de Sne- 
lo Domingo para que se curasse , como 
lo hizo; y quedando el almirante en el 
campo, hizo buscar con tanta diligencia 
los negros que avian escapado de la ba- 
talla y eran culpados, que enginco seys 
dias se tomaron todos, mand hager 
justicia deilos quedaron sembrados 
trechos por aquel camino, en muchas hor- 
cas. Pero como los qne escaparon de la 
batalla se avian metido en partes spe- 
ras, fu nesgesario que los siguiesse gente 
de pi , de la qual fu por capitn Pero 
Ortiz de Matienfo, el qual los sigui 
pele con ellos mat algunos pren- 
di aquellos, de quien se hizo la jus- 
ticia que he dicho. Y en la verdad este 
hidalgo se ovo como muy varn en esto, 
segund la dificultad aspereza de la tier- 
ra, donde los alcanz desbarat los 
fugitivos. Por manera que la diligencia 
de Melchior de Castro, mediante Dios y 
el esfuerzo del v de Francisco Dvila, 



que fu en su ayuda socorro , por ca- 
pitn, como es dicho, de aquellos ocho 
caballeros que juntados con Melchior de 
Castro lodos fueron doqe de caballo, sa- 
li el vencimiento tan buen fin vic- 
toria, como es dicho, y el castigo ovo 
perfecta execugion por el animoso exe- 
cutor que sigui los negros mat parte 
deilos prendi los restantes, para colo- 
callos en la horca horcas. Y fecho este 
castigo , el almirante se torn esta cib- 
dad : en lo qual l cumpli muy bien con 
el servigio de Dios y de Sus Magestades 
y con quien l era ; y desta manera que- 
daron los negros que se levantaron pe- 
nitenciados, como convino su atrevi- 
miento locura , todos los dems es- 
pantados para adelante y certificados de 
lo que se har con ellos, si tal cosa les 
passare por pensamiento , sin que se tar- 
de mas en castigarlos de quanto se tar- 
dare la ventura suya en descubrir su mal- 
dad. 



CAPITULO V. 

De cmo el almiranlc don Diego Colom volvi Espaa , por mandado de la Cesrea Magostad , y de c- 
mo el licenciado Leas Vzquez de Ayllon , oydor desla Audiencia Real, fu cierla gobernacin de Tier- 
ra-Firme, donde muri, y de cmo se han subcedido oros jueces c oydores en esa Real Audiencjia , c 

oirs cosas que locan la hisloria. 



"icho se ha de a manera que el almi- 
rante segundo , don Diego Colom , vol- 
vi esta cibdad de Sancto Domingo, 
donde estaban por jueces en esta chanci- 
lleria Audiencia Real los licenciados que 
primero se dixo , llamados Marcelo de Vi- 
llalobos, Johan Orliz deMatienco, Leas 
Vzquez de Ayllon, Chripstbal Le- 
brn , que estaba ya rescebido por oydor. 
E cmo no faltaron contiendas entre el 
almirante los oydores sobre las cosas 
de la jurisdicion , fu el licenciado Ayllon 
Espaa , assi sobre eso , como sobre sus 
negocios proprios , procurar cierta 



gobernacin descubrimiento en la Tier- 
ra-Firme, la banda del norte (que no 
debiera). E Su Magestad le hizo merced 
de la capitana general gobernacin , 
le dio el hbito de Sanctiago. Y despus 
que estuvo en la corte hizo all rela- 
cin de las cosas de ac , envi Su Ma- 
gestad llamar al almirante , don Diego 
Colom, porque avian ydo algunas que- 
xas del , y de quien el almirante mas 
enojo y quexa tenia era del licenciado 
Ayllon, porque creia que le avia fecho 
dao con sus informaciones , seyendo 
mucho su amigo. Y assi se parti dosla 



112 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



cibdad de Saocto Domingo diez y seys 
dias de sepliombro de mili quinientos 
c vcynlo c tres aos. Llegado en Espaa, 
se fu la corte del Emperador, nuestro 
seor, donde lleg el ao siguiente de 
mili quinientos veynte quatro, en 
el mes de enero , estando Su Magostad 
en la cibdad de Vitoria. E luego el almi- 
rante comenz entender en sus pleytos 
negocios, hasta que Su Magestad, des- 
pus, en el ao de mili quinientos 
veynte y finco, se parti de Toledo para 
Sevilla; y al tiempo que el almirante 
parti de Sevilla para la corte, que fu 
en el mes de diciembre de mili qui- 
nientos veynte tres , en la misma 
sagon venia el ligengiado Ayllon para 
Sevilla de camino para esta isla. Y ve- 
nido aqui , hizo despus aquella su ar- 
mada para aquella su gobernacin que 
he dicho ; de donde nunca volvi , y mu- 
ri all desde poco tiempo que lleg 
con otros muchos , que de mal conseja- 
dos le siguieron , despus de aver gasta- 
do mucha parte de su hacienda. Y^ en la 
verdad l se ocup en lo que le complia 
no meterse, porque aqui estaba rico 
honrado , y era uno de los oydores desta 
Audiencia Real que en esta cibdad reside, 
y de los mas antiguos en ella; no conten- 
to desto , busc la muerte para s para 
otros , de la manera que mas particular- 
mente se dir en la segunda parte desas 
historias; porque destos descubrimientos 
de la Tierra-Firme hay muchas historias 
y cosas que notar , las quales se reservan 
para en su lugar , y quando lleguemos 
ellas se dir de cada una en particular lo 
que convenga en sus lugares proprios, 
porque son cosas que tocan la segunda 
parte desta General y natural Historia de 
hidiOfS 

Tornando al propsito de los jueces, 
digo que ydo el lif enciado Ayllon , que- 
daron residiendo en esta Chancilleria por 
oydores los licenciados que primero di- 



xe, Villalobos , MatienQo, Lebrn ; no 
desde mucho tiempo fu Espaa el li- 
cenciado Matienco , le provey Su Ma- 
gestad de oydor en la Nueva Espaa. 
Desde poco tiempo muri el licenciado 
Villalobos; por manera que qued esta 
Audiencia con solo el licenciado Lebrn. 
Desde poco fu provedo por oydor el 
licenciado Alonso Cuaco , del qual tengo 
dicho que vino esta cibdad con los pa- 
dres hiernimos, quien tom residen- 
cia el licenciado Figueroa ; y hecha aque- 
lla , fu por gobernador Cuba, en nom- 
bre del almirante; y desde aquella isla 
pass la Nueva Espaa ; y en el camino 
se perdi en las islas de los Alacranes , y 
de all escap miraglosamente prosi- 
gui su camino ; y Hernando Corts le dio 
cargo de la justicia de la Nueva Espaa; 
y estando all gobernndola , fu preso y 
traydo la isla de Cuba, hacer all re- 
sidencia del tiempo que all fu juez , 
la gobern ; dio tal cuenta de s como 
adelante se dir , donde se tractar de 
muchas cosas notables que por l passa- 
ron en el ltimo libro cJc los Infortunios y 
naufragios. Assi que por su retitud servi- 
cios persona la Cesrea Magestad, como 
gratssimo prncipe, informado de la ver- 
dad , y viendo que su real servicio con- 
venia que tal juez aqui en esta Real Au- 
diencia assistiesse , como hombre que 
tanta experiencia tenia de las cosas des- 
las partes , se quiso servir del por su oy- 
dor, le mand aqui residir: hasta la 
qual eleccin de su persona passaron por 
este caballero muchas desaventuras y tra- 
baxos , y grandes experiencias de su pa- 
ciencia. . . . 

Despus de lo que es dicho , entr por 
oydor el licenciado Gaspar de Espino- 
sa, en lugar del licenciado Villalobos. 
Este vino assi mismo por juez de resi- 
dencia, la qual tom los oydores 
las otras justicias, fu un tiempo abso- 
luto solo en la gobernacin, aunque no 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. V. 



113 



bien quisto de algunos, puesto que assi 
mesmo otros degian bien del. Y no me 
maravillo de cosa que oyga defirdejuez 
en estas partes ; porque dems de ser so- 
lo Dios el que podra contentar todos, 
siempre en las tierras nuevas son peligro- 
sos semejantes ofigios , assi para el cuer- 
po, como para el nima. Passada la re- 
sidencia, quedaron juntamente en esta 
Real Aaudiengia los ligenf iados Lebrn y 
Cuago y Espinosa ; pero desde poco 
tiempo se pass vivir la Tierra-Fir- 
me , donde tenia giertos" indios de repar- 
timiento , que le servan, desde que all 
avia seydo alcalde mayor de Pedrarias 
Dvila, en la provincia que llaman Cas- 
tilla del Oro , como mas largamente se 
dir, quando de aquella tierra se trete y 
escriba. Ido Espinosa donde he dicho, 
entr en su lugar en esta Audiencia el 



doctor Rodrigo Infante , porque ya era 
muerto el ligenfiado Chripstbal Lebrn, 
entr en su lugar el licenciado Johan de 
Vadllo , que estaba en esta cbdad de 
Sancto Domingo desde el ao de mili 
quinientos d veynte y Qinco , entendien- 
do en las cuentas y debdas de la hacien- 
da real; y estos tres oydores, conviene 
saber, licenciado Cuaco, doctor Infante, 
y el licenciado Johan de Vadllo , residie- 
ron en esta Real Audiencia , goberna- 
ron esta isla otras , conosciendo de las 
apelaciones de mucha parte de la Tierra- 
Firme , juntamente con el muy reverendo 
noble seor el licenciado , don Alon- 
so de Fuenmayor , presidente por Sus 
Magestades, que lleg esta cibdad 
en el tiempo que adelante se dir: el 
qual al presente es obispo desta Sancta 
Iglesia . 



CAPITULO VI. 



iel subcosso vida del segundo almirante , don Diego Colom, despus que volvi Espaa lleg la 
corte en la cibdad Vitoria, hasta que muri en la Puebla de IMontalban, otras cosas, concer- 
nientes al discurso desta historia. 



Uicho se ha cmo el almirante segun- 
do, don Diego Colom, fu por mandado 
de la Cessrea Magostad Espaa lle- 
g la corte en el mes de enero del ao 
de mili quinientos veynte y quatro, 
estando el Emperador, nuestro seor 
en la cbdad de Vitoria; all entendi 
luego en sus negocios pleytos con el 
fiscal real (que de tiempo atrs pendan), 
lodo el tiempo que Su Magestad su 
Consejo Real de Indias estuvieron en 
aquella cibdad, despus en la de Bur- 
gos, despus en Vallad olid, despus 
en Madrid , ltimamente en la cibdad 
de Toledo hasta el ao de mili 6 qui 
nientos veynte y seis, que Su Magestad 
se parti de all para Sevilla. En la qual 

sacn el almirante avia adolescdo es- 
T.MO 1. 



taba ya muy enfermo flaco : con todo 
su trabajo indispusicion, partido Su 
Magestad , se quisso ir tras l , acor- 
d de hager su camino por Nuestra Se- 
ora de Guadalupe. Y dos das antes de 
su partida, le dixe que me parescia que 
no acertaba en ponerse en tan largo ca- 
mino , estando tal como estaba, assi se 
lo dixeron otros sus migos servidores, 
consejndole que , pues estaba en Tole- 
do , donde no faltaban mdicos singula- 
res ni medicinas , las otras cosas que 
conviniessen para se curar, que no se 
fuesse en manera alguna , porque su mal 
no se aumentasse; y que se estoviesse 
quedo , hasta que convalesciesse to- 
viesse salud. E respondi que se senta 
mejor, y que en peussar que yba hacia 



M4 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



las Indias, do cslabau su muger lujos, 
y en yr Sevilla la corte , le paresgia que 
estaba ya sano ; y que l se queria yr por 
nuestra Seora , Sancta Mara de Guada- 
lupe, porque esperaba que ella [e daria 
esfuerzo para tal jornada; y que en su 
bendita casa queria tener novenas, y 
desde ella yrse tras el Emperador, nues- 
tro seor. Y aunque le fu replicado, 
estorbndole su partida, no aprovech, 
porque avia de ser su fin , donde Dios lo 
tenia ordenado. E assi continuando su 
voluntad , determin de ha?er su camino, 
partisse de Toledo un mircoles, veyn- 
te y uno de hebrero de aquel ao de mili 
quinientos veynte y seis , y en una li- 
tera andas lleg aquel dia una villa 
de don Alonso Tellez Pacheco , que se 
llama la Puebla de Montalban (que es 
seis leguas de Toledo). E alli le aquex 
luego el nial de tal manera , que el jue- 
ves siguiente orden su nima, como ca- 
thlico chripstiano , el qual se avia con- 
fessado comulgado el dia antes , que 
fu el mismo que de Toledo parti ; y el 
viernes, que se contaron veynte y tres de 



hebrero, las nueve horas de la noche, 
espir con mucha contricin acuerdo, 
dando gracias Dios Nuestro Seor, 
con grandssima paciencia atencin 
encomendndose al Redemptor su 
gloriosa Madre , dio el espritu Dios; 
y assi se debe creer que su nima fue 
la celestial gloria. E quiso Nuestro Se- 
or que para su consolacin ayudarle 
bien morir , se hallassen quatro religio- 
sos de la Orden de Sanct Francisco con 
l; porque desta religin era muy de- 
voto , y estos estuvieron alli acordndo- 
le lo que su salvagion convenia hasta 
la ltima hora punto. Assi cmo espi- 
r , sus criados tomaron su cuerpo lle- 
vronle Sevilla al monesterio de las 
Cuevas, de la Orden de Cartuxa, pus- 
sironle alli en depsito, junto al cuerpo 
de su padre , el almirante primero don 
Chripstbal Colom. Desta manera que es 
dicho acab el almirante , don Diego Co- 
lom, esta misserable vida. E subcedi 
en su casa ttulo , su hijo mayor don 
Luis Colom , tercero almirante en este 
Estado casa suya. 



CAPULLO VIL 

Pe la subcesion del tercero almirante deslas Indias, llamado don Luis Colom, de cmo su madre, 
la vireyna, fu Espaa seguir los pleitos que su marido el almirante, don Diego Colom, traclaba 
con el fiscal real sobre sus privilegios; y de cmo vino por presidente esta Audiencia Real el obis- 
po de aquesta cibdad de Sancto Domingo e' de la Concepcin de la Vega, don Sebastian Ramrez de 

Fuenleal. 



\_j mo en esta cibdad se supo la muer- 
te del almirante , don Diego Colom , lue- 
go se llam almirante su hijo mayor don 
Luis Colom , que la sagon seria de po- 
co mas de seis aos , no los avria. Y 
pocos das antes avia venido esta isla 
por juez de residencia , el licenciado 
Gaspar de Espinosa , como tengo dicho, 
y en tanto que aqueste juzgado le tur 
l gobern aquesta isla ; y despus , co- 
mo en otra parte queda dicho , se pas- 



s la Tierra-Firme. A algunos plugo 
de su yda y otros le quisieran para mas 
tiempo ; pero esto es comn cosa los 
que son gobernados : aborrescer quien 
los manda dessear nuevos jueces, 
assi no le fallaron los murmuradores que 
tovieron otros que gobernaron antes que 
l , como no faltarn los presentes y 
venideros. 

En aquel tiempo estaba aquesta Sanc- 
ta Iglesia sede vacante, y mucho antes 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VII. 



11o 



assi mismo el obispado de la cibdad de 
la Concepcin de la Vega, la Cess- 
rea Magestad avia fecho merced de ara- 
bas , debaxo de una mitra , al reverendo 
padre , Fray Luis de Figueroa , prior de 
la Mejorada, de la Orden de Sanct Hie- 
rnimo , muri estando eloto , aun 
como tengo dicho, estando concedidas 
despachadas las bulas. E por su fin 
acord Su Magestad de proveer de am- 
bas dignidades obispados, de la 
presidencia desta Real Audiencia Chan- 
Cleria al licenciado do.n Sebastian Ra- 
mrez de Fuenleal (del qual assi mis- 
mo se dixo en el precedente libro) , por 
persona conviniente para lo espiritual 
temporal; para que el servicio de 
Dios de Sus Magestades y el bien des- 
tas partes, muy bien se mirasse, assi por 
su buena conciencia d letras, como por 
su grande experiencia. E assi Su Mages- 
tad, como estaba bien informado de su 
persona obras, le escogi envi 
esta cibdad , donde residi , exercitando 
sus oficios , como buen pastor para las 
nimas, buen presidente gobernador 
para todo lo dems. 

Pero cmo las cosas de la Nueva Es- 
paa tenian mucha nescessidad de se 
ordenar bien gobernar, envile man- 
dar Su Magestad que fuesse all , como 
presidente de aquella Audiencia Real que 
reside en la gran cibdad de Mxico, pa- 
ra la justicia de aquellas partes reynos; 
assi mismo tuvo ambos obispados. Pe- 
ro assi cmo lleg aqui, desde poco 
tiempo sali desta Audiencia el licencia- 
do, Gaspar de Espinosa, porque l mis- 
mo diz que lo avia suplicado ; pero la 
verdad dello fu que en Tierra-Firme 
tenia en la gobernacin de Castilla del 
Oro un cacique buenos indios que le 
servan , desde el tiempo que l ava en 
aquella tierra seydo alcalde mayor de 
Pedrarias Dvila. E los de aquella go- 
bernacin se quexaban decan que Sus 



Magestades no deban consentir quel li- 
cenciado Espinosa ni otro alguno que 
cstoviesse ausente, tovesscn indios; por 
manera que se fu vivir la cibdad de 
Panam , donde le servia el cacique Pa- 
cora su gente indios , llev all su 
muger hijos. E despus quel Per se 
descubri, pass all, donde muri en 
demanda deste oro que muchos mas ha 
quitado las vidas en estas partes , que no 
remediado ni hartado. 

Tornando al nuevo almirante, digo 
que assi como la vsoreyna, doa Mara 
de Toledo , supo la muerte de su mari- 
do el almirante don Diego Colom, le 
ovo mucho llorado fecho el sentimien- 
to obsequias semejantes tales per- 
sonas (porque en la verdad esta seora 
ha seydo en esta tierra tenida por muy 
honesta y de grande exemplo su perso- 
na bondad , ha mostrado bien la ge- 
nerosidad de su sangre); determin de 
yr en Espaa seguir el plcyto que su 
marido tenia sobre las cosas de su Esta- 
do con el fiscal real , y llev consigo 
su hija menor, doa Isabel, y al menor 
de sus hijos , llamado don Diego ; y dex 
en esta cibdad su hija mayor, doa 
Phelipa (la qual era enferma sancta 
persona) y al almirante don Luis, y 
don Chripstbal Colom, sus hijos harto 
nios. 

y cmo la vreyna fu en Espaa, 
desde pocos das , cas la hija menor 
que consigo llev, doa Isabel Colom, 
con don Jorge de Portugal , conde de 
Gelves, alcayde de los alccares de 
Sevilla. Llegada la corte, hall ydo al 
Emperador Italia su gloriosa corona- 
cin en Boloa, por la ausencia de Su 
Magestad, ovo de residir atender 
sus pleytos negocios en la corte de la 
Emperatriz , nuestra seora , de gloriosa 
memoria , solicitando los seores del 
Consejo de Sus Magestades en los nego- 
cios del almirante don Luis, su hijo. E 



116 



HISTORIA GEiNERAL Y NATURAL 



Su Magostad la tracto muy bien, la 
favoresfi, fu rcsfcbido don Diego 
Colom, su liijo menor, por page del se- 
renssimo prn(,'ipe , don Phelipe, nues- 
tro seor, mandaron Sus Magestades 
dar quinientos ducados de ayuda de 
costa en cada un ao al almirante , don 
Luis , en las rentas reales de aquesta 
isla. 

Pero porque para la segunda impres- 
sion desta primera parte historia, vamos 
aadiendo y enmendando lo (|ue le com- 
pete y el tiempo va obrando, digo que 
esta seora visoreyna, continuando su 
buen propssito siguiendo la jus(i(;ia 
que pretenda por parte de sus hijos , li- 
tigando como quien ella era, acordando 
Csar, despus que volvi de Italia, el 
grande servicio, no como l otro ja- 
ms fecho principes, como lo hizo el pri- 
mero almirante , vino esta pendencia so 
concertar. E el Emperador, nuestro se- 
or , descargando las reales conf;icnf ias 
de sus padres y abuelos y suya , como 
gratssimo prncipe, hizo al almirante, don 
Luis, duque de Veragua del golpho 
islas de Qerebaro en la Tierra-Firme, 
dile la isla de Jaimiyca con mero y mix- 
to imperio ttulo de marqus della; 
domas deso , le hizo merced de diez mili 
ducados do oro do contado en cada un 
ao, situados en las rentas reales de- 
rechos desta Isla Espaola , el alguaf i- 
ladgo mayor desta cibdad, con voto en 
el regimiento dola confirmacin del 
oli^io do almirante perpetuo destas In- 
dias, assi en lo descubierto como en lo 
que est por doscobrir. E todo lo que os 
dicho con ttulo de mayoradgo perpetuo 
entera indivisiblemente para el dicho 
almirante sus sub'ossores , sin que se 
pueda enagonar ni salir de sus legtimos 
herederos. E domas desso, mand Su 
Magostad dar de merced un qiiento de 
maraveds de renta en cada un ao on sus 
derechos reales, por todos los das de 



sus vidas, doa Mara doa Johana Co- 
lom , hermanas del almirante, para ayuda 
sus casamientos, oirs mercedes. E diii 
Su Magostad el hbito de Sanctiago don 
Diego Colom , menor hermano del almi- 
rante , con f ierta renta en aquella Orden 
militar. Lo qual todo fu negociado 
concluido con la dilgen(;ia do tan buena 
prudente madre , como ha seydo la vi- 
soreyna sus hijos , quien sin dubda 
ellos deben mucho ; porque aunque esta 
satisfacion pendiesse de los mritos ser- 
vicios del primero almirante , mucho con- 
sisti el efecto destas mercedes y su con- 
clusin en la solicitud desta seora , en 
su bondad buena gracia , para lo saber 
pedir porfiar. A lo qual ayud asaz el 
mucho cercano debdo que la visoreyna 
tiene con Sus Magostados ; porque su pa- 
dre della y el Rey Cathlico fueron pri- 
mos , hijos do dos hermanas , ambas hi- 
jas del almirante de Castilla, don Fadrique 
Enriquez. 

Luego que se ovo dado el assiento que 
es dicho en los letigios del almirante, ca- 
s la visoreyna doa Johana Colom, su 
hija con don Luis de la Cueva , hermano 
del duque de Alburquerque tercero ; el 
qual don Luis fu capitn de la guarda 
de la persona de Csar muy acepto 
Su Magostad, muy valeroso caballero. 

Tornando la gobernacin desta isla 
Audiencia Real , digo que ydo el obispo 
presidente la ISueva Espaa , segund he 
dicho , pos muchos doli , otros 
plugo; porque los unos no le quisieran 
tan justo , y los otros le quedaron des- 
soando ; y sirvi tan bien en aquel cami- 
no on las cosas de la Nueva Espaa, que 
pocos le loan al presente, por las orde- 
naciones parescor que dicen que dio 
de quitar los indios los conquistadores, 
de que han resultado vido muchas no- 
vedades en aquella tierra : lo qual , me- 
diante la prudencia del visoroy , don An- 
tonio de Moudoca, avisado Su Magos- 



)E INDIAS. LIB. IV. CAP. VII. 



17 



(ad de la verdad, lo provey de manera 
que , revocando algunas cosas de las que 
el obispo dex en su tiempo , aquellas 
tierras se han remediado y mucho asse- 
gurado. Con que despus que Su Mages- 
tad hizo visorey dellas al seor don An- 
tonio de Mendoza, mand ir al obispo 
Castilla, le hizo merced del obispado de 
Len , le hizo su presidente de la Real 
Audiencia Chancilleria que reside en la 
villa de Valladolid, por ausengia del qual 
ydo de aqui , qued esta Audiencia real 
de Sancto Domingo con los tres oydores 
que he dicho , el ligenf iado Alonso Cua- 
go, el doctor Rodrigo Infante, y el li- 
renriado Johan de Vadillo : los quales 
despus gobernaron esta isla, con par- 
te de la Tierra-Firme , como personas de 
experiencia letras , tales como con- 
viene ser en tan alto ofigio tribunal, 
residiendo en esta cibdad de Sancto Do- 
mingo hasta los catorge de diciembre de 
mili quinientos treynta tres aos, 
que lleg esta cibdad el muy reveren- 
do noble seor, el lifenfiado Alon- 
so "de Fuenmayor, por presidente de Sus 
Magestades en esta real Chancilleria, don- 
de fu resgibido al oficio gobernacin, 
presidiendo con los oydores que es di- 
cho. Desde algn tiempo por la tirana 
de Garfia de Lerma, gobernador en 
Tierra-Firme de la provincia de Sancta 
Marta , fu all por mandado de Sus ^Ja- 
gestades, le castigar el doctor Infante; 
despus que torn aqui desde poco 
tiempo, muri. El ligengiado Vadillo fu 
tomar residencia Pedro de Heredia, 
gobernador de Cartagena, qued esta 
Audiencia con el presidente el ligengia- 
do CuaQO, hasta que el postrero da del 
mes de mayo del ao que pass de mili c 
quinientos treynta y ocho aos, lleg 
esta cibdad el ligengiado Alonso de Cer- 
vantes , al qual envi Su Magostad por su 
oydor en lugar por fin del doctor Infan- 
te. Despus de lo qual, los trege de 



margo del ao siguiente de mili qui- 
nientos treynta y nueve, llev Dios al 
ligengiado Alonso Cuago, qued esta 
Audiengia con el seor presidente con el 
ligengiado (Cervantes, hasta que Su Magos- 
tad proveyesse otro, que volviesse Va- 
dillo, quien Su Magostad fuesse servido. 

Aqui llegu con esta materia , quando 
esto se escriba en limpio, en fin de margo 
del ao de mili quinientos treynta 
nueve : en el qual tiempo se tenia avi- 
so que Su Magostad Cesrea avia fe- 
cho merged al seor presidente, el ligen- 
giado don Alonso de Fuenmayor, de los 
dos obispados desta isla, como los tuvo el 
presidente passado (que son el de aquesta 
cibdad y el de la cibdad de la Congepgion 
de la Vega), mritamente. Dios le d gra- 
gia para ambas administraciones, porque 
assi como son diversos los gladios espi- 
ritual temporal , assi es menester muy 
mayor cuidado , y con mas trabaxo y ve- 
la la administragion para quel clero los 
seglares se conserven. Pero como Dios 
ha de ser la guia , l le dar este seor 
el favor que conviene , para que en todo 
agierte ; pues que es letrado de buena 
casta, naturalmente noble persona, 
goloso del servicio de Dios de Sus Ma- 
gestades. Despus de lo ques dicho , vino 
por oydor de Sus Magestades desta real 
Audiengia el ligengiado Guevara, en lugar 
de Cuago, torn(j Vadillo de Tierra-Firme. 

Mas porque es tiempo de passar otras 
materias de dulge legin de muchos se- 
cretos de naturaleza, acbesse lo que que- 
da por degir de aquesta isla , que son co- 
sas notables no dignas de preterir ni 
dexar en olvido. E para dar mas parti- 
cular razn de lo que atrs se toc del 
agcar, quiero degir como ovo origen en 
esta isla, antes que passemos otras par- 
ticularidades, pues que aquesta es una de 
las muy importantes ricas grangerias 
destas partes , y aqui mayor que en nin- 
guna proviugia de todas las Indias. 



H8 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



CAPITULO VIII. 

Que Iracla de Iss ingenios trapiches de acucar que hay en esta Isla Espaola , y cuyos son y de qu 
manera ovo principio esta rica grangeria en aquestas parles , y primero en esta isla. 



i iiGs aquesto del adcar es una de las 
mas ricas grangcrias que en alguna pro- 
vincia reyno del mundo puede aver, y 
en aquesta isla hay tanta tan buena y de 
tan poco tiempo ac assi exerfitada ad- 
quirida; bien es que aunque la tierra 
fertilidad della, y el aparejo grande de 
las aguas la dispusigion de los muy 
grandes boscajes de lea para tan gran- 
des y continuos fuegos, sean tan al pro- 
pssito (como son) para tales haciendas, 
que tanto mas sean las gragias y el pre- 
mio que se debe dar quien lo ense 
puso primero por obra. Pues todos tuvie- 
ron los ojos gerrados hasta que el bachi- 
ller Gongalo de Velosa, su propria cos- 
ta de grandes y excesivos gastos , se- 
gund lo que l tenia , con mucho tra- 
bajo de su persona, truxo los maestros 
de agcar esta isla , hizo un trapiche 
de caballos fu el primero que hizo ha- 
cer en esta isla adcar ; l solo se de- 
ben las gracias, como principal inventor 
de aquesta rica grangeria. No porque l 
fuesse el primero que puso caas de ag- 
car en las Indias , pues algn tiempo an- 
tes que l viniesse muchos las avian 
puesto las criaban fagian mieles de- 
ltas ; pero fu , como he dicho , el pri- 
mero que hizo acucar en esta isla , pues 
por su exemplo despus otros hicieron lo 
mismo. El qual, como tuvo cantidad de 
caa , hizo un trapicho de caballos en la 
ribera del rio de Nigua, truxo los ofi- 
ciales para ello desde las islas de Cana- 
ria, moli hizo acucar primero que 
otro alguno. 

Pero la verdad desto inquiriendo , he 
hallado que dicen algunos hombres de 
crdito viejos , que hoy viven en esta 



cibdad , otra cosa , afirman que el que 
primero puso caas de acucar en esta isla 
fu un Pedro de Atienca , en la cibdad de 
la Concepcin de la Vega , y que el al- 
caydc de la Vega, Miguel Ballester, na- 
tural de Catalua, fg el primero que hizo 
acucar. E afirman que lo hico mas de dos 
aos antes que lo hiciesse el bachiller Ve- 
losa ; pero junto con esto dicen que lo 
que hizo este alcayde fu muy poco , 
que todo lo uno lo otro ovo origen de 
las caas de Pedro de Atienca. De ma- 
nera que de la una de la otra forma, 
esto que est dicho es el fundamento 
principio original del acucar en esta isla 
Indias ; porque deste comience que 
ello dio Pedro de Atienca, se multiplic 
para llegar esta grangeria al estado en que 
agora est , cada dia se aumenta y es 
mayor, puesto que de quince aos esta 
parte algunos ingenios han quebrado 
se deterioraron por las causas que en su 
lugar se dir ; pero otros se han perficio- 
nado. Tornemos al bachiller Velosa su 
trapiche. 

Assi como por aquel se fu mejor en- 
tendiendo esta hacienda, juntronse con 
l el veedor, Chripstbal de Tapia, su 
hermano el alcayde desta fortaleza, Fran- 
cisco de Tapia, todos tres hicieron un 
ingenio en el Yaguate , legua media de 
la ribera del rio de Nicao ; desde al- 
gn tiempo se desavinieron , y el bachi- 
ller les vendi su parte los Tapias. Des- 
pus el veedor vendi la suya Jolian de 
Villora , el qual despus la vendi al al- 
cayde , Francisco de Tapia , y qued en 
solo l este primero ingenio que ovo en 
esta isla. Como en aquel tiempo prin- 
cipios no se enteudia tan bien, como con- 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIII. 



119 



venia, la nesQessidad que tales hariendas 
tienen de muchas tierras y de agua le- 
a otras cosas que son anexas tal gran- 
geria (de lo qual todo alli no avia tanto, 
como era menester) , despobl el alcay- 
de , Francisco de Tapia, aqueste inge- 
nio , pass el cobre caldereras pe- 
trechos todo lo que pudo otro mejor 
assienlo en la misma ribera de Nigua, 
cinco leguas desta cibdad, donde basta 
quel dicho alcayde muri, tuvo un muy 
buen ingenio , de los poderosos que hay 
en esta isla. 

Porque no se repita muchas veges lo 
que agora dir , ha de notar el letor en 
este ingenio para todos los otros por este 
aviso , que cada ingenio de los poderosos 
bien aviados , dems allende de la 
mucha costa valor del edificio fbri- 
ca de la casa , en que se hafe el agcar, 
de otra grande casa en que se purga 
se guarda, hay algunos que passan de 
diez do?e mili ducados de oro mas, 
hasta lo tener moliente corriente. Y 
aunque se diga quince mili ducados no 
me alargo , porque es menester tener 
lo menos continuamente ochenta fient 
negros aun giento veynte algunos 
mas, para que mejor anden aviados; alli 
ferca un buen hato dos de vacas de 
mili dos mili tres mili dellas que co- 
ma el ingenio ; allende de la mucha costa 
de los ofigiales maestros que hagen el 
agcar, y de carretas para acarrear la 
caa al molino para traer lea, agente 
continua que labre el pan cure riegue 
las caas, otras cosas nesgessarias y de 
continuos gastos. Pero en la verdad el 
que es seor de un ingenio libre bien 
aviado, est muy bien ricamente here- 
dado ; son degrandssima utilidad ri- 
queza para los seores do los tales inge- 
nios. 

Assi que, este fu el primero ingenio 
que ovo en esta isla ; es de notar que 
hasta que ovo agcares en ella, las naos 



tornaban vagias Espaa , agora van 
cargadas della con mayores fletes de los 
que para ac traen , con mas ganangia. 
Y pues esta hagienda se comeng en la 
ribera del Nigua , quiero decir los dems 
ingenios que estn par del mismo rio. 

Otro poderoso ingenio hay en la misma 
ribera del del rio Nigua que es del tesore- 
ro, Estovan de Passamonte, sus herede- 
ros, que es uno de los mejores mas po- 
derosos desta isla , assi en editigio como 
en lo dems , de muchas aguas montes 
y esclavos y todo lo que le conviene : el 
qual est siete leguas desta cibdad. 

En la misma ribera de Nigua, mas baxo 
del que se dixo de suso , est otro inge- 
nio muy bueno que hizo Frangisco Tos- 
tado , seys leguas desta cibdad , que 
qued sus herederos , es muy gentil 
hagienda tiene todo lo que le es nes- 
gessario. 

En esta misma ribera de Nigua hay otro 
ingenio de los mejores mas poderosos 
desta isla , el qual est gerca de la boca 
de la mar, quatro leguas y media desta 
cibdad de Snelo Domingo: el qual es 
del secretario , Diego Caballero de la Ro- 
sa, regidor desta cibdad; heredad en la 
verdad mucho de ver y de presgiar , assi 
por su assiento, como por otras calidades 
que tiene. 

Engima de la ribera de Nigua , en el 
rio que llaman Yaman, ocho leguas desta 
cibdad , est otro gentil ingenio , que hi- 
zo Johan de Ampies, ya defunto , factor 
que fu de Sus Magostados y regidor des- 
ta cibdad ; el qual es agora de doa Flo- 
rengia de Avila de sus herederos del 
dicho factor. 

Otro ingenio y de los mejores desta 
isla, tiene el duque almirante, don Luis 
Colora. Pero porque esta grangeria de 
agcar ingenios della se comeng en la 
ribera del rio Nigua, por degir todos los 
que hay en ella, otro que con ellos con- 
fina, que son los ginco de suso nombra- 



MO 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



dos, no se puso el del almirante al prin- 
cipio, como es razn que, en todo loque 
toca Indias, preceda su persona todos, 
pues que quantos tienen de comer en 
ellas lo han ganado con ellas le deben 
el primero lugar; pues su abuelo fu cau- 
sa de todo lo que en estas partes se sabe 
6 lo ense descubri para todos los 
que lo gozan. Pero como he dicho, por 
llevar la materia ordenada , fu nesges- 
sario hablar primero en el ingenio del al- 
caydc , Francisco de Tapia , tras aquel 
proseguir en lo que est dicho; y porque 
quando este del almirante se hizo, ya avia 
otros ingenios en esta isla. Aqueste fun- 
d y edific el segundo almirante , don 
Diego Colom, quatro leguas desta cib- 
dad , donde digen la Isabela Nueva ; y 
despus su muger la seora visoreyna, 
doa Mara de Toledo, lo pass donde 
agora est , que es en mejor assiento 
mas ^erca desta cibdad, desde el qual en 
tres quatro horas , este rio abaxo , en 
barcas traen el at^car, lo meten en las 
naos : que es muy gran calidad ventaja 
quantos ingenios ac hay. 

Otro ingenio fundaron los licenciados 
Antonio Serrano , regidor que fu desta 
cibdad , Francisco de Prado , que des- 
pus fu del contador, Diego Caballero, 
regidor que fu desta cibdad , y al pre- 
sente, por nueva merced de la Cesrea 
Magestad, es mariscal desta isla. El qual, 
como acord de se yr Espaa , desam- 
par el dicho ingenio se perdi ; por- 
que como fu fundado por letrados le- 
gislas y de semejante materia el Bartulo 
no les dex algn documento , erraron el 
artificio ; porque ni comprehendieron las 
calidades que avia de tener tal grange- 
ria, ni sus bolsas eran bastantes para la 
sostener ni aviar el ingenio. Quanto mas 
que por la incomoditad del assiento , era 
la costa mayor que la ganancia ; cmo 
el segundo seor desta hagienda la en- 
tendi mejor , la desbarat despus que 



se aprovech de lo que pudo della , assi 
de los negros vacas , como de parte de 
los pctrcchos, y como prudente, quiso 
mas perder la parte quel todo. 

Otro ingenio se fund tres leguas 
desta cibdad , y un tiempo se pens que 
fuera muy bueno , porque assi lo mostr 
moli cantidad de acucar; pero tambin 
fu fundado sobre leyes, gerca de la ri- 
bera de Hayna. El qual edificaron el li- 
cenciado Pero Vzquez de Mella y Este- 
van Justinian , genoves ; y despus de la 
vida del uno del otro, qued sus he- 
rederos, se perdi causa del ace- 
quia agua que le falt, porfiando ala 
tornar traer del rio de Hayna , se gas- 
taba mucho tiempo hacienda. E assi 
acordaron los herederos departir las tier- 
ras los negros las vacas petrechos 
todo aquello de que se podian aprove- 
char, dexaron el cxercicio del acucar 
por no se acabar de perder en tal gran- 
geria compaia. Pero despus Juan 
Baptista Justinian le torn reparar 
qued con la casa ha fecho en ella un 
trapiche de caballos, en que al presente 
se muele acucar cada dia ser aumen- 
tado rica hacienda , si le dan recabdo 
de caballos. 

Otro ingenio fund Chripstbal de Ta- 
pia , veedor que fu de las fundiciones 
del oro en esta isla regidor desta cib- 
dad , ya defunto : el qual qued Fran- 
cisco de Tapia , su hijo , quatro leguas 
de aquesta cibdad , donde dicen Itabo, 
que es un arroyo. E despus de los dias 
de Clu-ipstbal de Tapia , su hijo Francis- 
co de Tapia no lo pudo sostener lo des- 
ampar, porque era mas la costa quel 
provecho : assi que este ingenio se per- 
di, como los susodichos. 

Tienen otro muy gentil ingenio los he- 
rederos del tesorero , Miguel de Passa- 
monte , el qual est en la ribera del rio 
Nicao , ocho leguas desta cibdad de Sne- 
lo Domingo ; es uno de los mejores des- 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIH. 



121 



ta isla y de los que pernianescen : le po- 
demos contar por el octavo ingenio. 

Alonso de Avila , contador que fu en 
esta isla por Sus Magestades, 6 regidor 
desta cibdad , hizo otro muy buen inge- 
nio, ocho leguas desta cibdad en la ri- 
bera de Nigao ; el qual qued su hijo y 
heredero, Estevan Dvila, su her- 
mana, es muy gentil harionda. 

Otro muy buen ingenio fund tiene 
Lope de Bardegia, vegino desta cibdad: 
el qual est en la ribera de Nigao , nue- 
ve leguas desta cibdad de Sancto Domin- 
go, y es de las muy buenas haciendas 
que ac hay desta calidad. 

Otro ingenio , y de los mejores de to- 
da la isla y de los muy poderosos , fund 
el ligengiado Cuago, oydor que fu por 
Sus Magestades de la Real Audiencia que 
en esta cibdad reside : el qual est en el 
rio y ribera que llaman Ocoa, diez seys 
leguas desta cibdad de Sancto Domingo; 
y es una de as buenas haciendas destas 
partes, y qued despus de los dias del 
ligengiado su muger, doa Phelipa, 
dos hijas suyas , llamadas doa Leonor 
doa Emerengiana Cuaco, con otros 
muchos bienes haciendas. Y es opinin 
de algunos (que de aquesta grangeria son 
diestros) que solo este ingenio, con los 
negros ganados petrochos tierras 
todo lo l anexo , vale al presente so- 
bre ginqcnta mili ducados de oro , por- 
que est muy bien aviado. Eyo le oy dc- 
gir al Ugenriado (^.uaco que cada un ao 
tenia de renta con el dicho ingenio seys 
mili ducados de oro mas , y aun pen- 
saba que lo avia de rentar mucho mas 
adelante. 

El secretario, Diego Caballero de la 
Rosa , dems del ingenio que se dixo de 
suso que tiene en la ribera de Nigua, 
tiene otro muy bueno veynte leguas 
desta cibdad , en termino de la villa 
de Agua : el qual ingenio est en la ri- 
bera del rio llnmndo Cepicepi , y es 
TOilO I. 



muy gentil heredamiento provechoso. 

Jcome Castelln fund otro muy buen 
ingenio en trmino de la villa de Acua, 
en el rio ribera que llaman Bia, veyn- 
te tres leguas desta cibdad de Sancto 
Domingo ; despus que fllesgi Jco- 
me, qued el ingenio todos los otros sus 
bienes su muger, doa Frangisca de 
Issaga , sus hijos; y es muy buena ha- 
cienda provechosa , no obstante que no 
ha andado este ingenio assi aviado como 
convenia, por la muerte de Jcome de 
Castelln. 

Fernando Gorjon , vegino de la villa de 
Agua, tiene otro ingenio de agcar en la 
misma villa , veynte tres leguas veyn- 
te quatro desta cibdad de Sancto Do- 
mingo : el qual heredamiento es muy til 
provechoso su dueo , de mucha 
estimagion. 

Un trapiche de caballos hizo en la mis- 
ma villa de Agua el chantre , don Alonso 
de Peralta , dignidad que fu en esta 
sancta iglesia de Sancto Domingo, des- 
pus de sus dias qued sus herederos. 
Los tales edificios no son tan poderosos 
como los de agua, pero son de mucha 
costa , porque lo que avia de hager el 
agua, revolviendo las ruedas, para la 
molienda de agcar, lo hacen las vidas de 
muchos caballos que son nesgessarios pa- 
ra tal exergicio ; y esta hagienda qued 
los herederos del chantre Pedro de 
Heredia, gobernador que es agora en 
la provingia de Cartagena en la Tierra- 
Firme. 

Hay otro trapiche de caballos en la 
misma villa de Agua que es de un hom- 
bre honrado, vegino de alli, que se lla- 
ma Martin Gargia. 

En la villa de Sanct Johan de la Ma- 
giiana, quarenla leguas desta cibdad do 
Sancto Domingo , hay otro ingenio po- 
deroso , que es de los herederos de un 
vegino de alli, que se llam Johan de 

Len, de la compaa de los alemanes 
16 



122 



IlISTOniA GENERAL Y NATL^HAL 



Velfaros qnc conipij lii inilad doslt' in- 
genio. 

En la misma villa de Sancl Jolian de 
la Magiiana, est o(ro muy l)ueno po- 
deroso ingenio que fundaron Pedro de 
Yadillo, y el secretario Pedro de Ledes- 
ma y el bacliiller ^oreno, ya defunfos; 
y qued sus herederos , y es muy gen- 
til rica hacienda. 

Onf e leguas desta cibdad , par de la 
ribera rio que llaman Caniy , hizo fun- 
d) Jolian de Villora, el viejo, un muy 
buen ingenio , su cuado IHernimo de 
Agero , ya defuntos : la qual hagienda 
qued los herederos de ambos, assi 
mismo los herederos de Agostin do Bi- 
Tialdo, ginoves, que tiene parto en este 
ingenio assi mismo. 

El mismo Johan de Villora hizo fun- 
d otro ingenio de los muy buenos des- 
ta isla, en el rio ribera que llaman S- 
nate , voynte quatro leguas desta cib- 
dad de Sancto Domingo, en trmino de 
la villa de Iligney : el qual qued des- 
pus de sus dias sus herederos 
doa Aldonfa de Agebcdo, su muger, 
y es rico heredamiento. 

El lirenriado Leas Vzquez de Ayllon, 
oydor que fu en esta Audiencia Real de 
Sancto Domingo, Francisco de Ceballos, 
ya defuntos, edificaron un muy buen 
ingenio poderoso en la villa de Puerto 
de Plata, que es quarentay finco leguas 
(lesta cibdad en la banda costa del 
Norte : la qual hacienda agora tienen al 
presente sus herederos. 

Dos hidalgos naturales de la cibdad 
de Soria , que se llaman Podro de Bar- 
rionuevo Diego de Morales , vecinos 
de la villa de Puerto de Plata, hicieron 
otro muy buen ingenio en aquella villa; 
y es muy genlil heredamiento. 

En la misma villa de Puerto de Plata 
hicieron ( hay) un buen trapiche de ca- 
ballos , Francisco de Barrionevo, gober- 
nador que fu de Castilla del Oro, 



Fernando de Illiescas, vecinos de aque- 
lla villa, y es nniy buena hagienda. 

ln la misma villa de Puerto de Plata 
tienen otro trapiche de caballos , Sancho 
de Monesterio , hrgales , y Johan do 
Aguillar; y es muy gentil heredad. 

En la villa del Bonao , diez nue- 
ve leguas desta cibdad de Sancto Do- 
mingo , est oiro buen ingenio de ad- 
car, (pie tienen los hijos de Miguel Jo- 
ver, cataln, Sebastian de Fonte, 
los herederos de Hernando de Carrion; 
yes buena ha(;ienda. 

El ligengiado Chripstbal Lebrn , oy- 
dor que fu en esta Audiencia Real , hi- 
zo otro ingenio en un muy gentil y pro- 
vechoso asiento, diez leguas desta cib- 
dad de Sancto Domingo , donde dif en 
el rbol Gordo : el qual heredamiento es 
muy bueno , qued sus herederos. 

Otro buen ingenio avian principiado 
en la ribera del rio Quiabon , veynte 
quatro leguas de esta cibdad de Sancto 
Domingo, Hernando de Carbajal Mel- 
chiur de Castro , en un muy gentil assien- 
to ; pero este edificio f ess , porque es- 
tos deshicieron la corapaia , porque 
se les hizo lexos, porque les paresfi 
que la costa era mucha hasta le tener 
aviado : en fin no permanesfi. 

Por manera que , resumiendo la rela- 
cin destos ingenios ricos heredamien- 
tos de acucar, hay en esta isla veynte 
ingenios poderosos molientes corrien- 
tes cuatro trapiches de caballos. E hay 
en esta isla dispusicion para edificar 
otros muchos, no se sabe de isla ni 
reyno alguno, entre chripsiianos ni in- 
fieles, tan grande semejante cosa des- 
ta granjeria del afcar. E continuamen- 
te las naos que vienen de Espaa, vuel- 
ven ella cargadas de agcares muy 
buenos; las espumas mieles dellos 
que en esta isla se pierden y se dan do 
gracia, haran rica otra gran provincia. 
Y lo que es mas de maravillar deslas 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIH. 



12;$ 



gruesas haciendas, es que eii lieiuijo de 
muchos de ios que vivimos en estas par- 
tes, y de los que ellas passaron desde 
treynta ocho aos esta parte, nin- 
gn ingenio destos hallamos en estas In- 
dias , y que por nuestras manos indus- 
tria se han fecho en tan breve tiempo. 
Y esto baste quanto al arcar ingenios 
dellc; y no es poco gentil notable para 
la comparacin que hif e poco antes des- 
ta Isla Espaola su fertilidad , las de 
Se^ilia Inglaterra. 

Otros ingenios hay , -aunque son po- 
cos, en las islas do Sanct Jolian Ja- 
myca, en la Nueva Espaa, de los 
quales se har memoria en su lugar con- 



viniente. El presepio que vale al presente 
aqui en esta cibdad de Sancto Domingo 
es un pesso , y tiempos algo mas de un 
pesso medio do oro, menos, leal da- 
do, por cada arroba de veynte ginco li- 
bras, las libras de diez seis ongas. Y 
en otras partes desta isla vale menos , 
cansa de las otras costas acarretos que 
se han de pagar hasta lo conducjir al 
puerto , en este ao de mili quinientos 
quarenta y seis aos de la Natividad de 
Chripsto , nuestro Redcmptor ; con lo 
qual se da Un este ljro quarto , porque 
la historia se contine en otras co- 
sas desta Natural general historia de 
Indias. 



Este os el quiilii libro de la primera parte de la Natural y General historia de las 
Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Ocano : el qiial tracta de los ritos ferimonias 
otras costumbres de los indios, de sus idolatrias, vicios, otras cosas. 



PROHEMIO. 



E 



n el libro tercero desta Natural His- 
toria se expresaron algunas causas por 
qu se acabaron murieron los indios 
de aquesta isla Espaola , y tambin se 
repiti algo de la misma materia mas 
adelante en el primero captulo del quar- 
to libro, hablando en la calidad destos 
indios. Y porque mejor so entienda que 
esta culpa castigo est principalmente 
fundado en los delitos abominables cos- 
tumbres c ritos desta gente , se dirn al- 
guna parte dellosy de sus culpas en aques- 
te libro quinto. Por lo (pial fcilmente se 
puede colegir la retitud de Dios, quu 
misericordioso ha seydo con esta gene- 
racin , esperando tantos siglos que se 
enmendassen. Pues ninguna criatura de- 
xa de conosQcr que hay un Dios todo- 
poderoso , y por tanto dice el psalmista: 
"los ciclos recuentan la gloria de Dios , c 
las obras de susmanos denuncian el firma- 
mento '. Quanto mas que, como en el se- 
gundo libro dixe, que la Sancta Iglesia 
ya tenia en todo el mundo predicado en 
todos las partes del el misterio de su 



redempf ion ; pues estas palabras dixo 
Sanct (?iregorio Magno , doctor de la 
Iglesia '^, el qual tom el pontificado 
silla de Sanct Pedro , ao del Seor de 
quinientos y noventa, la tuvo go- 
bern catorce aos ^; y Francisco Pe- 
trarcha en aquella Summa que escribi 
de las vidas de los Summos Pontfices, 
dice que Gregorio tuvo la silla apost- 
lica trece aos y seis meses diez dias. 
Sigese que subi Sanct Gregorio al 
cielo , ao de seyscientos quatro ; y 
aunque el postrero ao de su vida se 
acabara de predicar en todas las partes 
del mundo (como l dixo) el misterio de 
la redempcion nuestra , han passado des- 
pus hasta que Colom vino estas par- 
tes (ao de mili quatrocientos y no- 
venta y dos aos) ochocientos ochenta 
y ocho, y despus que vino Colom es- 
tas Indias , passaron los chripstianos 
ellas, corren hasta el presente ao de mili 
quinientos y quarenta ocho, otros cn- 
qiienta y seys aos mas, que serian no- 
vecientos quarenta y quatro aos des- 



1 Coeli enarraiit gloriain Dci el opera niaiimiin 
rjiis anunant firmanienluin (Ps. XVIFI). 



2 Morales, lili. XIIl, cap. X. 
;i Kusebio, De teniporilms. 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. I. 



425 



pues de Sanct Gregorio. Y por tanto es- 
tas gentes dobrian ya de aver entendido 
una cosa en que tanto les va (como es sal- 
var sus nimas) , pues no han faltado ni 
faltan predicadores religiosos pelosos 
del servicio de Dios, que se lo acuerden, 
despus que las banderas de Cliripsto y 
del Rey de Castilla passaron ac , puesto 
que lo tuviessen olvidado , que de nue- 
vo se les tornasse ensear. 

Pero en fin, estos indios (por la ma- 
yor parte de ellos), es nasgion muy des- 
viada de querer entender la f cathlica; 
y es machacar hierro fri pensar que 
han de ser chripstianos , sino con mu- 
cho discurso de tiempo , y assi se les ha 
paresfido en las capas ( mejor diciendo) 
en las caberas : porque capas no las 
traian , ni tampoco tienen las caberas 



como otras gentes ; sino de tan resgios 
gruesos cascos, que el principal aviso 
que los cripstianos tienen , cuando con 
ellos pelean vienen las manos , es no 
darles cuchilladas en la cabera, por- 
que se rompen las espadas. Y assi co- 
mo tienen el casco grueso, assi tienen 
el entendimiento bestial y mal inclina- 
do, como se dir adelante, especifi- 
cando algunos do sus ritos c ^erimo- 
nias, idolatras, costumbres, otras 
particularidades que al mismo propssi- 
to ocurrieren yo tuviere noticia deltas 
hasta el tiempo presente. Y aunque es- 
to se haga note en aqueste libro, 
no se dexarn de dcQr algunas cosas de 
las acrimonias ritos, con otros, don- 
de quadren en otras partes destas his- 
torias. 



CAPITULO I. 

Que Irada do las imgenes del diablo que teniaii los indios, de sus idolatras, c de los areylos c bayles 

canlando, c la forma que tienen para retener en la memoria las cosas passadas que ellos quieren que 

queden en acuerdo sus subcesores y al pueblo. 



X or todas las vias que he podido , des- 
pus que estas Indias pass , he pro- 
curado con mucha atencin , assi en es- 
tas islas como en la Tierra-Firme , de sa- 
ber por qu manera forma los indios se 
acuerdan de las cosas de su principio 
antecesores , si tienen libros , por 
qulcs vestigios seales no se les olvi- 
da lo passado. Y en esta isla, lo que 
he podido entender , solos sus cantares, 
que ellos llaman areylos, es su libro 
memorial que de gente en gente queda 
de los padres los hijos, y de los pre- 
sentes los venideros , como aqui so di- 
r. Y no he hallado en osla generacin 
cosa ontrollos mas antiguamente pintada 
ni esculpida de relieve entallada , ni 
tan principalmente acatada reveren- 
ciada como la figura abominable des- 



comulgada del demonio, en muchas 
diversas maneras pintado esculpido, 
de bulto con muchas caberas colas 
c difformes y espantables caninas 
feroges dentaduras, con grandes colmi- 
llos , desmessuradas orejas , con en- 
cendidos ojos de dragn feroz serpien- 
te, de muy diferenciadas suertes; y ta- 
les que la menos espantable pone mucho 
temor y admiracin. Y sles tan sogiablc 
commi , que no solamente en una par- 
te de la casa le tienen figurado , mas aun 
en los bancos, en que se assientan (que 
ellos llaman duho), significar que no 
est solo el que se sienta, sino l su 
adverssario. Y en madera y de barro y 
de oro, en otras cosas, quantas ellos 
pueden , lo esculpen y entallan , pintan 
regaando fcrocssimo, como quien l 



126 



IllSTOKlA GENKUAL Y NATURAL 



es. Al qual ellos llaman fcm, y A este 
tienen por su Dios, y este piden el 
agua , el sol , el pan , la victoria 
contra todos sus enemigos y todo lo que 
dessean ; y pienssan ellos que el remi se 
lo da, quando le plage ; aparesfiales 
fecho fantasma de noche. E tenian ficr- 
tos hombres entre s que llaman buhili, 
que servan de aurspiges agoreros ade- 
vinos; aquestos les daban entender 
que el gem es seor del mundo del 
cielo y de la tierra y de todo lo dems, 
y que su figura imagen era aquella tan 
fea como he dicho , y muclio mas que se 
sabr penssar ni decjir ; pero siempre di- 
ferente, y como la hacan en diversas 
maneras. Y estos gems adevinos les 
degian muchas cosas , que los indios te- 
nian por giertas , que vernian en su fa- 
vor dao : aunque muchas veges sa- 
lessen mentirosos, no perdan el crdi- 
to , porque les daban entender que el 
Cem avia mudado consejo, por mas bien 
suyo por hacer su propria voluntad. 
Estos , por la mayor parte , eran grandes 
hervolarios tenian conosgidas las pro- 
piedades de muchos rboles plantas c 
hiervas; como sanaban muchos con 
tal arte, tenanlos en gran veneragion 
acatamiento , como sanctos : los quales 
eran tenidos entre esta gente como en- 
tre los chripstianos los sagerdotes. E los 
tales siempre traan consigo la maldita fi- 
gura del gemi, assi por tal imagen les 
daban el mismo nombre que ella, los 
degian remies, allende de los degir buhi- 
tis. E aun en la Tierra-Firme, no sola- 
mente en sus dolos de oro y de piedra 
y de madera , de barro , huelgan de 
poner tan descomulgadas y diablicas 
imgenes , mas en las pinturas que sobre 
sus personas se ponen (teidas perpe- 
tuas de color negro , para quanto viven, 
rompiendo sus carnes y el cuero , jun- 



tando en s esta maldita efigie) , no lo 
doxan do hacer. Assi que , como sello 
que ya est inqiresso en ellos y en sus 
coragonos, nunca se les desacuerda 
averie visto ellos sus passados, assi 
le nombran de diverssas maneras. 

En esta Isla Espaola remi , como he 
dicho , es el mismo que nosotros llama- 
mos diablo; tales eran los que estos in- 
dios tenian figurados en sus joyas, en sus 
moscadores, y en las frentes lugares 
que he dicho , en otros muchos , como 
su propssito les paresgia, se les an- 
tojaba ponerle. Una cosa he yo notado de 
lo que he dicho y passaba entre esta gen- 
te : y es que el arte de adevinar ( pro- 
nosticar las cosas por venir ) y quanlas 
vanidades los gemios daban entender 
esta gente , andaba junto con la medigi- 
na arte mgica; lo qnal paresge que 
concuerda con lo que dige Plinio en su 
Natural historia ^ , confesando c[uc, bien 
que sea el arte mas fraudulento enga- 
oso de todos, ha vido grandssima re- 
putacin en todo el mundo y en todos 
siglos. 

Ni so maraville alguno aquesta arte 
aver adquirido tan grandssima auctori- 
dad , porque ella sola abraga en s otros 
tres artes , los quales sobre todos tienen 
el imperio de la vida humana. Porque 
prngipalmentc ninguno dubda este arte 
aver venido de la medigina , como cosa 
mas sancta mas exgelente que la me- 
digina , y en aquesta forma sus promes- 
sas, muy desseadas y llenas de halagos, 
averse juntado la fuerga de la religin. E 
despus que aquesto le subgedi , juntse 
con esto el arte matemtica, la qual pue- 
de mucho en los hombres , porque cada 
uno es desseoso de saber las cosas futu- 
ras por venir, creen que verdadera- 
mente se puedan entender del cielo. Assi 
que, tal arte aviendo atado los sentidos 



i l'lin., lib. XXX,cap. I. 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. I. 



127 



(Je los homl)res con tres udos, lia llega- 
do tanta sublimidad altura, que aun 
hoy ocupa la mayor parto de la gente , y 
en el Oriente manda rey de reyes ; 6 sin 
dubda all nasci en la regin de Persia, 
y fu el primero auctor deste arte Zo- 
roastres , en lo qual todos los escriptorcs 
concuerdan. Todo esto que he dicho es 
de Plinio ', propsito de lo qual dice 
Isidoro en sus Ethimologias que el prime- 
ro de los magos fu Zoi'oastres , rey de 
los batrianos ''. Por manera que en estas 
partes de nuestras Indias muy extendida 
est tal vanidad , junto con la medigina 
la traen y exer^^itan estos indios, pues 
sus mdicos print^ipales son sus sacerdo- 
tes adevinos , y estos sus religiosos les 
administran sus idolatras y gerimonias 
nefandas y diablicas. 

Passemos los areytos cantares su- 
yos , que es la segunda cosa que se pro- 
meti en el ttulo deste captulo. Tenan 
estas gentes una buena gentil manera 
de memorar las cosas passadas anti- 
guas ; y esto era en sus cantares bay- 
les, que ellos llaman areylo , que es lo 
mismo que nosotros llamamos baylar can- 
tando. Dige Livio que de Etruria vinieron 
los primeros bayladores Roma , orde- 
naron sus cantares , acordando las vof es 
con el movimiento de la persona. Esto se 
hizo por olvidar el trabajo de las muer- 
tes de la pestilencia , el ao que muri 
Camilo ; y esto digo yo que debia ser co- 
mo los areijlos cantares en corro destos 
indios. El qual areyto hacan desta mane- 
ra. Quando queran aver plager, cele- 
brando entre ellos alguna notable fiesta, 
sin ella por su pasatiempo , juntbanse 
muchos indios indias (algunas veces 
los hombres solamente, y otras veces las 
mugeres por s) ; y en las fiestas genera- 
les , assi como por una vicioria venci- 



miento de los enemigos , casndose el 
cacique rey de la provincia, por otro 
caso en que el placer fuesse comunmente 
de todos , para que hombres mugeres 
se mezclassen. E por mas extender su 
alegra regocijo , tombanse de las ma- 
nos algunas veces, tambin otras tra- 
bbanse braco con braco ensartados , 
assidos muchos en rengle ( en corro 
assi mismo), 6 uno dellos tomaba el oll- 
Cio de guiar ( ora fuesse hombre mu- 
ger), y aquel daba ciertos passos ade- 
lante atrs, manera de un contraps 
muy ordenado, lo mismo (y en el ins- 
tante ) hacen todos , assi andan en tor- 
no , cantando en aquel tono alto baxo 
que la guia los entona, como lo hace 
dice, muy medida concortada la cuenta 
de los passos con los versos palabras 
que cantan. Y assi como aquel dice, la 
moltitud de todos responde con los mis- 
mos passos , palabras , orden ; en 
tanto que le responden , la guia calla, 
aunque no cessa de andar el contraps. 
Y acabada la respuesta , que es repetir 
decir lo mismo que el guiador dixo , pro- 
cede encontinonte, sin intervalo, la guia 
otro verso palabras , que el corro 
lodos tornan repetir; assi sin cessar, 
les tura esto tres (piatro horas y mas, 
hasta que el maestro guiador de la dan- 
Ca acaba su historia ; y veces les tura 
desde un da hasta otro. 

Algunas veces junto con el canto mez- 
clan un alambor, que es hecho en un 
madero redondo , hueco , concavado , c 
tan grueso como un hombre mas rne- 
nos , como le quieren hacer ; suena co- 
mo los alambores sordos que hacen los 
negros ; pero no le ponen cuero , sino 
unos agujeros rayos que trascienden 
lo hueco , por do rebomba de mala gra- 
cia. E assi , con aquel mal instrumento 



i riin., lili. X\X, cap. I. 

2 Isiil. Elhim. , liliro VII, rniiliilo i.\, De 



maijis. Mdfjori.m frbr.vs Zoroaster, rcx falria- 
finruni. 



128 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



sin l , en su cantar (qual es diclio) di- 
gen sus memorias historias passadas , y 
en estos cantares relatan de la manera 
que murieron los caciques passados , y 
quntos y qules fueron , otras cosas 
que ellos quieren que no se olviden. Al- 
gunas vef es se remudan aquellas guias 
maestro de la danra ; y mudando el to- 
no y el contraps, prosigue en la misma 
historia, dif e otra (si la primera se 
acab) , en el mismo son otro. 

Esta manera de bayle paresco algo 
los cantares dantas de los labradores, 
quando en algunas partes de Espaa en 
verano con los panderos hombres y mu- 
geres se solazan ; y en Flandes he yo 
visto lo mesma forma de cantar, baylan- 
do hombres y mugeres en muchos cor- 
i'os , respondiendo uno que los guia 
se anticipa en el cantar, segund es di- 
cho. En el tiempo que el comendador 
mayor don frey Nicols de Ovando gober- 
n esta isla , hizo un areyto antel Ana- 
caona, muger que fu del cacique rey 
Caonabo ( la qual era gran seora ) : 
andaban en la danca mas de trescientas 
doncellas , todas criadas suyas , mugeres 
por casar ; porque no quiso que hombre 
ni muger casada ( que ovicsse conos- 
rido varn ) entrassen en la dan^ a 
areyto. Assi que tornando nuestro pro- 
psito , esta manera de cantar en esta y 
en las otras islas (y aun en mucha parte 
de la Tierra-Firme) es una efigie de his- 
toria acuerdo de las cosas passadas, 
assi de guerras como de pa^es , porque 
con la continuac^ion de tales cantos no se 
les olviden las hazaas acaesgimientos 
que han passado. Y estos cantares les 
quedan en la memoria, en lugar de libros 
de su acuerdo ; y por esta forma resgitan 
las genealogas de sus caciques y reyes 
seores que han tenido , y las obras que 
hicieron , y los malos buenos tempora- 
les que han passado tienen; otras co- 
sas que ellos quieren que chicos 



grandes se comuniquen sean muy sabi- 
das fixamente esculpidas en la memo- 
ria. Y para este efecto continan estos 
areytos , porque no se olviden , en espe- 
cial las famosas victorias por batallas. 

Pero en esto de los areytos, mas ade- 
lante (quando se trete de la Tierra-Fir- 
me) se dirn otras cosas; porque los de 
esta isla, quando yo los vi el ao de mili 
quinientos quince aos , no me pa- 
resgieron cosa tan do notar, como los que 
vi antes en la Tierra-Firme y he visto 
despus en aquellas partes. No le parez- 
ca al letor que esto que es dicho es mu- 
cha salvajez , pues que en Espaa Italia 
se usa lo mismo , y en las mas partes de 
los chripstianos ( aun infieles) pienso yo 
que debe ser assi, Qu otra cosa son los 
romanges canciones que se fundan sobre 
verdades, sino parte acuerdo de las his- 
torias passadas? A lo menos entre los que 
no leen, por los cantares saben que estaba 
el Rey don Alonso en la noble cibdad do 
Sevilla, y le vino al corazn de ir fercar 
Algefira. Assi lo dice un romange, y en la 
verdad assi fu ello : que desde Sevilla 
parti el Rey don Alonso Onceno, quando 
la gan, veynte ocho de margo, ao de 
mill Iresficntosquarenta quatroaos. 
Assi que ha en este de mili quinientos 
quarenta ocho dosgientos quatro aos 
que tura este cantar areylo. Por otro 
romange se sabe que el Rey don Alon- 
so VI hizo cortes en Toledo para cumplir 
de justigia al Cid Ruy Diaz contra los con- 
des de Cardn; y este Rey muri prime- 
ro dia del mes de julio de mili y ciento 
seys aos de la Natividad de Chripsto. 
Assi que han passado hasta agora quatro- 
gientos quarenta dos aos hasta este de 
mili quinientos quarenta ocho, y 
antes avian seydo aquellas cortes riep- 
tos de los condes de Carrion; y tura hasta 
agora esta memoria cantar areyto. Y 
por otro romange se sabe que el Rey don 
Sancho de Len , primero de tal nombre 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. I 



129 



envi llamar al conde Fernn Gonzlez, 
su vassallo, para que fuesse las cortes 
de Len : este rey don Sancho tom el 
reyno ao de nuevcfientos veynte 
quatro aos de la Natividad de Chripsto, 
reyn doce aos. Assi que, muri ao 
del Redemptor de nuevegientos treynta 
seys aos: por manera que ha bien 
seysgientos doge aos este do mili qui- 
nientos quarenta siete que tara es- 
te otro areyto cantar en Espaa. Y 
assi podriamos degir otras cosas muchas 
semejantes y antiguas en Castilla; pero 
no olvidemos de Italia aquel cantar 
areyto que dice : 

A la ma gran pena forte 
dolorosa , atlicla rea 
divisenint vostem mea ' 
et super eam miserunl sorle. 

Este cantar compuso el serenssimo 
rey don Federiquc de aples, ao de 
mili quinientos uno , que perdi el 
reyno , porque se juntaron contra l , lo 
partieron entre s, los Reyes Cathlicos de 
Espaa, don Fernando doa Isabel , y el 
rey Luis de Francia, antecessor del rey 
Frangisco. Pues haya que tura este cantar 
areyto de la particin que he dicho 
quarenta siete aos este de mili qui- 
nientos quarenta ocho , no se olvi- 
dar de aqui muchos. 

Y en la prisin del mismo Rey Francis- 
co se compuso otro cantar areyto que 
diga: 

Rey Francisco, mala guia 
desde Francia vos Iruxisics ; 
pues vencido presso fuistcs 
de espaoles en Pava. 

Pues notorio es que esto fu assi 
pass en efecto , estando el Rey Francis- 



co de Franga sobre Pavia con todo su 
poder, teniendo gercado en grand 
nesgessidad al invengible valeroso ca- 
pitn, el seor Antonio de Leiva, que 
por el Emperador Rey, nuestro seor, la 
defenda, soycndo socorrido del exr- 
gito imperial de Csar ( del qual era vi- 
cario pringipal capitn el duque de 
Borbon , juntamente en su compaa se 
hall Mingo Val, caballerizo mayor vi- 
sorey de aples , el valeroso marqus 
de Pescara , don Fernando de Avales 
de Aquino, su sobrino el marqus del 
Guasto otros exgelentes milites) un 
viernes veynte quatro de hebrero , dia 
de Sancto Mathias apstol, ao de mili 
quinientos veynte cinco, el proprio 
rey de Franga fu preso , juntamente 
con l todos los mas pringipales seores 
varones, la flor la caballera po- 
der de la casa de Franga. Assi que, can- 
tar areyto es aqueste : que ni en las 
historias se olvidar tan gloriosa jornada 
para los tropheos y triumphos de Csar y 
de sus espaoles, ni los nios viejos de- 
xarn de cantar semejante areyto, quanto 
el mundo fuere turare. Assi andan hoy 
entre las gentes estas otras memorias 
muy mas antiguas y modernas , sin que 
sepan leer los que las cantan las resgi- 
tan, sin averse passado de la memoria. 
Pues luego bien hagen los indios en osla 
parte de tener el mismo aviso , pues les 
faltan letras, suplir con sus areytos 
sustentar su memoria fama; pues que 
por tales cantares saben las cosas que ha 
muchos siglos que passaron. 

En tanto que turan estos sus cantares los 
contrapases bayles, andan otros indios 
indias dando de beber los que dan- 
gan , sin se parar alguno al beber, sino 
meneando siempre los pies tragando lo 



i Asi esl escrilo en el original , y de este mo- 
do conciertan el consonante del segundo y tercer 
verso: sin embargo , se halla falsificada lastiniosa- 

T.MO I. 



mente la ndole do la lengua latina , atropellandose 
la concordancia que debe ligar las voces vcstcw, 
mcam y eam. Tampoco debe decir soric, sino sortcs. 

17 



130 



HISTOHIA GENERAL Y NATURAL 



que los chin. Y esto que beben son cier- 
tos bevrages que entre ellos se usan , 
quedan, acabada la Tiesta, los mas dellos y 
deltas eiubriagos sin sentido, tendidos 
por tierra muchas horas. Y assi como al- 
guno cae beodo , le apartan de la danga 
prosiguen los dems ; de forma que la 
misma borrachera es la que da conclu- 
sin al areyto. Esto quando el areyto es 
solemne fecho en bodas mortuorios 
por una batalla, sealada victoria 
tiesta; porque otros areytos hagen muy 
menudo, sin se emborrachar. E assi 
unos por este vigi , otros por aprender 
esta manera de msica , todos saben es- 
ta forma de historiar , algunas veges 
se inventan otros cantares y dangas se- 
mejantes por personas que entre los in- 
dios estn tenidos por discretos de me- 
jor ingenio en tal facultad. 

La forma quel alambor , de que de suso 
se hizo mengion, suele tener es la que est 
pintada en esta figura [Lmina 1 .^ fig. 3.^ 
y 4."): el qual es un tronco de un rbol 
redondo , tan grande como le quieren 
hager, y por todas partes est gerrado, 



salvo por donde le taen , dando encima 
con un palo, como en atabal que es sobre 
aquellas dos lenguas que quedan del mis- 
mo entre aquesta seal semejante [lmi- 
na \-^,fig- o."). La otra seal, que es co- 
mo aquesta (Z,m"/ia 1., fig. 6.), es por 
donde vacian vacuan el leo atambor 
quando le labran ; y esta postrera seal 
ha de estar junto con la tierra , la otra 
que dixe primero de suso, sobre la qual 
dan con el palo ; y este atambor ha de 
estar echado en el suelo , porque tenin- 
dole en el ayre no suena. En algunas par- 
tes provingias tienen estos atambores 
muy grandes y en otras menores de la 
manera que es dicha , y tambin en al- 
gunas partes los usan encorados, con un 
cuero de giervo de otro animal (pero los 
encorados se usan en la Tierra-Firme); y 
en esta otras islas, como no avia ani- 
males pralos encorar, tenanlos atam- 
bores como est dicho. Y de los unos y de 
los otros usan hoy en la Tierra-Fir- 
me, como se dir adelante en la segunda 
parte, quando se tocare la materia misma 
otra, donde intervengan atambores. 



CAPTULO II. 

De los tabacos ahumadas que los indios acostumbran en esta Isla Espaola la manera de las camas, 

en que duermen. 



u. 



I saban los indios desta isla entre otros 
sus vigios uno muy malo , que es tomar 
unas ahumadas, que ellos llaman tabaco, 
para salir de sentido. Y esto hagian con el 
humo de gierta hierva que, lo que yo he 
podido entender, es de calidad del bele- 
o ; pero no de aquella hechura forma, 
segund su vista , porque esta hierva es un 
tallo pimpollo como quatro ginco pal- 
mos menos de alto y con unas hojas 
anchas gruesas, blandas vellosas, y 
el verdor tira algo la color de las ho- 
jas de la lengua de buey btiglosa (que 
llaman los hervolarios mdicos). Esta 



hierva que digo, en alguna manera g- 
nero es semejante al beleo , la qual to- 
man de aquesta manera : los cagiques 
hombres pringipales tenan unos palillos 
huecos del tamao de un xeme menos 
de la groseza del dedo menor de la ma- 
no, y estos canutos tenian dos caones 
respondientes uno , como aqui est pin- 
tado (LH/ia 1.^, fg. 7.^), todo en una 
pieza. Y los dos ponan en las ventanas 
de las nariges el otro en el humo hier- 
va que estaba ardiendo quemndose; y 
estaban muy lisos bien labrados , y que- 
maban las hojas de aquella hierva arrebu- 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. II. 



131 



jadas envueltas do la manera que los 
pajes cortesanos suelen echar sus ahuma- 
das : tomaban el aliento humo para 
s una dos tres mas veges , quanto 
lo podan porfiar, hasta que quedaban 
sin sentido grande espagio , tendidos en 
tierra, beodos adormidos de un grave 
muy pessado sueo. Los indios que no al- 
canzaban aquellos palillos, tomaban aquel 
humo con unos clamos cauelas de 
carrizos, aquel tal instrumento con 
que toman el humo , las cauelas que 
es dicho llaman los indios tabaco , no 
la hierva sueo que les toma (como 
pensaban algunos). Esta hierva tenian los 
indios por cosa muy presgiada, y la cria- 
ban en sus huertos labranzas para el 
efeto que es dicho ; dndose entender 
que este tomar de aquella hierva zahu- 
merio no tan solamente les era cosa sa- 
na, pero muy sancta cosa. Y assi cmo 
cae el cagique pringipal en tierra, t- 
manle sus mugeres (que son muchas) y 
chanle en su cama hamaca , si l se lo 
mand antes que cayesse ; pero si no lo 
dixo provey primero, no quiere sino 
que lo dexen estar assi en el suelo hasta 
que se le passe aquella embriaguez 
adormegimiento. Yo no puedo penssar qu 
plager se saca de tal acto , si no es la gula 
del beber que primero liagen que tomen 
el humo tabaco , y algunos beben tanto 
de gierto vino que ellos hagen , que an- 
tes que se zahumen caen borrachos; pero 
quando se sienten cargados hartos, acu- 
den tal perfume. E muchos tambin, sin 
que beban demassiado, toman el tabaco, 
hagen lo que es dicho hasta dar de es- 
paldas de costado en tierra , pero sin 
vascas, sino como hombre dormido. S 
que algunos chripstianos ya lo usan, en 
espegial algunos que estn tocados del 
mal de las bitas, porque digen los tales 
que en aquel tiempo que estn assi trans- 



portados no sienten los dolores de su en- 
fermedad, y no me paresge que es esto 
otra cosa sino estar muerto en vida el 
que tal hage : lo qual tengo por peor que 
el dolor de que se excusan , pues no sa- 
nan por eso. 

Al presente muchos negros de los que 
estn en esta cibdad y en la isla toda, han 
tomado la misma costumbre, crian en las 
hagiendas y heredamientos de sus amos 
esta hierva para lo que es dicho , y to- 
man las mismas ahumadas tabacos; por- 
que dicen que, quando dexande trabajar 
toman el tabaco, se les quita el can- 
sangio. 

Aqui me paresge que quadra una cos- 
tumbre viciosa mala que la gente de 
Tragia usaba entre otros criminosos vi- 
gios suyos, segund el Abulensis escribe 
sobre Ensebio De los tiempos*, donde di- 
ge que tienen por costumbre todos , va- 
rones nuigeres , de comer alrededor 
del fuego, y que huelgan mucho de ser 
embrlagos , lo paresger : que cmo no 
tienen vino , toman simientes de algunas 
hiervas que entre ellos hay, las quales 
echadas en las brasas, dan de s un tal 
olor que embriagan todos los presentes, 
sin algo beber. A mi paresger esto es lo 
mismo que los tabacos que estos indios 
toman; mas porque de suso se dixo que 
quando algn pringipal cagique cae por 
el tabaco, que lo echan en la cama, si l 
lo manda assi hager , bien es que se diga 
qu camas tienen los indios en esta Isla 
Espaola , la qual cama llaman hamaca', 
y es de aquesta manera. 

Una manta tcxida en partes y en par- 
tes abierta , escaques cruzados hecha 
red , porque sea mas fresca , y es de al- 
godn hilado (de mano de las indias), la 
qual tiene de luengo diez doge palmos 
y mas menos y del ancho que quieren 
que tenga. De los extremos desta manta' 



1 Abulensis, lib. IIT, cap. 168. 



132 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



esln asidos , penden muclios hilos de 
cabuya de henequn (de los quales hilos 
so dir adelante en el captulo X del li- 
bro Vil]. Aquestos hilos cuerdas son 
postizos luengos, vnse concluir 
cada uno por s en el extremo cabos 
de la hamaca, desde un trancahilo (de 
donde parten) , que est fecho como una 
empulguera de una cuerda de ballesta, 
assi la guarnesQcn, asidos al ancho de cor- 
nijal cornijal, en el extremo de la ha- 
maca. A los quales trancahilos ponen sen- 
das sogas de algodn de cabuya bien 
fechas del gordor que quieren : las 
quales sogas llaman Iiicos, porque hico 
(juiere de^ ir lo mismo que soga , cuer- 
da ; y el un hico atan un rbol poste 
y el otro al otro , y queda en el ayre la 
hamaca , tan alta del suelo como la quie- 
ren poner. E son buenas camas limpias, 
como la tierra es templada, no hay ncs- 
fessidad alguna de ropa engima, salvo 
si no esln par de algunas montaas de 
sierras altas , donde haga fro : como 
son anchas las cuelgan floxas, porque 
sean mas blandas , siempre sobra ropa 
de la misma hamaca, si la quieren tener 
en(;'ima de algunos dobleces della. Pero 
si en casa duermen , sirven los postes 
estantes del buhio, en lugar de rboles, 
para colgar estas hamacas camas : si 
hage fro, ponen alguna brasa sin llama 
debaxo de la hamaca, en tierra por alli 
gerca, para se calentar. Pero en la verdad 
al que no es acostumbrado de tales ca- 



mas, no son aplacibles, si no son muy 
anchas; porque estn la cabeza los pies 
del (pjc duerme en ellas, altos y los lomos 
baxos y el hombre enarcado, y es que- 
brantado dormitorio ; pero quando tienen 
buena anchura, chanse en la mitad de- 
llas de travs, y assi est igual toda la 
persona. 

Para en el campo, y en espegial don- 
de oviere arboledas para las colgar, me 
paresge que es la mejor manera de ca- 
mas que puede ser entre gente de guer- 
ra; porque es porttil, un muchacho se 
la lleva s el brazo , y el de caballo por 
caparazn coxin de la silla. Y en los 
exrgitos no serian poco provechosas en 
Espaa Italia otras partes , porque no 
adolosgerian ni moriran tantos, por dor- 
mir en tierra en los inviernos tiempos 
tempestuosos. Y llvanlasen estas partes 
Indias los hombres de guerra dentro de 
unas gestas con sus tapadores ligeras, que 
ac se llaman havas , y en otras partes 
destas Indias se dicen patacas, segund se 
dir adelante, las quales hagen de los 
bihaos, assi van guardadas limpias; 
no duermo la gente en tierra tendidos, 
como en los reales de los chripstianos se 
hage en Europa frica otras partes. 
Y si ac esto no se higiesse, por ser la 
tierra tan hmeda , seria mayor peligro 
este que la misma guerra; si la he sa- 
bido dar entender, esta cama es desta 
manera que aqui est pintada. [Lm. 1.', 
fio- 8-1 



CAPITULO III. 

De los nialrimonios de los indios , qunlas mugeres tienen ; en qu grados no toman niugeres, ni ias 
conoscen carnalinenle ; c de sus vicios kixuria , con qu manera de religiosidad cogan el oro, de 

la idolatra destos indios, oirs cosas notables. 



lase dicho en el pregedente captulo 
la forma de las camas de los indios des- 
ta Isla Espaola : dgasse del complimien- 
lo dellas que es el matrimonio que usa- 



ban , puesto que en la verdad este acto 
que los chripstianos tenemos por sacra- 
mento , como lo es , se puede degir en 
estos indios sacrilegio , pues no se debe 



DE IiNDIAS. LIB. V. CAP. 111. 



33 



eqiv por ellos : los que Dios ayunta no 
los aparte el hombre ' ; pues ante se 
debe creer que los ayunta el diablo , se- 
gund la forma que guardan en esto; y 
como cosa de su mercadera, los tenia im- 
puestos de manera que en esta isla cada 
uno tenia una muger no mas (si no pe- 
dia sostener mas); pero muchos tenian 
dos mas, y los caciques reyes tres 
quatro quantas queran. El cacique 
Behechio tuvo treynta mugeres proprias, 
no solamente para el uso ayuntamien- 
to que naturalmente suelen aver los ca- 
sados con sus mugeres; pero para otros 
bestiales nefandos pecados, porque ei 
cacique Goacanagari tenia giertas muge- 
res, con quien l se ayuntaba, segund 
las viveras lo hagen. Yod que abomina- 
cin inaudita, la qual no pudo apren- 
der sino de los tales animales; y que 
aquesta propricdad uso tengan las vi- 
veras escrbelo el Alberto Magno : De 
proprietatibus rerum ^, 6 Isidoro en sus 
Ethlmologias *, y el Plinio * en su Natural 
Historia, y otros auctorcs. Pero muy peo- 
res que viveras eran los que las cosas ta- 
les hagian , pues que las vvoras no les 
concede natura otra forma de engendrar, 
como forzadas vienen tal acto ; pero el 
hombre que tal imitaba, ved si le viene 
justo lo que Dios le ha dado, donde tal cosa 
se us acaesci. Pues si deste rey 
cacique Goacanagari hay tal fama, claro 
est que no seria l solo en tan nefando 
sugio crimen ; pues la gente comn lue- 
go procura (y aun todo el reyno) de imi- 
tar al prncipe en las virtudes mcsmos 
vicios que ellos usan. Y desta causa sus 
culpas son mayores dignas de mayor 
punigion , si son inventores de algn pe- 
cado delicio ; y sus mritos y gloria es 
de mayor exceleugia premio , quando 
son virtuosos los que reynan ; dando en 

1 Ouos Deus conjunxit , homo non separct. 
Malh. 19. 

2 De proprictalib. rer. lib. III, cap. 100. 



SUS mesmas personas loables exemplos de 
virtudes, convidan sus subditos ser 
mejores, imitndolos. 

Assi que, lo que he dicho desta gente 
en esta isla y las comarcanas es muy p- 
blico , y aun en la Tierra-Firme , donde 
muchos destos indios indias eran sodo- 
mitas, se sabe que alalo son muchos 
dellos. Y ved en qu grado se presgian de 
tal culpa , que como suelen otras gentes 
ponerse algunas joyas de oro y de pres- 
giosas piedras al cuello , assi en algunas 
partes destas Indias traian por joyel un 
hombre sobre otro , en aquel diablico 
nefando acto de Sodoma , hechos de oro 
de relieve. Yo vi uno destos joyeles del 
diablo , que pessaba veynte pesos de oro, 
hueco, vaciado bien labrado, que se 
ovo en el puerto de Sancta Marta en la 
costa de Tierra-Firme, ao de mili qui- 
nientos catorge , quando alli toc el ar- 
mada quel Rey Cathlico envi con Pe- 
drarias Dvila , su capitn general , Cas- 
tilla del Oro; cmo se truso montn 
el oro que alli se tom , lo llevaron 
despus fundir ante m, como ofigial 
real veedor de las fundiciones del oro, 
yo lo quebr con un martillo lo macha- 
qu por mis manos sobre un tas yunque 
en la casa de la fundicin, en la cibdad 
del Darien. 

Assi que , ved si quien de tales joyas 
se prcsgia compone su persona , si usa- 
r de tal maldad en tierra , donde tales 
arreos traen, si se debe tener por cosa 
nueva entre indios : antes por cosa muy 
usada ordinaria comn ellos. Y assi 
aves de saber que el que dellos es pa- 
fiente toma cargo de ser muger en 
aquel bestial descomulgado acto , le dan 
luego ofigio de muger trae naguas , co- 
mo muger. 

Yo querra, quando en algn passo so 

3 Isid. lib. XII, cap. 8. 

4 Pli. lilj. X, cap. 02. 



ni- 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



toca algan nombre, extrao nuestra len- 
gua caslrllana, salisfa(,'orlo sin passar ade- 
lanto, por ol contenlamiculo del que lec; 
y este propssito digo que las naguas 
son una manta de algodn que las muge- 
res desta isla, por cobrir sus partes ver- 
goncosas , se ponian desde la finta basta 
media pierna, revueltas al cuerpo; las 
mugeres principales basta los tovillos : las 
doncellas vrgines , como be dicho en 
otras parles, ninguna cosa se ponian 
traian delante de sus partes vergoncosas, 
ni tampoco los bombres se ponian cosa 
alguna ; porque, como no saben qu co- 
sa es vergcnca , assi no usaban de de- 
fensas para ella. 

Tornando la materia deste pecado 
abominable contra natura, muy usado 
era entre estos indios desta isla ; pero 
las mugeres aborresfible , por su intc- 
resse mas que por ningn escrpulo de 
conciencia , y aun porque de becho avia 
algunas que eran buenas de sus perso- 
nas , sobre ser en esta isla las mayores 
bellacas mas deshonestas y libidinosas 
mugeres que se ban visto en estas Indias 
partes. E digo que eran buenas ama- 
ban sus maridos , porque quando algn 
cacique se moria, al tiempo que le en- 
terraban , algunas de sus mugeres vivas 
le acompaaban de grado se metan 
con l en la sepoltura ; en la qual metan 
agua carahi consigo (que es el pan que 
comen) algunas fructas. Llamaban los 
indios desta isla athebeane nequen la mu- 
ger hermosa famosa que viva se en- 
terraba con el marido; mas quando las 
tales no se comedian , aunque les pesas- 
se, las metan con ellos. E assi acaesci en 
esta isla , quando muri el cacique Behe- 
cho (grand seor, como se dixo en su 
lugar) que dos mugeres de las suyas se 
enterraron con l vivas, no por el amor 
que le tenan ; mas porque de enamora- 
das del no lo bacian de su grado, for- 
gadamente contra su voluntad las me- 



tieron en la sepoltura vivas , y cumplie- 
ron estas infernales obscjuias por obser- 
var la costumbre. La qual no fu general 
en toda la isla, porque otros caciques, 
quando moran, no tenan essa forma; 
sino despus que era muerto , le faxaban 
todo con unas vendas de algodn texi- 
das, como ci'ip'ias de caballos, muy 
luengas, y desde el pi hasta la cabera 
lo envolvan en ellas muy apretado, 
bacian un boyo all lo metan, como en 
un silo, ponanle sus joyas las cosas 
que l mas presriaba. Y para esto en 
aquel boyo , donde avia de ser sepulta- 
do , hacan una bveda de palos, de for- 
ma que la tierra no le tocasse, asent- 
banlo en un duho (que es un banquillo) 
bien labrado , y despus lo cubran de 
tierra por sobre aquel casamento de ma- 
dera rama ; turaban quince veynte 
das las endechas que cantaban sus 
indias indios hacan, con otros muchos 
do las comarcas otros caciques prin- 
cipales, que venan los honrar. Entre 
los quales forasteros se repartan los bie- 
nes muebles del cacique defunto , y en 
aquellas endechas cantares rescitaban 
las obras vida de aquel cacique, y de- 
can qu batallas avia vencido , y qu 
bien avia gobernado su tierra, todas 
Jas otras cosas que avia hecho , dignas de 
memoria. E assi desta aprobacin que en- 
tonces se hacia de sus obras, se formaban 
los areytos cantares que avian de quedar 
por historia, sogund ya se dixo de los 
areytos en el captulo primero deste libro. 
Mas porque se ha fecho memoria de 
Anacaona, que fu la muger mas prin- 
cipal desta isla en su tiempo, es bien 
que se sepa que toda la suciedad del fue- 
go de la luxura no estuvo solamente en 
los hombres en esta tierra , puesto que 
fuosse en ellos mas abominable. Esta fue 
una muger que tuvo algunos actos seme- 
jantes los de aquella Semramis, reyna 
de los asirios, no en los grandes fechos 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. III. 



13: 



que de aquella cuenta Justino \ ni tam- 
poco en hagcr matar los muchos, con 
quien se ayuntaba, ni en liager traer 
sus doncellas paos menores en sus ver- 
gonzosas partes , como de aquella reyna 
escribe Johan Bocagio ^.Porque Anacaona 
ni queria sus criadas tan honestas , ni des- 
seaba la muerte sus adlteros; pero 
queria la moltitud dellos , y en muchas 
suciedades otras libidinosas le fue seme- 
jante. Esta Anacaona fue muger del rey 
Caonabo y hermana del rey Behecchio: 
la qual fue muy disoluta; y ella y las otras 
mugeres desta isla , aunque con los in- 
dios eran buenas no tan claramente lu- 
xuriosas , fcilmente los chripslianos se 
congedian no les negaban sus perso- 
nas. Mas en este caso esta cagica usaba 
otra manera de libidine , despus que 
murieron su marido y su hermano, en 
vida de los qualos no fue tan desvergon- 
zada ; pero muertos ellos, qued tanobe- 
desgida acatada , como ellos mismos 
mas. Hizo su habitacin en la tierra se- 
oro del hermano, en la provincia de Xa- 
ragua, al poniente n desta isla, no se 
hafia mas de lo que ella mandaba ; por- 
que puesto que los cafiques tenan seis 
siete mugeres todas las que mas que- 
dan tener, una era la mas principal la que 
el cagique mas queria , y de quien mas 
caso se hagia , puesto que comiessen to- 
das juntas. E no avia entre ellas rengi- 
lla ni diferencia , sino toda quietud 
igualdad , sin rifar passaban su vida 
debaxo de una cobertura de casa junto 
la cama del marido : lo qual paresce 
cosa imposible , no congedida sino so- 
lamente las gallinas ovejas , que con 
un solo gallo con un solo carnero mu- 
chas dellas, sin mostrar gelos ni murmu- 
rar, se sostienen. Pero entre mugeres os 
cosa rara , y entre todas las nagiones de 



la generagion humana, estas indias la 
gente de Tragia guardan tal costumbre; 
parsgense estas dos maneras de gen- 
tes en muchos ritos cosas otras, como 
mas largamente adelante se dir , porque 
aunque entre los moros otros inie- 
les en algunas partes usan tener dos 
tres mas mugeres, no gesan entre s sus 
envidias murmuragiones gelos, con que 
dan molestia al marido s mesmas. 

Ass que, tornando nuestra historia, 
entre las muchas mugeres de un cagique 
siempre avia una singular que pregedla 
las otras, por generosa mas querida, 
sin ultrajar alas dems ni que elladesesti- 
masse ni mostrasse seoro , ni lo tovies- 
se sobre las otras. E assi era esta Ana- 
caona en vida de su marido hermano; 
pero despus de los dias dellos fu , co- 
mo tengo dicho, absoluta seora muy 
acatada de los indios ; pero muy desho- 
nesta en el acto venreo con los chrips- 
tanos , por esto otras cosas semejan- 
tes qued reputada y tenida por la mas 
disoluta muger que de su manera ni otra 
ovo en esta isla. Con todo esto, era de 
grande ingenio , sabia ser servida 
acatada temida de sus gentes vassa- 
llos, aun de sus vegnos. 

Dixe de suso que las mugeres desta 
isla eran continentes con los naturales, 
pero que los chripstianos de grado se 
congedian ; porque salgamos ya desta 
sugia materia, me paresge que quadra con 
esto una notable religiosidad que los in- 
dios guardaban en esta tierra , apartn- 
dosse de sus mugeres , teniendo castidad 
algunos dias: no por respeto de bien vi- 
vir ni quitarse de su vigo luxuria , si- 
no para coger oro ; en lo qual paresge que 
en alguna manera queran imitar estos in- 
dios la gente de Arabia, donde los que 
cogen el engienso (scgund Pliuo) ', no 



i Justino, lili, II. 

2 Johan Bocaclo , De las iHust. mugeres. 



\ Plin. lib. XII, cap. XIV. 



<36 



IIISTOniA GENERAL Y NATURAL 



solamente se apartan de las mngeres, pe- 
ro enleramonte son castos inmaculados 
del coyto. El almirante don Clnipstobal 
Colom, primero descubridor destas par- 
tes , como cathlico capitn buen go- 
bernador, despus que tuvo noticia de 
las minas de Cibao , vio que los indios 
cogan oro en el agua de los arroyos 
rios sin lo cavar , con la f erimonia re- 
ligin que es dicho, no dexaba los 
chripstianos ir cojer oro , sin que se 
conlessassen c connilgassen. Y de^ia que 
pues los indios estallan veynte dias pri- 
mero sin llegar sus mugeres ( ni otras) 
apartados dellas, ayunaban, defian 
ellos que quando se vian con la muger, 
que no hallaban el oro; por tanto que, 
pues aquellos indios bestiales hacian 
aquella solepnidad , que mas razn era 
que los chripstianos se apartasen de pecar 
y confessassen sus culpas , y que estan- 
do en gracia de Dios , nuestro Seor, les 
daria mas complidamente los bienes tem- 
porales y espirituales. Aquesta santimo- 
na no plagia todos, porque degian que 
quanto las mugeres, mas apartados es- 
taban que los indios, los que las tenan 
en Espaa; quanto al ayunar, que mu- 
chos de los chripstianos se moran de 
hambre coman rayges otros malos 
manjares , y beban agua ; y que quanto 
la confession, que la Iglesia no los cos- 
trea sino una vez en el ao por Pascua 
de la Sancta Resuresgion , que assi lo 
hagian todos algunos mas veges; que 
pues Dios no les pedia mas , que le de- 
ba al almirante bastar lo mismo de- 
xarlos buscar su vida, no usar con ellos 
de tales cautelas. E assi lo atribuan 
otros fines , que por aventura seria bien 
possble no le passar por pensamiento; 
pero los que se confessaban comul- 
gaban no les negaba la licencia para ir 
coger oro ; mas les otros no les consen- 
ta ir las minas : antes los mandaba cas- 
ligar, s yban sin cxpressa ligengia suya. 



Del reyno cagicado Estados destos 
indios he seydo de muchos informado 
que se heredaban subcedan en ellos, 
venia la herencia al hijo mayor de 
qualquera de las mugeres del seor 
cagique ; pero s despus que tal hijo he- 
redaba, no ava hijos, no vena el Esta- 
do al hijo de su hermano , sino al hijo 
hija de su hermana, s la tena tuvo; 
porque decan que aquel era mas gierto 
sobrino heredero (pues era verdad que 
lo pari su hermana) , que no seria el que 
paresse su cuada, y el tal seria mas 
verdadero nieto del tronco mayoradgo. 
Pero si el cacique mora sin dexar hi- 
jos ni hijas, tena hermana con hijos, 
ni ellos ni ellas heredaban el cagcado, 
si haba hermano del cagque muerto que 
fuesse hermano de padre, s por el padre 
vena la hacienda ; y si vena por la ma- 
dre, heredaba en tal caso el pariente mas 
propnquo la madre, por aquella va que 
proceda vena la subgesson del seo- 
ro liacienda. No paresge esto mucha 
bestialidad error , en especial en tierra 
donde las mugeres eran tan deshonestas 
malas, como se dixo de suso. Los hom- 
bres, aunque algunos eran peores que 
ellas , tenan un virtuoso comn come- 
dimiento costumbre, generalmente en 
el casarse; y era assi, que por ninguna 
manera tomaban por muger ni avan 
agesso carnal con su madre , ni con su 
hija , ni con su hermana , y en todos los 
otros grados las tomaban usaban con 
ellas , siendo no sus mugeres ; lo qual es 
de maravillar de gente tan inclinada 
desordenada en el vicio de la carne. E 
tan bestial generacin es de loar tener 
esta regla guardada inviolablemente , y 
si algn prncipe cagique la quebranta, 
es vido por muy malo comunmente 
aborresgdo de todos los suyos de los 
extraos. Pero entre algunos que tienen 
nombre de chripstianos en algunas partes 
del mundo se habr quebrantado algunas 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. III. 



1.3': 



veges, y entre judos gentiles no me- 
nos , como se prueba en la Sagrada Es- 
criptura con Amon y Thamar , su herma- 
na *. Suetouio Tranquilo dife assi en la 
vida de Cayo Calgula : Cun mnibus so- 
7'oribus suis stupri consuetudinem feg *; 
en aquel Suplementum chronicarum dige 
que el emperador Cayo Calgula usaba 
con dos hermanas suyas , y de una do- 
las ovo una hija que tambin la forg el 
mismo padre. La hija le perdona Ensebio, 
dige que Cayo con sus hermanas ovo 
ayuntamiento las desterr gierlas is- 
las ^. Y en el mismo Suplimento de chr- 
nicas se escribe hablando de la gen- 
te dlos parthos que, dexando aparte la 
debida castidad, usaban los naturales usos 
con sus propias hijas hermanas otras 
raugeres en debdos estrechos ellas 
conjuntos * ; pero en este caso uno de los 
mas malos prncipes, de quien se escriben 
tales exgesos, es el emperador Cayo Ca- 
lgula , de quien de suso se hizo memoria; 
y quien mas particularmente lo quisiere 
saber , escuche Suetonio Tranquilo, 
que escribi su vida, mire lo que dife "'. 
El Tostado sobre Ensebio De los tiempos 
dige, alegando Solino en el Polihystor, 
que los que no tienen leyes algunas, no 
usan de matrimonio , mas son todas las 
mugeres comunes , como entre los gara- 
raanthas, que son ethiopgos; y el mismo 
Tostado , alegando Julio Celso , dig'e 
aver seydo en otro tiempo costumbre en- 
tre los ingleses que seys dellos casassen 
con una muger juntamente. Esta costum- 
bre no la aprobara en estos tiempos nues- 
tros el rey Enrique VIH de Inglaterra: 
antes pienso yo que la mandara l guar- 
dar al contraro. 

Pero no hablemos en los extraos, pues 
que hoy viven algunos en nuestra Espa- 

1 Regum II, cap. XIII. 

2 Suplementum chronicarum ,\\h. VIII. 
,3 Ensebio, De temporibus. 

4 Swplementmn chronicarum , lib. Vil, 
TOMO i. 



a, son naturales della , yo he visto 
conosgido dos destos, y aun tres , que 
cada uno dellos se cas con dos herma- 
nas; y destas siempre moria la primera 
ante que casassen con la segunda : y tam- 
bin he visto dos hermanos casados con 
una muger , siendo vivos todos tres; y 
tambin he visto un religioso de la Orden 
militar de Calatrava , que es la misma del 
Cistel , despus de ser muchos aos pro- 
fesso, que dex la Orden que tenia lom 
la de Sanctiago una muger casada , 
aviendo vido hijos de su marido, le dex 
tom el mismo hbito de Sanctiago, se 
cas con el otro comendador que dixe que 
primero fu de Calatrava. Pero para estas 
cosas tan recias raras veces usadas, in- 
terviene una lifengia auctoridad del 
Summo Pontflfe , Vicario de Chripsto, que 
todo lo puede dispensar : lo qual l con- 
siente, quando le es fecha tal relacin que 
por muy legtimas causas nesgessarias, 
por evitar otros mayores daos, aprueba 
los tales matrimonios. Y assi creo yo que 
lo avr fecho con los que yo he visto; pero 
plega Dios que hayan dicho verdad Su 
Sanctidad, porque l siempre dige aquel 
fial, clave non errante. Pues luego no es 
tanto de maravillar , si entre esta gente 
salvaje de nuestras Indias de Espaa ovo 
los errores que he dicho. 

Mas en esso poco que yo he leido , la 
gente que mi me paresce ser mas con- 
forme estos indios, en el uso de las mu- 
geres, son los de Tragia ; porque escribe 
el mismo Abulensis ^ que cada hombre 
tiene en aquella tierra muchas mugeres, 
que aquel se tiene por mas honrado 
que mas mugeres tiene ; que las rau- 
geres destas que mas aman sus mari- 
dos, vivas se echaban en el fuego, quando 
quemaban el marido dcfunto { como ei'a 

H Cap. De libidine cjus cwn mnibus soro- 
ribus. 

C Abulensis , lib. 111, cap. iOfi. 
7 Abul. ,lib. III, cap. 107. 
18 



las 



IllSl'OniA GENERAL Y NATUHAL 



su cnsluiiilirc (|neiiiar.se los cu(M'J)os de 
los hombres en aquella tierra despus 
(|ue inorian. V la que esto no liacia era 
tenida por niuger que no habia guarda- 
do castidad su marido , pues ya tengo 
dicho que en estas nuestras Indias de su 
grado se enterraban vivas algunas muge- 
res con sus maridos , siendo ellos muertos. 
Y en el captulo siguiente dif o este mismo 
auctor que esta gente de Tra?ia sacrifica 
hombres de los cstrangeros , que con las 
calavernasde los muertos harn vasos pa- 
ra beber sangre humana otros bevrages. 
Isidoro en sus Elhimologias ' di^e que 
esto es mas fabuloso falso (ue no ver- 
dadero ; lo qual yo pienso que l no dub- 
dra , si supiera lo que hoy sabemos de 
los caribes en estas islas de la gente de 
la Nueva Espaa , de las provingias de 
Nicaragua, de las provingias del Per, 
aquellos que viven en la Tierra Eirme, 
debaxo de la equinogial gerca de alli, 
assi como en Quito , Popayan , otras 
partes muchas de la Tierra Eirme , donde 
es cosa muy usada sacrificar hombres, 
lan comn comer carne humana como en 
Erancia , Espaa , Italia comer car- 
nero vaca. Quanto mas que en esto 
del comer carne humana digePliuio ", que 
entre los sgithios hay muchas generagiones 
([ue se substentan de comer carne humana, 
que en el medio del mundo , en Italia 
en Segilia fueron los gclopes estrigo- 
nes que hagian lo mismo , que nueva- 
mente de la otra parte de los Alpes en 
Erangia ( la banda del Norte) sacrifi- 
caban hombres. Pero dexemos esto del 
comer carne humana un hombrea otro, 
para en su lugar adelante: que desto en la 
segunda parte, quando se trete de la Tier- 
ra -Eirme, hay mucho que decir; volva- 
mos al error de los indios en esto de las 
mugeres. Digo que se podran traer 
conseqengia otras generagiones de gen- 



tes lan culpadas en esta materia , y aun- 
que entre chripstianos no es de buscar 
tamao dclicto, no dexo de sospechar 
(juc i)odria averse cometido por algn 
temerario desacordado , apartado de la 
verdadera f cathlica; y por esta misma 
razn estoy mas maravillado destos indios 
salvages que tan colmados de vigios es- 
tan, no averse errado en esto de las mu- 
geres, ayuntndosse con las madres ahi- 
jas hermanas, como en las otras sus 
culpas que es dicho. Ni tampoco se ha 
de pensar que lo dexaban de hager por 
algn respecto virtuoso , sino porque tie- 
nen por cosa gierta y averiguada los in- 
dios desta isla (y de las ella circuns- 
tantes), que el que se echa con su ma- 
dre , o con su hija , hermana , muere 
mala muerte. Si esta opinin, como se 
dige, est en ellos fixada , dbese creer 
que se lo ha enseado la expiriengia. Ni 
es de maravillar que los indios estn me- 
tidos en los otros errores que he dicho, 
ni que incurran en otros mas los que des- 
conogen su Dios Todopoderoso y ado- 
ran al diablo en diversas formas dolos, 
como en estas Indias es costumbre entre 
estas gentes ; pues que, como he dicho, en 
muchas cosas partes pintan , y entaan, 
y esculpen en madera y de barro , y 
de otras materias hagen un demonio 
que ellos llaman rcmi , tan feo tan 
espantable como suelen los cathlicos 
pintarle los pies del arcngel Sanct Mi- 
guel o del apstol Sanct Bartolom ; pero 
no atado en cadenas, sino reverengiado: 
unas veges asentado en un tribunal, otras 
de pies, y de diferentes maneras. Estas 
imgenes infernales tenan en sus casas 
en partes y lugares diputados obscuros 
que estaban reservados para su oragion: 
alli entraban orar pedir lo que 
desseaban, assi agua para sus campos y 
heredamientos , como buena simentcra, 



i Isidoro, lib. IX, cap. 11. 



2 riia., lib. Vil, cap. 2. 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. HI. 



i;o 



victoria contra sus enemigos ; y en fin 
alli pedan ocurrian en todas sus nesf c- 
sidades, por el remedio dellas. E all den- 
tro estaba un indio viejo que les respon- 
da sabor de su paladar, conforme ala 
consultacin habida con aquel, cuya mala 
vista alli se representaba : en el qual os 
de penssar que el diablo, como en su mi- 
nistro, entraba hablaba en l; y cmo 
es antiguo estrlogo, debales el dia que 
liabia de llover , otras cosas de las que 
la natura tiene por ofifio. A estos tales 
viejos hafian mucha reverencia , y eran 
entre los indios tenidos en grand reputa- 
cin, como sus sacerdotes y perlados; y 
aquestos eran los que mas ordinariamen- 
te tomaban aquellos tabacos ahumadas 
que se dixo de suso , y desque volvan en 
s decan si deba hacerse la guerra di- 
latarla; sin el parescer del diablo (habi- 
do de la forma que es dicho), no empren- 
dan , ni hacan cosa alguna que de im- 
portancia fuesse. Era el exerccio prin- 
cipal de los indios desta isla de Hayt 
Espaola , en todo el tiempo que vacaban 
de la guerra de la agricoltura labor 
del campo, mercadear trocar unas cosas 
por otras, no con la astucia de nuestros 
mercaderes , pidiendo por lo que vale un 
real muchos mas , ni haciendo juramen- 
tos para que los simples los crean ; sino 
muy al revs de todo esto y desatinada- 
mente, porque por maravilla miraban en 
que valiesse tanto lo que les daban como 
lo que ellos volvan en prescio trueco; 
sino teniendo contentamiento de la cosa 
por su passatiempo, daban lo que valia 
ciento por lo que no valia diez ni aun 
cinco. Finalmente, que acontesci ves- 
tirlos y darles los chrpstianos un muy 
gentil sayo de seda de grana , muy 
buen pao, desde poco espacio, pas- 
sado un dia dos, trocarlo por una agu- 



jeta , un par de allilercs : ass este 
respecto todo lo dems barataban , y lue- 
go aquello que avian vido lo tornaban 
vender por otro dis|)arate semejante, va- 
liendo no valiendo mas menos prs- 
elo lo uno que lo otro; porque entrellos 
el mayor intento de su cabdal era hacer 
su voluntad , y en ninguna cosa tener 
constancia. El mayor pecado delicto 
que los indios desta isla mas aborrescan 
que con mayor riguridad sin remisin 
ni misericordia alguna castigaban , era el 
hurto ; assi al ladrn por pequea cosa 
que hurtasse, lo empalaban vivo (come di- 
cen que en Turqua se hace), assi lo de- 
xaban estaren un palo rbol espetado, co- 
mo en assador, hasta que alli mora. Y por 
la crueldad de tal pena pocas veces acaes- 
Cia a ver en quien se executasse semejan- 
te castigo; mas ofrescindosseel casso, por 
ninguna manera , ni por debdo amistad 
era perdonado ni disimulado tal crimen; 
y aun quasi tenan por tan grande error 
querer interceder procurar que tal pena 
fuesse perdonada ni pronuitada en otra 
sentencia, como cometer el mismo hurto. 
Ya se desterro Sathans desta isla : ya 
cess todo con cessar y acabarse la vi- 
da los mas de los indios , y porque los 
que quedan dellos son ya muy pocos y 
en servicio de los chrpstianos o en su 
amistad. Algunos de los muchachos y de 
poca edad destos indios podr ser que 
se salven, s creyeren liaptzados fue- 
ren , como lo dice el Evangelio *. Assi 
que, salvarse han los que guardaren la fe 
cathlca, no siguieren los errores de 
sus padres antecessores. Pero que di- 
remos de los que andaban aleados algu- 
nos aos li, seyendo chrpstianos, por las 
sierras montaas con el cacique don 
Enrique otros principales indios, no 
sin vergenza dao grande de los, 



i i\Iarcuiii, cap. XVI. Qui crodiilcril ol liapli- coiid/iiinaljilur. 
zalus fLicril , salvus fri( : qui vero non crcdidei'il, 



HO 



mSTOUIA GliNEHAL Y NATURAI. 



chripslianos voriaos (esta isla? Mas 
porque aqueste es un passo notable re- 
quiero particularizarse, tractarse ha la 
materia en el captulo siguiente, para que 
mejor se comprehenda el origen desta 



rebelin qu in la truxo Dios con la 
clemencia de la Cesrea Magestad de. 
Emperador Rey, don Carlos, nuestro se- 
or, por la prudencia de su muy alto 
Real Consejo de Indias. 



CAPITULO IV. 



De la rebelin del cacique Enrique la causa que le movi para ello , de la rebelin do los negros. 



XLntre otros caciques modernos lti- 
mos desta Isla Espaola ovo uno que se 
llam Enrique , el qual era chripstiano 
baptizado , y sabia leer y escrebir , y era 
muy ladino hablaba bien la lengua cas- 
tellana. Este fu desde su niez criado 
doctrinado de los frayles de Sanct Fran- 
cisco, mostr en sus principios que se- 
ria cathlico perseverarla en la f de 
Chripsto. Despus, seyendo mancebo, se 
cas , servia los chripslianos con su 
gente en la villa de Sanct Johan de la 
Maguana , donde estaba por teniente del 
almirante , don Diego Colom , un hidal- 
go llamado Pedro de Vadiilo, hombre 
descuydado en su oficio de justicia, pues 
por su negligencia , poca prudencia, 
se sigui la rebelin deste cacique : el 
qual se le fu qucxar de un chripstia- 
no , de quien tenia celos sabia que te- 
nia que hafer con sumuger, lo qual este 
juez no tan solamente dex de castigar, 
poro dems desso tracto mal al querellan- 
te tvolo presso en la crcel , sin otra 
causa, porque quiso complacer al adl- 
tero. Y despus de aver amenazado di^ 
cho algunas palabras desabridas al Enri- 
que, le solt; por lo qual el cacique se 
vino querellar la Audiengia Real que 
en esta cibdad de Sancto Domingo resi- 
de , y en ella se provey que le fuesse fe- 
cha justigia : la qual no se le hizo, porque 
el Enrique volvi la misma villa de 
Sanct Johan remitido al mismo teniente 
Pedro de Yadillo , que era el que le avia 



agraviado, le agravi despus mas, 
porque le torn prender le tracto peor 
que primero. De manera que el Enrique 
tom por partido el sofrir, lo menos 
dissimular sus injurias cuernos por en- 
tonces , para se vengar adelante, como 
lo hizo en otros chripslianos que no le 
tenian culpa. Y despus que avia algunos 
dias que este cacique fu suelto, sirvi 
quieta sosegadamente hasta que se de- 
termin en su rebelin alzamiento ; y 
quando le paresfi tiempo , el ao de mili 
quinientos diez nueve, se fu al 
monte con todos los indios que pudo re- 
coger allegar su opinin , y en las 
sierras que llaman del Baoruco por otras 
partes desta isla anduvo quassi trege aos. 
En el qual tiempo sali de travs algunas 
veges los caminos con sus indios gen- 
te mat algunos chripslianos ; robn- 
dolos , les tom algunos millares de pe- 
sos de oro ; y otras veges algunas , de- 
mas de aver muerto salteado otros, 
hizo muchos daos en pueblos y en los 
campos desta isla, se gastaron muchos 
millares de pesos de oro, por le aver las 
manos, no fu possible hasta que Dios 
lo permiti. Porque l se dio tal recabdo 
en sus saltos, que sali con todos los que 
hizo , por la poquedad de aquellos que lo 
avian de remediar; pues est claro que 
quando estaba esta isla prspera de in- 
dios (y eran tantos que no se pudieran 
contar), no aviendo sino trescientos es- 
paoles en esta tierra, menos, los des- 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. IV. 



i4; 



Iruian sobjuzgaban por continuas ba- 
tallas y rencuentros; estando poblada 
de chripstianos, anduvo este Enrique 
otro capitn indio , llamado Tamayo , ai- 
gados con poca gente, hafieudo muchos 
daos, salteando quemando pueblos 
haciendas de los chripstianos matando 
hombres con sus acechanzas. 

Quiero defir que era la causa desto. 
Quando los chripstianos, seyendo pocos, 
venf ian destruan los indios (que eran 
muchos) , dormian sobre las daragas 
rodi'Ias con las espadas-en las manos , y 
estaban en vela con los enemigos. Quan- 
do Eririquillo hagia esas cosas , dormian 
los chripstianos en buenas delicadas 
camas , envueltos en grangerias de asa- 
car y en otras en que las personas me- 
morias andando ocupadas , no les dexa- 
ban libremente entender en el castigo de 
los indios rebelados con la atencin di- 
ligencia que se requera : no se avia de 
tener en tan poco, en espegial viendo que 
cada dia se yban fueron juntar con 
este Enrique sus indios algunos negros; 
de los quales ya hay tantos en esta isla, 
causa destos ingenios de agcar , que 
paresfe esta tierra una efigie imagen 
de la misma Ethiopia. 

Por giero si el almirante , don Diego 
Colom, el ao de mili quinientos veyn- 
te dos aos, no fuera tan presto en el 
remedio de la rebelin de los negros que 
en apiella sagon desde su ingenio ha- 
gienda se principi, como se dixo en el 
libro precedente , pudiera ser que fuera 
nesgessario roaquistar esta isla de nue- 
vo que no dexran chripstiano vida, 
como lo tenian pensado, aun como lo 
yban poniendo por obra los negros alga- 
dos. Para lo que tocaba la rebelin del 
cagique Enrique, la Cesrea Magostad 
los seores de su Real Consejo de Indias, 
viendo que las armadas gastos que esta 
cibdad isla avia fecho contra l eran 
muchos de ningn provecho , enviaron 



gente de guerra con el capitn Frangisco 
de Barrionuevo (que despus fu gober- 
nador en Castilla del Oro, en la Tierra- 
Firme], para que higiesse la guerra este 
Enrique. E aun despus que aquella gen- 
te lleg , un pringipal indio capitn del 
Enrique , llamado Tamayo , hizo giertos 
saltos daos mat un chripstiano 
otro cort la mano derecha lo dex vi- 
vo ; al mismo pobre soldado le oy yo 
degir despus que quando fu preso, el 
Tamayo mand otro indio que le cor- 
tasse la mano, porque tuvo compassion 
del de verle muy mozo (que mi pares- 
ger quando yo le vi sin la mano podra 
aver diez seys diez siete aos) , l 
le rog que no le cortassen la mano de- 
recha , sino la ezquierda ; el Tamayo le 
dixo assi: Bachiller soys: agradesged 
que no os matan aved pagiengia. Pero 
estas altcragiones de los indios es poco 
ningn temor para los chripstianos en 
la verdad, tienen remedio, muy pres- 
tle tuvo este algamiento, quando de he- 
cho se quiso remediar; porque Su Ma- 
gostad Cesrea envi mandar que de 
su parte se le diesse seguro este Enri- 
que los otros indios que con l esta- 
ban rebelados , para que redugindose l 
y ellos su real servigio, fuesse perdo- 
nado y bien tractado ; no queriendo ve- 
nir su obediengia por bien de paz, le 
fuesse fecha la guerra fuego sangre 
muy en forma ; de manera que no faltas- 
se el castigo proporgion de sus mri- 
tos. Y aquesta Audiengia Real entendi 
luego en ello, segund Su ISIagestad se lo 
mand , con esperanga del buen subgeso 
que nuestro Seor dio en ello; y lo que 
se sigui se espegificar en el captulo si- 
guiente. 

Pero porque dixo de suso que de no 
aver fecho justigia este cagique el te- 
niente Pedro de Vadillo, subgedi su re- 
belin (assi es notorio en esta isla) , pa- 
resger al que esto oyere que por mis pa- 



14 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



labras queda atiiicl liidal.qo (jhli.i^'ado 
alguna culpa , digo que ya la que l luvo 
(en a(iucste caso) l lo ha pagado; por- 
que tiene Dios cargo de punir castigar 
los que los jueces del suelo dissimulan y 
no castigan , y aun las veges se executa 
su divina sentencia en los mismos jueces, 
como le acontesgi este : que yendo 
desde aquesta cibdad Espaa en una 
nao, entrando por la barra ilel lio Gua- 
dalquivir, par de Sanct Lcar, se per- 
di la nao en que yba , y l y el maes- 
tre Francisco Vara y otros muchos se 
ahogaron y con mucha riqueza ; y assi es- 
cot este juez la sinrazn fecha al ca- 
cique Enrique. Dios aya piedad de su 
nima y de las de aquellos que alli pa- 
descieron. 

Tornando lo que se propuso en el 



titulo (leste captulo IV, creer se de- 
be por lo que est dicho que los indios 
desta isla lonian otros muchos mas ritos 
(' (.erimonias de las que de suso se han 
apuntado ; pero como se han acabado , 
los viejos mas entendidos dellos son ya 
muertos, no se puede saber todo total- 
mente como era. Masquanto la justifi- 
cagion que dixe de su fin acabamiento, 
quando so Iractre de la Tierra-Firme en 
la segunda parto destas historias, se di- 
rn muchas mas cosas abominaciones 
de sus ritos ferimonias idolatras; 
porque en aquellla tierra he yo gastado 
mas tiempo, y hay mucho mas que es- 
crebirdella; porque es grandssima tier- 
ra de diverssas lenguas costumbres 
habitada de gentes muy diferentes en su 
manera de vivir. 



CAPITULO V 



Del subceso de la rebelin del cacique Enrique, que despus se llamo don Enrique , porque assi lo nom- 
br Su Majestad en una caria que le envi , y de cmo el capitn Francisco de Barrionuevo se vido con 
l, e' fu reducido al servicio de Sus Mageslades, y se asent la paz con l y sus indios. 



orque en los captulos de suso se ha 
dicho cmo Su Magostad envi al capi- 
tn Francisco de Barrionuevo esta isla, 
para requerir Enrique que se redugies- 
se su real servigio , se le higiesse la 
guerra fuego y sangre , y no con la 
tibiez espagio de antes; digo assi que 
esta Audiengia Real, visto el manda- 
miento de Csar, quisso tomar el pares- 
ger de las personas principales desta 
cibdad, se juntaron para platicar en la 
forma que se debia tener en la pagilica- 
gion guerra de aqueste cagique Enri- 
que. Y despus de so aver consultado, 
se acord que el mismo capitn Frangis- 
co de Barrionuevo , fuesse primero ten- 
tar la paz , si no se pudiesse aver, que 
se usasse de los remedios de las armas; 



porque primero fuesse ante Dios fecha 
esta diligengia en justificagion de la con- 
giengia de la Cesrea Magestad y de sus 
vasallos para todo lo que subgediesse, y 
que las muertes y daos que redundas- 
sen de la guerra, no se pudiessen im- 
putar ni atribuir los chripstianos. Y pa- 
ra este efecto parti de aquesta cibdad 
de Sancto Domingo buscar al Enrique 
los ocho de mayo de mili quinientos 
treinta tres aos en una caravela, 
con que sali del puerto de esta cibdad 
con l treinta dos hombres chripstia- 
nos otros tantos indios para les ayudar 
llevar las mochilas; y fu por la costa 
abaxo desta isla al poniente, por la ban- 
da del Sur, de puerto en puerto. Y porque 
la caravela no podia ir muy junto tier- 



t)E INDIAS. LIB. V. CAP. V 



143 



la , llevaba por la costa un batel con 
gente, y lleg la villa de Yaquimo baxo 
de las sierras del Baoruco , y en todo el 
camino no hall rastro alguno, ni liuino, 
ni indicio de que so pudiesse presumir 
dnde se pudiesse hallar este cafiquo 
su gente. E inquiriendo esto por la cos- 
ta, entrando en la tierra volviendo la 
mar muchas ve^es , gast en esto dos 
meses de tiempo ; o al cabo , habiendo 
un da salido en tierra , subi por la cos- 
ta de un rio, hall una estancia de in- 
dios despoblada de gente; pero avia en 
torno della comida de conucos (que son 
labrangas de indios) , no consinti que 
se tomasse cosa alguna por no alterar: 
que bien entendi que los indios de 
aquella estangia debian ser idos pescar 
cagar, montear, donde les con- 
viniesse. Y visto esto, se torn la mar 
acord de enviar por giertas guias la 
villa de la Yaguana ; traydas estas , en- 
vi un indio dolas con una carta al mes- 
mo Enrique (porque aquella guia degia 
que sabia donde estaba) , y este indio 
nunca mas torn, ni so supo quo se hi- 
zo. Y cmo vido el capitn que esta guia 
lengua no tornaba cabo de veynto 
dias que la avia enviado , acord de ser 
l mismo mensajero yr en persona con 
otra guia que le quedaba; con treynta 
hombres chripstianos fu buscar es- 
te cacique adonde aquella india degia 
f[ue Enrique tenia sus labrancas que le 
hallarian. E habiendo caminado tres dias 
y medio, hallse una labranza; andan- 
do buscar agua para beber , hallaron 
quatro indios, los quales so tomaron to- 
<los; y de aquellos se supo que Enrique 
estaba en la laguna que llaman del Co- 
mendador Aybaguanex (que era un indio 
que assi so llamaba en tiempo passado, 
f[iwndo gobern esta isla el comendador 
mayor don Frey Nicols do Ovando): 
la qual laguna estaba ocho leguas de 
all, de mal pais, y de tierra muy mon- 



tuosa ferrada de espinos y arboledas c 
matas tan espessas como ac suelen ser; 
y 61 determin de yr all. 

Antes de llegar la laguna que es di- 
cho, top el capitn los que con \ yban 
un pueblo muy bueno de muchos bue- 
nos bullios casas, y tal que en los 
tiempos passados pudieran muy bien vi- 
vir en l mili quinientos indios : en el 
qual se crey que estara Enrique que 
seria tornado de la laguna, donde en la 
verdad l estaba , hagiendo sus cuhobas 
ahumadas , que los indios toman , que 
assimismo llaman tabacos, como atrs se 
diso en el captulo II. E hizo noche 
el capitn con los que llcvalja , me- 
dia legua del pueblo que es dicho; al 
quarto del alba, el dia siguiente , dio so- 
bre l y llegado al pueblo , no se hall 
gente alguna ; mas hallronse aparejos 
de casa, segn los indios los tienen : de 
forma que claramente paresgia ser po- 
blado y estar la gente fuera del lugar. E 
mand el capitn que no se tocasse en 
cosa alguna , exgepto algunas calabagas 
que se tomaron para llevar agua por la 
falta que della hay por aquella tierra. 
Desde alli hasta la laguna avia un cami- 
no , fecho hacha y mano , que poda 
yr una carreta y venir otra por la anchura 
del ; y por alli , segn se mostraba , lle- 
varon los indios trege canoas que tenan 
hasta la laguna : las siete grandes y las 
seis pequeas. E siguiendo por este ca- 
mino el capitn los chripstianos que 
con l yban , oyeron los golpes de una 
hacha dentro del monte (que ya era mon- 
taa alta tierra andadera), sentidos 
aquellos golpes, hizo sentar la gente, 
desde alli provey de enviar por todas 
partes indios , de los que llevaba manssos, 
que tomas^on en medio al (pie golpeaba 
hagia lea dentro en lo embostado y 
espcsso del monte ; assi se hizo fue 
tomado un indio, (jue estaba cortando 
lea. Es do notar que en t<ido el camino 



riISTORIA GENERAL Y .NATURAL 



del monte hasta alli no avian en parte al- 
guna hallado que estoviesse cortado un 
palo ni rama ; porque el Enrique , como 
hombre apercebido y de guerra , lo tenia 
assi mandado, s pena de la vida, sus 
indios, y lo executaba en el que lo con- 
trario ha^'ia. Despus que este indio fue 
tomado , el capitn Francisco do Barrio- 
nuevo se retruxoun lado, dentro en la 
montaa , fuera del camino , dejando su 
guarda, donde le paresgi que convenia, 
para que la gente que passase no (araas- 
se rastro ni sintiessen que andaban por alli 
cripstianos. E informse de aquel indio 
en qu parte dnde estaba don Enri- 
que: el qual les dixo dnde le hallaran, 
pero que avian de ir ^erca de media le- 
gua por de dentro de la laguna, en algu- 
nas partes hasta la rodilla el agua , y en 
otras hasta los sobacos algo mas mo- 
nos ; y que de la otra parte avia peas 
mangles muy ^errados y espessos (que 
son rboles de gierta manera muy texi- 
dos y dentro del agua en las costas ma- 
rinas), y que el camino era muy malo. 
E informados muy bien de la dispusif ion 
passos por donde avian de ir , estaban 
legua media del Enrique ; partieron 
luego de alli el capitn su gente fuera 
de camino, y llegados la laguna, fueron 
vistos de unos indios que estaban fuera 
della en tierra: los quales en el instante 
se comentaron apellidar dar vages, 
se recogieron hasta oqe indios, que 
podran ser, en las canoas que es dicho; 
las quales alli tenian, comenfaron 
dar golpes con los iiahes remos en las 
canoas , porque los chripstianos sinties- 
sen que estaban dentro ya en ellas los in- 
dios , los quales def ian voces : A la 
mar, capitn; a mar, capian. Y l no 
quiso responder , aunque los clu'ipstianos 
le defian que respondiesse ; pero l re- 
plic dixo: Esos indios tienen capilan 
no sabemos si le llaman l m. E 
tornaron dar vo^es dixeron : Seor 



capilan de la Magestad, la mar, la 
mar. Entouges el capitn sali de la sa- 
vana monte , echando por los lados del 
camino por d yba, algunos compaeros 
de sus soldados, por yr en orden saber 
si avia mas gente de la de Enrique en al- 
guna felada. Este nombre savana se dige 
la tierra que est sin arboledas, pero con 
mucha alta hierva , baxa. Assi que, 
de la manera que dicha es , lleg el ca- 
pitn los que con l yban la costa 
agua de la laguna (la qual tiene de Qir- 
cunferenfia doge leguas) : alli habl 
con los indios de las canoas les pre- 
gunt que dnde estaba Enrique , porque 
le yba hablar en nombre de Su Mages- 
tad, le dar una carta real suya. E 
preguntles si avia alli venido el indio 
guia primera que avia enviado solo, co- 
mo ya est dig ho ; dixeron que no avia 
ido alli tal indio , pero que ya sabian que 
era venido un capitn que enviaba la Ma- 
gestad. Entonces el capitn Francisco de 
Barrionuevo les rog que tomassen una 
india que l llevaba, que avia estado un 
tiempo antes con el mesmo Enrique , le 
conosgia muy bien , para que della se in- 
formasse de su venida ; con mucha im- 
portunidad la resorbieron , dic^iendo que 
avria enojo su seor Enrique. Y entr la 
india en la laguna, dndole el agua hasta 
la cinta ; tomronla en una de aquellas 
canoas dixeron que ellos la llevaran 
su seor Enrique, assi lo pusieron en 
efecto. 

Y fecho esto , el capitn los chrips- 
tianos se apartaron de alli quanto un tiro 
de ballesta , entrronse la savana 
campo raso ( por 'su seguridad) , donde 
durmieron aquella noche. Otro dia si- 
guiente , dos horas despus de salido el 
sol , volvieron dos canoas , en que vino 
un indio principal capitn del dicho En- 
rique (con dofe indios) , llamado Martin 
de Alpharo , muy pariente del Enrique , y 
el mas agepto l.' E traia la india que 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. V. 



145 



os dicho ; salieron todos en tierra con 
sus langas y espadas , apartse un po- 
co de los chripsiianos Francisco de Bar- 
rionuevo , abrac este indio capitn 
todos los indios cue con l salieron 
tierra : los quales se tornaron luego sus 
canoas , salvo aquel principal que qued 
en tierra, hablando con Barrionuevo. E 
era bien ladino, hablaba la lengua cas- 
tellana sufi(;'icnteraente: el qual dixo al 
capitn nuestro, que le pedia por merced 
el seor Enrique , que porque l estaba 
mal dispuesto , que se fuesse all ; el qual 
pens que aquello se le enviaba defir, 
para conosgcr del si su yda era por bue- 
na amistad, fraudossa aquella visita- 
cin; porque el camino y entrada eran ta- 
les, que si mostrara algn temor rebe- 
lo de la yda, sospecharan Enrique su 
gente que los queran engaar prender. 
E por quitarles tal sospecha, se determin 
el capitn Barrionuevo de yr all , aunque 
contra la voluntad de los mas de los que 
con l yban ; porque regelaban , segund 



la dispusifion passos del camino (que 
avian de passar) , que los podran los in- 
dios matar aprovecharse dellos muy 
su salvo. Pero el capitn Barrionuevo, non 
obstante esso , tom consigo hasta quin- 
ce hombres ( los que le paresci escoger 
de los chripstianos), dex alli los dems 
con los indios manssos que avia llevado; 
sigui su camino por donde le quiso guiar 
el Marlin de Alpharo , por tales passos 
viaje , que era bien aparejado para temer 
el evento fin de la jornada que hacian. 
E aun assi lo yban algunos de los chrips- 
tianos que llevaba diciendo murmuran- 
do , porque era muy spera tierra muy 
gerrada y espesa de rboles manglares 
y espinos: indubitadamente los mas de 
los compaeros penssaban que no avian 
acertado en creer aquel indio , de pa- 
rescer de los mas, se tornaran. Pero su 
capitn conosfi la flaqueza de algunos 
de su compaa , dxoles lo que se si- 
gue, por animarlos que no le de- 
xassen. 



CAPITULO VI. 



I'el raconamienlo que el capilan Francisco de Barrionuevo hizo ciertos compaeros que con l yban 
por un camino sospechoso o spero, yndosse ver con c cacique Enrique , llevando por guia un ca- 
pitn del mismo Enrique. 



oeores: yo vine ac con vosotros, no 
mas de servir Dios al Emperador, 
nuestro Seor ; no ser bien que se co- 
nozca temor en ninguno de vosotros, pues 
que soys hidalgos personas experimen- 
tadas en mayores peligros. Quanto mas 
que aqui no hay de qu temer, y el que 
quisiere tornarse, vulvasse donde que- 
dan nuestros compaeros, agurdeme 
alli : el que oviere gana de me seguir 
hager lo que debe , haga lo que yo ha- 
go; porque yo no tengo de volver un 

passo atrs , aunque penssasse escapar de 
TOMO I. 



morir : que esto vine vens , y ga- 
nar honra no perderla. 

E assi seyendo l el delantero, prosigui 
su camino, llevando una espada en la 
ginta, una langa ginela en la mano , 
sin otras armas defensivas ni ofensivas, 
con un jubn de caamago angeo 
unos garahuolles unas antiparas de b- 
tre de las rodillas abaxo , unos alpar- 
gates calgados. E dosla manera que he 
dicho, como buen capitn animoso ca- 
ballero , exortando los que con l yban, 

todos ellos le siguieron llegaron una 

49 



U6 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



caleta ensenada ancn , que estaba 
no mas de hasta dos tiros de ballesta do 
donde Enrique estaba. E de cansado del 
trabajoso camina, se assent debaxo de 
un rbol, desde alii vido en la vuelta 
del ancn de la niesma laguna Enrique 
los indios que con l estaban. E tuvo 
mucha razn de descansar , porque hasta 
llegar alii, muchas ve^es avian andado 
gatas rastrando por debaxo de los r- 
boles matas ; y tambin lo hizo porque 
dems de tomar aliento l los que con 
l yban (debaxo de aquella disimulacin), 
pudiesse entender conjecturar mejor la 
dispusigion de aquella tierra donde esta- 
ba, para lo que le conviniessehaQer, si al- 
guna nesfessidad le ocurriesse. Y desde 
all hizo atravessar por el agua un mes- 
tizo que con l yba al indio capitn 
Martin de Alpliaro , mandles que lo di- 
xessen Enrique que l yba cansado 
que por esso avia parado alli, no por 
otra causa: que si el Enrique se rebe- 
laba , que mirasse que no avia razn pa- 
ra que tcmiesse , pues veya como l avia 
llegado alli con aquellos pocos chripstia- 
nos que con l estaban. Pero que sidesto 
no se aseguraba, que l se tornarla sa- 
lir la savana lo raso , y l podria 
venir con sus canoas le hablar segura- 
mente como l quissiesse hagerlo ; por- 
que l yba de parte de Su Magostad le 
hablar traer en paz su servicio , le 
queria el Emperador, nuestro Seor, por 
suyo, hagerle mercedes, le traia una 
carta de Su Magostad ; que no temiesse 
de cosa alguna, porque Csar le perdona- 
ba todas las cosas passadas, viniendo l 
su servicio obediencia , como lo ve- 
rla por su real letra que le escriba. E assi 
este propsito otras palabras exortato- 
rias, la paz amistad convinientes , le 
envi degir ; y cmo el mestizo y el ca- 
])itan Martin de Alpharo llegaron al En- 
rique le refirieron lo que es dicho, lue- 
go l comeog dar mucha priessa sus 



indios , llambalos bellacos, ponjue no 
se daban priessa no avian abierto el 
camino. E luego tornaron aquel mestizo 
capitn (que es dicho) donde Barrionue- 
vo estaba , le dixeron que l'uesse l 
su gente toda: el qual envi luego lla- 
mar los que avia dexado atrs de los 
espaoles en la savana con los indios 
mansos; llegados, l coment yr ba- 
ria donde estaba Enrique por el camino 
que ya estaba hasta l abierto. E los in- 
dios que le abrian, passaron de alli ade- 
lante, abriendo prosiguiendo su tala 
hfia donde los chripslianos avian que- 
dado, los qualos ya venian habiendo 
lo mismo. Llegado el capitn Frangisco 
de Barrionuevo , con los chripstianos, 
donde Enrique estaba, ava alli un rbol 
grande de buena sombra , debaxo del 
estaba una manta de algodn tendida en 
tierra ; assi cmo se vieron , fu el uno 
para el otro, se abracaron con mucho 
placer, assidos de las manos , se fueron 
sentar sobre aquella manta. E alli lle- 
g abragar al capitn Barrionuevo Ta- 
mayo , principal indio (y el que mas 
dao por su persona hagia en esta isla), y 
despus deste abrag todos los otros 
indios de Enrique, que eran seis capita- 
nes pringipales , inferiores criados des- 
te cagique Enrique , los otros indios res- 
tantes, gandules hombres de gueira, 
que serian hasta seplonta hombres bien 
dispuestos , los mas dellos con langas y 
espadas y rodelas. Las cjualcs traian al 
rededor del cuerpo , desde los sobacos 
hasta las caderas, rodeados muchas vuel- 
tas de hicos cuerdas de algodn , jun- 
tas y espessas, en lugar de coragas, y 
embixados todos pintados de gierta co- 
lor roxa, como almagre, mas subida 
color, que se llama bixa, con muchos pe- 
nachos, puestos en orden, como suelen 
estar en las batallas guerra. E mandii 
el capitn Frangisco de Barrionuevo as- 
sentar los chripstianos un cabo, apar- 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. VII. 



147 



lados un poco del, y Enrique mand 
sus indios que se sentassen al otro cabo. 
Fecho aquesto , el capitn Francisco de 



Barrionuevo, con mucho plager gentil 
semblante , le hizo un razonamiento en 
la manera siguiente. 



CAPITULO Vil. 



bel raconamicnlo que hizo el eapilan Francisco de Barrionuevo al cacique Enrique, quando le dio 
una carta de Su Mag-eslad, qucdtiron assenladas las pacos. 



Hiorique , muchas gracias debis dar 
Dios, nuestro Seor, por la clemencia 
V misericordia que con- vos usa en las 
mercedes sealadas que os hage el Em- 
perador Rey , nuestro Seor, en se acor- 
dar de vos , y os querer perdonar varios 
yerros reduciros su real servicio 
obediencia , y querer que como uno de 
sus vasallos scays bien tractado , y que 
de ninguna cosa de las passadas se ten- 
ga con vos memoria ; porque os quiere 
mas enmendado y por su vasallo y ser- 
vidor , que no castigado por vuestras cul- 
|)as , porque vuestra nima se salve y 
sea de Dios, y no os perdis vos los 
vuestros; sino que como chripstiano 
(pues resfebistes la f y sacramento del 
sancto baptismo), seays resgcbido con to- 
da misericordia, como mas largamente 
lo veris por esta carta que Su Magostad, 
iiacindoos estas mercedes que he dicho 
y las que mas os har, os escribe. Y 
acabado de decir esto , se la dio , la qual 
Enrique tom en la mano tornsela 
dar le dixo que le rogaba que se la le- 
yesse: que l se fiaba del , porque tenia 
malos los ojo?; y assi era verdad. 

Entonces Francisco de Barrionuevo la 
lom c ley alto, que todos los que alli 
avia lo podian oyr y entender (los indios 
que entendicssen nuestra lengua); y leida, 
la torn dar Enrique le dixo: Se- 
or don Enrique, besad la carta de Su 
Magostad ponedla sobre vuestra cabe- 
ca. Y assi lo hizo l luego con mucho 
placer ; y el capitn le dio cncontinentc 



otra carta de seguro de la Audiengia 
Real Chancilleria de Sus Magostades, 
que reside ea esta cibdad de Sancto Do- 
mingo, sellada con el sello real y le di- 
xo assi: Yo vinca esta isla por manda- 
do del Emperador Rey, nuestro Seor, 
con gente espaola de guerra, para que 
con ella y toda la que mas hay en aques- 
ta isla , os llaga guerra. E mandme Su 
Magestad que de su parte os requiera 
primero con la paz para r[ue vengis su 
obediencia y real servicio; y si assi lo 
hiciredes, os perdona todos los yerros 
y cosas passadas , como por su real carta 
ya aveis sabido. Y assi de su parte os 
mando requiero que lo hagis , porque 
haya lugar que se use con vos tanta li- 
beralidad y clemencia. E mirad que soys 
chripstiano, temed Dios dalde infi- 
nitas gracias nunca le desconozcis 
tanta misericordia , pues que os da lugar 
que os salvis , y no perdis el nima ni 
la persona; porque aunque hasta aqui l 
os ha guardado do los peligros de la 
guerra, ha seydo porque quando os al- 
Castes, tuvistes alguna causa para apar- 
taros de aquel pueblo, donde viviades; 
pero no para desviaros del servicio de 
Dios y de vuestro Rey : porque en fin, si 
noticia de Su Magestad llegara cjue 
aviados resgebido algn agravio, sed 
cierto que lo mandara muy enteramente 
remediar y castigar, de manera que l'u- 
rades salisTccho y contento. Pero ya que 
todo aquello es passado , os digo cer- 
tifico que si agora no vens de coragon 



148 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



y de obra conosrer vueslra culpa y 
obedes^'er Su Mageslad, perdonndoos 
como os perdona, que perniilir Dios 
que os perdis presto , porque la soberbia 
os traer la muei-te. Y quiero que se- 
pis que la guerra no se os har, como 
hasta aqu se os ha fecho, en el tiempo 
passado; ni os podris esconder, aunque 
fuessedes un con' un pequeo gusano, 
de debaxo de la tierra ; porque la gente 
de Su Magostad os mucha , y el poder 
real suyo el mayor que hay en el mundo. 

Y entraros han por tantas partes, que de 
lo mas hondo y escondido os sacarn. Y 
acordaos que ha^e trece aos mas que 
no dorniis seguro ni sin sobresalto con- 
goxa temor grande, assi en la tierra 
como en la mar: que no lo aveis con 
otro cacique que tan pocas fuergas tenga 
como vos ; sino con el mas alto mas 
poderoso seor rey que hay debaxo 
del cielo; quien otros reyes y muc'ios 
reynos obedesgen, temen le sirven. 

Y creed, que si Su Magostad fuera infor- 
mado de lo gierto, que ha mucho tiem- 
po que vos furades enmendado cas- 
ligado , s no vinirades su merged; 
porque es de su real calhlica costum- 
bre y clemengia mandar primero amo- 
nestar que castigar quien le dessirvi 
algn tiempo ; pero hecho este cumpli- 
miento , ninguna cosa desta vida basta 
para defender ningn culpado de su ira 
justicia. E assi os digo que ni tampoco 
creis que si viniredes (como creo que 
verneis) conosger lo que se os ofresce, 
e ser el que debis en vuestra obe- 
diencia servigio, que os conviene por 
ningn caso deste mundo tornar la 
rebelin en ningn tiempo; porque su 
indignagion seria muy mayor , y el cas- 
tigo executado en vos y en vuestra gen- 
te con mayor rigor ; porque hallareis 
muy buen tractamienlo en sus goberna- 
dores y justicias, ningn chripsiiano 
os enojar que dexe de ser punido 



castigado muy bien por ello. Por tanto, 
airad las manos al cielo, dad infinitos 
loores Jesu-Chripsto por las mcrgedes 
que os hage , si higiredes lo que Su Ma- 
gostad os manda , yo en su real nom- 
bre os requiero ; porque si amredes 
vuestra vida la de los vuestros, ama- 
reis 'su real scrvigio la paz, librareis 
vuestra nima las de muchos, daris 
seguridad vuestra persona las do 
todos aquellos que os siguen. E Su Ma- 
gostad terna memoria de vos, parahage- 
ros mergedes, yo en su nombre os da- 
r todo lo (pie oviredes menester, y os 
otorgar la paz seguro ; capitular 
con vos como vivis honrado, y en la 
parte que os pluguiere escojer en esta 
isla , con vuestra gente y con toda aque- 
lla libertad que gogan los otros vasallos 
chripstianos buenos servidores de Su 
Magestad. Assi que, pues me aveis en- 
tendido , degidme vuestra voluntad, y lo 
que entendis hager. 

A todas estas palabras , el cagique En- 
rique estuvo muy atento todos los in- 
dios los chripstianos , con mucho si- 
lengio; cmo el capitn Frangisco de 
Barrionuevo ovo acabado de hablar, res- 
ponJi Enrique assi: Yo no desseaba 
otra cosa sino la paz, y conozco la mer- 
ced que Dios y el Emperador, nuestro 
Seor, me hagen en esto, y por ello be- 
so sus reales pies y manos; si hasta 
agora no he venido en ello , ha seydo 
causa de las burlas que me han hecho 
los chripstianos, de la poca verdad que 
me han guardado , y por esto no me he 
ossado fiar de hombre desta isla. E di- 
giendo esto , dio muchas disculpas parti- 
culares quexas de lo que con l se avia 
fecho , relatando desde el pringipio de 
su algamicnto. E dicho aquesto, se le- 
vant se apart con sus capitanes, y 
mostrndoles las cartas que es dicho, 
habl un poco espagio con ellos gerca 
de su detcrminagion ; se volvi Bar- 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. VII. 



14 y 



rionuovo, donde estaba, se dio asien- 
to conclusin en la paz , hablaron en 
muchas cosas conferniontes ella. Y el 
cacique Enrique prometi de la guardar 
siempre inviola' lmente; dixo que ro- 
cojeria todos los otros indios que l te- 
nia , que andaban de guerra por algu- 
nas partes desta isla; que quando los 
chripstianos le higiessen saber que an- 
daban algunos negros aleados, los haria 
tomar, que si fuesse nesfessario, l 
mismo yra lo hacer, y enviarla capi- 
tanes ello , para que los tornassen 
los truxessen atados poder de los 
chripstianos, cuyos fuessen tales negros. 
De alli adelante sus indios todos le lla- 
maban don Enrique , mi seor , porque 
vieron que en la carta Su Magestad le 
llamaba don Enrique. 

Hecho esto , el cacique don Enrique se 
fu comer con su muger, llev con- 
sigo alguna gente de la que alli tenia, 
quedaron sus capitanes comer con el 
capitn, Francisco de Barrionuevo. Des- 
pus en la tarde volvi don Enrique; 
pidi que se le diesse facultad para te- 
ner dos alguagiles del campo, se los 
sealasse Barrionuevo en los mismos in- 
dios del don Enrique, se les tasasse lo 
que se les avia de dar por su trabajo de 
cada negro , y por cada indio de los que 
se les liuyessen a los chripstianos, los 
alguaciles los recojiesscn. E assi lo tass 
Barrionuevo , y le dixo que si queria ga- 
nados otras cosas, que lo dixesse: que 
l se lo haria dar ; y el don Enrique res- 
pondi qul no tenia tierra alli, donde 
tener ganados , por ser tan gorrada y s- 
pera ; pero que quando oviesse comi- 
do aquellos conucos labranzas que 
por alli tenia baxassc la tierra lla- 
na , teniendo mas confianca en esta 
paz , que entonaos los podria tener los 
criarla. 

Fecho aquesto , dio el capitn ligencia 
los chripstianos para que coa los indios 



de don Enrique hiciessen sus ferias true- 
cos de lo que les pluguiesse, assi lo hi- 
cieron de algunas cosas de poca impor- 
tancia valor ; porque oro decian que no 
lo tenan , ni se vido en todos ellos cosa 
alguna de oro. Despus quando fue hora, 
cenaron los capitanes indios con el capi- 
tn Francisco de Barrionuevo , don En- 
rique estuvo presente no quiso comer 
ni beber (creyse que de rgelo). Des- 
pus que fue passada la gena , se fu don 
Enrique , adonde tenia su muger , los 
chripstianos con su capitn se salieron 
del bosque dormir fuera en la savana 
raso (donde primero no lexos de alli 
avian asentado su real, como ya se di- 
xo de suso) ; aquella noche los chrips- 
tianos estovieron en vela , higieron la 
guarda que convino hasta que fue dedia. 
Desde poco que el sol era salido , vino 
don Enrique la misma savana , donde 
el capitn los chripstianos estaban , 
truxo consigo hasta ginqenta hombres, 
los mas dellos desarmados , algunos 
con espadas ; alli se despidi don En- 
rique del capitn nuestro , abrogndole 
con mucho plager, l primero des- 
pus todos sus capitanes; don Enri- 
que assi mismo con mucha alegra abrag 
todos los chripstianos ; dio un capi- 
tn un otro indio de los suyos , para 
que fuessen hasta la mar, adonde avia 
quedado la caravela. E alli holgaron un 
dia: oviransse de matar, bebiendo vi- 
no, este capitn indio de don Enrique, 
porque como no lo tenian acostumbrado 
les sabia bien, entraron tanto en ello 
que les revolvi en los vientres la cahoba 
que avian tomado ; de manera que llega- 
ron punto de morir (lo qual no fue poca 
congoxa para los chripstianos , porque 
sin culpa suya en tal sagon fuera incon- 
viniente muy grande , si murieran do 
aquella bebedera), coa algunos remedios 
que se les higieron darles beber agei- 
te hagerlos vomitar, escaparon. Desen- 



loO 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



\ nados c (ornados en s, aunque no ar- 
roponlidos do lo que avian |j('l)ido, el ca- 
pitn Eranc^'isco de Barrionuevo les dio ro- 
pas y vestidos estos dos indios, tambin 
para los otros capitanes, assi mismo en- 
vi otras ropas de mas prcsfio de seda 
para don Enrique, con otras cosas de las 
({ue le parcsfi y llevaba , porque mas 
plagor y seguridad toviesse de" la nueva 
paz amistad contrada con los chrips- 
tianos. E truxo consigo Barrionuevo has- 
ta esta f ibdad un indio principal que don 
Enrique mand venir con l , del qual se 
liaba para que viesse los seores oydo- 
res desta Audieufia Real , ofigiales de 
Sus Magestades , los caballeros hi- 
dalgos veginos desta f ibdad ; oyesse 
viesse pregonar la paz , como lo vido 
liafer primero en todos los otros lugares 
villas por donde pass ( despus que 
sali de la caravela) hasta llegar aqui, 
donde se hizo lo mesmo. E al dicho in- 
dio se le dio muy bien de vestir se le 
hizo el tractamiento que era razn : el 
qual, como astuto, en aquellos das que 
estuvo en esta cibdad, entr en muchas 
casas , en las mas de las principales, 
para sentir los nimos voluntades que 
se sentan en todos desta paz , para 
probar mas vinos , porque luego le da- 
ban colacin beber, y le mostra- 
ban todos que avian mucho placer hol- 
gaban de la paz, amistad de don En- 
rique. 

Despus de lo qual, provey esta Au- 
diencia Real oficiales de Su Magestad 
que con este indio volvicsse una barca 
ciertos chripstianos, para lo llevar don 
Enrique: al qual enviaron muy buenas 
ropas de seda atavos para l para 
doa Menca, su muger, y para sus capi- 
tanes y otros indios principales ; otras 
joyas refrescos de cosas de comer, vi- 
no, ageite, herramientas hachas para 
suslabrancas, puesto que don Enrique no 
pidi otra cosa sino imagines ; de que se 



colije que la fce no estaba en l de todo 
punto desarraigada extinta, ni la crian- 
za que tuvo en su niez con los religio- 
sos del monesterio de Sanct Francisco 
desta cibdad. Pero porque esta Real Au- 
diencia oficiales de Su Magestad al 
capitn Erangisgo de Barrionuevo pares- 
ci ser conviniente cosa, habindose la 
paz en nombre de tan alta Magestad co- 
mo el Emperador, Rey nuestro Seor, le 
enviaron lo que es dicho , juntamente 
con ciertas imagines de devocin , para 
tener este cacique mas obligado relifi- 
car la paz , lo asentado con l , y tam- 
bin porque estos indios son gente de 
poca capacidad , no puestos en los pri- 
mores de la verdad, honra, gircuns- 
tangias della, que otras gentes miran 
observan, quando semejantes pages se 
hacen contraen con los enemigos. Ni 
tienen aquella constancia que es menes- 
ter, ni sienten las menguas, afrentas 
con el dolor injuria que otras naciones; 
ni aman la verdad , ni la tienen en tanto 
como debrian. Y por todos estos y otros 
respectos, convino que fuossen muy ani- 
mados halagados, para usar esta amigi- 
cia, nuevamente adquirida, con les dar 
algunas cosas traerlos maosamente 
la benivolenfia converssagion de los 
chripstianos , y para que paresfiesse y 
estos indios conosf iessen que no se hagia 
caso, ni se tenia cuenta con sus errores 
cosas que este cagique, don Enrique, 
sus capitanes indios hasta entonges 
avian cometido, despus de su rebelin. 
Esta paz se ha conservado despus hasta 
el tiempo presente ; y en la verdad era 
muy nesgessaria , porque estaba esta isla 
perdida, causa del algamiento desteca- 
gique , no se Osaban ya andar los ca- 
minos hgia aquella parte, ni yr desta ha- 
cia la Yaguana , si no yban cantidad de 
chripstianos juntos y apergebidos. La ver- 
dad es que Dios Su Magestad fueron 
muy servidos de esta paz , assi por lo que 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. Vil. 



13 '1 



est dicho otras muchas causas, como 
porque se baptizasson los nmos que avia 
los que mas subgediessen entre esta 
gente de don Enrique, los quales en 
aquella sacn eran muciios. Una de las 
cosas que mejor me han paresf ido en este 
hombre, es que dixo, quando estas pages 
con l se assentaron , que una de las cosas, 
de que l tenia mas pena dolor, era por- 
que aquellos muchachos estaban por bap- 



tizar , otros muchos eran muertos sin 
baptismo: que es seal que le quiso Dios 
remediar y que se salvassen l y los de- 
mas. Qudanme de de^ir dos cosas que se 
dirn en el siguiente captulo : la una en 
honor gratilicagion deste caballero, 
Francisco de Barrionuevo , para complir 
con mi oficio de Oel escriptor, continuan- 
do la verdad de la historia ; y la otra en 
lo que toca don Enrique. 



CAPITULO VIII. 

Quo Irada de dos particularidades que se dexaron de decir en el capitulo de suso: la una en lo que, 
loca al servicio y mritos de Francisco de Barrionuevo, y la otra en la honrosa paz reconciliacin de 
dou Enrique al servicio de Sus Mageslades. 



I^laro est que el servifio que en esto 
hizo Francisco de Barrionuevo Dios 
Sus Magestades, en la paz amistad por 
l contrayda y acabada con el cacique 
don Enrique , y el pro y utilidad que re- 
sult esta isla y otras partes de fuera 
della, que est muy bueno de entender, 
y qun digno es de mercedes. Porque 
aunque se deba tener por cierto que todo 
lo que tan bien en estos tiempos se abier- 
ta es en la buena ventura de tan ventu- 
roso Emperador Seor, como tenemos; 
no por esso dex de meres^er mucho tan 
prudente capitn, y que con tanto es- 
fuerzo gentil nimo se determin de en- 
trar, donde fuera fcil cosa perderse l 
y los que con l yban , segund la dispu- 
sigion y braveza de las montaas speras 
y ferrados y salvages montes tan traba- 
josos de andar : que si oviesse en Espa- 
a algo que lo comparar, muy mejor se 
estimaran los peligros destas partes. Pe- 
ro figraseles los que estas cosas desde 
all las oyen leen , que esto ser como 
una Sierra Morena, la de Monserrate, 
los puertos de Sanct Johan de Lusa, 
los Alpes para passar Italia, los do 
Alemania para desgeader Lombardia, 



las sierras de Abrugo Tallacogo en el 
reyno de aples, las montaas de Gas- 
cua. Todo lo que he dicho, y lo que en 
Espaa llaman fragosso y spero, es co- 
mo cotejar lo blanco con lo prieto otro 
mas diferente y encaresgido extremo. E 
aun assi, probando la salvajez destas par- 
tes , veo que los liombres que ac lo sa- 
ben por experiengia , ni han tornado 
sus patrias (sino muy raros) , ni ac tam- 
poco les ha turado la vida , sino muy 
poco tiempo. Porque dems de la des- 
conveniengia que el gielo ac tiene con 
lo de Europa (donde nasgimos estos que 
por ac andamos) , assi en las influen- 
cias como en las diferengias de los ay- 
res y vapores y temple de la tierra, nin- 
guna manera de manjar hallamos en es- 
tas partes, que fuesse como aquel que 
nos dieron nuestros padres. El pan de 
rayges: las fructas salvages no co- 
nosgidas ni conformes nuestros osl- 
magos : las aguas de diferentes gustos: 
las carnes, ningunas se hallaron en esta 
isla, sino aquellos gozques mudos que 
he dicho otros pocos animales , muy 
diferentes los de Espaa ; y algunos de 
tal vista que son mas para temer que para 



152 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



rlessear quien no los conosre , assi como 
;i([ii('IIas sierpes que llaman yvanas, cu- 
lebras lagarlijas. Desto lal abundancia 
se hall en los piinripios qiiesta (ierra 
se conquisl, y aun tambin l'ailaron es- 
tos malos mantenimientos los primeros 
conquistadores; pero no faltaron las en- 
fermedades que tengo dicho. Y cmo to- 
das estas cosas avia probado este capitn 
desde que fu mangebo soldado en la 
conquista de la isla de Sanct Johan (alias 
Boriquen) , y en la Tierra-Firme al sej)- 
lenlrion en la Florida, otras parles, supo 
darse maa para lo que est dicho. 

Sin dubda yo creo que si ello fuera 
uno que de Espaa viniera nuevamente, 
nunca la paz se concluyera , y aun en los 
de por ac no se pudiera hallar quien me- 
jor lo af criara , puesto que hay muchos 
que lo hicieran muy bien. Pues ved si ha 
costado dinero esta guerrilla de don En- 
rique en trege aos , pues paresfe por 
las qentas libros que destos gastos hay 
desta guerra, que montan mas de quarenta 
mili pesos de oro los que se han gastado 
de parte de Su Magestad y de la isla en 
esta contienda de don Enrique; y lo que 
peor parcsge de todo es que se sospecli 
(jue algunos holgaban que esto se ando- 
viesse assi, que nunca se acabassc de 
ver esta paz. 

Bien se debe creer que de tal placer 
no podran participar sino dos gneros 
de hombres , y serian los que en tal error 
incuriiessen los que podran aver parle 
del sueldo , assi como soldados pobres 
para sostenerse con tal guerra , los que 
pussieron la mano ascondidamente en lal 
pecunia, por indirecta via. Todos los otros 
(piicn pluguiesse que esto no se aca- 
basse, yo no ios avria por chripstianos 
ni servidores de su rey, sino del dia- 
blo ; y los tales y los que antes dise, 
por mas enemigos que al mismo don En- 



rique. Y assi esos el mesmo demonio y 
el liMupo, y mejor diciendo, aquel quien 
ninguna cosa es oculta , les paga sus 
desseos malos, quando menos se catan. 

Por manera que bien mostr este capi- 
tn, FrangiscodeBarrionuevo, sernuman- 
lino de buena casta, y tener la experien- 
cia ([ue convenia para acabar este negocio 
tan sabia prudentemente , como se aca- 
b por su persona y esfuergo ; porque 
como he dicho de suso , otro se volviera 
del camino, quando vido que los que con 
l yban, murmuraban se arrepentan de 
la jornada que hacian. Pero l, como va- 
ron de buen nimo prudente , dio en su 
empressa el fin que he dicho, acordn- 
dose que aunque dige Salomn que la 
gloria del hombre viene del honor de su 
padre * , escribe Boecio que si la pro- 
pria virtud nohage uno noble, que no lo 
har la nobleza paterna. Ovidio dige que 
aquella virtud , la qual no avenios de nos, 
no se puede deg ir nuestra ; aquel que 
desciende de buen padre , se presume 
que es de buena natura. Pero dexada esta 
disputacin, digo que este capitn por 
ambas causas hizo lo que hizo , obligado 
por ser hijodalgo , satisfaciendo sus an- 
tecessores y no olvidando s mismo, en 
continuacin de su hidalgua propria 
virtud de su persona. Llmele numantino, 
porque es natural de la cibdad de Soria, 
la qual yo tengo que es la que los anti- 
guos llamaron Numancia ( Numancia fu 
por alli cerca) , porque dice Plinio ^ que 
Duero es de ios mayores rios de Espaa, 
que nasge cerca de Numancia; Clau- 
dio Tholomco en el cap. VI de la II ta- 
Ijla de Europa pone Numancia, dice 
luego alli estas palabras: Soria hodie ro- 
niaiu's, otim accerritna. 

Quanto al cacique , don Enrique, me 
parcsce que l hizo la mas honrosa paz 
que ha hecho caballero capitn prn - 



Provorb. cap. XVII. 



2 Plin. lib. IV, cnp. 20, en su Natural Historia. 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. YIII. 



\o^ 



5pe de Adam ac , y qued mas honrado 
que qued el duque de Borbon en el ven- 
cimiento prisin del rey Francisco de 
Franga en Pavia , segund la despropor- 
cin desigualdad tan grande que hay 
del mayor prngipe de los chripstianos y 
Emperador del universo un hombre, tal 
como este don Enrique , y que de parte 
de su Cesrea Magostad fuesse requeri- 
do con la paz , se le pidiesse , fues- 
se convidado con ella , y se le perdonas- 
sen sus culpas quantas muertes in- 
gendios robos avian iecho e'l y sus 
indios contra los chripstianos , sin algu- 
na restitugion, con general amplssimo 
perdn , ofresgindole mas dndole 
escoger el lugar assiento que l qui- 
siesse tomar y elegir en esta isla para su 
morada habitagion. 

Por gierto, don Enrique, si vos lo co- 
nosgistesy supistes sentir, yo os tengo por 
uno de los mas honrados y venturosos 
capitanes que ha vido sobre la tierra en 
todo el mundo hasta vuestro tiempo. De 
lo qual se nota el mare-magno de la ex- 
gelengia y clemengia de la Cesrea Ma- 
gestad del Emperador Rey , nuestro se- 
or : que puesto que en muy breves das 
se pudiera concluir tal guerra , que no 
quedara memoria ni hueso de don Enri- 
que , ni de persona de los suyos , acor- 
dndose que pudieran peligrar algunos 
chripstianos , por estar estos indios en 
montaas asperssimas salvages fuer- 
tes y tales como he dicho, quiso que ante 
todas cosas se tentassela paz; porque co- 
mo Vegecio dice ': muchos mal exper- 
tos en el arte militar creen que la victoria 
es mas complida, aviendo sus enemi- 
gos en lugares estrechos , tenindolos 
gercados con gran moltitud de gente ar- 
mada; de tal manera que no les quede 



por donde huir puedan. Pero muchas ve- 
ges por la desesperagion de se ver apre- 
tados cresge la osadia, donde no les 
quedaba esperanga , por el temor toman 
las armas; aquellos que no tienen dub- 
da de morir, de voluntad juntamente con 
su enemigo dessean fenesger sus dias. 
Por lo qual se debe loar muclio la sen- 
tengia de Sgipion, el qual dixo que no se 
debia impedir el camino por el qual el 
enemigo ha devisado determinado de 
huir 2, etc. Assi que, por esta razn y 
considerando que este cagique tuvo causa 
de se apartar de los chripstianos , pues 
quexndose de las sinrazones que le fue- 
ron fechas en la villa de Sanct Johan de 
la Maguana , no le fu fecha justigia; por 
todos estos respectos, y pringipalmente 
porque este cagique y los dems que con 
l andaban sus mugeres hijos se sal- 
vassen muriessen conosgiendo Dios, 
seyendo chripstianos baptizados, como 
lo eran algunos dellos , los otros se bap- 
tizassen no peresgiessen todos ellos co- 
mo infieles , permiti Dios , nuestro Se- 
or , Su Magostad que se liigiesse con 
este cagique , don Enrique , con toda 
equidad y sin mas rompimiento ni san- 
gre, la misericordiosa paz que he dicho. 
El qual la sagon tenia hasta ochenta 
gient hombres de pelea, con las muge- 
res muchachos nios eran mas de 
tresgientas nimas las que se truxeron 
esta recongiliagion amistad la unin 
repblica de nuestra religin chrips- 
tiana , con los que mas se aumentaron 
desta gente; mas de otras tresgien- 
tas personas destos indios de don En- 
rique murieron sin baptismo en el tiem- 
po que su rebelin se continu. Por lo 
qual quadra bien lo que la verdad evan- 
glica digo': Yo os digo que assi se 



\ Vegecio, lib. III, cap. 21. 

2 Vegecio, lib. III, cap. 21. 

3 Dico vobis qund ita gaudium erit in ccelo su- 
TOM 1. 



per tino pcccatore paenilentiam agente quam super 
nonaginta novem juslis qui non indigcnt pceniten- 
tla. Luc. iS. 

?0 



<o4 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



gozarn en el gielo sobre un pecador que 
venga penitencia, mas que sojjre no- 



venta nueve justos qne no tengan nes- 
gcssidad del la. 



CAPITULO IX. 



Pe la venida de don Enrique sus indios cerca de la villa de Acua , para ver senlir en qu estado estaba 

la paz lo que avia subcedido de un indio llamado Goncalo, que l avie enviado con el capitn Francisco 

deBarrionuevo , otras cosas al discurso de la historia anexas. 



JliSlando las cosas en el estado que es 
dicho , un mircoles veynte siete de 
agosto del mismo ao de mili c quinien- 
tos treynta tres, este carique don 
Enrique llego dos leguas de la villa de 
Agua , psose en la entrada falda de 
la sierra de los Pedernales, y desde alli 
envi saber de los de la villa si avrian 
por bien que los hablasse. El qual traia 
hasta cincuenta sesenta hombres , lo 
que se sospech (aunque no hizo mues- 
tra de tanta gente), y estos venian bien 
aderesfados punto de guerra, y escon- 
di la mayor parte de sus indios en una 
gelada, gerca de donde estuvo con los 
chripstianos hablando despus. E envi- 
ronle degir que en buen hora viniesse, 
pues que Sus Magestades le avian pardo- 
nado, y era ya amigo de los chripstanos: 
salieron le resgobir algunos hidalgos 
hombres de honra desta cibdad , que 
acaso se hallaron en aquella villa , assi 
mismo los alcaldes veginos della , en 
(|ue avia hasta veynte finco treynta 
de caballo, gincucnla mas hombres 
de pi, bien aderesgados para la p&z 
para la guerra , si conviniesse usar de las 
armas. E aperonse todos juntronse 
con don Enrique, abrac todos los 
chripstianos y ellos l y todos sus in- 
dios, y lo que se entendi do la pltica 
que con l se tuvo , don Enrique venia 
por saber sentir en qu estado estaba 
la paz, que con l avia assentado el capi- 
tn Francisco de Barrionuevo ; porque el 
mensagero suyo, dicho Gonzalo, y lo que 



se le envi con l no lo avia l visto ni 
topado : el qual indio avia quatro dias 
que desde la misma villa de Agua se avia 
partido en una cara vela, en que l gier- 
tos chripstianos yban buscar don En- 
rique, holgsse mucho de lo saber. E 
luego cncontinente envi don Enrique 
un hombre de los suyos, mas que andar, 
por la costa , en busca de la caravela ; y 
l se assent de espagio y con semblante 
que holgaba de ver los chripstianos : los 
quales avian llevado muy bien de comer 
de muchas gallinas capones pemiles 
de tof ino carne de buenas terneras , y 
el mejor pan vino que se pudo aver. E 
comieron los chripstianos los indios 
principales juntos , los de domas quan- 
tos alli se hallaron con mucho plager 
regogijo ; mas el cagique don Enrique no 
comi ni bebi cosa alguna , aunque 
Francisco Dvila, regidor que agora es 
desta cibdad (que alli se agert), los 
otros chripstianos se lo rogaron. E dio 
por escusa que no estalla sano , que po- 
co antes avia comido, con mucha gra~ 
vedad, sin se reyr, platicaba con todos, 
con un semblante aspecto de mucho re- 
poso auctoridad , mostrando digiendo 
que estaba muy alegre contento de la 
paz de ser muy amigo de los cluipstia- 
nos. En esto estovieron hasta quatro ho- 
ras mas que ovieron comido mejor 
bebido ( porque estos indios muy de gra- 
do toman el vino, quando se lo dan). 
Serian hasta treynta indios los que en es- 
te convite mostr don Enrique , y se ha- 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. IX. 



155 



liaron en estas vistas, todos ellos con lan- 
gas ginetas y espadas y rodelas , al- 
gunos con puales. 

Despus que los alcaldes y aquellos 
hidalgos le ovieron dicho que todos los 
chripstianos serian sus amigos le hariau 
buenas obras , assi porque el Emperador 
Rey, nuestro seor, lo avia enviado 
mandar, como porque ya eran amigos; y 
que l hallarla mucha verdad y entera 
amistad en todos los chripstianos desta 
isla , que sin ningn temor podria solo 
acompaado venir l "los suyos esta 
cibdad de Sancto Domingo todas las 
cibdades villas desta isla , le harian 
todo el placer que l quissiesse resgebir; 
y que assi se avia pregonado en cada 
parte , l dixo que ya no avia de ser sino 
hermano y amigo de todos. E abracando 
los chripstianos , como primero , l 
sus indios se despidieron sin yr la villa 
de Agua , porque dixo que no queria si- 
no yr buscar la caravela, porque los 
chripstianos que en ella yban y el Gon- 
galo, su indio, no se detuviessen por la 
costa buscndole ; los chripstianos le 
dixerou que higiesse su voluntad. E assi 
se fu don Enrique sus indios por la 
misma sierra de los Pedernales , d esta- 
ba, la qual es en partes asaz spera 
montuosa. 

Despus que fu algo apartado del lu- 
gar, donde fueron estas vistas, vieron los 
chrisptianosque, alo que lesparesgi, lle- 
vaba mas gente de la que avia mostrado 
en la comida : lo que entendieron los 
que pressentes se hallaron , don Enrique 
qued muy maravillado de ver salir de 
Agua tal gente , y tan presto y tan bien 
aderesgados dispuestos, assi los de ca- 
ballo como los de pi , con muchos es- 
clavos negros indios que llevaron con 
la comida para se servir curar de sus 



caballos. La admiragion fu porque aque- 
lla villa es pequea : tenia razn de se 
maravillar pensar que la tierra estaba 
recabdo , porque la mitad de los hombres 
de bien que alli se agertaron con Fran- 
gisco Dvila, eran veginos desta cibdad, 
acaso venian de la villa de Sanct Johan 
de la Maguana de ver sus hagiendas , 
otros avian ydo la misma Agua por sus 
negogios. De lo qual don Enrique pudo 
conjecturar que, pues alli avia tales hom- 
bres gente , que muchos mas avria en 
los otros pueblos mayores y en esta cib- 
dad de Sancto Domingo, que el mismo 
don Enrique la sabia muy bien se cri 
en eUa. 

Assi que ydo este cagique y sus indios, 
desde pocos dias volvi la caravela 
los chripstianos que fueron en ella , lle- 
varon al Gonzalo y el presente que es 
dicho; dixeron que se avian holgado 
mucho don Enrique su muger todos 
los otros indios suyos. E luego envi en 
la misma caravela quatro ginco negros 
esclavos y otros indios fugitivos que l 
tenia de los chripstianos, y envi degir 
que, en yndosse algn esclavo negro 
indio los chripstanos, le avissassen de- 
llo : que l los haria buscar los enviarla 
atados sus dueos , conforme lo que 
con l estaba assentado. E assi para prin- 
gipio desta paga, se le dieron por los ne- 
gros indios que envi pagaron sus 
dueos, cuyos eran, la tassa moderagion 
que el capitn Frangisco de Barrionuevo 
avia capitulado con don Enrique; su 
regeptor indios que envi para ello, res- 
gibieron la paga de un tanto por cada 
cabega, y fueron satisfechos su volun- 
tad, y se volvieron su cacique don 
Enrique, llevaron de retorno algunas 
cosas que compraron de aquellos di- 
neros. 



ioG 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



CAPITULO X. 

De cierlos labradores que vinieron de Espaa en este tiempo para poblar en Monle-Chripslo y en Piierlo- 
Real, en la costa del Norte desla isla, por la solicitud de un vecino desta villa, llamado Bolaos. 



n el mismo ailo de mili quinientos 
treynta tres, en fin del mes de agosto, 
vinieron en ima nao esta cibdad 
puerto de Sancto Domingo de la Isla Es- 
pai-iola hasta sesenta labradores, la 
mayor parte dellos con sus mugeres 
hijos, para poblar en Monte-Chripsto y 
Puerto-Real , los quales mand Su Ma- 
gostad ayudar para ello. Y despus que 
algunos dias estovieron descaussando en 
esta cibdad de Snelo Domingo , se fue- 
ron hager su pobla^^ion, truxeron 
giertas capitulagiones y exenciones gra- 
cias libertades que Sus Magostados, 
por les liagcr morded , les congedieron 
para que mejor se poblasse aquella villa 
poblacin que queran poblar. 

En la primera impression desta his- 
toria , dixe que les diesse Diosgragia que 
se conservassen viviessen; porque la 
tierra ninguno perdona que no le prue- 
be en los principios con enfermedades, 
(j'ando nuevamente ella vienen: lo 
(ual no es de maravillar, apartndose 
tanto de donde nasgieron y mudando 
luego los mantenimientos y el ayre en 
tan diferentes climas regiones. La tier- 
ra, donde fueron poblar, es de las 
mejores mas frtiles desla isla toda 
f erca de las minas del oro ; llevaron re- 
cabdo de ornamentos clrigos para la 
iglesia que avian de fundar. Y en la ver- 
dad, lo que este hombre hizo fu cosa 
loable digna de serle agrades^ida, 
pues su intencin obra parescian en- 
caminadas en el servicio de Dios de 
Sus Magostados para mas aumenta- 
cin de la poblacin desta tierra , en lo 



qual despendi mucha parte de su ha- 
cienda todaoste Bolaos, por traer ac 
esta gente. E ya aquel pueblo avia sey- 
do primero poblado se despobl, por 
se aver acabado los indios que servan 
los vecinos pobladores que solia 
aver en aquella villa , que este hombre 
pens reedificar renovar con los que 
he dicho que truxo , guiados por via 
de entender en ganados en agricol- 
tura. 

Al presente, pues que Dios ha traydo 
el tiempo de la segunda impression 
dcslas historias , acuerdo al letor que es- 
ta poblacin no permanesci , por lo que 
subcedi de las grandes nuevas de la 
ri(]ueza del Per , y aun porque quando 
aquellos vinieron , estaban algunos des- 
tos nuevos pobladores en la otra vida ; 
los que quedaban, algunos se fueron al 
Per, por morir mas lexos de Espaa, 
otros otras partes. Y' este pecador que- 
d gastado y enfermo de la persona; 
porque no acort, como pensaba, y por- 
que lo que el tiempo dispono , nunca lo 
consulta con quien lo atiendo. Aquellos 
perdieron su patria quietud, por la pe- 
dricacion palabras de Bolaos, y pen- 
sando huyr la pobreza y ganar de comer, 
no contentos con su estado manera de 
vivir, murieron con su desseo, envueltos 
en mayores noscessidades , desterrados, 
y aun por ventura no enterrados. Y este 
otro, al olordel nombre de capitn, dex 
su oficio do artossano , en que ganaba de 
comer , y perdi lo que avia adquirido 
hasta que le dio este apetito de mandar 
otros, lo qual no todos saben hacer. 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. XI. 



i 57 



CAPITULO XI. 



Cmo fu un padre religioso de la Orden de Snelo Domingo, desde aquesta cibdad de Snelo Domin- 
go de la Isla Espaola , donde el cacique don Enrique estaba con sus indios, ala sierra del Bao- 
ruco, y estuvo all algunos dias ; del subceso de su camino. 



E, 



iU el monesterio de los frayles de 
Sancto Domingo , desta cibdad de Sne- 
lo Domingo de la Isla Espaola, entre 
otros religiosos devotos que en este con- 
vento residen, avia uno llamado fray 
Bartolom de las Casas, persona reve- 
renda, letrado y de buena doctrina 
vida. Pero en el tiempo passado no estu- 
vo muy en gracia de todos en la estima- 
tiva (seyendo clrigo) , causa de gierta 
negogiagion que emprendi , seyendo ya 
sacerdote llamndosse el ligengiado 
Bartolom de las Casas, como se dir 
mas largamente adelante, quando se trac- 
te de la Tierra-Firme isla de Cubagua. 
Pero no obstante que en aquella ncgo- 
giagion no agertasse, su fln pudo ser 
bueno: finalmente, l par en este hbi- 
to Orden. El qual, estando en este mo- 
nesterio, supo lo que avia subgedido en 
la pagificagion de don Enrique, mo- 
vido hager bien , acord de yr ver- 
le, para le consolar acordar lo que 
su nima convenia. E con ligengia del 
prior de su monesterio , fu y estuvo all 
algunos dias, entendiendo como buen 
religioso, en el forgar consejar per- 
suadir don Enrique su gente que per- 
severassen en la paz amistad de los 
cliripstianos,y en ser muy buenos y lea- 
les servidores del Emperador Rey , nues- 
tro seor. E dxoles qun cathlico 
chripstianssimo rey. tenemos diles 
entender la clemengia grande que con 
ellos avia Csar usado, porque sus ni- 
mas no se perdiessen. Certificles que la 
paz amistad les seria enteramente 



guardada , si por ellos no fuesse rompida 
por sus errores : llev ornamentos , 
cliz, hostias, todo lo dems convi- 
niente para celebrar el culto divino; 
dxoles missa cada dia en tanto que en 
su assiento estuvo con don Enrique sus 
indios, aprovech mucho para le ase- 
gurar acordar las cosas de nuestra 
sancta f cathlica. E vnose con este 
padre reverendo hasta la villa de Agua, 
con l muchos de sus indios indias 
muchachos , baptigse el capitn Ta- 
mayo , assi mesmo fueron baptigados 
otros muchos indios indias de edad, 
muchachos nios. E en mucha paz 
sosiego se tornaron su assiento sierras, 
donde este reverendo padre los hall ( 
primero el capitn Frangisco de Barrio- 
nuevo), todos muy alegres ufanos 
loando Dios, dexando experanga que 
han de perseverar en la f. 

Dicho se h que en todo el tiempo que 
tur la rebelin de don Enrique , no de- 
xaba de ayunar los viernes, ni dex de 
rezar el pater noster y el ave Harta, y aun 
muchos dias las horas de Nuestra Seora. 
Tenia otro estilo, dems de ser en la ver- 
dad, segund digen, chripsiiano: que para 
conservar su gente para la guerra, y que 
fuessen hombres de esfuerzo y de fuer- 
zas y de hecho , no daba lugar ni con- 
senta que los hombres llegassen las 
mugeres, ni las conosgiessen carnalmen- 
te, si ellos no pasassen de veynteginco 
aos. Acuerdme aver visto en un trac- 
tado que escribi Leonardo Arefino , lla- 
mado El guila volante, que los saxones 



58 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



se delectaban de la guerra de la caga, 
que los hombres no se allegaban las 
mugeres en el acto venreo , hasta que 
eran de veynte finco aos. Si don En- 
rique avia leydo sabido esto, era 
invencin suya , no lo s ; pero el que esto 
dixo del fu este padre fray Bartolom, 
sesund me informaron : assi dixo otras 
cosas muchas, en loor deste cacique, di- 
ciendo que estaba muy adelante en la f 
y como buen chripstiano. Los seores oy- 
dores desta Audiengia Real estovieron 
muy enojados de la yda deste padre, sin 
su ligengia sabiduria , donde estos in- 



dios y don Enrique estaban, temiendo 
que se podran alterar por ser tan regien- 
te fresca la paz ; pero cmo su yda qui- 
so Nuestro Seor que fuesse provechosa 
qul tengo dicho , holgaron del buen sub- 
gesso le dieron las gragias de su tra- 
bajo. E assi se espera que de dia en dia 
esta gente ser mas domstica, mejo- 
res chripstianos , para que Dios sea mas 
servido sus nimas se salven. Vivi don 
Enrique poco mas de un ao, despus 
destas pages, acab como chripstiano. 
Haya Dios misericordia de su nima: 
amen. 



CAPITULO XII. 

De la venida del licenciado Alonso Lpez Qerralo esla cibdad de Sancto Domingo de la Isla Espa- 
ola, tomar residencia al Audiencia Real todas las otras justicias desta cibdad isla. E vino provey- 
do por oydor de la dicha Audiencia el licenciado Alonso de Grageda, llegaron con estos nuevos oydo- 
res veynte seys veynle siete naos de armada de mercadera , martes primero dia de enero de 

mili quinientos c quarenta y quairo aos *. 



Hil ligengiado Alonso Lpez Cerrato, na- 
tural de Mengabril, aldea de Medellin, 
tom residencia al obispo presidente, don 
Alonso de Fuenmayor, los ligengia- 
dos oydores desta Real Changilleria, 
la envi Espaa al Real Consejo de In- 
dias ; por lo que all se determine, vista 
la residengia , se sabr si los agravi 



les hizo justigia. El obispo acord de yr 
Espaa , y el ligengiado Johan de Vadi- 
11o assi mismo, seguir su justigia. El li- 
gengiado Guevara, desde poco tiempo, 
muri; y el ligengiado Cervantes qued 
ac, pero no residi en la Audiengia hasta 
ver cmo subgedia su despacho. Y quanto 
esto que est en justigia , pende donde 



' El titulo de esle capitulo se halla borrado de 
mano del autor y reducido los presentes te'rmi- 
nos. Sin embargo puede leerse en el cdice origi- 
nal en esla manera: 

((De la venida del licenciado Alonso Lpez de 
Qerrato esla cibdad de Sancto Domingo de la Isla 
Espaola, por mandado de Su Magestad, lomar 
residencia al obispo presidente, don Alonso de 
Fuenmayor , los oydores desla Audiencia Real 
que aqu residen , los licenciados Johan de Vadillo 
c Qervantes Guevara, todas las oirs ',ust- 
cias desla cibdad isla, de todas las oirs partes 
anexas la jurisdicion desla Chancilleria : al qual 
mand Su Magestad venir lo que es dicho re- 
sidir por su presidente en este Real tribunal como 
su principal gobernador destas partes Tierra-Fir- 
me E vino proveydo por oydor de la dicha Au- 
diencia el licenciado Alonso de Grageda , llega- 



ron con el dicho seor presidente estos nuevos oy- 
dores, con veynle seys veynle siete naos de 
armada de mercadera , martes primero dia de 
enero de mili quinientos quarenla quairo aos. 
E decirse ha en esle captulo de la persona par- 
tes del nuevo presidente, en suma se locarn al- 
gunos subcesos de la residencia de la nueva for- 
ma c orden reformacin que de ahy adelante ovo 
en la justicia gobernacin destas partes. 

Se ha credo conveniente poner aqui el ttulo del 
presento capitulo, tal como se escribi primero y 
puede entenderse, porque sobre hallarse en el los 
nombres de los jueces residenciados, que no se ex- 
presan en el texto , se anuncia la narracin de cier- 
tas innovaciones, inlroducidas en la gobernacin 
de las Indias, con ocasin de dicha residencia : pro- 
psito de que pareci arrepentirse despus Oviedo. 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. XII. 



459 



es dicho , no hay que de?ir. Quedaron en 
la dicha Audiencia dichos ligengiados 
Cerrato y Grageda gobernando usando 
sus efugios de oydores: en el qual tiem- 
po Cerrato, por especial comisin que se 
le dio , tom las qentas de la Hagienda 
Real , hizo muchos alcanges , cobr 
parte dellos, a otros dio espera, para 
pagar lo que deban en diversos tiempos 
trmino, como le paresgi*. De la for- 
ma que este juez tuvo en la administra- 
cin de la justifia muchos se quexaron 
del se quexan. Yo no me determino si 
tienen razn todos no , en lo que toca 
sus intereses , porque desso Su Ma- 
gestad el Real Consejo de Indias lo han 
de determinar; y m no me est bien 
de hablar en esto, porque la cibdad de 
Sancto Domingo me envi m al ca- 
pitn Alonso de Pea por sus procurado- 
res Espaa , con su poder instru- 
gion, por el mal concepto que de Cerrato 
de su reguridad la cibdad tenia. Pero 
como son cosas de justicia, passemos ade- 
lante. Yo no le tengo por tan malo, como 
la opinin de muchos le pregona; porque 
es letrado y cursado en las cosas de jus- 
ticia , pienso que su voto ebtre letrados 
seria admitido. Pero otra cosa es ser go- 
bernador, no tener quien le vaya la 
mano. S lo menos que es sacudido, y 
que no tracta bien de su lengua los que 
antl litigan, ha de hager justicia; por- 
(pie pienso que querra mas espantarlos 
enmendarlos con un aspecto ayrado , 
palabras speras, que con el agote cu- 
chillo. Y aunque esse artifigio fuesse assi 
(que no lo s , porque solo Dios entiende 
al hombre) , esas sus amenazas palabras 
le hagen aborresgible ; porque en fin los 
hombres no han de ser maltractados de la 



lengua del juez, ni vituperados, s color 
del mando auctoridad de la justigia 
ofigio superior. 

No s en lo que parar este negogio. 
Guelo Dios su servigo : que lo menos 
la verdad se dir por nuestra parte, con- 
forme la instrugion de nuestra cibdad y 
buena congengia. Y assi creo que el 
muy ilustre presidente , marqus de Mon- 
dejar , y los seores del Consejo Real de 
Indias que con su seora asisten en es- 
tas cosas de Indias, lo proveern cmo 
Dios y Sus Magestades sean servidos y 
aquesta nuestra isla sea conservada, pues 
que es tan digna de ser favoresgida ayu- 
dada , tan importante. Pero ya que es- 
tove despachado para volver la isla, 
qued gertificado de alguno de los seo- 
res del Consejo Real , que Cerrato seria 
removido ( assi lo fu) del dicho cargo, 
y que se nos dara juez de resdengia pa- 
ra que l y el lgengado Grageda la hi- 
giessen. E proveyeron de nuevo por oy- 
dores al ligengiado Bermudez al lgen- 
gado Corita. Dios les d gragia que sir- 
viendo Dios y al Emperador hagan jus- 
tigia de tal manera, que esta isla se au- 
mente conserve, mediante su buena go- 
bernagion , de lo qual hay mucha nesges- 

sidad. 

Pero el ligengiado Bermudez que se d- 
xo de suso, mud de propssito; fu ele- 
gido por oydor el ligengiado Johan Hur- 
tado de Salgedo y Mendoga, (lerrato 
se le dio la gobernagion presidengia 
del Audengia Real, que reside en los 
confines de Honduras , se fu all ser- 
vir su ofigio. Y qued la Isla Espao- 
la con mucho gozo de su partida, espe- 
rando al nuevo presidente , del qual ser 
fecha mengion en el discurso destas hs- 



' Aqiii se leen en el original , aunque est bor- 
rado csle pasage , las siguientes noticias , dignas 
del conocimiento de los lectores: 

Como qiiier que ello fu, me gertific l que pas- 



saban de LXXX mili pesos de oro los que declar 
ser debidos Sus Magestades, y tenindose Su 
Magestad por servido del , se le mandaron dar dos- 
cientos mili maraveds de ayuda de costa. 



1G0 



HISTORIA GENERAL Y NATI-RAL 



loi'ias y en la parto que convenga. 

En el ao de mili quinientos qua- 
renta nueve torn la cibdad isla 
el reverendssimo seor obispo, don 
Alonso de Fuenmayor, con ttulo de ar- 
zobispo desta nuestra cibdad , nueva- 
mente metropolitana, su seoria el pri- 
mero arzobispo della : el qual por su 
bondad era asaz desseado de todos los 
desta isla. Plegu nuestro Rederaptor 
que sea por muchos aos y su sancto 
servicio: que con su venida se espera 
mucho acresgentamiento prosperidad 



esta nuestra isla sus comarcas ; por- 
que, dems de su buen exemplo y doc- 
trina chripsliana, es buen servidor leal 
Sus jMagestades, muy caritativo 
socorredor de los pobres nesgessitados 
(assi en general como en particular), 
muy bienquisto amado de todos. 

E porque estas cosas de gobernado- 
res gobernados son comunes menos 
aplacibles en estas legiones que las otras 
novedades historias que el letor dessea 
entender , passar al libro VI , que trac- 
tar de materias cosas de mejor gusto. 



Este es el liI)ro sexto de la primera parte de la Natural y General historia de las 
Indias , Islas y Tierra-Firme del mar Ocano : el qual tracta de diversas materias 
gneros de cosas, assi mismo se llama libro de los depsitos. 



r oco tiene qne ha^er en decir la ver- 
dad el hombre libre que dessea usar de- 
Ha; pero saberla referir, como mejor pa- 
rezca suene los que la oyen , ha de 
ser por gracia especial, junto con el arte 
hermosa forma de narrar las cosas, en 
que el orador escriptor quiere dar 
entender lo que ba de resfitar escri- 
bir , para que con mas delectacin sea 
escuchado. Y como essa gragia orna- 
mento de palabras no acompaan mi 
pluma, doyle por guia mi Dios, 
quien suplico con mis indignas oraciones 
que la favorezca , para que loando su om- 
nipotencia pueda proseguir concluir 
estas materias que aqui se tractan , de 
tal manera , que yo las sepa dar enten- 
der como ellas son. Y la sombra de la 
divina misericordia, nunca pienso des- 
acordarme que el sancto Job dice : Mien- 
tras tura mi aliento en m , y el espritu de 
Dios en mis narices , no hablarn mis la- 
bios maldad, ni mi lengua pensar lamen- 
tira *. 

Y con esta determinacin , digo que 
es tanta la abundancia de las materias 



que me ocurren la memoria , que con 
mucha dificultad las puedo acabar de es- 
crebir distinguir, no con poco traba- 
jo ni con pocas minutas , continuar 
conformar aquellas cosas que concier- 
nen, son en algo semejantes mas 
apropiadas la historia que se sigue. Y 
porque tractando de algunas particulares 
de que hay clara distencion, son desse- 
mejantes en s , no se compadesce cada 
una dellas darle libro distinto por su bre- 
ve narracin volumen, porn de aques- 
tas tales, como en depsito comn, en 
este libro VI las que me acordare y 
supiere (de tal calidad y diferencia); 
porque quanto mas raras y peregrinas 
fueren, y no de compararse las unas 
las otras , tanto mas ser cada qual dellas 
mas digna de ser sabida y no puesta en 
olvido. 

Y comenzar en las casas y moradas 
que estos indios tenan ; tras lo qual se 
dir del juego del batey, que es el mis- 
mo que el de la pelota (pero en diferen- 
te manera y pelota exerctado ) ; y assi 
mismo se dir de dos huracanes tem- 



( Job , cap. 27. Quia douoc supercsl halilu,'; n 
me, el spirilus Dci in naribus meis, non luijuonlur 
TOMO . 



laljia nica iniqiilalcni , ncc lingua mea meditabilur 
mendaciuni. 



<G2 



IJISTOHIA GENERAL Y NATURAL 



pestades sealadas y de niuclio espaiiU 
que ovo ea esta Isla Espaola ; y assi 
pro^'ediendo en cosas diferoiu;iadas de 
unas en otras, como en secresto o arma- 
rio, se colmar este libro depositario, 
sexto; porque despus mas fcilmente en 
los libros siguientes deslinlos pueda es- 
crebir acomular las otras materias que 
fueren muchas de una espegie natura, 
quassi. Y podr yo llevar la orden que he 
desseado tener en esta Historia Natural y 
General de las Indias ; porque en los li- 
bros precedentes, de que lie tractado 
Jiasta aqui , fue nesgessario yr mezcladas 
muchas materias , causa de decirse los 
viajes descubrimientos destas partes 
que hizo el primero almirante delias ( 
otros capitanes ) , como en relatar su vida 
mritos del de sus subgessores ; y de 
la manera de gobernacin suya , de la 
que otros despus del tovieron , y tam- 
bin para dar notigia de la verdad de la 
historia en muchas cosas trauges beli- 
cosos diferentes que acaesfieron , 
otros auctores en diversas epstolas de- 
cadas volmines han escripto desde 
Espaa ; y tambin para dar entender 
la verdadera cosmographia de las tierras 
provincias, de que se ha fecho men- 
cin ; de la gente natural destas partes 
islas cmo fueron conquistadas ; y 
de otras cosas notables que quedan me- 
moradas en los finco libros antes deste. 
Avisaos , letor , que en lo que est 
por defir siempre hallareis cosas nue- 
vas en este libro del depsito , y en 
los que adelante entiendo escrebir ; y 
llamle del depsito depositario, por- 
que todo lo que aqui se dir en su- 
ma compete mas particularmente di- 
versas provincias partes , donde en 
efeto quadran puntualmente tales histo- 



rias. Assi mismo hallareis, lelor, gran- 
des ocasiones y muchas causas y razn 
para dar gracias Nuestro Seor , y para 
(piedar admirado qualquiera discreto va- 
ron con tanta variedad de secretos, no 
usados ni oydos hasta nuestros tiempos 
tan particularmente ( nunca sabidos mu- 
_^chos dellos ) , hasta que la experiencia 
la milicia armas de nuestros espaoles 
los han con su virtud y trabajos perso- 
nalmente visto experimentado y notifi- 
cado, aumentando la repblica de Jesu- 
Chripsto , nuestro rcdemptor , y sirvien- 
do al Emperador, su Real silla 
ceptro de Castilla , cuyo es aqueste gran- 
dssimo imperio : dndome mi por exer- 
cicio en esto que escribo una materia tan 
famosa alta copiosa , que la vida del 
antiguo Nstor, que tanto supo tanto vi- 
vi, como dice Francisco Petrarca', con la 
de aquel rey gaditano, llamado Arganto- 
nio ^, no fueran tan largasjuntadas con la 
mia, acrescentdose las dos en el nmero 
de mis aos, que pueda yo llegar al cabo 
lo que se puede escrebir en este caso. 
Homero ^ afirma de Nstor que vivi lon- 
gussimo tiempo , que por doctrina ex- 
periencia fue sobre todos los griegos sa- 
pientssimo, en las armas excelente: el 
qual venci los de Thesalia fue con 
Thesseo Perilhoo contra los centauros, 
se hall en la una en la otra guerra 
troyana , en ambas pele en favor de 
los griegos. Ovidio dice que vivi dos- 
cientos aos *. Argantonio , rey gaditano, 
dice Plinio * que reyn ochenta aos , y 
que comenz reynar, seyendo de edad 
de quarenta. Assi que, segund estos auc- 
tores , trescientos y veynte aos vivieron 
estos dos que he dicho. Pero en la bre- 
vedad de mi vida , dir lo que fuere Dios 
servido que por m se continen estas 



\ Triumph. de la Fama, cap. II. 

2 Plin., lib. VII, cap. 48. 

3 Homero en la lli.ida. 



4 Mclham. , lib. 12. 
b Plin. , lib. 7, cap. 48. 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. I. 



163 



materias ; donde con mis canas , passado 
ya de los sesenta nueve aos que li 
que vivo, ningn dia se me passa fuera 
desta ocupacin (algunas horas) , traba- 
jando todo lo que en m es y escribiendo 
de mi mano , con desseo que antes del 
ltimo dia de los que me quedan yo pue- 
da ver corregido y en limpio impresso lo 
que en todas tres partes de aquesta Ge- 
neral Historia de Indias yo tengo notado. 
Y entre tanto que el sol me tura , estoy 
agora , en este ao de la Natividad del 
Redemplor de mili quinientos qua- 
renta ocho , dando orden como en este 
ao en el siguiente , se reimprima esta 
primera parte, acresgentada y enmenda- 



da y mas ornada que estuvo en la pri- 
mera impression ; assi mismo se impri- 
mir la segunda , y yo quedar conti- 
nuando la tercera ; en la qual no rae fal- 
tar voluntad para concluirla, pues que 
est una grand parte della escripia en 
minutas. Y espero en Nuestro Seor que 
poco tiempo despus que estas dos par- 
tes parezcan, saldr la ltima, en que se 
progede hasta lo que en mi tiempo est 
descubierto visto por los capitanes , y 
exrcitos de Sus Magostados en la Tier- 
ra-Firme mares della ; assi en este nues- 
tro horizonte polo rtico, como en la 
otra parte , ultra la equino^ ial , del otro 
hemispherio polo antartico. 



CAPITULO . 

El qual Iracta de las casas y moradas de los indios desla Isla Espafiola , por olro nombre llamada 

Hayti. 



T ivian los indios desta Isla de Hayti 
Espaola en las costas riberas de los 
rios gerca de la mar, en los assientos 
que mas les agradaban, eran en su 
propssito, assi en lugares altos, como en 
los llanos en valles florestas; porque 
de la manera que queran assi hagian sus 
poblaciones hallaban dispusifion para 
ello ; junto sus lugares tenan sus la- 
branzas conucos (que assi llaman sus 
heredamientos) de mahizalos yuca , 6 
arboledas de fructales. Y en cada placj'a 
que avia en el pueblo villa estaba lu- 
gar diputado para el juego de la pelota 
(que ellos llaman bateij] y tambin las 
salidas de los pueblos avia assi mismo 
sitio puesto con assientos, para los que 
mirassen el juego , mayores que los de 
las placas , de lo qual en el captulo si- 
guiente se Iractar mas largo. 

Tornemos las casas en que moraban, 
las quales comunmente llaman buhio en 
estas islas todas (que (piiere decir casa 
morada); pero propriamcnte en la len- 



gua de Hayti el buhio casa se llama 
eracra. Estas eracras buhios son en una 
de dos maneras, en ambas se hafian, 
segund la voluntad del ediiicador; y la 
una forma era aquesta. Hincaban muchos 
postes la redonda de buena madera, y 
de la grosoza (cada uno) conviniente, y 
en circuyto quatro chineo passos el un 
poste del otro , en el espagio que que- 
ran que oviesse de poste poste: so- 
bre ellos, despus de hincados en tierra, 
por enf ima de las caberas, en lo alto 
pnenles sus soleras, sobre aquellas po- 
nen en torno la vararon (que es la tem- 
pladura para la cubierta) ; las cabezas 
grueso de las varas sobre las soleras que 
es dicho, lo delgado para arriba, don- 
de todas las puntas de las varas se jun- 
tan resumen en punta, manera de pa- 
belln. E sobre las varas ponen do tra- 
vs caas , latas de palmo palmo ( 
menos), de dos en dos ( sencillas) , so- 
bre aquesto cubren de paja delgada 
luenga: otros cubren con hojas de bihaos: 



464 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



otros con cogollos de cafias : oros con 
hojas de palmas , y tambin con otras 
cosas. En la baxo , en lugar de paredes 
desde a solera tierra , de poste pos- 
to, ponen caas hincadas en tierra, some- 
ras tan juntas , como los dedos de la 
mano juntos ; nna i'i par de otra haf en 
pared , ataas muy bien con bexucos, 
(jue son unas venas corroas redondas 
que se crian revueltas los rboles (y 
tambin colgando dellos) como la cor- 
rehuela: los quales bexucos son muy 
buena atadura , porque son flexibiles 
taxables , no se pudren , sirven de 
clavacon ligaron en lugar de cuerdas 
y de clavos para atar un madero con 
otro, para atar las caas assi mismo. 
El buhio casa do tal manera fecho, ll- 
masse ccmey. Son mejores mas seguras 
moradas que otras, para defenssa del ay- 
re, porque no las coja tan de lleno. Es- 
tos bexucos que he dicho ligaron, se 
hallan dellos quanos quieren, tan 
gruesos delgados, como son menester. 
Algunas ve'es los hienden para atar co- 
sas delgadas , como hacen en Castilla los 
mimbres para atar los arcos de las cu- 
bas ; y no solamente sirve el bexiico pa- 
ra lo que es dicho, pero tambin es me- 
difina!; hay diversos gneros de be- 
xucos, como se dir en su lugar adelante, 
quando se tracto de las hiervas, plan- 
tas, rboles medicinales sus proprie- 
dades. 

Esta manera de casa caney, para 
que sea fuerte bien trabada la obra 
armaron toda , ha de tenor en medio un 
poste mstel de la groseza que con- 
venga , que se fixe en tierra quatro 
cinco palmos hondo, que alcance has- 
ta la punta capitel mas alto del buhio; 
al qual se han de atar todas las puntas de 
las varas. El qual poste ha de estar co- 
mo aquel que suele aver en un pabelln 
tienda de campo, como so traen en los 
cxrfitos reales en Espaa Italia, 



porque por aquel mstel est fixa la casa 
toda caney ; y porque mejor se entien- 
da esto , pongo aqui la manera figura 
del caneij , como baste ser eulendidu 
[Lmina \ .", fg. 9."). 

Otras casas bullios hagen assi mismo 
los indios , y con los mesmos materiales; 
pero son de otra fafion y mejores en la 
vista , y de mas apossento , para hom- 
bres mas principales caciques; hechas 
dos aguas y luengas , como las de los 
chripstianos, assi de postes paredes 
de caas y maderas, como est dicho. 
Estas caas son magizas y mas gruessas 
que las de Castilla y mas altas, pero 
crtanlas la medida de la altura de las 
paredes que quieren ha^er, y tre- 
chos en la mitad van sus horcones , que 
ac llamamos haytinalcs, que llegan la 
cumbrera caballete alto ; y en las prin- 
cipales hagen unos portales que sirven 
de zagun resgibimiento , cubiertas 
de paja, de la manera que yo he visto en 
Flandes cubiertas las casas de los villajes 
aldeas. E si lo uno es mejor que lo otro 
mejor puesto , creo que la ventaja tiene 
el cobrir de las Indias mi ver , porque 
la paja o hierva de ac, para esto es mu- 
cho mejor que la paja de Flandes. 

Los chripstianos hacen ya estas casas 
en la Tierra-Firme con sobrados quar- 
fos altos ventanas, porque como tie- 
nen clavaron hacen muy buenas ta- 
blas, y lo saben mejor edificar que los 
indios , liaren algunas casas de aques- 
tas , tan buenas , que qualquier seor 
se podra apossentar en algunas dolas. 
Yo hife una casa en la cibdad de Sne- 
la Maria del Antigua del Daen, que no 
tenia si no madera caas, paja al- 
guna clavazn , y me cost mas de mili 
quinientos pesos de buen oro : en la qual 
se pudiera apossentar un principe , con 
buenos apossentos altos baxos, con 
un hermoso huerto de muchos naranjos 
otros rboles , sobre la ribera de un gen- 



til rio que passa por aquella cibdad. La 
qual repblica, ea desdicha de los veci- 
nos della , en desservigio de Dios y de 
Sus Magestades , y en dao do muchos 
particulares , de hecho se despobl por la 
malicia de quien fu causa dello. 

Assi que de una destas dos mane- 
ras que he dicho son las casas buhios, 
eracras desta isla de otras islas, que 
los indios hagen en pueblos y comunida- 
des y tambin en caseros apartados en 
el campo , y tambin en otras diferencia- 
das maneras, como se dir en la segunda 
paria desta Natural y general Historia, 
qua:ido se trete de las cosas de la Tier- 
ra-Firme; porque all en algunas provin- 
cias son de otra forma , y aun algunas 
dellas nunca oydas ni vistas , sino en 
aquella tierra. Pero pues se debux la 
forma del caney casa redonda, quiero 
assi mismo poner aqui la segunda mane- 
ra de casas que he dicho , la qual es, co- 
mo aquesta que est aqui patente [Lmi- 
na 1., fi(j. 10."), para que mejor se en- 



DE INDIAS. LIB. V. CAP. 1. 165 

tienda lo que en la una y en la otra ten- 
go dicho. Y pudesse tener por c'i^irto 



que los dos tres aos primeros la cu- 
bierta de paja , si es buena y bien puesta, 
que son de menos goteras que las casas 
de teja en Espaa ; pero passado el tiem- 
po que digo , ya la paja va pudridndosse, 
es nesgessario revocar la cubierta aun 
tambin los estantes postes, excepto si 
son de algunas maderas de las que hay 
en estas partes, que no se pudren deba- 
xo de tierra ; assi como la corbana en es- 
ta isla ; y el (juaijacan me dicen que en la 
provincia de Venezuela hagen estantes 
las casas con ello , que no se pudren 
por ningn tiempo. Y en la Tierra-Firme 
hay otra madera , que la llaman los 
chripstianos madera rrieta , que tampoco 
no se pudre debaxo de la tierra; pero 
porque en otras partes se hade Iractarde 
las maderas , y se especificaran mas las 
calidades dellas , no hay nesfessidad de 
degir aqui mas de lo que toca estos 
edificios maneras de casas. 



CAPITULO II. 

Del juego del batey de los indios, que es el mismo que el de la polola , aunque se juega de olra manera, 
como aqui se dir , y la pelota es de otra especie materia que las pelotas que entre los cliripstianos 

se usan. 



ues en el captulo de suso se dixo de 
la forma de los pueblos de las casas 
de los indios, y que en cada pueblo avia 
lugar diputado en las plazas y en las sa- 
lidas de los caminos para el juego de la 
pelota , quiero degir de la manera que se 
jugaba y con qu pelotas ; porque en la 
verdad es cosa para oyr notar. En torno 
de donde los jugadores hagian el juego, 
diez por diez y veynte por veynte , y mas 
menos hombres, como se concertaban, 
tenan sus assientos de piedra ; al cag- 
que hombres prngipales ponanles unos 
banqin'llos de palo, muy bien labrados. 



de lindas maderas , con muchas labores 
de relieve concavadas, entalladas y es- 
culpidas en ellos, los quales bancos 
escabelo llaman duho. E las pelotas son 
de unas rayges de rboles de hiervas 
gumos mezcla de cosas, que toda junta 
esta mixtura paresge algo gerapez negra. 
Juntas estas y otras materias, cugenlo 
todo hagen una pasta; c redondanla 
hagen la pelota, tamaa como una de las 
de viento en Espaa, mayores meno- 
res: la qual mixtura hage una tez negra, 
no se pega las manos ; despus que 
cstenxuta trnasse algo espongiosa , no 



G(3 



IllSTOUIA GE.NERAL Y NATLHAL 



por (juc tenga agiigcro ni vacuo alguno, 
como la esponja , pero alijeresgesse , y es 
como fofa y algo pessada. 

Estas pelotas sallan ninclio mas que las 
de viento sin conipararion, porque de 
solo soltalla de la mano en tierra, suben 
mucho mas para airiha , dan un salto 
otro otro y muchos , disminuyendo 
en el saltar por s mismas, como lo ha- 
gen las pelotas de viento muy mejor. 
Mas como son magizs, son algo pessadas; 
si les diessen con la mano abierta con 
el puo terrado , en pocos golpes abriran 
la mano la desconcertaran. Y esta 
causa le dan con el hombro y con el 
cobdo y con la cabcf a , y con la cadera 
lo mas continuo, con la rodilla; y con 
tanta presteza y soltura , que es mucho de 
ver su agilidad , porque aunque vaya la 
pelota quassi par del suelo, se arrojan de 
tal manera desde tres quatro passos 
apartados, tendidos en el ayre, y le dan 
con la cadera para la rechagar. Y de 
qualquier bote manera que la pelota 
vaya en el ayre ( no rastrando), es bien 
tocada; porque ellos no tienen por mala 
ninguna pelota ( mal jugada), porque 
haya dado dos , ni tres, ni muchos saltos, 
con tanto que al herir, le den en el ayre. 
No hagen chacas , sino pnense tantos 
un cabo como otro , partido el terreno 
comps del juego, y los de acull la 
sueltan sirven una vez , echndola 
en el ayre, esperando que le toque pri- 
mero qualquiera de los contrarios ; y en 
dndole aquel, luego subgedeelque antes 
puede de los unos de los otros, y no 
gessan con toda la diligengia possible 
ellos, para herir la pelota. Y la contencin 
es que los deste cabo la hagan passar del 
otro puesto adelante de los contrarios , 
aquellos la passen de los lmites pues- 
to destos otros ; y no gessan hasta que 
la pelota va rastrando, que ya por no 
aver seydo el jugador tiempo, no ha- 
ge bote , est tan lexos que no la al- 



canga, ella se muere se para de por 
si. Y este vengimiento se cuenta por una 
raya, tornan servir para otra los que 
fueron servidos en la passada , tantas 
rayas, (juantas primero se acordaron en la 
postura, v el presgio que entre las partes 
se congierta. 

Algo paresge este juego en la opinin 
contraste del al de la chueca , salvo 
que en lugar de la chueca es la pelota, y 
en lugar del cayado es el hombro ca- 
dera del jugador , con que la hiere rc- 
chaga. Y aun hay otra diferengia en esto: 
y es que siendo el juego en el campo y 
no en la calle, sealada est la anchura 
del juego ; y el que la pelota echa fuera 
de aquella latitud , pierde l los de su 
partida la raya , trnasse servir la pe- 
lota , no desde alli por do sali al travs, 
sino desde donde se avia servido antes 
que la echassen fuera del juego. En Ita- 
lia , quando en ella estuve , vi jugar un 
juego de pelota muy gruessa , tan grande 
como una botija de arroba mayor , 
llmanla baln paln. Y en espegial lo 
vi en Lombardia y en aples muchas 
veges gentiles hombres ; y dbanle 
aquella pelota haln con el pi , y en la 
forma del juego paresge mucho al que es 
dicho de los indios , salvo que como ac 
hieren la pelota con el hombro rodi- 
lla , con la cadera , no van las pelotas 
tan por lo alto como el baln que he di- 
cho como la pelota de viento menor. 
Pero sallan estas de ac mucho mas el 
juego en s es de mas artifigio trabaxo 
mucho. Yes cosa de maravillar verqun 
diestros y prestos son los indios ( aun 
muchas indias) en este juego: el qual lo 
mas continuamente juegan hombres con- 
tra hombres , mugeres contra mugeres, 
y algunas veges mezclados ellos y ellas; 
y tambin acaesge jugarle las mugeres 
contra los varones, y tambin las casa- 
das contra las vrgines. 

Es de notar, como en otra parte que- 



E INDIAS. LIB. VI. CAP. II. 



167 



da dicho , que las casadas mugores que 
lian cusgido varou traca revuelta una 
mantilla de algodn al cuerpo , desde la 
cinta hasta medio muslo; las vrgines 
ninguna cosa traen, jugando no jugan- 
do, en tanto que no han conosf ido hom- 
bre carnalmente. Pero porque las cagicas 
mugeres principales casadas traen estas 
naguas mantas desde la finta hasta en 
tierra , delgadas muy blancas genti- 
les , si son mugeres mocas quieren ju- 
gar al 6rt/ey , dexan aquellas mantas luen- 
gas , pnense otras aortas , medio 
muslo. Y es cosa mucho de admirar ver 
la velocidad presteza que tienen en el 
juego, y qun sueltos son ellos y ellas. 
Los hombres ninguna cosa traian delante 
de sus vergenzas, ante que los chripstia- 
nos ac passassen, como tengo dicho; 
pero despus se ponian algunos , por la 
conversacin de los espaoles , unasyj)i- 
panillas de pao algodn otro lien- 
Co, tamao como una mano , colgando de- 
lante de sus partes vergoncosas, prendido 



unhiloqueseceian(m. ^.',pg- 11.). 

Pero por esso no se escussaban de mos- 
trar quanto tenian , aunque ningn vien- 
to hiciesse, porque solamente colgaba 
aquel trapillo , prcsso en lo alto y suelto 
en las otras partes , hasta que despus 
fueron mas entendiendo ellos y ellas, cu- 
brindosse con camisas que hacan de 
algodn muy buenas. Y al pressente es- 
sos pocos que hay, todos andan vestidos 
o con camisas , en especial los que estn 
en poder de chripstianos; y si algunos 
no lo hacen assi , es entre las reliquias 
que han quedado destas gentes del caci- 
que don Enrique , del qual se hizo men- 
cin en el libro precedente. 

Este juego de la pelota invencin de 
tal pasatiempo atribuye Plinio * al rey 
Pirro , del qual ninguna noticia tienen 
estas gentes : por manera que deste pri- 
mor no debe gocar Pirro, hasta que sepa- 
mos quin fu el verdadero primero en- 
soador de tal juego, pues questas gentes 
se han de tener por mas ant iguas que Pirro . 



CAPITULO III. 

Que Irada de los huracanes lormcnlas que ovo en esta Isla Espaola en la mar y en la licr , muy 

sealadas y espanlables y daosas , despus que los chripslianos passaron eslas parles poblaron esta 

isla ; por las quales dos tormentas huracanes se pueden entender todos los desla calidad. 



Huracn, en lengua desta isla, quiere 
decir propriamente tormenta tempes- 
tad muy excesiva ; porque, en efecto, no 
es otra cosa sino grandssimo viento 
grandssima y excesiva lluvia, todo junto 
qualquiera cosa destas dos por s. 
Acaesci un mircoles, tres dias de agos- 
to ao de la Natividad de nuestro Re- 
demptor Jesu-Chripsto de mili quinien- 
tos ocho aos (seyendo gobernador 
desta isla el comendador mayor de Al- 
cntara, don Frey Nicols de Ovando), 
quassi hora de medio dia , que sbita- 



mente vino tanto viento agua junto, 
tan excesiva cada cosa destas , que en 
esta cibdad de Sancto Domingo cayeron 
por tierra todos los bullios o casas de 
paja, aun algunas de las que estaban 
labradas de paredes tapias quedaron 
muy dannificadas atormentadas. Y en 
la misma sacn en muchos pueblos desta 
isla ovo lo mismo, subcedieron desta 
causa encontinente muy grandes daos 
en los campos, y quedaron destruidas las 
heredades. Y la villa que llaman la Bue- 
nu-Ventura la puso el huracn toda por 



i Plinio, liliro VII , capitulo b6. 



IGS 



HISTORIA GEM-.UAL Y NATURAL 



el suelo, y la dex tal que se podia me- 
jor degir mala triste ventura , derri- 
bada ventura (para muchos que queda- 
ron destruidos en ella ) ; y lo que mas re- 
fro y de mayor dolor fue que se perdie- 
ron en el puerto desta fibdad mas de 
veyute naos y caravelas otros navios. 

El viento era norte tal que, assl co- 
mo comenz cargar, entraron presto los 
hombres de la mar que estaban seguros 
en tierra echar mas ncoras cables 
por asegurar sus naos , cmo fue au- 
mentndosse mas y mas la tormenta , no 
aprovech ninguna industria ni pruden- 
fia de los hombres , ni quanta diligencia 
aparejos pusieron para su defensa : que 
todo se rompi arranc las naos na- 
vios chicos grandes los sac el viento 
por fuerza del puerto, este rioabaxo, 
los meti en la mar dio con algunos 
dellos al travs por estas costas bravas , 
otros aneg que no paresgieron mas. 

E cambise despus el tiempo y el 
viento al opssilo sbitamente por el con- 
trario, no con menor mpetu furia ; 
fue tan grande el sur, como avia seydo 
el norte, volvi mal de su grado 
(trompicando) algunos navios al puerto. 
E cmo el norte los avia echado fuera 
llevado la mar, assi los hizo volver el 
sur este rio por l arriba. E despus 
tornaban para abaxo , sin verse de algu- 
nos dellos sino solamente las gavias, 
todo lo dems hundido debaxo del agua: 
de guisa que, como he dicho, el viento 
norte los avia llevado la mar, y el 
viento de medioda sur los torn la 
tierra. En la qual tribulacin se ahogaron 
muchos hombres, tur lo mas re^io de 
aquesta tormenta veynte quatro horas 
naturales, hasta otro dia jueves, medio 
dia. Pero no gess sbitamente , como 
avia venido este trabajo ; el qual fue de 
tal manera, que muchos que lo vieron 
al presente algunos dellos que viven 
estn en esta cibdad, testifican afirman 



(jue fue la mas espantosa cosa que ojos 
de hombres pudieron ver en semejantes 
casos. Editen que paresgia que todos los 
demonios andaban sueltos , trayendo los 
navios de unas parles otras , como es 
dicho. 

Llev muchas personas el viento en 
peso, sin tocar ni poderse tener en tier- 
ra, mucho trecho por las calles y por los 
campos, muchos descalabr lasti- 
m malamente. E arranc algunas pie- 
dras que estaban fabricadas en las pare- 
des muros , abati muchos bosques 
espesos de rboles , algunos dellos muy 
grandes, volvindolos de alto para abaxo, 
otros ech muy lexos de donde los 
avia arrancado ; y en fin fu muy grande 
y general en toda esta isla el dao que 
hizo esta tormenta huracn. 

Decian los indios que otras ve^es solia 
aver huracanes ; pero que no avia jams 
acaesgido otro tan grande ni semejante 
en su tiempo, ni se acordaban aver oido 
ni visto cosa de tanto espanto trabajo 
en sus dias ni en los de sus passados. E 
assi quedaron muchos hombres perdidos 
en esta cibdad y en la mayor parte de 
aquesta isla, sus haciendas destrui- 
das , y en espegial las heredades del 
campo. 

El ao siguiente de mili quinientos 
nueve aos , diez de julio , vino esta 
cibdad el almirante don Diego Colom, 
segund tengo dicho en otra parte; 
aquel mismo mes los veynte nueve 
dias del vino otro huracn , mayor que 
el que se ha dicho del ao antes ; pero 
no hizo tanto dao en las casas, mas h- 
zole muy mayor en el campo. Otras ve- 
Qes los ha vido despus ; pero no igua- 
les ni de tanto espanto, como aquestos 
dos. Cresse, afirman los devotos 
chripstianos la experiencia lo ha mos- 
trado , que despus que el Santssimo 
Sacramento se ha puesto en las Igle- 
sias monesterios desta cibdad , de 



DE INDIAS. LIB. VI. CA?. III. 



169 



las otras villas desta isla, haa gessa- 
do estos huracanes. Dosto ninguno se 
debe de maravillar , porque perdiendo el 
seoro desta tierra el diablo , tomn- 
dola Dios para s , permitiendo que su 
sagrada f religin chripstiana en ella 
sea plantada permanezca, diferencia ha 
de aver en los tiempos en las tempes- 
tades, 6 tormentas y en todo lo dems, 
tan sin comparagou , quanto es el caso 
mayor; pues que la potencia de nuestro 
Dios es ninita, por su misericordia 
clemencia despus ac- cessaroa estos 
peligros y espantables huracanes tem- 
pestades. Un hombre honrado, vecino 
desta cibdad,que se llamo Pero Gallego, 
el qual iia poco tiempo que fallesci, fu 
el primero que apossent el Sancto Sa- 
cramento y le hizo un sagrario, de pie- 
dra bien labrado, en el monestcro 
de Sanct Francisco desta cibdad, des- 
pus de passados los huracanes que os 
dicho; despus nunca se han visto. E 
assi por esto, como porque era este hi- 
dalgo de los primeros pobladores que se 
hallaron en la conquista desta isla, la 
Cesrea Magostad, informado desto, lo 
dio ttulo de mariscal de aquesta isla, 
con el qual muri desde poco tiempo. 

Toqu acpiesto , ponpie como he di- 
cho en otras partes , no pienso dexar 
sin memoria lo que es digno della , s 
la ma llegare la noticia dello , y por ser 
al propssito destos huracanes; ponjue 
hasta que se hizo el sagrario que he di- 
cho, no tenan Sacramento en las igle- 
sias, porque eran de madera paja no 
convinientes para ello. 

Por gerto quien oviere visto passa- 
do algn boscaje de grandes y espessos 
rboles , donde haya acaesfido algn 
huracn , avr visto cosa de mucha ad- 
miracin grima espantosa ; porque es- 
tn innumerables c poderosos rboles 
arrancados, las races dellos tan alias, 

quanto tovieron lo mas encumbrado de 
TOMO 1. 



las ramas algunos dellos : otros quebra- 
dos por medio y en partes desgajados 
hendidos de alto baso : otros estn 
puestos sobre otros de tal manera , que 
paresce luego ser obra diablica. En al- 
gunas partes en la Tierra-Firme, lo he 
visto en no mas espagio de un tiro dos 
de ballesta , estando todo el territorio cu- 
bierto de rboles arrancados unos so- 
bre otros como he dicho. Y cmo los que 
por all ybamos , convenanos passar por 
aquellos mismos lugares bosques assi 
destrocados, no tenamos otro camino 
tan seguro nuestro propssito , no se 
poda escusar el trabajo de passar por all. 
Y era cosa de notar mirar, como yban 
los hombres tres quatro estados mas 
altos unos que otros de rbol en rbol y 
de rama en rama , trepando y trabajando 
por seguir nuestro camino ; porc[uo los 
ros grandes y peas speras , los pro- 
fundos valles , y espinosos cerrados 
boscajes, otras cosas muchas se escu- 
saban con aquel estorbo embaragado 
camino , tambin la sospecha de los 
enemigos, no saber la tierra. 

Todos estos otros impedimentos da- 
ban causa que con mucho cansancio do 
las personas c fatiga del espritu conli- 
nussemos el camino tan cerrado ocu- 
pado, como he dicho que estaba del 
huracn. E bien librar, por corto que 
fuesse aquel espacio assi impedido, 
siempre escapaban algunos compaeros 
lastimados, derrochados rasgados los 
vestidos, otros desolladas las manos; 
con grande afn se concluyen tales jor- 
nadas. No son, pues, los rboles que estn 
assi arrancados poca cosa para admirar 
su grandeza y ser grosssimos muchos 
dellos; pero dems deso,escosa para 
maravillar verlos tan desviados aparta- 
dos algunos de donde fueron criados , 
con sus races trastornados unos sobre 
otros, de tal forma trabados apilados 

y entretexidos que luego paresce , como 

"22 



no 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



he dicho, ser arlififio obra en que ha 
entendido el diablo parle de la comu- 
nidad del inlerno, 6 no hay ojos huma- 
nos de chripsliano que sin espanto lo 
puedan ver. 

Do los dos huracanes, de que tengo 
focha expressa mencin , que acaesgieron 
en esta isla en los tiempos que he dicho, 
testigos muchos hay en esta cibdad , 
alguno dentro de mi casa, que vido el 
segundo , y en la isla hay personas asaz 
que perdieron mucha hagienda , assi 
mismo en Espaa algunas personas que 
ac se hallaron , e hombros de la mar que 
con propria prdida lo experimentaron 
en los navios, que dixe que se perdieron 
en el primero huracn. Assi que estas 
dos tormentas fueron tales , como tengo 
dicho ; jams se perder la memoria 
de tan sealados trabajos en esta isla en- 
tre los que viven. E por tanto es bien 



qu( se d nnli(;ia dello los venideros, 
para (jue rueguea Nuestro Seor que 
los libre de semejantes peligros; y assi se 
debe esperar que lo permitir su clemen- 
cia , y que por su infinita misericordia 
librar esta cibdad isla , sus chrips- 
tianos de tan espantosos casos, la som- 
bra y amparo de su sacratssimo y ver- 
dadero cuerpo Sanctssimo Sacramen- 
to; dndonos el mismo Dios su gragia, 
para que en su servicio y amor los pre- 
sentes y porvenir perseveremos , y per- 
severando , nuestras nimas se salven , y 
los cuerpos sean libres y exentos de se- 
mejantes calamidades y angustias. 

Passemos las otras cosas que estn 
por decir desas nuevas historias que 
los letores sern gratas , diferen- 
tes de las que hasta aqui ovieren le- 
do en esta Natural y general historia de 
Indias. 



CAPITULO IV. 

Olio Irada de los navios barcas de los indios , que ellos llaman canoas, en alg:unas islas c parles las di- 
cen piraguas ; las quales son de una pieza de un solo rbol. 



ablando PHnio en las cosas de la India 
oriental , dige ' que Medusa es una gibdad 
de 5erli regin, llamada Congionada, 
desde la qual regin se lleva la pimienta 
al puerto llamado Becare con navecillas 
tle un leo. Estas tales navetas creo yo 
([ue deben ser como las que ac usan los 
indios , que son desta manera. En esta 
Isla Espaola y en las otras partes (odas 
destas Indias que hasta el presente se sa- 
ben , en todas las costas de la mar, y en 
los rios que los chripstianos han visto 
hasta agora , hay una manera de barcas 
que los indios llaman caiioa , con que ellos 
navegan por los rios grandes y assi mis- 
mo por estas mares de ac ; do las qua- 



les usan para sus guerras y saltos y para 
sus contractagiones de una isla otra , 
para sus pesqueras y lo que les convie- 
ne. E assi mismo los chripstianos que por 
ac vivimos, no podemos servirnos de 
las heredades que estn en las costas de 
la mar y de los rios grandes , sin estas ca- 
noas. Cada canoa es de una sola pieza 
Slo un rbol, el qual los indios vagian 
con golpes de hachas de piedras enhas- 
tadas , como aqui se ve la figura della 
(Lm. 1." fig. 12.7; y con estas cortan 
muelen golpes el palo, abocndolo, 
y van quemando lo que est golpeado y 
cortado, poco poco, y matando el fue- 
go , tornando cortar y golpear como 



i Lib. VI, cap. 23. 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. IV. 



171 



primero; y continundolo assi, liaren una 
barca quasi de talle de artesa dornajo; 
pero honda luenga y estrecha, tan 
grande y gruesa como lo sufre la longi- 
tud y latitud de el rbol, de que la ha- 
ten ; y por debaxo es llana y no le de- 
xan quilla, como nuestras barcas y 
navios. 

Estas he visto de porte de quarenla y 
finqenta hombres, y tan anchas que po- 
dra estar de travs una pipa holgada- 
mente entre los indios flecheros, porque 
estos usan estas canoas tan grandes 
mayores , como lo que he dicho , ll- 
manlas los caribes piraguas , y navegan 
con velas de algodn y al remo assi 
mismo con sus nahes (que assi llaman 
los remos). Y van algunas veges vogan- 
do de pies, y veces assentados, y 
quando quieren, de rodillas. Son estos 
nahcs como palas luengas , y las cabezas 
como una muleta de un coxo tollido, 
segn aqui est pintado el nahe remo 
y canoa. (Lm. 2.', fj. i -V- Hay algunas 
destas canoas tan pequeas , que no ca- 
ben sino dos tres indios, y otras seys, 
y otras diez de ah adelante , segund 
su grandeza. Pero las unas y las otras son 
muy hgeras, mas peligrosas, porque se 
trastornan muchas ve^cs ; pero no se 
hunden aunque se hinchan de agua : 
como estos indios son grandes nadado- 
res , trnanlas endereszar y dnse muy 
buena maa las vaciar. No son navios 
que se apartan mucho de la tierra, por- 
que como son baxos , no pueden sufrir 



grande mar ; si hace un poco de tem- 
poral , luego se anegan , y aunque no se 
hundan , no es buen passatiempo andar 
hombre asido (dentro del agua) la ca- 
noa , en especial el que no sabe na- 
dar, como ha acaesQido muchas veges 
chripstianos que se han ahogado. Y con 
lodo eso son mas seguras estas canoas 
que nuestras barcas (en caso de hundir- 
se) , porque aunque las barcas se hunden 
menos ve^es , por ser mas alterosas y de 
mas sosten , las que una vez se hunden 
vnse al suelo; y las canoas, aunque se 
aneguen hinchan de agua , no se van 
al suelo ni hunden , como he dicho , 
qudanse sobreaguadas. Pero el que no 
fuere muy buen nadador , no las contie- 
ne mucho. Ninguna barca anda tanto 
como la canoa , aunque la canoa vaya 
con ocho remos la barca con doQe ; 
hay muchas canoas que la mitad menos 
de gente que voguon , andai mas que 
la barca ; pero ha de ser en mar tran- 
quila con bonanza. 

El Tostado , sobre EuseLio De los tiem- 
pos \ tractando la causa por qu no de- 
bieron de entrar algunos animales en la 
barca de Deucalion, dige que porque no 
avia barca tan grande; porque, segund la 
intencin de Ovidio Virgilio , en aquel 
tiempo apenas sabian los hombres hager 
unas muy pequeas barcas de un solo 
madero cavado, sin alguna juntura, como 
agora hagen las artesas. Esto que este 
doctor dige me paresge que es lo mismo 
que tengo dicho de las canoas. 



CAPITULO V. 

Que U'rti;ta Je la iiumcra que los indios lienen en sacar y encender lumbre sin piedra ni eslabn , sino con 
un palo , torcindole sobre oros palillos , como agora se dir. 

vlun proveyda es la natura en dar sario, en muchas cosas se puede ver cada 
los hombres todo lo que les es nesfcs- hora. Esta manera de encender fuego os 



i Abul. , en la III parle, cap. 304. 



172 



IIISTOIUA GENERAL Y NATURAL 



inJios paroscen'i cosa nueva en muchas 
parles, y no poco de maravillar los que 
no lo lian visto ; y es en todas las Indias 
tan comn , quanto es razn nesgesario 
que sea comunicable el fuego para la vi- 
da humana . servicio de las gentes ; y es- 
to luicenlo los indios desta manera. To- 
man un palo tan luengo como dos pal- 
mos mas, scgund cada uno quiere, y 
tan gruesso como el mas delgado dedo 
de la mano , como el grosor de una 
saeta , muy bien labrado liso , de una 
buena madera fuerte que ya ellos tienen 
conosgida para esto : donde se paran 
en el campo comer cenar quieren 
hager lumbre , toman dos palos secos de 
los mas livianos que hallan, juntos es- 
tos dos palillos lijeros muy juntos 
apretados el uno al otro , pncnios tendi- 
dos en tierra, y entre medias destos dos 
en la juntura dellos, ponen de punta el 
otro palo regio que dixe primero , en- 
tre las palmas torcindole frotando muy 
continuadamente: como la punta ex- 
tremo baxo est ludiendo la redonda 
en los dos palos baxos que estn tendidos 
on tierra , encii'ndelos en poco espacio 
de tiempo , y desta manera hafon fuego. 
Esto se hace en esta Isla Espaola y en 
las otras todas , y en la Tierra-Firme; pe- 
ro en la provingia de Nicaragua otras 
partes no traen guardado el palillo que 
txe que es labrado liso , de madera 
recia , que sirve de parahuso taladro 
eslabn, sino de la madera misma de los 
otros palillos que se encienden y estn 
tendidos en tierra , y son todos tres pa- 
lillos. 

En Castilla del Oro y en las islas, don- 
de los indios andan de guerra conti- 
nan el campo han menester mas me- 



nudo el fuego 



guardan traen consigo 



aquel palo principal , para quando van 
camino ; porque est labrado qual con- 



viene para a(|uello para que ande mas 
sabor entre las palmas, estando liso , 
con mas velocidad. E assi , con aquel tal 
se saca el fuego mas presto con menos 
filiga trabaxo para las manos , que no 
con los que se hallan acaso speros 
torcidos. La figura de lo qual es de la ma- 
nera que lo enseo debuxado [Lm. 2., 
flg. 2.), puesto que sin tal pintura basta 
lo que est dicho, para lo entender. Pero 
todavia es bien en lo que fuere possible 
usar de la pintura , para que se informen 
della los ojos que mejor se comprendan 
estas cosas. 

Quien oviere ledo , no se maravillar 
desos secretos, porque muchos dellos 
hallarn escriptos, sus semejantes. Esto 
lo menos del sacar fuego de los palos 
pnelo riinio en su Natural Ilisloria ', 
donde habla de los miraglos del fuego; 
dice que torciendo los leos, ludiendo 
juntamente, se saca y enciende fuego: de 
manera que lo que Plinio d'iQC y aquestos 
indios hacen (en este caso), todo es una 
inesma cosa. Dice Yitruvio ^ que los r- 
boles por tempestad derribados, entre 
s mismos fregndosse los ramos , excita- 
ron el fuego, levantaron llamas, 
aqueste origen da este autor al fuego. 
Mas para qu quiero yo traer auctorida- 
des de los antiguos en las cosas que yo 
he visto, ni en las que natura ensea 
todos y se ven cada dia? Preguntad 
esos carreteros que tienen uso de exerci- 
tar las carretas carros; y deciros han 
qunias veces se les encienden los cubos 
de las ruedas por el ludir y revolver de 
los exes : que esto basta para que do 
quiera se aprenda sacar fuego, dla ma- 
nera que ac se hace yo tengo aqui di- 
cho. Mas porque truxe conseqencia 
prueba las carretas, no se encendern si 
van de espacio vacias poco poco; pe- 
ro quanto mas corriere con velocidad 



i Plin., iib. IJ, cip. liO. 



2 Vilruvio , Iib. ]l. 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. V. 



173 



bien cargada, (anto mas ayna acude el 
fuego , y mas en unas maderas que en 
otras. 

El ao de mili quinientos treynta y 
ocho mand la Cesrea Magestad pro- 
veer de artilleria gruessa muy hermosa 
esta fortaleza suya que est mi cargo, 
se truxeron culebrinas de septenta 
(juintaies mas cada una de bronge, 
caones de rinqenta finco , me- 
dias culebrinas de quarenta algo me- 
nos ; despus que las naos llegaron 



este puerto se sacaron estas piezas en 
tierra, hegmoslas llevar bragos mu- 
chos negros, truxronlas hasta esta ca- 
sa , y como era mucha gente la que tira- 
ba de cada pieza , por muy pessadas que 
eran, las traian corriendo; pero gin- 
qenta passos se engendian las ruedas , y 
para excusar esto, bife que par de cada 
tiro fuessen hombres con calderas llenas 
de agua, con que yban baando ma- 
tando el fuego. Assi que, esto es cosa 
que se v es natura!. 



CAPTULO VI. 

Dlas salinas nalurales y artiliciales que (enian los indios en esta Isla Espaola , llamada Hayli , anics qiif 
los chripstianos conqiiistassen estas partes , y de las que hay al presente. 



Luy acostumbrada cosa es los indios 
saber hager sal en muchas partes destas 
Indias en las costas de la mar, cogiendo el 
agua della ; y assi lo acostumbraron hager 
en esta isla, donde los habitadores della 
vivian lexos de las salinas naturales. Pe- 
ro porque en la Tierra-Firme he yo visto 
hager sal los indios, dir la manera que 
en ello tenan (qiiando passe escrebir 
las cosas de aquella tierra), porque de 
la vista yo me satisffago en este caso del 
hafer los indios la sal , pues la tenian 
natural; pues que en la costa del rio Ya- 
que ( el qual va salir la parte que esta 
isla tiene al norte), par de Monte- 
Chripsto (y es poderoso rio), hay unas 
salinas de buena sal. Dixe que este rio 
va salir, enira en la mar la banda 
del norte, porqiie en esta isla hay otro 
rio del mismo nombre (Yaque), que va 
salir la banda del sur medioda; 
pero este oiro antes que llegue la mar, 
v encorporado en el rio de Neyva, y en 
cierta parte desta isla se junta entra en 
Neyva. Assi que el otro rio Yaque que di- 
xe primero de las salinas, con su nom- 
bre entra en la mar del norte. 



Hay otras muy buenas salinas en Puer- 
to-Hermoso ( que es quince leguas desta 
cibdad de Sancto Domingo en la costa 
del sur), de donde se provee esta cibdad; 
las quales salinas son muy abundantes. 
Estas no las tenian los indios, y aquesta 
cibdad las ha fecho de poco tiempo es- 
ta parte. En el comedio desta isla, en la 
provincia que los indios llaman Baynoa, 
hay una sierra de sal quassi cristalina 
lgida , gerca de la laguna grande de Xa- 
ragua, catorge quinge leguas de la villa 
de Sanct Johan de la Maguana, la qual 
no es inferior la que en Catalua llaman 
sal de Cardona; porque assicresge como 
aquella, y esta es una de las buenas que 
se saben en el mundo (digo la de Cardo- 
na, y por esso puse la comparacin en ella). 

Desta de que aqui tracto de la sierra 
de Baynoa , digo que se sacan lanchas 
piedras della como de una cantera. Yo he 
visto piedra desta sal en la villa de Sanct 
Johan de la Maguana , que pessaba mas 
de un quintal ( quatro arrobas) que son 
cien libras de diez y seys ongas. E de- 
canme los que esta piedra otras avian 
alli Iraydo, que muchas muy mayores 



74 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



desta sal podran traor , que las dexan 
por no malar fatigar las l)eslias con su 
exfcssivo poso. De manera que alli se 
podran fabricar casas de tal cantera de 
sal, y no seran de menor prescio que 
aquellas que Plnio ' difc de Araba, don- 
de en la cibdad llamada Garr , ass las 
casas como los muros adarves con que 
est cercada, son hechos domassa de sal. 
Y tambin dige el mismo auctor que en 
CapadoQa se cava la sal debaxo de tier- 
ra , que por el humor se congela , se 
corta despus como las piedras especu- 
lares, son los pedazos de grand peso, 
los qualos el vulgo llama itriqies. Orme- 
no , monte de la India , es de sal : el qual 
se corta como en otras partes se cortan 
las piedras , aquello que se corta re- 
nasge', causa de lo qual los reyes tie- 
nen mas tributo renta desta sal que del 



oro ni de las perlas. E crtasse ass mis- 
mo en Espaa Giterior en Goleaste, los 
pedazos desta sal son quassi transparen- 
tes, aquesta sal ha buen tiempo que 
muchos mdicos la dan la ])alma sobre 
todas las otras generagones de sal. Todo 
esto es de Plnio y de su Natural Hislo- 
ria; y esta sal, qul llama de Gelease, es 
la misma de Cardona , de que se hizo 
memoria de suso , quando dxe que le 
paresQa, era tal la que ac tenemos de 
Baynoa : la qual ass mismo es tenida por 
medicinal , y es muy buena para todo lo 
que suele servir la sal al uso de los hom- 
bres y para todo lo que quisieren que la 
sal pueda aprovechar. De otra mane- 
ra y maneras de sal contar la histo- 
ria en la segunda parte, quando ela 
llegremos, ass mismo en la tercera 
parte. 



CAPITULO VII. 



Que tractu de las riberas priiidpales dcsla Isla Espaola: el qual se deslingue en diez prrafos o partes. 



1. Los ros prn(;'ipales que hay en es- 
ta isla de Hayti Espaola, son los que 
agora se dirn. E pues la principal cib- 
dad poblagion puerto de mar ca- 
bega deste reyno isla es Sancto Domin- 
go, justa cosa me paresce que el primero 
ro se nombre el que por esta cibdad pas- 
sa , y en ella se acaba entra en la mar, 
llamado Oraina : el qual quando aqu lle- 
ga entra en la mar viene muy poderoso 
hondable, las naos cargadas la 
vela entran salen por l muy seguras, 
llegan ocho diez pasos de tierra 
poner el costado , por una plancha 
puesta en tierra se cargan descargan 
las que quieren, lo qual en pocas parles 
del mudo se hage sin muelle en tan gran- 
des navios. El ao de mili quinientos 



treynta y tres vino aqu la nao llamada 
Imperial , de la Gesrea Magostad , la qual 
era de porte de mas de quatrocientos to- 
neles machos , con gierta gente que truxo 
esta cibdad y cargada , volvi con 
mucha mas carga. Digo aquesto, porque 
hasta agora no ha passado estas partes 
tan grueso navio , ni entrado en este 
puerto , donde estuvo quinge veynte 
passos de tierra surto anclado. E salen 
deste puerto algunas naos de noche sin 
peligro , y desde donde surgen dentro 
hasta estar en la mar , fuera del puerto, 
puede aver tiro medio de escopeta 
poco mas trecho. Yo he salido de noche 
en nao, de mas de doscientos cinqen- 
ta toneles machos de porte cargada, por- 
que el terral es ordinario , y salen las 



i Pliaio , lib. XXXI , cap. 7. 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VII. 



17S 



naos muy plager, y al entrar no filtan 
mareros de medio dia abaso , la mayor 
parte del tiempo todo. Assi que el rio 
su puerto es muy hermoso y es navega- 
ble y de muchas barcas y canoas, assi 
por las pesqueras que tiene, como por 
las huertas y heredamientos que hay en 
sus costas, de una de otra banda par- 
tes desta ribera. E dentro de la cibdad, 
junto al puerto, se liagen continuamente 
caravelas c navios , hay muy buena dis- 
pusigion para los barar y echar al agua, 
despus de hechos. Assi' que es rio no- 
table muy hermoso rico ; pero no pue- 
den beber del , porque est la cibdad y 
el puerto junto, no mas apartada de lo 
que he dicho de la mar , aun por la par- 
te del sur bate la mar en esta cibdad. Pe- 
ro subiendo el rio arriba, poco mas de una 
legua , es buena agua muy sana : y es 
rio de mucho pescado de muy hermosas 
ligas, matan en l muchos grandes 
manathis, de los quales y de otros pesca- 
dos famosos se tractar adelante en el li- 
bro XIII. 

Entra este rio Ogama en la mar, en la 
costa que esta isla tiene en la parte de 
medioda austral ; l viene trae su 
curso do la parte de hgia el norte, des- 
de una legua ante desta cibdad, donde 
se junta con l otro gran rio que llaman 
la Isabela, que viene de la parte del hues- 
te ; el de la Ogama del leste hasta don- 
de se juntan, que como he dicho es una 
legua de aqui, hasta alli, poco mas, 
sube la marea , pero con la juscnte ya 
est alli el agua dulge. La entrada de la 
mar boca del puerto es de quatro bra- 
gas mas de hondo, entradas las naos 
surgen junto la cibdad, como es dicho, 
en otras quatro bragas mas de fondo. 
II. Hay otro rio poderoso que se lla- 
ma Neyva, el qual corre por la mitad de 
la isla atravesndola , c corro assi mismo 
de la parte de hgia el norte , entra en 
la mar costa que esta isla mira al sur: 



passa junto la villa de Sanct Johan de 
la Maguana y es hondable en la boca don- 
de fenesge, pero no mucho espacio. An- 
tes de llegar la mar con media legua 
es baxo desierto , tiene dos millas 
mas de latitud anchura en la boca ; 
todo lo que va corre en la tierra hasta 
llegar la mar, va muy riguroso , con 
mucha velogidad. 

III. Nicao es otro buen rio , assi mis- 
mo entra en la mar en la mesma costa del 
sur , como los susodichos , pero no es tan 
grande rio ; mas es muy rico de hereda- 
mientos caaverales de agcar, por 
los ingenios della que hay en esta ribera 
comarca, muchos hermosos pastos 
ganados en sus riberas gerca del. 

IV. Hayna es otro rio riqussimo de 
heredamientos hagiendas; en su ri- 
bera comarca hay muchos caaverales 
hagiendas de agcar , y es de la mejor 
agua que rio alguno en toda esta isla, y 
entra en la mar assi mesmo, como los que 
es dicho de suso, en la costa del medio- 
da. No es tan poderoso ni de tanta agua 
como los mayores rios; pero es uno de los 
mejores de todos, mas provechoso por 
su fertilidad. 

V. Nigua se llama otro rio riqussimo: 
el qual tiene el nombre de aquel animal 
maldito que se entra por los pies , como 
ya se dixo en el libro II, captulo XIV. 
Este rio es muy pringipal y de grandssi- 
ma utilidad por los grandes heredamien- 
tos labrangas de hermosas hagiendas 
que hay en sus costas comarcas , in- 
genios de agcar: solo este rio con los 
ingenios ganados hagiendas gruessas 
grangerias que tiene, para este exer- 
gigio del agcar, seria bastante para ser 
muy rica qualquier cibdad del mundo, 
donde aquesto estoviesse. Este rio entra 
en la mar en la costa que entran todos 
los que he dicho , quatro leguas po- 
co mas desta cibdad de Sancto Domingo. 

VI. Yitiia se llama otro rio que es de 



:c 



HISTORIA GENERAL Y NATURAL 



los mas poderosos de toda esla isla ; el 
qiial passa por la villa del Bonao , y va 
feaesfer y entrar en la mar en la costa 
que esta isla tiene de la banda parte 
del norte. Y es rio de muchas haciendas 
y heredamientos, y de muy buenos pas- 
tos en sus comarcas riberas. 

Vn. Yaque : deste nombre hay en es- 
ta isla dos rios : el uno dellos se junta con 
Neyva , que es otro mayor rio , y entra 
en l, antes de llegar la mar. Assi que, 
quando ella llega , no se nombra otro 
sino Neyva , y por tanto no se hace tanta 
qenta deste como de otro llamado Ya- 
que (del qual se tracta) , que entra y va 
fenesger en la mar de la banda parle 
que esta isla mira al norte , par de Mon- 
te-Chripsto. E hay ferca del unas buenas 
salinas, como se dixo en el procedente 
captulo. Este rio es poderoso de gran- 
des muy buenos pastos y hermosas ve- 
gas y haciendas. El otro Yaque Yaque- 
gillo entra con Neyva de la banda o parte 
del sur, como tengo dicho, y es muy di- 
ferente deste Yaque , que va salir la 
otra costa, segund es dicho. 

Vm. Halibonico es otro rio muy gran- 
de poderoso : el qual va fenes- 
(;er en la parte ocgidental desla isla , y 
es de muchos pastos vegas hermo- 
sas, y entran en l otros muchos rios 



l)equcos , y es de mucha pesquera. 

IX. Otros muchos rios hay en esta isla 
de muchas y muy buenas pesqueras 
aguas lindas riberas , assi como el Co- 
tuy Cibao, y aquestos dos son ricos rau- 
ciio de oro, con muchas minas, donde 
se saca continuamente ; y en las minas 
del Cotuy se halla asec/e , que lo sudan 
las peas la tierra, harta cantidad 
dello, assi mismo se halla asaz azul 
para pintar, finssimo, que digen nues- 
tros pintores que no es inferior al que lla- 
man de acre. 

X. Otro buen rio hay que llaman Ma- 
corix , de mucho pescado ; y assi mismo 
otros muchos rios se podran nombrar 
que se dexan de degir, por evitar prolixi- 
dades , porque no son tan grandes co- 
mo los que se han nombrado. Y de otros 
muchos no se saben los nombres , porque 
como se han acabado los hombres anti- 
guos destos indios naturales desta isla, 
assi se han olvidado los nombres de los 
rios y de otras cosas ; pero allende de ser 
muchos rios destos nombrados de otros 
frtiles de oro , son por la mayor parte 
abundantes de mucho pescado, assi de 
lo que de la mar entra ellos , como de 
los pescados que en el agua dulce suya 
se crian y producen. Y aquesto basle 
quanto los rios desta Isla Espaola. 



CAPTULO YIII. 



El qual Irada de los metales minas que hay de oro en esta Isla Espaola : el qual se divide en once 
prrafos partes ; y decirse ha assi mismo de la manera que se tiene en el coger del oro , e' otras parti- 
cularidades notables concernientes la historia. 



I. En el captulo antes deste nombr 
los rios principales poderosos que hay 
en esta Isla Espaola, pass brevemen- 
te por ellos. Quiero agora decir de algu- 
nos que tambin los nombr , que no son 
famosos por grandeza profundidad de 
agua ni de tantas pesqueras ; pero sonlo 
mucho mas que todos los que he dicho 



por la abundancia del oro que se ha sa- 
cado sacan en sus costas riberas , 
los quales vienen lanzarse y encorpo- 
rar innumerables quebradas fuentes, 
arroyos, ricos de oro. Entre los quales 
rios el que llaman CoUnj es riqussirao : 
par del qual est una villeta o poblacin 
de mineros gente exergitada en esto 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIII. 



1 / 1 



<)t>l oro, al qnal piiohlo rio dan un mis- 
mo nombro, dicho CoUuj. Ha vido alli y 
hay mucho exergif io ea sacar oro ; pero 
porque deslo se dir adelante mas parti- 
cularmente como se saca , dir primero 
de los otros metales que hay en esta isla, 
allende del oro ; porque en lo que es de 
menos estimacin mas breves sean las pa- 
labras, y en lo que tan desseado es en 
el mundo se diga algo , y no tanto quan- 
to la materia es cobdif iosa los hombres. 

II. Cobre hay en esta isla, c muchos 
lo han hallado muchas veT;'es , aun di- 
^en que es rico; pero ha^en poco caso 
de tal grangera, porque seria grande er- 
ror dexar de buscar oro sacarlo (sa- 
biendo que lo hay), por buscar cobre, se- 
yendo tan grande la desigualdad del 
presgio y provecho que de lo uno lo 
otro se sigue. Eassi, desta causa ninguno 
se quiere ocupar en tal exer(;'if o , como 
es el sacar del cobre. Basta para lo que 
hafe aqu al proposito verdad de la 
historia, que lo hay y mucho. 

III. Han querido decir algunos que 
hay hierro en aquesta isla; pero yo no lo 
he visto ni lo armo. He oydo decir 
Lope de Bardef i , que hoy es vecino 
desta f ibdad, uno de los honrados y he- 
redados que ac hay, el qual afirma que 
se hall en la ribera del rio Mgao y que 
l hizo en su presencia fundir la vena del 
hierro , y se hizo , qul lo tuvo por 
fierto (si no fue engaado del que lo fun- 
di): lo qual yo no dexo de creer, por- 
que la malicia de los hombres es mucha. 
Y tambin no quiero parar en esto , jor- 
que en Espaa no est muchas leguas 
Vizcaya apartada de Asturias Galicia, y 
en Vizcaya hay mucho innumerable hier- 
ro , en Asturias Galif ia ovo grands- 
simas minas muy ricas de oro, segund 
Plinio otros auctores famosos nos lo 
acuerdan ; y no creo que lo dexa de aver 
al presente , si se buscasse en Asturias. 

Yassi podra sor que, aunque liav en esta 
TOMO 1. 



isla mucho oro , que no faltasse hierro; 
pues que el maestro que acull \(\qc es- 
tas otras mayores naturales cosas , y 
tan diferenfiadas, esse mismo tiene cargo 
de las de ac, lo ha^e todo, segund y 
dnde como es su voluntad. 

Dir yo aqui un indicio de la riqueza 
abundangia del oro de Asturias ( en algn 
tiempo ) que vino manifestarse en Al- 
macan, el ao de mili quatrofienlos 
noventa seys aos , estando os Reyes 
Cathlicos y el serenssimo prncipe don 
Johan, su primognito (mi seor), y la 
serenssima reyna doa Johana , nuestra 
seora (madre de la Cesrea Magostad), 
que entonces era archiduquesa, y todas 
sus hermanas ; pocos dias antes que de 
aquella villa se partiesse el Rey Calhlico 
para la frontera de Francia (por la guer- 
ra de los franceses), y la Reyna y el prn- 
cipe y sus hermanas para Laredo em- 
barcar el Archiduquesa, para la llevaren 
Flandes, donde fue aquel mismo ao, 
acaesgi en Asturias de Oviedo que un 
pastor que guardaba ganado, andando 
en el campo , se hall en un monte s- 
pero lexos de poblado un collar de oro 
cerco de una piega todo, trechos qua- 
drado trechos torcido y los extremos 
del vueltos para se asir el uno con el otro 
[Lm. 2." [kj. 3.), tan gordo como el dedo 
menor de la mano. Y era tan grande, que 
tenia palmo medio de travs : pessaba 
algo menos de quinientos castellanos , 
diez marcos de oro finssimo de ducados. 
Este collar envi el corregidor de Oviedo 
la Reyna Cathlica, la qual le dio al 
prncipe , porque se avia hallado en su 
principado de Asturias : el qual principa- 
do, en la misma villa de Alniacan, pocos 
diasantes, conlascibdadesde Salamanca, 
y Toro, y Camera , y Logroo, y otras vi- 
llas fortalezas, dieron el Rey la Reyna 
al prncipe, le apartaron su casa por s. 
Yo tuve este collar en mi poder , porque 

tuve las llaves de la cmara del prnci- 
23 



178 



niSTOlUA GENF.RAL Y NATI RAL 



pe; y vi que se phUic on esa sacn (jiie 
se deban de buscar labrar las minas 
de Asturias. Y sus padres le exhortaron 
a! Prncipe que lo raandasse ; porque de- 
ms de lo que est escripto , paresgia que 
aquel collar era un despertador para ello, 
y que donde tal gollar se hall se us, 
que era por la abundanria mucha del oro 
que hay en tal tierra. Para hombre el co- 
llar era grosero: antes se pensaba que 
fue fecho para algn animal , lo qual al- 
gim tiempo usaron grandes varones. A 
lo menos de Csar, dictador, se escribe 
que muchos giervos hagia poner un co- 
llar de oro, en que avia escripto : Noli 
me tan(j''rc , quia Ccesaris sum '. E an- 
daban libres , que no los ossaba ninguno 
tocar. Esto quiso aplicar Petrarca en aquel 
soneto que comienza ^: 

Una candida cerva sopra Hierba 
verde ma parve. . . 

prosiguiendo dice: 

Nessnn mi (occhi , al bel eolio dinlorno 
Scripto liavea. . . 

Plinio dife que se hallaron fiervos de 
Alejandre Magno con sus collares cient 
aos despus, que habindoles cresgi- 
do la carne encima, estaba cubierto el 
collar 3. 

Si este collar que yo digo que vi en la 
c"mara del Prneipe , le tuve en las 
manos algunas veges , fue de algn cier- 
vo otro animal , no lo s. Leido he que 
Serlorio en Espaa traia una fierva blan- 
ca, daba entender la gente que le 
degia lo que avie de hager , adivina- 
ba *. Valerio Mximo escribe que Quinto 
Sartorio traia por las speras montaas 
de Lusitania en Espaa una fierva blan- 
ca, degia daba entender aquellas 
gentes idiotas simples que la cier- 



va le amonestaba lo cpio debia hager 
obrar, etc. ^. Infiero de aqu que Lusita- 
nia Asturias son en Espaa lo uno lo 
otro, en ambas provincias ovo mughas 
minas de oro : assi mismo podra ser 
tal collar de aquella cierva de Sertorio. 
Pero dexadas las congeturas aparte, el 
efeto es que el collar yo le vi , que se 
hall en Asturias de Oviedo , donde Pli- 
nio dice de las ricas minas de Lusitania 
de Asturias , como mas largo adelante se 
dir; y tornemos nuestra materia. 

IV. Muy antigua cosa es el uso de los 
metales del oro los hombres en el 
mundo, segund los historiales en confor- 
midad escriben. Dice la Natural Historia 
de Plinio "^ que Cadino hallo el oro la 
manera de fundirlo en el monte Panges: 
otros dicen que Thoas Aclys en Pan- 
chaya ; el sol , hijo del Ocano , al 
qual Gelio atribuye la invencin de la 
medicina. Todo esto es de Plinio en el 
lugar alegado. A Moyss mand Dios que 
tomase el oro la plata de los hijos de 
Israel, para la edilicacion del taberncu- 
lo *. Y" tambin Joseph, quando en Egip- 
to mand henchir de trigo los costales de 
sus hermanos , hfeo poner en la boca de 
cada costal la pecunia , y en la boca del 
saco del menor hizo meter su copa de pla- 
ta, y el prescio del trigo que los hermanos 
avian dado por ello: antes de lo qual el 
mesmo Joseph avia seydo vendido por los 
mesmos hermanos suyos los ismaelitas, 
portreynta dineros argnteos de plata. 
Assi que el oro la plata metales anti- 
qnssimamerite estn en uso de los hom- 
bres, y en mucha y continua contracta- 
Cion , dando con ello valor las otras 
cosas del comercio de las gentes. Servio, 
rey, fue el primero que acu el cobre. 



1 Francisco l'hiladelpho , comenlador del Pe- 
trarca. 

2 Francisco Pelrarca , Sonol. CLVI!. 

3 Plin.j lib. VIH, cap. 32. 

4 Plin. , n( supra. 



S Valerio , lib. IV , cap. 2. 

C Plin., lib. XXXIII, cai>. 4. 

7 Plin. , lib. Vil, cap. 50. 

8 E\odi 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIII. 



179 



segiind Tliimeo (Plinio lo dice *] 



y an- 



tes en Roma se usaba grosero uo poli- 
do, fue la primera imagen una pecas, 
id est una pcora oveja ; por lo qual la 
moneda acuada fue llamada pecunia. 

Dexeraos las historias passadas , vol- 
vamos la que tenemos presente , pues 
que aquesto del oro es un paso en el 
qual los cobJigiosos pararn con mas 
atengion que otra particularidad se- 
creto de los que aqu se tracta refiere 
esta Natural y general historia de Indias. 
Mas los hombres sabios y naturales aten- 
dern esta legin, no con otra mayor 
cobdigia desseo que por saber oyr 
las obras de natura ; y assi con mas des- 
ocupacin del entendimiento , avrn por 
bien de oyrme (pues no cuento los dispa- 
rates de los libros de Amads , ni los que 
dellos dependen). Antes muchos virtuo- 
sos cathlicos esperarn esta legin, 
no teniendo, ni juzgando en el oro ma- 
yor provecho que para dar gragias 
Dios, en aver criado tan exgelente per- 
fecta cosa , como este metal; y tanto mas 
de mayor presgio y valor, y mas res- 
plandegiente loor y estimagion, quanto 
mejor mas sabia sanctamente fuere 
despendido. Porque el oro que no es 
bien gastado , y est en poder de mez- 
quinos y avaros , no es de mas provecho 
que el que est escondido debaxo de 
tierra, y que nunca el sol lo pudo ver. 
E assi como esta tierra (nuestra madre 
universal) se rompe y abre por diverssas 
partes, agiertan topar en sus entra- 
as interiores las venas de oro los 
hombres, assi quando las lujadas de la 
persona del guardador avariento comien- 
gan se deteriorar romper , acabndo- 
se el curso de su vida , agiertan salir 
las monedas ocultas de que nunca os 
aprovecharsse el miserable que las ayun- 
t. Quiero degir que he visto en estas 



Indias grandes allegadores deste oro, 
por no lo despender bien, han acabado 
en mucha miseria, se les fu de las ma- 
nos, como rogio sombra, aun sus 
vidas tras sus dineros. Pues por qual- 
quier fin que el letor me quiera escu- 
char , quiero que oygan y sepan de mi 
en todo el mundo qun riqussimo im- 
perio es aqueste destas Indias, que tenia 
Dios guardado tan bien aventurado 
Emperador , como tenemos, tan lar- 
go liberal destribuidor de las riquegas 
temporales , que tan sabia sancta- 
mente son por su mano despendidas , y 
empleadas en tan cathlicos y sanctos 
exergigios y exrgitos, para que con 
mas oportunidad abundangia de teso- 
ros hayan efeto sus altos penssamientos 
armas contra los infieles y herticos 
enemigos de la religin chripstiana. E 
para que los extraos vean, y de todo 
punto entiendan (assi como est gierto 
notorio) que Espaa la docto Dios de 
animosos , y valerosos y altos muchos 
varones ilustres y caballera, y de tanta 
noblega y multitud de hidalgos; y co- 
munmente todos los naturales della los 
hizo Dios de tanta osadia, los consti- 
tuy de tanta expcriengia en la militar 
disgiplina , y con tanta determinagion y 
esfuergo de virtuosa natural inclina- 
gion , como todos los autnticos an- 
tiguos modernos historiales escriben 
se v palpable. E no sin causa dixo Livio 
por nuestros espaoles : fero^-issima gen- 
te son, porque pienssan que ninguna vida es 
loable sin las armas. Y sin que se busquen 
las auctoridades de los passados , los ojos 
de los hombres que hoy viven lo han visto 
sabido , para lo poder testificar , notar, 
verificar por los invictos reyes passa- 
dos de nuestra Espaa, por los Cath- 
licos Reyes don Fernando doa Isabel 
(nunca vengidos siempre vengedoresj 



l Pliii.Jilj. XXXIII, cap. 3. 



2 Tilo Li\ o, IX'cada priiiipia, lib. l\', caii. XV. 



180 



IIISTOUIA GKM'HAI. Y NATURAL 



que ganaron Granada, aples, Na- 
varra Btiga, otros reyuos, descu- 
brieron este Nuevo Mundo destas Indias, 
y por los tropheos y triunplios de la Ce- 
srea Magestad del Emperador Rey, don 
Carlos , nuestro seor : el qual ha seydo 
digno , mediante la divina clemencia (que 
le hizo merecedor de sus buenas ventu- 
ras y nuestras), de ser seor de tan vale- 
rosa nasfion, para que veamos al presen- 
te, como se vee , la bandera de Espaa 
celebrada por la mas victoriosa, acatada 
por la mas gloriosa, temida por la mas po- 
derosa, y amada por la mas digna de ser 
querida en el universo. Y assi nos' ense- 
a el tiempo vemos palpable lo que 
nunca debaxo del fielo se vido hasta 
agora en el poderlo alta magestad de 
algn prncipe cliripstiano ; y assi se de- 
be esperar que lo que est por adquirir y 
venir al colmo de la monarcliia univer- 
sal de nuestro Csar, lo veremos en bre- 
va tiempo debaxo de su geptro ; y que no 
faltar reyno , ni secta, ni gnero de fal- 
sa creencia que no sea humijliada y pues- 
ta debaxo de su yugo y obidienfia. Y no 
digo solo esto por ios infieles; pero ni 
de los que se llaman chripstianos, si de- 
xaren de reconoscer por saperior, como 
deben y Dios tiene ordenado , nuestro 
Csar; pues le sobran osados milites y 
gentes, y no le han de faltar riquezas 
que les reparta, assi de sus grandes Es- 
tados de Europa y frica, como desta 
otra mitad del mundo que comprehenden 
sus Indias. 

Puede ser cosa mas clara y visible 
para verificacin de lo que digo de su 
potencia y tesoros que averie dado sus 
capitanes y gente en la mar austral des- 
tas Indias (en un dia solo), el ao de mili 
quinientos treynta y tres , con la pri- 
sin del rey Athabaliba, quatrofientos 
mili pesos de oro de valor, en oro pla- 
ta de solo su quinto, quedar un milln 
seiscientos mili pesos de oro de valor, 



en solos estos dos metales, j)ara partir 
entre los pocos espaoles que all se ha- 
llaron? Y ved (|un pocos en nmero fue- 
ron estos chripstianos, que el caballero 
cupo nueve mili castellanos de oro de 
parte, tal ovo que quince veynte 
finquenta mil!, si era capitn; y el mas 
mnimo infante pi, .tres quatro 
mili pesos de oro de parte, sin muchas 
muy ricas presgiosas esmeraldas, co- 
mo so dir mas particularmente en su 
lugar, en la tergera parte destas histo- 
rias. Qulsacode Genova?., qul de Mi- 
ln? qul de Roma? qul prission del 
rey Francisco de Franc;ia? qul pressa 
despojo grande del rey Mote^uma en la 
Nueva-Espaa?.. Ya todo lo de Corts pa- 
resce noche con la claridad que vemos, 
quanto la riqueza de a mar del Sur; 
pues que el rey Athabaliba tan riqussimo, 
aquellas gentes provincias, de quien 
se esperan han sacado otros millones 
muchos de oro, hacen que parezca poco 
todo lo que en el mundo se lia sabido se 
ha llamado rico, en comparacin de lo 
que vemos en gente , que ni tiene saetas 
con hierva, ni saben qu cosa es plvora, 
ni otros remedios petrechos de guerra, 
para se defender ni ofender. Assi huyen 
de un caballo aquellas nasglones, como 
el diablo de la cruz. 

Por esta isla aportaron tinajas de oro 
que mis ojos vieron y otras muchas co- 
sas piezas de gran peso y admiracin, 
nunca oydas ni escriptas ; y Espaa se 
llevaron muchas (y grandes tesoros) en Se- 
villa , las vieron tantos que no se terna 
por dudoso , ni es fbula novelar de 
grafia lo que digo , ni lo que adelante se 
dir en esta materia de las cosas de la 
Tierra -Firme, tierra mares australes 
en la tercera parte desta Historia Gene- 
ral. \ es noli^rio que al tiempo que C- 
sar quisso partir de la villa de Madrid, 
en principio de marco de mili quinien- 
tos treynta cinco aos, para juntar 



DE INDIAS. LIB. VI. CAP. VIII. 



<8f 



su armada y exrgitos en Barcelona con- 
tra los infieles africanos, llegaron Se- 
villa quatro naos, que otra carga no lle- 
llevaron sino oro plata , en que avia 
sobre dos millones de pesos de oro de 
valor en estos dos metales. Pues ya se 
sabe que antes avia ydo el capitn Her- 
nando Picarro con otra nao cargada de 
oro plata. Pues el ao de mili qui- 
nientos treynta ocho aos , el arma- 
da de Csar (de la qual era capitn ge- 
neral el comendador Blasco Nufiez Vela) 
sbese que de Su Magestad de perso- 
nas particulares llev otro milln y qui- 
nientos mili pesos mas de valor en oro 
plata, allende de otras muchas naos 
ricas que han ydo Espaa, desde el 
tiempo que Atliabaliba fu preso esta 
parte. 

Solo una cosa quiero apuntar y no la 
olvide el que lee ; y es que assi como i 
todos quantos en el mundo han escripto 
semejantes materias falt el objeto , y no 
pudo ningn escritor hallar tanto que 
degir, como l supiera relatar notificar 
en verdadera historia ; assi por el ops- 
sito es mi historia la falta que tiene mi 
lengua y habihdad. E faltar el tiempo, 
la pluma las manos la eloqiien- 
gia, no solamente m ; mas aquellos fa- 
mosos poetas , Orpheo , Homero , Hesio- 
do, Pndaro, no pudieran bastar tan 
encumbrada labor. Ni allende de los 
poetas, los mas eloqiientcs oradores pu- 
dieran concluir una mar tan colmada de 
historias, aunque mili Cigerones se ocu- 
paran en esto, proporgiou de la abun- 
dantssima quassi infinita materia des- 
tas maravillas riquezas que ac hay 
tengo entre manos que escrebir. Mas es- 
pero , siendo Dios servido supliendo l 
mis faltas, degir y expressar en la segun- 
da y tergera partes destas historias, todo 
lo ([ue dolas se deba referir, inui;ho 



contentamiento de los hombres de doc- 
trina , y buen gusto de las otras gentes. 
Y para entonges quedarn estas cosas del 
Per , pues son del jaez historia de la 
Tierra-Firme ; y por las seas que he 
dado desta victoria que ovo el comen- 
dador , Frangisco Pigarro , gobernador 
del Per por Sus Magestades, se le acor- 
dar al lelor de buscar lo dems en la 
tergera parte , quando se trete del Per 
mar del Sur. E no ha seydo descon- 
veniengia lo que aqui se ha tocado , pa- 
ra traer mi propssito los tesoros de 
nuestro Csar, el aparejo que Dios le 
ha dado , para quitar algunas soberbias 
sealadas en el mundo , ponerle en la 
paz justigia que por su mano todos los 
fieles y cathlicos chripstianos esperan 
conseguir gogar. Porque la verdad el 
mundo ha estado de manera que los me- 
nos sabian qual opinin se allegassen 
de las de Ilerclito Demcrito. Mas 
qu digo yo? Los que en esta dubda 
estaban , eran los cargados de aos y de 
mas prudengia, porque en los tales, 
aunque las cosas subgediessen de qual- 
quier manera , supieran conformarse con 
el tiempo; pero por la mayor par- 
te prevalesgia la opinin de Herclito , 
pocos se rcian como Demcrito '. Esto 
bastaba para los doctos; pero porque es- 
cribo en Indias , y no menos para vul- 
gares no leidos, digo que Herclito 
philsopho fu de Epheso, cibdad en 
Assia , por continuo estudio , sin maes- 
tro, fu singularssimo varn; cmo De- 
mcrito de continuo reia de la estulticia 
locura de los hombres, assi por el 
opssito Herclito lloraba, movido com- 
passion de la misseria humana; viendo 
las malas costumbres de sus cibdadanos, 
habitaba en los montes en soledad. 
Quiero degir que como este oro es cob- 
digioso, en tanto que tur la discordia 



i I'igciics Laercio , libro IX. 



182 



lUSrOHIA GENERAL Y NATUllAL 



eiitre Espafia Francia , vinieron ac al- 
gunos cosarios, al olor destas riquegas: 
algunos arorlaron llevar dineros oi'o 
para liavellos ricos con la hacienda de 
algunos descuidados , y otros se perdie- 
ron por ac en esa demanda y dexaron 
las vidas, y aun all en su Bretaa 
Normanda no les altaron trabajos, has- 
ta que plugo i Nuestro Seor que se con- 
cluy la tregua, subgedieron las vistas 
entre la Cesrea Magostad el clirips- 
tianssimo rey, Francisco de Francia, 
mediante la intercession auctoridad de 
nuestro muy Sancto Padre, el Papa Pau- 
lo III de tal nombre , vicario de Chrips- 
to. Y assi plager Nuestro Seor que la 
paz se conserve aumente; pues en ella 
consiste el bien de todos los fieles , por- 
que de la guerra Dios se dessirve su 
Iglesia repblica padesge : y desta de 
hasta aqui bien se puede responder lo 
que Sophonisba respondi Petrarca, 
como l lo d'iQe en un terceto , por estas 
palabras: 

Et ella: allro vogl'io che lu mi mostr 
S' frica piaiisc; Italia non ne rise: 
Domandatcno pur riiistorie vostre '. 

V. Tornemos nuestra historia , y 
dir de qu forma ac se coge este oro 
por nuestros espaoles, que la verdad 
no es con la facilidad que los franceses 
lo pensaban llevar ; sino con mucho tra- 
baxo , con a ventura que Dios da 
cada uno. Yo dixc en el libro III de un 
grano de oro que pes tres mili seys- 
cientos peso^ de oro , que se perdi en 
la mar, se avia hallado en esta isla; y 
esto solo debe bastar para que se crea 
que donde aquel cri Dios, no le hizo 
solo ni se le acab el poder, ni el arte 
la natura en aquel grano , ni deja de aver 
grandssima cantidad de oro. Pero por- 
que quiero satisfacer, en lo dems pue- 



do yo ser creido testificar en esta ma- 
teria mas que otro ; pues (jiu; desde el 
ao de nuil quinientos catorce hasta 
el que pass de mili quinientos treyn- 
ta y dos serv al Rey Cathlico , don Fer- 
nando , y la Cathlica serenssima 
Reyna doa Joliana, su hija, y la Ce- 
srea Magostad, nuestros seores, de su 
veedor de las fundiciones del oro eu la 
Tierra-Firme. Y Su Magostad , querien- 
do que mi liijo, Francisco Gonzlez de 
Valds, le sirva en el mismo oficio, le hizo 
merced del por mi renunciacin supli- 
cacin; y mand que yo, como hombre 
constituido en edad para repossar, des- 
cansase ya en mi casa, recoligiendo y 
escribiendo con mas reposso por su Real 
mandado estas materias nuevas histo- 
rias de Indias. Y desta causa s muy bien 
y he muchas veces visto cmo so saca el 
oro se labran las minas en estas Indias: 
y porque esto es en todas ellas de una 
manera , yo lo he hecho sacar para m 
con mis indios y esclavos en la Tierra- 
Firme , en la provincia gobernacin de 
Castilla del Oro ; assi he entendido de 
los que lo han cogido en estas otras 
islas que se hace de la misma forma; 
pues que es comn el arte general, de- 
cirlo he aqui en este libro VI (que yo 
Hamo de los depsitos), por no lo repetir 
despus en otras partes. 

VI. En muchas riberas partes desta 
Isla Espaola se halla oro , assi en las 
sierras rios que llaman de Cibao (rio 
muy famoso en esta isla por la riqueza 
de su oro ) , como en el Cotuy , de los 
quales de suso se hizo mencin. Y tam- 
bin se saca en las minas que llaman de 
Sanct Chripstobal , y en las minas viejas 
otras partes ; pero no acostumbran co- 
ger el oro do quiera que se halla , 
causa de ser la costa grande que en ello 
se pone de bastimentos otros aparejos, 



i Tiiumplio de Amor, cap. II. 



DE INDIAS. LIB. IV. CAP. VIII. 



183 



assi como de las compras de los esclavos, 
y herramientas y bateas, y otras cosas; 
sino donde haya tanto que se supla la 
costa y sobren dineros , y sea tal la ga- 
uangia, que p