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HISTORIA 



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LAS INDIAS 



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ADVERTENCIA PRELIMINAR. 



Con el presente volumen, en que termina el 
libro III y último de la Historia de las Indias de 
Fr. Bartolomé de las Casas , damos fin por hoy á 
nuestra tarea; no tardaremos, Dios mediante, en 
emprenderla de nuevo, imprimiendo parte de su 
« Apologética Historia » , y algún otro Tratado inédito 
del mismo autor, al propio tiempo que su Biografía, 
escrita por nuestro querido amigo el erudito Acadé- 
mico de la Historia D. Antonio María Fabié. Ésta, 
enriquecida con nuevos datos y peregrinas noticias, 
ocupará casi un tomo , por lo cual no nos ha sido 
posible publicarla en el presente, como hubiéramos 
deseado , pues sólo podíamos disponer de quince ó 
veinte pliegos. 

Hemos puesto por Apéndice 51 capítulos entre- 
sacados de su «Apologética Historia» y precedidos 
de la portada y prólogo del libro; tanto para que 
nuestros lectores puedan formar juicio de esta obra, 

238027 



VI 



cuanto porque su autor pensó intercalarla en la que 
acabamos de imprimir, como puede verse por lo que 
dice al final del cap. 67 del libro I, y se comprueba 
con la primitiva numeración de los de la Apologé- 
tica, el primero de los cuales era el 68. De este MS. 
pensamos publicar en breve , sino todo lo que ahora 
queda inédito , al menos lo que se refiere á México 
j al Perú, que es la mayor parte. 

En los capítulos 199 y 203 se han suprimido dos 
largas digresiones : sobre la poligamiade los antiguos, 
la una, y la otra acerca de la costumbre , antiquísima 
también, de matar ó quemar las mujeres cuando sus 
maridos ó señores morían , ó de enterrarlas vivas con 
ellos ; ambas para disculpar á estas naciones y probar 
que los indios eran menos bárbaros y crueles , en lo 
general, que aquellos. 

Hé aquí ahora un ligerísimo extracto de lo que 
contiene este tomo , para facilitar el uso de su ín- 
dice : 

Continuando nuestro autor el libro III de su 
Historia , refiere y extracta la capitulación del Rey 
con Diego Velazquez , nombrándole Adelantado de 
la tierra de Yucatán , y de lo demás que por allí á 
su costa se descubriese (capítulo 124). Cuenta varios 
sucesos de la isla de Santo Domingo , como el alza- 
miento de Bnriquillo contra los españoles, y su 
causa (125 y 126), seguido del de otros dos indios 
llamados Ciguayo y Tamayo (127); la epidemia de 
viruelas que acabó de despoblar la Isla, y la plaga 
de hormigas que vino después (128). Primeros in- 
genios para la fabricación del azúcar y vuelo que 



VII 



tomó esta industria (129). Sus gestiones en la cor- 
te, con éxito vario, en favor de los indios (130 al 
141 y 147 al 153), hasta que, creyendo haber con- 
seguido su objeto , volvió á embarcarse para Santo 
Domingo (155 y 156). Refutación de lo que dice 
Fernandez de Oviedo en su «Historia>, acerca de los 
indios y del padre Casas (142 al 146). Salida de 
Hernando de Magallanes en demanda del Estrecho 
que hoy lleva su nombre (154). Llega Las Casas á 
Santo Domingo (157); sale para Cumaná (158), 
de donde vuelve á la Española, y en ella recibe la 
noticia de haber dado muerte los indios álos que aUi 
habia dejado, quemando la casa y atarazana (159). 
Escribe al Rey lo sucedido , y él, de allí á algunos 
meses, se mete fraile (160). El nuevo Gobernador 
del Darien, Lope de Sosa, que iba á relevar á Pe- 
drárias, muere antes de desembarcar, y, por consi- 
guiente, continua en el gobierno Pedrárias, de cuya 
gobernación se refieren varios sucesos (161 al 164). 
Vá un talJacome de Castellón á castigar á los indios 
de Cumaná (165), con lo cual, y con varias consi- 
deraciones acerca de los Consejeros del Rey, que 
mandaban, ó ál menos toleraban, los excesos que 
nuestros españoles cometian en las Indias (166 
y 167), concluye el libro III y último de esta His- 
toria. 

Contiene el Apéndice : 

Descripción, productos naturales, clima, etc., 
de la isla de Santo Domingo (cap. 1 al 23); inte- 
ligencia y disposición natural de sus habitantes , y 
en general de los de todas las Indias (33 al 39) , y 



VIII 

ligera reseña de su religión , supersticiones y sacri- 
ficios (120 al 125, 166, 167 y 181). Reyes en esta 
Española , y forma de gobierno que tenian antes del 
descubrimiento (197 al 199); casamientos, entierros, 
juegos y demás costumbres en ella y en otras partes 
de las Indias (203 al 205). Forma de gobierno, cos- 
tumbres, ritos y supersticiones de otros varios rei- 
nos y provincias de aquellas comarcas (242 al 245), 
cuyos dos últimos capítulos referentes á la provin- 
cia de Cumaná y valle de Chiribichi , están sacados 
á la letra, según él dice, de lo que cuenta en su 
sétima década Pedro Mártir de Angleria; conclu- 
yendo con una relación bastante extensa de los mo- 
tivos que tuvieron los indios del valle de Chiribichi 
para dar muerte á los dos religiosos que habia en 
aquel monasterio, en la que rectifica los errores 
cometidos por el mismo Pedro Mártir en el cap. 2."* 
de su sétima década (246) , y con lo que hacian las 
gentes de la costa de Paria , como Venezuela , Santa 
Marta, elCenú, etc., en los entierros y sepulturas 
de sus muertos (247). 



HISTORIA 



DE LAS INDIAS. 



LIBRO TERCERO. 



CAPÍTULO CXXIV. 



Ya tocamos en el cap. 105, al fin del, como el Rey hizo 
Adelantado á Diego Velazquez y Gobernador y Capitán gene- 
ral de toda la tierra que había descubierto Francisco Hernán- 
dez y Juan de Grijalva, que era la isla de Cozumel y Yu- 
catán, y toda la que agora llamamos la Nueva España, y 
aunque arriba se pudiera y debiera referir, cuando del año 
de 18 hablamos, todavía no parece haber perdido mucho su 
lugar; y, dejado agora Cortés y sus compañeros haciendo las 
obras que se dirán , si á Dios place, diremos las cosas notables 
que acaescieron en el año de 19 hasta el de 20, así en esta 
isla Española como en España, pero primero demos cuenta 
de las mercedes que el Rey hizo á Diego Yelazquez, por 
donde la rebelión y maldad que Cortés le hizo, más clara, y 
fea, y más culpable, parecerá. Envió, pues, Diego Yelazquez 
á un hidalgo llamado Gonzalo de Guzman, con su poder, para 
que se juntase con Panfilo de Narvaez, el mismo que ya arriba 
dejamos dicho haber sido por Procurador de la isla de Cuba 
enviado, para que encareciendo al Rey los servicios que en 
Tomo Y. 1 



2 • HISTORIA 

descubrir á su costa aquella tierra le habia hecho Diego Ve- 
lazquez, de lo cual trujo probanza, le hiciese merced de cons- 
tituillo en dignidad de Adelantado con otras mercedes que 
pidió en sus memoriales. El obispo de Burgos, D, Juan de Fon- 
seca^ que por la muerte del Gran Chanciller, como arriba fué 
contado, tornó á alear y á ser principal y como Presidente, 
según de antes lo era, del Consejo de las Indias, estaba muy 
aficionado á Diego Velazquez, y lo habia comenzado á favo- 
recer mucho los dias pasados, ó porque lo tenia por servidor 
del Rey, ó porque, según se dijo, lo quería casar con una se- 
ñora, doña Mayor de Fonseca, sobrina suya; vistas las rela- 
ciones y probanzas y peticiones que Narvaez y Guzman, de 
parte de Diego Velazquez, en el Consejo presentaron, favo- 
recióle mucho, y como al cabo se hacen las determinaciones 
en los Consejos según las quieran guiar los Presidentes ó que 
tienen lugar dello, por la mayor parte, cuanto más que habia 
entonces allí entre ellos personas que eran en cargo á 
Diego Velazquez, por habelles señalado buenos repartimientos 
de indios, puesto que ya por industria del clérigo Bartolomé 
de las Casas se les habían quitado, juntáronse todas buenas 
voluntades para favorecer á Diego Velazquez, y así le conce- 
dieron las mercedes y todo lo que para él se pidió con abun- 
dancia. La capitulación de lo cual es ésta que comienza desla 
manera: 

«El Rey: Por cuanto vos, Diego Velazquez, Lugar teniente 
de Gobernador de la isla Fernandina, que antes se llamaba de 
Cuba, é nuestro Capitán é repartidor della, me hicistes rela- 
ción que vos, por la mucha voluntad que tenéis al servicio de 
la católica Reina, mi señora, é mió, é al acrecentamiento de 
nuestra Corona real, habéis descubierto á vuestra costa cierta 
tierra, que por la relación que tenéis de los indios que della 
tomastes se llama Yucatán é Cozumel, á la cual, los cristianos 
españoles que en vuestro nombre la descubrieron, pusieron 
nombre Sánela María de los Remedios, y asimismo habéis 
descubierto otras ciertas islas, é que después de descubiertas 
las dichas islas é tierra firme, é por saber los secretos dellas, 



DE LAS INDIAS. ó 

con licencia é parecer de los padres Hierónimos, que por 
nuestro mandado en la isla Española residen, á vuestra costa 
tornasles á enviar otra armada á la dicha tierra para la des- 
cubrir más é verlos puertos dellas, la cual va proveída, por. 
un año de la gente y mantenimientos necesarios á vuestra 
costa, é porque vos, continuando el dicho propósito é volun- 
tad que tenéis á nuestro servicio, querríades enviar por otras 
partes gente é navios para descubrir, sojuzgar é poner debajo 
de nuestro yugo é servidumbre las dichas tierra é islas que así 
habéis descubierto ó descubriéredes á vuestra costa é misión, 
é descubrir otras, me suplicastes é pedisteis por merced vos 
hiciese merced de la conquista dellas, é vos hiciese y otorgase 
las mercedes é con las condiciones siguientes....» 

En el capítulo 1.°, se le concedió licencia para que á 
su costa descubriese cualesquiera islas y tierra firme que 
hasta entonces no estuviesen descubiertas, con que no fuesen 
contenidas dentro de los limites de la demarcación del rey de 
Portugal. En el cap. 2.", le concedió é mandó que las ta- 
les tierras las pudiese conquistar como su Capitán, y poner 
debajo de su señorío y servidumbre, con que en el dicho 
descubrimiento é conquista guardase las instrucciones que se 
le diesen para el buen tractamiento é pacificación é conversión 
de los indios naturales de las tales tierras, so las penas en 
ellas contenidas. Llamó conquista y poner debajo de su yugo 
y servidumbre las gentes, que no dijera más el turco, por la 
ignorancia y ceguedad de los del Consejo, que no advertían 
que los tales vocablos no convenían á ningún Rey cristiano, 
y tal como el de Castilla, ignorai¡do también la diferencia que 
hay de los infieles, que nps impugnan, enemigos de nuestra 
fe, y que nos tienen usurpadas nuestras tierras, á los indios 
que estaban en sus tierras pacíficos y que no debían nada á 
los cristianos y ni á los reyes de Castilla. Destos vocablos se 
usó muchos años en el Consejo de las Indias, en tanto que 
duró la ceguedad suya susodicha, hasta que el clérigo Barto- 
lomé de las Casas, después de muchos años, les hizo cognos- 
cer su yerro. En el cap. 3.", le hace merced de consti- 



^ HISTORIA 

tuillo Adelantado por toda su vida de las dichas tierras que 
descubrió y de las que á su costa descubriese. En el cap. 4. , 
le hace merced, acatando la voluntad de serville y gastos 
•que habla hecho en el descubrimiento y que había de hacer 
en al-una enmienda y remuneración dello, le hizo merced 
que llevase la quincena parte de todo el provecho que en 
cualquiera manera de aquellas tierras el Rey tuviese, por su 
vida y de un heredero, y que habiendo poblado y pacificado 
cuatro islas y habiendo ya tracto seguro, en la una, cual el 
escogiese, hobiese la veintena parte de todas las rentas y pro- 
vechos que al Rey se siguiesen, por cualquiera manera, per- 
petuamente para sí é sus herederos. En el b.\ le concedió que 
de toda la ropa, armas y bastimentos, que de Casulla trújese 
á las dichas tierras, por toda su vida, no pagase derechos al- 
gunos. En el 6.^ le hizo merced de cierta hacienda de pan 
cacabí y de puercos que el Rev tenia en la Habana, para que 
se gastase en lo dicho. En el l.\ señalóle 300.00.0 maravedís 
de salario cada año en las dichas tierras. En el 8.^ le hizo 
merced de la escobilla y relieves de las fundiciones del oro; 
ésto es la basura que de los cnsoles, fundido el oro ,^ sale, 
donde suele sacarse una buena parle de oro. En el 9.% que 
hechas las íorlalezas que fueseft menester en las dichas tier- 
ras se ternia respeto á sus servicios para dalle las tenencias 
dellas. En el 10, que suplicarla al Papa que concediese Bula 
para que los españoles que muriesen en aquella demanda 
fuesen absuellos á culpa y á pena. En ell 1 , que á los que allí 
poblasen no pagasen del oro que cogiesen de las minas mas del 
diezuK) los dos primeros años, y de allí al tercero año la nona 
parle, hasta llegar y parar en la qtiinla parte. En el 12, que 
por seis años, los que poblasen, no pagasen nada de la sal qqe 
comiesen, sino hobiese por parte del Rey arrendamiento. En 
el 13, que en cada navio que enviase á la dicha negociación 
el Rey le mandase proveer de un clérigo de misa á costa del 
Rey. En el 14, que el Rey proveyese de un médico y botica- 
rios y medicinas, y dos cirujanos. En el 15, que le mandaría 
dar 20 arcabuces de á dos arrobas. En el 16, daba licencia a 



DE LAS INDIAS. 



todos los que les Hevasen mantenimientos y otras cosas, por diez 
años, sin pagar derechos al Rey ningunos En el 17, se le con- 
cedió que pudiese llevar de las islas. Española y las demás, de 
la gente española que en ellas hobíese la que quisiere ir á 
poblar las dichas tierras, con que no viniese daño á la pobla- 
ción dellas. En el postrero, dijo el Rey que ternia cuidado de 
honralle y hacelle mercedes, según sus servicios, como á 
criado. Y en el pié de la Capitulación promete el Rey de 
guardalle y cumplille lo capitulado, si él lo guardase y cum- 
pliese con las instrucciones que le mandó dar para el buen 
tractamiento y conversión de los indios, y para traellos de 
paz, etc. Fué hecha la dicha Capitulación en Zaragoza de 
Aragón, á 13 días del mes de Noviembre de 1518 años; fué 
señalada del obispo de Burgos, y del obispo de Badajoz, y de 
D. García de Padilla, y del licenciado Zapata, y refrendada 
de Francisco de los Cobos, que depues fué Comendador mayor 
de León. De donde parece que en el mismo tiempo, ó cuasi, 
porque cinco dias antes y el mismo mes y año que el Rey 
concedió la gobernación de aquellas tierras y las susodichas 
ciudades á Diego Velazquez, se le alzó Cortés con su flota ó 
armada en 18 de Noviembre, como parece aquí arriba en el 
capítulo 115, y al fin con todas las mercedes que el Rey le 
habia hecho , y con mucho más según parecerá; de todas 
las cuales es manifiesto serle obligado á restitución, sin el 
valor de la armada y los gastos della, y todos los daños que 
por esta causa á Diego Velazquez vinieron hasta que murió, 
que no fueron pocos, y más las angustias de su ánima, viendo 
que su criado, y á quien perdonó, y honró, y sublimó con 
todo su bien temporal, y riquezas, y estado, y honra, se le 
alzó y lo robó y despojó , sin que le valiese razón y justicia: 
y de todo ello nunca vimos en Cortés señal de restitución y 
satisfacción, sino siempre con la sangre y trabajos ajenos 
triunfar. 



niSTOUIA 



CAPÍTULO CXXV. 



Por este tiempo cosas acaescieron notables en esta isla 
Española, y una fué, que como los indios della se iban aca- 
bando, y no cesasen por eso de los trabajar, y angustiar los 
españoles que los tenían, uno dellos, llamado Valenzuela, 
vecino de la villa de Sant Juan de la Maguana, harto mozo 
liviano, que sucedió en la inicua y tiránica posesión dellos á 
su padre, tenia un repartimiento cuyo Cacique y señor se lla- 
maba Enriquillo, que habia sido criado, siendo niño, en el 
monasterio de Sant Francisco, que hobo en una villa de espa- 
ñoles llamada la Vera-Paz, y la provincia según la lengua de 
los indios Xaraguá, la última sílaba aguda, donde tuvo su 
reino el rey Behechío, la penúltima luenga, y que fué uno de 
los cinco reinos desta isla, y el principal de que mucho en el 
libro I y II habemos hablado, el cual los frailes habian ense- 
ñado á leer y escribir, y en costumbres asaz bien doctrinado, 
y él de su inclinación no perdia nada, y supo bien hablar 
nuestra lengua, por lo cual siempre mostró por sus obras 
haber por los religiosos aprovechado. La tierra y señoríos 
deste fué la provincia que los indios llamaban Baorúco, la 
penúltima luenga, en las sierras que están á la mar del Sur 
desta isla, 30, y 40, y 50, y 70 leguas del puerto de Sancto 
Domingo, la costa hacia el Poniente abajo. Este Cacique y 
señor de aquella provincia del Baorúco, salido de la doctrina 
de los religiosos y hecho hombre, casóse con una señora in- 
dia, mujer de buen linaje y noble, llamada Doña Lucía, como 
cristianos, en haz de la Sancta Madre Iglesia. Era Enrique, alto 
y gentil hombre de cuerpo, bien proporcionado y dispuesto, 
la cara no tenia hermosa ni fea, pero teníala de hombre grave 
y severo, el cual servia con sus indios al dicho mancebo Va- 



DE LAS INDIAS. *^ 

lenzuela como sise lo debiera, como dicen, de fuero, su- 
friendo su injusta servidumbre y agravios que cada dia resci- 
bia, con paciencia; entre los pocos y pobres bienes que tenia 
poseía una yegua, ésta le tomó contra su voluntad el mozo 
tirano á quien servia, después desto, no contento con aquel 
robo y fuerza, procuró de violar el matrimonio del Cacique 
y forzalle la mujer, y como el Cacique lo sintiese, porque so 
quejó á él mismo diciéndole que por qué le hacia aquel agra- 
vio y afrenta, dicen que le dio de palos para que se cumpliese 
el proverbio, agraviado y aporreado. Fuese á quejar de sus 
agravios al Teniente de Gobernador que en aquella villa resi- 
día, llamado Pedro de Yadillo; halló en él el abrigo que siem- 
pre hallaron en las justicias destas Indias y ministros del 
Rey los indios, éste fué que lo amenazó que le haria y acon- 
teceria si más venia á él con quejas de Valenzuela, y aun di- 
jeron que lo hecho en la cárcel ó en el cepo. El triste, no 
hallando remedio en aquel ministro de justicia, después que 
le soltaron, acordó de venir á esta ciudad de Sancto Domin- 
go á quejarse á la Audiencia de las injurias y denuestos res- 
cibidos, con harta pobreza, cansancio y hambre, por no tener 
dinero ni de que habello. El Audiencia le dio su carta de favor, 
' pero remitiéndolo al dicho teniente Yadillo sin otro remedio; 
y ésto fué también el consuelo que las Audiencias , y aún 
también el Consejo del Rey, que reside en Castilla, daban á 
los agraviados y míseros, remitillos, conviene á saber, á los 
agraviantes y sus propios enemigos. Tornado á la villa, que 
estaba 30 leguas, presentó sus papeles, y la justicia que halló 
en Yadillo, fué, según se dijo, tratándolo de palabra y con 
amenazas peor que de primero; pues sabido por su amo Ya- 
lenzuela, no fueron menores los malos tractamientos y asom- 
bramientos, que lo habia de azotar, y matar, y hacer y acon- 
tecer, y aún, según yo no dudo, por la costumbre muy enve- 
jecida, y el menosprecio en que los indios fueron siempre 
tenidos, señores y subditos, y la libertad y duro señorío que 
los españoles sobre ellos tuvieron para los aíligir, sin temor de 
Dios y de la justicia, que le daria de palos ó bofetadas antes 



8 HISTORIA 

que dalle de cenar, para consuelo y descanso de su camino. 
Sufrió las nuevas injurias y baldones el cacique Enriquillo 
(llamábanlo así los que lo cognoscieron niño, cuando estaba 
con los padres de Sant Francisco, y de allí nació nombrallo 
comunmente por este nombre diminutivo), sufriólas, digo y 
disimuló, y habida licencia de su amo, que con más justa razón 
pudiera ser señor suyo el indio, porque acabado el tiempo que 
eran ciertos meses del año que se remudaban las cuadrillas 
para venir á servir, y el Cacique era el que iba y venia, y los 
Iraia, y el que si faltaba un indio que no viniese, lo habia él de 
llorar y padecer, con cárcel é injurias, y aún palos y bofeta- 
das, y otras angustias y denuestos, vuelto á su tiempo, con- 
fiado en su justicia y en su tierra, que era áspera, donde no 
podian subir caballos, y en sus fuerzas y de sus pocos indios 
que tenia, determinó de no ir más á servir á su enemigo, ni 
enviarle indio suyo, y por consiguiente, en su tierra se defen- 
der; y ésto llamaron los españoles y llaman hoy, alzarse y ser 
rebelde Enrique, y rebeldes y alzados los indios, que con 
verdad hablando no es otra cosa sino huir de sus crueles ene- 
migos, que los matan y consumen, como huye la vaca ó buey 
de la carnecería; el cual, como no fuese ni llevase ndios para 
el servicio de Valenzuela en el tiempo establecido, estimando 
el Valenzuela que por los agravios rescibidos estaria enojado 
y alborotado, y como ellos decian, alzado, fué con 11 hom- 
bres á traello por fuerza y sobre ello maltratallo. Llegado alia, 
hallólo á éi y á su gente no descuidado, sino con armas, que 
fueron lanzas, por hierros clavos y huesos de pescados, y arcos, 
y flechas, y piedras y lo demás de que pudieron armarse; sa- 
liéronle al encuentro, y el cacique Enriquillo d<3lante, y dijo 
á Valenzuela que se tornase, porque no habia de ir con él, ni 
de sus indios nadie, y como el mozo Valenzuela lo tuviese. 
como esclavo y mayor menosprecio que si fuera estiércol de la 
plaza, como todos los españoles han tenido siempre y tienen 
á estas gentes por más que menospreciadas, comenzó á de- 
cirle de perro y con todas las injuriosas palabras que se le 
ofrecieron denostalle, y arremete á él y á los indios que es- 



DE LAS INDIAS. 



9 



taban con él, los cuales dan en ellos, y con tanta priesa, que 
le mataron uno ó dos de sus españoles, y descalabraron á 
todos los más, y los otros volvieron las espaldas. No quiso 
Enrique que los siguiesen, sino que los dejasen ir, y dijo á 
Valenzuela: «Agradece, Valenzuela, que no os mato, andad, 
ios y no volváis más acá, guardaos.» Tornóse Valenzuela con 
lossuvos á Sant Juan de la Maguana, más que de paso, y su ^ 
soberbia lastimada, puesto que no curada. Suénase luego por 
toda la isla que Enriquilloes alzado , provéese por el Audien- 
cia que vaya gente á subjuzgallo, juntáronse 70 o 80 espa- 
ñoles y vánlo á buscar, los cuales, después de muy cansados 
y hambrientos de muchos dias, halláronlo en cierto mon- 
te- salió á ellos, mató ciertos y hirió á otros, y todos desba- 
ratados y humillados acordaron con harta tristeza y afrenta 
suya de se tornar. Cunde toda la isla la fama y victorias de 
EnriquiUo húvense muchos indios del servicio y opresión de 
los españoles, y vánse á refugio y bandera de Enriqmllo, como 
á castillo roquero inespugnable, á se salvar, de la manera 
que acudieron á David, que andaba huyendo de la urania de 
Saúl lodos los que estaban en agusiias y los opresos de deu- 
das y en amargura de sus ánimos, como parece en el primer 
libro de los Revés, cap. 22: Et convenerunt ad eum omnes 
qui erant in angustia constÜuti et oppressi mre alieno et amaro^ 
animo et fadus e.sí eonm Princeps; fuerunlque cum eo qaasx 
quadringenti vtri, bien asi, por esta semejanza se allegaron a 
EnriquiUo, de toda la isla, cerca de 300 hombres, sometiéndo- 
se á su capitanía , no teniendo él , á lo que senti yo , ni aun 1 00. 
Enseñábalos él cómo habían de pelear contra los españoles, si a 
ellos viniesen, para defenderse; nunca permitió que algunos de 
los que á él se venian saliese á hacer saltos ni matar español 
al"uno, sino solamente pretendió defender á si é á los suyos 
denlos españoles, que muchas veces vinieron á subjuzgallo y 
ofendello. Cuan justa guerra contra los españoles, el y el os 
tuviesen y se le sometiesen y lo eligiesen por señor y Rey los 
indios que á él venian, y los demás de toda la isla lo pudie- 
ran justamente hacer, claro lo muestra la Historia de los Ma- 



10 HISTORIA 

chabeos en la Escritura divina y las de España que narran los 
hechos del infante D. Pelayo, que no sólo tuvieron justa 
guerra de natural defensión, pero pudieron proceder á hacer 
venganza y castigo de las injurias, y daños, y muertes, y dis- 
minución de sus gentes, y usurpación de sus tierras rescibi- 
das, de la misma manera y con el mismo derecho; cuanto á lo 
que toca al derecho natural y de las gentes (dejado aparte lo 
que concierne á nuestra sancta fe, que es otro título añadido 
á la defensión natural en los cristianos), tuvieron justo y jus- 
tísimo título, Enrique y los indios pocos que en esta Isla habian 
quedado de las crueles manos y horribles tiranías de los es- 
pañoles, para los perseguir, destruir, é punir, é asolar como á 
capitales hostes y enemigos, destruidores de todas sus tan 
grandes repúblicas, como en esta isla había, lo cual hacían v 
podían hacer con autoridad del derecho natural y de las gen- 
tes, y la tal guerra propiamente se suele decir, no guerra 
sino defensión natural. Cuanto más, que aun Enrique tenia más 
cumplido derecho, como es el del Príncipe, porque otro señor 
ni Príncipe no habia en esta isla quedado, y así podía pro- 
ceder al castigo y venganza, secutando justicia en todos los 
españoles que hallase; no se puede oponer á ésto, diciendo, 
como algunos ignorantes del hecho y del derecho dicen , que 
el Príncipe desta isla era el rey de Castilla, y que á él habian 
de ocurrir á pedir justicia, porque ésto es falsa lisonja y dis- 
parate, la razón es, porque nunca los Reyes y señores natura- 
les desta isla reconocieron por superior al rey de Castilla, 
sino que desde que fueron descubiertos hasta hoy, de hecho 
y no de derecho, fueron tiranizados, muertos en guerras 
crueles, y opresos siempre con crudelísima servidumbre hasta 
que los acabaron, como pareció en el primer libro y en toda 
la Historia. ítem, nunca hobo en esta isla jamás justicia, ni 
jamás se hizo en desagraviar los indios vecinos y moradores 
della, y, donde quiera que falta justicia se la puede hacer á 
sí mismo el opreso y agraviado. Esta es máxima de los juris- 
tas, y la dicta y enseña la razón natural. Por lo dicho no se 
deroga el principado supremo y universal do los reyes de Cas- 



DE LA.S INDIAS. 



11 



tilla sobre todo este orbe, concedido por la Sede apostólica , si 
en él entraren y del usaren como entrar deben y del usar, 
porque todo ha de tener orden y se ha de guiar, no por lo 
que á cada uno se le antojare, sino por reglas de razón, asi 
como todas las obras de Dios son por razón guiadas y orde- 
nadas. Destas materias dejamos escritos, en romance y en la- 
tin , grandes tractados. 



12 UISTOIUA 



CAPITULO CXXVI. 



La gente que con él estaba mataron, contra sü voluntad, 
á dos ó á tres españoles que venían de la tierra firme y traían 
mas de 15 ó 20.000 pesos de oro; y, á lo que yo estimo, 
éstos fueron alguna cuadrilla antes que á él se subjetasen, ó 
andando por la tierra atalayando sí venían españoles, por su 
mandado. Y algunos males hicieron que él no les mandaba, 
pero no los castigaba porque sólo no lo dejasen, solamente 
les mandaba que cuando hallasen españoles les tomasen las 
armas y los dejasen, y éste fué uno de sus principales cuida- 
dos, conviene á saber, buscar y haber lanzas y espadas, 
en el ejercicio de las cuales se hicieron en breve tan ardiles y 
enseñados como sí hobíeran sido muchos años rufianes y que 
cada día se acuchillaran; estaban peleando y acuchillándose 
con los españoles, cuando los hallaban, pié con pié, mucha parte 
deí día, que era cosa de espanto. En muchas veces que se hi- 
cieron en la isla armadas para ir contra él, que por él fueron 
desbaratadas, cobraron muchas armas, y siempre los indios 
que se alzaban para irse á él trabajaban de hurtar á sus amos 
armas todas las que podían; y por donde quiera que andaban 
fué extraña la vigilancia, y diligencia, y solicitud que tuvo 
en guardarse, á sí é á los que con él estaban, como sí toda su 
vida fuera Capitán en Italia. Tenía sus guardas y espías en los 
puertos y lugares por donde sabia que podían los españoles 
venir á buscalle. Sabido por las espías y guardas que tenia en 
el campo que había españoles en la tiera, tomaba todas las 
mujeres, y niños, y viejos, y enfermos, si los había, y todos 
los que no eran para pelear, con 50 hombres de guerra que 
siempre tenia consigo, y llevábalos 10 ó 12 leguas de allí, en 
lugares que tenia secretos en aquellas sierras, donde había he- 



DE LAS INDIAS. 1^ 



chas labranzas v tenia de comer, dejando un Capitán , sobrino 
suyo, tamaño c¿mo un codo pero muy esforzado, con toda 
la gente de guerra para esperar á los ^españoles, los cuales 
lle-ados, peleaban contra ellos los indios como leones; venia 
luego de refresco Enrique con sus 50 hombres y daba en 
ellol por la parte que le parecía, por manera que los lasti- 
maba, heria y mataba, y ninguna, de muchas veces que fueron 
muchos españoles contra él, hobo que no los desbaratase, lle- 
vando siempre la victoria. Acaeció una vez desbaratar muchos 
dellos V meterse 71 ó 72 en unas cuevas de piedra o penas, 
escondiéndose de los indios que iban con el alcance, y en- 
tendiendo que estaban allí quieren los indios allegar lena 
para poner fuego y quemallos; mandó Enrique: «no quiero que 
se quemen, sino tomaldes las armas, y dejaldos, vayanse», y asi 
lo hicieron, donde se proveyó bien de espadas, y lanzas, y 
ballestas, puesto que de éstas no sabían usar. Destos 70 espa- 
ñoles se metió fraile uno en el monasterio de Sancto Domingo, 
de la ciudad de Sancto Domingo, por voto que había hecho, 
viéndose en aquella angustia, no creyendo de se escapar, y 
del hobe lo que deste caso yo a^uí escribo. De donde se 
arguye la bondad de Enrique bien á la clara, pues pudiendo 
matará todos aquellos españoles, no quiso matarlos, y asi 
tenia mandado, que si no fuese en el conQicto de la guerra, 
fuera de ello ninguno á alguno matase. Si cuando Enrique 
sobrevenía con sus 50, dejadas las mujeres puestas en cobro, 
no hablan aón llegado los españoles á donde los indios los es- 
peraban, era tanta su vigilancia que el primero era él que los 
sentía. Tenia esta orden: dormía siempre á prima noche un 
sueño, según le bastaba, y, levantándose, llevaba consigo dos 
mancebos por pajes, con sus lanzas, que le llevaban junto, 
cabe sí, su espada, y creo que dos espadas, porque las tema 
ala cabecera de su hamaca, donde dormía; él tomaba sus 
cuentas, y iba rezando el rosario, paseándose alrededor de todo 
su real, y así él era el primero, ó de los primeros , que sentía 
llegar los españoles y á su gente despertaba. Tuvo para su 
seguridad otra buena orden y buenos recaudos, proveyó que 



14 HISTORIA 

se hiciesen labranzas en muchos é diversos lugares de aque- 
llas sierras y sus chozas de paja, en 30 y 40 leguas que duran, 
que estuviesen unos de otros 10 y 12 leguas, á donde las mu- 
jeres, y niños, y viejos, una vez en uno y otra en otro, según 
más cómodo serle parecía, y no siempre en uno, salvaba; y 
porque tenia muchos perros para montear puercos, que allí 
habia y hay infinitos, de que mantenía toda su gente, y tam- 
bién mandaba criar muchas gallinas, y para que los perros 
ladrando y los gallos cantando noje descubriesen, tenia cierto 
pueblo hecho en cierto lugar escondido para los perros y aves, 
y allí dos ó tres indios con sus mujeres, y no más, para 
curallos, y él y su gente siempre andaban de allí muy apar- 
tados. Cuando enviaba algunos indios, pocos, como dos, ó 
tres, ó cuatro, á pescar ó á montear, ó á alguna otra parte, 
nunca le habían de hallar en el lugar donde lo dejaron, ni 
ellos sabían puntualmente á dónde habían de hallallo; ésto 
hacia porque si los españoles los prendiesen, y ninguno dellos 
pudiese irle á avisar, y á tormentos descubriesen donde que- 
daba, no le hallasen; no corria aquel riesgo cuando muchos 
enviaba, porque á muchos no fácilmente los habian de pren- 
der todos, y así estimaba que se escaparía dellos quien lo 
avísase. Estendióse cada dia más la fama de las victorias y 
diligencia, esft^erzo y ardides de guerra de Enrique y de su 
gente por toda esta isla, porque, como se dijo, vez ninguna 
vinieron contra él españoles que no volviesen descalabrados; 
por manera que toda la isla estaba admirada y turbada , y 
cuando se hacía armada para ir contra él, no todos iban do 
buena gana, y no fueran, si por el Audiencia con penas no 
fueran forzados; y en ésto pasaron trece y catorce años, en lo 
cual se gastaron de la Caja del Rey más de 80 ó 100.000 cas- 
tellanos. Ofrecióse un religioso de la orden de Sant Fran- 
cisco, siervo- de Dios, extranjero, de quien dije arriba que 
habia traído cierto número de frailes de su Orden á esta isla, 
notables personas en letras y en religión, con el celo de pre- 
dicar el Evangelio á estas gentes, llamado fray Remigio, y 
creo que fué uno de los que á Enrique criaron, á ir á ha- 



DE LAS INDIAS. 15 

blallo y asegurallo viendo que por fuerza no era posible ga- 
nallo; lleváronlo en un navio y echáronlo en tierra en lugar 
donde poco nnás ó naénos podían creer que Enrique ó su gente 
estaba, y porque en viendo venir navio por la mar luego 
creía que venia gente española á buscallo, para lo cual 
ponía suma diligencia en saber dónde desembarcaban, y en- 
viaba cuadrillas de gente suya para indagallo, llegó cierta 
cuadrilla dellos donde aquel padre fray Remigio habia des- 
embarcado. Desque lo vieron dijéronle si venia por mandado 
de los españoles á espiallos; respondió que no, sino que 
venia á hablar á Enrique para decille que fuese amigo de los 
españoles y que no rescibiria daño, y que no anduviese hu- 
yendo y trabajado coma andaba, y porque los queria bien se 
habia movido á venir á ellos y ponerse á aquellos trabajos. 
Dijéronle que debia de mentir, porque los españoles eran ma- 
los y siempre les habian mentido, y ninguna fe ni verdad les 
habian guardado, y que él los debia de querer engañar, como 
los demás, y que estaban por matallo. Vídose el sancto fraile 
harto atribulado, pero como Enrique les habia prohibido de 
que no matasen ningún español, sino en el conflicto cuando 
peleasen, no lo hicieron, pero desnudáronle todos sus hábi- 
tos, hasta quedar en sus paños menores, y dejáronlo, y repar- 
tieron los hartos entre sí á pedazos; rogábales mucho que 
hiciesen saber á Enrique como era uno de los padres de Sant 
Francisco, y que él holgaría de vello, que lo llevasen á donde 
él estaba. Dejáronlo allí é fuéronlo á decir á Enrique, el cual, 
asi como lo supo, vino luego á él y mostró por meneos y por 
palabras haberle mucho pesado de lo que aquellos indios ha- 
bían hecho, y díjole que lo perdonase, aunque habia sido con- 
tra su voluntad, y que no estuviese enojado; manera que tienen 
los indios común de consolar los que ven que están con al- 
guna pena fatigados. El Padre le rogó y encareció que fuese 
amigo de los españoles y sería bien traclado desde en ade- 
lante; respondió Enrique que no deseaba más otra cosa, pero 
que ya sabia quién eran los españoles y cómo habian muerto 
á su padre, y abuelo, y á todos los señores y gentes de aquel 



16 HISTORIA 

reino de Xaraguá, y toda la isla despoblado. Y, refiriendo los 
daños y agravios que de Valenzuela había recibido, dijo que 
por no ser por él ó por ellos muerto, como sus padres, se ha- 
bía huido á su tierra, donde estaba, y que ni él ni los suyos 
hacían mal á nadie, sino defenderse contra los que venian á 
caplívallos y matallos, y que para vivir la vida que hasta en-, 
tónces habian vivido en servidumbre, donde sabia quehabian 
todos de perecer, como sus pasados, no habla de ver más es- 
pañol para conversallo. Pidióle el Padre que le mandase dar 
sus hábitos; díjole que los habian rompido los indios y re- 
partido entre sí á pedazos, de lo cual le pesaba en el ánima, 
y porque el navio que lo habia traído andaba por allí á vista 
barloventeando, hiciéronle señales, y acercándose á tierra con 
su barca, Enrique besó la mano al Padre y despiíJióse del 
cuasi llorando, y los marineros rescibieron al Padre y cu- 
briéronlo con sus capas, y volviéronlo á esta ciudad y á su 
casa, donde no le faltaron hábitos, aunque no de seda sino' 
de los que teman, según su pobreza. 



BE LAS INDIAS. 17 



CAPITULO CXXYIl. 



De como se levantó un indio llamado Ciguayo que atemorizó toda la isla con las muertes 
de españoles que hizo , al cual en fin mataron.— Levantóse otro llamado Tamayo que 
hizo también muchas muertes y daños.— De como á Enrique pesaba desto, y procuró 
traerlo á su compañía porque no hiciese daño, y lo trujo.- De muchas armadas que hi- 
cieron contra Enrique , en especial una donde hobo habla y concierto, entre Enrique y 
el Capitán, de paz , y de la liberalidad de Enrique en dar el oro que tenia , y de la indis- 
creción del Capitán , etc. 



Cobraron ánimo algunos de los indios pocos que en la isla 
había, viendo que Enrique prevalecia, y levantóse un indio 
que llamaban el Ciguayo, y debia ser del linaje de los cigua- 
yos, generación señalada que vivia y poblaba las sierras que 
hacian la Vega Real, aguas vertientes á la mar del Norte, la 
costa más arriba desta isla, de quien mucho tractamos arriba 
en el libro I. Este Ciguayo, que era hombre valiente aunque 
encueros como los otros, alcanzó una lanza con su yerro de 
Castilla, y creo que una espada (no supe á qué español servia); 
dejó al que lo oprimia, llegó á si obra de ^lO ó 42 indios, y 
con ellos comienza á hacer saltos en españoles, en las minas y 
en las estancias ó haciendas del campo, donde andaban dos 
y cuatro, y asi pocos juntos, y mataba á todos los que hallaba, 
de tal manera que puso pavor y espanto, y extraño miedo en 
toda la isla ; ninguno pensaba estar seguro ni aún en los pue- 
blos de la tierra dentro, sino con temor del Ciguayo todos 
vivian. Finahnente, juntáronse cierta cuadrilla de españoles, 
y siguiéronlo muchos dias, y hallado, dan en él; él dá en ellos 
como un rabioso perro, de la manera que si estuviera armado 
de hierro desde los pies á la cabeza, y peleando todos recia- 
mente, retrújose el Ciguayo en una quebrada, y allí, peleando, 
un español lo atravesó con una media lanza, y atravesado pe- 
leaba como un Héctor; finalmente, desangrándose y perdiendo 
Tomo Y. 2 



28 iiiSToniA 

las fuerzas, llegaron todos los españoles y allí lo fenecieron; 
huyeron todos sus compañeros en tanto que con él lo habian, 
que tuvieron poco que hacer con él. Muerto el Ciguayo; le- 
vantóse otro indiazo, valiente de cuerpo y de fuerzas, llamado 
Tamayo, y comienza con otra cuadrilla que juntó á proseguir 
las obras del Ciguayo, salteando á los que estaban fuera de 
los pueblos. Este hizo mucho daño y causó grande miedo y 
escándalo en esta isla , mató muchos, y algunas mujeres espa- 
ñolas, y cuantos hallaba solos en las estancias, que no deja- 
ba persona á vida, y toda su codicia era tomar ó robar armas, 
lanzas y espadas, y también la ropa que podia; y ésta fué, 
cierto, cosa digna de contarse por maravilla, que habiendo en 
ésta isla sobre tres ó cuatro cuentos de ánimas, solos 300 es- 
pañoles la sojuzgaron, y las tres y cuatro partes dellas por guer- 
ras y con servidumbre horrible en las minas destruyeron, é que 
en aqueste tiempo que ésto acaescia, que habia en esta isla tres 
ó cuatro mil españoles, solos dos indios con cada 12 ó 15 com- 
pañeros, y no juntos sino, uno agora y otro después, distintos, 
les hiciesen temblar las carnes, no se hallando ni teniendo por 
seguros aun en sus pueblos. Esto no se ha de atribuir sino al 
juicio divino que quiso mostrarnos tres cosas, la una, que 
estas gentes, no porque estuviesen desnudas y fuesen mansue- 
lisimas como lo eran, les faltaba ánimo ni dejaban de ser hom- 
bres; la segunda, que si tuvieran armas como las nuestras y 
caballos y arcabuces, no se dejaran estirpar ni raer de la haz 
de la tierra, como la raímos y estirpamos; la tercera, que 
daba señal de la reprobación de tales obras, y punición que 
en la otra vida hemos de padecer por tan grandes pecados 
contra Dios y contra los prójimos cometidos, si penitencia en 
ésta no nos vale; y ésto parece mostrarse por aquello que es- 
cribe en el libro de los Jueces, cap. %' y 3.°, que no quiso 
Dios del todo destruir las gentes de la tierra de promisión para 
con las que quedaron enseñase á los hebreos sus pecados, y 
los castigase también con ellas. Dimisü ergo Dominus omnes 
nationes has et cito subvertere noluit. HcB sunt gentes quas Do-- 
minus dereliquit ut erudiret in eis Israel; dimisitque cas ut in 



DE LAS INDIAS. 19 

ipsis esperiretur Israelem utrum audirent mándala Domini quce 
prcBceperot, etc. Y aunque aquellos dos, Ciguayo y Tamayo, con 
sus compañías se levantaron y infestaron toda esta isla en aquel 
tiempo sin sabello Enrique, pero la opinión de toda la tierra 
era que todo lo mandaba hacer Enrique, por lo cual vivian 
todos los vecinos españoles della con mucho mayor miedo. 
Entendiendo Enrique las obras que el Ciguayo hizo y Tamayo 
hacia, estimando prudentemente lo que en la verdad era, 
conviene á saber, que los españoles creerían que por su man- 
dado todo era hecho, pesábale mucho dello; y ésto yo lo sé 
muy de cierto, según que abajo en el siguiente libro, si place á 
Dios, más largo lo diré. Y acaeció tener Enrique consigo, entre 
los otros, un indio llamado Romero, sobrino del dicho Tama- 
yo, el cual acordó envíallo á buscar al Tamayo que andaba 
hacia los pueblos del Puerto Real y Lares de Guhába, la pe- 
núltima luenga, cerca de cien leguas de allí, é que le rogase 
que se viniese para él porque estuviese más seguro, porque 
un dia que otro no le acaeciese lo que al Ciguayo acaeció, 
que los españoles hasta tomallo lo siguiesen ; y que él lo tra- 
taría bien y le haría Capitán de parte de su gente, y todos 
juntos estando, serían más fuertes para se defender. El cual, 
finalmente, persuadido por el sobrino que era harto cuerdo, 
se vino con muchas lanzas y espadas y ropa, que había robado, 
para Enrique; rescibiólo Enrique con muy grande alegría, y 
así estorbó Enrique grandes daños que Tamayo hiciera por 
esta isla, de donde se manifiesta bien la bondad de Enrique, 
y no menos la discreción y prudencia que tuvo y de que usó, 
para impedir un hombre á los españoles tan nocivo que no 
les hiciese mal, trayéndolo á su compañía por aquella vía. 
Casi cada año se hacia armada y junta de españoles para ir 
contra Enrique, donde se gastaron del Rey y de los vecinos, 
muchos millares de castellanos; entre otras se hizo una de 150 
españoles, y quizá más, cuyo Capitán faé un vecino de la 
villa que llamaban el Bonao, llamado Hernando de Sant Mi- 
guel, de los muy antiguos desta isla y del tiempo del primer 
Almirante. Este había venido á esta isla muy muchacho, y 



20 HISTORIA 

como se habia criado en grandes trabajos", en las crudas 
guerras é injustas que en ella contra estas gentes se hicieron, 
así andaba por las sierras, y sobre las peñas, descalzo como 
calzado; fuera desto, era hombre de bien y hidalgo, natural 
de Ledesma ó Salamanca. Este anduvo muchos días tras En- 
rique, pero nunca lo pudo hallar descuidado, y, según estimo 
si no me he olvidado, tampoco se allegaron á reñir en bata- 
lla, ün dia halláronse los unos de los otros tan cercanos, que, 
ninguno pudiendo dañar al otro, se hablaron y oyeron las 
palabras los unos de los otros; ésto se pudo así hacer, porque 
los unos estaban en un pico de una sierra y los otros en el 
pico de otra, muy altas y muy juntas , salvo que las dividía una 
quebrada ó arroyo muy profundo que parecía tener de hondo 
sobre 500 estados. Sintiéndose tan cercanos los unos de los 
otros, pidiéronse treguas y seguro para hablarse; concedidas 
de ambas partes para que ninguno tirase al otro con que le 
dañase, dijo el Capitán de los españoles que pareciese allí 
Enrique para le hablar; pareció Enrique, y díjole el Capitán, 
que la vida que tenia y la que hacia tener á los españoles de 
la isla era trabajosa y no buena, que sería mejor estar y vivir 
en paz y sosiego. Respondió Enrique, que así le parecía á él, 
y que era cosa que él mucho deseaba muchos días había, 
y que no quedaba por él, sino por ellos. Replicó el Capitán 
que él traía mandamiento y poder de la Real Audiencia, 
que mandaba en la ciudad de Sancto Domingo por el Rey, 
para tratar y asentar las paces con él y con su gente, que los 
dejarían vivir en su libertad en una parte de la isla, donde 
quisiese y escogiese, sin tener los españoles que hacer con 
ellos, con tanto que él ni ellos dañasen á ninguno ni hiciesen 
cosa que no debiesen, y que les diese el oro todo que habían 
tomado á los españoles que viniendo de tierra firme mata- 
ron. Mostróle, aunque así apartado, la provisión que de la 
Audiencia llevaba. Dijo Enrique, que le placía de hacer 
paces y tener amistad con todos los españoles, y de no hacer 
mal á nadie y de darles todo el oro que tenia, con que lo que 
se le promete se le guarde. Tratando del cómo y cuándo se 



DE LAS INDIAS. 



21 



verían, concertaron allí, que tal día el Capitán fuese con 
solos ocho hombres y Enrique con otros ocho, no más, á la 
costa de la mar, señalando cierta parte, y así, con este con- 
cierto, se apartaron. Enrique provee luego de cumplir su pa- 
labra y envia gente que haga en el dicho lugar una gran 
ramada de árboles y ramas, y en ella un aparador, donde 
pusieron todas las piezas de oro, que parecía cosa real; el 
Capitán dispone también de hacer lo mismo, y para celebrar 
las paces con mayor alegría y regocijo, aunque indiscreta- 
mente, mandó al navio que por allí cerca andaba, viniese á 
ponerse frontero y junto á tierra del dicho lugar concertado, 
y él viénese por la costa de la mar con un tamborino y gente 
con él muy alegres y regocijados; Enrique, que ya estaba con 
sus ocho hombres y mucha comida en la ramada esperando, 
viendo que el navio se acercaba, y que venia el Capitán con 
más gente, y que con tamborino, tañendo y haciendo es- 
truendo, venían los españoles, parecíéndole que había exce- 
dido de lo asentado , y temiendo no le hubiesen urdido alguna 
celada, acordó de negarse, y así escondióse en el monte con 
su gente, que debía tener para su guarda, y mandó á los ocho 
indios que, cuando llegasen los españoles, les dijesen que no 
pudo venir á verse con ellos porque se había sentido un 
poco malo, y que les diesen la comida que les tenia aparejada 
y todo el oro, y les sirviesen muy bien y en todo los agrada- 
sen. Llegado el Capitán y los suyos, preguntó por Enrique; 
respondiéronle los ocho lo que Enrique les habla mandado; 
quedó harto pesante de su indiscreción el Capitán (ó si no la 
conoció , quizá) , por no haber hallado á Enrique , porque tenia 
por cierto, y no se engañaba, que allí la pendencia y escándalo 
y miedo de la isla se acababa, puesto que aunque no se acabó 
del todo, al menos suspendióse hasta que después, como pla- 
ciendo á Dios en el libro siguiente se dirá, por cierta oca- 
sión del todo fué acabado ; así que los ocho les dieron de comer 
y les sirvieron con mucha solicitud , como los indios sue- 
len, v entresáronles todo el oro sin faltar un cornado. El Ca- 
pitan les dio gracias, y díjoles que dijesen á Enrique como le 



22 HISTORIA 

había pesado de no haberlo visto y abrazado, y que le pesaba 
de su mal, puesto que bien conoció que de industria se había 
quedado, y que fuesen amigos y que no hiciese daño, y que 
tampoco lo rescibiria desde adelante. Los españoles se em- 
barcaron y se vinieron á la ciudad , y los indios se fueron 
donde estaba su amo. Desde aquel dia no hobo más cuidado en 
la isla de seguir á Enrique, ni de ninguna de la partes se re- 
creció algún daño hasta que del todo se asentaron las paces, 
que duró este intervalo cuatro ó cinco años. 



DE LAS INDIAS. 23 



CAPITULO CXXYlll. 



Acaeció más en esta isla por este tiempo del año 18 y 19, 
y fué que por la voluntad ó permisión de Dios, para sacar de 
tanto tormento y angustiosa vida que los pocos de indios que 
restaban padecian en toda especie de trabajos, mayormente 
en las minas, y juntamente para castigo de los que los opri- 
mían, porque sintiesen la falta que les hacian los indios, vino 
una plaga terrible que cuasi todos del todo perecieron, sin 
quedar sino muy poquitos con vida; ésta fué las viruelas, que 
dieron en los tristes indios, que alguna persona trujo de Cas- 
lilla, las cuales, como les nacian, con el calor de la tierra y 
ellas que son como fuego, y ácada paso ellos tenian de cos- 
tumbre, si podian, lavarse en los ríos, lanzábanse á lavar con 
el angustia que sentían, por lo cual se les encerraban dentro 
del cuerpo, y así, como pestilencia vasta tiva, en breve todos 
morian : allegábase á ésto la flaqueza y poca sustancia que 
siempre por la falta de comer, y desnudez, y dormir en el 
suelo, y sobra de trabajos tenian, y el poco y ningún cuidado 
que de su salud y conservación siempre tuvieron los que dellos 
se servían. Finalmente, viendo los españoles que se les mo- 
rian, comenzEtron á sentir la falta que les hacian y habian de 
hacer, por donde se movieron á poner alguna diligencia en 
curallos , aunque aprovechó poco á los más , porque debieron de 
haberlo comenzado muchos años antes; no creo que quedaron 
vivos ni se escaparon desta miseria 1.000 ánimas, de la in- 
mensidad de gentes que en esta isla habia y vimos por nues- 
tros ojos, según en el libro primero queda explanado. Ninguno 
que sea cristiano puede dudar que, aunque Dios por sus secre- 
tos juicios haya permitido así afligir estas gentes, y con tanta 
inhumanidad , y, en fin , acabarlas, que el dia del juicio par- 



24 HISTORIA 

ticular de cada uno, y el de todos universal, los que fueron 
ministros de tanto rigor y causa por sus cudicias y crueldad, 
quitando las vidas antes de tiempo, y así el espacio de su 
conversión , de la perdición de tantas ánimas (porque todos los 
más desta isla y de las sus comarcas se cree, y yo no lo 
dudo, porque vide mucho dello, murieron sin fe y sin Sacra- 
mentos en su simplice infidelidad), lo lastarán puniéndolos la 
divina justicia con mucho mayor austeridad, y desto, si peni- 
tencia mientras vivian no les valió, entre cristianos ninguna 
duda hay. Y porque cognosciendo que los indios se les aca- 
baban, comenzaron á aflojar y dejar las minas, por no tener 
quién allí enviar á morir é aun matar, y á buscar granjerias 
y nuevas maneras de adquirir, una de las cuales fué poner 
cañafistolos, los cuales se hicieron tales y tantos, que parecía 
no para otros árboles haber sido criada esta tierra , ni éstos 
para otra sino para ésta por la Divina providencia y natura- 
leza ordenada; hiciéronse en muy breves dias de cañafistolos 
muchas y grandes heredades, que pudiera proveerse dellos 
todo lo del mundo poblado. Eran muy grandes los cañutos 
della, y gruesos, llenos de pulpa, muy enmelada; la virtud 
della, que sea menor ó mayor que la de Alejandría, pregún- 
tese á los médicos y boticarios. No poco estaban ya ufanos los 
vecinos desta isla, españoles, porque de los indios no hay ya 
que hablar, prometiéndose muchas riquezas, poniendo en la 
cañafistola toda su esperanza, y de creer es que desta espe- 
ranza darían á Dios alguna parte, pero cuando ya comenza- 
ban á gozar del fructo de sus trabajos, y á cumplirse su espe- 
ranza, envia Dios sobre toda esta isla, y sobre la isla de Sant 
Juan principalmente, una plaga que se pudo temer, si mucho 
creciera, que totalmente se despoblaran. Esta fué la infinidad 
de hormigas que por esta isla y aquella hobo, que por nin- 
guna vía ni modo humano de muchos que se tuvieron se pu- 
dieron atajar; hicieron ventaja las hormigas que en esta isla 
se criaron á las de la isla de Sant Juan, en el daño que hicie- 
ron en los árboles que destruyeron, y aquellas á éstas en ser 
rabiosas, que mordían y causaban mayor dolor que si avispas 



DE LAS INDIAS. 25 

al hombre mordieran y lastimaran, y dellas no se podían de- 
fender de noche en las camas, ni se podía vivir si las camas 
no se pusieran sobre cuatro dornajos llenos de agua. Las de 
esta isla comenzaron á comer por la raíz los árboles, y como 
si fuego cayera del cielo y los abrasaran, de la misma manera 
los paraban negros y se secaban ; dieron tras los naranjos y 
granados, deque había muchas huertas y muy graciosas llenas 
en esta isla, y no dejaron huerta que del todo no quemasen, 
que vello era una gran lástima, y asi se destruyeron muchas 
huertas en la ciudad de Sancto Domingo, y, entre ellas, una 
del monasterio de los Dominicos, muy principal, de granados 
y naranjos dulces, y secos, y agrios, y en la Vega otra del de 
los Franciscos, muy señalada; dan tras los cañafistolos, y, 
como más á dulzura llegados, más presto los destruyeron y 
quemaron, yo creo que sobre cien cuentos quehobiera de ren- 
ta dellos asolaron. Era, cierto, gran lástima ver tantas hereda- 
des, tan ricas, de tal plaga sin remedio aniquiladas. La huerta 
que dije de Sant Francisco, que en la Vega estaba, yo la vide 
llena de los naranjos que daban el fructo de dulces, secas y 
agrias, y granados hermosísimos, y cañafistolos, grandes ar- 
boles de cañas de cañafistola dq cerca de cuatro palmos en 
largo, y desde á poco la vide toda quemada; lo mismo vide 
en muchas otras heredades de cañafistolos que por aquella 
Vega estaban : solas las heredades que habia de cañafistolos en 
la Vega y las que se pudieran en ella plantar, pudieran, sin 
duda, bastar para proveer á toda Europa y Asia, aunque la 
comieran como se come el pan, por la gran fertilidad de 
aquella Vega y grandeza , como dure por 80 leguas de mar á 
mar, llena de rios y felicidad y tan llana como la palma de 
la mano ; della hemos hablado en nuestra Apologética Historia, 
en romance, bien á la larga. Tomaron remedio algunos para 
estirpar esta plaga de hormigas, cavar al rededor de los árbo- 
les, cuan hondo podian, y matarlas ahogándolas en agua; 
otras veces quemándolas con fuego. Hallaban dentro, en la 
tierra, tres, y cuatro, y más palmos, la simiente y overas 
dellas, blancas como la nieve, y acaecia quemar cada dia un 



26 HISTORIA 

celemín, y dos, y cuando otro dia amanecía hallaban de hor- 
migas vivas mayor cantidad. Pusieron los religiosos de Sant 
Francisco de la Vega una piedra de solimán , que debía tener 
tres ó cuatro libras, sobre un pretil de una azotea; acudieron 
todas las hormigas de la casa, y en llegando á comer del 
luego caian muertas, y como si enviaran mensajeros á las que 
estaban dentro de media legua y una, al rededor, convidándo- 
las al, banquete del solimán, no quedó, creo, una que no vi- 
niese, y víanse los caminos llenos dellas que venían hacía el 
monasterio, y, finalmente, subían á la azotea y llegaban á co- 
mer del solimán, y luego caian en el suelo muertas; de ma- 
nera que el suelo de la azotea estaba tan negro como si lo 
hobieran rociado con polvo de carbón, y ésto duró tanto cuanto 
el pedazo de solimán , que era como rfbs grandes puños y como 
una bola, duró; yo lo vide tan grande como dije cuando lo 
pusieron, y desde á pocos dias lo torné á ver como un huevo 
de gallina ó poco mayor. Desque vieron los religiosos que no 
aprovechaba nada el solimán, sino para traer basura á casa, 
acordaron de lo quitar. De dos cosas se maravillaban , y eran 
dignas de admiración; la una, el instinto de naturaleza y la 
fuerza que aun á las criaturas sensibles y no sensibles dá, 
como parece en estas hormigas, que de tanta distancia sintie- 
sen, si así se puede decir, ó el mismo instinto las guiase y trú- 
jese al solimán; la otra, que como el solimán en piedra, antes 
que lo muelan, es tan duro como una piedra de alumbre, si 
quizá no es más, y cuasi como un guijarro, que un animalíto 
tan menudo y chiquito (como estas hormigas, que eran muy 
menudas), tuviese tanta fuerza para morder del solimán, y, 
finalmente, para disminuillo y acaballo. Viéndose, pues, los 
españoles vecinos desta isla en aflicción de ver crecer esta 
plaga, que tanto daño les hacia, sin poderla obviar por vía 
alguna humana, los de la ciudad de Sancto Domingo acorda- 
ron de pedir el remedio al más alto Tribunal : hicieron grandes 
procesiones rogando á nuestro Señor que los librase por su 
misericordia de aquella tan nociva plaga para sus bienes tem- 
porales, y para más presto rescibir el divino beneplácito, 



DE LAS INDIAS. 27 

pensaron tomar un Sancto por abogado , el que por suerte 
nuestro Señor declarase, y así, hecha un dia su procesión, el 
Obispo y clerecía y toda la ciudad echaron suertes sobre 
cuál de los Sanctos de la letanía ternia por bien la Divina pro- 
videncia darlos por abogado; cayó la suerte sobre Sant Satur- 
nino, y rescibiéndolo con alegría y regocijo por su Patrón, 
celebráronle la fiesta con mucha solemnidad , y así lo hacen 
desde entonces cada año, por voto, según creo, y no sé si 
ayunan el dia antes. Vídose por experiencia irse disminuyendo 
desde aquel dia ó tiempo aquella plaga, y si totalmente no se 
quitó ha sido por los pecados ; agora creo que no la hay, 
porque se han tornado á restaurar algunos cañafistolos y na- 
ranjos y granados: digo restaurar, no ios que las hormigas 
quemaron, sino los que de nuevo se han plantado. La causa 
de donde se originó este hormiguero, creyeron y dijeron al- 
gunos, que fué de la traída y postura de los plátanos. Cuenta 
el Petrarca en sus Triunfos, que en la señoría de Pisa se des- 
pobló una cierta ciudad por esta plaga que vino sobre ella de 
hormigas; Nicolao Leonico , libro II, cap. 71 de Varia Histo- 
ria, refiere dos ciudades, la una llamada Miunte y la otra 
Atarnense, solemnísimas, haber sido despobladas por la mu- 
chedumbre de mosquitos que por cierta ocasión sobrevinie- 
ron en ellas; y así, cuando Dios quiere afligir las tierras ó los 
hombres en eílas, no le falta con qué por los pecados las afli- 
ja, y con chiquitas criaturitas: parece bien por las plagas 
de Egipto. 



28 HISTORIA 



CAPITULO CXXIX. 



Entraron los vecinos desta isla en otra granjeria, y ésta 
fué buscar manera para hacer azúcar, viendo que en grande 
abundancia* se daban en esta tierra las cañas dulces. Ya se 
dijo en el libro II, como un vecino de la Vega, llamado Aguilon, 
fué el que primeramente hizo azúcar en esta isla, y aun en 
estas Indias, con ciertos instrumentos de madera con que ex- 
primia el zumo de las cañas, y aunque no bien hecha por no 
tener buen aparejo, pero todavía verdadera y cuasi buen 
azúcar. Sería ésto por el año de 1505 ó 1506; después dióse á 
entender en hacerla un vecino de la ciudad de Sancto Do- 
mingo, llamado el bachiller Vellosa, porque era cirujano, na- 
tural de la villa de Berlanga, cerca del año de 516, el cual 
hizo el primero en aquella ciudad azúcar, hechos algunos ins- 
trumentos más convenientes, y así mejor y más blanca que la 
primera de la Vega, y el primero fué que della hizo alfeñique 
y yo lo vi; éste dióse muy de propósito á esta granjeria y al- 
canzó á hacer uno que llaman trapiche que es molino ó inge- 
nio que se trae con caballos, donde las cañas se estrujan ó 
exprimen, y se les saca el zumo melifluo de que se hace el 
azúcar. Viendo los padres de Sant Hierónimo, que allí esta- 
ban, la buena muestra que el bachiller había mostrado para 
salir con aquella granjeria, y como sería muy provechosa 
para animar á otros que se diesen á ella ordenaron con los 
Oidores de la Audiencia y Oficiales del Rey, que de la Real 
hacienda se prestasen 500 pesos de oro al vecino que se 
pusiese á hacer ingenio grande ó chico para hacer azúcar, y 
después, creo, que les ayudaron con más prestido, viendo que 
los ingenios eran muy costosos. Por este camino y deste prin- 



DE LAS INDIAS. 29 

.cipio se ofrecieron algunos vecinos á hacer trapiches que 
muelen las cañas con caballos, y otros, que tenían y se ha- 
llaban con más grueso caudal, pusiéronse á hacer ingenios 
poderosos de agua, que muelen más cañas y sacan más azúcar 
que tres trapiches, y así cada dia se dieron á hacer más, y hay 
hoy sobre treinta y cuarenta ingenios en sola esta isla, y al- 
gunos en la de Sant Juan, y en otras partes destas Indias, y 
no por eso vale el azúcar más barato; y ésta es cosa de notar 
que antiguamente no habia azúcar sino en Valencia, y des- 
pués hóbola en las islas de Canaria, donde puede haber hasta 
siete ó ocho ingenios, y creo que no tantos, y apenas subió la 
arroba de un ducado ó poco más, y que con todos los ingenios 
hechos en estas Indias, valga la arroba dos ducados, y cada 
dia suba en cantidad. Antes que los ingenios se inventasen, 
algunos vecinos, que tenian algo de lo que habían adquirido 
con los sudores de los indios y de su sangre, deseaban tener 
licencia para enviar á comprar á Castilla algunos negros es- 
clavos, como vian que los indios se les acababan , y aun algu- 
nos bobo, según arriba se dijo en el cap. 102, que prometian 
al clérigo Bartolomé de las Casas, que si les traia ó alcanzaba 
licencia para poder traer á esta isla una docena de negros, 
dejarían los indios que tenian para que se pusiesen en liber- 
tad ; entendiendo ésto el dicho Clérigo, como venido el Rey á 
reinar tuvo mucho favor, como arriba visto se há, y los reme- 
dios destas tierras se le pusieron en las manos, ¡alcanzó del 
Rey, que para libertar los indios se concediese á los espa- 
ñoles destas islas que pudiesen llevar de Castilla algunos ne- 
gros esclavos. Determinó el Consejo con parecer de los Oíicia- 

. les de Sevilla, como en el dicho cap. 102 dijimos, que debia 
darse licencia para que se pudiesen llevar 4.000, por entonces, 
para las cuatro islas, esta Española, y la de Sant Juan, y de 
Cuba y Jamaica. Sabido que estaba dada, no faltó español de 
los destas Indias, que á la sazón estaban en la corte, que diese 
aviso al gobernador de Bresa, caballero flamenco que habia 
venido con el Rey, é de los más privados, que pidiese aquella 
jnerced. Pidióla, y luego concedida, y luego vendida por 



30 nisTORU 

25.000 ducados á ginoveses, con mil condiciones que supieron* 
pedir, y una fué, que dentro de ocho años no pudiese dar li- 
cencia ninguna para traer esclavos negros á las Indias. Ven- 
dieron después cada licencia, los ginoveses, por cada negro 
á ocho ducados á lo menos; por manera, que lo que el clérigo 
de las Casas hobo alcanzado para que los españoles se socor- 
riesen de quien les ayudase á sustentase en la tierra, porque 
dejasen en libertad los indios, se hizo vendible á mercaderes, 
que no fué chico estorbo para el bien y liberación de los in- 
dios. Deste aviso que dio el Clérigo, no poco después se halló 
arrepiso, juzgándose culpado por inadvertencia, porque como 
después vido y averiguó, según parecerá, ser tan injusto el cap- 
tiverio de los negros como el de los indios, no fué discreto re- 
medio el que aconsejó que se trujesen negros para que se 
libertasen los indios, aunque él suponia que eran justamente 
captivos, aunque no estuvo cierto que la ignorancia que en ésto 
tuvo y buena voluntad lo excusase delante el juicio divino. 
Habia entonces en esta isla hasta 10 ó 12 negros que eran del 
Rey, que se habian traído para hacer la fortaleza que está 
sobre y á la boca del rio, pero dada esta licencia y acabada 
aquella, siguiéronle otras muchas siempre, de tal manera que 
se han traido á esta isla sobre 30.000 negros, y á todas estas 
Indias más de 100.000, según creo, y nunca por eso se reme- 
diaron ni libertaron los indios, como el clérigo Casas no pudo 
más proseguir los negros; y el Rey ausente, y los del Consejo 
cada dia nuevos é ignorantes del derecho, que eran obligados 
á sabfer como muchas veces por esta Historia se ha dicho, y 
como crecían los ingenios de cada dia, creció la necesidad de 
poner negros en ellos, porque cada uno de los de agua há me- 
nester al menos 80, y los trapiches 30 y 40, y por consiguiente 
la ganancia de los derechos del Rey; siguióse de aquí también 
que como los portugueses de muchos años atrás han tenido car- 
go de robar á Guinea, y hacer esclavos á los negros, harto in- 
justamente, viendo que nosotros mostrábamos tanta necesidad, 
y que se los comprábamos bien, diéronse y dánse cada dia priesa 
á robar y caplivar dellos, por cuántas vías malas é inicuas cap» 



DE LAS INDIAS. 



31 



tivarlos pueden; Ítem, como los mismos ven que con tanta ansia 
los buscan y quieren, unos á otros se hacen injustas guerras 
y por otras vías ilícitas se hurtan y venden á los portugueses, 
por manera que nosotros somos causa de todos los pecados 
que los unos y los otros cometen, sin los nuestros que en com- 
prallos cometemos. Los dineros destas licencias, y derechos 
que al Rey se dan por ellos, el Emperador asignó para edifi- 
car el Alcázar que hizo de Madrid é la de Toledo, y con aque- 
llos dineros ambas se han hecho. Antiguamente, antes que 
hobiese ingenios, teníamos por opinión en esta isla, que si al 
negro no acaecía ahorcalle nunca moría, porque nunca había- 
mos vistos negro de su enfermedad muerto, porque, cierto, ha- 
llaron los negros, como los naranjos, su tierra, la cual les es 
más natural que su Guinea, pero después que los metieron en 
los ingenios, por los grandes trabajos que padecían y por los 
brebajes que de las mieles de cañas hacen y beben, hallaron 
su muerte y pestilencia, y así muchos dellos cada día mueren; 
por ésto se huyen cuando pueden á cuadrillas, y se levantan 
y hacen muertes y crueldades en los españoles, por salir de 
su captiverio, cuantas la oportunidad poder les ofrece, y así 
no viven muy seguros los chicos pueblos desta isla, que es 
otra plaga que vino sobre ella. Yno es razón dejar de decir 
otra que se añidió á las arriba puestas, y ésta es la multitud 
de los perros, que no se puede numerar y estimar los daños 
que hacen y han hecho. Habia en esta isla inmensidad de 
puercos (que como no se críen con grano, sino con raíces 
muy suaves, y frutas delicadas, como son ovos y cimas, la 
carne dellos es muy sana, y más delicada y sabrosa que muy 
delicado y sabroso carnero), y destos estaban los montes 
llenos, por cuya causa á cada legua habia maravillosas y ale- 
gres y provechosas monterías, todas las cuales han destruido 
los perros, y no contentos con los puercos acometen á los 
becerros, mayormente cuando los paren las madres, que no 
pueden defenderse; es grandísimo el daño que han hecho y 
hacen, y bien se puede considerar los tiempos venideros dellos 
qué se espera. Pasan por ésto los hombres como si acaso 



32 HISTORIA 

acaeciese, y deberíamos de pasar por la memoria que esta 
isla hallamos llenísima de gentes que matamos y estirparmos 
de la haz de la tierra, y henchimósla de perros y bestias, y 
por juicio divino, por fuerza forzada, nos han de ser nocivos 
y molestos. 



DE LAS INDIAS. 33 



CAPITULO CXXX. 



En el cap. 105 deste libro dejamos de proseguir ^1 dis- 
curso del clérigo Casas, después que tornó á la corte habiendo 
ido por mandado del Rey á sacar labradores para poblar 
estas islas, por contar lo que en estos años de 18 y 19 acae- 
ció en estas Indias; la orden que traemos requiere que demos 
la vuelta para referir lo que sucedió después de llegado el 
Rey á Barcelona. Asentada, pues, la corte, y los Consejos va- 
deándose, comenzó el padre Casas á proseguir la sacada de 
los labradores, entrando en el Consejo de las Indias, que 
hacia el obispo de Burgos en su casa, no como Consejo de 
las Indias nombrado, sino llamando á ciertos de los otros 
Consejos del Rey, las personas que el Rey por entonces habia, 
no sé por cuya persuasión, señalado. Estos eran el licenciado 
Zapata, y Hernando de Vega, y D. García de Padilla, y Pedro 
Mártir, italiano, de quien arriba tocamos que escribió las Dé- 
cadas en latin, donde habló algunas cosas destas Indias, y 
Francisco de los Cobos, que por entonces á subir comenzaba. 
Y porque una de las mercedes que habia pedido que el Rey 
hiciese á los labradores, fué que se les diesen las granjas, ó 
estancias ó haciendas que el Rey en esta isla tenia, que no 
eran de mucho valor, para en que luego se aposentasen y 
comiesen dellas (cosa y socorro muy necesario para que los 
labradores se abrigasen , y consolasen y mantuviesen hasta que 
estuviesen para trabajar y ayudarse y tener de suyo), y habia 
rescibido el dicho Clérigo carta, ó por otras de otros, que 
los padres de Sant Hierónimo las habian vendido, á fin que 
les parecía no ser cosa decente que tuviese granjerias el Rey, 
entró en Consejo y dijo que él tenia relación ó nueva de cómo 
aquellas eran vendidas, que le proveyesen de una Cédu- 
ToMo V. 3 



34 HisToniA 

la para que los oficiales del Rey mantuviesen los labrado- 
res un año, como se les había prometido de partes del Rey, 
porque de otra manera sería traellos para luego perecer; 
dijo entonces el obispo de Burgos, que no sabia sino contra- 
decir-: cDesa manera, más gastará el Rey con esos labra- 
dores que en una armada de 20.000 hombres.» Era mucho 
más experimentado el señor Obispo en hacer armadas, que 
en dec¿r misas de pontifical. Respondióle luego el Clérigo, no 
con chica cólera: «Pues señor, ¿parece á vueseñoría que será 
bien, después de muertos los indios, que sea yo cabestro de la 
muerte de los cristianos? pues yo no lo seré.» Aquí entendió 
el Clérigo decirle, ¿después que habéis muerto los indios, 
queréis matar los cristianos? pero dijoselo con aquella corteza 
pero no sin sonsonete; no sé como el señor Obispo, que no 
era bobo , lo sintió. Andaban aparejando 400 ducados para 
dar al Clérigo con que sacase los labradores, pero estuvo 
perseverante el padre Clérigo en no querer sacar labrador 
ninguno, si la Cédula que pedia para dar de comer á los la- 
bradores un ano, como se habia prometido, no se le diese, 
porque, en la verdad, sin ella entonces perecieran, y en 
cualquier tiempo perecerán los labradores que á estas tierras 
vinieren, si de comida, y de posada y cura, si adolescieren, 
por un año ó algún buen tiempo no se les proveyere; y des- 
que vieron que no queria ir á sacallos, buscaban quien fuese, 
lo cual entendido por el Clérigo, despachó cartas para los 
pueblos, desengañándolos, significándoles las razones porqué 
no iba él á sacallos, y que supiesen que cualquiera que fuese 
los llevaría engañados á la muerte. Y así se creyó que con 
ninguno salieran, sino vieran al Clérigo; pero porque habia 
poco cuidado de cosa tan provechosa, como era poblar esta 
tierra, que hoy hobiera 200.000 vecinos en sola esta isla, que 
no osara el rey de Francia asomar con 200 leguas á ella, 
fuese cayendo esta población hasta que se olvidó del todo en 
dejándola el Clérigo. Libre ya del cuidado de la población 
destas islas, el Clérigo , cosa en grande manera convenientísi- 
ma, comenzó á proseguir la vía que le pareció convenir por 



DE LAS INDIAS. ^ 35 

entonces, para que los religiosos de Sancto Domingo y de Sant 
Francisco también , fuesen á predicar en la tierra firme de 
Paria, sin que la tiranía de los españoles los pudiese impe- 
dir. Ya se dijo arriba en el cap. 104, cerca del fin, como ha- 
bía pedido en el Consejo cien leguas de aquella tierra, que 
no entrasen españoles en ellas, para que los frailes de Sancto 
Domingo pudiesen predicar á las gentes dellas sin los impedi- 
mentos y alborotos que los españoles les ponían , y que le 
habia respondido el obispo de Burgos por razón, de que no 
se le debían de dar, porque aquellas cien leguas estarían 
como perdidas, no habiendo dellas provecho el Rey (no te- 
niendo por provecho del Rey convertir aquellas gentes que el 
Rey tenia sobre sus cuestas y el mismo Obispo sobre su con- 
ciencia); lo cual oído por el Clérigo, espantado y aun con 
triste corazón, pensó en acudirá la insensibilidad del Obispo, 
y al indiscreto y aun inicuo y sacrilego celo de dar dineros al 
Rey, pospuesta la salud de tantas ánimas que por aquella 
tierra firme perecían, á las cuales era él obligado por débito 
de justicia, por el oficio que tenia, y por débito de caridad, 
como cristiano, á remediar y proveer, y porque sabia por ex- 
periencia , que cualquiera medio y remedio que él propu- 
siese habia el Obispo de contradecir, por estar con él tan 
mal por los tragos pasados que le habia dado, tracto de se- 
creto con los flamencos del Consejo del Rey, é con los priva- 
dos que del tenían buena estima y lo favorescian , y desde á 
poco con otro Gran Chanciller que en lugar del muerto, por 
mandado del Rey sobrevino, persona en letras y cristiandad 
egregia , que él quería dar modo como el Rey en aquella 
tierra tuviese rentas, en la cual ni las tenia ni se esperaba 
de las tener, con tanto que no entrase algún español en ella, 
sino sólo los que él metiese con los frailes que habían de en- 
tender en la conversión de aquellas gentes, con ciertas otras 
condiciones, y todo ésto sin que el Rey gastase cosa en ello. 
Tuvo el Clérigo esta consideración, conviene á saber, que 
aquesto no lo podía emprender ni efectuar sin ayuda de las 
personas y hacienda de cierto número de seglares españoles, 



36 HISTORIA 

y aquestos no se habían de mover á lo ayudar sino por su 
temporal interese, y no porque la fe se predicase ni se salva- 
sen aquellas gentes; item, que después de entrados en la 
tierra, él no les podría ir á la mano, si hacer mal ó robar y 
agraviar los indios quisiesen como siempre hicieron, si no se 
ponia tal modo que la paciñcacion y traimiento de los indios 
á que dellos no huyesen , según las horribles nuevas y obras 
que dellos hablan oido y visto, que era el fin que pretendía el 
Clérigo, se fundase en su propio temporal provecho, de tal 
manera , que, sino trabajaban de traer de paz á los indios y con- 
servallos en ella, ningún provecho hablan de conseguir dello 
ni de la tierra, pues traídos de paz los indios y conservados 
en ella, seguíase luego tener lugar los religiosos para predicar 
el Evangelio y traer á Cristo aquellas gentes. Solia tener y 
traer esta máxima el Clérigo, que si el remedio que se pusiese 
en estas Indias, para que los españoles no destruyesen aques- 
tas gentes, no era tal que del mismo la imposibilidad de erra- 
lio y hacer contra él no saliese, nunca los indios temían re- 
medio; y por tener ésto por cierto, por la mucha experiencia 
que tenia, fundó en esta negociación todo el bien, libertad y 
conversión de los indios, en el puro interese temporal de los 
que le habían de ayudar á conseguillo. 



DE LAS INDIAS. 



37 



CAPITULO CXXXI. 



Fué la forma y el modo deste negocio, en substancia, por 
esta manera: parecióle que podía hallar y escoger de sus 
amigos, españoles, en estas islas, hasta 50 hombres que fuesen 
personas modestas y subjetas á razón, quede buena voluntad 
quisiesen ocuparse en obra tan buena, más por virtud y servir 
á Dios que porcudicia, puesto que también tuviesen ojo á, por 
vías lícitas, adquirir riquezas. No entendió elegir más de 50 
por dos razónesela una, porque para entrar en tierra de 
indios por vía pacífica, y dándoles de lo nuestro, y no tomán- 
doles cosa suya si ellos no la dieren, y de la manera que él 
habia de entrar, bastaban los 50, porque lo que aquellos no 
hicieren , como sean los indios de su natural mansos y buenos, 
ni hagan mal sino lo resciben, no lo harán 100, y menos 500, 
antes se estorbarán unos á otros, y entre sí mismos, á sí mis- 
mos son nocivos é inquietos; para lo cual ninguna necesidad 
hay de prueba pues que todos lo sabemos y es manifiesto; 
la otra, porque más traibles son á las cosas de razón 50 que 
no 100, y mucho menos si fuesen muchos más que éstos. Hizo 
cuenta que para los gastos que en este negocio se habían de 
hacer al presente bastaban 10.000 ducados, los cuales se 
allegarían, contribuyendo cada uno de los 50 con 200 duca- 
dos, fácilmente. Con estos dineros podían bien comprarse los 
bastimentos que por el presente hobiesen menester por un 
año, y cosas de rescates para dar graciosamente á los indios, 
para captalles la benevolencia y aficionallos á su amistad, y 
para comprar un par de carabelas, en que hobiesen de ir é 
tener allí consigo , y otras cosas que para lo dicho fuesen con- 
venientes y necesarias. En aquel tiempo más se hacia con 1 .000 
ducados que hoy se haría con 6.000, y por eso con 10.000 



38 HISTORIA 

tenian para todo lo susodicho abundancia. Habia determinado 
que todos los 50 que habían de ir con él fuesen vestidos, 
cuanto al hábito de fuera, de paño blanco, y conciertas cru- 
ces coloradas de la forma y color que las de Calatrava , salvo 
que á cada brazo y parte de la cruz añidió ciertos ramillos ar- 
pados que la hacian muy graciosa y adornada; la razón desta 
diferencia de vestido, que propuso llevar, fué para que á los 
indios pareciese que era otra gente diferente de los españoles 
que habían visto, y oido, y experimentado hombres malos, 
y para que conformase con las nuevas que les habían de dar 
el nuevo hábito; estas eran dalles á entender como los enviaba 
el rey de España, que era muy bueno y muy gran señor, á 
decilles que había sabido los daños, y escándalos, y turba- 
ciones que los españoles les hablan hecho á ellos y á sus ve- 
cinos, de los cuales le habia mucho pesado, y que siempre 
habían sido hechos contra su voluntad, y que agora enviaba 
aquella gente nueva para que de su parte los saludase y re- 
partiese muchas cosas de las de Castilla que les enviaba, en 
señal que los quería bien y amaba; item, para que los mam- 
parasen de los otros que les habían hecho los males pasados, y 
que todo ésto verían por experiencia, por las obras, desde allí 
adelante. Tenia pensado, que si Dios en aquella obra le pros- 
peraba, de procurar que el Papa y el Rey tuviesen por bien 
de ordenar que se constituyese como una hermandad religiosa 
debajo de aquel hábito. Aqueste fué el artiticio del clérigo y 
padre Casas, con el cual entendía traer á todas aquellas gentes 
de paz, y á que perdiesen el horror que tenian de los cristia- 
nos, y ellos así pacíficos y asegurados, facilísima era la pre- 
dicación del Evangelio en aquella tierra, y más que fácil la 
conversión de aquellas gentes, como no tuviesen ídolos ni 
secta por ellos muy celebrada, sino solamente algunos hechi- 
ceros que los traían engañados en algunas supersticiones , y 
agüeros, y disparates, según á aquellos enseñaba el diablo 
que los engañaba; esta era la vía que el padre Clérigo enten- 
día llevar para convertir aquellas gentes, y por obra mostrar 
haber sido irracional , inicua, y mala, y contra el intento y 



I)E LAS INDIAS. 39 

fin que Dios y la Iglesia tienen, que es la conversión de las 
ánimas, la pasada, ésto es, hacer guerras y sujuzgar con ellas 
primero las gentes, y después predicallas, como si fuese ne- 
cesario, para recibir'el Evangelio y la religión cristiana, pri- 
mero ponellos en odio y aborrecimiento della, y por injusta y 
abominable deteslalla, y porque nunca por esta puerta se ha 
entrado y por este camino andado, por ende nunca un solo 
indio chico se baptizó , ni hombre adulto se convirtió , que pri- 
mero muchos millares de ánimas intempestiva é injustamente 
á los infiernos por los nuestros no se lanzasen; y asi siempre, 
hasta que todo este orbe del todo se consuma y acabe, acae- 
cerá, mientras el dicho camino no se llevare, y el dia del uni- 
versal juicio se verá claro á costa de algunos, y aun de 
muchos que pensaron estar destos inconvenientes salvos, por 
ser más que otros ignaros y descuidados. Dejo de tocar de los 
que por propia malicia, ó soberbia, ó ambición, y subirá 
lugar más alto, ó interese suyo ó de sus allegados, ó disimu- 
laron de encaminar esta conversión por donde debian, ó el 
mal camino que llevaba empeoraron.' 



40 HISTORIA 



CAPÍTULO CXXXII 



Proveyó, pues, el Clérigo al provecho del Rey que el 
Obispo celaba, y al interese de los que le habían de ayudar, 
según su parecer, con lo siguiente: Primero, con lo que ofreció 
que haria en provecho y servicio del Rey ; y lo segundo , con 
las mercedes que pidió que se hiciesen á los 50 que habian de 
ayudarle. Cuanto á lo que tocaba al servicio y utilidad tem- 
poral del Rey, ofreció lo primero, que, con el ayuda de Dios, 
aseguraría y allanaría todos los indios y gentes de toda la tierra, 
dentro de ios límites que pedia , y en espacio de dos años apa- 
ciguarla y aseguraría 40.000 indios que estuviesen en amistad 
con los cristianos; lo segundo, que dentro de 1.000 leguas que 
señaló, conviene á saberj desde cien leguas arriba de Paria, 
del río que llamaban el Rio Dulce, que agora llamamos el rio 
y la tierra de los Aruacas, la costa abajo, hasta á donde 
las 1 .000 leguas llegasen, dentro de los tres años después que 
élcon su compañía en la primera tierra entrase, haria que 
tuviese el Rey 45.000 ducados de renta, que los indios natu- 
rales della le tributasen, y también de pueblos de españoles 
si se poblasen, y el cuarto año otros 15.000 ducados, y el 
quinto año otros 15.000 ducados, y el sexto año otros 15.000 
ducados, por manera, que en el sexto año habian de ser por 
todos 30.000 ducados de renta, y el sétimo año había de 
tener el Rey, de renta, otros 30.000 ducados, y el octavo año 
otros 30.000 ducados, y el noveno año otros 30.000 ducados, 
y el décimo año otros 30.000 ducados, de manera, que ha- 
bian de ser por todos en el décimo año 60.000 ducados, y 
en cada un año dende adelante 60.000 ducados. Lo tercero, 
se ofrecía á poblar tres pueblos de á 50 vecinos españoles, 
dentro de cinco años después que en la tierra entrase, y en 



DE LAS INDIAS. 41 

cada uno una fortaleza en que se defendiesen de los indios si 
viniesen á infestallos. Lo cuarto, que trabajaria á su tiempo y 
sazón de saber los rios y lugares que por la tierra habla, que 
tuviesen oro, y enviar razón dello al Rey, donde quiera que 
estuviese, para que fuese del todo informado con verdad. Lo 
quinto, que todo se habia de hacer y complir con amor, y 
sabor, y benevolencia, y sin daño ni pena de los indios, y que . 
se habia de trabajar que se entendiese con suma diligencia en 
su conversión y sin que el Rey pusiese, al presente, alguna 
costa ni gasto. Pidió el Clérigo 1.000 leguas, principal y final- 
mente, por echar del Darien y de toda aquella tierra firme á 
Pedrárias, y aquellos que con él estaban en matar y destruir 
aquellas gentes encarnizados, como arriba queda bien decla- 
rado, 'pero al cabo se restringieron las 1.000 leguas á 300 
de costa de mar del Norte, que fué desde Paria inclusive, 
hasta Sancta Marta exclusive, pero por la tierra adentro lle- 
vaba 2 ó 3.000 leguas y más. Cuanto á lo segundo princi- 
pal, que fué proveer al interese de los que le habian de ayu- 
dar, proveyólo el Clérigo desta manera, pidiendo que el Rey 
les concediese las cosas siguientes: Lo primero que el Rey 
suplicase al Papa, por un Breve, para que pudiese sacar 12 
religiosos de Sancto Domingo y de Sant Francisco, los que el 
Clérigo voluntarios escogiese, para que anduviesen con él 
vacando y entendiendo en la predicación y conversión de los 
indios, y que concediese Su Santidad una indulgencia plenaria 
y remisión de todos los pecados de los que muriesen yendo 
y estando en el dicho viaje, y ayudando á la conversión 
y negocio que á ella se ordenaba. Pidió que pudiese llevar 
consigo 10 indios de los naturales destas islas, queriendo ellos 
de su voluntad, aunque pesase á cualquiera español que los 
tuviese. ítem, que todos los indios naturales de la tierra firme 
que se habian traido de dentro de los límites dichos, robados, 
ó por otra cualquiera vía, alas cuatro islas, las justicias dellas 
se los entregasen todos para los tornar á sus tierras. ítem, que 
de todas las rentas que el Rey en toda la tierra, dentro de los 
límites dichos, por industria del dicho Clérigo y 50 hombres 



42 HISTORIA 

que le habían de ayudar tuviese, hobiesen los dichos 50 
hombres la docena parte, desde que comenzase á gozar el 
Rey de las dichas rentas, y las gozasen por toda su vida y 
quedase para sus herederos perpetuamente. Pero al tiempo 
de hacer la capitulación, no se les concedió sino que go- 
zasen por sus vidas y de cuatro herederos, y cada uno de 
los 50 pudiese nombrar en su vida ó en su muerte un here- 
dero, y aquel otro, y el otro otro cual quisiese. ítem, que ar- 
mase caballeros de espuelas doradas á todos los 50, para que 
ellos, y sus sucesores ó descendientes fuesen caballeros de 
espuelas doradas, en todos los reinos del Rey, é que les se- 
ñalase armas que pudiesen traer en sus divisas, y escudos y 
reposteros para siempre jamás. Concedióseles desta manera: 
lo uno con gue no fuesen reconciliados, ni hijos ni nietos de 
quemados, ni reconciliados , y con que durante los tres pri- 
meros años, en que el Rey habia de tener de renta los 15.000 
ducados, gozasen de la dignidad de caballeros y de sus armas 
ó insignias en toda la tierra firme y en todas estas Indias, 
pero pasados los dichos tres años, y teniendo el Rey los di- 
chos 15.000 ducados de renta y hechos los tres pueblos y lo 
demás que habían de hacer y cumplir, pudiesen gozar de 
todas las dichas preeminencias de caballeros de espuelas do- 
radas y de traer las dichas armas en todos los reinos y seño- 
ríos del Rey, sin contradicion alguna, con tanto también que 
fuesen á la tierra firme y ayudasen al clérigo Casas en la pa- 
cificación y lo demás que habia de hacer. Hobo una cláusula 
allí, que si después de asentada la renta por alguna ocasión 
se perdiese, no siendo por culpa de los 50, no por eso se 
dejase de tener por cumplido cuanto á las dichas caballerías 
tocaba. ítem, que los dichos 50 hombres y todos los que 
descendiesen fuesen francos, libres y exentos de todos pedi- 
dos, é servicios, é moneda forera, é prestidos, é derramas 
reales ó concejiles para siempre jamás. ítem, que las tenen- 
cias de las fortalezas se diesen á los que el Clérigo señalase ó 
nombrase^ siendo de los 50, la cual gozasen por su vida y 
de un heredero. ítem, los regimientos de los pueblos, que de 



DE LAS INDIAS. . 43 

españoles se hiciesen, lo mismo, siendo suficientes para ello, 
ítem, que cada y cuando que al dicho padre Clérigo pare- 
ciese, y con su licencia y no sin ella, pudiesen ir á rescatar 
perlas donde se pescaban, y que de las perlas que rescatasen 
pagasen al Rey la quinta parte, hasta que tuviese los 15.000 
ducados el Rey de renta, pero después sólo la sétima. ítem, 
del oro que rescatasen, lo mismo, y después de los 15.000 
ducados diesen la octava parte, y del oro que se cogiese la 
sexta. ítem , que los heredamientos y tierras que comprasen 
de los Indios, para solares, y labranzas y pastos de ganados 
fuesen suyos y de sus herederos perpetuamente, con tanto que 
ninguno pudiese comprar más de una legua de tierra en cua- 
dro, con que la jurisdicción é dominio quedase para el Rey, 
é no se pudiese hacer fortaleza en la dicha legua, é si se hi- 
ciese fuese del Rey. Ítem, que después de hechos algunos 
pueblos de españoles, de los que se habian de hacer, pudiese 
llevar cada uno de los 50 de Castilla, tres esclavos negros 
para su servicio, á la dicha tierra, la mitad hombres y la mi- 
tad mujeres , y después que estuviesen hechos los tres pue- 
blos y hobiese cantidad de gente de españoles, si parecie- 
se al dicho Clérigo que convenia, pudiese llevar cada uno 
de los 50 otros siete negros esclavos, la mitad hombres y 
la mitad mujeres. ítem, que en los pueblos que se hicie- 
sen pudiesen tener cada uno de los 50 vecindad en cada 
uno dellos y casa, y con tener en ella un criado ó fac- 
tor, estando ellos ocupados en allanar la tierra, pudiesen 
gozar de las preeminencias y prerogativas que los otros ve- 
cinos de los tales pueblos, y que en el repartimiento de los 
términos y sitios hobiesen su parte asimismo, con que no pa- 
sasen de cinco vecindades arriba. Que por veinte años comie- 
sen y gastasen la sal que hobiesen menester ellos y sus criados 
sin pagar cosa alguna en aquella tierra. ítem, que pudiesen 
llevar cada uno de los 50 marco y medio de plata labrada, 
para su servicio, jurando que no era para vender. ítem, que 
de todas las mercaderías, y viandas, y mantenimientos, ga- 
nados é otras cosas que llevasen á la dicha tierra firme , dentro 



44 HISTORIA 

de los dichos límites, por término de los diez años, de cual- 
quiera parte de Castilla ó de las islas, con que se registrasen 
ante los o6ciales de Sevilla, no pagasen derechos algunos, ni 
almojarifazgo, ni cargo, ni descargo, etc. ítem, que no paga- 
sen derechos de las licencias que se daban para ir á coger oro 
á las minas, pero que no fuesen sin las dichas licencias. ítem, 
que si muriese alguno de los 50 pudiese nombrar otro en su 
lugar, pero si muriese después de entrado en la tierra, que el 
heredero de aquel fuese obligado á ir á servir en la dicha 
tierra, siendo de edad y habilidad para ello, ó que diese otra 
persona á contentamiento del padre Clérigo, y si no lo hiciese 
pudiese nombrar el Clérigo el que le pareciese, hasta que 
aquel heredero fuese de edad para cumplir é ayudar en lo 
susodicho, y que dentro de un año fuese obligado á ir á la 
dicha tierra. ítem, que se diesen todas las provisiones nece- 
sarias, y así se dieron, para que cualquiera navio y gente que 
fuese á la dicha tierra, dentro de los djphos límites, á rescatar 
ó contratar, no fuesen osados á hacer mal, ni daño, ni robo, 
ni escándalo á los indios, ni quedasen en la tierra, sino que, 
acabado su rescate, luego se saliesen de la tierra, so pena de 
las vidas é de perdimiento de todos sus bienes, etc. (Por no se 
guardar ésto se impidió toda esta pacificación y negocio, que 
tanto importaba, como abajo parecerá.) ítem, porque los in- 
dios de la dicha tierra firme supiesen que habian de estar en 
toda libertad, y paz, y sosiego, el Rey aseguró y prometió 
que ni entonces ni en algún tiempo permitiría ni daría lugar 
en manera alguna que los indios de tierra firme ni de las islas 
de alrededor, dentro de los dichos límites , estando domésticos 
y en su obediencia é tributarios, no se darían en guarda, ni 
encomienda, ni en servidumbre á españoles, como hasta en- 
tonces se había hecho en estas islas, salvo que estarían en 
libertad é sin ser obligados á alguna servidumbre; y para 
ésto dio el Rey todas las provisiones y cartas que el Clérigo 
pidió , al cual cometió que de su parte asegurase y prome- 
tiese á los indios que les guardaría é cumpliría todo sin falta 
alguna. Itera, que el Rey enviase con el Clérigo dos personas, 



DE LAS INDIAS. 



45 



una por Tesorero y otra por Contador, para que tuviesen 
cuenta y razón de todo lo susodicho y cobrasen las rentas que 
el Rey habia de haber, etc. ítem, que para la administración 
de la justicia civil é criminal en la dicha tierra é límites, 
nombrase el Rey una persona para Juez, para mantener en 
justicia á los dichos 50 hombres y á todas las otras personas, 
así indios como españoles, que en ella hobiese y á ella fuesen, 
con tanto que el tal Juez no se entremetiese en la adminis- 
tración de la Hacienda, ni que estorbase ni ayudase, si no 
fuese para ello por el dicho clérigo Casas requerido, en cosa 
ninguna á la negociación del reducir los dichos indios en su 
conversión, ni en hacerlos tributarios, ni en cosa alguna que 
aquello tocase, y que de las sentencias que el dicho Juez 
diese se pudiese apelar para ante los jueces de apelación que 
residian en la isla Española. ítem , que de diez en diez meses, 
ó antes cuando el Rey fuere servido , pudiese enviar á ver y 
visitar lo que habían hecho el dicho Padre y sus 50 y los 
demás, en cumplimiento de la Capitulación, y á traer la rela- 
ción dello, y el oro, y perlas, y otras cosas que al Rey perte- 
neciesen, y que en los navios que para ésto enviase llevasen 
las viandas y cosas necesarias que los dichos tuviesen en las 
cuatro islas, Española, Sant Juan, Cuba y Jamaica, sin lle- 
varles algo por el flete dellas, con tanto se pagase de los di- 
neros que el Rey allí tuviese de renta, y si no la hobiese por 
entonces la pagasen ellos, con que después se sacase de las 
rentas que el tiempo andando el Rey tuviese. ítem, que si 
durante el tiempo de los diez años acaesciese que descubrie- 
sen de nuevo algunas islas ó tierra firme en la mar del Sur 
ó del Norte, que no estuviesen descubiertas, que les hacia 
las mercedes y cosas que se hicieron á Diego Velazquez, por- 
que descubrió la tierra de Yucatán, según y cómo é de la 
manera que se contiene en el asiento que con él se hizo, 
sin que hobiese falta alguna en ello. ítem, que en los na- 
vios que él tenia por aquestas islas llevasen al dicho padre 
Clérigo y á los 50, 50 yeguas, é 30 vacas, é 50 puercas, é 4 5 
bestias de carga, pagando ellos del llevar dello lo que fuese 



46 HISTORIA 

bueno, etc. ítem, que después que el Rey tuviese los 15.000 
ducados de renta cierta, al tiempo que se diese en tributos de 
los indios ó en otra renta cierta, que el Rey diese cada un 
año 2.000 ducados della, para ayudar á los rescates, y cosas, 
y gastos que se habian de hacer para allanar la dicha tierra, 
y traer los indios, y estar sujetos y domésticos. ítem, que 
después que por industria del dicho Clérigo y sus 50 tuviese 
el Rey de renta los dichos 15.000 ducados, el Rey fuese obli- 
gado á pagar los gastos siguientes: lo primero, lo que se ho- 
biese gastado en comida y mantenimientos desde el dia que 
entrasen el Clérigo y los 50 en la tierra firme hasta ocho 
meses, en 'carne y maíz, é cagabí, é otras cosas de la tierra, 
y en los fletes de los navios en que llevasen los mante- 
nimientos y los fletes de las otras cosas de rescates para dar á 
los indios. ítem, todo lo que se gastase en hacer ó edificar las 
fortalezas y los gastos que se hiciesen en las cobranzas de las 
rentas. ítem, lo que conviniese darse graciosamente á los 
Caciques é indios para los traer al amor y conversación de los 
españoles, y al servicio y obediencia del Rey, con que los 
gastos que en ésto se hiciesen no subiesen de 300 ducados 
cada un año , de manera que monten 3.000 ducados en los diez 
años, de los cuales gastos se habian de pagar el Clérigo y 
sus 50 de las rentas que él tuviese sin pedillos á los oficiales, 
ítem, que porque podria ser que con alguna falsa relación 
que al Rey se hiciese, sin ser informado de la verdad, prove- 
yese alguna cosa que contrariase y estorbase toda esta paci- 
ficación y conversión, que haciendo ellos lo asentado y 
estando trabajando en ello, prometió el Rey de no proveer 
cosa alguna en contrario hasta tanto que tuviese relación y 
testimonio del Tesorero y Contador que habian de ir con 
ellos, por ninguna causa ni razón. ítem, que todos los 50, en 
entrando en la tierra, fuesen obligados á se obligar ante el 
Juez y los oficiales por sus personas y bienes, que suce- 
diendo el negocio de la manera y prosperidad que se espera- 
ba, que se pudiese cumplir todo lo susodicho, ellos por su 
parte lo cumplirán, por la parte que al Rey tocaba, en todo y 



DE LAS INDIAS. 



47 



por todo. ítem, dióse comisión al dicho Clérigo para que á 
Jos pueblos que hiciese, y á los rios y provincias , y á todas 
las otras cosas principales y señaladas, pusiese los nombres 
que le pareciese, los cuales mandó el Rey que desde allí ade- 
lante por todos asi se nombrasen. Esta fué la Capitulación y 
asiento que se hizo por parte del Rey é con el dicho Clérigo, 
la cual firmó el Rey de su propia mano en la Coruña, estando 
para se embarcar, la primera vez que volvió á Flandes, ya 
electo Emperador, á 19 dias del mes de Mayo de 1520 años; 
por la cual prometió de la guardar, y cumplir, y mandar 
guardar é cumplir en todo y por todo, cumpliendo el Clérigo 
y los 50 hombres que hablan de ir con él lo asentado. 



48 HISTORIA 



CAPITULO CXXXIII. 



Comunicada, pues, y tractada con los flamencos privados, 
y del Consejo del Rey, é venido el nuevo Gran Chanciller tam- 
bién con él, esta pacificación y conversión al Rey tan prove- 
chosa (ésto en secreto sin que lo alcanzase á saber el obispo de 
Burgos, que tenia siempre contra el Clérigo espíritu de contra- 
dicion, y los otros que se allegaban con él al Consejo de las 
Indias, á quien el Clérigo habia hecho quitar los indios, y los 
provechos que dellos hablan en estas Indias, con otros de- 
sabrimientos), y holgándose mucho los dichos flamencos, con 
ver que de la resistencia del Obispo sacaba el Clérigo prove- 
cho temporal y espritual para el Rey, acordóse por todos que 
se publicase el negocio y se pusiese en el Consejo de las In- 
dias, que el Obispo solia tener. Lo cual hecho asi, el Obispo y 
los demás, como si fueran saetas y arcabuces, así les pareció y 
lo resistieron; lo uno, porque parecía, y así en la verdad era, 
que se* condenaba toda la gobernación que el Obispo habia 
puesto en estas tierras, pues tan poco cuidado habia tenido en 
la conversión destas gentes, y en la salud corporal también 
dellas, pues no advertía á tener cuenta de llevar otro camino 
en el gobierno, viendo que por aquel que hasta entonces se 
habia llevado', tantas perecían ; lo otro, porque via que se 
ayudaba del favor de los flamencos, y que de allí no le podia 
á él venir sino perjuicio entremetiéndose en saber las cosas 
de las Indias, y porque el Clérigo era tan libre que podia re- 
ferirles sus defectos; lo otro, porque habiendo negado las cien 
leguas que el Clérigo habia pedido para que los religiosos 
predicasen la fe, sin los impedimentos y escándalos que los 
españoles ponían, como arriba en el cap. 104 se dijo, pare- 
cíale ser en su menosprecio, y también grande afrenta, y lo 



VE LAS INDIAS. 49 

Otro porque no podían ver al Ciérigo, él y los que con él go- 
bernaban las Indias, más que á la muerte por las causas vie- 
jas ya dichas. Auduvo muchos dias el Clérigo tractando en el 
Consejo que viesen y detern^iinasen sobre aquello, pues tan 
claro era ser servicio del Rey con que se descargaba su con- 
ciencia, y provechoso para su hacienda, porque ya no se po- 
día decir que quedaba baldía, y que el Rey no tenia renta en 
aquella tierra; dilataban y disimulaban con el negocio, por 
cansar, por ventura, y que se aburriese no pudiéndose más 
sustentar en la corte el dicho Clérigo. Acudía él á los flamen- 
cos, mayormente á Mosior de Laxao, que moría por él, y al 
Gran Chanciller que había venido de nuevo; el cual, después 
que supo bien la negociación y lo que pretendia el Clérigo, lo 
amó mucho, y era el que donde quiera que se hallaba con el 
Rey ó en los Consejos, como fuese de todos por su oficio cabeza, 
lo loaba y ayudaba y favorecía, y en todo le daba gran crédito. 
Pero puesto que vían los flamencos y el Gran Chanciller la 
pasión y ceguedad clara del Obispo, y de todos los que con él 
entraban en aquel Consejo, con todo eso teníanlo respeto, no 
sé si fué por lo que se sonó, según arriba dijimos, porque él 
y su hermano Antonio de Fonseca habían dado cierto nú- 
mero de millares de ducados porque los dejasen con sus ofi- 
cios, puesto también que por sus personas, que eran de mucha 
autoridad y fueron siempre señalados y privados de los ca- 
tólicos reyes, en Castilla dignamente se les podía tener res- 
peto, y así aunque el Gran Chanciller hablaba frecuentes 
veces al Obispo, que se entendiese en el negocio del Clérigo, 
no aprovechando nada disimulábase con él por la causa di- 
cha. En este tiempo sucedió que Mosior de Xevres y el Gran 
Chanciller, hobieron de ir á Francia ó á los limites della, á 
verse con las personas que el rey de Francia envió á tractar 
de paces ó de guerra, donde tardaron cerca, creo, de dos meses, 
y porque como el Clérigo no tenia renta y estaba gastado de 
cinco años y más que andaba en éstos negocios yendo y vi- 
niendo de las Indias, y, estando en la corle, algunas veces decía 
á los flamencos que no podía ya sufrir tanta dilación y se 
Tomo V. 4 



50 IIISTOUÍA 

quería ir, por su pobreza; por miedo que no se fuese en éstos 
días que el Gran Chanciller tardaba en la ida de Francia, al- 
gunos caballeros flamencos, como Mosior de La Mure de quien 
arriba dijimos que lo anduvo á buscar en Zaragoza, y á ofre- 
cérsele, y otro su deudo que era Aposentador mayor, dejaron 
en cambio dineros para que por necesidad no se fuese el Clé- 
rigo; todo ésto sin pretender interese alguno particular, por- 
que, cierto, eran muy virtuosos caballeros, sino sólo el servicio 
del Rey é bien de aquestas Indias, porque tenían bien enten- 
dido ser razonable y claramente bueno lo que el Clérigo decia 
y pretendía. Tornados Mosior de Xevres y el Gran Chaciller, 
dio priesa el Clérigo, y entró muchas veces en Consejo de las 
Indias á tractar del negocio, donde el Obispo y los demás 
tenían con él grandes contenciones sobre que no se le debia 
dar ni con venia que llevase aquella empresa, poniéndole in- 
convenientes con razones frivolas, no sé, cierto, con qué inten- 
ción. El Gran Chanciller y los flamencos estaban como á la 
mira para ver en qué paraba el negociar del Clérigo con el 
Obispo y su Consejo, dándole siempre de secreto y en público 
mucho favor, con el cual, el Clérigo con el Consejo y fuera 
del, dábase poco porque el Obispo y los demás de sus obras y 
razones se ofendiesen, hablando siempre verdad, y ante ellos 
teniéndoles la debida reverencia; y viendo que aprovechaba 
poco en tractar el negocio ante ellos, informó muy de raíz de 
los males destas Indias y de la perdición de las ánimas que 
cada día perecian, y de la obligación que los reyes de Castilla 
á socorrellas tenían, y de como el obispo de Burgos y los que 
con él tractaban las cosas de las Indias eran los que, ó por 
sus pasiones ó interese^ ó por su ignorancia y ceguedad, todo 
el bien impedian, á ocho predicadores que entonces el Rey 
tenia, quejándose dellos y pidiéndoles ayuda y favor, pues, 
como á predicadores del Rey, ayudar y defender la verdad, 
y avisar de tan grandes males y perjuicio de la fe y perdición 
de tantos millares de prójimos, les incumbía. Estos eran los dos 
hermanos Coroneles, maestre Luis y maestre Antonio, doctores 
parisienses muy doctos y cristianos, religiosos en el hábito de 



Di; LAS INDIAS. 51 

clérigos, y un padre maestro en teología, también parisiense, 
llamado fray Miguel de Salamanca, fraile de Sancto Domingo, 
que después murió obispo de la isla de Cuba, y el doctor de 
La Fuente, doctor de Aícalá, señalado en tiempo del Cardenal, 
de buena memoria, don fray Francisco Ximenez, fundador de 
aquella Universidad, y un religioso de Sant Francisco, llamado 
fray Alonso de León , muy docto en Teología , y otro religioso de 
Sant Agustín, que se llamaba fray Dionisio, gran predicador y 
muy copioso en elocuencia; otro clérigo, licenciado en teología, 
aragonés; del octavo no me acuerdo. Estos, bien persuadidos 
de todo lo susodicho, acordaron de juntarse cada dia en el 
monasterio de Sancta Catalina, que es de los Dominicos, para 
tractar y deliberar, de lo qué en ésto debían y podían hacer, 
con los cuales se juntó un maestro, fray Alonso de Medina, de 
la orden de Sancto Domingo, que la provincia de Castilla 
habia enviado á ciertos negocios con el Rey por parte de la 
provincia, hombre muy docto y de muy vivo ingenio. ítem, á 
la sazón vino allí el religioso de Sant Francisco que arriba di- 
jimos, en el cap. 95, ser hermano de la reina de Escocia, que 
habia ido de la tierra firme de la provincia de Cumaná, el 
cual se juntó algunas veces con ellos, y aun les propuso una 
cuestión, diciendo que con qué justicia ó poder se pudo entrar 
en estas Indias de la manera que los españoles entraron en 
ellas. También, antes de ésto, habia llegado otro religioso de 
Sant Francisco, de Picardía, que habia estado en la misma 
provincia de Cumaná y visto muchos de los indios della, el 
cual llevó el Clérigo á comer con Mosior de Laxao, con el cual 
se holgó mucho por ser de su lengua francesa ó flamenca, de 
cuya plática resultó corroboración del amor que Mosior de 
Laxao y crédito que al Clérigo daba y tenia, viendo que el 
fraile aprobaba todo lo que el Clérigo afirmaba y decia. Así 
que, cada dia, juntándoselos del Consejo en casa del obispo de 
Burgos á tractar de destruir las Indias (puesto que no lo pre- 
tendían sino cuanto por su ceguedad y soberbia de no querer 
ser avisados y enseñados de los que más quellos sabían, y 
dello por su pasión, y dello por sus intereses ó de los que 



52 IIISTOlíIA 

ellos favorecian, como dicho es, todo cuanto tractaban y or- 
denaban, sin duda ninguna, era directamente contra el bien 
destas Indias, en tanto que no quitaban de todos los males la 
raíz, que era las encomiendas ó reparftmienlos), convocaba el 
Clérigo á los predicadores, y á la misma hora entraban y tracta- 
ban del remedio dellas en el dicho convento de Saeta Catali- 
na. Alli, finalmente, concluyeron ser obligados á entender y 
procurar el remedio destas Indias por precepto divino, para 
lo cual efectuar deliberaron de se unir é ligar unos á otros, 
con juramento deque ninguno desmayase ni se saliese afuera, 
sino que prosiguiese la demanda hasta dalle buen fin. Lo pri- 
mero que determinaron. fué, que debian guardar la forma 
evangélica de la corrección fraterna, y por estos grados fuese 
cumplida: primeramente fuesen á exhortar é corregir frater- 
nalmente al Consejo de las Indias, el cual si con instancia y 
efecto no lo remediase, fuesen á exhortar al Gran Chanciller, 
y si él no diese obra para lo hacer, fuesen á corregir á Mosior 
de Xevres, el cual no lo remediando, ultimadamente acudiesen 
al Rey. E si el Rey, avisado y exhortado que lo hiciese, no pusie- 
se luego en mandallo remediar diligencia en tal caso, públi- 
camente predicasen contra todos ellos, dando su parte de la 
culpa al Rey. Esto así asentado, lo juraron todos en la Cruz y 
en lo Sanctos Evangelios de lo hacer y cumplir, y por su cum- 
plimiento ponerse á todo riesgo , y así lo firmaron de sus 
nombres; yo lo vide y lo sé porque estaba yo presente. 



DE LAS INDIAS. ^'^ 



CAPITULO CXXXIY. 



Pusieron luego por obra la primera exhortación y correc- 
ción, conviene á saber, la del Consejo de las Indias, habien- 
do entre sí, primero, lo que se habia de decir determinado. 
Entrados en él, que no fué cosa sin admiración y nueva para 
el obispo de Burgos y sus compañeros, y pedida licencia 
para hablar, comenzó la plática el maestro fray Miguel de 
Salamanca, como más antiguo y de mucha autoridad, puesto 
que á los demás no faltaba, é dijo: «Señores muy ilustres 
y reverendísimo señor, á nosotros los predicadores del Rey, 
nuestro señor, se nos ha certificado por personas á quien 
somos obligados á creer, y parece ser notorio, que en las 
Indias se cometen por los de nuestra nación de España 
grandes y nunca otros tales vistos ni oidos males contra 
aquellas gentes naturales dellas, de robos y matanzas en gran- 
dísimas ofensas de Dios, y en infamia de nuestra sancta fe y 
religión cristiana, de donde ha procedido haber perecido in- 
finido número de gentes* por lo cual quedan grandes islas y 
gran parte de tierra firme, que todas manaban, porque así lo 
diga, en infinidad de mortales que se han acabado, y quedan 
todas despobladas en ignominia grande aun de la Corona real 
de España ; porque así lo testifica la Escritura Sagrada, que 
en la multitud del pueblo consiste la dignidad y honra del 
Rey, y en la disminución de la gente su ignominia -y des- 
honor por el contrario. De lo cual nos habernos maravilla- 
do, porque conociendo la prudencia y merecimientos de las 
personas ilustres que en este Consejo se allegan, para tra- 
tar de la gobernación de aquellas tierras, de quien Dios pa- 
rece haber, un»mundo tan grande como dicen que es, fiado, 
y á quien han de dar del estrecha cuenta, y, por otra parte, 



54 ÍIISTORIA 

entendiendo que no ha podido haber causa para que aquellas 
naciones, que estaban en sus tierras pacificas sin nos deber 
nada, por nosotros así fuesen asoladas, no sabemos qué 
nos decir, ni hallamos á quien poder imputar tan inrrepara- 
bles daños, sino á quien hasta hoy las ha gobernado; y por- 
que á nosotros, por el oficio que en la corte tenemos, in- 
cumbe todo lo que fuere en ofensa y deshonor de la Divina 
Majestad y en daño de las ánimas impugnallo, declarallo, y 
en cuanto en nos fuere, exhortar con todas nuestras fuerzas 
hasta estirpallo, antes que otra cosa hagamos acordamos 
venir á vuestras señorías y mercedes á dalles dello parte, 
y suplicalles tengan por bien de nos la dar de cómo se pudo 
haber permitido tanto mal sin remediarse, y que pues hasta 
hoy no se ha impedido, pues hoy con toda licencia se hace, 
lo manden proveer y remediar, porque, como es manifiesto, 
vuestras señorías y mercedes de Dios rescibirán señalado 
galardón, y, por el contrario, terribles tormentos no lo ha- 
ciendo, pues tienen sobre sus hombros la más pesada y peli- 
grosa carga, si bien la consideran, que hoy tienen hombres en 
el mundo; y también á vuestros señorías y mercedes suplica- 
mos, con toda la humildad y reverencia que debemos, no 
atribuyan ésta nuestra venida á temeridad, sino que la resci- 
ban y juzguen con la voluntad de do¿ide sale, que es de hacer 
lo que según Dios y sus preceptos somos obligados.» Luego, 
el Obispo, como más libre que los otros señores, que eran 
Hernando de Vega, Comendador mayor de Ctistilla, y D. Gar- 
cía de Padilla, que habia venido con el rey de Flandes, hijo 
ó nieto del Adelantado de Castilla y letrado, y el licenciado 
Zapata, y Pedro Mártir, el que escribió, como arriba dije, las 
Décadas, y Francisco de los Cobos que servia de Secretario, 
y que entonces comenzaba á ser algo, respondió, no con 
tanta humildad como su dignidad episcopal requería y me- 
recía la demanda que los predicadores propusieron, sino con 
grande autoridad, y magestad, y enojo, como si llegaran 
en el tiempo de los gentiles á derrocar el templo de Apo- 
lo, respondió: «Grande ha sido vuestra presunción y osa- 



ÜE LAS INDIAS. ^^ 



día venir á enmendar el Consejo del Rey, por ahí debe de 
andar Casas. ¿Quién os mete á los predicadores del Rey 
en las gobernaciones que el Rey hace por sus Consejos? 
No os dá el Rey de comer para eso, sino para que le pre- 
diquéis el Evangelio.» Respondió el doctor de La Fuente, 
no con menos autoridad y libertad que el Obispo, y como si 
fuera su superior: «No anda señor por aquí Casas, smo la 
casa de Dios, cuyos oficios tenemos y por cuya defensa y 
corroboración somos obligados y estamos aparejados á poner 
las vidas; ¿parece á vuestra señoría ser presunción que ocho 
maestros en teología, que pueden ir á exhortar á todo un 
Concilio general en las cosas pertenecientes á la fe y regi- 
miento de la universal Iglesia, vengan á exhortar á un Con- 
sejo del Rey? nosotros podemos venir á exhortar los Consejos 
'del Rey de lo que mal hicieren, porque es nuestro oficio de 
ser del Consejo del Rey, é por ésto venimos señores aquí á 
os exhortar y requerir que enmendéis lo muy errado é injusto 
que se comete en las Indias en perdición de tantas ánimas y 
con tantas ofensas de Dios, y sino lo enmendáredes, señores, 
predicaremos contra vosotros, como contra quien no guarda 
las leyes de Dios, ni hace lo que conviene al servicio del Rey, 
y ésto es, señores, cumplir é predicar el Evangelio.» Que- 
daron como pasmados, mirándose unos á otros, de ver la au- 
toridad y osadía del doctor de La Fuente, y harto más blan- 
dos todos que habia mostrado el señor Obispo, y con menos 
dureza de la que antes tenían ; y, acabado el doctor, tomó la 
mano D. García de Padilla, y dijo: «Este Consejo hace lo que 
debe, y ha hecho muchas provisiones muy buenas para el 
bien de aquellas Indias, las cuales se os mostrarán, aunque 
no lo merece vuestra presunción, para que veáis cuánta es 
vuestra temeridad y soberbia.» Torna el mismo doctor de La 
Fuente, y dice: «Mostrarse nos han señores las provisiones 
hechas! y si fueren justas y buenas loallas hemos, y si malas 
é injustas dallas hemos al diablo y aun á quien las susten- 
tare y no las enmendare, con ellas, y no creemos que vues- 
tras señorías y mercedes queréis ser destos.» Estando para 



56 HISTORIA 

se salir comenzaron los del Consejo á blandear y disimular 
la cólera del doctor de La Fuente y de los demás, que mos- 
traron sentirse del mal tractamiento que dello rescibian, y 
pasadas muchas razones de una parte y de otra, finalmente, 
concluyeron los del Consejo diciéndoles suavemente que 
holgaban de les mandar mostrar las provisiones que estaban 
hechas y se hacian para el remedio de las Indias, y vistas 
diesen su parecer cerca dcllas, y que holgarían de rescibillo, 
y para ésto se volviesen otjjo dia. Vueltos á ello, rescibiéron- 
los con mucha cortesía y benevolencia, y mandaron que se 
les leyesen muchas provisiones y Cédulas que en los tiempos 
pasados y en los presentes habian hecho, como las leyes que 
referimos, arriba en el cap. 8.** y los siguientes, y otras ins- 
trucciones y mandamientos que mandaban tratar bien los in- 
dios, estantes las cuales habian perecido y perecían innume- 
rables cada dia; y pensaban los tristes que con ellas cumplían, 
no quitando la raíz de la tiranía que los mataba, que era las 
encomiendas, como cada dia tuviesen relación, poca que 
mucha, de religiosos, y mayormente del clérigo Casas, que 
con gran libertad los acusaba, y molestaba, y confundía, y 
daba malas cenas y peores comidas sobre ello, como quien 
estaba cierto que ninguno le podía contradecir la verdad que 
afirmaba y defendía, á quien eran obligados á creer aunque 
liiera sólo, al menos hasta lo inquirir: cuanto más que sabían 
el crédito que el Cardenal le había dado y lo que por su in- 
formación había proveído; item, los clamores que habian oído 
de los padres fray Pedro de Córdoba, sancto varón, y fray 
Antonio Montesino; item, por las rentas del Rey podían en- 
lendello, pues que vían cada día disminuirse, y, finalmente, 
lo sabían y lo creían, pero era tanta su ceguedad que no les 
dejaba advertíllo; y porque de todo ésto estaban informados 
los predicadores del Rey por el Clérigo, y, principalmente, 
como por razón natural y por experiencia se sabia no apro- 
vechar ni ser posible remediarse ni dejar de morir los indios 
con cuantas provisiones ni leyes se hiciesen, aunque, como 
solía el Clérigo decir, se pusiese una horca á la puerta de 



DE LAS INDIAS. 57 

cada español para que, muñéndose el indio, le ahorcasen á 
él , no bastarla por sus innatas y rabiosas cudicias que cesasen 
de morir, si no los sacaban de su poder como incurable y pon- 
zoñosa raíz. Oídas todas las que les quisieron leer, pidieron los 
predicadores tiempo para decir su parecer, y así se despi- 
dieron. 



58 HISTORIA 



CAPITULO CXXXV. 



A cabo de ciertos dias, en los cuales tractaron y delibera- 
ron lo que debian responder, llevaron por escripto lo siguiente: 
aunque más de lo que aquí referiré hobo, sino que no hallo 
agora más desto en mi poder, y harto he hecho en guardar 
ésto cuarenta y un años ha, lo cual tengo de la misma letra y 
mano escripto del dicho maestro fray Miguel de Salamanca 
que acordaron que fuese el notario. 

« Ilustres reverendísmos y muy magnificos señores: Ya saben 
vuestras señorías como los dias pasados, nosotros, movidos con 
celo de Dios y del servicio del católico Rey, nuestro señor, y 
por hacer aquello á que Dios y la vocación en que somos lla- 
mados nos obligan, venimos ante vuestras señorías á suplica- 
lles y exhortalles, pues les constaban los grandes males y 
daños temporales y el poco fruclo espiritual que en aquellas 
Indias' y tierra firme se habían seguido, pues Dios aquel tan 
gran negocio habia puesto en las manos de vuestras señorías, 
para que con su mucha prudencia remediasen los daños pa- 
sados y diesen orden á los fructos y provechos venideros, en 
que no les hizo poca merced que trabajasen en ello, en tal 
manera, que pudiesen dar buena cuenta á Dios de aquel tan 
gran cargo que sobre sus fuerzas habia puesto; porque así 
como sería grande la corona que por la buena gobernación 
ganaran, así serian graves las penas que por el contrario in- 
curririran, y otras cosas que allí pasaron de que vuestras se- 
ñorías tienen noticia, por lo cual no se repiten. Tuvieron por 
bien vuestras señorías, por nos hacer señalada merced, y para 
que nos constase la diligencia y trabajo que en esta sancta 



DE LAS I>'DIAS. 



59 



obra hablan puesto, de nos mandar dar parte do lo que sobre 
ello, y para el remedio dello habían ordenado , lo cual muy 
por estenso senos fué leido, y de nosotros con mucha aten- 
ción escuchado; y porque los que son dignos della no deben 
ser defraudados de su gloria, ni podemos ni queremos negar 
que no nos puso en admiración la mucha prudencia de que 
vimos sembradas aquellas leyes y estatutos é instrucciones 
que se nos mostraron, y quedónos de aqui esperanza qua 
quiere ya Dios remediar aquellos pueblos, pues les comienza á 
hacer merced de gobernadores que con tanto cuidado buscan 
su remedio y provecho, y que tuvimos de que dar loores á 
Dios, nuestro Señor, qui dedü talem potestatem hominibus para 
su servicio, y para el bien de sus pueblos. Pero como sea la 
costumbre de Dios las cosas grandes dallas poco á poco, y 
por suceso de tiempo, no porque él sea tardío en el hacer 
mercedes, sino porque de nosotros sean estimadas en lo que 
deben, porque solemos tener en poco lo que ligeramente se 
alcanza, no se maravillen vuestras señorías si este remedio 
tan grande y que tanto importa se les dé poco á poco, y si 
por ventura no quiere que del primer voleo venga á sus en- 
tendimientos, sino que por mano ajena lo resciban; que el 
gran Profeta y amigo de Dios, Moisés, después de haber go- 
zado de tantas revelaciones divinas y tanta familiaridad con 
Dios, que ninguno la tuvo mayor, quiso Dios que de un idó- 
latra rescibiese consejo para regir el pueblo de Israel, y aquel 
grande Apóstol que rescibió la laurea del magisterio en el 
tercero cielo, tuvo necesidad de la comunicación de la otra 
sancta compañía apostólica, y de un Apolo para que con su 
elocuencia le ayudase á sembrar la simiente evangélica. No 
queremos decir, señores, que somos nosotros los por quien tiene 
Dios determinado de instruiros, que seria arrogancia y blas- 
femia intolerable, pero osamos afirmar que somos como ojos 
desta escelente corte, para, mientras que vuestras señorías 
están adormidos en el profundo de los temporales negocios, 
nosotros estudiemos en la Ley de Dios y sus exponedores para 
serviros con ello; y si bien usamos de nuestro oOcio de pre- 



60 HISTORIA 

dicadores, y de lo que Dios en él nos manda, habernos de ser 
como ventores para escudriñar cómo en todos los estados y 
oficios de la corte se guarda la Ley divina, y lo que viéremos 
que por ella va nivelado loallo, y animar á los que recta- 
mente viven á continuar lo bueno y á no dejallo, ni por astu- 
cias del diablo, ni por los favores y deleites del mundo, y lo 
contrario reprendello y anunciallo, como el otro dia dijimos, 
hasta que, ó se enmiende ó sean los culpados inexcusables, y 
si nosotros hiciésemos bien nuestro oficio á la ventura no ha- 
bría tanta corruptela en muchas cosas como hay. Plega á la 
divina Majestad perdone nuestras pasadas faltas, y nos dé 
virtud para reparallas en lo venidero; y, porque en todo no 
seamos negligentes, ha querido nuestro 'gran Dios despertar 
nuestros entendimientos á pensar en ésto, que tanto á Su Ma- 
jestad y al acrecimiento de su esposa toca, que creemos que 
ha más de mil años que no puso Dios cosa tan importante en 
manos de ningún Príncipe ni pueblo cristiano. Y este celo, 
señores, nos movió á lo pasado, y á que, después que vues- 
tras señorías nos comunicaron lo que para el reparo de 
aquellas tierras habia ordenado, con toda diligencia y cuidado 
y estudio mirásemos sí era aquel el remedio que bastase á 
reparar los grandes daños pasados, y obviase á los venideros, 
y con que se podía conseguir el fructo que Dios y su Iglesia 
quieren, y nosotros somos obligados á ofrecelle de aquellas 
tierras; y, consideradas muy bien todas las leyes y provisio- 
nes que en ello se han hecho, no ha parecido que, presupuesta 
la encomienda de los indios, no se podían pensar más justas 
ni más sanctos estatutos, ni con que más se pudiese obviar al 
mal tractamiento y poco fructo espiritual de aquellas gentes. 
Pero al fin, bien mirado todo, parece asaz claramente que con 
ellas no se porná el remedio á que Dios nos obliga, ni el que 
aquellas gentes han menester; lo uno, porque estas leyes, por 
sanctas que sean, ni serán ni pueden ser guardadas ni traídas 
á debida ejecución; lo otro, porque aunque ellas en sí son muy 
justas, pero van fundadas en un fundamento injustísimo, que 
ha sido causa de todos los más daños de aquellas tierras, y 



DE LAS INDIAS. 



61 



mientras que aquel no se remedia, es imposible poner reme- 
dio bastante ni justo á los males: y en éstos dos puntos con- 
siste toda esta plática, y probando el segundo, en que está 
toda la fuerza, se probara el primero. El mayor mal, y lo que 
ha sido la total destrucción de aquellas' tierras, y será de lo 
que queda sino se remedia, y lo que ni justa ni razonablemente 
se puede ni debe hacer, es la encomienda de los indios como 
agora está, quiero decir, estando encomendados por la vía que 
agora, para que, trabajándolos como se trabajan, todo el pro- 
vecho que de sus trabajos se sacare sea de aquellos que los 
tienen encomendados; porque esta manera de encomienda y 
la manera con que se ejecuta es contra el bien de aquella re- 
pública indiana; item, es contra toda razón y prudencia hu- 
mana; Ítem, es contra el bien y servicio del Rey, nuestro se- 
ñor, y contra todo derecho civil y canónico; itera, es contra 
todas las reglas de filosofía moral y teología; item, contra 
Dios y contra su intención, y contra su Iglesia. Ved, señores, 
si cosa tan dañada estando en pié se pueden reparar por leyes 
los males de aquellas tierras, y, porque no parezca esta locu- 
ción hipérbola, queremos probar todas las partes arriba dichas 
evidentemente. Díjose lo primero, que es contra el bien de 
aquella indiana república, lo cual consta manifiestamente, 
porque después que se halló aquel dicho medio, colorado con 
color de traer los indios á la comunicación de los cristianos, 
y que andando en subjecion suya serian enseñados en la Ley 
de Cristo por los que no la sabían , se han asolado aquellas 
tierras, y así iráausino se remedia hasta que no haya quien 
las habite. ítem, es contra el bien de aquella república, por- 
que si todos los mortales se pusieran á pensar qué medio se ha- 
llaría más dañoso que éste de la encomienda para destrucción 
de los indios de aquella república, no se hallara otro ni se 
pudiera inventar, porque este impide que jamás allí haya re- 
pública, la cual, según todos los que della escribieron dicen, 
consiste en diversidad de estados yde oficios, y allí todo se 
confunde y se resuelve en el más bajo y más civil oficio de la 
república, que es cavar. ¿Quién nunca vio toda una tan gran 



62 HISTORIA 

república cavadora? Por manera que no sólo todas las partes 
que ha la repúblicra, pero ninguna dellas allí se halla, que ni 
hay militares, ni filósofos ó letrados, ni oficiales, ni labradores, 
y asi aquella insigne tierra aparejada á producir de sí todo lo 
que á la sustentación de una gran república se requiere, está 
reducida al más civil y más bajo ejercicio que pensarse puede, 
que es cavar y trastornar tierra, y así aquellas ínsulas serán 
como las que los romanos tenían para desterrar los mártires 
y los malhechores, qui damnahantur ad fodienda metalla, y aún 
peor, que en aquellas ínsulas no mataban á los desterrados 
con trabajo excesivo, y aquí matan los naUíi'ales. ítem, es con- 
tra el bien de aquella república, porque esta encomienda los 
priva de libertad y los pone en servidumbre, lo cual de de- 
recho divino ni humano no se puede hacer. Que ésta sea ser- 
vidumbre, por las mismas leyes dadas se prueba ad hominem^ 
como dicen los lógicos, porque alli mandáis que el licenciado 
Figueroa ponga en libertad á los que la pidieren y quisieren 
usar della, dando competente tributo, etc. ; pues si éste los ha 
de poner en libertad, claro está que hasta agora estaban en 
servidumbre. Pero, porque no parezca que nos aprovechamos 
de cavilaciones, abiertamente se prueba que esta encomienda 
es servidumbre, porque, según todos los que difinieron al libre, 
liher est qui gratia sui est, pues si las vidas, si las industrias, 
si los trabajos, si los frutos que dello proceden, todo es ajeno 
y para aquellos que los tienen en encomienda, yo no sé dónde 
está la libertad de los indios, sino sola escrita en las leyes 
pero no ejecutada en los que habían de gozar della. Si decís, 
señores, que se les da salario y alimentos por sus trabajos, no 
aprovecha, pues todo aquello^no es la mitad de lo que acá se 
da á un esclavo, y éstos palios de libertad de que allí se usa 
se convierten en cruezas y en mayor daño de los indios, por- 
que si fuesen esclavos serian mejor tratados y guardados, y 
sus dueños ternian por jactura la muerte dellos. ítem, es con- 
tra el bien de aquella república, porque dado y conceso que 
aquella fuese libertad, pero aquel tratamiento es la más dura 
exacción que jamás se vio en el mundo, ni en obra, ni por es- 



DE LAS INDIAS 



63 



crito verdadero ni finjido, y, si bien se mira, no es sino un de- 
chado de la dura servidumbre que dio Faraón al pueblo de 
Israel, y teniendo todo lo malo de aquella tiene otras cosas muy 
peores, porque aunque les daban trabajos no les quitaban sus 
bienes, que ricos y abundantes eran los hijos de Israel aún al 
tiempo de aquella dura servidumbre y bien tratados en el 
mantenimiento, que después en el desierto deseaban volver á 
las ollas de carne que tenian en Egipto, y eran tan estimados 
de los egipcios que les prestaron todas las más ricas joyas que 
tenian, con las cuales fueron, lo cual creo yo que no harian 
los nuestros con los indios, y con aquella dura servidumbre 
crescia el pueblo de Israel, y con ésta se ha asolado el de las 
Indias. ¿Cuál Rey ni Príncipe del mundo, ni justo ni tirano, 
hizo ni pudo hacer de derecho que todo su pueblo trabajase 
más de los nueve meses del año, para él y para los que él se- 
ñalase? á los ciegos está claro que no se puede hacer justa- 
mente; ¿pues qué se puede ni debe esperar deste tan excesi- 
vo delito, y que tantas sobras hace al de Faraón, sino otro 
mayor castigo que aquél? y tenemos (plega á Dios que no sea 
así) que aquel gravísimo pecado ha de ser causa de la total 
destrucción de la república de España, si Dios no lo repara ó 
nosotros no lo enmendamos: y así, queriendo probar que éste 
medio es dañoso á la república de los indios, hemos probado 
ser pernicioso á la república de España. ítem, es durísima 
exacción para los indios, porque, á gente naturalmente incli- 
nada á ocio y nascida y criada en él, darles el mayor de los 
trabajos y nueve meses continos, es claro que es dalles la 
muerte; y la holganza de los cuarenta dias que les dan no 
es sino para dalles la muerte más cierta, lo uno, porque en 
aquellos cuarenta dias han de proveerse de mantenimiento, 
labrando sus labranzas, que es asaz gran trabajo; lo otro, por- 
que en aquel tiempo no cobran fuerzas para el futuro trabajo, 
antes las pierden con la mudanza que seles hace en el man- 
tenimiento, de manera que donde habían de reintegrar las 
fuerzas, que perdieron en el continuo trabajo de nueve meses, 
las enflaquecen más con el trabajo de las labranzas y con la 



64 HISTORIA 

miseria del mantenimiento que les dan en las estancias, que 
son las granjas de los cristianos, y así cuando los llevan al 
otro trabajo de los otros nueve meses quiérenlos apremiar á 
trabajar recio, como á hombres holgados y rehechos, y como 
ellos están debilitados, por Us causas ya dichas, es dalles la 
muerte y asi acaban sus dias miserablemente.» 



DE LAS INDIAS. 66 



CAPITULO CXXXVI. 



«ítem, aquella manera de enmienda es contra toda razón 
y prudencia humana, porque ninguna basta para poner re- 
medio en aquellas tierras ni la de vuestras señorías acá, ni las 
de todos los jueces de allá , aunque todos fueran como ángeles, 
mientras la encomienda durare, ni leyes bastarian ni bastarán, 
aunque fuesen muchas más que las Siete Partidas; porque, 
¿quién coercerá la demasía de la avaricia de los cristianos, 
para que, teniendo los indios debajo de su mano, entre las 
bravas peñas, donde de solas las aves son vistos y de donde 
en 50, y 60, y más leguas, no hay justicia, ni juez ni otro 
cristiano que los valga, no los hagan trabajar hasta la muerte, 
máxime, si dolosi spes refulserü numi? ¿quién les ha de ir á 
pesar la carne que se les ha de echar en la olla? ¿quién les 
ha de acusar si muere el indio á palos ó azotes? Decís, seño- 
res, que los Visitadores harán pesquisa y castigarán los de- 
lincuentes; ya hemos dicho, que estando tan lejos, en los mon- 
tes metidos y repartidos los indios de cada señor en diversas 
partes, ¿qué Visitadores ó qué salarios lo podrán bastar? y dado 
que tantos hobiese, lo cual no podrá ser, ¿quién osará acusa- 
llos? que estará el indio temblando, y sabe que si se quejare 
al Visitador después le ha de asar su amo; y no vamos á las 
Indias, sino acá entre nosotros se haga pesquisa de las vidas 
de los vecinos de esta ciudad, ¿iréis á tomar el dicho á sus 
criados del que habéis de castigar? ya lo ven vuestras seño- 
rías; pues como todos aquellos indios sean criados, ó por 
mejor decir captivos, de aquel que los tiene encomendados, 
los cuales, dado que se quejen, no serían creídos como allá 
se tiene por averiguado, por manera, que si en cada estancia 
estuviese un ángel que no comiese ni durmiese, si pudiese ser 
Tomo V. ^ 



66 HISTORIA 

corrupto por dádivas y oro, no es posible ponerse remedio 
humanamente á aquellos males, y á la fin bien ven vuestras 
señorías que lo tiene el Visitador por hombre y quizá por 
amigo ó bienhechor, ó el indio que lo tiene por bestia. ítem, 
aquella encomienda es contra el bien del Rey, nuestro señor, 
lo primero, porque le quita lo que le hace gran señor, que es 
la muchedumbre del pueblo, que en aquella dice la Escritura, 
que consiste la gloria y potencia del Rey ; item, le quita la 
opulencia y fructos de aquellas tierras que le harán rico á él y 
á lodos sus reinos, y creo que la misma tierra dará voces al 
cielo que la hacen estéril y mañera, siendo ella de sí tan fértil 
y abundosa, que podria dar abundancia á muchos que en 
otras partes mueren de hambre ; item, esta encomienda es da- 
ñosísima al bien del Rey, nuestro señor, porque le quita el 
justo y verdadero título y dominio de aquellas tierras, que 
tenia y tiene si ésta dicha invención no interviniese. Porque 
por una de tres maneras, el que no era señor de algún pue- 
blo ni le pertenecía por herencia, puede ser justo señor del: 
la primera, si el superior del suyo ó de aquel pueblo, en justa 
pena de males cometidos, los pusiese so el señorío de la tal per- 
sona, privado de los primeros señores con justa causa; la se- 
gunda, si el tal superior pusiese aquel pueblo en subjecion 
del tal Príncipe para que con muy buenas obras, en acrecen- 
tamiento temporal y espiritual de aquel pueblo, mereciese el 
señorío del; la tercera, por querer, sua sponte^ y voluntaria- 
mente el tal pueblo someterse y subjetarse al tal señor; y 
cualquiera Príncipe, que sin alguno destos títulos posee y usa 
del dominio de alguna tierra, no es Rey ni verdadero señor, 
sino pésimo y tirano se puede llamar, pues manifiestamente 
consta que el sumo Pontífice no privó por delitos del señorío 
á los señores de aquellas tierras, porque ni eran infestadores 
de la fe, ni cismáticos, ni la sola infidelidad basta para pri- 
vallos de dominio , máxime en tierras que nunca fueron sub- 
jetas á la Iglesia. Resta, pues, manifiestamente, quel dominio 
y señorío del Rey, nuestro señor, depende, ó del bien y acre- 
centamiento que procura aquella república, como suena la 



DE LAS INDIAS. 67 

concesión apostólica, ó de la voluntad de aquellos pueblos, y 
pues éste medio de la encomienda destruye y deshace aque- 
lla república en lo espiritual y temporal , y hace aquellos va- 
sallos involuntarios, como por muchos ejemplos ha constado, 
ergo, quítale todo el derecho que á aquellas tiene, y donde 
se piensa que por aquel medio hacelle señor le hacen tirano, 
quitándole el verdadero señorío que tiene en ellas, lo cual, 
vuestras señorías debrian mirar con mucho cuidado, pues á 
vuestras cuestas carga todo este edificio que el Rey, nuestro 
señor, con vosotros dará buena cuenta á Dios ; y en verdad 
que se hace más daño al Rey, nuestro señor, en ésto, que si le 
tomasen las tierras por fuerza, porque entonces quitalle hian 
el uso pero no el derecho , y agora , dejándole el uso , quítan- 
le el derecho como está bien probado. ítem, aquella manera de 
encomienda es contra todas reglas de teología y filosofía moral 
que quieren quel fin se preponga á los medios, y los medios 
se pospongan por la consecución del fin , y como nuestro ver- 
dadero fin sea la bienaventuranza celestial, y el medio pro- 
pio para ella sean las virtudes, y para el ejercicio de las 
virtudes meritorias sea necesaria la vida, y para la con- 
servación de aquella los alimentos, y para comprar éstos, 
como medio más remoto y más inútil y menos necesario, 
sea la pecunia , si por éste mísero medio se pospone la glo- 
ria del cielo y las virtudes con que se alcanza, y la vida 
en que se ejercitan, y los alimentos para ella necesarios, y 
lo que peor es, no sólo en los indios se pierde la fe y vir- 
tudes por el oro, pero en los mismos cristianos, como la 
experiencia lo muestra, que son hechos más inhumanos y 
más sin misericordia que los fieros tigres, etc., que no deci- 
mos, ítem , esta manera de encomienda es contra Dios, nues- 
tro Señor, y contra su intención , qui vult omnes homines salvos 
fieri, y porque no se puede haber salud perpetua sin fe, 
quiere que la tengan los mortales, y porque la fe ha de entrar 
al alma por el oido vino él á predicalla, y así dice que ad 
annunciandum mansuetis misit eum Deus, y para predicalla en 
todo el universo mundo hizo de aquellos rudos discípulos 



58 HISTORIA 

tan sabios maestros, alumbrados por el Espíritu Sancto, ante 
cuyo saber se enmudecen todos los sabios del mundo, y para 
ésto puso en nuestras manos aquellas grandes tierras y gen- 
tes; y todo ésto impide esta malaventurada encomienda, 
porque, ¿cómo podrán los predicadores instruir la gente der- 
ramada y fatigada de los trabajos? Y los mayores enemigos y 
estorbadores que los religiosos apostólicos allá tienen, para 
no poder instruir aquel ignorante y manso pueblo, son los que 
tienen los indios encomendados, porque enseñándoles las vir- 
tudes y vicios, será fuerza que viesen tanta falta de uno y 
tanta sobra de lo otro en sus señores, que los tienen por de- 
monios , y como la fe no se adquiera, por mucho que se predi- 
que, sin pía afección del que oye, no sé de dónde les ha de 
nacer á éstos esta pía afección á nuestra fe, ni cómo podrán 
tener por divina la ley en que viven hombres tan inhumanos. 
Ítem, esta manera de encomienda es contra la Iglesia de Dios, 
que como todos se ocupan en aquel maldito ejercicio de 
cavar y no en hacer fructificar la tierra para que produzca 
riquezas naturales; no hay diezmos para que dellos se pue- 
dan sustentar buenos Prelados y sacerdotes y otros ministros 
della que engendrasen á la Iglesia hijos espirituales, y así 
no se multiplica la Iglesia donde se podria multiplicar y en 
tanta y más cantidad que agora está por todo el mundo. Pues 
vean los que ésto sustentan, y tiemblen del temor de la es- 
trecha cuenta que han de dar á Dios, nuestro Señor, que no 
es aceptador de personas ni se le dá un maravedí que sea 
al que ha de juzgar Príncipe ó Prelado ó gran Señor, ó por- 
querizo. Pues tiempo es, señores, pues Dios y el Rey, para 
vuestra gloria y merecimiento, puso éste tan grande y arduo 
negocio en vuestras manos, que procuréis de estirpar esta 
raíz de donde tanto mal procede, y dar remedio á aquellos 
afligidos pueblos, porque Dios lo dé á vuestras almas en el 
cielo y á vuestras honras y estados en el suelo, amen. Bien 
sabemos, señores, que en aquel tesoro de la sabiduría divina 
están repuestos mil remedios para todos estos daños, y que 
la prudencia de vuestras señorías podrá alcanzar muchos, 



DE LAS INDI\S. 



69 



especialmente si con sancta afición y puro ánimo y sincero 
la pedís á aquel de quien ha de emanar, pero para un poqui- 
11o de aquello , como la pobrecilla mujer evangélica , ofrecemos 
á vuestras señorías dúo era minuta, á que nuestro flaco inge- 
nio se pudo extender , rescíbanlo vuestras señorías con aquel 
celo que se les ofrece, que si no fuere tal como conviene no 
se puede en ello perder más del tiempo que se gastó en com- 
ponello y del que vuestras señorías gastarán en oillo, y gana- 
rán vuestras señorías mucho ante Dios por querer parecer 
de personas que lo podrían mejor tomar de vuestras señorías, 
y nos ganaremos mérito del celo con que lo ofrecemos á Dios 
y á vuestras señorías. Lo primero, muy magníficos señores, 
que debe hacerse en el reparo de los daños es quitar la 
causa dellos, porque, ésta quitada, no habrá impedimento á 
los provechos; las causas de todos los males y muerte destos 
indios han sido tres, las continuas digo, que de las acciden- 
tales no se hace mención; la primera, es trabajo excesi- , 
vo; la segunda, penuria de provisión y mantenimiento; la 
tercera, descontentamiento en los trabajos y desesperación 
de nunca salir dellos; y quien bien quisiere mirar en ellas 
no sólo verá que son bastantes para matar flacos indios, pero 
recios gigantes. Y que en ellos se hayan ejercitado estas tres 
cosas en gran abundancia, más que sus fuerzas podían sufrir, 
es muy manifiesto; resta, pues, ponellas remedio conveniente, 
el cual, á lo que se nos ofrece ser necesario, se dará prime- 
ramente y con justicia, sacándolos de la encomienda opresi- 
va y dura servidumbre en que están, pues tanta iniquidad 
y daños contiene, y ponellos en libertad desta manera: Que 
en aquellas islas, Cuba y Española y las otras, de la gente que 
en ellas hay, se hagan pueblos de hasta 200 vecinos, ó se- 
sun la disposición y calidad de la tierra en que se fundaren, 
y que á aquellos se ponga un Gobernador, buena persona y 
política, y que sepa industrialles en agricultura y en^ plantar 
viñas y huertas, azucares y otras cosas útiles, y que ésta per- 
sona tal esté salariada por el Rey, nuestro señor, de salario 
competente tasado, el cual se tome ;de los fructos y provechos 



70 HISTORIA 

de los indios, no señalándole cuota, de manera que ni sea 
tercera ni cuarta parte de lo que ganaren los indios (porque 
en señalándoselo desta manera, porque suba su cuota en gran 
cantidad, trabajarán los indios más de lo que conviene, y les 
disminuirá los alimentos necesarios, y verná al mismo incon- 
veniente que agora está), sino quesea tanto por año, conviene 
á saber, tantos castellanos; y éste enderece y disponga en 
qué tiempo y qué cosas deben sembrar y plantar los indios 
que tuviere á cargo, y en qué tiempo se deben coger y cómo 
se ha de guardar lo que se cogiere para el alimento dellos y 
de sus mujeres y hijos, y loque sembraren él lo venda á los 
otros que no tuvieren labranzas, como son oficiales y los que 
tienen esclavos para las minas, y aquello todo se guarde á 
á buen recaudo. ítem , que este Gobernador determine qué 
parte de aquellos que estaran á su gobernación irán á las 
minas, y en qué tiempo del afio, porque se dice allá hay dos 
agostos, y el uno más fértil que el otro, y podrán entender 
en el medio del año en las cosas de agricultura, y el otro me- 
dio ir todos ó los más á las minas, y del oro que sacaren 
pagar al Rey su quinto, y las alcabalas de lo que vendieren, 
pagado el diezmo que se ha de dar á la Iglesia de las cosas 
que le pertenecen, y todo lo otro se tenga cuenta, y venga á 
montón; del cual, ante todas cosas, se saque el salario del 
Gobernador, y lo que fuere necesario para la sustentación de 
los indios en todo el año, y para la costa de las labranzas y 
hamacas, y otras cosas necesarias para los dichos indios; y 
en fin del año el tal Gobernador será obligado de dar cuenta 
entera, como mayordomo, de todo lo que ha cogido, asi de pro- 
visiones y otras cosas como de oro, y de lo que ha gastado con 
pago de lo restante á los visitadores que Su Alteza para ésto 
deputare, y que todo lo que restare, pagadas las cosas su- 
sodichas, sea para los dichos indios, y se aplique, á vista de 
los dichos visitadores, en cosas útiles para ellos, como vestidos 
y alhajas y otras cosas, y en multiplicar casas de moradas para 
ellos, por manera que, si ser pudiere, se haga por discurso de 
tiempo á cada uno su casa con sus apartamientos, y arcas en 



DE LAS INDIAS. 



71 



que guarden lo que tuvieren, y así los muestren á tener ape- 
tito de tener propio, y de comprar alhajas y guardallas, que 
éste ha de ser el principio de su policía: y destas tales perso- 
nas se hallarán muchas en los reinos de Castilla que sean 
muy hábiles para ello, y que lo tomen de buena voluntad 
y alzando las manos á Dios por ello. Este medio se podrá 
mucho más amphar, queriéndose poner en obra, y con él se 
obviarian suficientemente á todos los males que en aquellas 
tierras se hacen y habian de hacer, porque estando desta 
manera, estarán enteramente libres, como los otros pue- 
blos, aunque subjetos á su Gobernador, lo cual no es con- 
tra libertad. Ítem, serán menos fatigados, porque, cum nemo 
gratis sit malus, viendo los Gobernadores que el fructo de 
los trabajos de los indios es para ellos, y no para él, no 
los matará de trabajo, y pues los bienes han de ser suyos 
dellos, no los matará de hambre, porque no hay hombre tan 
malaventurado que no huelgue que los otros sean bien trac- 
tados de su hacienda. ítem, los mismos indios, viéndose menos 
fatigados en el trabajo, y mejor tractados en los alimentos, 
ternán más contentamiento y no estarán desesperados, y 
viendo que todo el fructo que se saca de sus trabajos redunda 
en su provecho, animarse han á trabajar, y no ternán aquella 
desesperación y descontentamiento que hasta aquí han teni- 
do, y los trabajos les serán recreación, y así reverdecerán 
y multiplicarán, y amarán á los que les hacen bien, y allegarse 
han con mayor amor á nuestra sancta fe, viendo que de los 
que viven en ella resciben tantos beneficios; y antes de 
mucho tiempo, instruidos y doctrinados por nosotros, vernán 
á hacerse gente noble y política, especialmente que della se 
dice ser de su naturaleza mansa y modesta, y para toda virtud 
bien hábil y inclinada, y á saber y á vivir por sí, que así se 
redujeron á policía y á virtud los otros pueblos, como España 
y Alemania é Inglaterra, que otros tiempos fueron, por ven- 
tura, tanto ó más bárbaros que éstos; que de España dice 
Trogo Pompeyo y Justino, historiadores, que por falta de no 
haber en ella vino tenian celia, que agora se llama cerbeza, 



72 HISTORIA 

y agora está cual la vemos. De este medio se seguirán más 
bienes que al presente sabremos pensar, porque será camino 
para multiplicarse la gente, y para que otros muchos que acá 
sobran se animasen á ir á vivir allí, viendo que en aquella 
tierra hay tanta abundancia de fructos y de oro en ellos, que 
agora, como el camino sea largo y la fertilidad prometida in 
futurum^ temen los hombres de ser engañados, pero cuando 
les constase que allí tenian, luego que fuesen, copia de man- 
tenimientos conformes á los de acá, y que les darán tierras 
que en breve diesen copia de fructos, y montañas criadoras 
de oro , más trabajo sería entonces resistir á los que querrían ir 
para que no fuesen tantos, que agora es el persuadillos para 
que vayan. ítem, creciendo los bienes y los pueblos crecerán 
en gran cantidad las rentas del Rey, nuestro señor, en muy 
breve tiempo, y debria Su Alteza sufrirse algo, que quien 
planta un árbol espera el fruto del, labrándolo todo el tiempo 
que no dá fructo, con esperanza de lo coger más abundoso, 
ítem, lo que principalísimo es, habiendo en la tierra copia 
de bienes, como arriba se dijo, habría diezmos para sustentar 
dellos personas eclesiásticas, doctos, y tales que bastasen á la 
conversión y doctrina de aquellos pueblos, y cuánto galardón 
sacaría de Dios quien éste bien tan grande procurase , quien 
quiera que tenga juicio lo podrá ver. Y si para ello son me- 
nester algunos gastos, no es inconveniente que en cosa tan 
fructuosa, espiritual y temporal se pongan, cuanto masque 
se podría hallar camino como con pocas costas de Su Alteza 
se pusiese en ejecución , porque hay en aquellas Indias y en 
España muchas personas, en gran número, que de lo que die- 
ron menos de salario á los indios de lo que sus trabajos me- 
recían, y de lo que les robaron de los mantenimientos que les 
sustraían por no gastaren ellos, y de las muertes horrendas 
y ordinarias de que fueron causa, son obligados á grandes 
restituciones, las cuales, conforme á derecho divino y hu- 
mano se deben aplicar al reparo y erección de aquella repú- 
blica, y habiéndose una facultad del Papa para poderse com- 
poner los tales, y guardándose todo aquello para este efecto, 



DE LAS INDIAS. '''3 

creemos que no será necesario que Su Alteza de su casa 
ponga otros gastos. Y así, Dios enderece nuestras cosas, que, á 
lo que se nos ofrece y podemos pensar, y parece que por los 
ojos vemos, antes de muchos años, si ésto se pone en obra 
con diligencia, sean aquellas ínsulas una de las importantes 
cosas del universo, aún en lo temporal, donde sino se pone 
remedio serán unos vastos desiertos y tierra solitaria. Esto 
es lo que se nos ha ofrecido, muy ilustres y magníficos se- 
ñores; usen vuestras señorías de lo que dello les pareíiere 
bueno, añidiendo con su mucha prudencia lo que á la nuestra 

falta.» 

Todo lo contenido formalmente en estos dos precedentes 
capítulos, hasta aquí, dieron por parecer los ocho predicado- 
res del Rey al Consejo de las Indias, como dicho es, para re- 
medio dellas. 



74 HISTORIA 



CAPITULO CXXXVII. 



Este parecer rescibieron los del Consejo con buena vo- 
luntad, según lo que mostraron, y lo mandaron leer luego en 
presencia de todos, y oido agradesciéronselo diciendo que lo 
verían y platicarían sobre ello, y ordenarían para el remedio 
de aquestas Indias todo lo que les pareciese convenir, tomando 
y aprovechándose deslos avisos cuanto pudiesen; y asi los 
predicadores se salieron del Consejo y se fueron. Este parecer, 
tiene dos partes sustancialísimas como por él parece; la una, 
es la detestación y reprobación de las encomiendas, las cuales 
ser tiránicas é iniquisimas asaz, como muy doctos varones, con 
evidentes y eficaces razones prueban, y con cuan estrecho pre- 
cepto el Consejo fuese obligado á las deshacer, poniendo los 
indios en libertad , pues ocho teólogos y maestros se lo afir- 
mabati y probaban tan abiertamente, y ellos, que de haberse 
destruido tantas gentes, por ellas tenían larguísima experiencia, 
ninguno hay de recto juicio, y aun por basto que lo tenga, 
que lo niegue ; pero no lo hicieron , sino pasaron adelante 
con su ceguedad, sustentándolas como de antes, remendándo- 
las cada día con cédulas llenas de todo escarnio y dignas de 
quemallas con ellos, pues sabían y eran ciertos que ni se 
guardaban ni se podían guardar, é ya que se guardaran no 
habían de dejar de perecer estas gentes, como no quitasen la 
causa de la perdición y muerte dellos, que eran las encomien- 
das, y hacerse otra cosa era imposible, como bien apuntaron 
en su parecer los predicadores, y ellos mismos del Consejo, 
lo vían y sabían mejor que todos ellos, como dicho es, y ello 
así era verdad. Sí ellos entonces quitaran las encomiendas 



DB LAS INDIAS. '75 

Ó comenzaran á quitarlas, que no fuera por ellos ordenado 
cuando fuera cumplido, queriendo ellos que se cumpliese, no 
creciera y echara tantas y tan arraigadas raices esta tiranía 
tan abominable y destruitiva de la mayor parte del linaje 
humano, en tanto grado, que ya el Rey con todo su poder no 
ha podido en algunos tiempos estirpalla, como parecerá, y por 
tanto, de treinta cuentos de ánimas que desde entonces hasta 
el año de 550 han perecido, cuenta estrecha á Dios darán. Y 
ya la han dado, pues todos son muertos los que en aquel ciego 
Consejo se hallaron, y está, que ó por malicia y á sabiendas 
hayan querido errar, lo cual no creo (si á malicia no quere- 
mos equiparar, presumir de sus colodrillos no queriendo 
tomar parecer de muchos religiosos y personas que les decian 
verdad, y ellos eran obligados á creer, y mayormente de los 
dichos predicadores y doctores, por lo cual los dejó Dios errar 
y más errar, lo cual no hay duda sino que como malicia se 
les debe imputar); ó por ignorancia crasa y culpadísima, la 
cual no los pudo excusar, porque habían tomado y tenían 
oficio por el cual eran obligados á no ignorar lo que á él 
pertenecía, como ésta tan horrenda y tan perniciosa pestilencia 
de encomienda sea contra todo derecho natural, y divino, y 
humano, y toda razón de hombres aunque sean barbarísimos, 
y á los más dellos les diese el Rey de comer, no por más gen- 
tiles hombres, sino por letrados, y ellos dello se jactasen, y 
paria sunt scire vel deberé scire; y ellos tienen , quia turpe est 
patritío et nobili viro et causas oranti , jus in quo versalur igno- 
rare. La sá|unda parte del parecer de los dichos doctores y 
predicadores contiene el medio para que los indios puestos 
en libertad fuesen bien gobemados; éste era, que se hiciesen 
pueblos de los indios que habían restado de la vendimia y 
muerte que había barrido ya toda esta isla, y de los que tam- 
bién en las islas se hallasen allí también así se hiciese de la 
misma manera. Este medio en substancia era bueno, pero 
según muchas circunstancias fuera para destruir los indios, 
como acaeció en tiempo de los padres Hierónimos, que lo 
pretendieron hacer y con ello cuasi los acabaron, porque 



76 nisTORU 

como los indios sean y fuesen. tan delicados, por el poco comer 
y el poco trabajo en que fueron criados , y también por andar 
como andaban desnudos, en mudándose de una distancia 
donde nacieron y se criaron, por poco que fuese, á otra, fá- 
cilmente enfermaban, y con facilidad morian, mayormente 
que si los pasaban ó mandaban pasar de una parte á otra no 
les daban ayuda ninguna, sino que ellos habian de hacer las 
labranzas de nuevo, con sus trabajos y sudores, y sobre la 
flaqueza que habian cobrado de la vida triste y hambrienta y 
malaventurada que habian padecido, es manifiesto que jun- 
tallos en pueblos, traídos, de unas partes á otras, no era otra 
cosa sino matallos, y asi fué, que al cabo, por éstos caminos, 
los acabaron. No estaban ya los indios, pocos que habia, para 
andar con ellos jugando, de una tierra ó provincia á otra 
mudándolos; el verdadero remedio, no era otro sino dejallos 
en sus propias y nativas tierras y poblezuelos que tenian , por 
pocos que fuesen, y dalles toda libertad, que supiesen que no 
habian de servir ya más á españoles, y de cuando en cuando 
visitallos los religiosos para doctrinallos, y que asi como co- 
nejos tornasen á multiplicarse. Cuanto á su comida, no tenian 
necesidad de que, para sembrar y coger los fructos de la tier- 
ra necesarios, los aguciasen, como falsísimamente los españoles 
los infamaron, diciendo que de perezosos y por no trabajar 
se dejaban morir de hambre ; que sea falsísimo testimonio pa- 
rece á la clara, porque hallando como hallamos estas tan in- 
finitas gentes tan multiplicadas y tan llenos sus campos y 
sus tierras de labranzas y cotnida, con que infinita! veces nos 
mataron la hambre, no tuvieron necesidad de que nosotros 
fuésemos á mostralles ni á indocilles á#labrar sus haciendas, 
tampoco la tenian agora, sino que ellos estuviesen ciertos que 
habian de gozar de su libertad, y sus trabajos no se los habian 
de gozar sus capitales enemigos que tan inhumanamente los 
babian raido de la «haz de la tierra: y por no tener expe- 
riencia los predicadores del Rey, cuanta era menester, no 
pudieron caer en dar remedio á ésto. Por esta misma causa 
se les pasó por alto ó por bajo no advertir en qué decir é 



DE LAS INDIAS. '^^ 



dar por consejo, como remedio, que la mitad del año echasen 
los indios á las minas, era aconsejar que los espusiesen á 
la muerte, como aquello hobiese sido la potísima causa de 
su acabamiento; porque poco ganaban los indios que mu- 
riesen en las minas, cogiendo oro para sí ó para los que los ^ 
oprimian, habiendo al cabo de morir, como era cierto, ma- 
yormente quedando tan adelgazados en la substancia, sin 
fuerzas y ser humano, de la vida que habían padecido más 
que infernal. ítem, cerca de lo que dicen los predicadores en 
el susodicho parecer que dieron al Consejo, que el Goberna- 
dor que los gobernase los industriase en plantar viñas y huer- 
tas, y azúcares y otras cosas útiles, decimos que no había lugar 
en gente tan deshecha y flaca, y poca y atormentada, tampoco 
como echallos á las minas, ni aunque fueran muchos más, 
porque no se había de entender ni estudiar en otra cosa, por 
los que los habían de remediar, sino en dalles huelga y des- 
canso, y manera que multiplicando se reformasen. ítem, aun- 
que hobiera gran número dellos, no les convenia luego indu- 
cillos á que plantasen viñas y huertas y azúcares, porque 
primero se deshicieran que acabaran de gozar de los fructos 
dellos, ni luego les son proporcionables las tales granjerias, 
sino las suyas, que son de pocos trabajos y no de mucho 
cuidado. En ellas habían de entender, el mucho tiempo an- 
dando, muy despacio y que ellos mismos á ellas re aficionasen, 
como se ha hecho en la Nueva España; porque en la verdad, 
si estas gentes fueran inducidas á tractar de las tales granje- 
rias de España, como sean de mucho trabajo y requieran 
mucho cuidado, y sin ellas tuviesen sus bastimentos en abun- 
dancia, tuviéranlo por violencia y coacción , y por consiguien- 
te fuérales triste y desagrable, y así, más daño y deformación 
y deshacimiento les sucediera, que provecho ni remedio ó 
reformación. Finalmente, la intención de los dichos predica- 
dores, y la obra y parecer que dieron al Consejo fué justo y 
santo, y si ellos tuvieran experiencia do las miserias y des- 
órdenes destas tierras, y modos con que fueron afligidas y 
asoladas las gentes dellas, muy más y mejor, obviando á todos 



"78 HISTORIA 

Ó á los más inconvenientes, lo hicieran. Dado, pues, el dicho 
parecer al Consejo, estimando que el Consejo pusiera el re- 
medio necesario, como mostraba querer, quedaron satisfechos, 
ó al menos parecióles que habían cumplido para con Dios con 
lo que habian hecho y quedar libres del juramento. 



DE LAS INDIAS. 



CAPITULO CXXXYIII. 



79 



El clérigo Bartolomé de las Casas no dejaba de solicitar al 
Gran Chanciller y á los flamencos que lo favorecían, contra el 
Obispo y el Consejo, teniendo por cierto que los predicadores 
habian de sacar poco efecto del, y por consiguiente, como 
quedaban tan enteros por haber hecho callar á los predica- 
dores del Rey, pornian más resistencia para que el negocio 
del Clérigo, de que no entrasen españoles, más de frailes y 
los 50 que él metiese para la predicación en la tierra que ar- 
riba se dijo, no se concediese. Pasadas muchas cosas, resis- 
tiendo el Obispo, principalmente, y el Consejo, y quejándose 
dellos el Clérigo al Gran Chanciller y á los caballeros y letra- 
dos flamencos , que eran del Consejo de Estado y de los Esta- 
dos de Flandes, que todos favorescian y ayudaban con todas 
sus fuerzas al Clérigo, porque les parecía que lo que pretendía 
y defendía era fundado en razón, según las reglas de Cristo, 
con éste gran favor que el Clérigo tener sentía, y aún tam- 
bién porque aunque no hablaba al Rey porque no tenia 
necesidad dello, constábale que el Rey lo queria bien y nom- 
braba por su nombre diciendo, micer Bartolomé cuando 
del hablaba (porque así llamaban los flamencos «Mícer» á 
los clérigos), y ésto era por el mucho bien que todos los 
que estaban cerca del Rey decían del, mayormente Mosior 
de Laxao, que era el mayor privado que el Rey tenía, de- 
terminó de abiertamente recusar, como á manifiestos con- 
trarios y apasionados, á todos los del Consejo de las In- 
dias, en especial al obispo de Burgos , que era el que siempre 
le contradijo y resistió, como el que más autoridad siempre 
tuvo, aunque muchas veces la perdió ínterpoladamente por 
la diligencia del Clérigo. Allegaba contra ellos, mayormente 
contra el Obispo, la mala y pésima gobernación de las Indias 



80 HISTORIA 

que habían puesto, y probábala con la perdición y asola- 
miento desta isla Española y las muchas comarcanas, y aquel 
gran pedazo de tierra firme que tenia cargo de asolar Pedra- 
das, y también que habían tenido muchos indios en estas 
islas, estando ellos en España, que sus mayordomos y hace- 
dores habia muerto por envialles á ellos oro, los cuales les 
hizo quitar el Clérigo, como arriba queda explicado; y otras 
cosas cuantas el Clérigo podía, con verdad, decir contra ellos 
muy abierta é intrépidamente, como lo pudiera decir de 
cualesquiera personas de poco estado y autoridad que fueran. 
Llegaba todo ésto cada hora á noticia del Rey, porque todos 
los que ayudaban al Clérigo eran sus privados, y los más 
propincuos y continos en su servicio, como dicho es; final- 
mente, dando y tomando, como dicen, muchos días, impug- 
nando de la dicha manera al Consejo el Clérigo, determinó 
el Rey, por parecer del Gran Chanciller y de los de su Con- 
sejo, flamencos, que para entender y tractar y determinar el 
negocio del Clérigo, y como cuasi jueces entre el Consejo y 
él, el mismo Clérigo nombrase personas de los Consejos del 
Rey, cuales él quisiese. Asi el Rey se lo envió á decir é man- 
dar con Mosior de Laxao, y el Clérigo así con mucha alegría 
lo hizo. Nombró á D. Juan Manuel , el que fué muy privado 
del rey D. Felipe, padre del emperador D. Carlos, y á don 
Alonso Tellez, hermano del marqués de Villena, el viejo, 
hijos de D. Juan Pacheco, que floreció en tiempo del rey don 
Enrique IV, de éste nombre. Estos dos caballeros , D. Juan Ma- 
nuel y D. Alonso Tellez fueron de los más prudentes que habia 
en aquel tiempo en aquellos reinos, y eran del Consejo del 
Estado y de la Guerra. El tercero fué don fulano Manrique, mar- 
qués de Aguilar de Campo, del Consejo del Estado y Guerra, y 
cazador mayor del Rey. Nombró también al licenciado Vargas, 
que fué muchos años, en tiempos de los Reyes Católicos de 
gloriosa memoria, general tesorero de la hacienda del Rey. 
Este también fué hombre prudentísimo y muy experimentado 
y de los Consejos del Rey. Nombró también á todos los fla- 
mencos que eran de Consejo , y el Rey mandó que no sólo los 



nV. LAS INDIAS. 81 

que el Clérigo habla nombrado, pero que todos los de los 
otros Consejos, como los del de la Guerra, y de la Inquisición 
y del de Flandes, al tractar del negocio de micer Bartolomé 
se hallasen presentes, por lo cual hobo de entrar y hallarse al- 
gunas veces á ello el cardenal Adriano, que después fué Papa, 
y entonces Inquisidor mayor de España era; y asi, cada vez que 
dello se trataba, concurrían sobre 30 y 40 del Consejo. Esta fué 
una de las señaladas cosas que acaescieron en España, que 
un Clérigo harto pobre, y sin renta ni persona que le ayu- 
dase, y ningún favor adquirido por industria humana, sino 
sólo el que Dios le quiso dar, antes perseguido y abominado 
de todo el mundo, porque los españoles destas Indias habla- 
ban del como de quien, según ellos imaginaban, los destruia 
y con ellos á toda Castilla, hobiese tanto lugar con el Rey 
que se moviese á concederle que señalase personas de Con- 
sejo, como cuasi jueces sobre el Consejo que también era del 
Rey, y allegase á ser causa de todo lo que está referido y que 
más se dirá del. Y antes que pasemos adelante, parece será 
bien referir aquí lo que respondió el Clérigo á cierta persona 
que le increpó en ausencia, cuando supo que ofrecía dineros 
al Rey y que pedia las mercedes de suso dichas para los 50 
que habían de ir con él. Aunque de los españoles de las In- 
dias y de otros muchos que creian á aquellos era tenido por 
malo, ignorando que su negociación principal era mamparar 
á estas míseras gentes y estorbar que no pereciesen, muchas 
otras personas, y cuasi toda la corte y todos los que no les 
iba interese, sabiendo su final intención, lo loaban y tenían 
por bueno; entre aquellos era un licenciado Aguirre, del 
Consejo Real y también de la Inquisición, varón católico y 
siempre tenido por siervo de Dios, y de quien la reina doña 
Isabel fió el cumplimiento de su testamento, porque fué uno 
de sus testamentarios. Este quiso mucho al dicho Clérigo por 
la causa que pretendía universal, pero desque supo que pro- 
metía, como dije , rentas al Rey, y pedia mercedes para los 50, 
que parecía contratación profana, hablando un dia del dijo 
que le había desedificado aquella manera de proceder en 
Tomo V. q 



<.;2 I113T0UÍ,\ 

la predicación evangélica, porque mostraba pretender tem- 
poral interese, lo que nunca hasta entonces había sospechado 
del. Súpolo el Clérigo, y dijo: «Señor, si viésedes á nuestro 
Señor Jesucristo maltratar, poniendo las manos en el y alli- 
"iéndolo y denostándolo con muchos vituperios, ¿no roga- 
ríades con mucha instancia y con todas vuestras fuerzas que 
os lo diesen para lo adorar, y servir, y regalar, y hacer con el 
todo lo que como verdadero cristiano debriades de hacer?» res- 
pondió: «si, por cierto.» «Y si no os lo quisiesen dar gracio- 
samente sino vendéroslo, ¿no lo comprariades?» «s.n alguna 
duda dijo él, si compraría.» Añidió luego el Clérigo: «Pues 
de esa manera, señor, he hecho yo, porque yo dejo en las Indias 
á Jesucristo, nuestro Dios, azotándolo, y afligiéndolo, y abo- 
feteándolo y crucificándolo, no una, sino millares de veces, 
cuanto es de parte de los españoles que asuelan y destruyen 
¿quellas gentes, y les quitan el espacio de su conversión y 
penitencia, quitándoles la vida antes de tiempo, y asi mueren 
sin fe y sin sacramentos ; he rogado y suplicado muy mu- 
chas veces al Consejo del Rey que las remedien y les qmten 
los impedimentos de su salvación, que son tenellos tos espa- 
ñoles en captiverio á los que tienen ya repartidos, y a los que 
aun no, que no consientan ir españoles á cierta parte de tier- 
ra firme donde los religiosos, siervos de Dios, han comen- 
zado á predicar el Evangelio, y los españoles que por aquella 
tierra van, con sus violencias y malos ejemplos, los impiden y 
hacen blasfemar el nombre de Cristo : hánrne respondido que 
no ha lugar, porque sería tener la tierra ocupada los frailes 
sin que della tuviese renta el Rey. Desque vi que me querían 
vender el Evangelio, y por consiguiente á Cristo, y lo azota- 
ban y abofeteaban y crucificaban, acordé comprarlo, propo- 
niendo muchos bienes, rentas y riquezas temporales para el 
Rey de la manera que vuestra merced habrá oidv).» Quedo 
desto aquel señor y todos los que lo supieron muy satisfe- 
chos, y desde adelante tuvieron al Clérigo en mejor reputa- 
ción que hasta allí, loando su industria y celo. 



\)K LAS INDIAS. 83 



CAPITULO CXXXIX. 



Señaladas por el Clérigo aquellas tan egregias personas, 
solicitaba al Gran Chanciller, como á cabeza de todos los Con- 
sejos del Rey, que mandase juntar Consejo para tractar de 
aquel negocio, y así se juntó muchas veces, aunque de tarde 
en tarde porque las ocupaciones eran entonces muy grandes 
y espesas por las Cortes de aquellos reinos que se celebraban, 
en especial las de Cataluña, y muchas cosas importantísimas 
que estaban represadas, como el Rey comenzase entonces á 
reinar; y porque el obispo de Burgos rescibió por grande 
afrenta que el Clérigo hobiese nombrado á tales y tantas per- 
sonas, y quizá dellas algunas á él no muy agradables, to- 
das las veces que le llamaban para consejo de cosas de Indias, 
mayormente las del negocio del Clérigo, no quería venir, ex- 
cusándose con decir que no estaba bien dispuesto, y otras 
colores finjidas cuantas podia tener. Desque el Gran Chanciller 
y los flamencos comenzaron á entender que el Obispo rehu- 
saba hallarse en aquellos Consejos, usaba desta industria que 
mandaba que lo llamasen á Consejo no diciendo para qué, y 
él creyendo que era para Consejo de guerra, que entonces 
eran los Consejos de guerra frecuentes, ó de Estado, que 
también era dellos, venía, y cuando via proponer de la ma- 
teria de Indias, y en especial de la de micer Bartolomé, ha- 
llábase burlado y rabiaba, y como no era muy paciente luego 
lo mostraba bien. Allí todo era angustias y hieles que bebía 
viéndose entre tantas y tales personas, porque, como dije, se 
juntaban cuasi todos los Consejos del Rey sobre treinta y cua- 
renta de Consejo, de todos los cuales sabia que ninguno habia 
de seguir ni aprobar su parecer, mayormente de los cuatro 
señalados por el Clérigo y de los flamencos, sino eran los tres 



g^ HISTORIA 

ó cuatro que tractaban con él las cosas de las Indias, ó se 
llamaban del Consejo de las Indias, que eran la parte recusada 
como dicho es; y como los flamencos y las otras personas que 
favorecían al Clérigo tractaban cada hora con el Rey cuando 
el Obispo se hallaba presente ante el Rey, aun fuera de Con^- 
seio luéso de industria, algunos dellos, metian la platica de 
las Indias para provocarlo á que hablase algo, por le res.stir 
delante el Rey; él, como era sabio, callaba, y lo mejor que 
podia sallase, hecha su mesura y reverencia al Rey. Andaba, 
finalmente, corrido en aquellos dias, cada y cuando que en 
Consejo ó fuera del , juntos los susodichos, se moviese matena 
de las Indias, y por este disfavor, que le fué grandisimo^ya 
no venia á palacio sin su hermano Antonio de Fonseca. Este 
Antonio de Fonseca, como arriba dijimos algo del, fue una 
de las señaladas personas de aquellos reinos de Castilla; era 
muy sabio y muv prudente y virtuoso caballero, y de grande 
autoridad en su persona, Contador mayor de Castilla y muy 
privado y estimado de los católicos Reyes, y á quien la rema 
católica Doña Isabel concedió, por especial privilegio, que sin 
tener titulo le llamasen señoría. Y puesto que el Obispo su her- 
mano, no fué menos privado de los dichos Reyes ni le faltase 
autoridad y saber para no perder un quilate della, pero, como 
eran pocos con él y tantos contra él. traía á su hermano con- 
sigo para en las disputas y pareceres ayudarse del contra 
ellos. Hobo mucho ayuntamientos y consejos, entrando en 
ellos las personas de los Consejos que arriba se han dicho, 
cerca del negocio del Clérigo (que era como particular pues o 
que con ello se traclaba lo universal, conviene a saber, la 
libertad de los indios y remedio de todas las Indias, porque 
lo uno de lo otro dependía), en los cuales ayuntamientos el 
Obispo V sus compañeros del Consejo de las Indias resistían 
lo que podían, para que al Clérigo la exención de aquella 
tierra no se concediese, dando sus razones harto vanas y bien 
frivolas. Entraba el Clérigo en ellos algunas veces, y declara- 
ba muchas dudas que cuantos allí entraban no sabían, ma- 
yormente lo que tocaba al hecho, y muchas también tocantes 



DE LAS INDIAS. * 85 

al derecho, tomando el Evangelio de Cristo por guia, como en 
todos hobiese poca ó ninguna teología, sino era el obispo de 
Badajoz fulano de la Mota, natural de Burgos, que era teólogo 
y fué predicador de los Reyes católicos y era de los princi- 
pales del Consejo del Rey, y que habia traído consigo desde 
Flandes, y en cuyas manos estaban cuasi todos los negocios 
tocantes á Castilla; éste también sentia favorablemente de los 
negocios y intención del Clérigo. Después de muchas veces 
en los ayuntamientos dichos platicado sobre el negocio del 
Clérigo, y resistido por el Obispo y los del Consojo de las In- 
dias, y vistas por los demás su pertinacia y apasionada y aún 
impía resistencia, determinóse por el Gran Chanciller y por 
toda la multitud de los demás de los Consejos que allí entra- 
ban, que al Clérigo se concediese todo lo que pedia con todo 
el favor necesario para que las gentes de aquella tierra, me- 
diante la solicitud y trabajos y predicación de los religiosos 
que consigo habia de meter, viniesen al conocimiento de su 
Criador. Mandáronse y comenzáronse á hacer la capitulación 
y las provisiones para el cumplimiento della necesarias, 
y, estándose haciendo, el Clérigo pensaba ya que habían sus 
trabajos de la corte acabado, pero el Obispo, como quedase 
desta determinación y provisión muy corrido y afrentado, 
que tanto él habia impugnado, no descansó ni dejó descan- 
sar al Clérigo, antes conmovió contra él á todos los españoles, 
procuradores destas islas y de tierra firme, que á la sazón 
estaban en Barcelona, para que se opusiesen y contradijesen 
la dicha provisión, y así el Clérigo fuese repelido della y se 
consiguiese lo que el Obispo pretendía. Ordenólo desta ma- 
nera, que como por aquellos días hobiese llegado de tierra 
firme Gonzalo Hernández de Oviedo, que habia ido por Yeedor 
del Rey (como arriba, hablando de la ida de Pedrárias á tier- 
ra firme, se dijo, al cual habia proveído de aquel oficio el 
mismo Obispo, y éste era muy bien hablado, parlador, y que 
sabia muy bien encarecer lo que quería persuadir, é uno de 
los mayores enemigos que los indios han tenido y que mayo- 
res daños les ha hecho, como se dirá, porque más ciego que 



otro en no cognoscer la verdad, quizá por mayor cudicia y 
ambición, cualidades y hábitos que han destruido estas In- 
dias), á éste movió primero el Obispo, enviándolo con cierto 
criado del mismo Gran Chanciller, al cual dijo: «Decid al 
señor Gran Chanciller, que este hidalgo, criado del Rey, que 
viene agora de las Indias, le informará muy bien de aquella 
tierra firme,» para que le dijese é informase cuanto engaño, 
según él estimaba, rescibia con el Clérigo, dando crédito á sus 
falsedades, y que él, como oficial del Rey, que llegaba enton- 
ces de tierra firme, le avisaba no ser verdad lo que el Clérigo 
decia, y que aquella empresa que tomaba era en gran deser- 
vicio del Rey y en daño de sus rentas reales, y que desto daria 
suficiente información con muchos españoles que en la corte 
habia, que todos juntos se ofrecerían á servir al Rey con 
muchas más rentas y provechos que el Clérigo daba, y, final- 
mente, le dijo cuanto él pudo, para convencelle á desaficio- 
nallo del Clérigo y disuadille la provisión y negocio que se 
le habia concedido. Esta contradicción oida por el Gran 
Chanciller, no mucho fué de su propósito movido, porque ya 
él habia la pasión del Obispo entendido, y la malicia de los 
que contra el Clérigo decian, antes pareció confirmarse en 
el amor y favor del Clérigo desque oyó decir á Gonzalo 
Hernández de Oviedo, que los españoles se ofrecerían á dar 
mucha más renta al Rey en la misma tierra. Salido de allí 
Oviedo, tracta con otros dos ó tres, el Procurador desta isla, 
llamado el licenciado Serrano y otros, de dar peticiones con- 
tra el Clérigo, y repartir entre sí la tierra que se habia dado 
al Clérigo: el uno pidió cien leguas della y que daria 60.000 
ducados de renta al Rey, dentro del término que el Clérigo 
ofrecía los 30.000; el otro pidió que le diesen otras 100 y 
que se ofrecía á dar otros; y otro, de la misma manera, si le 
diesen otras 100, y creo que no fueron más de tres. Esto 
propusieron ante el Consejo de las Indias, porque allí todo 
su bien y favor tenían; dase parte luego al Gran Chanciller y 
también al Rey y hacen parar el negocio del Clérigo. Manda el 
Rey juntar los Consejos, que habían determinado que se con- 



I;ls LAS INDIAS 



87 



cediese la tierra, como dicho es, al Clérigo; quedan espan- 
tados todos ellos, de las mañas y perseverancia, ó, por 
mejor decir, la obstinación del Obispo, porque bien vian qu^ 
del todo aquello principalmente procedia, y también de su 
Consejo de las Indias. Tratan dello, llaman al Clérigo, torna 
á renovar las tiranías que en estas tierras se cometian por la 
mala gobernación del Obispo y de su compañía , porque para 
dar razón de cómo convenia que aquella tierra fuese entre- 
dicha, que no entrasen todos los españoles que quisiesen, y 
cuando quisiesen, sino por contadero , como dicen, parala 
conversión de aquellas gentes, érale necesario referir los es- 
cándalos y matanzas y crueldades que se habían hecho en 
estas Indias y las que se hacían actualmente en la tierra, y los 
impedimentos que por ellas y por las tiránicas encomiendas 
venían á la fe y á la salvación dellas, y todo ésto era para el 
Obispo y su Consejo angustias y tormentos terribles. Hízose 
una junta, entre otras, de todos los susodichos que solían jun- 
tarse coHíO es dicho, donde llamaron al Clérigo, y puesto en 
medio de tanta notable docta é ilustre gente, donde tenia ene- 
migos y amigos, los enemigos, que eran el Obispo y los de su 
Consejo, como sentían tener allí el Clérigo más de su parte que 
ellos, porque ellos ninguno, fuera de sí mismos, tenían, esta- 
ban muy moderados y apenas hablaban en cosa salvo que 
oian, pero los amigos, que eran toda la multitud de los de los 
otros Consejos, ó por saber y satisfacerse bien de la razón y 
justicia del Clérigo, que ellos siempre defendían, ó por picalle, 
para que dijese contra el mal gobierno que el Obispo y los 
demás habían tenido y puesto en estas Indias, poníanle muchos 
y recios argumentos y dudas muchas que le movían. Era cosa 
de ver cómo á cada uno y á todos respondia y satisfacía, siem- 
pre volviendo por sí, y defendiendo los indios, y culpando las 
injusticias y daños inrreparables que se les hacían, y modos 
de la muerte de tan infinitos dellos, é impedimentos de su 
salvación que en estas tierras se habían introducido; y como 
el Obispo y todos sus compañeros callaban, y aunque todo 
era decir contra ellos no respondían, pareció á Antonio de 



88 HISTORIA 

Fonseca, hermano del Obispo, de responder al Clérigo y dijo 
asi: «Señor padre, ya no podéis decir que estos señores del 
Consejo de las Indias han muerto los indios, pues ya les qui- 
tastes cuantos tenian.» Respondió el Clérigo muy de presto y 
con gran libertad: -«Señor, sus señorías y mercedes no han 
muerto todos los Indios, puesto que han muerto muchos é 
infinitos cuando los tenian, pero la mortandad grande y prin- 
cipal los españoles particulares la han hecho y cometido, 
á la cual ayudaron sus señorías.» Quedó Antonio de Fonseca, 
como pasmado , y todos los de la congregación admirados, 
mirándose unos á otros, y algunos como mofando sonrién- 
dose. El Obispo, viéndose afrentatísimo y como muy libre, 
parándose colorado como una llama, aunque verde y negro 
de su naturaleza, muy turbado dijo: «Bien librado está el 
que es del Consejo del Rey, si siendo del Consejo del Rey ha 
de venir á ponerse en pleito con Casas.» Respondió el clérigo 
Casas, muy súbito y con su acostumbrada libertad: «Mejor 
librado, señor, está Casas, que habiendo venido da las Indias, 
2.000 leguas de distancia, con tan grandes riesgos y peligros, 
para avisar al Rey y á su Consejo que no se vayan á los in- 
fiernos por las tiranías y destrucciones de gentes y reinos que 
se cometen en las Indias, en lugar de se lo agradecer y hacelle 
mercedes por ello , que se haya de poner en pleito con el 
Consejo.» Si de la respuesta que el Clérigo dio á Antonio de 
Fonseca toda la congregación quedó admirada y muy con- 
tenta, mucho más de la segunda que dio al Obispo; ésta fué 
la suma angustia, turbación y confusión que el Obispo resci- 
bió, aunque otras muchas de antes habia rescibido desde el 
tiempo del Cardenal, como ha parecido arriba, de que el 
Clérigo habia sido causa. Pero aún otra se le estaba apare- 
jando mayor, por el perseverar en querer abatir al Clérigo, 
por quien parecía que Dios peleaba, como quiera que no 
pretendiese sino verdad y justicia y defender que no pere- 
ciese la mayor parte del linaje humano. Finalmente, oída y 
vista la confusión del Obispo y de los demás á quien to- 
caba, aunque callaban, mandó el Gran Chanciller salir al 



DK LAS INDIAS. 89 

Clérigo, y, salido, tractando de todo, votaron en favor del 
Clérigo cuantos allí sin pasión estaban. Fué á la noche á ver 
al Gran Chanciller el Clérigo, y entre otras cosas dijole el 
Gran Chanciller, que era muy modesto y humano, «el señor 
Obispo mucha cólera tiene, placerá á Dios que éste negocio 
habrá buen íin.» Donde pareció haberle parecido mal lo que el 
Obispo habia dicho en la congregación, y bien lo que el Clé- 
rigo le habia respondido, de que quedó humillado aunque no 
humilde , sin quizá. 



90 



UISTOUIA 



CAPITULO CXL. 



Salido de allí el Obispo, como rabiando, ó que dé! sólo 
saliese, ó todo el Consejo de las Indias lo inventase, al menos 
ésto fué cierto, que todos con el Obispo lo determinaron y 
ordenaron: cogieron de las peticiones que los españoles que 
en la corte se hallaron contra el Clérigo habian presentado, y 
de otras cosas que inquirieron y preguntaron de todos los 
que hallaban que pudiesen decir contra el Clérigo algo, y 
otras más que fingieron ellos mismos, hasta treinta razones ó 
artículos é inconvenientes que asignaban , por los cuales 
querían probar al Rey que por ninguna manera convenia á 
su servicio que el Clérigo aquella empresa llevase, antes re- 
vocarle todo lo que se le había concedido era muy necesa- 
rio; haciéndose todo el mismo Consejo parte sin advertir 
cuánto perdía de su autoridad y cuan clara su pasión y ce- 
guedad mostraba, y aun con cuánta razón, si el Rey fuera 
viejo como era mozo y tan nuevo en el reinar, pudiera y 
debiera de su Consejo y de todos los oficios que tenían pri- 
varlos y desecharlos. Las treinta razones ó ^artículos é incon- 
venientes que contra el Clérigo articularon, fuera cosa digna 
de ponellas aquí, para que se viera la ceguedad de aquel re- 
verendísimo Obispo y de su compaña, poro mucho más dignas 
de ser vistas y notadas las respuestas ó excepciones que el 
Clérigo contra ellos hizo, pero no pensando que llegara este 
tiempo y sazón que agora Dios ha dado de escribir las cosas 
en aquella edad pasadas, como cosa ya no necesaria, y que 
no parecía ser menester para algo, se quemaron más há de 
cuarenta años; de algunas se hará mención si nos acordáre- 
mos. La primera fué, que era clérigo y el Rey no tenia ju- 
risdicción sobre él, y podía robar la tierra y hacer otros deli- 



'(K I.AS ¡N!)!AS. 91 



tos, sin temer juicio ni pena, bien á su salvo. La segunda 
fué, que habia sido escandaloso en la isla do Cuba donde 
habia morado. La tercera , que se concertaria ó podria con- 
certarse con ginoveses ó venecianos, y huirse allá con los te- • 
soros que allí robase. Creo que fué otra, que habia engañado 
al cardenal don fray Francisco Ximenez, y que no habia 
hecho caso del. Otras muchas pusieron que justiQcaban ó 
ejecutaban las tiranías que acá sehacian, en especial las que 
Pedrárias hacia en el Darien , y que mostraban , según ellos 
creían, no haber perdido rentas el Rey por su mal gobierno, 
como el Clérigo decía. La postrera de todas, que fué la trigé- 
sima, decia así: «Lo trigésimo, por otras muchas cosas secre- 
tas que diremos á Vuestra Alteza, cuando fuere servido de nos 
oir.» Y ésto es cierto, que todas treinta eran tales que si él 
mismo las hiciera, con toda cuanta industria pudiera ha- 
cerlas, para darse á sí^mismo ocasión de descubrir todos los 
defectos dellos, y convencellos de la pésima gobernación que 
habian puesto en estas tierras, por cuya causa perecían y 
habian perecido tan inmensas gentes, mayormente al Obispo 
que desde su principio las habia gobernado , y por mejor 
decir, desgobernado y destruido por no haber hecho aclarar 
más la verdad por letrados ( porque él letrado no era), pues que 
por aquel camino de conquistas y encomiendas, todas aques- 
tas gentes se consumían (aunque no sé si por el tiempo pa- 
sado, antes que el Clérigo viniese y hiciese manifiesta de- 
mostración de ser todo lo de acá tiránico, y contra justicia 
divina y natural , por los ayuntamientos de letrados que en 
tiempos del Rey católico se hicieron, el Obispo, por no ser 
letrado, como dije, fué excusado, porque después que el 
Clérigo vino, y especialmente habiendo dado el parecer que 
'dieron los predicadores del Rey, manifiesto es, que ni el 
Obispo ni los de su Consejo fueron excusados, mayormente 
con tanta pertinacia, pasión y obstinación, resistiendo á nego- 
cio que todos los Consejos aprobaban); así que, digo, que 
todos los artículos y capítulos que en el Consejo al Rey contra 
el Clérigo dieron, fueron tales, que si el mismo Clérigo los 



92 HISTORIA 

hiciera industriosamente, para, respondiendo á ellos, los con- 
vencer y confundir, no los hiciera ni deseara hacer mejores, 
ni para prueba de su verdad más convenientes y eficaces. 
Estuvieron en inventar y hacer los dichos capítulos cerca de 
tres meses, ó al menos entretenian al Gran Chanciller, que 
deseaba concluir aquel negocio, todo aquel tiempo, diciendo 
que tenian cosas de importancia y de servicio del Rey para 
le dar, por lo cual el Gran Chanciller no convocaba Consejo; 
por ventura, de industria lo dilataban, como hacen los que 
tienen mal juego, para que de cansado ó aburrido desmayase 
y dejase el negocio el Clérigo. Desque tuvieron aparejados 
sus treinta capítulos contra el Clérigo, dice el Obispo al Gran 
Chanciller que mande juntar la congregación, porque el Con- 
sejo de las Indias queria presentar ciertas relaciones que 
convenían mucho al servicio del Rey, y tuvieron forma, ó el 
mismo Obispo inmediatamente, ó el Gran Chanciller, que 
suplicasen al cardenal Adriano se hallase presente; y porque 
en las congregaciones que se hacían solían llamar al Clérigo 
para que hablase según el artículo y materia de que se trac- 
taba, en aquella no le llamaron, de lo cual el Clérigo quedó 
harto sospechoso no hobiese el Obispo urdido algo. Entraron, 
pues, en su congregación todos los señores arriba nombrados, 
que eran muchos, y los del Consejo de las Indias, y más el 
Cardenal, como dijimos, Adriano, donde se leyeron muy des- 
pacio y á sabor del Obispo los treinta capítulos y objecciones 
contra el Clérigo, en hartos pliegos de papel, que todas se en- 
derezaban á derogar el autoridad y crédito que se habia dado 
y daba por el Gran Chanciller y por todos los demás al Clé- 
rigo, porque como hombre defectuoso y que excedía, en lo 
que de los males y daños que padecían estas gentes y des- 
truicion de estas tierras afirmaba, los términos de la verdad, 
el negocio que le fiaban le quitasen y de su persona no hi- 
ciesen caso. Leídos y platicado sobre ellos mucho espacio de 
tiempo, excusando los unos al Clérigo y acusando los otros, 
según se creyó, al cabo saliéronse, y á la salida, viendo el 
Cardenal al Clérigo, díjole riéndose: Oportet responder e,.mQ- 



DH LAS INDIAS. ^^ 



nester es que respondáis. Fué á la noche á hablar al Gran 
Chanciller, y dióle á entender lo mismo, no diciéndole lo que 
contenían los capítulos. Mandó el Gran Chanciller al secreta- 
rio Cobos que le trújese aquellos capítulos, que los quería 
ver despacio; Cobos, por contentar ó no descontentar al 
obispo de Burgos, que era muy suyo, ni al Consejo de las In- 
dias, porque viniesen á noticia del Clérigo, porque bien sos- 
pechaban que no le habia de faltar qué decir dellos en su de- 
fensa, rehusó muy mucho de darlos al Gran Chanciller; mu- 
chas veces le mandaba que se los llevase, y no le faltaban 
excusas, un día que no estaban trasladados, otras, las espesas 
ocupaciones, que habia muchas, y otras que no le faltaban; y 
en ésto pasaron dos meses y quizá más. El Clérigo daba 
cada dia priesa al Gran Chanciller, que su señoría determi- 
nase aquel negocio, y no diese lugar á tan maliciosa dilación, 
y que si algo le restaba de decir ó responder, que mandase 
dalle copia de lo contrario y que respondería, etc. Final- 
mente, algún dia, con alguna acrimonia aunque era modes- 
tísimo,' el Gran Chanciller mandó á Cobos que luego le llevase 
aquellos capítulos, y que no hiciese otra cosa, y así lo hizo; 
y cuando se los dio pidióle la fe que no saldrían de su poder. 
Donde parece el temor que tenian al Clérigo, y cómo rehusaban 
que sus obras viniesen á la lumbre, porque no fuesen argüi- 
das de malas como lo eran; bien tenian entendido, que sí á 
noticia del Clérigo los capítulos venían, que habia de lasti- 
marlos en las respuestas que hiciese. Desque tuvo el Gran 
Chanciller los capítulos en su poder dijo al Clérigo, que de 
comino lo acompañaba , que se viniese á comer con él , lo cual 
algunas veces el Clérigo hacia; habiendo comido, el Gran Chan- 
ciller mete al Clérigo consigo en su cámara, y creo que aquel 
dia convidó el Gran Chanciller á comer á Mosior de Laxao, que 
era el que mucho favorecía al Clérigo, para que se hallase pre- 
sente por dalle placer, y solíalo hacer así las veces que habia 
que tractar de los negocios del Clérigo. Dentro en la cámara 
del Gran Chanciller sentados, saca el Gran Chanciller un buen 
cuaderno de su escritorio y dice al Clérigo: «Responded agora 



94 11 1 SI (lüi A 

á estos inconvenientes y cosas que se dicen contra vos.» Res- 
pondió: «¿Cónoo, señor, estuvieron tres meses ellos forjándolos 
y haciéndolos, y después de leídos á su placer há dos meses 
que vuestra señoría no puede sacallos dellos , y tengo yo de 
responder agora en un credo? démelos vuestra señoría á mí 
cinco horas, y verá qué respondo.» Dijo el Gran Chanciller: 
«No, porque me han tomado la fe...» Acudió el Clérigo luego: 
«¿que no los viese yo?» Dijo: «no, aunque bien creo que no 
querrían ellos que losviésedes vos, sino que no saliesen de mi 
poder.» Entonces, dijo el Clérigo, aunque no se me dé más 
tiempo del presente, comience vuestra señoría, que yo res- 
ponderé á cada uno de los capítulos. Comenzando el Gran 
Chanciller el primero capítulo, que porque era Clérigo y el 
Rey no tenia jurisdicción sobre él, y él respondió que daría 
fianzas llanas y abonadas de 20 y 30.000 ducados, que lo 
fiasen de la haz, que cada y cuando el Rey lo enviase á lla- 
mar parecería ante él, donde se proveía también al tercer 
capítulo que decia que se huiría á Venecia ó Genova, entró 
uno de la cámara que llamó al Gran Chanciller, que fuese á 
palacio que lo llamaba el Rey, cesando por entonces lo que 
se leía y respondía; dijo el Gran Chanciller al Clérigo que 
se volviese á la noche á él desque tornase de palacio. 



DE LAS INDIAS. 



95 



CAPITULO CXLI. 



Vuelto el Gran Chanciller de palacio y el Clérigo con él, 
mandóle poner una mesa dentro en su cámara con papel y es- 
cribanía, y díjole; «ved todas esas objecciones que os ponen, 
y responded á ellas, y no digáis que las visteis sino que se os 
propusieron de partes del Rey, por manera de preguntas y 
dudas.» El Clérigo se gozó en grandísima manera, y rescibió 
por gran merced lo que el Gran Chanciller hacia con él en 
ésto, pero pidióle licencia para poder decir con verdad todo 
aquello que para su defensa conviniese, aunque lastimase á 
los que con malicia los dichos capítulos le oponían, que eran 
el Obispo y los del Consejo de las Indias; el Gran Chanciller 
le dio licencia larga que dijese y escribiese todo lo que quisie- 
se. Comenzó á leer y á responder desta manera, cogía la sen- 
tencia de cada capítulo en un renglón ó dos, diciendo «á la 
primera pregunta que Vuestra Alteza me mandó preguntar que 
contiene ésto y ésto, etc., digo ésto y ésto y ésto,» etc.,y á cada 
una dellas respondía, no avara sino larga y copiosamente, según 
la materia que cada una requería; estuvo cuatro noches en 
ésto, cada noche hasta las once y doce de la noche, leyendo y 
respondiendo, en presencia todo del Gran Chanciller, que estaba 
junto en su escriptorio entendiendo en sus negocios. Llegada 
la hora comunmente de las once, traíanle colación, porque 
nunca jamás cenaba, y hacia que hiciese colación con él el 
Clérigo, y hecha, eran ya las doce cuando el Clérigo se iba á 
dormir á su posada, no sin algún temor de lo que pudiera 
proceder de tan poderosos enemigos. Cuanto al primero ca- 
pítulo de ser Clérigo, ofrecióse á dar fianzas de la haz, como 
se dijo, porque el marqués de Aguilar se le ofreció sin él pe- 
dírselo, que lo fiaría en 20 y 30.000 ducados. Cuanto á la 



96 llISTOKIA 

segunda objeccion, que habia sido escandaloso, etc., respondió 
presentando la probanza que habia hecho en la isla de Cuba 
cuando determinó ir á la corte, proveyéndose contra lo que 
contra él se pedia levantar, conociendo que se ponia en con- 
tienda contra todo el mundo, en que habia de ser odiosísimo, 
en la cual probó como habia estado en aquella isla muchos 
años desde su descubrimiento, y habia asegurado toda la 
mayor parte della, y que habia servido muy mucho á Dios y 
al Rey, ejercitando su oficio, predicando y administrando los 
sanctos Sacramentos á los españoles é indios, con muy buenos 
ejemplos, de la cual hicimos mención arriba en el cap. 81. 
Esta guardó, sin saber para qué, cinco años, y hóbola agora 
bien menester. A la otra , que decia que habia engañado al 
Cardenal y que no habia hecho caso del, satisfizo con pre- 
sentar el poder que le habia dado para dar consejo y parecer 
á los padres de Sant Hierónimo, y la provisión que le dio por 
la cual lo constituyó por universal procurador de todos los 
indios, y le asignó salario del Rey por ello. Otras objecciones 
que tocaban en contradecirle lo que afirmaba y encarecia de 
pérdidas de la hacienda del Rey, por la mala gobernación que 
el Obispo y los del Consejo, en especial en aquella tierra 
firme con la ida de Pedrárias, habian puesto, respondió tan 
largo y tan palpablemente contra ellos, que toda la con- 
gregación vido evidentemente quedar convencidos de culpa 
gravísima de tanta perdición, y de falsedad de lo que contra 
él habian fingido para que fuese tenido por inventor de false- 
dades, y de malicia grande, pues con tanta pertinacia y di- 
ligencia, cosas tan verdaderas y católicas le querian estorbar 
y contradecir; probóles que en seis años que Pedrárias co- 
menzó aquella tiránica empresa, el Rey habia gastado en su 
despacho en Sevilla 52 ó 54.000 ducados, y que después que 
llegó al Darien, que fué el año de 1514, hasta el año de 19, 
habia robado sobre un millón de oro, y poco creo que digo, 
y echado á los infiernos, sin fe y sin sacramentos, sobre más 
de 500.000 ánimas, y en todo aíjuel tiempo no habian envia- 
do al Rey un sólo castellano, sino fueron 3.000 castellanos 



BE LAS INDIAS. 97 

que habia traído entonces á la sazón el obispo de aquella tier- 
ra firme, fray Joan Cabedo, de quien presto se tractará más de 
lo tractado arriba del. Tenian esta costumbre Pedrárias y los 
oficiales del Rey, que de todo el oro que se traia, robado de las 
entradas y saltos que en las provincias á donde á saltear iban 
en los Indios hacian, tomaban el quinto para el Rey, de lo 
cual pagábanse de sus salarios, y si algo sobraba guardá- 
banlo para pagarse su salario en el año venidero, porque si 
faltasen los robos no faltasen para ellos, y desta manera no 
enviaban un sólo peso de oro ni otra cosa que valiese algo 
al Rey. Esta fué gran confusión y afrenta para todos ellos, 
y por donde el Clérigo quedó en gran manera victorioso y 
estimado por verdadero y digno de toda confianza y cré- 
dito. A la postrera, que decia que por otras causas se- 
cretas que dirian á Su Alteza, cuando fuese servido de 
oillos, respondió el Clérigo: «mándeles Vuestra Alteza que 
las digan, pero no osarán decillas, porque saben ellos mismos 
que ninguna dirán en que no se descubran más sus defectos.» 
Finalmente, fueron todas las respuestas tales, que tempesti- 
vamente y con sazón, y como requerido y forzado, pudo decir 
dellos los defectos que tenian y hablan tenido en el gobierno 
destas Indias, y se declaró la culpa grande que tuvieron en no 
estorbar la muerte y perdipion de tantos millones de gentes. 
Puesto, pues, todo lo que habia escripto el Clérigo en la cá- 
mara y presencia del Gran Chanciller, en buena orden, man- 
dando el mismo Chanciller que lo acabase presto, mandó 
juntar la congregación, y, á lo que creo, so color de Consejo de 
Guerra ó de Estado, porque el Obispo no pudiese fingir algún 
achaqué para no venir á ella. Dio el Clérigo al Gran Chanci- 
ller todos sus papeles, las respuestas y la probanza que habia 
hecho en Cuba de los servicios que habia hecho y vida orde- 
nada y honesta que viviera, y las otras escripturas que en su 
favor hacian, cuanto á la estima que tuvo el cardenal don 
Francisco Ximenez y el Adriano del, las cuales todas, que 
fueron doce ó mas pliegos de papel, mandó leer en aquella 
concion sin faltar una sola letra. Quedaron todos los á quien 
'i'o^u) V. 7 



98 HISTORIA 

no tocaba admirados juntamente y contentos del Clérigo, te- 
niéndole por hombre sabio, y comíirmados en el amor que 
le tenian y favor que le daban, y el Obispo y los del Consejo 
más que confusos y afrentados, no sabiendo qué responder, por 
las razones y ejemplos patentes, que no podian ellos negar, 
con que lo que afirmaba demostraba ; sólo el Obispo comenzó 
á buscar y á disimular su vergüenza , echando la culpa de 
temeridad á los predicadores del Rey, diciendo: «los predica- 
dores del Rey le han hecho estas respuestas;» ¡mirad qué ha- 
cia al caso y á la disculpa de sus errores, que las bebiesen 
hecho los predicadores del Rey ó el Clérigo , si los redargüía 
y confundía con verdad! Pero el Gran Chanciller, que sabia 
que en su presencia las habia hecho el dicho Clérigo, dijo: 
«¿Habéis agora á micer Bartolomé por tan falto de razón y 
discreción que habia de ir á mendigar quien respondiese por 
él? según tengo yo entendido del para eso es y para más.» 
Salidos de allí, los unos tristes y los otros alegres, como triun- 
fando por ver al Clérigo disculpado, y á su negocio tan bien 
probado que favorecían ellos tanto, mayormente el Gran Chan- 
ciller y Mosior de Laxao, y en fin todos los demás, el Gran 
Chanciller hizo relación al Rey de todo lo que habia pasado; 
el Rey mandó que micer Bartolomé llevase el negocio, y de los 
demás que prometían más dineros que él no se curasen. Ciertos 
días antes que ésto pasase , fué á Consejo de las Indias el Clé- 
rigo sobre cierta cosa, y de palabra en palabra, tocándose en 
lo que Oviedo y los demás prometían de dar, dijo el Clérigo 
al Obispo en su cara: «A la mí fé, señor, lindamente me ha- 
béis vendido el Evangelio, y pues hay quien lo puje dádselo.» 
Pero como era insensible con sus compañeros en ésto, poco 
sintió y sintieron tan injuriosa palabra. 



DE LAS INDIAS. 99 



CAPITULO CXLII. 



Quedaron también humillados Gonzalo Hernández de Ovie- 
do y los demás que habian partido entre sí la tierra que al 
Clérigo se habia encomendado, mayormente Oviedo que por 
ser tan del Obispo pensaba tener en el negocio más parte; 
el cual, después, en su Historia que compuso, contó algo de 
esta batalla que el Clérigo tuvo , diciendo verdad en lo que 
no pudo negar, pero lo más calla, y lo que dice mezcla con 
falsedades á su propósito en disfavor de los indios, según 
siempre hizo, como enemigo dellos capital y como quien poco 
sentia del fin del Clérigo, y que él mismo, si fuera verdadero 
cristiano, á pretender era obligado. Y conforme á éstos sus 
errores é insensibilidad, en el libro último de su primera 
parte, que llamó Historia general y natural, cap. 5.", levanta 
al Clérigo que andaba procurando aquella empresa como de- 
seoso de mandar, y Dios sabe que no dijo verdad, y, como 
mofando, dice, que lo que negociando aquello decia era que 
la gente que*se habia de enviar á aquella tierra no habian 
de ser soldados, ni matadores, ni hombres de guerra, ni bu- 
lliciosos, sino muy pacífica y mansa gente. Esto el Clérigo 
no se lo negará, pero lo que añide, de que habian de ser la-, 
bradores , y á éstos que se habian de hacer caballeros de es- 
puelas doradas, pénelo de su casa, porque los labradores no 
habian de ir sino á poblar; y así no supo bien la orden y el 
modo que el Clérigo pensaba llevar, como arriba en la rela- 
ción de la capitulación queda declarado, y por escarnio llá- 
malos caballeros pardos, pero no habian de ser los que se 
habian de nombrar sino de espuelas doradas. Concede que se 
leconcedió al Clérigo cuanto pidió, no obstante que los señores 
del Consejo, ó al menos el Obispo y otros, lo contradecían, y que 



100 HISTORIA 

algunos españoles , hombres de bien , que á la sazón se hallaron 
en la corte, destas partes, desengañaron al Rey é á su Consejo, 
en ésto, pero, como he dicho, Laxao pesó más que todo cuanto 
se dijo en contrario, etc. Estas son sus palabras. Pero lo dicho 
arriba es la verdad , y ninguno de los que allí se hallaron 
osaron hablar al Rey ni desengañalle, sólo era su negociar con 
el Obispo á quien más el negocio del Clérigo escocia y desa- 
gradaba; y lo quemas dice cerca del Clérigo y su negocio, 
abajo, placiendo á Dios, se declarará. Escribió después del un 
clérigo llamado Gomara, capellán y criado del marqués del 
Valle, de quien ya hemos hablado, y tomó de la historia de 
Oviedo todo lo falso cerca del clérigo Casas, y añidió mu- 
chas otras cosas que ni por pensamiento pasaron, como ade- 
lante parecerá. Y porque ya he dicho dos veces que Oviedo 
fué capital enemigo de los indios, y arriba en el cap. 23 
toqué algo dallo, parece que aquí es bien que se refieran al- 
gunas de las falsedades que él, sin saber lo que dice, contra 
los indios tan desmandadas dice, porque se vea con qué ver- 
dad y con qué consciencia pudo decir lo que nunca vido, y 
de qué argumentos tan feas cosas colije, y como contradi- 
ciéndose en algunas dellas se puede presumir contra todas 
las demás que afirma, y, por consiguiente, cuál debe ser la fe 
y crédito que deben darle las personas cristianas y pías, ma- 
yormente afirmando tan infames y horribles contumbres, ab- 
soluta y generalmente, contra tanta inmensidad de naciones 
como habia en este orbe, y haciéndolas todas tan incapaces 
de la fe y de toda doctrina y virtud, igualándolas con los 
animales brutos, sin sacar una ni ninguna dellas, como si el 
hijo de Dios no hobiese muerto por ellas, y la Providencia 
de tal manera las hobiese á todas tanto aborrecido, que 
ningún predestinado para su gloria entre ellas tuviese; y 
porque donde quiera que, en su Historia, de indios loca, no 
abre la boca sin que los blasfeme y aniquile, cuanto él con 
sus fuerzas puede, como se verá refiriendo lo que dellos dice. 
No parece sino que su fin útilmo, y bienaventuranza de escri- 
billa, no fué otro más de para totalmente infamallos por todo 



DE LAS INDIAS. ' . ^ ^ '. ; _ ^ . '/ . ^' '. 'í/1^ ' '. 

el mundo, como ya su Historia vuela, engañando á todos los 
que la leen, y poniéndolos, sin por qué ni causa alguna, en 
aborrecimiento de todos los indios, y que no los tengan por 
hombres, y las horrendas inhumanidades que el mismo Oviedo 
en ellos cometió , y los demás sus consortes, las haga excusa- 
bles. Y que Oviedo haya sido partícipe de las crueles tiranías 
que en aquel reino de tierra firme, que llamaron Castilla del 
Opo desde el año de U que fué, no á gobernallo sino á des- 
truillo, Pedrárias, que arriba en el cap. 62 y muchos si- 
guientes habemos contado, hasta este año de 49, confiésalo 
él mismo, y véndelo al Rey por servicios señalados; el cual 
dice asi en el prólogo de su Historia, que llamó Natural, en la 
columna sexta. «El católico rey D. Hernando, abuelo de 
vuestra cesárea Majestad, me envió por su Veedor de las fun- 
diciones del oro á la tierra firme, donde asi me ocupé, cuan- 
do convino, en aquel oficio, como en la conquista y pacifi- 
cación de algunas partes de aquella tierra con las armas, 
sirviendo á Dios y á Vuestras Majestades como su Capitán y 
vasallo en aquellos ásperos principios que se poblaron algunas 
ciudades é villas, que ahora son de cristianos, donde con mu- 
cha gloria del real sceptro de España, allí se continua y 
sirve el culto divino, etc.» Estas son sus palabras formales. 
Helo aquí Oviedo conquistador, y los servicios que á Dios y 
á sus Majestades hizo, creo que ya quedan bien explicados 
en los capítulos arriba cit.ados, y en el precedente cuasi en 
suma recapitulado. Y porque dos modos han tenido, nuestros 
españoles para destruir estas gentes, como por toda esta 
Historia nuestra queda muchas veces mostrado, el uno las 
guerras nefandas, que ellos conquistas han llamado, y el 
otro los repartimientos, que también por dalles algún barniz 
encomiendas nombraron, porque Gonzalo Hernández de Ovie- 
do en todo tuviese parte, de lo cual no se tiene por injuria- 
do, antes se jacta y arrea dello, y piensa quedar muy ufano, 
él mismo de sí dice que tuvo indios y los echó á las minas, 
como los tiranos. Hablando de cómo se saca el oro, en el 
libro de su Historia, cap. 8.", refiere Oviedo: «Yo he hecho 



IG*^ nisTouiA 

sacar el oro para raí , con mis indios y esclavos, en la tierra 
firme, en la provincia y gobernación de Castilla del Oro, etc.» 
Estas son sus palabras. Aquellos esclavos no eran, cierto, los 
que heredó de sus padres, ni los prendió en batalla de los 
moros de Berbería, ni eran negros, porque entonces ningún 
negro traer á estas Indias se permitía , y parece algo desto 
por lo que arriba se ha dicho; eran, pues, de los indios que ha- 
bían hecho y hacían esclavos cada día, contra toda razón* y 
justicia. Llamaba también «sus indios» los repartimientos que 
tenia, sojuzgados con las violencias y entradas que se han 
referido arriba, en las cuales, y en los robos que por ellas se 
hacian, tenía Oviedo su parte, como la tenia Pedrerías que 
desgobernaba la tierra, y los otros oficiales del Rey, con el 
señor Obispo, como se mostró en el cap. 64, arriba. De lo 
dicho podrá colegir el discreto y cristiano lector, si Oviedo 
contra los indios podrá ser íiel y verídico testigo omni excep- 
tione major^ en algún justo contradictorio juicio; y por consi- 
guiente, de cuánto crédito, en todo lo que en su Historia pro- 
nuncia contra los indios, es digno. Y es cosa de admiración 
con cuántas y cuáles palabras, de arrogancia plenísimas, pro- 
cura en el prólogo de su primera parte persuadir primero 
al Emperador, y después á todos los leyentes, no salir un 
punto de la verdad en toda su Historia, diciendo , que su His- 
toria será verdadera y desviada de las fábulas que otros es- 
critores escribir han presumido en España á pié enjuto, que 
no lo vieron sino que por oídas lo supieron, como si él ho- 
biera visto lo que escribió desta isla y de las demás, y no es- 
cribiera estando muchos años morador en esta ciudad de 
Sancto Domingo, que no es menos que si escribiera morando 
en Sevilla; sólo vido y se halló y participó en las tiranías y 
destruicion de aquella tierra firme, cinco años que en ella 
estuvo, según arriba queda dicho. De aquellos males y per- 
dición que hizo y ayudó á hacer concedémosle que será muy 
cierto testigo, pero no dice él ni dirá cosa dellos, sino en 
cuanto fuere en infamia y en detrimento de los indios, y en 
excusación y justificación de sus crueldades y de sus consor- 



Dli LAS INDlAb. 



103 



les, ambición y cudicia. De manera, que todo lo que escribió, 
fuera de aquello del Darien, fué por relación de marineros 
ó de asoladores destas tierras, los cuales no le decian sino 
aquello que á él agradaba saber, conviene á saber, «conquis- 
tamos, sojuzgamos aquellos perros que se defendian de tal 
provincia, hicimos esclavos, repartióse la tierra, echamos á 
las minas», y si le decian «matamos tantos millares, echamos 
á perros bravos que los hacian pedazos, metimos á cuchillo 
todo el pueblo , hombres y mujeres, viejos y niños, henchía- 
mos los bohíos ó casas de paja de cuantos haber podíamos de 
todo sexo y edad, y quemábamoslos vivos» desto, poco, 
cierto, se hallará en la Historia de Oviedo; pero si le decian 
que eran idólatras y sacrificaban \0 hombres, añadir que 
eran 10.000, é imponiéndoles abominables vicios que ellos 
no podían saber, sino siendo participantes ó cómplices en 
ellos, de todo ésto bien se hallará llena su Historia. ¡Y no 
las halla Oviedo ser estas mentiras, y afirma que su Historia 
será verdadera y que le guarde Dios de aquel peligro que 
dice el sabio, que la boca que miente mata el ánima! 



104 HlSTOlllA 



CAPITULO CXLIII. 



Lo que yo creo de la escritura de Oviedo y de toda su. 
parlería , que lo que dice de los árboles y hierbas desta isla 
que escribe verdad , porque las vido y las ven cuantos verlas 
quieren, y así será lo que escribiere de los de la tierra firme; 
pero no lo que refiere cuanto á muchas cosas del tiempo del 
Almirante viejo, porque ya cuando vino él á vivir á esta isla 
no habia de los indios 50 , y de los españoles sino dos ó tres, 
y uno era un marinero llamado Hernán Pérez, el cual alega 
algunas veces como á su Evangelista; y éste, aunque fuese 
buen hombre, no era muy auténtico. Pero todo lo que refiere 
de los indios desta isla, que lo haya habido del dicho Hernán 
Pérez, marinero, ó lo levante de sí mismo, mayormente 
cuanto á los vicios contra natura que á todas estas gentes 
impone, es falsísimo, y ésto sabemos por mucha inquisición é 
industria que para sabello tuvimos en los tiempos pasados, 
muchos años antes que Oviedo pensase quizá venir á estas 
Indias, como arriba en el cap. 23 dijimos. Y así, podemos 
convencer á Oviedo de inmensas mentiras, puesto que á sa- 
biendas él no quisiese mentir, pero la ceguedad que tuvo en 
no tener por pecados las matanzas y crueldades que se co- 
metían y se cometen en aquestas gentes, y que él hizo y 
ayudó á hacer, y la presunción y arrogancia suya de pensar 
que sabia algo, como no supiese qué cosa era laLin, aunque 
pone algunas autoridades en aquella lengua, que preguntaba 
y rogaba se las declarasen algunos clérigos que pasaban de 
camino por esta ciudad de Sancto Domingo para otras par- 
tes, le cegó también, con la permisión divina, á que diese 
crédito á los que le referian mentiras, y él también de suyo 
las dijese sin creer que las decía. Y con esta ceguedad dijo 



DE LAS IISDIAS. 105 

en el libro II, cap. 6.° de su primera parte historial, que dos 
veces que se halló en Castilla en el año de 25 y en el de 32, 
por mandado del Consejo de las Indias le fué tomado jura- 
mento de lo que sentía destas gentes, y que había depuesto 
que eran llenas de abominaciones, y delitos, y diversos géneros 
de culpa, y que eran ingratísimos y de poca memoria y menos 
capacidad, y que si en ellos hay algún bien es en tanto que 
llegan al principio de la edad adolescente, porque entrando 
en ella adolescen de tantas culpas y vicios que son muchos 
dellos abominables, y que si en aquel mismo dia en que juró, 
él estuviera en el artículo de la muerte, en verdad, dice él, 
aquello mismo dijera. Estas son sus palabras; y en verdad 
que yo así lo creo, que, según su insensibilidad, que así lo 
testiücara en el artículo de su muerte. Pero véase aquí con 
cuánta verdad y con qué consciencia pudo decir é jurar de 
los indios desta isla, que no vido, cierto, dellos 50 perso- 
nas (puesto que él dice que no había 500, y dice verdad, 
porque ni 50 eran vivos de los naturales della), ni vido de 
las otras islas ninguno ó alguno, que eran sodomitas, y llenos 
de otros vicios abominables; y asignando las causas de la total 
perdición y acabamiento de la gente desta isla, pone una que 
fué « por echallos á las minas que eran ricas y la cudicia de 
los hombres insaciable, trabajaron algunos excesivamente á 
los indios, otros no jes dieron tan bien de comer como con- 
venía, y junto con ésto, dice él, esta gente de su natural es 
ociosa, y viciosa, y de poco trabajo, é malencónicos é cobar- 
des, viles y mal inclinados, mentirosos, y de poca memoria 
y de ninguna constancia; muchos dellos, por su pasatiempo, 
se mataron con ponzoña, por no trabajar, y otros se ahorca- 
ron por sus manos propias, y á otros se les recrecieron tales 
dolencias, en especial de unas viruelas pestilenciales que vi- 
nieron generalmente en toda la isla, que en breve tiempo los 
indios se acabaron,» etc. Estas son sus palabras, y en el li- 
bro VI cap. 9.° dice desta manera, hablando de las naciones 
de los Scythas y de los de estas tierras que comían carne hu- 
mana; dice Oviedo así: «E no sin causa permite Dios que 



106 UISTOIUA 

sean destruidos, y sin duda tengo que por la multitud de sus 
delitos los ha Dios de acabar todos muy presto, porque son 
gentes sin ninguna corrección, ni aprovecha con ellos castigo, 
ni halago, ni buena amonestación, é naturalmente son gente 
sin piedad, ni tienen vergüenza de cosa alguna; son de pési- 
mos deseos é obras, é de ninguna buena inclinación. Bien 
podrá Dios enmendarlos, pero ellos ningún cuidado tienen 
de se corregir ni salvar; podrá muy bien ser que los que dellos 
mueren niños se vayan á la gloria, si fueren bautizados, pero 
después que entran en la edad adolescente, muy pocos desean 
ser cristianos, aunque se bauticen, porque les parece que es 
trabajosa orden; y ellos tienen poca memoria, é así cuasi 
ninguna atención, é cuanto les enseñan luego se les olvi- 
da, etc.» Todas estas son palabras de Oviedo; y en el proe- 
mio del libro V, dice: «Después que vino Colon á estas Indias y 
pasaron los primeros cristianos á ellas, corren hasta el presen- 
te año de 1535 otros cuarenta y tres años, y, por tanto, estas 
gentes debian ya haber entendido una cosa en que tanto les va 
como es salvar sus ánimas, pues no han faltado ni faltan pre- 
dicadores religiosos, celosos del servicio de Dios, que se lo 
acuerden; pero en fin, estos indios es gente muy desviada de 
querer entender la fe católica, y es machar hierro frió pensar 
que han de ser cristianos, y así se les ha parecido en las 
capas, ó, mejor diciendo, en las cabezas porque capas no las 
tenían , ni tampoco tenian las cabezas ni las tienen como 
otras gentes, sino de tan recios y gruesos cascos, que el prin- 
cipal aviso que los cristianos tienen , cuando con ellos pelean, 
es no darles cuchilladas en la cabeza, porque se rompen las 
espadas, y así como tienen el casco grueso, así tienen el en- 
tendimiento bestial y mal inclinado, como adelante se dirá 
de sus ritos y ceremonias é costumbres.» Estas son sus pala- 
bras. ¿Qué más puede decir, aunque fuera verdad, en infamia 
de todo este orbe nuevo, donde tan infinitas naciones hay, y 
engañando á todo el otro mundo viejo por donde anda su 
historia? Si infamar una sola persona, puesto que se dijese 
verdad, descubriendo sus pecados, de donde le puedo venir, é 



DE LAS INDIAS. 107 

peor si le viene, algún gran daño, es grande pecado mortal y 
es obligado el tal infamador á restitución de todo aquel daño, 
¿qué pecado fué el de Oviedo, yá cuánta restitución será 
obligado, habiendo infamado de tan horrendos pecados á tan 
sin número multitudines de gentes, tanta infinidad de pueblos, 
tantas provincias y regiones plenísimas de mortales que 
nunca vido ni oyó decir, por la cual infamia incurrieron 
todas en odio y en horror de toda la cristiandad , y los que á 
estas partes han pasado de los nuestros, y de los de otra na- 
ción, en las guerras que se hallaron no hicieron más cuenta 
de matar indios, que si chinches mataran, y hicieron por 
esta causa en ellos "tantos géneros y novedades de cruelda- 
des, que ni en tigres ni bravos osos y leones, antes ni los 
mismos tigres y bestias fieras, hambrientas, en otras de otro 
género no las hicieran tales como ellos cometieron en aques- 
tas gentes desnudas y sin armas? Cuanto más que en muchas de 
las maldades que dice referir de muchas destas gentes no dice 
verdad, y cuanto á otras muchas naciones de las descubiertas 
todas las fealdades que tan suelta y temerariamente de todas 
universalmente blasona, les levanta; en sola la idolatría puede 
comprenderlas á todas, porque poco que mucho, unas más y 
otras menos, y muchas en muy poquito, fueron della inficiona- 
das, por no haber tenido quien les mostrase y diese conoci- 
miento del verdadero Dios; y en este punto debiera conside- 
rar Oviedo cuáles estuvieron sus abuelos y todo el mundo 
antes que viniese al mundo el hijo de Dios, y quitase las ti- 
nieblas de ignorancia, enviando por él la lumbre de su evan- 
gélica palabra. También no le hiciera daño haber considera- 
do, pues presumió de muy historiador y leido en Plinio, que 
tenia no en latin sino en toscano, que no fueron estas in- 
dianas gentes las primeras que comieron carne humana, ó 
antropófagos que es lo mismo, ni que sacrificaron á los ídolos 
hombres, como él dice arriba,, en el cap. 9.° de aquel li- 
bro VI, y otros abominables vicios que se siguen á la idola- 
tría, y no por eso dejaron de ser hombres capaces y de 
buena memoria, ni sin esperanza de corrección, ni tampoco 



108 HISTORIA 

de Dios menospreciados, ni por eso indignos de oir la evan- 
gélica predicación, y tampoco los Apóstoles y otros sánelos 
predicadores de la Iglesia primitiva, y sus sucesores, hicieron 
dellos asco, ni desesperaron , como el Sr. Oviedo, de su con- 
versión y salvación. 



DE LAS INDIAS. 



109 



CAPITULO CXLIY. 



Todavía será bien responder á cada defecto de los que 
Oviedo contra los indios opone y á muchos levanta, y á todos 
por ellos cuasi excluye de todo remedio de conversión y sal- 
vación, como si él estuviera ya muy cierto della; y á lo que 
dice que eran sodomitas, ya está, con verdad, en el cap. 23 
afirmado, que falsa y malvadamente de tan vilísimo crimen los 
infama: dice que son ingratísimos, júzguenlo los idiotas de 
sayago. ¡De cuánta ceguedad ó malicia fué aqueste buen Ovie- 
do herido, que la culpa terrible de desagradecimiento, que él 
y los demás que han destruido estas gentes y tierra tienen, la 
cargue sobre los lastimados y tan agraviados indios, sin las 
obras de humanidad y benevolencia de los cuales, en servi- 
lles y hartalles la hambre, y salvallos millares de veces de 
infinitos peligros, millones de veces hobieran perecido! y 
mirad qué obras dellos, en señal de agradescimiento y recom- 
pensa han recibido, habiendo despoblado y raido de la haz de 
la tierra tantos millones de ánimas como habia en esta isla y 
en las demás, y por ocho y diez mil leguas que dura la tierra 
firme. Mirad qué beneficio rescibieron dellos, porque los llama 
Oviedo ingratísimos, como aun diga y conceda él para su 
confusión, en el libro IV, cap. 3.", que informados los padres 
Hierónimos de los grandes daños y muertes que sobrevenian 
á los indios naturales destas partes que estaban encomendados 
á los caballeros é Perlados que residían en España, y cómo 
los indios eran tratados por criados y mayordomos dellos, y 
por ellos deseado el oro que se cogia con las vidas destos in- 
dios y gente miserable, y como todos los principales de acá 
eran favorecidos de aquellos señores, el fin de todos ellos era 
adquirir y enviar y rescibir oro, por lo cual se daba excesivo 



lio HISTORIA 

trabajo y mal tractamiento para este fin á los indios, y morian 
todos ó tantos dellos, que, de los repartimientos que cada cual 
tenia en número de 200 ó 300 indios, brevemente este nume- 
ro era consumido y acabado, y tornado á rehacer de los otros 
indios que estaban encomendados á los casados y vecinos 
destas partes; en manera, que los repartimientos de los po- 
bladores se iban disminuyendo, y los de los caballeros acre- 
centando, y de los unos y de los otros todos morian con el mal 
tractamiento, que fué potísima causa para gran parte de su 
total destrucción y acabamiento. Estas son palabras de Oviedo; 
y en el capítulo precedente dice: «De los mismos caballeros 
que estaban en España gozando de los sudores ilícitos destos 
indios»; y en libro III, cap. 6.**, dice así: «Para mí, yo no ab- 
suelvo á los cristianos que se han enriquecido ó gozado del 
trabajo destos indios, si los maltrataron y no hicieron su dili- 
gencia para que se salvasen.» Y un poco más arriba, dice: 
«que vele cada uno sobre su conciencia de tratar los indios 
como á prójimos, aunque ya en éste caso poco hay que hacer 
en esta isla y en las de San Juan y Cuba y Jamaica, que lo 
mismo ha acaescido en ellas, en la muerte y acabamiento de 
los indios, que en esta isla.» Estas son sus palabras. Veis aquí 
confiesa Oviedo, aunque le pese, convencido de las obras abo- 
minables manifestísimas de los españoles, los beneficios que 
los indios rescibieron dellos, y argúyelos de serles ingratos, y 
así parece la verdad que en todo lo que afirma dice ; y lo que 
añade allí, que no quiere pensar que sin culpa de los indios 
los había Dios de castigar y asolar en estas islas, siendo tan 
viciosos, y sacrificando al demonio, etc., no advierte el peca- 
dor cuántos más tormentos padecerán en los infiernos los que 
los asolaron, siendo cristianos, que los habían por buenos 
ejemplos de atraer al conocimiento de Dios, con el cual se 
purgan y desechan los pecados de la idolatría, como acaesció 
en nuestros antiguos padres, que no ellos mismos, por idóla- 
tras y pecadores que fuesen, á los cuales ia divina justicia 
determinó por ellos, como por verdugos crueles y reprobados, 
castigar. A lo que dice, que aquesta gente era de su natural 



Dlí LAS INDIAS. lll 

ociosa y viciosa y de poco trabajo ; á lo de ser viciosa ya está 
respondido, y añadimos, que pluguiese á Dios, quitada fuera 
la infidelidad, que no fuesen ni hobieran sido delante de Dios 
los vicios y pecados de los españoles más abominables y no 
más dignos de fuegos eternos que los de los indios; cuanto á 
ser de poco trabajo, bien se lo concedemos, porque de su natu- 
ral eran delicadísimos como hijos de Príncipes, por razón de 
las regiones y aspectos de los cielos, y suavidad ó amenidad 
de las tierras, y por otras causas naturales que pusimos en 
nuestro primer libro, cap. í!^ De único vocationis modo omnium 
gentium ad veram religionem , y también por vivir desnudos, 
que los hacia más delicados, y lo mismo por ser de poco co- 
mer y los manjares, comunmente más que otros, de menos 
substancia; lo cual, empero, todo era suficiente para vivir é 
multiplicarse y haberse tan increíblemente multiplicado, como 
tan inmensos pueblos hayamos dellos hallado poblados, y 
éstos, con muy poco trabajo, alcanzaban de todas las cosas 
necesarias grande abundancia. El mucho tiempo que les que- 
daba, suplidas sus necesidades (porque no infernábanlas áni- 
mas por allegar riquezas y acrecentar mayorazgos), era ocu- 
parse en ejercicios honestos, como jugar á cierto juego de 
pelota, donde harto sudaban, y en bailes y danzas y cantares, 
en los cuales recitaban todas sus historias y cosas pasadas. 
Sacrificios y actos de religión, como no tuviesen ídolos, no los 
tenían, y, por consiguiente, cuasi ninguna señal ó muy delgada 
era entre ellos de idolatría, como en nuestro libro llamado Apo- 
logética Historia, escripta en romance, declaramos. Ocupában- 
se también en hacer cosas de buen artificio de manos, el 
tiempo que de su agricultura y casa y pesquería los vacaba. 
Algunas guerrillas tenían sobre los límites y términos de sus 
tierras y señoríos, pero todas ellas eran como juegos de niños 
y fácilmente se aplacaban ; y así no estaban ni eran tan ocio- 
sos como Oviedo de ociosidad los infama, porque de ningún 
defecto y vicio de su lengua y mano se les escapen, lo que en 
la verdad no era vicio en ellos, sino señal de virtud y vivir 
más según razón natural que vivieron los españoles , después 



112 nisToiiiA 

que en esta isla y en las demás entraron , sacado fuera lo que 
tocaba á la religión cristiana, y de aquello antes debiera 
Oviedo de alaballos que vituperallos é infamallos. Añide ser 
raelancónicos, dándoselo por vicio lo que era natural y sin 
culpa, pero más por la mayor parte son todas estas gentes 
sanguinos y alegres, como puede cada cual discreto entender 
por las cualidades de las regiones, y también por los efectos 
de ser muy dados á regocijos y cantares y bailes. Dice que 
son viles, no por ser humildes, pacíficos, y mansos como éstos 
eran, sino por ser deshonestos y llenos de vicios y pecados, y 
en ésto Dios sabe la ventaja que les llevamos. Algunas cos- 
tumbres tenían, que á los que somos cristianos parecen mal 
y tienen alguna parte de deshonestidad, como orinar sentados 
y ventosear delante de los otros, y otras semejantes, que 
rescibida la fe fácilmente se dan de mano, pero no se hallará 
que hombre sienta de otro tener participación con su propia 
mujer ni con otra, ni haga otra cosa deshonesta semejante, 
de lo que no se podrán alabar los nuestros cristianos que vi- 
nieron á estas partes. Que sean cobardes, no es absolutamente 
vicio sino cosa natural, y procede la cobardía de benignidad 
y de nobilísima sangre, por no querer hacer mal á nadie ni 
recibirlo; es propiamente la cobardía vicio, cuando se ofrece 
caso en que se deba ejercer algún acto de virtud, y, por temor 
del peligro de la muerte ó de otro daño grande, no se resiste 
al contrario de aquella virtud; como es, si, viendo el hombre 
padecer servidumbre ó muerte ó algún gran daño su repúbli- 
ca, por miedo de la muerte dejan de ayudar y resistir por su 
parte, y morir si fuere menester por la defensión della, ó por 
miedo de aquellos daños hace el hombre algún pecado y 
obra contra la virtud; y en éste caso, cierto, muchas destas 
gentes, considerada su desnudez y carencia de armas, y las 
demasiadas y fuertes armas de los españoles, y variedad de- 
llas, y sobre todo los caballos, cada y cuando que ellos podían, 
viéndose tiranizados y opresos, y perecer cada dia en los traba- 
jos con los daños é injusticias que padecían, y también en ba- 
tallas campales contra los españoles sus opresores y destruí- 



DE LAS INDIAS. 113 

dores, resistían y peleaban tan aniraosamente, aunque sevian 
desbarrigar con las espadas y trompillar con los caballos, y 
alancear por los que encima de los caballos venian (que uno 
de á caballo en una hora mataba 10.000 dellos), que de- 
llos á leones y á los más esforzados varones pasados del mun- 
do no habia diferencia. Y debiera de preguntarse á Oviedo, 
que se jacta mucho de Capitán en la tierra firme, andando 
á robar y hacer esclavos para matar en sus minas, cómo lo 
fué á Francisco Becerra , y á Joan de Tabira y Vasco Nuñez, 
y á otros muchos que los indios quitaron, peleando, las vidas; 
y en las guerras que los españoles hicieron á los indios en esta 
isla, indios desnudos hicieron hazañas en manifestación de 
su esfuerzo y animosidad, como arriba en el libro II algunas 
referimos. Cuanto más, una de la señales ser los hombres es- 
forzados es osar morir, y osar morir presupone una de las 
causas naturales que hace los hombres animosos y esforzados, 
y ésta es abundar en mucha sangre, porque la naturaleza, 
cognosciéndose así misma, confia de sí viendo en sí abundar 
el principal humor que sostiene la vida; pues como éstas gen- 
tes todas, según es notorio, abunden en sangre, señal es que 
de su naturaleza teman menos el morir, é así naturalmente 
son animosos y esforzados, lo cual, como he dicho, han por 
las obras bien mostrado y probado, sino que su infelicidad 
consistió en carecer de armas y caballos, porque si ellos les 
tuvieran para se defender de tan crudos enemigos, no hobie- 
ran tan inmensos perecido, ni los que los destruyeron se fue- 
ran alabando, ni Oviedo parlara tanto contra ellos como dejó 
escripto. Del esfuerzo destas gentes, asignando causas natura- 
les, se podra ver en nuestra Apologética Historia, y también 
en el susodicho libro, De único vocationis modo^ cap. 4.". 



Tomo V. 



114 HISTORIA 



CAPITULO CXLV. 



Añide más Oviedo contra todos los indios, que son mal 
inclinados: poca filosofía estudió y menos experiencia dellos 
tuvo, ni de alguna lengu-a de todas estas Indias alcanzó noti- 
cia para cognoscer las malas inclinaciones que tenían, y júz- 
galos temerariamente de lo que no pudo cognoscer sino por 
revelación divina ,. ó por conjeturas de mucha conversación y 
de muchos tiempos con todas las gentes deste orbe habidas, 
y aun entonces no podría, sin juicio temerario, afirmar loque, 
como si ciencia y certidumbre dello tuviera, él afirma. Dice 
más, que son de poca memoria, y en ésto yerra como en todo lo 
demás que ha dicho y él se contradice, antes se tiene por no- 
torio tener todos los indios inmortal memoria, como la tengan 
de las cosas que muchos años pasaron, como sí las tuviesen 
por escrito, y dcsto al mismo Oviedo pongo por testigo, que 
dice en el cap. 1.° del libro V, que la manera de cantar los 
indios era una historia ó acuerdo de las cosas pasadas, así de 
guerras como de paces, porque por la continuación de tales 
cantares no se les olvidan las hazañas é acaescimientos que han 
pasado, y estos cantares les quedan en la memoria en lugar 
de los libros de su acuerdo, y por esta forma recitan las ge- 
nealogías de sus Caciques y señores que han tenido, y las 
obras que hicieron, y los males temporales que han pasado, 
y en especial, las famosas victorias por batallas, etc. Estas 
son sus palabras. Luego no son de muy poca memoria, como 
dice Oviedo. Parece también patentemente, por lo que toman 
de coro de la cristiana doctrina, que no bastarían 10 hom- 
bres que tuviesen buena memoria á tomar y decir de coro 
en veinte, lo que ellos toman en un dia; y la prueba dello, 
por su propia causa natural es (como en nuestra Apologética 
Historia, escrita en romance, y en el libro De único vocalionis 



DE LAS INDIAS. 115 

modo , en latin, probamos), que todas estas gentes a toto genere, 
que es decir, comunmente y cuasi todos, y que por maravilla 
falta en algunos, tienen los sentidos exteriores y interiores, 
según natura, no sólo buenos pero por excelencia buenos, 
y así, muy mejores que otras muchas naciones; de donde se 
sigue necesariamente ser de buenos entendimientos, y desto 
estuvo harto ayuno Gonzalo Hernández de Oviedo, que nunca 
tracto con los indios, ni se ocupó por un momento en cosa 
que á los indios conviniese, sino en mandallos y servirse 
dellos como de bestias, con la ceguedad que todos los otros 
españoles. Dice más contra ellos, que son mentirosos; plu- 
guiera á Dios que no les bebieran mentido él y ellos muchas 
veces, y que las mentiras que los indios les decian no las ho- 
bieran ellos causado, y no creo que osara más un indio decir 
una mentira, mayormente á sus señores, ni entre sí para en- 
gañarse unos á otros, que matarse. De las mentiras que los 
indios á los españoles decian , y hoy dicen donde aun no los 
tienen asolados, las vejaciones y servidumbre horrible, y 
cruel tiranía con que los afligían, y afligen y maltratan, son la 
causa, porque de otra manera sino mintiendo y fingiendo, 
por conténtanos y aplacar su contino é implacable furor, no 
pueden de mil otras angustias , y dolores y malos tractamien- 
tos escaparse; y cerca desto, como también tienen experien- 
cia de infinitas mentiras de los españoles, y que nunca les 
han guardado fe que los prometiesen, ni verdad, hay dichos 
de indios dignos de considerar: preguntando españoles á in- 
dios (y no una vez acaeció sino más), si eran cristianos, res- 
pondió el indio: «Si señor, yo ya soy poquito cristiano, dijo 
él, porque ya saber yo un poquito mentir, otro dia saber yo 
mucho mentir, y seré yo mucho cristiano.» Destas y de mu- 
chas otras sentencias dichas de indios, para confusión de los 
españoles, y que por sus malos ejemplos han miserable- 
mente nuestra fe y religión cristiana infamado y maculado en 
los corazones simples destas gentes, muchas pudiéramos traer 
y referir que en estas tierras han pasado. Dice ser de ninguna 
constancia todas estas gentes, porque no perseveran, cuando 



116 HISTORIA 

pueden escaparse, en la vida y trabajos infernales con que 
los acaban, y que no perseveran en las cosas de virtud y de 
la religión cristiana. No puede Oviedo decir cosa chica ni 
grande, porque no fué digno de lo ver ni de lo entender, 
para que las blasfemias, que de los indios contra verdad acu- 
mula, moderara. Añide luego allí, contra sí mismo, una sae- 
tada enherbolada, conviene á saber, que por no trabajar, por 
su pasatiempo, muchos dellos se mataron. Cuanto á queso 
mataron muchos dellos, dice verdad , pero que por su pasa- 
tiempo, manifiesto es que se lo levanta, y, como dije, que 
brotó de su corazón contra sí mismo, y los demás, saetada 
aponzoñada, por la cual manifiesta la crueldad de su tiranía 
ser tan horrenda y tan insufrible y abominable, que una gento 
tan mansa y tan paciente, que en sufrimiento se tiene por 
cierto haber excedido á todos los mortales, por salir é se es- 
capar della, escogian por menos mal matarse. Para la prueba 
desto fuera bien que Oviedo respondiera, si oyó alguna vez 
decir que antes que los españoles en estas tierras entrasen y 
oprimiesen estas gentes, y de tantas impiedades con ellos y en 
ellos usasen, algunos por su pasatiempo se matasen. Fueron 
tantas y tan nunca oidas las inhumanidades que en ellos se 
ejercitaron, y bien parece claro por la obra que han hecho 
nuestros hermanos en haber tantas y tan grandes tierras des- 
poblado y asolado, que para una gente que no cognoscia el 
verdadero Dios y que tenia opinión que los que salían desta 
vida iban á vivir á otra donde tenían las ánimas de comer y 
de beber, y placeres, canto y bailes, y todo descanso corpo- 
ral en abundancia, ¿de qué nos debemos maravillar, porque 
padeciendo en ésta m,uerte tan contina, deseasen y trabajasen 
salir della, y para ir á gozar de la otra se diesen priesa en 
matarse? cuanto más que no todos se mataban, ni se sabe 
más que en esta isla y en la de Cuba se ahorcasen algunos y 
otros se matasen bebiendo cierto zumo ponzoñoso. Dice más 
en otra parte, que no sin causa permite Dios que sean des-^ 
truidos, y que sin duda tiene que por la multitud de sus de- 
litos los ha Dios de acabar todos muy presto, porque son 



DE LAS INDIAS, 



117 



gentes sin ninguna corrección, ni aprovecha castigo en ellos, 
ni halagos ni buena amonestación, etc. A lo primero, de la 
permisión, digo, que Dios nos guarde de sus permisiones, 
como solía decir una sánela persona , y de ser nosotros los 
instrumentos de la perdición de otros, como siempre Dios 
castigue algunos malos por otros peores que aquellos, según 
aquello, vindicaho me de inimicis meis cum inimicis meis, y 
guay de los que Dios toma por verdugos y por azotes de 
otros, que, acabado el castigo, suele echar el azote en el 
fuego como Sant Agustin en la misma materia dice; pero 
Oviedo no advertía, como era uno dellos, que por sólo el pe- 
cado original, sin que otro pecado tuvieran, justamente y 
sin hacerles injuria, podia Dios asolar todas estas Indias, 
cuanto más por otros muchos actuales que tuvieron, pero no 
se nos da licencia para que por eso los menospreciemos, ni 
los robemos, ni matemos, porque guay de nosotros cuando 
fuéremos de los robadores y matadores dellos, y por malos 
ejemplos, habiéndolos de traer á Cristo por los buenos,* los 
corrompiéremos, y de su salvación fuéremos impedimento. 
Por más que la divina justicia los aflija y angustie, castigán- 
dolos en esta vida, y muestre desmamparallos entregándolos 
en nuestra insaciable cudicia , ninguno de los que entre ellos 
tiene predestinados la bondad divina, de lo que nadie que 
sea cristiano dudar debe, se le saldrá de la mano que á la 
fin no lo lleve á gozar de sí mismo en la eterna vida; y por 
ventura, y sin ella, después que por nuestras manos crueles 
á estas gentes bebiere Dios acabado, derramará sobre noso- 
tros, por nuestras violencias y tiranía, su ira, moviendo á 
otras naciones que hagan con nosotros lo que con éstas hici- 
mos , y al cabo nos destruyan como las destruimos, y podrá 
ser que se hallen, de aquostos que en tanto menosprecio tu- 
vimos, más que de nosotros á la mano derecha el día del 
juicio; y esta consideración debria tenernos con grande temor 
noches y dias. 



118 HISTORIA 



CAPÍTULO CXLYI. 



La causa de la perdición y acabamiento destas gentes 
asigna Oviedo que es porque son gentes sin alguna correc- 
ción, ni aprovecha con ellos castigo, ni halago, ni buena 
amonestación, é naturalmente son gente sin piedad, ni tienen 
vergüenza de cosa alguna; son de pésimos deseos é obras, é 
de ninguna buena inclinación. Estas son sus palabras. Cosa 
es maravillosa de ver el tupimiento que tuvo en su entendi- 
miento aqueste Oviedo , que así pintase todas estas gentes 
con tan perversas cualidades, y con tanta seguridad, para 
mostrar que decia verdad, como si fuera una alhaja de su casa, 
á la cual hobiera dado mil vueltas por de dentro y por de 
fuera, no las habiendo tractadosino cinco años, y éstos á solos 
los de la provincia del Darien, como arriba queda dicho, y 
no en otra cosa sino salteándolos, y robándolos, matándolos, 
y captivándolos, y echándolos y teniéndolos en las minas del 
oro y en los otros trabajos , donde de hambre y molimientos 
y crudelísimas aflicciones perecían, y aun éstos allí no los via 
sino por maravilla, porque los entregaba en poder de un cruel 
carnicero, criado suyo, que ponia para que los hiciese traba- 
jar, que llamaban minero ó estanciero, por otro nombre Cal- 
pisque, un género de los más infames hombres y crueles que 
jamás nunca fué visto, ni haciendo más cuenta el mismo 
Oviedo dellos en toda manera de estima que si fueran hormi- 
gas ó chinches. Mirad cómo pudo saber Oviedo que todas 
estas gentes (donde entran las desta isla , de quien va ha- 
blando, y todas las demás destas Indias que nunca vido), ser 
de pésimos deseos y de ninguna buena inclinación, y si dijere 
que otros que habian tractado con ellos se lo referían, á éstos 
se responde lo mismo que á él, que como no pretendiesen 



DE LAS INDIAS. ^^^ 



Otro fin sino robar y captivar y aniquilar estas gentes, como 
él y uno el del y de todos fuese un oficio, el mismo crédito 
se les debe de dar que á los falsarios testigos; y para enten- 
der bien lo que dice, que no aprovecha con ellos castigo ni 
halago ni buena amonestación , debiera Oviedo de responder- 
nos si aquel castigo y halago y buena amonestación era 
porque viniesen á oir la predicación del Evangelio, y porque 
dejasen los vicios y pecados que tenían, ó porque se huían de 
las minas donde cogian el oro, muriendo de hambre y de in- 
fernales trabajos, cuales son los que en ellas se padecen y 
donde sabiau que si no huían habían de perecer; y porque 
muchas veces se huían é iban tras ellos, y traídos, los deso- 
llaban con tormentos que les daban de azote/y otras afliccio- 
nes, dice Oviedo que no aprovechaba con ellos castigo y que 
eran sin alguna corrección. Algunas veces los halagaban con 
palabras blandas, diciéndoles que fuesen buenos, y llamaban 
ser buenos que no se huyesen de las minas y trabajos en que 
los ponían, y porque huían de la vida infernal que teman 
decían, y dice Oviedo, que no aprovechaba halago ni buena 
amonestación con ellos. Esto es cierto que asi se hacia, y 
desta manera los castigaban y halagaban, y así los atormen- 
taban, V finalmente, asi los- acabaron y acabarán los que 
quedan ,\ con todo ésto el pago que Oviedo les dá á los que 
él consumió y ayudó á destruir, é por los otros que destruye- 
ron tantos millares de gentes, es infamallos para siempre, ya 
que no les puede ni pueden hacer más mal, y que los echo 
y echaron á los infiernos. Por ventura , si fuera digno Oviedo 
de ver los fructos de la predicación evangélica que cada día 
la divina Providencia saca por manos é industria de sus sier- 
vos, de las gentes que el cruel cuchillo de los españoles aún 
no ios ravó de la haz de la tierra, como hizo á los desta isla 
y las demás, y muchos millares de la tierra firme, con cuánta 
fe y devoción, dejados los falsos dioses que por no cognoscer 
otro mejor Dios adoraban, y todos los demás vicios que tenian, 
al verdadero Dios y redentor del mundo se convierten; y 
cuánto se corrigen y cuan clara y manifiestamente aprovecha 



120 HISTORIA 

la corrreccion en ellos , no dijera tan gran falsedad é infamia 
perniciosa contra tan infinito número de gentes, pero no fué 
digno de vello, porque, por permisión divina, vaciase del estó- 
mago su ánima la ponzoña infamativa que contra estas uni- 
versas naciones, pueblos y reinos, y orbe tan grande, tan sin 
razón ni causa habia concebido, aunque estando en esta ciu- 
dad de Santo Domingo, donde muchos años vivió después de 
en esta isla no haber ya indios, como se dijo, pudo haber oido 
de muchas personas dignas de fe como en la Nueva España y 
en el Perú, y en otras provincias donde habia religiosos que 
en la instrucción dellos entendian, el inestimable fruto y apro- 
vechamiento y corrección que en ellos hacian, á quien debiera 
Oviedo creer más que á su errada y ciega, y plegué á Dios que 
no maliciosa, fantasía. Levanta otro falso testimonio á todos los 
indios, diciendo que desque entran en la edad adolescente 
pocos desean ser cristianos, aunque se bapticen, y que nin- 
guna atención tienen á lo que les enseñah, y que luego se 
les olvida; podría bien bastar lo dicho para convencer la fal- 
sedad é insensibilidad deste Oviedo, pero todavía es bien 
responderá éstos sus perniciosos dichos, y fuera cosa con- 
veniente que respondiera si en los cinco años que en el Darien 
estuvo, y veinte ó treinta que moró en esta isla, donde, como 
dije, ya cuando á ella vino no habia indio, vido predicar la 
fe y enseñar la doctrina cristiana á algunos indios, ¿cómo 
habían los tristes y trabajados y perseguidos indios de desear 
ser cristianos, ni cosa de la fe de Jesucristo, si nunca tuvie- 
ron del noticia? ¿Quomodo invocabunt in quem crediderunt^ 
aut quomodo credent ei quem non audieruntf ¿quomodo 
aut audient sine predicante?; y dice el pobre hombre , que 
desde que los cristianos vinieron á estas tierras, corrían cua- 
renta y tres años, dentro de los cuales debieran ya de 
haber entendido una cosa en que tanto les iba, como era sal- 
var sus ánimas, como quiera que pudiera estar doscientos 
años sin saber en qué consistia su salvación, si tanto duraran, 
matándolos y. destruyéndolos, antes que oyesen cosa de su 
salvación; y no es verdad lo que dice, que nunca faltaron 



DE LAS INDIAS. 121 

predicadores, porque nunca los vido, ni los habia, ni los 
hobo en aquella parte de tierra firme donde él estuvo, ni en 
esta isla, cuando pudieran doctrinar y aprovechar á los indios, 
y cuando los hobo, no habia ya á quién enseñar, por habellos 
todos muerto; y según la desorden que los españoles tuvieron 
en su infernal cudicia y crueldades, de que trabajándolos con 
ellos usaron, aunque hobiera muchos predicadores no tuvie- 
ran lugar para predicalles, ni los indios para oillos, porque 
harto tenian que hacer los tristes indios en pensar huirse á 
los montes, por hartarse de cualesquiera hierbas ó raíces, 
según la hambre que pasaban, y por salir de aquella vida 
trabajosa, infernal, en la cual tenian certidumbre que hoy ó 
mañana, ó esta semana ó la otra, ó en este mes ó en el otro, 
hablan de acabar sus vidas. Mirad ton qué conciencia y con 
qué verdad pudo decir Oviedo que muy pocos de los indios 
deseaban ser cristianos, y que era gente muy desviada de 
querer entender la fe católica, y que debieran de haber ya en- 
tendido cosa en que tanto les iba , como es salvar sus ánimas. 
Confirma cuanto ha dicho Oviedo ser falsedad, el inextimable 
V aun increíble fructo que en todas las gentes destas Indias 
Dios ha sacado, y todo el mundo sabe, donde quiera' q\ie ha 
habido religiosos que les han predicado, como arriba queda 
ya probado. Llámalos también Oviedo gentes sin piedad; juz- 
gúelo Dios como lo juzgará y lo tiene ya juzgado, y aun cual- 
quiera hombre que tenga Inediano juicio lo podrá juzgar, por 
las obras que habernos en ellas cometido, con tanta impiedad 
y crueldad, ¿á quién juzgará Dios más rigurosamente de im- 
piedad en el postrimero dia, á nosotros cristianos ó á los in- 
fieles indios, cuando, por testigos tan grandes, tan inmensas 
y tan nunca otras vistas ni oidas despoblaciones de tantos 
reinos, y regiones, y provincias se le presentaren? Finalmente, 
ya parece superfluidad responder á cada cosa de las infamias 
y testimonios falsos con que á toda la universidad destas in- 
dianas gentes macula é infama, como aun en sus dichos es 
vario, y lo que alguna vez afirma otra vez dice lo contrario, y 
así parece el crédito que en todo se le debe dar.^ En el cap. 1 3 



122 ' HISTORIA 

del libro II, dice, que naturalmente los indios destas Indias 
están de contino diferentes, siendo todos, por la mayor parte, 
pacíficos, y demasiadamente mansos todos entre sí, si no era 
algunos Caciques y señores grandes que movían guerra contra 
otros, por ciertas causas; y el contrario desto dice en el cap. 2.** 
del libro III, que la gente desta isla tenia la más quieta y 
asosegada manera de vivir, y en el cap. 6.° y 121 del libro II, 
tractando de la causa porqué el Almirante, primero que esta 
isla é Indias descubrió, dejó los 38 hombres, dice que lo 
hizo porque esta gente le pareció muy doméstica y mansa, y 
dice así: «Viendo el Almirante que aquesta gente era tan do- 
méstica, parecióle que seguramente podia dejar allí algunos 
cristianos,» etc., y así se^vo por cierto, que si los 38 espa- 
ñoles no hicieran agravios á los indios, ni se desparcieran unos 
de otros, metiéndose por la tierra dentro, que nunca los mata- 
ran, comeen el lib. I, cap. 86, referimos, y el mismo Oviedo 
también recita en el cap. 12, donde arriba. 



DE LAS INDIAS. 



CAPITULO CXLVII. 



123 



Referidos los males y testimonios falsos, y dadas las razones 
que por falsos los declaran , con que Oviedo todas estas gentes 
de todo este orbe ha infamado y aniquilado temerariamente 
delante todo el mundo, tornando á nuestra Historia, diremos 
las cosas, demás de las dichas, que estando todavía el Rey en 
Barcelona en este año de 519, acaecieron; y una dellas fué 
otro terrible combate que se le ofreció al susodicho clérigo 
Bartolomé de las Casas, y la victoria que con el favor divino 
y con la fuerza de la verdad que traia y defendía consiguió 
del. Esto acaesció desta manera: el obispo don fray Juan 
Cabedo, primer obispo del Darien, de quien algunas veces 
arriba hemos hablado, acordó de ir á la corte, no supe á qué 
fin, no al menos para remedio de las tiranías y perdición que 
padecían sus ovejas, según por algunas de sus palabras se pudo 
conjeturar; el cual, salido del Darien vino á dar á la isla de 
Cuba , donde andaba ya la frecuencia de las quejas del clé- 
rigo Casas, que trabajaba de libertar todos los indios, qui- 
tándolos á los españoles, estimándole por ello por destruidor 
de tantos hidalgos que con los indios se mantenían y de 
enemigo de su nación; díjose después, que oido ésto en Cuba, 
con lo que él también habia oido en el Darien contra el Clé- 
rigo, se ofreció á hacer que lo echasen de la corte. También 
se presumió que Diego Yelazquez le habia untado las manos 
ayudándole para el camino, porque como era el Obispo 
persona de mucha autoridad, sin que fuera Obispo, en espe- 
cial siendo solemnísimo predicador, esperando que le podia 
en la corte con el Rey nuevo, que era el Emperador, en sus 
negocios ayudar, mayormente habiéndosele alzado Hernando 
Cortés con su armada, y la tierra y señorío de la Nueva Es- 
' paña que tan copiosa muestra habia dado de tan grandes 



124 HISTOUIA 

riquezas, y con la esperanza que habla cobrado de ser en 
ella muy gran señor, como de cierto lo fuera si Cortés no le 
hurtara la bendición. Así que, llegado el Obispo de tierra fir- 
me á la corte, que á la sazón, según ha parecido, estaba en 
Barcelona, puesto que por la pestilencia que en la ciudad 
sobreviniera, el Rey estaba en un lugar muy fresco, llamado 
Molin de Rey, tres leguas de la ciudad, y todos los Consejos y 
los grandes á legua y á media legua, otros más y otros menos, 
por lugarejos y fortalezas por allí al rededor, el Obispo se apo- 
sentó en uno de aquellos lugares como mejor pudo; venia de 
cuando en cuando á comer con el obispo de Badajoz, por 
haber sido ambos predicadores del Rey en un tiempo, á 
tractar de sus negocios, posaba el obispo de Badajoz un 
cuarto de legua, en una torre y casa de placer de Molin de 
Rey, donde el Rey estaba aposentado. Un dia vino el dicho 
Obispo de tierra firme á palacio, que fué la primera vez que 
el clérigo Casas supo que era venido; como lo vido el Clé- 
rigo en la cuadra donde el Rey come, y preguntado quién 
era aquel tan reverendo fraile, dijéronle que era obispo de 
las Indias. Llegóse á él , y díjole: «Señor, por lo que me toca 
de las Indias, soy obligado á besar las manos de vuestra- se- 
ñoría.» Preguntó á Juan de Samano, que después fué secre- 
tario de las Indias, con quien el Obispo estaba hablando: 
«¿Quién es este padre?» Samano respondió: «Señor, el señor 
Casas.» El Obispo, no con chica señal al menos de arrogan- 
cia, dijo: «¡Oh señor Casas, y qué sermón os traigo para 
predicaros!» Respondió Casas, no muy amedrentado, antes 
con alguna colerilla: «Por cierto, señor, dias há que yo deseo 
oir predicar á vuestra señoría, pero también á vuestra seño- 
ría certifico que le tengo aparejados un par de sermones, que 
si los quisiere oir y bien considerar, que valgan más que los 
dineros que trae de las Indias.» Respondió el Obispo: «An- 
dáis perdido, andáis perdido.» Dijo Samano: «Señor, del 
señor Casas y de su intención, todos estos señores están sa- 
tisfechos,» ésto decía por los del Consejo. Añidió el Obispo 
una palabra harto indigna de Obispo, «que con buena inten- 



DE LAS INDIAS. 125 

cion podía cometer cosa deshonesta, que fuese pecado mortal.» 
Oida la torpe sentencia, el Clérigo conmovido, con alguna al- 
teración determinó de le responder juxta stultüiam , que lo 
entendieran cuantos en la cuadra habia; abrieron la puerta de 
la cámara del Rey, donde estaba en Consejo, y salió el obispo 
de Badajoz, á quien esperaba el de tierra firme para se ir á 
comer con él, y así no tuvo lugar el Clérigo de le lastimar con 
su respuesta. Visto el Clérigo que se iba á comer con el obispo 
de Badajoz, y que podía dafialle los negocios, como el de Ba- 
dajoz fuese de mucho crédito cerca del Rey, y hasta allí siem- 
pre hobiese al Clérigo favorecido, acordó de se despachar 
luego é irse al castillo donde posaba el obispo de Badajoz, y 
hallólos sobre comida. Acaesció haber comido allí el almi- 
rante D. Diego Colon, segundo de las Indias, y D. Juan de 
Zuñiga, hermano del conde de Miranda, que después fué ayo 
del rey D. Felipe, siendo Príncipe; y sobre comer el obispo 
de Badajoz y el Almirante, jugaron á las tablas, pasando por 
recreación un poco de tiempo, mientras se hacia hora de ir á 
palacio el Obispo. En ésto entró el Clérigo, y estando mi- 
rando todos el juego, cierta persona que habia estado en esta 
isla hablaba con el Obispo de tierra firme, diciendo que se 
habia hecho trigo en esta isla; el Obispo de tierra firme, afir- 
maba que no era posible. El Clérigo llevaba en la bolsa cier- 
tos granos de muy buen trigo, de ciertas espigas que habían 
nacido debajo de un naranjo en la huerta del monasterio de 
Sancto Domingo desta ciudad, y dijo con toda reverencia y 
mansedumbre: «Por cierto, señor, yo lo he visto muy bueno 
en aquella isla , y pudiera decir, veíslo, aquí lo traigo conmi- 
go.» El cual, así como oyó hablar al Clérigo, con sumo infla- 
mentó menosprecio é indignación, dijo: «¿Qué sabéis vos? ésto 
será como los negocios que traéis, ¿vos qué sabéis de lo que 
negociáis?» Respondió el Clérigo modestamente: «¿Son malos ó 
injustos, señor, los negocios que yo traigo?» Dijo él: «¿Qué sa- 
béis vos ó qué letras y ciencia es la vuestra, para que os atre- 
váis á negociar los negocios?» Entonces el Clérigo, tomando un 
poco de más licencia, mirando siempre de no enojar al obispo 



126 HISTORIA 

de Badajoz, respondió: «Sabéis, señor Obispo, cuan poco sé 
de los negocios que traigo, que con .esas pocas de letras que 
pensáis que tengo, y quizá son menos de las que estimáis, os 
porné mis negocios por conclusiones, y la primera será: que 
habéis pecado mil veces, y mil y muchas más por no haber 
puesto vuestra ánima por vuestras ovejas, para librallas de 
las manos de aquellos tiranos que os las destruyen. Y la se- 
gunda conclusión será, que coméis sangre y bebéis sangre 
de vuestras propias ovejas. La tercera será, que sino resti- 
tuís todo cuanto traéis de allá, hasta el último cuadrante, no 
os podéis más que Judas salvar.» Desque vido el Obispo, que 
por las veras no pedia mucho con el Clérigo ganar, comenzó 
á echarlo por burlas y mofar, riéndose y escarneciendo de 
las saetadas que el Clérigo le daba. El Clérigo, todavía, te- 
niendo el rigor de las veras, díjole: «¿Reisos, señor? debíades 
de llorar vuestra infelicidad y de vuestras ovejas.» Dijo el 
Obispo: «Sí, ahí tengo las lágrimas en la bolsat» Respondió 
el Clérigo: «Bien sé que tener lágrimas verdaderas de lo que 
conviene llorar, es don de Dios, pero debíades de, sospirando, 
rogar á Dios que os las diese, no sólo de aquel humor que lla- 
mamos lágrimas, pero de sangre que saliese del más vivo del 
corazón, para mejor manifestar vuestra desventura y miseria 
y de vuestras ovejas.» En todo ésto callaba el obispo de Ba- 
dajoz, pasando con su juego de las tablas adelante, donde pa- 
recía que se holgaba de lo que pasaba, y con ésto el Clérigo 
tomaba favor para confundir al Obispo y á su insensibilidad, 
porque á la primera palabra que el de Badajoz dijera, no ha- 
blara el Clérigo más, por no enojallo y perder su favor como 
lo tuviese ganado. Pasado lo que está dicho, atajó lo demás 
el obispo de Badajoz, diciendo: «No más, no más.» Entonces 
habló el Almirante y el D. Juan de Zúñiga en favor del clérigo 
Casas; el Almirante, refiriendo lo que sentía del Clérigo y de 
sus negocios y buena voluntad , que lo cognoscia más, y D. Juan 
de Zúñiga, según la noticia que del tenia por oídas. Ello todo 
así, asosegado el Clérigo, desde á un rato fuese á su posada. 



DE LAS INDIAS. 



127 



CAPITULO CXLYIII. 



El obispo de Badajoz , desque fué hora de ir á palacio (por- 
que como el Rey comenzaba entonces á reinar eran frecuentes 
los Consejos que se tenían , en especial de Guerra y del Es- 
tado), fuese y dijo al Rey todo lo que había entre el Obispo y 
el Clérigo pasado, diciendo «holgárase Vuestra Alteza de oír 
lo que dijo raicer Bartolomé al Obispo de tierra firme, sobre 
las cosas de las Indias, acusándole que no habia hecho con 
los indios, sus ovejas, como debía, según buen pastor y Pre- 
lado. Oído ésto, el Rey mandó que los amonestasen , que para 
el tercero día pareciesen ante su Real acatamiento, porque 
los queria oir á ambos, y como á persona que le tocaban las 
cosas de las Indias, mandó que también se hallase presente el 
Almirante. Acaesció en estos días que vino allí un religioso do 
Sant Francisco, que había efíado en esta isla Española, y 
visto algunos de los malos tractamientos que se hacían á los 
indios, causa de la disminución dellos; este religioso, por lo 
que había oido del Clérigo, y de los negocios que traclaba y 
del fin que pretendía, deseaba vello y conocello, y así lo an- 
duvo á buscar y vino á él en aquel lugarejo donde el Rey 
estaba, diciendo: «Señor yo he sabido los negocios y pasos en 
que andáis, que son de apóstol verdadero; yo he estado en 
las Indias y he visto los males y daños que aquellas misera- 
bles gente¡ padecen, y ved en qué os puedo ayudar» y aun 
en la misma casa y á la misma hora que descendía^ de la 
brega que había con el Obispo pasado lo fué á hallar. El Clé- 
rigo lo abrazó y dio las gracias por el consuelo y ofertas que 
le daba. Desde'alli predicaba en la Iglesia del pueblo, que no 
era de más de treinta casas, y cuasi las palabras se oían 
en palacio, y, como no habia más de una iglesia, todos ios 



128 HISTORIA 

Grandes allí estaban aposentados, y los que venían de los 
otros lugares cada dia á palacio, y los flamencos y de la casa 
Real, cuasi iban á oir al fraile, que de otra materia más que 
de las hazañas abominables destas Indias no tractaba. Llegado 
ésto á los oidos del Rey, mandó t,ambien que se hallase con 
el Obispo de tierra Arme, y el Almirante y el Clérigo, ante su 
presencia, el fraile. Llegado el dia de la disputa ó audiencia, 
que el Rey determinó dar al Obispo y al Clérigo para que en 
su presencia careados hablasen, llegó primero al lugar ó cua- 
dra donde el Rey habia de estar el Obispo y luego el fraile; 
el Obispo, como lo vido, no le plugo nada, sospechando, 
que como parecía libre en el predicar, lo seria quizá en lo 
que dijese favorable, por lo cual quísolo, como dicen, so- 
bajar y atemorizar, y para este fin, á lo que pareció, dí- 
jole: «Padre, ¿qué hacéis agora vos aquí? bien parece á 
los frailes andar por la corte, mejor les sería estar en sus 
celdas y no venir á palacio.» Respondió el fraile al Obis- 
po, de su misma orden fraile: «Así me parece, señor Obis- 
po, que nos sería mejor estar en nuestras celdas á todos los 
que somos frailes.» Replicóle el Obispo cierta palabra en que 
pretendia echallo de allí, porque cuando saliese el Rey no le 
hallase, respondió el fraile: «Callad agora, señor Obispo, y 
dejad salir al Rey é veréis lo que pasa.» Creyóse por enton- 
ces que el fraile causó, con lo que habia dicho al Obispo, que 
perdiese algo del orgullo y presunción que mostraba, cuando 
desde á un rato se vieron todos delante del Rey. Salido el Rey, 
é sentado en su silla real, sentáronse los de su Consejo en 
bancas, más abajo; éstos eran Mosior de Xevres, el Gran 
Chanciller, el obispo de Radajoz, el licenciado Aguirre y 
otros tres ó cuatro que se me han caído de la memoria; la 
orden de se asentar fué ésta, en las bancas de la mano dere- 
cha, por respecto del Rey, estaba Mosior de Xevres, y luego, 
junto á él, el almirante de las Indias y después del el Obispo 
de tierra firme, y después del el licenciado Aguirre. En las de 
la mano izquierda; el primero era el Gran Chanciller y des- 
pués del el Obispo de Radajoz, y de allí adelante los demás. 



DE LAS INDIAS. 



129 



El Clérigo allegóse á la pared, frontero del Rey, y el fraile de 
Sant Francisco junto al Clérigo. Todos asi ordenados y en 
gran silencio callando, desde á un poco de rato levantáronse 
Mosior de Xevres y el Gran Chanciller, cada uno por su lado, 
y suben la grada de la peana donde el Rey estaba sentado, con 
sumo reposo y reverencia ; hincadas las rodillas, junto al Rey, 
consultan lo que mandaba, hablando muy paso, como á la 
oreja, un ratico de tiempo; tornáronse á levantar, y, hecha su 
reverencia, viénense á sus lugares y siéntanse como de antes 
lo estaban, y estando un poco asi, callando, habla el Gran 
Chanciller (cuyo es hablar y determinar lo que en el Consejo 
se ha de traclar presente ó ausente el Rey, por ser cabeza y 
Presidente de los Consejos): «Reverendo Obispo . Su Majestad 
manda que habléis, si algunas cosas tenéis de las Indias que 
hablar;» ya era venido el decreto de la elección del Rey, 
Emperador, y por ésto se le hablaba con Majestad. El Obispo 
de tierra Grme se levantó y hizo un preámbulo muy gracioso 
y elegante, como quien solia graciosa y elocuentemente pre- 
dicar, diciendo que muchos dias habia que deseaba ver 
aquella presencia real, por las razones que á ello le obliga- 
ban, y que agora que Dios le habia complido su deseo, cog- 
noscia que facies Priami digna erat imperio] lo que el poeta 
Homero dijo de la hermosura de Priamo, aquel excelente Rey 
troyano. Cierto, pareció muy bien á todos, y de creer es que 
al Rey no menos agradó el preámbulo. Tras el proemio, 
añidió luego, que porque él venia de las Indias y traia cosas 
secretas, de mucha importancia, tocantes á su real servicio, 
y que no con venia decirlas, sino á sólo Su Majestad y su Con- 
sejo, por tanto, que le suplicaba que mandase salir fuera los 
que no eran de Consejo; y dicho ésto, estuvo así un poco y 
hízole señal el Gran Chanciller y tornó á sentarse. Parado así 
todo, y todos callando, tornaron Mosior de Xevres y el Gran 
Chanciller, por la misma orden, á levantarse, y subieron al 
Rey, y hecha reverencia, y hincadas las rodillas, tornaron á 
consultar al oido lo que Su Majestad mandaba. Tórnanse á 
sentar con toda la su dicha modestia y reposo, y desde á un 
Tomo Y. ^ 



130 HISTORIA 

poquito, dice el Gran Chanciller: «Reverendo Obispo, Su 
Majestad manda que habléis si tenéis que hablar.» Levántase 
el Obispo, y tórnase á excusar, diciendo: que las cosas que 
trae que decir son secretas, y que no conviene que las oiga 
sino Su Majestad y los de su Consejo, y también porque no 
venia él á poner en disputa sus años y canas. Tornan los 
susodichos Mosior de Xevres y Gran Chanciller por la misma 
orden, y gravedad, y ceremonias pasadas, á consultar al Rey, 
é consultado, tórnanse á sentar, y dice el Gran Chanciller: 
«Reverendo Obispo, Su Majestad manda que habléis si tenéis 
que hablar, porque los que aquí están, todos son llamados 
para que estén en este Consejo.» Manifiesto fué que el Obispo 
andaba porque saliesen de allí el Clérigo que tanto le habia 
dos dias antes lastimado, y también porque saliese el fraile, 
de quien media hora habia que le diera un buen tártago; 
finalmente, habla el Obispo tornándose á excusar y alegando 
que no venia á poner en disputa sus años y canas, pero, pues 
Su Majestad lo mandaba, proseguía adelante, y dijo así: 
«Muy poderoso señor, el Rey católico, vuestro abuelo, que 
haya santa gloria , determinó de hacer una armada para ir á 
poblar la tierra firme de las Indias, y suplicó á nuestro muy 
Sancto Padre me criase Obispo de aquella primera pobla- 
ción , y dejado los dias que he gastado en la ida y en la ve- 
nida, cinco años he estado allá, y como fuimos mucha gente 
y no llevábamos que comer más de lo que hobimos me- 
nester para el camino, toda la más de la gente que fuimos, 
murió de hambre, y los que quedamos, por no morir como 
aquellos, en todo e^ste tiempo ninguna otra cosa hemos hecho 
sino robar, y matar y comer. Viendo, pues yo, que aquella 
tierra se perdía, y que el primer Gobernador della fué malo, 
y el segundo muy peor, y que Vuestra Majestad era en fe- 
lice hora á estos reinos venido, determiné venir á darle no- 
ticia dello como á Rey y señor, en cuya esperanza está todo 
el remedio; y en lo que toca á los indios, según la noticia que 
de los de la tierra donde vengo tengo, y de los de las otras 
tierras, que viniendo camino vide, aquellas gentes son sier- 



PE LAS INDIAS. 131 



VOS a natura, los cuales precian y tienen en mucho el oro, y 
para se lo sacar es menester usar de mucha industria, etc.» 
Estas palabras y otras á este propósito, aunque con alguna 
contradicción de sí mismo, según allí se notó, dijo ante el Rey 
é aquel Consejo y de los demás el dicho Obispo de tierra fir- 
me, y éstos fueron los secretos que traía para decir al Rey, é 
no quería que el clérigo Casas ni los demás los oyesen. 



132 HISTORIA 



CAPITULO CXLIX. 



Cesó de hablar el Obispo, y levantáronse Mosior de Xevres 
y el Gran Chanciller, y van al Rey con la orden y ceremonias 
susodichas, y lomándose á sentar, dijo el Chanciller al Clé- 
rigo: «Micer Bartolomé, Su Majestad manda que habléis.» 
Entonces el Clérigo, quitado su bonete y hecha muy profunda 
reverencia, comenzó desta manera: «Muy alto y muy poderoso 
Rey y señor, yo soy de los más antiguos que á las Indias pa- 
saron, y há muchos años que estoy allá, en los cuales he 
visto por mis ojos, no leido en historias que pudiesen ser 
mentirosas, sino palpado, porque así lo diga, por mis ma- 
nos, cometer en aquellas gentes mansas y pacíficas las ma- 
yores crueldades y más inhumanas que jamás nunca en ge- 
neraciones por hombres crueles ni bárbaros irracionales se 
cometieron, y éstas sin alguna causa ni razón, sino solamente 
por la cudicia, sed y hambre de oro insaciable de los nuestros» 
Estas han cometido por dos maneras: la una, por las guerras 
injustas y crudelísimas que contra aquellos indios que estaban 
sin perjuicio de nadie en sus casas seguros, y tierras donde 
no tienen número las gentes, pueblos y naciones que han 
muerto; la otra, después de haber muerto á los señores natu- 
rales y principales personas, poniéndolos en servidumbre, 
repartidos entre sí, de ciento en ciento, y de cincuenta en cin- 
cuenta, echándolos en las minas donde al cabo, con los in- 
creíbles trabajos que en sacar el oro padecen, todos mueren. 
Dejo todas aquellas gentes, donde quiera que hay españoles, 
pereciendo por estas dos maneras, y uno de los que á estas 
tiranías ayudaron, mi padre mismo, aunque ya está fuera 
dello. Viendo todo ésto yo me moví, no porque yo fuese mejor 
cristiano que otro, sino por una compasión natural y lastimo- 



1)E LAS INDIAS. 



133 



sa que tuve de ver padecer tan grandes agravios é injusticias 
á «entes que nunca nos las merecieron, y así vine a estos 
reinos á dar noticia dello al Rey católico, vuestro abuelo; 
bailé á Su Alteza en Plasencia, dlle cuenta de lo «jue digo, 
rescibióme con benignidad, y prometió para en Sevilla, donde 
iba el remedio. Murió en el camino luego, y asi, ni mi supli- 
cación ni su real propósito bebieron efecto. Después de su 
muerte hice relación á los Gobernadores que eran el cardenal 
de España D. Fray Francisco Xiraenez, y el Adriano,' que 
aaora es cardenal de Tortosa, los cuales proveyeron muy 
bln todo lo que convenia para que tan grandes daños cesa- 
sen Y aquellas gentes no pereciesen, pero las personas que 
las dichas provisiones fueron á ejecutar, desarraigar tanta 
maldad y sembrar tanto bien y justicia no merecieron ; torne 
sobre ello, y después que Vuestra Majestad vino se lo he 
dado á entender, v estuviera ya remediado, si el Gran Lban- 
ciUer primero en Zaragoza no muriera; trabajo ahora de 
nuevo en lo mismo, y no faltan ministros del enemigo de 
toda virtud y bien, que por sus propios intereses mueren 
norque no se remedie. Va tanto á Vuestra Majestad en en- 
tender ésto y mandallo remediar, que dejado lo que toca a su 
Real ánima, ninguno de los reinos que posee, y todos juntos, 
se igualan con la minima parto de los estados y bienes por 
todo aquel orbe; y en avisar dello á Vuestra Majestad, se yo de 
cierto que hago á Vuestra Majestad uno de los mayores servi- 
cios que hombre vasallo hizo á Principe ni señor del mundo, y 
no porque quiera ni desee por ello merced ni galardón alguno, 
porque ni lo hago por servir á Vuestra Majestad, porque es 
cierto (hablando con todo el. acatamiento y reverencia que 
se debe á tan alto Rey é señor), que de aquí á aquel rincón 
no me mudase por servir á Vuestra Majestad, salva la fideli- 
dad que como subdito debo, sino pensase y creyese hacer a 
Dios en ello gran sacrificio, pero es Dios tan celoso y granje- 
ro de su honor, como á él se deba sólo el honor y la gloria 
de toda criatura , que no puedo dar un paso en estos negocios, 
que por sólo él tome á cuestas de mis hombros, que de allí 



134 HISTORIA 

no se causen y procedan inestimables bienes y servicios de 
Vuestra Majestad : y para rectificación de lo que dicho tengo, 
digo y afirmo, que renuncio cualquiera merced y galardón 
temporal que Vuestra Majestad me quiera y pueda hacer, y'si 
en algún tiempo, yo, ó otro por mí, merced alguna quisiere y 
pidiere directo ni indirecte , en ninguna cosa de las susodichas 
Vuestra Magestad me dé crédito, antes sea yo tenido por 
falso, engañador de mi Rey é señor. Allende desto, aquellas 
gentes, señor muy poderoso, de que todo aquel mundo nuevo 
está lleno y hierve, son gentes capacísimas de la fe cristiana, 
y á toda virtud y buenas costumbres por razón y doctrina 
traibles, y de su natura son libres, y tienen sus Reyes y se- 
ñores naturales que gobiernan sus policías; y á lo que dijo el 
reverendísimo Obispo, que son siervos a natura por lo que el 
Filósofo dice en el principio de su Política, que vigentes ingenio 
naturaliler sunt rectores ct domini aliorum^ y delicientes a ratio- 
ne naturaliter sunl servi, de la intención del Filósofo á lo que 
el reverendo Obispo dice hay tanta diferencia como del cielo 
á la tierra, y que fuese así como el el reverendo Obispo afir- 
ma, el Filósofo era gentil, y está ardiendo en los infiernos, y 
por ende tanto se ha de usar de su doctrina, cuanto con 
nuestra sancta fe y costumbre de la religión cristiana con- 
viniere. Nuestra religión cristiana es igual y se adapta 
á todas las naciones del mundo, y á todas igualmente res- 
cibe, y á ninguna quita su libertad ni sus señoríos, ni mete 
debajo de servidumbre, so color ni achaques de que son 
siervos a natura ó libres, como el reverendo Obispo pa- 
rece que significa, y por tanto, de Vuestra Real Ma- 
jestad será propio desterrar en el principio de su reinado de 
aquellas tierras tan enorme y horrenda, delante Dios y los 
hombres, tiranía, que tantos males y daños irreparables 
causa en perdición de la mayor parte del linaje humano, para 
que nuestro Señor Jesucristo, que murió por aquellas gentes, 
su real Estado prospere por muy largos dias.» Esta fué la 
oración del clérigo Gasas, en la cual estuvo buenos tres cuar- 
tos de hora, y el Rey muy atentento, y todos mirándole y 



DK LAS INDIAS. ^^^ 



notando cada palabra de lo que decía. Acabada la habla del 
Cléri-o levanláronse Mosior de Xevres y el Gran Chanciller, 
y fueron al Rev como solian, y, consultado , tornados a sentar, 
dijo el Gran Chanciller al religioso de Sant Francisco: «Padre, 
Su Majestad manda que habléis si tenéis que hablar en las 
cosas de las Indias.» El religioso, hecho al Rey su debido 
acatamiento, comenzó asi: «Señor, yo estuve en la isla Es- 
pañola ciertos años, y por la obediencia me fue impuesto y 
mandado con otros que fuese á visitar y contar e numero 
que habia en la isla de indios, y hallamos que había tantos 
mil- después, á cabo de dos años, me tornaron á encargar y 
mandar lo mismo , y hallamos que habian perecido en aquel 
tiempo tantos mil que habia menos, y así, de aquesta ma- 
nera se habia destruido la infinidad de gentes que había en 
aquella isla; pues si la sangre de uno muerto injustamente, 
tanto pudo que no se quitó de los oídos de Dios, hasta que 
Dios hizo venganza della, y la sangre de los otros nunca cesa 
de clamar, vindica sanguinem nostrum, Deus noder, ¿que hará 
la sangre de tan imnumerables gentes como en aquellas tier- 
ras con tan gran tiranía é injusticia han perecido? Pues por 
la sangre de Jesucristo y por las plagas de Sant Francisco 
pido y suplico á Vuestra Majestad que remedie tanta maldad 
y perdición de gentes, como perecen cada día, porque no 
derrame sobre todos nosotros su rigurosa ira la divinal justi- 
ticia » Esto fué lo que oró el- padre religioso de Sant Francis- 
co- fué harto breve, pero con gran hervor y harto sangriento 
todo lo que dijo, que parecía que los que allí estaban eran ya 
puestos en el final juicio. Desque el religioso ceso de hablar 
Mosior de Xevres y el Gran Chanciller fueron á consultar al 
Rey, é tornados á sentarse, dijo el Gran Chanciller al Almi- 
rante que Su Majestad mandaba que hablase. El cual, con bre- 
vedad y prudentemente, se expidió diciendo: «Señor, los 
males y daños que en las Indias se han hecho y se hacen , que 
refieren estos Padres, son muy manifiestos, y hasta ahora 
clérigos y frailes, no los pudiendo sufrir, los han reprendido, 
y, según aquí ha parecido, ante Vuestra Majestad vienen a 



136 HISTORIA 

denunciarlo, y puesto que Vuestra Majestad recibe en des- 
truille aquellas gentes y tierras inestimable daño, pero mayor 
lo rescibo yo, porque aunque lo de allá todo se pierda, no 
deja Vuestra Majestad de ser Rey y señor, pero yo, ello per- 
dido, no me queda en el mundo nada donde me pueda arri- 
naar, y ésta ha sido la causa de mi venida para informar dello 
al Rey católico que haya sancta gloria, y á ésto estoy espe- 
rando á Vuestra Majestad; y así, á Vuestra Majestad suplico, 
por la parte del daño grande que me cabe, sea servido de lo 
entender y mandar remediar, porque en remediallo Vuestra 
Majestad cognoscerá cuan señalado provecho y servicio á su 
real Estado se seguirá.» Cesó el Almirante de hablar, y le- 
vantóse el Obispo de tierra firme y suplicó por licencia para 
tornar á hablar. Consultaron al Rey los dos que solian, con el 
modo y ceremonias ya declaradas, y respondió el Gran Chan- 
ciller al Obispo: «Reverendo Obispo, Su Majestad manda, 
que si más tenéis que decir, lo deis por escrito, lo cual, des- 
pués se verá.» Levantóse luego el Rey, y entróse en su cáma- 
ra, y no hobo en ésto por entonces más: todo ésto pasó allí 
estando yo presente. 



1^7 

DK lAS IKDIAS. 



CAPITULO CL 



Parece convenir que se refiera aqui la opm.on que aquel 
Obispo tuvo destas gentes de las Indias, y de las ob,as que en 
ellas hicieron nuestra gente de España, para declaracon do 
aquello que el Obispo dijo ante el Rey, que los ,nd.os eran 
siervos anaXura. Esto parecerá por un tractado que compuso 
en lalin é dedicó á un licenciado Barrera, medico, muy su 
ami"0, el cual me lo dio á mi, porque lo era tarab.en m.o, en 
el cual movió y determinó dos cuestiones : la una , s. la guerra 
que se habia movido y hacia contra estas gentes era justa: 
Ulrum bellum hactenus contra indos Occeani mans ^nm^as in- 
calentes sü juslum. La segunda cuestión si los capt.vos en 
aquellas guerras fuesen esclavos legales: Secundo, ulrum capH 
in hoc bello 5«nt servi legales. La primera cuesl.on res- 
ponde: ser las guerras injustas por defecto de autondad, 
porque ni el Papa tal autoridad dio en la concesión que h.zo 
¿los Reyes destas Indias, y los reyes de Castdla. no solo 
nunca tal autoridad dieron por palabra ni por escrito, pero 
muchas veces y por muchas instrucciones, mandamientos y 
exhortaciones, lo prohibieron, y dice así en su tractado: Sed 
m donatione qua Summus Pontifex, tan quam umversahsdorm- 
ñus has barbaras naliones catholico regi Ferdinando dedú et do- 
navü, aui ejus prudenlissimo et sapienlissimo regmmcomimsH, 
non invenüur mandatum lacilum vel expressum de bello tnA- 
cendo contra úlos. Neo ipse serenissimus atque cathohcus Rex 
aUcui gubernatorum seu exercitus ductorum,de qmmplunhus ab 
ipso missis ad instruendum pacificandum reducendumqueprceta - 
tos indos ad obedientiam Sedis apostolice et sum cmlstíudims no- 
mine prmfatx Sedis, tale bellum verbo vel scripto mandavit; vmmo 
hoc prohihuisse notum est aspicienli ejus exortationes et mandata. 



138 HISTORIA 

in scriptis quibus instruí jussit suos gubernatores et capüaneos, 
ut benigne et pacifice dictis barbaris suaderent mónita salutis 
multum sibi conferentia audire et eis obtemperare sub aseveratio- 
ne quod eis in nullo essent molesti , insuperque uxores filios et 
quoíque sua forent ipsis conservabuntur intacta ^ et a quibus- 
cumque^ si quos habuissent adversarios, redderent securos. Si ergo 
auctoritas Principis ad justum bellum requiritur, sequitur quod 
omnia bella mota contra jam dictos barbaros injusta sunt , et per 
¡mvatas personas , non solum sine auctoritate Principis immo con- 
tra ejus multiplicemprohibitionem. Lo mismo prueba ser injustas 
las dichas guerras por no haber intervenido causa justa, que 
habia de ser que nos hobiesen ofendido, infestado, turbado y 
robado alguna cosa, que no nos la quisiesen restituir, ó satis- 
facer, por la injuria que nos hobiesen hecho, y dice así: Sed 
idi de quibus est sermo nec nostra possidebant^ nec in aliquo un- 
quam nobis infestiseu molesti fuerunt , nec nostris impedimentum 
prestarunt ubicumque declinare voluerunt^ antequam male et 
crudeliter tractarentur. Cum igilur, his non obstantibus, eos im- 
pugnar ent et invaserint ethucusque invadere non cessant, eorum 
bona in prcedam et personas in captivitatem redigendo, nulla auc- 
toritate Principis freti, nec causa justa ejus movente, bene mani- 
festum est bellum hactenus motum contra scepe dictos barbaros 
esse injustum. Cuanto á la cuestión segunda, «que los indios 
tomados en aquellas guerras no sean ni pudieron ser esclavos,» 
concluyela desta manera: Cum ergo, ut ex dictis patet in se- 
cando quxsito, nullo modo per quamcumque personam cvjuscum- 
que condicionis potuit indici justum et proprium bellum conti^a 
prcefatos indos ^ nulla in eis culpa precedente; sequitur quodcapti 
in tali bello non sunt servi eorum qui eos cceperunt, nec capientes 
possunt eis juste dominari et per consequens talis dominatio est 
tiránica, et capti non sunt servi Icge justa sed oppresiva, etc. Dice 
después más abajo que no sean tampoco siervos a natura: Et 
quod non sint servi a natura probatur quonian ad hoc quin ali- 
quis sit natura dominus vel natura servus tria requiruntur ; pri- 
mam, quod dominus prudentia et ratione excedat servum et 
quod servus omnino deficiat et careat his , scilicet prudentia et 



DIÍ LAS INDIAS. ^^^ 



ratione-. secundum, quod sü tant(B utüüatis dominus servo quan- 
tc2 servus domino: tertium, quod servus natura non cogatur per 
quemcumque indiferenter serviré domino natura, sed solum per 
Principem aut puhlicam personam. Después de explicadas las 
dichas tres condiciones que se requieren para que uno sea 
s-ervo par natura , dice así : Si ergo, ista tria requirunlur ad do- 
minium el setvitutem naturaíem , luculenter apparet quod sic capti 
in injusto heüo, quod est mdictum sine auctoritate Pnncipis, 
et sine justa causa motum, nonpossunt effici servi legales, et ca- 
pientes sunt potius dicendi latrunculi etoppresores quam domim; 
qua éadem ratione non possunt esse servi natura, cum requira- 
tur autoritas Principis deíerminantis et constituentis tilos qui 
sunt aptitudine domini ut actu dominentur, et eos qui sunt apti- 
tudine servi ut actu pareant et serviant. Privantur ergo juste 
hujusmodi oppressores, ne de his quod vi ceperunt et oppreserunt 
possunt veluti de re possessa disponere, quod est hahere secundum 
legalem quem vulgo sclavum oppellant; privantur insuper ne ídem 
superan et victi eisdem tyrannis et invasoribus commendentur et 
donentur, ut ex illis aliquam possint consequi utilitatem, quod est 
hahere servum naturaíem qui vulgari vocahulo dicitur naboría. In- 
juslum est enim ut dominus natura instituatur Ule qui solum 
suam et non servi qua^rit utilitatem. De aquí parece que el Obis- 
po no asigna otra razón por donde los indios no los pudieron 
tener los .españoles encomendados por siervos a natura, sino 
porque fto los declaró el Rey por siervos a natura, y también, 
aunque cortamente al cabo lo dice, porque los españoles no 
los tractaban de tal manera que les fuesen tan provechosos 
como los indios lo eran á ellos, y así, por falta de las dos cosas 
que se requerían para que fuesen siervos por natura , dice que 
los españoles no los pudieron tener encomendados justamente, 
y por tanto eran tiranos é invasores injustos. De manera que 
supone en lo que dice, los indios ser de si, que es tener ap- 
titud é habilidad , ó por claro hablar, ser incapaces de se go- 
bernar, y así ser siervos de natura, y que el Rey los pudiera 
declarar por tales, y por tanto, dalles á los españoles, con 
tanto que les fueran tan útiles cuanto á ellos los indios; a 



140 HISTORIA 

ésto podemos decir en favor de los españoles, que la hora que 
el Rey daba los repartimientos ó encomiendas, ó las permitía 
dar, era visto dárselos por siervos por natura, pero nunca 
Dios quiera que tal intención el Rey ni la Reina católica jamás 
tuvieran, como parece arriba, libro II, en el cap. 14, y donde 
se puso á la letra la Cédula real, de la cual ocasionalmente 
se introdujeron los repartimientos que llamaron después en- 
comiendas, sin tal mandar tácita ni expresamente, ni pasalle 
por el pensamiento; de manera, que sólo el Comendador Ma- 
yor de Alcántara, después de la Reina muerta, contra expreso 
mandado de la dicha católica Reina, por su propia autoridad 
fué el inventor dello. Tornando al propósito deste señor Obis- 
po de tierra firme, aunque supone, como dije, ser los indios 
siervos a natura, pero no lo prueba ni lo aplica, las condicio- 
nes y razones que el Filósofo pone donde lo alega, que es en 
el libro I de su Política , para que una persona ó personas sean 
siervos por natura, á los indios, y creo yo que no osó aplica- 
lías, porque no halló convenirles á los indios, y cualquiera 
le pudiera con la experiencia y verdad mostrar el contrario, y 
que si él viera que les convenían claro lo dijera. En ésto me 
maravillo cómo se ofuscó su entendimiento viendo él ma- 
nifiestamente que los indios se sabían regir, y tenían sus 
pueblos y Reyes y reinos, y ésto será manifiesto por lo que 
abajo se dijere; allende ésto, el buen Obispo parece haber 
errado la intención del Filósofo, por no penetra^ la mé- 
dula de su sentencia. Las condiciones ó cualidades que ha de 
tener el hombre para ser siervo por natura, son, según el Fi- 
lósofo, principalmente que carezca de juicio de razón , y como 
mentecato ó cuasi mentecato, y finalmente, que no se sepa 
regir. Esto se prueba porque dice allí Aristóteles, que el tal 
ha de diferir tanto del común modo de razón que los hom- 
bres discretos y prudentes tienen, como difiere el cuerpo de 
la ánima y la bestia del hombre; por manera, que así como 
el cuerpo no es capaz de se regir á si ni á otros, ni la bestia 
á sí ni á las otras sino por el ánima y por el hombre, así el que 
es siervo por natura^ ni á sí ni á otros sabe ni puede saber regir, 



BB IXS INDIAS. 141 



sino es por las personas prudentes, que son , por la prudencia 
Y buen juicio de razón, señores, ó por mejor decir. Goberna- 
dores de otros por natura. Las señales que tienen los siervos 
de natura por las cuales se pueden y deben cognoscer, son 
que la naturaleza les dio cuerpos robustos y gruesos y feos, y 
los miembros desproporcionados para los trabajos, con los 
cuales ayuden, que es servir, á los prudentes; y las señales 
para cognoscer los que son señores ó personas para saberse 
gobernar á si mismos y á otros, la naturaleza se las dio, y 
éstas fueron v son, los cuerpos delicados y los gestos hermo- 
sos por la mayor parte, y los órganos de los miembros bien 
dispuestos Y proporcionados. Todo ésto es del Filosofo y 
tráelo el mi¡mo Obispo en aquel tractado, aunque en esto no 
concluye al propósito nada. 



142 líISTOIUA 



CAPITULO CLI. 



Pues trayendo lo susodicho todo al propósito, que los 
indios todos, como él supone que lo son, no sean siervos a 
natura pruébase claramente mostrando todo el contrario. 
Manifiesto es que estas gentes, en todas estas Indias, las ha- 
llamos en pueblos y grandes pueblos pobladas, que es señal 
y argumento grande de razón ; hallémoslas con señores po- 
derosos que las regian y gobernaban, hallémoslas pacificas 
y en sus repúblicas ordenadas, y que cada uno de los veci- 
nos tenia y gozaba de su hacienda, y casa y estado. Esto era 
imposible, ni conservarse tanta gente ayuntada sin paz, ni la 
paz sin justicia, como es todo ésto averiguado. Las señales, 
pues, que tienen de libres, y no de siervos, por natura, tam- 
bién lo declaran, porque por la mayor parte son de muy 
buenas disposiciones de miembros y órganos de las potencias, 
proporcionados y delicados, y de rostros de buen parecer, 
que no parecen todos sino hijos de señores, y son de muy 
poco trabajo por su delicadez, y bien parece pues con los 
trabajos en que los habemosi puesto *han perecido tantos mi- 
llares: desto habemos escrito largo y probado en nuestro libro 
De único vocationis modo omnium gentium ad veram religionem, 
capítulo 4." ítem, sin la prueba susodicha, que bastaría , pues 
hace evidencia de ser aquestas gentes libres y no siervas por 
natura, pruébase también por lo que dice y añide allí el 
Filósofo, de los bárbaros que son propiamente siervos por na- 
tura, entre los cuales no hay principado natural, porque no 
tienen orden de república, ni de señorío, ni subjecion, con- 
viene á saber, no tienen señores naturales, porque no hay 
entre ellos quien tenga prudencia gubernativa, ni prudencia 
electiva para elegir entre si señor ó regente quien los go- 



DE LAS INDIAS. 



143 



bierne, ni tienen leyes porqué se rijan, y obedezcan y teman, 
ni quien prohiba, ni castigue, ni tienen cuidado de la vida 
social, sino que viven como cuasi animales. Pero todo el con- 
trario vemos en los indios, como es manifiesto, porque ellos 
tienen Reyes y señores naturales, tienen orden de república, 
tienen prudencia gubernativa y electiva, porque^ elijen los 
Reyes que los rijan; tienen leyes por que se rijen á que obe- 
decen y temen , y á quien los corrija y castigue , tienen gran 
cuidado de la vida social, luego no son siervos por natura. 
Terceramente se prueba lo mismo por esta manera: ser los 
hombres siervos por natura, es ser estólidos y santochados, y 
como mentecatos y sin juicio, ó con muy poquito juicio de 
razón, según lo que se colije de lo que allí dice dellos el Filó- 
sofo, y ésto es como monstruo en la naturaleza humana, y 
así han de ser muy poquitos, ,y por maravilla, como los mons- 
truos por maravilla se hallan en todas las especies dé las 
cosas, según parece por experiencia; porque un hombre ó un 
animal, por maravilla nasce y es cojo, ó manco, ó con un 
ojo, ó con más de dos, ó con seis dedos, ó con menos de 
cinco y con otros defectos desta manera, y lo mismo es en 
los árboles y en las otras cosas criadas, que siempre nascen y 
son perfectas, según sus especies, y por maravilla hay mons- 
truosidad en ellas, que se dice defecto y error de la natu- 
raleza , y mucho menos y por más maravilla ésto acaesce en 
la naturaleza humana aun en lo corporal, y muy mucho 
menos es necesario que acaezca en la monstruosidad del en- 
tendimiento, ser, conviene á saber, una persona loca, ó san- 
tochada ó mentecata , y ésto es la mayor monstruosidad que 
puede acaecer, como el ser de la naturaleza humana consis- 
ta, y principalmente, en ser racional, y por consiguiente sea 
la más excelente de las cosas criadas, sacados los ángeles, y 
que sea monstruosidad los semejantes defectos del entendi- 
miento, dícelo el Comentador en el libro III «De ánima.» Error, 
inquit , intelledus et falsa opinio ita se habet in cognitionibus, 
sicut mostrum in natura corporali. Pues como los monstruos 
en la naturaleza corporal de todas las cosas criadas, acaez- 



144 HISTORIA 

can por gran maravilla, y, por razón de la dignidad de la na- 
turaleza humana, mucho menos acaezca hallarse monstruo 
cuanto al entendimiento, conviene á saber, ser alguna per- 
sona loca, mentecata, santochada y careciente de con viniente 
juicio de razón para se gobernar, y éstos sean los que por natu- 
raleza son siervos, y estas gentes sean tan innumerables; luego 
imposible es, aunque no hobiésemos visto por los ojos el con- 
trario, que puedan ser siervos por natura^ y así, monstruos en 
la naturaleza humana, como la naturaleza obre siempre per- 
fectamente y no falte sino en muy mínima parte, como el Filó- 
sofo prueba en el libro II. De codo et mundo, y en otros mu- 
chos lugares. Y ésto confirma bien claro á nuestro propósito, 
Sancto Tomás, en la primera parte, cuestión 23, art. 7.'*, 
ad Tertiam^ donde dice, que el bien proporcionado al común 
estado de la naturaleza, siempre acaesce por la mayor parte 
y falta por la menor, como parece que los hombres, por la 
mayor parte se hallan tener suficiente ciencia y habilidad; 
falta, como son los que moriones y locos ó mentecatos se 
llaman. Esto es de Sancto Tomás. Ofúscase, pues, el Obispo 
de tierra firme haciendo á todos estas tan infinitas naciones 
siervos por naturaleza, viendo él claramente lo contrario, y 
por ésto creo yo que no osó aplicar las calidades de los tales 
siervos que el Filósofo trae, por ver que por ninguna manera 
convenían á los indios, y asi pasó disimulando. Erró asi- 
mismo, á lo que parece, en la intención del Filósofo, porque 
el Filósofo dos cosas' pretende allí enseñar; una, que la natu- 
raleza, como no falte en las cosas necesarias á la vida huma- 
na, así como proveyó de inclinación á los hombres para ser 
sociales y vivir muchos en un lugar, fué necesario proveer 
que algunos naturalmente fuesen hábiles para poder á otros 
regir é gobernar, y de aquellos se eligiesen los que goberna- 
sen, porque muchos juntos no pudieran vivir vida quieta y 
sin confusión, si entre ellos no hobiera quien los gobernara. 
Pero no se entiende que todos los que por naturaleza son 
prudentes, sean luego señores de los que menos saben, por- 
que si asi fuese, muchos Reyes serian siervos de sus vasallos, 



DE LAS INDIAS. 145 

ni se sigue tampoco que todos los que tienen poco entendi- 
miento, luego sean siervos de los que más saben, porque así 
todo el mundo se turbaría y confundiria, y si el Obispo en- 
tendió que nosotros, por ser más sabios y políticos que estas 
gentes, aunque ellos tuviesen como tenian sus policías orde- 
nadas, los podíamos señorear por razón de ser siervos por 
natura, erró en la intención del Filósofo que sólo quiso ense- 
ñar haber proveído la naturaleza, entre los hombres y en 
todas las naciones, muchos prudentes y de buen juicio de 
razón para los otros gobernar, como es manifiesto y queda 
.bien probado; pues ningún reino ni provincia, ni pueblo, en 
islas y en tierra firme hallamos, que no tuviese su Rey é 
señor natural, mediato ó inmediato; luego no son siervos por 
natura estas naciones, para que nosotros, aunque seamos 
más hábiles, las debamos señorear, antes, en verdad, que en 
muchas partes destas Indias tenian muy mejor manera de go- 
bierno, cuanto sin fe del verdadero Dios se puede alcanzar, 
que nosotros, y por consiguiente, por aquesta razón, más jus- 
tamente y según naítífíz pudiéramos servilles y ellos señorear- 
nos. Lo otro, que el Filósofo allí enseña, es, que para cumplir 
con las dos combinaciones ó compañías necesarias de la casa, 
que son marido y mujer, y señor y siervo, proveyó la natu- 
raleza de algunos siervos por natura, errando ella que les fal- 
tase el juicio necesario para se gobernar por razón, y les 
diese fuerzas corporales para que sirviesen al señor de la 
casa, de manera que á ellos, siervos por natura, fuese pro- 
vechoso y á los que por natura fuesen señores dellos, que es 
ser prudentes para gobernar la casa, porque imposible ó 
cuasi imposible es la casa poderse conservar sin siervo, ó por 
naturaleza ó habido por guerra, y cuando no lo hay, otra 
persona por su soldada que sirva, y en los pobres, que ni 
siervo ni mozo de soldada puedan tener, en lugar dellos se 
socorre con un buey arador, ó con otro doméstico animal. 
Así lo dice allí el Filósofo; y desto segundo ninguna cosa 
toca los indios, porque no son santochados, ni mentecatos, 
ni sin suficiente juicio de razón para gobernar sus casas y las 
Tomo V. 10 



146 HISTORIA 

ajenas, como queda declarado y probado. Desta materia de- 
jamos escrito en nuestra Apología, escrita en lengua castella- 
na, y en latin en el libro De único vocationis modo, etc.; y 
otro libro en lengua también castellana , cuyo título es Apo- 
logética Historia, donde pongo muy en particular y á la 
larga las costumbres, y vida, y religión , y policía, y gober- 
nación, que todas estas naciones tenian, unas más y otras 
menos, y todas, empero, que mostraron ser hombres razona- 
bles y no siervos por natura^ como el Obispo dijo. Dejadas 
algunas pocas que aun no habian llegado á la perfección de 
ordenada policía, como antiguamente todas las del mundo á 
los principios de las poblaciones de las tierras estuvieron, 
pero no por eso carecen aquellas de buena razón para facil- 
* mente ser reducidas á toda orden y social conversación, y vida 
doméstica y política. 



DE LAS INDIAS. 147 



CAPÍTULO CLII. 



Tornando á proseguir la historia del Obispo de tierra fir- 
me, salido de palacio hizo dos memoriales, el uno, por el 
cual daba noticia de las matanzas y estragos y crueldades que 
habia visto de hacer en aquella parte de tierra firme donde 
habia estado, y en que habia él tenido parte, al menos en el 
oro robado, y aun en las muertes que se perpetraban, en- 
viando, como arriba dijimos, á sus criados con las cuadrillas 
que iban á saltear y robar y captivar las gentes pacificas que 
estaban en sus casas, y en aqueste memorial puso que se 
hablan muerto en hacer los navios en la mar del Sur, que Vasco 
Nuñez hizo, 500 indios, y su Secretario me dijo á mí que más 
murieron de 2.000, y que el Obispo no quiso poner más 
de 500 por parecerle que no lo creerían si dijera tantos. El 
otro memorial contenia los remedios que le parecía que de- 
bían ponerse para que aquellos males y daños cesasen, con- 
viene á saber, que no se hiciesen más entradas, que eran 
aquellos salteamientos para robar y captivar, y que de los 
pueblos que se habían traido, aunque por fuerza y violencias 
y matanzas de paz, y los que por vía pacífica más se atraje- 
sen, se pusiesen en pueblos, y allí se ordenasen de manera 
que tuviesen alguna libertad y acudiesen al Rey con tributo. 
Finalmente, la orden que daba era, en sustancia, la que el 
Clérigo tantos años había que persuadía y daba, salvo que, 
como más experimentado el Clérigo que el Obispo, más por 
delgado y mejor la particularizaba; decía más, que él seña- 
laría persona que tomase cargo de poner aquella orden y que 
gastaría de su hacienda 15.000 castellanos sin que el Rey pu- 
siese de la suya nada. Este fué, según creímos, Diego Velazquez, 
el que gobernaba la isla de Cuba por el Almirante. Hechos sus 



148 nisToniA 

memoriales, fuese á comer un dia con el Gran Chanciller para 
dárselos después de la comida, y dalle mayor noticia y razón 
de lo que en ellos decia, y porque la materia era donde se 
habla de tractar también del Clérigo, de su demanda dijo el 
Gran Chanciller á Mosior de Laxao, como sabia que se había 
de holgar, que se fuese á comer con él, porque tenia también 
al Obispo de tierra firme por convidado, y que se habia de 
tractar de las Indias , y por fuerza se habia de tocar en 
micer Bartolomé. Aceptó Mosior de Laxao el convite, aunque 
lo tenia él mejor de la cocina y también de la mesa del Rey, 
por su oíicio de Submilier, y comían con él los más principa- 
les de la Cámara del Rey é otras personas de mucha cali- 
dad. Después de comido, mete consigo en su cámara, el Gran 
Chanciller, á Mosior de Laxao y al Obispo, y sacados sus me- 
moríales, el Obispo, léelos, y en cada cosa se para dando 
della la razón; donde aclaró cuanto le fué posible las cruel- 
dades que habia visto en aquellas gentes de tierra firme hacer, 
y la despoblación que quedaba hecha de aquellas tierras y 
haciéndose también, la insensibilidad ó crueldad de los que 
la gobernaban y habían gobernado, y destruido y destruían: 
esl'o, cuanto á la materia del primer memorial; cuanto á la 
del segundo, que contenia los remedios, dio razón también 
de cada uno , y engrandeció la persona de Diego Velazquez, 
Y ofreció su buena voluntad y hacienda que tenia para 
poder servir en aquello al Rey. Oido y visto todo lo que el 
Obispo dio por escrito en sus memoriales, y las razones que 
de todo dio, por el Gran- Chanciller y Mosior de Laxao, que- 
daron muy contentos y alegres, por ver y saber que todo 
lo que daba por escrito y decia por palabra, no era otra cosa 
sino confirmar y autorizar todo lo que el clérigo micer Bar- 
tolomé afirmaba y decia , y nunca el Clérigo tanto, según se 
cree, hobia exajerado las matanzas y estragos que en aquella 
tierra firme se habían cometido y cometían cuanto los agra- 
viaba el Obispo. No contentos con lo dicho, el Gran Chanci- 
ller y Mosior de Laxao, que no cabían en sí por el favor que 
resultaba para el Clérigo, pero en especial le preguntaron 



DE LAS INDIAS. 149 

que qué le parecía del negocio que pretendía micer Bar- 
tolomé; respondió que muy bien, y que traia justicia y an- 
daba por el camino de Dios. Desta respuesta quedaron los 
dos más comentos que si á cada uno se diera mucho haber, 
tanto era el amor que al Clérigo tenían, no, cierto, porque los 
había cohechado, porque no tenia con qué, como fuese pobre 
y muv pobre, sino que como caresciesen de propio interese 
y estuviesen libres y limpios sus entendimientos de la basura 
y cataratas de la cudicia, vían que el negocio que el Clérigo 
traia era claramente justo y pío. Desta plática, que allí e! 
Obispo tuvo, resultó mucho mayor crédito que se dio al Clé- 
rigo, por ver que los que se le habian mostrado por enemi- 
gos, por lengua y escrito confesaban lo que él decía, y parecía 
que con sola la fuerza y virtud de la verdad que traia á todos 
vencía. Esto pasado aquel día, el Clérigo fué á la noche á ver 
al Gran Chanciller para oler qué habia de la junta y comida 
del Obispo con aquellos señores sucedido, y así como entró, 
con alegre rostro, el Gran Chanciller, de dos candeleros de 
plata que en la mesa tenia, dio el uno con los dos memoria- 
les del Obispo al Clérigo, diciéndole que se apartase á una 
parte de su cámara y los viese. El Clérigo los leyó muy bien 
leídos, y vuelto al Gran Chanciller, dijo: «Suplico á vuestra 
señoria^que me dé esa péndola.» Dijo el Gran Chanciller: 
«¿para qué?;» respondió: «para firmarlos de mi nombre,» y 
añidió: «¿Hé dicho yo más á vuestra señoría desto, que aquí 
el Obispo confiesa? ¿qué más crueldades, y matanzas y des- 
truicciones de aquella tierra hé yo referido á vuestra señoría 
que éstas? Luego verdad es lo que yo digo, y no lo compongo 
ni finjo, y pluguiese á Dios que no fuese tanto como es y ha 
sido; pero no es así, ni con mil partes una de lo que ha pa- 
sado y pasa se dice.» Respondió el Gran Chanciller con 
mucha dulcedumbre, consolando al Clérigo, como persona 
llena de virtud, diciendo: «Yo espero en Dios que este ne- 
gocio ha de salir á buen fin.» Cada día desde allí crescia el 
crédito con el Gran Chanciller y Mosior de Laxao, y éstos lo 
referían todo al Rey, é el Rey estaba muy bien con micer 



150 HISTORIA 

Bartolomé, y sino tuviera la priesa que el Rey tuvo, ya electo 
Emperador, para se partir de España y proseguir el intento 
de Emperador, cierto, bien fueran dichosas las Indias, y el 
Clérigo fuera, por la obra, no como quiera favorecido. El 
Obispo se fué al lugarejo donde posaba, una legua de allí, é 
cayó luego enfermo de calenturas, según creo, y desde á 
tres dias murió, y díjose que hasta la muerte, desde que se 
sintió que estababa en peligro, no hizo sino predicar las ex- 
celencias de Nuestra Señora, según que las sabia él siempre 
con gran elocuencia decir, é sus defectos, con humildad su- 
plicándole que no se olvidase del. Fué muy notada y notable 
su muerte por éste buen fin della, y por ser á tal tiempo, ha- 
biendo primero significado la verdad de las cosas malas destas 
Indias, que él habia cuasi como aprobado contra lo que el 
Clérigo decia, y haber el Clérigo en su honor, que pareció 
haberle derogado, restituido. 



DE LAS INDIAS. ^^^ 



CAPITULO CLllI. 



En este año de 519, y allí en Barcelona, negociaban los 
hacedores de unos mercaderes, según creo, de Toledo, que te- 
nían arrendada la cruzada y la habían enviado á estas islas, que 
se declarase si podían por las Bulas componer de los bienes 
habidos y ganados con los indios y de los indios, porque 
avisáronlos otros hacedores que acá tenían, que, si de lo 
habido de Indias y con indios se podían componer, se ga- 
narían muchos íñás dineros. Entonces era Comisario gene- 
ral el cardenal Adriano, que después fué Papa. Puesta la 
demanda ante el Cardenal, cometió la declaración della á los 
dos hermanos Coroneles, doctores parisienses y de grande 
autoridad, doctosísimos, y no faltó quien los avisó que no co- 
municasen cosa desto con el clérigo Casas, y aunque eran 
ellos sus amigos así lo hicieron. Los cuales, usando de la 
comisión, estuvieron quince días disputando y confiriendo 
ambos á dos, solos dentro de su casa, y saliéndose al campo, 
y finalmente, se resolvieron al cabo dellos en dar la respuesta 
y solución de la duda por las proposiciones siguientes: 

«Primera proposición.— Si absolutamente los mineros se 
señalaban, á quien los tomaba, por mandado del Rey, para 
que de allí hobiese el oro que pudiese cierto tiempo, todo lo 
que de allí hobo en aquel tiempo fué suyo propio, aunque lo 
hobiese con excesivo trabajo de los indios, y sin dalles de 
comer lo necesario ni pagarles la soldada, y aun siendo por 
aquello causa de su muerte, porque aquellos son pecados 
por sí, é gravísimos, como adelante se dirá, mas no son causa 
que lo que se adquiere no sea de quien lo adquirió, porque 
los fructos que coge un señor de su tierra suyos propios son, 
aunque los haya con excesivo trabajo de los jornaleros, é sin 



152 «ISTORIA 

dalles de comer lo necesario ni pagarles el justo jornal, y aun- 
que de allí redundase muerte dellos. 

«Segunda proposición. — Los cristianos que á los indios 
que trabajaban en los mineros á ellos señalados no han dado 
de comer lo necesario, y no les han pagado la soldada debida 
y han sido causa de su muerte, demás de haber gravemente 
■pecado, son obligados á hacer satisfacción y restitución de 
tres cosas, del mantenimiento, y de la soldada, y de la vida, 

«Tercera proposición. — No siendo vivos aquellos á quien 
no se dio suficiente mantenimiento, ni se pagó el debido 
jornal, ó no son cognoscidos aunque vivan , ni padre ni madre 
dellos, ni hermano ni hermana, ni hijos ni hijas, ni sobrinos 
ni nietos, ni otros cualesquiera que puedan ser sus herede- 
ros, la facultad de componerse, comprende aquellas dos 
cosas: queremos decir, que es materia de composición lo que 
se dejó de dar para el mantenimiento y por el jornal, porque 
allí está clara la obligación de satisfacer ó restituir, é no se 
cognosce á quién, etc. 

«Cuarta proposición. — Cuanto á lo tercero de la restitución 
é satisfacción de la vida, nos parece, consideradas todas las 
cosas, que la más proporcionada manera y más competente 
de satisfacion y restitución á qin3 un próbido y cuerdo con- 
fesor deberia obligar los tales delincuentes, es que contri- 
buyan para guerra contra infieles, ó que ellos mismos vayan 
á ella, poríjue pues que fueron causa de por su culpa que 
muiiesen hombres que pertenecian á la república cristiana, 
es muy justa razón , que pues fué por haber oro, que con ello 
contribuyan para la aumentación de la cristiana religión y 
eslirpacion de sus enemigos , ó que ^Uos mismos vayan á ello. 

«Quinta proposición. — Por cosa muy conveniente, tene- 
mos que los que á lo sobredicho son obligados, contribu- 
yesen con alguna cantidad de aquel oro que hobieron para 
alguna reparación y restauración de aquella destrucción, que 
en aquellas partes, por su culpa, ha sucedido, no para prove- 
cho particular, sino para lo común, porque pues ellos han 
sido causa de grandes males en aquellas comunidades, obli- 



DE LAS INDIAS. 1^3 

gados parece quedar á hacer algo para el reparo de aquellos. 
A lo menos este consejo les es muy saludable, y para el 
sosiego, y reposo, y saneamiento desús conciencias muy pro- 
vechoso.» 

Estas cinco proposiciones fueron de los dichos dos hermanos 
doctores parisienses, y por entonces, en París y en España, 
muv estimados por bu«nos y por doctos, y así, en la forma que 
está dicha las escribieron de su mano, y yo las tengo en latm 
y en romance, de la misma letra del uno dellos ó de ambos, 
y há que las guardo con otros papeles de aquel tiempo, cerca 
de las cosas destas Indias , cuarenta y un años. Y es aquí de 
saber, que al principio no hicieron más de las cuatro propo- 
siciones, las cuales en latin llevaron al cardenal Adriano, 
como era Comisario general de la Cruzada, y él los había 
dado el cargo que aquesta materia tractasen y disputasen, 
como dije, y vistas, dijo el Cardenal: Domini doctores, mde- 
tur mihi aliquid addendum vestris propositmiibus. ¿Quid, revé- 
rendissime domine? dijeron ellos. Respondió el Cardenal: Quod 
ea qu(B restituenda sunt expendantur in eisdem locis uhi patrata 
sunt mala , dummodo in communem cedat satisfactio utilitatem. 
Donde parece que el Cardenal , como fuese sumo teólogo, 
fué de opinión que la satisfacción se debe hacer en los lugares 
donde los daños se hacen, y así lo tiene Sancto Tomás en la 
distinción quindécima del Cuarto, en la solución de un argu- 
mento, aunque algunos doctores no lo hilan en este punto 
tan delgado. Visto, pues, por los hermanos Coroneles á donde 
el Cardenal tiraba, añidieron la quinta proposición de la ma- 
nera que está asentada; y ésta no pusieron en latin, sino en 
romance, y ellos mismos me lo dijeron á mí esto que con el 
Cardenal pasaron. Cuanto á la primera proposición, que es el 
fundamento de las denias, es también aquí de saber que los 
dichos doctores Coroneles muy superíicialmente la tractaron, 
no penetrando los fundamentos de la ley natural y divina 
que es el basis de toda esta materia, antes suponen ciertos 
principios, que para la restitución de los daños que se han 
cometido en estas Indias se deben dejar por extraños; y en 



154 HISTORIA 

ésto se engañaron , porque no lejos están los ejemplos que 
pusieron de ser á la restitución , tocante á los indios agravia- 
dos en estas partes, semejantes. Los ejemplos son de aquellos 
que lo que adquieren se llama turpe lucran^ conviene á 
saber, que se adquiere con pecado, pero aquel pecado no 
obliga á restitución , como es del señor que coge los fructos de 
su tierra con excesivos trabajos de sus ^úbditos, y los de los 
jugadores, y tahúres, y truanes, y otras maneras semejantes, 
cuya adquisición y ganancia no se prohibe por alguna ley 
humana ó divina, sino sólo el pecado con que se adquiere, y 
hay tanta diferencia destos tales ejemplos y ganancias, cuanto 
á la restitución, á la que se debe hacer á los indios, como 
del cielo á la tierra, porque ninguna cosa de lo que se adqui- 
rió en esta isla, de las maneras dichas, de los indios y se ad- 
quiere, ni un sólo maravedí fué ni es suyo, de los españoles 
que los oprimen y destruyen, oprimieron y destruyeron, por- 
que no es ni fué turpe lucrum, sino pura y cualificada rapiña 
y tiranía; cuyo contrario.dijeron los doctores Coroneles, por- 
que, como dije, no ahondaron para hallar los naturales fun- 
damentos, suponiendo principios impertinentes. Esto parecerá, 
placiendo á Dios, en nuestro tractado «De restitución» en latin 
escrito; en el libro I y 11, De único vocationis modo omnium 
gentium ad veram religionem; y en suma parece en nuestro 
Confesionario¡en romance, ya impreso, mayormente en el Con- 
fesionario nuestro, grande, que no está impreso. 



di; las indias. 



155 



CAPÍTULO CUY. 



Por este tiempo y año de 1 9 sobre 500, fué despachado Her- 
nando de Magallanes en Barcelona para descubrir la Especería, 
ácuyo descubrimiento se habia ofrecido y ofreció, no por el 
camino que seguian los portugueses, sino por cierto estrecho 
de mar que tenia por cierto que descubrirla , como fué arriba 
dicho en el cap. 101. Hízoles el Rey merced del hábito de 
Santiago al Magallanes y al bachiller Ruy Palero, y ciertas 
mercedes si cumpliesen lo que habian prometido, y creo que 
al Ruy Palero hizo merced de 100.000 maravedís por su vida 
en la casa de la contratación de Sevilla, porque no quiso ir 
al viaje con Magallanes por algunos respetos que tuvo; y dí- 
jose que de miedo del Magallanes, ó porque riñeron, ó porque 
lo cognoscía, que la compañía de Magallanes, donde mandase, 
no le convenia. Pinalmente, después de partido Magallanes, ó 
quizá antes, perdió el seso tornándose loco el Ruy Palero. 
Dióse en Sevilla á Magallanes todo lo que pidió, conviene á 
saber, cinco navios muy bien proveídos de bastimentos, y ar- 
mas y rescates, y 230 hombres, y algunos más, no llegando 
á 40, entre marineros y pasajeros, con cuatro oficiales del Rey. 
Gastáronse en su despacho de la hacienda del Rey, creo que, 
21.000 ducados y no llegaron á 25.000. Partió de Sant Lúcar 
de Barrameda por el mes de Setiembre del mismo año de 1519, 
al cual dejemos aquí hasta que abajo, si place á Dios, refira- 
mos el suceso de su viaje á su tiempo. A esta sazón vino á la 
corte un marinero llamado Andrés Niño, que se habia criado 
en las navegaciones destas Indias con su padre y otros deu- 
dos, mayormente en la tierra firme. Este se halló con 2.000 
castellanos mal ó bien habidos, que entonces eran por ri- 
queza tenidos, y tomóle gana de descubrir tierra por la mar 



156 HISTOBIA 

del Sur, porque hasta entonces adelante de Nata , que es fron- 
tero de Veragua, y lo que anduvo Gaspar de Espinosa por 
tierra, y Hernán Ponce por la mar, que descubrió hasta el golfo 
de Chira, tierra y mar de Nicoya y de Nicaragua, como se 
dijo en el cap. 71, de la tierra ni de la mar cuál fuese no se 
sabia. Este marinero para alcanzar su deseo , como sintió que 
á él no le darian el cargo sólo de aquel descubrimiento, jun- 
tóse con un hidalgo y caballero, criado del obispo de Burgos, y 
del no poco querido, llamado Gil González de Avila, que ha- 
bia sido contador del Rey en esta isla, y persuadióle que pi- 
diese aquesta empresa, y que él con su hacienda le ayuda- 
rla, con que partiese con él de las mercedes y provechos que 
de aquel descubrimiento se siguiesen; el Gil González no re- 
husó la carrera, porque no le sobraban las riquezas, y así lo 
pidió y lo alcanzó como lo quiso, y otra cosa mayor alcanzara 
por tener por señor al Obispo. Pidió, por aviso de Andrés Niño, 
los navios que habia hecho para descubrir el Perú Vasco 
Nuñez de Balboa, con mucha sangre de indios, que estaban 
en el puerto de Sant Miguel ó Bahía, según arriba se dijo, y 
en la obra dellos quizá se habia hallado el Andrés Niño. Obli- 
góse Gil González de descubrir desde el dicho golfo de Chira 
adelante cierto número de leguas á costa de Andrés Niño; 
hiciéronle Gobernador de lo que descubriese, con otras mer- 
cedes, y no supe el concierto y qué de aquellas mercedes 
habia de caber á Andrés Niño, y así se partieron de Barcelo- 
na el año de 19 sobre 500. Por estos días también tracto el 
clérigo Bartolomé de las Casas con el Almirante de las Indias 
D. Diego Colon, que se ofreciese al Rey, á su costa, edificar 
de cien en cien leguas una fortaleza por mil leguas de la 
costar de tierra firme, y en ella pusiese 50 hombres para trac- 
lar y contractar, que llamamos rescatar, con los indios, y trú- 
jese dos ó tres carabelas, que siempre anduviesen visitando- 
las fortalezas, y que habiendo traído por buena conversación 
los españoles á los indios á su amistad, que por la costa del 
mar hobiese primero, y de allí los de la tierra dentro, por 
ejemplo de aquellos, viniesen á la misma conversación y con- 



DE lAS INDIAS. 1^'^ 

tractacion y amistad, hiciese la tierra dentro á trechos conve- 
nientes otras fortalezas, y asi, el tiempo andando, por toda la 
tierra firme; de donde manifiesto era que se aseguraran todas 
las gentes della, y se supieran los secretos de la tierra, y se 
hobiera todo el oro y riquezas ya cogidas y sacadas de muchos 
años atrás, y se diera codicia á los indios de sacar más de las 
minas, todo por contezuelas, cascabeles, y agujas y alfileres, 
y entre estas comedias, los religiosos y celosos de predicar y 
dilatar la fe, poco hay que adivinar el fructo que en la cris- 
tiandad hicieran, y cuánto sacrificio de ánimas Dios por ésta 
vía rescibiera; y este medio daba el Clérigo para que el ne- 
gocio que él habia propuesto ante el Rey, muy mejor por- 
que con mayor fundamento, y más fácilmente porque con mas 
caudal como el Almirante podía ponello, se hiciera, como es 
manifiesto. Pero no fué digna España que se atajasen los in- 
sultos, V violencias, y robos, y estragos, y matanzas que había 
comenzado á hacer en estas tierras, sino que por todo aques- 
te tan vasto orbe, prosiguiese con las mismas detestables 
obras, y con ellas le acabase de destruir, é hiciese ante tanta 
infinidad de naciones, de que estaba lleno, el nombre de Je- 
sucristo increíblemente, antes de cognoscido, heder. Visto, 
pues, el Almirante, medio y traza tan manifiestamente razo- 
nable, y, según probabilidad moral, muy cierta para que todo 
este orbe se redujese á la cristiandad y á la subjecion del 
rey de Castilla , de donde le venia por consiguiente al mismo 
Almirante incomparable temporal interese (porque pretendía, 
y con justa razón y justicia, en todas estas Indias extenderse 
las mercedes que por sus prevílegios le habían hecho los 
lleves), aceptólo luego, y tratando de lo que pediría por este 
ofrecimiento, y gastos que habia de hacer, con su hermano 
D. Hernando Colon y con el Clérigo , parecía al D. Hernando 
que sobre todo debia de contractar con el Rey el Almirante 
que le concediese la gobernación perpetua de toda la tierra 
donde hiciese las fortalezas. Y como ésto fuese el punto que 
principalmente se tractaba en el pleito que el Almirante tema 
con el fiscal del Rey, que arriba hicimos mención, decía el 



158 nisTOKiA 

Clérigo que no se debia pedir ni tocar en aquella tecla que 
era muy odiosa, mayormente habiendo sobre ella pleito pen- 
diente, y que debia de pedir las mercedes todas las que qui- 
siese, que razonables fuesen, las cuales, sin duda , el Rey le 
concediera como el Clérigo asistiera en ello, y lo aprobara 
diciendo que aquel era el medio para mejor efectuarse el 
fin que pretendia y negocio que habia puesto, y que sirvien- 
do el Almirante en aquello mucho, como en la verdad servir 
pudiera, el Rey después, lo uno por ésto, y lo otro por la 
justicia que en la verdad tenían sus privilegios, la cual entre 
varones doctos y amadores de la verdad, dudosa no era, le 
satisfaciera más complidamente. Pero prevaleció el parecer 
de D. Hernando, que no quiso que el Almirante se obligase 
á hacer lo susodicho, sin que el Rey le concediese el dicho 
gobierno; el Clérigo les dijo que tuviesen por cierto que el 
Rey no lo admitiría, como quiera que el obispo de Burgos 
habia de intervenir con los demás para este Consejo: y así 
fué, que dada la petición por parte del Almirante, llegado á 
á aquel punto no curaron della. Era el D. Hernando docto 
en cosas de cosmografía y de historias que llaman de hu- 
manidad, por lo cual, el Almirante, su hermano, le daba 
demasiado crédito, y no fué chico el yerro que ambos, el 
uno en dar el parecer y el otro en seguillo, hicieron, ni el 
daño que la casa y estado del Almirante rescibió dello. ¡Oh, 
si por este camino entráramos en estas tierras, cuál fructo 
Dios y la universal Iglesia, y no sólo Espafía, pero todo el 
mundo rescibiera! gran dolor y angustia sería para cualquie- 
ra prudente ánimo que lo considerase, si bien lo entendiese. 
Y porque ya entraba el año de 1520, y el Rey concluyó las 
Cortes y se partió de Barcelona, ya electo Emperador, para 
se embarcar en la Coruña é ir á Flandes, no hay en este año 
de 19 que referir, tocante á las Indias, de lo acaecido en los 
reinos de Castilla. 



DK LAS INDIAS. 1^^ 



CAPlTUJll CLV. 

Estando el Rey de partida de Barcelona para Castilla, y 
de allí a la Coruña, donde se aparejaba la flota de cien naos 
para se volver á Fiandes, llegaron los tros padres de Sant 
Hierónimo desta isla Española, y queriendo besar las manos 
al Rey é hacelle relación de cómo la tierra quedaba, nunca, 
ni en Barcelona, ni por el camino, ni en Burgos, donde cele- 
bró, dia de Sancto Matías, su nascimiento, ni en TordesiUas, 
donde fué á ver á la Reina, su madre, y ellos pensaron que 
allí los oiría, pudieron jamás hablalle; acordaron, visto ésto, 
de se ir cada uno á su monasterio y no pasar adelante. El clé- 
rigo Casas todo lo atribuía al juicio de Dios, que no quiso que 
fuesen oidos del Rey ni se hiciese dellos caso, pues tan poco 
remedio dieron á los opresos indios, por quien se esperaba que 
habían de ser remediados, teniendo el remedio en las manos; 
y pareció también algún indicio deste juicio, después algunos 
años , que siendo electo en Obispo desta ciudad de Sancto Do- 
mingo el fray Luis de Fígueroa, que había sido el principal de 
todos tres, cuanto á las cosas de su Orden, y Prelado dellos, 
porque lo abonaron algunos que de la opresión y angustias de 
ios indios poco habían sentido, no quiso Dios que pasase acá 
porque murió siendo electo. Todo esto decimos cuanto á lo que 
tocaba al oficio que trujeron de poner remedio en la libertad 
de los indios, á los cuales ningún bien hicieron antes erraron 
muy gravemente, según el juicio de los hombres, Dios sabe si 
tuvieron excusa ante su divinal acatamiento de sus yerros,- 
pero cuanto á sus personas no dudamos que fuesen religiosos 
buenos. Llegado el Rey á la Coruña, ocurrieron grandes ocu- 
paciones ordinarias de todos aquellos reinos, como el Rey se 
iba, mayormente que se comenzaron á levantar algunas ciu- 



160 HISTORIA 

dades á voz de comunidad, por lo cual estuvo el Rey allí 
dos meses, y también porque por todos ellos siempre hizo 
contrarios tiempos. El Clérigo daba priesa que se determi- 
nase su negocio antes que el Rey se fuese, y por medio del 
Gran Chanciller y de Mosioáfc Laxao, dedicáronse los siete 
postreros dias y precedentes, inmediate á la partida del 
Rey, para entender y despachar los negocios concernientes á 
las Indias; entre los cuales hizo clamores el Clérigo contra el 
obispo de Burgos, porque habia sido causa de que aquel Ber- 
rio se fuese, sin licencia y sin orden del Clérigo, á sacar la- 
bradores, oficio que, para sólo, no sabia, según arriba dejamos 
dicho, porque supo el Clérigo que habia enviado 200 áni- 
mas á esta isla, sin tener cédula del Rey ni despacho alguno 
para que los socorriesen llegando á esta isla, como estaba 
proveido, porque, como ya queda dicho, lo primero y prin- 
cipal que se requiere proveer, cuando se quisiere poblar de 
gente de Castilla, y en especial de labradores, alguna destas 
tierras, es tenerles proveido donde se aposenten y para un 
año al menos de comida, porque como llegan flacos y traba- 
jados de la mar, y enfermos algunos (y si no luego enferman, 
después, hombres, ó mujeres ó niños), y con ésto no traen 
un maravedí, si el Rey no les provee hasta que ellos puedan 
trabajar y tener de suyo, téngase por cierto que toda la más 
de la gente que á estas tierras viniere perecerá, como siem- 
pre según habernos visto ha perecido. Por los clamores que el 
Clérigo dio, y por la buena voluntad que como cristiano 
tenia el Gran Chanciller, se mandó y proveyó que luego se 
enviase á esta isla Española 3.000 arrobas de harina, y 1.500 
arrobas de vino, para que se repartiesen por los labradores 
que Berrio habia enviado tan sin orden y refrigerio; las cuales, 
llegadas á esta isla, ya no se halló á quien repartillas, porque 
unos eran muertos, y otros idos desta isla, y otros hechos ta 
berneros, y asi desbarató toda la dicha población que tan ne- 
cesaria era, la cual, si se prosiguiera, fuera esta isla otra 
España, y tuviera hoy sobre 200 y 300.000 vecinos, de 
donde resultara ser nuestra antigua España felicísima con 



DE LAS INDIAS. l6l 

ella. Tornando á la Historia, en los siete días que dije haberse 
dedicado para en que se tractasen y concluyesen los nego- 
cios del dicho Clérigo, juntáronse muchas veces todos los 
Consejos del Rey que se hallaron presentes, como siempre el 
Rey los mandaba juntar, á tractar dellos; hobo muchas dis- 
putas y muchos apuntamientos cerca de la justicia y de los 
agravios, y daños, y perdimiento destas indianas gentes, dello 
por la gran ignorancia que en aquellos tiempos los Consejos 
todos, por la mayor parte, cerca desta materia padecian, 
ignorando los principios y reglas de la ley natural y divina 
que eran obligados á saber; dello, por ventura, por algunos de 
los que intereses pretendían y los perdían si se ponian en liber- 
tad los indios; dello, quizá, por salir algunos con sus erradas 
opiniones y por la afrenta que por haber errado la goberna- 
ción y mal recaudo que pusieron á estas gentes temian. Fi- 
nalmente, en cierta sesión que se tuvo en uno de aquellos siete 
dias, el cardenal Adriano, que después fué Papa, hizo á todos 
una solemnísima y doctísima oración , probando por razones 
naturales, autoridades de la Ley divina y de los sanctos doc- 
tores, de los derechos, y leyes humanas, y eclesiásticas, cómo 
aquestas gentes infieles habian de ser traidas al cognosci- 
miento de Dios y al gremio de su sancta Iglesia por paz, y 
amor, y vía evangélica, según la forma por Cristo establecida, 
y no por guerra ni servidumbre, tácitamente condenando la 
vía mahomética que en entibar en estas tierras nuestra gente 
Española habia tenido. Fué de tanta eficacia esta oración del 
sancto Cardenal, que todos, ó al menos los más, consintieron 
y alabaron su católica doctrina, y si algunos hobo que di- 
sentiesen della por las causas dichas, al menos ninguno 
hobo que le osase ni supiese contradecir, porque manifiesto 
era que ninguno de los que allí se hallaron presentes tenia 
letras, aunque habia varones doctos, que le pusiesen en 
presunción de pensar podelle con razones sólidas argüir; por 
manera, que allí se determinó, que los indios generalmen- 
te debían ser libres, y tractados como libres, y traídos á 
la fe por la vía que Cristo dejó establecida. Determinóse 
Tomo Y. U 



162 HISTORIA 

también que al Clérigo se diese el cargo de la conversión de 
las gentes que vivían en aquella parte de tierra firme que 
habia señalado, por la manera que la pedia , según arriba pa- 
rece en el cap. 130 con los siguientes, en especial el capí- 
tulo 132, donde están los capítulos de la capitulación que hizo 
con el Rey. Luego el obispo de Burgos envió á llamar al clé- 
rigo Casas, y juntó consigo el Obispo á Hernando de Vega,, y 
al licenciado Zapata, y á Francisco de los Cobos, secretario, 
y otros del Consejo Real , y tratando con el Clérigo en pro 
y en contra, el pro defendiendo él, y el contra, limitando y 
estrechando el poder al Clérigo y toda la negociación, el 
Obispo y los demás (aunque no Con tanto rigor, sino muy 
diferentemente de la manera que de antes habia tenido el 
Obispo, como vía que toda la congregación de los letrados lo 
habia determinado, y también porque ya parecía que se le 
habia mitigado el enojo que solía tener del Clérigo por los 
tártagos que tantas veces le habia causado), finalmente, se 
acabó la capitulación en buena paz, señalando por límites de 
la tierra que se le encomendaba desde la provincia de Paria 
inclusive hasta la de Sancta Marta exclusive, que son de costa 
de mar, leste gueste, 260 leguas pocas más ó menos, y am- 
bos á dos límites, corriendo por cuerda derecha, hasta dar á 
la otra costa del Sur ó Mediodía, que son, como después ha 
parecido, más de 2.500 leguas por la tierra dentro, porque 
no hay otra mar hasta el estrecho de Magallanes. Y así, no 
queriendo el obispo de Burgos conceder cien leguas que pedia 
el Clérigo para que, sin los impedimentos que los españoles 
han dado y daban y suelen dar, los frailes predicasen y con- 
virtiesen aquellas gentes, como pareció arriba en el cap. 104, 
fué forzado á conceder y firmar 2.000. Firmó el Rey la dicha 
capitulación, como arriba se dijo, á 19 dias del mes de Mayo, 
en la ciudad de la Coruña, año de 1520 años. Resultaron de fe 
dicha capitulación muchas provisiones y Cédulas, que des- 
pués de partido el Rey se despacharon , que el Clérigo pidió 
para ejecución y cumplimiento de todo lo capitulado, las 
cuales el Obispo despachó alegremente, quedando en el 



DE LAS INDIAS. 163 

mismo cargo que antes estaba, no con nombre de Presidente 
sino de principal , que usaba el oficio del como siempre lo 
habia tenido desde que se descubrieron las Indias, según ha 
parecido, porque hasta estos tiempos no habia formado título 
de Consejo de las Indias, sino que el Obispo llamaba del Con- 
sejo Real ciertos de Consejo, los que los Reyes pasados cató- 
licos mandaban ó habian para ello nombrado ó elegido. Trató 
muy bien, después de partido el Rey, al Clérigo el Obispo, no 
mirando los enojos que dado le habia, en lo cual mostró ser 
generoso y de noble ánimo, como el Clérigo quedase sin favor 
alguno después del Rey ido y todos los flamencos que hacian 
por él y por la verdad que estimaban que traia. El dia que 
el Rey se embarcó, fué el Clérigo á ver al cardenal Adriano, 
que dejó el Rey por Gobernador de aquellos reinos de España, 
y también destas Indias, y el Cardenal, que salia de la Cámara 
á la sala y con él el Obispo de Almería, que solia ser, licen- 
ciado Sosa del Consejo Real, y habia entendido muchos años 
antes en las cosas de las Indias con el Obispo y los demás, y 
favorecia siempre la verdad que el Clérigo traia, dijo al Clé- 
rigo: «Besa aquí las manos á su reverendísima señoría, por- 
que él sólo os ha libertado todos los indios.» Respondió el 
Clérigo riendo, como no agradeciéndolo mucho, pues el Car- 
denal era como cristiano: Ad plura tenetur, rever endissima 
dominatio sua^ Deo et proximis , quia unicuique mandavü Deus 
de próximo suo. Dijo entonces tambifin sonriendo el Carde- 
nal: Ad minus debetis mihi vestras orationes. Va luego el Clé- 
rigo con toda reverencia y humillación á besalle las manos, 
diciendo: Ego jam dicavi me prorsus obsequio et obedienticB 
vestrce reverendissimcc dominationis, in quo proposito usque ad 
mortem inclusive perseverabo. De donde parece cuál pudo 
ser la oración que en el ayuntamiento de los Consejos hizo, 
y de cuánta eficacia, pues por ella todos se determinaron 
á seguille, y en favor de la libertad destas gentes todos los 
más votaron. Pero como el Rey se fué, y el Clérigo no pudo 
más sustentarse en la corte, faltó todo mamparo, y así no se 
guardó nada de cuanto allí se determinó, sino robarse y pro- 



164 HISTORIA 

seguirse la tiranía y las guerras que llamaron conquistas, las 
muertes, los robos, los extragos cada dia creciendo, despo- 
blando y yermando de sus infinitos moradores estas tierras, 
con la ceguedad y crueldad pasada, y mayor que de antes. Y 
ha sido después acá, tanta la ignorancia inexcusable, espe- 
cialmente en los del Consejo que el Rey ha siempre para trac- 
tar estos negocios nombrado, que han perecido hasta hoy, que 
es el año de 1560, sobre 40 cuentos de almas, y más de 4.000 
leguas de tierra despoblado, cosa nunca jamás otra oida, ni 
acaecida, ni soñada, según que abajo parecerá, si la divina 
providencia y bondad diere vida para contallo. Y como el 
obispo de Burgos quedó con el mismo cargo que de antes, 
parece que si él llevara adelante lo en aquella congregación 
de la Coruña determinado, las tiranías y matanzas, y destruc- 
ciones y perdición destas Indias se hobieran estorbado. Yo, 
gran temor tengo, que como siempre hobiese al bien de los 
indios sido contrario (quizá, cierto, no por malicia, sino 
pensando que acertaba, porque no era letrado y seguía la 
ignorancia y errores de los letrados), que todos los males y 
daños por nuestros españoles perpetrados se le hayan impu- 
tado. Haya placido á Dios que tantas crueldades, tan facino- 
rosísimos pecados y perdiciones de ánimas no hayan sido á 
su cargo. 



DE LAS INDIAS. 



165 



CAPITULO CLYI. 



Venido el Cardenal, Gobernador de aquellos y estos reinos, 
y los Consejos, á Valladolid, hiciéronse todas las provisiones 
que el Clérigo pidió para complimiento de la dicha capitula- 
ción y aviamiento de su viaje necesarias, y partióse para Se- 
villa, donde halló quien le prestase dineros , porque todo lo 
que tenia habia, en idas y venidas desta isla Española á Es- 
paña y estada en la corte , gastado. Llevó cierto número de 
labradores para comienzo de la población que habia de 
hacer, gente llana y humilde como era menester para que 
concordase con la simplicidad y mansedumbre de los indios. 
Diéronle amigos muchos rescates de cuentas de diversos co- 
lores, y otras cosas de menudencias, para dar graciosamente 
á los 'indios y atraellos al amor y conversación suya, y de 
los que habían de meter en aquella tierra consigo. Partió de 
Sant Lúcar de Barrameda, levantando las velas, dia de Sant 
Martin, á 11 de Noviembre del mismo año de 1 520 ; llegó á la 
isla de Sant Juan, que llaman de Puerto-Rico, con buen 
viaje, donde halló nuevas que los indios de la costa de Chiri- 
bichi y Maracapana, de que arriba dejamos hecha mención, 
hablan muerto á los frailes de Sancto Domingo que les esta- 
ban allí predicando. Estos pueblos y estas provincias eran las 
que tenía el clérigo Casas por principal comienzo y principio 
de su conversión y espiritual negociación, por tener allí los 
religiosos hechas sus casas y estar predicando. Fuéle al Clérigo 
de grande angustia y dolor viendo el impedimento tan cierto 
y eficaz de la prosecución de su fin y de los religiosos porque 
tanto habia trabajado. Tuvo también relación que el Audien- 
cia real de Sancto Domingo, sabida la muerte de los frailes, 
hacia cierta armada de gente de guerra para ir contra aque- 



166 HISTORIA. 

lias provincias y hacelles guerra á fuego y á sangre, y ha- 
cellos esclavos en venganza y castigo de la muerte de los 
dichos religiosos , cosa, que por toda esta isla, y aun por todos 
los españoles mundanos que en estas Indias viven ó vivian 
entonces, era muy deseada, conviene á saber, que haya causa 
verdadera ó colorada para hacer guerra á estas gentes, por 
hacellos esclavos. Estando cierto desto y que en breve llega- 
rla en la dicha isla de Sant Juan la dicha armada, acordó allí 
esperalla para probar si con los requerimientos que le hiciese, 
pudiese, ó impedilla ó templalla. Llegó el armada después 
de pocos dias; hizo el Clérigo sus requerimientos al Capitán 
della, que era un caballero llamado Gonzalo de Ocampo, por 
virtud de las Provisiones reales, que no pasase de allí para 
la tierra firme que por el Rey traía él encomendada, á hacer- 
les guerra ni otros daños; y que si habían muerto algunos 
frailes y estaban alzados, á él competía el atraellos y asegu- 
rallos, y á ellos no castigallos, mayormente habiendo sido 
causa de aquella muerte los insultos y tiranías de los espa- 
ñoles que cada día les hacían, robándolotí y cautivándolos y 
matándolos. El Capitán respondió que obedecía las provisio- 
nes y reverenciaba, pero que cuanto al cumplimiento no po- 
dia dejar su jornada ni de hacer lo que el Audiencia real le 
mandaba, y que ella le sacarla, de lo que hiciese por aquel 
mando á paz y á salvo; y así se partió el armada para la 
tierra firme á hacer esclavos, que era todo su fin, y el Clérigo 
á esta isla Española á echar los que iban de allá. Compró 
un navio en 500 pesos de oro, para comenzar su negocio, en 
aquella isla de Sant Juan, fiado, en que vino á ésta, porque 
como conocieron todos el gran cargo y favores que traía del 
Rey, é la mucha tierra rica de oro y de perlas encomendada, 
y que ninguno podía entrar en ella sin su licencia, muchos ha- 
bla y hobo que por esperar del ser aprovechados se le ofre- 
cieron de le ayudar con dineros, y le ayudaron. Antes que se 
partiese de allí puso la gente labradora que trujo en este re- 
caudo, conviene á saber, rogó á los vecinos de la ciudad de 
Puerto-Rico que recogiesen los labradores hasta que él tor- 



DE LAS INDIAS. ^^'^ 



nase, de cuatro en cuatro y cinco en cinco en sus estancias 
ó granjas sustentándolos, lo que por aquel tiempo no fué 
mucho gasto , y ellos lo hicieron y cumplieron de buena vo- 
luntad. Antes que de aquí pasemos adelante, será bien refe- 
rir la causa por qué y la manera como los indios mataron en 
aquella costa ó provincia dos frailes que mataron. Un pecador 
de hombre, llamado Alonso de Hojeda, que moraba en la is- 
letadeCubagua, donde se pescaban las perlas, y en ella 
debia hacer lo que los otros teniendo los indios por fuerza 
en aquellos detestables trabajos, deseoso de hacer esclavos 
como los demás, para que les sacasen perlas de la hondura 
de la mar, acordó, con otros como él, de hacer un romeraje, 
que fué ir por la costa abajo y saber dónde comian los in- 
dios por allí carne humana, para, con este achaque, por 
paz ó por guerra, captivar los que pudiesen y llevallos por 
esclavos. Halló para ésto hartos compañeros, consintiendo en 
ello y autorizándolo, á lo que creímos, el Alcalde de los espa- 
ñoles que allí los gobernaba; mótense en un barco ó carabela 
de las que por allí trataban quince ó veinte galanes, y van 
siete leguas de allí la costa abajo, á parar al puerto de Chiri- 
bichi, que los religiosos de Sanctp Domingo, como arriba 
dijimos , pusieron nombre Sancta Fe, y hicieron una casa con 
sus propios y grandes trabajos, y donde á la sazón estaban 
dos religiosos siervos de Dios, el uno sacerdote y el otro 
fraile lego, porque los demás eran idos á la misma isleta de 
Cubagua á predicar á los españoles, que no tenían mucho 
menos necesidad que los indios de ser doctrinados. Saltaron 
en tierra los del barco, tan seguros como podian entrar en 
sus propias casas, porque cinco años habia que allí estaban 
los frailes y tenían con su ejemplo de santidad todas aquellas 
provincias \an pacíficas seguras y llanas, que no lo podian 
estar más; íbase un solo español cargado de rescates tres y 
cuatro leguas, la tierra dentro, y se volvía sólo cargado de lo 
que habia rescatado, y los mismos que ésto hicieron me lo 
afirmaron. Fuéronse luego al monasterio, rescibiéronlos los 
frailes con grande alegría y consuelo como á ángeles, lo uno 



168 HISTORIA. 

por la caridad que en ellos, cierto, vivía; lo otro, porque como 
solos entre indios estaban, naturalmente de ver españoles de 
su naturaleza se holgaban ; dánies de merendar, huélganse 
de platicar con ellos un rato; dicen que quieren hablar al 
señor del pueblo que se llamaba Maraguáy, la penúltima 
sílaba luenga. Este señor era hombre de su natural fiero, sabio 
y recatado, y que no del todo estaba satisfecho de las costum- 
bres de los españoles, sino que pasaba y disimulaba las cosas 
que hacían por tener en su tierra los frailes como por fiadores 
de los cristianos; enviáronlo á llamar (ó los frailes, ó el Alonso 
de Hojeda que iba por Capitán de la carabela ó barco), que 
estaba en su pueblo, un arroyo de agua en medio. Venido el 
señor Maraguáy, apartóse Hojeda con él y otro que iba por 
Veedor y otro escribano, y en presencia del Maraguáy pidió 
Hojeda un pliego de papel y escribanía al religioso, que era 
Vicario de la casa, y dióselo con su simplicidad y váse. Co- 
mienza Hojeda y los demás á preguntar á Maraguáy si sabía 
que algunas gentes de sus alrededores comían carne humana; 
el cual, como oyó preguntar por quien comía carne humana, 
de que tenía experiencia que á los tales los españoles hacían 
guerras y llevaban por esclavos, alteróse mucho mostrando 
enojo, y dijo en su lengua, «no, no carne humana , no carne hu- 
mana»; y levantóse, no queriendo más con ellos hablar. Ellos 
disimularon y quisiéronlo aplacar lo mejor que pudieAn , pero 
quedó él deslo muy resabiado é indignado, entendiendo que 
buscaban achaques, ó para contra él urdir algún mal ó daños, ó 
á sus vecinos, parientes ó aliados. Despidiéronse de los frailes, 
por ventura quedando los frailes sin saber nada desto en su 
simplicidad; y tornados en su carabela ó barco, van cuatro 
leguas de allí la costa abajo, á un pueblo llamado Maracapa- 
na, donde señoreaba un señor que habían puesto los españo- 
les nombre Gil González, por haber venido á esta isla Espa- 
ñola, y haberle hecho buen tractamiento un Contador del 
Rey que aquí hobo llamado Gil González. Este señor de Ma- 
racapana no era monos prudente que Maraguáy, el cual 
miraba bien las obras de los españoles, y vivia lo mismo, re- 



DE LAS INDIAS. 169 

catado, pero siempre hospedaba graciosamente y con mucha 
alegría á los españoles que venian á su pueblo y casa. Lle- 
gados, pues, á Maracapana, desembarcáronse, y salió el señor 
Gil González con toda su gente á rescibillos con mucho 
placer, y dánles de comer y regocíjanlos, como solían, y trac- 
tan con ellos con dulce y amigable conversación; fingió el 
Hojeda y su compañía que venian á rescatar, ó comprar 
maíz ó grano para pan, de los lagares, la penúltima luenga, 
que era la gente serrana que vivía en las sierras, tres leguas 
de allí, y descansado aquel dia partióse Hojeda, con 15 Ó 20 
de los que traía, la sierra arriba, dejando algunos en guarda de 
la carabela. Rescíbiéronlos los lagares ó serranos como si fue- 
ran sus propios hermanos, y como todas las gentes deste orbe 
siemp^ acostumbraron á rescibir á los españoles, antes que 
del los rescibiesen males y agravios; dícenles que les vendan 
50 cargas de maíz, y 50 hombres que se las traigan hasta el 
pueblo de Gil González, Maracapana , que estaba en la ribera 
de la mar y que allí les pagarían el maíz y el corretaje. No du- 
daron mucho los lagares en les conceder lo que demandaron ni 
se pusieron en regatear. En una hora fué todo el maíz allega- 
do, y hechas las cargas, y los hombres que las trujeron apare- 
jados y cargados, y llegaron con ellas al pueblo de Maracapana 
un viernes en la tarde. Luego, en llegando, en una plaza echan 
las cargas en el suelo y tiéndense á descansar (ma>)Ormente 
donde la tierra es caliente como aquella y ellos tienen poca ropa 
que se desnudar), tan seguros como si entraran en sus propias 
casas. Estando así descuidados, echados descansando, cér- 
canlos disimuladamente los españoles, desenvainan laí es- 
padas y comienzan á los querer atar; vistas las espadas, 
levántanse, quieren huir, dan en ellos los españoles, á unos 
matan, á otros cortan brazos, á otros piernas, otros, por no 
morir hechos pedazos, están quedos y déjanse atar; destos, 
metieron en la carabela treinta y cinco ó treinta y tantos, y 
Hojeda con ellos, y sus compañeros los demás; y ésta fué la 
paga del comercio que hicieron nuestros españoles con los 
serranos lagares, y también el galardón del corretaje. Bien 



170 IIISTOUIA 

se podrá desta obra colegir é adevinar, qué alegría rescibíria 
Gil González, señor de Maracapana, y todo su pueblo, y qué 
podía el otro dia esperar de nuestros cristianos, y si aquella 
injuria que se hizo á Gil González, señor de Maracapana, en 
su pueblo señorío, y casa, so cuya protección confiando vi- 
nieron los tagáres, y quizá que eran sus vasallos, adquirió 
derecho de castigalla: bien creemos que ningún prudente, 
aunque no sea letrado lo negará, mayormente siendo señor 
que no recognoscia superior, según creemos, Gil González. 
Vista esta matanza y maldad tan horrenda y desaforada, Gil 
González, sintiéndola como la razón natural lo dictaba, hizo 
luego sus mensajeros por toda la provincia y las demás, ha- 
ciéndoles saber lo que pasaba, y dentro de cuatro horas se 
apellidó toda la tierra, y creemos que se supo y voló la nueva 
por 20 leguas, yendo los mensajeros como volando de mano 
én mano; y parecióles á todos, que, para del todo quitar que 
no fuesen los españoles á inquietallos, era bien matar loo 
frailes, teniéndolos por culpados en aquel hecho, como vian 
que los españoles cada vez que por aquella costa pasaban , se 
iban á aposentar y refrescar, y holgar, y platicar con los frailes, 
y vieron ó entendieron que habían dado papel y escribanía 
cuando Hojeda en el pueblo de Ghiribichi preguntó el dia de 
antes al señor Maraguáy si por aquella tierra se comia carne 
humana, y así acordaron que si el domingo siguente (cuando 
los cristianos huelgan y salen á tierra de los navios á espa- 
ciarse, de lo cual ya tenian experiencia), salía Hojeda de la 
carabela con su gente, los mataría Gil González, y Maraguáy 
aquef dia matase los frailes, y desde adelante, todos puestos 
en armas, de cuantos españoles en la tierra entrasen no diesen 
la vida á nadie. Esto así determinado, no esperó Hojeda á 
salir el domingo á tierra, sino el sábado de mañana, con su 
poca vergüenza y temeridad como si no hobiera hecho nada; 
por lo cual, la divina justicia no acordó de esperallo más. 
Desembárcanse él y otros 10 ó 12 de sus compañeros, que- 
dando los demás guardando los indios presos en la carabela; 
sálelos Gil González á rescibir á la playa con alegre rostro, 



DE LAS INDIAS. 171 

como si no hobíera pasado nada , y llegando á las primeras 
casas del pueblo, que estaban junto al agua , salieron mucha 
gente armada, con sus arcos y flechas, y otras armas como 
porras, que estaba en celada, y dieron en ellos y mataron al 
Hojeda, con otros cuantos pudieron, sino fueron pocos, que, 
echándose á la mar, fueron y llegaron á la carabela nadando 
y asi se escaparon. Desembarazados los indios de la muerte 
que dieron á Hojeda y los demás, fueron en sus canoas ó 
barcos á combatir la carabela, pero no pudieron prevalecer 
por se defender bien dellos los españoles, y alzar las velas y 
huir, que fué el remedio principal. El Maraguáy no se dio 
tanta priesa en matar los frailes, porque como los tuviese como 
corderos en corral, dejólos vivir hasta otro dia domingo, como 
se habia determinado, y así otro dia domingo, estando el re- 
ligioso|^a vestido para decir misa, y el otro fraile lego confe- 
sado para comulgar, llamó Maraguáy á la campanilla, y fué 
el lego á ver quién llamaba, abrió la puerta, y luego allí lo 
mataron, sin sentir nada el qué estaba encomendándose á 
Dios para celebrar en el altar, al cual llegan por detras, y 
dánle con un hacha por medio de la cabeza, y así los envia- 
ron á ambos á rescibir la Sancta Comunión, donde ya no de- 
bajo de las especies sacramentales como en esta vida se res- 
cibe el cuerpo y sangre del hijo de Dios, pero se ve y adora, 
gusta y goza en aquella visión beatífica toda la Santísima 
Trinidad; y, cierto, se puede piadosamente creer que nuestro 
Señor aceptó aquella su muerte en lugar y obra de martirio, 
pues la causa de su estada y trabajos allí no era ni fué sino 
predicar y fundar y dilatar la sancta fe católica; pero guay 
de quien de aquella injusta muerte fué causa , y el impedimento 
que puso á que aquellas gentes no fuesen alumbradas por la 
predicación, y se convirtiesen á su Criador y redentor. Que- 
maron luego el monasterio y cuanto en él habia, y mataron 
á flechazos un caballo que tenían los religiosos para traer un 
carretón, con que se servian é ayudaban en las cosas necesa- 
rias. Súpose luego este desastre por dicho de indios en la isleta 
de Cubagua; salieron della luego dos ó tres barcos llenos de 



172 HISTOIUA 

españoles armados, y fueron la costa abajo; hallaron toda la 
costa puesta en armas, y porque no osaron saltar en tierra 
tornáronse, y ésta fué la causa de haber muerto aquellos 
frailes, y la orden el cómo y el cuándo los mataron. Venida 
la relación á la Audiencia, ordenaron ir á castigar y despoblar 
aquella tierra, trayendo la gente della por esclavos, según 
arriba dijimos, con este achaque, para lo cual se hizo la dicha 
armada de 300 hombres, pocos menos, en cinco navios, y 
gastáronse en ella, de la hacienda del Rey, diez ó doce mil 
ducados ó pesos de oro. 



DB LAS INÜIAS. 173 



CAPITULO CLVII. 



Tornando al clérigo Bartolomé de las Casas, visto que no 
quiso el Capitán de la armada dejar de proseguir su romería, 
partióse luego en su navio para esta isla Española y ciudad 
de Sancto Domingo; el que muchos no quisieran ver, porque 
ya era por todas estas tierras odioso por saber que pretendía 
libertar los indios, y librallos de las manos de sus matadores, 
en que todos, pocos que muchos, los españoles tenian parte, al 
menos en desear y procurallo servirse dellos por hacerse ricos, 
lo que el padre Clérigo estorbaba, no porque le pesase de sus 
riquezas, sino que por adquirillas no destruyesen aquestas 
gentes que no les debian nada , y por ello ellos mismos se 
condenasen. A su tiempo presentó sus provisiones ante el 
Almirante y los Jueces de apelación y oficiales del Rey, que 
eran cuasi diez por todos, que llamaban entonces la Consulta, 
los cuales para negocios señalados todos se juntaban. Requi- 
rióles lo primero, que las hiciesen apregonar con la solemni- 
dad debida y acostumbrada, lo cual, después de obedecidas 
por ellos, el Almirante y todos los de la Consulta, con toda la 
ciudad, presentes, con trompetas las mandaron apregonar en 
las cuatro calles, que es el lugar más público y solemne de 
aquella ciudad; principalmente una Provisión real se aprego- 
nó, que ninguno fuese osado de hacer mal ni daño ni escán- 
dalo alguno á las gentes moradoras de aquellas provincias, 
dentro de los limites que llevaba encomendados el dicho Clé- 
rigo, por donde viniese algún impedimento á la pacificación y 
conversión que iba á hacer, sino que los que por la costa pasa- 
sen y quisiesen contratar y rescatar con la gente della, fuese 
muy pacífica y amigablemente, como con subditos y vasallos 
de los reyes de Castilla, guardándoles toda verdad en lo que 



174 HISTORIA 

con ellos pusiesen, so pena de perdimiento de todos sus bie- 
nes y las personas á merced del Rey (y en la capitulación 
se ponia pena de muerte), mandando á todas las justicias 
destas Indias que las secutasen en los que el contrario hicie- 
ren. Esto hecho, requirióles que le mandasen desembarazar la 
tierra que llevaba á cargo, y luego, con la mayor presteza 
que ser pudiese, mandasen venir el armada, y que no hiciese 
guerra á los vecinos de aquella tierra, y que si habian muerto 
los frailes habia sido por los insultos de Hojeda y de los que 
le ayudaron, estimando á los frailes por enemigos partícipes 
de aquella matanza que en Maracapana hicieron, y que no 
tenían ellos poder para los castigar, y él tenia poder para 
asegurallos y paciíicallos, para lo cual protestaba, etc. Res- 
pondieron, que Verian en ello, y trujéronlo muchos dias en 
palabras, sin determinarse. Estaba allí un vizcaíno, calafate 
que calafateaba los navios, al cual oficio habia ganado algunos 
dineros, los cuales empleó en tener parte en navios de los que 
andaban á saltear indios de la tierra firme y otras partes, y 
llegó á tener dos navios suyos, y metía 50 ó 60 españoles en 
cada uno, á su costa y misión, ó admitiendo á otros en su 
compañía que pusiesen parte de los gastos, los cuales iban á 
la tierra firme é islas, donde más aína lo podían hacer, y sal- 
teando á los vecinos que estaban seguros, á otros tomaban 
asegurándolos por engaño, y así henchían los navios de hom- 
bres y mujeres, y niños y viejos, y traíanlos á esta ciudad, y 
vendíanlos por esclavos: desta granjeria allegó mucho caudal 
este calafate. El cual , como vido al clérigo Gasas y supo el 
cargo que traía, no le pesó menos que si viera al diablo, por- 
que vía que se le habia de impedir su espiritual granjeria, y 
sus dos navios habían de buscar otro modo de granjear en 
que ocuparse. Este creemos que principalmente, y otros, 
comenzaron á publicar que el navio del clérigo Casas no es- 
taba para navegar, ni estaba tal que se pudiese adobar, y 
porque no pereciese la gente que en él navegase, se debía 
echar al través y la mar abajo; mandó el Audiencia que se 
pusiesen personas que lo examinasen , creo que fué uno el 



DE LAS INDIAS. 175 

mismo calafate y otros marineros y gente de aquella arte, que 
temian el impedimento de su saltear, y asi condenaron al navio 
del Clérigo que lo dejasen ¡r el rio abajo por no estar para 
navegar ni ser remediable, todo para impedir el negocio del 
Clérigo, por ser á todos odioso, porque á todos, con los mismos 
Jueces y Oficiales, de aquel robar y saltear hombres cabia 
parte; y desta manera el padre Clérigo perdió 500 pesos de 
oro ó 500 castellanos que el navio le habia costado. En estos 
dias comenzaron á venir ,navíos cargados de indios esclavos 
que habia tomado en la guerra que habia ya hecho el Gonza- 
lo de Ocampo, capitán, con su armada, el cual, llegado con 
ella al puerto de Maracapana, tierra y señorío de Gil González, 
disimulando, como que venian de Castilla bozales, teniendo 
la gente toda debajo de cubierta, no pareciendo más de tres 
ó cuatro, vino luego el Gil González en una canoa al navio 
donde estaba el Capitán, y sin llegarse á él preguntaba qué 
queria, con algunos vocablos, mal pronunciados, castellanos; 
el Capitán respondía muy en castellano, haciendo muy del 
ignorante, como persona que no sabia en qué tierra estaba; 
llegóse más el Gil González, fingen que le quieren dar pan de 
Castilla y vino y no se que más, llégase más al navio, estaba 
aparejado un marinero muy suelto y nadador, y ahorrado de 
ropa, y, de súbito, salta del navio en la canoa, y abrázase con 
el Gil González, y ambos dan consigo en el agua, y el marinero, 
con una daga que por detras llevaba, dale ciertas puñaladas, 
y saltan luego otros marineros, y así lo tomaron y mataron; 
sale luego toda la gente española en tierra en sus bateles, y 
combaten el pueblo, matan cuantos pudieron, y todos los de- 
mas tomaron por esclavos, y de lo uno ó de lo otro muy pocos 
se escaparon. Muerto su señor Gil González corrieron la tierra 
después por alli abajo, matando y captivando cuantos halla- 
ban, y cargando los navios dellos, y enviándolos á esta ciudad; 
viéndolos venir el padre Clérigo rabiaba, y con terrible rigor 
lo detestaba delante el Audiencia, afirmando ser tiránico todo, 
injusta la guerra, y que no eran aquellos esclavos, y protes- 
tábales de tornar al Rey y de hacer que los castigase y que 



1 76 nisTORiA 

pagasen los gastos que en hacer aquella armada hicieron de 
la hacienda del Rey, sin tener comisión para hacella, y cuan- 
tos daños en aquella tierra se hacían, y ^escándalos, destru- 
yendo aquellas gentes, y estorbando que la fe no se les pre- 
dicase, antes daban causa que blasfemasen della, y aborre- 
ciesen la religión cristiana; de las cuales protestaciones ningún 
placer ni consuelo todos ellos tomaban, antes temian el daño 
que el Clérigo les pedia hacer, porque le cognoscian tener 
vigor y ánimo, y habian visto que no habia ido vez á Castilla 
que no trújese cuanto pretendía negociado,, y siempre con 
favor de los Reyes ó de los que gobernaban. Pasaron en ésto 
algunos dias, y, muchas veces entre sí platicando, acordaron 
de no descontentar al Clérigo, antes ganallo, y también, al- 
guna cudicia mezclándoseles, tomar algún medio con él, para 
que desde la tierra firme que llevaba á su cargo él procurase 
los intereses que deseaban. Cuatro maneras de provechos 
pretendian haber de aquella tierra que el clérigo Casas lleva- 
ba: la una, la pesquería de las perlas que habia en la isleta 
de Cubagua , donde por entonces se pescaban, porque allí 
tenían los principales desta ciudad de Sancto Domingo sus 
casas y cuadrillas de indios, y dellos de los lucayos, con sus 
mayordomos que tenían cargo de aquella pesquería, con que 
los mataban y al cabo los acabaron ; otra era el rescate del oro 
que por toda aquella costa hasta la provincia de Venezuela, y 
más adelante, por cosillas de Castilla, en especial hachuelas de 
hierro, se rescataba; la tercera, y ésta era la mayor y donde 
ponían más cuidado y de lo que tenían mayor ansia, conviene 
á saber, poder haber muchos esclavos; la cuarta era, que como 
habian hecho muchos gastos en hacer aquella armada sin tener 
comisión del Rey para hacerla, pensaron recompensarlos 
con favorescer al dicho Clérigo, de cuyo suceso bueno al Rey 
se recreciese provecho por su parte: llamaban suceso bueno 
que el Clérigo fuese autor y consintiese hacer guerra á los 
indios, y en ella muchos esclavos. Pues para conseguir las 
dichas cuatro utilidades, parecióles que no se podia mejor 
guiar que dando manera como tuviesen entrada ó salida en 



DE LAS iNfHAS. 177 

aquella tierra, para poder de los bienes temporales que ellos 
creían que habia en ella participar, y porque sabían que 
sin voluntad del Clérigo no podian rodeallo, y que resistién- 
dolo él pudieran poco aprovecharse, ordenaron que debían 
de hacer cierta compañía con él , so color de dalle favor y 
ayuda para su despacho, pues él no tenia facultad para se 
despachar por hallar todas las cosas mudadas, y asi mostrar 
que lo hacían por servir al Rey como se lo mandaba, ayu- 
dándole á que su negociación fuese adelante. La compañía 
ordenaron desta manera; que se hiciesen veinticuatro partes 
que costeasen y ganasen por igual , las seis fuesen del Rey y 
las seis del Clérigo y de sus 50 caballeros de espuelas dora- 
das, que habia de escoger, y de las otras doce hobiese el Al- 
mirante lastres, y los cuatro Oidores que eran el licenciado 
Marcelo de Villalobos, y el licenciado Juan Ortiz deMatienzo, 
y Lucas Vázquez de Ayllon, y el licenciado Rodrigo de Figue- 
roa, tuviese cada uno su parte, y los tres Oficiales, tesorero 
Miguel de Pasamonte y contador Alonso de Avila y factor 
Juan de Ampies las tres, y las otras dos los dos secretarios de 
la Audiencia, Pedro de Ledesma y Diego Caballero. Y así, el 
Rey contribuyo por seis partes, y el Clérigo por seis, y el Al- 
mirante por tres, y los Jueces y Oficiales y Secretarios cada 
uno por la suya; y de las ganancias y provechos, que imagi- 
naban que habían de haber, por la misma forma habían de 
gozar y tener el interés. Esto así entre ellos determinado, en- 
viaron á llamar al clérigo Casas, y dánle parte de lo que ha- 
bían pensado, platicado y determinado, encareciéndole que 
lo habían así ordenado por favorecello y ayudallo. El Clérigo, 
visto que para se despachar de allí por entonces no tenía otro 
remedio , y que si no era su despacho con voluntad y bene- 
plácito dellos nunca lo pudiera hacer, y que entre tanto des- 
poblarían, trayendo esclavos, aquella tierra, respondió que le 
placía que se hiciese la compañía. Hízose capitulación desta 
compañía, que contenia en suma lo siguiente: Que se le diese 
al Clérigo el armada que se habia enviado á hacer guerra á 
los indios, con ciertos bergantines y barcos della y todo lo que 
loMü V, 1-2 



178 nisTORiA 

en ella habia, y que de la gente que habla llevado el dicho 
Capitán, que eran 300 hombres, se eligiesen 120 á sueldo y 
los otros se despidiesen; éstos habían de servir con un Capi- 
tán, y señalóse el mismo Gonzalo de Ocampo, para tener la 
tierra en paz, porque tuviese el clérigo Casas, con los predica- 
dores que habia de meter consigo, libertad de predicar las 
gentes della. Y éste era el primer capítulo, como comienzan 
las santiguaderas que comienzan en Dios y acaban en su con- 
trario. Otro capítulo fué para sustentar el rescate de las per- 
las y tiranía que en sacallas se hacia, aunque no lo decia el 
capítulo así, sino que fuese con voluntad de los indios, pero 
nunca se hizo sino por maravilla por su voluntad. Otro capí- 
tulo contenia, que la dicha compañía y armada se ordenaba 
para que por el dicho licenciado, clérigo Bartolomé de las 
Casas, se averiguasen las gentes y provincias donde se comía 
carne humana, y los que no querían estar en paz y en con- 
versación de los españoles, y los que no querían rescibir la 
fe y los predicadores della-, y habia de decir él , «yo declaro 
tal provincia por comedores de carne humana , y tales que no 
quieren ser amigos de los españoles, y tales no quieren res- 
cibir la fe ni los predicadores della » , y luego el Capitán con los 
120 hombres y dalles guerra y hacer todos los que tomasen á 
vida esclavos; y ésto era todo su principal fin y deseo á que 
todo lo que hacen se ordenaba, porque pensaban y^ esperaban 
que el Clérigo les habia de henchir todas sus casas y hacien- 
das y granjerias de esclavos, Y era tanta su ceguedad que no 
advirtieron, que habiendo andado cinco ó seis años el Clérigo, 
como todos sabían, trabajando y muriendo, yendo y viniendo 
á Castilla porque no hiciesen esclavos, y los que tenían he- 
chos los libertasen aunque fuesen de los caribes ó que comían 
carne humana , oyéndole afirmar que hacellos á aquellos escla- 
vos era tiranía, que así engañasen á sí mismos, que pensasen 
que el Clérigo habia de ser causa de aquellas guerras y de 
que se hinchiese de esclavos esta isla, señalando y diciendo 
de claro que la gente de tal provincia son caribes, ítem, que 
teniendo los indios todos de aquellas provincias justísimas 



DE LAS INDIA?. ' 179 

causas de perseguir y destruir, matando y despedazando, todos 
cuantos españoles pudiesen haber, por los males y daños irre- 
parables que de ellos habían rescibido, que si no quisiesen 
ser sus amigos, sin satisfacción y sin cesar de sus tiranías, que 
el Clérigo por ésto los hobiese de declarar por enemigos, y que 
la guerra luego por el mismo caso se hobiese de seguir. ítem, 
que si no quisiesen rescibir los predicadores, como si supieran 
la diferencia que había de predicadores á tiranos, y si resis- 
tían y mataron á los frailes que verdaderamente lo eran pre- 
dicadores, los mataran como á predicadores y no como á 
cómplices de salteadores y amigos y naturales de la misma 
nación á quien ellos tanto tenían aborrecida, ó si los mataron 
por razón de odio que tuviesen á la fe. ítem, que si no qui- 
siesen rescibir la fe, declarándolos el Clérigo por tales, se les 
había de hacer luego guerra y hacellos esclavos, como si á 
palos se les hobiera de dar y contra su voluntad rescibilla, y 
luego, en llegando el armada , con requerilles que la rescibie- 
sen hobieran en el crimen lesee majestatismcurñáo. Fué, pues, 
grande la ceguedad ó ignorancia, yaque no fuese malicia, de 
aquellos señores, en creer que aquellas horribles y absurdas 
condiciones había el Clérigo de cumplir, teniéndolo por buen 
cristiano y no cudicioso, y que moría por libertar y ayudar á 
salvar estas gentes como lo teiiian. Pero el Clérigo aceptó 
las condiciones por redimir su vejación, con intención de en 
todo lo que se pudiese grangear buenamente y sin pecado y 
perjuicio de los indios y de su pricipal negociación, que era 
la predicación, como del Rey traía, con ello acudilles con toda 
fidelidad, así como en los rescates del oro por toda aquella 
costa de mar, y con atraer á los indios, por bien y con dones 
de los rescates, que viniesen á sacar perlas á la isleta, y con 
todo lo que de provecho en la tierra hobiera, que no fuera 
para ellos de chico interese. Pero todo les pareciera poco sin 
henchilles las casas y granjerias, como dije, de esclavos indios, 
de lo que el Clérigo estaba bien desviado. 



180 HISTORIA 



CAPÍTULO CLVIII. 



En estos dias, á tantos de Mayo, año de 1521 , víspera de 
Santa Catherina de Sena, murió aquel siervo de Dios, el padre 
fray Pedro de Córdoba, que trujo la órdén de Sancto Domingo 
á esta isla, como arriba dijimos; murió de ético, de las gran- 
des penitencias que habla hecho en su vida, en esta casa y 
ciudad de Sancto Domingo , rescibidos los sánelos Sacramen- 
tos muy devotamente, siendo Vice-provincial , de edad de 38 
años, consummalus in hrem explevü témpora multa, etc. Sapien- 
tice 4.*^. Predicó á su entierro, Domingo, dia de Santa Catherina 
de Sena, el padre fray Antón Montesino, de quien también 
arriba hicimos larga mención, y tomó por lema, Quainhonum 
et guam jocundum habitare fralres in unum; y, cierto, se estimó 
que fué luego ó en breve á gozar de Dios, en compañía de la 
Virgen de Sena, beata y santa de la misma Orden. Tornando 
á nuestro negocio del Clérigo, diéronsele luego dos navios en 
esta ciudad y puerto de Sancto Domingo, ambos bien amari- 
nados y cargados de vino y aceite y vinagre, y mucha canti- 
dad de quesos de las Canarias, y otras muchas cosas de bas- 
timentos y municiones, y rescates, y licencia para tomar do 
la isla de la Mona 1.100 cargas de pan ca^abí de lo que el 
Rey allí tenía, que los indios moradores de aquella isleta le 
solían dar, y, finalmente, fué muy bien despachado de esta 
isla, y proveído de todo lo necesario para su viaje y para lo 
que en la tierra firme se habia de ordenar y tractar. Partióse 
deste puerto por el mes de Julio, año del Señor de 1521; 
con buen viaje llegó á la Mona, donde tomó el dicho* pan, y 
de allí fué á la isla de Sant Juan de Puerto-Rico, donde 
pensó de hallar la gente labradora que habia traído y llevalla 
consigo, pero no halló alguno que llevar porque se habían 



PE LAS INDIAS. 



181 



ido con ciertos salteadores á robar y saltear indios, que era 
el oficio y granjeria que más se usaba por aquellos tiempos; 
prosiguió de allí su viaje á la tierra firme, y halló al Capitán 
y gente, buscando qué robar y captivar, ocupados. Habia 
comenzado á hacer un pueblo de españoles Gonzalo de Ocam- 
po, media legua el rio de Cumaná arriba, que llamó Toledo, y 
como los indios de toda la tierra andaban huyendo, y sin 
ellos nunca los españoles por todas las Indias se vieron hartos, 
éstos andaban hambreando, y por ésto vivian muy descon- 
tentos y ni quisieron poblar á Toledo, ni aunque lo llamara 
Sevilla no lo poblaran ; y si mucho el Clérigo se tardara bien 
se creyó que se amotinaran, pero venido, y sabido que traia 
licencia para los que no quisieran quedar de su voluntad se 
tornasen, asosegáronse. Dándoles parte de la negociación que 
el Clérigo traia, ninguno quiso con el Clérigo quedar; dellos, 
porque andaban ya cansados de montear indios, con muchos 
trabajos y hambres; otros, porque no esperaban medrar con 
él, entendiendo que en el robar y captivar indios, y en ha- 
cerles otros agravios acostumbrados, les habia de irá la mano, 
y con temor que no los quisiese tener por fuerza, y les tomase 
los navios donde se hablan de tornar, nunca quisieron salir 
todos en tierra, sin dejar en cada batel ó barca de los navios 
20 hombres que los guardasen. Finalmente, se hobieron todos 
de volver á esta isla, y para el camino les mandó dar el Clé- 
rigo cinco libras de pan cagabi, para cinco dias que comun- 
mente duraba el viaje, á cada uno graciosamente, sin ser á 
ello obligado, con lo cual y lo poco más de bastimentos que 
tenían en los navios se tornaron. Quedóse el Clérigo sólo con 
algunos criados suyos y algunos otros que tomó á sueldo para 
que lo acompañasen. El capitán Gonzalo de Ocampo, que era 
amigo del Clérigo, mostró pesar de su soledad, y en ella lo 
consolaba, el cual después se partió para esta isla. Hablan 
ido ciertos religiosos de la orden de Sant Francisco á poblar 
en Cumaná, c"on aquella gente, cuyo Perlado era un fraile 
llamado fray Juan Garceto, extranjero, creo que de Picardía, 
que habia venido á esta isla con el que dijimos arriba lia- 



182 HISTOIMA 

raarse fray Remigio ; aquél era muy buen religioso y persona 
prudente, deseoso de iiacer fruto en aquellas gentes. Estos 
religiosos, como vieron al Clérigo con la prosperidad que pare- 
cía traer y buen recaudo para la conversión dellas, hobieron 
alegría inestimable; saliéronle a rescibir con Te Deum lauda- 
mus^ diciendo: Benedictiis qui venü in nomine Dominio y él 
con ellos dio muchas gracias á nuestro Señor Dios de hallar- 
los. Tenia su casa y, monasterio de madera y paja, y una muy 
buena huerta donde había naranjos de maravillosas naranjas, 
y un pedazo de viña y hortaliza, y melones muy finos, y otras 
cosas agradables; todo ésto habían puesto y edificado los 
religiosos de la misma Orden que fueron al principio, cuando 
el padre fray Pedro de Córdoba con sus Dominicos, como en 
el cap. 54 de la parte II queda declarado. Estaba esta casa y 
huerta un tiro de ballesta de la costa de la mar, junto á la ribera 
del rio que llaman de Cumaná, de donde toda aquella tierra 
se nombra Cumaná. El Clérigo mandó hacer una casa grande 
como un atarazana, para meter toda la hacienda que traia, 
junto á las espaldas de la huerta de los frailes; lo más presto 
que pudo, dio á entender á los indios por los religiosos, y ellos 
por medio de una señora india llamada Doña María, que sabia 
algo de nuestra lengua , como venía enviado por el Rey de los 
cristianos, que entonces de nuevo reinaba en España, que ya 
no habían de rescibir daño alguno dellos, sino buenas obras, 
y habían de vivir en mucha paz y amistad, como verían 
adelante; y con ésto trabajaba de los alhagar y ganalles la 
voluntad, dándoles de las cosas que traia, y siempre recatado 
de los que con él estaban no diesen materia ú ocasión, por 
chica que fuese, de escándalo. Ya está dicho arriba, que la 
isleta de Cubagua, donde se cogían las perlas, carece de agua 
potable, porque ninguna dulce hay sino unos charquillos de 
agua salada, por manera que no bebían si no la llevaban 
del río de Cumaná , que está de la dicha isleta siete leguas 
distante; y porque siempre temió el Clérigo que aquellos es- 
pañoles amadores de las perlas, que allí moraban, le habían 
de hacer una fortaleza en la boca del río, para sí no hiciesen 



DK LAS INDIAS. í 83 

lo que debian, quitarles el agua (ésto fuera muy cierto freno 
para que en toda aquella costa escándalo ninguno ni daño á 
los indios hacer osaran), para este fin tomó un maestro de 
cantería, y concertóse con él por ocho pesos de oro cada mes, 
que valen 10 ducados poco menos. Debieron de entender al 
Clérigo los apóstoles de Cubagua, y tuvieron luego manera 
de, por ruegos ó por precio, quitárselo, y así quedó el Cléri- 
go sin las más necesarias armas, porque aunque la fortaleza 
era bien hacerse para la seguridad de los que allí habían de 
estar por respeto de los indios, pero mucho más necesaria 
era para refrenar los saltos é insultos, y escándalos, y desór- 
denes que los españoles hacían morando allí en Cubagua, 
como parece por lo que referimos arriba de la muerte de los 
frailes, y por lo que sucedió al Clérigo parecerá. No se tardó 
muchos meses ni días que, con achaque de venir al río por 
agua en sus barcos, inquietaban la gente del pueblo y pueblos 
que por allí cerca estaban; algunos, siendo pesados á los 
indios con su conversación cuotidiana, de que ellos mucho se 
resabiaban por el celo que tienen de sus mujeres y hijas, te- 
niendo experiencia de lo que los españoles hacen; otros, im- 
portunándoles porque les diesen oro ó les vendiesen algunos 
indios á trueque de botijas de vino, por el cual principalmente 
engañaban los más resabidos á muchachos y personas simples, 
y vendíanlos á los españoles (y ésto del vino era la más pre- 
ciosa moneda que los indios amaban , y por qué daban y die- 
ran todo cuanto les mandaran), sucedía de aquí, que como al 
vino no sabían echarle agua emborrachábanse fácilmente, y 
más fácilmente, ya borrachos, reñían y^omaban las armas, 
arcos y flechas enherbadas con hierba ponzoñosa, y así, ó se 
herían y mataban, ó maltrataban. Mirad qué disposición y 
aparejo para les predicar y traerlos á la religión cristiana. 
Comenzó el Clérigo á beber grandes amarguras, y entender 
los impedimentos de todo su negocio, y sin ser tan eficaces, 
que totalmente se lo desbarataban, como quiera que de lo 
que de parte del Rey había dicho á los indios se hacia por 
los españoles el contrario; y llegó á tanta angustia que se 



184 HISTORIA 

paraba á pensar si sería posible por alguna vía verse fuera 
de tanta aflicción y cuidado. Pasó á la isleta de Cubagua, é 
hizo requerimientos terribles al que allí estaba por Alcalde 
mayor, pero no le aprovechó nada; cognosció también estar 
en gran peligro de la vida suya y de los religiosos, y de los 
demás que con él estaban. Toda su comunicación era con los 
frailes, en especial con el fray Juan Garceto, persona, como 
dije, prudente; tractaban del estado en que los negocios y ellos 
estaban. Parecióle al religioso que aquellos estorbos é incon- 
venientes antes habían de ir cresciendo que menguarse, sí 
el Rey ó la Audiencia con gravísimas penas no lo atajasen, y 
que para ésto alcanzar el mismo Clérigo y no otro había de 
irlo á negociar. Esto bien lo cognoscia y admitía él , que sin 
expresas nuevas penas, y amenazas, y castigos reales, no 
podía remediarse, pero que él hobiese de ir en persona á pro- 
curallo parecíale absurdidad y cosa irracionable; lo uno, 
porque todavía estando él presente algunos males estorbaba, 
lo otro, porque absentándose quedaba toda aquella tierra tan 
desmamparada, que no quedara parte della que no se metie- 
ra, como dicen, á sacomano, robándola y haciendo esclavos, 
y, así, causando mayor enemistad y aborrecimiento de los 
cristianos que antes les tenían, y, por consiguiente, poniéndo- 
los en más remota distancia ó potencia para rescibír la fe y 
convertirse, que nunca tuvieron; lo otro, aunque era lo me- 
nos y mucho menos, por el mal recaudo que podía quedar 
en la hacienda que allí tenía, que valia 50.000 castellanos, 
en los cuales tenía su parte el Rey. El religioso á todos estos 
inconvenientes respondía con razones, pero no muy peren- 
torias ni que satisfaciesen por la claridad ó evidencia dellos. 
Finalmente, después de veces platicado y conferido en ello, 
llegó á tanto la persecución del padre fray Juan Garceto (no 
por la evidencia que hacia, sino porque Dios había de salir 
con lo que tenia determinado hacer del Clérigo), que comenzó 
el Clérigo á considerar que podía ser aconsejarle bien, aunque 
á él no le pareciese; por lo cual vino á determinarse en que 
mientras se cargaban de sal dos navios para enviar á esta isla 



DK LAS INDIAS. 185 

Española, y se ponian á punto de se partir, que tardarían en 
todo poco menos que un mes, dijesen cada d¡a misa, y los 
demás suplicando á nuestro Señor inspirase lo que convi- 
niese más, y después de dicha platicasen cada dia en ello, y 
al cabo deste tiempo se determinase de quedar ó de ir. Pa- 
reció á todos que se hiciese asi, y entre tanto entendió el 
Clérigo en hacer dos despachos, el uno escribiendo cartas 
para esta Audiencia y para el Rey, haciendo relación de lo 
que padecía y del peligro en que estaban los frailes y él, los 
estorbos que le ponian, el daño que las gentes de aquellas 
provincias temporal y espiritual incurrían, la infamia de la 
religión cristiana, los impedimentos de la conversión dellas 
y perjuicio de la fe, etc. Este despacho era ^enderezado para 
que lo llevase la persona que acordase enviar, si se determi- 
nasen que se quedase él. Otro hizo para en caso que hobiese 
su persona de venir, conviene á saber, la instrucción de lo 
que habia de hacer el Capitán ó persona principal que allí 
habia de dejar en su lugar. Cada dia, después de misa, se jun- 
taban á platicar, y nunca pudo mudar del parecer primero 
al religioso en cuantas veces dello hablaban, diciendo, «no me 
parece, señor, sino que vos habéis de ir á buscar el remedio 
destos males en cuya cesación tanto va». Llegado, pues, el 
postrero dia en que los navios no tenian que esperar más, 
dijeron el religioso y el Clérigo sus misas, y encomendando á 
Dios el negocio tornáronse á juntar; el religioso, permane- 
ciendo en su primer voto, dijo al Clérigo: «vos, señor, habéis 
de ir, é por ninguna vía quedar.» Entonces el Clérigo, cre- 
yendo que aquella debía ser la voluntad de Dios, respondió: 
«Dios sabe cuánto ésto hago contra lo que yo entiendo, y así 
contra mi voluntad, pero yo lo quiero hacer pues á vuestra 
reverencia parece, y síes yerro más quiero errar por parecer 
ajeno que por el mío acertar; porque yo espero en Dios, que 
pues no lo hago por otro algún intento, sino por hacer lo que 
debo en lo que por él traigo á cargo, él, para bien mió, ya 
que se yerre, lo convertirá.» Así determinado, nombró por 
Capitán ó por principal de los que allí dejaba á un Francisco 



186 HISTORIA 

de Solo, natural de Olmedo, antiguo criado de la casa Real, 
que habia traído consigo de España, buena persona y cuerda 
pero pobre, por la cual pobreza deshechar le vino mucho mal 
á él y al negocio y á los demás. A éste dio la instrucción que 
tenia hecha; uno de los capítulos della fué, que no quitase ni 
mandase desviar del puerto, por ninguna causa, uno ni nin- 
guno de las dos piezas de navios que le dejaba, que era uno 
que llamaban San Sebastian, que volaba, y el otro era una 
fusta de moros de muchos remos, que llamaban los indios en 
su lengua ciento pies por los muchos remos, y tenían mucho 
miedo della, y que siempre estuviese sobre aviso si los indios 
estaban alterados y mal seguros, y si viese que habia peligro 
que con toda disimulación embarcase toda aquella hacienda 
y sus personas, y se fuesen á la isleta de Cubagua; si fuese 
el peligro tan furioso y violento que para salvar la hacienda 
no tuviesen lugar, al menos las personas salvasen: desta ins- 
trucción le hizo el Clérigo firmar un treslado. De toda la ha- 
cienda que allí dejó ninguna cosa metió en los navios, sino 
dos arcas propias suyas, una de vestidos y de libros la otra; 
y así se partió con harto dolor de los frailes, no siendo el que 
él llevaba menor. 



f)K LAS INDIAS 187 



CAPITULO CLIX. 



Después de partido el Clérigo, lo primero que hizo Fran- 
cisco de Soto, el que en su lugar dejó, fué luego enviar los 
navios uno á una parte y otro á otra parte de la costa, abajo 
y arriba, á rescatar oro ó perlas, y también se creyó que es- 
clavos si haberlos pudieran. Los indios de la tierra, ó por los 
insultos que se les hablan hecho por los españoles, antes que 
el Clérigo se partiese, ó por los que después de partido les 
hicieron, ó por la infelicidad dellos mismos, por la cual no 
merecieron vivir sin aquellas zozobras é impedimentos para 
que á Dios cognoscieran, determináronse de matar la gente del 
Clérigo, y á los frailes, y á cuantos españoles pudiesen haber, 
y dentro de quince dias después de partido lo acometieron; y 
sospechóse que fué tractado antes que se partiese, y, por ven- 
tura, también hablan conjurado contra él, viendo que no salia 
verdad la paz y amor, y quietud y justicia que de partes del 
rey nuevo de Castilla les prometiera. Supiéronlo los religiosos, 
tres dias antes que lo hiciesen, por indicios suficientes, y pre- 
guntándolo á Doña María, la señora que dije, respondía por 
las palabras que no, por los indios que estaban presentes, y 
con los ojos y meneos del rostro decia que sí; por manera que 
antes, tres dias, que lo hiciesen estuvieron los religiosos y la 
gente del Clérigo dello muy ciertos. Á la sazón vino allí un bar- 
co que debia de andar rescatando ; rogáronle los criados del 
Clérigo que los rescibiese, y no sé si los frailes también, pero 
no quisieron, ó por miedo ó por malicia que los quisieron dejar 
matar allí á sabiendas. Pudieran salvarse si Francisco de Soto 
cumpliera lo que le dejó mandado el Clérigo, conviene á saber, 
que no quitara del puerto los navios, pues ninguna duda hobiera 
que, si no pudieran salvar la hacienda, las personas todas el 



188 HISTORIA 

salvaran y ninguna se perdiera. En aquellos tres dias andaban 
los religiosos, y el Francisco de Soto, muy solícitos de una 
parte á otra, y de una casa y personas á otras preguntando 
cuándo lo habían de hacer, y, teniendo por entendido que ma- 
ñana habían de venir sobre ellos, pusieron la gente del Clérigo 
la noche de antes doce ó catorce tiros de artillería alrededor 
de la casa, y probada la pólvora, hallaron estar tan húmeda que 
no pudo arder. Luego, en la mañana, en saliendo el sol, pu- 
siéronla para que se escalentase, y á la misma hora vinieron 
los indios con terrible grita sobre ellos, mataron dos ó tres de 
los criados del Clérigo, luego pusieron fuego á la casa'ó atara- 
zana y comenzóse á quemar estando los demás dentro ; hicieron 
cierto portillo en ella y otro en la huerta de los religiosos, que 
estaba cercada de un seto de cañas, y entráronse en ella mien- 
tras los indios se ocupaban en poner el fuego. A la sazón venia 
de ver lo que había el Francisco de Soto del pueblo de los 
indios que estaban á la ribera del mar, un tiro de ballesta, 
como dije, de la casa y del monasterio, y en el camino lo 
hirieron por el brazo ó por la mano de un flechazo con hierba; 
tuvo con todo lugar de se meter en la huerta. Tenian los reli- 
giosos un estero hecho, de un buen tiro de piedra, por donde 
subia el agua del rio hasta la huerta , y en él una canoa ó barco 
de indios en que Ccibian 50 personas; á ésta ocurrieron los 
frailes y criados del Clérigo y metiéronse en ella, sólo un 
fraile lego, devoto y de muy buena vida, como sintió la grita 
de los indios, huyó y metióse en un cañaveral que ninguno 
lo vido; todos los demás frailes y seglares, que serían quince 
ó veinte personas, metidos en la canoa, vánse por el estero 
abajo, y dieron en el rio para salir á la mar é ir á dar 
á la punta de Araya, que es donde hay las salinas, donde 
ciertos navios estaban cargando sal, y habia de golfo dos 
leguas y más. El rio es poderoso y de gran corriente. Salió 
el fraile lego del cañaveral y pareció á la ribera ; como lo 
vieron, aunque iban ya más abajo de donde pareció, forceja- 
ron mucho por subir á él para tomallo y no podían vencer la 
corriente; vista por él mismo la dificultad, hízolos señas con 



RE LAS INDÍA3. 189 

las manos que se fuesen, al cual luego mataron los indios 
haciendo mártir del. Los indios, ocupados en poner fuego á la 
casa ó atarazana, creyendo que los españoles estaban dentro, 
no sintieron la huida que los frailes y seglares hicieron, la 
cifal sentida, toman luego una piragua, que es canoa de otra 
arte hecha y muy ligera, y entran los que cupieron, con sus 
armas, arcos y flechas, y fueron tras ellos; iban ya una legua 
en la mar, llenos de vejigas las manos y desolladas de remar, 
y cuando vieron venir tras ellos los indios, cuasi del todo des- 
mayaron, pero no dejaron de más apriesa remar. Finalmente, 
la canoa de los frailes y seglares y la piragua de los indios 
llegaron en un tiempo en tierra á zabordar, aunque un tiro 
de herrón los unos de los otros; y aquella playa es tan llena 
de cardones que tienen tan bravas y espesas espinas, que un 
hombre armado de todas armas no se osara, sino con mucho 
tiento, entre ellas menear, y como los indios eran de los pies 
á las cabezas desnudos, estuvieron mucho en llegar aquella 
poca distancia donde estaban los seglares y los frailes. Y pa- 
rece que habia tanta espesura que no pudieron menearse para 
matar los frailes ni los demás, porque me dijo después el dicho 
padre fray Juan Garceto que él vido junto á sí, á sus espaldas, 
un indio ó indios que le querian herir, ó con piedra ó con 
porra, que llamamos por la lengua desta Española macana, la 
penúltima luenga, y que hincado de rodillas, cerrados los ojos, 
levantado el corazón á Dios, esperaba que luego le habian 
de dar y matar, y como vido que no le daban abrió los ojos 
y no vido á nadie. Esto no fué, dejado aparte la voluntad de 
Dios, sino que estaba tan cercado de espinas el fraile y los 
indios en cueros que no osaron á él allegarse; por esta vía 
todos escaparon, y los indios se tornaron de esta hecha vacuos. 
Esperaron en aquella fortaleza de espinas buen rato, metién- 
dose más en ellas, y salieron al cabo todos enclavados y es- 
pinados y atribulados por todas partes, y llegaron á donde 
estaban los navios cargando de sal ; recibiéronlos en ellos con 
harto dolor de todas partes. Faltó sólo el Francisco de Soto que 
dijimos venir herido del flechazo; hobo quien dijo que lo habia 



190 HISTORIA 

visto debajo de una peña en el espinal, fueron allá con cierta 
barca, legua y media, donde quedaba, y halláronlo vivo á 
cabo de tres dias que le hirieron, sin comer ni beber, y 
tráenlo metido en la nao. Como la hierba ponzoñosa causa 
grandísima sed pidió luego agua, que se asaba; dánsela,*y 
luego comenzó á rabiar y desde á poco murió. Es averiguado 
que el que de la hierba de aquellas tierras fuere herido, no ha 
de comer ni beber hasta con algunos remedios ser curado, 
porque en comiendo ó bebiendo luego hace la hierba su ope- 
ración y no cesa hasta matar. Así que mataron de esta hecha, 
con este Francisco de Soto, por todos, cuatro de los criados 
del Clérigo, y el fraile. El Clérigo prosiguió su viaje para esta 
isla Española, el cual no es mayor de lo que se puede nave- 
gar en cinco ó seis dias, pero los pilotos de los navios, errando 
el viaje, no cognosciendo la tierra y pensando que la costa 
desta isla por donde navegaban era la costa de la isla de Sant 
Juan, fueron á parar 80 leguas deste puerto de Sancto Do- 
mingo abajo, al puerto de Yaquimo; estuvieron dos meses 
forcejando contra las corrientes de aquella tierra y mar, que 
hacia este puerto son grandísimas, que ha acaecido los tiempos 
pasados estar un navio en doblar ó pasar la isleta de la Beata 
ocho meses, por lo cual se halló por menos trabajoso rodear 
400 leguas y más, yendo de Cartagena y Sancta Marta, y del 
Nombre de Dios por la Habana, que venir de allí aquí. Visto, 
pues, que tanto se tardaba en aquella isleta de la Beata, no 
pudiendo navegar, acordó irse 20 leguas más abajo al puerto 
de Yaquimo, y salirse en tierra, y enviar los navios á este 
puerto y ciudad, y él de allí venirse al pueblo de la Yaguana 
que está nueve leguas la tierra dentro, y del por tierra para 
aquí, é así lo hizo. Entre tanto, luego, desde á diez ó quince 
dias, muertos los susodichos y alzada la tierra, vinieron los 
navios que á la sazón cargaban de sal, y en ellos los frailes 
y los demás que escaparon, y dieron nuevas en esta ciudad 
de lo acaecido, y comienzan en el vulgo á publicar que los 
indios de las perlas habían muerto al clérigo Casas y á todos 
cuantos estaban con él; nuevas que mucho agradaron y á 



DH LAS INDIAS. 291 

pocos despluguíeron, porque se les quitase aquel tan cierto 
impedimento que tenian del cumplimiento de sus deseos, y 
porque tenian ya por cierta la guerra contra aquellos indios 
de aquella tierra, para hacer esclavos que era y es hoy de 
todos su pió. Viniendo, pues, el dicho Clérigo de la Yaguana 
para esta ciudad de Santo Domingo, con ciertos que con él 
venian, sesteando en un rio y él durmiendo debajo de un 
árbol, llegaron ciertos caminantes allí; preguntados por los 
que estaban qué nuevas habia de la ciudad ó de Castilla, 
respondieron: «no hay otras sino que los indios de la costa de 
las perlas, han muerto al clérigo Bartolomé de las Casas y á 
toda su familia.» Respondieron los que estaban: «nosotros 
somos testigos que eso es imposible;» estando sobre ello por- 
fiando, despertó el Clérigo como de un abismo, y, entendidas 
las nuevas, no supo qué decir ni si lo creer, pero, considerada 
la disposición que dejaba en la tierra y los casos acaecidos, 
comenzó á temer y á creer que debia ser todo, cuanto habia 
por aquesto trabajado, perdido, y como después cognosció 
más destas cosas, juzgó haber sido juicio divino que le quiso 
castigar y afligir por juntarse á hacer compañía con los que él 
creia que no le ayudaban ni favorecian por Dios ni por celo 
de ganar las ánimas, que por aquellas provincias perecían, 
sino por sola cudicia de hacerse ricos, y parece que ofendió 
á Dios maculando la puridad de su negocio espiritualísimo, y 
fin que sólo por Dios pretendía, que era ayudar los religiosos 
y él andarse con ellos alumbrando aquellas gentes con la pre- 
dicación de la fe y cristiana doctrina, con la basura é impu- 
ridad terrenísima de medios tan humanos y aun inhumanos 
y tan desproporcionados de los que llevó Jesucristo; porque 
Dios, aunque para efectuar sus altas obras usa y admite me- 
dios humanos, pero no ha menester para la predicación de su 
Evangelio tales adminículos, sino, sin mezcla de favor tan in- 
ficionado como era aquél que le daban, pudiera el padre Clé- 
rigo, á lo que parece, esperar á hacer de su espacio el nom- 
bramiento de los 50 que habia de elegir para que le ayudaran, 
personas que fueran cristianas , los cuales, aunque también se 



192 HISTOKIA 

movían porque los habían de hacer caballeros de espuelas 
doradas, y tener en las rentas del Rey la docena parte y otras 
mercedes favorables y humanas, todavía parece que iba el 
negocio más sin peligro y en honestidad fundado; lo uno, 
porque habia de escoger no cualesquiera sino personas que 
fuesen tales; lo otro, porque todo su interese temporal de 
aquellos, de la pacificación de aquellas gentes y del aprove- 
chamiento de la fe colgaba, como arriba en los capítulos 130 
y 131 fue declarado, y no de las guerras y matanzas y cap- 
tiverios de gentes libres y damnación de ánimas, é infamia de 
la fe y aborrecimiento del nombre cristiano, que los con 
quien hizo compañía, por medios de su temporal interese 
tomaban. A ésto respondió el Clérigo, que si se dio tanta priesa 
en aceptar el partido que le ofreció el Audiencia, hízolo por 
impedir los daños y muertes que hacia el armada , y esta razón 
parece bastante; púdosele replicar, según parece, que no era 
á tanto obligado, etc. Finalmente, se puede creer con piedad 
que nuestro Señor miró á su buena intención , y no á la obra, 
si quizá delante su acatamiento fué errada, y por eso lo esca- 
pó de aquella muerte que con los demás pasara, puesto que 
con su ayuda divina, si él allí estuviera, ni los navios de allí 
se quitaran, ni en los tres dias que la conjuración se descu- 
brió y se supo no es de creer que en tanto peligro se descui- 
dara. Finalmente, siguió su camino, sabidas estas tristes 
nuevas, con mucho desconsuelo y cuidado de saber por entero 
lo acaecido, para esta ciudad; no faltaron algunos amigos 
que le salieron al camino á consolar, y que le ofrecieron cua- 
tro y cinco y más millares de ducados prestados, para si qui- 
siese tornar al negocio y llevarlo adelante; si se movían por 
sólo Dios y por celo de las ánimas, ó por allegar bienes tem- 
porales, como de aquella tierra más que de otra muchos es- 
peraban, sólo Dios es el que lo sabe y el que lo ha de juzgar 
y juzgará el dia del juicio universal. 



Di LAS INDIAS. 193 



CAPÍTULO CLX. 



Por todas las cosas referidas en este libro III, desde el 
cap. 79 hasta el precedente, que han hecho mención al dicho 
padre clérigo Bartolomé de las Casas, con pura verdad, 
puede parecer el ánimo que tuvieron los historiadores Gon- 
zalo Hernández de Oviedo y Francisco López de Gomara, 
clérigo, criado del marqués del Yalle, á quien tanto tocan las 
historias de las Indias, para con el dicho clérigo Bartolomé- 
de las Casas, y como entendieron cuál fué su principio y su 
medio y su fin cerca destos negocios de las Indias, y las ver- 
dades que en lo que del escriben dijeron. El Gonzalo Hernán- 
dez de Oviedo, en su primera parte, libro XIX, capítulos 4.* 
y ^f" de la Historia que llamó Natural , allende lo que se refirió 
suyo en el cap. 442, dice lo siguiente: que como aquel Padre 
se habia criado en esta Española, sabia muy bien que los in- 
dios de Cumaná y de aquellas provincias con ella comarca- 
nas estaban de paz antes de su rebelión , y él pensó que, así 
como á él se le fantaseó, así pudiera hacer lo que habia in- 
ventado y dicho en España, y en tanto que él fué á entender 
en el negocio los indios se rebelaron y mataron á los frailes 
franciscanos y dominicos, y otros cristianos que he dicho, y 
cuando llegó á la tierra con aquellos sus labradores, nuevos 
caballeros de espuelas doradas que él quería hacer, quiso su 
dicha y la de sus. pardos milites que halló al capitán Gonzalo 
de Ocampo que habia ya castigado parte de los malhechores, 
y poblado aquel lugar que llamó Toledo, y estaban las cosas 
en otro estado que el Clérigo habia arbitrado; mas como 
venía favorecido y con tan grandes poderes, luego comenza- 
ron á contender y estar desconformes él y Gonzalo de Ocam- 
po, corno he dicho, dice Oviedo, y lo que habia dicho en el 
Tomo Y. 13 



194 HISTORIA 

fin del cap. i.**, es ésto: «Llegado este Padre licenciado, hobo 
discordias y diferencias muchas entre él y el capitán Gonzalo 
de Ocampo.» Estas son sus palabras, y prosigue más en el 
capítulo 5.°: «Dio orden el Clérigo como hizo una gran casa, y 
tenía en ella grandes bastimentos, y rescates, y armas, y 
otras cosas muchas, lo cual todo dejó allí, é vino á esta ciu- 
dad de Sancto Domingo é isla Española , á se quejar en esta 
Audiencia real del capitán Gonzalo de Ocampo, y venido él, 
y los indios viendo estas discordias entre los cristianos, y 
persuadidos de su propia cudicia y malicia, dieron sobre los 
cristianos que allí estaban, y mataron á cuantos pudieron, 
puesto que algunos se escaparon, etc.» Estas son sus palabras. 
De donde parece la noticia que con verdad habia inquirido, y 
de donde comenzaba la historia del Clérigo, dando á entender 
que desde esta isla habia ido de principal intento á pedir la 
gobernación de aquella tierra, como arriba en aquel capítulo 
dice. Y cuanto á lo que añide que tuvo discordias con Gon- 
zalo de Ocampo, á ésto se responde con verdad delante de 
Dios, que es la suma y esencial verdad, que el clérigo Barto- 
lomé de las Casas de muchos años atrás cognosció y amaba al 
dicho Gonzalo de Ocampo, y que nunca con él comunicó que 
no fuese con alegría y riendo, y cuando en Sant Juan de 
Puerto-Rico le hizo los requerimientos que con su armada se 
volviese y no fuese á tierra firme, lo mismo, y que jamás 
tuvo con él dentro de su corazón, ni fuera, por palabra, enojo 
ni pena, ni se ofreció de qué ni para qué la tuviese, y donde 
mayor conversación y más familiar y amorosa tuvieron y con 
más alegría, fué mientras el Gonzalo de Ocampo estuvo allí 
con él en la tierra firme y en la isleta de Cubagua, hasta que 
de allí á esta isla el Gonzalo de Ocampo se vino; y en suma, 
el Clérigo le era naturalmente aficionado, porque tenía la 
conversación amigable, y en sus dichos y habla era graciosí- 
simo. De aquí se podrá colegir el crédito que á Gonzalo 
Hernández de Oviedo se le debe dar en todo lo que dice, como 
arriba por elliS! y 143, y en los demás capítulos se vido; y 
aunque Oviedo excedió en hablar tan falsamente del Clérigo, 



DE LAS imiKS. 195 

atribuyendo el deseo y fin que tuvo de mamparar estas des- 
mamparadas gentes, y quitar de su conversión y salvación 
tan eficaces impedimentos, á ambicien y deseo de mandar, y 
también acudicia, todavía le sobrepujó en maldecir detra- 
yendo de la honra del clérigo Bartolomé de las Casas; y con 
mayor desvergüenza el Francisco López de Gomara, clérigo, 
capellán de Hernando Cortés, porque dijo todo lo que Oviedo, 
porque de su libro lo tomó, y añidió cosas harto indecentes. 
Y dice así Gomara, clérigo, contra Bartolomé de las Casas, 
clérigo: «Estaba el licenciado Bartolomé de las Casas, clérigo, 
en Sancto Domingo, al tiempo que ílorecian los monasterios de 
Cumaná y Chiribichí, é oyó loar la fertilidad de aquella tierra, 
la mansedumbre de la gente y abundancia de perlas; vino á 
España, pidió al Emperador la gobernación de Cumaná, in- 
formóle cómo los que gobernaban las Indias le engañaban, y 
prometióle de mejorar y acrecentar las rentas reales. Juan 
Rodríguez de Fonseca , el licenciado Luis Zapata y el secreta- 
rio Lope de Conchillos, que entendian en las cosas de las 
Indias, le contradijeron con información que hicieron sobre 
él, y lo tenían por incapaz del cargo por ser clérigo, y no 
bien acreditado ni sabidor de la tierra y cosas que tractaba; 
él entonces favorecióse de Mosior de Laxao, camarero del 
Emperador, y de otros flamencos y borgoñeses , y alcanzó su 
intento, por llevar color de buen cristiano en decir que con- 
vertiría más indios que otro ninguno, con cierta orden que 
pornia, y porque prometía enriquecer al Rey y enviarles mu- 
chas perlas (venían entonces muchas perlas). Pidió labradores 
para llevar, diciendo no harían tanto mal como soldados de- 
suella-caras, avarientos é inobedientes; pidió que los armase 
caballeros de espuela dorada, y una cruz roja diferente de la 
de Calatrava, para que fuesen francos y ennoblecidos. Dié- 
ronle á costa ílel Rey, en Sevilla, navios y matalotaje, y lo 
que más quiso, y fué á Cumaná el año de 20, con obra de 
300 labradores que llevaban cruces, y llegó al tiempo que 
Gonzalo de Ocampo hacia á Toledo; pesóle de hallar allí tantos 
españoles, con aquel caballero, enviados por el Almirante y 



196 HISTORIA "" 

Audiencia, y de ver la tierra de otra manera que pensaba ni 
dijera en corte. Presentó sus provisiones, y requirió que le 
dejasen la tierra libre y desembargada para poblar y gober- 
nar. Gonzalo de Ocampo dijo que las obedecía, pero que no 
cumplía cumplirlas, ni lo podia hacer sin mandamiento del 
Gobernador y Oidores de Sancto Domingo que lo enviaran. 
Burlaba mucho del Clérigo, que lo cognoscia de allá de la 
Vega por ciertas cosas pasadas, y sabia quién era; burlaba 
eso mismo de los nuevos caballeros y de sus cruces, como de 
sambenitos; corríase mucho el Licenciado, y pesábale de las 
verdades que le dijo. No pudo entrar en Toledo, é hizo una 
casa de barro y palo, junto á do fué el monasterio de francis- 
cos, y metió en ella sus labradores, las armas, rescates, y bas- 
timento que llevaba, y fuese á querellarse á Sancto Domingo, 
é Gonzalo de Ocampo se fué también , no sé si por ésto ó por 
enojo que tenía de algunos de sus compañeros, y tras él se 
fueron todos, y así quedó Toledo desierto, y los labradores 
solos. Los indios, que holgaban de aquellas pasiones y discor- 
dia de españoles, combatieron la casa y mataron cuasi todos 
los caballeros dorados, los que huir pudieron acogiéronse á 
una carabela, y no quedó español vivo en toda aquella costa 
de Perlas*, etc. Todo ésto dice formalmente Gomara, capellán 
y QTonista del marqués del Valle. Cotejado todo lo que este 
Gomara dice y lo que escribió Oviedo, con lo del capítulo 
precedente, y finalmente con toda la Historia de cuasi lo más 
deste tercero libro, que con pura verdad se ha afirmado 
haber sido todo dicho, á la discreción del prudente cristiano 
lector se remite que juzgue cuál lleva más semejanza de ver-, 
dad, y cuánta fe se deba dar á todo lo que todos éstos escriben, 
pues en cosas tan manifiestas tuvieron tanto descuido en re- 
ferir la verdad, si no los cegó su propia malicia lo que no 
osaría creer. Cerca de lo que ambos dicen de las cruces que 
el Clérigo trujo para los labradores, lo que en ello hay es 
ésto: que para que los indios de aquellas tierras, que tan es- 
candalizados y maltratados estaban, creyesen y no pensasen 
que les habia de faltar la palabra de partes del Rey luego que 



DE LAS INDIAS. 19'?' 

habia venido á reinar á Castilla , como muchas veces se les 
habia quebrantado la fe y palabra en lo que les prometían por 
los españoles, pareció al Clérigo que, así como les habia de 
certificar de partes del Rey cosas nuevas, como eran que 
habia sabido los escándalos y daños que habían recibido y le 
habia pesado mucho dello, y que por tanto enviaba á él para 
que desde en adelante no tuviesen temor alguno que les habia 
de suceder agravio de los pasados, y que él los habia de de- 
fender, que así con venia que mostrase el Clérigo y los 50 que 
para caballeros habia de escoger ser gente nueva y diferen- 
ciada de los pasados, y por aquella señal todos los cognoscie- 
sen; y porque no tuvo lugar de señalar los 50, como por la 
Historia se ha visto, no dio la cruz á alguno, él sólo se la 
puso al principio, y de aquí comenzó el parlar d estos y fingir 
que los labradores que llevaba para cavar y arar eran los 
caballeros que con cruces habia de llevar y meter en la tierra 
consigo. Y, por concluir la historia del padre Clérigo, llegado á 
Sancto Domingo, escribió al Rey todo lo que pasaba, y de- 
terminó de esperar respuesta por no tener sustancia para 
poder ir personalmente á la corte, puesto que si quisiera ir no 
faltara quien le ayudara y prestara dineros, y, cierto, si fuera 
él, trujera buen recaudo y remedio de la perdición que des- 
pués se siguió en aquella tierra, y aun castigo para los que le 
.habían impedido y sido causa de aquellas muertes y levanta- 
mientos de los indios, porque llegara cuando ya tornado habia 
el Rey á aquellos reinos, y con él eran venidos los caballeros 
y privados que lo habian favorecido; y ésto pareció después, 
porque los mismos, desque supieron lo que le habia sucedido, 
le escribieron que tornase allá, y que ternia más favor para 
con el Rey que antes habia tenido, y el mismo Papa Adriano 
también le mandó escribir sino que llegaron las cartas cuando 
ya no podia determinar de sí. Por ventura, si cuando llegó á 
esta ciudad luego para Castilla se partiera, y que no le falta- 
ran, como dije, dineros, pudiera haber sido que la tiranía 
destas Indias se hobiera echado fuera; pero, en la verdad, no 
se lo puso Dios en el corazón que fuese, ó porque él no lo 



198 HISTORIA 

mereció, ó porque aquellas gentes, según los profundos jui- 
cios divinos, se habian con otras muchas de perder, ó porque 
también los facinerosos pecados de nuestra nación, que en 
aquellas gentes han cometido, no se habian tan presto de fe- 
necer. Así que, habiendo escripto al Rey lo que más convino 
escribir, esperó algunos meses la respuesta, y entre tanto 
su conversación era comunmente con religiosos de Sancto Do- 
mingo, y en especial con un Padre llamado fray Domingo de 
Betanzos, religioso en virtud y religión señalado; éste le dio 
muchos tientos que fuese fraile, diciendo que harto habia tra- 
bajado por los indios, y pues que aquel negocio tan pío se le 
habia desbaratado, parecía que no se quería Dios servir del 
por aquel camino. Entre otras respuestas y excusas que le 
daba fué, decir que convenia esperar la respuesta del Rey 
para ver qué le mandaba. Respondió el buen Padre: «Decid, 
señor Padre, si entre tanto vos os morís, ¿quién rescibirá el 
mandato del Rey ó sus cartas?» Estas palabras le atravesaron 
el alma al clérigo Casas, y desde allí comenzó á pensar más 
frecuentemente en su estado, y al fin determinó de hacer 
cuenta que ya era muerto, cuando las cartas ó respuestas del 
Rey allegasen; y así, pidió el hábito con instancia, y se lo 
dieron con mucho gozo y alegría de los frailes, y no menos 
toda la ciudad, y todas las Indias desque lo supieron, aunque 
de diferente manera y por diversos fines los frailes y los se- 
glares se gozaron, porque los frailes, espiritual mente, por el 
bien de la conversión del que amaban con caridad, y los 
seglares porque vían faltarles, como si lo vieran enterrado, 
aquél que les estorbaba los robos que hacían y entendían 
hacer con todo su inicuo interese temporal. Sino que después 
resucitó, á lo que puedecreerse por voluntad de Dios, á pesar 
de muchos, para estorbar algunos males que estorbó con el 
favor divino, y para mostrar al mundo con el dedo, como el 
sol, el estado peligroso en que muchos vivían, y el sueño le- 
tárgico y profunda ceguedad que los descuidaba, en no tener 
por pecados los que nunca otros tan graves ni tantos se come- 
tieron, después que los hombres comenzaron y supieron pecar. 



I)E LAS INDIAS. 199 

En el tiempo de su noviciado 1q vinieron cartas del cardenal 
Adriano, que fué Papa, y de caballeros flamencos que le per- 
suadían que tornase á la corte , y que ternia tanto y más favor 
que la otra vez le habian dado, y los Perlados del monasterio, 
porque no se inquietase quizá, no se las quisieron mostrar. 
De su frailía, dice Gonzalo Hernández de Oviedo éstas pala- 
bras. «El padre licenciado Bartolomé de las Casas, como supo 
el mal suceso de su gente, y cognosció el mal recaudo que 
había por sü parte puesto en la conservación de las vidas de 
aquellos simples y cudíciosos labradores, que al olor de la 
caballería prometida y de sus fábulas le siguieron, y el mal 
cuento que hobo en la hacienda que se le encargó, y que él 
á tan mala guarda dejó, acordó que, pues no tenía bienes con 
que pagarlo, que en oraciones y sacrificios, metiéndose fraile, 
podría satisfacer en parte á los muertos y dejaba de conten- 
der con los vivos, y asi lo hizo, y tomó el hábito del glorioso 
Sancto Domingo de la observancia, en el cual está hoy día en 
el monasterio que la Orden tiene en esta ciudad de Sancto 
Domingo, etc.» Esto dice Oviedo; de donde parece la no- 
ticia y propósitos causa y fin del clérigo Casas, y señalada- 
mente deste caso y de todo lo acaecido en aquella costa de 
tierra firme, que Oviedo tenía, y no menos con qué ánimo todas ' 
estas cosas que al clérigo Casas tocaban referia , lo cual todo 
nuestro Señor le perdone, pues ya está en la otra vida. Y con 
ésto, dejemos de tractar por algunos años que el Clérigo, ya 
fraile, fray Bartolomé de las Casas, durmió al parecer, de las 
cosas del, hasta que ocurra el tiempo, si Dios diere vida, que 
tornemos á su historia , de quien habrá bien que decir. 



200 HISTORIA 



CAPITULO CLXI. 



Ya llegaba este tiempo á los veintidós años sobre qui- 
nientos y mi!, y así, pertenecía parte de lo dicho al cuarto 
libro; pero por no hacer tantos pedazos de una materia, 'pare- 
ciónos que no se ofendía La orden que traemos, refiriendo 
antes lo que pasó después algunos dias. Tornemos, pues, so- 
bre lo que resta que decir perteneciente á este libro lll del 
año 19 y 20, comenzando de tierra firme. Ya dijimos arriba, 
en el cap. 104, como se proveyó por gobernador del Da- 
rien y de tierra firme, el año de 18, en la ciudad de Zaragoza, 
üñ caballero de Córdoba llamado Lope de Sosa, persona pru- 
dente y valerosa, por echar de allí á Pedrerías que había 
destruido y asolado todas aquellas provincias, por sí ó por la 
gente que enviaba con sus Capitanes, ó verdugos por mejor 
decir; uno de los principales fué el licenciado Gaspar de Espi- 
nosa, su Alcalde mayor. Llegó, pues, por este año de 20 ó al 
fin del de 1 9, Lope de Sosa, y con él un licenciado Alarconcillo, 
por su Alcalde mayor y que había de tomar residencia á Pe- 
drerías. Llegó, digo, al Darien con cuatro navios y 300 hom- 
bres, de la llegada del cual á Pedrárias no placía, y por no 
esperalle anduvo rodeando que lo enviase el pueblo por Pro- 
curador á Castilla, como arriba se dijo. Así que, como llegó al 
puerto y echó anclas la nao en que iba, en aquel momento 
dio el ánima á Dios porque debía de haber enfermado en el 
camino; fué la nueva á Pedrárias, que estaba la ciudad algo 
apartada un poco del puerto, de como Lope de Sosa era ve- 
nido, y dentro de un credo llegan otros á decirle que era fa- 
llecido: la diferencia que la una y la otra nueva en su cora- 
zón pornia, Dios lo sabA, que es la verdadera sabiduría. Fué 
Pedrárias con toda la ciudad, y trujeron el cuerpo, y con toda 



DE LAS INDIAS. 201 

la pompa y honra posible le dieron sepultura; hechas las ob- 
sequias debidas, recogió Pedrárias á su hijo Juan Alonso de 
Sosa, que después fué tesorero del Rey en la Nueva España, 
y á sus criados y á toda su casa el tiempo que en el Darien 
quisieron estar, y porque lo que más Pedrárias deseaba era 
verse fuera y libre del temor que tenia de la residencia, según 
le acusaban sus obras pasadas, tuvo manera, por industria y 
solicitud del dicho licenciado Espinosa, su Alcalde mayor y Ca- 
pitán general, que persuadiese al licenciado Alarconcillo, que 
trujo Lope de Sosa por Alcalde mayor, y le hiciese entender 
que no habia espirado su poder por la muerte de Lope de 
Sosa, y que le tomase la residencia que en vida de Lope de Sosa 
le habia de tomar, y que si el Rey no la diese por buena que 
no se habria perdido sino la tinta y papel ; como en la verdad, 
seí^un parece que se debe creer, ía residencia al Gobernador 
principalmente se suele cometer, y él la toma por su Alcalde 
mayor, y asi parece que el Alarconcillo, que era delegado de 
Lope de Sosa, ninguna jurisdicción tuvo muerto eL Gober- 
nador; pero finalmente se la tomó como el Pedrárias quiso 
dalla, según la presunción que desto pudo resultar, y no fué 
sola ésta las mañas y cautelas que para excusar y justificar 
jueces tiranos se han tenido en aquellas Indias, porque 09 
merecen pagallas aquí. Pocos dias antes que Lope de Sosa lle- 
gase, llegó Gil González de Avila, de quien arriba en el ca- 
pitulo 154 dijimos algo, con tres navios y en ellos 200 hom- 
bres, y Andrés Niño, su piloto mayor, que le paso en aquella 
demanda. No hizo cuenta el Gil González de Pedrárias, te- 
niendo por cierto que ya Lope de Sosa eslaria en la tierra y 
usaria su gobernación, porque ya le debia haber hablado en 
Castilla, de quien esperaba favor para su despacho y pasaje 
de la mar del Sur, y fuese con sus navios y gente al puerto 
de Acia, 50 ó 60 leguas más al Poniente del Darien, donde 
estaba Pedrárias, porque allí le convenia ir, porque es lo 
más angosto, para pasará la mar del Sur; pero como no 
habia llegado Lope de Sosa, rescibiendo deilo gran pesar, no 
pudo hacer otra cosa sino humillarse y escribir á Pedrárias 



202 IIISTOHÍA 

notificándole su venida, y excusándose de no poder ir á velle 
y entrar primero en su puerto del Darien, por la comodidad 
que para su viaje y negocio tenia más en el puerto de Acia 
que en el de Darien, etc. Rescibida Pedrárias la carta, res- 
pondióle, muy sin sabor, que se maravillaba del, que sabiendo 
que él era Gobernador de aquel reino, haber desembarcado 
con tanta gente sin su licencia, no habiéndole mostrado ó en- 
viado licencia ó provisión del Rey, para que supiese con qué 
autoridad y propósito á tierra que él tenia á cargo venía. Con 
esta respuesta rescibió Gil González grande pesar; y por no 
saber qué fuese sido de Lope de Sosa, y sus negocios eran de 
tal calidad que no podian parar sino con gran daño, como 
trújese tanta gente á su misión, y le restase tanto que 
hacer para adelante, acordó enviar á Andrés Niño con las 
provisiones reales al Darien, y con ellas requerir á Pedrárias 
que le favoreciese y ayudase á efectuar su viaje y demanda, 
como el Rey á todas y cualesquiera justicias y personas 
mandaba, y en especial que le mandase entregar los navios 
que habian sido de Vasco Nuñez de Balboa, que estaban 
en la otra mar. Llegó Andrés Niño al Darien, mostró sus 
provisiones reales, hizo sus requirimientos en forma, y como 
Pedrárias no era menester enseñalle á hablar, ni á pensar, ni 
á obrar, sino á matar y destruir indios, y despoblar aquellos 
reinos, respondió que las obedecía, pero, cuanto al cunapH- 
miento, decia que aquellos navios no habian sido de Vasco 
Nuñez de Balboa, más de lo que dellos le podía caber como 
Capitán, sino de 300 hombres españoles, queá hacellos le ha- 
bian con sus trabajos ayudado (y el triste no hacia cuenta de 
tres ó cuatro mil indios que habian muerto para hacellos, con 
llevar las anclas y maromas, y otros pesos inauditos y nunca 
pensados, á cuestas, como arriba en el cap. 74 se vido), y 
que aquellos cuyos eran andaban en ellos sirviendo al Rey, 
descubriendo tierras y gentes en aumento de su Estado, y que 
él haria relación á Su Alteza de toda la verdad, y si sabida se 
lo tornase á mandar, luego cumpliría su mandado. Tornóle otra 
vez á requerir Andrés Niño, prolextando daños y males; res- 



M LAS INDIAS. 203 

pondió Pedrárias que no podía dar lo ajeno, por eso que podia 
tornarse. Tornóse Andrés Niño á Acia sin nada; en estos dias 
llegó Lope de Sosa al puerto, y fué del lo que queda decla- 
rado. Sabida la muerte de Lope de Sosa, en cuya venida te- 
nía colocada toda su esperanza, viéndose perdido, acordó de" 
por su persona ir á rogar á Pedrárias que le diese aquellos 
navios pues el Rey lo mandaba, y no le desaviase, que sería 
perder toda la demanda que traia, de donde muy grandes 
servicios y provechos para Dios y para el Rey se esperaban. 
Pedrárias, que muerto Lope de Sosa, en mayor insolencia se 
habla encumbrado, como por algunos dias estaba seguro que 
no había de haber quien le fuese á la mano como en lo pa- 
sado, en cuanto á concedelle los navios hizo tan poca cuenta 
del como del Andrés Niño que había enviado, diciéndole que 
no le daría la menor cuaderna dellos porque le diese toda su 
armada. Vuelto á Acia, viendo que ningún remedio podia ve- 
nirle de Pedrárias, acometió una obra que el Rey acometerla, 
con mucho mayor número de gente, y facultad, y aparejo que 
él te»ía, no osara, y fué hacer de nuevo otros navios en aque- 
lla mar, con la gente que traia consigo de Castilla y materia- 
les. Comienza con ocho caballos á pasar lo que tenía por aque- 
llas altísimas y aspérrimas sierras, de que dimos noticia en 
el capítulo 74, trabajos nunca pensados; manda cortar y 
aserrar madera para tres navios y dos bergantines en el rio 
de la Balsa, y aunque le aconsejaron algunos de los vecinos 
españoles de Acia que no los hiciese allí, porque se le come- 
rían luego de bruma ó de otros achaques, creyendo que por 
estorballe lo engañaban, no curó, sino pasó por su obra ade-||. 
lante. Fueron tantos los trabajos que en ello, por los caminos 
y en los montes, y en la obra de los navios, y por poco y mal 
comer y hambre padecieron (porque no comian sino cagabí por 
onzas, de lo que acarreaban los caballos, y de lo que habían 
traído de Castilla en sus navios, que siempre es muy poco y 
muy presto se les acaba), y con ésto ser nuevos en la tierra, y 
aquella ser montuosa y sombría y para los nuevamente veni- 
dos mala, que de 200, muertos y enfermos, 80 no le quedaron. 




204 HISTORIA 

Finalmente, con tanto riesgo, y costa y angustias acabó sus 
navios mal ó no bien acabados; embarcóse con sus 80 hom- 
bres, y fuese á las isletas de las Perlas que están de aquel rio 
dentro en la mar 12 ó 15 leguas. Estando allí aparejando 
para se partir á su descubrimiento, dentro de veinte dias se 
le pudrieron todos sus navios y bergantines; miserable cosa 
de decir é oir y más de quien lo padecía y via, que cosa que 
tantas hambres, angustias, trabajos, muertes y enferme- 
dades habian costado viesen tan en breve aniquilado, no 
pudo ser sino muy triste y muy amargo. Gil González era 
hombre prudente, y aunque angustiosa tribulación ésta fué 
bastante para desmayar, todavía cobró ánimo y determinó de 
tornar á hacer los navios, y porque ya no tenía gente para los 
trabajos, por habérsele muerto y enfermado tanta, y la que 
quedaba sana quedaba muy molida y quebrantada, escribió á 
Pedrárias rogándole que le socorriese con gente de indios y es- 
pañoles para tornar á rehacer los vasos para su viaje necesa- 
rios. O le respondió Pedrárias desabridamente, ó entendió que 
detraia del, con algunas indecentes palabras; viénese á Acia y 
de allí váse para el Darien en un barco y saca cierta provi- 
sión del Rey, por la cual mandaba, so graves penas, que á 
cualesquiera Gobernadores, justicias y á personas públicas ó 
privadas pidiese socorro y ayuda, se lo diesen luego, y en 
ninguna cosa le estorbasen; Pedrárias le dio cierto número de 
indios, que poco le habian á criar costado, que llevaban á 
cuestas y acarreaban , del puerto de Acia y del Nombre de 
Dios, bastimentos y otras cosas necesarias, y ciertos españoles 
iP^ue en todo lo que pudiesen le ayudasen. Tornóse Gil Gonzá- 
lez á la isla de las Perlas, donde de la mejor madera que pudo 
sacar de los navios perdidos, y de otra que hizo cortar y aseiv 
rar, y clavazón de aquellos, tardando casi un año en hacerlos, 
acabó tres navios y un bergantín con que pudo hacer su viaje; 
y porque pertenece lo demás que hizo al libro IV, quédese 
aquí agora Gil González, hasta que, si Dios fuere servido, tor- 
nemos en su lugar á tomarlo. 



DÉ ÍAS indias. ^0»^ 



CAPITULO CLXII. 



Arriba dijimos como Pedrerías escribió al Rey, que con- 
venia mucho deshacer ó despoblar la ciudad del Darien, y 
pasar la iglesia catedral á Panamá, porque el Dañen era tierra 
enferma y no conveniente para de españoles ser poblada; esto 
deseaba en grande manera Pedrárias por hacer y prosperar a 
Panamá, por parecerle que para el trato de la mar del Sur es- 
taba con el puerto del Nombre de Dios más proporcionado, y 
así era verdad si no fuera tan enfermo como el Darien , y qmza 
doblado. Los españoles, que eran vecinos del Darien , resistían 
por tener ya hechas allí sus casas y hogares; íinalmente, vista 
por el Rey la carta de Pedrárias, respondióle mandándole que 
si allí no convenia estar aquella ciudad, que la pasase á Pa- 
namá, donde decia, ó á otro lugar que mejor le pareciese que 
debia estar la iglesia catedral. Esta respuesta y mando recibido, 
luego escribió Pedrárias á Gonzalo Hernández de Oviedo, que 
habia dejado en el Darien por su Teniente, que con la mayor 
priesa que pudiese, por la mar y por la tierra , sacase y hiciese 
sacar todo lo que en la ciudad habia , y la despoblase trayen- 
dolotodo á Panamá, y así cada vecino sacó sus alhajas, ha- 
ciendas movibles y ganados, hacia el Nombre de Dios, y de 
allí, aunque con muchos trabajos, y regañando y con tardanza 
no chica, y con dolores y angustias, hambres y sudores, y aun 
muertes algunas, según creemos, de los indios, porque ellos 
son los que todo lo lloran, los que todo lo padecen y trabajan 
hasta espirar, y así á Panamá se pasaron. En este tiempo o 
poco después se proveyó por Obispo primero de Panamá un 
religioso de la orden de Sancto Domingo, llamado fray Vicente 
Peraza, natural de Sevilla, hijodalgo y de buena casta, el 
cual vivió muy pocos dias después de á Panamá llegado. Entre 



206 . HISTORIA 

otros Reyes y señores de aquella tierra firme que Pedrárías 
y el licenciado Espinosa con sus satélites infestaban y des- 
truian y destruyeron, fué uno llamado Urraca, muy gran 
señor y esforzado, y debia señorear, ó á la provincia de Ve- 
ragua, ó las sierras confines della y comarcanas; éste rescibió 
grandes agravios, insultos é invasiones, de los españoles en 
sus vasallos, y fué muy corrido muchas veces por tomallo y 
hacer del y de sus gentes lo que de í,odos los demás, en espe- 
cial que tuvieron nueva que tenía mucho oro, pero era tan 
valiente y tan ardil, prudente y solícito en la guerra, que 
muchas veces lastimó á los españoles, que por su tiránico 
ejercicio, sin causa ni razón como á los demás, lo impugnaban. 
No hobo recuentro con ellos que no hiriese muchos, y algu- 
nos mataba, y nunca jamás pudieron sojuzgarlo. El licenciado 
Espinosa, prosiguiendo sus obras de insigne tirano, salió de 
Panamá por la mar del Sur en dos navios, con cierta gente y 
dos ó tres caballos para ir la costa abajo del Poniente á so- 
juzgar la gente de las islas que llamaron de Cebaco, más de 30 
grandes y chicas , 70 leguas de Panamá, y envió á Fran- 
cisco Pizarro por tierra, con la parte de la gente que le pareció, 
que fuese haciendo su mismo oficio, matando y captivando, 
y destruyendo todos cuantos no se le daban, de donde muchos 
de los que consigo llevaba quedaron muchas veces bien des- 
calabrados, aunque al cabo, como los desventurados de los 
indios son desnudos y sus armas de aire, siempre quedan 
muertos, captivos y sojuzgados; todo lo que anduvo por 
aquella tierra, más de 50 leguas, con el terror de las cruelda- 
des que hacia, los que no pudieron defenderse ó esconderse 
ó huirse viniéronse á subjetar y poner en sus manos. Y ésta 
fué la predicación del Evangelio que por toda aquella tierra 
firme hicieron y ayudaron á hacer nuestros hermanos; y háse 
de tener siempre por cierto, como ya queda dicho algunas 
veces, que si han de salir 50 españoles á guerrear ó conquis- 
tar como ellos dicen, que también llaman pacificar, llevan 
consigo 500 ánimas, mujeres y hombres, cargados con cargas 
importables, y para su servicio, que ver lo que aquellos pa- 



I 



DE LAS INDIAS. 207 

decen, los sudores y cansancios, las hambres y amarga vida 
y peor muerte de los muchos que mueren por aquellos cami- 
nos, es cosa lastimera, angustiosa, plorable y lamentable. 
Llegó Espinosa á las islas dichas, y todos le salieron de paz, 
porque no se atrevieron á resistille ni pelear, y como su 
principal Evangelio era preguntar lo primero si tenian oro ó 
nueva donde lo hobiese, respondieron señalando que en 
aquellas sierras muy altas, cuyo Rey y señor era Urraca, habia 
mucha abundancia, y por eso creo que aquel Rey señoreaba 
en la provincia de Veragua, que siempre, desde que el Almi- 
rante primero Don Cristóbal Colon la descubrió por la mar 
del Norte, el año de 1502, según en el libro I dijimos, de 
abundar aquella tierra en oro tuvo gran fama. Oidas estas 
nuevas con mucho placer, deja el buen capitán Espinosa los 
navios con solos pocos marineros, y salta con toda la gente, 
bien en aquel oficio amaestrada, en tierra, y saca los caballos 
y va derecho camino á la tierra del señor Urraca; el cual, 
viendo desde lo alto de las sierras donde habitaba, los navios 
andar por la mar, sabiendo que no andaban por alli en valde 
y que podía resultar fácilmente venillo á buscar, estaba aper- 
cibido ya, y puestas las mujeres, y niños, y viejos, y que no 
eran para pelear, en recaudo, y, yenidas las espías de como 
venían los españoles cerca, sáleles al encuentro con tanto 
esfuerzo y braveza como si fueran tigres ó leones contra gatos 
que los rascuñaran. Toparon primero con ciertos indios de 
los que traían los españoles de su servicio, que andaban por 
el campo, los que iban delante espiando ó haciendo otra cosa 
que les mandaron, y á éstos luego los mataron, y sueltan sus 
dardos y flechas contra los de caballo, y los de á pié herían y 
mataban cuantos podían; los indios, contra ellos fortísímamenle 
peleando, herían muchos dé los españoles, y en gran manera 
los lastimaban como eran muchos y que de todas partes los 
cercaban, y en tanto grado los apretaron que cuasi se; per- 
dieran, desmayando. Parece que de la gente que sacó Fran- 
cisco Pizarro debió de enviar á Hernando de Soto, con 30 
hombres, á hacer algún salto por aquella tierra, y acaeció 




208 nisTOKiA 

andar tan cerca de por allí, que oyeron las voces de la batalla, 
y acudió allá, y visto los indios el socorro tan tempestivo se 
retrajeron algo. Ayudábales la aspereza de la tierra , que no 
se podían bien aprovechar de los caballos, y donde ésto hay 
en aquellas Indias, mucho menos pueden los españoles contra 
los indios, y no bebieran tan presto asoládolos; como el li- 
cenciado Espinosa sintió que podia por entonces ganar poco 
con Urraca, determinó de noche, cuanto secretamente pudo, 
torjiarse; pero Urraca, que estaba con su gente vigilante, sin- 
tiólos ir, y va tras ellos hasta esperallos en un peligroso paso, 
en el cual pelearon los indios como fieros leones por atajallos, 
y muriendo muchos dellos, y muchos más con las espadas y 
ballestas heridos, dejaron el paso libre, y los españoles no 
tuvieron por poca ayuda y merced de Dios de verse fuera de 
aquel peligro, y no con poco miedo se tornaron á los navios. 
Pasó adelante la costa abajo á una de las islas dichas, que 
llamaron de Sancto Matías, y de allí saltaron en su deVecho en 
tierra, que es costa y tierra de Bórica ; por las nuevas que de las 
obras de los españoles sabían , salieron gran número de indios 
á resistilles la venida, pero como vieron los caballos, estimando 
que los habían de tragar, comenzaron á huir. Van en el alcan- 
ce los españoles, entran en su pueblo, prenden las mujeres y 
hijos y cuanto pudieron haber, sin los muertos y heridos, ro- 
bando y quemando cuanto hallaron: el señor del pueblo, viendo 
llevar sus mujeres y hijos y de los suyos, acordó de venirse 
á los españoles teniendo la pérdida y abseneia dellos, que la 
de su libertad, por más grave; rogó al Licenciado con lá- 
grimas que le diese sus mujeres y hijos: de compasión lo hizo 
así el Licenciado. Supo de él que cerca de allí estaba ó vivía 
otro señor y que debía tener oro (porque, como ha parecido, 
ésto era lo primero que se preguntaba); envió el Licenciado á 
Francisco Compañón con 50 hombres á salteallo. Dio en el 
pueblo al cuarto del alba, pero no los tomó descuidados; sa- 
lieron contra ellos con tanto esfuerzo y ánimo, que los hicieron 
retraer y huir por donde habían venido un buen pedazo, pero 
ellos, viéndose avergonzados, según ellos decían, y también 



DE LAS INDIAS. 209 

en peligro si les dieran alcance, tornaron sobre sí con nuevo 
ánimo y dan en ellos, hiriendo y matando cuantos delante si 
hallaban, hasta llegar al pueblo donde tenian hecho un pa- 
lenque de madera cómo fortaleza, y en el mismo entraron y 
allí mataron más, porque, no pudiendo salir del palenque por 
unos á otros estorbarse, tuvieron lugar los españoles de em- 
plear bien sus fuerzas brazos y espadas. De allí toma toda la 
gente el licenciado Espinosa, y váse por tierra para dar sobre 
la gente de la provincia ó pueblos de Acharibra, mandando á 
los navios que se fuesen para allá, pero la gente dallos, como 
estaban sobre el aviso, salieron al encuentro, y comenzaron á 
pelear, pero al cabo, viendo los caballos, pusiéronse en huida 
y no pararon; acordó Espinosa con su .apostolado tornarse á 
Pa raqueta, que era la. tierra de Nata, donde pensaba poblar. 
Y desta manera quedó en todas aquellas provincias la fe pre- 
dicada, y afamada y estimada la religión cristiana. 



Tomo V. 14 



210 HISTORIA 



CAPITULO CLXIII. 



Como aquella tierra de Paraqueta ó de Nata y su comarca 
sea muy fértil, descubierta, llana y graciosa, y está cercana de 
las sierras de Urraca ó Veragua, que sieinpre tuvo de tener 
mucho oro mucha fama, deseaba el licenciado Espinosa hacer 
por alli un pueblo, y aplicar á él todos los indios de las pro- 
vincias ó gentes comarcanas para que sirviesen los españoles, 
que es todo tras lo que andan. Escribiólo á Pedrárias, dándole 
las razones que á su parecer convenian, para que le diese 
licencia de poblar; respondióle Pedrárias que le parecia bien, 
y que así se haria, pero que él quería en ello hallarse, y por 
tanto que se viniese para él, dejando alli la gente que le pare- 
ciese convenir, con la demás; dejó á Francisco Compañón, que 
era uno de los principales verdugos que en aquellas sus obras 
le acompañaban , con 50 hombres y dos yeguas, que no hacían 
menores estragos con ellas que con caballos, y con los demás 
se fué á Panamá donde Pedrárias estaba. El rey Urraca, que 
no siempre dormía, sabida la partida del licenciado Espinosa 
para Panamá, y que no quedaban en la tierra de Nata sino 
pocos españoles, juntó su gente y vino una noche á dar so- 
bre ellos, y los delanteros hallaron tres españoles en una casa 
antes de su real, y con una lanza atravesaron el uno, y muerto 
prenden al otro, y el tercero se escondió; éste toma sus armas, 
y con grandes voces hizo grande estruendo como que venia 
gente, y con gran denuedo y esfuerzo, dá tras ellos y mató 
cinco dellos, y con la turbación sueltan al otro y comienzan 
retraerse, de manera que tuvieron lugar los dos de recogerse 
á donde su cornpañía estaba. Entendido por 'ellos la mucha 
gente que Urraca traia sobre ellos, Francisco Compañón, el Ca- 
pitán, envia á toda furia á Hernando de Soto, y luego tras él 



DE LAS INDIAS. 211 

á Pero Miguel, hombres muy sueltos, que avisen á Pedrárias 
del estrecho en que quedaban. Pedrerías, que no era en se- 
mejantes tiempos y peligros negligente, despachó luego en un 
navio á Hernán Ponce con 40 hombres, y llegó á tiempo 
que Francisco Compañón quería con su compaña dejar la 
tierra, porque Urraca habia convocado cuanta gente habia 
por aquellas provincias, y los tenía cercados que no podian 
salir un tiro de piedra á buscar raíces que comiesen. Como 
Urraca vido el navio, estimando que todos los españoles de 
Panamá allí venian, alzó el cerco y retrújose á sus sierras. 
Despachado el navio, Pedrárias, con 160 españoles y dos ca- 
ballos, y ciertos tiros de artillería, y por Capitán de su guar- 
dia Francisco Pizarro, determinó de seguillos; llegado á Pa- 
raqueta ó tierra de Nata, donde Compañón estaba y los demás, 
y sabido que Urraca se hábia con su gente retraído, mandó 
á Hernán Ponce que con 30 españoles se quedase allí con 
él, y otro día Pedrárias, para buscar y seguir á Urraca, se 
partió con toda la otra gente. Estábalos esperando Urraca para 
pelear, teniendo junto consigo á otro señor Exquegua, en 
la entrada del pueblo deste que era lugar para su favor fuerte, 
con gran numero de gente, y sí Pedrárias bien quisiera excu- 
sar la contienda por ver el lugar dicho para los caballos no 
favorecelle, pero viendo que por muchas parles lo infestaban 
y acometían, arremete con toda su gente contra ellos, y los in- 
dios no menos resistiéndoles su ímpetu, pelearon cuasi todo 
el día, donde hobo muchos heridos; muertos, no pude saber 
los que fueron de los indios, porque de los españoles pocos 
suelen morir, como las armas de los indios sean para jugar 
niños. Con toda su poquedad les dieron aquel día mal día, y 
apretaron tanto á los españoles, que Pedrárias se vido en 
harto trabajo, y quisiera más estar en Panamá descansando. 
Finalmente, acudió luego al remedio último, que fué los tiros 
de pólvora, los cuales sueltos, no paró de los indios hombre 
con hombre; pero no por eso Urraca que del todo desmaya- 
se, y así, por cuatro contitiuos días, salieron á pelear al 
campo, pero alfín, viendo que por aquella vía no podían pre- 




212 HISTORIA 

valecer, por los tiros de pólvora y los caballos, acordó de re- 
traerse y convocar más gente de la que quedaba , y fortalecerse 
sobre cierto rio llamado de Atra, donde acudieron muchas 
gentes de ambas á dos mares á serville y ayudalle. Pedrárias 
propuso de ir tras él y probar si podia tomalle, y llegando á 
lá comarca donde Urraca con su ejército estaba, tuvo un ardid 
para engañarlos, y fué que echó ciertos indios , como que se 
habían descuidado, para que los prendiesen los corredores, y 
preguntándoles por Urraca, respondiesen que en aquella sierra 
estaba, y consigo tenía gran suma de oro; y desta industria 
ó ardid de guerra usó Urraca, porque sabia el ansia y sed que 
los españoles de oro tenian, y que habían de ir á buscallo 
desahilados y sin orden, donde podía, con las celadas que 
tenía puestas en ciertos pasos, desbaratallos. Presos, pues, los 
que para ésto envió, luego Pedrerías envió á Diego Albitez 
con 40 hombres, y en el camino de las sierras cae en las ce- 
ladas, y dánles tanta priesa que ninguno quedó dellos que 
no fuese herido y bien lastimado, y el remedio que tuvieron 
fué huir para salvarse. Pedrárias torna con 60 hombres á en- 
viar al mismo Albitez que suba en pos dellos la sierra, donde 
no halló á nadie; torna por lo llano del rio donde los vio, y 
los indios con grandes alaridos arremeten á ellos, y pelearon 
defendiendo que los españoles, por una angostura que el rio 
hacia, no pagasen, donde hobo muchos heridos de arabas par- 
tes; y porque los españoles delanteros comenzaban á desma- 
yar, fué Diego Albitez con ciertos, de priesa, para los animar, 
y hobieron de caer en el río donde se bien remojaron, y fué 
harto escapar; finalmente, prevalecieron los españoles des- 
pués de muchas heridas y trabajos, y siguiendo el alcance 
fueron acuchillando y matando dellos cuantos podían alcan- 
zar. Despacha Pedrárias cuadrillas de españoles por toda la 
provincia en diversas partes, robando y quemando, y aso- 
lando y captívando cuanto y cuantos hallaban; lo mismo 
hicieron en las tierras de otros señores, llamados los dos dellos 
Bulaba y Musa, que vinieron en ayuda de Urraca, y así quedó 
toda aquella tierra lastimada, y menoscabada, despoblada, y 



DE LAS INDIAS. 213 

la gente della huida por los montes amedrentada, dejado 
los muchos muertos y captivos que della faltaban. Pedrárias, 
por remunerar á los españoles que tanto por allí habían tra- 
bajado, acordó de hacer un pueblo dellos por allí cerca en co- 
marca, y pareció que debia de asentarlo en el pueblo, ó cerca 
del, de un Cacique ó señor que se llamaba Nata, la última sílaba 
luenga, y quiso que así se llamase; y porque los españoles de 
las Indias, en especial los que andaban y andan en estos pasos, 
tienen y han tenido poco cuidado de arar y cavar, sino co- 
mer de aquellos sus tan meritorios trabajos á costa de las 
vidas y ánimas de los indios, y esto es y fué haciendo re- 
partimientos de los pueblos, y dárselos en encomienda, que es 
donde va á parar todo su descanso, señaló Pedrárias á cada 
uno de los que allí se quisieron avecindar cierto número de 
indios, en los pueblos que por aquellas provincias, con las 
guerras y violencias de que usaba, tenía subjetados, que los 
españoles llaman pacificados, y que de miedo y por no ser 
como los demás, hechos pedazos, querían estar en sus pue- 
blos, y servirlos cuando los españoles por allí pasasen ó á lla- 
mar los enviasen, aunque nunca ellos pensaran que aquel ser- 
vicio habia de ser tan duro y tan diuturno hasta acabarse 
como se acabaron; y hoy está toda aquella tierra, siendo feli- 
císima y poblatísima, despoblada. Esto así ordenado, y repar- 
tido y tiranizado por Pedrárias, dejó allí por su Teniente y 
Capitán á Diego Albitez, y él volvióse á Panamá. Los indios 
repartidos, enviados á llamar, venían y servían en hacer las 
casas y labranzas para los españoles, cazas, pesquerías y de 
todos los otros trabajos para sustentar un pueblo de 50 
ó 60 vecinos españoles, que es más allá que sustentar una 
villa de 2.000 en Castilla, porque quieren ser servidos dellos 
como hijos de Condes y Duques regalados, y no sólo servidos, 
pero adorados. Asentábaseles á los indios esta carga no usada 
como intolerable, y así unos venían tarde, otros no curaban, 
otros se huían , y éstos llaman los españoles alzarse. Envía 
Diego Albitez y va tras ellos, que llamaban ranchear; á los 
que tomaban, dellos mataban, dellos cautivaban para los es- 




214 niSToiiiA 

carmentar» dellos aseguraban, y así los forzíS á que viniesen 
á servir á sus encomenderos y tiranos. El señor y rey Urraca, 
cada y cuándo que via la suya, no olvidaba de visitar los espa- 
ñoles con las gentes que podia juntar y darles muchas buenas 
alboradas, y los que hallaba á mal recaudo, no habia menes- 
ter tornarlos á buscar para dellos vengarse. Sallan los espa- 
ñoles y quemaban y asolaban toda la tierra y provincia de 
Urraca, y en ésto se pasaron nueve años, que nunca pudie- 
ron aplacallo; porque, en la verdad, como el aplacallo no 
podia ser, según ellos, sino que sufriese el cautiverio, y 
servidumbre y tiranía de los demás, en la cual él y su gente 
se habían finalmente de acabar, y ésta es la satisfacción 
y recompensa que de los daños é injusticias tan estupen- 
das los nuestros á aquellas gentes han acostumbrado y 
acostumbran dar, él, como hombre prudente y esforzado, y 
que sentía bien la justa guerra que proseguía contra quien 
con tanta injusticia, sin culpa, ni razón, ni causa, estando en 
sus tierras seguro, le habia hecho y hacia tantos daños y ma- 
les, no cura de se aplacar. A los indios suyos que los españo- 
les tomaban les daban grandes tormentos, porque descubrie- 
sen la gran suma de oro de que Urraca y sus vasallos poseer 
tenían fama; con ésto más cada día Urraca se indignaba. Des- 
pués, pasado algún tiempo, envió por Teniente de la villa de 
Nata, Pedrerías, á Compañón, y por el gran temor que seña- 
ladamente se tenía por los españoles de un indio muy esfor- 
zado, Capitán de Urraca , por los tártagos que muchas veces 
les daba, este Compañón tuvo muchas maneras para le haber 
á las manos, y como no podían por guerra, trabajó infielmente 
de habello de paz, y sobre seguro, y así, asegurándolo con men- 
sajeros indios y con sus engañosas ofertas, hobo de venir al 
pueblo á visitar los españoles, y vino á sus manos. Pero el 
Compañón quebrantándole la palabra, fealdad bien usada por 
los españoles con los indios en aquellas partes, y pocas ó nin- 
gunas de parte de los indios no bien guardada, prendiólo, y 
cargado de hierros lo envió al Nombre de Dios desterrado; y 
no fué poco bien el que le hizo, pues no lo quemó como mu- 



DE LAS INDÍAS. 215 

chas veces lo hicieron los que se llaman cristianos. Desto res- 
cibió grande dolor Urraca, y puso mucho cuidado en juntar 
toda la gente que pudo de ambas á dos mares, del Norte y del 
Sur, y juntos hacerles una gran habla, diciendo : «No es razón 
que dejemos reposar estos cristianos, pues allende de tomar- 
nos nuestras tierras, nuestros señoríos, nuestras mujeres y 
hijos, y nuestro oro, y todo cuanto tenemos y hacernos escla- 
vos, no guaj-dan fe que prometan, ni palabra, ni paz; por eso 
peleemos contra ellos y trabajemos, si pudiéramos, de los ma- 
tar y de tirar de nosotros tan importable carga, mientras las 
fuerzas nos ayudaren, porque más nos vale morir en la guerra 
peleando, que vivir vida con tantas fatigas, dolores, amar- 
guras y sobresaltos.» No dijeron más Judas Machabeo y sus 
hermanos sobre la misma causa. Plugo á todos, y todos profe- 
saron de morir peleando, mientras las fuerzas y la vida les 
durasen, y así, los repartidos á los españoles se alzaron y 
mataron cinco de los que estaban en los pueblos dellos des- 
cuidados, muy con imperio mandándolos. Muertos aquéllos, 
vienen gran número dellos sobre la negra villa de Nata; 
salen los españoles, pelean todos fuertemente, hay muertos y 
muchos heridos de todas partes, mayormente de los indios, 
porque con los caballos, por ser la tierra llana y descombrada, 
rescibieron muy gran daño. Duró la guerra muchos años, den- 
tro de los cuales murieron en ellas muchos españoles y de 
los indios, sin comparación, innumerables; pero porque los 
tristes eran desnudos y tan flacas, como se ha dicho, sus ar- 
mas, viéndose cada dia sin algún fruto, ni remedio, ni espe- 
ranza dello, perecer, cansados y quebrantados de andar por 
sierras y por valles tantos tiempos en guerra, sudando y ham- 
breando y padeciendo mil otros trabajos que aquella vida, en 
especial en las Indias, consigo trae, acordaron todos los más 
de ios pueblos de venirse á los españoles, en su servidumbre, 
á acabar su vida desventurada. Sólo el rey Urraca, con la gente 
que tenía y le habia quedado de tanta mortandad, nunca 
quiso venir, sino siempre tuvo su tesón de aborrecimiento 
contra los españoles, llorando toda su vida no podellos acá- 




216 iiiST0iir4 

bar; al cual del todo dejaron en su tierra sin illo más á buscar, 
cognosciendo que nunca vez le hicieron guerra que muchos 
dellos no saliesen delia muertos y bien descalabrados, y asi 
en su tierra y casa murió, y con él su gente, no con más cog- 
noscimiento dé Dios del que tuvo antes que oyese nombrar 
cristií^nos, en su infidelidad. ¿Quién habrá dado cuenta de su 
perdición y de tantas ánimas, que ningún impedimento de su 
parte para rescibir la fe tenian si se les predicaran bien claro 
para cualquiera cuerdo cristiano está. 



DE LAS INDIAS. 217 



CAPÍTULO CLXIV. 



Después de haber destrozado aquellas provincias y pues- 
tas en la servidumbre ordinaria del repartimiento y encomiedas, 
que es el fin de los españoles propincuo, para conseguir el 
último que es abundaren oro, pareció á Pedrárias que habia 
mucha gente española en Panamá junta; por derremalla envió 
á un Benito Hurtado, que mucho habia servido, según los vo- 
cablos, en los insultos y tiranías pasadas y presentes, con 
cierto número dellos, á que pusiese en la misma servidumbre, 
por mal ó por bien , á las gentes que de los confines de Nata 
habia, hasta la tierra que, por mandado de Espinosa, Hernán 
Ponce por la mar habia descubierto, y mandóle Pedrárias que 
poblase un pueblo en la provincia de Chiriquí, donde llegado 
comenzó á enviar á llamar las gentes de la tierra: vinieron á 
su llamado los de Chiriquí, é después otra gente llamada ba- 
reclas, y después los de la provincia de Burica, y los que 
vivían sobre el golfo que llamamos de Osa, toda tierra muy 
poblada y que dura cerca de cien leguas. Todas aquellas 
gentes vinieron sin resistencia, por estar asombradas de las 
guerras y crueldades que habían oído haberse hecho á las 
provincias pasadas, y experimentado quizá cuando por aque- 
llas tierras ó por sus vecinas los años pasados habia andado 
Espinosa. Estuvieron dos años en aquel pueblo de Chiriquí los 
españoles, sirviéndoles los indios, pero no pudíendo sufrir tan 
dura servidumbre y contina tiranía, se levantaron contra ellos, 
y mataron algunos dellos, y al cabo, por cierta ocasión, acor- 
daron los españoles de deshacer ó despoblar su pueblo. Toda 
aquella tierra como otras muchas que contienen millares de 
leguas, estando de gentes refertísimas, está hoy desierta y 
habitada de fieras bestias, mayormente de tigres. Porque un 




218 IIISTOIIIA 

poco nicas arriba se dijo, que por derramar la gente que sobrada 
habia en Panamá Pedrárias envió á Hurtado con dalla, es de 
saber que una de las cosas que ha destruido y asolado y des- 
po^blajdo las Indias ha sido dar licencia el Consejo del Rey á 
lodos los que han querido pasar á ellas, indiferentemente y sin 
número ni medida, porque comunmente han pasado gente hol- 
gazana, y que por fuerza habia de comer de sudores ajenos 
aunque pesase á Rey y á Roque que se lo prohibiese, de donde, 
sin otros inconvenientes, ha sucedido que, para que tanta gente 
no destruyese, comiendo, las haciendas de los españoles de una 
comarca ó de una provincia , no las que ellos cavaban y su- 
daban sino cavadas y sudadas por los indios, los que gober- 
naban, y aun hoy gobiernan, enviaban y hoy envian golpe 
de gente española, con color de descubrir ó de apaciguar ó 
de poblar, que destruian cuerpos y ánimas de infinitas gentes 
de indios ; y otro tras éste no menos cruel y diabólico ni 
conveniente, que, como se ha dicho arriba, llevaban délos 
opresos y siempre fatigados indios, que servían á los pueblos 
de los españoles, mucha gente, dejando desmamparadas sus 
mujeres y hijos, con cargas de tres y cuatro arrobas y todo 
fardaje, de los cuales si sacaban 1.000, por los trabajos y 
cansancio y hambres, 50 no volvian. Ha habido en ésto tan 
desatinada é incomparable desorden, que de cuarenta cuentos 
de ánimas que habernos echado desta vida, desde que entramos 
en aquellas infelices Indias, los quince por esta causa tenemos 
por cierto haber perecido. Todo ésto han sabido los del Con- 
sejo del Rey, y ha sido tanta su insensibilidad que ni lo han 
castigado ni prohibido, y si á proveer algo en favor de los 
indios se arrojan, por los clamores que religiosos siempre les 
dan y han dado por cartas ó por presencia, mandan y escri- 
ben,© dan por instrucción á los que allá gobiernan y de 
nuevo de acá envian, lo que saben que ni guardan ni 
cumplen ni han de guardar ni cumplir, pensando, engañando 
á sí mismos, que con la estrechísima y periculosísima obliga- 
ción que acuestas tienen, han cumplido, y con ésto comen y 
beben y duermen sin escrúpulo, á lo que en ellos parece, pues 



DE LAS INDIAS. 21 9 

andan alegres y se rien, habiendo de llorar todos los dias de 
su vida, la menor negligencia en negocio tan grande y tan 
puesto á su cuenta, en que cognosciesen haber incurrido. 
¡Cuánto más debian y debrian de gemir é aun lamentar la 
perdición de. tantos millones de cuerpos y ánimas que injusta- 
mente habernos muerto, teniendo ellos en las manos el go- 
bierno espiritual y temporal de aquel Nuevo Mundo, y el 
ejercicio ó administración de la justicia! Todo lo que aquí 
escribo, muchas veces, juntos en su Senado y Tribunal, y 
en sus casas á cada uno lo he dicho. Dejo de decir de los 
robos y tantos millones que habernos tomado á sus propios 
dueños con tantos daños dellos y tan mal adquiridos; dejo de 
encarecer también estar á su cuenta la conversión de aquel 
mundo tan grande, tan ancho y tan extendido; dormir á sueño 
suelto y á pierna, como dicen, muy tendida, y comer y beber 
muy á sabor, y vivir con mucho contento y alegría, quien tan 
estrecha cuenta, y de cosas tan pesadas, ante el Divino juicio 
espera dar (si piensa, empero, darla, porque si no piensa darla 
su insensibilidad será más incurable), no se yo cómo aquello 
les es posible. Tornando al propósito, es aquí de notar que 
tres estados han tenido siempre los españoles, y hoy tienen, 
en las Indias, á los cuales corresponden otros tres estados de 
infelicidad en los indios. El uno es entrar haciendo violencias 
y guerras en ellos, donde matan y destruyen cuantos pueden 
por sojuzgallos hasta en su servidumbre traellos. El segundo, 
entre sí repartillos y servirse dellos como de jumentos ó asni- 
llos, y pluguiese á Dios que así los tractasen y no fuesen me- 
nos que sus bestias tenidos. El tercero, después que los han 
muerto todos, ó cuasi todos, si de todas sus violencias y tiranías 
se hallan con dineros, venirse á heredar ó á hacendarse á 
Castilla, y si no tienen con qué venirse, como, por la mayor 
parte, que medren con cuanto roban Dios no les permite, sino 
que vivan en necesidad, quédanse, y entonces comienzan á 
hallar menos los indios, y no sé si les pesa de tan inexpiables 
pecados que han cometido. El cuarto estado, el cual yo no 
dudo, es, en muriendo irse á los infiernos á Tastar lo que con 




220 niSTORiA 

tanta sangre de sus prójimos hobieron comido y bebido, si 
en algún tiempo de su vida la Divina clemencia no les socor- 
rió con su gracia, para que cognosciesen sus tan inexpiables 
pecados, y por el perdón dellos implorasen su misericordia 
con entrañables suspiros y gemidos. Al primero correspon- 
dió el primero de los indios que padecían tan grandes cruel- 
dades y matanzas que con las guerras les hacian. Al segundo 
respondió la cruel servidumbre y cautiverio en que poco á 
poco iban pereciendo, sin hacer más cuenta dellos de la que 
dije, no sólo cuanto á lo que tocaba á la vida y salud del 
cuerpo, pero á la salud y vida del ánima, porque no tu- 
vieron más cuidado de que fuesen cristianos que si fueran 
borricos. El tercero estado fué, después de muertos todos 
en el servicio de los que les debieran dar vida, no dándoles 
tantas ni tales fatigas, y las tierras todas despobladas, rema- 
necían dos aquí é cinco allí , casi en pegujalejos, y á éstos 
los españoles comenzaban á tractar bien, y otros que aún no 
dejaban de llevar el acostumbrado camino. Del cuarto estado 
tampoco debemos dudar, pues es manifiesto que todos los 
más morian sin fe y sin sacramentos, y si á muchos se dio el 
bautismo dieseles sin doctrina y sin saber lo que rescibian, 
como se han hecho muchas veces por muchos, cerca desío, 
grandísimos desatinos en las Indias; y dejemos aquí por agora 
de hablar de tierra firme, por aquella parte, hasta que tor- 
nemos á contar sus desventuras y miserias. 



DE LAS INDIAS. 



221 



CAPITULO CLXV. 



Resta decir algo de lo que acaesció en la otra parte de 
tierra firme que está al Oriente, conviene á saber, la costa ár' 
Cumaná, y que dicen de las Perlas en la isleta de Cubagí^ 
lo cual tenía su lugar poco antes deste tiempo; ya se dijo en 
el cap. 159 como los indios de la provincia de Cumaná, des- 
pués de salido el clérigo Bartolomé de las Casas para la isla 
Española, mataron un fraile y ciertos criados suyos, y que- 
maron el atarazana y toda la hacienda que alli tenía . y como 
al cabo se metió fraile como en el el cap. 160 queda escripto. 
Luego el Almirante y Audiencia y toda la Consulta, que diji- 
mos'^ser con éstos los oficiales del Rey, determinaron de enviar 
otra armada para que castigase por guerra á aquella gente, 
porque estando alzados como estaban no podían vivir los 
moradores de Cubagua, que alli vivian por la granjeria de las 
perlas, por no tener agua la isleta, y la que bebían era del 
rio de Cumaná en la misma tierra fitme, de la isleta siete 
leguas, y no podían irla á coger sin pelear con los indios, que 
era muy peligroso por la ponzoña de la hierba que en las 
flechas ponían. Fué por Capitán desta gente un vecino de la 
ciudad de Sancto Domingo, llamado Jácome de Castellón; 
éste fué y llevó alguna gente, y tomó de la gente que estaba 
en la isla de Cubagua en la dicha pesquería de las perlas, y 
junta cuanta pudo pasó á la tierra firme, siete leguas de alli 
por la mar, y asentóse con ella á la boca del dicho no de 
Cumaná, donde ya tuvo segura el agua para que pudiesen 
venir por ella libremente los que quedaban en la dicha isleta. 
Desde alli envió cuadrillas de españoles tras los indios, mató 
muchos dellos, y hizo muchos esclavos, que es lo que después 
del oro es lo más deseado de los españoles; los que no pudo 



222 HISTORIA 

haber asegurólos que no rescibirian más daños, que se vi- 
niesen á sus pueblos, y así quedaron apaciguados. Edificó 
Jácome de Castellón una fortaleza á la boca del rio de Cumaná, 
donde el clérigo de las Casas la quería edificar, para tener 
segura la cogida del agua, sin la cual, como está dicho, no 
podían vivir los de la isleta de Cubagua. Hízose después un 
muy buen pueblo de españoles en la isleta, con muchas casas 
de piedras y adobes y tapias, como si hobieran de perseverar 
por algunos quinientos años, pero acabadas las perlas, después 
algunos y no muchos años, se quedó la población ó pueblo 
todo despoblado, aunque primero, ó poco más tarde ó poco 
menos, se consumieron los indios en aquel ejercicio de sacar 
perlas, donde han perecido inmensidad dellos; con las guerras 
dichas y esclaverias que en ellas se hicieron, y con las perlas 
está desierta ó cuasi desierta de sus habitadores toda aquella 
tierra. Y porque se vea si sacar las perlas es menos pernicioso 
para los indios que sacar el oro, y por consiguiente los bienes 
que de las Indias vienen á España vienen por todas partes 
justificados, y si es posible que con tales bienes se puede es~ 
perar que Dios haga merced á España, es, pues, la vida de 
los indios que se traen para pescar perlas, no vida, sino 
muerte infernal (algo dijimos della en el libro II, cap. 45), y 
es ésta: Llévanlos en las canoas, que son sus barquillos, y 
va con ellos un verdugo español que los manda, llegados en la 
mar alta, tres y cuatro estados de hondo, manda que se echen 
al agua; zabúllense y van hasta el suelo, y allí cogen las 
ostias que tienen las perlas, y hinchen dellas unas redecillas 
que llevan al pescuezo ó asidas á un cordel que llevan ce- 
ñido, y con ellas ó sin ellas suben arriba á resollar, porque 
no siempre -donde se zabullen las hallan, y si se tardan en 
mucho resollar, dales priesa el verdugo que se tornen á zabu- 
llir, é á las veces les dan de varazos que se zabullan, y siem- 
pre todo este tiempo nadando y sosteniéndose sobre sus brazos; 
están en ésio todo el día desde que sale hasta que se pone el 
sol, y así todo el año si llegan allá: la comida es algún pes- 
cado, y el pescado que tienen las mismas ostias donde están 



DB LAS INDIAS. 223 

las perlas, y pan cagabí hecho de raíces y maíz, que son los 
panes de allá, el uno de muy poca sustancia , que es el ca^abí, 
y el otro que se hace con mucho trabajo, y destos no mu- 
chas veces quizá se hartan. Las camas que les dan á la noche 
son el suelo con unas hojas de árboles ó hierba, los pies en el 
cepo porque nt) se les vayan. Algunas veces se zabullen, y no 
tornan jamás á salir, ó porque se ahogan de cansados y sin 
fuerzas y por no poder resollar, ó porque algunas bestias 
marinas los matan ó tragan. Hay dos especies de bestias comun- 
mente, y aun tres crudelísimas, que comen los hombres y aun 
caballos hacen pedazos, launa es tiburones, la segunda marra- 
jos, la tercera cocodrilos, que llaman los que no saben lagar- 
tos: los tiburones y lagartos que tienen los dientes admirables, 
asen del hombre ó del caballo por la pierna ó por el brazo, 
ó por otra cualquiera parte, y llévanlo al hondo y allí lo 
matan, y después de su espacio lo comen; los marrajos son 
muy más grandes y tienen grandes bocas, y del primer bo- 
cado lo tragan. Una vez acaesció que un indio, zabulléndose, 
vido cerca de sí un marrajo; subióse luego, huyendo á lo alto, 
el español verdugo riñe con él porque se subió tan presto 
sin sacar algo, dijo que estaba por allí un gran pescado, y que 
tuvo temor del no le matase; fuérzalo á que tornase á se 
zabullir, é, por ventura, le dio de varazos. Zabullóse el triste, y 
el marrajo que lo estaba aguardando, arremete con él y trá- 
galo. Parece que al principio peleó el indio con el pescado, y 
hobo cierto remolino en el agua por un rato; entendió el es- 
panol que el pescado habia acometido al indio, y como vido 
el indio que se tardaba, mató un perrillo que allí tenía y pú- 
solo en un anzuelo de cadena grande que para estos pescados 
comunmente traen, y echólo al agua, y luego lo asió el mar- 
rajo que aún no estaba contento, y el anzuelo prendió del de 
manera que no pudo escaparse; sentido por el español que 
estaba preso, lárgale soga, y poco á poco váse hacia la playa 
en su canoa ó barco. Salta en tierra, llama gente que le ayu- 
den, sacan la bestia, dánle con hachas y piedras, ó con lo 
que pudieron y mátania; ábrenle el vientre y hallan al des- 



I 



224 HISTORIA 

dichado indio, y sácanlo, y dados ó tres resuellos y allí acabó 
de espirar. De aquí se puede cognoscer si con esta granjeria de 
pescar ó sacar perlas nuestra gente guarda los mandamientos 
divinos del amor de Dios y del prójimo, poniendo en peligro de 
muerte corporal y también del ánima, por morir sin fe y sin 
sacramentos, á sus prójimos, por anteponer su propia cudicia 
y interese temporal; y ésto allende la tiranía con que los opri- 
men trayéndolos allí por fuerza y contra su voluntad; itera, 
allende la infernal vida que les dan hasta que los acaban y 
consumen por la mayor parte en breves dias; porque ¿cómo 
es posible los hombres vivir, estando la mayor parte de la 
vida sin resuello debajo del agua? Y allende la frialdad del 
agua que los corrompe, mueren comunraente.de echar sangre 
por la boca, y de cáraaras de sangre por el apretamiento del 
pecho, por causa de estar cuasi la mitad de la vida sin resuello. 
Conviértenseles los cabellos, siendo ellos de su naturaleza ne- 
gros, quemados como pelos de lobos raarinos, y sáleles por 
las espaldas salitre que parecen otra especie de hombres ó de 
monstruos. Con este trabajo mortífero y vida desesperada aca- 
baron de consumir las gentes de los lucayos, como dejamos 
referido en el segundo libro, y, después de aquéllos, otra in- 
mensidad de gentes de otras partes; hoy en este dia , que pasa 
de 1560 años, matan gentes en el cabo de la Vela, donde se 
pasó la dicha pesquería porque se acabó la de la isleta de 
Cubagua. Muchas veces lo ha mandado remediar el Consejo 
con cédulas del Rey é no ha aprovechado nada, pero la culpa 
principal y el pecado muy grande tiene el mismo Consejo, 
porque no parece sino que lo proveen solamente por cumplir, é 
para que no se cumpla lo que en favor de los indios mandan, 
pues no castigan rigurosamente los que no cumplen su man- 
dado. Y es cosa de burla cuanto en estos casos mandan, y por 
ésto principalmente, conviene á saber, por no castigar los de- 
lincuentes, así jueces como particulares que no cumplen lo 
que en favor de aquellas gentes han proveído y proveen, ha 
sido la causa principal de estar aquel orbe asolado, lo cual se 
pedirá á ellos principal y aspérriraaraente. Y aunque lo que 



DE LAS INDIAS. 225 

aquí agora contaré acaesció en aquella provincia de Cumaná 
algunos años después, y pertenecía su historia al cuarto libro, 
todavía lo quiero referir aquí como me lo escribió el mismo 
capitán Jácome de Castellón, porque quizá no se me olvide..^ 
Primero dia de Setiembre año de 1530, á las diez horas antes "^ 
de mediodía, estando el dia sereno y los aires tranquilos, sú- 
bitamente se al'^ó la mar, y sobrepujó los límites ordinarios 
en altura cuatro estados, que alcanzó por encima de ciertos 
árboles que están á la boca del rio (el cual es grande y caudal) 
y cubrió todos los llanos, llegando hasta las laderas de las 
serrezuelas que hay por allí, cerca de media legua, y así 
como la mar comenzó á entrar en la tierra, la tierra comenzó 
á temblar terriblemente, y duró elprimer temblor un ochavo 
de hora, y después dio temblores diversas veces por aquel 
dia; éstos fueron tan grandes que la fortaleza cayó en tierra 
hasta los cimientos, que no quedó della sino una esquina de 
la primera cerca. Abrióse la tierra por muchas partes en los 
llanos y en las serrezuelas, y por las aberturas manaba una 
agua como tinta, negra y salada, que hedia á piedra azufre. 
Una sierra del golfo que llaman de Cariíif^.o, que entra por 
allí dentro en la tierra 14 leguas, se abrió en tanto que queda 
dividida y hecha en ella una gran abra. Cayéronse muchas 
casas de los indios, que son de paja y madera por lo cual 
murieron algunos indios, juntamente por el terror y espanto 
que hobieron. 



Tomo V. . 13 



22'J ÍÍÍSTORIA 



CAPÍTULO CLXVI 



Ya digimos en el libro II cómo viendo los pspauoles que las 
gentes déla isla Española, con la crueldad de las minas y los 
otros trabajos que les daban, se les iban muriendo y acabando, 
inventaron engañar al Rey Católico para que les diese licen- 
cia que pudiesen traer las gentes naturales de las islas que 
llamábamos Yucayos ó Li|i|^yos. Esta licencia concedida, su 
ocupación toda por aquellos tiempos fué ir á traerlos; dellos 
tomados por engaño, dellos salteándolos y por todas mane- 
ras de injusticia y maldad, los trujeron sin quedar ánima viva 
en treinta ó cuarenta islas que son, chicas y grandes, donde, 
al cabo y los que restaban, en la pesquería de las perlas todos 
los mataron y acabaron. Estos también acabados, comenza- 
ron á tractar de otra granjeria para tener á quien más matar 
en sus minas ; como los españoles que vivían en la isla de 
Cuba hicieron armadas para saltear los moradores de las islas 
de los Guanajos, al Poniente, y las que más pudiesen hallar y 
despoblar, según arriba en el cap. 91 digimos, asi los que vi- 
vían en la Española inventaron hacerlas para saltear y cautivar 
naturales vecinos de las islas y tierra firme, que la naturaleza 
puso al Oriente. Estas armadas hacían de la manera que 
hicieron las que inventaron para traer la gente de los Yucayos, 
juntándose en compañía tres ó cuatro vecinos, ó más ó menos, 
según tenian el caudal, y ponían cinco, ó seis, ó siete mil pesos 
de oro, compraban un navio ó dos, metian 50 ó 60 españoles, 
personas bien desalmadas, proveidos de bastimentos ó á sol- 
dada, ó á que en las presas que trajesen tuviesen sus partes. 
Dábaseles un Veedor, tan gran ladrón coujO ellos, y menos te- 
meroso de Dios y que parecía haber recibido el alma en vano, 
para que viese lo que allá se hacia, conviene á saber, que mi- 



df: las índias. 227 

rase si se hacían los requerimientos, y si las instrucciones que 
se les daban guardaban. Las instrucciones contenian que á 
cualquiera Isla ó parte de tierra firme que llegasen, hiciesen 
sus requerimientos, diciendo que supiesen que habia un Dios 
en el cielo, y un Papa vicario suno en la tierra, y que habia 
dado aquellas Indias á los reyes de Castilla, cuyos vasallos 
ellos eran; que viniesen á su obediencia, si no que supiesen 
que les harian guerra y harian esclavos, etc. ¿Qué mayor es- 
carijio de la fe de Jesucristo y más injusta maldad, que aque- 
llos mal aventurados letrados, que gobernaban estas islas y 
tierras, y que obligados eran á saber ser aquéllo contra toda 
ley natural, y divina, y humana, tales instrucciones no tuvie- 
sen vergüenza y confusión de darías? Destos requerimientos 
(no pase de aquí el lector, hasta que vea lo que delíos digi- 
mos arriba en los capítulos 57 y 58), algunas veces enviaban 
un clérigo idiota por Veedor, para justificar más su tiranía, 
que veia las maldades que allá se hacían, <y dellas descu- 
bría y dellas no; dello por no tener todo por malo, pues el 
Audiencia real lo autorizaba, enviaba y mandaba, y mandaba 
y tenía en ello parte, siendo todo execrable, dello quizá por- 
que se Iiolgaba de que se trújese más gente robada, porque 
también de las presas llevaba su parte de esclavos ó se le daba 
por aquella su veeduría buen salario. Estos, salidos del puerto 
de Sancto Domingo, porque de allí era su embarcaje, llega- 
ban á la Isla ó á la parte de tierra firme donde ir acordaban 
que más cómodo hallaban, y desde los navios hacían sus re-- 
querimientos, y aunque los hicieran al oido de cada uno de 
los moradores, como fuese en nuestra algarabía, no entendieran 
ni entendían palabra, y desto daba testimonio el: Veedor como 
en tal puerto de tal isla ó provincia de la tierra firme se habia 
hecho el requerimiento que Su Alteza mandaba. Venían los 
indios en sus barquillos ó canoas á ellos tra\éndoles comida, 
y suscosillas ellos les dabarf y sallaban en tierra por asegu- 
rallos, y venida la noche daban en el [>ueblo llaíiiando á San- 
tiago que los ayudase; tomaban cuantos podían, y otros, para 
meter temor á todos, mataban á cuchilladas. Metían en los 



228 HISTORIA 

navios los presos, y de allí se iban á otras partes y hacían 
otro tanto, hasta que les parecía que tenían buena carga. 
Siempre por el camino echaban á la mar muertos mucha 
parte, del poco comer y beber porque siempre llevaban menos 
bastimento de lo que para tanta gente era necesario, y del calor 
por los meter debajo de cubierta, y de angustia y tristeza de 
verse así traer, como digitnos arriba en los capítulos 43, 44 
y 45 de la segunda parte desta Historia, hablando de los Yu- 
cayos. Veníanse al puerto de Sancto Domingo los navios con 
sus cabalgadas, desembarcaban á los tristes desventurados, 
desnudos, en cueros, flacos, para espirar, echábanlos en 
aquella playa ó ribera como unos corderos, los cuales, como 
venían hambrientos, buscaban los caracolicos ó hierbas y otras 
cosas de comer, si por allí hallaban, y como la hacienda era 
de muchos, ninguno dellos curaba para les dar de comer y 
abrigallos hasta qué se hiciesen partes, sino, de lo que traían 
en el navio, al^n cagabí, que ni los hartaba ni sustentaba. Y 
porque siempre no faltaba quien dijese y publicase algunas 
señaladas crueldades que allá se habían hecho cuando los to- 
maban (y tan bien las sabían los Oidores como los predo- 
nes que las hacían, porque cierto les era que no los podían to- 
mar ó prender sino haciendo grandes males), para engañar al 
mundo, ponían una persona que se les antojaba , que quizá 
tendría en el armada parte, que averiguase si habían sido bien 
tomados. jOh gran Dios y Señor, y que has sufrido con tu pa- 
ciencia y longanimidad en este caso que nunca se hallaron 
ser mal tomados ni traídos, estando en sus tierras y en sus 
casas sin hacer mal á nadie, como que no fuera iniquísimo 
enviar salteadores que los robasen y trujesen para los hacer 
esclavos I y si alguna vez hallaban, según su ceguedad, alguna 
causa que á su parecer era más desvergonzada en fealdad que 
condenaba la traída de aquellos, no por eso los libertaban ni 
enviaban á sus tierras, diciendo'fiue yaque estaban acá mejor ' 
les era porque serian cristianos, ó que morirían por el camino, 
y otras excusas semejantes, como que de su cristiandad tu- 
vieran algún cuidado. Verlos por aquella playa, la ribera del 



»K LAS INDIAS. 229 

rio, dellos sentados, dellos echados en aquel suelo que no se 
podían tener, dos y tres días y noches, al sol y al agua, mien- 
tras los repartían, llenos de espanto y de toda tristeza, era una 
de las grandes miserias y calamidades, para quebrantar los 
corazones de cualquiera persona que no fuera piedra ó már- 
mol, que se podían ver. Viniendo á la partija, cuando el padre 
via que le quitaban el hijo, y el marido que daban á otro dueño 
su mujer, y la madre á la hija, y la mujer al marido, ¿quién po- 
drá dudar que no les fuese nuevo tormento y doblada mise- 
ria, llena de dolor grandísimo, derramando lágrimas, dando 
gemidos, lamentando su infelicidad, y quizá maldiciendo su 
suerte? Entre las inexpiables ofensas, que contra Dios y los 
hombres en el mundo se han cometido, han sido, cierto, las que 
en las Indias habemos hecho, y de aquellas esta granjeria fue 
una de las más injustas, más en maldad y daños calificadas y 
más crueles. Entre otros saltos que los nuestros hicieron en 
aquella costa de tierra firme, abajo de Cumaná obra de 45 
leguas, quiero contar uno, aunque de otro especie, porque fué 
sin embarazo de requerimientos. Está donde digo una pro- 
vincia, ó era un gran pueblo en ella, á la ribera de la mar, en 
un Cabo que entra en la mar y hace algún puerto que llama- 
ban el cabo de la Codera; el señor della ó del pueblo se lla- 
maba Higoroto, nombre propio de la persona ó común de los 
señores del, este señor, aunque infiel, era muy virtuoso, y 
su gente buena, y que imitaba en amar la paz y ser hospe- 
dativa á su señor. El señor y toda su gente tuvo grande amor 
á los españoles, y los rescibian y abrigaban en su pueblo y 
casas como si fueran padres y hijos, y acaecía venir huyendo 
por los montes algunos malos cristianos españoles, de otras 
provincias ó pueblos de otros indios que habían salteado , y 
escapádose de las manos dellos, muertos de hambres, descal- 
zos y afligidos, y recibíalos el señor Higoroto y abrigábalos, 
dándoles de comer y su cama, y lo que más les era menester, 
con mucha alegría; y después de los haber reformado, y ellos 
de su hambre y trabajos convalecido, y se querían ir, los en- 
viaba en una canoa por la mar á la isleta de Cubagua, donde 



230 HISTOKIA 

estaban los españoles en su granjeria, proveídos de lo que ha- 
bían menester, acompañados de muchos indios, y asi libró á 
algunos de los nuestros de la muerte que no fueran oidos ni 
vistos. Finalmente era tal Hígoroto y su gente, y á los espa- 
ñoles obligaba con tan continuos beneíicios, que todos los es- 
pañoles llamaban aquel pueblo de Hígoroto mesón y casa re- 
fugio y consuelo de todos los españoles que por allí iban y 
venian. Acordó un mal aventurado hombre de con una in- 
signe obra mostrar el agradecimiento de tanto beneGcio; llegó, 
pues, aquél allí con un navio, y en él su compañía, que debían 
de no haber hallado aparejo para hacer salto en toda la costa, 
y por no tornar de vacío sallaron en tierra, y los indios con su 
señor rescibíéronlos y regocijáronlos como á los otros solían. 
Tornáronse al navio y convidaron mucha gente, hombres y 
mujeres, grandes y chicos; entran en él seguros como en otros 
otras veces hacían. De que los tuvieron dentro alzaron las 
velas, y viniéronse á la isla de Sant Juan y vendiólos por es- 
clavos; y á la sazón yo llegué á aquella Isla y lo vide y supe 
la obra que había hecho , y cómo mostró al señor Hígoroto y 
á su gente ser los españoles de cuantos beneficios del resci- 
bieron agradecidos. Desta manera dejó destruido aquel pue- 
blo, porque los que no pudo robar se desparcíeron por los 
montes y valles, huyendo de aquellos peligros, y después al 
cabo todos perecieron, con las maldades tiránicas de los espa- 
ñoles que fueron á poblar ó despoblar á Venezuela, como 
aparecerá en el siguiente libro. A todos los salteadores y ma- 
los cristianos, que en aquellos pasos andaban, pesó entraña- 
blemente de aquella maldad que aquel pecador con el pueblo 
de Hígoroto hizo, y es de creer que no por la fealdad de la obra 
tanto, según éstas y otras semejantes cada paso se hacían, 
cuanto por haber perdido todos aquel cierto y buen hospe- 
daje que Hígoroto y su gente á todos sin diferencia hacían. 



?)E LAS INDIAS, 231 



CAPITULO CLXYII. 



¿Quién podrá numerar los insultos, y encarecer las feal- 
dades y gravedad dellos, que con estas y en estas armadas se 
hicieron, y cuántas gentes á la isla Española y á la de Sant 
Juan se trujeron y vendieron, y en ellas, sin sus naturales 
vecinos, en las minas y otros trabajos perecieron? y no sé si 
diga que fueron más de dos cuentos. Muéstralo bien la des- 
población y soledad de toda aquella costa de tierra firme, y 
de muchas islas que estaban poblatisimas; y esta es cosa digna, 
cierto, de considerar, que ha mostrado la divina justicia, que 
ninguno se cree, de cuantos en estas armadas entendieron 
y pusieron dineros, teniendo parte en la cofradía, que no vi- 
viese pobre y mezquino, y las muertes fuesen de sus obras 
testigos, ó que después de sus vidas, por muchas haciendas 
que dejasen, que en breve, por diversas vías, no fuesen con- 
sumidas. Hombre destos cognoscimos en esta isla, que dejó 
hacienda que valia 300 y 400.000 castellanos, y en ellos dos 
ó tres mayorazgos , y á cinco ó seis años después de su muerte 
se habia deshecho tanto entre las manos, cuasi impercepti- 
blemente, á no valer toda 50.000, y no se duda que no vaya 
del todo adelante, hasta que sus herederos, ó que gocen poco 
de aquellos bienes, ó que vengan á tiempo que mendiguen, y 
destos hobo muchos en aquella ciudad y en toda la Isla. 
Cerca de aquellos requerimientos que por ceremonia hacían 
los que iban y mandaban hacer los que gobernaban, y llamá- 
banse letrados juristas (y por aquel oficio de letrados comían 
y señoreaban, no por sus ojos bellidos, y por tanto no les 
era lícito ignorar aquella tan inhumana y grosísima injusticia), 
quiero aquí contar lo que rae acaesció tractando dello con el 
mayor dellos, que sobre todos ellos presidia. Decíale yo, y 



232 HISTORIA 

t 

traíale razones y autoridades para persuadiré, ser aquellas ar- 
madas injustas y de toda detestación y fuego eterno dignísimas, 
y cómo los requerimientos que se mandaban hacer y hacían 
eran hacer escarnio de la verdad y de la justicia, y en gran 
vituperio de nuestra religión cristiana, y piedad y caridad de 
Jesucristo, que tanto por la salvación de aquellas gentes habia 
padecido, y que no les pudiendo limitar tiempo dentro del 
cual se convirtiesen á Cristo, pues él ni á todo el mundo lo 
limitó, más de dalle todo el tiempo que hobo y hay desde su 
principio hasta el día del Juicio, ni á persona particular al- 
guna, sino que á cada uno le concedió todo el espacio de la 
vida, dentro del cual se convirtiese usando de la libertad del 
libre albedrío, y que los hombres cortasen aquel privilegio 
divino de tal manera, que un^s decían que bastaban reque- 
rilles y esperalles tres dias, otros se alargaban diciendo que 
bien era esperallos quince días; respondióme él: «No, poco 
es quince dias, bien es dalles dos meses para que se deter- 
minen». Quise dar gritos desque oí é vi insensibilidad tan 
profunda y maciza, en quien gran parte de aquellas regiones 
regia. ¿Qué mayor ignorancia y ceguedad podia caer en per- 
sona que profesaba ser letrado y gobernar tanta tierra y tanta 
gente, que no supiese, lo uno, que aquellos requerimientos 
eran injustos y absurdos y de derecho nulos; lo otro, que 
aunque fueran justos y se les pudieran hacer, que eran dichos 
en lengua española que no entendian, y asi no los obligaban, 
y que para entendellos más tiempo habían menester de dos 
meses, y aun de catorce y de veinte para que los obligaran; 
lo otro, que no por más probanza ni testimonio de afirmar 
aquellos, que por tan malos infames y crueles hombres por 
sus malvadas obras tenian, que Dios del cielo habia dado el 
señorío del mundo á un hombre que se llamaba Papa, y el 
Papa concedió aquellos reinos de la Indias á los reyes de 
Castilla, que pensase y creyese quedar obligados á creellos y 
rescibillos, y dar á los reyes de Castilla la obediencia, y donde 
no, pasados los dos meses, les pudiesen hacer guerra. ítem, 
que creyese aquel Presidente de aquella Audiencia que fuesen 



DE LAS INDIAS. 233 



obligados aquellas gentes á rescibir á los reyes de Castilla por 
seño^'res, teniendo sus señores naturales y Reyes, primero que 
de Dios su criador y redentor se les diese cognoscimiento. 
Pero esta ignorancia y ceguedad, del Consejo del Rey tuvo su 
origen primero, la cual fué causa de proveer que se hiciesen 
aquellos requerimientos; y plega á Dios que hoy, que es el 
año que pasa de 61 , el Consejo esté libre della. Y con esta 
imprecación, á gloria y honor de Dios, damos fin á este ter- 
cero libro. 



APÉNDICE. 



ALGUNOS CAPÍTULOS 



DE LA 



APOLOGÉTICA HISTORIA 

cuanto á las cualidades, dispusicion, descripción, 
cielo y suelo destas tierras, y condiciones natura- 
les, policias, repúblicas, maneras de vivir y cos- 
tumbres de las gentes destas Indias occidentales y 
meridionales, cuyo imperio soberano pertenece 
á los Reyes de Castilla. 



ARGUMENTO DE TODA ELLA. 

La causa final de escribilla fué cognoscer todas 
y tan infinitas naciones deste vastísimo orbe infama- 
das por algunos , que no temieron á Dios, ni cuánto 
pesado es ante el divino juicio infamar un solo hom- 
bre de donde pierda su estima y honra, y de alU le 
suceda algún gran daño y terrible calamidad , cuanto 
más á muchos , y mucho más á todo un mundo tan 
grande , publicando que no eran gentes de buena ra- 
zón para gobernarse, carecientes de humana policía 
y ordenadas repúblicas , no por más de por las hallar 
tan mansas, pacientes y humildes, como si la Di- 



238 HiSiÜRfA 

vina Providencia en la creación de tan innumerable 
número de ánimas racionales se hobiera descuidado, 
dejando errar la naturaleza humana, por quien tanto 
determinó hacer y hizo, en tan cuasi infinita parte 
como ésta es del linaje humano , á que saliesen todas 
insociales , j por consiguiente monstruosas , contra 
la natural inclinación de todas las gentes del mundo, 
no permitiendo que yerre asi alguna especie de las 
otras corruptibles creaturas , sino alguna por mara- 
villa de cuando en cuando. Para demostración de la 
verdad, que es en contrario, se traen y copilan en 
este libro (referida primero la descripción y calida- 
des y felicidad de aquestas tierras , y lo que perte- 
nesce á la geografía y algo de cosmografía) seis 
causas naturales que comienzan en el cap. 22, con- 
viene á saber, la inñuencia del cielo, la dispusicion 
de las regiones, la compostura de los miembros y 
órganos de los sentidos exteriores é interiores, la 
clemencia y suavidad de los tiempos, la edad de los 
padres , la bondad y sanidad de los mantenimientos; 
con las cuales concurren algunas particulares causas, 
como la dispusicion buena de las tierras y lugares y 
aires locales, de que se habla en el cap. 32. ítem 
otras cuatro accidentales causas que se tratan en el 
capítulo 27, y éstas son la sobriedad del comer y 
beber , la templanza de las afecciones sensuales , la 
carencia de la solicitud y cuidado cerca de las cosas 
mundanas y temporales , el carecer asimesmo de las 
perturbaciones que causan las pasiones del ánima, 
conviene á saber, la ira, gozo, amor, etc. Por 
todas las cuales , ó por las más dellas , y también por 



% 

LAS inhías. 289 



los mismos efectos y obras de estas gentes , que se 
comienzan á tractar en el cap. 39 , se averigua, con- 
cluye y prueba, haciendo evidencia ser todas, ha- 
blando á toto ge7iere, algunas más, y otras muy 
poco menos, y ningunas exportes dello, de muy 
buenos, sotiles y naturales ingenios y capacísimos 
entendimientos; ser asimismo prudentes y dotadas 
naturalmente de las tres especies de prudencia que 
pone el Filósofo, monástica, económica y política; 
y cuanto á esta postrera, que seis partes contiene, 
las cuales, según el mismo, hacen cualquiera repú- 
blica por sí suficiente y temporalmente bienaventu- 
rada, que son labradores, artífices, gente de guerra, 
ricos hombres, sacerdocio (que comprende la reli- 
gión , sacrificios y todo lo perteneciente al culto di- 
vino), jueces y ministros de justicia, y quien bien 
gobierne, que es lo sexto, las cuales partes referi- 
mos en breve abajo en el cap. 45, y en el 57, por 
gran discurso , hasta las acabar proseguimos ; cuanto 
á la política, digo, no sólo se mostraron ser gentes 
muy prudentes y de vivos y señalados entendimien- 
tos, teniendo sus repúblicas (cuanto sin fé y cog- 
noscimiento de Dios verdadero pueden tenerse) 
prudentemente regidas, proveídas y con justicia 
prosperadas , pero que á muchas y diversas naciones 
que hobo y hay hoy en el mundo , de las muy loadas 
y encumbradas, en gobernación, política y en las 
costumbres se igualaron, y á las muy prudentes de 
todo él, como eran los Griegos y Romanos, en se- 
guir las reglas de la natural razón con no chico 
exceso sobrepujaron. Esta ventaja y exceso , con 



240 ilISTOftIA 

todo lo que dicho queda, parecerá muy á la clara 
cuando , si á Dios pluguiere , las unas con las otras 
se cotejaren. Escribió esta Historia, movido por el 
fin de suso dicho. Fray Bartolomé de las Casas ó 
Casaus , fraile de Sancto Domingo y Obispo que fué 
de la ciudad Real de Chiapa , prometiendo delante 
la divina verdad , de en todo y por todo lo que di- 
jere y refiriere decir verdad , no saliendo en cuanto 
él entendiere , á sabiendas , cosa ninguna de la verí- 
dica sustancia. 



DE LAS INDIAS. 241 



CAPITULO PRIMERO. 



En el año de 1492, estando los Reyes Católicos don 
Hernando y doña Isabel, de felice memoria, con su ejér- 
cito en la villa de Santa Fe, puesto cerco sobre la ciudad 
de Granada, fué mandado despachar por sus Altezas el 
ilustre y egregio varón D. Cristóbal Colon, primero Al- 
mirante del mar Océano, el cual Dios eligió sólo para 
esta tan grande hazaña, como fué descubrir este orbe 
de las Indias. Tomada ya la dicha ciudad y puesta ya la 
cruz de Cristo en el Alhambra, á2 dias de Enero del 
dicho año, salió con sus despachos el dicho Almirante 
de la dicha ciudad de Granada, sábado 12 dias de 
Mayo; hízose á la vela en el puerto de la villa de Palos, 
con tres navios y en ellos 90 hombres, viernes á 3 dias 
de Agosto del dicho año de 1492. Navegó por este mar 
Océano, y á cabo de setenta dias que del dicho puerto 
de Palos habia salido (como si antes hobiera dejado estas 
Indias debajo de su llave) descubrió la primera tierra 
dellas, jueves dos horas después de media noche á 11 de 
Octubre, y asi parece pertenecer aqueste descubri- 
miento al dia siguiente, que fué viernes 12 del dicho mes 
de Octubre. Esta primera tierra fué una isleta de las que 
llamamos de los Lucayos, que las gentes de estas islas 
por propio nombre llamaban Guanahaní, la última sílaba 
aguda, que en las cartas del marear que agora se pin- 
tan llaman Triango , como ignorantes, los pintores, de la 
antigüedad: tiene la dicha isla forma de una haba. Des- 
cubrió otras por allí juntas, y luego adelante la isla de 
Cuba, y andando por la costa della algunos dias hacia el 
Poniente, como es muy luenga, creyó que era tierra fir- 
Tomo V. jg 



242 HISTORIA 

me , y por las señales que por señas las gentes de aque- 
llas islas, que ya traia consigo en los navios voluntarias, 
le daban, entendió dejar atrás esta grande y felicisima isla 
Española; tornó para ella y desde á pocos dias la vido. 
Navegando, pues, por ella de Poniente á Oriente, y comu- 
nicando con muchos de los vecinos y con algunos seño- 
res principales que reinaban en ella , el tiempo que le pa- 
reció, dejado 38 hombres en la tierra y reino de un muy 
virtuoso Rey llamado Guacanagarí, la última luenga, 
el cual le habia hecho grande y paternal hospedaje y 
abrigamiento, dio la vuelta á los reinos de Castilla, para 
dar relación y nuevas tan nuevas á los Reyes Católicos 
que le hablan enviado, lo más presto que pudo. Padeci- 
dos á la vuelta en la mar inmensos é increibles trabajos 
y peligros, llegó con grandísima y turbulentísima tor- 
menta á Lisboa, en Portugal, á 4 dias de Marzo del año 
siguiente de 1493; de allí entró en el dicho puerto de 
Palos, de donde habia partido á 15 dias del mismo mes 
de Marzo, por manera que tardó en todo su viaje seis 
meses y medio, que fueron 225 dias, y viernes salió y 
viernes descubrió y viernes tornó á entrar en el mismo 
puerto de donde habia para este descubrimiento salido. 
Para tractar, pues, en suma,ladispusicion, descripción 
y calidades destas regiones, reinos y provincias, y las 
condiciones naturales , policías y costumbres de las gen- 
tes y naturales habitadores dellas, parecióme comenzar 
por esta isla Española, pues fué primero que lo demás, 
de lo principal hablando, descubierta, y su excelencia, 
bondad, fertilidad y grandeza merece, cuanto á ser isla, 
que á todas las tierras sea prepuesta. Della más singular- 
mente que de todas las otras tractaremos cuanto á la 
descripción, porque más que de alguna otra, su sitio, su 
grandeza, su latitud, su longura, sus provincias, sus 
calidades, fertilidad, felicidad y amenidad, más que otro 
á lo que creemos , por muchos años de experiencia de 
propósito y mirando en ello, penetramos y cognosci- 



DE LAS INDIAS. 243 

mos. Y comenzando del sitio, la punta ó cabo della más 
oriental que agora llamamos cabo del Engaño, y el Al- 
mirante primero lo nombró una vez cabo de San Miguel 
y otra de Sant Theramo ( si por ventura no puso este 
nombre postrero á otro Cabo que á él viniendo nave- 
gando se le hacia), está de la línea equinoccial apar- 
tado 18 grados y algo menos. Por la mayor parte toda la 
costa del Norte desta Isla, hasta el cabo de San Nicolás 
que se mira con la primera punta oriental de la isla de 
Cuba, está situada en 20 grados, en algunos lugares 
poco más y en otros poco menos. Toda la costa del Sur 
hasta una isleta que se llama la Beata, que está pegada 
con esta Isla, está 17 grados, y desde la isleta Beata 
obra de 15 leguas de tierra sale esta Isla hacia el Sur 
aquellas 15 leguas, un grado más, y aquel pedazo está 
en 15 grados ; después torna desde un ancón que allí se 
hace á seguirse hasta el fin desta Isla en 17, algunos 
minutos menos, y este es un brazo de esta Isla, que no 
tiene.de ancho de mar á mar ó de Norte á Sur sino 
obra de 15 leguas, porque de la parte del Norte tiene 
el golfo de Xaraguá ; llámase aquel Cabo y parte occi- 
dental desta Isla el cabo del Tiburón, el Almirante lo 
llamó al principio cuando descubrió á Jamaica, isla, el 
cabo de San Rafael. Finalmente, toda esta Isla está en 
altura de 16 á 20 grados, y el veinteno grado le cae y 
corta la costa ó ribera de la mar del Norte por la longi- 
tud viniendo de Oriente á Poniente; la provincia de 
aquel Cabo llamaban los indios moradores della, en su 
lenguaje, Guacayaríma, la penúltima sílaba luenga. 
Tiene de ancho esta Isla, por lo más, 60 leguas medidas 
por el aire, según parece vistos los grados, pero medida 
por la tierra tiene más de 80, de longura terna 180 y 
aun más leguas; en el anchura y longura desta Isla 
están erradas las cartas del marear como en otras mu- 
chas partes destas Indias. Tiene de boj a esta isla 600 le- 
guas ; el Almirante decia que tenía más de 700 , quiere 



244 HISTORIA 

decir que para rodealla un navio toda las ha de nave- 
gar. Tiénese por los que la han paseado que es tan 
grande j mayor que toda España, aunque entren Ara- 
gón y Portugal en ella; el Almirante la rodeó el año 
de 95, cuando fué á descubrir á Cuba si era isla ó tierra 
firme. Por la parte del Poniente ábrese ó pártese en dos 
ramos ó brazos , como quien abre un poco los dos dedos 
de la mano izquierda, teniendo las espaldas al Oriente, 
el dedo pulgar y el dedo con que señalamos, y esta 
abertura hace un gran lago ó golfo que llaman de Xa- 
gua; está cuasi al rincón de este golfo, aunque ocho le- 
guas de la playa, una isla tan grande y harto más fértil 
y mejor que Gran Canaria, que los indios llamaban el 
Guanabo. De estos dos ramos, el uno es el que digimos 
que era el cabo ó punta del Tiburón, y está frontero de la 
punta oriental de la isla de Jamaica, y el otro ramo , que 
es el que hace el Cabo que nombró el Almirante cabo de 
San Nicolás , se mira con la punta ó Cabo oriental de la 
isla de Cuba, la cual creo que se llamaba, en tiempo, la 
punta de Mayci ó 'de Bayatiquiri en lenguaje de los in- 
dios. Puertos tiene esta isla Española, excelentísimos 
algunos, y otros buenos para algunos vientos y para 
otros no muy seguros. El puerto de San Nicolás es muy 
bueno y el puerto de la Concepción, y otro maravillosí- 
simo puerto, al cual llamó el Almirante el puerto de la 
mar de Santo Tomás, y otros más que por allí habia, y 
de aqueste dice el Almirante que es el mejor del mundo; 
y éste creo que está frontero de donde sale ó llega la 
gran Vega Real de que luego se dirá. Estoy en duda si 
éste de la mar de Santo Tomás ó el pasado de la Concep- 
ción se nombra hoy puerto del Paraíso, porque es felicí- 
sima la tierra de por allí, aunque toda es dignísima de 
ser alabada por bienaventurada. Adelante de estos , cua- 
tro ó cinco leguas, según creo, está el puerto de la Na- 
vidad, y hácelo una sierra que se llamó por los indios 
Guarique; este puerto es bueno, pero adelante hay otro, 



DE L\S INDIAS. 245 

que es Puerto Real, y este es mucho bueno y por tal le 
puso, quien se lo puso. Puerto Real, porque no hallo 
que le pusiese tal nombre el Almirante en su primer 
viaje, como por allí pasó de priesa con sus buenas nue- 
vas para Castilla ; pudo ser que al segundo como de pro- 
pósito buscó puerto para poblar que lo nombró, y sino 
paró allí por ventura vi do que para poblar en él le fal- 
taba algo. De aquel Puerto Real, 10 leguas, pocas menos 
ó más, sino me he olvidado, está el puerto de Monte- 
Christi, del que dijo el Almirante que era singularísimo. 
Adelante de este Monte-Christi, está el puerto de la Isa- 
bela, donde pobló el Almirante el primer pueblo, y 
este es buen puerto sino es para guardarse del viento 
Noroeste, que es el más peligroso y dañoso en esta parte 
del Norte que otro alguno. Adelante tres leguas está el 
puerto de Martin Alonso, el cual es buen puerto y hondo, 
y donde podían caber muchas naos, sino que la en- 
trada en él no tiene más de dos brazas. Después de este 
puerto, cinco leguas, está el puerto de Plata, que es 
como una herradura de caballo de las manos; tiene cua- 
tro brazas en la entrada , no es muy seguro con tor- 
menta grande , y creo que con viento Norte tienen los 
navios el mayor trabajo, y yo he visto allí perderse uno 
pero la tormenta fué muy grande. Pasando de alU algu- 
nas leguas, en esta costa está otro puerto muy grande, al 
cual loó de bueno y nombró el Almirante Puerto Sacro; y 
porque no hay población de españoles por aquesta costa, 
sino es en puerto de Plata , no se trata ni se sabe de este 
puerto nadg-. El golfo de Samaná, donde sale el rio Yuna, 
que es un rio grande cerca del golfo de las Flechas , de 
donde se despidió desta Isla para Castilla, aunque es 
muy capaz y entra mucho en la tierra y pudiera haber 
muy buen puerto, pero según tengo entendido tiene la 
entrada muy baja. Otro puerto no hay de aquí adelante 
hasta el de Santo Domingo , puesto que entre la isla ó 
isleta Saona y esta Isla pueden estar navios surtos pero 



246 íJiSToiiiA 

no seguros, y lo mismo entre esta Isla y la isleta de 
Santa Catalina. Este puerto de Santo Domingo es un rio 
adonde está la ciudad , en el cual se han perdido , creo 
yo, más de 50 y aun 60 navios y más, grandes, estando 
surtos y amarrados con muchas anclas, porque cuando 
es tiempo de muchas lluvias viene con tanto ímpetu de 
avenida y con tanto poder de agua, que si torres ho- 
biese donde están las. naos las llevarla de paso; y final- 
mente no es bueno, sino muy peligroso y muy dañoso, 
como lo es cualquiera puerto que sea rio por la misma 
causa, pero súfrese por no haber otro que tenga la tierra 
que tiene éste en su comarca, y porque para la navega- 
ción de aquí para Castilla está en mejor paraje. Diez y 
seis leguas de aquí al Poniente, más abajo, está un muy 
buen puerto, que se llamó , no sé por quién el primero. 
Puerto Hermoso y así se llama hoy, otros le llaman 
Puerto Escondido , y porque siempre tenía gracia espe- 
cial en poner nombres á las tierras que descubría , creo 
que se lo pornia el Almirante; si este puerto tuviera 
buena tierra junto á sí y á sus alrededores, en él se hi- 
ciera esta población, pero es toda su comarca estéril y 
arenales y tierra, por más de una ó dos leguas, para no 
poderse poblar, ni sembrar, ni aprovecharse della. Cua- 
tro leguas de allí está el puerto de Acua, la sílaba del 
medio breve, puerto muy ancho y descubierto como 
bahía, no bueno para estar en él mucho los navios. Abajo 
de la Beata , isleta , 12 leguas , está un ancón con una 
isleta á que puso el Almirante Alto Velo , donde pueden 
surgir, y creo que es puerto seguro, al menos del Norte 
y de las brisas , pero no de vendavales ni de vientos po- 
nientes. Más abajo la costa ó ribera, otras ocho ó diez le- 
guas, es el puerto de Yaquimo , que el Almirante llamó 
del Brasil, porque allí lo había, es poco más cerrado que 
como media herradura; á la entrada tiene una isleta que 
hace algún abrigo : no es mucho ni aun poco bueno. De 
allí, 40 leguas ó pocas menos, no hay surgidero alguno 



DE LAS INDIAS. 247 

hasta llegar á unas isletas, cuatro ó cinco cercanas unas 
de otras; hacen poco abrigo, pero dos leguas más abajo 
está un rincón que hace la tierra y casi el cabo de la Isla, 
donde pueden surgir mejor j estar guardados los navios, 
al menos del Poniente y algo del Sur, á lo que me 
acuerdo, pero no de las brisas. De allí adelante, la 
vuelta del cabo de San Rafael, que es el que dicen del 
Tiburón , tiene otras entradas y como bahías ó puertos 
hasta llegar al rincón donde está agora el pueblo de la 
Yaguana, y aquél no se puede decir puerto , porque para 
todos los vientos está descubierto y desabrigado, como 
sea una mar grande , no más de cuanto pueden llegarse 
á tierra. Volviendo la costa del otro ramo que va á parar 
al cabo de San Nicolás, hay otras tres ó cuatro entradas 
de mar en la tierra, y alguna que parece buen puerto; 
no sé si pueden anclar en ellos al menos grandes navios, 
pero la principal es donde sale el rio Hatibonico de que 
abajo diremos; es muy buen puerto y muy capaz, entra- 
rán naos grandes una legua rio arriba. Allende estos 
podrá ser que haya algún puerto en la isla que allí está, 
que se llamaba por los indios Guanabo, pero esto no 
miré cuando pudiera escudriñarlo; finalmente, otros 
puertos no tiene más esta Isla de los que aquí ya he se- 
ñalado. Los de la mar y parte del Norte son muchos y 
encarecidamente buenos y segurísimos, y otros buenos 
aunque no del todo muy seguros; de la parte del Sur, 
sacado Puerto Hermoso, todos los demás no son buenos 
ni seguros. 



248 HISTORIA 



CAPITULO II. 



Dicho del sitio, grandeza, longitud , latitud y puertos 
desta isla Española, digamos agora de las provincias 
de ella, y primero por la parte que el Almirante la des- 
cubrió , describiendo las provincias más cercanas á la 
mar del Norte, y esto se hará en la primera vuelta. En 
la segunda describiremos las provincias comarcanas de 
la mar del Sur. La tercera vuelta describirá las provin- 
cias del riñon desta Isla, y la cuarta se ocupará en re- 
ferir las grandezas, hermosura, calidades, amenidad y 
felicidad de la grande y admirable Real Vega ; por ma- 
nera que describiéndola toda daremos por ella cuatro 
vueltas. La primera, pues, de las provincias desta Isla 
por la parte susodicha, fué (cuando estaba llena de sus 
naturales pobladores y agora es despoblada de hom- 
bres y llena de bestias) la provincia de Baynoa, la sí- 
laba penúltima luenga; ésta, por la costa de la mar, es 
fértil y muy deleitable á la vista, y podré decir fértilí- 
sima y deleitabilísima, y que cuando la descubria el Al- 
mirante y la contemplaba, decia della maravillas; es- 
taba todapabrada de las labranzas del pan y de las otras 
raíces, que abajo diremos, comestibles. Entre la costa de 
la mar y las sierras , tiene á muchas partes grandes lla- 
nos y hermosas campiñas, y las mismas sierras tienen 
montes ó bosques y rasos cubiertos de hermosa yerba, 
porque lo uno y lo otro está en muchas partes dellas 
á manchas , todas muy fértiles que se pueden sembrar y 
labrar, por lo que el Almirante, que la iba costeando y 
considerando, dice; y con justa razón puso, creo yo que 
él mismo, aunque no lo sé de cierto, á un puerto de los 



DE LAS INDIAS. 249 

de esta provincia, puerto del Paraíso, antes toda ella 
parece un terrenal Paraíso. Tiene frontero de sí esta pro- 
vincia la graciosa isla que llamó el Almirante la Tortu- 
ga, una legua ó dos de mar en medio: es tan grande, 
según el Almirante dijo , como la isla de Gran Canaria, 
pero harto más fresca y féafcil que aquella y más felice. 
La tierra dentro, cuya parte que yo he andado y muy 
bien visto, y por muchos dias visto y considerado su her- 
mosura, es admirable y graciosísima; tiene muchos y 
hermosos valles, alegres corrientes y deleitables rios, 
los nombres de los más de ellos no me acuerdo según 
que los llamaban los indios. Entre otros valles, es uno 
que se llamaba Amaguey, la sílaba del medio breve, y 
creo que se denominaba del rio que pasa por él; era y es 
uno de los alegres (y lleno de buenos y .abundantes 
pastos para puercos, donde los hobo infinitos) que hay 
en esta Isla, puesto que hay muchos uno mejor que otro,- 
que es cosa de maravilla. Los cerros y los collados y 
sierras della, por lo de dentro, dejadas las que parecen 
por la mar en su postura quebradas ó arroyitos de agua, 
yerba y arboledas, verdura y lindezas, no pueden ser 
encarecidos. Hay otro valle que terna tres ó cuatro le- 
guas de luengo, y una ó más de media en ancho, pasa 
por medio del un arroyo grande, cuasi rio; cerros y 
sierras y llanos, todo lleno'de alegría, hermosura, ferti- 
lidad y amenidad, que no me ocurren palabras con que 
encarecer y engrandecer la dignidad de todo ello. Al 
cabo del se asentó una villa de españoles, y estuvo en él 
algunos años hasta que los vecinos della consumieron, 
con trabajos y opresiones, todos los indios naturales de 
la provincia; llamóse la villa Lares de Guahaba, estuvo 
asentada en un cerro no muy alto, sino tanto que seño- 
reaba un buen pedazo del valle , al cual cercaban dos 
rios ó arroyos grandes, el uno, el principal del valle, 
que se llamaba en lenguaje de los indios Hamí, la úl- 
tima sílaba aguda, y el otro Capíta, la penúltima luenga, 



250 HISTORIA 

abundantes de pescado como los otros desta Isla; un tiro 
de ballesta de la villa se juntaban ambos y sallan juntos 
por una muy estrecha abertura entre dos sierras altas, 
aunque no mucbo, en la una de las cuales se podia edi- 
ficar una linda fortaleza. Es toda esta provincia tempe- 
ratísima y amenísima, mucho más que otras desta Isla; 
por Navidad hace frescura de Paraíso, y por Julio y 
Agosto ningún calor, y sin sentirse; yo vide en ella co- 
gido mucho buen trigo, y creo que se hará muy mejor 
y más que en toda la Isla, y que lleve ventaja á la de 
Sicilia. Para ingenios de azúcar tiene en los rios grandes 
heridos, y para todas las otras granjerias donde hayan 
de intervenir intrumentos de aguas y semejantes artifi- 
cios ; háse sacado de esta provincia mucha cantidad de 
oro fino , porque hobo en ella muchas y buenas minas, 
donde se hallaron granos crecidos y grano de ocho li- 
bras. Hay en ella unos gusanos ó avecitas nocturnas que 
los indios llamaban cocuyos, la media sílaba luenga, y 
en Castilla llamamos luciérnagas, ó quizá son escara- 
bajos que vuelan, las tripas de las cuales están llenas de 
luz; son tan grandes, que con uno vivo en la mano, y 
mejor si son dos, se pueden rezar maitines en un brevia- 
rio de letra menuda (é yo los he rezado según creo) como 
con dos candelitas; el pellejuelo que tienen en la bar- 
riga es trasparente , y cuando vuelan ó les alzamos las 
alillas resplandece la luz que tienen; luego en anoche- 
ciendo, salen y están los campos y los montes, en mil 
partes, como si estuviesen llenos de candelillas : no se al- 
zan mucho en alto de tierra. Tomado uno se toman mu- 
chos, porque acuden muchos adonde ven como preso á 
uno; muertos y estrujados con las manos, y puestas 
aquellas tripillas por el cuerpo , como hacían los indios, 
y más si fuesen pegadas sobre vestidos, queda todo el 
cuerpo reluciente como luz esparcida, puesto que dura 
poco , pero siempre dura cuando vivos ; háylos muchos 
en toda esta Isla, pero no tantos ni tan grandes ni tan 



DE LAS INDIAS. 251 

lucientes como en esta provincia. Creo que se distingue 
de esta de Baynoa otra que se dice de Guahaba, la tierra 
más dentro , j porque es toda una tierra y toda de un^, 
manera felice , no hay que decir más della que de la pre- 
cedente, sino que sea una, que sean dos, me parece que 
ternán de luengo 25 ó 30 leguas; la anchura, á mi pare- 
cer, será de 12 á 15. Después desta se sigue la provincia 
del Marien, siguiendo la costa de la mar del Norte; aquí 
viene á parar y acabarse la Vega Real, de que adelante 
haremos, placiendo á Dios, larga mención. Aquí es 
donde llegó el Almirante cuando perdió la nao el primer 
viaje, donde rescibió del Rey de esta provincia Guacana- 
garí é de sus gentes tan señalado y benévolo acogimiento 
y hospedaje que fué maravilla; aquí también dejó los 39 
cristianos, que llamó el puerto y la villa de la Navidad. 
Esta provincia del Marien ocupa un buen pedazo de la 
Vega Real, y la tierra desde las sierras, aguas vertien- 
tes á la mar, puesto que no miré en los tiempos pasados 
qué tanto se extendia el señorío del rey Guacanagarí; 
sé que habia por allí muchos señores y caciques, aunque 
no supe si aquellos le obedecían, y creo que sí; paré- 
ceme que se extendia el señorío hasta 15 ó más leguas, 
y si sobia las sierras en lo alto podrían, ser hasta otras 
tantas. De aquellas sierras descienden muy graciosos y 
alegres ríos; es fértilísima y alegre, tiene muchas cam- 
piñas, muchos y diversos ríncones que entran como valles 
entre las sierras; estaban todos poblados, y de poblarse 
cada uno es muy digno; puédense hacer también muchos 
mgenios de azúcar y otras muchas granjerias, señalada- 
mente los ganados vacunos son aquí, en grosura, gran- 
deza y sebo, aun sobre los desta isla, excesivos. Tiene 
sierras y minas en ellas de muy fino cobre, del cual se 
sacaba por cada libra un peso de oro; en otra parte se 
dirá cuando se quiso sacar de propósito y se dejó por los 
gastos que se hacian, y porque hallaron ser más barato 
entonces andar tras el oro, después sucedieron tiempos 



252 HISTORIA 

y mudanzas por las cuales esta granjeria se olvidó del 
todo. Con todos los bienes j fertilidad que esta provin- 
cia tiene, abunda de una poco menos que plaga más que 
otra, y es de muchos mosquitos de los que los indios 
llamaban xoxenes, que son tan chiquitos que apenas con 
buenos ojos, estando comiendo la mano y metiendo un 
ahijen que parece aguja recien quitada del fuego, se 
ven ; están comunmente por toda la ribera de la mar y por 
la tierra cercana á ella desta Isla, por la mayor parte, 
donde es la arena muy blanca, pero ninguno hay destos 
la tierra dentro ; para defenderse dellos hay buen reme- 
dio, y es tener escombrado de árboles y de yerba el pue- 
blo, y los aposentos para dormir algo oscuros, y lo me- 
jor de todo es tener unos pabelloncitos que se hacen 
con 12 ó 15 varas de angeo ó lienzo ó de algodón para que 
ni en poco ni en mucho impidan el sueño ; entre dia poca 
pena dan en los pueblos escombrados, como dije, según 
parece, porque en esta provincia está hoy y ha estado 
asentada una villa de españoles más ha de 47 años, y 
dura, como dije, hasta hoy, sin pena ninguna. Entre dia 
vientan comunmente las brisas que bañan y refrescan 
toda esta Isla , y con el viento ningún mosquito puede 
parar. Después desta provincia del Marien se continúa 
la que llamábamos en aquellos tiempos el Macorix de 
abajo, dentro déla cual se contiene Monte-Christi ; es 
también parte de la Vega Real y toma la costa de la 
mar, y, porque es parte de la Vega Real, de encarecer 
su bondad y lindeza no hay necesidad, pues adelante, 
cuando se refirieren las maravillas desta Vega Real, se 
parecerá. Sale al Monte-Christi el gran rio Yaqui, donde, 
por unas isletas que allí junto hay, se hace aquel puerto, 
en uno de los cuales se hace ó cuaja alguna sal. Después 
deste Monte-Christi está otra provincia, que dura más de 
20 leguas y aun 25, aguas vertientes á la mar, de una 
sierra ó cordillera de sierra que ha nacimiento del mismo 
Monte-Christi, que es una de las que hacen la Vega 



DE LAS INDIAS. 253 

Real; el nombre que tenía puesto por los indios no miré 
preguntallo cuando pudiera muy bien sabello dellos, y 
aun en tiempo que yo habia ya comenzado á escrebir 
esta Historia, y así quedó esto como otras muchas cosas 
por mi inadvertencia. Entra en ésta el puerto de la Isa- 
bela, donde el Almirante asentó, cuando vino á poblar, la 
primera población; entra también el puerto de Martin 
Alonso y el puerto de Plata. La lindeza, hermosura y 
fertilidad de esta provincia, el Almirante la encareció 
mucho cuando la descubrió, y mucho más después 
cuando la pobló, que no se hartaba de dar gracias á Dios 
por haberle deparado tan gracioso y hermoso lugar para 
el primer pueblo, y esto repitió á los Reyes en algunas 
cartas de las que en otro lugar habernos referido. Esta 
provincia dura, por el ancho della, hasta encumbrar la 
sierra dicha de donde se señorea la Vega Real; es toda 
tierra muy linda y muy fresca todo el año, sin cuasi ca- 
lor, mayormente lo que participa de cerros y sierras no 
muy altas; es abierta, rasa, descuélganse de los cerros 
y sierras muchos rios y arroyos muy graciosos y frescos; 
grana la mostaza y los rábanos y otras semillas, lo que 
por muchos años no se ha visto en muchas partes de 

«}ta isla. Tiene una vega de más de 15 leguas, hermo- 
sima; de ancho tiene dos y tres y cuatro, entre dos sier- 
ras, la una .cubre la gran Vega y la otra la mar; pasa un 
rio por ella, caudal, que lleva harta agua, que se llama, en 
lenguaje de los indios , Bahabonico , que tiene grandes 
pesquerías de muy buenas lizas, y éste es el que sale á la 
Isabela , el pueblo primero que digimos que hizo cuando 
volvió á poblar el Almirante: otros dos ó tres pequeños 
entran en ella. Pacen en la dicha vega, y beben en el 
dicho rio, más de 20 y de 30.000 vacas y otras bestias 
caballares y de carga. A tres leguas desta vega, al cabo, 
al Poniente, está el puerto de Plata, y junto á él la villa 
que así se llama, y encima della, en un cerro, hay un 
Monasterio de la Orden de Santo Domingo, donde se 



254 HISTORIA 

comenzó á escrebir esta Historia el año de 1527; acabarse 
ha cuando y donde la voluntad de Dios lo tenga orde- 
nado. Dentro del sitio deste Monasterio hice yo mismo 
sembrar trigo en cantidad, y sembráronse tres hazas, el 
cual cresció y espigó tan perfectamente, que todos se 
maravillaban, y la gente de las naos que venian de Cas- 
tilla y pasaban por estas partes lo venian á ver como á 
cosa señalada , pero porque se sembró por Octubre como 
en Castilla , creyendo que acertábamos , llovió antes que 
del todo se secase , por lo cual se añubló y perdióse lo 
más, pero todavía sacamos algún poco dello muy bueno; 
y molido en un almirez y cernido por un paño y cocido 
en un tiesto, al fin se comieron tres muy buenos panes; 
hiciéronse también muy buenas hostias, con las cuales 
se dijeron misas y comulgaron otros algunos frailes, y 
también celebraron los clérigos de la iglesia del pueblo 
con las hostias de la misma masa, y todo esto fué dia del 
Espíritu Santo. No hobo duda alguna que si se sembrara 
por Junio ó por Julio, cuando comunmente son en esta 
tierra las aguas , que viniera á cogerse muy bueno por 
Navidad, porque por aquel tiempo se seca y agosta la 
yerba por mucha parte deste orbe , como adelante pare- 
cerá. El Almirante dice á los Reyes en una carta estas 
palabras: «Dijeron que la tierra de la Isabela, adonde es el 
asiento , que era muy mala é que no daba trigo , y yo lo 
cogí y se comió el pan dello, y es la más fermosa que 
se pueda cudiciar, etc.»; esto dijo el Almirante, y dijo 
verdad cuanto á la tierra ser hermosísima, y también lo 
debió de decir cuanto á haber sembrado y comido pan. 
La sierra que llamó el Almirante el Monte de Plata está 
tres ó cuatro tiros de ballesta del pueblo, es altísima, y, 
como sea tan alta , está casi siempre cierta neblina en- 
cima de la cumbre della que la hace plateada, por lo 
cual el Almirante la llamó Monte de Plata; toda ella 
tiene arboledas muy hermosas , pero muy raras , y por 
esto la hermosean más. En lo más alto de la cumbre, 



DE LAS INDIAS. 25ü 

decían los indios que hay una laguna de agua dulce; 
quisimos un dia ir á verla, y subiendo muy gran parte 
de la sierra hallámosla muy más alta de lo que de abajo 
parecia, y creyendo que nos faltarla el dia nos tornamos 
á bajar no muy descansados; á media legua y á una le- 
gua están dos ingenios de azúcar poderosos, y otro de 
los menores. 



256 HISTORIA 



CAPITULO III. 



Pasado este monte ó sierra de Plata, sigúese del la 
cordillera de sierras, altísimas como él, hacia el Oriente, 
y luego está la provincia de Cubao, que es elMacorix de 
arriba, que así lo llamamos á diferencia del de abajo. 
Macorix quiere decir como lenguaje extraño, -cuasi bár- 
baro , porque eran estas lenguas diversas entre sí y dife- 
rentes de la general desta isla. Esta proxincia de Cubao 
terna 15 ó 20 leguas de luengo y 8 ó 10 de ancho; 
de una parte, hacia la mar , se descuelgan muchos arro- 
yos y rios; de la otra parte va á la cordillera de las sier- 
ras que vierten sus aguas en la grande y Real Vega. En 
estas 8 ó 10 leguas de ancho de esta provincia de Cubao 
son infinitos los rios y arroyos, sin los que están dichos 
de las dos sierras ó cordilleras, que caen y hacen riberas 
muy fértiles, aunque angostas y estrechas , para las la- 
branzas de los indios, dentro de las cuales hay, agora 
que están despobladas de indios, grandes manadas y 
cercados de yeguas y caballos y de otras bestias, puesto 
que todo esto está entre altísimas sierras, y todas estas 
son vestidas y cubiertas de árboles muy altos. En estas 
muy altas sierras se crian unos pajaritos de diversos 
colores, hermosos á lo que tengo entendido por lo que 
se me ha dicho , pero yo no los he visto sino oido y bien 
oido , los cuales cantan á tres voces cada uno solo ; digo 
que cantan por sí á tres voces, que, cierto, es cosa de 
maravilla, no juntas todas tres voces, sino una tras otra 
diferentes y consonas como tiple y tenor y contra, pero 
tan presto todas, tan claras y dulces, que cuasi parecen 
tres juntas y tres subjetos ú órganos que las producen. 
Cosa es que no se puede su dulce sonido encarecer, ni dar 



DE LAS INDIAS. 257 

bien á entender más de que es una música mucho dulce 
y deleitosa ; yo los he oido en aquellas muy altas sierras, 
y testifico que es cosa para provocar á los hombres, que 
los oyesen, á dar muchas y magnificas gracias á Dios. 
En oyéndolo la primera vez, para gozar de aquel canto, 
luego se ha de asentar el hombre, y con silencio pararse 
á oir , porque en sintiendo cualquiera estruendo , luego 
callan y por ventura se esconden. Dije que habia enten- 
dido que estos pajaritos eran muy pintados de muchos 
colores, porque me dijo quien mató uno con ballesta, 
(uno muy pintado que era maravilla verlo , parezque por 
allí hablando, que hablábamos, de la dulzura del canto 
dellos), que creia que debia ser aquel; fácil cosa es de 
creer, que avecita en quien la bondad divina puso tanta 
suavidad por objeto del sentido del oir tuviese también 
concedido en sí con qué deleitara el sentido del ver. 
Adelante, por esta cordillera de sierras hacia el Oriente, 
que hacen, como he dicho, la gran Vega Real, se sigue 
la provincia de los Ciguayos, de quien abajo en otros 
capítulos hablaremos largamente, y de las injustas guer- 
ras que le hicieron los cristianos , cuyo Capitán fué el 
Adelantado. Esta provincia es más larga y ancha, y más 
capaz, y fértil, y graciosa, que la precedente de Cubao, 
cuya longura, según yo creo, se extiende más de 30 le- 
guas, porque llega junto á las sierras de la provincia del 
Macao por la tierra adentro, por la parte de la Vega 
Grande, y por la mar hasta la provincia de Higuey; 
tiene muy lindas campiñas y riberas de rios, en el an- 
chor de ella, entre las sierras que hacen la dicha gran 
Vega y las sierras que están junto á la mar, y creo que 
pertenece á esta provincia de los Ciguayos el golfo que 
el Almirante llamó de las Flechas. Pasada esta de los 
Ciguayos, viene luego allí, pbr la costa de la mar, la 
provincia grande de Higuey, dentro de la cual se con- 
tiene todo lo que resta desta isla por aquel camino de la 
banda del Norte, que fenece en el cabo del Ángel ó del 

Tomo V. í" 



258 HISTORÍA 

Engaño y puntas ó tierras orientales , y dentro dellas 
se encuentran los pueblos , ó quizá es provincia, de Sa- 
maná, la última sílaba aguda; torna la dicha provincia 
de Higuey por la del Sur hasta cuasi 25 leguas ó 30 de 
Santo Domingo, y asi tiene de costa de mar más de 45 ó 
50 leguas; por la tierra dentro creo que tiene en lo que 
resta de contorno más de 30. La isla de la Saona, que está 
pegada con esta cuasi dos leguas , como arriba en cierto 
capitulo digimos, pertenece á esta provincia de Higuey; 
pertenece también, ó está muy cerca, la isleta que dicen 
de Santa Catalina. Dentro también de esta provincia , se 
contiene la provincia que se dijo de Cotubanamá, que 
está frontero de la Saona , de las cuales diremos adelante, 
si place á Dios, muchas cosas nuevas; entran lo mismo 
los pueblos del.Macao, adonde van á fenecer , ó junto allí, 
la cordillera de las sierras que hacen la Vega Grande. 
Esta provincia tiene dos partes, la una de llanos y cam- 
piñas, que los indios llamaban cabanas, de yerba muy 
hermosa, como parte y fin que son de la Vega Real y 
grande, y duran 10 y 12 leguas algunas dellas, con 
algunas manchas de arboledas; la otra parte della es 
admirable desta manera: que al cabo de las cabanas 
ó campiñas dichas , comienzan unas peñas cuasi cortadas 
ó tajadas, que apenas se puede subir á gatas, asiéndose 
el hombre á las ramas que allí hay, por ellas, y esta al- 
tura terna 50 y 100 estados, y en partes más; todo lo de 
arriba, 10 y 15 y 20 leguas , es tan llano como una mesa 
muy llana, y en algunas partes hay otras mesas de la 
misma maiiera sobre aquellas; todas estas mesas son de 
peña muy llanas, pero levantan de sí infinitas puntas 
como de diamantes, según solemos proverbialmente de- 
cir, tan espesas y duras que vamos por ellas como si 
fuéramos encima de alesnas , y habemos de ir bien her- 
rados de alpargates , porque zapatos no se pueden traer 
por allí, porque no duran (sino cosa blanda que asiente 
por aquellas puntas ) cuatro ó cinco ó pocos más dias. 



DE LAS INDIAS. 259 

Todas estas duras y ásperas, aunque llanas, peñas ó lajas, 
son de la especie y naturaleza de las piedras que hay 
mejores de que se hace cal; tienen muchos hoyos de dos 
ó tres palmos de hondo, y en contorno otro tanto y más, 
y en este hondo hay una tierra muy colorada ó bermeja 
como almagra, esta tierra es de tanta virtud y fertilidad, 
que las cosas que en ella se siembran de las labranzas 
de los indios (porque son plantas de donde nacen las 
raices de que hacen su pan), que si echan .en las otras 
tierras ó partes desta isla las dichas raices tan gruesas 
como la pierna ó el brazo , se hacen allí tan gruesas 
cuanto es todo el hoyo , que partidas por medio tiene un 
indio, con llevar á cuestas la mitad, no chica carga. 
Como si pusiéramos allí una simiente de nuestras za- 
nahorias serian tan gruesas como por la cinta es un 
hombre , lo mismo si sembrásemos una pepita ó dos de 
melón, se harian los melones tan gruesos que hinchan 
y ocupen todo ó cuasi todo el hoyo; y asi se hacen en la 
isleta de la Mona, de la cual diremos, si Dios quisiere, 
algo más , porque es toda ella de aquellas mesas de pe- 
ñas ó lajas y hoyos, y en ellos la tierra colorada ó ber- 
meja; y son aquellas mesas todas tan peñas, que acaece 
andar dos y tres dias sin hallar tierra ni tanto hoyo de 
ella donde pueda dormir tendido un hombre una noche. 
Todas ellas están llenas de árboles y monte bajo; en 
medio de estos montes hacian los indios sus pueblos, 
talados los árboles tanto cuanto era menester quedar de 
raso para el tamaño del pueblo y cuatro calles en cruz, 
(quedando el pueblo en medio), de 50 pasos en ancho y de 
luengo un tiro de ballesta; estas calles hacian para pe- 
lear, á las cuales se recogian los hombres de guerra 
cuando eran acometidos. Por esta parte de esta provincia 
que decimos ser de peñas , no hay rio alguno , y no ca- 
recen de aguas, que beban, excelentes; estas están en 
aljibes obrados por la misma naturaleza, que en lengua 
de indios se llaman xagueyes ; la causa destos aljibes 



• 



260 HISTORIA 

y aguas en ellos, es esta, conviene á saber, que la otra 
parte desta provincia, que digimos que era de campos 
rasos y campiñas ó cabanas graciosas , que son el cabo 
de la gran Vega, rescibe en si muchos arroyos y rios muy 
lindos y frescos , que descienden de las sierras que digi- 
mos venir de la cordillera, que tiene su origen de Monte- 
Christi y va por la Isabela y puerto de Plata, y Cubao , y 
los Ciguayos, y hace como he dicho la Vega, y al cabo va 
á fenecer á las dichas cabanas y campiñas, y en lle- 
gando estos arroyos al medio dellas , súmense todos por 
debajo de la tierra y van á salir grandes ayuntamientos 
de aguas á los dichos aljibes ó xagueyes (que son unas 
concavidades que la naturaleza hizo debajo de aquellas 
mesas y peñas), al menos á las más bajas, de las cuales 
las aguas que dellas llenas sobran , van , finalmente , á 
vaciar en la mar. Diré aquí una cosa digna de oir, que 
vide en aquella provincia, en la parte della que está en 
derecho de la isla Saona, en la tierra y señorío de nn 
Rey ó Señor que se llamaba Cotubanamá, de quien en 
otro lugar se dirán cosas notables: en este señorío y 
tierra, cuatro ó cinco leguas déla mar, está un aljibe ó 
xaguey, cuasi media legua del pueblo donde residía el 
dicho Señor ó Rey , el cual , según nos parecía á los que 
íbamos por allí, temía media legua de ancho ó quizá en 
todo él, porque andando sobre las mesas dichas y peñas, 
lo que nunca antes en toda aquella tierra habíamos sen- 
tido, sonaban unos pasos como si anduviéramos sobre 
un hueco ó vacío tablado ó sobre una tolda de navio, 
tanto que íbamos no con poco miedo; descubrimos el 
aljibe, llegamos, pues, donde tenía la boca, que sería 
como tres ó cuatro palmos en cuadro , cuasi como una 
escotilla del pañol, que llaman los marineros en las naos, 
paramónos á mirar por ella, y estaba tan oscuro todo lo 
de abajo que parecía un abismo; allí no nos faltó harta 
grima. Puesta diligencia en buscar unas raíces que lla- 
maban bejucos, que sirven de cuerdas, con un vaso de 



• 



DE LAS INDIAS. 



261 



barro sacamos el agua, la más dulce, delgada , fresca y 
fría y la más sabrosa que podia ser vista; había ocho bra- 
zas hasta llegar al agua desde arriba, y queriendo expe- 
rimentar la hondura, hallóse, finalmente, que tenía 40 
brazas de hondo , las 32 de salada y las ocho de dulce, la 
cual, por su ligereza, es natural, como suele, estar enci- 
ma: otros muchos hay y hallamos muy someros , de muy 
buena agua, clara, dulce y muy fría. Lo que creíamos de 
aquella salada era que, aunque estaba lejos la mar, en- 
traba por aquellas cavernas el agua salada della, y de 
los ríos que se sumían venia la dulce; y cierto, este 
xaguey era verlo maravilla. Adonde se sumen los ríos 
queda en seco tanto pescado , que podría mantenerse por 
algún tiempo la gente de una villa. Por todas las dichas 
mesas de lajas ó peñas, y entre ellas, se crian unas 
raíces que ñolas hay en toda esta isla; estas raíces se 
llaman guayagas, y hacen dellas el pan que comían 
por toda esta provincia los indios : las raíces son como 
cebollas gruesas albarranas, las ramillas y hojas que 
salen fuera de la tierra dellas, obra de dos ó tres palmos, 
parecen algo como de palmitos de los que hay en el An- 
dalucía, puesto que son más angostas y más lisas y de- 
licadas que las de los palmitos. Hácese el pan de esta 
manera, conviene á saber, que en unas piedras ásperas 
como rallos, las rallan como quien rallase un nabo ó za- 
nahoria en un rallo de los de Castilla, y sale luego 
masa blanca, y hacen della unos globos ó bollos redon- 
dos, tan grandes como una bola, los cuales ponen al sol, 
y luego pónense de color de unos salvados ó afrechos; 
están al sol uno y dos y tres días, y al cabo dellos se 
hinchen de gusanos como sí fuese carne podrida, y que- 
dan eso mismo tan negros poco menos como una tizne, 
como un negro algo deslavado que tira á pardillo: des- 
pués que ya están en esta dispusicion, negros y her- 
viendo de gusanos tan gordos como piñones, hacen 
unas tortillas dellos, que ya es masa cuanto á la blan- 



262 HISTORIA 

cura y ser correosa como la de nuestro trigo , y en una 
como cazuela de barro que tienen ya sobre unas piedras, 
y fuego debajo , caliente, ponen sus tortillas, y desde un 
rato que están cociendo de un lado las vuelven del otro, 
donde bullendo los gusanos con el calor se frien y mue- 
ren y así se quedan allí fritos. Y este es el pan de aquella 
tierra y provincia ; y si se comiese antes que se parase 
prieto y no estuviese lleno ó con alguno ó muchos gu- 
sanos, los comedores morirían. En la parte otra que 
digimos ser de llanos y campiñas , en esta provincia, se 
hacen más que en otra parte de esta isla los mayores y 
más gruesos puercos que pienso jamás haber visto ; allí 
vide puercos que habían sido domésticos, de la simiente 
traída de Castilla , que se habían á los montes huido, que 
eran tan grandes que con un solo cuarto iba tan cargado 
un valiente hombre indio, que cuasi daba pasos para atrás 
y al través como si llevara dos quintales encima; cierto, 
eran tan grandes los cuartos como de grandes terneras, 
las enjundias de la manteca no eran creíbles , porque , á 
lo que me puedo acordar, creo, de una sola enjundia 
vide que se hinchieron dos botijas y más, de á media 
arroba cada una, de las que vienen con aceite de Cas- 
tilla. Toda esta provincia, por la mayor parte, mayor- 
mente la de las dichas mesas, es templada, y la otra de 
los llanos ó campiñas no tiene calor excesivo. Entre la 
isleta de Saona y Santa Catalina sale un rio que me 
parece llamarse Heuna; á la ribera del se pobló una 
villa que se llama Salvaleon , de donde procedió hacerse 
decirse há, sí á Dios pluguiere. En las sierras que vienen 
de donde se dijo y en esta provincia se acaban, se ha co- 
gido oro y buen oro, y creo que si á ello se diesen más se 
cogería, pero como después que mataron los indios (de 
cuya muerte y perdición total ellos poco se dolían) no 
acordaban de sacarlo por sus manos, por esta causa 
luego cesó el sospiro de buscar y descubrir minas. 



DE LA.S INDIAS. 263 



CAPÍTULO IV. 



Yendo por esta costa del Sur al Poniente, ocurre, 
luego después de esta de Higuey, otra provincia que se 
llamaba Cayacoa ó Agueybana y llega á Santo Domingo, 
que serán 30 leguas , la ribera de la mar ; es toda de pe- 
ñas, cuasi de la naturaleza de las ya dichas, pero no á 
mesas sino baja, y á un tiro de piedra, y no tanto la 
tierra adentro, es todo campiñas y cabanas, que son el fin 
de la Vega con sus rios y arroyos y florestas adornadas 
de toda hermosura, fertilidad y lindeza; á las 15 leguas 
destas 30, antes que lleguen á Santo Domingo, está 
nn pedazo desta provincia , donde sale á la mar un lindo 
rio que se llama el Macorix, fértilísima tierra para el pan 
cazabi y para criar puercos y otras muchas cosas de pro- 
visión y mantenimientos. En todos estos campos y caba- 
nas no tienen número las vacas que hay, y las que cada 
dia multiplican y crecen. Ocho y diez leguas de ancho, 
la tierra dentro de Santo Domingo, y 15 de luengo de 
campiñas y rios grandes y florestas y hermosura con fer- 
tilidad, es toda tierra beatísima y útilísima. Tres leguas 
abajo deste puerto y rio de Santo Domingo sale un rio 
que se llama, en lenguaje de los indios, Hayna ; la ribera, 
agua y pescado y alegría del no puede ser encarecido. 
En 10* leguas y hasta 12 del están muchas estancias que 
llaman en nuestra Castilla cortijos, y en ellas muchas 
haciendas de la tierra, huertas y granjerias; hay al- 
gunos ingenios de azúcar entre ellas. Luego , creo que á 
dos leguas, sale á la mar el rio Nigua, no tan grande como 
Hayna precedente, cuya ribera está bien avecindada 
de muchas y gruesas haciendas, y entre ellas algunos 



264 HISTORIA. 

poderosos ingenios. Sale otro poderoso rio, que se llama 
Nicao, de allí tres leguas, donde hay también ingenios, 
y es tierra mucho buena, y creo que por ella se halló 
metal de hierro. En las sierras donde nace este rio Nicao, 
que son muy altas, en la cumbre más alta, se dijo haber 
una laguna de agua, y que subieron ciertos cristianos y 
indios, y que, con dificultad subida la sierra, vieron la 
laguna y oyeron tan grandes ruidos y estruendos que 
quedaron espantados ; debia por ventura ser que el agua 
de aquella laguna se derrocaba por algunas peñas que 
tenía dentro de sí que no se vian, como hemos visto en 
estas Indias hacer ruidos grandes otras aguas. Queda, 
pues , Santo Domingo, llamando la tierra que*la atribui- 
mos provincia con 30 leguas buenas de luengo y aun 40 
ó pocas menos, aunque dejemos 10 de la provincia de Ca~ 
yacoa para la villa de Salvaleon, que está en la provin- 
cia de Higuey, puesto que no las ha menester como 
arriba parece. Adelante desta hallaremos la provincia 
de Agua , que tiene cerca de 30 leguas por la ribera de 
la mar, y 10 ó 12, y á partes más, creo yo, de 15, por la 
tierra dentro; no es toda muy fértil porque tiene gran 
pedazo de sierras ásperas y comparadas á las comunmente 
de toda esta Isla son algo estériles , pero tiene una ve- 
gueta donde hay una villa que se nombra de Acua , muy 
fresca y muy fértil. Hay en esta provincia tres ó cuatro in- 
genios muy buenos ; uno dellos está en el rio de Ocoa, 
tres leguas ó cuatro antes de Agua , y otro en un arroyo 
que se llama Cepicepi , una ó dos leguas , y otro junto al 
pueblo ó cerca del. Otra provincia está delante desta, que 
se llama de Baoruco , que tiene 25 ó 30 leguas de costa de 
mar y más de 20 dentro en la tierra; y ésta es toda muy 
altas y ásperas sierras, grandes quebradas de arroyos, mu- 
chas montañas de arboledas , pero todas las más fértiles 
para las labranzas de las del pan y lo demás que se dá 
en esta Isla, y plenísima de puercos monteses de los 
traídos de Castilla , que se han multiplicado y en nú- 



DE LAS INDIAS. 265 

mero grande crecido; es muy templada v fresca, sin 
calor alguno, y por consiguiente sanísimarEn esta pro- 
vincia, y cuasi al principio della, está una sierra de sal, 
que según he oido tiene más de seis leguas; yo la he 
visto muchas veces, puesto que no miré la longura ni 
anchura della. Y ésta parece cosa maravillosa , y lo es, 
que sobre la sal, que es como peña, esté obra de dos 
palmos de tierra, y aquella tierra produzca de sí raíces 
y arboledas diversas, pero estériles, bajas y secas, y en 
última dispusicion para quemarse en el fuego, porque 
es cuasi como tea. La costa abajo, y por la tierra 
dentro, al descender de las sierras desta provincia, se 
continúa otra que llamamos de Yaquimo, y ésta, puesto 
que tiene montes y lomas, pero á partes, es más abierta 
y rasa que la precedente y más fértil; es tierra de 
mucho algodón, y de las labranzas del pan y cosas 
de bastimentos de los indios habia abundancia. No es 
muy calurosa, antes alcanza parte de templanza; tiene 
algunos buenos valles y arroyos no grandes, y en ellos 
hay muchos árboles robles, y hobo los años pasados, en 
tiempo del primer Almirante, mucho y buen brasil, y se 
llevó á Castilla, y pensó que fuera perpetuo y de donde 
los reyes de Castilla tuvieran mucha renta, según en 
otra parte se verá, pero en estos dias de agora y de 
muchos atrás no veo que hay dello memoria. Toda esta 
provincia está cuasi en una loma, y comenzó ancha 
como la del Baoruco, de donde continuándose hobo prin- 
cipio, pero váse ensangostando por el brazo desta Isla, 
que allí va angosto de 12 ó 15 leguas, entre las dos mares, 
como arriba se dijo; bien tiene largas 30 leguas esta pro- 
vincia, y aun cerca de 40. A ésta se junta la provincia 
de Haniguayagua , que comprende todo el resto, por 
aquella parte, desta Isla; tendrá más de 25 leguas de 
largo y 12 y 15 de ancho. Desta provincia, dejados algu- 
nos pedazos de la costa del Sur, cerca de la mar, donde 
hay algunos esteros y salitrales, que no creo que serán 



266 HISTORIA 

más de cinco ó seis leguas , toda la demás es hermosa y 
fértilísima tierra, y parte della cuasi como un pedazo 
de la Vega, de cabanas, llanos ó campiñas, para todas 
las cosas que hay é se crian en esta isla; es llana por la 
mayor parte y á partes rasa, como son las gabanas 
dichas, y tiene muchas manchas de montes llanos ó flo- 
restas ó arboledas: á partes tiene algunas no muy altas 
sierras, llenas de muy altos árboles y espesos. Al cabo 
último desta provincia y punta de -toda esta Isla, que 
digimos arriba llamarse en el lenguaje de los indios 
Guacayarima, que se mira con la punta oriental de la 
isla de Jamaica, son todos los árboles ó los más, de 
grandes montes ó arboledas .que allí hay, de la fruta que 
los indios llamaban mameyes; esta fruta es en olor y 
sabor fruta de reyes, y en color y á la vista no mucho 
menos; podremos dar alguna semejanza comparándola 
en algo á alguna de las de Castilla, y ésta es á los me- 
locotones , cuanto a la color y manera de la carne dellos, 
solamente son los mameyes tan grandes como una bola 
con que se juega á los bolos ó birlos ó muy poco menos, 
y en esto de los melocotones harto difieren. Tienen la 
color cuando están con su cascara como la cascara del 
níspero , y será poco menos gorda que la de una gra- 
nada; quitada aquella cascara y raida un poco otra 
tez ó cascarilla delgada, como blanquilla, que un poco 
es amarguilla, tiene luego la carne, como el melo- 
cotón, bien amarilla. Terna desta carne un dedo de 
altos sobre los cuescos, y dentro cuatro dellos tan 
grandes como buenos huevos de gallina, y de la ma- 
nera de los duraznos cuanto á ser ásperos; tiene de 
carne entre los cuatro cuescos, tanta, que poco menos 
hinchirá un escudilla, y con toda la que en el mamey 
hay restará poco della para henchilla: el olor y sabor 
dellos cierto es tal, que ninguna fruta se le iguala de 
todas cuantas habemos y comemos en Castilla. No los 
hay estos mameyes ni los hobo de naturaleza nascidos 



I)E LAS INDIAS. 267 

en toda esta Isla, sino en aquella punta nombrada, como 
digimos, Giiacayarima; tmjeron algunos cuescos de allí 
los religiosos de San Francisco al monasterio de San 
Francisco de esta ciudad de Santo Domingo y al que 
tienen en la Vega , pusiéronlos j nacieron y hiciéronse 
grandes árboles y dieron la fruta ó mameyes, pero de- 
generaron mucho de los de su origen y nascimiento por- 
que no tienen más de un cuesco , al menos los que yo he 
visto , y así son muy menores que aquellos , cuasi como 
bolas ó poco mayores de las de jugar á la sortija, y en 
el sabor y color, cierto, mucho difieren, porque lo princi- 
pal dellos es la carne que está entre los cuatro cuescos. 
Es admirable en hermosura el árbol que los produce y las 
hojas en color, y verdor, y forma de lindísima manera, el 
árbol es muy alto y grueso, de muchas y grandes y chicas 
ramas, de hojas densísimas ó espesas copado, adornado 
y cubierto ; y esto es de maravillar más , que , si lo con- 
templamos despacio, cuasi todas las ramas grandes y 
chicas van subiendo hacia arriba en modo de cruz , las 
hojas cuasi lo mismo , porque son de la forma de un co- 
razón y tan anchas , por lo más, como una grande palma 
de la mano y más , y que tenga en ancho buenos seis y 
ocho dedos, es gruesa más que un canto de real, no 
floja sino tiesta, muy lisa y de color verde algo escura; 
finalmente, árbol, rama y hojas, son muy hermosas, fruta 
sabrosa, odorífera y nobilísima. Es tierra, un buen pedazo 
de esta provincia, buena para vacas, pero muy mejor en 
los montes llanos que dije para infinitos puercos, por- 
que hay unas palmas que tienen una cierta fruta de color 
de dátiles que llamamos palmicha, que los puercos comen 
mucho y engordan mucho con ella. Hobo infinitos puer- 
cos, agora no creo hay tantos por los perros en gran 
número, que se han hecho monteses, que los destruyen y 
apocan y ellos cada dia crecen. En esta provincia estuvo 
asentada una villa de españoles á la ribera de la mar del 
Sur, frontero de las isletas que cuasi en fin del capítulo 



268 HisroníA 

primero digimos; llamóse Salvatierra de' la Cabana, tu- 
vieron cargo los vecinos advenedizos de Castilla de con- 
sumir los naturales señores y dueños de la tierra, y por- 
que siempre, acabados de matar los indios, los españoles 
se despueblan y van á buscar otra guarida, por eso creo 
que no debe haber memoria della, como han hecho en 
otras muchas partes destas Indias. Y esto baste para 
cumplir con la vuelta primera de la descripción que 
propusimos hacer desta Isla. 



DK LAS INDIAS. ggg 



CAPÍTULO V. 



Para comienzo de la segunda vuelta y descripción de 
esta Isla, es menester tornar donde comenzamos á des- 
cribilla, esto es, á la provincia de Guahaba y de Baynoa, 
á la cual se sigue por esta otra parte, ó mano derecha, 
teniendo las espaldas al Norte, la provincia de Igua- 
muco; esta es, y toda aquella tierra hasta la provincia 
de Xaraguá, la que en fertilidad, hermosura, montes, ca- 
banas ó campiñas, rios y arroyos, aguas, aire, frescura, 
templanza, y el mismo cielo, sobrepuja todo encareci- 
miento; es, en fin, para que la vida humana, si tanto bien 
no le empeciese, pudiese gozar de un paraíso de delei- 
tes: en esta .provincia del Iguamuco sale un volcan de 
una sierra, que echa de sí algunas veces humo. Sigúese, 
á lo que pienso, otra por la mano izquierda (digo pienso, 
porque esta sola no he visto aunque he estado cerca de 
ella), que los indios llamaban Banique, la media sílaba 
breve, que participa de los bienes mismos y calidades de 
la susodicha; ésta tiene la cordillera de las sierras, que 
hacen la Gran Vega por la mano derecha, teniendo las 
espaldas al Norte, como dije, á la mano izquierda. Tor- 
nando, pues, á la mano derecha de estas dos provincias, 
que nombj'é Iguamuco y Banique, ocurre la provincia que 
en lenguaje de los indios se decia el Hátiey, la penúl- 
tima sílaba luenga, esta es maravilla verla por su lindeza 
y amenidad, frescura y alegría, fertilidad para todas las 
labranzas y frutas y cosas de esta tierra y para muchas 
de las de Castilla; tiene muchas aguas de arroyos y 
rios que descuelgan de las provincias de Guahaba y de 
Iguamuco, viene á dar á ella también un gracioso y po- 



270 HISTORIA 

deroso rio , mayor que el rio de Duero junto con Pisuerga, 
el cual pasa por esta provincia algunas leguas hasta dar 
en la mar, donde fenece, llámase Hatibonico en el len- 
guaje de los indios : hácense unas salinas cerca de la 
boca del. Puédese contar con esta provincia del Hatiey 
lo que resta 'de todo aquel brazo desta Isla de á mano 
derecha, teniendo las espaldas al Norte , que asemejé 
como el dedo pulgar de la mano izquierda , cuanto del 
dicho brazo hay por la mar del Sur, antes que pase- 
mos la punta ó cabo de San Nicolás, que está en este 
brazo á la mar del Norte , y así parece que terna esta 
provincia de Hátiey más de 20 ó 25 leguas de luengo; las 
que habrá de ancho serán 15 ó más, según sospecho. 
A ésta ocurre, por la ribera de la mar, la provincia del 
Cahay ; ésta, por la mar y por la parte de la tierra, con- 
fina con la nobilísima provincia de Xaraguá , y como 
participe de las pasadas y sea toda una tierra y de una 
manera, no hay que decir ni encarecer de ella sino que 
es fértil y fructífera y muy buena. Pero á é%ta y á otras 
excede otra, la tierra más adentro desta, viniendo to- 
davía las espaldas al Norte como veníamos , y ésta es 
Baynoa, otra sin la que primero que todas describimos 
en la primera vuelta; ésta goza de todo el rio grande que 
nombramos Hatibonico ó de la mayor parte del, creo que 
más de 25 leguas; prosigúese á la del Hátiey el rio 
arriba. Esta , por ambas á dos riberas del rio , es grande 
consuelo verla y considerar su hermosura, disposición, 
fertilidad, suavidad, frescura da gozo y alegría; cuasi no 
se siente calor, frió no es de hablar del, es luego tem- 
peratísima ; tiene llanos por las dos riberas del rio Ha- 
tibonico, tiene cerros, collados, valles, todos cubier- 
tos de yerba hermosísimos; los puercos que por ella 
se han criado son infinitos. Entremos en la provincia 
de Xaraguá, que á las dichas se sigue luego, donde 
fué la corte (como diremos si Dios quisiere) de toda 
esta Isla, ésta contiene en sí casi en redondo más de 40 



DE LAS INDIAS. 271 

leguas, á mi parecer; por una parte tiene la vega de 
la Yaguana, que es cosa hermosísima y deleitable y 
provechosa mucho para puercos , que han sido innume- 
rables los que allí han nascido, y también hay hoy mu- 
chas vacas y ha habido. Esta llega hasta la mar y la ri- 
bera viene del Cahay, y es el rincón y puerto, no buen 
puerto, deste golfo de Xaraguá, que arriba digimos, y allí 
está poblada de españoles una villa. Hace esta Vega 
la sierra grande , que por esta parte se hace grande, 
aquella, digo, que dije ser loma, que desciende y se hace 
más baja de las sierras de la provincia del Baoruco, en la 
cual loma ó lomas está la provincia de Yaquimo , donde 
se cortaba el brasil, y está Norte-Sur, por derecho, Ya- 
quimo, desta Vega, justas 18 leguas, que es un grado 
menos media legua. Descienden desta alta sierra, que es 
todo lo más della montuosa, algunos arroyos frescos, 
que proveen de abundante agua toda la que la vega para 
hartar los hombres y animales ha menester. Esta sierra 
va adelante junto á la mar, todo el brazo que digimos ser 
el dedo con que señalamos de la mano izquierda, hasta 
el cabo desta isla que llamamos del Tiburón y de la 
Guacayarima , donde hay la fruta de los mameyes 
que tanto arriba encarecimos. Volviéndonos ocho leguas 
atrás, hacia el Oriente, de la ribera de la mar, fin desta 
Vega, estaba la ciudad y corte de aquel rey Behechio 
y aquella reina Anacaona, su hermana, de quien si place 
á Dios diremos. Este asiento desta ciudad y corte del 
rey Behechio es tierra más enjuta que la que habemos 
dicho , porque menos húmida y por eso muy más sana; 
es muy llana, como una gran campiña ó cabana, la yerba 
della es chequita y seca ó tostada como la de Castilla; 
tiene á media legua delante de sí, hacia el Sur ó Me- 
diodía, la dicha sierra muy alta que va su camino al 
Baoruco , hacia el Oriente , adonde se extiende y para y 
regocija la vista. Desciende de aquella frontera y alta 
sierra un muy hermoso rio, el cual se llamaba, por la len- 



272 HISTORIA 

gua de los indios, Camín , aguda la última sílaba; el agua 
deste rio se solia decir la mejor j más delgada y más 
sana (puesto que no es rio de oro) que la de todos los rios 
desta Isla, como quiera que todos en común excedan 
en sabor y delgadeza y bondad de agua y sanidad , ó al 
menos no sean inferiores de cuantos en estas partes pue- 
dan ser referidos. Regábanse con el agua deste rio, sa- 
cada por acequias, todas las labranzas de gran parte 
desta tierra, lo que no se hizo jamás (por su gran ferti- 
tilidad) en toda esta Isla; bien creo que ninguna cosa 
de las de Castilla en esta tierra se pornía, asi de plantas 
como de pepitas y de cualquiera semilla , que no se hi- 
ciese muy buena y diese los fructos que convernia, sola- 
mente dudo de los árboles ó frutales que proceden de 
cuescos, porque hasta agora no se ha visto en esta isla. 
En esta provincia, obra de una legua de la ciudad de 
Behechio, Rey della, comienza una laguna de agua dulce 
al principio por los rios que desaguan en ella, pero su 
principal origen de la mar creemos que viene; durará 
esta agua dulce y algo mezclada con la salada , de an- 
cho una y de largo tres leguas, donde hace la tierra una 
angostura y se sangosta la laguna, y luego entra en 
otra laguna ó lago muy grande, y aquél va cerca de 
otras 15 leguas hacia el Oriente, el cual pertenece á 
otra provincia y en ella diremos lo que de ambas á dos 
sentimos. Por la vera de la sierra grande, que es las es- 
paldas del Baoruco , vuelta la cara al Oriente , vuelven 
los términos de la provincia de Xaraguá, creo que por 
aquella parte 12 leguas, hasta una sierra muy alta que 
dura dos leguas, que llamábamos el puerto de Carey- 
bana, porque á la descendida del puerto estaba en un 
gran llano una grande población, que se decia por los 
indios Careybana. En esta provincia de Xaraguá, en el 
asiento y ciudad del rey Behechio, después de todo des- 
truido, estuvo por algunos anos una villa de españoles 
poblada, que llamaron la Vera-Paz, no porque la paz 



DE LAS INDIAS. 273 

entró con ellos en ella, como se dirá placiendo á Dios, y 
harto también dello arriba en algunos capítulos se ha 
dicho , la cual no duró más , como otras muchas pobla- 
ciones que han hecho los españoles en ésta y en las otras 
partes destas Indias , de cuanto quitaron las vidas á los 
indios. La provincia que luego se continúa después desta 
de Xaraguá es y se llama el Cayguaní, la última sí- 
laba aguda ; todo lo más della consiste y se extiende por 
la ribera de la grande laguna. Comienza de la gran po- 
blación que dije que se nombraba Careybana, que está á 
la descendida del puerto , y va por la vera de la sierra 
que está á las espaldas del Baoruco, dentro de la cual 
entra la sierra de la sal y las poblaciones que allí habia, 
y llega á partir términos con la provincia de Acua; bien 
tiene de circuito la tierra que he dicho más de 30 leguas, 
pero lo que dello es de loar es la ribera de la laguna, no 
toda, porque la banda del Baoruco y vera de la sierra 
que cae á la parte del Sur ó del Austro , llega el agua 
della allí, que apenas puede el hombre pasar, más de 10 
leguas, sin mojarse, solamente la banda del Norte es la 
fértil, y la tierra de por allí era muy fértil, donde ha- 
bia grandes poblaciones, como se dirá: por esta tierra 
hay cantidad de yeso, lo que fuera de allí no he visto en 
esta Isla. La vecindad y provecho que se sacaba desta 
laguna causó estar muy poblada toda estaiierra, en es- 
pecial la ribera della de la banda del Norte, como se 
dijo, porque habia grandes pesquerías de muchos pes- 
cados de la mar ; y esto és cosa, cierto, de maravilla, que 
estando esta laguna, creo que, no menos que 10 leguas 
de la mar, que por los abismos, debajo de tantas sierras 
como las del Baoruco , que están desta laguna al Sur ó 
Mediodía, entre la mar tanto en la tierra y haga tan 
gran lago ó laguna que tenga de longura 15, y de ancho 
buenas tres leguas. Que esta agua sea y entre de la mar 
es manifiesto por esto: lo primero porque es muy salada, 
lo segundo, porque tiene gran profundidad que no se 
Tomo Y. 18 



274 HISTORIA 

halla suelo, lo tercero, y esto es lo más eficaz, que se 
hallan en ella tiburones y otros pescados grandes ma- 
rinos que no se crian ni se han visto en estas Indias 
sino en la mar. Algunos han creido que entra la mar 
hacia esta laguna por la parte de Xaraguá, porque 
desde que comienza la laguna dulce tiene tres leguas 
poco menos de sí la mar, y por estar más cerca juzgan 
que por allí debe entrar; pero no parece ser así por estas 
razones: la una, porque como la mar sea tan profunda 
poco hace al caso para poder impedir á la naturaleza que 
no entre la mar y haga el dicho lago ó laguna por de- 
bajo de tres leguas de la tierra ó de diez, ni que la tierra 
sea llana por su superficie ó que sobre ella suban y haya 
grandes sierras, porque como la tierra que habitamos no 
sea sino sierras ó moütañas que suben desde el centro, 
harto mayores que las que por. la tierra en que vivimos 
vemos, según aquello del Salmo 103, hablando de la 
tierra: Qui fundasti terram super stahiUtatem suam, non 
inclinahitur in seculiim scRciili. Abyssus, sicut vestimentum, 
amictus ej%s, super montes €tabunt aque. El fundamento de 
la tierra es el centro, del cual nunca se mudará. El abismo 
es el agua ó mar Océano, que cubre y cerca la tierra 
como la vestidura del cuerpo humano. Y así están las 
aguas de la mar sobre los montes que suben desde el 
centro, como vemos que yendo en un navio, cuanto más 
nos apartamos de tierra, tanto más honda se va ha- 
ciendo la mar, y si echamos un plomo en un cordel, 
que los marineros llaman sondava cuesta abajo, y está 
esto bien claro, y por esto dice super montes stabimt aquce. 
Así que , como por los soterráños ó venas de la tierra 
entren las aguas de la mar, y aun las aguas dulces de 
los rios, como en el Ecdesiastes se dice , poco puede ha- 
cer al caso que entre el agua en este lago estando diez 
ó doce leguas ó tres de la mar, ni que tenga la tierra sier- 
ras altas ó ásperas, ó que sea toda llana. La otra razón 
es porque la primera laguna que decimos dulce ó cuasi 



DE LAS INDIAS. 275 

dulce, que comienza junto á Xaraguá, y que tiene tres 
leguas , que desagua en la grande , parece por el angos- 
tura que tiene de la tierra al cabo, que otro tiempo .debia 
estar cerrada y distincta de la grande salada, y con el 
ímpetu de aquella haberse rompido y asi haberse una 
con otra mezclado;, y la que era dulce toda haberse he- 
cho salobre ó salada. Y desto parece otro muy claro ar- 
gumento, porque tengo entendido de muchos años, y 
de 40 y 50 que lo platicábamos , y muchas veces que he 
pasado por ella, atrás en la primera laguna dulce ó poco 
salada, no se toman tiburones ni otros pescados marinos 
sino en la grande salada, y así los indios no se solían 
guardar ni quejar en la primera que los tiburones los 
desgarraban, sino de la segunda entendia yo que te- 
mían y se quejaban. Y así parece, que no por parte de 
las tres leguas y cerca de Xaraguá, sino por las 10 ó 12 
de hacia el Baoruco está el ojo ó ojos por donde entra en 
este lago la mar. 



276 HISTORIA 



CAPITULO VL 



Ya que habernos juntado esta provincia del Cayguaní 
con la del Baoruco, y también con los términos de la de 
Acua, no queda más tierra que descrebir por aquí ; tor- 
nemos á la tercera vuelta, describiendo lo íntimo de 
toda esta isla, con lo más gracioso, felice y rico della, ex- 
cepto la Vega. Tomemos, pues, desde las que arriba en 
la segunda vuelta y en el capítulo 5.° nombramos pro- 
vincias de Iguanuco y Banique , á las cuales se sigue la 
gran provincia y rica de Cibao, que el Almirante , oyén- 
dola nombrar , creyó ser la de Cibanco , donde estimaba 
que Salomón habia para el templo el oro llevado , y con 
esta opinión creo que murió. Los indios, por su lenguaje, 
llamaban á esta provincia Cibao, por la multitud de las 
piedras , porque ciba quiere decir piedra. Toda esta pro- 
vincia es sierras altísimas, todas de piedras peladas, de 
las que en Castilla llamamos guijarros; no están comun- 
mente las piedras sueltas cada piedra por sí , sino juntas 
y pegadas, como si lo estuviesen con argamasa; y todas 
las sierras están vestidas de yerba cortita, como un 
palmo ó dos, en unas partes más crecida que en otras, 
porque en algunas hay más tierra, aunque toda arenisca, 
y más húmida ó menos estéril que en otras. Están todas 
estas sierras adornadas de muchos pinos y pinares, no 
espesos sino raros, por su orden puestos, cuasi á la ma- 
nera que en Castilla se ponen á mano los olivares; son 
muy altos y muy gruesos y derechos para hacer dellos 
muy lindos masteles para grandes naos, llenos de zumo 
para hacer dellos infinita pez , no llevan fructo sino unas 
piñitas como en Castilla los que llaman negrales. Co- 



DE LAS INDIAS. 277 

mienzan desde las sierras de Nicao, que digimos arriba 
estar ocho leguas de Santo Domingo, y pasan por las 
minas viejas que arriba tocamos y diremos, placiendo á 
Dios, abajo, y por toda aquella renglera de las sierras, y 
hinchen á esta provincia de Cibao y pasan adelante, y 
según creo hinchen y ocupan más de 70 leguas grandes, 
y más de 25, y quizás 30 por partes, en ancho. El riñon 
desta provincia y aun de toda la isla es en casi la cum- 
bre de toda esta tierra y de más fertilidad, porque el 
terruño es de barro ó cuasi barro, y aquello está sin pi- 
nos , porque regla general es que toda la tierra donde 
hay pinos es estéril. No me acuerdo qué tanto durará de 
ancho y largo esta cumbre , porque há más de 50 años 
que estuve en ella; llámase Hay tí, la última sílaba 
aguda, de la cual se denominó y llamó toda esta isla, y 
así la nombraban todas las gentes de las islas comar- 
canas. En ella y por ella hace mediano frió, yes me- 
nester hasta que encumbra el sol algún fuego, pero no 
es tanto que el agua se hiele; hay por ella zarzamoras 
como las de Castilla^ y nueces naturales, pero tienen 
mucha madera y poca médñla ó meollo , por lo cual no 
son de provecho. Por esta tierra granan las cosas que 
granan en Castilla, que proceden de semillas, en espe- 
cial se hacen muy buenos nabos, y créese que se harian 
maravillosas viñas. Toda esta provincia de Cibao es bien 
fresca , sin algún calor ni que cause pena el frió; es toda 
ella hermosa, graciosa, alegre, y masque otra sanísima; 
la causa es la enjutez de la tierra, y ser toda de sierras 
descubiertas altísimas , exenta de toda humidad y que 
la baña el sol en saliendo por todo el dia, y los aires 
templados continuos y muy sanos que son las ordina- 
rias y continuas brisas. Los rios y arroyos que desta 
provincia de Cibao salen son los más graciosos, lindos, 
frescos y de las más suaves y delgadas aguas que creo 
haber en el mundo, y estos son sin número infinitos; los 
principales que de millares de arroyos se hacen son los 



278 líisTouiA 

siguientes, todos por mis ojos vistos: uno se llama Xa- 
gua, otro Guaba, otro Guanahumá, la última luenga, 
otro Baho, la última breve, otro Yaqui, la misma breve, 
otro Xanique , la media breve , otro Agmina , la misma 
breve, otro Maho, otro Paramaho, la penúltima luenga, 
otro Guayobín, la última aguda, todos nombres del 
lenguaje de los indios; los cinco primeros, cada uno por 
sí, é con ellos Maho, que es octavo, son tan grandes, 
cuando menos agua llevan, como por Córdoba Guadal- 
quivir; el sétimo poco menos, el sexto j el noveno algo 
más menos, pero lindísimos y graciosísimos, y todos 
presurosos, corrientes y rapidísimos, en especial Baho, 
Agmina y Guayobín. Los primeros cuatro entran en el 
rio Yaqui, antes que salga de las sierras; después, ade- 
lante por la gran Vega, recibe en sí todos los otros rios, 
donde pierden todos sus nombres, y sólo queda Yaqui 
con el suyo hastsi que sale á la mar junto al Monte- 
Christi, y aunque lleva inmensa cantidad de agua, cuasi 
siempre, sino es por el tiempo de las aguas lluvias, todo 
él se vadea. Estos rios y arroyos, en muchas y diversas 
partes de la tierra que ocupa»., hacen muchas veguetas 
y hoyas graciosísimas y deleitables, que no parecen sino 
pintadas en un paño de Flandes. Todos estos rios y to- 
dos los desta isla están de pescados plenísimos , y por 
la mayor parte los pescados dellos son lizas de las de 
Castilla, pero muy mejores y más gruesas y sabrosas y 
en tamaño mayores, y la semejanza tienen, en la escama, 
con los albures de Sevilla; hay otros que llaman gua- 
binas, la media sílaba breve, las cuales tienen cuasi el 
parecer de truchas, en la escama, especialmente cuanto 
á las pinturas , puesto que son las pinturas ó manchitas 
negrecitas y el pescado dellas muy blanco , es sanísimo 
y delicatísimo pescado que se puede y suele dar á los 
enfermos como si fuesen pollos. Otros, que se llaman 
dahaos, la media luenga, son pequeños como pequeños 
albures, menos que un jeme, y tienen los huevos tan 



DE LAS INDIAS. 279 

grandes y mayores que los de los sábalos, y esto es lo 
principal que tienen de comida, porque lo otro todo tiene 
poca sustancia. Hay también otros que se llamaban ga- 
ges, pequeños pero muy sabrosos, cuasi del tamaño y 
escama que albures chiquitos. Hay asimismo los que 
llamaban los indios diahacas, la media luenga , éstas son 
como mojarras de Castilla, difieren algo de mojarras en 
tener las escamas prietecitas, y las mojarras son todas 
muy blancas; estos pescados son también sabrosos y 
muy sanos. Hay anguilas grandes y chicas, pero, son 
tan dulces de comer que causan á algunos náusea ó 
mal estómago; hay lagostines , que son camarones muy 
grandes, muy buenos de comer aunque duros, de la ma- 
nera de los de España. Estas seis especies de pescados 
de escama son, y no más, los que se hallan y hay en 
abundancia en los rios desta isla; en los arroyos peque- 
ños hay unos pececitos chiquitos que en Castilla llaman 
pece-rey y los indios tetí, la última aguda; son sanísi- 
mos. Hay en ellos también hycoteas que son galápagos 
de los arroyos de Castilla, puesto que estas hycoteas 
son muy más limpias y más sanas que aquellos, según 
creo , porque no son tan limosas ni tan amigas de lodo 
y tierra, porque andan más por el agua que los galápa- 
gos; verdad es que tenian por opinión los indios desta 
Isla que las hycoteas eran madres de las bubas, y asi á 
mí muchas y algunas veces me lo dijeron, por esta 
causa nunca jamás las quise comer, puesto que muchos 
las comían y nunca tuvieron bubas. Hay en los arroyos 
también unos cangrejos, que sus cuevas tienen dentro del 
agua, que los indios llamaban xaybas; estos cangrejos 
ó xaybas tienen dentro, en el vaso ó caparacho, ciertos 
huevos ó cierto caldo que parece cosa guisada con aza- 
frán y especias, y así tiene el color y el olor y el sabor 
de especias, mayormente cuando están llenas, que es 
con la luna nueva, porque entonces están sazonadas; 
hánse de comer asadas porque cocidas irse hia el caldo 



280 HISTORIA 

y no serian tan buenas. Tornando á nuestra provincia 
de Cibao . el oro que se ha sacado della no puede ser 
encarecido , j aun también el que hoy en ella hay , sino 
que después de haber muerto todos los indios no se dan 
á buscarlo por inmensidad de arroyos y quebradas y rios 
que por toda ella están, porque quien alcanza 10 ó 20 
negros más los quiere ocupar en otras granjerias que 
tiene más ciertas y con menores trabajos, que andar con 
ellos buscando minas que suelen salir muchas veces in- 
ciertas. Es muy fino en quilates todo el oro desta pro- 
vincia, y el más fino que otro de todas las partes destas 
Indias, excepto lo de Carabaya, en el Perú, que dicen ser 
tan fino y más; también hobo en la isla de Cuba en la 
provincia de Xagua oro fino, poco menos fino, pero yo 
digo que á mi parecer poco ha debido haber en estas In- 
dias que se iguale y ninguno que pase á lo de Cibao. 
Hay en esta provincia de Cibao , al principio que á ella 
suben, dos leguas pasado el rio de Yaqui, y siete de la 
ciudad de la Concepción , que está en el comedio de la 
Vega, como se dirá, una cuesta ó sierra pelada no muy 
alta, harto seca y pedregosa, de la cual salen tres ar- 
royos como los tres dedos del medio salen de la mano, 
los cuales están secos sin agua lo más del año; el uno 
llamáronlos indios Buenicún, al cual llamaron los es- 
pañoles rio Seco, el segundo se llamaba por los indios 
Coactinucum; el tercero Cybú, todos tres la última 
sílaba aguda ; no hay cuarto de legua de travesía en 
todos tres, ó al menos no hay media legua. En media 
legua, desde el nascimiento de cada uno hacia abajo, 
el oro que se ha dellos sacado , y mxayormente del rio 
Seco, ha sido inmenso; hánlos vuelto cien mil veces 
de abajo arriba la tierra, y «siempre sacan oro poco que 
mucho, y, cierto, cada día se cria, según la experien- 
cia nos muestra, y dejando holgar por algunos años 
aquella misma tierra tornarla á dar, como ha dado por 
tiempos, muchas riquezas. Háse cogido también oro en 



DE LAS INDIAS. 281 

otro arrojo que está adelante del Cybú, que es el pos- 
trero de los tres dichos, yendo la cara al Norte, media 
legua, que se llamaba Dicayagua; háse sacado también 
infinito en los rios susodichos Yaqui, Xanique, Agmina, 
Maho y Paramaho , y adelante donde se dicen los arro- 
yos. Adelante desto, antes, creo que, doce ó nueve leguas 
de la villa de Puerto Real, en un arroyo que se llamó 
Guahaba y en la tierra y cuestas de por allí, que es toda 
una sierra con la de Cibao , mayormente en unas minas 
que se llamaron la Ciénaga, fué mucho el oro que en ella 
se cogió; y acaeció allí que dos españoles tomáronlas 
minas juntas, guardados ciertos pasos, que según las or- 
denanzas sobre aquello hechas se debian á cada mina 
de guardar, llegando que llegaron á coger y sacar el 
oro de los confines de cada mina, porque era cosa rica, 
acordaron de echar una plomada para que ninguno de 
los dos tomase más tierra de la que le pertenecia, y des- 
cendiendo la plomada por derecho abajo dio por medio 
de una gran plasta de oro , y así la partieron ambos á 
dos. Comunmente todo el oro , que en esta provincia de 
Cibao habia y hay, es menudo como sal menuda, puesto 
que se han sacado en algunos arroyos granitos como 
lentejas, y otros poco menos y otros poco más. Parécerae 
que tendrá esta provincia de Cibat) 30 y aun 40 leguas 
de longura y más de 20 en ancho. Y porque la fuerza del 
oro está en todas las sierras, rios, y arroyos que miran 
al Oriente, las cuales baña el sol en saliendo y todas 
las aguas se vierten al mismo sol, y lo mismo es en 
las minas viejas y nuevas que están desta ciudad de 
Santo Domingo ocho leguas ; y de la otra parte de éstas 
sierras, aguas vertientes al Poniente, no se ha hallado 
algún oro, por manera, que parece que las influencias 
del sol tienen más eficacia en las tierras que están hacia 
donde nascen que las de adonde se ponen; por esta 
causa creo que en toda la cordillera de las sierras que 
comienza desde las sierras del rio Nigao de la costa del 



282 HISTORIA 

Sur, las más descubiertas de hacia el sol, hasta que aca- 
ban á la punta ó cabo de Guahaba que se mira con la 
punta oriental de la isla de Cuba, y así dura la dicha 
cordillera más de cien leguas, dentro de las cuales son 
infinitos los rios y arroyos que hay, en toda, digo, la 
dicha cordillera y todos los dichos rios y arroyos infini- 
tos que en ella hay, que miran al sol cuando nace , tienen 
oro , y ningún estimo, ó pocos, se hallarán que no tengan 
oro poco que mucho. Desto es claro argumento y harto 
eficaz las minas viejas que están continas á la dicha 
cordillera , y aquella va á parar á éstas de Cibao , y de 
Cibao va siguiéndose hasta la provincia de Guahaba, 
donde habemos dicho que se ha sacado mucha cantidad 
de oro. Y porque el oro no se puede sacar de las minas 
sino es lavando la tierra en agua, como abajo se dirá, y 
hay muchos lugares en las sierras y quebradas donde 
suele estar el oro que están lejos del agua , por ende in- 
finitos lugares habrá y que tengan mucho oro, lo cual, 
empero, por la falta del agua nunca se podrá sacar, smo 
fuesen tan ricas las minas en los dichos lugares aparta- 
dos del agua , que sufriesen la costa de llevar la tierra á 
los rios ó arroyos lejos á lavar. 



DE LAS INDIAS. 283 



CAPÍTULO VIL 



Complido con la provincia de Cibao , resta decir de 
otra , que con ella se continúa por lo alto de las sierras á 
la mano derecha, teniendo las espaldas al Norte, y esta 
es la Maguana , en la cual después se pobló una villa 
de españoles que llamaron San Juan de la Maguana. 
Esta provincia, en sierras, y en rios, y en valles ó caba- 
nas ó campiñas , aunque no son muy grandes , es tierra 
bienaventurada; es muy fértil, es muy templada, que 
cuasi ningún calor ni frió alguno es menester que en 
ella se halle, sino es en las sierras muy altas que confi- 
nan con Cibao, donde hay harto frescor, que ropas en- 
forradas no harían mucho daño. Es tierra mas enjuta 
que otras vegas que habemos dicho en lo llano , y por 
esto es muy sana ; granan aquí muchas cosas de semillas 
sembradas, trigo se ha hecho, y yo lo he visto mucho 
bueno granado ; hay en ella ingenios de azúcar , la cual 
átoda la de ésta Isla hace, en blancor y en dureza, y en 
las otras calidades, mucha ventaja. Pasa un rio grande 
por ella, que se llama Yaqui, como el que arriba digimo s 
en el precedente capítulo , que tiene el mismo nombre, 
porque según decían los indios nascen de una misma 
fuente ambos; uno vierte las aguas á la banda del Norte 
descendiendo de Cibao y pasa por la Vega grande , y el 
otro va á parar á la costa del Sur por esta parte , como 
si de propósito dijera la naturaleza que partía la Isla en 
dos partes , y con una fuente sola quería regarlas , ó al 
menos (porque no ha menester regarse) adornarlas, pro- 
duciendo de ella dos rios tan señalados, que el uno 
adornase la Vega pequeña y el otro la Vega grande. Lia- 



284 HISTORIA 

maban los indios á la Vega grande Magua , absoMa- 
mente la última sílaba aguda, y á esta provincia decian 
con adición, Maguana, cuasi la Vega menor. Salen 
•ambos á dos rios Yaquis á la mar, el uno del otro 150 le- 
guas , nasciendo, como dije, de una sierra y de una fuente 
en la provincia de Cibao. Pasa después del rio Yaqui 
dicho, por esta provincia, otro mayor y más caudal que 
se llama Neyba, la primera sílaba luenga, el cual queda 
con su nombre aunque estotro Yaqui se junta con él, y 
pierde el suyo cuando entra en la mar; y esto es general 
en esta isla que cuando los rios se juntan, puesto que 
corran por mucha tierra, siempre los indios dejaban su 
nombre al más principal, ó por tener más oro, ó llevar 
más ó mejor agua, ó más y mejor pescado, ó otra pre- 
eminencia tal. Parte aquesta provincia de la Maguana 
términos con la de Xaraguá y con la de Cayguani, y 
con la de Acua ; lo que terna de longura y anchura y 
en contorno, porque ha muchos años que estuve en ella y 
no pensaba en la describir, no puedo bien acordarme para 
precisamente lo decir ; paréceme que terna más de 30 
leguas de luengo y más de 20, y de 25 quizás, en ancho. 
Y porque para la cuarta vuelta nos reste sola la gran 
Vega, y de toda esta isla, sin la Vega, no queda otra 
provincia de que hablar sino la del Bonao y de lo que 
allí se sigue hasta la provincia de Santo Domingo, tor- 
nemos á Cibao, y de allí á la mano izquierda , hallaremos 
la dicha provincia del Bonao que de aquella va conti- 
nuada. Comienza, pues, la provincia del Bonao desde la 
descendida de la sierra que hace y ataja la Vega de 
luengo y viene por su renglera de Cibao , y así está el 
Bonao de la otra parte de la dicha sierra yendo de Cibao 
por la Vega abajo, y la descendida es de un puerto muy 
alto ; comienza la subida por la parte de la Vega tres 
leguas de la ciudad de la Concepción por la Vega abajo. 
Este puerto es hermosísimo, lleno todo de muy lindos 
pinos y de yerba deleitable , y es de la misma tierra y 



1)E LAS INDIAS. 285 

dispusicion , y alegría , templanza y suavidad que la de 
la provincia de Cibao, y si subimos por la parte del 
Bonao en este puerto á la cumbre más alta , pasado un 
montecillo de un tiro de ballesta, de donde se despeña 
un arroyo de muy linda agua , asomamos á ver la Vega, 
cuya vista es tal que verdaderamente no parece sino 
que todos los sentidos tienen presentes sus deleitables 
objectos y se abren y extienden y regocijan las entrañas: 
véense más de 30 leguas como la palma de la mano. 
Este puerto, de aquí adelante, se va abajando, desde á 
poco se acaba por allí toda la renglera de las sierras que 
vienen de Guahaba , y entonces se ensancha mucho la 
Vega grande. Así que, comienza, como dije, de la descen- 
dida de este tan alto y hermoso puerto, la provincia -del 
Bonao, y luego, descendido abajo, están dos arroyos 
de agua, y comienza una vega desde allí de diez leguas 
grandes, y dos , y tres, y cuatro en ancho , que no es me- 
nos pintada toda ella y hermosa de yerba y de árboles 
que una huerta ó vergel puesto á mano ; pasan por ella 
algunos rios señalados y muchos arroyos de muy sabro- 
sas aguas. Destos es uno que le nombran el rio de Mastre 
Pedro, un español, y pusiéronle aquel nombre porque 
tuvo junto á este rio una hacienda ó granja, que por 
estas islas llamamos estancia; este Mastre Pedro y á su 
hacienda en la ribera deste rio, cognoscí "yo algunos 
años. Es muy alegre rio , y trae siempre gran ímpetu y 
vehemencia en el agua, viniendo por peñas, y trae infi- 
nitas piedras grandes. Hay otro más adelante, yendo 
hacia Santo Domingo, que se llama Yuna, la primera 
sílaba luenga, y así los indios lo llamaban ; este es gran 
rio y muy ahocinado , súbito y muy impetuoso , lo cual 
causa que un año vaya por una parte de la madre y otro 
por otra, porque la tiene muy ancha; desciende de altí- 
simas sierras y muchas, que hacen infinitas quebradas, y 
de muy cerca, y así han de estar sobre el aviso los que 
por allí viven y pasan, que en pocas horas, si llueve^ 



286 ^ HisToniA 

rescibe en sí grande cantidad de aguas. Al cabo de esta 
vega sale otro rio grande, que llamaban los indios May- 
mon, también muy deleitoso; no va con tanto ímpetu 
como los dos dichos , pero cuando viene crecido es peli- 
groso por las grandes y muchas piedras que tiene , y 
como los demás de muy delgada y suavísima agua. Es- 
tos son los tres principales , pero entre ellos hay otros 
muchos arroyos grandes y de muy buenas aguas, y 
donde se pueden hacer muchos ingenios de azúcar y 
otros artificios que se suelen hacer de agua, de los cuales 
hay ya hechos algunos. Es de tanta fertilidad esta provin- 
cia y vega del Bonao del pan y frutos naturales desta 
tierra, que aunque toda esta Isla es de ellos abundante y 
fructífera, pero ésta es sobre todas las provincias dichas, 
ó pocas hay que le lleven ventaja, porque era sobre 
todas abundantísima y cuasi como el alhelí de toda la 
Isla. Aquí hizo edificar el Almirante viejo una fortaleza, 
y después se hizo una villa de españoles , que se llamó la 
villa del Bonao , aunque fué como humo decreciendo 
como las otras , por la causa que en otra parte , si Dios 
quisiere, se dirá. Está hoy toda despoblada de hombres y 
llena de vacas, y naranjos, y guayabas y otros frutales; 
tiene de longura, creo que 15 ó 20 leguas y otras tantas de 
ancho, con un abismo de sierras altísimas , de las mayo- 
res desta Isla, todas fresquísimas y de grandes arboledas 
y montañas, las cuales son ramos, digo las sierras, de la 
hilera ó cordillera que viene de Guahaba y pasa por la 
provincia de Cibao. Por la mano derecha de esta provin- 
cia, teniendo todavía al Norte las espaldas, se sigue 
otra grande, que nombraron los indios Maniey, la penúl- 
tima luenga, todo lo más della de sierras muy altas, 
con algunos valles, llena de arroyos y maravillosas 
aguas muy frescas, y muy fértil , y de los frutos de la 
tierra naturales bien abundante; creo que hay ó hobo 
salinas en ella, no de la mar, porque está en el riñon 
desta tierra, sino de las que suele haber en Castilla, y 



DE LAS INDIAS. 287 

también hay hartas en estas Indias, de pozo ó pozas; y 
de ésta hablo así dudando , porque como está adentro 
como arrinconada de la manera de las provincias Igua- 
muco y Xanique, no se me ha ofrecido á estas tres llegar; 
de todas las susodichas, y las que se dirán , tengo noticia 
por habellas visto por mis propios ojos todas ó parte de 
cada una dellas, y de muchas lo más. Tornando á la 
mano izquierda de la provincia del Bonao, yendo ade- 
lante, hay otra continua que ha por nombre Cotuy, la 
última aguda, de la manera y fertilidad de las otras, 
puesto que no tiene las sierras y montes que las demás, 
sino cerros con yerba y arboledas algunas, como ya 
está muy vecina déla Vega grande y Real. Ha tenido muy 
ricas minas de oro y tiene algunas hoy , con minas tam- 
bién de muy fino azul ; en ella está hoy una villa de espa- 
ñoles que se nombra el Cotuy. Dejadas las dos manos de- 
recha é izquierda, saliendo de la provincia del Bonao, 
camino derecho hacia Santo Domingo, va el camino 
entre dos rengleras de altas sierras , de parte de las de la 
mano diestra quedando la dicha provincia del Maniey, 
y de las de la izquierda la del Cotuy , donde habrá de 
valle ancho entre las dos rengleras , si no me he olvida- 
do , cuatro ó cinco leguas; comienzan luego, desde el rio 
Maymon, que es el postrero de los tres dichos grandes 
de la provincia del Bonao , los cerros que llaman las Lo- 
mas del Bonao, que duran tres leguas de mal camino, por 
ser aquellos cerros barriales de barro bermejo y pegajoso, 
y estar siempre sombrío con muchos árboles y haber infi- 
nitos arroyos y aguas ; de un lado y de otro de las dichas 
Lomas , entre ellas y las rengleras de las sierras que se han 
dicho, van dos valles con sus rios, que no parecen sino 
unos vergeles muy graciosos pintados. Sálese luego, 
las tres leguas pasadas, á otra provincia descombrada de 
cabanas ó vegas y rios y arroyos muy hermosos, y es- 
pecialmente á los principios del gracioso y fresquísimo 
rio Hayna, en el cual entran muchos arroyos de oro, así 



288 HisToniA 

de las minas nuevas como de las viejas, el cual tiene una 
muy graciosa, alegre y rica ribera que dura 10 leguas y 
más, desde donde comienzan en ella las labranzas de los 
españoles hasta que entra en la mar. Tiene grandes 
pesquerías de lizas y de otros pescados que de la mar 
entran al menos una legua ó dos de la boca, porque en 
lo de atrás, por las muchas haciendas y frecuencia de la 
gente y ganados , ó se huye ó se esconde ó no se puede 
bien criar. Esta provincia llamábamos la provincia del 
Árbol Gordo, y una villa que allí estaba donde agora está 
un ingenio de azúcar, que hizo ó comenzó á hacer un 
licenciado Lebrón, se llamó la villa del Árbol Gordo; la 
causa de este nombre fué por un árbol que habia allí 
cuasi frontero de donde agora está el dicho ingenio, 
junto al rio, el cual era de tanta gordura, que ocho hom- 
bres, los brazos tendidos, no pudieran cercallo. Luego, 
de allí á dos leguas creo que son , están las minas viejas, 
á la mano derecha Sel rio Hayna, teniendo las espaldas, 
como queda dicho, al Norte, y éstas se llamaron, ó por 
el Almirante ó por el Adelantado su hermano, de San 
Cristóbal. Llamémoslas viejas por diferencia de las que 
después se hallaron frontero destas á la mano izquierda 
del dicho rio Hayna , que por ser halladas después se las 
puso por nombre las minas nuevas , de las unas á las 
otras habrá legua y media; ambas á dos están ó son en 
ciertos arroyos y quebradas que descienden al rio Hayna, 
y son unos muy hermosos y alegres cerros rasos, cu- 
biertos solamente de muy hermosa yerba. Destas minas 
viejas y nuevas el oro que se ha sacado no tiene nú- 
mero ni cuento , y mucho más de las nuevas, que de las 
viejas. Han sido grandes los granos y gruesos que en 
las unas y en las otras han parecido, los que nunca en 
lo poblado ó rico del mundo tales se han visto , y éstos 
mucho mayores en las nuevas que en las viejas ; entre 
otros muchos granos grandes de oro fino se halló en las 
nuevas un monstruoso grano, nunca otro en el universo 



DE LAS iismAs, 280 

ni visto ni oido á lo que se cree, ni tan grande ni tan 
hermoso, dignísima joya para estar- en la recámara real 
de Castilla perpetuamente , cosa que viéndola fuera mo- 
tivo para levantar j encender los corazones de los hom- 
bres á referir inmensas j continas gracias al Criador 
que tal hizo. Tenía tres palmos en redondo y cuatro de- 
dos en alto, pesaba 36 libras de oro, que son libra y 
media menos que arroba y media; valía 3.600 pesos ó 
castellanos de oro , de valor cada uno de 450 maravedi- 
ses ; juzgábase que ternía los 600 pesos de piedra por 
las manchuelas que della tenía, puesto que el oro y ellas 
todo parecía oro; yo lo vide y, cierto, era cosa digna de 
ser vista. El dia que se halló se cortó y comió en él un 
lechon de puerco no muy chico ; en otra parte se dirá, 
placiendo á nuestro Señor, quién, y 'cómo y cuándo 
fué hallado , con lo demás que tocare á estas minas. Al 
principio, y cuasi en medio de estas minas viejas y 
nuevas, viniendo de Santo Domingo, la cara hacia el 
Norte, al revés del camino que hasta agora hemos traído, 
se edificó una villa sobre el rio Hayna, arriba dicho, 
puesto que, muertos los indios, también como otras se 
despobló, y agora no hay sino unas ventas en ella. 
Desde allí, pasados unos pocos de cerros, van grandes 
dehesas, cabanas y campiñas, con muchos arroyos lle- 
nos de hatos de vacas, ocho leguas, hasta Santo Do- 
mingo y la ribera de Hayna, á la mano derecha, que es 
vellas alegría y maravilla; quedan á la mano izquierda 
del mismo camino ciertas minas en unos arroyos, que se 
llamaron las minas de los Arroyos, de donde se sacó los 
tiempos pasados mucho oro y muy fino. Y con esto, á la 
vuelta tercera damos fin. 



Tomo V. 19 



290 HISTORIA 



CAPITULO VIII 



Dicho queda en las tres vueltas de la descripción desta 
Isla todo lo que se me ha ofrecido referir, para poder dar 
noticia de las provincias y disposición de la tierra y 
puertos della ; para la cuarta vuelta quedó reservado el 
hablar de la grande y bienaventurada y Eeal Vega , y 
como muchas particularidades, y en encarecida manera, 
se hayan atirmado de la fertilidad y bondad de todas y 
tantas provincia's como hay en esta Isla y de su gran- 
deza , no parece que puede haber ya más vocablos , ni 
para relatar las condiciones y calidades desta Vega, ni 
vehemencia para con encarecimiento las dar á entender. 
Esta Vega lo primero tiene de longura de mar á mar (y 
va de Oriente á Poniente) 80 grandes leguas, las cua- 
les todas yo he andado por mis pies , comienza desde la 
provincia de Higuey, sobre la de Samaná , de, las cuales 
en el capitulo 3.*" hicimos mención, que están á la parte 
del Sur desta Isla , desde un pueblo grande de indios 
que llamaban Macao, la penúltima luenga, después se 
viene enderezando esta Vega y se pone de Oriente á 
Poniente, como digimos; va a parar á la mar del Po- 
niente y pasa la provincia del Marien, digo pasa, puesto 
que la dicha provincia llega hasta la mar, y comprende, 
como se dijo, el puerto de la Navidad. Su anchura ó 
latitud tiene 12 y 15 leguas, y 7, y 6, y 4, y cuando 
llega a estas cuatro, aquí estuvo y está asentada la 
ciudad de la Concepción, que también llaman la ciudad 
de la Vega, cabeza de obispado; y fué la cabeza de toda 
la Isla los primeros años , pero después de muertos los 
indios fuese despoblando de españoles, y, por el trato y 



DE LAS INDIAS. 291 

frecuencia de los navios al puerto de Santo Domingo, 
prevaleció la población de aquella ciudad , y así se hizo 
cabeza de la Isla, quedando la Concepción con hasta 10 
ó 12 vecinos, aunque con su iglesia catedral. De aquí se 
va la Vega, á veces, un poco sangostando, poco más de 
media ó una legua, otras veces un poco ensanchando, 
hasta llegar á la provincia del Marien , donde allí en la 
mar fenece j se sangosta hasta no quedar sino una le- 
gua, ó quizá menos, si bien me acuerdo. Hacen esta Vega 
ó cercanía, desde que comienza hasta que se acaba, dos 
cordilleras de altísimas y fértilísimas y graciosísimas 
sierras , de que ya hemos hecho mención , que la toman 
en medio, lo más alto dellas y todas ellas fértil, fresco, 
gracioso , lleno de toda alegría ; la una destas sierras, de 
la parte del Sur, es la que habitaban los Ciguayos , y 
otra parte della la gente de los Macoriges del Macorix 
de arriba, de las cuales naciones hablaremos abajo, y 
arriba en el capítulo S."" las tocamos ; y esta cordillera 
comienza desde la provincia de Higuey é de la comarca 
del pueblo del Macao, y se acaba en el Monte-Christi , y, á 
lo que yo creo, corre más de 100 leguas. Es toda esta 
sierra muy fértil, tan fértil en las cumbres como en el 
medio y en el principio, para labranzas y ganados, como 
si fuera campiña llana , y es llena de grandes arboledas, 
y estaban de pueblos y gentes rebosantes. La otra cor- 
dillera de sierras , que por respecto de la ya dicha y de 
la Vega, está hacia la parte del Sur ó Mediodía, tiene 
su nascimiento de los términos de la provincia de Acua, 
y prosigúese por las minas viejas, y va por las minas de 
Cibao, y llega á la primera provincia que describimos 
de Baynoa, y pénese sobre la mar, y de allí torna hasta 
la punta de Guahaba , que así se solia decir el cabo de 
San Nicolás que se mira con la punta primera y más 
oriental de la isla de Cuba; bien creo que tiene aquesta 
cordillera de sierras más de 150 leguas bien tiradas. A 
partes son estas sierras fértiles, como las otras sus fron- 



292 íiisTouíA 

teras que hacen la Vega, y á partes es algo estéril, en 
especial lo que comprende de la provincia de Cibao; 
digo estéril , no tanto que no estuviesen todas muy po- 
bladas , y encima de la más alta dellas no pudiesen pacer 
hatos de ovejas y cabras, salvo las muy altas donde fue- 
ron las minas muy señaladas, porque comunmente las 
tierras donde hay metales suelen ser estériles y como 
quemadas , puesto que aun en aquellas de Cibao hay 
infinitos valles y riberas de rios fértiles, donde habia 
muchas labranzas y estaban de gentes muy pobladas. 
Lo que desta sierra tan luenga la Vega alcanza será 
hasta 50 ó pocas más leguas, que comienzan de la sierra 
ó puerto que dicen del Bonao , el cual es una sierra alta 
que yendo de Santo Domingo á la Concepción la suben 
por la parte de la villa que solia haber del Bonao , y á la 
bajada entran en la Vega, y de allí á donde se fundó la 
Concepción hay tres leguas, como en los capítulos de 
arriba hemos algunas veces hablado ; llega esta sierra, 
con la Vega, hasta en el puerto de la Navidad, junto á la 
mar, donde la Vega se acaba y la sierra torna sobre la 
mano izquierda, teniendo al Poniente la cara, y váse por 
la dicha provincia de Baynoa á la de Guahaba. Por cual- 
quiera parte destas dos sierras que se asomen los hom- 
bres , mayormente por el dicho puerto del Bonao y por 
la de la Isabela ( donde primero pobló el Almirante , y 
viéndola por allí la llamó la Vega Real, como se dirá en 
otro lugar), y por otras partes, se parecen y descu- 
bren 20 , 30 y 40 leguas á los que tienen la vista larga, 
como quien estuviese en medio del Océano sobre una 
altura muy alta. Creo cierto que otra vista tan graciosa 
y deleitable, y que tanto refrigere y bañe de gozo y ale- 
gría las entrañas, en todo el orbe no parece que pueda 
ser oida ni imaginada , porque toda esta Vega tan gran- 
de , tan luenga y larga , es más llana que la palma de 
la mano, antes es más llana que una mesa de bisagras; 
está toda pintada de yerba, la más hermosa que puede 



DE LAS lis Di AS. 



293 



decirse, y odorífera, muy diferente de la de España; pin- 
tanla de legua á legua, ó de dos á dos leguas, arroyos 
graciosísimos que la atraviesan, cada uno de los cuales 
lleva por las rengleras de sus ambas á dos riberas su 
lista ó ceja ó raya de árboles, siempre verdes, tan bien 
puestos y ordenados como si fueran puestos á mano, 
y que no ocupan poco más de 15 ó 20 pasos en cada 
parte. Y como siempre esté esta Vega y toda esta Isla 
como están los campos y árboles en España por el mes 
de Abril y Mayo, y la frescura de los continos aires, 
el sonido de los rios y arroyos tan rápidos y corrientes, 
la claridad de las dulcísimas aguas, con la verdura de 
las yerbas y árboles, y llaneza ó llanura tan grande, 
visto todo junto y especulado de tan alto, ¿quién no 
concederá ser el alegría, gozo, y consuelo, y regocijo 
del que lo viere, inestimable y no comparable? Digo 
verdad, que ban sido muchas, y más que muchas que 
no las podría contar, las veces que he mirado esta Vega 
desde las sierras y otras alturas, de donde gran parte 
della se señoreaba, y considerándola con morosidad, 
cada vez me hallaba tan nuevo y de verla me admiraba 
y regocijaba, como si fuera la primera vez que la vide 
y la comencé á considerar. Tengo por averiguado, que 
ningún hombre prudente y sabio que hobiese bien visto y 
considerado la hermosura y alegría y amenidad y pos- 
tura desta Vega, no ternía por vano el viaje desde Cas- 
tilla hasta acá, del que siendo filósofo curioso ó cris- 
tiano devoto , solamente para verla , y después de vista 
y considerada se hobiese de tornar; el filósofo, para ver 
y deleitarse de una hazaña y obra tan señalada en her- 
mosura de la naturaleza, y el cristiano para contemplar 
el poder y bondad de Dios, que en este mundo visible 
cosa tan digna y hermosa y deleitable crió, para en que 
viviesen tan poco tiempo de la vida los hombres, y por 
ella subir en contemplación qué tales serán los aposen- 
tos invisibles del cielo, que tiene aparejados á los que 



294 



IIISTOIUA 



tuvieren su fe y cumplieren su voluntad, y coger dello 
motivo para resolvello' todo en loores y alabanzas del 
que lo ha todo criado. Pienso algunas veces, que si la 
ignorancia gentílica ponia los Campos Elíseos comun- 
mente en las islas de Canaria, y allí las moradas de los 
bienaventurados que en esta vida se habían ejercitado 
en la vida virtuosa, en especial secutado justicia, por lo 
cual eran llamadas Fortunadas, y teniendo nueva dellas 
acaso aquel gran Capitán romano, Sertorio, aunque 
contra Roma, le tomó deseo de irse á vivir y descansar 
en ellas por una poquilla de templanza que tienen (y 
aun la tierra dellas es harto seca y estéril , y las sierras 
ásperas y peladas en las más partes) , ¿qué sintieran los 
antiguos, y qué escribieran desta felicísima Isla, en la 
cual hay diez mil rincones, y en todo este orbe de las 
Indias cuentos de millares, cada uno de los cuales di- 
fiere tanto, en bondad, amenidad, fertilidad y templanza 
y felicidad, de la mejor de las islas de Canaria, como hay 
diferencia del oro al hierro y podría afirmarse que mucho 
más? ¿Cuánto con mayor razón se pusieran en esta Vega 
los Campos Elíseos , y Sertorio la vivienda della cudi- 
ciara , la cual excede á estas Indias todas , y siento que 
á toda la tierra del mundo sin alguna proporción cuanta 
pueda ser imaginada? 



DE LAS INDIAS. 295 



CAPITULO IX. 



Prosiguiendo, pues, adelante, la relación comenzada 
destaVega, tiene más, que toda la tierra della nó es 
cualquiera , ni para que á una parte sea fértil y á otra 
estéril ó seca, ó alguna cenagosa, j á otra con otro daño 
y dificultad; no es asi, antes es toda enjuta, toda fértil, 
toda en bondad igual, toda dignísima para producir de sí 
frutos de cuantas plantas, cuantas semillas, cuantas 
cosas en ella y en todas las partes della quisieren plan- 
tar y sembrar, y para baber en ella 10 y 15 ciudades 
como Sevilla, muy mejor que en Lombardía. Y puesto 
que algunas plantas y semillas luego no se den bien por 
la lozanía, grosura y fortaleza de la tierra y estar hol- 
gada, poniendo empero diligencia é industria, y aguar- 
dando los tiempos y la sazón, ninguna de las de España 
tengo por cierto que se dejara de dar. Así fué y acaeció 
en la villa de Acua, que, antes que bebiese cebollas, un 
clérigo procuró de las sembrar, y muchas veces perdió 
la semilla, no acertando con el dia ó el mes, ó con el- 
viento, ó con el agua, ó porque la tierra estaba holgada; 
cayó en sembrallas cada mes y en cada tiempo, y por 
alguna de las dichas causas que cesó, acertó en las sem- 
brar , y hiciéronse tan hermosas y grandes como las de 
España, el cual, sembrando 100.000 granitos de semilla 
de cebollas, tuvo de renta por algunos dias 100.000 
cuartos de á cuatro maravedís , porque á cuarto las ven- 
día, hasta que ejercitaron la granjeria otros. Entran en 
esta Vega , de ambas á dos cordilleras de las sierras di- 
chas, sobre creo que 30 ríos y arroyos que la pin- 
tan y adornan , y hermosean y refrescan con sus noc- 



296 HISTORIA 

turnos vahos ó aires suaves, con la frescura y suavidad 
de las hermosísimas corrientes, rápidas, quebradas y del- 
gadas aguas que traen, cosa dignísima de maravillar. 
Nace un arroyo bien grande hacia la sierra de Cibao, que 
los españoles por su hermosura nombraron rio Verde, 
que corta por medio á la luenga la Vega, por la parte 
donde se asentó la ciudad de la Concepción, y va por 
ella cuatro ó cinco leguas hasta que entra en el rio que 
luego se dirá , que toda la fertilidad y alegría que decirse 
puede parece comprehender; en cuya ribera, obra de dos 
leguas, tuve labranzas de pan de la tierra, que valían cada 
año más de 100.000 castellanos. En el capítulo 6.° queda 
dicho cuan llenos y de cuántas especies de pescados 
suelen estar los principales rios grandes que en esta 
Vega entran; son 14, los 10 que arriba en el capítulo 6." 
nombré, que fueron Xagua, Guahaba, Guanahuma,Bao, 
Yaqui, Xanique, Agmina, Maho, Paramaho, Guayobin 
(los acentos destos allí se declaran), el onceno se llamó 
Dahabon ; todos estos once desaguan en la mar del Norte. 
Otros tres, que son Camó, la última aguda, que pasa 
una legua de la ciudad de la Concepción, donde entra el 
rio Verde, que poco ha dije, y el otro Yuna, que pasa 
por la provincia del Bonao , y el otro Maymón , la última 
aguda, que también desciende por la dicha provincia; 
estos desaguan en la mar del Sur. Estos tres , con otros 
muchos arroyos grandes y de mucha agua , que por evi- 
tar largura no curo de nombar, y otros pequeños infi- 
nitos que estos en sí reciben , van á parar y salir al 
golfo de mar que arriba en cierto capítulo digimos lla- 
marse de Samaná, la última aguda. Cuando Yuna allí 
llega , y á otra provincia antes de Samaná que se llamó 
Canabócoa , la penúltima luenga , no se puede vadear, y 
todos los que con él se juntan pierden el nombre y él 
queda con el suyo, y así lo llamaban por allí los indios, 
Yuna. Hay grande copia de pescado destos rios juntos, 
en especial lizas muy grandes y muy buenas en las dos 



DE LAS 1^D1AS. 297 

dichas provincias Samaná y Canabocoa; y el rio destos 
que más abunda en estas lizas es el rio Camó , la última 
aguda, del cual, desde que nace, obra de dos leguas de 
la dicba ciudad de la Vega ó Concepción, solian pescar 
los indios, cuando eran vivos, grande cantidad. Los 10 
susodichos que van á parar al Norte rescibe Yaqui en 
sí, quitando el nombre á todos, quedándose con el suyo, 
y cierto es graciosísimo y hermoso rio, aunque á cada 
uno de los otros no le falta frescura y hermosura, agua 
suavísima y disposición de tierra y arboledas, aires sua- 
ves y alegría ; cuando están juntos , Yaqui ya no se va- 
dea. Van á salir en la mar, todos juntos con Yaqui, al 
puerto de Monte-Christi , como arriba se ha dicho; los 
arroyos grandes y chicos que en estos entran son infini- 
tos. Algunas de las provincias desta Vega están ya re- 
feridas en la primera vuelta, como la del Marien (y esto 
viniendo del principio de donde comenzamos á contar las 
provincias), y el Macorix, que nombramos, de abajo, y 
parte de la provincia de Higuey, la sílaba de en medio 
luenga, que es el fin de toda la Vega, y está á la costa del 
Sur, y que por ventura la podríamos aplicar al Macao, 
que era una población grande, la cual podría ser que fué 
cabeza de todo lo que eran llanos y parte ó cabo de la 
dicha Vega Real, como digimos en el capítulo 3.'', de 
manera que Higuey y Macao fuesen dos provincias; y 
parece haber razón para esto , por la diferencia grande 
que hay en grandeza y calidad , ser la de Higuey aque- 
llas mesas de piedra ó peña, y la del Macao muchas y 
grandes campiñas ó cabanas. A esta del Macao , que es ya 
el cabo de la Vega como he dicho, se consigue la de Sa- 
maná, en la misma Vega, y tiene un valle muy hermoso 
donde fué asentada una villa , una legua de la mar, que 
se llamó Santa Cruz de Icaguá, la última sílaba aguda, 
porque se debia llamar así el valle ó el pueblo de los 
indios que allí estaba ; á la de Samaná, la de Canabocoa, 
la penúltima sílaba luenga , y paréceme que deben ser 



298 HISTORIA 

diversas provincias estas dos. Esta provincia de Cana- 
bócoa era abundante de pan y pesquerías, como está di- 
cho. Las leguas que cada una tenía no puedo certificar, 
porque ha muchos años (y son más de 50) que estuve en 
la de Canabócoa ; paréceme que las podemos atribuir á 
ambas, si son dos, 20 leguas y más en torno. Entrando 
la Vega adentro , la cara hacia el Norte , porque las di- 
chas provincias de Samaná y Canabócoa están al Sur, 
no me acuerdo que tuviese nombre otra provincia hasta 
llegar á la casa y pueblo real del rey Guarionex , Señor 
desta Vega, que estaría de las dichas provincias ó po- 
blaciones 30 leguas, pocas menos, y esto es donde se puso 
la ciudad de la Concepción como después diremos; y 
pienso que se debia llamar todo su estado deste rey 
Guarionex, Magua, la última sílaba aguda, cuasi por ex- 
celencia, como si dijeran reino de la Vega, porque lla- 
maban los indios, á esta Vega Magua, en su lenguaje, 
como se ha dicho. Hay en esta Isla, mayormente en esta 
Vega, aves infinitas, los aires llenos dellas, naturales en 
ellas, como son palomas torcazas, tórtolas, gorriones, 
pezpitas,, garzas, ánades, ánsares de paso muchas por 
Navidad, y infinitos tordos negrillos , cuervos que dan 
gritos que apenas se pueden oír los hombres donde ellos 
están; hay aves de rapiña, como halcones muchos, no sé 
de qué especies, cernícalos, milanos, inmensidad de pa- 
pagayos verdes con algunas manchas coloradas. Y en 
esta Isla son tres especies dellos , mayores y menores y 
muy chiquitos , los mayores se llamaban por los indios 
higuacas, la sílaba de enmedio luenga, y éstos difieren 
de los de las otras islas en que tienen sobre €l pico ó la 
frente blanco, no verde ni colorado ; los de esta especie 
que hay en la isla de Cuba tienen sobre el pico ó la 
frente colorado. Estos higuacas son muy parleros, cuando 
les enseñan á hablar las palabras humanas. La otra espe- 
cie de los medianos son los que llamaban xaxabis; son 
muy más verdes, y pocos tienen plumas coloradas; son 



DE LAS INDIAS. 299 

muy traviesos y inquietos, bullidores, muerden y aíranse 
masque otros; nunca toman cosa de la habla humana 
por mucho que los enseñen , pero son muy chirriadores 
y parladores en su parlar natural. Diez destos xaxabis 
acometen á ciento de los higuacas y los desbaratan, 
y nunca en paz se juntan éstos con aquéllos. Vuelan 
j[íada especie muchos juntos por sí, y por donde quiera 
que pasan van todos, cada especie, voceando á su ma- 
nera, porque los higuacas tienen el sonido más entero y 
grueso, los xaxabis más delgado y agudo, y aunque 
no hablan los xaxabis palabras humanas, todavía, pues- 
tos enjaula, es placer vellos porque nunca están quietos 
ni callando. La tercera especie es de unos chiquitos como 
gorriones, verdes todos, y no me acuerdo que tengan 
alguna pluma colorada; hay pocos dellos, y cuasi no sue- 
nan ni hacen bullicio alguno, sólo por ser verdes y 
chiquitos parecen bien y son agradables. Hay lo mismo 
ruiseñores que cantan dulcísimamente todo el año, de 
lo que el Almirante se maravilló, y con razón, cuando 
los oyó cantar por Navidad, como en otra parte será di- 
cho. Hay los pajaritos que en el capítulo 3.'' digimos, 
que cantan á tres voces, y estos exceden á todas otras 
aves, aunque sean calandrias y ruiseñores. Hay eso mismo 
unos pajaritos poco más grandes que el dedo pulgar con 
algunas colorcitas hermo sitas , que no vuelan más altos 
del suelo , de una lanza , y su volar es cerca de arboli- 
tos y ñorestillas bajas ; de tal manera suenan y con el 
ronquido hacen estruendo como si fuesen puercos gran- 
des , y uno sólo que por cerca del hombre suene no le 
parece sino que es algún pu^erco berraco. Toda esta Isla 
es refrescada de los suavísimos aires ordinarios, que son 
los que Uaman los marineros terrales , conviene á saber, 
los vahos y frescores fresquísimos que producen de sí los 
muchos ríos y arroyos y frescos valles. Estos refrescan 
las noches, y comienzan cuasi á las diez de la noche y 
duran hasta las diez del dia, y de allí adelante comien- 



300 UISTORIA 

zan en los puertos de mar los templados y suaves aires 
que los hombres de la mar llaman mareros ó embates, 
y estos duran también hasta las diez de la noche , que 
ellos cesan y tornan á ventar los terrales; pero en 
esta Vega, de las diez del dia en adelante, vientan las 
suaves y sanísimas brisas ó cuasi vientos orientales y 
boreales, más recios algo que los mareros, aunque sua-^ 
ves, y todos muy sanos naturalmente, los cuales re- 
frescan y alegran y consuelan todas las cosas vivas que 
moran y habitan en esta Vega, por manera que nin- 
guna cosa le falta para ser felicísima y los verdaderos 
terrestres Campos Elíseos. 



Í)É LAS ÍNDÍAS. 301 



CAPITULO X. 



Los mantenimientos que habia en esta Isla naturales 
fueron el pan de raices, de que abajo se dirá; cuanto á la 
carne, habia unos conejos de hechura y cola propia de 
ratones, aunque poco menos grandes que conejos de los 
de Castilla, muy sabrosa y muy buena carne, y comun- 
mente vivian y criaban entre la yerba, y no en los mon- 
tes, no en madrigueras ni cuevas, sino en la superficie de 
la tierra, de los cuales habia infinitos. Estos eran de cua- 
tro especies; una se llamaba quemí, la última silaba 
aguda, y eran los mayores y más duros ; la otra especie 
era las que se llamaban hutias , la penúltima luenga ; la 
tercera los mohics, la misma sílaba luenga; la cuarta era 
como gazapitos, que llamaban curies , la misma silaba tam- 
bién luenga , los cuales eran muy sanos y delicatísimos. 
Tenian unos perrillos chiquitos como los que decimos de 
halda, mudos, que no ladraban sino gruñían, y estos no 
servían sino para los comer. Tenian ratones chiquitos, y 
muy chiquitos, que también comian, grandes como los 
de Castilla no los habia hasta que nosotros vinimos, ó que 
salieron de los navios en las cosas que trajimos de allá ó 
se criaron del orin del hierro ó de la corrupción de nues- 
tras cosas de Castilla, de los cuales hobo después y hay 
hoy harta abundancia. Cuando los indios vecinos desta 
isla querían cazar muchos, ponian fuego á las cabanas ó 
yerbazales, y huyendo del fuego los conejos iban á parar 
donde la gente los esperaba. Habia otra caza, según ellos 
muy preciada , y aun según muchos de nuestros espa- 
ñoles después que la gustaron , y esta fué las que lla- 
maron iguanas , propias sierpes ; es tan grande como un 



302 



HISTOÍMA 



perrillo de halda, de la hechura de un lagarto, pintada 
como él, pero no de color verde las pinturas ó azafra- 
nadas, sino pardas que la afean más, tiene un cerro de 
espinas desde la cabeza por el lomo hasta lo postrero de 
la cola, que la hace más horrible y espantable; cuando 
la iban á tomar los indios, hacia y hace un papo como las 
lagartijas, más grande ó tanto como una vejiga de 
una gran ternera, y abre la boca y muestra los dientes 
como una fiera sierpe, como lo es al parecer, pero no 
hace mal, y fácilmente la prenden y atan y traen; la 
cola della es blanca como pechuga de gallina. Dicen los 
españoles comunmente que no hay tan sabroso manjar, 
pero yo nunca la he podido comer, aun en los tiempos 
primeros que en esta Isla tuvimos necesidad ; cómenla 
en viernes por pescado, criándose en la tierra y montes 
como los otros animales, no sé dónde lo hallaron que 
fuese pescado. En esta Isla hay grandes y muchas cu- 
lebras, todas cuasi pardas, las cuales ni tienen ponzoña 
ni hacen mal; arremetia un indio á ellas, y lo primero 
era echalle mano de la cabeza , y con los dientes se la 
estrujaba, y la culebra se le revolvía al brazo, después 
de muerta la hacia rosca y ataba ; este también era su 
manjar. Otras culebras hay en los remansos de los rios, 
pero pocas, que son verdes, las cuales creo que son pon- 
zoñosas, puesto que la fama es que en esta Isla ninguna 
cosa de ponzoña hay; éstas ni las comian ni las curaban 
de matar. Tenía otro mantenimiento la gente de esta 
Isla, y este era la abundancia del pescado; hacian mu- 
chas pesquerías, los que alcanzaban la mar, en la mar 
con redes y anzuelos hechos de hueso, y los que no, 
pescaban en los rios ; los pescados de la mar eran lizas, 
de las que arriba hemos dicho, xureles , parbos , róbalos, 
mojarras, y también dorados, y este es pescado precioso, 
pero no se pesca sino muy dentro en la mar; estos géne- 
ros de pescados son los mismos de Castilla; hay cazones y 
otros excelentes pescados, y agujas y anguilas muy gran- 



DE LAS INDIAS. 



303 



des, y las que llaman morenas. Hay en la mar, y entran 
tambien^n los rios , nnos peces de hechura de cazones 
ó al menos todo el cuerpo , la cabeza bota, y la boca en 
el derecho de la barriga, con muchos dientes, que los in- 
dios llamaron tiburones , bestia bravísima y carnicera de 
hombres; el mayor terna de luengo 10 ó 12 palmos, de 
gordo, por lo más, poco menos que un hombre; tranzan 
una pierna de hombre y aun de un caballo dentro del 
agua; son muy golosos, con que cualquiera cebo que 
pongan de carne ó pescado , en un anzuelo de cadena, 
luego caen y se toman. Historias hay de lo que tragan; 
cualquiera cosa que se eche de los navios á la mar, y 
aunque sea estiércol, lo engullen sin dejar nada. Des- 
pués que los toman y abren el buche, se hallan dentro 
todas las cosas que han tragado, y ha acaecido pedazos 
de botijas de barro hallarse dentro del buche, y creo que 
yo he visto algo dello si no lo he olvidado. Si una vez 
los prenden con el anzuelo , y al subir en el navio , como 
es muy pesado, se desgarra, no por eso escarmienta, sino 
que por su golosina, tornándole á echar cebo, tarde que 
temprano , si la nao no anda mucho , es tomado ; cómese 
como cazón, bien harto y cubierto de ajos, y con él har- 
tas veces se mata en los navios la hambre. Hay infinitos 
crocodilos de los que se dice haber en el Nilo , que lla- 
mamos impropiamente lagartos , pero no son sino croco- 
dilos naturales ; no tienen la cabeza roma como los la- 
gartos, sino muy salido el hocico de la manera de los 
del p.uerco, y más de dos ó tres palmos; tiene cuatro 
pies con sus u:ñas, y gran cantidad de dientes muy agu- 
dos que parece poder tronzar una barra de hierro ; muy 
más fiera y cruel bestia es para comer hombres que los 
tiburones; llegan á tener 10 y 15 codos de longura, 
y yo los he visto muy grandes. Tienen los machos su 
natura para engendrar (puesto que no sé si usan de 
aquel instrumento para la generación ) , de la manera que 
la tienen los niños de cuatro y cinco años, y toda la 



304 



íhstoíUa 



gordura de alrededor della es almizque verdadero, y lo 
mismo es las agallas; es tan penetrativo aquel ^or, aun- 
que muy suave, que pone hastío quitando la gana de 
comer; yo tengo al presente dello, y ha más de 16 años 
que lo tengo y huele hoy tanto como si fuera ayer 
cuando se sacara. Viven de noche^ en el agua, y de dia 
en la tierra; puédense matar con anzuelo de cadena en 
el agua , con cebo , y cuando están en tierra durmiendo 
con alguna ballesta dándoles por la barriga, pero si le 
dan por encima, un arcabuz no lo matará por la dureza de 
las conchas ó cuero que tiene. Es pecoso de manchillas 
amarillas como azafranadas, y por eso se dice crocodilo, 
de croco, que quiere decir azafrán; uno solo se halló en 
esta Isla, en la punta del Tiburón, á la mar del Sur. La 
abundancia dellos es en tierra firme, muchos hay en la 
costa del Sur de la isla de Cuba, en un rio que se llama 
Caulo; dícese que éste, entre todo, los animales, mueve 
la quijada ó mejilla de arriba. Hay en esta mar, en es- 
pecial por estas islas, á la boca de los rios, entre el 
agua salada y dulce, los que llamaban los indios mana- 
tíes, la penúltima sílaba luenga: estos se mantienen de 
yerba, la que nace en el agua dulce junto á las riberas. 
Son tan grandes como grandes terneras, sin pies sino con 
sus aletas, con que nadan, y bien tienen tanto y medio 
como una ternera; no es pescado de escama, sino de 
cuero como el de las toninas ó atunes , ó como de ba- 
llenas; el que lo comiese delante quien no supiese qué 
era, en Viernes Santo, creería que comía propia carne, 
porque así lo parece ; es muy más sabroso y precioso que 
ternera, mayormente los que se toman pequeños, echa- 
dos en adobo como se suele comer la ternera. En todas 
las cosas que comían estas gentes, cocidas, ó asadas ó 
crudas, echaban de la pimienta que llamaban axí, la úl- 
tima sílaba aguda, la cual ya es en toda España cono- 
cida; tiénese por especia sana, según acá dicen nuestros 
médicos, y la mejor señal es comella mucho los indios, 



DE LAS mniAS. 305 

porque esto es cierto, que en no comer cosa que sea da- 
ñosa eran temperatísimos. Hay tres especies de esta pi- 
mienta ó axí; la una grande, cuasi como un dedo, y que 
llega á pararse muy colorado, y otra redonda, que pa- 
recen propias cerezas, y esta especie quema más, y am- 
bas las dichas son domésticas; la tercera es menudita 
como la pimienta que conoscemos , y ésta es toda sil- 
vestre que nasce sin sembralla en los montes. Y es aquí 
de saber, que sólo aquello es lo que quema en esta pi- 
mienta ó axí, conviene á saber, la simiente y unas lis- 
ticas ó rayas ó cejas que hacen dentro los apartamientos 
donde suele estar la simiente; todo lo de en medio, que 
no toca á las dichas rayas ó granitos de simiente, dulce 
y suave es. Tornando al pan, que llamaron los indios 
cazábi, la penúltima luenga, este es el mejor pan que 
creo yo haber en el mundo después del de trigo, porque 
es muy sano y muy fácil de hacer, y pocas personas y en 
pocos dias pueden aparejar cantidad para provisión de 
mucha gente, y sostiénese mucho tiempo; este defecto 
tiene , que para solo no tiene sabor ni gusto , sino poco, 
pero con manjar que haga cocina sabrosa, y también 
para con leche, muy mejor es que aun el de trigo. Pé- 
nese, y criase, y cógese y amásase de la manera si- 
guiente: Hacian los indios unos montones de tierra, 
levantados una vara de medir y que tenian en con- 
torno 9 á 12 pies, el uno apartado del otro dos ó tres 
pies, todos por su orden, rengleras de 1.000 y 2.000 
y 10.000 de luengo, y otros tantos de anchura, según la 
cantidad que determinaban poner ; hechos los montones 
tomaban la planta, que son unas ramas tan altas como 
un hombre , y como los sarmientos de las vides cuando 
están tiernas y verdes con sus yemas, puesto que muy 
más gruesas y aun más hermosas y más verdes oscuras 
que los sarmientos que digo de nuestras viñas , y hacen 
pedazos dellas de á palmo ó poco más de palmo, y hincan 
seis ó ocho ó nueve dellos, las yemas hacia arriba, en la 
Tomo V. 20 



306 HISTORÍA 

corona de cada montón, por su orden, apartados uno de 
otro, á la manera de un alquerque con que entre nos- 
otros se juega, con tres ó cuatro rengleras, según el 
montón es, dentro todo en la tierra, salvo dos ó tres de- 
dos que dejan fuera: la cual postura en tiempo que no 
llueve, sino que en polvo esté la tierra, debe ser. Sobre- 
viniendo después las aguas, prenden aquellos pedazos 
que de á palmo fueron puestos , y de cada yema de las 
que quedaron fuera de la tierra se produce su ramilla, y 
éstas van creciendo ; y cuanto las ramg.s crecen y suben 
en alto por de fuera,. tanto se arraigan y crecen de den- 
tro de la tierra las raices, asi en grandeza, que será de 
dos y de tres palmos (de la hecliura de zanahorias aun- 
que no de aquella color), como en gordura, que llega a 
ser gruesa como una pierna, y á las veces como el muslo, 
y otras veces, según la fertilidad de la tierra , algo más. 
Luego, como son presos aquellos pedazos de planta, en las 
puntas dellos brotan las hojas, y creciendo crecen ellas, 
y de las ramas principales nacen otras ramillas, y luego 
sus hojas encima de las puntas dellas; son las hojas 
como una mano abierta y extendidos los dedos, es muy 
hermosa y verde oscura, con una listilla que tira algo á 
coloradilla ó un poquillo bermejuela. Cuando esta la- 
branza es ya de cuatro ó cinco meses, que hace copa la 
hoja, es tan hermosa de ver de lejos y de cerca, que ni 
nuestras viñas por Mayo ni Junio , ni otra alguna huerta 
ni labranza puede parecer más hermosa, mayormente 
cuando la labranza es grande que tiene 20 ó 30.000 mon- 
tones de luengo juntos y 5 ó 10.000 de ancho, porque 
ocupa gran campo , sólo carecen de olor del que abun- 
dan las viñas en Castilla. Después de puestas estas plan- 
tas, hasta un entero año no están las raices, para hacer 
pan dellas, sazonadas, puesto que, á necesidad, bien se 
podria hacer y comer; de un año en adelante puédanse 
coger y hacer pan, pero mejor después de año y medio 
pasado, y mejor de dos, y duran hasta tres, que pueden 



DE LAS mt)IAS. 307 

estar debajo de la tierra sin dañarse, j así se va co- 
miendo dellas. Después de tres años son ya viejas y du- 
ras y no buenas para hacer pan sino fuere para los puer- 
cos ó para el muladar , por manera que después de un 
año se comienza á hacer pan dellas el que es menester, 
y estáse siempre en el campo el resto, que aunque 
llueva ó ventee no le hace daño hasta los tres años, 
como dicho es. Dentro del primer año es menester des- 
yerbarse toda la labranza dos veces, porque nace mucha 
yerba como la tierra es tan fértil, después del año no es 
menester. Esta labranza, en el lenguaje de los indios 
desta isla, se llamaba conuco, la penúltima luenga, y 
las raices yuca , luenga la primera silaba, y la planta yu- 
cubia; la color de las raíces es como leonada oscura 
una tez que tienen muy delgada por encima , pero qui- 
tada ó raspada con una concha como de almeja, aquella 
tez, todo lo demás es blanco como la nieve, al menos 
más blanco que un nabo raido; esta yuca ó raíces de 
que hacen el pan es tal, que quien las comiese así cru- 
das moriría, por el zumo que tienen, que es ponzoña, 
como abajo diremos. Hay otras raíces que llamaron los 
indios ajes y batatas, y son dos especies dellas; estas 
postreras son más delicadas y de más noble naturaleza 
en su especie; siémbranse de planta en montones de la 
manera que de la yuca se ha dicho, pero la planta es 
diversa. La planta de estas raíces es á la manera de las 
calabazas de nuestra tierra, pero es muy más hermosa 
y delicada; no tiene aquellas como espinitas que la 
planta de las calabazas tiene, sino más suave, delgada, 
limpia ó lisa, y las hojas del tamaño, y así arpadas y 
tan lisas suaves y hermosas , como la de las vides ó vi- 
ñas de Castilla. Estas, á cuatro y á cinco meses después 
de plantadas á ser comestibles vienen. Plántanse en los 
montones dichos un palmo ó dos de aquellas ramillas, 
ó como correas , la mitad dentro de la tierra , en cinco ó 
seis partes de la corona del montón, y por la orden de la 



308 HISTORIA 

planta de la yuca que está diclia, las cuales luégo^cón 
el sol se amortiguan y marcliitan como que se mueren, 
pero fácilmente prenden y reviven, y tanto crecen las 
raíces que crian dentro de la tierra, cuanto la planta por 
la tierra cunde, y como la de las calabazas se extiende: 
no son mayores que nabos grandes ó zanahorias peque- 
ñas. Llámase la dicha planta yucaba, la media sílaba 
luenga; cómese cocida como espinacas ó acelgas con 
aceite y vinagre, y crudas son buenas también para los 
puercos. Estas raíces de ajes y batatas no tienen cosa 
de ponzoña , y puédense comer crudas y asadas y coci- 
das , pero asadas son más buenas , y para que sean muy 
mucho buenas, las batatas especialmente que son de 
más delicada naturaleza, hánlas de poner 8 ó 10 dias al 
sol rociadas primero y aun lavadas con un escudilla de 
salmuera, más agua que sal, y feubiertas por encima de 
rara yerba porque no les dé todo el sol , lo cual hecho, 
las que se quieren comer asadas , mietidas en el rescoldo 
del fuego hasta que ellas estén tiernas , salen enmela- 
das como si las sa^casen de un bote de conserva ; y si las 
quieren cocidas hinchan una olla de ellas y echen den- 
tro una escudilla de agua, no para cocellas , sino porque 
la olla, estando seca en el principio , no se quiebre , y cu- 
bran la olla con hojas de la planta dellas, ó de vides ó 
de otras hojas buenas, para que no salga el vaho fuera, y 
cociendo así una, ó dos, ó tres horas, ó lo que menester 
fuere, porque no han menester mucho tiempo, embé- 
bese aquella agua y sale otra tanta miel ó almíbar, y 
ellas todas enmeladas como si fuesen una conserva, pero 
harto más sabrosas que otra cosa muy buena. Y cierto 
en ninguna parte del mundo parece que puede haber 
tantas ni tales raíces como las destas tierras; las bata- 
tas de la provincia de Xaraguá eran las mejores de toda 
esta Isla por excelencia. Habia en esta Isla, y ponían ios 
vecinos naturales della, otras raíces tan gruesas y re- 
dondas como unas chicas pelotas, que llamaban lere- 



DE LAS INDJAS. 309 

nes; las hojas dellas eran como de coles, las que llaman 
yantas, pero más hermosas j más lianas y anchas, y 
las ramas ó mástiles que tienen la hoja son más ties- 
tas y levantadas. Otras raíces habia que llamaban ya- 
• hubias,. que no hallo en las cosas de Castilla á qué 
comparallas; todas estas buenas y sabrosas de comer 
cocidas y asadas, pero ninguna se iguala con los ajes 
y batatas. Sin todas estas raíces, que eran domésti- 
cas y los indios las sembraban ó plantaban y cultiva- 
ban, hay en los montes otras que llamaban los indios 
guayaros, la sílaba de en medio breve, que tienen la 
hechura y blancura de chiquitos rábanos, buenas de 
comer asadas , pero para los puercos muy sabrosas y de- 
seadas , y por esta raíz y otras muchas montesinas y 
frutas que hay en esta Isla, que los puercos comen, y 
con que se crian , es tan sabrosa y tan sana y comes- 
tible su carne. Otrafructa tenían, que sembraban y se 
criaba ó hacia debajo de la tierra, que no eran raíces sino 
lo mismo que el meollo de las avellanas de Castilla, 
digo que eran ni más ni menos que las avellanas sin 
cascara, y estas tenían su cascara ó vaina en que nacían 
y con que se cubrían muy diferente que las avellanas, 
porque era de la manera como están las habas en sus 
vainas cuando están en el habar, puesto que ni era verde 
la vaina ni blanda , sino seca, cuasi dü la manera que 
están las vainas de las arvejas ó de ios garbanzos en 
Castilla cuando están para cogerlas; llamábase maní, la 
última sílaba aguda, y era tan sabrosa que ni avellanas 
ni nueces, ni otra fruta seca de las de Castilla por sabrosa 
que fuese, se le podia comparar. Y porque siempre se 
comía della mucha por su buen sabor, es luego el dolor 
de la cabeza tras ella , pero no comiendo demasiada ni . 
duele la cabeza ni hace otro daño; háse de comer siem- 
pre, para que sepa muy bien, con pan cazabi, ó de trigo 
sí lo hay. 



310 



UJSTORIA 



CAPÍTULO XI. 



Queda por decir el cómo se amasa el pan cazabí , y 
cuan fácilmente y cuánto provecho sale del , porque 
por entremeter todas las raíces domésticas de que la 
gente desta Isla para su mantenimiento usaba, no ha 
tenido en el precedente capítulo esto su lugar. Pasado, 
pues, el año , que es el tiempo del cual en adelante tiene 
su sazón el conuco, ó labranza, ó la yuca que son las 
raíces, para comenzar á hacer pan dellas ó del, van dos, 
ó tres, ó cuatro hombres ó mujeres al conuco ó labranza, 
y sacan fácilmente y sin trabajo, con un palo escarbando, 
las raíces ó yuca de los montones, (como sea tierra 
mollida y allí ayuntada, puesto que con las aguas se 
aprieta algo), de cada rama que se hizo de cada tarazón 
de 9 ó 10 de los que de á palmo plantaron, dos y tres 
y cuatro raíces mucho mayores que zanahorias y más 
gruesas, como se dijo, por manera, que de cada montón 
sacan cuasi media carga y aun buena de un asno ; y si 
la tierra es holgada y muy fértil , como la hay en mu- 
chas partes, dá mucha más de la señalada. Traidas estas 
raíces á casa, que comunmente junto está la labranza, 
la cantidad dellas que quieren traer, con aquellas Con- 
chitas que dije como almejas , ó las que llamamos en Cas- 
tilla veneras, raspan aquella tez ó hollejo, que dije ser 
cuasi como leonada , y quedando la raíz como la nieve 
blanca , rayanlas en unas piedras ásperas sobre cierto le- 
cho, al cual llamaban guariqueten, la penúltima breve, 
que hacen de palos y cañas puestas por suelo de unas 
hojas ó coberturas que tienen las palmas, que son como 
unos cueros de venados; finalmente, como si lo rallasen 



DE LAS INDIAS. 



311 



en una artesa para que aquella masa no se caiga , que es 
como la que podría salir de muchos nabos en un rallo 
rallados que estaria con mucho zumo blanco como es 
la masa dellos, de aquesta misma manera es la masa de 
la yuca. Después de rallada la cantidad que determi- 
nan rallar, cúbrenla con las hojas de las palmas que 
dije y diré abajo, placiendo á Dios, y d^anla cuasi como 
para livdar fsicj hasta otro dia; tienen una manga que 
llaman cibucam, la media silaba breve, hecha de em- 
pleita de palma, de braza y media ó poco más y ancha 
cuanto quepa un brazo , la cual tiene un asa á cada cabo, 
de donde se pueda colgar; esta manga hínchenla de 
aquella masa, muy llena y apretada, y cuélganla de la 
una asa de alguna rama de un árbol, y por la otra asa me- 
ten un palo de dos brazas ó poco más, y metido el un 
cabo del palo en un agujero del árbol junto á la tierra, 
siéntanse dos y tres mujeres ó personas al otro cabo del 
palo, y están allí una hora ó más sentadas, y asi se aprieta 
y exprime toda aquella agua y jugo de la dicha masa. Sá- 
canla después de la manga ó cibucam, y queda ni más 
ni menos que si fuese alfeñique blanco y apretado , no 
seco sino sin zumo, que es placer verlo cuan lindo está. 
Tienen luego un cedazo algo más espeso que un harnero 
de los con que aechan el trigo en Andalucía, que lla- 
maban híbiz, la primera sílaba luenga, hecho de unas 
cañitas de carrizo muy delicadas, y allí desboronan 
aquella masa ya vuelta en otra forma, la cual, como esté 
seca ó enjut^ sin el agua ó zumo que tenía, luego se 
desborona con las manos, y, pasada por aquel híbiz ó ce- 
dazo, queda cernida muy buena harina, y en el cedazo al- 
gunas granzas ó pedacillos de la yuca que no fué bien 
rallada. La harina así limpia y aparejada, tienen ya los 
hornos calientes, tres y cuatro, si quieren hacer cantidad 
de pan; estos hornos son como unos suelos de lebrillos 
en que amasan y lavan las mujeres de Andalucía; final- 
mente, son. hechos de barro, redondos y llanos, de dos 



312 niSTORiA 

dedos en alto , como una rodela grande que estuviese no 
por medio levantada sino toda llana: esto llamaban 
burén, aguda la última. Tiénenlos puestos sobre tres ó 
cuatro piedras, y debajo todo el fuego que cabe, y, ellos 
así bien calientes, echan la dicha harina por todo el 
horno de dos dedos asimismo en alto, y está un cuarto 
bueno de.hora*cociéndose de aquella parte; después 
vuelven la torta con una hoja ó vestidura de palma, que 
es como si fuese pala* ó tabla muy delgada , de la manera 
que se vuelve una tortilla de huevos en la sartén con un 
plato , la cual está cociéndose de aquella parte otro tanto, 
y, cocida , queda la torta de altor de medio dedo , y muy 
blanca y algo rosada; pónenla luego al sol, donde se 
tuesta en dos ó tres horas y se para tan tiesta como si 
fuese un plato de barro cocido ó una tabla, pero al tiempo 
del comer, luego ó después de muchos dias que lo ponen 
en la mesa, pártenlo á pedazos con la mano, el cual 
luego se parte y poco menos suena al partir que si par- 
tiesen un plato; metiéndolo en caldo de la olla se han de 
dar priesa á sacallo luego , porque no se quede todo des- 
hecho en la escodilla como si fuese una oblea. Queda 
blandísimo y sjiave, y cuasi enjuto, después de sacado del 
caldo y puestos los pedazos en un plato , del cual pueden 
comer suavemente mozos y viejos sin dientes, harto 
mejor, al menos lo viejos, que del pan de trigo; hacíase y 
hácese muy delgado , y muy más lindo y blanco , para 
poner á la mesa para los Señores, cuasi como unas muy 
hermosas obleas, cuando es rallada la yuca^n unos cue- 
ros de pescado como cazón, que los indios llamaban libuca, 
la media sílaba luenga, el cual cuero tenían apegado á 
una piedra , ó cubierta la piedra con él , sobre que ralla- 
ban, y las tortas delgadas que desta masa rallada en 
aquellos cueros hacian, llamaban xabxao; en las piedras 
comunes rallado, hacian las tortas más gruesas para 
mantenimiento de mucha gente , y así cuando querian lo 
diferenciaban. Después de puesto al sol aquellas, dos, ó 



DE LAS INDIAS. 313 

tres, ó cuatro horas ó poco más, en las cuales se seca y 
hace bizcocho , como es dicho , cuando se hace cantidad 
ponen las tortas en unos cadalechos de palos ó cañas sobre 
unas horquetas , medio estado altas del suelo , y dura dos 
y tres años sin dañarse, tan bueno como si hobiera un mes 
que se hobiera hecho , pero hánlo de guardar de goteras 
y de agua, porque luego se deshace y no aprovecha para 
cosa sino para echarlo á los puercos y á las aves. Tiene 
cada persona que comer en dos arrobas de aquel pan 
ó de aquellas tortas un mes bueno en abundancia. Salen 
comunmente de cada millar de montones 200 arrobas, 
que son cien cargas de las de los indios , porque á dos 
arrobas se mandó que echasen en cada carga; puesto 
que nunca lo han guardado los españoles ó pocas veces 
lo han guardado que no echen más á un indio, y aun 
tres y cuatro han acostumbrado á echar. Tierras hay 
muchas en esta Isla, que de un millar de montones se 
sacarán 150 y 170 cargas de pan cazabí, que. como 
dicho es, cada carga tiene dos arrobas. Y reducida toda 
la facilidad con que se hace planta y cria y amasa 
este pan, y el aprovechamiento del, á cierto compendio 
y brevedad, sumámosla así: que 20 personas de trabajo 
que trabajen un entero mes, seis horas no más cada 
5ia, harán tanta labranza de estos conucos, que dije 
llamarse , cuanto puedan comer de pan 300 personas en 
dos años, y antes me acorto que alargo; mayormente 
que arada la tierra con bueyes, como hay dellos tan 
grande abundancia, y alzando los montones con azadas 
de hierro, no como los pobres indios, que con un palo de 
una braza, tostada la punta y en tierra virgen y dura, la 
cavaban y los alzaban, es manifiesta hoy la ventaja. 
Amasarán y cocerán cinco ó seis mujeres, con cinco bu- 
renes ó hornos de los q"np digimos , cada dia 50 y 60 ar- 
robas deste pan, que son 25 ó 30 cargas, con que comerán 
mil personas largas, mayormente que ya no es menester 
para sacar ó exprimir el zumo ó agua de las raíces ó 



314 üisroRiA 

yuca las mangas de empleita . ni sentarse las mujcros en 
el palo, porqne ya hay, y se pueden hacer cada dia, unas 
prensillas de husillo , que en un credo se puede todo 
el agua ó jugo exprimir sin alguna tardanza ó trabajo. 
Y así creo que consta bien clara la facilidad con que se 
hace aqueste pan, y la utilidad y provecho que dello se 
saca y puede sacar. Y esta es y ha sido, y no otra, la 
causa porque no hay en esta Isla más trigo que en Si- 
cilia, ni en Italia ni en toda España, conviene á saber, 
que como los españoles no hayan venido ni vengan á 
estas Indias por otro fin, ni tengan ni hayan tenido otro 
intento, el que más asentado parece que está, sino haber 
oro y las riquezas que haber pretenden á costa de las 
vidas y trabajos ajenos, y tornarse á Castilla á las pom- 
pear y gozar como esta Historia por su discurso mos- 
trará, constándoles la facilidad y ganancia deste pan, 
mientras les duraron los indios que en servidumbre tu- 
vieron, hasta que en ella los acabaron en las minas y 
•en otros trabajos, no curaban de hacer más deste pan 
para con que los indios les sirviesen , porque , para sí 
mismos, con dos pipas de harina que traian los navios de 
Castilla, que les costaban á diez castellanos, tenían que 
comer un año; después de aquellos muertos que mataron 
á los indios, sucedieron otros vecinos que hoy en esta Isla 
hay , los cuales comenzaron á traer negros que en lu- 
gar de los indios pasados heredaron los trabajos, y hallan 
el mismo provecho y aun mayor en los ingenios de azú- 
car y otras granjerias, y el pan para mantener aquellos 
tan á la mano , ¿quién les ha de boquear en que á sí mis- 
mos y á la gente que tienen ocupen en arar, y cavar, y 
hacer molinos y aceñas, y semejantes cuidados de dónde 
no han de haber más utilidad de tener pan, teniéndolo 
de Castilla para sus personas 'pqf 10, ó 20, ó 30 castella- 
nos? Si en esta Isla no hobiera pan, ó no tal pan, más 
trigo y mejor pan hobiera del que en todo lo poblado del 
mundo , y de no habello hoy ninguna otra ha sido la 



DE LAS INDIAS. 315 

causa. Con esta cosa de maravillar quiero acabar lo 
que toca á este pan , y es, que aquella agua ó zumo, que 
es mucha, que tiene y sale de la dicha masa, y la llaman 
los indios hyen, es de tal naturaleza , que cualquiera que 
la bebiese así cruda como sale , moriria como si bebiese 
agua de rejalgar, con la cual se han muerto á sí mismos 
muchos indios, bebiéndola desesperados, en esta Isla y 
en la de Cuba, por salir de la vida tan amarga que los 
españoles les daban, según que en otra parte se dirá; 
pero con un hervor que se dé ai fuego , pierde la ponzoña 
y queda hecho vinagre sabroso para guisar algunos gui- 
sados que requieren agro ó vinagre , y así los hacian los 
indios y yo comí algunas veces dellos. Sembraban y co- 
gian dos veces en el año el grano que llamaban mahíz, 
no para hacer pan del , sino para comer tierno por fruta 
crudo, y asado cuando está en leche , y es muy sabroso, 
y también hacian del cierto potaje, molido y con agua; era 
menudo y de muchas colores, morado y blanco y colorado 
y amarillo , todo esto en un macera , llamábanlo mahíz, 
y desta Isla salió este nombre. 



316 HISTORIA 



CAPITULO XIL 



Habia en esta Isla algunas frutas silvestres por los 
montes , y dellas muy buenas , ninguna, empero , domes- 
tica, porque no curaban de tener huertas ni frutales los 
indios, como se dirá, el contrario de los de Tierra Firme, 
sino que cuando las topaban acaso, las comian, la mejor 
de las cuales, y quizá de gran parte del mundo , eran los 
que llamaban mameyes , que arriba digimos haber de su 
origen sólo en la punta desta Isla, que se llamaba la 
Guacayarima ; las que llamamos pinas , que es fruta en 
olor y sabor admirable, no la habia en esta Isla, sino 
que de la isla de San Juan se trujo , y por esto aquí no 
hablo hasta su lugar della. Habia las que llamaban gua- 
yabas, la penúltima silaba luenga, y éstas son muy 
odoríferas, sabrosas también, pero las desta Isla eran 
chiquitas; las que hoy hay, y está la Isla llena dellas, 
■que son muy mayores y muy más hermosas y más sa- 
brosas y más olorosas, fueron traídas de Tierra Firme, y, 
cierto, es fruta de harta golosina. Habia otra mucho 
buena y suave, muy sabrosa, pueste que no odorífera, 
tan grande como un membrillo, que no es otra cosa sino 
una bolsa de natas ó mantequillas, y así es blanco y 
más ralo ó líquido que espeso, como manteca muy blan- 
da, lo que della es comestible; tiene dentro algunas pe- 
pitas negras y lucias, como si fueran de azabaja, tan 
grandes como piñones con sus cascaras, aunque muy 
más lindas; la cascara ó bolsa donde está lo comestible 
es como entre verde y parda , la cual llamaban los indios 
annona, la penúltima luenga. Otra fruta hay que se 
llama hovos, propios como ciruelas, sino que son ama- 
rillos y tienen los cuescos grandes y poca carne , pero lo 
que tienen es muy sabroso mezclado con un poco de 



TíK LAS INDIAS. 317 

agro, y sobre todo es muy odorífero, y no liay cosa que 
más coman los puercos, y vayan 10 leguas al olor por 
buscalla; los árboles son muy grandes y altos y gracio- 
sos á la vista, la hoja es no del todo redonda, del tamaño 
de un real de plata, verde clara; cocida en agua es muy 
buena para lavar las piernas los que las tienen malas. 
Hay otra en esta Isla que llaman guanábanas , la penúl- 
tima silaba breve , que son tan grandes como unas bolas 
de jugar birlos; la corteza tienen verde clara, y unas 
como tetillas de niño, con unas espinitas en ellas; lo de 
dentro, y que es de comer, algo amarillo, y como un 
muy maduro y tierno melón. Son muy sabrosas , con un 
poco de agro que le dá el buen sabor ; hay en cada una 
que comer dos hombres. Otra fruta hay del tamaño de 
una almendra , sin cuesco , y de aquella cuasi hechura, 
colorada como una guinda ó cereza, poco menos, y creo 
que tanto sabrosas que ellas, y así zumosas y frescas 
como ellas. Otra es llamada pitahaya , la penúltima sí^ 
laba luenga ; es colorada la cascara por de fuera y tiene 
ciertas espinas no buenas en ella, lo de dentro es cuasi 
como lo de una madura breva , con unos granitos muchos 
negros como los de los higos paharies de Castilla , y de 
la hechura de la breva; algo es sabrosa y fresca. El árbol 
en que nace son unas pencas luengas , de la naturaleza 
de las cabilas de Castilla , de que creo hacen el acíbar, 
aunque las cabilas están nacidas en la tierra y sus pen- 
cas son muchas y derechas desde abajo arriba, y las 
pencas de las pitahayas sale una de la tierra y encará- 
mase en otros árboles y cunde al través y al revés por 
ellos que parece culebra, y desta salen otras pocas de 
pencas, y todas llenas de espinas no muy buenas ; final- 
mente, nunca están solas sino entre otros árboles de 
otra especie que las sostienen. Otra es redonda como 
una gran lima ó una naranja pequeña, es amarilla clara 
la cascara por de fuera ; lo de dentro , que se come , es 
cuasi como lo de la pitahaya , puesto que no tan bueno, 



318 HíSToniA 

el nombre no me acuerdo ; nace en unos espinos de espi- 
nas bravísimas, los cuales no hay á qué comparallos, 
sino que hasta un estado en alto es tan gordo como un 
gordo muslo, de allí salen dos ó tres como cirios, muy 
derechos , cuasi juntos y como labrados por un entalla- 
dor, con sus follajes, para poner en un retablo, llenos, 
empero, de grandes espinas como alfileres grandes, y 
aun agudas como agujas de acero, sin otra hoja alguna. 
Hay unos árboles grandes, mayores que grandes noga- 
les , que producen unas uvas del tamaño de guindas, 
entre coloradas y leonadas, sabrosas; no se me acuerda 
el nombre dellas. Otro árbol hay que parece algo en las 
hojas á grandes higueras, aunque es mayor y las hojas 
mayores, y algo más abierto en las ramas y brazos que 
tiene que las higueras, que llaman yabruma, la penúlti- 
ma luenga , todo el mástil ó tronco del y las ramas tiene 
huecas y cuasi como canutos de las cañas de Castilla. 
Este dá una fruta pardilla que parece gusano, tan com- 
plido y grueso como un buen dedo, y está también hueco; 
esta fruta sabe cuasi como higos pasados, porque tiene 
dentro de sí cierta dulzura como miel, y pasarse hia al 
sol como se pasan los higos. Otra se halla en ciertos árbo- 
les grandes que están en las riberas frescas de los rios, 
que se llamaban por los indios guabas, y es cuanto á las 
vainas ó cascaras como garrobas propias la fruta, salvo 
que lo que tiene de comer es como manteca blanca , sino 
que es poquita pero dulce y muy sabrosa, y de la ma- 
nera que digimos que es la de las annonas, y tienen 
dentro de sí, entre lo comestible, unas pepitas. Todas 
estas frutas , si se hubieran traspuesto y hecho domés- 
ticas en huertas y sido curadas y cultivadas ó regaladas, 
como todas las frutas del mundo de que hoy en Castilla 
gozamos se trasplantaron, domesticaron y curaron, sin 
duda ninguna cada una dellas fuera estimada, y algunas 
por excelentes, y más que muchas de las de España, 
tenidas; pero ni los indios, por no ser de su naturaleza 



DR tAS INDIAS. 3l9 

dados á regalos ni curiosidades, no se curaron dellas más 
de cuanto las comian cuando acaso las topaban , ni los 
españoles por sus ocupaciones de adquirir dineros y poco 
cuidado de poblar en estas tierras, é imperseverancia de 
morar en ellas mucho tiempo , y aun porque son amigos 
de comer de sudores ajenos, ni las estiman ni han dellas 
curado. En las riberas dfla mar hay una fruta que lla- 
maban los indios tunas , de hechura de las bolsas en que 
están las adormideras, pero son verdes claras y llenas 
las cascaras de unas espinitas delgadas, á trechos por 
orden bien puestas; nacen en unos arbolillos de hasta á 
cuatro palmos poco más altos del suelo, todos espinosos 
y fieros; lo que tiene dentro esta fructa, quitada la cas- 
cara , es de zumo y carne como lo de las moras de nues- 
tra tierra; comiéndola, toda va á parar al orina, y á los 
principios, cuando no sabíamos qué era, la comieron 
algunos, no sin gran miedo , creyendo que era sangre lo 
que salia y que se debian de haber rompido todas las ve- 
nas. En las mismas riberas de la mar hay otros arbolitos, 
que la hoja y cuasi todo tienen de madroños; la fruta es 
unas manzanillas cuasi del tamaño de nueces , con un 
hollejo ó cascara delgada, blanca y algunas veces mora- 
da, y otras colorada; lo de dentro, que se come, es blanco 
y sabroso , pero es poco, por tener los cuescos grandes; 
llamaban los indios á esta fructa hicacos , la penúltima 
luenga. Ninguna fruta ni árbol , los indios desta Isla y 
aun de las demás islas , tenían cuidado sembrar ni plan- 
tar después de su pan y ajes y batatas, y el axi, que es 
la pimienta, y el mahíz y las otras raíces que se han 
dicho, sino solos arbolillos de las manzanillas, con que 
cuando se sentían enfermos se purgaban, y nosotros acá, 
desque lo supimos, nos purgába'mos, y aun agora en 
Castilla mezclan los médicos en purgas que dan. Estos 
arbolillos plantaban junto á sus casas, como cosa que 
mucho estimaban, y otras yerbas, como lechugas gran- 
des, medicinales ó purgativas, como abajo diré. Este ar- 



320 íüsroniA 

bolillo de las manzanillas no es mayor ni crece más de 
hasta estado j medio; tiene pocas ramas j poco bulto, la 
hoja es muy hermosa, cuasi es como la de la yuca, de que 
se hace el pan cazabí, como una gran mano los dedos des- 
parcidos ó abiertos ; la fruta es cuasi como avellanas , y 
así blancas, es la que llaman los médicos ben, de la ma- 
nera que está escrita, y hace mención della la medicina; 
es de gran eficacia para purgar, de cólera principalmente, 
según se cree por los no médicos por lo que se ha visto 
por la experiencia. Con ella nos purgábamos antigua- 
mente sólo mascándolas como si mascáramos avellanas, 
y como no iban molidas, sino en pedacillos enteros , pasá- 
bamos gran trabajo en los vómitos y grandes arcadas, 
las cuales no cesaban mientras los pedacitos no se des- 
hacian ni desapegaban de las tripas ; después caímos al 
cabo de muchos años en tostallas y molellas, y así no 
daban tanta pena , pero después que vinieron á esta Isla 
médicos usaron dellas como debian, preparándolas y 
confeccionándolas con otras convenientes medicinas, 
porque dicen que estas manzanillas son, no purga sino 
punta de purga en la medicina; finalmente, la leche 
dellas, que es muy blanca como de almendras, es la que 
tiene la virtud purgativa. Otra cosa para purgar, no sé 
para qué enfermedades , hay en esta Isla, y sospecho que 
d"ebe ser para males de nema , y ésta es una correa ó raíz, 
no porque esté debajo de tierra, sino que tiene su raíz 
debajo della y encarámase por los árboles de la manera 
de la hiedra, y así parece algo, no en la hoja, porque 
no la tiene, sino en parecer correa y encaramarse como 
la hiedra; llamábanla los indios bexuco, la penúltima 
sílaba luenga. Pueden atar cualquiera cosa con ella como 
una cuerda, porque es* nervosa y tiene 15 ó 20 brazas y 
más de luengo: generalmente hay muchos bexucos en 
todos los montes , y sirven para todas cosas de atar y son 
muy provechosos. 



DE LAS INDIAS. 321 



CAPITULO XIIL 



Referidas las frutas que en esta Isla hay naturales y 
silvestres, digamos de los árboles más principales de 
que tenemos más frecuente noticia, y esto es general en 
todos, que nunca pierden la hoja en todo el año. Ya di- 
gimos arriba la multitud y grandeza y hermosura de los 
pinos, los cuales creo que ocupan 50 leguas de sierras, 
mayormente en la provincia de Cibao, que son las mi- 
nas del oro, donde más numero sidaddellos hay; son de- 
rechos como cirios, muy altos y muy gruesos para más- 
teles de muy grandes naos , son muy jugosos por la 
mucha resina que tienen para hacer mucha y muy buena 
pez; llevan unas piñitas chiquitas inútiles, finalmente, 
son délos que en Castilla llaman negrales; puédese hacer 
gran tablazón dellos y nunca acabarse. El árbol que se 
llama guayacan en lengua desta Isla , la sílaba postrera 
luenga, cuya agaa se toma para sanar de la enfermedad 
de las bubas, es árbol bien grande, como nogal pero 
más lindo; la hoja me parece que será como la del 
peral de Castilla y más clara, verde, y más chica, el 
tronco principal y las ramas son como plateadas y do- 
radas entreveradas de dos ó tres colores; para sacar el 
agua se ha de cortar la madera y hacer dos ó tres almo- 
zadas de pedacitos muy menuditos y echallos á remojar 
en agua del rio, que haya cuatro azumbres,- cinco y seis 
dias y más , después cocello que mengüen los tres azum- 
bres y quede sólo el uno. Ha de tener, el que lo toma, 
muy gran dieta, sin comer sino un par de yemas de hue- 
vos, y, de tres á tres ó cuatro dias, un cuartillo de una 
polla con unos bizcochillos,y más delicado y sano, y para 
Tomo V. 21 



322 HISTORIA 

esta cura mas provechoso, creo es que el cazabí xabxao, 
que no losbizcoclios de pan de trigo; no lia de beber, todo 
el tiempo que determina tomallo , agua ni vino , sino so- 
lamente aquella agua del palo , que no es menos amarga 
que hieles ó acíbar; desta manera lo han tomado mucho 
tiempo en esta Isla, pero ya hay más experiencia en la 
manera como se ha de tomar, y en la dieta que hay que 
tener, especialmente en Castilla; todavía, digo, que re- 
quiere sobre todo extrema dieta y no beber otra cosa 
sino aquella agua. Acostumbróse á tomar en esta Isla 
desta manera, que tomándola con mucha dieta, después 
de pasados los 9 ó 15 ó más dias que la determinaban 
tomar, tenían una olla, como dicen, podrida, y comían 
mucho de todo lo que en ella estaba , y como el estómago 
estaba tan delgado de la dieta pasada , prorumpia luego 
en cámaras dos ó tres dias , por las cuales purgaba todo 
el humor malo, y así quedaban del todo muy sanos; y 
yo tuve dello experiencia , que lo vide y también lo oí 
haber acaecido á algunos. Tengo por cierto, que no sólo 
para las bubas, pero para cualquiera enfermedad que 
proceda de humor frío, tomándola, será cierta la sani- 
dad, y cuando acaece del mal de las bubas ó de otro al- 
guno con ella no sanar es porque procede de humor 
caliente, y esto tengo por cierto dias ha; el palo de la 
isla de San Juan se tiene por mejor, no sé si es de la 
misma especie de lo desta Isla ó de otra que difiera en 
cualidad , al cual llaman los españoles el palo santo. Hay 
en esta Isla, y comunmente en todas estas Indias, donde 
no es la tierra fría sino más caliente , unos árboles que 
los indios desta Isla llamaban ceybas, la y letra luenga, 
que son comunmente tan grandes y de tanta copa de 
rama y hoja y espesura que harán sombra y estarán 
debajo del 500 de caballo, y algunos cubrirán mucho 
más ; es muy poderoso , alegre y gracioso árbol ; tiene 
de gordo más que tres y cuatro bueyes su principal 
tronco , y algunos se han hallado , y creo que está uno 



DE LAS INDIAS. 323 

en la isla de Guadalupe, que fueron 10 ó. 12 hombres, 
los cuales abiertos los brazos, j aun con dos pares de 
calzas extendidas, no lo pudieron abrazar, y así lo oí 
certificar. De ser comunmente grandísimos y grosísimos 
y admirables ninguno debe dudar , ni tener por exceso 
que aquél fuese tan grande, porque en esta Isla, en la 
ribera de Hayna, 8 ó 10 leguas de Santo Domingo, 
yendo hacia la Vega, hobo uno que llamaban el árbol 
gordo , y cerca del se asentó una villa de españoles que 
la nombraron así, que si no me he olvidado cabían 
dentro de sus concavidades, pienso que, 13 hombres, y 
estaban cubiertos , cuando llovía , del agua , y á mí en él 
acaeció lo mismo , y creo que no lo podían abrazar 10 
hombres, si, como digo, no me he olvidado. El mástel ó 
tronco principal antes que comiencen las ramas terna 
dos y tres lanzas en alto; comienzan las primeras ramas, 
no de bajo á alto como los otros árboles, sino extendidas 
mucho derechas por lo ancho que parece maravilla con 
el peso que tienen no quebrarse, y por estelo hacen tan 
capaz y que tanta sombra haga; son tan gruesas co- 
munmente las ramas dichas como un hombre, aunque 
tenga más que otros de gordura; las hojas son verdes 
oscuras, delgadas y arpadas, si bien me acuerdo; no 
siento que haya en Castilla á qué las comparar , sino es, 
sino me engaño, á las del que llamamos árbol del paraíso. 
Y porque lo dicho no parezca increible, léase lo que dice 
Estrabon en el XV libro de su Geografía , donde cuenta 
que hay árboles de admirable grandeza en las Indias, 
algunos de los cuales apenas podrán cinco hombres 
abrazar, los brazos extendidos; así, pues, como hay tan 
gruesos que los troncos ó másteles dellos no los puedan 
cinco hombres abrazar, parece que aunque se diga que 
6 y 10 tienen que hacer en abrazar alguno, no será in- 
creible maravilla, cuanto más que habernos visto lo que 
decimos. Hay en algunas partes robles, pero en pocas y 
pocos; háylos, más que en otras, en la provincia de Ya- 



324 HISTORIA 

quimo, en unos valles cerca de la mar, y en esta pro- 
vincia hobo j hay el brasil, pero no mucho, de donde 
pensó el Almirante que descubrió este orbe que salieran 
grandes- riquezas, como abajo diremos. Tiene también 
otros árboles esta Isla, que llamaban caoban la o letra 
luenga, los indios; tienen muy buena madera para arcas 
ó mesas , algo colorada ó encarnada con algún olorcillo 
bueno, que parece que quiso ser cedro pero no lo es, por- 
que en esta Isla no hay cedros , en la de Cuba sí muy ex- 
celentes. Otros árboles hay, como hayas, algo blancos, en 
lengua de indios no sé el nombre dellos. Hay otros árbo- 
les delgados, pequeños , en los montes de la costa del Sur 
hacia Santo Domingo especialmente, que los indios lla- 
maban caymitos, la penúltima luenga, que tienen la ma- 
dera para hacer arcos como de tejo, y de éstos creo que 
los hacian los indios; tienen la hoja muy señalada, por- 
que de una parte la tienen muy verde como la del na- 
ranjo, aunque es chiquita, y de la otra parte como si toda 
fuese alheñada. Hay otros que llamaban los indios gua- 
cimas , la media sílaba breve , que propios son moreras 
en la hoja, puesto que la tienen áspera y gruesa, pero 
cuando comienza la nueva creo que sería para criar seda 
ó poco menos; la fruta es de hechura de moras, pero 
es muy dura y negra, puesto que tiene algún zumo pero 
muy poquito, y es dulce como miel, por lo cual los puer- 
cos la comen y con ella engordan, y la van á buscar 
donde la huelen, como tras los hovos digimos en el pre- 
cedente capítulo. Deste árbol sólo sacaban fuego los in- 
dios; tomaban dos palos del muy secos, el uno tan gordo 
como dos dedos, y hacian en él con las uñas ó una pie- 
dra una mosquecita, y ponían este palo debajo de ambos 
pies, y el otro palo era más delgado como un dedo, la 
punta redondilla, puesta en la mosca, con ambas pal- 
mas de las manos traíanlo á manera de un taladro, y esto 
con mucha fuerza; con este andar de manos salia del 
palo de abajo molido polvo, de la misma manera del- 



DE LAS INDIAS. 



325 



gado como harina, cuanto el palo de abajo se ahondaba 
con el de arriba, y cuanto más el hoyo se ahondaba y 
el polvo salia, tanto más se hacia apriesa con las manos 
y con fuerza ó vehemencia, y entonces el mismo polvo 
ó madera molida que del palo de abajo salia era encen- 
dido, de la manera que se enciende la yesca dando con 
el eslabón en el pedernal en Castilla. Y esta es la in- 
dustria que los indios para sacar fuego sin hierro y pe- 
dernal tenian, la cual es antigua, según della hace 
mención Plinio en el libro XVI, capítulo 41, donde dice: 
«que los soldados en la guerra, y los pastores en los 
montes ó campos, hallaron este secreto, como no tuvie- 
sen pedernal ni eslabón para sacar fuego»; sacábanlo de 
la manera dicha, según él, de las ramas de los morales 
y laureles, y de los tejos, porque son cálidos de su na- 
turaleza. 



326 HISTORIA. 



CAPÍTULO XIV. 



Hay en esta Isla asimismo unos árboles que los in- 
dios llamaban xaguas; árboles son hermosos y copados 
como naranjos, pero mucho más altos y la hoja verde 
escura, no me acuerdo á qué la pueda comparar; tiene 
una fruta de hechura de huevos grandes de abutardas, 
blanca la tez y dura por de fuera, lo de dentro no hay 
á qué lo pueda comparar de las cosas de Castilla. El 
zumo desta fruta es blanco y poco á poco se hace tinta 
muy negra, con que teñian los indios algunas cosas que 
hacian de algodón y nosotros escribíamos. Este zumo ó 
agua de las xaguas tiene virtud de apretar las carnes y 
quitar el cansancio de las piernas, y por esto se untaban 
los indios las piernas principalmente y también el cuerpo; 
después de pintada se quita con dificultad en algunos 
dias aunque se lave. Estos mismos árboles y la misma 
fruta, á lo que parece , porque ninguna diferencia parece 
tener , hay en la isla de Cuba , y allí también los llama- 
ban los vecinos naturales de allí xaguas; dándoles con 
un palo ó piedra, porque son duras , y poniéndolas juntas 
muchas dellas á un rincón, tres ó cuatro dias ó pocos 
más, se maduran y se hace la carne dellas muy zumosa 
ó llena de un licor dulce como miel y cuasi de la color 
de miel, que las hace como una breva muy madura, y 
tan dulcísimas , que pocas ó ninguna fruta les hace ven- 
taja de las de Castilla, pero en esta Isla española no las 
comían los vecinas della, ó porque no cayeron en ello, 
ó porque por ventura son aquéllas de otra especie, 
aunque no lo parecen por ningún indicio. Otro árbol 
hay muy provechoso en esta Isla, y es el que llama- 



DE LAS INDIAS. 327 

ban los indios hibuero, la silaba penúltima luenga; 
éste produce unas calabazas redondas como una bola y 
no mayores comunmente , aunque algunos las echan un 
poco luengas, están llenas de pepitas y carne blanca 
como las de Castilla, y son tan tiestas y duras las teces 
después de secas, por de dentro y por de fuera, no como 
las de Castilla, que son fofas y fácilmente se quiebran, 
sino como si fuesen de hueso ; sacada la carne y las pe- 
pitas, servíanse dellas de vasos para beber y de platos 
y escudillas. Hay también unos arbolitos tan altos como 
estado y medio, que producen unos capullos que tienen 
por de fuera como vello, y son de la hechura de una al- 
mendra que está en el árbol , aunque no de aquella color 
ni gordor porque son delgados y huecos ; tienen dentro 
unos apartamientos ó venas, y estos están llenos de 
unos granos colorados pegajosos como cera muy tierna 
ó viscosa. Destos hacian los indios unas pelotillas, y con 
ellas se untaban y hacian coloradas las caras y los cuer- 
pos, á jirones con la otra tinta negra , para cuando iban á 
sus guerras; también aprieta esta color ó tinta las carnes. 
Tírase también con dificultad, tiene un olor penetrativo 
y no bueno ; llamaban esta color los indios bixa. Alma- 
cigos también hay muchos, según decia el Almirante; 
si almacigos son aquellos que él decia , no siento á que 
los comparar, y nunca vi de que se probase sacar dellos 
almáciga. Hay otro árbol en esta Isla que los indios della 
llamaban cupey, la penúltima sílaba luenga, del cual 
se puede alguna cosa nueva referir; es árbol más alto 
que un alto naranjo , aunque no así copado sino -algo más 
abierto, tiene tres cosas notables, la una las hojas, que 
son tan grandes y cuasi de la hechura de un azuela de 
hierro de un carpintero, imaginándola que sea lo agudo 
della redondo , y sin gavilanes ; es muy verde y escura y 
hermosa, gruesa como un real y tiesta, no fioja, y por 
esto con un alfiler, y mejor con un palillo agudo , escribe 
el hombre todo lo que quiere, y luego señálase la letra 



328 HISTORIA 

amarilla, de un sudor ó zumo cuasi como el de la cabila. 
y desde á poco tórnase la letra blanca ; deste papel , y 
péndolas, por falta del de Castilla, los tiempos primeros 
en esta Isla usábamos. La otra cosa es la fruta que pro- 
duce aqueste árbol, no para comer, ni bay á qué com- 
paralla sino á unas rosas no llanas de madera que ponen 
sobre las cuatro varas de las camas de campo, doradas, 
bien hechas, con unas coronillas encima cuasi de la forma 
de las adormideras ; por de fuera son blancas y que tiran 
á verdes claras, puesto que se abren ó desquebrajan, lo 
de dentro es pez negra, con que se puede cualquiera cosa, 
como con pez, empegar; tiene algunas pepitas que comen 
las aves, ó lo que con ellas está pegado. La tercera cosa 
es más notable , que cuando las aves están en este ó en 
otro árbol, y en él purgan algunas de las dichas pe- 
pitas, las que paran ó se pegan en el árbol allí nacen 
como si las ingiriesen, y lo que nasce son unas raíces 
del gordor de una lanza muy lisa, y todo su crecer 
es ir cara abajo á buscar la tierra y después en ella 
arraigarse, y, echadas raíces, nasce della otro árbol 
como el que la fruta hobo dado; estas raíces, descen- 
diendo hacia abajo, como el árbol es alto , son de 25 y 30 
y más palmos , y éstas son muy lindas astas de lanzas, 
todas muy derechas y muy nervudas y lisas , que no han 
menester dolallas ó alisallas. Y deste árbol, que digi- 
mos llamarse cupey, salen de la manera dicha las varas 
de lanzas, y no, como algunos piensan, de los árboles 
que se llaman xaguas. Estrabon, en el libro XV de su 
Geografía , refiere haber en la India , que está más al 
Mediodía, unos árboles grandísimos, que algo parecen 
á lo que deste cupey habemos dicho, aunque digno de 
mayor admiración, üestos dice que sus ramas , después 
que han crecido hasta grandor de 12 codos (debe ser en 
soslayo y no hacia arriba) , van creciendo para abajo en 
busca de la tierra, y llegadas en la tierra echan allí 
raíces, y dellas nasce otro árbol como él mismo, el cual, 



DE LAS INDIAS. 329 

después de criado y las ramas crecidas como las prime- 
ras, van cara abajo buscando la tierra, y echan sus 
raices, y dellas crece otro árbol, y así de uno se h,acen 
muchos , y de todos se constituye una como cámara ó 
pabellón grande puesto sobre muchas columnas; de 
aquí podemos colegir que estas nuestras Indias son 
parte de aquella nombrada India. Otro árbol hay, prin- 
cipalmente en la provincia de Higuey, hacia la costa de 
la mar, y más cantidad en la isla de la Saona y por 
aquellas isletas, que los indios llamaban guao, la pri- 
mera sílaba luenga, el cual será, el más alto, de estado 
y medio de un hombre , que con sus ramas no hace mu- 
cho bulto, árbol seco y estéril, y así no se halla sino 
entre peñas, cuya hoja es como la coscoja ó carrasco 
que queman en los hornos en Castilla, con sus espinitas 
al rededor de la hoja , y también tiene algunas por las 
ramas y todo él ( á lo que creo , porque ha dias que no 
lo vide) ; la leche deste árbol es ponzoñosa, y della y de 
otras cosas hacen los indios la yerba que ponen en las 
flechas con que matan. Andando por los montes destos 
árboles , como son espesos y bajos y los caminos an- 
gostos, tocando las ramas en la cara, con las espinillas, 
parece que salpica la leche , y luego se hincha la cara 
y abrasa como si se cubriese de la que llamamos del 
monte, y por muchos dias no se quita y amansa, y esto 
comunmente hace daño á las caras de los hombres que 
son muy blancos y delicados y flemáticos, á los coléri- 
cos y que tiran en el pelo á caheños y á los bermejos 
ningún daño hace ; y á mí me dieron las ramas muchas 
veces en la cara y nunca me hizo mal , porque no soy 
de los muy blancos ni flemático. Fuera de las provin- 
cias y tierra que dije, por toda esta Isla no hay este 
árbol guao , sino uno de cuando en cuando , porque toda 
la tierra, fuera de aquella que es estéril, en esta Isla 
es fértilísima, que sean montes ó valles. 



330 HISTOIUA 



CAPITULO XV. 



Hay otro árbol de qae se hace artificiosamente el 
bálsamo, que llaman en esta Isla bálsamo; este árbol será 
como pequeños naranjos, la hoja tiene verde escura, del 
tamaño de medio real ó poco más, cuasi es de la forma 
de un corazón; donde yo lo he visto es en el monté, una 
legua pasando de la villa de Santiago, yendo camino 
de Puerto de Plata y por los montes por allí adelante. 
Hácese por arte desta manera: Que los palos ó rajas del 
se cortan muy ménuditos con una hacha (y mejor es 
abuela, porque cuanto más menudos se cortaren mejor 
es); estas cortaduras, en cantidad de dos celemines ó 
tres, échanse en un lebrillo grande que quepa dos arro- 
bas y aun media más lleno de agua, y así, con esta pro- 
porción , más ó menos según la cantidad de la madera el 
agua proporcionable ; déjase así estar remojando ocho 
dias, después, en una caldera muy limpia, pónese á cocer, 
y mengua de cuatro las tres partes; cocido y menguado 
así , en muóhas escudillas se echa y reparte , poniéndolo 
al sol dos ó tres dias , el cual se espesa como miel y para 
de color de arrope ó de miel algo escura , y el olor cobra 
algo suave. Yo lo he hecho hacer por este modo y salió 
mucho bueno, y obra de un cuartillo ó poco más que 
envié á Castilla á cierta persona, en el año de 28 ó 30, 
Jo vendió, según supe, por 20 ducados. La experiencia 
que deste licor se tiene hoy es, que para cualquiera 
herida donde salga sangre , ó donde no haya miembro ó 
nervio ó casco cortado, puesto en ella caliente, bien 
empapada y atada, no es menester más de una vez 
curalla. Las palmas desta Isla son muy provechosas, 



DE LAS INDIAS. 331 

mayormente las que tienen las hojas y ramas como las 
de Castilla , porque hay otras especies de palmas que las 
tienen tiestas y como una mano abiertos los dedos, ó 
como la hoja de las de los palmitos de Castilla, sino 
que las de Castilla están parradas con el suelo y éstas 
son altas tres y cuatro estados del , y destas hay dos ó 
tres maneras dellas, y el provecho que hay dellas es 
cohrir las casas en alg-unas partes desta Isla con ellas. 
Nacen comunmente en los lugares no fértiles, y no en 
montañas sino en llanos rasos, pero las primeras que 
dije, que tienen las ramas y hojas como las de Castilla, 
éstas son muy hermosas y provechosas, fértiles, y nunca 
se hallan sino en tierra muy fértil , de muchas aguas y 
rios cerca ; éstas son muy altas , tanto y más que las de 
España, porque tienen 10, y 12, y 15 brazas en alto, y 
muy derechas , el mástel dellas no es á pencas como las 
nuestras , sino lisas y duras , mucho más que si fuesen 
de hueso. Son huecas, pasados dos dedos buenos de 
gordo, que tiene lo que digo, que es muy dura, y 
están llenas de unas hilachas, las cuales quitadas 
ó sacadas, que se quitan y sacan fácilmente, quedan 
como una culebrina ó lombarda, que suelen servir, 
enteras ó partidas por medio, de canales por donde 
venga el agua para edificios, en especial donde se 
hace el azúcar, que se llaman ingenios; desta madera 
hacian los indios las que llamaban macanas. Llegando 
á lo alto, que es pasando todo lo que digo ser duro 
como hueso, comienza el palmito, que terna seis pal- 
mos y siete de alto , y terna de grueso como un hom- 
bre por la cintura y más grueso, y es algo más que 
el mismo mástel que viene desde el suelo; este pal- 
mito, que dije tener seis y siete palmos, está vestido de 
unas hojas que los indios llamaban yaguas, la última 
breve, de las cuales tiene 10 y 12 tantas cuantos son 
los ramos de la palma y unas sobre otras; las primeras, 
como se van secando, las despide la naturaleza, y como 



332 HISTORIA 

aquéllas caen las segundas son ya primeras, y después 
las otras, y entre tanto que unas están para caer, otras 
se crian de nuevo, y así nunca faltan unas y otras per- 
petuamente. Son por la parte de fuera algo verdes y por 
la de dentro blancas, después de secas quedan en la 
misma color con poca diferencia ; después de caldas en 
el suelo son tan anchas y tan largas, y cuasi de la forma 
y manera que un cuero de un gíande becerro, y así tie- 
nen lomo é ijadas; con una se cubre un hombre del 
sol y del agua sin mojarse un pelo, y no las pasa el 
agua más, antes menos, que á un grueso cuero. Con 
estas se pueden cubrir y cubren las chozas, andando ca- 
mino, y aun en los pueblos las casas; son, finalmente, 
para mil provechos y cosas buenas. De lo postrero ó que 
es más alto de cada yagua , nace un ramo , y cuando cae 
á su tiempo que se despide la yagua, cae el ramo, porque 
en ella, como dije, es originado; de cada yagua, como 
dije, sale un grande ramo de la misma hoja y manera 
de los de España que llevan los dátiles, y así hacen 
arriba la copa muy graciosa y muy ancha. No llevan 
fruto sino aquellos como manojos blancos en que las de 
Castilla producen dátiles, y en aquellos nacen ciertas 
contecitas no grandes. El palmito, desnudo de siete ó de 
ocho yaguas y otras cortezas que se siguen á ellas muy 
albas ó blancas, antes que se llegue á lo comestible, es 
muy dulce todo él, con muchos cogollos que dentro de 
sí contiene, y la cabeza en especial que comienza, como 
dije, donde el mástel todo acaba, y ternan en él que 
comer 20 hombres y más, como sea tan grande. Nogales 
hay algunos pero muy raros, y no sé que los haya sino 
en lo alto de las minas de Cibao , la provincia que dije 
llamarse Haytí, la última sílaba aguda, de donde se de- 
nominó toda este Isla; las nueces que echan no son de 
provecho alguno , porque todo lo de dentro es madera y 
cuasi nada tienen de meollo ; si los ingiriesen por ven- 
tura se harían domésticos v darían buen fruto. Zarzas- 



DE LAS INDIAS. 333 

moras hay algunas pero cuasi sin fruto , porque las mo- 
rillas que hacen valen poco. Parras montesas de las que 
se cree que Noé plantó la viña , que en latin se llaman 
lahmscas, j que dan de sí uvas tintas menudas pero 
verdaderas uvas, en diversas partes desta Isla, en los 
montes apegadas á otros árboles, hay muchas; son acedas 
porque nunca bien maduran, madurarían, según yo creo, 
si las cultivasen y les diera el sol y el aire, lo que no 
tienen por estar en los montes pegadas á los árboles y 
siempre á la sombra; la hoja no la tienen escotada por 
dos partes como la de Castilla, sino una sola, es sin 
aquello algo más luenga que redonda, pero arpada á la 
redonda. Cañas y cañaverales hay infinitas en esta Isla, 
en todos los ríos y arroyos y riberas dellos hasta entrar 
en el agua, y siempre es muy fértil y viciosa la tierra, 
más que otra, donde las hay; difieren de las de Castilla 
en esto , que son cuasi macizas porque están llenas de 
hilos de la misma natura, puesto que por de fuera tienen 
sus ñudos y señalados los cañutos. Jamás se quiebran por 
medio , aunque con un trozo dellas den muchos y gran- 
des golpes en cualquier cosa, si no rájanse por muchas 
rajas ó hendeduras de alto á bajo ; las hojas y hermosura 
dellas propias soii como las de Castilla, sino que todavía 
muestran ser más silvestres y no tan delicadas. Carrizos 
hay también muchos en las ciénagas y lagunas ó lagos; 
estos son huecos los cañutos como los de España, y con 
estos mondados, porque son muy lindos, los indios 
hacian lazos y adornaban sus casas. Hay otras infinitas 
especies de árboles silvestres, á muchos de los cuales 
tenian puestos nombres los indios y de otros creo que 
no curaban nombrallos, muy diferentes en hoja y en 
madera de los de España. 



334 HISTORIA 



CAPITULO XVI 



Cuanto á las yerbas , son inmensas las que hay en 
esta Isla y de especies diversas , y que creo que de gran 
virtud medicinales , porque son muy hermosas y pinta- 
das, como con tijeras cortadas muchas dellas, que luego 
parece haberlas naturaleza por su virtud señalado. Una 
yerba conozco yo que es como una lechuga de pocas 
hojas, y está parrada con el suelo, y comunmente está 
en los rasos y cabanas, con el zumo de la cual el flujo 
de la sangre de las narices se estanca echándose la 
persona en el suelo ó sobre una mesa, la cara arriba, 
exprimiendo de aquel zumo algunas gotas por la ven- 
tana de la nariz por donde sale la sangre. De las de 
Castilla, que acá son y eran, cuando los primeros veni- 
mos , naturales , las que yo he visto y conozco son las 
que aquí nombraré : Helécho muy alto y grande , hay 
en las sierras comunmente que tienen yerba y son de 
montes muy claros en gran abundancia , culantrillo de 
pozo, cerrajas, creo que doradilla, llantén, verdolagas, 
y éstas me acuerdo que llamaban los indios manibari, 
la penúltima breve; bledos de dos maneras, unos muy 
verdes y otros colorados y muy grandes, salvo que tie- 
nen algunas espinas; ortigas, yerba-mora, altamisa 
muy grande y muy buena, manzanilla, á lo que parece 
sin olor alguno; los boticarios dicen que hay otras mu- 
chas de las que hay en España, que los que no las cono- 
cemos no tenemos cuenta con ellas. Una otra yerba, 
natural desta Isla , nasce á las riberas y junto al agua 



DE LAS INDIAS. 335 

de los rios, en la tierra de las hoyas, que es muy fértil 
y muy blanda para sembrar en ella cualquier hortaliza; 
esta yerba llamaban los indios y, es muy fresca y muy 
verde y muy graciosa , tiene la forma de un corazón en 
plano , y es tan ancha como muy poco menos que dos 
manos, críase y cunde todo el suelo sin levantarse como 
la hiedra ó las calabazas, pero las correas donde nace 
son muy más hermosas y sotiles y delgadas que la de 
la hiedra ni calabazas ; tiene un poco de buen olor, y con 
ella se lavaban los indios, hombres y mujeres, como 
siempre acostumbraban. Tiene la virtud del jabón para 
lavar ropas, en especial de lienzo, puesto que los espa- 
ñoles no han curado della para en esto della se aprove- 
char. Algunas veces se han purgado con ella á tiento y 
sanado de calenturas, no sabiendo á qué indisposición 
se ha de aplicar: cómenla muy bien los puercos y engor- 
dan con ella. Otra yerba hay que es como cebollas al- 
barranas, la cual es muy buen jabón para lavar ropa, 
puesto que creo que mucho la gasta. Hay juncia de la de 
Castilla, y también la que llamamos enea, de donde salen 
los que nombramos bohordos ; en las ciénagas y lugares 
de muchas aguas hay muchas malvas de las de Castilla. 
La yerba común, de que todos los llanos que llamaban 
los indios cabanas, la penúltima luenga, y las sierras 
que no tienen arboledas, están llenas, es yerba hermo- 
sísima y odorífera , delgada y muy alta , que poco menos 
por alguna y muchas partes un hombre sé cubria , pero 
en general paaaba de la cinta. Entre esta yerba se 
criaba otra yerba muy delgada que parecia lino en cerro 
ya seco, cogido , raspado y adobado para hilarse , y podré 
decir que era muy más linda, con la cual cobrian los 
indios sus casas, que llamaban bohíos, la penúltima 
luenga, que la hermosura y limpieza della, y de las ca- 
sas della cubiertas , eran verlas alegría. Era muy más 
hermosa y espesa y alta la dé las vegas , y sobre todas 
la de la Vega Real; quien agora viere las vegas, y ma- 



336 HISTORIA 

yormentela Grande, parecerle ha que nunca en ellas liobo 
tal yerba, porque están tan pacidas y comidas de los 
infinitos ganados que en ellas hay , que no es salida de 
la tierra cuando es comida y raida; pero lo dicho es 
verdad. 



DE LAS INDIAS. 337 



CAPITULO XVII. 



De todas las cosas referidas de esta Isla, se puede 
bien colegir su salubridad y templanza, asi por su sitio, 
por respecto del aspecto y figura del cielo , como por la 
figura y disposición de la misma tierra; puédese también 
luego entenderla bondad, fertilidad, templanza y sani- 
dad de todas estas Indias , si se considerase lo que las 
otras islas y Tierra Firme y partes della están desta dis- 
tantes; pero, para mayor noticia y claridad desto , es bien 
de notar, que así como los médicos dicen que para co- 
nocer la naturaleza y disposición del cuerpo humano es 
necesario considerar, no sólo la raíz ó la causa superior 
y universal, conviene á saber, el cielo ó cuerpos celes- 
tiales y su disposición y movimientos, pero también debe 
el médico de tener consideración de la raíz ó causa infe- 
rior, y ésta es la complexión y disposición de la persona, 
por esta misma manera es en el propósito , conviene á 
saber, que para haber noticia de las tierras si son aptas 
y dispuestas para la habitación humana, si son templa- 
das ó destempladas , sanas ó enfermas , si son pobladas ó 
frecuentadas mucho ó poco de los hombres , se requiere 
que tengamos noticia y conocimiento de la causa uni- 
versal, que es el cielo, conviene á saber, de la modera- 
ción , ó mediocridad , ó templanza , ó exceso y destem- 
planza que se causa por la distancia ó propincuidad de 
la vía ó camino del sol, porque la mucha distancia causa 
el mucho frió, y la mucha propincuidad ó vecindad 
causa el excesivo calor, y también de las causas par- 
ticulares ó especiales por respecto de la tierra y dispo- 
sición della. Y de aquí es, que puede acaecer y acaece, 

Tomo V. 22 



338 HISTORIA 

que, por el aspecto y figura del cielo, esté alguna tierra 
favorecida, y dispuesta por su templanza y mediocridad 
para la habitación humana , y para los animales , arbole- 
das y frutos de que los hombres tienen para vivir necesi- 
dad, y por las causas inferiores , conviene á saber , por la 
disposición de la tierra, de sierras ó valles ó aires, ó de otros 
inconvenientes que concurren, no sea proporcionada ni 
conveniente para ser habitada ó mal habitada ó del todo 
inhabitable; y por el contrario, por el aspecto y figura 
del cielo ser desconveniente y desproporcionada para 
habitarse ó ser naturalmente inhabitable , y por la buena 
disposición, sitio y compostura della y de los montes 
y valles y aires que en ella hay , ser convenientísima y 
proporcionable para la habitación humana. Cinco causas 
particulares se pueden colegir de lo que dejaron escrito 
los filósofos y astrólogos, como abajo se dirá, que pue- 
den concurrir, ó alguna dellas, para que alguna tierra 
sea mal habitada ó del todo inhabitable , aunque en con- 
veniente y proporcionada distancia del sol: La primera, 
por ser aquella tierra cubierta de algún pedazo de mar 
ó de otras aguas dulces, como lagunas, ó lagos ó ciéna- 
gas. La segunda, porque la tierra es estéril é infructuosa, 
que ni nace yerba ni árboles como los arenales de 
Egipto ó de Etiopia. La tercera , cuando está ocupada de 
serpientes ó malas bestias, como en algunas partes de 
Etiopía y en otras de la India ó Taprobana son alg^unos 
montes, que llaman de oro ó dorados, llenos de grifos y 
hormigas y otras bestias, como abajo si viniere á pro- 
pósito , placiendo á Dios, se dirá. La cuarta , por la dispo- 
sición ó figura de algunos lugares ó montañas, montes ó 
valles^ que son inhabitables por el exceso de calor ó frió 
que en ellos por su mala postura ó sitio hace. La quinta, 
por razón de ser el aire de aquella comarca mucho y de- 
masiadamente sotil,ó en mucho exceso grueso, espeso y 
tupido, ó por otra causa particular. Por el contrario es 
posible que suceda en tierras cuyo sitio está en disconve- 



DE LAS INDTAS. 339 

niente y desproporcionada distancia del sol (las cuales, 
cuanto al aspecto y figura del cielo , fueran inhabitables 
ó mal habitables), por el concurso de cinco causas con- 
trarias á las cinco susodichas, conviene á saber, siendo 
la tierra enjuta de agua de la mar, y de lagunas, y de cié- 
nagas, que es contrario de la primera; y siendo la tierra 
fértil, fructuosa de yerbas, árboles y fructos, y el terruño 
grueso, jugoso y de buena color, que es contrario á lo 
segundo , y que carezca de bestias fieras y ponzoñosas, 
contrario de la tercera; y porque es tierra exenta, des- 
cubierta , no avahada ni sombría , las sierras ó montañas 
altas de cara el sol , los valles no cubiertos de espesas 
nieblas, que es contrario de la cuarta; los aires de la co- 
marca no demasiadamente sotiles ni gruesos , sino lle- 
gados á mediocridad, que es contrario de la quinta 
causa. De aquí es lo que de los montes Hiperbóreos se 
dice, los cuales, por la figura del cielo, están en la ex- 
tremidad del mundo, debajo del polo Ártico ó del Norte, 
el cual tienen encima de la cabeza, y la linea equinoccial 
por horizonte , y el dia es de seis meses y de otros tantos 
la noche, que habian de ser inhabitables por el excesivo 
frió; empero cuentan dellos las historias que moran en 
ellos unos pueblos y gentes que dicen ser beatísimas, que 
nunca mueren, sino, de hartos y cansados de vivir, se 
suben á una peña altísima de donde se despeñan en la 
mar. Así lo cuenta Plinio en el libro IV, cap. 12, y Solino 
en su Pohjstor, cap. 26, y Pomponio Mela, libro III, cap. 5. 
Estrabon, libro XV, dice que algunos tenian por opinión 
que vivian mil años : dellos también habla Macrobio Be 
Somno Scipionis, libro II, y Diodoro también dice dellos 
muchas cosas, en especial de su religión, libro III, ca- 
pítulo 11, y otros autores, de los cuales algo hablamos 
en el cap. 7. La razón de aquello , asigna Lyconniense 
según refiere Aliaco en el tratado JDe Imagine m%ndi, ca- 
pítulo 12, diciendo que aquello acaece por la figura y 
disposición de aquellos montes, porque tienen la super- 



340 HISTOBTA 

ficie hacia el sol polida ó de su naturaleza clara y cón- 
cava, y por esto reciben y retienen la lumbre del sol, y 
por consiguiente el calor soficiente para que no haya 
por allí tanto frió, y sean defendidos y conservados los 
moradores de aquellos montes, que los vientos naturales 
de la región, que son frios, no les sean nocivos y empe- 
cientes. En estas nuestras Indias tenemos también ejem- 
plo de lo que decimos, y es en la linea equinoccial, la 
cual, por respecto del cielo, es manifiesto estar debajo 
de una figura y constelaciones en todas partes y en 
igual latitud , como esté medio por medio del mundo, 
pero en muchas partes, así en la mar como en la tierra 
hacia las provincias del Perú, es tierra templada, y en la 
provincia del Quito debajo de la misma línea; en las sier- 
ras, por nieves, hay algunos pedazos inhabitables, y en 
la isla de Santo Tomé, que tienen los portugueses y 
está debajo de ella, apenas es habitable por mucho calor: 
esto no puede ser sino por razón de la tierra y su dispu- 
sicion. Lo mismo es de las islas de Cabo Verde, las cuales 
están en la misma altura con ésta, y aquéllas son por el 
mucho calor mortíferas , y ésta por su amenidad felicí- 
sima y vivificativa. Y así parece que si las causas espe- 
ciales aptas para la buena habitación concurren, aunque 
la universal fuere contraria, sería posible ser la tal re- 
gión de buena y saludable habitación, no embargante la 
contrariedad de la universal y superior; de aquí mucho 
con más verdad se sigue, que si la causa universal y su- 
perior es favorable y concurren ó convienen con ella las 
especiales é inferiores, conviene á saber, que el aspecto 
y figura del cielo por sus salubres influencias favo- 
rezca, y la tierra por la mediana y cómoda distancia del 
sol sea situada en buena proporción, y así sea fértil, 
enjuta, descubierta y bañada de buenos aires ó vientos, 
y de ciénagas y hediondez ó pudrimiento y otros incon- 
venientes apartada, esta tal región será mucho bien 
templada, muy apta y dispuesta para la habitación hu- 



DE LAS INDIAS. 



341 



mana, y dignísima de ser de hombres frecuentada y po- 
blada; y así es verisímile que debe ser la tierra del 
Paraíso terrenal y todas las tierras que son muy habita- 
das y pobladas. De todo lo susodicho en este capítulo 
se puede colegir manifiestamente la salubridad , ferti- 
lidad, y sanidad, felicidad, y población desta Isla; la 
razón es, porque en ella concurren, juntamente, la causa 
universal que és el aspecto y figura del cielo , y la có- 
moda y mediana ó mediocridad de la distancia del sol, y 
concurren asimismo con la causa universal susodicha 
la-s cinco causas ya dichas especiales favorables, y que 
por sí solas pudieran bastar. Cuanto á la causa superior 
y figura del cielo y distancia convenible del sol , parece 
porque como esta Isla, según en el capítulo 1.^ digimos, 
esté en 16, y 17, y 18, y 20 grados, y el mayor dia del 
año no pase de 13 horas con algunos minutos, y la noche 
no mengüe de 11 menos aquellos minutos, lo cual es 
poca distancia y hay poca diferencia de la templanza 
que hay en la línea equinoccial por la igualdad del día y 
de la noche, como en otra parte, por sentencia de Avi- 
cena y otros filósofos, digimos, y por experiencia sabemos 
ser así verdad, luego el aspecto del cielo y distancia 
convenible del sol, y así la causa superior y universal, 
concurren á la salubridad, fertilidad, sanidad, felicidad y 
población de esta isla Española, y á ser de su naturaleza 
bien habitable. Esto" se corrobora , porque según Aristóte- 
les, en el libro «De las causas de las propiedades de los 
elementos», y Avicena é Hipócrates y todos los astrólo- 
gos y matemáticos y filósofos, la raíz de la felicidad y 
fertilidad y habitación de las tierras es la igualdad, ó 
templanza, ó mediocridad, y ésta procede de la igualdad 
del dia y de la noche, porque cuanto el dia escallenta el 
calor del sol, tanto enfria el frescor de la noche, pues 
como esta Isla tenga una hora no más, ó poco más, de 
dia, cuando mayor es el dia de todo el año , y aquélla 
menos de noche , y ésta sea muy poca diferencia de la 



342 iiisTouiA 

igualdad y templanza que alcance la línea equinoccial, 
sigúese que muy poco menos de templanza tenga esta 
Isla en el mayor dia del año que la línea equinoccial, 
y, por consiguiente, cuando vuelve el sol y va creciendo 
la noche hasta subir á 13 horas, y menguando el día- 
hasta 11, de necesidad en esta Isla se ha de seguir de- 
leitable habitación. De aquí es, que desde mediado Se- 
tiembre", que es el equinoccio austral, hasta todo Abril, 
que son siete meses y medio , es muy buena y muy delei- 
table por toda esta Isla la habitación humana, y los cua- 
tro meses y medio que son, Mayo , Junio, Julio y Agosto 
y mediado Setiembre, hace los calores (y más son bo- 
chornos que calores), porque entonces son las aguas 
comunmente; y aun este calor no es demasiado en mu- 
chas partes della, sino son las provincias que están á 
la costa ó ribera de la mar del Sur, y esto proviene por 
el aspecto ó figura del cielo y la conveniente distancia 
del sol, y así por la causa universal y superior. 



DK LAS Í^ÜlAS. 'Sio 



CAPÍTULO XVIII 



Visto como concurre el favor que dá la causa univer- 
sal para que la habitación desta Isla sea próspera y de- 
leitable, veamos en este capitulo cómo concurren las 
causas favorables particulares. Concurren, pues, todas 
cinco causas, porque toda esta Isla es tierra enjuta de 
agua de mar, de lagunas hediondas, y las de una que 
hay son muy limpias y de muy buen pescado, que ten- 
gan el agua salada ó dulce, y las riberas della areno- 
sas, y la tierra de alrededor tiesta y no lodosa, enjuta, 
airosa y limpia de todo lo que le puede dañar; es limpia 
de ciénagas de charcos esta Isla y de toda hediondez, 
porque todas las aguas que tiene , que pudieran causar 
ciénagas ó alguna pudricion, no son sino arroyos y rios 
corrientes, y de limpias y delgadas y suaves aguas. El 
terruño ó tierra de toda ella, es jugosa y gruesa ó llena de 
grosura en si, cubierta de odorífera yerba de árboles fruc- 
tíferos y lindos, y así fértilísima y felicísima; y de muy 
agradable color, no negra sino en algunos lugares co- 
lorada, y generalmente algo pardilla como un leonado 
oscuro. Bestias ponzoñosas no las hay, puesto que hay, 
como se dijo, unas poderosas culebras muy mansas y 
cobardes que las pisa el hombre muchas veces y cuasi 
no lo sienten, porque mientras se 'revuelven á desha- 
cerse de como están hechas rosca pasa mucho tiempo; 
y yo he visto comerlas á los españoles, con hambre, á los 
principios que comenzaron á destruir las gentes, veci- 
nos y moradores desta Isla, y comer de la cola donde 
tienen las culebras y sierpes la ponzoña y no recibir 
mal alguno. Es asimismo toda esta Isla, tierra descu- 



344 msroKiA 

bierta y exenta , no avahada ni sombría, sus sierras y 
montes y montañas muy altas, rasas; los collados, los 
valles, las cuestas muy bien asentadas, las cuales todas, 
y cada parte dellas, las bañan y penetran y apuran los 
aires y el sol; los valles muy sin nieblas, claros y delei- 
tosos, con sus corrientes rios y arroyos, y si algunas 
causan en ellos los vapores, como son muy delgadas y 
sotiles, fácilmente las resuelve y deshace el sol. Los 
aires naturales que se engendran en esta tierra son de 
necesidad claros, sotiles, no espesos, nebulosos ni os- 
curos, sino de buena sustancia, porque se engendran de 
los frescores de las sierras y montañas tan altas y valles 
desavahados, que causan las suaves noches, y por eso no 
seles mezclan vapores ó fumosidades extrañas, ni gruesas, 
ni de mala naturaleza, porque no hay de dónde , como 
quiera que no pasen por lugares cenagosos, podridos ó 
hediondos, ni por donde haya malas yerbas ó ponzoño- 
sos árboles que los inficionen con sus vapores, antes los 
árboles por donde pasan, como sean pinos y otros muchos 
muy altos que arriba hemos contado, son de nobilísima 
especie ó casta, y las yerbas odoríferas y medicinales, 
como queda declarado, y así no exceden en alguna de 
las cuatro primeras calidades, que son, frió, calor, hu- 
medad y sequedad; y aunque alguna humedad parece 
tener esta Isla más que sequedad, pero recompénsase 
con la enjutez de la tierra y clemencia de los aires, y 
también de los vientos, como luego se dirá. De la sotileza, 
claridad, buena sustancia y clemencia de estos aires, po- 
dré dar un argumento bien claro , que de cerca de sesen- 
ta años que ha que conozco esta Isla y habitado en ella 
muchos años, no me acuerdo que pasase más de un dia 
que no se viese el sol en invierno ni en verano; aunque 
á la verdad no hay invierno sino que todo el año es ve- 
rano, pues por Navidad canta el ruiseñor, como arriba 
ha sido relatado. Los vientos comunes que corren por 
esta Isla, y por la mayor parte de todas estas Indias son 



DE LAS INDIAS. 345 

los que llaman los marineros brisas, y por el aguja del 
marear se llaman Nordeste y Nornordeste y Lesnordeste, 
que parte son boreales, vecinos del Norte , y parte orien- 
tales, y así son los más sanos de todos los cuatro cardi- 
nales ó principales, según los filósofos y médicos y as- 
trólogos, y según Aristóteles en el séptimo de la Política, 
capítulo 11, y en el segundo de los Meteoros. Los vientos 
orientales son más sanos que otros , porque por su mucha 
materia moran más debajo de la vía del sol, por lo cual 
son más cálidos, y por su calor resuelven las nubes y 
sutilizan y apuran el aire, y así causan sanidad. ítem 
el aire de las regiones orientales es aire claro y poco 
seco, templado, entre húmedo y cálido, y por esto el 
viento (que no es otra cosa sino aire movido y forzado á 
correr por las fumosidades ó vapores, que salen de la 
tierra con ímpetu y que de Oriente nascen) clarifica las 
aguas y dales sabor suave, y por esta causa los cuerpos 
conservan sanidad por la templanza de sus calidades; de 
aquí también es que los vientos orientales más que otros 
abundan en flores y frutos. ítem, las aguas de los rios 
también que corren hacia Oriente y que por allí entran 
en la mar , como hay infinitos en esta Isla, son mejores y 
más claras y más sanas ; la razón es por el encuentro de 
los vientos orientales, y también por la reverberación 
del sol, que viene de Oriente, que las apuran y sutili- 
zan. Los vientos boreales, que también corren y vientan 
en esta Isla y proceden de debajo del polo Ártico que 
llamamos Norte, y según San Isidoro, en el libro XI, ca- 
pítulo 13, y libro XIV, cap. 8.% proceden de aquellos 
montes Hiperbóreos que digimos en el capítulo prece- 
dente, donde viven las gentes beatísimas, son asi- 
mismo salubres y convenientes á la humana habitación, 
porque son frios y secos y vientan con ímpetu y vehe- 
mencia, y por razón de su fuerza limpian y apuran el 
aire, ahuyentando las nubes y vapores gruesos que están 
en él, y por su frialdad y sequedad endurecen los cuer- 



316 iiiSfüiiiA 

pos y cierran los poros por de fuera, incluyendo y ahu- 
yentando el calor intrínseco natural para la buena di- 
gestión; purifican los humores, sutilizan los espíritus y 
los sentidos , ayudan la potencia digestiva , la retentiva 
confortan, el aire pestilencial sanan, y ayudan la po- 
tencia generativa y así causan en todo sanidad, lo que 
no puede ser sin mediocridad ni templanza. Pues que las 
aguas desta Isla son sanas y maravillosas, y ayudan 
á la templada y buena habitación humana , por lo que 
dellas hemos dicho arriba en los capítulos 6."* y Q."", 
bien claro á quien lo leyere parecerá; y la razón desta 
mediocridad y sanidad es, porque son muy dulces, muy 
movibles y corrientes , clarísimas , muy sotiles y delga- 
das, descubiertas, donde las dá todo el dia el sol, des- 
cienden de montañas ó sierras muy altas, pasan por 
tierras enjutas y arenosas , con el calor del sol y con 
el verano muy presto se escallentan, y con la frescura 
de la noche y con el tiempo que acá tenemos por in- 
vierno, aunque no lo es pero es el más fresco de todo el 
año, se suelen fácilmente enfriar. Todas las dichas cali- 
dades ó propiedades, que en este capítulo y en el prece- 
dente habemos notificado , ponen y acumulan los que, de 
las señales y juicio que alguna tierra es templada y 
cómoda y proporcionada para la habitación humana, tra- 
taron, del número de los cuales es Avicena en el libro I 
De locorum JiaUtahilium indiciis , cap. 11, é Hipocras en 
el libro JDe Aere et aqua, y Aristóteles en el VII de Las 
Políticas ; Tolomeo en el Cuadripartito , tratado II , capí- 
tulo 1.° y 2.'', y Haly, su intérprete; Alberto Magno, en 
el libro I, tratado primero, cap. 25 de los Meteoros, y 
en el libro De Natura locorum,, cap. 11 y 13, y otros mu- 
chos. Y así, de todo lo dicho manifiestamente parece, 
concurren esta Isla, no sólo la causa universal, aspecto 
y figura del cielo, pero muchas favorables particulares 
que juntamente causan en ella mediocridad y templanza, 
y por consiguiente hacen salubre y deleitable su habi- 



Uü LAS iNüL\á. 347 

tacion; y porque su altura es desde 16 hasta 20 grados, 
cuanto á su latitud, por eso el sitio que tiene cae debajo 
del clima primero , según la distribución de los climas 
que hicieron los antiguos, pero debajo del segundo y 
tercero según la de los modernos. Comunmente la costa 
ó ribera de la mar del Sur es más caliente que la del 
Norte, aunque los embates y vientos de la mar ordi- 
narios la templan desde medio dia abajo, como arriba 
hemos dicho , pero la del Norte abunda en frescura 
más; es la razón porque por aquella parte le vientan las 
brisas ó vientos boreales, sin que los impida la tierra 
como le vengan descubiertos inmediatamente por la 
mar. En todas partes , frias ó calientes , siempre la 
costa ó ribera de la mar naturalmente es caliente , por- 
que la mar de su género y naturaleza es cálida , por la 
terrestridad que se la apega cálida ó quemada por la 
reverberación de los muchos rayos del sol, que se des- 
parcen por muchas partes sobre ella, y por esto, de 
necesidad, los lugares vecinos á la mar han de ser cáli- 
dos y secos ó cálidos y húmedos , sino fuere por alguna 
causa particular, como vemos especialmente en estas 
islas , según hemos dicho , de las continuas brisas y vi- 
razones del dia y los terrales de noche. 



348 HISTORIA 



CAPITULO XIX. 



Entre otras cosas buenas que esta Isla tiene no es 
de dejar de referir ésta, que tampoco es de no mucho 
estimar, conviene á saber, que en toda ella no crian los 
españoles piojos ni pulgas; de los piojos, por maravilla 
uno se suele, sino muy raras veces, hallar; de las pulgas, 
ninguna se halla donde quiera que la casa está de gente 
habitada. Lo que dellas he visto, por experiencia, es 
que cuando se hacen algunas chozas, así como se suelen 
hacer en las minas, que hoy las hacian y dende á un 
mes ó dos , acabada la mina , por ir á buscar otra mina, 
dejaban aquella choza , luego que la gente salia se hen- 
chía de pulgas , y duraban en ella tres ó cuatro dias y 
después se morian todas. Los vecinos naturales indios 
desta Isla criaban en las hamacas, sus camas , y también 
en las cabezas, hartos piojos; perecidos ya todos los in- 
dios y sucedido en esta tierra tanta multitud de negros^ 
no sé cómo les va de piojos. Generalmente las naos y la 
gente que por la mar anda hierven de aquesta fruta 
en tanto, que para los que de nuevo en la mar caminan 
no es poco cuidado y trabajo, pero por el viaje destas 
Indias vemos una cosa singular y de notar; que hasta 
las Canarias y 100 leguas más acá, ó por el paraje de las 
islas de los Azores, son muchos los piojos que se crian, 
pero desde allí para acá comienzan á morirse todos , y 
llegando á las primeras islas no hay hombre que crie ni 
vea uno ; á la tornada para Castilla, van todas las naos 
y gentes dellas limpios destas criaturitas, hasta lle- 
gar en la dicha comarca, desde allí adelante, como si los 
esperasen , los tornan luego en mucho número á inquie- 



DE LAS INDIAS. 



349 



tar. Dos cosas hobo y hay en esta Isla, que en los prin- 
cipios fueron á los españoles muy penosas: la una es la 
enfermedad de las bubas, que en Italia llaman el mal 
francés, y ésta, sepan por verdad que fué desta Isla, o 
cuando los primeros indios fueron, cuando volvió el al- 
mirante don Cristóbal Colon con las nuevas del descubri- 
miento destas Indias, los cuales yo luego vide en Se- 
villa , y éstos las spudieron pegar en España, inficionando 
el aire ó por otra vía, ó cuando fueron algunos españo- 
les, ya con el mal dellas, en los primeros tornaviajes á 
Castilla, y esto pudo ser el año de 1494 basta el de 1496; 
y porque en este tiempo pasó con un gran ejército en 
Italia, para tomar á Ñapóles, el rey Carlos de Francia que 
llamaron el Cabezudo, y fué aquel mal contagioso en 
aquel ejército, por esta razón estimaron los italianos que 
de aquéllos se les babia pegado, y de allí adelante lo 
llamaron el mal francés. Yo hice algunas veces diligen- 
cia en preguntar á los indios desta Isla si era en ella 
muy antiguo este mal, y respondian que sí, antes que 
los cristianos á ella viniesen sin haber de su origen me- 
moria, y desto ninguno debe dudar; y bien parece tam- 
bién, pues la divina Providencia le proveyó de su propia 
medicina, que es, como arriba en el cap. 14 digimos, el 
árbol del guayacan. Es cosa muy averiguada que todos 
los españoles incontinentes, que en esta Isla no tuvieron 
la virtud de la castidad , fueron contaminados dellas, y de 
ciento no se escapaba quizás uno sino era cuando la otra 
parte nunca las habia tenido;, los indios, hombres ó mu- 
jeres, que las tenían eran muy poco dellas afligidos, y 
cuasi no más que si tuvieran viruelas, pero á los espa- 
ñoles les eran los dolores dellas grande y continuo 
tormento, mayormente todo el tiempo que las bubas 
fuera no salían. Lo otro, que afligió algunos españoles 
á los principios, fué las que llamaban los indios niguas; 
éstas son cierta especie de pulgas, y así saltan como 
pulgas, y son tan chiquitas que apenas pueden ser vistas. 



350 HISTORIA 

Engéndranse del polvo de la tierra, y para que no las 
haya, ó se crien menos, requiérese tener siempre la casa 
muy barrida, regada y limpia; éstas se meten comun- 
mente en las cumbres de los dedos de los pies, junto á 
la uña, y van comiendo y cavando todo el cuero hasta 
la carne , y allí paran ; cuando comen causan la comezón 
como de los aradores, y algo más vehemente y más pe- 
nosa. Ella ya metida en la carne, allí, poco á poco dentro 
de un dia ó dos, se corrompe y deja de ser pulga, y há- 
cese una bolsita blanca de un cuero ú hollejo delgado, 
de la hechura de una lanteja y de su tamaño , y si la 
olvidan siete ú ocho dias cresce á ser poco menos que 
un garbanzo: parece propia como una perlita de aljófar. 
Esta bolsilla está llena de liendres muy blancas, y que 
terna dentro de sí, por chica que sea, más de ciento, y 
en cierto tiempo todas viven y se tornan negras como 
fué la madre y son otras tantas niguas. Hánse de sacar 
con un alñler apartando el cuero del dedo muy sotil- 
mente y poco á poco, porque no reviente ó se quiebre, 
porque , si revienta , las liendres se desparcen, y otras 
quedan en el agujero que deja, el cual es tamaño cuanto 
ella es gorda , y no se pueden bien todas sacar, y por 
esto luego las liendres que allí quedan se hacen niguas, 
y se convierten en otras bolsas llenas de aquella simien- 
te; así que, apartando el cuero poco á poco con el alfiler, 
después con los dos pulgares de las manos apretando 
como quien quisiese sacar la podre de algún divieso ó 
granillo, luego sale la bolsa toda entera, según dije, 
como un grano de aljófar ó perla. Ella fuera, hinchan el 
agujero, que deja hecho, de ceniza y luego suelda, á ella 
echalla en el fuego ó molella entre dos piedras porque 
mueran todas las liendres, y para que no entren más en 
aquel agujero es bien henchirlo de aceite; son muy más 
penosas de sacar antes que la pulguilla se corrompa y 
haga la bolsilla , y cuanto la bolsa es más grande menos 
pena dan sacándolas. Y como en aquellos tiempos pri- 



I)E LAS INDIAS. 



351 



meros andaban los nuestros españoles monteando por 
su propia culpa los indios, que huian de su braveza y 
crueldad, calzados con alpargates, y no sabian lo que las 
niguas eran, ni sacarlas, olvidábanse en los pies y pu- 
dríanse en ellos, y escupian infinitas liendres, con las 
cuales se cundian en otros muchos lugares, y así pade- 
cíanse mucha manquedad aflicción y trabajos. Dije cal- 
zados con alpargates, porque allí se esconden aquellas 
pulguillas más que en otro calzado, quien anda calzado 
con calzas y zapatos, y mejor si con borceguíes, por 
maravíllale puede entrar alguna; los indios dellas re- 
cibían poco daño, aunque andaban descalzos, lo uno por 
la limpieza de se lavar muchas veces, y lo otro porque 
tienen diligencia en luego como las sienten sacarlas: 
lléganse mucho á la suciedad, y porque los negros son 
sucios y no se acostumbran á lavar, ó también porque 
quizás su carnadura es más que otra dispuesta para ellas, 
son dellas más fatigados. 



352 HISTORIA 



CAPITULO XX 



Para concluir la felicidad y excelencia desta Isla, 
será bien cotejalla con las más cognoscidas y celebradas 
islas que antiguamente fueron en el mundo ; éstas fue- 
ron principalmente tres: Inglaterra, Sicilia, y Creta, que 
agora se llama Candía. Cuanto, á la grandeza de Ingla- 
terra, según César en sus Comentarios, libro V, De helio 
gallico, tiene en' todo su circuito dos cuentos de pasos, 
que son más de 650 leguas , y ■ habla según lo que por 
relación délos mismos ingleses César oia. Plinio, libro IV, 
capítulo 16, refiriendo también lo que otros decían, dice 
que de luengo tiene Inglaterra. 800.000 pasos, que hacen 
270 leguas, y de ancho 300.000, que cumplen 100 leguas, 
pero estas medidas ambas son falsas sino se salvan con 
que, según los antiguos, para hacer una legua debían 
poner más de tres pasos (ó eran pasos de gatos), porque 
según hoy vemos por las leguas que se tasan por el arte 
de marear, que es la verdadera experiencia, no tiene de 
longura, entrando en ella el reino de Escocia, sino 160 
leguas, y de ancho 100 no más, y éstas contándolas desde 
una puntilla de tierra, harto delgada, que se llama Míra- 
furda, que, en la verdad, no es lo ancho de la Isla; lo 
ancho della, y no de toda ella sino por cierta parte, no 
llega á 70 leguas. Beda, que fué natural desta Isla, y 
San Isidoro, libro XIV, cap. 6.*", que refirió la cuenta 
del. mismo Beda en el principio de su Historia eclesiás- 
tica, y también Solino, cap. 3.'', dicen que tiene de 
circuito 48 veces 75.000 pasos, que hacen más de tres 
cuentos y medio de pasos, que venían á hacer 1.400 le- 
guas, lo cual es manifiesto ser falsísimo por la experien- 



DE LAS INDIAS. 353 

cia. Diodoro dice aun más en gran exceso, que tiene la 
dicha Isla 42.000 estadios, que hacen 2.260 leguas en 
circuito , y esto es más que falso como por los ojos se 
demuestra, así que la verdad es lo que arriba está dicho. 
Pero esta isla Española todo el luengo que tiene son 145 
leguas, el ancho son 80 ó al menos 70 buenas, en cir- 
cuito siempre se ha dicho tener 600; el Almirante, que la 
bojó ó anduvo en derredor, de propósito, toda, dijo tener 
700, de manera que antes tiene más tierra esta Isla en 
ancho y en largo que Inglaterra, ó al menos, según la 
verdad, no es menor que ella. Inglaterra es fructífera, que 
dá los frutos de la tierra de que se mantienen los hom- 
bres, tiene grandes arboledas, grandes campos y pastos 
para ganados y bestias, donde hay gran número de ove- 
jas, porque no hay lobos; vino no lo habia antiguamente, 
agora lo hay, no en todas sino en algunas partes; tiene 
oro y plata, hierro y plomo, y estaño y perlas ó marga- 
ritas; tiene salinas, tiene rios grandes, es tierra más tem- 
plada que Francia. Habitábala de gentes gran multitud, 
de costumbres, según Diodoro, simples y muy diferen- 
tes de la astucia y malicia de otras gentes; contentá- 
banse con comida simple , y de los deleites que usan los 
hombres ricos muy ajenos, las casas hacian de palos ó 
ramas y cañas; tenían muchos reyes y príncipes, los 
cuales todos vivian en paz. Todo esto es de Diodoro; pero 
Plinio, y Solino , y Julio César y otros, ponen hartas ma- 
las costumbres de aquellas gentes, como abajo parecerá; 
todo lo de mas arriba es de los Comentarios de César, y 
de Estrabon, libro IV, y Solino, cap. 35\ Plinio, libro IX, 
cap. 35, y libro XXXIV, cap. 17, y Diodoro, libro VI, 
cap. 8.°, y de otros. Esta nuestra Española es toda, como 
ya está dicho, más que ninguna otra fructífera, para los 
mantenimientos de los hombres, de frutos infinitos ; las 
arboledas y frutales naturales de la tierra, y de los que 
de Castilla se han traido, mayormente naranjas , y li- 
mones, y sidras, granadas, y higueras, nunca tantas y 
Tomo Y. 23 



354 HISTORIA 

tales por el mundo, fuera destas Indias, se han visto; 
vino, ni lo habiani se ha hecho, puesto que muchas uvas 
se comen cada dia, y no haberse hecho por nuestra culpa 
y negligencia ha sido. Campos y dehesas para toda es- 
pecie de ganados y bestias domésticas, no hay tierra 
tanta ni tal, en mucha parte del mundo, tan dispuesta 
y aparejada para ellas, ni dellas que esté hoy ni haya 
estado tan llena; muchos vecinos hay, y que pasan de 
500, que tienen á diez á veinte y á treinta y á cincuenta 
y á sesenta mil vacas, tan grandes que son mayores que 
búfanos; ovejas no tienen número, y cabras muchas, y, 
sobre todas las carnes, la infinidad de los puercos y la 
carne dellos no se igualan gallinas ni capones con ella. 
Bestias caballares exceden, asi en número como en her- 
mosura, grandeza, ferocidad y gentileza, á todos los que 
en toda la redondez del orbe se crian; andan mostrencas 
y perdidas millares de yeguas y caballos, por los montes? 
sin dueño, que no hay quien diga estas son mias. Muías 
y las demás bestias para el servicio no tienen número 
cuando se ^ace por ellas, y en muchas partes no halla- 
rán par. Oro tiene mucho y más fino que en otras partes 
del mundo , como arriba se ha probado , hierro y cobre 
también, aunque no nos hemos curado mucho dello, por 
venir tanto de Castilla y tan barato, y por el ansia que 
tenemos de andar tras el oro, lo cual nos impide aquesta 
y otras muchas más provechosas y naturales que el 
oro. Perlas ó margaritas , ni plata ó estaño , hasta agora 
no se han hallado, aunque hallarse por muchas partes 
desta Isla plata y estaño, y quizá plomo, yo no dudo, 
pero, en lugar de esto, hay minas de azul muy fino 
y de ámbar, puálto que en pocas partes; de creer es 
que se hallaria más si se buscase. ítem, para la re- 
compensa de la plata y margaritas que hay en Ingla- 
terra, tiene aquesta isla Española 40 y 50 ingenios de 
azúcar, y disposición para hacer 200, que valen más 
y son más provechosos al linaje humano que cuanta 



DE LAS INDIAS. 355 

plata, y oro, y perlas en Inglaterra hay. ítem los árboles 
y yerbas medicinales , señaladamente el palo de Guaya- 
can , que no sólo para el mal francés ó de las bubas pero 
para toda enfermedad que proceda de frió y humedad, y 
el árbol de que se hace el bálsamo artificial, y otros in- 
finitos que se cree haber de su naturaleza saludables, 
cosas más preciosas son que ni margaritas, ni oro, ni 
plata, ni plomo ni estaño. Los rios cuántos y cuáles, y 
cuan caudales y de cuan dulcísimas y suaves aguas, ar- 
riba queda bien declarado. Salinas de agua de la mar y de 
una sierra grande , que la peña de toda ella es sal , mu- 
chas hay. Toda esta Isla ser temperatísima , salubérrima 
y amenísima, y el cielo, y suelo, y aires locales, y natura- 
les della, y los vientos que la bañan, y refrescan, y re- 
crean, ser todo favorable para cumplimiento de su gran 
felicidad, por todas las cualidades della, en muchos ca- 
pítulos arriba referidas, se puede asaz y abundante- 
mente colegir. De la multitud de las gentes que habita- 
ban esta Isla querer hablar, es acometer á contar 
cuántas aguas entran en la mar; eran innumerables, 
según que abajo más parecerá, tenían muchos reyes, y 
todos vivían , sino eran muy raras veces que riñesen por 
alguna ocasión, en paz. Cinco reyes había grandes, de 
cinco principales reinos y provincias que en esta tierra ó 
Isla hay; el uno se llamó Guacanagarí, la sílaba última 
aguda , el cual reinaba en la provincia que se llamaba el 
Marien, que es donde comienza la Vega Real, teniendo 
las espaldas al Norte, por donde la descripción de esta 
Isla comenzamos , y que fué la primera tierra que desta 
Isla el Almirante viejo descubrió ; el otro Rey fué Guario- 
néx, la última sílaba luenga, que en la Vega Real reí- 
naba, y éste fué muy gran señor ; el otro se llamó Cao- 
nabó , la misma última también larga, que en la provincia 
reinó de la Maguána, donde se asentó después una villa 
de españoles que llamaron San Juan de la Maguána, 
luenga la sílaba penúltima , y esta tierra raya hacia la 



356 HISTORIA 

parte austral: éste fué muy valeroso y de inuclia grave- 
dad y autoridad, y i, su manera muy esforzado. Fué el 
cuarto rey Behecliio, la penúltima luenga también, que 
reinó en el reino de Xaraguá, la última aguda, y éste en 
corte y polideza y otras humanas calidades á todos los 
demás excedió; y ésta cae á la parte desta Isla más 
occidental. Era el quinto reino en la provincia de Hi- 
guey, la penúltima luenga, que es al Oriente, cuya 
tierra, viniendo de Castilla á esta Isla, es la primera que 
topamos, y en éste reinaba en mi tiempo una reina vieja 
llamada Higuanamá, la última sílaba aguda. A estos 
cinco reyes obedecian y seguian otros infinitos grandes 
señores, que numerarlos sería mucho esta Historia dila- 
tar. De todo lo cual parace no ser inferior ni menos rica 
y preciosa esta isla Española que la de Inglaterra, antes 
en muchas calidades naturales, riquezas y propiedades 
salubres, le hace muchas ventajas. La otra Isla, por la 
antigüedad de los siglos pasados muy celebrada, fué la 
isla de Sicilia, la troja ó alholí de los romanos nom- 
brada, según Estrabon, libro VI de su Geografía; la 
grandeza della, rodeándola toda, según Plinio, libro III, 
capítulo 8.", son 618.000 pasos, que hacen 206 leguas, 
dando á cada legua 3.000 pasos. Solino, cap. 40 de su 
PolystoT, pone 3.000 estadios (al cual sigue San Isidoro, 
libro XIV, cap. 6.^ de las Etimologías), que suman 126 
leguas , pero algunas más añade Diodoro como natural 
vecino della; éste asigna en su libro VI, cap. I.^ 4.360 
estadios, los cuales cumplen 182 leguas, aplicando á 
cada ocho estadios una milla , y tres millas á cada legua, 
porque cada estadio contiene 125 pasos, que fué la car- 
rera que corrió Hércules sin resollar, y porque allí paró 
y estuvo, se dijo estadio a stando, según San Isi- 
doro, XV, cap. 16 de sus Etimologías; por manera que 
según todos, poco más ó poco menos, concuerdan, 
cuanto á la grandeza podrán caber dos buenas Sicilias 
en esta nuestra Española isla. Cuanto á la fertilidad, Pli- 



DE LAS INDIAS. 357 

nio, libro X, cap. 18, dice ser fértilísima y que dá de 
trigo ciento por uno; en esta isla Española no lie mirado 
lo que multiplica el trigo de Castilla , porque no hemos 
curado dello por ocuparnos en otras, c^mo arriba dije, 
granjerias, pero yo lo hice sembrar una vez, y dello 
cinco celemines , de los cuales fueron hechas tres hazas 
grandes , y muy espigado, que lo venian á ver por ma- 
ravilla, y porque lo sembraron muy temprano y vino 
agua antes que del todo granase, con ella se anubló y 
perdió, y, según lo que mostraron, bien se creyó que 
sobrepujara á la multiplicación de lo de Sicilig. El maliíz, 
grano desta Isla, mucho más dá de sí en aumento que 
ciento por uno , y aun ciento y cincuenta , porque de un 
grano nace una caña, y en una caña proceden al menos 
comunmente tres mazorcas ó espigas, y cada espiga ó 
mazorca tiene 600, y 700, y 800 granos, de manera que de 
un grano salen al menos mil y quinientos. Pliniopone por 
maravilla que el campo de Byzancio , que es en África, 
daba 150 hanegas por una, y que de allí envió un hace- 
dor imperial á César Augusto de un sólo grano ( lo cual 
dice Plinio ser apenas creíble) pocas menos que 400 ma- 
collas ó hijos de trigo, y otro al Emperador Ñero en- 
vió de un grano 340 cañas con sus espigas; esto dice 
Plinio. En la provincia del Rio de la Plata, procedieron 
de 30 granos de trigo 30.000, en la de Guatemala, de 
cinco granos de trigo salieron 180 espigas muy gran- 
des y hermosísimas ; esto me certificaron las personas do 
verdad y autoridad que lo vieron. Tornando al propósito, 
Solino pone muchas y diversas cosas naturales, y no 
menos admirables, de la isla de Sicilia, de las cuales 
las más no hacen al caso, para que puesto que en ésta 
no las haya pierda algo de su excelencia; dellas son la 
fuente de Diana, de la cual si con manos no castas to- 
care alguno el agua, no se podrá mezclar aquella agua 
con vino ; la sal que se hace en la ciudad Agrigentina, 
pueblo de aquella Isla, que si la echan en el fuego se des- 



358 HISTORIA 

hace, y si la echan en el agua estalla ó revienta, como la 
otra sal echada en el fueg-o , haciendo ruido; que en cierta 
parte de la Isla, la tierra cria muchas cañas, de que se 
hacen flautas de diversos sonidos; en esta Española son 
las cañas cuasi macizas, pero muy provechosas para ha- 
cer casas y para otras muchas cosas. Hay en Sicilia una 
fuente que es quieta y tranquila, pero en sonando una 
flauta ó en cantando una voz , cuasi como si se admirase 
con ella, se levanta el agua y derrama saliendo de sus 
términos; otras dos fuentes hay, la una es, que si una 
mujer estórjj., que no concihe, del agua de ella hebiere 
será fecunda y concebirá, y la otra, si la mujer fuere 
fecunda se hará estéril y no concebirá. Otras muchas 
cosas maravillosas naturales y otras fabulosas refiere 
allí Solino, que para nuestro propósito hacen poco al 
caso; San Isidoro dice que abunda en oro, no sé si lo dice 
por el pan y otras cosas ricas que della para sustenta- 
ción de los hombres salen, ó porque minas de oro en ella 
haya, pero parece que desto, pocos ó ningún autor 
mención hace; algunas piedras preciosas, y esmeraldas, y 
coral, según Plinio, libro XXXII, cap. 2.^ y libro XXXVII, 
cap. 5."", y Solino, dicen que allí se hallan. Dice más So- 
lino, que todo lo que aquella Isla cria, ó que la tierra 
con su fertilidad natural lo produzca , ó que por indus- 
tria humana se siembre, todo es cercano á las cosas que 
son perfectas, excepto el azafrán de la ciudad que allí 
hay, que se llama Centuripina, que á todo lo sobrepuja; 
afirma también que no pasa dia que no se vea el sol en 
la ciudad Siracusana , que es la metrópoli de aquella Isla, 
aunque sea tiempo de invierno. De la fertilidad desta 
Isla, cuanto á lo que dá de sí y de lo que por industria 
de los hombres se cria, y como apenas qae por todo el 
año no se deje de ver el sol un dia, no en sola una ciudad 
ni una provincia sino en toda esta gran Isla, asaz queda 
en los precedentes capítulos prolijamente dicho, y por 
todo ello parece en cuantas cualidades y riquezas natu- 



DE LAS INDIAS. 



359 



rales , al menos cuanto á la capacidad y aptitud, cielo y 
suelo y otras propiedades, para producir muchos más 
bienes y utilidades para la feliz y próspera vivienda de 
los hombres, esta Española excede á Sicilia. De las piedras 
y coral que allí dicen haber, aunque ya no debe parecer 
alguno, y que en ésta no se han visto hasta ahora, en lo 
que á las perlas de Inglaterra digimos queda respon- 
dido. La tercera Isla, por los antiguos muy nombrada 
y solemnizada, es la isla de Candía, que antiguamente 
se llamó Creta ; esta Isla fué celebratísima en los tiem- 
pos antiguos, mayormente por los poetas , y también to- 
dos los escritores griegos hacen gran mención della, y la 
razón fué porque en ella se hallaron las cosas más famo- 
sas que trata la materia poética. Nasció en ella el gran 
Júpiter, y reinó en ella y en ella fué sepultado ; della fué 
Saturno; á ella fué llevada Europa , hija del rey Agenor; 
della también fué la madre de los dioses, que fué Cibe- 
les; destas cosas hablan, Virgilio en el III de la Eneida, 
y Ovidio, libro III, Metamorfóseos. Por estas causas, y por 
la grandeza y otras muchas calidades señaladas que esta 
isla tiene, los que repartieron las provincias de Grecia, 
y le dieron dos provincias en la mar, dijeron que la una 
era Candía ó Creta, y la otra era las islas Cyclades; por 
manera, que ásola Candía contaron por provincia ma- 
rina de Grecia, igualándola con las islas Cyclades, 
siendo 53 como San Isidoro cuenta, y muy nombradas 
islas entre ellas, y tanto la quisieron magnificar los poe- 
tas, que dijeron ser adornada de cien ciudades, y no so- 
lamente los poetas, como Séneca en la tragedia primera 
llamada Hércules Fnrens, pero aun muchos de los his- 
toriadores, á los cuales, siguiendo San Isidoro, libro XIV, 
capítulo 8.° de sus Etimologías , dice que tenía cien 
ciudades otro tiempo ; pero rearguye Solino en su Po- 
lystor, cap. 35, y dice que aquellos fueron muy pró- 
digos en el hablar y dar loores demasiados : Non stipata 
cenhim nrliUis sicut perJiibent qui prodige ling%a largiti 



360 UISTORIA 

sunt, sed magnis et ambiciosis oppidis, etc.; confiesa, em- 
pero, tener algunos grandes y famosos lugares j pobla-? 
cienes. Y puesto que le dieron los poetas demasiados y 
fingidos loores cerca desto , todavía los mereció verdade- 
ros por muchas excelencias que tuvo; de las cuales algu-^ 
ñas cuenta Solino, y Estrabon, libro X, Diodoro, libro VI, 
capítulo 13, y Plinio, libro IV, cap. 12, y San Isidoro, 
libro XIV, cap. 6.^ y otros muchos poetas é historiado- 
res. La grandeza della, según Plinio , es de longura de 
Oriente á Poniente 270.000 pasos, que hacen 90 leguas, 
y de latitud no excede en 50.000, que son 16 leguas; y 
en circuito y boja tiene 589.000, que- cumplirán no caba- 
les 200 leguas; esta es cuenta d^ Plinio, donde arriba. 
Estrabon, refiriéndose á otros, dice que tiene de 
luengo 2.300 estadios y más, que hacen 96 leguas, y de 
circuito 5.000 y algunos más estadios, que serán 210 le- 
guas ; por manera que, cuanto á la grandeza, bien podrán 
tres Cretas ó Candías caber en esta nuestra Española isla. 
Cuanto á la templanza y fertilidad , dice Solino y San 
Isidoro , que antiguamente se llamaba Macaroneson, que 
en griego significa ser templada, por la clemencia del 
cielo y fertilidad y bondad de la tierra; Plinio dice, li- 
bro XXV, cap. 8.°, que las cosas que en ella se crian 
son infinitamente mejores que las que nacen en otra 
parte de aquel género , el vino señaladamente que en 
ella se hace es excelente , y abunda en campos para pas- 
aos de ganados, mayormente para ganado de cabras; cier- 
vos no los hay, las lechuzas y serpientes no pueden vivir 
en ella, y si acaso de otra parte allá las llevan, luego se 
mueren, según dice Solino y San Isidoro; lobos, ni zorras, 
ni animal ponzoñoso alguno , no lo tiene, según todos, y 
Plinio, libro IX, cap. 58, excepto arañas ponzoñosas, 
según Plinio, allí, y según Solino, que se llsiman pMlam- 
gra, cierta especie de araña chiquita y que dando una 
picada mata un hombre. Tiene abundancia de cedros, se- 
gún Plinio, libro XVI, cap. 24, principalmente sobre 



DE LAS INDIAS. 361 

unos montes ó sierras altas que nunca carecen de nieve, 
y según Solino si los cortan tornan á reverdecer. Hay 
en ella una yerba, según Plinio , libro XXV, cap. S."", y 
Solino y San Isidoro, que se llama dictamnos y halimon 
(ó quizá son dos estas yerbas), de la cual pone Plinio 
grandes virtudes y efectos en muchas partes , y Solino y 
San Isidoro ponen que si la muerden no se siente la 
hambre por todo el dia; otro de los efectos suyos que 
ponen, es que si una cabra es herida con una saeta, luego 
la va á buscar, y comiéndola la salta la saeta del 
cuerpo; otro efecto tiene, yes que á las mujeres que 
tienen dolores de parto las ayuda á luego parir, ó las 
aplaca los dolores, y para esto, no de los ramos ni de la 
fructa ó flor de ella, sino de las hojas bebidas con agua, 
se han de aprovechar, las cuales tiene semejantes á las 
del poleo. También afirma esto Teofrasto, libro IX, capí- 
tulo 16 de la Historia de las plantas. Estas cosas son 
las en que podamos cotejar esta isla Española con la de 
Creta, dejadas muchas fábulas é historias con que 
aquella fué por poetas é historiadores engrandecida, dS 
las cuales algunas tocaremos abajo cuando la materia 
lo pidiere. Ya, pues , habemos visto que esta Española 
excede á aquella en la longura , anchura y redondez de 
toda ella; en la templanza y suavidad de los tiempos, 
clemencia de aires y cielos, y fertilidad de la tierra, 
queda también manifiesto, porque aun allí habia en 
cierta sierra siempre nieves , que por la mayor parte 
donde quiera que están , al menos los lugares que ocu- 
pan y los que alcanzan propincuidad dellos, no suele 
ser buen vecino y al cabo son estériles. Si aquella te- 
nía muchas y grandes poblaciones , como dice Solino, 
aquesta tenía infinitas , y llenas de infinitas gentes , no 
eran muy grandes, pero toda cuan grande es estaba de 
gentes llena. Y dejado lo que los primeros que á ella 
vinimos con nuestros ojos vimos, es desta multitud ma- 
nifestísimo argumento que toda esta Isla y todas estas 



362 HISTORIA 

islas son sanísimas , no tenian entre sí guerras, no pade- 
cían hambre , ni pestilencias , nacían y multiplicaban 
cada día infinitas gentes, que cada mujer casada tenía 
comunmente tres, y cuatro, y cinco hijos, como parece- 
rá, y morían viejos, de necesidad la gente había de ser 
infinita; porque esta es conclusión universal y verdade- 
rísima , que donde no hay ni guerras, ni hambre, y faltan 
pestilencias , siempre nascen más gentes que mueren. 
Otro argumento y señal es y será , al que hoy quisiere 
mirar en ello, manifiesta, que como las labranzas que 
tenian eran en montones de tierra, y no fácilmente con 
las aguas ni vientos se deshacen , no se hallará hoy en 
toda esta Isla rincón que no esté amontonado por su 
orden , lo cual es de sus labranzas claro vestigio , y , por 
consiguiente, haber habido innumerables vecinos. Yo 
creo, cierto, que pasaban de tres, y de cuatro cuentos los 
que hallamos vivos, y que ésto sea así é que hobiese 
más gentes de las que digo persuádelo por este camino: 
El reino de Egipto, según Diodoro, libro I, cap. S."", afirma, 
tiene de luengo 2.000 estadios, que son cuasi 84 leguas, 
y de ancho 1.060, que hacen 42 ó 43 leguas; este reino, en 
tiempo de Ptolomeo, según Diodoro, tuvo siete cuentos de 
hombres, y en tiempo de Diodoro había en él tres cuentos 
de ánimas, pues como esta isla Española tenga más tierra 
que dos veces el reino de Egipto, y la hallásemos toda 
poblatísima, y las cualidades della sean las de suso larga- 
mente dichas , manifiesto es que ternía mucho mayor 
número de gentes de los tres y de los cuatro cuentos re- 
feridos, luego en gente numerosa la isla de Creta ó Can- 
día, y ambas las otras dos islas, no tienen qué compararse 
con esta Isla. En campos y pastos, para ganado de toda 
suerte , como exceda á Candía y á todas las del mundo 
asaz queda probado arriba, y así los hay hoy, puesto que 
antes no los había. Animal ni bestia ponzoñosa en ella 
no había, solas unas arañas negrillas, como un grano de 
yerba mora , y unas culebrillas verdes que viven en los 



DE LAS INDIAS. 363 

ríos, que fuesen ponzoñosas se decia, como arriba se 
dijo, pero no habia nueva que alg-una persona muriese 
de picada ó mordedura dellas; las culebras grandes, 
que en ella y en Cuba y en todas estas islas hay, ningún 
mal hacen aunque las pisen. Si cipreses hay en Creta ó 
Candía, en ésta hay millones y millones, y muchas le- 
guas de luengo y ancho llenas de pinos hermosísimos, y 
si los cipreses cortados reverdecen, aquí cualquiera 
tronco de árbol delgado ó grueso que lo metan en la 
tierra , á cabo de tres años se hace tan grande árbol 
cuanto era el de que fué cortado y habido. Si Creta ó 
Candía tiene la yerba dictamnos , esta Isla tiene infinitas 
yerbas, sino que no las cognoscemos, virtuosísimas, y 
aun ésta por ventura la tiene á vueltas dellas , que po- 
drá ser que sea la de que hacen los tabacos para tomar 
el humo , que abajo diremos , que les quita el cansancio 
y cuasi los mantiene. Y así parece, que en todas las cua- 
lidades de la isla de Creta referidas, hace ventaja á 
aquélla esta Isla, solamente se la debemos de dar en el 
vino, entre tanto que acá somos más diligentes que hasta 
hoy para poner viñas, donde quizá podrá ser que en 
muchas y diversas partes desta gran Isla se coja tanto 
vino , que no solo Creta ó Candía en este punto se olvide, 
pero también se venza Guadalcanal, San Martin, Toro y 
Ribadavia, y los demás que son loados en Castilla. Y esto 
baste para manifestación de la grandeza y capacidad, 
amenidad, templanza, suavidad, riquezas, felicidad y 
excelencia de esta Española sobre las otras islas. 



364 niSToiuA 



CAPITULO XXL 



Declarados quedan muy en particular, en la des- 
cripción desta isla Española, su sitio, su templanza y 
amenidad , sus calidades , con muchas buenas y prove- 
chosas cosas ;, al menos las principales, que en ella hay, 
que componen y perfeccionan, y muestran su felicidad y 
habitación saludable, y finalmente en lo que sobrepuja 
y excede á otras islas ; lo mismo podemos afirmar, cuanto 
á muchas de las dichas calidades y propiedades suyas, 
de las otras islas comarcanas, y no sólo de las comar- 
canas, pero ésto y mucho más de la grande y vastísima 
Tierra Firme, que tiene de costa ó ribera de mar sobre 
10.000 leguas descubiertas ya, de las cuales muy pocas 
se podrán sacar que no sean en toda ella, por el aspecto 
y figura del cielo , y por todas las susodichas causas y 
otras más favorables particularidades, en mediocridad y 
templanza, felicidad, suavidad, sanidad y clemencia de 
aires, su habitación felicísima. Esto parece lo primero de 
las islas , como la que llaman de San Juan y Puerto Eico, 
la cual, en muchas partes della, es más fresca y suave 
vivienda que en otras muchas de los alrededores , puesto 
que en todas no falte la susodicha suavidad; está situada 
la isla de San Juan en 17 y 18 grados, la de Cuba en 20 
hasta 22, la isla de Jamaica en 16 y 17. Todas estas islas 
están dentro del trópico de Cancro, hacia la equinoccial, 
con otras sin número , que desde la isla de Cuba va una 
renglera de más de 500 leguas llenas de islas , que de 
una á otra se puede ir á dormir cada noche, en un navio 
pequeño, en tierra y en ella holgar, y éstas llegan hasta 
la isla de la Trinidad, que está junta y pegada con la 



I)K LAS INDIAS. 355 

Tierra Firme de Paria (como abajo, si Dios quisiere, se 
vem), á cinco grados ó poco más de la equinoccial. Hay 
ciertas islas, cercanas desta isla Española j de la isla de 
Cuba, por la parte del Norte, y son 30 ó 40, que llama- 
mos de los Lucayos, las cuales fueron la primera tierra 
que el Almirante viejo descubrió; muchas destas son 
mayores que la g-ran Canaria tanto y medio, y algunas 
mayores que tres veces aquélla, y to'das sin comparación 
más felices, amenas, fértiles y sanas que ella; báñanías 
contmuamente las brisas, no tienen humedad alguna, 
favorécelas muy mucho el cielo, y por otra causas par- 
ticulares que no 'sabemos, por manera que todas ellas 
son temperatí simas y salubérrimas. Yo he visto hombre 
en esta isla Española que estaba hidrópico, el cual se 
llamaba Francisco Monasterio, que tenía la barriga como 
una mujer preñada, y la cara como unas gualdas amari- 
llas; éste, cognosciendo la virtud y sanidad de aquellas 
islas, porque habia, según creo, andado por ellas, ó á lo 
menos teníase comunmente de la bondad dellas cierta no- 
ticia, pasóse á ellas, y en. cuatro ó cinco meses volvió tan 
sano y tan cenceño como si mal nunca hobiera tenido, 
y creo de cierto, que hidrópico y después sano yo lo 
vide. Su sitio, de algunas dellas y de las menos, es en 20 
hasta 23 grados, y éstas están dentro del trópico de Can- 
cro, y debajo del segundo clima, según los antiguos, 
pero del tercero, según los modernos, y así el mayor dia 
del año en ellas terna 13 horas y 15 minutos, poco más; 
todas las más dellas están fuera del mismo trópico, á la 
parte Septentrional, en 25 y 26 grados, caen debajo del 
clima segundo, según los antiguos, y del tercero y cérea 
del cuarto, según los modernos; tienen de 13 horas y 
tres cuartos, algo menos, el mayor dia. Entremos agora 
en aquella vastísima Tierra Firme, tocando no más su 
descripción y calidades, cuya temperancia, mediocridad, 
fertilidad, sanidad, suavidad, en muchas y diversas é in- 
finitas regiones, provincias, reinos y lugares, que con- 



366 . niSTORiA 

tiene todo este orbe indiano, y todas j todo por la mayor 
parte, no parece que haya en el mundo tierra, ni región, 
por bienaventurada que sea , que pueda compararse á la 
menos buena de toda ésta, y que sobre todas las del 
mundo se deba, en verdad, decir que es felicísima. Si mu- 
cho habemos dicho desta isla Española y de sus comar- 
canas, mucho con mayor encarecimiento, las mismas ex- 
celentes, y otras mayores y mejores propiedades cuanto 
á ciertas cosas , de toda la Tierra Firme , ó de su mayor 
parte, podemos no sin razón afirmar. La latitud que al pre- 
sente della sabemos son 45 grados de la parte del Norte 
ó Septentrión desde la equinoccial, y otros tantos de la 
otra parte yendo hacia el austro, y aun más, los cftales 
grados hacen 1.800 largas leguas, aplicando á cada gra- 
do 17 leguas y media. Toda es tierra felicísima, y de fe- 
licísima y deleitable, y gozosa, y suave habitación por 
la mayor parte, y la más felice, y deleitable, y salubre de 
todas es la que está dentro de los dos trópicos, así islas 
como Tierra Firme, que llamaron los antiguos la tórrida 
zona, que creyeron muchos, por calor, ser inhabitable, 
cuyo error los especieros de Sevilla , que vienen á estas 
partes á trocar especias por oro, por vistas de ojos lo 
saben. Todas, pues, aquellas regiones, por la mayor 
parte, son tierras enjutas, descubiertas, altas, rasas, ale- 
gres, graciosas, muy bien asentadas; los collados, los 
valles, las sierras, y las cuestas muy limpias y libres de 
charcos hediondos, cubiertas de yerbas odoríferas, y de 
infinitas medicinales, y de otras comunes muy graciosas, 
de que están cubiertos y adornados y riéndose todos los 
campos. Echan de sí cada mañana, y aun al mediodía, 
vapores odoríferos, que consuelan, y alegran, y confortan 
los espíritus de los caminantes; los montes ó bosques de 
todas ellas, al menos dentro de los dos trópicos, que 
ocupan de latitud 45 grados, como dije, de una y de 
otra parte de la equinoccial, son altísimos, crecidos y 
muy grandes, y que por cierto muchas veces, para pa- 



DE LAS INDIAS. 367 

rarse el hombre á especular su altura, conviene alzar la 
cabeza no menos que cuando quisiese ver y contemplar 
lo más alto de los cielos; las especies dellos son pinos, 
de los cuales hay á cada paso infinita cantidad, hay en- 
cinas, alcornoques pocos, robles , laureles, al menos pa- 
récenlo, grandísimos y odoríferos cedros blancos y co- 
lorados, los árboles del Guayacan, con que se curan las 
bubas y otras enfermedades que procedan de humedad. 
Hay gran multitud de árboles aromáticos , estoraques , y 
liquidambar del bálsamo natural ; digo natural , no el 
que es propiamente bálsamo que dicen nacer en Alejan- 
dría, sino por respecto de lo artificial, de que arriba en el 
capítulo 14 hablé, que en esta isla Española con cierta 
industria se hacia, pero este de que agora decimos sin 
industria humana, con sola una herida que se hace en el 
árbol, sale aquel licor odorífero, que le pusimos nombre 
de bálsamo como al artificial, por su olor suavísimo, no 
sabiendo su eficacia y virtud: de éstos hay muy pocos 
árboles, á lo que hasta agor§, se tiene entendido. Infini- 
tos árboles hay de liquidambar, y éstos son altísimos 
más que los pinos y más derechos, los cuales tienen la 
hoja como propia la del algodón; éstos son muy her- 
mosos árboles y á la vista deleitables. ¿Quién contará 
los frutales y las naturalezas dellos, y la suavidad y sa- 
nidad juntamente de sus frutas, y la multitud numerosa, 
así domésticos como silvestres? Todos estos árboles son 
amigos , según sentencia de los médicos, de la compli- 
sion humana. Hay otros muchos é innumerables, que 
según su altura, sus hojas, y sus flores, su hechura, su 
orden, su hermosura, la tierra donde están y la vecindad 
y compañía que de otros tienen, muestran (sino que no 
los cognoscemos) ser de nobilísima propiedad y natura- 
leza. Dentro de los montes y florestas, y en los campos 
también, mayormente desta islas , hay raíces domésticas 
y silvestres, páralos hombres y para algunos ganados 
como son puercos, las mejores y más provechosas, como 



368 HISTORIA 

arriba se ha visto, que creo haber en mucha parte del 
mundo. De esta serenidad', mediocridad, suavidad, sa- 
nidad y deleitable disposición destas tierras, es asaz 
bueno y cierto arg-umento, conviene a saber, que cuando 
las naos llegan de Castilla, y comienzan a acercarse á 
las primeras islas , y asi en todas las partes de la Tierra 
Firme, es cosa maravillosa los frescores, olores y fragan- 
cia que los hombres sienten salir della, como si rosas 
y flores tuviesen cuasi presentes. Los aires locales son 
claros, delgados, sotiles y clementes, por todas las 
grandezas de provincias de aquellas partes , al menos 
como ya digimos dentro de los dos trópicos; la causa es 
muy natural, según los filósofos arriba nombrados, con- 
viene á saber, que como la presencia del sol siempre 
asiste muy claro, porque, como ya también digimos, muy 
raras veces hay espesos nublados, y pocas suele arriba 
de un dia estar de las nubes cubierto y ocupado , el sol 
no deja engrosar los aires, desparciendo y consumiendo 
los vapores que la tierra produce por sus humedades. 
En saliendo el sol el aire luego se escallenta , y en po- 
niéndose luego se refresca y enfria en todas aquellas 
tierras, como verá cualquiera que quisiere mirar en ello, 
y esto es señal de ser sotiles allí los aires , según dice 
Avicena donde arriba fué alegado. Los vientos univer- 
sales que todas aquellas provincias y reinos comun- 
mente bañan, al menos todas las desta parte de la línea 
hacia el Septentrión, y 300 leguas de la otra del austro, 
son las brisas, los que arriba hemos dicho boreales y 
orientales, los cuales por ser tan continos, para tornar las 
naos á Castilla huyen dellos metiéndose hacia el Norte, 
por cobrar vientos frios donde las brisas no alcanzan , y 
así les es necesario andar más de 400 leguas más que á 
la venida anduvieron , por ir rodeando. Las virazones de 
la mar, los terrales de la tierra, otros que nascen en al- 
gunas lagunas muy limpias y de agua dulce y salubre 
y deleitable, como se engendran en las lagunas de la fe- 



DE LAS INDIAS. 369 

lice provincia de Nicaragua, y otras semejantes como se 
engendraban en el lago dulce de Genesareth ó mar de 
Galilea ó Tiberiadas, de que hace mención San Lúeas, 
los cuales, decimos, son vientos locales, porque son pro- 
pios de aquellos lugares, son en aquestas partes fres- 
quísimos, suaves, alegres y saludables. Las aguas que 
riegan toda aquella Tierra Firme , y sustentan las gentes 
infinitas della, tienen las calidades que digimos de las 
desta isla Española, en el capítulo precedente, sotiles, 
dulcísimas, móvilísimas, rapidísimas y claras, no está- 
ñales ni de nieves sino en rarísimos lugares ; descienden 
de altísimos montes, por entre peñas y por piedras gui- 
jarreñas de diversos colores naturales, haciéndose cien 
mil pedazos; y como son infinitos los rios, arroyos y que- 
bradas, y la tierra de donde comienzan y por donde pasan 
tan grande, por esto hay en esta Tierra Firme los más 
grandes y poderosos rios que en toda la redondez del 
mundo , de tanta grandeza y abundancia de agua, ni que 
tanta tierra corran, que salgan á la mar del Norte ó Sur, 
se hallan. Todo lo que aquí decimos de la mediocridad, 
bondad, salubridad y felicidad de todas aquellas regiones 
y felices tierras, es verdad en universal y en todas partes 
y rincones dellas, pero no contradice ni deroga cosa de 
lo dicho porque en algunas partes y lugares , por la dis- 
posición y sitio dellos y por algunas causas particulares 
se halle lo contrario, por ser la tierra sombría ó ahogada, 
ó por pasar las aguas por algunas ciénagas ó tierras lo- 
dosas, y por esto los aires locales no ser tan sanos, y el sol 
no resolver los vapores terrestres, y por otras causas de 
las susodichas contrarias particulares, y así ser algún 
pedazo de tierra mal sana. Esto parece en el Nombre de 
Dios y Panamá, que, por ser tierra ahogada y lodosa, y 
tener cerca ciénagas, es mal sana, y así en la Vera Cruz 
y en Tabasco, y Guacaqualco, y otros lugares de Tierra 
Firme, de la mar del Norte; pero esto es en muy pocas par- 
tes y raras, y es como monstruo en natura, como suele 
Tomo V. 24 



3'70 tíISTORÍA 

la naturaleza errar en las cosas que produce naturales, y 
estos yerros se llaman monstruos, cuasi raros y muy 
pocas veces, y fuera del curso y orden ordinario y natu- 
ral, y por esta manera que decimos, que no deroga ni 
deja de ser verdad, si dijéremos que todos los hombres 
del mundo tienen cinco dedos en la mano, porque nazca 
uno, ó dos, ó tres con seis dedos ; y asi es de todas las 
otras cosas naturales. Y así diremos, con verdad, que 
todas estas Indias son las más templadas, las más sanas, 
las más fértiles, las más felices, alegres, y graciosas, y 
más conforme su habitación á nuestra naturaleza hu- 
mana de las del mundo, aunque en algunas parte acaezca 
ser el contrario por algunas particulares causas, las cua- 
les son muy raras. 



DK LAS INDIAS. 371 



CAPITULO XXIL 



Prueba y confirma todo lo que habernos dicho de la 
fertilidad y felicidad de todas estas Indias, ser parte y la 
postrera de la verdadera India, de cuya felicidad tantas 
maravillas escribieron los historiadores antiguos, la India 
digo ultra ó extfa-Qangem , la cual, según sentencia de 
Solino en su Polystof, cap. 65, por muchos años fué 
estimada ser la tercera parte de todas las tierras ; Plinio, 
libro VI, cap. 17, dice lo mismo , y Estrabon en el li- 
bro XV de su Geografía , y Pomponio en ella, libro III, 
capitulo 7.°, afirma que tanto espacio de costa ó ribera 
de mar ocupa , cuanto en 60 dias con sus noches podrá 
una nao ó navio navegar, en el cual tiempo al menos 
podrá un navio andar 2.000 leguas, porque entre dia y 
noche , con viento moderado, anda 40 leguas un navio 
por perezoso que sea. Plinio, libro VI, cap. 17, dice ser 
tanta su longura, cuanto se anduviese por la mar en 40 
dias, con sus noches, pero puede estar la letra corrupta, 
puesta la x antes de la /,.y así por decir 60 dijo 40. Pues 
corriendo 2.000 leguas, y que sea 1.500, desde donde co- 
mienza la India que dicen extra-Gangem, harto vecinas 
pueden parecer las postreras partes que se han descu- 
bierto de nuestras Indias, sin haber parecido el cabo, 
como podrá ver cualquiera que especulare el globo en que 
se figura ó pinta toda la tierra; y e^ta puede ser una do 
las razones que se puedan traer por argumento de que 
aquestas Indias nuestras son cabo de la que antigua- 
mente se llamó India, conviene á saber, la fertilidad 
destas conformar con la de aquellas. De la cual dice San 
Isidoro, libro XIV, cap. 3.^ de sus Etimologías, que es 



372 nisTORíA 

tierra salubérrima, llena de infinitas gentes, los árboles 
nunca despiden las hojas, dá dos veces fruto en el año, 
en lugar de invierno sirven las lluvias Etesias, que son 
los vientos que corren en el verano, especialmente en 
los dias caniculares , así toda la fuerza de las lluvias que 
hay en toda la mayor parte deste orbe son Julio y Agos- 
to. Abunda de metales, oro y plata, y cobre y hierro, 
perlas y piedras, ó margaritas preciosas ; notoria cosa es 
el oro, plata, cobre, perlas y esmeraldas que hay por 
este orbe; hay muchas especies aromáticas y odoríferas. 
Cria los papagayos verdes; los que en estas Indias y de 
diversas especies hay, y todos verdes, son sin número. 
Todo esto dice San Isidoro, lo cual, todo, vemos en estas 
Indias, puesto que elefantes y otras cosas que allí pone 
no las hayamos en esta tierra visto. Plinio, muchas cosas 
cuenta de la India en el libro VI, pero muchas más par- 
ticularidades refiere Diodoro en el libro III, y más que 
Diodoro Estrabon en el XV de su Geografía; Diodoro, en 
el cap. 5.'', dice que la India excede á todas las otras re- 
giones en hermosura, y que la riegan muchos y grandes 
rios, y lo mismo dijo Plinio ; y en el capítulo 10 dice Dio- 
doro, que la razón porque muchos y grandísimos rios 
hay en la India, señalan los filósofos y físicos ser por- 
que toda la India es muy húmeda, y así, los rios de nues- 
tras Indias ser tan grandes y tan nunca otros tan pode- 
rosos vistos ni oidos, manifiestan ser parte de aquella 
nombrada India. Cuenta eso mismo la fertilidad della que 
dá dos veces fruto en el año, y tan cierto sin faltar nin- 
guno, que nunca se vido en ella esterilidad, ni hambre, 
ni falta de los frutos de la tierra; y así nunca las gentes 
destas tierras parece que la tuvieron sino después que á 
ellas nosotros venimos. Dos veces se siembra y coge el 
grano, y otras muchas cosas cuasi cada mes, y frutas 
cuasi todo el año; y en Tierra Firme, á la parte de Cu- 
maná, he comido yo dos veces uvas de las nuestras de 
Castilla, -en obra de cinco ó seis meses, todas de unas 



DE LAS INDIAS. 373 

mismas vides ó parras. Dice más Diodoro, que hay mu- 
cho grano, que llama mijo, pero Herodoto, en el libro III, 
donde cuenta inmensas fertilidades, j alabanzas, y pro- 
piedades de la India, dice que es semejante al mijo, el 
cual sin sembrallo nace ; podrá ser que por el grano que 
en esta Isla llamaban mahíz lo diga, y cosa es maravillosa 
que, según vemos, con este grano de mahíz se mantengan 
sobre 12.000 leguas de tierra llenas de gentes. De otras 
legumbres hace allí Diodoro mención; manifiesto es en 
la Tierra Firme haber muchas y diversas especies de 
legumbres, como abajo en su lugar, Dios queriendo, se 
verá. Loa mucho Diodoro haber en la India muchas y 
muy dulces y sabrosas raíces ; dicho queda en los capí- 
tulos de arriba de cuántas naturales, y cuan sabrosas y 
provechosas para el mantenimiento y recreación de los 
hombres, está proveída esta Isla, de 'las cuales, y de 
otras, no carece la Tierra Firme. Es argumento también 
la grandeza de los árboles, que arriba en los capítulos 12 
y 13 pusimos, que conforman con los de la India, no 
sólo en la grandeza y proceridad pero también en nunca 
perder la hoja, en lo cual, según Solino, excede á todas 
las tierras la India. Conforman también algunos árboles 
destas nuestras islas con aquella, en criar cierta lana 
por fruto , de que hilándola creo que se podrian vestir, 
puesto que no he visto que della se aprovechen; de 
aquellos árboles hacen mención Herodoto, libro III; y 
Estrabon, XV, y Pomponio Mela, libro VIII, cap! 7.° Hay 
otro harto suficiente argumento, y es que, según Plinio, 
libro X, cap. 42, y Solino, en su Polystor, cap. 65, 
sola la India tiene los papagayos, verdes por todo el 
cuerpo y el cuello colorado ; pues ya está dicho que en 
estas Indias destos hay inmensos. Es, finalmente, otro 
argumento en la multitud de las gentes y naciones que 
en estas Indias hay, en lenguas diversas, como dicen los 
autores antedichos de la India. Eefiere Herodoto ser los 
indios numerosísimos en multitud sobre todos los mor- 



374 UJSTORIA 

tales, y Diodoro que son muchas y varias gentes, y que 
nunca colonias de naciones extrañas entraron á poblar 
en la India, sino que todos son della naturales ; la razón 
de la multitud dá Solino , conviene á saber , porque nunca 
salieron destas tierras á buscar ni infestar á otras, sino 
vivian en ellas pacíficos. Las naciones y multitudes do- 
lías, y diversidades de lenguas, que en estas islas y Tier- 
ra Firme habia, cuando á ellas vinimos, tampoco se pue- 
den por hombre alguno encarecer, ¿ cómo se podrían nu- 
merar? Por maravilla se hallará en pueblo alguno, que, 
donde hobiese 100 vecinos casados, no -haya 500 ó 700 
personas procedidas dellos allí presentes y naturales; 
váse una mujer por agua al rio, y lleva delante dos ó tres 
muchachos como los dedos de las manos, y otro en los 
brazos , y otro dentro de la barriga, y de esto más dire- 
mos adelante. Cuanto á la color, dice Estrabon que los 
indios que están hacia el Mediodía son algo semejantes 
en la color á los negros, pero no son crespos como ellos 
porque participan de los aires húmedos y templados; los 
que están y viven más hacia el Polo Ártico, que llama 
boreales , son semejantes en la color á los naturales de 
Egipto. De aquí parece que nuestras Indias alcanzan 
mejor aspecto de cielo, y mejor disposición de tierra y 
clemencia de aires, y otras causas particulares, y, por 
consiguiente, son las tierras más templadas, pues las 
gentes dellas tienen mejor color y más llegada á la me- 
diocridad de los extremos dos, negro y blanco, que nin- 
guna de las de la India, que ha sido siempre tan nom- 
brada y celebrada; la razón es porque, según Tolomeo en 
su Quad'ripartito, y Haly, su intérprete, cap. 2.°, y Hipo- 
eras en el tratado De Aere et aqua et regionibus, y Alberto 
Magno, en el libro II, cap. S."" y 4."* De Nattora locoriim, la 
causa de la color negra, en los hombres principalmente, 
es el gran calor del sol en las regiones cálidas, el cual 
quema ó deseca y ennegrece los cuerpos, y deseca los 
humores dellos, asa las caras y rostros, y enmagrece los 



•DE I.\.S INDIAS. 375 

miembros, *y así véncela complexión caliente en los 
cuerpos, y, por consiguiente, su figura y color de sus ca- 
bellos es según la natura de los de donde salen, y, por- 
que la complexión de su naturaleza es muy cálida, ne- 
cesariamente ban de ser negros, y porque los poros de 
sus cuerpos no son ductivos ni desembarazados , por la 
sequedad del cuero por donde pasan, por tanto de nece- 
sidad ban de ser en gran manera crespos. Por el contra- 
rio, en las tierras que son mucbo Mas, como las que 
están só el sétimo clima , que terna de latitud de 50 
hasta 63 grados, donde bace poco calor en el estío, y en 
el tiempo del invierno mucbo frío, que vence al calor, el 
cual incluye ó encierra las fumosidades y vapores en los 
cuerpos, tapando ó apretando la superficie ó tez de los 
cueros, por ende causa los cuerpos bumanos blancos, y 
por el encerramiento de las fumosidades son los cabellos 
rubios, blandos, extendidos, ó, como dicen, correntios, y 
porque por el calor natural que está encerrado é incluso 
en los cuerpos se crian de las fumosidades y vapores hú- 
medos muchos humores, de aquí es que los cuerpos de 
los tales hombres, naturalmente, son grandes, como pa- 
rece en los ingleses y alemanes y las otras gentes que 
moran só el sétimo clima y dende adelante. De lo dicho 
se sigue, según Haly, que los que viven só la línea equi- 
noccial, como participen de la templanza della , son de 
color algo azafranada, ó, como decimos, loros, y porque, 
como habemos arriba probado, todas estas indianas re- 
giones, por latitud 1.800 leguas, son temperatísimas y 
felicísimas , algo más y algo menos según la figura de 
los cielos, clemencia délos aires, y disposición déla tierra 
que unas provincias y tierras alcanzan más y mejores 
que otras, de necesidad se sigue ser la color de todas 
estas gentes, entre blanco y prieto, mediada, en unas 
partes más cercana á lo blanco y en otras más á lo negro, 
pero en todas en mediocridad ó en mediana manera, y, 
por consiguiente, los cabellos de todas son llanos, blan- 



376 HISTORIA 

dos, y comunmente tiran más á negros, y todos correntios, 
según todo lo dicho vemos asaz por larga experiencia. 
Y asi parece , que de la color destas gentes podemos la 
templanza de este orbe, y de la templanza misma su co- 
lor y también sus costumbres y sus entendimientos, 
como luego veremos , argüir. 



DE LAS INDIAS. 



377 



CAPÍTULO XXIII. 



Después de haber dado noticia particularizadamente 
de las calidades y bondades desta isla Española-, cuanto 
al sitio y figura del cielo y disposición de la tierra, con 
todo lo á ésto perteneciente , y en común la misma ma~ 
teria tratado de todas estas Indias, resta en los capítulos 
siguientes, según al principio de este libro prometimos, 
hablar de lo que concierne á las gentes naturales vecinos 
y habitadores della, y después, consiguientemente, tra- 
taremos en universal lo que conviniere decir de todas 
las otras naciones de que hallamos lleno este Mundo 
Nuevo , de las cuales , para consecución del fin que pre- 
tendemos, cinco consideraciones principalmente con el 
favor divino explicaremos. La una declarará la disposición 
y habilidad natural en lo tocante á los actos del enten- 
dimiento y á las otras potencias que al entendimiento 
sirven; la segunda mostrará las especies de prudencia 
de que usaban, y con que se regian; la tercera, cuál 
fué y de qué especie la gobernación que tuvieron; por 
la cuarta se verá sus costumbres malas y buenas, que á * 
la voluntad concierne; la quinta conterná, dar noticia 
de la religión, ritos y supersticiones que tenian, como 
gentes desiertas de gracia divina y de verdadera doctri- 
na. En todo lo cual se cotejará y haremos comparación 
destas otras naciones del mundo , pasadas mayormente 
y también presentes, porque cognoscan los imperitos y 
cudiciosos, que toman por achaque y color para las so- 
juzgar, robar y consumir, ser de bajo entendimiento, 
ser infieles, idólatras y de corruptas costumbres, no ser 
solas en el orbe, ni tampoco las peores que hobo en él; 



378 UISTOKIA 

que si nosotros y otras naciones fuimos y fueron* con la 
predicación de la fe más temprano que aquestas socor- 
ridos, que no fué por faltarnos idolatría y supersticiones, 
y bestialidades y vicios , ni por haberlo á Dios más que 
ellas merecido , sino sola por su inmensa bondad y gra- 
tuita liberalidad , por lo cual quiso prevenirnos, no dán- 
donos licencia por este privilegio para menospreciar y 
maltratar las otras gentes, de las cuales, por ventura, 
tiene la Providencia divina más predestinados que de nos- 
otros, puesto que primero á su cognoscimiento hayamos 
venido. Cuanto, pues, á lo primero , es de considerar que 
tener los hombres habilidad natural de buenos entendi- 
mientos puede nacer de concurrir seis causas naturales 
ó algunas dellas, y éstas son, la influencia del cielo, la 
una; la disposición y calidad de la región y de la tierra 
que alcanzan, la otra; la compostura de los miembros y 
órganos de los sentidos, la tercera; la clemencia y sua- 
vidad de los tiempos, la cuarta; la edad de los padres, la 
quinta, y la bondad y sanidad de los mantenimientos, que 
es la sexta. La influencia de los cielos, cuando es buena y 
favorable, disponiendo los cuerpos y miembros humanos 
•en buena y conveniente proporción, ayuda y aprovecha 
mucho á la perfección y grado de nobleza del ánima 
cuando es infundida en el cuerpo, y, por consiguiente, 
aquella persona será de más sotil entendimiento. Esto 
no lo pueden causar los cielos directamente, porque, 
como nuestra ánima sea espíritu inmaterial, los cuerpos 
no pueden obrar bien ni mal en las cosas inmateriales; 
pueden, empero, los cuerpos celestiales causar indirecta- 
mente algo en el ánima, en cuanto influyendo en el 
cuerpo, más ó menos, mejor ó peor, más capaz ó menos 
capaz lo disponen, para que reciba el ánima, y en el 
instante de su efusión queda determinada en sus grados 
de bondad, ó de no tan buena cuanto á lo natural (no á 
lo moral sino natural digo), el ánima. Y de aquí es, que 
según la capacidad del cuerpo se mide la capacidad del 



DE LAS INDIAS. 



)79 



ánima, y así unos hombres tienen el ánima más perfecta ó 
menos perfecta que otros; la razón es, que como la na- 
tura del ánima sea natura espiritual que se comunica al 
cuerpo humano, y ella, según ella, no tenga término, 
porque no es cosa compuesta, por ende puédese comuni- 
car más y menos , según que el cuerpo á que se comunica 
es más capaz, y, por consiguiente, según la capacidad del 
cuerpo es el término de la naturaleza del ánima en los 
hombres. Y esta es la causa porque vemos y parecen al- 
gunos hombres más sotiles y más ingeniosos que otros, 
y de las virtudes naturales del ánima más adornados, 
según que el ánima no igualmente es comunicada en 
diversos cuerpos, permaneciendo siempre la misma, 
según su especie. Y este término recibe el ánima de la 
disposición del cuerpo que la recibe, porque el cuerpo 
humano es apto naturalmente para ser informado de 
tal ánima, según las disposiciones que en él son, y nin- 
gún cuerpo otro seria capaz para rescibir tal ánima, 
porque la naturaleza entiende siempre disponer tal 
cuerpo para tal ánima, de donde se sigue ser algunos 
cuerpos humanos más capaces de ánimas que otros ; y 
puede llegar esta diferencia, de mayor y menor disposi- 
ción, hasta haber ánima, en algún cuerpo determinado, 
en todos los grados de perfección que le puedan compe- 
ter, según es posible en la especie humana. De aquí es, 
que si Dios quiere infundir un ánima perfecta, que tenga 
todas las virtudes naturales, comienza del cuerpo, el 
cual le dá tal que convenga á tan excelente ánima. Y 
así, según la diferencia de la disposición de parte del 
cuerpo , asi consigue los grados diversos en la comuni- 
cación del ánima; y esto necesariamente suele ser, que 
según el cuerpo de alguno en la infusión del ánima fué 
más y mejor dispuesto, y más capaz de la forma que el 
cuerpo de otro, el ser del ánima de aquél es determinado 
más perfecto , y según más perfecto grado de naturaleza 
que el de otra ánima : y por esta causa pensaron algunos 



380 «isroiiiA. 

ser las ánimas en los hombres tales, cuales hicieron ser 
los cuerpos celestiales. Así lo toca el Filósofo en el III 
De Anima, cap. 3.°, alegando á Homero, que decia ser tal 
el entendimiento de cada uno, cual lo dio en el dia el 
Padre de los varones y de los dioses , conviene á saber, 
el sol ó los planetas en el.dia de la concepción de cada 
uno ; desde allí se comienza á tomar el indicio , y por el 
nacimiento de cada uno , de las condiciones ó inclina- 
ciones del que nace , no por otra causa sino porque los 
cuerpos celestiales, influyendo sobre el cuerpo humano 
su natural virtud, lo disponen antes que el ánima se le 
infunda para que sea tal ó tal , y según lo que requiere 
aquella disposición así se siguen los grados en el ánima. 
Lo cual también aprueba Salomón en el libro de la Sa- 
biduría, cap. S.'', Puer eram ingeniosus et sortitus 
sum animam lonam. Venir en suerte al hombre ánima 
buena, es cuasi rescibir por buena suerte ánima en lo 
natural perfecta, y solemos decir que aquello habemos 
por suerte y por ventura , que no es en nuestra mano ni 
poder sino que de otro depende; y allí no se entiende 
ánima buena moralmente virtuosa ó santa, porque nin- 
guna ánima nace tal, sino los que son santificados en 
el vientre de sus madres, sino entiéndese naturalmente 
hábil é sotil en el ingenio y buen entendimiento , y bien 
inclinada en la voluntad. Y desta manera se entiende 
causar los cielos, por sus influencias, en nosotros buenos 
y sotiles ó no tales entendimientos , y por consiguiente, 
indirectamente y de recudida, como dicen, ayudan los 
cielos mucho á la perfección y grados, mayor ó menor, 
de la nobleza natural de nuestras ánimas. Y así parece 
que según la diversidad de los cuerpos, proviene la di- 
versidad de las ánimas, y ser los hombres más ó menos 
entendidos, naturalmente sabios ó de poco saber; pero 
no por eso se sigue que haya diferencia específica en las 
ánimas, como todas sean de una especie y á ésta no 
pueda diversificar la diferencia material, que es de parte 



l)lí LAS INDIAS. 381 

del cuerpo, ni el menos ó más ó mejor entender, que es 
diversidad accidental, puede causar diferencia en la es- 
pecie. De esto trata Santo Tomás en- la primera parte, 
cuestión ochenta y nueve, artículo 7.", y en el II de las 
Sentencias, distinción treinta y dos, cuestión segunda, 
articulo tercero. 



ilíSTORIA DE LAS INDIAS. 



383 



CAPÍTULO XXXIII. 



Declarado queda difusamente cuántas y cuáles sean 
las causas que concurren ó concurrir puedan para que 
los hombres sean bien intelectivos y dispuestos para 
producir los actos de buena razón, y tengan buenos en- 
tendimientos, conviene de aquí adelante mostrar, yendo 
por cada una de estas causas , en qué grado de entender 
colocó la naturaleza los entendimientos de estas indianas 
gentes, que es el fin por que hemos entrepuesto en la 
Historia esta tan gran digresión. Cuanto, pues, á la pri- 
mera causa, que asignamos ser la influencia de los cielos 
(y esta es causa universal), la cual, según arriba en el 
capítulo 16 y en otros habemos tocado y probado , que 
los cielos y estrellas, con sus influencias, esta Isla y to- 
das estas islas é Indias, por la mayor parte de la latitud 
de 1.800 leguas, según demostramos en el cap. 19, fa- 
vorezcan y hagan felices en templanza, y mediocridad, 
y amenidad, y por consiguiente, siendo favorables, sean 
causa de que los cuerpos humanos, en estas Indias naci- 
dos y criados, sean proporcionados en los miembros y 
en todas sus partes, como vemos claro y abajo parecerá 
más; luego, por las influencias de los cielos para tener 
buenos entendimientos, y así naturalmente , son estas 
gentes ayudadas, al menos no impedidas ni les son con- 
trarias, ítem, como se dijo arriba en el cap. 23, las es- 
trellas y cuerpos celestiales, para por sus influencias y 
virtudes producir los efectos que la naturaleza preten-^ 
de, usan de dos medios, el uno es su rayo, y el otro es 
el continente de la cosa que se engendra; para las aves 
el aire, y páralos peces el agua, y la tierra para los 



384 HISTORIA 

animales; pues el continente, que son todas estas regio- 
nes indianas, es felicísimo y favorable á la naturaleza y 
condición humana , como arriba queda muy más que bien 
probado, y ésto es por la virtud é influencias de los cuer- 
pos celestiales, luego por las influencias de los cielos, que 
influyen en las gentes que en estas tierras nascen , el 
continente mediante, naturalmente son bien intelectua- 
les, y por consiguiente, la naturaleza les dio en suerte 
rescebir buena ánima. ítem en los capítulos 16 y 17 está 
probado que la causa superior y universal , que son las 
influencias celestiales , concurren con las causas cinco 
particulares para la bondad , felicidad , sanidad , ameni- 
dad , y favor y conformidad de la naturaleza humana, y 
destas tierras, pues no serian favorables ni útiles, sino 
muy defectuosamente, á la naturaleza humana, si estas 
gentes tan infinitas no las dotara la naturaleza de bue- 
nos entendimientos, como sea lo más precioso y más ne- 
cesario que les podia dar; luego la influencia del cielo 
concurrió en dotar estas naciones de buenos entendi- 
mientos, ingenio y racional habilidad. ítem, á la parte 
austral, pasada la línea equinoccial, destas nuestras 
Indias, hay grandísimas tierras llenas' de infinitas nacio- 
nes , no sólo el espacio que hay entre la línea y el tró- 
pico de Capricornio , pero el espacio que hay después del 
dicho trópico, donde cae la grande y felice tierra de 
Chile, que es la postrera provincia ó reino del Perú; y de 
este espacio, pasado el dicho trópico , hablando Alberto 
Magno en el libro De Natura locorum, distinción primera, 
capítulo I."", dice , que hasta la latitud del sétimo clima, 
que será 48 ó 50 grados, es la habitación continua y de- 
leitable , y concuerda bien con la experiencia que ya te- 
nemos de la provincia ó reino de Chile, pues en aquella 
parte austral las estrellas y cuerpos celestiales son ma- 
yores y más resplandecientes, y más nobles y perfectas, 
y de mayor virtud y eficacia, y así sus influencias y vir- 
tud en sus operaciones son más eficaces, por ser aquella 



BE LAS INDIAS. 385 

parte toda austral la cabeza del mundo, como abajo pa- 
recerá, luego las inñuencias del cielo á todas aquellas 
gentes de la parte austral fueron y son favorables , para 
que naturalmente sean por la mayor parte intelectivos 
y aun de mayor habilidad que otras , no lo estorbando 
algunas causas particular ; y esta no parece que la bay, 
pues sabemos ser todas aquellas tierras felicísimas, y 
vemos las gentes dellas capacísimas, como es manifiesto 
y abajo parecerá. Y porque cuanto más las cosas se 
apropincuan y allegan á alguna causa de que pueden 
recibir alguna alteración en bien ó en mal, más partici- 
pan de su acción y virtud, y cuanto menos , menos, como 
parece cuando nos llegamos al fuego ó á la nieve y nos 
desvíamos dellos, por esta razón, cuanto más propincuas 
son las gentes de nuestras Indias de aquella parte aus- 
tral, aun .dentro de los dos trópicos, pero al menos de 
esa parte de la equinoccial, más favorables y benignas 
les son las estrellas y cuerpos celestiales por sus in- 
fluencias, y, por consiguiente, más hábiles y más racio- 
nales, ingeniosos, y agudos de entendimientos, natural- 
mente, por la mayor parte serán; y esto expresamente lo 
pone Tolomeo en su Cuadripartito , tratado segundo, 
donde dice estas palabras: Horum antem M, q%i meridianí 
snnt propinquiores , in majoH parte melioris sunt ingenii et 
acutioris intellectiis, et in scientia reriim stellarum for- 
tio7^s, propter circidi signonom et stellamm erraticarum 
loco zenit capitum eornm propinquitatem, etc. Y así parece, 
que la .primera causa y universal, que ¡es la influencia 
del cielo, favorece naturalmente, y por la mayor parte, á 
estas nuestras indianas gentes á que sean intelectivos, 
ingeniosos, racionales y de buena capacidad, y así, por 
consiguiente, les haya cabido en suerte recibir de Dios 
y de la naturaleza buenas y nobles ánimas. Lo mismo 
probaremos por la segunda causa que arriba en el capí- 
tulo 23 pusimos , la cual puede concurrir para ser los 
hombres bien intelectivos y bien racionales, y ésta es las 

Tomo V. 25 



386 HISTORIA 

buenas calidades y disposición de la región y tierra que 
alcanzaron. Esta, en nuestro propósito, no habria menes- 
ter por teórica y razones naturales proballa, pues, por 
práctica y experiencia ocular, y por todos los sentidos de 
infinitos que á aquestas nuestras Indias lian venido y 
vienen cada dia, es, porque así lo diga, palpada, sabida y 
averiguada; y este es uno de los primeros principios y 
fundamentos que la Geografía supone ( según Tolomeo, 
en el libro I, cap. 2.^ y cap. 8.°) , sin los cuales, como ni 
eii las otras ciencias, ninguno la puede saber ni adqui- 
rir, conviene á saber, la relación é historia de los qué 
por sus ojos y experiencia vieron y cognoscieron las 
tierras de que sehobiere de tratar. Esta experiencia, digo, 
que es el principio, ó de los primeros principios de la 
Geografía , según Tolomeo , pero para quien no las ha 
visto, ni oido á los que las vieron, arriba desde el ca- 
pítulo I.*" hasta aquí, y mayormente queda probado en 
suma en el capítulo 19 y 20, por razones naturales, y 
por sus causas y efectos más que la lumbre claros , ser 
todas estas regiones, islas y Tierra Firme de este tan 
vasto orbe, temperatísimas, felicísimas, salubérrimas, y 
en todas sus calidades, disposiciones y causas universa- 
les y particulares, conformes y amicísimas de la vivienda 
y naturaleza humana. Y la latitud de todas estas Indias 
nuestras es desde el medio del clima sexto , según los 
antiguos , y el fin del sétimo , según la división de^ los 
climas que hacen hoy los modernos , de la parte Norte ó 
Septentrión, que hacen 45 grados, hasta el medio del 
sexto, según los antiguos, y fin del sétimo clima, según 
los modernos, que hacen otros 45 grados de aquella parte 
de la línea equinoccial á la parte austral, que dije arriba 
contarse bien 1.800 leguas, una región y una provincia 
ó tierra mejor y más felice y graciosa y alegre que otra; 
pues como, según Tolomeo, y todos los astrólogos, y Aris- 
tóteles, y todos los filósofos, y Avicena, Hipocras y 
Galeno, y todos los médicos, y después dellos Santo To- 



DE LAS INDIAS. 887 

más, y Alberto Magno, de las calidades y propiedades de 
las regiones extremas ó medianas y templadas procedan 
las complixiones de los hombres y animales, y de las 
plantas y cosas que en ellas nascen, y de las complixio- 
nes , ó según las complixiones , se causen á las gentes 
bajos ó altos , sotiles ó botos , malos ó buenos entendi- 
mientos , según parece arriba por el cap. 23 , y todas 
estas Indias, y por todas partes dellas, sean tierras en 
toda mediocridad y templanza temperatísimas, unas más 
y mejores, y otras buenas, pero todas mucho buenas ge- 
neralmente, y si algún pedazo ó provincia dellas se halla 
que á la mediocridad exceda es como monstruo y rarisi- 
mamente , como en todas las cosas naturales acaece pro- 
ducir alguna vez por errar el curso ordinario la natura- 
leza, luego sigúese que las gentes de todas estas Indias, 
desta Isla, islas y Tierra Firme, por razón déla tem- 
planza y mediocridad y disposición suave de las regio- 
nes, provincias, reinos y tierras en que viven, natural- 
mente son de muy templada, y moderada, y favorable 
complixion , y, por consiguiente, de su propia naturaleza 
son muy bien intelectivos, de muy buenos juicios, de 
muy buenos ingenios , y de muy buenos entendimien- 
tos, puesto que en cada provincia, por la diversidad de 
la disposición de la tierra, por' ser alta ó baja, y por otros 
accidentes, sean los de un lugar más ó menos que los de 
otro, como largamente queda demostrado en el capí- 
tulo 29. Y porque, como dejamos dicho y probado en 
los mismos capítulos 23 y 29, las gentes que viven 
en la región de Grecia , por estar en medio de Asia y 
Europa, así como tienen el medio según el lugar, así 
tienen las disposiciones é inclinaciones medias y mejor 
proporcionadas, porque ni tienen tanto frió como los de 
Europa y Septentrión, ni tanto calor como los de Asia, 
y por consiguiente son intelectivos y artificiosos, no 
tanto, empero, como los de Asia, y también son animosos, 
menos, empero, que los deEuropa,por manera que cuanto 



388 HisToniA 

más se llegan las regiones al medio y templanza del frió 
y del calor, tanto más las gentes moradoras dellas par- 
ticipan de la viveza del entendimiento qne cansa el ca- 
lor, y del esfuerzo y animosidad de qne el frió es cansa; 
pues como las regiones destas Indias, por toda la mayor 
parte dellas, sean temperatísimas, más templadas que 
ninguna parte de las que se saben del mundo, y las na- 
ciones que las habitan, por consiguiente, alcancen tem- 
peratísima complixion y más favorable que otras, sígnese 
que de su naturaleza no sólo son de buenos y vivos en- 
tendimientos más que otras naciones , pero también no 
les falta naturalmente animosidad y esfuerzo de corazón: 
porque regla es general, como muchas veces arriba se ha 
dicho, ser los hombres de tierras frias inclinados á lo que 
inclina ó dispone el frió, y los de las calientes á lo que 
dispone é inclina el calor, y los de las regiones que están 
en medio á haberse medianamente participando de ambos 
á dos. De que sean de vivos y muy sotiles entendimien- 
tos de su natural, evidentisimamente por las razones si- 
guientes abajo parecerá, pero que tengan esfuerzo y 
animosidad parece que habrá duda, lo cual no será menos 
evidente á cualquiera que quisiere considerar lo que 
vemos por experiencia , porque una gente desnuda , sin 
armas ofensivas ni defensivas (porque los arcos y fle- 
chas que tienen son por la mayor parte , al menos por 
respecto ó para con nosotros, como juegos de niños), 
osen acometer y seguir á otra gente como somos , que 
tanta ventaja les hacemos en lo uno y en lo otro, tan 
brava y tan feroz y tan armada de hierro, que con una 
e>spada desbarriga uno de nosotros, en una hora, 500 de- 
llos, y mayormente siendo nosotros armados de caballos, 
que con una lanza uno, en un cuarto de hora, mata 1.000, 
cuando se ven perseguidos y atribulados de los españo- 
les, por defensión suya de su vida, patria y libertad, ¿no 
es señal, cierto, de no ser de su natural mucho y bien 
animosos y de gran corazón? Desto se referirán, pía- 



DE LAS INDIAS. 



389 



ciendo á Dios, en otro lugar hartos y notables ejemplos, 
y algunos señalados vistos por nuestros ojos. No temen 
la muerte, mucho menos que otra nación, porque aun- 
que sus comeres y manjares son muy delicados, como se 
dirá, todavía tienen suficiente abundancia de sangre, que 
de no temer las heridas ni la muerte, es, como digimos 
en el cap. 23 , la causa ; concuerda con esto y con lo 
de arriba el dicho de Vejecio, De Re militar^ libro I, ca- 
pitulo 2.*': Omnes nationes qne mcin(E snnt solí, nimio calore 
siccata, amplins qtddem sapere sed mimes de sangnine lia- 
here dicuntm: ac proptereci constantiam atque Jiduciam.de 
propinq%o pugnandi non Jiahent, etc. No se podrá bien 
decir contra esto, que vemos estas gentes comunmente 
muy tímidas, y por tales en verdad las tenemos, y esto 
les debe venir de su natural; á lo cual respondemos no 
tener esta objeción mucha verdad, porque esto es de 
per accidens, ó accidentalmente, conviene á saber, por 
causa de las grandes y extrañas crueldades que en ellas 
hemos usado, como se verá, y por el temor nuestro que 
en ellas se ha entrañado viviendo en amarguísima y du- 
rísima servidumbre, y ésta es sufientísima causa para no 
solamente á estos, pero á los Scipiones, hacellos de ser- 
vil condición y cobardes, como en el cap. 27, larg-a- 
mente y por razones naturales, probamos. Son, pues, los 
indios, vecinos y moradores naturales de todas estas 
nuestras Indias, por la mayor parte y generalmente, de 
su natural, por razón de nacer y morar en tierras tempe- 
ratísimas al menos en mediana manera, bien intelectivos, 
y paralas obras de razón bien dispuestos, más ó menos 
según se llegaren más á la mediocridad y templanza las 
provincias, mayormente las más meridionales, puesto que 
entre ellos haya grados que, por razón de la disposición 
de las tierras, sean unos de más sotiles ingenios y arti- 
ficiosos que otros, y lo mismo es cuanto á la animosidad 
y el esfuerzo. 



390 DISTOUIA. 



CAPITULO XXXIV. 



Pruébase allende lo dicho , ser las gentes destas In- 
dias naturalmente de buenos entendimientos por la ter- 
cera causa que puede concurrir para esto , y que con- 
curre notoriamente en ellos; ésta es la buena compostura 
de los miembros, y la conveniente proporción de los 
órganos de los sentidos exteriores, como en el capí- 
tulo XXIV referimos. Los indios, pues, de todas estas 
Indias, por la mayor parte, como sean de muy buenas y 
favorables complixiones , como queda visto, de necesidad 
debian ser, como lo son, de buenos cuerpos y todos los 
miembros dellos muy bien proporcionados y delicados, 
aun los más plebeyos y labradores , no muy carnudos ni 
muy delgados sino entre magrez y gordura, las venas 
no del todo sumidas ni muy levantadas sobre la carne; 
esto se ve muy claro si quisiéremos considerar las ma- 
nos, los dedos, las uñas, los brazos, los pechos, los 
pies, las piernas, que comunmente se les parecen, por 
no traer más vestidos de una manta de algodón como un 
cendal ó almaizar, ó de un lienzo los que más vestidos 
andan, y mayormente donde todos y del todo andan des- 
nudos, cubiertos sólo aquello que la honestidad y ver- 
güenza cubrir manda, los cuales miembros son y tié- 
nenlos tan juntos, dispuestos y tales y tan proporcionados 
que no parece sino que todos son hijos de príncipes, na- 
cidos y criados en regalos. Causa esto, eficazmente, la 
mediocridad de la sangre y del calor natural y de los 
espíritus que tienen, como se verá adelante, que hacen 
los cuerpos de loS; hombres delicados, como en el libro 
De Somno et vigilia dice Aristóteles. Los sentidos exte- 



DE LAS INDIAS. 391 

riores alcánzanlos admirables; ellos ven muy mucho de 
lejos, y determinan lo que ven, más que otros, parece que 
con la vista penetran los corazones de los hombres, y 
tienen, comunmente, los ojos hermosos; oyen también 
muy mucho, huelen cualquiera cosa de muy lejos, 
aunque sea entre los montes, lo mismo es del gusto; y, 
cierto, dello tenemos experiencia, y aquí no hablamos 
á tiento ni , como dicen , de coro. ítem el sentido del tacto 
tiénenlo en gran igualdad, lo cual se muestra porque 
cualquiera cosa lesiva y que pueda lastimar, asi como 
frió, calor, azotes ó otra aflicción exterior , muy fácil- 
mente y en muchos grados los aflige, angustia y las- 
tima, mucho más sin comparación que a nosotros y aun 
que á los más delicados que hay entre nosotros, no obs- 
tante aun el traer los cuerpos y miembros desnudos al 
sol , á los vientos y al agua, lo cual les habia de causar 
ser duros y robustos , y no tener tan sensible y lastima- 
ble aquel sentido del tacto. ítem, cualquiera enfermedad 
accidental más presto les adelgaza, enflaquece y los 
despacha que-á otra nación alguna de los que tenemos 
noticia; allende desto, como es notorio á todos los que 
los cognoscemos, gentes son los indios para sufrir muy 
poco trabajo, y porque han sido puestos después que acá 
venimos en grandes y desordenados trabajos, faltan 
dellos muchos millares. Son luego estas gentes todas 
umversalmente de buenos sentidos exteriores, y en es- 
pecial de muy temperados y delicados tactos, y por con- 
siguiente , argumento es claro y aun necesario , según 
el Filósofo en el II Be Anima y en el I de la Política, tener 
cuerpos de libres y nobles ánimas, que es decir que tie- 
nen naturalmente buenos entendimientos, y son inge- 
niosos y bien razonables; todo lo cual parece arriba. Las 
caras , y rostros, y gestos tiénenlos graciosos y hermosos, 
hombres y mujeres, desde su niñez y nacimiento , porque 
todos los niños y niñas desde que nacen, y como van 
creciendo, son todos comunmente muy graciosos, lindos, 



392 iiisToiiiA 

alegres, corderitos vivos, y de buena índole, que es 
señal ó indicio ó significación de bondad de las ánimas 
dellos natural , j de buenos entendimientos , y que se 
perfeccionarían si fuesen ayudados, como parece, por 
muchos que crian y han criado los frailes. De aqueste 
indicio y significación habla el Filósofo en el I de la Po- 
lítica, cap. S.'', diciendo: Que desde el nacimiento de 
cada uno y de su niñez , luego la naturaleza muestra en 
los cuerpos y gestos de los niños si tienen ánimas de 
libres ó de siervos, conviene á saber, si tienen bue- 
nos y capaces entendimientos: iStatim ex generatione 
qnmdam distincta sunt, alia qnidem ad imperandum, alia 
Dero adparendum, y pone ejemplo en el ánima que na- 
turalmente es apta para mandar y señorear al cuerpo , y 
la razón á la sensualidad , y el hombre á las bestias , y 
el género masculino al femenino, y concluye así: eodem 
modo necesse est in cunctis hominihis esse, etc. Y si des- 
pués de hombres, algunos hallamos de grandes y fe- 
roces caras ó feos gestos , como en la provincia de Gua- 
temala y en algunas otras partes de Tierra Firme , pero 
no en muchas , era la causa de la costumbre que tenían 
de con industria hacerse fieras las caras rompiéndose las 
orejas y hacellas muy grandes, lo mismo las narices y 
los bezos ó labios , poniéndose allí en los agujeros unas 
joyas labradas de oro ó de plata, por fin de parecer en 
las guerras á los enemigos espantables, ó también por 
arreo de gallardía. Cuanto á la costumbre de querer pa- 
recer fieros en las guerras , ordenaron á los principios 
hacerse las caras y cabezas, por industria de las parteras 
ó de las mismas madres cuando las criaturas son tiernas 
y chiquitas , empinadas y hacer las frentes anchas , de la 
manera que en el cap. 29 referimos decir Hipocras, 
y Galeno en el libro, arriba muchas veces nombrado. Be 
Aere et aqna, A^ las gentes de Asia llamadas Onacroce- 
phalas, que se hicieron al principio las cabezas luengas 
por mostrar ferocidad en las guerras, lo cual comenzó 



DE LAS INDIAS. 393 

la industria y después prosiguió la misma naturaleza, 
como allí fué dicho , de lo cual parece que en hacer las 
cabezas y caras fieras , como en otras muchas costum-- 
bres, según parecerá, no fueron solas las gentes destas 
Indias ni las primeras. Tampoco lo fueron en horadarse 
las orejas y poner en ellas aquellas cosas de oro, pues 
en España suelen traer las mujeres zarcillos en ellas, de 
lo cual los franceses burlan y escarnecen, teniéndolas 
por barbarísimas ; esto no era tenido en otras naciones 
por feo, pues entre los judíos, y otras gentes debia ser 
también, no solamente las mujeres los traían, pero los 
hombres se arreaban dello, y esto parece por lo que 
leemos en el Éxodo, y es, que cuando Moisés se tardaba 
en el monte y los judíos pidieron á Aarón que les diese 
dioses que adorasen y los guiasen en el desierto, por déte- 
nellos y no hacer cosa tan nefanda, mandóles que tru- 
jesen todas las joyas que tuviesen de oro que se ponían 
en las orejas las mujeres é hijos é hijas, creyendo que 
de pura codicia no las trujeran; pero traídas todas, él, de 
miedo no lo matasen , hízolas todas fundir , y dicen que 
por arte del diablo salió hecho un becerro. De donde se 
colige claro, antiguamente los hombres, ó al menos los 
mancebos, acostumbrar á traer zarcillos ó cosas seme-- 
jantes en las orejas; en otra manera era vituperiosa cosa 
y gran injuria entre los hebreos horadalles por justicia 
las orejas, y esto se hacia á los esclavos que eran he- 
breos, los cuales, si los compraba el señor, mandaba 
la ley que se sirviese dellos seis años y al sétimo los 
había de dejar libres con mujeres é hijos, pero sí el tal 
esclavo no queria recibir la libertad, sino quedarse to- 
davía esclavo , por el amor que al amo y señor tenía, 
mandaba la ley que con un cincel con que suelen los 
zapateros sacar los bocados de los agujeros que hacen á 
los cintos, ó á otras cosas hechas de cuero , horadasen al 
tal esclavo la oreja, y desde allí habia de ser esclavo per- 
petuo , y esto era grande afrenta. Tornando al propósito 



394 HISTORIA 

de los indios , ellos tenian y tienen de su natural buenos 
y graciosos gestos, sino que ellos con aquellas super- 
fluidades los desgarraban y hacian y hacen feos, como 
acaece hartas veces á las mujeres de España, que, te- 
niendo blancos y hermosos gestos, tantas blandu- 
ras se ponen y afeites, que no es poco asco solamente 
vellas. En esta isla Española, digo verdad, que hobo 
hombres y mujeres muchas de tan buena disposición 
y compostura en los gestos , que aunque los tenian 
algo morenos, señaladamente mujeres, podian ser mi- 
radas y loadas en España por de buena y egregia her- 
mosura por todos los que las vieran. En la Vega conocí 
á mujeres casadas con españoles, y algunos caballeros, 
señoras de pueblos, y otras en la villa de Santiago , tam- 
bién casadas con ellos, que era mirable su hermosura y 
cuasi blancas como mujeres de Castilla, y puesto que 
en toda esta Isla, mujeres y hombres fuesen de muy bue- 
nos y proporcionados cuerpos y gestos universalmente, 
porque aquí no se rompían ni estragaban los rostros más 
de sola y delicadamente las orejas para poner algunas 
joyas de oro las mujeres, pero donde fué la señalada her- 
mosura y muy común á todo género , fué en la provin- 
cia de Xaraguá , que arriba digimos estar hacia el Po- 
niente desta Isla , hobo. Y yo vi un lugar ó villa que se 
llamó de la Vera-Paz, de 60 vecinos españoles, los más 
dellos hidalgos, casados con mujeres indias naturales de 
aquella tierra, que no se podía desear persona que más 
hermosa fuese; y este don de Dios, como dije, muy co- 
mún y general fué en las gentes de aquella provincia 
más que en todas las desta Isla. Las gentes de las islas 
de los Lucayos , que el Almirante descubrió las primeras, 
según arriba digimos , todas á una mano , hombres y mu- 
jeres, eran de aspectos angélicos; las de la isla de Cuba, 
y más las de la isla de Jamaica, lo mismo; las de los rei- 
nos de la Nueva España al rededor de Méjico, las de la 
provincia de Xalisco, las de la de Nicaragua, las de la 



DE LAS INDIAS. 395 

Tierra Firme hacia Cumaná y del reino de Yucatán, 
y las de la costa toda de Guatemala de la mar , que son 
las tierras que yo he andado , y otras que no digo , y las 
de los reinos del Perú , y la gente de La Florida , y lo 
postrero que se descubrió, que es lo de Gibóla, de su 
buena y graciosa disposición y hermosura por los que lo 
han visto se publican maravillas. Y es necesario que así 
sea en todas por la mayor parte destas Indias, porque, 
como habemos dicho, el aspecto y figura del cielo y la 
virtud de las estrellas, que son causa universal y pri- 
mera, y la felice disposición, y suavidad , y mediocridad 
de la tierra, y todos los mismos climas, que es la se- 
gunda, y próximo continente y todas juntas otras cir- 
cunstancias, esta graciosa y hermosa disposición destas 
gentes favorecen. Así que, pues que todos los moradores 
destas Indias , por la mayor parte , y en especial los niños 
y niñas y adolescentes , sean de buenos aspectos y aca- 
tamientos, de hermosas caras y proporcionados miembros 
y cuerdos, y esto desde su nacimiento, como el Filósofo 
dijo , se muestra , sigúese haberles Dios y la naturaleza 
dado y dotado y concedido nobles ánimas naturalmente, 
y así ser bien razonables y de buenos entendimientos. La 
forma ó figura de las cabezas comunmente las tienen 
proporcionadas á los cuerpos y á los otros miembros, y 
derechas; algunos las tienen empinadas, y las frentes 
cuadradas y llanas, como los desta Isla, otros, como los 
mejicanos, y algunos de los del Perú, y los de La Flo- 
rida, las tienen de mejor forma,, algo como las que en el 
capítulo 24 digimos , de hechura de martillo ó de navio, 
que es la mejor forma de todas. Dije algunos de los del 
Perú, porque, por la mayor parte, cuasi en cada provincia 
tenian propia costumbre y diversa de las otras de for- 
mar con industria las cabezas. Y es cosa de maravilla 
ver la diligencia é industria que tienen para entallar las 
cabezas, mayormente de los señores; éstas de tal ma- 
nera las atan y aprietan, con lias ó vendas de algodón ó 



396 , HISTORIA 

de lana, por dos j tres años á las criaturas, desde que 
nacen, que las empinan un palmo granudo, las cuales 
quedan de la hechura y forma de una coroza ó de un 
mortero de barro muy empinado, j esta costumbre tie- 
nen los Ginoveses, j tanta industria y diligencia ponen 
para que las criaturas tengan las cabezas muy empina- 
das, puesto que ni) redondas sino llanas, como vemos, 
que cuasi parecen á las gentes que en esta Isla moraban. 
Por privilegio grande concedian los del Perú á algunos 
señores, y que ellos querían favorecer, que formasen las 
cabezas de sus hijos de la forma que los reyes y los de su 
linaje las tenian. Las de las gentes de los Lucayos y de 
la isla de Cuba y Jamaica , según me puedo acordar , las 
tenian cuasi como las nuestras ó que más nos parecian en 
las figuras delias ; muchos tienen las frentes cuadradas 
de moderada grandeza, que es buena señal, como en 
el cap. 24 digimos ; los cabellos todos comunmente los 
tienen negros y moderadamente delgados y corren- 
tíos y blandos , y cuando niños no tan negros smo que 
tiran á castaños, que significa buena composición , como 
parece allí en el dicho capítulo. Y porque dice el Ecle- 
siástico, cap. 19: Fx ms% cognoscitur mr, et ab occursu 
faciei cognoscituT sensatus : amictus corporis et risus den- 
tiiim et ingressiis Tiominis enunciant de illo : En la vista y 
en la cara, en el andar y en la risa, se conoce el hombre 
y él seso y entendimiento de cada uno ; digo verdad , la 
cual muchos y todos los que tienen noticia en aquestas 
partes la saben si la quieren confesar, que así en los 
niños como en los grandes, como en mujeres y hombres, 
y señaladamente en los hombres , se ve y conoce tanta 
modestia y mansedumbre, tanta composición, tanta ver- 
güenza, honestidad y mortificación y madureza en los 
actos y meneos exteriores , en la vista , en la risa , en la 
compostura de la cabeza é inclinación de la frente y de 
los ojos, y en el andar, y en gran manera en la habla 
(que de pura reverencia y humildad mudan la voz, que 



DE LAS I^^DI.\S. 397 

si la tienen gruesa y autorizada, la adelgazan y abajan 
cuando hablan con personas de autoridad , y á quien 
hayan de tener reverencia), que no parece sino que fue- 
ron criados en la disciplina y debajo de regla de muy 
buenos religiosos. Esto es señal de tener igualdad de 
complixion, y también discreción y buena razón, cuanto 
á los principios naturales, no faltalles. No queremos aquí 
decir ni afirmar que todos, umversalmente, en todos 
sus actos actualmente sean perfectos, y muy acendera- 
dos en las obras de perfecta razón, sino que todos um- 
versalmente , y por la mayor parte , tienen natural apti- 
tud y habilidad, y muy de propincuo están en potencia 
para ser reducidos al acto y actos, siendo instruidos, de 
todo buen entendimiento y de buena razón, y finalmente, 
que son hombres de su naturaleza bien razonables y 
bien inclinados, y dello tienen muy ciertos y naturales 
indicios y claras señales. Porque mucho es ayudado el 
entendimiento y la razón ejercitándose por si mismo con 
la lumbre natural de la razón y por el oficio della , que 
es explicando lo que en los primeros principios, que son 
de si cognoscidos ó cognoscibles, se contiene implícita- 
mente , ó siendo ayudada por otros que más se hayan 
ejercitado, y es también desayudado cuando las perso- 
nas se ocupan mucho en las cosas sensuales, mayor- 
mente en algunos señalados vicios; pero como arriba en 
el cap. 22 y 29 se dijo, como los hombres sean de 
libre albedrío de sí mismos , por elección propia que tie- 
nen en su mano ó de otros persuadidos, pueden ayudar 
á los entendimientos para producir buenos actos inte- 
lectivos y alcanzar virtudes, ocupándose en buenos 
ejercicios , y así entendemos hablar aquí de los indio^. 
Así que por la disposición y hermosura corporal y por la 
modestia, vergüenza y honestidad, madureza, composi- 
ción, mortificación, cordura, y los otros actos y movi- 
mientos exteriores , que en sí y de sí muestran aun desde 
niños, los cuales les son innatos y naturales, manifiesta 



398 HiSToníA 

cosa es haberles proveído la naturaleza y su Criador 
dotado naturalmente de aptitud y capacidad, de buena 
razón y buenos entendimientos. Son, pues, las gentes 
naturales destas Indias, umversalmente y por la mayor 
parte de su natural , por razón de la buena compostura 
de los miembros, por la conveniencia y proporción de 
los órganos de los sentidos exteriores, y la hermosura de 
los gestos ó caras y de todo el vulH, la figura de las ca- 
bezas, los meneos y movimientos, etc., naturalmente de 
buena razón y buenos entendimientos. 



DE LAS INDIAS. 399 



CAPITULO XXXV. 



En el capítulo precedente mostrado habernos, la 
buena disposición de los cuerpos, y favorable compos- 
tura de los miembros y órganos exteriores, y hermosura 
de los gestos que estas gentes tienen ser buen argu- 
mento y señal de tener buenos entendimientos de su 
naturaleza , y en los capítulos de antes , la buena com- 
plixion y armonía proporcionada de los humores, y tener 
las tierras donde moran templadas, y otras causas que 
digimos y otras que diremos ser naturales, las cuales 
todas ó la mayor parte parece concurrir en estas gentes 
para que tengan habilidad natural para los actos de ra- 
zón y de buenos entendimientos ; agora, en este capítulo 
presente y en los siguientes , queremos mostrar en esto 
también, las causas que en el cap. 23 digimos acci- 
dentales favorecerles , porque éstas disponen mucho bien 
los órganos de las potencias interiores aprehensivas, que 
son , como ya digimos , el sentido común, la imaginación, 
la cogitativa ó fantasía, y la memoria sensitiva. La pri- 
mera, pues, causa accidental y bien dispositiva de las 
potencias interiores, es la sobriedad y templanza en el 
comer y en el beber, y poco mantenimiento; ésta tienen 
los indios, más que otras muchas gentes, en excelencia, 
porque todos general, y particularmente, de su natura- 
leza son abstinentísimos y muy sobrios, de muy poco 
comer y beber; y esto es notorio á todos los que con ver- 
dad y simplicidad les ayudan y favorecen , y aun á todos 
los que mal les hacen, si lo quieren sin doblez y fiel- 
mente decir. Y en tanto grado es verdad esto , que los 
religiosos y siervos de Dios, que de raíz y de propósito 



400 HISTORIA 

han experimentado y penetrado sus costumbres, no sue- 
len hablar dellos en este caso, sino diciendo que su co- 
mer y beber cotidiano es como el de los Santos Padres 
en el Yermo; y esta comparación no discrepa mucho, 
antes conñna con lo propio que destas gentes se ha 
dicho, porque todos, por la mayor parte, no comen, sino 
raras veces y acaso, carne ni pescado, y muchas no cosa 
asada ni cocida. Común comida es la suya legumbres y 
yerbas, y frutas, y raices de las que arriba digimos ages 
ó batatas, conficionadas ó guisadas con aquella pimienta 
que, en lengua desta Isla, se llamaba axí, la última sí- 
laba aguda, y en la mejicana chile , la primera silaba 
luenga ; ésta es muy sana y templada, entre calor y frió, 
la cual tiempla y adoba mucho la humedad y terrestri- 
dad de las dichas raíces. La bebida es generalísimamente 
agua en todas estas Indias, y donde se alcanza el cacao 
que es agua fresquísima, y ésta no embriaga, y la chicha 
en el Perú, que puede y suele embriagar, que se hace del 
grano que en esta dicha lengua llamamos mahíz. No 
contradice á esto que algunas veces, y muchas, los indios 
de la Tierra Firme, con la chicha y otros vinos, se des- 
templan y emborrachan, porque no es su bebida ordina- 
ria ésta ni la beben por ser destemplados , sino cuando 
hacen sus convites comunes y fiestas por ceremonias y 
ritos en honor y religión del culto de sus ídolos ; esta 
costumbre y religión generalmente fué defecto de todos 
los gentiles por industria del demonio, que, para derro- 
cólos en muchos abominables vicios, les dio manera 
para privarlos de los sentidos. Esto expresamente San 
Pedro eñ su canónica primera nos lo significa : Sufjicit 
enimprmteritnmtempíis advoluntatemgentmm consíimman- 
dam, liis, q%i amhulaverunt in luxnriis, desideriis, mnolen- 
tiis , comes s ationibus , potationihus , et illicitis Idolornm 
cuUibus, etc.; y San Pablo Ad Romanos XIII: Non in 
comessationibus et ebrietaiihus etin impndicicüs , etc.; y es 
de notar, que no reprenden allí San Pedro y San Pablo 



DE LAS INDIAS. 401 

sino el exceso de las comidas y bebidas, y también hacer- 
las por religión, y en veneración de sus dioses, pero no 
los convites que los gentiles bacian; pues hacer convi- 
tes absolutamente no es ilícito (y Cristo, ejemplo de so- 
briedad y templanza, se halló en uno cuando las bodas 
de Archiclitino), porque, según el Filósoso en el VII de 
la Política, en la ciudad bien ordenada debe haber con- 
vites y comidas públicas ó comunes, para conservar la 
familiaridad y amistad entre los ciudadanos, y Platón 
lo habia dicho antes en el libro De Legihiis, diálogo pri- 
mero, y los romanos tenían convites públicos, unos que 
llamaron triunfales, que al pueblo hacían los que triun- 
faban, otros pontificales, que celebraban en sacrificio de 
los dioses, y otros funerales, que se hacían en las obse- 
quias ú honras de los muertos. Pues asentados á la mesa 
del convite , ¿ quién será tan templado y moderado , que 
no exceda poco que mucho en el comer ó beber, mayor- 
mente aquellos que carecen de fe y cognoscimiento de 
Dios? Ni tampoco hace contra lo dicho, decir que con 
nuestro vino, cuando lo pueden haber, algunos se embria- 
gan, porque esto es muy de per accidens, ó accidental- 
mente, por no saber la fuerza del vino, en la cual dificul- 
tad cayó Noé, santo hombre, y en esto harto los excusan, 
como se dirá, otras muchas naciones estimadas por pru- 
dentes que todos cognoscemos, y pocos hay que no se 
les traben los celebres con el vino, fuera de la nuestra 
Española; y Platón, en el libro XXXIV Be Legibus , diá- 
logo sexto, dice que emborracharse los hombres no era 
cosa decente, sino fuere en las fiestas y solemnidades de 
aquel dios que dio el vino. Entre los indios desta Isla 
yo vide Señor ó Cacique, que, teniendo harto vino nues- 
tro y de Guadalcanal, lo bebía con tanta templanza, que 
un monje muy reglado no podia tenella mayor. Y así 
nos hablamos aquí dé lo que por naturaleza estas gentes 
tienen, y de la costumbre de su comer y beber que tam- 
bién les es natural , y no de lo que algunas veces les 

Tomo V. 26 



402 niSTORiA 

acaece hacer, mayormente que aun esto no lo hace cada 
uno en su casa en particular , sino cuando se juntan en 
común muchos á los comunes convites, y fiestas, y ce- 
remonias, y ritos, y observancia y honor de sus dioses; 
pues como los indios todos en universal sean sobrios y 
abstinentes, de poco comer, y la comida sea legumbres y 
yerbas, y el pan harto áspero y no muy bueno, como 
es el del grano mahíz en toda la Tierra Firme , y el ca- 
cabí, que se hace de raíces, muy cenceño y delicatísimo, 
y de muy fácil digestión y de menos sustancia, en to- 
das estas islas, y en alguna parte de Tierra Firme, y por 
esto sean de moderada cantidad de sangre y calor, y, por 
consiguiente, de pocos huelgos y espíritus pero claros y 
sotiles, porque no suben las evaporaciones ni humosida- 
des que los suelen turbar, y enturbiar, oscurecer, engro- 
sar, y anublar, y confundir y desordenar, como acaece 
en» los hombres comedores, bebedores y glotones, según 
arriba en el cap. 26 queda dicho, y de allí proceda 
que las potencias cogitativa, memorativa, y la imagina- 
ción , sean dispuestas , y bien dispuestas y fuertes para 
producir sus actos, y ejercitar sus oficios, y aparezcan á 
la imaginación la forma ó especies , ó imágenes ó inten- 
ciones, sensibles, claras, distintas y ordenadas, por cuya 
causa el entendimiento fácilmente percibe y forma las 
especies inteligibles, por las cuales suele entender, si- 
gúese de todo lo dicho , necesariamente , que los indios 
son de su natural intelectivos, y tienen buenos entendi- 
mientos, y son gentes de buena razón, por la primera 
causa accidental, que es lá sobriedad y templanza del 
comer y beber y mantenimiento, que ayuda y dispone 
las potencias interiores, que sirven al entendimiento para 
poder bien entender. Y argumento manifiesto de su so- 
briedad y templanza, en el comer ordinario y común 
beber, es multiplicar tanto por la generación como mul- 
tiplican, porque hallamos aquestas tierras todas umver- 
salmente tan llenas de gentes, que en todo el mundo 



DE LA? INDIAS. 403 

parece que nunca se vio ni halló tierra más ni tanto po- 
blada, ni donde más el género humano se multiplicase; 
vemos esto cada dia, donde hay gente aun después de la 
persecución que les vino, que los ha despoblado y cuasi 
aniquilado, y de que en otra parte se hará mención, 
que las mujeres tienen tres, y cuatro, y cinco hijos, 
como los dedos de la mano , cuando van por agua al rio 
llevan dos ó tres delante, y uno en los brazos, y otro en 
el vientre, y no ha muchos años que parió una mujer in- 
dia, de la ciudad de Méjico, de un vientre cinco hijos. La 
razón de esta multiplicación de la generación es , según 
regla de filosofía (y trátase en los libros De Genem- 
tione et corruptione, y Be Longitudine et hrevitate vitce, por 
el Filósofo, y también lo tratan más en particular los 
médicos), porque los hombres templados en comer y 
beber son de más fuerte y virtuosa natural complixion, 
más aptos para engendrar y para mejores hijos y de 
mejor complixion producir, que los comedores y bebe- 
dores destemplados; la razón de la razón es, porque así 
como por el demasiado comer y beber es impedida la 
buena nutrición del cuerpo, y la luenga conservación de 
la vida de un hombre, así por la misma causa se estor- 
ba la buena generación y multiplicación que pertenece 
á la humana especie. Y según Platón , en el libro De Le- 
gibns, diálogo sexto, y lugar postreramente alegado, 
mucho deben el marido y la mujer estar sobre aviso, de 
vivir, mientras son casados, templadamente, mayormente 
cerca del vino, porque siempre se hallen con buen juicio 
y entendimiento, pues se ignoran el dia y la hora que 
la mujer conciba en su ayuntamiento , porque va mucho 
que estando ellos en buena, templada y moderada dispo- 
sición la criatura se conciba; por ende conviene, dice Pla- 
tón, para que lo que se concibiere sea estable y quieto, 
que los cuerpos de los padres no sean con exceso ó em- 
briaguez, al tiempo de la generación distraídos (y la ra- 
zón, según él asigna, es porque el que está lleno de vino 



404 HISTORIA 

es como con rabia, así en el ánima como en el cuerpo, 
traido y llevado aquí y acullá, y por tanto como men- 
tecato es inhábil para concebir y engendrar), porque ve- 
risímile cosa es , que las criaturas que engendraren los 
tales nazcan de desiguales complixiones, instábiles y 
vanos, torcidos en los miembros, como en las costumbres 
desordenados. Por lo cual, es cosa necesaria que los ca- 
sados, por toda la vida, y en especial por el tiempo de la 
generación, se deben guardar de hacer ó padecer cosa 
que perturbe la mente y desordene la voluntad , por la 
cual naturalmente puedan causar alguna enfermedad 
dañosa en el cuerpo ó en el ánima, ó incurran desver- 
güenza ó fealdad, porque cualquiera cosa destas, en las 
ánimas y en los cuerpos de las criaturas que de los tales 
padres nacen, se imprimen y traspasan, y peores que ellos 
serán. Todas estas son palabras de Platón. 



DE LAS INDIAS. 



405 



CAPÍTULO XXXVI. 



No poco difiere de esta la causa otra, que arriba en 
el capítulo 26 digimos ser también accidental , que 
sirve y ayuda muy mucho á la buena disposición de 
los entendimientos , y se la abstinencia y templanza 
cerca de las afecciones sensibles, viciosas, mayormente 
las venéreas ó sucias. Desta creemos poderse decir con 
verdad, que son más que otras gentes, por la mayor 
parte y comunmente , moderados y templados (y plu- 
guiese á Dios que los nuestros no les excediesen cuasi 
sin alguna medida), como se puede cognoscer por la 
templanza de usar con sus propias mujeres, que no pa- 
rece que las tienen para otra cosa sino para sustentar 
solamente la humana especie, que es el fin de la natu- 
raleza, y no para salir de los límites de la razón; esto 
se alcanza á saber por las vías que se suelen entender 
las cosas secretas, por vía limpia y honesta, como lo 
alcanzan los que procuran limpiar y curar las ánimas. 
Y desto es uno y muy cierto argumento exterior, que 
todos los españoles que han estado y están en estas 
Indias podrán tener experimentado, si de industria no 
lo quisiesen negar, que en ninguna parte dellas hombre 
ha visto ni sentido á algún indio obrar deshonestidad, 
ni con sus mujeres propias, ni con otras casadas ni sol- 
teras, ni aun en las tierras donde, como en estas islas, 
todos andaban desnudos desde los pies á la cabeza (ex- 
cepto las mujeres que traían obra de dos palmos de tela 
de algodón con que cubrían sus vergüenzas), hombre 
no vido, andando y conversando juntos en obras que 
hacían mujeres y hombres, que por el primer moví- 



406 HISTORIA 

miento se sintiese alteración, más que si fuesen hombres 
muertos, en las partes inferiores ; y si alguno ha visto y 
sentido á indio alguna desvergüenza, de obra ó de pala- 
bra, no habrá sido sino de los que han criado y tenido 
los españoles en sus casas , porque lo aprendieron dellos: 
pero desta honestidad no se podrán gloriar muchos de 
los nuestros, porque se hallarán millares de indios que 
hayan visto y sido testigos de infinitas torpedades co- 
metidas por nuestros compatriotas, para nuestra gran 
confusión. Es también otro argumento de la templanza 
destas gentes cerca de los actos venéreos, conviene á 
saber, andar descalzos, y mucho mayor si andan del 
todo desnudos, porque esto templa y deshecha el deseo, y 
amortigua la inclinación de aquel vicio, según dicen los 
médicos; otro es, lavarse muchas veces en las aguas 
frias, como estos se lavan de noche y de dia; otro es, la 
poquedad de los manjares, poco comer y poco beber, y 
comunmente beber agua, y los manjares ser de poca sus- 
tancia y nutrimiento. ítem, la poc^ ociosidad que estas 
gentes acostumbraron tener comunmente es también 
causa que no sean muy inclinadas á caer en aquel vicio; 
nunca hallarán indios, por la mayor parte, que en su 
casas ó en el campo, mucho que poco, no hagan algún 
ejercicio con sus manos, con que no sea de mucho tra- 
bajo. Estas causas son propias y cuasi naturales y 
acostumbradas á estas gentes, que son señales de no 
ser excesivos en aquellas obras, y estas deben procurar 
de adquirir los que desean vivir castamente, según Mag- 
nino , médico , con otras que pone en el tratado que hizo 
De Regimine sanitatis, parte tercera, cap. 23, pero la 
principal es el socorro de arriba; y saber que sólo es 
don de Dios dice Salomón ser suma sabiduría. No im- 
pide á lo dicho ni contradice los que algunos de nuestros 
españoles dicen (lo que yo, ciertamente, nunca tuve por 
cierto), conviene á saber, que haya entre estas gentes al- 
gunos, y aunque sean muchos, que incurran y se conta- 



DE LAS INDIAS. 407 

minen con el dicho nefando vicio , porque no es esto nni- 
yersal, como abajo probaremos, y no es maravilla que en 
un mundo tan grande y tan luengo, y de tan inmensas 
naciones lleno, siendo infieles, faltándoles gracia y doc- 
trina, tuviesen y tengan estos y otros mucbos vicios, 
pues entre los que tienen nombres de cristianos no fal- 
tan bartos que padezcan las dicbas ignominias, y estas 
pudieron incurrir por algunas causas particulares que 
abajo señalamos. Nos, empero, hablamos aquí en uni- 
versal, y por la mayor parte, ser los indios naturalmente 
bien dispuestos para producir actos de buen entendi- 
miento, y carecer más que otras gentes de los contrarios 
que á estos pueden impedir, é lo demás que en contra se 
bailare ha de estimarse como monstruo en naturaleza, 
que suele muy raro acaecer, según arriba en cierto ca- 
pítulo digimos. Y así queda mostrado que, por la mode- 
ración y templanza que tienen cerca de las afecciones y 
cosas venéreas, al menos no son menos dispuestos que 
otras gentes , para producir buenos actos de razón y 
entendimiento, los indios. Asignamos otra causa acci- 
dental en el cap. 26, que impide los hombres á que sean 
por algún tiempo bien intelectivos, conviene á saber, la 
solicitud demasiada y cuidado intenso cerca de las cosas 
mundanas y temporales, y el contrario della, que es 
la moderación, allí pusimos; desta ser estas gentes más 
adornadas que cuantas en el mundo nacieron, de su 
naturaleza parece manifiesto. Cuanto de la solicitud de 
allegar riquezas y bienes temporales, y ambiciones, y 
usurparlo ajeno, no se contentando con lo suyo, son 
más que todas libres. ¿Qué ciudado, ni qué solicitud 
puede dar pena ni ocupación del entendimiento, á gente 
que no pretende más de su propia, no superfina sino ne- 
cesaria, sustentación, la cual con un poco de trabajo 
corporal tienen cumplida, y no cura en pensar lo que ha 
de comer mañana, porque lo tiene ya cierto con aquel 
poquito trabajo^? El que no cura de vestirse más de cu- 



408 HISTORIA 

brirse las carnes con una manta de algodón de una vara 
en cuadro, ó de ponerso. solamente dos palmos de la 
misma tela delante sus vergüenzas, cuando mucho, como 
en estas islas que andaban totalmente desnudos se acos- 
tumbraba , ¿ qué vehemencia podrá tener aqueste cuidado 
de se vestir para que deje de bien producir el enten- 
dimiento de los tales los actos ordenados de buena razón, 
y vacar ó ejercitarse, cuando inducidos y ayudados y 
doctrinados fuesen, cerca de las operaciones intelectua- 
les y espirituales? La gente que no ha menester allegar 
de muchos años atrás ajuares desde cuasi que nacen las 
hijas para las casar, sino que el yerno le viene á rogar 
por ella, y si ella se contenta de él y el padre ve que 
será hombre para, por su trabajo en la cultura de la tierra, 
á sí é á la mujer, y á los suegros cuando sean viejos, po- 
derlos sustentar ; item , quien no piensa en quitarle el 
estado ni la hacienda de su vecino , por fuerza ó por en- 
gaño , ó por pleito que piense moverle con ayuda de cohe- 
chados letrados, y no tiene puntos de honra queriendo 
en el pueblo ó en la provincia señorear, ó dejar á sus 
hijos, aunque sean muchos, cada uno con su mayorazgo, 
pocos tumultos y menos perturbaciones tienen en sus 
ánimas, y poco impedimento y ofuscación del enten- 
dimiento cualquiera destos cuidados ni todos juntos les 
podrán causar. Estas gentes indianas universas deste 
orbe, todas, de su natural ó de su costumbre convertida 
en naturaleza, carecen de todas estas solicitudes y cui- 
dados , como ya es á todo el mundo claro , por ende ma- 
nifiesta cosa' es, que, por la modestia y templanza que de 
estos cuidados alcanzan, son ayudados y favorecidos para 
ser intelectivos , por ésta como por las de suso puestas 
causas accidentales. No menos les ayuda, para bien for- 
mar los actos de entender y bien razonar, la otra causa 
accidental que en el dicho cap. 26 se sigue á la prece- 
dente, y ésta es la carencia que naturalmente tienen, 
por su buena y laudable complixion que cuasi todas 



DE LAS lííDIAS. 409 

estas gentes alcanzan , de las pasiones del ánima , que 
causan en ella gran perturbación, j, por consiguiente, 
impiden al entendimiento, las cuales son principalmen- 
te, ira, gozo, dolor, temor, tristeza, enojo y rencor, etc. 
Cuanto á la ira, manifiesta cosa es á todos los que co- 
nocen estas gentes en todas las partes destas Indias, la 
ira que tienen de su naturaleza, la cual tanta es que 
podríamos afirmar, sin desviarnos mucho de la verdad, 
haber papagayos, en especial unos muy chiquitos que 
arriba digimos, capitulo 9.^ llamarse en la lengua desta 
isla Española xaxabis, la media silaba luenga, que tie- 
nen más ira que los indios; bien creemos que otra ge- 
neración en el mundo de las que se tiene noticia no es 
más quieta, pacífica, más mansa, más benigna, humi- 
líma, y sobre todas pacientísima , y tengo por cierto 
exceder en todo á la gente que arriba digimos de Asia, 
según Hipocras y Galeno. Desto podríamos traer mu- 
chos y muy ciertos ejemplos, pero por no alargar deja- 
rémoslos todos refiriendo algunos. Digo verdad, que 
había quince ó veinte años que yo estaba en estas Indias, 
en los cuales nunca vi reñir indio con indio, hasta un 
dia que vide dos que se estaban dando de puñadas, las 
cuales eran tales, poco más que cuando unos gatos 
entre sí retozan, ó unos niños de cinco años de los nues- 
tros andan burlando; yo, cuando los vide, comencé á 
llamar testigos, diciendo que diesen testimonio como 
vían de apuñear dos indios , y pasan de cincuenta años 
que he vivido y tratado en estas tierras y conversado 
con diversas gentes, y nunca vide otro tanto. Si acaba- 
ban de azotar cruelmente los españoles á un indio , por- 
que se fué huyendo de los trabajos de las minas ó de 
otra parte, ó por lo que quiso cualquiera azotalle, des- 
pués de haber sus dolores y desventura llorado , que los 
llamen y halaguen, no hay más dificultad en aplacalles 
que á unos niños que lloran dándoles una manzana. No 
muchos dias atrás que á este paso escribiendo yo lie- 



410 HISTORIA 

gase, me contó un español que, una vez, llegando él y 
otros á un pueblo de indios, y dándoles dos gallinas 
para que comiesen, dijo uno dellos á éste: «Estos perros, 
para que traigan cuanto quisiéremos, no hay mejor in- 
dustria sino que les deis con esas gallinas en las caras»; 
hízolo así, dándolos buenos golpes con ellas: tornan los 
indios á traerles todo cuanto tenian en sus casas. Des- 
pués, pasados algunos dias ó meses, tornó por aquel pue- 
blo éste, que se llamaba Juan Gómez, que con las gallinas 
los habia aporreado , y saliéronsele de una bolsa cerca 
de cien reales; vídolos el indio aporreado, y díjole: «Juan 
Gómez, ¿has perdido algo?» él miró el freno del caballo, 
las espuelas, y lo que traia en las alforjas, y respondió; 
«no he perdido nada»; añidió el indio, «mira si has per- 
dido algo», y él afirmando que no, torna el indio á decir; 
«mira si has perdido dinero»; el Juan Gómez miró en- 
tonce la bolsa, y halló que se le hablan salido por cierta 
descosedura los reales; saca luego el indio los reales sin 
faltar uno y dáselos. ¡Señal es esta, cierto, de duralles 
mucho el enojo, y de tomar de sus enemigos dura ven- 
ganza! Las injurias que entre sí unos á otros, cuando 
reñían y más airados y turbados estaban , y contra quien 
se enojaban decían por injuriallo y hacelle mayor daño, 
eran, si tenia los ojos zarcos, buticaco, conviene á sa- 
ber, «anda para hombre, que tenéis los ojos zarcos»; si 
los tenia negros, peiticaco, hombre de ojos negros; sí 
tiene algún diente dañado ó le falta , injúrianle diciendo 
mahíte, la media sílaba luenga; «anda para dañados los 
dientes, ó que os faltan dientes», y así de los otros de- 
fectos corporales. Estas son las injurias y oprobios y 
maldiciones con que, generalmente, de los que quizá se 
airaban tomaban y toman sus venganzas, y así les 
duran sus enojos como si nunca por ellos pasasen; y en 
esto parecen á aquellas gentes, de que dice Haly, el co- 
mentador de Tolomeo, que viven al Occidente, cuyas 
contenciones son semejantes á las de las mujeres, como 



DE LAS INDIAS. 411 

en el cap. 29 fué relatado. Si un indio está durmiendo y 
otro viene á llamarlo, no sabe despertalle de presto por 
no dalle pena , sino que estará una hora muy pasito es- 
tirándole, si tiene camisa ó manta, de la halda, ó si no la 
tiene, meneándole del pié poquito á poquito, y con muy 
blandas y bajas palabras hasta, sin cuasi sentirlo, des- 
pertarlo. Esta natural mansedumbre y modestia les 
viene de la nobleza, templanza y mediocridad de sus 
complixiones, y ésta nace de la mediocridad y templanza 
de todas estas indianas regiones, por causa de la igual- 
dad de los tiempos de todo el año; porque no hay muy 
continuas ó frecuentes en el tiempo mutaciones ó turba- 
ciones, ni de excesivos frios ni de excesivos calores, sino 
que siempre, ó cuasi siempre, son los tiempos iguales ó 
cuasi iguales. De donde proviene que ni las mentes de 
los habitantes son fatigadas con alteración, estupor, ó 
espanto grande, por la violencia de los tiempos, ni los 
cuerpos incurren transmutación alguna que sea fuerte ó 
destemplada , de donde se causa que la materia seminal 
no resciba alteración mala ni corrupción dañosa al 
tiempo de la generación de los animales, por lo cual 
nacen las criaturas de templada y noble complixion y 
mediocridad proporcionadas; esto siempre y comun- 
mente si no es acaso , errando la naturaleza , como los 
monstruos, ó porque la generación fué con alguna en- 
fermedad celebrada, y por estas causas puede acaecer 
salir el contrario pero esto es muy raro. Ya queda dicho 
arriba, que en las tierras y regiones que hay en los 
tiempos del año muchas y grandes transmutaciones, y 
diversidad vehemente de frios, y calores, y lluvias, y 
nieves y otras variedades, los moradores dellas natu- 
ralmente son inquietos, rijosos, feroces, bravos, mal 
acomplixionados y peor inclinados, y de malas y per- 
versas costumbres , más ó menos según mayores y más 
vehementes, y más frecuentes y continuas fueren las 
diferencias de los tiempos y transmutaciones. Contra lo 



412 HISTORIA 

arriba determinado parece ser los frecuentes huracanes 
que hay en estas Indias, que son grandes tempestades 
por la mar y por la tierra, que no dejan cosa que no 
destruyan y echen á perder, naos en la mar, y las here- 
dades y edificios en la tierra, como es manifiesto; hura- 
canes llamábanlos indios desta Isla, las dichas tempes- 
tades ó tormentas. A esto se responde, que estos eran 
muy raros , que por maravilla solian venir de muchos á 
muchos años , como tenemos los viejos en estas tierras 
experiencia, y, por tanto, poca diversidad ó variedad ó 
transmutación en el tiempo, y, por consiguiente, en las 
personas causaban; haberlos de pocos años acá cada 
año , y hacer los estragos y destrucciones que por la mar 
y la tierra hacen, otra causa oculta que la natural de- 
bemos buscar, y no es otra sino nuestros muy nuevos 
y muchos pecados, que el discurso de otra nuestra His- 
toria muy claramente mostrará. Como , pues , aquestas 
naciones sean de su naturaleza tan benignas, quietas, y 
mansas y ajenas de ser perturbadas sus mentes de la 
ira , que es pasión impeditiva del entendimiento , mani- 
fiesto es, que, por la carencia natural que tienen della, 
no podrán ser impedidos en los actos del entendimiento 
naturales. 



DE LAS INDIAS. 



413 



CAPÍTULO XXXVIL 



Las otras pasiones del ánima, que pneden cansar per- 
turbación é impedir los actos del entendimiento acci- 
dentalmente, son dolor, y temor, j tristeza, j enojo y 
rencor, destas dos postreras no reinar en estas gentes, 
por lo que se ha probado de su mansedumbre y benigna 
complixion y dulce propiedad de su conversación , mani- 
fiesto queda; pero en cuanto á las demás, es aquí de 
presuponer lo que por las condiciones y propiedades, que 
se ban de aquestas gentes referido , se puede colegir, y 
es que de su naturaleza, todas ó la mayor parte, son de 
complixion sanguina, que es de las cuatro complixiones 
la nobilísima, porque entre todas ellas, las propiedades 
desta, por su sotileza, claridad y temperancia, en cálido y 
húmido, son muy favorables al ánima y al cuerpo, y cau- 
san en los hombres, naturalmente y por la mayor parte, 
virtuosas inclinaciones. Una muy común á todos los san- 
guinos, según Alberto, es que son alegres y no puede 
durar en ellos mucho tiempo tristeza, son dulces, y be- 
nignos, y amorosos en el hablar, el vulto ó rostro siem- 
pre lo tienen alegre, son amativos y que fácilmente se 
aficionan en amistad á otros ; son risueños y causan risa; 
son píos, francos y liberales, dispuestos para todas las 
artes, y otras buenas y laudables condiciones é inclina- 
ciones. Que los indios por la mayor parte sean sangui- 
nos, lo referido, como dije, y lo que luego se dirá lo tes- 
tifican. Son todas estas gentes desde niños letísimos, y 
así son amigos de tañer, y bailar, y de cantar con la voz 
cuando les faltan instrumentos; algunos tenían con que 
hacían sones para bailar, y provocarse á regocijo y ale- 
gría, según á su manera y carencia de instrumentos de 



414 HISTORIA 

hierro para artificios hacerlos podian; son en gran ma- 
nera benívolos, y dulces y benignos , lo cual manifiestan 
en recibir los huéspedes y también en su despedida. De 
esta virtud y propiedad, el Almirante primero, que des- 
cubrió este mundo, fué, como parece en otra parte, buen 
testigo. En la Nueva España, cuando les viene algún 
huésped , desta manera le reciben , conviene á saber : c< A 
vuestra tierra y á vuestra casa venis, en ella podéis es- 
tar , no os ha de faltar nada» ; y si es persona principal: 
«Vuestros vasallos y criados somos, bien nos podéis 
mandar», y otras palabras semejantes; á la despedida: 
«Mirad mucho cómo vais, no caigáis, id paso á paso 
porque no tropecéis»; y así desta manera. Los recibi- 
mientos y despedidas cuanto á las obras, porque lo ya 
dicho es de palabras, abajo , si place á Dios, se explicará, 
y los que lo oyeren , si tuvieren buena consideración, 
quizá se admirarán. Lo mismo se probará (ser, digo, san- 
guinos y de sanguina complixion) cuanto á su habili- 
dad y disposición para todas las artes; desta complixion es 
muy cierto, singular y evidente argumento, conviene á 
saber, el sufrimiento y paciencia que en los trabajos in- 
tolerables, y nunca otros tantos ni tales imaginados ni 
imaginables, que han de los españoles padecido, como 
esta Historia, con verdad, delante de Dios, que es y será 
testigo y verdad de todo, testificará; creo, cierto, y con 
verdad entiendo que lo digo , que en toda la masa del 
linaje humano gente otra no puede más ni tanto sufrir, 
antes sobre todas tengo por cierto ser pacientisima, por- 
que padecer y sufrir los trabajos, servidumbre y opresio- 
nes, con tan calamitosa y desafortunada vida, como han 
padecido, no ha podido ser sino por su incomparable pa- 
ciencia, y por tolerallos con alegría, al menos no con 
tanta tristeza como otros lo sufrirían. Esto es muy claro 
por lo que experimentamos en ellos cada dia, porque es- 
tando en los trabajos de las minas, que ño para hombres 
de carne , pero aunque fuesen de acero serian insufribles, 



DE LAS INDIAS. 415 

y llevando cargas de tres y cuatro arrobas de peso á 
cuestas 50 y 100 leguas de camino, están y van cantando 
y riendo entre sí, diciendo mil gracias y remoquetes que 
entre ellos hay , como si fuesen á fiestas por los caminos; 
de donde parece hacer menor efecto y perturbación en 
ellos el dolor y la tristeza, que harian, tanto por tanto, en 
otras naciones , por su noble condición sanguina y natu- 
ral alegría. Sufrir dolores y tormentos diversos y terri- 
bles yo los he visto algunas veces, con tanta paciencia 
y tolerancia, que aunque lloraban y daban de sí angus- 
tiosos y dolorosos gemidos, pero, cierto, exceder el dolor 
y aflicción al sentimiento en demasiada manera claro pa- 
recía. El temor, empero, junto con la tristeza de la vida 
infelice, dura y diuturna servidumbre y cautiverio, que 
han padecido y padecen, por la imaginación vehemen- 
tísima que sobre otras naciones tienen, como abajo di- 
remos, de nunca salir de aquellos males ó venirles otros 
mayores (y afirmo no ser posibles otros mayores), hace 
más fuertes efectos en estas gentes que podrian causar 
en otras, y esto por cuatro razones: La una, por la gran- 
deza, y exceso y acerbidad de los agravios, angustias, 
trabajos, vejaciones y continuas persecuciones, que toda 
la natural alegría y noble complixion destas naciones 
ha sobrepujado; la segunda, por la diuturnidad dellas 
que tanto ven que les duran, por lo cual muchos, perdida 
la esperanza de jamás salir dellas, se han desesperado y. 
muerto con sus mismas manos, ahorcándose ó tomando 
cosas ponzoñosas, y ésta la paciencia y sufrimiento to- 
talmente les ha desterrado ; la tercera, por la delicadez 
desús cuerpos, y miembros, y complixion noble , que 
causan serles cualquier lesivo, y que puede lastimar, más 
que á otros penoso, y por esto pueden durar menos en 
los trabajos y calamidades que otras naciones, según ve- 
mos por experiencia cuan de golpe han perecido tantos 
cuentos de gente y cada dia se consumen ; la cuarta, 
por la virtud y fortaleza de su imaginación, que es más 



416 HISTORIA 

que la de otros vehementísima. Por estas cuatro razones, 
que cada una dellas por sí es causa, y todas juntas son 
causas en gran manera eficaces , se lian seguido en estas 
gentes cuatro efectos desastrados y lamentables, y los 
mismos se siguieran , ellas supuestas , en todo el linaje 
humano ; el primero, las pestilencias que se han en algu- 
nas partes destas Indias engendrado, que es cierto 
proceder de la imaginacipn y de la tristeza de los males 
presentes y pasados, y del temor vehemente de los por 
venir, y del mal comer y beber, y de los muchos y de- 
masiados trabajos, como arriba comenzamos á decir y 
más se repetirá abajo ; el segundo es, que aquestas na- 
ciones, por las angustias y amarguras, y vida más que 
dolorosa y amarga que pasan, y el temor continuo y so- 
bresalto de su noble y natural condición, han degene- 
rado convirtiéndose tan pusilánimes, y de tan serviles 
ánimos, chicos y grandes, subditos y señores, que no 
osan respirar, antes vienen á dudar si son hombres ó ani- 
males, ó á creer que están encantados: y esto es cosa 
natural en los opresos y en dura servidumbre nacidos y 
criados, como arriba fué probado. El tercer efecto es, la 
poca estima, y menosprecio, y abatimiento que los nues- 
tros españoles destas domésticas y humanas gentes co- 
braron, no por más de por verlas tan mansas, tan pacien- 
tes, tan humildes, y con tanta facilidad haberlas sojuzga- 
do, como desnudas y sin armas, y para cualquier servicio 
y provecho suyo hallarlos tan á la mano, debiéndolas 
de amar y agradar , honrar y estimar y consolar por Jas 
mismas dichas causas. El cuarto, y sobre todos mise- 
rando y más que lamentable, los números tan innumera- 
bles que dellos han perecido , por las razones ó causas 
arribas recitadas, sin haber ofendido á nadie; pero de 
esto la historia será larga. Tornando, pues, á nuestro pro- 
pósito, dejadas estas causas vehementísimas contrarias 
del entendimiento, impeditivas y accidentales, mani- 
fiesto queda en lo traído arriba, ser todas estas naciones 



DE LAS INDIAS. 4l7 

muy ajenas de las pasiones comunes, que pueden per- 
turbar las potencias interiores y así estorbar los actos 
del entendimiento, como son, la ira, tristeza, dolor, enojo 
y rencor, y las muy grandes y vehementes serles más 
que á otras del mundo tolerables, por ser de nobilísima 
complixion, y carecer de las perturbaciones que proce- 
den de las pasiones del ánima, mucho por la mayor 
parte. Puédese confirmar todo lo dicho en esta materia, 
conviene á saber, carecer estas gentes de los impedimen- 
tos que suelen ofuscar las dichas potencias interiores, y 
así no tener tanta libertad el entendimiento para enten- 
der, por los mismos efectos de las mismas potencias y 
mayormente de la imaginación y memoria, las cuales 
muestran tenerlas todos comunmente más que otras na- 
ciones, claras, fuertes, bien dispuestas en todo y desem- 
barazadas; esto parece, porque cuando los hablan, y 
cuando ven y oyen, están atentísimos con vivísimos as- 
pectos que parecen penetrar los corazones, y perciben y 
notan mucho lo que ven y oyen , más que otras gene- 
raciones, y entienden muy presto los conceptos ajenos, 
y parece que se les clava indeleblemente en la imagina- 
ción cualquiera cosa, por sotil y artificiosa que sea. Esto 
es manifiesto, porque poniéndose un indio en una calle, 
no muy cerca de la tienda de un platero sino arredrado, 
porque de que ya los cognoscen los nuestros los avien- 
tan luego que los ven, y mirando un rato cómo labra 
una joya, por difícil de labrar y de artificio que el pla- 
tero la obre, luego se va á su casa y la hace tan perfecta 
y algunas veces mejor que el artífice á quien hacerla 
vido primero ; por esta y otras muy muchas sotilezas que 
hacen, solamente con una vez ó dos vellas, les llaman los 
nuestros oficiales españoles monas, y no osan hacer cosa 
delante dellos. Pues las cosas que han hecho y hacen en 
las procesiones, representando actos y farsas sacadas de 
la Sagrada Escritura, y de nuestra redención cosas de- 
votas, nadie podrá encarecellas, porque á todos los nues- 
ToMo V. 27 



418 HISTORIA 

tros seglares y religiosos ponen cada dia en admiración; 
ésto, señal es de tener muy limpia y fuerte y muy bien 
dispuesta la imaginación. Lo mismo está probado y muy 
averiguado de la potencia en ellos memorativa, por la 
buena y favorable disposición de la cual tienen inmortal 
memoria, como parece en las cosas diversas y muchas 
que toman de coro, asi de las eclesiásticas y doctrina 
cristiana, como de las mundanas y seglares de sus his- 
torias; á cada paso, en cada ermita ó iglesia se juntan 
muchos á decir é dicen las horas de Nuestra Señora, de 
coro, que en breves dias las encomendaron á la memoria, 
y otras muchas oraciones y devociones, en romance y en 
latin y en sus lenguas rezándolas ó cantándolas. De la 
doctrina cristiana no es cosa fácilmente creible, porque 
veinte y treinta pliegos de papel escritos, hay muchos 
indios que cuasi todos los han tomado á la memoria, y 
con pocos tropiezos los recitan sin pena algunay de 
cosas antiguas entre ellos acaecidas, y de muchos tiem- 
pos pasadas, la memoria tienen por historia; de la artes 
liberales abajo se referirán cosas notables; luego buenas 
y limpias, y fuertes y aptas, para ejercitar sus oficios, y 
servir ál entendimiento, y representarle las formas é in- 
tenciones sensibles, tienen estas gentes las potencias, 
imaginativa, y la memoria, que son las principales de 
todas las cuatro , ó según Alberto cinco , potencias inte- 
riores. Lo mismo argüiremos, no sofistica sino demos- 
trativamente, de la primera dellas, que es el sentido co- 
mún, porque, como el sentido común sea el primero de 
los interiores, según su buena ó no buena disposición 
así son dispuestos los otros; pues si los ya dichos tienen 
ó son de buena disposición, éste será ó terna buena dis- 
posición, como quiera que él en sí reciba las especies ó 
imágenes de todos los otros y las represente á la ima- 
ginación. El sentido común tiene por oficio, lo primero 
aprender ó recibir en sí ó cognoscer todas las imágenes 
phantasmas ó especies ó sensaciones de los cinco sentidos 



DE LAS INDIAS. 4l9 

exteriores; lo segundo juzgar dellas, así como esta es 
color, y este es son, y aquel es olor, aquello negro, 
aquello es blanco, dulce ó amargo, lo que no pueden los 
mismos sentidos exteriores el uno del acto del otro 
hacer. Entonces tiene buena disposición el sentido co- 
mún cuando la parte del cerebro primera y delantera, 
donde tiene su celda y órgano , tiene bien dispuesta y 
proporcionada para obrar los dichos sus actos y oficios, 
es entonces aquella parte delantera , y celda del sentido 
común, apta y bien dispuesta cuando es algo grande y 
proporcionada la cabeza, ó al menos no es muy chica, y 
es salida ó luenga ó empinada, según en el cap. 25 
digimos, y es señal de la buena disposición del órgano 
del sentido común, y, por consiguiente, son los tales de 
buena capacidad y aprehensión, y buen juicio ; lo cual 
hallamos en los indios por la mayor parte, como arriba 
en el cap. 34 queda dicho, y sin duda son de muy 
buena aprehensión, como prueba lo que se ha mostrado 
y concluido de la imaginación. De la cogitativa ó phanta- 
sía es lo mismo, por dos razones; la primera, porque como 
sea potencia que tenga su aposento en el medio del ce- 
rebro, entre la imaginativa por la parte delantera, y la 
memorativa ó la memoria sensitiva por la postrera, si 
las dos extremas son buenas y aptas para ejercer sus 
actos y operaciones, sigúese que ha de participar de la 
bondad de ambas á dos extremas, según aquella regla de 
filosofía: Médium participat conditiones et naturas extre- 
momm. La segunda razón es, porque como aquel lugar 
donde aquesta potencia tiene su órgano y aposento sea 
muy cálido de su naturaleza, al cual suban muchos es- 
píritus por lo cual siempre está en continuo movimien- 
to, como parece, que continuamente phantasea, compone; 
divide y juzga, pasando celérrimamente de la imagina- 
ción, tomando las intenciones ó estimaciones que están 
en ella que se dicen sensatas, sacando otras no sensatas, 
quiere decir, que no han pasado ó entrado por alguno de 



420 HISTORIA 

los cinco sentidos, ni las aprehendió el sentido común, 
como es, que la oveja visto el lobo por el sentido del ver, 
j aprehendida la forma del lobo y enviada al sentido 
común, y de allí pasada ó pegada en la imaginación, esta 
potencia phantástica ó cogitativa en los hombres (y por 
la estimativa en las bestias), colige la intención ó estima- 
ción de que el lobo es enemigo, y por consiguiente que se 
debe huir, y que cuando oye el balido del cordero, su hijo, 
colige la intención S estimación que tiene hambre , de la 
cual es movida de le dar las tetas para mamar. Así los po- 
llos, oyendo la voz de la gallina, sacan esta intención, 
que la gallina pretende que todos se ayunten para po- 
nerse debajo sus alas; el perro, si se ve halagar y se le dá 
un pedazo de pan, saca intención de amistad, y luego él 
también halaga con la cola, pero si ve amenazarse y que 
van hacia él con un palo, colige la intención de enemis- 
tad, y, ó huye^ ó arremete á morder al que le amenaza. 
Esta intención ó estimación de que el lobo es enemigo, y 
las otras que se han dicho, no entran por los ojos ni por 
los oidos, porque no es cosa la enemistad que se ve ni se 
oye, ni se huele, ni se toca, y así no se conoce por al- 
guno de los sentidos, las cuales intenciones ó phantasías, 
así no sensadas como las sensadas por los hombres, la 
cogitativa las envía que las tenga en guarda la memo- 
ria sensitiva, para cuando las quisiere después tornar á 
tomar tornando á phantasear. Así que , como los indios 
todos, por la mayor parte, sean de no sólo buenas pero 
admirables imaginación y memoria, como dejamos pro- 
bado, que son las dos extremas potencias, sigúese tener 
muy buena la potencia cogitativa ó phantástica, por la 
razón primera un poco arriba dicha. ítem, como estas in- 
dianas gentes sean de muy noble complixion, por la ma- 
yor parte, porque sanguinos y de moderada sangre, y 
pocos espíritus y claros, por su poco comer y beber y las 
otras causas de que arriba hemos hablado largo, sigúese 
que el calor del órgano desta potencia cogitativa es más 



DE LAS INDIAS. 421 

que en otras gentes templado, y que no suben á el 
demasiados espíritus ni terna tan vehementes y conti- 
nuos los movimientos, y, por consiguiente, que la dicha 
potencia alcanzan, como las otras, apta y dispuesta para 
producir sus actos libre y desembarazadamente, y así, 
que no menos que ellas sirve con sus operaciones para 
que bien y sotilmente entienda el entendimiento; lo cual 
parece manifiestamente porque son en gran manera re- 
posados en pensar, que no es otra cosa sino ser mucho 
cogitativos, y ésta es potísima señal de ser bien intelec- 
tivos, porque la potencia cogitativa es lo altísimo que 
tiene la parte sensitiva del hombre, la cual frisa y toca 
en alguna manera á la parte intelectiva, en tanto grado 
que participa algo de aquello que es ínfimo ó más bajo 
del entendimiento. Y esto es el discurso de la razón, se- 
gún la regla del Santo Dionisio, cap. I."" De Divinis mori- 
hus, donde dice que los principios de las cosas segundas 
ó más bajas se ayuntan ó frisan con los fines, de las pri- 
meras ó más subidas; y por esta vecindad tan cercana 
del entendimiento, esta potencia se llama razón parti- 
cular (según dice el Comentador en el S.'' De Anima, y 
rescíbese su sentencia en la filosofía), la cual no está 
sino en los hombres, en lugar de la cual las bestias 
tienen la estimativa natural, con la cual forman las in- 
tenciones no sensatas que digimos, y por ésta conocen 
las cosas amigas y enemigas. Esto es de Santo Tomás, 
en las cuestiones disputadas De Veritate, cuestión cator- 
ce, artículos I."" al Q.*" Y con esto concluimos lo que en el 
capítulo 34 comenzamos y en el 26 prometimos, con- 
viene á saber, ser ayudadas estas gentes para tener 
buenos entendimientos de algunas causas accidentales 
que disponen la potencia interiores, en especial las apre- 
hensivas, para poder bien servir con sus actos y sensa- 
ciones al entendimiento, en lo cual principalmente con- 
siste ser los hombres bien intelectivos. 



422 íiisToiiiA 



CAPITULO XXXVIIL 



Aplicadas las tres causas naturales, de seis que en el 
capítulo 30 referimos, que pueden concurrir á la nobleza 
del ánima y á ser los hombres bien intelectivos, á las 
ánimas destos indios, y á vueltas dellas otras causas ac- 
cidentales, resta tratar de la cuarta, que es la clemen- 
cia y templanza, igualdad y suavidad de los tiempos que 
comunmente andan con la disposición de los lugares, y 
aplicar della lo que sintiéremos convenir á estas gentes. 
En el cap. 23 se trató largamente, que en las regiones 
y tierras donde hace los tiempos iguales, y entre sí se- 
mejantes, se excluyen las corrupciones y maldad que 
pueden causarse en las criaturas que se conciben al 
tiempo de la generación, así cuanto á los entendimien- 
tos como á las inclinaciones y las costumbres. ítem, que 
donde corren vientos «boreales, que son el Norte y sus 
colaterales y los orientales ó sus colaterales, y los airos 
ó vientos locales son templados, ayudan mucho á la ge- 
neración y á que las criaturas sean de buenos entendi- 
mientos y buenas inclinaciones. ítem, si ayudan las 
causas particulares, como son las disposiciones de la 
misma tierra, porque es enjuta, limpia, descubierta, airo- 
sa, sus altos y sus bajos , no tiene cercanía ó vecindad 
con ciénagas, lagos y árboles malos, y otras cosas con- 
trarias, por manera que concurran las causas particu- 
lares con la universales, la generación de los que allí se 
concibieren y nacieren será naturalmente , por la mayor 
parte, cuanto á los entendimientos y á las inclinaciones, 
favorable y loable, y harán ventaja, en ambas á dos pro- 
piedades, á las gentes de otras muchas partes. Manifiesto 



DK LAS INDIAS. 423 



pues es, y asaz evidentemente por muchas razones na- 
turales queda en muchos capítulos arriba demostrado, 
ser todas estas tierras y regiones mucho templadas, 
correr los vientos boreales y orientales por ellas cuasi 
continuo todo el año, los aires ó vientos locales, clemen- 
tes, salubres, favorables y sanos; la disposición de la 
misma tierra, y en todas sus partes ser limpia y enjuta, 
desavahada, quita y remota de mal^is vecindades; las 
sierras y campiñas, graciosas y bien puestas, las arbole- 
das y selvas que hay, de muchos y muy sanos y saluda- 
bles y aromáticos árboles, y pocos de contrarias propie- 
dades; las aguas delgadas, corrientes, sanísimas y suaves, 
y, finalmente, concurren las causas particulares con las 
universales para perfeccionar la felicidad, templanza, 
sanidad y amenidad de todo este orbe. Todo esto en to- 
das estas regiones por la mayor parte , y si algún pedazo 
ó pedazos de tierra ó región no es tal, háse de estimar 
como monstruo en naturaleza y raro , como suele acaecer 
en todas las cosas naturales de cuando en cuando. Luego, 
necesariamente, las gentes que en estas tierras nacen y 
se crian son de buena y laudable complixion, todas 
iguales ó cuasi iguales, y de nobles ánimas, y por con- 
siguiente, de su naturaleza, de buenos entendimientos en 
universal y por la mayor parte; y si algunas personas 
entre ellos hobiere de poca habilidad y que tengan nota- 
ble falta en sus entendimientos, acaecerá esto en algunas 
particulares, pero no que todas las de una provincia ó 
región puedan ser tales en general, porque esto es im- 
posible, como los monstruos son imposibles en todas 
cualesquiera cosas naturales acaecer por la mayor parte: 
y sería herejía afirmar que los tales acaeciesen por la 
mayor parte en la naturaleza humana, como habemos 
probado en algunos nuestros Tractados. Confírmase todo 
lo arriba di.cho, al menos cuanto á gran parte de este 
orbe, lo primero, por lo que queda escrito en el cap. 23, 
donde se probó, por sentencia de Tolomeo y de Haly, su 



424 HISTORIA 

comentador, que las gentes que nacen y se crian en las 
regiones que están debajo del tercero, y cuarto, y quinto 
clima, según los climas que dividieron los antiguos, y 
especialmente en latitud y altura de 34 grados hasta 42, 
son natural y generalmente de buenos y sotiles entendi- 
mientos, por el sitio, y la templanza, y mediocridad de las 
regiones y tierras en que nacen y se crian, y asi por con- 
currir las causas p/irticulares con la universal y supe- 
rior; dentro de los cuales grados caen ó están grandes y 
muchas provincias y partes destas Indias, de una parte 
y de otra de la línea. De la parte del Norte cae mucha 
tierra y grandes regiones de la Tierra Firme, que llama- 
mos de la Florida, y la tierra de Gibóla, que es tierra 
excelentísima y de gentes llena muy discretas y políti- 
cas, como en otro libro, si nuestro Dios concediere hasta 
entonces la vida, será declarado; de la otra parte de la 
línea (equinoccial digo) están las provincias que son 
reinos, que se comprenden, según el vulgo dice, en los 
del Perú, y la provincia de Chile, tierra también beatí- 
sima, y las gentes della no poco sabias y políticas; todo 
esto, digo, que cae dentro de los tercero, cuarto y quinto 
clima, según los antiguos. Aquí es de presuponer, si 
arriba quizá abiertamente no lo hemos dicho , que á los 
climas que contaron, dividiendo la tierra habitable de la 
parte Septentrional, los antiguos, corresponden otros 
tantos, con las mismas calidades, de la otra parte austral 
de la línea, y por aquella manera se divide, según la 
continencia de la natural disposición, el inferior hemis- 
ferio como dividimos el superior nuestro, según dice Al- 
berto Magno en el libro De Natura locorum, tratado I, 
capítulo 12, siguiendo á los varones probados y sabios 
en filosofía. Solamente destas partes ya dichas destas 
Indias, que son lo menos dellas, se ha probado lo que 
pretendemos por lo que alcanzaron de la tierra habitable 
los antiguos, pero todo lo demás de este nuevo y grande 
orbe, que, como arriba en el cap. 20 declaramos, alcanza 



DE LAS INDIAS. 425 

de latitud 90 grados, 45 al Septentrión y 45 al Austro 
de la línea, que hacen 1.800 leguas, lo cual todo ellos 
ignoraron, por nuestra experiencia y vista de ojos, cuanto 
á la felicidad, fertilidad, igualdad, mediocridad, tem- 
planza y sanidad de las regiones , clemencia y suavidad 
de los tiempos, y habilidad, capacidad y sotileza de los 
entendimientos de las gentes naturales habitadores do- 
lías pertenece, todo nuestro intento asaz plenamente se 
confirma y manifiesta. Lo segundo (ó tercero), se con- 
firma nnestro intento destas gentes, por lo que arriba en 
el dicho cap. 29 referimos de las naciones que nacen y 
moran en Asia la Menor, según Tolomeo y los demás 
filósofos y médicos, conviene á saber, que por la medio- 
cridad, templanza, igualdad y bondad de la tierra son 
las gentes de laudable y moderada complixion, y, por 
consiguiente, blandas y mansas, modestas, de buenas in- 
clinaciones , amadoras de limpieza , y que naturalmente 
aman la doctrina y el estudio de las letras, y aptas para 
las cosas espirituales y que pertenecen á la religión, y, 
por consiguiente, son hábiles para producir obras del 
entendimiento ; por lo cual , vistas las cualidades de 
aquellas regiones de Asia, y condiciones de las gentes 
naturales dellas, y cotejadas con estas tierras y nacio- 
nes habitadores dellas, no creo yo que otras en el 
mundo pueden ser más, ni quizá tanto entre sí, que éstas 
con aquéllas semejantes. Paede asimismo, empero, haber 
alguna diferencia entre aquestas, como entre aquéllas, 
en lo tocante á la viveza de los entendimientos y incli- 
naciones de las costumbres, por razón de algunas causas 
particulares, como el aire que cerque é hincha la región, 
y estar en alto ó en bajo el lugar ó ,villa, casa ó habita- 
ción, ó por la vecindad de montes ó valles, nieves ó la- 
gos y aguas; destos se ha dado doctrina cierta, ó cuasi 
cierta y probable, arriba en el cap. 29 y en otros , de la 
cual podrá quien quisiere colegir por estas tierras nuevas 
dos cosas: la una que podrá pronosticar ó juzgar (aun- 



426 uisToiiiA 

que no ha de ser con juicio temerario, sino siempre con 
prudencia y limitación de lo que á él parece que juzga) 
la habilidad j disposición de los entendimientos de las 
gentes que en cada provincia destas ó población haya, y 
lo mismo cerca de las inclinaciones y costumbres, al 
menos en general; la otra, que si hobiere de poblar y 
buscar asiento de pueblo, villa, lugar ó ciudad, podrá 
saber elegir el sitio y asiento para la tal habitación más 
congruo y conveniente, más dispuesto, más saludable y 
proporcionado á la naturaleza humana. Parece, pues, 
por las razones dichas , y aplicación de la cuarta causa 
que suele concurrir á la nobleza del cuerpo humano , y, 
por consiguiente, la del ánima (que fué la templanza y 
suavidad de los tiempos, como hobimos puesto en el ca- 
pítulo 29), ser todas estas universas naciones indianas, 
naturalmente, no sólo hábiles y de buenos juicios y en- 
tendimientos, pero muy hábiles, ingeniosos y muy razo- 
nables por la mayor parte. 



DE LAS INÜIAS. 427 



CAPITULO XXXIX. 



Cuanto á la quinta causa que concurre á la buena dis- 
posición de los cuerpos humanos , y asi á la nobleza de 
las ánimas, que es la conveniente y proporcionada edad 
de los padres (y ésta quedó puesta en el cap. 30), y 
aplicando á ella la parte que á estas naciones cabe , de- 
cimos que en algunas partes destas Indias, y en mu- 
chas dellas quizá, padecian en esto algún inconveniente 
por casarse, al menos las mujeres, temprano, puesto que 
en otras tenian costumbre del contrario ; y es de notar, 
que aunque casarse las personas de tierna edad comun- 
mente incurran algunos, y quizás muchos, de los defec- 
tos que referimos en el dicho cap. 30, en muchas ó en 
algunas naciones, en éstas, empero, no parecen que se 
incurren tantos, por faltarles muchas condiciones y cua- 
lidades que á otras gentes sobran antes que faltan, y te- 
ner algunas favorables que otras no alcanzan. Esto pa- 
rece discurriendo por cada uno de los defectos ó inconve- 
nientes que digimos incurrir los que muy temprano se 
casan: Del primero, que es debilitarse antes de tiempo y 
perder las fuerzas, y del quinto, que causa poca vida, y 
del noveno, que suelen ser las mujeres que muy mucha- 
chas se casan incontinentísimas, estos inconvenientes 
cesan en estas gentes, por la mayor parte, porque, sin al- 
guna duda, como en el cap. 35 digimos, ellas son muy tem- 
pladas en aquellos actos conyugales, y quizás más por la 
mayor parte que otras algunas. El segundo inconvenien- 
te, que es cuando los padres se casan muchachos y los 
hijos llegan en algún conocimiento, y se ven cuasi coe- 
táneos y de poco menos edad, no les ternán la debida re- 



428 HISTORIA 

verencia y acatamiento, etc., no impide á estas gentes 
por su mucha innata y natural mansedumbre y humil- 
dad, y otras condiciones que tienen humanas y semejan- 
tes; tampoco el tercero, de tener poca experiencia y no 
ser hábiles para regir sus casas, en éstos no ha lugar, la 
razón es porque como todas estas gentes tengan pocos 
embarazos y cuidados de grandes posesiones, haciendas 
y riquezas que hayan de regir , ni pendencias ó pleitos 
que hayan de mover, y por ende vivan contentos con no 
más de lo muy ó la vida necesario, y esto lo tengan tan 
á la mano como arriba significamos , poca experiencia ni 
prudencia es necesaria para regir sus casas, mayormente 
que en todas las cosas son sujetísimos y obedientisi- 
mos á sus padres. Cuanto al sexto inconveniente, que es 
peligro de las mujeres si cuando niñas se casan por la 
estrechura de los vasos, á esto decimos, que aunque á 
las mujeres deste orbe desde muchachas las daban mari- 
dos, al menos en estas islas, no corrían el dicho peligro, 
porque ó la naturaleza de algún secreto remedio pro- 
veía, ó los trabajos que tenían comunmente todas las mu- 
jeres de acá, puesto que moderados, ó porque sus comi- 
das no son delicadas, que pariesen sin peligro aunque 
fuesen muy muchachas y aun cuasi sin dolor lo causaría, 
según parece por el Filósofo, VII de la Política, cap. G.'', 
y en el libro De admirandis in natura auditis, cap. 89, re- 
fiere, que ks mujeres de los Ligures, que son pueblos de 
la provincia de Genova, no en las camas echadas sino 
estando trabajando, sin gemido alguno, paren los hijos, y 
después que los raspan y friegan los llevan al rio á la- 
var, y no por eso dejan de proseguir las obras y trabajos 
que hacían ; y esto cuenta el Filósofo entre las maravi- 
llas de la naturaleza, y lo mismo hacían las mujeres desta 
Isla y creo que muchas otras destas Indias. Y porque los 
trabajos de las mujeres destas tierras eran continuos, 
porque nunca estaban ociosas, y aquéllos eran modera- 
dos y nunca excesivos, sin alguna duda por esta causa. 



DÉ LAS INDIAS. 



429 



los hijos que producian eran favorecidos, al menos no im- 
pedidos, para ser intelectivos; de aquí podemos bien claro 
inferir, que después que los españoles vinieron á estas 
tierras y sojuzgaron estas gentes, y pusieron en el duro 
cautiverio con que afligieron, y añigen, y oprimen dura- 
mente hombres y mujeres, por los excesivos trabajos y 
aflicciones que todos ellos y ellas padecen, de necesidad 
ó no engendrarán ni concebirán, ó si engendraren ó con- 
cibieren malparirán, y, sino malparieren, las criaturas 
que engendraren ó parieren han de ser muy faltas, por 
la mayor parte, de cuerpos y fuerzas, de ingenio y enten- 
dimiento. Cuanto al cuarto inconveniente, que nacen los 
hijos de chicos cuerpos, y el quinto que son de poca 
vida, y el sétimo que es imperfecto el mestruo, y así salen 
las criaturas diminuidas, á todos tres inconvenientes se 
puede responder que la gran temperancia y virtudes de 
la tierra felice que habitan, y los aires, tiempos y vientos 
saludables, y las favorables constelaciones ú otras virtu- 
des secretas de naturaleza, deben suplir el susodicho 
defecto de la edad tierna de los padres, y antes de la 
edad conveniente á labuena generación casar; porque ve- 
mos que aunque en algunas y en muchas partes des- 
tas Indias nacen los hombres bajos de cuerpo , comun- 
mente, pero son muy bien proporcionados y de miem- 
bros recios y de muchas fuerzas, y esto yo lo he visto y 
experimentado, y es notorio á todos los que por estas re- 
giones ó provincias estamos: cuanto más que, aun entre 
las gentes que hay de bajos cuerpos, hay muy muchos de 
altos y muy bien dispuestos cuanto pueden ser en otras 
muchas partes, y allende esto hay muchas provincias y 
regiones que comunmente son de cuerpos bien grandes. 
Dejo de decir de otros que por su proceridad y grandeza 
les llamamos en estas islas gigantes, como en otra Histo- 
ria, si Dios quisiere, se dirá algo; y en el estrecho de Ma- 
gallanes , ó por allí cerca , se tiene por cierto tener los 
hombres de altura doce y trece palmos. ítem, la vida de 



430 HISTORIA 

las gentes destas Indias comunmente y en general es lar- 
ga , y en muchas partes muy larga , como habemos ex- 
perimentado viendo viejos de sesenta y setenta y ochenta 
años, y la razón lo declara por ser todas estas regiones 
de su naturaleza muy sanas por la mayor parte; la causa 
desta sanidad es porque todas ellas, en general y por la 
mayor parte, son cálidas y húmedas templadas, y en otras 
si son frias no tanto que no venza y sobrepuje al frió el 
calor del verano , y los principios de la vida en todas las 
cosas que viven, señaladamente en los animales, son lo 
húmedo y cálido proporcionado, y más tiempo viven los 
hombres y animales, y también las plantas, en las regio- 
nes cálidas que en las frias, ceteris parihus , porque lo cá- 
lido en estas regiones tales, abriga y conforta lo húmedo, 
pero en las frias el húmedo congela y espesa y amortigua 
y aun mata lo cálido. Pues como todas estas tierras des- 
tas Indias , por la mayor parte , sean por el húmedo y 
cálido, y por las otras muchas calidades de suso expresas, 
temperatísimas, todas y por la mayor parte naturalmente 
han de ser y son de necesidad sanísimas; desto se ha 
necesariamente de seguir que todas las gentes, naturales 
vecinos y habitadores dellas, naturalmente son de larga 
vida. Asi lo dice Aristoles en el libro De LongiUidine et 
hremtate vitm, párrafo último, y Santo Tomás allí también 
lo sigue donde dice , que aquellos hombres ó gentes son 
de vida más larga que otros, que viven en tierras que son 
cálidas ó húmedas, ó templadas en ambas á dos calida- 
des, y en las cálidas más que en las frias; luego las gen- 
tes destas Indias son naturalmente de larga vida. ítem, 
los que han de vivir mucho, según el Filósofo, no deben 
abundar en muchas superfluidades , porque la superflui- 
dad tiene fuerza de contrario; pues los indios," como está 
probado , no tienen superfluidades sino solamente toman 
deste mundo lo necesario, luego son de larga vida. ítem, 
los hombres templados en el uso venéreo con sus muje- 
res son de más larga vida que los dados mucho á aquel 



DE LAS INDIAS. 



431 



vicio, porque éstos son de muy poca vida, porque se les 
deseca la virtud del húmedo y asi se consumen, y, por 
consiguiente, se envejecen y mueren más presto; y pone 
ejemplo el Filósofo en los gorriones, que no viven por 
esta causa dos años, y siempre menos que las hembras: 
pues los indios son moderados en esto, luego son natu- 
ralmente de larga vida, y bien se confirma por las gran- 
des multitudes que hallamos de gentes, y muíhas per- 
sonas muy viejas, como ya digimos. Lo dicho todo es tam- 
bién de Alberto Magno, en el libro De Morte et vita, tra- 
tado II, capítulos 6.^ l.\ S.*^ y 9.°, y en el De Natiim loci 
lo toca en muchas partes. Luego los tres susodichos in- 
convenientes, cuarto y quinto y sétimo, no han lugar ó no 
tienen tanta fuerza ó eficacia en las gentes destas partes, 
aunque no sean los padres de los que nacieren de tanta 
edad como convernia, y, por consiguiente, no por eso de- 
jarán las gentes destas tierras de ser de buenos entendi- 
mientos para producir actos racionales é intelectuales. El 
octavo tampoco tiene ó tenia eficacia para dejar de parir 
las muchachas puesto que de poca edad se casen, lo cual, 
que sea así, la experiencia que con los ojos tenemos ha- 
bida sea la probanza, pues hallamos, como dije, esta Isla 
é islas y toda esa vastísima Tierra Firme tan frecuentada 
y plenísima rebosando de mortales; porque cuasi es de 
las mujeres destas tierras lo que dice el Filósofo, en el 
libro De Admirandis in natura auditis, cap. 70, de las mu- 
jeres de Humbría, provincia de Italia que es en elFlorenti- 
nado, conviene á saber, que son muy fetosas ó abundosas 
en los partos y de cada parto paren muchos, y parir uno 
sólo las acaece muy raro. Y esto baste para cumplir con 
la causa quinta que suele ó puede concurrir con otras 
para que los hombres sean bien intelectivos. Cuanto á la 
sexta y última, de la cual presto nos queremos despedir, 
diremos que, aunque los manjares destas gentes comun- 
mente no sean favorables al entendimiento, de sí mismos, 
por ser raíces y legumbres y otras cosas muy terrestres, 



43á HISTORIA 

Ó que tienen mucho de terrestridad , contra éste in- 
conveniente se provee con la mucha templanza y absti- 
nencia que en sus comidas ordinarias (como en el cap. 34 
se dijo) tienen, y otras muchas cualidades que según por 
lo mucho que se ha referido se puede colegir les favore- 
cen. Y con esto concluimos las seis causas naturales, 
universales y particulares, que pueden y suelen concurrir, 
ó algunas dellas, para poner tales disposiciones en los 
humanos cuerpos, que las ánimas que en ellos se infun- 
den sean de mucha natural nobleza, y, por consiguiente, 
de sotiles y altos entendimientos, como arriba en el ca- 
pítulo 22 parece. Por todas las susodichas causas seis na- 
turales, y por otras accidentales que se introdujeron ha- 
blando de aquéllas, queda, si no me engaño, asaz evi- 
dentemente probado ser todas estas indianas gentes , sin 
sacar alguna, de su mismo natural, común y general- 
mente de muy biem acomplixionados cuerpos, y así dis- 
puestos y bien proporcionados para recibir en sí nobles 
ánimas y recibirlas con efecto de la divina bondad y cer- 
tísima Providencia, y por consiguiente, sin alguna duda, 
tener buenos y sotiles entendimientos, más ó menos, me- 
nores ó mayores, según más ó méiios causas de las seis 
susodichas en la generación de los cuerpos humanos con- 
currieren. 



^sr JXñ fií rjM ^^ 



DE LAS INDIAS. 433 



CAPITULO OXX, 



Referidos ya bien prolijamente los dioses de los gen- 
tiles antiguos y de tantos siglos pasados, en lo cual su 
grosísima ceguedad y engaño se ha bien mostrado, 
tiempo es de aquí adelante dar noticia de los dioses que 
aquestas nuestras indianas gentes, ó que de aquellos 
antiguos idólatras recibieron y heredaron , según es ve- 
risímile, al menos en mucha parte, ó ellos añidieron é 
inventaron, para después en ésto como en lo demás cote- 
jallos: de los primeros, pues primero que otros se des- 
cubrieron, conviene hablar de los habitadores de esta 
isla Española y de las demás , por la orden que al prin- 
cipio comenzamos. Para principio de lo cual es de saber, 
que las gentes desta Española, y la de Cuba, y la que 
llamamos de San Juan, y la de Jamaica, y todas las 
islas de los Lucayos , y comunmente en todas las demás 
que están en cuasi renglera desde cerca de la Tierra 
Firme, que se dice |La Florida, hasta la punta de Paria, 
que es la Tierra Firme, comenzando del Poniente al 
Oriente bien por más de 500 leguas de mar, y también 
por la costa del mar las gentes de la Tierra Firme , por 
aquella ribera de Paria, y todo lo de allí abajo hasta 
Veragua, cuasi toda era una manera de religión y poca 
ó cuasi ninguna, aunque alguna especie tenían de ido- 
latría. No tenían templos en muchas partes, y los que 
tenían eran de poca estimación , porque no eran sino una 
casa de paja como las otras comunes, algo apartada; no 
tenian ídolos sino raros, y éstos no para los adorar por 
dioses , sino por imaginación que les ponían ciertos sa- 
cerdotes, y á aquéllos el diablo, que les podían hacer 
Tomo T. 28 



434 HISTORIA 

algún bien, como dalles hijos, y envialles agua, y otras 
cosas útiles semejantes. No hacian ceremonias exterio- 
res ni sensibles, sino muy pocas, y éstas se ejercitaban 
por aquellos sacerdotes que ponia por sus ministros el 
demonio, con ciertas colores que fingian engañados. 
Principalmente su religión parece que residia en la 
mente ó estimación de un Dios, y allí obraban su culto, 
puesto que, con los embarazos y persuasiones que el de- 
monio y sus ministros les ponian y hacian , careciendo 
de doctrina y de gracia , se les mezclasen algunos erro- 
res. La gente desta isla Española tenia cierta fe y cog- 
noscimiento de un verdadero y solo Dios, el cual era 
inmortal é invisible que ninguno lo puede ver , el cual 
no tuvo principio, cuya morada y habitación es el cielo, 
y nombráronlo Yocahu Vagua Maorocoti ; no sé lo que 
por este nombre quisieron significar , porque cuando lo 
pudiera bien saber no lo advertí. A este verdadero y ca- 
tólico conocimiento de Dios verdadero , se les mezclaron 
estos errores, conviene á saber, que Dios tenía madre, 
cuyo nombre era Atabex, y un hermano suyo Guaca, y 
otros desta manera; debían de ser como gentes sin guía 
en el camino de la verdad , antes había quien della los 
desviase , ofuscándoles la lumbre de la razón natural que 
pudiera guiallos. Tenían ciertas estatuas de madera , se- 
gún escribió en una carta el almirante don Cristóbal Colon 
á los Reyes, donde metían los huesos de sus padres (y 
debian serlos de los Eeyes y Señores), y éstas llamaban 
del nombre de la persona cuyos huesos allí encerraban. 
Cuenta que, como fuesen huecas, metíase un hombre 
dentro dellas y allí hablaba lo que el Eey ó Señor le 
decían que hablase á los populares; y acaeció que en- 
trando dos españoles en la casa donde una estatua de 
aquellas estaba, dio un grito, según parecía, la estatua 
y habló ciertas palabras, pero como los españoles no se 
asombran fácilmente de gritos de palos , ni son tan sim- 
ples que no cayesen presto en el engaño , llegóse uno y 



DIÍ LAS INDIAS. 435 

dio del i^ié á la estatua, y dá con ella de lado, y así des- 
cubrió el secreto de lo que dentro estaba. El secreto era, 
que á un rincón de la casa debia estar un hoyo ó cierto 
espacio en el rincón cubierto de rama, donde estaba en- 
cubierta la persona que hablaba, y ésta tenía una trompa 
ó cerbatana que metia por el hueco de la estatua , y allí 
hablando parecía que hablaba la estatua. Dice más el 
Almirante, que había trabajado de saber si tenían las 
gentes desta Isla secta alguna que oliese á clara idola- 
tría , y que no lo había podido comprender , y que por 
esta causa había mandado á un catalán que había to- 
mado hábito de ermitaño, y le llamaban fray Ramón, 
hombre simple y de buena intención , que sabía algo de 
la lengua de los indios , que inquiriese todo lo que más 
pudiese saber de los ritos, y religión, y antigüedades de 
las gentes desta Isla y las pusiese por escrito. Este fray 
Ramón escudriñó lo que pudo , según lo que alcanzó de 
las lenguas, que fueron tres las que habia en esta Isla; 
pero no supo sino la una de una chica provincia que 
arriba dígimos llamarse Macorix de abajo, y aquélla no 
perfectamente , y de la universal supo no mucho como 
los demás, aunque más que otros, porque ninguno, clé- 
rigo, ni fraile, ni seglar supo ninguna perfectamente 
dellas , sino fué un marimero de Palos ó de Moguer , que 
se llamó Cristóbal Rodriguez , la Lengua , y éste no creo 
que penetró del todo la que supo, que fué la común, 
puesto que ninguno la supo sino él. Y esto, de no saber 
alguno las lenguas desta Isla, no fué porque ellas fuesen 
muy difíciles de aprender , sino porque ninguna persona 
eclesiástica ni seglar tuvo en aquel tiempo cuidado chico 
ni grande, de dar doctrina ni cognoscimiento de Dios á 
estas gentes, sino sólo de servirse todos dellas, para lo 
cual no se aprendían más vocablos de las lenguas, de 
«daca pan », «ve á las minas », «saca oro », y los que para 
el servicio y voluntad de los españoles eran necesarios; 
sólo este fray Ramón, que vino á esta Isla al principio 



436 HISTORIA 

con el Almirante , parece que tuvo algún celo y deseo 
bueno, y lo puso por obra, de dar cognoscimiento de 
Dios á estos indios, puesto que como hombre simple no 
lo supo hacer, sino todo era decir á los indios el Ave 
Maria y Paternóster con algunas palabras , de que habia 
en el cielo Dios y era criador de las cosas , según que él 
podia, con harto defecto y confusamente, dalles á en- 
tender. También bobo en esta Isla dos frailes de San 
Francisco, legos aunque buenos, que yo también como 
á fray Ramón congnoscí, que tenian buen celo, pero 
faltóles también saber las lenguas bien ; estos eran ex- 
tranjeros, ó picardos ó borgoñones, el uno se llamaba 
fray Juan el Bermejo ó Borgoñon, y el otro fray Juan de 
Tisim. A este fray Ramón mandó el xilmirante saliese de 
aquella provincia del Macorix de abajo, cuya lengua él sa- 
bía, por ser lengua que se extendía por poca tierra, y que 
se fuese á la Vega y tierra donde se enseñoreaba el rey 
Guarionex , donde podia hacer más fruto por ser la gente 
mucha más y la lengua universal por toda la Isla, y así 
lo hizo , donde estuvo dos años no más é hizo lo que allí 
pudo, según su poca facultad; con él fué uno de los dos 
religiosos dichos de San Francisco. Tornando al propó- 
sito de la religión de la gente desta Isla, lo que pudo 
este fray Ramón colegir, fué que tenian algunos ídolos 
ó estatuas de las dichas, y éstas generalmente llamaban 
Gemí, la última sílaba luenga y aguda; éstas creían que 
les daban el agua , y el viento, y el sol cuando lo habían 
menester, y lo mismo los hijos y las otras cosas que 
deseaban tener. Destos eran algunos de madera y otros 
de piedra; los de madera, cuenta fray Ramón que fa- 
bricaban desta manera: Cuando algún indio iba cami- 
no y vía algún árbol que con el viento más que otro se 
movia, de lo cual el indio tenía miedo, llegábase á él y 
preguntábale : ¿ Tú quién eres *? y respondia el árbol : Llá- 
mame aquí á un bohique y él te dirá quién yo soy. Este 
era sacerdote , ó profeta , ó hechicero , de que luego se 



DE LAS INDIAS 



437 



dirá. Venido aquél llegábase á el árbol, y asentado junto 
á él, y becba cierta ceremonia, levantábase y referíale 
las dignidades y títulos de los mayores señores que 
babia en la Isla, preguntándole ¿qué baces aquí? ¿qué 
me quieres? ¿para qué me mandaste llamar? dime si 
quieres que te corte, si quieres ir conmigo y de qué ma- 
nera quieres que te lleve, porque yo te baré una casa y 
una labranza; el árbol entonces le respondía lo que que- 
ría, y que lo cortase , y daba la manera cómo le babia de 
bacer la casa, y la labranza, y las ceremonias que por 
el año le babia de bacer. Cortaba el árbol, y bacía del 
una estatua ó ídolo, de mala figura, porque comunmente 
bacian las caras de gesto de monas viejas regañadas; 
bacíale la casa y labranza, y cada año le bacia ciertas 
ceremonias, al cual tenía recurso como á oráculo, pre- 
guntando y sabiendo del las cosas futuras de mal ó de 
bien, las cuales él después á la gente común predicaba. 
Todo lo dicbo, de bablar el árbol, y pedilles las cosas 
que les pedían, y mandalles que lo cortasen y bicie- 
sen del la dicba estatua ó imagen, es posible;, con per- 
misión de Dios, al diablo, y puede baber sido todo^ ver- 
dad, que baya tenido tales cautelas y mañas para indu- 
cir aquestas gentes simples á su culto é idolatría, como 
parece por mucbas cosas que arriba quedan bien decla- 
radas. Y lo primero que el demonio para conseguir su fin 
tracta es constituir ministros, engañando personas que 
más para ello dispuestas é inclinadas, resabidas y mali- 
ciosas baila; estos fueron siempre, y son, entre los gen- 
tiles y naciones que ignoraron y viven sincognoscimiento 
del verdaderopDios , los sacerdotes, á quienes primero se 
muestra y bace algunos particulares regalos, y descu- 
bre ó avisa de algunas necesarias verdades para que les 
den crédito, porque con estos engaña todos los demás. 
Así debia ser en esta Isla y en estas otras con esta sim- 
plicísima gente , donde no babia del todo ni muy abierta 
y desaforada idolatría , y quizá pocos años babia que 



438 lusToiiiA 

á engranarlos había (íoincnzado; porque Jio Bribitarriente 
corroiripió con ceg-iiedad de las cosas divinas todo el li- 
naje Iminaiio, sino poco á poco oscureciendo la lumbre 
natural que muestra ó inclina á buscar el verdadero Dios, 
y Dios, justo y bueno, no luógo desmampara los hom- 
bres de su g'racia , primero esj)era que lo desmerezcan 
por sus pecados, según arriba fuó á la larga declarado. 
Así que, primero el demonio gana sus ministros y los 
debe constituir en oficio y ministerio de sus sacerdotes, 
y suficiente industria suya pudo ser, para engañar al 
principio á algunos que el cognoscia que podian en sus 
maldades ayudalle, meterse dentro de un árbol y hablalle 
las susodichas y otras á su propósito palabras, y tener 
otras mil cautelas y mañas. Estos , pu,és, sacerdotes, que 
en la lengua destas Islas se llamaban behiques, que 
eran sus teólogos, profetas y adivinos, hacían á estas 
gentes algunos engaños, mayormente cuando se hacían 
módicos, según que el demonio, y le era permitido a él, 
lo que habían de decir ó hacer les dictaba. Dábanles á 
entender que hablaban con aquellas estatuas y ellas les 
descubrían los secretos y sabian dellas cuanto querian 
saber; y así debía ello de ser, porque el demonio debía 
liablar en aquellas estatuas. No eran, empero, muchos ni 
muy graves, como se verá, sacando afuera todo aquello 
que el demonio rodeaba para inducir la gente , poco que 
mucho, á las supersticiones, ramos y circunstancias de 
la idolatría, que es tras de lo que siempre anda, lo cual, 
por poco que sea, es mal y engaño grande. Otros ídolos ó 
imágenes tenían de piedra, las cuales hacían entender 
al pueblo aquellos sacerdotes y médicos que las saca- 
ban de los cuerpos de los enfermos , y estas piedras eran 
de tres maneras, la forma dellas nunca la vide, pero 
cada una estimaban tener su virtud; la de la una era que 
favorecía sus sementeras, la de la segunda para que las 
mujeres tuviesen buena dicha en parir , la virtud de la 
tercera para que tuviesen agua y buenos temporales 



ME tAS ISWfcS. 



439 



cuando los babian menester: por manera que debían 
ser como los dioses que los antiguos tenían, cuyo cargo 
era cada uno en su cosa presidir, aunque aquestas gen- 
tes más ruda v simplemente sentían desto que los an- 
tigaos. Cerca "destos Cemies ó dioses, los reyes y se- 
niles, y así debía en esto la otia gente seguüles,_se 
jactaban v tenían por más gloriosos,' diciendo que teman 
mejores Cemies que los chacos pueblos y seDOies, y unos 
i otros se los trabajaban de hiirtar; y piMsto que teiian 
gran recaudo en guardar estas estatuas ó ídolos, ó lo que 
eran, de otros indios, de otros idnos y señíoíos, pero 
mucbo más sin comparado» tos guardaban y celalnn de 
k^ españoles, y, cuando 80^ped|ban su venida, los 
Eevaban y escondían por los moám. Las ceremonias o 
sacrificaos que los behiques ó saoeidotes hacían i c^ 
estatuas, pnmero que k^ preguntasesn lo que pretendían 
saber, Be notificanán abajo 



440 UISTORIA 



CAPITULO CXXI 



Referido lo que las gentes naturales desta isla Espa- 
ñola y las comarcanas y circunstantes sentían de Dios y 
de los dioses, y lo demás tocante á la religión, y lo que 
parecia oler y saber á idolatría, entremos en el abismo y 
profundidad de la Tiqpra Firme, donde', cuanto á algunos 
reinos y provincias della, excedieron los habitadores do- 
lías en dioses, y ritos, y sacrificios, y culto divino, aun- 
que sacrilego , y celo de religión y devoción , á todas las 
naciones antiguas de que arriba en muchos capítulos 
habemos tratado, y á todas las demás que ignoraron al 
verdadero Dios por todo el mundo. Y primero que des- 
cendamos á la multitud de los dioses se ha de saber, que 
antes que el capital enemigo de los hombres, y usurpa- 
dor de la reverencia que á la verdadera deidad es debida, 
corrompiese los corazones humanos, en muchas partes 
de la Tierra Firme tenían cognoscimíento particular del 
verdadero Dios, teniendo creencia que había criado el 
mundo, y era Señor del, y lo gobernaba, y á él acudían 
con sus sacrificios, y culto y veneración, y con sus nece- 
sidades; y en las provincias del Perú le llamaban Vira- 
cocha, que quiere • decir Criador, y Hacedor, y Señor y 
Dios de todo. En las provincias de la Vera Paz, que es 
cerca de la de Guatemala, así lo han ^hallado y enten- 
dido los religiosos, y tienen noticia haber sido lo mismo 
en la Nueva España. Pero los tiempos andando , faltando 
gracia y doctrina, y añadiendo los hombres pecados á 
pecados, por justo juicio de Dios fueron aquellas gentes 
dejadas ir por los caminos errados que el demonio les 



DE LAS INDIAS. 441 

mostraba, como acaeció á toda la masa del linaje hu- 
mano (poquitos sacados), como arriba en algunos capí- 
tulos se ba declarado, de donde nació el engaño de admi- 
tir la multitud de los dioses. Y para que se tenga noticia 
de los dioses; que aquellas tan infinitas naciones tenian 
y adoraban, es de tomar por regla general que por todo 
aquello que se sabe de aquella vastísima Tierra Firme, al 
menos desde la Nueva España, y atrás mucha tierra de 
la Florida y de la de Cíbola, y adelante hasta los reinos 
del Perú inclusive , todos veneraban el sol y estimaban 
por el mayor y más poderoso y digno de los dioses, y á 
éste dedicaban el mayor y más suntuoso y rico y mejor 
templo, como parece por aquel grandísimo y riquísimo 
templo de la ciudad del Cuzco (y otros), en el Perú, el 
cual, en riquezas nunca otro en el mundo se vido ni en 
sueños se imaginó, por ser todo vestido de dentro, pare- 
des, y el suelo, y el cielo ó lo alto del, de chapas de 
oro y de plata, entrejeridas la plata con el oro, no piezas 
de á dos dedos en el tamaño, ni delgadas como tela de 
araña, sino de á vara de medir, y de ancho de á palmo y 
de dos palmos, gruesas de á poco menos que media mano, 
y de media y de una arroba de peso; los vasos del servi- 
cio del sol, tinajas y cántaros, de los mismos metales, 
tan grandes que sino los viéramos fuera difícil y casi 
imposible creerlo; cabian á tres y cuatro arrobas de agua 
ó de vino ó de otro licor, como arriba más largo lo refe- 
rimos. Por toda la Nueva España tantos eran los dioses, 
y tantos los ídolos que los representaban, que no tenian 
número, ni se pudieran con suma diligencia por muchas 
personas solícitas contar. Yo he visto casi infinito dellos: 
unos eran de oro, otros de plata, otros de cobre, otros de 
piedra, otros de barro, otros de palo, otros de masa, otros 
de diversas semillas; unos hacian grandes, otros mayo- 
res, otros medianos, otros pequeños, otros chiquitos, y 
otros más chiquitos; unos formaban como figuras de 
obispos con sus mitras, otros con un mortero en la ca- 



442 HISTORIA 

beza, y allí le ecliaban vino en sus fiestas, por lo cual 
se cree ser aquél el dios del vino; otros tenian fig-uras de 
hombres, otros de mujeres, otros de bestias como leones, 
tigres, perros, venados; otros como culebras, y éstas de 
varias maneras, largas , enroscadas y con rostro de mu- 
jer, como se suele pintar la culebra que tentó á Eva; 
otros de águilas y de buhos, y de otras aves; á otros da- 
ban figura del sol y de la luna, y á otros de las estrellas; 
á otros formaban como sapos y ranas y peces, que de- 
cían ser los dioses del pescado. Destos llevaron el de 
un pueblo que estaba cabe una laguna (ó rio ó agua) á 
otro pueblo; pasando por allí luego ciertas personas, y 
pidiéndoles que les diesen para comer algún pescado, 
respondieron que les habían llevado el dios de los peces, 
y por esta causa ya no lo tomaban. Tenian por dios al 
fuego, y al aire, y á la tierra y al agua, y destos figuras 
pintadas de pincel, y de bulto, chicas y grandes. Tenian 
dios mayor, y éste era el sol, cuyo oficio era guardar el 
cielo y la tierra; otros dioses que fuesen guardadores de 
los hombres y estuviesen por ellos como abogados ante 
aquel gran dios; tenian dios para la tierra, otro de la mar, 
otro de las aguas, otro para guarda del vino, otro para 
las sementeras ; y para cada especie dellas tenian un 
dios, como para mahíz ó trigo uno, para los garbanzos, ó 
habas, ó frísoles otro; otro para el algodón, para cada 
una de las frutas otro, y así de las otras arboledas y fru- 
tales y cosas de comer, otros. Tenian también dios de 
otras muchas cosas que les eran provechosas, hasta de 
las m^,riposas, y de las que les podrían hacer mal, como 
de las pulgas y langostas, y dellas tenian muchas figu- 
ras é ídolos muy bien pintados de pincel , y de bulto, 
grandes y bien labrados. ítem, tenian dios de las guer- 
ras, otro para que los guardase de sus enemigos, otro de 
los matrimonios, y otro muy principal dios para que los 
guardase de ofender al dios* grande. El año de aquellas 
gentes mejicanas tenian trescientos y sesenta y cinco 



ülí LAS INDIAS. 443 

dias, y diez y ocho meses y cinco dias tenía el año, y 
cada mes veinte dias, y la semana de trece dias, de lo 
cual tenian constituido un calendario, y para cada dia 
de la semana, y del mes, y del año tenian su ídolo con 
su nombre propio, y estos nombres, ya eran de hombres, 
ya de nombres de mujeres que tenian ó habían tenido 
por diosas, y así todos los dias estaban ocupados con es- 
tos ídolos, y nombres, y figuras, de la manera que nues- 
tros breviarios y calendarios tienen para cada dia su 
santa ó santo. Era ley entre algunas de aquellas gentes 
que los reyes y señores tuviesen continuos en sus casas 
seis dioses, los caballeros y nobles cuatro, y dos los ple- 
beyos y populares. Los dioses comunes que tenian en los 
templos y en los altares estaban puestos por su orden, 
tantos á una parte como á otra, y en medio de todos te- 
nian puesto un grande ídolo mayor que todos, con una 
máscara de palo, dorada, y con unos cabellos muy negros, 
y muy enmantado con unas mantas blancas de algodón, 
como sábanas , muy albas y muy limpias ; tenian ídolos 
en los patios de las casas, y en los lugares eminentes, 
como montes ó sierras, y collados, y puertos ó subidas 
altas; teníanlos también cabe las aguas, como cerca de 
las fuentes, adonde hacian sus altares con gradas cubier- 
tos, y en las principales fuentes habia cuatro altares 
puestos á manera de cruz , unos enfrente de otros. De 
aquellos altares habia en los caminos por muchas.partes 
con sus ídolos, y en los barrios y cuasi por toda la tier- 
ra y á toda parte, como humilladeros y oratorios para 
que tuviesen los caminantes lugares sacros en que ado- 
rar y sacrificar , donde quiera que allegasen. Plantaban 
en aquellos lugares cipreses y ciertas palmas silvestres, 
para que estuviesen acompañados y adornados los orato- 
rios y altares , en lo cual remedaban á los gentiles pa- 
sados, poniendo aquellas arboledas y haciendo aquellas 
florestas artificiales que llamaban lucos, no por el fin 
que aquéllos , conviene á saber , para cometer allí de dia 



444 HISTORIA 

y de noche muchos feos pecados, sino para ornamento y 
en reverencia de los dioses que honraban. Habia en la 
provincia de los Tetónos ó Totonacas, que son, ó por 
mejor decir eran, las gentes que estaban más propin- 
cuas á la costa de la mar ó ribera del Norte, viniendo de 
Castilla á la Nueva España, en fin es la provincia pri- 
mera de la Nueva España, una diosa muy principal, y 
ésta llamaban la gran diosa de los cielos, mujer del sol, 
la cual tenía su templo en la cumbre de una sierra muy 
alta, cercado de muchas arboledas y frutales de rosas y 
ñores, puestas todas a mano, muy limpio y á maravilla 
fresco y arreado; era tenida esta diosa grande en gran 
reverencia y veneración, como el gran dios sol, aunque 
siempre llevaba el sol en ser venerado la ventaja; obe- 
decian lo que les mandaba como al mismo sol , y por 
cierto se tenía que aquel ídolo desta diosa les hablaba. 
La causa de tenella en gran estima , y serle muy devotos 
y servidores, era porque no quería recibir sacrificio de 
muerte de hombres , antes lo aborrecía y prohibia , y 
los sacrificios que ella amaba y de que se agradaba y les 
pedia y mandaba ofrecer eran tórtolas, y pájaros, y co- 
nejos, los cuales le degollaban delante; teníanla por abo- 
gada ante el gran dios, porque les decia que le hablaba 
y rogaba por ellos. Tenían grande esperanza en ella, que 
por su intercesión los habia de enviar el sol á ¡su hijo, 
para librarlos de aquella dura servidumbre que los otros 
dioses les pedian de sacrificarles hombres, porque lo te- 
nían por gran tormento , y solamente lo hacian por el 
gran temor que tenían al demonio , por las amenazas que 
les hacia y daños que del recibían. A esta diosa tra- 
taban con gran reverencia, y reverenciaban sus respues- 
tas , como de oráculo divino y más que otros señalado, 
los Sumos Pontífices ó Papas y todos los sacerdotes. 
Tenia especialmente dos continuos y peculiares sacer- 
dotes, como monjes, que noche y dia la servían y guar- 
daban; éstos eran tenidos por hombres santos, porque 



DE LAS INDIAS. 



445 



eran castísimos y do irreprensible vida para entre ellos, 
j aun para entre nosotros fueran por tales estimados 
sacada fuera la infidelidad. Era tan virtuosa y tan ejem- 
plar su vida, que todas las gentes los venian a visitar 
como á santos, y á encomendarse á ellos, tomándolos 
por intercesores para que rogasen á la diosa y á los dio- 
ses por ellos; todo su ejercicio era interceder y rogar por 
la prosperidad de los pueblos y de las comarcas y de los 
que á ellos se encomendaban. A estos monjes iban á 
hablar los Sumos Pontífices, y comunicaban y consulta- 
ban sus secretos y negocios arduos, y con ellos se acon- 
sejaban, y no podían los monjes hablar con otros, salvo 
cuando los iban á visitar como á santos con sus necesi- 
dades. Cuando los visitaban, y les contaban cada uno sus 
cuitas, y se encomendaban á ellos, y les pedían consejo, 
ayuda y favor, estaban las cabezas bajas sin hablar pa- 
labra, en cuclillas, con grandísima humildad y mortifi- 
cación, honesta y triste representación; estaban vesti- 
dos de pieles de adives, los cabellos muy largos encor- 
donados ó hechos crisnejas, no comían carne, y allí, en 
esta vida, y soledad, y penitencia, vivían y morian por 
servicio de aquella gran diosa. Cuando alguno dellos 
moría elegía el pueblo otro (porque iban por elección 
como abajo se verá), el que se elegía era estimado por de 
buena y honesta vida y ejemplo, no mozo, sino de se- 
senta y setenta años arriba, que hobiese sido casado y á 
la sazón fuese ya viudo. Estos escríbian, por figuras, his- 
torias, y las daban á los Sumos Pontífices ó Papas, y los 
Sumos Pontífices las referían después al pueblo en sus 
sermones. Tenian otra diosa los mejicanos y los de su 
comarca , de otra calidad que la ya dicha , de la cual 
dicen ó fingen que una vez se les tornaba culebra, y afír- 
mase por cosa notoria; otras veces se transfiguraba en 
una moza muy hermosa, y andaba por los mercados 
enamorándose de los mancebos, y provocábalos á su 
ayuntamiento , el cual cumplido los mataba ; y esto puede 



446 HISTORIA 

ser verdad de historia , y que el demonio usase con aque- 
lla gente de tantos engaños transfigurándose, permitién- 
dolo Dios por sus pecados; y como estas transforma- 
ciones el demonio por prestigios haga, arriba fué asaz 
declarado. 



1)1? I.AS INDIAS. 447 



CAPÍTULO CXXII. 



Veneraban y adoraban también por dioses á los hom- 
bres que habian hecho algunas hazañas señaladas, ó in- 
ventado cosas nuevas en favor y utilidad de la repúbli- 
ca, ó porque les dieron leyes y reglas de vivir, ó les en- 
señaron oficios ó sacrificios, ó algunas otras cosas que 
les parecían buenas y dignas de ser satisfechas con obras 
de agradecimiento. En la ciudad Mejicana tenian un 
gran dios, cuya estatua estaba en el templo grande y 
principal de la ciudad, de que arriba se hizo mención, el 
cual llamaban Uchichibuchtl, que correcto y común vo- 
cablo llamamos Uchilobos; éste, con dos hijos suyos, ó 
según otros dicen dos hermanos llamados , Texcátepocatl 
ei uno, el cual fué señor y dios de la ciudad de Tezcuco, 
y Camachtl, el segundo hijo ó hermano que señoreó la 
provincia de Tlaxcala , y en ella lo tuvieron por dios 
(y fingen los Tlaxcaltecas que la mujer de éste se con- 
virtió en la sierra donde está fundada la su ciudad de 
Tlaxcala y vinieron éstos de hacia el Poniente, de la ge- 
neración que se dice Chichimecas), fueron grandes capi- 
tanes esforzados, y entre ellos valerosos hombres, los 
cuales señorearon por grado ó por fuerza aquellas provin- 
cias de Méjico, Tezcuco y Tlaxcala, cuyos propios natu- 
rales habitadores y aborígenes eran la gente que se lla- 
man Otomies. Dicense aborígenes las gentes que habi- 
tan en algunas tierras que son tan antiguas , que no se 
sabe dellas de donde trujeron origen, y así las gentes 
antiquísimas que se hallaron y poblaron á Italia y esta- 
ban derramadas por ella cuando Eneas vino a ella se di- 
jeron aborígenes, cuasi sin origen, ó que no se sabía su 



448 HISTORIA 

origen. Así lo refiere Salustio y Trogo Pompeyo en el 
principio del libro XLIII, y Dionisio Alicarnasso, libro I, 
y Tito Livio en el principio de sus Décadas , y Solino, 
capítulo 2.'' y 8.° Este UcMobos fué el que primero puso 
por sobrenombre á Méjico Theonustitlan , porque era su 
genealogía de los Thehules Cliichimecas , que viene de 
Thehuthiles , que es una fruta que llamamos tunas, vo- 
cablo desta isla Española , y porque della se mantenían 
aquellos Thebules Chicliimecas ; traia por armas ó in- 
signias el dicho UcMlobos las tunas, las cuales agora 
tiene la ciudad de Méjico por concesión real . Este Ucbi- 
lobos amplió la ciudad y dio orden para que se hiciesen 
las calzadas por la laguna , porque de la ciudad se pu- 
diese salir por tierra enjuta sin tener necesidad de ca- 
noas ó barcos; puso también orden en los templos y sa- 
crificios , y fué el primero que inventó y mandó que se 
sacrificasen hombres , el cual sacrificio en toda aquella 
tierra nunca fué antes hecho ni visto . Dice se de éste , que 
en su vida quiso que lo celebrasen por dios, aunque no 
con tanta soberbia quizá, y aun sin quizá , como Nabuco- 
donosor, que mandó á Holofernes que todos los dioses de 
las tierras estirpase, para que tc5das las naciones que so- 
juzgase á él sólo adorasen por dios, como parece en el 
libro de Judith, cap. S.\ 5." y 6.*^ Y Cayo Calígula, Em- 
perador de Roma, envió por todo el imperio su imagen, 
mandando que todos por dios lo adorasen , y que le cons- 
tituyesen templo , llamándose hijo de Júpiter , y consti- 
tuyó sacerdotes suyos, y singulares y exquisitos sacrifi- 
cios ; y á su estatua de oro que mandó poner en su tem- 
plo en Roma, ordenó que cada dia le sacrificasen pavones 
y faisanes, y otras aras preciosísimas y costosas. Todo 
esto dice de él Suetonio, y Josefo, libro XVIII, cap. 15 de 
las Antigüedades, y otros autores. Heredes Agrippa poco 
menos que aquéllos con su soberbia ofendió , sufriendo 
del pueblo lisonjero divinos honores, por lo cual luego 
envió Dios un ángel que lo hirió de tal plaga que fué 



DE LAS INDIAS. 449 

consumido de gusanos , porque no dio la honra que se 
debia á sólo Dios ; así se lee en el capítulo 22 de los Actos 
de los Apóstoles. Al propósito de UcMobos tornando, 
ya digimo s arriba, en cierto capítulo, que sobre los altares 
del templo grande habia dos ídolos como gigantes , cree- 
mos que eran las imágenes de los dos hermanos de este 
Uchilobos, pero la estatua de éste estaba puesta sobre la 
capilla de los susodichos dos; ésta era grandísima y es- 
pantable, della y de las otras dos abajo se dirá más lar- 
go . Aquestos dos sus hermanos edificaron la ciudad de 
Tezcuco y á Tlaxcala, y ordenaron sus ri^os y sacrificios, 
y después de muertos los tuvieron y veneraron por sus 
dioses . Del de Tezcuco , que se llamaba Texcátepocath, 
se cuenta que vivo se metió en el volcan de la Sierra 
Nevada, que está cerca de allí, y que de aquel lugar les 
envió el hueso de su muslo, el cual pusieron en su tem- 
plo por su principal dios, y dello se jactan mucho los 
de Tezcuco ; y de este hecho tomó nombre Popocateptl 
el dicho volcan. El tercero, que fué Camachtl, edificó 
y señoreó á Tlaxcala y sus provincias ; era gran cazador, 
del cual fingen que tiraba una saeta con su arco hacia el 
cielo, y que de la ida y vuelta que hacia la saeta mataba 
gran número de aves y animales , de que mantenía toda 
su gente. Pero el más celebrado y mejor, y digno sobre 
todos los dioses, según la reputación de todos, fué el 
dios grande de la ciudad de Cholola, que está dos leguas 
de donde agora es la ciudad de la Puebla de los Ange- 
les, que llamaron Quecalcoatl; éste, según sus historias, 
vino de las partes de Yucatán á la ciudad de Cholola , y 
era hombre blanco , crecido de cuerpo , ancha la frente, 
los ojos grandes, los cabellos largos y negros , la barba 
grande y redonda . A éste canonizaron por su sumo dios 
y le tuvieron grandísimo amor, reverencia y devoción, 
y le ofrecieron suaves y devotísimos y voluntarios sa- 
crificios, por tres razones ; la primera, porque les enseñó 
el oficio de la platería, el cual nunca hasta entonces se 
Tojio Y. 29 



450 HISTORIA 

habia sabido ni visto en aquella tierra, de lo cual mucho 
se jactan ó jactaban todos los vecinos naturales de aquella 
ciudad; la segunda, porque nunca quiso ni admitió sa- 
crificios de sangre de hombres ni de animales, sino so- 
lamente de pan j de rosas, y flores y perfumes, y olores; 
la tercera, porque vedaba y prohibía con mucha eficacia 
las guerras, robos y muertes, y otros daños que los hi- 
ciesen unos á otros. Cuando quiera que nombraban de- 
lante del guerras ó muertes ó otros males tocantes á 
daños de los hombres , volvia la cara y tapaba los oidos 
por no los ver rri oir ; lóase también mucho del que fué 
castísimo y honestísimo y en muchas cosas moderatí- 
simo. Era en tanta reverencia y devoción tenido este 
dios , tan visitado y reverenciado con votos y peregrina- 
ciones en todos aquellos reinos , por aquellas prerogati- 
vas, que aun los enemigos de la ciudad de Cholola se 
prometían venir en romería á cumplir sus prometimien- 
tos y devociones, y venían seguros, y los señores de las 
otras provincias ó ciudades tenían allí sus capillas y 
oratorios y sus ídolps ó simulacros , y sólo éste entre to- 
dos los otros dioses se llamaba el Señor, anto7iomaticé ó 
por excelencia, de manera que cuando juraban y decían 
por nuestro Señor , se entendía por Quecalcoatl y no por 
otro alguno, aunque había otros muchos en toda la 
tierra y que eran dioses muy estimados ; todo esto por el 
amor grande que le tuvieron y tenian por las tres susodi- 
chas razones, y la razón general y en suma es, porque 
en la verdad el señorío de aquel fué suave, y no les pi- 
dió en servicio sino cosas ligeras y no penosas, y les en- 
señó las virtuosas, prohibiéndoles las malas y nocivas ó 
dañosas mostrándoles aborrecerlas. De donde parece, y 
parecerá más claro abajo, que los indios que hacían y 
hoy hacen sacrificios de hombres no eran ni es de vo- 
luntad, sino por el miedo grande que tienen al demonio 
por las amenazas que les hace, que los ha de destruir y 
dar malos tiempos y muchos infortunios, si no cumplen 



DK LAS INDIAS. 451 

con él el culto y servicio que por tributo en señal de su 
señorío le deben, por el derecho que de tantos años atrás 
sobre aquellas gentes pretende tener adquirido . Afirman 
que estuvo veinte años con ellos, después de los cuales 
se tornó por el camino que babia venido, llevando con- 
sigo cuatro mancebos principales , virtuosos , de la misma 
ciudad de Cholola; y desde Guacaqualco, provincia dis- 
tante de allí ciento y tantas leguas hacia la mar, los 
tornó á enviar , y entre otras doctrinas que les dio fué, 
que dijesen á los vecinos de la ciudad de Cholola, que tu- 
viesen por cierto que en los tiempos venideros habían de 
venir por la mar, de hacia donde sale el sol mediantes 
las estrellas, unos hombres blancos con barbas grandes, 
como él, y que serian señores de aquellas tierras, y que 
aquellos eran sus hermanos. Los indios siempre espera- 
ron que se había de cumplir aquella profecía , y cuando 
vieron los cristianos luego los llamaron dioses, hijos y 
hermanos de Quecalcoatl ; aunque después que conocie- 
ron y experimentaron sus obras no los tuvieron por ce- 
lestiales, porque en aquella misma ciudad fué señalada, 
y no otra hasta entonces igual en las Indias y quizá ni 
en mucha parte del orbe, la matanza que los españoles 
hicieron. Otros dicen que siempre creyeron los de Cho- 
lola que había de volver á gobernallos y consolallos, y 
que cuando vieron venir los navios á la vela de los es- 
pañoles, decían que ya tornaba su dios Quecalcoatl, que 
traía por la mar los templos en que había de morar, mas 
cuando desembarcaron dijeron, «muchos dioses son estos 
(que en su lengua dicen Tequeteteuh), no es nuestro dios 
Quecalcoatl». A estos cuatro discípulos, que tornó á en- 
viar Quecalcoatl del camino, recibieron luego los de la 
ciudad por señores , dividiendo todo el señorío della en 
cuatro tetrarchas, quiero decir cuatro principados, cada 
uno de los cuales tenía la cuarta parte del señorío de la 
tierra (ó de la provincia, ó de la ciudad, ó del reino), 
como quiera que antes la ciudad se rigiese con regí- 



452 HISTORIA 

miento político y no real . De estos cuatro primero seño- 
res descienden los cuatro señores que hasta que llega- 
ron los españoles tuvieron, y hoy dura dello alguna 
señal tal cual en aquello que se les ha dejado , y con 
hartos pocos vecinos en el señorío de cada uno . A este 
dios mismo veneraron en la provincia de Tlaxcala , y le 
hicieron muy suntuoso y notable templo, al cual llama- 
ron por otro nombre, conviene á saber, Camastle; al 
mismo adoraban en Huexucingo , que corrompido el vo- 
cablo nombran muchos Guaxocingo, debajo del nombre 
de Camastle. Quecalcoatl, en aquella lengua mejicana, 
quiere decir ó significar una cierta manera de culebra 
que tiene una pluma pequeña encima de la cabeza, cuya 
propia tierra donde se crian es en la provincia de Xica- 
lango, que está en la entrada del reino de Yucatán, 
yendo de la de Tabasco; fuera de esta provincia de Xi- 
calango, pocas ó ninguna destas culebras, según se 
dice , se han visto. Afirman los indios que aquestas cu- 
lebras, en ciertos tiempos, se convierten en pájaros ó 
aves de las plumas verdes , de las cuales hay muchas en 
la dicha provincia de Xicalango , y son entre los indios 
muy preciadas . Esta conversión puede ser por ventura 
naturalmente, corrompiéndose las culebras primero, por 
podrición ó podrimiento , y de aquella cosa podrida en- 
gendrarse aquellas aves, como muchas cosas se engen- 
dran de otras ya podridas, como trata el Filósofo en 
el IV de los Metauros, ó por arte diabólica ó presti- 
giosa, como arriba queda declarado ; y esto para engañar 
los que Dios permite que sean engañados. Tuvieron en 
toda esta tierra otro dios en grande reverencia, y era el 
dios del agua, que llamaron Tlaluc, á quien ofrecian 
muy costoso sacrificio como se dirá. 



DE LAS INDIAS. 453 



CAPÍTULO CXXIIL 



En el reino de Yucatán, cuando los nuestros lo descu- 
brieron hallaron cruces, y una de cal y canto, de altura 
de diez palmos, en medio de un patio cercado muy lu- 
cido y almenado, junto á un muy soleiñne templo, y 
muy visitado de mucha gente devota, en la isla de Co- 
zumel, que está junto á la Tierra Firme de Yucatán. A 
esta cruz se dice que tenian y adoraban por dios del 
agua-lluvia, y cuando habia falta de agua le sacrifica- 
ban codornices, como se dirá; preguntados de dónde ha- 
bian habido noticia de aquella señal, respondieron que 
un hombre muy hermoso habia por allí pasado y les ha- 
bia dejado aquella señal, porque del siempre se acorda- 
sen; otros diz que afirmaban que porque habia muerto 
en ella un hombre más resplandeciente que el sol: esto 
refiere Pedro Mártir en el cap. I.'' de su cuarta Década. 
Otra cosa referiré yo harto nueva en todas las Indias , y 
que hasta hoy en ninguna parte dellas se ha hallado, y 
esta es, que como aquel reino entrase también, por cer- 
canía, dentro de los límites de mi obispado de Chiapa, yo 
fui allí á desembarcar como á tierra y puerto muy sano; 
hallé allí un clérigo, bueno, de edad madura y honrado, 
que sabía la lengua de los indios por haber vivido en él 
algunos años; y, porque pasar adelante á la cabeza del 
obispado me era necesario, constituílo por mi vicario, y 
roguéle y encargúele que por la tierra dentro anduviese 
visitando á los indios, y con cierta forma que le di les 
predicase. El cual, á cabo de ciertos meses y aun creo 
que de un año , me escribió que habia hallado un señor 
principal, que inquiriéndole de su creencia y religión 



454 HISTORIA 

antigua, que por aquel reino solian tener, le dijo que 
ellos cognoscian y creian en Dios que estaba en el cielo, 
j que aqueste Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo, y 
que el Padre se llamaba leona, que habia criado los 
hombres y todas las cosas; el Hijo tenia por nombre Ba- 
cab, el cual nació de una doncella siempre virgen lla- 
mada Chibirias, que está en el cielo con Dios. Al Espí- 
ritu Santo nombraban Echuac. leona dicen que quiere 
decir el Gran Padre; de Bacab , que es el Hijo, dicen que 
lo mató Eopuco , y lo hizo azotar , y puso una corona de 
espinas , y que lo puso tendidos los brazos en un palo, 
no entendiendo que estaba clavado sino atado (y así 
para lo significar extendia los brazos), donde, final- 
mente, murió; estuvo tres dias muerto , y al tercero que 
tornó á vivir y se subió al cielo , y que allá está con su 
Padre. Después de ésto, luego vino Echuac, que es el 
Espíritu Santo , y que hartó la tierra de todo lo que ha- 
bia menester . Preguntado qué quería decir Bacab ó Ba- 
cabab, dijo que Hijo del Gran Padre, y de este nombre 
Echuac que significa mercader. Y buenas mercaderías 
trujo el Espíritu Santo al mundo, pues hartó la tierra, 
que son los hombres terrenos , de sus dones y gracias tan 
divinas y abundantes. Chibirias suena Madre del Hijo 
del Gran Padre . Añidia más , que por tiempo se habian 
de morir todos los hombres, pero de la resurrección de 
la carne no sabían nada. Preguntado cómo tenían noti- 
cia destas cosas, respondió que los señores lo enseña- 
ban á sus hijos, y así descendia de mano en mano; y 
que afirmaban más , que antiguamente vinieron á aque- 
lla tierra veinte hombres (de los quince señala los nom- 
bres, que porque es mala letra y porque no hace al caso 
aquí no los pongo , de los otros cinco dice el clérigo que 
no halló rastro), el principal dellos se llamaba Cocolcan, 
á éste llamaron dios de las fiebres ó calenturas , dos de 
los otros del pescado , otros dos de los cortijos ó hereda- 
des, otro que truena, etc.; traían las ropas largas, san- 



DE LAS INDIAS. 455 

dalias por calzado, las barbas grandes, y no traían bo- 
netes sobre sus cabezas, los cuales mandaban que se 
confesasen las gentes y ayunasen, y que algunos ayu- 
naban el viernes porque habia muerto aquel dia Bacab; 
y tiene por nombre aquel dia himis , al cual honran y 
tienen devoción por la muerte de Bacab. Los señores to- 
das estas particularidades saben, pero la gente popular 
solamente cree en las tres personas leona, y Bacab, y 
Echuac y Cliibirias, la Madre de Bacab, y en la madre 
de Chibirias, llamada Hisclien, que nosotros decimos 
haber sido Santa Ana. Todo lo de suso así dicho me 
escribió aquel padre clérigo llamado Francisco Hernán- 
dez, y entre mis papeles tengo su carta; dijo más , que 
llevóá aquel señor ante un fraile de San Francisco que 
por allí estaba, y lo tornó á decir todo delante el reli- 
gioso , de que ambos quedaron admirados. Si estas cvosas 
son verdad, parece haber sido en aquella tierra nuestra 
Santa Fé notificada, pero como en ninguna parte de las 
Indias habernos tal nueva hallado, puesto que en la tierra 
del Brasil que poseen los portugueses se imagina ha- 
llarse rastro de Santo Tomás Apóstol, pero como aquella 
nueva no voló adelante , todavía , ciertamente, la tierra y 
reino de Yucatán dá á entender cosas más especiales y 
de mayor antigüedad, por los grandes y admirables y ex- 
quisita manera de edificios antiquísimos y letreros de 
ciertos caracteres que en otra ninguna parte. Finalmen- 
te, secretos son estos que sólo Dios los sabe. 



456 HISTORIA 



CAPITULO OXXIV, 



En el reino de Guatemala , donde tuvieron noticia del 
diluvio antes del, dicen algunos que tenian y adora- 
ban por Dios al Gran Padre y á la Gran Madre que es- 
taban en el cielo, y lo mismo después del diluvio, y que 
llamándolos cierta mujer principal, encomendándose á 
ellos, le apareció una visión y que le dijo: «no llames así, 
sino desta manera, que yo te acudiré», del cual nombre 
ag'ora no se acuerdan , pero que les parece que aquel 
nombre es lo 'que agora nosotros les decimos ser Dios. 
Después, creciendo y multiplicándose las gentes, se pu- 
blicó que habia nacido un dios en la provincia, 30 le- 
guas de la cabeza de Guatemala, llamada Ultlatlan, y la 
provincia nombramos agora la Vera Paz , de que habla- 
remos si Dios quisiere abajo , el cual dios llamaron Exba- 
lan quen. Deste cuentan, entre otras fábulas, que fué á 
hacer guerra al infierno, y peleó con toda la gente de 
allá , y los venció y prendió al rey del infierno y á mu- 
chos de su ejército; el cual, vuelto al mundo con su vic- 
toria y la presa , rogóle el rey del infierno que no le sa- 
case , porque estaba ya tres ó cuatro grados de la luz , y 
el vencedor Exbalanquen con mucha ira le dio una coce 
diciéndole, vuélvete y sea para tí todo lo podrido y des- 
echado y hediondo. El Exbalanquen se tornó , y en la 
Vera Paz, de donde habia salido, no le rescibieron con la 
fiesta y cantos que él quisiera, por lo cual se fué á otro 
reino, donde le rescibieron á su placer; y deste vence- 
dor del infierno dicen que comenzó sacrificar hombres. 
Donde quiera que por aquellas tierras ofrecian sacrificio 
de cosas vivas , tenian ciertos cuchillos de piedra , que 



DE LAS INDIAS. 457 

llamainos de navaja, muy agudos, los cuales dicen que 
cayeron del cielo, y que cada pueblo y personas toma- 
ron los que habian menester; á estos cuchillos llama- 
ban manos de dios y del ídolo á quien sacrificaban. Es- 
tos cuchillos, como cosa muy sacra por matar con ellos 
las cosas vivas que ofrecian en sacrificio, en tanta reve- 
rencia los tenian, que los adoraban en gran manera y en 
gran manera los tenian en veneración; háganles muy 
ricos cabos con figuras, según podian, de oro, y de plata, 
y de esmeraldas si las podian haber, ó al menos de tur- 
quesas, como de obra que llamamos mosaico, de la cual 
obra mucho ellos y en muchas cosas obraban: teníanlos 
siempre con los ídolos en los altares guardados. Los ído- 
los que comunmente tenian por todas aquellas partes 
eran figuras de hombres y mujeres esculpidas en pie- 
dras de diversos colores, y de aves, y de otros animales; 
en cierta parte se halló un ídolo como una cabeza de 
caballo, como sacados los ojos y los vasos dellos vacíos, 
y parecia que siempre corria dellos sangre; cosa, dicen, 
admirable de ver. Toda esta tierra, con la de la que pro- 
piamente se dice la Nueva España, debia tener una re- 
ligión y una manera de dioses , poco más ó menos , y 
extendíase hasta la provincia de Nicaragua y Honduras, 
y volviendo hacia la de Xalisco, llegaba, según creo, á 
la provincia de Colima yCuliacan; de allí adelante, la 
vuelta del Norte 60 leguas, otra manera tienen de reli- 
gión, como se dirá, cuanto á los sacrificios, pero tienen 
sus ídolos, no muchos sino uno ó algunos en cada pue- 
blo, donde los reyes y señores van á orar y á ofrecer sus 
sacrificios. En toda la tierra y reinos de Gibóla, que con- 
tiene muchas provincias por ser grande tierra, que tiene 
más de 300 leguas y llega hasta la mar del Sur, toda 
muy poblada, y contiene infinitas naciones, no habia ni 
hay ídolo ni templo alguno , sólo tienen y adoran por 
Dios al sol, y á las fuentes de agua dulce; en algunas 
partes destas tienen cognoscimiento de un Dios verda- 



458 HISTORIA 

dero que está en el cielo , y parece que en adorar el sol 
entienden adorar á él. Esto es en el Rio Grande, donde 
fué á entrar descubriendo Hernando de Alarcon, enviado 
á descubrir por la mar por el virey de la Nueva España 
D. Antonio de Mendoza; por aquel rio subió ochenta y 
tantas leguas , donde vido y conversó con muchas gentes 
habitantes de una banda y de la otra, y hallóse haber lle- 
gado por el mismo rio á 80 leguas de Gibóla , donde an- 
daba la otra gente que por tierra el Visorey susodicho 
á descubrir envió. Lo mismo es en la grande y luenga 
tierra que llamamos la Florida, donde caben inmensas 
naciones, ningún ídolo, ni templo, ni sacrificio sensible 
se halla; así lo afirman todos los que por diversos tiem- 
pos y en diversas armadas por aquellas tierras han an- 
dado, y el que más dello supo fué Alvar Nuñez Ga- 
beza de Vaca , un caballero natural de Jerez de la Fron- 
tera. Este , habiendo vivido y andado por aquellas tier- 
ras nueve continuos años, en la relación dellas que al 
Emperador dio dice aquestas palabras, en cuasi al cabo 
della: «Dios Nuestro Señor por su infinita misericordia 
quiera que en los dias de Vuestra Majestad, y debajo 
de vuestro poder y señorío, estas gentes vengan á ser, 
verdaderamente y con entera voluntad, subjetas al ver- 
dadero Señor que las crió y redimió, lo cual tenemos por 
cierto que así será, y que Vuestra Majestad ha de ser el 
que ha de poner ésto en efecto ; que no será tan difícil de 
hacer, porque, en 2.000 leguas que anduvimos por tierray 
por la mar en las barcas, y otros diez meses, que después 
de salidos de captivos , sin parar anduvimos por la tierra, 
no hallamos sacrificios ni idolatría», etc. Estas son sus 
palabras. Dice también más un poco antes, que hallaron 
cierta gente, ya al cabo de su peregrinación (digo al 
cabo , cerca de cuando hallaron cristianos en los reinos 
deXalisco ó en las provincias cercanas dellos), la cual, 
preguntada en quién adoraban , y á quién sacrificaban y 
pedian el agua para sus labranzas , y la salud para ellos, 



DE LAS INDIAS. 



459 



respondieron que á im hombre que estaba en el cielo; 
preguntados cómo se llamaba, dijeron que Aguar, y que 
creian que él babia criado todo el mundo j las cosas 
del; tornáronles á preguntar cómo sabian aquello, res- 
pondieron que sus padres y abuelos se lo babian dicho, 
que de muchos tiempos tenian noticia desto, y sabian 
que el agua y todas las buenas cosas las enviaba aquél. 
Cabeza de Vaca y sus compañeros, que eran tres, les di- 
jeron que aquel que ellos decian lo llamaban ellos Dios, 
y así lo llamasen ellos, y lo sirviesen y adorasen; respon- 
dieron que todo lo tenian bien entendido, y que asi lo 
harían, etc. Esto dice Cabeza de Vaca. Dejada esta parte 
occidental y septentrional destas Indias , y pasándonos á 
la otra parte meridional donde cae la costa que decimos 
de Paria, y por allí arriba y abajo, cuasi por todas aque- 
llas partes, las gentes dolías tenian, poco más y poco 
menos, una manera de religión, teniendo algunos ídolos 
y dioses propios, pero en universal todos pretendían ha- 
ber uno común de todos, y este era el sol; templo, em- 
pero, ninguno. Yendo todavía la vuelta del austro ó Me- 
diodía , hasta donde se dice la tierra del Brasil , que es un 
pedazo de la Tierra Firme, que, por concierto y conve- 
niencia de los reyes de Castilla y Portugal , cupo á los 
portugueses, la punta ó cabo de la cual tierra solíamos 
llamar el cabo de San Agustín, por toda ella no tienen 
ni adoran ídolos , ni tienen conocimiento alguno de Dios, 
solamente á los truenos deben dar y atríbuir alguna di- 
vinidad , porque los llaman Tupana, que significa como 
cosa divina ó sobrenatural. Así lo escriben los religiosos 
de la Compañía de Jesús , que fueron á predicar y pre- 
dican en aquella parte, y deste nombre Tupana usan 
para darles cognoscimiento del verdadero Dios. Dicen 
asimismo aquellos predicadores que allí están, que, de 
ciertos en ciertos años, vienen unos hechiceros de luen- 
gas tierras, fingiendo traer santidad, y al tiempo de su 
venida, los mandan alimpiar los caminos, y vánlos á 



460 HISTORIA 

rescibir con danzas y fiestas según su costumbre , y an- 
tes que lleguen al lugar andan las mujeres de dos en 
dos por las casas , diciendo públicamente las faltas que 
hicieron á sus maridos , y unas á otras, y pidiendo perdón 
dellas ; en llegando el hechicero con mucha fiesta al lu- 
gar, entrase en una casa escura, y pone una calabaza 
que trae en figura humana en la parte más conveniente 
para sus engaños, y mudando su propia voz como de 
niño, y junto de la calabaza, les dice que no curen de 
trabajar, ni vayan á las rocas, porque el mantenimiento 
por sí crecerá y que nunca les faltará que comer , que 
por sí se vendrá á casa; dicen más, que los palos con que 
cavan se irán á cavar, y las ñechas se irán al monte á 
cazar para traer caza que coma su señor, y que han de 
matar muchos de sus enemigos. Promételes larga vida, y 
que las viejas se han de tornar mozas, y las hijas que las 
den á quien las quisiere; y otras cosas semejantes les 
dice y promete , con que los engañan , creyendo que en 
la calabaza debe de haber alguna cosa divina, que les 
dice aquellas cosas. Y acabando de hablar el hechicero, 
comienzan á temblar todos, en especial las mujeres, con 
grandes temblores en sus cuerpos, que parecen endemo- 
niadas, como de cierto lo son, echándose en el suelo, y 
espumando por las bocas; y en esto les hace creer el he- 
chicero que entonces les entra la santidad, y á quien esto 
no hace tiene por malo y no digno de tanto bien. Ofre- 
cen después desto al hechicero cada uno de lo que tiene 
muchas cosas; hácense también médicos, y en las enfer- 
medades les hacen muchos engaños con sus hechice- 
rías. Estos son los mayores contrarios que los predica- 
dores del Evangelio tienen, porque hacen entender á los 
dolientes, que les meten en los cuerpos cuchillos y tije- 
ras y cosas semejantes, con las cuales dicen que los ma- 
tan: en sus guerras se aconsejan con ellos, allende que 
tienen muchos agüeros de ciertas aves. Todo esto escri- 
ben aquellos padres de la Compañía de Jesús á sus her- 



DE LAS INDIAS. 461 

manos, á Portugal, desde la tierra del Brasil. Con esto se 
confirma lo que arriba digimos, que el demonio lo pri- 
mero que acostumbró, al principio que quiso introducir 
en el mundo la idolatría, fué constituir ministros y sa- 
cerdotes della, por engaño que hacia á los más dispues- 
tos que para ello en malicia y astucia hallaba, para 
que por medio de aquellos, su poco a poco, á todos los 
demás engañase,* y como éstos sean, por sus ficciones y 
prestigios que hacen, de los pueblos y gente simple ve- 
nerados y acatados, y así alcanzan honra, y estima, y 
dádivas, y lo que más la soberbia y codicia les demanda, 
y por la predicación de la fe y la doctrina cristiana todo 
aquello se les desbarate , de allí es, y siempre fué, que 
ningunos otros, á la predicación y doctrina del Evangelio 
y á la introducción de la religión cristiana, fueron ni se 
hallaron mayores ni iguales contrarios. Esto es y será 
bien claro , al que leyó y leyere las vidas y historias de 
los Apóstoles y de los Mártires, donde parece que mu- 
chas veces estaban los pueblos para se convertir y reci- 
bir la fe y el bautismo , y los sacerdotes de los ídolos, con 
el autoridad que con los reyes tenían, movían sedición 
y escándalo, y así lo estorbaban. Ejemplo también tene- 
mos del cual no podemos dudar, «como quien más contra- 
dijo al Redentor, y principalmente le causó la muerte, 
fueron los sacerdotes del pueblo judaico, según testifican 
los Evangelistas ; la razón dello era, porque si admitieran 
la ley Evangélica, parecíales que su sacerdocio perecía, 
y, por consiguiente , perdían sus provechos temporales y 
toda su autoridad. Quiero aquí entreponer una cosa bien 
al propósito notable. Muchos años ha que vi predicar al 
obispo de Velandia, de la orden de Santo Domingo, egre- 
gio en letras y santidad predicador', en el coi;ivento de 
San Pablo de Sevilla, el cual dijo que cuando los judíos 
moraban en Castilla, disputando y tratando con los sa- 
cerdotes y rabíes de aquella ley en la ciudad de Segovia, 
y reprendiéndoles de su engaño y ceguedad diciendo: 



462 HISTORIA 

«¿Vosotros no veis vuestro engaño en esta y en esta 
profecía y en este paso y en aquel de la Sagrada Escri- 
tura? ¿porque tenéis engañados estos desventurados?» 
y otras semejantes razones y palabras con que los con- 
vencia, afirmó que le respondían: «Señor, bienio ve- 
mos, pero ¿qué queréis que hagamos, que nos dan de 
comer éstos?» etc. De manera, que por no perder lo que 
interesaban sus provechos, su crédito, honra y autori- 
dad, puesto que sabian tener el pueblo engañado, ense- 
ñaban y conservaban el pueblo en sus errores y resistian 
impugnando la verdad. Y asi es entre los turcos y moros 
y todo género de infideles, que los sacerdotes que llaman 
alfaquíes son los que resisten y más resisten á la doc- 
trina divina, como principales contrarios escogidos y bien 
instruidos ministros para estos efectos por Satanás. Por 
esta causa deben los predicadores del Evangelio , donde 
quiera que entre infieles, de^cualquiera secta que sean, 
fueren á predicar, principalmente armarse contra los sa- 
cerdotes , y procurar de desengañarlos y persuadirlos , y 
atraerlos por bien cuanto pudieren, ó persiguiéndoles si 
hobiere facultad, y débese trabajar mucho delante todo 
el pueblo en quit alies el crédito que la gente dellos tiene 
y toda su autoridad, porque, éstos derrocados ó ganados, 
la conversión de todo el pueblo con el favor de Dios está 
en la mano. Algunos destos, en algunas destas nuestras 
Indias, se cree convertirse, pero yo entiendo que son 
pocos y con gran dificultad, porque como más poseídos 
é instructos del demonio, y que para pervertir y poseer 
las ánimas mayor ayuda que otro alguno le hacen, me- 
nos lugar dan al Espíritu Santo. La misma querella es- 
criben los religiosos de la Compañía de Jesús que están 
en la India, y provincias que tratan los portugueses, di- 
ciendo que de los sacerdotes de aquella gentilidad son 
más impugnados é infestados. Tornemos al propósito : Pa- 
sando adelante de las tierras del Brasil, sé siguen luego 
las grandes provincias del rio que hoy llaman de la Pía- 



DE LAS INDIAS. 463 

ta , donde tienen poblado los nuestros cierta ciudad que 
llaman la Asumpcion; afirman todos los que vienen de 
allá, que por 400 leguas de sus alrededores, que dura una 
sola lengua, es la gente, según su natural, virtuosísima, y 
que carece de toda exterior señal de idolatría, solamente 
tienen cuenta con estimar por más excelente criatura que 
otras el sol , pero no se les conoce sacrificio ni ceremonia 
que le hagan por Dios. 



464 HISTORIA 



CAPITULO CXXV. 



Dando la vuelta hacia atrás desta misma costa ó ri- 
bera de la mar hasta la dicha provincia de Paria, y de 
allí corriendo la costa y tierra que va por el Poniente 
abajo, en la cual entran las provincias de Cumaná, cerca 
de la cual está la isleta de Cubagua , donde se solian pes- 
car las perlas (y en esta provincia de Cumaná, y quizá 
por mucha tierra, la costa abajo y arriba, sin alguna 
duda, también se halló por nuestros religiosos, que allí 
algunos años trataron, reverenciar la cruz , y con ella se 
abroquelaban del diablo, salvo que la pintaban desta 
manera X, y desta ><! , y quizás con otras revueltas que 
no llegaron á nuestra noticia; llamaban la cruz en su 
lengua pumuteri, la media sílaba luenga) item, las pro- 
vincias de Venezuela, y Santa Marta y Cartagena y 
otras hasta la Culata, que dijeron, el golfo de Urabá, la 
última sílaba aguda , y la del Darien con la costa de la 
mar, y las provincias ó tierra que se siguen algunas le- 
guas la tierra dentro , ningún ídolo , ni templo , ni sacrifi- 
cio se ha visto ni se cree tener ni haber tenido aquellas 
gentes. Sólo están proveídos de los susodichos sacerdo- 
tes , ministros puestos por aquel nuestro capital ene- 
migo , y hablando con éstos saca los efectos dellas que 
de las otras se han dicho . Lo mismo era en toda la costa 
del S^, desde Panamá hasta cuasi la provincia de Ni- 
caraPCa , y en la del Norte por el Nombre de Dios y la 
provincia de Veragua , y de allí §ov toda aquella tierra 
que corre hasta Honduras , creo que podré decir exclu- 
sive, cuanto á algunos ritos y cosas; tenían conocimiento 
alguno de Dios verdadero, y quo era uno que moraba en 



TE LAS INDIAS. 465 

el cielo , al cual , en la lengua de las gentes habitadoras 
de la provincia del Darien , y creo que también de Vera- 
gua, llamaban Chicuna, la media silaba, si no me en- 
gaño, luenga; querían decir por este nombre Cliicuna 
principio de todo . A éste ocurrían con todas sus necesi- 
dades, pidiéndole remedio dellas, y á él hacian sus sa- 
crificios. El mismo conocimiento de un Dios se tenía en 
la provincia de Honduras y Naco , y donde se pobló la 
ciudad de Gracias á Dios, y hasta los confines de Guate- 
mala, creyendo haber un Dios criador de todo. Con 
todo esto reverenciaban al sol , y á la luna, y al lucero del 
alba, y les ofrecian sacrificios; tenian eso mismo dioses 
de palo y de piedra , que presidian en el agua y en el 
fuego , y de las sementeras y de otras muchas cosas; te- 
nian, no menos, diosas , que eran abogadas ó que presi- 
dian en las cosas tocantes á las mujeres y niños, y los 
mismos dioses y religión creo que se extendía, más y 
menos, poco, por todas las provincias de Guatemala. 
Dando la vuelta para la provincia de Urabá, y de allí 
entrando por la tierra adentro hacia el reino de Popa- 
yan , y el que dicen de Granada , donde se contienen in- 
numerables naciones , no se halla templo , ni estatuas ó 
ídolos que parezcan serles dioses, sino que en las casas 
de los señores de los pueblos ó de las provincias habia 
un aposento apartado , muy esterado , limpio y adornado, 
que parecía como oratorio , y allí habia muchos incen- 
sarios de barro , donde quemaban muchas resinas y cosas 
aromáticas , y entre ellas unas yerbas muy menudas , de 
las cuales algunas tenian una flor negra y otras blanca. 
En otras partes y casas de otros señores habia, entrando 
en ellas, una renglera de imágenes de bulto, quince y 
veinte en número, hechas de palo, á la hila puestas, tan 
grandes como un hombre ; las cabezas de calavernas de 
hombres, los rostros ó caras de cera de diversos visajes 
ó disposiciones. Estas imágenes ó estatuas , más se cree 
ser los señores y antecesores de aquellos que señorean 
Tomo V. 30 



466 HisToniA 

en aquel principado, que ídolos que tengan por dioses, 
puesto que dicen que aquéllas sirven de oráculos , por- 
que cuando llaman los sacerdotes al demonio entra en 
ellas y dá de allí sus respuestas á lo que le preguntan; 
ó quizás los mismos sacerdotes se meten dentro, y ellos 
son los que hablan, responden ó informan, como arriba 
liemos mostrado de otras muclias naciones. En algunas 
partes de la provincia de Popayan , las gentes dellas , ó 
por ventura no todos sino sólo aquellos sacerdotes de 
que todo este orbe abundaba, henchían cueros de tigres 
de paja, y dentro dellos les hablaban y respondian los 
demonios, y así aquellos eran sus oráculos. Por esta ma- 
nera iba la religión, cuanto á los dioses de todas las na- 
ciones que habia en todas las provincias que habemos 
nombrado, y otras que dejamos de nombrar, que duran 
por muchas leguas en ancho y largo hasta entrar en los 
reinos del Perú , en algunas poco más , y en otras poco 
menos ; y así todas, cuasi por la mayor parte de este orbe, 
tienen algún cognoscimiento del verdadero Dios , puesto 
que se lo mezcla y ofusca el demonio, en unas partes 
más y en otras menos , según le es permitido por Dios, 
con algunos y con muchos errores , por medio de aque- 
llos sus ministros sacerdotes. 



•=AyW3£A/lA/== 



DE LAS INDIAS. 467 



CAPITULO OLXVI. ' 



Bendito sea Dios que me lia librado de tan profundo 
piélago de sacrificios como aquellos gentiles, que igno- 
raron tanto tiempo el verdadero sacrificio , navegaron sin 
tiento , délos cuales, aunque mucho he dicho , mucho más 
decir pudiera; de aquí adelante, según la orden que 
traemos , será bien referir los sacrificios de estas nuevas 
naciones nuestras, que vulgarmente llamamos Indias. Y 
comenzando, como en lo demás, desta Española grande 
isla, digo así: Como según las noticias que los hombres 
y naciones alcanzaron y hoy alcanzan de Dios, así le 
sirven, honran y veneran, constituyéndole templos, sa- 
cerdotes, ceremonias y sacrificios, que todo esto se funda, 
procede y se deriva de lo primero, que es el conocimien- 
to, como por todas, y cuasi sin número, las razones y 
ejemplos que con tan gran discurso habemos traido se 
ha visto, y las gentes de aquesta Isla y todas las de su 
circuito tenian delgado, débil y confuso conocimiento de 
Dios, aunque más limpio ó menos sucio de las horruras 
de idolatría que otras muchas, de allí les provino que no 
tuvieron ídolos ó muchos dioses, sino pocos ó cuasi nin- 
gunos, ni templos ni sacerdotes sino muy pocos ó cuasi 
ningunos, solos aquellos que arriba llamamos hechiceros 
y médicos, y, por consiguiente, fueron muy pocos los sa- 
crificios puesto que tuvieron algunos. Destos diré lo que 
sé y lo que vide, y lo que otros experimentaron. Halla- 
mos que en el tiempo de coger las mieses de las labran- 
zas que labraban y sembraban, las cuales eran del pan 
que se hacia de raíces y de los ages y batatas y del mahíz, 



468 HISTORIA 

daban cierta parte como primicias , cuasi haciendo gra- 
cias de los beneficios recibidos; estaparte ó primicias de 
los frutos, como no tenian señalados templos, ni casas 
de religión, como arriba se ha dicho, poníanla en la casa 
grande de los Señores y Caciques, que llamaban Caney, 
ofreciéndola y dedicándola al Cemí; aquel decian ellos 
que enviaba el agua, y daba el sol, y criaba todos aque- 
llos frutos, y les daba los hijos, y los otros bienes de que 
abundaban. Todo aquello que desta manera ofrecian se 
estaba allí, ó hasta que se pudría ó los niños lo to- 
maban, ó jugaban ó desperdiciaban, y desta manera se 
consumía. Antes que se descubriese la Nueva España y 
las provincias de Naco, y Honduras y el Perú, por ver 
el cuidado que los indios de aquestas Islas, en especial 
desta Española y de Cuba, tenian de dar esta parte de 
los fructos que cogían como primicias, y gastarlo en 
ofrenda de aquella manera, comencé á advertir ser de 
ley natural la obligación de hacer á Dios sacrificio que 
antes había leído y no visto, como Santo Tomás prueba 
en la Secunda secnndce, cuestión 85, art. 1.^ diciendo 
así: Ohlatio sacrificiorum pertinet ad j%s natíirale , etc., y 
arriba se dijo por sentencia de Porfirio, que todos los 
antiguos ofrecian las primicias; y lo que todos los hom- 
bres hacen sin ser enseñados, y de sí mismos se incli- 
nan á obrar, es argumento claro ser aquello de ley 
natural, como también arriba destas inclinaciones natu- 
rales se declaró algo. Preguntando yo á los indios algu- 
nas veces, «¿quién es aqueste Cemí que nombráis?» res- 
pondíanme, «el que hace llover y hace que haya sol, y 
nos dá los hijos , y los otros bienes que deseamos»; añidia 
yo : « ese Cemí que hace eso, me lleve á mí el alma ». 
De aquí tomaba ocasión de predicarles de Dios algo, 
aunque por aquellos tiempos (para mi confusión lo digo) 
no me había hecho Dios la gran merced que después me 
hizo , dándome cognoscimiento de las necesidades que 
aquestas gentes de su salud temporal y espiritual pade- 



« DE LAS INDIAS. 469 

cian, habiendo en ellas disposición para ser traidas á Je- 
sucristo prontísima y admirable , y también de la estre- 
cha obligación que los cristianos que á estas tierras ve- 
nimos tenemos de socorrer á prójimos tan necesitados. 
De lo dicho parece seguirse, tener las gentes destas islas 
cognoscimiento, aunque confuso , de un Dios , como arriba 
dejamos tratado. Ya digimos arriba como en esta Isla te- 
nian ciertas estatuas aunque raras, en éstas se cree que á 
los sacerdotes que llamaban behiques hablaba el diablo, 
y también los señores y reyes cuando para ello se dispo- 
nían, de manera que aquéllas eran sus oráculos; de aquí 
procedía otro sacrificio y ceremonias que ejercitaban 
para agradallo, que él debía habellos mostrado. Este se 
hacia por esta manera: Tenían hechos ciertos polvos de 
ciertas yerbas muy secas y bien molidas, de color de ca- 
nela ó de alheña molida, en fin, eran de color leonada; 
éstos ponían en un plato redondo, no llano sino un poco 
algo combado ó hondo, hecho de madera, tan hermoso, 
liso y lindo, que no fuera muy más hermoso de oro ó de 
plata; era cuasi negro y lucio como de azabache. Teiñan 
un instrumento de la misma madera y materia, y con la 
misma polideza y hermosura; la hechura de aquel ins- 
trumento era del tamaño de una pequeña fiauta, todo 
hueco como lo es la flauta, de los dos tercios de la cual 
en adelante se abría por dos cañutos huecos, de la ma- 
nera que abrimos los dos dedos del medio , sacado el pul- 
gar, cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos 
puestos en ambos á dos ventanas de las narices, y el 
principio déla flauta, digamos, en los polvos que esta- 
ban en el plato, sorbían con el huelgo hacia dentro, y 
sorbiendo recibían por las narices la cantidad de los pol- 
vos que tomar determinaban , los cuales recibidos salían 
luego de seso cuasi como sí bebieran vino fuerte , de 
donde quedaban borrachos ó cuasi borrachos. Estos pol- 
vos y estas ceremonias ó actos se llamaban cohoba, la 
media sílaba luenga , en su lenguaje; allí hablaban como 



470 HISTORIA 

en algarabía, ó como alemanes confusamente, no sé 
qué cosas y palabras. Con esto eran dignos del colo- 
quio de las estatuas y oráculos, ó por mejor decir del 
enemigo de la naturaleza humana; por esta manera se 
les descubrian los secretos , y ellos profetaban ó adevina- 
ban, de allí oian y sabían si les estaba por venir algún 
bien , adversidad ó daño. Esto era cuando el sacerdote 
sólo se disponía para hablar y que le hablase la estatua, 
pero cuando todos los principales del pueblo para hacer 
aquel sacrificio, ó que era (que llamaron cohoba) por per- 
misión de los behiques ó sacerdotes, ó de los señores, se 
juntaban, entonces verlos era el gasajo. Tenían de cos- 
tumbre, para hacer sus cabildos y para determinar cosas 
arduas, como si debían de mover alg'una de sus guerri- 
llas , ó hacer otras cosas que les pareciesen de importan- 
cia, hacer su cohoba, y de aquella manera embriagarse 
ó cuasi. Y esta manera de consultar, bien llenos de vino 
y embriagos ó cuasi , no fué la primera en éstos , porque 
según Herodoto en el libro I, y Estrabon en el fin del 
libro XV, los persas, cuando habían de consultar de cosas 
grandes y de grande importancia, la usaron, porque 
nunca lo hacían sino mientras comían y bebían y esta- 
ban de vino bien cargados, y aquel consejo y las deter- 
minaciones que del sacaban decian ellos ser más firmes 
que las que con la sobriedad y templanza eran delibera- 
das. Yo los vi algunas veces celebrar su cohoba, y era 
cosa de ver cómo la tomaban y lo que parlaban. El pri- 
mero que la comenzaba era el señor, y en tanto que él 
la hacia todos callaban ; tomada su cohoba ( que es sor- 
ber por la narices aquellos polvos, como está dicho, y to- 
mábase asentados en unos banquetes bajos, pero muy 
bien labrados , que llamaban duhos , la primera sílaba 
luenga), estaba un rato la cabeza á un lado vuelta y los 
brazos puestos encima de las rodillas , y después alzaba 
la cara hacia el cíelo hablando sus ciertas palabras , que 
debian ser su oración á Dios verdadero , ó al que tenían 



DE LAS INDIAS. 471 

por dios; respondían todos entonces cuasi como cuando 
nosotros respondemos Amen, y esto hacían con grande 
apellido de voces ó sonido , y luego dábanle gracias , y 
debian decille algunas lisonjas, captándole la benevolen- 
cia y rogándole que dijese lo que habia visto. El les daba 
cuenta de su visión, diciendo que el Cemile habia ha- 
blado y certificado de buenos tiempos ó adversos, ó que 
hablan de haber hijos, ó que se les habian de morir, 
ó que habian de tener alguna contención ó guerra con 
sus vecinos, y otros disparates que ala imaginación es- 
tando turbada de aquella, borrachera le venian , ó por 
ventura, y sin ella, el demonio para los engañar é intro- 
ducir en ellos su culto les habia traido. Tenian mil pa- 
trañas y como fábulas , según parece las que fingian entre 
los antiguos griegos y latinos los poetas , puesto que los 
poetas pretendían en m||5has de sus ficciones', aunque no 
en todas, alguna moralidad y alegorías para inducir los 
hombres á buenas costumbres, estos no sabemos lo que 
por aquellas sus fantasías entender ó que se entendiese 
querían. Como lo que contaban del Cerní de Buyayba, 
(que creo que era un pueblo) , y el Cemí nombraban Vay- 
brama, la penúltima sílaba luenga, el cual en una guerra 
que tuvieron decían haber sido quemado , y que laván- 
dolo con zumo de las raíces que arriba dígimos llamarse 
yuca , de que hacían el pan cazabí , le creciéronlos brazos y 
le nacieron otra vez los ojos, y le creció el cuerpo ; y por- 
que la yuca ó raíces dichas era en aquel tiempo chiqui- 
ta, después que con el agua della lo lavaron fué, dende 
adelante como agora lo es, gorda y muy crecida. Esto 
Cemí causaba, según ellos creían, enfermedades á los 
hombres, por las cuales acudían á los sacerdotes ó behi- 
ques, que eran sus profetas y teólogos como está dicho; 
éstos respondían que aquello les venia porque habian 
sido negligentes ú olvidadizos en traer pan cazabí y 
ages, y otras cosas de comer para los ministros que bar- 
rían y limpiaban la casa ó ermita de Vaybrama , buen 



472 HISTORIA 

Cerní, y que él se lo había dicho. Otras ficciones muchas y 
patrañas les hacían entender aquellos behíques, que sí no 
pretendían significar alguna alegoría ó moralidad , como 
los antiguos poetas, eran invenciones del demonio ó 
grandes desvarios. 



DE LAS INDIAS. 473 



CAPITULO OLXVIL 



Otro sacrificio rito ó devoción también tenim, y 
éste era grande ayuno , y comenzó en ellos desta ma- 
nera : Refiere fray Ramón el ermitaño , que arriba digi- 
mos cuando hablamos de los dioses desta Isla , que vino 
á ella cinco años antes que yo , que habia fama y credu- 
lidad en esta Isla, que cierto cacique y rey dellos hizo 
cierta abstinencia al Señor Grande que vive en el cielo, 
del cual se debia el conocimiento ú opinión de un Dios 
del cielo en los demás derivarse ; el abstinencia fué que 
seis ó siete dias estaban encerrados sin comer cosa al- 
guna , sino cierto zumo de yerbas para no del todo des- 
fallecer, con el cual zumo también el cuerpo se lavaban: 
y debian tener virtud aquellas yerbas, como la yerba del 
Perú que llaman coca y las otras de que trata Plinio , y 
arriba hicimos dellas mención. Durante aquel ayuno , con 
la flaqueza de la cabeza les venian ó les aparecian cier- 
tas formas ó imaginaciones de lo que deseaban saber , ó, 
á lo que es de creer, que el demonio se las ponia y pin- 
taba por los engañar, porque dado que el primer cacique 
ó señor ó. señores que aquel ayuno y abstinencia inventó 
ó principió, la hiciese por devoción del Señor que está 
en el cielo, y á él quisiese ó entendiese pedir que le 
dijese ó respondiese alo que deseaba, empero los que 
después la prosiguieron debíanla de hacer en honor de 
los cemíes , ó ídolos ó estatuas , ó de aquel que con ellas 
del conocimiento del verdadero Dios desviarlos traba- 
jaba, el cual poco á poco algo en este caso siempre con 
ellos ganaba , como les faltase , según muchas veces se ha 
dicho, gracia y doctrina. Esto se puede argüir por lo que 



474 HISTORIA 

los que fuimos primero en la isla de Cuba de los vecinos 
della. y de la ceremonia que usaron alcanzamos. En 
aquella Isla era extraño el ayuno que algunos hacian, 
principalmente los behiques, sacerdotes ó hechiceros, y 
espantable; ayunaban cuatro meses, y más, continuos 
sin comer cosa alguna , sino sólo cierto zumo de yerba ó 
yerbas, que solamente para sustentarlos que no murie- 
sen bastaba , de donde se colige que debian ser de gran- 
dísi^ virtud aquellas yerba ó yerbas , mucho más que de 
las que Plinio , libro XXV, cap. 8.°, y arriba referimos, 
habla. Y esta es la misma coca que en las provincias del 
Perú es tan preciada , como parece por testimonio de re- 
ligiosos y de indios que han venido del Perú, que la vie- 
ron y conocieron en la dicha isla de Cuba , y en mucha 
abundancia. Macerados, pues, y atormentados de aquel 
cruel y aspérrimo y prolijo ayuno, que no les faltaba 
sino espirar , decíase que entonces estaban dispuestos y 
dignos que les apareciese y de ver la cara del Cemí , que 
no podia ser otro sino el demonio; allí les respondía é in- 
formaba de lo que le pregan taban, y lo que más él para 
engañarlos les anadia, todo lo cual después á la otra 
gente los behiques denunciaban y persuadian. Sola- 
mente aqueste indicio y engaño de idolatría, y no otro 
que alcanzáramos, habia en la isla de Cuba, porque ni 
ídolo, ni estatua, ni otra cosa que á idolatría oliese ha- 
llamos. Y esta parece cosa maravillosa, que de tanta 
virtud sea el ayuno y abstinencia, que aun á los demo- 
nios es agradable, y que pidiesen á sus servidores tan 
diuturna maceracion de la carne, que no fuesen hábiles 
para ver su infernal presencia sino los que tenian mor- 
tificados y cuasi muertos los sentidos , como se recreen 
más en la embriaguez y glotonería de los suyos , como 
sea la fuente y la madre de donde se originan todos los 
vicios, según San Juan Crisóstomo, cap. 27, homi- 
lia 58, sobre San Mateo, y siendo aquella virtud una de 
las armas con que han de ser derrocados, como el 



DE LAS INDIAS. 475 

Salvador nos dejó avisados : Hoc genus demoniorum non 
ejicitur nisi in oratione et jejunio. San Mateo, 17. Pero 
este aynno y abstinencia no la persuadian ó manda- 
ban hacer sino por su antiquísima y profunda sober- 
bia, por la cual querian usurpar, como el honor y culto 
de Dios, la virtud, no en cuanto virtud sino en cuanto por 
pedirla querian dar á entender que amaban las virtudes, 
por cobrar más crédito con los hombres, y para vejar y 
atormentar con aquella áspera é infructuosa macoracion 
en esta vida los cuerpos, como en la otra las ánimas, 
por el odio que tienen á los hombres, y así siempre se 
huelgan de sus tormentos y trabajos, usando con ellos 
de su entrañable crueldad. Tornando al propósito del 
cacique ó señor que habia comenzado aquel ayuno , de- 
cían, y era pública voz y fama, que habiendo hablado con 
cierto Gemí, que tenía por nombre Yocahuguama, le ha- 
bia dicho que los que después que él fuese muerto fue- 
sen vivos, poco gozarían de sus tierras y casas, porque 
vernia una gente vestida que los señorearía y mataría y 
que se morirían de hambre; de allí adelante creyeron 
ellos que aquella gente debía ser los que llamamos cari- 
bes, y entonces los llamaban y llamábamos caníbales. 
Todo esto refiere fray Ramón haber de los indios enten- 
dido. Algunas otras cosas dice confusas y de poca sus- 
tancia , como persona simple y que no hablaba del todo 
bien nuestra castellana lengua, como fuese catalán de 
nación, y por tanto es bien no referillas, sólo quiero de- 
cir lo que afirma de un indio ó indios que él tornó cris- 
tianos, que matándolos otros indios, por el aborreci- 
miento que tenían á los españoles, decían á grandes vo- 
ces: «Dios naboría daca. Dios naboría daca», que quiere 
decir, en la lengua más común y más universal desta 
Isla, «yo soy sirviente y criado de Dios», y éste se lla- 
maba Juan; y desta manera y con estas palabras murió 
otro llamado Antón , que era su hermano. Naboría quería 
decir sirviente ó criado , y daca quiere decir yo. Y así dijo 



476 HISTORIA 

destos fray Ramón haber sido mártires ; de lo cual nin- 
guna duda puede quedar á algún cristiano si por la fe ó 
por no dejar la fe, ó por otra virtud alguna los mataran; 
pero no los mataban por ésto, porque nunca indios al- 
gunos jamás tal hicieron, sino porque vivian con los es- 
pañoles, ó les loaban ó defendían á quien todos tanto 
desamaban, ó porque quizás les hacian aquellos indios, 
por mandado de los españoles, algún daño, como habe- 
mos visto desto asaz harto , y en estos casos harta mer- 
ced les hizo Dios si por confesar ser sus sirvientes y 
criados se salvaron, pero no por ser mártires. La misma 
manera de religión de la desta isla Española estimé y 
entendí siempre que tenian las gentes de las islas co- 
marcanas, sin tener ídolos muy estimados (en la isla de 
Cuba ningunos hallamos ) , ni ofrecelles sacrificios , más de 
aquellos ayunos , y de las mieses que cogían cierta parte, 
y no ceremonia sino aquellas cohobas con que se cuasi 
embriagaban. Los más limpios destas heces, en este caso, 
de todos fueron , según entendí siempre , la simplicísima 
gente de los Lucayos , los cuales muchas veces á los 
Seres, nación felice, arriba he comparado; destos, ninguna 
señal de idolatría, ni creencia mala, ni figura ó imagen 
ó estatua exterior sentimos que tuviesen , antes creemos 
que con sólo el conocimiento universal y confuso de una 
primera causa, que es Dios, y que moraba en los cielos, 
pasaban, y así en contar sus sacrificios no hay por qué 
detenernos. 



w \ /l/3C A/ \A^ 



DE LAS INDIAS. 477 



CAPÍTULO CLXXXI. 



No creo haber hecho poco en cumplir con la relación 
que convenia ( según la orden j propósito que traemos) 
hacer de los sacrificios de los grandes reinos que com- 
prendemos en lo que llamamos La Nueva España, que 
tienen todos juntos de ámbito más creo que de 800 , y 
aun sin quizá de 1.000 leguas, comenzando de la pro- 
vincia de Xalisco , y acabando en las de Honduras y Ni- 
caragua. Lo cual concluido, pasémonos á la otra ala de 
la Tierra Firme, que es la del Sur, y corrella hemos co- 
menzando de la punta de Paria, una vez al Levante y 
otra por el Poniente , como se corrió cuando de los dio- 
ses hicimos mención, de lo cual, presto, placiendo á 
Dios, nos expediremos. En la provincia de Paria é isla 
de la Trinidad, que está con ella pegada, y de allí por la 
costa del Levante, ó por mejor decir hacia el Sur ó Me- 
diodía, por la tierra del Brasil y hasta las provincias del 
Rio de la Plata, ya se dijo arriba no tener ídolos ó cuasi 
ninguna religión, ó poca, sino en algunas partes donde 
habia algunos hechiceros, ministros del diablo, que los 
inducian en algunos supersticiosos errores y agüeros y 
otros resabios de idolatría , por manera que sacrificios no 
tenian ningunos , porque como de todo el discurso que 
habemos traído, refiriendo los dioses, y templos, y sa- 
cerdotes, y sacrificios de las gentes antiguas y destas 
indianas, puede colegirse, según el concepto y estima- 
ción que los hombres de Dios alcanzaron así le tuvieron 
la devoción y le constituyeron los templos, y hobo el sa- 
cerdocio é inventaron y ordenaron los sacrificios, y, por 
consiguiente, fueron en ceremonias más ó menos reli- 



478 HISTORIA 

giosos; de manera, que de lo primero necesariamente se 
consiguió lo segundo , y á lo segundo lo tercero , y á lo 
tercero los sacrificios, que es lo último. Y porque los 
desta isla Española y destas otras, fué muy confuso el 
cognoscimiento que tuvieron de Dios, así, ni de templos, 
ni de sacerdotes (sino aquellos hechiceros de que siem- 
pre proveyó en el mundo el demonio) , ni de sacrificios ni 
ceremonias curaron hacer mención , y, por consiguiente, 
fueron muy poquito y nada religiosos; lo mismo habemos 
visto de las gentes y pueblos de La Florida, y de las 
ciudades de Gibóla , y de otras muchas provincias de por 
allí. De las del Brasil y Rio de la Plata lo mismo ha pa- 
recido , y aquello también conviene decir de los mora- 
dores de la costa de la Tierra Firme, de Paria, por el Po- 
niente adelante, hasta la Culata que llamaron Urabá. Pero 
porque los mejicanos y todos los reinos que se compren- 
den por aquello que llamamos La Nueva España, y lo 
demás de que habemos hablado , se derramaron en tener 
y constituir muchos y diversos dioses, y por muchos y 
varios respectos y causas , por las cuales se aplicaban á 
cada uno, más ó menos, y á algunos mucha y grande 
parte de deidad, como vimos arriba largamente haber 
hecho los antiguos gentiles, mayormente los romanos; de 
aquí vino que curiosa y suntuosamente les constituyeran 
templos, ordenaron muchos grados de sacerdotes, in- 
ventaron tan diversos, y tan nuevos y costosos sacrifi- 
cios, ceremonias tantas y tan trabajosas, y, por consi- 
guiente, fueron religiosísimos. Prosigamos, pues, los de 
la tierra dentro , desde la culata de Urabá , por el ca- 
mino que va hacia el Nuevo Reino, que dijeron los espa- 
ñoles, de Granada, y los indios nombraban Bogotá, la úl- 
tima luenga , y otros reinos y provincias , llamadas en las 
lenguas dellos Anzerma, Popayan, Arma, Paucura, Pozo, 
Pycara, Garrapa, Quimbaya, Gali, Pasto, y otras más. 
En ésta, según dicen algunos españoles (puesto que de 
la del Nuevo Reino ha sido muy poco lo que he podido 



DE LAS INDIA.^. 479 

averiguar) , ofrecían por sacrificios ciertas resinas y saliu- 
merios, y en especial unas yerbas muy menudas y muy 
bajas, que tenian, dellas una flor blanca, y dellas una 
flor negra; éstas, con las resinas, quemaban en unos in- 
censarios ante los ídolos, los que los tenian. En otras 
partes sacrificaban algunos hombres, según refieren los 
dichos, pero todo es poco lo que todos dicen, porque to- 
das las gentes destas provincias, como tuvieron pocos 
ídolos, y poca estima dellos, y pocos ó ningunos tem- 
plos , poca fué su religión y pocos ó cuasi ningunos sus 
sacrificios. 



HISTORIA DE LAS INDIAS. 481 



CAPÍTULO OXOVII. 



Probado en los precedentes capítulos generalmente 
haber tenido todas estas gentes buena gobernación, y 
guardando entre sí todas las especies y distinciones que 
suelen hacerse de justicia, por argumento Tortísimo, con- 
viene á saber, mostrando que, si de otra manera fuera, 
sustentarse tanta gente junta, y en tan grandes pobla- 
ciones y ciudades, á vivir vida social y política, como 
los hallamos que vivian mucho y largo tiempo, fuera 
imposible, de aquí adelante, para prosecución desta sexta 
parte, que el Filósofo asigna que ha de tener la ciudad 
ó república bien ordenada, y por sí suficiente, que es 
tener jueces y quien gobierne, y que la gobernación sea 
justa y cual conviene á la buena policía, queremos re- 
ferir en particular la gobernación y regimiento (según 
que muchas veces vimos , y en las partes donde no estu- 
vimos tuvimos noticia, dada por personas fidedignas y 
religiosas de Santo Domingo y San Francisco, y también 
buenos seglares), que las gentes de todas estas Indias 
tenían en islas y Tierra Firme; donde también conta- 
remos sus costumbres , porque á la mala ó buena go- 
bernación parece pertenecer. Y porque no gastemos 
tiempo en tratar de las tres diferencias de goberna- 
ción susodichas, pues deste trabajo ellas mismas nos 
han librado, esto debemos suponer, que en todas estas 
Indias, umversalmente, si no fué en muy pocas provin- 
cias ó cuasi ningunas, las cuales nombraremos á su 
tiempo si Dios quisiere, no tuvieron otra especie de prin- 
cipado y gobernación sino de las tres susodichas la 
I primera, conviene á saber, la de uno que es rey y reino, 
k^ la cual es la más natural y entre todas la más excelente, 
K Tomo Y. 31 

b 



482 niSTORiA 

y semejante á la con que el padre rige y gobierna á sus 
hijos; así lo afirma y prueba el Filósofo, libro VIII, ca- 
pítulo 7." de las Eticas. De donde parece cuánto más si- 
guieron estas naciones lo más natural y mas razonable 
de los principados y regimientos, en sus policías, que 
otras muchas; y esto, argumento es no débil de su buen 
juicio y prudencia natural, y mejor que en las otras, 
pues hallaron y escogieron lo mejor, y más perpetuo y 
más seguro , para el gobierno de sus repúblicas , entre 
las cosas más necesarias para las perpetuar, lo que no 
hicieron muchas otras. Supuesto, pues, que fueron go- 
bernadas y regidas por uno que es rey , comencemos á 
ejemplificar, como solemos, por esta felicísima isla Espa- 
ñola. En ella cognoscimos cinco principales reyes que la 
gobernaban principaban y regian , cuyos nombres eran: 
del primero, Guarionex , que reinaba en todo lo más felice 
de toda la Eeal Vega, de que arriba tantas excelencias 
digimo s; del segundo, Guacanagarí, y éste pxincipaba 
en lo postrero della, que llamaban Marien, y éste fué el 
primero que trató cristianos , porque allí fué á parar el 
almirante don Cristóbal Colon que descubrió estas Indias, 
y recibió él, y todos los cristianos que con él venían, 
paternal, y gracioso, y admirable recibimiento , y no pa- 
gables, y aun no pagados ni agradecidos después, mu- 
chos beneficios. El rey tercero se llamaba Behechío, 
la penúltima luenga, y reinaba en la provincia llamada 
Xaraguá, en la parte del Occidente; este Rey tenía una 
hermana que habia por nombre Anacaona , en la penúl- 
tima el acento, mujer de gran prudencia y autoridad, 
muy palancianay graciosa en el hablar, y en sus me- 
neos, y que fué muy devota y amiga de los cristianos 
desde que los comenzó á ver y á comunicar con ellos. 
El cuarto rey fué Caonabó, la última luenga, que seño- 
reaba en la provincia llamada Maguana , contérmina ó 
que partia términos con la de Xaraguá, y oriental á ella; 
éste fué valerosísimo y esforzado señor, y de mucha 



DE LAS INDIAS. 483 

gravedad y autoridad, y según entendimos los que á los 
principios á esta Isla vinimos, era de nación Lucayo, 
natural de las islas de los Lucayos , que se pasó dellas 
acá , y por ser varón en las guerras y en la paz señalado, 
llegó á ser rey de aquella provincia , y por todos muy 
estimado. Díjose también que fué casado con la dicha 
señora, hermana del rey Behechío, Anacaona. El quinto 
rey ó reino, fué del todo oriental, cuya tierra se nos 
ofrece primero cuando á esta Isla venimos de Castilla, 
que llamaban los indios Higuéy, la letra e luenga, y el 
nombre del rey era Higuanamá , la última luenga tam- 
bién; y en nuestro tiempo reinaba una mujer vieja, muy 
vieja, puesto que no supe, cuando lo pudiera saber, si 
este nombre Higuanamá fué propio de aquella Reina ó 
común de los reyes de aquel reino , como los reyes de 
Egipto se llamaron todos Faraones, como se llamaban 
reyes. Los señores que á estos cinco reyes obedecian 
eran innumerables , y yo conocí grande número dellos, 
y no poco señores sino que tenian subditos infinitos. De- 
cíase tener Guarionex, rey de la Vega Real, otro rey ó 
señor por vasallo , entre otros , llamado Uxmatex , que 
señoreaba en la provincia de Cibao (que digimos arriba 
llamarse Haytí , la última aguda , de donde se denominó 
toda esta Isla), que cuando lo llamaba el rey Guarionex 
le venia á servir con 16.000 hombres de pelea. El rey ó 
señor que principaba en la provincia de Haniguayaba, 
tengo presunción que era señor y rey libre por sí; la ra- 
zón que me mueve es , por estar aquella provincia al úl- 
timo cabo y más occidental desta Isla, bien 50 y más 
leguas del reino ó de la ciudad real de Xaraguá , donde 
tenía principalmente su silla el rey Behechío, y porque 
habia muchos señores otros en aquella provincia, que 
parece haber sido subditos de Haniguayaba, y militar 
debajo de su señorío , y por ventura fué lo mismo en 
otras partes desta Isla, sino que de sabello en aquellos 
tiempos poco cuidado tuvimos : como el rey ó señor de los 



484 HISTORIA 

Ciguayos, llamado Mayobánex, la penúltima luenga , que 
no fuese subjectó al rey de la Vega, Guarionex, puesto 
que , por librar de la prisión ó persecución que los espa- 
ñoles hacian á Guarionex, padeció grandes trabajos ha- 
ciéndoles muchas guerras, no sé decir si lo hacia como 
por su rey y señor, ó como á quien puesto en gran nece- 
sidad se le habia encomendado. Lo mismo pudo ser en 
el reino ó provincia de Higuey, donde habia muchos se- 
ñores, y en especial uno que se llamó Cotubanamá, la 
última [luenga, que yo bien conocí, de quien arriba ha- 
blamos; éste fué valentísimo hombre, y de gran grave- 
dad y autoridad , y se defendió valerosísimamente mu- 
chas veces y por muchos dias, con su persona y gente, 
de los cristianos que le hicieron guerra', del cual habla- 
remos más largo, si placea Dios, en nuestra Historia ge- 
neral , libro II ; así que no sabré afirmar que fuese sub- 
dito á la reina Higuanamá. Habia en esta Isla y en cada 
reino della muchos nobles y estimados por de mejor san- 
gre que los demás , y que tenían cargo sobre otros como 
de regillos y guiallos; éstos, en la lengua común desta 
Isla, se llamaban nitaynos, la y letra luenga, nobles y 
principales. Tres vocablos tenían con que pronunciaban 
el grado y la dignidad ó estado de los señores , el uno 
era Guaoxerí, la última sílaba luenga , el cual ser el me- 
nor de los tres grados, como nosotros decimos á los ca- 
balleros «vuestra merced», significaba; el segundo era 
Baharí , la misma última luenga, y éste como á mayor se- 
ñor que el primero, como cuando á los señores de título 
decimos «señoría», ellos Bahao'í lo llamaban; era el tercero 
y supremo Matunherí, asimismo el acento en la postrera 
sílaba , que á solos los reyes supremos , como nosotros á 
los reyes decimos « Vuestra Alteza » , ellos Matunherí lo 
aplicaban. Entre todos estos cinco principales reinos, fué 
el más ilustre el del rey Behechío , en aquella provincia 
ó ciudad real de Xaraguá, porque tuvo muy muchos se- 
ñores que á su reino y jurisdicción suprema pertenecían; 



DE LAS INDIAS. 485 

y eran por todos, si no me engaño, por lo que después 
vimos, más de 100 y quizás más de 200, porque hobo, 
señaladamente en aquellas provincias de al rededor de 
Xaraguá, muclia nobleza. Excedian todas las gentes 
deste reino, de Behecliío á todas las desta Isla, en la len- 
gua ser más delgada y de mejores y suaves vocablos 
polida; excedian lo mismo en str hombres y mujeres de 
más hermosas facciones, y disposición natural de los 
cuerpos y gestos que era cosa de maravilla. Yo cogposcí 
y vide algunos años después que á esta Isla vinimos una 
villa, en el mismo asiento que el rey Behechío tuvo su 
casa real, de 60 ó 70 españoles vecinos, casados todos con 
de aquellas señoras ó mujeres de los señores ó hijas, que 
eran tan hermosas, cuanto podian ser las más hermosas 
damas que hobiese en nuestra Castilla. Señaladas fueron 
algunas en hermosura en el reino de Guarionexy en otras 
partes desta Isla , pero no tan en común y general como las 
gentes del reino de Behechío; en otras muchas cosas eran 
estas gentes más polidas,porlas cuales habia entre nos- 
otros tal manera de decir, que aquel reino de Xaraguá 
era la corte desta Isla. Todas estas gentes vivian desnu- 
das, los hombres desde los pies hasta la cabeza, las mu- 
jeres casadas, desde algo más abajo de la cinta hasta la 
rodilla, poco más y algo menos, con cierta manera de 
faldillas hechas y muy bien hechas de algodón , se cu- 
brian; y puesto que por toda esta Isla se hacian éstas de 
algodón y las hamacas en que dormian, pero en hacer y 
labrar cosas de algodón , la gente de Xaraguá era la 
prima. Todas las doncellas vírgenes, mientras lo eran, 
ninguna cosa de sus cuerpos se cubrían; las camas en que 
dormian, que llamaban hamacas , eran de hechura de una 
honda, cuanto alo ancho, puesto que aquello ancho tenía 
un estado y medio y dos estados, y uno de longura, y 
todo de hilos de algodón torcidos , no como red atrave- 
sados, sino á la luenga extendidos; atravesaban por todo 
lo ancho ciertas tejeduras de otros hilos, como randas, 



486 nisTouiA 

de dos dedos en ancho, y habia de una á otra, por res- 
pecto de lo luengo que tenía toda ella, un palmo y más y 
menos; á los cabos de la longura de toda ella, que digi- 
mos tener un estado, quedan muchas asas, un palmo de 
luengo apartadas de la postrera randa , y estas asas son 
de todos los hilos que 'la hamaca en el luengo tiene, y 
en esto no es como honda que tiene solamente un ramal 
ó cuerda de una parte y de otra: allí, en cada una de 
aquej^as asas , ponen unas cuerdas muy delgadas y bien 
hechas y torcidas, de mejor materia que de cáñamo pero 
no tan buena como de lino (y ésta llaman cabuya, la pe- 
núltima luenga), de la manera puestas como si quisié- 
semos ponellas en las mallas cabeceras de una red cua- 
drada, de un cabo y de otro, para haber de colgar la red 
de ambas partes y que quedase en el aire suspendida. 
Estas cuerdas son tan luengas como una buena braza, 
las cuales van á juntarse al cabo como una rosca chica 
y aun como una manilla ; de aquellas dos roscas ó mani- 
llas se asen con otras cuerdas recias, de gordor de un 
dedo, muy polidamente hechas, mejor que la hechura de 
trenza, y atañías á sendos palos de una parte y de otra, 
y queda en el aire suspensa, y así se echan en ella, que 
es buena cama y limpia para tierra donde no hace frió. 
Tiene más, que siendo de dos estados de ancho y uno de 
luengo, como dije, no pesa toda ella ocho libras, y pué- 
denla llevar debajo del sobaco; finalmente, para por ca- 
mino es propísima. Tres lenguas habia en esta Isla dis- 
tintas, que la una á la otra no se entendia; la una era de 
la gente que llamábamos del Macoríx de abajo, y la otra 
de los vecinos del Macoríx de arriba, que pusimos arriba 
por cuarta y por sexta provincias ; la otra lengua fué la 
universal de toda la tierra, y ésta era más elegante y más 
copiosa de vocablos, y más dulce el sonido; en ésto, la de 
Xaraguá, como dije arriba, en todo llevaba ventaja y era 
muy más prima. 



BE LAS INDIAS. 487 



CAPITULO OXCVIII. 



La gobernación que estos reyes y todos los señores 
inferiores por toda esta Isla puesta tenian, era naturalí- 
sima , porque en ninguna cosa de la paterna que los pa- 
dres usan con sus hijos, teniendo fin principalmente al 
bien dellos como libres, diferia; tratábanlos como si 
todos los subditos fueran sus propios hijos, y ellos como 
á propios padres , por amor y no por temor , los revereu- 
ciaban y obedecian; y en tanto grado amaban los indios 
á sus reyes por la dulce gobernación H obras de padre 
que dellos recibian, que cuando los señores andaban es- 
condidos por los montes, huyendo de los españoles, man- 
daban á sus indios, que si alguna vez los españoles al- 
guno dellos tomasen, que por ningún tormento que les 
diesen los descubriesen, y así lo hacian; y que cuando 
los llevasen atados, hallando algún despeñadero, se der- 
rocasen de allí abajo', y llevasen, si pudiesen, el español 
ó españoles que los llevaban atados, consigo: poníanlo 
así por obra sin faltar un punto, y esto es certísimo. Y 
era tanta la humanidad que los señores usaban con sus 
vasallos y subditos indios , que sin punta ni resabio de 
presunción alguna, no sólo junto con ellos y á la mesa, 
pero del mismo plato ó vaso en que los señores comian, 
que comiesen y tomasen por su mano el manjar los ad- 
mitian, y esto vide yo muchas veces, y así hablo como 
testigo de vista. No debe parecer poquedad esta tan hu- 
milde conversación ó comunicación destos reyes y seño- 
res con sus subditos , pues los antiguos reyes tan hu- 
milde y moderado estado tenian , que según Herodoto, 
libro VIII de su Historia, sus propias mujeres les guisa- 



488 HISTORIA 

ban la olla y lo que liabian de comer : y en aquellos tiem- 
pos se puede presumir que los subditos podian comer con 
los reyes, y pluguiera á Dios que todos los reyes vivie- 
ran hoy, y de vivir en tal simplicidad fueran contentos, 
porque harto mejor que hoy le va al linaje humano le 
fuera. Y siendo, como eran, estas gentes tan sin número 
en esta Isla , y que un rey y señor tenía en su reino y 
señorío infinitos, no pasaba más trabajo en los gobernar 
que un padre de familias tiene con su casa sola, mujer é 
hijos; y cierto , no en muchas partes del mundo se hallará 
esta maravilla. No se sabía qué cosa fuese hurto, ni adul- 
terio , ni fuerza que hombre hiciese á mujer alguna , ni 
otra vileza, ni que dijese á otro injuria de palabra y 
menos de obra , y cuando alguna vez por gran maravilla 
recibía enojo alguno de otro, la venganza que del tomaba 
era decille, si era zarco de los ojos, buticaco, que quiere 
decir, anda , para zarco de los ojos; y si tenía los ojos ne- 
gros, xeyticaco, y si le faltaba algún diente, mahite, 
anda , que te falta un diente , y así otras injurias desta 
manera. Y es verdad, como arriba en un capítulo dije, 
que había veinte años que yo estaba en esta Isla , y 
nunca vi reñir en ella, ni en otra parte, indio con indio, 
sino una vez en la ciudad de Santo Domingo , que vide 
reñir dos, y estábanse dando el uno al otro con los hom- 
bros ó con los codos, estando quedas las manos, que no 
mataran una mosca si donde se daban con los hombros 
la tuvieran ; entonces yo , admirado de ver cosa tan nue- 
va, llamé á ciertos españoles que allí estaban, haciendo 
testigos. En lo de hurtar, doy testimonio de lo que mu- 
chas veces por los ojos vide, y esto es , que no teniendo 
puertas en las casas, ni arcas, ni llaves, ni cerraduras, 
como entonces no las teníamos, se andaban los talego- 
nes llenos de oro, y aun no de granos para que estu- 
viesen contados , sino menudo como si fuera molido , en 
especial en las minas, en unos como dornagillos he- 
chos de ciertas hojas de palma, donde poníamos núes- 



DE LAS INDIAS. 489 



tras ropillas, que también por aquellos tiempos eran po- 
cas , y metiendo las manos cada hora los indios que te- 
níamos en casa muchas veces al dia, y trayendo cada 
hora de una parte á otra los talegones, con 500, y 600 
y 1.000 castellanos que tenian, nunca se halló que un 
grano ni una punta hiciese menos algún indio, ni tal 
sospecha en nosotros caia. Y cierto, con mucha verdad 
podemos decir de aquellas gentes lo que por refrán suele 
decirse, haber sido tan fieles y tan sin sospecha de hacer 
menos cosa alguna, que se les podia fiar, como infinitas 
veces se hizo , oro molido. Asaz hobo gentes por el mundo 
á quien hicieron estas ventaja en carecer deste vicio de 
hurtar; entre los alemanes harto usado era, y ni pena ni 
alguna infamia incurrían si hurtaban fuera de su ciudad, 
decian que aquello era para ejercitar los mancebos, por- 
que no fuesen perezosos y cobardes; tampoco tuvieron 
por pecado matar hombres, según cuenta Julio César, 
libro VI, De Bello gallico, Aulo Gelio, libro XI, cap. 18, 
dice, los Lacedemonios tener por gran honra y gloria 
ser los mancebos ladrones, porque con aquel ejercicio 
aprendían á ser sotiles y saber muchas maneras y caute- 
las , y hacerse á los trabajos para las guerras, con tanto 
que no hurtasen por hacer mal ni por ser ricos. Allí dice 
ser también lícito el hurtar en Egipto , y Diodoro , li- 
bro IV, cap. 3.^ afirma que habia en Egipto una ley que 
mandaba, cuando alguno quisiese darse al oficio de hur- 
tar, fuese ante el Sumo de los sacerdotes y dijese su 
propósito, y diese por escrito su nombre, y todo lo que 
hurtaba lo habia de presentar ante el Sumo sacerdote; 
lo mismo los dueños de las cosas hurtadas, en hallándo- 
las menos, se hablan de presentar y escribir sus nom- 
bres, y declarar las cosas que les faltaban, con el dia y 
la hora que les faltaron : esto así hecho , de las cosas 
hurtadas sacábase la cuarta parte para el ladrón , y lo 
demás el dueño lo llevaba. Daban la razón desta ley los 
Egipcios; que como fuese imposible excusarse los hur- 



490 HISTORIA 

tos, era mejor excusarse algún daño que no perdello 
todo al que se lo hurtaban : otras muchas naciones fue- 
ron vencidas "deste vicio. Eran tan honestos cuanto al 
conversar con sus mujeres» que nunca hombre de los es- 
pañoles vido ni oyó decir que se sintiese algún acto 
dellos tocante á la tal conversación , burlando ni de ve- 
ras. Cuanto al vicio nefando, es verdad lo que aquí 
afirmo, que, en muchos años que tuve cognoscimiento 
destas gentes y traté con ellas, nunca sentí , ni entendí, 
ni oí, ni sosp*echó, ni supe que hombre de los nuestros 
sintiese, ni entendiese, ni sospechase, ni oyese decir 
que indio alguno de toda esta Isla tal pecado cometiese, 
y ha más de treinta años que caí en hacer particular in- 
quisición dellos; y confesando á una señora india, viuda 
y vieja, bien antigua, que habia sido casada con un es- 
pañol de los antiguos que yo cognoscí, preguntóle si en 
los tiempos pasados, antes que viniósemos los españoles 
á esta Isla , habia algo de aquet vicio , respondióme que 
no , porque , si algún hombre hobiera maculado dello , las 
mujeres (dijo ella) , á bocados lo comiéramos ó lo matá- 
ramos, ó otras semejantes palabras que me dijo. Final- 
mente , que deste pecado y de comer carne humana , y 
de otra semejante desvergüenza y miseria, fueron lim- 
písimos y exentísimos los habitantes desta Isla. No se 
jactarán de la carencia deste vicio los sabios de Grecia, 
que cada uno tenía su mozo por mancebo , y tampoco los 
franceses, entre los cuales los mozos se casaban unos 
con otros sin vergüenza y sin pena ; así lo refiere En- 
sebio , libro VI, cap. 8."" De Evangélica prceparatione. Y es 
cierto lo que arriba en cierto capítulo dije, y quiérelo 
repetir , que algunas veces oí decir á algunos españoles 
destas gentes (aunque para dejallos de fatigar en los 
trabajos, tenían, según creo, poca piedad dellos): ¡oh qué 
gente tan bienaventurada era ésta, si cognoscieran á 
Dios y tuvieran nuestra fe ! No mirando más de aquello 
que veian, porque debieran pasar con la consideración 



DE LAS INDIAS. 491 

adelante, y cognoscer que para que les diéramos la fe y 
no para servirnos dellos nos los habia descubierto la Pro- 
videncia divina. Pues así como ser la mujer, y los hijos, 
y la familia de una casa pacífica , modesta y bien mori- 
gerada, careciente de vicios y de hacer mal á nadie, tes- 
tifica y manifiesta la bondad, prudencia, solicitud y 
buen regimiento , y cuidado cerca della del padre de fa- 
milias, de la misma manera, y aun mucho más, ser tan 
gran número de gentes tan modestas, tan benignas, 
tan concertadas, tan pacíficas, tan obedientes, tan lim- 
pias y exentas de vicios, y tan honestas, sin alguna 
duda, testimonio claro daban de la bondad, prudencia, 
solicitud y cuidado de la justicia, y justa gobernación de 
sus reyes y señores que tenían, y los regian y goberna- 
ban. Y si alguno dijere que no debia causarlo sino las 
buenas inclinaciones y condición natural de aquestas 
gentes, que de su naturaleza eran mansas, humildes, 
pacíficas, y de todos los inconvenientes de la virtud na- 
turalmente apartadas, y no por la solicitud de los reyes 
que los gobernaban, digo que al menos ninguno negará 
que destas buenas inclinaciones, y condición, y disposi- 
ción, mansedumbre, humildad, modestia y benignidad 
naturales, á los mismos señores y reyes no les cupiese 
parte; y así, todos, señores y subditos, eran dotados de 
bondad natural, y, por consiguiente, todos eran felices, 
bienaventurados. Con todo esto, mucha y grande parte 
de la inocente vida, modestia y humana é inoxia con- 
versación, y buenas costumbres, y carencia de vicios de 
los subditos, dependia de la bondad y buena orden 
puesta, regimiento y gobernación de los reyes y señores, 
y de los buenos ejemplos que de sí á todos daban, vi- 
viendo bien y no haciendo obras contra razón; esto tes- 
tifica la divina Escritura Ecclesiastes , cap. 10: Sectm- 
djiim jtidicem popuU sic et ministri ejus , et qiialis rector 
civitatis tales et habitantes m ea. Y exponiendo lo que 
dijo de los príncipes que no son los que deben, ni go- 



492 HISTORIA 

biernan los pueblos según justicia, y los enderezan en 
buenas costumbres, añade luego allí: Rex insipiens per- 
detpopulum smim, dejándolos ir sin rienda, que es la ley, 
por la corrupción de los males. De los buenos pone lo 
contrario : Et civitates inJiaMtahwntur per sensum prudeii- 
tium. De manera, que mucho hace para la bondad ó mal- 
dad de los pueblos , y para la multiplicación ó disminu- 
ción de los hombres, la bondad ó maldad de los reyes, 
por lo cual, en los Proverbios, cap. 14, Salomón atri- 
buye á gloria del Eey la multitud, en el reino, de las 
gentes , y á vicio y culpa suya la poquedad de los veci- 
nos y moradores: In multitudine popuU dignitas regís, et 
in paucitate plehis ignominia principis , como que lo uno 
y lo otro esté y haya estado en su mano. No se les 
usurpe, pues, á los reyes y señores desta Isla lo que la 
Santa Escritura en general dice y atribuye á todos los 
del mundo , y pues hallamos estos pueblos tan nume- 
rosos de gentes y tan bien morigerados , entendamos que 
la solicitud, cuidado y prudencia, y buena orden y justo 
regimiento de los que los gobernaban , el cual era como 
de verdaderos padres , que tenian por fin hacellos bue- 
nos y multiplicallos , y en aquella multitud y bondad 
consérvanos, era mucha y grande y la mayor parte; y en 
esto hicieron estas gentes á los españoles antiquísimos 
excesiva ventaja, conviene á saber, que tuvieron reyes 
que los rigiesen y bien gobernasen , de los cuales care- 
cieron nuestros españoles por muchos siglos de los pa- 
sados, hasta que para se defender de los guerras tiráni- 
cas de los romanos , siguieron y no eligieron á Viriato, 
como á hombre muy cauto y experto en huir y saberse 
guardar de los peligros, y con esto muy esforzado, al 
cual por pura necesidad sufrieron que los capitanease, 
no por virtud, porque no querían tener á quien obedecer 
ni quien á sus barbáricas obras, robos y maleficios pu- 
siese regla ni tasa. Este Viriato hizo guerras fortísimas 
contra los romanos, defendiendo á España por tiempo do 



I)K LAS INDIAS. 493 

diez años , en los cuales hizo señalados estragos. Todo 
esto cuenta Trogo Pompeyo y su abreviador Justino, que 
fué español, en el libro XLIV, donde su Historia acaba: 
1% tanta seciüomm serie nulUis illis Dux magnnspreter Vi- 
ñatnmfuit, q%i annos iecem Romanos varia victoria fati- 
gavit: adeo feris propriora quam Jiominihus ingenia sunt. 
Quem ipsum, non jndicio populi electum, sed %t cavendi 
scientem declinandorumqne pericnlornm perit%m, seqtmti 
simt, etc. De manera que los ingenios y condición de los 
españoles eran más propios de fieras bestias que de hom- 
bres. Y abajo dice que las mujeres tenian oficio de labrar 
y cavar los campos y las heredades, y cuidado de las 
cosas de casa , y los maridos con las armas en las manos 
andaban á robar, porque no tengamos presunción que ve- 
nimos de los cielos de virtudes muy adornados. Y abajo 
del todo, con que acaba toda su Historia, dice de la 
gente de aquel tiempo que moraba en España, ser pue- 
blo bárbaro y fiero, traido á vivir debajo de leyes por el 
Emperador Octaviano : Pop%l%mque harharnm ac ferum 
legilns ad cnltiorem vite usum tradtictum, etc. Gobernaban 
(porque al propósito tornemos) los reyes desta Isla rnanu 
'regia, conviene á saber , sin leyes, por su buen albedrío, 
tantos pueblos y tantas gentes que eran sin número. Y 
estas palabras, sin número, se hallarán haber escrito en 
sus cartas á los católicos reyes el Almirante primero, 
que vido, cuando descubrió y trató esta Isla, esta ma- 
nera de gobernar los pueblos los buenos reyes , manu re- 
gia, que es por su buen juicio y albedrío; sin leyes se 
gobernó la romana república á los principios. Algunas 
guerras tenian, pero rarísimas; las causas dellas eran, 
según entendimos , por alguna de tres , como arriba se- 
ñalamos: la una, porque algunos de otros reinos venían 
á cazar en los campos, dentro de los término del otro 
reino ; la otra, si venían á pescar en los ríos; la tercera, 
cuando algún rey ó señor se concertaba con el otro que 
le diese su hija ó hermana por mujer, y le enviaba por 



494 ÍIISTORIA 

ello ciertas preseas, y el otro por alguna razón que le 
movia no se la enviaba, ó la daba á otro; pero, por la 
mayor parte, siempre todos vivian pacíficos. Esto se 
muestra en la relación que el Papa hizo en la Bula de la 
concesión destas Indias á los reyes de Castilla, infor- 
mado por la que los Eeyes Católicos le hicieron, según lo 
que el Almirante destas gentes habia sentido ; dice así: 
1% quihis scilicet Insulis quamplurimíB gentes pacifice vi- 
'ü entes , et ut assemnt nudce incedenteSy inhahitant, etc. Las 
armas ofensivas, ya digimos arriba que eran ñochas y 
arcos, y unas varas tostadas como dardos , los cuales ti- 
raban con cierta industria , como si salieran de una ba- 
llesta de las antiguas que llamaban de garrucha; las 
flechas eran los cohollos de las cañas , que acá son más 
recios que los de Castilla, y por casquillos les ponían 
unas espinas de pescado , que después de entradas en la 
carne no podian salir sin desgarrar della buena parte; 
algunas puntas ponían de pedernal en algunas flechas. 
Poníanles cierta yerba ponzoñosa, que de cosas ponzo- 
ñosas conficionaban , puesto que hay pocas en esta Isla, 
ó ningunas, y así la yerba desta Isla hacia poco daño; 
de la misma manera tenían las flechas otras gentes an- 
tiguas , como cuenta Herodoto de los Etiopes , libro VII, 
y que las ponían por casquillos puntas de pedernal. Ar- 
mas defensivas no tenían ninguna, sino sólo los pellejos 
de fuera , porque todos andaban desnudos como los pa- 
rieron sus madres; y para gente desnuda no eran poco 
dañosas estas armas. 



DE LAS INDIAS. 



495 



CAPÍTULO CXCIX. 



Cuanto á los casamientos que entre aquestas gentes 
habia, no entendimos que tomasen por mujer hermana, 
ni prima hija de hermanos, ni que tuviesen los particu- 
lares más de una; tampoco alcancé ni alcanzamos, por- 
que tuvimos todos, clérigos, y frailes, y seglares, de es- 
cudriñar estas cosas poco cuidado, si sus casamientos 
eran perpetuos ó por alguna causa las repudiaban, puesto 
que muchas y muchos vide casados ó ayuntados hombres 
y mujeres, viejos de edad y que tenian hijos y grandes 
hijos, que parecia haber mucho tiempo que eran casados, 
y en sus casamientos no haber habido mudanza; tam- 
poco caimos en inquirir con cuáles ó con cuántas cere- 
monias se casaban. Los reyes y señores tenian muchas 
mujeres, no supe hasta qué tantas ; del rey Behechio se 
dijo que tuvo 30: cuál fuese la principal, ó si eran todas 
iguales, también todoslo ignoramos. Lo mismo de las he- 
rencias, del todo punto no lo penetramos más de haber 
entendido que no los hijos de los señores sino los de sus 
hermanas sucedían en sus estados , la razón que daban era 
porque no eran tan ciertos ser sus hijos lo que por hijos 
tenian como los que parian sus propias hermanas, y de 
las hermanas eran ciertos ser sus hermanas, pues habia 
parido á ellos y á ellas una sola madre. Los señores y 
los demás compraban á los padres las hijas que habian 
de ser sus mujeres, enviándoles por paga ciertas sartas 
de cuentas que llamaban cibas, por excelencia, que 
quiere decir piedras, porque cibas llamaban á todas las 
piedras, y cibas á estas cuentas, por excelencia, como 
cosa que tenian por muy preciosa y de gran estima; 



496 HISTORIA 

estas piedras ó cuentas arriba digimos que parecian poco 
méños.que muelas podridas. Daban también por precio 
ciertas hojas de guanín, que era cierta especie de oro 
bajo que ellos olian y tenian por joyas preciosas, para 
ponerse colgadas de las orejas ; pesaban, las que de ma- 
yor peso eran , obra de medio peso ó de un ducado, y en 
tanto grado era estimado este guanín , la última luenga, 
destas gentes por el olor que en él sentian , ó por alguna 
virtud que haber en él creian, que acaeció valer aquellas 
hojas, que no pesaban sino lo que digo, entre los mismos 
españoles, para dallas á la hija de algún cacique y 
señor de aquellos , porque el señor les diese á ellos lo 
que pretendían, cien y más castellanos; llamaban en su 
lengua á estas hojas y joyas de las orejas taguaguas, la 
media silaba luenga. Gentes de las antiguas hobo por el 
mundo que tuvieron las costumbres mismas que éstas en 
lo de sus casamientos , y muchas , otras naciones , harto 
viles, feas, irracionales, y no menos desvergonzadas, en 
la cuales aquestas hicieron á aquellas incomparable 
ventaja 



'' ^ rj\AÍ}(J\/\jv\* 



I)E LAS INDIAS. 497 



CAPÍTULO COIII. 



Cerca de las mujeres de los reyes, habia en esta isla 
Española, según lo que en aquellos primeros tiempos pu- 
dimos entender, otra costumbre barto áspera, pero no 
singular en el mundo , y esta fué, que las mujeres se en- 
terraban con los maridos y señores; las ceremonias ó 
manera del entierro , y si vivas ó primero muertas las 
echaban en cuevas ó sepulturas, no lo alcanzamos y 
tampoco lo escudriñamos. Esto sólo fué, como dije, de los 
reyes y señores, no de los hombres p|fe*ticulares, la cual 
costumbre hallamos asaz entre muchas naciones haber 
sido celebrada y muy guardada, y tenida también por 
virtud , y señal de fidelidad , y castidad observada á sus 
maridos, y corona de que las buenas mujeres se arreaban 
y jactaban 

De lo dicho parece que los reyes y señores que hobo 
en esta Isla, si mandaban enterrar consigo á sus mujeres 
ó alguna dellas, no fueron los primeros que aquesta ley 
pusieron en el mundo , ni parece haber sido tan cruel ni 
más irracional que la que habia en otras partes , ni fué 
tampoco en estos reinos general, porque sólo los señores 
la usaban y no los particulares, como entre otras muchas 
gentes por altos y bajos se acostumbraba, y así en esta 
parte aquestas, llegarse más cerca de razón y alongarse 
más lejos de crueldad que las demás, mostraron. Y si las 
mujeres de su propia voluntad, con alegría por morir con 
sus maridos , se mataban ó se consentian matar, lo que, 
como apunté, no averiguamos, pueden ser alabadas de 
Tomo V. 32 



498 HISTORIA 

fieles á sus maridos , y atribuilles corona dé castidad. 
Todo lo cual no deroga á la buena gobernación que las 
gentes desta Isla tenian, como ni á la de los griegos, si 
en lo demás era buena, derogaba, antes por el contrario 
en alguna manera la adornaba. 



í)l? LAS INDIAS. 499 



CAPÍTULO CGIV. 



Porque las costumbres buenas ó malas de las gentes 
pertenecen á la buena ó mala gobernación, como arriba 
se dijo, por ende prosigamos adelante algunas otras 
costumbres que restan de referir, que los moradores 
desta Isla en sus tiempos solian tener. Las mujeres des- 
tas islas, y mayormente desta, era cosa maravillosa con 
cuan poca dificultad y dolor parlan , cuasi no bacian sen- 
timiento alguno más de torcer un poco el rostro , y lue- 
go, que estuviesen trabajando y ocupadas en cualquiera 
oficio, lanzaban el hijo ó bija, y luego lo tomaban y se 
iban y lavaban á la criatura, y á sí mismas , en el rio ; des- 
pués de lavadas daban leche á la criatura, y se tornaban 
al oficio y obra que hacian. Lo mismo cuenta el Filósofo 
en el tractado De Admirandis in natura anditis , que las 
mujeres Ginovesas hacian, y refiérelo por maravilla; desto 
también hace mención Estrabon , en el tercer libro de 
su Geografía, y lo mismo cuasi toca de las mujeres de 
España en alguna provincia. Tenian también de costum- 
bre, cerca de los que enfermaban, una que juzgábamos 
entonces los españoles ser bestialísima y apartada de 
toda razón, porque ignorábamos el fin que pretendían y 
lo que usaban en el mundo otras muchas discretas y po- 
líticas naciones ; ésta era , que en enfermando la persona, 
mujer ó hombre, si estaba muy mala, la sacaban de 
casa los parientes y deudos , y la ponían cerca de allí 
en el monte; allí le ponían algunos jarros de agua, 
y otras cosas de comer, sin que con ella estuviese 
persona alguna. Creo que la requerían de cuando en 
cuando y la lavaban , porque por principal medicina usa- 
ban lavar los enfermos, aunque quisiesen espirar, con 
agua fria , lo cual , ó hacian por la continua costumbre 



500 HISTORIA 

que tenian cada hora, estando sanos, por limpieza la- 
varse, ó por superstición, creyendo que el agua tenía 
virtud de limpiar los pecados y dar sanidad corporal, 
como arriba desto asaz digimos. Debiaii ponellos aparta- 
dos en el monte, porque los enfermos así lo querían, 
como refieren Solino, cap. 65, y Pomponio Mela, libro III, 
capítulo 7."*, de algunas gentes de la India, conviene á 
saber, que cuando alguno se hallaba muy viejo ó agra- 
viado de grande enfermedad, se iba él mismo ó se hacia 
llevar muy lejos á lugar apartado y secreto, para morir 
más sin congoja estando en soledad y no viendo hijos, 
ni mujer, ni cosa que pena le diese; y ésto, para entre 
gente á cuya cabecera no habían de estar frailes trayén- 
doles á la memoria que se acordasen de la pasión de Je- 
sucristo , no era sin fundamento de prudencia. Podían 
nuestros indios tener sin éste otros dos fines ó algun'o 
dellos; el uno el gran miedo que tenían de las fantas- 
mas de noche, y éstas llamaban hupias, la penúltima 
luenga, y hupia no era otra cosa sino el ánima del hom- 
bre, porque así llamaban el ánima, y cuando alguna fan- 
tasma les aparecía de noche, con verdad ó que se les an- 
tojaba en la imaginación , decían que era la hupia, con- 
viene á saber, el ánima de alguno que á ellos venia; de 
aquí creíamos que debía el demonio aparecer algunas 
veces á algunas particulares personas , allende los sa- 
cerdotes que llamaban behiques, de quien arriba queda 
dicho, para los atemorizar, y engañar, y causar algunos 
malos prestigios. El otro fin, en sacar los enfermos fuera 
de las casas y ponellos en el monte ó apartados de allí, 
pudo ser aquel que á otras naciones antiguas movia, ú 
otro semejante; éste fué para que todos los que por allí 
pasasen o llegasen diesen parecer con qué aquel mal se 
curase , si por ventura ellos habían del sanado habién- 
dolo tenido. Así lo cuenta Herodoto de la gente de Ba- 
bilonia, libro I, conviene á saber, que tenian una ley sa- 
biamente puesta, por la cual, en cayendo enfermo alguno 



DE LAS INDIAS. 501 

lo sacaban luego a la plaza , para que todos los que allí se 
hallasen, y por allí pasasen, diesen parecer sobre aque- 
lla enfermedad , si por caso la habían padecido ó supiesen 
que otro della hobiera sido curado , y con qué medicina; 
y á ninguno le era lícito pasar de donde liobiese enfer- 
mos sin preguntar de qué ó cómo enfermado habían, 
para dalles consejo , según lo que de aquella enfermedad 
le parecía. Esta ley ó costumbre, dice Estrabon , libro III 
de su Geografía, que tuvieron los Bastetanos, pueblos del 
Andalucía en nuestra España, y que fué uso muy viejo 
de los de Egipto. Algo mejor y más pío era que el que 
algunos de la India cerca de sus enfermos tenían: cuenta 
Herodoto, libro III, que cuando alguna persona enfer- 
maba , de cualquiera enfermedad que fuese , si era hom- 
bre, los hombres, familiares, y criados, ó deudos suyos 
luego lo mataban, y alegaban que si en él crescia el mal 
se enñaqueceria , y, comiendo del, las carnes dellos se 
les corromperían, y no aprovechaba nada que él negase 
estar enfermo, porque de morir había, el cual muerto, 
con gran fiesta lo comían; y si la enferma era mujer, las 
mujeres, criadas, ó sirvientas, ó deudas, lo mismo que 
los varones al varón, ellas á ella hacían : á los que lle- 
gaban sin enfermedad á viejos, también los mataban, y 
en convites los comían. Por estas dos causas, de matar 
los enfermos y los viejos , entre aquellas gentes se ha- 
llaban viejos por maravilla; todo esto es de Herodoto. 
Cierto, muy ajenos de tan crueles bestialidades fueron 
las gentes inocentísimas desta Isla, y así, harto menos 
bárbara gobernación que otras naciones tuvieron , éstas 
tenían. Otra manera tenían de curar los enfermos los 
desta Isla; ésta era, que los sacerdotes ó hechiceros, que 
arriba digimos llamarse behiques, les tomaban los brazos 
desde los hombros, con ambas manos, estregándolos y 
soplando, y lo mismo las piernas, y por todo el cuerpo, 
cuasi como que con aquel estregar y soplar echasen el 
mal fuera , y esto creo hacían entender á la simple gen- 



502 UISTOUIA 

te, y por ventura decian algunas palabras llamando al 
demonio, con quien debían tener hecho pacto. Cerca de 
los muertos, no supimos más sino que los enterraban en 
sepulturas , creo que en el monte , apartados de la casa 
donde morian , por el miedo que habian de las fantasmas 
como se dijo; por luto se tresquilaban , y esta fué cos- 
tumbre de los Mylesios y de otras muchas gentes, como 
refiere Alexander ab Alexandro , libro III , cap. I."" Otras 
costumbres tenian estos indios no muy limpias , cuanto 
al comer , según la limpieza de que hoy las gentes polí- 
ticas usamos; pero sí señalaremos haber tenido algunas 
gentes las mismas y otras peores , no nos maravillare- 
mos dellas. Una era, que de los conejos que cazaban y 
tenian por nombre hutías, y de las otras cosas vivas, 
ninguna cosa de lo que tenian dentro , como eran las 
tripas , rellenas como sq estaban , ni de lo de fuera sino 
era el pelo sólo, desechaban ; y así ponían en sus cazue- 
las las tripas con el estiércol que tenian, sin lavarlas, 
donde las cocían con su pimienta y otras yerbas y co- 
sillas que allí mezclaban, y después de cocidas las yan- 
taban. Esta, cierto , por gran suciedad debe ser tenida, y 
lo es, porque parece que causa horror y asco natural- 
mente á la complixion humana; pero si consideramos 
los que se mantenían de carnes de serpientes y drago- 
nes, animales tan horribles naturalmente á los hom- 
bres, parece que la naturaleza es aparejada para engen- 
drar mucho más horror y más vehemente asco , y hacer 
á éstos excusados. Aquéllos son una gente que llaman 
los autores Trogloditas, pueblos de África ó de Etiopía; 
así lo toca la divina Escritura en el Salmo 73: Tu con/re- 
gisti capitd draconis declisti eiim escam popnlis Etliiop%im\ 
tráelo Herodoto , libro IV, donde dice que todo género de 
culebras, lagartos, y de los anímales que andan ras- 
treando por el suelo , comen. A los dragones quítanles 
ciertas partes negras, donde saben que tienen la pon- 
zoña, mayormente las lenguas, y todo lo demás comen 



DE LAS INDIAS. 503 

sin peligro; desto también son testigos Solino, cap. 44, 
y Pomponio, libro I, cap. S."" Cuanto á lo que toca á la 
suciedad de comer aquellos rellenos estas gentes, quié- 
relas más excusar con otra más sucia obra que bacian 
mis. españoles, porque aprendamos á no menospreciar 
nación alguna por barbáricas costumbres que tenga, ni 
pensemos que, por tenellas cuan barbáricas sean, luego 
nos deben sujeción y podemos maltratallas, antes co- 
nozcamos la inmensidad de la deuda que á Dios debe- 
mos en sacarnos con su evangélica predicación y doc- 
trina de tanta y mayor ceguedad y barbaridad , y no ce- 
semos de' darle gracias. Cuenta Estrabon, libro III, pági- 
na 110 de su Geografía, y Diodoro , libro VI, cap. 9, una 
costumbre de los españoles, aunque no de todos, tan vil 
y tan sucia , que no creo que bárbaro alguno del mundo 
tuvo jamás otra tal ni que tanto asco causase, la cual 
es esta , y sea referida salva toda honestidad y reveren- 
cia: Tomaban de ios orines que estaban muy podridos en 
las letrinas que llamamos necesarias, y con ellos los 
cuerpos se lavaban. Otra era peor y más abominable, 
conviene á saber, que con la misma suciedad y estiércol 
de los hombres, así podrida y antigua , bien majada, los 
maridos y las mujeres se limpiaban muy bien los dientes; 
porque se vea qué tales estarían los labios y los carri- 
llos por de dentro, y aun también los paladares: de lo 
cual escarnece harto Estrabon, y dice que vivían vida 
con costumbres brutales y depravadas. De aquí se suelta 
una duda que un religioso y varón de mucha bondad 
tuvo , cerca de los indios moradores de la provincia de 
Cumaná, Tierra Firme, cuya vecina era la isleta de Cu- 
bagua, donde solían las perlas pescarse; este religioso, 
viendo aquellos indios traer siempre aquellas yerbas, que 
arriba digimos causarles una costra muy negra en los 
dientes, dudaba y decía que aquella costumbre tan su- 
cia y fea era grande inconveniente para que aquellas 
gentes recibiesen el Santo Sacramento del altar, y, por 



504 HISTORIA 

consiguiente , tenían impedimento para que la fe se les 
predicase. Cuanto á lo de recibir el Santo Sacramento 
decia muy gran verdad, porque si aquella costumbre 
después de la fe recibida les durara, eran indignísimos 
de ser absueltos en el Sacramento de la confesión, y 
mucho más indignos de comulgar, porque fuera grandí- 
sima irreverencia , é indecencia y crimen muy grande, 
llegarse con bocas tan sucias al santo altar; pero, cierto, 
harto más indecentes y sucias, sin alguna comparación, 
eran las bocas y todos los cuerpos de mis españoles , la- 
vándose con aquel agua de azahar y limpiando los dien- 
tes con aquellos confites molidos de anís ó de culantro 
preparado. Y esto supuesto , podráse bien responder á la 
duda de aquel padre, lo primero, que no se les había de 
dejar de predicar la fe por aquella y ni por otras tachas 
peores que tuviesen ; lo segundo , pues que con la pre- 
dicación y doctrina de nuestra santa fe se quitó á nues- 
tros españoles tan vil y tan sucia costumbre , y más im- 
peditiva de llegarse dignamente al Santo Sacramento que 
la de los indios de Cumaná , que también, con la misma 
fe y doctrina , la suya con el favor divino se les quitara, 
si la diligencia debida hobiera habido. Otra costumbre 
tuvieron los desta Isla, tan poco limpia , y era que comían 
los piojos de la cabeza, porque decían que aquéllos no 
eran otra cosa sino de su carne y sangre nascidos, y que 
por eso la carne y sangre suya se restituían; no fueron 
éstos solos en el mundo, porque la tuvieron y tienen 
hoy los Tártaros, según Mustero, en el libro V de su 
universal Cosmografía, los cuales se comen los mis- 
mos piojos unos á otros , no sólo de la cabeza pero de 
cualquiera parte donde los crien, y comiéndolos dicen 
aquestas palabras: «Así haré á mis enemigos». Esta cos- 
tumbre también tuvieron los Budines , pueblos de Scy- 
thia, según Herodoto, libro IV; de aquella gente ha- 
bla Plinio , libro IV , cap. 12. Tenían otro uso nuestros 
indios, que parecía vicio, pero no por vicio sino por 



DE LAS INDIAS. 605 

sanidad lo hacían, y éste fué que acabando de cenar 
(cuya cena era harto delgada), tomaban ciertas yer- 
l)as en la boca, de que arriba digimos parecer á las 
hojas de nuestras lechugas, las cuales primero las mar- 
chitaban al fuego y envolvíanlas en una poca ceniza, y 
puestas como un bocado en la boca sin tragallo , é idos 
al rio, que siempre lo tenian cerca, les provocaba echar 
lo que hablan cenado, y después de lavados volvíanse y 
tornaban a hacer colación; y como todo el comer dellos 
fuese siempre de dia y de noche , tan poco y de tan po- 
cas cosas, parece claro que no lo hacían por glotonía 
sino por hallarse más ligeros y vivir más sanos. No lo 
hacían así algunos, al menos uno conocí yo, de los nues- 
tros españoles, y aun era harto persona honrada, del 
cual se decía que tomaba las mismas yerbas y hacia el 
efecto de los indios , poj? tornar otra vez á cenar. Destos 
eran los que por hartar su gula dividieron la traganto- 
nería en cuatro miembros, en almuerzo, yantar, cena, 
y comensacion ó colación según decimos ; destas cuatro 
paradas de gula usaban los antiguos griegos, según es- 
cribe Philemon , y porque la colación ó comensacion era 
más excesiva que la cena , tenian necesidad de vomitar 
lo que habían cenado cada hora. Destos tales ^dijo Sé- 
neca, Edunt lot vomant y vomwnt %t edant, y llamábanse 
gormadores ; desto trata largamente Celio , libro XXVIII, 
capítulo 2.'' Y así parece cuánta ventaja hicieron aque- 
llos griegos, y otras naciones también del mundo, á éstas 
en las glotonerías y excesos execrables de la gula , por- 
que su comida destas, puesto que luego de mañana al- 
morzaban y luego íbanse á trabajar en sus labranzas ó 
á pescar, ó á cazar, ó hacer otros ejercicios, después al 
mediodía yantaban , y comunmente lo demás que restaba 
del dia gastaban en bailes, y cantos, ó en jugar á la pe- 
lota, á la noche cenaban, y á la postre hacían la suso- 
dicha colación, era, digo, toda esta su COTiída tan liviana, 
que, como ya se dijo arriba, toda era sin encarecimiento 



506 HlSTOIllA. 

muy poco menos que la penitencia que hacian en el de- 
sierto los Santos Padres. Comían caruQ, de aquellos ani- 
malicos que parecían ratones, comían pescado de los rios 
con el pan cazabí , comían por fruta de las raíces llama- 
das ages y batatas, que son como quien come turmas de 
tierra ó como nabos', aunque harto mejores y de mejor 
sabor; todo en tan poca cantidad, que tengo por cierto 
cualquiera de nosotros comer más en una comida que 
dos dellos en cuatro. Las cosas cocidas que comían eran 
siempre con mucha de la pimienta que llamaban axi , la 
última silaba luenga, y más común que otro manjar era 
cocer mucha junta de la dicha pimienta, con el sabor de 
sal y del zumo de la yuca ó raíces de que hacian el pan 
cazabí, que digimos arriba servir de vinagre, y esto co- 
mían como quien come berzas ó espinacas bien guisa- 
das. Cazaban los animalillos dicljos quemando los yer- 
bazales y atajándolos muchos indios juntos dellos, por- 
que no criaban en cuevas como nuestros conejos, sino 
en la haz de la tierra entre la yerba. Pescaban con re- 
des muy bien hechas en los ríos, y en la mar los que la 
alcanzaban , con anzuelos hechos de huesos de pescados; 
también con flechas á los pescados grandes; eran gran- 
des y maravillosos nadadores. Tenían sus barcos , como 
queda dicho , hechos de un madero cavado que llamaban 
canoas, donde cabían 50 y 100 hombres , y destos se usan 
en todas estas Indias ; los remos son como palas de horno, 
aunque las puntas agudas y muy bien hechos. Destos 
mismos barcos usaban en España los antiguos, en espe- 
cial en el Andalucía, según Estrabon, libro III, y aun 
de pellejos hacian los barcos, hasta que vino á España 
Bruto, de Roma, según el mismo dice. Eran muy amigos 
de sus bailes, al son de los cantos que cantaban y algu- 
nos atabales roncos de madera hechos todos sin cuero 
ni otra cosa pe^^a; era cosa de ver su compás, así en las 
voces como en " pasos, porque se juntaban 300 ó 400 
hombres , los brazos de los unos puestos sobre los hombros 



DE Í.AS INDUb. 507 

de los otros , que ni una punta de alfiler salía un pié más 
que el otro, y así de todos. Las mujeres por sí bailaban 
con el mismo compás, tono y orden; la letra de sus can- 
tos era referir cosas antiguas, y otras veces niñerías, 
como «tal pescadillo se tomó desta manera y se huyó», 
y otras semejantes, á lo que yo en aquellos tiempos en- 
tendí dellos. Cuando se juntaban muchas mujeres á rallar 
las raíces de que hacían el pan cazabí cantaban cierto 
canto que tenía muy buena sonada. Era bien de ver 
cuando jugaban á la pelota, la cual era como las de 
viento nuestras, al parecer, mas no cuanto al salto que 
era mayor que seis de las de viento; tenían una plaza 
comunmente ante la puerta de la casa del señor, muy 
barrida, tres veces más luenga que anoha, cercada de 
unos lomillos de un palmo ó dos de alto, salir de los 
cuales la pelota creo era falta. Poníanse 20 y 30 de cada 
parte, á la luenga de la plaza; cada uno ponía lo que 
tenía, no mirando que valiese mucho más lo que el uno 
más que el otro á perder aventuraba, y así acaecía, des- 
pués de que los españoles llegamos, que ponia un caci- 
que un sayo de grana y otro metía un paño viejo de 
tocar, y esto era como si metiera cien castellanos. Echa- 
ba uno de los de un puesto la pelota á los del otro, y re- 
batíala el que se hallaba más á mano , si la pelota venia 
por alto , con el hombro, que la hacia volver como un 
rayo, y cuando venia junto al suelo, de presto, poniendo la 
mano derecha en tierra, dábale con la punta de la nalga, 
que volvía más que de paso; los del puesto contrario, de 
la misma manera la tornaban con las nalgas, hasta que, 
según las reglas de aquel juego , el uno ó el otro puesto 
cometían falta. Cosa era de alegría verlos jugar cuando 
encendidos andaban, y mucho más cuando las mujeres 
unas con otras jugaban, las cuales no con los hombros 
ni las nalgas , sino con las rodillas la rebatían , y creo 
que con los puños cerrados; la pelota llamaban en su 
lengua batey, la letra e luenga, y al juego, y también al 



508 HISTORIA 

mismo lugar, batey nombraban. Concluyendo con las 
costumbres de las gentes desta Isla, según lo que 
acaso y no de industria en aquellos tiempos supimos , y 
que agora tan tarde nos acordamos, su contar no se 
extendia á más de los dedos de las manos y también los 
de los pies , y asi de veinte no pasaba ; hasta diez tenia 
cada número su nombre, como a uno decian hequeti, la 
última luenga, por dos decian yamocá, por tres canocúm, 
las últimas luengas también , por cuatro yamoncobre, la 
penúltima luenga, etc.; los otros, hasta diez, se me han 
olvidado : si hablan de significar once ó doce ó más, jun- 
taban ambas manos, y apartaban uno ó dos ó más dedos 
de los pies, y si querían decir veinte, señalaban pies y 
manos. Esta simple y corta manera de contar les bas- 
taba para cumplir con su simplicidad y natural necesi- 
dad, como todas las cosas para la vida necesarias tuvie- 
sen presentes ^y en abundancia, y no hobiesen de ir á 
tratar en Flandes como los burgaleses, ni tener como 
ellos libros de caja; como bastaba álos Albanos habita- 
dores de Albania, cerca de Armenia, contar hasta ciento 
porque no sabian contar más , según dice en el libro XI 
Estrabon. Y ciertamente , ésta y todas las otras costum- 
bres arribas contadas, tampoco polidas y delgadas de las 
gentes desta Isla , ninguna cosa derogaban á su goberna- 
ción buena, pues tenian en abundancia todo lo necesario 
á la vida humana, y vivian en paz y quietud sin hacer 
daño alguno á nadie , y carecían de mil abominaciones y 
abusos irracionales, y no menos innaturales y bestiales, 
como de otras muchas hemos contado. En todo lo cual 
queda manifiesta la gran ventaja que á todas ellas hicie- 
ron, y, por consiguiente, con legitima razón les podemos 
atribuir lo que algunas veces oí decir (como arriba he 
dicho) á los nuestros españoles: Que cuanto.álo natural, 
y que se podia sufrir sin fe y conocimiento de Dios, ellos 
eran bienaventurados. 



DE LAS INDIAS. 509 



CAPITULO CCV. 



Declarada la gobernación y costumbres de las gentes 
sin número que aquesta isla Española habitaban, po- 
dríamos lo mismo afirmar de la isla de San Juan , y de la 
de Jamaica, y de la de Cuba, y de las muchas otras que 
llamábamos de los Lucayos, añadiendo á éstas más sim- 
plicidad palomina, más sosiego y más tranquilidad, por- 
que no parecia en algunas destas islas, en especial Ja- 
maica y Cuba, y las de los Lucayos, sino que Adán en 
las gentes dellas no habia pecado. El oficio que tenian 
los reyes destos Lucayos era como el de los reyes de las 
abejas , el cual no era otro sino tener cuidado de cada 
uno de los subditos, como si fueran todos hijos de un 
padre ; era mayordomo de todos , tenia cargo de mandar 
que hiciesen sus sementeras cuanto al pan , que fuesen á 
cazar y ^pescar , traíanselo todo y él repartia á cada casa 
lo que habia menester para sustentarse. Lo mismo hacia 
en todas las cosas que les eran necesarias , mandando á 
cada persona y personas lo que habia de hacer , y en qué 
se habian de ocupar; estos vocablos, mió ni tuyo, no sa- 
bían qué fuese, ni qué querian decir. Con ninguna per- 
sona de otras islas tenian pendencia, ni litigio; la pala- 
bra del Rey tenian por ley, y toda su vida no era sino lo 
que se dice de la edad ó siglo dorado ; todo esto refiere 
así Pedro Mártir, cap. II, sétima Década. De las otras is- 
las, como las de Guadalupe, y Dominica, y otras que 
por aquel renglero hacia la Tierra Firme de Paria van á 
dar , tener sus reyes , y señores , y regimiento para en- 
tre sí se gobernar y conservar , no hay que dudar , pues 
todas estaban pobladas y llenas de gentes , y conformes 
en el bien político, y también para hacer á otros mal, 
por las razones que arriba trujimos generales, conviene 



5l() 



mSTORIA 



á saber, que sin justicia, ninguna sociedad, congrega- 
ción, ayuntamiento de gentes, república, ni reino, ni co- 
munidad se puede, junta y en su ser de ayuntamiento, 
sin desparcirse, conservar. Pero las costumbres de las 
naciones que habitaban , y habitan hoy en aquellas is- 
las, que á los principios que á estas tierras vinimos lla- 
mábamos caníbales, y agora se nombran caribes, son 
destas otras que ya nombramos diferentísimas y muy 
extrañas, porque, según es pública voz y fama desde 
que aquestas Indias se descubrieron , infestan y salen de 
sus propias islas y tierras por hacer guerra á los de otras 
partes, islas y Tierra Firme, que viven quietas y en paz 
sin ofender á nadie , sólo por fin de los prender y traer 
para comerlos, como otros van á cazar venados. A esta 
corrupción y bestialidad deben haber venido por alguna 
mala costumbre que tomaron de alguna ocasión acciden- 
tal, que se les ofreció á los principios cuando lo comen- 
zaron , y de allí usándolo en ellas se fueron confirmando 
y corroborando tanto , que se les convirtió en otra como 
naturaleza , más que por inclinación y complixion depra- 
vada ni por el aspecto ni influencia de las estrellas ; por- 
que como todas aquellas islas están debajo de un clima, 
ó cuasi, con las destas otras , y las gentes desta , y Cuba, 
y Jamaica, y de los Lucayos, sean tan bien acomplixio- 
nadas , parece que así lo habían de ser aquéllas , y , por 
consiguiente , habían de carecer naturalmente de cos- 
tumbre tan mala y tan bestial. Ya queda dicho arriba 
que por tres maneras pueden los hombres venir, según 
el Filósofo, libro VII, cap. 8.", en aquel vicio de comer 
carne humana: ó por tener la naturaleza corrupta, y 
perversa complixion desde su nacimiento, y ésta les 
viene por la indisposición de la tierra y destemplanza de 
los aires; ó por alguna enfermedad de epilepsia, que es 
gota coral, ó manía, que es locura, ú otra enfermedad; 
ó por depravada costumbre, comenzada desde la niñez, 
criándose con personas malas que aquellas corrupciones 



DE LAS INDIAS. 



511 



y bestialidades usaron. Y así, como estas tierras todas 
sean tan felices y templadas , y la clemencia de los aires 
tan suaves y deleitables, y las constelaciones que influ- 
yen sobre ellas por los efectos conozcamos ser muy fa- 
vorables, todo por la mayor parte, como por muchas ra- 
zones queda en algunos capítulos arriba persuadido, y 
aun quizá probado, por ende parece que no debieron in- 
currir en aquel vicio bestial sino por costumbre origi- 
nada y principiada en alguna particular persona ó per- 
sonas que hobiesen caido en alguna enfermedad , ó por 
alguna gran hambre que hobiese acaecido que los cons- 
triñese á comer carne humana, como muchas veces ha 
en el mundo acaecido , y nuestros españoles lo han he- 
cho en estas Indias y en España, según abajo parecerá, 
ó por otra semejante ocasión accidental; ó también pudo 
ser que alguno ó algunos naciesen con alguna perversa 
inclinación y desordenada complixion diferente de todos 
los otros, como, errando la naturaleza suelen nacer los 
monstruos, que por acaecer muy raro, como de cosa 
muy nueva y pocas veces vista , nos maravillamos. De 
aquestos principios y orígenes accidentales y raros se 
puede haber tan mala costumbre derivado , y por las is- 
las y partes de Tierra Firme, donde se dice aquel vicio 
usarse, que de las islas á Tierra Firme, ó de Tierra 
Firme á las islas , se haya pegado ; finalmente , se hobo 
entablado , multiplicado y corroborado sin infamia de los 
cuerpos celestiales, ni de la clemencia de los aires, ni 
del sitio y disposición de las tierras, ni tampoco de las 
complixiones de las gentes, a toto genere , y en universal 
y por la mayor parte hablando. Las partes de Tierra 
Firme, donde se ha dicho por nuestros españoles que co- 
mían carne humana, son en algunos lugal'es , no en mu- 
chos, de hacia y encima de la costa de Paria, y en la 
tierra del Brasil , que es la costa adelante hacia el Le- 
vante , y en las provincias de Popayan y otras por allí; 
también por la provincia de Guatemala, la gente que lia- 



512 HISTORIA 

maban los Achíes que por las sierras habitaban; en la 
Nueva España no la comian tan de propósito, según tengo 
entendido, sino la de los que sacrificaban como cosa sa- 
grada, más por religión que por otra causa. En otras 
muchas é infinitas partes érales cosa horrible y abo- 
minable, como las gentes de la Florida, que llegando 
los españoles, que fueron en el desastrado é infelice 
viaje y conquista, según ellos llaman de Panfilo de 
Narvaez, á tanto extremo de hambre, que se comie- 
ron unos á otros, viéndolos los indios, de tal manera 
se escandalizaron, que si lo vieran al principio, como 
lo vieron al cabo, sin duda los mataran, y fuera para 
otros muchos dellos que habia por allí vivos mucho 
daño. Asi lo dice Cabeza de Vaca que fué uno dellos , en 
su triste itinerario, puesto que no supe si él comió tam- 
bién de la carne humana ; y dice que muchos se comie- 
ron unos á otros hasta que uno sólo quedaba, y, como 
era solo, no habiendo quien lo comiese escapaba: cuando 
alguno se moria, el otro ó los otros le hacian tasajos, 
con que lo que les duraban se sustentaban. Lo mismo 
cuenta Estrabon, libro IV de su Geografía, que acaeció 
en Francia y en España estando cercados, haber comí- 
dose unos á otros : 1% ohsidionalihus q%ioque necessitatibus 
idemfactitasse Galli et Hispani aliique comphires dicnntur; 
y habla de las islas de Inglaterra é Hibernia, cuyas 
gentes dice ser Andropoplmgi, que quiere decir comedo- 
res de carne de hombres , y llámalos mandiicones magni, 
tragones grandes de hombres : AndropopJiagi, id est, lio- 
minum carne vescentes manduconesque magni. Aunque pa- 
rece atribuirlo según algunos á los de Hibernia, que está 
junto con Inglaterra, pero San Gerónimo, en el libro II 
contra Joviano, parece declararlo, donde afirma que 
siendo él mancebo vido comer carne humana á los de 
Escocia (que son ingleses, porque la que agora llamamos 
Inglaterra y Escocia no son dos sino sola una Isla, 
puesto que agora está repartida en dos reinos y tenga 



m LAS INDIAS. 513 

dos reyes): y añade San Gerónimo más; que las nalgas 
de los pastores, y los pezones de las tetas de las mujeres, 
tenían por más sabrosos y estimaban por sus deleites. 
Los Masagetas ningún ^¿rmino tienen de vida, porque, 
cuando alguno llega á muy viejo, júntanse sus parientes 
y con otras bestias lo sacrifican, cuyas carnes después 
de cocidas las comen y hacen gran fiesta, y este género 
de muerte tienen por dichosísimo; á los que mueren de 
enfermedad, porque los tienen por desdichados en no 
haber merecido ser sacrificados, no los comen sino en- 
tiérranlos: esto dice Herodoto al fin del libro I. Y aunque 
algunas naciones usaron comer carne humana , pero la 
fuente de toda esta bestialidad fueron los Scythas, y por 
ventura naciones algunas dellos vinieron á poblar parte 
desta Tierra Firme, de donde se pegó y cundió á las 
gentes que por acá la tuvieron esta pestilencia. Dellos 
dice Estrabon, libro IV y libro VII, que les fué costum- 
bre propia comer carne humana: Alfim commandiocando- 
T%m hominum múrem ScytJmriim esse traditiiT; más agravia 
y encarece Solíno, cap. 25, este vicio reinar en los Scy- 
thas que otro alguno de los escritores , porque dice dellos 
ser impía gente, por tener por manjar las entrañas de los 
hombres, y que, por temor de no ser comidos dellos, mu- 
chas gentes de sus al rededores huyeron á otras lejanas 
tierras, por manera que había muy grandes despoblados 
y desiertos inmensos, por huir dellos, y lo mismo dice en 
el cap. 63, donde los llama gente aspérrima; Pomponio 
Mela, libro II, cap. I."", y libro III , cap. 6.", hace también 
mención dellos. La gente llamada Chalybes, que vive ó 
vivía en Ponto, región de Asia la Menor, y fueron los 
que primero hallaron el hierro, según aquello del Virgilio: 

hiüia mittit ébur molles sua thura Sahei 
Et Chalyhes nudi ferrum , ele. 

estos , dice Solíno , no discrepar de los Scythas en ser 
crudelísímos, donde dá á entender ser antropófagos, co-» 
Tomo Y. 33 



514 nisTOP.iA 

raedores como ellos de carne humana; y dice más abajo, 
que entre los antropófagos comedores de carne humana, 
se numeran los Essedones, que de los mismos manjares 
se gozan, los cuales tienen upi costumbre, que en la 
muerte de sus padres , juntados todos sus deudos y pa- 
rientes, cuando los llevan como á enterrar, van cantando 
y regocijándose y con sus propios dientes los hacen pe- 
dazos a bocados, y juntas aquellas carnes con otras de 
animales cómenlas haciendo gran convite y fiesta, so- 
lamente la cabeza desollada ó el casco della cubren de 
oro , y usan della para beber sus bebidas como de taza ó de 
copa.. Herodoto dice , libro IV , que la tal cabeza ó casco 
della dorada tienen por ídolo del padre , y cada año le 
hacen sacrificios y ceremonias; y más adelante por aquel 
libro, dice de los Melanchlenis , que son pueblos septen- 
trionales, y se llaman así porque siempre andan vesti- 
dos de cosas negras, que comen carne humana. Cierta 
gente de la India, que se llaman de Callacia , comen tam- 
bién los padres , según Herodoto , libro III ; y según So- 
lino , cap. 45, y Pomponio Mela, libro III, cap. V.*', no sólo 
á los padres , pero también á los otros propincuos : y co- 
miendo de sus entrañas hacen gran fiesta, y esto no lo 
estiman por crimen , sino por obra de piedad que obran 
con ellos. Cuenta Munstero, en el libro V de su Cosmo- 
grafía universal, que la gente de la isla Java, que es en la 
otra mar de Asia la Mayor, solia, cuando veian los padres 
muy viejos y que ya no habían provecho dellos, sacarlos 
al mercado y vendíanlos á los que allí venían que acos- 
tumbraban comer carne humana, los cuales luego allí en 
su presencia los mataban y los comían como manjar 
bien sabroso. Refiere asimismo de los Tártaros, que los 
cuerpos de los enemigos que cautivan en las guerras, 
para mostrar su cruedad, de la cual se jactan , y la ven- 
ganza que dellos desean tomar , los asan en un asador al 
fuego, y, ayuntados muchos para los comer, con los dien- 
tes como lobos los despedazan y así los comen, habién- 



m LAS INDIAS. 615 

doles bebido primero la sangre. Mucho cruel bestialidad 
es ésta; no sé si los caribes destas tierras que della están 
inficionados pueden llegar á más ni á tanto, puesto que, 
si es verdad todo lo que dellos los nuestros dicen, no es 
en ellos chica sino grande, sólo quiero que cojamos de 
aquí, que no fueron estas gentes solas en este pecado, y 
que así como Cristo y su Santa Iglesia á las otras no 
menospreciaron , y con la predicación de la fe aquellos 
vicios dejaron, como dice Ensebio y abajo se mostrará, 
por la misma manera nosotros á éstas no debemos me- 
nospreciar, considerando que quizá tiene la divina Pro- 
videncia entre ellos muchos y muy muchos predestina- 
dos, que sin alguna duda tiene al fin de salvar. Y en 
cuanto á lo que toca al principal propósito que traemos 
de la gobernación, sintamos también que aquellas cos- 
tumbres corruptas en los que las padecen no derogan, 
como ni á las antiguas y modernas de otras partes, á sa- 
berse bien gobernar. 



HISTCa A DE LA$ IM)US, (ÜJ 



CAPÍTULO CCXLIL 



Pasadas estas provifcias de Guatemala y de la Vera 
Paz y el reino de Yucatán , que está en sus espaldas , sí- 
gnense las que llamamos de Gracias á Dios y Comaya- 
gua, y el valle de Ulancho, y Zula, y Naco, yendo hacia 
el Oriente por la tierra dentro, entre las dos mares, y 
hacia la mar del Sur la felicísima provincia de Nicara- 
gua, y á la del Norte la de Honduras y Veragua; y puesto 
que cuando hablábamos arriba del reino de Mechocan, 
digimos que habíamos entendido en la provincia de Hon- 
duras y Nicaragua se elogian ciertos jueces para que 
gobernasen tantos meses, debia ser algún pueblo, ó por 
ventura nos fué aquesto no muy averiguado. Finalmente, 
como ya hemos en algunas partes dicho , todas las In- 
dias parece haber tenido el regimiento real, muy pocas 
partes sacadas, y así creo ser averiguado en todas las 
provincias y reinos agora nombradas , y las de Tierra 
Firme desde Paria, Cumaná, Venezuela, y Santa Marta, 
y Darien , y el Cenú , y la tierra dentro las provincias de 
Popayan, y, sin haber duda alguna, el Nuevo Reino de 
Granada, que llamaban en aquella lengua Bogotá, la úl- 
tima sílaba aguda. Todas estas provincias y reinos te- 
nían sus reyes y señores, á quien obedecian los pueblos 
que por señores los reconocian, de cuya manera de go- 
bernación, como fueron acabados presto, al menos los de 
ambas á dos costas ó riberas de la mar, yendo de Gua- 
temala por el Oriente hasta Panamá y Nombre de Dios, 
y también por no haber habido en aquellas provincias 
religiosos que para predicalles aprendiesen sus lenguas, 
los cuales solos son los que saben y penetran sus secre- 



518 iiísroiuA 

tos , tener noticia no pudimos ; de algunas costumbres 
cuasi comunes á todos, ó al menos á muchos de los que 
de personas seglares oimos, podemos algo decir. To- 
das las gentes, desde Nicaragua hasta el Darien, que 
eran infinitas, que hay más de 400 leguas de tierra, an- 
daban desnudos , cuanto á los hombres todos los cuer- 
pos, sus vergüenzas algunos traian metidas, los pobres 
y gente común, dentro de unos (^acoles, otros en unas 
calabacillas, otros atadas con unos cordelejos, sumidas 
todas dentro de las tripas ó de la barriga, que cuasi cosa 
dello no parecia, otros en unos embudos de oro muy 
bien hechos; las mujeres, desde la cinta abajo, traian 
unas faldillejas de algodón hasta la media pierna y más 
algo, como digimos de las mujeres que en la Española 
vivian: las doncellas andaban del todo, hasta ser casa- 
das, desnudas. Los señores en algunas partes se ves- 
tian unas camisetas de algodón , sin mangas hechas , no 
muy bajas de la rodilla. Todos ellos y ellas se adorna- 
ban las orejas de zarcillos tan grandes como manillas, 
y las narices y los pechos con unas águilas y collares 
como medias lunas; joyas, de oro cuantas ellos podian 
haber traian. Usaban traer los cabellos luengos, pero 
tranzados y vueltos para las frentes , como las mujeres 
de Castilla, y otros ceñíanlos por el colodrillo; poníanse 
también coronas, y guirnaldas, y unos brazaletes y pa- 
tenas de oro muy finos ; poníanse en las gargantas de las 
piernas y brazos muchas sartas de cuentas de huesos do 
pescados y algunas de piedras, las señoras traian una pieza 
grande de oro , á manera de peto , señalados en ellos sus 
pechos y tetas. En las guerras,. los hombres traian sobre sí 
todas sus más ricas joyas, venían pintados los cuerpos y 
gestos de bixa, como digimos de los desta Isla, que es color 
bermejo; peleaban con piedras los que iban á la delantera, 
y lanzas y dardos tostadas las puntas, y macanas, y ar- 
cos, y flechas; sonaban cornetas de caracoles grandes, y 
daban grandísimos alaridos que hacían temblar las car- 



DB LAS INDIAS. 519 

nes á sus enemigos , y aunque en las guerras eran valen- 
tísimos y osaban morir, pero todavía amaban y desea- 
ban la paz y posesión de sus casas y haciendas. Cuando 
los señores y caciques se casaban, guardaban estas ce- 
remonias: Enviaba sus capitanes y principales hombres 
por mensajeros al padre de aquella que habia elegido 
por esposa, rogándole de su parte que tuviese por bien 
de darle su hija por mujer y compañera para cuanto du- 
rase la vida , el cual se la llevaba luego con gran fiesta 
y compañía. En otras partes de por' allí enviaban pre- 
sentes algunos, de caza ó de otras comidas ; acostumbra- 
ban algunos otros que después que el padre de la moza 
la concedía, venia el que la deseaba con sus capitanes y 
compañía á casa del suegro, y allí concertaban el dote 
que le habia de dar con ella; luego el esposo volvíase á 
su tierra, de donde por un mes entero le enviaba un 
presente cada día; pasado el mes, volvía muy acompa- 
ñado á recibilla, dentro de un apartado ó retraimiento 
en que se habia criado y estado encerrada desde niña, 
sin ser vista, porque ninguno la veía sino eran unos niños 
que la llevaban la comida; el suegro dábale lo que por dote 
le habia prometido , y cada uno de sus deudos también 
le daba sus dones según podía : cortábanles los cabellos 
por las orejas en señal de la libertad que en casarse per- 
día. Pero la gente común tenía de costumbre de servir 
en sus labores un año al padre de la que por mujer que- 
ría , de la manera que Jacob sirvió á Laban por sus hi- 
jas Rachel y Lya ; cumplido el año , era ley que luego se 
la entregarse por pago de su servicio. Dijese que los se- 
ñores y los subditos podían tener cuantas mujeres con 
su hacienda ó trabajos sustentar pudiesen. Fuera de ma- 
dre y hermana, todos los demás deudos casarse tenían 
por lícito. Parían las mujeres cuasi sin ningún dolor, y 
luego que acababan de parir se iban al rio y lavaban á 
sí é á lo que habían parido. Cerca de los difuntos , sepul- 
tura y entierros, guardaban los ritos y cereínonias sí- 



520 HISTORIA 

guientes: Cuando el Rey enfermaba, luego hacían con- 
sultar los sacerdotes ó hechiceros á sus oráculos , que no 
eran otra cosa sino los demonios con quien tenian he- 
cho su pacto j concierto, y si se le respondía que era 
enfermedad por la cual habia de fenecer la vida , la mi- 
tad de todas sus joyas y riquezas de oro echaban en el 
rio cuasi por ofrenda y sacriñcio al agua , que quizá ve- 
neraban, ó al dios en que, según su opinen, creían. Ya 
se dijo arriba cómo por mucha parte de las tierras y 
provincias de que vamos diciendo adoraban á un solo 
Dios, que llamaban Chicuna, que quiere decir principio 
de todo , que moraba en el cielo , á quien ocurrían en to- 
das sus angustias y necesidades y ofrecían sus sacrifi- 
cios; así que, puede colegirse, que aquella mitad de las 
joyas y riquezas ofrecían al principio de todo, que tenian 
por Dios del cielo, para que los guiase por su camino. La 
otra mitad de sus riquezas, después que espiraba, con él 
junto en la sepultura la ponían ; hacían grandes llantos 
y lamentos cuando el cuerpo metían en la sepultura , que 
era, según dicen, como un" silo hueca, hecha encima de 
las puntas de los cerros. Heredaba el estado y señorío el 
hermano y no los hijos, y por ventura, cuando faltaba 
hermano, heredaban los sobrinos hijos de las hermanas, 
por la incertidumbre que habia de que fuesen los hijos 
propios hijos. Esta costumbre tenían las gentes morado- 
ras de la provincia de Panamá, que agora es puerto del 
Perú en la mar del Sur. En otras provincias de la misma 
tierra que llevamos en la mano , hacían en los entierros 
de los señores lo dicho, y añadían enterrar ó pchar con 
ellos en las sepulturas las mujeres y personas, sirvientes 
llamadas , vivas, para que le acompañasen por el camino 
y sirviesen, y no les faltase compañía en la otra vida; 
poníanles también mucha comida y vinos de lo que beber 
solían. Ponían una estaca de árbol sobre la punta del se- 
pulcro para señal, que se hace gran árbol en breve días. 
Tornados á casa, sus parientes y amigos se cortaban los 



DE LAS INDIAS. 521 

cabellos por luto y tristeza; duraban los llantos y obse- 
quias un mes entero, á cabo del cual, juntos todos los 
principales del pueblo, alzaban por señor al mayor hijo. 
En otras partes , como en la provincia del Darien, hacian 
lo mismo en los entierros de sus señores , pero envolvían 
los cuerpos con todas las joyas de oro en unas hamacas 
hechas de tela de algodón tejida, que se ponian en el aire 
(como desta isla Española se dijo, puesto que las desta 
Isla no eran de tela sino de hilos torcidos), y en torno 
de la hamaca , donde él estaba envuelto , ponian sus ar- 
mas con que salia á las guerras , y si era hombre ó per- 
sona plebeya, poníanle los instrumentos del oficio de que 
vivia. Poníanle también mucha comida, y bebida y co- 
sas de bastimentos; vueltos á casa, los vivos, hacian 
grandes meneos y cantos proporcionados á los muertos, 
y tristes , como acá hacemos las honras á los que se nos 
mueren. En aquellos cantos refieren con lástima los es- 
fuerzos y valentías que habia hecho en las*guerras, y 
buenas obras en la paz , mientras vivia ; levantaban por 
señor al hijo mayor, con todo el poder., dignidad y au- 
toridad que el padre tenia. Estas obsequias, ó cantares 
lúgubres, ú honras, como los cristianos hacemos los 
aniversarios, estas gentes por todo un año diz que ha- 
cian. Otras gentes de otras provincias desta tierra de que 
referimos, cuando el señor cercano á la muerte se sen- 
tía mandaba juntar todos los suyos, para que en su pre- 
sencia alzasen por señor á su hijo; después de muerto 
llorábanlo terriblemente, y envolvíanlo en sus propias 
mantas de algodón, y, liándolo con ciertas cuerdas, po- 
níanlo en unas parrillas hechas de madera, y debajo en- 
cendian fuego manso y suave, para que poco á poco se le 
consumiese todo lo que habia en él húmedo y así que- 
dase todo enjuto y seco ; durante aqueste artificio , can- 
taban sus endechas de muertos muy tristes, refiriendo 
las miserias desta vida, y cuan vil cosa es el hombre 
pues al cabo aunque suba en gran prosperidad, y hon- 



522 HISTORIA 

ra, y riquezas, viene la muerte que de todo le priva. De 
allí llevábanlo con los mismos cantos de tristeza y me- 
nosprecio del mundo á meter en la sepultura, con todos 
los esclavos, que allí ahogaban primero, para que fue- 
sen á servillo ; quemaban luego las armas suyas y todas 
cuantas cosas para su servicio tenía, por no acordarse 
del cuando las viesen. Común fué aquesta costumbre de 
enjugar los cuerpos de los muertos al fuego , para que 
se perpetuasen sin del todo corromperse , á muchas gen- 
tes por muchas provincias de aquesta tierra. En una pro- 
vincia della hobo un gran señor llamado Pomogre , muy 
nombrado los tiempos pasados, cuando los españoles en- 
traron en ella á los principios , lo uno por ser valeroso y 
esforzado de su persona, y lo otro, y principal, porque de 
oro era muy rico; éste, sabiendo una vez que un capi- 
tán llamado Vasco Nuñez de Balboa iba en su busca, 
salióle á recibir con siete hijos, y, recibido con grande 
alegría en su pueblo y casa , comenzóle á mostrar todo 
cuanto tenía. Su casa era de tan extraña grandeza , que 
los cristianos admirados, queriendo medirla, hallaron 
que tenía de largo 150 pasos, y de ancho más de 80; era 
de madera muy bien hecha y de paja cubierta. Dentro 
de una sala que estaba en medio vieron gran número de 
cuerpos de muertos, secos, colgados de la cumbre, todos 
con las joyas y atavíos de oro que siendo vivos en las 
partes de sus cuerpos traer solian ; todos eran los reyes 
antecesores de aquel señor Pomogre. Por manera , que 
como en otras partes, con bálsamo y especies aromáti- 
cas , sin corrupción se conservaban los cuerpos muer- 
tos , así aquellas gentes los conservaban con aquella in- 
dustria de fuego. Dio de su voluntad este señor á los 
cristianos 4.000 pesos de oro, que en aquel tiempo, an- 
tes que el Perú se descubriese, que ha causado ser poco 
cuanto oro hay en el mundo , era mucho. Y es bien de- 
cir aquí, aunque fuera de nuestro propósito presente, 
lo que en presencia del dicho señor hicieron los cristia- 



DE L\S INDIAS. 523 

nos sobre la partija, los cuales, sobre si luego allí el oro 
se partirían , ó lo llevarían para deí^ues por partir , co- 
menzaron, con palabras recias y meneos, turbados á reñir; 
entendiéndolo el liijo mayor de los siete que el señoi? 
habia traído consigo, pone los ojos en el capitán y co- 
menzó á decirle : «Maravillado estoy , valiente capitán, 
del mucho caso que de tan poca cosa hacéis , habiendo 
llegado á punto de os perder como si yo viera que ve- 
nían enemigos contra enemigos; si deste oro mucha 
gana tenéis, la cual veo que no sólo os fuerza á la des- 
trucción destas nuestras tierras , pero aun á la de vos- 
otros mismos, yo os llevaré á la región de Tubanamá, 
donde hartareis vuestra codicia de grandes riquezas; 
pero sabed que para llegar allá habéis de pasar por 
tierra de fieros caribes que comen carnes humanas, y si 
vuestra ventura y esfuerzo fuese tal, y trajésedes 1.000 
cristianos para que pasásedes á otra gran mar mayor que 
este nuestro Océano, mi padre y yo os ayudaríamos con 
todo lo que pudiésemos para poner en efecto lo que de- 
seáis», etc. Todo esto escribió un español llamado Tobi- 
11a, el cual, según afirma, hizo diligencia para lo saber. 
Contentóse muy mucho destas nuevas Vasco Nuñez y 
sus compañeros, y desde allí comenzó á tratar de bus- 
car la mar del Sur, y así fué el primero que la descu- 
brió el año de 1513, al principio del mes de Junio. 



524 UISTORIA 



CAPITULO CCXLIIL 



Tenian todas las gentes destas provincias que vamos 
contando muclias maneras de bailes y cantares; cos- 
tumbre muy general en todas las Indias , como también 
la bobo en todas las naciones antiguas , gentiles y ju- 
díos, según arriba largamente queda explicado. Todas 
las veces que el señor de la provincia ó del pueblo ca- 
saba su bija ó hijo, ó enterraba persona que le tocaba, 
ó queria hacer alguna sementera, ó sacrificar, por grande 
fiesta mandaba juntar los principales de su tierra, los 
cuales, sentados en torno de una plaza y sino en lo más 
ancho de su casa, entraban los atambores, y flautas, y 
otros instrumentos de que usaban; luego tras ellos alle- 
gábanse muchos hombres y mujeres adornados cada uno 
con las mejores joyas, y si se vestian de algo, al menos 
las mujeres, con lo mejor que alcanzaban: poníanse á 
las gargantas de los pies y en las muñecas de las manos 
sartales de muchos cascabeles, hechos de oro y otros de 
hueso. Si andaban todos desnudos, pintábanse de colo- 
rado los cuerpos y las caras, y, si alcanzaban plumas, 
sobre aquellas tintas se emplumaban, de manera que 
lo que la justicia entre nosotros dá por pena á las hechi- 
ceras ó alcahuetas tenian ellos por gala: todos al son 
de sus instrumentos musicales cantaban unos y respon- 
dían otros , como los nuestros suelen hacer en España. Lo 
que en sus cantares pronunciaban era recontar los hechos, 
y riquezas, y señoríos, y paz, y gobierno de sus pasados, 
la vida que tenian antes que viniesen los cristianos, lave- 



I)K LAS INDIAS. 525 

nida dellos , y cómo en sus tierras violentamente entra- 
ron, cómo les toman las mujeres y los hijos después de 
roballos cuanto oro y bienes de sus padres heredaron 
y con sus propios trabajos allegaron. Otros cantan la 
velocidad, y violencia, y ferocidad de los caballos ; otros 
la braveza, y crueldad de los perros, que en un credo los 
desgarran y hacen pedazos, y no menos el feroz denuedo 
y esfuerzo de los cristianos, pues, siendo tan pocos, á 
tantas multitudes de gentes vencen, siguen y matan: 
finalmente, toda materia que á ellos es triste y amarga la 
encarecen allí representando sus miserias y calamidades. 
En algunas partes, tras aquellos entran otros armados, 
con grandes alaridos, como si rompiesen por alguna ba- 
talla, y arrebatan las mujeres que mejores les parecían en 
el corro, y salidos fuera estaban con ellas el tiempo que 
querian , sin ser parte los maridos para estorballo estando 
presentes, aunque fuesen los propios señores, por no que- 
brantar tan loable costumbre ; por manera que, aun hasta 
en las burlas, las armas daban para pecados no cjiica 
osadía. Esto era imagen de las Bacchanalias feísimas que 
los romanos y otras gentes hicieron, y aun que quizá hoy 
hacen algunas, como arriba digimos; aunque estos destas 
naciones con mpcha ventaja no fueron tan feos y desho- 
nestos como aquellos, como arriba bien claro parece. Can- 
sados de bailar, y cantar , y de referir y llorar sus duelos, 
sentábanse á comer en el suelo donde tenian aparejadas 
sus pobres comidas, por mucho que las quisiesen hacer 
espléndidas, porque todo cuanto los indios quieran juntar, 
es todo laceria comparado á nuestros excesivos y desa- 
forados banquetes; eran gallinas, ó venados, ó conejos, ó 
pescados de mar ó de rios, según de la una parte ó de la 
otra están más cerca, y éstos asados ó cocidos, y no ha- 
ciendo dellos tan esquisitos y superfinos manjares como 
nosotros hacemos. Y si la comida duraba dos y tres ho- 
ras nunca ni una sola vez bebian, sino, después de har- 
tos, venia la bebida, la cual era vino hecho de maliíz que 



526 HISTORIA 

para emborracliar tiene harta fuerza; ésta era traída en 
vaso de oro , quien lo tenía , y también de ciertas cala- 
bazas muy más hermosas y útiles que las nuestras, que 
los desta isla Española llamaban hibueras , y los de la 
Nueva España xicaras: bebían hasta no poder más ó que 
se acababa el vino aparejado y se vaciaban las vasijas. 
Dicen que se bebían unos á otros, como nuestros flamen- 
cos, y aun nuestros españoles que fácilmente toman las 
costumbres ajenas, no tienen mucho empacho de hacer- 
lo, porque cuando afeáremos los defectos destas gentes 
escupamos al cíelo. En aquellas bebeduras ó borrache- 
ras , después de bien cargados , consultaban y determi- 
naba la justicia ó el aparato de las guerras, y las otras 
cosas graves que se debían hacer, si es verdad lo que un 
español, que arriba dije llamarse Tobílla, déla gente 
destas provincias por escrito refiere; y, porque desto hace 
muchos ascos, acordémonos que los alemanes y otras na- 
ciones que arriba nombramos, después de muy llenos 
de vino, hacían lo mismo. En toda la tierra y en sus pro- 
vincias, que en el precedente capitulo y en este cor- 
remos, ó en la mayor parte della, el sobredicho ni otro 
alguno dijo de las gentes que en ella vivían, que tuvie- 
sen alguno de los tres defectos que de otras se afirman, 
conviene á saber, comer carne humana, ni sacrificar 
hombres , ni el pecado de sodomía ; solamente dice To- 
bílla, que ciertos españoles hallaron en cierto rincón de 
una de las dichas provincias tres hombres vestidos en 
hábitos de mujeres, a los cuales por sólo aquello juzgaron 
ser de aquel pecado corrompidos, y no por más probanza 
los echaron luego á los perros que llevaban, que los 
despedazaron y comieron vivos, como si fueran sus jue- 
ces. Pues bien pudo ser que aquellos no sirviesen de 
aquello, sino, por no ser para mujeres, fuese costumbre 
usada entre aquellas gentes que tomasen vestidos femí- 
neos , para dar noticia de su defecto , pues se habían de 
ocupar en hacer las haciendas y ejercicios de mujeres, 



DE LAS INDIAS. 527 

como algunas naciones hicieron, según arriba dejamos 
dicho ; y podemos estar ciertos que si hobiese más nueva 
de ser maculadas más gentes de aquesta tierra de aquel 
vicio y defectos, que nunca lo callaran los españoles ni 
lo dejara de escribir Tobilla. 



528 msTOKiA 



CAPITULO COXLIV. 



Dejemos ya la tierra y provincias que habia desde 
que dimos fin á la relación de las costumbres de las 
gentes que habitaban en el reino de Guatemala, y de la 
Vera Paz, y las comarcanas hasta el Darien, las cuales 
poco más ó poco menos entre sí diferian, y tomemos la 
costa de Paria y lo que se sigue por ella hasta que tor- 
nemos á juntarnos con el mismo Darien, ó con las pro- 
vincias cercanas del , las cuales todas no mucho en las 
costumbres difirieron; de donde podemos argüir las que 
las demás por la tierra dentro tener pueden. Puesto que 
como haya tan infinitas gentes y diversas lenguas y 
diversas regiones, y debajo #e aspectos diversos y 
constelaciones ó inñuencias que inclinan los hombres á 
obrar bien ó mal, aunque no fuerzan ni son causa eficaz 
de las elecciones , quedando siempre la libertad del libre 
albedrío exenta , necesario es que haya diversas costum- 
bres; las de Paria, pues, y Cumaná, y Chiribichi, y por 
allí abajo, alo que tenemos entendido, tenian las si- 
guientes: Cuanto á la gobernación, ésta era de uno como 
de las otras partes habemos dicho , porque en cada pue- 
blo gobernaba un señor, y quizá en cada provincia prin- 
cipal señor uno era; la manera de gobierno en particular 
ni las leyes con que se regian, aunque algún tiempo es- 
tuve en aquella tierra, no lo procuré aunque pudiera. 
Todos andaban desnudos, metidas solamente sus ver- 
güenzas en unas calabacitas , ó encogidas dentro de las 
barrigas, por las atar con ciertos hilos como de otros se 
dijo. Las mujeres también cubiertas con las medias fal- 
dillas de algodón, de que ya tratamos arriba; cortábanse 



,M LAS INDÍAS. 529 

los cabellos hasta el medio de las orejas , y por hermo- 
sura se horadaban las orejas y las narices, donde ponian 
ciertas piezas de oro, ó hechas de las ostias de las perlas, 
que más que el oro las precian. En las guerras , de todo 
cuanto tienen de oro (aunque por aquí hasta más abajo 
poseen poco) se atavian; son en ellas diligentísimos y 
agilísimos, peleaban con arcos y ñochas con yerba mor- 
tífera, y en acertar los tiros son certísimos. Desque llegan 
los muchachos á diezmó doce años, traen todo el dia, si no 
es cuando beben ó comen, en la boca dos bocados del ta- 
maño de una nuez de las hojas de un árbol que llamaban 
hay, como de arrayan, uno en el uno y otro en el otro car- 
rillo, las cuales, cierto, son las hojas que en el Perú lla- 
man coca, que en tanto precio según es notorio las esti- 
man. Estas hojas les fortifican los dientes y muelas de tal 
manera, que nunca en toda su vida se les pudren ni sienten 
dolor en ellas , pero páranles toda la dentadura como una 
azabaja muy negra. Por injuria llaman á los españoles 
muchachos y mujeres, por verlos que se precian tener 
blancos los dientes , lo mismo nos atribuyen por tacha 
que traemos las barbas crecidas, llamándonos bestias 
fieras. Tienen sus heredades de aquellos árboles por 
mucha orden puestos, como ponemos nuestros olivos, 
los cuales curan y cultivan con suma diligencia, y todos 
de regadío; cercaba cada uno su heredad de aquellos 
árboles, con su valladar, solamente dejando tanto abierto, 
para puerta, cuanto hilo de algodón .puede tener un 
hombre ceñido. Tenían por gran sacrilegio, si alguno 
entrase y pisase la heredad de su vecino , teniendo por 
cierto que como violador de cosa sagrada habia de pe- 
recer presto. Para que destas hojas puedan gozar las gen- 
tes de la tierra dentro, que no las tienen, hácenlas pol- 
vos, y, porque duren sin corromperse mucho tiempo , ha- 
cen cierta cal de ciertos caracoles y almejas que se 
crian en una sierra, la cual con el polvo de las hojas 
mezclan; esta cal, poniéndola en los bezos, alguno que 
Tomo V. iU 



530 HISTORIA 

nunca se la haya puesto, se los para tan duros como 
suelen tener las manos de callos los que cavan con aza- 
das continalmente , pero los que lo acostumbran no 
sienten aquella dureza; estos polvos mezclados desta 
manera guardan en ciertas costillas de cañas ó carrizos 
muy bien hechas, para los mercaderes que á sus merca- 
dos con oro ó joyas de oro hechas, y con mahíz, su trigo, 
y con^esclavos, ácomprallos yconmutallos, para sanidad, 
conservación y perpetuidad de sus dientes, vienen. Tie- 
nen de noche sus velas de trecho en trecho, los cuales, 
como pregoneros, dan voces y responden los más pro- 
pincuos con diligencia, porque se entienda que no se han 
dormido ; preguntados que por qué ponen en se velar 
tanta solicitud, dicen que porque no los hallen sus ene- 
migos desapercibidos. El -tiempo que más calor hace 
( puesto que allí hace poco siempre , antes hace lo más del 
tiempo fresco), lávanse antes, y cuando más templado 
después del sol salido , cada dia. Untanse también mu- 
chas veces por gentileza con cierto ungüento (por ven- 
tura es lo que en la Española se llamaba bixa), y sobre 
ella ponen muchas plumas de aves como en nuestra Es- 
paña, como ya digimos, se hace por justicia á las alca- 
huetas. Entre ellos, aquel se tiene por más poderoso y 
más noble y caballero que más canoas ó barcas alcanza, 
y más parientes ó deudos tiene, y que mayores hazañas 
sus pasados hicieron. Cuando alguno injuria ó hace al- 
gún daño á otro, siempre trabaja de se satisfacer de su 
enemigo. Presumen mucho de sus arcos y flechas por 
la yerba ponzoñosa que para ellas tienen, la cual se 
conficiona y compone de aguijones de avispas, y de ca- 
bezas de cierta hormigas, y de ciertas manzanillas, y de 
zumos de yerbas, y de leche de cierto árbol, y de otras 
cosas mortíferas; y no todos saben hacer ni hacen la 
dicha yerba sino solas unas mujeres viejas, las cuales á 
ciertos tiempos encierran, forzadas y aunque les pese, 
que nadie trate con ellas, y dánles todos los materiales 



DE LAS INDIAS. 531 

de ponzoñas de que se compone la yerba. En dos dias 
hacen y cuecen su mortífero ungüento, y hecho abren 
la puerta de la casarlos de fuera, y si hallan las viejas 
sanas, que no estén cuasi muertas, castíganlas dándolas 
pena, porque no hallar las viejas cuasi muertas no tie- 
nen la yerba por buena, porque de sólo el olor que las 
que la hacen reciben , para ser bueno , han de quedar 
cerca de muertas , y por tanto aquélla la echan por ahí 
como cosa sin provecho. Cualquiera que es herido della, 
muere cuasi rabiando cuando comienza á obrar; mien- 
tras no beben (porque causa gran sed), está como sus- 
pensa su virtud algún tiempo , y aun acaece veinticua- 
tro horas, en bebiendo, luego el herido rabia: nuestros 
españoles ningún remedio saben ni tienen, los indios sí. 
Nuestros religiosos que allí conversaron algunos años, 
vieron muchos indios della heridos , porque riñen entre 
sí muchas veces, pero ninguno della vieron muerto sino 
una mujer que no quiso sufrir la cura porque debe ser 
quizá penosa; los demás acuden luego al remedio, y por 
eso ninguno muere. Mucho han trabajado los españoles 
por saber de los indios la contrayerba, pero nunca lo han 
podido sacar dellos. Los heridos de la yerba, puesto que 
no mueran, viven la vida después muy trabajosa, porque 
se han de guardar de muchas cosas de antes agradables; 
lo primero han de ser continentes al menos por dos años, 
del vino toda la vida , y de comer demasiado sino sola- 
mente lo necesario, y de los trabajos, porque si no se abs- 
tienen de lo dicho mueren presto. Cuando navegan, va 
uno en la proa de sus barcos, que llaman en aquella 
lengua pyragua, la media sílaba luenga, que deja de 
andar y vuela, el cual va cantando , y al son de su voz 
todos los remadores, sin discrepar un punto, reman. Las 
mujeres mientras son mozas y jóvenes, son y viven bien 
honestas, después que son mayores no tienen tanta 
' constancia. Las mujeres, así como los hombres , corren, y 
saltan, y nadan, y hacen cualquiera cosa de ligereza, y 



532 nisToniA 

van con los hombres á las guerras; paren los hijos sin 
dolor, facilisi mámente, ni se regalan ni echan en cama, 
ni curan de alguna delicadeza; á las criaturas que paren 
ponen dos almohadillas , una en la frente y otra al colo- 
drillo, para hacer levantadas las cabeza y anchas las 
frentes. Las doncellas, de que son ya casaderas, tiénenlas 
dos años encerradas los padres, que ninguno las ve, y 
por esta guarda tan estrecha muchos desean tenerlas 
por mujeres; los señores tienen cuantas mujeres quieren, 
pero los populares con una sola son contentos. Tienen 
el adulterio por cosa fea, y así después de casadas se 
guardan de cometello , y cuando algún yerro dello acae- 
ce, no castigan la mujer sino al adúltero dan la pena, 
y es de muerte según creo; puédese, empero, repudiar la 
mujer por aquéllo. Para las bodas destas doncellas todos 
los vecinos se convidan, y las mujeres convidadas traen 
consigo de sus manjares y vinos cuantos pueden traer á 
cuestas. Los hombres traen haces de cañas y de yerba 
para sobre palos hacer la casa de la nueva novia, según 
su manera; hecha la casa, el novio y la novia, según la 
facultad que tienen, se adornan y atavian con sus joyas 
de oro y de piedras de diversos colores, hechas de huesos 
de pescados y de piedras que ellos estiman por cosa muy 
rica y buena, de las cuales si carecen los vecinos se las 
prestan. Entonces la nueva novia está sentada apartada 
entre las doncellas, y el novio entre los hombres mozos 
y viejos; cercan la novia cantando las doncellas, y al 
novio los mancebos; viene un barbero, ó que tiene tal 
oficio, y corta al esposo los cabellos por las orejas, y á 
la novia, una mujer, solamente los de la frente junto á 
las cejas; el cabello del colodrillo dejánselo: venida la 
noche, toma la esposa al esposo por la mano, y de allí 
que se vayan juntos se les dá licencia. Todos los hom- 
bres acostumbran á comer juntos , y las mujeres nunca 
con ellos. Son muy amadoras las mujeres de la gober- 
nación de sus casas, y ejercítanla con diligencia; los 



DE LAS INDIAS. 533 

hombres en cazar, y en pescar, y en bailes, son sus ejer- 
cicios, y en las guerras. Aman en extremo grado los 
cantos y bailes, y esto es comunísimo en todas las In- 
dias , y lo fué por todo el mundo entre los antiguos gen- 
tiles; la costumbre destos era, que cuando cuasi ama- 
necia y quería anocliecer, lo que llamamos en España 
entre lubrican ó entre dos luces , comenzaban con di- 
versos instrumentos, en especial unos atabales que 
hacian de un madero, haciéndolo hueco y con ciertos 
agujeros, y con cantos y saltos, al sonde las voces y ata- 
bales comiendo y bebiendo , por ocho dias enteros no 
paraba la fiesta. En ella, cada uno se ponia y sacaba todas 
sus joyas y haberes á cuestas : unos, zarcillos de oro en 
las orejas; otros, con patenas de oro en los pechos; y 
otros, coronas dello en las cabezas; otros, con casca- 
beles hechos de hueso, y con caracoles y almejas que 
suenan como cascabeles , puestas sobre las pantorrillas 
y á los pescuezos , y sobre todo pintados de colores di- 
versos los cuerpos : y aquel se tiene por más hermoso y 
digno de que en más que á los otros lo tengan que á 
nosotros parecería más feo. Andaban todos cantando, á la 
redonda yendo y viniendo, las manos de los unos con 
las de los otros juntas, dando mil saltos y haciendo mil 
gestos ; decian nuestros frailes haberles visto en estos 
bailes y juegos gastar seis horas sin descansar ni tomar 
resuello. Cuando eran amonestados por el pregonero, ó 
que tenía oficio de aquello, que viniesen los más cerca- 
nos á hacer fiesta á la casa ó plaza del señor, los criados 
de su casa desherbaban y limpiaban el camino que no 
hobiese aun paja, ni piedra, ni trompezadero alguno ; los 
que de más lejos venían de los lugares comarcanos, an- 
tes que llegasen á casa del señor , en un llano , se apa- 
rejaban como en son de guerra, é iban paso á paso ti- 
rando flechas, bailando y cantando bajo, y desque lle- 
gaban cerca levantaban la voz, y decian repitiendo 
muchas veces: «Hermoso dia hace, hermoso dia hace. 



534 iiíSTORiÁ 

hace hermoso dia». El principal de cada lugarejo guiaba 
y regulaba los suyos, bailando , y saltando , y cantando 
todos juntos, con tanto compás y orden, que las voces, y 
saltos, y meneos de todos no parecian sino voz, y sal- 
tos, y movimientos de sólo uno. De cada compañía iba 
uno delante , vueltas las espaldas , hasta la puerta de la 
casa del señor, entrando en la casa, no cantando, uno 
fingia que cazaba, otro que pescaba, los demás modesta- 
mente saltando; y así entrados, usando del arte oratoria 
como si la hobieran estudiado , alababan al rey ó señor 
y á sus progenitores y sus hazañas con diversos gestos 
y ademanes. Esfo hecho, siéntanse todos en el suelo ca- 
llando ; vienen luego las comidas , y comen hasta har- 
tarse y beben hasta embeodarse, y el que más bebe y se 
destempla es de todos por más valiente y valeroso esti- 
mado. Las mujeres guardan en el beber y comer aque- 
llos dias gran templanza, por socorrer á sus maridos en 
aquellas borracheras, y así por ley á cada mujer es 
mandado que en aquellos trabajos bacanales, como tu- 
tora, de su marido tenga cuidado; en los cuales las mu- 
jeres son las sirvientas y coperas desta manera, que al 
primero dan las mujeres á beber, y aquél levántase y 
dá á beber al más cercano, y el otro al otro, y así los 
demás hasta el cabo. Después de muy borrachos todo su 
negocio es reñir y tomar sus arcos y ñechas con yerba 
ó sin yerba, como las hallan, y allí se acuchillan y des- 
calabran; después de gastado ó apaciguado el calor y 
virtud del vino, que se pueden levantar y tornar á sus 
casas, tornan á cantar otros cantos de tristeza, y las 
mujeres muy más tristes debe ser por las borracheras 
pasadas. Estiman no ser hombre el que en el beber se 
templase, porque les parece que no puede saber las cosas 
venideras el que no cayere de borracho. 



PE LAS INDIAS. 535 



CAPÍTULO OCXLV, 



Tenían ó había entre estas gentes unos sacerdotes 
que llamaban en su lengua Piaclias, muy expertos en el 
arte mágica , tanto que se revestía en ellos el diablo y 
hablaba por boca dellos muchas falsedades , con que los 
tenia captivos, en su servicio bien asentados y descui- 
dados ; á estos Piachas tienen por cosa santa , y en gran 
reverencia y estimación. Escogen de los muchachos 
de 10 y 12 años, los que, por conjeturas que tienen, les 
parece que son por naturaleza inclinados y dispuestos 
para ser instruidos en el arte mágica, de la manera que 
nosotros conjeturamos por señales algunas ser nuestros 
muchachos hábiles, más que otros, para que estudien 
gramática y otras ciencias; estos escogidos, envíanlos á 
ciertos lugares apartados en los montes solitarios , donde 
viven de aquellos Piachas muy viejos maestros de aquella 
arte, debajo de cuya regla y disciplina, como en escuela, 
están dos años en grandísima severidad y aspereza de 
vida. No comen cosa que tenga sangre ó la críe, con solas 
yerbas y bebiendo agua los crían; de todo pensamiento 
carnal, cuanto más de obra, se abstienen; nunca, en 
aquellos dos años, padre, ni madre, ni pariente, ni amigo 
los ve. De día no ven á sus maestros , sino de noche van 
los maestros á ellos, y entonces les dictan y enseñan 
ciertos cantos y palabras con que despiertan, ó incitan, ó 
provocan, ó llaman los demonios, juntamente cenias 
ceremonias y arte de curarlos enfermos; pasados los dos 
años, vuélvense á sus casas con cierto testimonio de los 
Piachas , sus maestros, de que ya traen suficiente scien- 



535 nisTORiA 

cia del arte que han aprendido, como entre nosotros 
el que sale de los estudios y Universidades , con el arte 
de medicina ó de otra facultad, trae su título ; los parien- 
tes, ó vecinos, ó amigos no llaman en sus enfermeda- 
des á los suyos para que los curen sino á los ajenos. Y 
según la variedad de las enfermedades usaban diversos 
modos , para los curar , de supersticiones , y, por consi- 
guiente, así era diversa la paga que hacían á estos he- 
chiceros ó médicos. Si el dolor es liviano, tomaban los 
médicos ciertas yerbas en la boca y ponen los labios en 
el lugar del dolor, y de allí chupan con fuerza hacia sí, 
y dan á entender que atraen ó sacan el mal humor ; salen 
luego de casa con ambos á dos carrillos como llenos del 
mal humor, y escúpenlo fuera y maldícenlo muchas 
veces , y afirman que luego el enfermo será sano , porque 
con aquel chupar fué de las venas el mal desarraigado. 
Pero si el mal es recio, como de calenturas grandes ó de 
otra enfermedad grave , de otra manera lo curan : Va el 
Piacha y visita el enfermo , lleva en la mano un palillo 
de cierto árbol, que el conoce aprovechar para causar 
vómito, y échalo en una escudilla ó vaso de agua que se 
empape, y siéntase cabe el enfermo, afirmando que el 
demonio tiene en el cuerpo, al cual luego todos creen y 
ruéganle todos los deudos , que pues así es que le ponga 
remedio; él lame y chupa todo el cuerpo del enfermo di- 
ciendo ciertas palabras entre dientes , con lo cual dice 
que atrae de los tuétanos el demonio que está dentro, 
toma luego el palillo que está empapado en agua y con 
él se refriega luego los paladares hasta el gallillo, y de 
allí lo mete al garguero y se provoca á vómito , y echa 
de sí cuanto ha comido. Dá grandes sospiros, ya tiene 
temblores, ya se hace estremecer con voces, ya dá 
grandes gemidos como si fuese un toro que lo agarro- 
chasen con muchos tiros; córrenle del pecho gotas de 
sudor por dos horas, de la manera que corren por las ca- 
nales las gotas de agua lluvia , con otros tormentos que 



DIÍ LAS INDIAS. 537 

allí por esta causa padece. Preguntándole nuestros re- 
ligiosos que por qué se causaba tanto dolor j angustia 
en aquella medicina, respondía que todo aquello era 
menester para sacar el demonio de los meollos de los 
huesos del enfermo, con aquellas palabras que constriñen 
los demonios, y con aquel chupar y trabajos que allí 
padecía. Después que el Piacha de este modo era mace- 
rado y afligido revesaba cierta cantidad de flema espesa, 
y en medio de ella una cosa redonda muy negra, y es- 
tando el Piacha medio muerto, á una parte, apartaban de 
la flema aquello negro y salian fuera de casa dando vo- 
ces, y lanzábanlo cuanto podian lejos, reiterando estas 
palabras muchas veces: Maytonoroquian, Maytonoro- 
quian, que quiere decir, «el demonio arriedro vaya de 
nosotros, arriedro vaya de nosotros»; todas estas cosas 
concluidas, tenía por cierto el enfermo y todos familiares 
y deudos que había de sanar del todo muy presto; pedia 
el médico por sus trabajos y medicinas el premio, y dá- 
banle de muy buena voluntad la paga en mahíz , que es 
su trigo, y otras cosas de mantenimiento; dábanle tam- 
bién joyas de oro, los que las tenían, para las orejas ó na- 
rices ó para los pechos, que llamaban caricuries en una 
lengua de las de por aquella tierra. Nuestros religiosos 
afirmaban que nunca vieron persona que aquellos cura- 
sen de la dicha manera que muriese; y ésto iio es ma- 
ravilla, que por divina permisión aquéllos sanasen por 
arte y diabólica industria, y así diesen al demonio más 
crédito y permaneciesen en su ceguedad, porque según 
la justicia divina ser alumbrados y salir de su error no 
merecían : de*sto hartos ejemplos en otras muchas nacio- 
nes gentiles antiguas dejamos arriba dichos. Ya también 
queda en algunos capítulos referido , como todas las na- 
ciones del mundo antiguas, antes de la predicación 
evangélica, fueron corruptas, así como de la idolatría 
también de querer saber las cosas futuras, para lo cual 
tenían sus oráculos, donde iban con sus dudas y pregun- 



538 lilSTORIA 

tas, y los demonios se las soltaban y les respondían, y 
para los tener más por suyos, tenían grandes industrias 
cognoscíendo las causas naturales y los efectos que ne- 
cesariamente por natural discurso procedían, y otras 
veces acaso, permitiéndolo Dios, acertaban en lo que les 
decían; por la misma manera, estas gentes míseras, por 
tantos tiempos dejadas entrar por sus errados caminos, 
como de todas las del mundo en la Escritura Santa se 
escribe, tuvieron el mismo error común á todos los hom- 
bres , mientras sin lumbre de fe de Cristo vivieron. Estos, 
pues, tenían por oráculo á los dichos Piachas hechiceros, 
los cuales, sin duda, debían tener hecho pacto con los 
demonios, y aquello debían aprender en los dos años que 
conversaban en aquellas escuelas y debajo de la doc- 
trina de aquellos maestros; á éstos consultaban, y con sus 
dudas y preguntas iban á ellos de los tiempos ó tempo- 
rales malos ó buenos , de las lluvias, de las secas, de las 
enfermedades y sanidad, de la paz, de la guerra, áe los 
caminos que querían hacer, del suceso de las cosas, de la 
venida de los cristianos, que tenían por más que mortí- 
fera pestilencia; á todo lo cual, y de otras cualesquiera 
cosas dudosas y futuras, según que Dios les permitía, 
respondían por orden como los preguntantes querían. 
Ejemplo desto vieron nuestros religiosos, que como es- 
taban solos, sin cristiano alguno otro en aquella pro- 
vincia y pueblo de Chiribichi , que llamaron Santa Fé 
(donde yo también estuve algún día), deseaban que vi- 
niese algún navio; sintiéndoselo los indios, dijeron que 
para tal dia vendría un navio y tantos marineros y hom- 
bres dentro, y los vestidos que traían, y otras cosas par- 
ticulares, y así acaeció sin errar en cosa de como lo 
habían dicho. Otra cosa denunciaron para creer más di- 
fícil: tres meses antes que acaezcan los eclipses de la 
luna, cuando han de suceder, lo dicen, y tiénenlo por 
mal agüero , y siempre temen que les ha de venir algún 
infortunio y alguna gran miseria ó pérdida; en todo 



DE LAS INDIAS. 539 

aquel tiempo andan tristísimos, y con grandes ayunos y 
tristes cantos y sones la tristeza significan: las mujeres 
mayormente lloran, las doncellas que son en edad de se 
casar se sacan sangre, rompiendo las venas de los mor- 
cillos de los brazos y piernas con una espina. Toda la 
comida ó bebida que hallan hecba al tiempo del eclipse, 
en la mar ó en el raudal de los rios lo echan; abstié- 
nense de cualquiera que sabrosa ó deleitable sea, en 
tanto que la luna su trabajo padece. Tornando la luna á 
cobrar su luz, son extraños los saltos, los juegos, los 
cantos y regocijos que hacen de alegría. Hócenles los 
Piachas entender que el sol, estando muy enojado, aira- 
damente dio á la luna una gran herida, y que la sana 
cuando torna en su ser, aplacada su ira. Cuando por 
mandado del Rey ó Señor que tienen , ó ruego de algún 
amigo, quieren llamar los demonios que vengan para 
preguntalles alguna duda ó para otro efecto , de la misma 
manera que arriba declaramos que en el oráculo de 
Apolo en la doncella Pithia el demonio se le revestía, 
en el Piacha lo mismo se le reviste ; efectúase de esta 
manera : Entra de noche el Piacha en un rincón de una 
casa muy oscuro , apagadas todas las lumbres , y mete 
consigo algunos mancebos valientes , y á la hora de las 
diez siéntase en un bajo asiento, los mancebos estando 
en pié siempre; comienza con palabras, dellas inteligi- 
bles y otras confusas, á clamar, tañen ciertas cosas que 
suenan como si tocasen campanillas, y con sonido triste, 
cuasi como llorando, con estas palabras al maligno espí- 
ritu diciendo : « prororuré , prororuré », la última luenga, 
repitiéndolas muchas veces, y son palabras como de 
ruego. Si el demonio tardaba en venir, más ásperamente 
se angustia y aflige, y si todavía no viene, produce las 
palabras ó versos que aprendió de los maestros cuando 
estuvo en aquella escuela, y enojado amenaza al demo- 
nio con el rostro tuerto, mandando y forzándole que 
venga. Cuando sienten que aquel honrado huésped viene, 



640 HISTORIA 

tañen todos los instrumentos que tienen y hacen cuan- 
tos estruendos pueden, y el demonio acomete al Piacha, 
como si un hombre muy feroz á un niño acometiese; da 
con él en el suelo, donde padece grandes tormentos, 
acude luego el más esforzado mozo de los que para estar 
presentes fueron admitidos, y él ó aquel por cuyo mando 
ó ruego el triste del mago Piacha se puso en tanta pena, 
propone las dudas y preguntas de lo que desean saber. 
El espíritu inmundo responde á cada cosa por la boca de 
aquel que tantos dolores padece. Pregunta el mozo tam- 
bién qué premio será justo que al Piacha por aquella 
buena obra se le dé, mahíz, su trigo, comida ó bebida, 
oro ó joyas, y según lo que el demonio manda asi de su 
trabajo es satisfecho. Y porque lo que se ha dicho por 
ejemplo cierto parezca y se crea, quiero de nuevo refe- 
rir la obra siguiente , puesto que arriba queda ya refe- 
rida : El principal religioso que , con celo de dilatar la fe 
católica y traer aquellas gentes á su Criador Jesucristo, 
pasó á aquella provincia , fué un santo varón llamado 
fray Pedro de Córdoba, dotado de toda prudencia, doc- 
trina, gracia de predicar señalada, y de otras muchas 
virtudes que en su persona resplandecieron , y éste fué 
el que primero trujo y fundó la Orden de Santo Domingo 
en estas Indias y la sustentó en gran rigor de religión, 
tornándola con verda