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Full text of "Historia moderna de El Salvador. --"

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Date Due 




I N D !G Eî 



Introducciôn a la Historia Moderna de El Salvador. . 

Cdmo se forma El Salvador .... 

La tradiccidn y las inscripciones ... .... 

El invente del mafz .... .... 

La Epope3'a de Cuscatlân .... .... 

Pleito por el derecho a nombrar Juez en el Marquesado 

Lorenzana .... 

Las ideas de Delg-ado. Arce, los Ca&as y demâs prdceres 

La Ccnstitucidn de 1812 

El Combate contra la idiîa de una Monarqufa Americana 

Combate centra el Imperio ...... 

Autonomismo y Federaciôn .... .... 

Aristocracia y Demccracia ..... 

San Salvador, Capital Fédéral .... 

Signiiîcado del Obrajuelo 

Guerra contra el esclavismo y la Conquista .... 

Nuevo.q esfuerzos por la Uni6n y las reformas libérales . 
Los creadores de niiestra Historia ...... 



de 



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CAPITITLO I 



En iSoS. /It'c/ios que preparan a iSji.... .... 31 

El proceso del Escorial.... 32 

Sublevacion de Aranjuez. . . . , 36 

Guerra de la Independencia en Espâûa '^4 

La epopeya de la Indcpondencia Espafjola .^1 

Se elige en San Salvador un Elector de Miembro de Gobier- 

no de Espana e Indias 56 

Emisario.s Bonapartistas 58 

El Sefîundo paso a la aulonomia ... .^9 

El Tribunal de Fidelidad 61 

Trdgico ftuccso de Gonzalez MoUinedo 61 

El Capitân General Bubtamante ... 62 

La Voz de Arrérica en las Cortes. . . . 60 

El Salvador se di.spone a la luclia de los doce ano.s 71 



CAPITULO II 

El PriviQ.r Grito de hidependencia 73 

Adtlenda alCapîtulo II 110 



CAPITULO III 

ImpDrtancia del Primer Grito de Indeperdencia 151 

Repercusiôn del 5 de Koviembre. ... 153 

CAPITULO IV 

i8i2 155 

La maldiciôn de Isteoeque 156 

Muerte del Dr. Sicilia.. 157 

Curso de los sucesos.... ...... 15^ 

Promdlgase la Constitucion de 1812. 159 

Fiesta de la Constitiici6n 167 

Addenda al Capftulo IV .... 124 

CAPITULO V 

La igualdad social 133 



INTRODUCCIÔN A LA HISTORIA MODERNA 
DE EL SALVADOR 



<LCômo se forma El Salvador? 



Pareceria que la HistoriaModerna de El Salvador, 
por serlo desde luego de una provincia y después de 
un Estado fédéral, por mucho tiempo condenase a los 
lectores a seguir las efemérides sin emociôn de sucesos 
insignificantes, y a estudiar el cronicôa de hechos ais- 
lados y sin trascendencia, escrito como los apuntes de 
un fraile cronista en su convento o de un cronista mu- 
nicipal en una ciudad pretenciosa y de tercer orden. 

Pero ni en los tiempos anteriores al descubrimiento 
de America, ni durante el coloniaje, ni después de la 
ruptura del Pacto Fédéral, el drama ha dejado de ser 
palpitante. 

Desde luego el asunto que debe interesarnos sobre- 
manera es 



2 FRANCISCO GAVroiA 

LA FORMACIÔX DE LA ENTIDAD POLITICA 
LLAMADA El SALVADOR. 

Los origenes de ua pueblo, las razones de su for- 
maciôn, su carâcter, explican su papel en la Historia. 
Tal es ei asunto de este estudio preliminar. 

LA TRADICIÔN Y LAS INSCRIPCIONES 

Al hablar de la tradiciôn como date para el estu- 
dio de la formaciôn de la entidad que se llama El Sal- 
vador, es bueno tener en cuenta que los que escribieron 
las que se ha Uamado puras leyendas, tuvieron a la 
vista los manuscritos, côdices o analtés, los oyeron leer 
a los hierogram matas, o los aprendieron a leer, y por- 
que los comprendieron los hicieron quemar. El resu- 
raen del calendarioy lasceremonias religiosas, polîticas, 
industriales y artîsticas, de la obra delObispo Landa, 
es el resumen de los côdices que han Uegado hasta 
nosotros, cuyos signos como siempre se juzgô con 
acierto son los mismos signos de las inscripciones de 
Copân y de muchas piezas arqueolôgicas de El Salva- 
dor. 

Solo habiendo él coraprendido las inscripciones de 
manuscritos y monumentos se expHca la firmeza con 
que un hombre tan veraz (aunque por el espiritu reli- 
gioso de su época, tan fanâtico o intolérante) como el 
Obispo Nûnez de la Vega, de Chiapa, afirma la exis- 
tencia de Votân, su parentesco y las obras que reali- 
zara, con los porraenores del modo como se conservô 
el manuscrito de que el mismo Votân era autor. Nû- 
nez de la Vega, como Landa, ordenaron que se quema- 
sen los côdices después de haberlos extractado. Ade- 
mâs, los calendarios que son un resumen de la ciencia 
precolombina, con su coraplicadisima distribuciôn del 
tiempo en dfa?. semanas, meses, anos y ciclos, su mi- 
tolcgia y la distribuciôn de ceremonias de todo carâc- 
ter, no podîan ser comunicados de memoria, a los cro- 



HISTORIA MODEBNA DE EL SALVADOR 3 

nistas que corao Landa, l^s h^n trasmitido, por ins- 
truidos que fuesen los hioi . grammatas, porque éstos 
no conocian las correspondeocias con la cronologi'a 
espanola. Todas las particularidadet de las cérémo- 
nies que se sucedi'an en fechas determinadas y descri- 
tas por Lmda. suponen que su obra fué escrita con 
los analtés a la vista; y lo mucho que de ellos corres- 
ponde a la mitologîa, que atribuîan a inspir..ciôn del 
demonio, originô las ôrdenes vandâlicas de Nùnez de 
la Vega y de Landa, de queraar todos los côdices, de 
los .:ua]es solo quedan el Coriesiano, el Peresiano y 
el Dresdense. 

Puede tenerse, pues, como cierto, que las tradicio- 
nes que nos han dejado los cronistas son la sustancia 
de los côdices y las inscripciones y que soc la posible 
historia americana anterior al portentoso descubri 
miento. 

iQué parte de esta tradiciôn le corresponde a El 
Salvador? 

Vamos a exponerlo valiéndonos de las frases tradi- 
cionales de los textos originales traducidos y de los 
mismos cronistas, pues ellos lienen una dignidad de 
que carecen los que después se han escrito sobre las 
cosas precolorabinris. 

Thpallan, la tierra de donde llegô a los pai'ses del 
Norte, una raza conducida por un personaje ilustre, 
tiene el distiniivo inconfundible de ser ndhoate, de la 
razi di-tinta de la maya, de la quiche y de las otras 
que caracterizan a El Salvador en la época precolom 
bina. 

Ahora bien: ^cudl es el Tlapallan a qu- todos los 
cronistas dan el nombre de «raisterioso»? (*) 

Desde luego no es un pueblo maya, corao lo es Co 
pan, pues de él sale como un vivero de pueblos, im- 
portante eraigraciôn que va a las regiones que bana el 
Usumacinta, eraigraciôn que funda laciudad de Tula, 
cerca de Palenque y a él se retira el Jefe de ese éxodo 

(*) Conferencia del aiuor. 



4 FRANCISCO GAVIDlA. 

cuyo nombre es el de la «Estrella de la Manana>, a lo 
que parece despué? de una iasurrecciôn de los suyos» 
A él se retira otro personaje del misrao nombre, el re 
formador de la civilizaciôn de la otra Tuîa, del Anâhuac, 
cuando es arrojado por los ecemigos de su religion, lo& 
sectarios de la Luna. 

A Tlapallan, en fin, se acoje el ûltirao destronado 
Topitzîn de l.i n.isma Tula del Anâhuac, Axcitl, el 
hijo célèbre de la Reina Flor, la no menos célèbre in- 
ventera del pulque. 

iCuâl es, pues, el œisterioso Tlapallan? 

La circunstancia de que ambos jefes que llevan el 
nombre de la Estrella, abandooan el pais de Palenque, 
el uno en siete barcas y el otro en una bal*a, medio de 
navegaciôn que no permite alejarse de las costas; y de 
que los nâhoas que fundaron el Quiche, caminaron 
segûn tradiciones, por el mar, ei cual se retiré para 
abrirles paso, lo que parece senalar el fenômeno de las 
mareas; esta indicando que el «raisterioso Tiapallan> 
es un pais del Sur, un pais nâhoa, de la mi-ma faoni 
lia e idioraa de los emigrantes. 

Confirma esta creencia la fr^^^e de don Pedro de 
Alvarado en su segunda carta a Hernân Coriés, en 
que refiere su expediciôn a Cuscatlân: «Aquf supe, 
dice, de muy grandes tierras, la tierra adentro . . .> 

«Pasados estos dos me^es de invierno que quedan, 
que son los mas recios de todo, saldré de esta ciudad 
en demanda de la Provincia de Tapalan (sic)». 

La llama provincia y no ciudad: trâtase de un pais. 

Ixtlilxochitl, el principe cronista mexicano, al ha 
blar de que su antepasado del mismo nombre, acom 
panô a Cortés €n su viaje a Honduras, menciona a 
Tlapallan, ^runa provincia, — estas son sus palabras, — 
que se halla cerca de Yhueras. 3> 

Yhueras, por Ibueras, — que es Honduras. 

Sahagûn, Torquemada y Brasseur de Bourbourg, 
lo mencionan también y a porfi'a, y son los que haa 
vulgarizado la tradiciôn. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 5 

La région indicada conserva las ruinas de Copân, 
de Quiiigfuâ y de Mictiân, situadas en las fronteras de 
las très Repûblicas de El Salvador, Guatemala y Hon- 
duras, siendo la ciudad nâhoa la de Mictlân. fundada 
cerca del Lagfo de Gùija, — la del santuario faraoso de 
la E^trella de la Minana, con su templo redondo, su 
gran Pontifice que llevaba el tîtulo de Teoti, su con- 
sejo de grandes sacerdotes y sus leyendas y ritos muy 
conocidos de los cronistas. 

Finalraente, el norabre pipil^ no sigoifica solo el 
que hab'a mal y corao los nitios el idioma nâhoa o 
nâhuate, sino tarabién «noble», «antiguo>, segûn los 
mism.os cronistas. 

Es tradiciôn que, como lo anterior, refieren estos 
cronistas, que el Topiltzîn de un imperio del Sur, dis- 
cernia la investidura a los reyes de paîses vecinos, y 
este es el desterrado Axcitl, ya mencionado. 

La expediciôn de los mercaderes enviados por Ahui- 
zotl, tiene c<:>rriO lo veis, poca importancia; es sin duda 
una de tantas emigraciones de los nâhoas del Norte, a 
la région que parece de su origen. 

Hâ'lase claro que solo la familia pipil es nâhoa, co- 
mo Mictlân y Cuscatlân, y que solo ella pudo estar en 
contacto con las ciudades de Copân y Quiriguâ de sus 
padres los mayas; que ella son Tlapailan y el Imperio 
del Sur>. 

Veamos pues las tradiciones de esa r^za y de ese 
Tlapailan, que son la raza pipil y los paîses vecinos a 
Honduras, es decir Mita, Cuîcatlân y las demâs ciu- 
dades nawas o nâhoate^î, de cuva primera patria ha 
blan el Popol Vuh, el principe Xahi'â, en el manus- 
crite kachikel, los cronistas Sahagûn, Torquemada, 
los documentes antiguos copiados por Yxtlil Xochitl 
y otros, cuyos pasajes con frecuencia no hareraos sino 
copiar literalmente: 

De Tlapailan dice el Popol Vuh: 
<Es allî donde se habi'an multiplicado por modo 
considérable y donde vivîan en la edad de oro (zak 



6 FRANCISCO GAVIDIA 

gih). Entonces no habian contraido el hâbito de ale- 
jarse de lus lugares que les vieron nacer; oo pagaban 
tributo y hablaban un eôIo idioma. No incensaban 
la madera ni la piedra. Se contentab.in con levantar 
jos ojos al cielo y observar la ley del Creador. Espe- 
raban con respeto la apariciôn del Sol, saludandocon 
sus invocaciones la Estrella de la Manana. Y ei co- 
razôn lleno de amor y de obediencia, dirigi'an al cielo 
una plegana para obtener descendencia con las si- 
guientes palabras:— jSalud, Creador y Formador; mi- 
ranos, ôyenos! Corazôn del cielo, corazôn de la tierra, 
no nos dejes, no nos abandones en nada. Dios del cie- 
lo y de la tierra! Corazôn del cielo, corazôn de la 
tierra, proteje nuestra posteridad para siempre y 
cuando llegue el dfa alumbra y ensanch i nuestro ca- 
mino. Concédenos el reposo, un reposo gloriosc, la 
paz y la prosperidad, la justicia de la vida y de nues» 
tro ser; concédenoslo joh Huracân, Relâmpago y Ra 
yo! tu que sabes todas las cosas grandes y pequenas.» 

El Popol Vuh da los nombres d2 las principales 
fami ias de ese pais de Tlapallan y estos nombres son 
pipiles nawales: eran, Monte, Tepeu (Tepetl, en me 
xicano); Cabeza, (Oloman, de Olom, cabeza); Leôn, 
de Coh, leôn); Porta Coller, (A/iau, de Ah posesivo 
y Azv, collar de oro), titulocomûn a todos los princi- 
pes de origen maya. Habfa también la familia de los 
Quenech. 

Del raismo idioma es el término Tlapallan, — 
tierra de colores — como en la expresiôn, ilapali eztli, 
sangre de color, que es la sangre azul del castclîano. 
<Veve^ Tlapallan, «el antiguo o el gran Tlapallan>. 

También pertenece naturalmente al mismo idio- 
ma el nombre de la raza: Nawal, nahual o ndhuaU. 
En pipil como en mexicano signifîca instruido, exper- 
to, conocedor de las ciencias (que en este caso son los 
almanaques, vale decir, la astronomie, la cronologfa, 
las siembras del maiz, del cacao, la crianza de las abe- 
jas, la arquitectura, la escultura de figura ornamen- 



mSTORlA MODERNA DE EL SALVADOR / 

tal y geroglifica, las artes utiles y tarabién los ritos 
que en este caso son los de la Estrella de la Manana, 
— Quetzalcohuatl, — &., &.) 

Los cronistas espanoles escojieron termines des- 
pectivos para expresar estas cosas: asi, nawal, en el 
diccionario de Molina, sigfnifica iadino, cuya significa- 
ciôn es equivoca- El quiche tiene la rafz Naw o A^ao, 
conocer, sentir, saber. Uu autor hace notar la semé- 
janza de la expresiôn Nahua l con la ingle>a: Noiv-alt 
que se pronuncia Nahuot\ ambas significan la idea de 
saberlo todo. 

Las dos razas, nawal y maya, l';s trabajos de es- 
cultura y ornaraentaciôn [que ostentan, la una civi 
lizaciôn, por ejemplo, en las ruinas de Mita y la Quema- 
da y la otra en Palenque y Copân]; la existeccia de 
hombres blancos (como se ve por la pintura. tal vez la 
de Qaezalcohuatl, de un personaje, en el côiice Cor 
tesiano) en Tlapallan, se ven mencionadas en el pasa- 

je siguiente del Popol-Wuh: < mientras vi 

▼ieron en paz los hombres negros y los hombres blan 
ces, {ta xqohepa qui chiri geka winak, zaki winak 

) hubo imâgenes y semejanzas {wachibal) de 

hombres; hubo lenguas diversas; hubo quien las en- 
tendiera una y otra (cay u xiquin, de dos orejas). 

Supose en Tlapallan que exiitian paises de gon- 
tes que «iban por las raontanas, grandes y pequenos, 
como insensatos,» y donde no habia casas. Estos 
paises se hallan segùn el Pot>ol yu/i,<ide\ lado en que el 
sol se leranta.» La expresiôa «el oriente» juega un 
gran papel en estas tradiciones: salen las emigracio- 
nés hacia el oriente y llegan del oriente. Basta, sin 
embargo, para explicârselas estudiar un mapa. De la 
région de Tlapallan a Golfo Dulce y las costas de Be- 
lice y Yucatân, se marcha y se navega hacia el oriente; 
de las costas de Yucatân al lago de Términos y los 
rios histôricos de Usumacinta y Tabasco, se navega 
desde el oriente. 

Pero no todas las tradiciones hablaa de inmi- 



8 FRANCISCO GAVIDIA 

garantes de Oriente, al tratarse de la llegada de los na- 
wales o nâhoates a la regiÔQ del Usumacinta; el histo 
riador indîgrena Manoz Camarg-o {Historia de la 
Repûblica Tlascald), afirma que las tribus que arri- 
baron a Pânuco Uegaron por el Mar del Sur, o sea 
el Pacifico, pasando por un istmo al Atlântico, y de 
allî a Pânuco. Tratândose de gente que habla el nâ- 
huate, que llega del Pacifico y cruza un istrao, para 
llegar cerca de Veracruz, no puede ofrecerse otro pafs 
m as que Tlapa';lao, entendiéndose por este la région 
de Mita, Cuscatlan, Quiriguâ y Copân. 

E^ esta eraigraciôn, con uno o arabos itinerarios, 
la que eraprenden los tlapalenses. 

Las primeras familias que emigrarcn son las de 
Dan y los Ilocab. Lo que se observa en las piezas ar 
queolôgicas donde la maya y lo nawal aparecen ya se- 
parados, ya raezclados se observa en los nombres. Los 
de Dan, se llaraan los Tamub, plural maya. 

Pasa un tiempo indeterminado entre esta emigra- 
ciôn y la capitaneada por el primer Quezalcohuatl, na- 
rra da por el Popol Vuh y por Sahagûn en el Libro X, 
Capitulo 29. 

Tarabién hace referencia a ella el Padre Las Ca- 
sas, en su Historia Apologética, Tomo III, Capitulo 
123, y como Sahagûn, afirma que se daba Quetzal (*) 
el tîtulo de Senor por Excelencia. 

Llega esta segunda emigraciôn al n'o, después 
al puerto fluvial de Pânuco, cuyo fondo es la cordille- 
ra de Sierra Nevada, — en siete naves que Sahagûn 
refiere que se llamaban Tchicom — Oztoc o Siete Gru- 
tas. Este nombre con el de Pânuco, (desembarcade 
ro) que dio Quetzal a ese lugar, son términos del nâ- 
hoate. Seguîan a Quetzal varios hierogrammatas, 
que en aquel idioma sellaman amoxoaques, 

Quetzal personalmente custodiaba al Dios Opu^ o 

t*)Por razones de brevedad designaremos con uno de sus componentes 
el nombre de Quetzal-Cohuatl. 



mSTOFIA MODERNA De EL SALVADOR 9 

el Viento de la Noche [Yohualli Ehécatl]. Este nom- 
bre iadica que este dios representaba la Estrella de la 
Manana, uno de cuyos atributos era el dominio del 
Viento. Llamâbase tambiéa el Invisible, porque per- 
manecia euvuelto en muchas bandeletas por siglos y 
sigflos. Era un simbolo de piedra verde e incrustado 
en madera. Sus fiestas se repetîan al fin de cada mes 
al son de grandes couchas marinas. {Historia por 
Sahugùn, Libro X, Capîtulo 29). 

Los eiiigrantes exploraron las costas y llegaron 
a Xicalanco, ciudad donde se fabrican jicaras y hua- 
cales, situnda entre la Laguna de Términos y el mar. 
El Padre Las Casas en su Historia Apologética, To- 
mo III, Capi'tulo 123, refiere que en Xicalanco se con- 
serva la tradiciôn de la llegada de Quetzal con veinte 
jefes. Refiere también que se decîa que el héroe era 
una serpiente, coronada de plumas. 

No puede explicarse esta afirmaciôa si no es por 
los geroglîficos de Quetzacohuatl, que expresan su 
nombre maya. Cukulkân, que unas veces'es una ser- 
piente cubierta del signo de la pluma repetido a lo in- 
fioito y otras un piumero {kukut)^ puesto sobre una 
parte de âofora, cam: lo que hace Kukulcdn, 

Sea que el pueblo tome los geroglîficos por un 
mito o que el padre Las Casas no Uegase a conocerlos 
catunes, la aserciôn no podrîa explicarse de otro modo. 

El geroglîfico de la serpiente cubierta con signos 
repetidos de la pluma que tienen la forma de U, se ha- 
lia en gran tamano en las primeras paginas del Côdice 
de Dresde: sobre él esta repetido siete veces el nom- 
bre de Kukulkân, formado por letras.en siete katunes 
iguales. 

El geroglîfico del piumero sobre la ânfora se halla 
en las primeras paginas del Côdice Cortesiano. 

Xicalanco pertenece a las tierras de Nonohualco, 
en las desembocaduras de Usumacinta y del Tabasco. 
Nonohualco o Nonuhalco, es un nombre muy co- 
nocido en la région pipil; dos o très revoluciones en la 



10 FRAHCISCO GAVIDIA 

época moderna estân unidas a este nombre; la princi 
pal de ellas derribô al indomable Jefe Prado, y su eau- 
dillo se llamô Aquino. 

Crecieron las colonias tlapalecas a puoto de des- 
pertar la rivalidad de Palenque; su gran rey, Wucub- 
Caquix, y su consejo de doce reyes tal vtz les habrian 
declarado la guerra si un terremoto que produjo rara 
inundaciôn, no hubiera destruîdo gran parte del emi- 
grante pueblo pipil o tlapalense, que pereciô sumer- 
gido en las aguas. 

Wi Popol Vuh hace decir en taies raomentos a 
Wucub Caquix en su palacio de Palenque: 

«Este punado de hombres que han perecido aho- 
gados era, verdaderamente, de sabios!> 

Eran de veras nohoas o nahuales, diceel original. 
Puede la inundaciôn haberse verificado, no por efecto 
de un terremoto sino por la crecida del Usumacinta, 
anual y periôdica, como la del Nilo, y en este caso la 
expresiôn /'sabios,! de Wucub Caquix tendria toda la 
ironia que los mayas, a fuerza de civilizados, emplea 
ban con frecuencia, y esto aun enraedio de las situa- 
ciones dramâticas. El principe seguîa diciendo: <Por 
consiguiente extenderé mi dominaciôn sobre todas las 
gentes. 

<Yo soy el sol, soy el esplendor, soy brillante como 
la luna. Grande es mi esplendor; por mi le? hombres 
existen y caminan. Mis ojos son como la {jiata in- 
crustada de zafiros; son semejantes al color del cielo; 
todas mis extremidades irradian como la lun? !» 

Se sabe que los Atehpal llevaban un calzado de 
oro y la escultura de Copân nos rauestra los ricos 
brazaletes propios de una indumentaria que pudo ser 
uso de los reyes. Pero oigamos al principe Wucub 
Caquix: "Mi trono es de metales preciosos y cuando 
salgo de mi palacio, ilumino la tierra. Asi, pues, yo 
soy el Sol, yo soy la Luna." 

Estas expresiones, el Sol, la Luna, en boca del 
principe de Palenque, serîan, Kin y £7, es decir, dos 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR H 

de los dioses mayores. Wucub Caquix, decfa, pues, 
UDa blasfemia. 

El rey decfa por fin cod arrogancia: 

«Por la fuerza y la belleza de mis vasallos, mis 
ojosdominan a lo lejos.» «Asi hablaba Wucub Caquix, 
henchido como estaba por ?u oro y sus riquezas.3> 

Ademâs del Popol Vuh, hablan de esta inunda* 
ciôn la Historia de los Soles de Ixtlilxochitl y Go- 
mara. 

Entre ios que se escaparon delà catâstrofe, segûn 
estes dos ûltimos historiadores, se cuentan los hijos 
de Iztac Mixcohuatl, Queizalcohuatl y Xeihua, funda- 
dor de la pirâmide de Cholula. 

El Invento del Maiz 

Llegamos a un momento de gran importancia, 
no digamos (aparté toda exageraciôn) para los pipiles, 
sino para una gran porciôn de lahumanidad, — el del 
invento del mafz. 

La relaciôn siguiente se funda en las del Popol 
Vuh y de la Historia de los Soles, copiada por Ix- 
tlilxochitl de documentes de lengua nâhuatl. Estos 
dioses, asî Uaman a los eraigrantes los documentes 
citados, celebraban consejos llenos de tristeza: se tra- 
taba de hallar el modo de alimentarse. Quetzal, con 
veluntad indomable dispuse internarse en el continen- 
te. Caminô bastante y por fin, al césar la estaciôn llu- 
viesa, hallô campes en que altas espigas, dobladas 
por mitad, de manera que se inclinasen sus panojas pa- 
ra resguardarlos de la accion de la lluvia, secas ya por 
el sol, parecian las varas innumerables de lostirsos, de 
que pendîan la pina y las cintas de un celer de oro 
riejo, como nueva manifestaciôn que la Naturaleza 
guardaba eculta, de la fecundidad del eterne diôny- 
sos. Era el maiz. 

Vio Quetzal que les cultivadores hacîan la reco- 
lecciôn y trasportaban las mazorcas a las trojes. 



12 FRANCISCO GAVIDIA 

Present6?e como un enviado divino. 

El nombre que dieron los emigrantes a esa regiÔQ 
en su idioma es Tonacatepetl. 

Los mayas lo llaraaban "el lugar en que se divi- 
den las aguas que caen," que es la significaciôn de los 
términos: Paxil-Cayald, El Jefe del pais se llamaba 
Utiu. Rechazado Quetzal desde luego, debiô a su 
elocuencia que por fin se le tributasen los honores que 
pretendfa. 

La tradiciôn de este episodio se conservaba en 
Guatemala. He aqui las palabras en que lo refiere 
el Manuscrito de Tecpan- Atitldn: 

"No se hallaba nada con que alimentarse. Este 
alimento se hdllaba rauy lejos. Ahora bien, no habîa 
sino dos barbares que sabîan que existîa un alimento 
en Pax'i, nombre del lugar donde se hallaba. Los de 
estes barbares eran Uituh y Koch. 

*'Se descubriô esta alimentaciôi en unos ras- 
trojos. 

«El bârbaro Utïuh fue rauertosaliendo a desgra- 
nar el maiz. 

«Seenviô a desgranarlo al bârbaro Tiuh-tiuh. 

«En la preparaciôn del maiz entrô la sangre del 
tapir y de la serpiente (*) que vinieron del interior del 
mar por el intermedio de Tiuh-Tiuh (*^). 



(*) 6 Se trata de dos clases de abono? 

(**) Compârese este pasaje cod la creacidn de las abejas en las 
Ceôrgicas de Virgilio: 

El pastor Aristeo, por consejos de su madré, volvi6 a una selra 
donde habîa arrojado los cuerpos de toros y novillos que habîa inmola- 
do en un sacrificio. 

Hic vero subitum se dictu mirabili monstrum 

Adspiciunt, liquef acto boum per vicera toto 

Stridere apes utero, et ruptis effervere costis; 

Inmensas que trahi nubes; iamque arbore summa, 

Confluere et lentis uvam demittere ramis. 

«Entonces, traduce Ochoa, de pronto contemplaron sus ojos una in- 
decibie maravilla: en todas aquellas entranas corrompidas en lo inte- 
rior de todas aquellas reses muertas, zumban innumerables abejas, 
hierven en las rotas costillas y se remontan por el aire, formando iu- 
mensas nubes; luego van a posarse en la copa de un ârbol y se susï)en- 
den como racimos de las flexibles ramas.» 

El mismo traductor hace este comentario: "....... .es un hecho que 



mSTOFIA MODERNA DE EL SALVADOR 13 

**Da este modo se formarîa la sangre del hom- 
bre, por invenciôn del Formador y Creador. 

«Y ellos sabi'an muy bien, el Formador y el Crea- 
dor, — Alora y Kaholom, — que eran ellos quienes 
habîan formado al hombre, al inventar su aliraen- 
taciôn.:^ 

En Tonacatepetl o Paxil-Cayalâ tuvo Quetzal 
noticia de Palenque, y se volviô a la colonia de los 
emigrantes tlapallenses que el documento traducido 
por Ixtlilxochitl llama Taraoanchao, llevando inmen- 
sa provision de maîz y sin duda el arte de culti- 
varlo pues el objeto de su viaje era proveer a la ali- 
mentaciôn permanente de la misma colonia. 

Se acusa por los cronistas a Quetzal y los tlapa- 
llenses delà muerte de Utiu; pero el ùnico funda- 
mentoy ddto de semejante tradiciôa son las palabras 
del manuscrito del principe Xahilâ: «...tokâx carniÇax 
qa ri chicop Utiuh, X-poch-el chupam ri yxira . . .> 
que signiflcan <. . . .entonces fué rauerto el bârbaro 
Ut ï uh, cuando salîa a desgranar raai'z . . . . > 

Segûn la Historia de los Soles siguiôse una su- 
blevaciôn o tal de^c^'^ntento de l-^s tlapallenses, que 
obligô a Quetzal a volver.se a Tlapallan, trayéndose 
sus dicses, es decirsus calendarios, — toda una legisla- 
ciôn de diverses rames. 

Se sabe de eraigraciones posteriores. 

Por lo que hace a los que se quedaron, tuvieron 
que formar un nuevo calendario, — segûn los cronis 
tas, el mismo que sucediô al que sefundaba en los mo- 
vimientos de la Luna y que llevaran los de la expedi- 
ciôn del primer Quetzalcohuatl, que hemos referido, y 
que, fundado en los movimientos dd sol, adoptaron 



mil veces se ha patentizado y de cuya verdad puede cerciorarse cual- 
quiera: dejando expuesta al aire libre una res muerta, a los pocosdias 
se ve levantarse de su carne corrompida una multitud de insectos con 
alas; s61o qne esos insectes no son abejas, sino otra especie de moscas 
que como casi todas. labran también algo a modo de miel.» 

En el del mafz el caso serfa de abono y en el de las abejas de per- 
feccionaraiento de especie. 



14 FRANCISCO GAVIDIA 

todas las nacîones que se civilizaroD al influjo de estos 
emigrantes. 

La lucha de Tula y Palenque, asunto del Popol 
Vuh y de los cronistas, viene a ser de este modo la 
historia de una colonia tlapalense. La fundaciôn e 
historia del Imperio Tulteca, tambiéu la historia de 
esta raza, cuyoidioma y su escritura estân probando 
su unidad. 

Sîguense a lapsos diversos, las peregrinaciones 
de estos civilizadores que vuelveo al pais de su origen. 

Taies son las del segundo Quezalcohuatl; la de 
los pipiles que escapan a la esclavitud de los olmecas, 
quieoes les imponîan un t.'ibuto anual de cien douce 
lias, como el que el reino de Léon pagaba a Sevilla, y 
que minaciosaraente refieren los cronistas; la del ûlti- 
mo Topiltzin de Tula, cuya dinastîa fue reconocida en 
el antiguo pais de su origen, sin que ernpleasela fuer- 
za de las arraas, y él fundô el famosoLoperio del Sur, 
dando asi la hegemonîa a ?u raza sobre Centro Ame- 
rica en un tiempo en que ella era la mâs civilizada 
y p:derosa y en que todos los reyes recibîan la inves- 
tidura de manos de estos principes de la gran farailia 
nâvvat. 

Estas pereg-inaciones, referidas por los croni?tis 
e interprètes de Côdices, se hallarân en los Comenta 
rios de esta Introducciôn. 

Ti-^mpo después aparece representando la civiliza- 
ciôn nâhwate en Centro America el topilzinato, se- 
norio o reino de Cuscatlân [la tierra d£ preseas]. 

No se conoce hoy dia el Manuscrito pipil; sio- 
embargo varios cronistas lo tuvi.fron a la vista. Los 
datos que ellos suministran tocante a la Tierra de 
Preseas se hallarân en los Comentarios. 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 15 

La epopeya de Cuscatlân 

Consta, por las cartas de Alvarado a Cortés, 
los hechos de la primera expediciôa a lo que hoy se 
llamaEl Salvador. (1.524) La herida de Alvarado en el 
combate de Acajutla; la experiencia que sacaron los 
de Cuscatlân, de haber presentado batalla en el cam- 
po del juego de herrôn, donde conocieron lo que era la 
caballeria; la tâctica seguida por Atlacatl de aban- 
donar las ciudades y los carapos y de llbrar los com- 
bâtes en la serranîas, donde perdiô Alvarado once ca* 
ballos; la retirada de los espanoles después de dieci- 
siete dîas de guerra. 

Pero lo que se siguiô no esta escrito. Aparece 
fundada (1525) la capital en un pai's^ distante de 
Cuscatlân, como es la Bermuda, atendida la corta 
extension de los senorîos; y en 1526 se libra la bata- 
lla del 6 de Agosto, que dio nombre a la Capital y 
provincia pero no zojuzgô a Cuscatlân. Esta subie- 
vaciôn que tuvo que combatir Alvarado después de su 
viaje a Honduras, fué seguida de cuatro expediciones 
de conquistadores contra Cuscatlân y una guerra ci- 
vil: 1^ Expediciôn de Diego de Rojas. 2* Expediciôn 
de Martfn Estete. Guerra civil entre los cuscatlecos. 
3^ Expediciôn de Portocarrero. 4^ Expediciôn de 
Gonzalo Ronquillo (1535). 

Consta que los pueblos de la costa conservaron 
usos y prâcticas antiguos tolerados por la Alcaldîa 
Mayor y que todavîa estân en vigor en los pueblos del 
Balsamo. Puede esto ser resto de la autonomfa que 
conquistaron por las armas. 

Kn las leyes de Indias consta que el nombramien- 
to de Alcalde Mayor de San Salvador se hacia direc- 
tamente por el Rey. 



16 FRANCISCO GAVIDIA 

PlEITO POR EL DERECHO A NOMBRAR 
JUEZ EN EL MaRQUESADO DE LORENZANA 

Durante la Colonia debiô existir una lucha que 
no ha dejado una huella marcada de las tendencias 
autonômicas de la Provincia, porque los documentes 
se han perdido o no han sido aûn descubiertos. Pero 
los rastros que ha dejado el regionalismo son rauy si§^- 
nificativos. Uno es el juicio entablado por la Alcaldia 
Mayor contra el segundo Marqués de San Vicente de 
Lorenzana, disputândole el de^echo de nombrar el 
juez del marquesado. El rey fallô a favor de la Alcal- 
dia Mayor. 

Otro es el cambio de nombre de San Vicente 
de Lorenzana que era el del santo pariente del primer 
marqués que le diô nombre, por el de Sai Vicente de 
Austria, en honor de la dinasti'a reinante. 

Otrô es el hecho a que no podemos senalar una 
fecha précisa pero que consta en las leyes de In- 
dias de nombrar el Rey directamente los Alcaldes 
Mayores delà provincia de San Salvador, derecho que 
se reservaba solo en la designacion de los Virre- 
yes y Capitanes Générales. Otro es, en fin. el haber 
concedido el monarca, segûn refiere el cronista Vas- 
quez, a la ciudad de San Salvador el uso de su propio 
escudo de armas. Podri'a anadirse el episodio del 
Alcalde enviado prisionero por la ronda mayor de esta 
ciudad, al Capitân General que le habîa nombrado. 

Merece pârrafo por separado, por el espacio que 
debia mâs tarde ocupar en nuestra Historia la ten- 
dencia a fundar diôcesis. 

Las ideas y sentimientos religiosos no debfan con- 
tribuir menos a la formaciôn de una entidad régional 
tan vigorosa. 

El Obispo Fr. Don Pedro Cortés y Larraz, que 
visité en el siglo xviii los curatos de Santa Ana, San 
Salvador, Zacatecoluca, San Vicente y San Miguei, 



HI^TORIA MODaRNA DE EL SALVADOR 17 

en un informe elevado al excelente Rey Carlos III, re- 
sumîa los elementos autonôraicos de la provincia; 
estes eran, tomados de diversas fuentes, una pobla- 
ciôn de mâs de 180.000 habitantes, la extension de 
9,600 millas cuadradas, 126 puebîos, ricas Alcaldîas, 
agricultura floreciente y los diezraos necesarios al sos- 
tén del Gobierno de la Diôcesis. Debîa tenerse en 
cuenta la distancia. La Vicarîa de San Salvador ha 
Uâbase a sesenta léguas de la Iglesia metropolitana. 
Las visitas arzobispales llegaron a hacerse con diez y 
hasta veiatitrés anos de intervalo. 

Las leyes de Indias y la^ ecle^iâïticas favoreci'an 
la creaciôn del Obispado. 

El brève de 1,543 expedido por el Papa concediô 
al Rey de Espana la facultad de crear asientos episco- 
palesy hastadelegislaren las diôcesis de America, exten- 
diendo o disminuyendo los limites y dictando medidas 
de buena administraciôn. 

El Rey de Espana [Carlos V. ] senalô 15 léguas de 
circuito a los obispados para la jurisdicciôn espiritual, 
y El Salvador medîa, como se ha dicho, 9,600 millas 
cuadradas. 

El informe del Obispo Cortés y Larraz de 1,778 
no medrô, dice Valladares "debido a los trâraites 
eternos por los cuales teni'an siempre que pasar los 
expedientes que salvaban la travesîa del Atlântico y 
naufragaban a menudo en las oficinas delos Consejos." 

Después, en las Cortes de Câdiz, el diputado por 
la provincia, que llevaba encargo de promover la erec- 
ciôn de la mitra, présenté el 21 de Marzo de 1812 la 
proposiciôn, y las Cortes la reraitieron a la Regoncia. 
No dijo palabra sobre esto el Diputado por Guatema- 
la, Canônigo Antonio Larrazâbal que en esto veria 
una disminuciôn del pcder centralista. 

Pero cuando se da su verdadera signi6caciôn a 
esta tendencia regionalista de una diôcesis, fué cuan- 
do debia aparecer mâs poderosa la idea autonomista. 
2 



18 ' FRANCISCO GAVIDIA 

Apenas se enfrentô El Salvador al Imperio de Iturbi- 
de y se declarô iodependiente de la Capitanfa General, 
recogio los derechos del Rey de Espana y creô el Obis- 
pado. El Padre Obispo Delgado era el Présidente de 
la Junta de Gobierno, y aunque las libertades se en- 
sayaron con estrépito, la réunion en una personalidad 
del poder poh'tico y del religioso, fué oportuno y efîcaz 
en aquel momento de la Historia de las Instituciones 
de la America. 

Si el Pontîfice desaprobô esta erecciôn de mitra 
apesar de haber aprobado la de la de Costa Rica, fué 
esto cuando ya se habi'a dictado la Constituciôn de la 
Repûblica de Centro America, obra en gran parte ba- 
sada en el régionalisme de El Salvador y al mismo 
tiempo en sus ideas centroamericanistas. 

El ensayo de erecciôn de la mitra se habi'a repeti- 
do en 1824, y el resultado de tan larga iniciativa,veinte 
anos después, fué el Obispado del Dr. Jorge Viteri, en 
que se deslindaron por modo sangriento los derechos 
del Estado y los de la Iglesia. 

La autonomfa administrative- religiosa se ha es* 
tablecido del todo en nuestro tiempo, creândose en El 
Salvador elArzobispado con las diôcesisde San Miguel 
y Santa Ana- 

LAS IDEAS DE DeLGADO, ArCE, LOS CaNAS Y DEMÂS 

Prôceres segun sus CARTAS, 
SUS memorias y OTROS DOCUMENTOS 

Las ideas democrâticas serân conocidas donde 
quiera que se estudien las historias de Grecia y de Ro- 
raa: tratândose de sacerdotes erainentes por su ilus- 
traciôo, rectores de la Universidad de San Carlos de 
Guatemala y doctores en ambos derechos, o simple- 
mente ilustrados como los Aguilar, las institucio- 
nes de la Iglesia y la historia universal podi'an darles 
Dociones générales sobre Democracia y Repûblica. 

Pero las ideas que subsisten en calidad de teorîa, 



HI3T0RIA MODERNA DE EL SALVADOR 19 

«xigen condiciones para pasar al dominio de la prâc- 
tica: eo la Edad Media la monarquia fué el resultado 
del modo de ser de los pueblos del Norte de Europa y. 
las democracias fueron entonces una remioiscencia 
obscura: el Reaaciraieoto las hizo estudiar y ya en el 
siglo XVIII los sabios y filôsofos las llamaban e invo- 
cabaa como posibles de practicarse y como un idéal 
opuesto a los vicios de la Monarquia. La Inglate- 
rra habîa intentado implantarlas en la Revoluciôn que 
abortô en la dictadura de Cromwell. 

Todo esto era conocido de los prôceres; sin em- 
bargo, ciertos hechos son siempre las causas ocasiona- 
les. Delgado, Arce, Simeôn Canas, losAguilar, Lara, 
Aranzamendi, Fagoaga y otros muchos eran poderosf- 
simos receptores de nuevas inspiraciones y los hechos 
ocasionales probaron que una corriente de reoovaciôn 
soplaba sobre el mundo. En las colonias inglesas de 
Norte America la resistencia de los colonos a los im- 
puestos habia originado una insurrecciôn que terminé 
con la declaraciôn de la Independencia: duenos los in- 
gleses de posiciones dominantes y armados los indios, 
las colonies se confederarnn en 1776. y aunque las fuer 
zas disciplinadas de Inglaterra ponian en peligro la 
naciôn en ciernes, la Francia puso todo el peso de su 
inteligencia, su hacienda y su espada al servicio de los 
Estados Unidos del Norte y Luis XVI reconociô una 
repûblica puritana. Estos hechos se verificaron de 
1764 a 1774, y deben haber sido objeto de los ardoro- 
SOS entusiasmos de la adolescencia y la primera juven- 
tud de los prôceres. Después las noticias sensaciona* 
les venian de Santo Domingo. Primero habian he- 
cho una revoluciôn los europeos; después los criollos; 
después los esclavos. 

En fin, al mismo tiempo se ofreciô en toda la 
America Latina un problema que es fâcil exponer. 

El trono espanol estaba acéfalo. Los reyes pre- 
SOS en Bayona; el candidato, impuesto por Napoléon, 
desconocido en Espana y en las Colonias; la Regencia 



20 FRANCISCO GAVIDIA 

nombrada por las Certes de Câdiz y estas mismas 
Certes expresamente condenadas por el Rey leg-ftimo, 
tante como la sublevaciôa de las proviocias espanolas; 
las aiitoridades reaies en America sin tîtulos suficien 
tes para gobernar. En tal momento se preguntaron 
les americano«: ^Quién es el soberano? <^Quiéa 
ejerce la soberanîa? 

La division de opiniones fué natural consecuencia 
de ese caos y ella eng-endrô cien guerras civ'iles a lo 
largo de la America E-^panola. 

Unos opinaron que debîa esperarse a que el rey 
estuvie:?e en libertad; pero mientras tanto, los agentes 
de Bonaparte urgi'an por la adhésion a la dinastia 
del rey José y hubo quienes se inclinaron en tal senti 
do. E! desconociraiento de autoridade? estaba a la 
orden del di'a en America, debido al dudoso derecho 
de su nombramientu. Parecîa lôgico proclamar la In* 
dependiccia y formar gobierno mientras el Rey Fer- 
nando no pudiese recojer sus tftulos de soberano. Es- 
te se alegô en muchas colonias. 

Pero otros tuvieron por mejor adherirse a las 
Certes de Câdiz y a la Regencia que habîa norabrado. 

Pensar en una Repûblica, en la Democracia y 
en la Independencia. era en taies mémentos una nu- 
vedad que ne contaba con elementes de vida; pè- 
re los partidos de los independientes en minoria, de 
suceso en suceso, invocande îa Independencia al mis- 
rao tiempo que una monarqufa americara para el rey 
Fernando y tu casa, iban, de etapa en etapa, a exten- 
der sus ideas y a formar un gran partide republicane 
y cemocrâtico. 

i^^ste procese histôrico que empicza en 1808, coq 
la ocupacion de Espana por Bonaparte, uc- fué cène - 
cide en El Salvador y en el reste de Centro America, 
por le menos en le que hace a su causa fundamental 
que era la acefalia del trône espanol, sine es mucho 
después del ano de 1808, por la exquisita vigilancia 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 21 

coa que la Capitanîa General procurô aislar el reino 
de Guatemala. 

La causa ocasiooal, pues, se ofreciô hapta eu 1810 
para ifliciar el movimiento polîtico que produjo des- 
pués cioco estados; pero la vida y los etscritos de Del- 
gado y Arce y la obra legislativa que se siguiô a 1821 
prueban que todos los prôceres de El Silvadr.r uufaa 
un vasto caudal de ideas que era suficiente a fundar 
una democracia en la forma de Repiiblica Fédéral, 
ideas que dieron a El Salvador una entidad saliente, 
que le hizo el eje raotor de los priraeros anos de vida 
de la Repûblica j le hiz3 ser no solo respetado sino 
querido por los otros estados que apreciaron sus énor- 
mes sacTificios, sus servicios a las instituciones y su 
apostolado por el progre^o y la libertad. 

Estos antécédentes preparan la acciôn individual 
de El Salvador, que involucra sus derechos v destinos 
y en una gran parte los de la America Central^ durante 
la guerra contra una aristocracia que por ella no pudo 
iraprimir su sello a la Repûblica en Centro America 
ni durante el pf:riodo en que se derrumbô el edificio de 
la Federaciôn, entre las Hamas de loscombates mémo- 
rables que él misrao librara para sostenerla. 

La Constituciôn de 1812 

La Constituciôn de 1812 a pesar de su efimera 
vida no contribuyô poco a la formaciôn de la entidad 
como naciôn de la Repûblica de El Salvador. 

No solo dio una ocasiôn de propaganda de las 
instituciones y prâcticas deraocrâticas en la? elecciones 
de miembros del gobierno espanol. de diputados a 
Cortes, diputados provinciales y raunicipios, sino 
que, con la instituciôn de la Diputaciôn Provin- 
<:ial, creô el resorte, que, en 1821, de?pi:é> de una lu- 
cha mémorable del partido libéral con el Intendente, 
constituyo el nûcleo, centro, instituciôn y gobierno 



22 FRANCISCO GAVTDIA 

que apersonô las nuevas Ideas y sostuvo el combate 
prolongado de 1821, 1822 y 1823 contra el Iirperio 
de Iturbide. 

Combate contra la idea de una 
monarqula americana 

Téogase présente que si es verdad que el 14 y 
21 de septierabru de 1821 se habfa jurado en San Sal- 
vador la Indepen lencia, al mismo tiempo se habîa ju- 
rado la Monarqui'a Americana. 

Este era el objeto del plan de Iguala, y les fun- 
cionarios y los partidos monârquicos en sus varios- 
piatices deabsolutistas, constitucionales e iturbidlstas, 
juraron e hicieroa jurar al Eîército una monarquia 
cuyo trono vendrfa a ocupar Fernando VII o un 
principe de su casa. 

Los altos empleados y el ejército habian jurado- 
la Monarquia Americana: tocâbale hacerlo al pueblo, 
a fines de septiembre. Fué eatonces cuando se oyô 
por la vez primera en uno de los barrios de San Sal- 
vador el grito iaaudito, nuevo, estupendo, y que sera 
célèbre en la Hi-toria de toda la America: i muera 
Iturbide ! j viva la Repùblica ! 

Este grito ibi a dar su fisonomîa a El Salvador 
en la época moderna. Le iba a imponer los deberes 
del gran papel que desempenô en seguida. 

En tfecto, Iturbide rauriô cuando a la guerra con 
los republicancs en El Salvador, sucediô el triunfo- 
de los republicanos de Mexico. 

El Gobierno de la primera Repùblica de El Sla 
vador que combatiô el imperio inspiré respeto y ad- 
rairaciôn en todo el mundo. Tratâronse los asuntos- 
que la ocuparon en pziises entoncts rauy distanciados,. 
por ejemplo en la Asamblea Nacional de Washington. 
Emigrado uno de los defensores de la plaza de San 
Salvador, Guadalupe Victoria le dno estas palabrasi 
'Amigo, tenga usted la satisfacciôti, — que San Salva- 



Geonraphica! Marnes 



HISTORIA MODERNA EE EL SALVADOR 23 

dor ha sido el termômetro de los movimientos de Me- 
xico. " Y Vicente Guerrero le hizo esta confideocia: 
— "Cuando sali de Méxi:o, persegfuido por Iturbide, 
fué mi intenciôn embarcarme en Acajutla e ir a bus- 
car libertad en San Salvador." 



COMBATE CONTRA EL ImPERIO 

La historia de este perîodo ha debido rehacerse. 

El primer corabate de El Espinal no es como dice 
el tôpico que repiten los textos, el campo donde se 
sembrô la semilla de las discordias y guerras fratrici- 
das de la America Central. Es no solo un acto de de- 
fensa del territorio de la primera Repûblica de El Sal- 
vador de 1822, y de la antigua provincia, contra la 
invasion de las tropas del Imperio.sino tarabién el due 
le a muerte que empezaba entre la Repûblica y el mis- 
mo Imperio. 

La defensa de San Salvador, contra el valiente Ar- 
zû,no fué una acciôn insignificante como la han hecho 
aparecer los historiadores don Manuel Montûfar y 
Marure, que ha repetido tantas cosas que dictô al 
primero la pasiôn polîtica viva aûn después de la ca- 
pitulaciôn de Mexicanos. 

Caer sobre San Salvador burlando las trincheras y 
remontando el volcan, no es hazana railitar insignifi- 
cante. Repetir la hazana del Gran Pan, que hizo huir 
a los titanes, produciendo hôrrido ruido, como este 
con su caracol, haciendo sonar los clarines y tarabores 
y poniendo a vuelo las campanas, en senal de victoria, 
es una muestra de serenidad de aquellas que recoge la 
Historia. ^Nô es este el terror pânico que puso en hui- 
da a los galos de Breno cuando iban a incendiar el 
templo de Apolo? 

Por tanto, las cargas mandadas por Arce y en 
que se distinguiô José Antonio Canas, desmontando 
la famosa culebrina con canones fundidos en la plaza, 



24 FRANCISCO GAVIDIA 

hasta hacer que los irT]peri.il^^tas volviesen a tomarlas 
penosas send s del volcan p<»r donde vinieroo, no me- 
recen tampoco la frialdad de nuestras historias. 

AUTONOMISMO Y FEDERALISMO 

El fenôraeno que se repite en todas la< repùblicas 
latino-araericanas — a saber, la lucha entre las metrô- 
polis y las reg^iones, en otras palabras, entre el centra* 
lismo y el federalismo, no hiz ) excepciôn a favor de El 
Salvador. Primero luchô él unido a los otros estados 
contra el antiguo asiento de la Capitania General, y 
después, cuandd fué capital de la Federaciôn, tuvo 
que sostener vari^^s guerras con los que antes fueron 
sus aliados y contra la exmetrôpoli. Verdad es que 
fué capital d Centro Araérica. muy a pesar de una 
porciôn cons-iderable de su poblaciôa y que la guerra 
de Morazân con el Jefe San Martin no tuvu otro mo- 
ti^o que la oposiciôn del Jefe a admitir la vecindad del 
Gobierno Central. La rauerte del valiente Menéadez, 
uno de los vencedores de Onaoa, fué el preludio de esta 
guerra que terminé a favor de la Federaciôn. 

Aristocracia y Democracia 

No solo quedaba planteado, después de 1824, si 
dominari'a el centralisrao o el federalismo; tam- 
bién era una herencia del pasido la conforraaciôn so- 
cial. Otro probleraa se enlazaba con el prinoero: si 
las clases sociales^, hasta alli directoras debian con- 
tinuar dando forma a las irscituciones, a las le- 
yes, a la sociedad? iSi debi'a tolerar^e una reac- 
ciôn a favor de l'S pri ilegios de famiiia? 

iSi la Igle-ia debf ^ infl n'r en la direcciôn de la 
ensenanza g-ent-ral? 

iSi la propiedad debfa quedar a merced de la 
aristocracia y h t^ocracia? ^Si los conventos debîan 
absorverel trab^jo y la flor de las generaciones? iSi 



HÎSTORIA MODE8NA DE EL SALVADOR 25 

el porvenir debia tener por todo horizonte las ideas 
del pasado? 

Desde que Arce fué exclufdo del Gobierno a que 
le llevara la opinion ilustrada de los prôceres, y la 
aristocracia dio muestras de lo que valîa corao clase 
directora, levantando patfbulosyejerciendo la tirania, 
los hombres de El Salvador declararon la guerra a la 
TÎeja sociedad; y una guerra'civil de tresanos les dio la 
razôn con el triunfo que llamô a la vida a todas las 
clases sociales. La democracia habia nacido. 

San Salvador Capital Fédéral 

El Salvador después de cumplir tantos deberes, 
pareciô tener derecho al reposo. Pero no era esa la 
hora. Los deberes del Centro de la federaciôa le im- 
pusieron nuevos y grandes sacrificios. 

El Jefe Timoteo Menéndez y el Présidente Mo- 
razâo hicieron nuevo llamamiento al pais y lo hallaron 
resuelto a llenar su tnisiôn gloriosamente. Una pri- 
mera coalisiôn fué desecha en el Espiritu Santo; la 
segunda en San Pedro Perulapân. 

En fin, la Federaciôn cayô heroicamente en Gua* 
temala y San José de Costa Rica. 

Una vasta reacciôn se habîa desatado. 

El acusado en esos momentos era El Salvador. 

Después de defender la Nacionalidad tocâbale de- 
fender su propia vida. 

SiGNIFICADO DEL ObRAJUELO 

El Salvador debîa pagar caro su apostolado por 
la libertad, su lucha por la Repûblica, su cruzada 
contra la Repûblica aristocrâtica, y también la posi- 
ciôn que le diera el haber por algûn tierapo sido el 
Centro de la Federaciôn: se irritaron los âoiraos en 
su contra, y los partidos conservadores, regionalista^ 
y obsecados que dominaban en Nicaragua y Hondu- 



26 FRANCISCO GAVIDIA 

ras, creyendo que habîa llegado la hora de que expia- 
se tantos servicios^ decretaron su muerte. 

Ferrera encarna esta g^rande eoemiga contra El 
Salvador y la victoria del Obrajuelo hizo volver en si 
a los que habîan frag-uado el énorme sacrificio. 

Ya era tierapo de dejar espacio a los sentimien* 
tos regionalistas que responden al instinto y a los de* 
beres de conservaciôn y durante los gobiernos que si- 
guieron al de Guzmân, todas las gestiones se encami- 
naron a reparar las fuerzasque se habîan empleado en 
tan larga cruzada. 

GUERRA CONTRA EL ESCLAVISMO Y 
LA CONQUISTA 

Sin embargo, a los seis anos de politica de con- 
servaciôn, una nueva tentativa en favor de la causa 
libéral y de la union, escollô desastrozamente en la 
Arada. Otros seis anos mâs de reposo pusieron de 
nuevo a El Salvador en aptitud de apersonar la causa 
de toda la America Central: con una polîtica prudente 
esperôque Nicaragua misma pidiese auxllio; Guatemala 
y Honduras que favorecîan al cooservatismo nicara- 
gûense.escucharon su vcz, y el partido libéral que residîa 
en Leôn fué apoyado por todo los gobiernos de Cen- 
tro America. El ejército de El Salvador tuvo prin- 
cipaimente el cargo de tomar la gran posiciôn de Ma- 
saya y rechazar dos sitios mémorables, y arrojado el 
invasor a las inmediaciones de la Costa del Pacîfico, 
pudieron los aliados con la hazanas del ejército de 
Costa Rica y Nicaragua, terminar el gran plan es- 
tratégico del Jefe salvadoreno que imprimiô el impul- 
so y déterminé el curso de toda la campana. (*) 

jTanta es la gloria del célèbre General Belloso! 

(*) La exposiciôn de este plan y los documentos que lo contienen se 
hallarân en los Comentarios. 






HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 27 

NUEVOS ESFUERZOS POR LA UnIÔN Y LAS 
REFORMAS LIBERALES 

De este modo confirraô El Salvador su doble 
carâcter bien disenado en todos los tiempos: autono- 
mista, regionalista e independiente en alto grade; pe- 
ro no menos federalista, Nûcleo de la région nâwat 
en los tiempos legendarios cuando emigran sus habi- 
tantes y fundan la Tula famosa; centro a que vue!- 
ven en varias éxodos desde climas remotos conservan- 
do su lengua y su religion; duenos de Centro Ameri- 
ca cuando el Topiltzin Axcilt y Orbalzân fundaron el 
Imperio del Sur que dura por tiempo no determinado 
por la Historia; combatiente a través en los siglos 
contra sus hermanos los Quiches conservando ?.sî su 
personalidad; triunfante de la primera expediciôn de 
Alvarado, autônomo cuando obtiene que el Rey de 
Esprifid nombre directamente su Alcalde Mayor y 
anula el feudalismo a que intentaran someterlo los 
descendientes de) Marqués de San Vicente de Lorenza- 
na; independiente, republicano, demôcrata, federa- 
lista, autonomista en el perfodo de la formaciôn àe 
Centro America como naciôn; antagonista de la Re^ 
pûblica aristocrâtica, posible derivaciôn de los sucesos 
delà época; regionalista oficial contra la fédéra- 
ciôn en tiempo de los jefes Cornejo y San Mar- 
tin; y federalista contra los regionalistas en el tiempo 
en que la Federaciôa, acojida a su suelo estaba ame- 
nazada de un prôximo aniquilamiento; de personalidad 
irréductible cuando la reacciôn separatista amenazô con 
borrarlo del mapa de las naciones; eje de las opéra 
clones tanto poh'ticas como militares que salvaron a 
Centro America de ser un estado esclavista, de cf'o- 
sera e inicua semi-barbarie bajo el poder de Wal- 
ker; soldado después de las reformas libérales y de las 
buenas instituciones, — El Salvador, es una entidad 
moral de cualidades bien definidas. 



28 FRANCISCO GAVIDIA 

Su carâcter moderno es el coDstitucionalisrao 
y la eclo=iôn de nuevas ideas no le niegan sino que 
robustecen su antigua personalidad; son la renovaciôa 
-de procedimieotcs en favor de la autonomia y la 
Union, y contribuciôn al progreso en cuanto se ha- 
lia en sus raedios. 

Si este pais tiene defectos creo que en la balaa- 
za delà justicia pesan mâs sus buenas cualidades y su 
hoja de servicios. 

La Historia, sobre todo cuando esta por desea- 
volverse, tiere prolongaciones en otros ramos de los 
conociraientos, que a su vez se desenvuelven sucesiva 
G paralelamente. La de El Salvador, en cuanto este 
pais, aunque ha variado su Geografia, es el Centro 
de una gran rsza precolombina, tendra radiaciones en 
la Epigrafi'a, la Arqueolcgîa, la Simbôlica o Mitolo- 
gîa, el folkolor y la leyenda. 

Torqueraada y otros, desde luego que se identifi- 
ca el pais origen de las emigraciones civilizadoras con 
ese centro étnico, vienen a ser una fuente de inspi- 
raciones para una literatura que como el ciclo home- 
rico o el ciclo vagneriano de nuestro tiempo, convier- 
ta el vasto depôsito de Cosmologîa, Mitologîa, Le- 
yenda, Linguîstica, en las herraosas creaciores de un 
Olimpo y de un Arte que reflejen la America en su 
pasado y la sepan armonizar con su présente y su 
porvenir. 

La Ética en especial tendra en las figuras de Del- 
gado, Arce, Rodrfgaez, y el Vicejefe Prado, el Jefe 
Cornejo, Morazân, eî poeta Alvarez Castro y otros 
mâs, ese vasto campo para el estudio de caractères. 
Para concluîr indicarerros que nuestra Historia ofrece 
a las letras, — la poesîa, en especial, a la narraciôn y el 
teatro, asuntos en que pueden emplearse los buenos 
ingenios. 

Taies son, en la época legendaria, el primer 
Quezalcoatl; 

La invenciôn del ma'z; 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 29 

La rivalidad de Tula v Palecque; 

La lucha de los partidarios de la Estrella de la 
Manana y de la Luoa; 

La vuelta del Segundo Quetzalcohuatl; 

El iraperio de Topilzîa Axcitl y las guerras de 
Orbalzâa; 

Las guerras por el robo de las prince?as del 
Quiche (el Cuscatlâa era aliado del Zotzil); 

Eq la época de la conquista y la colooia, Atlacatl; 

La fundaciôn de San Salvador; 

Las sublevaciones contra Alvarado; 

La invasion raandada por Pedrarias y los hechos 
y desafueros de Martin Estete; 

La fundaciôn de San Miguel de la Frontera; 

Elcampamento de Dracke en el Golfo de Fonse- 
ca y su invasion en la Costa Occidental; 

Los asaltos de los piratas Sharp y Jâquez; 

La fundaciôn de San Vicente de Lorenzana; 

La muerte de Celis; 

En la época de la independencia y la dernocracia: 

Los juramentos por la raonarquia americana y 
por la Repûblica; 

La primera Repûblica de El Salvador de 1822 que 
erigiô el Padre Obispo Delgado; 

Su lucha con el Imperio; 

La guerra anti-aristocrâtica; 

La sublevaciôn de Goyenaga en San Miguel; 

La sublevaciôn de los nonohual y su Jefe Aquino. 

Las guerras de Morazân; 

La muerte de los dos Menéndez; las guerras de 
Malespia y de los filibusteros, y tantas y tantos he- 
chos que como incidentes cfrece cada suceso de inte- 
rés gênerai. Fuera de los asuatos visiblemente his- 
tôricos, hay otros que se presentan a la atenciôn del 
ingenio como resultado del conflicto que hay sierapre 
que nuevas ideas vienen a oponerse a las ideas impe- 
rantes, o que se implantan reformas, teniendo reper- 
cuciôn en la vida del individuo y de la familia. 



30 FPANCISCO GAVIDIA 

Los CREADORES DE NUESTRA HiSTORIA 

Sia contar a los cronistas, cûmplenos decir dos 
palabras sobre los creadores de nuestra Historia Mo- 
derna. 

Arce es en nuestro concepto, el fundador de nues- 
tra Historia: a lo César, narrô dignamentelo que eje 
cutô su brazo; eh cuente, élégante, si bien apasionada 
como actor principal y combatido de los hechos que 
historia; es el primer histcriador, como que su histo 
ria es el producto espontâneo de los sucesos, las pa- 
siones y las ideas de su tiempo. Manuel Montûtar 
debiô inspirarse en la Memoria de Arce cuando 
escribiô las llamadas Memorias de Jalapa que él ti- 
tulô Memoria para la Historia de la Revoiuciôn 
de Centra America. De igual saber qus Arce, me- 
nos elocuente, mâs metôdico y de reposado anâlisis, 
no es sinembargo otra cosa que un discreto iraitador de 
quien primero diô el tono para la narraciôn de nues 
tras muchas tragedias, tan grandes y signiûcativas. 
Sin pensarlo quizâs, siguio a ambos el autor de las 
Memorias de Morazdn, sean escritas por él misrao, 
o por su ilustre Secretario de RR. EE. el poeta Miguel 
Alvarez Castro, o porel Dr. Pedro Molina; pues de los 
otros <coquimbos^> no puede creerse que fuesen auto 
res de un documento asi, de tantae inspirada retérica 
y de no poca ciencia. No la tiene, ni la busca a todo tran- 
ce, como tarapoco las Memorias de Arce y Montufar;. 
pero jamâs las pasiooes de partido usaron un leoguaje 
tan elocuente; y ademâs,no debe olvidarse.en cuanto lo 
permitian las circunstancias, estas Memorias eran el 
alegato de una gran causa. 



CAPÎTULO I 

En 1808. Hechos que preparan a 1811 



La hlstoria es pragmâtica y debe reîatarlos suce- 
SOS, al mismo tiempo que sus causas, dejandolas ver 
en sus coaexiones inmediatas o mediatas. 

Las de los hechos que abren la Historia Moderna 
de El Salvador, comprenden un perîodo que empieza 
muchos anos antes de la fecha en que abrimos nues- 
tra narraciôn — causas que hemos indicado en la in- 
troducciôii — pero los hechos mismos erapiezan en 
1808; aunque debido a la rigurosa censura en que 
se raantuvo a Centro-América, Uegaron con retarde 
las notlcias de los grandes acontecimientos que ha- 
bian trastornado el orden de cosas de Espana. 

Estos son la base y causa inmediata de los acon- 
tecimientos que precedieron a la Independencia y de 
ella misma, pues la supresiôn de la dinastia Borbôni- 
ca, en 1808, dejô a America desligada del trono espa- 
nol, originô la Constituciôn de Câdiz, que luego, 
anulada por el Rey y restablecida en 1821 a su despe- 
cho, araenazada de nueva anulaciôn, fué un arma^ — 
en concepto de Pacto de union no cumplido entre la 
Metrôpoli y las colonias, esgrimida por los araericanos 
a favor de la Independencia. 



32 FRANCISCO GAVIDIA 

Este cûmulo de sucesos sabidos de golpe en 1817 
debe ser expuesto pcr partes en razôn del método. 

Se hablaba, pues, en San Salvador de la lucha 
entre el favorite Godoy y el Principe heredero Fernan- 
do, la cual habia culminado con el proceso del Escorial, 
en que venciô el favorite, y con el motin de Arajuez, 
en que triunfô el heredero^ y con la abdicaciôn de 
Bayona, en que ambos partidos fueron derribados, pa- 
ra dar paso a un tercero en discordia que fué Napo- 
léon. Este sin embargo no era un resultado definiti- 
vo. El que iba a decir la ûltima palabra era el pueblo 
espanol con la epopeya de su independencia, y esa ni- 
tima palabra era la palabra: Libertad. Fuerza nos es 
referir estos sucesos. 

El Proceso del Escorial 

Hallâbase la Corte en el Escorial. 

El Principe heredero ténia como profesor al Ca- 
nônigo Escoiquiz, quien no se sabe si para estimular 
su odio y su acciôn contra el favorito, puso en sus ma- 
nos un libro de espiritu revolucionario: "Las révolu- 
ciones romanas" de un autor francés entonces célèbre, 
después olvidado. Fernando tradujo una parte y 
aùn la hizo imprimir con las inicidles de su nombre, 
sorprendiendo de un modo agradable a sus padres. 

El rey cuando hubo penetrado el espiritu del li- 
bro, reconvino al traductor y le encargô la traducciôn 
de la obra de Condillac llamada el Curso de Estudios, 
que como se sabe es la filosofia sensualista, mecanista 
y apâtica, propia para adormecer los arrebatos de in- 
dependencia y ambiciôn personales. 

Bajo estos trabajos pedagôgicos de Fernando, se 
ocultaba una conjuraciôn. La Marquesa de Perijoa 
denunciô al rey que en el cuarto del Principe habfa 
luz y se mantenian en vêla hasta la madrugada. El 
rey explicô esto por la tarea de traducciôn que él mis- 
mo le habia encomendado; pero se sorprendiô cuando 
hallô en su escritorio una hoja en que estaban escritas 



mSTOKIA MODERNA DE EL SALVADOR 33 

las palabrasKluego, luego, luego,> indicando la urgen* 
cia con que debîa leerse. Hizolo el rey, y el anônimo 
decfa : 

«El Principe Fernando prépara un movimiento 
en el palacio: la corona de V. M. peligra: la reina 
Maria Luisa corre riesgo de ser envenenada: urge im- 
pedir taies intentes sin dejar perder los instantes; el 
vasallo fiel que da este aviso, no se encuentra en po- 
siciôn ni en circunstancias para podercumplir de otra 
manera sus deberes.> 

También los criados del principe habian dejado 
traslucir algo. 

Habiase publicado en esos dias un âîbum de 
poesias en loor de la resistencia de Buenos Aires a los 
buques del gobierno britânico, y con pretexto de ob- 
scquiarlo a su hijo, dirigiôse el rey a su departa- 
mento. 

Bastaban las anteriores denuncias para que el 
rey hiciese una investigaciôn; pero él dijo después que 
le estimulô a hacerla la mirada inquiéta y la tur- 
baciôn de Fernando; se incautô de sus papeles. de- 
jôle incomunicado en su cuarto y llamô a su Ministro 
de Justicia, el Marqués de Caballero, para que dièse 
lectura a aquellos documentos que pasaban de las 
cincuenta paginas. 

El principal, una exposicién dirigida por el prin- 
cipe al rey, resumia su objeto en el siguiente pârrafo 
en que decia hablando de Godoy: "Ese hombre per- 
verse es el que, desechando todo respeto, aspira cla* 
ramente a despojarnos del trono y acabar con todos 
nosotros." 

Una carta sin direcciôn hablaba clararaente de un 
plan de rebeliôn, recomendando que estuviesen listas 
las proclamas e indicando que se salvase al rey y mas 
bien se le atrajese ccn ovaciones mientras la tempestad 
se descargaba sobre Sisbento y Goswiada (nombres 
que designaban a Godoy y a Maria Luisa.) 
4 



34 FPANCÎSCO GAYIDIA 

Se resolviô poner los hechos ea conocimiento de 
la naciôa y abrir uo juicio para castigar a los délia- 
cuentes. 

Al efecto dio el rey un manifiesto: "La vida mîa, 
deci'a, que taatas veces ha estado en riesgo,eraya una 
carga pesada para mi sucesor Convoqué al exa- 
men a mi gobernador interino del Consejo, para que 
asociado con otros Ministros, practicasen las diliged- 
cias de indagaciôn. Todo se hizo y de ella resultan 
varios reos cuya prisiôn he decretado, asi como el 
arresto de mi hijo en su habitaciôn." 

Al propio tiempo teni'a el rey la debilidad de es- 
cribir a Napoléon: «Mi hijo primogénito, el he- 
redero presuntivo de mi trono, habfa formulado 
el horrible designio de destronarme y habi'a llegado al 
extrerao de atentar contra los di'as de su madré. Cri- 
men tan atroz debe ser castigado con el rigor de las 
levés. La que le llama a sucederme debe ser revoca* 
da > 

Tal revelaciôn daba una soluciôn a las dudas de 
Bonaparte sobre la conducta que debia seguir en Es- 
pana: descartado el principe heredero, es fâcil que 
pensase en reclamar a favor de su casa el derecho de 
sucesiôn a la corona de San Fernando. 

El principe habîa sido preso por la manana del 
30 deOctubre de 1807. Después del almuerzo el rey ha- 
bia ido a una partida de caza, que era su ocupaciôn 
favorita. Aprnvechô esta ausencia Fernando para 
dirigirse a la reina pidiéndole perdôn y rogando ser 
escuchado. No fué la reina en persona a verle; enviô 
al Miaistro Caballero a quien confesô el principe que 
habîa pedido para esposa a Napoléon una pariente 
suya y que estaba en conespondencia con el embaja- 
dor de Francia. 

iSe pensô entonces que elEmperador de los fran- 
ceses podîa estar interesado en el cambio de Gobierno? 
El rey enviô entonces a Godoy a hablarconel principe, 
el cual, por dicha, joven y atolondrado^ a pesar de sus 



HTSTO 1\ M"'DIÎRNA DE EL SALVA^'OR 35 

veintitrés anos, se echô en los brazos de su eneraigo 
y escribiô dos cartas afrentosas, que unos atrlbuyen 
a pluma y letra del favorito, auaque él rotuodamente 
lo niega, y otros a debilidad del principe. 
La primera dirigida al rey, deci'a: 

«Senor: 

Popâ mi'o: he delinquido, he faltado a V. M. CO' 

mo rey y como padre: pero me arrepieoto va 

He delatado a los culpables y pido a V. M. me per- 
done etc.. Fernando.» 

Decîa la segunda: 

«Senora: 

Mamâ raîa: estoy muy arrepentido del grandi'si- 
mo delito que he cometido contra mis padres y reyes, 
y asî con la mayor humildad le pido a V. M. se digne 
intercéder con papa etc Fernando. » 

Posteriormente fueron extraîdas las piezas que 
comprometîan al principe en la causa, y no se sabe has- 
ta que punto es justificada la acusaciôn que le hace el 
rey, de quereratentar a losdfas de su madré :locierto es 
que fuese por amor paternal o porque teraiesen Godoy 
y los reyes que el entonces fîmperador ne los france- 
ses apareciese coraproraetido, se concf^diô el perdôn a 
Fernando por medio de otro raaniûesto y se siguiô el 
proceso contra los deraâs presos contra quienes se 
pedia la peoa de muerte. 

Los jueces, sinerabargo, fallaron ab=olviéndolos» 
sin duda en atenciôn a que el principe Fernando, a 
quien se ténia como el principal culpable, habia sido 
desde luego perdonado. 

El pueblo y la nobleza duplicaron su adhésion y 
su amer por el principe heredero y daban senales ma- 
nifiestas de queel proceso del Escorial era sola meute 
el primer acto de un drama que tenemos que seguir 
escena por escena, porque él influyô en la conducta 
e inspiré la politica de nuestros prôceres. 



36 FRANCISCO GAVIDIA 

Los ce m prc mises de Bonaparte y Godoy era el re 
partlmiento de Portugal, dando el Norte a un oleto 
de Carlos IV, dejando el centro para adjudicarse pos- 
teriormecte y elevaado la provlncia de los A^garbes a 
la categforfa de reino, cuyo rey debîa ser el mismo fa- 
vorite. Este tratado que se conoce con el nombre 
de Fontainebleau, habla permitido a las tropas de 
Napoléon invadir la Espana con elpretexto de invadir 
a Portugal, pero los générales franceses exigieron que 
se acuartelasen con las fuerzas espanolas, y Godoy, 
aterrado, resolviô trasladar la Corte a Mexico, como 
los reyes de Portugal se habi'an trasladado al Brasil, 

Pero al llegar la Corte a Aranjuez, el pueblo que 
comprendiô la huîda, resolviô poner remedio por su 
cuenta. 

SUBLEVACIÔN DE ARANJUEZ. 

Esta otra crônica escandalosa, humiliante para 
les raonarquistas, armaba de una grande ironia a los 
republicanos. 

Bajo los chambergos el volterianismo duplicô sus 
dardos. 

Los hechos eran asunto propio. 

El ti'o Pedro (que era un coude vestido de maoo- 
lo. que acaudillaba al paisanaje), habîa hecho montar 
guardia ante la mansiôn del favorito, para ver si la 
huida del rey a America era cierta; pues el rey la ha- 
bia desmentido en un manifiesto. El principe hère* 
dero habfadicho a un guarda de la Corte: Esta noche 
es el viaje y yo no gniero ir. La favorita del favori- 
to,— la Pépita Tudô, — una condesa de Castillo Fiel, — 
saliô en carruaje escoltado del zaguân de Godoy; el 
paisanaje quiso ver dentro del coche, un o5cial hizo 
fuego, otros dicen que un conjurado, para r-recipitar 
los sucesos. Se anadfa que el heredero habfa hecho 
senal con su lârapara desde una ventana que daba al 
lugar en que pasaba el suceso. Pueblo y tropas coq- 



HISTOKIA MODERNA DE EL SALVADOR 37 

jurados creyeron que era la hora del viaje y tomaron 
las avenidas para guardarlus. Siguiôse griterîa, tro- 
pel de gente, raotîn de paisanaje y soldados, que asal 
tô la casa de Godoy, atropellô y desarmô su guardia, 
arrojô por las ventanas el rico mueblaje de los salones, 
hizo un mon ton y le prendiô fuego. El Principe de 
la Paz se acogiô a un desvân y se refiere que ?e envol- 
viô en un rollo de tapiz, lo cual lo habi'a salvado. 

El rey acordô el retire de Godoy de los cargos de 
Almirante y Generalisimo. En seguida supo el rey 
que Godoy habîa sido preso, porque tras larga priva- 
siôn tuvo por mejor entregarse a la tropa que monta* 
ba guardia a la puerta de su casa. La escolta librôle 
de la muerte, al llevarle preto; aunque él sacô varias 
heridas; pues la multitud armada de chuzos, picas y 
herramientas, tratô de arrebatarle a la escolta. 

Aconsejaron entonces al rey que abdicase y lo hi- 
zo él a favor del Prfncipe de Asturias. 

Depuesto Carlos IV por su hijo, el nuevo œonar- 
ca se encontre frente a frente de un enemigo mas po- 
deroso, hasta allf disimulado. Napoléon tenia fuerzas 
en Espana so prétexte de alianza contra Portugal y 
al mando del General Murât, quien ocupô a Madrid 
un dîa antes de que hiciese su entrada el nuevo rey, a 
quien el Emperador no habi'a reconocido. Fernando 
VII tuvo, sinembargo, la debilidad de entregar a Mu- 
rat la espada de Francisco I que se conservaba en la 
Armer îa Real como trofeo de la Victoria de Pavi'a, y 
a instancias del erabajidor francés, Beauharnais, en- 
viô a un infante a recibir a Napoléon que se dirigîa a 
Espana, y a nuevas instancias del erabaj^dor, se puso 
-él mismo en viaje para encontrarle. Noie hallôen Bur- 
gos y continué hasta Bayona, donde se hallaba N.i- 
poleôn. Lo que allî pasô ha sido de influjo tal en la 
America Latina que no creemos faltar a la unidad de 
nuestra narraciôn, si lo referimos, aunque de un mo- 
do conciso, con sus circunstancias mâs salientes, pues 
en San Salvador, como en otras ciudades del conii- 



38 FRANCISCO GAVIDIA 

nente, la acefalia del trono espanol, ya que no recooo- 
cieron las colonias espanolas al rey iatruso, José Bo- 
naparte, herraano de Napoléon, y la abdicaclôn de lo& 
reyes y su prisiôn en tierra francesa, fueron el motivo 
ostensible con que las aspiraciones republicanas y de 
independencia ab^oluta, justificaron los primeros mo- 
vimientos de ins irrecciôn, uno deellos, entre nosotros, 
el glorioso de 1811. 

Ni Bonaparte ni siquiera una coiTilsiôn recibiô a 
Fernando VII a su llegada a Bayona. Los comisio- 
nados grandes de Espana enviados adelantc por este 
mismo.a saludar a Napoléon, le dieron, apenas llegado, 
la noticia de que el Emperador de los franceses habi'a 
manifestado que la dinastfa de los Borbones debîa 
césar de reinar en Espana. (I) La visita de cortesia 
del soberano de Francia se verificô una hora después 
y duré unos pocos minutos, en atenciôn, dijo Bona* 
parte, al cansancio del viaje. 

Napoléon invité al rey el mismo dîa por la tarde 
a una comida, en que solamente se observo que en 
medio de la mâs exquisita cortesia, el anfitriôn évita- 
ba dar a Fernando los tratamientos de soberano y 
heredero de un trono, demostrando que no le recono- 
cîa en tal carâcter. 

Retirôse el rey; pero Napoléon que observaba a 
los personajes de su séquito, y sabi'a ademâs la in- 
fluencia que ejercia aûn el antiguo profesor de Fer- 
nando sobre el ânimo de su discipulo, manifesté a Es 
coiquiz el deseo de conversar con él, rogândole que se 
quedâse a una conferencia: elogiô la elocuencia del es- 
critor que calificô de ciceroniana; y en seguida le de 
clarô que tenîa por nula la renuncia de Carlos IV he 
cha entre los disparos de un motîn; que Fernando ha- 
bîa conspirado contra su padre; y que la polîtica im- 
périal (que era aislar la laglaterra) exigîa que Espa- 
na y Portugal estuviesen a su devociôn en todo y por 



(1) Eec«iquiz, /dea sencilla. El Minislro Cevallos, Mani/iesto^ 
Lafue»te, Historia de Espana. 



mSTORIA M0DE8NA DE EL SALVADOR 39 

todo, lo cual exigi'a que cesase de reiaar la diaastia de 
lo3 Borbones en Espana, 

Se coraprende que taies razones, para el que sabe 
que Espana habi'a hecho ingeotes sacrificios de hom- 
bres, dinero y naves de guerra, enviando ejércitos y 
flotas, como aliada de Francia y haciendo la guerra a 
Portugal como tal aliada, eran las razones del lobo de 
la fabula tratando de cohonestar la disposiciôa en que 
se halla de devorar el cordero. 

Habrîa tenido mâs fuerza la razôo, que en esos 
Ttiomentos hacîa tan admirado a Napoléon en el pue- 
blo espanol, de que por simpatia a Espana, querîa 
derribar al favorito Godoy y la situaciôn por él crea- 
da; pero esto habrfa requerido sumo desinterés para 
ser sincero; y Napoléon imponiendo por rey a uno de 
sus hermanos, probô solamente que aguijaban su am- 
biciôn las desgracias de Espana. 

El arcediano Escoiquiz justificô la conducta de 
Fernando y tratô de probar que la renuncia del viejo 
rey era voluntaria. 

El misrao Escoiqu'z refiere: 

"Sonriéndose y tirândorae de la oreja: 
*' — Usted, Canônigo, no quiere entrar en mis 
ideas. " 

En resumen, el Emperador ofrecîa a Fernando 
por medio de su profesor la corona del pequeno reino 
dî Etruria a cambio de la corona de Espana y de las 
Indias. 

Cuando Escoiquiz dio este mensaje al rey, ya es- 
te lo habîa recibido, pues poco antes lo escuchara del 
gênerai Lavary. Esta proposiciôn se discutio entre los 
ministres del rey y comisionados de Napeleôn, sin que 
los espanoles la aceptasen, resolviendo el Emperador 
esperar la llegada de los reyes padres. Godoy, a 
quien hdbîa hecho poner en libertad por medio de 
Murât, llegô antes que los reyes. 

Napoléon los reuniô a todos en su mesa. 



40 FRANCI-CO GAVIDIA 

Reclamô entonces Carlos IV de Fernando la co- 
rona que manifesté haber renunciado cediendo a la 
violencia, y aun no habîa contestado el rey, cuando 
enfurecidos el padre y la madré, ofrecieron un espec- 
tâculo de ira, ademanes descompuestos e injurias, que 
terminé con la retirada de Fernando taciturno. 

Fernando enviô después a su padre la renuncia 
que le habi'a pedido; pero exig^îa que de ella conocie- 
sen las Cortes y que Carlos IV se volviese a Madrid 
sin la compania del favorito Godoy a quien excecraba 
toda la naciôn; reservândose el derecho a la regencia 
y lugartenencia si su padre no queria reinar. 

Carlos IV no aceptô esta propuesta que parece 
sensata dentro del interés de los reyes. 

Bien se ve que Fernando la hacîa, creyendo que 
Napoléon respetaba la extraterritorialidad que le con- 
cedîa en aquel caso el Derecho de Gentes, pues sabia 
que el Emperador habîa dicho que en el caso de no 
entenderse empezari'an enseguida las operaciones rai- 
litares, y el rey, aunque estuviese ocupada la Espana 
por fuerzas impériales, conservaba la posibilidad de 
resistir, oponiendo la fuerza a la fuerza. Carlos IV 
no lo crei'a asi y su respuesta a la renuncia de Fernan- 
do, considerada toda la ironîa que envuelve, se resu- 
mîa en estas palabras: 

«Solo el Emperador puede salvarnos». 

Ya hemos dicho que el personaje que iba a decir 
la ûltima palabra en este drama era el Pueblo Espa- 
nol, y en efecto ha llegado el momento en que se hace 
oîr. 

En medio de la discusiôn de la renuncia que 11e- 
vaba algunos di'as desde la llegada de Fernando a 
Bayona, sobrevino la noticia inesperada que suspendiô 
todos los ânimos. 

Era el rugido del leôn que suspende a los tigre? y 
panteras que se disputan la presa. 
Kra la noticia del 2 de Mayo. 
Con raotivo de la salida para Bayona de los pri'n- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 41 

cipes Carlos y Antonio, COQ lo cual iba a quedar la 
casa real de Espana en poder de Napoléon, el puebla 
espaSol. encabezado por Daoiz y Velarde, habfa lan- 
zado el grito de Independencia. 

Apresurôse Napoléon a concluir. Monté en cô» 
lera y reunidos los reyes, el anciano Carlos IV mani- 
festé a Fernando que si no renunciaba incondicional- 
mente, serîa juzgado con todos los suyos en concepto 
de conspiradores contra la vida de los soberanos. 

La situaciôn para Fernando VII cambiaba de 
golpe: ya no era un rey sino un reo y firmô la renun- 
cia en los términos con que se la presentaron. 

La historia guarda cierto pudor y sin insistir en 
muchasexpresionesdelos docuraentos delà abdicaciôn, 
como <Su Magestad el Emperador da y afianza a Su 
Magestad el Rey Carlos una lista civil de 30.000.000 

de reales> <el palacio impérial de Com- 

piégne con los cotos y bosques de su dependencia que- 
dan a disposiciôn del Rey Carlos mientras viviere. ../^ 
.... *'Su Magestad el Emperador concède a Su Alteza 
Real (el Rey Fernando yil) 400.000 frs. de renta so- 

bre el tesoro de Francia> ; se detiene ante la 

declaraciôn de que <S. M. el Rey Carlos cède 

por el présente todos sus derechos al trono de las Es- 

panas y de las Indias a S. M. el Emperador 

Napoléon > y de que «S. A. R. el principe de 

Asturias adhiriôse a la cesiôn hecha por el Rey Carlos« 
de sus derechos al trono de Espana y de las Indias a 
favor de S. M. el Emperador de los franceses:^. 

Muchas regiones de la America y muchos ameri' 
canes se creyeron desligados de todo lazo y compro- 
mise cen el trono de esos reyes. 

Delgade fué une de elles. 

Firmada la abdicaciôn, el viejo rey saliô para 
Com piégne y Fernando VII para Valencey. Estes 
palacies eran asî sus prisienes, y estes reyes, reos^ 
5 



42 FRANCISCO GAVIDIA 

Ug perfodo de larga ansiedad fué para los hom- 
bres dirigientes de San Salvador la segunda mitad de 
1808.(*) En julio se supieron la prisiôa del Ministro 
omnipotente Don Manuel Godoy en lafortaleza de Vi- 
llaviciosa a consecuencia del motîn promovido por los 
patriotas espanoles en Araujuez, la abdicaciôn de 
Carlos IV y la subida al trono de su hijo el principe 
de Asturias con el nombre de Fernando VII. Era 
lôgico pensar,conGcidas las ambiciones de todas clases 
de Napoléon, la ocupaciÔQ de Espana por ejércitos 
suyos y la intervenciôn que tenîa en los sucesos de la 
Corte espanola, que el drama no habia concluido con 
la abdicaciôn de Carlos IV. 

Las noticias de la abdicaciôn y prisiôn o residen- 
cia obligatoria de Fernando VII en Valencey y de sus 
padres en Compiégne.^Uegaron a San Salvador en el 
mes de agosto, lo mismo que la lelaciôn de lo que se 
hacîa en Guatemala, donde el mariscal de Campo 
Mcllinedo y Saravia habi'a convocado a una Junta de 
autoridades, como la del 15 de Septiembre, y a que 
habîan asistido el mismo Gobernador y Capitân Ge- 
neral, el Arzobispo, el Régente y oidores de la Real Au- 
diencia, el Marqués de Aycinena, los altos empleados 
del Tesoro, el Dean y Capi'tulo de la Archidiôsesis, el 
Muy Noble Ayuntamiento, la Universidad, los Priores 
de las ôrdenes religiosas, el Real Consulado, el Inten- 
dente de Comayagua que se hallaba en Guatemala, el 
Secretario de la Real Audlencia, el Comandante de la 
Artillerfa y los Coroneles de los Regimientos; leyendo 
el Mariscal un despacho del Virrey de Mexico y la re- 
Irciôn de una gaceta de los sucesos de la Corte, — la 
abdicaciôn en Bayona del Rey Fernando y la renuncia 
de sus derechos de sucesiôn al Trono de Espana por 
los Principes Carlos y Antonio, représentantes de la 



(*) En la pâg-ina32, li'nea la., hemos dicho que la acefalîa del tro- 
no no fué sabida en El Salvador sino es en 1810 (por errata se mpritnio 
1817). Este dato, que nos sutninisird un texto de Historia, esta rectifi- 
cado por la obra Guatemala por Fernando VII y a ella conformamos 
con toda certeza estas fechas. 



HISTOKXA MODIiKNA DE EL SALVADOR 43 

dinastî-j; y declarando. en fin, la Junta, que taies actos 
eran ilegales e injustes, y fruto de la violencia de Bo- 
naparte, y que por tanto debian desconocerse; y que 
en fin, debîa renovarse la adhésion al monàrca prisio- 
nero, y mantenerse las leyes existentes, la religion ca- 
tôlica y el orden gênerai. 

El Mariscal habi'a expedido un manifiesto. 

En el mes de Diciembre hubo manifestacione? 
générales de adhésion al Rey porinstrucciones venidas 
de Espana para mantener la bandera de Fernando 
VIL 

Escribiôse en fin un libro que se titula Guatema- 
la por Fernando VII Rey y que relata e«tas 
manifestaciones de amor a la madré patria. 

Tiempo es ya de considerar en que termines se 
presentaba y planteaba el problema de los destinos de 
Centro America a los Delgado, a los Aguilar, a los 
Arce? Que pensaban los prôceres? 

Ténia Espana gobierno? 

Lo era el Consejo que dejô Fernando para hicer 
sus veces al partir a Bayona? 

Lo era José Bonaparte rey de Espana por Bo- 
naparte? 

Lo era el mismo Fernando VII prisionero en 
Valencey? 

Lo era la Junta de patriotas de Sevilla que diri- 
gîa la resistencia a los franceses? 

Las mismas autoridades reaies no sabi'an a que 
atenerse. 

El virrey Iturrigaray, de Mexico, no sabiendo que 
responder a esoscuatro problemas, se adhiriô a la opi- 
nion del Licenciado Verdad que en Junta de funcio- 
narios opinô que en tal casa debia invocarse el prin- 
cipio de la Soberania Popular, palabras audaces 
que ocasionaron al Virrey la deposiciôn y al Licencia- 
do Verdad la libertad, y segun se crée, la vida, pues 
muriô en la prisiôn a que le llevaron los realistas. El 
manifiesto del virrey Iturrigaray trasmitido a Gua- 



44 FRANCISCO GAVIDIA 

temala al Capitâa General Mollinedo y Saravia, y por 
•este al latendente de San Salvador, propooîa aqui 
los mismos problemas. 

Aquî como en Mexico y Guatemala, se desobede- 
ciô la autoridad del Rey José, que de hecho aparecîa 
constituido, a pesar del manifiesto de Fernando VII 
que recomendaba la obediencia, y la nota de Porlier, 
Ministro de la Guerra deEspana, fué rechazada de 
piano. 

Alld como aquî las autoridades y los notables es- 
taban contra la autoridad constituîda y su évidente 
ilegalidad. 

En taies condiciones se hizo en San Salvador el 
juramento de fidelidad al Rey Fernando VII y el paseo 
del pendôn real, se abriô una suscripciôn para contri- 
buir a la guerra de Independencia de Espana y se en- 
viaron al Gobierno de la resistencia veinticuatro mil 
pesos. 

La politica ostensible de Delgado en tal momento 
fué : la Independencia absoluta en Centra Améri- 
CQy en espéra de la libertad del Soberùno, 

Guerra de la Independencia en Espana 

No serîa completo el cuadro que hemos bosqueja- 
do si no ofreciéramos el de la lucha del pueblo espanol 
contra Bonaparte. 

La voz de un poeta resumiô entonces el orguUo, 
la indignaciôn, la côlera, el valor y la sabiduria del 
pueblo espanol. Este supo después, en mejores dîas, 
cenirle una corona. Este poeta fué Quintana. 

El orgullo espanol entonces hablô asî de Es- 
pana, con ocasiôn del moti'n de Aranjuez: 

^Qaê era, decidme, la naciôn que un dîa 
Reina del mundo proclamé el destino, 
La que a todas las Zonas extendîa 
Su cetro de oro y eu blason divino? 
V^olâbase a Occidente 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 45 

Y el vasto mar Atlântico sembrado 
Se hallaba de eu gloria y su fortuna. 
Doquiera Eepana: eu el preciado seno 
De America, en el Asia, en lo8 confines 
Del Africa, alH Eepana. El soberano 
Vuelo do la atrevida fantasia 

Para abarcarla se cansaba en vano. 

Ora eu el cieno del oprobio hundida, 
Abandonada a la insoleucia agena, 
Como esclava en mercado, va aguardaba 
La ruda argolla j la eervil cadena. 
jQuê de plagas, oh Dios! Su aliento inapuro 
La pestilcute fiebre respirando, 
Infestô el aire, emponzonô la vida. 
La hambre enflaquecida 
Tendiô sus brazoa lîvidos, abogando 
Cuanto el contagio perdonô. Très veces 
De Jano el templo abrimos, 

Y a la trompa de Marte aliento diraos. 
Très veces, ay! los dioees tutelares 

Su escudo nos negaron, y nos vimos 
Rotos en tierra y rotos en los mares. 

iQuê en tanto tiempo viste 
Por tus inmensos términos joh Iberia? 
^Qué viste ya sino funesto luto, 
Honda tristeza, sin igual miseria, 
De tu vil servidumbre acerbo fruto? 



Llega el momeoto, en fin; tiende su mano 
El tirano del mundo al Occidente 
Y fiero exclama: <El Occidente es mîo!> 
Barbaro gozo en su ceûuda frente 
Repplandeciô, como en el seno obscuro 
De nube torraentosa, en el estîo, 
Relâmpago fugaz brilla un moiuento 
Que anade horror con su fulgor sombrîo. 

Sus guerreros féroces 
€on gritos de soberbia el viento llenan; 
Gimeu los yunques, los martillos suenan, 
Arden las forjaa. jOh vergiienza! ^Acaso 
Pensais que espadas son para el rombate 
Las que mueven sus raanos codiciosas? 
No en tanto os estiméis: grillos, esposas, 



46 FRANCISCO GAVIDIA 

Cadenae eon que en ver^onzos lazos 
Por eiempre amarren tan inertes brazos. 

Extremeciwee Espana 
Del indigno rumor que cerca oîa, 

Y al gran le impulso de su justa sana 
Rompiô el volcan que en su interior hervîa. 

Sue déspofae antiguos 
Consternados y pâlidos se escond^n; 
Resuena el eco de vengauza en rorno, 

Y del Tajo las mârgenes respondeu: 
"jVenganzQ!" ^.^ôude estân, sagrado rîo, 
Los coloeoe de oprobio y de vergiienza 

Que nueetro bien en su insolencia ahogaban? 
Su gloria fué, nuestro esplendor comiecza; 

Y tu orgulloso y flero, 

Viendo que aûn har Castilla y castellanoe, 
Précipitas fil mar tu8 rubias oudas, 
Diciendo: "Ya acabaron los tiranos." 

jOh triunfo! job gloria! joh celestial momentoî 
é.Con que puede ya dar el labio mfo 
El nombre augusto de la patria al viento? 
Yo le daré, mas no en el arpa de oro 
Que mi cantar sonoro 
Acompanô hasta aquî; no aprisionado 
En estrecho recinto en que se apoca 
El numen en el pecho 

Y el aliento fatîdico en la boca. 
Desenterrad la lira de Tirteo, 

Y el aire abierto a la radiante lumbre 
Del Sol, en la alta cumbre 

Del riecoso y pinifero Fuenfrîa, 

Allî volaré yo, y allî cantando, 

Con voz que atrueue en rededor la sierra, 

Lsnzaré pur los campos castellanos 

Los eeoe de la gloria y de la guerra. 

, iGuerra, nombre tremendo, abora sublime,. 
Unico asilo y 8a<'rosanto escudo 
Al împetu sanudo 

Del fiero Atila que a Oecidente oprira»r! 
jGuerra, guerra, espanolee! En el Betis 
Ved del tercer Fernando alzar»»' airada 
La augueta sombra; bu diviua frente 



.._ J 



HÎSTORIA MODERÎÎA DE EL SALVADOR 47 

Mostrar Gonzalo en la',imperial Granada; 
Blandir el Cid su centellante eapada, 

Y alla, sobre los altos Pirineoe, 
Del hijo de Jimena 

Animaree los raiembros triganteos; 
En torvo ceiîo y desdenosa pena 
Ved cômo cnizan por los aires vanos; 

Y el valor exhalando que se eucierra 
Dentro del hueco de sus tumbas frîas. 

En fiera j ronca voz pronuncian: "iGuerra! 

"iPues que! iCon faz serena 
Viérais los campos dévaster opimos, 
Etenio objeto de ambiciou ao;eîia, 
Herencia inmensa que afanando os dimos? 
Despertad, raza de hèroes: el momerito 
Llegô va de arrojarse a la Victoria; 
Que vuestro nombre éclipse nuestro nombre, 
Que vuestra gloria humilie nuestra gioria. 
No ha sido en el gran dîa 
El altar de la patria alzado en vano 
For vuestra mano fuerte. 
Juradlo, ella os lo manda: ;Antes la muerte 
Que consentir jamâs ningûn tirano'\ 

Si. yo lo juro, vénérables sombras, 
l'o lo juro también y en este instante 
Ya me siento mayor. Dadme una lanza, 
Ceni<ime el casco flero y refulgeute; 
Voleraos al combate, a la venganza; 

Y el que niegue su pecho a la esperanza, 
Hunda en el polvo la cobasde frente. 
Talvez el gran torrente 

De la devaetaciôu en su carrera. 
Me llevarâ. ^Qué importa? (.Por ventura 
No se muere una vez? ^.No iré, espirando, 
A encontrar nuestros îuclitos mayores? 

Y al armarse las Provincias contra Bonaparte, 
elevô mâs su canto el Tirteo espanol: 

Eterna ley del mundo aquesta sea: 
•'En pueblos o cobardes o extragados. 
Que ruede a su placer la tiranîa; 
Mas si su atroz porîîa 



48 FRANCISCO GAVIDIA 

Osa ineultar a pechoe generosoe 
DoDde eisfuerzo y virtud tienen aeiento, 
Estréllese al instante, 

Y de eu ruina brote el eecarmieuto" 
Dijo asî DioH: con letras de diamante 
Su dedo augusto lo eecribiô en el cielo. 

Y en torrente de fiangre a la venganza 
Mandé deepuée que lo anunciaBe al Buelo. 

Hoy lo puede anunciar. En justa pena 
De tu vicioeo y mîsero abandono, 
En tî 8U horrible trono 
Sento el nûmen del mal, Francia culpable: 

Y sacudiendo el cetro abominable, 
Cuanto tue ojoe ven tanto aniquila 
El genio atroz del ineensato Atila. 
Lae furias que el mortîfero eetandarte 
Llevaban de Timur, mandan al lado 
De tu feroz Sultan: ellas le inepiran, 

Y ya en eu orgullo a eeclavizar se atreve 
Cuanto hay del mar de Italia a los desiertOB, 
Faltos Biempre de vida y siempre yertos, 
Do reina el polo engendrador de nieve! 

Llega Eepana, tu vez; al cautiverio 
Con nefario artificio 
Tus principes arrastra, y en su mano 
Las riendas de tu imperio 
Logrô tener y se ostentô tirano. 
Ya manda, ya desvasta: sus soldadoe, 
Obedeciendo en torpe vasallaje 
Al planeta de muerte que los guîa, 
Trocaron en horror el hospedaje, 

Y la amistad en servidumbre irapîa. 

A dônde, pues, huyeron, 
Pregunta el orbe estremecido, a dônde 
La santa paz, la noble confianza, 
La no violada fe? Vanas deidadee, 
Que 8<51o ya los débiles imploran. 
Europa Babe de escarmiento llena, 
Que la fuerza es la ley, el dios que adoran 
Eeos atroces vândalos del Sena. 

Pues bien, la fuerza mande, ella décida; 
Nadie incline a esta gente fementida 



mSTOSlA MODKRNA DE EL SALVADOR 49 

For temor pusilâmine la frente, 

Que Dunca el alevoBO fué valiecte. < 

Alto y ferot rugido 

La Bed de guerra y la eangrienta eana ' 

AnuDcio del leÔD, con bronco acento ■ 

Eneordeciendo el eco en la montana. j 

A devorar eu presa ' 

Las éiguilaa se arrojan por el viento, 

S61o la eierpe vil, la eierpe ingrata 

Al deecuidado seno que la abriga \ 

Callada llega y poDzonoea mata. 

Lae vîboras de Alcidee j 

Son las que aealtan la adorada cuna , 

De tu felicidad. Deepierta, Espana, 

Deepierta \a.y Dios! y tus robustes braao» i 

Haciéndolas pedazos 

Y esparciendo sus miembros por la tierra, | 
Ostenteu el esfuerzo incontrastable 

Que en tu naciente libertad se encierra. ! 

Ya se acerca zumbando 
El eco grande del clamor guerrero, j 

Hijo de indignaciôu y de osadîa. \ 

Asturias fue quien le arroj6 primero; < 

iHonor al pueblo astur! Allî debîa ■ 

Primero resouar. Cou igual furia i 

Se alza, y se extiende a doiide en fértil riego 
Del Ebio caudaloso y dulce Turia : 

Las claras ondas abundaueia brotan. j 

y como en selvas estallante fuego ] 

Caando las alas de aquilon le azotan, '[ 

Que de pronto a calmar, ni vuelto en Uavia, 
Jupiter basta, ni los ancbos rîos 
Que oponen su corriente a eus furores, 
Los ecos libradores 
Vuelan, cruzan, encienden 
Los campos olivîferos del Betis, 

Y de la playa cântabra basta Câdiz 

El seno azui de la agitada Tetis. ! 

j 

Alzase Espana, en fin; con fa« airada \ 

Hace a Marte senal, y el dios horrendo .1 

Despena en ella su crujiente carro; 
Al espantoso estruendo, 



50 F?ANC3SCO GAVIDIA 

Al revolver de eu terrible espada, 

En vez de eetremecerse, arde y se agita 

Y vuela en pos el espanol bizarro. 
"î Fuera tiranoe!'', grita 

La muchedumbre iiimen^a. jOh voz eublime, 

Kco de vida, manantial de gloria! 

Ksos ministres de ambiciôn agena 

No te escucharon, no, cuando triunfaban 

Tao Mcilmeute en Aueterlitz y en Jena. 

Aquî te oirân y alcanzarâs Victoria; 

Aquî t^ oirân saliendo 

De pechos esforzados, varoniies; 

Y la diatancia raedirân gimiendo, 

Que de hombraa hay a mercenarios viles. 

Arde la lucba, 

Returaba el bronce; los valientes caen, 

Y el campo de huraor rojo hecho ya un lago 
E>escubre al mundo el espantoso estrago. 
Asî 8«8 ilanos fertiles, Valencia 

Oatenta; asî Bailén, asî Moncayo; 

Y es fanria que Ihs vîctiraas de Mayo 
Lîvidas por el nire aparecîan; 

Que a eu alarido horrendo 

Las franceeas falanges se aterraban 

Genios que acompanâis a la Victoria, 
Volad, apercibid en vuestras rnanos 
Lauros de Salarnina y de Platea, 
Que orecen cuando lloran los tiranos. 
De ellos cenido el vencedor se vea 
Al «cercarse al Capitolio ibero. 
Ya îlega ^no le veis? Astro parece 
En su carro triunfal, mucho mâs claro 
Que tras torraenta el sol. Barred las caltes 
De eee terror que las yermaba un dîa, 
Que el jôbilo las huelle y la alegrfa; 
Los altos coronad, henchid los valles, 

Y en vuestra boca el apacible acento 

Y en vuestras manoa tremolando el lino, 
**Salve, exclaraad, libertador divino, 
Salviî", y que en eco« mil lo diga el viento, 

Y suba resonando al firraamento. 

Suba, y Espana mande a sus leonea 
Volar rugiendo al alto Pirineo, 






mSTOKIA r.îODEKXA DE KL SALVADOR 51 

Y alK alzar el eepléndido trofeo, 
Que diga: "Libertad a Ihs Daci(}ne8''. 

Tal es jJih pueblo grande! ;oh pucbJo fuerte! 

El premio que la Ruerte 

A tu valor maofnénimo destina. 

Asî resÎBte la robuwta encina 

Al temporal: arrôJHnse eilbando 

Los fieros huracanes, 

En su espantoso vérti^o llevando 

Desolaciôn y ruina; ella résiste, 

Créée el furor, redoblan sa pnjanza, 

Braman y tiembla en derredor la esfera; 

îQué importa que a la verde cabeliera 

Fjute ramo y aquel faite, arrancado 

Del împeto del vienlo y luego muera 

Ella résiste; la soberbia ciraa 

Mes herraosa al Olimpo al fin levante, 

Y entretanto meciéndoseen sus hojas, 
Céfiro alegre la Victoria canta. 

La epopeya de la 
Independencia Espaîïola 

La mafiana del 2 de Mayo, cuando se conducia a 
Bayona a los principes de la dinastia reinante que 
aun no tenîa Napoléon en su poder, el pueblo de Ma- 
drid, agrupado en la plazuela del PalacioReal sehabia 
lanzado a ponerlos en libertad. Cortaron los subie 
vados los tiros de los caballos del carruaje y las tropas 
francesas fuèron arroUadas, pero el grueso dtî Ejército 
hibia dorainado al pueblo desarmado. 

Un cuerpo de soldndos y paisanaj^ al rnando de 
los inmortales Daoiz y Velarde, que habfan abierto las 
puertas del Parque de Artillerîa y sacado 3 canones. 
auxiliados por un piqueté de Infanterfa del oficial 
Rulz, hicieron frente al enemij2fo haciendo vario;-- pri 
sioneros y sosteniendo una luch.ii sangfrienta conlra las 
fuerzas del General Lefranc. Perecieron nouchos de 
ambos lados, entre ellos Velarde; y quedando heridos 
Daoiz y Ruîz. 

El enemigo dio una carga a fin de apoderarse de 



52 FXAMCÎSCO GAVIDîA 

la Artillerîa, y en ella pereciô Daoiz. loterviao el Go- 
bierno que era ejercido por una Junta, y el pueblo se 
dispersé coq proraesas que no se cumplieron; pues los 
francesesocupandoyafuertes posiciones, arcabucearon 
'en la Puerta del Sol a transeuntes que iban a sus tra- 
bajos, fiados en las proraesas de olvido de lo pasado, 
pretextândose que llevaban armas, que a veces eran 
tijeras y navajas. Por la noche se hicieron fusilamientos 
de pelotones y se dice que al araanecer fueron ultima- 
dos no solo hombres sino tarabién mujeres y oinos en 
la Moncloa, y en el Cerro del Principe Pi'o. 

La Espana se irg-uiô indignada, Napoléon pudo 
comprender en seguida que el âguila impérial no podîa 
contra el leôn ibero. Al grito de Madrid respondiô 
Asturias en los riscos faraosos donde el inmortal Pe- 
layo habîa empezado la reconquista contra los musul- 
manes. Respondieron Espana y America, si bien a 
las colonias solo tocô rechazar las tentaciones de los 
emisarios de Napoléon, levantarcontribucionescomo la 
de 24,000 pesos de San Salvador, hacer manifestacio- 
nes y escribir periôdicos y libres corao el titulado Gua- 
temala por Fernando VIL 

Yaun nohabi'an pasado dos meses desde las matan» 
zas de Madrid nie ntrado el nuevo Rey José entradoa la 
bella ciudad para sentarse en el trono espanol, cuando 
Espana contesté el 2 deMayoc'nla victoria de Bailén. 
La Europa contemplé con asombro que los veteranos 
del Imperio habi'an sido vencidos con lujo de heroîs- 
mo por los patriotas espanoles. 

Los vencedores de Bailén eran solo 9.000 hom- 
bres, casi reclutas. Dieron 3 cargas que obligaron a 
los france.ses a reorganizar por très veces sus batallo- 
nés, y asaltadas las posiciones del eneraigo, el General 
Dupont que en vano espéré refuerzos, firme la capi- 
tulacién. Llego entonces otro ejército francés man- 
dado por el General Vedel que fué rechazado. Los 
muertos franceses eran 2.000 y los prisioneros 22.000 
veteranos- 



HISTORIA UODEBNA DE EL SALVADOR 53 

Para mayor gloria del eotonces gênerai Castanos 
y después duque de Bailéo, que era el gênerai en jefe, 
esta batalla tuvo un efecto doble; pues la ciudad he- 
roica de Zaragoza que habi'a sufrido su primer sitio 
mémorable, ayudada con el efecto moral de Bailén, 
vio levantar el campo a los sitiadores. 

Con estos dos actos de heroismo que asombraroa 
a la Europa debe citarse la defensa de Zaragoza. Cuan* 
do solo teni'a trescientos soldados y una tapia por 
muralla, el gênerai irancés Lefebre atacô la ciudad 
creyendo que se rendirîa con un flojo asalto; pero los 
zaragozanos, hombres, ancianos, mujeres y ninos, re- 
chazaron alenemigo y lo hicieron acarapar fuera del 
alcance de los canones. Lefevre organizô un s?itio en 
■forma. Todo se conjuré en contra de los sitiados: 
6.000 independientes que podîan auxiliarles fueron de- 
rrotados en Eplla, donde perdieron 1,500 hombres, 
muertos o heridos; el depôsito de pôlvora de Zaragoza 
estallô haciendo volar ediScios y gentes; y 3.800 solda- 
dos y cuarenta y seis piezas de artillerîa al mando del 
çeneral Ver lier, reforzaron el campo del enemigo;ea 
fin, perdieron el monte Forrero, desde donde bombar- 
dearon los franceses la ciudad. 

Nada sinembargo domenô la presencia de ânimo 
de la capital aragonesa. El 1? de julio fué el asalto 
gênerai. En el puesto llamado El Portillo todos los 
artilleros espanolesquedaron muertos y las piezas solas; 
los tranceses iban a entrar a la plaza por aquelboque- 
te cuando una bella joven de veintidôs anos tomô la 
mecha de raanos de uno de los muertos, prendiô fuego 
a un canon cargado con metralla y detuvo al enemigo, 
sosteniendo el combate hasta verse rodeada porsufi- 
ciente numéro de soldados. Esta fué la célèbre heroina 
Agustina Aragon. 

Después de renidos combntes los franceses levan- 
taroa el sitio. 

El triunfo de Bailén habîahecho al Rey José abao- 
• Joaar a Madrid estableciéndose en Vitoria, en la 



54 FKANCISCO GAVIDIA 

frontera con Francia. Tan herido en su araor propio 
sintiôse eî Emperador, que se encaminô a Espana ?À 
frente de un ejército de 140,000 veteraoos. 

Los ingîeses aliados de los patriotas habian su- 
frido con otros reveces la derrota de cerca de la Co- 
runa. 

Pero la guerra tomô nueva faz. Las guerrillas. 
Porlier en Asturi s, Juan Martin Diez el Empecinado 
en Castilla la Nueva, Mina en Navarra, y otros jefes 
de partidos sueltos, acechaban destacamentos y con- 
voyés sorprendiéndolos y escapando por medio de râ- 
pidas maniobras a los planes y a las fuerzas de los gé- 
nérales del imperio. 

Fué sitiada de nuevo Zaragoza cuyo heroîsmo lo 
mismo que el de la ciudad de Gerona se han hecho 
legendarios. 

La guerra continué con varia fortuna. 

Mientras se combatfa en Castilla, en Cataluîia 
en Extremadura, (1809) los dîas 27, 28 y 29 de julio 
se ganaba la batalla de Talavera de la Reina que 11e- 
nô de gioria, como la de Bailén a Castanos, a los ge 
nerales Cuesta y Wellington, jefe de los ingîeses 
aliados. 

En este com bâte el ejército francés habfa sido 
mandado por el Rey José en persona. 

El niismo ano derrotô el General espanol duque 
del Parque en la batalla de Tamamer al gênerai Mar* 
chand. 

Durante los afios siguientes de 1810 y 1811 los 
franceses hicieron repetidos, grandes y desesperados 
esfuerzos por apoderarse de la ciudad en que estaba el 
asiento del gobierno espanol. 

Tal fué el sitio de Câdiz donde una Asamblea 
formada por Diputados de Espana y America, dicta- 
ba la Constituciôn famosa que contenîa la declara- 
toria de todas las libertades y derechos del hom- 
bre. 

A su tlempo veremos la Provincia de San Saha- 



mSTORIA MODE8NA DE EL SALVADOR OO 

dor representada en estas célèbres Certes, y lo que es 
màs aceptada por ellas, la declaratoria de los derechos 
del hombre, base de la Constituciôo famosa de 1812, 
formulados por el entonces lotendeote de esta Provin- 
cia Dr. Don José Maria Peinado y presentada a las 
Certes por el Diputado Canônigo Larrazâbal. 

Tampoco debe olvidarse la influencia que tuvo en 
la eraisiôn y fondo de esta carta magna el movimiento 
de 1811 de El Salrador y sus similares de America. 

Las Cortes crearon la orden de San Fernando 
para significar que luchaban por la Independenzia. 

Librôse con los sitiadores la batalla de Chiclana, 
en que estos lanzaron mâs de 15,000 bombas sobre la 
ciudad. 

Después de un sitio de dos anosy medioy después 
de inutilizar seiscientas piezas de artilleria, cuando los 
sitiados se disponîan a hacer una salida sobre el cam- 
pe enemigo, los franceses levantaron el cerco mientras 
los patriotas disparaban cohetes y encendîan lumi- 
narias. 

Esta hoguera deCâdizcrisol donde se forma elcre- 
do de las libertades ibero-araericanas, por el cual se lu- 
charâ al tratarse de Uevarlo a la practica, en el movi- 
miento de 1814 en San Salvador, sera el origen de 
grandes combatcs en Espana hasta todavia muy en- 
trado el pasado siglo; ningûn espectâculo mâs bello 
en la Historia. 

También obtuvo el ejército compuesto de espa- 
noies e ingleses al mando del gênerai Beresford la Vic- 
toria de Albuera. El derrotado en este encuentro fué el 
célèbre mariscal Soult, y en ella perdiô en el termi- 
ne de très horas 12,000 hombres, puestos fuera de 
combate. 

En fin, en 1812, mientras las Cortes decretaban y 
promulgaban la célèbre Constituciôn, los aliados ob- 
tuvieron la Victoria de Arapiles, quelanzé al hermano 
de Napoléon a la frontera de Francia, donde en el rio 
Bidasoa y en San Marcial, sufria el ejército francéa 



56 FRANCISCO GAVIDIA 

nuevas derrotas que les imponia el General espafiol 
Manuel Freire. 

Los iovasores todavîa perseguidos en su propjo 
territorio, doode fueron derrotados en Orthez y en 
Tolosa, no se vieron libres sino cuando Napoléon tuvo 
que borrar todo lo que habîa escrito en Bayona contra 
la soberanfa y la libertad del pueblo espanol. 

Pero la vuelta del rey cautivo y sus efectos en la 
Historia de las Naciones de America y en la especial de 
El Salvador, donde produjo consecuencias que ata- 
nen a la America Central y a las instituciones republi- 
canas y democrâticas, sera narrada a su tiempo, es 
decir al historiar los anos que siguieron al movimien- 
to de 1814. 

Se ELlGE EN San Salvador un elector 

DE MiEMBRO DE GOBIERNO DE ESPAÎÎA E INDIAS 

Algo nos hemos adelantado en la narraciôn para 
ofrecer de golpe todo el cuadro de la lucha del pueblo 
espanol por su Independencia. Necesitamos rétrocéder 
a 1811^ cuando mâs dudas se ofrecîan a los americanos 
sobre la suerte queestaba reservada a la madré patrîa. 

El Rey preso desconccîa las autoridades que con 
el nombre de Regencia hacîa sus veces. 

Fâcilmente se ofreciô a los prôceres la idea de la 
soberanfa popular. 

Gobernaba al abrirse esta Historia el Intendentc 
don Antonio Gutiérrez de Ulloa, pues desde 1788 se 
habia sustituido por un Intendente a los antiguos Al- 
caldes Mayores; y era Capitân General, Présidente y 
Gobernador del reino de Guatemala, el Mariscal de 
Campo don Antonio Gonzalez Mollinedo y Sara via. 

Mientras tanto las ideas polîticas se renovaron. 
Hasta alli el sâbdito solo habia tenido voz como î>et»- 
cionario, hoy pedfa tenerla en los negocios de la na- 
ciôn. Un monarca absoluto y sus edictos eran su de- 
recho publico; hoy se pedfa gobierno propio. Los 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 57 

constitucionalistas de la escuela de Montesquieu y 
amantes de la formula inglesa procedfan en Kspa- 
na, donde gobernaban, a organizar el régimen libéral 
y declararon por decreto del Ejecutivo y de las Cortes 
que todos los derechos de los'espanoles, con la repre 
sentaciôo en la mismas Cortes, eran eitensivos a los 
americanos. La America espanola o lo que también 
se llamô las Indias Occidentales venîa a ser una parte 
de la Monarquîa. 

Por eso fué un espectâculo nuevo y una sorpresa 
cuando se llamô al pais a elegir un raierabro de la 
Junta Central Gubernativa de Espana que represen- 
taba al rey destronado y cautivo y hacîa sus veces y 
gobernaba la Espana y la America E-^panola. El Ca- 
pitân General invitaba a la provincia para elegir este 
diputado que residiria en la Corte. 

Los candidatos fueron don Manuel José Pavôn y 
Munoz, Coronel de milicia (el futuro Mioistro de Ca- 
rrera); don José de Aycinena y el Teniente-Coronel 
Antonio Juarros. Del tiempo de esta elecciôn es la 
copia que auguraba al primero mal éxito en el estri- 
billo que decîa : 

Al dcrecbo y al rerps 
No va Pavôn 
nôvaP av oN. 

El estribillo No va Pavôn, NovaP av oN, era una 
senal de combate électoral del liberalismo, pero solo 
entre las altas clases. 

La forma de esta elecciôn hecha puede muy bien 
decirse, para designarse a uno de los gobernantes de 
Espana y sus colonias, no puede menos de interesar al 
lector, y fué la siguiente: 

El Ayuntamiento de San Salvador escogiô très 
personas honorables, entre las cuales sacô por la suer 
te an elector. Remitiôse al Présidente de la Real Au- 
diencia un oficio en que constaba el nombre, edad, 
vecindario, profesiôn y filiaciôn polîtica y moral del 
7 



58 FKANCI-CO GAVIDIA 

elector. El mismo Présidente y estos electores una vez 
llegados a Guatemala desigaaron por voto secreto, 
très caodidatos «del mâs alto carâcter y habilidad,» 
entre los cuales, la Real Audiencia, presidida por el 
Capitân General Gonzalez Mollinedo y Saravia dé- 
signé al diputado a la Junta Suprema Central Gu- 
bernativa del Reino por ausencia de S. M. Fernan- 
do VIL 

En todas estas sesiones y elecciones se escuchaba 
el ritornelo 

No va Pavén, 
No va Pavôn 



Sinembargo, la victoria fué para él. 

Estas fueron en vcrdad las primeras elecciones 
polîticas que se vieron en el pais y apasionaron tanto 
a los hombres superiores por su significado, como al 
vulgo por tratarse de un viaje a Kspana y residencia 
en la Corte, y de un sueldo anual de 6,000 pesos fuer- 
tes. 

Ea medio de la novedad banal, haci'anse sentir 
las buenas prendas de carâcter de los centroamerica- 
nos; en efecto, el Delegado Pavôn Uevaba instruccio 
nés de sus comitentes: no se debi'a admitir la trasmi- 
siôn del dominio espanol a un poder extrano (Napo- 
léon); los derechos de la Naciôn debîan salvarse a to- 
do eveuto; debia también derramarse la ûltima gota 
de sangre por la Patria, por el Rey y por la Religion 
Catôlica. 

Emisarios bonapartistas 

Hablôse en este tiempo de cuatro emisarios man- 
dados por el rey intruso José Bonaparte. 

El antiguo Cura de la parroquia de San Salva- 
dor, que habi'a gobernado por veinte anos su pro- 
vinca y la de San Vicente como Vicario, a la sazôa 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR £9 

Dean de la Catedral, Provisor y Vicario General del 
Arzobispado, Dr. Don Isidro de Sicilia y Montoya, 
expidiô un edlcto contra los emisarios bonapartistas: 
No debîa fiarse nadie de hombres o raujeres que 
viniesen de otras partes, Uegasen en traje de arrieros, 
de mendigos o de anfermos. 

El Gobierno por su parte ofreciô 500 pesos (ban- 
do de 15 de Mayo de 1810) al que denunciase algûa 
espîa o emisario, "aseçurândole que se le aumentarâ 
conforme a la entidad del descubrimiento". (Edicto 
del Canônigo Sicilia). 

En algunas partes del reino se dcscubrieron bul- 
tos de géneros con la estampa de Napoléon, pero no 
se tiene noticia de los interesados; pues entre les par- 
tidos no se ccntaba el bonapartista y las raedidas de 
que habla el senor Sicilia eran bastantes para j huyen- 
ta: a los emisarios. 

El raismo Dr. Sicilia, a principios del cno siguien- 
te mandaba "bajo pena deBxcomunïàn mayor, ipso 
facto incurrenda'^ que el que tuviere pasquines o pa- 
peles bonapartistas (pues, decîa "no pudiendo los 
franceses subyugarnos a fuerza de armas, no omiten 
medio de conseguirlo con dâdivas y promesas . ... 
valiéudose de pasquines y papeles subversivos") los 
presentare al Vicario de su provincia. 

El Segundo paso a la Autonomia 

El segundo paso en la vîa democrâtica fué en El 
Salvador la elecciôn para Diputado a las Cortes del 
Reino de Espana. 

Convocadas a elecciones las Provincias america- 
nas a principios de 1810, tomaron asiento provisional- 
mente en las Cortes Diputados suplentes cuyo nom- 
bramiento recayô en résidentes de America en la Pe- 
nînsula. En sus primeras sesiones la nueva Câmara 



60 FKANCISCO GAVIDÎA 

€jô el numéro y forma de la representaciôa de Ame- 
rica. Se amnistié a los encausados por motivos po- 
Jfticos. 

Diputados provisionales por Centre America fue- 
roD Aodrés y Manuel del Llano, résidentes en la Cor- 
te, para mientras se hacîa la elecciôn de los propieta- 
rios. 

Manuel del Llano fué Secretario de las Cortes. 

Las Cortes declararon en sus primeras sesiones 
el principio de que: las colonias posei'an los mismos 
derechos que los peninsulares; prometiendo leyes pa- 
ra un dîa cercano que operasen la reforma y fijasen 
el numéro de Diputados de Espana y America. 

La corriente de ideas democrâticas no solo trajo 
a la Provincia de San Salvador Diputados a Cortes; 
también obtuvo las siguientes reformas: 

Excenciôn de tributos; 

Excenciôn de servicio personal a los indios; 

Aboliciôn de ciertas penas infamantes; 

Supresiôn de las ceremonias que se celebraban en 
meraoria de la victoria de Pedro de Alvarado el 6 de 
Agosto, en que se paseaban el pendôn real y la espada 
del conquistador. Desde esa fecha la fiesta de Agos- 
to solo tuvo un cardcter religioso. 

La Intendencia de San Salvador recibiô a medio 
ano (pues un acuerdo de la Corte tardaba seis rceses 
en llegar a las Colonias), el decreto de convocatoria y 
la proclama de la Regencia que era la Junta que ha- 
cîa las veces del rey prisionero, y que estaba presidida 
por el vencedor de Bailén el G^^neral don Javier Cas- 
tanos. En la proclama habîa frases como esta: 

"Desde este momento, espanoles americanos, os 
veis elevados a la dignidad de hombres libres. . . . 

"Siguiendo ese principio de eterna equidad y jus- 
ticia fuerou llamados esos naturales a tomar parte en 
el gobierno représentative que ha cesado; por él la tie- 
nen en la Regencia actual, y por él la tendrân tam- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 61 

bien en la representaciôn de las Cortes nacionales en- 
viando a ellas DIputados segun el ténor del decreto 
que va a continuaciôn de este manifiesto". 

Las elecciones favorecieron al Dr. y Presbîtero 
don Jo?é Ignacio Avila y las instrucciones que llévô de 
la Provincia se refen'an a solicitar de las Cortes la 
erecciôn del Obispado y la fundaciôn de un Ssminario 
provincial, a cuyo sostén bastarîa la renta de ios diez- 
mos que subîa a la suma anual de 40,000 pesos fuer- 
tes. 

El Tribunal de Fidelidad 

Mientras las Cortes abrîan estas puertas a la espe- 
racza de Ios centroamericanos, la Capitania instalaba 
el Tribunal de Fidelidad (Junio de 1810) uno de eu 
yos primeros raiembros era el después célèbre Coronel 
Josef Méndez, que tuvo sometido bajo el terror la 
Provincia de San Salvador después del raovimiento 
de 1814. 

" ..... .una policîa celosa y sin respeto vîgila- 

ba Ios movimientos de Ios sospechsos, dice Bancroft. 

Este Tribunal durô solamente ocho meses porque 
la Junta de Gobierno de Espana mandô suprimirlo. 

TrAgico suceso de Gonzalez Mollinedo 

El mes siguiente concluîa el periodo de gobier- 
no del Mari.^cal de Carapo Don Antonio Gonzalez Mo- 
llinedo y Aaravia, quien pasaba con el tîtulo de Te- 
niente General a mandar en jefe Ios ejércitos: de Mexi- 
co. Contrariado con esto el virrey, le ordenô perma- 
necer en Oaxaca, donde tiempo después fué hecho 
prisionero y mandado fusilar por Ios independientes. 

Un historiador hace de él esteelogio, elocuenteen 

su sencillez: " hombre de bien, huraano, religio- 

so, de UQ corazôn recto, digno de mejor fortuna." 



t)2 FKANCISCO GA.VIDIA 

El Capitân General Bustamante 

El nuevo Oobernador Teniente General, José 
Bustamante y Guerra, nombrado segûn las leyes li 
berales por la R 'g^encia, con ratificaciôn de las Cortes, 
era un marino que habîa dado la vuelta al mundo al 
servicio de la Ciencia, en la corveta la Atrevida. 

En tiempo del valido habia sido nombrado Go~ 
bernador Militar y Polftico de Montevideo y Coman- 
dante General de su apostadero de Marina. El misma 
refîere: «Qnos buques franceses.... surgieron por en- 
tonces en aquel puerto. Con su nativa iraprudencia 
osaron sus oficiales insultar nuestro territorio; con su 
sistema atroz de revolucionar todo el mundo, preten- 
dieron ostentar los odiosos signos de una libertad que 
no conocîan..,. Hîceles guardar respeto a una Naciôn 
acostumbrada a imponérselo.. .. procedimiento que en 
época tan infeliz, envilecido nuestro gobierno y sujeto 
a los caprichos de los détestables aventur? ros de la 
Revoluciôn Francesa, me expuso a ser sacrificado a su 
negra venganza." 

Vuelto a E<pana pudo ser testigo del terrible 2 
de Mayo, cuyos hechos hemos narrado. 

Dezpués del 2 de Mayo observé una conducta que 
después ha sido raencionada con elogio. 

La Minerva Peruana publicô en aquel entonces 
los siguientes pârrafos de una carta de Bustamante, 
<del orden de Santiago, xefe de esquadra de la Mari 
na Real,» dirigida en el seno de la confianza a un 
amigo résidente en Lima, donde se editaba aquella 
gazeta: «No puedo explicar a Umd. lo que ha sufrido 
mi espîritu con la conducta atroz de los franceses y la 
terrible opresiôn en que nos han tenido aqui cuatro 
meses: basta decir a Umd. que el intruso Rey quisa 
forzar a las principales clases, inclusos los générales, 
para prestarle juramento de fidelidad y a la Consti- 
tuciôn nueva que presentaba: yaunqueyofui el j-rime- 
ro a renunciar mi empleo militar, no se conteutaron con^ 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 63 

€Sto los MInistros Urquijo y Mazarredo, influencian- 
do al supuesto Rey para que me obligasea como a un 
mero particular, después que estos misraos meacomee- 
tieron por espacio de dos horas con artificios, seduc- 
ciones y amenazas para vencer mi inflexibilidad que 
siempre fué inexorable, Uegando al extremo de decir 
les yo que aun con la cuchilla a la gar ganta jamds 
juraria a un Rey que habia subido al trono sobre 
tantas iniquidades, ni una Constituciôn que daria 
la esctavitud y miseria de la Espafla; con le cual 
tuve que escapar a pie para tomar las caballen'as a dis- 
tancia de esta ciudad, para eludir las medidas de ri- 
gor adoptadas por los franceses; y la Naciôn triunfarâ 
gloriosameate». 

Su gestion en la guerra de indepeodencia espa- 
nola fué narrada poco tiempo después, cuando diri- 
giéndose a los centroamericancs hizo imprimir un do 
cumento de que luego hablaremos. 

Hablando de los que él llaraaba sus sacrificios, de- 
cîa Bustamante . . . . .«grabados estân conindelebles 
caractères en el espfritu de una esposa, éoiula de sus 
ascendietites aragoneses y de su hermana la Condesa 
de Bureta, inmortalizada al par de las matronas es 
parciatas de la sagrada ciudad de Zaragoza; ému^a 
también de los înclitos patriotas de Aragon — el bi- 
zarro Palafox y rauchos de sus dignos campeones, eu- 
ya sangre vertida por la patria corre gloriosa por sus 
venas. Olvidada de si raisma me estimulô (yo lo hu- 
biera hecho a todo trance pero en su sexo realzi y no 
debe ignorarse esta acciôn) me estimulô a que la déjà- 
se sola, como quedô entre los parricidas, expuesta a 
su ciego furor, para que no fuese vîctima de la mâs 
tirânica violencia. Notorios son estos hechos en los 
pueblos de Espafia, por donde, sin noticia uno deotro, 
transitamos entre privaciones y peligros.> 

Nombrado Présidente, Gobernador y Capitân 
General de la America Central, dirigiô a los habitan- 
tes del rey no de su mando un largo manifiesto que 



64 FKANCISCO GAVIDIA 

permite apreciar las ideas polîticas de este nuevo per- 
sonaje que iba a representar tan importante papel en 
la historia de la entonces provincia de San Salvador, 
por su intervenciôii en los sucesos de 1811 y 1814, y 
en gênerai en los de todo el istrao hasta 1818 en que 
terminé su gobierno. 

Este docuraento habi'a sido precedido por las cir 
culares de 24 de Marzo en que primero esbozaba el 
Capitân General su plan de gobierno, que amplîa y 
permenoriza en el manifiesto. 

El reinado de Carlos IV le merecia el juicio que 
Terâ el lector en las «iguientes palabras. «De amor a 
la justicia di en aquel Gobierno testimonios constan- 
tes; de patriotismo el raâs inequîvoco en el todo de mi 
conducta; pero entonces este sentimiento se hallaba 
adormecido e inerte: no lo acaloraba el espi'ritu pûbli 
co: los esfuerzosdelhombre honrado, del buen patrio- 
ta se estrellaban contra los fuertes diques del egois- 
mo, de la ponzonosa degradaciôn, que desde una Corte 
corrompida y de las antesalas del Valido, tan estupi- 
do corao protervo, se difundîan, no a la raasa del pue 
blo, siempre incorruptible, sino a las clases que deben 
ser sus guias.> 

De la situaciôn creada por Napoléon a Espana y 
sus colonias, todavia a la mitad de su desarrollo en 
1811, exponi'a el nuevo Capitân General sus ideas 
apostrofando a los Ministros del Rey José Bonaparte: 

"Mazaredo, Ofâriil, Urquijo! ya no tenéis que 
perder en la opinion de los hombres, ni en la vuestra: 
remordimientos sempiternos serân el premio de vues- 
tro bârbaro parricidio. Vosotros recordaréis y yo no 
olvidaré jamâs losempenados esfuerzos; los argumen- 
tos de pretendida exactitud geométrica, los misérables 
sofismas con que repetidamente, buscando prosélitos 
para sostener y canonizar vuestra ignoble conducta, 
intentâsteis reducirme a la infamia de que os véis eu- 
biertos. Seis meses, nada mâs, dâbais de duraciôn a 
la guerra de Espana, en el ano de 808!!! Tan malos 



mSTORlA MODERNA DE EL SALVADOR 65 

espanoles como ineptos polîticos, no creîan a su mis- 
mo orâculo * cuando dijo que los ejércitos son ven- 
cibles pero no los pueblos que guieren resistir un 
yugo opresor; no reflexionaban que si se ataca con 
el luego y el hambre a un pueblo virtuoso y valiente 
él sabe oponer la desesperaciôn y el furor del patrio- 
tismo que al fin supera todos los obstâculos, como di- 
jeron a Temistocles los habitantes de Andros; olvida- 
ban los ejemplos domésticos que singularizan nuestra 
historia entre todas las del mundo. 

Sus ideas sobre el régimen creado por las Cortes 
de Câdiz nos lo dan a conocer como uno de aquellos 
monarquistas que en la peninsula y en America so 
fiaron con una monarquîa y una Constituciôn, que 
conciliase las nuevas tendencias de libertades y dere- 
chos con las leyendas de la aristocracia y los monarcas 
espanoles que llenan de hermosas hazanas una buena 
parte de la Historia de la Madré Patria. Don José 
Cecilio del Valle y Don José Maria Peinado fueron un 
tipo muy conocido del partido que sustentara ese cre- 
do. Proponiase, decia el Capitân General, preparar las 
reformas y nuevos métodos que exiji'a cada ramo, si- 
guiendo el espîritu y soberanos mandatos del Auguste 
Congreso Nacional; «cuyainstalaciôn anhelé, procuré, 
excité con todo mi ardor, cuando la timidez, la ambi- 
ciôn^ o la errada politica oponi'an dificultades a esta 
àncora sagrada de nuestras esperanzas>, dijo en aigu- 
na parte. 

Es cierto que Bustaraante y Guerra no se indig- 
né ostensiblemente mucho ni poco en 1814 a la cai'da 
del régimen constitucional; pero es fâcil concebir que 
sin numéro de altos empleados y de particulares 
serîan presa de la indignaciôn cuando el constitucio- 
nalismo derribado por Fernando VII a su vuelta al 
trono, alejô para ellos el término de conciliaciôn de to- 
dos los intereses. 

* Napole(5n. 8 



66 FRANCI-CO GAVIDIA 

Pero mâs importante es saber lo que pensaba de 
la America en gênerai y del reino de su mando en 
particular, de las ideas de libertad e independencia y 
del partido de los independientes, y las reglas de Go- 
biernoy Administraciôn que sehabîaimpuestoel nuevo 
Présidente. Gobernador y Capitân General que envia- 
ban a Centre America la Regencia y las Cortes. 

Bajo el influjo de las ideas constitucionalistas que 
todo lo dorainaban, y que al hacer representar a las 
colonias en las Cortes de Câdiz paralizaron en toda 
America por algùn tiempo los raovimientos revolucio* 
narios de la independencia absoluta, Bustamante de- 
fin îa su Patria teôrica en las siguientes palabras: 

«Confunde el vulgo 1 a s palabras patria y 
pais, patriotismo y paisanaje: carino merece e ins- 
pira el pafs en que se nace, en que se forma la razôa, 
en que toma el espiritu las impresiones mâs durade- 
ras. Pero cuân distinto es el leal y verdadero amor a 
la patria que comprende todos unidos por los raismos 
vinculos sociales, a todoslosque tenemos una Religion, 
un Rey, una ley, una costumbre, una voluntad y un 
cardcter que nos distingue del resto de los pueblos! 
Patria es de los espanoles todo lugar de la tierra, po- 
blado por sus înclitos mayores, habitado por sus 
dignos descendientes, gobernado y defendido por sus 
leyes, santas en su esencia, desfiguradas u olvidadas, 
por los actos homicidas del despotismo 

«Animado de estas ideas acepté los delicados car- 
gos con que me honrô el Supremo Gobierno y en que 
me han confirmado las Cortes générales extraordina- 
Fias, después de mâs de cuarenta anos de servicios, 
cubierto de heridas, y de los trabajos que ofrece la 
carrera mâs peligrosa». 

Pero sobre todo debiô interesar a los salvadore- 
nos que para ese ano preparaban el Primer Grito de 
Independencia f undados en que desconocia el Rey Fer- 
nando las Cortes y la Regencia, y la Regencia y las 
Cortes al Rey José Bonaparte, y en que pronuncia- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 67 

das todas las colonias por Fernando, lo mâs, propio 
era proclamar la independencia en espéra de los suce- 
sos que después vendrian, — el concepto que al nuevo 
Capitân General merecian los trabajos e ideas de los 
independientes. 

Hé aqui sus palabras: 

«Tierras pacîficas habîan sido las de Colon, des- 
de que en ella nuestros raayores formaron Sociedades 
arregladas a sus usos y leyes, a las circunstancias del 
tiempo y a las peculiaridades de un raundo que se 
tuvo por nue^o fîsica y moralmente. Tierras pacîfi- 
cas desde que afirmada su posesiôn y depuestas las 
armas, el espfritu de industria tomô asiento, cl arapa- 
ro de un Gobierno hermano y protector, y se dedicô a 
grozar lo que tanta sangre y fatigas costô a los funda* 

dores de este vasto imperio (*) Tierras en fin, 

donde a juicio de los politicos de mejor nombre, aûn 
de los extrangferos que en los ùltimos anos las han vis- 
to con filosôfîca imparcialidad, (Humboldt, Peltier, la 
Sociedad Literaria que pùblica la Revista de Edim- 
burgo, &,) el excitar violentas conraociones, a pre 
texto de dertchos imaginarios, o ya concedidos, que- 
riendo imitar a otro pueblo con quien este y sus par 
tes heterogéneas no tienen la menor semejacza, le- 
vantando un torbellino de encontradas pasiones e in- 
tereses, son actos de perversidad y de locura, que ex- 
ceden a los mâs perniciosos del fanatismo revolucio- 
nario>. 

Y harîan en les patriotas, amarga impresiôn, los 
pasajes en que dice que los pueblos de Centro Améri- 



(*) Puede ser que en el Manifiesto de Bustamante halle su origen 
el lugar comûn de que el perfodo del Coloniaje, fué unaedad de oro que 
s<5lo ofrecid la escena de la vida eclôgica de la tradicci<5n helena sobre 
la Arcadia. Hay que tener présente que las guerras de conquista 
se prolongaron en el perîodo que la siguiô, que las guerras de los pi- 
ratas llenan este ûltimo y justamente terminan con él; que ocurren su- 
blevaciones de espanoles, como los Contreras, o de indios, como Tupac- 
Amarii; y en fin revueltas civiles que alteman a veces con aquellos 
principales motivos de inquietud y de atrazo. 



68 FRANCISCO GAVIDÎA 

^a ofrecian pîaceotero contraste COQ clas tristes imà 
geoes de otros lugares agit?.dos por inmensas discor- 
dias>. 

«Parabienes me doy, exclaraaba, de h3ber veni 
do a an pais donde ardan hermanadas la lealtad 
con la sensatez; el patriotismo que en otras partes es 
la hipccrecia de los facclosos, con la racional subordi 
naciôn que es el ângel tuteîar de los puebU^s. Asi, 
segÛD la expresiôn de un escritor, mientraslos buitres 
se despedazan, hay gusanos de seda, de cuyo silencio 
so y pacîfico trabajo se gczan las siguientes genera- 
ciones». 

Seguîanse las amenazas contra los posibles sub 
vertidores del orden, atribuyendo de paso, las insu 
rreccciones de America, a la Revoluciôn Francesay aléxi- 
to colosal obtenido por uno de los revolucionarios, es 
decir, por Napoléon. «Dispuesto estoy, decîa, a com 
bâtir hasta el ûltirao trance contra ese horrendo sis- 
tema de subversion universal, aborto de una série de 
iniquidades a que la suerte de las armas ha dado una 
consistencia aparente>. 

«Persuadido estoy de que existe una Providen 
cia eterna que si lo perraite en sus iaexcrutables desig- 
nios, tarabién nos prescribe la firme resistencia, la 
inmutable constancia, para no caer en el torrente 
que arrebata a los débiles, y para recibir el juste ga- 
lardon, que r^unque parezca lejano es siempre insépa- 
rable de la virtud. En mi interior renuevo a toda 
hora los solemnes jurameotos repetidameute prouun* 
ciados ante Dios y loshombres, de morir por laPatria 
y por sus sautas leyes; pero morir llenando los arduos 
deberes de mi estado en toda la amplitud que los 
comprecde.> 

Asi vemos a Bustamante en el mes primero de 
su gobierno, trazar un plan optimista de ii<:ministra 
ciôn; pero todos los autores estân de acuerdu en que 
no correspondieron los hechos al programa que lanzo 
a los puiblos. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 69 

He aqui' un resuraen de todos estos juicios emi- 
tidos sobre Bustaraante y Guerra. 

«Fué un funcionario activo en la persecuciôn de los 
que trabajaban por la independencia. El terror que 
con su conducta iofundiera era calculado para ame- 
drentar a los araigos de la emancipaciôn. No obstan- 
te las aspiraciones por la libertad se acentuaron de 
dîa en di'a y se extendieron por todas partes. Busta 
mante cuando se encargô del gobierno del que en- 
tonces se Uamaba reino de Guatemala, acababa de 
senalar su celo contra los independientes en la plaza 
de Montevideo. En Guatemala diô mâs vigor a las 
disposiciones que encontre establecidas para contener 
los movimientos insurreccionales: adoptô otros nuevos 
mas rigurosos: se mostrô duro, inflexible, suspicaz, 
absoluto. vigilante, y reservado; organizô la persecu- 
ciôn y las delaciones; tuvo singular acierto para elegir 
sus'agentes y espias; desobedeciô siéra pre las disposi- 
ciones benignas que una y otra vez dictô la metrôpoli, 
y procediô de un modo arbitrario en el conocimiento 
de las causas, allanando moradas, registrando pape- 
les y décréta ndo prisiones y destierros bajo cualquier 
pretexto. Esto hizo que las ideas de libertad se pro- 
pagaran en secreto, ocurriendo algunas insurreccio- 
nés parciales que fueron vencidas.> 

( Severiano Doporte.) 

Sin embargo, como se puede observar desde el 
punto de vista gênerai de esta Historia, las causas 
que aceleraron la independencia no tanto radican en 
funcionarios como Biustamante y Guerra, como en el 
mismo Rey Fernando VII. 

La voz de America en las Cortes. 

Por el misrao tierapo los diputados americanos 
en las Cortes y en la Junta de Gobierno de Espana, 
rechazaban los cargos de bonapartistas que se les ha- 



70 FRANCISCO GAVIDIA 

cia; senalaban corao causas que impulr^aban a losia- 
dependientes las restricciones impuestas por el rey, a 
la agricultura, la mineria, las pesquerîas, el comercio 
y las manufacturas, y el despotismo gubernamental. 
Se hacîa présente sobre todo el olvido y desprecio de 
los méritos de los americanos llamados criollos, y su 
alejamiento de los cargos pûblicos. Se hacîa présente 
que estos motives de queja eran de larga fecha y que 
ya eu la primera mitad del sigio XVIII el mémorial de 
Macanar dirigido al Rey Felipe V, los hacîa présente, 
manifestando que los Americanos eran oprimidos por 
los empleados del ramo judicial y de los otros que en- 
viaba la corona. 

Sobre ciento setenta virreyes solo cuatro habîan 
nacido en America. Sobre sei^cientos dos Capitanes 
Générales, catorce habîan sido americanos. Sobre no 
vecientos ochenta y dos arzobispos y obispos, doscien- 
tos setenta y nueve habîan sido criollos. 

Existîa una real orden que daba la preferencia a 
los criollos o descendientes de espanoles en America 
para el desempeno de curatos; lo que no impedîa que 
durante los ùltimos veinte anos los curatos rads lucra- 
tivos fuesen dados a espanoles. 

El Salvador se dispone a la lucha de 

LOS DOCE AfîOS. 

Mientras tanto en El Salvador se consolidaba uii< 
credo polîtico y se corapactaba la opinion. 

No reconociendo, dijeron los Prôceres, las colo- 
nias al Rey José, ni el prisionero Fernando a la Re- 
gencia y a las Cortes de Câdiz, Centro- America tenîa 
derecho a proclamât su independencia en espéra de 
sucesos posteriores, y este era el contenido del mani- 
fiesto que lanzaron a los pueblos y cuyo texto original 
se ha perdido. 

No les intimidé la catâstrofe cuyo relato llegaba. 
del Norte. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 71 

El curso de los sucesos en Mexico no era favora- 
ble a la Independencia. Al glorioso grito de Dolores 
dado el 16 de Septiembre de 1810, habîan seguido 
éxitos asombrosos. Hidalgo, rodeado de 100,000 hom- 
bres domino una buena parte del pais y amenazô la 
capital. Desgraciadamente la guerra se convirtiô en 
guerra de castas; no se tratô ya de los empleados eu- 
ropeos abusives; los entonces llamados criollos, que 
son la mayorîa de los americanos (nombre que desde 
esa época se adopté a justo tîtulo en San Salvador), 
se vieron amenazados de exterminio. Quizâs influyô 
esto en el ânirao de Hidalgo para no apoderarse de 
Mexico. La duda engendrô operaciones débiles, a 
que siguiô la derrota, y el prôcer mexicano, traiciona- 
do por Elizondo, habia sido fusilado en Chihuahua 
el 29 de Julio de 1811. 



CAPlTULO IL 
El primer grito de Independencia. 

Para relatar un acto de tan gran trascendencia, 
nada nos parece raâs justo que empezar citando el tes- 
timonio de todos los historiadores. 

He aquî las palabras de Marure sobre el primer 
grito de la Independencia de Centro-América que se 
diô en San Salvador el 5 de Noviembre de 1811: 

"Los autores de este movimiento tuvieron por 
principal objeto hacerse duenos de ires mil fusiles 
nuevos que existîan en la Sala de armas y de mas de 
doscientos mil pesos que estaban depositados en las 
Cajas Reaies; y fuertes ya con estos grandes recursos 
se proponîan dar el grito de libertad y sostenerlo con- 
tra la agresiôn que esperaban de Guatemala y de las 
Provincias colindantes". 

He aqui el relato de Gâmez: 

'*E1 11 de Noviembre de 1811 estallô el primer 
movimiento revolucionario en la provincia del Salva- 
dor. 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 73 

"Los curas de la ciudad de San Salvador, Doc- 
tor Don Matîas Delgado y don Nicolas Aguilar, dos 
hermanos de este, don Juan Manuel Rodriguez y don 
Manuel José Arce, acaudillaron una conspiraciôn con- 
tra el Intendente de la Provincia Don Antonio Gutié- 
rrez Ulloa, con objeto de apoderarse de très mil fusi- 
les nuevos que se encontraban en los almacenes de ar- 
mas y de mâs de doscientos mil pesos que existian en 
las cajas reaies, para dar con esos recursos el gnto de 
libertad. 

•'Una gran parte del pueblo salvadoreno secun- 
daba sus miras y estaba en combinaciôn con las po- 
blaciones de Metapân, Zacatecoluca, Usulutân y Cha- 
latenango, donde se hicieron sentir sucesivamente al- 
gunos sacudimientos parciales". 

Don Manuel José Arce dice: 

€ a los esfuerzos de los salvadorenos es 

debido el primer pronunciamiento de la Independen- 
cia del ano de 1811 y los que posteriormente se hicie- 
ron: ellos contribuyeron eficazmente a que se gênera- 
lizara la opinion contra el dominio espanol; y ellos por 
ùltimo sostuvieron con las armas los principios repu 
blicanos en 822 y 823>. 

Don Manuel Montûfar refiere: 

<Desde 1811 San Salvador habîa sufrido una pe- 
quena revoluciôn, en que sin plan, sin combinaciôn ni 
acierto, quiso hacerse independiente: todo se redujo a 
deponer al Corregidor Intendente D. Antonio Gutié» 
rrez de Ulloa, y todo fué proraovido por los curas don 
Nicolas Aguilar y D. José Matias Delgado: entonces 
comenzô a figurar don Manuel José Arce, que des- 
pués fué el primer présidente constitucional de la Re- 
pûblica». 

Marure da este detalle: 

«Seis dias estuvo la ciudad de San Salvador sin 
ninguna autoridad que la gobernase, y mâs de un 
mes lo fué por Alcaldes, que se mudaban a cada 
9 



Fr^AlvrciSCO GAVIDIA 



instante; y sin embargo no se cometiô ningun género 
de excesos a pesar de que el populacho se hallaba en 
la mayor agitaciôn>. 

Esta relaciôn es clâsica; pero conviene referir, por 
tratarse de tan grande acontecimiento: 

1* Las causas politicas; 

2*^ Las causas régionales; 

3" Las causas religiosas; 

4* Las causas econômicas y en fin, les pormeno- 
res del magno suceso. 

I. Las causas polîticas se han indicado ya en mâs 
de una de estas paginas: era la acefalia deltrono espa- 
nol, y la ilegalidad de los poderes que funcionaban: el 
Rey Fernando VII desconocia las Cortes y la Regen* 
cia; la Regencia y las Cortes al Rey José. 

Los Prôceres de San Salvador los desconocian a 
todos. 

Natural es pen?ar que el resorte que los movi'a 
eran las ideas de una deraocracia bajo la forma Repu* 
blicana y Federativa que después al dar la Constitu- 
ciôn de Centro America y de El Salvador, y en la Re- 
pûblica Pura que les precediô, en 1822-23, se mani- 
festaron siempre e invariablemente^ como vamos a ver- 
lo en el trascurso de esta Historia. 

En un sentido mâs gênerai, pues, le eran las 
ideas republicanas y democrâticas que parecen natu- 
rales al hombre, porque, en aquel tiempo, junto con 
la de Independencia, constitufan un impulsohistôrico. 

II. — Las causas régionales se repiten en toda 
lucha de centralisme y fédéralisme; pero en cada pais 
tienen especial fisonomia. 

Desde en la épeca precolombina; des ramas de la 
que puede llamarse cultura naho-maya, cembatieron 
por muchos siglos, la maya-quiché de Guatemala y la 
tlapalense de Cuscatlân. Ya hemos dicho que este 
pais obtuve el nombramiento de Alcalde Mayor hecho 
directamente por el Rey. 

No se concedîa al salvadoreno instrucciôn, aun- 



HISTORIA MÛDEKNA DE EL SALVADOR éD 

que se honrase a los que hacîan sus estudios en Gua- 
temala. Habîa pues urgencia de obtener autonomi'a 
no solo de la madré patria, sino tambiéo de la metrd- 
poli. 

III. — Unîase al amor propio régional, la tenden- 
cia del raismo pais a erigirse en obispado. Sus peti— 
cionea fueroa desoîdas. 

Dividîan a El Salvador con motivo del futuro 
obispado dos partidos que postulaban candidatos a 
Obispo y a las Caoongîas y las poblaciones se habîan 
afiliado ora a uno, ora al otro deesos bandos. Uno de 
estos partidos religiosos era monârquico y el otro que 
era republicano comprendia que el triuofo sobre su 
contrario y la autonomfa religiosa eran condiclôn del 
triunfo de la Repûblica democrâtica. 

IV. — Las causas econômicas son a vecestan irri- 
tantes corao las religiosas. El Salvador ténia produc- 
tos propios, — el anil de suma importancia en la épo- 
ca, el bâlsamo, — de prestigio todavia universal, — y 
otros valiosos comoel cacao y el azûcar, — los cuales 
hacîan la région floreciente. 

Las feriaseran famosas, de Mexico y Guayaquil 
venîan a la feria de Noviembre de San Miguel, insti- 
tuîda en honor de la Virgen delà Paz cuando termi- 
né la guerra entre las gentes de Alvarado y de Pe- 
drarias, con la derrota del feroz Estete. El Salvador 
senalô el entonces lejano Guascorân como limite de su 
frontera. 

Parte de las riquezas que producfan tan rica 
agricultura y tanto comercio, eran enviadas por la Ca- 
pitanîa al Rey, y otra parte consumia el auge de la 
ciudad metrôpoli. 

No se reedi6cô por mucho tiempo el templo prin- 
cipal de San Salvador, derribado por los temblore?, 
mientrasla gran fâbrica de la Catedral del arzobispa- 
do consumia rentas de esta provincia que no cesaron 
sino ya muy entrado el perîodo republicano. 

En fin no se concedia al saWadoreno seriosplanteles 



76 FRANCISCO GAVIDIA 

de inbtrucciôa pûblica, aunque se honrase a los que 
hacfan sus estudios en Guatemala, pues es sabido que 
el Prôcer Delgado, y Canas, el libertador de los escla- 
ves, fueroû Rectores de la Uaiversidad de San Carlos. 

La vispera del primer grito de la ladependencia, 
dividi'au al pai's dos partidos. El monârquico, abso- 
solutista constitucional, que rodeaba al Intendente 
Don Antonio Gutiérrez de UUoa, tenîa en sus filas a 
los célèbres oradores Barroeta y Molina, curas de San 
Miguel y San Vicente. 

El cura de Santa Ana era también de este parti- 
do. Molina aspiraba a la raitra cuya erecciôn se teni'a 
como probable. De los talentos de Molina y Barroe- 
ta se juzgarâ por las citas que se harân en esta histo* 
ria cportunamente. 

Los del partido republicano conservaban su 
credo en secreto y eran los que la Historia ha consa- 
grado con el titulo de Prôceres. Justo es intentar un 
boceto de la primera de sus figuras. 

El Prôcer José Matias Delgado, Dr. en Cânones 
y en Derecho, cura por oposiciôn y en propiedad de 
San Salvador, y Vicario de la Provincia diez anos, era 
en 1811 el jefe de esta partido. Aunque sus ideas eran 
radicales supo defenderlas, protejerlas y escudarlas 
con la idea prôxima, en e?pera de la hora oportuna. 
Asi, 1811 proclaraô la ladependencia en espéra de una 
situaciôn constitucional legitimista. En 1812 leyô la 
Constituciôn de Câdiz que distaba un paso de la Re- 
DÛblica. Cuaodo obtuvo la Independencia, enfrentô 
la democracia pura al Imperio de Iturbide. A pesar 
también de estas ideas radicales, era el îdolo de los 
partidos afines; por ejemplo, del Dr. Peinado, que era 
monârquico constitucionalista al modo irglés, es de 
cir, segûn ia escuela de Montesquieu. En 1811 pudo 
créer en lo posible de su empresa porque «us fami- 
liares, — es de:ir, sus hermanos Don Miguel y Don 
Juan; sus sobrinos Don Manuel José Arce, Don Ma- 
riano y Dcn Domingo Antonio de Lara y Don Juan 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR / / 

Aranzamendi: sus primos hermanos Presbîteros Don 
Nicolas, Doa Manuel y Djn Viceate Aguilar, y Don 
Bernardo Arce de Leôn y su amigo el gran don Juan 
Manuel Rodrîguez, movi'an una parte considérable de 
San Salvador. Pero su influencia no era la misma a 
distancia, en especial en las poblaciones donde sus 
émulos, Barroeta, Molina y Cârcamo y los llamados 
entonces europeos, que eran raàs de 600, segûn el da- 
to de Juarros.que lo adversaban francamente, ejercîan 
una acciôn poderosa. 

Peinado en 1812 con motivo de la promulgaciôn 
que le tocara hacer en San Salvador de la Constitu- 
ciôn de Câdiz, cuyas bases formara y encargara a 
Larrazdbal, uno de los redactores del faraoso docu- 
mente, — describe, la impresiôn que hizo en él el Prô- 
cer, en el informe que de tal acto enviô a las Cortes: 

€ a su tiempo.dice el Intendente, tomandoel 

Dr. Delgado el pulpito, exhorté con aquella bellîsima 
elocuencia y energia que tanto le distingue, a su audi- 
torio, raanifestândole con ejeraplos antiguos delà His- 
toria Sagrada y profana, que la grandeza, el esplen- 
dor, la existencia y la permanencia de los estados, y 
aun las virtudes de sus individuos, todo ha sido nece- 
sario efecto de su Constituciôn, del amor y observan- 
-cia de ella, del respeto y cumplimiento de las leyes, de 
la obediencia a las autoridades légitimas, de la sumi- 
siôn a sus disposiciones, y sobre todo procurôinfundir 
la indispensable confiarza hacia el Gobierno; y en se 
guida kyô por sî este hombre singular la Constituciôn 
toda, de un modo que parecia la hablaba y la expli- 
caba . . . » 

El Obispo Vilanova hace esta pintura del prôcer: 

«Tenîa un cuerpo alto y bien proporcionado; fac. 
cioaes hermosas pero graves: educaciôn muy culta: en 
sus modales y vestido, gran sencillez y decoro sacer- 
dotal 

«Su carâcter era muy popular, sus costumbres 
JDuy severas 



78 FKANCISCO GAVIDIA 

< era casi idolatrado por el pueblo que lo 

consideraba como padre, maestro ycaudillo. Pero por 
lo que mâs se distiaguiô siempre fué por el entusias- 
mo de su patriotisme, por eî avanzado liberalisrao de 
sus opioiones, por sus asiduos trabajos en la Inde 
pendencia de su patria.> 

Don Manuel Montùfar, del partido contrario, ha 
ce esta etopeya: 

*' eclesiâstico, de una couducta moral 

a toda prueba, pârroco benéfico, localista exaltado, 
proto-independiente, dotado de un carâcter firme, de 
poco talento pero de buen «entido, era de aquellos cu- 
ras que se alzan con el poder de la opinion, que son 
consultados para todo, y que lo mandan todo en un 
pequeno pueblo donde hay pocas luces porque no hay 
medios de propagarlas". 

Lo de <poco talento> esta en contradicciôn con la 
vasta polîtica y con las cartas del prôcer, por ejemplo 
la dirigida al Jefe imperiallsta, Filîsola, en vipperas del 
7 de Febrero; y con sus dotes de orador admiradas 
por el Doctor Peinado en su informe dirigido a las 
Cortes, que hemos citado. 

En medio de los ataques dirigidos por Montùfar 
al Padre Delgado, siempre resaltan las expresiones que- 
pintan su carâcter, como: 

< anciano y de tanta moralidad como Del- 
gado»; 

< el carâcter inflexible de Delgado, cuya 

cabeza es de hierro como su corazôn, para no variar 
jamâs sus ideas ni mudar de medios». 

Aunque don Manuel José Arce tomô gran parte 
en la insurrecciôn de 1811, su juventud, pues contaba 
veinticuatro anos, le relegaban a segunda fila. Hare- 
mos, pues, su etopeya, en eldramâtico periodo histô- 
rico en que culmina su figura y que va de la guerra 
contra el Imperio a la elecciôn del primer Presidente- 
de Centro-América. 

Los hermanos Aguilar, don Nicolas, don Viceo- 



HISTORIA MODERWA. DE EL SALVADOR 79 

te y doQ Manuel, anciano de casi setenta anos el pri- 
mero: el segundociego, y desesentay cinco, yel tercero 
sexagenario^orador sublime a quieo oiremosa su tiera- 
po, educados en el famoso Colegio de San Francisco 
de Borja, sacerdotes los très, son el tipo de los proto- 
independientes. 

Don Juan Manuel Rodriguez, Secretario de la 
Juuta Revolucionaria, compacte dignaraente con los 
norabrados el titulo de prôcer y la gloria. 

Debemos anadir el nombre de don Domingo An- 
tonio de Lara, joven de veintiocho anos, de gran cul- 
tura, matemâtico y humanista.que acababa de casarse 
en el mes de Mayo con una hermana de Arce, "Bajo 
las torrenciales lluvias de Septiembre cruza casi toda 
toda la provincia, dice Valladares, vadeando rîos en 
creciente que parecen oponer a su intento las ondas 
tumultuosas, carainando por seudas cortadas por la 
érosion de las corrientes convertidas en barrancos 
fangosos y dificiles trampoles: llega a Santa Luci'a 
Zacatecoluca y establece resolutivo acuerdo con su 
hermano querido el cura don Mariano de Lara; pasa 
a San Vicente a conferenciar con el pârroco don Ma- 
nuel Antonio Molina y Canas, hallando en este al 
principio tibieza y por ùltirao oposiciôn al plan por la 
prontitud con que el golpe se médita; se avista con 
los amigos de San Miguel y sondea sus intenciones no 
inclinadas a la empresa todavîa; y torna al foco de la 
insurrecciôn a tomar parte en ella." 

Celebrâronse Juntas sécrétas antes de dar el gri- 
to de independencia en las salas parroquiales. 

Habi'a los cuarteles del Fijo, de Dragones y de 
Yoluntarios de Fernando VII, y el elemento llamado 
de los europeos era claramente hostil a los innovado- 
res. iCômo, pues, se explica que una parte de San 
Salvador depusiese al Intendente y a los empleados y 
se apoderase de los cuarteles, sin mâs que hacer una 
maoifestaciôn y lanzar una proclama? 

Esto, sin embargo, se ha dicho; y ocurre pensar 



80 FRANCISCO GAVIDIA 

que en el propôsito de no malograr la mitra que fua 
dadamente se creîa se iba a conferir al Dr. Delgado, 
se mantuvo la especie de que el movimiento del 5 de 
Noviembre, que entregô la ciudad capital de la pro- 
vincia por un mes a los insurgentes, no habîa ocasio* 
nado el mener combate. 

Los documentes que pudieran darluz se han per- 
dido no han sido consultados en el archive de la Au- 
diencia y en el Archive de Indias. No se posée ni la 
proclama de Delgado cuyo contexte hemos inferido 
nosotros perlas centestacienes de los adversaries. 

La narraciôn de los hechos debe.pues, ser recons- 
truida. 

Dadas las causas générales, polfticas, religiosas, 
econômicas y régionales que eran permanentes y han 
debide ocupar gran espacio en esta Hi?,toria, debemos 
referir el motive ocasional del grito de independencia 
de 5 de Noviembre de 1811. 

Les hermanos Aguilar, ya ancianos. fueron los 
precursores de las nuevas ideas. El padre Delgadoera 
de casi la mitad de ânes que ellos. Se teni'a noticia de 
las sesiones secret?s de los libertadores por el espiona- 
je que estableciô Bustamante y en les primeros di'as 
de Noviembre se redujo a prisiôn al Presbftero Don 
Manuel Aguilar, valiéndose para elle Bustamante y 
Gutiérrez de Ulloa de la autoridad del Arzobispo Ca- 
saus, por habérsele sorprendido correspondencia revo 
lucionaria. A este hecho hace referencia Bustamante 
en su Informe sobre 1814, del modo siguiente: ". . . . 
el padre D. Manuel Aguilar (el misme a quien por su 
correspondencia criminal puso justaraente en prisiôn 
el muy rde. arzobispo el ano de 11) habia predicado 
un sermon dando gracias al pueblo por haber pedido 
su libertad en la primera conmociôn " 

Se habîa emplazado a su hermano Don Nicolas y a 
todos los curas de San Salvador. Con tal motive esta- 
lie la insurrecciôn pidiendo la libertad del prôcer, y du 
rô los dîas cinco y seis de Noviembre hasta posesionar- 



H13T0RIA MODERNA DE EL SALVADOR 81 

se de la plaza. Se conserva la tradiciôo oral de un com- 
bate para tomar Casa Mata. * Después de dos di'as 
de pugna, los revolucionarios depusieron al Intenden- 
te Gutiérrez de Ulloa y a los Regidores y otros em- 
pleados. No gobernaron solo Alcaldes corao se ha es- 
crito. Consta que se eligiô una Junta de Gobierno: 
Bustamante la llama Junta Pûblica. Diôse a la pren- 
sa, con la proclama quedefine la polîtica de la Juota 
y que hemos ya expuesto, — la acefalia del trono, — la 
proclamaciôn de la independencia para raientras los 
sucesos, tal vez la libertad del rey, permitîan adoptar 
la resoluciôn definitiva, la opresiôn que ejerci\^.n los 
empleados que enviaba la corona, — una hoja suelta 
firmada "Los americanos de San Salvador", que re 
ferla asf los sucesos. 

La insurrecciôn, pues, tuvo éxito comp'eto, — 
el Intendente Don Antonio Gutiérrez de Ulloa, fué 
depuesto; y con él los empleados impopulares, y la 
ciudad permaneciô casi un mes en poder de los revo- 
lucionarios que la gobernaban por medio de la Junta 
y del Cabildo de la ciudad. 

Inmediatamente que se declarô el triunfo se puso 
en acciôn la prensa y la Junta de Gobierno se dirigiô 
a las ciudades y poblaciones de importancia, explican- 
do el motivo del movimiento y haciendo propaganda 
a sus ideas. 

El Ayuntamiento de Santa Ana recibiô la invita- 
ci6n de la Junta revolucionaria de San Salvador, pre 
sidida por el Padre Delgado, con fecha 11 de Noviem 
bre; se le incluîan proclamas y otras publicaciones. y 
se le excitaba para que coadyubase en la obra de is 



* Ei Lie. don Manuel Valladares repite esa tradici<5n en su Bio- 
grafia de Arce, en el pasaje siguiente: «Don Manuel José Arce llen<S 
exactamente el papel asig'nado en la conspiraci<5n. Al frente de un 
punado de valeroâos comp*îiero6 da en la madrugada del 5 de No- 

10 



82 FffANCISCO GaVIDIA 

dependencia. Reuniôse enseguida el Cabildo, acon- 
sejâodose del Cura Dr. Don Manuel Ignacio Cârcamo. 
La resoluciôa del Ayuntamiento, influida por tal con- 
sejero, de ideas monârquicas muy conocidas, fué ad- 
versa a la causa de los patriotas. Dispûsose oficiar al 
Capitdn General en los térrainos de la nota que va- 
mos a copiar porque ellos reflejan las ideas y senti- 
naientos de los monârquicos de aquella época: «La 
insurrecciôn acaecida en San Salvador, desde luego 
este Cuerpo la considéra sacrileg"a, subversiva, sedi- 
ciosa, insurgente, y opuesta hasta el ùltimo grado a 
la fidelidad, vasallaje, suraisiôn, subordinaciôn, y de- 
mâs debido a la Soberania de la Naciôn representada 
por sus Cortes extraordinarias a nombre de nuestro 
amado Rey el Sr. Don Fernando VII que Dios guar- 
de; y por tanto hemos tenido a bien dirigirlo todo 
originalmente a Vuestra Excelencia como Gobernador 
del reino, para que se sirva ordeoarnos y mandarnos 
lo que debemos hacer, bajo el concepto de que al pa- 
recer es llegado el case en que segûn tenemos blaso- 
nado, estaraos proctos a derramar nuestra sangre y 
dar la vida en defensa de los derechos de la Naciôn, y 
para hacer saber al mundo entero que somos leales 
vasallos de Su Magestad el Rey de Espana, y que ja- 
mâs aposentaremos en nuestro corazôa cabilaciones 
que induzcan directa o indirectamenteen contrario. — 
Dios çuarde la importantisiraa vida de Vuestra Exce- 
lencia los muchos anos que en estas circunstancias 
principalmente ha menester este reino para su con- 
servaciôn. | Sala capitular de Santa Ana y Noviem* 
bre 11 de 1811. | Mariano Menéndez. | Bartolomé Jo- 
sé Tellez. I José Ciriaco Méndez. | Domingo Figue- 
roa. I Pedro Miguel Rodriguez. j Francisco Antonio 
Méndez. | Manuel Ignacio Cârcamo, cura. | Francis- 
co Diaz Castillo, Secretario. " | El Ayuntamiento de 

viembre un vig'oroso asalto a la casamata y se ap>odera del armamento 
alH cuâtodiado. Con él équipa su6ciente numéro de entusiastas y se 
lanza a la casa de grolbierao mucho antes que se le puedai oponer resis- 
tencia formai » 



HiSTORiA m:>di;kxa di: kl SALVAr>cp 83 

Santa Ana excitô al de Sonsonate y al de Metapân a 
fin de que unierao, sus fuerzas a las suyas, y conti- 
nuôioformando de los sucesos a laCapitanîa General. 

El Alferez Real Don Casimiro José de Cuéllar, 
fué escogido en Sonsonate por la Junta de San Sal- 
vador que presidîa el Padre Delgado, para que secur>- 
dase el raovimiento libertador pero él, recibida la pro- 
clama y los llaraados pliegos sediciosos, convocô a se- 
siôn al Cabildo; el cual extendiô un acta de detes- 
taciôn, hizo arrestar al correo que llevô los pliegos y 
lo remitiô preso al Capitân General, quien le diô liber- 
tad <por haber explicado su inocencia en termines- 
inequîvocos». El Alcalde Mayor Don Marimo Bu- 
jous, y el Comandante del Escuadrôn, Don Pedro 
Carapo, presentaron las cartas que habfan recibido 
de los revolucionarios de San Salvador, y îo mi«mo 
hicieron algunos vecinos: todos abominaronsu conte- 
nido, «aprestândose a la defensa à^ Los Juramentos'». 
El Comandante llamô al servicio a los individuos de 
su Escuadrôn, y los acuartelô en espéra de los suce- 
sos>. 

En San Vicente habia raonarquistas rauy con- 
notados: el Alcalde Santin y Don Carlos Lesaca, entre 
ellos. Recibieron la invitaciôn de San Salvador a 
los dos dîas del pronunciamiento, y un momento 
después, el Municipio se dirigîa al Capitân General 
enviândole la invitaciôn. «Este escrito, le deci'a, aun- 
que tan despreciable en su forma, es digno de lia- 
mar la celosa atenciôn de V. E. por el exeecrable aten- 
tado de querer seducir a este leal vecindario. El cor>- 
tenido esta muy conforme con otras noticias que se 
acaban de tener. .. El cuerpo que habla no sabe ex- 
presar el dolor con que ha visto turbada la singular 
quietud de que nos gloriâbamos todos los habitantes 
de este reino; y haciendo de su honor el aprecio que 
debe, le es muy sensible que la cludad, que da nombre 
a la provincia entera, haya sido la primera en subl^ 
varse. El Cabildo harâ en las circunetancias el deber 






84 rr*AN.-isco gavîdia 

<îue le impone su lealtad, y el respeto y obedieacia que 
de nuevo ofrece a V. E. corao digao représentante de 
T)uestro îegitimo y amado Soberano: y para el caso le 
es de la mayor satisfacciôn el poder contar con un ve- 
•ciodarin que tiene las raejores disposiciones para no 
dejarse seducir> 

El Vicario provincial, realista y competidor de 
Delgado, como el Padre Cârcamo en Santa Ana, era 
en San Vicente el Doctor Don Manuel Antonio Mo- 
lina. Habiéndose perdido la proclama en que el 
Padre Delgado defendi'a la poli'tica de la revolu- 
ciôn, — la cual, — preso Fernando VII en Francia, 
y en la imposibilidad este de autorizar, y mas bien ha- 
biendo desconocido el Gi^bierno organizad > por los 
patriotas espanoles para resistir la conquista de Na- 
poléon, Gobierno a que daban el nombre de Regen- 
cia; — proclamado Rey de Espana José Bopar- 
parte, por imposiciones del invasor, — desautoriza- 
dos los très, el Rey Fernando Séptimo, la Re- 
gencia, y el Rey José en la opinion de las Co- 
lonias de America, — no podfa ser otra, esta polf- 
tica del Padre Delgado, que la de constituir gobierno 
propio, en espéra de queelex-Rey de Espana, si volvîa 
a ser Rey alguna vez, tornase al goce de sus derechos. 
Esta politica apareciô tanto en la America del Sur 
como en Mexico, y era una puerta por donde los ami 
gos de la independencia ab«oluta, daban entrada a 
sus mâs caras espéra nzas. Pero como hemos dicho, 
la proclama del Padre Delgado se ha perdido; en San 
Miguel fué quemada en la plaza piâblica por manos 
del verdugo, y en todas partes fué objeto de parecida 
persecuciôa: de este modo no podemos comprobar si 
esa fué la polîtica de la Junta de San Salvador y del 
Padre Delgado, sino es en vista de publicaciones co- 
mo la del Vicario provincial Dr. Manuel Antonio Mo- 
lina, en que réfuta la perdida proclama. 

En efecto, el Vicario va a hacernos ver la poli'tica 
que hemos definido, a través de pârrafos animados de 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 85 

cierta elocuencia que justifiera la faraa de predicador 
emineote de que g^czô el Padre Molioa en su tiempo. 
Helos aquî: 

"Os dirâa que no se falta al Rey, pues se jura a 
nuestro suspirado Fernando VII; mas les debéis res- 
ponder que abusan sacn'legamente de la Religion, por- 
que este nuevo juramento no es mas que un medio de 
que se sirven para paliar y poder quebrantar sin ma- 
yor nota la sagrada obligaciôn de les que heraoshe- 
cho antes, y asf introducir la novedad que pretenden. 
Os dirân que no se falta al Rey, sino a sus Ministros. 
Responded que esto es incompatible, pues aquel no 
puede mandarnos sino por medio de éstos; que en es- 
ta virtud lo representan, hacen sus veces, y mediando 
para ejercer su autoridad, también médian para reci- 
bir el respeto y obediencia que a él debemos. San Pe 
dro dice que obedezcamos cou sumisiôn a cualquiera 
que tenga autoridad pûblica, considerando en este la 
de Dios: que obedezcamos no solo al Rey que se halla 
revestido de la suprema autoridad, sino también a los 
que gobiernan como Ministros enviados suyos. 

"Solo el resultado inmediato de la insurrecciôn, 
,;qué fatal séria para la Sociedad! porque si a la volun- 
tad de un pueblo se pudiese hacer alguna alteraciôn 
en el gobierno, con la misma facilidad que hoy se ha- 
ce, se hari'a otra manana; y con la misma arbitrarie- 
dad que obra un pueblo, obrariac los demâs. iY esto 
no sprîa una confusion, un desôrden^ y una anarquîa? 
Ya sabéis lo acàecido en el pueblo de Zacatecoluca el 
dia de hoy: en donde por los movimientos que se es- 
tân suscitando de irrespeto a la Justicia, vinieron a 
las manos los pueblos, formando bandos uno contra 
otro, (ie que se han seguido desgracias, y quedar se- 
.gûn estoy informado, violado y profanado el templo. 
Y asf, si se adoptan los principios que se estân sugi- 
riendo, deberianos despedirnos para siempre de la paz, 
perder perpetuamente el dulce placer de estar con se- 
^uridad en el seno de nuestras familias, y renunciar 



86 FRANCISCO GAvmiA 

enteraraente la Religion Santa, que toda ella es cari- 
dad, como que adora a un Dios que lo es de la paz y 
no de la diçcordia. 

'"Terrible cnnsiguiente, y que necesariamente su- 
frirîamos bajo cualquier aspecto que se mire la inobe- 
diencia a que se os provoca. No ignoro que nuestra 
madré la Iglesia se halla bastantemente afligida, y el^ 
Romano Pontifice en prlsiôn: que nuestra Naciôn es- 
ta muy constern?da, y el Rey que tanto amamos y he- 
raos jurado, también cautivo. 

"Todos estos maies son causados por los infâmes 
franceses y su tirano Emperador Napoléon. En semé* 
jantes circunstancias deberîamos pasar a unirnos a 
nuestros hermanos los espannles de Europa para pe- 
lear con ellos en favor de la Iglesia y de laNaciôa. lY 
es posible que no pudiendo hacer esto, nos pong^amos 
de parte de Napoléon? Dios le ha pueslo una barrera 
en el inmenso Oceano para que no pueda enviar sus 
ejércitos a la America. cY quien créera que nosotros 
raismos se lo facilitamos, y que esto no es un sueno, 
sino una verdad? Se lo facilitamos pues, y con la ven- 
taja de que no^ntros nos substituiraos en lugar de 
sus ejércitos peleando aquf contra nuestros hermanos 
que alla le eUân haciendo la guerra. No necesita mâs 
el tirano para arruinarnos. Introducida entre nos- 
otros la division que intenta el pueblo de San Salva- 
dor, ya logrô entonces Bonaparte sus infernales desig- 
nios contra la Iglesia y contra el Estado; y con la cir- 
cunstancia de no ser a costa su>a, pues por nuestra 
propia raano nos acabaremos segûn la sentencia de 
Jesu-Cristo; que un reino dividido en bandos sera dé- 
sola do. 

"En tal caso no tenemos que quejarnos del mâs 
perverso de los hombres, Napoléon: de nosotros debe- 
mos quejarnos; en tal caso hemos inutilizado todi.ss los 
votos y plegarias que hasta aquî dirigimos al Cielo 
por la justa causa de la Naciôn. En tal caso tentâmes 
a Dios, y aun nos burlamos de su Divina Majestad. 



mSTORIA MODEaNA D2 EL SALVADOR 87 

pidiendo nos defieada de un enemigo a quiea favore- 
ceraos, y que nos haga felices cuando nos empenamos 
en hacernos desgraciado*. 

"Nunca el Gobierno se ha mostrado tan activo 
como ohora para atender a nuestras necesidades, co- 
rregir los abusos y hacer que todo el reyno prospère. 
En la ocasiôn sabemos ciertamente que ya llegaron a 
Espofia nuestros araados compatriotas los Diputados 
de estas Américas; que tomaron posesiôn de su alto 
empleo, y asiento en el soberano congreso de las Con- 
tes para representarnos y solicitât cuanto con^enga 
a nuestro beoeficio jQué dolor para la patriat jQué 
chasco para el Diputado de esta provincia de San Sal 
vador, si entrase toda en insurreccicn anulando con 
esto sus poderes y borrando todas sus instrucciones! 
Reflexionadlo bien todo: no sois ninos para que os de 
jéis seducir y enganar. Dios ha de asistiros si vais 
con él. A la ciudad de San Salvador ha sucedido una 
des'gracia, que debemos llorar amargamente; pero no 
querraraos envolvernos en ella. Cuando una casa se 
incendia, es fatuidad raeterse; y no lo es menos tomar 
una chispa para comunicar a las nuestras el incen- 
dio." 

Clararaente se deduce que se proclamaba la inde- 
pendencia, desconociendo San Salvador les Ministros 
de la Regencia, aunque se juraba a Fernando VII para 
el caso, que entonces parecîa reraoto, de que volviese 
al trono de Espana; que se proclamaba la separaciôn 
y el desconocimiento de los erapleados de la monar- 
quia, aunque no para ayudar a Napoléon, como dice 
el Padre Molina, siuo desconociendo y declarando la 
guerra al mismo Napoléon, cuyo hermano, José Bona- 
parte, era entonces de hecho el Rey ofîcial de los 
Espanoles; y que la polftica del Padre Delgado, fué 
en ese raomento histôrico, la polftica de los Prôceres 
de todas las regiones de America. 

Los monarquistas, constitucionales como el Dr. 
Molina, unos; absolutistas, otros, dieron pruebas de 



88 FRANaSCO GAVIDIA 

serlo aun sia contar el ejercicio de sus funciones de 
erapleados. El Alcalde Don José Santin del Castillo 
costeô de su bolsillo la fabricaciôn de 200 lanzas para 
un cuerpo de dragoaes. Es notable que este celo 
fuese mal pagado, pues dos anos mâs tarde, muerto 
Castillo, como debiese a las Cajas Reaies, se mandé 
poner g^rillos al cadâver y no se le quitaron sino 
cuando su esposa, deudos y amigos pagaron la suma 
y que de esta manera el Rey fué satisfecho. 

En Zacatecoluca los Alcaldes ordinarios y el Sub- 
Delegado, monarquistas de pura cepa, escribieron al 
Capitdn General un oficio que pinta sus modos de pen- 
sar y sentir. He aquî algunos de los pârrafos: "En 
medio del torrente de raales que nos amenaza, nues- 
tra firmeza en resistirlos y precaverlos sera inaltérable, 
y uniformes nuestros votos declamarâo constantemen- 
te contra toda sociedad intrusa, y seguiremos el cami 
no de la virtud^ y nuestros alientos solo respirarân vi- 
vas repetidos por la Religion, Rey y Patria. Vuestra 
Excelencia persuadido de esta verdad, darâ algûn de- 
sahogoel grave cuidado que puede causarle la suerte 
de este partido, y nosotros tendremos la particular 
satisfacciôn de acreditar a Vuestra Excelencia el cum- 
plido desempeno de nuestros sagrados deberes". 

La nota anterior guardô silencio sobre los sucesos 
que el propio cinco de Noviembre, de acuerdo con los 
Prôceres de San Salvador, promoviô en Zacatecoluca 
y en Santiago Nonualco el sacerdote don Mariano Jo- 
sé de Lara, miembro de una acaudalada familia origi- 
naria de Espana. 

Los nonualco, y de ello tendremos una muestra 
en una época posterior de la de 1811, tienen un ca 
râcter que quizâ expliquen sus tradicciones de raza. 
Un notable lingûista (Robelo) da los siguientes dates 
sobre la palabra Nonoalco o Nunualco: 

<Creemos que Nonohual o Nonohualli era un per- 
sonaje que dio nombre a la tribu nonohualco, porque 
en un pasaje del historiador Carrillo, de Yucatân, lee- 



HISTORIA MODERNA T)£ KL SALVADOR 89 

mos lo siguiente: «Los emigraotes vivian en la tierra 
y casa de Nono-ual, en donde estaban los cuatro Tu- 
tulxius, al occidente de Zuiva: aquel pais se lia ma ba 
Tulapan.> 

«Sabido es que la Nonohualca peregriné con la 
Tolteca y juntas llegaroo a Tullan en trescientos ?e- 
senta y uno de la era vulgar, de donde salieron los No 
nohualcos al ano siguiente, para ir îi poblar al Sur. 
Evse Nono-hual a quien se refiere el hi?toriador Carri 
lie, en el pasaje citado, debe haber sido el prlmitivo 
Jefe de la tribu Nonohualca, que 1.200 anos fué a po 
blar Chachnovitan (Yucatân) y Tulapan debe haber 
sido la Tollan situada en Hueuetlapallan, de donde sa- 
lieron los Toltecas. Los nombres raexicanos de?figa- 
rados que se leen en el pasaje de Carrillo, como Tu- 
tulxius (Xiuh-tototl) pâjaro azul, Tollapam y Nono- 
hual (Nonohualli), robustecen nuestra conjetura. En- 
contramos otros fundaraentos en Chimalpain, quien 
dice: — En el ano 1,272 los Tlacochcalcas salieron y 
abandonaron a Tlapallan Chicomoztoc cuyo nombre 
se cambiô en los de Nohualco Tzotzompa Quinehua- 

yaa .... — Empeio, si algo puede aventurarse 

sobre la historia de Nonohualli, quedamos en tinieblas 
sobre su etimologîa». 

Este pueblo de carâcterbelicoso, fué designado co- 
mo base de operaciones, y el dîa cinco de Noviembre 
los Nonohualco tomaron la Ciudad de Zacatecoluca y 
se apoderaron del Cuartel: todas las autoridades co 
loniales huyeron y solo quedô preso el Alcalde a quien 
exsigieron que proclamara la Independencia. Era ob- 
jeto de disgusto de los pueblos, lo que se llamaba 
tributos, los cuales tueron suprimidos hasta que se 
declarô desligada la provincia del Salvador, de las 
otras provincias, en tiempo de la guerra del Iraperio. 
Los Nonualco pidieron que se les entregara el pro 
ducto de esos tributos, que ellos pagaban. Amena- 
zaron al Alcalde, y le hicieron hincarse en la calle, dis- 
11 



90 FRANCISCO GAVIDIA 

poniéndose a lo que parece, a uitimatio; pero, lasgen- 
tes dei œercado, priocipalmente algunas mujeres, eu 
yos nombres se hao conservado, — Josefa Baraona, La 
dulcera, nombre con que se cooocîa a Micaela Jerez, y 
Feliciaoa Jerez, armadas de cuchillos, piedras y palos 
libraron el combate, quedando algunas victimas y ha- 
ciendo retirarse a los Nonualcos que no tenîan un Jefe 
que los dirigiese en el raoviraiento cuyos fines politicos 
no podîan ser raâs elevados. Posteriormênte, el sacer- 
dote Don Mariano Jofé de Lara que sublevô a los No 
nualcos.acusado de promotor.fué llevado preso a Gua- 
temala, donde permaneciô hasta después de 182L 

El Licenciado en Teologi'a de la Real Universidad 
don Serapio Sânchez era Cura de Olocuilta, situada 
entre dos focos de insurrecciôn, la capital y los nono- 
hual. Habiéndose retirado del partido el Juez Sub 
delegado, recogiô él la Subdeîegaciôn y diô pruebas de 
ser monarquista convencido. 

En San Miguel la invitaciôn de los Prôceres fué 
recibida con indignacion : el Ayuntamiento acordô que 
los que llamaban papeles sediciosos fuesen quemados 
por manodel verdugo en la plaza pùblica; dispuso des- 
obedecer laa ôrdenes de la Intendencia Provisional, 
que se interceptasen las cartas de San Salvador, y que 
se alistase el Escuadrôn régional, y el diez, esta 
fuerza se puso en marcha a ocupar la altura de Apas- 
tepeque.donde debîa esperar ôrdenes de Bustamante. 
Lo que era el Padre Cârcamo para Santa Ana, y el Pa- 
dre Molina para San Vicente, era eî Padre Dr. Mi- 
guel Barroeta para San Miguel. 

Nada haremos mejor para darlo a conocer politi- 
ca y literariamente, que copiar algunos pârrafos de la 
proclama que por encargo del Ayuntamiento dirigiôa 
la provincia de San Miguel. 

«Ciudadanos de la provincia deSan Miguel: ya es 
preciso deis a conocer que sois espanoles, y que res- 
petâis las autoridades légitimas, puestas por eî Go- 



HISTOKIA MODKKNA DE EL SALVADOR 91 

bierno que jurasteis. El cielo y los h^mbres fueron 
testigos de vuestros juraraentos, y estos misraos de 
beo serlo de vuestra lealtad. No créais, conciudada- 
nos, los falsos colores con que los insurgeâtes de San 
Salvador pintan el carâcter de nuestros herraanos los 
espanoles, europeos, para dar alguna apariencia de 
justicia a sus escândalos y levantamiento; porque vos- 
otros tenéis bastantes conocimientos de lo contrario. 
Très siglos de experiencias son pruebas nada inequî- 
vocas del interés que ellos han tomado por nosotros. 
Si: a ellos debemos nuestro origen, a ellos debemos 
nuestra religion, de ellos heraos tomado las artes y las 
ciencia?, y en fin ellos han sufrido como nosotros los 
raa'es del gobierno arbitrario, sin tener parte en la 
opresiôn. iPues por que quereraos separarnos de los 
que tanto bien nos han hecho? Los insurgentes no 
quieren mâs que destruiros. Los sucesos de Mexico os 
deben servir de escarmiento. Ese reino, que era nues- 
tra admiraciÔD, ha quedado destruido por los mismos 
que quisieron mudar el Gobierno y sus espadas fue- 
ron los instruraentoscon que quedô castigada la igno 
rancia de los que creyeron: y en vi.-ta de esto ^queréis 
vosotros toraar partiuo con vuestros eneraigos? Ciu 
dadanos, la patria os llama: vuestros intereses piden 
que os arméis contra vuestros enemigos. viva Fernan 
do VII; viva el Gobierno que esta jurado: esta sea 
vuestra divisa, y vuestros votos. > 

En carta dirijida al Capitân General con fecha 10 
de Noviembre, decfa lo siguiente: 

cComo buen espanol estoy haciendo lo que debo 
con mis consejos y exhortaciones; bien que todo este 
vecindario no necesita de ellos para hacer su deber, 
porque en todos hay honor y patriotismo. Vuestra 
Excelencia debe contar con cuanto soy y valgo, pues 
mi mayor honor séria sacrificarrae por mi Rey y por 
mi Patria. > 

En fin el Comandante del escuadrôn, al inforraar 
que el dia 11 saldria con su fuerza a pasar la Barca 



92 FRANCISCO GAVIDIA 

del Lerapa, daba a Bustamaote el informe siguiente: 
«Todo este vecindario de espanoles, europeos y 
criollos, Ilenos del raayor entusiasmo se han ofrecido 
a salir voluntariaraente armados en union de la tropa, 
deseosos de que se les destine <?n cuanto sea bastante 
a contener el desorden de la insurrecciôn, y de sacrifi 
carse coo gusto, si fuere necesario. en obsequio delà 
causa cOToùn, y bien de la Patria, como leales vasa- 
lios. > 

A municipios y Vicarios diô las gracia? el Capi- 
tan General en la Gaceta Extraordinaria que publi- 
c6 la Capitanîa con ocasiôn del movimiento revolucio- 
nario de 1811. La raisma Gaceta hizo especial raen- 
cîôn "de los hcnrados iadinos" de Santa Ana Grande, 
acreditados de valientes y de leales en la guerra y ex- 
pediciones del ano de 80 (1780) De elles dice el mis- 
mo periôdico oGclal que h^n solicitado con loable em- 
peôo todos les vecinos del partido que se restablezca 
su ar.tiguo bitallôn, para cojer nuevos triunfos y lau- 
reles; sobre lo cual se han dado las disposiciones opor- 
tunas por medio de su ilustre Cabildo. 

Fuera de la provincia del Salvador, se hizo sentir 
tiQuy pronto la reacciôn con que se oponia el espîritu 
colonial a la polîtica y al plan revolucionario de los 
Prôceres de San Salvador. El Noble Ayuntamiento 
y los monarquistas de Qufzaltenango hicieron présen- 
te su adhes-iôn a la Capitanîa y le ofrecieron su con- 
curso. El batallôn de railicias de la Provincia se puso 
en pié al mando del Teniente Coronel Don Prudencio 
de Cozar. Se dijo que todos querîan alistarse «hasta 
los ancianos o con algûn otro irapedimento.» El Co- 
rregidor Don Miguel Carrillo se ofreciô para servir, 
aunque fuese «como ùltimo soldado> donde se le des- 
tinase. Parecidas protestas recibiô la Capitanîa de 
los demâs Corregidores y Alcaldes Mayores. En el 
Partido de Gracias, al Oeste de Honduras, los indios, 
animados por las predicaciones de su Pârroco Don Jo- 
sé Maria Jalon, mandaron a hacer el retrato del Rey 



raSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 93 

Fernando VII, pagfaodo por contribuciones su costo 
y una contribuciôn extraotdinaria de guerra. El Re- 
gûdor D-^cano del Noble Ayuntaraiento de Guatema- 
la, future Intendente de la Provincia del Salvador, 
Don José Maria Peinado, présenté al Capitân Gene- 
ral la manifestaciôn de los indios, que escrita por el 
Padre Jalon, hace ver los sentimientos e ideas en que 
descansaba el regimen colonial. "Con estos hijos re- 
mitimos a Ud. cien pesos, decîa, a cuenta del valor del 
retrato y docel de nnestro Rey y Senor Don Fernando 
VII, asegurando a Vuestra merced que lo raâs que 
valga lo satisfaremos con su aviso ysindemora." 
Ellos ta m bien tenîan de?eos de acredifar su amor, 
lealtad y fidelidad al Rey cautivo. Hablando de Bo- 
naparte los indios se expresaban en los termines si* 
guientes: «como para su libertad (del Rey), decîan, y 
terminar la injusta guerra que lo detiene tan lejos de 
su trono, que intenta usurpar el vil canalla de Napo- 
léon, se necesite de los obligatorios socorros de sus va- 
sallos, suplicaraos a Vmd.que a nuestro nombre ofrez- 
ca al Excelentisimo Senor Présidente un mil pesos de 
nuestra comunidad, pues aunque sabemos se ha saca- 
do de ella alguna cantidad con el objeto, reflexiona- 
mos que el senor Fiscal protector de los Indios, con 
arreglo al todo, haria una econômica deducciôn, aten- 
diendo a nuestra pobreza y fines a que se contrajo la 
instituciôn de este fondo: de cualquier modo que sea 
<luereraos hacer esta huraildisima demostraciôn de 
nuestro vasallaje y reconocimiento de los favores que 
nos deiraman las piadosisiraas leyes de los augustos 
ascendientes de nuestro cautivo padre, a quienes asî 
mismo debemos la felicidad de habernos sacado de la 
gentilidad y alumbrarnos con las amabilîsimas luces 
del Santo Evangelio, conociendo como conozemos en 
lugar del demonio a quien adoraron nuestros mayo- 
res, el ùnico verdadero Dios, en quien esperamos por 
los méritos de su hijo crucificado la salvaciôn que no 
coûsiguieron nuestros padrei>. 



94 FRANCISCO GAVIDIA 

La expediciôn salida de San Miguel a unirse coo 
las tropas de San Vicente para obrar sobre la capital 
venîa al rnando del Teniente Coronel Don Alonso Sal- 
do quieo armô y mantuvo a sus espensas a los volun 
tarios que se le agregaron. Servfa de Capellâo, sin 
cobrar estipendio, el Fraile del convento de Francisca- 
nos de San Miguel, Padre Don José Antonio Monino. 
Acompanaba estas fuerzas el Regidor de mâs lite» 
ratura del Ayuntamiento Don José Maria de Hoyos, 
a quien comisionô el Cabildo para inflamar a las tro- 
pas^ y de su literatura y de su polîtica nos darâ idea 
una proclama de Hoyos, distribuîda en el momenta 
de salir de San Miguel la expediciôn; asî como nos su- 
ministra algunos datos un Diario que Uevô de lo ocu- 
rrido. He aquî la proclama: «Nuestra memoria sera 
eterna. Sabrân nuestros hermanos de la peninsula, 
de toda la America, de Guatemala^ que aunque apar- 
tados de la sociedad y cultura de las grandes ciuda- 
des, poseemos la ciencia màs esencial, la de ser fieles 
a nuestros juramentos, de cumplirlos con nuestras 
obras, y de sellarlos con nuestra sangre. En que 
tiempo tan importune asoma la cabeza esta hidra de 
la insurrecciôn! Cuando nuestro Diputado, nuestro 
amado compatriota, el Sefior Avila, ocupa una silla 
del augusto Congreso Nacional: cuando por él somos 
parte intégrante de la Soberanîa: cuando la afligida 
Patria, como la madré mâs amorosa, nos alarga los 
brazos, nos dispensa las mayores gracias y beneficios:: 
cuando teneraos el blason de que este reyno, en el 
mismo Congreso augusto, sea llamado el mâs fiel de 
toda la America: ahora, en esta coyuntura ise inten- 
ta desunirnos? Se quiere que perdamos nuestra me 
recida reputaciôn? Bârbaros e inhumanos son los que 
tal pretenden: fieras rabiosa?, que quieren despeda- 
z^r el seno de su raadre, las entranas de nuestra gratp 
Naciôn iAniquilariamos nosotros mismos la gran- 
de obra que estamos formando? N) lo esperéis, in- 
grates, desnaturalizados:, ilusos, Dj todos los crîm^ 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 95 

nés el que mâs aborrece el ciudadano de Sn. Miguel, 
ts el de infidenci?. Cada uno de nuestros valieotes 
soldados vale por veinte insurgeâtes: con nosotros va 
la razôo, la justicia, la disciplina: a ellos acorapana el 
desorden, la confusion, el terror de su crimen, y 

el gusano roedor de sus conciencias 

Nuestra abogada Marin Santisima de la Paz nos ha 
dado ya visibles sefiales de la protecciôn celestial. . . . 
Corramos a donde nos llaman nuestro patriotisme y 
fidelidad, y tierablen los sediciosos y crédulos al as- 
pecto de un pueblo virtuoso, que todo lo sacrifica a 
sus deberes.> Las exhortaciones del Cura y Vicario 
Dr. Barroeta, hicieron que hasta las raujeres corriesen 
€n tropel, como dice la Gaceta, alentando a sus ma- 
ridos, hijos, o hermanos, y queriendo tener parte en 
sus peligros; y el hermano del Vicario, Don Juan Ba 
rroeta, proveyô a las tropas de viveres y monturas en 
su Hacienda de Gualcho, faraosa después por el triun- 
fo de lacausa contraria a la de los Barroetas. No me- 
nos generosidad tuvo con las (uerzas monarquistas el 
dueno de la Hacienda del Lempa, Al tercer dia de 
caraino se hizo que los soldados jurasen la bandera 
Real, después de hacer ejercicios y de escuchar una 
arenga de uno de los Jefes "acto solemne y augusto, 
dice la Gaceta,2. que segiin el Diario (del Regidor Ho- 
yos) correspondieron signos de felicidad, vistos en el 
cielo (como los de que habla la Proclama del mismo 
Regidor Hoyos, que circulé al salir las fuerzas de San 
Miguel, y que él atribuye a la Virgen de la Paz ) El 
Subdelegado de Sensuntepeque Uevô un contingente 
de gente y armas que en Apastepeque se agregô al 
Escuadrôn y a los Voluntarios de San Miguel. La 
entrada a San Victnte, dice la Gaceta, fué "jovial" y 
compitieron en las demostraciones de jovialidad el Al- 
calde ordinario, el Alférez Real y "las personas nota- 
bles de aquella ilustre Villa," pues San Vicente no 
era todavia una ciudad. El Vicario Molina duplicô 
su celo. Habi'a recibido una carta del Excelentîsimo 



96 FKANCISCO GAVIDIA 

Sr. Présidente Capitàn General Bustamante y Gue- 
rra,y élrespondiô con su conocida elocueocia: 'Yo no 
he hecho mâs que cumplir mis mâs sagradas obliga* 
ciones... Ofrezco no desviarme jamâs de los principios 
que rigen: seré firme, confiando siempre en Dios, a 
quien conozco por origen del bien que hago, y sin cuyo 
auxilio no podrîa concebir ni un solo pensaraiento 
bueno, como me ensena el Apostol. La satisfacciôn 
interior que experiraento se colma con la que advierto 
haber causado a Vuestra Excelencia y a mi Ilustrîsi- 
mo Prelado mediante el favor que me dispensan. En 
todo caso, y mayorraente en la ocasion, es rauy regu- 
lar se complazcan al conocer los sûbditos con quienes 
pueden contar en el ejercicio de su potestad suprema. 
i Asî hubiera yo sido tan afortunado, que hubiera po 
dido ahorrar a Vuestra Excelencia y alllustrîsimo Sr. 
Arzobispo el disgusto que ha tenido con un acaeci 
miento tan escandaloso! — Pero nada sucede acaso. 
La mano de Dios obrn visibleraente en cuant^ se esta 
ofreciendo a nuestra vista. Si aflije a nuestra Naciôn 
por todas partes, es para que se conozca que enmedio 
de tantos reveses él solo es quien la sostiene, la con- 
serva, y al fin la harâ prosperar, como debemos pro 
metérnoslo de una tan declarada protecciôn. iQuién 
podrîa imsginarse que entre nosotros misraos se le- 
vantari'an algunos a poner en movimiento la America, 
turbando asi la inaltérable paz, de que hemos gozado 
por tan dilatado tiempc? Sorprende ciertamentc: y 
por lo mismo, aunque en lo moral es un sbisrao de 
iuiquidad, en lo social lleva el sello de las grandes re 
voluciones, de que se sirve la Providencia para sus al 
tos designios. Estos inquietos e insurgeâtes son en 
el Estado lo que los herejes en la Iglesia: Confunden 
grosera mente sus antojadizas opiniones: los unos con 
los dogmas catôlicos: los otros con los sxiomas polî 
ticos: ambos audaces atentan contra la autoridad; y 
con no menos orgulio que intrepidez, se introducen 
reformas, destruyendo el ùnico principio de todo or- 



HISTORIA NiODERNA Dli EL SALVADOR 97 

den, que es el respeto y obedieocia. Digamos que hao 
convenido estos alzamientos, como dice San Pablo de 
las heregl'as, para que los que son firmes en la leal- 
tad, se hagan manifiestos. Por masque Vuestra Ex- 
celencia haya descansado en la fidelidad de este reino, 
indispensablemente se habrâ sentido a veces asaltado 
de aquellos cuidados que son inséparables del verda- 
dero celo. Ahora.,. ha logrado Vuestra Excelen 
cia descubrir lo poco que hay que temer, y lo mu- 
cho que esperar. De este modo el ilustrado gobier- 
no de Vuestra Excelencia, desembarnzado de las tra 
bas que en otras circunstancias se forma la misma 
prudencia, continuarâ libreraente dictando cuantas 
providencias convengan, con el acierto que admira- 
mos, y desplcgarâ mâs y mâs todo su patriotisrao en 
favor de la Naciôa, y todos nosotros como miembros 
deella." 

El Capitân General contestaba al Dr. y Maestro 
Molina, que era si ûnico candidato que se oponia al 
Padre Delgado para Obispo de laDiôcesis, cuya erec- 
ciôn estaba entonces en expediente, en los termines 
siguientes que le aseguraban el futuro apoyo de la au 
toridad superior de la colonia: "Es preciso amar y 
respetar a Um-, y desear conocerle persoaalmente. 
Sus producciones me le retratan. Veo en ellas toda 
la belleza de una aima noble, entendimiento agudo^ y 
muy selecta ilustraciôn; caractères de su carta de cin- 
ce del corriente, que me hacen sentir con viveza todo 
lo que vale un digDO Parroco, y esperar que ha de ser 
Um. mi eficaz auxiliar y cooperar a todo el bien que 
anhelo a esa hermosa provincia. " 

Llegados a San Vicente los de San Miguel, cuyo 
cuerpo habîa sido reforzado con tropas de volunta- 
rios que se incorporaron de diverses partidos y a quie- 
nés se instruîan, se présenté un correo enviado 
por dos Comisionados de la Junta de San Salvador, 
que se hallaban en Cojutepeque, y que pedian salvo 

12 



98 FI-JAXCISCO GAVIDIA 

conducto para pasar a discutir los motivos de la réu- 
nion de tropas en San Vicente. A la carta de los 
comisionados, el Ayuntaraiento de San Vicente ente 
rado de ella, contesté, después de oir la respuesta re- 
dactada por Hoyos, el Comandante de armas Alonso 
Saldo y el SargentoMayor, en los termines siguientes: 

«San Miguel, San Vicente, y los Jefes militares 
nuDca han iraaginado pasar arbitrariamente a comba- 
tir a San Salvador, ciudad compuesta de herraanos 
nuestros, a quienes araamos cordialmente, y nada nos 
seri'a màs sensible que vernos en la necesidad deentrar 
con ellos en hostilidades, mucho menos en el dîa en 
que con mayor placer hemos recibido oficio del Exce* 
lentîsimo Sr. Présidente, y del Sr. Corregidor Inten- 
dente, que nos manifiestan restablecido el buen orden 
y tranquilidad pùblica. Siempre hemos presumido 
que el desorden que sufrieron los buenos vecinos, ha 
sido causado de un populacho inquieto con un acci- 
dente que su propia ignorancia le hizo juzgar que pa- 
ra todo los autorizaba. ^No deberîa temerse que los 
demâs pueblos siguiendo el mal ejemplo, faltasen al 
respeto debido a las autoridades, y coraetiesen los ex- 
cesos que alla se han cometido?. Se derramaron pa- 
pelés sediciosos: salie^on aigu nos plebeyos a conmo- 
ver a sus semejantes, y aun con la osadi'a de suponer- 
se enviados por la ciudad. En este caso la prudencia 
exigîa las providencias de precauciôn y seguridad que 
hemos tomado, mayormente cuando ya se advertîaa 
algunas insubordinaciones en los pueblos, y aun atro- 
pellamiento a la Justicia, de que hay constancia. 

«La misma causa nos obliga permanecer en esta 
disposiciôn, hasta que el Excelentisimo Sr. Présidente 
ordene lo contrario, que desde luego sera cuando se 
asegure del sociego; sin que por ésto Vuestras Merce- 
des ni la ciudad por quien hablan, deban tener el me- 
nor recelo, pues ba jo la palabra de honor, y por lo que 
debemos a Dios, al Rey, y a la Patria, les aseguramos 
que estamos muy distantes de acometer a aquel vecin- 



HISTOfelA MODEKNA DE EL SALVADOR 99 

dario, ni alùltimo individuo de él, y que solo trata- 
mos de irapedir los resultados funestos del mal ejem- 
plo que diô aqueîla plèbe. 

«En eî particularVuestras Mercedes deberân con- 
venir con nosotros, corao que este es lo que dicta la 
razôn y prescribe el deber en iguales circunstancias. 

«Espérâmes que les honrados vecinos, conlinuan* 
do sus buenos oficios, lograrân borrar hasta las mâs 
pequenas senales de lo que hizo el pueblo. En cuanto 
a la venida de Vuestras Mercedes a esta villa, no ha- 
brâ inconveniente por le que respecta a la seguridad 
de sus personas, pues no tratan con enemigos, sine 
con amigosy hermanos; pero ocurre la dificultad de 
que siendo para sancionar y discutir, como Vuestras 
Mercedes dicen, las materias que se versan en el asun- 
to, serîa raenester que estuviésemos prevenidos por 
una orden, o a lo menés licencia de! Excelenti'sirao se- 
nor Présidente, y por lo mismo no podemos convenir 
en ello. 

«Deben contar Vuestras Mercedes que nosotros 
contribuiremos por nuestra parte a lo que interese aï 
pûblico y bien particubr de e-^a ciudad. Hablamos 
con la confianza que nos inspira eî Superior Gobierno 
que nos rige. 

«Dios guarde a Vuestras Mercedes muchos afios. 
Sala Capitular de la villa de San Vicente, y Noviem- 
bre 18 de 1811>. 

Ademâs de las poblaciones importantes se ar- 
raaron contra la Junta de San Salvador, Sensunte- 
peque y Chalatenango, de dende les Alcaldes ordina- 
ries escribieron al Capitân General manifestande que 
aborrecian y detestaban "el modo de pensar y pro 
céder deles novadores y agitadores". Seunieron tam- 
bién contra la Junta Tejutla ; Metapân y Panchimalco 
donde el Cura don José del Castillo ejerciô su influen- 
cia religiosa sobre les habitentes, escribiendo al Arzo- 
bispo una carta en que hay estas palabras: « El Cura 
Castillo, el mener y el mâsobediente subdito de Vues- 



100 F>:A>iCI CO GAV.DIA 

tra Senorîa Ilustrfsima, harâ el sacrificio de sf misrao» 
3Î es necesario, apurando con energfa cuanto conside* 
re conducente para la tranquilidad. Me he gloriado 
siéra pre de terer en rais veuas la sangre de Bernai 
Dias del Castillo, uno de los conquistadores de es- 
tes paises. Jamâs bastardearâ en mis sentimientos 
esta noble idea, y mucho menos el reconocinniento in- 
violable de la fideîidad que debo a mi Rey y Sr. Don 
J'eroando VII, y sobre todo a rai Santa Religiôn>. 

Por lo que hace a Nicaragua el Ayuntamien- 
to de Leôn despachô un correo extraordioario ofre- 
ciendo al Cabildo de San Miguel auxilios de tropa. 
Consejero de los leoneses era el Obispo Fray Nicolas 
Garcia. El Ayuntamiento de Rivas enviô otro extra- 
ordinario, haciendo igual raanifestaciôn; el Coman- 
dante hizo prestar a sus tropas el juramento de fide- 
îidad a la raonarquia y el de « no dejarse alucinar del 
cisraa revolucionario, premeditado por el enemigo de 
îa Religion y del orbe enterc». La ciudad de Grana- 
da observé la raisraa conducta. El Cabildo de Co- 
mayagua ofrfciô su contingente de tropas y armas a 
los de San Miguel y el de Tegucigalpa hizo protestas 
de fîdelidad ofreciendo el sacrificio de la vida al Capi- 
tân General. En fin el Noble Ayuntamiento de Ciu- 
dad Real de Chiaoas y el Gobernador Intendente de 
esta provincia, ofrecieron su contingente de tropas, 
caballerfa y cuanto pudiese la provincia. 

Se ve, pues, que los Prôceres de San Salvador ha- 
Uaron uns. oposiciôn formidable dentro y fuera de la 
provincia. Merecen por tanto menciôn especial las 
cuatro poblaciones que secundaron el Primer Grito de 
Independencia. 

De ellas hemos mencionado ya a Zacatecoluca y 
Santiago Nonualco. 

Tôcale su vez a CJsulutân donde aunque los rao 
aarquistas situaron guardias en los caminos, e inter 
ceptaron las proclamas e impresos de la Junta de San 
Salvador que seenviaban a San Miguel y a aquel par- 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 101 

tido; y aunque se levante una acta renovando sus ju- 
rameutos de vasallaje; y el Sub Delegfado con el "a- 
mor que debe a la ley Santa, al catôlico raonarca Se- 
nor Don Fernando VII, y en su real nombre al Su- 
premo Consejo de Regencia, y a la Capitani'a Gene- 
ral y superior Gobierno", diô cuenta con los papeles 
interceptados, y tomô raedidas de precnuciôn. "que 
no hubieron de bastar" segûn la espresiôn de la Ga- 
ceta de Guatemala, hubo un levantamiento encabeza- 
do por el patriota Dun GregorioMelara, el mismo que 
en aquella poblaciôn sostuvo la causa de la indepen- 
dencia en el movimiento de 1814. 

Es de lamentarse que hasta ahora no tengamcs 
datos de los sucesos de Chalatenango y Metapân, 
mencionados por los historiadores como adictos de la 
causa delà Independencia de Centro-América. 

Pasados los dîas en espéra de que se adhiriesen 
los pueblos y las provincias del entonces llaraado reino, 
los prôceres se dieron cuenta de todos los enemigos 
que debîan enfrentar: el noble ayuntamiento de San- 
ta Ana excitado por el Dr. Cârcamo; el Cabildo de 
Sonsonate, que lanzô una proclama, asistido por el 
.Alférez Real y que raovia su escuadrôn mandado por 
ei Sargento Mayor Pedro Campo; San Vicente de 
Austria, que después en la guerra del Imperio, iba a 
prestar servicios insijjnes a la causa de la Repûblica, 
encabezado por su Alcalde José Santi'n del Castillo 
y aconsejado por el Vicario Provincial Don Manuel 
Antonio Molina, fueron los primeros en rechazar la 
-excitaiiva de los conjurados. 

La Junta de Gobierno de San Salvador nombre 
tiu asesor al Licenciado don Ciriaco Villacorta, quien 
rehusô el cargo, y reraitic el oficio a Bustamante, es- 

cribiéndole < sostendré con la mayor firmeza 

los derechos a que por todos ti'tulos me reconozco 
obligado, dando a V. E. y a mi patria una prueba 
convincente de mi verdadero amor a ella, a nuestra 
sngrada Religion y amado Soberano.> 



102 GAV3DIA FRANCISCO 

Poco tiempo después se supo que San Miguel es 
taba en armas contra San Salvador. El Dr. Barroe 
ta, el Teniente Coronel Alonso Saldo, el Regidor José 
Man'a de Hoyos y el franciscano fray José AntoniD 
Moîiino, eran su^ jefes, el primero, como el Dr. Moli- 
na, de San Vicente y como el Dr. Cârcamo, de Santa 
Ana, competidor del Padre Delgado a la mitra y los 
honores que tiempo hacîa se esperaban de la erecciôn 
muy probable de la mitra. 

Et San Salvador el trabajo de propaganda era 
activo. Pero sus publicaciones corrîan la misma 
suerte que la proclama: en San Miguel y enUsulutân, 
por ejemplo, fueron interceptadas y en los pueblos pe» 
quenos no llegaron a leerse. 

Sensuntepeque habîa enviado hombres a unirse 
a los de San Miguel y San Vicente, al mando del Sub- 
delegado don José Maria Munoz. 

Las companias recién formadas de Ahuachapàn e 
Izalco se habîan unido al escuadrôn de S )nsonate. 
Se reorganizaba, con milicias quese levantaban, el an- 
tiguo Batallôn de Santa Ana, quese habia di^tingui- 
do en la guerra y expediciones de 1780. (Véase la 
Addenda.) 

Casi todas las poblaciones se mostraban hostiles 
y las que se habian levantado a favor delà indepen- 
dencia habîan tenido maléxito. 

Zacatecoluca y sus pueblos vecinos se habîan le- 
vantado, pero enseguida habîa estallado la guerra de 
razas: los nonualcos habîan tomado aquella ciudad y 
pedîan aTAlcalde prisionero y arrodillado la aboliciôn 
de tributos, pero el mercado de la ciudad acaudillado 
por La Dulcera, la Josefa Varaona y otros, hombres y 
mujeres, armados de cuchillos, piedras y garrotes, de- 
rrotaron a los nonualcos. 

El jefe de estos movimientos era un sacerdote: Doo 
Mariano José de Lara, que después fuécapturad.» y juz- 
gadoen Guatemala de dondevolviô después de diezanos-. 



mSTORIA MODEKNA DE EL SALVADOR 103 

El mes de Novierabre transcurrîa pues, en gra- 
ves cuidados para la Junta de Gobierno. 

A las Doticias que llegaban de las poblaciones de 
esta provincia sucedieron las de las otras provincias. 

El Intendente de Coraayagua, Doctor Don Car- 
los Castanôn, unido al obispo Don Manuel Juliân Ro- 
driguez, y al Cabildo, contra San Salvador, ofrecieron 
a San Miguel "su union de gentes y armas para la 
confusion y escarmiento de los facciosos. " 

El famoso récalcitrante Subdelegado don Tran- 
quilino de la Rosa, respondîa por el ayuntamiento de 
Tegucigalpa. 

También se habia unido a San Miguel, a donde 
se despachô un correo extraor'^inario al instante, el 
Noble y Leal Ayuntamiento de Léon, "al primer ru-- 
raor de las perniciosas novedades." Habîa ofrecido, en 
efecto al Cabildo de San Miguel, "que toda aquella 
provincia religiosa y tranquila se sacrificarîa por la 
justa causa" y manifestaba que contase con los auxi* 
lios de gente y demds que fuesen menester. El Inten- 
dente don José Salvador, el obispo tan alabado por 
Valle, Fra^* Nicolas Garcîa y Jerez, y el coronel del Ba- 
talion demilicias Don Joaqufn Arechavala; en fin, el 
Alcaldeordinario de primer voto,—eran el nervio de es- 
ta resistencia a los independientes salvadorenos. 

También se habia unido a San Miguel la ciudad 
de Nicaragua: el Comandante José Aranda habîa he- 
cho jurar a sus tropas "no dejarse alucinar del arma 
revolucionaria premeditada por el enemigo de la Reli- 
gion y del orbe entero", palabras con que no se sabe 
si habia de Napoléon o del Demonio. 

Los Alcaldes y Aiférez de Granada también in* 
vocaron el leal vasallaje y la religion. 

El Subdelegado de Masaya Don Joaqufn Vigil, 
Ilegô a raerecer el tîtulo de "restaurador de la tran- 
quilidad del partido". 

Mientras tanto se disciplinaba el batallôn de mi* 
licias de Quezaltenango, al mando del Coronel Côzar. 



104 l'KANOISCO GAVIDIA 

Todos los Corregidores y Alcaîdes ordinarios de 
aquellas lejanss regiones se aprestaban a acudir so- 
bre San Salvador. 

El Gobernador Intendeote de Chiapas Don Ma 
nuel Pioquinto, ofrecîa tropas de infanteria y caba- 
llerîa contra la Junta Provisionaria; y se adherîa al go 
bierno el Obispo de Ciudad Real, Don Ambrosio de 
Llano. 

Con todos estos aliados se alzaban los monarquis- 
tas de Guatemala, y el Capitân General Bustamante 
que se disponîa a abrir la guerra, lo mismo que la Juota 
Revolucionaria se disponîa a sostenerla. 

Pero la hora de la guerra para El Salvador no 
era esta. La guerra necesaria para El Salvador y 
para Centro America fué la de 1822 — 1823; esta fué 
la verdadera guerra de la independencia y de las insti 
tuciones. 

Porqué, es lôgico preguntarse, no se abrirâ la 
guerra desventajosa entre la Junta de San Salvador 
y el resto de Centro America? t.No estaba Mexico 
en armas para no temer un nuevo enemigo, ocupado 
el Virrey con los insurgentes? i.No estaba en armas 
la América del Sur para no temer nada de los Virre- 
yes australes? 

Li causa debe buscarse, y lo es ciertamente, en 
aquel mismo suceso que suspendiô en gran parte de 
América las guerras delà independencia. 

Esa causa fué la inmensa cantidad de libertades 
que iba a dar por dos anos la primera Constituciôn de 
habla espanola; esa causa era la prôxiraa promulga- 
ciôn de la Constituciôn de Câdiz. 

En efecto, el partido constitucionalistu se inter- 
puso, con cîvica autoridad, entre el Capitân General 
Bustamante que rodeado de todos los Jefes Militares. 
Corregidores y Alcaîdes delReynoiba a abrir una gue- 
rra despiadada, y los independientes, que no eran en 
gran numéro, pues una parte de San Salvador, los 
absolutistas y monârquicos de la escuela de Montes. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 1 05 

quieu, habi'aa huido a las provincias aoti-secesio- 
nistas. 

Es posible que si no hubiese estado para emitirse 
la ConstituciÔQ, la acefalîa del trono espanol y las 
ideas democrâticas de America, hubiesen desatado 
en esa fecha la guerra que estallô diez an^s después. 
Pero los constitucionalistas intervinieron: en el Ayun- 
tamiento de Guatemala figuraban el Dr. Peinado, 
Don José de Aycinena, prominentes de ese partido, y 
todo el Ayuntamiento se présenté en calidad de me 
diador, nombrando el Capitân General a Aycinena y 
Peinado en concepto de Comisionadosy suspeodien 
do sus preparativos de guerra. 

Los sucesos de San Salvador habîan sido conoci 
dos en Guatemala por la hoja firmada «Los americanos 
de San Salvador». Debido a la influencia de Don 
Alejandro Ramîrez, asistiô Bustamente a la sesiôn del 
Ayuntamiento del 15 de Noviembre en que propuso 
Peinado, Regidor Decano, enviar a San Salvador una 
Diputaciôn (no un pacifîcador como se ha escrito de 
Aycinena). El Capitân General ofreciô resolver al di'a 
siguiente. El 16 en nueva sesiôn se diô cuenta de ha- 
ber aceptado el Capitân General la proposiciôn del Dr. 
Peinado, a quien recometjdaba para Diputado; acep 
tando la deposiciôn de Gutiérrez deUlloa y los otros 
oficiales y nombrando Intendente a Aycinena, en quien 
delegaba para tratar, las funciones que residian en la 
Gobernaciôn yCapitanîa General. Representari'an los 
Diputadôs, ademâs a la ciudad de Guatemala. Acepta- 
ron los nombrados, renunciando los honorarios que el 
Ayuntamiento trataba de asignarles. El mismo Ayun- 
tamiento ordenô que se trascribiese el acta de ese dîa 
a la Junta de Gobierno de San Salvador y a los otros 
Cabildos de esta Proviocia que se juzgase necesario. 
La gestion no fué muy fâcil: la Diputaciôn saliô el 19 
de î^oviembre de Guatemala habiéndose detenido en 
Santa Ana sobrado tiempo. 

13 



106 FRANCISCO GAVIDIA 

Aunque se decîa que Santa Ana era anti-inde- 
pendiente, es lo cierto que Aycinena empleô las rondas 
nocturnas, encabezadas por europeos, porque la po 
blaciÔQ no inspiraba toda la confianza que se desea- 
ba; estableciô las mismas rondas en Metapân, pobla- 
ciôn insurgente, y una Companîa de voluntarios de 
Fernando VII, expidiendo ademâs al Alcalde, la or* 
den siguiente: «Si ya se hubiesen puesto algunos 
presos de los que se han considerado primeros y prin* 
cipales autores, como me ha informado el correo ver- 
balmente, se irân sacando cuanto antes, y divididos, 
empezando por los que se consideren mâs culpados, 
para c^nducirlos a Guatemala, de très en très, o de 
cuatro en cuatro.en términos que no cause sensaciôn; 
por el Alcalde Don José Antonio Martinez, se ira ins- 
truyendo la sumaria, con mucho sigilo y poco a poco>. 
Habîa expedido ademâs el Dr. Aycinena un manifies- 
to de que no se conserva ningûn ejemplar conocido, 
y que acompanaba a los oficios y debîa ser lefdo por 
los curas. Pasaba esto el 27 de Noviembre y las pa- 
labras del final del oficio citado, en que dice: «mis de- 

seos son ir (a Metapân) personalmente; pero 

las atenciones de San Salvador no me lo permiten por 
ahora,> estân indicando que los arreglos con la Junta 
Revolucionaria fueron laboriosos. 

El mismo di'a recibîa noticia de Metapân, Aycine 
na, de haber sido sometidos «los indios>. cPueden ha- 
berentradoen temor, dice en respuesta, porel usoque 
se hizo de las armas de fuego" .... ... "De este me- 

dio se sirva, solo en el ûltimo estrecho . . " 

Disponîa para el di'a siguiente que saliesea de San- 
ta Ana y de Chalatenango y Texistepeque hombres 
armados «solo para auxilio y respeto>. Ofrecîa en- 
viar ademâs 100 hombres del batallôn de Sonsonate. 

Por esto se ve que el movimiento fué en Metapân 
de mucha importancia. 

Dos dias faltaban para que se cumpliese el mes, 
desde que San Salvador estaba en poder de los inde* 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 107 

pendientes, cuando llegaron los mediadores, el 3 de 
Diciembre. Habîan empleado catorce dias de camino, 
Quiéo puede decir lo que pasô en la confereocia 
de estos hombres, Peinado y Aycinena, en medio de 
una plaza iosurreccionada, con los prôceres jefes de 
la insurrecciôn? 

Delgado no escribiô sus memorias, como Arce, y 
otros que después lo imitaroo. Su pluma era elocuen- 
te y sabia.como se ve por sus cartas. Pero es de creer- 
se que tenîa un concepto tan claro de su misiôn, que 
haya ocultado sus miras elevadas no solo a sus con* 
temporâneos sinô a la misma posteridad. No osamos 
sondear sus secretos sino es en la idea de que mâs 
arraiguen sus planes bien comprendidos, que sô'o con- 
fiados al grandioso impulso de los acontecimientos a 
que su creador los confiara. 

Asî, la autonomîa eclesiâstica, o sea la creaciôa 
de la diôsesis, disputada al Arzobispo, decretada en 
1822 y en 1826, una vez obtenida la independencia fué 
disputada con menos tenacidad que la de Costa Rica, 
teniendo Delgado las dotes para iraponerla. 

Fué para él este asunto una faz del magno pro- 
blema del Federalismo y la Republica independiente? 
El no dejô nada escrito sobre ésto. 

Del mismo modo, la Constituciôn de Câdiz era 
un pacto entre la Monarquîa Espanola y las Colo- 
nias. Si securoplia el paçto ganaba la educaciôn del 
pueblo. Si no se cumplîa no habia otra sanciôn que 
la independencia. 

No se cumpliô. El Rey Fernando VII no lo cum- 
pliô. Debîan reclamar esta falta todos los pueblos de 
la America que habfan depuesto las armas por respe- 
to a aquel pacto y que se dieron a engano. 

El dfa menos pensado la sanciôn tuvo efecto: y 
ellSde Septiembre sera la sentencia pronunciada con- 
tra el monarca absolutista. 

No quedô entonces sino el problema de la Monar- 



103 GAVIDIA FKANCI3C0 

quîa Americana, con Fernando como Rey o îturbide 
como Eraperador. 

Todos los problemas se reunieron en uno: los de 
la independencia, la monarquia constitucional, la ab- 
soluta: la Repûblica aristocrâtica, la unitaria, la fé- 
déral. 

Todos fueron resueltos de un solo golpe de espa- 
-da; y esto es 1822. 

El navegante que se orienta en tiempo normal, 
puede hacer lo mismoen medio de la tempestad? Del- 
gado, ante la calma de 1811, pudo imaginar todo el 
itinerario que iba a recorrer su propia idea? 

Es posible que viese algo o gran parte. 

Es dudoso que lo viese todo pues estas obras 
maestras que estân confiadas al porvenir parece que 
solo deben ser previstas de la Providencia. 

Se hablo en la conferen:ia de los diputados que 
tomaban asiento en la Asamblea de la raza, de las 
Diputaciones provinciales y de los Municipios popula- 
res prôximos a hacer su apariciôn, de la educaciôn del 
pueblo en el ejercicio del sufragio, prôximo a estable- 
cerse? 

Ello es que esta Constituciôn era por de pronto 
un alimento propio para entretenerel hambre del leôn 
simbôlico. 



Valladares afirma que Bustaraante impartie ôrde- 
nés crueles contra los revolucionarios, las cuales fueron 
amortiguadas por los comisionados Aycinena y Peina- 
do. 

«Las prisiones recibieron a los varones ilustres, 
dice» y en las raazmorras coloniales van a purgar el 

crimen enaltecedor de ser libres> * < en vez del 

triunfo ambicionado.dice por otra parte,** alcanzaron 



* El Prôcer Don Domingo Antonio de Lara, por El Doctor fences 
Redisk (pseud6aimo de aquel autor). 

** Bicgr(ifi<x de Arce, por M. Valladares. 



HISTOhIA MODERNA DE BL SALVADOR 109 

la prisiôû y el eocarcelamiento, corao g^alardôn de sus 
hazanas.> 

Tocante al padre Delgado, el Doctor Molina que 
rauchas veces trastrueca sus recuerdos en sus Mémo- 
rias, debiô tener un recuerdo lûcido por lo eminente 
del personaje; poreso le damos crédite, cuando afir- 
ma lo siguiente sobre el desenlace del prontinciamien- 
to de 1811: «Esta vez en lugar de tropas el Capitân 
-General don José de Bustamante mandô misioneros 
recoletos y dos comisionados, don José de Aycinena y 
don José Peinado, en clase de Intendente el primero, 
No por eso dejaron de sufrir estrecha y larga prisiôn 
los sujetos arriba mencionados (Arce, Juan y Miguel 
Deîgado, y otros seculares) menos los Curas > 

Segûn unos autores los Comisionados concedie- 
ron un perdôn incondicional, segûn otros hubo una 
amnistia. 

El Capitân General que debiô saberlo dice estas 
palabras: «Dividida (la Provincia de El Salvador) en 
su mismo seno por la union a este gobierno de los ve 
cinos leales de San Miguel, San Vicente y Santa 
Ana, los inquietos que la turbaron prefirieron mal de 
su grado el indulto que les ofrecî con olvido perpetuo 
de lo pasado,a los horrores desastrosos de una guerra 
intestina> {^Informe a la Regencia sobre 1814.^ 

Nombrado dos meses después Consejero de Esta* 
do de Espana ellntendente Dr. Aycinena, permaneciô 
en la Intendencia de San Salvador todavia mâs de 
seis me?es; pues el Dr. Peinado no aparece en el go- 
bierno sino es en el mes fausto de Septiembre en que 
se promulgô la Constituciôn . 

Aycinena todavi'a estuvo en San Salvador a prin 
cipios de 1813, de paso para Espana, cuando fué ob 
jeto de pasquines, y no entré en sus funciones de Con- 
sejero de Estado, en Câdiz, hasta en el mes de Agos- 

El Padre Guardian de los Recoletos Frav José 



110 FRANCISCO GAVIDIA 

Marfa Vidaurre, acompanô esta vez, por orden del 
Arzobispo Casaus, a los misioneros de su orden que 
debîan hacer la misiôn que se acostumbraba todos los 
anos. 

Y las predicaciones raonârquico-religiosas sucedie- 
ron a la agitaciôn revolucionaria. 

Résulta, q'je, como hemos dichô, los Diputados 
facultados ampliamente, mâs bien hicieron un tratad» 
de paz, que impusieron una capitulaciôn, pues no solo 
no se aprisionô a los jefes sino que se destituyô a los 
empleados impopulares,se derogaron ôrdenes y se dlc- 
taron otras que los de la Junta de San Salvador re- 
clamaron. iSerîa una infracciôn de lo pactado, de 
parte de Bustamante, las prisiones de Arce y Rodrî* 
guez? 



Addenda al Capîtulo II 

El Salvador en 1811. 

La provincia de San Salvador ténia en 1811 cien- 
to treintisiete mil doscientos setenta (137,270) habi- 
tantes, la décima parte de su poblaciôn actual. 

En cien anos aproximadamente, se decuplica y 
corresponde un décimo de aumento a cada diez anos^ 
lo que hace una proporciôn del todo décimal. 

Los peninsulares se distinguîan de los cnollos> 
en que éstos eran peninsulares descendientes de espa- 
noies de la conquista y de los que inmigraron a Ame- 
rica en los siglos XVI, XVII y primera mitad del 
XVIII, y eran 614 en San Salvador; 338 en Santa Ana;: 
en San Vicente, 218; en Zacatecoluca, 209; en San 
Miguel, 239. 

En Metapân sobre 4,000 vecinos solo se contaban 
400 indios que vivîan en barrio separado; dato que 
contrasta con el de San Vicente, que fundado por cin* 
cuenta familias espanolas, contaba en menor nûmerc» 
los peninsulares. Eran éstos el sostén de la monar- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 111 

quî'a, pues los crioUos y el resto de poblaciôo eran "la 
nueva América". 

Sia perder el carâcter que la hizo luchar diez anos 
eootralos Alvarado, Rojas, Estete, Portocarrero y 
Ronquillo, su adelanto era admirable. «Los iodios 
de este partido, diceJuarros, estân muy civilizados; 
todos hablan la lengua castellana. Su comercio es el 
mds opulente de todo el reino, cuyo principal ramo es 
el anil, que se ha hecho fruto privativo de él > 

Se dividîa la pro?incia en los partidos de Santa 
Ana, San Salvador, San Vicente y San Miguel; resi- 
diendoel Intendente en la capital de la segunda; y en 
las otras los Subdelegados de la Intendencia.> 

Habîa también Subdelegados en Zacatecoluca y 
Chalatenango. 

Los servicios de la administraciôn eran en lo polî- 
tico las alcabalas, los tabacos y el correo; el Tesoro 
Real y su Contaduria, y]una Diputaciôn Consular que 
venîa a ser una juata de fomento del ramo de comer- 
cio. 

En lo militar, la fuerza constaba de 1,534 plazas, 
divididas en dos Batallones que se crearon por ley de 
1781. 

En San Salvador habfa «un lucido Ayuntamien- 
to>, que sera un gran resorte de los sucesos por na- 
rrar. 

Esta Vicarîa a cargo del Padre Delgado estaba 
en lucha con la Vicarîa de San Vicente y con los vica- 
rios de San Miguel y Santa Ana, por diferencia 
de opiniones polîticas y por competencias de candida- 
turas al obispado que iba a crearse. 

La descripciôn geogrâfica de Juarros corresponde 
al momento histôrico de nuestra narraciôn. Por eso 
puede consultarse. 



NarraeicD de 1811 por Bancroft 

Undue restraint and ill treatment, as practised under 
the striDgeat policy of Bustamante, soon began to produce 



112 FRANCISCO GAVIDIA 

effects. Restiveneee and deepair seized a portion oî the peo- 
ple; the hopes for a government more consonant with the 
epirit of the âge, which had been held out from Spaia, eva- 
porated. Meu were unwilling to live looger under the heel 
of despotism; and the more high epirited in Salvador and 
^licaragua resolved to etake their fortunes upon a bold 
etroÀe for freedom. It wae, indeed.arash etep, undertak- 
en without concert, and almoet without resourcee. It couîd 
but end as it did at every place where a revolutionary mo- 
vement wae initiated. 

Matîas Delgado and Nicolas Aguilar, curâtes of San 
Salvador, Manuel and Vicente Aguilar, Juan Manuel Ro- 
drîguez, and Manuel José Arce were the first to strike the 
blow for Central American independence. Their plan was 
carried into exécution on the 5th of November, 1811, by the 
capture of 3,000 new muskets, and upwards of $ 200,000 
from tiie royal treasury at San Salvador. They were supp- 
orted by a large portion of the people of the city, and in 
Metapan, Zacatecoluca, Usulutan, and Chalatenango. But 
other places in the province of Salvador, namely, San Mi- 
guel, Santa Ana, San Vicente, and Sonsonate, renewed their 
pledges of fealty to the government,declaring the movement 
for freedom a sacrilège. 

The promoters of the revolt, which had been started in 
the king's name, became disheartened and gave up further 
effort, and with the dismisaal of the inten.lente, Antonio 
Gutiérrez Dlloa, and other officiais, peace was soon restor- 
ed. San Salvador had been quiet without other government 
than that of alcaldes during the disturbance. 

Upon the receipt of the news of thèse occurrences, Bue- 
tamante despatched Colonel José de Aycinena with ample 
powere to take charge of the inteudencia, and restore quiet. 
He had been getting troops ready to send down, but by 
the médiation of the ayuntamiento of Guatemala he had 
suspended préparations, anJ had adopted the former cour- 
se. A member of that body, José Marîa Peinado, was as- 
sociated with Aycinena. They reached San Salvador on 
the 3d of December, amid the acclamations of the fickle pop- 
ulace; their présence and the exhortations oî the missiona- 
ries checked ail révolu tionary symptoms. Tho authors of 
the revolt were leniently treated under a gênerai amnesty. * 



*Aycinenawas, on the 7th of Feb., 1812, made by the Spanish Cer- 
tes a councillor of state, and in Aug. 1813, entered uipon his duties at 
Câdiz. Côrtes, Diario, 1812, xvi. 16; 1813, xxii. 216. According to 
Zamacois.the appointaient was made only after the adoption of the cons- 
titution; it is posible that the appointment was then renewed or con- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 113 

Peinado wae a short time after appointed Aycinena'e auc- 
ceseor as acting intendente. ** {BancroiVs Works. VIII.) 



NaRRACIÔN de 1811 POR EL DOCTOR RAFAËL ReYES 

InsurrecciÔD de San Salvador. 

Nada bastô para contener el espîritu revolucionario que 
cundîa por todae partes. Mandaba en Guatemala don José 
Bustamaotey Guerra cuando eetallô en San Salvador, el 5 
de Noviembre de 1811, un movimiento insurreccional, pro- 
movido por los curas doctor Marîas Delgado y Nicolas 
Aguilar, los dos herraanos de este, Manuel y Vicente, Juan 
Manuel Rodrfguez y Manuel José Arce. Los cabecillas de ese 
movimiento se proponîan apoderarse de très rail fiisiles uue- 
vos que existîan en la sala de armas y de mâs de docientos 
mil pesos pertenecientes al tesoro real, Los fusiles serîan 
puestos en manos de patriotas de esta ciudad, eapecialraente 
los del barrio del Calvario, y verificado esto desconocerîan la 
autoridad del intendente de la provincia, Antonio Gutiérrez 
de Ulloa, fundarîan una Junta popular de gobierno y procu- 
rarîan hacer extensivo el movimiento a los demâs puntos de 
la provincia. Los revolucionarios coutaban ademâa con las 
poblaciones de Metapân, Zacatecoluca, Usulutân y Chalate- 
nango. Realizaron parte de sus propôsitos; pues llevaron 
adelante la deposiciôn del intendente; mas habiendoresistido 
San Miguel, Sauta Ana, Sonsonate y San Vicente a las invi- 
taciones revolucionarias de la capital de la provincia, y, por 
el contrario, renovando sus juramentos de fidelidad a Fer- 
nando VII, los cabecillas de aquel movimiento comenzaron a 
desalentarse y la iusurrecciôn degenerô en grupos que reco- 
rrîan las calles sin objeto alguno, aunquesin causar el menor 
desorden contra los particulares. 
Coniisiôn pacificadora. 

Al saberse ese movimiento en Guatemala se comenzo a 
reclutar tropas para reduciral orden a la provincia insurrec- 
ta, pero habiendo aceptado el capitân gênerai la mediaciôn 
del Ayuntamiento de Guatemala, vinieron a San Salvador 
los regidores José de Aycinena y José Marfa Peinado facul- 
tados para asumir el gobierno de la provincia. A estos suje- 

firmed. Hisi. Mé/., viii. 557; Ayon, Apuntes, 15-16; Rev. Cent. Am., 
2-3; Salv., Diario Ofic, Feb. 11, 1875; Valois, Mex., 213-16. 

** In 1813 hi was elected a deput3' to the Spanish certes, but de- 
clined the position on account of ill health, Cartes., Diario, 1813, 
xxii. 216. 

14 



114 FRANCISCO GAVIDIA 

to8 agjrego el arzobispo de Guatemala a fraj Mariano Vi- 
daurrey otros raiHioneros desticadoa a preiicar contra los 
iusurgeutes. El 3 de Diciembre del niismo ano llegarona San 
Salvador Aycinena y Peinado— ; el pueblo, que antea favore- 
cîa a los insurrectos, recibiô con denoostracioues de jûbilo a 
loa paeificadores. El orden fué restablecido, el padre Delgado 
f uê llamado a Guatemala, los raieioneros predicaron con buea 
resultado y concediôae una amnistia a los complicados en el 
movimiento revolucionario, nuedando Peinado en el ejercicio 
del mando polîtico y militar de Id provincia. {Historia de 
El Salvador. R. Reres.) 



1811 DESDE EL PUNTO DE VISTA RELIGIOSO. 

Primera insurrecciôn de San Salvador en ISll: su objeto y 

organizaciôn: desacuerdo de los otros très partidos: 

se frustra el movimiento de la capital: 

verdaderas causas de este fracaso, 

El aefior don Antonio Gutiérrez Uiloa goberaaba duran- 
te epe tiempo la Provincia del Salvador, en calidad de In- 
tendente; y lo acompafiaban en los principales erapleos algu- 
nos espanoles, que podîan apenaa cumplir laa ôrdenes del 
Capitân General Buatamante, contra loa movimientos de 
insurrecciôn. 

Enîrente de elloa, el grupo de Salvadoreîîos que hemoa 
deacrito organizaba definitivamente la revoluciôn, combi- 
naba los planes, elegîa los medioe y practicaba laa primeras 
diapofliciouea. 

El pueblo de la ciudad esperaba la senal desuscaudilloa, 
para marchar al objeto de sua constantes y mâa vivoa 
deseoe. 

"Loa autorea de este movimiento, dice Marure, Révolu 
eiôn de la America Central C&p. 1°, tuvieron por principal 
objeto hacerse duenoa de très mil fusiles nuevos que exiatîan 
en la sala de armas, y de mâs de doscientos mil pesos, que 
eatabau depositadoa eu las cajaa reales; y fuertea ya con 
estos grandes recursoa, se proponfan dar el grito de libertad 
y aoatenerla contra la agreaiôn que eaperaban de Guatemala 
y de laa Provinciaa colindantes. 

Este movimiento de la Capital debîa coiucidir con el mo- 
vimiento airaultâneo de las otras poblacionea de la Provin- 
cia, que deberîan a su vez apoderarse de sus reapectivaa ar- 
maa y dinero, y colocar nuevaa autoridades iudependientes. 

Para este enviaron invitaciones y agentes, y se pusieroa 



HISTOKTA MODEKNA DE EL SALVADOR 115 

de acuerdo con al^unas eecciones de loe pueblos de Metapâtr^ 
Zacatecoluca, Ueulutân y ChalateDaogo. 

Pero eea que tuvieeen demasiada eonfîanza ea laseimpa- 
tîas p^enerales, sea que el temor de eer descubiertos acelerase 
eus operaciones, lo cierto es, que no esperaron la contesta- 
ciôn de las capitales de los otros très Partidos de la Inten-^ 
deiieia; ni aûo tuvieron la preeauciôn de informarse del ver- 
dadero eetado y dispoaiciôn en que se eucontraban con ree- 
pecto a la insurrecciôn, lo que fué causa de su ruina. 

El 5 de noviembre efectuaron eu movimiento con el pue- 
blo de la Capital, que fâcilmente quedô dueno de la situaciôn. 

Pero en esos mismos momentoe las noticias mâs descon- 
eoladoras e inesperadas vinieron a desconcertar todos los^^ 
planes, a infundir el desaliento en los ceudillos y el desorden 
en el pueblo. 

Se eupo que los otros très Partidos de la Provincia, 
lejos de estar de acuerdo, impug:naban el movimionto: que 
la ciudad de San Miguel y las villas de Santg> Ana, Sousona- 
te y San Vicente, se habîan puesto sobre las armas, y se 
disponîan a reprirair la tentativa de la capital, que declara- 
ron corao una revoluciôn sacrîlega: que habîan enviado al 
Capitân General noticias de lo ocurrido, y aûn las invitacio- 
nes misinas que se les habîa dirigido. 

Este desengano terrible vino a hacer caer la venda de 
ilusionee, que ciega geueralmente a los revolucionariof^; y 
los de San Salvador, al encontrarse aielados y perseguidos 
por los mismos a quienes creîan cooperadores, no tuvieron 
mâs que abandonar una empreea, que no podîan ya ni ade- 
lantar, ni hacer rétrocéder. 

Desconcertados los caudillos dejaron solo al pueblo, que 
armado y triunfante, quedô dueno de la acêfala Capital; pe 
ro, sin direcciôn y ein orden, no pudo avanzar un paso en la 
realizaciôn de eu objeto. 

La moralidad del pueblo, le infundio una raoderaciôn 
extraordinaria, que impidiô los desôrdenes \' desgracias. 

"Seis dîas estuvo la ciudad, dice Marure, ( Revoluciones de 
la America Central,) ein ningana autoridad que la gober- 
naee, y mâs de un mes, lo fué por Alcaldes que se mudaban 
a cada instante; y ein embargo, no se cometiô ningûn géne- 
ro de excesos, a pesar de que el populacho ee hallaba en la 
mayor agitaci6n." 

No Bucediô lo mismo, por deegracia, en lae otras pobla- 
cionee, que, de acuerdo con la Capital, efectuaron eu movj- 
miento; porque hubo que lamentar algunos asesinatoe, ro. 
boe, incendios y demâs cousecuenciae de la anarquîa. 

Abî fué como se desvanecieron las eeperanzae de esta re. 



116 FKAXCÎSCÛ GAVIDIA 

volucion, que hubiera io;ualado al Padre Delurado, Cura de 
San Salvador, con el Padre Hidalo;o, Cura de Dolores, cuyo 
grito despertara rnâs tarde a la Nueva Espana. No produ- 
jo mas que la destituciôn de alo:uno8 empleados espanoles, 
lo que no eorapensô las des^racias de las poblaoiones y la 
•divi^*i6n que se introdujo desde eutonces, entre los Partidos 
y la Intendencia. 

Cuardo se considéra, por una parte, la oompetencia de 
los caudillos de esta revoluci6n tan importante y el entu- 
f^iasmo del pueblo que iba a eiecutarla, y por otra, el fraca- 
so producido por la falta de concurrencia de las otras po- 
blaoiones salvadoreûas, tan entusiastas como la Capital, 
salta la idea de que eu ello mediaron causas ocultas y muy 
poderosas. 

En efecto, en esta revolucion sucediô lo que sucede ge- 
neralraente en to las. esto es. que con el patriotisme 5- el bien 
o;eneral de los pueblos se juntan los intereses particulares y 
las aspiraciones personales de los primeros caudillos. 

La perfecciôn no es un atributo propio de la naturaleza 
humana: y los grandes hcrabres suelen también tener gran- 
des debilidades. 

El Dr. DeUndo no estuvo exento de estas reglas gène- 
raies. 

A pesar de sus grandes cualidaiîes tuvo la debilidad de 
dejarse dominar por el deseo de obtener él mismo la Mitra 
del Salvador, a la que se creîa acreedor, con un derecho fua. 
dado en sus indisputables merecimientos, yen el voto de 
muchos de sus conciudadanos. 

Por otra parte, se persuadiô de que los que ejercîan la 
autoridad tanto civil, como eclesiâstica, lejos de favorecer, 
se opondrîan a la consecucion de su Mitra; la que no podrîa 
obteuer, siuomediante laindependencia polîticadesu patrie, 
a la que necesariamente y como consecuencia natural, se ae- 
guirîa su independencia eclesiâstica de la Mitra Metropoli- 
tana. 

Estas aspiraciones del Dr. Delgado se conocieron clara- 
mente en el proyecto de insurreccion de 1811; pues, aun aigu, 
nos ppriôdicos de Puebla y M»^jico, segûn afirma el autor de 
la CoDtestaciÔD al Manifiesto, 1824, dijeron quee7 objeto uni- 
co y el fruto df sus trabajos eniprendidos desde 1811, fueron 
la ereccîôn de I^:lesm v la elecciôn de Obispo Jiecha en el 
Padre Cura Dr. Delgado. 

El Padre Domînguez, en la Car^a a sus feli^reses, àiee: 
''hastalos papeles de Mpjico r de otras partes aseguran, que 
toda la revolucion de San Halrrdor desde el ano de 11, do 
ha tenido otro objeto que la Mitra del Dr. Delgado,'' y el 



HISTOKIA MODERNA DE EL S.âLVADOK 117 

autordela Contestaciôn al Spmanario, dice: "el ano 11 re- 
volucionô el Padre Delgado para negar la. obediencia al Pa- 
dre Arzobispo de Guatemala, porque era—decia, nomhrado 
porla Reffencia de Espana, que no tenîa derecho de patrona- 
to, concedido a la persona del Rey.'' 

Como eu el orden eclesiâstico toda insurreccion contra 
la gerarquîa de la i^lesia es un cisma, toda aspiraciôn a sus 
dignidades es un delito, todo medio no establecido por los 
xîânones es un asalto eacrîlego, esto baetô, para h( parar de 
la revoluciôn y poner en su contra, a personas poderosas del 
clero y el sentimientorelip:;ioso de una gran parte del pueblo. 

En ese tiempo las otras très Vicarîas Provinciales de la 
îtitendencia, estaban gobernadas en lo eclesiâstico por très 
sacerdotes no raenos ilustrados y dignos que el Dr. Delgado. 

La de San Vicente lo era por el senor Presbîtero doctor 
y Maestro don Manuel Antonio Molina y Canas, que, por su 
talento, por sus virtudes y por la houorabilidad de su fami- 
iia, era una de las figuras mas sobresalicntes de su época. 
Tanto, que segûn se aseguraba, era el candidato de la Curia 
eclesiâstica y de gran parte del clero y del pueblo, para Uevar 
'îa Mitra del Salvador, cuya erecciôn canônica todos de- 
«eaban. 

En la Vicarîa de San Miguel estaba de Vicario el senor 
Presbîtero Dr. don Mignel Barroeta, y en la de Santa Ana el 
■senor Presbîtero Dr. don Manuel Ignacio Cârcamo, que ejer- 
cîan una influencia decisiva en los Pârrocos y Parroquias de 
sus respectivas deraarcaciones. 

Todos estos iiustres sacerdotes, si bien deseaban ardien- 
■temente y procuraban con afân la independencia y autonomîa 
de su patria, no qnerîan verla envuelta en un cisma religioso 
•ni menoâ cooperar a su desgracia. 

Por esto fué que, al penetrar en los secretos de la revo- 
îuciôn del ano de 11, no s61o se negaron a toraar parte en 
■ella, sino que protestaron enérgicamente, la declararon 
sacrîlega por lo que tenia de religiosa, e influyeron para que 
■el mal fuet^e reprimido en su principio, y no extendiera mâs 
lejos sus consecuencias. 

En efecto, el Ayuntamiento de Santa Ana en sesiôn de 
11 de novierabre del mismo ano. rechazô la invitaciôn que 
ee le envié, y se declarô abiertamente contra la revoluciôn. 
Lo mismo hicieron los Ayuntamientos de las Villas de Son- 
sonate y de San Vicente. 

El Ayuntamiento de la ciudad de San Miguel en sesiôn 
de 9 del mismo mes 3' ano, pasô mâs adelaute; hizo queraar 
«n la plaza pûblica por mauo del verdugo igual invitaciôn, e 



118 FRANCISCO GAVIDIA 

hizo demostraciODee mâe esplîcitaa contra el proyecto de 
San Salvador. 

Marure, y loe demâs historiadores libérales que le han 
copiado, han hechu caeo omiso de la faz relijçio8a de la re- 
voluciôn del ano de 11, y de las otras que precedieron y 
siguieron a la inj'-'pendencia del Salvador; y no queriendb 
ver mâs que uno do losdos aspectos de esos acontecimien- 
tos, ensalzan mâ^* de lo justo el patriotisrao del senorDelg^a- 
do, y deprimen injustamente el mérito de los otros sacerdo- 
tes. 

Esas insurrecciones erau eminenteaieute civiles y emi- 
neutemente anticatôlicas, puesto que envolvîan una grande- 
aspiraciôn en favor de la Patria y una aspiraciôn reproba- 
da contra la autoridad de la lojlesia. Aquellos ilustres sa- 
cerdotes deseaban y procuraban la autonomîa de El Salva- 
dor; pero jamâs la hubieran compra lo a costa de su apos- 
tasîa y del bien religioso de los pueblos que gobernaban. 

La noticia de lo ocurrido en San Salvador llegô mur 
pronto a GuateniRla, y fué acogida con aplauso caei gênerai. 

Esto, junto con la importancia de aquella provincia y 
la de BUS caudillos, hizo que el Gobierno, prescindiendo de 
todo raedio de rigor y de eastigo, adoptase solo los de be- 
nignidad, persuawi^n y pacificaciôn. 

Siguiendo esta iniciativa, todas las primera-s autorida- 
des de Guatemala se pueieron de acuerdo para cooperar en 
su lînea a esta obra. 

El Capitân Getjeral invistiô con ampli^imos poderes al 
eenor Coronel don José de Aycinena, quien, al mando de su 
tropa y con el carâcter de ïntendente de la Provincia, fué- 
enviado al Salvador para su pacificaciôn. 

El Noble Ayuntamiento de Guatemala contaba entre 
sus raierabros y tenîa a su cabeza un horabre de raro mérito, 
que a pu grande ilustracion reunîa la prudencia y la suavi- 
dad de su carâcter. Era el Sr. don José Maria Peynado, Re- 
gidor j Decano de aquella corporaciôn, que no vacil6 en 
privarse de él para enviarlo a San Salvador, a fin de que se 
ocupase en tan importante arreglo. 

El Illmo. Sr. Arzobispo dispuso que, junto con los mi— 
sioneros que îban a predicar anualmente, fuese en aquella 
ocasiôn el R. P. Fray José Mariano Vidaurre, Guardian de 
los Recoletos, quien, por su elocuencia y sus virtudes, era 
muy compétente para calmar las pasiones popnlaren. 

"El 3 de dicierapre, dice Marure, del mismo ano, hizo el 
Sr. Aycinena su entrada a San Salvador eumedio de \r.s acla- 
maciones del pueblo. Su precencia y la del Sr. Peyuado, que 
poco después le sucediô en el mando, y las exhortaciones de 



mSTOKIA MODEKNA DE EL SALVADOR 119 

Î08 iniHioneroB, fueron bastante para calmar loa eîntomas 
revoîucionarios; la benig-iiidad con que se tratô a los autores 
de la insnrreceiôn y una ainnistfa, 'concedida a favor de to- 
do8, dierou la ûltima raano a la paoificaciôn de aquella pro- 
vincia." 

El Sr. Aycinena ee retirô pronto con su fuerza, y el gjo- 
bierno del Sr. Peynado, tan beuéfieo a esta Provincia que 
por muchoB afios coii^ervo viva su memoria, logrô con sa- 
bias disposieionen restabieeer el orden y la tranquilidad. 

Los empleados espanoles que no tenîan popularidad, 
fueron quitados y sustituidoa por otros: ee derogaron algu- 
nas disposiciones gravosas, y se dieron otras favorables a 
ios intereses locales. 

A ninguno de los caudillos persiguiô. ni se molesto en 
lo mâs pequeno: al contrario, les concediô toda clase de ga- 
rantîas y aun los tratô con las mejores consideraciones. La 
amplia amnistia comprendiô atodos los quehabîan tomado 
parte en la revoluciôn; exceptuando a los reos de delitos co- 
munes, los cuales debîan ser juzgados conforme a las leyes, 
por las autoridades ordinarias. 

Los misioneros a su vez contribuyeron eficazmente a 
«alraar los âuimos; predicarido en la Capital y en las pobla- 
ciones la fraternidad evaugélica, que solda las divisionesy 
desvanece los rencores. 

Una circunstancia inesperada vino a favorecer sus tra- 
bajos apostôîicos. 

Ru aquellos dîas muriô en Guatemala el muy ilustre Sr. 
Dr. Dn. Isidro de Sicilia, Dean de la Santa Iglesia Catedral, 
Provisor y Vicario General del Obispado. 

Este sabio y santo Sacerdote habîa sido durante 20 
aûos Cura propio de parroquia de San Salvador, Vicario de 
ia Provincia y de la de San Vicente, y se habîa captado de 
tal modo el amor y veneraciôn de este pueblo, que lo respe- 
taba corao a un Santo y lo araaba como a un Padre, Obli- 
gado por la obedieneia dej6 su amada parroquia, para ir a 
ocupar las primeras Dignidades de la Diôcesis, a donde lo 
llamaban sus méritos. 

Como las predicaciones mâs importantes de este Pastor 
«e dirigieron siempre a la union y fraternidad de su rebano, 
la noticia de su muBrte avivô el recuerdo de sus ensenanzas. 
En el aîio de 12 se le hicierou solemnes y generalps exequias 
«n la Provincia; y el P. Vidaurre, en la magnîfica oraciôn 
irtnebre que pronuncio en la Iglesia Parroquial de San SaU 
vador, y que fué impresa después en Guatemala, supo recor. 
dar con èxito iumenso las virtudes del senor Sicilia y sus sa- 
bias doctriuas, infringidae eu las actuales circuustancias. 



120 ' FRANCISCO GAVIDIA 

Las otraa poblaciones que habîan sufrido mâs a conse- 
cuencia de la revoluciôn, fueron también las mâs atendidas 
por los misioneroa; de modo que las divisiones que habîa 
entre pueblo y pueblOj y los partidos que dividîan una mis 
ma poblaciôu, desaparecieron a la influenciade la religion y 
del Evangelio. [Historia. Patria Ecle. Vilanova.'] 



NARRACIÔX DEL DR. MARTÏNEZ SUaREZ EN LA 
cVIDA DE JOSÉ MATIAS DELGADO> 

José Matîas Delgado, vaciado en el mismo molde que el 
patriota mejicano; horabre de temple varonil, poseîdo de la 
gran causa de la patria, es un eonvencido de la libertad. No 
le arredran las amenazas ni los peligros; pero le alienta y le 
infiama el amor a la independencia nacional; no le araengua 
la conducta oprobiosa y cruel de los enemigos; pero le im- 
pulsa a realizar sus designios, el deseo ardien te de ver libre 
y soberana a su patria, formando parte en el eoncierto de 
las naciones, 

Gobernaba en aquel entonces la provincia de San Salva- 
dor, el Intendente Antonio Gutiérrez Ulloa. 

Delgado en union de otro cura de la misma provincia 
IVesbîtero Nicolas Aguilar, los dos herraanoa de este Manuel 
y Vicente Aguilar, Juan Manuel Rodriguez, Manuel Jowé Ar- 
ce, Miguel y Juan Delgado, Francisco Morales, Pedro Pablo 
Castillo y Carlos Fajardo, fueron los primeros promotores 
de la Independencia de Centro America. 

Fraguaron una conspiraci6n, que estall6 en San Salva- 
dor el dîa cinco de noviembre de Î811, con el principal ob- 
jeto de deponer al corregidor y de apoderarse de très mil 
fusiles nuevos que existîan en la sala de armas, y de mâs de 
doscientos mil pesos que estaban depositados en las cajas 
reales; y obtenidos estos eleraentos, se proponîan dar el gri- 
to de libertad. 

En las primeras horas del dîa expresado, la campana de 
la iglesia de la Merced llamo al pueblo, para procéder al 
ievautamiento insurreccional de que hemos hecho refereucia. 
Una gran parte del pueblo salvadorefio acudiô al llaraa- 
miento, secundando a los patriotes, que parece que obra- 
ban en combinaci<')n con los pueblos de Meta])f1n, Zacateco- 
luca. Usulutân y Chalatenango, en donde se hicieron sentir 
algunos movimientos. Las otras eecciones no secundaroa 
los propôsitos de los patriotes de San Salvador y sus alia- 
dos. San Miguel, Santa Ana, Sonsonate y San Vicente se 
pusierou en armas, renovaron el juramento de fidelidad, de- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 121 

clararon sacrîle^a la ineurreociôn; remitieron al Capitân Ge- 
neral laB invitaciones que ee les habîan dirigido, las que eu 
la primera de dichas poblacionee, ee mandaron quemar en 
la plaza pûblica por mano del verdugo. 

Poeesionados loe patriotae de la eiudad, depueieron al 
Inteodente y demâs autoridades espanolas; y durante raâs 
de un mes fué gobernada por alcaldes eleetos popularraente, 
como el g'èrmen de la autonomîa nacional. En ese lapso de 
tiempo no se cometiô ninguna clase de excesos, a peear de la 
grau agitaeiôn eu que se encontraba el pueblo; lo que de- 
muestra las elevadas miras del patriotismo que babîa pro- 
vocado aquella iusurrecciôn, y los anheloH de libertad y las 
aspiraciones legîtimas de aquellos que lo habîan pecundado. 

Luego que ee supieron en la capital los sucesos de Sau 
Salvador, el Teniente General José Bustamante y Guerre, 
que deaerapenaba la Capitanîa General y ejercîa un cruel 
despotismo, confiriô amplios poderes al Coronel de Milicias 
José Aycinena, para que ee eneargase de la Intendencia de 
la referida provincia y trabajase en eu pacificaciôn, El 
Ayuntamiento de Guatemala asociô a esta mision a su Re- 
gidor Decano José Maria Peinado, y el Arzobiepo envi6 al 
Recoleto !Fray José Mariano Yidaurre y a otros raisioneros 
para que fuesen a predicar contra los insurgeutes. 

El 3 de diciembre hizo Aycinena su entrada a San Salva- 
dor en medio de las aclamaciones del pueblo. 

No habiendo apoyado el movimiento revolucionario, co 
mo (jjueda expuesto, la mayorîa de las eecciones de la pro 
vincia, que mâs bien fueron adversas, no pudo haceree la 
proclamaciÔD definitiva de la independencia, 3' los principa- 
les promotores tuvieron que sufrir vejaciones de toda clase y 
€una larga j estrecba prisiôn* (*) 

Delgado, que tenîa las cualidadee de un caudillo, reunîa 
ademâs las dotes de un polîtico hâbil y consumado, pudo 
libraree de mayores ultrajee y pereecucionee, no obstaute de 
eer el alraa de aquella iusurrecciôn; pero fué puesto preso y 
reconcentrado a la capital de Guatemala. 

cEsta empreea conmoviô todo el pais , y deede Chiapas 
haeta Leôn, deede Quezaltenango hasta Costa Rica, todos 
ee pueieron en alarma y ee movilizaron las miliciae civiles. 
El Capitân General que oîa venir la tormenta revolucioaa- 
ria, cre6 y estableciô varias companias con el tîtulo de vo. 
luntarioe dietinguidos de Fernando Vil eu Guatemala, cuyo 



(*) Salazar. 

15 



122 FRANCI-CO GAVIDIA 

objeto era, eeg'ûn el acuerdo, la conservacioa j defensa de 
nuestra sagrada relio^iÔQ, de los derechos de nuestro araado 
y querido monarca y el manteDiraiento del ordea y traaqui. 
ïidad pûblica de esta capital. > (*) 

Aquella primera inteutona eu favor de la libertad de 
Centre America no produjo el resultado que se apetecîa; pe- 
ro no por eso puede decirse que fuê iofructuosa en el logro 
de la independencia de estos pueblos. 

Todo lo contrario; no hay nada estêril en lo que se hace 
por la conquieta de los derechos bumanos; no bay acto ais- 
lado en prô de las libertades pûblicas, 

Todos los acontecimientos sociales, que se encarainan a 
la realizaciôn de un idéal generoso y bueno, aunque en la a- 
pariencia hayan fracasado, son en realidad elementos que 
ban venido preparando el triuufo de la causa que se perai- 
gue; son los fundamentos en que ba de apoyarse la obra de- 
fluitiva a que se dirigen los eefuerzos del bombre; son las 
caîdas necesarias para llegar al lugar donde bemos de redi- 
mirnos. 



ETOPEYAS DE LOS PROCERES 
Y DATOS DE SUS BIOGRAFÎAS.- DELGADO 

^,f^uâles son las ideas de este sentimiento de entusiasmo 
que nos inspira el Padre Dei^ado? 

Debido a las reformas que se ban becbo de pocos anos 
a esta parte en la Ensenanza Priraaria, los hechos de la vida 
del Padre Delgado son referidos en nuestras escuelas prima- 
riasy conocidos de una gran parte del pûblico: la parte que 
toma en la conjuraciôn de 1811 para proclamar la indepen- 
dencia; su reconcentraciôn a Guatemala desde 1811 a 1812; 
su elecciôn como miembro de la Diputaciôn Provincial que le 
permite asistir a la sesiôn de septiembre de 182L donde se 
proclama la independencia; su vuelta a San Salvador des- 
pues de diez anos de ausencia, raotivada por la lucha que 
pocos dîas despuêrt del 15 de septiembre se entabla entre los 
libérales y el lotendente don Pedro Barrière: el Padre Delga- 
do, comisionado por la Juntade Gobierno de Centro Améri- 
ca, résidente en Guatemala, atiende a los libérales insu- 
rrectos, forma la Junta Consultiva que ellos reclaman, y sé- 
para al Intendente Espanol, siendo nombrado por la Junta 
Jefe de Gobieruo; la actitud que toma luego que la Junta de 



(*) Dr. Pedro Molina. 



HISIORIA MODEKNA DE EL SALVADOR 123 

Gobierno de Centro America résidente en Guatemala resuel- 
ve anexar Centro America a Mexico; la g'uerra sostenida 
primero contra la Junta de Guatemala y las victorias en los 
carapos del Espinal j eu San Salvador; la diplomacia hâbil, 
sostenida, inoausable empleada para mantenereste conibate 
con el vasto Imperio Mexicano; su presidencia de la Asara- 
bleaConstitujente de 1823; eu gestion por los intereses del 
Estado en la guerra de la Federaciôn, con lo cual termina 
eu verdad su vida polîtica. 

Desde que entra la forma norteamericaua lo que entra es 
la teorîa y no la prâct.ica. 

La forma americana es una idea, y cuando las ideas van 
sépara ias de los hechos y de la vida, la idea sacrifica sin pie- 
dad a los hombres. 

Detengâmonos a estudiar esta Asamblea de 1823. Ella 
es la union del propoeito y del hecho. 

Conocidos los simples datos de su vida tratamos de ha- 
ilar las ideas que esconden los très sentimientoe de admira- 
ciôn que inspira el Padre Delgado. 

La admiraciôn que inspira cuando emprende la conjura- 
ci6n de 1811; la admiracion que inspira cuando sieudo Jefe 
del Gobierno de San Salvador, dispone arrojar el guante al 
imperio mejicano; y 

La admiracion que inspira cuando préside la Asamblea 
Constituyente de 1823, que es tanta, como la que inspira es- 
ta misma Asamblea, que le debe la vida. 

1811 no es otra cosa que la at<piraci6n a la vida, a la in- 
dependencia: en este sentido el Padre Delgado comparte la 
misma gloria que circunda los nombres de Arce, de Barruu- 
dia, de todos los Prôeeres; esos méritos particulares nos in- 
teresan, va no como latino-americanos, sino como centro- 
americanos, y mâs especialmente, comosalvadorenos, y aun 
raâs como sansalvadorenos. 

Porque en este punto la vida de José Matîas Delgado es la 
vida de San Salvador, el hombre j la ciudad llegan a ser nna 
eola cosa, la gloria del uno es la gloria de la otra. Ved, 
pues, aquî como, no bastabaserindependiente después del 15 
de Septierabre de 1821; habîa que sabercômoîbamos aser 
independiente."; porque Mexico querîa un imperio cou Fer- 
nando VII o con un prîncipe de su casa como emperador; 
porque Tegucigalpa y su gran Alcalde Mayor, don Narciso 
Mallol, el maestro de Morazân, después de haber defendido 
el poder municipal contra la absolutiste Comayaguay el In- 
tendente Tinoco. se babîa adherido al parecer de la Junta 
imperialista de Guatemela; y era siendo la ûnicafuerza com- 
batiente y activa, era Tegucigalpa, por tal becho, imperialis- 



124 FRANCISCO GAVIDIA 

ta; porque Guatemala eraimperialista; porqueaeîcoœo Gua- 
temala y Coraaja^ua, Quezaitenangfoeraimperialista; Le6n 
de Nicarag-ua era imperialista; Cartago, como las otras ca- 
pitales de Provincia, eran imperialistas; y llamadoB todos 
loa pueblos de Centro America a cabildos abiertos, por la 
Junta de Gobierno que quedô rigieudo a Centro-América el 
15 de septietnbre, casi todos en grau raayorîa, contestaron, 
declarândose impGrialistaa, Grandîsirao mal, pero aunes 
mas grande si se tiene en cuenta que alproclamar el imperio 
por este hecho quedaba borrada el acta de 15 de yeptiembre 
y que con el imperio desaparecîa también la independencia. 

En este raomento, hubo un hombre y hubo un pueblo 
queante el vasto imperio de Mexico, ante la Junta de Guate- 
mala, y ante todos los puebîos de Centro-América que ha- 
bîan votado en cabildos abiertos por cl imperio, prouuncia- 
ron esas dos palabras que e^itân escritas sobre el blason de 
ese busto: Independencia y RejAiblica. 

Hé aquî, pues, frente a freute dos principios de los cua- 
les el uuo es eî porvenir y el otro es el deapotismo. 

Iturbide en Mexico, el Capitân General Gaînza en Cen- 
tro America sostienen el imperio; José Matîas Delgado y 
San Salvador sostienen la forma republicana de gobierno y 
la idea de que Centro America debe ser una uaciôa indepeu- 
diente: tal es el drama de 1822. 

Todos conocéis esa pagina de la Historia; las victorias 
de la Junta de San Salvador presidida por Delgado, en el 
Espinal y en San Salvador, sobie los imperialistas, loa com- 
bates de los alrededores de San Salvador.... esos dos anos de 

22 y 23 y (.venciô la fuerza? — Sî, venciô la fuerza? No, 

venci6 el derecho, venciô la idea, venciô el progreso, venciô 
la libertad, venciô la independencia, venciô la repûblica. El 
desfiie del ejército de Filîsola era algo que los pueblos 
veîan pasar como portador del enigma deldestino de Centro 
America; y los correos, que atravezaban el inmenso terri- 
torio de Centro Araérioa y Mexico: la contestaciôn del em- 
perador «trâtelos usted como rebelde8>: el folleto de Valle 
publicado en Mexico y que respondîa a los disparos con los 
que durante diez y seis raeses conte^taba San Salvador a los 
imperiali8ta.«5, todo esto, era transformar, era iluminar la 
conciencia publics de Centro America, y la conciencia publi- 
ca de Mexico; y cuando al ûltirao diaparo de San Salvador 
contestô e! pronunciamiento de Casa Mata, que derribô el 
imperio de Iturbide, la filosofîa de la Historia pudo escribir 
estas palabras: a José Mafias Deloado y a El Salva- 
dor se dehe la forma republicana de Gobierno de Centro 
America, y Mexico. 



HISïORIA MODERNA DE EL SALVADOR 125 

II 

De modo que asî como en la primera parte de la vida 
del Padre Del^ado, veraos el triunfo de la idea; asî vemos el 
triunfo de la observaciôn de los hechos y la experiencia 
cnando su idea se realiza. 

La idea opuesta a Filîsola por el Padre Del^ado, fué 
«iempre que se convocara a los puebios a elecciones de Dipu- 
tados, que formasen una Asnmblea Constituventf y resol- 
viesen sobre los destinos de Centro-América. El poder mo- 
ral de) Padre Delgado era tan grande que el orgulloso gêne- 
rai Filîsola, el imperiuiisca, eaî Jo el imperio, realizô al pie 
de la letra el programa polîtico de Delgado: el gênerai Filî- 
sola convoeô a elecciones para la Asamblpa Constituyente. 

El gobierno de esta Asamblea presidido por Delgado, 
hélo aquî: déclara que las provincias unidas del Centro de 
America son naciôn libre e independiente: por este liecho el 
nombre de Reino de Guatemala pasa a la Historia, se conee * 
den altos derechos a las provincias, que de provincias paaa° 
a estadoe, como el antiguo reino pasa de reino a federaciônî 
las palabras: reino de Guatemala, expresan una colonia de 
Espaîîa, un reino tributario, un diamante de la Ccrona Im- 
périal de la Casa de Austria: Delgado que firma a la cabeza 
de la Comisiôn dictaminadora sobre la declaraciôn de inde- 
pendencia, emplea por la primera vez la expresiôn de Centro 
dfi America, por la en al se le hace parte al gran Istmo de la 
gran familia latinoamericana y el diamante de aquella co- 
rona impérial pasa, aseiende a ser una estrella de la conste- 
laciôn de repûblicas americanas, que el âugel de la Libertad 
ha bajado del cielo de la idea para sembrarla en este hemis- 
ferio, que la Providencia nos ha dado como heredad sobre 
el planeta. Centro de America! no, no es su nombre solo geo- 
grâfico: por el genio Maya de sus primeras razas, las que es- 
cribieroii la leyeuda de la uaturaleza eu los monumentos de 
Palenque y de Copr4n, las que inspiraron el genio de fray 
Bartolomô de las Casas, por su porvenir trazado por la ma- 
no de Dios en las lineas de su comunicaciôn interoceânica, 
que bizo predecir a Ampère la apariciôn en nuestro suelo de 
una Bizaucio en que se unau todas las razas del globo, como 
se nnieron en la del imperio griego las razas asiâticas, grie- 
^as y europeas del antiguo mundo, por todo esto la nueva 
naciôn debîa aerel Centro de America: ya que vosotros no 
tais que en efecto, la configuraciôn geogrâfica del Gran Ist- 
mo etj el dibujo de un corazon. 

Para que nada faltara a la palabra, el genio galicista y 
angiicauista de Barrundia diôle la contracciôn a la ingleea, 



126 FRANCISCO GAVIDIA 

de donile ha salido la expresiôn conceptaosa y elîptica de 
Centra America. 

Esta ARarablea para gobernar a las desgraoadas provin- 
cias que aeaban de surguir de la hoguera de la guerra civil 
de los iQiperialistas y los republicaaoa, de los independientes 
y los anexionistaH, lo que raeuos piensa eu esos raomentos es 
proclaraar un Diciador, divide las funciones del Soberano 
como Poder Legisiativo, Ejecutivo y Judieial, pero no cède 
toda la Soberanîa a ninguuo de estos Poderes: en efecto, los 
primeros gobernaiiteR de Centro Araêrica, el prinaergabinete 
de su gobierno, es un gabinete formado de cuatro personas, 
très Delegados de la Asarablea y un Seeretario General, y 
para estos cargos fueron de^iguados por Totaciôn de la 
Asamblea don Pedro Molina, don Juan Vicente Villacorta y 
don Antonio Rivera Cabeza, siendo Seeretario del Gabinete 
el ciudadano José Veîasco. 

Alguna oposiciôn, alguna reaccion debîa haber contra 
esto y en verdad, poco tiempo después, un naal jefe railitar 
creyô que no debîon céder las armas a la toga, y el sargento 
raayor Ariza, sublpva un cuerpo de ejército. Pero como ee 
trata de una Asamblea que de vera-i représenta a Centro 
America, los Diputados, el pueblo, el resto del Ejército de- 
fienden el poder de esta Asamblea que représenta en ver- 
dad al Soberano, que es la Naciôn. ^Quién debîa responder 
de ura sublevaciôn militar sino las personas a quienes la 
Asamblea habîa encomendado el Poder Ejecutivo? He allf 
bien caracterizado el caso de una crisis de gabinete. 

Pero, en una Asamblea Nacional, real y efectiva, los 
asuntos 86 manejan conforme a una ley que es la formula 
universal del derecho: en la tramitaciôn de nn asunto debe 
haber interesado y aquî lo era el gabinete: debe haber de- 
fensor, y aquî lo era la fracciôn libéral, que estaba compues- 
ta de los independientes y republicanos, partido lleno deglo- 
ria que acababa de salvar a Centro America y de cuyas filas 
habîan salido las personas del Poder Ejecutivo o sea el mie- 
rao gabinete: pero también, tambiéndebe haber un contrario 
que contrôla por su vigilancia y su voz y voto de que se ha 
armado el derecho que la ley le coufiere,"el exceso de poder 
de los partidos vencedores, y esta antîtesis era enel seno de 
la Asamblea presidida por Delgaio, el partido conservador, 
anti-independiente, monârquico, imperialista, anexionista, 
que después de très anos de guerra civil, vencido por la obra 
del Padre Delgado, aparecîa en minorîa em el seno de esta 
Constituyente. 

Notad bien como ee hacen valer todos los derechos en el 
eeno de la Libertad! Eete partido conservador fue el fiscal, 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 127 

•en la forma precisamente parlamentaria, pidiendo para el 
gabinete que no eupo preveer y evitar la sublevaciôn del 
8arg:ento mayor Ariza el voto de ceDSura y los efectos del 
voto de ceusura. 

En efecto, el gabinete, el Ejecutiv^o puso su renuncia y la 
Asamblea nombrô en Ingar de Molina, Rivera y Yillacorta, 
a Arce, a Valle y a un Abogado en aquella época notable, 
don Tomâs H'ôrân. El Secretario General fue don Manuel 
Juliân Ibarra. 

Para terminai* sobre las relaeiones de la Asamblea del 
23 cou el gabinete, ootemos que cuantas crisis se presenta- 
ron tocante al personal del Ejecutivo fueron solucionadas 
€on la seguridad, acierto y facilidad que puede acostumbrar 
a hacerlo una representaciôn nacional avezada al ejercicio 
de esos derechos, el parlamento inglés o las Asambleas de 
Suiza. En espGra de Arce, que estaba en los Estados Unidoe, 
y de Valle, que estaba en Mexico, la Asamblea nombrô De- 
legados a don Santiago Milla y a don José P^'rancisco Ba- 
rrundia. Por renuncia de Barrundia nombrô en su lugar 
a Villucorta. Todavîa en raarzo de 1824, se operô otra com- 
posiciôn del Gabinete y la Asamblea nombrô a don José Ce- 
cilio del Valle, don Manuel José Arce y don Tomâs H'Orân. 

Parece que tal cambio de personal impnmiera poca uni- 
dad en el manejo de los asuutos de una naciôn, pero la Asam- 
blea del 23 demuestra lo contrario, pues no solo es muy sabi- 
do que legislô con alta sabidurîa, sino que ademâs no hay 
ejemplos de una adrainistraciôn tan laboriosa y que gober- 
nase con igual acierto. 

OrganizaciÔD de las provincias, empréstito sabiamente 
contratado, la pacificaciôn, y el proyecto de la apertura del 
Canal de Nicaragua, la convocatoria a un Congreso Conti- 
nental en; Panama, la libertad de los esclavos, todos los 
actos de este Oobierno han llamado sobre si la admiraciôu 
de la posteridad. 

El cnadro queofrece Centro-Amêrica en loscasi dos anos 
en que la gobierna la Asamblea de 1823, presidida un tiem- 
po y sifmpre inspirada por el Padre Delgado, de quien en 
verdad era obra, pinta, define, nos ensena, en una palabra, 
cômo puede ser un gobierno que no sea servil imitaciôn del 
gobierno de pueblos de educociôn e îndole diverse: el gobier- 
no de la Asamblea de 1823 nos muestra un gobierno origi- 
nal de los centioamericanos para los centroamericanos. 

Los hAbitos de obediencia y de sujecciôu, de respetos y 
asentimit^ntos dognulticos prevalecieron, sin embargo, y se 
imitô la Constituciôn de los americanos del Norte. Los re- 
eultados no se hicieron esperar; mas, en un momenlo de apo- 



128 FRANCISCO GAVIDIA 

teosie como el présente no quiero traeros a la memoria ef 
cuadro de la g:uerra civil de 1826 a 1 830, que siguiô al falsea- 
raiento de nuestras 16gicae, naturalee instituciones, ya expe- 
rimeutadae en aquella ABamblea ^obernante en 1823, y baa- 
tarâ connignar que el Padre Del^ado como enpo définir lo& 
derechos del gobieruo fédéral eu 1823, eupo defender en me- 
dio de la guerra civil los derechos del Estado, de su Estado, 
de El Salvador, sieudo un grau salvadoreîïo el que fué a la 
vez un gran centroamericano, (Discurso de inavguraeiôn 
del busto del prôcer Delgado, El Autor. ) 



LOS PADRES AGUILARES 



Nos proponemos ahora bosquejar a la ligera a très 
apôstoles del Evangelio, nacidos en esta tierra cuando 
nuestra madré Espana, pletôrica de grandeza, hacîa tre- 
molar su siempre victorioso estandarte sobre lascumbres de 
los Andes. Estos très patricios, hermano» por la eangre y 
el amor al terruno por ciija grandeza suspiraban, se Jlaina" 
ron Nicolas, Viceute y Manuel Aguilar; fueron hijos de un 
gallardo Capitân de Infanterfa, y priraos herraanos de aquel 
glorioso Don José Matîas Delgado. Ese Capitân, que legô a 
eu patria très glorias verdaderas en las personas de sus 
hijos, se llam6 Don Manuel de Aguilar y Leôn; y eu virtuosa 
esposa Dona Isabel de Bastamante y Naba, era una dama 
distinguidaen quien competîan las virtudes con lagentiieza. 

Don Nicolas, el primogénito de ese matrimonio, naeio eu 
el pueblo de Tonacatepeque el 16 de Diciembre de 1742; 
Don Yi^ente, vino a la vida en esta capital el 5 de abril de 
1746; y Don Manuel, el 26 de junio de 1750. 

Los très hermanos se sintieron atraîdos a là carrera 
eclesiâstica, a la que sin duda alguna los inclinaban las bon. 
dades maternas y el misticismo propio de la époea. 

Los très fueron alumnos que sobresalieron en el reuom- 
brado colegio de San Francisco de Borja. Don Nicolas iu- 
gresô a él el ano de 1755; y Don Vicente y Don Manuel has- 
ta el 11 de Febrero de 1775, en que aquel sabio instituto se 
estableciô debidamente, después de la ruiua que azotô la 
antigua Capital del Reiuo. 

Don Nicolas se graduô de Bachiller con eî mayor lad- 
miento; reeibiendo las ôrdenes mayores hast'^'. el Presbite- 
rado, en el pueblo de Olocuilta, el 16 de abi il de 1707 en 
que se halloba de visita el Obispo titular de Adramite y 
auxiliar del Arzobispado de Guatemala, Don Miguel de Di- 
lieea y Velasco. 

Don Vicente faé un estudiante tan aventajado que me- 



mSTOfcIA MJDERNA DE EL SALVADOR 129 

reci(5 repetidas veces la dietinciôn de suplir en las cAtedra« 
a varios profesores; j don Manuel, tanto por su carâcter 
como por las dotes de su iuteligencia, mereciô particular 
aprecio del Rector don José Gereda, quien, segûn documen- 
toe que hemos tenido a la yista, tenîa un alto concepto de su 
aventajado alumno que en fuerza de merecimientos de todo 
género, llegô a ser Rector de aquel establecimiento; cargo 
que todavîa desempefiaba en 1807. 

Don Nicolas logro en un concurso, poco tierapo después 
de su ordenaciôn, el cargo de cura de esta capital, en donde 
administrô durante el curso de eu larga existencia; habiendo 
tenido a su lado, durante algunos anos, en calidad de coad- 
jutor, a su herraano don Manuel, quien también sirviô en el 
curato de Zacatecoluca. 

Don Vicente administra 22 anos en los curatos de Su- 
chitoto, Tonacatepeque, Perulapân, Cojutepeque, Zacate- 
coluca y en esta capital; y todos ellos tuvieron la satisfac- 
ciôn de ver traducido en elocuentes pruebas, que la historia 
conserva, el carino que supieron captarse en este pueblo, 
que amante siempre de la libertad, encontraba a esos très 
esforzados sacerdotes dispuestos a alzar su autorizada voz 
de protesta an te los dearaanes de la autoridad opresora. 

Cuando el movimiento del 5 de novierabre de 1811, 
aquellos très hermanos formaron en las filas de la révolu— 
ciôn, y firmes siempre, trabajando por la libertad de Centro 
America, no descanseron jamâs en tan grandiosa empresa. 

En esa época don Nicolas, no obstante tener 69 anos, 
no se diô punto de reposo por lograr la realizaciôn de tan 
hermoso idéal que perseguîa; y su hermano don Vicente, 
aquel sacerdote humilde, pero de aima esencialmente cusca- 
tleca, no se abatiô jamâs, ni ante el espectro aterrador de 
las tinieblas que atajaban la luz de sus pupilas; y asî, aquel 
valiente adalid, estando casi ciego, concurrîa a las juntas 
revolucionarias donde se trataba de la redenciôn de la 
patria. (Lo.s Padres AguUares. Arce y Rubio.) 



FAMILIA Y EDCCACIO.N DEL PRÔCER DON MANUEL 
JOSÉ ARCE, SEGUN D. PEDRO ARCE RUBIO 

El estilo del malogrado Arce Rubio tiene elatrac- 
tivo de conservar el eco de las oarraciones de familia, 
16 



130 FRANCISCO GAVIDIA 

pues era desceodientede los prôceres a quienes enlaza-- 
ban los vfnculos de varias familias. 

... El 1*? de enero de 1787, vino a la vida Manuel José Arce, 
el primer hijo del matrimonio del Alealde don Bernardo y su 
joven espoea dona Domiga Antonia Fagoaga. 

Don Bernardo habîa nacido en esta Capital el 20 de a- 
gosto de 1754 y su virtuosa esposa también sansalvadore- 
îia vino a la vida el 12 de mayo de 1762. Era, pues, aquel 
nino, vigoroeo fruto del amor de la joven pareja, El Aleal- 
de, su padre, era un hombre de 32 afios y su consorte frisa- 
ba apeuas en los 25 cuando lo diô a luz, traîa en su organis- 
mo la savia de dos robles que se alzaban con todo el vigor 
de los juvéniles anos, fué concebido en la êpoca florida en 
que la mente suena con grandezas, cuando aun no ha llega- 
do al corazôn el soplo helado de los desenganos. Erapor 
lo tanto una risuena esperanza para aquel hogar raodelo, 
formado al calor del mâs acendrado carino en abril de 1782, 
pero ademâs de una halagadora proraesa para sus padres, 
veoîa ya predestinado a fîgurar lucidamente en el grupo le- 
gendario de abnegados patriotas que inflamarou sus pechos 
en la hoguera del patriotismo; y despreciando la tranquili- 
dad de la vida regalona de los ânchados hijodalgos, se enro- 
laron en la cruzada épica de conquistar el derecho de hacer 
libre y soberano al suelo sagrado en que dormîan sus proge- 
nitores. 

El matrimonio Arce-Fagoaga disfrutaba de desahoga- 
da posiciôn social; y aunque don Bernardo hered(5 los hono- 
res y distinciones de su padre el capitân don José, marchô 
siempre de acuerdo con su primo don Jesé Matîas Delgado, 
en los trabajos por lograr la emancipaciôn Metropoli; pero 
por escrûpulos de honor, no quiso que su nombre que habîa 
figurado entre la nômina de autoridades Reaies, apareciera 
entre los que levantaban ante el mundo el estandarte de la 
rebeliôn; mas si êl se abstenîa de la lucha porque juzgaba 
indecoroso que su mano que habîa empunado la vara de 
Alealde por S. M. oprimiera los garfios de la espada del re- 
belde, puso en cambio en la lid a lo mâs caro que tenîa; a 
qoien habîa nutrido con su hidalgo procéder; a su hijo en fin 
que heredero hasta de sus escrûpulos, esclamô mâs tarde: 
*'Ed el tienipo del GobJerno espanoljamâs tuve empleo de 
sueldo, y entré a la Re voluciôn sin otras ideas y sin mâs de- 
seos que los de la UbertadJ'' 

Esa era la estirpe de donde procedîa aquel nino, que el 
tiempo y el patriotismo de su paire, colocarîan en las filas 
de larevoluciÔD hbertadora. Pero veamos antes los deta- 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 131 

lies de la vida de ese salvadoreno, tan llevado y tan traîdo 
entre las marejadas de las encontradas pasiones. 

Muy nino aûn, en el ano de 1801, ing;resô e! joven Arce 
al renombrado Colegio de San Borja obteuiendo una beca 
por solicitud del Prenbitero don Lâzaro Joeé de Silva. Al- 
gunas dificultades se preeentaron para el ingreso de Arce en 
aquel centro de ensefianza, pero el Rector don Manuel Anto- 
nio Bausas, inforraô al seîîor Arzobispo de las dotes del jo- 
ven aspirante; y aprovechando la fuga del bequista don Mi- 
guel Cârcamo, se concediô a Arce la plaza vacante. Pronto 
se distinguiô entre los mâs aventajados alumnos, y gradua- 
do de Bachiller, diô principio a sus estudios de medicina, por 
los que demoetraba particular vocaci6n. Pero su padre don 
Beruardo, que por aqueljentonces venîa sufriendoserios que- 
brantos de salud, dispuso que suspeudiera sus estudios y 
Ivolvieraasu lado a ayudarle en sus trabajos agrfcolas eu 
(.as haciendas de San Diego y San Lucas, cercauas a Su- 
hitoto. 

Ya en esta Provincia donde ferraentaban los ansiadoe 
idéales de libertad y gozando de iliraitados prestigios entre 
los hijos del pueblo, entré en union desu ilustre tfo el Dr. 
don José Matîas Delgado, de sus cunado y primos don Do- 
mingo Lara y don Juan Aranzamendi y los très hermanos 
Aguilares, deudos inmediatos suyos, queanimadosporigua- 
les anhelos de libertad, saltaron al paleoque en el histôrico 5 
de Novierabre de 1811. 

El joven conjurado contaba 24 aîâos cuando aquel atre- 
vido movimiento; estaba en esa edad en quetoJosevea 
travès de un prisma color de rosa, en la época florida en que 
la vida tiene encantos indecibles; en que el coraz6n palpita 
por lo bello, por lo grande. A Arce se le abrîael porvenir ra- 
dioso; no necesitaba para que brillara su nombre, delà lum- 
bre y del estrépito de los canones; y por el contrario, su ga- 
llarda figura, colocada en aquel desfiladero peligroso, atraîa 
sobre sî la furia de los huracanes; los horrores de todaa las 
tempestades. Mas en aquella aima abierta a los grandes 
idéales y cerrada impenetrablemente al convencionalisrao 
rastrero, no podîa sonar mâs cuerda que la quehacîa vibrar 
eu corazôn bien puesto. 

Los bermosos Buenos de libertad se disiparon, cuando 
se despertô la defecciôn é hizo resonar su ronca voz de 
protesta, mostrando cîvicaraente su airado porte, ante los 
pocos firmes que no esquivaron el pecho a los dardos delfra- 
caso. Y crujieron los cerrojos de las prisiones; y el empellôn 
Boezy cobarde de la fuerza bruta, arrojô a los patriotas â 
pocilgaB inmundas; de allî el joven Arce, caîdo entre las ga- 



132 FRANCISCO GAVIDIA 

rras del Léon, se levanta altivo, no trepi(3a an te las araeca- 
zas; j cuando la vileza desciende hasta el halaf^o y le brinda 
la libertad a trueque de una delaciôn, ruje en él la tempestad 
de lae indignaciones; y rechaza airadamente aquella infaraia 
que subleva toda la nobleza de su aima. jEl que ansiaba la 
libertad para su patria. pierde la suja propia! El deapotis- 
mo sstrecba sus rigores, tiemblan les demâs conjurados te- 
miendo una flaqueza de aquella aima en tortura, pero si du- 
ros sou los hierros que maceran las carnes del patriota, aun 
mâs dura es la ûrmeza de su ânimo entero, que no se abate 
lii un instante. 

Sus adietos ballan raedio de entenderse con el priaionero; 
y aquella inhuraana raazmorra se convierte en el centro de 
la conspiraeiôn. {Biografia de Don Manuel José Arce. Arce 
y Rubio. ) 



FAMILIA Y EDUCACIÔN DEL PRÔCER DELGADO 

SEGÛN V'ALLADARES 

Las familias de los Delgados, los Arces, los Laras, los 
Aguiiares, los Aranzameudis y los Fagoaojas, poseedoras 
eran de bienes cuantiosos en tierras y comereios durante la 
Colonia. Bienquistas por sus apacibies costumbres y senti- 
mientos benêficos; rodeadas de los respetos que les ministra- 
ban, va la descendencia de ofidales^reales, deîalealdes mayo- 
res o de sujetos de distiuciôn venidos de Espana, ya sus 
vînculos de pareutesco con familias pudientes o sus relacio- 
nes con personajes de la Corte: con todos los prestigios 
de los puestos de honor que las leyes de Indias permitîan 
a los criollos y con todas las comodidades de su posiciÔQ 
pecufiiaria, macho arriesgaban y nada ganarfan en su Per- 
sonal utilidad al rebelarse contra el fuerte poderîo espanol; 
de suerte que t<ue labores y deseos preseutan los rasgos 
de la major abnegacii5n, y hacen aparecer sus nombres 
con la fûlgida auréola del verdadero y mâs desinteresado 
patriotismo. 

Sus antécédentes deranestran su alteza de miras; su ac- 
titud el amor a la libertad. No ibau en camiuo de medros 
personales; marchaban en pos del idéal sonado de la patria. 

Sus relaciones de parenteeco y el carâcter sacerdotal de 
muchos de ellos revelan la lealtad que se guar-larian y la 
rectitud de su3 propôsitos: no formarîan concilia bulo por 
intereses raesquinos; laborarîan por honrosas y altas em- 
presas. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 133 

Las dos figuras mâs saliontes de entre el e:rupo de prôce- 
Tes del ano de 1811 son el doctor don José Matîas Delgado 
j don Manuel José Arce. Este représenta la audacia de la 
aceion, la fogosa inquietud juvenil y el brazo fuerte dd mo- 
vimiento libertador: aquél la serena vision de los resultados, 
la experiencia madura del câlculo y la sabidurîa del con- 
sejo; y si en ambos aparece la concepciôu del plan y el anhelo 
acorde por la iudependencia, en cambio del tesôn persévéran- 
te de que Arce diô prueba continua, Delgado Hport6 la 
cooperaciôn mas decisiva en esta suerte de empret»as: la po- 
pularidad 

(.De dônde proceiîa el aplauso y unanime aceptaciôn con 
que contaba? De sus altos merecimientos, prendas perso- 
nales y elevada posiciôn. 

El 24 de febrero de 1767 viuo al raundo en la ciudad de 
San Salvador el hijo del caballero Pedro Delgado. oriundo 
de Panama, y de la distiuguida eenora dona Maria Ana de 
Leôn natural de aquella ciudad del antiguo Reino de Guate- 
mala. Recibiô la primera instrucciôn en el hogar paterno en 
donde contemplo ejemplos de austeridad y recato; y cuando 
su despierta inteligencia requerfa campo mâsdilatado que el 
de las escuelas provincianas pasô a la capital del Reino y 
obtuvo pronta admisiôn en el Colegio Seminario con beca 
fundada por el gran Arzobispo don Cayetano Francosy 
Monroy, apovo de la juventud y âurea columna de le Iglesia 
de Guatemala. 

Seguidos con notable provecho los estudios filosôficos 
y de hnmanidades, cinô a su frente el primer lauro académico 
en edad temprana optando al grado en Filosoffa con toda 
lucidez; y proHijajuiendo ampiios estudios de derecho, alcanzô 
la borîa doctoral in utroquejuris y puesto promineute en el 
claustro univprsitario, eu donde a pesar de sus pocos anos, 
deserapenô la Câtedra de Teologîa Moral. Pudo lucir en la 
sociedad y el foro, merced a su claro talento, porte distin- 
guido y conocimientos profundos; pero una vocaciôn firme 
como todos sus actos y arraigada como todas sus conviccio- 
nés, le hizo abrnzar con vîvido ardorla carrera eclesiâstica. 

No fué su sacerdocio el rutinario y usual en las familias 
coloniales quesiempre trataban de contar en su seno algûn 
miembro de cogulla; siuo el apostolado nacido de las mâs 
ardientes aspiraciones del aima, radicado en lo hondo del 
corazôn probado y aquilatado en la adolescencia y contem- 
plado como punto terminal de la vida terrena. 

Su ministerio fué digno de la alta misiôu espiritual a que 
se dedicô estrictamente ceiiido a los solemnes votos expresa- 
dos al pie del altar. Eu Guatemala figurô entre lo selecto 



134 GAVIDIA FRANCISCO 

del clero y en San Salvador, carato que obtuvo por oposi- 
cîÔD. alcanzô lineamientos ycontornos de verdadero patriar 
ca. va en la parroqnia de su ciudad nativa, va en el carfço de 
Vicario provincial. Constante modelo de virtudes sacerdo- 
tales faé su vida v e-pejo nunca empanado de pureza. Este 
es rasgo distintivo del eminente prôcer americano. 

Su virtuosa m lire, dechaio de honestidad, sentîase 
anonadada ante el iwov divino que coacediô a su hijo dilec— 
to un aima diâfana y pura como el cristal; el Rector del Se- 
minario don Bueuaventura de Roiasalababi calurosamente 
la conducta priva la del escolar; los Arzobispos Francos y 
Monroy y Villezas la apreeiaron y honraron por sus virtudes; 
los historiadores patrios reconocen su conducta moral a 
toda prueba (1); las autoridaies admiraron los hâbitosirre- 
prensibles de este hombre sin^ular (2). y en las Cortes espa- 
iîolas reson6 su nombre como el delec'esiâstico adornado de 
mâs sôlidas virtudes. (8) 

Desprendido de bienes terrenaîes, prôdio^o de los suyos 
propios en favor de los pobres; amable con los humildes y 
digno con los poderosos: benéfico en gradosumo y servicial 
en todos sentidos: dedicado con fervor a sus mini/terios pa- 
rroquiales. bondadoso eu su trato, elocuentey vivo en la 
palabra arrebatadora; simpâtico en la fisfura, de porte ele. 
gante y tîsonomîa dulce.— Delgado fuê fâcilment-^ el îdolo de 
su pueblo y obtuvo lamas incontestable popularidad. Asî 
fué como. al estallar la revoluciôn inmortal del 5 de noviem- 
bre de 1811. las muchedumbres le siguieron sin vacilaciôu r 
todos abrazaron. como buena, la causa patrociuada y mo- 
vida por tan eminente personaje. 

Haliâbaserodeado el prôcer de sus primos hermanos lus- 
tres Atruilares, don Nicolas, don Manuel y don Vicente, 
y don Bernardo de Arce y Leôu; de sus hermanos don 
Miguel y don Juan, de sus sobrinos don Manuel José de Ar- 
ce, don Mariano y don Domingo Antonio de Lara y don 
Juan Arrnzaraendi, y de amigos como don Juan Manuel Ro- 
drîguez. Pablo Castillo y Carlos Faiardo: tenîa conexiones- 
con los demâs curas de las provincias y las personas de ea- 
posiciôn en ias poblaciones de mayor importanda, y conta- 
ba con sus prestigios y popularidad. y sobre todo con la ra- 
z6n y la justicia que abonaban la alta empresa. 

Las principales poblaciones del Reino fueron invitadas^ 
para secundar la Revoluciôn; pero sin aguardar a q-i^ la» 

(1) Manuel Montûfar. "Memorias de Jalapa;" Marure pagf. 12^^ 
Tomo I; Lorenzo Montdfar, "Resena Hist6rica;" pag-. 16 Toao II. 

(2) Peinado; Comunicaciôn a las Cortes. 

(3) LarrazlbaJ: Sesi6nde 20 de Marzo de 1813. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 1 35 

-extensaB ramificaciones se coDeolidaran y tuvieran or^ani- 
zaciôn formai, los patriotes lanzaron el grito de insurrecciôn, 
asaltaron la Sala de Armap, apoderâronse incontinenti de 
très mil fusiles, llegadoe poco antes a los depôsitos, ocnpa- 
î-on los fondos de las eajas realep; depusieron al Intendente 
■de la proviiicia dou Antonio Gutiérrez de Ulloa y cambiaron 
a la raayor parte de los empleados espanoles. El entusiasmo 
era inmeneo, grande la actividad y firme el tesôn de los sal- 
vadorenos: la voz de libertad ree^onô eu Zacatecoluea bajo 
la hâbil direcciôn y acendrado patriotismo del Cura don 
Mariano de Lara y Aguilar, y encontr(5 eco dp simpatîa en 
Metapân, Usulutân y Chalatenango, que se alzaron contra 
las autoridades, secundando el eacudimiento de San Salva- 
dor. Pero los ricos partidoe de San Miguel, Santa Ana y San 
Vicente, no eôlo se adhirieron a la revoluciôn, sino que se 
pusieron en armas para corabatirla y verificaron actos os- 
tensibles de suinisiôn a Espana y de obedieneia al capitân 
o^eneral. (1) 

Este, el tremendo Brigadier Bustamante, al tener noti. 
cias de la conmocion popular, qniso ahogarla en eangre; pe- 
ro la intervenciôn del Ayuntamiento de Guatemala impidiô 
actos de crueldad y enderezô la paeificaciôn por caminos de 
templada energfa y prudencia. El Coronel Dr. don José de 
Aycinena, llegô a San Salvador el 3 de diciembre, investido 
-de pleuos poderes del Capitân gênerai cou el carâcter de In- 
tendente y Jefe militar de la provincia. El Dr. don José 
Maria Peinado le acompanô por comisiôn del Ayuntamiento 
de Guatemala, y Fr. Mariano Vidaurre y varios misioneros 
llegaron a predicar contra la revoluciôn, enviados por el Ar- 
zobispo don Fr. Ramôn Casaus, cuyo îervor espaûolista era 
notorio desde en Mexico. /"El Doctor José .^atias Delgado y 
su tiempo. TallacJaresJ 



FAMILIA Y EDUCACION DE LARA 

Don Domingo Antonio de Lara, progenitor de nuestro 
biografiado y nacido en 17-10, pas6 a educarse a Guatemala 
en el Colegio de San Borja, centro de ensefïanza el mâs lu- 
minoso de la época colonial; cursô matemâticas y filosofîa 
con los maestros mâs distiuguidos de la Companîa de Jésus 
y apreudiô la Leugua del Lacio con el egregio Padre Landî- 



(1) Gacota de Guatemala. Nos. 251 a 255. 



136 FRANCISCO GAVIDIA 

var, el mâs grande poeta de la moderna latiuidad. Su her- 
inano D. Manuel José, uueve anos menor y educado tambiéo 
en la capital del Reino, estudiô teologîa y abrazô la carrera 
ecleaiâetica, llegando a ser cura por el Real patronato del 
partido de Olocuilta y Notario del Santo Ofido. Don Do- 
mingo regresô a eu provincia, en donde tuvo cargos de 
bonor, como regidor del Ayuntamiento y Alfêrez real, y iuê 
alcalde en loe anos de 1781 y 86. CasôenSan Salvador con 
la Senora Dona Ana de Aguilar, hermana de los Padres don 
Nicolas, don Manuel y don Vicente, optîraates de la Inde- 
pendencia, y tuvo en eu matrimonio, entre otrosbijos, a don 
Domingo Antonio y a don Mariano. Estos fueron a Gua- 
temala acompanados de su tîo paterno el Padre Don Ma- 
nuel José, y comenzaron los cursos de filosofîa y letras: D, 
Mariano terminô sus estudios teolôgicos y alcauzô el pres- 
biteriado, volviô a su provincia y obtuvo el curato de Santa 
Lucîa Zacatecoluca, en donde le tomô el movimiento revo- 
lucionario del ano de 1811, en el cual, asî como en el de 
1814, se hallaba comprometido seriameute. 

Don Domingo Antonio de Lara y Aguilar, venido al 
mundo en 30 de agosto de 1783, en la ciudad de San Salva- 
dor, comeneô en 1798 sus estudios de filosoffa en la Univer- 
sidad de Guatemala: mostrô apasionada inclinaciôu por el 
aprendizaje de humauidades y sobresaiio de manera notable 
en las mate.Tiâticas, al punto de reputârsele profundo en 
ellas y merecer elogios expresivos de parte de su maestro el 
sabio Deân Garcîa Redondo y del Rector don Manuel Anto- 
nio Bouzas. Atenciones de familia le obligaron a trasladar- 
se a San Salvador y a dejar inopinadameute las aulae: tras- 
tornâronse los estudios comenzados con tanta brillantez; la 
carrera que prometîa coronar con éxito lucido quedô iucon- 
clusa; la atenciôn a sus obrajes de anil, los trabajos del cam- 
po y los négocies, sucedieron al afân del universitario. Pero 
en medio de los quehaceres agrîcolas, y de las faenas diarias 
de la vida, tuvo tiempo sobrado para eeguir cultivando su 
inteligencia en el estudio y para espaciar su aima y avivar 
eu imaginaciôn luminosa en las eteruas fuentes con que la 
inexhausta bellexa alegra al mundo: la poe^iîa y el amor. 

Lara fué cultivador îeliz del arte y eentidor profundo 
de la hermoea armonîa que préside en el univereo: concibiô 
la idea como un filôeofo; eintiô la emociôn con la teruura de 
un enamorado y expresô sus anhelos y dolores con la dulzu 
ra del mâs exquisito versificador. Fueron eiempre eelebra- 
das la facilidad de su improvisaciôn, la fluidez de sus rimas 
y la correcciôn de su estilo; y si por lo regular pulsô la cuer- 
da melîflua del sentimiento amoroso y de la plâcida contem* 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 137 

placiôn de la naturaleza, en alguna ocaeiôn enardeci6 tam— 
bien los eepîritue con las voces inquiétantes de la musa he 
roiea. 

Lara amô y fuê amado, y eus versos diren su pasiôn y 
cantan su ternura: la cuerda erôtica sonô al compas de los 
afectos de eu aima y expresô los anhélitos amorosos de un 
joven corazôn que palpita con el fuego ardiente que cual so- 
plo divino enciende el orbe. Fijadas para eiempre las ten- 
dencias de su afecto, contrajo enlace el 4 de mayo de 1811 
con BU prima dona Manuela Autonia de Arce y Fagoaga, 
hermana del egregio patricio donManuel Jonè. (El Prôcer 
Don Domingo Antonio de Lara. Dr. Fenees Redish.) 

* 

ENSAYO DE AVIACIÔN 

También en sus dîas probô que el mal suceso le aca- 
rreaba crîticas acerbas basta el sarcasmo: si boy viviera, su 
nombre eetarîa a la par de los de Beauraont y Védrines. 
Sin contar con loa elementos que en un siglo de maravilloso 
adelanto ofrece boy la mecânica. Lara eusay^ mâs de cien 
anos ha la conquista del aire. Convencido de la posibilidad 
de surcar el viento, el aprovecbado materaâtico — joven y 
animoso— construyô un aparato que expérimenté varias ve- 
ces. Fué la primera en San Jacinto; pero la falta de emi- 
nencia que se alzara verticalraente y que eirviera de punto 
dearranque, le hizo preferir las torres de la iglesia, Desde 
la altura del templo se lanzô confiado y animoso, y descen- 
diô poco a poco en el largo trayecto de la plaza. Fué en- 
tonces objeto de admiraciôn y aplauso. Y cuando la vez 
tercera, ante la atônita y anhelante muchedumbre ensayô el 
vuelo desde el alto campanario, y una râfaga de viento hizo 
vacilar el frâgil aparato que vino sûbitameote a tierra, la 
admiraciôn tornôse en crîlica amarga con ribetes de ironîa 
y puntas de malignidad. La grave fractura de un brazo y 
las sûplicas de su farailia pusieron término a taies pruebas, 
tenidas antano como risible insensatez y apreciadas hoy co- 
mo bien encaminado eefuerzo precursor de la navegaciôn aé 
rea. Por mucbo tiempo la sonrisa asomaba a los labios sal- 
vadorenos y la tradiciôn referîa con maliciosos comeutarios 
eî propôsito del joven Lara; y cuando se vi6 a este sacrificar 
su bienestar y exponer la vida en las conspiraciones de no- 
viembre y de enero, se confirmô el concepto de eus ensnyos 
peligrosos como laexpresiôn indadable de loea temeridad. 
(Ibid.) 

17 



138 FRANCISCO GAVIDIA 

SECRETO DE CONFESIÔfST 

Ya se habîa retirado hasta la ûltiraa vieja tisigosa des- 
pués de la misa cantada por el pârroco de San Vicente don 
Manuel Antonio Molina y Canas, el doraingo 15 de eep- 
tiembre del ano del Senor de mil ochocientos once. El célé- 
brante hallâbaee en el refectorio haciendo parco desayuno 
y el sacristàn apagaba las velae, volvîa la mirada porlos rin- 
cones del templo y cerraba el pesado portôn, tornando des- 
puéa hacia la sacristîa y dejaudo en la nave desierta el olor 
pénétrante de los cirios apagados y el eco de sus pisadas 
lentas y perezosas. 

En ese momento apeâbase frente a la puerta conventual 
gallardo caballero de regular estatura, distinguidos moda« 
les, alta freute, ojos zarcos, pelo berraejizo, y encendido co 
lor. Atravezô el patio y saliô a recibirlo el cura con risueno 
rostro y voz afable. Calado hasta los huesos llegaba el des- 
conocido; que no lo serîatanto del cura cuando instantes 
después departîan acerca de algo muy iuteresante, a juzgar 
por los ademanes y gestos. 

— Difîcil, teraerario ... ; eso no, imposible, imposi- 

ble — murmuraba el pârroco cou crecietite eraociôn. — y re 
trocedîa en actitud de et^panto, como si fuese el demonio 
quien lo tentara a arrojarse a siraa tenebrosa. 

— Pero. hombre de Dios, si esto ha llegado a su colmo, 
y hay necesidad de una resoluciôn pronta. 

Prematuro, prematuro todo: eso no lo veremos ya nos- 
otros: contra taies fuerzas no es posible luchar. 

— Pero es posible raorir! — exclamô el huêsped con trâ 
gico aceuto. 

— Morir..., morir...!— murmurô el cléiigo — y entonces 
^para que luchar? 

— Para que vivan otros felices en la tierra; para que vi- 
van en la eternidad y en la historia los que ahora caigan 
por la redenciôn de la patria. 

— Las cosas con tiento y madurez. Domingo Antonio. 

Habrîa que esperar la oportunidad Que no haya tan- 

ta vigilancia en el gobierno. Qiie otros se lancen antes a 
provar suerte, para tantear el éxito. Pero Uds., i,por que 
han de ser Uds. los primeros en arrojarse a lo desconocido? 

— Nosotros, si, nosotros; pero ^por que hablas asî? iY 
tus corapromisos dônde estân? ^Has olvidado acaso tus 
palabras? 

— Con locos no es posible, Yo calculaba cosamuy di- 
versa; pero el plan que me présentas es inseusato. En tî se 
rîa disculpable, en Manuel José o en Manuel Rodrfguez, por 



HISTOKTA MODERNA DE EL SALVADOR 139 

que son rauchachos y lajuventud es arrebatada y no médi- 
ta; psro en Matîas, es increîble, en Nicolas es inaudito, e» 
abeurdo. No, no; asî no estaréjamâs con Uds., sino con- 
tra Uds. 

— ^Esa es tu resoluciôn? 

— Irrévocable! Vas errado por ese camino, Domino^o 
Antonio: estân ofnscados: la atmôsfera polîtica esta turbia 
y nebulosa como ese cielo: mira, apenas luce el sol, y ojalâ no 
sean estas las ûltimas veces que lo veas: por tal senda vas 
derecho a la muerte. 

— El ofa*»cado ères tu, que no quieres admirar la luz de 
la libertad; pero dîa vendra en que este mismo sol te parez- 
ca radioso vivificadory en que aspires el ambiente a pul— 
mones llenos porque el ^ozo inunda los corazones y se tenga 
a honra ser ciudadano de un pueblo libre; dîa vendra en que 
los apâticos rairen su indiferencia como un crimen y sientan 
el rubor de no haber sabido ser valientes. 

— Vieras que estarîas bueno para predicador; lantima 
que tu luna de miel te impida llegar al pûlpito; que si no, 
harîas baen orador, porque lo que es verba y fantasîa de 
poeta no te faltan. Pero mejor predicador fuera yo eonti^o 
y lo soy, y te exhorto a que désistas de taies intentes locos 
y que te arrepientas de ellos, que son crîmenee contra la sa- 
cra persona del rey y que 

— Basta; quizâs teno:as razôn y vaya por caminos de 
ruina para mi aima .. . jy morir en pecado . . .! Quieres oîr- 
me en confesiôn y absolver mis cnlpab? 

Tamanos ojos abriô el pârroco, pintândose en ellos la 
admiraciôn; pero tomado con suavidad del brazo. eentôse 
en amplio sillon de la sacristia, y a su lado arrodillôse el su- 
bito pénitente. Y coraenz6 a confesor: 

— Actisome, padre, de todo lo que habéis oîdo anterior- 
mente; de eonspirar contra Espana; de estar resuelto a liber- 
tar a la patria o morir por ella: acûsome dehaberos referido 
tantos detalles y pormenores, en la esperanza de haceros 
nuestro colaborador en tan alta empresa; y, pues ya me ha- 
béis oîdo en confesi6n, bajo el sigilo del sacramento guarda 
réis cuantoos he dicho, en tanto que el secreto sea necesario 
para la eeguridad y tranquilidad de quienes padieren peli- 
^ar. 

El padre comprendi^ la ingeuiosa y sutil raanera de 
comprometerle a callar discretamente; sonriôse, alz6se del 
asiento, al punto que lo verificaba el pénitente socarrôn, y 
ambos se eonfundieron en apretado abrazo. 

Moraentos después don Domingo Antonio de Lara y 
Aguilar ealîa por el camino del Sur, rumbo a Zacatecoluca. 



140 FRANCISCO GAVIDIA 

Brillaba alto el sol en su carrera: ambos dirigieroii la 
vista a él. y Lara exclama: 

— Manuel: va ves que tras loa nublados viene la luz, mâs 
pura y jocunda. Este sol alumbrarâ algûn dîa la libertad 
de la patria, que no vivirâ por siglos en cadenas. 



Efeetuada la revoluciôn del naartes 5 de novipoibre de 
1811 en San Salvador, el procer don Domingo Autonio de 
L«ira cayô coa sui^ companeros en poder de las autoridades 
espanolas y 8ufri6 estrecha prisiôn y largos padecirnientos 
por sus anhelo3 de independencia; y el cura don Manuel An- 
tonio Molina y Catïas por su adhésion a la raonarquia alcan- 
z6 distinciones, una canonjîa honoraria y la Cruz de Isabel 
la Catôlica, que para él recabô el Capitâu General Busta- 
mante. 



El sâbado 15 de septiembre de 1821 hailâbase el Canô- 
nigo Molina, coioo miembro de la Diputaciôn Provincial, en 
el palacio de los Capitanes Générales. 

Los padres de la patria habîan dado su voto por la pro- 
claraaciôn inmediata de independencia; algunos empleados 
espanoles y unes cuantos criollos oponfanse a la opinion gê- 
nerai, y el pueblo mauifestaba su alborozo y férvido entu 
eiasnio en pro de la emancipaciôn. 

El Canônigo Molina, firraô resuelta y decididamente la 
declaraciôn de independencia. 

Al salir del salon, sus ojos dirigiéronse instintivamente 
a los cielos y viô refulgir el sol: en su mente surgiô vivo y 
plasmante el recuerdo de aquel 15 de septiembre pasado diez 
anos atrâs eu su curato de San Ticente de Austria, y se al- 
zaron en su espîritu la imagen de Lara y su voz profética, 
vaticinadorn ent.oncesde dîas de jûbilo y felicidad para la 
patria. Dirigiôse al Padre Delgado. y con trémula voz y 
hûmedos ojos le refiriô la entrevista de aquella raanana lin- 
viosa de septiembre en que Lara con ardid ingenioso le com- 
prometiô al secreto de hechos tenidos entonces por crimina- 
les y apreciadoH después como gloriosas proezas 

El Padre Molina guardô el secreto de confe.-<i6n raientraa 
fuê necesario: el dîa 15 de Septiembre de 1821 lo repetîa an- 
te grupo numeroso de personajes en los corredores del pa- 
lacio. El sol de la libertad lucîa radioso y vivificndor, y to- 
dos respiraban a pianos pulmonesel ambiente grato porque 
el gozo transportaba los corazones y era ya una honra ser 
ciudaéano de un pueblo libre. {Ibid ) 



HI3T0BIA MODERNA DE EL SALVADOR 141 

SOBRE LA GCERRA DE 1780. (Véaee pag. 92 lin. 16.) 

El cronista Juarros se refiere a la gfuerra de 1780 
y alsaîvadoreno Don José Rossi en los términos siguieo- 
tes: 

Mantûvose desierta la isla de Roatân desde el ano 650, 
hasta el de 742, por el mes de Junio, que la poblnron los iu- 
ojleses, fortificândola eon materiales que sacaron de la arrui- 
nada ciudad de Trujillo. Estuvieron en posesiôn de ella, has- 
ta elano de 1780, eu que pasando personalraeuteel Présiden- 
te de Guatemala, los desalojô. Volvieron a apoderaree de es- 
ta isla, el ano de 1796 y dejaron 2000 negros que la guarda- 
^en. Luego que se tuvo noticia en esta. capital de la referida 
invasion, se previno por la Capitanîa gênerai de este Reino, 
al Gobernador Intendente de Comayagua, que en la primera 
ocasiôn que se presentase, remitiese a Roatân, en calidad de 
«niisario, a don José Rossi y Rubî, para que averiguando la 
calidad y circunstancias de aquellos negros, eon su informe 
se tomasen las medidas mâs adaptables para su reconquis 
ta. Pre>tentada ocasiôn oportuna. se embarcô en Trujillo 
Don José Rossi, el 17 de Mayo de 1797, eon doce oficiales, 
en lafalûa grande del puerto, armada eon cuatro pedreros, 
dos espingardas y doce mosquetes: dada la vêla, arribô al 
puerto de Roatân el dîa siguiente. En la playa deestaisla 
86 dejaron ver como 200 persouas ordenadas en fila, eon 
fusiles y bayonetas, en ademàn de esperar: visto esto por 
Rossi, saltô solo en tierra y acercândose al cabo de aquellos 
negros, le dijo una arenga, eu que le proponia alguuas capi- 
tulaciones, que aceptaron eon transporte, gritando: Viva el 
Rey fie Espaha. Después hizo desembarear rtu gente, enar- 
bolô el pabellôn Rspanol y tomô posesiôn de la isla eon las 
<;eremouins acostumbradas. Esta poblaciôn, que esta en la 
-Costa del Norte de la isla, se hailaba ocupada por los negros 
republicanos: los caribes habitaban la parte del Sur. Pasô 
Rossi eon su gente al pueblo de estos segundos, y apoderân- 
dose eon gran celeridad de la bateria que allî tenîan, les hizo 
la misma propuesta que a los primeros, la que aceptaron es- 
tos eon igual alegrîa; y prometiendo todos a Rossi guardar 
^us 6rdenes. di6 las convenientes para regresarse al puerto. 
El dîa 19 a las cinco de la raanana zarp6 la falûa eon su gen- 
!te de vuelta de Trujillo, en cuya rada fondeô el 21. 



142 FKANCISCO GAVIDIA 

MALLOL.(Véaee pag. 88, Hneas 6 y 7) 

Un caso parecido al de Santi'n del Castillo es el 
de don Narciso Mallol, Alcalde de Te^ucigalpa» 
De la obra sobre Mallol escrita porel Dr. Rômulo E. 
DurÔD, tomamos el relato: 

Mallol falleci6 el 6 de marzo, (1819) a lae diez y mé- 
dia de la manana. 

No obstante que hizo raucho por el servicio del Rey y 
por el bien de la Provincia, no se respetô su cadâver. El 
Regidor 19 y Alcalde en depôsito le puso guardia de ocho o 
diez soldados. 

^Por que? Esto preguntaba la viuda del Alcalde Mayor, 
(juieu se quejô de este procedimiento a la Audiencia. La 
Audiencia pidiô informe, y se le contesté que el Regidor pro- 
bablemente se coniiujo asî por asegurar los caudales de Ha- 
cienda Pûblica que estaban a cargo del Alcalde Mayor y 
por evitar que los fladores de este se hiciesen cargo del se- 
guro de ellos, Pudieron depo.sitarse los bienes para quitar 
la guardia, pero siendo necesario algûn tiempo para el in- 
ventario, la guardia era de necesidad entre tanto. Pero na 
se conocîa la verdadera causa. 

Anadîa el informe que, en poder de Mallol, se hallaban 
cien pesos que diô don Manuel Antonio Vâsquez para el 
puente. * El Ayiintamiento habîa acordado que se le recla- 
raaran a Mallol. Ente contesté que el donativo estaba desti- 
nado al pasamano. Comenzado este, se le reclamô una vez 
mâs, por no haber fondos, y no di6 respuesta. Se le reiterô 
que los entregara por medio de su esposa, puesto que estaba 
enfermo, y no hizo laentrega. En cambio, el mismo dia pa- 
gô a un coraerciante de Tegucigalpa cuatrocientos pesos. La 
esposa (le Mallol pasô un oficio insultante al Alcalde 1?, y 
este amenazô con embargar el sueldc si no pagaba dentro 
de tercero dîa. Como no hizo el pago, le embargo cincuenta 
pesos que se le pagaban a Mallol de lo que cobraba a lo» 
raineros por cada marco, por habercobrado ya lo de Propios, 
y .se creîa que s6lo cobrarîan estos cincuenta pesos, pues los 
bienes del difunto eran insuficientes para cubrir otros cré 
ditos de mayor cuantîa. 

Mallol habîa raanifestado al Ayuntamiento el 11 de ene- 
ro, como se ha visto ya, que el donativo de cien pesos heeho 
por don Manuel Antonio Vâsquez era para que los iuvirtiese 
en la obra del puente como le parecieee, sin que nadie hubie- 

(*) El gran puente que une a Tegucigalpa y Comayagaela. 



KISTOKIA MODERNA DE EL SALVADOR 143 

ra de tomarie cuenta, y que se le debîa el valor de varios 
Buplementos hechoe en la obra, teuiendo el resto de aquellos 
cien pesos a la orden de la Corporaciôn para cuando ee em- 
pezasen las barandillas. 

El informe dado a la Audiencia ealla estas circunstancias 
,v no inspira, por lo mismo, confianza suficiente para jozgar 
de su exactitud. En todo caso, Mallol, no obstante sa dis- 
posiciôn a hacer la entrega del resto del dinero, no la hizo, 
bien puede esto explicaree ya sea en el sentido de que espera- 
ba mejorar de salud para hacer él en persona, con la raayor 
economîa, la inversion en el pasamano, bajo su vigilancia, 
oon el objeto de ser él y no otro quien coneluyera la obra en 
cuya eonstrucciôn tuvo mâs que ninguno el rnayor empeno, 
yasea porque esperaba que se formase la liquidaciôn respec- 
tiva Dor los suplementos que hizo para devolverel resto. 

Y si se temîa que los bienes de la mortual no alcanzaran 
para el reembolso la guardia que se puso al cadâver no cam- 
biaba de circunstaneias y solo eonstituîa un ultraje, pues 
para la seguridad de los valores habîa procedimientos legîti- 
nios V eficaces. 



ARCE EX 1811 



En la ciudad de San Salvador, cuna de tantos esclare- 
cidos varones, naci6 el dîa primero de enero de 1787 el senor 
don Manuel José Arce: fueron sus padres don Bernardo 
José y dona Antonia Fagoaga y Ay:uilar, pertenecientes am- 
bos a antiguas y distinguidas familias sansalvadorenae. 

La educaciôn de Arce, en sus primeros afios, se liniito 
a las escasas nociones que eutonces podîau adquirirse eu 
uua capital de provincia; y por ese motivo sus padres deter- 
rainaron enviarlo a la ciudad de Guatemala, que contaba con 
eleraentos superiores a los de las otras poblaciones del anti- 
guo reiuo. En aquel ceutro de cultura, merced a su consa- 
graciôn al eetudio y a sus altas dotes intelectuales, adquiriô 
extensos conocimientos en varios ramos del saber humano; 
y ademâs se relacionô con los principales hombres que re- 
presentaban el eleniento pensador, entre otros, con el emi- 
nente repûblico doctor don Pedro Molina, a quien lo uni6 
carinosa y estrecba amistad. 

Era Arce hombre de claro entendimiento, y, observando 
el estado social de las colonias centroamericanas, llegô a con- 
vencerse de que estas, por sus multiples riquezas y por los 
numerosos elemeutos que teuîau, uecesitabau separarse de 



144 FSAKCISCO GAVIDIA 

Espana y conquistar SU Boberanîa e independeueia, auQ a 
trueque de los mayores sacrificioe. 

Joven y aniraoso. amante de su paîs y Ueno de euergia^ 
reg:re86 a San Salvador. Aqui encoutrô trabajando por la 
indepeudeacia, con fé inquebrantable y actividad nuuea de- 
caîda, al Beneraêrito Padre de la Patria, Presbîtero doctor 
José Matîas Delgado, y en uoiôa de este y de otros prôceres, 
organizaron la gloriosa iusurrecciôn que estallô eî 5 de no- 
viembre de 181 1. 

Entre las personas mâs importantes de la iusurrecciôn 
fi^uraban don Bernardo José Arce, padre de don Manuel 
José; y primo hermano del doctor Delgado; los presbîteros 
don Nicolas, don Manuel y don Viceute Aguilar siendo de 
notarse que todos ellos eran parientes muy cercanos, pues 
descendîan de don Diego de Leôn, espanol que vino a Cen- 
tro America, en union de siete hijas, las cuales contrajeron 
matrimonio con espanoles criollos de las familias Delgado, 
Arce, Aguilar, Molina y Àranzamendi. [1] 

El movimiento revoîucionario debîa verificarse en toda 
la Provincia; pero solamente correspondieron a él unas 
cuantas poblacioues. En San Salvador, los patriotas depu- 
sieron al Intendente don Antonio Gutiérrez de Uiloa y a va- 
rios empleados espanoles; y desde el 5 de novierabre, hasta 
principios del mes de diciembre del expresado ano, la auto- 
ridad estuvo en manos de Alcaldes electos por el pueblo, 

La primera iutentona revolucionaria no produjo la pro- 
clamaciôu definitiva de la independeueia; pero Arce, de 
acuerdo con Miguel Dplgado, Juan Manuel Rodrîguez, los 
Aguilares y el doctor Céliff, continué activameute sus tra- 
bajos de conspiraciôn, hasta que el 24 de enero de 1814 fra- 
, casô el segundo movimiento revoîucionario. 

El senor Arce fué reducido a prisiôn y permaneci6 en 
ella durante varios anos, sufriendo toda clase de privacio 
nés, sin que por un momento se doblegara su carâcter, ni 
perdiera su proverbial altivez 

Las autoridadea espanolas le ofrecieron la libertad con 
la condiciôn de que revelara los nombres <ie sus companero» 
de conspiraciôn; pero rechazô indignado esa propaesta y 
continué encarcelado, con grave quebranto de su salud y 
notable perjnicio de sus intereses, (El General Don Manuel 
/osé Arce. Victor Jerez.) 

(1) Debemos estos datos a la bondadosa atencion del estimable ca- 
ballero don Pedro Arce y Rubio, decendientes de aquellos ilustres 
salvadorenos. 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 145 

D. ALEJANDRO R AMIREZ (Véaee pâg. 105, lîneae 16 y 1 7) 

Don Alejandro Ram irez! y quiéaeraeste personaje 
queasomauniostanteparadesaparecerenestahistoria? 

He aqui los datos que hemos podido recoger: 

«En el ano de 1794 vino a Guatemala don Alejandro Ra- 
mîrez, uno de los empleados raâs utiles y probos que nos 
mandô Espana durante los ûltimos dîas de la colonia. lius- 
trado, activo y laborioso, prouto se atrajo el carino de los 
criollos, casândose con una senora del reino, dona Joseîa 
Fernândez y Eecobar. 

cDesempenô el cargo de Secretario de la Capitanîa Gene- 
ral, y el mienùo destino en el Consulado de Comercio y la So- 
ciedad Econômica. 

cEn 1801 hizoun viaje a Jamaicay a suregreso trajo en 
canastillas muy bien cuidadas, plantas de canela, pimienta, 
alcanfor, mango, ârbol de pan, y varias elases de carias de 
otahiti, por manera que Guatemala le es deudora de la in- 
troducciôn de esos ârboles, des?onocido8 segûn parece hasta 
entonces en Centro- America. 

«Teniendo veinte anos, dice un autor que se firma I. B. en 
El Amigo de la. Patr'm, se encargô de la redacciôn de la Ga.- 
cetH-Ao, desempenô como es notorio; y los papeles que en 
ella se insertaron son una prueba constante de su mérito 
literario. 

«El senor Ramîrez que habîa sido promovido a las in- 
tendencias de Puerto Rico y de la Habana, muriô en esta 
ûltima ciudad, cuando ya en Madrid se pensaba nombrarlo 
Ministro en sustituciôn del senor Barata.» ( Historia Inte- 
lectual. R. A. SalazarJ 

Bancroft dice: "Bustamante en su Cuadro Histôrico 
(II, 270) afirma que toda la naciôn sehabrîa precipitado en 
la rebeliôn sino hubiese sido por el consejo del hébil Secreta- 
rio del Gobierno, Alejandro Ramîrez." (Works, VIII, 13.) 



PALABRAS DE ARCE 

Cuando se présenté Arce como Présidente de 
Centro-América ante la Asamblea iSlacional, definiô 
la polîtica de los Prôceres en el curso de la Revoluciôn 
18 



146 FRANCISCO GAVIDIA 

(1811-1823). Quizâs por primera vez saliô en pûblico 
de sus labios este secreto que explica toda la estrate- 
gia de los sucesos. Pero no es cierto que no se derra* 
mô sangre: los combates de 1822 y 1823 son el tribu- 
to de saogre que la patria Centro Americana pagô a 
los enemigos de la Libertad y la Repûblica. 

He aquî sus palabras: 

«iFelices los patriotas que en dîae distantes i peligjrosos 
padieron querer i supieron procurar este acto augusto eu un 
PUEBLO libre! 

cNada serîa mâs propio de este dîa que recordar la his- 
toria de nuestra revoluciôn: ella presentarîa los sacrificios 
de patriotas, que excentos de ambiciôn i abundantes de pru- 
dencia, adquirieron la independencia preparando la opinion» 
sin otro compromiso que el de sua personas i el de sus habe* 
res. Conocieron desde sus primeros pasos que el pueblo cen- 
tro-americano no debîa de sufrir las catâstrofes de Colom* 
bia i Mêjico: rico i poderoso en su esencia, se encontre colo- 
cado entre dos naciones belijerantes al tiempo que la Ame- 
rica se sacudîa porelevarse desde las cadenas hasta el solio; 
i nuestra revoluciôn debiô ser conducida por las eendas delà 
cordura, conciliando nuestro ser polîtico con nuestra conser- 
vaciôn i la de nuestros elementos. 

«Esta tâctica puedecompararse a la sabidurîa de un je- 
neral experto, que satisfecho de vencer al enemigo manio- 
brando con las alas, no empena el centro para evitar ean- 
gre, que en otras circunstancias deberîa ser empleada en pro- 
vecho jeneral. 

«Mas si los cortos limites de un discurso no consienten la 
aarraciôn de los hechos de catorce anos, permitidme siquie- 
ra que al ofreceros mis cumplimientos, los haga también a 
los patriotas que en otra época os han acompanado, o han 
sido predecesores vuestros. Loor eterno, pues, al centroa- 
mericano que inflamado de amor patrio, aplicô sus manos a 
la construcciôn de nuestro ediflcio: loor a la asamblea cons- 
tituyente que supo expresar la voluntad gênerai: loor al pri- 
mer cougreso constitucional que supo sancionar esta volun- 
tad; i loor a vosotros, ciudadanos représentantes, que o- 
brando par a par con ella, sabréis conducir al pueblo, por 
medio de las leyes que emitâis, al bien i engrandecimiento a 
que desea Ilegar.» (^^Repertorio AinericaDo'\ revistade An- 
drés Bello. Londres, 1826.) 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 147 

INTERVENCIÔN DE LOS AMIGOS DE DELGADO 

El Ayuntamiento de la, Capital del Reino de Guatemala y 
los acontecimientos de 5 de noviemhre de 1811. 

Cabildo extraordinario del sâbado por la tarde diez y sei* 
de noviembre de mil novecientoe once N? 99. 

Senores Alcaldee: Moreno, Pavôn, Regidores: Peinado,. 
Palomo, Urruela, Beltranena, Marticorena, Aycinena, Ta- 
boada, Lara, Arrivillaga, Pacheco.— .SfûJ/eo; Asturiae. 

1» Se viô y aprobô la anterior acta. 

2° El senor Alcalde l? diô cuenta de haber convocado a 
este Cabildo, con el objeto de hacer présente: que esta mana- 
na le ha llamado el excelentîeimo senor Présidente, y le ha 
manifestado: que habiendo meditado sobre la propuesta que 
en el Ordiuario de ayer, (a que S. E. concurriô, y de euyo a- 
euerdo y confereneia privada, se encargô sentase la acta co- 
rrespondiente, al senor Regidor Decano), le hizo el raismo se- 
nor a nombre del Cuerpo, de enviar a la ciudad de San Sal- 
vador una diputaeiôn por esta capital, con el fin de calmar 
los movimientos populares, ocurridosen aquella, empleando 
al efecto todoslos medios que la prudencia dicte, y parezcan 
con veniente», etc. No solo hallaba S. E. este pensamiento muy 
oportuno, sino que desde luego encargaba, como encargô al 
Sr. Alcalde, convocaee un extraordinario para tratar de rea- 
lizarlo, manifestando sus deseos de que el nombraraiento de 
Diputado recayese en el senor Regidor perpétue y Decano 
don José Maria Peinado, y en el senor Regidor Coronel, Dr. 
don José de Aycinena, a qiiien por otra parte ha conferida 
S. E. el Gobierno de aquella Provincia en todo eus concep- 
tos, y con delegaciôn de las facultades que por todo residen 
también en la persona de S. E. Enterado este Ilustre Cuer- 
po de todo, y previa la confereneia correspondiente, eligid 
por unanimidad de sufragios a los senores Regidores cita- 
dos, confiriéndoles las mâs amplias facultades para que en 
nombre de esta M. N. y L. Ciudad. puedan mediar en las dife- 
rencias y movimientos de la de San Salvador, intereaarse 
con los Cuerpos o particul ares que juzguen conveniente, ofre- 
cer a aquel Cabildo los servicios y mediaciôn de este y todo» 
sus individuos, en cuanto sea justo, posible, y conforme al 
objeto de su comisiôn, y para que empleen todos los arbi. 
trios necesarios a fin de restablecer en dicha ciudad y eu 
Provincia la tranquilidad, y el orden. Los senores Diputa. 
dos aceptando con sumo gusto este importante encargo, 
reiteraron la oferta de sus personas, de sus haciendas, y aun 



148 FRANCISCO GAVIDIA 

de eus vidas en obsequio de el Gobierno de la patria. Inme- 
diatamente considerado por los demâs senores que esta comi. 
BÎôn debe necesariamente causar grandes piastos a los seno- 
res encarg:ado8 de ella, que no es justo gravarlos con aque- 
llos, y que los fondes pûblicos nunea se pueden invertir me- 
jor que en estas ocnsiones; propusieron (por mociôn que hi- 
zo el senor Palorao) que se franqueasen a diehos senores las 
cantidades necesarias. sacândose de propios: Pero los seno- 
res Diputados se opusieron a ello con la mayor gf nerosidad, 
jiidiendo no se tratase semejante artîculo. Por toJo lo cual, 
este M. N. Ayuntaraiento les ha dado las mâs expresivas 
gracias, ofreciéndoles su eterna gratitud a tan grandes ser- 
vicios; y acordô: Que se les paae oficio a los mismos senores 
con inserciôn de este acuerdo: Que se ponga también sobre 
su contenido el correspondiente a la ciudad de San Salvador; 
y que se haga lo raismo con los otros Cabildos de aquella 
'Provincia si fuese necesario. 

3<? El senor Regidor Aycir.ena dio parte en seguida de su 
nombramiento de Intendente Corregidor y Coraandante Ge- 
neral de Armas de la Provincia de San Salvador, oîreciendo 
este nuevo empleo al Cabildo, que le repitiô las gracias cele- 
brando una eleccion tan acertada. Con esto se disolviô el 
Congreso de que certifieo. 

Taboada, Marticorena, Arrivillaga. 



LOS AMERICANOS DE SAN SALVADOR 

ComuDicRciôn del Ayuntamiento de Guatemala al Diputado 
a Cortes (*) sobre los acontecimientos de 1811 en San 
ISalvador. 

En el correo ordinario de las Provincias iiiternas que 
llegô el diez del présente recibieron varies vecinos de esta ca- 
pital un papel sedicioso firmado: "Los americanos de San 
Salvador"; en el que dicen que por habersesabido en aquella 
ciudad la prisi6u del Presbîtero don Manuel Aguilar y el em- 
pîazamiento de su hennano don Nicolas, como de los curas 
de aquel lugar, habîan conocido que las vejaciones no se aca- 
baban, que era menester sacudir el yugo europeo, deponer 
las autoridades, abolir los respetados derechos y hacer césar 
los estancos: queellos lo redujeron a efecto en los dîas 5 y 
6 de este mismo mes, deponieudo al senor Inten-iente y eri. 
giéndose en Juuta, lo que veriôcaron sin que mediase sangre 



(*) Loera si Candnigo Antonio Larrâzabal. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 149 

ni disgusto y terminan haci^ndo un formai convite a estoe 
moradorest'para que se condeiien a tau horroroso iutento. 
Este papel que parecîa parto de algûn infatuado, lo preeen- 
taron al instante al Excelentîsimo senor Présidente los suje- 
tos a quienes vino; pero desgracia damente cuando no se le 
querîa dar crédito, supo este Ayuntamiento con sumo pesar 
que lo mâs era efectivo, que por medio dealgunas conmocio- 
nés populares acaecidas en los dîas referidos. deepojaron del 
empleo al senor Intendente, nombraron nuevos Rt-gidores, 
erigieron Junta; pero este Cabildo al ver prendido el fuego 
de la insurrecciôn on el centro de las Provincias, al ver a sus 
hermanos apartarse de la dicbosa union que hasta ahora se 
ha gozado, se llenô de luto y de amargura, y ocuparon su 
consideraciôn los maies que son consecuentes a taies proce- 
dimientos: desde luego pensô que podrîa cortarse el cancer 
por medios suaves y diputô dos de sus individuos: para que 
pasasen a tratar con el Excelentîsimo senor Présidente que 
las medidas que se tomasen con los hijos de San Salvador 
fuesen todas de conciliaciôn y de paz. Los diputados en- 
contraron en su examen las mejores disposiciones en térmi- 
nos de pareceries que estaban satisîechos los deseos del A- 
yuntamiento. 

En el proximo Cabildo pasô su Exa. a tratar con el A- 
yuntamiento sobre los acaecimientos de San Salvador, y de 
las providencias que habîa tomado, todas dirigidas a esta- 
blecer la concordia en aquellos habitantes: una entre otras ha 
sido la de nombrar al senor Regidor Coronel de milicias don 
José de Aycinena, Intendente de aquella Provincia para que 
bajo todos los conceptos y cou la inveatidura de la omnîmo- 
da de S. E. vaya a mandarla. 

Deseoso este Cuerpo de contribuîr por todos los medios 
posibles a la tranquilidad de la ciudad de San Salvador 
acordô nombrar una diputaciôn corapuesta del eenor Regi- 
dor decano don José Maria Peinado y el senor Regidor Ay- 
cinena norabrado Intendente, sujetos en quienes resplandecen 
las virtudps conciliadoras, para que en nombre del Ayunta- 
miento y Uevando todas las credenciales necesarias a su co- 
misiôu. se trasladen a la referida ciudad a tratar con su 
Cabildo, PP. Curas y demâs vecinos, de una formai recon- 
ciliaeiôn, de apartar toda idea que los dirija a separarse de 
las légitimas autoridades, de reducira los que tengan princi- 
pios sediciosos. de manifestarles los grandes maies a que nos 
precipitan lasdivisiones y partidos, y a reclamarles la union 
y confraternidad con que recîprocamente se tienen compro- 
metidos estos Cabildos y cou las que todo el Reino se ha lleva- 
do al lucro de la pazinterioryfidelidad asusoberano, valién- 



150 FRANCISCO GAVIDIA 

dose para todo de los arbitrios suaves que les dicte la pru- 
deocia. 

Los SS. Caps, diputados admitieron gustosos eu comi- 
siôn y renovaron la protesta que en <;uerpo y particularmen- 
te tieuen hecha de procurar por la quietud del Reino aunque 
sea con el precio à(^ su sangre y disponiendo su marcha en 
pocas horas la veriticaron el dîa diez y nueve prôximo pasa- 
do. 

Todo lo cual ha parecido a este Ayuntamiento ponerla 
en noticia de V. S. para que si llegue a esa Corte la de los 
acaecimientos de San Salvador pueda hacer de ella el uso 
mâs conveniente, pues acaso la comunicarân algunos adul- 
terada o aumentando los hechos. 

Dios, etc. en 23 de noviembre de 1811. 

Al senor Diputado en Cortes. 



CAPÏTULO III 

IMPORTANCIA DEL PRIMER GRITO DE InDEPENDENCIA 

1811 no se le debe considerar alslado. Hay dos 
clases de sucesos en la época de la Independencia. 
Los que fueron propios de los monarquistas y los que 
fueron propios de los republicanos. Los de los mo 
narquistas fueron la adhésion a Iturbide, su procla- 
maciôn de Emperador, los cabildos abiertos para ad- 
herirse al impario de Agustîn l y la guerra traîda dos 
veces a El Salvador. Los de los republicanos fueron 
1811, 1814, la proclamaciôn de la Independencia en 
cabildo abireto el 14 de septiembre de 1821 en San 
Salvador (un dia antes de la clâsica del 15 de septiem- 
bre de 1821, hechas por los dos partidos aquî y en 
Guatemala;) el carâcter impresoa entrambas en senti 
do de autonomîa absoluta; la adhésion a esta segun 
da acta en San Salvador, en la que, en Guatemala 
por un momento, estuvieron de acuerdo los dos par 
tidos; la deposiciôn de los erapleados monarquistas 
que se siguiô, cuando el doctor Delgado se hizo cargo 



152 FRANCISCO GAVIDIA 

de la jefatura de la Juata Provincial; eî descoaoci- 
miento del imperio; la separaciôn de aquella pequena 
Repûblica, que tenfa por jefe al Presidente-Obispo, y 
que sostuvo dos anos la guerra contra el vasto im- 
perio que la envolvia; que por fia hallô eco en muchas 
ciudades; en los pronunciamientos de Bravo, de Echâ- 
verri, de Santa Ana y, en fin, en uno de los Grandes 
del Imperio, el mismo gênerai Filisola, que habîa ve- 
nido a combatirla, y que, lleno de admiracicn por los 
que le habian resistido heroicamente, uno contra dos, 
eu un sitio de dos meses, firmô la convocatoria a una 
constituyente de la Repûblica de Centro-América, 
ùnico programa que habia sostenido en el campo de 
batalla la repûblica vencida. Por este esfuerzo la Re- 
pûblica y Centro-América, existfan. Cada palabra 
de este pârrafo se puede apoyar en una documenta- 
ciôn précisa. 

Ahora bien, la historia no hace saltos ni mâs ni 
menos que la naturaleza. Cada uno de esos hechos, 
se desprende del anterior: sin 1811 no despierta el 
pais, Delgado no es llevado a Guatemala, no se forma 
este gran partido que ya en 1814 obligé al Capitân 
General a enviar cincueota soldados porque aquî «ao 
habîa uno que pudiese servir de centinela», segûn ex- 
presiôn de la época; y no habrfa habido el movimien- 
to de 1814. Sin 1814 no se prépara San Salvador 
a los grandes sacrificios, ni se forma el gran partido 
republicano, en medio de un realismo que era tradi 
cional, espontâneo, unanime, compacto; ni hubiesen 
sido depuestos los realistas en 1821; por tanto no hu- 
biera habido aquella Junta de Gobierno que prociamô 
la Repûblica y combatiô el Imperio. 

Con Iturbide cayeron muchas coronas; no solo 
la de él; las de los principes candidatos europeos que 
eran muchos. 

Para America del Sur habi'a las candidaturas de 
la princesa Carlota, del principe de Luca, del Inca Tu- 
pac Amaru, y de un principe de Orléans. Para Mé- 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 153 

xico y la America Central, ademâs de Iturbide que 
gobernô efectivamente (a nosotros no ibastante em« 
perador tuvimos con Carlos V! porque cuando los 
terribles combates del 7 de febrero de 1823, haci'a al- 
gunos dîas que la revoluciôo habîa estallado en dos o 
très puntos de Mexico) habia Fernando VII y los 
principes de su casa. 

iQuién proclame la Repûblica cuando tenia ene- 
migos como San Martin y Pueyredôn en el Sur y 
cuando a Iturbide lo habian reconocido Echâvarri y 
Bravo, los que después de la resistencia de San Sal- 
vador derribaron el Imperio? 

La pequena Repûblica que estaba formada de 
diez y ocho poblaciones agrupadas alrededor de San 
Salvador. 

Pues bien la série de estos sucesos: 1811, 1814, 
1821 y 1823, con la gran Constituyente, tiene por pri- 
mer eslabôn inévitable el 5 de noï^ierabre de 1811. 

Tal es el valor de este suceso, cuando la historia 
no es escrita por indiferentes o por enemigos déclara- 
dos encubiertos. 

Repercusiôn del 5 de Noviembre 

El dia viernes 20 de Diciembre los comisarios 
Juan Morales, Atanasio Reyes e Isidro Cibriân al 
frente de un grupo numeroso de hombres armados, 
recorrieron los cantones de San Lorenzo, San Matias, 
El Volcan, La Bermuda y Santa Marta, y atacaron a 
Sensuntepeque, tomaron el cuartel y depusieron al 
Subdelegado, destruyendo los estancos de aguardien- 
tes y tabacos. Parte de Sensuntepeque y Guacotecti 
debia secundarlos, pero no lo hicieron, y amenazados 
por fuerzas superiores del gobierno, sedirigieron a 
San Salvador, Capturados, los que no se refugiaron en 
los montes, los très patriotas fueron "condenados a 
Omoa," y doce mâs quedaron presos en San Vicente, 
19 



154 FRANCISCO GAVIDIA 

Todos puestos en la picota sufrieron cincueata azotes. 
Las mujeres que aparecieron complicadas en la insu* 
rrecciôn sufrieron veinticinco azotes, y dos de ellas 
Maria Feliciana de los Angeles y Manuela Miranda, 
fueron sentenciadas, ademâs, a servir al Vicario de 
San Vicente por el tiempo de su condena. 



CAPITULO IV 
1812 

Las cosas volvieron aparentemente a su curso 
ordinario. 

Los énormes gastos de la guerra con Napoleôa 
pedîan nuevcs gravâmenes sobre los antiguos, y a des- 
pecho del mal estado gênerai de los negocios, San 
Salvador remitiô en ese tiempo la contribuciôn de 
12,000 pesos, que debîa repetir el ano siguiente de 
1,813, obteniéndose en cambio una ley que favorecia 
a los hacendados anileros y la producciôn del anil. 

La proporciôn de esta cuota justifica la idea de 
la riqueza del pais y sus quejas en lo econômico; pues 
las donaciones de ese ano, enviadas por laCapitanîa a 
bordo del buque "Venganza", que llegô a Cadiz feliz- 
mente, ascendfan a 43,538 pesos, correspondiendo a 
los salvadorenses mâs de la cuarta parte. Se puede 
calcular la proporciôn que correspondia a esta pro- 
vincia en el millôn y medio de pesos enviados a Espa- 
na por Centro-América en calidad de donaciones y 



156 FRANCISCO GAVIDIA 

otros recursos, y confesados por la Gacefa de Guate- 
mala (XIII, N? 112; XIV, N? 191.) 

La maldiciôn de Istepeque 

En este ano ocurriôla despoblaciôn de Istepeque, 
suceso que darâ idea de ciertas clases sociales y de sus 
preocupaciones en la misma época. Cura de ese pueblo 
y de Tepetitân era el anti-independiente y entonces 
coQOcido padre Ignacio Perdomo. Era el tipo del récal- 
citrante. Perteneci'a al circulo de familias de San 
Vicente, uno de cuyos miembros construyô a sus ex- 
pensas la iglesia del Pilar, otro el convento de San 
Francisco de la misma ciudad, el antiguo marquezado 
de Lorenzana. De estos era tambiéo el jefe de Esta- 
do don José Maria Cornejo, que hizotan ruidosa pro- 
testa contra las nuevas ideas en la guerra que abriô 
contra la Federaciôn en 1832. Perdomo era valiente. 
De nino se montaba en los canos de loza que servîan 
para el desagûe en las bôvedas de la parroquia, altos 
de quince métros sobre el empedrado y, se burlaba 
hasta que su madré le enviaba a bajarlo a los esclaves 
de su casa. Aprendiô a nadarenel Acahuapa, y una 
vez habiendo ido a |hacer una confesiôn a "Plaza de 
Piedra", orillas de Lempa, como le dijesen que el rîo 
estaba crecido y tenia 500 varas de anchura, atravezô 
una y otra vez a nado la corriente, y después con arte 
especial se detuvo en el medio y por gala pusose a ra- 
zurarse con su navaja. 

Es popular la anécdota que pasô con el Arzobis- 
po Villegas, conquien se hallôante el altar de una igle- 
sia en Guatemala, y luego entablô este diâlogo: 

El Arzobispo: — Perdomo, que hace Ud. alH? 

— Ya lo ve Su Senorîa; me paseo estudiando la 
lecciôn. 

— Y no ve Ud. lo que esta enfrente. 

— Yo no veo nada, Su Senori'a. 

— Pues fi'jese que el Divinisimo esta patente. 



mSïOHIA MGDERNA DE EL SALVADOR 157 

— Yo creîa que la custodia estaba vacîa, ya 
■que veo a Su Senorîa con solideo. 

Se refiere que atô un trapecio a las aspas de una 
rueda de bâtir anil, en un obraje; hizo abrir la tauji'a 
y puesta la rueda en movimiento por el agua, glrô en 
^lla por espacio de un cuarto de hora, a pesar deunas 
vascas que le pusieron en peligro de venirse abijo. 

Llevaba un chirlo enla cara de résultas de un corn* 
bâte Personal con très ladrones, que le encontraron 
sin el hâbito sacerdotal. Pûsoles en huida con el punal 
que llevaba por costumbre en la bota derecha, y sa- 
liéndole al paso de nuevo, como ya se habîa puesto la 
capa de coleta, los ladrones pasando de la ferocidad a 
la vileza le pidieron perdôn. Perdomo les respondiô 
bravamente: 

— Sepan que aunque soy chancletudo, se batirme 
130 digo con très sino con muchos mâs. 

El caso de Istepeque fué de mâs trascendencia, 
pues sabiendo Perdomo que los habitantes eran bru- 
jos y hechiceros, no menos preocupado que ellos, pre- 
dicô tal sermon en la Jglesia del mismo pueblo contra 
la hechicerîa que acabô por lanzarleformalmente «una 
maldiciôn». Los istepeques empezaron en seguida a 
despoblar, huyendo del anatema y avecindândose y es- 
tabieciéndose en diversos lugares. El côlera acabô con 
los muy pocos habitantes, que restâban y tiempo des- 
pués se exlinguiô el pueblo. 

Ahora véase lo que era econômicamente Istepe- 
que para El Salvador, en la Historia de Juarros. Era 
el centro de la producciôa perfecta por tradicional, 
del tabaco, y esto explica la situaciôn que el Gobierno 
espanol diô a la gran factorîa cuyas ruinas se ven en 
Tepetitân, pueblo de sus inmediaciones. 

MUERTE DEL Dr. SiCILIA 

Por el mismo tiempo falleciô el Dr. Sicilia. Hubo 
€n honor de su antiguo pârroco en la provincia de San 



158 FRANCISCO GAVIDIA 

Salvador, solemnes excequias, y el padre Vidaurre 
proouociô en la parroquia una oraciôn funèbre, enton- 
ces famosa y que se imprimiô en Guatemala. Con el 
ejemplo del Deân se comparaba el de los insurgentes 
y se condenaba los sucesos del movimiento revolucio- 
nario reciente. 

CURSO DE LOS SUCESOS 

Mientras tanto hay que suponer la justa ansiedad 
con que los prôceres vencidos seguirian los sucesos 
similares que tenfan conexiôn con la polîtica. 

El 22 de Diciembre, cuarenta y siete dîas después 
de haber lanzado el primer grito de Independencia 
San Salvador, Granada pedia la deposiciôn de los- 
empleados. El 1° de Enero de 1812 habîa ocurrido 
porigualmotivounasublevaciôn en Tegfucigalpa. Ade- 
mâs se esperaban noticias de la insurrecciôn de Hi- 
dalgo- 

Espana se hallaba en el aHo del hambre (1811 
-1812): todos estos sucesos debîan tener repercuciÔQ 
en la polîtica de los prôceres segun su proceso y su 
resultado. 

Se levantaron fuerzas en Honduras para dominar 
a Tegucigalpa. Ocupada esta poblaciôn, como durase 
la sublevaciôn de Granada, las mismas fuerzas se diri- 
gieron a Nicaragua; y veintiocho dîas después, 
y un sitio de algunos dîas, sobre promesas que 
no se cumplieron, los cabildantes de Granada firma- 
ron una capitulaciôn que les garantizaba la vida y 
propiedades. Desaprobô el Capitân la capitulaciôn y 
los jefes de la sublevaciôn fueron presos a Guatemala 
donde se abriô un proceso que durô dos anos. 

La actitud de los canônigos de San MigueU 
San Vicente y Santa Ana, diôa entender a la Cor- 
te de Espana que el asunto religioso entraba por mu- 
cho en la insurrecciôn de Nôviembre. La Regencia or- 
denô al Capitân General que levantase el expediente 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 1 59 

de erecciôn de la mitra; pero Bustamante que en el 
fondo era absolutista y que, como veremos después, se 
burlô muchas veces de la Regencia, de las Cortes y la 
Constituciôn, diô carpetazo, como suele decirse, a la 
Real Cédula, es decir que la mantuvo en secreto de 
tal modo que en 1820, el Arzobispo Casaus confesô 
oficialmente no conocerla. 

Promùlgase la Constituciôn de 1812 

El 16 de septiembre se recibiô en San Salvador 
la Constituciôn. 

Esta carta tiene conexiones con la Historia de 
El Salvador, no solo por haber llevado el voto del Di 
putado del pais — Don José Ignacio Avila, — sino por 
la influencia que tuvo en ella, como redactor de la de- 
claraciôn de derechos del hombre, que llevô de instruc- 
ciôn el Diputado Antonio Larrazâbal, Présidente que 
fué de las Cortes y miembro de la Comisiôn redactora 
de esa Constituciôn, — el grande amigo del Padre 
Delgado y de los salvadorenos,— a cuya gestion se de- 
bîan los arreglos que evitaron la guerra inûtil entre 
las otras provincias y la de El Salvador en el mes de 
Noviembre, el Dr. José Maria Peinado y Pezonarte. 

Estas Instrucciones, segûn el Dr. Alberto Luna (*) 
costentaban todas las ideas salvadoras, proclamadas 
por los enciclopedistas franceses. De ellas circularon 
copias a todos los Ayuntamientos del reino con el be- 
neplâcito deBustamante, y son fuentesdonde bebieron 
hasta embriagarse las mâgicas ideas de libertad.» 

Bustamante que se acomodô con el gobierno de 
las Cortes y la Regencia, conociendo las ideas absolu- 
listas de Fernando VII, vue^to este ya al trono espa- 
nol, de su prisiôn de ValenÇay, después de firmado el 
Tratado dellde Diciembre de 1813, — denunciô a es 
te rey las instrucciones de Peinado, que habîan reso- 
nado en los labios de Larrazâbal como un texto de au- 

(*) 1811, por Alberto Luna; Revista Prdceres, pag. 184. 



160 FRANCISCO GAVIDIA 

toridad, en las Cortes, como germen de sediciôn, en 
oficio de 18 de Septiembre de 1814, tan luego como el 
Rey diô el golpe de estado de 4 de Mayo de ese ano 
derribando la Constituciôn de Câdiz y asumiendo el 
poder absoluto. 

El rey no necesitaba la denuncia de Bustamante. 
Ya antes del golpe de estado, en real orden de 31 de 
Marzo habîa destituido al Intendente de San Salvador 
don José Maria Peina do y declarado inhabiles a los 
demâs que firmaron las Instrucciones. Los primeros 
denunciantes ante el Rey, de las Instrucciones, habîan 
sido el Conde de Torre Muzquiz y el Marqués de Ma- 
ta Florida, y a consecuencia de esto el Diputado La- 
rrâzabal, después del golpe de estado de 4 de Mayo, 
habîa sido confinado a una fortaleza. Los fundamen- 

tos de la Real Orden decian, «convencida Su Ma- 

gestad de que las expresadas instrucciones en que se 
ven copiadas a la letra muchas proposiciones de la 
Asamblea de Francia, han encendido en esos paîses la 
tea de la discordia y ocasionado la revoluciôn de aigu 
nas provincias (se alude a San Salvador y Granada) 
por los principios sediciosos que contienen » 

Todavîa en 1816, en una representaciôa dirigida 
por el mismo Capitân General al Ministerio de Justi- 
cia, haci'a sobre las instrucciones de Peinado estas con- 
sideraciones despôticas que hoy suministran datos 
para la historia de la época. 

«Elias solas dan materia abundante para preparar 
la indignaciôn contra su autor y los que tlas autoriza- 
ban. (*) Sus mâxiraas eran la fuente en que bebi'an es- 
te Ayuntaœiento (de Guatemala) y les deraâs del reino. 
La Diputaciôn Provincial que tantas amarguras me 
costô, estaba asida de corazôn a sus principios détes- 
tables, y mientras que la voz del pueblo en sus elec- 
ciones tumultuarias usaba de los derechos del hom- 
bre libre que les habi'a explicado don José Maria Pei- 



(*) Uno de ellos, el mismo Bustamante. 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 161 

nado, se preparaba el fruto en la conspiraciôn descu- 
bierta en esta capital (conspiraciôn de Belén) a fines 
de 1813, de que pudo salvar a este reine la Divina Pro 
videncia, y la vigilancia y tesôn que mehan grangeada 
les enemigos que tan osadamente descuellan ahora>. 

Peinado destituido, se quedô a residir en San Sal- 
vador como vecino y después erapleado de considera- 
ciôn: tanto por esto como porque en esa época no ha- 
bfa diferencias de nacionaiidad, lo que a él se refiere 
es muy de la Historia de El Salvador. 

En efecto, los cabildos de San Vicente y Sonso- 
nate se adhirieron oficialmente a los principios de las 
instrucciones que habian merecido la adopciôa para 
su diputado, del Cabildo de Ciudad Real, y los aplau- 
sos de Mexico, Quezaltenango, Granaday Cartagena; 
y la adhésion delà ciudad de Veracruz. Raimpresas 
en Câdiz y enviadas a todas las provincias, lo fueron 
también en la isla de Leôn, para distribuirlas a los Di- 
putados a las Cortes, quienes las tuvieron présentes 
en las discusiones, ya que habian hecho papel impor- 
tante en la redacciôn del Proyecto de Constituciôn a 
cuya comisiôn perteneciô el Diputado Larrazâbal. 

Justo es, pues, que veamos al Intendente de San 
Salvador Dr. Peinado como teôrico, mientras Uega el 
momento de verlo como gobernante, en los sucesos de 
1814. 

He aqui la parte saliente de las instrucciones que 
tan bien supieron resumir las ideas de espanoles y 
americanos. 

«Para evitar que el despotismo deshonre en tiem- 
po alguno a la magestad y oprima a los pueblos, que 
se instituya y elija Constituciôn formai en que, resta- 
bleciéndose los derechos de éàtos, tenga siempre la 
naciôn parte activa en las deliberaciones y raaterias 
de estado, en la formaciôn de las leyes^ y en los demâs 
asuntos graves del gobierno; y que en esto y en todo 
lo demâs, sin la menor limltaciôn sean las Américas. 
20 



162 GAVIDIA FRANCISCO 

consideradas y tratadas corao partes esenciales de la 
Monarquîa, guardândole sus derechos y libertad civil 
como a la Penînsula. sin diferencia alguoa, y con to- 
da la extension que corresponde conforme les compete 
por derecho natural que les esta justamente recono- 
cido.> 

La declaraciôn de los derechos del ciudadano ha 
merecido altos elcgios. Héla aquî: 

I. El objeto de la sociedad es el mejor estar de 
los individuos que la componen. 

II 

III. El gobierno es obra del hombre, se estableciô 
para su conservaciôn y tranquilidad. La conserva- 
ciôn mira a la existencia; y la tranquilidad al goce de 
sus derechos naturales e imprescriptibles. 

IV. Estos derechos son : la igualdad, la propie» 
dad, la seguridad y la libertad, 

V. La igualdad consiste en que la ley debe ser la 
misma para todos; ya proteja, ya castigue, no puede 
ordenar sino lo que es justo y util a la sociedad; ni 
prohibir sino lo que le es perjudicial. 

VI. La libertad es la facultad de hacer cada uno 
todo lo que no dana a los derechos de otro. Tiene 
por principio la naturaleza; por régla la justicia, por 
garantfa la ley. Su limite moral se comprende en es- 
ta mâxima: «no hagas â otro lo que noquieras que te 
hagan». 

VIL La justicia natural se viola cuando una par- 
te de la naciôn pretenda privar a la otra del uso de 
sus derechos de propiedad, libertad y seguridad. 

VIII. La seguridad consiste en la protecciôn con- 
cedida por la sociedad a cada uno de sus miembros y 
a sus propiedades. 

IX. La propiedad personal esta bajo la protec- 
ciôn de la ley, inviolable al ciudadano, al magistrado 
y al rey. Solo las acciones contrarias a la ley la alla- 
nan. 

X. Todo procedimiento del magistrado contra 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 163 

un ciudadano, fuera del caso de la ley y sin ritualida- 
des de ella, es arbitrario y tirânico. 

XI. La legislatura es propiedad de la naciôn; no 
debe confiarla sino a una asamblea o cuerpo na- 
cional. 

XII. La ley no debe establecer sino penas utiles 
y evidenteraente necesarias. Las penas deben ser pro- 
porcionadas a los delitos y provechosas a la sociedad. 

XIII. El derecho de propiedad real es aquel por 
el que pertenece a todo ciudadano el goce y la libre 
y absoluta disposiciôn de sus bienes y rentas, del fru- 
to de sus trabajos, y de su industria. 

XIV. Todo individuo de la sociedad, fuera cual 
fuere el lugar de su residencia o de su naturalfza, de 
be gozar de una igualdad perfecta de sus derechos na- 
turales, bajo la garantîa de la sociedad. 

XV. La garantfa social consiste en la acciôn de to- 
dos, para asegurar a cada uno en el goce y conserva- 
ciôn de sus derechos. 

XVI. La opresiôn de un ciudadano ofende al 
cuerpo social y la sociedad debe reclam arlo. Cua4- 
quier individuo de la sociedad tiene derecho a esta re- 
clamaciôn, porque la opresiôn de un ciudadano, aten- 
ta a la seguridad de los demâs. 

XVII. La garantîa social no existe si los limites 
di lis! fuaciones pûblicas no estân determinados 

por la ley y la responsabilidad de todos los funciona- 
rios no esta asegurada. 

XVIII. No puede estabîecerse contribuciôo sin6 
por utilidad gênerai. 

XIX. Todos los miembros del Estado de cual- 
quier clase o sexo, tienen obligaciôn de contribuîr pa- 
ra su conservaciôn, aumento y defensa. Esta obliga- 
ciôn tiene por principio la sociedad, por medio la nece- 
sidad del Estado; y por régla las facultades del ciu- 
dadano. 

XX. Ninguno puede ser privado de la menor 
porciÔQ de su propiedad sin su consentimiento. 



164 FRANCISCO GAVIDIA 

XXI. Todo estanco es una violaciôn del derecha 
'natural. Debe, pues, declararse abolido para siempre. 

Del artîculo 69 al 93 se establecia y estudiaba la 
autonomîa régional por medio de las Diputaciones 
Provinciales tan aborrecidas por Bustamante. Se vigo- 
rizaba el Municipio, y en fin, lo que explica las iras 
del rey Fernando VII contra el Intendente de San 
Salvador y el Diputado Larrazâbal, se ponîan restric 
ciones al Poder Real, restricciones que obtuvieron un 
influjo glorioso para su autor en la Constituciôn de 
1812. 

Fuera de estas consideraciones que todavîa son 
secundarias, la Constituciôn de 1812 que ensenô a 
nuestro pueblo a votar y fué el resorte de los sucesos 
de 1814, verdadera cartilla del ciudadano, es uno de 
los fundamentos de nuestra educaciôn democrâtica y 
por tanto de nuestra Historia. 

El diputado e'ecto, heraos dicho ya, por esta pro- 
vincia y que firraô la Carta Magna tué el sacerdote 
Dr. José Ignacio Avila. Los de las otras provincias 
fueron Larrazâbal, ya citado, por Guatemala; José 
Francisco Morejôn, por Honduras; José Antonio Lô- 
çez de la Plata, por Nicaragua y Florencio Castillo, 
por Costa Rica. 

Aunque de buenas dotes iatelectuales, el diputa- 
do Avila cayô enfermo en Espana y obtuvo de las Cor- 
tes licencia para no asistir a las sesiones. (Corao una 
muestia de su ilustraciôn véase en una nota el escrito 
en que solicité a nombre del pais la erecciôn del obis- 
pado salvadorense). 

Las innovsciones salientes de la Constituciôn se- 
rân indicadas brevemente: 

Principio de la Soberania Nacional 

*' la soberania réside esencialmente en la 

tiaciôn " "pertenece a esta exclusivameate el 

derecko de establecer sus leyes fundamen taies." 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 165 

ClUDADANIA 

Se empleô la expresiÔQ "los espanoies de ambos 
tnundos, que eran los nacidos en los dominios de Es- 
paça de ambos hemisferios." 

Representacion Nacional 

Se establecîa una Câmara de Diputados. (Las 
antiguas Cortes de Espana constaban hasta de 
cuatro clases sociales o estamentos.) La elecciôn era 
indirecta y de très grados o Juatas électorales (las de 
parroquia, las de partido, las de provincia). Habîa 
un Diputado por cada 70.000 aimas. 

La Diputaciôn permanente 

Sen'a compuesta de siete Diputados. Velarîa 
por la Constituciôn. Convocan'a a sesiones extraor- 
dinarias en ciertos casos. Darîa cuenta a las Cortes 
de las infracciones contra la Carta. 

El fuero ùnico 

En el Ramo Judicial se abolieron los tribunales 
para los privilegiados. A duras pen-.s se conserTaron 
^1 fuero de guerra y el fuero eclesiâstico. 

En lo Judicial 

Ademâs, se estableciô la inviolabilidad del domi- 
cilio, se mandô la aboliciôn de tormentos y confisca- 
ciôn, se prescribiô el trâmite de conciliaciôn preyia en 
los juicios seguidos an te los alcaldes. 

Los MuNiciPios 

Eran de elecciôn popular en 2° grado, en toda po- 
blaciôn de 1.000 o raâs habitantes, supriraiéndose los 
regidores hereditarios cuyo cargo era hasta allî trans- 
ferible o vendible. 



166 Ffc'AKCISCO GA%"IDIA 

La Diputaciôn provincial 

CoDstaba de siete Diputados electos por los electores 

de Diputadoti a Cortes. 

Controlaba h\ Municipio y teni'a la direcciôn de 
'.0= asuntos ecoccmicos de la proTincia. 

CONTRIBUCIONES 

Lo eran directas; 

I:3Girectas; 

Générales; 

Provinciales; 

Munijipales. 

Se pagaban en proporciôn a los haberes. 

Habn'a una Contaduria Mayor. 

Se reglamenraba la deuda pûblica. 

Ejército 

Las Certes fîjariaa la fuerza. El servicio se ha- 
rfa dentro de la provlncia del conscripto. 

Instrucciôn 

Habn'a escuela en toda poblacién: se explicaria en 

ellas la Constituciôn. 

Imprenta 

La '.ibertad de imprenta no tendria restricciones 
Eino ias de la nueva Legislaciôn. 

MONEDA 

Debido a la distancia, en America y Filipinas se 
podri'a acunar moneda. 

La Constituciôn constaba de 584 articules y res- 

pondia a las ideas y sentimientos de los pensadores 
como Peinado v Larrazâbal. 



HISTORIA MODEBNA DE EL SALVADOR 167 

El Prôcer Delgado y Arce se les adelantaban en 
muchos respectes; por ejemplo, el delà libertad de los 
€sclavos, pues en la Repûblica Pura que establecieron 
en 1822, fué implantarla uno de sus primeros actos. 
Tampoco admitîan la forma monârquica y todo el Tî- 
tulo IV de la gran Carta, que la define y reglamenta 
la transmisiôn por hereocia del poder. 

Hay que reconocer que los prôceres teni'an una ex- 
tretna izquierda, y que la supresiôn y expulsion de 
las ôrdenes monâsticas y la separaciôn de la iglesia del 
estado, que hizo la revoluciôn que derribô a Arce, no 
constaban en el programa de los que erigieron la Re- 
pûblica Fédéral. 

Pero debemos volver la mente a 1812 y recor- 
dar el espacio inmenso que sépara las Leyes y Orde- 
naczas de Indias de la Constituciôn de 1812. 

Fi ESTA DE LA CONSTITUCIÔN 

Hemos dicho que el 16 de septiembre de 1812 re- 
recibiô el Intendente Dr. José Maria Peinado, la Cons- 
tituciôn de Câdiz que se le enviaba oficialmente. 

Eran anileros en San Salvador los agricultores y 
los miembros del M. H. Ayuntamiento se hallaban 
ausentes de la capital en las cosechas de anil, en sus 
haciendas. 

Fueron citados y acordaron, (pues fué tiempo de 
largo temporal) que se proraulgase la Magna Carta 
hasta el 8 de octubre. El 7 cesô un poco el temporal 
y el dîa siguiente se encontraron reunidos en San Sal- 
vador los veintiséis pueblos del mando de su Ayunta- 
miento, con atabales y mûsicas y vestidos de fiesta. 

Los Alcaldes, Regidores y principales de los siete 
barrios que tenîa entonces la ciudad, se presentaron 
caballeros en buenos caballos, ante la casa del Alcalde 
en ejercicio que lo era Don Leandro Fagoaga, a quien 
llevaron a las Casas de la Ciudad, ante las cuales ha- 
llaron a todos los jefes de rentas y de la administra- 



168 FRANCISCO GAVIDIA 

ciôn pûblica, y a los vecinos distinguidos, tambiénca- 
balleros «en hermosos caballos ricamente enjaezados». 

Tan brillante comitiva se dirigiô a casa del In- 
tendente, volviendo en su ccmpanfa al Palacio Con- 
sistorial. 

Hallâbase en las galerfas exteriores, dando frente 
al pueblo, «bajo su dosel.» el retrato del prisiouero de 
ValenÇay, el Rey Don Fernando VII, como en todas 
las fiestas oficiales de la colonia. Pero esta vez habia 
algo de muy nuevo. Bajo el dicho dosel real, con les 
homenajes y custodia de una guardia de honor, se ha- 
llaba un cuaderno impreso. 

Era la Constituciôn. 

A su lado estaba compartiendo estos honores el 
Pendôn Real, en el cual se leîa en letras de oro: 

ViVA LA Constituciôn de la Monarqui'a 

ESPANOLA. 

El clero secular de San Salvador y sus inmedia- 
ciones, y los frailes de los Conventos de San Francis-- 
co, de Santo Domingo y de La Merced, bajo la presi- 
dencia del Vicario General Dr. José Matias Delgado, 
y los ancianos de distinciôn de la Ciudad, llenaban las 
galerîas del Palacio. 

Llegada ante el dosel la comitiva el Regidor Deçà- 
no delà ciadad tomô "con el debido acatamiento la 
Constituciôn y la puso en manos del Intendente Go- 
bernador; después el Regidor Subdecano tomô el Pen- 
dôn Real y lo entregô al Alcalde Fagoaga. Inconti- 
nenti hicieron salva la Artillerîa y los Cuerpos de In- 
fanterîa de los Cuarteles del Fijo y de Voluntarios de 
Fernando VII. 

Siguiôse un repique en todas las torres de los 
templos. 

Entonces empezô el paseo de la Constituciôn, a la 
cual en esos momentos presentaron las armas todos 
los Cuerpos militares. 

El desfile llevaba el orden siguiente: 

I — Los justicios, regidores y principales de los- 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 169 

veintiséis pueblos, llevando cada grupo al frente sus 
mûsicas y atabales; 

II — Los siete barrios de la ciudad, «vistosameo- 
te moatados;> 

III — El Intendente Gobernador, llevando a su 
lado al Regidor Decano, al Regidor Subdecano y a los 
cuatro reyes de armas que debîan hacer la promulga- 
ciôn. Seguîanles el Ayuntamiento que acompanaba 
al loteodente y los vecinos principales queacompa- 
naban al Ayuntamiento. 

IV — Cerraba el desfile el escuadrôn de drago- 
nes. 

Al terminar el desfile y entrar a la plaza, se hizo 
honores a la Constituciôn por la Artilleria y fu^ilerîa. 

En estos momentos cerrô a llover y las lluvias se 
prolongaron por tanto tiempo, que aunque el Padre 
Vicario Dr. Dalgado lo tenîa todo dispuesto para un 
solemne Te Deum al terminar el desfile, fué indispen- 
sable aplazar la continuaciôn de las cereraonias para 
el dîa 24 de octubre. 

Era este el di'a del Rey. Dejô de llover a las ocho 
de la raanana y el Intendente a quien hacîan séquito 
el Noble Ayuntamiento y vecinos principales, toraô 
asiento bajo el dosel en que estaba el retrato del Rey 
con guardia de honor. 

Hallâbanse présente el clero de San Salvador y 
sus inmediaciones y los religiosos de los conventos. 

En seguida se presentaron los Cuerpos de Caba 
llerîa, del Fijo y de Voluntarios, que debi'an jurar la 
Ley Fundamental. 

Desfilaron ante el retrato, después formaron, y el 
Sargento Mayor recibiô del Intendente "los ejerapla- 
res de Constituciôn para que se publicase, y habiendo 
hecho las salvas correspondientes, salieron al tablada 
très oficiales, que la leyeron en altas voces, concluyen 
do con el juramento que se le hizo con el mayor entu- 

siasmo " 

21 



170 FRANCISCO GAVIDIA 

Siguiéronse salvas, jvivasl y aclamacionesdelejér- 
cito y del pueblo. 

Los maceros iavitaron en seguida a los cuerpos 
para que, dejadas las armas en sus cuarteles, volvie- 
sen a jugar "cuatro soberbios toros que completaron 
la manana". 

Por la noche hubo fuegos artificiales de que se 
hablô en Espana y Guatemala, por los sfmbolos que 
se quemaron. 

Debe advertirse que la ciudad habîa sido ilumina- 
da todas las noches desde el dia 7, vîspera del en que 
se hizo el desfile. 

A la prima noche del 24 las damas y personas 
principales Uenaron el portai de las Casas Consistoria* 
les, donde habîa una gran orquesta. 

Los fuegos habîan sido invenciôn del Cura de 
Texacuangos don Miguel José de Castro. 

Lo que hizo hablar de ellos en el extranjero fué 
un informe enviado a la Kegencia por el Capitân Ge- 
neral, y en que negô toda sinceridad a estossimbolos. 

"E120deMarzo de 1813, dice el informe, se leyô en 
el Congreso Soberano un oficio en que se ponderaba 
la cultura y religion de San Salvador, prefiriéndola 
en esto a las demâs provincias; la felicidad de su pue- 
blo, la lealtad de su clero, las mûsicas, paseos, y de- 
mostraciones con que so^emnizô la publicaciôn de la 
Constituciôn Politica de la Monarquîa y la union 
de ambos continentes, figurada en dos globos de 
fuegos artificiales. Pocos meses después se ha des- 
cubierto (el 24 de Enero siguiente, es decir, a los 
très meses justos de la fiesta), el plan de la nueva 
Constituciôn de Independencia que se meditaba en 
San Salvador". 

Bueno es recordar, con todo, que ni Bustamante 
ni el Dr. Peinado respetaron la Constituciôn de 1812 
y que dieron motivo a los pueblos para que solo juz» 
gasen conveniente la independencia absoluta. 



HI5TORIA M:)DIjRNA DE EL SALVADOR 171 

Eran los simbolos de que habla el Capitân Ge- 
neral "un hermosisirao sol, cuyos rayos, forma- 
dos de luces de todos colores, hacen ver un disco 
con dos mundos, estrechamente unidos por una cade- 
na de oro, de eslabones muy iguales, encima de los 
cuales estaba descansando magestuosamente un her 
moso leôn, y se leîan de luces estas palabras: /Viva 
el Reyl /Viva la Ley! y /Viva la Patria/\ dividida 
esta palabra, y colocada en los dos mundos, en esta 
forma. PA sobre el uno y TRIA, sobre el otro'^ 

Hubo en seguida refresco, himnos patriôticos, 
concierto por la «magnifica orquesta», ya citada, que 
tocô las mejores piezas de mûsica. 

El di'a 15 hubo toros manana y tarde, y concierto 
que durô hasta las diez de la noche. 

El dîa 16, toros manana y tarde y concierto. 

El dîa 17 no hubo corridas por la manana. El 
resto del programa fué el del di'a anterior. 

El domingo siguiente debîanjurarla Constituciôn 
el Intendente Gobernador, el Ayuntamiento y los ve» 
cinos principales de la ciudad, y el pueblo. 

Presto el juraraento el Gobernador en manos del 
Alcalde Fagoaga; en seguida el Ayuntamiento y el 
Escribano de Gobierno juraron en las del Intendente. 
Y después se trasladaron todos a la iglesia parro- 
quial «en que aguardaba todo el vecindario de distin- 
ciôn y demâs vecinos del pueblo». (*) 

Di'jose misa y llegado el momento, «tomando el 
Doctor Delgado el pùlpito, exhortô, con aquella bellf* 
sima elocuencia y energîa que tanto le distingue, a su 
auditorio, manifestândole con ejemplos antiguos de 
la Historia Sagrada y Profana, que la grandeza, el 
esplendor, la existencia y la permanencia de los Esta- 
dos, y aun las virtudes de sus individuos, todo ha si- 
do necesario efecto de su Constituciôn, del amor y la 



(*) Todas las palabras puestas entre comillas son citas del in- 
forme del Intendente que se ley6 en las Certes el 20 de marzo del 
ano pr6ximo al de la fiesta o sea 1813. 



172 FRANCISCO GAVIDIA 

observancia de ella, del respeto y cumplimiento de las 
leyes, de la obediencia a las autoridades légitimas, de 
la sumlsiôn a sus disposiciones; y, sobre todo, procu- 
ré infundir la iadispeosable confianza hacia el gobier- 
TîO, y en seguida leyô por sf, este hombre siogular, la 
Constituciôn toda, de un modo que parecia la habla- 
ba y la explicaba:^. 

«Concluida la misa y lectura, recibiô el mismo pâ- 
rroco el jurameato de los asistentes y se cantô el Te 
Deum.y 

Para la noche del lunes se tenia preparado un 
<magnîfico teatro> en la Plaza Mayor. Debîa repre- 
sentarse una comedia, <con sus intermedios correspon- 
dientes». Pero lloyiô y se aplazô la representaciôn pa- 
ra el martes. 

Antes de la comedia (el informe emplea las pala- 
bras <comedia> y «drama> indistintamente), se recitô 
una loa cuya copia debe hallarse en el archivo de las 
Cortes. 

Taies fueron las fiestas de la Constituciôn, que, 
como se dijo en las Cortes, no tuvieron igual en mu- 
chas partes de la monarquîa espanola. 

Era la promulgaciôn de esta Magna Carta, un 
triunfo completo para los constitucionalistas al modo 
inglés y de la escuela montesquina, lo era hasta rayar 
con la gloria, para el Intendente Gobernador, cuyas 
doctrinas de Derecho Pùblico habian sido tomadas en 
cuenta, al redactarse la Constituciôn, como se puede 
ver en la denuncia que de ella hizo el Capitân Gene- 
ral y en la orden de destituciôn de su autor lanzada 
por el rey a su vuelta al trono de Espana. Para los 
independientescomo Delgado, era una conquista va- 
liosa: iba el pueblo a elegir Municipales, a elegir Dipu- 
tados Provinciales y de Cortes, a conocer y ejercer el 
sufragio. 

Los otros problemas quedaban aplazados. iPre* 
veîan los prôceres su resoluciôn? Si volvi'a el rey a 
Espana imantendrfa esta Constituciôn a cuyos auto- 



HÎSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 173 

Tes desautorizaba desde su prisîôncon toda sinceridad» 
aunque ellos creyesea que lo hacîa obligado por las 
circunstancias o por Bonaparte? 

Pero habrîa mâs, los absolutistas no cumplirîan 
esta nueva ley. Si ellos, como el rey, no cumplîan 
este pacto firmado entre el pueblo espanol y las colo- 
nias y el Gobieroo, tendrîa que seguirse la revoluciôn. 

Esto era un razonamiento tan justo, que, en to- 
das las colonias, la proraulgfaciôn de la Carta, fué co- 
mo un armisticio: se hallo ea todas partes en decaden- 
-cia la revoluciôn desde 1811 a 1817; pero en pre- 
sencia de la reacciôn absolutista encabezada por el 
rey, que derribô la gran Carta y persiguiô cruelmente 
a los libertadores, la revoluciôn se desatô con indigna- 
ciôn de 1817 a 1820, y de 1820 a 1826 triunfô en toda 
la America. 

En medio del triunfo que significaba la promul- 
^aciôn de la Carta, ocurriô un episodio que venîa a 
poner una nota cômica en el drama de la libertad de 
El Salvador y de Centro-América. 

En el mes de Junio la Regencia de Espana conce- 
diô a San Miguel el ti'tulo de Muy Noble y muy Leal 
Ciudad; a la villa de San Vicente el tîtulo de Ciudad, 
y al pueblo de Santa Ana Grande el de Villa; y a los 
très Vicarios Provinciales rivales del prôcer Doctor 
Delgado, los Doctores Barroeta, Molina y Cârcamo, 
por sus gestiones en aquellas ciudades y durante los 
sucesos de Novierabre, el tftulo de Canânigos de la 
Caiedral Meiropolitana. Estas noticias de fin de 
ano se confirmaron en los meses siguientes; pero la 
alegrîa v el orgullo de los nuevos Canônigos, se tornô 
en motivo de grandes risas y de burla porque las Cor- 
tes no confirmaron, un mes de^pués, los ti'tulos de 
las Canongîas. 

Se déjà ver el efecto de esto que se llamaba enton- 

ces «un chasco>, por un papel que por ese tiempo 

apareciô en las paredes de San Salvador y que alude 

a este suceso y a la derrota del Dr. Cârcamo como 



174 FRANCISCO GAVIDIA 

candidate, a la Diputaciôn a Certes para la cuat 
fué electo Peinado y por su renuacia Doq Manuel Jo- 
sé Arce, 

El papel deci'a asi: 

«Cârcamo, el buen acierto que ha tenido la Ca- 
nongîa tuviste en las elecciones, por traidor a la pa- 
tria y enemigo del patriotisme; pero luego esta ciudad 
les darâ el destino a los Canônigos, y dile a Barroeta 
y a Molina que el Santo Padre Morelos viene a confir- 
maries los titulos > 

Este papel tiene el mérito de hacer ver las opinio- 
nes radicales sobre independencia que reinaban ya en 
San Salvador a fines de 1812. 



Addenda al capîtulo lY 

"... .sean las Américas tratadas y consideradas 
" pâgs. 161 y 162 li'neas 37 y la. respects. 

DECRETO SOBRE LOS DERECH03 DE AMERICA 

Las Corte8 générales y extraordinarias confirman y aan- 
cionan el inconcus(i coacepto de que los domiuios espaûoles 
en ambos hemisferios forraan una misma y sola Monarquîa, 
una miama y sola Xaciôn y de una sola familia, y de que por 
lo mismo los naturales que sean originarios de dichovsdomi- 
nios europeos o ultraraarinos, son iguales en derechos a los 
de esta Penînsula; quedando a cargo de las Cortee tratar coq 
oportunidad y con un particular interês de todocuanto pue- 
da contribuir a la felicidad de los de Ultramar, como tam- 
biéu sobre el numéro y forma que deha tener para lo sucesi- 
vo la representaciôn nacionalen^harabos emieferios. Ordenau 
asimisrao las Cortes, que desde el momento en que los paîses 
de Ultramar en donde ee hayan manifestado conmociones, 
haganel debido reconocitniento a la légitima autoridad sobe- 
rana que se halla estableeida en la madré Patria, haya un 
gênerai olvido de cuanto hubiese ocurrido indebidamente en 
ellas, dejando, sin embargo, a salvo el derecho de tero'ro.> 

Leîda très veces esta formula de decreto, después de ha- 
ber rectificado todas sus expresiones, segûn las varias obser- 
vaciones que se hicieron, se procediô a la votaciôu, pregun- 
tando: 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 175 

"^Se aprueba en estos térmiuos, o no?" 

Sevotôqueee aprobaba en estos têrminos y quedô a 
cargo de los Seeretarios expedir el decreto el siguiente dîa en 
îos mirimos térrainos que se lee en su original en el libro de 
decretos. [^esiones de las Coites.] 

'* . .sean las Américas consideradas y tratadas 
<:omo partes esenciales de la Monarquîa, guardândole 
sus derechos y libertad civil como]a la Peninsula . ..." 
(Loco citato.) 

En la sesiÔQ de 4 de septienabre de 1811, se dis- 
cutiô el art. 22, y esta discusiôn nos ofrece un cuadro 
total de las ideas, partidos y aûn de la elocuencia que 
reinaban en la gran asamblea. 

Se leyô el art. 22, del Proyecto de la Constitaciôn, conce- 
bido en estos términos: 

cA los espanoies que por eualquiera lînea traen origen de 
Africa, para aHpirar a ser ciudadauos les queda abierta la 
puerta de la virtud y del mereoiiuiento, y en su consecuencia 
las Cortes podrâu concéder carta de ciudadano a los que ha- 
jan hecho servieios eminentes a la Patria, o a los que se dis- 
tiugan por sua talentos, su aplicaciôu y conducta; bajo cou- 
diciôn respecto de estos ûltimos, de que sean iiijos de legîti- 
mo matrimonio, de padres ingenuos, de que estén ellos mis- 
raos casadoM con mujer ingenua, y avecindados en los domi- 
nios de Espana, y de que'ejerzan alguna profesiôn, oficio o 
industria util con un capital propio, suficiente a raantener 
su casa y educar sus hijos con honradez.» 

El Sr. Urîa [Leyô]: Si elart. 22 de que se trata quedara 
sancionado por V. M. (*) eu los mismos términos con que a 
V. M. se propone, él solo serîa bastante, a mi parecer, para 
deslucir la grande obra de la Constituciôn que V. M. prétende 
dar a la Naciôu. Acaba V. M. de declarar solemnemente la 
floberauîa de esta, y de reconocer por sus partes intégrantes 
a los mismos a quienes se tiene ahora en menos para que 
«ean sus conciudadanos; y desde este principio toma vuelo 
mi corto dlscurso, dirigido a probar a V. M. los agravios 
raanifiestos que se les infiere, pretendiendo despojarlos de 
unos derechos que son consiguientes a la soberanîa de que 
son partîcipes, y de los que les es deudora la sociedad espa 
nola. Ea efecto, Senor, es lo mâs grande , lo aiâs augusto 

(*) V. M. (Vuestra Magestad) era cl tratamiento que se daba a la 
gran asamblea. 



176 FRANCISCO GAVroiA 

con que V. M. ha podido condecorar a nueetra Naci(!5n, de- 
clarândola soberana, do eôlo por las altae facultades que 1© 
son inhereutes por solo este respecte, siuotambiên por la 
^randezay elevaciôn que refluye de ella en todas las partes 
que la integran y componen: no puede haber en estas ningu- 
na mancha ni borrôn que denigreu y afeen uua eualidad la 
mas ilustre y sobresaliente: por esta razôn V. M. se detuyo a 
examinar las pircunstancias de los que debîau gozar los de- 
rechos de eepanol, para que nunca la Naeiôn soberana apa- 
reciese defectuosa o envileeida. El mayor realce de los hom. 
bres que existen eu las Espanas consiste en haber nacido li- 
bres en sus preciosos terri torios, y hallarse en ellos avecin- 
dados; esto es, ser espanol, sin necesitar de otra circuustan- 
cia para serlo, y sin que su origen, sea el que fuere, pueda 
privarlode esta eualidad la mâs apreciable y decorosa: ^P*^'* 
que, pues, ha de ser aquél tan ofensivo a la eualidad de ciu- 
dadano? ^Por ventura no es esta de inferior orden que aque- 
11a? Ser parte de la soberanîa nacional, y no ser cludadana 
de la Naeiôn sin demérito personal, son a la verdad, Seiïor, 
dos coeas queno pueden concebirsey que una a la otrase^ 
destruyen, \E\ origen por sî solo puede influir tan imperio- 
saraente en la porciôn numerosa de estos espanoles, que res- 
petando la parte sustaucial de la soberanîa que les (îorres- 
ponde, les prive de lo que es solo accesorio y accidentai! ,Tal' 
es, a mi parecer, el tîtulo de ciudadano. De otra raanera los- 
hijos legîtimos de los extranjeros, nacidos en las Espanas. 
tendrîan neceeidad de carta e-special, no de naturaleza, pero 
sî de ciudadanos, a pesar de que hayan obtenido sus padres 
esta ultima, porque la marca del origen extranjero grabada 
en ellos, es indeleble, maa en nada les perjudica. ^Y les sera 
nociva a nuestras castas? Hablo principalmente de las de 
America. Son, es verdad, originarias.del Aîrica;]pero de la san- 
gre que de esta sacaron sus ascendientes corren apenas unas 
gotas en sus venas por las mezclas de sus diferentes genera- 
ciones. jEn que especie de abatimiento ts.n asombroso se las 
prétende dejar! Por mâs que se hayan elevado a la esfera de 
espanoles, a nada pueden aspirar; estân cerradas para ellos 
las puertas del honor a pesar de que disfrutan el de ser raiem- 
bros de la soberanîa. 

La comisiôn les fraiiquea el que puedan lograrlo por su 
virtud y sus merecimientos, por sus talentos, ku conducta y 
aplicaciôn, pero que clase de merecimientos exige en ellos?' 
Los que apenas ban coutraîdo con sus servicios eminentes a 
la Patria los Ballesteros, los Roviras y los Empecinados. A 
eus talentos les falta teatro donde pueda manifestarse; como 
a nada aspiran de cuanto al hombre puede engrandecer, y 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 177 

alentar por lo mismo a emprender las carreras del honor y 
distinciôn, se raantienen por lo regular oscurecidos con las 
densas tinieblas de su propio abatimiento asî como su vir- 
tud poco atendida y reflexionada. Me admira, Senor, el que 
la cornisiôn, tan ilustrada y tan libéral, haya manifestâdose 
en esta parte con una mezquindad que si promete alo^o a es. 
t08 espanoles, es a trueque de unas condiciones que o no de 
penden de su arbitrio, o son muy superiores a la vileza de su 
esfera. 

iY no es, Senor, un asombro y una'especie de prodi^io el 
que amen y respeten a V. M. como deben estos hombres que 
por los couductos ordinarios nada esperan, ni para kî, ni pa- 
ra sus amados hijos, de las liberalidades de V. M. y de las 
franquezas de sus Reyep? jAh, Senor! Claman ellos'desde el 
pozo de abatimiento, hacieudo a Y. M. cargo de que los es 
panoles para contribuir a proporciôn de sus haberea a los 
gastos del Estado, lo sean igualmente para que, compade— 
ciéndose V. M. de la suerte de su origen, en que no tuvieron 
parte alguna, extienda 3u poderosa mano para que, sacân 
dolos de su profundidad, adonde aquel los tiene ahora su- 
mergidos, los eleve a la clase de ciudadauos llanoa y comu- 
nes, que es el lugar que les corresponde como hombres bue- 
nos que son, para usar el lenguaje de la ley. Asî lo exige el 
honor de la soberanîa de V. M., y lo demanda igualmente la 
sociedad espanola, que les es deudora de su existencia, y por 
consiguiente obligada a dispensarles este honor. No puede 
ocultaree a la alta sabidurîa de Y. M. que en todas partes la 
sociedad dépende de la existencia polîtica, no tanto de las 
clases superiores del Estado, cuanto de las iuferiores, Sin 
el trabajo de estas no podrîan aquellas manifestar aquel 
aire de esplendor y grandeza que las acompana; antes bien, 
sin su industria y actividad ni podrîan aquellos subsistir. y 
sn ruina serîa inévitable, El grande, el noble, el ciudadano, 
podrân decir al labrador y al artesano que son ellos los que 
desempenan los eucargos mâs diîîciles del Gobierno. los que 
velan en la custodia de las leyes, sobre la recta administra- 
ciôa de justicia y sobre la seguridad comûn; que sus talentos 
conservan el decoro de la Patria y el de la sociedad; pero 
tambion los otros podrân responderles de una manera sin 
réplica, que sou ellos los que proporcionan a la Patria la 
abundancia; que mantienen a la sociedad con el sudor de su 
rostro; que le sumistran los géneros para veetirse, los utiles 
para adornarse y cuanto es necesario, util y cômodo para la 
sociedad. Este lenguaje, que es cierto donde quiera. lo es 
mucho mâs en la America. Nuestras castas nos son deposi- 
22 



178 FRANCISCO GAVIDIA 

tariaB de todo nuestro bien y feIicidad;no8 suministran bra- 
Z08 que eultivan la tierra que produce eus abundantesfrutos, 
los que nos extraen de sus entraîias, a costa de impondéra- 
bles aîanes, y la plata que anima al comercio y queenriquece 
a V. M. Salen de ellas los artesanos, se prestan a eualquier 
trabajo pûblico y particular. dan en aquellos paîses el eervi- 
<?io de las armas, y son en la actualidad la robusta columna 
de nuestra defensa y de los dorainios de V. M., donde se es- 
trellan los formidables tiros de la insurreeciôn dealg:unos de 
nuestros hermanos, jY cuân acreedores a su amor y a su 
reconocimiento! Lejos, pues, de V. M. toda irréflexion: la 
sociedad los recomieuda muy partieularmente; el bien gêne- 
rai se iuteresa, y la justicia clama a su favor para que los 
distingais con el inferior tîtulo de ciudadanos, puesto que los 
ba condecorado con el superior de espanoles.» 

A consecuencia de este discurso propuso que el artîculo 
«e expresase en estos términos: 

cSon también ciudadanos los espanoles originarios de 
Africa, hijos de padres ingeuuos, que ejerzan una profesiôn o 
industria util, o tengan alguna propiedad con que puedan 
subsistir honramente.> 

El Sr. Alcocer: Este artîculo da por su puesto que no son 
ciudadanos los espanoles que traen su origen de Âfrica, como 
si ya se hubiese establecido de antemano, y no es asî. Por 
el contrario, el artîculo anterior concède el derecho de ciu- 
dadano a los hijos de extranjeros, sin poner la excepciôn de 
de que no seau africanos, en cuya virtud deberîanentenderse 
comprendidos los del artîculo que se discute, si él no los su- 
pusiera excluidos. De mauera que sin expresarse abierta- 
mente en parte'alguna que no son ciudadanos, se les déclara 
de un modo indirecto la negativa de esta cualidad, abrién- 
doles la puerta para obtenerla por privilegio. 

Hago esta réflexion, porque no se créa agena de este ar- 
tîculo la controvcrsia que voy a agitar, y que en él se pré- 
senta como definida, ya no estândolo en efecto o ss décide 
suponiéndola decidida. Provendrâ sin duda de que se creyô 
lio necesitaba de resoluciôn formai un punto que desde luego 
se ve como muy elaro. atendiendo a la equidad o a la con- 
veniencia, que son los dos polos sobre que estriba el Estado; 
pero yo encuentro que ni una ni otra lo apoyau. Que los 
oriundos de Africa sean ciudadanos, lo exije la justicia y lo 
demanda la polîtica: dos reflexiones que recomiendo a la con- 
sideraciôn, a la soberana atenciôn de V. M., como en las que 
se interesan la suerte de slgunos millones de aimas, el bien 
gênerai de la America, y quizâ también el de toda la Monar- 
buîa. 



HISTORIA MODERNA T>ii EL SALVADOR 179 

Roma, en donde fué mas conocida y apreciada la cuali— 
dad de eiudadano, llegarido a ser el objet o de la ambieiôn de 
lae demâs ambiciones de Italia, estableciô por la primera y 
principal causa que la produce el riacimiento, sejçûu consta 
en la sétima cod. de iucolis: de manera que nacer libre y na- 
cer en Roma, era bastante para eer eiudadano romano, y 
era un raotivo euperior al privilegio, adopciôn y empleo bon- 
roso, que también daban aquel derecho. Lo minmo estaba 
eetablecido entre los griej^os, alemanes, euizos y otras na- 
eiones. 

Entre nosotroB ha eido desconocido el nombre de dere- 
cho de ciudad, usando promiscuamente los voces de eiuda- 
dano y vecino. Natural y extraujero son las palabras que 
se encuentran en nuestras leyes, y "carta de naturaleza" es 
como se ha llamado el privilegio concedido a los extranos, 
y que équivale al derecho de ciudad en otras partes. La na- 
turaleza, aunque se adquiere de varios modos, dice la ley 2^, 
tîtulo XII, Partida 4^, que es la primera y mejor la que se 
adquiere por nacer en la tierra. 

La razôn confirma esto mismo, pues el nacimieiito debe 
ser preferente aun al origen, supuesto que lo confunde. Si 
hubiéramos de atender a este y remcntarnos en su inquisi- 
ciôn, a los ingleses los llamarîamos sajones, a los espanolea 
les dirîamos godos, aianos, catos, etc., y a todos los hora- 
bres los tendrîamos pur naturales de la Patria de Noê, siuo 
es que también sabîamos hasta Adân. Y siendo esto asî, 
^qué motivo habrâ para uegar la cualidad de ciudadanos a 
los que han nacido en territorioespanol a causa de su origen 
africano? 

Ni aun entre los griegos, que fueron los mâs rîgidos en 
esta materia, del derecho de '"iudad, se requerîa el origen re- 
moto, bastando ei prôximo, esto es, nacer de padres natura- 
les; y no siéndolo alguno de elios, el hijo se llamaba mestizo, 
que nosotros llamamos genîzaro, de cuya clase fué el faraoso 
Temîstocles, cuya madré era extranjera. Entre los romanos 
bastaba que fuese natural el padre. y en nuestro derecho ni 
aun esto se necesita. i.Por que, pues, se ha de exigir en la« 
castas? 

Pero yo quiero permitir se necesite aun el origen remoto 
^.quieu dijo que no lo tienen las castas? Muchos de ellos no 
solo son originarios del territorio espanol por una lînea, si- 
Ro por très costados 6 agûelengos; y atendiendo a los bisa- 
buelos, quizâ por uuo solo descienden de Africa, y por los 
otros siete de nuestro territorio. îQué razôn habrâ para que 
auu olvidanlo el nacimiento, a la mayor parte que tienen 



180 FRANCISCO GAVIDIA 

de ori^en eapanol, contrapese la pequena de origen africano? 
Pero examinemos la raateria. 

îQué îundamento hay para que les dane eemejante ori- 
gan? ^Serâ acapo precisamcQte por de At'rica? No, porque 
esta parte del mundo uo desraerece rcspecto de las otras. y 
en eila tenemos territorios, cuyos naturales son eepanoies. 
^Serâ en odio de los cartagjneses que no8 dorainaron en otro 
liempo. o de los moros que por ocho sigloe ocuparon la Pe- 
nînsuia? No, porque los pueblos de que descienden nuestras 
oastas jamâs nos han hostilzado, y mâs bien noaotros he- 
mos sido sus euemigos, esclavizando a sus habitantes. iSe- 
râ por el color oscuro? No, porque las castaa tienen un co- 
lor moreno como el de los indios, a quienes no se excluje por 
fsto de! derecho de ciudad; algunos lo tienen mâs claro que 
los indios, y otros son tan blancos como los espanoles. A 
mâs de que en el sigio XIX, tan ilustrado, y en una Naciôn 
tan calta como la espanola, debe atenderse a las cualidades 
ffsicas y morales de los subditos. y no al color, lo que mere- 
cîa el desprecio que hizo Virgilio en otro caso: alha ligustra 
cnduDt, vaccinjp niffni leffuutur. No resta otra cosa que 
decir sino que la esclavitud inficiona el origen africano. 

Yo bien se que entre los griegos faé eHa el mayor 6bice 
para obtener el derecho de ciudad, que jamâs se coneediô a 
los libertos, ni a sus hijos, ni pudo Dem6stenes persuadir a 
■ello a los atenienses, arengando largamente a îavorde aque- 
llos; pero no fué lo mismo entre los roraanos, que han dado 
la ley en esta materia. Se anade que entonces eran muj 
distintas las idpas que se tenîau de la esclavitud, y esta pro- 
venîa de un principio muy diverso del que nace ahora. En- 
tonces dimanaba de un derecho de gentes introducido por la 
Tiecev'iidad de la guerra, y era como un sello de los enemigos 
del Estado: nhora recae sobre inocentes que no han hoeti- 
lizado a la Naciôn, y tiene por origen una especie de rapto, 
la violencia y el coraercio mâs répugnante a la razôn; por lo 
que lejos de excitar el desprecio, debe raover la compat-i6n. 
Después de haber hecho a las castas la injusticia de esclavi- 
zar a sus mayores, ^PO'" ^sto mismo se les ha de hacer la 
otra injusticia de negarles el derecho de ciudad? Una injus- 
ticia no puede ser razôn o apoyo para otra. 

Y digo que es injusticia seraejanee negativa, aunque uo 
sea eino por los cargos del Estado que sufren las castas. 
Elias contribuyen con todas las pensiones y derpchosque los 
demâs; defienden a la Patria, componiéndose de la mayor 
parte de ellos los regimientos veteranos y las railicias, y ejer- 
cen casi exclusivamente en America los oficios y las artes, 
feiendo el atlante que sostiene el rarao de la industria, tan 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 181 

productiva al Ërario, corao indispenRable en la sociedad. La 
justicia exig:e que quieii eufre Ihh cargas, diwfrute también de 
Jo9 derechos comunes a todoe, qae es lo que importa la cua- 
lidad de ciudadano. 

Ella no da rano:© o esfera, conviniendo igualmente al es- 
tado llano y a la nobleza, asî cotno en Roraa tan ciudadano 
era el plebeyo, el Senador y el caballero. <.Qué inconveniente, 
pues, résultera de que lo sean las castas? Si exorainamos 
los privilejo^ios que corresponden a este tîtulo, no non incom- 
patibles con su claee, y ya los tienen en realidad, por lo que 
solo se les darîa un nombre concediéndose, A cinco los redu- 
cîan los romanos, libertad, patria potestad, exenciôn de los 
raa^istrados en lo criminal, sufraj^io en las elecciones popu- 
lares. y posibilidad para los empleos municipales. Las cas- 
tas tienen libertad, pues no son esclavos; tienen la misma po- 
testad que los demâs sobre sus hijos; no estân exentos de la 
jurisdlcciôn de los magistrados, corao no lo estân los demâs 
vecinos, pues no es compatible con nuestro Gobierno raonâr- 
quico el conocimiento del pueblo a que se provocaba con la 
clâusula civis romanus sum: el sufragio no puede negârseles 
en virtud de ser mierabros de la Naciôn en que réside la so- 
beranîa, y dejarîa de ser popular una eleccion si no tuviesen 
sufragio los que componen el pueblo: finalmente, la posibili- 
dad para los empleos nada les anadirâ, ni variarâ el orden 
establecido hasta aquî. 

Cuando se dice que solo los ciudadanos podrân obtener 
los empleos municipales, no es decir que cualquiera por solo 
este tftulo los obtendrâ: no es dar aptitud para ellos, siiio 
remover un obst}iculo; del modo que decir que solo los honi- 
bres y no las mujeres pueden recibir las sagrados ôrdenes, 
no es decir que cualquiera hombre se ordene auuque carezca 
de la iustrucciôn y demâs calidades necesarias. De manera 
que aun concedieudo el derecho de ciudnd a las castas, no 
por eso obteridrân los empleos, ni entrarân en las corpora- 
clones que exigeti limpieza y nobleza de sangre; corao el pre- 
beyo en Roraa, a pes«ir de ser ciudadano, no optaba los des- 
tinos del orden senatorio y ecuestre. 

Obteniendo, pues, las castas los propios de su clase, este 
es, los correspondientes al estado llano, ningûn inconvenien- 
te se signe de que sean ciadadanos; y no siéndolo, ya que se 
establece entre nosotros este tîtulo, no se c6mo puede veri- 
ficarse la ley 10, tftulo V, libro 7*? de la Recopilaciôn de In- 
dias, en que se encarga a los gobernadores y capitanes géné- 
rales traten bien a los morenos libres, y les gnarden sus pre- 
^raineucias ^Cuâles pueden per estas sino las que hau dicho 
•corresponden al ciudadano? Porque menos que ellas no hay 



182 FRANCISCO GAVIDIA 

otras que las comodidades coraunes de la soeiedad, como la 
defensa del Estado y la administraciôn de justicia, las que- 
convieuen también a los esclavos. 

Sobre todo, Sefior, cuando jo re^orro la ley eitada de 
Partida, donde se enumeran los modos de adquirir la natu- 
ralcza, que es lo que entre nosotros ha correspondido al de- 
recho de ciudad, enfuentro que casi todos les convienen a 
las castas; el naciniiento, el vasallaje, la crianza, el servicio 
en las armas, el caHamiento, la herencia, la vecindad, y has- 
ta el volverse eristianos, paes en el territorio espaâol se 
bautizaron sus majores. Es, pues, de ligurosa justicia, na 
por uno, eino por mil tîtalos, concederles aquel nombre. 

Con esto habîa ya probado que lo demanda la politiea, 
la que nunca debe perder de vista a la justicia. Porque aque- 
lia uidxima de que la primera del gabinete a de ser la conve- 
niencia, es para mî tan errada como la de que la ûltima ra- 
z6n de los Reyes es el canon. La primera razôn del gabiuete 
es la justicia, y la ûltima razôu de los Reyes es la justicia, y 
todo lo que no es justicia, es siurazôa. No obstante, aun 
considerando con precindenciadeella la polîtica, demanda es- 
ta evitar el mal, y procurar el mayor bien de la Monarquîa. 

^Qué funesta no serîa la rivalidad de las cantas si en- 
allas se excitase contra el resto de poblaciôn? ^Quién podrâ 
calculer los desastres que le serîan consiguientes. y quién no 
conoce los que producirâ la negativa de un derecho comûn a 
todos? No es materia esta en que debo internarrae; basta in- 
sinuarla para que la médite la prudencia, la que dicta supri- 
mir el artîculo, puos no por sostener un parrafito, hemos de 
arrie^gar la pérdida de un mundo. 

Por otra parte, sea cual fuere la mira que se lleve eu la 
negativa, no se conseguirâ con ella fin alguno, ni se evitarâ 
ningûn mal. En la colecciôn del tributo personal tenemos 
una prueba palpable. No se colectaba ni la mitad, ni la cuar- 
ta parte de lo que debîa colectarse de las castas, porque- 
ellas han procurado siempre confundirse o con los indios o 
con los espanales, llamândose taies, segûn su color mâs o 
menos claro, de que resultaba no pagaseu los mâs, sin haber 
erbitrio de una inquisiciôn escrupulosa, dejando a cada uno 
en la reputaciôn comûn y favorable; lo que asî tenîa manda- 
do el Gobierno en 6bvio lie alborotos y tumultos que siem- 
pre se suscitaban cuando se querîa procéder de otro modo- 
Esto mismo, y por la minma razôn, sucederâ con 1r cuali- 
dad de ciudadano, aunque se niegue, pues la tendrau los 
que no pagaban tributo. que son los mâs. Sôlosellamarâu 
rastas las que han nacido en Africa, o euteramente traen da 
ella su origen, que son los negros, cuja cara no les dejarâ 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 183 

ocultar 811 calidad; los mulatoe libertos, porqueconeta la es- 
clavitud de que hau salido, y los hijos de eetos, como tan 
prôximos a aquel ori^eu de servidumbje; pero eu los demâa 
descendientes entrarâ la confusion, y por lo mismo, no se 
conseguirâ cualquiera fin que se intente con la negativa, y 
sera indéfectible la ociosidad de ella aun respecto de los que 
la eludan. 

La polîtica dicta sacar provecho de esta misma préci- 
sion, concediendo con franqueza lo que serîa inûtil denegar. 
De este modo se formarâ de aquellos hombres un crecido nu- 
méro de sûbditos raâs utiles que lo han sido hasta aquî. 
Ellos son habiles, valerosos, fuertes y robustes para el tra- 
bajo y aptos para todo; pero no hau tenido existencia polî- 
tica; han estado en el abatimiento, que es la mayor rémora 
de la vitud, y el raâs poderoso aliciente para el vicio. Con- 
cédaseles un derecho, quesin eacarlos de su clase o estado Ua- 
no, les harâ concebir que son algo, que figuran en el Estado, 
y entoDces se erguirâ su espîritu, secundarân sus potencias, 
se llenarân de ideas de honor y estimaciôn de si mismos, y 
adquirirân vigor para servir mejor a la Patria. Esta se en- 
grandecerâ con la adquisiciôn de un crecido numéro de sûb- 
ditos, no por una conquista fîsica, sino polîcica, haciendo 
utiles a los que antes no lo erau, y a los que va lo eran, pe- 
ro no tanto como serân. 

De lo contrario, îcon cuânta razôn no censurarén nues- 
tra couducta los polîticos extranjerot? Si murmuraron la 
expulsion de los moriscos, siendo unos hombres sospechosos 
en religion y lealtad, iqué dirân de que nos expongamos a 
que muchas de nuestras castas emigren a otro paîs, caando 
se vean despreciados con una uegatira que los abatirîa y 
distiuguirîa aun mâs que antes del resto de la poblaciôn? 
^Qué dirân de que no nos aprovechamos de ellas, pudiendo 
haterlas utiles a tan poca costa? Porque no puede negarse 
que ellae exceden muchîsimo en numéro a los moriscos, y ca- 
recen de las «ospechas de éstos. 

Con decir son ciudadauos todos los libres hijos de ioge. 
nuos, con tal que por alguna lînea traigan su origeu del te- 
rritorio de las Espanas, quedan excluidos los negros, los li- 
bertos y sus hijos, con lo que conveniraos con los griegos, y 
^alvaraos aquella impresiôo de la |proximidad a la. esclavi- 
tud que puede inducir en ellos mismos abatimiento, y en los 
demâs vecinos algûn coucepto de poco aprecio. 

A no eer asî, no admitiré siquiera este temperamento: 
^a d6nde esta la ilustraciôn de nupstro siglo, segûii la cual 
se debe ver a todos los hombres como ciudadanos del mun- 
do 8 hijos de un eôlo padre, que es el Supremo Hacedor? 



184 FRANCISCO GAVIDIA 

^Dônde la filosofîa que easena a apreciar a nuestros seme- 
jantee? ^Dônde la liberalidad que estimula a promover e! 
bien de Ix especie humana? ^".Dônde el espîritu de regenera- 
ciôn de la Monarquîa, que ha querido aacer de todos eu» 
raiembros uria misma y sola familia? ^Dônde la filantropîa 
o amor a todos lo8 hoinbree? El que pieuse de otro modo, 
sera para raî tan misântropo como el mismo Tiraôn, aquel 
griego que diô oria:en a este nombre. No lo juzgo awî de V. 
M., y espero de su justificaciôn y polîtiea concédera a aque- 
II08 infelices el derecho de ciudad. 

El Sr. Arguelles (*): No puedo oîr con indiferencia que 
se trate a la comisi6n de libéral y poco mirada, presentanda 
un artîculo contradictorio, inconsiguiente y lleno de no se 
yo cuântos otros defectos mâs que han tenido a bien los se- 
hores preopinantes atribuir al que se discute. Aunque no es- 
toy preparado para contestar debidamente a los arguraen- 
tos que se han heeho por el sefîor Uria en su bien meditado 
discurso: y por el Sr. Alcocer en su erudita y elocuente ex- 
posici6n, procuraré a lo menos manifestar las razones que 
tuvo la comisiôu para exfcander el artîculo segûn aparece. 

La coraisiôn no ha sido iliberal ni irreflexiva; sus princi- 
pios son bien conocidos, y lossentimientos de sus individuos 
igualmente uotorioa. Ma;* en este punto procediô sujeta a 
leyes claras y terminantes. Ya en Ips primeros dîas del Con 
greso, los Srea. Diputados por America manifestaron sus de- 
seos en êl, excluyendo explîdtamente a varios habitantes de 
ella. (Interrurapido el orador por haberse dicho en Octubre, 
anadiô): Ademâs de ese decreto, pues yo no hablo de las 
proposiciones presentadas por Setiembre, el decreto de 15 de 
Octubre precisamente es la base del artîculo que la comisiôa 
no podîa variar, Fué rauy discutido y controvertido por las 
Cortes; es claro y decisivo, y la comision no ha hecho siuo 
ampliarlo todo lo que pudo, sin opouerse a lo que dice su 
ténor. ^Cômo, pues, se la tilda de iliberal? Fuédeteniiay 
mirada, porque ha querido aplicar'en todoel rigor posible los 
principios mâs libérales, sin comprometer por eso la tran- 
quilidad y contento de toda la Monarquîa. El artîculo no 
esta examinado como sedebîa. No priva a los originarios de 
Africa del derecho de ciudad: indica sî el medio da adquirirlo, 
y dice côrao pueden ser admitldos a participar de los privi- 
Ipgios de la cualidad de ciudadano con utilida 1 suya y de la 
Patria. Y asî es que yo desearé que el artîculo sea analizado 
por los senores que han pedido ia palabra con toda la aten- 
ciôn que les sea dable, antes de repetir lo dicho contra la ili- 



(*) A este orador se llamaba en su tiempo "el divino Arguelles. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 185 

beralidad de la comieiôn. La anchapuerta que les déjà abier 
ta la virtud y el mérito para ser ciudadanos, forma un in- 
meneo campo para las accioues dignas de todas clases en 
que poder aquellos apreeiables individuos bacerse acreedores 
al derecho de ciudad. No es exacto decir qne los têrminos 
del artîculo equivalen a una nef^ativa por no haber eu aque- 
llos paîses ocasiones de coutraer el mérito de los espanolet* 
en la Penînsula, El mérito y los servicios siempre son rela- 
tivos; y los que se exijan de aquellos iudividuos serân califi- 
cados en su caso con respecto a su condiciôn, esto es, al es- 
tado en pjeneralde su clase,y al particulardecada individuo. 
Las Cortes asî podrân ?onceder carta de ciudad no s61o a po- 
cos individuos a la vez, sino a muchos, conforme a sus mere- 
cimientos. Se harâ entonces con conocimiento de causa y con 
el debidodiscernimiento, paraqueseaelpremioy ^alardônde 
la virtud y del mérito. Los paîsf s de America ofrecen un teatro 
muy digno en que poder los individuos de que se habla ejer- 
citar sus virtudes y talentos en todo género de acciones uti- 
les y senaladas. No solo los servicios militares se reputan 
por merecedores de premios en una sociedad; las virtudes cî- 
vicas, o sean sociales, lo son igualraente. Pero ^quién puede 
negar que en America aun las acciones militares brillan y re- 
claman la gratitud nacional tanto como en la Penînsula? 
Los esforzados espanoles que mantieneu la tranquilidad de 
tan precioHos paîses, los que reduceu al respeto y obediencia 
de las leyes y de la autoridad legîtima a los que por una fa- 
talidad los habîan desconocido, ^no son tan beneraéritos, 
tan dignos de premio como los jefes y militares que ha cita- 
do el Sr. Urîa en la madré Patria? Y si entre ellos hubiese 
personas que se hallen en el caso del artîculo, ^no puedeu ser 
por el misrao hecho recompensados con una declaraciôn tan 
honrosa y util como la de ciudadano? Sî, Senor, pueden me- 
recerla, y la habrân merecido. Nada mâs justo; pero enton- 
ces es por mérito reconocido, como debe suceder, con discer- 
rimiento, ûnica circunstancia que hace apreciable el premio. 
La comisiôn bien hubiera deseado que circunstancias parti- 
culares raejor conocidas de los Sres. Diputados por America 
que de los de la Penînsula, le hubiesen permitido, u omitir el 
artîculo, o concebirle en têrminos, ya que se quiere llaraar 
asî, mâs libérales. La comisiôn tenîa en su seno varios dig- 
nos individuos americanos, a quienes oy6 en esta materia 
con t(>da la deferencia y atenciôn que se merecen. Mas cual- 
quiera que fuese la opinion individual de cada uno de aque- 
llos senores, no podîa menos de arredrarse al formar el ar- 
tîculo. Sabîa que un error de los Gobiernos anteriores ha- 

23 



186 FRANaSCO GAvroiA 

bîa llevado a aquelios paîseslos naturales de otrosclimae, y 
que un eistema igualmenteequivocado, lejos de aliviar su suer- 
te j mejorarsucoDdiciôn, las habîaîagravado. Asî es que el 
resultado de ambos hechoa produce una diferencia, que por 
desp^racia tiene su apoyo en la opinion de unos y en las pre- 
ocupaciones de otros. La comisiôn desearîa haber presenta- 
do en todo su pro.vecto la mâs curaplida uniformidad. Mas 
^podîa hacerlo? ^Tenîa a disposiciôu los raedios de dirigir 
las opiiiiones, las ideas reeibidas y arraigadas con la educa- 
ciôn y con muchos anos, de destruirlas o de trasformarlas? 
^Es culpa suya no hacer el raayor de los imposiblee? Mâs 
bien es digna de compasiôn que de ser tachada de iliberal. 
Yo respeto como nadie las luces y opiniones de mis dignos 
companeros los senores americanos; no obstaute soy tara— 
bien el que ignora mâs las cosas de su paîs, y por lo mismo 
el que babla de ellas, segûn lo he confesado siempre, con mâs 
desconfianza, no se yo cômo serîa admitida una innovaciôn 
tan absoluta y gênerai, ni que consecuencias podrîa aca- 
rrear. En este punto quisiera yo que el Sr- Alcocer no hu- 
biese pasjido tan râpidamente sobre uno que rairo como 
esencialîsimo; y espero que los senores que hablen despuês, 
aclaren la intenciôn o inreligeneia de lo que solicitan, para 
que pueda el Congreso deliberar. La palabra ciudadano no 
puede ya entenderae en el sentifio tan vago e indetermina- 
do que hasta aquî ha tenido. Aunque térraino antiguo, aca- 
ba de adquirir por la Constituciôn un significado conocido, 
preciso, exacto. Es nuevo en la nomenclatura légal, y no se 
puede confundir en adelante con la palabra vecino. Àun es- 
ta entre nosotros significaba mâs que lo que el Sr. Alcocer 
ha indicado en su erudito discurso; pues no solo habilitaba 
al que era vecino para poder ser iudividuo de una cofradîa, 
mayordorao de fâbrica, etc., sino para empleos municipales 
de mucha consideraciôn, alcalde o juez ordinario, regidor, 
diputado del coraûn, etc. En los empleos de otras clases el 
vecino opta segûn su mérito, con los demâs espanoles. 

Por tanto, ora se mire como sinônimo de ciudadano la 
palabra vecino, ora diferente, es necesario examinar que 
acepci^n tiene ahora por la ley fondamental el nombre ciu- 
dadann. El artîculo 23 le da voz activa y pasiva para los 
pmp'cos de repûblica, y el 91 le concède la mayor prerroga- 
tiva de un espanol, que es nombrar y ser nombrado repré- 
sentante de la Naciôn. Por el primero, los individuos de que 
se habla pueden ser desde este momento prebendados, ma 
gistrados, Prelados, eclesiâsticos, Ministros, consejeros de 
Êstado, virreyes y capitanes générales; por el segundo pue- 
den y deben ser Procuradores de Cortes, no solo nombrar a 



HIsTOKIA MlDEKÎsA DE EL SALVADOR 187 

quienes ha^çan eus veces, sino venir al Con^reso nacional a 
represen tartre a sî mismos, a hur conciudadanos, a la Naciôn 
entera, a délibérer conio nus difjçnos defensore.s. Esta exten- 
sion de facultades que da el tîtuTo de ciudadano, tîtulo adop- 
tado uecenaria mente para plautear el sii-tema representati- 
vo, y del eual forma unade las principales bases, ^.debîa, o 
no/obli^ar a la comisiôn a que fuese circuaspecta? jOjalâ 
hubierapodido ser tan libéral eomo son sus sentimientos! 
Pero ha tenido que sacrifiearlos a la eon veniencia pûblica. al 
bien ^pneral del Estado. La caalidad de ciddadano habili- 
ta a todo espMÎiol para serlo todo en su paîs, sin que régla- 
mentoH, ni privileo;io8 de cuerpoa ni estableciraientos puedan 
rehunar su admisi6n. 

Ahora bien: esta latitud de cualidad ^.hallarâ, sî o no, 
repuu:nancia en America? La comisiôn j^es libéral y poro re- 
flexiva en no haber temido el efecto que esto pudiera oausar 
en unas provincias en que dominan las raismas preoeupacio- 
nes que en las de la Penînsula? Yo aseguro al Conoreso que, 
constituîda en la dura uecesidad de formar el artîculo, 
tuvo que procéder por un camino lleno de pelijrroH, por el 
agudo tilo de la mâs angjustiada perpiejidad. Uuu latitud 
demasiada y una restricciôn excesiva eran escollos que de- 
bîa evitar igualmente. Scila y Caribdis amenazaban de am- 
bos lados: ^quê habîa pues, que hacer? El ejemplo de los 
tçriegoB y los romanos no sirve para resolver esta cuesti6n. 
8us repûblicas estaban'constituîdas de un modo desconoei- 
do en los Gobiernos de Enropa. E\ entado civil de sus ciu- 
dadanos distaba mucho del sistema que hoy ripre en las ua- 
ciones modernas. Xo obstante los riocorosos principios de 
justicia y libertad social, estuvieron siempre subordinados 
a la con veniencia pûbli(;a que UHiaron como la ley suprema. 
En el dîa tampoco puede ninj^ûn Estado separaree de aqué- 
11a en el establecimiento de un sistema econômieo, que no ee 
otra cosa en el punto que se discute sino el estado civil. La 
Naciôn debe Uamar a coraponerle a los que juzgueoportuno. 
Para esto no hay ni puede haber reglas de rigorosa justicia 
que no estén sujetas a la modificaciôn que exija la pûblica 
utilidad. Si una numerosa ciase de espanoles no se halla en 
el dîa en disposiciôn de desempenar todoe los derechos de 
ciudad, ^no sera prudente y justo proporcionar el medio que 
progresiva y gradualmente pueda ir adquiriendo su goce sin 
chocar la opinion, que, por mes que se diga, lo habrîa de 
repugnar? 

Yo, Senor, tengo que hacer la raayor violencia a mie 
principios y a mi genio para aprobar el artîculo; pero a fé 
mfa no puedo eaber ei cometerîa un absurdo en desecharle. 



188 FRANCISCO GAVIDIA 

îso teogo conocimiento prâctico de America; mas por las 
ideas que cerca de eete puuto hay en la Penîneula, por los 
informes que he tomado, por lo mueho que se ha controver- 
tido eu la comisiôn, dudo que pudiera haberse extendido en 
têrrainos mâs propios para combinar los intereses de ambas 
partes. La comisiôn crejô prudente abrir la puerta a los 
iudividuos que en el dîa se hallen en estado de desempenar 
las funciones de ciudadano, funciones que no pueden dividir. 
se en activas y pasivas. El ciudadano espaûoi ha de tener 
ol ejercicio de todos sus derechos; el sistema adopta do résis- 
te que se dividan, y la comisiôn creyô que no podfa conce- 
derse el estado civil bajo esta latitud a una ciase tau narae- 
rosa sin hacer algunaa modiflcaciones, El ejemplo de otras 
naciones, lejos de probar contra el artîculo, hace ver que las 
mâs cultas y libérales han procedido en este punto con la 
raisma circuDspecciôn, La notoriedad de los hechos que la 
demuestran me dispensa reproducirlos. La comisiôn creyô 
que las Cortes sucesivas, con mâs tranquilidad, con mâs lu- 
ces en tan delicadîsimo punto (sin que por eso sea visto que 
no aprecie yo por mi parte las de los senores que han ha- 
blado) podrîan hacer participes de los derechos de ciuda- 
dano si se quiere a g^ran parte de la numerosa ciase de que 
se habla. Los têrminos del artîculo son mâs latos que lo 
que han dicho los senores que me precedieron. Y en tal caso, 
los senores americanos no han tenido razôn para cargar a 
la comisiôn de iliberal y demâs tachas que la pusieron. Ha 
procedido con sujeciôn a un decreto que tomô por base del 
artîculo; y lejos de atenerse al rigor de sus palabras, ha 
hecho cuantas ampliaciones creyô compatibles. Los senores 
que continûen la discusiôn, espero que, manifestando su in- 
tenciôn de dar a la ciialidad de ciudadano la extension del 
término y sentido constitucioual, o de restringirla, podrân 
facilitar la resoluciôn de este artîculo. 

El Sr. Gordoa: Senor, si mi amor y constante adhésion 
a la Naciôn espaîiola, de que me glorîo y gloriaré siempre, y 
en lo que a nadie cederé jamâs; si el vivointerés que tengoy 
debo tener por el honor, decoro y reputaciôn de V. M., en 
cuanto procéda de su soberana sanciôn, y el cûmulo de peli- 
gros, horrorosas discusiones e irréparables maies que mis co- 
nociraientoa prâcticos me presentan como indnbitablemente 
consiguientps a la del artîculo de que se .trata, no reunierân 
lo mâs saofrado y urgente de mis obligaciones, como espa- 
nol, représentante de la Naciôn y americano que acaba de 
separarse de su pafs, quizâ hallarîa en la misma naturaleza 
del artîculo muchas razones con que excusarme de hablar 
mas no teniendo, por los motivos expresados, una sola que 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 189 

apoye mi silencio, me determino a proponer las que mepare- 
^?e que perauaden la necesidad de modificarlo o suprimirlo. 
Para no divagarme ni excederme, he procurado ordeaar mis 
ideas del mejor modo posible; j aunque coincidieran muchas 
con las que han expuesto los senores preopinantes, y ampli- 
ficarân los demâs Sres. Diputados de America, pues en mi 
•concepto estân todoa contestes en lo sustauciai de esta mate- 
ria, arguniento para mî inelutable de la necesidad que hay 
de suprimir o moditicar el artîculo en cuestion, afuiiiréto- 
davîa para satisfacer al Sr. Argiielles, que el consulado de 
Guadalajara, corporaciôn ilustre y que debe a T. M. una 
-consideraciôn particular, recomienda al Diputado de su pro- 
vincia, aunque este no lo haja expresado, sea por un efecto 
de delicadeza, o bien de olvido natural, proraueva como 
punto de interés gênerai la necesidad de abolir la infamia de 
las castas, o de llamarlas por el camino del honor a ponerse 
•eu estado de ser tan utiles al pais como podrîan; sieiido ad- 
vertencia que todos o la major parte de los individuos 
de esta corporaciôn son, no solo personas ilustradas y del 
mâs acendrado patriotismo, sino tambiên naturales de la 
Penînsula. 

Concretândome, pues, a responder al Sr. Argiielles, digo 
^que los individuos de las castas que excluye el artîculo del 
numéro de los ciudadanoa espanoles cultivados en las ciuda- 
•des o* poblaciones grandes, son muy susceptibles, lo mis- 
mo que los demâs hombres. de una iluatraciôn que les haga 
sobresalir y brillar igualmente que los otros. que reciben en 
-ellas buena educaciou, verificândose en esto alla lo que aquî, 
que las luces de ellos son en proporciôn de esta, que es mâs o 
menos ventajosa, segûn las circunstancias de los lugares. 
Pero volviendo ya a mi principal intento, no dudo afirmar, 
Senor, que casi todos los artîculos aprobados por V. M. po- 
drîa decirse ofrecen poderosos fundamentos al efecto; mas 
para caminar con la précision que deseo, me contraeré al 1^, 
3°., 7° y 8°, en que si yo no me engafîo demasiado, una clara 
ioconsecuencia o contradicciôn patente cou este artîculo 22 
-me hacen concebir una fuprza irrésistible a favor de la su- 
presiôn, o por lo menos Iimitaci6n o variaciôu, si es suscep- 
tible de alguna, capaz de salvar los inconvenientes que pre- 
veo. Porque ^cômo puede comprenderse, Senor, que los que 
traen origen de Africa (origen malhadado, y cuva maldiciôn 
no tiene fin, segûn se sienta en ente artîculo, pues que lo 
trasmiten a suh pôsteros, y hasta las generacionea mâs re- 
motaw) sean al minmo tiempo espanoles y no espaîîoles, 
miembros y no miembros de esta sociedad que ellos también 
• componen, y se llama NdciÔD espanola? La soberanîa es 



190 FRANCISCO GAVIDÎA 

una e indivisible; esta, ee^ûn V. M. ha declarado, resideesen- 
cialmente en la Nacion espanola, que por los artîculos 1° y 
69 compouen también los que traen oriy^en de Africa, y por 
lo mismo réside aquélla en éï^tos, j sin embargo, no 
son ciudadanos espanoles, sin otro obstâculo que su 
origen; es decir porque no son espanoles. Pero bi 
este reparo tiene alguna soluciôn, que yo no alcanzo, 
hallo todavia iguul o mayor ditieultad en comprender 
cuâl pueda darse al que ofrece la clâusula siguiente del 
artîculo 22 referido: ''queda (a los que traen origen de Afri- 
ea) abierta la puerra de la virtud y el inereciniiento,etc., por 
eervicios eminenten, etc. Supongo, Senor, que la virtud, me- 
recimiento y eminencia de servicios de que aquî se habla no 
es con relacion a las verdades reveladas o al orden eobrena- 
tural. sino de una virtud polîtiea, o del orden puramente 
moral, a menos que no se tratara de exigir la heroicidad que 
constituye santos para adquirir la cualidad de ciudadanos. 
Pues si el que trae origen de Africa va esespanol, y como tal 
debe rairar como una de sus principales obligacionf^s el amor 
a la Patria (que es toda la esencia de la virtu<i polîtiea en 
concepto de los mnyores sabios antiguos y modernos), ha 
de cultivar la justicia y beneficencia recîproca, la fidelidad a 
la Constituciôn, obediencia a las leyes, respeto a las autori- 
dades establecidas, subvencion a las necesidaden ijel Estado, 
hasta prestarse, liamado por la ley. a derramar su sangre 
en defensa de la Patria, conforme a los artîculos T*?, 89, 9? y 
10, cuando halla cumplido con todo esto, ^ no poi^ee ya en 
su ûltima perfecciô n la virtud, mereciraiento y polîtiea emi- 
nencia de servicioh? No los hay mayores. si no se apela a 
otra enfera u orden. Es consecuencia, pues, incontestable, 
quesiendo espanol el que trae origen de Africa, serîa al rais- 
mo tiempo ciudadano y no ciudadano, y por lo tanto es ne- 
cesaria la. supresiôn del artîculo en discùsiôn. Pero aun no 
es todo, Senor; y sin embargo, yo, porque trato de no ser 
prolijo con molestia de V. M., pasaré en silencio la dureza 
que conliene un artîculo que, comparado con los que conce- 
den la calidad de ciudadanos a los extranjeros, da un resul- 
tado muy doloroso de inferioridad, de consideraciôn o esti- 
maciôn de los naturales que se excluyen de este precioso ca- 
tâlogo, solo porque nacieron sus asceodientes en Africa, aun 
cuando hayan pasado veinte o mâs generacionee, cuando 
rauchîsiraas veces sera nias infecto o répugnante el oriiipn de 
los extranjeros que lleguen a numerarse en la clase de ciuda- 
danos. No hablaré Bobre los derechos de la igualdnd, tau 
reclamada en este augusto Congreso, ni sobre la raunjstruo- 
i^idad (tal es para mî) que me présenta n las Amêricas por eh 



HISTOKIA MODEKNA DE EL SALVADOR 191 

aspecto que tomau eu este articule, Dor el que apaiecen go- 
^audo ftl dulce iîtulo de ciudadanoe todos lo8 de las clanes 
precisameute coiiHumidoras, raientras que los de las produc- 
toraB, 68 decir, las mâs dio:na8 o coii mas justicia (hablo de 
la justicia y ditçnidad relativas al objeto y al fundamento) 
para obtener este tîtulo, se ven deppojados de él. Nada dire, 
por ûltimo, de la ab8oluta falta de medios para entrar en el 
goce de ciudadaDOH. Porque ^.cuâl es la puerta que se les 
abre? jOh! La del taleuto. aplieaoiôn y conducta. Prescin- 
(lamoH de la imperiosa iiecesidad e interés de abrirla, y de la 
moral irapasibilidad, por uo decir fîsica, que tal vez vendra 
a, ser casi en todos ellos, la de obtener la carta de ciudada- 
nos, por la cortedad de sus facultades y numerosas familias, 
sobre las dificultades inhérentes a la solieitud, bien arduas 
y notorias, pues soy testigo no ha podido vencerlas en mu- 
•cho tiernpo algûn extranjero pudiente y a todas luces bene- 
mérito, en la pretensiôn de la que antes se otorgaba de na- 
turaleza; y pregunto solamente: ^.quiêu pensô jamâs o se 
•atreverâ a decir que estas virtudes mâA'imas, que e^toa raros 
dones del cielo eomo lo son en el grado y sentido que forzo- 
sament^ los reipiiere el artîculo, descollarât» o pueden brillar 
o sobresalir, co(uo es preci;«o para el intento, en medio del 
•abatimiento, desprecio y degradaciôn en que pone a las cas- 
tas un artîculo que va a t'ormar, auuque no se quiera, y por 
mâs que se diga, el igriotninioso apodo. que se les echarâ sin 
<;esar en earu en casa, calles y tribunalew? Eu dos palabras, 
Senor, es injpoaible que la cor.lnra, yabidupîa y religiosidad 
de los senores de la cornisiôn hubieran insertado este artîcu- 
lo si hubiera podido entrever siq niera lo que ya toco con las 
manoa, y me ha obligado decir a V. M. (lue me estimula a 
hablar como americano y que acaba de dejar su paîs. Desde 
luego convendrâ V. M. conmigo en que la justicia y pruden- 
cia cristiana, la convenieucia, la polîtica, en su ma, la con- 
«iencia, que no quiero prostituir, asî como no me dejan liber- 
tad para callar, me la limitan también para expresar todo 
lo que llevarîa hasta la evidencia este punto, y queyodebo 
dejar a la penetraciôn de V. M-, eligiendo (si cabe) entre los 
maies el raenor. 

Debe saber V^. M. que lasanciôn de este artîculo no harâ 
mâs que llevar adelante el ataque de la tranquilidad de las 
Américas, haciendo inraortal en ellas el gerraen de las discor- 
dias, rencores y enemistades, o sembrando el grano de que 
ha de brotar infaliblemente tarde o temprano el cûraulo de 
horrores de una guerra civil mâs o meuos violenta o desas- 
trosa, pero cierta y perpétua. El carâcter de la« castas, sus 
pereuacioues conocidae y fundadas, y los medios que se les 



192 J-RANCISCO GAVIDIA 

ofrecen para proporcionaree el goce de ciudadanos, son très 
apoyos de lo que dijjo, y que barân ver a V. M. en una expo- 
nieiôn no mes que superfioial. que siendo la exclusion que 
prétende el artîculo el obstâculo iusuperable y fatal de la 
union y prosperidad de las Américas, es al miemo tiempo el 
manantial perenney seguro de incalculables danos polîticos 
y morales. Su carâcter no es el que comunraente se crée: su 
constituciôn fîsiea y moral, su docilidad e inteliocencia, su in- 
dustriay demâs dotes les dan otro di^no de inreresar la 
atenciôn de un Gobierno que piense en su felicidad y en el 
bien gênerai de la Naci6n: y en esta parte me bastarâ refe- 
rirme a lo que han eecrito autores de mucho tino y discerui- 
miento, corao lo son entre los reguîcolas, Ulloa y Azara, y 
otros mil extranjeros. Sus persuaciones y preocupaciones 
son por lo misrao las de que constituyen una clase de mêrito 
y consideiaciôn en el* Estado, y las fundan en las declaracio- 
nés mas solemnes hechas en su favor, y que ninguno de ellos 
if^nora, como quiera que son el apoyo de su vanidad y dis 
tinciôn. Se creen priviîegiados, y lo estân efectivamente. Y 
para no detenerme, me contraeré entre todos los priyilegios 
que gozan, al que direetamente obra en la materia de que se 
trata, y que mas les halaga. Sobre los concedidos por las 
antiguas ordenanzas de Minerîa, las novîsimas del ano de 
83 ee explican de esta manera en el tîtulo XIX, art, 19: 
''Atento a que siempre debe considerarse la dureza, dificul- 
tad e incertidumbre de este gênero de trabajo, y a que sus 
preciosos productos son la e-special dotaciôn de aquellos do- 
minios y la primera fuente del provecho y felicidad pûblica y 
uni versai de estos y aquellos, y aun en gran parte de todo el 
mundo, vengo en concéder y concedo a los que en Nueva- 
Espana se dedican al laborîo de sus minas todas las raerce- 
des y privilégies dispensados a mineros de estos reiuos de 
Castilla y los del Perû". Pero todavîa es mas urgente la do- 
claraciôn del art. 2*?, que es a la letra la siguiente: "Ademâs, 
declaro a favor de la profesiôn cientîfica de la minerîa el pri- 
vilegio de nobleza, a fin de que los que ee dediquen a este im- 
portante estudio y ejercicio t^eau mirados y atendidoscon to- 
da la distinci^n para que tanto les recomienda su misma no- 
ble profesiôn''. Pregunto ahora, Serîor, y hago estesencillo 
argumento: los mineros de Castilla ^eran y sei îan ciudadanos 
espanoles o no? Y siendo la mayor parte de los empleados en 
el ejercicio de las minas la de los que excluye este artîculo del 
derecho de ciudadano, ^podrân al mismo tiempo pertenecer, 
como en efecto perteuecen, por la ley a una profesiôn noble y 
distinguida? Y por fin, pudiendo los hijos de estos dedicar- 
se a la profesiôn cientîfica de la minerîa, y por consiguiente 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 193 

eer nobles, ^no han de 8er ciudadanos espanoles? Senor, la* 
razonee se me agolpan y la multitad de las que puedo alegar 
COD el deseo de ser brève, DO me permite mAs que indicar a 
V. M. la impolîtica de les medios que se proponen para as- 
pirar a ser ciudadanos a una elase sin ilustraciÔD bastante 
en otro ramo que el de las pasiones, cuando se les inspira 
con ellos las dos mâs anâlogas a su carâcter, situation y 
preocupaciones, pero por lo mismo las mâs temibles, que son 
el orgullo y vanidad polîtica, sin las cuales jamâs serân ciu- 
dadanos, pero con las que la declinaciôn a ios extremos vi- 
ciosos en lo moral sera ruinosîsima al Estado. 

Pido, pues, a V. M, por la razôn y la humanidad que se 
resienten de degradaciôn en este artîculo, por el sagrado de- 
recho de igualdad, que es la parte potencial primera y mâs 
noble de la justicia; a nombre de mi provincia, por sus eepe- 
ciales encargos, expresos en mi poder, de que procure sean 
comunes y recîprocos Ios derechos y deberes, Ios bieues y lo& 
maies, las ventajas y desventajaa de todas las partes inté- 
grantes de la Monarquîa, y por su particular derecho de ser 
toda minera de la Patria, a quieu se prépara n conocidos y 
grandes males; y sobre todo, cuando nada de eslo merezca 
atenciôn, a nombre de la religion santa, que lo résiste por 
su carâcter y espîritu de que V. M. se balla tan animado y 
poseîdo, como yo he visto en Ios actos de bondad y clemen- 
cia a que he tenido la dicha de cooperar; virtudes a que ape- 
lo ya soleranemente en la solicitud de la supresion o modifi- 
caciôn para una tolerancia polîtica siquiera, y a que V. M. 
no puede negarse, si se acuerda que esas virtudes han hecho 
en todos Ios siglos, climas y Estados el ornamento y timbre 
mâs glorioso de Ios Soberanos, pido no permita V. M. que 
de aquî adelante esas virtudes se vean feamente deslucidas 
por el lunarindeleble de crueldad y dureza, que imprimirâ en 
su bellîsima y apacible faz la sanciôn de este artîculo. 

El Sr. Castillo: Senor, después de Ios enérgicos discur- 
808 que han pronunciado Ios senores que me han precedido, 
poco me queda que decir; por tanto, yo procuraré evitar la 
repeticiôn de razones para no ser deraasiado molesto. 

V. M. acaba de sancionar con la prudencia y sabidurîa 
que le son caracterîsticas loa medios y condiciones por las 
que el extranjero y sus hijos puedan obtener el honor de ser 
ciudadanos espanoles; pero estos medios se limitan sobre— 
manera cuando se trata de aquellos eapaîloles que traen su 
origen del Âfrica. En el artîculo 21, que acaba de aprobar- 
ee, se dispone que Ios hijos de extranjeros naturalizados, co- 
mo no hayan salido de Espana sin licencia del Gobierno, y 
24 



194 FKANCISCO GAVIDIA 

que habiendo cumplido 21 anos se hajfan avecindado en al- 
gûn pueblo del territorio espanol con oficio de ocupaciôn co- 
Docida, eean reputados por ciudadanos; ly por que bajo es- 
tas mismas condiciones no se les ha de concéder este derecho 
a quellos que no debemos mirar corao^extranjeros, sino co- 
mo espanoles, aunque origiuarios de Âfrica, cuyos majores 
se establecieron en la Monarquîa espanola desde largo espa- 
cio de doscientos anos? Que el bijo del extranjero espanoli- 
zado pueda ser ciudadano, y que los espanoles descendientes 
de AÎrica, que pueden contar entre sus abuelos cuatro o cinco 
generaciones ya naturalizadas, sean excluîdos de este honor, 
verdaderamente, Senor, que no comprendo la causa de esta 
desigualdad. 

Por Ventura, ^serâ la razôn de esto porque los descen- 
dientes de los ardientes climas de Àfrica tienen el color ate» 
zado, mcreno o negro? Pero yo agraviarîa sin duda alguna 
a la sabidurîa de V. M. si sospechase que esta cualidad o ac- 
cidente podrîa influîr en la resoluci^n de esta importante 
materia, pues los progresos que la fisica ha hecho en estos 
tiempos nos han demoatrado hasta la evidencia que la va- 
riedad de colores en la especie humana es eîecto primiti- 
vamente del clima y de las rostumbres, y secundariamente 
del influjo de los padres en sas hijos. 

^8erâ la causa de esta desigualdad el reducir el numéro 
de los représentantes americauos, reduciendo el de los repré- 
sentantes? No: estoy muy distante de atribuîr a los seûores 
de la comisiôn ideas tan rastreras y mezquinas, y mâs cuan- 
do todo el proyecto de Constituciôn abuuda de ideas libéra- 
les, justas y magnânimas. 

^Se dira que porque los descendientes de Àfrica traen su 
origen de esclavos sou excluîdos del honor de ciudadanos? 
Pero satisfizo completamente a esta objeciôn el digno Dipu- 
tado de Tiascala, y yo no tengo mâs que anadir sino que 
habiendo decretado V. M. que los siervos que eu Espaha ad- 
quieran su libertad son y deben ser espanoles, es claro que 
aquellos traen ya su origen de espanoles. A mâs de que no 
hay razôn por que se extientlan hasta los nietos mâs remo- 
tos los tristes efectos de la servidumbre, cuando creo que 
convendrîa a la libertad de V. M. hacer desaparecer para 
Biempro de! territorio espanol esta infeliz condiciôn del hom- 
bre, que tanto dégrada a la especie humana. 

Por ûltimo, Senor, ^serâ la causa de esta diferencia la 
inmoralidad que algunos imputan a los que descienden de 
aîricanas? Pero a mâs de que hay entre éstos muehos y 
muchîsimos que son honrados y virtuosos, no serîa de ad- 
mirar quese advirtieeeen esta clase alguna relajaciôn de 



HISïOaIA m DERNA de EL SALVADOR 195 

costumbree. Nadie ignora que el honor, el premio y la re- 
compensa del mêrito eon el primer movil del coraz6n huraa- 
Do, son el estîmulo mâs poderoso que mueve al hombre a re- 
primir eus pasiones y a eraprender una carrera laboriosa y 
util a la Patria; pero de este estîmulo, de este aliciente hau 
estado privados aquellos hombres que hasta ahora se han 
mirado con despreeio. En una palabra, yo no encuentro ra- 
z6n para privar del dereeho de ciudadanos a que'.los que 
traen su origen del Àfrica, que hablando con mAs claridad, 
son los que en America se conocen con el nombre de eastas, 
y por el contrario, creo que bay razones de conveniencia y 
de justicia muy poderosas para inclinar el ânimo de V. M. a 
favor de aquelloa individuos. 

Senor, todos los afanes de V. M. se dirigen a hacer la fe- 
licidad de la Naciôn espanola, y a promover por cnantos 
niedios sea posibie su prosperidad: para esto es indispensa- 
ble que V. M. procure mejorarlas costumbres de sus nubdi- 
tos, e inspirar en sus corazoues el amor y aplicaciôn al tra- 
bajo. Mas estos dos importantes objetos jamâs se lograrân 
raientras que no se premie la acciôn virtuosa, sin atender el 
oriojen del individuo que la hizo. Por tanto creo muy con- 
veniente (pie el dereeho de ciudadano se hiciese extensivo a 
las eastas, las cualen seo:uramente harân los mayores esfuer- 
zos para cumplir con sus deberes, para ilustrarse y para ser- 
vir a la Patria. Lo contrario sera perjudicialîsimo, prime- 
ro, a las costumbres; porque è.quê estîmulo podrân tener 
aquellos para manteuer una coiiducta arreglada, si el hom. 
bre de bien ha de ser coufuudido con el malo, si jamâs ha de 
aspiraraladistincioii y a la recompensa de sus virtudes, si eu 
raérito ha de quedar siempre en la oscuridad? Asî es que no 
es de extranarse, como dije antes, que hombres constituîdos 
en estos términos fuesen los mâs perversos del mundo; pero 
por fortuna no sucede asî con nuestras eastas, que por lo 
gênerai son gentes honradas y virtuosas. efecto que, en mi 
concepto, eôlo debe a atribuîrse a la religion que proîesan. 
Segundo, impedirîa la ilustraciôn de aquellos habitantes; 
porque ^a que fin emprender la penosa carrera literaria, si 
no han de poder optar los empleos, pero ni aun los grados 
literarios, porque regularmente son excluîdos de elios por 
las constituciones de las uuiversidades? Yo conozco varios 
jôvenes, que dedicados a las letrasofrecîan muchas ventajas; 
pero que hahiêndoseles cerrado la puerta de los honores, tu- 
vieron que abandonar su empresa, y se quedaron como plan- 
tas mutiladas, sin dar fruto. Estos son, Senor, los inconve- 
nientee negativos que resultarîan de la prâctica de este artî- 
culo eancionado por V. M. Pero aun se seguirîan otros in. 



196 FRANCISCO GAVIDIA 

oonvenientes positives de mucha cou^ideraciôu, que Y. M. 
-debe prever para evitarlo. 

Cuando me figuro formândose el censo en America con 
exclusion de las castas, o de los que traen su ori^en de Âfri- 
ca, ;quê dificultades secruzan eu mi imaginacion! Desde aho- 
ra preveo que habrâ pruebas, delaciones, pleitos y dieensio- 
Des muj odiosas, y que pueden tener resultados muy fatales. 
Senor, es menester tener présente, que los habifantes de Ul- 
tramar son espanoles, indios y originarios de Africa; y los 
que provienen de la mezcla de unos con otros, que son las 
castas, se dividen en mulatos y mestizos. D« aquî ré- 
sulta que cuando el origen es remoto, solo la oy-iniôn podrâ 
clasiflcar los que traigau eu origen de africanos, y como es- 
ta varia segûn los intereses y pasiones, este sarâ el origen de 
inuchas discordias, por lo que desearîa que se extinguiesen 
para siempre estas denominaciones, y que asî como son to- 
dos espanoles por haber nacido y estar avecindados en el te- 
rritorio espaûol, fuesen también riudadanos. Acaso se pen- 
earâ que sera fâcil formar estas claees por medio de libros 
parroquiales, donde ee expresa la clase a que pertenecen; pe- 
ro este docuniento solo prueba la cristiandad y la edad, pero 
de ninguna manera la calidad. pues la expresion de esta no 
fue mâs que la opinion del padrino, del sacristân o cura que 
extendiô las partidas. 

Senor, el asunto es de mucha importancia y trascenden- 
cic; no se trata del bien de uno u otro, sino de millares de 
eûbditos de V. M. que pueblan las Amêricas, de espanoles 
fleles a V. M., deindividuos y partes intégrantes de la Naciôn 
«spanola, de esta Naciôn libre e independiente, de esta Na- 
ciôn grande y generosa, en quien réside la soberania. ^".Y co- 
mo podrâ negârseies el derecho de ciudadanos a unos miem- 
bros de una naciôn soberana? 

A mâs de esto, las castas son las que en America casi ex- 
•clusivamente ejercen la agricultura, las artes, trabajan las 
minas y se ocupan en el servicio de las armas de Y. M. ^Y 
ee les ha de negar la existencia polîtica a unos espanoles tan 
beneméritos, tau utiles al Estado? ^En que priucipios de 
equidad y justicia se podrâ apoyar semejante determinaciôn? 
Son contribuyentes de Y. M. y ayudan a eosteLcr las cargas 
del Estado; j.pues por que no se les ha de honrar y contar 
entre los ciudadanos? 

Esta bien que se les consuele abriéndoles la puerta por 
eervicios eminentes; (,pero es dable que los que hasta ahora 
no han tenido existencia polîtica puedan haber contraîdo 
méritos relevantes? ^Y sera fâcil que tantos millares de ha- 
bitantes ocurran a molestar la atenciôn de Y. M. por solo la 



HI3TORIA MODERNA DE EL SALVADOR 197 

investidura de ciudadanoH? Yo creo, Senor, que «erîan po- 
C08 lo8 trep meses que cada uno han de durar las Certes fu- 
turas para atender a laseolicitudes de rnillares deindividuos 
de las castas que implorarîan su benignidad. Eu fiu, Sefior, 
be hecho a V. M. las razones de justicia que tieneii los indivi- 
duos origiuarios de Africa para merecer la atenciôn de V. M., 
y loe iuconvenientes que se seguirân de lo contrario. Por 
otra parte, yo uo hallo razôn nifundamento sôlido para que 
eeexclujan; porque condeaeender con las preocupaciones, 
que no niego hay en algunos espanoles de Ultramar contra 
las castas no œe pareoe bien. Lo justo sera sienipre bien re- 
cibido en todas partes; y auuque los grandes y poderosos 
quieren que duren las preocupaciones, la conducta de V. M. 
y sus sabias resoluciones formarân en este asunto. como en 
otros muchos, la opinion pûblica. A mâs de que no se trata 
de elevar a las castas a la clase de nobles, ni colocarlas en 
los primeros empleos; b61o se trata de reraover el obstâculo, 
de darles existencia polîtica, para que mejorândoee esta por- 
ci6n utilîf>ima de nuestra poblaciôn, sea mâs util a V. M. y 
a la Patria. Por lo que concluyo pidiendo que V. M. décrè- 
te que los hijos de padres ingenuos, aunque origiuarios de 
A-frica, como seau lionrados y tengan algûn oficio o modo 
de pasar la vida honestamente, sean reputados por eiudada- 
nos espanoles. 

Yo me lisonjeo que modificado este artîculo, esta Consti- 
tuci6n sabia, que V. M. esta dando, sera recibida de los paî- 
ees de Ultramar con el mayor regocijo, y como una prueba 
de la magnanimidad con que V. M. ha igualado en un todo 
los derechos de los habitantes de America con los de la Pe- 
nînaula, y los deseos de enlazar a unos y otros con los vîn- 
culos mâs estrechos de una misma naciôn y una misma fa- 
milia. 



Continué la discusiôn del art. 22 de la Constituciôn, en 
la eesiôn del 5 de septiembre. 

Touiô la palabra y dijo 

El Sr. Akispe: Senor: la voluntad de mis comitentes y 
creo que la de todos mis dignos companeros, conoce por ob- 
jeto primario el reunir las opiniones de los habitantes de la 
Monarquîa y formar un todo moral capaz de conservar eu 
integridad, y la mâs întima y cordial union entre todoe sus 
individuos. De aquî deben partir los fecundos y extraordina- 
rios recursos para hacer frente al poder colosal de Napoléon; 
de aqui el vernos libres de su terrible opresiôn; de aquî la 



198 FRANCISCO GAVIDIA 

existencia de la Naciôn espanola, a quien nai]a aprovecliarâ 
la mds eabia Constituoiôn, una vez verifieada eu dieolucion 
interior. La Naciôn se afirma como sobre dos polos en la 
Peuînsula y America; si cualquiera falla, peiigra su existen- 
cia y podrâ hundirse en ese anchuroso mar. Y hé aquî el 
punto de vista bajo el cual debe verse en toda su extension 
el artîculo conatitucional puesto a discusiôn: su saneiôn. en 
rai opinion, va a deci^iir sobre laintegridad de la Monarqufa; 
y esta terrible idea, que arredrarîaal espîritu mâs fuerte, me 
estrecha imperiosameute a mauifestar cou îranqueza mi opi- 
nion. Para fundarla me parece indispensable aorirme el pa- 
8o, fijando, primero, la verdadera idea que, especialmente en 
toda la America del Norte, debe formarse de las castas, que 
hacen el objeto de este artîculo; segundo, la que sobre eu 
existencia polîtica tienen formada todas las Américas; ter- 
cero, la inteligencia de la proposiciôu indicada en la sesiôn 
pûblica de ayer, con lo que quedarân removidos los escrûpu- 
los del Sr. Arguelles, siendo de esperar de su candor, de sus 
tau juétos como libérales principios y de su extraordinaria 
ilustraciôn, sea el primero en votar por la causa de esos des- 
graciados americanon, al menos por estar vinculada en ella 
la comûn de la Naciôn. 

No me valdré, Senor, en cuanto a lo primero, de pinturas 
que puedan pareeer exageradas, o creerse hijas de una ima- 
ginaciôn exaltada, o de un acalorado patriotismo; omitiré 
también las beilîsimas descripciones que de esa tan aprecia- 
ble elase de gentes hacen célèbres autores americanos y ex- 
tranjeros, para librarlos de toda imputaciôn, y solo echaré 
mano de la que hace un europeo, que se dice conocedor de la 
America y carâcter de sus gentes, y quien parece tiene algûn 
crédito en Câdiz. En uno de sus impresos dice, hablando de 
las castas (permîtame V. M. leerle a la letra): «Son la mâs 
apreciable parte del pueblo; la mâs amante de los europeos; 
la mâs laboriosa: la que ha peleado con el mayor denuedo a 
favor de la E^paila en la revoluciôn; la mâs desatendida por 
hallarse siîi propiedad territorial, ni protecciôn en sus ma- 
nufacturan. Sou (la mayor parte) de tan buena preeencia 
como nosotros; de un espîritu;brioso, que no conoce el miedo; 
de una docilidad al mismo tiempo, que los recomienda so- 
bre todos los habitantes de las Américas espariolas: labra en 
ellos la razôn.... sumamente reconocidos al bien, le distin- 
guen del mal con el mejor discernimiento.» Estas son la& 
castas. Ahî tiene V. M. una idea bastante para formar un 
juirio de las castas de America. Si pudiera imputarte aigu. 
na parcialidad a su autor, yo aseguro no séria en îavor de 
las Américas. 



HISTORIA MDDl; RNA DE EL SALVADOR 199 

Sîguese a examinar la opinion de la8 Àmêricas en lo gê- 
nerai sobre la existencia polîtica de eeoe depgraciados espa- 
fiolep. El Sr. ArgiielleB ha padecido ein duda un p;rande equî- 
voco en Kentar en eu florido diBcureo que los Diputados ame- 
ricanoe, al diecutir^e el vacilante y oecuro decreto de 15 de 
Octubre, se dividieron en sus opiniones en esta parte: la f6r. 
raula de decreto que todos presentaron al segcundo dîa de 
instaladas las Cortes, es un teeiiraonio irréfragable y autén- 
tico de su opini6n: allî reclamaron la igualdad de derechos 
entre los espanoles europeos y los naturales y chabitautes 
libres de America:» allî exigieron que en el caso, que debîa 
ser la base para el nombramiento de Diputado, se contara 
«indistintamente con todos los libres sûbditos del Rey>. El 29 
del mismo Setiembre reclamaron también todos la expresa- 
da igualdad de derechos para todos los «hombres libres;» y 
si en el decreto de 15 de Octubre no se comprendieron ex- 
presamente las castas, tampoco se excluyeron terminan- 
temente, y todo pendiô de la mayorîa de votos del Cou. 
greso; en la que concurriô un solo americano. Los Di- 
putados, pues, de las Amérieas han expresado en aquel 
tiempo su uriiforme opinion en favor de las castas, y no es 
fâcil entender como quiere hacerse raérito de su division 
de opiniones. Lo que parecerâ prodigioso a los que algu- 
na vez inculcaron que los Diputados no obraban confor- 
me a los intereses de sus representados es el observar 
que han coincidido entre si perfectamente en lo gênerai 
de las Amérieas y particularmente en las provincias que 
han tenido alguna ilustrucion y tal cual libertad para 
expresar, no la libertad de un cabildo, cuyos intereses sue- 
len estur en oposiciôn con los del pueblo, sino la gênerai 
de este. Tiremos la vista sobre las provincias delà Ame- 
rica del Sur, y hallaremos que han pedido este dere- 
cho ante V. M., o lo han proclamado por si. La 
desgraciada America del Norte se ha explicado como ha 
podido; jamâs se ha opuesto a favoreeer a las castas, y 
aun las ilustradas Goatemala y Nueva-Galicia, la opulenta 
Za:atecae, la benemérita Coagiiila, y la extensa intendencia 
de San Luis Potosî, cuyas instrucciones vi al pasar por su 
<:apital, quieren que se borran y proscriban para siempre de 
nuestros Côdigos, y aun de nuestros papeles pûblicos, los 
odiosos nombres degachupîn, criollo,indio, mulato, coyote, 
etc.; que en todos reine la fraternidad mâs intima; que todos 
sean hombres buenos y capaces por ley de todo derecho, va 
que reportan toda carga, sin mâs diferenciaque la que indu- 
ce la virtud y el merecimiento, por cuyos grados puedan 
tambiéu estos infelices algûn dîa ocupar puestos honorificos. 



200 FRANCISCO GAVIDIA 

Eetân sin duda conformes en lo gênerai las Amêricas con la 
que han querido y quieren sue représentantes en favor de las 
castas; esto es, que se les liberté de la infamia, del envileci- 
miento y de la miseria, quitândoles el obstâeulo de la le\' 
mâs odiosa, haciêudolos capanes de ser todo, aun Diputa- 
dos, Obispos y Papas, aute quienes no me avergonzarîa de 
hincar la rodilla y recibir sus bendiciones. Pasando a fijar 
la inteligencia de la proposiciôn insinuada ayer por los ame- 
ricanos que hablaron, no puedo raenos que admirar se exija 
explicaciôn sobre ella. Sou sus términos: "Son también ciu- 
dadanos los espaîïoles originarios de i^friea, hijos de padres 
ingenuos, que ejerzan alguna profesiôn o industria util, o 
tengan alguna propiedad con que puedan subsistir honrada- 
meute". ^.Y puede darse cosa mâs clara? Es preciso, para 
no entenderla, cerrar los ojos, o desviar de ella la vista, co- 
mo parece sucediô al Sr. Argiielles, que la fijô desde luego 
en los diversos artîculos que tratan de empleos y Diputados 
en Cortes. Esto esta contestado con decir que no es del caso 
su examen, y tendra lugar cuando se discutan los artîculos 
respectivos, puesto que el ser ciudadano, y aun de .los de la 
primera clase, no induce una consecuencia necesaria de ser 
al siguiente dîa Diputado, etc., como se ve en los artîculos 
91 y siguientes hasta el 98. 

Mas para remover todo escrûpulo, preocupaci6n o deli- 
cadeza, debe fijarse la atenciôn en que la proposiciôn no dice, 
ni quieren sus autores que hoy se déclare, el derecho que los 
descendientes de AÎrica deben tener a todo empleo, y mana- 
na vengan a sentarse al Congreso, o a exigir del Gobierno el 
bastôn de virreinato, etc.; solo se exige eu el raomento que 
se déclare, como es justo, ser ciudadauos y capaces de todo; 
que se les remueva la traba odiosa de la ley, y se deje a su 
virtud, buena conducta y merecimientos el vencer en lo polî- 
tico y lo moral los muchos ob(?tâculos que tienen para llegar 
cuanto antes a los empleos de honor. El Sr. Argiielles y yo 
no tenemos impedimento légal para ser Papas, iy cuânta 
nos falta que veucer para serlo? Y aun esta capacidad se 
pide en esa proposiciôn, no muj^ conforme a mi opinion, pa- 
ra los que sean hijos de padres ingenuos; de suerte que am- 
bos hayan sido o sean libres, y estén, como regularraente su- 
cède, mezclados por dos generaciones con sangre de espafio- 
les, acaso de las primeras clases. 

Supuesto, pues, el verdadero conocimieuto de îas castas, 
que hacen el objeto de este artîculo, el de la voluutad deci- 
dida en favor de lo gênerai de las Amêricas, y el de la inteli- 
genciasencilla|dela proposiciôn indicada, parece yaoportuno 
descender a desentranar el artîculo puesto a discusiôn. Yo 



HI3T0RIA MJDERNA DE EL SALVAODR 201 

lo hallo nada conforme a la justicia que tanto debe caracte- 
rizar a V. M., opuesto a la mâe sana polîtica, y euperfiuo eo 
el proyecto de Couetituciôn. 

Por principio de justicia y eterna equidad, las cartças 
y obrigaciones son la raedida proporcional de los derechos. 
Es constante que Méjico ha rendido a V. M., por ano, '^O 
railloxies de pesos fuertes, de pechos y derechos: de un ano 
a esta parte se han recargado dos miliones para caucionar 
el empréstito de dos, y cuasi uno que podrâ rendir el nuevo 
impuesto sobre el metzcal o arp^uardiente de Moo;uey {agave 
mejicano); de modo que deducido el importe de los tributos 
que se han quitado, resultan mâs de 22 miilones. Si a estos 
se agregaii las suraas iumensas que una plao^a de mandones 
y exactores de Hacienda roban a los coiitribuyeute?, mu- 
chas veces al abrigo de los varios CôJigos tirâuico^ dt^ Ame- 
rica, suben las cargas y obl^kaciones de aquellos ^ûhditos a 
una 6uma impondérable. ^Y sobre quién gravita este énor- 
me cargo de obligacionet? A lo ûltimo sobre el labrador, 
minero o iudustrioso manufacturero, y éstos en su raayor 
numéro son los que se llaman castas. Aun hay mâs: ^quién 
ka sosteniiio para Espaîïa aquellos vastos domitiios con su 
sangre sino las castas, pues los indios est^ exclufdos de la 
Milicia? De esos 25.000 guerreros que sostienen al virrey de 
Méjico, ^no son castas la mayor parte? Si, Sefior, esas cas- 
tas, sobre quienes recaen nombres muy odiosos, son las que 
reportan en lo gênerai esas terribles cargas u obligacioues, 
eufriendo a veces tal opresion, que parece se intenta ba ex- 
tinguir en ellas aun el germen de la generaciôn y como im- 
posibilitarlas para su propagaci6n, que atendido el terreno 
fecundîsimo y clima celestial en que viven, debîa estarmucho 
mâs multiplicada. Con todo, ellos son los verdaderos po- 
bladores y defensores de las Américas; iy podrâ verse sin in- 
dignaciôn en el proyecto de Constituciôn para la Naci^u es— 
panola, en que tanto brilla la justicia y la moderaciôn, un 
artîculo que priva del honor de ciudadanos a tan beneméri- 
tos espanoles? ^Podrâ haber quién dude un momento que 
ese proyecto en nada se conforma con la justicia? 

Vuestra Majestad, justa y dignamente, tiene procla- 
mado que la Naciôn es la réunion de todos los espanoles de 
ambos hemieîerios, y que en ella réside esencialmente la so 
beranîa y facultad de formar sus leyes constitucionales. Si, 

Eues, las castas son espanolas, deben participar de esa so- 
eranîa y facultad legislativa: si tienen esta participaciôn, 
Aeben ejercerla por sus représentantes; y no pudiendo verifi- 
carse esto sin ser ciudadanos, o han dedejar de serespafioles 

25 



202 FFANCISCO GAVIDIA 

y miembros de la eoberanîa, o se les debe de justicia, funda- 
da en la misirta Constitucion, el derecho de ciudadanîa, y no 
puede eer conforme a'justioia el neo;ârselo. Segûn el artîculo 
21, eBtâ concedido el derecho de ciudadano al hijo del ex- 
tranjero nacido en Espann; de suerte que el hijo de un frau- 
ces, con las cualidades de ese artîculo, y cuyo padre acaso ha 
regaio el sueîo espanol con la sangre de nuestros hermanos, 
y sembrado pu campo de cadâveres de estos mismos, tiene 
derecho de ciudadano en este proyecto de Constitucion, 
mientras en el miv«mo y en el siguiente artîculo se niega a 
los hijos y deseendientes por cualquiera lînea de Africa, quie- 
nes por dos y très eiglos han nacido en las Américas, pobla- 
do y sostenido con su sangre y con una fidelidad sin ejena- 
plar los derechos de la Naciôn espaîîola. Si heraos de ser 
consecuentes, es neceaario confesar que el artîculo en nada 
se conforma a la justicia. 

Bsta misma verdad se convence internândose un poco 
mâs a examinar las condiciones que se exigen para que 
alguna vez pueda obtener un descendiente de Âfrica el de- 
recho de ciudadano. Estas son moralmente imposibles, 
atendido el estado actnal de las castas, Ser\;^icios eminen- 
tes: [cuân difîcil es a esta ultima clase abandonada del Go- 
bierno llegar a veriticarloir! Y aun supuestos, jcuân difîcil les 
sera probarlos puesto que los jueces, etc., ante quienes se 
reciben las pruebas, son interesados en su contra; pero dé- 
mos que todo se facilite: ^.puede concebirse posible el que 
eada uno de estos pobres reûna 500 pesos faertes para cons- 
tituîr un agente, puesto que no tietip représentantes para 
que impetren la carta de ciudadanîa? Estoesquiméricoy aun 
insultante a la humanidad; esto es decir que se suba a la 
cumbre de un elevado monte, impidiendo al mismo tiempo 
aun el llegar a su falda, ^,Cômo pedirles talentoa cultivados 
a unos infelices, a quienes leyes bârbaras tienen cerradas las 
puertas de los coîegios y de las uuiversidades? Cômo pedir- 
les couducta particular, cuando se les prohibe entrar en esas 
casas de educaciôn, y aun se les cierran las puertas en las 
comunidades religiosas de ambos sexos? jEsôândalo inau. 
dito que solo puede tener origen en las preocupaciones de si- 
glos bârbaros, pero que no puede subsistir en el présente! 
Esto es en suraa el colmo de la injusticia, y no se puede espe- 
rar de tan acreditada justificaciôn de V. M. que lo apruebe 
eu el artîculo 21. 

La polîtica, Senor, sin separarse jamâs de la justicia, de- 
be dirigir sus miras a lo mâs util y conveniente al Estado. 
Nada conviene mâs a Espana que la réunion perfecta y gê- 
nerai de sus habitantes, y no es fâcil concebir cômo la "nega- 



HlîTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 203 

tiva del derecho de ciudadano, que iguala al espanol con el 
adveuedizo, pueda intluîr en esa reuniou de <1nimos tan de- 
eeada, antes bien sera indudablemente un semillero de dis- 
cordias y divisiones entre las familias, entre los puebloe y 
entre las ciabes del Estado. t.Cômo neo;ar el derecho de ciu- 
dadano a tantoK miles de guerreros fuertes a quienes no ha 
mucho declarô V. M. beneméritos de la Patria? <;C6mo ne- 
garlo a la porciôu innumerable de mineros que estan decla- 
rados nobles? Es preciso, Senor, que semejante negativ'a 
engendre en sus animos el abatiniiento, cuandono seael des- 
aîecto. Las revolu'-iones, aunqne traen tautas desgraciai?, 
no dejan de ilustrar a los hombres sobre los objetos que las 
niueven: la!=^ de America ban iiustrado demasiado a sus ha- 
bitantes sobre sus derechos, v va no es tiempo de alucinar- 
loe cou promesas vagas y un îârrago iusigîiiHcaute, o que 
tal vez insulta. Es para mî muy de teraer que la aprobacioa 
del artîculo en cuestiôn va a iufluîr directamente en la des- 
membraciôn de las Araêricas, en su ruina parcial, que es muy 
fâcil se haga trascendental por falta de prévision polîti'^a, y 
entiendo que esta pide se deseche como esta. 

Voy a concluîr con manifestar a V. M. que mi opinion sé- 
ria se desechase como euperfluo el art. 22 que se cuestiona, 
eutendiéndo^e los descendientes de Afriea en cuanto a los de- 
rechos de ciu'ladano iueluîdos en los artîculos 18, 19, 20 y 
21 del mismo capîtulo. Si el descendiente de Afriea ha naci- 
do en Espana y tieue las cualidades que comprende el art. 
21, nodebiendo hal)er en ju^ticia do.s pnsus ni dos balanzas, 
debe entenderse comprendido en él. Si el que trae origen de 
Afriea, y naeiô en ella. qniere ser ciudadano espaûol, lo sera 
cuando tenga los requisitos que exigen los arts. 19 y 20; pe- 
ro si el oriundo de la miema Afriea es nieto, biznieto, etc., de 
un africano, mezclado por dos, diez y cien generaciones con 
la sangre de originarios de las Espaûa8,no debe haber la m^'- 
nor duda en comprenderlo en el art. 18, y tanto mâs tenien- 
do présente la inteligencia que el Sr. Argûelles dio a este ar- 
tîculo cuando se exigia por el Sr. Castillo, de Goatemaîa, se 
explicasen aquellas palabras ''traeti su origen'', en que sentô 
Be hablaba en el artîculo de un origen mediato e inmediato. 
V. M. ha tenido mas consideraci6n a los africanos (pie a los 
extranjeros de otras partes declarâudolos espf.noles en el 
momeuto que adipiieren su libertad. No eucoja, pues, sii 
franca y libéral mauo tratândolos en el présente artîculo co.i 
menos generosidad que a éstos: conmuévanse hacia ellos las 
paternales entranas de V. M ; y atendiendo a sas tan seùa. 
lados eervicios eu favor de la Patria, a la sangre espanola 
que por dos o mâe generaciones circula en eue veuas, y a la 



204 FRANCISCO GAVIDIA 

aptitud que tienen para todo, declârelos generosa y justa- 
mente ciudadanos eepanolee, Asî conseguirâ iiifaliblemente 
ia mâs îutiina uuion entre todos los individuos de la Monar- 
quîa. Asî harâ que todos sean adictos a la Naciôn espano- 
la y muy reeonocidos a Y. M. Esto es lo que importa a Es- 
paha. y estos son tambiéu mis deseoe. 

El Sr. Dor: No tanto pedî aver la palabra para manifee 
tar mi opiniôu eu orden a la cual eetoy inderieo, como para 
îiianifestar el deseo de que se fije bien el estado de la cues- 
ti6n: pues segûu cuâl este sea o la suposiciôn con que se pro- 
<^eda, veo que americanos y europeos podemos fâcilmente in- 
currir en una contradicciôn o inconsecuencia manifiesta. 
Ayer ya indicé el Sr. Argûelles la dificultad a que debe darse 
mayor extension, y es la siguiente: 

Yo entiendo, y he entendido siempre, que en America el 
coucepto, opinion y estimaciôn pûblica de los indios origina- 
rios, criollos y europeos, ha sido, ya se trate de enlaces, ya 
de honores y eondecoracioues, en grado superlative muy su- 
perior a la de los originarios de Africa, y que esto ha sido 
de modo que a éstos no se les ha permitido tener oficios de re- 
pûblica. El seûor preopinante que acaba de hablar ha exal- 
tado raucho el mérito de los oriundos de Africa: no quiero dis- 
puter sobre esto, ni rebajar de ningûn modo su mérito; pero 
el mismo seîîor, si mal no me acuerdo, ha^ dieho que ahora 
debe prescindirse de si los originarios de Âfrica deben admi- 
tirse a los honores de repûblica y de Diputados de Cortes, y 
que de derecho puedan serlo, y no de hecho. Xi en prescin. 
dir de lo dicho, ni en la division de derecho y de hecho, pue- 
do convenir por lo que se dira despuês. Aun no ha diez dîas 
que uno de los Sres. Diputados de America dijo en el Congre- 
eo que creîa él que no habrîa reparo por parte de los ameri- 
canos en que a los originarios de Africa se les excluyese del 
derecho o e!ecci6u pasiva en cuanto a diputaciôn de Cortes; 
prueba clara de lo que tengo dieho en orden al concepto de 
America, por lo que toca a la clase de gente de que t^e trata. 
En Octubre proximo pasado se traté en rauchas sesiones so- 
bre los derechos de que habfan de gozar los de America: nun- 
€a hubo empeno para^iucluir en ellos a los oriundos de Afri- 
ca: con aprobacion de los Sres. Diputados de America, se 
sancionô el decreto de 15 del mism.o mes, declarândose con 
•él que los espaûoles originarios de nuestros dorainios euro- 
peos o ultramarinos son iguales en derecho s lo-^ de esta Pe- 
nînsula: esto vale lo mismo que decir que no lu son, ni gozau 
de igual derecho los originarios de Africa. 

Ahora se prétende que éstos tengan el derecho de ciuda- 
danos espanoies: prescindo de si deben teuerle o no; pero de 



HI3T0BIA MODERNA DE EL SALVADOR 205 

lo que no puede de niugiîn modo presciudiree, es de que si le 
tienen, debe este extenderse a todo bonor y condecoraciôn, 
eiendo absurdo el reeolver sobre una cosa dejando pendiente 
la otra, y distinguir entre derecho y hecho. ^Quieren, pues, 
los senores americanos que a los ori^çinarios de Africa sa les 
abran de par en par las puertas de los ayuntamientos para 
ser regidores y alcaldes; las de los tribunales para ser minis- 
tros, oidoree, régentes y virreyes, y las de los templos para 
ser curas pârrocos, canônigos, obiepos y arzobispos? Si esto 
quieren, a lo que parece oponerse todo lo que se ha dicho de 
los mismos senores de America, puede ser una la cuestiôn sin 
el riesgo deincohereucia o contradicciôn: pero si no quieren 
esto, como parece que no han querido ni quieren algunos; si 
quieren prescindir como lia dicho el seîior preopinante, no es 
esto possible. 

Ayer dijo, y dijo muy bien el Sr. Alcocer, que el derecho 
de ciudadano es de los mâs privilegiados; el que habilita pa- 
ra empleos y f-jercicio de soberanîa, y el que en esto y otras 
muchas cosas se hacîan respetar los romanos. Si concede- 
mos, pues, a los originarios de Âfrica el derecho de ciudada- 
no espanol, ^corao podremos negarles lo que es una conse- 
cuencia précisa, conviene a saber: la habilitaciôn para to- 
dos los honores de la repûblica y de Diputados de Cortes? 
^C6mo podrîamos decir a un originario de Africa «tu ères es- 
panol, tienes derecho de ciudadano, veinticinco anos, vecin- 
dad, residencia, patrimonio y niéritos; pero no puedes obte- 
ner erapleos de repûblicas ni honores de una naciôn en que 
gozas del derecho de ciudadano? Serîa esto una inconee- 
cuencia y contradicciôn raanifiesta. 

TrAtese, pues, de arabas cosas: sépase si se quiere concé- 
der el derecho de ciudadano espanol a los originarios de 
Africp con habilitaciôn o sin ella para todos los empleos y 
dignidades del Estado, y lo que haya que decir en pro y en 
contra de une y otro. 

Kl Sk. Salazar présenté el siguiente discurso, que leyô 
el Sr. Secretario. 

«Quisiera, Senor, en este raomento poder prescindir de 
la calidad de représentante del reino del Perû para que mis 
refiexiones sobre el artfculo de Constituciôn presentado hoy 
al examen y sauciôn de V. M. apareciesen tan imparciales 
como es el C:?lo que las dicta. Sin embargo, biendo el lengua- 
je de la justicia tan puro como ella misma, espero que V. M. 
quedarâ penetrado de la sinceridad de mis sentimientos. 

El artîculo présente es de mucha importancia y de gra- 
vîsimas consecuencias. Es uno de los puntos mâs delicados 
-que pueden ofrecerse en nuestra Constituciôn. Se trata de 



206 FRANCISCO GAVIDIA 

excluîr a una clase muy numerosa y muy benémerita del de- 
recho de ciudadano: de concéder o privar a una gran parte 
de lo8 puGbIos americanos del derecho mâs precioso que el 
hombre puede disfrutar. 

El artîculo que se discute, y que tanto disminuye la re- 
preeentaciôn de las Américas, contiene una resoluciôn que 
ni es convenieute con lo que dicta la justicia, ni oportuna, 
ni polîtica. îîiega un derecho que esencialmente pertenece a 
las castas que pegan unas mismas contribuciones que los 
demâs naturales de America, que estân sujetos a un miemo 
servicio militar, que los hicieron y hacen muy importantes 
a la Patria, y de quienes debe esperarse la conseryaciôn del 
orden. Los têrminos en que el artîculo esta concebido son 
vagos y exponen a la arbitrariedad, pues no expresan quién 
ha de decidir en el asunto, quiénes son los que traen origen 
de padres africanos, ni cômo o cuândo este origen debe en— 
tenderee limitado o fuera del caso de la ley. ^Y podrâ V. M. 
exigir con esperanza de fruto, ni con justicia, que la conser- 
vaciôn de la sociedad sea protegida por aquellos mismos in- 
dividuos, que en el arto déclara no ser miembros suyos, de- 
negândoles el derecho de ciudadanos? La esperanza débil y 
coetosa de conseguir taies derechos con que el artîculo esta 
modificado, ^bastarâ para que le crean justo, y para que des- 
de ahora todos hagan sacrificios de sus personas y de los 
degeos y esperanza en que estân de ser en una parte atendi- 
doB? ^.Dônde se halla la igualdad que dénota y califlca la 
justicia? 

No recordarê a V. M. los funestos progresos que ya hiza 
el descontento en las Américas: me contentaré con hacer pré- 
sente al Congreso soberano, que no solamente es necesario 
evitar las providencias injustas que fomentarîan aquel espî- 
ritu, sino también las que aquellos pueblos creyesen ofensi- 
vas de sus derechos. Si no son de larga duraciôn los vîuculoa 
que uneu a los hombres en sociedad, cuando no son confor- 
mes con la igualdad y la justicia, ^.cômo podrâ pretenderse 
que en tiempos de revoluci6n, a largas distancias, y en cir- 
canstancias que no se ocultan a V. M., puedan conservsrse 
aquellos vînculos por medio de un establecimiento, que aun 
cuando en sî fuese justo, descontarfa una clase numerosa, y 
de la que se sirven las autoridades del Pern para mantener 
los pueblos en tranquilidad y unidos a la Penînsula. 

En efecto, Senor, una de las clases mâs numerosas eu 
el Perû, tal vez de mâs consideraciôn y ein duda de las mâs 
utiles por su profesiôn, es la de los negros, o de los que traen 
eu origen de padres africanos. Y si preteudemos que aquellos 



HISTORIA MODEKNA DE EL SALVADOR 207 

habitantes se manteogan adictos y reunidos a la Monarquîa 
eepafiola, ^.eerâ oportuno excluîrlos del derecho de eiudada. 
no8 en una crieis como la actual, en que una eola chiepa bas- 
tarîa para iuflaniar âniraos ya demaeiadaraente prevenidoe? 
Deepués queel Gobierno espanol ha declarado quetodos for- 
man una parte intégrante de la Xaciôn, y cuando ya todos 
tienen consentido y esperan eer puestos en el goce de sus de- 
rechos, de que debe disfrutar tcdo hombre que no tenga una 
moral incapacidad, que no puede ser nino una misma en to- 
dos, ^cuâles serîan los resultados de la exclusion que en el 
artîeulo se estableee? iY que îunestas no se presentan para 
la Penînsula, de quien se desuniesen aquellos pueblos, y pa- 
ra ellos mismos entregados al desorden por la falta de un 
gobierno legîtimaraente constituîdo? 

Tiemblo, Senor, al considerar los maies que a la Espa- 
na y a las Américas se prepararîan si Uegasen a separarse, 
espeeialmente en la aetualidad, 3' ruego a V. M., por el bien 
de los espanoles y los americanos, se sirra considerar aten- 
tamente las con.secueneias que pueden resultar de una reso- 
luciôn que quizâ va a decidir de la îelicidad y de la suerte de 
unos y otros, 

El artîeulo ademâs en los témiinos générales en que es- 
ta eoncebido no solo descontentarîa a la clase excluîda, sino 
también a otra porciôn muy considérable de los naturales 
de America, o porque ignorando muchos el origen de sus 
antepasados, se creerfan comprendidos en la exclusion o 
porque aun cuando no lo ignorasen, juzgarîan que no les sé- 
ria îâcil hacer ver la verdad. Asî, la ley abrirîa las puertas 
a la arbitrariedad de los que hubiesen de decidir en el asun- 
to, porque senalando los limites que hubiesen de circunscri- 
bir aquellas pruebas, exigirîan mas o menos, segûn fuese su 
inclinaciôn a excluîr o admitir al derecho de ciudadano. 

La masa grande del pueblo es compuesta de negros y 
de castas que descienden de padres africanos, y la principal 
fuerza armada es y siempre fae compuesta de esta clase. Asî 
es que en el levantamiento de los indios en 1780 fuaron los 
mulatos los principales cuerpos militares que contribuyeron 
a su pacificaciôn. Actualmente un cuerpo respetable de tro- 
pas que obra y contiene los progresos de Buenos Aires, a las 
ôrdenes de Goyeneehe, esta compuesto de la misma clase* 
Igualmeute lo esta el que tiene Molina en la ciudad de Gua- 
yaquil, y que tranquilizô las primeras conmociones de la 
ciudad y provincia de Quito. Igualmente la guarniciôn del 
Castillo de San Felipe del puerto del Callao, esta principal- 
mente formada de negros y mulatos, cuyo origen es de pa- 
dres africanos. 



208 FRANCISCO GAVIDIA 

Y a vista de esto, ino eerîa arrieagaJa la eanciôn (tel 
artjculo que se discute? oQ^^ eîectos podrîa esperarse de 
uua ley, contra cuva observancia estuviesen todas las pro- 
babilidaiJes como en el caso présente, y que en vez del orden, 
produjese ar-aso la subvernion y la anarqufa? 

E! legiïilador que asî obrase, sin miramiento al espîritu 
de lo8 pueblos y a las mâs probables résultas, ;podrîa pre. 
tender que se le tuviese por prudente, y a eus leyes por opor- 
tunas y a propôsito para conseguir el bien que debe ^eer eu 
solo objeto? 

Por esta raz6n, Seûor, en nin^un momento pierdo de 
vista los acaecimientos que puedeu sobievenir a las Améri- 
cas, y causar un torrente de maies y de desôrdenes en aqne- 
llos reinos; y asî espero que otra vez me permita V. M. 11a- 
mar su soberana atenciôn hacia las fanestas consecueucias 
que puedan sei^uirse de sus deliberaciones, por raâs justas 
que eean en eî mismas. Si las terribles résultas de este artî- 
culo, aun supuesta su justicia, han de ser el descontento gê- 
nerai, la separacion de la Penînsula, euya union ya apenas 
es posible conservar sino por la justicia e igualdad de dere- 
cbos, las guerras civiles, el derramamiento de sangre ameri- 
cana y europea, las ruinas de las fortunas y una euerte in- 
cierta de aquellos paîses; ^podrâ V. M, tener por cansadas 
mis representaciones cou el objeto de que esta materia se re- 
euelva con una madurez y examen que ponieudo fin a los 
disturbios que amagan, acrediten la profunda prudencia con 
que V. M. promueve la tranquiiidad y felicidad de todos los 
dominios espanoles? 

La polîtica, Senor, que es el arte de bien goberaar, exige 
que se adopten los medios que oonducen a la prosperidad de 
los pueblos; y por el conocimiento que yo tengo de los de 
America, debo recelar mucho que sancionando el artîculo 
propuesto, en vez de los que requieren las circunstancias, y 
que se conforman con el dictamen de los hombres raâs respe- 
tables, se elijan los arbitrios mâs opuestos a los deseos de 
V. M., y los que estân de algûn modo en contradicciôn con 
los principios estabîecidos y publicados. 

El principal, si no ûnico foudo que îdlta en la Penînsula, 
y sobre todo en las Amêricas, para que el imperio espanol 
eea el mâs floreciente del mundo, consiste en el aumento de 
brazos utiles para el trabajo. La Inglaterra, desde el feliz 
reinado de Isabel, tratô de buscar este fondo, no solo abri- 
gando, sino concediendo auxilios y preeminencias a todo ex- 
tranjero que quisiese establecerse en sus dominios; y a pesar 
de la intempérie de su clima, a esta providencia y à la liber- 
tad de sus ciudadanos, debe sus râpidos progresos en las 



HISTOKIA MODtRNA DE EL SALVADOR 209 

ciencias, artes, agricultura y comercio. Ningûn servicio ni 
mérito anticipado exigîa para concéder privilegios semejan- 
tes a los de que se trata en el articule; conocîa que aun con- 
cediêndoloa de antemano, los agraciados hacîan mayorea 
beneficioa que los que recibîan, pues éstos no podîan equiv^a- 
1er a los que redundaban a la Naciôn por los grandes capi- 
taies traîdos por los extranjeros, o por el producto de su 
trabajo. Nuestro sabio Rey I). Alfonso, que no hubiera sido 
tan excelente legislador si no hubiese sido tan profundo po- 
lîtico, no solo no exigîa servicios anticipados de los extran- 
jeros que querîan domiciliarse en sus domiaios para consi- 
derarlos como ciudadanos, sino que antes de todo les conce- 
dîa fueros y prerrogativas que los igualaban a las clases mâs 
elevadas. I V. M. cuando se trata de una clase no solo do- 
miciliada, sino ademâs nacida en territorio espanol, que tie- 
ne hechos los mâs importantes servicios a la Patria, y de 
quien acaso dépende la conservaciôn de sus mâs vastos do- 
minios y de las fortunas de muchos europeos existentes en 
ellos y en la Peninsula, ^podrâ no mirar como un acto de 
polîtica necesaria, no digo el concederle auxilios y preemi- 
nencias que la eleven sobre las demâs, sino los derechos de 
ciudadano, de que no hay razôn para privar a quien no ten- 
ga una incapacidad que nadie podrâ descubrir en esta clase 
de gentes? 

Tal resoluciôn, contraria a lo que dicta la experiencia en 
el feliz resultado que nos ofrece la Inglaterra, y al prudente 
dictameu que en esta parte nos dejô nuestro sabio Rey D. 
Alfonso, en vez de fomentar el precioso fondo de brazos de 
que tanto necesitamos disminuirîa aun el que tenemos con el 
desconten-to de tantos africanos, o de origen africano, con- 
eertidos, en virtud del artîculo, de hombres beneméritos y 
eostenedores nuestros, en enemigos irréconciliables que pro- 
curarîan y apoyarîan la separaciôn, y por ûltimo en vez de 
calmar los odios nacidos eu gran parte de la diferencia de 
privilegios y de razas, no harîau mâs que aumentar las ri- 
validades y fomentar las semillas, que con deraasiada fuerza 
comenzaron ya a brotar eu America, y que râpidamente 11e- 
garân a su madurez si sin perder momento y por los medioa 
indicados de dulzura y justicia no procura desarraigarlas V. 
M. en bien de espanoles y americanos. 

En consecuencia de todo, y conforme a los principios ma- 
nifestados, propongo los eiguientes artîculos, para que se 
sustituyan en lugar del que se discute: 

19 Serân asîmismo ciudadancs todos los anotados en 

26 



210 FRANCISCO GAVIDIA 

los libroB parroquialee, asî en el que se Uama de loe eepano- 
lee, como en el nombrado de caetae. 

29 Serân ciudadanoB con voto active y panivo, confor- 
me a la Constituciôn, todoe los eentados en el primer libre 
de eepanoles; y ciudadanos eôlo con voto active los senta- 
dos eu los libres parrequiales de castas que hayan nacido 
libres y de légitime matrimonie. 

3? Se concédera a las castas el derecho de voto pasivo, 
concurriendo las circunstancias que se expresan en el proyee- 
to de Constifuciôn. 

La restricciôn que prepenge en el eegunde articule es 
cenveniente con las ideas générales de les pueblos de Ameri- 
ca, relativas a la opinion que en elles se tiene de las castas, 
ideas que ne deben elvidarse cuande se trata de dictar le- 
yes. 

Sin embargo de todo, si por la importancia deî asunto 
y por las consecuencias que pue len resultar de la resoluciôn, 
creyese V. M. que conviene exaruinar mas deteuidamente la 
materia, instrnj'êndose mâs por mener de todas las circuns- 
tancias de lan Amêricas, segwi ye ciertamente lo juzgo, pro- 
pongo a V. M. que se devuelva a la comit^iôn, para que to- 
mando nueva mente en considéra ciôn el proyecto, exponga 
al Congreso el mode de conciliar les intereses de todos, pre- 
sentândolo a V. M. en el dîa que se senalare, y sin detener 
por este las discusiones de les demâs articules de la Cons- 
tituciôn. 

El Sr. Terrero: Seîïor, conâese que no voy a pronun- 
ciar y decir cesa muy agradable y lisonjera; père no tenien- 
do yo etra polîtica que lajusticia, no sabiendo mâs ciencia 
de Estado que lajusticia, ni poseyendo êtres conocimientos 
del alto Gobierno que la justicia,eu fuerza de ella signiflcaré 
sincerîsimamente lo que mi almn abriga con respecte y a fa- 
ver de teda la humanidad. Si }'or elle se descontentase al- 
guien, necesarie es haber paciencia: ya el Legislador divino 
me instruyô en parte, cuande publicamente y a presencia de 
un gran pueble, apellidô rulpeja a un Rey, y generaciôn de vî- 
boras a les potentades de Judea. Ahera bien: la proposi- 
ciôn del articule esta oratoria; yo la pondre filosôflca. cLos 
espanoLes originarios de Africa no son ciudadanos aunque 
pueden llegar a série.» Este es le que comprende en estre- 
chos termines filosôficos. A primer aspecte parece admisi- 
ble; pero si se horada la materia, si se prefundiza, écho de 
ver en ella grandes injusticias y lamentables escândalos. 
Veâmoslo: Un habitante libre de San Salvador del Congo, 
atraîdo por la dulzura de las costumbres eurepeas, se adhie- 
re a los catôlicos de quien es aquella celonia, perteneciendo a 



_3 



HISrORIA MODERNA DE EL SALVADOR 211 

la naciôn portaguesa: recibe elsanto bautismo, se trasladaa 
Portugal, y deepués, o con bienes que tuvieee, o con otros 
que hubiese etdquirido, paea a otro punto de la Penînsula, 
donde en vida cristiana, con su aplicaciôn, conducta y tra- 
bajo, subsiste por el espacio de diez anos: en esta su época 
es ya espanol segtîu la ley; y este espanol, sin embargo, do 
es ciudada.no: se casa, tiene hijos que Uegan a la mayor edad; 
y sin embargo, este espaûol y sus hijos no son ciudadanos: 
estos hijos propagan su estirpe de una en otra, y en otra 
generaciôn; sin embargo, estas ûltimas generaciones, cuyos 
padres y abuelos eran espanoles no]son ciudadanos. iQué 
causa hay, pues, que urgentîsimos motivos existen para que 
estos originarios del Africa sean excluîdosde los mâs precio 
SOS derechos del horabre libre? ;.Qué cauda leonis, plaga o 
constelaciôn infausta cobija al Africa, que no cubre a la Eu- 
ropa, la America y al Asia? Los originarios del Africa espa- 
fioles no son ciudadanos;'vendrâ un francés, y este sera ciuda* 
dano: aquéilos no, éstesî: En la balanza inaltérable de mi 
jusHcia, y en mi ûel, siempre constante e igual, no cabe esta 
doctrina. Y si en algûn accidente hubiese de hacer alguna 
preferencia, preferirîa acaso aquéilos, y pospondrîa ese otro. 
Pero iuquiramos el origen de esta moustruosa diferencia. Al 
parecer sera. ..sera el color. ^El color? ^Mas si en Africa hay 
blancos, negros y moratados? iSi sus originarios son de to- 
dos colores? Fuera de que el entendimieuto ilustrado y el 
aima grande y justa no hace aprecio de colores, sino de los 
procedimientos u obras de los hombres. jAh! que en el jui- 
cio de Dios no entrarâ en cuenta ni se examinarân los colo- 
res, sino las respectivas obras de cada uno unuscujusque 
opus. Pero sera tal vez la esclavitud. No me desatiendo, 
alla voy. La esclavitud que sufren o hayan sufrido ellos por 
eus padres. Por lo que mira a los hijos y ulterior descenden- 
cia que tuvieren, ^.cômo ha de ser obstâculo la esclavitud 
del padre para que dejen de entrar en el goce de los fueros 
del hombre? ^Es por ventura aquélla alguna mancha ori 
ginal semejanre a la de nuestro primer y comiin padre, que 
nace naciendo los hombres, se ingiere y extiende de unos en 
otros hasta la consunciôn de la especie? Ni tampoco puede 
ser ôbice en consideraciôn a los misraos padres. ^.Qtiién ig- 
nora, o a quién se le ha ocultado jamâs que nadie es reo ni 
delincuente por acciôn que no ha estado en su poder evitar? 
El mâximo africano, la lumbrera de la Iglesia catôlica (San 
Agustîu) asî terminantemente lo expresô, in eo quod caveri 
nuUo modo potest. ^Qué? ^.Ignora V. M. el horrible y atroz 
manejo con que se cazan y marcan estos hombres, imâgenes 
de Dios, criadas por el mismo Dios, sus hechuras, pues que 



212 FRANCISCO GAVIDIA 

las madrés ignoran sus obras y la formaciôn o apariciôn de 
eus conceptos, nescio qualiter in niera meo apparuistis, que 
dijo a los Macabeos eu ilustre y heroîna madré? ^Estos hom- 
bres en cuyo carâcter son todos de igual alteza? La misma 
Santa Igleeia tiene definido que para el mérito o demérito es 
menester toda excepciôn de coacciôn o violencia y aun de la 
neeesidad interna. La aeciôn menos deeorosa, cometida por 
un opreeor impulso, no debe indacir nota, ni menos impri- 
mir inîamia; acorde toda ley. Dîctalo asî la ley eterna de 
Diop; asî la ley natural, que es su destello impreso en nues- 
tras almas; asî todas las leyes civiles y eclesiâsticas; y por 
ellas todas, taies obras forzadas se tienen por exentas de 
cualquier aparieneia de menos valor. Y si por su orif^en la 
esclavitnd que se expérimenté por les en cuestiôn iio ha me- 
recido degradaciôn o abatimieuto, ^.cômo es queabora se les 
tacha de hecho para que no disfruten de los derechos de los 
demâs espanoles? t,Cuândi) acabaremos de entender y pene- 
trar que la polîtica de los L^tados debe ser la justicia y la 
igualdad en acciones, en pesos, en medidas, y en niveiar los 
hombres por sus méritos y no por eso que titulan cuna? 
Abrazaré, Senor, tiernamente y estrecharé en rai pecho entre 
los brazos a un negro, a un etîope, si le vfo adoruado de me- 
recimientos y virtud; mlraré, por el contrario, con exei'ra- 
ciôn, oprobio y escarnio a un grande de la Naciôn, por otra 
parte prostituîdo. Contrâigome a la proposiciôn. P]!la es 
injusta, y no me entrometo a investigar su polîtica. Es in- 
justa; por consiguiente, sin que se anuncie, se debe calcular 
impolîtica. El raciocinio lo formo de este modo. ^Eh justo? 
Luego polîtico. îEs iujusto? Luego impolîtico; y no eu otro 
orden inverso. Esta es la doctrina de Dios; ia justicia (dice 
quien no puede errar) levanta, engrandece y exalta las na- 
ciones, las hace prospéras y felices en todus ramos; por el 
contrario ia injusticia las oprime, consume y externa, con- 
cluyendo con los reinos, Monarcas y potentados. 

Ruego a V. M. no incurra en taies injusticias, para que 
no se reproduzcan aquellos tristes ejemplares de que cuanio 
se me remueve la memoria siento en el aima una emociôn 
rauy tierna y muy terrible. Cuando los insignes negros de 
Santo Domingo, aquellos 63,000 hombres, se decidieron por 
la Patria espanola y por ella derramaron espontâneameu- 
te su sangre, conducida su plana mayor a esta ciudad, se les 
despojô de su libertad, de sus tîtulos, de sus honores. ^Y 

por que? Porque Estas no son culpas de V. M., son efec- 

tos del despotismo de los Gobiernos anteriores, rezagos y 
pesabios de la barbarie antigua. Concluyo diciendo que re- 
pruebo completamente el precitado artîcuîo, que debe supri- 



mSTOSIA MODERNA DE EL SALVADOR 213 

mirée, o en su lu^ar fijaree las sicfuientes palabras: 'Los es- 
panoles originarios del Africa serân atendido.s y considora- 
dos como los demâs extranjeros"'. Se acabô y acabé. 

El Sr. Aner: Senor, si discutimos este artîculo aislada- 
mente 3' sin exarainar la reiaciôii v conformidad que tiene 
eon los artîculos que siguen, particularraente con el 29 y 
otros principios saûcionados anteiiormente por V. M., nos 
exponemos a iucurrir en contradicjioiieH muy perjudiciales. 
Por mi parte, no puedo menos de cornenzar mi di.-?curso por 
el decreto de 15 de Octubre, que en mi coDcepto debe servir- 
nos de guîa para la discueiôu de este negocio. Eu éî pe previe- 
ne queno puedau tener parte alguna eu la represeiitadônna- 
cional los que no sean naturales origiuarios de los dominios 
espanoles en ambos hemisferios, y por uaa conseeueuria in- 
dudable quedan excluîdos de todo concurso a la repres^-nta- 
ciÔD nacional los origiuarios de Africa existentes en los do- 
minios espanoles. Este decreto, sabiamente acordado, y que 
debe eonsiderarse como ley fundamental, quedarîa absoluta- 
mente destruîdo si prevaleciesen los priucipios y doctrinas 
en que se fundan los seûores preopinantes para rontradecir el 
artîculo, y si este no se aprobase en los térmi::os en que se 
ha presentado. Algunos de los senores q'v me han precedi- 
do, olvidândose del expresado decreto dei 15 de Octubre, 
quieren que V. M. déclare por ciu ladauos espanoles con to- 
dos los derecbos anejos a esta calidad a los originarios de 
Africa, proposiciôn que équivale a decir que V. M. les déclare 
el derecho de coDcurrir activa \ pasivamente a la represen- 
taciÔQ nac'onal, contra lo sancionado como por la ley fun- 
dameutal, eu el iudicado decreto de 15 de Octubre. Otros 
senores pretenden que a los origiuarios de Africa, existentes 
en los dominios espanoles, les corresponde de iusticia el de- 
recho de ciudadanos, y por este principio quiertu que V. M. 
los déclare taies; pero que se limiten eus derecbos a la voz 
meramente activa, es decir, que de derecho set: m ciudada- 
nos, pero no de hecho: asî se han explicado alguwos senores. 
Yo, Seiîor. confieso de buena fe que noto muehas contradic- 
ciones en estos pareceres. Pretender que V. M., siu hacer 
injueticia, no puede dejar de elevar a la elase de ciudada- 
nos a los origiuarios del Africa, y pretender al mismo tiera- 
po que sin injusticia se les pueden o deben limitar los dere- 
cbos que en consecuencia les competen, envuelveuna notoria 
eontradicciôn. Créer que sin hacerles injusticia se les pueden 
limitar los derechos de ciudadanot^, y no créer que siu injus- 
ticia se puede dejar de declararles el derecho de ciudairtùos, 
es otra eontradicciôn manifiesta, y me parece que pocfis ra- 
zones bastarân para aclararlo. ^Y a los originarios del Afri- 



^14 FRANCISCO GAVIDIA 

ca/existentes en los dominios espanolee, de justicia les corres- 
ponde ser ciudadanos o no? Si lo primero, es preciso confe- 
sar que tambiéa de justicia deben gozar de todos los dere- 
chos de ciudadano, y cualquiera coartaci6n en esta parte 
serîa una injnsticia. Lue^o por los principios de justicia es 
en 81 contradictoria la opinion de los senores que quieren 
que sean ciudadanos, pero que no gocen los derechos de ta- 
ies-, es preciso, pues, que segûn estos principios deben tener 
derecho activo y pasivo en la representaciôn nacional los 
originarios del Africa, y que V. M. les hizo una injusticia no- 
toria en el decreto de 15 de Octubre; pero si no les compete 
de justicia el ser ciudadanos, entonces carecen de fuerza las 
razones de los preopinantes y solo las leyes de la convenien- 
cia deberâu decidir la cuestiôn. Que a los originarios del 
Africa eiistentes en las dominios espanoles no se les hace in- 
justicia en el artîculo que se discute, me parece fâcil démos- 
trarlo. Se dice generalmente que se obra contra la justicia 
y derecho privado cuando a uno se le quita un derecho en 
cuyo goce y pacîfica posesiôn se hallaba por muchos anos, o 
cuando a uno no se le concède lo que de derecho y de justicia 
le corresponda. En primer lugar, no consta que hasta 
ahora los originarios de Africa existentes en los dominios 
espanoles hubiesen sido declaradog ciuladanos, ni habidos 
y reputados por taies en America. Los sefïores que han pre- 
opinado no podrân citar ley alguna en la que se haya hecho 
eemejante declaraciôn; tampoco podrân alegar el uso y la 
costumbre, pues constantemente han estado apartados de 
los oficios y cargos pûblicos, ni quizâ habrîan tolerado otra 
cosa los raismos americanos. Es, pues, una verdad que ni 
por ley, ni por uso ni costumbre han sido declarados ciuda- 
danos los oriundos del Africa, ni habidos y reputados por 
taies en America; luego por el contenido del artîculo no se 
les causa injusticia, porque no se les quita un derecho en cu- 
yo goce y pacîfica posesiôn se hallasen por muchos anos. En 
segundo lugar, tampoco esta deraostrado que de justicia les 
corresponda el ser elevados a la clase de ciudadanos, ni se 
présenta razôn alguna que asî lo persuada, mucho menos las 
que han manifestado los sefiores preopinantes. Se dice que 
hallândose ya declarados espaîîoles, les corresponde tam- 
bien que se les déclare ciudadanos. ^Pero quién no ve la 
gran diferencia que hay entre los derechos que corresponden 
a un mero espaîîol y los que corresponden a un ciudadano? 
Como espanol. liene derecho de ser protegido por la ley, go- 
za la segurida i de su persona y conserva la propiedad de 
sus bienes, efeccos precisos de las leyes establecidas para la 
conservaciôn de la sociedad. Como ciudadano, ademâs de 



HI£TORIA MÛDERNA DE EL SALVADOR 215 

la protecciôn que goza por la ley, le eorrepponden loe dere- 
cho8 polîticos, que coneisteii principalmente en la repre^en- 
taciôn iiacional, en el eetableciraiento de las leyes y llama- 
miento a loa empleos municipales. De aquî es que los ori^i- 
narios del Africa, declarados ya por espanoles, gozan la mis- 
ma protecci6n que las lejes dispensan a los deraâs, y estân 
bajo la protecciôn del Gobierno, para lo cual tienen un dere- 
cho îundado, pero no lo tienen para gozar de los derechos 
de ciudadanos, asî como no lo tienen muchos espafioies na- 
turales de ambos hemi^ferios, a pesar de haber tcnido siem 
pre la cualidad de cspanoles. El Sr. Alcocer se e^forzo en 
probar que a los originarios del Africa existeutes en los 
dominios espanoles les coirresponde ser ciudadanos de justi- 
cia, porque contribuyen al f^stado cou sus personas y bie- 
nes, infiriendo de aquî que la contribucâôn debe ser la base 
de ciudadanato. No me détendre en probar la inexactitud 
de semejante principio; pero si debo manifestar que en mi 
opinion la contribuciôn que se paga al Estado esta fundada 
en una obligaciôn que todo hombre tiene de sostenerle por 
el beneficio que reporta. i.No hemos dicho que la ley dispen- 
sa a los espafioies toda la protecciôn para conservarles la 
eeguridad de sus personas, la projtiedad, la paz y tranqui- 
lidad? t,Qué extrano, pues, sera que estos espafioies con- 
tribuyan con sus personas y bienes a la conservaciôn de la 
sociedad, sin la cual ni hay eeguridad personal, ni propie- 
dad, paz ni tranquilidad? 

Las naciones raâs ilustradas habrîan ineurrido eu la no- 
ta de injustas, si fuese cierto el principio de que todo contri- 
buyente debe gozar los derechos de ciudadano. La In^iiate»- 
rra, que tantas veces se cita por modèle, tiene sûbditos o 
habitantes a quienes Uama para los servicios de las armas 
y pecuniarios, sin que tengan parte en la representaciôn na- 
cioual ni sean llamados a los empleos. Los romanoe, que 
también se citan, hacîan contribuîr alos municipioe, pro- 
vincias de la Italia, etc., y sin embargo, no les concedîan los 
derechos de ciudadano romane, porque éstos no se califican 
jamâs por los sacrificios y por contribuciones: y si no fuese 
asî, deberîa gozar mâs derechos el que mâs contribuye, y no 
podrîa dejar de ser ciudadano el que contribuyese. Couven- 
go, Senor, en que las leyes civiles deben protéger a todos 
igualmente; pero no puedo convenir en que las leyes polîti- 
cas de una sociedad deban nivelarse por aquéllas,'o lo que es 
lo mismo, los derechos polîticos son enteramente distintos 
de los meramente civiles. Aun entre aquellos que concurrie- 
ron a la formaciôn de una sociedad, hallamos Hotable dife- 
ferencia en el goce de los derechos polîticos, habiéndose limi- 



216 FRANCISCO GAVIDIA 

tado a uaos con respecto a otros, y excluîdose a algunos ab- 
solutamente de su goce, porque en la Constituciôn asî se 
cre.vô necesario al bien de la misma sociedad, que es la ley 
que eiempre debe regirnos en la Constituciôn polîtica que,va- 
mos a establecer. ^Con cuânta mâs razôn podrân liniitarse 
G dejarse de concéder a los que no tuvierou parte al«çuna en 
la îormaciôn de la sociedad, y pueden reputarse como adve- 
nedizob? Sin que esto sea contrario a los principios del Sr. 
Terrero, que solo tieuen lugar cuaudo se considéra al 
hombre en el estado natural, pero no en eî polîtico o con 
relaciÔD a la sociedad, en el que esa pretendida igualdad no 
es sierapre eplicable sin grave perjuicio de su conservaciôn. 
Y por estas razones y otras que podrîan exponerse, queda 
en mi concepto demostrado que por el artîculo que se discu- 
te ninguua injusticia se causa a los originarios del Âîrica 
existentes en los dominios espaûoles; pues ni se les qui- 
ta un derecho que ya tenîan declarado ni déjà de dârse- 
seles lo que de justicia les corresponde. Vèaraos ahora 
si la convenieucia exige que sean elevados a la clase de 
ciudadanos los espaûoles de que se trata. La ûnica 
razôn de conveuiencia gênerai qne he oîdo exponer se 
reduce a que no haciéndose esta declaraciôn podrîan dis- 
gustarse. Pero yo quisiera preguutar si hay o no motivo 
para seméjante disgusto. Veo, Seûor, que no le hay; antes 
bien, lo hay para que estén luny reconocidos a la protecciôn 
que V. M. les dispensa en la Constituciôn. V. M. acaba de 
declararlos espanole.s (favor en mi concepto muyapreciabîe). 
V. ^I. los ilauia al goce de todos los derechos civiles del mis- 
mo modo que a los naturales originarios de los dominios ea- 
panoles. Las leyes y el Gobierno lesdispensan su protecciôn. 
Sus propiedades quedan aseguradas; protegida la seguridad 
Personal, y, en unn palabra, tienen cuanto necesitan para 
prosperar y vivir en paz y tranquiliiad. ^Y se d'irô, con ra- 
zôn que tienen- motivo para quedar reseutidos si no se les 
éleva a la clase de ciudadanos? Ademâs. ^no se les abre una 
puerta para que puedan aapirar a serlo, teniendo las cuali- 
lidades que se expresan en el artîculo? De modo, que ee pue- 
de decir que V. M. los llama a ser ciudadanos, pero que quie- 
re que tengan ciertos requisitos indispensables para ejercer 
los derechos anejos al ciudadano. Se dice, Senor, que la Cons- 
tituciôn déjà una puerta mucho mâs ancha a los extranje- 
ros que a los originarios del Âîrica: pero, Senor, ^quién no 
ve muy palpable la difereneia? Cuando tratamos de los ex- 
tranjeros, hablamos de unos hombres que todavîa hau de 
venir a domiciliarse; de unos hombres cuyo numéro ha de 
ger muy reducido; de unos hombres a quien se exigea muchî- 



mSTORIA MODERNA DE lîL SALVADOR 2i7 

eimoe requieitos para llegar a ser ciuJadauo y ademâs las 
Certes podrân negarles la carta de ciudadaiios si su numéro 
fuese muy excesivo y pudiese traer perjuicios al Estado; pe 
ro en el dîa tratamos de uiui numerosa poblaei6n ya domi- 
ciliada eu los dominios e^aâoles; do uua poblaciôn contra 
la cual hay preveneiôn en los uaturales del pais, pu^^uando 
contra la misma opinion de éstos y las preocupaciouet;; de 
modo, que no se puede oîr siu extraneza como los senores 
preopinautes, enterados menuJamente de toJo !o que queJa 
referido, se esfuerzan tanto eu pedir (]ue se les déclare ciuda- 
dauos. Pero no es esto todavîa lo mâs exirano, sino que 
apoyando su pretensiôu en la conveniencia, quieren que 
los orif^-inarios del iî^.îrica seau declarados cluiadanos ûai- 
cameute para la voz activa, de que se puedo iuferir en ar- 
jçurnento que el derecho de ciudadanoj a îavor deaquellos 
espanoles no es a îavor suyo, sino de los mismos america- 
uos, para que de este modo les corresponda tener en las Cer- 
tes una tercera parte mas de Diputados que la Espaiïa eu- 
ropea, lo que jaraâs podrîa ser de grau conveniencia a la 
Monarquîa; y si este no es el motivo, ^a que li!i opouerse 
cou tanta obstinaciôa a la voz'pasiva? Vengan en hora bue- 
naasentarse eu el Congreso iiacional los originariors del 
Africa existentes en los doujinios espanoles, si la couve 
nieucia exige que de un golpe se le-i déclare ciudadaao.-ii. Veii- 
gan a representar los de su clase; pero esto eu la opinion de 
los preopinautes no es conveniente. En esta atencio.i, y 
omitiendo razones que la polîtica exige que se callen, mi die 
tamen es que subsistiendo en todas sus partes el decreto de 
15 de Octubre ûltimo, se opruebe como esta el artîculo que se 
discute por no ser contrario ni a la justicia ni a la polîtica. 

El Sr. PÉREZ DE Castro: La Naciôn vuelve por esta 
Constituciôn al ejercicio de su libertad polîtica, o sea derecho 
impret-criptible de darse leyes, que habîa perdido con sus 
Cortes. 3^ de que ha vuelto a estar en posesi6n desde la ins- 
talaciôn de las actuales. Antes de este estado de cosas, to- 
dos los espanoles, de cualquier origen, estâbiinos iguales en 
esta parte, pues uinguno ejercîa este importante derecho. 
Pero al formarse el pro3'ecto de la acta constitucional, la co 
œisiôu se ha visto eu la necesidad de distiuguir conveuiente- 
mente los para y simplemente espanoles, de los que con al- 
gunos requisitos mâs deban declararse ciudadanos; porque 
al fin, conforme al derecho pûblico de la Europa y a la sana 
razôn, para ser ciudadano de un paîs se requière algo mâs 
que eer simplemente individuo que componga la Naciou. 
Obligada pues, la comisiôu a hacer esta esencial disti'i<^i')M. 

27 



21S FRANCISCO G AVILI A 

îejort (je derogar o atetmar en lo nids mînimo los privilégies 
o dereclîos de los espanoles entre quienes se cuentan los ori- 
ginarios de Africa, ley ha dado extension j estabilidad en eu 
proyecto de Constituciôn. Porque, cuando nueetros côdigos 
repa^en y rectifiqueu con arreglo a la Acta constitueional, 
i,qiié podrâ decir el puramente espanol, el originario de Afri- 
ca, al ver s61idamente canonizado el derecho de propiedad, 
el mâs sagrado entre los horcbres, auténticamente estable- 
cida la libertad civil, la seguridad personal y el derecho de 
eer juzgado con igualdad por una misma ley? Todo espanol 
originario de Aîrica vera aseguradasu suerte, y encontrando 
e:i la protecciôn de las ieyes el camino abierto para progre- 
sar en la industria y en toda especiede conocimientos huma- 
nos, créera justaraente haber ganado mucho, y bendecirâ la 
Constituciôu de bu paîs. 

Al senalar la comisiôa los que han de reputarse ciuda- 
danos, no ha creîdo ni necesario en justieia, ni conveniente 
en polîtica, llair.ar a les originarios del Aîrica por diferentes 
consideraciones. Ha tenido a la vista observaciones de con- 
veniencia pûbiica y polîtica, que no recordaré por demasia- 
do obvias, persuadido de que quien quiera verlas de buena 
fe, no las puede desconocer; ha tenido présentes las diferen- 
tes combiuaciones o respeîoà que versan en este punto en el 
continente americano y en lus i«las, y por ûltimo, ha para- 
do au con8ideraci6n hasta en las preocupaciones vulgaree, 
sabiendo que el primer deber del legielador en este punto es 
contemplarlas, cuando el atacarlas de frente expondrîa la 
ley a un desaire; porque, no nos engafiemos, la opinion ejer- 
ce en el mundo un dominio terrible y faertîsimo, aunque no 
86 funde siempre sobre la rigurosa justieia; y que eu esta ma- 
teria hay un influjo poderoso, que ejerce la opinion de los es. 
panoles europeos y americanos, es tan evideute como la luz, 
y no lo negarân los senores americanos. 

En una palabra, la comisiôn, desentendiéndose de toda 
brillante teorîa, que en su aplicaciôn cambia de naturaleza, 
ademâs de complacerse en ver asegurados para los benemé- 
ritos subditos espanoles de que voy hablando los preciosoa 
derechos de taies, y cuantos ya gozasen por îeyes particula- 
res que aquî no se derogan, les ha dejado una puerta abierta 
para entrar al goce de los derechos de ciudadanos; puerta 
que sera tan ancha como quieran los que han de entrar por 
ella. Eu esto ha tenido tambiên la comisiôn el objeto polî- 
tico de estimular a aquellos espanoles a la aplicaciôn y me- 
jor arreglo de costumbres: puntos ambos en que por desgra- 
cia queda mucho que hacer a una gran parte de la claso ci- 
tada; y ha hecho ver que no se espanta de la diversidad de 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 219 

colores entre los hombre.s. Por ûltimo, la comisiôn ha creî- 
do que el tiempo y otras Cortes podrân adelaiitar mas, si 
conriene, ya que la prudencia y la razôn acousejan que no se 
haga todo de una vez, que es el modo seguro de no hacer 
nada. 

No hablaré del decreto del 15 de Octubre y de las diseu- 
siones y opiuiones de muchos sefiores auiericanos que le pre- 
cedieron y se han seguido, porque uo pueden haberlas olvi- 
dado las Cortes, y el senor Aner las ha recordado. Pero si 
dire que entieudu convieue hacer una modificiieiôn eu este 
artîculo, que, siu aventurar rai juicio, creo habrîa raerecidO' 
la atenoiôn de la comisiôn si se le hubiera presentado. Se di- 
rige a. romover cunlquiera duda o cuestiôa de hecho, o mâs 
bien de Esrado, que pudiera suscitarse a los pacîficos posee- 
dores de la calidad de espunoles origiuarios; por lo que con- 
vendrîa afîadir a las palabras «originarios de x\frica,> el si- 
guiente correntivo: «que sean habidos y reputados por tales;> 
sobre lo que hago proposiciôn formai. 

El Sr. FKLiu: Sin âuimo de entrareu las razones directas 
que conveucen ser justo y polîtico el couceder la ciudadauîa 
a los espanole.s de que se trata, porque ee haa expuesto ya 
con toda extension y solidez, habîa pedido la palabra con 
dos objetos. El uno dar a los senores que no la tuviesen una 
idea del curso y giro que ha teuido en las Cortes desde su ins- 
talaciôu este uegocio, contestando asî al senor Argiielles, que 
ha dieho que una de las diîii'uHades mayores que tuvo la co- 
raisiôii, y rendra el Congreso en eete ariîcuio, es ladiversidad 
de opiniones de los diputados americanos acerca de él; y el 
otro manifestar mAs las trabas que sin justicia ni necesidad 
se ponen a los originarios de Africa para aspirar a la ciuda- 
dauîa. También conlesiaré a algunos reparos que se aca- 
ban de hacer, aunque la circunstaneia de hablar ahora me 
harâ oîvidar muchas especies y no dar a las que diga el or- 
den y fuerza que deseara. 

En cuanto a la primera, se ha dicho ya que el 25 de Se- 
tiembre ûltimo, una comisiôn compuesta de Diputados de 
todos los paîses de Ultramar, pidiô que se declarasen iguales 
de derechos a los de esta Penînsula «los naturales y habitan. 
tes de America, > y que se contase indistintamente con todos 
ellos para la represeataciôn nacional. Uno solo :!e los Dipu- 
tados americanos disintiô en esa época; mas fuê por fortuna 
uno de aquellos hombres que tienen el talento y la molei a- 
ciôn que se necesitaba para sabar reformar su dictamen, y 
auQ abandonarlo y adherirse al otro cuaudo se le preseatau 
razones de peso que, o no habîa visto, o no habîa meditado 
bastantemeute. Asî es que en 29 del misnio Seiiembrc firmô 



220 FRANCISCO GAVIDIA 

con todos los Diputados de Ultramar que habîa entonces en 
otro projecto de deereto, en que se volvîa a pe(iir esa decla- 
racion de igualdad para todos los libreR; sin que hasta aho- 
ra hava tenido la m,48 mîiiima div^ersidad de opiniones en es- 
te pnnto. Estas peticiones fueron la base del deereto de 15 
de Oetubre; y si eu él no fueron deelarados iguales sino los 
espanoîes criollos, losindios y îoshijosdeentrambos, eavisto 
<:jue no estuvo de parte de los Diputados de America el que 
no se extendiese la declaracion a todos los libres, como ex- 
presnmente lo habfan pretendido. Y aunque en la primera 
de 1ns propo&idoi;es que presentaron el 16 de Diciem- 
bre no iccluyeron a los espanoles originarios de Africa, no 
fué porque no lo de-oasen, sino porque habienlo manifes- 
tado ante.s su opinion, creyeroa entonces coaveniente lirai- 
tur.-ee a pedir, no todo aqupllo que querîan, que habîan 
ja pediio y se les habîa negado, sino aquello que juziîaron 
nienos distante de la voluntad de las Cortes, y por consi- 
jjuiente menos inasequibie Mas sea lo que fuere de aquel 
deereto, no creo muy conforme el que eu la parte que t<ici- 
tamente excluye de la igualdad a los originarios de Africa 
8:^ haya liaraado constitucionaj. dando a entender que es 
irrévocable, cuando la Constituci^n es el deereto mâximo, 
en el cnal pueden y deben corregirse, eonviniendo, todos los 
anteriores. Debo tarabiên observar, que si como han dicho 
los senore-î de la comision, aunque no lo entiendo, el présen- 
te artîculo abre uua ancha puerta a estos espanoles para la 
ciudadanîa o la igualdad, sera tambiên contrario al deereto; 
y por lo mismo el senor preopinante que tanto insistiô en éi, 
y tanta fuerza le quiere dar, no solo debîa oponerse a lo que 
indican los Diputados de America, sino también al artîculo 
de la comision, el que, sin embargo, pide que se apruebe. 

Ha dicho el Sr. Terkeko, que cl artîculo, consideradofilo- 
soâcamr-nte, significa que esos espaîîoles no son, pero pue- 
den ser ciudadanop: en mi entender significa môs; esto es, 
que ni !o son. ni pueden serlo. Se les exige para a^^pirar a 
la ciudadaîr'n «que hagan servicios eminentes o se distingan 
fîor sus tnlentos, aplicaci^n j conducta;» y ya se ha démos- 
trado que esto les es moralmente imposible, atendida su ac- 
tual situp.ci^n y el rango que ocupan en la sociedad. Se les 
exige «que sean hijos de legîtimo matrimonio:» en horabue- 
na; mas ^.por que no se exige a los extranj'^ros esta raisma 
calidad, ni se les ba exigido la de una buena oonducta? ^Es 
Justo que puedan eer mâs fâcilmente ciudail-'os espaiîoles 
los extranjeros, que unos espanoles que lo ^on por todos 
tîtulofc^? Se les exige que sean «hijos de padres icgenuos;» 
y no obstante que la opinion manifestada en 29 de se- 



HISTORIA MODERNA DE EL SAL-ABCR 221 

tiembre por todoe li-s americanoe, e-ia que discrepase uno 
solo, era mâs franca o ne extendîa a mâs, conveogo en 
este 'requisito para no manehar a la ciudadanîa espanola 
con el contacto de la esclavitud, aunque esta esclavitud es 
mâs digna delâstima e indemnizaciôn, que de desprecio. Se 
les exige que «estén elles mismos ca8ado8.> Esta bien que 
esto ee requiera en un extraniero, porque es de suponer 
que conservarâ siempre por su pais nativo una predilec- 
ciônquepuede en ocasiones ser opuesta a los intereses de 
Espana, y que ee contrabalancearâ por el arraigo o apego 
que es natural contraiga respecto al suelo espanol en que 
ha nacido su mujer. 

Mas nada semejante tiene lugar en los individuos de que 
se disoute, que son espanoles por naeimiento y que han ma- 
inado desde la cuna la religion, idioma, costurabres y preo- 
eupaciones de Espana. Su matrimonio, pues, oonsiderado 
en este sontido, no les sirve sino de un nuevo embarazo para 
adquirir la ciudadanîa. Digo en este sentido, porque si el 
fin que tuvo la comisiôn en dsi^ear y proponer que sean casa- 
dos es que se raorigeren mâs, y que se aumeuten los matri. 
naonios, nonvengo en que serîa una idea excelente siempre 
que se extendiera a los hijos de los extranjeros, en quienes la 
comisirjn no pide esta calidad, y aun a los originarios de los 
dominios espanoles, que a todos se pueden aplicar las cau- 
sales de mejora de costumbres y multiplicaciôn de matrimo- 
nios, y si se crée protpger ambas cosas por este medio, eon- 
vendrîa sin raucha dificultad en que se «uspendiera del ejer- 
cicio de los derechos de ciudadano a toiios los que no fuesen 
casados o viudos, exceptolos eclesiâsticos. 

Eu vista de todo, y de mâs que podrîa exponer, es inûtil 
decir qu<^ se abre a est os espanoles para ser ciudadanos la 
puerta de la virtud y del merecimiento, ni se les interponen 
unas vallas y unos fosos que casi les es imposible salvar. ^Y 
<?sto serA polîtico? Aunque dije autes que no entrarîa en 
razones directas, no puedo ouiitir una que ahora me ocurre. 
Los gobiernos establecidos en los paîses turbados de la a- 
raéri a parece que han deolarado a estos espanoles iguales 
a los dénias, y si no lo han hecho algunos, pueden hacerlo. 
V. M, vea ahora si perraitirâ la prudencia poner la lealtad 
y patriotismo de estos horabros en el rudo contraste de ha- 
ber de optar entre la obediencia al Gobierno de la Naciôn a 
que de tantos raodos sirven y los déjà en el abatimiento, y 
la obediencia a aquellas juntas que tratarîan de seducirlos 
sacdndolos de él, y dândoles una ta) raue^itra de aprecio y 
consideraciôn. 

Eu vano, dijo el Sr. Anku, se clama contra la injusticia 



222t FRANCI-ICO GAVIDIA 

que en este articule ee hace a aquellos espanoles; no hay tal 
injusticia, pues ni ee les despoja de una cosa que posean, ni 
tienen derecho a la eiudadanîa que para ellos se prétende y 
nunca haii gozado. Estd bien que hasta hoy no hayan sido 
ciudadanos de hecho; ^y por eso solo ee dira que no os iusto 
que lo seau? ;Debieron haberlo sido y debeu eerlo, o no? 
Ésto es lo que hay que examinar. Pues no deben serlo, ana- 
de el Sr. Aner, porque eetoe individuos entraron en la Na» 
ci6n cuando ya ee hallaba conetitufda, o lo que es lo mismo, 
no coadyuvaron a eu formaciôn primera, ni se puede supo- 
ner que tuvieron parte en los convenios primitives; y por 
consicruiente, elloe no tienen derecho a exifçir cosa alofuna de 
la Xaciôn, que puede colocarlos en la clase que le parezca, 
y darles o no talée y taies distinciones y fueros; yo solo haré 
eobre esto dos ligeras observaciones. La una es, que si îueee 
exacta la réflexion del Sr. Aner, compreuderâ tambiên a los 
indios y a los espanoles criollos que entraron en la sociedad 
cuando esta ee hallaba constituîda, y niuy pocos anos an- 
tee que loe originarios de Africa, y compreuderâ igualmen. 
te, y con mâs razén, a otros espanoles que después de estos 
ultimes hayan entra lo en la misraa sociedad. Nadie con- 
vendrîa en eemejantes ideas, y no se por que el rigor de eetoe 
que se quieren llamar principios, se aplica solo a estos utiles 
y laboriosos espanoles. La otra es, que aunque ellos no 
contribuyeeen a la formaciôn primitiva de la sociedad, con- 
tribuyen a su eegunda formaciôn; porque contribuyen hoy 
con sus haberes, sus fatigas y su sangre a que no se disuelra 
el Ultramar, y no eé c-ual de los doe es mayor mérito. 

Loe Diputadoe de America se han obstinado, dijo el mie- 
mo senor, en que ee concéda la eiudadanîa a estoe espanolee; 
y esta claro el fin que se han propuesto, cual es aumentar de 
este modo la representaciôn de aquellos paîses. Yo creo, 
Seîîor, que V. M. debe examinar solo la justicia y la conve- 
niencia de las ideas que se proponen a su examen, y de nin- 
gûn modo las intenciones de quien las présenta: y siento 
verme en la necesidad de decir que si estdn obstinadoe loe 
Diputadop de America (que noentiendo hayan dado margen 
a tal expresiôn), coti eî mismo derecho se poirâ contestar 
que se han obstinado los que les contra.îicen, y que esta cla- 
ro el fin que se proponen, cual es dejar tiempre a la America 
con una representaciôn mâs dimiauta y escasa que la que 
debe corresponderle. 

El Sr. Don parece haber deseado que se tratepreliminar- 
mente si couvendrân los americauos en que estoe individiioe 
obtengan ciertos empleos, etc., creyendo que no dejarâa de 
tener en esto algun a repugnancia, la cuul por coneiguiente 



mSIORIA MODERNA DE EL SALVADOR 223 

«e deberâ extender a la declaraciôn de la ciudadanîa. Varias 
cosas ae me ofrecen de pronto que contestar: primera, que 
esto es preooupar una cuestiôn que no se trata ahora. Trâ- 
taee unicamente, (îe t-i deberân deolararse ciudadanoH estos 
espanoles sierapre que en ellos concurran ciertos requisitoa, 
quitândolea asî uno de los muchoa estorbos que tienen para 
lograr la existencia polîtica, y entendiêndose que un ciuda- 
dano no tiene por sola esa ealidad un dereeho o una apti- 
tud iuraediata para todos lo8 destinos. Sep;unda, ^por que 
se hace reparo contra lo que proponen los Diputados de 
America, y no contra el artîculo de la comisiôn, del cual pro- 
vendrdn laa mismas consecuencias si es eierto, como se ha 
dicho (aunqne repito que no lo entiendo), que abre a estos 
liombre-H nna puerta muy ancha para la ciudadanîa? Terce- 
ra, que si el moaos aprecio, con que aljjjunos preocupados 
puedan ver a ei^tos infelices, debe ser un obstâculo para la 
declaraciôn que se solicita, con i^ual o mayor fuerza debe 
serlo respecto de los indios, a quienes, aunqne injustisima- 
mente, no han mirado aqu^lloa con mâs consideraciôn. 

Finalmente, habiendo oîdo razones en nii juicio muy 
poderosas a f^vor de estos espaîîoles, y por la otra parte 
s61o debilîsirnos reparos, no puedo conformarme con el art. 
22, y apoyo la proposiciôn presentada por el senor Uri i.> 

8e levanto la sesidn, qnedando pendient*» Id discusiôn de 
este asunto. 



Para continuar la discusiôn del artfculo 22 de la Consti- 
tuciôn, tomô la palabra, en sesiôn del 6 de septiembre 

VA Sr. Oliveros : Ya se ha hecho présente por mis dignos 
companeros de la comisiôn que discutiendo el artîculo pré- 
sente los Sres. Diputados de America se separnban del esta- 
do de la cuestiôn y verdadera inteligencia del artîculo. No 
se trata por la comisiôn de excluîr de los derechos de ciuda- 
dano a ninguno que los goce; se trata de abrir la puerta de 
la virtud y del mérito a aquellos que ha encontrado distan- 
tes de esta esfera, de donde se infiere que a nadie se piensa 
perjudicar, an^es bien el favorecer y elevar. 

La comisiôn, Senor, penetrada de los sentimieutos de 
generosidad que Y. M. ha manifestado a nueatros hermanos 
de America, ha llevado sus miras sobre aquellos limites que 
le han wido senalados por sus soberanos decretos, bien per- 
suadida que V. M. los aceptarâ, y que tratarâ con indulgen- 
cia la libertad que se ha tomado de proponerlas a la sanciôn 
eoberana. V. M, por el célèbre decreto de 15 de Octubre, 



224 FKANCISCO GAVIDIA 

atendiendo a las etîplicas de los eenores americanos j a la 
unnnimidad de sus expos^icioneH, confirma el inconcuso con- 
cepto en que siemy)re habîan estado los uaturales origiua- 
rios de los dominios de Ultraimar de .ser itïuales en dereehos 
a los de la Peiiînsula .y si no iucluyô a las deinâs familias, 
fuê porquo no lo creyerou conveniente algunos seûores 
americanos, y porque en reaiidad no habfan g'ozado de 
estos dereehos. Con esta declaraeion se {)rometîa enfon- 
ces establecer la union y tranc^uilidad en aquellas vaetas 
regiones: considerando después que no se conseguîa tan 
importaiite objeto, propusieron los mismos senores que 
era indispensable para aquietar las coumociones, fijar 
la ifçualdâd en L^s bases de la ropresentaciôn, por i-Ae 
piree como pretexto de las sublevaciones contra la maure 
Patria la diiorencia que se notaba entre lus espanoles de a- 
quelloa paîees y los de la Penmsnla. Fijâronse estas bases 
para las Cortes futuras, y por un decreto solemne, que puede 
Uamarse coastitucional. aprobado por todos los senores a- 
mericanos, les aseguro V. M. que la base que se estableciese 
para la Penîusula serîa la misma en el modo y forma para 
la America, arretçlândoee en la Constituciôn la representa- 
ciôn nacional, (conforme a lo dispuesto en el decreto do 15 de 
Octubre. Esto pidieron algunos senores americanos; y a- 
tendiendo a la uaanimidad de sentimientos, lo decretô V. M. 
Si hubiera sido posible variar las leycs constitucionaies del 
cuerpo soberano de la Naciôn existeute, hubieran sido 11a- 
mados aun para estas Cortes; pei-o cuahjuiera variaciôn en 
tan importante asunto traerîa consigo la confusion y acaso 
la disoluciôn de las Cortes: los mismos americanos confiesaa 
esta verdad en algunos de los tratados que han escrito so- 
bre la materia, y esperan solo de estas Cortes que se les darâ 
en lo sucesivo la representacion que pertenece a aquellos es 
panoles beneméritos. {Leyô el decreto.) Cotéjense ahora 
los artîculos del proyecto de Constituciôa con lo dispuesto 
por V. M., y se verâ que la comisiôn ha desempenado con la 
mayor exactitud su eucargo. Podîa, pues, haber dejado ce 
rrada la puerta a aquellas familias que no estân comprendi. 
das en los dos mencionados decretos; y no hubiera heeho 
otra cosa que cumplir los decretos sancionados por las Cor- 
tes. ^A que fin estas vagas declaraciones? ^Ni por que tra 
tar de iliberal a la comisiôn? No hay fundaraento alguno 
para estas quejas injustas; pero, Seîior, la comisiôn se ha 
atrevido a excéder los limites que se le habîan seîîalado, y 
llevada de la generosidad que caracteriza las providencias 
de los représentantes de la naciôn mes heroica del univerto, 
abre una puerta, la del mérito , y la virtud, a aquellas fami- 



fflSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 225 

lias, a las que nioguna naciôn civilizada de la Europa ha 
tratado hapta ahora con tauta consideraciôn. He observa- 
do que V. M, ha f^uprimido para siempre el tributo que les 
degradaba; que les ha permitido, como a todos los america- 
nos, el cultivo de todas las semillas, y la facultad de aplicar- 
se a todo género de industria; que ha aliviado las coutribu- 
ciones de las pulperîas, y ha dado raucbos y soleoines decre- 
tos eu bien gênerai de todos los habitantes de las Américae. 
En la Constituçiôn se les déclara por espanoles a todos los 
que no son esclavos, y por lo mismo se les asegura el goce 
de los derechos civiles; podrân en adelante aplicarse a los 
estudios y obtener los empleos de los que estaban separados 
hasta lo présente. Senor, V. M., sancionando estas dispo- 
siciones benéficas, ha dado margen a la comisiôn para pro- 
ponerle ot ra de la mâs alta jerarquîa. Si, Senor, la genero- 
eidad de V. M. ha impelido a la comisiôn a ser mâs generoia, 
y los Diputados europeos tienen la gloria de haber sido los 
autores del pensamiento de abrirles la puerta de la virtud 
y del mérito para que sean ciudadanos, para que lleguen a 
eer con nosotros los legisladores de la grande Naciôn espa- 
nola. 

La comisiôn, Senor, quisiera que entre todos los habi- 
tantes de los paîses espanoles fue^e una la voluntad, igual 
la ilustraciôn, idénticos los sentimientos, y que no hubiese 
opinion alguna que separase las familias, y que todos se 
honraran con enlaces recîprocos; pero esto no es asequible 
en una Monarquîa o acaso se opone directamente a esta 
especie de Gobierno; pero al menos quisiera sofocarelgermen 
de la désunion y de la discordia, y promover la paz, la union 
y tranquilidad que deben reinar en un Estado bien goberna- 
do. Por esto propuso primeramente que el enlace con los 
originarios de los dominios europeos y Ultramar fueae 
una de las condiciones para que los individuos de estas cla- 
ses fuesen ciudadanos; pero se les respondiô por los mismos 
eenores americanos que era pedir un imposible: tan fuerte y 
arraigada e«^ la opinion que no se sujeta a la ley, contra la 
cual se estrellan las providencias mâs saludables. Cerrado 
este camino, no encontrô otro que el contenido en el decre- 
to. Los diferentes modos de opinar de los senores america- 
nos no permiten que se tomen otras medidas. Unos quieren 
que se concéda la voz activa y pasiva a los hijos legîtimos 
de padres ingenuos: otrosrestringen oamplîan mâs las cua- 
lidades para gozar de esta dignidad; otros quieren que ten- 
gan voz activa en las elecciones, es decir, que solo puedan 
elegir v no ser elegidos, medida que incluve una injusticia, 

28 



226 FRANCISCO GAVIDIA 

que fomenta una division y que sancionarîa para eiempre la 
eeparaciôn de familias. Tanta variedad de opinione« de- 
muestra hasta la evidencia que no es posible romar una. 
providencia gênerai; que no hay datos fijos, rey,iH8 beguras 
para discernir cuântos y cuâles deban ser lo8 que gocen de 
los derechos de ciudadano En esta perplejidad la comiëiôu 
no hallô otro medio que abrir a todos la puerta, e indicar 
los caminos por donde se llega a la eima de la mayor digni- 
dad de la Naciôn. Podrân ser Diputados, es decir, legisla- 
dores, por la virtud, el mêrito y la aplicaciôn. Las Certes 
futuras concederân las cartas de ciudadanos sin gaetos, ein 
agentes, sin litigios, a los que, bien cercioradas de sus pren- 
das, los juzguen dignos y aereedores; asî sucesi va mente se 
irân elevando las familias, se unirân entre sî, sedebilitarâ la 
opinion perjudicialy se llegarâ a extinguir el germeu de tan- 
tas diferenciaH que dividen los habitantes de aquellos pafses. 
Si algunos de los términos del urtîculo Hon eonfuHOs o dan 
margen a disputas, corrîjanse, oomo ha propuesto el senor 
Pérez de Castro. La comisiôn jamâs ha inteotado que sean 
inquietadas las familias, ni que se perturbe ia posesiôn de 
njnguno. Para que no se pueda sospechar que las promesas 
de V. M. son ilusorias, a pesar de que tiene dadas mil prue- 
bas de cumplir lo quepromete, coiicédase desde luego esta 
dignidad a algunos individuos, y comiéncese por los milita 
res; por aquellos a quienes V. M. tiene ya declarado que hau 
mereeido bien de la Patria, porque han sujetado a los revol- 
tosos y restituîdo el orden y tranquilidad en aquellos vastos 
paîses. Los jefes militares propoudrân los que crean aeree- 
dores a esta gracia, y V. M. la concédera con la mayor satis- 
facciôn. Pienso. pues, que debe ser aprobado el artîculo, o 
que vuelva a la comisiôn para que sea corregido de modo 
que no dé lugar a dudas ni torcidis inteligencias. 

El Sr. Lbiva: El art. 22 del pi oyecto de Constitue! 6n ha 
sido sôlidamente impugnado en el discurso del senor Alcocer 
y de otros seîiores preopinantes, cuyas razones existeu en su 
vigor. Asî, que me abstendrîa de hablar si la circunstancia 
de ser individuo de la comisiôn y de haber variado con otros 
co-Diputados del modo de pensar de la mayorîa de ella, no 
me obligara a explicar brevemente mi opinion, y a satisfa- 
cer algunas objeciones. Mis retiexiones no llevarân el desig- 
nio de censurar la intenciôn de los senores comisionados, 
que sin duda creo la mâs sana, si no exponer el error que en 
vuelve su dictamen y sus malos resultados en polîtica. 

Después de haber declarado que la Naciôn espanola, en 
que réside esencialmente la soberanîa nacional, es la réunion 
de todos loe espanoles, y que sou eepanoles todos los hom- 



HI3T0RIA MODERNA DE EL SALVADOR 227 

bres libres nacidoe y avecindados en los dominioB de las Es- 
panas, y los hijos de éstos, es ciertamente extrano que cuan- 
do se trata de establecer el primer grado de existencia civil o 
polîtica, la ciudadaDia, se pongan taies trabas en los que 
por cualquiera lînea traen oriejen de Africa que pueden que- 
dar deseyperados de obtenerla, y en un estado de abatimien- 
to pernicioso al orden social. Las grandes dificultades se 
confunden con la imposibilidad. Se exigen méritos eminen- 
tes, de que es incapaz una clase excesivamente humillada; j 
aunque despuês se habla de los que se distingan por su apli- 
caciôn, sus ta.lentoa y su conducta, deberâ entenderse una 
distinci^n heroica por estar en seguida del grado eminente 
que se necesita en los servicios. Por manera que los gran- 
des esfuerzoH de virtudes sociales, que en cualquiera sociedad 
bien eonv'Jtituîda hacen a los hombres dignos del voto gêne- 
rai y de los primeros honores, se preraian en los originarios 
de Africa con la ciudadanîa. Se exige también el matrimo- 
nio; por consiguiente, si por una inclinaci6n libre siguen otro 
estado que las leyes respetan, no son ciudadanos. 

Las Cortes lian de hacer la calificaciôn para otorgar la 
carta. Hé aquî otra condiciôn muygravosa. Usarîan de este 
medio algunos que pudiesen disponer de rentas sobrantes 
para pagar un agente que siguiese los inoviraientos del expe- 
diente, pues aunque couociendo de este embarazo un senor 
preopinante, ha dicho que los Diputados podîan eneargarse 
de estas gestiones, se olvidô de la justa mâxima, adoptada 
por este Congreso, que los ayudantes no pueden ser persone. 
ros o agentes de solicitudes particulares. 

Por estas y otras observaciones he creîdo que el artîculo 
lejos de fomentar las esperanzas de los originarios de Africa, 
era el mejor raedio de angustiarles y dejarles reducidos a la 
nulidad. Asî, que establecî corao principiosfundamentales de 
mi voto los siguientes: primero que es impolîtico en una Na- 
ciôn que se constituée dejar descontenta una clase numerosa 
y en disposiciôn de mirar con rivalidad a las demâs, mayor- 
mente en las circunstancias en que se halla la espaîlola. Que 
la privaciôn o casi la privaciôn de los medios para ser hon- 
rados y gozar de los beneficios de una Constituciôn libéral, 
expone a los que comprende a sesgar el caraino de las buenas 
acciones, y a fomentar pasiones perjudiciales al buen orden. 
Que es muy distinta la igualdad jacobiana de la igualdad 
racional y légal. Aquélla, confundiendo todas las clases y 
jerarquîas de la sociedad, produce la anarquîa y todos los 
horrores que le son consiguientes. Viola la justa y equitativa 
ley de los premios graduales del mérito y la virtud. 

Los grandes hombres por servicios eminentes consiguie 



228 FRANCISCO GAVIDIA 

ron la nobleza magnaticia, y la Patria agradecida traemi- 
tiô sue honores a sus hijos para que les imitasen. Otros ad- 
quirieron y dejaron a su posteridad otni nobleza de segundo 
orden. En todos los ramos del servicio pûblico debe haber 
grados con escala suceeiva, para que se verifique la referida 
ley de los premios. Estas instituciones eran odiosas a aque- 
llos hombres depravados que ocultando la ambiciosa idea de 
subir respectivamente a la cumbre de! poder, aparentaban 
defender una igualdad quimériea. Esta idea martirizô una 
gran parte de la naciôn francesa, y produjo espantoea con- 
vulsion. Pero la igualdad racional consiste en abrir a los es- 
panoles la carrera de los premios, en términos que con bue- 
nas esperanzas puedan practicarse las virtudes que son tan 
neceearias para lafelicidad de la s-T-iedad. Que el ciuda- 
dano no es otra cosa que un e^tado de hombrea bueuoe, que 
se hallan en aptitud de poder ser premiados y atendidos se- 
gûn sus méritos. 

Guiado de estos principios, me pareci6 justo y polîtico 
declarar comprendidos en los derechos de ciudad a los espa- 
noles originarios de Africa. que tuvieren una profesion o in- 
dustria util, o una propiedad con que poder subsistir hon- 
radamente, siendo hijos de ingenuos. Estas circunstancias, 
en mi coucepto, hacen recomendables a estos hombres y los 
ban hecbo, aun cuando era muy diversa nuestra situacion 
polîtica. La distancia en que se hallaii de la esclavitud de 
sus progenitores quita las conjeturas o inconvenieutes con 
que podrîa argiiir en caso de inmediaciôn. Ahora anado que 
ni a los libertos ni a sus hijos les dejôen desesperaci6n. Que- 
dan los primeros en mi voto sujetos a la formalidad estable- 
cida"para la ciudadanîa de los extranjeron, y los segundos a 
la de los hijos de éstos. Cuando hablo por los originarios de 
Africa nojpuedo'menos que acordarmede los efectos benéficos 
que produjo en Espana la ley de Carlos III en favor de los 
gitanos. Eran éstos despreciados, abatidos y mirados por 
la preocupaciôn como hombres de otra especie. Aquel gran 
Monarca interpuso oportunamente su mano Real; les décla- 
ra hombres buenos del estado Ilano comûn gênerai, y yacasi 
no se conocen los que antes eran tan marcados por su abso- 
luta nulidad polîtica. Carlos IV, para libertar a los ninos 
expôsitos de los efectos perjudiciales deldesprecio por poder- 
se presumir incestuosos, mânceres, etc., les déclaré compren- 
didos en el mismo estado Ilano. Y a vista de esto, la Naciôn 
espaîïola, al constituirse, ^abandonarâ a la nulidad a los 
espanoles que por cualquiera lînea traen origen del Africa? 
V. M. es muy justo y sabio, y no puede dejar de ser concilia- 
(jor. La Constituciôn debe ser amada. 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 229 

Se ha dicho que eetoB eepaûoles han avauzado en dere- 
choH, pues se les concède la libertad civil y la propiedad. 
Siempre han disfrutado los originarios de Africa de estos de- 
rechos. El que los atacaba era considerado corao opresor, 
invasor o ladr6n, y castigado conforme a las leyes. 

Sehaquerido culpar inuy graliiitamente a los Diputa- 
dos de America suponiendo que no han tomado antes inte- 
rés por esta clase de espanoles para los derechos que hoy se 
pretenden, y que por consiguiente el (^ecreto de 15 de Octu- 
bre debe ser la base de la representaciôn y del ciudadanato. 
Casi toda la repreeentaciôn de America en las spsiones que 
precedieron a dicho decreto, hizo el mayor empeîio por dar 
existencia civil a los originarios de Africa; pero no îué posi- 
ble conseguirlo, Nuestra minoridad era mucho mâs reduci- 
da que lo que es hoy. Ademâs, haya los decretos que hiibie- 
re, no pueden embarazar que el puuto présente se someta al 
examen de las Cortes, cuaudo se trata de hacer una Consti- 
tuciôn. Asuntos de menor interés después de resiieltos han 
sido tomados en nueva consideraciôn; ^y por que no ha de 
tener igual suerte una cuesUôn de tanta trascendencia en el 
Estado? 

Se preguntô si los americanos se hallab=:!i en disposiciôn 
de reconocer en los originarios de Africa en virtud de la ciu- 
dadanîa el voto pasivo para Diputados. Yo entiendo que 
debemos reconocer una distinciôn entre el ardid de los lôgi- 
cos y el modo de discutir del legislador. Aquêllos suelen em- 
pexar su argumento estableciendo varias conclusiones o pre- 
guntaR, procurando que el com[)etidor conteste o concéda de 
un modo inconveniente para envolverle en juegos de espîri- 
tu, El legislador no debe preguntar en materius de interés 
del Estado que es lo que quieren cierto numéro de individuos 
para decidirse, sino que es lo que conviene y es jiisto hacer. 
Sin embargo, dire mi opinion. Soy muy économie» para dar 
entrada en las jerarquîas del Estado, porque hui o de abso- 
luta necesidad el que existan méritos de tal carâcter, que no 
se turbe el respeto que merece la nobleza y el rango en el ser- 
Ticio pûblico; ni coneiderando al ciudadanato como una apti- 
tud para poder obtener honores por la graduaciôn del méri- 
to, no hallo inconveniente en la poBibilidad del voto pasivo 
en los referidos espanoles, persuadido que siguiéndose en las 
elecciones justas v sabias reglas, el que obtenga la elecci6n 
del pueblo sera precisamente el que reûna las voluntades 
por buenos méritos y conducta. En nada tienen los pueblos 
mâs directo interés que en elegir el ôrgano de sus deseos, y 
de consiguiente esteacto es el resultado del mejor y mâs crf- 
tico juicio. Pero no es este el punto del dîa: las atribucionps 



230 FRANCISCO GAVIDIA 

del ciudadanato estân eu proyecto. No couviene anticipar- 
las, porque examinândolas en conjunto y fuera de su lugar, 
saldrîamos del método, y nos desviarîamos del eamino del 
acierto. Solo advertiré que hay eiudadanos que, segûn el 
proyecto, son inelegibles en ciertos casos. Entre otros 
es el del art. 45, que excluye de ser electores parroquiales a 
los eiudadanos que no sean casados o viudos, y en la comi- 
8i6n no se dedujo contradicciôn de principiosa vista de dicho 
artîculo. Esta condiciôn, como todas las demâs cuyo con- 
curso se créa justo y conveniente para representar la Patria, 
se discutirân oportunamente. 

Se pretendiô llaraar a juicio a los Diputados de America, 
manifestândose la presunciôu de qne sus solicitudes en favor 
de los originarios de Africa tenîa por fin aumentar la repre- 
eentaeiôn de aquella parte de la Monarquîa. A esta censura 
se puede contestar con la de que la oposiciôn en su autor 11e- 
vaba el objeto de disminufr la representaciôn de America, si 
no aborreciéramos la suspicacia. Hemos dado muchas y re- 
petidas pruebas del interés imparcial que tenemos por los es- 
panoles en gênerai, para que se créa que él es la causa im- 
pulsiva de la proposiciôn hecha por el Sr. Uria. Tambiên el 
procurar una representaciôn correspondiente a la poblaciôn 
libre, es por sî muy laudable, y nada pierde por una crîtica 
impertinente; pero ese punto no tiene una précisa relaciôn 
con el que se discute. 

Se ven en el proyecto comprendidos eu el censo para la 
representaciôn muchos espanoles que no estân en el goce de 
la ciudadauîa. No confundamos las ideas con alegatos que 
no son del caso. Se ha intentado combatir la proposiciôn 
del Sr. Ufia con el ejemplo de la antigua Roma, que gober- 
naba un inmenso territorio, estando reservada, la ciudada- 
nîa a los que nacîan en aquella ciudad: iqué inûtil e inade- 
cuado es este ejemplo a nuestra situaciôn y a nuestra polîti- 
ca! Roma era una ciudad Monaica y Soberana de gran par- 
te del orbe; la libertad estuv^o aislada en sus muros; las pro- 
vincias gemîan bajo el yugo de la opresiôn sostenida por la 
îuerza de innumerables y poderosas legiones (ûnico asilo y 
sostên de la tiranîa); ^.y se conformarân los espanoles en que 
exista este poder en la Corte, y los demâs pueblos sigan la 
condiciôn de los sûbditos de Roma? ^Serâ esto posible? 
Ciertamente el imaginarlo solo es un delirio. Ni tenemos las 
legiones de Roma, ni aunque las tuviêramos creo que no se- 
guirîamos ei r'.unbo del despotismo, habiendo proclamado 
que la justicia y leyes generalmente benignas han de ser el 
apoyo de nuf stra Constituciôn polîtica, o de nuestra Monar- 
quîa moderada. Se olvidô el Sr. Diputado que arguyô con 



HISTCKIA UODERNA DE EL SALVADOR 2^1 

dicho ejemplo que Roma, aiiD en la época de eu poder, reco- 
iiociô là necenidad de extender la ciudadanîa en municipios 
y coloniae. La Naciôn espaiiola, en medio de bub dégradas 
actiiales, quiere y debe reconcentrar su uni6n en una socie- 
dad de hombree civilmeiite libres, que ejerciéndose en la ca- 
rrera del niériro y del honor. sus esîuerzos serân coronados 
cou premios justos. El excluîr o dificultar exeesivamente a 
una clase numerosa del camino y aptitud del merecimiento, 
eerîa de nnestra parte un erapeno de fomentai diccordias en 
una coyuntura en que deben todos las espanoles estar rnâs 
unidos que nunca para combutir con la fuerza moral y îisica 
contra un enemigo tan orguiloso como temerario. E.<. pues 
necesario que sio-uiendo el saludablp espîritu de conciliacion' 
tengamos por ciudadanos a los psy>anoles quereûnen las cir' 
canstancias de la propohicion del !Sr. Uria. 

El Sr. Larrazabal: Segûn lo que el !?r. Oiiveros acaba de 
exponer sobre el preMPiite artîculo, me parece que para el 
acierto en su discusiôu très cosas deben tenerse presf-ntes. 
Primera, las sesiones que el senor preopinaute supone haber- 
se tenido con los Diputados suplentps de America, con cuya 
aprobaciôn se asegura qus se expidiô el decreto de 20 de 
Enero. Segunda. el derecho que gozau las castas de Ameri- 
ca, Tercera. la falta de conociniieiitos con que ha indicavîo 
el Sr. Argiielles se hallaba la comisi6a para formar este ar- 
tîculo. 

Cuanto a lo primero. quiero que V. il. tenga présente 
que el ayuntamiento de Goatemala, con la sumisiôn y res- 
peto que siempre acostumbra, le hizo présente que aquella 
ciudad estaba dispuestaa contiuuar sus esfuerzos y agotar 
BU8 recursos en defensa de la Penînsula, y de los derechos de 
nuestro amado Eey, sin reservar ni aun la sangre que corre 
por las venas de nuestros ciudadanos; pero que si las Certes 
habîan de hacer leyes tan fundamentales, Goatemala se opo- 
nîa formalmente a que en orden a laConstituciônfundamen- 
tal se dictasen leyes sin su concurrencia, a que tenîa derecho 
por medio de eu Diputado propietario. 

Lob Diputados suplentes, Senor, do podîan eer 6rgano 
de BU voz, ni représenter bus derechos cuando carec^an de las 
instrucciones de aquella ciudad, y de los conocimientos del 
paÎB. ^C6mo se prétende, pues, levantar los fundamentos, y 
erigir la base de la gran Constituciôn de la Monarquîa por 
unoB informes, tal vez equivocadoe. con que pudieron con- 
duciree los Diputados suplentes? El dilatado tiempo que 
hace se trasladaron de aquel reino a los de la Penineula, 
tampoco les permitîa poseer las noticias indispensables de 
aquelloB naturales que traen su origen de Africa, y yo cou- 



232 GAVIDIA FRANCISCO 

fieso a V. M. con la debida ingenuidad, que aun los Diputa. 
dos propietarios del reino de Goatemala no tenemos noti- 
ciae exactaB y universales de los habitantes, usos y costum- 
bres de todos sus pueblos. Hasta ahora, Senor, se esta es- 
cribiendo su historia, y todavîa carece de un mapa que com- 
prenda todo el reino. Consecuencias todas necesarias de la 
maligna polîtica con que nuestra Corte pretendîa mantener 
sepuitadas en las tinieblos de la ig:norancia a las infelices 
Américas. Dîgalo si no el éxito con que con cuatro renglo- 
nes se tratô de aniquilar la famosa sociedad patriôtica de la 
capital de aquel reino, cuando pocos meses antes se la habîa 
llenado de los aplausos que merecîa por nuestro Monarca. 

Pero Goatemala resucitô este cuerpo tau necesario y 
util a las raismas castas de que al présente se habla, fomen. 
tando asî a los artesanos y labradores, e impetrando de V. 
M. su necesaria aprobaciôn en el ocurso que acaba de hacer. 

Yo no dudo que en este augusto Congreso se oirân toda- 
vîa como nuevas las voces de raulatos, cuarterones, puchue- 
los, en que se dividen aquellas castas, y otras que ahora no 
tengo présentes; pero de ellas testifica el sabio Moreli en su 
obra Fasti novi orbis, y a muchas de estas castas estân ex- 
tendidos alecunos de los privilegios concedidos a los indios y 
mestizos. Y extendiéndose a aquellas castas los privilegios, 
^se les negarân los derechos que por naturaleza les corape- 
ten? Yo protesto a V. M que si por debiiidad o por igno- 
raucia aprobase el artîculo como esta, serîa para expatriar- 
me para siempre. Soy deudor, Senor, de mis procedimien- 
tos, no solo a V. M., sino a rai capital y provincia. Hice un 
juramento polemne de ejercer bien y fielmente el cargo que 
me ha constituîdo en este puesto, y aseguro a V. M. que aun- 
que mi voto îuese ûnico y particular en esta materia, siem- 
pre me quedarîa la satisfacciôn de haber procedido eegûn los 
dict<4menes de mi conciencia y honor. 

No pretendo extenderme molestando la atenciôn de V. 
M. pobre el derecho que compete a aquellas castas, y de que 
se les prétende privar; mas no puedo prescindir de estas sen- 
eillas consideraeiones. La sociedad humana es la union de 
hombres ligados entre si con un vînculo indisoluble, y su ob 
jeto es el mejor estar de los individuos que la componen: se 
estableciô su Gobierno para su conservaciôn y tranquilidad; 
esta atiende al goce de sus derechos naturales e iraprescrip- 
tibles. Estos derechos son, entre otros, la igualdad, que 
consiste en que la ley debe ser la misraa para todos, ya pro- 
teja. ya castigue; que no pueda ordenar sino lo que es justo 
y util a la sociedad. ni prohibir sino lo que es perjudicial. 
Ahora, pues, si V. M. contirmô el inconcuso concepto de que 



mSTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 233 

los dominios ebpaûoiea un aiuLod humiciferiois foiiiitiu i;iia 
eolay misma Mouarquîa, una misma y eola Naciôu, y una 
8ola familia, y que por lo mismo los naturales de eiloB son 
iguales en derechos a loe résidentes en la Penînsula, ^,cod que 
raz6n se priva a aquellos misérables siendo naturales de lo 
que se concède al extranjero? Estamos convencidos de que 
la industria y'riqueza de la Naciôn exio^e aumento de pobla- 
dores; privilegiamos por esto a los extraûos, y pret^^ndemoa 
despojar a los hijos. Escuchemos al sabio Re.y D. Alfonso, y 
hallaremos que la naturaleza tauto quiere désir como deuda 
que tienen los hombres por alp^una derecha raz6n en se amar 
ê en se querer; y si esta naturaleza se adt]=iiere cou solo ha- 
ber nacido en el Reiiio de padres naturales de êl, ea claro que 
compete a aqtiellas castas el derecho de naturalidad, y con- 
sistiendo en éota el de ciudadano, no se le.s puede disputar. 

No quiero decir por esto que a entas castas se le.^ eleve a 
los empleos y cargos propios de la nobleza. Lan distintas 
jerarquîas que confesaraos en el cielo, nos convencen de que 
las hay en la tierra. Un mulato o ladino, que asî se de.iomi- 
na esta casta en alganos pueblos de Goatemala. se le elige 
regidor y alcalde ordinario de su lugar; y en todos los pue- 
blos, ya sean de ladinos solamente, ya de indios y ladinos, 
siendo éstos en numéro compétente, tienen eus cabildos tepa- 
rados de los indios. 

Se ha querido Uamar la atenciôn del Congreso sobre que 
si se dice que aquellas castas gozan de voz activa para la 
elecciôu de sus représentantes, deben también gozar de la 
pasiva; pero yo no veo la fuerza de este argumento, Bieudo 
constante que el derecho concède a muchos en diversos casos 
la voz activa en las elecciones que no la pasiva. El derecho 
que les compete para elegir sus représentantes, no se extieu- 
de a que también hayan de ser elegidos; ninguno de ellos ha 
pretendido elevarse a mâs de lo que siempre se les ha eonce- 
dido; pero obsérvese lo util que sera al raismo Gobierno no 
privarles del derecho de la voz activa; porque teniendo parte 
en la elecciôn de su représentante, las providencias que ema 
naren por BU medio, siempre las recibirân con docilidaJ y 
euraisiôn, cuando las vean dictadas por aquellos mismos eu 
que colocaron su confîanza; y por el contrario, como juzgan 
muchae veces, y algunas veces aconteco que el noble y pode- 
roso oprime al plebeyo y desvalido, se recelarôn si se les nie- 
ga la voz activa de que tratamos llevar adelante estas ideas 
de opresiôn y abatimiento. 

No es poeible que las primeras lîneas de nuestra Consti- 
tuciôn sean otrae para las Américas que las de liberalidad y 
29 



234 FRANCISCO GAVÏDIA 

Leiieficeiicia; a8Î es de junticia, y con este imân ganarâ V. M. 
las voluiitades y corazoueft de aquellos habitantes. A un 
hiiérfano se le concède pedir tutor que le patrocine; no se les 
nie^ue, pues, h estos desvalidos nombrar un padre que re- 
présente BUS mieerias y se las remédie, que les busqué el con- 
huelo que necesitan: taies creo son uuestras obîigaciones 
como Diputados de America. 

No ei-taba impuesto en el decreto de 20 de Enero que se 
lia leîdo; y a los senores de la comisiôn debo hacerles el bo- 
nor y juaticia que se merecen; mas el Sr. Arguelles ha mani- 
festado que el présente artîculo fuéde los que mas le hicieron 
fijar la consideraciôn; y se ha dicho por alguno que no habîa 
bastante conocimiento del asunto. Pues eutonees, icômo 
se va a resolver? iQuê dirîan eu America si una cuestiôn 
tan interesante se ventilase ligeramente? Hoy quedarîa 
aprobado este artîculo, y manana en las nuevas Cortes que 
se conj^re^arau lo reclamarîan las Américas. En vano se in- 
terpone el torreute de la autoridad si prétende soîocarse el 
eco de la raz6n. Si, Seûor, la noble y leal ciudad de Goate- 
mala, a quien una Gaceta de Valencia adrairô como modelo 
de lealtad y patriotii^mo; Goatemala, la fidelîsima Goate- 
mala, que fué una de las primeras que levantô la voz contra 
el tirano, y sobre que jamâs dudô, sin embargo de las ôrde- 
nés en contrario del Consejo de Indias, se quejarâ de que a 
losprimeros pasos de la Constitucion se despoja a sus ciu- 
dadanos. 

No faltô, Seûor, un sabio europeo de aquel cabildo ecle- 
siâstico que desde que se tratô sobre la eleccion de Diputado 
para la Jnnta Central, reconociô los derechos de aquellas 
castas, considerando de justicia la parte que debîan tener 
en la eleccion. V. M. prepar6 nuestros «'Inimos para la réu- 
nion uacional diciéndonos : venid americanos, ya sois libres, 
ya se acab6 la esclavitud; ly cômo podrân créer este cuan- 
do al momento que nos presentamos sus Diputados sella- 
mos su esclavitud? Goatemala, que ha estado pronta a ju- 
rar fidelidad a V. M,, que lo esta para sacrificarse por la 
buena causa, no tuvo reparo en anunciar que los puntos de 
Constitucion debîan sanciunarse con anuencia de los Dipu- 
tados propietarios, porqne ellosprestarîan couocimiento del 
pais y de la voluntad de sus naturales; luego somos acree- 
dores los Diputados propietarios a que se miren con aten- 
ci6n nuestras exposiciones, y se atienda a que en nosotros 
han depositado su confianza y sentimientos aquellos habi- 
tantes. Es précise, Sefior que esto se médite mucho : acuér- 
dese V^. M. de los principios de igualdad que ha proclamado, 
y aeuérdese tambiên de que aua wieuten los inglesea la con 



HISTORIA MODERNA DK EL SA' VADOR 235 

ducta que observaron cou sus colonias, y que aun ee elogia 
el procéder de aquel gênerai que puso a los pies del Rey la 
espada, diciendo que no querîa pelear contra sus hermanos. 

Déjese a aquellas castas en el estado en que ee hallan ein 
pri varias de la voz activa, que en mi juicio se les debe por 
derecho natural, nijquererles elevar a la inâs alta jerarqnîa, 
pues conocen que su e-^^fera no les ha colocado en el estado 
de aspirar a los puestos distinguidos. 

Repito que no dudo que la coraisiôn ha deseado el acier- 
to; que reflexione V. M. que raerecemos alguna atenciôn los 
Diputados de America, y que cuando reclamamos los per- 
juicios que se seguirîan de la aprobaciôn de ese artîculo, es 
porque conocemos el pais y la voluntad de los que represea- 
tamos. Asî, pido a V. M. pasen sus exposiciones a la corai- 
siôn con el voto que por escrito ha dado el Sr. Salazar, Di- 
putado de Lima, para que mejor ilustrada pueda reformar- 
lo. Por rai parte me conforrao, y apruebo los artîculos pro- 
pueetos por el Sr. Salazar. He concluîdo; pero no en supli- 
car a V. M. que dispense mis defectos. 



Los Sres. Inca Yupanqui, Mauiau y LIano (D. Andrés y 
D. Manuel) presentaron por escrito sus votos contra el Art. 
22 de la Constituciôn, aprobado en la sesiôn del dîa ante- 
rior, a cuya votaoion no asistieron; pero habiendo sido esta 
nominal, se re^^olviô que se devolvie.sen dichos votos a los 
expresados senores, por no haber lugar a su agregaciôn a 
las .\ctas. 



A las mismas se mando agregar otro voto contra lo 
resuelto en dicha sesiôn acerca de la adiciôn hecha por el Sr. 
Raraos de Arispe al luismo artîculo firmado por los Sres. 
Castillo, de Llano (D. Manuel). Larrazâbal, Ziiazo, Avila, 
Maldonado, Obregôn, Beye de Cisneros, Morejôn, Rodrigo, 
Gutiérrez de Terân, Raraos de Arispe, Fernândez, Munilla, 
Uria, Clémente, Gordoa, Feliû, Couto y Guridi Alcocer: 

La adiciôn del Diputado Arispe decîa : "para excluîr el 
concepto de originarios de Africa, bastarâ ser hijos de'pa- 
dres ingenuos o primeros nietos de abuelos libres". Ella re- 
solvîa mejor que todo la difîcil cuestiôn y era apoyada por 
el Diputado de El Salvador y los deraàs del entonces reino 
de Guatemala. 



236 FRANCISCO GAVIDIA. 

cLarrazâbal, Présidente que fué de las 

Certes » pâg. 158, lin. 13. 

Sesiôn de 4 de de Octubre, de 1811 . 

procediôse a la reuovacion de cargos, y salieron electos, 
para Présidente el Sr. Larrâzabal, para Vicepresidente el Sr. 
Rocafull, y para Secretario el Sr. Sombiela, en lugar del Sr. 
OHveros. 

Concluida la elecciôn, toraô la palabra y dijo 

El Sr. PRESIDENTE: Hoy 24 de Octubre, dîa para mî de 
perpetna memoria, palî de mi Patria bajo la {)rotecci6n y 
guîa (ipl Arcângel San Rafaël a ejercer en este soberano Cou- 
grei?o la diputaciôn por Goateraala. Al momento que por 
aquelia elecciôn me vi elevado hasta la cumbre del honor, 
adoré los desiguios delà divina Providencia con fl Real 
Profeta cuondo dijo: suscita us a terra inopem, et de ster- 
core erigens pauperem: ut collocet eum cum principibus po 
puli sui. Sî, Senor, porque los resplandores de la dignidad 
no me deslurabraroii para perder de vista mi pequefiez, falta 
de ! lices y circunfitanciae, queforman los eujetos para los 
altos encargos. i ^uâles. pues, deberân ser ahora las expre- 
sionos de mi lengua balbuoiente? iCuâles los sentimientoe 
de mi corazôu? Dire sin detenerme que mi reconocimiento a 
V. M. por esta elecciôn, con raejor acierto lo maniflesta un 
profundo silencio que la retôrica mâs sublime. Callo, Senor, 
conîuso y avergonzado al verme ocupando el primer lugar 
en este supremo Congreso. 

Mas ya que V. M. asî me honra, a fin de que mis desacier- 
tos no se atribu^j-au a lo prodigo de su bondad, espero los 
contpnga dândome la direccion necesaria paraobrar en todo 
conforme a los derechos que son debidos a Dios, a la Naciôn 
y al Rey: estas son las leyes invariables que deseo observar 
para el desempeno de la alta confianza que he merecido, y 
por l'î qne con todo respeto y sumisiôn tributo a V. M. el 
mâs vivo agradecimiento>. 

* « 
SOBRE LA FIESTA DEL PENDÔN 

«Supresiôn de las Ceremonias > Pâg. 60, 

îcea 20. ;sesiôn del 9 de Enero de 1812. 

lîimediatamente tomô la palabra, y dijo 

El Sr. Larrazâbal: Senor, conozco el buen fin que V. M. 



HISTORIA MODERNA DE EL SALVADOR 237 

se propueo en su decreto de 7 del corriente para eitinguir al 
funciôn del estandarteen todaB las provinciaB de America; 
mas recelando que acaso en Goatemala por las particulares 
circunstancias pueda ocasionar algûn diegusto entre los in- 
dios del pueblo de Atmolonga, deseoso de evitar entre ellos 
todo raovimiento, y consultando ônicamente a que reine la 
raejor tranquilidad, suplico a V. M. que al mismo tiempo 
que el decreto se expida a aquel présidente y gobernador, se 
le prevenga que para ponerlo o no en ejecuciôn en la ciudad, 
oiga primero al ayuntamiento, Senor, segûn la historia y 
lo que conserva la tradiciôn, entre aquellos indios de Atmo- 
longa consta que el reconocimiento a que en el dîa de Santa 
Cecilia (22 de Noviembre) fueron subyugados los Reyes Kac- 
chiqueies, que habfan recibido de paz a los eepanolee el ano 
1524, el 26 se subleraron contra ellos; por cuyo motivo la 
vîspera y dîa de esta santa patrona saca el pendôn el alférez 
Real con acompanamiento de vuestro présidente, Andiencia 
y ayimtamiento, etc., y como los indios mejicanos y los tias- 
caltecas de Atmolonga auxiliaron a los espanoles, salen tain- 
bién en este paseo con mosquetes, lanzas y banderas: y al- 
gunos de los principales llevan hermosos arcos vistosamente 
adornados. 

De esta relaciôn se infiere que lejos de ser ignominiosa 
para aquellos indios esta cereraonia, la miran como especie 
de triunfo. Por otra parte, son muy adictos a conservar 
eus usos y costumbres, y algo dîscolos; de modo, que el Go- 
bierno ha recelado de una vez no coudescender con ellas en 
otros asuntos, Dessando el acierto, hago esta proposiciôn : 
cQue en atenciôii a los inconvenientes que ha manifestado 
el Diputado Larrâzabal se podîan seguir en la ciudad de 
Goatemala con la ejecuciôn del decreto de 7 del corriente, 
se prevenga al Consejo de Regencia que aunque se libre para 
dicha ciudad en los têrminos concebidos para todas las dé- 
mos, se ordene por oficio separado al présidente y goberna- 
dor que toinando informe de aquel ayuntamiento sobre si 
en su ejecuciôn se seguirân o no inconvenientes graves res- 
pecto de los indios, lo suspenda en el caso que puedan se- 
guirse los que se recelan, continuândose la costumbre hasta 
ahora observada, exceptuândose los gastos de almuerzo y 
refresco, que siempre se entenderâu abolidos>. 

Discutida ligeramente dicha proposiciôn, qnedô aproba 
da, protestando esta resoluciôn los Sres. LIano y Mendiola. 



238 FRANCISCO GAVIDIA 

* * 

PETICIÔN SOBRE OBISPADO 
SesiÔD de 21 de marzo de 1812. 

Se leyô la eiguiente expoeiciôn del Sr. Avila : 

<Senor, ocupado V. M. en asuntos rauy interesantes a la 
Naciôn entera, me he abetenido de distraer eu atenciôn a 
negocios particulares; pero viendo que felizmente va V. M. 
ponienda fin a eue tareae, me es indispensable interrumpir 
el eilencio que he observado haeta ahora para llenar los vo- 
tes de mis comitentes. Entre los eneargos que me hizo la 
provincia de San Salvador, que me nombre por eu représen- 
tante, uno de elloe es que solicite de V. M. que dicha provin- 
cia se erija en obispado, fijândose la silla episcopal en la ciu- 
dad capital de San Salvador, que da nombre a toda la pro- 
vincia. lia numerosa poblaciôn que tiene San Salvador; la 
extension de eu terreuo; su distancia de la metrôpoli de Gua- 
temala, en cuja jurisdicciôn ee halla comprendida; el pro- 
ducto de sus diezraos. y otras muchas consideracionee, eon 
otras tantas razones poderosas que convencen la jueticia y 
la necesidad de eeta solicitud, digna ciertameute de la apro- 
baci6n de V. M. 

Senor, esta provincia, goberuada en lo polîtico por un 
inteudente, ee halla uuida en euanto a la juriedicciôn epis- 
copal al arzobispado de Goatemala, el cual comprende las 
provinciae de Sonsonate, Verapaz, Quezaltenango, Solola y 
la capital del Reino con su provincia. La poblaciôn que 
comprende aquel arzobispado pasa de 600,000 aimas; ^y 
sera posible que un solo Pastor, por celoso qup sea, pueda 
distribuîr dignamente el pasto espiritual a tan crecido nu- 
méro de ovejaB? <^No es mâs conforme a las levés de Indias 
y a la disciplina eclesiâstica, que .se dividiese esta vaeta diô- 
cesis, creândose otra nueva en la provincia de San Salvador, 
queeolaella tiene de poblaciôn, segûn el ûltimo ceneo, mâs 
de 180,000 habitantes? Sabe muy bien Y. M. que eu los si^ 
glos primeros de la Iglesia de Jesuoristo. en aquellos tiem- 
pos felices en que tauto resplandeciô el cri^tianismo, se mul- 
tiplicaron de una manera increîble los obispadoe, por mane- 
raque cada ciudad, como fuese de consideraciôn, tenîa eu 
Obispo. Un numéro tan crecido de aimas, exige de justicia 
un Pattor dedicado exclusivamente a eu direcciôn. De otra 
modo, permaneciendo eeta provincia agregada al arzobis 



HISTORIA MODEKNA DE EL SALVADOR 239 

pado de (Joatemala, es moralmente imposible que un solo 
Pastor pueda goberuar debidamente una gvey tan numero- 
ea. Si esta estuvieee reunida en pocas ciudades o pueblos, y 
que éstos ewtuviosen ^ituados eu poca distaucia, serîa muy 
difîcil, pero no imposible el régmen de tautas almas; pero 
hallândose éstaw dieeminadae en una raultitud de poblacio- 
nes y aldeas, y a !aro:a8 distancias unas de otras, es casi im- 
posible que se les pueda proveer oportunamente del pasto 
espiritual por un solo Pastor. La Igîesia metropolitana de 
Ooatemala dista de la capital de la provincia de San Salva- 
dor (50 léguas, y los pueblos que estân en los estremos de es- 
ta, distan mas de 110 léguas de aquélla; de forma que asî 
por esta larga distaneia en que se hallan las mâs de las po- 
blaciones de San Salvador, como por los malos eamiuos, 
sunede que los Rdos. Arzobispos de Goatemala no visitan su 
diôcesis cou aquella frecueneia que exigen los cénones: mu- 
chas veces la j>rovincia de San Salvador no ha sido visitada 
por eu Pastor en diez anos, r también han nuierto muchoi 
de éstos siu haberla conocido. Estas cousideraciones movie- 
ron a D. Pedro Cortés y Larraz, Arzobispo que fue de Goa- 
temala, y muy mémorable en aquella diôcesis por su virtud, 
a iuformar a! Sr. D. Carlos III en 1778, que el Cinico arbitrio 
de remediar tan graves malea, era la erecciôn de un uuevo 
obispado en la provincia de San Salvador. Efecti va meute, 
Senor, es muy justo que tenga su Obispo una provincia qu» 
tiene 180,000 habitantes distribuîdos en 120 pueblos que 
estân a tanta distaneia de la Metrôpoli, y cuya extension 
(hablando solamente de San Salvador), pasa de 1,000 lé- 
guas cuadradas, doude se cultiva el anil, azûcar, tabaco y 
ganado vacuno y caballar, y otros muchos granos que for- 
man la riqueza de aquel departamento. 

Poco importdrîa proponer arbitrios de reraediar los maies 
de los pueblos, si no propusiese al mismo tiempo los medios 
de realizar aquellos y llevar al cabo la empresa. Por fortu- 
na, Senor, nada falta en el présente proyecto : los diezmos 
de San Salvador ton màs que suficientes para dotar la mi- 
tra y demâs establecimientos anejos, pues que re^rnlados ba- 
jamente producen cada ano 40,000 pesos fuertes. Pues, Se- 
nor, si los diezmos estân des! inados para sostener el culto 
divino, y para proveer a la congrua sustentaciôn de los mi. 
nistros que ad ministre n a los ûeles los sacramentos, iqué 
cosa mâs justa que dotar con los diezmos que pagan aque- 
llos tjeles la subsistencia de un Pastor, que limitando su 
atenciôn a aquel terreno se dedique solamente a la direcciôn 
de aquellas ovejas.' 

Podfc tambi'^n auiiliarse con los diezmos al estableci- 



240 FRANCISCO GAVIDIA 

mieuto de un seruinario couciliar, coiiHif^uieîite a la erecciôtt 
del obispado, en el que eeeducaee lajuventud, formândose en 
êl celosoa ministros del altar j ciudadanos dignos del nom- 
bre espanol, capaces de deserapenar los deberes que V. M. les 
ha impuet^to en la sabia Constituciôu. Serîa eumamenta 
plausible a aqueilo8 habitantes de San Salvador tener en su 
capital un seminario donde se educaee la juventud, y versa 
libres de la necesidad de mandar bu8 hijos a mendij^ar la en- 
eenanza a otros parajes muy distontes, a costa de muchos 
gastos, y lo que es mâs, a sus hijos a pervertirse lejos de sus 
padres. 

Vea V. M. que todo conepira a la erecciôn de obispado 
en la provineia de San Salvador: numéro mes que suficiente 
de habitantes, larga distancia de la Metrôpoli, extension de 
la provineia, productos suficientes en sus diezmos. Solo fal- 
ta que V. M, dispeuse su soberana proteceiôn hacia aquellos 
tus fleles eûbditos, a quienes llenarâ del mayor consuelo con 
la aprobaciôn de las dos siguientes proposiciones que hago 
aV. M.: 

cPrimera. Que eu la provineia de San Salvador, en el 
reiao de Goateraaia, se erija silla episcopal, suîragânea a la 
Metrôpoli de dicho Reino. 

Segunda. Que tainbiên se erija seminario para la edu- 
caciôn de la juventud, conforme lo prevenido por el santo 
Concilio de Trento.» 

Admitidas a discusiôn estas proposiciones, se remitieron 
a la Regencia, para que en uso de sus facultades proveyese 
lo eonveniente. 



Nota. — Correspondiendo los comentarios de que se habla en algunos 
pasajes de esta relaci6n a la addenda del perîodo total de los 
Protoindependientes, se leeràn a su tiempo y en el lugar res- 
pectivo. — N. DEL A. 



CAPITULO V 
La igualdad social 

Por la discusiôa que hemos debido Irascribir en 
gran parte, se ve que la gran Asamblea dejô en pie el 
escabroso problema de sidebi'a gozar de ciudadanato^ 
corao se decîa entonces, la gran mayorîa de la pobla- 
ciôn de la America. 

Los votos de 108 diputados espanoles, cootra 36 
americanos, en votaciôn nominal, dieron la respuesta 
negativa. 

Entre los que votaron en contra se contaban les 
filôsofos Espiga, Pérez Castro y Calatrava. 

Votaron en favor muchos sacerdotes de America. 

Los conservadores de Araérica resultaban mâs 
avanzados que los radicales de Espana; por ejemplo, 
que el gran orador a quien se llaroô «el divino Argue- 
Iles», que votô en contra. 

La discusiôn de las Cortes que debîa figurar en 
esta Historia debe iraponer a los lectores de la impor- 
tancia del asunto. Baste decir que si entre los sesen- 



242 FRANCISCO GAVIDIA 

ta y cuatro ascendleates de la quinta progenie, habi'a 
uno que, doscieatos anos antes, térraino medio, fuere 
origiaario de Âfrica, el descendiente de America esta 
ba excluîdo ya no de cargos como Virrey, Capitâo 
General. Présidente o Régente de Audiencia y Alcalde 
Mayor y de toda carrera deUniversidad y eclesiâstica, 
pero aun de funciones, ascensos y jerarquias bastan 
te humildes. 

Toda esa injusticia quedô borrada cuando los 
prôceres escribieron el artîculo 4* del Acta de Indepen 
dencia de 1821, que dice: 

Que el numéro de los diputados al primer Con 
greso General que debi'a reunirse, fuese en proporciôn 
de uno por cada quince mil individuos; «sin excluîr de 
la CIUDADANÏA a los originarios de Africa>. 



Fin del Tomo I. 



FE DE ERRATAS DE CONCEPTOS 



PAG. 

61... 

76... 
186... 
187... 
190... 
191 .. . 



LINEA DICK LEASE 

8 (sub)* .. Aaravia Saravia 

16 , esta este 

14 .... no obstante soy. no obstante, aunque soy 

7 (sub) .... el medîo que el medio con que 

20 ,, .... halla haya 

11 .... impasibilidad . . imposibilidad. 



* Sub. Con esta partfcula indicamos que se cuenta de abajo arri- 
ba. Cuando no va esta indicacidn, debe contarse en sentjdo ccntrario. 



JÔ/ ^Oj 



i