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Full text of "Historia universal antigua y moderna formada principalmente con las obras de ..."

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TOMO xni. 



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FACULTAD DE DERECHO 

Biblioteca 



^ContultaenSala 

Excluido d« préstamo 

(201) 



Stat sva cvi^ra oibs. 

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K.J ^ /^V.<f?> 



BIBUOTECA UCM 



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5306481950 



utissDmm 



FORMADA P&IHCIPAUIBIITB 
CON LAS OBRAS DE LOS CELEBRES ESCRITORES 

EL CONDE DE SEGUR, ANQUETIL Y LESAGE, 



TCOH 



fCXA DB 

P0& 



M. IIILLOT^ MULLER^ CHATEAUBRIAND^ BOSSUET, THIERS , 6UIZ0T, 
GÜAT^ MICHELET , MItíNET ^ ROBERTSON ^ NOMER ^ MONTESQUIEU^ 
ROLLIN, MARIANA, MIÑANA^ SOLIS, TORENO, MARLIANI^ MICHAKL etC. 

FINALIZANDO 

C<D£T WS ID)X€(CZ<a)H£Jfi]I(a) ]BE(D)(S]&Á}ni(C€) WMÍIWSSSíSMu 
OBRA COMPILADA 

BAJO LA DIRECCIÓN DE 

A. MARTÍNEZ DEL ROMERO', 

liminDOO OB TARIAS SOCISDADBS ARTÍSTICAS T LITERARIAS 9 
NACIOHÁHt T ■tTKANJBIlAt. 



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Atocha, auow 66, CHarta priuripal. 



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€0ISIITTAS££I3E0 DUOBSeiHO. 



CAPITULO V. 



xlespaes de haber {Ddieado los 
objetos del culto de los roma- 
nos, beci^o la eDuoieraeioo de 
sosdi¥ÍDÍdades, y el cuadro de 
los miembros del sacerdocio, as( 
como de sus diversas atribucio- 
nes, réstanos dar á conocer la 
influeocia estraordinaría de la 
relijioo sobre un piteblo tsn 
crédulo como valiente, y pre- 
sentar las relaciones que4i{;abao 
á los triunfos de sus armas, los 
actos de una piedad sin ttmi- 
tes«. 

Jamás historia de nación aU 
gana ofrece i|n contrasto mas 
chocante que ta conducta reli- 



jiosa de íw primeros romanos, 
opuesta á su conducta polUíca* 
Rómulo y Bemo, ambos de orí- 
jen dudosa, consiguen hacerlo 
venir del cielo; y un conjunto 
de acontecimientos estraordina- 
rios parece justificar esia opi- 
nión» Ellos mismos casi se lo lle- 
gan á persuadir, y lo esparcen 
con aquella seguridad que pres- 
ta siempre una íntima convic- 
ción. Una multitud de hombres 
vagos^ recliazados de todo el La- 
cio^ estranjeros en todos los pai* 
ses, se une i su fortuna y piensa 
ver en ellos seres de una natu» 
raleza superior. Admirados del 



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msfoaiA 



yugo que el jeoio les impone^ 
estos espíritus seueillos y grose- 
ros se imajioan reconocer en 
ellos el carácter de la divinidad^ 
y sin esfue^rzo se someten á je- 
fes que se atreven á hablarles en 
su nombre. Pero desmintiendo á 
poco, por un acto de barbarie, 
unOrijen usurpado /el mas au- 
daz de los dos hermanos inmola 
albtroá ¿u ambición. 

Tales fueron los fundadores 
de aquella Roma, colocada des- 
pués en el rango de las divinida- 
des; tales fueron las primeras 
acciones medíante las cuales se 
constituyeron en cuerpo de na- 
ción. El ascendiente que RiSmu- 
lo había tomado sobre su pue- 
blo, debilitó la impresión que 
hubiera debido hacer su crimen^ 
y aquellos hombres feroces ya 
desechados de la sociedad por 
acciones casi tan detestables, no 
vieron ed esta mas que una con- 
seeuentia irrevocable de los de- 
cretos del Destino, de quien su 
jefe se declaraba intérprete. De 
este tnodo, fortificando su gran 
carácter con un apoyo que des- 
truía la idea misma de la resis- 
tencia , y libre de toda concu- 
rrencia que estorbase sus vastos 
proyectos^ se entregó Rómuk) 
Bin sujeción al vuelo de unaima* 
Jinación atrevida-, y lejislador de 
una sociedad naeie&te , ia dicta- 



ba leyes que debían servir á to- 
dos los pueblos. 

Los dioses reusaron á Rómulo eí 
perdón que tan fácilmente le ba^ 
bian concedido. En mitad de sus 
triunfos se ve penetrado de re- 
mordimientos, se orroriza de, sí 
mismo; la sombra de su 4esgr<* 
ciado hermano le sigue sus pasos; 
y durante la noche le persigue en 
sueños su imájen sangrienta. Es^ 
fuérzase por aplacar á sus ma- 
nes doloridos con espiaciones 
que le sujiere una piedad salva- 
je; instituye fiestas lúgubres que 
deben atraerle el perdón de su 
crimen conservando siempre su 
memoria^, y su pueblo, dócil ba- 
jo el doble yugo que le había 
impuesto, mostraba respeto á 9U 
rey, y al mísmo^ tiempo procla- 
maba su arrepentimiento. Satis- 
fechos de estos actos esteriores 
príncipes y vasallos se entregan . 
á su audacia; cansan al cíelo pa- , 
ra obtener un perdón que cada . 
dia se lesbace mas necesario^ y . 
en estos primeros tiempos todo 
ofrece en los romanos la mezcla 
estravagante de una piedad ecsa- 
jerada y de una conducta culpa* 
ble. De este modo unas tierrati 
arrebatadasá la fuerza á sus le- 
j.ftimos poseedores, se coosa^n 
al sostenimiento de los altares» 
otras se reparten coo el apara* 
to de ia relijíoa: mujeres roba- 



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mOMAMA. 



das á 8üS familias^ son casadas 
con todas las solemnidades de 
Roma-, en fin, aquella misma 
ciudad cuyo sitio es también 
usurpado^ ve consagrados sus ci- 
mientos por todo lo mas impo- 
nente que entonces ofrecían las 
ceremonias relijiosas. Muy lue- 
go aquellos sacerdotes institui- 
dos por Hómulo bajo el nombre 
de augures, declaran que la ciu- 
dad naciente será la reina del 
mundo; apenas se han acabado 
loa muros, unos cuantos hom- 
bres encerrados dentro se pene- 
tran de la santidad de este orá- 
culo, y con un paso firme y sos- 
tenido marchan á su cumpli- 
miento. El rey se declara alta- 
mente protector de los ministros 
de los altares; y por una esacta 
reciprocidad, estos ministros au- 
torizan en el nombre del cielo 
las empresas del monarca. Todo 
papecia justificado para llegar al 
alto destino que se habian atre- 
vido á prometer; y este mundo 
del cual no teniun una Justa idea, 
deMa ser la recompensa de la 
piedad para con los dioses y del 
amor á la patria. La convicción 
profunda de la santidad de aque- 
llo8«ogures, y el entusiasmo que 
l&tfpíraban, apresuraban iel cum- 
plimiento. No se sabe qué admi^ 
rar mas, si la audacia del 'sobe- 
rano^ la piadoaa aaialencia que le 



prestaban sus ministros, ó aque- 
lla firme creencia que se trasmi- 
tió de raza en raza en un pueblo 
heroico. 

Pero el estado principia á.es» 
tenderse ; algunas naciones dé* 
bilesse le incorporan; sabias le^ 
yes atraen nuevos ciudadanos; 
las victorias aumentan continua- 
mente el número; y Hómulo, a- 
tentó siempre á atraerse los pue- 
blos que ha subyugado, aSade á 
la relijion de la ciudad naciente 
los ritos de sus nuevos subditos. 
Muere por último enmedio da 
los triunfos, y su muerte, tan es« 
traordinaria como su nacimien- 
to, le hace colocarse en el rango 
de los dioses. 

A Rómulo sucedió Numa Pom* 
pilio , quien satisfecho de man- 
tener á Roma en sus conquis- 
tas, no procuró estenderlas. Su 
primer cuidado fué calmar, por 
una conducta llena de mode- 
ración , el resentimiento de los 
pueblos del Lacio , dispuestos 
ano ver. en los triunfos de los 
romanos sino ilustres atenta- 
dos. Enseñó á sus subditos asom- 
brados que hay otras virtudes 
que el valor , y otra grandeza 
mayor que la de las conquistas. 
A la fuerza, á la violencia y á 
las empresas audaces, sucedió el 
amor del orden y de la justicia; 
los tratados dictados por la sabi- 



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niSTOftlA 



duría, fueron ejecutados con uua 
severa equidad. La antigua (ie- 
rra de Saturno, vio renacer con 
mas esplendor aquellas virtudes 
por mucho tiempo olvidadas, y 
Boma pudo en fin presentar á 
sus hijos. 

L;i sola persuasión no hubiera 
obtenido resultado tan grande. 
Nunia tomó del cielo una autori- 
dad que los hombres le hubieran 
reusado. La ninfa Ejorio, decía 
que le dictaba en sus secretos 
coloquios, las nuovas leyes que 
a'iadiaálas de Rómulo, y con 
esta astucia perdonable tomó e! 
nombre de los dioses para ense- 
ñar á los hombres á onrarlos 
mejor. A la solidez con que Nu- 
ma establecía la creencia, anadia 
diariamente piadosas institucio- 
nes, y las ceremonias pomposas 
daban al culto de Boma un es- 
plendor que hasta entonces le 
había faltado. Los actos mas im- 
portantes del estado, la paz, la 
guerra, los tratados y todas las 
transacciones entre los ciudada- 
nos, estaban sujetos á la volun- 
tad de los dioses, y sus órdenes, 
transmitidas por los sacerdotes, 
llegaron á ser lá regla de todo 
un pueblo. 

Un reintido lurgo y tranquilo 
permitió á este sabio rey hacer 
que los romanos amasen los la- 
xos sagrados con que les habia 



unido; y bien pronto vio elevar- 
se cerca de sí una jeneracion de 
hombres tan valientes como sus 
padres, y mas dignos del título 
de ciudadanos. 

Bajólos sucesores de Nuraa, 
las virtudes guerreras por tanto 
tiempo comprimidas, se desple- 
garon con una nueva enerjíu. 
Penetrando Roma el secreto de 
sus destinos, marchó con un pa- 
so rápido, acia un objeto de que 
se sentia digna. Orguliosa con 
sus divinas instituciones, se com- 
plació en hacer partícipes de 
ellas á sus vecinos todos*, y u- 
niéndose en ella el fanatismo de 
las conquistas á la ecsaltacion 
relijiosa, desde lo alto del Capi- 
tolio proclamó su culto y su im- 
perio. La disciplina militar, ú- 
nica causa de la grandeza roma- 
na, descansó enteramente sobre 
una base relijíosa. Todo soldado 
admitido en una lejion, hacia ei 
juramento de no abandonar nun- 
ca sus ensenas y obedecerá sus 
jefes. No le era permitido pelear 
antes de haber llenado esta for- 
malidad-, pero llenada, estaba 
ya ligado por una obligación que 
no podia desechar. Cuando el 
pueblo se sublevó por un movi- 
miento de indignación contra los 
decemviros, las lejiones, parti- 
cipando de su odio contra los ti- 
ranos^ continuaban sin embargo 



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mOMAltA. 



9 



obedeciéndolos, y lossoldádosno 
pudieron determinarse á aban- 
donar una causa que detestaban, 
sino cuando se les demostró que 
el poder de sus jefes era osar- 
pado(l)« 

Después del incendio de Roma 
por Brenno, no ofrecia la cindad 
mas que un montón de ruinas: 
el pneMoy desalentado entera- 
mente, quería retirarse á Veyos, 
en donde se habían refujiado ya 
machas familias. Gamito, enton- 
ces dictador, reunió las «Minas 
para apartarlos de tan sacrfle"^ 
abandono. Insensibles al onor y 
k la vergüenza, los ciudadanos, 
abatidos por tantas pérdidas, es- 
taban decididos á huir, ya iban 
i dar su voto, cuando un centu- 
rión, pasando con su troplí por 
el Foro, le dijoenvoz alta: Aqmi 
€$ donde debemos permanecer. — 
c Acepto el augurio,» escían^ó 
Lucrecio, varón consular : este 
grito resonó entre el pueblo/ y 
ana palabra dicha al acaso, pa- 
só poruña orden de los dioses. 

Pudieran citarle como actos 
relijiospsel sacríflcio voluntado 
qoB hicieron de su Vida los mas 
Ilustre?» senadores cuando espe- 
raron la muerte con tanto va fór, 
mejor qtie ver sus altares pros- 

(1) Dtoiiifio oa HAUCAaa. lib. XI, 
cap. ti9. 

, Toao xni. 



tituidos por los bárbaros. El ya 
citado sacriQcio de Mareo Cur- 
do, puede contarse también en su 
número, y otros muchos que he- 
mos mencionado en la historia. 
Sin duda qué admirará el po- 
der de la relijion sobre aquellas 
almas tan fuertes y Jenerosas, y 
qOe se reconocerá la Justicia de 
aquel prlni^ipio. Pero ¿por nué 
dejeueraron en una superstición 
tan vergonzosa , degradándolos 
tanto como tos habia elevado?' 
Rsos mismo< rumanos de tan ad' 
mirable valor y heroi^mo, lle- 
gan á dar romp^fon por su de- 
bilidad: todo para ellos eran o« 
ráculos secretos, avisos amena- 
zadores, húguVio^ felices ó fu- 
nestos; HA encuentro insfgntfiw 
cante sumía en et abatimiento á 
aquellos espíritu? altivos, y en 
el nombre de la divinidad se a* 
batiaií basta el estremo. Yéselotf 
diríjiendo miradas inquietas á 
sti alrededor^ vivir én una per- 
pétuÉ Inquietud. Una palabra 
pronunciada al acaso, turbaba 
su ánimo, se pintaba el terror 
en sus facciones; callábanse de 
repente; y después de haberse 
besado el dedo anular, se toca-f 
ban detráa de la oreja derecha 
en la parte que llamaban el sitio 
de Nemeeii (2), oomo cuando se 

(2) Plihio <Ub. XI, cap. zlt) €»• 
2 



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flitr«ai4 



repreide qüo d^ iinn aorion ó 
de una p{fl«ibra inconsiderada. 
Esta disposición á una creencia 
ciega, determinaba todas las ac- 
ciones de sa vida; su inQuencia 
secreta era aun mas poderdsa 
en los ejércitos. Sobre el tea- 
tro de la fuerza, las resolucio- 
nes roas importantes se tomaban 
siempre según la decisión de los 
augures. 

Fuese convicción ó destreza, 
muchos Jenerales se aprovecha* 
han de estos oráculos para llevar 
sus tropas á la victoria, mientras 
otros sufrieron derrotas vergon- 
zosas por haberlos despreciado. 

El encuentro de un mezquino 
tnimalejo hacia palidecer á a- 
qnellos hombres que no infimi* 
daba la muerte; y se vieron le- 
jiones enteras embargadas de es^ 
panto ala vista de una liebre, 
ciiyatimideiZ parecía Anunciarles 
la derrota y la buida. En el cam- 
po^ en ^ senado, en el foro y 
en todas partease hallaban las 
mismas ideas. No había en Ro- 
ma un solo personaje notable, 
que se atreviese á abrir su puer- 
ta antes de haber consultado á 
los pollos que se censiderabao 

loraKi f1 asiento ót h meninria f!«'friii 



de las urc);i8 á los que er|iB llamadot á I 
itr ti»ilgo& (PljaiK> iM«) 



romo oráculos domésticos (1).. 
Hubo vez de verse á un gran 
majístrado entrarse en su cisa 
con precipitación, porqué al sa- 
lir habia tropezado en el escalón* 
de la puerta; v un st^no lor viejo 
que un dia estaba comien lo en 
casa de Octavio, llamantio la a* 
tención de esté par su aire aha« 
tido y prei^untándole qwf^. teni», 
confesó sin misterio que hahii^n* 
dose puesto al levantar por la 
mafiana la sandalia izquierda en 
el pie derecho, agiíero tan fu^- 
nesto lo traia lleno de tristeza. 

Oigamos sobre la materia quo 
nos ocupa el parecer del sabio 
autor del Espíritu de las leyes. 
Los sucesores no se atrevieron á 
hacer lo que este príncipe no 
habia hecho: el pueblo que ha- 
bla perdido mucho de su feroci- 
dud y rudeza, era ya susceptible 
de mayor disciplina. Fácil hu- 
biera sido añadir á las ceremo* 
olas de la relijion principios y 
reglas de moral de que carecía; 
pero los Itjisladores de los roma- 
nos eran sobrado previsores pi« 
ra dejar de conocer cuan pef i«> 
grosa hubiera sido una reforma: 
porque hubiera sido forzoso 
convenir en que la relijion era 
defectuosa, y se debílilaha su 
aulpridud. La sabiJun'.i í\ví 1o5 



(i) Pumo, lib. X, cap. lu* 



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romanos les hizo tomar un par- 
tíio m» acerittdo eslablecfeD^o 
leyes neevaa. Las inatituehmes 
bomanas pueden cambiarj pero 
laa divinas deben ser inmoUMes 
tomo los mUmos dioses. 

Así es que babíéndo el sena* 
do romano dado el encargo al 
pretor Petilio (1) de ecsaminar 
tos escritos del re? Numa, que 
eo habían encontrado en un co* 
Trede piedra cuatrocientos años 
después de la muerte de e^le 
rey» resolvió baceríos quemar, 
por informe del pretiir, por 
eoentu las ceremonias q«e se 
ordenaban en estos escritos se 
diferenciaban mucho de las prae« 
ticadas entonces; lo cual podía 
introducir escrúpulos á los espí • 
riCUs sencillos» haciéndoles yer 
que el culto prescrilo no era el 
mismo que el insUtuido |N>r tus 
primeros lejisladores é inspira «> 
do por la ninfa Ejería. 

Los adivinos no podían pro- 
nunciar nada sobre loa negocios 
públicos sin el permiso de loa 
majistradois; su arle estaba ab« 
sotutaioeiite subordinado á la 
Toluntad del senado*, y esto se 
había dispuesto así por los li- 
bros de ios pontífices» de los cua* 
lea nos ha conservado Cicerón al- 
gunos fragmentos (-2). 

(i) Tito LiTUiy lib. XL, cap. ikiz. 
{2) De Lrg. líb. IL' É^tía dimp' 



monáh. \\ 

PoLiBfo pone la superstición 
en el número de las ventajas 
que el pueblo romano tenia so- 
bre los otros pueblos ; — lo que 
parece rídfciilo á {os sabios^ es 
necesario para ios ignorantes; y 
aqoel pueblo que tan fácilmente 
se eneolerixfiba/tenia necesidad 
de ser conducido por un poder 
iATlsible. 

Los augures y loa arúspices e* 
rao propiamente los grotescos 
del paganismo; pero no se les 
hallará rídhMitossi se reOeesio-* 
na que en una retíjion toda po« 
pufar como esta« nada parada 
estravagante; la i-redutidad del 
pueblo lo reparaba t<Ho entre 
los romanos; pues-cuanto mas 
contraria á la ramn faiioaaaa era 
una cosa» tanto' i^aa divina le 
parecía. Una simple verdad no 
les hubiera afectado vívametiie) 
necesitaban objetoa de admira- 
ción» necesitaban señales tle la 
dtviaidad» y solo las hallaban en 
lo maravilloso y ridíeuto. 

Gosa eatravagaole era k la 
verdad hacer depenüet la saltra^ 

tanto-, protUgiOf poríenia^ ad fffnyipi 
et aruspíceSf si senatu» jusserii^ á/«- 
fe f unió. Y en otro lugar: Saeerdoium 
dito $óiura sunioi mnum ^fuod pñd^sü 
€4KremoaiÍM ei satrit^ mtíétum, tfmod 
4nUrpre$etur fatidieormm ei ftmtmm 
tffmia inéogmiíaf wm 99uakt$ ¡^opuku^ 
tfue admiverU* 

% 



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13 , «svoftu 

eioQ de la repáMíca del apoUio 
M|¡rado de un pollo» y de la dia- 
posición de las entrañas de las 
víciimas; pero los que introdu*^ 
jeron estas ceremonias» cono- 
cían muy bien el flaco y el fuer- 
te del pueblo^ 7 eon razones es- 
peciosas pecaron contra la mis* 
ma razón. SI este cqlto hubiese 
sido roas razonable » los ho8i- 
bres entendidos igualmente 4|ue 
el populacho hubieran sido ju* 
fuete de él» y de este modo se 
hubiera perdido toda la ventaja 
que podia esperarse : se necesi- 
taban ceremonias que pudiesen 
entretener la superstición de los 
unos, y mantener la poKtica de 
los otros; y esto se encootrabn 
en las adiviiu^íoaes. Poa(anse 
los decretos del délo en boca de 
los principales sanadores ,. los 
cuales no dejaban de coqocer lo 
útil y ridículo de tales adivina- 
ciones. 

Cicerón dice (t) qqe Fabio, 
siendo eugor^ tenia por regla 
que lo que era Tcntajoso á la re- 
pública, se hada siempre bajo 
buenos auspicios. Piensa como 
Marcelo (2)^ que aunque la cre- 

(1) Optímis mupieUf eo geri, éftut 
pro re^mMe» salttte gertreníw^ ifucr. 
to m irm rempméíkéun fiertmi ^ toníra 
^nM pU Ufiti. (De Senecmie. Cap. !▼•) 

(2) Dt Divüiaíiime, Lik IL 



dulidad pofNilar hubiera eataT 
bieeido en un principio los au* 
gures» se hubiera tmpedldo su 
uso por utilidad de la república, 
estableciendo la diferencia en^ 
tre los romanos y los estranje- 
rqs» en que estos se servian de 
ellos en todas ocasiones» éo vez 
de que aquellos solamente los 
empleaban cuando lo reclamaba 
el interés público. Cicerón nos 
di<^ (3) que el, rayo caido por la 
derecha era de buen agüero^ es» 
cepto en las asambleas del put-- 
b\o , prMerquim ad cqmitía. En 
esta ocasión cesaban las reglas 
del arte: los majistrados juzga-» 
han en ella según su capricho de 
la voluntad de los auspicios» y 
estos eran una brida con que su* 
jetaban al pueblo. Cicerón affa«- 
de : Hoe imtituium reipMicm 
eatisá eit, ut eomitiorum, vél in 
jure Ugum, ve( in judiciU populi, 
vet in eredndis magi$tratibu$, 
principe» eifíiiates e$$ent interpré-^ 
te$. Antes habla dicho que se 
leia en ios libros sagrados: /boa 
tañante et fulgurante can^itia po- 
puli habere nefas e$$e. Esto se ha*> 
bia introducido» dice» para pro* 
porcionar á los majistrados un 
pretesto de disolver las reunio- 
nes del puebb (4). Ademáa era 

(3) Ibtd. 

(4) Boe rt^mbi^. •tmsd ien$tí$m^ 



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AOM4KA. 13 

indirereóte, como bemos dicho I nos, que legoian siempre k los 



jro, qae la víctima qae se inmo- 
laba fnese de bueno ó mal agüe- 
ro; porque cuando no se coaten* 
tabancoola primera, se inmo- 
ialuí una segunda^ una tercera, 
cuarta, etc.^que se llamaban Aos* 
íim iuc€$danm. Queriendo Paulo 
Emilio sacrificar, se vio obliga- 
do á inmolar veinte víctimas: 
los dioses no se aplacaron tiesta 
la última, en que se encontró-» 
ron seQales que prometían la 
victoria. Por eso era costumbre 
decir que en los sacrificios lus 
últimas víctimas vallan siempre 
mus que las primeras. César no 
tuvo tanta paciencia como Pau- 
lo Emilio; pues habiendo de^^o- 
llado muchas víctimas, dice Sue* 
tonto (1) sin encontrar una fa- 
vorable» almodoaó los altares 
con deapre^ y entró en el se- 
nado. 

Como los mijistrados eran 
dneOos de los presajios , tenian 
an medio seguro para apartar al 
pueblo de una guerra que hu- 
Uera sido funesta, ó para ha- 
cerle emprender otra que hu* 
hiera podido ser útih Los adiví* 



éomiitontm 9ním non habtndo^ 
rttm causas éSM oolmnuU. (De Divi- 
nalioiie.) 

(t) Riktü»u9 ho&tiU ew9ü, €iám //- 
$ar€ nwt poMS€Í^ mirQiii tun'am^ tt^rtid 
rtligiotrr. (In JoL Cns. O^ Va^u») 



ejércitos, y que eran mas bien 
intérpretes del jeneral qae de 
los dioses, inspiraban .coafianaa 
á kM soldados. Si por casaaUdad 
algún funesto presajio liahla es^» 
pantado al ejército, ua hábil je- 
neral trastornaba el seoládo y se 
lo hacia favorable; así Seipion, 
que se cayó al saltar de lu barca 
en la costa de África, tomó un 
puftado de tierra y dyo : Africaí 
ya eras mía ! y por estas palabras 
hizo feliz un preaajio qae habia 
pareciuo tan funesto. 

César Aié advertido mochaa 
veces por los adivinos que no 
pasase á África antes del iovier* 
no; no los escachó y pudo ade*- 
tantarse á sos enemigos, que sia 
esta dilijeocia hubieran tenido 
tiempo de reunir sus fuei-zas. 
Craso, durante un sacrificio, ha- 
biéndosele caido de las manos el 
cuchillo, el pueblo lo tomó á 
malagüero; pero él lo tranquili- 
zó didéodole: ¡Animo! mi espmda 
al mémoé na*$e me ha oaido nunca. 
Tarquino el Soberbio, que<* 
riendo establecer Juegos en onor 
de la diosa Mánia, consultó al 
oráculo de Apolo, qaien respon* 
dio oscuramente y dijo que ha- 
bia qae sacrifirar cabezas por 
cabezas, capitibas pro eapitibut 
supplicandum.EstQ príncipe, mas 
cruel que supersticioso,^ hizo que 



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u 



ñt»roník ' 



•e ifimi^tatott unos niños-, pero 
Jonici Bnítd cambió eáte orrible 
sarríflcio^ porqae io mandó ha* 
eer con cabezas de ajos y ador* 
roideras^ y de este modo se elu« 
dfló el orílcolo (1). 

Cuando el nodo gordiano no 
se podía desatar se cortaba: de 
esta manera Claudio Púlcer, que^ 
riendo dar un coñnbute navül^ 
hÍKo arrojar al mar, como ya 
dejarnos referido» los pollos so- 
f rados, k fin de hacerles heber, 
deria , puesto que po querían 
conrit'r. 

Es cierto que se castigaba tam- 
bién algunas veces á un jeneral 
por no haber seguido los presa- 
jios(2); y esto mismo era un 
nuevo efecto de la política de Iqs 
romanos. Se quería hacer ver al 
pueblo que los malos reveses, 
las ciudades tomadas y las bata- 
llas perdidas no eran efecto de 
la maluí constitución del estado 
ó de la debilidad de Ja república, 
jino de te iáipiedad de un cruda- 
éano contra el cual estaban irri- 
tados los dioses. Con esta per- 
iuaeion no era dtfiíiil volver la 
jconflanza al pueblo, bastando 
para ello algunas ceremoéias y 
algunos sacrificios. Por lo mis« 
wm>, cuando la ciudad estaba a«> 

(1) Mserob. Sáim^ai. Uh. I. 

(2) V«L lUmiw. I, c IV, «rt 3. 



menazada ó sé veta aflijfda con 
alguna desgracia, no dejaban de 
inquirir la cauSa, que siempre 
era la cólera de algún dios cuyo 
culto se habia descuidado: has» 
taba para librarse de ella hacer 
sacrificios y procesiones^ y puri- 
ficar la ciudad ton antorchas, 
azufre y agua salada. Se hacia 
pasear á la víctima alrededor de 
los murallas antes de degollarla, 
lo cual se llamaban sacrifleium 
am6ttr6ttfm y amburbial. Algu* 
oas veces basta se purificaban 
tos ejércitos y la armada, des- 
pués de lo cual recobraban to* 
dos su valor. 

Scevola, gran pontífice, y Ya- 
rron^ uno de sus grandes teólo-^ 
gns, decían que era necesario 
que el pueblo ignorase muchas 
cosas verdaderas y creyese mu- 
clias falsas. Sao Agustin dice (S) 
que Varron habia descubierto 
de este modo todo el «ecreto de 
los políticos y de los ministroa 
de estado. 

El mismo Scevola, según San 
Agustin (4), dividía los dioses 
en tres clases: los establecidos 
por los poetas^ los estableciéos 

(3) Toium eomHiiam prodiáU ém- 
pitnium per quod chitaUí €i popuU 
regerentur. (Da dril. Ofi, Lib. IV, 
cap. XXXI.) 

(4) ÚMdtOI. 



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1U0ÍÜIA, 



ii 



por los filósofos, y los qae ha- 
bían invenlado los majistradoSy. 
h principibm civitatis. Los que 
lean la bistori^ romana y sean 
un poco perspicaces encontrarán 
3 rada poso rasgos de la política 
de que hablamos. Así' se ve á 
Cicerón, que en particular y en- 
tre sos amigos, hace á cada paso 
una conresioo de su increduli- 
dad (I), hablar en público con 
nn zelo estrnordinario contra la 
impiedad de Yerres. Se ve á un 
Ciodio« que habia profanado in- 
solentemente los misterio» de 
la buena diosa, y cuya impiedad 
habia sido marcada por veinte 
decretos del senado» hacer ét 
mismo una arenga Ljesa de zclo 
á aquel senado que le habia cen- 
surado, contra el desprecio de 
las prácticas antigoas y de la re- 
lijion. Se veía á un Salustio, el 
mas corrompido do todos los 
ciudadanos, poner á la cabeza de 
sus obras un prefacio digno de 
la gravedad y austeridad de Ca- 
tón. Ño acabaríamos si hubiése- 
mos de ir filando ejemplos. 

Aunque los majistnitlos no 
participasen de la relijíon del 
pueblo, no puede dejarse de 
ttreer que tuviesen una. M. Gud- 
worth ha probado en gran ma- 

(I) AiewH fm deiirarg tense* ui 



ñera que los booibreftHQStradof. 
entre los paganos, adoraban k 
una divinidad supretiia,de qolea 
no era mas que ooa participa- 
cioa las divinidades del pueblo. 
í^s paíjíjnos. nada escrupulosos* 
en el enlto, crejan que era indi- 
ferente adorar á la misma divi- . 
nidad ó á sus manifestacio tes; 
adorar por ejemplo, á Veons en 
la potencia pasiva de la nalora- 
le^a, ó á la divinkiad suprema, 
eo tanto que era susceptible da 
toda jeneracioA; da tributar un 
culto al sol ó al Ser S<a|h^mo, 
en tanto q»e anima las plaataa 
T hace fecunda la tierra con aa 
calor. Así el estoico Bolbus diea 
en Cicerón (2) «que Dios partU 
«cipa por su na tarale^a de todas 
wlas cosas de aquí alMJo; que es 
i>Ceres sobre la tierra, y Neptu- 
«no en los mares.» Mas diría- 
mos, si tuviésemos el libro qua 
compuso Asclepiades, titulado la 
Armonia de iodos la$ íeof^jiaB. 

Como el dogma del ulnia, del 
mundo está casi jaoeralmenia 
recibido y que cada parte dal 
universo se miraba como uo 

(3) Deas perUnens per naiurmm 
euíms^ut^ rei^ per ierrae Cétee, me t mm^ 
rim NepiunuM aiii per aH<^ p9ierm9t 
imieiii^'i gui ípmUMqme iUni^. qttoifme 
eos momime conetuiwíü aune^paperM, 
h0$ d€0i H vemrmriet eúlsre dehemmu 



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16 



intrnniA 



miembro ?ito eo cpie esta alma 
estaba repartida^ parecía quo era 
permíUito adorar iodifereot^ 
meóte todas estas partes, j que 
el caito debia ser arbitrarlo eo- 
ftio el dogma. 

De aqui faabia nacido aquel 
espirita de soberaoia y daixara 
que reinaba en el mundo paga«« 
do: no cuidaban de perseguirse 
j destrozarse unos á otros, co- 
mo en los tiempos del cristia- 
nismo; todas los relijiones, to- 
das las teolojias eran igualmcn* 
teburflas: las^berejias/lus gue- 
rras y' las disputas de relijlon 
les eran desconocidas: con tal 
de que fuesen á adorar ai tem^ 
plo> cada ciudadano ei^a gran 
pontífice en su familia. 

Los romanos auD eran mas to- 
lerantes que los griegos, que to^- 
do lo bastardearon; ya en so de- 
bido lugar hemos referido el 
destino desgraciado de Sócrates. 

Es verdad que la relijiott ejíp- 
cia estuvo siempre proscrita en 
Roma: y ¿por qué? porque la re- 
li|ion ejipcia como la cristiana, 
era intolerante, quería reinar 
sola y establecerse sobre las rui- 
nas de las demás V de modo que 
el espirito de suavidad y pac re- 
lijioaa que reinaba en los rome- 
óos, fué la verdadera causa de 
la guerra que le bicíeron sin des- 
canso. £) senado mandó derri* 



biir los templos de las divinida- 
des ejipcias; y Yelerio Macsi- 
mo (1) refiere con este motlTo 
que Emilio Probo dio los pri- 
meros golpes, á fin de alentar 
con su ejemplo á los trabajado- 
res, penetrados de an temor su- 
persticioso. 

Pero los sacerdotes de Séira- 
pis y de Isis tenían mas zelo pa- 
ra establecer estas ceremonias, 
que. habla habido en Roma para 
proscribirlas. A uhque Augusto, 
según refiere Dion (2) ^lubiese 
proibido su ejercicio en Roma, 
Agríppa que mandaba en su au * 
sencia la ciudad, se vio obliga- 
do á proibir su culto segunda 
vez* En Tácito y Soetonio se 
pueden ver los frecuentes decre- 
tos que tuvo que dar el señan- 
do para desterrar este cuho de 
Roiiía. 

Es necesario notar que los ro* 
manos confundieron á los jo - 
dios con los ejipcios, como se 
sabe que confundieron á los cris- 
tianos con los judios: estas dos 
relijiooe^ fueron miradas por 
mucho tiempo como dos ramas 
déla primera, y partieron coO' 
ella el odio, el desprecio y la 
persecución de los romanos. Los 
mismos decretos que abolieron 

(i) Lib If cap. tu. 
(2) Lib. XXXIV. 



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lOfLMlS 



47 



w Roma Jué ce^iÉiaiiUl^e;iÍ9Cias« 
coQiparao siempre la$ cereoio- 
oías judaicas coa i)quellas^ oo* 
IDO aparece por Tilo (I) y por 
Suetonio e» Jas vidas d^ Tiberio 
y de Claudio. Alas claro está to- 
davía el que los historiadores 
jamás han hecho disliacioQ entre 
qí cuUo de ios cristianos y el de 
los otros. AuQ no habían salido 
de eslc error en tiempo de A- 
driano^ como aparece por. una 
carta que este emperador escri- 
bió desde Ejipto al cónsul Seo 
vanio: «Todos (2) los que en E- 
ajipto adoran á Sérapisson cris- 
«tianos, y los quesejlamao o- 
ttbispos están entregados al culto 
»de Sérapis. No hay judío, príh- 
«cipe de sinagoga , samaritano, 

(1) HÁi.Uh.\l. 

(2) //// ^' Serapin cotunt, QiHm- 
tiani 9uni% et deooti sunt Serapi^ qui 
se C/wisíe epUcopujt dicua, N^mo üUe 
arcftísjrnagoguM Judeorum, nemo Sá'^ 
mariieff tierno Cfiristianorum presbj" 
Ur^ non mathematieuSy non arunptx^ 
non aUpleñy qui non Serapin coIaL 
Jpst Ule patriar tha^ (Judeorum sci- 
licet,) cían jiE^jrptum otmrit^ ab a* 
tíié Scrapin adorare^ ab aUig cúgUur 
Christum, Ünus tiíis deuteMi Serapir, 
hune' Juda:i^ bunc ChriHitmi^ hune 
cmnes venerantur H genitM. (FUviui 
Vopiscas, in Fita Saiurnini. Vidc Íí¿- 
torio: augusta: ser iptor es t in luí. 162U| 
p. 245; «/i>i 8. 1661. p.9S9.) 

^OUO XIU. 



usactrdole cristisno, mat^máti- 
neo, adivino, ó buñador (el que 
•untaba COQ , aceites aromAlicos 
»á los qpa sallan de los baños y 
ȇ los luchadores) que no adore 
»á Sérapis. El mismo patriarca 
»de los judíos adora indlfereote* 
«mente á Sórapis ó á Cristo. Es- 
lías jantes no tienen otro Dios 
»que Sérapis: este es el dios de 
»los cristianos, de los judios, y 
»de todos los pueblos.» ¿Pueden 
tenerse ideas mas confusas .de 
estas tres relijiones y confundir- 
las mas gro«erumcnte ? 

Entre los ejipcios, los sacer- 
dotes formaban un cuerpo apar- 
te, que se mantenía á espensas 
del público; de esto nacian mu- 
chos inconvenientes; todas las 
riquezas del estad^ se encontré* 
ban embebidas en pna sociedad 
dejente^que, recibiendo siem- 
pre y no dando jamás, todo lo 
atraían á sí insensiblemente (3). 
Los sacerdotes de Ejipto así re- 
compensados para no hacer na- 
da, vejetaban todos en una ocio* 
sidad, de la cual no sallan sino 
con los vicios que ella produjo; 
eranenredadoreSj chismosos. In- 
quietos, cizañeros, emprendedo- 
res, cualidades que los hacia es- 

(3) ¿£»tá tslo con^briae con U 
ídsUukíoii de nuefttrottstipgaidotfiat- 
lesf 

3 



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18 



■MMIá 



tremadamente peligroso*. En fin 
un cuerpo cuyos Intereses ha- 
bían ildo violentamente separa- 
dos de los del estado^ era un móns- 
truo; y los que lo hablan esta* 
blecido hablan arrojado en la 
sociedad una semilla de dlscor* 
día y Je guerras civiles. No su- 
cedía lo mismo en Roma: había- 
se hecho nlK del sacerdocio una 
carga civil- las dignidades dé au- 
gur y de gran ponlíflce eran ma- 
jislroliiras: los que estaban re- 
vestidos de ellas eran mierabrot 
del senado,, y por consiguiente 
no tenían intereses diferentes dé 
los de este cuerpo. Muy lejos de 
servirse de la superstición para 
oprimir k la república, la em- 
pleaban para sostenerla. «En 
•nuestra ciudad, diceClceron(l), 
»los reyes y'l^s mnjiütradoa que 
ules han sucedido han tenido 
üSiempre un doble carácter, y 
»lian gobernado el estado bajo 
«los auspicios de la relijion.» 

Los decemvlros teuícin la di- 
rección de las cosas sagradas: ios 

(r) Jfmd veUrtMf qmirtrumpo* 
iiebantur^ Udgm auguria ten^nmi^ ui 
teJtt/j9 €$i noUra €ivita$, in qud ei rc- 
ges^ augures^ tí po»Uá privali eodem 
jtuerrfloiio pntdisí rempubiieam rtíi^ 
gíonum amioríiatt r€xerunU (De Dí- 
viiiatittiie, Lib. 1.) 



qulndeclmtiros enldabán de lái 
ceremonias de la relijion y %nw^ 
daban los libros de las sibilas; Jo 
cual pertenecía antes á los de- 
cemvlros y duumviros. Consul- 
taban á los oráculos cuando e( 
senado lo disponía, decían el re- 
sultado, aftadlendo su parecer; 
estaban también comisionados 
para ejecutar todo lo prescrito 
en los libros sibilinos, y para ha- 
cer celebrar los juegos secula- 
res; de mDdó que todas las cere- 
monias relijiosas pasaban por las 
manos.de los majistrados. , 

La polftiea que reinaba en la 
relijion de los romanos, se des- 
arrolló mueho mas en sus vic- 
torias. Si se hubiese escuchado 
á la superstición, se hubiera da- 
do á los vencidos loi mismos dio* 
ses de los vencedores', se hubie- 
ran derribado sus templos; y es- 
tableciendo un culto nuevo, se 
les hubiera impuesto una escla- 
vitud mas dura que la primera. 
Pero lo hicieron mejor : Roma 
misma se sometió á las diviuida«> 
des estranjeras recibiéndolas en 
su seno; y por este lazo el mas 
fuerte que haya entre los hom- 
bres, consiguió atraerse á los 
pueblos que la miraban mas bien 
como el santuario de la relijion 
que como la dominadora del 
mundo. 



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mOMAKA* 



19 



CAPITULO VL 



Mujeres r«»m«ii««, Étu trajtt y adorsot. -— 6obttr«o. ^ Gftndft ma¡Í4tr«<)oé, •— 
1^ riAFstura. — »Cut«tttr« de U cinrfad, — Cncatorct provinciaba, — fidilidad^ 
-^ Eailes plfbeyo». — - Rdilct cdiitulet. -— Pretara. -^Pretor aapremo.— ■ 
Con5iiU(lo.-» Procóiitulea. — Propreioret. — Procucilor. — Dictador. —El 
ctavd Mgrado. -— MajUlradoa iateriiifdlos. «-Ltfklacioiii W/ta, pM<acil«% 
MíBAioicoiitaltos alicloa f decrelo»*-— PátMNMW j clicQleii Aobltaai Ifittttlb» 
roronaa y ou-M'eA miUUftt* 



M. 



LUiRRES BOMANAS» SUS TRAJBS 

TADOBBTos, — Las majeres de los 
primeros romaoos han superado 
á las de todos los pueblos por 
su amor heroico á su patria y su 
(ernura para con su familia. Las 
mujeres de Lacedemonia se bi- 
cíeron notables por un valor, 
que acaso la naturalezadesaprue- 
ba, mientras en Roma juntaban 
á UD amor ilustrado por su pais, 
las virtudes de una madre tier- 
na, y el cariño de una esposa. 
Las sabinas, Lucrecias, Yeturias 
y Cornelias serán siempre la 
gloria y el ejemplo de su secso, 
y sus nombres Kegartn á la pos- 
teridad mas remota. 

Se bi notado desde mucho 
tiempo que la suerte de la^ mu- 
jeres era tanto mas digna de 
compasión, cuanto los pueblos 



estabfliD mas cerca del estado de 
la naturaleza: aqu( la misma 
causa ha producido un efecto 
contrario ; y precisamente al 
estado de barbarie en que vi- 
vían los primeros romajios, de- 
bieron las mujeres sa*^ grandes 
ventajas. Los fundadores de Ro- 
ma, tropel de hombres perdidos, 
no pudieron procurarse mujeres 
sino robando las bijas de sus 
vecinos enmedio de una flesta 
pública. A fuerza de atenciones 
y ternura consiguieron suavizar^ 
las, y muy luego el amor hizo 
olvidar la violencia. Las muje^ 
res romanas asistían á los tea- 
tros, á los juegos públicos, y con 
su presencia embeltecian todas 
las fiestas. Sallan libremente pa- 
ra ir á visitar á sus parientes ó 
qmigos, pero cubiertas con uu 



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20 



HISTORIA 



velo y acompañadas de sus escla- 
vos. Un romano llamado Sulpi- 
cío Galo se separó de su mujer 
por haberse presentado en pú- 
blico sin velo-, pero esta costum- 
bre perdió al fin su fuerza. La 
justa libertad concedida á las 
mujeres romanas , previno los 
frecuentes cstravíos de las grie- 
gas, consecuencia forzosa de un 
rifíor eslremado. Los vivas ale- 
niensas privadas de un bien á 
que se reconuciaii con derecho, 
no temieron com[»rarle muchas 
veces á precio de su virtud. Una 
Aspasia en Roma hubiera pare- 
cido un ser fuera de lo natural, 
y otros nombres que resonaron 
por toda la Grecia, eu Roma ja- 
más hubieran obtenido aquella 
vergonzosa celebridad. 

Antes deque la re[)ública co- 
nociese las riquezas, las mujeres 
llevaban con sus maridos una vi- 
da dura y laboriosa: encerradas 
en sus casas se ocupaban en cui- 
dar de sus hijos, en hilar la la- 
na, ó en tejer telas pora la fami- 
lia. Poco á poco dejeueraron de 
aquella sencillez. Ya se engala- 
naban con los mas ricos adornos 
cuando la ley opia dada en 540, 
en los momentos peligrosos de 
la república, recordó á las da- 
mas romanas la austeridad de 
los primeros tiempos. Pero cesa- 
ron aquellas apremiantes cir- 



cunstancias, y el lujo fué siem- 
pre creciendo , principalmente 
desde que los romanos penetra- 
ron en las provincias de Asia. 

Una dama de alto rango no se 
presentaba en público si las per- 
las, el oro y la pedrería no en- 
traban en su adorno. Su peinado 
era un asunto de importancia: 
lavábanse los cabellos con aguas 
preparadas que los tornaban bri- 
llanlesy olorosos: las trenzas iban 
envueltas en redecillas de oro, ó 
levantándolas con gracia las sos- 
tenian con tiras de púrpura^ ca- 
denas de oro, ó simplemente con 
una larga aguja de oro. Algunas 
veces para recordar á un esposo 
ideas gratas, se complacía la mu- 
jer romana en dar á su peinado 
la forma de un casco. Si la na- 
turaleza habia despojado su ca- 
beza de su ornamento mas bello, 
buscaba medios supletorios: á 
tas bellezas naturales se anadian 
las del arte, se suplia lo que fal- 
taba, y el deseo de agradar hacia 
perdonar los medios. 

Después del cabello, la parte 
que llamaba mas su atención era 
el calzado; era como el de los 
hombres, pero con mas gracia y 
lijereza; el pie iba metido en \m 
zapato ordinariamente blanco, 
algunas veces de color de ¡nn- 
pura y con la punta acia arrifia, 
y además bordado de perlas ó 



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AOMAIIA. 



21 



con hilos de oro. Otras mojeres 
llerabffo la landalia lo mismo 
que lea romanos. 

El traje fémeoloo era tin ro« 
paje talar de una lana fina teñi- 
da de púrpura, con muchos plie- 
gues y at>ido por la cintura, lla- 
mado Hola; estaba bordado por 
abajo do una ancha franja» or- 
dinariamente dé oro, que caia 
hasta. los pies. Debajo llevaban 
una túnica ó camisa semejante 
á la de los hombres, pero mas 
Inraa, j cuyas mangas bajaban 
basta los puBos* Guando salian 
de casa ponian sobre sus diver- 
sos vestidos una especie de man- 
to muy ancho llamado palla ó 
peplui por su semejanza con un 
velo. 

Pasemos en silencio el hablar 
decollares, pendientes, braza- 
letes, anillos, cosméticos y o- 
Iras brillantes Inutilidades; pues 
no se podría con precisión defi- 
nir los hierros para rizar el pelo, 
los alfileres, los espejos de acero 
ó.de metal pulido, las tijeras, etc. 
multitud de objetos cuya reu^ 
nion llamaban los romanos 4;on 
mocho aciertomun(ftis muliebrís, 
el mundo de una mujer. 

El vestido y adorno de las sim- 
pies ciudadanas era mas modesto: 
componiase de la túnica común 
á los dos secaos, y de uhíi espe- 
de de toga mas larga qu$ la de 



los hombres , sujeta por un an- 
cho clnturon colocado debajo de 
los pechos: la toj^a jestaba cerra- 
da por delante y cerbrki todo el 
cuerpo; el brazo derecho salla 
por la p^rte superior, y el iz- 
quierdo, levantando el estremé 
del ropaje, formaba un gracio- 
so y ondeante pliegue^ que se 
llamaba 9inu$. 

Cualquiera que fuese su ran* 
go, las mujeres vestidas de luto 
no llevaban oro ni púrparaen sus 
vestidos: cubríanse de un ropa- 
je negro muy ancho, llamado 
tfcmtum; el dia de los funerales 
llevaban muchos uuos sobre os- 
tros, y los arrojaban sucesiva- 
mente sobre la pirj de sus espo- 
sos ó padres. Esta costumbre 
era muy antigua, y en la ley de 
las doce tablas se liorttaba á tres 
el número de trajes «{ue se per- 
roitia quemar en tales circuns- 
tancias. 

Hablemos aora de los damas 
romanas consideradas en el In* 
terlor de sus casas, eft donde go- 
zaban de suma consideración'. 
El dia que el marido conducía k 
su casa fa recien casada, le en- 
tregaba públicamente todas las 
llaves, eaoepto la de la bpdega ó 
paraje donde estaba el vino. La 
ley proibiá espresamente tieber- 
io á las mojeres. Unaoligoo ro- 
mano, llamado Égnat^ Mecen- 



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22 nuTORu 

nio, mató á su mujer en el mis- 
mo silio en que la encontró be^ 
hiendo vino*, puesto enjuicio por 
este asesino to, fuéabsueltoporla 
ley de Rómu!o(l). Esta ley era 
demnsiado cruel para que pu- 
diera estar en vigor por mucho 
tiempo, peroel principio subsis- 
tía siempre; y cuando una mu- 
jer era visitada por sus padres ó 
pari«*nte9, tenían estos el dere- 
cho de darla un beso en la boca, 
para asegurarse de qui^ no liabia 
bebido vino. Sin duda la emi)ria- 
guez, en una mujer, pareció un 
crimen capital al íejislador de 
los romanos. 

Por consecuencia del respeto 
que las mujeres se debían á sí 
mismas, no les era permitido 
comer en público con los hom- 
bres, á causa del modo que había 
de tenderse sobre las camas pa- 
ra las comidas. Si estos usos eran 
severos, no lo eran menos las 
leyes respectoá las mujeres. Tra- 
tábanlas con un rigor que pare- 
M estaba en oposición con su si- 
tuación verdadera. Vivían ente- 
ramente bajo la dependencia de 
sui esposos: estos tenían toda la 

(t) Plinio,en el lib. XIV, cap. iiii, 
rueiita que haliiéndos? uua mujer a- 
poderado cou astucia de la llave de la 
bodega, lua parieiitea reunidos la con- 
ileijaiou á morir de ambie. 



autoridad, disponían de los bie* 
nes de ambos, nombraban los tu- 
tores de sus hijos j decidían de la 
suerte de estos á su voluntad: 
daban por testamento sus bienes 
á quien mejor les parecía, sia 
que sus mujeres tuviesen el mis- 
mo derecho! estas no podían es- 
tar puestas en el testamento de 
un ciudadano. En fía, el espolio 
por mucho tiempo tuvo la fa- 
cultad de romper su enlace por 
sola su voluntad, sin que en nin- 
gún caso tuviese la esposa lu fa- 
cultad de separarse de él. 

Estas instituciones estableci- 
das por la fuerza contra la debi- 
lidad, fueron suavizadas con o- 
noríficas y lisonjeras distincio- 
nes. Estaba proibido pronunciar 
una palabra desonesta delante 
de una mujer; los romanos lle- 
vaban la reserva hasta tal pun- 
to, que jamás un marico abraza- 
ba á su esposa en presencia de su 
hija. Cuando una mujer tenia 
tres hijos, la república le con- 
cedía una pensión: su nómbrese 
inscribía en los rejistros púbü* 
eos; después de sii muerte, la 
conducían á la sepultura, vesti- 
da con trajes magnífícos, y un 
orador pronunciaba su elojio de- 
lante del pueblo reunido (2). 

(2) C¿»ar fué el primero que bia« 
públicimcoU el elojio de tu Bjuier, U 



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ÉfltliSA'. 



Todo bónibre que eneoiitfhba á 
una mujer eo un sitio público, 
le eedia el sitio de onor; los pri- 
meros majistrados no faltaban á 
esto Jam&s, aun cuando estuvie- 
sen en el ejercicio de sus funcio- 
nes. Jaroíis los lictores pusieron 
sus manos sobre una ciudadana. 
Ciando una mujer iba en un ca^ 
rro con su marido, este partici'- 
paba de sus privilejios, y no ba- 
hía derecho para hacerle apear 
delante de los grandes dignata- 
rios del estado. No era permiti- 
do llamar á las mujeres como 
testigos, cuando se trataba de un 
asesinato ó de un crimen capital. 

GOBIERNO. 

Antes de pintar á los romanos 
en sus costumbres habituales, 
conviene dará conocer la natura- 
leza de su gobierno. A pesar de las 
dificultades que presenta la mate, 
ría, vamos á trazar un bosquejo, 
fruto de un largo y penoso traba- 
jo. Los historiadores que hemos 
consultiido nos han proporciona- 
do datos dudosos. Muchas veces 
opuestos los unos á los otros» no 
están acordes consigo mismos: 

//*\tn Cornelia, bija de Cíona, qae lia- 
Iñji muerto 5Íii híiot. H:«^ta eii*oii'-e.s se 
babU resf rvtdo eatt onur 4 la* loadres 
de familia. 



como eserTblan üñicaMénte par» 
suscompatriotas, suponfao al lee* 
tor instruido en las leyes funda^ 
mentales de Roma, la repúbli- 
ca romana se diferenciaba esen- 
cialmente de la j^iega, por las 
distinciones que'earactérisaban 
á cada clase de ciudadanos, y 
por el modo con que usaban de 
sus derechos. En Atenas y en la 
mayor parte de los estados de la 
Grecia, después de la destruc* 
clon de la monarquía, el pueblo, 
usando de la plenitud de sus de* 
rechos, se apoderó de la soberao» 
nía; las familiaS^ antiguas, siem- 
pre ricas y poderosas, conserva- 
ron á la verdad una influencia 
grande en el estado; pero su po* 
der fué mas bien de hecho que 
de derecho, y una igualdad le«» 
gal consoló al pobre ciudadano. 
No sucedió lo mismo en Roma : 
después de la espulsion de los 
Tarquioos, el gobierno no fué en- 
teramente popular; la dignidad 
real fué mas bien quebrantada 
que destruida: y sus frogmentos 
se conservaron por mucho tiem- 
po en un cierto número de fa- 
milias» cuyas preroga ti vas hícte« 
ron ilusoria la igualdad civil que 
el pueblo pensaba haber adqui- 
rido. Todas las instituciones i- 
majinadas por los reyes para se- 
parar á los ciudadanos y dividir 
sus fuerzas, se mantuvieron cui- 



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2á ■ niSTOUlA 

dndosnrnente. El pueblo, ndqiii- 
ricndo poco á pocoel scnlímíen- 
to de su poder, aUicó á los órde- 
nes superiores^ los persiguió sin 
cesar, les arraacó por grados sus 
prerogalivas mas importantes; 
y sin cambiar al parecer el orden 
establecido por sus antepasados, 
adquirió los poderes respetando 
los títulos. 

Rúmulo, el primero que dio 
leyes á los hombres que linbia 
reunido, los dividió al principio 
00 dos órdenes, senado y pueblo. 
Compuso el senado de los ciuda- 
danos distinguidos por su edad, 
como su nombre lo indica, por 
sus luces y por su fortuna. Es- 
tos eran los consejeros del rey y 
lo remplazaban durante sus es- 
pediciones militares. El poder 
de este cuerpo, moderado bajo 
Jos reyes de Roma^ fué escesivo 
enelorijen de la república; el 
pueblo se vio escluido de los ne- 
gocios, no teniendo noticia de es- 
tos sino por los senatoscomultos 
ú decretos del senado; y aunque 
le tocaba hacer las leyes, crear 
majislrados, y decidir de la paz 
ó de la guerra, no gozaba de es- 
ios derechos sino de una mane- 
ra subordinada al senado. Eles- 
tablecímientodel tribunado, que 
tuvo lugar diezíseís años des- 
pués de la abolición de la monar- 
quía, puso limites á esta domi- 



nación; y muy luego los plebis- 
citos údecreios del pueblo fue- 
ron superiores á los del senado. 
Sin embargo quedáronle á es- 
te cuerpo derechos muy es- 
tensos. Dábasele cuenta de las 
rentas y gastos del estado: él en- 
viaba embajadores á las polen- 
cias*estraujeras; disponía de las 
provincias, recibía las cartas de 
los jenerales, les decretaba los 
onores del triunfo, ordenaba a 
los cónsules hiciesen' levas en 
tiempos turbulentos, nombraba 
comisarios para intervenir cmi lo- 
dos los negocios estraordinarios; 
y en fin, desde su fundación, el 
senado fué mirado como el san- 
tuario de Roma. El pueblo le 
llamaba el templo de santidad, 
el altar de las naciones, la espe- 
ranza y el refujio de todos los 
pueblos. 

Los primeros senadores no 
eran mas que ciento. Su nombra 
miento merece narrarse, porque 
manifiesta el poder del pueblo 
romano desde aquellos primeros 
tiempos. El rey nombró un se- 
nador: cada una de las tres tri- 
bus nombró otros tres, y las 
treinta curias produciendo otros 
tantos, se tuvo el número de 
ciento. Después de la unión de 
los romanos y los sabinos, se a- 
ñadieron otros ciento que fue- 
ron electos por la5 tribuí. 



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Lo0 déftcemiieéles ile ettos pri* 
ntrós senadores formaroo el 
etierpo de ios patricios, es decir^ 
de aquettes de qelenes satieroo 
(oit padres de la fMitrla. Todos toa 
|Mitricfa>s eran de fémillas sena- 
lorie les aunque no fnesen rnien* 
bros del senado» Sn UlQlo solo 
prueba la anlig&edad desn orijen; 
en los principios les daba un 
rango posHivso en «I gobierao; 
despuesseía se lo dio en el or- 
den soda!. Muehoi de ellos qoe* 
.daron reducidos á pobreta y 
eran patricios, nHeniratqne ha* 
be» fdebeyos qué con mncbos 
Uenes de forlnna y revestidos 
de los primeros eatfos del es^ 
lado, eonsérraron el nombre 
de plebeyos ann cuando llega- 
ron k senadorea. Posteriormente 
que las prerogatiTas do los pa- 
tricios quedaron sumamente re« 
ducidés, aquellas filieelonéi se 
seguían con un 4Srdeo invariable, 
porque es imposible que lo que 
es antiguo deje de serlo por la 
▼oluniad de los bMibres. La 
adopción misma que puso en 
contacto á muchas familias de 
los dos ordenes, no pudq reunir*^ 
los, porque la ley que permitía 
á un plebeyo adoptará un patri- 
cio, proibi» á este adoptar i un 
plebeyo, y la racon ere porque 
el hijo adoptado honraba á la 
(amiUa que lo redbia» 

TOMO lili. 



15 

En «I eriien de la repéMica 
todas las majlstraturas y los des- 
tinos del sacerdocio estaba» en 
manos de los patricios. Los des- 
cendientes de los cien p rime r e e 
senadores se llauMban frmMiss 
pniricjos, y los de los otros cien 
senadoms.creados por Tarqulno 
el antiguo, psfsifiespnlrisiei. 

Además del taticlate que en« 
rae terizaba á los seiMidores^ lie» 
▼fbanun oalsado particular que 
ciNwisUa en unos coturnos ne- 
groa qae subían hasta la mitad 
de|afiiema;ett la parle del em« 
peine del pfo, tenían una media 
luna de jrfata ó marf I que repre* 
sentaba la letra G recordando el 
número de los ffioMsos senado* 
res. Esle adorno aellaasebaM 
nn/o* 

Anu^if el némeíodéloase* 
nadores no estuviein ijadoimr 
las leyes, en todas lea^ioeas de 
la mpdbUca se cuntaeon casi 
trescientos; pero en ttempoide 
Augusto se lyó au németo en 
seiscienlDi; y creemos haber di- 
cho en oti:o litgir qne para sai' 
senador, habia que ser caballero 
romano, haber pasa4P por a|gun 
empleo del estado, g^aar d|e una 
fortuna suflcíento para sostener 
el brillo de tan alta dignidad, no 
haber ejercido ninguna profoi^ 
sion reputada por vU, y princi- 
pa Imeuta DO haber sMo cómico. 
4 



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26 



BIWO&IA 



Kn olro lugar hemos hablado 
(le la creación de los eahalíeros 
romanos, los cuales formaron al 
principio la caballería del estado, 
llespoesfüé una clase interme- 
dia entre los patricios y el pue- 
blo. Para ser admitido caballero 
habia que tener dieziocho años 
cumplidos, pertenecer á una 
buena ínmilia y poseer una for- 
tuna recular. Todo hijo de se- 
nador podia ser caballero. Los 
caballeros llevaban la angus- 
ticlave , un anillo de oro en 
el^edO, y en las revistas pú- 
blicas que tenían anualmente 
se vestían la trabea ó ropa de 
púrpura destinada á los augures. 
En los espectáculos ocupaban 
las primeras catorce gradas cer- 
ca de la orquesta en donde es- 
taban 106 senadores-, y de aquí 
venia el decir 5en¿ar5<^ entre lot 
catorce, para espresar la admí-* 
sion de un ciudadano en el or- 
den ecuestre (1). 

El tercer orden del estado se 
componía del resto del pueblo 
b&joellitulo¿d&tj»/«6é£^os. En la 

(T} ' Ésta dísttacioo no tuvo lugar 
Kaf^tti cV año 686, bajo «1 consulftdo tle 
L. Mételo y A. Mar^io. I-» It-y^ 6 mas 
bien él plebiscito, que la concrdíd i 
lo» ral^alleroft, fué propuesta por el 
Uiísm > lio.' cías Oiho y de él reciL>ió el 
nombre f)e irj Bqbm, 
t 



división primitiva que li^o Ró- 
mulo, de lodos los hombres li- 
bres, esta última clase fué es-r 
cluida de todos los ouores y su- 
jeta siempre á los patricios. 
Este estado humillante duró has- 
ta la abolición de la moiiarquíd. 
En esta época el cónsul Valerio 
echó los prinierus fundamentos 
de la libertad del pueblo; hizo 
que fuese necesario su consentí* 
miento para el ejercicio de toda 
majistratura,y enúlltmoeaso le 
constituyójuez en todo lu que 
concernía al bien del estado; y pa- 
ra manifestarle mas respeto to- 
davía, quiso quesos lictores baja- 
sen los hazes delante del pueblo 
reunido^ en seíial de sumisión. 
Esta conducta le mereció el so- 
brenombre de Puhlicola, mas 
onorífica sin duda que las que 
recordaban sus victorias. Pero 
¿ se puede conceder algo al púa* 
blosin que él ecsija mas.^ Ya 
hemos visto como pasando de la 
sumisión á la audacia^ lachó es- 
forzado contra los patricios, di- 
vidió con ellos todas las majis- 
traturas, y solo les dejó un títu- 
lo vano porque no estaba en su 
poder quitárselo. 

Tal era la división del pueblo 
romano en el urden social; pero 
políticamente no et^istian esias 
distinciones, y en los' coiuidoi 
ó asambleas jeneralcj de lu ua- 



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u m mññ kj^ 



m 



ciotí» cada' cb»l»hd eramie'cyie 
ciQ<to(lciio. Allí el i>dciirO'pl0b^-4: 
yopodiv M» ei«rlo» chsos opioar 
«I lado dd pílritfoj ó del Moa^ 
dor,y8oiM»to l^ata •aias'Óme'' 
nos iiiHK>fftBácia:ia€f a» la Mío*- 
r»tezad»te a^wblM^ : 

HaWá tres -etl^wSM de eohib-í 
oioft, ouy^ iwlattleci^ieiitoi're^* 
montaba hasta Rómulo/ cgUicÉ 
lm||;o qiie:edM losfüadaaeotbs 
de 60 dudad; dl¥«^. J<a :ImUw 
tañida en tresiaeociones^ Uiaflaa^^' 
Am por esU rasen 'iribtié, y cede 
oúa^ellaeseeobdividióeii tu 
traS'dtei'ba^ el^'oombre^da'etiw 
ries;^ VosteriorÉNfcile Smn9ip/Súí* 
lio, ^ealo rey.déXoiiir,4ifirMió 
el pueMoeo'seia «lase»/ i|<tbdi-i 
Tiéidas«Q tatle«alMad'deidieeto 
noveiite yilreeeealimita* . ' * 

La' primera .*ctaee,6oaaiptfie6ta 
de leüclQdedaooé4Me.í1to9^i|ue^ 
lUTíeaen de'<lapilakcieD>iiiil>Mes! 
de bronce/ae dividió -«ai- liftTeo*' 
te ty acbo^woioriai;. onjres^dieM*^ 
cebo tUlimas eomprendíao á to*»< 
dosiioa i^abaltaro^.' ^ 

•La aéganda elese^ de veinte 
ceaUtriaa solanMrte; ealoba for- 
oíada^loa qiieipoaeien.aeletoiar 
y cinco mUfaaesi JiHiióseie edei-. 
máa doai )eeo|«riaadeloáa|s k>9> 
trabajadores empleados en iu} 
coostrecciOD dé^s máquifief de 
goerra^iy Mmposo*¥eiiilidos. • 

La Certera clase^ qae coMlaba 



defveiiitowMlrtw,y8e^aiiÉpoJ * 
p'nHe losiqae posetao citoaerile< 
btflfaeek.' -■• ■■...'» -^nn-^* • , 
. La rotarta «taae, «^v ei^MüsoM' 
|iCiroeraideeeBluria8|,ireiibii leeu 
ciedadlnios.. qoéleiiiaiIveWli^ 
isiaeaaril aseiív» Lavqoibt^^Waae'i 
l^esataba de treinta «aelueta^i yt*' 
^e edoapovia de lev foeebfloresq 
de«iíl«piMiaiilM a^es^f Jfr sette ., 

fime, Íotmgtáñ4e «ib aoteteoi? 
urta^^ed cMopiíso «olDf:de*loa 
ttótaiMrea>llfaeéei|u# 9eei4aiKÚaí^:f 
baeaénle l fmrh dw etodeéaoeeal • 
paMkx Por^^laae iiií^ilamd^*)0€ 
faMrHMj4e4iih9pJMhbraJalifMiH|M« 
$igat£aa jeberbelon^ i ^ i \ visi 
I Así -quedó idhridtdq el'puebl»'* 
|-oma^e,fonaédb eeaénti *yislé«ei 
jttfios diepp»8/á teonee¿iiÍB«Diiifda»l 
ueai floélon^.eoseerabiej ^faeneie ^ 
^rrojeéoa'dw IMima * Hh'* Tif qféiu*] 
nottidlatiMeeióaeetfobiiNritdrN 
pufaUome; lomÉdt 'é'ÁékAon9t^^ 
«luía os4>dío qo4 durdiupor* mi**' 
cha- tíeoapb.iEI pUaMo eMbaites > 
qoeobedeeia á Ids^eyeaetomar^:) 
iMirar.^ ai^euMeféiodatra el'^if^ i 
jgo divecio' qM le'taipcMiiaflriloas 
j^raades^hubd-^iue ceder ék nt'j 
Teersa y ae üe^iteBcedíetaii^.lrík!' 

;|Hia0S« > 3 . , ' M' ' •*:í .'Ui 

• So*loreetaíiteiba i^twrfai,' «I ' 
pueblo 4é la eíudad teatih laftb^ 
pondérasela? eates comiéi4sere»> 
siempre presididoi pur«i=di4tta><« 
dor, 'li|i»c4Bioiba'> loa pnetores i- 



^' 



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28 

el i m i M tr, j m tenian «a «na 
parte del ForOi coaaágrada por 
los aogares para este uao. Eb los 
cosicíaa por ceoliiilas^'loB graa- 
das 7 loa rieos domíiialMín al 
paeblo. Las grandes asamblea^, 
llaaiadaa loa granim eamieio; 
60 raioa de a« iaiportaocia, eran 
preaididoa por los majistradoa: 
peblkihaae el edtclode reaotoo 
dietioeha dias aates. Teefaose 
tm él campo da Marte. Loa oo- 
mietos^ coaso lasceeliirias^ desfi- 
laban ee orden de batalla, bajo 
la direeeioo de sus Jefes; y este 
aoto a^jpecla onilltar los Unpedia 
reonir en la ciudad, de la cual 
at alejaba por laa leyes cuanto 
teaia la ap«rieftcia de va ejérci- 
to. La palabra caaliiru^ qne en 
aa orijea tenia oaa signiOcacioa 
poaftíva, eapresó despnea éaica- 
méate aa aúmero mea ó menos 
esteasodecindadaaoade k inis- 
ma calasoría. Los ciudadanos 
llamados á rotar en los comi- 
cios, daban sa voto en su eeutu- 
ría¿ 7 la mayoHa de este .daba 
ea maaa su tMo. Ea los eomi- 
doa por tribus, todo iadíviduo 
qaa goaatia derecbo de- ciadadá- 
ao, tenia derecho á votar* Ele- 
Jian los majislradoa de segando 
órdea, tales como los ediles» íH- 
baaosdel pueblo, cuestores etc.; 
todos lotrmajístrados de las pro- 
vincias, prpcitesttles^ pn^elo* 



res, los sacerdotes de los prinei« 
pales colejios 7 aun el grao poa» 
tifice. En estos comicioa portri*^ 
bus» se daban los plebfocitos, los 
tratados de paz 7 el derecliq de 
ciudadanía; se citaban á todos 
losciodadsúossfaidístiacioa pa^ 
ra dar cuente de su conducta 7 
ser juagados por loa delitos contra, 
elestedo. 

Los comicios por tribus se te- 
nían en el campo de M.irte, cuan* 
doae les reunia para e| nombra- 
miento de los ediles, corales, 
cuestores ü otros majistrados inr 
feriores; 7 entonces eran preai* 
didos por el dictador, el cdosul 
ó un jeaeral. Si la reunión tenia 
,por objeto el nombramieoto dé 
los tribunos del pueblo, ó de los 
ediles ptebévos> era nn tribuno 
quien la manteaia» va en el Fo- 
ro, en el Capitolio A eo el Circo. 
Cuando se trateba de bacer at*> 
gun plebiacito ó Juzgar á un clu*^ 
dadanp, tembien kn presidia un. 
tribQno;poro si los ciudadanda 
de todos los órdenes se reunían 
por tribus, la presencia del cón- 
sul ó de un msjtslrado superior 
se hacia necesaria, porque un 
tribuno no podia eonvocar simy 
á los plebeyos, como que era su 
propio m^iistrado. 

Los plebiscitos, ó leyes ema- 
nadas del mismo pael>io y ndóp- 
tedas «I lo:i comicios por tribus. 



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na ereo i^MIgatorlM en un priii^ 
oipio f iuo para Im plebeyos qoa 
lashtUan heeho* El afto 9M, 
HOi ley prtMftUNU por el eóoMl 
Horacio, lef día la «itiui tmraa> 
qoe á las ksjfc* bacliaa ei loa 
graadea comicios. Loa patrteioa, 
siempre poderoana de hedió, 
llegaraa á elodlr esta diapoal- 
cion, hasta qee es 468 el dlela- 
dor Horleoslo la reeoró con ▼!• 
gor, jr recihió de él al nooahre de 
Uy Aerimste. 

tales eraa afaeUas célebres 
asambleaaeo qoe se debaüaa y 
arreglahae Jos Intereses del poe« 
hlo roaaaoo^ ofrecieodo uo Tasto 
campo i la amhtefoo de todos 
los cisdadanos» Allí los hombres 
de todos los reaigos sjereiao á m 
ves ooa iaflueecia mas ó nMmos 
esténse. Al briHodel aoeUire ó 
de la fortena» se oponían loa 
servkiua y los telentóe: nnos re* 
cordabsB' la 0oria de ana ante« 
paaados» otros eúaban ana pro** 
pias acciones/ y todoaaabianha^ 
cer valer tlterioa verdaderea ó 
imejineriea por medio de la In- 
triga ó de la mals fé* Allf el or- 
güilo tomaba la máscara de la 
bomiklod; aq«í la bajeia seat« 
bria de «oa ftejida dignidad; y 
por toJa» parteare oostrabs prd* 
(Hgn h avaricia. SeempHj^bim. se 
ebo^abao^ se derribaban, «nos 
llegaban al .objeto, otros -grila-* 



ben InJnatieiB; pero de eefas lo * 
chasconilanas resitfHahenn pro^ 
fondo conocimiento de li repá- 
bUca. 

Gniimita if Asnmu>QS. ~ ife^ 
naos dicho ye qoe el pneWe nom- 
braba todas lis majiatratnras, 
y qite una ley formel concedía á 
todo ciudadano el déreebo de 
matar al qile osorpase la autori- 
dad pública, ó t|ne prolongase 
el ejercicio de Un cargo coa h 
qniera deapoes dé espirado el 
término: heaaos dicho también 
qoe no podü áapirarae i lop em- 
pleos antea de haber servido por 
el especio 4e dies al|OS en lai 
armas, y qne por la ley ViUia, 
para entrer en la majístratnra 
habla qoe tener al menos trein^ 
te y un aftpa. Aqnel cuyo padre 
fnese ^rMoiierb de giterre» esta-^ 
baeselnidode derecho, porque 
decían, que un puebla Ubre no 
deWa ser gobernado por lin 
hombre coyo padre estaba en 
cadenas. Sentados eslps prikicÍT 
pios, pasemos ft describir las 
grandes majislratoras. 

La Cdcstusa era el primer 
cergo qne podk pretender un 
romano que se había hecho un 
nombre por ius servicios y ta* 
lentos, ó en quien el brillo del 
nacimiento supliese al mérito 
verdadero. Esla majiatratura (li- 
taba del oríjen de la retábMca; 






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S9 dMMVa! 



cuHodiiY íé&l i^oro***púiiliéoü 
dos patridos que se llamarmí 
cttéilorefty 4e Vtttf ^1«brar totitaa 



que»e9^éM :UBat«Te«taj« <^ecu-^ jdetavteolAjM qtte )• gnerpa^^Uf 



nhrúl'^^BI'flji0'3M?qiiMo él pue*- 
blo patUiotpiortide' este ooorvy 
se añtkltonkiIdMt*nb8^otxaés« 
torera lo6«irt|gao8.i)Mi^ntet fap 
segu tidb (^erraiipén iea y^sé ' f 1 é vó 
el DÚtnero'éocho» y eada díier' sk- 
fué isiunieiitaiMa wasv Dm di| 
ellod re»idfiiiten''fi«jink 4i».jo é* 
noíttbré áetü$9$^eg dt toict«ftod^ 
SufUDtíóDdDis^iníporldnte ei^i^ 
la jeWlorí <W láí' petttus* pébJteds 
para cubHr lító'néteskladésdel es- 
tado. A etl6» eáaB« i^tíflffda 1t 
custodia ^ llls' figtffiás Tbtntinas: 
cuandd los- ejérfcrtos Vdlvfaü de 
una espédtekrd, ««iitH%ftbbO 9iid 
enseñas eü-ef templó de •SalarDo 
con el tesoro {ifftiléo; y. las de- 
volvían* k\úi generales lefego 
que \ni tropas eolrabatt en t0íO^ 
paña. Los cuestóM de^la eíodffd^ 
teniaAalétnlsél earfode pro* 
porrionar haMfavioii á ios eiii«> 
bajadores y dttrlé« euaittor oMe* 
sitasen éo'iiofcnbre de bi repé^ 
blica.- ■' ' ' ' ■• '■'•!' *'''' '■'* 

Los demás eüdüoYi^, #iaie^ 
dos pTúpkwxeMtmmikespfH^ 
vmeiéh$¡ teiniémá' lotf'cdimrteB 
en la gderreír mnriab'eoolettalo 
que teuts' relado* i' |^klé« del 



dabaade lesipr^Tiisieoes: yeuéD'*' 
dó ios Jeneñtles'pMjrfnifciei oiiew. 
re»dektk'iQnft>^ ^eoMo tatepábll^ 
catiO'ks^i^Medieüiio en niscé 



babfaii pffiícorádo^ los euesloms^ 
deteA**UB^; estada á«t|&ntío|ii tie 
jeUas^ybudeelaréoibn ser¥ia*p«^* 
rarla iebí^óé ideheenadoy del 
páeblovEosMcvBiforésfse nóm-i 
bitabett^en Ids teomícioe por tri* 
bus, y se escojian idéifereí^te* 
mente de tosido» ordenes / ' * 

De la cüestnniíSfS pas«ba á* to 
EMiiMD^'-Hamed» así de imlM 
edifieio;ipcifrqiiie ios' edttes ests-^ 
beb partteuleriaéote eboaiifidos- 
de lá. ocNastiniédoa ' y: 'itosleii de 
los monodienios^i^bHiebs: biVfi 
d^anséen doselasestlos pHwe/ 
ros HtiMdds« Ed{f«rJ9Jl96#yer fue- 
ron iMtiftifdos et tffié &ed el 
mismo :|leiki|io ^e los- frltyeoos* 
dehpyeüK^ qoCebes? ett eiério^ 
moÍí> esiabiib lübordhfodos. Sae 
fttri hucioneserAír catear *de lo^ 
dos tas edtteios; templo», atoew 
duelos, ^QéMes, teetroff' etev 
Memeniaii lai 4iiii|iieka* de *M 
eálles, nelftlÍM ébiós «bastos, 
ijeban el precisan; los Jéoerosy 
se áseg«rabao tde'^su euslidaiil/ 
íospecdiouffbeii ios pesos y tne«n 
dMes, liiiiitabátf tés gastes 4e 
los* fonerátcisv ^y )»coiidenabeii • é 
DMitas' lijerasá; aquellos que 



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BO0tMi)wér4eli idei.ii^;iiÉajiu 

. U4Aa XifriipiopeA^} tsii : e9Um99á 
llamarQn^^a «tfWÍon'dt-» loé* fM^ 

guiiM «ir«uit4aflif|i«' pfiíutiimaf 
p^rteet «ttjtf^.KlMffñoiaKrvhai* 
hiendo íijadAoelMéqiMto.'Stitlif 
|Hirá Mft |íf*atílBÍ luego» fonraobs, 
fn aieiiiDdádfaiát récontlftectoii 
4e los árdcQ6tpiM/Bt)il»^, que 
pQf ti> «ni^e«ieBlátnni»|iftfiiide« 
á iMicérS lo^ ^alMp ib reusif ^o» 
pot imnosiblMkNiioloil'IMaMoíta 
setf retitroiré eütmlffrtat^vé^ 
rñreilwitacfápbc JUHidIídt ivApu 

alroir*da«6<Hitt trimadártie 4oe 
pelrikiM'<t>E«to0:iM| dfttíhgiriav 
•os eA!tMiiW*«ltne4ifUcttiii>Hfa[ 
|iMn|u»deka» íeMtoMia ' eeft tfl^' 
doÜ8Qkrei-taniíltenfeifral> «Ifaío 
cayicieriÉtfo64^<lt^Má majlir^ 
Vreliif|H<nü«iUra»toi éá¥k$ ipte- 
teyotiV^smtabaa iobre kantos; 
leaiftola prtCMfti<y**90MMri de 
•ievtor dereobOT capno iMigrinn 
det; Éiiji^rbAM. »»• «leJMw 
enr lee.d)nloéoi p&i w'Mmi^ '^ir* 
, .Pj«nii3ai-.Jtoiil éfO^ié^ la 
Fe^úbl|ca(4»l9ii0ittt(rr<Mip{«M* 
dta todfi/clMá «|it>Ma}lirHiirtil»%; 
eatendiaqe á loa ittlstno^ • Jt-irel'm 
^, j el dWlééor^e- Uama fipiy 



Al 

IMr9ii^r^tfttfifU4K«f JM')«4i dio 
e»el«f iMMUte* .laMtf^ «Itarl» ^1 
naa#itiit4oi í dtaigtadfti ipaaa- : fa«r 
pan Iwrticfaim . knim tiaa tMadt* 
jms. ^h^i9i de^j^atinüilneym 
^(Ubio tuaeQiawlf 94fiiJa iqd^ 
mjpiaáraete» .d«»jrtsliiia|ii|Fona 
aleJ^adoNif dklatfiitiiladkl««iit)- 
Tal»' auMaiTOSi. ifii6i(aMmi)cK> 
crear una roajl8tratura*fnétaa 
ahaaffpiirfida.'eaMatúdado. 
- . Elpraéor «eorimiHiiJpflaodd^ 
da ée«Maf4ltlof«» fa^n) dbniaa 
aiiit>e)laei¡]rid^ á9nítlktá%nWf(%r 
4a aiad0dtr!ltoMH /ot^pnaMUa 
y>i80iaratabfl m {a iri1lai(o«rfat> 
0» ei9an)|Nirto 'aiQMMdai 4taWa 
•eotocAdh tute latea/^trtrtidlO' de 
te' jy^i^tMactoart ptfdWcfaairéaer 
ait*aéiado^*^iráiiiÍir 4bs^vrmdea 
cbAlttoagly ^ I wiW Bi r iitfolfqátt*- 
ii« a|6fM9Mr'ftiÉéhkM'0Dn4o- 
dar'.sii'pliiiiMd^*!'''! ¿ loí . 

: Tfiaa'í'iMlMiraal éifÁruMitafé la 
pleiiMÍQdf4k te íÚVlÁdífaüMi del 
pNli)fr<>da; Maav^MMUmtfl^-jiveí* 
tñánkrofhímb^'^ Mttaio resi I» 
láidd^'O^iMirel oljdtOf'iNi^-Hlt- 
líai^Qftw ileg*c««^ fOco: i^ 
CddlwidMkdWtMb*>r#rai«IMadea 
yj^iliMal^aleHíto^h^he^séífiaw 
llhiait«pei«i 8r#r eaisd^i'iPtiM^ii- 
¥MBélarataé(i.efi éPIliMy m «no 
4e 4aaí«nMMtea' «alofier>lta«ii«dOB 
««MW^dit »i aiHa ^ni^Miieafaba 
eqloeadd sokMfmP^stfaJOi t |nii* 
lar paii»ddifti^aéiaMrtil<M^iiér* 



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CM que haibii 4éilgM4o« los tes- 
tigos y los défensoros. En los do* 
socios cfiflitoolos al ir á pnNiu»* 
dar UM soo t o ocfc de suerte, 
se qoiteteel pretor la preU^jtía, 
esprasando por esta seBal lape^ 
«a qóe sedtia es tratar con rigor 
i QB eiodadaoo* Los pretores rU 
Jllatiáo aobre loa tribvodes in- 
ferioras* 

Cinnto veiele efios después de 
esta ioatitittioB^ ae creó on se- 
gliodly pretor con el nombre de 
pr$t0r uiré9^/t m, pbrqae eitaba 
encargado particttlaemenle de 
administrar Jastieia entre loa 
ciudadanos y los estranjeros» 
mientras qne el pr€iür dt te €im^ 
dndjnafaba únicamente de loa 
procesos de eindadano á elida* 
daño. El pretor de la chided» 
como Jefede la nM^liatfiUira > era 
superior á todos los otros. Sen 
poder variar la natiiraléie de 
las leyes, tenia «el dereeto de 
prescribir sos íoraaes. Cnandq 
ae le elsjiap dMpiies de haber 
prestada el Jnramento de fldaU* 
ded al goMM*node Boma, sabia 
i la tribuna ilelanlé del publo 
reunido, y allí publicaba un e- 
dicto foa indiceba la marcha 
4|ue ae pr#ppn|a segofr en la adr 
mlnisiracioAde justicia; eaie e^ 
diclo^ue llegaba i aer loibligalo* 
rio pare él durante el tiempo 
-de su e|«rftoto> se publicaba per 



un beraMe, y ae ijaba en todct^ 
los parajes púbNees; llamábase- 
le Uf ammi. Los pretores se 
nombraban en loa comicios por 
centurias: tenían que ocurrir i 
los gastos de los Juegos epolioa- 
res, del circo y otros, y esta a- 
tribucioB les daba una autoridad 
particular sobre los fómieos y 
otros iodiriduos afectoa á los es« 
pecticulos pdblicos. 

CovsuLAeo.-— La fidelidad en 
la cuestura, la magnificencia en 
la edilidad y la integridad en U 
pretura,eran la Yiaordinaria pa- 
ra llegar al conaulado. Bsleera 
^ eoloM^de los onores que po* 
día pr et end er un rooaano. iJe* 
gado á este panto de gloria toca-' 
be i au término. Su famIUa ae 
encontraba de repente en el 
mago de las primeraadel catado, 
y au nombre inacrito. en los f««^ 
tos consulares, debia cobsenrar* 
se mientras la memdria de Ro» 
naa-ecsistieae entre los hombres. 

Bl a*o 844i cuando la repábli^ 
ca sucedió á la monarquía, el 
pueblo romano instituyó dos ma*» 
jistradoa i qoienes confió une 
parte de la autoridad que había 
arrancado i les reyes. Díóseles 
el aaodealo titula de e4n$ul$i, 
qne esprese kis eonaejus que da- 
bao para el bieapáblico,ysiem«> 
presetuToá raya su poder sin 
ofender i su dii^dad. Todo lo 



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BÍOXAHA. 



33 



que la pompa romana tenin de 
mas imponente los rodeaba sin 
cesar. Iban precedidos de doce 
lictores, teniam la silla carul, la 
pretexta, y el bastón de marfil con 
águila de oro, signo superior de 
mando. Ellos sotos entre los 
hombres» tenian el derecho de 
presentarse por la ciudad en lite- 
ra. En fin. habían reunido sobre 
su persona todo loque podia im- 
poner respeto ó temor. Pero 
cuanto mas poder les daba esta 
dignidad brillante, tantas mas 
precauciones tenian que lomar 
para evitar sus abusos. Después 
de un año de ejercicio volvían 
los cónsules á entrar en el orden 
c<9mun, sin conservar de su pa- 
sada grandeza sino la gloria que 
les era personal. 

Los cónsules no podinn em- 
prender nada contra el senado ó 
contra el pueblo; no eran mas 
qué sus primeros ajenies. El se- 
nado deliberaba, el pueblo deci- 
día j los cónsules ejecutaban. 
Los cónsules fueron al principio 
nbtnbrados en diversas épocas 



rer un sacrificio solemne al pa- 
dre de los dioses, é implorar su 
protección para los nuevos ma- 
Jistrados y para la república. No 
entraban en sus funciones hasta 
el primero de enero^ seis meses 
después de su nombramienlo, y 
empleaban este liempo eñ ins- 
truirse en los intereses del esta- 
do. Enlonces se les daba el títu- 
lo de eán$ule$ deíignadoi. Aun- 
que no lenian lodavia poder al- 
guno, eran admitidos en el sena- 
do, ocupando en él un lugar y 
dando los primeros su parecer-, 
distinción que se miroba mas 
bien como una prueba, que co- 
mo muestra de deferencia. En 
el intervalo de la elección á la 
instalación, si se llegaba á des- 
cubrir que hablan empleado el 
soborno ó la astucia para oble- 
ner los votos» aquel queenlresus 
competidores pudiese manifes- 
tarlo, era puesto en su lugar. Pe- 
ro esta costumbre ó regla equi- 
tativa rara vez lle^ó á ponerse 
en ejecución, porque el acusa- 
dor se encontraba regularmente 



deNño; pero desder el 598 se e« en el mismo caso. 



lijiei'oa en el mes Sextilis (.Igos- 
lo) en los comicios por centu- 
rias. Cuando estaba hecha la e- 
ieccioú, el cónsul actual lo anun- 
ciaba á la asamblea; entonces el 
Mnado y el pueblo se dirijian en 
cuerpo al Capitolio para ofre- 
Toaw) 1 111. 



Los dos cónsules gobernaban 
por meses. El de mas edad ó el 
que tenia mas hijos, entraba pri- 
mero. Los hazes iban delante de 
él, y el que no estaba en ejerci- 
cio los llevaba detrás. Todo 
ciudadano debía descubrirse la 
5 



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34 



IllSTOAU 



cabeza, levanlarse sí estaba sen- 
tado, j apartarse del camÍDO que 
traía el cónsul cuando este se a- 
eercttha. Kslo es tan cierto como 
que elcónsulQuínto Fabio Mác- 
simo^ hizo bajar del caballo á su 
padre que se le acercó, y el an- 
tiguo romano aplaudió una ac- 
ción que le manifestaba que su 
hijo tenia una justa idea de la 
dignidad de que estaba revesti- 
do. Sí el cónsul encontraba á un 
pretor, los Helores de éste baja- 
ban sus hazes delante del ma- 
jislrado supremo. 

Las atribuciones do ios cón- 
sules eran muy estensas: convo- 
caban voluntariamente al sena- 
do comunicándole los despachos 
de los paises estranjeros^ espo- 
Dían los negocios ^ y eran los 
primeros á manifestar su opi- 
nión-, recojían los votos y des- 
pedían k la asamblea con la sen- 
cilla fórmula de: no os detene- 
^ mostnas, padrei eonseritos. To- 
dos los majistrudos les estaban 
subordinados, esceplo los tri- 
bunos del pueblo, úuicos que po- 
dían oponerse á sus decisiones. 
Reunían el pueblo, le proponían 
byes á que daban su nombre 
cuando eran aceptadas-, en Gn 
tenían la plena y entera ejecu- 
ción de los decretos del senado 
y de las ordenanzas del pueblo. 
Si estaban en guerra era mayor 



su autoridad: levantaban tropas, 
daban grados y podían condenar 
á muerte; los cuestores tenían 
que entregarles cuanto fuese 
necesario ó quisiesen para los 
gastos. En fín^ea la paz obraban 
como primeros majistrados de un 
gran pueblo, y en guerra como 
dueños absolutos-, pero espira- 
do el término de su grandeza, 
daban cuenta de sus accionesá 
aquel mismo pueblo, verdadero 
soberano, y juzgaba sus opera- 
ciones con severidad. Duranln 
muchos años estuvo esta digni- 
dad entre los patricios, pero a- 
poyados por los tribunos los ple- 
beyos pidieron y consii^uieron 
ser también elejidos. La ley 
Villia^ ya citada, llamada tam- 
bién annalis lex , porque se- 
ñalaba el número de anos que 
debia tener todo pretendiente 
á ios destinos, prescribía treinta 
y seis años para la edilidad, 
cuarenta para la pretura, y cua- 
renta y tres para el consulado. 
Pero no siempre se observó esta 
ley, pues frecuentemente hubo 
que ceder al mérito adquirido 
con acciones brillantes. Ln mis* 
ma ley decía que un cónsul no 
pudiese ser rcelejído sino pasa«- 
dos diez años^ y también se que- 
brantó muchas veces. Cayo Ala- 
rio fué seis veses cónsul, y las 
cinco últimas, consecutivas. 



»^ 



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ftmiAiíA. 



35 



PR0C099CLe8. —Luego qtie es- 
piraba el término del consulado, 
si se creía conveniente dejar á 
loa cónsules en Ihs provincias 
que liabian de someter ó admi* 
nistrar, tomaban entonces el 
título de procónsules y gozaban 
d^ prerogativas casi tan estén* 
sas. El senado dio después el 
nombre de procónsules á los gp- 
b«>rnodores que enviaba á las 
provincias, y este llegó á ser o- 
dioso á todos los pueblos» por 
las vejaciones que ejercian á 
título de enviados de Roma. 

Propretores. — Si el paisa- 
donde se envial>an estos majis- 
trados no era de grande impor- 
tancia, en lugar del título de pro- 
cónsules, se les daba únicamen- 
te el de propretqre$, según que el 
senado declaraba tal provincia 
proconsularó propretoriana. Es- 
^as dignidades conferiaD el mis- 
mo poder, pero menos estenso: 
el procónsul iba precidido de 
doce iictores como el cónsul á 
quiep representaba*, el propretor 
no llevaba mas que seis. El Pro- 
ciiB$TOR desempeñaba interina- 
mente el cargo del cuestor muer- 
.lo sin sucesor; sus funciones ce* 
iaban i la llegada del cuestor en- 
viado de Roma. 

En jeneral, los majistrados de 
las provincias ejercian en su 
circulo una autoridad muy su- 



perior á la que tenían en Roma 
los que estaban revestidos de la 
misma dignidad. Reunían todos 
los poderes: en ellos residía la 
majestad del senado y del pue- 
blo romano, y las leyes de Ro- 
ma, siempre debilitadas por la 
mezcla con las del pais, no opo- 
nian mas que una débil barrera 
á hombres tan poderosos. La ca- 
sa de un procónsul semejaba la 
de un monarca; siempre estaba 
rodeado de un gran número de 
oficiales militares ó civiles, y 
una multitud de jóvenes roma- 
nos distinguidos iban á apren- 
der con él el arte de la guerra, 
ó á instruirse en el conocimien- 
to de los negocios; pero como 
el poder mas absoluto está siem- 
pre limitado por algún lado, no 
le era permitido * tener mujeres 
en su corte. 

Tales eran las majistraturas 
que formaban propiamente el 
gobierno de Roma; otras había 
que eran igualmente importan- 
tes, pero que pueden mirarse 
como intermedias, puesto que 
sallan de esta línea directa, que 
conducía de grado en grado al 
poder supremo. Ya hablaremos 
de ellas mas adelante. 

Dictador.— Cuando la re- 
pública estaba en un peligro in- 
minente, ó que un acontecimien- 
to inesperado necesitaba un des-" 



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36 



nnoMA. 



arrollo repentino de poder, se 
recurría á una medida estraor- 
dinaria» se creaba un dictador. 
Este majistrado no podía con- 
servar su dignidad mas de seis 
meses, y aun fué costumbre no 
esperar á que espirase este tér- 
mino para baeer dimisión del 
destino, si las circunstancias 
apuradas de su creación hablan 
cesado. En virtud de un senato» 
consulto, uno de los dos cónsules 
lo elejia según su voluntad, y 
regularmente caia la elección 
en un varón consular. Este nom- 
bramiento se bacía por la no- 
cbe, y luego que estaba procla- 
ONido, tenían los romanos que 
someterse á su absoluta auto- 
ridad. Suspendíanse todas las 
leyes, todos los majistrados di- 
mitían sus destinos» esceptQ los 
tribunos del pueblo, quienes á 
pesar de esto no tenían poder 
contra los decretos del dictador. 
Reunía en su persona la au- 
toridad del senado, del pueblo y 
de los cónsules, bacía la guerra 
ó la paz, disponía á sú voluntad 
del tesoro público, de los bienes 
y aun de la vida de los ciudada- 
nos sin que en caso alguno se 
pudiese apelar de sus decisiones. 
En fin, era un déspota legal, y 
no tenia que dar cuanta á nadie 
de sus acciones ínterin estuvie- 
se en su empleo. Esta unidad 



de fuerza dio á teces á la repú* 
bllca un vigor que la libertó 7 
la sostuvo contra sus. enemigos; 
pero también contribuyó á su 
ruina, como hemos visto. 

Esté pródijioso y absoluto po* 
der tenía sin embarga algunas 
trabas: no le era permitido al 
dictador salir de Italia, sopeña 
de perder al momento todos sus 
derechos; y para imponerle como 
una sombra de humillación, no 
se le permitía tampoco montar 
ácaballoo Guando confirieron á 
Fabio Mácsimo esta dignidad, 
no permitiéndole sus muchos a« 
ños conformarse con esta dispo» 
sicíon, fué necesario un decreto 
del senado para que usase el ca« 
bailo. Por una consecuencia de 
esta proibícion, tenia el dictador 
cerca de sí un oficial de nombra- 
miento suyo, con el título de 
jeneral de la cábaUeria.y que 
en cierto modo era su tugarte* 
niente. 

El primer dictador fué nom- 
brado el año 256, doce después 
de la destrucción de la monar- 
quía. Por mucho tiempo estu- 
vieron los patricios en posesión 
del derecho de esta dignidad su* 
prema; haita que en 397 se nom« 
bró un plebeyo, y nuevos órde- 
nes entraron á participar d(i él. 

Tantas ventajas Italiaro.i loi 
romanos eu esta moJída, qua 



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no esper«roi á eirconsteneiM 
estreroas para recurrir á ella: 
cuando serias disputaf ajilaban 
al pueblo romano, se nombraba 
un dictador para terminarlas» 
decidiendo por la autoridad de 
ñno solo lo que no hubiera po* 
dido la multitud pdl* sí misma. 

El» CLAVO SAMADO. — Algunas 
▼eces también, el nombramien- 
to de un dictador tuvo un obje- 
to relijioso. Por una de aquellas 
ctistumbres esiravagantes é Inés- 
plicables de que se encuentran 
sobrados ejemplos do quiera ec* 
sisten hombres, uno de los gran- 
des majistrados clavaba anual- 
mente un clavo al lado derecho 
del altar de Júpiter. Si enferme- 
dades cootajiosas molestaban al 
pueblo romano^ ó signos estraor- 
dinarios lo amenáaaban con la 
cólera celeste, se apresuraba á 
conjurarlos dando mas brillo á 
la ceremonia del clavo sagrado, 
nombrando nn dictador para es* 
te solo objeto. 

Delante del dictador Iban vein- 
ticoatro hazes con sus corres- 
pondientes hachas. Los lictores 
que precedían á |oi cónsules, no 
tenían hachas sino fuera de la 
ciudad: en su recinto llevaban 
únicamente los hazes para no 
amcJri>.nt*tr al pueblo con aquel 
aparato de muerte; pero el dic- 
tadoc tenia hazes y hachas para 



37 

hacer ejecutar sos juicios con 
todo rigor. Se ha visto á un dic- 
tadorhacer morir á un caballero 
por haber reusado seguir al lie* 
tor que le había enviado con or- 
den de conducirlo i su presen*» 
cía (1). Estos decretos de una 
injusticia terrible eran juzgados 
por el pueblo, cuando dicho su- 
premo majistrado abdicaba sus 
funciones, pero nada podía sus^- 
pender la ejecución. 

Cerca de 130 afios estuvo Ro* 
ma sin dictadores; pero en los 
momentos críticoe en que se 
creía deber robustecer el poder 
consular sin apelar al recurso 
siempre estremado de nombrar 
un dictador^ el senado espedía 
un decreto concebido en estos 
términos: cHagaa loé cónsules 
ulo que es necesario para la sal- 
ivación del estado.» Entonces 
sin sobreponerse alas leyes po- 
dían darlas mayor ostensión, pe- 
ro tenían que responder del uso 
que hubiesen podido hacer de 
este poder aumentado. 

Si atontecía que el dictador ó 
los cónsules llegaban á faltar an- 
tes de baberJes seialado suceso- 
res, para no dejar la república 
sin jefes en todo este tiempo, el 
senado nombraba un inUrej/. 
Esle majistrado gozaba de todas 

(I) Tno Livaa Dtc. Ii^Ub. n. 



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m 



HÍSTÓRIé 



les prerogaliras de los cónsules, 
pero solo podía conservar su 
dignidad por cíoco días-, pasado 
«UTO término él misnno se nom- 
braba un sucesor-, pasado igual 
tiempo» este nombraba otro y así 
lucesívamente hasta haber ele- 
jido nuevos majistrados según 
las formas y en las épocas pres- 
crilíis. El primer iulere;:no y 
que duró mas tiempo, fué des- 
pués de la muerte de Rómulo. 
Vióse por el espacio de imano 
pnsnr sucesivamente la dliinidad 
real de familia en ramilia. Los 
patricios gustabnn de una for* 
ma gubernativa que los hacia 
participar á su vez de los onores; 
pero el pueblo, cansado de tan- 
ios señores^ los obligó á poner 
tin término á su dominación, 
dando un jefe. Esta majistratu- 
ra efímera» fué la sola que no se 
comunicó á los plebeyos; por- 
que una ambición razonable les 
hizo hacer esfuerzos eslraordi- 
narios para obtener onores du- 
rables y desdeñar los momentá- 
neos. 

Majistrados ihtermedios. — 
Desde los cuestores colocados en 
la base del edificio del gobierno^ 
hasta los cónsules que se encon* 
traban en la cumbre^ las atribu- 
ciones eran distintas, los dere- 
chos conocidos, prescritos los de- 
beres por leyes positivas, y podia 



creerse que ninguna otra majis- 
tratura importante habría des- 
pués de las ya mencionadas. Sin 
embargo ecsistian otras que les c- 
ran enteramente estrañas» y que 
bajo un título modesto daban á 
sus poseedores en ciertas cir- 
cunstancias una autoridad supe- 
rior á la de los cónsules, pudien- 
do atacar á estas. 

Ya en otro lugar de nuestra 
obra hemos hablado lo bastante 
para dar á conocer la dignidad 
de tribunos del pueblo, majis- 
trados con el titulodesacro-san- 
tí, relijiosamente santos, los cua- 
les al aprobar el decreto que les 
presentaban, pooiaa la letra T. 
que espresaba la palabra tribu- 
ni\ y cuando le desechaban usa- 
ban de la palabra Feto, que quie- 
re decir me opongo. 

Hemos hablado ya también lo 
bastante para hacer conocer á 
los censores y procónsules^ y al 
modo y forma de su elección. 
Ahora pasamos á tratar de la 

LeíISLACION, LEYES, PLEBISCI- 
TOS, SKNATOSCONSULTOS, EDICTOS 

T uecHETOS. — El código de una 
Dación manifiesta en su totali- 
dad sus virtudes y sus vicios, y 
refleja la imájen del pueblo que 
lo ha concebido. No teniendo lu- 
gar las leyes penales sino des- 
pués de los crímenes que ha sido 
necesario reprimir, cuando «- 



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MMiAlU. 



39 



qoellas m callan ea ponpie el I carácter de ca4i p«eMa; aenci 



delito aon do ecstote; pero lae« 
go que bao hablado» es permiti* 
»)l «o.4p echarlo. Del mismo 
modo las leyes civiles se ligan al 
sistema político de un pueblo, 
manifiestan sus vicios, y el ojo 
indagador del jenio lee en ellas 
las causas secretas de su grande* 
za y le seftala el rango en qne 
debe colocarse. Desarrollemos 
el principio de la lejislacion ro« 
mana. 

No hablaremos de esas leyes 
primitivas que son comunes á 
todos los pueblos. Do quiera los 
hombres viven en sociedad, han 
depositado en Jas manos de los 
majistrados instituidos bajo di- 
ferentes títulos, una parte de su 
libertad, para gozar con seguri- 
dad del resto; y de estas porcio- 
nes reunidas ha resultado lo que 
acaso podría llamarse ley nolu* 
ral, la cual es la misma en todos 
los pueblos^ reduciéndose al o* 
menaje á los dioses^ obediencia 
á los jefes, y respeto á la pro- 
piedad y á los derechos lej (ti- 
mos de cada uno. Todo se refie- 
re á díte principio inmutable, 
orijen único de paz y de pros* 
peridad. Bajo este aspecto, las 
leyes de los griegos , las de los 
romanos, y aun las de los scitas» 
todas se parecen. Únicamente 
Ittsdistiugue el tinte propio del 



lias y terribles son en las nacio- 
nes bárbaras; en las civilizadas 
mas complicadas y suaves. 

Lo que importa conocer son 
las leyes particulares de cada 
pueblo» las que pintan sus eos* 
tumbres, presentan sus progre- 
sos ó au degradación , y presa- 
jlan su destino. Por ellas se re- 
monta uno á los que las han ins- 
tituido, onrándolos como bien- 
echores del jénero humano si 
tuvieron por objeto su felict* 
dad, ó detestándolos si lo han 
estraviado, profanando lo que 
hay de mas sanio y venerable. 

Los primeros romanas no co- 
nocieron las leyes sino por ha- 
berlas quebrantado, y sustraído* 
se á su venganza. Beunidos de 
todos loa pnntoa del Lacio para 
continuar arrostrándolas , cono- 
cieron bien pronto su necesi- 
dad, y que era uMesario con* 
servar con sabiduría lo que ha- 
blan adquirido por. la fuerza. 
Rómulo les propuso las prime* 
ras leyes, y las aceptaron: sos 
sucesores propusieron otras nue- 
vas á medida que la esperiencia 
hizo conocer su necesidad , y 
fueron consentidas solemnemen* 
te por el pueblo reunido, en vir- 
tud del derecho que le habia da- 
#0 el soberano. Todas las que s« 
hicieron hasta la destrucción de 



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40 



nisToau 



'fl moQarqnía, fueron reunida! 
en un cuerpo que se llamó có- 
digo /?a/)trío, del nombre del se- 
nador Sesto Papírio que le redac- 
tó, hnjo el reinado del último 
Tarquino, De ellas copiaremos 
algunos fragmentos paramaui- 
feslur la sencilleí de los prime- 
ros romanos y la severidad de sus 
costumbres. 

Boma no adorará sino h los 
dioses de sus anlepasalos y des- 
echará las supersli iones de los 
otros pueblos. 

No se socorrerá al quesea he- 
rido por el rayo; y si queda 
muerto en el sitio, allí mismo se 
le enterrará sin hacerle funerales. 

Prohíbese en la ciudad el ejer- 
cicio de todo arte que tienda á 
introducir el lujo y la molicie. 

El que destruya los límites de 
un campo al labrar su tierra, 
queda entregado á los dioses in* 
fernales él y sus bueyes. 

£1 hijo que baya pegado á su 
padre, está maldecidoaunque ha- 
ya pedido y obtenido el perdón. 

Entre estas leyes severas plá- 
cenos encontrar los rasgos de 
una bondad paternal que carac* 
teriza á los tiempos primitivos: 
todo ciudadano, en el caso de su- 
frir una multa no podrá ser con* 
denado á pagar un buey^ si ante- 
riormente no lo ha sido á pagar 
una oveja. 



Pero dejemos un código cuya 
mayor parte quedó sin efecto 
posteriormente. 

La abolición de la dignidad 
real no trajo ningún cambio en 
la formación de las leyes. Los 
cónsules y los pretores rempla- 
zaron á los reyes; como ellos, tu- 
vieron el derecho de tomar los 
auspicios, y el pueblo reunido 
en comicios les dio un consentí- 
miento siempre necesario. Des- 
de la institución de los comicios 
por tribus se hicieron leyes co- 
mo queda dicho á propuesta de 
los tribunos del pueblo-, estas 
se llamaron plebiscitos, que al 
principio no obligaban mas que 
á una parte de la nación y luego 
llegaron á ser jeuerales. Las le- 
yes y los plebiscitos eran una 
misma cosa, en cuanto á los re- 
sultados, pero diferian esencial- 
mente en el principio. 

Las leyes pues, eran las cons- 
tituciones del estado, propuestas 
otras veces por los reyes, des- 
pués por los grandes majistra- 
dos de la república, y aceptadas 
por el pueblo romano reunido 
á este efecto, en comicios por 
curiasen los primeros tiempos, 
y en comicios por centurias des- 
de el rey Servio Tulio. Por mu- 
cho tiempo no tuvieron fuerza 
de ley basta que el senado laá 
hubiese coníirmudo-, y el ano 



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IC7, sin destruir 
clon, una ley obligó al senado 
h aprobar cuanto se háblese 
decidido en los grandes comi- 
cios. 

Los plebiscitos se hacian me* 
dianle la proposición de un tri- 
buno del pueblo, y se ftujeta- 
i>an á la aprobación de este mis- 
mo pueblo en los comicios por 
tribus, sin intervención nioguna 
del senado. 

Las leyes estat>an sujetas & to- 
das los formalidades relljiosas; 
an augurio dmfayorable basta- 
ba para desecharlas; en tanto 
que los plebiscitos siendo pre- 
sentados por los tribunos que 
no tenian el derecho de tomar 
los auspicios» no estaban sujetos 
á las mismas trabas. 

En jeneral las leyes se resen- 
tían de la influencia de ios gran- 
des cuyos svfrajios inclinaban la 
balanxa en los comicios por cen- 
turias. Al contrario los plebisci- 
tos, téndian á favorecer el parti- 
do de los plebeyos» omttipotente 
en los comicios por tribus. 

Unas y otros oo podían ser 
aceptados sino- después, de ha«- 
hene anunciado durante tres 
dias de mercado público, que se 
rerificaba cada noere dias, y en 
loa eualea, loa habitantes de les 
tribus rústicas se dirijian á la 
doded. Juzgóse que este inter* 

TOMO XII 1. 



moMAM. 41 

esta ratifica- ralo era necesario para hnpedir 
que el pueblo se dejase llevar de 
la elocuencia de un orador, y 
darle tiempo para pesar madu- 
ramente las obtigaciooes que se 
imponía. 

Entre las leyes las habla que 
llevaban el título de sagradas, 
porque hubiera sido ua crimen 
el intentar su trastorno. El ora- 
dor que hubiera propuesto refre- 
narlas hubiera perecido al ins- 
tante; su memoria seria entre- 
gada á la ersecracion y sus bie- 
nes confiacadoi. Las leyes sagra- 
das han tenido por objeto prin- 
cipalmente la institución de los 
tribnooedel pueblo. 

Después de las leyes y los pie* 
bisel tos seguían los senatoscon- 
sultos ó decretos del senado. A 
la v^ad que estos no eran le« 
yeí, pero tenian fuerte de tales 
hasta que hubiesen sido anula- 
dos por ana ley positiva ó por 
un otro decreto. El respeto que 
se tuvo á los senatosconsultos 
fué una conaecuebcia necesaria 
del que inspiraba el senado; y 
este sentimiento fortificado por 
el tiempo tardó mucho en des- 
mentirse y de mirarse con un 
respeto filial. 

Los senatosconsultos tenian 
por objeto principal todo lo rela- 
tivo á la alta administración 
del estado, arreglaban el destino 
6 



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d« las provinoJns» los sueMoi de 
lof grandes oAciales , el núme- 
ro de soldados que debían man- 
dar» y en fla se estendiati á 
euanto era de un interés Jene- 
ral, fuera de las elecciones las a- 
dopciones de las leyes» la guerra 
ó la paz» el Juicio de los dudada- 
DOS ; objetos cuya deci8Í6o per- 
tenecía escluslvamente al pue- 
blo reunido en comicios. SI acon- 
tecía algún negocio imprevisto 
sobre el cual no ecsistiese ley, 
Mn decreto del senado su plia por 
ei momento y obligatNi á todos 
los ciudadanos hasta que una 
ley creada con las formalidades 
decostumbre^ kx hubiese rem- 
plazado. 

Estos decretos, de una auto- 
ridad que en nada cedía á la del 
pueblo, se espedian con forma» 
lidades imponentes. Esteedámo- 
D04 algo mas sobre este punto de 
lo que lo hemos hecho eo otra 
lugar. El cónsul debía primero 
convocar á los senadores en los 
días prefijados para aquellas 
reuniones; y eran tas calendas» 
nonas é idus. Antes de entraren 
la asamblea ofreeia un sacrificio» 
y si los auspicios que tomaba 
eran desfavorables» el negociase 
aplazaba para un dia mas propi- 
cio. Luego que el augurio era 
feliz, se presentaba el cónsul, lé- 
vantábanf e á su llegada todos los 



senadores» tomaba él aliento» y 
después oada uno se colocaba en 
el suyo. Entonces esponia el 
asunto» y en seguida pedia la 
discusión á los padres cbnscri- 
tos. Terminada la deliberación» 
recojia el cónsul con orden el 
parecer de cada uno» y dirijién- 
dose entonces al príncipe del so- 
nado ó á los cónsules designados, 
si los habla en la asamblea, pa- 
saba en seguida á los altos digna- 
tarios, después a los simples se- 
nadores^ y terminaba por aque- 
llos que sin serlo todavía, tenían 
voz deliberativa en el senado. 
Frecuentemente en vez de dar 
sus votosí por separado» los que 
adoptaban una opinión se colo- 
caban al lado del que la habla 
emitido» y bastaba ealooces una 
simple ojeada para cooocet* don* 
de estaba la mayoría. 

Un decreto del senado no po* 
dia espedirse sino en presencia 
de cien senadores: al ir á tomar 
una decisión» acontecía muchas 
veces que un miembro de la opo- 
sición esclamaba: €uéníe$é el $$• 
nado\ y la asamblea quedaba di- 
suelta si no habla el número 
competente. 

Luego que estaban cumplidas 
\pM formalidades necesarias, que 
se adoptaba el decreto por plu- 
ralidad y que los tribuno» no 
presentaban oposición ninguna» 



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se redactaba el acta. Biarcábaae 
en ella primero, el ileoipo, el 
logar, el número de \oé senado- 
res presentes y el de su tribn; 
espon(a!)e luego la proposición 
toda entera, indiciibase ai que la 
habi^ hectio, y se terminaba con 
la lectura del decreto. Para qne 
este tuviese ejecución, tenia que 
estar depositado en el tesoro pú- 
blico, con las leyes y otras actas 
públicos. ' 

Si acootecia que los tribunos, 
ó solo uno de ellos se oponia á la 
deliberación del senado, enton- 
ces no se espedía el senatocon- 
solto. Cuando el sanado unáni- 
memente creía necesario un de- 
creto para la salvación del esta- 
do, lo pronunciaba sin embargo, 
y entonces lo daba bajo el nom- 
bre de autoridad da/ leitodo; era 
nulo en cuanto á su efecto, pero 
se conservaba en los archivos 
del senado, como un testimonio 
de so zelo, propio para hacer re- 
caer el odio del poeblo romano 
sobre los que se hablan opuesto 
a un acto que le hubiera sido 
tan ventajoso. 

Así se gobernó Roma por 
efpacio de tres siglos; y á pe- 
sar de so pasión por sus pro- 
pias leyes, probó el inconve- 
niente de un código imperfecto 
y cuyas partes afiadidas socesi- 
Tameate carecian de la relación 



41 

que linee que las últhaas sean 
una consecuencia natural de las 
que les preceden. Las leyes lie* 
vahan el sello del partido que 
las habla propuesto; la astucia / 
las hacia adoptar; otras, diriji- 
das por un espíritu contrario, 
tendían á restriajirlas ó á ano- 
larlas. Todas perdían de su ma« 
jestad, coando de común acuer- 
do el sienado y el pueblo convi- 
nieron en enviar embajadores 
¿ todas las ciudades de Grecia, y 
particularmente á Atenas, para 
instruirse en aquellas leyes y 
comunicarlas después á su pa- 
tria. 

Volvieron estos habiendo re- 
cojido los estatutos db todos los 
pueblos. Después de un ecsámen 
atento, se conoció la estrema di- 
ficultad de elejir entre tantas 
leyes diferentes las que podían 
convenir al pueblo romano, de* 
escojerlas para adaptarlas á su 
jenio^ y de hacer de ellas un có- 
digo completo que pudiese ser- 
vir de regla ep todos tiempos y 
circunstancias: para llegar á este 
objeto hicieron tos tribunos que 
el cónsul Sestio reuniese el sex- 
uado y le propusiese un decreto 
oon la creación de diez majistra- 
dos, los cuales durante un aSo 
tendrían todos los derechos de> 
los cónsules y aun los que ha- 
bían tenido loa reyes. Debía sus- 
i 



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44 



■NTomu 



penderte (oda otra nialistralura; 
y estos depositarios de la autorí* 
dad pública quedarían .eacarga* 
dos de la redaccioa de Duevas 
leyes. 

Después de vivas oposiciones, 
adoptóse por último el senato- 
consulto. Reuniéronse los comi- 
cios por centurias, los cónsules 
abdicaron solemnemente ; los 
pretores, ediles, cuestores y aun 
los tribunos siguieron este ejem- 
plo, y en su lugar, bajo el nombre 
de decemviros, elijieron diez ma- 
jistradoH, á quienes como ya he- 
mos dicho en otro lugar, se con* 
firieron todos los poderes. He- 
mos indicado que convinieron 
entre sí el ^e uno solo tuviese 
los haces durante diez diaa, pa- 
sados los cuales este signo del 
poder supremo pasaría sucesi- 
vamente á todos; diferencian*' 
dose únicamente los otros de los 
demás ciudadanos por un oficial 
subalterno llamado Aeeentw, que 
los precedía en público. Los cui- 
(Í;iüosdel gobierno no los dn- 
trajeron de su objeto principal. 
Después de haber comparado las 
leyes griegas con lasde Roma, to-. 
marón de unas y otras lo que 
les pareció aplicable á los roma- 
nos; y trazando un model*) de su 
obra la espusieroo al público, 
para que cada uno indicase li- 



de oido el de los ciudadanos mas 
ilustrados, se hicieron algunas 
correcciones, en seguida se pre- 
sentó el nuevo código al senado, 
quien lo adoptó por un decreto. 
Llenada esta primera formalidad, 
el pueblo romano, reunido en 
comicios por centurias le dio 
jeneraimentesu voto. Para dar 
mas solemnidad á este acto, se 
hizo la ratificación delante de 
los pontífices, augures, y de los 
sacerdotes de todos los colejios. 
Ofreciéronse sacrificios á los dio* 
ses protectores de Roma ; y este 
cuerpo de leyes^ grabado sobre 
diez tablas de bronce, fué colo- 
cado en el lugar 'mas visible del 
Foro. 

El año prescrito para esta gran- 
de obra iba á acabar, y los de* 
cemviros pidieron otro mas pa- 
ra darle el último grado de per* 
feccion. Satisfecho el pueblo de 
su manera de gobernar, dio so 
consentimiento, y reunidos loa 
comicios, se nombraron nue- 
vos decemviros, conservando de 
ellos únicamente á A.pio Claudio. 

Este era el momento de salir 
mal con un gobierno que tanto 
se había ensalzado. El dia si- 
guiente de la elección, se vio con 
asombro en la plaza pública á 
ciento veinte lictores con hums 
armados de hachas. Uua iir.iaíu 



para que caua uno inuicase ii- armaaos ue nacuas. uua ur.iai 
bremente su parecer. Después I odiosa sucede á la fi ajida dulzu 



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n de los deeeonviros; y todos los 
objetos de su lemor ó de su ene- 
mistfd son saeriflcadut. Estos 
mismos hombres que dielabao 
sabias leyes, proonuciau decre- 
tos de muerte; la repáblica iba á 
perecer, cuaiulo una acción ec- 
secrable de Apio, subleva de re- 
pente al pueblo, corre á los ar- 
mas, las lejiones se JuQtao á él, 
y este poder monstruoso es disi- 
pado en un inátonte. 

Vuélvese á la antigua forma de 
gobierno, empréndese el juiciode 
ios decemviros, pero estos uo lo 
esperaron. Apio y uno de sus co- 
léaos perecieron por sus pr«>pias 



45 

ra trasmitirlas á la posteridad 
de una manera mas segura, se 
les hizo aprender de memoria á 
los jóvenes. Este código augusto 
fué por mucho tiempo la admi- 
ración de los romanos, que le 
miraron con el mayor respeto, y 
como el monumento mas bello 
de la humana sabiduría (1). 

Pero la lejislacion de un pue* 
blo no pndiendo fijarse mientras 
éste no se fije, el continuo au* 
mentó del estado romano, el a- 
crecentamiento de las fortunas 
y los crímenes que fueron con^^ 
siguientes,, hicieron sentir la ne- 
cesidad de nuevas leyes. A las 



manf>s-, los otros huyeron pnra je las doce tablas, que se mira* 

síemprede una tierra que habitin 

cubierto de sangre. Al través de 

tantos males, se faabia terminado 

la grande obra de la lejislacion: 

añadiéronse otras dos tablas por 

los nuevas decemviros, y este 

cuerpo de leyes, conocido bajo 

el nombre de /ayas de la$ doce ta- 

bla», contuvo hasta aquella épo* 

ca toda la jurisprudencia de los 

romanos. 

Sesenta a&os después de la 
creación de este código tan céle- 
bre, los galos se apoderaron de 
RomD. menos del Capitolio, que- 
maron la ciudad, y las doce ta- 
blas fueron destruidas en el in- 
cendib. Hebiriérouse por las co- 
pias que se babian sacado*, y pn- 



ban como las constituciones de 
la república, se fueron afiadien* 
do leyes y plebiscitos nuevos, 
siempre espedidos según las an*> 
tiguas formas. 

Como la ley mas desenvuelta 
no habla podido preverlo to- 
do, pues circunstancias fortuitas 
combinadas infinitamente^ la ha- 

(1) Lm leyes de Us doce tabla* 
conticiieii, cerno vamoe á ver, dUpoai* 
cionea rigoro»iaiiiias ítnpo^íhlea de a- 
plaudir; solo aqui tratamos de la opi- 
.oion de los romanos, acordes ea mirar 
las doce tabUs como ana ubra maestra 
de Ir jtslacíon; pnes Cicerón se atreve á 
decir qne íai prefiere á todas las bi- 
bliotecaa del oiiumIo* 



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46 



llf8TOAf4Í 



fian siempre defectuosa^ y los 
hombres siempre mas ínjenio- 
sos estabaa ioveotando medios 
de eludirla; se dio á machos de- 
positarios de la autoridad reli- 
jiosa ó civil el derecho de hacer 
edictos que supliesen á la in<* 
sufieieneia de las leyes. Consi* 
guientemente, los pontíflces en 
materia de relijion, el pretor en 
lo Judicial y los ediles en políti- 
ca, publicaban edictos que te- 
nían fuerza de ley, ba^tn que o- 
tras disposiciones contrarias los 
hubiesen invalidado. 

Los majislrados que goberna- 
biHi las provincias romanas, te* 
nian también el derecho de ha-' 
cer edictos: los unos se llamaban 
de traslación, porque se sacaban 
ordinariamente de los edictos 
del pretor de la ciudad; los otros 
eran puramente locales. 

De modo que el derecho ro- 
mano se componía de la reuuion 
de las doce tablas, de las leyes 
nuevas, de los plebiscitos, de los 
senatoscoQSultos y de los edic- 
tos. No ecsaminaremos por se- 
parado cada uno de estos ramos 
de la lejislacioo; limitémonos al 
testo de las doce tablas y á las 
disposiciones principales de ca- 
da una. 

La primera trataba de los pro- 
cedimientos civiles: este objeto, 
bastante complicado^ estaba se- 



V'uido en todas sus ramificacio- 
nes, y cada uno podia reconocer 
en él con facilidad la injusticia 
6 la ilejitimidad de su causa. 

La segunda tabla tenia por ob- 
jeto toda clase de robo: el noc- 
turno era castigado de muerte y 
tomismo sucedía eon el robo 
diurno si el culpable estaba ar- 
mado. Si el delito era notorio, 
es decir, que el cnlpable fuese 
cojido en el hecho y no estaba 
armado, era azotado con varas y 
entregado á aquel á quien habia 
robado. Si el robo no «era noto- 
río, es decir, que el culpable 
estuviese convicto sin haber si* 
do cojido infraganli, era conde* 
ñafio á devolver el doble de lo 
que. habia robado, y el cuadruplo 
por el edicto del pretor. El juez 
convencido de haberse dejado 
corromper, era castigado de 
muerte. 

La. tercera tabla se referia á 
las deudas, y sos disposiciones e- 
ran temibles. El deudor cuya 
deuda estaba confirmada, obte- 
nii^ una moratoriade treinta d(as 
para buscar los medios de pagar. 
Pasado este tiempo, si no encon- 
traba la suma, era llamado aote 
el pretor, quien le entregaba á 
su acreedor como esclavo. Este 
tenia, el derecho de atarle por el 
cuello, y de ponerle grillos en 
losj)ie8, con tal que la ca^^oa 



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Aa«4R4, 



47 



no pesase mas de quince librei. 
Ed eale estado le coodocia al 
Mercado tres veces deaegoida, 
y el prexooero grilaba eo alta 
voc la suma porqoe estaba des- 
teñido, á fin de escitar en su fa- 
vor la compasión de los ricos cía* 
dadanos. Si nadie se presentaba 
para pagar la deuda» su acreedor 
podía venderlo rneradel territo* 
rio romano» y aun tenia el bar* 
barodereclio de hacerlo morir. 
Sí se presentaban mtfcboa acree- 
dores» les era permitido repar* 
tir:»eel cuerpo del deudor. 

¡^cuarta labia trataba de loa 
derechos de los padres. La au- 
toridad paterna» ley primera de 



calió, como el de hM( esclavos, á 
qui«9nes se asemejaban en todo 
con respecto á su padre. Los ciu* 
dédalos romanos llamados tn/e- 
nm 6 de orijen pufo» gozaban 
únicamente de estos derechos 
en toda su plenitud. 

La promoción de un hijo á 
uno de loe grandes cargos del 
estado, suspendía los efectos de 
la autoridad paternal; pero al 
terminar su ejercicio^ entraba 
en la obediencia; y á nn poder 
pasajero sucedía una sumisión 
durable. 

Guando un padre daba su con- 
sentimiento formal k un hijo 
para que se casase» ya no podia 



la nataraleaa» era mas estensa , venderlo» por no ser justo que 
en Boma que en pais ninguno» y . una mujer casada con un hom- 



aun casi podemos decir que era 
bárbara. El padre á quien na* 
cíese nn bijo deforme ó con* 
traheclio debía matarlo al pun« 
to; en todo tiempo tenia sobre 
aus hijos derecho de vida ó 
muerte» podia venderlos como 
«sclavos; si llegaban á ser libres 
por sus propios esfuerzos» podia 
venderlos basta tres veces; po- 
dia deseredarlos sin alegar nin* 
guñ motivo» arrojarlos de su ca- 
M» ó enviarlos al campo para 
Urabajar como esclavos. Cuanto 
IKidiaíi reunir con sus aceros 6 
eu industria, era entregado á su 
padre. Su caudal se llamaba pe« 



bre libre» llegase á ser la esposa 
de un esclavo* Esoeptuado este 
punto» el poder paterno subsis- 
tía en toda su fuerza» y aun se es* 
tendiaá los nietos y viznietos. 
La muerte del jefe de la fami- 
lia , podia nnicamenle poner 
término á este derecho ( I). 

(1) Acontecí* siempre cuando ana 
ley era demasiado rigorosa» el encpn- 
trar medio de eludir sus disposiciones. 
Un padre se presentaba al majtttrado 
con su hi)oy «■> comprador; hacia In 
venU del |6f en por nna soma cnaU 
qniera, y ponía la mano páblicamenla 
sobre el dinero. E4 comprador loponín 
íaoMdiataflMatt en libertad» s^n lo 



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48 «fffSTDAU 

L«i tabla quinta esponia las re* 
glas de las sucesiones y de las 
tálelas. 

Los ciudadanos romanos po« 
dian heredar únicamente de nn 
ciudadano; todo estranjero esta- 
ba escloido de la sucesión. £1 
que había obtenido el derecho 
de ciudadano, no podia hi^redar 
en la totalidad los bienes de un 
romHRO de^orijen*, solo tenia de- 
recho k los de la rama motenia. 

Lo5 hijos y nietos eslabón o- 
bligados h aceptar la sucesión de 
su padre por onerosa que fuese; 
llamábaseles herederos suyos. Los 
esclavos á quienes su dueño da- 
ba libertad al morir, y los insti* 
tuia sus herederos, eran llama- 
dos herederos necesarios, y esta- 
ban- igualmente obligados á a- 
ceptar la sucesión, como lo es* 
presa su titulo. Los otros here- 
deros podian renunciar á la au- 
cesion, y por eso fueron llama- 
dos herederos voluntarios. 

Todo romano que gozaba de 
la plenitud de los derechos de 
ciudadano, podia disponer de stis 
bienes por testamento, heredar 
legados que le hubiesen. sido he- 
chos, y ser testigo en toda dis- 

Ittnnala de nao. Fstt Yenta j e»U ma- 
nomUioB simaltdat, se repetían por 
trct Teces, y el hijo qaedaba libre para 
aietnpre. 



posición testamentaria* Estos ao* 
tos estaban sujetos á mochas 
formalidades ; y el modo mas 
ordenado de libertarse de ellos 
era llamar al heredero delante 
de siete testigos. En el ejército 
hacían los soldados su testamen- 
to de una manera mas sencilla: 
en el momento de ir al comba* 
te nombraban en alta toz á su 
heredero delante de sus cama- 
radas, y esta declaración bastaba 
para asegurar la ejecución de 
sus últimas voluntades. 

La tutela se conferia á los ag* 
nados ó parientes paternos; los 
mas cercanos eran llamados k 
ella de derecho cuendo el padre 
de familia moria sin testar. En el 
casode no hallarse, el prefórdaba 
un tutor á la viuda yá los hijos. 

Si el tutor mahersaba los bie*^ 
nes del pupilo, estaba obligado á 
la restitución de doble cantidad, 
y quedaba anotado de infamia. 

El liberto estaba siempre bajo 
la tutela de su protector. Las 
mujeres estaban siempre en tu* 
tela perpetua. Durante su in- 
fancia, el tutor tenia la admi* 
nistracion de sus bienes; cuando 
eran mayores, conservaba el de- 
recho de interponersu autoridad 
sobre el uso que podiao hacer 
de ellos; y cuando se casaban, 
pasaban del poder de so tutor al 
de su esposo. 



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Ltrsesl» tabla triübt de It |mk 
sesion de loe bienes, ; del di- 
vorcio. 

Distinguíense las propiedades 
sagradas de las que eran de de- 
reebo bumaiio. Laa príomras 
estabao bajo 4a jariadieeion de 
los poDÜflcea, tMio erao tem^ 
pios, sepolcroa^elc. Todas las 
coaas sagradas eran inenajena- 
bles;. y« solo perdinB este eetáe^ 
«er por la profaneioB. 
• Las propiedades de dereebo 
bomano epan HMiaMei ó énmm- 
Mes. DiTidíaDsetamMeo en mofi' 
tipi, eS'decir> cajra posesión po- 
día transmitirse ttiatai4aliiieAle; 
y^Df^eemamcipi, lasquenoeran 
ée naturalexa deaer aecnes- 
Iradas. 

Pddia serse propietario de no 
objeto euelqnieirr. de «nichos 
modos: primero , por I» canon 
deoQ:ecreedordelante>del pre** 
tor, segundo, por el' nao de dos 
^k>s respecto á nn iamneble^ y 
dennvñosolorMpectoé unob- 
jeto-moviliario; tareero, por aoi»»* 
pra en las ventas pábUoaa; coar- 
to,' por od/iidícaonit^ ea dadrí 
por la posesión de la perdón ad* 
Jodicada per los- majistrados en 
une partición cualquier»; y qoin^ 
to^ pordonoeton* ha ini^ifl<«en- 
ciarooMina hacia muy frecuen<> 
íH estSBS especies de Iraosac- 
cíones. ' 

TOISD im. 



Aiu. 49 

Ei divorcio de qoe tratabt el 
sbjTQodo artículo de etla misma 
tabla, ofrece sobrada importan- 
cia para ser tratado lljeramente, 
y por lo mismo^ hablaremos de 
él en otro paraje. 

La tabla f étíma trataba de los 
crímenes y de las penas cuya se- 
rie es dt^it de segoir; solo ad- 
rertlremos que la ley admitía 
la pene del íattén, por la cnal 
el que habla prlrado á nn duda* 
daño de nn miembro, debía ser 
mutilado del semejante si no «e 
componía con la parte ofendida. 
Los parlen Col mas cercanos del 
herid» tenían el-derechode coor 
turnar sn venganza. 
• La octava laMa trataba de los 
bienes del eampoy de leeMervoa, 
de los oficios, eic.^ objeto muy 
estmo que no «os oCrecr gran- 
de interés. 

La tabla «loveae esponia ef de* 
reeho púbHc6,'cnyas principales 
disposiciones son bien cono- 
cidas. 

La décima tenia relación con 
los funerales, f rescribía las ce- 
remonias de estos, sus diferen* 
tes especies, y fijaba el tienípo 
en que se debían tributar los 
últimos deberes ¿ los finados. 
James pueblo alguno fué mas 
relijioio que loa romanos, en 
elejerdciode estos tristes debe- 
res, sin omitir nada de cnao- 
7 



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50 

to podia oiirar la iMmorii de 
tos ^drts T probar la pena de 
haberloapenUdo* 

Lan tablas undéeima j diiodé* 
dma no trataban de ningnn ob- 
jeto partkalar» pues eran on tu* 
ptemento á lea otras diet* 

Con sentimiento noa beeios 
lioitado á esponer soleinente el 
suHMrio de este código célebre; 
pnes la dificultad de entenderlo 
bien ba hecbosieaspre que se pase 
répidaroeme sobre ot^^^^os que 
hubieran pedido «as desenvolvi- 
miento. Dicho código estaba es« 
erito en la lengoa de loa Óseos, 
pueblo de la Campaniaj qne ha* 
biaba un latín barbero^ antigM* 
mente niadoen Roma^ y qne hoy 
ae eomprenderii eoa muchisf^ 
me dificultad. 

No ae piMde negar que la ma* 
yor parte de estas leyes parecían 
Iwchas por tiranos para eoote- 
ner á bfcrbaroa. Ellas recordé* 
han á la vea el carácter de los 
decemyiros y el orijen de los ro* 
roanos, Difícihaeole se com- 
prende cómo un pueblo que se 
babia sublevado en ocasión da 
la dureza de loa acreedores, y 
que después de cnareota aíoa 
que hnbia tenido tribunos para 
dereoderse» hubiese podido acep- 
tar leyes tan crueles para el in« 
fortutiio. Estas disposiciones tan 
severas, se abolieron sucesive- 



mjsnte por la astensioii ^le se 
dio líl derecho de ciudadano. El 
afio 429 una ley proibió el tener 
presos á los deadores, y sola- 
mente dio derecho á los aeree* 
dores sobre sos bienes. DM mis^ 
mo modo se proibió azotar con 
varas á los róesenos; Kn fin, el 
afio 090, la famosa ley $$mfr^ 
uta decidió que una sentencia 
de muerte no podia pronunciar^ 
se contra on ciudadano sino por 
orden del pueblo, sin que este 
derecho se estendiese hasta loe 
anidados, siempre sujetos i iü 
penas qne plnguia ¿ sus Jefaa 
imponerlea« Machas v^ces se 
veis á un individuo culpable en 
el momento de $er preso por utt 
lictor, detenerlo con estas pala* 
bras: yo sey eiuiaéano. Si era 
acusado de uncrlin<*n de estado, 
se le jutgaba por la jeneralidad 
de los ciudadanos. Si era un cri- 
men privado, los tríbanales or« 
diñarlos pronunciaban su sen* 
tenda; pero podia apelar de elle 
á loa comicios. En ambos casos, 
érale permitido sustraerse k la 
pena merecida , desterrándose 
voluntariamente antes de qne ae 
pronunciase la sentencia. 

Guando nn ciudadano era lia* 
mado en joicio por crimen e.ipi<» 
tal, si reusaba comparecer el 
dia que debia decidirse üe^sa 
suerte^ un oficial público s^pre- 



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fimtatia par la iMftiHi á so puer- 
to, lo Itamsbaá sonUelTMipela» 
7 tolo dfspoei de etU formull* 
dad faltalKHi loa JuereiMOtra él. 
Tan 4»stf«tnadaa eraa laa pr«caii- 
eionea <|iie te lomaban para dli* 
fioner de la Tida de oo eiodada«> 
iio(l). 

En jeaeral las leyes qoe re«> 
dactaron los deceoiviros tendte* 
t*on á di4miAiilr el poder del 
pueblo, porque aspiraban á la 
tiranía; y por una conseenenria 
de esta -disporicion secreta, las 
leyes de las doe^ tablas proibian 
los oíatridiraios entre los patri- 
cios y ei pueblo. Esta ley ofen- 
siva para bis plebeyos^ttedó anu- 
lada en el año 308. 

Por el misflio principio las 
doce tablas pronunciaban lape* 
na capital contra loa poetas satí- 
ricos y los libelistas; pero sien* 
do los deceniviros los únicos qoe 
tenián Interesen proácribir á los 
fue podían quttarlea la máscara, 
este regUmento cayó en desosó 
después de su espulsion, basta 
qiie>ftté destruido enteramente 
por la ley semprooia. 

Después de la publicación de 
las dck:e tablas, la lejtslacion ro- 
mana fué' cbádcidá de iodos los 

ciudUdMois; pero para hacerse 

f 

<i) Pi«TABeo» VUa di TiWffIo 7 
ac Cayo Gimo. 



SMS. M 

Justicia kaMa ipie aegnirse una 
marcha y emplearse ciertas fór- 
mulas qM aolo eran conocidas 
de los patridoa, defensores nftto» 
rales de sus clientes; de modo 
que er pueblo, auoíque Ina^uldo 
de aos derechos, no podía e|er«- 
cerloasino por la Interposiciot 
de los grandes. Larfo tieriipe 
quedó ee este dependencia, hasta 
que vifioa sacarle de ella nna 
circunstancia inesperada. ElaSe 
440, Cayo FIstIo, escriba del 
jurisconsulto Apio Claudio, le 
robóloarejistrosde las fórmu- 
las, y publicó una copla de ellas. 
Este senrieio fué tan agradable 
al pueblo, qne Flario, hijo de 
fm staiple liberto, fMr heehe 
tribuno, Senadoiv edil cunrt, y 
para censertsrsu asémeria, la 
obra que habla dado á ^conoeet 
recibió el titulo de dtrasAo eíot/ 
/feeímio, ^A 

Flavio biso al |fueblo Romano 
otro servicie del mismo fénero 
publicando los f0tta$ ó el cuadro 
de todos los dias del afio, con su 
destino, como ya diremoa ai 
tratar del calendarlo. Los pon«« 
tii<^s, que eran loa únices.depo^ 
sitarlos de los fastos, ocultaba» 
cnidadoaamente al públioo au 
conodmienlo) pero Fia vio, ha« 
hiendo obtenido la comunica* 
clon de los fastos, por el mismo 
medio que tuvo el de íasfórmu- 
I 



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52 

las, descubrió «I aitffli^ío; jr pi«> 
ra haeer que fueteo mas autéo» 
4tcoSy hilólos, grabar eo ana eo*> 
-lutíUia de bronce doraste su em* 
pleode ediU Hasta esia época 
los poolífic^ dirijiaii< é impe- 
4h^ seguo su .voloBlad lodas 
las operaciones del f oUereo» tos 
f rocedimieotos eoire los parH^ 
colares, y alio ^1 mismo pretor 
igooraba el dia en qu» le era 
permitido adrainislrar Justicia. 
'DeesDemodo> el conocimiento 
de las leyes, el tiempo y tos me- 
dios de recurrir é eltas lo su«> 
piaron todos los ciudadanos; sin 
embargo, los patricios pudieroÉ 
particularmente interpretarlas; 
y esta pnMrogati?a , concentre- 
da en aa áifdeav fÁtité madios 
de ellos á loa primeros cargos del 
estado»^ 

No entraremos en detalla mas 
estei^V sobre las leyes roma- 
nas: bástanos haber espuesto sus 
principios; ocasión se presenta*- 
rá de que tas sigamos en su «^ 
plicacion» Hechas para los ro- 
manos solamente, no nos toca 
}tiigarlas^ Si la prosperidad de 
una nación pruebo la bondad de 
sn código, jamás lo hubo mejor; 
pero si es permitido al resto del 
Jénero humano pronunciar por 
lo que de él sufrió, nunca io bu* 
bo mas funesto. 

PATtOSIOS T CUfiJITfiS, HOBU- 



lA, Taniifo,oiMio:(As v ororas 
muTAKBs.^^ Hemos procurado 
traaor un rápido boifiquejo del 
gobi€MPno de áoma, y hemos Tia- 
to á su pueblo, ya huuii liado y 
ya triunfante en los iUIerentes 
ciWíqíos, .^stret|ar:ie coq perse* 
verancia contra el partido de ios 
patricios, arrancarles p^^co á po- 
co, la mayor parte desu&prrvi* 
lejíos, y librarse de sus hierros 
sin procurar. romperlos enterar 
mente» Admiración causará sin 
duda,. el que unos hombres é* 
brios de glorias y de triunfos, te^ 
oiendoá la rex los medios y la 
noluntad de vengar largas ha* 
millaciones^ no hubiesea daida 
el ultimo paso, y de«truidu para 
siempre distinciones de que tan 
zelosos se debian manifestar* 
Pero no; J^ierosos en suene* 
mistad y magnánimos hasta en 
su ira, se<esforzaban para llegar 
á la<aUura de ios grandes sin de* 
prímiriesv pues procuraban setp^ 
tarse al lado de ellos para M^ 
llar con su brillo mismo^ y no 
para degradarlos con el abatí- 
aliento. ' ^ 

Una conducta tan meaorada, 
y cuyos resultados fueron lan 
gloriosos, anunciaba á un poe* 
Mo que en nada se parecía á loe 
demás. Trabajo cuesta el com- 
prender .coma" una mulUUid 
siempre ciega y arrobetádaj sii«> 



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po detraerte ea «qaelle pe»* 
diente rápida, y respetar aori á 
aquellos que no teniHi atacar. 
Esta moderacioD lenta sa orijea 
en machas cansas: en la profun* 
da Teaeracioa de -iui romanos 
pw los. usos de sus antepasados^ 
en la resistencia valerosa de los 
patricios, que no deslscieroa de 
sos derechos sino en el último 
estremo, y que cediendo ep fln 
á la fuerza de tas circunstancias, 
sacrificaron ana parle de elios 
para conservar los mas impor- 
tantes; y en fin. en los felices e- 
fectes del patronato, initilOQÍon 
sublime emanada de un almn je* 
nerosa, ; digna del héroe que <a 
coocíIhó. Su Jeelo superior pre- 1 
tió los desórdenes que podriim 
acarrear en su naciente ciudad, 
dístineioiies concedidas á una 
clase de dadadoaos con perjui^ 
ció del mayor námero, y á este 
jórmea de discordia opaso el de 
la benevolencia. 

Desde mqy temprafio acudida 
muclios ciudadenoa á las gasas 
de los grandes personajes y se 
entretenían familiarmente con 
los criados de quien parecían 
conocidos, se esforxaban á pe- 
netrar hasta la habitación del 
amo, le abordaban con- espre« 
sion rosperaosa» pecibtsn de é\ 
un saludo, y se 'retiraban con 
aire satisfiachopera volver á ha- 



53 
cer lo aaititto-el die slgiiente. 

Tales eran los s/ísfiliis qn^ fe* 
licitaban á su patrofo^ Guando 
Rómnlo hubo dividido su pueblo 
en dos órdenes, para sostener 
entre ellos la armonía que el or* 
gallo y la envidia bobieran po- 
dido alterar, qufso reonirlos por 
un lazo coman qw toe hiciese 
necesarios ooo ¿otro. Qoiso que 
cttda plebeyo etijiese enel orden 
de los patricios unode quien se- 
ria cliente ó protejido. Prescri- 
bió los deberes de nnos y otros 
y consiguió hacer q«e te ama* 
sen. La opinión fortificada por 
el tiempo acabó su obra, y á tan 
aogosla tastituclon, debió Roma 
su salvación en aquellos dias de 
borrasca que corriera el imperio^ 

Los potreaos debían ayudará 
S19 clientes con sos consejos y 
su créditjoc les^splieabon las le^ 
yes ^e no estaban en estado de 
conocer/ Los defendían jurídi- 
camente cuando se velan ataca- 
dos en sus derechos ó propiedad 
des ; sostenían altamente sus 
intereses, procuraban colocar á 
sus hijos, y solicitaban en su fa« 
vor tas mercedes y gracias de 
los majistrados. Favorecíanlos 
en sa comercio ó en sus empre- 
sas, y los socorrían en susdesgra- 
cías. Frecuentemente se vieron 
en familias ilustres preferidos á 
loa parientes estos homildes a- 



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Ui HISTOKU 

migos, ya como herederos, ya co- 
mo candidatos eo los comírtos. 
En tiú, un patrono verdadera- 
mente digno de este título, vela* 
iia sobre sas clientes como un 
padre sobre sus hijos-, se onra- 
ba con sus virtudes y gozaba con 
sus prosperidades. 

Kl cliente hacia mucho ma^ 
porsu patrono; leconsuliabn en 
todas ocasiones, le tributaba los 
deberes de costumbre^ y estaba 
adicto á su persona. Jamás deja- 
ba de seguirá pie ^u litera cuando 
iba al senado, á los tribunales 
y á las asambleas del pueblo, 
para dar á su marcha el aspecto 
de un triunfo. Yivia eo cierto 
modo bajo la dependencia de su 
ilustre protector^ debia darle su 
voto en los comicios; y aun esta- 
ba obligado á proveer al dote de 
sus hijas sí no podía casarlas, y 
á su rescate si era prisionero de 
guerra. Ayudábale á restablecer 
8u fortuna si algún accidente le 
perjudicaba-, y si moría sin he- 
rederos ó sin haber hecho testa* 
mentó, su patrono le sucedía en 
todos sus bienes. 

Estábales proibido á entram- 
bos el acusarse unoá otro ante 
los tribunales, servir en ningún 
caso de testigo uno contra otro, 
y unirse con sus enemigos recí- 
procos. El patrono ó el cliente 
convencidos de haber quebran- 



tado esta proibícion , se vetan 
sujetos á la ley espedida contra 
los traidores, y podia uno dar la 
muerte al otro. Ya no se vela eti 
ellos sino á víctimas consagra- 
das á loi dioses infernales, y su 
memoria era ecsecrada por los 
hombres. 

Los hijos sucedían á los derechos 
desús padres sobre sus clientes, 
sin que en ningún caso pudiesen 
estos mudar de patronos. Desde 
Rómulo, pertenecían á las mis- 
mas familias sin que se hubiese 
invertido este orden. Si un jefe 
de familia patricia moría sin de- 
jar sucesores, sus clientes e^- 
cojian otro patrono; y del mismo 
modo los nuevos ciudadanos que 
cada día entraban en Roma, se 
aderiaa bajo el mismo título á 
alguna casa ilustre. Aun se ade- 
lantaban á sus deseos respecto á ' 
este punto, pues como los patri*' 
cios daban una grande importau* 
cía á verse rodeados de multi- 
tud de clientes, no perdonaban 
pasos ni promesas para aamen-* 
tar su número. 

Sin embargo hay que mani- 
festar que sin destruirse esta ias-' 
títucion, el tiempo le gastó lo - 
que tenia de mas noble y afee-- 
tuoso. La fortuna escesíva de la 
mayor parte de los patricios, y r 
el orgullo que fué su consecuen< . 
cía inevitable, hícieroo de ellos 



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momAi^k. 



5% 



protectores aHsoerosy fkstuo- 
io«; j ios clientes llegaron h ser 
ávidos eortesanos, mas oOeiosos 
qoe llenos de afecto, mas sumi- 
sos ^e flelee« j que snfrian k 
sus patronos sin amarlos. Admi- 
tidos en otToMeinpoá la mesa 
de sa soAor, estaban en eierto 
modo agregadiM á U familia. Es- 
te aso se encontraba apenas ya 
en algtinés vie|os romanos» le- 
losos de ronservsr sos costum** 
bres antiguas. Por do quiera se 
distribuían todas hs.maAanasá 
kH etientes algunos alimentos, 
bajo el tf lulo de ipúrtula, nom- 
bre latino de nna especie de ces- 
to en que los esclavos hacían es- 
la distribución. Has frecuente* 
mente este sMorro diario se ha- 
cia salario vergonxoso para el 
que lo deba, y mucho mas para 
el que lo redbta. k pesar de es« 
tus mudancas , el derecho de 
f Ueutela Inspiró ttempre mucho 
respeto. El principio no habla 
variado, las leyes eran las mis- 
mas; la alteraeion de tascostum* 
bres4esnaturaKzd los resultadoa 
aia atacar & la inatitttcioo* 

P^ro estas teye^ tan posHi* 
vas ¿hablan perdido m efeeto en 
los deiiateis que «ijttaron por tan- 
to tiempo á los des drdenet? El 
roerpo entero de lo* plebeyos a- 
ticendir abiertamente á ios' pe* 



culpaliles; todoi inearrteron en 
la pena eapltai. Difícil es en e- 
fecto conciliar los pesos violen- 
toa del pueblo romano con e«e 
pretendido respeto i ana Jefes. 
Los hÍj(toriadores al transmitir- 
nos esto4 grandes acontecimien • 
loa, se han limitado á darnos á 
conocer los resultados y toilos 
han omitido los detalles que po- 
drían esplicar esta especie de 
contradiceion. Acerca de este 
objeto no podemos hacer sino 
simples conjeturaf: es de creer 
que entonces sucedería lo que 
en nuestros tiempos hemos vis* 
to en ocasiones menos importan- 
tes. Cada eliente miraba secre- 
tamente por su patrono al per- 
seguir con calor el de su vecino, 
y el orden entero consiguió su 
objeto sin que sus miembros a- 
pareciesen r ulptbles. 

8i en esta asociacioo la balan- 
t% se inclinaba á favor de los pa- 
tríelos, los clientes á su vez po- 
dían gozar en el estertor de los 
derechos de patronato. Los poe* 
blos sujetos á la dominación ro- 
nMma, acostumbraban eiejirse 
entre sus ciudadanos mas acre- 
ditados un protector que pudie* 
se hacer moderar las contríbu- 
clones que les imponían, vijilar 
en la elección de los majistrados 
que larepábiica les enviaba, y 



irieioa/ todos loa clientes eran ! ser el ájente directo de todas st|S 



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Sfe^ OiSTOltfA. 

negociaciones. De ordinario á 
quion los habiaconquisladücon- 
cediao este onor que no siem- 
pre era estéril; y como todos los 
ciudadanos sin distinción podían 
llegar al mando de los ejércitos, 
un plebeyo que había sido clien- 
te en Roma^ podia llegar á ser 
prolector de reyes. 

Machos no comprenderán có- 
mo podria serse á la vez noble y 
plebeyo. Todos los patricios in- 
dudablemente eran nobles, se- 
gun la signiGcacion literal de es- 
la palabra, pero ai^ui se designa 
mas purticularmenlea los que e* 
ran revestidos con los primeros 
cargos déla república. Muchas 
familias plebeyas eran nobles, y 
semejante titulóse podia dispu- 
tará muchas familias patricias. 
Un ciudadano poco conocido que 
obtuviese una gran majistralura, 
se le daba entonces el nombrede 
hombre nuef>o\ echaba los funda- 
mentos de la nobleza de su raza^ 
y cada cargo del mismo jénero 
que poseían sus descendientes, 
añadía á aquella un nuevo gra* 
do. Para conservar de ella un 
recuerdo auténtico, las leyes 
autorizaban á todos aquellos cu*- 
yos antepasados habían ocupado 
en el estado altos puestos, á que 
conservasen públicamente sus 
imájenes, las cuales se modelaban 
en metal, enmármol,en madera 



ó en cera, que era lo mas frecuen* 
te. Estos simulacros dispuestos 
con orden en el atrio ó pieza 
principal de una casa, consti- 
tuían su adorno mas brillante. 
Estaban encerrados en cajas ó es- 
tuches, de los cuales no se les 
sacaba sino para pasearlos por 
la ciudad en las Gestas solemnes 
ó en las ceremonias particulares, 
tales como los triunfos, ovacio- 
nes, pompas fúnebres, etc. Allí 
colocaba cada familia con com- 
placencia estos nobles testimo- 
nios de su grandeza-, allí podia 
leer cada uno los títulos que te* 
nía á la consideración pública, y 
por un postrer omenaje tributa- 
do á la memoria de los grandes 
hombres, se escUaba á sus hijos 
á imitarlos. 

Los cargos que daban el dere- 
cho de imájenes, eran los de so- 
berano pontífice, dictador, cón- 
sul, pretor, censor y edil curul. 
Añádase á estos el interey y el 
rey de los sacrificios. Estos dos 
cargos, que el uno era el reinado 
de un momento y el otro un tí- 
tulo vano, daban brillantez á las 
familias; y el recuerdo de una 
grande autoridad, siempre con* 
servado á este nombre de rey, 
parecía obligar al respeto á los 
mismos republicanos. 

No bastaba sin embargo haber 
sido revestido de una dignidad 



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fHinil p«ra dejar i'kus hijos •! 
défMbo de imájenes; era Dece* 
•ario haber lleoado lodas las o*> 
bügaeionés de eqoella. Una dis«> 
tinción que débia esteoderse has- 
ta ia posteridad mas remota, de- 
Ma concederse eon miramiento, 
Reusábase á los que hablan pre- 
iraricado en el ejercicio de sus 
funciones: y ann mucho tiempo 
después de su muerte, si se lle- 
gaba 6 descubrir que se hablan 
hecho eulpablea dé alguna ae<» 
eioü vergonzosa, se procesaba 
M memoria y se rompían públi^ 
camenle sus imájeiles. 

La nobleza formaba en Roma 
un cuerpo muy poderoso y con- 
siderable, cuyos miembros pa* 
reciao repartirse todos los car- 
gos importantes. En las eleccio- 
nes se dirijian á ellos las mira- 
das de la multitud, teniendo en 
cuenta los servicios de sus a- 
buelos y esperando de ellos os- 
tros semejantes. En vano la es* 
perténcia de todos los siglos ha 
demostrado que los héroes na- 
cen sin sos antepasados , to- 
mo mueren sin posteridad; la 
opinión destruye el efecto del 
razonamiento, y todo hombre 
deja á sus descendientes la glo- 
ria ó el oprobio de sa nombre. 

Si los depositarios de la auto- 
ridad civil gozaban en Roma de 
distioctoftes taa brillantes, oo 
TOllO xiu. 



pUebtoeottquIstadorbiaotonnM* 
cho lüat coa el ^ércitoi Ijis re*- 
compeásM concedida^ á los q» 
en él se dftttágttfaki, eratt^Uama- 
das propiamente oüareí mit{$m- 
fff9 los<€uale*er»p propordonai» 
dos á k natnraleza é Importan^ 
cia de* ia acdos á que dabas 
lugar. 

El jeneral en Jele que bable 
gaoedo una batalla decisiva» es 
donde al neaos pe r e cie ran eia^ 
comllenem^i^os, podia pretender 
el triunfo • Para esto dtrljta $4 
senado una retacidn ^esacta del 
combate^ tióia á ella «t estadé 
de las pérdidas del enemigo 7 
de las evyas propias^ afirmado 
por juranento ante su enestor) 
esponia las ventájat de sii cmh, 
quista y fdrmulaba sú«petletim> 
Si la victortí bebía eoseiielMKlo 
Iqs límites el imperio^ si no se 
habla compradamufcaM, si la 
guerra se habla terminado, 7 m* 
taban acordes él seaffido, el pue- 
blo y aun los tribeños, se le de- 
cretaban los onores del triunfo. 

Eotoneea volvía á Roma á la 
eabeza de sn ejétcito; y por un 
decretoeapecial se le contedla po^ 
un dia solamente^l mando mi-* 
litar en la eindad, en donde IK 
autoridad de los majisürados y 
aun la de ios mismos cónsules, 
parecían rendirse ante la' suya. 
Gerrábense les Irttmnales, sus^ 
8 



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pendíanse tbdos los negocios, lo- í acuérdate dé que no eres ma« 
do era alegría y movimiento en que un hombre. Por una conse- 



aquella Roma, en donde pue- 
blo innumerable de los punios 
•mas lejanos se agolpaba para 
gozar de un espectáculo que aun?- 
.que frecuente, jamás había de* 
jado de interesarles. * 

La marcha principiaba: veían- 
se aparecer las bandas de músi- 
ca Uicüodoy cantando imnosde 
Iríunfp: seguíanle muchos loros 
completamente blancos y con los 
cuernos dorados; tras ellos iban 
k)s despojos robados, á los ene- 
migos, y grandes tarjetones con 
los nombres de los provincias 
conquistadas. Los cautivos se 
preseoiaban encadenados, des- 
pués iban los lictores con los 
hares rodeados de laurel; en 
fin entre dos filas de niños con 
pebeteros en donde ardian los 
perfumes mas esquisilos del O- 
riente, se presentaba el jeneral 
raontadoeo un carro ma^fnífico y 
lirado por cuatro Ciiballos blm- 
cds. Tenia todos los atributos 
de la dignidad real» el traje de 
púrpura bordado de oro, el ce- 
tro de marfil y la corona de 
laurel-, pero para destruir en él 
los efectos de estos símbolos del 
poder, un esclavo montaílo en 
el mismo carro con una corona 
de oro y colocado detrás, le re- 
petiü por intervalos en voa baja: 
ve 



«uencia de este mismo principio 
de humillar al triunfador al on* 
rarle, se le obligaba á depositar 
el anillo de oro. y á llevar el de 
hierro concedido á los plebe- 
yos (1). 

Alrededor del jeneral iban a 
caballo los prirrcipiiles oficiales 
del ejército, y los soldados ce- 
rraban la marcha con coronas de 
laureL Cantaban las alabanzas 
de su jefe, y por una licencia 
tolerada, á estos elojios añadiaa 
burlas picantes. > 

Los sacerdotes de todos los 
colejios, el senado y los majis- 
trados de todas clases contri- 
buian personaVmenle al brillo 
de esta ceremonia. Después d« 
haber atravesada la ciudad en-r 
te r a la pomposa coruiliva, llegaT 
ba al Capitolio, El triunfador, 
colocaba una corona de oro sa* 
bre el altar de Júpiter. Inmola-^ 
banse las víctimas y después en 
el mismo templo daba un ban- 
quete mas notable por la solem^ 
nidad del lugar que por la sun- 
tuosidad de las comidas que ea 
él se servían (2)^ Llegaba po^ 

(1) Piinio, lih. XXXín,wp t^"» 

(2) Estas comida» estaba -é W^tU» 
de color rojo. La esíálua del din», f ^ 
triunfador mianao estaban pirttalo» oo» 



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<Méfi:^aiuliiciajiiiirj«kíara<rA m 
caMk LiirluziW««a MuHilull 'de 
aatorohas^ |g»«qiaiiaiáoDQS- 4U 
pnefefkD j ta espeeiü d» ^dtaóiv^ 
é^ft 9it. acompaiá irfMif re ' ^á| 
ate narcka lioctuiiM, daban «^ 
eetfl 'fiesta' jigaüte^ba : M - ceiéeu 
ter imposible de4«Aalr. * 

Aestedianoaegúta otre Im*!- 
Ilaole porqtie la aaroi^e áisipelnk 
^ra siempee el eaefo tMl eo* 
eanlaéér' i|iie fvdtera fMnai^ 
eriaiara bruiana; El que la ?it^ 
pera era^tode eo fltoaaa^ ya so* 
leoiaadmrMéd «101 mV ana lm«i 
pas safíao de la ciudad^ x ^^ 
deépojate la ropa de* papara 
para lewitr la toga de tíMéaúuia. 
Féro el jeoeral m» iMibia gozaj^ 
jledeées taoreadel triunfo». de 
repente se^eía k4% aHiieade ios* 
etadadaoos ana ilaatreSk Seotá* 
bt^eo la aifla eutul, . UevaA^ le 
corona > «riaoCal ea Iba: Jtiegoa 
póUieeej aeotiba^ es el' aeaa-^ 
df^'MB descéodieiitea goiabaa 
del dereche de imé(¡eM$, BttjDomt^' 

btnstlloii. .Plí|iía4iftr<f|f«^ BQ^ P^t^ 
•aiy^ar ,«1. Ofijea de aftf- cosiai^br^ 

caofa <]oe.lM bttiJat (^ lof. soldado^, f^ 
U circunstancia del esclavo coronado, 
a dedr, qo^ manifettabá el ¿tsto de 
moderar é) brillo del Wiunfo, áseme- 
jáiáaoM'éb'éí^tó'mbd&^áliinoiMtánía* 



i Beaaaa^ jr fsselodiflldefieribdei^ 
:ja*e'recMfdé8 eifarvee.;- v* <* > f 
i^iVerte pedemee 0Mcl«ir"e8lii 
relacioD «ioimenelÓDarv algimáé 
cire«BalaQciaaed|o«iíÍ¿PoÍafiioi 
celMr oti.biBQhoai«ies:á(ifilHiaHiu 
Bol'Ve; idigámosto •9ii|«ierii ca^ 
Ye«geMaide la :b«iÍMÉddad: *lo8 
des«aiitaredoé;reirfiro»ifde'préM 
oediiiniaL4riuiifailery''erao aae-» 
^inbésieíD d<nQpieio»ip»r>6rdent 
sn5& untée^le entrar eei el -C^pi^ 

Todo8 los triunfos qo ipm 
gÍMtosoii^Dlidieeiievaa ^todea las 
betaUfai; Sitla'i4auiitta nd ser fae^ 
tnaídiiil^uftedoiiy sea eoMéeae^^^ 
cieaj;ecalB ¡poGeí'impQrliQtei'fMrM! 

(foéjanq dbiraaeteglüefrev el a<^^ 
aeéeloodeedia stytañ»9té iiD'^^ 
qdeSb tftuiif^^ll^dUiii»! eireelouv 
poiqaeb»itt lo^asaf swrtfieiHt 

JefteraLiufealiailo'SfiM^eobre úúi 

ÍÍ}^^^mBn¥ig¡éMo tqui H of^fáion 
dePt%»aMd*^éAiié«^ OiW^pe^etfrnr^ 
roailttdaiéiUadMmie'ii» eirriiU -la 4if ^' 
fii^íVjc^iliHerei'dfttaiiilHlkratperi iioa> 
b^pai()i¡eidQk^^f#poataQÍepitt i^mejh'de, 

^^'^W^.lPf't' ^»»W. Iw ?<€»•»¥ f»' 
ODA fiesta qiilitar* 

^gnn moceas autores Op^u^ viene 
de 'éMÚrínoír, clamor, gríió dé alegría, 
del cual los latiaoe han formado el verbo" 
fifiirí'i'' áéé^ú €Ífátí¿t y eá tú óyaiio 



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60 RISTOSU 

carro/iba coronado de mirtOy en 
vez de laurel; la trompeta £:ue- 
rrera era remplazada por la Cau- 
la melodiosa*, llevaba el traje 
blanco, y en la mano una rama 
de olivo que parecía recordar 
una acción pocosangrienta. Aun- 
que la ovación fuese muy infe- 
rior en opinión de tos romanos, 
al verdadero triunfo, se conser- 
vaba cuidadosamente su memo- 
ria y siempre se podía recordar 
en los títulos que podía t^ner 
una familia á la consideración 
pública. 

Después de una victoria, si el 
jeneral babíQ mostrado valor y 
habilidad, y era amado de sus 
soldados, á quienes miraba por 
sus primeros jueces, le procla- 
maban imperator en el mismo 
campo de batalla, espresando de 
este modo que era dif^no de man- 
darlos. Desde esl^ momento sus 
lictores rodeaban pus bazes de 
laurel; los soldados adornaban 
sus picas, y las cartas que dirijia 
al senado iban igualmente lau^ 
readas.Sise aprobaba su con- 
ducta, se ordenaban rogativas 
públicas, 7 se le decretaba el 
triunfo, la ovación, 6 la simple 
conGrmacion del título de impe- 
rator que llevaba hasta su vuelta 
á Roma. 

Descendiendo de estos ran- 
gos elevad s, habia dístiaciones 



para aquellos que se señalaban 
en los ejércitos; y cualquiera 
que fuese su grado, jamás una 
buena acción quedaba sin re- 
compensa. Estos ouores, siem- 
pre apreciados, sacaban poco á 
poco á las familias de su primi* 
tiva oscuridad, y les preparaban 
otros mas importantes. 

Al primero que habia pene- 
trado en el campamento enemi- 
go ó forzado sus trincheras, se 
le daba la corona llamada cas* 
trensis 6 vallaría, cuyos rayos 
eran de oro, y representaban las 
empalizadas que deQenden un 
campamento. 

La corona rostral se formaba 
como ya hemos visto de muchos 
j picos que semejaban á proas de 
buques. Concedíase al jeneral 
que habia alcan/ado una victo- 
¿•ia marítima. Pocos romanos 
Uivieron este onor. No hay que 
confundirla con la corona naval 
que se daba al primero que en- 
traba al abordaje de uu buque 
enemigo. 

La corona muraf era recom- 
pensa del primero que habia es- 
calado las murallas de una ciu* 
dad cercada, ó que habia «aira- 
do por la brecha. Era de plata 
con torres de oro. 

La corona obsidional, mas es- 
timada que la que acubauíoi de 
citar, se daba al jeneral que ba- 



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Mt tltiertaM á loi MiaMS ite 
10 tUio^iyi mm mwM dvdady jr* 
Mm f *«fMiiBéato. Bni é% «ini« 
pto ffénili 6i|kM M^et nfniD luí* 
gtr <!«« oeópii^^ii fiM:rtUa4orM; 
mieotrasque laitdirts etlatoa 
formadas de metales preciosos. 
EntoBces se ereia que el que ha- 
bía salTado á sos conciudadanos, 
no podia ser pagado sino con el 
oQor» y que la sencillez de la 
recompensa realzaba su brillo. 

Por esta razón misma la coro- 
na chita que tanto se apreciaba 
en Roma^ estaba beeha de o jas 
de encina. Dábase á aquel que 
babia salvado á un romano en 
una batalla. Es natural creer 
que las ocasiones de coBce4er(a 
bao debido reproducirse ince- 
santemente en un pueblo siem* 
pre en guerra \ pero las obliga- 
ciones impuestas k los que las 
pretendiao^ se multiplicaban de 
tal modo, que ae hacia diflcil oh* 
tenerla. Se ecsijia primero que 
el que habla sido arrancado de 
manos del enemigo fuese ciuda- 
dano romano. Era necesario que 
este enemigo á quien iba á ma- 
tarfuefe muerto en el mismo 
sitio: esto no era bastante; el 
paraje en que babia pasado la 
acción, debia quedar en poder 
de los enemigos, durante el res- 
to de la jornada. En fln, era ne- 
cesario que el romano presenra- 



61 

do de 4a araerle^ la dedaraao 
pébHomanle; (1), ^ém no sé 
admitía oaroi ttiCgnM 

> Deapnoda li Hdíorié, distri- 
béia!'si«mpreek|enaral dalaoia 
deta)érüitirnaaaié9.la8 receta- 
pansas miUtaraSw^<hteiaa sa- 
lir de las Alas á estos dignos sol- 
dados, se dirijia á cada uno de 
ellos una corta arenga, relativa 
fría acción que hablan hecho, j 
les daba el premio por su roano. 
Esceptuábase únicamente la co- 
rona cívica: el ciudadano que 
habla sido salvado, la daba él 
mismo k su libertador en pre- 
sencia del jeneral; llamábale pú- 
blicamente su salvador y su pa- 
dre, y por el resto de su vida de* 
bla manifestarle la ternura y ei 
respeto de tni hijo. 

En ocasiones menos importan- 
tes los jenerales daban á los ofi- 
ciales una espada, un escodo y 
un clnturoo enriquecido de oro 
ó de pltfta; á los caballeros un 
casco, ó ricos arneses; á lossini- 
ples soldados, brazaletes, un co- 
llar, una pica, etc. Estas recom- 
pensas se conservaban en las 
menores familias con el mismo 
cuidado que poaian las grandes 
en guardar las imájenes de sus 
antepasados. 3e las colocaba con 
complacencia en el lugar mas vi* 

(1) Psmo» lib. XVI, ttp. if . 



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62 



HirrcmiA 



sible de una casa. Se las presen- 
taha en público en ciertas oca- 
siones. Los que las habían obte- 
nido se elevaban de grado en gra- 
do á los primeros puestos mis- 
tares-, llegaban k bqv centuriones, 
tribunos d^loi soldados j aun je- 



nerales. Podían en loscomícidflt 
aspirará las grandes majístratu^^ 
ras; y asimilados de hecho á lo^ 
mas ilustres ciudadanos de Rot¡ 
ma, participaban de los mismos 
onores y ventajas. i 



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monjfft rélüious. — Viudat. — Divorrio. — Anfiteatro. —Cómbales á^ivcHóV. 

' «:.JbégoJ'Uoí^W.'<^'TeaÍrovdecor&cn>b«f. ' '. ' " '-^ 



If.M-i 



o. 



ti f, 



tabaa: taretlMpsde hi tooloridod 
oo 9fcttpnifaieJerGia»;:yi9<(Mr lo* 
das pátleftiÉir)^éder ticuM^^ iMt*4 
recto ¿combatffi vi poflei* tejiit'^ 
Hio;' IVida .dflijitiHiNi^tte hftya^ 
«les «m^leiMa pii»;distidgaM 
Ms Afdreliles^áfoiHitedai deque 
m- etmrpORia 0I goliierdo de fto^ 
m», telásMoiir iea 'üa)i8lradosde 
dff^rsosrMigefy é iadíMr la oa-» 
t#nitaz»i<le anS' ftoaiíaiMa é la 
eilefiaionrde awaiMbiteioBes 4íh 
tereole»; aoiaerviría^ aino para 
lraeiv.ari eui|iro.'idipaíTfeeto¿ si 
omitiésemos d»- á 'ccuiocsruaq 
elase'dé'>i*4ad8danaé ^a« lenta 
f^k tit:í)«eiicfaini|y;ftuiiHSMbi bíí 
ki8 tiefOcéáavpáMjooavflnn' onua 
detbalMrripbiéaAdo mr aiClil(»j0«U j 
latto^de lodo: poder te^U'dabaa 



ae^re at «puaMO'. era tanto maf 
aeliiu»^ anaot^obran^Jie^pre 
en.aü oMakte^ ÉolaoiaÉ «que tin- 
mer el mp paractMn éM^eapodsa- 
blaa da.fiaa m^idaft deifpiewae 
ereiaMítor. Emcaenlenentepo* 
Dta04rabaa> aAféatébleelnMeotoda 
\w leyes iiiBS:rfrbiaft9:)neofeaaraia^ 
aliididft taa*ecaéatetate6;^e9oatfr 
bao el juMerdenloa jfjiudadaiu)! 
jttaa itoliraa, >fca|ó ))retealM6a^ 
pMiOsoa^.iéiiloa.d^eftdiaii' coelra 
Au^f luddadai fionaacífpMs; . i>eo 
laucaban» al ( rñffá, ; pedd idirifjaai 
aQafOrfpeaotf.aainfliJMUyMial pilo^ 
to^ cpie'OOD éw^iMiief IraB^uilf 
anpda>al.Oi|íaBeiJFritado^l difi- 
jíaHi;laa oteada» daia(|ii0l pdehio 
UimiiltaQao4|ttej se-eonicerlia :.eai 
idetraaaeniétde aa»^yDt^oto4ea j 



;''i.. 



V ^' 



. ifiatoa^hiir loa evaderea^eapii^ 
eier 4a «oqiareekxiíaaeqeéiBflÉe 
BO taetBtaAfibaeioftjiíB0Qafajp&- 



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64 

sitiva. y cuyfl influencia *e hn- 
cia sííotir por todas parles, que 
no tenia autoridad alguna, y que 
se repartía todos los destinos; 
en fin, que habituaba insensi- 
blemente al pueblo romano á oir 
810 cesar los mismos nombres, y 
á ver por todas partes unos mis- 
mos hombres. Vióseles hacerse 
arbitros de la paz ó de la guerra, 
deciilirde la suerte de los pue- 
blos y de los reyes, arrojar la re- 
belión en el seno mismo de su 
patria, y poruña recompensa fa» 
tal, perecer en el tumulto que 
ellos mismos habian escitado. 

Jodos los romanos que esta- 
ban revestidos de grandes ma- 
jistraturas eran necesariamente 
oradores. La rivalidad que sepa- 
raba á los dos órdenes del esta- 
do, las acusaciones recíprocas y 
unas mismas intenciones, obli- 
gaban á los jeres de facciones di- 
ferentes á emplear armas igua- 
les. Muy amenudo, el puro a- 
mor del bien público y el deste- 
llo del jénio, inspiraron á dignos 
ciudadanos rasgos de elocuencia 
qye los colocarán para siempre 
en el rango de los mas grandes 
oradores. Pero no es de estos de 
los que queremos hablar, sino de 
los que veian en el arte oratorio 
un medio seguro de llegar á un 
objeto puramente personal, que 
envilecían con una codicia ver- 



gomosa los talentos que el cielo 
se dignara concederles, y que 
dejando á otro la práctica de las 
virtudes, solo poseían una vana 
declamación. 

En Grecia la primer necesi- 
dad del orador era adquirir re- 
putación; quedaba satisfecho si 
su nombre resonaba en los dife- 
rentes pueblos de la Ática, y 
las ventajas mas reales que po* 
dia obtener no eran bastante 
importantes para fijar su aten- 
ción. En Roma al contrario, el 
poder, los onoresy la fortuna 
misma pertenecían esculsiva* 
mente á los que gobernaban en 
su nombre; y el número de las 
majistraturas, ó de los empleos 
menos importantes, era dema- 
siado considerable para alimen^ 
tar la esperanza de todos los 
pretendientes. El oro de toda la 
tierra y los poderes que rejian 
el universo, allí se repartían; y 
el que llegaba á apoderarse de la 
porción mas pequeña de aque- 
llos vastos despojos, se veia de 
repente mas rico, mas poderoso 
y mas absoluto que la mayor 
parte de los reyes. 

Tal era la carrera abierta á 
los romanos; y cuantos se ha- 
bían ilustrado por acciones bri- 
llantes, ó cuyo nombre presenta- 
ba felices recuerdos^ entraban 
en ella sin dificulldd« y la reco- 



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ÜOliAflA. ^ ñK 

piaii coo^ nia< ^^mep^ f^S^?9 «j.soifti^iento fotimoi^e sus t^- 
segup la Dat.uraleka de 8i|s Ta- lehtós^.d (||ue sopliá i ellos l:íoii 
Jipptos. Pero si ui^ ciudadano síp j I9 áudacia^^^oiab^ átreyfdan|ieii- 
jDadp[iientonl ["ortMna. m bjiVer te la pafabra én jas asambleas 
bechp a su j>atnaemiñeDtés!ser- ¿¡qpniares^ bastábale. 8^\ ti'tulb 
vicjosdeseaba figurar, DO tenia/ 
5iue esperar nada sino ¿íe &( misi-; 



dé ciudüdakio: como W 



ipo. Todo le fai^bay á to<íp te,- 
Qia que suplir; su pHmer cui- 
dado ei^a oi'uítar bajo uria bu-' 
mildad ^njida/ proyectos qiie 
otros copcurrenfes igualmente 
^^itcilos^ hubieran hecho abor- 
Uir desdé el ,prin(^ip|ó. Forzado 
,¿ replegarse sobre 9Í# cubría su 
aipb^cioQ con el veto d^ lá indi- 
ferencia. Concentrado eq su in- 
terior obraba con, mas fuerza; 
se ecsaitaba, seinflamalÍB-^aqué* 
lias ricas provincias qué &e dis- 
^tribuían ine^santemente á su 
alrededor, aquellas. súbitas Tor- 
tunas» aquellosongres inaúdito^^ 
cuanto veía y oia alímentabá.su 
^esperapza y nutria sus ilusiones 
U^onjeras; ]sus ^oéfios sé adelan- 
taban^ f I tÍ9n|po»^ prodigándole lo 
Íne tiddavia le reusába la ver- 
ad; en fin, ii alonas circúns* 
. toDcias felices le permitían dar 
^fí primer pi^sp en, la vía de los 
jcmpres, 9I punto abandonando 
los v{i^nos rodeos, marchaba rec- 
^fajbénte á su objeto. Pero \ qué 
^de paciencia y de trabajo era 
.necesario para conseguirlo! En 
Atenas, todo hombre que tenía ]ifciio%i 
TOMO xm ^^ *' ' '^ 



del estado tenia dereqhd á di^ 
cutir los^ intereses comunes; V 
jsi^sus esfuerzos no triún^ábáiL 
el (^ambr público lo obligaba ^ 
entrar en el rango de que no á'e-^ 
biera baber salido. En koma 
por el contrario, ei\ dérecbó de 
subir ala tribuna estaba reser^ 
vado á las magistraturas mas im* 
portantes: ante^ de estar revés* 
tido de ellas, efq pece^ário ha- 
berle d¡stingi|idp largo tiempo por 
el uso habitual de la eipcaen- 
cia del fo|ro;y éstos tálenlos^ m 
adquirían iosjensiblemen^e'coD 
trabajos sostenidos. 

Eljóyén romanó prlncipiáblí 
desde luego por servir en los'e- 
jércitos de la repóíblíca; f por?» 
jLándpse fn ellos jqón bpor,' ad- 
quiría el derecho de hablar y dé 
aprobar o criticárlibremeate las 
diferentes operaciones. VuéliX) 
á la vida civil después Áé. diez 
años de servicio milita fjflj, se 
daba al estüilió de la.iurísprill 



i'.f! 



(i) Vw^m, Ub,.yi, a,p, ^y^^li^iui 
^rnano, dicei paede pre.ieii Jer eispleoí, 
•in haber férvida diet «áoa eii los e- 



r. L 



^ 



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mytsmxK 



dencia, A poco conoció todas las 
leyes, las citaba á propósHo, y 
podía referir la historia de cada 
«na \ seguiíi los IrihuDales^ a- 
sistia á todas las asambleas del 
pueblo, y de este modo prepa- 
raba á todos sus conciudadanos, 
para que viesen en él un hom- 
bre, únicamente ocupado del 
bien público. Uníase desde lue- 
go á alííuh jurisconsulto célebre; 
seguíale sus pasos á los lugares 
públicos-, y á Tuerza de perseve- 
rancia, recibía de él lecciones 
provechosas. Alumno diestro, 
alababa en todas partes los ra- 
ros talentos de su maestro, pro- 
curando inspirarle interés, y de 
este modo se insinuaba en su 
confianza, y aprendía de él los 
secretósdé su arte. A su vez, el 
maestro hacía valer al discípu* 
lo, y citaba su nombre c<ín elo- 
jio^ sin pensar que un día podia 
hallar en él un competidor peli- 
groso. Entretanto se enteraba de 
ios negocios y 4® su curso. Lo 
que había visto por él día y los 
discursos que había oído los me- 
ditaba, procuraba recordar lo 
que mas le había chocado; y él 
mismo rehacía los trozos de que 
DO podia acordarse, supliendo en 
él la imajinacion á la ínsurieien- 
cía de la memoria. Alentado por 
esla sombra de triunfo, escojia 



seguía con aplicación, y bien 
pronto sonreia á su primera o» 
hra. Una nueva dificultad sepre* 
sentaba: la declamacian le de- 
tenía ál momento; era necesario 
renunciar al fruto de tantos tia- 
bajos ó triunfar de este ostácu- 
lo. Pero ¡qué no hace la sed de 
las grandezas ! Nuestro joven as- 
pirante estudiaba el órgano del 
lenguaje, depuraba su diecion 
y la sostenía con jestos nobles 
y espresivos. Descendiendo en 
seguida á menores detalles, a- 
prendia á manejar la toga con 
gracia, daba a su marcha mesu- 
ra y dignidad; y no olvidaba ni 
aun el cuidado desús cabellos, á 
fiu de que todo en él ofrecie- 
se un acorde perfecto. 

Entonces se presentaba ante 
un tribunal, y defiMulia con ca- 
lor la causa de algún pobre ciu- 
dadano. Bien pronto se notaba 
su talento y se le aplaudía. Ele- 
vábase gradualmente á los asun- 
tos del estado; y en fin, ponien- 
do en evidencia aquellos talen- 
tos que se había esforzado á ad- 
quirir secretamente, emprendía 
ante el pueblo reunido en los 
comicios, la defensa da un ciu- 
dadano acusado públicamente. 
Conociendo el imperio de las 
pasiones, porque él misino osla- 
ba devorado de ellas, prófuudl- 



UD 



objeto, concebía su plan, le I zaba los medios secretos de es 



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A0« 

ollar en su auditorio aquellos 
movimienlos rápidos que arran- 

^ cao á la mullilud tas decisíooes 
mn$ miportanles. , 

^. Cuíi?ído el joven abogado se 
distinguía ya por su elocuencia 
j se anunciaba que tal día debia 
defender un negocio, acucia á 
oírle la multitud de los ciuda- 
danos. Los jueces y los especta- 
dores le escuchaban con igual 
atención, v allí apuraba los re* 
^cursos (¡él arte para inclinará 
lodos en favor de su cliente. 

Sin renunciar eateramenle á 
las ventajas de su profesión, el 
joven defensor se manifestaba 
moderado en sus ecsijencias; el 
amor de las riquezas se callaba 
ante ur.a pasión mas fuerte lo- 
davia. Llegaba el momento de 
fecojer el frutode tantos cuitla- 
dos-, declaraba públicamente que 
aspiraba á la cuestura^ y se pre- 
sentaba en lasasarableasdel pue- 
blo con una toga blanca, anun- 

«^^p de sus pretensiones. Solo 
después dedos años enteros po- 
día esperar la consecución de su 
deseo; y lejos de desalentarse, 
redoblaba su /elo y sus cuidados. 
Entonces cambiaba de modo: des- 
pués de haberse distinguido por 
sus talentos, se esforzaba en se- 
ñalarse por su modestia y cir- 
cunspección. Frecuentaba* los 
templos con asiduidad*, sje hacia j 



AWA. 67 

grato á todos los ciudadanos por 
sus discursos, relativos á su edad, 
á su rango y á sus funciones. 
mPadre mió, decia á los ancianos 
»con la espresion del respeto, 
»¿no volveremos á ver aquellos 
■diasde gloria y de virtud que 
«brillaban en la antigua Roma? 
"Todo dejénera : ah ! estamos 
• muy lejos de nuestros antepa* 
Msados. Hijo mió,' decia á los jó- 
«venes, vosotros sobrepujareis á 
^vuestros padres-, dichosa la pa* 
»tria que cuenta muchos hijos 
«como vosotros!» Compadecía á 
los grandes por versé incesante- 
mente espuestós á la Insolencia 
del pueblo dicíéndoles: «Y qué, 
»el nacimiento y el rango ¿no 
nserán orira.dos nunca enasta 
•ciudad corron^pida? ¿Veremos 
«siempre á los hombres mas 
«distinguidos contradichos en 
«público por plebeyos oscuros?» 
Entretenía á fos ciudadanos po- 
bres con distribuciones de tri- 
go que se ibaná hacer, ricos des- 
pojos y reparticiones de tierras; 
dejaba entrever para dicha del 
pueblo proyectos que la pruden- 
cia aun no le pertnitia dar á co- 
nocer. A los' mas miserables les 
hacia lijeros socorros, diciéfi- 
dolescon voz enternecida; «Oh 
•amigos mios, poco bien he he¿ 
»cho todavía por vosotros. li^K* 
)»si la ciega fortunare dignase^ ün 



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Í8 



mrromiA 



ndia concederme una pequeña 
'wpíirle de lo que prodigó á tan- 
jilos otros, cuan dulce me seria 
'•hacer mas soportable vuestra 
•suerte!» Y la mullilud , que 
siempre espera porque siempre 
^s desgraciada, no cesaba de en- 
tregarse á una esperanza enca- 
ñada tantas veces, ¡^ yjíiv* 
Entrelanlo se anunciaba el 
ijia fje loscomicioá para la elec- 
ción ¿^ loSi cqestores: después de 
muchos pasos y súplicas obtenía 
del majistrado que debía presi- 
dirlos, ser incluido en la lista de 
los candidatos. Solicitaba el per- 
miso de arengar al pueblo reuni- 
do; se lo concedían, y nunca su 
elocuencia se presentaba mas 
brillante. El amor de la patria, 
el respeto á las leyes y la felici- 
dad de los ciudadanos parecían 



de parientes y amibos, y acom- 
pañado de algún personaje im- 
portante que daba mas peáo á su 
demanda. Jenles apostadas, re- 
corrían la mullilud esj>arciendo 
diestramente sus alabanzas, par- 
iicularraente entre los habilarí- 
tesdé las tribus rústicas, hom- 
bres recto5 y sencillos, siempre 
estraños h las intrigas de la ciu- 
dad, y siempre dispueslos h ser 
instrumentos de ellas sin saber- 
lo. «Yo lo conozco, decía unb 
»dft aquellos oficiosos amigos; 
»es un digüo ciudadano.»^- «¡O* 
»>jalá, esclamaba otro, que tu- 
«viésemos nosotros siempre ae- 
wmejantes majislradosN 

Por su parte, él no descuitlaba 
nada para secundar los pasos de 
sus amigos-, recorría los grupo» 
del pueblo, vestido con un ropa- 



ser sus únicos pensamientos, ü* je abierto por delante que le 
nos se deslumhraban con sus ta- 1 permitiese manifestar las herí- 
lentos, otros quedaban seducí-' das verdaderas ó finjidas que 
dos con sus promesas, y todos Labia recibido en los combates, 
estaban acordes en ver en él uuo y de este modo se atraía la be- 
de aquellos antiguos favorecí- nevolencia de aquel pueblo de 
dos del cielo que debía hacerla soldados que colocaba cl valor 



gloria de Roma. 

Llegaba en fin el momento 
decisivo, y se fijaba el día de la 
eleccioa. Después de haberse 
presentado sobre el monte Qui- 
* rinal, para hacerse ver mejor 
del pueblo, llegaba al campo de 
Marte, seguido de gran número 



sobre todas las virtudes. Estába- 
le proibido llevar bajo su togji 
otros vestidos en donde pudiese 
poner oró para corromper los 
votos; pero esta sabia disposi- 
ción se eludía vergonzosainfule; 
á algunos pasos, varios hombres 
apostados, distribuían con ma- 



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dtildfdatétiélilabé deVirnM.'el 
?1Uo Vrff«a|ttA i m títéééM 
y én fifvorsutoi Lléjfiito éimó^ 
mébiH éé'vuU f:\que eoftdr en 
MIS gúH^> qáSlhninifldli4> 4^^ 

tfosodVÓmáitos haitiftltfrsé ante 
tus tWtftnt» e6ftcrad»a»<io<, a- 
pretatfé^^ M- maUtf^ eti^fftosat- 
hiteiite;1iffW-mí»ríie fon afef lote 



iUla-dHsiJMadl eorak-fll el noefo 
majialrado 1 tNMsiiBflbMbí ceM- 
Harina M •imi)r 'dtfc fMMMo, Asi 
tn»tlMla' át «r<e ifo> 3»nM[ri66jr É 
f^^sfio^los nüPdlbftipnpaepHa» 

el círóitto de ' tes fraoAeizaa) y 
«Jércíeodo^ bimn pronto jlviftár 
tehK^n^obre na teatropas eelcMi- 
w, llegelMi el naa aM' gibado úa 



STis intereses mas po<|üeaña, pW^l ferluna que podie preleiideMifi 
iKearletflaíí lisonjas y lavírtfrH- ' «er humaiia, ^v i ./ 

Vis, y en Ihi, abracar las ifi»di..i Pero el aaceao m >iaorateba 
1las de ifiíiíel*á<tal8rtioá tót*to<es ! «feaepre toa esfuenes de^nn em- 
qnt deeíWftibaíi ía víspera ,'v/^***"^ «^« P^^ M»» «mw*P 
tftié tal fertrtfMflan con Vigor ü\ ; iJlrcuná{te«l<» ea iodos: tos HH^ 
'día tfgtffctfíé.^^ ^ *^ ' ^ jjWént^ un paso laprudenAeY 

fare iiiésírtV íaB*h pópultiM-^^ ^^^^ 



dad" tolda'¥lli niieflro candidato, 

létataébiMM de sf uno deaqué^i 

Iteé Sofébree Itamados neeasii^ j 

^éküffresleUfé énfeo teleaib ere; 

éátivír IM tfMnbres 'de todo» rtas 

ittdlvílfuíbexi^ cada Iribuf; eM a&| 

Táyuda nÍMiaMi alo titubear por 

'bODOikAr^ i cada eiudadáeie^y y* 

amellar 'astucia frosera y tM w-i 

menudo repetida, prodüeiaüenl-| 

pre irá efecto. » 

r Blé}lasel¿ por tMimo, da^to^tfi 

primer poso Mmpté tenfÜBMl.j 

y 'él VtflsMo %rá »li''>Édelkttlé()Éi; 

¿reborde su i^rdpfá rot1fflha.^Si| 

'ié dthiíngnla cta el éjerelcio «WÍa: 

cuestura, dé la édfHddMi^ tfitfalf 



tíesiabeb pira iiadir un edifilA> 
lefaatactoeon (anta trabajo y 
lenlilud^ y comoiUM) sombra. Ji- 
Jerelittta «I favor<dél pipeMo4e 
aquel 'qoe:«se oreia tMé segwo. 
-SI grande ^cApioaUpMietodl^cUQa 
^a la^oeelova^: lénia . pe» ccio- 
eurreMe ftrun^baaalMre* aeeeíHo 
eirawdoatttinbref y que curltj- 
t«t>e^él miamo au dampo^ Jk\ y^- 
let^piM aua aianeaiiaiim$..y 
^HdiMa, le 4yo sdnrienitor ¿^ui 
-tíf ééoyamifo mió, imámilé^w 
All»iiu<nof? Ofendido df ^sia t^ir. 
ita;^e percK^ia dirijicae^i la me- 
-ym patte^e a«s mmmbtt$^f¡á6 
iíl pueblo aas sufra jibauel imifta- 



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HliTO&lA 1 



do, T ScipioQ pudo condcerque 
aquellos mismos que habían de* 
jado de practicar la virtud, sa- 
bian todavía respetaría. 
Gobierno ESTERioR» municipios, 
CüioNiAS, ETC. — Era uoa mácsi- 
ma reconocida eo Roma, y un 
acsioma de derecho público que 
lodo debia obedecer á eila, que 
debía triunfar de lodos los osla- 
culos y que un deslino irrevo- 
cable la llamaba á la dominación 
universal. Sus ciudadanos po- 
dían diferir algunas veces sobre 
los medios de llesar mas pron- 
tamente á este objeto inmuta- 
ble, pero todos convenían en el 
principio. Rómulo que lo conci- 
bió, supo establecerlo en el co- 
razón de todos. Al levantar aquel 
héroe su débil edificio, lo apoyó 
sobre bases inalterables y capa- 
ces de sostener un día el monu- 
mento prodijioso cuya idea habia 
concebido. Con mano atrevida 
trazó el cuadro inmenso adon- 
de á su vez irían á colocarse to- 
das las naciones*, sus sucesores 
no tuvieron mas que llenarle. 
Algunos cambios esenciales pu* 
dieron hacerse en los detalles, 
^eguQ que el tiempo ó las cir- 
cunstancias manifestaban la ne- 
cesidad, pero el plan pertenecía 
á él solo. Todo representaba 
aquella unión perfecta, y aque- 
lla armonía esacta que carac(€^- 



riza la obra del jenlo. Rómulo 
fué quien creó la primera iejion 
romana, fundó el senado, j es- 
tableció el patronato^ él fué par- 
ticularmente quien dio la idea 
sublime de asociar á la gloria de 
Roma á todos los pueblos ven- 
cidos, de animarlos con su espí- 
rilu, y de hacer de ellos los ins^ 
Irumentos de nuevas conquis^ 
tas. No contenta Roma con ven* 
cer, se identificaba con sus mis* 
mos enemigos. Cuanto mas re* 
sislencia le oponían^ mas dignos 
Jos juzgaba de ser contados en- 
tre sus ciudadanos. Consolába- 
los de su derrota, asociándolos 
á sus triunfos nuevos; y ligando 
sus intereses á los de todos los 
pueblos que había subyugado, 
su gloria llegaba á ser la obra 
de todos. En este punto es don- 
<ie conviene buscar las causas 
de la grandeza de aquella sober- 
bia ciudad, y no en los vanos 
oráculos ímajinados por el jenio 
para dírijir la ignorancia. Sí| in- 
dudablemente^ los dioses han 
prescrito el destino de to4os 
los pueblos, yg'^j^ 

Desde el momento que un 
puebloera subyugado, permane- 
cía tranquilo. £1 orden seguía 
inmediatamente á la conquis- 
ta, Roma enviaba á él sus a- 
jentes que se apoderaban de ios 
derechos del gobierno ejercién- 



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iftM»t 



n 



émoi'kÉHÁ Mimbre, tipübtrnté 
WiríÚhíó§^\íé^^íU etéij^^é Bu: 
él óñiéú^dk i^ >epdM¡e^ ta^ itré- 
cioDes vencidas erM'lraiMpOfM 
Ikséiloiiva. Uflía tery de^* Rómu- 
tó prbibiívpasjif 6 é^díllto 6 es- 
éÜ^iiar á' M ftiV^nfoddélatMtíU 
di^DOi^qu^stadlMi é igliálnfteilv: 
te tíopenMHliá ^cie se tféjeseii 
iud ÜéHTis Mn btttii^o pat^ lürnii^ 
t^itrllrs ert pdSíió» (i)f >e#n 
rüHAdó Botn^ éj»tiiVo%é<fIc{dñtV4 
tnéhte i^óWaiife, y tuvo un terrh 
torto prf^pbrclonado A áo «téA- 
ifori, cesó de ¿tífieéder á leíi piíe^ 
bk38 veritíddstel ((lulo cie> etndii^ 
tfano, y p«4*tDUÍ()á>k)t ba^tÁyH> 
teé pe^ofiaoeéer en doá pai'Ses lia^ 
Jo* cóndftnMl^tf «¡féfetitesv .Li>ft 
ftobf^ líodib k)4 l^^blott del La^ 
eiü/éírttQ'tod aliadíis initiedtatos 
del pueblo yófütftid. Loi aerti^ 
eids im^rMtiteé ^^iie h» babte« 
béii!ho,''y fü'kintl^ aliaftza los 
bablM eafi ebterailietite amaU 
gáinadd coa sos veoeedoresv^^ 
hñü m toto en las dMlsloeea 
Importattted) gozübao de ílere^ 
cbos muy estensos, pero íno^estiK- 
bao íÉcorp^raJoi eo las ff^lHus; 
rémpitmiao la fiiérsa pi^eiptfl 
lié tos'itfJér^Hed de la re]púb#eli 



'oa«o en su 



lib.il, (M. VI, aic« que ftta ley ei.la 
evoM arpillera de lá eranaeu de los 



sM sef ad^ftidosats-Ms tefioaes. 
ios d$Ma^ 4iacien Mber á;laá 
« feretitéi'' cittdaleS' IflT' 'eantidad 
éé sbMaidosí<V4abalUnofque déf 
bhí¥ ifrroiitar^teltai jMs léq«ip»4 
baH't loá tnnhií^ñbéa'A'Mú rostir» 
y e<'tabaii iajetuefrlea |eoeraltf$ 
reyAianosi'' -: '-■.• í ., 

Losta^inot t«iiai) lejieti.qua 
tes eran proplasV po(|iaDK ád^pt 
tar tavde Boma/pert> jno e^tv 
batí sifjeios á loa Licios d^ p«e«> 
tor. Llamábase darVeto tel^'ne 
lareun'ron de lOf pHiriléJioa^ obll- 
gácíóues , dereeboi, t^yea, e^ 
paHt^alnres á loa puebioa del 
Latió/ ^' era isitiy «ftcU W 
ti^uifse ^ñ ét; porqoe variaba de 
tina elú dad á otra. 

Los ótfdi puebles '^e Italia 
^.übfiíti de k) que se ttamabe el 
darieeftd iMténo. A «medida ^oe 
las provMcfiaade Italia ieraiücoii- 
quistadas, Roma IraeM de eilea 
aliados bajo drvérftas toondielo« 
fies ma^ ó lAenósivieDtafQsas á 
stis ipAeblos.'Sin eo^Utar e» to- 
das estás dlstittetóHtts/ basta aak 
bérqúe los Úallenos goaabea de 
dé^eieh'os manoa taiportantes qi»e 
ibs'de tos latinos. jWo tenían aiq- 
f^ 'voto'qtfe emíÉtir aubre los 
aegocioá de JIoma; pero eJios 
MsiÉioá ae provelao dé tropas 
por sua tratadas partiMtore», y 
^e gbberaabaa poriMlproptaia' 
léyaa. ' -mí .<" 




■'c/ 






si 

tí: t¿ 
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72 



ÜMTOftU 



Tul era dcsd-e mucho tiempo 
la posicioo de los pueblos del 
Lacio y de la Italia respecto á 
Roma; casi todos le hahian per- 
manecido fieles en la guerra de 
Anriíbal,ena les debía su salva- 
ción^ y en recompensa pidieron 
unánimemente ser iguálese los 
ciudadanos romanos; pero ha- 
biéndoles negado el favor con 
allivoz todostomaron las armas; 
y Roma tuvo que sostener por 
espacio de tres años una guerra 
cruel en la que perecieron tres- 
cientos mil hombres de entram- 
bas partes. En fin, los talentos 
reunidos de Mario y Syla la hi- 
cieron triunfar; pero por un ac^ 
to de jenerosidad inesperada, se 
concedió á la sumisión lo que se 
habiíi reusado á la amenaza. 
Después de aquel acontecimien- 
to, los pueblos de Italia sin es- 
ceprion tomaron parte en las 
elecciones de los comicios, con- 
currieron á todos los cargos del 
estado, fueron admitidos en las 
lejiones, y á escepcion de algu- 
nos derechos particulares y de 
ciertas ceremonias relijiosas 
propias de los habitantes de la 
ciudad^ gozaban de todas las ven- 
tajas de los romanos. Es nece- 
sario obserTar sin embargo, que 
esta concesión no se estendia 
masalládelos derechos políti- 
cos, y que los pueblos aiigduaüo 



participaban de las franquezas 
pecuniarias ni de las dádivas 
reservadas á los ciudadanos pro- 
piamente dichos, 7 H'nít ::í 
Lo que se llamaba con e( 
nombre de provincias, se com- 
ponia de todos los estados suje^) 
tos á la república, fuera de Ita*^ 
lia. Luego que un pais se con « 
quistaba , enviaba el senado á 
él diez embajadores á quienes 
participaba sus intenciones; con- 
certábanse para la ejecución con 
el jeneral vencedor, y se hacia 
conocer solamente al pueble^ 
reunido, las cargas y obligacio- 
nes que les eran impuestas. Mu< 
chas provincias eran tratadas 
con miramiento y otras con ri* 
gor, según se habian manifesta- 
do mas ó menos ostiles antes ó 
después de la conquista. Algu* 
ñas veces en la misma provincia 
conservaba una ciudad el dere- 
cho de elejir sus majistrado^s y 
de gobernarse por sus propias 
leyes, mientras que en otras no 
gozaban de ninguna de estas 
ventajas. - -í/r; 7-13 
Enviábase á todas la» priH 
vincias un gobernador cuyo ¿i- 
tulo variaba según su importan- 
cia; mandaba las tropas y admi- 
nistraba justicia; iba siempre 
seguido de un cuestor que en 
cierto modo era su lugartenien- 
te, cuya función principal era 



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la ^iJHancia de Ibt ^€éu4•l•t 
páblkos. 

Dábase et tftvie defRtmk^JM 
á laa ciudades islratt jeras cu- 
yos babitaotes goiabao -de lea de^ 
rechos de ciodadaiioi romartos; 
la repáblica les eoacedia eala 
distineion en reeoespensa de 
aigmi serticio eselareeldd. En 
los casos en que fallaban á sos 
obligaciones con la metrópoli, e« 
ran castigadas con rigor. Roma 
nombraba todas sos ni«|islratu«> 
ras, y bajo el nombre de prefec- 
toras decaían de todos sUs pri- 
lejíos. / ^ 

Guando los principales majis* 
trados de una ctadad cualquie- 
ra daban en el ejercicio de sus 
ftancionH^ pruebas de una ade- 
sion particular á los intereses de 
la repáblica, se * les concedía 
personalmente rt derecho de ?e« 
ciudad, y aquella recompensa es- 
clarecida los colotaba sobre to- 
dos sus conciodadaabs. Así es 
qué de pueblo á pueblo y de 
bombre ii hombre/ era Jeneral 
la emulación para llegar al mis- 
moobjeto. 

En jeneral tanto como en un 
principio se aplicaba Soma 4 
destmir le Kbertad nacional en 
loa países que habia conquista- 
do, tanto respetaba la libertad 
de sus ciudadanos. Sos msjistra- 
dos mantenían el orden, adoai* 

TOMO IIN. 



noMAiiA: ' 7á 

nistraban la Justicia, y Yijilaban 
en todos los pontos de ta admi* 
Éistrecion, pero dejaban i cade 
uno seguir Mpaa su reliJion,sns 
leyese' stfS; costumbres, y goiar 
dé la qnete era propio. Si se ee* 
sijiaíi una provincia una parte 
de «ns^ tierras, «se . toaaeban mrdi* 
neriantfente de lo$dominfos^ del 
estsidov la repdbltea recompen* 
saba con ellas á sos antiguos soU* 
dados, y eran el patrimonio de 
sus ciodadcnos mas pobres, en* 
viando á ellas eolonioi. 

■stos establecimientos se ha<^ 
clan con aparato; Después que el 
pueblorooMnohttbiá arreglado la 
paflicton< indicado los cidda*^ 
danos que debianeeradmltidbs á 
ella, los eOncMciaé con orden loft 
combarios «I paraje que'debian 
ocupar; Attí, después deftáber 
ofrecido sacrificios á1os dioses, 
se traiahany distribuian jas por- 
clones. Estad colonlai^^ispersa- 
das en ta»proViAtfiai, servían pa- 
ra vijilarlas y mantenerlas en 
la obediencia. Llenábanlas con 
ef nombre de le madre patria y 
cOÉ^el' respeto que debia Inspi- 
rar. Los pueblos adoptaban In- 
sensiblemente so lengua, sus 
costumbres y sus Opiniones; de 
mo(b que Romaecsistia en toda 
la répÚilica, y so espíritu todo 
lo animaba y vivificaba. Al paso 
que afirmaba su imperio, sedes. 
10 



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74 HISTORIA 

hacia íncesonicmente de aquella 
multitud de ciudadanos rancio- 
sos é inquietoé que la necesidad 
hace siempre temibles, y que 
desecan el estada que los ali- 
menta; de estos hombres hacia 
cultivadores laboriosos y ardien* 
tes misioneros. Los mismos es- 
clavos que por su multitud pa- 
recían amenazar á la seguridad 
de Roma, servían para su gran- 
deza-, pues convertidos enroma- 
nos por la manumisión, volvían 
á sus países cargados de los be- 
neficios de su madre adoptiva, 
y llenaban el universo con su 
nombre y su magnificencia. To- 
do lo que en otra parte causaba 
la ruina de upa nación, servia 
0n Roma para su engrandeei- 
miento, convirtiendo en instru- 
meatos útiles hasta los elemen- 
tos de destrucción. 

Tal es el sistema de gobierno 
adoptado por un pueblo elojiado 
casi solo por el valor, y que debe 
ser citado siempre por la profun- 
didad de sus combinaciones, 
puesáeste plan^ seguido con una 
constancia tenaz, debió Roma el 
■ brillo con que deslumhró á todas 
las Daciones^ Nunca varió su 
marcha aun en los mas grandes 
desastreíi. Cierto es que undíó la 
dignidad real, pero el jenio de 
Bómuio pesaba suiíre el senado; 
pues allí liQmbres envejecidos 



en las dignidades, ilustrados por 
una larga esperiencia, y libros 
del yugo de las pasiones^ ajita- 
ban con tranquilidad intereses 
que habían llegado á ser los del 
universo. El principio de su 
fundador era la regla de su con- 
ducta; como él, hacían que una 
mitad del jénero humano forjase 
cadenas para la otra. 

Por lo que acabamos de espo- 
ner, la marcha del gobierno de 
Roma para subyugar y gobernar 
los pueblos podria aparecer lejí- 
tima. Todas las naciones, aun 
las mas adelantadas en civiliza* 
ciou, se esfuerzan en subyugar á 
las demás, y un ejemplo lo tene- 
mos en la vecina Francia con- 
quistando en el siglo XIX á uo 
pHÍs como la rejencia da Arjel: 
los derechos parecen n.icerde los 
triunfos, y la gloría cubre la in-. 
justicia; pero Roma, aquella ciu- 
dad soberbia y pérfida al mismo 
tiempo, debió su grandeza á una 
política insidiosa y ton ratera 
como lo es actualmente la de 
la Gran Bretaña, al mismo tiem- 
po que á sus virtudes guerreras. 
Jamás hubo un pueblo que su* 
piese emplear con tanta hAbili- 
dad el arle secreto de destruir 
la libertad de los otros pue- 
blos, por medios eslrañ jí; tJe irri- 
tarlos contra sui Jefes l^jíli- 
mos y de abortar eulre ellos di- 



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tMohm que Im imiioib6D> po* 
niéadoloá en li iQéee^ffM 4t 
ifDplorar ra peligroso Miflio. 
loma miMfta iotenáilileiiieBte 
el poder de loeestadot mai fuer* 
tes« S1 1« guerra qoe los rooiMos 
ieáftaciaB ao los abetiáii enté*^ 
raflueiite^ la poi <|Qe toachtiáH 
000 ellos, acabábase mina. Sus 
tratados insidiosos poniao ^}o 
so depeodebeia mhú- oatlooes 
qoe sos arioas; y ooe palabra a- 
qolYoca ioterpretada aso loorio; 
7a hemos tisf6 eoñdo caosó la 
roioa de€artago.€oo lardos ei- 
taenos, ofi poebio sojeto á con- 
dfcioem onorffleü: era encade* 
eado con destrexi, y^empóbreti- 
do eo» «iétod<^ 

fia io» loiaa potente y Ticto- 
ríosft^ bacía eoo tesgrandes esta- 
éée k> qoe Boma Mcfente con 
lasdébHeaoacioties de qoe estaba 
rodeada. Uooa mlsám «rao el 
tiatenia, el plao y la mércliía, 
y ooeír mismos los nkedios. tos 
estados así graodes como peqoe- 
fios ftoerra mkiadés pof-sd poK^ 
tica, aoies de ser abaffdos por 
aosfoersas, y lodos concloían 
por somerjtrse éii aqoef Oeéa'¿ 
Bo de poder qoe Oa conocía o* 
ríHas'.- ^ 

€ASitíaciiTos> CMuiéif tás iib<^ 
ujios*s^BTc«--eiecto prellmU 
oar del casooiieoia que - llana«> 
baasiMNiioJta, era 00a ospeele 



MOMATrA.' tS 

de énapeio^^edproco qoe no se ' 
podio romper sioo observando 
ciertas' formas legales. Ordioa^ 
riamente estos actos pasaban en 
el interior de las familias. El no* 
Tio^ presentaba á so fotora es* 
posa delante de la jente re« 
mida,' on anílki'^e hierro sin 
piedra, la ciial se lo ponia eO 
el dedo peqoeSo de la mano de« 
reeba. Mirábase esta dádiva' 
seoetNa como el primer gaje de 
la prometida té y precedía slem* 
pre al matrimonio. Desde la vis* 
pera se iiabia tenido coidado de 
tomar tos aospiclos, para cono* 
cer le voluntad de 1^ dioses; 
perd desde mochoUempd loé 
aogores hablan cesado 4e comí» 
batirla volontad de los-hbmbre^ 
en el Oombré de la divioidad^ 
y^creyéndésefelfce^en qoe to« 
darla se leS'CODsoltiie, do véíári 
en los cielos títh signos favbrn. 
Mes. Taaebabitltf Hecho sacrr*: 
ficios al eiélof á la tierra, mira i 
dos como los primeros esposo^, 
se hablan hecho otros seiáe]|an<* 
tesé Minerva, proteMora de la 
vírjiírtdadv y á #006 patroójí de 
tos esposos. Coa tído' áe- hablan 
llenado ^IM^s estás fomíairda* 
des; yesiipQlado taé convencio- 
nes, se véHllcaba ef banquete de 
atiaina, dado siembre por el pa- 
dredé la novia. 
Este boda sagrado fo é siem* 



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7S ^ HISTORIA 

prevBol^to imporjhmto & lo» ido sertlr ^ pmner mirídot 
ojos de tos tejMadores, ya le I rondábti^ la puerta; jr< «ita a^ 
miraaeo bajo el aapeeto r^lijio*! alejaba todo lo ^ae pudiere re« 



io^ ya lo coaaideraaen por b io* 
floencia que debía tener eo el 
órilen social. En efeclo, repve* 
seotaodocadafaaaiUa álasoeie* 
dad de que hace parte» el aclo 
que ifue asas jefes debe ser taia 
sol^moe como el pacto nació- 
naJ;(Sisefliace sio vifor, cosa 
d^ inspiriMT i^t^'P^to, el, etlado 
entero cae en la. decadencia» eu-» 
"yo primer indicio es el desorden 
en las ramilins-, y semejante á 
las olas del Océano» las Jeoera- 
dones estraviadas de au orijeo 
ae suceden^ se amontonan. aif 
dejar, tras de ai U bu^ladie «n 
ecaístenaia* 

Asi pensaban los romanos. 
Era el casapiiientoá suij g^ un 
acto tap aug|ia^>^ y tanperfecti 
lannionqne ^ipres^baí qoe Ja 
muerte ipisma OQ podia 4eptrnir«> 
lo. Una mujeif^ qiiep4P«oil^ i» 
segundo esppSji^. no i oteadla á 
lasleyíes, pero a{ «iJ^opi^ioe 
que era mas fi^ertei 4uer ellas^ 
loa pres«^iQS|n¡nesto» parecían 
nmaMiar cop la tcólec-a . de loa 
diioaes i. los qw or«ja4i>o ^ lo 
paas sagrado que t^fx cintre los 
liombres: por. esto jea^fmo j para 
eritar tales preb^ajtoai»!. quitaban 
con gran cuidado del cparto 
nupcial todo lo que habla podi- 



cordar un ser ciigra; memoria 
ofendía^ 

Una acción violenta tapto cor 

mo.iojusta> dio k las sabidas por 

esposas á los primeros romanos; 

pero eita, misma acción los con*** 

dujo k las virtudes conyugales» 

únicas quQ. podían JKirrar su me* 

n^oriav y &i ultrajaron por un 

momento á aquellas á quienes 

querían bttcí^r sna compaAeraa» 

S9I0. Qncáqdolan incesantemente 

consiguimQu capt^e su beoe* 

Toleqicia., Signieuíiló siempre el 

mismo, plim# fn pirounstancíea 

diferentes , Róioiilo. oewiiguió 

camMi^* ;fm romanas aquellas 

mujeres que babin robado» eomo 

coovirMóepisúbdilos fifilesá los 

pueblos aue.sobjíugára^ y le^no^ 

ble Hstr^ilia» .enteramente dedi«* 

cada^á su Jdueva patria» ^partieU 

p6>de IpsiUtaresque el. rscooo«> 

cjmi^ptp.le?anláS al primer hér 

roe^ y .eu lpa#MrMeioa 4#onra«* 

roo con el.uoDsbrO'de.ara. 

Ocupado aiaiinpre.Kuuia del 
cuidado d« tqiccar ,eli hombre i 
la dívinMad, M^ó U.4iníoo de 
los esposos de los misterios de le 
reU)iG|ii,.ttí4la.uDt oaráoler mas 
augusto) y; coa seremotiias mi^ 
teriosas conseg radiis por 61 imu ? 
ptV^ por aimbolos de tina re»> 



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IM^Sil. 



77 



feUUt sencUtaff^ M»e8ó kU^ám 
Séctos á conoeer los deberes que 
M iaipooíiii. Eo ,lo« pftifnieros 
tiettppsgolo cib a n u»y<noei-€Br Í 
lio de loft dcM espofof » perapor Y1-; 
iiida4«i|ipiiniterQi e^tefenMM)- 
nia» imájfn eseclj» 4el metr imó^ 
Dio, que dabe poMiderane cMao 
un yogo redproea* La |»alabra 
co9^í¥0ium que habíae r onaerwa» 
do, lea recordaba aqM^JIa eeHuiii^ 
breentigua. . «. 

El malrmoBio ae^beeia eolee 
loa nmaeosdelreaiBaflierai di- 
fereotea: primero por «an/brrM* 
eum, ea decir, porelusodeiio 
pan que ae diriíaib coüei! á Joi 
eapoeaaibecbí^d»ranroiS.oehüdi»á 
medio moler#4d ««b de la ae«uUto 
que ae Uamaie^eaiida. El hoadire 
yto.majer.ae preaeMabaa cea 
djieiieatigoaaolealgrm posll» 
ficeóeiaemiD de<Mpélm>.»a»w 
paea <le haber lomoledo oa^earíi 
Mro> el aacerdote eooaagrabe 
naa lonttde.llordelieffiia defa-^ 
rro^ aaly aguav gtiMaba deetla 
laa;prtBiieíaa, y déapoea ia iUtí-^ 
dia entre loa doa esposos^ qtie ae la 
eomJMUMiatt preaeMio, eapr^aí n. 
doae pdr eaie alta aart e éoariao-y 
aafcrado, qae ea adeleati lada de^ 
bia aer comiNi eatna ellai.' La 
mojer pasaba ea: sepiidh *á aaa^ 
nos del laarfiÉi^ ea proseoM# 
de lo» lesiifoa, y elaaeefsioi^ 
proauKiaba Ím palebraa aaera» 



miNrtalea. Cala létaHil*4e«aaa« 
aaieato ara priaelpaltaaale la 
liaadaaMralaa paatMaea yaa* 
loaManpQifaeMba^ 
€aaibMa>')iiad|phMea* eoa- 
UMab#asela lostaniBpaaados, slao 
ponfiia réUaaoln. podía ^lar A 
aaaaiwiieraa alfdaraako da aao^ 
aiarieá sttafyoeiaaMy da parlU 
cipar de toSTitoá aegradaa.^ v 

Segundo» ppraaÉfWl«afM. Si 
aaaarajer baUa iaWtada da» 
raale ea afio eaa mü aialdadaaé 
alo beber talerraaipláa asta o* 
aiop poruaa diea: cnaaatalifioé, 
debeehaaraao aipi|M^ y el oaa 
ailplla á Ibdaalaa iartaaiidedaí 
laaittdea^ Ealaa aapeliiea'de o^ 
ttioatisV'4|tta llegaros á<aar muy 
freteeáiearipor* la^ ralajaeioada 
coaimabrea^avawBaoas respetad 
dafti.qM';laS-'dealÉi^''{f >aiia |e 
lea HaaMfaaaeaileaam^atoa. • 

>TefarnHipar 'fa a»^p < J»iS eom^ 
paa^raeépvbeb. BlsÉNtrldo y la 
ahíf^r^m .dtibaH'»«éiiMmttnie 
U^ee aaea-de bmúúéi ib é afaiici a»* 
doanaboaiaelbaaialMariba. pres^ 
«rKaaippr/lat-layii'b^aetiBla lie» 
tsaré'seaMaaMdaaHla^iiií fami^ 
lla?»deaiaat> e^pdiiy.' üomraaca 
aa-aMa/ réspáadia taVaojer. B»ia 
leidMJia^aaapragahta semejatl^ 
la^lplaaiial raapaaéia^'la m{s<¿ 
[mar Manara, «y^la^tiflóli'qaedaba 
liéch*4 Biade eife^{filbiÉ«Mo el 
Baridoleala sébraMa^iijélr lo- 



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78 «MmuÁ 

4m tot déiwkM «9 «n pMlf»» y. I httMeiti iMBellli40 cmi tales ac- 
eito f«uiNi4«.loéM toi que latiliaBiaf. 
lajt«€OM«diMiálasmat. Solo Daapiiea de héber dado á í^ 
las 



eselusitasMate el tllolo ¿p «mi* 

los romanos) ellas solas podlao 
Ijaredarlosbieoesde sos esposos^ 
ya eo le: totalidad^ si ao iesde* 
ja bm Wjos, yoeo porcioo igoa I i 
la stiirasi iesdeslabae. Enlreesloft 
faijo» Ualoados propianneole pa 
Irt «•»« iMlrtai^aeelejiaii lc»s qi|e 
deliisD aoareaiM á los abafas, y 
olios solosiM|dian a^irar á elef:^ 
tes digotdades sacerdptalet, j^ 
eopérfleodeeir^ qoetenieodoeé* 
te Jéoepo. de voioees esclqsite» 
meóle el oaiéetor.de legales^ 
las raoitliaa 00 eooitraieo otras. 

JeoerMiiMAte .todo malfrii 
oio, eoo for eeioMlosteo» 
Ualdoslttol^ooseotimieoto d^l 
padre de oota lioo.de los e^msos,, 
era mlrodaieoaM)» Hejltyóo; y h» 
misanodeldettoloreoDao popile 
y del pritauroadordé «oa piwvio^ 
cia coo aoe kobifMte ¡del peis M« 
BMlido á a«,€oMedo« Bo nloipio 
eeso podía eosatse oo «hidadaoo 
coD »oa esclrra, oilo Jóveo li» 
bre eoo oo iHMobre que oo lo 
foeseí y oo peroiillatt iampo^, 
i oo cfodedMQ qoe s#. cosoos' 



leyes tao saotas^ 
sobre les eoales deseaosába fa^ 
aperóme de les familias, oeee* 
serioes decir qu^se las oUní* 
jebe dierieoieate» Asombrados 
por.el liijo qoe les rodeaba^ y 
agobiados b^ oeeeildadoi ooe* 
TOS» ooa maillitad de elodada* 
nos qoe teoia.o las cargas dd 
oM^rioMmiOp títíso eo asociacio* 
oes ofcoras y dabao la ecsisteo* 
da i l||}oB qoe el estado recfca* 
leba coa ^esd0o; y poeoá poeo 
foeroQ .desaparecieodo Uostres 
femiHas. Lqs rooMnos coidabao 
de Bo^casafM eo los dias eo qoe 
cálao Jas caleodesi^oooas é Idos, 
é ifoaloMNiite eii^Mialoowliato 
(pasfr^fis) qoelesegoiaov ^^i* 
laodo igoékoeote loe dias de 
fiesta. Sio eflibergo, les Tiodas 
qoe S9 volviao á coser escojleo 
el dia de Beata eo qoe el pueblo 
ertaba reooido eo kw templos^ 
para librarse de las borles 400 
lesbeeiao. 

Aldiasigoieotedol malsiQio<^ 
oíosles dos Caoailies se diu^iaa 
porlemaiaoaalteaipio.de Ju^ 
oo/nfoáqoioo ofnwianei se^ 
criAciD do. .09 poero^^del cpal 
hoMao tspÜQ coidodo de ñtt»^ 



COQ «oi^iJiiHrMjfra, porqae .bl, car Ublel.sieDo fetal de amar 
digD^ad,#|i|04Wbre wmm^t s^agure, tiegabe en fio ^l mor. 



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omito 4Jii4#p«rt 



láMMu 79 



Mnottia, la c««l se cstl^braba I deltM de oveja f fiom W^ Uro 



por Itwche; pero toioeliia lo 
enplealmijeii adoraer i la oo* 
iria. Cada parte de aa adoroo o> 
freeia relatioaenieUleriosaaeoe 
las cireoestaociaa. Al peioarla 
se separabao sus catellos «on el 
hierro de om pica 4|iie liulMese 
^IdoiMjada tn la saigre. de oe 
gladiador «merlo ^hi la arena» 
espreséodo^ por este embleiM 
cruel que debíaD naeer de ella 
booitires de valor. Ibrmibanse 
desús cabelloa seis Ireiiaas, á la 
manera de las vestales» enyo oa<^ 
rárier esencial aun dieTroMlM* 
Sobre su cabeza se eolocaha una 
corcMia de verbena que babiaco^ 
jido ella misma» j se cabria toú 
nn velo de color de aséfita Na*^ 
mado^^ 0m m mum . Este adbroo 
era el de las^ mojares de los poo<» 
íiOíetB'y ellas se haden notar por 
setnodeatte, j sé eomplacien en 
oTrecer el agüero en aqudla Cir^^ 
omslancie impOrtaole. Se la ha^ 
fia lomar nn calcado moy alto 
qoe reababa Is nobleza de sn ta* 
lie. So traje era del mismocolor 
que 80 velo; el cual estaba todo 
éerra4o.eomo el que babia teji«« 
do Taoaqeil, mojor d»\ prime* 
ro de losTarqoinoa, para el rey^ 
*ServiüTolio,]r4iaeaini/9e iñaia 
on'el tei^plo de la Forionren 



parUcnlar Ilaaaade; JaNroUeo» el 
cual solo el marido, podio des- 
alar* Aa esto se oeyifá.ta oapre- 
Sien. osada leoMi teiesriu des^ 
alar el ciotoron^ paraospiresar fá 
álttmo graáo és ialimidad enina 
los dos secaos. - 

toeg&.qoe elaeompafiamioolo 
estsba rennidov los par io w taa mes 
eercaoos'de la jóyeo despe s ad a 
la la^nlabaoeo hraaosparalia*' 
certa dar losipriaaanes pasosgO'^ 
Ita dobla maoafissiar qoe 4^9bé 
por foemaNla !oasa fMtema.y 
que iba pesaroia i la pérdida de 
so virjinidad^ AqtMtta fi^da vio- 
leoda reeofdabaol mismo tiom^^ 
poelraptodotasmbioiieá imM 
hembras qoeamabaocoaiHo u^ 
ola* yolaoioo con au opijaiu La 
matciía prtotipiaba *á la: luz de 
eioeoootorphaa faaUíaa.iie una 
eq^irdo piooilsmndp láNla» el 
misaio^ deetao^qietCeresoncea*' 
dio en las llamas del Erna cuan*, 
dofoé&>ascaré'8uIUi«i. fteas 
teas las^ llevaban^ >jdvefies de 
oerla edad liemedos pisar í /euii, 
porque oslaban esioerodemeule 
pérfomados* Bato oúmeroí de 
cinco era omblemáflico -oumo el 
testo de la ceremonia. Reeerda- 
ha i las cinco divioidides qué 
pvesideu ^1 fliairtmonioi cuales 



Ueaopo de PHnio. Diebo traje i eraB^lúpttér^Jooo, Venes, Dio* 



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80 



«litlMA 



Da y n ti#Mí Pi^iuñtim, litfiftAéa 
air/ S^Mm.TrH «Iftos <(w fii^ 

é qtiféMtieéilM él nombre de 
parwMinfoé', eMaban parfiirirtaN 
Bienio Méargidoa de eondu^f r á 
la catide. Une in«rob«ba <Maote 
devtlá-'fa^aiHaiidb la entoroba 
del iroeneo, hecha aUWpra de^o* 
Jiaeafitt^ó espfBér iiiaJoleto;*los 
omi^íkm la: sostehian* por los 
brtMfi ihieatres que otro )óireQ 
delosiqpieae tlanmban Mmilon, 
y qtte-eniir«iMilro6'de loidto^ 
aea ^ft laa eoeaa ^aa^rificios mas 
ec8l<os^«iarelubaf detrás de ella 
con non eajn é eofre abierto lia- 
iníadp laomílÍMi / en dotide ae 
▼eiad l«»elha)ia mhs ricas «»• 
fendidaa con toa jugneleB de ni* 
fios. En te; cernba le comitfra 
«na tropa é% JóTenea Baeta^ns 
lleYando una el ueo^ otra la rae- 
ea, y oiraa t>bjétoa i|iie morde* 
ban & )e JÓirra teesada Joa e^A^ 
dados 4|tte d eMM > ^^oeo|Mirtai en 
adelante. 

Ddranielaffliercbe, que selia* 
cia despaeip oen una pomlM re«> 
lativa ai'-nngo de leeeapQeos> 
y siempre al sonido armonio^ 
ao de la laote doMe, loa pa«- 
rientes cantaban i^^ma» y aéin* 
▼oeaba an alta rosé Thtímtim 
uno de Ida roaMnoa que roba* 
á laa sabinas y cuya oniof 



daba cómo ñn lagftero dichoso* 
' Llegada delableda la pnerla de 
sn marido, ^ue estaba decoróla 
con guimaMaide mirtio y de§o« 
res, detentase la joven esposa y 
alU colocaba cintas de lana fro^ 
tadaa con grasa de lobo para 
evitar los aórtilejios, objeto e«» 
temo de temor para aquella na» 
olontanratiente. Terminada a- 
qoella operación^ sb présentafwi 
et marido, -y finjtendo Ignorar 
qolén era; le pregontoba por su 
nombre. To doy Cagat ¿dónde 
Más tú, Vúyo? respondía ella. 
CSaya era aqnella mttma TanaquU 
que se adquirió tanta reputación 
por sus virtudea; y las Jóvenes 
tomaban au nombre como un ga* 
Je de sn buena conducta» Después 
de ésla formalidad, el esposo pre« 
sentaba á su mujer el/Afjfo y el 
agffi«, símbolo de una fortuna 
común. Entonce los que la ba-» 
bian sacado de la casa paterna, 
la levantaban segunda vei para 
introduciría en la de su marido, 
sin que tocase al escalón de la 
puerta,'lo cual sebublera tonu» 
do como un signo^ foneato* Los 
escalones dejas poenas «alaban 
consagrados á Vasta, y la que re* 
nundase á sus atribírt^, bubie* 
ra cometido un aMriléJio tocin* 
dolos. Algunas Teces para ma« 
yor precaución ae hacte una lar* 
larga, y afortunada se* irecor^ I gi brecha én el esteríor de la ^ 



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0M# ^meDUrftr pM ella. Lmio 
que era io4rodu€i4t jbq w ««avii 
llorada, le la preieiitabaD laa 
Uaires rattQid«^ «n tto anillo ó 
Uiivero» y da&de aipiel iosUat^ 
Dada se baeia síd ófd^a wjav 
Ko debeiBos omílfr tma lüera 
«rciinslaBcia que maviAeaU la 
üDporiaDda q«e daban loa ro- 
OMiDOs á loi cuidadoa de la caaa: 
cuando la recién <^$ada f ntra- 
ha e^ el dlrto^ae entendía de- 
Unte de ella mía pial 4e carne- 
ro con su lana, para recordar- 
le la naturaleza d# au; ocupa- 
dones. 

Llegada ya la comitiva, se 
apresuraban a quitar la antor- 
cba nupcial á quien la llevaba, 
y la ocultaban cuidadoaaineute 
por temor de que se sirviesen 
de ella para bacer algpn male- 
ficio que abreviase la vida de los 
jHievps esposos. 

. Después entraban tcudoaen una 
vasta babitacioo en doQd^ babia 
mucbas mesas provistas de man- 
jares. Varias esclavas bien vesti- 
das rodeaban á su nueva ama: 
algunos bufones puestos dalante 
de. ella, se esforzaban a atraer 
aus miradas con pantomimas bur- 
lescas^ mientras que vai'ioa tpr 
oadoresde flauta la jirepacab^D 
Íl escena^ mas tiernas, gqa una 
música cvoluptuosa^ . 

A medida, que sq {prolongaba 

TOlfO Xllt. 



el^tetlfbJa alafríft de laa eoiH< 
vidados se bacia mas vita y esr^ 
trepilDaa« Unoaaantabmimalta 
voz el tono nupcial llamado 
e^mUamUj^AÁT^ rapeliaa refra-^ 
oeacbÁatosiosv y* gravea persone<r 
Jea^ obsarradoraa eaactoade loa 
anüiimoa usos, redUabao versea 
F$mmí^in^, cnya oseenidad o^ 
feaderia los oidos eastea ai na 
eaplicaaaxu Oeapuas^ oaaa ma* 
tronaa jUamadas pronmbm, cuya 
virtud era reconoeidat y que no 
habían sido casadaa mas. ^ una 
vez, eonducian Ja joven esposa 
álaeata^cia nupcial que estaba 
sembrada de flores y siempre 
decorada.magpíOcaoaeote. Aire* 
dAdardOi la babitacioa estaban 
las estatuas de los dioaea que' 
prasWaoálos actos mas aecre* 
tíOS del QMüIrimMio, divinldaésf 
fanlMicaa» cuyoa nombras c^ 
praaan muy claramento.aus4it]rt^ 
biijpionef. Enmedio eslalm* el 
iecbo omM, llamado asá porque 
estaba consagrado al |eni» del 
marido» Elofo unido á la púr- 
pura brillaba en él por todas 
piirtes, y guirnaldas de mino; 
dispueataacon arte.parecian ba- 
cer de ét el tf ono de Venus. * Laa 
graves matronas desnudaban á la 
casada, la metian ellas saiamaB 
en la cama y se retiraban dea- 
puea de haber dado lea instruc- 
ckmel qoe sa-eapariQucta jng»- 
11 



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8f 

b4.eonf^{eiiti8MaqQ#ltai cfar^ 
ctfii8tiiitta< 

> Efttrctiioto h>9 eoDiiAidot' 
cootfiíMbffii so fitotéjo^ las liba* 
ckiriessesiieedfan cód rapMei» 
f Baeo esparcía iifseoslblémanle 
iiDiMi6DSoqttefl6 dtbfa ardar 
para él. Levaatábaiise A poco le^ 
dos los coneorrentes j rodMbao 
áf miitix esposó para éirtjií^le 
sos 'úUiutas. felid tacionw. ' Eo* 
lodé^t jiar a «lar á eolétiAer ^n^ 
raouñttibaé tas frivolidades de 
tahédavl Jutsentl, líraba al- soelo 
algoDos poflados de ou^es 4oé 
lóB asisleoies se afireiofabao á 
e9i$r, 7 él se aprotecbaba de 
aqoel mottienlo para escaparse 
^loaimponooosé iba & aola- 
larse OOD su mujer. 

Terminábase el easamiettfo, 
pera los regocijos cootinoaban 
«odaria. Al día siguiente daba 
el marido, ua grao feslto llama'* 
do npolta porque eoél se be- 
bía do «oevó á la prosperidad 
de loa esposos. Por I» úllima 
yezsjd presentabao estos eu ia 
mesa sentados sobre la mISBM 
eama. La nueva esposa aCéataba 
«poyarse fainiliarmenle sobre so 
»arido> manifestaba haber oU 
tidado ( el, encojkiiienlo de la 
▼ispara. Foresta raion los ro^ 
manos lenian costumbre de lia* 
mar conversaciones de reeien 
casada á aquellas en que se 4ei» 



torraba lá decencia. DMMHa<' 
ooesia elcomprender^moonaa 
Jóvenes educadas con la mai- 
esacta modestia, pudieran des^ 
hacerse tan pronto de ella^ pro- 
v6eando á risas oseenas. * 

AlterminaiM el convite loa 
parientes y amigos ofrecían á lot 
esposos los presentes decostum*" 
bre, y cada cual se aprovechaba 
de esta ocasión- para desplegar 
su roagntfcencia ó so afecto, y 
sé terminaba esta ceremonia o* 
freciendo un sacriBcioii los dio* 
ses protectores de los esposos. 

Cuando un gran personaje acá* 
baba de tener un recien nacido» 
se dirijiá al templo de Juno Ld* 
ciña, acompañado de sus amigos 
y clientes, á poner una moneda 
sobre elaltar de lá diosa; está 
costumbre remontaba iiastaSer- 
vio Tu lio, quien para tener un 
conocimiento esacto del estado 
de su puebfo, mandó que luego 
que naciese un niño llevasen sus 
padres al templo de Juno Lucí* 
ÚB, una moneda de plata de cier« 
to valor: cuando tomaba el traje 
viril se depositaba otra diferente 
en el tesoro del templo de la 
Juventud \ y del mismo modo 
eh la muerte de un ciudadano, 
so familia tiacia igual ofrenda al 
tesoro del bosqu^ sagrado de Ve* 
ñus Libitina. Cada año, la suinii 
de estos diversos slgttos, lñ0M* 



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te €QQ eei^idwttbf» tM v«rí«da« 
Qeft oeutridu 6»«l ceofo d»' - lof 
ciudadanos. La reljiioo garaalia 
la estricta ejecacioo de aoikina* 
dida prescrita por la política t 

Va'DAs.-^No era permiMdoá 
las Yiiidas volverse á t9f»r w 
tea de haber pasado diex meses 
de&pues de la muerte de sa ituir 
rido; j aquellas que por raiooes 
particulares do podiau en^en^r 
al término prescrilo> daibi^u ao«> 
tes de cooiraer nuevos lazM sa- 
lificar una vaca, preñada sobre 
los altares de Jubo. Esta vaca 
llevaba ios cuariios dprados y 
adornados de g^iraaldas de .flOf 
res. Delaate de ella i,bau varios 
hombres cuyo trije y lento mo» 
do de andar aouuciab^o que e- 
rao servidores de los altares; y 
detrás de la bestia marchaba Ip 
viuda vealida coa ropaje largo y 
de luto, y cuyo velo espeso lle- 
gaba ba3ta el suelo. Semejante 
institución se debió á Numa. 
^ara ocultarse á las miradas del 
pueblo, de qi||en teipia ser vis- 
la^ elejia un día en que no hu- 
biese iipiucha reunión de pueblo; 
porque si este la divisaba, el ac- 
to de relijion que iba á hacer no 
podía si|straerla á sus sarcas- 
li^os^ porque areia vengar la de- 
cencia ultrajándola mas. 
. Divoncio. — Era -el divorcio 
peroiiMdo por una l^y de fiómu- 



«8 

Io»,qii0 M tH/^M Us; Aone T*r 
blasi pero no ae ejMUtaba siqf 
en cincfinsiajsQias estraMdinat 
rias«£aedifec|;|O.Rfr(enacia sPr 
Umente al esposo> iiuien perdía 
todof sua bienes sí se .separaba 
da su mulc^rsino^iitos leJUir 
moj(} la mitad en p#ra la nior 
jar, y la otra mitad se consa^riif 
Jia i C«tres. Si eHd era culpable 
perdía \qdo su dote. Durante lo# 
siglos feliceS' en que la piíreu 
da^as costumbres triunfaba del 
rigor de laa leyes, al divorcia 
era desconocido en Roma i ea 
fin,^^ aQo 520, SpúriQ.Carvilip 
Ruga^, intarpreii^do rigorof^ 
m^to Ia; obligación :,^úe había 
jBontraido49 , 4f f ciudadaiaos fri 
estado, se^wap^ ^e sin mii^ 
únicamenil^ porq^l^ po.taijiia bír 
jos. La opinión jpúblm IftíCeur 
saró( pero ua fatal ejiantAlo t<ü- 
vo danMoiados imitadoraff: f»l ví^- ' 
ciamisaitíS^ajipderdidií^Jo qi^ 
solo ae habla instituido para 
contenerlo , y por todas partas 
se relitjó el laso sapraijo* ' 

SielmjatrimoiM<^3«A9fti« con- 
traído por coi^afrf olio» ^egno al 
.u|o de los sacerdotes^ sa di^oU 
via por una ceremonia contra* 
ría llamada diffarreatio: si por 
coemptto, er aélb qué lo rompia 
se llamaba nmáneipatio. Pero 
después llegó el caso de dispen- 
sarse esi{is formalidades, y ba^tó 



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■^ 



'WnhbUa 



^ VonipteVto ¿ettitite dé «iété tes- 
tigos, quedando libres Mtrftoiv 
bos esposos. Esto se hada edafn* 
Htí la iíeparaeieo era á pÁieióh 
9e las dos partes; la mujer goar- 
tfafoa eotoneés lo qué le perte- 
necía, y mtícbas veces los reg^i^- 
los qué ib hablab hecho ett 1h 
boda. 

AwpiTEAtiio (1 ).— Esla pafái- 
1>ra qtie los romanos tomanHi de 
los gHegos, es^i^esaba uo doMe 
íeútro, 6 para espIiearDos mas 
Claramente, e( teatro represen» 
laba un sdmicíreulo, y el anft- 
'teatro se componía de dos semt- 
diñólos reiHrtdos. La parte de 
enmedia dónde pagaba lá ésce* 
tea, !íe llamaba la arena^ porqne 
«ataba cubierta de nna arena fi* 
na llamada lo mismo en latín 
úrmá\ esta parle de enmedié es- 
taba rodeada de una mnrallaoir- 
cttlar de mas de doce pies de ah* 
to, sobre la cual estaba colocada 
una ftla de asientos destinados á 
los grandes majistrados y á los 
senadores. El qne daba los jue- 
gos dominaba en dicha illa so- 
bre una especie de tribunal, y 
terca de él se colocaban las ves- 



(t) Lot combates da gUdiadoreí je 
ejecut»roii el principio eii el foro, me» 
Úrdese hicieron á este rfeclo anfiteatros 
de madera, y hasta el tiempo de Julio Ce- 
tar» i!u709, nofaeron de piedra» 



tales. Detris de éste paraje, qtté 
se llamaba el Podítim, babf» fi^ 
bis de asientos que se estetHlfan 
y elevaban sucesivamente hasta 
la altura del ediflrio*, y de íñ 
Misma manera 'que en el teatro, 
1M primeras catorce gradas es- 
taban- reservadas á los caballea 
rosl Sentados allí cómodamente', 
Un orizonte de magniOcencia 
)iéMcia desplegarse á lá vista de 
tbdos. Óchente mil espectadores 
llevaiado unos las señales de sb 
dignidad, y reviestfdbs otros con 
togas brillantes, presentaban al 
pueblo romano bajo su aspecto 
mas noble. Oigamos á un histo^ 
riador contémpot^áneo describir 
uno de éstos'combales: ' . 

«Atentos estábamos á lo que 
«iba á suceder, cuando umi an^ 
»cha pqerta situada debajo del 
i^Podium Se abrió de repente y 
» vimos entrar eú la areoa á una 
atropa de jóvenes altos y bien 
•formados. Luego qne se pre* 
asentaron, arrojó la mucbedum-* 
«bre grandes gritos de alegría, y 
«repitió con transporte el nom^ 
abre díe los ediles enrules que 
)»daban la función. Cuando estos 
«hombres, que parecían soldados 
jvporsu continente guerrero, din* 
aron un paseo por la arena, nn 
«hombre de mas etiad que ptiM** 
«cia presidirá lo que iba áreri* 
»flcai*se> los unió doi ádos, seU 



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■%émktfA. 



•em ra éMUtn, éá (utni, 6 so 

•éestretá; después con espades 

ede madera, principiaron otros 

•Untos coml^etes singulares en 

iqné todos déspie^ron nná aji- 

'eHded sorprendente; pero éstb 

usólo eré el pfelodio del espi>c- 

vtácolti: A nna séfial que hizo 

«uno de los ediles; de repente 

vtocaron la trompeta, los cóm* 

»liallenfet cesaron sos Jnefos; 

v^njéfenté ^tonifar las armas 

vfljeras de que se hablan seriido 

•liasta aqnel momento, ? lo^ ar* 

«Inócon espadas cortantes. Kh^ 

atonees su aspecto eembló sdbi* 

•tamente^ miráronse con oJ6< a« 

nnenatadtreSy j vi con espanto 

•que lo que babia tomado por 

HinainraleerodegOerra, era on 

aeombate real en que carias 

HioRibrM iban I morir pera en* 

«Iretener á los espectadores. Dos 

ade nstoa combatientes estaban 

•delante de noaotroa, y fui lesli* 

ago de los golpes terrtbtes que se 

edieroov Ya «tatoaban^ya re- 

•iroeedian » evitando con arte 

asas mátaos alaqima. fi» fin, el 

amatdleslroó el mas diettoao» 

•dando «tt selto ácia dn lado 

•para Iil>rar8e del golpe que itia 

•4 caer solM*e 41, aerprélMilen- 

•doásu adrersario, le nndló la 

vespadé en el seno. La asamblea 

•con voz unánime gritó? ya /• 

•Aa dado. Lá pobre Tíetima, ck* 



•yendo de rodtfiaa, beéd ata en» 
•mas en seffal de derrota, y le* 
•ventando tas manos al cielo pa^ 
•recia implorar Té compasión de 
•los circunstantes. Al jpdnto to» 
•dos ferantáfon la mano con el 
»pulgar eslend ido; creí que estA 
•señal anunciaba la gracia de •<- 
•quel desventurado, y me enga* 
•Aa'ba, porque era so decreto de 
•mnerte. Apenaséf lo notó, cuan» 
«do presentando el cuello á sn 
•vencedor, recibió el golpe fatail 
•Uno8esdavossacait>n el cadáver 
•con garfios y le arrojaron por 
•una pequefta puerta' llamada la 
•puerta Libitina, del nombre de 
•la diosa de los funerales, á un 
•roso en donde se amontonaban 
«loscuerpos de estos desgracia'^ 
•dos« Al instante nuevos actores 
•llegaban á ocupar la plasa, y lá 
•misma escena ae renovaba con 
•mil circunstancias diferentes; y 
•así como cuando la mucbetlum* 
•bre qderia que el vencido mu*^ 
•riese á manos del vencedor, es* 
atendía el poigar de la mano, 
•cuando un vencido, herido mor* 
•talmente resistía aun después de 
»caido,loa mismos circunstaates 
•estendian la mano, pero con el 
•pulgar edcojido, indicando sé 
•le perdonaba la vida. Enton« 
•ees el mismo vencedor debiar 
•agarrarlo y conducirlo al pa* 
•raje de donde babia salido pa^ 



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E#te «i;^ el fuebto roiuapo,! 
•queiioi iD«jUlr|idos qfi^ wiir 
««bfm elaieiii^ftio, ib^táesümo^ 
UriQ al T99iQto del anfiteatro; 
aquelb4.y^il,a^Sx que cob uáa 
•ola mirada saivebUD á yo crimi- 
nal que iba al siiplicíp^ aquellas 
Tirjeoes modestas y puraa Teiao 
cpD c||p traf^quilo las cqpvuU 
atopes d,e |i|D.nuinbundo4. sof- 
reían eo; 811 agoaíai: y con. yn 
Jctslo impío, /provG^aban ellas 
mismas ^u ,t!|lt^mQ.SHH^iro! Es* 
traña. inconsecuencia qne bacia 
aplaudir un triunfo, odioso, á 
aquel mismo pueblo triiiaíadot 
de todas las naciones! Verdad 
es que el objeto cierto de tales 
diversiones era^ acostumbriárso^ 
los combates y aprender á de- 
rramar la sangre poi: Ifi patria 
sin titubear. 

Coi|iBATEs niTERsos. ^^ Qtrps 
combates babia^ entre los i^^ales 
nr.erece mencionarse el llamado 
iiitrmt7/on^ palabra salida delgríe- 
go» que significa pescado., El glar 
diador iba armado á la manera 
de los galos y llevaba la^ figura de 
un pez en la cimera del morrión. 
Estaba .vestido de. .un,a , túnica 
corta, y tenía un escudo y una 
espada corva, %l que combatía 
contra ^l» tenia la cabeza desnu- 
da; en une ma^ llevaba 'UA trí« 
dente acerado y en la;.. otra una 



re^, por lo¡<iwl4MMJlMt #| mm 
br^ úer^iariuí. Debia^aervifk 
para enredar Ja cabera i sp ndr 
▼eraariot De cuando en^maipito 
Iegritaba:;4siatil0,.(rala, daloila; 
na^áti á qui$myo quiero; $m$^ 
tu pwai^. Si el retiarMí copiaa* 
,guia cojer el mirmillop enre- 
4indole €;on su ted^ lo majtaha 
con su tridente* 

Los romanos en su Hijeínioaa 
J>arbá rje parece q^e se apliiQa)|i&^ 
á mirar la mMerte bajo todos sus 
aspectos, y que babian querido 
apurar todos los medios de dar- 
la. En fin. Piara pintar de un re», 
go solo el orror de aqueUm 
Juegos tan alabados, basta deeir 
que los vencedores Introdoeiao 
aus manos en las heridas de sos 
vencidos, levantaban esle san- 
griento li>QfeOi y con aifaeHa ae^ 
cíon tan esQcrable ác: atraían las 
aplausos de la multitud, y sali»- 
fecbos k)s espectadores se retira- 
ban á sus easas tranquilamenle 
de I OS' placeres nue habian gas- 
tado. , , , . . 

Guando se aounotaban- estos 
espectáiCttloSi el que los daba pe* 
nja enun cartel ^el numero jde 
gliadiadoresqüe debía figuraran 
elloSjty. tenia gran euidadode re- 
cordar el nombre de los fuas cé^r 
lebres que tomaban parte. Los 
combatientes estaban obliga4os ii 
presentar sus armas pai^s ver si 



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léÉTAIfA. 



«r 



éf^É' MttTorttlei iloi reglimen- 
tos. Dábase á los gladiadores di fe* 
Motes ooiabres^ sei^nn sa mane- 
ra de combatir, y la naturaleza 
tfe*las armas de qUese senrliín. 
Los trátits edrtibatfan con Ta tro- 
eldifr6esi^tf k h' manera tra- 
^a y^n eseudo. Los retía ríos j 
los mirmillones como ya hemos 
dicho. Los homopldcoÉ armados 
delXMhs ^zas: los dtmacAeros, 
ósoldados^tomolos de la eaha« 
Iteria iQiiGedóhica, y qne erhú 
nna especié de drafíones, tenían 
un pañal en cada mano. Los esa- 
dm'Uíé Gom batían sobre los ca- 
rros: los tffHffibares estaban á ca- 
ballo; venidadoS' los ojos ó ron 
una celada siii videra: ím taquea- 
rm no tenían ibas arma que 
un nudo escurridizo 6 lato pa- 
ra apresar á su contrario: los 
bvstoaHós combatían contra las 
bestias feroces; y se llamaban 
büsttrarfot de bwtum, quesig- 
uiñtñ oguéra^ los que combatían 
en los Juegos fúnebres. En fin» 
b¥bia otros llamados $amnita$, 
que iban k Ids festines para en- 
tretener k loa convidados con 



M destreza. Estos tomaron este 
oombre por osar de la armadura 
de los naturales de Samnio/ no 
I te? aben armas ofensivas; y por 
eeto los demásí "gladiadores los 
miraban con desden. 

JuEQos FieEAias. '^Qélebrá«> 



béiise esfM'Jtiegbf en eteit*co, f 
en tiempo de primavera, época 
en qt^ Plora prodigaba sué te**' 
SOTOS. Seria ofender al ptídor el 
tratar d^ describirlos, y por lo 
tanto decimos únicamente que 
ana multitud de mujeres a* 
bandonaban á la vez ei lebgna* 
Je y el velo derpudor^ y mu- 
chedumbre Insensata aplaudía 
con traiisportes aquellos ver- 
gonzosos espectáculos. Los Jue-» 
gps florales se celebraron en R«>- 
ipa 1^ primera vez el año 513; 
y no se veriQcaban sino en cir- 
cunstancias particulares;— el añd 
580, k consecuencia de una larga 
esterilidad se los hizo anuales. 
Trabajb cuesta concebir cómqf 
hohjbres ya Ilustres babian po- 
dido pensar a pfáidar á los dioses 
irritados nttra}ando& id virtud. 
Los censores, siempre tan zelo- 
sos por et hiantenimtento de las 
costumbres, no se atrevían á re- 
primirdesórdéoes que se cobrian 
con ei vetúf de la rélijion; y pue- 
de decirse que el deseo de agra- 
dar al pueblo era superior al te- 
mor de corromperlo. Vióse al 



severo Catón abandonar estas 
fiestas á i^ue i^istia, para dejar 
al pueblo gozar sin encojtmfeolo 
dé los placeres que tarbatni su 
presencia, y que no podia per- 
mitir su virtud. 
TBATáo^ DBCoiucioifÉSi—En el 



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88 HUTOiO^ 

lealredé um naeioa a» donde f mifiar» agiaf prQ9Mi.to4«fU'fl 



priRcipalmabU le aprende « ce* 
nocerlaoMjor.Sles qoble» Jamás 
i0 degradará CO0 caadros yc^- 
gonzoso^; j si está eñvilacida^ 
jamás ofrecerá rasgoa aoblimeá 
que DO pueden ser sentidos sMo 



carácter de aquellos para quie* 
oes ha sidq becba; imájeo eaaete 
de la vida prirada; ae apodera dA 
sQs detalles aiaa peqaeQos*, a^ 
puede agradara! po es TOfdada-^ 
ra, y uo puede aer verdadera aiii, 



por almas jepero^as. Los griegos i pooer de manifieatot «1 alna dei 
bao sido superiores á todos los que la escucba. 



pueblóSj pprque bao elevado la 
^cena al mas alto punto de 
gloria. - 

En vaDoaa dirá que un escri^ 
ior puede diferir del resl<^ de su 
nación; ^in quererlo l^ace el re- 
trato de ella. Todo bombre tra- 
baja para ser aplaudido» y aplau- 
dimos lo que está conforme con 
nosotros mismos. Por pomposa 
que sefi la trajedia, está sujeta á 
este principio. Tomando el hom* 
bre en aquellos momentoa es- 
traordinariosen que la pasión lo 
transporta sobre sí« lo represen- 
ta á la verdad bajo el aspecto 
mas imponente) pero no puede 
disfrazar sus rasgos esenciales 
sin faltar enteramente á su e- 
fecto. Que ponga Hércules sobre 
la escena y conservará su carác- 
ter agreste; Aquiles en ella será 
siempre impetnoao^ UJis^ ma- 
nifestará su inclinación á ia as- 
tucia^ y á pesar de las variacio- 
nes que los distinguen, todos o 



El nombre de Hittrüm con 
que itidistintamente ae denomi^ 
naba á todo el queaubi^ al .tea- 
tro, se derivaba de la pad^bra 
HUíere, que en lengua etrosoa. 
espresaba ,qn danian^ póbliccu 
y manifestaba á la Tea la debiii^ 
dad del arte en aa infama y la 
poca ccHisideracion que tnvío. 
B( año de Boma 393^ fué la vea 
primera que se vieron edtabte* 
cerse dentro de sus muros estas 
cuadrillas basta éotoncea de va- 
g^abundos. Gomaoicándose ,á ñUA 
jefes el gusto del pueblo á ealaa 
representaciones^ bubo especia-* 
dores mas delicados qijie lo fueron 
depurando por grados, y. el co* 
nocimienlo del teatro griego le^ 
dio la perfección da qne eran 
susceptibles.^ 

Si la importancia que un pue-» 
blo concede á las artes, y la ma** 
ñera con que trata ajos que las , 
ejercen, dan la medida de los, 
prqgrasoa que ba becho ea ellas, 



frecerán el jénio de so n|icion/| Roma antigua está mpy lejos da 
La comedia, dascubrcí de fipalja Grf)Gia«. JS8q|ii!Í(^» Sófocles y 



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WUÁWA, 



89 



Eorfpiílet fiteroD eofiUdcn en el 
MMero 4t las.|iéco0ft| p«ro no 
•8Í€B EoiM M dM^ la opl- 
Bion fábliiM degradaN & los ae* 
tares» y los aaem^aba á los bu* 
foMs descarados qii^ haeian ra^ 
borhar ata virtud. Un senador ó 
«a cAialleroi, tomiaa acercarse 
i no cómico ea un sitio público; 
no sealrevian ni anu^á recibirlo 
en su casa; y de este modo le om- 
bligaban i despreciarse i sí mis- 
mo, y- á abandonarse k los vi« 
eios que se le suponía. De ad- 
mirar es cómo unos liombres 
que sabían apreciar 1^ elocuen*- 
cia, y que tan gram cubado po<« 
nian en el arte de la declama- 
ción, desdeñasen kaata este pun» 
to á los que podían darles prove- 
chosas lecciones) un desden be* 
redHario soperalMi el descoque 
tenian de iostrnirse^ y la opi* 
níoe consagraba la injusticia. En 
Roott, eomo en Grecia» losespec- 
ticulos eran nlia parte de reli- 
Jion ; todos habian sido insti- 
tuidos en nombre de los dio- 
ses; y no habla fiesta sin fun- 
ción teatral. En todas partes han 
mirado los hombres como e- 
manado de la divinidad lo que 
tiende á reunirlos.^ 

El interior del teatro se di- 
Tidia en tres partes distintas: 
la escena, en donde figuraban 
los actores, los cuales estaban 

VOIIO \ÍU. 



sepwados de la vista del, pú- 
blico por un telón qo^ se bá^ 
jaba y encojia en la delantera, 
del teatro al principiarse U re«f 
presentación. Después seguía la 
orquesta (orehesíra) colocada 
siempre en forma de semicírco^ 
lo delante de la esfena j ma| 
baja qqe ella. En Grecia est^ lu^ 
gar estaba destinado i ios mi^ 
mos y i los bailes; y en Roma 
estaba reservado únicamente i 
los senadores y á las vestales. 
Hoy ilaipamos nosotros orquesta 
á una reunión de músicos. Den 
tras de la orquesta estaba el 
teatro propiamente dicho, y 
allí se sentaban losespectadoreSk 
Estaba formado de gradas circo- 
Ures qiie tildas correspondían 
í un mismo centro, y s^^ eleva^ 
han y estendian i medida que h 
iban alejando. El púmero de 
gradas no^áAjo^ sínq que es- 
taba en razón de |( elevación 
del edificio. Giida piso estabn 
dividido en nufve gradas, siete 
de las cuales correspondían á 
igual número de las categorías 
de los que estaban sentados; y 
el espacio comprendido entre 
las otras dos, formaba una gale* 
ría que separaba cada piso. El 
pórtico superior tenia asientos 
que las mujeres ocupaban con 
preferencia por estar af abrigo 
de las injurias del aire. 
12 



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§(í HKrrotu'' 

^'A la entrnda del teatro hnbia 
muchas personas cuyo empleo 
era acomodar á los asistentes se- 
pan sa rango y dignidad. Esta 
distinción ñola habia sino en los 
jneíios escénicos-, pues en el 
Circo cada uno se colocaba al 
acaso y sin ninguna distinción ni 
preferenria. Cuando en el año 
608, L. Mumnio destruyó á Co- 
rínio, trasladó á Roma los restos 
de su teatro, á fin de embellecer 
los juegos que debían añadir un 
lírillo á su triunfo .Paraempiear 
de una manera conveniente a- 
que I los magníficos restos, se cons- 
truyó UD teatro. Las decoracio- 
nes que le embellecian recorda- 
ban la elegancia griega. 

Ai bajarse el telón del teatro 
se anunciaba á los espectadores 
el nombre de los actores y elpa- 
{>elque cada uno debia llenar, y 
al punto la pieza se principiaba. 
En los teatros griegos era cos- 
tumbre el hacer entrar en su 
construcción grandes vasos de 
bi once que servían para llevar 



la voz hasta lasestremidides del 
edificio; pero los romanos pre* 
firieron á este medio, que se» 
gun ellos desnaturalizaba el ór- 
gano del actor, un tocador d« 
fiaula que soslenia su voz cuan- 
do se iba debilitando, ó que lf> 
atraía á tonos mas bajos cuando 
se estraviaba; y servia este flau*» 
tisla también para dar la ento- 
nación al nuevo actor que en- 
traba en escena. 

A veces sucedía que en un en- 
treacto ó en el espacio deunai 
pieza á otra, algunos espectado- 
res sacaban palomos de su se- 
no, y después de haberles atado 
un pápela la pata» los lanzaban 
al aire» y can (os aplausos de la 
multitud traspasaban el teatro^ 
con lo cual no hay necesidad da 
decir que estos ediíicias na esta- 
l)«n cubiertos. Aquellos palo- 
mos que se arrajaban al aire, 
eran correos que algunos mari- 
dos enviaban á sus mujeras cuan* 
do el espectáculo se prolongaba 
mas de lo ordinario. 



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CAPITULO <VIIL 



dl¿, ele. ' ••; .''.'*.-.*.': •,'. . . 



V amos i Ttir icomo «m pueblo 
iiácienl^efttratt](Mtiá4Dda eifiecfe 
dé )deiMra,viiiteoló rtaolmflr iMia 
4elasaM griadM <lifletiifMto6 

aet telvili£a)4as> I iitflU qué |>iiiir 
fto seíécircarM ifcsii objeto. Bá^ 
fóQlodfóálMraiMiiMitM. pri- 
-oicHs BoekMMA.tdé 'U diviaton 
del tiempo. Deauüladb péraptcto 
4nra oo «oeocer m jnfluencía 
eóbre m^íf^rlm eft que el Jeaio 
«ismo quiere ter. tea ienido por 
^Bt Unpk, Bérle ^ obtefvaeior 
-aes, pensó inatf bien en eelMia* 
ijer le pri«ieni«eceiidad de ana 
aecieded paoteoM^ qM en llegar 
á «na ésacttittd rígotosa, dejan- 
jdoá la esperieneia fOir^iH* k» 
erroret qoe éi no' Jbabia podido 
.e^itafé Dividid el aBo et diez 
oesea» €onÉuattde el prjmeit) 
-eli el fKinel* dia de nárw,r y e^ 
Mil eher neti y ftflaettte de lr«iiiuá 
41 treinia ]^rnA>diaiv llampo, pre^ 
^inide4^i^.tnipieebii elMitOo 



Tolfer^l mismo puto dd qi^ 
s#nte« Rómnlo cooocfa) el mqr 
m^nto la jiiesa€4it9d de^toe&k- 
<^l^ T Vliao qoe se aftadieseíii 
eedaifioisi ntWMiiod^iaa ¡Mr 
eeserio^ para qoe el peiei^rQ 4f 1 
ilOo cetreafioiHlieee pwtt^ntt^ 
mee^ M mtvmo peolpid^^e^^. 
Nuqm dii4iiU(|ef!y9f^4lMWq«- 
dBo(ese«d4s.mA^$'i|ffq IImiíí 
e^em y fflbríiroi frMjCAlA«4ffit«i 
del meada ea4ur«axM(aM)#Si(}iB|^ 
el eAocpmeniMdqt fliuM^ql^ 
el primero d*i6qeir^.#pflíipp©}v- 
driajdl^doce miisef^ ei f cÚOí^ 
del cual teodrie v#ie4ifl««ve|iiae, 
et$egoiid« v^iqtiocAko.jiioeptfos 
üitarneUrMaente Arei^Mií y. uno 
y vekiiirtaeyfl, e^^pio afftí««»* 
Are Umbien4f ?eiAHf«eYjB» £1 
ai^eotoo^^ fil^ en an totaildid 
detreacieiHof eine^ente jr eiaw 
4iat« Esjle fdmpuio, mea OMeto 
que el eolerior, epa toduvia- 4e- 
Ce^tpow: CRQociAfiqMa^ falt^a^ 
.flMi%dMi^4bi« pera compfM* 



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92 



HlSTOniA 



der la revolución solar, y se re- 
medió esta falta intercalando un 
mes de veintidós días al fin de 
cada dos años, y después de los 
dos siguientes, otro de veintitrés 
dias. Este mes suplementario 
fué llamado iferAedontus en o- 
nor de la diosa Merkedona, pro- 
tectora del comercio, á la cual 
se consagró. 

De estos años designados, el 
termino medio era de trescien- 
tos sesenta y seis dias y un cuar- 
to. Habían traspasado mas allá 
del objeto^ y para volver á él, 
dispusieron que en vezdeañadír 
veintitrés dias á cada ocho años, 
se añadiesen solamente quin- 
ce, lo que llevó porúltimo el año 
al térmiio preciso de trescien- 
tos sesenta y cincodías y un cuar- 
to. El gran pontífice fué encar- 
gado especialmente de velar en 
' el mantenimiento del calenda- 
rio, y de hacer conocer sus épo- 
cas al pueblo romano. Arbitros 
de la duración del año, se les 
vio prolongarlo ó acortarlo por 
consideraciones puramente per- 
sonales, y arreglar la marcha 
del tiempo por las operaciones 
de la política. Otros, sin permi- 
tirse infracciones tan graves, a- 
vaflzabnn ó retardaban , según 
su voluntad^ las asambleas que 
debian ^erifí6a^se en dias fijos; 
áe manera que los errores se au- 



mentaron y hubo en el calenda- 
rio gran desorden hasta que lo 
arregló Julio César. 

Para hacer conocer al pueblo 
el número de años transcurri- 
dos, iinajinaron fijar toilos los 
años un clavo al lado derecho 
del altar en el templo de Júpi- 
ter; pero en adelante, habiendo 
cesado la ignorancia que hizo 
necesario este método, se coi)- 
virtió en ceremonia relijiosa pa- 
ra alejar las calamidades públi- 
cas. El onor de clavar el c/ai?o 
sagrado se concedió primero al 
pretor, después á los cónsules, y 
en ñn, al dictador nombrado ú- 
nicamente para este objeto^ en 
laá críticas circunstancias que 
tantas veces amenazaron la ec* 
sistencia de Roma. 

Cada mes se $ul)dividía en 
tres partes desiguales, que se Ua» 
baban calendas, nonas é idus* Las 
calendas correspondían al pri- 
mer dia de cada mes, y com- 
prendían on cierto número de 
dias tomados del mes preceden- 
te. Las nonas seguían á las ca- 
lendas^ y eran de seis dias para 
los mesi^s que traían treinta y 
uno, y de cuatro para los demás. 
Los idus venían ocho días des- 
pués de las nonas. Los dias res- 
tantes se añadían á las Ciiieiidas 
del mes siguiente, y cada una 
de estas tres divisiones se con*- 



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mvfHAi 



'89 



lo. 

Pongamuf in «J^mplo. El 1.^ 
4e llano era «1 éia ám las caNiK 
iha 4é osle owk. El SR4e «ekre- 
«^M^élaagmido de !•§ aalen** 
:éaa4aoiarap»el9!7 ora el Ur^ 
ooto» el SG^I edarto^ j $ñt aoco* 
aíramMijtoi.liaala el 13, primer 
dk 46 hM idas de lebrarq; el 13 
eraolaegoAdode losiétttdefe* 
b^ero^^ ll-era eHeraere* y del 
nlfloianiodolmla el 5^ qae ra* 
•ia d iirioierdia de latoouas de 
febrera;: el 4. era el segaodo» el 
3 «8 el terafro^el i era el eitar-r 
lo, j el 1«^ de fobrero era el pri» 
mero de las: calendas de eSAe 
«es^ 1^ el Damero de dias qtie 
debiaor fomarJas caleodas de 
febrero sé kimaba» atrás sobra 
el fliesde^enerD. 

fie éste modo, los idos erao 
eoHlanleiMste'deoelio diasijr 
caiaa el 13 del mes si esto tenia 
veinlfRuera dias, y. el 15> si te- 
ola iraleta y uno. Llamábaseles 
asi del verbo e«rurlo4<iimrs, ^iie 
sigiúAea dividir, porque di vi* 
dian el i mes eaitos partes east 
iguálese < 

Las aouas eraa ilexuatro dias, 
si el mes teaia Teiiilinueve, y de 
seis sr leiiia ireiala y «oo; y por 
coaslguieiite eramel&óell der 
eada mesL Too^abao se oombre 
de la palabra lattea fiobi«f» no-^ 
Teiie^ porqve teniadlÉuetq dias 



de iotonrato delde etpfteerode 
los idosi ! 

Las raleodas comprandlaii el 
rallo del mes, loosaado siémprf 
el tüttlodel mes que. iba á se* 
giiir, y coQclulaoel día és los 
idus del mes precedeolo. 

Esta manera de eompotar por 
oaa marcha retrógrada, el tiem- 
po qtw siempra adeleoia, pera-' 
ce muy estrada desde luego, f 
eoesta trabajo comproeder que 
elsiguieete diadel primero de 
las calendas, ftieseel cuento de 
las ooeas. La raaoo de esto, se-^ 
gen la opinión de un historia-^ 
dor^ es que lodos los pueBloar do* 
taban de una época Hegfcda ya/ 
y al contrario los romanos» áé 
ena época veoiderayqtteespe<i¿ 
raban. Así el dia 1.^ de^ marzo,, 
siendo el primera dcf las raleón 
das de este mes, al li de febre^^ 
ro se hubiera llamado eideei* 
meseslo dia aptesdelascaleo-i^ 
das, al siguieale se. hubiera lla^ 
medo el deeimoqeinto^at otra 
el decimoeearto,-eto^ y por uoai 
especie de abreTiatojta, pfe^opia: 
del Jeniode la lengua latina^ en. 
ves de decir UU . diú anU$ de ios < 
ealendoB, se hubiera dicho sim^ 
plómenle kU áia de itm talenias. 
Esta esputación se esliendo á. 
los idas como á las noMS} y pa«»i 
rece anunciar ai pueblo .mas. o«» 
copadp. d.eL porvenir que del 



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inrroRiA 



tiempo qqe pa^ó; Me$ como (i«^ 
bian ser los primeros romíuios. 

Cüda dta de las calend»s, los 
pontífices llamaban el pueblo 
al capitolio y allí publicaban 
en alia voz, el numere de los 
dins de calendas , la época de los 
idus, la duración de las nonas, 
y ÍJis obtigacijues del pueblo 
durnnle el mes. La palabra Ca* 
iemle viene de calare que signi- 
íica |»roclamar. El conorimíenlo 
de los tiempos y el destino ú^i 
rada dia, forman lo que ius m- 
nianos llamaban fastos. Los pon- 
tíüces tenían ellos solos el secre- 
to; ya hemos visto como el edil 
cúrul Flavio lo hizo público. 
Desde aquel tiempo, los fastos 
grabados sobre una columna de 
bronce, estaban al alcanée de to« 
dos los ciudadanos, sin que los 
pontífices tuviesen necesidad de 
instruirse en ellos. Las princi- 
pales ceremonias que estaban in- 
dicadas porel calendario se lla- 
maban f$rim stativw, fiestas in- 
móviles, porque volvían en días 
fijos. Las otras menos importan- 
tes^ se anunciaban en cada curia 
por un gritador público ó prego- 
nero. 

Aunque las calendas de cada 
mesestuviesen consagradas á Ju- 
no, el primer día de enero se de- 
dicaba particularmente á Jano, 
cuyo nombre llevaba. Ofrecíase- 



le una torta llamada januafj ha 
cha de higos, de dátiles y ]c(*h1^ 
cuya dulzura espresaba un feliz 
agüero. Todo el día se consagra- 
ba á los placeres y regocijos pú^ 
blicos, pues se suponía que el 
resto del año había de resentirse 
de las disposiciones en que esta- 
btin al principiarlo. Los romanos 
se hacían en semejante época 
muchas visitas y sd enviaban 
pequeños presentes llamados 
sirenm. Los artesanos trazaban 
sus obras, indicando por este li- 
jero trabajo el uso que contaban 
hacer de su tiempo. Había gran 
cuidado en no dejar escapar 
ninguna palabra de que se pudie* 
se sacar un mal presajío*, y en es- 
te mismodia tomaban los cónsu- 
les posesión de su empleo después 
de haber sacrificado en el capi- 
tolio dos toros blancos que nun<f 
ca hubiesen sufrido el yugo. 

El 9 venían las agonales^ 
fiestas muy antiguas instituidas 
en onor de Jano, bajo el nombre 
de Agonías (dios que también 
presidia á los negocios). En estas 
fiestas el rey de los sacrificios o- 
frecía la víctima de un car- 
nero. > 
El 11 se celebraban lascar-» 
mentales, instituidas en memo-, 
ría de Carmenta, profetisa, ma- 
dr« de Evandro^ rey d^ Ita- 
lia, que daba sus oráculos en 



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átt>rifti4fiiftr'él^5 y le Mra&bim 



eiMÍAirf éoh^ÁftftrA^ g Éúpnér\ t^v^pmir^. 



WMm*H«inlM(h"ftftir«^:*^l¿Q los 
Mué^^he^H'loá lóéaHiM^eá de 
flauta c«6r^M fior Té dadad vet^. 
thhftá^é nrtlfjeri • ' ■ 



itraattar^s; jr eo «rietüi^/ se 
e6l«brMftfi*pit Iba tóMpie^^ lana- 
pío verdadero de t/hftfdftrtoidari 



Kl t5 rnfofit kñs4$ip€teM¡m, es 
que ffeaacrificato üm tmUm ud 
*oaPfl«. 

El 17 ae>ceiébrabtti>ílat9fiírt«' 
vmks instUiiiáafl. por* Naim»^ m«é 
oivor de Qoirino^Húmllla. LJa«i 



f/nna, t^ra -^ü^tM^er el Jí^rmcnr ; mábaaelH vulgar«íiMte.to fie$ía 

i^to$loeim, porqoe toa qae h»^ 
biinomiUil»^r olvido j6 igoo«» 
raaeia ja ll•^U «unribto de Jaa 
famaeales. ó fieata de i ioa^raos^ 
qae«a baci* eobndb» «e.ioalaba 
eHrí^o, aaierMIaAad 'á Qslríim 
p«rh eafíiar ao faítai ' ^'h i' . 
Bh 19 vevln UnMm 4qI 



dichoso ée 4u9 siembraa eorrfiíi*« 
das á la tteft^ftt. El 27 e^teb» de^ 
dk-Hdo á <:ástoi* y a P61t«t. 

£1 SI , •eélel^«1»a etiAi eiial 
efi au easíi^^liÉ Ñeslb'de fos dfó^ 
aes F^énáie$^ <A^df vkiMade^ pi^i»*: 
lé^eiarifs'dV fia fiíniñkia , y t»¿ 
nocesatrib^ (lteitM$eAÍrk>i He lo» 



JLtfres; jtuésMi |m>pidinente lui ,/tr,mé»;^mú ^Éorde toií maneai 

nKnl€<8 de lof^^iiitigaos. | E«i«*i<MOi<m«y iuitigttii Alé daa«^ 

Febt^o' e^áb« b^j& lá |>ró- ¡ «ttldifda *por Inafeho «ttonipc^ M 

tecctoo dé ÑéjptMty. Eaie méí^ pelle«aMital»ehida4,'yidic«a 



éfá'ifé^tMado á lossacrtQcioa'es- 
phitoHos; Y^athi Ubleúer de %» 
dioses et|)^fdbti de tas faltas 4tte 
el pueblo toáíártio babia (lodidití 
cometer en él dtScttrso d^i afto/ 
que eti otro *lfémpó^acabAW ti 
pHmer "día dé este mes. Lói 
tiStúhiókkxJti^Mú» en ^t c«t¿d- 
darlo uo alleraiH)tie( óMeb Hdéi 
las cerémpiilaa^i'érHJios'as. 

En los idtts dé febrero, irenfM' 
laS llestaii dé f aimá^ eh'V^ elai- 
dad se veriflcabaa eo ui^Ü jat4 



[ que frvMiiba 'saMréi ÍNiasepul^ 
caos las ieaibrají id0l>s.inü«ri€>a 
MÍw^UMlfr^ MillldiHi oapftDloeoaf 
fmt kiifuoUeiptttabta'ierte las 

^ El MtoreaHi'dw^nilaiá loé 
roBnqnqa^y Uenabaieliwiifim) diat 
fñfg^íj^liijráinienfroettmU^^ lU 
kerlaé^que' 'CüttrigOierodj nrio^ 
jMrel# éai *Roéia á ''Dirqsiod, >r 
desiruyeodo !• ^iguldadJ réoL 

í. n 'h- . ..\; - "i :í 



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96 



HISTOBTA 



El 27 se cetebrahan \n$ equi^ 
ñas, ó fiestas íie carreras de ca- 
ballus, inslituidas por Rumulo 
en onor de Marle. 

Kl mes de marzo estaba con- 
sagrado á las mayores solcm- 
Didades: este mes abría el a- 
ño ; tos hombres cousagraban 
sus primicias á los dioses que 
les habían concedido el benefi- 
cio (le ellas. Por una eslravagan- 
cia que no se puede esplicar, es- 
te mes que llevaba el nombre 
de la divinidad querida do los 
romanos, estaba bajo la protec- 
ción de Minerva. 

En las calendas de marzo se 
encendia el. nuevo fuego sobre 
el altar de Vesta. Se renovaban 
los ramos de laurel que rodea- 
ban los hazes de los lictores, j 
los que decoraban la puerta de 
los ílamtnes y la del rey de los 
sacrincíos. Se celebraban las 
Ancilia$ ó fiestas de los escudos 
sagrados. En el mismo día se 
verificaban las Matronales, ob- 
servadas relijiosamente por las 
madres de familias, en memoria 
de que en semejante época, las 
sabinas, arrebatadas de su pue- 
blo, restablecieron la paz entre 
sus padres y sus esposos. Los 
maridos en este día hacían re- 
galos á sus mujeres. 

El 15 estaba dedicado á vln- 
na Perenna. Era esta , según 



se dice, una mujer que llevó a- 
timentos al pueblo romano, du- 
rante su retirada al monte Sa- 
grado, y que la erijieron en di- 
vinidad. Se celebraba su fiesta 
en las orillas del Tíber, con dan- 
zas y juegos en que las jóvenes 
cantaban versos muy libres que 
sin duda no comprendían. ^ 

El 17 venían las liberafes 
ó fiestas de Baco. Aunque en 
ellas se entregaban á toda es- 
pecie de diversiones, se obser- 
vaba una decencia que contras- 
taba con las bacanales licencio- 
sas de los griegos. Las mujeres 
eran las que hacían las ceremo- 
nias. Vélaselas coronadas de ye-^ 
dra, sentadas á la puerta de lo& 
templos ; delante de sí tenían 
grandes ánforas llenas de una 
mezcla de vino y miel, é ¡nvi* 
taban á los pasajeros á que hi- 
ciesen libaciones á Baco. 

Las l¿berale$ so llamabaa 
también así porque en aquella 
época los jóvenes tomaban la ro- 
pa viril y quedaban libres de los 
deberes de la infancia-, y tam* 
bien del sobrenombre de Liber 
que los romanos daban á Baco ^ 
en razón de la libertad que ins- 
piraba aquel Dios. 

El 19 se celebraban las quin- 
quatrias en onor de Minerva. 
Duraban cinco días como lo in-» 
dica su nombre: el primero es^ 



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MUJ^HA^ 



tsr 



teta «PMUgradt á l«s pkiMrei 
iooeeiiles, porjfue se lé iiikM»ft 
edmo e( aoiversario del iieei* 
miento de le diosa. Los o|lroe 
cuatro se eropleabao ea los jue^ 
^M del circo y en los coosbates 
de los ghidíadores, diversioMS 
que creiao agradables k una di- 
iriuidad que presidia i lag«erra« 
El últioip día de estes fiestes, se 
purifica bao con el sacrificio de 
un cordero ; agua lusbral» las 
trompetas que serviaa para las 
ceremonias sagradas; este fteste 
se llamaba iubUusírium. 

En fin el 25 Yanten tes HUñ^ 
rjofenonordela madre de los 
dioses, y eran consagradas ente* 
ramente 4 la alegrte, fagun la 
significación de este palabra. En 
este época desaparecían todas 
laasefiales de Iqto, y se suspen* 
dian las ceremonias fúnebres. 
Paseftbase por las calles la ea* 
tátoa de Cibeles; cada uno bapia 
Uevar delante de ella lo que te» 
nia de mas precioso, y en fin para 
aitedir brUlo k los pteceres ddl 
pueblo^ se permitía i cada uno 
Itevar las insignias de todaí 
las dignidades. Liclor^s finjidos 
marcbaban delante de 4nJidos 
cónsules, un falso pretor subte 
al tribunal, y supuestas véateles 
ae prepealaban en loa pandes fér^ 
bucos. 
Abril estiÁa consap^ado i Ve^ 

WMD Xllt. 



nim* La i&p9ca mas briUaiaa del 
afio debia dedicarse á la mai^ 
amable de las divinidades. £15 
se celebraban los juegos JUsgoía» 
$io$, d grandes Juegos en onor 
de los grandes dioses, j partica^ 
termente.4e Cibeles, llamada la 
gran diosa. Lu damas romanas 
danzaban en ellas delante de loa 
alteres; y no era permitido i loa 
esclavos asistirá estes ceremo* 
nias, i escepcion de algunos ea^ 
clavos frijios cuya presencte re* 
cordaba el or^f n de on caito 
estrafio por mucbo tiempo en 
Eoma. 

El 10 se aotemniuban las fies» 
tes de Cares, euyes ceremontes 
bacten Us mujeres vestidas de 
blanco. EscloiasedeeUaa i toda 
persona vestida de loto. Coén* 
tase con nste motivo qne despiea 
d9 U batalla de Gannas, lenien^ 
do todas las familiu pérdidas qoe, 
deplorar, trasladaron estes Bes* 
tas al ate sigutente. Las e$rmlm 
duraban ocbo (Hai^ y entreten» 
to no se tomaba alimento haate 
después de puesto el sol, coaao 
dicen lo babia becho Cérea boa^ 
cando i su bija Proserpina; y á 
consecuencia de #ste imitaelon 
corrían durante te nocbe por 
todaladodad con ácima encen^ 



El 25 se badán aacríficios al 
dios Róbigo pare prcMrvar i 
13 



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M 



■ÜtOlU 



los trigos dií fa niebla, ó, aáobli» 
de las mies^s. 

Cn fio, el 98 iH*ifielpÍaban los 
ftdralei que tforaban el. resto del 
mes. Si^oo onos, estas fiestas 
fueron fnsttttiidas por orden de 
los oréenlos sibilinos en onor de 
la diosa Flora, qne corresponde 
á h Cloris de los griegos» y te- 
nían por objeto obtener el feíl^ 
rfesnitatfo'de la floreseencia de 
los átbdles. Segnn otros, nna 
cortesana Ihmada Lttrwítia y 
mas donoeida- bajo el nombre 
de Plora, habiendo dejado en sa 
testamento bienes Inmensos al 
pueblo romano, se Instituyeron 
estiS'ifiesfes en so memoria. Té 
•o otra parte hemos dieho la 
dliolncfon 4ve earaeteritaba á 
estos Jnegea. 

Mayo estaba bajo la proteo* 
etoft de Apolo. El 1.^ de este 
nes las damas remanas eon las 
▼estales á sn eabeza^ hacían en la 
^sa del soberano pontífice un 
saerMelo á la buena diosa, por 
la saínA del pueblo; no era per<^ 
mitido asistir á loi^ hombres, y 
aun se Telaban las estatuas del 
jénero maseullno. 

El 2se cel^raban tas eompu 
UUÍoij en onor de los dioses * ta* 
res. Estas fiestas tomaban sn 
nombre de la palabra latina qne 
significa ^n4frueíjadñSj dtl sitio 
en que se hacian las ceremonias. 



Asegérase qne ^n tiempo de tos 
reyes, se sacrificaban víctimas 
humanas, y qne este uso odioso 
se abolió en tiempo de la repú** 
blira. 

El 9 venia la ceremonia de las 
/amtirtai ó fiestas instituidas pa* , 
ra aplacar his sombras y fnotas^*^ 
mas de los muertos y ol^tener e( 
reposo de ios vivos. E*«ta fiedla 
Idgubre, fné loslituida por Ró^ 
mnlo, á quien el arrepeutimien* 
lo de haber matado á su herma«* 
no arraneó este vana espiecioo. 
Los sacrificios que se hacían en 
aquella ocasión, iban acompaia- 
doi de eirconstandas misterio*. 
sas que indicaban «O alma tur* 
bada por los remordimientos. 
Dorante et mes de muyo etita^ 
ban casarse, porque creian que 
los lazos C(^|raidas en aquella 
época eran retajados por la si« 
Qlestra tetiuencía de las t$mu^ 
ríos. 

En loe idus de mayo tenia 
lugar la singular ceremonia de 
los Arftvos, en que las vesla«» 
les acompasadas de los pontí* 
fices arrojaban a4 Tíber desde el 
puente Sublicio treinta figuras de 
jimia. En otro tiempo, p2«re¿e 
que los groseros habitantes del 
¿aefo arrojaban al Tfber vfcti» 
humanas en onor de .S/ieur* 



no. Hércules los ahügó á r^un^ 
ciará estos sacrificios bárbaros 



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wmáju. 



M 



jr fwnnHió úoiBMieiila su tlrtui- 
iMm. A «su trs4kiofr dudosa 
pcren que aludte la tfesla da los 
ArJIvM (1). 

El miswo dia loé iMfcaderas^ 
sacríBcatMio i Mareurio» so pa« 
trooo» coo los rUos 4u* b erao 
propios. 

Junio estaba bajo 1á protec- 
ción *é Mercurio. Abríase por 
ouairo Restas á la vex: la de /•» 
M Jíotola» la de la Tmpmiaé, 
la de Marit j la de la diosa V^r- 
«a, que presidia i loa quicios de 
las .^uerlas^ y ochaba de ellas 
los malos wpiritua» é la cual se 
ofrei4aB en sacriicio pacbos de 
arioá de abaa con tocino. 

El 7 los pescadores daban al 
pueblo sobre el Tíber el espee- 
tiicvlo de tos juegos püíanlortof . 

El mismo diese bacia la fles* 
la del dios M^tite, 6 tí entendi* 
miento. Los l*omanoa erijiepon 
en dtnnidad esta preciosa facuh 
taddrialma»y le«diAcaron m 
templo cerca del capitolio. 

El 9 llegaban las v$$iaUm. 
Llevábanse al templo de Veste 
los manjares mas deHcadosr las 
matronas romanas iban i él con 
sos mejores adornos; de alU al 
capitolio» en donde babia levnn* 
tado un altar á Júpiter Pisto» es 

(i) DiovMio oa HAUSáaaAic^ li- 
bro I, cap. TÍU. 



decir, protector de los finnes» 
Estedia era #1 de loa panaderos. 

El 11 cacaba dedicado é la 6on. 
epriia . divinidad augusta que 
loa romapMM adoraban alo cono- 
cer. En este mismo diaee cele« 
brabanlasaMlroíssii •estas de 
la madraJfeiule. A ellas no n^ 
oodian aiao las madrea de famU 
lia; y aelo se admiOa á vna et« 
dafn fse despedían df spnea de 
bafceriedndouftmero bofetón» 
para recordar los lelosde Ino 
contra una esclava amada de su 
marido. Las mujeres no hadan 
votoaá la diosa aino per los hi- 
jos desnaheroianoS^ó hermanas» 
y nnnca por h4 suyos propios» 
por teaiior de atraer sobre ellos 
la suerte de los lilíosde too. 

El 15 se barría el tefli|dade 
Veste» y lea barredf|fes.ae.erro«* 
jaban al liber con fren osre- 
monia. 

JuUo (tmkuUü) eiUba bajo 
la protección deiáptter» En Jas 
calendan se acababan las vifas 
para lascases^ 

El 4 se celebcaba la fieata de 
la Farímta Femenina» inatitnida 
con motivo de la victoria que 
akansaroaVeturia y Volumnia 
aobre la justa ira de Coriolano» 
dispuesto á inmolar á Boma á 
su vengansa* 

El 5 comensaban loa juegos 
Apolinares: se verificaban en el 



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fOO HWTMtA 

circo y éü el teatro bajo la áU 
reccioo M pretor. El 7 -reaian 
las npretínas, & las fiestas de 
las . criadas; Cuéntase que ana 
escIsTa ttamida Phitoiti , ha* 
hiendo pasado- con siis coaspa- 
iteras Hl éaoipaAimto de los €K 
nemigds qoe cerraban la cfii^ 
dad de Roma, subió sobre una 
higuera salvaje tf cabraifo(c«« 
prifiewj, para dará los ranaoos 
la señal del ataque» y los en^mi* 
(TOS- fueron estermlnados. Dtdse 
la libertad á PMtotis y A tas que 
la babian seguido; y para con* 
serrar la memoria de tt^e acón- 
teciraietto, se fnstitiiyetoo las 
Bonas aoprof fiMis ó de la bfguera. 
En esta época las criadas baclan 
pequefios regalos á sus sefioras, y 
eomian con ellas Tuera de la du- 
dad deiM4o|e higueras s^WaJes. 

Bt l^era un dia funesto^ con- 
memoración de aquel en que el 
ejército tomano fné destruido 
por los galos en las ritieras del 
AHa, boy OomtMla ó rio de Afoso. 
De modo que quedó como pro* 
térbto de un snceso {nfeliiel 
decir? AUen$i$ die$, pugna. 

El 93 se celebraban las neptw- 
fittiaSf construyendo én 4as ori-^ 
lias del Tfber barracas debajo 
de lar cuales pasaban el día 
en placeres tranqqilos. 

Agosto (iemtílii) estaba con* 
sagrado á Cérea. 



Bt 10 las muferes embaraai* 
das sacrifi^ban á Opijena, divi* 
nldad aosiiiadora. En la misma 
época se ofrecia á Cores vino f 
mM, y los días siguientes se in - 
mfolaban perros rubios á la Ca« 
nfcola, para alejar la influencia 
de las enfermedades que entoo* 
ces reinaban* 

El 17 se celebraban las pñr^ 
íumnitím, ó ñt<^i de Portunmo, 
dhrinidad de los puertos. ' . 

Et tS se eelebraban ía$ eon*^ 
$uaU$ en onor del dios de los 
eonseJ^Mi, llamado Conso. Bajo 
esté titulo se invocaba á Neplo« 
no. Eialtar sobre el que se ha« 
cia el sacrificio en e^a ocaslcm 
estaba debajo de tierra, pura es* 
prestar que los conse|oi deben 
ser secretos. Dorante la cele* 
bracion de lus Juegos consuales 
foé cuando los romonos roba^ 
ron á laa sabinas (1). Esta fiesta 
fué institalda por los árcadei 
eempafieros de Evandro, en onor 
de Neptuno Rippíano. Para re^ 
cordar este orijen» los caballoa 
y laa molaa no trabajaban dó^ 
rante estas fiestaa^ y se les po<» 
nian coronas de fiores (2). 

Loa idus de seo^Ktti estaban 
consagrados i Diana. Las muje^ 

(1) Tm Lino. Década I, r.b. l. 

(2) DiMme mi Haucamaso^ Üb, I« 

CSp.VI|» 



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res stfHao d« RndM con «na to- 
lotehae»h«Mia7 w dirjlüii 
al bos^aede Arichi, cérea 4« AU 
bú, en doode esta diosa era - téo* 
rada inriiettiaraieiite. Eo este 
ntaúo^ia nadó Seririo Talio y 
te estableció QM^Ce^ta paira tos 
esclavos ea memoria de este rey 
aneldo en la esclavltod. 

El 19 se celebraba por fodd 
el LackrlaseimiNasr^icfls, ios* 
tltnidas en onor de Júpifer, á 
qnienae hacían libaoioaes con 
▼inontiafro. 

El 23 sesolemnlaabanlasimf» 
eamtfes ó fiestas de Yulcaao^ j 
romo dios del ftiego^ se* quetoa^ 
ban Tíc timas en su onor. 

Setiembre estaba bajo la pro- 
tección de Ynloano. 

Et4 principiaban^ los ^randss 
/«ages ó/nf^os roaiotiof y esta- 
ban CMisagra^M á las tres gran- 
des deidades Júpiter; Joño y 
Minerva. En loa primeros tiem- 
pos de Boma se eeflebréban en 
nna isto del TIber; y Inego qne 
Tarqnino el antiguo hiio el gran 
circa^ se ejecutaron en él coa el 
nombre de /nejaos eirc§m$$. En 
ellos se daba al {niebla romano 
el espectáculo de las carreras de 
carros y de las de á caballo^ de á 
pie y de otros moebos ejercicios. 
Et a<> se celebraba- el naci- 
miento de Rómolo. 
El 30 venían las aisdilrítia/ei 



maiasA* foi 

en onoe de Jtfaiftfrjiío, dtoai de 
U medieina, durante laa enales 
se1)eUB vino dnlce qva ereian 
proveaboso á la salud. 

Odtubreeslabarhaj0la protéc- 
cioa de Marta. 

El 15 aa spcriioaba al dio» 
Marte uneabaHo, llamado el ca* 
battn de Oelnbre« BsU «aremos 
nia parece^que atedia al«abaMo 
de Trova. • 

Novlembraofliba dadioadO'á 

Diana, f an las calendaade esto 

se renovaban^los Jm^os del 



El 9 se badao^aari Aaioa á Be- 
eo, para darle gracias -por los 
presentes qoe babia beaba A loa 
bombraa. 

El 15i VMian loa jMgos plebe* 
yos, lasUtnldas an* memoria de 
larecoattliaidan qna bnbo entre 
loados órdenes dM estado, des* 
pnes de la réíiradadel pueblo al 
monte ¡Sagrnla. Iioa ediles pie» 
bayos tantán la dlreaoion de es* 
tos Juegos, que se hacían en el 
circo y dnraban tres dias. 

En los idus se ofrecia i Jdpi- 
ter «n el capIMIo el festín so» 
lamaa^ llanÉado Epmíum. Los sa* 
oerdoles^ apnloDeslo.anunciabsa 
la víspera en términos que co* 
rrespondian bien poco á la dig* 
nidad del obJelo<^ 

El 24ae celebraban las bru^ 
male$ en onor de Baco. 



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103 



BtsrmiA 



Dii*íe*ihrtt estnim hH\o tu pro* 
IMeion ám Yetlr. Bste mit «ata* 
ba coaiaiinKlo'^oteriiiieiile á Im 
placeras. Se tolenibatt toa jM- 
go6 4e aür». proibidoa ao el res- 
to del afio.Todo amocisbe la 
alegría, todala toapiraba, y Ro- 
aa oTraeia el eapaeláeolo de ana 
grao caaa habitada, par um oms- 
ma bmitia. P4ro estas fiestas 
célebres llamadas saturaales, oo 
priaeipiabaa propiamattta sino 
el n* La víspera de astedia» lo^ 
muchachos lasaMiaciaba.i gri- 
tando por jas calles h .Sodirfia- 
üA. Las fiestas aa abrían con sa- 
crificios á Satnrao, alas únalas 
seMisliaaon U cabeía deaco- 
bierla, porque declan qna el 
tiempo lodasenbre todo. Lapri- 
mera toy de esta fiaata^ y la me- 
jor observada, era abandonar to* 
do negocio páUico para no ocu- 
parse sino de regocl|oa j fasti* 
nes. Toda aparieneia da servi** 
dumbra se desterraba; los esela^ 
vos goiabaa de todas loa dere* 
cbosde la libertad^ oomlaa en 
la mesa con sus aaM>s, podían 
aun dirijirles burlas inocaatas» 
y en fin ^ ' en aquellos dias de 
prestijios, todo recordaba las 
maravillas de la edad de oro^ de 
aquel tiempo quimérico «n que 
se esfuerza en creer la imajina* 
don cuando la reflaesion lo des- 
truye- 



Al fin de tos saturoalaa i te 
catobraban tos SfMi/úit en 4hioi( 
de la diosa Opk, élpoaa 4b Sa^ 
turao« 

El ai vealatt toa (m^tifgte 
instituidas en memoria de Acea 
L«reotii^ oodrlaa de Bóteitlo f 
Kemo. 

El 21 sa solamniíaba la fiesla 
de iinjfsrotia> divinidad del si- 
lencio. Tenia la boea pegada y 
seltoda. Su euHo aludía á un 
nombra que no era parmitidu 
pronunciar, y dicese qne era el 
antiguo nombre de Koma» &ntes 
que Rómulo to hubiera impues* 
toel suyo. Los libros sibilinos 
proibieron usarlo Jamás (1). 

Bo fin, el 24 comentaban los 
juegos que duraban oebo dtos 
enteros; y aquel pueblo» Cavare* 
cido del cielo terminaba el afta 
con los placares* que lo^ haMan 
comenzado. 

No eotraremoa en el detaUe 
de tos fiestas euya época no es» 
taba fijada por el caleüdarto. 
Las mas notables eran las farias 
toUnas, Instituidas por Tarqoiio 
el Soberbio; el cónsul tos anno<* 
ciaba para tal dia, según su vo- 
kintad y estaba oMigado i asis«* 
tir á ellaa. Estas fiestas se cela« 
brabanconunaesactitod escru*' 
puloaa. La mas UJara ondsioo 



(i) Pttamtlib.III,cap.v. 



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kiitfttia pér% hm&t^tmn pria- 
éipiaten de mievo. 

Después de beber reemrida 
el efreilo del eOo, es eieMtler 
conocer U diférenete^ loi diae 
de qoe se compoeia^ y el^ oso á 
qae eslebM ^éiUnüdoe^ Las iKes 
de flesla eslebeo eonsegredes i 
los dioses, ya psra b#eer sacrU 
fieios, ye para celebrar Joegos en 
su onorv pasárbanse en diTersio^ 
nes f en festines, y se les nom- 
braba dias nefmt^. Los demás 
ilestioidos el trabajo se llame- 
han días folies? estos se dividían 
en tres clases. Primera, losfoilof 
proplameotedichosqoe se em« 
pleabaa en los negocios civiles. 
Segnndtt, loe /inloe afUiHdras, 
durante los énaJes ee tacaba en 
tcMla clase de trabafo basta el 
mismo dia, y el resto se coBsa<> 
(traba k los ejercicios de reliffon. 
Tercera, los fa$to$po€tériare$, en 
que la mañana estaba ocupada 
y la tarde libre. 

Además de esta distinción ha- 
bía dias negros 6 desgraciados^ 
durante los cuales se suspendía 
todo negocio. Si uae grande ca- 
lamidad liabia acontecido al es- 
tado, %\ uh crimen interesaba á 
la salud pública, el día en que 
esto sucedía se miraba como 
día funesto, y se marcaba eu el 
calendario con una piedra ne- 
gra, para perpetuar su recuerdo 



ífíi 

é Implofer el>perdei^de los dio- 
ses en loe dias eaifarierios» Loe 
dias feUees» por el coatririo* es- 
tabea mercedes eoo érela é pie* 
dcaealUe bleace^^nvckos esU<- 
bao puestos ea el f ewgo de las 
fiestas; losotros mepoeooteblea 
eapresaliaa ua agftero relift« y se 
leselejta pareefipreader las ca- 
ses imporiaetes. 

DescendieodoeQre á aMiebet 
peqoeAes divisiones» es meoee* 
ter decir cómo t^s rooumos di« 
vUiaael 4la. Ellos aocoaocie- 
roa por mucbo tiempo sino le 
seüdey puaste4elsol; las leyes 
de las Doce labias ao mencio« 
nen ninguna dliF.isioa mas astea- 
se* En 477» Papirio Cursor colo- 
có sobre la ípclvida del ^mplo 
de Quiríao ua aieridi#no qu^ di- 
vidió la tPtalHU4i4el 4ie eo dos 
parteiigcuMes^y bien pronto es- 
te mismo iuiitrumeato perfec* 
clonado, les sirvió para dividir- 
lo en doce boras (1), priucipian- 
do la primera á la si^lida del sol^ 
y concluyendo la última al ocul- 
tarse este astro, cualesquiera 
que fuesen además las desigual- 
dades de las estaciones. I)e esto 
resultalMín horas mas lar,;as du- 

(i) Al liabUr Pliuio ét Um relpíet 
de lol, dice seucillftinetite: ''sin embarga 
«ciuiido el iieinpo ttiabí cabíerto, Ut 
»líorat ^aedAb«a incterUi.'* Lib. Vil, 
cap. AltiiBO. 



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104 «ftTMia 

rfinte Úí^ MiáS A$l «Ho, y se 
fes llamaba horm é$ serano, j 
otras mas cdrtas dorante la e^-^ 
taciOQ, f %% las Kamaba kúra$ 
de intiémo. klá en unas como 
en otras, la hora sesta mareaba 
lamitad del día. Las horas de la 
noche se contaban igñalmenle 



tornero» 4e io etrie ge s el Mo'del 
clepsidro, j se servían de él 
prindpaloíieéile en los campa- 
mebtos para dividir las v^ilias 
con mas ésacUtod. 

E» el interior de ooa casa se 

^dialingQian las diferesles épocas 

del día por espresimies seneitias 

desde ponerse el sol hasta saHr f y grecioaasy y qse recordaban 



si dia siguiente, con la diferen- 



cia de que sü lon]itild ó su bre- 
vedad estaban en razón contra* \ menio en que cesaba de cantar, 



las costumbres familiares. Tales 
eran el canto del gallo» el mo- 



ría de las del Ala. 

El dia civil se dividía en coa- 
tro partes que compreodian ca- 
da tres horas , f se llamaban 
prima, tenia, eesía y nana. La 
noche se dividía también en 
cuatro Intervalos iguales, lla- 
mados viJUioi, en razón del em- 
pleo que hadan de ellos los sol- 
dados en el ejéreito; distinguían- 
se en primera, segunda, tercera 



y cuarta vijillas. Los romanos |lroi podras. 



el crepúsculo^ el momento de 
encender las laces> la hora del 
descanso, la del silendo, etc. 

Lüegoquelos romanos llega- 
ron i conocer con bastante preci* 
siop la marcha anuaidel sal, dte- 
ron poca importancia al anrjsglo. 
de su diau cuando se les pregue* 
taba la razan de aquella indíAi* 
rencia, se contentpbao con res- 
ponder: Ad lo han qnerido nñj$$^ 



^fh. 




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ItMAVAv 



iOi 



CAPITULO IX. 



Tr#íi ▼iriU — Omi¿—é -^ MamaMNi át ím cmUv«b. ^ Cmm áe campo. — » 
Jaráriict. — HflcrU*. — Frat#t. — Ugambro, «te — Btftot.— BdoBedat^ 
oro» de plata, de bronce, reales 6 ¡fBaíÍB»riat. — Iitc«Hat. — Bella» artes.— • 
Cencías. — Asironomia.— Jcofaetria.— -Jeografia.— > Uistoría Mlaf»L 



1 mAiB Ti«a. — comidas; — vx- 
irünnioff ó URKTAD d^Ada a los 
ncLATos. — La época marea- 
da por los romanos comí» ona 
segunda entrada á la Tidaera la 
detosdiexisieleaftoi. Eolooces 
se salla de la iafaacia y se en- 
traba en el DÚmerode loa miem- 
bros del estado, eoBtáodose ya el 
Jóveo eatre sos defensores^. No 
eoBOcieado basta alli mas que 
la aetorídadfMiteirMí, laobedieo*- 
da era sa áníca oMigfioa;. ao<*^ 
ra babia deberes mas imponen- 
tes para él; la tos de la palriftae 
hacia eacnebaí^ y do ira MJo aa^ 
miio ae convertía en an eioda'» 
daño adicto. 

Era u$9 m< ftoma qae loa bi« 
jos de los senadores y de los . no^ 
bles tomasen la ptetaoUé á la e** 
dad de trece afioa^ y aaaqne es«* 
le vestido fuese una de las pro- 
rogativas de loa graadaa ou^* 

TOMO Xtll. 



trados» era permitido llevarla á 
stis hijos para q&% se presentasen 
con decencia en et senado, ea 
donde podían en ciertos casos 
aeompaisará sus padres. Llova-^ 
han adem&s nn globo de oro^ 
snspendido ai cmlla^ llamado 
bulla. E^e osa remeotaba ai 
tiempo de Tal^ntéo el Antit^i 
guo (1), cuyo hijo todavía Joven, 
recibid de sn padve esta sefial 
doonor, por haber matado i un 
enemi|o en combate aingotarf 
despneaae estendid á todos loa 
Jévenes de distlocioo. Destrono 
la hmtta; ae acoatambraba malea 
presewativoa contra los malefl- 
dos» y algnna véi se la daba la 
foraaa de un coraeon, omblema 
del valor. Bate adorno formaba 
p«rte de la pompa triunfa^ sin 
easbargo se le concedía á la Ju** 

II 




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nm 



H10T41MJ 



▼eñlud, y por medio ¿le este fa- 
vor anticipado se la disponía á 
merecer recompensas iejíUtna^-^ 
En fin, lle(;aba el diaen que. Iban 



á desaparecer estas Frivolas se* f-4»«a rica posesión de campo 



nales. La sencillez iba á suceder 
al Fansto, y de la misma manera 
que ta jóvett al tíiKr de lalnf^ii"» 
fin cotisagraba su muñeca 'k 
Venus, e.t jrtven ciudadano col- 
gaba su bulla en un paraje se- 
creto de la casa, consajzrándola á 
los dioses lares. El joven era 
duadiKJUa al tempUi de la, diosa 
Juvmim^ prolectota de la juvea- 
tud; y d^apuee de habiirlé éboíU 
ÜOkio un toro- tilaoeo » pNUiia^ 
aegoa etís4iiitibre, aobt» mi altar 
«IM naosaifai^ Vuella la oónitiva 
á la cito del ¡áveía rotuaso» se 
aervU: pitra loa eo&vidadoi un 
maiaíOco baoqiicle. Dábase & 
cada fMvidad^ un traj^ «orlo 
y aiMbo» llagado atnléais> 4110 
fanUilaba to» iftovkBíieqlas del 
cMipo mejar ^im la t«fa >ot^ 
tíéarUy y: pétrniiUa «otaaqrae 
téanoéM^üie wbfñ bis^amaa^ 
baa eadavm M pimanfabatt' 4oo 
gmadea va$i|as deplata paaaqae 
M lavateii»:y eaác» eiwl esps^rttba 
an ailetteiQ;qiie ae*l^indjieaa0t 'Ol 
|iar«i«queéiatda efupar.LaaÉfH 
atf era eMdcidav y kicW lot pMt» 
djDf |iei8<»MÍea aaUília^ c üto aaé » 
sobre uo pié de marOI, por k> 
cual s» I ftiwbt nMnop04^, yt^ra 



ordinarlamenle de cedro" ó '(Fe 
limonero» que se$(un dicho da 
PUryp^ Ifs habia de tanto precio, 
que algunas vallan tanto como 



Uno de los lados déla mesa estaba 
siempre vacío para radiílar el 
8érvmo;en loaoiros tres íñdm 
habfa camas ó* lechos guarnecí* 
dos con ricas culterías v c(ijines 
de purpura, sóbrelos can les se 
colocaban loa convidados. Lo 
mas frecuente eran en num ro 
de tres y jatpáa cuatro. La meía 
rod^d/a de etdos Irea leclioa s# 
Uamaha (rídmítmi, y el lugares 
i|iie ae comía tom^ el flaísmo* 
aoBikre* ' . 

El stlio DM» onarifiea era en-^ 
medio del lecha» desdes el que 
le&t(n]ia;'¿ loa pieaae colocaba» 
Io8.m5oa y loa penkitWy porquo 
aHf eomo en otras mucfhas par« 
IBS^ loa grandes eataban rodea» 
doa de oaa '^foraioo de jeolea 
<iiie toaaahm difer eotes*ep<tetoa- 
¡»epiD tal natarsleca de a«a cós» 
tunabrmv UatnálMiMe íontíír» á' 
lúa qi^e erran toodooidóa por m 
eoovidado» atudiaadoé la aoou 
bra qae sigue al cueit>o; moa^ 
ctfiáiloa que venianípor ai mis- 
ouM^tedmo lea mdaeta <|ue atrae 
el- odor detaa^eomidas; 7 «se itaN- 
BíBbam.flaigfriotm á '4oa del AU 
liflH^ ratH(t>, qtia se eapiMilaO' 
á ipa latíf^Kia de- lok crfedoa^ 



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CQHio lo ^preM €^U ptlabra^ . tiKeJtti meia é ¡invocaba á Baeofi 
Se ^oiiH»fif,aba por aaear á U:! ¿ lqs.4i«fei Jares» Luego qiieíM 



suerte el rey del festín; éli^re 
qoíeii arreglaba tos brindis y 
qoieo presidia 4 UxM U comida^ 
f I primer servicio se compoiiia 
de ostras, de erizos de mar , de 
aceitunas» de huevos y de otros 
manjares mas prqpios para esci* 
tai* el apetito que para satisfa- 
cerlo. Llauíába^elos ante cc^na ó 
promuUis^ porque basta entoa- 
eps no se bebía mas que vino 
ei^melado llamado miílsum. Pa- 
sado e?te servicio» los esclavos 
limpiabao la mesa con esponjas 
húmedas* £1 mayordomo» lla- 
mado architriclinw , colocaba 
con orden los manjares, obser- 
vando una perfecta simetría. Co* 
mo cosa de mucho precipse pre- 
sentaba en algunas mesas, un ja- 
valí entero, llevando en cada 
upo de sus colmilloe juf c^to 
lleno de dáti4eSv y se deicia q|ie 
el javalí estaba dispuesto á la 
íroyana. Uno d,^ los criados }o 
trinchaba, y sacaba de. sus eo* 
trañas un pequeño goteo, este 
tenia dentro una liebre, esta un 
conejo pequeño^ y el conejo un 
ruiseñor. £ste ruíseftocse le po- 
nía sobre un plato, áfi plata .y f^ 
presentaba al rey del festín. An- 
tes de principiar el segundo jer* 
Tíciose llenaban las copas, cada 
uno vertía un pocp de vino s«- ) 



trincba.b^ UM 9iet9, un esclavo 
llamado d¿$iribul0f presentaba 
el plato á todos. loa eoaviflBáos^ 
cada uno escoJU é so guato, f 
muclios poaian lo que les ofrer 
ciaQ tn una aervitleta de laea^ 
llamada frMMí/ki, que habiai^ 
tr»ido eousigo, para enviat á 
sus mujeres é hijos. Ea tiem* 
po de ifarip y Syla haWa ea 
Roma casas en ^oode se halla« 
bao platos de plata del peso de 
,cie|i iíbfas (l)^ La l0y FamiA 
espedida en 588> flijaba eo cim 
ases.elga4o.de uo fesiioi pem 
luego '^j6 qo deviso. f. 

Lluego que las Qoioidas que^ 
cubrtaA la mesa ^ f«itabw, s^ 
traia el tercer ser ficjio, que opa* 
sis)ia tfk pastan 49 toda esp#eie.> 
Los esclavos entraban. coogfaii» 
dea cliptaros tapfídps Qwdadoaa-^. 
mente con pea, y qoq una tA^n 
Jetn.qiie indicaba el perf^e y el 
tieaapo del yino que cootenJa^. 
£0 oMichos de elloase leia la pa-i 
labra fíebed, ea otros Tenga tei^ 
Al de d^ la cofiMda el padre m 
diffijia al bijo manifestándolo* 
qu^ podie pedirle una gracia>. 
y la mayor que acostumbraba 
pedirle era la libertad de un es- 
clavo. Concedida por el padre. 



11^ Pi{M<^ lib* XSgClU, cap. u. 



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IOS virrofttA 

iba el hijo ^oti el esclavo al irí- 
buoaldel pretor y decia en toz^ 
alta: «Yo quiero qtie éáte hom- 
•bre sea libre.» El Áinjislrado 
daba al esclaro un pec|ueftogol* 
pe eoii una varita que tenia en 
la mano (1)^ coAíio la última se^ 
fial de 8tt servidumbre^ y des- 
pués decii: ciTe deelaro Ubre, i 
la mioiera de los hombres.» En 
el momento un lictor se acerca- 
ba al nuevo liberto, te tomaba 
de la mano y le hacia dar una 
vuelto sobre si, espresando de 
esta manera la libertad que le- 
Bia para ir donde quisiese. Era 
costumbre que el liberto afia- 
, diese 4 su nombre el nombre y 
apellido de 8u antiguo sefior. En 
tierlo modo quedaba pertene- 
ciendo á la familia, y de be-* 
cho era su cliente. Sin embargo, 
en Blngun caso podia casarse 
con la mtíjer; U hija 6 la her- 
mana de- su patrono. El empleo 
Áias alto á que podia aspirar 
ere 4 edil del pueblo. Pero sus 
hijos semejaban á los otros ciu- 
dadanos, escepto para la ad<^ 
misión á las grandes dignidades 
del estado. Gozaba plenamenle 
de todos los demás derechos, tép 



(t) EUa varita, Wttfjatíd^ vmdicUi 
en latín, parece halxrae empleado en 
esta claáe de maiiumUion» para recor- 
dar el nombre ^e1 esclavo Find̀iiU% 



les como ser Juez por los co- 
micios, de no ser azotado con 
varas, ni aplicado á la tortura. 
Foresto se virt á muchos roma- 
nos complicados en neí^ocios cri. 
mínales, dar la libertad á todos 
sus esclavos para impedir que' 
aplicándoles al tonnento confe- 
saseq el crimen de su amo. 

Al dia siguiente, el nuevo 
.ciudadano se presentaba al cen-' 
sor, quien lo inscribía en sus re* 
jistros, anotaba lo que poseía, y 
ie indicaba el sitio qne debía o- 
cupar entre el pueblo romano, 
que siempre era laS tribus urba- 
nas, y mas particularmente en 
la tribu Esqoilina. Servicios ira- 
portantes, una conducta onrada 
ó un aumento de fortuna, lo po- 
dían hacer pasar á clases mas e- 
levodns. 

Restábale al liberto una for- 
malidad relijiosa que llenar, y 
era ir al templo de la .diosa Fe- 
ronia, protectora de los libertos; 
allí le consagraba su cabellera, 
y sobre sus altares tomaba el bi- 
rrete de la libertad. 

Gasas de caMpo, jardines, 

HUERTAS, frutas, legumbres, ETC. 

— Cuando un romano se dispo^ 
ñia i marchar á una de sus ca- 
sas de cam|>o, si era en tiempo 
de invierno se echaba eucím.i' 
una capa de pieles, llamada scor* 
ttQ, qtte' ie ponía • á cubierto de 



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mOMANA. 109 

la llovía, y en la cabeza un cus* I encontraba el agua tibia; una 



quete de campo, que se llamaba 
ptta$o. Luego que so llegaba á 
la casa dé campo^ se encontraba 
á la puerta un gran perro meti- 
do en una perrera, la cual tenia 
«crita encima con gruesos ca- 
racteres esta leyenda: Cuidado 
ton el perro. 

Se entraba mas adentro y se 
encontraba un portero, que re- 
gularmente era un liberto, que 
llevaba eu las orejas anillos de 
<9ni, j en la cat>eza una especie 
lie toca ricamente bordada. Se- 
ría largo de referir cuánto em- 
pleaban los romanos en sus jar- 
dines y casas de cainpo; pues en 
ellas se encontraba tuanto pue- 
de producir Id naturaleza y ve- 
jetacion de un clima meridio- 
nal. 

Baños. — Uno de tos goces de 
la vida romana eran los baños-, 
los que estaban abiertos al pú- 



blico, se llamaban balnea\ pero un gran comedor llamado ccena 



tercera sala, llamada el calda* 
rium, tenia baffos calientes, y 
por último una sala cuarta de- 
nominada el laconieum, produ- 
cía vapores ardientes, que aora 
podríamos llamar baffos ai va- 
por. El criado que cuidaba de 
estos baffos, se llamaba batnea- 
ton babla dos muchachos lim* 
píamente vestidos, los cuales 
tenia n el encargo de frotar el 
cuerpo del bafiantecon espon* 
Jas muy finas; y después con un 
instrumento de marfil, llama- 
do iirigilii, de forma corva, 
que servia pura quitar ei pol- 
vo mezclado del sudor. Después 
que se salia del baffc, se iba á 
una Última sala llamada unetua» 
rium, 6 cuarto de los perfumes. 
Allí se veian dispuestos con or- 
den vasos llenos de todos los a- 
romas que produce el Oriente. 
Después de vestidos pasaban á 



el bnffo de un particular, se de- 
cía balneum. El bafio de un per- 
sonaje de alta Jerarquía, consis- 
tia en lo siguiente: primero era 
una sala enlosada de mármol 
blanco, en donde habia un an- 
cho baño de pórfido, lleno de a- 
gua fria, y por esta razón se le 
llamaba el f)rigidarium\ de allí 
se pasaba á una se*;unda pieza^ 
llamada el tepidarium, donde se 



iio, situado en el piso bajo que 
lo distinguía del ccvnacu/umsiem* 
pre establecido en el piso supe- 
rior de la casa. 

Monedas de oro, de plata, bB 

BftONCE, reales Ó IMAJINARIAS.— 

Sigamos en su numernciou el or- 
den de los tiempos: el a$ de co- 
bre estaba en uso en tiempj de 
Jos primeros reyes de Roma. 
Era una masa informe que no 



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lio 



ni5T0»IA 



h'niíi ninguna señal y que pesa- 
l)ii una libra de doce onzas como 
lo espresa el nombre de as, que 
en un principio era un sinónimo 
de iibra. Llamábase ordinaria- 
^ mente as rudiSj en razón de su 
forma grosera. Bajo el rey Ser- 
vio Tulio, llegó á ser mas pro- 
pia piíra las necesidades del co- 
mercio; y según el uso de todas 
las naciones, se le dio la forma 
redonda mas á propósito para la 
circulación. Para hacer auténti 
co.su valor se indicó el peso del 
as con letras iniciales y se puso 
el sello de un buey ó de una ove- 
ja {pecu&) cuyo valor se dice que 
representaba. De aquí se forma- 
ron los nombres de pecunia y pe- 
culium tan usados después entre 
nosotros. 

No pudiendo piezas tan fuer- 
tes aplicarse á todas las necesi* 
dudes de la sociedad, hubo que 
dividirlas en un cierto número 
de otras mas pequeñas, y suce- 
sivamente fueron apareciendo: 
primero, el semis ó semi-am, es 
decir, un medio as, el cual esta- 
ba marcado con la letra S, 

Segundo el triens ó tercera par- 
te de as; y se le reconocía en 
cuatro puntos gordos de relieve 
que indicaban su peso de cuatro 
onzas. 

Tercero el cuadram ó cuar- 
ta parte de as, el cual estaba 



marcado con tres puntos y pe- 
saba tres onzas. ,, 

El sexíans que solo pesaba dos 
onzas y estaba marcado por dos 
puntos. 

Citaremos únicamente los 
nombres del dodrans que pesaba, 
nueve onzas, y del bessis que pe-* 
saba ocho. Estas piezas estaban 
poco en uso, porque su peso muy 
cercano al délas, presentaba ca- 
si tos mismos inconvenientes. 

Durante casi tres siglos no se 
hizo en Roma ninguna mudanza 
importante en el sistema mone- 
tario, y no se reconoce su fecha 
sino por las diferentes flguras 
con que están marcadas, unas 
veces con la doble cabeza de Ja- . 
no, otras con. una figura de dio-^ 
sa armada y con la inscripción» 
Roma, Otras había que llevaban 
el sello de un buque. 

Pero cuando los romanos lie-, 
varón sus armas fuera de Italia, 
el tesoro público no bastó ya álos^ 
gastos que traen siempre consi* 
go las espediciones lejanas, y* 
desde la primera guerra púnica 
fué necesario buscar recursos es« 
traordinarios; y el mas sencillo 
y quizá el mas dañoso, era la re- 
ducción de la moneda, lo cual se 
adoptó precisamente. Fijóse el. 
peso del a$ en dos onzas de co< 
bre únicamente, sin que su va- 
lor presunto fuese menor. Las 



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ithtAHA. 



lií 



eÉ l« roisiHm proporfioD.tfd mo- 
llera qae él iemts; él triem, el 
ciM^rans y el itxtans valieron 
aiempre I» mttoá, lá tercera, la 
coarta ó la se^ta' parle del a$. 
Así et estodo tótáo los parllca* 
lares, aolventairon sus anti^roas 
obl{)it^<>A®8 -paganda Solamente 
hi séala pai^te de ifits deiidás; pe- 
ro ésta Ténrtájá ilo pódia tener 
linÉar Mno paralo pasatio. B!<en 
pronto fa alza repentina de to- 
fhis los jénetos , consecuencia 
precha déf desprecio de la mo* 
neda, dando á cada una su ver- 
dadero valor, bizo el beneficio 
"ilusorio. 

"Corno nif» mafti^ medida a* 
rrastra siempre consigo ottra mas 
mala» empléase' de nueto e^e 
raiedio peligroso «a la se^nda 
jsuerra pdmica; j^el Míuéredo* 
cido á urna onza^y en fio cre^ 



metalé^ predosbs; servían prin- 
cipalmente al ornamento de los 
templos, y las principales fami-^ 
lias guardaban ¿on cuidado al- 
gunos pequeños muebles de oi'o 
ó de platrt que solo se present^-^ 
bañen lo^dias solemnes. Cuan- 
do la ciudad fué tomada por \ú^ 
galos, trescientos sesf^nta años 
después de su fundación, para 
contentar su codicra se reunie- 
ron todos los tesoros que ence- 
rraba, y solo se pudieron hallar 
mH libras de oro (1). Pero 
coaado los ejércitos de la repú- 
bHea salieron de loa estrechos 
limites en que habiah estado 
eocerradbs por tanto tiempo^ los 
romanos principiaron i conocer 
las riquezas; y mas aficionados 
á tonservarlas que á estenderlas, 
solo después de uu largo ínter* 
vok) pudieron resoli^rsé á po- 
nerlas en cí^ulaciotí. En fin. 



riéndolas neceaidades de la re*^' en 4%, -antes de la primera 
pública^ sé recurrió por laáltl-í guerra púnica, se acuñurun di- 
ma'vezá, este triste recurso, y i ñeros de plata. Eata» fueron 



et os romane fué fijado definí^ 
tivámeote «a la mUivA de una OB* 
za. Loa romanoa se conieolaroo 
por muchü tiempo con sus pie-^ 
zaa de cobre, y los escritores 
mas antiguos nomenciouaAn otra 
moneéa bdsta idisspues, por h> 
cMt et teáoro péMíco recibtu él 
iMMibre.^' mfütium^ Estando 
poéo es|iarcid08 * en Moftia los 



valuadas en diez ases de bronce, 
que por aquella época tenían 
su peso íntegro; á medida que 
la moneda de cobre disminuyó 
de* pesó, ét'ttinero fe|ajó en la 
misma 'propoírcion y continuó 
vaiiendo'dfez a^^es. Por un lado 
taiiift un caf ro tirado de dos ó 

(15 PtAua, Hb. xxxni, cap. 1. 



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cuatro caballo» y s« lUaubon AtclunA: luegaqiHi.l^s epioftfio^ 



6i<;ra(í ó cuadrigati^ otros se lia'* 



tuvieron monedas de plata « i|Uíf>> 



innbaB mcíoríalt porque teniaii 4 sieroa tenerlas de; oro. El afiOr 



por signo una victoria; en el 
reverso ponian ordinariamente 
los bustos de Cistor y de Pólux^ 
una Boma persouiQcada, ó la 
figura de una divinidad cual- 
quiera, emblema esacto de lá 
importancia que se daba á un 
objeto que había llegado á tener 
un culto Jeneral. £1 dinero pe- 
baba la sétima parte de una onza; 
como el as tenia sus divisioaeii 
particulares; el quinario^ nom* 
brado asi porque valia cinco 
ases, era la mitad del dinero; el 
sexurcio valia dos ases y medio, 
es decir, la mitad del quinario ó 
la cuarta parte del dinero^ Esta 
era la moneda mas peque&a y 
la mal usada entre las monedas 
de plata. Llevaba por señal 
IL S., que espresa el número 
dos, y $emis, mitad> es decir, dos 
ases y medio. 

Estas denominaciones esaetas 
en un principio, llegaron á ser 
ficticias con el tiempo, pues el 
dinero equivalía á diezíseis ases^ 
el quinario á ocho y el sextercio 
á cuatro*, esceptuándose sin em- 
bargo para el pago de las tropas, 
en que las monedas de pUta se 
contaban siempre con sq valor ; 
primitivo. 

La codicia se aumentó con la 



547 apareció el otiraus^ marcado 
con los mismos signos que otra» 
monedas , que. er(ui las. letras^ 
XXX, indicando el número de 
los dineros que representaba: te-* 
nia también fracciones; el sanii-. 
sis aurem era la mitad, como la 
indica su nombre, y estaba marr. 
cado con las letras XY, porque 
valia quince dineros. El trimiuis 
que era la moneda mas pequeña 
de oro, equivalía á la sesta parte 
del aurew ó á la tercera del semi* 
SIS; estaba nsarcadoeonlts letras 
XX que significaban veinte, por- 
que valla veintesexteroíos ó cin- 
co dineros. 

Para conocer f^ciluMnte todas 
las monedas romanas, y distin- 
guir con precisión sus valores 
relativos, era muy importante no 
comparar entre si sino las mone- 
das del mismo tiempo, fuesen de 
oro, de plata ó de cobre, porque ; 
su vjalor proporcionada aeobser^ 
vaba cuídadosamentia; peroles, 
monedas antiguas na se podían 
comparar con Jas nuevas, pqr-. 
que no ecsistia proporción ordi* 
naria. Con el tiempo se alteraron 
las piezas de oro y plata con me* 
tales de menosprecio* El trivn*. 
viro monetario era un majistrada: 
inferior que presidía i la fabri« . 



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vmiMúí 



113 



eacioil de 1á iñonéAi. hófiBom-^ 



btts del nummui y del mMdm tto *«i« de caftc^ grtode foe treee en 



éspreiíabno tito|i!éAieiite'«De eli 
se de Mioiiéde! ^ noivhre mMi- 
iteiil indieebi ttpa pleca de wó; 
de ^bu ó dé tóbná; y el tofidm 
'no era otra cota que li ptatt de 
oro mal roerte; nombre que es- 
presaba so Integridad y qne se 
tedió para disttngiiirtas de las 
<|tie no em mas queinla sidiple 
'fracción. 

LiBtBiiiA8.--*RabÍa oá Roma 
^Tárl'as tiendH qúer feniáD á la 
poérta carteles con los fílalos 
de las obras qtie estabün de ven- 
*iá. Solo se presentabtá la Vista 
del páblico la sala en que esta- 
llan los libros colocados. Des* 
pnes seguia ana babÜaéionddn- 
dé estaban Ids cbfíistai, fos coii- 
lek en nn Cajón coadradd tenién 
tijeras para IgaaUr las ojaís, an 
compás para lasdlétaaeiM de las 
IfMMs, lina regla pare nratarles, 
lifi cortapinmaa parí afilar les 
cafiitas (eatomUs) de qtie se^r*» 
Üan para escrlMr, dntnbfllode 
plomo^ ona piedra de aíTaf y nn 
«stdcbé destinado i récf bfr las 
caftftas despnes tfé cortadas. Dés^ 
imes segnia él c«ai*fayde los ffn* 
tinkd&reÉ, qae como lé fiatabré 
Indfeá^ era enéélaf las ojas nntfs 
cotí otras para bacei^^ de todas 
rtlasonrolld. Estos te badán 
dbjNqiirrtti, «MttbrAilnaf deKw 



cada qoé se sacaba dB nna^ espé* 



BJiptoi Esta measfemna s« raati* 
iabay Asapwf se le defta ma 
áiáno de eofai becba coa ai4a« 
j Tlnagre (1). También emplea- 
ban el ipdrgamíM;' jMrywwmm; 
MMi ttamadi> pprqnecwa de;M9- 
gimo, en la Miaia, ^nékmtmt^ 
ittveBlido^ Otaioa pfeparabanpa* 
ra el misBie^ nao^ Üraeenehaedb 
üM (2> 7 aplicibén 4 ellaa «na 
cierta sttsl a ftei a q«e 4aa^ kaeia 
propias para U eacritma. Coa»* 
do esta» ojea estaban ja esc^iUs 
por ^k» Mrftai, jr idoépobs áe 
▼isl« y «Mn^as, voNiané Ida 
glutiMdorea» queiíaa-enMnder- 
nebatti lanfonla* mai enUerto, 
Golonabaa el liU|lo>nn aimdo>iflB 
eslremidadea del eje y«a lablfi 
el tmbüieui 6 palito rndendp 
de.e«dn>^ bof.mádU^iliMSd ú 
otra «Mleria. al-ofiti a» mni&tbi 
el fotáaaen^ y aaí «nedeba eo* 
medio de do«to lomd^ellKMiihm. 

(í> taina, Ub. XVII, ckp. ztw. 

pftpirftaat^aran 4le mwf Ungií 4erá- 
aWa¿ fma Uvie liiUiMawcbM>ni- 
iSH 4a cutaÑH» iinl%Ma»balMaiCi. 

. SqnmPl¡«o»lilwXU(p.cap.pK^fs- 
cribió príniaraiiieiite taRomii aphre oíi|f 
¿e pilma, 6 lobre la cortesa de ciert^t 
árboles; UiacUs pábitcat tt cKribiau 
, ditfi^áibtaU eo plomo. ' 

15 



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114 

•En lof eslramos de tMe palito 
. i|Qe i#breMÍMiD dfl rollo, le cía* 

Ttbaii las iMtiaaiUaaeao queae 
L carral, el jfofalHwoi. y daiaala 
RiMBeta ae pMaaiiiaban4 la vitlia 

4ei iMiaMoi 
' GModoaf aarrtoQ. da^ petga- 

Miao^ cano af : podfa aaaribir 

yorÉMton. partea, eo Ve» deen* 
^olartlaaojas pmi con^^ilnM^ sio 

fcaaeiaiíjBaa qia' «0lrlas| aailoD* 
'Ceaaaiéate «l'iltkro cíoa fteraia 
:eMdradh,«aii8€rrá»#Dilae) ooaa- 

bre de.^viatlhBati; v pam eatrar- 



aüTwu 

^aaaatraiiJefoaáeiaskleas fa^ 
Ueaa que la dtvtaidad solp coo^ 
eada ai hombre p«ir precio dp 
«oa edinea^o» egmerada. L«i 
«aiBti^a de uiMi larga eiyiliu^ 
akMi #io>ee^íaUefOQ e» ^iicho 
tiempo para eiloa; y eoioedip 
da tanlM oa^mes clirflizadaf 
presaolarooá la kalía asombra* 
da e( eape^áeulo de un pueblo 
feo ^la.do raptóte de las áta- 
nos de la oalMraleaa. Fprxadaa 
por si| aiilamlieDto á traía rae 
ana ruta aueTa para formaraa 



lolepontuiitlraadbauan^ tefi- ^oi» averpo do aoeiedad^ Mm 
4aadopátspiira y bordada» cop sua ideas fueíoA jiganteacife. 
Jbllillodc» orow CadtfOiía úm losJFotmAroiise'iiii gabjíerno> loyea 
folihiiaoas4iio'«>iiipoatatt oiiafy u*^ sp táe|ioa 

obrai'aelfenufca Hmct; da um | Im ^t propia^ y ooviendp i^aa 

Viaá aUoa^ el oniíeivo» a^ 
arearoQiuidare^opálvIico pa-* 
raaiioaaoios.. A.líluUx de coQ«- 
qiiisiá robaroo loa primeros bM** 
ya» fue dabira cuMivar osa tia^ 
rmivsmpadaí y parai^anteavar 
ütt sociedad 4Uipoesla & peroaar 
pof fhltadecoaipafieras^^iio^ tt- 
invaaroo a» robaír las naiijerea 
jdiaaosTaqiiioa. . 

TalM bpmbrea DO podiaoto** 
oer sjoo tuneólo oblato,, la giaor 
fF^ y lagMerra perpéUia; y iodo 
Jloqiioiioora asta debía descaía 
dafsedraebaii^rsa^ Sua'triuQlof 
fáfMoay ooQStentes los con veor 
biso vUfo oacer, ocupados ubi- I fcieroA bcm prooto de 1^ eseo» 
cainente en crearse uop jiatriiy ( JIffMia df) m. ^iMena^ y al des» 



iMlabragriagaquoÁlgtfMiDaba la 
difrisiOA' de UB todoed maelus 

^Fata! oédsefaar tos. Hbfba y 
libértaitoS'datloaaiMittés dates 
imeafos» se» loa oataíba eoá e- 
aesaia dé cedio^y^sa los oofoaa^ 
ba sobre tablillas en armarios de 
Disdera de.eliirés,, ^w^ e^- 
Dacioiías. pasaa p^rqj^o al^n 
tQda espacia de poUila. .. 
^ Beuas JATia^ -^'AAimilie'loa 
com^iai^aa de* BdiMtIo perle*^ 
Declerup á dtféreoles ^eMoi, 
aqoeffos aventurero^, rechaza- 
dos dé los Ideares que tos ba» 



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MMQirAi'l 



tts 



precio de ios ^hm; ñ^démík ta 
ipiorcijD€ta y da U mttiddad, no 
lardó ea fer ioateirido por i« pQ^ 
líliea. 

Eo fireeia laa iéeaa r«H|iaa«i 
dierpa mayor daianrallo. á las 
bat^f ariete Loi paeUotfrtagoa 
iraiiiimeaieolétoiiMgrarbp ir la 
dívteidad las pipdaceiooes del 
]e«ipi| y esto 1m biio sobliaiar* 
se«^La reKjkm prodojo e» Roeía 
afecliM dífareeias. Niiaia la.U^ 
ao Utyir sobre todb para conaa^ 
grar la obra de la foerta» f para 
ba^er eiMerver bajo qo yuga 
fanpeaente i bcMbret fareeea 
aiempre dispuestos ádestoaoear 
la «aloridad de laa laye» ó 4 a- 
rrosirar la de «D.asoBarca. Xm. 
ella todo era grave y aoToro «eo^ 
no el Je»io que la babia cooee'* 
bido; profunda en aaa misterios 
era en el eslerior de oaa senei^^ 
liea aogusla^ y esla aenelNea m 
hallaba en todo. Mirdae'eono i 
«nseresltfaordiMirio ni artesa^ 
Bo béelanle b&bil pan forjar toa 
faaiotos escudos entre loa c«a» 
les dabia canfnodirse ^ que de¿ 
eian babia cable éel délo. Loa 
temptos estaban sin slanitacitM^ 
ysf^babíera efeido JCpHlet^r mi 
crfanen dando nna Agora á la 
4iyimdad. 

En fia, cediéndola frfa raaon 
al deseo, el pneblo htigado de 
lut culto porampnte iatelectital. 



quito nuá imiiim dal dior qne^ 
adoféba, y TacquiMot Angoit» 
blio venir itoipaitide tos volscW' 
m artista q«a bieieae de- areMIa 
endareeida al fiego^nneeatírtaia 
daJipiter. 

Tal loé el primer, hw^ibto 
owinpaMftt^qiiedeeotfdá «faeii 
lia Ramia;qve. tan lafcerbia. ka^ 
biadoper«ni,tdto en toa^ arteaw 
BipU'Pfontp se vferoB toallas 
4e 4o4aa sm div itridaés». tnteto^» 
teB, yrieaipre fiteronles estrao^ 
laloai loa encargados de^te lm« 
bajo. Lajeada dar lea primeros 
pssos ei» la carrer^de las artes, 
parecieron cmTiiMlacen al tra4 
tMo de pjái f|9p 'oopcinyeron 
con BocseMa; eikdi^sé eriipnld 
fomülmento i|ne el hterro en 
adelante aoto se. easpleerto ed 
so cindad en los-nsoé deda agrt* 
caltora;deosla;manerapiiea^prí<» 
▼ánéoe^do tos^nedlas se rannn». 
eiabe áloe reanUadosw La Aieraa 
habii dicudo estato eondinlonea, 
la. fwna Ubertdde ritonal pM^ 
Uo romano. Decretó eatitoas á 
Oradio Codea yáClélia^.qne se 
taibisn .becbo' ttnatfbs fea esta 
aisaAagaefffa>'h nna* cea; oM 
aeaita superiorá am secso, y el 
otro ^cam mt: votor aoperior M 
4e to misma homanfatad. . Asi es 
como se eatdbleoié to costumbre 
de presentar la iméjen de los 
Jiéroeaálafenevactou pública» 



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tM 



HirVOftlA.^ 



y de cnniervér veenerda de lae.l 
heHas «ccíomb para prodoelr 
iMMfcfitMtteiiieolnis mejorts. ^| 

El dereebe^ da imájenea, tai» 
apeteeidoeaireies grandes fe* 
milias, eontribuyótanibieÉiibaK 
tétffntññoam ftoese Hefaata- 
ri» I» eacoMnra. Pero eoalqirte* 
fs ^oe Aieae la imporlaMia qee 
los romaniza dieaeo á mías f h>«- 
rifiaaa «ibras^^ se esforteron en 
poner 'trkéos k Im niaiioa^é 
la» tobiair de ejecvlan fijdae á 
Ired pies- le «itera de^ tedas 
1m estáleaa. Desde eertdnees el 
Jealo sedelttvo ee aa vuelo, y 
losartMes^ llamados.. á mocha 
ooeta^ f» pttdfepiird^r sino 4é^ 
MlesbMHas láesas^tetos. 

Taiftaé le eseattuiia eo Bone 
hejoses fi^y^a y4iMraiite te prh 
tteraeded^de la reptlMea. La 
phitiHPe tardé miidio Éiast doa 
piatocM- griegoa , DataiéAto y 
GcMPgase^edonMuroa^oB ana obras 
el templo de €eret, y la tredi^ 
tiom eoBaénró sai notobres.^ Lé 
«npiiteetara-p4bliea ere propor^ 
«loaadav&Ms nedeetas baUte<i> 
dones de'losefaded«ods;y fcesla 
do eHo ttoasoia! prueba: el>leni« 
9I0 de la Fovttmaj lefeitiedo ee 
^1 foro por el rby Servio TbK6> 
jf eUiídoieódio rao deles momi*» 
aaentos mas iaolablea <de eq«ei 
siglo, fué principiado y eoecloU 
jdoeonpdMsaioiafto; Una drw 



conslaaeiii pertiealardeteoia aun 

les progresos de la arqollectiira; 

la nataraleza parada haber míM^ 

sado á la Italia el mármol pro*' 

digaéo áias comarcan griegas. 

'Haftta el primer siglo, de la era 

criatteaa 00 so ooao^ron los 

'mármoles de la Ligarte, .entre 

Jos^cyales los mas i>ell«M y aben* 

^dantas . estaban ae Luna, boy 

Cerrara. Por esla rason loa cdi* 

fIciospáUicoi debieroa carecer 

de eipleiidor hasta que el poder 

de la repáUica te permitid ha^i^ 

cer venir de los paisas cooquis- 

ladea le qoeledairia le reosaba 

so territorio. 

Las reladoaes siempre mas 
frecaentes con las nacionea de 
Italia, dieron iésenait>tomente á 
los fomaÉOs nociones mas Justas 
de la megniflcenela. Salieron per 
grados de. aquel ofrcolo dema« 
siadi^astracho en que se fasbian 
eoeevrado ellos mismos. La na«' 
turalesa; por mscbo tiempo so» 
tetada y rebinada baja tfmldaa 
manos, áe agrandó hasta el pon* 
to de aleansar las formas mai 
hrfllantea. Loa enlistas pudteroi» 
entregarae ain temor á loa a- 
rranquesqueesettabanen ellos 
aquellos ras9Qs.de hevoismo con 
que brillaban los anales de Ro* 
ma y*7 mientris.que sus ciuda- 
danos se ihislraban en los com* 
bates> el arte, parada eacríbir 



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IMUM. 



J17 



io historia en moDameolos e« 
tenioi. 

DeidéelAfioAnfteer^ icv 
btetlift^roá iot ctetules Locio^ 
Fario (almila ^ j k Cayo Meoio, 
vflMedQcet de lo$ leUnoa^ tas 
priQMfpaestÜoafteeiiestres qae 
seitieroa eo Aeiiia> después de 
laqmese hebia tieicbo eo opor 
deClelia. Pero el alQ 459» na 
artista etriHc^ levantó á $porio 
CanriUo, ; que liabia alcaosado 
una vietoria eompteta sobre loa 



cipal de los cuidados de oo pue* 
bk^felijfoao. La esoiltiira y iU 
pintura auo n# se eoipleaban 
siooen los. moAuoseutos sagra-» 
doa^ el fttsla de ellas era no- 
ble jr serero eomo iodo lo qu^ 
salla de Ím manos delosetros* 
eos* 

Aeia aquel tiempo fliiaaM) hu^ 
boea las coslunbres eateriores 
de \m ronsaaos uoa mudania que 
dio á todas las estituas becbaa 
basta eAtooees, «u caráeter par- 



samuitas, uu trofeo superior á I tieular, por el cual se les couo^ 



cuanto se baMa hecho basta en» 
tontees. Ck>natrttjró4e los casóos 
y de las eoctaas de los eoeaai« 
goa una ettftlua de Jépiter« baa« 
taote grande* para que ae dtatio- 
guieae dlsliutasasQle éafde isa 
alturas de Alba. A loa pies del 
dios estaba ia esUtua de Car* 
vttlo. 

Pasta aipiel tiempo los roma* 
DOS hablan ioioeailo el ausilio 
de jbs Mlranferos. £1 año.. 474 
fué seüAHUa la £truria, y enton- 
ces haUaroA coaso seilores. Lla« 
maro» de aquel paisa una rouU 
tüudidoi: obraros htóUestconSf 
tntyeroa puentes^ acueductos, 
bévedósttbterráneas, y eleyaran 
altas mumUas fuaraecidas 4e 
fnerteSítorreSfOtvosde un:<Vr- 
d« mea. superiot lef antaron e- 
diflcios. públicos; los templos so- 
bre liMiOy fueron el ot^eto priu« 



cia al momento.. Siempre habían 
llo?ado los cabellos largos y la 
barba poblada; pelt>elaao454(t) 
unos barberoa venidos de Sicilia, 
los despo;)afoa de estos adoróos, 
dados por Ja nataaralexa* Estable** 
cióse lan.riipidaniente este os<s 
que el cénsffl M. . Uvio que se 
habla separada de la ciudad po|r 
algún tiempo» no pudo volver k 
praseuUrsa.eivtlIa sioo después 
do haberse sÍTetted^ Lo^ escul- 
tores^ observadores esactos de a 
eosUunbre, la re^ralaroo fteU 
m^nte en sus obras^ y los nue* 
vos romeóos parecieron un pue- 
blo diferente de sqs padres. De 
ahi venia que al hablar de sus 
antepasados acoslqmtiiraban lia* 
Biartos tnleusj. 

(i) Pte»0^iikyi%ifp.ux. 



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Ité 



«wrMH 



h: 



tfinmi^ittc^yar i Bemo i«s^ Neefaarse mejor de la Ticlortir;' 



conocer A I» artes jior la %tao- 
rancla, réebasarlM éft'seguMa 
por la poHlica,y adtitUrla» por 
fin para tiacer de^iUw nn nroMe 
uao. Héntoila vütor tambieo pa« 
aando de la moderacloo á ona 
codicia tergonmaa.eatender sus 
mariosatréridai^a^re todas laÉ 
naci mes, apoderarse de sus teso- 
ro», protanár sus templos, arro- 
llar sus leyes mes sagradas, é in 
aullar 6 (oVdíoSes y á^lisdiviaí- 
dades, para amontonar eo so se- 
no riquezas que despoea les fue j 
ron tan fatatea porque ocisiona^ 
ton \a ruina del^ Imperio. 
> La segunda guerra pAniea did 
ingar á la gt&á ref^ehiclao en 
las costumbres de los romanos*, 
atacados en' kl centro de la Ili- 
lia, sufrieron muebna desaatrm 
que trajeron consigo la defec- 
ción de ona parte dt ana antf* 
guos aHadoa. Una firmeza iñal* 
terable en loa reveses/ pruden- 
cia en los triunfos, 7 planes bien 
TGÍncabidos y seguidos, los hicie* 
roo triunfar de un enemigo tan 
bábil como implacable. Pasando 
con rapidez de la defensa al ata- 
que, forzaron á Annfbal A la re- 
tirada, y ie persiguieron basta 
África. Instruido por el ejemplo 
de UD riral largo tioflipo dicbo- 
80, el grande Scipion supo apro- 



el poder de CártagoTteé 'déatnii- 
do^ y ya no qnedd á Ro«a mm^ 
qué proseguir aul vengmzaa se-f 
bre los que hablan hecho tral^ 
clon i au eanat: todet fueron^ 
sometidos sueeritaraente, y una 
alianza fatal fué le cansa ó pre^' 
(eatodéaoroina. • 

El gran carácter t}oe loa ro- 
manos desplegaron en afiella 
Ntchá tan larga y terrible, hu- 
biera en cierto modo JoaliQcmdo 
sus triunfos, ai catate notos hru-' 
Mesen IteVado & hottar ios dere-' 
cluia aagradoá de lea nacienea. 
Irritodoa por la-vengama y dea* 
himbrados al aapeetm de aqne*^ 
tlaa riqnezaa, oatya écatsteoeia* 
lea habla hecho Ignorar' atp^^ 
breza antigua, usaran' en todo 
su rigor de aquel derecho r^ma^ 
ne que loa conatlihia dominado- 
res del unií^eraa f doeftoa de to^ 
do lo- que encerraba* Slraensa) 
la mas bella y ópuletelti ée l«a 
ciudades fundadaapórloagrie^ 
gos> fuédeVastada eoteramentev 
y se dice <iue en el momentb dd 
apoderarse de ella. Maréelo deü 
rramó lágrimas conlempteirdo 
deade un altlo elevndo á «qiielle' 
ciudad aoberbU qne 4ba á ^aer 
deatmida en vnael^inoiMntdi 
[Lágrittaa eatérilea y > epibualéi' 
raa! El teneedor robé todas lad 



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ofens 4Mirto» «tUrtois, tmdr» 
y mMUei pfieiosoa i|m tirvle* 
roo p«ra adoroar ei C^pilolio> 
fúñ é^mflú 4oe le •tr^vtomji á 
áedicttr.á la: Yirlod>co«iosil» 
¥irlpd foáíoBe etlur separada de 
li JoMieiÉ y de^b^ompasiM! 
^ Dasda«lca»o*deIJIibaaliaala 
el 4e.Faebjip, M' te leiaa maa 
ipie laa raloaade timMm hmá^ 
elitwitea <laf|^irtea. La f rao 
Orteia pnilH> laa mísiMa dea* 
araeiaa. €ratfMiá» qaa ««Hénia 
un mllten dékafanaoieai. UeRÓ á 
vf4ale níl bdmliras. El eél^lNra 
teasplQiflk Jmmo (¿MimiaX sttua* 
iúmp^ tarritQriíay fkié desoja-» 
4q de 1iM|oa tnaailaraos^y aoii 
llafEarf)iii;á.afMnfiafla las lejas 
demánaal jOcm» qoe estaba ao* 
bierio.. 

iLai «Iras ctedadea^pie e€sia«* 
tian eft «pieila ceaiarea^ aofrte^ 
nm la «liaiMMaiISk Todas Tie* 
ro» arrabatotles los moouiiieo* 
lea €»• jino mi pueblo aanigo de 
lesafles laababla decorado^ 
\ FIU»o,4o Macedoiiia kabi^ 
dadodébU^ft^ soeonroa i loa ear* 
ls|liHM§: loa nmaDoa lo hioie* 
raí la gomn. %]^adadoa lite tes 
grlafos^4iq«ieMa une oeguedad 
fetal {liMipMtba áeta su per* 
dicioo^ Pilipo fti^.wmeU((v y ol 
MModoreapaio á la tssta del 
pooblo^ ea«;sii liÜaolo^^aoUikul 
doMiéittas^de laaas^dé .arau:» 



119 
dorai pree ia saf » do eeeodoa de 

oro y plala^ j cteotoealorce eo^ 
rooas dooro resalidas por los 
cfadadaAoa «riegos. Coa parte 
de eftos Arpólos so oaa^M ea 
eloirar sobre la i^le. eaperter 
del templo de Jd^iiter GapUoli^ 
Bo, ooa soberbia cMdrÍ|a .da« 
raáa. . ' 

: Aolfoco^regr de SM^ toaban 
biaeooeedUoaii apofo á^ Adiií* 
bal, safras la aaisaia pena füO 
FUipu^ oétovorla.paa.daodo k 
los fonaiiQd na fl^ioaes profia* 
daf, mil ^kiieiiloa taleaies j la 
BMijur paato de laa obras ifaedr» ' 
coraban sos pal^cioa. EpUre tan^ 
loa ofe({elos preetesos^ so DoisbaO 
vaaoa do oro dri paso éa arit 
OcbooaeoMa Ubraa; ? asoado pla« 
ta de mil eaMlf^oientaa tobiU^ 
caataoiibfas^to^oadepotrabajo 
esfiúsUa.. 

. Apooen había tftfmmado la 
goerra en 8iria» eiíaodo loe ro- 
ip aoos i^o»ierao á aparecer oa 
Grecia para combatirá sos pri- 
asaros atiados. Tomarbn la c«o^ 
4kMl do ámbracia ^a 9pJao. EsÉa 
atttigoa loeskleacia del famoso 
PirrO»,estaba llena jla esláuias 
de loa maestros más ««awles^ j 
da endras adasiaaU^ jr todos 
{teron Iraaspflirtados á. .Roma« 
Eovaiio tea desgiiáciadaa babi^ 
taiiAaa«|Oaaeiitároo;i H. Fnlvio 
aa MOiiwdbiV ipM corona :de oro 



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1«> 



Ht5tOKlA 



dé perfatte nrtl^tnfrátarlHH'As, 
poc» ipeéplúí «u presente y les 
rot)ó ius obras arlIsUeas. Los 
ambirsekftas desesperados, en-* 
viaron mía eomision al senado 
bactéodole praseate qoe ni san 
les restaba el sfmalaero de una 
aola dlvlüliid i quien poder 
adorar: los ambaciolras no ^«e-* 
ron esmicbados, Foltiosacó de a- 
qiieib dudad doseienlas ochen- 
ta y dneq estétíias de bronee y 
doselenlas treinta ^^táluas de 
mármol^ EiDÍm*acadío8 con Un- 
tas riqüaiás, acudieron los v^n* 
cedores é loa griegos para el ér- 
deo de los Juegos con que de- 
bían presenlarse i la vista del 
pueblo» En esta oeation se lie- 
ron aparecer por la prlttera vea 
luckadores en RoaM». 

Gonodendo por último tos 
griegos el peligro que ios aine- 
Miaba, ya como eneaiigos, ya 
como aliados de los romanos, se 
esfonafOB i alejarlos de su patria 
común; esfuend tas tardio co- 
mo inátil ! La calda de Macado* 
uia babia preparado la de la Gro'* 
eia. LucioMuttMiióderrotd i los 
aqueos cerCa de Corinto^ tomd 
esta ciudad, la destruyó é biio 
trasportar i Boma cuantoa oIh 
Jetos ariistices encerraba* Nada 
se perdonó) üevérouse beata los 
vasos de bronce destinados i au^ 
mentar en el teatoo la lKMi4e los 



sctóres, y de loeeualas Ao supii^ 
ron pore«loncesaervinel08 roí> 
mabos; 

Cosa increíble) el facuMO Ba* 
co, mirado lioaao el cuadro mas 
bello de la (kecia,y cufá pek*» 
feccioB fué proverbial,' airvió 
por mucbosdiasdé knesá i los 
soldados romanos para Jligar á 
loa dadol* Instruido Mummio da 
su valor por ot precio esees»*» 
vo que le ofroelan en cambio; 
lo hito trasportar i .Roma con 
inumerabie cantii|ad de está* 
tuas, de trípodes de un iraba^* 
Jo esquisilo, y dijo siriamente i 
los encargados^ que lii aquellos 
objetos se liegabaii á ^rder en 
el camino, quedaban raaponaa» 
bies á bacer otroa icóala suya. 

Esta inmensa reunión de o-» 
bras del arte, hiio que tos roma- 
nos conodesen so mérito. Sos 
almas fuertes f nuevas, se con^ 
movieron á tá vista de tantas 
bellezas, y gustaron aquel en* 
cant9 invencible que Importa 
ai bombre menos elviliaado al 
aspecto de las gradas y da la co« 
rrecdón perfecta. De la admiran 
don pasai^^m rápidamente al de* 
seo, y del deseo á una paaioa 
desenfrenada. Orgullosos con lo 
que ya poaeian^so Indignaron de 
no tenerlo todo, y emplearou tos 
medios mas odioaos para cbasew 
guirle. Les desgradadas ciudap» 



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saeesivameDtev y U> que se ha- 
bia escapado al cPQq«iiata4or» 
fui presa de los go))erMdpr<^* 
Los codiciosos prpcóosvles ro- 
baroa i viva faena lo qae esi^* 
taba sus deseos, y susdeieosse 
estendiao á todo. Algosos mas 
moderados obtuvleroo á precio 
vil lo que no se hubieran alre- 
vido á rensarles. En Roma era 
donde habia que buscar las o- 
bras maestros que hablan eons- 
Utuido la gloria de les ciudades 
griegas. Allí esUbap las bellas 
«stáiuas de bronce de le mano 
de Lísípo, que Alejandro hizo 
erijir i los de sugoardia que pe- 
recieron en el paso del Gránicu. 
Allí se encontraban las ol^r^s 
mas bellas de Fidias^d^ Mirón, 
dePrexíteles y de Scopas:,ma8 
de una divinidad babia pasado 
desde su templo á la casa de po 
f imple caballero^ y hubo estar 
tua que después de adornarte 
kabitaciott Aspasia, fué á colo- 
carse al templo de M inerva« A- 
quel famoso grupo de las tres 
gfacias, hecho por Secretes, hi- 
jo de un escultor, y escultor él 
también, antes de consagrarse i 
la fliosofia: grupo mas precioso 
por el nombre de su autqr que 
por su mérito real» y que estaba 
cofiservado con veneración en 
Ja ciodadela de Atenas, pasódes* 
YOMO xiu. 



pues al tfieUidMadeiiapnbUr 
cano. 

Sorprendidos cada ve« ikias y 
mas con las producciones de la 
Greeia , quisieron por último ios 
codiciosos conquistadores bieer 
florecer entre eUoeaquellasmis^ 
mas artes de que se hablan moa* 
trado destruetoaes basta entoD- 
ees. Habia en Roma una multi^ 
tndde cautivos que ewn artistas» 
y se Tlamaron i los demás qM 
en adelante eran inútiles á sit 
patria deseossotoda. Todos re* 
cibieron protección; el oro, la 
pista, el bronce y el marfil se 
prodigó k S|is sabias manos. Lol 
temploise convirtieroaeisaii» 
tuarloade las Mlaaártea^ Los 
antiguos slmulscros de barro ó 
de madera invocados por taalo 
tiempo epo tan buenos resulta^ 
des, llegaron áser u^ objetm de 
irrisioa. Xas piases púbtícas o^ 
frecieron un pueblo de héroes 
que parecían respirar bajo n el 
mármol y el bronce. Las mora«> 
das de los grandes se convir- 
tieron en palacios suotuosoe-, y 
no hubo uno que no encerrase 
mas obras preciosas que babia 
poseído la república durante mu* 
ehos siglos. 

Ciencias, ASTmoiroMiA, JKoxa- 

TMA, JEOeSAPIA, HISTOEU NATU-> 

iux.^Hemos visto á los roma*» 
nos. traer á su ciudad á los artis* 
16 



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122 



mSTORIA 



las de todas pnrtes y alentar sus 
trabajos sin parlicipar de ellos, 
trozando linicamen le de sus resul- 
tados. Esla pasión tan jeneral en- 
tre ellos h todo lo que producía el 
jenlo unido á la gracia, pudie- 
ra haberse mirado como un o* 
menaje indirecto que tributaban 
á las muscis; pero estas brillan- 
tes hijas del cielo no recibían 
igualmente su incienso. Todo lo 
que no deja huellas ciertas y 
durables y no conduce á un ob- 
jeto positivo, no ptMÜa inspirar 
mas que un interés muy débil á 
hombres que parecían tener, so- 
bre todo, el instinto do la pose- 
sión y que no conocían mas go- 
ces que los que procuraba la 
autoridad. Así es que la astro- 
nomía apenas contaba entre e- 
llos algunos sectarios. Estos lar- 
gos estudios, cuya única ventaja 
es estender la esfera de los co^^ 
nocimientos humanos, no podían 
convenir á unos hombres cuyas 
miradas estaban incesantemen- 
te dirijidas á la tierra. 

La astronomía, ciencia naci- 
da de los ocios de I a vida pasto- 
ral, estendída por las necesidades 
de la agricultura, y mucho mas 
por el deseo innato en la natura- 
leza hi mana de conocerlo todo, 
fué culiivada por los pueblos 
mas uitiguamente conocidos. 
Los pr inflaros jen ios de la Gre- 



cia, instruidos en su escuela, 
hicieron de ello el objeto de sus 
meditaciones, y sus esfuerzos 
quedaron recompensados con 
felices descubrimitfnt:>s. Rcro nn 
es en el desorden de lo^ campa- 
mentos ó en las ajilaciones de 
una ciudad ocupada de tantos 
intereses en donde pueden los 
hombres alcanzar estos altos co- 
nocimientos: ios sabios ititlio^^ 
llamados en griego Grjnnosofiitas, 
los caldeos contempladores y los 
graves ej i pe i os creadores de la 
astronomía, vivieron en el retí- 
ro y en el silencio^ y bebieron 
en la oscuridad aquellas vivas 
luces con que nos deslumhraron. 
Pero la ignorancia de los roma* 
nos en la astronomía fué dema- 
siado crasa, pues hemos visto 
ya á un ejército «lesinavar con 
la aparición de un eclipse. El 
año 581, la víspera de la batalla 
que debía decidir de la suerte 
del rey Perseo, el tribuno mili- 
tar, SulpicioGalo, reunió los sol- 
dados para anunciarles que aque- 
lla noche se eclipsaría la luna, 
y tuvo necesidad de esplícarles 
las causas de aquel fenómeno 
tranquilizándoles sobresusefec- 
tos: siguióse el acontecimiento 
á la predicción, y los romanos le 
miraron como presajío de su 
triunfo. Un pueblo de soldados 
ocupado siempre de empresas 



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BOVAIIA. 



133 



J^mitosrtf , y cuyo npovi serU 
ooa «Jftaeioii para oiro enal« 
^ifira» no podía coacebir el ao*- 
canto que hfiy en nn eatii4io 
tranquilo» y era incapaz para él 
por k) ttiamo que lo iespreeia- 
ha. Ijnial «uerte enpo á la Jeo* 
meiria, IHíes por fftlta de ana co* 
nocimientos no triunfaron en 
mtictias operaciones míütarea 
que necesitan de loa ansíiios de 
esta ciencia» aunque la opinión 
délos romanos fuese de que la 
eiencia no ganaba las batallas. 

Seria diieil decidir ai la espe* 
ele de aversión que nanifaata- 
ban los romanos por laa cien* 
fias» era el efecto de un Instinto 
secreto que les seria m^or que 
la ratón» ó si era producida por 
un orfíullo iñal entendido. Pero 
si desdeSaban loa cálculos sabios 
por una eonaecoencia de sus 
fortunas prodijioaas, entendian 
muy bien el cálculo material. 
£1 que posee mucho debe saber 
contar» y la multitud de grandes 
propietarios, de usureros y de 
banqueros que abundatMin euRo* 
ma» bacian que fuese familiar 
á todos el arte de los números. 
Con siete letras de su alfabeto 
1» V, X, L^ G, D, M, dispuestas 
de diversas maneras, espresaban 
toda clase de suma desde la uni- 
dad hasta cien mlL Si se trataba 
de espresar sumas mucho mas 



considerables, un simple traio 
colocado sobre laamiamaa letras 
numéricas, les daban un valor 
cíen mil veces maa grande que 
el que tenían sin él. Un ejemplo 
lo hará mas patente: las letrai 
H, S, que por si no espresan 
ningún número^ servían úpioa^ 
mente para designar el gran aes- ^ 
tercio. Abí es que H. S. X. sig)* 
niflcadieisestercios, mientraa 
que H. S. X* eapresaun millón. 
Del nüwK) modo H.S. M. vale 
mil sesterrios, y H.S.M. re- 
presenta mas riqueías que las 
que pudo nunca poseer un ciu«« 
dadano romano. 

Si en el estilo ordinario» se 
quería sin servirse de estos aig-« 
nos numérica eapreaarlasniii* 
mas sumaa, serservían de los adk 
verbios quadriu, dm0$, vigeiim^ 
6 de otros^ aeme^ntea/é indica^ 
banqu0 la moneda 4le que se 
trataba, estaba multiplicada iiw 
cien mil tantaa veees como este 
adverbio encerraba, la unidad. 
Asi M que quaári0$ $e$Urtmm 
iguala á euatro veces cíen mil 
sestercios: deeies $e$teriium á un 
millón : y vigeiies ieueriium á 
dos. Muchas veces también el 
adverbio numérico solo espresa- 
ba la misma cosa, y la palabra 
principal estaba sobreentendida. 
Algunas veces los romanos 
contaban las aumas por (o/anlos' 



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124 



HlSTOmii^ 



evohiado^ en sesenta fibras de 
plata de doce otizas; 7 se servían 
también de la palabra mma igual 
en valor á la libra de peso. 

Después de las matemáticas 
propfameole dichas^ la geogra- 
fía que tan de cerca le sfgo'e, se 
mira por las naciones Ilustradas 
como una ciencia importante. 
Los rom«inos conocían el mundo 
indudablemente porque lo po- 
seían; pero no habian consegnh^ 
do este objetó cbn los eisfuerzós 
de una teoria difícil^ sino con la 
sola práctica. Entre ^Hos hizo 
1á espada lo que no hubiera po- 
dido hacer el compás. Cada pue- 
blo que conquistuban tes mani* 
featiba la eesiite^ia d« sfus ve- 
fñúOB, ó de aquetips ton quie- 
nes estaban en relación, y siero* 
pre la servidumbre segura de 
cerce al descubrimiento. Asi es 
que de mío en otro sus ckuioei* 
arientoB jeográütos se eslendian 
eoD su dominación. 

Desoeadiendd de estas altas 
etencias, hay otrasde grande hn^ 
^taúcia: tal es la historia de tas 



producciones de le naturaleza» 
ciencia agradable y profunda i 
la Vez que interesa al hombre o- 
freciéndole estudios mas radies, 
presentáfndole objetas mas cer^ 
canosa él, y que le lleva á la re* 
ftecsion al mismo tiempo que 
satisface una curiosidad inocen- 
te* Los ronianos, ocupados en 
las armas , no cooócícrdh las 
véntajasde éste estudio. La me* 
dicina era desdefiada alH, y el 
mismo Hipócrates hubicfra sidi> 
eonrundidoeon loS muchos char** 
latenes que ebosabao de la Cre- 
dulidad pAbUca. 

La música; ese arte dichoso 
que encanta y civiliza á bs na- 
ciones, era purame&le relíjiosa y 
militar, y oMca se creyó que 
pudiese entrar en la educación 
de un romano. La jimnástica no 
se conoció en Rpma sino con re* 
ferencta al arle de la guerra. Loa 
diferentes |»gos á que se en- 
tregaban los griego^ con tanU e- 
mulácion, agradaban á los roma- 
nos*, pero desdefiaban ejerci- 
tarse en elkM. 



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▲• 



125 



CAPITULO X. 



Plroc«diaiicfilocrimU«l----CPi^icl9ib«--D('6ttMirtt. — Con^tvti.— JsKapru- 
dtacia rrimiual y mUa át juitirú.— > Emplto del tieaipo de un romano ri- 
d». — Placem públkot é f •rllail«rct. — Fuatmlts. — Pin. -^Scpslcro. 



xiocBoiinEirro cvuhhal. 
Hielos;^--» oEFnrsoMs.**- €mfiNi<^ 
XA8*-^ P«ra áéf una idea de los 
procedimientos crimlBales y la 
aHalmporleiicIa que les presta* 
han los romailoi, raMOs á referir 
tm beelio. tío f rao personaje foé 
acosado de eoeeostoa etl el ejer« 
eklo de s«s pábiicaa fÉDciones. 
Durante noches meses no se o* 
copaban mas qne dé los detalles 
desü crimen, y el poeblo siempre 
totereaado en el maoteoimiefilo 
de las leyes, esperaba so castigo 
coo Impaciencia* Él rango» cd 
«rédito y la fortvoa del coipable 
parecía detener la marcha de és- 
tas mismas leyes; la éaosa por 
M gravedad debia espooerse de« 
lante del poeblo en los grandes 
comicios) pero el indi?idoo w) 
podia ser citado sudo por la »• 
eosacion de on májistrado so^ 
premo» y todos guardaban ai** 
leneto) en An, trionfando él des* 



contento pAblicoileaqQella'oseo. 
ra benevolencia, snbió el pretor 
i la tribnoa de lea arengas, y 
alli dédalo públicaniente qne 
tal dia acttsarioal procónsul Spo» 
rio Aqnilio, de dilapidación 4e 
los caudales pábllcoa, y le intl* 
mó compareeiese en la época in- 
dteada. Desde aqoel momento 
deMan prender al eooeosiooario 
yooodiftirlo ala prisión; pero 
para dejarle todo medio de de* 
fensa, bastó qoe una persona 
garantiese sa comparecencia» Es- 
las especies de canciones se lia* 
maban Widei. Un antiguo tribus- 
no militar selid por cancionero 
del acusado, quien podo enion- 
eea oenparae con toda libertad 
ea disponer su Justi Acacion, y se 
esperó con impaciencia el de^ 
arrollo de una acnsacion qne no 
debia UnuMarse i lo qno primo*, 
ro se habia espaesto« 
Uegado él prefijado dia, m- 



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126 



«irtoaiA 



hl6 el preloríe nncró i la Iri* 
buna, y allí espuso sus quejas. 



Templos despojados , ciudades 
arruinadas ^ contribuciones ar- 
bitrarias, ciudadanos azotados á 
aprisionados, eran los menores 
crímenes que al acusado se im« 
putaban. Enuo momento en que 
Roma estaba espuesta á tos or- 
rorcs de! ambre, los trigos re- 
' unidos en la provincia cometida 
h sus cuidados, babhin $fdoc«r« 
gados en buque» declaran<l » que 
naufragaronen elcannino, mien- 
tras que entrados fortivaáiente 
en oiro puerto, el cargameoto se 
habia vendido secretamente y eo 
provecho del proeónetiK 

A estas palabras, et pueblo 
siempre pronto á irritarse cuan* 
do se trata de su subsistencia, 
hizo oir un murmullo de indig«. 
nación , y abrumó al criminal 
«con burlas sangrientas, que cu* 
bierto de vestidos miseraliles ha- 
-hia sido colocado delante de la 
tribuha. 

La acusación fué reiterada por 
tres veces con oa dia de toter« 
valo, y cada vez se oím á los 
testigos, y se leian los documea* 
tos que afirmaban la verdad de 
los hechos. En seguida, «a de^ 
-crelo publicado duraole tres 
dias de mercado, esdedr, á ina 
distaiicia de díesiodo4ias.eátre 



el primero y el tnttlflío, hífeb (t9í 
nuevo la esposicion del crimen 



Qué cúmulo de iniquí^adeii! y manifestó la pena en que ha- 



bía incurrido. Después de estos 
preliminares el pretor se di- 
rijió al cónsul para obtener de él 
la convocaciotí de los eomicioi 
par eetúurias para él dia qu^ 
debía decidirse la suerte del de* 
tenido. Sus parientes y amigos 
empleaban el tiempo que ecsi* 
Jian todas estas formalidades ep 
inclinar al eousador á que desisr 
tfaise de su ioleoto ; pues bast« 
que el pueblo hubiese pronuo^ 
dado la sentencia, podie retirar 
su acusación, y el negocio que* 
daba eo aquel estado, (¿er avea*- 
gado que eMttviei6« Poeque ea 
efecto, teoieiido úideamente e| 
derecho tos grandes oaajtotradM 
de presentar uo asunto cunif- 
quiera á la decisioo del poetólo, 
en estas espedís de asambleas» 
luego que jiugaban á propósiW 
ealiarse, nadie tenia denecho de 
hablar. AnuncMse por úitlína el 
dia de la reuainR de los comi» 
eios. Apenas principiaba k des» 
puntar la aurore de este din» 
cuando ae hiiooir la trompeta» 
pues al sonido de este instru«> 
meato sé indicaba al pueblo le 
apertan^ da los comicios cuando 
tenían por objeto la condena da 
ua ciudadano, fia el campo de 
Marte laTsntaban ua taMadou 



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MVAWA. 



137 



f6loe«fido M él «M fWa tñfni j 
eMfna pnnln ma eipede de 
«Mbo liesél pat*a resfttafdsr dé 
RiKs rayos del aot at q«a debia 
sentarse, para firesMfrá loa eo- 
mfcios. Délfltite y h altamía dis- 
tancia j hahfa peqaéftoi cna» 
ifros fbrniadojí c^ enerdas, eo 
donde se eoloeaban las eenf orlas 
qne componían la lotalMad del 
pneblo^romano. El kttervalo b^ 
tre elcénsnl y el pneWo estaba 
ocupado por el eetisador, loa tM** 
tteos y los defensores, él acaaa* 
di> podía iguahnente coloeane 
allí; y le era i^rmitfdo tamMtn 
recorrer la asattMea á Ata de ea«> 
ciifir la eómpaston de lo&qM U 
ban á deeidlrde sv saeH». - ' 

Bapeeo maa lejos se dfalÍB«> 
f^iB «arednlo te rr ad o eonattá 
barrera llainado OiiU por la 
semejanza q«e tenia eon on 
establo de óve|aa ó de cabras*, y 
allí estaban (aa urnas destinadas 
á recibir el voto de eada uno dé 
•a^ Indfvidiioa ^^meomp^niafl la 
cevUiila; dfebaa ornea esuban 
ba}bla vIJHandade ciertos ofl« 
elates públicos llamados <^lo^ 
dea, qee debían impedir el frau- 
de en la emisieb dé los toios^ y 
manifestar elresdttado despnes 
de la tiperadoa* 

Luego qué «1 ásmilo estaba 
svflcienlemeftte espue^lo^ que 
aebaUaootdo loaieal^yipw 



el defensoif habla heeho sn ofl« 
cío, se tenraban loa debates, y 
el pueblo pronunciaba; pero pa- 
ra que pudiese dar ava votos 
con drdon, se hacia de este mo* 
do: colocado cada uno en f^u 
centuria, se echaba á la aoeric 
cuál debía ser la que TOtase pri* 
mero, y á esta se la llamaba 
eemuriü prmFogmtM^ Todos los 
que la componían ae ponían en 
marcha con sus Jefes i la cabe- 
te y entraban enel Oe(/a pasando 
p^ un puente do iablés que 
coodticia á él. A la eiHrada' de 
este paente eataben eeloaadoa 
loa diriMlotm ó distribuidores, 
los cuales tenían en la mano 
grandes testoa Itonoa de bole* 
ttnes qoe distrlboian á todos loa 
eiudadanoaá medida que pasa* 
han deta&te deetlos. Guando se 
trataba de ona eleocion, cada 
uno recibía de los dlríbiiores 
tatitos boletines como aspirantes 
babíat y si se «ratatia de- i|áapiar 
d desechar, um lej^, el vaUote 
retibia dosbóletioet: eo uvu es* 
tabee escrius estaa dos ietraa 
V^ft. Vtí rogof, admito la pro*^ 
poeidon-, y en el otrouue^. on* 
Nftno, la desecho, ó mas bien o* 
pino por el uso antiguo, según la 
aséele algnMcacton de este tér* 
mino. Eo on esaato ^criminal 
como el preaenle, cada dudada- 
1 no^redUa tres boleliaes: en el 



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tas 

uno esUto U letra A. ñb^olvoj 
en otro C €an40mn^ y en. el 
tercero N» L. non Ucuet, ooeitá 
bieoprobado^ y nosotros deci- 
mos en seoiejaote casof ue se re- 
ciba i prueba. 

Entrados eo el OvUe^ se acer* 
eabsB todos á la mesa eo qae es* 
taba colocada la uroa, y allí de* 
poaiaa sds boletines en presen* 
cia de los v^iUntes» que llama- 
ban rogoloreí^ porqne pedían i 
«ada e«al el boleiUn de que no 
había hecho uso. Guando Ja c^n? 
turía baUe votado, tos eutíc^ee 
liadan eleteratiaio^&eaban de^ 
la urna los boletiuM anoá qbo, 
y eefialaban sobre tablillas otros 
tantos pontos como votos espre* 
saban. Luego qde se aaUa el ra^ 
soltado, un heraldO' proclamaba 
el voto de la centuria,, y uno de 
los rogalores lo llevaba #1 ma* 
Jistrado que presidia los comi- 
cios. Las demás centurias eran 
llamadas suced^vamente. por, el 
orden que les habia cabido en 
suerte; procedían de la misma 
manera hasta ver si la mayoría 
de las centurias era de una. mis* 
ma opinión; pues luego que ha- 
bia mayoría conocida^ la anuak 
ciaban con aolemnidnd, sin pe« 
dir á las demás centui^ias qae 
aunnohajdan votado^ aufrajios 
que eran ya inútiles. 
Antes de principiarse toa. en* 



mieifi, un aacurr Mcai«ido de 
tomar los auspicios para cono^ 
cer la voluntad de los dioses, es* 
taba situado en una tienda apan> 
te para verificar la ceremonia. 
En estas especies de asambleaSi 
nada se podia emprender sin 
haber obtenido presidios feli* 
oes; pues ai eran desfavorables, 
se disolvían los comicios y se 
aplaiaban para otro dia. Si eston 
eran favorables, el cdnsul hacia 
•Qonciar por un heraldo la apjsr- 
Uira de los comicios. El ai^usado 
se presentó humilde y con los 
ojos bajos, y para escitar |a cpm* 
pesian llevaba nu ropf Je hecho 
Jirones, la barba larga y pnerca^ 
y en sefial de amargara se h** 
Ua,eittenizado la cabeaa. A su 
lado nnrehaban ai querían. sfis 
parientes. Después de haber pa*" 
aado U triste comitiva y puesta 
al lado del defensor, un secreta* 
rio leyó en voa alta U ücusacipn: 
las proehaa nb tenian répli^, 
peno el defensor procuró en.on 
largo dlscarso escltar la compa^ 
sion del pueblo en Cavor de sa 
cliente. Pero juada bastó: el cón^ 
sul se espoesó en estos términos: 
«Romanos: ya habéis oido.loa 
j»oargoa coatra el procónsul Spti» 
»rio Aquilio; ha dilapidado la 
«fortuna públtea, y ha compro* 
•metido la ecsistancia del poe* 
1^ entero* For otra parte se 



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MMAIU 

iKM ban r# cioi F Ja¿o mué gwod« 
MceioDet. A vosotros tota con»**» 
«parar los servicios qoe ha lie* 
acho á la república coo el mal 
aqne la ha caosado y los peligros 
aá que la ba espuesto. Sed Jqs* 
aios, pessad en Roma y proiaii^ 
actad.» 

En sehiejaiites casos aeoate* 
da qoe algon amigo del acosado^ 
si veía qoe se iba á prooQiielar 
la sefiteocia de moerte» gritaba 
que oia uo trueno lejano^ y qoe 
se debia destruir al instaote la 
Mamblea ; pues efectivamente 
era el trueno una sefial de la có* 
lera celeste^ y bi^bá para sos* 
pender toda deliberaciott popu- 
lar. Esto mismo se rerlflcó en la 
sentencia de Spnrio ▲qnltio; es 
decir^ afirmó uno que babia oí- 
do un trueno» pero dicieiido el 
augur que estaba sereno el cie- 
lo, reconocieron el ol^to de a» 
quella impostura ofictoaa. La 
mayoría del pueblo romano pro- 
nunció que la operación se be* 
Ua acabado. Luego que el de* 
fensor oyó esta declarado^; se 
cubrió la cabeza con una punta 
de su toga, y se marchó de la a- 
aamhlea. En aquel instaote, to- 
dos . los ciudadanos» rompiendo 
sus filas» se acercaron al tribu- 
nal; Levantóse el cónsul» impu- 
so ailencio al pueblo» y dijo en 



tí? 

aunido HgúM las formaapres^ 
neritas por las leyes, y con el 
«consentimiento de los dioses» 
«condena á Spurio Aquilio k ii 
apena de muerte.» Después» voU 
viéndose i los lictores» dijo: 
«Conducid al culpable á la pri<* 
asion» y que sufra lo que la l$f 
aba ordenado. « El procónsul se 
suicidó en el camino con una es» 
peda que le entregó uno de sus 
libertos» que con aqud fin lie- 
Taba oculta debajo de sus ves* 
Udos. 

JoiISPEUDBNaA CaiHIKAL T SA- 
LAS i« jiTiTiaA.— En la esposi* 
don de la Jurisprudeoaia crimi- 
nal romana, hay que tener pre* 
senté variat cosas. Distinguiré* 
mos primero los crímenes pri« 
vados de los públicoa: los unos 
turban el orden sodal» son cas- 
tigados por leyes positivas» y los 
tribunal^ especiales aplican la 
pena; lo» otros iftas importantes 
por sus consecuencias» atacan al 
estado mismo; la universalidad 
de los dudadanos está interesa- 
da en perseguirlos» y por una 
consecuencia de esta necesidad 
común» eran Juagados en Roma 
ya por el pueblo reunido» ya por 
aquelloa en quienes babia depo- 
siudo ra autoridad. En el ori« 
Jen de Boma, eran los reyea Jue. 
cea supremos» cómo que repre- 



alu voz «El pueblo romano, re* | seotabi)nia totalidad de la nación: 
T03IO xia. 17 



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Í30 



HlSTOmiA 



ordinariamente se háelan aconi- 
pAffar de su consejo-, Tarqalno 
el Soberbio pronunciaba solo. 
Tuto Hostil io nombró dos majls- 
trndospara Ju^^ar á Horacio, a- 
sesino de su hermano. Cuando 
la república sucedió á la monar- 
qu(a, fueron los cónsules reves- 
tidos de ta plenitud de poderique 
babfan tenido los reyes; y en vlr- 
tud ée est« derecho. Bruto pro* 
nuncio feralmente hi pena de 
muerte contra sus hijos. Poco 
después Publicóla hizo ^adaptar 
una ley que constituía al pueblo 
romano, juez en última instan- 
cia de la condenación á muerte 
de un ciudadano. Desde enton- 
ces todos los cr<menea públicos 
fiieronf llevados ante el ppeblo 
en los grandes comicios. Pero, 
multiplicándose cada dia los pro- 
cedimientosdeeste jénero, ya por 
el engniÉdecimiento del poder 
romano, ya por la corrupción de 
las costumbres, se biso imposi- 
bie convocar h menudo asam* 
bleés tan numerosas: éatáblecié- 
ronse combarlos HamadosqnimJ- 
tore$ k quienes se confirió el de- 
recho de fallar, según las leyes 
ecsisientes, sobre los- crímenes 
mas frecuentemente cometidos, 
y solo se llevaron ante el pue* 
bh» los asuntos esiraot^tnarlos 
por su i.aturalestt ó importancia. 
La autoridad de estos delegadoi 



doraba ú t ñtH tm A» basta lado» 
ciskni de la causa para la eoal 
hablan sido creados. 

Bien pronto se reconoció la 
utilidad de esta institución; f 
en el aSo 604 se biio permanen- 
te. Los fUMiloreí, ya muy nu- 
merosos, se dividieron en eua«> 
tro salas de justicia, de las Cua* 
les la palmera conocía en el crí- 
men de Mlarajoii^ la segunda en 
loa manejos proibidos, la terce- 
ra en la alta traición, y la caar« 
ta en el peculado (I). Este coer* 
po judicial reunido se llamaba 
qMmitíoMipirpeimm, ind^aeimm 
perpüwm, en oposición al esta* 
bleeiniieoto temporal que cea» 
sionó. Un pretor presidia en ca^» 
da una de estas salas partícula* 
rtfi, y dfarijia síis operacíonea 
durante un aSo, como era de 
costumbre en toda especto de 
majiatratara; espirado este tér* 
mino iba á administrar justicia 
áh» pnvrtttcias y otro le su» 
cedía. 

Es de notar que el pueblo era 
quien había concedido á estos 
cuerpos jodieiaies el derecho de 

(1) Estorsion y peculado ertn crí- 
mtiiet difertntet aanqoe pertcncscaa á 
una misma caasa: la esiortion ei la ec* 
si)«n€ia de an derecho caalqoicra, coa 
perjaicio de aquel á quien te U ec-Míer 
el peeulmdo ca un robo directo dt loa 
caadalcft ptfWcaí» 



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lUMIAVA. 



.131 



proDoneiar en tal ó cmI eir- 
euafttancia; quien escoJU loa nu- 
ji8tra4oi que babUo de compo- 
nerle, y que por eonaiguienie él 
mUmo era qoieo decidía por ftu 
órgiDO* Así es, que un acotado 
poderoso hubiera podido em- 
plear medios de coecko en no 
tribunal qne no háblese sido el 
peeblo reunido* 

CVPUOUBL TIEMPO AB ÜH RICO 
IOMANO«-«-PLACBRES PÚBLICOS 6 

PARTiccLAaBS— rLa Salida del sol 
marcábala primera hors^ del dia, 
y eslsba siempre consagrada á 
los deberes de la relijion. El 
pueblo acudía á los templos k pe- 
dir á los dioses con que satisfa- 
cer las necesidades diarias. Las 
personas de rango mas elevado 
compilan ordinariamente esta o- 
bltgacion en sus propias casas en 
donde ios altares domésticos re- 
eibian sus ofrendas. La oración 
de la mañana se dirijia á los dio- 
ses del cielo, y las de la tarde 
á las divinidades infernales. A- 
penas hablan llenado este de- 
ber se abrían las puertas; la mo- 
chedumbre de los clientes se 
presentaba; unos pera satisfacer 
la obligación de cada día, otros 
para obtener aodiencla de so pa- 
trono, y el mayor número para 
recibir lossocorrosdlaríos qoe se 
les distribuianen so nombre. El 
recibimlentoqoe lesesperabaera 



siempre loadido por sos fortunas 
ó por la importancia que sabían 
darse. Algunos penetraban hasta 
la habitación del señor; eran ad- 
mitidos a sus placeres y sesenta- 
ban i su mesa; la multitud no 
pasaba del vestíbulo; y conten- 
tos con ser vistos por los esclá* 
vos ó por algún liberto, se retira- 
ban para emplearse en sus pro- 
pios negocios. 

La hora tercera llamaba á los 
Jueces y defensores á lof tribu- 
nales. Si la causa era importan- 
te, y célebre el orador, de todas 
partes acudían para ver y oír. 
La misma escena se repetía en 
muchos parajes al mismo tíeni^. 
Frecuentemente) un espectador 
atento se distraía con las Voces 
de un abogado que defendía o- 
tra causa en un tribunal poco 
distante. Allí se atacaba la auten- 
ticidad de un testamentp-„ aquí se 
perseguía i un deudor de mala fé; 
mas allá era perseguido un ciuda- 
dano por estorsion; su acusador 
manifestaba las circunstancíasde 
su crimen, y presentaba las prue- 
bas ante el pretor y losjüeces. Si 
era un personaje notable, todo se 
ponía en movimíe'Slopara salvar- 
le ó perderle:sí era un plebeyo os* 
curo, so patrono se esforzaba en 
hacerle tríonfar porque sí no él 
mismo recojía el fruto del crimen 
que se imputaba á so cliente. A 



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13a 



B18T0MA 



estas razones particulares aS&da* 
se la pasión de los romanos por 
la elocuencia^ el interés que es- 
citaba siempre en ellos un pro- 
cedimiento criminal que ponía 
en juego todas sus pasiones^ y el 
deseo inesplicable que tienen to- 
dos los hombres de oir á un gran 
culpable^ y se concebirá fácil- 
mente la afición de aquellos ciu- 
dadanos á asistir á los tribuna- 
les^ 

Un díase Terlflcabauna asam- 
blea det pueblo, otro había mer- 
cado^ ya eran adjudicaciones, ya 
ventas públicas, ya ceremonias 
relijíosas ó militares; en fin, los 
placeres del |eatro ó del circo y 
los Juegos 4^' toda especie, ape- 
nas dejaban tan dia verdadera- 
mente libre. Sieátos grandes ob- 
jetos de ocupación, ó mas bien 
de entretenimiento, llegaban á 
faltar, se paseaban en el Foro, y 
los motivos de conversación no 
escaseaban entre hombres cuyos 
intereses públicos ó privados se 
estendian á los países mas leja* 
nos. Durante este tiempo, los ca- 
balleros, siempre fieles al dios 
Pluton, tenían sus sesiones en 
las galerías cubiertas que rodea- 
ban el Foro. Allí urregtaban sus 
cuentas , abrían su^ rejistroa, 
daban un poco de oro, y recibían 
mas-, rodeados incesantemente 
de una multitud de deudores y ' 



de otros que pedían prestado, los 
conduelan á obligaciones siem- 
pre mas onerosas, y arruinaban 
con método á aquellos que pare- 
clan favorecer. Ocupados de un 
objeto único, nada los distraía, 
ni el bailarín que allí inmedia- 
to danzaba en una cuerda, ni 
los Jestos del mono africano, 
ni las habilidades del oso traído 
de las montañas de Helvecia. 
Después de haber pasado así al- 
gunos años en establecerán for- 
tuna, cambiaban de papel; y 
prodigando á sn vez aquellos te- 
foros que haUan reunido, se a- 
brian el camino de loa onores. 

Sstos enadros tan variados 
cambiaban á cada Instante por 
circunstandaa imprevistas. Un 
gran majistrado que volvía de 
su gobierno, ó que antes de ir á 
él quería presentarse al pueblo, 
llegaba al Foro con ana eomiti** 
va correspondiente á su título: 
corrían á él, lo rodeaban, le es» 
trechaban, sus amigos le felici- 
taban, los indiferentes se untan 
á ellos, y todos le acompasaban 
con aclamaciones hasta las puer^ 
tas de la ciudad d hasta las de su 
casa. 

Quizá se dirá que este Jénero 
de ecsistencia, no podía conve*^ 
nir sino á personas acomodadas» 
y que el pueblo siempre estre* 
cfaado por necesidades contínoas 



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debii tener ocupeetonef mai 
reales; pero en Boma el bajo 
pneblosedifereDeiaba enmucbo 
del de los otroa paisea. La dea- 
igoaNhid de loa rangoa y de laa 
fortuota era prodijioaa, y ona 
iHQltttad inoHiwable atn nlo* 
ftttn recurso, goiaba en pai de 
loa plaeeres del día sin Inqoie- 
tarae por el algnlente. Las distri* 
bacloaes de trigo siempre con- 
sMerablea y «pie no aufriao re* 
tardOj y las didirasdeans patro* 
nos» bastaban k las primeras ne- 
residadea de loa ciudadanos itf* 
dijentes. En clrennatanelaa qoe 
se renoraban frecuentemente, 
taieacoitfo las grandes pronto* 
riones, losfanerales^ los trian- 
foa , etc. , acostumbraban los 
grandeaá bacer repártlmlentoa y 
d&divaa abondantea. SI á esto se 
aBaden laa Venta|aa y los benefi- 
cios vergonaos y frecoéntemente 
repetidos que les procuraba el 
tráfico de aoa safrajios en los co- 
midos, se concebirá fácilmente 
su poco empefio en aaegurarae 
por medios mas onorf fleos ona 
ecaiatenda Independíenle. A pe- 
aar de tanloa recuraoa catan en 
una completa pobreza y ae lea 
distribuía tierras conquistadas-, 
de manera, que cindadanoa que 
eran miserablea por it maftana. 



133 
Ademáa de la repugnancia 
invencible que el ciudadano ro- 
mano tenia á toda especie de tra* 
bajo, babla también muchas 
profesiones que recbaiaba su dig* 
oldad, tales como las de carnt* 
ceros ó vendedores de carne co- 
cida, pescadores, y Teodedpres 
de pascado, etc. Les otras cas! 
todas eran ejerddas por liber* 
tos. Los panaderos únicamente 
goaaban de alguna distinción, 
fundada aparentemente en la 
necesidad unlveraal que ae tiene 
de su trabajo. Bajo el nombre de 
pillaras formaban unacorpora- 
doQ que disfrutaba de privile- 
Jios importantes; ni ellos ni sua 
bijoa podían separarse de su ofi- 
cio para tomar otro estado. Sua 
benefidoa eran en común, y pa- 
ra consenrar el onor de aquella 
aocledad no se permitía á aus 
miembros enlaiarae con gladia- 
dorea, comediantea lai otro cual- 
quier individua que ejerciese 
una profesión reputada vil. 

Eate falta de ocupaciones ne- 
cesarias daba á los babítantes de 
Boma un carácter de frivolidad 
que formaba no contraste es- 
treno con su importancia verda- 
dera. Todos sin escepcion pasa- 
ban su vida fuera de sus ogares; 
y de la misma manera que los 



por la tarde ae convartian en | grande no estaban en ellos por* 
piopietarioaopulenloai jque no loa detenia el gusto del 



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134 



ftlSTOmiA 



enHidlo 6 el amor * las ciencias 
ó h »as artes, así el pueblo sin 
trabajo, porque no lenla^ neceri- 
dades» pasaba sus dJas en vanos 
entretenimientos/ y ea cierto 
modo se hacia el instrumento 
ciego del que le procuraba. 

Al acercarse el mediodía, ca- 
da cual volvia á SQ casa pira ha- 
cor una lijera comida y tomar el 
des4*ansode una hora. El inter- 
valo del sueio á la ee«a, se con- 
sagraba siempre al placer. Aque- 
llos á quienes la edad habla he- 
cho graves, ó que por sus car- 
gos y lílulos imponentes se velan 
obligados á guardar cierta com- 
postura^ se procuraban goces 
tranquilos , éirijian sus pasos 
acia los paseos: públicos ó partl^ 
enlaces, y «i estas reuniones a- 
pacibles y «scojidas gozaban de 
las dulzuras de la conversaiiion. 
Si el tiempo era malo, ó la esta- 
cion no permitía estos paseos al 
estertor, les ofrecían un abrigo 
cómodo tanto como agradable, 
vastas galerías en que el gusto 
se juntaba á la magnificencia. 
Escojian también aquel tiempo 
para hacerse mutuas visitas. El 
uso era hacerse anunciar por 
un criado introductor, k escep* 
cion sin embargo del primer dia 
de enero, y del dia de cumple- 
abos en que todo el mundo era 
admitido Indistintamente. 



Losjdven^ buscaban place^ 
res mas activos; montaban á ca- 
ballo y corrían al campo de Mar- 
te; lanzaban dardos, tiraban con 
el arco y se etereiteban 4e cien 
maneras diversas en Juegos que 
los preparaban i los ejereleios 
mas serios. Alli los reolntas U^ 
maban (as primerea leeefooes 
del arte de la guerra. Yf^K" 
centuriones les haeian aprender 
el paso militar, llevar pieos y for- 
mar trincheras; aqui un pelotón 
mas adelantado se ^ereiiaba en 
maniobras dKfciles. Mas allá los 
muchachos» bajo la dlreeohMi de 
sus maestros. Jugaban á la pelo- 
ta, al balón, y al tcompov alga* 
nos recorrían raudamente el 
campo de Marte haciendo Jirar 
un circulo de cobre que seguían 
tras él; otros se desafiaban á la 
carrera; frecuentetfiente aqne^ 
lia viva inventad tomaba sndl-* 
reccion acia el Tiber, y á pesar 
de estar sudando, se arrojahan al 
agüe y lo pasaban á nado. Entre* 
tanto los aocíanos sc^Qtados á ia 
otra orilla, á la sombra de altos 
álamos, sonreían á sus esfuerzos, 
con el Jeato y la voz alentaban á 
los nías débiles, aplaudían á tos 
mas intrépidos, y goobon en 
secreb>de su triunfo. Al ver a- 
qneUos ancianos eon los cabeHos 
blancos por la edad, y al aspecto 
de sus largaaro^ ondeantes, te 



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«COtAllA. 



13S 



éirit qM IM 4Hrtalili4é», ^m 
velabaii en Hi oorrfeate d#l rio» 
babian ulido de repeote de sos 
mereda^profaiidaa, y f«e pre* 
•idia» á Itoa jue^pM de una larba 
de Irilonesjéveoes y bultieiosoe. 
Llegada la hora déciana» to- 
dos se apresutaliafi á lomar la 
lesa qoe baMea abandonado, y 
eada cual eorria á senUirsirefi'al- 
giiQ festin ó á recibirá SM biiés* 
pedes. AqiBd cambiaba la escena; 
alejados de aquel pueblo qoe los 
Imporunaba al mismo tiempo 
qoe los coutenia, los grandes se 
abaodonabaá libremente al faus* 
lo, que era so peskMi ibas f ner- 
te* Emn iromnoos eo la plaza 
péblien» y* siberitns en sM mo* 
radas. AlV reinnba la defereo* 
cia, la atevtn poUliea^ las ateo-» 
f iones obligenles» y bvIHaba coa 
todas sos grades aquella urba- 
nidad qué diitlogola teneuUneu- 
temente i los ooMes ciudada- 
nos. Si ua persouaje eminente 
era el que convidaba» luego que 
babian llegado todos» con el tra-* 
Je de su dignidad se presentaba 
el béróede la fiesta y todos se 
ieventaben con respetot los que 
le eran Inferiores en rango ó en 
edad^ le besaban la tueuo/ sus 
iguales le besaban, eo la boca ó 
en los ojos; ios mas fotloHis le 
Mludaban desde lejos sin dejar 
sn sitio; besabno so propia ma* 



no» y arrojándola áMafUe coa 
gracia» parecbío earlarle el he* 
soque hubieran querido darle. 
Nunca faltaban á estas ceremo- 
nias» y el que trataba de librarse 
de ellas manifestaba uda mala e« 
duración. Después pasaban al 
emMUh. refectorio ó comedor 
EIduefto de la casa, arreglaba 
los sitios de los ¿ouTidedos. Ca- 
da uno debia tomiir el que le de-^^ 
signaban; y hubiera sido come* 
ter una Impoiftica querer por 
humildad aparente » tomar un 
sitio inferior ai que le ofrecian. 
Los convidados estaban corona-^ 
dos de Sores» y cuando la natu- 
raleza Íes reusnba éste brillante 
adorno» le suplían con flores ar^ 
tlflciales» hechas de láminas de 
cuerno^ téiUdasde diversos colo'^ 
rea (1). Todo inspiraba y espre- 
saba alegría; durante la ramída 
bobina unos á la salud de otros» 
A menudo bebiaa dos amigos en 
aun misma copa á le salud de 
un tercero que estaba ausente» 
y variaban la copa. tMitas veces 
como letras oontenia so nombre. 
Algonasveces jugaban A los fia- 
dos ó á la taba en el intervalo de 
ao servicio á otro. Las mujeres 
y loa niños no asistían ordina* 
riaoMate á los grandes fe<stineS; 
en iu reuniones do familia» es« 

(1) FUMs^lib.XXl»cip.u. 



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Ubññ •Mlá4ot lol CÉHÍ68 j las 
nmJereiilMoriltos de Im to* 
cfcot, y MMlomlNrataii retirarse 
des^etdel segttodotenricio/pe- 
ra dejar mea libertad á los €oti« 
Tidados. En esto llegaba la do- 
che, softal de los placeres Ucea- 
cioaos^yse baclaii entrar á loa 
músicos, á laa boilsrinas, á ios 
tocadores de flauta/ y algunas 
Teces i losgladiadores, que en es- 
tas ocasiones se limitaban al si* 
muluero de sos Juegos crueles. 

Llegaba el momento de reti- 
rarse, bebían la copa de despedi- 
da, aaludaban á so huésped, y 
precedidos de una tropa de es- 
clavos coo bachea encendidas^ 
cada cual tomaba el camino de 
ao casa. AlUol eapoao eneontri^-* 
ba i su mujer y á sus UJos que 
le esperaban V llegaba labora del 
descanso y au familia se despe- 
día de él. Los libertos y loa es- 
claToadesfllabaa en su presen- 
cia, y recibía el aalndo de ca* 
da uno. 

FONBRALBa. -* PIEA. -^ SBP0L- 

cmo.^Lo que vaasoa i referir 
dará una idea imperfecta del 
modo con que loa romanos on- 
rabán las ceniías de sus padres. 
Luego que llegaba el momen- 
to de la agonfa, los bljoa se a- 
cercaban á su padre moríbun^ 
do, dábanle el último beso , y 
parecían recojer su alma al es- 1 



msToua 

caparse. BHos aiispos le cerrar 
bao los ofos, procurando dar ln 
apariencia de un sueQo tranquil 
lo á aquel reposo que debia ser 
eterno. Para asegurarse que hak 
bia dejado de ecsistir, los asis^ 
tantea le llamaban enaltavoty 
por su nombre^ y estoa gritos, 
llamados eanelamMiOf se repe- 
tían cuatro veces seguidas. Al^ 
gunas veces también hadan re- 
sonar en la habitacioo bocinas 
ó trompetas. Cuando el decreto 
fatal estaba pronunciado, ae di- 
rijian 4 los {t6tttiiaríos ó minis- 
tros de la diosa Ubitioa, que 
presidia los foneraleSé Estos sa- 
cerdotea guardaban en su tem^ 
pío todo lo necesario para tam 
trialea ceremonias, y adaoUs 
proporcionaban á loa que haUaa 
de llevar al muerdo, loa guir- 
dianes ó custodios, lospíaflldé- 
res, etc., en razón de la impor- 
tancia del personaje d de la mag- 
niácencia de su familia. Conve- 
níase con ellos por medio dé 
una cierta suma, llamada «rfrt- 
iriiim, y no dejaba de aftadirsé 
á ella una moneda que ae depour 
sitaba sobre el altar de la diosa; 
ia ootetian en seguida en una ur* 
na, y era en cierto modo un re- 
jistro mortuorio. Cuando todo 
estaba ya arreglado, lossirvien* 
les enviados por los Ubitinarios, 
que «e llamaban pe(/tiic(of#i, U« 



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v«1im elcQ«ftKi.'¿éfi' upíft . liWt» 
•A sefli^idv I» fh>Ubfto eott HcoraÉ 
perfoiMdoB pira prer^ofr lol 
ofielbs il« <Kift di90lodOQ tíém* 
pr e demiiftiado preóli, y lo cd- 
locAbsn en ua» cama 0OHipMa«» 
U, veaüdo eon e( ropaje de m 
dignidad. En seguida lecorooa* 
bao ite flores/ lo eaponian deba- 
Jodet veatlbnlo eon los pies fue* 
ra de U cama, para espreaar ana 
prócsima partida,' y diríJIdoaJh 
eia la puerta de la eaSb, datante 
de la ctral se tetrfa gran cuidado 
de i^antar ona gran rama de ci* 
prés. Este signo de luto, impe-* 
dia al gran pontífice entrar on 
aquella habitackMi, si llégate á 
presentarse en ella, y evitaba la 
mancha qu« recaerte en él al so- 
lo aspecto de an cuerpo privado 
de la vida. Gomo todo permane- 
cía abierto en semejantes mo* 
mantos, los guardianes velaban 
sin cesar cerca del cuerpo, ao'^ 
yantando los insectos con largas 
ramas de ciprés, mientras otros 
circulaban en la balHtacion pa- 
ra evitar toda especie de des- 
orden. 

Después de siete dias de es- 
posicion, llegal>a por último el 
momento de las ecsequias. Des- 
de por la mañana un heraldo re- 
corría las plaias públicas^ gri- 
tando: Á lo$ que quieran asistir 
Alas funerales de fiéioñoitíjo d$ 

voiio xiu. 



ivÉMó, HT'físnifliiartuiMa te* ash 
remomia va á primipiarée^ y m 
á eaceuree el cuerpo fuefa* dik 1$ 
Mía. Tales eran en snatMOÍa iop 
prelimtnarei de la aolBiMidad 
mortuoria. ; . » » ^ 

AlsMBir^ tmrp% •cri lOMMro 
do coremoobs, llamado desH^no- 
éesr, io disponía UMlofiafola mMtw 
cha féoobre, y despues^qM coda 
nao. estaba colocado aagoo ^§m 
Rango é sus fooeionos» dalMlli'aa- 
fia! de manetia. DeiaOCd iba iio 
bmctnoior, desfNioa los loeadof es 
de flauta quo maechabauieoUit 
meikleoDn'ioa ojos bajos y aacao» 
do de aasiostjrum)»atDs ateiidoa 
lágubreay^melaocóHoos/ En jm 
goida iba uno aMehod|Mahretde 
mujeres Uamaéhe UmcMo^i atem^ 
pre dispuestas á v'^trtoffiégñoii^ 
veoalas, y coyoa eatrepitoata jeh» 
midoa lurbaban al verdadaproido^ 
lor profoodo y silenetasm Mietf ♦ 
tros unas aolloiabao y*so..goIfí 
peobao el peeho eoftlndaa tas 
so2ales4e iadeaosporaeioo^'OH 
tras eaotobao imnos eo.4>oor,dei 
difunto; d#apiies «te algunas mo^ 
loootos de iotorvald /combiabna 
de papel, y las que habían dlaími 
doprimeroao ponioo eooe|ttida 
áoaotar. 

Dolrái do estas mojeras mar.* 
chaban ona muitiiod de alientes 
con antorchas encendidas. Acier- 
ta distancia seguia ei Goeipo qo* 
18 



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ÍQC0Íom^ñmú ÍMbod^pérpor» 
ttonailo Offipftorcs jorque era 
f levtdé ^r odio de \o$ p^rten^ 
teji mit MfOMW, si «I nitt«Mt 
írofealNide lieforAs por su diinrt^ 
dad» -estos marchabnii delaot» 
testaos Ae iMgMJ^ eoA tw bases 
paré «ba|o; si era alftjan perso^ 
ilÉ}e ooMQlpr eldlfMitp, DovaM 
frmMoinuelios homares ^es- 
ndos 'lüHitarBiefile, los cueles 
üei^lMi las coronas qoo el 
<^sol lialiia obtenido» ó los es* 
tandarlesy despo^que habla 00» 
jldO' on loscomlMtes (1); Otros 
novaban al estreno de onas pi* 
cas largas las inftjSMsdo sos a« 
iNielos y ano la suya propia lie* 
ehaprocfpil«da«eoie. Al leetao 
fádébre sególa noa li^ de bo* 
fóvea, ennodlo de la coal IbeoQ 
ory n fc n i aw revestido con la mis* 
marapaqve eldirnnta tlovaba 
, dlarlámoiKe» el coal M aplicaba 
á-remoderiosjestos faniliares» 
y á recordar las maMiías del ft^. 
nadoá M espectadores: alguna» 
veieeaaeatrevia lamMená dhri|ir 
á los4|né estaban oer^ de él sus 
frases nMr ordinarias» afectando 
ioiilor^ tono de su vojt» y sir* 
¡f ié n 4 o so de sos propias esprew 
siones. Despoes segoian tos U* 
barios» cubiertos «en el goi^de 
la liberud: detrás de lod liber- 

(1) rotni.Ub. VI, C9p*ix« 



tos segnim loa hijos» toa paffiM* 
teay los anMgos todos voa^|los df 
loto. La rniiier doldilonloMlie 
vestirse algunas veces de Maneo 
y con. los catiellQ& esparcidos» if 
cahesa descobierla y los. piel 
d e an w dos, marchabatambien def . 
tráade.so esposo^ que llevaba eá 
rostro cubierto. Todos. los asis- 
tentes» cualesquiera que fuesen 
sn rango é sUs fnociooes» no eraf 
distinguidos por. ningún signo 
esterior»y el anillo de oro se 
rempiasaba con el aniUo de hior 
rro. La comitiva se terminatia 
por el maestro de ceremonia^ 
precedido de ios po/IMc^oras, 
de<los vespillonea» y deruqa^ul* 
tKud de criados adictos bajo di* 
fererntes títulos i ios altares de 
Venas Libítina* La inmensa raul« 
titud de los esclavos cerra tgi U 
marcha • 

La comitiva Sid dirijia al cam-, 
po de Marte» en donde el cuerr 
podebiaser queinado»^ no p^r^ 
mítíendo las leyes de las Doce Ta» 
blas que esta ceremonia se hi* 
cíese en ei interior de la ciu*. 
dad (2). Enmedío de un vasto 

(2) EftU proibicion tenía por obje- 
to evitar los incendios. La basílica Por-' 
cÍ4, faé abrasada por las llamas Je U 
pira de Clodio, que toc»roii' á aqnet' 
edificio» Alguna» familias, Valeria, Fu ^' 
bricia» etc.» tenisn el tierrchu de ftput» 
ler« ca \h cáadid^ la scgurídad p&blt<i* 



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4t attar h fetal )BgUéra,éi^lto 
é# te prMp6ríé«ét]Fi&éliflie a«ito 
M teforiy •&»« blalMi bMte ' ie 
rajM de ansdeni d«'.0O6ioau«raf 
sact, de pliui f de faMoov 71MM* 
qde se ioflaAMte mes prMUate^ 
^tecolocibtfi e» lee iaterMiet, 
pelkM de papiro» de pes y otra» 
«Mieriaa combosMUes; nidibaae: 
romo on cpfeieo emfilear fl»ede* 
ra i}ue biÉbiese terf ido eo algfi- 
iiacofa> j Di> debia'estar dí pu^ 
Kmeetada ni trabajada. Deapues 
de rociar el cadáver coo esee* 
ciaa preciosa, se le cotocaba eo- 
fima de la pira» se le corta^ 
QD dedo que debía ealerrar^e 
por separado^ ae le abrian los 
ojos^ mlraedo como aa úUimf> 
omenaJeáladiTioidad' el diri- 
jirios Uidavia acia el cieio^ y se 
le poDf^ en la boca uoa moheda 
djB plaU pare pegar al codíciosp 
Carooie < el paso de la^ orillo^ 
sombrías. Los hijos dabeo uo 
último beso ¿uso padre» y.uoo 
de ellos ó el parieetei mas pr<}c* 
simpj pegaba fuegoá la lefia» vol*- 
vieado las espaldas después» para 
espresar de este modo el seoti- 
mieolo queje causaba destrqir 

ca impidió sa aso» pero para ostentar 
el privílejio, M cooducia el «nuerto al 
Foro, colocábase ana antorcha (t&nebré 
•abrrcl féretro» qtfkábase después, y 
étí»m U cereeionia por cottdeida*- 



reetce iaiir qüerHés. Arrojaban» 
seá^ las llamas stfi armas y 'sai 
Tcaüdea oniliiarioa« Los pñriaki^ 
tes y loa amigos mea iatknosarreu 
Jaban tambiee aur profíiaa ra<» 
pea> mie^tri» que los .aecf ifiia* 
dores ^tervamaban f8.skBi(k*e dé 
une multitud de vfcüraai que se 
iemolabaii atfededo^ de la pira» 
▲M iiwte^ato se lavá^ftba pre<« 
eipUadamenle un eireo, en don* 
de combaHiii Radiadores ¿odMi 
si lii asMTte no ttfviéae baatantér 
cooooaTieMma.Pér'una mes* 
cta esira?aganté» esta triste ce<- 
remonta *eraá meimdé' acompa* 
fiada d« eerreite de carros y de 
juegos eaeénicoev Algunas veces 
también por un esceso iki taUf^ 
luoaittadsd dabitf a loa asisltfn- 
tes festines mageifloosv pero p««- 
radealerraresfMkede fes^o 
qi|6 ocasionaba Mcesal*iamenie^ 
la^reonfon deí* lofei dos HeíiMs^ 
las mujeres ^BStabatt ei^vidaa de 
eUoa». y an presencia alliee mi**" 
raba cooM un ¿acriiejim Pábilo 
Sempl^ioae separó de su ikiu<* 
Jen per lá' solé raion de baber 
asistido i los Juegos fúnebres. 

Cuándo el cnatr|to eslate ente* 
rameóle coásuaüdo y las llamas 
se apeyabaá róciáedolaa con m^ 
guaa perfumadas» se reoojian tas 
ceniías del muerto» que se en^' 
contfabanftcilmeniepor lo pre**. 
(^ucfon qoetéoiad de envolver 



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140 

•I cuerpo m ima lela ifo aaiM- 
te. Di^pvas hs lavaban con tíoo 
y.'leclie, laa panlao en una wma 
4e «m» y coloeiihao eala en la 
lomba ét la ^Nnrlto. 

El sacerdote qoe haMa tomo* 
lado laa víetlfliaa, rociaba por 
tres reeea á los asíalantea con 
Qoa rain» de olfvo «elida en 
af na histml^ j la prfaneratlorona 
despedra á la asamblea con esliffi 
palabras proniioríadas en to- 
no s^éihne. Féd9i$ mm^katm 
(ty iiee^). EnConres» de^^pnes de 
Mamait oMifonio por U^s veces, 
gritaban ledos: nd/aa, c4Jaa, n* 
dfos» Us$fmr€mio$ emmndo U$gu$ 
af mamanlD «inrcndo jKT ta mi- 

Después de beber depositado 
las oaniaaa^ e^ un subterráneo 
preparado k es|a efecto, encen- 
dían nna lámpar^cayeltn, segan 
laoporion Tulgar; no debía apa- 
garse imn^* Opinión es eslnqne 
ba corrido también entte algii- 
nos modernos, observaaido qne 
al abrir una sepultura rouMua 
babiañ notado cierta claridad en 
su interior producida acaao por 
la ecaistÉBcia de algona tan; pe- 
ro B08<4n)s» que bemos tenida 
propordeníy temos li^ho al» 
cmnas escavarioncs en rtirerses 
puntos de £spafta¿, podemoa ase- 
gurar que ^ una mentira; pues 
anoqiif rn el interior dp algnnoe 



sepelcroa bemoa ettcontt*ado u^ 
nos tubos ctllndrioes deslinadoa 
al parecer á reeiMr algún fluido 
ce«DfaDslíble, cuando los beinoi 
reconocido los bemos encontrar 
do Tecioa é Inodoros. Poco tiem* 
pobece bemos lenideoeasioo de 
ver^ al descubrir uno de estos se« 
puteros, los obj^os que conten 
nia. Estaba este en una posesión 
decampo: la reja de un arado 
tropezó en una losa: tos operan 
ríos hicieron una escavacfooá 
nuestra presencia, y levantando 
dicha losa se encontró un dep<5si- 
lo hecho de mampostería de fbr« 
ma cuadrilonga, con una T^ra dé 
profundidad y otra de ionjfto): 
conlenia en su interior un vaso 
tacriroalorio de plata, en el cen- 
tro y Ifinlo 5 él iin vaso cine- 
rario de la altura de nna cuarta; 
un poco retirado ün broche dé 
oro, y algo mas afli del centro y 
en los cuatro ángulos los tubos de 
cristal que hemos mencionado. 
Esta escavacion la bemos beclio 
en 1841 en' Andalucía, y por las 
monedas qpe se encontraron, 
dicho sepulcro pertenecía á los 
tiempos de Trajano. 

Perovolramosá nuestro asun* 
to principal. Después que se deja» 
han las cenizas del cadát^ en su 
morada silenciosa, se volvía .'i: 
la casa, y eldta se terminaba con 
un coavile solemne. ▲ los nueve 



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ilas, dibiaft^lrse od segundo 
llamado novendiale. El intervalo 
eetre onoyotro, lo emptfalMiQ 
eo prácticas relljiosas; no se re- 
cibía á ningiiD estrafio; la fam!- 
Ha estaba de luto y de tristeza, y 
fifogono de sus miembros podía 
ser ct^do eo jasticía para uej^- 
cío alguno, fuese publico ó par- 
ticular. En fin» el décimo dia, se 
purificaba la. casa barriéndola 
con escobas beelH» de la pleulft 
esccurdio; tod«M loa qse la babi'» 
tallan ae pfirificebM paMMido por 
enciaMidel fuego^ y despueacada 
uno volvíi^ i sus tarena» Bsle il- 
tjma fiesta se llamaba d m ic0l n^ 
y ordinafia ia en lP - era seguidar 
de dádiv^a ^m ser bacina «I fst»* 
blOv Papece que In coalufbm de 
quemar ios oncrpoaao era muy. 
antigiía entre loa. rommmp pues 
el cuerpo del irirtnoiQ Nutta faié 
enterrado cerca del ianienlo; 
Algnnaf fliniiliaa Mnatrea ceo^ 
aer? aitaol mo eftiigno (1> y lo 

(i)' Ptrno^ llk tlft tap. &IV, dice 
qae Sjrla fué ti primero qae dlápofta se 
i pi tni nt «é ctteafo, fór iMMir de ijtit 
no le iwMiIltw ééápnm deea onsflB, 
cQoa^mbMbliikMkKbnMilDi 
aMaM da BIatío^ 



MA. \ ' MI 

mismo sucedía cMlblnlBósiré 
corta edad. 

t fiqa pnores fdnebres de los 
simples ciudadanos se bacian 
cbn menos pompa; cuatro bom* 
bres, llamados $anéU^ilari, los 
llevaban sobre una camilla, m 
cabeza iba descubierta y corona* 
da de simples flores. La sanare 
de los gladiadores no corría pa- 
ra aplacar á sus manes tranqui- 
loa; no ae quemaban sna cner^ 
pe»» y se cootiHitaban con en- 
cerrarles en una largn caja de 
ptedre á berro nocido. Los de 
ii»4tdenmessBperior ae color 
ceben en tnmbasde mirmol, so<« 
bre lae eselea ae tnacribia sn^ 
nombre y su título; aiU se n^ 
coffdeban ana pri nnipa ie a acetos 
neeyaaaaeeiÉrtades privadas^ 
ente»aenébNlftbaeerGa de áui 
deapoloa aaorlnlea^fiin pequeño 
tMOtdetHnrffOilanade fasríma** 
larw» q«e eonienie algunas 4m 
lealágrtmns^rertidaapor sus bi- 
Joai. Bkmilde.jr.paffD omenaíje 
qne i peanrdeanSieifuersosDa 
podia el fanala d^tmir, y que 
pareeia aer la bereocia de aqne- 
lie felto mediocridad preeoaiía* 
da per todos los hombres y de la 
cual tqdos quieren satttr* 



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tu 



CAPITULO Xt. 



Ceremouu rtliiiotM. — Stcrifiriot.^ — Interior de oo templo. — Vfctioui. • 
Nacimiento d» «o niñoi nombres, edttCMion. -^ — Oindution. 



ViRRKBfOIflAt ftlLUI^AS. -— 8A* 
GftIFieiOS.--llfTBK10K hE W TBM- 
PLO. — TICTIMAS; BTC* — C«HB^ 

ttcontecit babér grifi«ef|iied«d, 
j i^r consiguteDle grcD'péoBrta 
eD lá repéUict, «I tenido miii- 
éiba é los quit^ee immir oé, cas^ 
todic» de los libro» sibUisos^ 
^oosoltaiM «I» depósito íagra*. 
do, é hicieseb coÉoeer le votos* 
Isd de los dioses^ los iolérpretes 
de estos oréeolos Msteriosos; 
dóciles á la vonáé le aaloriéed^ 
aouBciabsD que bi cólera celeste 
DO podía afiaeáfse sioo ooo um^ 
aolenoe espiecioo» jr se dispon' 
■ian grandes rogativas, llama-» 
das ob$$crúti9M$. R^Hjioso en 
el idfortuDlo tanto coméenla 
prosperidad, el pueblo romano 
se humillaba y esperaba su per- 
don. Si teni^ que tributar gra* 
cías á los dioses, les dirijia siip- 
píication$$. Guando un Jeneral 
conseguía una irictoria brillan* 
te, tomaba una ciudad conside- 



rable ó ietmtoalM una guerra 
diflcil, enviaba al senado plie- 
gos rodeados de ojas de laurel, 
dándole parto de sus Irinnfo^, y 
pidiéndole decretase en su nom- 
bre preces péMicas á los dioses 
protectores de Roaia. Bt senado 
deUlierabe ^ aotkre té espuesto, y 
si Jmgnba q«e la» vestajas a- 
noneiadas oran taa consldera-r 
bles que pudiesen ser objeto de 
una fiesta relljiosa, espedía el ' 
decretot los tribunos lo aproba- 
ban 7 se proclamaba la festivi- 
dad. Esta duraba según la im-' 
^portancia del acontecimiento,. ó 
el crédito del j^ineral que la ha<* 
bia pedido, 

JEn estas funcioaes solemnes, 
en que todo un pueblo estaba re^ 
unido i>or un mHmo sentimien- 
to, abríase la marcha por una 
tropa de nifios 4e ambos secsos, 
que aun tenían padre y madre, 
por lo cual se les llamaba pa^ 
trimi y nutírimi. Todos eran 



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lie los viiit lieHfit; Iban eorona* 
dofl de Bofée, y marehilieii con 
drde» €aiita»do ioiiiba saRrados. 
Loe fíMtfifea» lot aacendoles de 
§oim> lol effttejioa, tos mejiatra- 
doe, el fenado, \m cabaMeros, jf 
en fin la raóMüítid de Im^loda* 
dinosj todóf Tciftldoa de blanco, 
atgnian á palo hMto; laa nmie- 
rea ron soe mejorea adormüj a« 
staliaa i(niabtie«le áeafaa flealaa, 
rvro emahefi aeiMiradá« de loa 
hombrea, para do ftltar á la de« 
renda y á la {(ra¥edeéi|ae de*» 
hiaocaraeterter á iíd4 córenlo^ 
ata aeola. Sala iMiieMa ooaifli«» 
va se 4irijla á toa tovj^oa de loa 
lunndea dfeaaes» é loa éoUlea 
ofreoiao ponpoaea faertftéloa{ 
despoea é loedéeeea de éegttndo 
drden* y suceaf ranéate & lea 
lemfklM de laa dl^teNMtea iofé^ 
rinvea, cuyo eolio estaba adoii* 
UdoenRooMi^ iavocáaildlos ae^ 
gUB M ritoaiifis ecaljisft. 

Si la funcioB era de rogaUfa» 
ioscanloadé alegría aerefltfpla*» 
taban con loa acéntoa del dolor. 
Earex de dargraeiaa al cieto 
por aof Cavorea» lo Inirocaban 
eoQ proloagadea Jemidua plira 
qoa-ae digaaae prote|er al pao» 
Uo romaao y apartaae laa ,ó»§*^ 
gracias de que ealaba ameosaa 
da. la>aeiodfldaBoaentooeeaiÍMiQ 
veatidos con laloga ét luto. Ca- 
minaban con hM pieadteandoa 



y faeabeda baja^ loa kvfmmea* 
toa la a s b a á sonidos Mgahrea, 
w lsa t rs s qne loa doiM d^ kia nl« 
flos4é amboB aeeaoa» eorénados 
da élpréa, Matabsa el iaaao del 
dolor con notas ptoMenas. La ' 
comltWa llegaba i la paerla d«rl 
templa: loa hombres» después 
de haberse pñHternado , ae besa» 
han con reépdot hs nrajéfes* 
siempre la^ mas ttemas y estre* 
madas en ad aniocloo, se precl* 
pilaban en las gradas, laa rega- 
ban con loa Iterfmas y las en}n- 
gabán deapnea con laa trentes de 
sna calielloa. Todos etevaban laa 
iaanoa ácia el cielo» lodos aoptU 
caban se compadeciese del pn%^ 
blo. Despves la mnHitad de loa 
cittdadaooa se dátenle delaeía 
del templo» y loa sacerdotes, loa 
majfatradoa y qé alerto ndmeM 
de persoáajea dlstlngoidos, pe^ 
netraban s<Moa en el Interiar^ 
AHÍ orrecian el gran aacrificia 
Mamada il^ttíeta» porque tenia 
por oléelo oManer de las urnas 
eeleates, las agtma tienéíicaa que 
reclamaba la tierra. Los sscer-^ 
dotes que hacían dicha ceremo« 
ala, se llamaban Aquititm*^ estoa 
préscritriao las fórmulas y se se*' 
gaiaa con ana esactttud escru<» 
patasa; éste aparato pomposo y 
esta relijkiao silencio lo iole<* 
rrampiao únicamente los mnji- 
doa da laa víctimas ó las pala-* 



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h9ñ$ fnislt**ifiáisi.'fil di» «alera 
se pattUa lilitaiidi». ÉttMiPiv»4 
menié tddeA Jof teropla0;il»:ia 

trf Qek» rMftthM k las ürMáñn 
des <|tieieft svs altares i« fMe^ 
rabav.-* fia fin, por últfaip «k» 
fnerzo; rodaban porral ci^hisla 
piedra fd^^ertí ^^U una masa 
mfwme qee la oMiuMdad habia 
coiecadpeerca. jM Umpio 4« 
Morie^uas aUftde Upuerla Ca* 
peo% y que^*aola mudándaia dt< 
lugar dfítiaa que iafaiibl#ii4oaia 
cala aguA del cielo. ;« 

Itos aprevecbaiDos da esU^p- 
cftsíoD para dar á ooaooor el 
culto de los romaoos. £1 aapeeto 
de ao leiDfplo de pri#fr drdea 
saictHüotel €t|»iiolio^ iai^raba 
el respeto y el temor; estaba 
iUaado^ fi^re ln roca Tarpeya, 
cuya akura aSadida & la del mo^ 
muaeaio, 1% baeiea el paato 
«Ké elevado de. la eiiidad*^u^ 
bíese á él por ciea gradas> eom* 
preadíeudaea oslas las qoe es^ 



tabaa sobre lo^ pbadieate de la 
roca. Laegoqae se llegaba áa« 
quella aUina» se dMiagaia pri- 
mero ao Vasto raeioto rodeado 
de galerías cubiertas y de altas 
coloBinatas^ á la eatreatjdad de 
las cuales se elevalHi el tempte 
coa Biajeslad. Sa forma erñ cua- 
drada , dividíase ea caatro par- 
tes: el vestíbulo, que formaba 



la faebade, eslabir .diempre 4\ri^ 
Jido Aeifi el Oeaideaiei de* modo 
que ei paebto que se reuob eli 
¿t»dirijle siempre «« miradas 
¿cía ^el paraje por donde el tel 
llevaba ilii€itrsac la Segunda par» 
te formaba el foado del' templa 
eof reate del vestíbulo: por k» 
dos lados estaban las alas» for- 
madas cada aaa de ana galería 
sesteaida'por ilas dé columnas; 
ufta de estas galerías estaba con- 
sagrada &Jutfo y otra, á Miner- 
val EniMdto estaba el cuerpo 
deltemploHamado propiameaie 
eelte» La estélM de lá divinidad 
estaba coloeada en lo . mas a» 
partado y daado freftte al ves*- 
tíbulo« &le lagar era llamado el 
psfMrals s*cfar<ims. No era per* 
mltido.eatrar al pueblo eo aquel 
recinta eadoade reiaaba ana os« 
curídad raH)tQsa> pues la mayor 
parte de los tempiqsc recibían Ja 
luz únteameate por la ptterta. 
Habia tres altaras: el primero 
estaba á los pies de la eMátua, f 
era nkuy elevado, de donde vie- 
ne la palabra crilara (alta ara), 
que espresa ea lengua romana 
aquella ^vacioé) aarvia para 
las libaciones, y.enéise qnemat 
ban incienso y perfumes; el se* 
gundo servia para los sacrificios^ 
después de bal>er heebo 'en di 
las libsciooes, se derramaba la 
sangra de las yíctinias y sa que» 



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BMbft OM Uf pitekiM; el ter- 
C0Mer» im altar portátil tobrt 
«1 cual se eolocahao los vasos 
aagriioa, laaofreiidas elb. En él 
ae ireiai eseoltaras y pintoras 
esqaisitas, la estatua del priae- 
rof de los dioses brillaba con ei 
rayo^ la corona y el cetro de oro. 
Babia taoabien ana figura de la 
Victoria ei^viadaporHieron» rey 
de Siraeosa, ^ue era de oro y pen- 
saba trescientas libras; y «o gran 
numero dé estátnas ofrecidas 
por loa reyes aliados, eran tan 
preciosas por la belle£a del tra- 
bi^ tosió por la riqoesli de la 
materia. De la bóveda pendían 
ofrendas y presentes magnifioos. 
£n cada ceiomna se veían pan* 
dientes rices despojos» cuadros 
votivos, simulacros de toda eé* 
^ie, armas de triunfadores, 
instrumentos de las artes figu- 
radoa de ero y plato» ioume* 
rabies coronas» y aobre todo una 
multitud de escudos votivos, 
todos de metales preciosos y 
grabados con diferentes figuras 
artisticamente trabajadas^ que 
representaban la aceion que las 
lubia becbo ofrecer. Los trípo^^ 
des, las copas, los vasos, lo^ le* 
cbos sagrados etc.. estaban goar* 
dados cuidadosamenteen unaes^ 
pecie de tesoro, llamado dono^ 
ritim, porque la mayor parte de 
los objetos que eucerraba» pro^ 
vosio xuu 



venian de deancioMt tf e» los* ciu- 
dada«os.ó de los reyes eslraiijo- 
ros. Alli se conservabaaloa.li'* 
bros sürflinos, loa escodpa ftagrk- 
áosátmtilMi, y Iwfais ^oa depé* 
sitos de la relüion. n^; 

Nótese que. este nomlire Qt- 
pltolio etm ^i cual se, deaigua 
mas particularmente «1 tefuplp 
del soberano de los 4ioses, espino- 
sa en su reunión, aquella mialtir 
tud de monumentos relijlosos 
que cubrían la roca Tarpeya> y 
bacian en cierto modo de< «quiail 
lugar una ciudad sagrada* Allí 
se veía el templo de Júpiter Fe»- 
retrio y el de Juno M oneta; so^ 
bre la pendieate de lo ipopti^fif 
estaba el templo de U Goncof^í^i 
y en fin coQtábfiose en «quel .Iut 
gar mas de cincuenta templos 
reunidos. 

Los demás templos de aquella 
inmensa ciudad, aunque no; ton 
magníficos como el Capitolio^ a- 
sombroban por su eaplendori-Al 
aspecto de aquella iocop^cebible 
cantidad.de es^tuas de oro y xie 
plata, de aquellos vasos, de aque* 
lias copas enriquecidas con pier 
dras preciosas^ de tantos « ojt^jetos 
mas ricos por el trabajo que por 
la materia, no puede uno^ de^ar 
de pensar que la piedad de los 
romanos lio sido mas ruiposa po- 
ra los pueblos que su am^bicioqi 
Los templos de Roma oCcecian 
19 



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U6 



dJfTOTtA 



entre t( dM»renciaf que aoao- 
t'iatKnl la eructa de la dHrlnidad 
h qoe eüaban dedleadoa. Loa de 
lúpiler», de Jaoo, de Minerva, 
estobaa aiemffe sitoadoe ea loa 
parajes mas elevados, porque 
estos dioses debían de ona sola 
ojeada abrazar la universalidad 
del pueblo qne los reverencialM. 
Por ona consecuencia de la mis* 
ma ideSj los de Júpiter Teman- 
te (i), el del Sol, el de la Luna y 
el del Cielo, estaban abiertos por 
la parle superior, para que el 
dios que presidía en él pudiese 
levantar sus miradas sin ostáeu« 
lo. Del mismo modo la arqoitee* 
tara de un templo ofireeia ordina* 
riamente una especie de analojfa 
con la divinidad á que estaba 
dedicado. Asf es^ que el orden diS- 
rícó, grave y severa estaba con- 
segrado á Marte; á Belona, Castor 
yáPólut: el jónico, á la vez 
elegante y sencillo, decoraba los 
traipios de Juno^ Diana y Baco, 
mientras el corlnlio^ mas gracio- 
so y adornado, estaba particular, 
mente reservado á Yenus, á Plo- 
ra y á Proserpina. 
Cosa digna es también de no* 

(t) El templo de J6p¡tcr TboMile 
ft postf rior á aqaelb épor*. Fué edl6- 
c«<lo bi)o Augasto, eon motivo de ha- 
ber perdiddá'^no de so» iaroriloemiier- 
to de tiu ray* • 



tarse que los Aoses^ & quien n* 
ponien autores de los verdaderos 
bienes, tenias todos sos templos 
en el interior de Homa, mientras 
que los de Venus, Belona y Mar» 
te mismo, estaban fuera de la ciu* 
dad. El culto que se les tributa* 
ba necia dal temor mas bien que 
del amor; poe^ parecía que a» 
tejándolos de sus ogares^ ba^ 
bia procurado aquel pueblo a« 
tejar de ellos las pasiones e*' 
nemigas del reposo de los liom* 
bres. 

Las victimas que se debiaa 
sacritcar deloan ser sin manclie 
y sin defectos esenciales^ no de- 
bían baber sufrido el yugo; sa- 
cerdotes de un orden inferior 
recorrían incesantemente loe 
campos para escojerlos anima- 
les que jtugasen dignos de ser' 
presentados á los dioses^ marcá- 
banles con algún color; y estos 
eran los que siempre se debían 
elejir para ios sacrificios póblí- 
cos ó particulares. Las victimas' 
mas agradables á Jdpíter eran 
los bueyes muy blancos, que 
pastaban en las orillas del CUí- 
Itmmíni, en el pais de los f a- 
liscos^ cuyas aguas decían te- 
nían Ja virtud de cambiar su 
color. Ofrecíanle también bece* 
rrasó una simple ternera; pero 
era descebada por los sacerdotesv 
si la llevaban sobre las espal- 



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da0(t). Toila vfciima debía ser 
coodücitta'Sinr vfoieneia, como al 
hubiese debido f r al sacríficio por 
et solo efecto de éu instioio; y 
se querfa que la cuerda ron que 
la lleva bao fuese floja^ debién- 
dosela quitar Cuanda estaba de- 
lante del altar. Oft*ecíanse i los 
otros dioses, caroeros, puercos, 
cabras; sin embargo Minerva no 
aceptaba este sacrificio último> 
porque decian que este animal 
destruía el olivo cuyas ojas ra- 
moneaba (2). Aquellos á quie- 
nes sus cortos medios no permi- 
tían sacrificar Tíctimas verda- 
^ deras, ofrecían en su lugar simu* 
lacros de pasta ó de cera^ y estos 
humildes omenajes eran recibi- 
dos con bondad. 

Los asistentes se cubrían la 
cabezaeuel momento de la in- 
vocación. En Jenerai las ceremo- 
olas relijioáás de ios romanos 
lenian con las griegas una ana- 
lojia que no permitía dudar de 
su orijen. Las que les eran 
particulares hablan sido lleva- 
das de Etniria i Roma, en don- 
de los ministros del culto las 
adaptaron á la naturaleza de su 

(i) Pumo, IíIk VIII, cap. li» dice 
(|ue uo ternero podía sacrificarse á los 
. treinla áui, un cordero á los ocho y 
mn puerco á los cinco. 
(2) Id.ld.ttp»K. 



lODAfTA. Í47 

gobierno, y á las circunstancias' ' 
que las hablan hecho ado|)tar/ 
Los Jefes de la relijíon teniad 
respecto á este punto toda la 
latitud que podían desear, por* 
que en cuanto i los ritos, á tat 
preces y á los misterios relijio- 
sos, todo se transmitía de sacer* 
dote á sacerdote. Nunca estu- 
vieron escritas las reglan que 
hablan de seguirse en aquellas 
sftntas ceremonias*, y se miraba 
como una profanación confiar 
tan altos secretos á letras muer- 
tas. Solo se comucicaban por la 
tradición á los que debían estar 
instruidos en ellas, y las mu- 
danzas que juzgaban convenien- 
tes verificar según los tiempos y 
las circunstancias, dependían so- 
lo de su voluntad. Respectoá es- 
to eran los arbitros de la creen* 
cía pública; y la dirijian según 
las miras del gobierno ó según 
sus propios designios. Coa sola 
palabra ajena al acto que se ve- 
rificaba^ destruía el efecto del 
sacrificio y babia que volverlo á 
principiar. La palabra degollar á 
una victima era una blasfemia; 
debía decirse inmolare, formada 
de mola, que espresa la harina 
tostada, molida y espolvoreada 
de sal, de que usaban en los sa- 
crificios y aun la ofrecían sola 
en forma de tortas sagradas, que 
se colocaba sobre la cabeza de 



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HS mrroBu 

una victima. El grito de uo ra- 
tón que se hiciese oir durante la 
ceremonia relijiosa, destruía en- 
teramente su efecto; pero si por 
una estravagoncia de la natura- 
leza, de que hubo ejemplos, apa* 
recia (;ii aquel momento un ra- 
tón blanco, era el. mas feliz de 
todos los presajios (1). Estos sa- 
crificios no podían liacerse sin 
harina, ni ofrecer libaciones con 
Tino de una viña que no fuese 
podada. Fácil es conocer que es. 
ta ley sagrada tendiaá hacer que 
se qiirase la agricultura como 
un acló de relijíon, 

¿ Pero ^qué esplicacion podía- 
mos dar de lo que se practicaba 
en la c^spiacion de los rayos, es 
decir, de aquellos crímenes que 
svppniaa atraían sobre el cul- 
poble el rayo de Júpiter? A este 
dios se le ofrecían cebollas, ca- 
bellos y, sardinas, mezcla estra- 
yagante y ridicula, que mas bien 
parece emanar del desarreglo de 
Icr imajinacion que de una pie- 
<jad verdadera (2). La Roma de 
aquel tiempo, como la Roma mo- 
derna, era un depósito de ridicu- 
leces y estravagancias. Los roma- 
nps se ocupabanen hablar de los 
prodijios y de Iqs signos mila- 
grosos por med^o Je los cuales los 

(1) Punió, Hb. Vin, Gtp. vm. 

. (2)v PLVT4aC0|^l|flM« . 



dioses manifestaban sus Tolon^ 
tades. Sus estatuas unas Teces 
cubiertas de sudor, espresabaa 
su agonfa por un pueblo querido* 
Otras veces las entrafias mu* 
jientes de las víctimas les ame* 
nazaban con desgracias atroces; 
caian lluvias de sangre y de car- 
ne. Greian que los ratones hablan 
anunciado la guerra de los mar-. 
soSj devorando en Lavinio los 
escudos de plata (3). 

Nacimiento DE üN Nifto, nox- 
BBKS> EDccAaoH. --Luego que 
una mujer daba ¿ luz un niño, 
los parientes levantaban á todi^ 
prisa un altar k la diosa Natío, 
adornándole eon guirnaldas de 
adórmideraa, planta cuyas se^ 
millas inumerables ofrecían ua 
justo emblema de la reproduc- 
ción de los seres. Poco antes de 
que el parto se verificase, si la 
embarazada era persona de cua-r 
lidad, hácic^n traer una nodri^ 
del pais de los samn{tas« Este 
pueblo, cuyo valor habla sido 
por mucho tiempo fatal k los 
romanos, copservaba enU*e ellos 
su antigua reputación, y no sia 
razón creían qw los niños ate- 
tados por mujeres tan valerosas, 
no podrían llegar á ser hombres 
tímidos. Una nodriza no era mi- 
rada entre ellos como un ser 

(3) PtiaiOi lib» VDIí, cap. t¿fíu 



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■OHAITA. 



«9 



mere enarioiconiid erada del orno, 
querida del ama y respetada por 
lodos los criados, llegaba á ser 
en cierto modo un miembro e- 
senciaL de aquella famHia que 
le babia confíado loque tenia de 
mas querido. Si era un niño el 
nacido, presidía á los cuidados 
que ecsíjian sus primeros años. 
Su celo todolovijilaba, todo lo 
previa, T rival verdadera de la 
madre, particrpaba de su dulce 
nombré. Cuando su hijo adoptivo 
posaba á manos de los hombres, 
ella sabia dulcificar por diversos 
medios lo que una educación se- 
vera podia tener de rigoroso. Su 
viva ternura desarrollaba en el 
alma del joven el jérraen dichoso 
del reconocimiento, y ella recojia 
un seguro fruto. Este sentimien- 
to dalabade la mas alta antigüe- 
dad entre los romanos, y recorda- 
ba que la nodriza de Eneas tuvo 
parte en sus infortunios, le si- 
guió eu todos sus viajes, murió 
al llegar á Italia, y este héroe, 
por última señal de su ternura, 
dio su nombre á la ciudad de 
Cayeta. 

Si era una niña la nacida, el 
cariño mas tierno de una madre 
apenas podia igualarse al de una 
nodriza. El casamiento de la jo- 
ven no la separaba de ella-, lu 
nodriza la seguia á su nueva casa 
y la servia como de directora. 



Después de nacido el niño lo lle- 
vaban según costumbre y lo po- 
nían á los pies de su padre-, este 
lo levantaba é invocaba en alta 
voz á la diosa Levana, y a! día 
siguiente ponían una moneda en 
el altar de Juno Lucina. Si des- 
pués de que el recien nacido era 
depositado á los pies de su pa- 
dre, este no lelevanlaba ó apar- 
taba la cara á otro lado, la débil 
criatura era condenada á perder 
la vida. 

El nacimiento de un hijo era 
para un romano una época so- 
lemne; apenas lo habian anuncia, 
do, los clientes se apresuraban 
á felicitar á su patrono^ y salu- 
daban con aclamaciones á aquel 
que un dia habia de ser su pro- 
lector. Cada año en semejante dia 
renovaban sus omenajes; y esta 
fiesta, relijiosamente observada, 
era la mas interesante que po- 
dia celebrar una familia. El na- 
cimiento de nna hija esparcia 
una alegría tan viva, pero las 
señales no salian del recinto de 
la casa. Los clientes se limita- 
ban entonces á simples felicita- 
ciones-, un ser destinado á pasar 
á otra familia, no debía escitar 
en ellos trasportes de júbilo. 

En el principio de la repúbli- 
ca cada romano no tenia mas 
que un nombre, como sucedió 
con Rómulo y Remo-, pero des- 



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150 
pues para designar los niíein- 
bro<i de una misma familia se a* 
doptóel prsnomen, tales confio 
Quintus, JUarcíu, Vneius, etc. El 
namfn era el tipo de la familia: 
servíanse de él freGuentemenie 
de una manera colectiva» y de- 
cían los Fabio$, los Carnelios. El 
sobrenombre cognomen, tomaba 
su orijen de alguna cualidad ó 
de algún defecto» ya de espíritu, 
ya de cuerpo» ó de alguna acción 
mala ó buena. A veces recordé* 
ba un elojio» á veces era una sá* 
tira-, en fin» algunos romanos lle- 
vaban también un cuarto nom- 
bre» agnomen. Guando un ciuda- 
dano, que tenia tres nombres se 
distinguía por una acción bri- 
llante» alcanzaba uoa gran victo* 
ría ó sometía una provincia con- 
siderable» la voz pública anadia 
¿ su nombre el del lugar en que 
se babia distinguido su valor. 
Pubtio Cornelio Scipion» pasaba 
por ser el primero á quien el 
pueblo hubiese concedido esta 
recompensa onrándole con el 
nombre de Africano (1). Así el 
agnomen y el cognomen eran ne- 
cesariamente significativos. £1 



mSTOElA 

nombre propiamente dicho, o* 
f recia un sentido que recordaba 
la primitiva sencillez. Los Porcioe 
tuvieron por fundador á oo por* 
quero» los Bubolcos á un bove« 
ro» etc. El pronombre indicabe 
ordinariamenteel orden de nací-* 
miento» como Qmniui » Sexíui, 
Deeius, abreviado de Dmíonm; 
espresaba también el valor como 
en Marcui, Mamerem, Mwrc$Uui^ 
todos derivados de Marte. Algu** 
ñas vecesise inverUa este orden» 
y el pronombre de una familia 
se con vertía en el nombre pro* 
pió de otra» eomose vio en las 
de los Oetoüios» Mareelm, etc. 

Les mujeres teoian nombres 
mas sencillos. La mayor lleva- 
ha siempre el de la familia» con 
una desinencia femenina» tales 
como Cornelia Oetavia-j las que 
las seguían se designaban lo mis- 
mo en público» pero en. el inte* 
rior de la casa se las nombraba 
familiarmente»áeetifidi7/a» Quar^ 
tilla, Quíntala, S^Milla; y es* 
tas espresiones á la vez gracio* 
sas y llenas de cariño» cuadra- 
ban perfectamente á aquellas i 
quienes iban dir^idas. 



( t ) Veáfe á Tito Livio lib. X. Este 
uto t§ moclio loat antiguo, patt el ado 
493, Cayo Marco, habiéndote ¿istia* 
guido en el sitio de Gnrtolos, recibió el 
sobrenombre de Cortolaoo. - 



CONCLUSIÓN. 

Hemos concluido aqa( la bis* 
toria romana y narrado cuanto 
sobre ella nos ha parecido con^ 



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KMiAlfA. 



1&1 



Vetéente. Hemos recorrido nn 
cuadro estenso de Ip vida de 
aquel pueblo celebérrimo^ y aun- 
que coutiouaremos ocupándo- 
nos de él, será considerándolo de 
otra manera, bajo otras relacio- 
nes, con otra vida poHlica. Si fe- 
cunda ha sido basta aora en a* 
contecimientos la historia del 
primer pueblo de ia tierra, no 
dejará de presentarlos grandes y 
capaces de llamar la atención 
del filósofo 7 del hombre pensa* 
dor. Vamos á ver otras leyes, o- 
tros personajes, nuevas pasto* 
nes, nuevos crímenes. Jenera- 
riones nuevas se van á presen- 
ttt>*> y jefes diversos levantarán 
su voz en donde tantos hombres 
singulares admiraron por sus cí- 
vicas virtudes^ su valor ó sus 
vicios. 

Mes antes de terminar este 
libro, permítenos, 6 antigua Ro- 
ma, que te saludemos dirijiéndo- 
te nuestra débil y pobre voz. Ro- 
ma, ciudad triunfadorat levanta 
del sepulcro donde descansa tu 
frente convertida en polvo. Se* 
ñora en otro tiempo y esplen- 
dente de gloria y majestad* in- 
terrumpe por un momento la 
trauquilidad de tu profundo 
sueño y permítenos que en nom- 
bre de la filosofia y de la liber- 



tad, y en provecho dé las Jene- 
raciones que sobrevivirán á tu 
desastrosa ruina, ose turbar pnr 
un momento la paz y el silencio 
que te rodea. Tu destino, ciudad 
poderosa, no fué únicamente ro- 
mo dijo el príncipe de tus poet-is» 
tener por imperio ¡a tierra é igua- 
lar al Olimpo en grandeza (1); 
ba^ sido también ser el ejemplo 
perene de los demás pueblos, y 
el amargo desengaño de los si- 
glos posteriores. Tü no pudiste 
leer mas que una oja en el libro 
de tus destinos; pero nosotros 
que vemos con el espíritu el 
principio y el término de tu ca* 
rrera, te hemos juzgado con im- 
parcialidad. Sobre el trono au-. 
gusto de tus emperadores, nue- 
va jeneracion de hombres se 
sentó, y las virtudes y los crí- 
menes mas abominables solieron 
de allí en nombre de un nuevo 
Dios, del Dios de la verdad: em- 
pero las virtudes fueron pocas 
y volaron al cielo coo ios va* 
roñes que las practicaron; y los 
crímenes de ios demás han con- 
tajiado la tierra, transmitiendo^ 
se por toda ella, y pasan<lo de je- 
neracion en jeneracioq como una 
herencia ignominiosa. 

(t) Imp>erfum Urrit^ animo seguít^ 
vii Ofympo. 



Fin DB LA HISTOBU BOMAIU. 



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152 



BISTOUÁ 



^ItlBlD S)l2<BliaDtim<6l21Dt 



(0) DS OBÜEHTIS. 
CAPITULO PRIMERO. 

Cuadro del imperio ro«n«»o «« .«^^enectud. -De.trucdon de U WjerUd por 
' Con»UnU«o.- Fundación del d«p„t¡smo.-Tra» U.w» de >* »'"• «>«j '"^ 
perio í CoasUntinopl».— P»i«nera» diícordu» ecleíiiilic»..-— Sect. de le* 
Í7nwnee/A.n*«. -Edicto, de ConManlino—Goerr. entre Cowtantino f 
LlcinSo.— BauUa«deia«kro.y Crisópolia.r-AbolKHvi del pohteitmo.-— 
DesArdene* en el imperio, otarionado» por io* corte.ano..-jHereji. en Ejip- 
to eKiuda por Arrio.— Secta» del sincretisaio, de loi e»;n<os y de los tera- 
peutas.— Gortumbres de lo. «.enioa.- Co.t«mbret de lo. terapeuta», —E.- 
tebleciiDienlo del cri.»i«ni»mo.— Cu.», delodio de U» romano, contra «I 
erl.tUni.OM>.— Caída del politeÍMiio.— Primer» ofaúpo. de Roma. — San 
Pedro no eeturo en Rom..-SecU del RaracUio. -C«dro de las d,^ord«» 
caniad.* por loa dama..- Elección de un Jef» •«« '• >«H!?ia. llamado Papa— 
La eMomonion-— Moral del criatianismo. — Nanmiento del .Triam.nio. — 
BafnerM». de Conatantino para eaUWecer la p« •- U iglma.-Conc.l.o je- 
neral de Nicea. - AfcoUcion de lo. combate» de lo. gladíadore..— Deacabri- 
miento del «pulcro de Criato. -Fundación de Conrtantiuopla.— Dedicación 
deCoo.Untin7pl«íla Virjen.-Inrtilncione. de «r*?***"*'"? v'illf ÍI!* 
de Conatantino el ¡«ven contra loa Rodo». — Muerte infame del.fi»*«»fo So- 
palero.— Primer eaUbledmiento de lo» bárbaro» en el imperio. — Naci- 
¡nienlo de Juliano, llamado el »v6»**t*. — Panejirieo w5pecho.o de Con.- 
Unlioo.— Repartimiento del imperio entre lo. •"!<>» «"e^"»»»""»»--- 
Rueraa diaenaionta de la igle»ia.— Triunfo y muerte de A»rio.— Ley aobre 
U jnrUdiccion epiacopal.— Moerti deConatanUno. 



CONSTANTINO. 

(A2o3ia.) 



H. 



Lemos abandonado ya á aquel 
célebre foro en donde brillaron 



tantos oradores eloícuentes, a* 
qnel senado que á Gyneas habia 
parecido una asamblea de reyes 
y en donde se admiraban tantas 
virtudes, y á aquel capitolio en 
qae triunfaron tantos béroes; 



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DEL BAIO 

alfa ^ifdlrefMr cgHi CkiiHlarttino 
H OriMle vahiptaosü^ en que el 
ilbiErt>f«ii»ecido por 1a nnoiicie^ 
^hriagado por tos placeres, pa- 
róte sieni|>r6 dMtinado á eolor- 
l^foérse en él séoo del ocio, y á 
dohitii«se eú la eselaVUud. 

' GVAÍmD*í>KL IMFRBfO llOMANt) 

te SüSEaí^BCTOD* — Yuitios á des- 
cribir la ^eneeiud de aqael im- 
perio, caya füerfta colosal fati- 
gó la tierra por tantos siglos. 
La bffitoria de esta senectud es 
triste; pero conserva sin embar-- 
go algunos vestijios de la anti- 
gua grandeza. Si no eleva el áni« 
mo, lo interesa todavía. Yénse 
en ella pocas acciones heroicas 
que escilea la admiración, para 
ofrecer á los reyes y á los pue- 
blos útiles lecciones y ejemplos 
8aHi<tables. Yénse el^ valor raras 
atento á defender que á con- 
quistar: la política mas tímida, 
la intriga en lugar de la osadía, 
la trakion en lugar de las sedi* 
dones, y asesinatos en lugar de 
Tldorlas. 

' Los príncipes son todavía des- 
tronador por frecuentes eonspi- 
faetones; mas estas fio pasan del 
taeioto de palacio, y son casi in- 
diferentes á loa pueblos, porque 
kakacen cambiar de seftor y no 
de Buerte. 

aüíesde el repartimiento del 
afni{ieri<>,xlice Jlfontesquieu, la 



iiM:aio. 151 

•ambición de fo; jenerates cstu- 
»vo mas contenida, y la vida de 
•losnríocípes mas segura. Estos 
«pudieron morir en su cama, lo- 
>4ue pareció suavizar un poco 
usus costumbres. No derrama- 
»ron la sangre tan ferozmente, 
»pero siendo forzoso que este 
■Inmenso podar sobreabundase 
tipor alguu lado, se vio otra es- 
»>pecie mas oculta de tiranía. No 
sliubo asesinatos sino Juicios 
«inicuos y formas de procesar 
»qoe alejaban la muerte para 
•hacer la vida ignominiosa. La 
«corte fué gobernada, y gober- 
»ttó con artiíicio mas esquisito, 
•con mayor silencio; y en lugar 
»de la osadía para emprender 
»una acción mala y del ímpetu 
»para cometerla , no reinaron 
•sino los vicios de las almas dé- 
•biles y los crímenes premedi- 
»tados.« 

Los emperadores mtfk. am- 
biciosos hablan respetado, si- 
guiendo el ejemplo de Augusto, 
las formas de la república; y los 
príncipes mas perversos, mos- 
trándose todavía ciudadanos, ae 
hacían populares para ejercer el 
poder abaoluto. Estos señorea 
del mundo mandaban, pero en 
nombre del pueblo romano: e! 
senado lejitimaba sus^ órdenes-, 
los pontífices santificaban sus 
empresas: los mas poderosos é' 
20 



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154 



HISTORIA 



ilustres ciudadanos de Roma a- 
compañaban sus personas, em- 
bellecian su corte, y sostenían su 
gloría con el esplendor de sus 
triunfos. Pocos príncipes, aun 
de los mas ¡nfames, se hubieran 
creido dignos de conservar el 
nombre y la autoridad de empe- 
rador, sin visitar frecuentemen- 
te los numerosos campamentos 
que guarnecían las fronteras del 
imperio. Dejaban muchas veces 
la toga, y se ponían al frente de 
aquellas invencibles lejionesque 
hacian respetable el nombre ro- 
mano, aun cuando la pérdida de 
las virtudes y de la libertad no 
les dejaba otro título para ser 
esliniüdos sino el del valor. 

Destrucción pe la libertad 
POR coNSTARTiNO. — Borrárouse 
eu el tiempo de Constantino los 
vestijios del antiguo sistema. 
Este emperador no siguió las 
anteriores costumbres sino has- 
ta el momento en que se vio sin 
rivales. Cuidadoso de destruir to- 
do rastro de libertad^ borró de 
los estandartes las letras inicia- 
les de Señalas Populusque Ro* 
manus, con el pretesto de susti- 
tuirle el Lábaro. £1 pueblo fué 
privado de todo derecho de ele- 
jir^ el senado de toda facultad 
eu la lejislaciou. 

FüIlDACIüN DEL DESPOTISMO. — 

Goostaotioo^ temiendo á los grao* 



des, y deseoso de alagar su ▼•• 
nidad, creó muchos títulos sin 
funciones, y no confió la auto* 
ridad sino á personas escojtdas 
porél, ycuya autoridad depen- 
día de su favor. Ya no fué nada 
la nación*, el príncipe era todo: 
la corte remplazó á la patria, y 
la monarquía legal pasó á ser el 
patrimonio de los reyes ambicio* 
sos. Estos, cegados por el amor 
del poder, temen todo límite á su 
autoridad: olvidan que las ínstí* 
tuciones que arreglan ydisponea 
su marcha son las únicas que 
pueden prestarles alguna segu- 
ridad-, y que no queriendo ba- 
rrera contra el abuso del poder, 
privan á su autoridad del único 
escudo que puede defenderla ea 
los días de peligro. 

Constantino no vio los incoo- 
venientes del despotismo que fuo* 
daba. Príncipe belicoso, corona* 
do por la victoria , amado de 
sus soldados compañeros desús 
triunfos, se vio respetado de los 
pueblos á quienes libertó de mu- 
chos tiranos: su actividad y des- 
treza impedían todos los peligros, 
y solo encontró resistencia en el 
clero, á quien había libertado, 
ensalzado y enriquecido. 

Todo despotismo es brillaote 
cuando está decorado por la glo* 
ria^ y aun presta una felicidad 
apareóte y pasajera cuando lo 



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DEL BAJO 

ejerce un príncipe hábil y justo. 
La fuerza de Constantino asegu- 
raba al imperio un profundo re- 
poso: la equidad de la mayor 
parte de sus leyes hizo gozar á 
sus subditos de una seguridad 
mucho tiempo antes desconoci- 
da. Solo se sintieron después de 
su muerte los defectos de un 
gobierno sin contrapeso y de una 
monarquía monstruosa y sin cí- 
mientoSy que se desplomó por 
ios repetidos ataques de los bár- 
baros. 

Desde que la actividad de Cons- 
tantino dejó de animar los mal 
unidos miembros de aquel im- 
perio colosal, «us débiles suce- 
sores, semejantes á los déspotas 
afeminados del Asia, no mostra- 
ron ninguna cualidad romana. 
El ocio infame los encadenó en- 
roedio de una corle corrompida: 
encerráronse en su palacio: su 
autoridad pasó á manos de eunu. 
eos, libertosy criados insolentes. 
El historiadorM, Le Beau obser- 
va, querías personas mas ilus- 
»tres, los majistrados mas respe- 
atables y los guerreros mas va- 
clientes sufrían el dorainiodecor- 
vtesanos sin esperiencia ni méri- 
»lo, incapaces, no solo de servir 
iBal estado^ sino también de per- 
vmitir que se le sirva con gloria.» 
Los príncipes. Invisibles á la na» 
eion^ en un palacio adonde no 



IMPERIO. 155 

podi'i penetrar la verdad, roderi- 
dos de lacerdotes^ á quienes la 
ambición separaba de sus debe- 
res, y que solo pretendían inte- 
resar al poder en sus vergonzo- 
sas querellas y disputas pueriles, 
y á menudo en sus funestos e- 
rrores, estos emperadores de- 
gradados, ni veían, ni pensaban, 
ni reinaban sino por el vehículo 
de sus privados. La Italia, some- 
tida muchos siglos antes á los 
señores del mundu> y enrique- 
cida con los despojos de Grecia, 
Asia, África y Kspaña, no era 
ya sino el Jardín de Roma, como 
la llama Mootesquieu. Cubierta 
de palacios, casas de placer y 
parques suntuosos, deroraba al 
imperio sin producir nada. Se 
veia una multitud de ricos afe- 
minados, de esclavos consagra- 
dos al lujo y á los placeres, de 
gladiadores, danzarines, cortesa- 
ñas, y pantomimos-, masnobabia 
cultivadores ni soldados. Los 
primeros no se encontraban si- 
no en Sicilia, África y Ejipto-, y 
las iejiones, reclutadas en los 
países de conquista , contaban 
en sus Atas pocos ciudadanos y 
muchos bárbaros, mas dispues- 
tos á robar el imperio que á de- 
fenderlo. El lujo de dos ó mas 
cortes y el gran número de em- 
pleados aumentaban las contri- 
buciones, devoradas por los fa- 



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ijff^' HISTORIA 

voritos sin uüliddd Je la repú- 
blica. 

Tr.vslaciox de la silla del 
impkrio a constaxtinopla. — la 

traslación de la silla del imperio 
á Constanlinopla, consumando 
la opresión de Italia, le quitó el 
resto de su poblacioQ y riquezas, 
y la abandona indefensa .á los 
selváticos hijos del setentrion, 
los cuales triunfaron con facili- 
dad de los débiles descendientes 
de los tencedores del orbe, y su- 
naerjieron el mundo civilizado 
durante algunos siglos en las ti- 
nieblas de la barbarie. 

Aora vamos á comenzar l$i his- 
toria de esta sangrienta y terri- 
ble revolución, por la cual se 
formaron en el Norte y el Occi- 
dente, entre las ruinas del im- 
perio romano, las nuevas mo- 
narquías, que después de una 
largti barbarie saüeroa del caos 
fuertes y brillantes, y esparcie- 
ron por el mundo moderno las 
ciencias, las letras, las artes y la 
gloria, cuando se había temido 
que yaciesen sepultadas para 
siempre eu la tumba de Grecia y 
Boma. 

En Orienteseguiremos por mas 
tiempo á los débiles sucesores 
de Constantino; pero sin esten- 
dernos mucho en los tristes y 
vergonzosos detalles de aquella 
serie monótona de tiranías -sin 



grandeza, de revoluciones sin in- 
terés público, de crímenes sine- 
nerjía. Trazaremos rápidamente 
los reinados de aquellos prínci- 
pes, cuya mayor pártese presen- 
taron en el trono como sombras, 
y arrastraron, mas bien que sos- 
tuvieron, el cetro de los cesares, 
hasta que los soldados fanáticos 
de Mahoraa , sorprendiéndolos 
enmedio de las disputas de sus 
sectas y de los juegos de su cir- 
co, les arrancaron los únicos res- 
tos de una corona que ya se les 
caía de la cabeza. 

Constantino, fundador de este 
nuevo imperio, parecía en los 
primeros años de su reinado mas 
atento á vigorizar las antiguas 
instituciones, que á crear otras 
nuevas. Después de libertar á 
Roma procuró reparar los males 
producidos por lu tírauía y los 
desórdenes de la guerra civil. 
Triunfante bajo las banderas de 
un culto nuevo, no hizo al prin- 
cipio otra cosa sino dar la liber- 
tad y prolejer á una relijion has- 
ta entonces proscrita; pero dejó 
al jenlilismo la posesión de sus 
derechos y onores antiguos. 

Después de haber restituido 
la justicia al imperio, quiso ha- 
cer reinar la tolerancia. Coa 
esta sabia política restableció la 
paz interior, y mereció aquel 
amor verdadero, que rara vez 



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conceden tos partMot TeiieMoi á 
lot vencedores. Entonces se le 
erijió un arco de triunfo eoa es- 
ta inscripción^ dictada por la li- 
sonja de unos y el agradeeiinien- 
tode otros-r «El senado y el pue- 
ablo romano han consagrado es* 
»te arco de triunfo á Constanti* 
•no, el cual por la inspiración de 
»la divinidad* y por la grandeza 
»de su ánimo al frente de su e- 
ejército, ha sabido con una jus- 
«ta venganza libertar la repúbli- 
»ca del yugo de un tirado. « 

£1 empertidor respondió mo^ 
destamente á este omenaje» a- 
tribuyendo sus buenos sucesos 
á solo Dios, é hiio poner en lo 
hajode la cruz que llevaba su 
estatua, la siguiente inscripción: 
«Poir esta señal saludable, ver- 
ndadero símbolo de fuerza y de 
»valor^ he libertado vuestra ciu 
ndad y restablecido, al senado y 
•pueblo romano en su antiguo 
•esplendor.» 

Al mismo tiempo que daba tan 
solemne testimonio de su predi- 
lección al cristianismo, resistía 
el zelo ardiente de los cristianos 
de su corte, y les proibiu toda 
reacción contra sus perseguido- 
res. Por un edicto, publicado en 
Mediolano, aseguró á * todos los 
subditos del imperio el libre e- 
' jercício de sus relijiones^ y para 
probar cuánto temía seguir las 



t57 

pisadas de lol tirases, didr una 
ley condenando al tormento á 
todo delator sin pruebas del cri*^ 
men de lesa majestad. Si este 
príncipe hubiera continuado en 
tan nobles sentimientos, hubie-» 
ra igualado en sabiduría á Marto 
Aurelie y á Trajeno, á quien su^ 
peraba acaso en gloria militar; 
pero la embriaguez del poder y 
la infame ambición de los sacer- 
dotes que le rodeaban, le bicie* 
ron bien pronto abandonar tan 
sabia. política. Los cristianos, li- 
bres apenes de la persecución, ae 
tlividieron en sectas-, el empera- 
dor debiera haberse servido de 
su autoridad, solo para piroibir 
todo acto contrario á la tranqui- 
lidad pública. Debió evitar el 
mezclarse en las disputas de opi- 
niones para no haberles dado 
una funesta importancia; é in- 
dudablemente si estas disensio- 
nes las hubiera mirado por el 
lado de la política, las disputas 
metafísicas de los cristianos bu^ 
hieran teñido igual influencia 
en la suerte de los pueblos que 
las controversias de las diferen- 
tes escuelas de filosofia, quedes- 
de tanto tiempo se. habían, apo- 
derado de los espíritus siu tur 
bar la tierra. Pero luego que 
poder del emperador intervino 
en los asuntos relijiosos, se coa 
I virtieron en asuntos de enado 



1 



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158 

El espirito deopo^ion y dé li- 
bertad qm baMa calido del se- 
nado» entrdeii los eoacilies; la 
aadácia njue babia abandonado 
la tribuna, m presentó en la cá- 
tedra: las «onciencias resistie- 
ron á la autoridad; los eacerdo- 
tes pretendieron mandará las 
almas, como los príncipes á los 
cuerpos, yei mundo se acostum- 
bró á recooMor'dos poderes, uno 
espiritual y otro temporal; siem- 
pre detesítables porquetas apasio- 
nes jamás 'permitirán que se 
marquen «as límites con prect- 
aion. 

Algunos principes; zelosos ^fle 
su poder y mal Tódeddos, opo- 
aieroo frecoentemente laherejw 
á los dogmasTecíbidos^por la'i- 
glesia^yproseribleroná los que 
no podían «conrencer. ^tros, 
débiles, «imorütos 7 'dominados 
por saoerdétes 4nrbttlemos y 
ambiciosos, 'cefieron'é la^4iara 
una parte de las prerogativas de 
so Goronfr: -él '<ae8eo'4le«onaf loria 
▼ana, la eodibia y la sed ^e 4as* 
riquezas, *oniSa á^la -esperanza 
del poder, ^esparcieron ^en la ^1- 
glesia los jérmenes'dela cerrop- 
cion; y aquélla Teli^on moral 
que proscribía ^todas las 'pasio- 
nes, queenséÜaba'todaslasTir- 
tudes, que hacia on mérito de 
la pobreza, on deber de la ho- 
mildad, y qoe ordenaba á todos 



sos ministros predicar á los hom- 
bres, la onion, la igualdad, el 
amor, y el olvido de las injurias, 
ofredó á la tierra el cuadro es- 
candalosísimo de las disensiones 
mas tenaces, de la ambición mas 
desenfrenada, de las disputas mas 
íjndecentes y de las venganzas 
mos crueles. 

En el nombre del que habia 
declaritda que su raíne noerm 
Se estemnnd; se disputaron ver- 
goozosamente los onores, las ri- 
quezas, la dominación; en el 
nombre de nn Dios que perdona^ 
se lanzaron recíprocamente Tos . 
irayos celestes; y en el nombro 
de jun Afos'de paz, la tierra fué 
ensangrentada por tigres con es- 
tolas. ^ 
, ^odas las ajinas de esta his- 
toria, y^r espacio de muchos 
aiglos las 'de la historia moder- 
na, -se verán atestadas con los 
«desórdenes y crímenes que iiie* 
ronel resoltado deten funestos 
^ttraviost-al describirlos con fi- 
delidad, es esenx^ial y justo evi- 
4ar siempre üna^alta no menos 
ncomon, la de oonfondír una re- 
jyion sencilla, moral, tolerante, 
«pacfflca,eon las pasiones y es- 
ceses de sos ministros; porqoe 
entre los sacerdotes de todos los 
cultos, siempre los ha habido tra. 
paceros y bribones. La historia 
deja'deser imparcial y sedespo- 



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Ja é« M ooMeeiriNAer, cuto- 
do demasiadamente irritada de 
los alHisoa» acusa á los princi- 
pies-, pues es engañar á los bom- 
bres en vez de ilustrarlos, atrK 
boir i la filoaoíta loa errores do 
tos sofistas, á la libertad lo» 
crímenes de la anarquía, yÁ la 
relijioo las debilidades y los vi- 
cios que conden». 

El África fué el primer teatro 
de las disensiones relijiosas. Ge- 
ciliano, obispo de Cnrlairo, fué^ 
acusado por Donato de haber u- 
surpado la silla, y de beber sido 
Irodtlor; esto es^ de haber entre» 
gaito por debilidad k los majis- 
trados jentiles en tiempo de per- 
secución, los libros sagrados. Se-^ 
tenta obíspoa de África declara- 
ron á Ceciüano inocente y debi- 
damente ordenado: el partido de 
los donatistas, ardiente y nume- 
roso, no quiso someterse á esta 
decisión. 

£1 emperador, para terminar 
este cisma, convocó un concilio 
en Arélate (Arles) el 314, ál 
cual envió dos legados el papa 
Silvestre. Este concilio sentón* 
dó en f^or de Ceciliano, y dio 
cuenta al papa de su M^Mencia. 
Loa obispos que componían este 
cooeilio, no daban entonces al 
sucesor de San Pedro sino el titu* 
to de numiromut querido h$r^ 
WMno\ invitironle á que pubU« 



10. l&O 

case su decreto y á que lo co^ 
mbuicase i las otras iglesias. 
Recordamos esto para c|ue lo 
teng» présenle los inibécUei 
parlidaiiíiosdet omnímodo poder 
papal,, y pura que el pueblo dea« 
precie sus serviles argumentos. 
Al alio siguiente hubo albo- 
rotos en Palestina: los Judíos, 
irritadoa contra los cristianos, 
comelierou grandes violencias. 
Gbnstantioolas reprimió, decla- 
ró I ibre st todo cristiano que fue* 
seesclavo de un Judio, y proibid 
h estos,, bajo pena de muerte y 
conflscacioa de bienes, obligar 
á loa cristiaoos^ i circuncidarse. 
Abolió al miuno tiemp<i en todo 
el imperio el suplicio de la eras. 
Los donatistas, siempre osti- 
nadoaea su /resistencia>apela* 
roa al emperador de lasentou^ 
cia del eoaisiUo. El paíucipeae 
neg6 primero á Juigar una cuea^ 
yoarelijlosa que no* era^ de su 
coffi^Klanciav pero des pué s mu« 
dó. da opinión,, y mandóla Ceci* 
liano preseniafae ea Roma, y 
comparecer auto éL CecUiano 
no obedeció^ peía Coostaniioo 
Juzgó la causa,, y declaró inocen- 
toalotrispo. de: África, y caium*» 
nladoreaá sua adversarios^ 

Esto acto de autoridad eaua 
negocio que aolo intek^aaba ¿ la 
eonciencia, fué aprobado poste- 
riormente por uno ét los apoyos 



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160 



■iftauA 



mas ArnatieltreHjton, coma 
era Sao ÁpatAm, quien manifes- 
tó no ver en él sino el deseo de 
restablecer Ja pas de la iglesia. 
P«ro .no se tardó en sufrir el in* 
conveliente inevitable qoedebia 
resnitar de la importancia que 
daba á estas miserables disputas 
la influencia del poder soberano. 

Los donatislaa no respetaron 
ni la autoridad del emperador, 
ni la del ooncilid« La confisca** 
cion desús bienes no pudo ven-^ 
cer su ostinacíoa: despreciaron 
la escomuniOB fulminad<i contra 
ellos^ y este dsma dejeneró en 
herejía. 

Sectas bb eos ORCOMosuoifES 
BN ÁFRICA. — Una mucbo mas pe* 
ligrosa cometió, en África los 
mayores escesos.Xos ctrctmcs- 
liimei, aldeanos fanáticos^ que 
Interpretaban según sus pasiones 
los preceptos del evanjelio, qui- 
sieron establecer violentamente 
en este mundo la igualdad abso- 
luta que no ecsiste sino después 
de la.muerte. Tomando el titulo 
de protectores de los^oprimidos, 
rompían las cadenas de los es* 
clavos» 1^ daban las propieda- 
des de sus amos# libertaban ¿los 
deudores de sus obligaciones». a- 
sesinaban á Jos. acreedores» de» 
fendiam osadamente á los^dona** 
tisias, é iomolabaa ¿ los catóii^ 
eos á^ venganza» . 



Socolor tfe fneJdMc visto ka*»: 
bia proibído á san Pedro el usa 
de la espada, se arnaaron áe pa-f 
los, á los cuales daban el nooi-^' 
bre de pa/ei de /sroe/, y cone*^ 
líos aporreaban á sus enemigos». 
Su grito de guerra era alabanu 
i Dio$, j susjenerales se llama-' 
han Jfifei. de tos santos. £n lugar 
de temer la autoridad de los ma* 
jislradosy el rigor de las leyes, 
mucbos de estos furiosos, es tra«* 
viadospór el fanatismo, sedaban 
La muerte, creyendo ganar coa 
el suicidio la palma <lel marti- 
rio. Avisaban antes á sus com- 
pañeros esta resolución insensa- 
ta': se cebaban como víctimas 
destinadas ^1 sacrificio, y se a- 
rrojaban d^pues eumedio de las 
llamas, ose precipitaban. al mar 
desde lo alto de uu peñasco. 
Mientras que el. ardor de las sec- 
tas se consumía en vanas dispu» 
tas> bastaba la escomunion paca 
reprimirlas; una tolerancia je- 
neral era, quizá el. remedio mas 
átilque la razón, pudiese dictarla 
la autoridad; pero cuando los sec^ 
torios unían ia. acción á la pala^ 
bra,^ violando abiertamente Jas 
leyes, turbando la. tranquilidad^ 
y.aiacandola vida y la propia*- 
dad de Jos ciudadanos, era justo 
é indispensable desplegar contra 
•Une la fuerza del estado. £1 
empefaáqr momio ¿los condes 



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ünadoy VinrittQ (jtielos ttcome* 
tieMn. No pudo ésUrparse es- 
to ftetffeioB sino con la muerte 
del mayor, número de los' faoá* 

Parecía que eltópf rita de vér- 
tigo de h>6 judíos -se habla co- 
municado^^eÉÍpitces á todas las 
partes deí mundb^ Iterando á 
e||aa la di^^rdia/ el fanatisino 
qi|e haM& convertido la Judea 
4nrÁB te tantos siglos en un tea- 
trade jntrigiis escandalosas, que* 
reliáa y orrores, y el espíritu 
deXaccion que no pudo sofocar 
en Jerus^len ni aun la presencia 
del enemigo armado para des- 
truirla. Cosa muy digna de notar 
es que todas l^s sectas produci- 
das por I9S eatraívfos de una viva 
knajinaciony nacieron en el 0- 
rienl^e. La Europa habla some- 
tido al Asía con sus armas, y el 
Oriente á su vez conquistó al 
Occidente con sus opiniones. Se 
saben pocos sucesos de los seise- 
nos quesesiguieroi9i á la sedición 
délos circunceliones, y^ que pre- 
cedieron á I a segunda guerra con 
Licinio. Parece que ,en este in- 
tervalo Constantino permaneció 
en Iliria, defendiendo aquella 
frontera contra los sármatas, 
carpacíos y godos. Logi*ó muchas 
victorias, se apoderó de la Dacía, 
y obligó á los godos, no tolo á 
hacer la paz^ ^ino á pagarle un 
TOMO xiu. 



mmio. 161 

continjente de cuarenta mil sol- 
dados^ auaf Mo mas peligroso que 
útil. 

Ensebio, siempre ecsajerado 
en los elojios que prodiga al pro- 
tector de los cristianos, dice que 
subyugó la Scitia , y condujo 
sus lejiones hasta el mar del Ñor- 
.te: si esto fué asi, hubo de a- 
bandonar sus conquistas; pues 
de alli á poco peleó muchas ve- 
cercon los bárbaros en las o- 
rillas del Úanubio. Sus brillan- 
tes victorias no eran decisivas, 
y los enemigos vencidos 00 tar- 
daban en volver á lar armas: por 
lo cual Sileno dice, que «los lau- 
areles de Constantino se marchí- 
•taban, como las flores del Jardín 
»de Adonis, apenas se abrían.» 
Desde la caída de la Kbertad, se 
encuentra mucha incertidambre 
en la historia: tal es el efecto del 
despotismo, que las naciones aun 
se muestran indiferentes á la glo- 
ria de las armas. Entonces no 
es ya la historia del estado la que 
se escribe, sino la del príncipe, y 
los acontecimientos solo se tras- 
miten por la apología ó la sá- 
tira. 

Al mismo tiempo queConstan- 
tino defendía el imperio contra 
sus antiguos enemigos, procura- 
ba asegurar á sus hijos la corona 
dándoles er título de cesar, po- 
niéndoles casa y señalándoles 
21 



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162 

guardia. Denayado hábH para 
DO conocer qna na poder ab- 
soluto establecido noeTameote 
por la fortana» era fortoaosoa- 
tenerlo con el Talor, caidó ma- 
cho de la edocacioD de los prín- 
cipes» les enseSó él mismo los 
ejercicios militares y la sobrie- 
dad, los acostumbró á hacer lar^ 
gas marchas» á sufrir el peso 
de las armas, á arrostar la in* 
temperie de las estaciones» y en- 
cargó á maestros muy hábiles 
ilustrar su espíritu. Como esta^^ 
ba persuadido con el ejemplo de 
sus padres» que el amor de los 
• pueblos es la base mas sólida de 
Í»aatorídad, procuró grabaren 
sus corazones esta mácsima: 
«La justicia debe ser la regla 
vdel principe» y la clemencia su 
«afecto dominante.» 

La naturaleza y la fortuna se 
^declararon contra la previsión 
de Constantinos sus hijos here- 
daron sus defectos y no sus vír- 
tudes¿ Crispo» que fué el solo 
capaz de realizar sus esperanzas» 
pereció víctima de los zetos de 
su madrastra y de la lijereza 
imprudente de su padre. Su 
maestro Lactancio fué uno de 
los mas célebres escritores de a- 
quel siglo: su estilo'elocuente y 
puro le granjeó el nombre de 
Cicerón cristiano. Su apolojía 
del cristianismo le dio mucha 



fama. El ale 9M nombró el 
emperador eónsul á su hijo ter- 
cero» que aun era niiioc mas solo 
le . permitió firmar indultos f 
gracias» sin duda para hacerlo 
gozardelaprerogativamas felis 
que tiene el poder. Dos años dea* 
pues Tolvió el emperador al e« 
jército con motivo de una nueva 
irrupción de los bárbaros» pasé 
el Danubio y venció á los sárma- 
tas» dando muerte por su mano 
á Rasimundo» rey de aquellos 
bárbaros. Con motivo de esta 
victoria se establecieron en Ro- 
ma los juegos sarmáticos. 

Edictos de gohstanti^o. — La 
guerra no impedia á este prínci* 
pe activo el cuidado de la lejis- 
lacion. Mandó consagrar en todo • 
el imperio á la oración y al des- 
canso el dia del domingo. El au- 
mento continuo de los impuestos 
producía su efecto ordinario: los 
hombres maldecían una vida 
desgraciada; aogados todos los 
sentimientos de la naturaleza, 
hacía que fuesen mas raros los 
matrimonios» é inducía á los e8« 
posos á las acciones mas culpa- 
bles: estos abandonaban por la 
noche en las calles y en ios ca- 
minos á sus hijos que no podían 
alimentar. El emperador publi-. 
có edictos severos contra este^ 
crimen; pero al mismo tiempo, 
como no podia obljgar á casarse . 



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BEL BAJO 

¿fosqne gnardaban el celibato 
por priDcipios relijlosos ó por 
•miseria, abolió la ley Popea, 
cayas disposiciones casti(;^abdD 
con multa á lodo ciudadano de 
edad de veinte afios que no es- 
tuviese casado. Algo mns con- 
veuieDie hubiera sido para la 
población y la moral el haber 
mantenido en vtgor la ley Popea 
ealendiéndola hasta los cristia- 
nos*, pues de ese modo no se hu- 
biera santificado por los imbéci- 
les tamaña infracción de las le- 
y^ de la naturaleza. 

Otro edicto amenazó con per 
ñas rigorosas á los arúspices y á 
todos los que con operaciooi^s 
májicas ó con filtro especulaban 
sobre la credulidad de los hom- 
breSy prometiendo ser útiles á su 
odio ó su amor. Sin embargo^ 
transijiendoaun con la supers- 
tición del potiteismo^ toleró los 
charlatanes idólatras que se li- 
mitaban á corar las enfermeda- 
des y á conjurar las tormentas. 
Bespues de ellos, otros charla- 
tanes sagrados bánse ocupado 
tamlrien en conjurar las tem- 
pestades, empeñándose en hacer 
creerá los pueblos que con su 
ségrada palabrería y cuatro as- 
pUel^lbiles podián alejar una nn- 
Inré impedir sü destrozo en los 
admirados. Nunca bata faltado 
en el mmá^ trnanés que gnien^ 



mi^iCRio. 163 

y tontos que sé dejen guiar. 
Otra ley anuló todas las con* 
flscaciones hechas por Diocle- 
f iano y Galerio, restituyó á las 
i<¿lesias los bienes, y les asignó 
los de los mártires muertos sin 
herederos. Promulgó contra el 
rapto un edicto demasiado seve- 
ro; porque no distinguía la se* 
duccion de la violencia. 

Casi todas las ciudades de pro- 
vincia eran gobernadas entonces 
por una especie de senado, cu- 
yos Jefes se llamaban (lecemoi- 
ros, y los demás individuos de-^ 
curiones: eran elejjdos de las fa- 
milias mas distingMidas, y la ma- 
yor parte de los ciudadanos bulan 
de estas cargas conci^Jiles, por- 
que los obligaban á pagar contri- 
buciones mns^ fuertes que las 
que gravitaban sobre los demás 
vecinos. Constantino, para man- 
tener esta útil institución, con- 
denó á una multa á los que re- 
usasen ó abandonasen estos des- 
tinos^ pero al mismo tiempo ce- 
dió á estos administradores las 
tierras de los ciudadanos que 
morian sin herederos. 

Así, hallándose estinguido el 
espíritu púb'lico en la decaden- 
cia del imperio, fué preciso que 
el poder obligase á ejercer los 
destinos disputados tan ardien- 
temente en otro tiempo por la 
ambición. La administración pú« 
s 



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164 ■ISTOUA 

bliea sé miraba eomo un grava* 
meo. Los oficiales que teoiafi 
comislooes por ti emperador, 
solicitaroQ j obta?ieroa ser e- 
seotosde estos empleos. Nadie 
qoeria los destinos útiles al poe- 
bl6 7 al estado, sino los de pala- 
eio, cerca de la persooa del prio- 
cipe. Se acpstumbraroo proota- 
mente á mirar las dignidades de 
cuestor, pretor y cónsul solo co* 
mo títulos onoríflcos; y sus fun- 
ciones no eran ejercidas sino 
por los condes, los Jenerales y 
ios empleados de la casa del em- 
perador. Sin embargo, como 
Constantino, l^sto por princi- 
pios aunque fi^lHcioso por ca* 
rácter , supo las quejas que esci- 
taban en todas partes la avidez 
de sus^ consejeros y la arbitra* 
ríedod de los gobernadores de 
provincias, proibió á los Jueces 
y majistrados poner en ejecu* 
clon cualquier decreto, aunque 
fuese de él, si era contrario á las 
leyes, y mandó no atender en 
los juicios al nacimiento ó Clase 
de ios acusados. «El crimen, de- 
bela, borra todo privilejio y to* 
»da dignidad.» Tal era la estrena 
contradicción que ofrecían en- 
tonces en la conducta y en las 
leyes del emperador, el deseo 
del poder arbitrario, el amor de 
la justicia y los recuerdos de la 
libertad. 



Proibió por uo decrato á loa 
perceptores de tributos quitar á 
los labradoras sus bueyes é ios* 
frumentos de lábrame. Hasta 
entonces el repartimiento de los 
impuestos era arreglado por los 
principales de cada logar, y loe 
ricos, como siempra ha socedido 
y aocederá, se serviao de so (o* 
fluencia para e^ar sobra loe 
pobras la mayor parte del gra- 
vamen. Constantino impidió es* 
te abuso^ y encargó el rapartoá 
los gobernadoras de provincia; 
de este modo socedieroo los io-^ 
convenientes del despotismo, ma* 
y^ores que los de la aristocracia. 

Deseoso de premiar á los sol* 
dados que le bablan dado la vie* 
toria y el imperio^ les distribo* 
yó muchas tierras que estabaa 
sin dueño. iéO$ Mber€íno$ que 
d$$ean mantener su poder abeo^ 
luto, prefieren ¡o$ eoldadoe as* 
tranjeroi á loe $oldaio$ etudada* 
no$. Atendiendo á la utilidad 
que le podía traer el valor de 
los soldados francos y godos, mas 
que al peligro futuro á que tales 
ausiliares esponian el imperio, 
tomó á su sueldo los mas intró* 
pidos de estos guerreros. Loe 
mercenarios no fueron daffosoe 
sino después: á Constantino le 
sirvieron con zelo. Ebonito, ca- 
pitán franco, se distinguió por 
sus azañas ea la primera goerra , 



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rat BAJO 

eootra TJdttio, en la eonl eoQ» 
qnisló el emperador la Maeedo* 
Día, ta Greda :r la Iliria. 

Aunque loda?ia no haUa que- 
rkla baulixarse, por eoB?enir ¿ 
ao política, mántUToen au cam- 
pamento un oratorio con aacer» 
dotea y düeonoa, á loa eualea 
llamaba gnardim M au o/ma. 
Cada lefiott tenia an capilla y ana 
minislroa; y antes de dar la ae* 
flal del combate, el emperador, 
á Tiata de su ejército^ ae postra- 
ba al pie de la cruz, iavocabé al 
Dios de loa ejércttoa, y le rogaba 
que le Gopcedieae la Tictoria. 
Licinio, au colega y rl?al> ae 
burlalM de su devoción, cuando 
él mismo, rodeado de ponliil^ea, 
adivínoa y arúspicea, procuraba 
leer au deatino en loa preaájloa 
y en las entrafias de las vícti- 
maa. Constantino y Lidnio, te- 
nia cada cual au auperstidon^ 

&BGV90A OüBanA C&STMk UCI- 

910. — Batallas dbl nnno t dr 
cmuóFOLis. — (323) Habiendo 
quedado el imperio, deapues de 
la muerte de Macsencio y Blac- 
aimioo, dividido entre Constan- 
tino y Licinio^ cada uno de estos 
trató de arruinar á au rivel y 
quedar único dueño. La diferen* 
da de los cultos y de laa costum- 
bres, parecía entoncea dividir 
el orando en doa puebloa^ el 
criatiüno y d jentih Lidnio» que 



ttnaio. 1<B 

mtentru tItÍÓ Macaimino, be- 
bía aido tolerante porpoKtica» 
cuando qued4 doefio del Orlen* 
te modo de aistema, ae puaoal 
frente del politeiamo, 7 ae de* 
claró enemigo de loa criatlanoa» 
creyendo abatir ficilmente una 
reiijioo reeieo eacapada del plé« 
lago de laa peraeeudonea. 

Amboa Jefes eran vallentea y 
bábilea: Lidnio tenia para si el 
nuiDero, la superstición y el rea^ 
peto que inspiran laa cosas antl* 
guas, y sobretodo la opinión» 
casi Jeneralmenle eatablecida, dé 
que la gloria de Roma estaba 
inseparablemeole ligada al culto 
de los dioaea« 

A estas antiguaa tradicionea, 
ridicolíaadaa por loa filósofos^ y 
que ea un pueblb corrompido 
ya no.estabaa:.aoaleoid«s por las 
costumbres,. CoMlantioooponia 
un partido deJuM&brea entuaias* 
tas, tantomas ardientes cuanto 
babian estado mas comprimidos» 
y lejiooes ensoberbecidas por 
una larga serie da triunfos, i 
quien ningon peligro detenia, y 
que á la vlata del Lábaro creían 
ser conducidos por el mismo 
Dios á la victoria. De entrambaa. 
partes se deseaba la guerra,, y se 
buscaron motivos paraiofrin- 
jir la paa. Lidnio se quejaba^de 
que su rival> bajo pretesto de 
marcbíur contra los godos, babia 






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Mtrudo ton miajiítito ^n tü , »tao terntUes por so número 



terrtIorkJ: GoosUdUiio aeosiV á 
Lieiuiode haber tomcRitidoiiBa 
sedíekMi ^D Rdnie> y pagado o* 
•esioos |Mrra ipiitarlelavida. 

Ix>s<dos ejéréttoa» t|ae iban á 
decidir la smrtedet imperio» se 
encoetraroii en 4«8 orillas del 
Hebro, riod^ la Tratia. '^'Lici* 
nio prometian la victoria sus adi- 
vinos j sacerdotes; "pero el orá- 
colo de Mih^/lnénos' compla- 
ciente» le respondió: "«Oh viejo! 
jitns Tnerzas eiftán >^goUdaB: los 
«anos tecprlmen: no pelees con- 
»tra jóvenes l>elicoSos.» 

Este monarca; después de ba» 
ber sacrificado vitrinas á los 
dioses, mostró sus estatuas ro- 
deadas déinumerables; luces áisus 
soldados» y lés'^ijo: ^Gompafie- 
uros: estas sonlas'déidádes^de 
«nuestros m^ot^s/losobjétos de 
«nuestro antiguo «aUo: nuestro 
«enemigolo^es también de núes-- 
«tros padres» Iteyes» costumbre^ y 
«dioses: adorauna divinidad des* 
«conocida» ideal» ó por mejor de- 
«cir»noadoraiiáda, Desonra sus 
«armas, poníendoen lugarde las 
«águilas défioma unaseñal'i^on- 
«sagrada al suplicio de los 'mal- 
«hechores^ un infatué' ttadalso. 



«como por su majestad» habré- 
«mos de elevarle templos sobre 
«las ruinas de los anliguos. Pero 
asi» 'como esperamos con seguri» 
»d»d» nuestros dieses maniíes* 
»tan 'SQ poder» concediendo el 
utriurifo á nuestras armas» perse* 
»goiremos de muerte esa secta 
tiéf ame; cuya impiedad sacrilega 
«desprecia las leyes y ofende al 
ttcielo^-v 

En esta jornada la hahiltdad 
de Gonslatttino4ritfnfó de la con* 
sumada *esperieacía deLidnio. 
Ocultando su marcha al enemi* 
go» pasó'el riofor-uo vado mal 
defendido» y la victoria fué el 
premio deeste osado movimien- 
io. Abriendo paso á sus tropas 
al frente de doce jinetes» derribó 
y aniquiló un cuerpo de cíenlo 
cincuenta^guerreros que se opo- 
nían á su marcha^ >Zóz¡mB con* 
firma eate-hecho.tiué parece mas 
propio de la novela que^de lahis- 
toria; y equel escritor fué uno 
de los mayores enemigos y mas 
encarniMdos detractoresdelem- 
perador. 

' Licinio'huyó á Bizncio/y sa* 
41Ó de esta aplaza apenas supo que 
^u numerosa escuadra habiaeido 



«Esta batalla ^deéidirá nuestra veneídapor la ide aut*lval€ris« 
«suerteyreHjion: siesa deidad I i>o¿ hijo de C¡onstantino. Pasó el 
«oscura é Ignorada vence á tan? I estrecho» reunió las reliquias de 
«tos dioses ilustres y poderosos! su ejército» y dio otra batalla 



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ML 1A10 

jMtoá&bópoHi. PnoM pri- 
m^m Ala lüe^Uítaaii de sos dio- 
ses; pero alernido él mismo» dU 
e§ñlo$ autores $^e$ii$íieo$, k la 
lista del Lábaro, mandó á lossa- 
yos qoe apariaaeo los ojos de a- 
qoella temible iasigoia. La vie- 
toria de Coostanliiio fué com- 
pleta. 

Ed aquellos tiempos de d«M* 
dencia ya no er^ vergouioso so- 
brevivir á la pérdida del onor y 
de la Kl>ertad. Ya no se veian Ca- 
tones ni Antonios. Licioio se le 
rindió ignominiosamente, y debió 
por entonces la vida á los roegos 
de su mujer Constancia» herma- 
na del emperador; pero algún 
tiempo después fqé muerto con 
el protesto de que conspiraba 
para recobrar so autoridad per- 
dida: fratricidio que manchó la 
gloria de Constantino. 

Aboucion dbl politeísmo.—^ 
Como en el curso de esta guerra 
se hablan aderido los jentlles á 
la causa de Licinio» la derrota 
de este produjo la abolición del 
culto de los dioses; porque Cons- 
tantino, irritado y mas podero- 
so que antes» no guardó medida 
con los idólatras^ sino persiguió 
á las personas, sujetó las opinio* 
nes» favoreció el zelo furibundo 
de los cristianos, implacables e- 
ttemigos de sus divinidades fa- 
bulosas, que según decian, no 



nniío. 167 

eran mas que daauNiioe* En to^ 
dos los parajes en que Constao-» 
tino creyó que sus órdenes no 
tendrían una resistencia inven- 
cible» hizo derribar I09 altares 
y destruir loe templos. Este ata- 
que» dirijido contra una relijíoQ 
inseparablemente ligada á las le* 
yesy álasci^stumbres antiguas, 
le hixo perder el afecto de loa 
romanos. La capital del mundo» 
consagrada áiMarte y á Júpiter, 
era un vasto panteón^ el incien- 
so unieaba en setecientos tem« 
píos erijidos á los dioses del O- 
limpopoc la superstición» á loa 
fundadores de la ciudad por re- 
conocimiento, á loa emperado- 
res por costumbre. La autoridad 
absoluta no podia . derribar al 
momento tan fuertes y tan anti^» 
guas barrerasv.y á pesar de loa 
esfuerzos dolos dne&oadelmun* 
do, Ui idolotría . conservó por 
mucho tiempo en Boma nume- 
rosos partidarios y un asilo in- 
violable. En lo restante del im<» 
perio se ejecutaroa coa pronti- 
tud y facUidad las órdenes de 
Constantino. Esté príncipe es- 
cribía así á los pueblos de Orien- 
te: «Mi victoria sobre los ene- 
«migos de Jesucristo» y la caida 
ide los perseguidores de los cri&- 
jitianos» prueban el poder de 
aDíos, que me ha elejido para 
«establecer su culto en el iinp¿- 



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M9 mwnwA 

»rio. El 6t quien ma ha traído 
nátsde tas playas de Britaonta 
abasta elceatro del Asia: sa nia«» 
»no poderosa la que ha derriba- 
ndo los ostác.alos q«e se oponían 
»& mimareba^ Tantos beneficios** 
aecsijen ni gratitod , y debo ser 
»el protector de los bombres a- 
adictos al Bios qi|e mí» favore- 
ace. Mando, poes/qae voelvan 
atodos los desterrados, qae se 
arestitayan sns bienes 4 los par- 
«ticolares, y sos riqnezas á las 
)»iglesias.(l)-, y quiero que todos 
alos cristianos, seguros de ral 
aprotecdony^e regocijan con mi 
»trinofe> 7 se gocen anticipada- 
«mente en la felicidad que les 
apreparo.a 

Increible es á ía verdad , que 
una revohirion4|ue*^eria á las 
conciencias, que ofendía á la su- 
perstición, y que cambiaba tan 
bm3eamente el culto, tas (¡ps- 
tuínbres y las leyes, no bebiese 
escitado entonce^ serias revuel- 
tas-, pues es lo mismo que decir 
jiue los* idólatras babian cesado 

de respetar A w^ «jUoses, y que 

* . ' . . . . * 

^l]| Esic ÍFtié uno de los molWo» 
^ qnt tuvieron los crbliaiios para dea- 
acérieenelojioa de Constantino, ta am- 
bición ha aidoe A todos tiempos ^a bfreir- 
ciade los miuistros inc|rcuu€Í»o8, y eu 
el curso'de la presente obra* té^idreaioa 
muclÁs ocasiones de patentin^r esU' 
verdad. ;. 



no creían ya'nn su pode^, d«de 
que se habían dejado vencer por 
el Dies de Constantino. Es cier- 
to qae el emperador empleaba 
para triunfar^ la persuasión lo 
mismo que 4a fuerza, y que pco- 
tejiendo á los cristianos» se opo« 
nia á sus venganzas», En uno de 
sus edictos, tributando omjanaje 
á la sabíduria del Griadór, y ¿ la 
pureza de la nafiral .cristiana, 
compara la dulzura de su padre, 
que segnia las paácsimas-del E- 
vanjelio, á la ^crueldad de 6ale« 
rio, de Maésen^cio, de M^esimi- 
:«o y de Lietttio} y declarando que 
sus victórias^Jian sido! el precio 
de sazelopor restablecer elcáU 
iQtde la divinidad,^ rofauMiopor 
loí errores de la impiedad, re- 
cuerda l^los bpmbr^s que el cul-. 
to d^.^ui^ mió DiQ5 era la reli- 
Jtpn¿piríniilivan» que Jesucristo 
sodobalMa: venido á la tierra pa^- 
ra^^d^lver la antigua pureza i 
aq^elb creencia, de ía cual el 
politeísmo no era mas que una 
ak^raoion y corrupción. Diri- 
jitodose en>«^uida á los cris- 
titeos, reprime su zelo ecsi^^ra- 
^o en demasía, les proíbe toda 
^persef^cíon, noias permite o- 
tras armas para vencer á loa in- 
fieles, que las del ejemplo y la 
verdad, y aseguró á los tenaces 
adoradores de los ídolos una 
tranquilidad perfeci^a. 



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DA BAfO 

Sin preteadOT Tensar á este 
príncipe el mérito de t«U mo- 
4er8cion, es Jasto^ sin emiiargo, 
rebajar los elo)ide escesivos qiM 
la adala-deo le ha prodigade. Su 
toleraBcia era un poco forzada; 
Ifr mayoría 4e ta población del 
imperio permanocia idólatra; y 
hubiera temido por demaaiaias 
Tiolencias 6 precipitación» com- 
próme^ s« poder. La autoridad 
del secada le liabía hecho ya 
eentire^e peligro, mantenfendo 
' eo Boma ti anijguo culto, coo 
despreeio de loa decretos que 
bebiaa ordenadora clausura de 
lea templos jrel término 4le los 
aecrificms. 

DESOKiHsiifa iir hl imkrio^ 

OCASlOKADOaPOH LOS CO«TBSAH06. 

•—Sea como quiera si el empe- 
radorae hubiera conteotado^cou 
•establecer y pi^lejer por tedas 
partes ta UbePtad de condénela^ 
los progresos de ia fé crisUana 
hobierao sido mas aábios sin ser 
menos rápidos; 4a relijion y ol 
4mpertoae hubieran visto me- 
nos espuestos á turbulencias y 
deagraciasy sí el emperador hu- 
biera alejado los sacerdotes del 
trono» y no hubiese ofrecido á 
hM ntiniílros de un coito enemi- 
go de todo lo mundano, ei cet>o 
peligroso y casi inreaistible 4el 
ftiTor^ de la fortuna y éei poder.» 
pero adulado, estrechado y a«* 
TOAIO xui» 



ramiio. 169 

rrastrado por los obispos que le 
rodeaban» moatr6 bien pronto 
tanta pasión para conrertir co- 
mo para vencer; gustaba tanto 
predicar <como combatir; sus 
cortesapos le aplaudiao con en- 
tusiasmo» pero daban á sus vi- 
cios la mañeara de la piedad » y 
cubriendo au hipocresía con fal- 
soa colores^ una codicia sin Are- 
no y concusiones sin limite»» 
entregó e( imperio á ios mas 
orrorosos desórdenes. 

Lai quejas que se le?antaban 
por todas partes» penetraron por 
'flo^n el palacio. Gonstamino se 
manifeató avergonzado é indig- 
nado de estos escesos. Dirijién- 
dose un dia á uno de sus favort- 
tos> trazó con su lanza en la tie- 
rra la figura de un cuerpo hu- 
mano» y le dijo: c Amontonad i 
»Tuestro eabor las riquezas del 
atmperio: poseed también laa de 
»todo el mundo: llegará un dia 
aen que solo os quedará ese pe- 
nquefio espacio di tierra que t- 
•oabo de medir» si os lo conce- 
aden.i» Estas palabras memora- 
bles fueron proféticaa; porque 
aquel miamo cortesano» quecon* 
tinuó atMisando de su poder» fué 
muerto á manos del pueblo y 
privado de sepultura enei reina^' 
do de Conataatino. 

Aunque el imperio probase 
todos los males inseparables de 
22 



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170 • BüMmiA 

la pérdida de la libertad^ y w- i progresos y la eaoMt dal eaestan* 
friese todoa los almsos que soo I te odio c|iie se haIÑa opuesto á 



fOBSigiiieBtes al progreso del 
poder arbitrario, el recuerdo de 
taolas guerras civiles sotnetta los 
pueblos al yugo del prfacipe que 
los había libertado de tantos ti- 
ranoSé Los romauos do eran fé* 
lices^ perovivian traaquilos; loa 
bárbaros, vencidos tantas Teces> 
na pasaban de sos límites tan 
frecoeoteoaente; y los persas, »* 
ternos enemigos de Roflia^.n0 se 
atrevían a quebrantar el tratado 
Ignomintoao que le^ babias im- 
puesto Galerio y Diocleciano* 

HeIBJIA. Eir BJIPTO, BSCITAnA 

pon iBUO.r-Despues 4t la de« 
rrota de Ucinio, queriendo el 
emperador pacificar el Oriente, 
bizo larga manaion en Nicome- 
dia. Allí se le dio el tirulo de 
Ftcfortoio, que no pode trana» 
mitir á sus bijos con el poder 
aunque quiso. Pensaba en via- 
jar á EJíplo, ünando le retrajo 
d| esta determinación la noticia 
de la herejia de Arrio^ que ame* 
nazaba llenar de sediciones a- 
quel pais. Antes de bablarde 
las turbulenoias que produjo la 
tenacidad de esta nueva secta» 



su propagación. 

Puesto que la ludea ftió le 
cuna de este culto, y que la re«* 
lijlon de Jesús no hizo mes, se-» 
gun los autores eclesiásticos, que 
perfeccionar la de Moisés, neee* 
sarioes que echemos una ojeada 
sobre las diversas opiniones q«e • 
se babinn estalrfecido entre loa 
ludios, antes de la predicación > 
del Evanjeito. 

Esceptuando la secta de loa 
raquevitas, poco importante y 
poeaconoeida, parece que loa he- 
breos basta la época de su can- 
tividad en Siria, y algún tiem*. 
pa después de su vuelta á la Ju* 
dea^ alteraron poco la doctrina 
de Moisés, y que solo unos trea 
sigloft antes del nactmiento de 
Cristo, se estableció enau creen- 
cia una mea&cla de opiniones fi- 
losóficas y relijio^as. 

SfiCTAS DEL SUfCBBTlSaiO, DE L08 
ESENIOS V DE LOS TBRAPBTJTAS. — 

En los reinados de los primeros 
Ptelemeos, muchos Judies que 
habitaban en Alejandría cedie- 
ron al deseo de conocer el siste- 



ma filosófico que se esforzaba 
conviene trazar en pocas pala- | en conciliar las opiniones do 
bras el estado en que se hallaba ) Platón, Pitágoras^ Kermes y Zo* 



a- ! ( 



entonces la iglesia, y cuáles ha- 
bían sido, después de tres siglos, 
el espíritu del. cristianismo, sus 



roastro. Movidos de la confor- 
nudad que notaban entre laa. 
ideas de Platón y las de Moisés» 



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9EL BAJO nonio. 



171 



wtrea 46 la grradMa y pod^r 
éa Dios, te persB^dieroi» i que 
tenlo aqoel filóaero eemo Pitá* 
(leras haMas mnocido ios Hbros 
éel lejisiador hebreo, y sacado 
de etlea leAo lo qne liabia de $n* 
Wtme en aos escritos. Adopta- 
iC#e, pues» el sísleaia de conci- 
UactOD.qae ae llamaba Hnerd- 
tí$m9. Otros judíos que escapa- 
dos de la ruin de su patria, se 
halris» refujiado en fif tpto, bus- 
eando uo esilo m los desiertos 
coiUra el odio que los perseguía 
ea las ciudades» Prí-?ados allí 
de los Hbros y lóseos de sus 
templos, se dedtesren i la vida 
e8eMÍea;^alg«rooapiiaf^eos, per- 
seguidos también, se reunieron 
á ellos7 formaron tas saetas de 
eeanlos y terapeutas. 

GoSTüMBEflS uE^es'BSBinos. — 
^uaBdo^Ptolemeo^iladelfo, cu« 
ya virtud tolerante quería la fe^ 
licid»a'de los 4i6mbres de cual- 
quier rali jion ó pais que fuesen, 
^rmtH&á los judíos desterradoa 



^ Yoeltoa «cia el Orieete, o^ 
rabana Déos antes de la saHda 
del aol, y después se eeiregabae 
al trabajo; á la quinta ora del 
día se bailaban, y después loma* 
bao MI eomunidad una frujral 
ctMrida, durante la cual reinaba 
uo profundo atiendo. Sus comí- 
dat las bendeda un Sacerdote. 
Ai salir de la mesa, daban gra<- 
'daaá Bios, tolvlan ásn trabajo, 
y reuniéadese por la noche pa- 
ra «eoan, fl«dta#an laa mismaa 
praoea y guardaban el mismo sU 
tendea Yeatian 4e blancor le«- 
Bien 4ps bienes coanines: sus 
nedfiloa . paaaban tres ellos de 
noTidedOy en.loacuales ee pro-^ 
babe> sagon la dSsdjplliiadePitá*' 
^oras, su discredon, so seto y 
sus ilrtodes. Ju^éiban no hacer 
^dalioel pri^lmo, tabserrar la re« 
-gla, huir de los malos, obedecer 
las leyes, ser fiel al gobierno, 
ifio alterar la doctrina^ y morir 
antea que deaeebrir á los pl^ofa^ 
«os el secreto <áe su retijioo* 



volver á su patria, propagaron I JBsta secta, fanática i jproporcioá 
estos en ^Palestina susnuevas o^ l^e secrela la maseanta^ fué la 



piüiones. Acostumbrados los ^e- 
senios/á^ la contemplación, y pro- 
fesopesMle una moral austera, no 
pudieron tolerar la ^corrupción 
Introduddatea 4oMisalen, y vi^ 
vieren- retirados en los campos, 

moy^nidoseulre s( y socorrién- 

dose mátuamente. 



que opuso • mayor fedalenda á 
los romanos en la guerra de 
XUo. JLos suplicios mas enteles 
BO «pudieron obtener de ellos 
ainguna acdon ni palabra con- 
iraria á sh creenda. 
. Persuadíanse que todo en el 
mundo estaba arreglado y eoca- 



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t72 

iMtÁo iñ taténiBO por el des- 
lióos que el «lint, iomortal por 
M^Dataraleze, aprisiooada eo el 
«iierppj selle de él eo el mooien* 
ta de la muerte, para recibir^ si 
liabia sido virtuoia, tnodee re- 
compeosas eo un hígar eo doode 
reíoabauoa prioiaTera eteraa» 
ó para ser atormeotada eo som- 
bríos subterrioeos, si se habla 
dejado arrastrar por el vkio. 

COSTVMBOIS BB hM TBBÁKIT* 

TAS. — Los terapeotM» mas ee» 
saltados ano, se coosagrabaoen- 
terameote á la eootenplacioo, 
abaodooeodo sus familias^ re- 
ooociaude á todos los bieoes j 
lazos de la tierra» separáodose 
de todo lo material y seosible 
para acercarse maeá la difloi* 
dad; crejreodofirsus estasis que 
apartadc» de la íoflneocia de los 
sentidos, se acercabao á Dios j 
podiao gozar de la tiste de to* 
das sus perfecdooea* Estas oue» 
▼as dodrioas oo se propagaron 
á la masa de los Judíos, los cua- 
les con el nombre de sadMeoi 
permanecían aderidos á las an- 
tiguas opioiooes, 00 eompren- 
dían sino lo sensible» y oo creían 
la inmortalidad del alma. Los 
judíos que sin admitir la moral 
pura de los esculos, adoptaron 
su sistema filosófico de iomate- 
rialidod, se llaoiaron fari$^os. 
A falta de virtudes auoientarpo 



las prácticas rettflofas coo niii 
puerilidades» y ocultaron bajo el 
velo de la piedad su amor iosa-^ 
dable de poder y riquezas. Do» 
minaban sobre la mucbedambre^ 
por su induljeocia, por ees desói^ 
denes, por su gravedad eeterior^ 
adquirieron grande autoridad, 
y á veces traatornaroo la de 
loe reyes. Tiranoa coaodo ejer* 
dan el poder, facdosos cuando 
el gobierno triunfaba» fuero» 
una de las censas principales da 
las disccM-dtes que despedazaroo 
ásu patria. 

Los earaltas, mea raciooalee 
y por coosiguieote meaos Qume>> 
rosos, segttieo una doctrina me- 
día eotve estos partidos estre- 
moa. A pesar de la eoemistad 
que reioaba ratre los eseoios, 
sedúceos y fariseos» miráronse 
siempre como de la misma co* 
mnoioo y Jamás se acusaron de 
herejía, creyendo aparentemeo*^ 
te» como dice GonUillac, que las 
cuestiones de la libertad, de la 
inmortalidad del alma y de la 
ecsísteoda de los espíritus erao 
solo eosas problemáticas» sobre 
las cuales podían estar desacor- 
des sin violar la ley de Moisés « 

ESTABLEGUf IBKTO DEL GfUSTU- 

siavo. — Eumedíode estas seo* 
tas y opiniones apareció la Iue 
evanjéUca, y los primeros crts*^ 
tianos fueroo jodioa convertí- 



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ML Bnto AAMMOv 



175 



éot; pero doide •» primeros pe- 
iM^á pesar d# las Asposieiooés 
deeale paebK>á creer en les pro- 
fetas y en loa OBHsgros, debieron 
encoBlrar y eo eteclo eneo»tra« 
roa ntttneroaoa oatáeiriós. 

La doclrfoo de- Jesucristo Irri- 
taba á los fbrtseos, ponpie^ieMa- 
basu amblcioo é Mpoeresfa> y 
eoloeaba las Tirtudea sobre las 
prácHeas y ceretnontos sapersti- 
eiosas. A«nqae meoes coalra- 
ria al sistema áe los eaentos, 
condenaba no ostente sn orgallo, 
y desimk sus preteoaioiies á M^ 
anpremaefa entre las saetas reli- 
Jiosaa y las cénelas fflosóneas. 
Loa saüttceoa y la mas»* del 
poeblo hebreo, alenééodose ér la 
letra n»as bien qneal espirito de 
I» ley y de laa profeeias, espera* 
ban un salvador de la Familia de 
DaTid> fuerte en las armas, bri« 
liante por su majestad y aas 
triunfos, y q/ae estendiese la 
dominación terrena de loa Ju- 
díos. 

Como no ereian en la inmor- 
talidad del alma, miraban como 
absurda un reino espiritual, una 
felicidad que no empieza sino en 
la otra Tida, y no podiaa reco- 
nocer por Mesías á un bombre 
OBcuro, á un profeta pobre, sin 
mas armas que la palabra, sin 
mas poder que la virtud, que no 
mandaba aiao priYacioae$, que 



no prometía- liao Menea celes* 
tfales. 

Por otra partea aunque fesu» 
cristo y lor A^Mistérlea eran esac» 
tos en eumpürtodos K» riloa db 
la ley, siempre les nriraron co^ 
molnaovadidrea qoe inirodociai» 
una nueva relljoñ en^ logar de 
la de Moisés. £^ fio^ los hebreos 
qaeae ereian siempre el pueblo 
predilecto del Seilor, no^ podiaa 
tolerar que se llamasen los Jen^ 
iiles-á la parttcipacion de-la nne* 
va creencia y d* los fkvores de 
ladtvinidad. ' 

Taiea fueron tas causas que 
alejaron á*la mayor parte do 
loa juéioa del Evanjetio, y les 
inspiraron' a« odio pertinaz al 
cfiatiani3ino..A^ pesar datantes 
dificultades^ ^1 doctrina evanjé^ 
liea se esteadtó,. primero á Da- 
mascoy Antloqafa, y después á 
Bfeso y Smiroa: piMÓ los ma- 
rea, recorrió e< archipiélago, se 
introdujo eomedio^ de los tem^ 
píos antiguos de la Grrecia; ocu- 
pó^ las ciaéades opulentas de Co- 
rinto, Atenas y Esparla; y se dí* 
rijió á Alejandria» donde la actí- 
vidad del comercio reunia hom» 
brea de todas naciones y sectas, 
y donde el interés público reco- 
mendaba ia toléroncia. 

Aoma, destinada por la Pro- 
videncia i ser un dia la capital 
del mundo crtitiano^ después de 



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J74 

haberlo aido del UbSUtra » no 
lardó en recibir á los partidarios 
d^l nuevo aullo. 

Un pasaje de TJicito prueba 
<pie en Ueinpo de Nerón, 70 a- 
nof después del naeimiento de 
Jesucrislo, tiaVta.^n^a capiul 
imitiboscrislianór^'pero enton- 
ces se les oontundia con los j ir- 
dios.Ca moral sevBra d^ Even- 
jelio predicada por hombres po- 
bres y s^n^ittos^'Bra demasiado 
t>paes4a^ orgullo de los Igran- 
desy á las costumbres corrom- 
pidas de%s ricos para ser acoji- 
da favorableaa^rita por "^ellos. 
iSsta doctrina no debia ser r^í- 
bida ^no por 4os desgraciados^ 
por vios'^si^laTOS» ^r los opri«- 
midos, por todos ajqaellos que 
necesitaban la esperaosa de otra 
vida 'para coosolarse^le los infor- 
tunios qufe sufrían sobre la ^ tie- 
rra^ asi la historia arroja un os- 
curo veto sobremos primen» pa- 
sos dett^ristíanismp. 

€on»en^ndo casi en silencioos- 
ta inmensa revolución que cam- 
bió krsopinfones y^lasisoétiimbres 
de la tierra» el cHstianísmo mar- 
chata, cr^'cidon^la oscuridad^ y 
se estendió muoho ^tiempo antes 
de ¿traer sobredi fas miradas 
desdeñosas* de las alases eleva- 
das, qoe éolo seocupaban de las 
^erellas de los príncipes, de las 
intrigas d^ las cortes, y que a- 



tu rdian ooatínqamenle con trion* 
fosó reveses de los ejércitos. I» 
caida ó e^evecion de los liraiKMg 
la ajitacion de las asambleas pA« 
bUcas, la pompa de las AesUsy 
la solemnidad de. los jttef«is. 

Aun los mismos hambres mas 
ocupados de la indagación ik Ja 
verdad y que se consagraban el 
estudio 9e la filosoAat no tenían 
la mayor parte otro objelo ea^ 
tontea ^n sus trabajes» qué pnn 
fundizar los sistemas masxoo* 
wnieálM para mantener el «K 
ma tranquila enmedio de las tm* 
rrascas de Ja vida, en aunwitnr 
1a suma de nunslros ffoces7 en 
disminuir la ^e nueslras penas, 
buscaban la felicidad terrestro: 
los unos * la icoloeaban en la vir«> 
iud,^los otros iraial deteite; y dn* 
jando al'pueblo la creencia tttfl 
'Tártaro y <lel'Eliseo, se burla- 
han de 'los dioses de *hi fábula, 
no creían en otros,*ó no adori- 
tian-sinoideas vagas de destino 
7 de Providencie, mirando como 
ifuimérica ftoda ündagacioo de 
uflai''felicidad colocada mas allá 
'de los terminen de la vida« 

'Las primeras nocionercoofu* 
^sas -que ae esparcieron sobre la 
^creenaia de los cristianos, escita** 
Ton^nicaasente ei desprecio de 
los apartidar ios del culto estable- 
cido. Acostumbrados á no ado*- 
rar mas que al dueáodel trueno, 



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nu muú'tnmíío. 



175* 



k tm HA! ros brittonlM, á toi tor* 
mMftblet ehNMaluf» i las graa^^ 
dMTirUNht» é Um patlo^et fatt^ 
ptfkmi y i kM bérotá d«Mk«do8; 
btbitMdoti taeMMiral •mor, i 
la fortuna, I la Twigaata, i la 
foeria y i la gloria» miraban co- 
mo iMeotaloa i los aectarioa de 
oftadoeirlna qnetacrlfleaba to* 
dos loa placaras y pasfones i 
la Idea, quimérica segira ellos, 
de una felicidad elema, que pro* 
dieaba la humildad á los grao* 
des, recordaba la Igualdad á los 
príncipes, menospreciaba el lu- 
jo, onraba la pcAreía, y reropla^ 
laba las majestuosas divinida- 
des del (Himpo con un Dios des- 
coQOcído, nacido en la clase de 
loa artesanos, alejado durante 
su irida de todas las grandesas 
dei mundo, y condenado por sos 
conciudadanos al mas vergonso- 
so de los suplicios. 

Causas del odio bb los ioma- 
iios AL cristianismo— Si es fácil 
comprender por q^é los roma« 
nos despreciaban una creencia 
nueva, tan conlrária á sns ideas 
romo i sus costumbres, no lo es 
tanto esplicar los motivos de su 
odio violento contra este culto 
morel, que los llevaba á proscrl* 
birá los adoradores de Cristo, 
mientras qoe su tolerancia lit« 
mitada respetaba en todas par- 
tes las relijionesde todos los pue* 



bios y indecbíaedesttnerstiesett. 
Muchas causas conlribayoron 
á fomentar aquel odio que hipo 
derramar tente aangre«. Los Ju«» 
dios que se mimban coomi el pü^ 
l>lo querido de Déoa^ deapi^eciai' 
iMín á las demáe Daciones, no que* 
riau formar vnioiieacon ellas, su» 
frían con ind^nadon el yugo de 
ios romanoa,rettsaban tríbutar h 
las iméjenes dé loe emperadoree 
los omenajes ecsijldos por laa te- 
yes y la rettjton del imperio. 
Siempre dispuestos i la sedición, 
cuando la tieita entera obede- 
cía á los señores del mundo, les 
parecía preferible su total ruiqf 
á la esdairitud. Por otra parte la 
voi de sus profetas^ que inter- 
pretaban según sus deseos, les 
hacia esi>erar el apoyo del cielo 
y la victoria mas cKlarecida. 

En el reinado de Nerón se 
sublevaron, espelicron á los ro^ 
aaanob de Judea, asesinaron á las 
guarniciones, y obligaron á huir 
aquellas lejiones invencibles, 
contra las cuales ningún pueblo 
del Oriente babia prevalecido 
sino los partos. Los Judíos, im- 
placables enemigos de ios roma- 
Dos por fanatismo^ no podían .ya 
ser Bomeüdos sin ser aniquila- 
dos. Eiía guerra de esterminto, 
y los escesos que cometieron las 
diferentes sectas Judias, y que 
hicieron tan calamitosos ios úl- 



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I76í 

timas «iMUtotob dt ]«n»aflM> 
aamenUroo bosta lo lumo la ec* 
saBperociQD dB loaroiMMMoa- 
traéste.^aeMo, «ut tayea 7 ^u 
coUo. Loacrífüaaol^ k quienes 
íBvocalira? aoofoBdiaii tom éx- 
itos, faeroii ^nvoeltoft caí «I 
mismo «bofnr6Cimi6»to>.Y desde 
entonces DO podo haber Qoioii 
aipM entre los adoredores de 
Blos "y Jos seeUHbs del poli* 
teísmo. 

En *vaoo los cristiane» epe- 

^ian á esta awrrtm injnaltt la 

pureaa de so oiofaU tos motivos 

de crediMKdad del "EYanjelio, 

^ Sumisión alas autor idmles, 

^su principio de xarldad oniver- 

sal, contrario & la Intolerancia 

esclusWa deles podios: como 

•no qoerian pertitíiper de las «a- 

remottias de les jentiles, unidas 

íntimamente a los principios de 

^u gobierno, se les trataba como 

facciosos, 7 los persegiüan, o* 

por sectarios de 00 nnevo culto, 

sino por rebeldes á las leyes. 

Sos edversartos ae «oeríao de* 

4ar'tranqtriiosi4o8 eoemtgos de 

aus sacerdotes, de síes templos, 

de su ¿lujo, de sos iestas y de 

suaiuegos. No podía babertrao* 

«aecionMeotre cnaeneias,»«oStum- 

J>res, afectos y máesimas Un o- 

poestas. El .poder desplegó sos . 

fuerzas, las prosesiei^nes -©or^ 

' >meniaroo'7 ki4i0i4'^«e«ubrió de 



tjmárttree. Peve la viirteiicia, qoe 
destruye tos eoerpos, no tuve 
fnflaeaeiaftobrelosánimeérpiía^ 
He maiorad ú to» ImiOrm p9ro^ 
n# é ia$*^m^i$m9^y le sangre 
de las vtotimas fortiftci^ ^cs r«i« 
xea de le f 4. 

Slvelor de los erisiieoea e^ 
•iormeoladesy moribundos es^ 
cit6 pi4mero ki piedad, despoes ^ 
«Uedoiiraeioo^ loa pueblos, a^ 
oostombradosá dhríniíar le fuer-, 
je y el berotomo^ ae ballébea 
muy dispuestos á coletear en el 
dele á aquellos mártires, cuyo 
Írmele arrostreba lentos pali* 
gros y sopUeios por defender 
su ereeocia» Mucbea bombres 
t^menearon i mirar como ver- 
dadera una reliJioQ por la cual 
se sufridla muerte* A los ojos 
de aquellos misoMS qoe echa* 
ban de menas las antiguas vir* 
tudes, aquella invencible resis- 
4enoia teoie algo de romana; y 
-cuaadotodo doblábale cerviz be* 
40 el yugo de le tirante, los pri- 
meros cristianos únicamente pe* 
•f^eciancoa su valor traer á kt 
memoria el -recuerdo de la en- 
4igua libertad. 
Mas tardealgaoosemperadores, 
bMtiinte prudentes 4iara conocer 
fueae da impoi^o^ía aloque 
se persigue, y bastante virtuosos 
pera becer justicia á los princi- 
pios morales de ios cristiaoos 



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•ittiéli«M|it *! IMora^ 
liteMÉtN»áM4<M4ÉÍuUfH^ 
<tmlpliir «y. Mí Mém ^ >iMtofas 
MttMiiMiM. fié «iitVfeiHéta t^ 
•MfapM, lee )pr4rtlilM ^ «t miU 

TertüHaM ^ íMtakán ontebob 
«m|ilopdel |M«ili«iO«to«dorti« 
flbríM, y4MMicrislliDOi'tatel«4« 

f («toti^iliíriiM latos |>rÜQt]pb»i 

ter de Sas esloaütoreraeleséiii* 

froc t sto Q ftdhiQiÉiaodo> Sa^era,^ 

Asraliaoa ^ Ataio, d poütUmp 

4ftecia: la fecsaaoctoiiidettio; 

^«laaiaoo, sqiirUa j^-fialaaio» 

fué el úllimo ata^M ééttarran 

4iie(|Nt»aia4B^niiudaMRi poáer. 

SioaariiÉrgé^ áipasarée kiAnU 

4Hud de vicÉiqiaA'4lK>6étoffio> 

Ma€»ÍHitee^ MaaMoaiéy lÁ9Uáí> 

4iimeUn>Qáaaaii|taraliai(Mi j A 

aa paiüiea^ al eaiaÜaBluii^ eaib* 

^arralii^todaaia laitloMeiDUriaa, 

une Ü ém ^ fk úVwú - eiejró peder, 

foniéDdéseáraafreele, asperar 

eon tesiaja ^eailMraat de 44» 

^tefaaftot,»€aeibatie'á' tkmná^ 

yataeeriaiD. peUgnálaaOmbré 

de Ja enii^iá'lfaate ^iá daúpiter, 

j-mA ito edtttee éa^Gépiielte 

^ tacaae íiÉatiflcd'Mi «tpAaeaa^ 

Daraole el primer aigto de lii 

eraí>ertf(im«ji*?ii4|B4PQ9a eo «ae 

hemos tíiiq , IMUaMK}4#s jTMia» 



«ttt». ITT 

Boa^ MeawMle-A'.Aaspreeiafi 4 
la aeett.MoieBle 4t «iM^rMia*» 
po% /ee«faii4iéadeloai(oa learjttf 
dtoej eadeÜBiiraH lo» H«9«t4« 
eela.irdHIiaii, omvn f4iim<m if 

Míct mMtfe9lal>a;H|^AeMírteiiqi|i| 
Biogoo filóaofci hfiP^a <^»ede.aM 
pifiip^to^ eilo«:e|im(liabigi.i4e- 
gnu l^laiehUKlecifegiiia JK 'Oi»r4 
cha. Mf dlA^«Mt«)%iafmi«ifU^ 
«U»^ <if igleilM Qi^tiMeii^4rab«;9 
^acto n M yrf a i> gai»Kaatrl»fB^ 
p«eMi<m,4e I4 fié» en eUsMrfoi^ 
eimieiMo4a (n.diHfpltoib eDJa 
i«siitai^D4#l:gobief eo reiyia- 
io4e los ftaJei^ 4«eiiltatMiB?i kn 
Dlifadaf de les m4#stfediis.j 
del.pi^tlliee^ (uis <re«o|oMs^ siif 
saerificiqíH. raí librea y mi rcq^ 
rtfipoadepiMa.. Le iglfs^eQm^* 
ga^^bn ifsoUpe^Am.eetfi, j^^fp^ 
oMfHerlQ^sr Xáfi) m cmieeWi^íViii 
de- K^vaNei m balHPáfi. adogUde 
cerno pMAlei4Qdegme« - 

LaMOSfWfidad iBQVi(|ibk^liie4!ieT 
dea^e^we del cti6tíjHÚ9mQy f 
el jsitffecip uiii?eiMl día Joa.bift* 
4erk4ofe4pr9faeearQl^?ai»ei^ 
4eiá les efrisUaaes^ hee ^adei kif 
garijo^meaia áimAchap. dadas 
se^peM:i:esid4$Qcíade*tos apó^* 
4e)es en Aoma, soi^e el<eaU|>ler 
^^ieiíeato de Ja iei?er«iite790kh 
aíéfii$«'r*eofare le sucaaioadt 
Íq^ primerofc pouliiees qee i>ecr 
23 



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in 

^dvon Ja rfltoroUMM. Da ésit 
sttisMto db las iuloríiadesfú* 
blÍo«t y de lo» bblorladorcis, 
ban tonttido armas lo» iacrédaloa 
t»ara ata(5af la autenticidad de los 
Evanletios, la iostitiieion de tas 
primeras Iglesias^ y eaal toda la 
base de la rel{|l0D. 

P^vó mal 'qae lea pese á loi 
faHtdriadores etlésiástltoa, fbr- 
jadores muy á «keoudo de fran* 
des ptedoBos/ las dodías aon fao* 
dadas, yno'^raemós «fue el ai* 
leoéle dé las autoridades púMi«» 
cas y (toioa biséoriadores, bayao 
prestado armas para ataear la 
aoteoftieidad de los eyaojellos y 
tas bases ée ta reTIjiou. Las ar-^ 
mas* tas han prestado los que 
ban álteürado la verdad de los 
blacbes, los' qae ban supuesto 
eó^s faláas, y los que ban forja- 
d<>ulia tDnllíttídHle fábahfs ci^e« 
yendo que con ellas se robaste* 
cia mas el crlstíaciisfito: El tes- 
itmdMd de los'bistória#et>e¿e- 
cMsMsiieos no* es de gran peso 
para nosofros, ctianidóáe trata 
de 'los^j)Hmeros obispos qnetu-^ 
¥0 Soma. Entre una porción de 
liecbos eflAbroHadós, de santas 
mentiras, y de pueriles varra^ 
«iones, como se^ encuentran en 
las leyendas de la primera época 
del eriaiianismo» se sabe, si al* 
giina cosr puede saberse con 
cartela de aqaelloi tiempos, que 



stvieaiíA ' • 

Saa redro peedloé' 4 1m foikm 
dlq^emá<b*s^«a él FntOyi^Aitfr- 
nia» la Capadeeini^ Aoiia^pifa y» 
BabUottiav pef)o :aD .hÉy fMmebe 
aiguoa de^ m iria|ei ilócM^iíae 
aelai áa loaap¿iiotei ttda dkeit' 
de esto« Jnsüno^/qse vivia maa 
de -alen ailoa ilespoas, m el pri4^ 
oaer attiór an pocóaéMiditado 
que bttl>le de este* pceteadido 
viaje« San 'Ir«Mo, fteapnea 4m 
baberleido i loatiso, dice que 
fiejdro y Pable bimoQ á Heou» 
y (pie encargaromá^astiDoiel 
gobierno dala: iglesia. CImto ea 
que ai tal^tcemiaioa* dieran áflaft 
Line^ eMoa no go^rnaroB 1* 
iglesia «ristiaiía ni permaaéeie*» 
ronenii*ci«4ad« 

8áM nnteJ».i»TúvaBBr«oiiJu 
-«misé diiha qoe Ser Pedro Oi» 
cupd la cÉledm pontificia teiiu 
tialoco aftoa en el reinado de 
Neroo, cuando^ como ya bemoa 
diciio, esteno i^eioó mas.^Mca* 
torce afios*, pero ona ob|Moieo^ 
sin réplica contra la pretendida 
permaneneia de &to Piadro eo 
JEtoma^ son las propias palabras 
de San Pablo^ ea .$a epátela á 
los colessenses» en.donde espre^ 
sámente dice qtte solo ba sí^ 
aiistNado por Ariatareo,.Maieo 
y otro qM tte^tia elDoontire de 
Jtesiis(t). 

(I ) Epülob de Sm PltMo i los^* 
loütiiÉif, capitate I?, v« ai» 



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ML IMO UifEtlO 

iffébaUe ipM ln pié- 
if igMftt||tie ^m #M se eéi- 
linftttofla MuHcMiKdedícftio; pe- 
«ftnaffvé'ttsi» poriftefii dedie««^' 

JM'éeieBiéAicot díoea q«e foé 
'■•I priner oMipo-^e Aoom;. pero 
%ii equei «tempo'yaivebo ém^ 
fme^ no btbo Dfogütt obispado 
l^rtkolar. ISt eri«fihaisi»d no 
HoiBÓ imaforiM proaqni^afla ti* 
fnn á la nrilid éel eesii«4a dgla. 
Loa apóstoles era o 4odds igaa- 
lee. La^gQ^daderael graa prio- 
-cipioí4e lea eaéirtoa, te ku reí- 
- wM ta a » de loAlecapeiitaa»:d0iloa 
^Aaciralos de ioao, 7 sotar» todo 
de leaMrislo. IGaaodo ^%éíam¿ 
*reoBidos 00 se vete eoU^a ^Uos 
^wtngmí Mpertoe; Dadte|irea1<ia, 
'Éi al piisdpi^ae Uaflaemea oMai> 
<pos. Sm FMrv» DO dióel^noeitee 
'de4>Mmio óel «püetoeqftifillea. 
»>te» aiwi á abattoriiti^ á qoieo 

^mumakmáepuMf 6 dejoUHHi» 
ae dié^eft aecaidÉiiidifertaile* 
tteatoiloa «MteMi^^fiie.mQra 
UaoMMa «ooariiiia; jpeio uo 
todieeka liiQgoMMtigfiUed» ote- 
'gSM wraoKMria^ Bitpna aeAtfl 
'dfettoüvt.fld vni^^ttM fireeafti- 

Ha Mü^ UeiMdo íeplaa» jr 
^eetodUa en Ja J^tí^é, pre 



179 
&• Pedro )»ti4a. ida,4,j^aia, 
parque po Mua carta qoe ae jLe 
mtriboye bai>la 4e Babll^i^aV Efi 
efecto» éo la carta áfi Sñjx f^qdro 
qoe po ivMoietaaio^ ep d^cir 
•ips supuesta d verdader^^ se d)- 
ee; /« ^(asia 41»^ Md f p ^abi^ 
Um^^mi muM fmi kijo Marco 
ú$ 9aludaM. Fá^il e^ .con(^atr te 
4ofpeia^ de aigmios .visíooari^s 
'caanda tradiy^M Romit. ppr 0:ir 
|]fiioair, y ^to se ^eouArwa taoi- 
MflAp ep qvMi PiSfias, Lf^tw- 
cío» Eaaebip y Jiislioo po ^9*- 
táo acordes ni ^bre, el tiempo^ 
ni aclare la époow ni el Jéoero de 
sopUcíode^aii Fedrp^oi sobre 
el nombra del emperador .bajp 
qoedícep m«ri6..S60ir, confoir- 
miAdose cao los escritos de los 
padres de la iglesia, reftere (lue 
•eaaodo Iteron viajaba por la 
Greeii^«la&o 67 de Jes«cris|<f, 
•elgoheroadorde Roipa ^rdeojá 
el sapUciode Sao Pedro y deS^o 
Pebloc qoe á ^eAa liUtlsep^. en 
ddidad de ciodadaoo n^^aoo le 
eortarop la cabeM; y nu^k Síafi 
Pedro, cono iodío^ le cin^^^cp- 
4roiu Aeierea qop av o^Jer bik* 
j>ía muerte aates^oeéU El «i* 
Upereaoy aduJadpr Kwe^ia^qpe 
«scaiMa dostieotos ctpcuepM. a« 
fioa después de este.pcopiaei- 
mleplo^ dice que «|i:au ttettjpo 
app se vetos sus reiratosé Digups 



-taodláiojsl sqfpudo «igte-Viel.poreier^delistiaaasMlotUs* 



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t^iittdreii C0Dfi»nÍftéM<> 7 c«Ms 

' ti^rabte don fusión en qá^'tafó 

' eí f rnpétto totnatoo eiitiledio de 

l¿íÜperilcioi^'(Síflébires óerbeles, 

dsesfiiósr d aácfsitodbs^ eémeaio 

de la rfttM de todas Ito leyes j 

de hs 'deleitables dfspotasteo^ 

Iój?ea6 ; éhitfédfia de ios aDatcH 

«lasque se lántabao tos sectA^ 

Tiosj éhiáedlo de eoocilios t}ae 

«» proKHÍMisiiy á ra vez se ata- 

leMMrtl^'coft - tBearoitanlleDto 7 

-füroi^j éiMediode'lbsesftoerMs 

redoblada' dé los* btítoos^delos; 

godos, dé los dmbrios ydr tos 

iRtadaMs, eoiBo verecHos; eo fta^ 

e^áiédio de K6iáa saqueada y 

desáiafilelada por ios bárbaros, 

"sospeeboSflissoo á la tel^dsíd^, mtry: 

80Bpei¿b<isas; las ttarratiocied ide 

ésdMorés parclaFés, y en que (a 

lotÉ'iga; \é igáoraoci^ty el fedbfís- 

mo' éráfi tas' füédti^ ' térda- 

' ' ebs**'ycaSos*Seí DOft odcrífen 
ikétrtéfmifé esle^i^unt^iqtíe (ÍM. 
^^áci^iMUeKBftfeáVttió dé 'oú»^ IVn 
^njÜiá^é ^bs' tírfViierbS tiéti^; 
-ééúúVmilMít 3qéíé>Vé<iM-afcQos 
^^ciftiaHlé^^^'aúgustlat^^sM»' 
^ItBad^T '«ftAgbsb ^íkedidiffo qüe 
-éuli^»<'M^ ^IfMarso'^ 'estal 
dbi<á-'eiflafilp«ii«^ eoé MUfofM-* 
«^M«flaVilif»M^ i Husí'tatatdj 
>trai}iii«#ilft^éiÉa*ai(M-to «t'é 



la* f^réail' ^ qiio > ^f^fBMMmm - -400 
irftiirfb solK^ MrifoM|if'loalio#> 
bt*es. WJfMs («troMS f jmk 
grfeatas edoMene- Ik Iritlnti 
del eristftiDimiK», qve nosotios 
frdoararwiM enaenlar pam 
mayor inetruockiit ' déi Bü»lrai 
ieetx>res, y paroquésepamá qtifr 
«tmorserespeeto á* la iuitofidvl 
dol lacordodo; prindpiMdo fqr 
*ol obispo de Roma^qm^et «tmif- 
ano ttomptt aoberané beniporal 
eoQtr» I4 4»presft «tootrioa d«l 
Evaojelto^ > '. f 

St lodo éoMttffé aprobar q«e 
SoD 9edro> no Caé'oUBpode'lbo» 
o»a> Iad6 eoomm ?)iornaMMi* 
l^ieiiWá oeiiar im uTetoto^diA* 
iiasdbte«lapo6toiaÍDtteaatt s** 
€eáorMi DefteUano/ Aia lérdfti* 
jno y*^ró» mae&osyriícea 4m 
Aaé^amMit^ laT#iMpaéa de 
fMro'ltt sttli' poÉUlota.' Boip 
Aia IrepM; eq^oMo, %lfftirit>» 
6aa A^siU^. 9$m Mmmñirr 3n 
A«as«iMt|v4tooáai<«oii|#artariqü» 
/oé^Sim LlQoi '¿^'At^cptféa luyapü 
xsr^f^'Ariá^cié^m^oi^ todbs pa- 
ra I<i9i|iiait v^iM« lueotaft 'BiD 
eesámeii. íjh mlMiiaB hiftoriíadrt 
MI) ebMMéitteot iC^óflesáabr^tta 
DalfenmiiiaaDiaaiL :QaiilUuaibca 
MbrOfif I fldr^Bo.? léuM^ta*^! 
pootiíicad.) de los lref..ffiflMh 

ftrt td^ia^itiio •poriitodi^ofs 
4|tati)Mof>laa|pa ¡Mjaffháttfcui- 



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MU. «Al» UWUIO. ^ 

eific^ao birfo«l jei«94«, 4« . en* 

-MMtn & Sm Cl«lp 4 Antctoto I época sufrió oMirtirM^^a I^Mr 
for MWMor d^JSw» l^toQkffl wlo> cio> j «me «iHoimm^ Ihé^ «omhIp 



MMwia par» bMlnk' iM^haoDbcfi'r 
las iMiMiM tmif^akxioms. 



.8<^4eta era gvíbU«iMí oíros dU 
.WB q^e Sa9 Gtenfttlet T^por 

ft^iose A^ 4i| S«o Qeto. 91» 
.difl«aCaé.n)arMtifU|4Q.G<)iP0i los- 

A» «ntvriocH* 

Sis«iósii 4(#p||{M SanCtomen- 
, t»,«e «upoae .pi^rtieodo ,4e los 
.(««er^ii^Bunbre» b/(ttóric«9:; (lefi 

•as,<(|ii«C«jbwrn#ltiA Mj..Wmí/» 4* 

BQfB«!h44t% Cf^miwimxím^. 

éensm 4« ! I«s^ T^ ] «ftmbMflof , 

priman» 8«9 J^ifaristo» tvea jVI4 

. jlteaeo^.Eus^o.y, ^OuM? le 



se v«;S« lo*,dm»ooio«, es decN, 
segyi» la.MpNSioa d« )«)»a««4l/k- 
«QS,xaaa4D Iwfalsfl» diosa* cft> 
saron d(B dar oriieBiqi^ 

$igB^ 4«s|N^ Sao AJajai». 
drM« Vk^ M.cue»|aee«oKiaiS 
las{il ^faliirfm,M4% y e| .prt. 
rinaro <!■» beo^ijq ,eJ jgitf: Sm' 
Si8kveiqu4í-ej|i dos c^ttm.dltt- 

i./a,is/«i«'.(ea((í(ic* Sap TelasAi. 
ip> qji^e 4aslUuf.6 l^bjaiisa de bb«- 
()U.Docb«^0r.iui>^i|oo da siete 
9ei|4«f>a& a|Li,^;de . la Psscijw» ^«a 
después se .ilaii^ ca^resou-, y,w> 
guD dicen .S^Oáuhaso^ ^fA- 
MfMSAO , y .<}((. WSíjBfjador If^ü- 
Qf.„ f»o pu4^>^~ sufrir H. c^t» 



.(]|lUU»ySjHi.Agj«Ml|ay lar iBayM ^o.«im^ /pi ^a({pno* (riMa^fHt ><í 
.yai>tA de lo» IsiMm»» to <^pcaq ¡midofof^ inqfjcriámM ofii(t4i 

.des|M»e>:de'ABM^K><^£«V' ^W1 ioajueeesydelossaeriltettSort^tt 
tfft(^e(fio»,bafe|>|^pa^o^,^l^ ffi¿{í^./a.cer9^ 4^ martirio. 

H^aainktqr )o V^ti»y,(We^»bi»r, .Ya.lé^^oqos piujeis uo ejemplo Je 
.1^11 ^id^[n« ,im^J^ idel, d^^ ,moJvaflciáí;elij¡£^a.|»ríqclpíjp(|- 
: ierj0fi9tldüc«^d« .esfU)*^ p«|>9<bi..«^ , ,rt9)#f»^eí??8fWdo ^o, sfgua 

4!l%4NiiMei9ap() (^ ^ £nM ^> R^n^/M>r 4!!»MtOf8» .v«oera<J!qs. 
, |fl««ri«(i«qf4.raec(# ti»nftu\M i Tiempo tendremos de ver b¡s^a 
.9üif,ófá9» de J|ftjfhiWK.'L^JM<l»t Ld<^S b4,tlfgfi^ l«a r»)Ak(ato- 



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^ 



niVrMU i 



%f«tri^oi]fi^efyáre é^ humMiid y 
tn«ii«édiimbre>. i;r Mnáiíco 3?el5 
46 lotf primeros i^ristiénos, fué 
illqiie^olyridftMa £di;^opii ^e^M 
«] IK^dftfrrrátieo 4iaAe cfl fondo 
•delJ^ofte/déog^i^riti y de satí- 
(¿HÉ. Sígmo SM 4lijfiftio> f Sad 
Vio>-«¡ bi6B los -átHorés' sttgradds 
mo están mity ecordeis éit qcie el 
'segtffido liaya sido, sute^r del 
primero. Carece, por ttií& ^arta 
-que ae afríftcrye iSai^ l^io. escri- 
ta é Verero, iiúe tos erístianos 
-arunéslabaüMD^ettipíosiñ alta- 
rws, que se reaniati y celebraban' 
la misa en lasases de los oeófi* 
46s^*piies dfte eti ella que /¿t eásá 
dé$u hmnat^ Eupófita eirá ta 
-que ie ^ehfia para eáU uéo. Ed 
^raearta dlrí^da á Jcrsto, anuii- 
eia^iiie 4js ^cristiábos^e habiaq 
«oblevado coortra 4as leyes, qoe 
«e 4os pc^segt/ia, y qde la grey 
^QD estaba en pobreza, pues 4i« 
0ietÉl0bn'$énaáoÍ$ ¡Testí^iito 
^0titabkti8ú ^m ídma, oi satuBa, 
Séü PiQ^edfce que mmrió «I a«* 
ñoíSf. 

' «Después <icttpS Sao kolcéiola 
*i6illaTdmana,yló la Iglesia ataca* 
ida por rootbasterejtas, y!t»or^a 
Jénrto díscolo sufrió ^í «larlfriQ 
4iajo ^1 treinado de iSéttéJín 

Diíranle el ipofftftteed#ae ao jttod^raéioo que ^us predeceí«« 
«atesor Sao Solero, ta hertjíi Ae «res, separó de la eomuoioítt de^ ia 



AMMmo^McW y 4émé mn^bia 
((rtriMS, pttff tto*potia aer4«otlro 
madoirdo laéuiSnirálitof dísptiUis 

taNan. San Sieaterto fué pa^M 
pctr ^ esparto dé tMetiotho alos. 
Las preteiivinhes'de ft coKé 'ro« 
madüdeédbiOirduáaír sobre «t- 
gUDOS artttetílos de té, y de arre- 
glar los jpdmtos de la doctrina 
^cristiana, iiHncIpIfcn ya á sei^* 
se*, Eiéuterio' arroja y escluse 
Ae la comtiéfoo dé lo^ he^fíianos 
de Roma á Marehioo y Yaleotin^ 
^ofe se di<^ érüM ifiei la aeeto es- 
toica y plátóoiea; pero vamoa i 
>er bajéinr sñcesor Vielor 'aera* 
"centarse fa enemistad y dtst»A« 
ner coAra él- k los tfireraos pa- 
dres dé la igleAita. En ttempo Ae 
San Kleeítefió ia tMfatló sis 
*prímérdl toáHtHás, y^la^ luginie- 
rra récfMAnfttidn^rosque le fue* 
ton i nevar el Évanjtílo. 

Después 8e sü muerte, íné 
"Sao Víctor eleVaBo á la Sairta 
^ede. Desde esté ¿poea ya pHfii* 
^pian & ser maa ciertas las te* 
tilas, pues cuitttb' basta aora ha 
«precedido está cuMei^o de tlrte- 
«blasy de cuentos ridículos, fia*- 
Maufte soseitadojrá aljgnnat As* 
'piitaa sdbre le cdielMracioa ie la 
4Nscna, pfero sin enearríiíamien* 
to. Tietot^ no guardó la misma 



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DEL B4M%mn^UK 

ifttciia, por M Mtoridwi4QdiiÍK 
doal qoe jrala creta ^9mp9emm^ii¡ 
lodat )a6^ Atis^ p^NfueinoíM» 
lilMiA0Mtl9S«40 Mi^opiakHiaiv 
Ím etMBralfé j: publteó Molrai 
ellMMiIat limaste ta}«fias j 
á0ímu\tm^ E0to^9bl|HKtdi»áesp0.^ 
IMÉm ctertosl as^oitiró k todos^ 
IM oMi|NM virtWMSi Sra ira^> 
neo^ebtofodtte Gátta»^ laMr 
cribe i» nomi>rede^lodóe.y' le 
ñiitf^ elípodér que se ar rógttoée 
doffilMfr lMott*ae.¡g)wiás^:Y& so 
ItaetQi^ a^af 4»e«ftbfctoii'd9 la 
aopreoiada^e iuibtea de^ e64i* 
dar^iM aoeeiores^ 
. • Remptáiaie Sao. Cefeiieo. Es* 
t# nanrebr bajo loa paaoá de 
y^ Víctor; condena i Prateas, 
alMoeUe 4 Natasío^ y.obra eo^ 
aao déspota, como ioseosato^iy 
tirano de loa penaattlaotos; es* 
eonmlga, es ileeir; separa ^del 
oúotero de los fieles al que se 
atreva á ieoer una oplnloo úl^ 
ilota á I» suya* Esto no» lo baee 
ereer el bistoriador Plalieft, 
ifnien daé Ceferioo el tdolo de 
ar «a/. Este pooHAee dijo en un 
deeretotaf ponida $0b$r0na é* 
bispo de lo$ obispoé, MbiMhé éon 
si^UfMpodmrloipecmdmdemdul- 
ferio, de fitmicMieñ y oirás» y^ á 
todoehecriséiaMí que te pidan 
perdim de eu$ eWpos. Ordenó se 



m 

1U|AlVt«f9M 4«o^ f M»e|t .effii^ 
de«4|qeí}eaá;usaseQ^ pudasse^ seft 
icoaideftado ata ta attioftdad* de 
Iacsilla,i9poslólio0;;pero* oJvidát^^ 
dose llevar á firmar, <iit dafereM 
al prefeeio, eí|teleiliix(^s«t>(r al 
c«d)Klso« San«lreoeo4oCaí4#ifQArt 
tír'tíh m LuiduMK Loa ajntonM 
edasiialieos nos haf^toAnsmlU* 
do nqus csialii d#^ Ireooo^ en qnp 
dice que TiiéMdteoifNila de Saa 
eolieoirpoi é* inserta* ht Ksta) dé 
lofl^obispos de Romiadesde Ptedro 
á. Gefisrino^ Téogasef ealéndkto 
qooesla earta se bost.'ba' trans- 
mitido por el oQndiMfto^ de- lof 
Ustofliadores.eelasiástíeoft. Eo^ 
tontea vii&la« TartaHano^ eéiebro 
ptm sus. aaeHtoa y. por su^ elo>** 
etiente apolojáii del: cristianla^ 
mo, aunqne al fia adoptó taa o- 
pintones erróneas, de Montana* 
Después de^Cefdrlaó, fué San 
Gallsto obispo do Roma» y sa^ 
frió la OMiérteide* los santos. El 
Wstoriador Segor^ dice ifueidu^ 
rente la adnúnistraeton (loestia 
papa» se construyeron loa. pviw 
meros templos cristianos en Ra^ 
ma; pero nosotros se^oimos nua 
bien el parecer de Platina, qqe 
dice: Scrioe Dámaso, ehe qum^ 
poftí^ke ediHeaeu ta ba$iti(>a4i 
nootn Sigmoru in TratUoere. Ma 
non crederei to, che foue quetla. 



aomnlgase al menos ona vea al 1 oke hoggi ooit cetebrs, e majmi- 
4AOj proíbió^qneniogott obispo, 1 fieai^diamospoi cAa to quel tea^- 



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f9t -^WfMíkL ? - 



éfpier /d pi% lOU^dn^. £^rí6t 
éktn Dimtna; fira Mtt ^9tl(í^e «^ 
Uficóia igU^aéentM&^íkño^ 
ra, nm$ tlM M fV*rt^>íro j^é 

$UUtmwiéfi4fim\^ pprqu$ en üí-- 

Mi cfimicMoíMíM fttt cnpittiu, f 
ioia$$^éréíü$y e^tmdUku, ff dt^ 
lünofiámeme^ifi^nfd ietktr^. 
• ^gii0 Sm Crteoe^ ia eojr^ 
{idntificfiloiMda dioe ta» tiistoHt; 
«inb que ifosde <iqMl • ItemfMs 7« 
se fué jiBftMiyrado la«eoeillM 
7 la pobi^at Wdm^kWí^ pu^stai 
-¥á8oi s^adóf^íias pateiiQftf i«s 
4émpÉréi del templo, 711 no eram 
damaterlas^ do6precii6te8, ímo 
4e oro y plala> y algiiftts de les- 
4iio» eono se ri» ed^^l cotiei* 
^Tribiiríe&ie« A UrtaftO'fiígittó 
Cofieiaiie.M «cual fufé éeiterrt*^ 
4ú p^r Mak^shÉífto. £l mi2ime| 
-prinoífiíD eoodi&iró i muerta é 
•&(D Andero, 'ateoeactt* de Paaeít^- 
«>• Bi^piK» aigm SaD ^airiaoiti 
I «que ocupó la isüla oaá^rie afiot: 
^aBvióáSaiiAiooiáio á PérísíuS^ 
- jr 'á San Suturttifié i-^olost» y 
i^riórel raaíiinoseaik peiittMir 
^i0D<te Decio^^aoivtoletott» i|iie 
ae pudo iiontlu«r)\pafiQ ^M | 



iciaaMude.lÍo«etpw Héi^ai graui 
ÍEUBtí»4pupai 7(4 4uíe»* idioe^SAai 
Cipriano ni Mfo - pariiit«i^> M 

^^Mfniu iiamr^ «ift&r«r te#i¿^> 
M^JU, anti^-mN^ NovaeMoo .£#6 
pfMawido iagun,£«49hi^ pM 
Malgaetu ptíilaMoa laksiopoia Mm 
8iiii#, rÜScealrato^ Unbanp^ Sh 
díMia^ .ttacifie, CM^aü y o- 
Iroa 8iu<íllQt».:«^. la: dtgaidad d» 
<A»iapo.d« &<MM, deíQlf raiBdo iHH 
U 4« «lemistod idp Cometió» 
Este es el pi^Muer YQnkadir9i 
cMoafUfe dividió la igMa. La 
eéledra poiHíficHtaé vio ya ea^ 
saugreAtata 4 . al «mismo üem'pa 
k de;(¡aa(agQ>l(»^«&ia«ibteo .púr 
GtpcíaBiiY fifo^alo) de#de eotoar 
cease'^ñrierCAá cafiaad^opiniot 
lies Pídte«Llas/lgteiiaa.c(mU*a íglB^ 
aias,obiapos M&tra ofcisp<»9> ei 
África scoDtM ^S^ma , y Aoaia 
i:«utnasí misrma^ e«Qáildaios.coQ^ 
ira esúándaii^y p^r éitioio^ 
«i;giiUo y 4a yiok«sia ^índ\ %9^ 
^uerío del SeAiM". BeipMes dv 
4|iiiaic^ mesfs^ Saa GoDaetio eo»r 
iduyóeaeloadaíso* . 

Sao JUicÁo quA te «^eaplan^ 
ifo^ prím^ii^P .d:eM«ra4p, l|amá^ 
muto despve^^ y ea segakU lo 
opo^eaaroQ A OMei^e «nqiáddov. 
{k f I^oellQ'i^iiíii ppoiíüqe.cU*eá 



éieziseif me»es.« . r. Li . ^ . |^i(»f>4rcAmi9ie»yi tres^dií;^, Sm 



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BEL BAJO- 

S8tev«D,'fa sucesor, svfríó la 
Hiisma suerte, é igualmente Sis- 
lo II. En este tiempo corta- 
ron en Afriea la cabeza á Son 
Cipriano. 

San Dionisio^ celebrado per 
tu erudición, j San FéKz, fue- 
ron^ papas; el uno durante seis 
afios, dos nieses y cuatro días, j 
él otro cuatro años, tres meses 
y quince días ; los dos fueron 
martirizados. Bajo el pontificado 
de au sucesor San Euliquianó> 
«e verificó la xruel persecución 
de Aureliano, y la herejia de los 
nantqneos se 'esparció por el 
mundo. Estos herejes, «demás 
de otros errores *introduoian dos 
sustancias , una buena y otra 
mala, y decian que las almas se 
derivaban de Dios como de una 
fuente. Aceptaban en parte el 
nuevo teslamenlo y deseetMban 
del todo<ei antiguo. 

San Cayo*ocupó doce aios la 
silla romana; y bajo su poBtifica- 
do^ cortaron la cabeza en S87 á 
San Dionisio^ primer obispo de 
Baria. 

-San MarceUtto fué eleéto pre* 
fectode Roma en 296, bajo el 
reinado do»Dío€leci«fio. El -«dic- 
to de este emperador que destro- 
j6 taotos^temples, derramó tan- 
ta sangre, y entregéá las llamas 
lentos libros ^6aotes,'lüzo dar á 
nqoella época el nombre de om 

Toam xiii. 



MPBBIO. 181 

de los mártires. Esta comenzó 
en 304; y el rigor de aquella lar- 
ga persecución obligó á los cris* 
tianos á dejar vacante la silla ro- 
mana durante cuatro años. En 
308 fué eiejido San Marcelo: á 
este sucedieron San Eusebio, y 
después San Molquiades. En su 
pontificado arboló Constantino 
el estandarte de la cruz, triunfó 
de Macsencioy se apoderó de 
Roma. Sau Silvestre^ sucesor da 
Melquíades, gobernó la iglesia 
veintiún años, ^ vio nacer la be* 
rejía de Arrio. 

Foreste tapido bosquejo,' ve- 
mos que debemos á la tradición 
solamente algunas nociones so- 
bre la historia del establecimien- 
to del cristianismo. En el pvímer 
siglo, los autores profanos nada 
dicen de una secta nueva que 
quizá ignoraban ellos mismos; 
las persecuciones que empeza- 
ron en el reinado de Bominj- 
eiano no han permitido que les 
aetosde Jos primeros sucesores 
de los apóstoles lleguen basta 
niikstros dias. 

Las reseias mas ciertas datátf 
I desde el momento en que el cris* 
tianismo^ bastante esparcido pa- 
ra escitar la curiosidad de los fi- 
lósofos, la atención de los majis- 
4rados y elzelo de los pontífices, 
fué atacado por los unos y per- 
seguido por los otros* Pikrece que 
24 



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186 



BI8T01U 



de lodos los escritores de este 
tieoipo, Celso faé el que escribió 
mss encaroizadameDte contra 
la relijion cristiana. Quadrato* 
que sacedlo á San Dionisio el 
Areopajita , obispo de Atenas, 
rospondié á Celso, y enelaftol2t 
presentó su apolojfa del cristia* 
nismoal emperador Adriano. 

Secta drl paraclsto. — En 
esta época, una nueva secta, na- 
cida en el Oriente, ponto en don- 
de han nacido otras muchas, to- 
maba sobrado imperio sobre las 
imajínaciones ardientes, y au- 
mentaba la confusión de las ideas 
que entonces se ienian sobre la 
relijion cristiana. Los gnósticos 
óiiuminados, mezclando los prin- 
cipios del Evanjelio, los de Zo- 
roastro y Pitágoras con los siste- 
mas seductores de Platón, preten« 
dian que Dios, ola perfección in- 
finita, á quien nombraban tam-^ 
bien paracleto^ era un océano de 
luces, del cual sallan continua- 
mente emanaciones á cpie daban 
el nombre de eone$. Estos eones, 
masó menos perfectos según quo 
se alejaban mas ó menos de su 
fuente divina, formaban una es- 
cala graduada desde el espíritu 
eterno hasta la materia bruta, 
desde la luz á las tinieblas. Los 
buenos y malos jenios, los espí- 
ritus celestes, los astros, los pro- 
fetas y los hombres iluminados 



poruña ciencia üvina^eraneones 
y eran mas perfe nos cnanto mas 
se desprendían de la materia pa- 
ra acercarse al espíritu, y cuan- 
to mas sureptibtes se hallaban as- 
cendiendo por esta escala miste- 
riosa para gozar del verdadero 
bien, conocer la verdad, y aun 
entraren comunicación con los 
seres intermedios, es decir, coa 
los espíritus. 

Muchos filósofos paganos, pía** 
ra sostener á sus dioses, ya des* 
acreditados y puestos en rídfcu-^ 
lo por Luciano, adqiHaron las fi* 
bula« 4e Alejandría y pretendie*» 
ron que estas divinidades del O- 
limpo eran eones. 

Un gran número de cristianos 
estraviados adoptaron una parte 
de este sistema, y todos aban- 
donándose á los estravíos de so 
imajinacion , se dividieron en 
muchas escuelas diferentes. Los 
montañistas no vieron en Jesu- 
cristo mas quo un eon. 

Los maniqoeos, como ya he- 
mos dicho, admitiun dos princi- 
pios, el del bien y el del mal, 
haciéndose la guerra eterna* 
mente. 

Los valentintanos confundían 
e\ Yerbo del Evanjelio con el de 
Platón: acusábase á g/an parte 
de los gnósticos, cuyas r^nio-»» 
nes nocturnas y misteriosas se 
llamaban agape$,de que se entre* 



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ML BAJO mrEaio. 



gabaoálti flMi peraiciosM 80- 
perttkioMty y de renovar las es- 
eaiNUIoses proeÜlQcioMS de Iss 
WeeMlet; y como eoloneesla 
opiBioa péblíca »o hacia dislin- 
eiom oiaguBa entre todas estas 
sectas ■uevas, loa crístiaoos se 
Tleroo á mesado coofundidos 
COD les ihmiiiados, y sus Juotas 
reHJioaas fneruo tratadas con el 
odio y el desprecio qoe inspira- 
ban Us reuaiiHies perniciosas de 
loa gnósticos. 

Cnaodo Aoteaino ocupó el 
trono, la naoral del Evanjelío 
ae Tió defendida y disculpada 
por San Jastino<enel afto 150. 
Befóte todas eüM cdlannias, 
coya falsedad edtaba demostrada 
maa evidenteaMnte por la sen- 
cillei,9a Mbiluria y la virtud 
de los que baMan «braxado k 
té de Jesoerislo. 

La igleda cristiana podia en- 
tonces defenderse mas glorio*- 
sámente con loa ejemploa que 
con los escritos; pura como lo 
son todas las instituciones cerca 
de su orijen^ ei lujo y la corrup- 
ción aun no se babian introdu* 
cido en ella .^Utos primeros cris- 
tianos^ pobres^ bumildes, lelo- 



187 



perfecta flloaofia^ como eran en 
opinión de sus hermanos mode- 
l<»s de santidad. Por eso» á pesar 
déla costumbre de la supers- 
ticioo y el temor de los supli- 
cios, aquel culto austero que 
proscribía tan rigorosamente to- 
dos los goces mundanos, adqui* 
ría incesantemente parlidartis 
nuevos, pues tanta admiración 
causaban unos hombres que en 
un si^ de depravación coiñer* 
vahan costumbres puras, y que 
enmedio de una época de de* 
cadencia y deservidumtMre, guar- 
dando una heroica libertad, o- 
ponian tantas vifiud<» i los vi- 
-cioi, tanta dulxura al odio, y un 
'Valor tan Irme á la lirania. 

Las armas de una bríilante e- 

4ocuenqia no tardaron en venir 

ial socorro del cristianismo per- 

-seguido. Tertuliano y Orljenes 

/lomaron 4a defensa de esta re- 

lijion, y con numerosos escritos ' 

"se esforzaron enpvoberia pureza 

"de loa principios y la -verdad de 

los hechos en ^ue ^estaba fun- 

«dada. 

Ordenes 'ílevó el velo hasta el 
7ana4tsmo mas imbécil, y se cas« 
4ró^ara^estar mas cierto de do- 



ios, y caritativos, no conocían ^mar sus ipasienas. Este estravío 



otras pasiones que el amolde 



ufué 'Condenado por U iglesia. 



Dios y del prójimo, y debían^- 1 Teitotiane, arrastrado por una 
parecerá los ojos de sus mismos I imajioaden ardiente, concluyó 
enomigos, modelos de la mas | por caer en el error de los mon- 



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188 



mSTOMIA 



tanidtas. Coo y otro^ entusiastas 
de Platón, habían adoptado gran 
parte de sus opiniones. En los 
escritos de Tertulianose encuen- 
tra gran copia de argumentos 
para establecer la sucesión de 
los obispos en las principales 
iglesias desde los apóstoles. 

Oríjenes hizo un inmenso tra- 
bajó para <!omparar y conciliar 
todas las verdiones de la Escri- 
tura: una de sus obras mas nota- 
bles, según dicen los historiado- 
res eclesiásticos, fué la refuta- 
ción del libro de Celso. San Gre- 
gorio Taumatu^^o fué discípulo 
de Oríjenes. 

Desde el segundo siglo ya la 
faistoria.de la iglesia tiene algu- 
nos documentos cierto^ para i- 
lustrar su marcha; y desj^ues de 
haber buscado con trabajo la 
terdad enmedio del silencio de 
los contemporáneos, y á la in- 
cierta y dudosa luz de las tra- 
. Alciones , se encuentra de re- 
pente arrojada en la confusión 
de las sectas, de las lierejías, 
y en un tropel de contro?er^ 
sias, cuya sutileza metafísica es* 
tft tan lejos de la sencillez evan* 
jéiica. 

Cuadro de las discoiyas, cau- 
sadas POR los ciüMAS. — - Las 
discordias, frecuentemente san- 
grientas, producidas por estos 
diferentes cismas^ forman una 



triste parte del amdro qu^ det 
hemos trazar. Admiraremos lof 
principios puros drun culto, cu» 
yos ministros debían ser pobreiv 
y deploraremos los errores y las 
pasiones que turbaron la paz da 
la iglesia. 

Las luces mas puras se alteraír 
por las debiUdudes humanas; f 
semejante á la repébiica de &Q« 
ma, la iglesia crisliuia se C(H 
rrompió luego que sus con*** 
quistas le dieron el imperio del 
mundo. 

Los primeros cristianos no 
ambicionaban otros tesoros y on» 
ñores que el cíelo; sus diferen- 
tes oomuoidadet, sometidas á 
reglas sencillas y de una fácil 
ejecución, estaban gobernadaft 
por sacerdotes y diáconos. Lo& 
sucesores de los apóstales que 
las presidian, tomaron en segui-* 
da el título 4e obispos: adminis- 
traban los SiBcranientos, mante-t 
Hian la disciplina, arreglaban la& 
ceremonias, consagrabaQ.los mi-, 
nistros, dirijian los fondos del 
común y juzgaban como arbitros, 
las diferencias que los fieles no 
querían someter á la^ tribuna- 
les de los idólutras. 

Como los jenlU^s, es decir, los, 
habitantes; de las naciones es«, 
traajeras á la Judea, compusie- 
ron bien pronto la m.ayoría dé- 
los cristianos^ casaron de seguir 



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ML BAfO MfCRlO. 



189 



I» ley 4^ Mokés, j d^pties <le It 
dispersioo ito loft Jtidios» bajo el 
reiB«do de Adriaao, coneinye- 
roD de mirar como herejes ¿loi 
crisliaDos que^ coa el nombre 
de na%ar&no$, contínuabaa si- 
guíeodo la ley Judaica. 

Cada congregacioQ cristiana 
elejia su obispo. Ai fio del se- 
gundo 8iglo> habiéndose multi- 
plicado los cristianos» formaron 
sínodos provinciales, .cuya idea 
acaso la hablan tomado de los 
anfictiones y de la liga aquea. 
Este establecimiento aumentó 
el poder de los obispos. Jos cna^ 
les se limitaban al principio k 
ecsortaciones fraternales-, pero 
bien pronto la necesidad del or- 
den, y mucho mas la ambtcioa 
de las riquezas^ les hicieron con- 
traer la costumbre de mandar, 
y á poco se les oyó decir desea- 
^ redámente, como á San Cipria- 
no, que /05 príncipes y los ma- 
jistrkdos, solo iienen un dominio 
pasajero, mieniras que la autor i* 
dad episcopal viene de Dios y se 
estiende sobre este mundo y el 
otro. 

Elección de un jbfe de la 
iglesia, llamado papa. — la co- 
' munidad de bienes se oponía al 
proselitismo, y hubo que renun- 
ciar áella. La necesidad de arre* 
glar una administración que se 
estendia diariamente^ estableció 



la Jerarquía.. La igowMad, qoé 
pretendían los sacerdotes áts^ 
apareció anteóla potencia eplsco^* 
palv esta cedió' la preemineneta 
á los metropolitanos, y casi todos 
reconocieron por su Jefe al obis- 
po de Roma, como sucesor de 
San Podro, á qiiien después se a- 
trtbuyó esclusivatnente el nom- 
bredepeg^a. Pero esta supremacía 
nO'Se estableció sio ostáculos; 
resistiéronla á menudo y con 
Justicia en África y en Asia; 
porque así en los negocios del 
cielo como en los de la tierra, 
se ha vi&tuy se verá siempre re* 
novarse el eterno combate de 
la república y de la monar- 
quía. 

El sacriQcio obsoluto que los 
ñeles estaban obligados á ha- - 
cer de sus bienes, se redujo al 
diezmo y á las ofrendas-, — e- 
lernus granjerias del clero hasta 
ea los siglos que hemos alcan- 
zado! 

La escomunion. — Severamente 
atenta al sosten de la fé, cada so- 
ciedad relijíosa separaba de su 
comunión á los que cometían 
crímenes, que no fuecon p(»cos, 
ó á los que profesaban principios 
contrarios á la doctrina y á la 
moral cristianas. El escomulga- 
do no tenia parte en las ceremo* 
nías, sacramentos ni limosnas, y 
todos evitaban su presencia. La 



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190 



BVTOKIA 



reconeiliackm era mas Ó oieDoa 
difieílj según latdifereotesreglas 
recibidas en tada pais« En^Graia- 
cía obtenia on apóstata sn per-^' 



don despMsde eineo aflesde pe* 
niteneia: en Bspafta no era ah* 
suelto sino en el articolo de la 
muerte. 



Wm DBL TOMO náaHOTBRCBBO. 



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HniDIKCX 



I« LOS LIBROS, capítulos T MATBBIAS 



COHTEinDOS EX UTB VOLUMEH. 



CONTINUA EL LIBRO DUODÉCIMO. 



CAP. y. — ronnoBaicioiiEs soBst la anuioii i» tt^ mcvumt. • pá}. 5 

Cap. vi. — Mujeres rocuatiai» suf trajet y adornoa.-— Gobierao.—- 
GraBil«'i majiilradot. — La caestura.— Cuesto ra de la clodad.— - 
Cuestores proiriociales.— Edilidad. —Ediles plebeyos. — Edites cón- 
sules. — Pretara. — Pretor supremo. — Consolado. — Procónsolea. 
— Propretores. — Procuestor. — Dictador. — El claYO sagrado. — 
Msjistrados intermedios. — LejislacioOt leyes, plebiscitoa, senatoscon- 
sultos, edictos y decretos. — Patronos y clientes, noblesa^ triunfo, co- 
ronas y onores militares • • ••...• 19 

Cap. Vil. -^Oradores, su infloencia, modo de darse á conocer y de 
llegar 4 los empleos. — Gobierno esterior* — Municipios. — Coló* 
niat, etc. — Ca«amipnto. — Ceremonias relijioass.— Viudas. — Divor* 
cío. — Anfiteatro. — Combates diversos. — Juegos florales. — Teatro, 
decorarioues. ^.. •... 63, 

CAP. VIII. — Calendario^ — ASo. — Mes, sa división. — Horaa.— 

Principales fiestas del año, etc 91 

CAP. IX. — Traje viril. — Comidas. — Manumisión de loscsclaTOS.— • 
Casa» de campo. — Jardiues. — Huerta». — Frotas. — Legnm- 
lires, etc. -»-B(i1os<— Monedas de oro, de plata, de brJnce, reales ó 
imaj'nar ias. — Litn rías. -» Bellas artes.^- Ciencias. — Astronomía*-^ 
Jeometria. — Jt-o^rafia. — Historia natural. . • • ...•••••• 105 

CAP. X. — Procedimiento ciiminal. — Comicios. — Defensores. — ' 
Condenas. — Jurisprudencia criminal y salas de justicia.— Empleo 
del tiempo de un romano rico. .-> Placeres públicos ó particulares. — 
Funerales. — Pira. — Sepulcro 125 

CAP. XI. — Ceremonias relijionas. — Sacrificios. — Interior de un tem- 
plo. -— Victimas. —Nacimiento de nn nido, nombres, edocacion. — -> 
O>nc^usion« • «.«..• 14^ 



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LIBRO «ECIliOTERCERO. 

CAPITULO PRIMERO. — Cndn» M imperio ronmiio en sa tenec* 
lad^-^DfeiC)rüicdo«i dcslaKberlad pdr*C6i»sUtttino.^-'FAi(kdtNi del 
despotismo,— V Traslación de U silla del imperio á ConsUnlinopla. — 
Primens discordias ectesiátitras. — Secta de los eircumeelümes. <^- 
Edictoa de Constaotioo. — Gavrra entre Constantino y Licinio.— 
Maullas del Hebro^ Crisópolts.-^ Abolición del pdHeismo. — Dea- 
tórdenea en el imperio, ocasionados por loa cortesanos. — Herejia en 
B¡ipto, escitada por Arrío. -^ Sectas \Ael sincretismo, de losesenios y 
^' loa terapeutas. — Coltnmbres de losesenios. — Costumbres d^ los 
terapeutas.— Establecimiento det ctiH*anismo. — Cansas del odio de 
ios romanos toñtra el rriabnismo.—^Caida del politeísmo. •■->- Pri- 
meros obispos de Roma. — San Pedro no estuvo en Roma. — Se la 
del Paracleto.— Cuadro de las •iisrordias rausa<l'«s fior los cis.nas — 
Elección de un jefe de la iglesia, llamado Papa — \»n rscomuniun. — 
Morai del cristianismo. — ISarimietito del ai rianismo. — Esfne rsa^ 
de Cottátantino para establecer Va f'aa en la f^lesii. — CnnriHo |e«»e- 
ral de Nicea. -^ Aboticiou de ios combates de lot gladiadores. — Des- 
cubrimiento del sepulcro de CriMo. — ^'fundación de Consiantinopb. 
—Dedicación d^ Consta ntíiiopla á la Vírjen.-^InstltudoBfs de 
Constantino. — Victoria de ConsUnüno el jóren contra loa godos. — 
Muerte infame del filósofo Sopátero. — Primer establecimiento de 
los bárbaros en el imperio. — Nacimiento de Juliano» llamado él 
-^apóstata. — Panejirico sospechoso de Constantino. — Rep%Himíento 
del iibperio entre lot hijos tle Constantino. — Nuevas disensiones 
de la igfesia. — Triunfo y murrle de Arrio. — Ley sobre la jurisdic- 
-don episcopal. -^Muerte de Coostantioo. . , (lS2 




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TOMO XIV. 



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VIRO. 



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POailADA P&IVdPAUnilTB 
CON LAS 0BBA8 DB IM CBLEBRES SSC11T0EB8 

EL CONDE DE SEGUR, ANQUETIL Y LESA6B, 

roa 

U. MILLOT, MCLL^B, CHATE&.irBBUin», BOWOBT, tBIUS, OCUOT, 
60AT , MIOULET , MieNET , K0BBBT80H , HODIBB, IfOBTBSQCIBU, 
BOLLIir, MAVIAKA, HlfiAITA, 80LIS, TOBBRO, MABLUM, MUHABL etC. 

JOMUUKtKt 

coiT um •míssozQ'SíÁJsw miO(Bi¡íf£jiwú hubicvbiisaIi. 

OBBA COMPILADA 
BA#0 IiA J»imSCCION 4>B 

i MARTÍNEZ DEL ROtffiRO, 

ISianSOO *DB ^AftfAS SOCtlDABBf ARTÍÍTlCAf T UnaAUáiy 
^ AfllOlláLBS T^BMlálIfSBAl. 

I — legM 






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Ofidiyi del BaUbledmitiiAo Cmüní, fallí 4t 
Atocha 9 AáoK 65, eaaalo priaciptl. 



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— ===== 11 ' ' I ■■ ■ ' I ■ . I.. — ^ 

CONCUSIÓN DEB.GAPITULOPillBICBa) 



Me 



LoBAL BE& ClUTUlll81IO.~¥a- 

Btmente te bufcará M lotaoa- 
les del mondo no modelo mes ra- 
ro de virtod como de nuMral y de 
aosteridad, qoe el que ae ofreció 
á la admlraeioo de los hombres 
por los primeros cristianos. Lo 
qne particularmente los disüo- 
goia era ooa virtod sna¥e> tier- 
na y activa qoe los llevaba á, cui- 
dar á los eofermos, á socorrer 
á los pobres, á coosolar á los dea* 
graciados, á amar á todos los 
hombres, aon á'sos mismos per** 
aeguidores, y á mirarse todos 
como iguales y como hermanos. 
Este último punto fué la verda- 
dera causa de la mina del impe- 
rio romano^ y ante ejila no tienen 



ton gran poder las que presenta 
el presidente Afdntesqnieu. 

En laa escuelas de fiiosofia n»? 
dase veta que diese una justa 
idea de este amorá' la bumani* 
dad, y de> esta benevolencia u^ 
niversal que llaman caridad loa 
cristianos. Los antiguos filósofos, 
admirables en sus preceptos pa- 
ra enseftar la Justicia, para pres- 
cribir la temperancia, para au- 
mentar la fuerza y para aconse- 
jar la moderación, casi siempre 
sedirijian al espíritu^ pero los 
apóstoles hablaban al corazón. 
Zenoo, Platón y Sócrates solo 
unían á los hombres por los lazos 
del deber; el Evanjelio los a- 
nia por los del amor. Con esta 



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6 



HISTOIIA 



virtud conquistó el criátianisiuo 
el universo. Las pompas Jos tro- 
feos, la riqueta^ el poder y los 
deleites del pagaDísmo desapa- 
recieron á la voz del D((»s btrn* 
dadoso que dijo á los hombres: 
amadypériorlad. 

Para gobernar á los primeros 
cristianos, los obispos no tuvie- 
ron por muehotietfipo que em- 
plear mas fuena qte la del e- 
jemplo^, p^o el poder, la talque- 
za y la niofície afteraton las 'eos- 
lumbres del clero; y pocos cris- 
tiaivos, mtry pocos en verdad, 
resistieruti á los errores y á la 
depravación de un siglo corrom* 
pido, todo en él imperio roma- 
no ptfrtteipeba de sti d^cadencfiH; 
y negro y otiroroso seHa el bos- 
quejo que trazásemos sf riése- 
mos á eRuraeriir los desórdenes 
escendaiosos que aflijian á la 1- 
glesiá, Y ctiya eaüsa ^tribiMa el 
obispo Eusiebio ¿ su a<ere^eit««-> 
miento, 'k su Idjo y á su prospe- 
ridad. 

En este estado He poder ^as- 
cendl^te y de decreciente pure- 
za^ 'encontró Constantino la ^{^ 
glesia^'cristients'y supo aprove* 
chUirse debías veiHajas que le o- 
freefti para asegurarse Híil 'impe- 
rio delH»undo. 

Después de su victoria, el de- 
seo de dominar aumeoló el ar- 
^r de las sectas, que basta en- 



tonces solo hablan combatido 
puede decirse ocultamente. Vein* 
te aftos antes, uno de los obis- 
pos de la Tebaida, llamado Jlle- 
tecio, convencido de haber be- 
tho sacrificios á los fdolos, ha- 
bla sido depuesto per Pedro, o- 
liispo de Alejandría, 

NACilnBErto del aeriaicismo. 
— -ín el Ejlpto y en muchos 
paises del Oriente habla :sucedi- 
do al ^inetetUmo el sistema de 
tleltion'éetlMieUnno. Los par- 
tidarios de este sistema se creían 
*ton derecho de escojer en cada 
doctrina 'tlosóflea ó relijiosa 
lo que mas agradaba á sa^maji* 
nacioo> y 4a mayor parte hacían 
en su creeneia «na mezcla es- 
•ravagante de ^ristiaorismo^ de 
•platonismo y pitagorismo. Los 
f acidarlos de Melecio no des- 
atentaron 'oin -sa condena, fis- 
lenéióse eate cisma, y bien pron • 
•to 80 vio marchar 'tras de sns 
'hoeUas á un hombre elocaaale 
y ai^bicioscj: era Arrio. 

Como al principio apareciese 
^dispuesto á arrepentirse de sus 
'orrores. Aquilas, obispo de Ale* 
^andría, lo resiableeiá en sn eo* 
munion ; pero sus verdaderos 
'Sentimientos no tarütiron en nm- 
nifestarse. El sncesor de Aquilas, 
llamado Aiej/indro, en una ins- 
truecion dinji<la a sa clero, ha- 
biendo hablado de la coofurmt- 



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Mt BAM nmio. 



M dt rattancia 4M actisle m- 
tre DhM y JetacrUto, Arrio, que 
iMMa adopUdo aigoatt optaüo- 
nal de loa gnóMicoa, aeoióairavi- 
damante á ao obispo da liarajte» 
nagó la divinidad da JaMarlato, 
y daclaró péiriieaofteato qM al 



como él, la combatfaa no sola* 
manta eon satilacai poarilas sino 
con odio y aoearniaamianto. Así 
al arrianisasadasde- so aparición 
difidia todas laa fáoiilias, ajita- 
ba lodaa las cijDdadas>.eada plaza 
púMicaí so traosforaiaba ya aa 



hijo, alando anjandrado^ kablalaKoalaidataolojía, ya aa teatro 



sido sacado da la nada, y no po* 
diatener una snslancia eonfor- 
ne á la de so padre. 

La eloenencla da Arrio arras- 
tró á mochos cristianos ^ y le 
procoiró entre los sacerdotaa y 
loa obispos nn gran, número de 
partidarios. Nacido anmedio de 
loa desiertos de la Libia, so Jenio 
tenia todo el fnego de aqnel cli- 
ma abrasador; inatmido por loa 
libros de los antigoos flidsofos, 
JAntaba la sutileza griega al ca- 
lor africano-, so piedad aparente 
ocnitaba so ambición, y ana ha- 
mildad afectada disfrazaba sa aa« 
dada: tal lo repredaotan los es- 
critores ortodocsbs de aqnel tiem* 
po. Todos dicen que la iglesia no 
tuvo un enemigo mas formi- 
dable. 

El pueblo y los sacerdotes le 
saguian en tropel, y las mujeres 
sobre todo^ arrebatadas por el 
fuego de sos palabras, abrazaban 
su causa con pasión. Esta ^ secta 
ae esparció rápidamente en Ejip- 
to. Siria y Palestina. Los adver- 
sarios dé Arrio tan furibundos 



de discoidla^y may á meando en 
un campo da batalla, aa donde so 
degollaban ea onra; y gloria da 
unos cnantoa snbterfojios esco« 
lásticos. 

Un concitia de cien obispos, 
convocado en Alejandría, esco- 
mulgó á Arrio, y á los obispos 
Teonas y Segundo. Esta senten* 
cia eseító quejas violentas; En- 
sebio, obispo de Nicomedis, qui* 
soecsijirde Alejandro, que lo era 
de Alejandría^ el restablecimien* 
to de Arrio en su comunión, y 
Constancia, hermana del empe- 
rador, apoyó su solicitud. 

Arrio, desterrado de Alejan- 
dria, se vio acojido favorable- 
mente por otro Ensebio, obtopo 
de Cesárea, célebre por su po^^ 
deren la corte. En fin, un con- 
cilio convocado por ios dos Eu^ 
sebios en Nicomedia, se declaró 
por las opiniones de Arrio, y los 
padres que componían aquella 
asamblea, escribieron en favor 
del beresiarca á todos los obis- 
pos del imperio. 

ESFCBUOSOBGOXSTAHTIRO PA- 



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9 



«ITMU 



HA lM']«lBLBCn<IJi»AZ'C1lLA10LE« 

8IA. — CodsínoUdo^ qae diestra* 
meote se babia apruvecfaado de 
las lendeociasTeliJiosasdeHiem- 
po para afiroaar su pertor y ha- 
cer la preaperiiad del imperio, 
reiA con desasosiego las misera- 
bles disputas que alterabau el 
^rdeo; y*eon la esperanza de re- 
oDír los áiimos^ afeó á ano y 
furo partido sus vaciedades y sus 
eoestiones imotublés, como de- 
cía, piara el espíritu humlino. Cs- 
las sutilezas no le parecían esen- 
ciales á larelijioD^ y como según 
sus priüoípios nodebian destruir 
ia unión ^átiana, invitaba á ca- 
da uno á guardar para sí sus o- 
-piniones/y á dejarse de disputas 
bestiales sobre objetos misterio- 
eos que nuneU tnmprenderi Iñ 
razón humana. ¥ como hombre 
-que eriteodia sus iritenases, eseri* 
bía lo siguiente á los principales 
tnmdiMos de aquellas seiKas ban- 
•dertas: ^«Ynmos : dejadme que 
•disfrilto tas ntifches con reposo, 
»y de los dios se.re nos. ¿Dónde 
i»ba)laré descanso si siempre os 
•estáis despedacando? yo desea- 
i>ba ir ni Orienle, y^vuestras tor- 
«upes disputas me cierran el ca- 
«mino'/reconciHaes ptira volver- 
»meloíi abrir.» * 

La respuesta á*este escrito fué 
otro diluvio de discusiones so- 
mbre la época'en que debía cele- 



brarse la Patena. El ya nieaeio^ 
nado Osio, obispo de Córdoba, 
encargado de varias carias y ór- 
denes del emperador, hiao va- 
tios esfuerzos para restablecer 
la paz. 

Reanióae. «a noe^o conciUa 
eft Alejandría, pero la acrímo* 
nía de loa partidos, imposibilitó 
toda cenoiliacíoír; y cemo se cre« 
yó que el emperador se inclina*, 
baé favor de h^ adversarios de 
Arrio,, el furor de los sectarios 
se aumentó hasta el ponto que 
en muchas ciudades destrozares 
y Tompierott laaestiiuiia de este 
príncipe. 

Algunos cortaaioos, como ya 
hemos dicho en otro paraje, de* 
nanciaron coa calor este atenta- 
do á fin de escitar la ira deCott- 
tantino^ pero este llevándose la 
mano al rostro decia: f/e no tn» 
>6Ítnio herido) que equivalía á de- 
cir se le daba muy poco de aquel 
procedimiento: y estas palabras 
repetidas en toJo el imperio im* 
pusíeronel respeto á los faccio* 
sos, y el siieocio á 4os adule* 
dores» 

£ntretanla el emperador^ 4 
quieoya cuusat>4in estas dispu- 
tas y cuya prolongaeion amena- 
zaba á la tranquilidad pública, 
convocó ufmreuci lio <jenerál en 
Nicea de UitiJHa. 

£u esta épiíea fué cuando ü- 



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DBL BATO 

qvk\ príncipe publicó muchas 
leyes sabias para auoienlar la 
autoridad paternal, arreglar la 
emancipación de Ion menores, 
y reprimir ios escesos de la usu- 
ra, tan grandes, que en dinero 
era el interés un doce por ciento, 
y en jéneros un cincuenta. 

Si, respecto á este punto, las 
costumbres públicas estaban bas- 
tante relajadas, los obispos por 
* su parte se mostraban demasia- 
do seberos, miraban todo inte- 
rés como una usura ; su zelo, 
mas ardiente que ilustrado, les 
' impedía ver que proibir á los 
prestamistas toda ganancia, era 
dar un golpe mortal al créilito y 
el comercio. 

Concilio jeneital db ihcba.--^ 
En el año 325, abrió su sesión el 
concilio de Nicea-, y era la pri- 
mera vez que se ve(a á Ib iglesia 
'entera reunida. A pesar de lo 
que dejamos referido en la páji* 
na 87 del tomo XII da esta his- 
toria, sobre este concilio, trata- 
remos aq«i' el punto con BlguuB 
tnasesieasion. 

'jiquella 'Sesion ofreció á las 
miradas del mundo la reunión 
de un gran námcro de prelados, 
respetables por sus virtudes, cé- 
lebres por sus talentos, y cuyo 
valor relijioso lo habrán proba- 
do, sufriendo los dolores del po- 
tro y el tormento; uno de ellos. 



IMPBRIO. 9 

Pafnucio, que administraba una 
diócesis de la Tebaida, llevaba 
sobre su frente una cicatriz, se- 
íial de la espada do los verdugos. 
Al verle Constantino, se acercó 
á él con estudiado respeto, y be* 
só, mus política que devotamen- 
te, aquella cicatriz. Al pbso que 
ignoraba las fatales consecuen- 
cias de tan piadosa y finjida eS' 
terioridad, no^previa que la am- 
bición se ensoberbecería con a* 
quel omenaje tributado por el 
poder, no al sacerdocio, sino á 
las miras de una a(!brtada polí- 
tica. Contábanse solamente en 
aquella asamblea díezísiete o- 
bispos arríanos. El mas terrible 
adversario de Arrio, fué un Jo- 
ven sacerdote, llamado Atana- 
sio, discípulo del obispóle Ale- 
jandría^ fiestinado este Átana- 
sio por la suerte á ejecutar uñ 
papel brillante en las deplora- 
bles querellas reJjjiosas, habló 
desde el primer discurso con 
tanto calor, que asombró, según 
dicen les historiadores eclesiás- 
cos, á losarrianos, ¿ ki corte y 
ai concilio. 

Rodeado el emperailor de to- 
dos los pontífices cristianos, se 
Yió asaltado por una multitud 
de peticiones y escritos, que con* 
tenian muchas quejas y acusa-, 
clones recíprocas hechas uno^ 
contra otros por los obispos de 
2 



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10 



mSTOBlÁ 



todas las* iglesias del imperio. 
Despaes de haberse eolerado de 
ellas^ convocó á aquellos prela- 
dos y les dijo: «Emplazo la de- 
vcision de todas vuestras quejas 
•para un día delermioado^y este 
»será el dia del juicio fioal. 
«Dioses vuestro único juez; á 
»mí no me toca fallar en seme* 
«jante causa. Vosotros no tenéis 
»mas que un deber, llenadlo; 
»este consiste en vivir sin me- 
i»recer censura y sin acusar á 
j^vueslro prójimo. Greedme: i- 
umitad á la bondad divina, olvi- 
»dad y perdonad.» Y al mismo 
tiempo arrojó al fuego los libe- 
los y añadió: «No hagamos pú- 
•bliéas las torpezas de los mi- 
)»uistros de lu relijion, no es- 
ncandaiicemos al pueblo, y au- 
•tort^émos eon esto sus desor- 
vdenes.» 

Abrióse el concilio el dia en 
que se celebraba la fiesta del 
apóstol San Juan. Arrio sostuvo 
sus opiniones con la valentía y 
destreza que le eran propias; 
y Atanasio las combatió con en- 
carnizamiento. Como no se es^ 
críbieron todas las actas de este 
concilio, la historia no nos ha 
transmitido los detalles de aquel 
famoso proceso, que si venta- 
jas ningunas reportaban á la 
literatura, hubieran convenido 
mucho pan probar Ja intoleran* 



cia y el fanatismo de la mayor 
parte de los teólogos. Solo se 
ha conservado la profesión de 
fé, los cánones y las cartas si- 
nódicas que en él se redactaron. 
La última sesión se tuvo en el 
palacio del eonperador. Parece 
que Oslo, acompañado de dos 
legados, presidió la asamblea en 
nombre del* papa Silvestre. 
Constantino se presentó sin guar- 
dias, y dijo al concilio: 

«Pontífices de la iglesia cris* 
•tiana: mis votos están cumplí- 
»dos; después Je los favores que 
»he recibido del cielo^ el que 
amas vivamente deseaba , era 
nveros á todos reunidos cerca 
»de mt, y en buena armonía. 
»He destruido con guerra abier- 
»ta, á la tiranía aue os persi- 
aguió. Triunfemos hoy de ese 
njénio del mal que trabaja en 
nnuestra destrucción, con arti- 
•ficios y una guerra intestina. 
nVencedorde mis enemigos, es- 
aperaba no dirijir al autor de 
«mis victorias, sino los votos de 
ala gratitud. La noticiado vues- 
»tras discordias relijiosas, me 
•causó el dolor mas profundo, y 
nos he reunido á todos para acá- 
abar con esta división, que es el * 
amas funesto de los azotes. Vos- 
aotros que os llamáis ministros 
vdeun Dios de paz, haced que 
arenazca el iaspírita de caridad^ 



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DEL BAIO 

vqoe dt'.beis inspirar á los demás 
nfleles: sofocad todas las semi- 
nllas del odio; consolidad vues- 
vtra unión. Esta será la ofrenda 
urnas a(;radable á vueslro Dios, 
»y el onienaje mas dulce que po- 
üdeis tiacer á vuestro príncipe.» 

Los historiadores eclesiásticos 
dicen que Arrio presentó ai 
concilio una profesión de fé ar- 
iifictosamenle redactada» con el 
designio de eludir mas bien' que 
resolver la dificultad; pero sus 
adversarios burlaron aquella su- 
tileza proponiendo se declara- 
se que Jesucristo era constMían- 
ciat é $u padre. Esta declaración 
precisa no admití» subterfujios-, 
redactóse la fórmula que la fir- 
maron la mayoría de los padres, 
y que casi todes los arríanos la 
desecharon. Algunos se sometie- 
ron solamente ppr temor mas 
bien qae por convicción á la de- 
cisión del concilio. Ensebio de 
Cesárea fué de este número; pe- 
ro no tardaron en sublevarse 
contra aquella fórmula, dicíen- 
do que ia palabra consustancial 
no significaba mas que semejan* 
te y no conforme en $mt€ncifa. 
El concilio escomulgó á los di- 
sidentes. 

¡ Qué revolacioB repentina en 
las opiniones, en los ánimos y 
en las costumbres ! El imperio 
romano parece ofrecer á núes* 



uirBRio. 11 

tra vista sorprendida otro pais 
y otros hombres. Abandonan se 
las realidades de la tierra para 
lanzarse á las nubes y á las re- 
jiones misteriosas del cielo con 
el frenesí y el desvarío. La su- 
tileza escolástica remplaza á la 
fuerza , las opiniones suceden 
á los intereses verdaderos-, y ya 
no es la política sino la metafí- 
sica quien gobierna el mundo. 
Todo en las ideas se presenta á 
la vez ecsaltado, oscurecido, 
embrollado; ya la historia no 
nos transmite mas que largos dis- 
cursos y peroratas soñolientas so- 
bre misterios que nadie penetra 
ni penetrará, en lugar de grandes 
acciones^ y la espada de la pala- 
bra de los distintos partidarios 
queda levantada, mientras que 
Ja de la victoria, embotándose 
cada día, deja el imperio entre- 
gado sin defensa á la codicia de 
los bárbaros, que se curaban 
poco de Us querellas de la so- 
tana. 

Por otra decisión se estable- 
ció que la fiesta de Pascua se 
celebraría en todas partes se- 
gún el uso d« la iglesia de Occi- . 
dente. 

Melecio probó la índuljencia 
del concilio, pues le permitie- 
ron ejercer las funciones epis- 
copales. Ocupáronse en seguida 
de otra secta^ y era la de los pu-*» 



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12 



HIStOBIA 



ros ó novaciaoos, los cuales afir- 
maban que solo Dios tenia el po- 
der de absolver. Atacando de 
esta muñera en lo vivo el interés 
fundamental de los sacerdotes 
y el poder de la iglesia, querían 
privarla del derecho y de la fa- 
cultad de atar por el anatema, y 
de desatar por la solución. En 
Vano quisieron atraerlos á lá o- 
piuion recibida; reusaron todo 
acomodamiento y fueron esco- 
mulgados; pero lo que particu- 
larmente hizo célebre á este 
primer concilio ecuménico, es 
decir nniversal, fué la profesión 
de fé que en él se redactó, y que 
aun sirve hoy de. regla á la igle- 
sia romana. 

Cerrado el concilio, se vol- 
vieron iQdos los obispos á sus 
diócesis. Se habían mantenido 
en su viaje, y durante su man- 
sión en Nicea, á costa del tesoro 
imperial. Constantino escribió á 
todas las iglesíasde Ejiptoersor- 
tándolas á que se adiriesea á 
la fé de Nicea, y trató con rigor 
á los obispos que se conservaron 
tenaces en su oposición. Ensebio 
de Nicomedia y Teógnís de Ni- 
cea fueron desterrados á las Ga- 
llas. 

Habiendo muerto el obispo 
de Alejandría, fué elejido suce- 
sor Atanasío^ que procuró en va- 
no sustraerse por la fuga á la e- 



leccion. Su episcopridodaró cua- 
renta y seis años. Su xeip tenaz, 
su altiva austeridad, firmeza y 
elocuencia, le hicieron célebre. 
Estuvo desterrado cinco veces, y 
muchas corrió peligro de morir. 

Abolición de los combates de 
LOS GLADIADORES.— Constautino, 
volvió á Roma y abolió por una 
ley los combates de los gladiado- 
res, tan contrarios al espíritu del 
cristianismo. Proibióá losjena- 
raies y oficiales ecsijir del pue* 
blo víveres y dinero. Reprimió 
con sabias leyes las pasiones de 
los otros, y no supo contener las 
suyas. En este mismo tiempo 
mandó matar á su hijo Crispo, 
falsamente acusado de un amor 
incestuoso; y cuando conoció la 
verdad le vengó con otro cri- 
men-, hizo morir ásu mujer Faus- 
ta, que babia sido la acusadora: 
y atormentado de un arrepenti- 
miento tardío erijió al inocente 
uua estatuada plata con la ca- 
beza de oro, con esta inscripción 
en la frente: «Este es mi hijo, 
^injustamente condenado.» 

Los romanos, cuyo carácter 
turbulento babia sobrevivido i 
la ruina de su libertad, se valle* 
ron de estos dos actos sanguina- 
rios para manifestar su odio á OQ 
príncipe enemigo de sus dioses 
y de sus espectáculos. En Roma 
insultaron á Gonstaütiao^ y aiin- 



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DEL lUIO IMPERIO. 



11 



qae los cortoMDOS le ecsortaroa 
á enviar las tropas contra el pue- 
blo, tomó el partido mas pru- 
dente de mostrarse superior é 
insensible á la ofensa; pero la 
herida quedó abierta en su co^ 
raion. Salió para liiria y aban- 
donó á Boma por siempre. 

Descubrimiento del repulo t# 
DE jHsiXRi&To. — Bajo el eonsula- 
. do de Constancio y de Mácsimo, 
la princesa Elena, madre del 
emperador, de edad de setenta 
y nueve años> se cuenta que en- 
contrándose entonces en Pales- 
tina, se dirijió á ierusalen y vi- 
sitó el Calvario, en don !e los 
paganos hablan hecho un tem- 



eruz. SI esta mentir» es verdad, 
no dejó de tier una profana- 
ción del buen Constantino^ Ele- 
na murió poco después: su ca- 
dáver fué trasportado á Roma 
y colocado en on sepulcro de 
pórQdo. Constantino* mandó e« 
rijirie una estatua, y dio su nom- 
bre á la ciudad de Drepano, que 
edificaba, á la sazón ea Bilioía. 
Siempre constante en su piedad 
filial, hizo grabar el nombre de 
su madre en las monedas. En el 
consulüdp de Januarío y Justo, 
el emperador, llamada de nue« 
vo á los campamentos por h au- 
dacia de los bárbaros, batió á 
los sármatas, jermanos y godos; 



pío consagrado á Venus. La his- y después de haberlos vencido, 
toria eclesiástica refiere, y noa- volvió á comenzar con mas te- 



otrus no salimos garantes de e^- 
la verdad, de que aquella prin- 
cesa, indignada, hizo derribar 
las estatuas de la diosa, destruir 
las murallas, y que en los ci- 
mientos descubrió el sepulcro 
de Jesucristo, su cruz y la de 
los dos ladrones que hablan pe- 
recido á su lado. Añádese que 
Constantino mandó á Draciliar 
no, gobernador de Palestina^ e- 
dificar un templo en aquel, lugar 
con la advocación del Santo Se- 
pulcro. 

Cuéntase también que el em- 
perador, colocó en su yelmo los 
clavos que se hallaron en la 



nacidad que nunca la guerra que 
había declarado á los templos de 
la idolatría. 

Habiendo sabido que en Pa- 
lestina, alrededor de la encina 
de Alambré, en el lugar en que 
se ha supuesto que Abraham 
fué visitado. por los aójeles, se 
veian algunas cristianos, mez- 
clados con los sectarios de mu- 
chos reiijíones diferentes, con- 
fundir sus coitos y sacrificar á 
los ídolos, proibió esta relijion 
y fundó una iglesia en aquel pa- 
raje. 

Hacia algunos años que el 
cristianismo estendia sus raices 



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II 



HISTORIA 



en Etiopia por el zelo de algunos 
liombres ardientes que se ha- 
bían marchado al desierto» rou- 
rbosporvaganchi, y la mayor 
pirrte porqtre baWan qui^^rnlo 
buir de los tiranos, del espectá- 
culo de la decadenrda de Roma 
y del contajio de un siglo co- 
rrompido. Estos fervorosos sec- 
tarios de las virtudes antiguas y 
de la moral de la relíjion nueva, 
foeqpn los primeros ermitaños. 
La persecutíon de Diocleciano 
multiplicó su número; reunié- 
ronle y pbbtaron de monaste- 
rios varios puntos del África: 
los de San AAtonio y de San Pa- 
cqmio, fueron los mas famosos, 
^s decir, adondetcudieron ma- 
yor iiiimero de vago!». La sepa- 
racioiren que sebattab<j(iile las 
poblaciones, aumentaba la ve- 
neración del vulgo; y los pue- 
blos, acostumbrados por el po- 
Nteismoá no dudar de los pro- 
dijios, creían est'úpidamente en 
todos losittilagros que atribulan 
á su poltronería, llamada santi- 
dad por los^^iempre candidos 
escritores ascéticos. 

Fundación pe con^tantino- 
PLA. — ^ (329) Irritado Constan- 
tino contra Roma porque le lla- 
maban tafamc Weron, ejecutó 
-el gran proyecto, 'que el odio 
' mas bien que la política le babia 
dictado. En ei año 329 echó eo 



Btzancjo los fundamentos de 
Qoa nueva ciudad (I), llamán- 
^dola Constantinopla; y los tra- 
bajos se hicieron con tanta ac- 
tividad, que en poco mas de oo 
'año estuvieron ya concluidos. 

£sta ciudad famosa , antigua 
colonia de Itlegara, babia sido 
fundada por Bizas,%58 años antes 
defesucristo. Primero libre, so- 
metida sucesivamente á los per- 
sas, lacedemonios, atenienses^ 
macedonios y sirios, obtuvo de 
los romanos el derecho de go- 
bernarse por sus leyes propias. 
Severo la sitió, tomó y casi a* 
rruinó en la guerra contra Pes- 
cennio: apenas estaba reedifica- 
da^ cuando fealienola desnian- 
teló: los bérulos la ^quearon. 
^icinio estaMecíóen ella el cen- 
tro de sus fuerzas. San Andrés 
fué el primero que predicó el 
ISvanjelio enesta ciudad. 

Constantino, sepretesto de o-, 
cupar una posición mas venta- 
Josa para defender ei amperio 
""contra los sármatas, los godos y 
ios persas, ')iero animado real- 
mente de un odio^rotando con- 
tra Roma, resolvió llevar á la 



(i) Téngase prefnle lo que soHrt 
esU miterii hemos dicho en la péjU 
na 89 del tomo XII, que eutoncea tu- 
viínof necesidid de in.vrtar p<trque ni 
convenía. 



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DEL BAJO IHFRIIIO. 



15 



extremidad de las Tronteras el ( 
centro de vida y de actividad 
del imperio romano. Hizo de 
Bizancio su capital, estendió su 
reciato y lo, llenó de soberbios 
monomentos. 

Biao construir alK un capito-> 
lio y dos curias magníQcas pa- 
ra el senado: construyó acue- 
ductos y una plaza llamada au- 
gustion , rodeada de colum- 
nas y arcos dorados, con mu- 
chas estatuas y un milano de 
oro« En el centro de la ciudad 
se hizo un plaza circular y her- 
mosísima , llamada el taton de 
Comtantino, enmedio de la cual 
se elevaba una columna de por* 
fido, arrancada de Roma, que 
servia de base á la estatua del 
emperador. Esta era la misma 
de Apolo que se habla encontrar 
do en Ilion coronada de rayos 
de luz. En su base se encerró 
parte de la Cruz que se supuso 
descubierta por Santa Elena. El 
fanatismo y la superstición se a- 
provecbaron de e^te cuento pa- 
ra burlarse de los hombres cré- 
dulos, vendiéndoles por astillas 
de la Cruz de nuestro Redentor 
cualquier palitroque; siendo lo 
mas ésira&o que la iglesia haya 
santificado esta piadosa super- 
xberia con la bendición del lla- 
* mado/ígnumcrticíi^ que dicen 
que crece. 



Nada ig^ahha, ni ann tn Ro- 
ma, á la ma/nidcencia del pala- 
cio imperial de Bizancio, que se 
elevaba sobre la orilHi del mar 
en el sitio en donde hoy está el 
set rallo, y parecía dominar al 
Asia y á la Europa.. 

Enmedio de la sala det trono, 
donde brillaban el o^árn^l, el 
oro y la púrpura , se levantalxi 
una gran cruz enriquecida de 
pedrerins. 4polo I^ítico, las Mu- 
sas de Helicona y los tr{po<les de 
Delfo^, robados á sus desiertos 
templos» servían de ornamentos: 
la curiosidad acudía á admirar 
los despojos de la idolatría en el 
palacio de la soberbia. 

Edificáronse-en Bizancio, co- 
mo era consiguiente, mas igle- 
sias que casas; pero la principal 
y la mas grandiosa fué la de San- 
ta Sofía, que es ahora la mez- 
quita principal de losotomanos. 
Para aten lera la salubridad 
de la nueva ciudad, no menos 
que á su magníQtencia, se cons- 
truyeron vastas cloacas, seme- 
jantes á las de Roma, que des- 
aguaban en el mar. Impaciente 
Constantino por dar á su capital 
el mayor esplendor^ concedió, 
cdmo ya hemos dicho, grandes 
privilejios á los que fuesen á po- 
blaila; y por un decreto que á 
la verdad no concuerda con ese 
espíritu de cristiana política, qcto 



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16 



HISTORIA 



suponen «o t\ bijo úx^ Santa Ele» 
na, privó del derecho de testar 
á todos tos propietarios de tie- 
rras en Asia l^ue lio poseyesen 
ningunalcasa c?ti ConiHiniinnpla. 
Bi^n pronto ta nue'va tn^^ital 
eclipsó á la antigua; pero si la 
superó en poder, lo fué tamblten 
en 5ef?idmnbre. Itoma, que ha- 
bía creado sus príncipes, se tía- 
bia visto sietnpre respetada por 
ellos; Conslantinopla al contra- 
rio^ quedebiósu ccsistencia á los 
emperadores, los miró como sus 
dueños; bajó la tabeza f calló 
como calla eteschvo. Derechos, 
intereses, todo se mudó : los 
pueblos llegihron á s)sr propiedad 
y patrimonio de los monarcas, y 
ios partidarios de Cristo que 
predicaban '^ta^ignaldad, sancio- 
naron Han falai procedírnteoto. 
£1 lenguaje se alteró como ^1 
pensamiento; ya las palabras no 
tuvieron ta mismasigniOcaCionf 
ya ta virtud no consintió en el 
amor "de la ''patrta , en la inde- 
pendencia y eYi las leyes; el oni^r 
no estuvo ya en la fidelidad á 
*t08 príncipes , sino en la ^er- 
>í! * adeMon. La'^ciega 't)bedien<i- 
•cia á la iglesia y la 'sunrision 
■ «I ^troeo formaron todo el cfr- 
/cdIo ^e los deberes; el md- 
, g' rea ^ilé mirado ''Como el solo 
'-representante del estado: todos 
toa perreceres, opinle jes y dere- 



chos debieron concentrarse y 
confundirse en su persona^ y por 
estas nuevas reglas de moral y 
de política Juzgó la historia, du- 
rante muchos^iglos, los caracte- 
res y las acciones de los hom- 
bres en las monarquías mo- 
dernas. 

DBDICAaOlf DB "COÑSTANTIIIO- 

ifhk A^LA vn^Eí^. — Roma habia 
sido consa^grada á Marte; el em- 
perador, en el año 330, bajo 'el 
consalado de Galicano y de Sim- 
maco, hizo la dedicación de Cons* 
tantinopta, consagrándola á la 
Vírjen; procedimiento que ere* 
yó ne(5esarío á*sus fines. 

Los gastos prodijiosos ocasio- 
nados por la traslación Je la si- 
lla del imperio, y por la funda- 
ción de ona nuera Roma; obli- 
^ron á €ofishintiDO á oprimür ér 
los pueblos con espantosas con- 
tri bucioopes, que echó sobre los 
mercaderes y artesanos, y basta 
sobre 'los mendigos y casas de 
prostitüCfou.'cEra conocer muy 
»mal los^aterescs del imperio, 
«dice al abate Mably^ edifioar 
»una nueva capital, cuando con 
«dificultad se conservaba la^nti- 
»gua; maigastar'suma^inmensés 
»en «na soberbia ciudad, mieo* 
«tras el imperio, agotado por to- 
ados los azotes que sufría, ape» 
»nas podía mantener los ejérci>- 

• lOS.M 



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VKL BAJO IMnÍMO. 



17 



CoA8UmttM|rfa Sé eseeptuó á* 
nicamente ée las contribacio- 
aes que pesaban sobre elimpe- 
rio^ y sosliabilaDtes no isvioron 
que pagar iápuesUM directos y 
parsoitaksi 

iNSTITVetOHtiS DE CONSTArTTlÜO. 

"^^Un ouevo senatio, liirniado^eB 
h capital del •rieoie/i pesar de 
los^raiides favores qu« ib1 'em- 
perador dispeUMba^ m pudo ob» 
leDor de la Aipiolon pábfica la 
coDsideFáclofi'jr el respeto qoe 
ae tríimiabaalqwDqiiedáen Ko- 
Bii^. fil pueblo uo dió á les seaa* 
dores bizaotioos mas que el tí- 
tolo de* e/ar»\ cuando los^onia- 
BOa se INiOMban ^eUtriuimi. To- 
4os los esfoerzos de la autoridad 
sobérasa^uefón impotentes pa- 
' ra borrar «esla difemneia man* 
tenida por -el poder de loi^re^ 
euerdos. 

4CI«aiperador, para aaegiirar 
Ia4ranquilidad de sos nuoMíro- 
aos enaltes en el*Mie?o orden de 
eosas-que creaba, «confió el ejer- 
cicio de su antdridad k coairo 
Jefes priáeipales, llamados pra- 
/eclas 4et ppetorie , é hizo en- 
tre ellos la oMsma disüooioja 
que Dioeleokno entre los cua- 
tro cesares; pero el sistema de 
Constantino estaba mejor «oa- 
cabido jr era menos peligroso» 
porqno estos empleos se re 



dividieron en diócesb: el Orien- 
te tenia cinco , Rafia tres y las 
GaHas otras tres. Los prefectos 
del pretorio eran superiores á 
todos los otros mnjistrados. En 
otro tiempo mandaban la guar- 
dia pretoriana; pero en el nuevo 
sistema su autoridad fué punu 
mente dvil, y el mando de las 
Ir jpas se confió á dos jeneráles, 
tiemados müeftros de tü milicia^ 

El emperador instituyó una 
nueva dignidad superior á la de 
prefecto, que fué la de patricia: 
mas solo le atribuyó grandes o- 
Bures síB funciones. Encargó á 
los duques (ducBs) la defensa de 
las fronteras , ^asignándoles tie- 
rras con el nombre de heh'B/icm^ 
que transmitían á sus herede- 
ros« Estos duques, después de 
gra&des servidos, obteniaB al- 
gunas veces el título de xondes 
(eimUú), que se miraba enton- 
ces eomo superior, y que. era 
propio de los ofieialea dé pala- 
cio. £1 nombre de conde era ao- 
tigao y dolaba del reinado de 
Augusto, pues á los senadores 
que aeompaftaban á este prínci- 
pe en sus viajes se les 4kmaba 
^mUiAugiuti. » 

Elfundador dei nuevo impe- 
rio conocía los hombres j ia do- 
pravacioQ de su siglo; sabia que 
los mmanos ya no 4eniaa aque- 



Toeaban. Los cuatro distritos te lia altirex propia del liombre U« 



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bre^ y q^e M^ les quédate la t que mos íTastanff r«%fM|» t» K« 
Taatdad^^uejaftla que produce tuertad se ba perdida. K1 troai>y 



aduladores y eoriesanoa. De«* 
pojando á \q& cíiidadanoa dé sus 
derecbq&j los recompeuid coa 
tíiulod pQuiposos^ y loa priiicU 
pales; persooajes del imperio se 
eoBSotariVl de la pérdida do su 
iodepejodeocia , viéudose trata- 
dos de referencia, de emnencia, 
de ^ro^daza y de magnificen- 

ci;a(l). 

Para maDieoerel respeto del 
poder absol^uto, necesita el prío- 
cipe lisoajear la vaoidad de los 
vasallos eo» coodecoraciooes y 
ciotajos^ y la gloria militar es la 

des fbut áé^u\$é$f 
Sooft fes risibles noms^ d* Eimntoce et 

d'AIlfsse,. 
Pensent f nfler leur étre ei bausser leur 

bassésse*. 
En Vsiil des iranités 1^ apparel^ noos 
. «ttppf^nd: 

Lü. oif rttU «ool égaax ;. leur iQMq«e 
. es* differead. 

Es el mmuAo u a gran baile en qoe mil 

locos, 
Bajo el disfpst rUbculo y pomposa 
De Eminencia f de Jlteza,, 
Bincbáii sa ser j cóstkan in baceta.. 
En Virio eí ostentoso^ 
Afiárato prooára sorprendemos» 
Ltfs bombres ton iguales : solaviente 
Stf máacart f disfrases dtíienaU« 



el aliar ^ háiise maocommado 
sienkpreparn.USunfar del. pua«» 
Mor el pritoeru Juveiiiarxlo ri-* 
díeula» denominacioQes, y saa* 
tificáudolas eisegundo. 
VicToau tm, gonstaütino rl 

JN$V6XC02CTHA EOS <30W>S.--(3.I¿) 

K\ emperador bizo de nuevo la 
((uerra contra ros godos. Su bi-^ 
jo Constan lino, (|ue mandaba ua 
cuerpo de eférctto , derrotó k 
cien mil de estos bárbaros, loa o* 
bligjú á pagar un tributo anual, 
y dar por reená Ariarico uno de 
sus príncipes. Hasta entonces 
babia creído conveniente el efii«» 
per^dor alejar de loa negocioa 
públicos á sus bermaiios; pero 
en 333» viendo sti poder eonso-^ 
lidado^ nombró oóosuly censor 
á DaloMcio, uno de ellos. La 
peste y el ambre desolaban eo* 
toncesel imperio. La solicitud 
activa y la liberalidad de Ck>Qa* 
tantino , aliviaron los padeei* 
mientoa del pueblo. 

MUERTR INFAME DBL. FILÓSOFO 

so^ATSRO.— En esta época llegó 
á lacortede Oriente eL ftiósofo 
So|;atero^ et cual querieodo re- 
formar las costumbres de la cor* 
te^ la cbusma de sotena le acosó 
de que atentaba al^istíaniamOf. 
y para desacerse de él. Je aupa* 
sierm entrega4o & la m&Jia, y 



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HEL BAjn» tSfPEMlO. 



1* 



con<^oiiieiiM«Dii el aiahW/ So- 
patera flifnidó «I emperador, y 
eflefavtyr des|>ert(S taínqnleinil 
aawrdbtal; el poebld, siempre 
ditptteslo al fanatismo, y mneho 
iMéeuandoeslá dirIjUlo pitras^ 
lotAt eiiQitithiS) estalló en mur^ 
nitiracioaea sedfcfosaj^, y Gons-j 
laMtinii, atemorixndf» de aquél 
HMivimienlo, sacrifica ttl filóso- 
fo fiara eooipltcer á ans enemi- 
gos, y le mandó corlar la cabe- 
za. HumíMe y mansa «s la reli- 
jiot qM predtró Jesacristo en 
•a saata- misión ; pero muchos 
iles«8 ministros merecen muy 
bien el aombre de verdugos. 

SI «mperader, cuyo celo a« 
gutjaban incesantemente los sa* 
eerdotes, no se limitaba á pelear 
foolra ios reyes enemigos de 
Boma;lMcia también eifuensos 
para alnmHos é su creenda, y 
con este On, iiacia cuantiosos 
regnloa ^ sus embajadores. in- 
formado de que Sapor^ rey de 
Pei^ki., maltrataba á 4os^ertsUa- 
iMi6/ le escribió en favor de ro- 
llos: #Cree^ lodeda/qoe^lem- 
aperador Valeriano se atrajo ^os 
tlMgas desgracias por perse- 
aguír á-loMidoraduresde Cristo; 
»y .que yo rn^debo mis -victorias 
asiuo 4 la protueeioa ^de -eite 
»Dias«»'£sloiMinitt«líu i *4ecif^ie 
quo 80 valiese de los^ristianos 
para aostennír la truaquíUdad, 



pues etiff hombres tiirbbtefatos 
que íKonif^n ilr agasaja r, toteo él 

Sm argumentos no produjo* ' 
ton efecto, pero loerólo^qoe de- 
seaba en ttaiido armas á • tos per^» 
^as, y quó4e pedit^m, rhas no tnr« 
dáVon en emplearlas contra él. 

Aquel afio no se señaló por 
ningún aconteelmiefttó. Cons- 
tante, el menor de kH hijos del 
emperador» recibió el titulo Ue 
César. Admirado Constantino^ se» 
gun cuenlaú sus aduladores pa- 
«ejiristas, de todos ios prodijios 
que se rererian del ermitafto 
Antonio^ le eseribió una ear« 
4a » manifeatándole- Ja «dmin- 
clon que le inspiraba la austeri- 
dad de su ▼ir4ud. üe ésta mane* 
ra con celo tan iiApoiiti¿o, con- 
tribuía enionca» aquel prÍMipe 
á alentar el fervor de los vagos, 
quoaeotttregabunáia vida as^ 
eétiea, abandonando los «ampos 
y las faenas públicas^ por irse á 
poblar los desiortM. 

Prnuna «TABLBciMiBirTO de 
<Los BAasAmos xn sl imfbiuo.— 
(334) Bste año nombró cónsules 
á Ludo Ranio y á Aconcio Opta« 
4o, qi^e liabían merecido la esti* 
laaolon pública como pretores y 
-edmoproeéttsuies* Paulino Au« 
«cío, célebre por su elotuoiieia y 
Toctitad,, obtuvo iamMon esta 
dignidad. 



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so 

Eotoocf» hubo OM gTM re- 
▼olucioD entre los bárbaros, cu- 
yas armas babiao ameDasado con 
mas frecaéncia las fronteras 
del imperio. Los godos^ obliga^ 
dos últimameote á bacer la paz 
coa los romanos, buscaron otro 
ceboá sn inquieta ambición; y 
bajo el m,ando 4e C^berico» su 
rey» marcharon contra los sár- 
matas» ios derrotaron completa- 
mente» y talaron su pais. Los 
vencidos^ ya sin espérenlas» ar- 
maron á sus esclavos» llamados 
tiwMíganies^ Estos > después de 
baber rechazado á loi godos. &e 
sirvteron^e su gran número» y 
del poder que les daba la ricio^ 
fia para vengar su pasada opre- 
sión contra sus señores. Despo- 
jaron á Iqs sármatas de sus f^ro- 
piedades^ y losol>ligaron á la fu-» 
ga. Trescientos mil sármatas vi- 
nieron á pedir asilo á C^astanÜ^ 
no^elcsúen vez de dispersar- 
los fK>r todas las provincias» co** 
metió la grande imprudencia do 
incorporarloa en sus tropas» y 
darles tierras en Tracia, Ibee- 
donia » y Paononia. Abrieodo 
paso de esie modo á los enemi» 
go's de Roma» preparó la ruioa 
del imperio. Aquellos bárbaros 
ain palria> consiguieron fkir las 
suplicas las posejiiones que du- 
rante mochos siglas no hablan 
podido conquistar por laa armas. 



¡ NAcmtirrro m uruéso^ ith* 

HADO IL APÓSTATA. •— Eu 33S 

nombró cónsul el emperador á . 
su segundo hern^ana Julio Coas- 
tnocto» Este jJ^ven haMa teni^. 
do de su primer matrimonia un 
hijo Mamado Galo; y habiendo 
después casadocon B(i41ina, ber- 
mao4i de Juliano, conde de Q- . 
riente, tuvo de ella ai famoso 
Juliano» ctmooidoeon'el nombre 
de Apvístata. 

PATiEiiaico sosKCHosonBceica*^ 
TAarTixo. — Por elojioe que tri- 
buten á Constantino los adula-» 
dures y fanáticos escritores de 
los primeros tiempoade la igle- 
sia» no deja su gkH*ia por esa de 
presentarse con muchas man^ 
chas. Los hechos hablan: sus ta» 
lentos políticos^ puestos en unn 
balanza» pesan mucho menos que 
sus faltas. «Con algunos talento» 
iHíMira la guerra» dice el abate 
»3sUbly^ que solo empleó par« 
«perder á sus enemigos particu-* 
i»lares> y no á los de los roma*» 
•nos», no tut^o ninguna cualidad 
•propia i^ra elgbMemo^ Jugue* 
%te ile sos ministros y (te sus 
•favoritos» que abusaban de su 
•debilidad^ no vio mas que lo 
•que elioa quisieron. Una in* 
•quietud natural te hácU obrar 
•coniinuamente» pero contínua- 
•mente sin fruto. Si parecia o^ 
acagad^ con grandes proyecto|> 



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MD lAW%|OTÍItll03 



n 



«bre presaataoto y vtAOi y lot 
BejMUlatMi niediaii«meale'0LiBio. 
»lipmbiepoHiioo« El cohítUmijó 
«mas-qii»* oftda.i.apfetainNr» b^ 

El emperador eeiebpé m* to^ 






HMYa capítol fl.tri|éalflM 

(1*4(0 Teiaa4<vWi* r^€l347i(f 

CM . aeite motivo Eiiaetito én Ca- 

sárea, su paaajirfeu, eaMlia»» 

virtuiLeaJiatUual cMo-.PefOHO 

panejirisia es rara ye2.bUloria«^ 

dar« Esie obiapo corleaancHlie^va 

el disimulo, aa. au^ bistosiay e« 

ciesiáslica, hasta, no habiar ai 

de Arrio, oí. d^ arriaoiankO; y 

basla uodeeirnada. del priucí* 

pal objeto del ceAcilio de lUcea, 

del cual bace una largib^de^crip-t 

cioQ ea la vida de Goaataotioo, 

y cuyo punto reduee á ia enea* 

tioo de la Pascua. No^es eatra&o 



»primiaiMiio4 déMlpi>.^M*a coo'*^ 
atentar su insaciable codicia, y 
lá Ia* hípoeresla' d#- k|s Cataos 
»critUaoos cyue^ enlMbí;»» en la 
aigiesistpara ganarse: so» ffioluQi- 
aiadi» No se eogal&ariii sobre 
Gonstanliiio^^a&adeeste juicio^ 
so abad, creyendo. todo- ei bien 
y todo^l mal 4^0 diceede Gons- 
toolioo*. 

No UaítánAoae'EoaeMo^' re^. ' 
pteseotar á Constantkio^ como 
yencedor de la idolatría,. coflii«-' 
para su^iokperia^obre-la.vtjerra 
con el imperio eterna de- Dios 
sobte el uaiv«rso| reconoae-quo 
tieoo unn* comuaicaetonv ioáae*- 
dieta ^eonJauliiTMiidad» y^ le ee«- 
sorteé manifestar á los^ flel^s 
les muchas apariciones en quo 
Jesucristo se babia^ mostmdo á 
sttsojos^ hace el elo¡|iomas*pom« 
pMis0i4Íe Stts virtudee y ei mas 



que este escritor baya comeéis- eesaj^radode sus azañas» Re* 



do esta Taita ínescusable». Los 
paganos han ridiculizadoáCons* 
tantino con la sátira, pero tam- 
bién nos parece una ecsajoracion. 
Según el joven Víctor, los diez 
primeros anos de su reinado fué 
,Qn gran principe, los diez si* 
guientes un salteador,, y los diez 
últimos un disipadm*. El misaso 
Ensebio confiesa, dice Fleury, 
«qne su sobrada facilidad. di6 
aenrao á dos grandes vicios, coal 
sera la violencia de loe ^oe o* 



vistiéndoto ^después de -la seve- 
ridad^piscopal, le ceeuerda lae 
máeeimas evanjólicaé, le iustru- 
ye>ie alaba y le engaAa á un 
misma tiempo-», y mezclando el 
estilo de la cátedra al de la cor- 
te; le prodiga sucesivamente li> 
sonjas y lecciones. 

lüi medio de U solemnidad de 
esie aaivei^ario^ un sacerdote, 
llevando la adulación al mas al- 
ta grado, y querieoda aparecer 
como ajttado de un espíritu pro- 



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n 



MstMTA 



fétieó, ^f«A}b al emperador <fae 
daapaea de traber retnodo Men 
en ealenniÉfÁo «ohre toa hom- 
bres, réiMHa en^el otfb al lado 
del ^ijo 4e 'Dios, «ftnsila vn (fe 
niiMflgiyaa «dolaMones» r«5í)mft- 
•diÓ^I'priodliMB^, yo H^ ueeMito 
tide Toesirós^et^ios.» 

€m$MíU«o;padfieó poiM^or 
ba^^ etotenees del ^itap^rio, *oo 
babla iéaido^ftiaa fedMofiMliue 
reprífliiri^e hi|i de aflgaii» aeíe- 
tark>»faDálicoa; perecí ¿io d8¿, 
«o ofiehil ^embieioao , 'ikmedti 
Caloeéro, ae alrevió á levlmlar 
«leslaDctoiile de la «rebelaos, y 
€00 'alganaa 'tropas qse imbia 
aedfiMdo, torpedero de 'Jaiaia 
^de'Gbip^e. £1 jóvea Dnimario, 
aobrkiu dei enperados veneió 
á eaie Mbelde,'te*ht2o pMMuoe- 
*ro, ^ abuaaudo cmolmeato de 
Idc vieioria lé ñaodó ^ueflwr 
víto. 

«BBFABTlMkBffTO ÚBL IMPSÜO 
BVTRfi'LOSXUOS DÍ^C0MeTA»TMO. 

-»«En esta época- fué, cmiodo 
CoQStauliDO , übaodoaaodo ^ei 
prttdei»le>aia4eiwa qtíe iiabia se* 
guído ba&U eoloDcea, cometíé 
^ei«Usnio^]ferrü4iue Dmeleckiio, 
y dividieDdoel i«ip(erio>a€eteró 
aa^ruiBa.*Uabieedo dado^eaiaDa- 
4ríiDoiiio éu bija ^Coiiatao4m»á 
Aoaibalfaocb ^au segiiodo ^er^ 
maiio, to buo rey «iei Pooio y 
4e Capadocia: Daluincíü gober- 



né eoh etmismd tftütbiíTrácía, 
Bacedonta y Gfecia^ Con«taiiei- 
no, *aa Mjo mayor, oMiito Uk 
^las, las'K^pafias'y ta Britan-' 
itta:'CoiiAaiHe, la TFIfrla y el A- 
írírjk: k Consta Acio, el ire}t«bdo 
'y el nus^fliado de los tres, dio 
e)fAdia/ta Siria y 1^ E}ípto,'Sa 
^faaia beMa ll^áo á las^ftre- 
iBüidadea^el niooSo: mochos re* 
fes ^e ia^nlla efirtalpoii « tk>na- 
^la^iittopla iBmbiJadories f re* 
ga'tos. 

^UKTIIÍS nf ^kflStOt 1^ 1t?Y L i ÍGLÉ- 

Sta. — Todo seaomeli^ á su po- 

iler , lÉMos 'Bl espíritu dedis- 
"cordia qaiedjitaba á la igteéía. 
%osstaitlriay -su berm'ana^ viuda 

de Licinio, liaMa 'eittregddo sa 
"^í^ttor i na 'saioierdfKe arríaoo, 

muy dfeflítro y sedoelor, y ^1 
'morir le reeomee36el empera- 
^r, s^bre el cual edquiridice 

breve 'iíeaapo tai escetidiente, 
i|iie te l^rauadió á «Izar el de^- 
'lierro á fetisebio de Nicom^dra^ 

á Teugata yal mismo Arrío. 

DBSTlBRttO T Mefiet£ DE SAM 

^TA.^sio* =» (337)4.0$ dos £«• 
'sabios^ 7* ios obispos de su parü- 
dn, apoyados con esta proiec;* 
'eion, resol vierott «fraiaar á $ab 
AlanasiOi.pero «atesado atacar- 
le 4aisi<Mroa destruir á so mas 
íimfte apoyo, A|ue ere Kaslatio, 
obispo de Autíoquía. Kagaftaa á 
este preiaiio con iaa^^ apariencias 



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di 1% umifttad 
iorutatea» invenun lo irAina»! 
vwlvett á ÁDiioquÍH» y tMKea.i 
fue se preieDle una eor|»$4m»i.. 
^6 eaa Onjídus ligrima» as#gQ« 
ra ser ile EaUOio al nifiu» que* 
llevaba w lot brMia.. Kl eomci^ 



OBt BAJO Hmttia. St 



de^>edeeiüíK pan^^A^ e) earácler 
éú 4i*te^4HMiU>re ^kabre^ ofrecía 
ipna m^itcla rara, ^duiíiu'a, y 
tenacidail. GDn la:Uiia:habhi.coa« 
svguidoi'íijar el je«t^veraáiil de 
los alejandrimia^ y <KioeiUlirse 



íif> depone al Mofado slnipierer I su arMU>; y^ erní la otre se< había 
oiHcr es4ik violeiioiaeseKa Krea | t)ielM>«es|ielar.ile sus^ parüda- 



tuiuuUo eo la ciudad; correo lo 
dos á las ariDaa;. y loedoapaTtt- 
doé eme ya estabao di s|Mftas|os. Ii 
d^gcilarse, solo se aplacaron por 
iulerposicioo de Acacio^ eoade 
de Qk^ieote. Eustatio^ llamado 
porCoostanlioo, fué á eoofuo- 
dir á Los imposlorev esloa Q9km* 
biaroo de armas» y preseolaroo 
falsos leslígos que le aeusaroa 
da haber injaríAdo eu oiro lieaa- 
poálAeiuperaUi¡^Eleoa..EI eiii« 
perador^ llevado de la prkaera 
iuformacioD y ciego de cólera, 
deslierra a Ealallo, y coocedi^i 
los arriaoos uo Iriuufocoaaple-* 
to. La muirle del obispo^ qoe 
sucuiubió poco después eo Tra* 
' cia á sus padecinüealoa^ Ubró á 
sus cuu Ira ríos de uu enemigo 
' foroiidable. 

Eusebio de Nicomedia sopo 
aprovecharse coo aclividad de 
la venlaja que. acabábale coa-* 
seguir su pacUdo^ y ití^Á del 
emperador que escrUwse <iua 
caria á Atauasio^ maudáiidol^ 
recibir á Arrío ea su cowunioOt 



nos y lemer de fus eBeipígos. 

Loa qu^abiao previsto. qi|e 
9u resíate9Ci»'esetlari»«tenoj<^ 
del eniperador, le acusadvoo de 
iMber f^Mfmudo «me rebelión ea 
Ejipioy profáQ#oda. los Kbroa 
saolps» usurpándola auAorídad 
soberaos > é HDpooiendo coa* 
Iribuciooes arbilrarias aJ pue^^ 
hlo de Alejandria. La aeusacioa 
del odio fué lan ioverosfmil» 
que la inocencia de Atanasio se 
reconoció siu diftcullad. 

Siie enemigos no se desálenla^ 
ron por esie revés. Al miaiiio 
tiempo desapareció Arsenioso*- 
bispi> de Uifwal» en la Tebaida^ 
y los meieeiaoos y arríanos acu** 
saroo á Alanasiode haberle he* 
cbo morir con operaciones má- 
íkas« Afirmabbn que le muliló 
anles de malaria^ y aun mostra« 
ban una manoque, según dndan» 
le bdbia cortado Alanasio> o- 
euUando su cuerpo de manera 
quenobobian podidoi ha liarlo* 

En vano los frailes de un con* 
ventor donde Arsenio se habia 



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fVNMMIÁ 



r4)llra4oi1i«c0r "tiaii pefíilMtv 
por álgiiD tienlpo» t^Bstiflcaron 
qúevivit: los anrtafios dijeron 
i}ue el fidpimsto jAir^irio erta tin 
hnpostor. 

Atanaslose prescrita )en Cohs- 
tatitíDOpla con una caita dé Ar<^ 
senio, én qw ie sttpfieabí ^m 
ferecibieseeo «a eomniif on, :fe 
Justifica, y calma poi* un mo- 
mento lahti del emperador. A- 
pacfgoanse las tarbalBDcias que 
causaba e^t« dlscotMa en Ule- 
jnndría; peroapenas Átanasio se 
Testituyóá esta tiudaS, loa dos 
Eusebios vuelven á sedudr á 
Constaotino, le persuaden que 
es ciertO'el crimen de Atanasio, 
7 flnjída la caria de Arsenio. 

El empenidiH*, sobradamente 
erédulo» aboadona al obbpo de 
Alejandría al juicio de su^ ene- 
migos, y le mandó H^ompatecer 
en un concilio celebrado en 9í* 
Hro,,y compuesto de obispos, casi 
todos arríanos, en presencia de 
Arquetan, eoüde de Oriente^ y 
del conde^Dionisio. 

Aenevóse alli la eseena de 
Eustatiür: una mujer impude«« 
4e se presentó 7 acosó á Ata^ 
4iaslo de -haberia robado «uo^ 
nestidad. Timoteo, presbítero a* 
lejandrinot, que «estalM sentado 
cerca de su obispo, 4e dijo>en al- 
U^ot: A¿¥ qu^ me acucas de 
jieaecrímen?a-^«Sí^ le respoa-^ 



ndfó inin Mn aflaman tuffoso: 
at'iieres quien has atropeHaOo 
ami onor.» 

üsta eqdivQieacion siogninr, 
qmiejustificabntanevidentemen* 
tt ü atusado, Heno Ue verg<iett^ 
za á sos enemigos, y escttó la ri- 
sa de loa condes y de los soMa* 
dos que estaban presentes. Sim 
embargo, los arríanos prosiguen 
en sn infame proyecto, le acosan 
por 'le mnefte de Arsenfo,y pre^ 
seiüan en el coMilio 1a mano 
ensangredladt de la ^upuestn 
^dtima. 

Atanásio» después de 'Un me^ 
menio de silencio, pregunta á 
los fneces si conocían á Arsenid: 
mncbos «responden qee lo han 
visto vai4as veces: entonces en- 
tra en el *aÍnod'o un hombre en- 
vuelto en ana gran capa. Atana^ 
sjo le descubre la cabeza, y pre - 
senta al verdadero Arsenio á los 
ojo» de todos:«cójele por el bra- 
co, quitándole el vestido que le 
oculta, y dicr: w Aquf está Arse* 
«nio vivo, con sus dos manos, 
«que son las que Diosle ba dado. 
i»Bigan aera mis acusadores don- 
ada ban bailado la tercera.» 

La justificación )&ra sin*ntpK^ 
ea; pero el odio, irritado p0v In 
evídeneia, pasé de la consteraa^ 
cion al furor: acásanie por má^ 
Jico y encantador, y se arrojan A 
él para matarlo^ y el conde Ar • 



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DEL BAJO 

queiao lo libertó difícilmente de 
sus manos. En fín,el concilio, 
violando todas Ins leyes divinas 
y humanas^ condena y depone íi 
AtanasiOj le proilic volverá A- 
lejandrÍQ, y Arsenio pone el col- 
mo á esta infamia , finnando 
también la sentencia. 

Empero no les bastaba con- 
denar ¿ AlNiíasio, si no hacían 
triunfará Arrio. El emperador, 
olvidando como muchos prínci- 
pes que un monarca deja de ser 
cabeza dci estado cuando se po- 
te al frente de un partido^ y 
que no le es posible defender los 
iatereses públicos cuando fiivo- 
r6ce les intereses privados, se- 
cundó el odio de los arríanos, y 
su parcia4idad prolongó las tur^ 
baciones de la iglesia. 

'£n este mismo tiempo se de- 
dicó con gran solemnidad, per 
orden del emperador, la iglesia 
del Sepulcro de Jerusalen. Todos 
los obispas y fieles que concu- 
rrieron á \ü ceremonia fueren 
manteaidas á costa del tesoro 
pública. Constantino convocó un 
concilio en aquella ciudad: mas 
para reunirlo, e&peró á que se 
bubíeseu ausentado casi lodos 
los obispos catolices. 

£n 61 se admitió la justifica- 
cien de Arrio, se le reintegró en 
sus fu nciui>es sacerdotales, y su 
invitó á ludus las iglesias á que 

TOMO XIV. 



ísiPEnio. "^ ^B 

le recibiesen en su comunión, y 
proscribiesen á Atanasio. ' 

El obispo de Alejandría, in- 
dignado de tan injustas perse- 
cuciones, fué á Gonstantínopla 
á implorar la protección del em- 
perador. Sus enemigos le impe- 
dían entrar en palacio; pero un 
dia que Constantino pasaba por 
la taludada caballo, se le pre- 
sentó Atanasto repentinamente."^ 
£1 emperador dispuesto contra 
él, é irr4tado, no quiso detener- 
se á oír su justíúcacioiiT el obis- 
po^ alzando la vo/^ le dijo con 
firmeza: «Sí me niegas justicia, 
»y no quieres oírme delante de 
»mis calumniadores, ye te cito 
Nante el tribunal del Señor.» ^ 
Constantino cede y consiente ea 
oírle. Justificóse fácilmente de 
las absurdas acusaciones de má- 
jía, homicidio é impiedad; pera 
los das Ensebios \e echaron en t. 
cara «u resistencia ai príncipe, 
le pintaron como un espíritu 
turbulento, y le acusaron de ha«-<^. 
ber monopolizado los granos de 
Ejipto para que escaseasen en 
Constantinopla. Las numerosos 
.partidarios que tenían en la cor- 
le apocaron i.'Sta delación, y el 
emperador seducido condenó á 
A^anasioy y le desterró á Tre- 
viros^ 

TaiuxFo Y uuektedij: ariuo. 
— Sus enemigos, aprovecUáu- 



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96 



HMTOHIA 



dofiedeesta ?ietarJa, conToea* 
ron UD coocilio eq Coostantíoo- 
pía, éinstaroD al emperador que 
depusiese á Atanaaio y le nom- 
brase un sucesor. Constantioo 
DO conainii^ en ello; pero acojió 
faitorablemenie á Arrio, dio <hr- 
den formal al obispo de Gons- 
t^olinopla para que le recibiese 
en su comunión, y le admitiese 
sin tardania á la de la Iglesia. 

Este, decreto completaba la 
Tictoría :del arríanismo. Eto- 
biipo AI^Qdro, cuando iba á 
ponerlo en ejecución, prosterna- 
do al pie de los abares, dicen 
los escritores católicos, pidió al 
Señor que libertase so iglesia de 
un beresiarca tan peligroso. Lle- 
gada la ora. Arrio atraviesa en 
triunfo Ia ciudad, seguido de 
una brillante comitiva; pero sin- 
tiendo repeatinamente un vío« 
lento dolor, se retiró á una casa, 
donde Je bailaron poco después 
sus amigos coo las entrañas fue- 
: ra del cuerpo, y nadando en san- 
gre. Lds católicos miraron este 
aeoDtecimiento como un mila- 
gro,, los arrianos como el efecto 
de un sortilejio, pero los hom- 
bres -sin superstición vieron e^ 
él un.asesinatode los, cristianos* 
Alejandro, mas animado por el 
espíritu de partido que por el 
del cristianismo, reunió el pue* 
blo, y dio solemnes gracias al 



Señor por la muerte rie su eM«* 
migo. Atanasii», perseguido, no 
encontró prote«*ri(Hi eo la eorte; 
pero san Antonio desde su de^ 
sierto escribió en su favor á 
Constantino; bien que inúilU 
mente. 

LEYSOBRBLAirftlSMCCIOSrBPIS* 

coiPAL. — Eustfb.o reAere que 
en este tiempo publicrt el empe« 
redor una ley que daba á loa o* 
bispos el derectto de juagar slii 
apelación* y mandaba 4 loa tri^ 
bunales diferir á los jueces %^ 
ciesiásticos todas las causas en 
que lo pidiese una de las partea^ 
aunque la oira lo repugnase. 
Algunos Jurisconsultos han 4u^ 
dado de la existencia de esta 
ley, sin embargo (de que loa eá* 
digos posteriores la insertan. 

Otro edicto, ineneusable en un 
siglo de corrupción, asimiló el 
adulterio al bomicídlQ, y lo so- 
metió á las mismas penas, con 
una escepoion muy contraria i 
la igualdad evanjélica, y era la 
de las taberneras, comediantes^ 
criadas foiujerea de los artesa*-, 
nos. «Ld severidad, de los jui* 
»cios, decia el decreto, no se he 
»becho para estas personas, que 
aporsu bajeza son indignes de 
»la atención délas leyes.» Otros 
decretos hacían el divorcio mas 
diflcilyraro, y proibiaoá todo 
funcionario público lejitimar los - 



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ML BAI^ WfMlO. 



27 



lúkM, refemlaiovaii, é que Im* 
bíMep coütiMiikla ea «I anfl- 
teatro* 

Miratrat ftoma fué vilrtA^^ 
aa te kaftaMnlaa toyaa ie las 
DoeeTaUaa: ooa^do ae corrom- 
pió hubo céd^poa aaoy vohiíttf- 
noaea y may ioútilea; qM in^ 
oaortaluaroD 4 aaa Tedactores 
ala pmloagar la ect^alMefa del 
li f er í^ A peaar 4e Umío el seto 
da GoiiiAaaUaa p&rM, la rafaroia 
de loa abusoa» ana a^Matosco- 
mattan taataa aaacMloaaa» y é¿ 
tropaUatett^fiaaMa^ eon taota^ 
codiaia, qae iaTitó por oa adic- 
to i ^odoalaaoiudadaamá pve* 
aaalariediractaaMQta aaa ifae- 
jaa^y aaaaaaaS á laafaaciaaa- 
rioa «00 la pérdida da 4a cafcaia» 
ai aaleapcobabaa aaa aaaeéioaea* 

Laapftaaai daade la vietarfa 
da Galario 7 ^laqMzda' IMaiaia^ 
ciaaa, datnlitadaa por at» da^ 
rrotaa^ ooae liaMaa.alaatidoi 
Tolver44aoiar láa am«; para 
la aoamialid qne raiMka entrar 
loa fdaa 4aBp«aioa atiamialMi q«a 
al aoaiaga «o diiáaia «acbo. 
Loa aaanigoa éa<iOaataatiflo e^ 
Taa<racihtdQalafarBblaaieote«aa 
Paraia, jr.loa 4aatarii4aé da^le 
paia ttraaprau|iéaaaa"la «ana 
dal eaiparadar.. 

filprlaaipe HoaaaMaa^ evya 
aHanaria balita «aAaadida á loa 



f riadaa ida ^aiala^'Mé^ ^fk^\Í6 ' 
del trono y puesto ea j^stortl 
^apdr, su barfÉano ménch-^ el- 
Üó la eoitMMÍ» muerto: so pñéte: • 
La aapoaa da flonirisda.s espó- 
nieada au üda por safta^ fa de * 
su eapoao^ corrompió á aaís gtiar. 
diaa, y le hizo fatrodocir en su 
calabocauani lima que empleó 
éa romper loa hierros para Ür 
hertaraa* aata* pdacipé atm-"; 
veso la Mrsia dMratádó'dé es* / 
«laro, y ?Sno á pedir hnr asilo 
al amperadar; *^ue te* Recibió 
cae aiagria» le admitió* ea ^u 
paléete, le ecsórtóá hatterae cris- " 
tiaoé, y le dio añ grado auperior 
en aaaajéreMos, esperando qiie 
an aambre formaría en 'Perdía 
un partida <#ósideritble;'jf de- 
biUtaria por la distorcKa civil 
aipwi «Impario, cuya eaáguiaiá 
madilaiMU ^ «k^- 

eataa «ibtiígaairritabáiPiSa- 
por, daaaoao por otra parte de 
l'aal^»er oa tratada tergaacoso: 
«t4BiaaÉa4iampoConstantinó'ra-' 
praadta al rey de Pérsiá porqiié ' 
«ara aaaariga^elos criáfiaaáa.4Pre¿ 
parados una y otro á ia guerra^ 
Sapor la 'declaró eO J37, y ea* 
criUóal emperador que no ae ' 
pedían avHar fas o^tífidades, si*' 
na derolfMudó las ciócb piró- 
viaeiaa que Naniéé Habla cedido 
á Dioclei^no; Constantino 1^^ 
replicó que irieu propio le- lie- 



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9St. .• 'RitraMA 

tuikjkií fefpneirta al frente de 
sos lájioáeiu . - 

Leí tropas de Sapor talabad 
jáíá Bfesopot^mía. Gonstáaticio 
reunió prantamente tu ejéreilo, 
y pasó & Nicoonedía^ donde eele* 
bró la. Pascua coo solemiiMad» 
mandando que seiloniioase el 
pueblQ 7 que se distribuyesen 
grandes Mniosaaa en todo elimr 
perio. Pronunció en sn palacio 
uq discurso sobre la inmortali- 
dad de^ aMna^iComo previendo 
su prócsima muerte* 

EmFUMKDAD y MCEftTB nSCONS", 

TAjfXiffo* — Pocos días después^ 
acometido de una enfermedad 
grave, b^scó ' aUvio. inútilmente 
en las aguas daHelenópolis^vel 



sUmqmnieilnmiiMU A fifs<ift^* 
Tientes que ^ledian al eteto prt^^ 
longMe;aQ vida, l<9 diJoyuCom* 
vpafieros: la vida en que voy &' 
•entrar, es ta verdadera: conbz- 
»co loa bienes que me esperan/ 
»y deseo v^dar el gremio del Se^ 
«fior.» MuQhe^ -sigfos despees,, 
se inventó, otra fábula groseK< 
como la anterior^ y fué deque 
haliia iide bautizado en Roma 
por $an SUvestM, y 4|ue sand 
de la lepra por el;bsiatismot pe* 
ro estaaauperdieríaa tenían por ' 
objeto bacer verosímil la dona»- 
CÍ4HI anpoesle de GMisteotinoáf 
la iglesia romansí, de lacafpitnl, ^ 
su territoriek y la.oosta de Italia* ( 
La rredaceien deesle.iabMrda- 



vióalcastíllQ de A^uiron^cerw^ doicnmenld es digna, del tiempo < 
cano^ Iticomedia, reunió, mu- 1 de igaiemneia en que /né for^-^ > 

da*. La donación ImcImí por Cons-^ * 
tantino á Silvestre» es una iiá* 



cbos obiapps» y.dic.en te&anplic^ 
que le bautizasen. El ya men-* 
clonado Ensebio deCesárea, ha- 
ce poner en boce de Gonslantt- 
na el tSigui^ttte discurso: vBste 
»§s e|>^ía que ye aoiksitaba ona 
yardQc:,ini.iqtepto era.lavarimis 
«pecados en el Jordan^> ciQFaa a*^ 
vguas consagró nuestra Salve- 
i»dor^ Dk^ me detiene^ y quiere 
»que/reQil)a aquí esta gracia.» 
T afiada^ que después de bauti* 
zado dijo: «Ya soy verdadera- 
sfnente. feliz y digna de: vida in« 
sinortaL ¡ Cuánta lástima tengo 
s& los, bombres privados de te 



postura^ qne todo historiedor ' 
debe estar eebando siempre en ' 
cara ¿ los embieiososeon tiara.' 
Sem^aiita' docomenie tiene^ la ' 
feehe del euarto eoosulado de 
CkMi^untino^ UJO'deOalieano^ - 
y el ennsttladoi no^^ecaiate.San 
Dámaso^ obispo de Roma en la* 
vida de San Silvestre m Mde * 
de semejaéte 'donación, pues 4* 
ser verdadtcrnaÉaos no la hnble^ • 
se omitido. Una. nMiltÜpl ^de* 
bembres célebres en la iglesia 
romana, entM los cuatesiee 



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ML BAJO «MMmO. 39 

eomitMi 4iifofitM, arroblspo ^ Moféeosles, rdatlAili^ettayer. 



FlorMfii», Batid) át Volleire, y 
JerdoHBO Cttittaa , la bao n^ 
tútíd^ BotlMipo ét Ale|ai»^ 
era yi;Otonv obispo de Frijttt* 
jes, é\ cardeoal Cusan, Loreoto^ 
Valle, Yatrido Romano, Frao* 
dscoGkticefatdinty BMeasSiMOi 
que ftiépapa despofff,esléii coik 
tra estar preienéMa doaaeton. El 
misuio Platina » historiador de 
los papas, ha tenido iren;i2en2a 
de hablar de ella; retí el orijl^ 
nal impostor conservado en le- 
tras de oro en el Vaticano, ha es- 
crilc de su propio puño: quom 
fúbulam ¡ongi Umpwrís mendaeia 
flnxU\ fábula forjada por la men- 
tira Impostora. Todos loa mise* 
rabies charlatanea han agotado 
cnanto la desvergüenza ayudada 
déla desgraciada ignorancia de 
los pueblos ha podida ipojiñar» 
para apuntalar este ídolo Tieja.y 
carcomido de ignominia. 

Constantino al morir hiao 
grandes dones á RomayáCons- 
tantinopla, confirmó el reparti- 
miento de sus estados, é hizo ju* 
rar á laa lejiones que serian áe- 
leaá sus hiJoa« Entregó su testa- 
mento al sacerdote arriano que 
gozaba d^ su conflania» j le 
mandó no ponerlo en otras ma* 
Boa que en las de Constancio, el 
mas querido de ana bijoa. 
Este príncipe murió el dia de 



de 337, siendo lídnsuies PUiéi^ 
M y Tieiaoov irlos sesetita y tres 
afios^^deío^rMH jr treinta Áe M 
reinado^ S^ cad&tel^^. puesto* eit 
un- ataitd dé oro, foé llevado fi 
Cbustañtinoploí, dónde se colo»^ 
cé' sobre* on^ túmulo Codeado de 
ioumerables antojabas; ]r todo 
ehtiem|io que transcurrió* hos^ 
ta* la ntgáfhéé Cdnstancto^ loa 
prjndpMles^Puncionarios, los se* 
nodures , íeoodea ^ Jenerale»; 
iban diariamente^á palacio á^ e* 
Jereer sos funciones como sí vi* 
ibiesc el emperador. Las lejío* 
nes, respetando poco á los her* 
manos de Constantino, juraron 
n(v reconocer por cesares sino á 
sus hijos. Constancio llegó á la 
capital, y llevó el cuerpo de su 
padre á la iglesiftide los aposto* 
¡es, donde fiaé colocado en un 
sepaiero de póríido. ftoma re- 
clamó, aunque en vano^ el de* 
recbo de conservar sus restos. 
La gloria humana aun cuando 
no es pura, escita el entusiasmo 
luego que deja de ser un objeto 
de envidia* 

Los griegos y los moscovitas 
celebra^ todavía su fiesta el 
veintiuno de mayo. Su lejisla- 
cion fué dulce, y bárbara su po* 
lítica; á las virtudes de Trajaoo 
juntó la violencia de Severo, y 
muchas veces loa crímenes de 



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30 HISTORIA 

{(eroD. Atribuyesele ©» el códi* 
go Teodosiano una ley, como a- 
cabamos de decír^ que hace de 
los obispos Jueces sia apela- 
ción de todas las cansas que una 
de las partes t]uisiese llevar ante 
su tribunal. Esta ley, contraria 
al orden civil, está desechada 
por los mejores crítrcos como 
falsa. ¿Presenta Cujas bastante 
discernimiento, cuando la justi- 
fica con las virtudes y la juslicia 
de los obispos de entonces? Las 



intrigas, los conciliábulos, y los 
escesos del mayor número de 
los eclesiásticos probarían mas 
bien que era necesario mante- 
nerlos en hos límites de la auto- 
ridad espiritUüL Muchos bue- 
nos prelados había, cuya sen- 
tencia indudablemente hubiera 
sido la de la justicia y la de la 
caridad^ ¡pero cuántos ulros ^c 
entregaban á las pasiones huma- 
nas y á las preocupaciones mas 
perjudiciales! 




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T>EL BAJO IMPERIO. 



31 



CAPITULO II. 



ceiHiTAinwo u» co3»tawcio, goubtavts r KAfiíiiaicto. 



(Mío 317.) 



Aconlrcimientos dtspue* <)e la raiierle de Gonsfiíitino. — Repartimiento del 
iiii|icrio entre los hijo.* de Coii*laiitino. — Sitio de IVa^iliis por los persas. — - 
ni^PíisioiifS fclcsiastiras, — Muertf de CuiiMaiitiiio H. — Nuevas disfuaio* 

' iii-s eil'siáslíras —Invasión d« los fraiuos. — Sesiuii de un onicilío univtr- 
».-i! — (iucrra con li»s p rsas. — Kalalla de Singara. — Cobirdia y hjíJa de 

. CoHslmrio. — Orijen de la palabra ^/o^aww. — Usurpación de Magnencio f 
muerte de Constante. — Sitio de Nisibif p^*r Sapor. — Batalla del Dravo f 
muerte de Magnencio. 



/VCONTECIMIENTOS DESPUKS DE LA 
MUERTE OK CONSTANTINO. — El 

emperador Goaslaolino , menos 
prudeoteensu política queCons 
tüncio Cloro, su padre, prefirió 
el esplendor de su familia á la 
tranquilidad del imperio; y aña- 
dio al yerro de dividirlo entre 
sus bijos, el de dar provincias á 
sus tres hermanos, introducien- 
do el funesto sistema que pro- 
dujo en lo futuro tantas desgra- 
cias, j que fué en las monar- 
quías nacientes de la Europa 
moderna causa de tantas guerras 
civiles, odios implacables y ase- 



sinatos. Dividir el estado entre 
tantos principes, era quitar al 
pueblo romano el sosiego, úni- 
ca indemnización de la pérdida 
de la libertad, y añadir á los in- 
convenientes del poder absoluto 
todos los males de la discordia y 
de la anarquía. 

La voluntad de Constantino 
no fué cuteramente cumplida. 
El senado, el pueblo y las lejio- 
nes no quisieron reconocer mas 
príncipes que á sus hijos : el e- 
jércilo se rebeló contra sus her- 
manos: rara vez se respeta la vi- 
da de aquellos á quienes se a- 



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3S 



flMttU* 



9, y^COlHOTV- 

sultado forzoso, los tres herma- 
nos y eiirco tfe sos hijos Enieroty 
degotlados: solo se perdono á dos 



tesnes íriConatafTttricf , nratre 
ellos Bil patricio Opiato, cuya ul- 
M dlgn^dai no pudo libertarle 
dala muerte. Áhiavie, prefecto 
Mjos Ae Julio : 6álo, que estabir|^l pretorio, y que se respetaba 

como tutor de Consta utio, pa- 
recia qm debía inspirar mas 
Vespeto á los facciosos: "estos le 
4endieroii un lazo para arruinar- 
Ib, y finj4eron una coospira(fie!i 
pera tener el derecho y el mé- 
rito de matar á sus enemigos, 
aoMler ^ isasHfar la troieio»; 
AlgÉooi oficiales afi frente de 
una irepa de soldados , liacen 
^sreer al de^gra<iiado Ablavío que 
el Senado va á darle el tftiito de 
augusto, y que el emperador ba- 
^brá de consentir en ello. 

Elf refecto, á instancia de sus 
amigos, cede á los notos de a^ 
quecos pérfidos; xevíslenle it 
la púrpura, y los mismos que le 
iban seducido, lo declaran ri^- 
belde, y le asesinan ^in piedad. 
Queriantambien matar á Olim- 
pias, su hija) pero^sla logró es- 
caparse é la corte «de Constant&i 
que pensaba e« recibirla por eS{- 
posa^ mas Rabiando muerto est^' 
tPfíAcipe., cpmo direinos des- 
pués, casó . con Arsaces, rey de 
de Armenia. 

.. El jefe d^ iodos estos faecio^< 
so&y^alma desuscomplotes era. 
el primer cbambeJan Eusebio^% 
eunuco, y privado de viaudea^ 



^enfermo grañrementCj y de quien 
seTr^yóque la natunrlcKo ter- 
minarla prbntb sus (fias, y -su 
liermano Juliano, que tenia seis 
<eños. Marco, obispo de Aretusa, 
aelvó á este-enemigo futuro de 
los crbtianos, ocnitándole bajo 
él altará lo» puñales é^ los ase- 
sinos. 

La opinión pública atriboryó 
oatos homicidios á la ambición 
de Constancio V San firegorco Na- 
tíanceno álaTabia délos solda- 
dos; pero según muchos histe- 
«riadores.^ Consftancie , arrepin- 
tiéndose ya viejo de sus culpas 
decía qif^.sus derrotas y la oste- 
rilidad de 8QS mujeres hablan 
sido castigo del^cielo por sus crí- 
menes* Los príncipes no pueden 
bacer ^reinar la jvstíoja «ín^ 
cuando ellos mismos están ^«je- 
tos á la ley y protejidos por ella. 
I^osque soloapoya&su «utorídad 
60 la fuerza, se ven obligados á 
obedecerla, ^u soborano, jef^ 
4e ona^aecioo, se ve obligado á 
«eder^'todas-lasvpasiones <te sii 
partido^ 'los soldados^ntregados 
desde luego «1 crimen^ya no pu- 
dieron detener sil fuMa ; dego- 
llaron á^iUrgren número de cor« 



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MHM^kUfo, 6ia AéfiloM moral» 
bifameiior hut VtoioA y m e^ 
éícia, satvificiDiio ra tMeien* 
ctoá 99 fort«B«^ sin imi *habili« 
daA que^ la d« vaTv^rie af sol qoe 
•aee» 91^' nías* Vi03^q[tie stt {016"- 
rea» paréci» aáftonoes dtttíko tf^l 
iatpériolNtsUlál pauté, í\úé \6H 
palaciegos bortoAes decitfo: 'uHcf 
^Ja «1 eiiiperador dé teMr 
acredito coo sé 'Camai^roi» LA 
aefiora diel mimdai^ perdidos tui 
héroes» '•ataba aoín'etlda á Jes 



«apeeiilatíones>de 'na corteskéo ptrart %Si queréis el •obispo maa 



pérfido» y á las oapricbas de né 
attDaeo. 

KEPiEft1*llBBKTb »BL IM^Mlé 

BVfma%os nuó» db coNáTANTiifó. 
«M» Los ines bijos de CoosttelkHS 
«I grande, habiéndose réaitfdo 



eo -CoastafAtiDoplD, deliééi%rOfl ú^é^ Eusebia 



sobre sus cooiaties doteressss 
janiároDse otra vei en Panuro'** 
«ia» y repartieroQ defibüiVa*^ 
mente el imperio^ Góoslaotíb ae 
^edó^oa toda el Asia^ el £ji|(** 
to» la ciudad do GoiftantíáoiÁá 
y la f raeia: Constante oan Ma« 
lia, lliriay Hfricsr: Censtantino 
tuvo las Gallas, las Espanas y 
BritaDdiíH pero se reservó cier- 
tas pretoBsiooes sobre Maurila- 
wa, que rompieron de alU á po* 
co4es 4azosde la paz 7 «mis- 
Ud entrados ^ash^rmanos^ 
CQo^taocio,^ liosarríanospro** 



n la 

pnraecttcáon nontra Áténaate^ 
que risria desterrado en laiSaHaJ 
Goostaotino, al contrario» se de^ 
clar6en. ss»^^ favor» y le envié á 
E|ipto»;io que^ó.iiiievas fner«i 
las ;fi*Jas diaenaioAes de Xlejan^ 
árié^ÍA pretsetcia del e0perai> 
dor nocoat^Biá fiei»pre el es^ 
piritu<MrlHiitfnt^ de toa secta«t 
ríos dn. GenfttaMinopla* Alejao*^ 
dro^obtspoideeita^lriad, qne^ 
falleció, poco ^ntesi de GonsUon 
(ioa^ d^Jo á sn« clero antes de asw 



B^irinoso» elejid á Panlo: si rt 
•eortesaoo mas hábil, k Hac«> 
sdonía.» Los arríanos mHJíaron 
á é;»to: ia aaayoríaf, qne era caf» 
tótíca; á Panto; pero fué deslo-^ 
prado al Poato^mr las taensaolo^ 



Sitio nn üfismis *mr* los pna-> 
SAS. ---<338^ Goústancío lo rasn 
ÜUyó al subir ai trabo, La;gue-^ 
rra estraajera puso tre^^uu poc 
algún tiempo á estas disansioneaJ ' 
Sápor^ rey de Persia» ' sílió á 
Nisíbis, Uaoiada hoj Neshen» em 
el Diarbekír. Esta plaza jmporw 
tante era la (lavo de la frontera? 
Um babUantes, ttoatrando algu^ 
nos vestijios del antiguo valov 
romano^ se deCeodíeron berói* 
camentOk Oespues de sesenta y 
tres dias de osf uerzoa in«Ules».el 
rey levanté alai Uo. El pneblo* 
5 



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34 

boyó esla bM^Wb k la» €Mcto«^ 
bcSb é» JMOtoSQ 6bfaHM>^ 

CéaitÉMto^ par» «pcpveebtv- 
•e^d^este fMia soeesp), iiiareh<t 
cofitM^ loa iMfsaB^ pero como 
DO Édíhtm iiiMMhM% mm lejIooMí 
na cfaísferoo obedecerle, tos* 
tnftíffo por en jpedr» eo loe» e^ 
jercícié» mllttaref^ mosltebar eu 
ellos bastante habÜMaid^ pevo 
deseufdftba la d^^io», aotai 
bal» de le feena di» lae^armae^ 
El desorden peodUcMb por su 
debilidad hubiera cansada' graa^ 
dea rei^esea^. sb loegoitoa y Im 
aartacettoano* le^ bubiesea d^iddi 
aoce^rtoaimqr litHea e» aciaeltaft 
ocaaioD; y el Orieole ftié^ defbo- 
dldaoMebieapor loa bfrvbaroa 
que pov loa roaaaDoa. (imstaik- 
ck)».8o«leoído»poir auaaiwt^atea». 
paciacd la AraiiMiia y le restitu- 
yó su rey^ deslroaado» por loa 
persas. Sapor s» volvida sos es^ 
tados. II eii»perador Da lé pe?^ 
aigaiót peadieoda la aportimk^ 
dad. y fallandoiisaforlODa^pre^ 
firid la capital k loaeanigiaiiien-- 
tos, laa íDtcigaá& loa combates^ 
y los oegieN:ioade la igteisa á loa 
del imperio. 

Disensiones ECLBsusxiCAa.^-» 
Coavocó, ua concilio, ea CoDS-> 
iaDÜaopla qae* deposo á Panior 
«tftsc^reCuxidákla&Galtasi ha-^ 



MHttDiaiiMüi bft f^oeet» dé* Qmm^ 
taDliaow Bl ambiduen^ Cnsebid^ 
eleydo. obispa por el deeoií di» 
QMistaii4iM>pta^ togürtfeoaooeea 
el cotmoide sos deseas. Afe oils^ 
iM> tieiapa los arrlaáoa de» . Ále« 
jaddría etljieroo á Plsla,. para 
opeaede á saa Atanasio^ pero 
BUseblode Cesárea na gosd^ east 
desaelevacioa. Fallació, y tu- 
vo por sucesor á su diidj^la 
Acacia^ ma» cortesano qn» pía* 
dosoy y versátil ea sucreéncia, 
segua la fortana favorecía á una 
ú otra secta (i > Ea esta época 
de intrigas eaqiie elniérito»yacla 
en olvido, obtavieroa el coasn^ 
ladaAcyndinay Prdculo,. Uas-^ 
trea pos sus vlHudea y servíalos*. 
Prócóia se gloriaba de- tener por 
ascendiente 4 Váletela Público* 
la, y aa niostrd digna de* e^a 
nonibce*. Loa tres emperadores 
estorieron atridoaeatra si para 
hacer leyeasábiasrouuUavieroa 
ea vipir laa insUtodonaa nui^ 
nicipaleSi.publicaroa edictos se« 
veroa contra loa delalocías^ y pu- 
sletoa an fhano al desórdea. qua 
producía la frecaancia de loa 

(1)^ El Bombee de secta ea opoeU 
cioa al jentÜMiiui^ te da ¿recuente-^ 
mente á la. relijioa arUtíanai y se to^ 
m^ eit buea» parte : eoloncet- sigpifice. 
ffortt dilfididíu. LacUücÚK (ad Uem^ 
irHun^ c l.> dk» hablando de lo» crlt^ 
tiaoaa *l4attóiofQi' de naeitra •ccti.'** 



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tiAroia ióé^fil Océidente %a}o «í 
dmrikhcfioft. M vitim det ^ren^ 
oribr'wl M rto vi^ á tal «timle, y 
prosfíibMk é loéM 1^ tfnügoft 
de GoMIairtiiiti* Eo nquellM 
itempot bárbaros te pobfalvas* 
las ^sUü, jnoaaiteriea y er« 
mitas, porque la^apa 4e krre^ 
ll}íoril érá ia única defevsa. €on« 
ira k tiraida de los priacip^s^ 
él furor de los parlldef, y |a ia^i^ 
eoastaocia ^e ía fbriooa» , , 

NVXTAS DIÍEK8I0NIS SGL]ESUS« 

TiCAi. -^ La muerte de (¡ODSiaii^ 

tino priyaba á ÁtaoasiQ de sii 

«a|. Oonstanie» entregadoá los^l mas firme valedor: los arríanos 



Weíoii .for un . úmrd^. líMns 
)uslo y político, "que losjoiUfi. 
«a ceM«M ?c«ft «ttiJesesK^s- 
«lunas.! • . ^ 

Mc«raii«im«aBFSTáani9o it.^-^ 
<340)Xlia4ieiiío ««tiodtft eipoi- 
flir Di Ifffga p« fii feUctdad s6^ 
U4a b^«el omMo de Ires: prío- 
dpes^ dominados por sí» pasto^ 
nes. Cimas bálll de «líos era 
iQoíisiamiDO, lesiimaé» pdr su 
jiislteia» "^valory bondad; pero 
IAI1I0 WMB impetoosíéad terne- 
varía que lo arrúfalo. Clonan- 
^io> 4é|»l y pi^esunliMeo, ni p4- 
día hacer el bien ni «impedir «I 



4eleitee y ^e^r^ciado por sm 
nrkios^ ^9prJBiia.#l pueblo cSoa 
4m puestos, ^4Dspiraba*«l deseo 
y Iñ «esperaoM de destronarle,' 
'Gonsti^iitioo^^ao haUéadole po- 
dido persicadir qae^^aéemlíese 
^ «US reclam«ioaes ^obre U^ 
Jiaurílaaia^ ^terminó hacerse 
Justicia perlas armas. AtraviesH 
los Alpes cQD r^iiter. 4os jeae- 
«cales de «Coostaole, ^ue ^coao»; 
•dan su ardor4mpetaQi»,>fli||ie-* 
^roD4iuir« <¡ODStaOtiato 4qs ^r- 
siguió tía .preeaueion, ^cayó -en 
«4ia«eaib<»ea4a cerca de Á^ui- 
leya, y opuso^M vano su^eAue'^ 



que io rodeaban: den^bárt^ole 
del caballo, y k cortarojí la ca« 



le acusaros de herejía y de rebe« 
lioo, y le disfamaroo con el pa-* 
pa y^ <^n el am (teraitor Coas* 
tanta.. 4La ailla pil|pa1» ocupada 
sücesiyamente por Sélvestre y 
por Jlarco, 4o estaba «otaoces 
por -Julio, pontífice Justcu m** 
ritativo^ digno del primer siglo 
de Ja Jglesia. Protejiendo la 4es« 
gracia contra el ¡poder, ^icc^íd 
lasireclamaoiones 4^ Atanasio, 
firmadas ,poraiea obisposi^ Jf^r^ 
ra4erminarlas diseasioAes, coa* 
vocó^n 340 un cooeilio que :se 
reuBÍó^lafiasiguíeate ea An* 
tioquía* La iglesia ha conserva* 



do á Ja. mu4tU4id*de aaemigost do aus cánones, y sin embargo 



es digno de aoiarse ^oe .en la 
confeMon de.fé que en . él se res# 



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ét^té, túé omüldc li t)os im- 
lllfpfii^. Ea la aajor parte 
de loa' negocios de atetas y de 
partidos» loa qqe parecen dafian^ 
der o|tfaiomea.iio combalea aino 
por.faitereaes. Ea Tam el papa 
folio fe esforzó para restaUe** 
aer la paz; poigue Gonstaocio 
era favoraUa á 1^ laceioo ar 
rriana.^ 

Caandeaecreia tera^nada^l 
eeacilto y habtaa partido ya de 
ÁBtkkpiiaseaeDta obispos eatdli* 
eos^ los airasiiQs guasa ^ueda- 
FOB, coDiiisaaYQD tas sasiooes» y 
eondenaroade Duevo^iiUaasio. 
Gregario*! ué sambrodo au sacó- 
iw^Esla potípia produjo la ma* 
XoreforvesceiimeQ ^^lejandría^ 
el paebtoaeopiis^á, .(a ioslala-- 
«km deliiuoRTf obispot este» a^ 
eoiiipaiíada'de$olda4oa.bajo las 
ordénesele FilagrOj, prefecto de 
£jipto> entrdea la ciudad conao 
.si iaiiubtese tomado por asalto: 
profao&ias iglesias^ ultrajó las 
doDceU«^» asesinó á Jos católicos. 
Etdttque da Balan,, ^e era jen« 
til, condenó ¿ azotes á treinta y 
enatra personas; y ei| compU^ 
miento da las ói^anesdelem^ 
peradpr, trató de cortar Ut cábe- 
se áAtanasio, (loe debió ansa-» 
Indéla fuga. Gregorio atribuyó 
las desgracias de esta sedición al 
perseguido; y para justificar su 
acusación > finjíó ua decreto del 



pveblode Aléjandrfa» y lo Mtay 
ftnttar por «inriaoos^ Judfoa y 
pegamos. 

Aíprovaabiftdoae Hala» de ea«i^ 
ta etrcuiistadcia para derramai* 
su odio contra I09 crfattanos, es* 
porfió af terror en todo el Ejíp^ 
,to^ inaaotando imlislinlanieol» 
& cuantos suponia adictMa) pros^' 
critoobiapo. ^ 

Escapado Atanssloée tos hfe« 
rrea éi| sos enemigoa, eorre' k 
RoiM, escribe á todos loa obÍ^ 
pos, las bac» presantes aos desn» 
graciifis y las afrentas de la Igle» 
sía, y se compara al levita ^B^ 
ftratni que» viendo el cuerpo d^ 
so mujer víctima de los q I trajea 
mas orribies, lo cortó en doeo 
pedazos» y Ips envió á las^ dooo 
trtbua de lsrae^. 

El emperador de Oceídento 
como el de Orietite» los grandea 
de sos cortes^ sus ministros» sus 
guardias» lamollMod esetavadel 
favor y las lejiooes que no cono» 
; cien mas que ta autoridad» pa«* 
reciao beberse reunido entonoea 
para abromará Átanasio. Todo^ 
el imperio» como dice un hislo* 
riador de aquel tiempo» se sorw 
prendió de Vers^ heebo {irriano. 

Algunos obispos valerosos, el 
Intrépido lulió» ta jeoerosa Eu- 
tropia» hermana del gran Gous- 
tancio»^ resislieroo al torreóte y 
protejieion el infortunia. iutio 



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DEL Bjijo nrpERm. 



* 



ennvócí^en Roma el sínodo que 
los mismos acusadores de Ata* 
nasro bebían pedid&t estoe rea^ 
aeron asistir á éi. 

Las tnismas vioteircfas qoebtt- 
btan estacado en Alejandría, e(t- 
sangrenta ron á Goi>6ianltnopla« 
LosarriaBOs acababan tíereelejir 
á Maeedonto^ y los calolrcos m- 
djgnodos resiablecieroo á Paulo 
easu silla. Conslunek) dio or- 
den á Hermójcnes, jefieral de 
caballería, para qixe arrojase al 



flende la mullituii, pties lo a 
rrancandcla Iglesia. Entonces 
se subiera el pueblo entero^ po- 
ne en huida á los soldados y de* 
giiella á Uermwjeues. Gcstan- 
cio furioso, corre á vengarle. 
£1 aspecto del príncipe y de su 



vergunzosíHdrsputas; y eserfbió 
á su hermano Constancio dicíftí- 
dole: «Imiietnos la toleraucra y 
»piedad (te nuestro padt-e-, esta 
»fué9«^ herencia mas bella y el 
)>fundan[>eoto dosu poder. n 

Ea la misnHi earla le rogaba 
quele enviase- algtioos obispos 
arríanos, á fin de conocer y pro- 
fumlizar sus quejas. Estos obis- 
pos Ifeganí» con una profesión de 
fé que no contenia la palabra 
eommtanciaL Julio j Constante 



obispo católico. En vano le tle- la desecha»: los arríanos que ha 

*>ían prometido son^ete^seá ía 
decisión del papa, lo acusan de 
atentar á la soberanía de la igle- 
s¡a> 3u.;íando á U3cb;spo conde- 
nado ya por iin coneiJio. El ie 
Koma sostiene los derechos del 
pai>fi y JjsliTura por último á A. 



guardia convierten la auflácla t tanaslo 



«a terror. EJ senado y cí pae- 
blo, prosternados á los pie» de^ 
emperador, apeoas pueden cal- 
mar su ira. En fin, concediendo 
iaYÍdaálos rebeldes, reduce á 
la mitad la distribución diaria 
que se hacia ai pueblo de ocheo- 

* la mil medidas de trigo. 

Eotretanlo el partido de Ata* 
nasio sostenido porel papa, reco- 
braba algunas fuerzas en el Oc- 
eidente. Constante pareció de- 
clararse en su favor y sentar la 

' necesidad de restablecer la tran- 
quilidad pública, turbada portan 



Todo parecía conspirar enton- 
ces a la ruinA del imperio- la 
iavasion de loi b.Vbaros y los a- 
2otes d jl cielo, se juntaron á las 
türbiilenriíji civiies y á las dis- 
cordias reiijiosas pura acelerar 
sucaida. En el espacio de díei 
años Cijsi toda* las ciudades de 
Oriente se vieron destruidas por 
temblores de tierra. En la n^isma 
época, los francos se derrama- 
ron por las Gralías eonw) un to- 
rrente-, Galias que un di^i debían 
conquistar, asoiar, rejeoerar é 
ilustrar. iflien 



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Google 



«eooiiliaiBComo bI mas forniUh* 
4>ie (le ^4o8 itepemigos de Roma. 

«miUes'per^u valor quapor su 
«iK&fnerp .; ^valientes así leo la 
^amareooio ^d 4iarra^ arrostran 
iila'jiil6iBpeñe4e kif estaciones, 
•ny la ;giierra ea au * etemaoCo; 
«oiiran la-pa^e^Mino una cataini* 
jidfld/y el^eposo cenia ^oaa es- 
•^clavituU: ^eücederea, «ada tés 
•detiene; veoeidos, se Hruelveu 
irá tevaf&tar-r^idametfte sin «te- 
»jará susBBBmigos ol «un'item* 
i»po para quitarse los yelmos*^ 

(£n 342 marchóConsiante con» 
traBllos:>tos^e$iiUadps dé esta 
Juerra^aeroa diversos» y^ei em- 
perattqertKKpiido tiaceries repa- 
aar^lAin» sino pagáodoíes un 
tributo. 'Cn'aeiguida bajó 4 Bri- 
4aania« y censigiiióf raodes ven- 
tajas ^obre -Jos ^caiedonios, á 
quienes isonfetió. 

Sajo'oIxonsuJado <le ^latido 



^taJasapliN) laa^fabia^ua habit 
naban r.ami -eomarea ve«iaa del 
^íQp ¡le $ab«(, y quay erayMéi 
tiaHar4a verdad deode vfiaol« 
victMi, abr^ar^Halerístiaals- 
mo. t^ árabeairrateatttandMi 
candar de Abrataaia por «a bii9 
de Oétnra. i 

En esta épaea fué cnaadorai 
obispo TeóflloHlevé á lalatia ^1 
Evanjelio y Bharrianhaiajttn^ 
tos. Dkese queásuvuelta^n^ 
viHió los pueblos de la lLbi«áí«« 
rSi el cristianismo ^^aat^fd^a 
entonces en úiucbos pajaea maí* 
nos, la poUtlcpa de áapor aa a»? 
for^eaba en detener^sus irr^greNr 
A9t en la Per¿>ia. Este imptaY^aMs 
enemigo de los romaaos dajoia- 
raba también laKuerraaattcoi*» 
ia: y si se cree é los. historiado» 
tes de a^uel tiempo, dj^tseis. 
mil mártires^fueron victimas da 
su crueldad. 

S)ssio.v DE Dtf €<HrGii40 wn^* 
SA¿».^^BaJa et consulaciodi^Cana^ 
taote y de Coicslaoato, el'Batpa* 
y de JEtófflulo^diS) *(el i9ríenle'| rador de Oraente^ízo^brir en 
volvió^ ser4eatro de diferantes ^ la embocadura del 9ro»Ces el 
combates 4ue el valoree ios ro- piíértode 5e1e.u€ia«^nel oaiama 
manos ^y de lospersas^aaía en- 1 afio, unoonailio reunido en Mi* 
carnizados^j^ue no4>odiaú tser ^ian, so separ<S sin biabar podido . 
decísivQS.por <la «iQcapaaklad de ^eeidir nada. Loa obispos de 4«* 
los jeres. •LaS'ttnBasde -Cooslmn- {sia^proposieron en él una nueva 
cío dura^Ue el 4^&q ¿ií fuofou | fórmula*, los de Europa no qul« 
felices: alejó al enemi{{u: sus je- 1 sieron cambiar nada al de Ni* 
aérales obtuvieron algunas ven- i;ea. Los do» emperadores, q^ua 



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4tMiteil too iwwafd^fv 

Itifltf dfetMiolie», iremíterofi eo 
MTat cottcUioMoniéMeo, que 
4«tof» dwir milfiwal , eo la 
Ae SerdlMw. Gboeiirrie* 
¿ él ^iMtoselefila j elneo 
itopos (tX Im. oMlpos arríanoi 
fim qptoieroo atlüinr á sus seaio- 
eíéatotí el pretealo deque no po*^ 
diu eMAOflítcar eon^el escomul- 
pada Aianasio, j formaron ñau 
asamblea' paaiicular. 

El eoneitlo católico, coaaraió»> 
el^ikáodet papa, reoo^^la^pro» 
Ibakon de Nteea, depsMM loa o-^ 
Uspoa refraeiarioa^y eesorlófr 
Iba emperadsrea k testablecer k 
toacakólkoa^eo sii»alllaa« En ea^ 
te afnoda ae» dedató^ aoleiíioe- 
aMMle* por U primera ves por 
tea adnladotea, y por loa qae 
«leapaeciaro» le aotoridad apos-^ 
lólfead^loaobfspos^la ioptema* 
.dadelobkpade Roma*. Loa a» 

(t> Lot •atore» mria» OMcba ion^ 
Wt^dnéoMfo dt o&bpot qot firma- 
mtk tsft^ MftM det cottciUoi l^odortto* 
dtot que mIo buba dbacíenlot cincoeii*» 

*i«^ qofr aolo cinruaato j nueve arinea» 
IBÜaf, dr i^fViodw);. y. San» Atmáaio, 
qpie vivia e» tiempo de dicha aaembleaf. 
9olb lii compone de cieña» Mienta obia- 
poa occidentales («SI Mhana^. apoU 2. 



MMilO. '91!^ 

rrlanM eaeoesnlgaeo» til olliipo» 
de Córdoba y a* papaii.negtora» 
á esle, eomo delMMtNiiaoiaoprer 
maeia, peraialienMi eoíiaaftopoaiT 
don á la fé Aa Nkoa^.^^mbra** 
roo loaprfaiieroa|éitQeQaa.4frlai 
aeparacloii eo«re- lea. %ieaiaa^de 
Orieot« y O^^idéoto; qoe^ eeaia«» 
te ano eomiestroa dfaawGboa*» 
tamo adbfUó laa détermteacio*; 
nea^éelcoocino: Cboataooto^^mllb 
raodbel i^egodo^coo deapreclo*^ 
se^ mostró indirérente A^catóU^ 
coa y arríanos; y er» lo qpo'coa^^ 
Tenft^ baceta 

Ba.1 ALLÁ nt Bnrc.:::^oBoia( evL. 
Ticma*-— (SiT^Eatretaatalatfoe* 
rra ¿on Oriente se protoogabe, y 
cadavec ero OMiyor lbaiilmoaf«» 
dad entre loa dos pneMoa beUji^ 
ffiía%%. ^sueitO' Sapor Adte u» 
Soipecíeciiivo^ armó á todtya lo» 
persea, y las mdjerea mismas aie 
vieron, en las !Uas de los soldé» 
dos. Los romaooe reúnen 
sus tropasc el Oriente se 
moever encrtetranse amiM)» e» 
Jércitoa cerca del Tigris.. CbM^ 
feaneiO',. vaeo como todoe le» 
bombaea débHesy mande k sua 
puestos avanzadoa^ alejarse del 
tít> y dejar e4 pesoí Itbre á toa-e» 
fiemigoa. « Dejadles que se aaer «^ 
aqiaei^ dijo,, (foe esoojaa eb le» 
»«irenoy y qiue se abinchereoí 



494h.arrum.t €$ epUi. ad tomar, vU. adeseo alraertos al combate. Lo 
) I aque temo es que af retiren, a 



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m r 

«ftMto ^\ ílgrlspy se «ciiDpfiá 
títnéúé la frtiid8d4eSi«i;ar«:ita 
procifmMié Aet'OMflilfo (tísioi. 
«rye la^cnaianza y'. et valor dto 
<]dMÍaiMte;qii;e4rferfmle íor-i 
titearle traiKiuitatiiienle, 9 aee^ 
pc>M «I^rdor^lesiia ^tropiaa' ir- 
^igfMNlas^ ésta ^«éttrdía^ 4SHa<« 
iDO^-^ADialde la guardia^ y i^ía-^ 
«anáattte^ Síagitra» m puede 
aÉUfrir loatleiiBestaa d^ tespiiz:- 
tes,*s4le.pw la uoc^e al ;frau4e 
4e'iitt p^qaeiaKnddro desdida^ 
tdos JdveneSy peoetra^A ^el caiB^ 

^ na gra« iHUBtrCt de ^elios» es^ 
^artó el' terfor, y w celfr;^ sia 
;fl0r peraegéido. 6Í!el emparisdpr 
4ittbie#ftiiai4adoá' a&ie.ffmaAo^ 
«I e^ércii^ ^eha Jp(ubi0i;a <|juedaT 
4lo tdéalruidoi 44 «axane^^r .^ 
4ia siguiente «^^rde^a^ f)|A ba- 
«illtt losrdos^j^ciioS'- Jam4& ba*^ 
titea dn^legadd m luio ait €ix» 
Imperto ^tterjtaá ^tao coa^i4era« 
Uesr tas oráltas <tot rii^» las vas^ 
«as Ilaoiiradile Singara j estaba p 
^mbiePlas de/.-bataHows y eacM9- 
éroiies>^»yás afmas.iluimaafias 
fPorelBol«4eshimbrabaa losqjp^ 
Las altas fiH^Dla&as que f odo^- 
fian iaslIaDuras^^j^'ciao eriza- 
das de lanzas. Sapor/ (e^aiUade 
üohre^ifi asciidO/ cuuleAivpla e»te 
magnífico ^e6peciá^Ml^> ^u^ en 
Tes dé ecsaUar 641 aUna^ j^fcabaie 



é tatimid^r AjMftbmAonddl 49k 
dea 4|iie observa ett»*ai ejárcila 
eaemtga»>y del rttiietdadetttt^ 
tas vloterjat.caosegiiidas por It 
^Uca .mmaaa cónica, taeruf 
muy aam^rosaa, se apbSi^a el 
Hrieda 4e sii eeramo , tieiuMi 
por su ireap,, olvida el eaer^.da 
la aeílat de la, c^tiradf» viteíve ^ 
pasar el Tígfis, y da^i^á sin ejér-t ^ 
clta.que coattaue.4<»ataia^ate jn 
Cfiittrada, k, las órdeo^ deja l|y^ 
Tíarsés. . , ....,, ,..-,, 
. .V4ea|do Jos rornaoi^ vU t«ga 
d^ «^iciaigo^ pidea á .gi^ios if 
señal dei combate. j£¡0BU«aeia^ 
tao^ tímida como Sapo?, y. wt 
oreia que MrHi rada ort a o lazo» 
prowr^M^qU9 jftp, vw^jcaU 
mar, ia;fogosidaddoj(as ^tojiííQes; 
90 le atífeodw,ja> w.arfpj^ 
coa turo^.:i|l jeoQ0ttg!D>.'|p des* 
ardeoao. ^ , Jfuf^au , el cai9p#* 
ineato> y^odeaj^iy d^pi^rmaj» f ' 
liarse^. ,. . ,. , ,, . .-;. ,.; 

Quedaron veDcedores, pero 
j^ l^oiaDJeC^^Uua. parte dQ tos 
romanos se ei^trega al saqueo j 
¿4a4iilemperajicia£ otfos aitac^aa 
deserdeaadamooie Jas aiiur4s^ 
doodo'se baMaa almcberada 
mochos 'Cuerpos persas, y des« 
.^ues de ranos esfaerzossoo re* 
cbazádosí y pérsegüides. Los e- 
^emigos se aprovecban de esta 
confusión^ recobran su campa* 
menio, y arrojan de él á ios ro- 



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iáiséi:'09 étfo ita^oe («redó 
Nirsés. / 

' GOBAEBIA T HUIÜA BB GOHSTAIT- 

cio.^O€ap«t GoosUaeio de re- 
parar el desórdeo, como le ha- 
bía sido de aprovecharse de la 
Tietoria, huye y llera tras al laa 
tropas^ qae siguen tan vergo»- 
B060 ejeoiplo. Aldia siguiente, 
los persas, mas aflijidos por sua 
pérdidas, iiue orgullosos de su 
élUmo Iriuofo, se reiiraroa al 
otro lado del rio. Sapor, aver- 
foozado de su cobardia, é iacoo- 
eolable por ta muerle de su hijoj, 
ae arrancó desesperado los eabe^ 
líos, 7 mandó cortar la cabeza á 
loe sátrapas que le habían aeon- 
•éjado le guerra ¿ Tai fué el écsito 
de la batalla de Singara, en la 
coal fueron sucesivamente ven- 
cidos y auyentadós dos ejércitos 
por la incapácided de sus je^ 
fes. La cobardía de los monar- 
cas InuUüzó el valor de los sol- 
dados. 

Vencido Goostaucio por los 
persas, volvió a su capital, y 
dominado por los arríanos per-* 
eegoia á los católicos; pereCons* 
tante, que los protejia, le ame- 
nazó con la guerra» y le obligó 
á ceder en apariencia. Consintió 
pues, no solo en recibir los o- 
bispos que su hermano le enviar 
ba, sino también en oir & Ata- 
nasio; mas.esie^ no fiándose de 

XOHO XiV. 



4i 

éi^ ftuiA ad^ prüdlpld «piaar á 
(jonatanMopla. ^^1 

Aterrados • los^ nrrUnos ccm ím 
presencia de taatosobbpfoeca^^ 
tólicosénla mieveeapital, prQ«» 
cnraroQ des<>piaarlQs:. fisteveo^ 
obi^io de Antiofdia, por .medkn 
de «o ciliado qua sobornó, im^ 
ttodujé naacmftesana'en casada 
uso de eliosv J deipues h«zo 4110 
la aorprendieseni pbro*;aqoelli 
mujer perdió aa aoiM^a al as^n 
pecio del obispo^ y deliró In 
verdad. Eatevaa^ preso y jttz|pi«« 
do en lo interior del palacio, fnd 
depaesté* 

Atanesio, aaegnrtdo en fia 
por la protección de Onst^nte; 
viaoá Gonst^ntinopla, confun- 
dió á sus enemigos, logró, dq 
Constancio el permisQ devolfe« 
á su iglesia, y entró coau> triitn* 
(ante en Alejandría. Mientras 
el emperador de Oriente,' seveí^ 
en sus costumbres, graveen sos 
modales, pero estra vagante u su 
conducta, y tímido en su politi** 
M, solo se ocupaba en discusio* 
uiss metafísicas, en favorecer A 
los arríanos, ^y pasando so vida 
enmedio de c^cilios^defefidien- 
do mal el imperto contra los^per^ 
sas, Constante, mas valeroso^ d0'> 
rrotó de nuevo á los francos, loT 
arrojó de las (^alias^ y^ se entregó 
al esceso de los ptaceresque man- 
dilaban su noble carácter, 
•6 



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43 

no$.^ Dirijido erusq poUliqa pof 
•I «bitpo úa Tr»viro$» qneguza- 
ba deiodd suoaftflaata^Tttcliaié 
*l arrÍAi)ís<B<>> Mflicítá la des- 
Uruocioa deia MolaUía» carro 
los leasploi, ; Iqs <aorise^¥Ó aolo 
MIDO mtioiuaeolDsde Jai arles; 
' pro4bió los.aaeríficios ea las clife* 
4a4e8, y soia^ lofc peraUiió ái te 
lialñt|M(<».del campo^m»; adic4 
loa ii tas eemaoníás retUjiosaa, 
fue eraa bus úsieo^ especCico* 
los: pQr^sta raion eooservarou 
largoliaoipp él jeDUtBmo; y de 
ellos iomaroD los idóialras el 
Boinbra de paganos, de la. pila- 
lira pogrui/ qtle significa aídéa. 

Como esle prlácipe colanaba su- 
pera bundaotemeote al clero ada* 
bdor, de bienes y de oiieres^ los 
erisliaDos Ip oOnsIderaroa como 
mt graóde bombre. Los pagaoos, 
Qprimidps por él> le niiraroD co« 
VKiiui Urai^Pv á los ojos de los 
bourt^raaim^arcíales debía pasar 
por' uqo de los muehoa malos 
priacipea (lueihaii aflijido lalla^ 
nrav^SH. pa^oo^ra una seotUia 
de livii^dadai> y 109 , historiado- 
res coavieoeaeo que solo babia 
ea su corle uu bómbre de. bieo» 
y era e^ eaancoEulerío^ saiural 
de^rmeoia. . 

^ UaUUPACiaír PB M AltüSMClO^ T 
UVV^TM m COHSTANTB.-^ (350) 

£1 irooQQiaabrilkate es bien po* 



7 í'i 

6{k 8áH4ov!ifnMi't«t*4é^Ajadoíiéa 
virtudes y manchado de. vitii>$ 
no esiá sos tenido nr por «1 iula» 
res jeueral ni. por el amor 4o los- 
pueblos.' Un bárbaro Tormá et 
proyecto de robar lacoroiw al 
hijo de Gonstahtíiio^ y el sufloso 
coronó su audacia. 

Nacida Magnaiicio^efl los bos^^ 
ques de J«rmania^ fué modiO 
tiempo esclavo de Iqs cómanos^ 
Gonstanlioo le dio libertady y la 
emplerS -eq una 4ejton: activo^ 
intrépido, elocuenle y ambicio^ 
so^ ascendió, en bnevé al f rada de 
ofteiat* Al valor debió sus prí* 
meros adelantamieiiioa^ y á It 
astucia.el Cavor de que^gozó dea^ 
pues. Obtuvo b1 título de cdfid0^ 
y el mandotde dos cuerpos de üi 
guardia^ oreados por Diocleda'* 
no y Macalmiano con el título 
dejeoianoi y Aaroii/aos. . 

Su avaricia y durtsa causaron 
una sedición militar: los suida* 
dos se cebaron sobre él, y le ame» 
nakaron con sus espadas. Caos- 
t^ala le aftlvólSiVida. El bárbaro 
le prometió gratitud, eterna» y 
Jnró su ruiot. * 

Cristo, jeneral de la milicia^ 
y Marcelino, ministro de ba*. 
Cieoda, bombres poderosos, sa^ 
at^ciaroo á sus crimínales .proi 
yedos, y emplearon su i nDuJo 
en seducir Ja^ trapas. Los, CQdf 
jurados nombraron por jefe á 



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BEL BÁl»>niVEiaA. 



llé*c«ttii<H pero wttp no iiui» 
fdf sioofiel segondo; leinieoM 
hw. pnctifiíeio» qiM rodeio^¿<ait 
t«OQQBSIHr|lttdQ. «NftroélíM» dir 
9t0 na histofríadorde^fital Mem * 
wfo, pTefería un poder trasi|iii4 
iloá.iipisipteiidor peRgroM, f 
iKioeria ser dvefto de4 «mptra-» 
ador^y nodal impericrLagae*^ 
rra de los francos se habla ton* 
icluido: CoBsténie, JrtfaieQ des* 
parlaba solo el nudodelasar^ 
mas del íetargQ de loe placeres, 
^9idaba vi gobierno entre las 
delicias de la paz, §e eotregahá 
á la ^lYersioo de la cata, y pa- 
saba 4íase#leroseB 4o maspro*^ 
Cando de los busques. 

fitt-elafioSSO, siendo e&nsu- 
lea Serjio y Kigríciaiio, hallen- 
dose la corle en Angostodnno 
(Autan), t^onrída MarceKno a 
«n banquete á todos los oficiales 
del «JércUo. Dorante la alegría 
4e la fieala, Magnen^o sale, sib 
i|ae te le oche medos, y vnelve 
á enlrar coronado, Testido dé 
fúrpn»,y rodeado depiardtas. i 
I4OS conjurados le 'Stfindan'emí-» 
perador. los "demis enmüdecstn 
alemorizados* El les hace un 
dlsenrso, los persuade, marcha 
«1 palacio, se apodera de 41, y 
pone garitas en toda la ciudad; 
IJoeae á Ü 4an IM190 de >cata«- 
Uería 'iüriea, y «ofl pvaUo» «mi- 
fo de. aoveds^, se declara en 



so fsHr.UKÍÉ9iMdM;«ed^cidap 
por promésnt magdiflo^ le phot 
cUmaron''anguslo^oBatf despies 
deoCrati' ' -.... ';.•';.;•/ >*> 

Constante» qme é li nÉxon ée 
diventia ^eazabdo^i'Sñpd á wt 
n^anto tiisflíitpa erpro^eeCoyet 
trínnlo de /los conjurados, te 
traidoni de los grandes, la rebe*^ 
lioo delpMblo,. y :1a defección 
de sti guardia; Acómpaíñado de 
nta corló damero dé atntgos, bn^r 
yó álmscar ñoaslto'en Espafiai 
Guisen; >enviado en éopéiMgui^ 
miento con algunas |ropas, le 
alcanzOeiVEIna, ciudad puesta 
al pie de los Piríoeda. El tbmot 
dtepersó á tés cobariWs compa-» 
ñeroa^l príncipe^ y el hijo del 
gran CMstañllao , seior poco 
antes defioma y <M Oceittentei 
dCNrm^radó eotodces, y vendi«> 
doporlodos los roo^ahos, solo 
fué defendido por un fradoo> 
llamado Laniogalso.' Be^es de 
un breve Combate, cayeron uno 
y 1^0 «traviasados. Constante 
murió á los tíncuenta años de 
edady tiMéde Teinado. Jdag«- 
nendo hizo vetlir á stf preseocit 
loajenerales, prefectos y admli- 
niaú'adores que hablan servido 
á Gónstattie con masf fidelidad, 
y loa liieo degollar en el camim 
forataesinoseposudoapara el)o« 
Sactiflcd además á fio suspicacia 
todos ios hombres de su partido 
1 



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4t BISTOUA 

qott por iii iMÜtiid 6 tímidas 
babiao pardido sii ooaOoDza. ^ 

Este tirano «spaDió á todos 
con la rapidez de sa elevación y 
el terror éd au aeTeridad, y así 
ae apoderó sin ostácnlo del Oc« 
eidente. Nombró á Ticiano pre-» 
fecto de Roma^ y á Aniceto pre- 
fecto del pretorio. La Uiria no 
qoiso recónocerliB^ y nombró aú« 
gasto á Yetranion^ antigno Jene* 
ral que mandaba las lejicínes de 
Pannonia. Este hombre, nacido 
en los campamentos^ no sabia 
mas qtte pelear» y empezó á a- 
prender á leer cnando fué em- 
perador. Debió sn elevación al 
crédito, tíqneJBas é intrigas de 
Gonsfantina» hija del graiWCons*- 
tantino, y viada dé Annibaliano, 
la cual le colocó en el trono con 
el designio de oponerle á Mag- 
nencio» á qniea despreciaba, y á 
so hermano Gonstancio, á quien 
aborrecia por haber sido asesino 
de su esposo. 

Yetranion escribió á Constan- 
do que no ha bia cedido al voto 
de las lejlooes sino para servir- 
le, y qne bajo el tituló de augus- 
to no seria mas qne su lugarte- 
niente. El emperador, disimn- 
fiando su resentimiento, flájió 
creerle, aparentó reconocerle, y 
.leienyióuna magnifica diadema. 
Al mismo tiempo, Nepociaoo, 
príncipe jófen^ Utortado de la 



matanza m que perecieron los 
hermanos del gran Constantino 
y sns faminas, sale repentina^ 
mente de la soledad en que vi-* 
via ignorado, se pone al frente 
de ona tropía de bandidos y gla- 
diadores, marcha á Roma, aii<» 
yenta los soldados de Aniceto; 
manda oMiar á este prefecto^ 
entra en la capital, la saquea» 
toma la parpara, y es reconoci- 
do por el señado, bajo el noni«> 
bre de Constantino. 

Apenas Bfagiiencio sapo este 
suceso, envió á Marcelino, go- 
bernador del palacio, con alga-* 
ñas lejiones para combiitir con- 
tra este nuevo angosto. Los ro^ 
manos le salieron al encuentro 
para defender á Nepociano; pe- 
ro en el momento de la pelea^ 
on senador llamado Heráclides 
se desertó, y con él una parte de 
las tropas romanas. Marcelino 
dispersó las demás^ y mató á H^ 
pociano» cuya cabeza fué lleva- 
da en espectáculo en la punta de 
una lanza. Magnendo, seguido 
de un gran número de soldados 
galos, francos y jermaooa, entró 
en Boma, la inaadóde sangre» 
la entregó sin pudor á la codicia 
de los bárbaros, y la oprimió 
con ía mas odiosa Urania. Man- 
dó bajo pena de muerte á todos 
los romanos, que entregasen en 
el tesqro la abitad de sos bienes» 



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rat BAJO IMFBBIO. 



45 



jjf perBiitió á los e$cIaT06 deoon- 
ciará los amos qae quisieseoe- 
lodir esta tey. 

Érale oecesario prepararse 
para pelear eoatra (¿Bstaocior 
detestado eo boma, atrajo á saa 
eataodartes, con taesperaoia del 
pillaje, lioa gran oíoltitud de 
francos y sajones, Tbdo el Occi- ' 
dente, oMigado k obedecer, se 
armó eo su deCense* 

Según DO sitio db nisibís» — 
Desde la batalla de Singara, la 
incapacidad deCoBStanclo habla 
cansado i los ejércitos de Orien- 
te cooMdefables pérdidas, y los 
aoidodos romanos^ vencidos con 
harta frecuencia por la culpe 
de sus jefes, se ba)>tan beebo 
tan tímidos, dice un historiador 
de aquel tiempo^ que «el polvo 
. »de un escuadran persa los au- 
atjeataba.»^ Mas no era io que 
tes faltaba el valor^ sino la con- 
fianza^ y cuando se velan defen«» 
didos por ao& posición fuerte ó 
dlríjldos por un jeneraL hábil, 
encontraban su antigua intre- 
pidez. 

Informado Sapor, de las re- 
vueltas del imperio, y alentado 
por el triunfo anterior, reunió 
todas sus fuerzas.para apoderar- 
se de Nisíbis* Este cerco fué 
memorable por la constancia de 
Jos sitiadores y ostinacion de los 
s|lia4oa« Después de^varioa a- 



saltoa sangrienlos^ iuikilee, S»» 
por sacó al rio de su omdre,, á^ 
tuvo sus aguaa con ttAdiqM,.lo 
roBipe, y la masa de ka ondas 
se arriija sobre laa nMurallaa / 
la^ destruye.. 

Le llanura iouudad» presenl^i 
el espectáculo do un. lago lu- 
men^,, y la ciudad e) de una 
isla: los persas sé acerca» i ella 
en barcaa, y dan el asalto jene- 
ral. Los romanos, sin mas alme- 
nas que sus escudos, se arrojan 
con tntrephiei ñl numeroso e* 
Jército que loa atacar el obispo 
de Nlsibis,. postrado al pie de 
los altares, implora el socorro 
del eielo:.ea fio> el valor de b 
guarnicioa triunfa: veinte mil 
persea caen bajo la espada de los 
romanos. Sapor huye y levanta 
el sitk),, la peste devora su ejér«- 
citor se retire, se suspende la 
guerr<^ y Los criatlanos veojee- 
dores no ven en su libertad y 
en los prodijíos de su valor sino 
un milagro debido & la interce- 
do de au santo obispo. ¡Siem- 
pre fanatismo I i siempre imbe- 
cilidad! 

SaTAJX^ ]>EI.BBAVe t MuseTB 

M MAGNBmo — (351) Asegu-. 
rado Constancio, por la- fuga de 
Sapor, reunió para combatir á 
Magnencio un ejército y una. en- 
cuadra casi tan numerosos CQoíp 
los de ierjea^ pero á pesar de 



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4e 



HldmHTA' 



to pettgrdcp^^de ana Incka contra 
toda^láa f«idnas de Octd<fent^ 
«rlbMttbombre do qaUo admi- 
Xit ^n Mis Idjlened á nioguii sf^* 
^daáo que no bubicfse reríbiiló 
«1 bautisoKK MagMacfo, antes 
de itecidir la querella por fes 
árnias> envió á MarceJioo y-^ 
fiuOoo parabacer propoiieioaes 
de pax. fil emperador de Oríeo^ 
te, escitado por el onor, conte- 
nido por el fuiedo^ vacila, y iio 
aat>e' si ^^ceptarta ó desechar- 
la. Ed wla iáeeniduail>re€re- 
y 6 ver ^eD ta ttocbe i' ^u padre 
que4e mostraba la sombra de 
'Coustante.y te decía: «Mira á 
utii hermana degollado; venga- 
«te: no atiendas al peligro^ sino 
)fá m glorii^: estermiua aiiisnr- 
«pador^n 
' ' A'leníado por ^ta visión, des- 
pide á los embajadores, declara 
la^enra> ymarcfaa á SáTdica> 
donde 4e esperaba Vetranioacoo 
sus lejiones^ x lo promete pelear 
con él contra >M[agneDcio; 

Los dos emperiádores conferea- 
cian acercado las operaciones ée 
la campaña, y se sientan en un 
ribazo, sin'drmas ni guardias, en» 
medk) de los dos ejercí 105; cuan* 
do de repente, arrojando el velo 
de^mistad con que tiabia 'Oncü- 
liiérto Consocio éa resen^ii^ 
miento, toma la palabra, y dice 
á los soldados . de Vetranion: 



«Acordaos' di^ té gtoi^ia y de lo$ 
«beneficios de muí padre: aeor^ 
ndaos da vaesVros Jtiramenfosí 
»Todos jnrástela «10 reconocer 
#mot prlndpes fM á sus bf)mk. 
»¿<!on8ervareis-por jeFe oí que 
»hd naeido.para obedecer?^ Ta»> 
litas disc4>rdias/ guerras^ fcomi^ 
«cidios y desastres nó os baa 
«probado que el imperio ao púa- 
*de gozar de reposo sino bajo 
i»un iolo principé N 

Lii oypmoria del gran Conslaoí* 
t1n^>, el temor de Ia9 discordias 
civiles y el recuerdo de un Jara* 
ft]íentofk>lemae>daná esUspa- 
l;Btbras una fuerza repentina qM 
sé apodera de todos losánimoa« 
Levántase tin grKo unánime que 
proclama por solo emperadora 
Constancio. Tetranion, abanda* 
nado de su carte^ y amenazado 
por sn ^ércitp, se arroja á las 
pies de «n rival, ya su dueño> se 
despoja de la pArpura>^ implo- 
Ta su 'Clemencia, fianstancia le 
conserva la vida, le ileva ésa 
tienda> le da su mesa, y le dióe 
ipara consolarle: «Solo pierdes 
MUtt vano tknlo que da bieaas i* 
Amaíinaries y disgastos varda- 
adoros: aora vas á gozar «a^ pas 
vén la vida privada de «na fali* 
voidad sin meada deamargura. • 
Vetaranion te^Mreyó> y vivió di* 
«basa en Pnisa> «iudad de Biti«f 
aia» seis anos: cuando supo qui» 



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DBL BAJO nirasio. 



-m 



Gbiiflft'nfto, acooMMo por los 
perftifi y amenazado por Jatia^ 
00, titff ia todoi loa pesares ta"" 
kereples á la suprema auiorl^ 
dad, le escribió: «¿Por qué no 
•me imitas, y parlicipaadel veti^ 
aluroso retiro qae mo 
adiste?» 

Conslaacio, aoles do eoalU 
nuar sa morcbti,.dió el titulo de 



te* Magaanrio la IndtiEm dé aa« 
ta propostdonv pero^soalejiooes 
murmuran y pereceo dispuestas 
á aceptarla. El Onje-cedor, g«na 
tiempo, reeobrik.8tt ia^ierio sck 
bre los ápioMs; nNüBae* prisión- 
oero al embi^)ador d^^sCofislaQ- 
ció, so adelantai ácif fOi Dravo^ 
enlraeo oegoctaeiodk y eoo^igue 
quenosoleteapaiodoeasu re* 



oésará Galo so prtoio.'etqae es- 1 tirada. 

capó con su hermano teliaiio do Sin embart^, el emperador, 
la matanza de so Camiiia. Galo fio.ndo poco de sus promesas, le 
%ívia entonces retirada ea Jo- sígae con precaución, y. se a» 
nía eo una de éus posesioaes. EL cara^pa cerdea de - Cáboiea^ donde 
om|ierador le casó ccm Goostaoi* Goiistai\tiAo eoa;digttft6 la primer 



tíuu, la viuda de AAnibaüaAo, y 
(e encargó que deíendiese las 
fronteras d^ Oriente contra los 
persas* Magoeociodejó el man« 
do de Huma á su hermano Do- 
cencia, á quien dio el título de 
oésar: pasó ea seguida lea, Alpes 
Julios, y marchó á Sirmlo, don*» 
4» Consta neiooWidanda la gue- 
rra, solóse ocupaba de la reu« 
Dion y de las torpea disputas de 

UO CODCillO. 

Las vanguardias de los dos e* 
jércitifs tuvieron algunos reen<^ 
coentroscon vario suceso. Guaif- 
do Magoencio iba k pasar el Sa- 
vo, recibió af&bajadores de Goiis«> 
tancio que en presencia de su e«* 
jército te proponen, si abandona 
la Italia, que se le dejaría paci- 
fico seflor del refto de Occideoo 



victoria coolra Liciojo* AJÜ rth 
ciSió á Ticianó, prafaeto da Ra«- 
asa , embujaéiir de Magaancio, 
cuya comísianera intimarla que 
abdicase • Gonstaocio le deH^idié 
coa menosprecio^ Este quebran* 
ta miento de la iragua que acá? 
babada Ormarsi», descoot#A4ói i 
algonos guerreros joaatoaos» y 
entre ellos á Stlvano, capitán 
franco, distinguido por sos a^ 
za&as, é hijo del famoso Boaitp^ 
que con su espada hsbia contri* 
buido á las viaturias de Cansía»* 
tino el Gran Je. Silvano ahaodor 
oóá Magnencio, y pasó4 laabaiji- 
deras de ao rival . 

£1 usurpador , mas irritado 
que desalentado por esta daaor*- 
cioo, continuó atrevidamente ati 
campaAa-, auyeata la vanguar* 



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48 



imtMuí 



día enenrigjUrttriea «1 tampo de 
CoDSlaacio , j we aprocstna á 
Sirmio. 

En fio, loa dos ^rcitos ^ 
dieróA VM batalta decisiira. en 
las orillas del Dra^o, cerca de 
MorlM. £t emperador tenia ^* 
cbenia mil hombres: Magnencio 
cuarenta mil> pero aguerridos y 
soberbios ^lor %m numerosas 
victorias. Ambos jefes se mos- 
traron indignos del onor que 
disputaban: Constancio por sn 
debilidad, y Magnencio por sn 
cruel superstición, que ie movió 
á inmolará los dioses una vícti» 
ma humana. Durante el choque 
^olos ejércitos^ GonslancioVS^ 
tuvo escondido enuna iglesia ccm 
Valente, obispo arriano de Mur« 
«a. Besde este asilo, «spaii^ado 
con el ruido de las/irnias, envió 
orden el cobarde de suspender 
^combate, y proponer un armis- 
ticio: sus soldados la desecharon 
<>on despi*oeio, y después de una 
-lid sangrienta penetraron «en ol 
eJércHotonemigo. 

Los vencidos, vueltos á reunir 
por Magnencio, emprenden de 
nuevo elcombatctoo osHnacion:. 
Largo tiempo estuvo incierta la 
victoria: eu fio>la cabailería de 
'Constancio rodea «I' ejército e- 
•DOBlígo, io destrayoM^asiientera- 
tneote, y se epodera de su cam* 
pamento. Magnencio oo logró 



escaparse, sino despojindoso dé 
la purpura y vistiéndose dees«- 
clavo^ En esta jornada perecie* 
ron treinta mil ÍK>mbresdettn 
parlido y veinticuatro mil del 
otro, lo que causó una grande 
diminución en laf fuerzas del 
imperio; porque Mursa fué el 
sepulcro de aquella antigua mi- 
licia, que era el antemural de 
Roma y el terror de tos bárbaros* 
Entrambos cjércíios lloraron 
i sus mas valerosos oficiales, á 
Arcadio. Próculo» Marcelino y 
Rómulo. Constancio ignoraba 
todos asios sucesos;; pero Yalen«> 
te, que habia tomado todas las 
precauciones necesarias para sef ^ 
informado en secreto y con pron- 
titud*, anunció ai emperador su 
victoria, diciendo que un ánjel 
se la había revelado* 

Magnencio huyó á Ifalia^ for- 
tificó los pasos de los Alpes y se 
encerró en Aquileya. El emped- 
rador, al frente de su ejército^ 
forzó los desfiiaderos: Roma se 
^•Izó contra sutiraoo, y Maguen^ 
«io se refujió en las Galias, aban- 
donando á Jtalia y África, sublé^ 
vadas contra él. 

Cobardeen el infortunio co* 
mo todos ios tiranos^ después de 
iiaber pedido en vano á su ene- 
migo que le perdonase la vida, 
eiivíó 4tsesinos al' Oriente para, , 
matar i^lo^ pero descubiertos 



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un BAJO 

ytasflgádos, no le prodajeron 
mas fruto que la ignominia de lín 
crimen intentado inútilmente. 

Los jenerales de Constancio 
marcharon rápidamente contra 
Magnendq» le alcanzaron cerca 
de donde boy «stá Gab, le dieron 
batalla y derrotaron las tropas^ 
en qoe fundaba todavia algunas 
esperanzas. Huyó á Lugduno, 
dondjp sus propios soldados, vién- 
dole sin recursos, lo pusieron en 
prisión. El bárbaro/ reducido á 
la desesperación, vuelve contrfi 
si y su familia ei furor que ha- 



o. '4» 

bia Inundado á Itatta con la san- 
gré de tantas victímate Saca sn 
espada, degüella á su madre, á 
su esposa y á sus hijos, hiere á 
Desiderio su hermano, y se atra- 
viesa el corazón . * Murió dé cin* 
cuenta años de edad, habiendo 
reijoaio dos. Su hermano Decen- 
cio supo su trájico fin eñ Ajeu- 
díoo^ y se aorcó. Desiderio, cuya 
herida no fué mortal, imploró y 
obtuvo el perdón de Constancio, 
que á pesar de su cobardía quedd^ 
por el valor de sus soldados úni- 
co aefior de todo el imperio. 



W 



■*tfK-f^-s^X^i 




TOMO IIV. 



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50 



VüfMIA 



CAPITULO III. 



(állo 3S1.) 



PMailtcciaa cMápUft ae<^«lM€Ío por el crkÜMiiiiBO.— TiriaU At GñUj 
deG>iitUiicio. — lavatioQ át IO0 alemanes. *— Perfidia de GomUiicío respec- 
to á Gelo.-» Muerte de Galo.— Coa dro de la vida de Jaliaao. — «Sa fblera^^ 
cion al rango de céiar. — -Condiicu de CoasUado respecto á Juliano. —-Qe"» 
trato df Juliano. — Diseaaiones entre Constando j los obispos. — Deposi» 

* cion y destierro del papa liberio.— Secta de los macedoniot qne aeraban la 
divinidad del Espirito Santo.— Gobierno de Jaliano. — Aaaftas de Joliano* 
— Destitttcioa de Valentiaianob— Confederadon alemana. — BaUlla entro 
Juliano y Chnodomario. —Muevas victorias de Juliano* — Descripdoa dt 
París por Juliano. — Destraccion de Nicomedia. -Turbulencias de Orieate* 
— Revolución de las tropas en favor de Juliano.— Juliano toma el título 
de aogast^— Coaspiracioa contra él. *^ Muerte de Coastanda. 



JL mKDILECCIOll ESTÚPIDA DB G09S- 
TAiraO POK BL CRISTIANISMO. — 

Deseando el emperador acele- 
rar la caida absoluta del polh 
teismo, esperimenló ana resis- 
teocía ¿stifiada por parte de los 
pueblos: en vapo proibkV los sa* 
orificios eo los campos, y se víó 
obligado, auuque vedaba las ce- 
remoQías públicas^ á tolerar el 
culto secreto. Los cristianos no 
podían sufrir la vista de los tem- 
píos Jentíiicos^ j hubieran que- 



rido derribarlos; pero estaban 
tan unidos á ios recuerdos do 
la historia^ que fué preciso dar 
un edicto para impedir que se 
degradasen* 

Se habia quitado por orden 
del príncipe el altar de la Vio» 
torio, erijido por Augusto en la 
curia. Después fué restableció 
do, y los romanos conservaron 
mas tiempo esta divinidad que 
las otras. 

La imposibilidad de destruir 



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BEL BAJO 

tatt pronttmeiite costombres áo- 
tigaas , obligó á Constancio á 
consenrar 808 lítalos y una par- 
te de sos príTileJios i los pooií* 
fices Jétttiles, pero al mismo 
tiempo erecian las riquezas y la 
antorídad del sacerdocio cris- 
tiano. El emperador le prodigó 
eaenciones con mas piedad que 
prudencia; y tuvo la insensatez 
de decir en el preámbulo de una 
desús leyes, que «el mlniste- 
ario de loa ettares era mas útil 
»al eétado que los servicios mi- 
»lita^ y civiles, y aun los de la 
•agrfóultora.» Los príncipes en- 
tonces parwian olvidar la tierra 
por el cielo, mientras que la ma- 
yor pari» de los sacerdotes, bar 
blando en el nombre del cie- 
lo, se ocupaban activamente en 
estender su imperio sobre la 
tierra. 

Continuamente estaban en* 
trando reclutas en el clero, por- 
que era una mina digna de es- 
flotarse , entretanto que el e- 
Jército disminuía diariamente 
de un modo considerable; una 
multitud de v^yteranos /ueron 
Ucen'ciados, i instancia y siijes- 
tiones de los aduladores con so- 
brepelliz. Constancio casó con 
Eusebia, bija de un consular, el 
a¿o 353. Esta princesa era in- 
jeniosa, diestra y llena de am- 
bición: Juüiiuu, que le debió su 



IMPSftlO. 5t 

elevación^ bizo el elojio de. ella. 
Desde este matrimonio^ las mu- 
jeres, alejadas de los negocios 
públicos por las antiguas eos* 
tumlires, gobernaron el palacio, 
y por consiguiente el imperio. 

Hypacio y Eusebio, herma- 
nos de la emperatriz, fueron 
omnipotentes en le corte, é hi« 
cieron que el arrianismo domi* 
nase. Eeunióse en Medióla no 
un concilio, compuesto casi, to- 
do de obispos arrianos; y en 0sta 
época empezó i manifestarse 
por la primera vez ese orgullo 
tan contrario al espíritu dei 
cristianismo y que ha hecho tan* 
to mal á la Iglesia. La mayor 
parte de estos prelados creye* 
ron que debian rendir sus ome** 
najes ala emperatriz. Lepnpio^ 
obispo de Trípoli, antes de ha- 
cerlo ecsijió que ella, saliese ¿ 
recibir su beo(|ic¡on^ y que es« 
tuviese en pie míeoims él seji- 
tado, basta que le permitiese to- 
marasiento (i}« 

(1) El hamilde obúpo preferible 
el ceremonial de etU manera: *'Ciun« 
do fo enitre^ se 4eyantará ai punto y 
vendrá acia mí , y le inclinará pan 
recibir mi bendición. Laego qoe yo 
me aienle, te maiitendrá en ipie modea* 
ámenle liaal» qne ha^ aedal de qoe 
puede Mutarte.** Véase aqut ei lengua- 
je soberbio del que te decía sucesor de 
los apóstoles. 1^ emperatria pidid ven* 



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52 msTOMA 

El empcírador estuvo seis me- 
ses eo ias Galias para afirmar su 
autoridad eo aquellas provin- 
cias; y en vez de restablecer el 
sosiego por medio de la clemen- 
cia^ persiguió á ios partidarios 
de Magnenrío, dio oidos á los 
delatores^ fué sanguinario y Si- 
guió las pisadas de los tíranos. 

ÜDa vez dado el primer paso 
en este camino, yt no es posible 
detenerse; cada rigoi^ produce 
nuevos desconleiilos, y cada ac- 
to de crueldad necesita otros. 
Siempre ge teme á aquellos á quie- 
nes se tiraniza; el zelo se prue- 
ba entonces por el espionaje, y 
la sospecha se convierte en crí- 
men. Solo se perdonó á Ticiano 
7 Paulo, los mas culpables de la 
tiranía de Magnencio. El último 
se babia hectio célebre entre 
los mas famosos delatores: su 
industria para descubrir lo mas 
oculto y V«ra envolver las víc- 
timas en la red de sus intrigas, 
hizo que se le diese el sobrenom- 
bre de Catena^ Este talento de- 
testable le mereció el favor del 
emperador y el odio del im- 
perio! 
£1 pueblo romano degradado, 

gailxa dt €Me groivro «llraje; p»ro el 
imenemperador alabé a( olúapo por te- 
mor de no sufrir lambko algún ul- 
traje^ 



sufria Jimiendo el yogo de estal 
tiranía: el etceso de la injusti-^ 
ctasolo escitó murmuraciooes» 
y no hubo sedición sirio en al- 
gunos momentos de carestía. La 
superstición se defendía mas 
que la libertad* Orfito, yema de 
Simmaco^ pagano zeloso, siendo 
prefeeto^e^ Roma, se atrevió á 
reparar y volverá abrir un tem- 
plo de Apoto. 

Casi siempre disminuye la 
fuerza de los estados á medida 
que la del poder arbitrario ere* 
ce. La debilidad del imperio es- 
citaba la audacia de sos enemi* 
gos. Los-francos y jermanos in- 
vadieron y saquearon las Gallas. 
Los Judíos, haciendo el último 
esfuerzo para romper su yogo, 
se sublevaron, elijíeron uarey 
llamada Patricio, atacaran á los 
samariténos y destrozaron mu* 
chas coortes romanas. 

Algunas lejiones enviadas con* 
tra ellos dispersaron y despeda- 
zaron sus tropas. Los isauros y 
persas devastaban el Asia, pero 
Galo reprimió sus latrocinios, y 
arrojó de Mesopotamia á los sa- 
rracenos, tribu árabe. Este pue- 
blo, nómada y guerrero, que vi- 
vía de la caza y de la leche de 
los ganados, comenzaba entonces 
á ser temible y célebre en el 
Oriente. 

TiEANIA M 6AL0 Y M OOIC»* 



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DEL MM inremo. 33 

TAVCto. — GbIo do fmiló k \o%\ discretos, iHillifr euliMtites, for- 
principes que educados en hi es< 



cuela de ki desgracia, haD sfdt) 
en el trono modelo de reyes. 
Yespastano^Trajaoo, Ctnudfb If, 
Probo y Tádto gobernaron cu- 
BAO hablan deseado^ cuando per- 
liculareSv que los gobernasen*. Pfe- 
.ro él, aunque escapado de la 
malaaza de so^ familia, y opri- 
mido en sus primeros años, se 
moairó mas kriUdoqueinstroi- 
4o pcur la desgracia, y fué Uraao 
,desde que ascendió al poder ^ 

Los aduiadores te pervirtie* 
ron. Censtantui6>.su mujer^hija 
de Cooalai»tiito^ y viuda deum 
.rey, vengativa, codiciosa é im- 
^cal>le, inspiraba odio por sus 
^crueldades, y desprecio por sus 
bajezas. Yendia el favor y la se-- 
Teridadde su esposo^ Seducida 
esta arpía por la oferta de un eo* 
llar magnifico^ hiio morir á Gle- 
macio, gobernador dé PalesU- 
na* La madrastra de este iufelii, 
como otra Fedra^ lo acusó de in- 
cesto porque reusaba satisfacer 
tu amor criminal, y fué conde- 
sado sin ser oido. Los tribuna* 
lesobedecian al temor: los jue- 
ces son esclavos bajo el gobier- 
no de un tirano. 

Galo y sus favoritos se disfra- 
laban con frecuencia^ y se mes- 
daban con el pueblo para espiar 
Jos pensamientos^ animar á ios in^ 



Jar conspiraciones y castigarlas. 



Solo et conde Talaso*, prefecto 
dM pretorio de OHente, se atre- 
víala resistir á Gélo, á oponerse 
á-sus injusticias^ y á áér cuenta 
al eitiperador de-lias calamidades 
del Asia, queatribiifa principar- 
mente á U'fitnesta influencia efe 
ebnstantinis,.y á tos consejos pér- 
fidos de un sacerdote- arriano, 
llamado ' Accio> por sobreoonr- 
bre el Ateú*, 

I>rvAsroirD« Eód a^kiianes.— 
(354>En él consulado de Cons- 
tancio y Gala reunid el empera- 
dor sobre et Arar(€liálous.sur. 
Saone) un numeroso ejército pa- 
ra rechazar la invasión de los a- 
lemanes: estos (Vieron perseguí* 
dos basta el Rtn:se esperaba que 
Constancio, aprovechándose de 
su terror, sostendría la glorio 
deRoma,.veogaria las Calías^ y 
penetraría en la^ Jermunia-, pero 
en este tiempo una potírica poco 
sabia habia introducido muchos 
bárbaros eo las lejiooes^y aun 
en los empleos importantes de 
palacio. Latino era conde de los 
domésticos: Ajilen y* Siodílon 
mandaban cuerpos dala guardia. 
Estos oficiales, abusando de su 
crédito^ favorecieron la solici- 
tud de tos alemanes, que medro- 
sos enviaron al príncipe una di^ 
putation para pedir la paz. 



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54 nSTOMA 

Sf D embargo, el éesito de tu 
legackMi 00 parecía tkci\\ porque 
el ejércilo romano pedia la ba* 
talla. Cooslanclo , cediendo ai 
dktámeB de sa favorllo> reúne 
las lejíones^ y les dice: «Los re» 
>yes y pueblos se rinden á Toes- 
Biro nombre, y os piden la paz. 
nVosolros dictareis mi respues* 
»4a; pero si oís mis consejos, a* 
ncojereis á unos enemigos terri- 
•bTes que quieren tonirertirse 
•en aliados áeles y ansiliares i- 
Mtiles, y preferiréis las ventajas 
»c1ertias de ona moderación je- 
»nerosa i los frutos peligrosos 
míe una victoria eventual y san- 
%gr lenta.» 

£1 ejército aceptó la paz. Tai 
era entonces la suerte deplora- 
ble del imperio: los emperado- 
res, dominados por sus cortesa- 
Dosy por tos eslranjeros» no con-, 
cuitaban al senado, oprimían los 
puebles, y solo obedecían á las 
tropas. 

Constancio, -después de firma- 
do este tratado vergonzoso, vol- 
vió á Mediolano, dopde supo los 
escesos de Gak> y les desórdenes 
del Oriente. Envióf^ orden de 
venir á Itaíia: 6alo desobede- 
ció, protestando el peligro que. 
conferían sus provincias en su 
ausencia. Constaotiou le escita- 
ba á hacerse independíenle^, y el 
emperador, decidido á arruína^- 



ioj le qulld poco A poco las tro» 
pas en que tenia ams confianza^ 
y le envió por prefecto del pro* 
torio i Domiciano, con el encara» 
go de espiar su conducta. 

Este oldal cumplió su coml<* 
sion con altanería: Moncio, te» 
sofero de Oriente, á nadie obe^ 
decía sino á él, y privaba al jó* 
ven pHíncipe del dinero , nervio 
de toda potencia. Galo, do dan- 
do ya oidos sino á la violencia 
de su carácter, sublevó el pue* 
blo y los soldados do su guardia 
contra los enviados delempera* 
dor« é bito que los asesinasen: 
ootregándose después desenfre» 
nadamente á sus resentimientos, 
persiguió ski piedad á todos loa 
que las detacionesle presenta* 
ban como sospediosos. 

Lacodboíadesua validos lie* 
«aba las prisiones de víctimas: 
lei$ sentencias de los Jaeces no 
•eran mas4|ue proscriciones dio* 
4adas por los acusadores. El va- 
Mente y virtuoso Ursicino, Jene- 
ral d^ la caballería de Oriente, 
se viÓDbiigado, sopeña de la vi* 
da, á presidir aquelioa tribuna- 
les infames. Constantina, oculta 
detrás de una cortina» asistía á 
á los juicios |ara acelerar la pe- 
na y desterrar de ellos la ele* 
mencia. 

, El Oriente jemia bajo este 
despoiisiuo impetuoso: el terror. 



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Dtt BAM nmmo. 



55 



iMltta lot áttlmoit lis Tiellflias 
{Mrceteron stn afreviiM i ee** 
ttiar «M qoeia, y basta la des* 
asperaeioo enoiodació. Solo el 
orador EoseUo, digno de tees- 
CMla de Zenon, ihmróstt araor* 
teeoosoiDtrt|4dei: Mm oír i 
sos Terdogos te vos» por omebo 
tiempo desooQodda, de la ta- 
depeodoDcte y el grito de la vir- 
tud^.y pereció cobío aa romano. 

. PBmPlOIA OK GOBSTAinaO mñ^ 

fBCTOA.OAixK**Iodigiiado Ursi- 
elDO, de estas Iniquidades, las 
pmoeo noticia del emperador. 
Constancio^» cubriendo anreaen- 
Itesiento^cbn el*Telo4e la anris* 
lad, insté á Galo á qneifialese á 
Italia; con el ^rretcsta de darte 
ol mando en aquella provhíete 
niteniras pasaba i fa»€tettespa- 
ni libertartesde una noova in- 
yasion.' 

.^ Galo, sedncido pm el cebo 
JirUteole que owltaba proyec- 
'toa boflaicMas, y resisliando i 
los* temores y consefos doso mu- 
•}er> se poso en marcba cimuna 
«imitivapooo nomeroaa. €ona- 
tanlina le precedió, ymnriáen 
- «I camino:* los -w^Hcios de so 
conciencte, y el conocimtento 
^ue tenia del oaricter ilel em- 
perador sn bermano^, f nerón 
cmmi 4e su enfermedad y de sn 
«oerte. 

Mientras mas adelantaba Galo 



en so vteje, mayor Me so tnoer 
tldnmbre entre el temor y la es» 
peranza. Sladiloo te sale al en» 
coeniro» le epgaSá Con artifi- 
ciosas promesas, lisonjea so enn 
blcion con la «iperanta de favo- 
res qnimériéos y de laureles i- 
majlnarkis. Entretanto, algunas 
lejiooes descontentas de la se?e* 
ridád de Constancio ofrecen sns 
servidos á Galo, si consiente en 
detenerse en Tracia y esperar* 
las; pero sé descubrió este desig- 
nio, y se tomaron medidas efi- 
caces que impidieron á los di- 
putados déla tropa abocarse con 
el cesar; E&te continúa su mar- 
cfaa.*^ con el protesto de rendirte 
cHoenaJes, se multiplican poco á 
poco en derredor suyo los corte- 
sanos y emisarios del empera- 
dor: en fin, cuando llegó al Eno, 
rio de Norico, cesó todo disimo* 
lo: Barbecion y Apc'demo apa- 
recen al frente de un cuerpo de 
tropas, penetran en el palacio, 
despojafn al principe de ' la púr- 
pura, le obligan á subir en un 
carro; y' le llevan á Flanona, 
ciudad de la ktfia. 

MümTB oB o^Lo.— AlH'es inte* 
itogado porel eunuco Ensebio, y 
porMelobaudes, capitán de guar- 
dias^, y cobarde, tanto como ba- 
biatído cruel, atribuye todos los 
esteesós toótnetidos en Antio()uia á 
los consejos de su esposa: su pu- 



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«6 



H«TCm4 



silanknidad.le envileció sin saU 
varto: S^reiriaDá» fiel ejecutor de 
las órdenes de Coostancio» min- 
tió cortarle la cabeza. Galo, pe» 
. recio á la edad de veintinneve 
unos. Su maerte tieaó de alegría 
^ la corte ée Medíolano; pero 
vo restableció la tranquilidad 
ím AMe, donde la tiranía no bi- 
so mas qoecaoibiar de víctimas. 
Los delatores, siempre odiosos 
y 8ieiR9pre impnaesp acuiaron y 
trajeron ante les tribunales i to- 
dos los que eran edictos á G^ilo 
por la gratünd^ el interés é el 
temor. Vrsíchio, cuyo solo ctí- 
men era mostriir algunas: vi rtiK 
itos<en nna época de corrupción» 
y tener na mérito briUaAle, en 
«n siglo de decadencia, fué con- 
llenado á tnuerte; peroren oi roo* 
meato de inmoUriOyCoastaneio, 
detenido por eliemor de,prjva»- 
ae 4e na ciipitam iaa-iísolarecl- 
do, anuló It seaieaoia,* y : le in» 
4nltó. ' / . 

▲i mismo tieiapo J^uiiano, a- 
casado de beber venido sin ^er- 
aaiso á Nicomedia á ver á su 
bermaao, sufiió an ia(errogata- 
lio. £ste príncipe Jenereso, evi- 
tando iguatmente su deseqor si 
acusaba á Galo, y sa perdición 
file disculpábanse negó á res^ 
poader» y ni las amenatas ai ias 
promesas, vencieron su. pruden-* 
te é intrépido Jiiencio. 



Antioqo^^ntinuóeleado tea* 
tro de la injostleia y de la cruel» 
dad: los babtlaates que «eelai'^ 
ron á los enviados dei erapera« 
dor, fueroa abeoeitos porque e^ 
ran ricos; y en au lagar se en^ 
tregarooper.ví^mas á ta hii de' 
Constancto un gran námero de 
inocentes* En aquella oiadad 
desgraciedt una qae}a, ana vos 
escapada ea la ambriagaez, ua 
saefio eeatado por üapradeacia, 
se pagaba cMf 4a libertad 4 coa 
la vlda^ '. 

.No fué larga- lapas vergoata* 
sa4lelaño aaterior. Los alema» 
aes lomaran las armas: las tropea 
de Cioasteacía peaeCraron en Re* 
cliK sa vanguardia^ mandada por 
▲rbecian^ ia adeltató impra^ 
dentemeate^ bié rodeada por el 
eaem^ cerca del iaga Brigaati* 
aa {Constanza^ , huyó y perdié 
4iez tribaaas y muchas saldados. 
Losbárbamssa acercaran al 
campamento é insultaron al anr 
parador, qae ao se atrevía á dar* 
les baialla; ommíios trihaaas, ia* 
-Agnados da aquella osadía, salea 
sin orden al frente de las salda*» 
dos mas valerasos, caea sobre el 
aaemigo> y la desbarataa. El 
reato 401 ejercita los sigan» dis- 
persa y despedaza á los blM^baros^ 
obliga 4il aaiperadorá triunfar 
contra sa valuatad, y termiaa 
ia guerra . 



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i^n lAfo 
Poeo tiMipo después. Silvano, 
jenersi de le infanteria, que se 
había becbo célebre en la bata- 
lla de Mursa, y cuyo nombre era 
terror de los francos, á los cua- 
les debía so orijen, fué enviado 
á la Galio para pelear conira ellos. 
Debió «sla comisión iflnportaote 
i la envidia de Arbecion, que te 
ensalzaba para arreinarlo. 

Dinaaoo, secretario de la ca- 
ballería imperial y emisario 4e 
SQ rival, tnjió aficionarse á él, 
y obtuvo cartas de recom^da- 
cioD para muchos personajes i- 
Ittstres de la corte: borró todos 
los renglones de estasxartas, de- 
fando ilesas las firmas, y pus^ 
frases que demostraban á Silva- 
no oriminiri. Todos aquellos á 
quienes iban dirijidas las cartas, 
fueron presos. 

Malárico, franco de nacimien* 
4o, y comandante de la guardia 
"estranjera, mostró descubierta- 
«aente^u indignación contra una 
•levosta Uñ infame, respondió 
de la«íooeeDCia de Silvano, ma- 
Qjfestó cuan peligroso era ofen- 
>éérá«oJenera< ian hábil en la 
gverra come enemigo de las in- 
trigas, y que no sufriría pacien- 
temenletan grande injuria: pi- 
dió, en fin, que sc'le llamase pa- 
Ta justificarse, y prometió que- 
dnrfireso en su lugar basta que 
Melobaudes lo ^r>ajese. A pesar 

TUMO XIV. 



nivEBio. 57 

át sus iostandas, se envió á la 
Galia á Apódeme, acostumbrado 
á oprimirla virtud, para que ma- 
tase á Silvano. 

Entretanto una carta inteir* 
ceptada descubrió á Malárico 
toda la trama: se ecsaminan de 
nuevo las que habían ya pareci- 
do sospechosas: se averigua el 
«rtiAcio, vuelven i aparecer los 
vestijios de la escritura anterior, 
y se reconoce la inocencia de SU i 
vano. Solo fué castigado un ajen* 
te subalterno de esta intriga. Di- 
namo, autor del crimen, obtuvo 
el gobierno de Etruria. En el 
mismo tiempo. Silvano, dema- 
riado akivo para tolerar tal a- 
freata, y demasiado atrevido pa- 
ca esperar sin resistencia su con- 
denación, arenga^á sus soldados» 
gana á los oficiales, levanta el 
estandarte de la rebelión, arran- 
ca una banda de púrpura, ae 
reviste de ella, y es proclamado 
emperador. 

El hombre de talento que fué 
desfavorecido en los tiempos de 
tranquilidad, es Jlamado en los 
del peligro: el emperador encar* 
ge á {Jrsicino la guerra contra 
los rebeldes; pero acostumbrado 
á triunfar mas bien per el artifi* 
oio que per la fuena, engaña ai 
enemigo que desea herir, finje 
ignorar su rebeUon, y le escribe, 
que estando satisfecho 4e sus 
8 



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5S HMTORIA 

seryicios^ le confia un empleo» 
mas hnpof tante, y eo^ta á ITr- 
fticiflo^ para^ reii){>lazasrla eoi et 
mando de aquel ejército. 

ürsielooy acompasado de dier 
Iribuiios y dealguooe oficíale» (íe* 
guardias, eotre los cuales se ha- 
llaba et historiador Arntauo Mar- 
celino^ llef;a á Colonia, y halla 
el poder de SKvaoa demasiado 
fuerte para, emplear coatraét la» 
violencia.. 

En aquellos tiempo» de co- 
rrupción', habtft pocos hoiobres 
capaces de conservar la nobleza 
lie carácter en ctrcunstancí«is de- 
licadas, ürsicino, degradando el 
suyo,, aparentó aderirse aF par- 
tido de Silvanoy y adoptar sus 
resentimientos; y así ganó su 
confianza. Sin embargo/el tienu 
po volaba, y ' era fuerza ó des- 
truir al rebelde,, d declararse por 
su cansa. Algunos oficiales so- 
bornados, y un cuerpo de galo» 
seducido,, se reúnen de noche,, 
marchan a I palacio, degiíel I an In 
guardia^ y asesinan á Silvano en 
una capilla donde se había es- 
condido. 

Ursicino lamentdsu triste vic- 
toria: conoció demasiado tarde, 
que la lejílimidad de una causa 
no justifica la vileza de loa me- 
dios que se emplean para Cavo- 
recerlavy que no hay laureles 
* que no marchite la traición. 



La adulación prodigó alaban* 
zas á Constancio, pero inútiles y 
de ningún precio en ona corte 
donde la censura era criminal y 
sospechoso el silenció. Castigóse 
á los amH(os de Silvano: sus sol* 
dados se desmandaron.^ Ursicino 
quedó en Galia coa el título de 
comandante ; pero Constancio, 
que le temia, na le envió* tro- 
pas. I>esguarnecida8 las fronte- 
raa de toda defensa, porque el 
emperador temia a sus jenera- 
les tanto como á sus enenúgos, 
laa Gallas fueron íai&ndadas de 
una multitud de francos, sajones 
y alemanes que pasaron sin os- 
táeulo el Riu, y se apoderaron 
decuarenta y cinco ciudades. Al 
mismo tiempo los sármataa in- 
vadieron laPannonia; los per- 
saa asolaban el Oriente. E^n* 
lado Constancio de tantos ata- 
ques, conoció la necesidad de 
nombrar ua cesar y se- decidió 
aunque con penaá dividir con él 
sa poder. 

Entonces su mi^er Eusebia, 
triunfanda de los temorea del 
emperador, le determina a que 
revistiese de la púrpura á Ju- 
liano. 

Cuadro DE LA. YiOA. ns. jluua- 
NO. — Este príncipe Jdven^ pinta* 
do taa diversamente por los dos 
partidos opuestos que entonces 
dividían el imperio; era ia esfA- 



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DCl BATO UffPEEIO. 



^9 



ranza de loa JeDiiles y el terror 
de 1(18 cristianos. TJoos le han 
piotado como un héroe; los au- 
tores cristianos como an móQS- 
troo. Tuvo grandes detectes j 
grandes prendas, y justificó con 
sus acciones los -elojios de sus 
amigos yaparte de las acusacto- 
oes víriilentas de sus enemigos. 
Sin juzgarle por las apolojfas de 
Libanio 5r de Amiano, y por Jas 
invectivas de Gregorio Nacian- 
ceno, de Basilio y de Jos escrito- 
res parciales» es fácil estudiar 
au' carácter, atendieBdoá su po^ 
aicion, su conducta, sus leyes, 
aos palabras y su¡^esoritos. 

Cuaaáo todavía estaba en U 
eiioa»4iiia feli^^casualidad bizo 

Hiue escapase de la matanza de 
au familia; peroel tiomicida Cons* 
4ancio» no le dejó la vida sinq 

4>ara4enerle en perpetua servi- 
dumiire', y asi estuvo casi siem- 

(pre cautivo en su infancia ^ en 

los prin€Ípios4e au juventud. , 

Su hermane ^Galo, 410CO des- 

/pues de ser elevado á -4a digni- 
dad de eésar^^reció^feiima de 
los* rigores del emperador. Este 
principe no selo üueria ser due- 

4io abeoiuto de la vida de los 

4ioml>res, sino jqneitfranizaba las 

-conciencias, yecsijia j^iie «lodos 
los .que sufrían so*yugofaeaen 00 

^ piadosos^ sino crédulos y aupers- 

«ttcioaoscomoél. 



Juliano, dotado de una imajir 
nación vhra y de un jénio ardien- 
te, se babia entregado en su lar* 
uo retiro al estudio de las letras» 
de la historia y de la fllosoña, 
única distracción de los espíri- 
tus grandes cuando . están ocio- 
sos, -único alivio de las almas je- 
nerosas cuando son desgracia- 
das. Xios estudios elevaron sus 
ideas y fortificaron su carácter, 
inspirándole admiración á los 
hombres |;randes, y á las vir- 
ludes severas de los 4iempos 
antiguo*», mucho respeto á la 
ji^sticia, y veemente amor á la 
gloria y á la libertad. Yeia con 
un profundo sentímiento la de« 
-cadencia del imperio, el abali* 
mienio del senado,^ la serví- 
<lumbre del pueblo^ la codicia 
de los grandes, la bajeza ^p los 
cortesanos, la iasoleacia de los 
eunucos y libertos, las esaccio- 
nes de los intendentes y gober- 
nadores de provjncia,4a relaja- 
ción de4a4\$ciplmaj At% derro- 
tas de los cyércilos. 

£1 lujo y la molicie de la cor- 
te le inspiraban unjusto despre* 
cio; y no ^podia coraprender^por 
^qué cuando el impepiOy^acomé- 
üdo^por todaspairtes de los bar- 
liaras, amenazaba ruina, no se 
ocupaba el emperador sino eu 
convocar concilios, en pueriles 
debates sobre cuestiones que 



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60 



BISTOSIil 



SIEBIPRB serAo iaioteKjibles, 
y ea las querellas interminables 
de un clero dividido por la am- 
bicióos y corrompido por la ri- 
queza* 

La gloria de loa romanos le 
parecia inseparable de su anti- 
guo culto; atribula su decaden- 
cia á la iatrodttccioo de una reli- 
Jion nueva que separaba la aten- 
ción de los hombres de los inte* 
reses de la tierra; menguaba los es- 
píritus destruyendo grandes y he- 
roicas ilusiones; hacia considerar 
la vida como un viaje y al mun- 
do como una posada, y rem- 
plazaba la ocupación de^ los in- 
tereses públicos por la de loa 
intereses relljiosos. Juliano era 
un ciudadano de la antigua Ro- 
ma, trasportado violentamente 
á la ^neva: era el alma de Caton^ 
de Scipion ó de Marco Aurelio, 
que habitaba en el cserpo de uo 
pr/ncipe de la corte de Oriente. 

Estos seotinpientos^ compri- 
midos por el temor^ llegaron á 
ser pasiones enardecidas: la di- 
simulación á que se vio obligado, 
aumentó sn violencia. Olvidó 
que es imposilMe resucitar los 
prestijios ya destruidos y una 
relijion moribunda, ó volver a- 
trás un rio, ó restituir un pue* 
blo envejecido en la degrada- 
ción al dominio de las virtudes 
piimítivas. 



Su firmeza podía retardar la 
calda del imperio; masnoreje* 
nerar^: era necesaria una re*' 
forma y no una revolución. Pe- 
ro Juliano estaba harto apasio* 
nado para distinguir los princi» 
pios de los abusos; y en su odio 
y menosprecio confundió el coU 
to moral del Evanjelio con la 
aml^icion de los sacerdotes, y las 
locuras de las sectas. Su aver- 
sión á la relijion nueva le hizo 
olvidar la tolerancia que acon^ 
seja siempre una sabia poli tic». 
El qne debia ser jefe del impe«¿ 
rio, lo fué de un partido: so dea* 
precio á algunas fábulas adop» 
tadas por la credulidad popular» 
le precipitó en las superstición 
nes antiguas. Negó los miste» 
rios y creyó los auspicios, loa o» 
ráculos y la májia: no hizo nada 
estable^ porque quiso mudarlo 
todo» y su efímera revolución 
no duró nsas que el corto inter- 
valo de su vida. 

Como administrador, |uea y 
guerrero» Juliano, semejante k 
Trajano y á Marco Aurelio^ fué 
un grande hombre; pero su le» 
jislacion retijiosa, mexcla eslra* 
vagante del deismo« de la doe* 
trina de Platón y del poUteiamQ» 
le hizo en cierto modo ridículo» 
y la persecución contra loa cris<* 
tianos odioso hasta tal punto; 
que los enemigos adquiridoa 



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ML BAJO nfPBBlO. 



9t 



por su tnjasticia, no quisieron 
reconocer en él ninguna de las 
grandes y sublimes cualidades 
que poseía. 

En su Juventud, no atrevién- 
dose & contrariar los órdeneS'dé 
Constancio, las eludió; j no pa- 
ciendo asistir á 4as lecciones del 
retórica lentil Libanio, estudió 
sus escritos. Confinade^á Per- 
gamo, halló en aquella ciudad 
astrólogos y mnjicos, tales comt>^ 
Eiteso^inficsimo y Jámhlico: ei 
tos subyugaron su iinAJinacion y- 
áedujeroo sus ojos con presta- 
Jios, de modo que le LricieroQ 
creer haberle puesto en comu- 
Bleacion con ios dioses, y que 
las deidades le aconsejaban en 
gueftos: le parecía distinguir en 
la voz si el que Ib hablaba era 
Júpiter» Minerva^ Apolo, Diana 
ó el jeniode Roma. 

Informado Constancio de sú 
inclinación á la idolatría, encar* 
gó k Accio, obispo arriano, que 
vijilase su conducta. Juliano, 
too un disimulo muy raro en su 
•dad; pero muy eomuo bajo el 
despotismo, engafióá aquel ar« 
diente sectario y sutil orador. 
Afectando mocho zelo por 1^ 
relijion, cuya ruina meditaba, 
tomó el hábito de, monje, ébizo 
en la iglesia las funciones de 
leeiar. 
Después de la muerte de G^lo 



letuvíeroirpr^ísoen un castillo 
siete meses. Bl camarero Euse* 
bio DO cesaba de instar á Cooa». 
tancfoéiiue le mendase matar, di- 
ciendo que era me imprudencia 
dejar vivo á tin prfocipe, el cual 
tarde ó temprana querría van* 
gara su familia^ La emperatrh 
Eusebia; que se interesaba por él ^ 
le^alvó y le obtuvo el permiso de 
ir á Grecia á coQch»ir sos esto» 
dios. No se podia eiejirun des- 
tierro mes suave-ni uua mansioD 
mus agradable para Juliano: Gre- 
cia era patria de los poetas, á 
quienes amaba, de los filósofos 
queadmiraba, f de los dioses que 
adoraba^en secretot^Su memoria 
prodijíosa, sa inteósaaplicacioo, 
la vivacidad de aa espfritu y la 
esteosioD: de- sus conocimientos^ 
admiraron á los sofistas y orado*- 
rfesde Alenari. San Gregorio y Sao 
Basilio estudiaban eotonceseola 
misma ciudad: Juliano, obligado 
á ocultar sus opiniones, lela coa 
ellos aparentando sumo ardor, 
los libr«3S sagrados. Estos padres 
de la Iglesia le^cbaroo en cara 
después su potiticaarlfficiosa pe. 
ro forzada, como una odiosa bí- 
pocresia. San Gregorio dice, qué 
Juliano tenía ojos vivos, cejas ar- 
qoeadas, boca grande, el labio 
inferior caido^ el cuello gruesa y 
encorvado, espaldas anchas^ cuer- 
po biefi proporcionado » cabe- 



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62 HISTOIIIA 

líos ensortijados,barba erizad* y día, halláodosc eDmedio de los 
y en punta. Sa estatura era -pe- 
queña, 8U fisonomía maligoa y 
burlón*, au mirada incierta, 8« 
^ndar vatilante: hablaba apf¡íH^ 
y guátába d^ hacer muchas pre- 
guntas que se sucedían unas á o« 
tras^con rapidez. 

A pesar de sus demostraciones 
^e piedad, lospaganos, enamora- 
dos de su injenio, ^'hacian votos 
porque ascendiere aHrono;y San 
Gregorio, penetrando sus verda- 
deras opiniones-porentréíBl velo 
relijioso con que las disimululia, 
escribía á sus amigos: Este prin- 
cipe i$rA enemigi> Ue la reí ij ion: 
es un monstruo que el imperio ali-^ 
menta ensu séno.^¡ P4egue á Dios 
que yo^ea falso profeta I Los his- 
toriadores cristianos describan 
menudamoiiie'los urtíficioii ^ue 
•se emptaibw para hacerte creer 
que estaba en común icacíon coa 
los dioses .{1). Refieren que un 



(1) Cnno los •iHoret Cf iMÍástícbs 
hau pinUdo á^aViano^cMi colores taa 
feos, f btn apuraiU coatra él «pdaf 
U« denominaeioiies «us ^^iosas, nos- 
otros, que ijaeremos vco^ar-su meaio- 
ria ari coioo la detodos^lo* bowbrca 
de saber é iiitcli|eiicU,'* quienes pé- 
telo esu drcuiiataom ban^iaUíi^do, 
■os tomamos la überUrd de rvp^oducir 
m» troao, en quf babla sobre' Julíauo 
ti profundo literato I*id&o LsroUi, en 
•n Jtievue IndependanU^ tomo III, pa^ 



demonios hizo la señal de la 
cruz , y todos desaparecieron. 

EUrado en París on 1.® de junio dt 
*1S42. Dtre de esta manera: 

••Negar, %sjo todos aspectos, la ver- 
«dad det eristianismo, como ban be* 
<Mcbo á loenudo lot titésofos, seria á 
•nuestro p«recer hoy lie poco prove- 
•cbo, y un indicio de poco saber; por- 
»que seria continuar *«n combate ya 
•terminado; en ves íáe proseguir útii* 

• mente la^icioria. 
*• Apenas tiabia triunfado el cristia- 

«nismo bajo G>QStantiuo, cuando apa- 
•recio Juliano, hombre que hubiera 
••dado volunUriameilte su vida y aa- 
•crtficado el imperio por estermiuar lo 

• qne él I1amnb»4in« miserable superé" 
•iichn, Nieljénto de este ¿lorobre, ni 
•an poder pudieron conseguido: pasó 
«acéleradiusiente, y él cristiantamo tiu*- 

• r4| y el imperio -y los dioses de Julia- 
•»nO'«ayerpn'<mnte la rélijíon que des- 

• pf«ciaba. Superiticioso Juliano, solo 
>• babia^ protestado -contra la ^ueva su- 
^persticion en ••favor de^la ant^i^tu. Su 

• gloria y su^veigüensa quedaron* indi* 
^caolnblemente oniílas. Débil y Inerte á 

• la vas, devoto 'é irrelijiosn, ha mere- 
licído al nombre de Apóstata, por ba- 

• ber conocido U relijion del porvenir 
^•^ haberse -suelto á la de>4o pasado. 

• Pero su ^iroCesta, sin embarfo, no 
-N»«ra vana. ^Pudo no abrasar moa qu« 

• k-»ada, euandoipara impedir se le* 
«VMitase un nutvo altar, se agarró 4 

• los altares -ruinosos de los dio»es au* 

• tiguos; pero aquella pieitad por un 
•culto que iba á morir, tenia algo dt 



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DEL BAJO 

Estas narraciones son verdade- 
ras fábulas y sopercherías; mas 
lo que hay de cierto es que Ju- 
liano era supersticioso; este A- 
kSsofo austero er» ño paganecfe* 
Toto» j la superstición es ca- 
pas de todo. Se briao iniciaren 

• Hilinift, al,menoft coolr» U forma 

• ídoUtríra nueira, ti t» cierto qwfy ae- 
»^aa la palabaa de Jeaua, vendí J tieiD- 

. »po en que loe bombee* a4oreii.solo en 

• upirittt y- en vtrdad (*•). Coaiiavieu^ 

• l>uet, lUm^nd^ole Apóetata loa^ftcfr- 

• doirsde fita reH¡ionqa« entonces era 

• de) porvenir 5 que- boy etdi^l paaado; 

• liágaulo en boenora, pero no seria 
' •iufícienles é acallar la voideVolta^ 

• re, que» respondiendo como oa eca 
•después de UMitoe siglos, le ha Uaiáar- 
•do grande bombre. Coatinoen en ha- 
•cerle dédc ea loe últimoe máHaenloe 
•de lia vida: "Catiteo, 14 bes vencida;? 

• porque si Ules palabras se le haa cs^ 
•capada muriendo, ee creiUe también 
•que rodase en ao espírilu olvo pensar 

• miento, y que coma ei Graco, solo 
•cayó artoj^ndo polvo acia el cielo en 
•demanda de sus vengadores: 

JVxóriare aUquil noñris ex oisilmLuUor. 

• T en verdad que no le han faltado 

•vengadores, pues al 6a de íoe iiem- 

; «poe, cuando á su vea eslaba ya espi- 

' •raudo el crtstiaaisiiio, apareció Vol- 

• taire. Eutre Juliano y VolUire, ¡qué 

- ^ C) Sah JirAir,ca^;iV. 



IMPBaiO. 63 

los raislerles de-Eleusis, que da* 
raron^ todavía ctiarenta alos, es 
deeir^ basta la ima^ioiii de Ala- 
rico. 

lliliano teniaü veinticuatpo 
coando^Cbnstancio le envió ór« 
den de- venir á Mbdiolaoo para 

•cúmulo da-aJveisarioft det eristlanis'- 
»mo se han sucedidor de una en^ otra 
•edad! ¡.qué^loriosan filanye daalibae 
«esrojidasi de intclijenciaa*iMibliai#s, ha 

• producida U homaDidad para resistir 
»É e»l^ cuito convertidla en opresoat 
» primero todos aquefTos q«ie han ser- 
•vidoa la libertad del espirita huma- 
•-no, bajo el nombre de herejes, y qut . 

• se han inspirado con el «ristiauismo 
I* pátñ! iransfbrmavlo; y después los que 

• haa becho> conducir todas las berefiaB 
•i una negación completa. Gloria 4. 
•ellos t,... pero eran Hombres, y su- 
Ȓeto0.al error. 

. "Necesario és eftrtivamente que ha- 
»ya error por ambas paHes; parque veo 
•-la humani lad divi<lida en dos bañ- 
ados, y no puedo eonsentir en creer 
»<|ne todi el error esté de una parte, y 
•toda la mentira de la otra." 

• Si lomáis partido por el campo fi^ 

• losófico dé Juliano y de Voltalre, el 
•cristlaiiismo es éntu tataiidad vkn^ 
•mentira. I^ humanidad en masa se 
i^haengaaado^ completa y fúndame»- 
i^tahoeateduranlemil ochocientoacoa- 

• reou y dos. a2oe. ¡Qué herida á la 
•certidumbre. humana f Fortoeo es con- 
•venir en ello, el golpe es mortal; y 

• lo mu seguro después de esto, es da- 
•der de todo."* 



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«4 



nSTOUA 



TesUr lafnftrpim. Recibid elle 
decrete tomo tina seofteocia de 
«condeoaoioo: .prefería entonces 
loe placeres del estudio á las rlu- 
"Biones del poder^ 7 sentía srnce- 
'raménte perder la coKe tranqui- 
la de oradores y filósofos que le 
rodeaban» y las sombras pacífi- 
^ú$ de los jerdines de la acade« 
ffnia. f emeroso de 4ral potado 
<lel omioída de s« faariiia, corrió 
*el templo de Minerva, se pros- 
temó al *pie de sns aHates, y la 
suplicó'queTelaseporsu vida* 

Al mismo tibiipo ajitaban o- 
tros temores y^uiSadosel ánimo 
de Constancio: solicitado por Ja 
•emperatrízá favorecer á Inliaño, 
alarmado por la$ representacio- 
nes del. pérfido Eusebio, suM^ama- 
teroy enemigo, jurado de «quel 
Joven, vacilaba en si debía ma- 
tarle ó coronarle. Eusebia' fijó 
^u incertidumbre, didéndole: 
«Los negocios interiores del im- 
»per4o ecsijen toda tu atención, 
^los sáiHUotas^godos qué pasan 
velDanubio, losj>ersasqueinva- 
»den el Oriento, van á emplear 
•todas tus fuerzas* Nol»astas«o- 
y|o á tantos cuidados. Las CaUas. 
Mstán en peligre, 8Cometidas.por 
»los francos y JernMinos. Envía á 
üJuliano contra eUos: «i ^vence, 
atendrás la-gloria de su triunfo: 
'Nsi sucumbe, quedarás 4ibpe de 
nun enemigo*-» 



Cuando supo que el príncipe 
%abia Negado á las cercanías de 
Hediolano, el emperador decla- 
ró pábHcameote laTesolücionde 
•nombrarle cesan nmtioia que es- 
citó la sorpresa y las murmura- 
ciones de los eunucos y libertos^ 
temerosos de la elevación de un 
príncipe hábil y que los despre- 
ciaba. Bebiendo recibido drdtso 
ie venir á palacio para habitar 
en él, se presentó sin haber con^ 
saltado á los dieses, tan tt4^e 
cono nn reo conSucido al ca- 
dalso. 

'Cuando se le hizo coitar k 
barbe y se le quitó la capa de filó- 
sofo, tan ridícuhi en la cofte, pa* 
ra ponerle el trajeguerrerode los 
^éüres, mü cortedad y sUencio, 
sus ojos bajos, su ademan triste y 
pensativo le granjearon algunos 
sarcasmos de los duques, condes, 
y cortesanos'Cdrrompidos. Como 
este príncipe atendía mas á los 
iofertunios qne al esplendor del 
supremo poder, suplicó á su Ho 
^ue le libertase de la carga y le 
dejpse Tvivir ejimedío de sus a* 
mados libros, preferidos por él 
«entonces sinceramente al bulH* 
Gio del mundo. 

Constancio le dijo ^que antes 

4e tomar definitivamente iin 

partido tan pooo conveniente á 

su cuna, hablase con Eusebia. 

I Esta emperatriz conjuró i Ja- 



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mSL B4J0 

liMo i|m ifemiiititie á w selvá- 
tica ñ\iñotU^ coDtraria á los de- 
beres qae le inspiraba la virtud: 
le hizo entender cuan preferí- 
ble era vencer las dificultades á 
hnirlasí; que sas estadios serian 
iflfnictireroa, si solo los apli- 
caba á vanas especulaciones^ y 
goe llamado k trabajar en la sal- 
vacion^l imperio» no podia sin 
infamia renunciar ft este cargo. 
£1 priacipe cedió á sus instan» 
cias. 

En esta época en^ue el poder 
absoluto se habia elevado sobre 
la ruina de todas ias institucio- 
4ies, no se ecsijia ya para nom- 
brar un cesar el consentimiento 
4el pueblo y dtsl senado^ pero 
ae.consultaba todavía al ejérci- 
to, porque el imperio era una 
especie 4e república militar. 
Constancio, rodeado de ios grao- 
des, Jenerales, principales dig- 
aalarios, y en presencia de la 
guardia y de las lejiones, anun- 
4UÓ que si las tropas lo aproba- 
baD> daba á Juliano el título 
de César. Los soldados manifes- 
taron su adesion dando con las 
rodillas contra los escudos. 

«Principe, dijo el ^emperador: 
•recibe la púrpura de tus ante- 
»pasados: toma parle en mi au- 
steridad y en mis peligros: arro* 
aja á los bárbaros de la Galla: sa- 
ina las heridas que aflijenaqMel 

lUMO XiV. 



nmsiao. 65 

•desgraciado paia: anima con ta 
•ejemplo las tropas y conserva* 
•las con tu prudencia: hallen en 
»tíun Jefe intrépido para lle« 
•varias ai combate, un apoyo se<» 
•giiro en sus necesidades, un í- 
alustre. testigo de sus azafias« Sé 
«modelo y Juez de su valor. Yo 
»te miraré siempre comosi estu- 
»víeses sentado junto á mí en 
»el trono: mírame tú como si te 
«acompasase en los peligros. Ve, 
icésar : lleva cootigo la esperan? 
«lay los votos de los romanos, 
ay defiende valerosamente el 
•puesto que te confian. ^ 

A estas palabras sucedieron 
aclamaciones uaiversaies, que 
hizo mas«enérjicas el aspecto del 
nuevo cesar, admirable por su 
ademata guerrero, suT semblante 
sereno y sus ' miradas llenas de 
ardor: subiendo después en el 
carro del emperador, entró con 
él triunfante en la ciudad; mas 
no olvidando enmedio del tu* 
multo de los curiosos y los ome- 
najesdeun pueblo inconstante, 
las vicisitudes de las cosas hul- 
manes y el fin trájico de tantos 
príncipes que empezaron como 
él con aplausos, aplicaba á su 
situación los versos de Homero 
en que «compara la púrpura de 
los reyes al lienzo mortuorio de 
los cadáveres* 

Eusebia, para completar su 
» 



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66 

obra^ biso que se le diese por 
esposa á Elena, hermana |le 
Constancio; pero de lodos los 
dones de la emperairii, et que 
recibió con mas graliind ftié una 
biblioleca numerosa» apreciada 
por ¿I como remedio de los ma- 
les y ccNisuelo en los infbrtunios 
de la grandeza. 

CoKnUGTA DK COMBVARCIO OdSC 

jüLUNO. — No lardaron mucho 
e^bacerlesenlirelpesodesuele* 
vaeion« Constancio comenzó ale- 
merle desde que le hubo ensalza* 
do. El nuevocésar no fuémassi« 
no el primer esclavo Je palacio» 
donde el emperador ie detenia 
cautivo. Guardábase su puerta 
cuidadosamente: rejístrábase á 
los que entraban eq su cuarto^ 
para ver si Iraian cartas. Con el^ 
pretestode formarle una oorte> 
fueron despedidos sus criados y 
remplazados por espías. De los 
hombres elegidos por él solo con- 
servó á Orí baso su médico» y 
tf$é porque ignoraban que era 
su amigo. 

Ai mismo tiempo que se4e 
encargaba el gobierno peligro8Í«« 
simo de Espaüa» Britannia y Ga^ 
lia» se le quitaban todos los re- 
cursos para la victoria: parecía 
que se temían sus triunfos mas 
que sus derrotas^ Los generales 
tuvieron encargo de vijilar á su 
Jefe mas que á los enemigos: las 



OMA 

leJiOMS debHitadas é fotinaida* 
das por un larga serie de reve- 
ses» no recibieron refuersosc se 
limitó la autoridad del príiici- ^ 
pe» y se le negó la facultad de 
distribuir grados y recompensas. 
$alió de Afilaircon trescienlos 
hombres de escolta: Goostaocio, 
que le acon^pañó basla Ticioo, 
supo en el camino la tooui de 
Colonia por los birharus» j la 
ocultó á JiuHano. Separáronse 
al fin; y et cesar, corriendo á los 
peligros» creyó acercarse á la li- 
bertad conforme se desviaba de 
la corte. Los galos le recibieron 
con entusiasmo; y una mujer de 
Viena» ciega y fanática» le pre* 
dijo que ensalzarla el imperio» 
y restableceria el culto de los 
dioses. 

RSTaATODB JÜLlAllO.~lulÍ&* 

no» al entrar en sa nueva ca- » 
rrera> tomó por modelos á Mar- 
co Aurelio en el gobierno» y á 
Alejandro en la guerra. Marcha- 
ha con laa tropas á pie» descu- 
bierta (a cabeza» arrostrando la 
inclemencia de las estaciones» 
sin mas cama que una piel estén- 
dida sobre el suelo: comia el mis* 
mo alimento que et soldado: su« 
fria comoéi la fatiga v asistía á sos 
trabajos» y se entregaba con ar* 
dor á los ejercicios militares. 
Uno de ellos era la danza pirri« 
ca-| y un dia que la estudiaba, no 



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DEL BAIO 

pado dejar de eselainar: «¡Qaé 
•oficio este pare un filósofo! i» 

Gaaddo eonclaído^ \é% traba- 
jos de la guerra t^ozabn las trom- 
pas de reposo» luliano se deUiSea- 
ba á los caidados de la admJnU- 
Iracíott y de la provísfua del 
ejército» k la reforma de los abu- 
sos» y á la reparación de las io- 
Justidas. Este príneipe iaratiga- 
ble eaipleaba gran parte del dia 
en estudiará Políbioy á César, 
en meditar sus planes de opera- 
eion» y su recreo era la lectora 
preferida de los filósofos. For- 
xado por su posición á disimu- 
lar s«s verdaderos sentimientos»* 
profesaba públicamente el cuito 
cristiano pero ofrecía en secreto 
sacrificios a los dioses. Aborre- 
cia á Constancio comoá enemigo 
delosülósofosy del jentilismo» 
y como*á estermiáador de su fa- 
jniUa^ y se veia obligado á oia* 
Bifestarie gratitud y adesion. I£n 
fio, esta dependencia» á 4a 4^ual 
había querido en vano sustraer- 
se» le puso en la necesidad de ala- 
bar en público según el 4iso; por 
^os ocasiones, 4as virtudes de un 
•mperador á quien aborrecía» 
y los4alentosdeun nombre c^ya 
incapacidad depreciaba. 

Mientras que «rodeado de esco- 
llos buscaba ios medios de sai^rar 
las Gallas» triunfando de tosos- 
táeolos que le oponían el Valor 



iHvfctio, 07 

de loa barbarea y la envidia de 
'Constancio» este emperador se 
eoqiefiífba cada vez' masen las 
disputas escandalosas délas sec- 
tas. Seducido por los arríanos 
mandó k Filipo» prefecto de O- 
rtente» que echase de su silla á 
Paulo» obispo católico deCoos- 
tanttoopla» y pusiese en su higar 
al beresiarca Macedonio. Paulo» 
preso por los soldadxis, fué car- 
gado de cadenas'y conducido pri- 
mero á Emesa y después k Capa- 
docia» dohde le aorcaron con un 
un dogal. l.os ciudadanos, indig- 
nados por esta injusticia, se reu- 
nieron amotinados en la iglesia 
de Constan tinopla: todo el pue- 
blo se su Meiró^, pero impotente 
contra latuér^a organizada» fué 
desbaratado y dispersado por las 
aropasde FMipo; y Hacedonio, 
prolejído por ellas» pasó sobre 
tres mtt cadáveres, parai subir á 
la silla episcopal. 
Disairsions BVTiBcovsTAvao 

TXOiS OBISPOS pon CAUSA DB ATA- 
JtASlO.— O^) ^^*^^°^^» ^^* 

Uendo convocado un eonoUio á 
sur palacio de Mediolano» propu- 
so en éf'ons profesión de-fé en- 
^eraMeaíte arríana; los obispos 
caióliii0i (a desecharon como he- 
rética y se aegarou á firmarla, 
OpibiéronMtAmbíen á la conde- 
tíacldtt de Aianasio» de quien el 
j^rfticipfc se liedaró acusador. 



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68 nsTosiA 

«Los cánoaes delalglMh, de- 
»ciaQ» proibeo condenar á un 
•hombre sin oirle.» «No hay mas 
»cá nones que ai rolonlad, re* 
i»plicó el emperador: elejid en- 
»lre la obedieneia ó el des- 
«tíerro.» 

Muchos resisten y quieren res- 
ponder: Cdnslanclo, enrarecido» 
saca la espada^ quiere herirlos, 
y manda que los lleven al cadal- 
so. Parten sin replicar: el empe- 
rador muda de dicjlámen, los 
llama^ condena al destierro á tres 
de ellos y presenta á. los demás 
para que la firmen, la destitu- 
ción de Alanasio. Algunos la fir- 
man por miedo: el mayor núme- 
ro persevera en su resistencia y 
se retira á la Iglesia. El eunuco 
Ensebio entra en ella al frente 
de un piquete de goardiaa^ y 
prende 4 cientocincnenta perso- 
nas á Plisar de las amenaxasy 
reprensipnes de San Hilario, o- 
bispo de Pictavios (Poitiars), 
prelado vtyierable^ tolerante» ca- 
ritativo» pero firme é indepen- 
diente: en esta ocasioo comba- 
tió el despotismo imperial con 
una libertad verdaderamente ro« 
mana. 

Constancio encai|[d á Eusebio 
que fuese á Roma Á ecsortar ai 
papa tiberio para que firmase 
la condenación de Atanaslo: en- 
vióle con él presentes magnífi- 



cos. Bl papa se negó á firmar» é 
hiio arrojar con desprecio fuem 
de la Iglesia los regalos» Bl prín- 
cipe irritado mandó á Leoncio» 
prefecto de Roma, que prendie- 
se al papa y lo enviase á Medh>- 
lano. Esta drden se ejecutó á pe- 
sar de los esfuerzos del ptiebto 
por conservar su prelado: Leon- 
cio engañó la vijilancia páUlca, 
y sacó ai Papa de noche. Uberio 
llegó á Milán, no cedió al poder 
ni á la ira del emperador» y foé 
desterrado á Tracia. Constancio» 
por miramiento á su dignidad y 
para preservarlo de la indijeo* 
da» le envió quinientas mone- 
das de oro. Ymloe e$e dümo á m 
amo, d^oei papa con soberbta 
al oficial que se lo entregaba: 
lo m$e$Uá pora pagar $ui tropa$. 
El clero católico de Roma, afecto 
á Uberio, noqoiao nombrarle un 
sucesor; loa arríanos elijieron á 
Félii. El odio de entrambos par- 
tidos escitó en Roma conmo- 
ciones ian sangrientas como lat 
de los Grecos» y en aquella épo* 
ca la Iglesia católica se vio peN 
seguida por los arríanos con ta»» 
ta animosidad como lo habla ai- 
do por loa paganos. San Atanaslo 
decia: «So violencia es pmebd 
»de as -error» porque la verdad 
•no conoce mas armaa que Ik 
«persuasion.il , t ^ 

£1 emperador quería eona»- 



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MOL BAJO WKtlO. 



mar la ruina de Atanatfo, y tía 
eiñbargo no »e atrevía á flolar 
toasIflesiameBle la palabra dada 
por él de do aenteocbrlo sio oir- 
le. Para eludirla, eoeargó á sus 
ministros que le edMaende- A* 
lejandría; pero no lea dl5 dade^ 
nes por escrito. Los ejipefosy. en 
defensa de an obispo, resblenr 
el duque Siriano^ al fírentON de* 
cinro mil lejionarios, los aeo- 
mete 7 destroaa, 7 penetra k 
mano armada en la i^eles&i : el' 
pueblo, arrostrando la muerte 
. liberta al obispo de la ftiria de 
los soldados. Atanesio, amado 
de sus partidarios, encontró «• 
sito en todas parles: una mo- 
aneta le ocultó durante muchos 
días. 

El conde Heraelio amenaxó al 
pueblo, que no dejaría entrar 
víveres en la ciudad, si no aban* 
donaban á Atanasio. El teaaor 
obligó á muchos á firmar: la 
igleaia fué saqueada, y los ejip» 
doa jentíles gritaban: ¡vím el 
mmpwmicT Vomianeio que $0 ha 
eomirtido i nueHra r$tijionl 
¡ Ffvan loé arrianoé qm ya no 
mm triaianoil 

Loa arrianoa rencedorea eH- 
Jleron por obispo á Jorje, el 
eual en vez de calmar laa pasto* 
Desde su partido, añadió lefia 
al fuego. La yenganza fué tan 
cruel como larga habla aldo la 



resistencia: muchos católicos pe* 
recieron, 7 /os mmí$re$:arrianm, 
dicen los autores eclesüsticos, 
$€mejanU$ á Mékaiei enfureció 



des, entregaban á la$ catótiea$ á 
loe mm-9iotenta$ ultrafet. 

Atanasio huyó i los desiertos, 
y encontró en las soledodes de 
Antonfo y Pacomio un> abrigo 
seguro é- ignorado. En esta mis- 
ma época apareció la herejía de 
Macedofrio> que negaba la di- 
vinidad del Espíritu Santo. 

GDBBtmie Mí jciiAiio* — Mien- 
tras que el furor del arrtanismo 
degradaba la dignidad imperial, 
comprometía el peder del prín- 
cipe, y ensangrentaba á Roma, 
IGonaiantinopla y Alejandría, Ju- 
liano, estudiando en Yiena Ja 
ciencia militar,' llegó á ser su- 
perior á' sus maestros. Después 
de haber reunido sus fuerzas, 
restablecido el orden en la ad« 
mini8\racion y la disciplina en 
las tropas, oido las quejas, re- 
primido las concusiones y miti- 
gado los- impuestos, se puso en 
I marcha para libertar-las Ga- 
llas de kis bárbaros que las sa- 
queaban. 

Protector en aecrelo de ios 
jentiles, neutral entre católicos 
y arríanos^ aevero con los gran- 
des, familiar coa el soldado, a- 
fable con los galos, amado de loa 
filóaofos y oradores , que lla- 



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70 HisTomu 

maba de todas partes á su cortew j da empresa arrie^gnda; pero Ja. 



se liaMa 'granjeado el afecto o- 
DiversaL Disputeodo con los sa- 
bios, baciendo versos con les 
poetas, }a%gando con los roafís- 
trados j combiftiendo con los 
guerreros, se Tela en su corte 
la misma meafChi gue en su t^a^ 
rátter. Las capas de los filósofos 
se troñffundian con los yelmos de 
los militares, y ^en su palacio 
batria knn mismo tiempo tribu- 
bal, corte, -cattpsrmento, iglesia, 
templo antiguo, escuela y^ica- 
demia. 

Su^aversion 1í los placeres lia- 
bis disgustado á les afeminado^ 
moradores de Ántioqufa y Bi- 
xancio^ pero le ganó la estima- 
ción delcs-g^os. So mait^édiim- 
bre> instrucción, vador y grave- 
dad hicieron olvidar á Consta n*- 
ció, y -transfirieron á «la <^alia ta 
majestad Verdadera del inipe- 
rio.La sombra de Homa aali- 
gua parecía -estar á su tado y 
complacerse ¿n oír grabes dis- 
cursps 7 ^sentencias j usías, en 
ver ciudades reedificadas y cam- 
pos cubiertos dé W*icas miases ó, 
de trofeos^gloribsos. 

La'({ntendion de^Constahcio^ra 
dejarle^soiameote un ^vano títu* 
lo, y <|ue Marcelino ejerciese el 
poder:^i'-eao lé baúa rodeado 
de Infames *cor tésanos que le a- 
partas^ de los negocios y de to- 



liano, sordo á sos consejos pusi- 
lánimes» y despreciando laso- 
brevijilancia de Marcelino, se 
puso al frente de un coerpo da 
tropas, poco numeroso á la ver- 
dad, pero coyas fuerzas y valor 
debió con so ejemplo. Marchó 
contratos b4rbaros:en íes pri- 
meros dias, con mas ardor que 
prudencia se dejó sorprender, y 
so retaguardia sufrió alguna pér- 
dida-, pero este pequefie rev¿ le 
fué mas útil que si hubiera em- 
pezado poruña victori», Besde. 
entonces observó precauciones, 
evitólos lazos, no marchaba sía 
reconocimientos anteriores, y 
Juntó la prudencia de un capitán 
veterano é la intrepidez de un 
guerrero Joven. 

Atacado en todos ios punios 
p<>r4ina^án nkultítndde alema- 
nes y jermanos, los pechazo, a* 
vanzó siempre combatiendo y 
persiguiendo á los enemigos has- 
ta &emosj(Reims}, donde reuuió 
todas tas léjioues. Entonces sin 
4>erder tiempo marchó al Rin, y 
dio batalla á ios enemigos cerca 
dé-Brúmato: la táctica 4tMiiana 
^juofó de la intrepidez <áe 4os 
bárbaros, que rodeados y des» 
hechos^ después de baber^perdi- 
do mucha Jeote se refujianin á 
las islas del rio. Al mismo tiem- 
po amenazaban 'los Jutongos á 



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I^U BAJO 

Itoibi: bift tropas de CiinsUiiieio 
marcha ro» á ftacia cooira ellos. 
Jaiiano por 9u parle las atacó á 
retaguardia, subiendo rápida- 
mente el rio hasta Augusta de 
loa Rauraeos (Basilea)« Aqiie* 
Ikia bárbaros, espantados de so 
resolución, y Tiéodose entre dos 
ejércitos, flriDaron la, paz. El 
nut^vo César, restablecido el o- 
ñor de las armas romanas, puso 
sus cuarteles de invierno en 
Ajendicc» ($enii)« La Jermania 
era eulonces un semillero de sol- 
dados, y sallan á cada instante 
dci ella enjambres, cuya procsí*. 
midad no se sabia sino por los in- 
cendios y devastaciones que can- 
aabau. Ni tenian sistema en su 
politice ni método en sus opem- 
ciuues militares. Las invasiones 
eráu cortas y violentas: dejaban 
lasorausy las volvían á tomar 
con igual facilidad^ y era impo- 
sible' establecer con ellos una 
pax sólida* 

AzA&AS OB iULiAiio.<-'Caando 
se iesareia mas tranquilos pene- 
traron repentinamenie en la Ga- 
lia« y sitiaron á Juliano en Ajen- 
dko. Marcelino^ oyendo solo la 
voz de su infame envidia,, le dejó 
ain socorros. Pero como en el pe- 
ligro se muestra la superioridad 
de las grandes almas, Juliano, 
abandonado k sus propias fuer- 
zas, en lugar de mantenerse ti- 



ISMUIO. 7t 

oaidameote á U defensiva, aU« 
cd á sus namerosoa sitiadores, 
loaengafióeon falsas aoometidaa 
sobre un punto, reunió todas sos 
fuenas en otro, desbarató á los 
bárbaros» hizo en ellos espantosa 
carnicería, tos aoyenió, y los o- 
bligó á pasar el Rin. Marcelino» 
que deseando arruinarle no lo- 
gró mas qoe aumentar su fama, 
fué llamado á la corte. 

Mientras que lagloria romana 
resucitaba en la (Salia, Gonstan* 
cio, gobernado por Rufloo, pre* 
fectodel pretorio, por Arbecion, 
jeneval de la caballería, y por 
el eunuco Ensebio, ejercía el 
mas imbécil despotismo» El te- 
mor le hacia eruei y multiplica- 
ba las acusaeione^ una palabra 
imprudente^ una queja eran crí* 
menes de lesa majestad. Sin em- 
bargo, envanecido por algunos 
triunfos de sus armas en Becia, 
y victorioso en el Rin por el va- 
lor de Juliano, creyó que mere- 
cía entrar triunfante en la capi- 
tal del mundo, donde nunca ha- 
bía estado. El senado y pueblo 
soUeruu á recibirle. Admirando 
como viajero las antigüedades 
de Ruma, vio con respeto los 
grandes monumentos de gloria 
que encerraba aquella ciudad. 

£1 tímido Gontancio tomó a- 
siento en el senado, y ocupó el 
puesto que habían ilustrado ik* 



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72 



«rnToniL 



toa, PoKpeirs, Césir y ln««*o. 
Se mostró en^l foro, y «reogó 
el pi»eMe desde la tribuoa, don- 
de haMa resooado en olro tiem- 
po la voi de Clceroft. Vencido 
por la memoria de la antigua 
Soma, confirmó los privilejios 
de las vestales, j aon confirió 
sacerdocios á figones personas 
distíngttídas por su dignidad y 
luiciraieoto./Sio embargo proi- 
t)ió los sacrificios baje pena de 
muerte, según se ve por ««a ley, 
inserta en él código Teodosiano, 
que ^c^slmümenle nunca se 
publicó. Sii conducta respecto á 
relijion, estuvo siempre ilena de 
inconsecoencia. Tolerante en 
Bomucon el paganismo, no ce- 
oó de turbar el imperio con so 
zélo por elürrianismo. Gn fin, 
bizo celebrar juegos solemnes, 
según la costumbre romana, eú 
todo el imperio^ y para embelle- 
cer la capital con un monumen- 
to nuevo, hizotraer de Ejipto á 
mucha costa el obelisco de Ra- 
messes do ciento treinta pies de 
alto, y que §e ve todavía en la 
plaza de San luán de Lelran. 

Los católicos iamenlaban 4a 
ausencia del papa tiberio^ de- 
puesto arbitrariamente s y las 
damas romanas se presentaron 
al emperador, y con sus ruegos 
é instancias consiguieron la*res- 
títuciofl del prelado. Liberio 



volvió á Roma, y firmó la con* 
dtnacíoo de Atanaslo y la fór^* 
mola arriana. 

Elena, mujer de InKano, tu« 
vo varíes bijos que murieron 
apenas nadan, y después quedó 
estérik La calumnia, que siem* 
pre persigue á los grandes, no 
perdonó á Eusebia, é bizo creer 
que esta emperatriz infecunda, 
envidiosa de su cuñada, le ha- 
bía, dado uo breba^ paM po- 
nerla incapaz de dar sucesores 
al imperio. No se puede conci- 
liar semejantecrjmencon la idea 
que b historia nos da del carác- 
ter virtuoso de aquella empera- 
triz, que siempre se opuso á las 
pérfidas intrigas del camarer» 
mayor y de sus partidarios con- 
tra Juliano^ Siempre fué la pro- 
tectora de este príncipe: consi- 
guió que se le aumentase la au- 
toridad de qiie usaba tan hábiU 
mente: hizo que se destituyese á 
Marcelino, y que se le diese por 
sucesor en el manda de las tro- 
pas á Sevino>, jeoeral esperi'^ 
mentado, incapaz, de envidia, y 
digno de sor el segundo de Ju- 
Uaooi mas no pudo quitar la pre- 
fectura de la Galla á Florencio;, 
cuya bajeza, orgullo y codicia 
se opanian constantemente á to- 
das las reformas saluiiables que 
proyectaba el principe eu la adr . 
miaidtracioo .de sus provincias^ 



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A péwr^e MtM oMitttilos logró 
JhiliaDo |K>r sa perseiperancia to- 
dos sos designios, aosiliándole 
jNira ello qq galo, llamado Sa- 
losifó^ bombre itaalrado, aai- 
Boso y fiel: merecía le too San- 
n del prtecipe» y esle ere digno 
de teneriepor amigo. 

Para libertarse de tas sorpre- 
sas de los bárbaros^ estableció 
OQ la linee del Rin postas y co- 
rreos qneoomunicaban las no- 
tidascon sima rapidez. Sin^sm- 
bargo, 4os Jómanos pesaron las 
fronteras y peneireron besa 
Lugdujio. ioMaiio reunió les te- 
jiónos/ marebó contra ellos, y 
los destrozÓL. Había desteeado 
tres cuerpos para cortarles la 
retirada^ y ao ae babiera esca- 
pado ao solo^aeaigo, si Barba- 
eioo, Jeneralde Constancio, que 
estaba en Augusta de los Raora* 
coscón TOtnte mil bombres, fal- 
tando á su deber, no bubiése da* 
do paso á los alemanea. Al mis- 
mo tiempo acnsd do traición y 
onganctie á Vatentinianou Jene- 
ral que le baUa llevado la carta 
«n qoe el cesar le Invitaba á a- 
nírse á éi'cootra loa bárbaros^ 
Constancio^ sin ecsaminar el be- 
ebo, desUtnyóé Valeotiniano, á 
quien la fortuna, que entonces 
ie oprimía, ieguardaba-ol trono 
imperial. 

Juliano, no queriendo dejar 

TOMO XiV. 



nmttio. 73 . 

tiempo á los enemigos para re- 
bacerse, determinó pasar el Rio, 
y pidió boques áBarbacioo; mas 
como este los rensase, se vio o- 
bligado á esperar que con^ los 
grandes calores bajasen las a^ 
guas del rio: entonces atravesó 
uno de sus braios, sorprendió á 
los bárbaros, que se habían dis- 
persado en, las islas, y mató un 
gran oúelero de ellos. Los de«* 
más cargaron sobre Barbacion, 
lo derrotaron » y le dieron de 
este modo el castigo de su ale* 
voaía* 

Entretanto siete reyes alema-- 
oes, indignados de ver libre la 
Galia, y las armas de Roma vi- 
gorizadas, reaneo sus naciones, 
se acercan áArjentoracto (Stras- 
burgo), y mandan insolentemen- 
te á Juliano que evacué aquella 
frontera. Cbnodomario era el A* 
gamenon de aquella «oafedera- 
cion bárbara* 

£1 principe, deseoso de atraer- 
loa á ta llanura de Aijentoracto, 
les deja pasar el Rin, sale de Sa* 
veroa, y so acampa á la vista del i 
enemigo. Los soldados qoeraan 
combatir^ el principe, teniendo 
por mas conveniente que repa» 
^'asen sos fuerzas coa el descan- 
so, proeora «calmar su ardor» 
«Cnanto moa aprecio, les dice, 
•vtiestro déouedo, mas avaro 
9debo ser do vuestra saogre: no 
10 



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74 



HiaTOUA 



^qaerais con \ñ pf«ct|»ilackHi 
•comprar cara ima v^otorUeier- 
»ta. El valor DO ei la óaica preñ- 
ada del guerrero: ai se mue^ra 
»allivo coDtra el eaemigo, debe 
Bser modesto coa sm carneradas 
»y dócil á su jeuerah Puedo da- 
«ros órdenes, mas prefiero la 
«persuasión al mando* El día ra 
•cayendo: la iioehe, poniendo 
•fin al combate, os impedirá 
•completar la victoria. Habéis 
•caminado por arénales encen- 
«didos: estáis en un terreno in^ 
•terrumpido por ramblas y ar- 
«boledas: el enemigo ha cobrado 
•fuerzas con el descanso: una 
•larga marcha ha disminuido las 
•vuestras: mi opinión es que nos 
•atrincheremos con prudencia 
•para pelear mafiana con intre- 
•pidez. Cobremos vigor por me* 
«dio del alimento y del snefio: al 
•rayar el 4ia atactreoios y ven- 
•ceremos á los bárl>aros.^ 

Quería proseguir, pero los sol- 
dados impacientes le interrum- 
pen> braman de ira» dan en los 
escudos con las lamas, y gritan 
pidiendo la balalla« 

Enmedio del tumulto un alfé- 
rez alza la voz, y dices «Marcha, 
•césaf feliz: sigue i la fortuna 
•que te convida. Á nuestro fren- 
óte van el valor y la prudencia: 
•tú verás lo qoe poeden los sol- 
idados romanos si los manda un 



•hábil capitatn qoe inspifA, Jnz- 
•ga y recompensa las grande a-> 
•zaftas«» 

Batalla bmtrb jüuaho t 
cHHODOMABio*— Juliano cede á 
los votos ^el ejército, y se pone 
al frente del ala denecba, opues* 
to á Ghnodomario : el ala iz- 
quierda era mandada por Seve^ 
ro, al cual se oponia el ala dere«- 
cha de los enemigos á leA órde* 
nes deSerapion. Habiancolocado 
entre sus escuadrones infantería 
lijara, que en el combate debta 
introducirse entre los cabalioe 
rocanos y desjarretarlos. Dada 
la señal der acometer. Severo w^ 
vanza el primero, descubre á 
tiempo entre los pañtaiUM una 
zelada en que iba á caer, y $e 
detiene. Coamto los dos ejérci- 
tos oscurecian el aire con ana 
nube de fleciías, Juliano, al fren- 
te de doacientos caballos, corre 
por las filas, y eselama: a Animo, 
•camarades: este es el momento 
•que habéis deseado. La espe- 
•ranza de dia tan glorioso me 
•movió á aceptar el título de cé« 
•sar. Yol ved al nombre romano 
•su antiguo esplendor: oponed 
•al furor ciego de los enemigos 
•un valor mas constante y seré* 
•no, y pensad que solo la victo- 
uria justificará vuestra impa- 
•ciencia.^ 

Los alamanes, enfurecidos de 



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ML BJUO 

qae los roMMos iMbabtaMOB^ 
ekadode la GiKá, decididos está 
▼eE á veoeer á k morir, y tétniea- 
do que SQ8 reyes los abandooa- 
MB al primer revés, ecsijeo de 
elloa que participen eu la acción 
de todos los peligros^ y los olHi- 
fin á pelear á p{e« Entrambas 
mases se acercan en orden: sus 
filas apretadas parecían muros 
erixados4e ianf as: cbócanse con 
orrible estruendo: una nube de 
polTO loa eulire, y envoelre con 
au sombra azañas dignas de ver- 
se á la Ina del aoL 

Severo tialla paso por las la- 
gunas, rodea el cuerpo embosca- 
do, ataca á lof alemanes, y des* 
puen de víoleolos esfuerxos toa 
derroca y pono en kuida. En la 
parle oiHieata ora la fortqna me- 
nos f a vorableá los romanoa: seis* 
eieaios Jinetes del ala derecba, 
en los cuates tenia mas espei^an* 
za Juliano, después de unaiuelia 
oaliiiada, pierden á su Jete, se a^ 
lemorUan y 4esmaadan^ y caejí 
desordenados sobro la iolaoto* 
ría. £1 enemigo los persigue coa 
ardor. Viendo Juliano esta con- 
fusión^ acude á todai>rída«i*eco- 
Bócenleeala cbrillanie bandera 
que le sigue, jt en el daagon de 
parpara que lo adorna: ^Ádánde 
Imíi, ioláadotí eselama enfure- 
cido: mhug a$Ho peta tos eo- 
&of das: (odoi lü$tiwi9it$ lu ea- 



iMftaio. 75 

Ttaré^ $\u pueMñt. Siqmértis ra- 
co6f crr vue$tra glüria; seguidme: 
$i qu0teU huif^ posad lofrra mi 
cadáver 'y parque perderá la vida 
onles que el onar. 

Avergoniados de so cobardía 
se reúnen, vuelven contra los 
bárbaros que atacaban ya el flan- 
co de las iejiones. La pelea fué es* 
pantosa, deseando los unos repa-* 
par su ignominia, yostinándose 
los otros á 00 perder el terreno 
que babian ganado. Llega la re* 
aervaen socorro de JnlianO: á 
pesar de este refoerso, los reyes 
alemanes, al frenie de todas sus 
tropas en masa, derrotan la caba- 
llería romana, desbaratan el ala 
iiquierda de la infanteria, y pe. 
netran bástala lejion del centro, 
coatrala cual se estrelló su va- 
lor y su furia. Cada soldado de 
oata l^ion inospugnable recbaza 
sus golpes, como ana torre inmó* 
vil los del avíele. Los alemanes, 
osanatoa por ol4Mtnsancio, caen 
á millares bajo el^acero de aque- 
lla infantería, que no pueden 
IWQetraf: ans filas, enrarecidas 
por U muerte, se abren: temeo, 
y redoMaa su temor las coortea 
del campamento romano que a- 
cnden entonces. Retiranse^ en 
desorden: su retirada se con» 
vierte on faga: la espada de Ju» 
llano los sigue. En vano piden 
los alemanes cuartel. El romano 



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76 



■18T0RU 



eDÍurecido lo oiegtt el Mit^po 
de batalla y las orilltadel Ria se 
eabren de muertos y moribao^ 
dos: mQcbo« peroceo Mgados en 
las ondas. Algunos oedMdo so- 
bre sus escudos ganaalft ribera 
opuesta. Choodomariov bebietido 
escapodo de 1» maUo»^ quiso 
kuír al frente de algunos Jinetes : 
cayóeftunpoatono>seli6de é^, 
se refíijió ea un boeqse, y reeo* 
Boeldo poruDtribunov euyaeoor. 
teleenvuehre* ee preso y co»- 
dueido entre cadenea á JuIímmk 
Esta victoria, igual en esplendor 
á *las mas b«Ulairtesde la aaligiia 
fioma, salvó el imperiow 

Juliano venció con trece mil 
soldados^ treinta y cinco mil bar* 
baros^ mandadoc por siete reyes 
orgullososcon sus mucbos triun- 
fos. Las lefiones entusiasmadas 
k dieron el nombre do augusto: 
reusó este título.co» ináignacioa 
apárenle y Jusio temor. CooTen- 
cido de f|iae la\|itscfplina severa 
es la única gaianUa sólida de las 
victorias^ mandó foo se Je pre- 
sentasen los sebcientos Jinetes 
que babian buido, los reprendió 
durameate^^ysegun bcostnaabre 
antigua los bico pasear por el 
campamento vestidos de mujo- 
res. Cuando se lepreseató Gbno. 
domarlo, apiadado de este rey 
cautivo,, le acojió con benigni- 
dad^ pera cuando se viáá. este 



príncipe bárbaro^ ten iesoleote 
antes de la batallé^ desonrar sa 
infortunio postriMiofoá sus pies» 
é implorando ba j üm en lesu ele» 
mencia^ Je despreció,, le volvió 
la espalda, y le envió á Coostao^* 
cío. 

Cuando llegó á Italia la noti» 
ck de la victoria de Árjentorae» 
io, despertdel orgullo de Roma, 
irritó á loa corleseaoa, y esel«« 
td la envidia del emperador. Loe 
vikesfavofitoa dieron por burla 
á Juliano el nombre de VkMri^ 
no para atenuar su trlonfo, y re» 
cordar al mismo tiempo el tími* 
do Constancio el noiabre de un 
Jeneral que en laépoee de Galie- 
no usurpó en las (Sallas el poder 
supremo y el titulo de augustow 
Sin embargo^ el emperador po^ 
bttcd en lodo el imperio la victo- 
ria conseguida contra los bárba«^ 
ros; pero atrlboyénéosela ridf* 
eulameole^como tí bnbiera asis- 
tido á la balaUa y mandado el e^ 
JércHe. Ni aun se dignó citar en 
su relación einembredo Juliano^ 
y este silencio mismo ledió mea 
gloria. 

Loe soMadoi romanos eran 
todavía valerosos; pero ya noto- 
niaa disciplina^ Despoes de la 
victoria qnerian descansar, y na 
se mosIrtJian dis p neslos 4cooÜ» 
auar marchas penosas. Coande 
seciUeron la drdeodepesar el 



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BÍL M» UtBIim. 



n 



Afo^ noimararo»; pero U flr- 
0«u d6 ioliaao trinólo de sa 
todoctthled:obedecierooy derai. 
farra mía parte de Jermaoi^i 
GoBStnijFóaesiiarertaleM al otvo 
lado del Binr loe aleoMHies ioti»- 
midadoa pidiere» la pac>,y ao^- 
lo conaigtiiefea one^ tregua* db 
diez meses. Después de esta cana- 
paña volvió el ejército á Bemos 
(Reiins)pere tomar aHí euartetes- 
de iovleroo, y eocoatraroo lodo 
aquel pafe tillada por uik cuer- 
po de fraBcos» de solo mil hom* 
bres á la verdad, pero que a ie- 
rra t>aii la provincia por su ióersa 
y osadía. Estos guerrero» temi- 
bles^dice ub bielorieder d^acpiet 
Mempo, ikOceiiockNi estackMies^, 
y auo preferien los yelos del in- 
vierno al temple luave de la pri* 
mavera. Los romanos los ataca- 
ron y aoyentaroBiá una fortaleza 
situada sobre el Biosa. Después 
deeincnenta y cuatro días de sitio 
capitularon^ y salvaron la vida á 



DBSCtKIOff M WLMU POA JUUA* 

no — luÜMO' pasó el invierno 
en Parisiosrse be conservado la 
descrici6n que bizo»<^ este pue- 
blo, ye célebre, el coil llamaba 
eu querida Éutuitm. Rbdeado por 
dos braaos del Seooana (Sena> 
no ocupaba mas que el cuartel 
Uamedo boy Im $iudad. Defen- 
díala una fuerte muralla guar- 
necida de-lopres,.y se entraba en 
ella por dos puentes de madera. 
Aupesar de su corto^recinto» tenia 
templos, oái palaeiay un anfitea- 
tro^ Juliano^celebralMila fertili- 
dad del pais,. la- salubridad de las 
aguas y la dulzura del clima. Sin 
emb»reo.,4>asó allí un invierno ri. 
goroso: en su relación se ve la sor- 
presa que le causaron los grue- 
sos yelos ^el rio. Hasta entonces^ 
arrosirand(M)l frió, nobábia qu(^- 
ridoqoese pusiese fuego en su 
cuarto; pero aquei afiofué pre- 
ciso tener brasero, y estuvo para 
morir asflcsiado por el vapor del 



costa de la libertad. Esta victo- 1 carbon^. La prudencie y Justicia 

del cesar aumentaboadiariMBeq- 
te el afecto que le tenían los ga- 
los, y su fam» erecta cuanlp 
se reblaba la de Constancio por 
áu debilidad y despotisn)o^ 

E!n el consulado de Tiberio 
labio Daliaooi y de Mareo Ne- 
fació Cereal, pabUcó elefápera-> 
dorunajey que esceptualia de 
impuestos y ^avámenes coma- 



ria fué muy onoriAca para el cé 
sar; porque basta entonce^ dice 
Llbanio, lat froncot habían pr^^ 
ferido iiemprelafmuru al eauíi^ 
werio^ Fueron enviados á Cons- 
tancio, que admirado de su pro^ 
ceridad, los incorporó en su 
guardia, donde parecían como 
torres enmedio de. los <^ros. sol- 
dados.. - . .< 



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78 msToiíA 

natos stts doniDioi> lo§ de la fa* I meolé á sus vastfJIos. El empa- 



müia de EaseMo, padre de la 
•eDiperatriz> y los bienes de las 
iglesias católicas. La pérdida d# 
to igunliai éigue necesariamente 
áladelúlibettad, y los priti- 
íejios forman siempre el séquito 
de la Urania. 

Olvidando Coostaotio el an^ 
iigno orgullo de los romanos, 
pidió la pa2á Sapor> rey de Per- 
sia: este puso por condición que 
se le cediese la Mesopotamfa y 
la Armenia: el emperador no 
consintió en ello> y solo sacó de' 
su deÚlidad la ignominia de ha- 
berla ienido. Barbacion, env4a^ 
do conlra los jiitiongos^ losde^ 
rrolóen la Reda* 

EnireUinto Goastancio, ^mu>» 
lando la gloria de Juliano, se 
presentó al frente de sus ejér- 
.citos^ pasó el Danubio^ atacó á 
lossármatasy á íos cuados, tos 
Yenciópor el valor de sus jene- 
ráles,<é btzo en ellos gran carni- 
cería; ^ rey fizáis llegó al cam- 
pamenié del emperador»^ se le 
postró^ imploró ^sa niisericordia 
y obtúvola pa^ 

Feudalismo. »^ Entonces se 
Tió el. primer ejemplo del féji- 
men feudal^ que fué ^espoes^ 
duranle muchos siglos, el dere- 
cho péblico de -Europa: los cua- 



rador dirijló sus armas contra 
lus llmigantes, esclavos betíco« 
sos que hablan echado á los sár- 
matas, sus amos, de las tierras 
que poseían: sabedores de la 
suerte qu^ les aguardaba, se de* 
fendieron con ^l valor de la des- 
esperación. Bespues de una os- 
tinada resistencia, viéndose o« 
primidos por el número, flnjie- 
rott' rendirse, capitularon, llega- 
ron en tropel al tngar que se les 
señaló para depositar sui^ armas, 
y dando sábitament^ grandes a« 
laridos, se precipitan al tanipa- 
mentó romano y llegan hasta la 
tienda del emperador^ á quien 
querían matar antes de perecer; 
pero rodeados por las tejioaes^ 
fueron pasados todos á cuchillo. 

Constancte se volvió i sus es- 
itados, y se dedicó esclnsivamen. 
le i las cuestiones retijiosas, cct* 
ya violencia súmenlo quoriaudo 
interponer su autoridad. 

En este tiempo sufrió el Asia 
orribles terremotos que destru- 
.yerou ciento cincuenta -oiuda» 
des: la de NJcomedia quedó en-» 
toramente arruinada. 

4a Galia gozó poco üempo de 
lalranquilidad que le habían da* 
dolas vioiorías de Juliano. Los 
salios y los camavos, tribus fraa« 



dos sostepiáu que la pai firmada I cas^ se hablan fijado algunos a« 
CQB ellos se esteodia impUcita* > fios antes en la Toximandria, 



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DBL BAIO UnHIO. 



W 



Imii limado hoy el Brabanle. 
Salian de él con freeneBda á 
talar la Béljiea: Jnliaao marcbd 
«Mira ellos» loa sorpreodió» veo^ 
ció á toa salioa» hlxo la paz con 
ellos» y reooMeió por el tratado 
a«s derechos á la Tommmtária, 
eo eaya poscaloo qnedaroo. Los 
camaTos le oponiao ana resis* 
teocia mas ostinada, porqne es* 
taten irritados creyendo que el 
hijo de sa rey, eofiado en otro 
Üempo á Moma en calidad de 
reeo» habla perecido en un su- 
plleio ignominioso. Juliano» ha- 
biéndoles pedido una conferen- 
cia, les presenta repeoünalaien* 
. te al joven príncipe» al enal ha-^ 
bia criado con tanto amor como 
. ai fuese su propio h^o: su Jene- 
roaidad desarmó á loa francos» 
y le valió una pac maa sólida que 
si la habiese imfííiealo per la vic- 
toria: los camavos evacuaron la 
GaUa. 

En eate año hnbo carestía» y 
por causa de ella una sedición 
en el ejército. Aconsejaban al 
cesar que la castigaae conseve-' 
ridad: él no quiao» y empleó to- 
dos sus medios en socorrer las 
McesUades del soldado» que* 
rtenjto mejor» deda» aliviar sos 
males que castigar sa impa- 
ciencia. 



cker)» vendó á los báitfaros» y 
los obligó á raatHnirle ochenta 
mil cautivos galos ó romanos. 
La Galla entonces» libertada por 
este héroe» gosÓ bi^o so gobier- 
no una felicidad des«:onocida 
desde un siglo antes. 

La suerte dio el castigo mere<- 
cidp al cruel Barbacioo* Este Je» 
neral» que debia éu fortuna á las 
intrigas ma^ que á las azaüas»era 
tenido jeneralmenti por el jefe 
de losdelaloresr él fué víctima 
de ellos. Perverso y cobarde» era 
lan propenso á la soperstícioa 
como ajeno de la verdadera pie* 
dad. Cayó del .techo de su cuar- 
to un enjambre numeroso de a» 
bejas» y lo aterró: áiandi^ llamar 
adivinos que le esplicaseo aq^iel 
presajio. Su mnjer Asirla atri- 
buyó so curiosidad al deseo de 
destronar á Gon^itaoclo y casarse 
con la emperatriz» de Ja cual tec- 
nia zelos: escaibióle enfuredda 
denostándole so infidelidad e» 
términos muy injuriosos para 
Eusebia. El esclavo que llevaba 
la earla» lo había sido en otro 
tiempo del infeliz Silvano: abri<!|- 
la» y hallando on medio seguro 
para vengar á su antiguo dueño» 
ia llevó á Constancio. Para este 
príncipe desconfiado la sospecha 
«reaba el crimen» é hizo dego- 



Concldida la tregoa» Juliano I llar á Barbadon y isa mujer, 
atravesó el Rin y et Nicer (Ne* I Este mismo afio» los vientos 



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«o 



BISTOBIA 



4el 3Í0ñe 4m reioalNni ton rio^ 
leDeia> retardaren la llegada á 
Ottiade IM trigos necesarios pa- 
ra la mmurteneioo Ael pueblo. 
La penuria e8<9itó ^nna fedicioo:; 
Tertulio, ppefe<5to ie la t^apital, 
bizaentonces un soleinne saeri- 
fldo áCástor y á PÓIue-, y ape- 
nas liubo acalMuto^ se supo que 
la flota entraba en el puerto. 
Este aconteciméeiito dio por 
mucbo^ietti^ gran orédito á Ur 
idolatría* 

Las 4nrbadone8 de Oriente 
daban Justa inquietuTd á <]ona* 
iancio: ios isauros continuaban 
sus piraterías: «1 conde &i«rioio 
4os üíeneió en muckos^coin bates, 
y los obligó á reftijiarse á su 
4(uarida. 

Ursieino babia conteoido inu- 
*cho4iempoá los persas por su 
i^alor y Viabilidad; pero la envi- 
^ia 4e ias'coi^esanos hico que se 
4iis«iinttyesen sus ínerzas y se 
farasen sus viotorias. El empe- 
rador^ á instancias de los vali- 
4os> enemigos siempre del mé- 
rito^ 4laind4 Ursieino. La inca- 
paeidad de sus -sucesores favore- 
ciólas armas de Sapor, que se 
adelantó mjis^Uá de Jíisibis; pe- 
it> Ursieino, antes de separarse 
4lel^ércitD> rodeó con un mo- 
vimientoliábil al -enemigue loau« 
yentó»ySapor no debió su sal- 
vccíon sino á 4a velocidad de su 



caballo. Después de esta acción* 
los romanos prendieron fuego á 
los bosques y mlews, y ardierpn' 
muchas fieras , cuyas espéjeles 
desaparecitiren ead en aquella 
parle del Asia. La traición de los 
•ficialeaqiie mandaban las tro** 
pas tijeras de Ursiciao» híio que 
el enemigo le 8M*prendtese^ le 
potiese ^n gran peligro , y se 
viese obKgado á retirarse al %i* 
gris. Loscoriestoes pintaron es* 
4a retirada como una alevosía» y 
fué el motiiro de su desijracia. 

Sapor^uso ^cérco á Amida, 
que Ée defendió con valor*: cfl 
Üjódeh rey pereció en I<m ata* 
ques; pero creciendo siempre el 
número de los sitiadores, la pliiK^ 
m al fin vino á ser tomada por 
asalto. Sapór mandó degollar á 
iodos los habitantes^ y ^l hisUK 
riador Amlano Marcelino fné ca«- 
ai«l solo qne escapó de la ma* 
tanza* 

La victoria 7 la f «sMcia, des- 
terradas del Testo del imperio^ 
parecían haberse ref ojiado á las 
Gallas. Todos los esfuerzos de 
Juliano eran favorecidos de la 
fortuna: triunfaba de los enemi^ 
<gos con las armas, y mandaba en 
los pueblos jmr las leyes« Un dia 
^asistieudo á on tribunal , hizo 
presente á los jueces^ mostrán*- 
dose estos demaliadó severoi^ 
que no se podía condenar sin 



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WSL BAiO 

pruebas* El acusador Delfidio, 
cuyo sistema ha tenido muchos 
imitadores eu todos lierapos, le 
replicó: a¿Quiéa será culpable, 
»«i basta negar para ser absueU 
»to?o «¿¥ quién &erá inocente, 
«respondió Juliano, si basta ser 
jsacusado para sercr¡raiüal?« Un 
príncipe tan justo nunca careció 
de dinero ai desoldados: el afec- 
tóse los dio mas que el temor. 
Juliaoo, velando siempre por Ifi 
seguridad del imperio, no se a- 
dormeció con sus triunfos en 
nna seguridad engañosa.. Forti* 
ficó á Roma y á Andernaco: sa- 
biendo después que los alema- 
nes meditaban una nueva iuva- 
sion, se anticipó á ellos atrave- 
sando el Rin, los sorprendió y 
derrotó, robó sus campamentos, 
se apoderó de sus rebaños y vol- 
vió á Lutecia. 

Poco tiempo después (360), ó 
por ambición ó por necesidad, 
aceptó el título de augusto, de- 
claró la guerra á Constancio y le 
. disputó el imperio. Este suceso 
contado diversamente por él mis- 
mo, por sus amigos y por sus«- 
nemigos, según las pasiones di* 
Tersas que los animaban, es un 
problema político difícil de resol- 
ver en el día: nos limitaremos^ 
pues, á la sencilla narración de 
los hechos. Engañado <ii empe- 
rador por el miedo y por los in- 

TUMO XIY. 



XHPERia. 81 

fames consejos de sus cortesa- 
nos, apartaba de sí ó daba la 
muerte á todos los hombres, cu- 
yos talentos sostenían su poder, 
pero que por su mismo mérito 
le inspiraban sospechas. Negóse, 
pues, á oir la justificación de 
Ürsicioo. etEI emperador, dijo 
»este jeneral, puede desatender- 
i»me en cuanto á mis intereses-, 
»pero no descuide los suyos. En 
»el Occidente se forma una tor- 
«menta, que acaso no podrá d¡- 
Msipar con todas sus (ejiones.» 
El destierro castigó tan atrevi- 
das espresiones. Arjison, jeneral 
sinesperiencia, le sucedió^ y su 
elevación fué tan útil á los ene- 
migos, como la pérdida de Ur- 
sicino funesta al imperio. 

La envidia, que habia arrui- 
nado á este hábil capitán, es- 
peraba entonces hacer lo mismo 
con Juliano. Constancio llamó 
de las Gallas á Salustio, amigo 
del cesar, y nombr^ en su lugar 
á Luciano para administrar a- 
quella provincia. Este, que era 
ájente del euuuco Eusebio^ se 
reunió á Florencio, prefecto de 
Galia, y á todos los enemigos 
del príncipe, para contrariar sus 
designios é impedir sus opera- 
ciones^- El emperador, goberna- 
do por sus validos, resolvió pri- 
var a4 cesar de Jas tropas, úni- 
ca salvaguardia déla irauquili* 
' ti 



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sa 



msTontA 



dad de la provincia y de la se- 
guridad de las fronteras. Decea- 
cio, secretario de estado, le llevó 
la orden para enviar al empera- 
dor los cuerpos hérulos y báta- 
vos que tenia, dos lejiones galas 
y trescientos hombres de cada 
una de fas demás divisiones. Lu- 
picino^ Jeneral de Juliano con- 
tra los escotos (escoceses), y 
Sintula^ escudero mayor, esta- 
ban encargados de ejecutar este 
decreto. Constancio decía que 
estos refuerzos le eran abso- 
lutamente necesarios para hacer 
la guerra á los persas. Esta orden 
consternó á ios galos, porque 
(esquitaba toda defensa contra 
las invasiones de los bárbaros. 
Juliano, á pesar de las murmu- 
raciones de sus amigos^ se mos- 
tró dispuesto á obedecer; solo 
hizo presente al enviado del em- 
perador, que con aquella medi- 
da se faltaba á lo prometido á 
los bátavos y^ hérulos, los cuales 
no babian tomado servicio en su 
ejército sino á condición de que 
BUDca se les obligaría á pasar 
los Alpes. Sábese de repente 
que se esparce en el campamen- 
to de las lejiones galas un libeEo 
\iolento contra Constancio, a- 
cusándole de entregar las Galias 
á los francos y jermaaos: esta- 
iian en todas partes las murmu- 
raciones: üecencio asustado ins- 



ta al cesar á que obedezca, y 
aunque este representa que de- 
be esperar á que lleguen Sintu- 
la y Lupicino, á los cuales el 
emperador había confiado la e- 
jecucion de sus voluntades. De- 
cencío insiste y él cede. Se de- 
libera acerca de la dirección que 
han de seguir tas tropas: Julia- 
no aconseja que no pasen por 
Lutecia, temiendo que la vista 
de un jefe que las había condu- 
cido tantas veces á la victoria, 
no irrítase aquellos espíritus 
turbulentos, tan poco dispuestos 
ya por sí mismos á la obedien- 
cia, Decencio es de dictamen 
contrario: dice que solo Juliano 
puede calmarlos, y que negarse 
á emplear en ello su influencia,' 
es desobedecer al emperador* 
Juliano cede segunda vez. 

Pónense las tropas en mar- 
cha: por donde quiera que pa- 
san ven alarmados á los pue- 
blos: niños, mujeres y ancianos 
llorando abrazan las rodillas de 
aquellos valientes guerreras, y 
tes suprícan que no los abando- 
nen á la ferocidad de los alema- 
nes. Los soldados, cuyos corazo- 
nes respondían á sus votos, pero 
que la firmeza de Juliano habia 
acostumbrado á la disciplina^ 
observan triste silencio, y coa 
los ojos bajos continúan pensa- 
tivos su marcha^ aogan difícil- 



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DEL BAJO 

mente SUS jemidos, y maniOes- 
tan á un mismo tiempo indigna- 
ción y lástima. 

Juliano sale á recibirlos, y les 
pasa revista en una gran llanura 
cercana á las puertas de Parisios: 
habíales con prudencia, y elojia 
sus gloriosas espediciones. «No 
Jíignorais, les dice, que la obe- 
»diencia es el primero de vues- 
»lros deberes. Habéis pacifica- 
»do el Occidente: Asia reclama 
uaora vuestro valor: vais á com- 
»balirá la vista del emperador, 
Yque os premiará dignamente. 
»Este viaje que, segua parece, 
»temeís, os conduce á k fortuna 
»y ála^loria.» 

£n lugar de responder á estas 
palabras con aclamaciones, se* 
guu la costumbre, loa soldados 
lasescucbaron en un profundo 
siieñcio. Después de haberlos 
despedido, dio por la noche un 
^rau convite á todos los oílciales 
•del ejército, y les distribuyó 
magnííicos regalos, ya ^para sua- 
vizar su pesar, ya para aumen- 
tar su 4ifeclo y Repararlos á la 
rebelión* 

JKeBELION de las* TaOPAS EN 

FAVoa ü£ JULIANO. — Dcspues del 
banquete se retiran á sus liea- 
datB incomodados*, pero sindarin- 
diciosde proy^ctossedíciosos. £i 
dia siguiente fué de descanso: 
^otro debian par4ir, y emplea- 



IMPERIO. 8) 

ron este intervalo en concertar 
su plan con el mayor secreto. 
Después se culpó á Juliano de 
haberles dejado ese tiempo de 
un ocio lleno de peligro, aunque 
en la relacioo de estos sucesos, 
que envió á los senados y pue- 
blos de Roma y Atenas, proles- 
tase y jurase que no tuvo cono- 
cimiento de la conspiración, tn¡- 
mada en tan corto espacio, para 
elevarle al trono. 

Todo parecía tranquilo, cuan- 
do á media noche toman los sol- 
dados lasarmas repentinamente, 
rodean el palacio de iasTerm¡i>, 
proclaman augusto á Juliano, y 
piden á gritos que se presente á 
las tropas. El príncipe despierta 
despavorido, sabe con espanto, 
verdadero ó finjido, el objeto de 
la sedición: su incertidumbre 
parece aumentarse con el tu- 
multo: invoca á Júpiter, y pide 
que le maojüeste su voluntad 
con algún prodijío: brilla súbi- 
tamente un relámpago, estalla el 
trueno, y parece anunciarle que 
ceda á los votos de la tropa: sin 
embargo, rebelde todavía á las 
órdenes que cree emanadas del 
cielo, reusa á los conjurados la 
entrada eu^alacío^ y se mantie* 
ne encerrado en él ioreslante de 
la noche. Pero al rayar el dia, 
los soldados^ creciendo su ardor 
con la resistencia, fuerían lai 



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81 HISTORIA 

puertas, penetran en fos aposen- 
tos espada en mano^ cojen al 
príncipe^ le proclaman de nuevo 
emperador» y para que aceeda 
á sus deseos emplean sucesiva- 
mente et lenguaje do la súplica 
y de la ira. 

El cesar los conjura en vano 
á que no entreguen el imperio á 
las calamidades de ta guerra ci- 
vil. «¿No podeis> les dice, sin 
«cometer todos los delitos que 
»trae consigo ia sedición, obte» 
»ner de la justicia el cumpti- 
vmientode vuestros deseos?Pues 
»si no podéis reduciros á dejar 
«vuestra patria^ volved á los 
icuarteles: os prometo que no 
«pasareis los Alpes, y meencar- 
»gode justiflcar ante Gonstan- 
«cio vnestra oposición y los te- 
«mores fundados de la Galia.La 
«firmeza del príncipe castigaría 
«la rebelión: su bondad atende- 
«rá á vuestras representado- 
«nes.« 

Este discurso, en vez de cal- 
mar el ardor de las tejiones, io 
aTiva: las instancias y gritos re- 
doblan: las amenazas suceden á 
las aclamaciones, > el tumulto 
crece, y Juliano se deja en fin 
vencer. Levántanlo sobre un pa- 
vés: ecsijen que ci&a la diade- 
ma: responde que no la tiene, 
unos le traen el collar de su mu* 
je r^ otros las correas de un ca-- 



baflo. Juliano reusa aquellos a-» 
dornos estravagantés; pero uo 
oficial, llamado Mauro, le pre^ 
senta su collar de oro, glorioso 
premio del valor: el príncipe lo 
acepta, lo ciñe á su cabeza, reci- 
be el título do augusto, y pro- 
mete cinco monedas de oro y' 
una Kbr»i de plata á cada solda« 
do. Estas gratificaciones, que 
estaban en uso mucbo tiempo 
antes,, fueron una de las causas 
principales de las frecuentes mu- 
danzas que derribaron é bicie- 
ron tantos emperadores. Inspi- 
raban á las tropas, por el atrac- 
tivo del dinero, el deseo de las 
revoluciones , miradas por el 
resto del imperio como las mas 
funestas de las calamidades. 

Los que dudan que la resisten- 
cia de Juliano fuese sincera, le 
reprenden con justicia su libe- 
ralidad; porque no se podia creer 
inocente de una rebelión al qu« 
la paga. A la verdad, este prín- 
cipe no imitd en aquéllas cir- 
cunstancias el ejemplo de Vir- 
jínioque huyó del trono, ni el 
de Jermánico que se espuso á toft 
mayores peligros por no ceder 
á la. rebelión. 

Pero los tiempos eran dife- 
rentes: una larga y cruel espe- 
rieneia ensebaba á los príncípeá 
y jeneralés que la resistencia nó 
mitigaba á lá tiraáía> y quéuoá 



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INIL BAJO IMFEIIKK 



85 



vez proclamados por fas tropas, 
era preciso reinar ó perecer. So- 
lo un hombre ^nmedíb de esta 
efervescencia de irn grande e*> 
jército y de an graih pueblo, 
mostrd valor digno de la antl- 
go&Roma.NiDfTdioA oficial fi^I 
•I príncipe, pero roas fiel St su 
obligación, arrostró con sereot-» 
dad las amenazas jr laa^ picas dé 
^ los reítoítíes, y reprendió con^se» 
veridad á Juliano su elevación 
que le obligaba á destronar jrf 
mismo á quien debía el título* de 
César. 

'^ Juliano, no queriendo qua su 
autoridad pareciese fundada so>- 
To en Ta fuerza, sostuvo siempre 
que no babía hecho mas que 
obedecer á los dioses. Deeia 
que en la noche anterior á la 
rebelión habia visto en suefi'os 
al jenio del imperio, y que le oyó 
estas palabras: «Juliano, tiemrpo 
nhaceque me tienes á las puertas 
»de tu palacio para aumentar tu 
«fortuna. Tú has desechado mu- 
»cb«s veces mis beneficios: si 
»lo6 desechas boy^ me al<?jaré 
»detí á pesar mk). No olvides 
»qQ6 me falta poco tiempo de 
«estarátu lado.» 

Mientras que el ejército^ orgo«f 
Iluso de haber asegurado la tran - 
qttilidad y la fortuna de la Ca- 
lía^ se entregaba con el pueblo á 
la alegría común despnes de sé- 



mejantes sucesos, Juliano^ em^e* 
rradb en su palacio, triste, peo» 
sativo y solitario, meditaba pro^* 
fundamente sobre lo presente f 
lo futuro,, contemplaba con es* 
panto« las consecuencias de una 
revolución qpe iba á desplomar 
contra él todas las fuerzas de O- 
riente, África é Italia, y aun se 
reprendió su condescendencia^ 
tachada probal)leaienteenlaop¡^ 
níon pública de ambician é in- 
gratitud. 

Eltumulto y embriaguez (|ue 
peinaba en los campamentos y 
en la ciudad, coíitrastabá singa<- 
larmeole con el silencio y tris- 
teza del palacia. Los partidarios 
de Constancio, creyendo que po- 
dían aprovecharse del desórdeh 
de las tropas y de la inacción del 
principe, envian emisarios á to- 
das partes para infundir miedo 
y sublevar ios átOmos, ecsajeran- 
do los peligro» de una lucha, ci- 
vil á un tiempo y estranjera, y 
y seducen á un eunuco de pala- 
cio^ haciéndole entrar en una 
conspiración contra la vida del 
nuevo augusto. 

Un oficial de te corte descubre 
la trama, la^revela á Juliano, y 
lleva la noticia al campamento. 
Apenas saben íossiMdados qiue 
tiay quien quiera destruir su o- 
hra^'y que la vida del principé 
está amenazada^ se reúnen, sé 



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"SIS BJBVOBUk 

«trimaüinútiíamcrDte, loman tes Ndddos:t:uandail salir déla in- 



«roías y vuelan "i palacio, l^a 
iguardia^ espantada por el tu- 
murto y 'Creyéndolo producido 
por otra nueva revolución, se 
ilispersa y huye. Los soldados en- 
furecidos penelran en los poni- 
dos, recorren todos los aposentos 
xon eUemor de Hegar demasia- 
do 4arde para -salvar la vidft <de 
«u-querido príncipe. Al verle se 
disipa el miedo: le rodean, le es* 
tredian,4e manifiestan su aiegría 
con locuras, yiúden á gritos que 
se les'etftreguen 4os 'conjurados 
para matarlos. 

«Deteneos, esclamÓ JuKnno: 
nesos hombres son ciudadanos: 
usoy su «emperador como lo soy 
«vuestro: dirija el honor 'todas 
nnueMras «acoiones. Si n^ucstro 
»zeioinipnidente sirve mi causa 
«y señute mi 'elevación coa enti- 
»cídíos, si una sola gota de sen^ 
»gre enancha vuestras manos y 
•deaonra 'V4iestra elección, sois 
»uoos rebeldes, y 70 un tirano.» 
Estas palabras enérjtcas resta- 
blecieron'^l orden. 

A la madana siguiente Teimid 
elejiércitc^en el campo de Marie^» 
que estaba donde ^aora^s la puer- 
ta 4esan Víctor. Presentóse coa 
toda 4a ^KWipa de>emperador^ y^ 
ocupó su «tribunal »rodtNido de 



ttfanciaTecibi la pi&rpura, y coa 
«ella «n 4ítulo vano sin autori- 
•dad, »el favor de los dioses me 
•condujo á vuestras provincias» 
^y me puso en vuestros bratos. 
» Desde entonces^ «trabajos, fa- 
ütigiis, peligros. Inquietudes y 
•gloria me han sido comunes cou 
•vosearos. Hadé vuestros bíeneé 
•entregados á majislrados coa- 
•cusionarios^ nuestros campos 
•asolados por4ropase^ranjeras, 
•vuestras ciudades invadidas por 
•los bárrbaros:todo nos faltaba me* 
•nos el valor-, y con él liemos da- 
•do fin á'las desgracias públicas* 
•Me puse á vuestro frente, y la 
•Galia quedó libre, ¿(^uién de 
^nosotros podráolvidar la jor- 
•nada de Arjentoracto, tan glo- 
•riosa para eUmperio, en donde 
•una inmensa pMiltitud 4e bar- 
•baros, sucumbiendo coa sus je- 
*«fes, tiheron coa su sangre vues 
letras espedas y tes riberas y on- 
ndas del JLin? Los francos espan* 
• tados^huyeron de vosotros. Os he 
^dado,*en premio de tantas ^za* 
>)ñas, el reposo interior, te segii« 
•ridad esterior-; y vosotros ha* 
•beisrecoii^»epsado mí zelo^ e« 
•tevándome al 4mperio« Aora 
•^ obiigocion vuestra defender 
•y^oslener vuesHia obra-, y mit 



jgoanlteay águilas. tApoyosi^r- 1 •premiar vuestra tealtad presjdJC* 
«mes delimperio/dijoá los sol- { «validóos de toda injusticia. Í>a» 



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DEL BAJO níPERIO. 

iclarn pues solemnemenle, que i >*pe. El llarnAmíeRto imprudente 



too tendrá el fíivor parte en los 
•nomhrumientos, y que los as- 
•censos, tanto civiles como inili- 
ntares, se obtendrán solo por el 
«mérito y la antigüedad de los 
«servicios. » 

Este discurso, que dio que 
murmurar á algunos cortesanos, 
produjo en las lejiones y en el 
pueblo una alegría universal, y 
el amor al príncipe llegó basta 
el entusiasmo. 

Decencio y Florencio, desti- 
tuidos de su poder sin esperanza 
de recobrarlo, se volvieron pre- 
cipiladanieute á Conslanlinopla» 
é irritaron con sus calumnias al 
emperador, representándole el 
movimiento de las Galias bajo 
los colores mas infames: á pesar 
de esto, la jenerosidad de Julia- 
no no se desmintió con aquellos 
cortesanos, y les envió sus fami- 
lias y riquezas. 

Este príncipe escribió á Cons- 
laneio, pintándole las desgracias 
de las Galias, los peligros á que 
' estaban espueslas de parle de los 
bárbaros, y la necesidad de de- 
fender aquella importante fron- 
tera contrja el torrente que la a- 
menazaba. a Este país, decia, 
' «vasto, fértil, poblado y guerre- 
' uro, tenia necesidad de un jefe, 
•y no podía tolerar que solo se 
»le diese un fantasma de princi^ 



«de las tropos sen»f)ró en l^s Ga>- 
>»liasl*de€esperac¡on»y subleva- 
wdos eí pueblo y his lejiones,. me 
«obligaron á ton>ar el título de 
wauguslo, sin que me fuese- po- 
«sible oponerles una resistencia 
nduradiera.il Sin embargo, ce- 
diendo al votopiii)l¡co,se nwraba 
siempre como hijo y hecbura del 
emperador, «Partamos el impe- 
«rio, anadia, sin debilitar tuau- 
«toridad: le serviré mejor eo ud 
wpuesto mas elevado. Tú nom- 
»brarás los prefectos del preto- 
«rlo, y déjame la elección de 
«los empleos inferiores. Me en- 
lítcargo de entregar en tu palacio 
»lo3 caballos que quieras de ra- 
»za española, y para tu guardia, 
»t«Dtos jermanos y francos como 
«deseet** Nunca lograrás que ios 
«galos y bátavos dejen su patria 
«para ir á pelear contigo contra 
«los persas. Defíeude el Oriente 
«como yo el Ocidente: no me 
«reuses un título que me he visto 
»obligadoá aceptar. A haberme 
«negado, infaliblemente hubie- 
«ran elejido otro emperador. 
«Créeme: cuando te represento 
«las ventajas de la paz, descon- 
liña de los lisonjeros que solo 
«viven de turbulencias. En fin, 
«no olvides que la unión salva 
«los imperios y la discordia los 
«destruye.» 



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m 



nisTOfiíA 



Encargó áPintadio y á Eute- 
rio, oficiales de su palacio, que 
llevaseo al emperador esta car- 
ta pacífica y ostensible; pero A- 
miano Marcelino dice que coa e 
lia iba otra reservada en que e- 
ct>aba€n cara agriamente á Cons- 
tancio sus injusticias y perfidias. 

1.0S enviados de Juliano halla- 
ron al emperador en Cesárea de 
Capadocia: después de hal)er leí- 
do lascarlas, los arrojó con igno- 
minia de su presencia, y encargó 
la respuesta á Cleonas, cuestor 
de palacio. 

Este pasó á Li>tecia y desem- 
peñó su comisión con aitatiería, 
aunque Juliano le recibió con 
onor. Constancio le escribía que 
usurpar la corona era envilecer- 
la: le recordaba sus beucficios 
pasados, le reprendía su ingra- 
titud^ y le prometía el perdón á 
condición de deponer al momento 
la autoridad que le habían dado 
los rebeldes. 

«Basta, esclamó JuHano: ^có- 
»mo puedo tolerar que el perse- 
vguídor de mí juventud se jacte 
»de sus beneficios hipócritas^ y 
»que el asesino de mi familia se 
)»atreva á hablar de gratitud? 
»Pero deseo la jpaz y ^l bien del 
«imperio. Si él ejército lo per- 
^mite, convengo en renunciar al 
ixtítulo de augusto,» 



Aldia 



siguiente 



convoca las 



lejiones, da audiencia ante eUas 
a! enviado del emperador, y le 
manda leer la carU de Constan- 
cio. Esciichanle ai principio con 
el mayor silencio; pero apenas 
oyeron que se ecsijia la abdica- 
ción, claman todos á un misma 
tiempo: üHemos proclamadoau- 
»»5usto á Juliano, y queremos 
«que lo sea: él solo nos defiende 
»»de k»s bárbaros: nosotros ledd- 
sfendcremos contra todos sus 
«enemigos.» 

Cleonas volvió á dar cuenta 
al emfiperador del mal efecto de 
su comisión, cuyo resultado era 
afirmar eo el trono al nuevo au- 
gusto, y aumentará favor suyo 
elzelodel pueblo y de los sol- 
dados. 

Juliano aumentó su amor y 
gratitud con nuevas azañas. Mar- 
chó al país de los francos atua- 
rios y los venció. Visitó después 
todos los fuertes de la frontera 
y vino á pasar ei invierno á Víe- 
aa, donde perdió á su esposa: 
casi al mismo tiempo murió La 
emperatriz Eusebia; y la muer- 
te deestas dos princesas hizocier- 
ta la guerra civil, rompiendo 
los últimos lazos que uniaa to- 
davía á los dos emperadores. 

El resultado de la lucha no 
podía quedar dudoso por mucho 
tiempo: por uua parte se veía á 
un príuclpe hábil, activo j beli- 



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DKL BAJO 

toso, concertar sus planes cen 
prudeotía, ejecutarlos con ra- 
pidtt, j afiadir k so f lem toda 
la qoeda el favor público: por 
otra UD emperador ibdelente^ 
eopersiieloso y crael, que solo 
oponía á iao terrible enemigo 
su firno orgullo, su furor ciego 
y su completa incapacidad. Sá* 
pcH*, teniéndolo en poco, conti- 
Buaba insultando á los romanos 
y devastando sus provincias^ To* 
mó por asolto á Singara y des- 
pués & Berabda. 

k «esta noMcia ^ Constando, 
^ue habia dejado anticiparse al 
enemigo, entreteniéndoseea cir- 
cunstancias >tan gra<¥es con las 
fiestas dadas -en Antioquía para 
.eeiebrar su casamiento con Faos- 
tina, y las^solemnidadesque ha- 
bia mandado <iacer en Gonstanti- 
nopla para la dedicación del tem- 
plo de Santa Sofía, se determi- 
nó ya tarde á presentarse al fr^n- 
4e de su ejército^ y acometió á la 
plaza de Berabda-, mas no pudo 
recobrarla, y fué batido ^r 4os 
persas en toda la línea. 

Los acrJanos atribulan todos 
sus reveses á su poco zelo en se- 
cundar sus veogauzas: ios cató- 
Jicos velan ^en ^eilos un castigo 
del cielo dado á un príncipe be- 
K^, y los paganos miraban las 
derrotas del emperador y los de* 
8asti«s del iniperio como con* 

tono XIV. 



eecuenda inevitable del aban- 
dono de los antiguos dioses de 
Soma. Todos los partidos se re- 
unen para condenar á los prín- 
cipes débiles y déspotas, cuaúdo 
la fortuna los abandona. Los re- 
veses, en vez de correjirle, irri- 
taban á Gonslanciot incapaz de 
resistir á solo Sapor, quiso ^1 
mismo tiempo que sostenía la lid 
contra éU atacará JuKano en la 
Galla. Mandó hacer numerosas 
levas en Italia, Grecia y África, 
y no contento con armar todas 
las fuerzas del imperio contra el 
nuevo augusto, sacrificando ol 
interés pAblico á su odio^ pagÁ 
vergeuT^osos tributos á los prín* 
cipes francos, jermanos y alema- 
nes para que hiciesen una pode- 
rosa dtversion en su favor inva* 
diendo de nuevo las Galias^ 

Informado Juliano desús pro- 
yectos, y previendo por el o- 
micidio de Galo, que ningún 
crimen detendría á Constancio 
si esperaba de él la ruina de su 
rival, resolvió anticiparse» de- 
clarándose abiertamente contra 
él, y quitándole el imperio, ya 
que no queria dii^dirlo. Reúne 
sus tropas: refiéreles las intrigas 
del emperadoV en Jermania, que 
habia sabido por ios mismos á 
quienes aqu^ principe habia 
procurado ganara muéstrales la 
necesidad de terminar la guerra 
12 



&:^h 



..V Lu o 



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90 
eoo prootitad 



HISTORIA 



y preservar el 
imperio coo una marcha rápida 
y atrevida de las calamidades 
que suelen prodoeir las disensión 
nes prolongadas « 

aEl ioUréedela patria^ ana- 
udia» lo manda: los yerros del 
«emperador abren el Oriente á 
»los persas: su traición espone la 
«Galla al furor de los bárbaros^ 
«tenemos la Justicia de nuestra 
«parte^ y la fortuna favorecerá 
«nuestra» armas» Los mismos 
«dioses me lo ban asegurado: 
«Apolo, apareciéndoseme la no- 
«cbe posada^ me prometió una 
«victoria proolu. fácil y poco 
«sangrienta; pues Constancio, 
«según me dijo el dios^ Inorirá 
«antes que acabe el año.» 

Este artificio, dirijido á ani- 
mar las tropas y afirmar su au- 
toridad con la de la reiijioD, dio 
motivo á sus enemigos para su-^ 
ponerle autor de la muerde de 
Constancio. Las palabras del 
príncipe, conformes á los deseos 
del ejército^ el amor que se le 
tenia y el odio á Constancio, mo* 
vieron todos los ánimos á la 
venganza. Declar^»se la guerra, 
y los mismos galos y bátavos que 
se babian sublevado poco antes 
por no pasar los Alpes y abando- 
nar su patria» pidieron á gritos 
que se les condujese basta el Asia 
contra un príncipe aborrecido. 



Juliano» al tooMir laa armas, 
declaró que solo se aprocsimaba 
á Constancio para justificar su 
conducta y someter la desave- 
nencia al Juicio de los dos ejér« 
citos. Unaamnistfa, que entonces 
concedió muy cuerdamente á los 
que habían militado con Afag- 
nencio, aumentó sus fuerzas: 
disminuyó las del emperador pu- 
blicando cartas interceptadas que 
descubrían el proyecto de Cons- 
tancio para arnmr la Jermania 
contra las Galias. De este modo 
le venció en la oponion pública 
antes de derrotarle en el campo 
de batalla, Sus tropas se compo- 
nían de paganos y cristianos: á 
unos y otros concedió el libro 
ejercicio de su relijion; y mien- 
tras moró en Viena profesaba 
públicamente el cristianismo» 
y sacrificaba en secreto á los, 
dioses. 

Haciendo el ejercicio un dia 
con sus soldados en el campó de 
Marte> según su costumbre» se 
le rompió el escudo quedándo- 
sele en la mano el asa; y que- 
riendo que este accidente fuese 
interpretado por la superstición 
popular como un presajio o^as 
bien favorable que siniestro, es- 
clamó: «Nada bay queiemer; 
»pues no he perdido lo que te- 
cnia en la mano.» 
Muchos príncipes alemanes. 



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DEL BAJO 

Moftaéos por GoBSt0Mio, pe- 
oetnrron «n la GaKa y batieron 
á UD jeneral de JuKano; masre- 
pard ^este 'revés^ «orprendiendo 
tú 9u campamenlo á Vadonero, 
jefe^e aquella liga/á quien hizo 
prisionero^ y nO le ipuso «a li- 
bertad basta que hubo firmado 
la pac.. 

libre del temor délos bárba- 
ros, -ydejando contra ellos fuer- 
zas suficientes para contenerlos 
encaso-de necesidad, se puso en 
marcba^^y empezó á ejecutar su 
▼aslo designio. Imitó á César en 
Ja rapidez, á la cual han debido 
aus'inunfos casi t^dos los gran- 
des jen^raies: una de sus colum- 
Dasatravesó la Keoiar^tra laili- 
ria;:f él alírenicde tres mil hom- 
bres^escojidos peaetré:por la sel- 
va Hercioia (Selva Negra): ^;os- 
teó el Danubio, y llegó sin oalá- 
^ulo áSirmiot,. donde debían reu- 
nirse 4odas aus discusiones. 

Todavía le creían sus enemi- 
gos enJa Galia; y esta marcha 
rápidababia sido4aaaecreta^ flue 
el conde Luciliaoo, «comandante 
por «Cooalancio de «Huella Tron- 
tera» fué sorprendido y hec^o 
prisionero en su canipdmettto. 
Coodvjérooto ivla.presencia de 
iuliano, y cuando esperaba la 
«luerie, se vio, contra su ^pe- 
raAif^r^il^do ^por aquel j^rín- 
•^jpecoo eilraordí^arifi aCabili* 



ismndo. 91 

dad: pasó repeotteaounte del 
«uslo á la audacia, y ae atrerió á 
liacer presente á Juliano cuánta 
temeridad era reñir á atacar con 
un ejército tan«ortoal empera- 
dor y á todas las fuerzas del O- 
riente. «Guarda tus consejos pa« 
»ra Censtanoíe, le dijo el principe: 
«oúclemenda te concede lavida; 
»pere no la facultad de darme 
»leccienea4ttperUaeat^«» 

Todas las provincias queilulia* 
no dejó «tras, y aun la Greeía 
misma, se -declararon en au fa« 
?or, admiradas y decididas por la 
rapidez de su marcha: él ganó au 
afecte haciéndoles beneficiíM. 
Entonces empezó á profesar pú- 
blicameate«lpoliteismo,7 per- 
mitió á los atenienses volver á 
abrir eLtemplo de Minerva. Si- 
guiendo su movimiédto mili- 
tóle, atravesó el liemo.y se acer- 
có á Adriaoópoliií. TÁo fiándose 
de Jas dos Ilíones de Lucilbno, 
mas bien eorprendidas que vep- 
cidas, las envió á la Galla; jiero 
en^l camino ae subleiuiron, se 
apoderaron de Agull^ya^ sirvie- 
ron como de centro á las fuerza 
de Constancio enltalia, ydieroa 
á Juliano tanta mas ánquíetud^ 
cuanto ^lodian^en caso de >revéa 
cortarle la retirada* 

Jnformado ^eatretaotoel «m* 
«perador de la marcha imprevista 
y de los triunfos de aquel joven. 



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92 



n^OBIA 



á quien pMtabftimsbteii casti- 
gar que vencer, sale de sa indo- 
lencia, ciHisigiie, iKiciendo el úl- 
limo estuerzo, arrojar áSapor á 
la Persta, reúne en Traeta los 
enerpos mandado» por el conde 
Mateo, sa lugarteniei|te, junt» 
todai las fuerzas de Asia cerca 
de Anlioqciía, y promete á sus 
soldados ei socorro de Dios, ene- 
migo de la ingratitud, de la rebe- 
lión y de ia apostasía. Pero un 
profundo terror y presentimien- 
tos secretos desmentían en su co- 
razón la cqpftanza que mostraba 
en SBS palabras. «No veo cerca 
>demf,deciaá sus favoritos, mi 
»jepio iBtelar.que basta aora me 
-»acompa&aba siempre.» 

MuEETi n£ ccNfSTAircia. — Al 
salir d^ Antioqufa ^euentraen 
el camino el cad&verde an bom- 
bre acab^ de degollar. Este 
espectácoH)^ turba su espíritu 
crédulo y supersticioso: desarró- 
llasele una calentura : quiere 
* continuar su marcba^ pero su 
enfermedad redobla: detiénese 
en un castillo al pie del monte 
Tauro: siente aprocsimarse la 
muerte, y se entrega á una des 
esperacion que la hace inevi- 
table. 

Amiano Marcelino dice,, que 

- queriendo sacrificar en el álti* 

mo instante sus resentimientos 

particulares ai interés púUico^ 



designó por sueesor suyo á Ja-^ 
llano: Gregorio y otros btstoria- i 
dores niegan esto, y dicen que 
solo mostró arrepenUniiento de 
tres cosas: haber derramado la 
sangre de su familia, haber nom- 
brado cesar á Juliano, j haber 
sostenido la causa del arrianí»- 
mo. Por el contrario^ San Am- 
brosio asegura,, que impenitente 
hasta nH>rir, fué ba4Hizado en 
Aoiioquía por Euzoyo-, obispo a- 
rriano.Bste príncipe murió el 
3 de noviembre de 36t, á loe 
cuarenta y cuatro afios de edad f 
veipticoatro de reinado. Su mu* 
Jer Faustina» que quedó en cin- 
ta, parió poco después una hija 
llamada Gonetancia, que fué es-^ 
posa áel emperador Graciano. 

El reinadode Constancio fué 
mirado como una larga calami- 
dad para loa pueblos, y un largo 
oprobio para el imperio; y su 
muerte, que eseusó á los roma- 
nos los orrores de una guerra 
civil, pareció tan útil, como fiK 
nesta habia sida su vida. As| fué 
como JuHana, favorecido por la 
fortuna» quedó sin necesidad de 
combales único duefio dei im- 
perio. 

Algunas buenas leyes» algunaa 
espedieiones acertadas» ados de 
clemencia y rarias sefiales da 
virtud no hacen la memoria de 
Constancia muy odiosa túmii 



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DEL B.Í30 

despreciable, ffizo demasiado 
mal y may poco bíea. Solo las 
disputas de relíjion que eacea- 
dió lisoajeándose poderlas apa- 
ciguar, fueron una llaga incura- 
ble para la Iglesia y para el im- 
perio. El ya citado Amiano, ade- 
rido sin fanatismo al antiguo 
culto de Roma, se espresa en 
estos fe^rminos relalivameiUe á 
este punto: «Con la superstición 
»que pudiera tener una vieja, 
«turbó al cristíanismo, sencillo 
Bcomo es en sí mismo, y se apli- 
»có maA bieoK á profundizarlo- 



IMPERIO. ~ ' ^ 

«por mera curiosidad , que á 
nconducirlo con cordura: escí- 
Mtó grandes divisiones, y las fo- 
»mentócon disputas de palabras; 
'»agotó los fondos destinados á 
«los caminos públicos baciendo 
«ir y venir incesantemente á los 
«obispos para tener concilios, 
«en los cuales quería ser el árbi- 
«tro del culto y de la creencia.» 
El testimonio de este historia- 
dor tiene tanto mas peso cuanto 
que su ímpurcialidad parecía ba- 
cerdudosasu relijion: algunos lo 
ban^cpeido<ifectoalcríst(ani6nuK 




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«4 



HISTORIA 



CAPITULO IV. 



síirasüsí©, ssia3>33müia)©a* 



(Aña 361.) 



Bevoludon en el imperio al aíKcnimienio de Juliano. — Carácter ih Juliano. 

— Su sistema relijioso. — Puputariilad Je J*iMano. Reslablecímienlo del 

pollteismo.*— Gobieniü de este prnicific. — Su patipjírico hecho p »r él mis- 
rao en el M/sopogon. — Feuóraetio acoiUerido eii te recoitstruccion del le ra- 
pio de Jerus»len. Primeros triunfos de Juhauo «a su guerra contra Sapor. 

— Batalla de Maranga». — Slueile de Juliano. 



R, 



L EVOLUCIÓN EN EL IMPERIO AL 
ADVENIMIENTO OE JULIANO. — Lfl 

elección de los emperadores^ que 
solo era uaa mudanza de señor 
desde que Roma tiabla perdido 
su libertad, interesaba poco al 
pueblo, ajilaba no hímis que el 
ejército, y solo obraba grandes 
cambios en la corte. Pero el ad- 
venimiento de Juliano parecía 
una revolución^ porque enton- 
ces puede decirse que eran dos 
las naciones del imperio: los 
cristianos, que solo queriau un 
Dios, un príncipe y una ley; y 
los paganos, qu-e vivieudo aun 
con las memorias antiguas de la 
república, adoraban en los dio- 



ses los creídos protectores de 
Roma libre y conquistadora. 

Los cristianos, oprimidos du- 
rante tres siglos, triunfaban des- 
de -Constanliao y se babian con» 
vertido en opresores. La Iglesia, 
rica en demasía y sobrado pode» 
ros^, fijaba las miradas de todos, 
ocupaba todos los int0reá«^, man- 
daba despóticamente, dirijía las 
conciencias en su provecho, y 
lo que es mas, se resistía á la^u* 
toridad del príncipe. La ambi- 
ción, siguiendo esta nueva ruta 
abierta por la fortuna, prefería 
las dignidades eclesiásticas á las 
temporales, huía la esclavitud 
del senado para buscar la Hber- 



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DEL BA20 IMPERIO. 



95 



tad en ios concilios, y ya coIuiid» 
braba c|ue la debilidad deíoftOMv 
nareas daría con el tienippo alas* 
á loa aiobicioaos con tiar{i para 
ttsar|iar todo poder. Pero* coan-- 
do el cri^tianiamo creia inalte- 
rable su dominio, y ekjentiliaoio 
abatido perdía toda» esperaoea, 
de repente se eleva al trono on 
príncipe belicoso, ftld^ofo^ sec- 
tario ardiente del antígilb cnlto^ 
eúemigo declarado de la relU 
jiou nueva, y decidido ¿ resta- 
blecer las inatilucionés, leyes y 
eostumbres de Roma antigua. 

CARACTEa DE JULIANO. — iu* 

lianu, libertador de la Galia, 
vencedor de la lermaoia, amado 
en las provincias^ adorado del 
ejército, reunia todaa las gran-^ 
des cualidades necesarias para 
la ejecución de vastas empre- 
sas. La intriga no podia engañar 
á un principe tan sagaz. Su c,a- 
rácter firme era inespugnable en 
sus resoluciones^ y si se hubiese 
contentado con restituir al im- 
perio su lustre y á las leyes su 
vigor, reprimir la ambición de 
los sacerdotes^ someterlos á la 
autoridad civil, e impedir con 
una sabia tolerancia las calami- 
dades de tantos siglos de disiden- 
cias relijiosas, hubiera becbo 
una reforma saludable*, pero fra- 
casó porque quería lo imposi- 
ble; Olvidó que no hay fuerza 



hunuvKPeapatie re$íMeeer una 
Mper$imonc^áa ni urntrelijion 
en la^ que nadie cree. La' obe^ 
dieneia estertor' puede engañw 
por at^un Hempo álaeMerida^ 
pero la^fáno e^de $w dbmim^. 

Sistema rntuiioso m jceia- 
iro» — ET emperador eon«cia «1 
go!pe mortal qtte*hablaii»dado al 
politeísmo los* pnjgresoa de la 
razón y las burlas de* Luciano; 
pero esperaba interpretando a- 
quella retíjion, sostenerla y ha- 
cerla menos absurda^ Imbuido 
en los principios de Platón^ de 
l^itágoras y de loa filósofos de la 
escuela de Alejandría, adoptó las 
ideas de los gnósticos,, que ha* 
bian seducido^ á muchos padres 
de la Iglesia. En este sistema» l|i 
naturaleza había sido obra de uo 
solo Dios; pero sua diferentes 
parles eran gobernadas por eo* 
nesójenios, á los cuales puso 
Juliano los nombres de las dei- 
dades deh Olimpo. Los critianos 
los llamaron ánjeles*. Considera- 
ba á los sabios, virtuosos y bé^ 
roes como espíritus^, que co« 
rriendopor grados la escala de 
los seres, se acercaban progre- 
sivamente al I>ios soberano. 
Gonciliando así el antiguo cuito 
con las ideas nuevas, esperaba 
aniquilar los ritos severos del 
crislianismo ^ sostener á loa 
romanos au relijíon alagüeña» 



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96 
^us il^sioseB brillantes y sus 
pomposas solemnidades, y coo- 
servar la doble autoridad del sa- 
cerdocio y del imperio, que ha- 
bía sido tan útil hasta eniooces 
á la política de los gobiernos. 

Antes de subir al Vrono, medi- 
taba y preparaba estas grandes 
mudanzas^ y desde que lomó 
el título de augusto, quitándose 
la máscara con que le obligó 
á cubrir sus verdaderos senti- 
mientos la dependencia y el te- 
mor, profesó públicamente ^u 
respeto á los dioses y contó en 
varias ocasiones á sus soldados 
los consejos que afectaba kaber 
recibido del jenio del imperio y 
' de'ApolOj pero cuando supo en 
Traoia la muerte de Constancio, 
dejando para mas adelante este 
proyecto, solo pensó en jusliíi- 
car su conduela, y en dar el apo- 
yo de la autoridad legal á un po- 
der qu« en su opinión creía po- 
co firme mientras se apoyase so- 
lamente en la íuerzu de las 

armas. 

Escribió, pues, al senado de 
Bizanciü que le reconoció coa 
prontitud y placer. Ya durante 
su marcha habia dirljido su jus - 
titicacion al senado de liorna. 
í^¿Es culpa mía, dijo, si soldados 
»sin paga, causados de conseguir 
wviclorias bajo el mando de un 



HtSTOBlA 

uproibido concederles recom- 
upensas, se ban entregado á la 
ndesespe ración, viendo que se 
ules arrancaba de su patria y fa- 
wmilla para llevarlos á climas 
^remotos y desconocidos? Dehá 
nceder y cedí á su violencia para 
•evitar mayores males y conser- 
ttvaros las Galias.» 

A estas palabras se cuenta que 
anadió una pintura vivísima y u- 
marga de las debilidades, yerros, 
vicios y crímenes de Constan- 
cio^ de modo que el senado roma- 
no, por mas acostumbrado que 
estuviese á la servidumbre, y 
confirmándole unánimemente el 
trlulo de augusto que babia to- 
mado, le respondió sin embargo, 
que debía hablar con mas deco- 
ro del principe á quien debía la 
púrpura. 

Juliano enfrró en Constantino- 
pía el 11 de diciembre de 361, 
al frente de sus soldados, prece- 
dido del pueblo, y acompañado 
de los«enadore.s que habían sa- 
lido á recibirle á tas puertas de 
ki ciudad. Pucos días despuessa- 
líó él mismo á recibir el cadáver 
de Constancio: se apr^jdilló ante 
él, puso la diadema á sus pies, 
y le siguió hasta la iglesia de los 
santos Apóstoles. 

En-la Galia se habia admirado 
su mansedumbre: en Blzancio 



«jencFal á quien se le Iwbia aAorró la severidad de sus pn- 



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ineros^actoflu Cu vtz de eotregir 
á^ Iqs tril^uoales ordiDarios las 
l^ersooas odiqsaa. al pa^blo^ que 
babiao abusado del f oder eu ei 
reinado aotertor^ creó para juz- 
garlas ttoa cÁmmra ardUníe, ía 
4;ual atendías mas á la paaioo de 
la veogaoia que á la ^oz de la 
justicia* 

£1 eunuco Eu5el>io y sus iafa- 
mes cómplices espiaroB sus 4e- 
lUos coa mereoido suplicio; mas 
se leacompaídei^ió, aunque habían 
delinquido enormemente, por* 
que su condenación fitéilegaU 
£1 destierro del cónsul Tauro pa- 
l^ió una violación de todas las 
Ipyes^ y 4a indí;$aaoíon públi- 
ca llegó ii su colmo cuaado se 
dio orden de matar á Ursule, te- 
sorero mayor^ célebre por su fir- 
meza^ y quehabifi hecboser^r 
cios señalados á Juliano en el 
jtiempodesuadvecsidad.EI mis* 
mo emperador afeó á la cámara 
8u severidad, sal^ó algunas v(cti- 
mas.y volvió á ganar la estima- 
ción jeneral castigando á ios de-* 
latores y desterrando á Jos vUes 
espías^ qíie Jabraban su fortuna 
con su bajeza, y que durante 
muchos años hablan sido el te- 
rror de todo el imperW« 

£1 lujo de Ja corte decoraba 
mucho tiempo habla la sustan- 
cia del pueblo: Juliana bailó ^n 
jBl palacio fttil empleado^ 4e co- 
TOMO ttv. 



iimmie. 97 

ciña, y , ann mayor ii^erQ «de 
rapistas y cQperos: el de íos^eu* 
aucos escedia á Jos demás: á to- 
dos los, echó. , 

Guéntasie qae queriendo una 
vez cortarse el pelo, se |e pre- 
sentó un hombre vestido con una. 
toga maguífica. «Lo que .yo ae- 
Dcesito es un barbero, no un se ^ 
»Mdpr,» dijo Juliano. Supo coa. 
admiración que aquel criado go- 
zaba un sueldo conaíderablcj; . y 
mantenía veinte caballos suyos 
á cíosta del tesoro. Sin repetir la^ 
menudencias que reieren los 
hisrtoriadores de un fausto tan 
oriental y ridículo, bastará de-» 
cir que ^1 palacio solo coí^taba 
mas que^l ejército. Juliano su- 
primió todos estos abuses^ y qui* 
zá su economía fué tan esoesívii 
^^mo las prodigalidades d<3 su 
predecesor-, pues para evitar [os 
escesos del lujo, llegó casi á to- 
car en Ja mezquindad. ^ 

Popularidad DE iuluno.— -j% 
se. mostró inflecsible contesta 
turba de hombres inutúes que 
sitiaban incesantemente el pala-* 
ciQ^y pervertían el ánimo del 
IM-íncipe con sus pérfidas sujes» 
tiones, fué accesible al pueblo^ 
y afectó mucho respeto al sena- 
do y á los majistrados. Proibié 
que se le diese el lítalo de señor* 
((Quiero ser, decia^ el {príncipe jf 
))no4^ dueño de Jos romanos.» 
13 



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9S 



mSTOKTA 



£t príner dia de enero, cuan- 
do Ida cónsules Mamertinoy Ne- 
vUla» según el oso^ fuereo por 
la mafiana á visHar al empera- 
dof^ salióá recibirlos^ losabrazó» 
los hizo subir en sus Hieras^ y 
mezclándose él mismo entre los 
ciudadanos, los acampanó 6 pie 
basta el senado. Kestituyó ¿ es- 
te cuerpo la libertad de las dis- 
cusiones^ animó á sos individuos 
á contradecirle, y émuio de los 
antiguos oradores, dedicaba una 
parte de la noche á la composi- 
ción de sus discursos. Tenia tal 
pasión á todo lo antiguo, que 
hubiera restablecido probable- 
mente la república, á ser dignas 
de ella las costumbres de los ro- 
manos. 

Juliano, al revés de otros prín- 
cipes que temen á los filósofos, 
les dejaba tomar quizá demasia- 
do imperio. Inaccesible á las li- 
sonjas, no lo fué á los sofismas. 
Ltbanio y Mácsimo, sus maes- 
tros y validos, fueron colmados 
de onoreci: y estos enemigos del 
cristianismo , inspirándole su 
animosidad, le movieron á con- 
ducirse mas bien como Jefe de 
partido que como supremo ad* 
ministrador del estado. 

Restablecimiento del poli- 
l-EiSMo.— Resuelto á volver su 
antiguo dominio á la idolatría, 
prefirió por consejo de Libanio 



la industria k la fuerza. «No su* 
«cedeconiasrelrjiones, decia es- 
»le filósofo, lo mismoqueenlas 
«enfermedadesren eslas puede 
»darse la salud al enfermo, á 
«pesar suyo, cou una violencia 
niitilv P^i^ ^^^ hierro ni el fue* 
)»go harán que el hombre tenga 
»por verdadero lo que le parece 
jifalso.» 

Si Juliano, como diceu algu- 
nos escritores eclesiásticos, era 
prop^Aso á la, crueldad, debe 
confesarse que en materia de 
refijion fué humano por políti- 
ca. La opresión que hizo sufrir 
á los cristianos, fue grave, pero 
no cruel. Hiunilló como debía 
su amor propio, mas no vertid 
su sangre. Opuesto constante- 
mente á los votos de los paganos 
que deseaban renovar las anti- 
guas persecuciones, les repre- 
sentó sin cesar y públicamente 
que la dulzuaa y caridad de los 
primeros fieles habiasido la cau- 
sa de la prosperidad del E van je- 
ito enmedic de lossuplícios. 

Mas peligroso por su astucia 
que lo hubiera sido vertiendo 
sangre, quiso seducir á los cris- 
tianos con el atractivo de los 
onores y de la fortuna, y el te- 
mor del desprecio y de la pobre- 
za.Su tolerancia era flnjida, y 
su rigor yerdádero. Mandó por 
un edicto reparar y volver k 



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DEL BAJO IMPSUIO. 



99 



abrir los templos de los jeplites, 
les asignó rentas, estableció tes- 
tividadeSj 7 restituyó á los pon- 
tiñees las eseaciooes y preroga- 
tivas que goxabao antiguameo* 
te. La sangre de las víctimas 
voelvei correr en todo el impe- 
rio, los arA9pices ^aparecen de 
nue?o:^l arre es perfumado de 
inciensos y flores: Roma y Bi- 
xancjb vuelven á ver sus anti- 
guas solemnidades: Apolo recibe 
las ofrendas del príncipe en el 
paflack) imperial. Este y sus jar- 
dines se cott^iectea en un vasto 
panteón^ donde cada cKos tiene 
su estatua* ca<(a bosque su altar^ 
Be todas las funciones del po- 
-der supremo ninguna parecía 
masonrosa á Juliano que la de 
sumo pontífice: título que ima- 
Jioaba preferible al de augusto. 
Por la mañana ofrecía sacrifi- 
xíosNal dios del día: por la tarde 
i 'Diana y á los astros de la no- 
^e. Aconse|ábanle que obligase 
-á los H^MStianos á asistirá estas 
«>le0inidades. «No «quiero, res- 
apoodia, que se obligue á tosiga- 
Blileos^(ast tos llamaba^ á saeri« 
i»flcar á los dioses^ ni*quo se les 
mitorntente por sus opiniones. 
uSonmas tontos que jm*versos« 
•Combatamos «contra «líos «on 
ala razon^ y ganémoslos con la 



tth2ib<»rse eogafiado en la cosa 
•mas esencial de la vida.» 

Los cristianos, animados por 
ana fé sincera, resistieron á los 
consejos y seducciones del prínci'» 
pe*, pero todos los que profesa^» 
ban esle culto por ambición, que 
eran muchos, y por seguir el e- 
jemplode la corte» lo abandona- 
ron luego que les pareció no es- 
tar en voga*, y los cortesanos, cu- 
ya divinidad verdadera es la for- 
tuna, «cambiaron de relijioo co- 
' mo hablan camtfiaflo de señor. 
Todas las dignidades del impe- 
rio fueron el precio de su apoe- 
tasía. 

Interpretando Juliano á su 
placer la moral severa del Evan- 
jelio pare sacar partido de ella, 
publicó una ley (ue declaraba á 
•los fieles incapaces del gobierno 
de las provincias y de los^ oficios 
militares* «Los gaiiieos, decía 
H^rónicamente eu su edicto» no 
«pueden en conciencia ejercer 
Hiestos^mpleos; pues el Gvanje* 
ülio les manda no sacar la es* 
•upada.» 

Los grandes obedecieron al e» 
jemplo y á la autoridad: entre 
los pocos que resistieron al to- 
rrente, se cuentan Joviano y Va« 
4onliniano, que después fueron 
^emperadores* £1 mismo prínei- 



Muavidad. No ^dolK^moa^aborre- I pe cedió á la constancia de ello^ 
^cerloa^ sino tenerlos lástima por I porque el aprecio que hacia de 



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ICO 



mSTOltlA 



5ÓS virtudes y talentos militares 
le impidió destituirlos^ á pesar 
Ae su odio á la relijíoa-, y á Jo- 
viano dejó el rmportaute desti- 
no de capitán de su guardia, é 
hizo que le siguiese en su espe- 
dicioD contra los^ persas. 

Los arríanos dieron como los 
católicos ejemplo de valor: uno 
de ellos, llamado Máris^ obbpo 
de Calcedonia, anciana y ciego, 
mandó que le llevasen al templo 
de la Fortuna, cuando luliano 
8acrifical>a en él, y le reprendió 
públicamente su impiedad. «Yo 
]»me compadezco de tu error, le 
^respondió el emperador: ese tu 
»dios galilea que invocas, no te 
jívolverái. la vista.»— «Yole doy 
•gracias, ^ respondió at^evida- 
imente el obispo^ porque me 
^escusa ei dolor de ver á un p<^ín- 
»cipe apóstata.» De admirar es 
el valor de aquel anciano; pero 
es menester convenir que un 
monare» absoluto, questifre tal 
lenguaje sin castigarlo^ no es un 
tirano. La guerra que famcia al 
culto d^ JesucristOj era mfas pér- 
fida que cruel. Para destruir el 
cristianismo, quería sumerjirlo 
en las tinieblas de la ignorancia: 
para resucitar la idolatría y de- 
volverte su antiguo esplendor^ 
deseaba rodearla esclusívamente 
de las luces que esparcen las 
ciencias y las letras^ Así^ temioa- 



do la elocuencia de lóir Básfltos, 
Gregorios y Apolinaríos, antor« 
chas bríil(Kntes de la Iglesfia, proU 
bió & los cristianos estudiar y 
ensefiar en las escuelas. Al mi!9* 
mo tiempo ponía el mayor cui- 
dado en la elección de los pontí- 
fices pagamos; y las Instrucción 
nes que les debe nterecen cier*» 
tamente ser iiiritadas en todos 
los países. 

Mandó que paraoottrerir el 
sacerdocio no se atendiese ^ ni al 
nacimiento ni^á las riquezas. Que» 
ría quenose confiase tan impoi^ 
tante misión sinoá los hombres 
mas distinguidos por su piedad 
y bomanidad, y por los talentos 
propios á inspirar á los demás 
hombres esta virtud que es la 
primera de todas. 

Debían, para mostrarse dignos 
de esta función sagrada, ser con^ 
tantemente benéficos, porque ea 
todas las situaciones de la vida, 
aunen la indijenda, puede serh> 
el hombre. L^ prescribía servir 
á los dioses comosí estuviesen en 
sn presencia: ser castoa^en sos-o- 
jos, oidos^ lenguas y acciones: 
habituarse á domar siempre sus 
pasicmes para entregarse con a- 
plicactun al estudio'de la Bioso- 
fta, Dadela4e los poetas y epi- 
cúreos^ue enmuellece y corrom* 
pelas almas, sino la de los verda- 
derM'SÍAios qoe^naeia á venii»^ 



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inr y temer i los ^óses, Justos 
remaneradores de la rirtud, y 
jaeces rectos de la maldad. De* 
Mao-^Tnrir sobria y sencillamente: 
la mágnifitencia no era permitt^ 
da sino^en Los templos. Aconseja- 
baéh» pontíflcesqueiiepresenta- 
sen rara ve? en públito para in- 
fundir mas respeto (i > y termi- 
naba su edieto recomendándole 
BOevo la caridad. « Es vergon*- 
»soso para nosotros, décla> qtre 
»iosf alHeos4nflintengaa á sus po* 
»br*s-f á los nuestros.» El éne- 
mif^ de lo» eristiaoos wy podria 



(t) Qikéfanse con freeaenem iiiM»- 
tros tacerdoles de estos tiempos derpo- 
co respeto que se les tiene, y por cop* 
siguiente del poco case que se bsce de 
U relipon, y lo-' atribajwn á la co- 
rrupción del siglo. Si el.pneblo ha lla- 
gado á mirarlos cfwi. indiíerencia^es 
porque los ve. egoístas correr tras las 
ambiciones muudauas^ envueltos eu las 
intrigas de los partidos, acaudillar in» 
lao^ {acciones, predicar "la tiranía, 
santificar el despotismo, convertirse en 
enemigos de k>s hombres que pensanv-y 
coando subversivos proyectos no medi- 
. tan» se ve á machos de ellos en los pa- 
rajes f sitios mías públicos haciendo ■- 
larde de impiedad y de asqueroso ci« 
nismo. Toman el consejo dol que lla- 
man Apóstata, observen lo que acoose- 
íaba Juliano á sus pontífices: no salgsn 
de la iglesia sifio para ejercer su miuis- 
ttrio de paa y santidad, y seráu revé* 
f encitfdos en vek de escarnecidos: 



iinnsBiov iOI 

I hacer da éfíbs oo elojlo roas 
alto; 

A'lguo tiempo se lisonjeó, auiK 
que eu' vano, que la autoridad 
de sus tuces é ib|éuio traería 
sus adversarios á' la sumisionv 
Habiendo leido una obra escrita 
por IModoro, en favor del cris- 
tianismo, escribió al fin de elhh 
M; entendió y condené, y la en- 
vió con ésta nota á muchos o- 
bispos. Sau Basilio, imitando su 
lacoDislno^. le respondió: Lmú, 
TMU no entendiMe-^ pues á haber 
intendida^ no habricu condenado ^ 
Constancio y sus hijos habian 
qpitado^us rentas á muchos tem- 
plos para enriquecer las iglesias. 
Xuliano eou iguaf arbllrariedad 
despojó las iglesias á favor d^ 
los templos^, y eo su edicto es- 
eusó irónicamente la lujusticia, 
diciendo: La admirable ley áe 
toe erisíianos promete á loe po^ 
bres el rtino de tos cielos: es justo 
altanarles ei caminó: la pobreza 
tes dará sabiduría en ^sta vida, 
yun reino seguro en la otra. 

GoBiEuNOD£.jDUAKo. — Basta 
este solo rasgo para probar el 
talento de Xuliano^ y el cóau> 
conoció desde luego á los sacer- 
dotes quer predicaban lapobreza. 
Si el espíritu de partido le estra- 
viaba en materia de relijíon^ ía 
equidad mas suave dictaba sus 
senteaciasy edictos eo los de- 



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102 BttTOBIA 

más asaotos; y como los liom- 
bres ríjidos le reprendiesen su 
lodulJeDcia: «Un principe^ les 
^respondió, es una ley viva que 
»debe templar con su bondatt el 
vescesivo rigor de las leyes 
«muertas.» 

Solo el espionaje, que Cucan- 
te nruchos siglos abría en la cor- 
te las'puertas de la fortuna, es* 
perímenn5 siempre sd severi- 
dad-, yxuando sometido á las te- 
ves tle Constancio tenia que de- 
jar Kbres en sus fonciones á a* 
quollosliombres viles, Itamadus 
curiesos, no pudiendo hacerles 
probrar su odio, les mostraba 
por lo menos su desprecio. 

U41 día tiuo-el príncipe distri- 
buía grétiñcaciones^ uno de es- 
tos ajantes, en lugar de estender 
la ropa, según la costumbre, 
presentó las dos manos^ «lüstos, 
»dijo Juliano, no saben cómo 



»eQ poco liempo mucbo bien, 
«que hacer en ^ muclio tiempo 
«mucho mal.» 

Enemii^ode los placeres y de 
la ociosidad, era tan activo en el 
consejo como en el campametft<v. 
Restituyó el vigor á las antiguas 
leyes, las corrijió, devolvió á los 
manicipios las tierras asurpaJas 
por las emperadores, y dejó en- 
tera libertad á los abogados^ Ac- 
cesible alas quejas, y justo en 
las decisiones, seguia mas bien 
el espíritu <)ue la letra de la ley; 
y como desconfiaba de su impe- 
tnosidad natural, lejos de ofen* 
derse délas objeciones» animaba 
á los majistrados á que le con- 
tradijesen. 

Ün dia, oyendo á unos aboga- 
dos que elojiaban su justicia 7 
su jenio^ les dijo: c ¡Cuánto me 
•agradarían muestras alabanzas» 
«si os creyese bastante sinceros 



«han de recibir, pero soben muy I ^J animosos para censurarme en 



«bien cómo han de robar.» 

Cunocia tan profinida mente Ha 
carga d«l reinado, que muchas 
hiítori^idpres te han creído sin- 
cero cuando dijo qüt estaba e- 
sento <ttt ambición, y que ascen- 
día al tronoxoutra su voluutad. 
Antes de esta revolución, ha- 
biéndole dicho que Constancio 
iba á Iiamar4e 4 su corte y a dar- 
le un Siicosor, respondió: «Me 
«alegraré: mas vale haber hecho 



«caso de merecerlo ! » 

No conocíala inquietud de los 
rpríncipes cobardes que les hace 
prestar oídos á la delación, y los 
arrastra á UiÜronía. Estando ea 
Asia, denunció un doiWtorá uu 
dudtdauo muy rico, acusándole 
de aspirar al imperio^ «¿Qué 
«pruebas tienes, le dijo Juliano, 
«de sur delito? » -^ «Ha mandado 
«hacerse, «replicó el 'espía, una 
»toga y un matítu de color de 



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DEL BAJO 

' «púrpura. « -^Entonces el em« 
perador dijo á sa tesorero: «Da 
mh este delator bolas j coturno 
»de color de púrpura, y que- los 
•lleve al acusado para que tenga 
»ej vestido completo.» 

Fiel á las-mácsimas de la filo- 
sofía, procuraba siempre hacer- 
}Se dueño de sus pasiones, escep- 
to I» ambición de gloria militar», 
que ni aun pensó en coni(>al3tu 
Vencedor de los Jerma nos en el 
Occidente, quería que el Asia 
fuese también teatrodésus triun- 
'fos. Determinado á estender ios 
límites del imperio, reusó, aun« 
que se lo aconsejaron^ marchar 
contra los godos^ & quienes des- 
preciaba, y cuya vencimiento le 
parecía fáciL 

La conquista de Persia^ y e\ 
deseo de igualar á la gloria de A- 
lejandro, inflamaban su imajína- 
cion. Creía firmemente en la me* 
tempsícosis de Pitágoras^ y se 
persuadía que su alma habiamo 
rado antiguamente en el cuerpo 
del héroe macedón io. 

Antes de salir de Constantino- 
pía pura la ejtecucioade sus vas- 
tos designios, quiso dej[ar en a- 
quella capital monumentos du- 
rableadesu mansión. Construya 
un puerto embellecido por. una 
galería magnífica; edificó un pór- 
tico eo el palacio Imperiaij, y pu- 
so en él una biblioteca numero** 



IMPERIO. 10.^ 

sa: concedió aFsenaAo' de Orien» 
te privilejios^ que igualaban la 
nueva Roma^ con la antigua. 
«Constantitio^decia^amabaá Bi- 
»zanciocomo& hija: Constancia 
«como á hermana:, yo*^ como á 
«madre y nodriza.» 

Atravesando el Bosforo- llegó 
¿Nicomedia, y no pudo-ver sin 
dolor las ruinas de-une dudad en 
que había pasado subinfancia-, y 
así prodigó sus tesoros para Vee- 
dificarla. Llevado de su pasioflal 
culto de los diosesi cuyos^ alta- 
res quería restablecer, Jtié áFri* 
jia cou solo el objetade visitar 
en Pesinúnteel famoso templode 
Gibeies, cuya estatua habla lleva* 
do ea btro^ Ueu^po á Rotua Sci- 
plon ^sica,, obedeciendo al orá- 
culo que encargaba esta comi- 
sión al mas virtuoso de los roma- 
nos». Huí esta ciudad compuso en 
onor de la diosa un discurso que 
ha llegadohasta nosotros;y al mis- 
ma tiempo escribió una apolojía 
elocuente de Diójenes el Cínico, 
filósofo poco dignode elojios.. 

Cuaudo atravesó la Cllkia» 
Cebo, gobernador de esta provin- 
cia, le arengó y pronunció su pa- 
nejírico,. siguiendo la costumbre 
que un filósofo como Juliano hu- 
biera debido abolir. £1 empera- 
dor llegó á Autioqúíá eii. 362, 
cuando la ciudad estaba de luto 
lamentando la muerte dé Adonis. 



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lOi 



fflSTOBm 



Miró esta casaaíidoa como un 
presajio fuoeslo: ni su valer ni 
sus vastos conocimientos ^Ican- 
«aron á^M-esorvarle íleiina cré- 
dula supcrsttckm. Los grandes 
hombres «ras vécese Mbran de 
las enfermedades de su sigle. 

Ilustró su llegada á Siria con 
un acto de generosidad, forma- 
base entonces proceso á Talado* 
antiguo vaUdode Constancio, y 
uno de los que mas fieramente 
habían perseguido á Galo. Mii- 
^hosciudadanosincilaban alera- 
-peradorá que vengase su ,4o ju- 
«ia y la de eUos. icTalacio, le de-^ 
»cian,te ha ofendido: y ba come- 
jilido mil violencias conlra nos- 
iK)lros.» Indignado Juliano de 
vesr que querían abusar de su au- 
toridad ^ara oprimir á un des- 
graciado, poderos© en olroiiem- 
po, y ya indefenso, respondió á 
los acusadores; «Puesto quecon- 
»{esais qne vuestro enemigo lo es 
»mio, debéis ceder de vuestra 
•querella, hasta que yo vengue 
»la ihia, qne en mi entender me- 
»reee^ preferencia.» 

Suspendióse el proceso: y co- 
mo elúnico delUo-deTalacio era 
habw^e opuesto valerosamente, 
y casi solo, á la urania de Galo, 
JuUano le devolvió poco después 
gas empleos, yle onró ^nm su 
henevoleucia« 
Al«i»i»o^iwíipo pr^^curaban 



con mas juáftcia/ escRar su ira 
pootra Teodoto, descubriéndole 
que había aconsejado á Constan- 
cio dar la 'mu^rte al eésar: «Xa 
vio sabia yo, respondió el prín- 
»cipe. Vuelva á tu casa, Teodo- 
)»to, sin njngUB recelo j vive ba- 
Mjo el reinado de un emperador 
«que siguiendo jas mácsimas, de 
wlos filósofos» procura «siempre 
•disminuir el número de sus con- 
«trarios y aumentar el de sus a* 
«migos.i» 

Romano y Vicente, capitaneif 
de suguardia, convencidos de ha* 
her aspirado al trono, no reci- 
bieron mas castigo que el des-» 
tiei;ro. Marcelo, hijo de su anjlt- 
guo enemigo» y alguuos ministros 
de Constancio fueroii los únicos 
condenados á muerte^ .peroá pe- 
sar de las malignas reconvencio- 
nes ¿e los escritores católicos, su 
suplicio iué mas bien triste casti- 
go de ios delitos cometido&coutra 
el pueblo, que un resentimiento 
dei/príncipe. 

"áin embargo, Juliano hizo va- 
nos -esfuerzos para ganar el amor 
de los de Antíoquia, habitual-^ 
mente sediciosos y burlones. Los 
católicos y arríanos leaborrecian 
como enemigo de su^ulto,y la 
austeridad de sus costumbres no 
podia gradar á los sirios volup- 
tuosos y afeminados. Ridiculi- 
zaron su^ray edad, su barba lar-. 



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VVL BA90 

gtf;'sa (MtfMttaA y lá^át^Itlclz de 
«tM^YMM6s. ^iffriifnkétrte le iiK 
sutlaBáDen pes(ftiÍDes fosdletítes 
y escritds ^s^Hrlcos. Aunqiie le 
llegó al «lÁW eMa iftjvria^ no to- 
ibO otra f elblfaifiía que la de 69^ 
ciHbh* uüa ob^ inj^sDlosa, eéle- 
In!^ inasta 11009(1*08 días, riolada 
JArsoptfgréfi^ 6 'ef ettémigo déla 
btrrbto. EntAia 1ii20 el retrato de 
tf niMitoo^'Attje adéf^tar lasopi-- 
¿toife^dellMoiilfoquéiios» y re^ 
«UteBdaeti^Qn cuadro rediitid<^ 
ioáotMéadéfeotosde qile'te aC9* 
9ékéá, ttttoe^l paae|(rick> maaiiu 
teresaiile 4e su eenduota; <ie sa 
iiitem« y«iia vtnode»« 

Loa ftirioi^ á pesar de as amor 
á los plMeres, no freeMoiabaÉ 
•I célebre bos^M de Oaíoe^ des-> 
de qoe reKdbie#oQ'4a lo2 del fi- 
^«Bjelio. Jkéllfiflaiiteate reloabe 
rtdeMleyAeüerrado el pudor, 
bajo aquellas sombras delicie- 
«aa: la:doteura4let49Ílffia, Usoés- 
podea jcamaltádos de lores, el 
mlnuiittito de loa elaroa arroyas 
^ne ios;ba2abaB, 4(1 cimt* de 4ai 
•T^^ loa ihimnoe qué liecorda^ 
baípefealaor de Apolo i Bafoo, 
toAD^Atregaha fos seotMos áiiaa 
loollcie ^volapiuosa. £4 mortal 
4üe«oiaqiiel «erjel e^Dsagrado 
iuplaeereBc.nBdi miateriosos, hu- 
biera entrado con mí radas «aataa 
yjcoá(ooa(ftre8ipuraá/liabr4a sido 
fap6lido:eomoioii pfotéi^ 'Co- 

TOMO XIY. 



wMfc&io« > inS 

dos támtiUn ^ m^i¿^ 'áVlá^ 
qite FeWa;y Diogniia fa esqúirét- 
de l>arfié. Al' asp^ó séVéro' de' 
lacrtit^qibelároD destruidos Ida 
pfeéti]l<to dé la TOtupfuósldad y 
dealeftós -sua attates. 'Edificóse* 
«en el n&lsmo ritto ubé' iglesia/ 
donde se debité eh tuerpo deA 
mártir Sabilé^, y desde entonces 
ceaó él! "orléirto ^ Apdlo: su ai-' 
lenfelo 16 afribliyeroá'ltfe paga*' 
»es á la ^^ofatiacie^ del bó^üe* 
sagrado/y toa cHstiafñóa'á la |)fe- 
áencia del santo. ¡^Siempre an- 
peiistíciQíd'Et emperador, que«^ 
riende reAittrir ai dios sus arb- 
tfgnoa onores, foé ai bosque á 
hacer tin sacrificio*, pero niídie 
ae atrofié á acompafiatle, sino 
éí sacerdote ^«CH^ificador. Con é^ 
te moiivotepraiidió lÉdjgnado al 
seMd#y pueblo de Antioqufa su 
ittdiferéMíar^coir respecto al anti* 
gttOciiUó.«Kdnctt6s he visto év 
)»lo8ieiipios,ie¿4dcia, sino pa* 
érft* prodigarme 4;tdttlaciones in* 
»4igiiaa« Noidebotsdar incienso 
»á mí, sino á les diosea*» 

^lo roMBoiaba á av austeri-^ 
dad fiiosólca en farer del ' poli** 
teismo. Dicese por sus eontrarioa 
qM on las fiestas de Tenus aé 
ptaeó.porfaa oattes de Antioqoít 
edornado de guihialdas de florea 
eamedio át una coaaittva Uoen- 
ciesa repitiendo canciones ^osoe^ 
lua^y procedido dennamultitai 
14 



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196 



■mroKU 



4e prostj^tatei. Ef t<> car^peda ve- 
ij)3tmilUp4^ Saa Crt&&stQitto>qQe 
ea^el que, descrjbeesia» verf^onzo- 
sas soiemoidades^ ieme qu^ la 
posteridad ^emegue á creer Ua 
QStravftgaD tes. desiirdeoes 9e ^e 
dicf^ era testigo toda uoa ciudad. 
Deplorable efecto déla debilidad 
huaiaaa!Sin efnbargp^oDa yez 
qoe la supersiicioo ha gaogre- 
nado.el cerebro, la eofermed^d 
es iocuri^bte» dice Yoltairet» 

f IjO& bijiU^riadores jeatiles eii^D. 
ta& qu^ Apolo dió^^a fia^o orá- 
cjuloi» y iuéel s^íeote: tEaloy 
vrodeado de cadáveir^t Bo dar^ 
urespii^sAa basla qoe se qoileí» 
i^los muertos qae maoeillaii mis 
vallares.^ Juliano tUio tra^por^ 
tar á otro sitio la& reliquias d^ 
Sao Babilés. A pocosiiiaa{ieració 
etiemplo d^ Apolo ieceadiado 
por los católicos^ 7 loliaao en 
TeagaDiaiaaq4<$ cerrar la iglesia 
d^ Aiitipqiiía^ El sacerdoto^^ Teo« 
doreto^ que se resistiaá elto, fué 
degollado por los ^paganos» El 
emperador manirestógcaade e^ 
apjo contra los aae^taios^ y man-^ 
dó perseguirlos ea justicia; «No 
«quiero^ deciai, qoe baya márti-^ 
ares en mi reiaado: 00 quiero 
«que jwdie perezca por opiaio» 
ttoesrelijiosas.». 

i Una (alia demaisiadoicoaiiioea 
los. goberaaate^ irri46mas coo« 
;tca.é) aV pjiebloide ADtio¡qttía> 



doa^C! 6 la say^ ae wnevtaaeotiH: 
ba grapde eaca«eia. jEI ec^peradoft 
pusopra^Moi losgrai^^. y piif> 
blíed edíetoa sftve^QS iCQa(ra toft- 
acuoMilailores de < tr^ffx Toda: 
traba deatraye la actividad da 
loscomercíaates^la libiar^d á- 
aicaakeale fairorepe li^a «speeii^ 
Uciooes^ y la concurreocia coa« 
serva, el aivel de ios fredoa^t 
Loa graaos fueroa ovia caros f 
eseasQS: loa Járioa aisMacM alr 
prfocipa del mal qqa ailfríaii»r 
i^liano ao respoadió á laa ioju**^ 
riaa> siao prodigaadaaaa tam-» 
roa paraaocof rer al pi»eMo% 

E^poestoi losaarcasmoa.de.a-» 
aa poblacioa aaiaeroaa, atar- 
meatada par el ^iade loa arriáb- 
aos y católicos» safrió> adamas ka 
coatradiocioa de loa filósolos 4 
quieaea taato amaba^ y parar 
veacerla, empledoa medio moy^ 
fácil» cual ea Itsoaiear aa vaai« 
dad. Ltt>aoio r^iaaba orgallosa- 
meaie venir á aapalaeioá aair-* 
^e á sos cortaaaaoa, j deaaohaba 
todoasaa dones. «rHéaqai na ref- 
»galo> la d^o Joliaao^ qaasego-i 
^raméate aceptarás: deelaro qaa 
)^ttt»vírtiidea te dan 0atr0 los OMia 
«graadea fiHóaofos el mismo la-» 
»gar qae tasdisearsoate haa da* 
vdoeatre loa mas graadea ara«i 
sdorea%» ... 

fisto príacipe^ aa manlfeató 
sjempr^^aeatfaleatra arrtaaoa y 



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BBL BA7d 

^«fólltotv Tfl por tolerancia/ ya 
fim fboiMtér entre Aon tti^ia- 
noa la «üMUoo 7 deMKiarlos. 
Ea Pleito qm el objeto printi^^ 
devana pensrailetftos erra la dM^ 
«rucetoB délvQlt^de Jesu^ qoe 
ereia^tontrarto á tasaollgaas eos- 
toflubres, * ciieo»ratihle ccír la 
«rti^Hi «BiMeion 4e loa roma- 
m», úi^kM Taeffte te mgforia. 
, fiíHnpiMocofliraiel eriaüadia^ 
mo «D libro ^ue no ka 4tega4o 
lítala DUMroa iNas^ pero tM>ao* 
^MDQaaoa parte de él por la re- 
bil^ciofl de S^ Cirilo. Así «t 
•Hiijo eomo «I -oiro parece qae se 
1h|d 4>raiHiesto en ana ^erttos, 
detrrltKir Hiaabicn Ja doetrin qtte 
«taeaa^iue Jnatlflc^^ la que de- 
fleodea. ittliano^D en obra^ <o- 
moeouaa iDjeoiosa alegoria^ue 
•ae ba conservada^ y «n que 
«cuania «u ánfortuaíoa, stts4ns- 
piraeianea y su gloria^ aconseja- 
hdk á lospueMos que adoptasen su 
raUJion. lüamábata e\h$lenktM, 
j le daba por iMse Ia4daa del Ser 
anpremo; de sn liijo^ «qne es al 
Xe^ai. da Walou^ «aya 4májeu 
7 santuario «ra el ^aoh Joa da* 
■las ^Hoses^ aegun ^é\, se Teda- 
-Cfan -á amanaeioneé de la diri* 
nidad. 

JFEKÓXaKO AOOUTBOnOCK ZJí 

UGoasraoccioif del tempío na 
jEauaAXBiv.-4nolinado áVayore- 
«ar á loa jadioa porque eran ene- 



ñiraao. íatt^ 

mfgos'delds «mtlaiiob^'proyf^ctó^ 
para desmettClf 'hnl' proTefelas, 
re^tÜMr el templo 4e lisi^nsa- 
leny derruido tres siglos ístales.' 
Avla6a« resahKíion á \m fudloa 
portin édictoí loa bscepluó de 
4odo impneata ^slpaord^nario, 
lea d4fi paite dar apa tea4»ros» r^^ 
unió para Ja ajaeueioo de e^ta 
«mpreaauífiD menso número da 
obreüoa/y edcargd á Alipio, 4a^. 
4aoden«a de Palaüiaa^ que ace- 
lerase la obra éin perdonar tra- 
4>ajo ñi dineve para acabarla 
proDtaaaenla« Aniea de cons- 
truir el nuevo edificio^ sedemo-* 
Jieron los cimientos del antiguo. 
IiOsbabre^ acudieron de todas 
parles del mundo á ieruaakn 
con la esperanza de volvar á ie^ 
ventar au templo y culto» sn po- 
4encia y au ghMria; Esta aperan- 
xa fué angaiada* So solp los au-^ 
4ores acéesiásUcoa^ ^ao también 
Amianp Jlarcelioo, iiiatoriador 
Jentil., 4an ^upersticioaoa uno 
como otros, tfuentan que aalíeron 
*de la lierrá «on gran ruido ^4o* 
4m>8 daf uegOp 4os cuales laaaándo* 
ae repetidas veceé sobre loa obre* 
roSy les impedían llegaré 4os €i«- 
míenlos y a«marjian anmedio 
de4aa41amaa á los trabajadores 
mas osados. Veamoa aora ai es 
poaible dar an trada á tan misera* 
bleconseja. Juliano^ dicen, se vio 
obligado á abandonar su proyec'- 



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superior á %mf^^^^V^f 
. Pjí}ro;cQAiQ4ioa>4u^«eo basten» 
tesAfaianox- Mya eitados^^u^ 
lor^st eclentésHcQS» para pr«sefl>-^ 
tarnos «na prueba 4et los des« 
preciables adíelos de la eredolí- 
dad, y de las torpezas que bacán 
decir á 1^ btetoria, Sozomeoo, 
Sttfino f Sóeraies repiten esta 
pueril mentira, y la testifican 
San Gregorio, San CriBóstooK>y 
San i Ambrosio, aiadiendo ^le 
este auceso afirmió l&fó.de los 
cristianoft y desesperó á los ju* 
dioSf. muchos de los cueles se 
coovirtí^roo. ¡ Así se llena la 
biatorta, de. imbecilidades cuando 
ae llena interés, ea engañar á la 
humanidad t 

L(i6 filósofos eoD mae ravon 
espliean en un case el fenómeno» 
atrtbuyindokxal betmnen y a- 
sufre de 4«| abunda a<|oel le- 
rreno> como lo prueban loa le- 
Fremotoa frecuentes en aquella 
ferte del Asía, que hablan su^ 
merjido en ehabismo ó abrasado 
cpn llamas ciudades muyi papú* 
los^s. $je«Qpre la credulidad a^ 
dopMi .oaasi fácilmente las reía- 
ctone^milagrosaa que las fun- 
da4as sobre causas naturales» 
Un error capital cunde con ñaua 
facilidad que una Terdad funda- 
mexUaU porque es mas téeil 
cr^er qi|e discurrir j. y (os hooír 



bres en [Mera) ^rtflWNi: hia^ 
pori09tos.del fiínatisniov lA snai 
verdad seodUla yt.palpaiUea *. 

Entretanto el emp^aftoi; .re4 
unia con suma aotividai^ tropas», 
armas, viferes y mnilkíoHes def 
todas partes para la guerra que» 
meditaba contra Persia. T)siñe« 
roso Sapor^ de .sua- preparatMM^ 
y diQhla babilidaé del vencedor^ 
de Jermania; le propuso la páe, 
dejándole duelle de arreglar la^ 
condiciones. Joliéno, que querié' 
.terminar la lid de tantos slgloa* 
con la conquista de la Persiá 7 
no con un tratado, na respondió 
á aquellas ofertas pacífteas sfoo 
reusando toda Degociaclon. P^riHra 
esta guerra se impuso á los cris- 
tianos oa tributo especial: me- 
díala injnsta y sin disculpa; coma 
bija del odio. Greta qae deján- 
doles la vida y la libertad de pro- 
fesar su relíjioo, aunque loa o-' 
prioriese.aín cesar, no merece- 
ría el renombre ée perseguidor.: 

Muchas nacioOes del Orienta 
le ofrecieron tropas aosüiaret. 
«Loa romanos, respondió, daa 
usocorfo á loa otros {niobios^ f 
«noto reciban.» Los , sarracenos: 
querían venderle ana servicios^/ 
y él les dijo: «Un príncipe beli^ 
»coso no tiene oro, sino hierro.» 
SI rey 4e Armenia era tribus 
tarto de Cloma. Juliano, q^e la. 
d#spr99ÍAba ^^ había abfAf-* 



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llif»rd0MMi iovitaeftititUM 6f^ 

tnuBfsailrofag'ír'MqpiIrto ér la 
fMrract . ■ 
Viwiéttm^ reamo (a63> dK 

•6 el Bafralet cdssfeeraio y n^ 
féém mdUértnUspmatos, y^ms 
4ivteioBeft 8MtlftblMÍC9o» eítUsé 
mkmrimht^)rmfémi§ñ94o&, al ntari^ 
fcráe algouas fartalazaa, beata 
el mMueatiKéa aO' reoftioa% Jo^ 
HftDO^ cuando «alo vieroe cofli^ 
plidaa lodaaaiifiMeoes/aati^ae 
AMioqníá^jiif íMMlO' no folfor á 
etti^I^.eoíaeAaLdMtt ebejo^ dejé 
fergoberead»reik eqoeito tiiH 
dad i Aleiafidpo dr tteliópoKe, 

JtoobreiDjeate^iii^y^vk^leiilcv 
del eoal deciae «fiieD aé qae V 
^flaí^odro Bo flaemoe maodar; 
»pero Aatíoqaía meaéee otode» 
?»cerje4ii'. w . .• i. 

Llegii.iiaQreaí^doBda liaUd«l- 
vidAdP^et pnUteísoao; é Uso ira« 
ii»aeateeraoacon. el aoeedo á^ 
eqoeile Diüdadpera- reataWecer 
el eirilade ioadkMea. BaTM^Ie 
foé «laa favorable^ y loaiubt- 
laqlea le acompeaerofrá aacrifi** 
car eo loa iempta*4e áipelo^ y 
jópiter^ . i. ' . 

taiNipideadea»'aHMrebe rué 
tal^ 9ie ye. beina |Miaeda et Bv^ 
foelaa^ y toa peraaarle» crataa eti 
á e t fo iieéiLLA^sarde'to inif»ór« 



taMia de«Báeaa> se ale}d de está 
piase perqM^ estaba pobtedá de 
eriaUeiioe> y fdéá Carras, cii^. 
ded'Célebprpor. le mina de Ora^ 
so^bebieei^elii^v^teaiplo fa¿ 
flK>8adedieadi^ é le* LaíiiB, á la 
cttaUl pf^ocipe-teiiie paaticalar 
dovoeioo* Prooofifio^ que^ pagó 
deaBnea^eon. le^ eabeza- ae mo^ 
meDléiiei^.elevaclon^ decia que 
«Uiliaoo^. esUDda eu GaFMfi> le 
belHadadaua manto de párjpu-^ 
ra y de;»igQádaie por auaeaor eu 

eliuüodequejterecieae^efi esie 
guerra»^ 

Boa eamiooa tookMel ejército 
coiMi¥> para penetrar en Peraia: 
uno poi:.la.Adiabeney pasando el 
Xigrit^otto por la Mesopotamie 
eoaleaadoet fioTraief.. Juliano; 
Btra^eog^^áar áloa peraaa, los bi* 
sarecottoe^renlramboa^ preoe^ 
di4o pog d e a laefmenios^ DejiVen 
MeeQpo^mia^ilajo lea 4i4ee^ 
de Procopiu y Sebaatian, trelnle 
mil;boittfarea eaea|idai qoe^de* 
bien jReuniKaele daapuea ea Asi-¿ 
r4a* eon Aiaeoea y ave-araaenioa^ 
üníiéinarcliarácta^ei Xjgrii, y 
üvenzA rápidamente por el Eu-» 
frates JBn eeiexlotenia cimien- 
ta boquea de guerra, y mil de 
j transporte cerp^doa de víveres; 
(^e. eaeguraban le snbaisteneia 
I áaus tropas. 

\ ^ Yásé babíá poestoen mareba 
«cuaAdo recibM eertas .de Salits^ 



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,ll!0 .')!.-] 

qfie le roga1>i qae sosptadiese la 
«spedicioD^ porf)ie loi dioses no 
6e>ia96ir4b|iQ /avoraMes 4 ella. 
JuUaoo» cQQflolaflo^con Mr^n ^ft* 
guero^ ceQUnud'MiHQieT'ímíeBt»» 
y llegando adoode'^staba el se'-* 
pulcra de Gordiaao^el jáveo* on- 
ró^coA Itbaciooea 4a B^emocia de 
€Ste príqcípe; libaciOBes que ba* 
b|aa de repetirse detítro de paco 
^Q «u mi^na tuiaba. 

Pooos 4ías<le8piies, un selda* 
do, acometido por uQ4eoQ iurio- 
so, lo mató de «uiu laaiada: y 
el emp^^dor creyó 4a «aaene 
4e la ¿era presajio -dñ la caída 
4ei cay j>er9iano.. En ^eá% Üeo^^o 
los €aiólicoa» los arriaoos, los 
idólatras y .4os iUásofoü, ^aunque 
djlferian^ii creeseia, se daban 
la mano ^n 4a «operstícioo; -do* 
daban "dejas verdades jr •Qreian 
^alas/ájtolas.. 

Una ^nligua praocufia^áoQ, 
cpnfiwBQda por muchos escar- 
mientos y «esparcida ^nei Orlen i- 
te, parecía disminuir 4a con- 
fianza de 4os 4'omanos; porque 
era 4ina ^creencia jeneral:gue los 
ejércitos <lel imperio no podian 
penetrar en Persia ^Q «sponerse \ 
i grandes4esaslres« Juliano pre>^ 
curó4eslr4>ír -el ma-)- «fecio 4e 
esta tradición popular: reunió 
aus tropas y Jes recordólos triun- 



fos dft mnebp» ^olfitafits,' ^cairas 
ágoiltaric^ortQsns hiMatf ptM^ 
Wado hasbr^JL canlro dek Jksiai 

«.Estaa «rmdaa ^ombras^^Ai» 
'i^dió, no eran escitades sino por 
«la gloria: <iMMtflms*l«SMMS>or 
«eUa y poria ««eáganat la 4e* 
•rrola de ^mAras la jkiies, ita 
fdevastmieo de nuestroa' eaaar 
«pos, la nrina de nvasiras cin<ta'> 
«deanes pdna^i tea juaCiefa el 
«acero .*en4« mano* Aeparemw 
«lo pasado, «segommoa lo fii^ 
«turo y merezcamos fama 4a* 
«mortal. Yo campUré 4#s debe<t 
«resde Jeoerat» oAcial y soMa* 
«do. toa4fioeas Ae Ihmi eoacedl» 
•do auapicios Arvorabtea;^ pera 
«si la fortuna «engaftase -mia «ea^ 
»perauas, me teñirla por felfai 
«pereciendo, «orne '^lea Nucios, 
iiDecias y Corcios, por el bien 
«de la patrla.« 

«Imitemos á nuenros mayoi^ea 
«cuye tenstancía wencia todos 
«los Mtácttioa. Ellea lidtaron 
«penosamente muehoi eios an« 
«tes de aubyngar é Fldenas, á 
«Yeyos» i ifnmaneia: la ruhia 
«de Cartago fué el premio 4e uñ 
«siglo de cembalea* Sigamos tan 
«glorioso ejemplo, y aobre lodo 
«evitemos 4in escollo fonesto 
«bertas veossáoiiestras «rrnas. 
iiLa.<kscipUea f eélecaqsa de sua 
«victorias: la ucencia, da «Qea«- 
«tras derrotes. Peleemoe pare 



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iedfliQdMlJéiicfa:i(ie^ kalfarári»* 
»flecftí&lerlcNfoel qae 8e*'«parU- 

«N<v lamáis- las-armas iM ene- 
itmigo, sioo^sa astucia: d(McoD» 
;iAlKk4e-los lazos que taadlnrá la 
Ma4ieía. Yo, aomeUéodome* el< 
«iriflMffo á la reglajeneral, mf^ 
»qoiMF6iua^ ao« me haré oomo 
vótros |>r{D6i|)|es superior á las 
rteyesr daré cuenta de mí. con- 
Miucla á Ib faz del mundo. Miir- 
»cha4 confiados: flátigas, pelí- 
•gros^todo «^rá común éntrennos- 
?N[>tros»y QOtolvideis que la jusr 
Ptieia. de Buaatra causa es^al pre^ 
a^ajio maa seguro^ de* la^ vieto^- 
»via^» 

Los s<4dado8^ leraotando sus 
éséudoa» responden á estas pa- 
labras con aclamaciones unáni- 
mes^ y gritan i «Volemos sin te- 
»mor al combate bajo el mando 
»de un emperador inveacible^a 

^ a|éraiu>se puso ea marcha 
ea toaa eoluioMa prdcadidaa de 
Uepaa^ li|erast el ala dereeha^ 
iMUdadaper Nef^itta^ y precedi- 
da por la escuadra^ costeaba el 
Eufrates: la izquierda^ compues- 
ta casi toda de caballería^ avan- 
zaba en la llanura^ á las órdenes 
de AriAteo y Hormisdas.. Víctor 
y S^fiíwUoa oíaAdabaa la retar 
fMBdia. JaUano^ eolo^do eo el 
otBlfa, acudía á Uiios ioi pfo» 



M jtoofe' a* ptoMMeia* era ne* 
eesa-rfa^»/ . ■ ^ 

PiíMEaof TRiüirlHM' DKinruA- 
m.^La-toma de^ tres fbrtttlézas 
fué su primera operaeióiv; y la 
4avastacto»de^AaiHa*€astigé la 
derlaapm«tttGÍaa nemoMa. Las 
€iudade»de' iliaca y Otogarda^ 
aa flieron consuíi^as por él fue* 
go. Mb roharoa qúíuceilias sinen- 
eontrar á los persas: al Qn saca- 
ba Heríanse presentó, BormJsdas 
la acometió y puso^ ea huida, 
üespues^deeste trioafp llegaron 
aun i»itiQ'doüde el Eufrates se 
divide ea>doa br^osriumvque se 
dirije-ácia Babilonia^ y otro que 
ae oneeou el Tigris eo el cami* 
no de Cteaironte: U& cuerp6 nu* 
nieroso de persas 'defendía este 
segundo brazo: Juliano los en- 
gaña con sus movimientos, pasó 
ej ria y se aclamó delante de Pí- 
risabor^uod die laa mas grandes 
ciudades de h^ri^r 

Stt ouaierosa poblaeioa re&ia^ 
tid eofl deenedo al prineipia los 
atacpies de ios romenos; pero 
cuando loa habitantes vieron 
marchar contra sus murallas él 
Ae/epó/ís(l), la mas temida de 

(1> '^Jtm el Htlépoli» U buíi grvi-t 
(le OMtfttíii* de g«erra qoie «ervi» p^ra 
et^taqofty «Mli4^ae lai pUsas. Cm»^ 
iitcíe ea naa tofre Ctt*4ra4e de vMáftm 
re,' eoye jilerie.:jttfirioa jbeiii# luui 



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da por Demetf io Poliorc^feas, se 
ji|MMUiró ei lerror^e mí Mim)s, 

quiste putíte taHkúk q«t ttt ^Mt^ 'f iM 
ckiAoiMrert tnplfl y á iMes,cttABrii* 
pie qoeiino de m^ kdo^ pnes*^!» «a* 
pei«r U «laraHa do U .pUM ^iti«d|i y 
«uB «US nii«aia>4of r^ir Loi autores 4e 
dao cuarenta j cuatro e^os de .p^o* 
ta, queequ^v^leii á -unos aese ota y, »eü 
pies, Sus frentes j flancoe eatabaa 8os« 
tenidos con Tuertee ptancbas de li ierro, 
revestidos con adobes y cubiertos cou 
^eles frescas, á An deeoitxk^r 4«é<«r* 
«ñas arro^adiaas dt loi coélraeios,^ 
tnter*el incendio con los;GOnibusii«- 
bles qoe estos tetdtri|ian» Eitas torres 
contenían de^ seis íiastn caiorce^ píaos 
con sus respectivas ^enUnas y troné- 
rnsj y secomunicaba á ellas por oief^io 
de dos escaleras colocadas en 4os ángu- 
los opuestos de cada piso jr en la uiis- 
ma dirección, U una para tubic, y la 
otra para bajas, i£n de evitar la con- 
fusión y .poder proveer con lacilidad á 
losMldadoaen sos respectivos pisos de 
krmas.f nívere», cuyo rq^eato ae ta- 
iabiecia á rets^na^dia de 4a toitve. £1 
Helépolis 4ettia en el^iso bajo un a- 
Ttete de corredera para abrir brecba 
^n la muralla enemiga, f uno ó dos 
puentes 4évadisos colocados en el ^iso 
que convenia según la «llura que te- 
nia la mora I la sitiada. &t0s puentes, 
parecidos á los de nnestraa f4aaas. de 
alteas, estaban unüdos <a la tanre ;poc 
medio de inertes goraeide Iwífiw, yse 
fevanUbaia J Wftkmn^m ^•múio] 



m . ■ 

M. Elemperaiiir lurttd'vo'vCUi 
piazagraik3¿aBtfclad é^Mwwsáj 
armas. •.: • •- -í -- .' ''« 
' Jle8piii8sdeieateiKie«9ffa] 



déeíadenas i^ biet^:'^ sas^hídds1iábl4 
«ma ^ran^lilla para ^W ^r'ttíMFadóli 
i»ansitasen sin peligttv ^y «n 1i xmbéA 
naoafilertns 'i^ri^a ipai'n kaeefii Ü^ 
mt. en la 4WiraUá 4^fav^elM>«obi» i|iia 
-eebscia paac* Xos dena^ ptsps, contar 
n^an4a jente que debi% dar el asaltq^ 
6 sostener á esta cuando lo verificasen, 
lilegado el Helépolis á su sitio, que era 
siempre el raaa prócsimo á la lÉuralla 
enemiga, los soldados ciHocados en* el 
piso bafjo aafaan impulso al ariete para 
aki%> la bracba: loi qne se haliabaa 
-en la galerna Mipe«iof y ¡en. los piaoi 
altos, anyentaban con lus armaa arrov 
iadisas á los &ilJndosqiie ^/^Adi^ntl 
mu|H> . ó. la brecba, hasta quedar casi 
despejado aquel frente. Entonces se dar 
ba la teHal para bajar el puente, 6 puen- 
tes si tenia mas de uno, y los^sdldados 
destinados a) asalto, al monacato de 
verlo asegnrado 7firme,^lhaíbrma* 
dos <en eolamna ceürada* é ocl^de frai« 
te f acometían. £«*retanie> deéde loe 
.pisos baciMin«a(er una Utt.via.de fle|iiaa 
y . piedra» sebee 4qs aitiado»;' siendo 4c 
notar que la colun^na no podía retro** 
ceder en caso de resistencia, por el em- 
puje de los que la formaban, que eran 
sietnpre las trqpas mas escojidas que 4 
pie brmb f i retaguardia de li torre 
esperaban' el momento de verificar él 
asoHo; BaeftoS'de4a'iDnralla^lds tftfai^ 
Jorés,. le apodeeabam és laa m á qol na i 
attevi^H» ^ coBi|»letadM i« yiei«r«y 



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DB. EUa 

QMiFtbtii iHttofHfj Ao^oertao 
peoetrar mas adelanie en a^ye- 
llo9 vastos países que habían 
tíio el sepulcro de 4aoias lejío- 
nes. Julíaoo, ^€on sus discursos, ^ 
los .sosegó y ceaainaó. Coatí- 
ouaodosu marcba, «rodeó utas 
grandes lagUDas^ y se acercó á la 
cittdad de Maogama. Adelaotáo- 
dose casi solo para •reconocerla^ 
^ ¥4ó rodeado par «diei |ioeies 
persas; mató á alguMS de ellos, 
«oyeatóá los demás, y debió la 
irídaásu intrepidez. La ciudad 
fué tomada al tercer asalto, y 
entregada al furor de las tropas. 
Irajéronse k presencia del em- 
perador algunas nobles cautivas 
de insigne hermosura: no guiso 
verlas^ imUando á Scipion en la 

«oa It toma de l« piau y sa M^aeo. 
Loa autores mas respetable! no de- 
taUao coo asaot tad las fuersas mo- 
trices q«e daban impulso é aqoellas 
awrmcs máqainaa) perola epiaion mas 
leneralrneule recibida es que ae coloca- 
ban soboe gmetos ejes de «adera, á 
cnyoa estremos babia anas rnedas pe- 
quedas «y macizaa; y con >el ansilio de 
▼arios cilindros movibles que se sitoa* 
ban é su frente, y se remplas^ban con 
lo que despedia 4a máquina, según adee 
Cantaba (por el'ifopuiao de fuertes ma- 
romas, afiansadas en él snelo á varios 
potros enterrados, j tlradoi por medio 
de poleaa y moliaetea colocados á di- 
ferentes distanciad y ei| varios sentid 
dos)ae 4e d4ba üireeoton esaotamtate 
* lOMO XtV. 



ntvmo. 113 

contiaeni^ ül aoiM le babia 
imitado en el ?alMV.Pasó des- 
pués á ver las rvioas de Se leo- 
cia, tristes moBumeatoi de la. 
inconstancia de la saerte y de la 
caducidad de los imperios. La 
escuadra dejó el Eufrates para 
entrar en el Tigris, río que -de- . 
bia pasar el ejército^ Espantados 
los oficiales» por lo tajado de sus 
ribazos y lo •rápido de au cursor, 
suplicaban á JuUano que difirie- 
se el tránsito. ^Y ¿qué ganareis 
»eB elloP les respondió: el tiem- 
i>po Bo retardará la velocidad de 
»las aguas oí aUaaará las mar- 
Ajenes: lo que bará, seráaumen- 
atar el número dei los enemigos 
«que defienden el paso.n Galla<% 
Ton y obedecieron. 

basta arrimarla t la muralla. Para 
ello los sitiadores toirmaban antes una 
estrada sólida y bien batida, desde el 
^nto en donde se conitrnía la torre 
basta el foso de la plasa eneniiga, dán- 
dole naa pendiente mny -aaave para- 
iacUitar el tránsito de aquella; al mía- 
mo tiempo, y cubiertas por sns mante* 
letes etc, terraplenaban el foso coa 
árboles, faíinas, piedras, escombros y 
cierra bien apisonada, sobreponiendo 
en todo el tránsito unas eaplanadas mo* 
vibles de gruesos maderos bien unidos 
que^ban colocando según adelantaba 
la máquina de su tránsito y de esle 
modo consfguian colocarla rasi inme- 
diata á 4a muralla enemiga. 

15 



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ÍI4 



msre^wjk 



Después fleotia tfüiigrieiita pe* 
le»> quedd ta victoria por los ro« 
manosr pasaron el rio, niatarocí 



seis mil persas, y persiguió- ^ con cart» para e( príncipe Hor- 



ren las relt<|aiasdel ejército ven 
cido hasta las puertas de Gtesi- 
fonte: Hmite fatal, qae la espe* 
riencia de tantas campañas, afir- 
mada también en orJróalos, ba« 
bia proiUdo pasar á loa romanos . 

J^ulianObizo alK on sacrificio 
á Marte: de diez toros que sede- 
bian inmolar^ nueve murieron an^ 
tes de llegar al allar-^el ultimóse 
escapó: vuélveale y cae ai golpe 
.del cuchillo sagrado-, pero sus 
entradas no ofrecen al pontífice 
)siooauspicius amenazadores. Ja* 
liano,. dejando de respetar al ci^' 
lo cuando se oponía á su gloria» 
se enEada co&trA- Marte^ Jura 
que no le hará mas sacrificios, y 
manda á las tropas eooslernadas 
que no busquea otros, agüeros 
sino los de su valor y su fbrtuna. 

Queriendo evilar la pérdida 
de Uem poique causaría el cerco 
de otta ciudad tao grande, pro- 
curó escitar con denuestos y do- 
safios ei vater de los ciudadanos 
de Gtestf6Ale, para que saliesen 
á pelear á la llanura: mas eltos 
le respondieron,, que si quería 
lograr el ardiente deseo de me- 
dirse con los péfsaSy debía ale- 
jarse de sus inespugnables piu^ 
rallas^ y marchar contra el ejér- 



cito del rey de i^eyes. Al 
tiempo so presentó en el campo 
romano un enviado de Sapor 



^ m jsdas, en qué prometía hacerlo 
justicia,, y solicitaba su media- 
ción para la paz coo Roma. 

Julieno, como casi todos les. 
conquistadores, estaba embriaga* 
do do orgullo: su fllosofia so ria-^ 
dio á este pemieíoso veneao»^ 
siempre oculto en la copa de la 
gloria. EII poder y la fama so 
pierden mucbas^ veces por que- 
rerlos esteoder demasiado. Des- 
echó,, púas, las proposiciones de 
Sapor, y^ te desaAó á la batalla 
^ra las llanuras de Arbelas, es* 
perando triunfar en aquel ca-m- 
po como Alejaiidr9. La rapidez 
de un brazo del Tigris retardó 
su marcha: otros ostáculos (letu- 
vieroa al ejército de Mesopota- 
mia^. y la fortuna comenzó á 
mostrarse esquiva coa un prín- 
cipe abandoaadode la prudeacia. 

Ea estas críticas cir^unstaa-^ 
cias,^ ua persft distiaguido por 
su naciflüeato se presenta al 
emperador como ua proscrito 
irritado que desea vengarse de 
las injusticias de su rey. «Pue* 
»des, dijo á Xuliano, hacerte 
•dueño de Persiaea poco tiem- 
»poy aates q^e Sapor baya ret 
»uaido ejército p&ra deCéadecla; 
vperoes fuerza quete alejes de 



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DSL BAJO 

9ia eseuadra^enya lentitiid ha- 
^k imf0sihlt% los progresoa. 
iiTióii€a'doa<ajér¿itoa, de loa coa* 
»lesei OBO '80 ^consomé eo giriar 
99i otro. Toa bajeles aon mas 
»MeD .irBt>atánilo qiiean socorro. 
•Líbrate de eseimiiedioieotOTyo 
i»8é ao camioo que íleTa direc- 
«lamente el eeotro del imperio 
•persa. Airéveie á aegoirte: to- 
nina Tíveres para leoalro dias, 
•Tote guiaré: uri r^abeía es fia- 
•dora deaaiteaKad.» * 

4aiiaD0, dema^ado créd«1e, 
4>l?ideDdo loa ejemplos fooes^os 
depmso y Anlooio, sigue elxoo'* 
8ejo4el flojido desertor, despre- 
cia los prudentes ariaos de fior- 
misdtts y lasjnurmunicíoues del 
ejército, ioma «vfverespara vein- 
te dias, y sepoae temerarlamee- 
teeo^iarcha bajo la palabra de 
un traidor, que desaparece epe* 
Das el ejéreíto, paivado ^el au- 
rilio de la -escuadra, se bailaba 
lenmedio del desierto. 

El emperador, conociendo tar- 
de su yerro, onró su desgracia' 
^con la^rmexa. Jlud^o>de «a 
mino y^alejáodose^lel^igrisen-* 
irá en una4lenura, cuya fertili- 
dad empezó á disipar los ^temo- 
res-, pero la -calMiltería persa se 
derrama por «loa^carapos, qneiba 
las miases, destruye 4aa eideas, 
priva á ios romanoa^e lodo re- 
curso, y 4os entrega á las mise- 



laiFBno. tl5 

rtas .de una ambre espanloaa^ 
enemigo mas lercibleqiie tos ^ 
jércttos del Oriente. 

Juliano ^liandond entoncea ta» 
da idea de conquista, y |olo pen« 
só en sahrcr el ejercita. Después 
de una larga deliberación, re<- 
suelve volver á,sus fronteras 
por la Gordnena,peqúe&a proyiji|r 
c|a de Armeftia, dependiente 4e 
los romanos*, {>ero eJ rey de Per*^ 
sla» previendo su 4ea^^io9 seo* 
puso á ^, y ^pareeid el frente 
de un ejército cuyes nnmeroaos 
escuadrones cubrían laUaauNu 
JLos romanos, ecómeiidos sin ce- 
sar, continúan su retirada per 
leandoácada^paao: rechazaban 
alenemíg^O^ mas eMeno tardaba 
en vol v^ á ttacarle. 

AATAI.L4 oís aiAaABroAs^ — En 
Aü elM de juniotodaslas foer«> 
zas Teuoidas del rey de Persla 
acometieron á4os romanos jun- 
4ú á un4;met>jk> 4lamado Maran- 
gaat^ valer triunfó del JBumerec 
los persas fi^eron vencidos yeu^- 
yenlados; pero el ^fenceder esta- 
ba rendido al >ambre. Eiintré^ 
4)ido Juliano no pedia aliviar 4os 
«nales del soldado, sino {tartici- 
>pando de ellos. Su ejemplo ^solo 
4osao^n4a< en vano le instaban 
Á que eceptase 4os alimentos re- 
servados 4^ara él; al j>unto los 
'distriboia«ntre4odos. El ^6 de 
junio enmedio de Ja noche lepa- 





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11« 



■KTOKIA 



rase ?ef it nsefo al Jetilo del 
inperio, j>ero pálido, Iriste j co- 
brieDdo eon un velo lúgubre su 
cabeza y el cueroo de la abun* 
diHicia^ del cual saJie uoa llama 
viva que cae y desaparece: iȇ- 
|eB de la suerte de Juliano. BSi- 
pantado eon esta aparicioiv, lia* 
na á los aráspices etruscosr es- 
tos deelaratí que tos dioses proi- 
beu conibatir. 

El emperador fto cree que el 
délo acoosejelatobardfo^ y coo- 
tioua su mareba. El esceshro 
ealor le impide armarset corre 
al frente de las eohHmias para 
recoDocer el país qite van á a- 
Iravesar. cuando le avisan que 
la retaguardia es aoooielida. To- 
ma su escudo si» acordarse del 
peto: se lana k la balaHa^ rea* 
Dima á los suyos batiendo pro- 
dijios de valor> mata k uja^ gran 
número de persas, vuelve ^ ia 
Vanguardia que peleaba tapi- 
bien contra un cuerpo mas nu- 
oneroso» desbarata y aumenta á 
los enemigos, ^ ios- persigue con 
un ardor que ningún consejo 
puede contener, ni los gritos de 
sus soidados-, y eu fio^ el dar- 
do de un Jinete dando al sos- 
layo en su brazo, le atraviesa 
pof las costillas y penetra en el 
bígado. £1 emperador cae:^ sá- 
canlede la batalla sobre un es- 
cudo: apenas le vendaa La heri- 



da, cuando al saber que los ené^ j 
migos han atacado de nuevo^ 
monta á caballa para volver al 
combate; pera ih» torrente die 
sangre sale de so berida y vuel- 
ve k ca«r. El furor de tos roma^ 
nos y la^ desesperación As loa 
persas prolongaron la sangrienta 
batalla hasta la noche, y ka vic- 
toria quedab»indecisa« 

MUBATB DR JUUANO. — PefO 

nada resistió á la turÑ^ de Ia4 le- 
J iones cuando supieron que pe- 
ligraba la vida del emiperador: la 
caballería persa de los inmorta*-* 
les fenecióc el triunfo de los ro- 
^ manos toé com(>leto: los enemi- 
gos perdieron sus soldados maa 
valientes, cincuenta sátrapas y 
losdosjenerales que mandabaá 
el ejército. A haber sobrevivido 
luliano, quizá esta victoria* ba- 
bieca sido decisiva. Aunque es- 
taba mal herido esperaba sanar,, 
pero pronto el mal se agravó y 
perdió toda esperanza. Los que 
le acompañaban, na bocian maa 
que jemir y llorar: él solo, ten- 
dido en una piel de león, mos- 
Irabaen.sns últimos instantes la 
qaayor firmeza^ «Queridos com- 
M^pañeros,. les dijo: la naturaleza 
«reclama lo que me dio: yo se 
»lo vuelvo, no con el pesar de ^ 
»un hombre muy afecto á la vi- 
»da, sino con la tranquilidad db 
vuadeudor quepaga. La Oiosow 



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VEC BAJO^ ItePEKlOl 



m 



»Aa nie Ira enfeiTado que el alma 
»oo es felii ha»la qae se libra de* 
»la§ prMones del euerpo. Debe- 
.Mnos* alegrarnos y ne afli/iroos^ 
Muando la parte ma» noMe- de 
»aueslro ser se^ap^rta-de la que 
«degrada. La maerte es á Teces 
«lamas bella corona que los cHo- 
ases-eoncedeo fr la Tlrtad. Lare- 
iclbo como ao beneficio qae^ me 
»liberta de nMiehos escollos. He 
«viiiido sin críQieD, y muero sin 
vremordimientos. Tanto en el 
«colmo de té^presperidad^, como 
»en la d^gracia y el destierro, 
«coraplí mis deberes. BfiraiMlo 
amíauloridad como una emaoa- 
»€ion del poder divino^ creo que 
»]a he tonservado sin mancha^ 
«gobernando á los |rueblos eoli 
ii8uavidad> y no declarando la 
«guerra sino con justicia.. La vlc« 
«toria no dependía de mí>. sino 
»¿e los dioses.» 

«Enemigo del poder arbilra- 
»rio y de la ambición, que co- 
«rrompen las costumbres y a- 
«rrainan* losestados^ deseé siem- 
«pre la paz-, pero cuaodo la pa- 
«tria me Llamó á los combates, 
«obedecí á su voz como buen 
«hijo, y arrostré por ella lodos 
«los riesgos.» 

«Largo tiempo bá qae o^ ba*^ 
«bian pronosticado una muerte 
«violenta. Doy gracias al Ser e- 
«terno, por no baber perecido 



«bajo los pofiates- dir pérfidos 
«conjurados^ ó en los torasentos 
«de* uQa larga enférmedlid; ó en^ 
•his^suplicios que ban terminado* 
»los diés de machos príncipes de- 
«lincuentes.Ha juzgado sin du- 
»de que yo-merecia, enmedio de 
«mi gloria Ik>reeien4e> unamuer* 
»le- ihistre.»' 

«La razón noadfee qiie-és tao^ 
»ta cobardía desear morir cuaD- 
«tlo^no es preeiso^ eomo evitar- 
»lo cuando llega labora. Pero mis» 
«fuezas me abandonan y me im- 
«piden prolongar eaia última 
«despedida. Debéis elejir un 
«nuevo emperador^ yo no quiero 
«inCuir eo el nombramieato'. A- 
«caso mi juicio no s(H*ia acerta- 
«do-^y si ao lo confirmaseis, solo 
•servirla, para la perdición del 
«que yo designase. Mi único vo- 
«lo, como hijatígrjdecido de la 
«república^ es que maortoy o con* 
«fiéis la autoridad-á uo jefe vir- 
«iuoso.« 

Después de este discurso,, que 
redobló el afecto y las lágrimas 
de los circunstanles, maudó que 
su cadáver fuese Uevado á Tar- 
so, y distribuyó soi bienes entre 
sus amagos.. Admirábase de la 
ausencia de uno de ellos, llama- 
do Anatolio. Salustio le dijo: » A- 
«natolio es ya feliz. « Juliano le 
entendió, y mostró tanto dolor 
por esta pérdida, como indife- 



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118 «ftSTQBU 

reacia por^u misma suerte, .^s | Siattesder á sos paDe|irisUs 
amigos «ollozaban: «lEs mocka I «í á 8^ enemigos» qoe lo repre* 



»del)ilí<tiid» l^s ilijo^ llorar á ^na 
»príacipei|ae se-alejatle la tierra 
vpara r^nifse iilos asiros y á los 
»e¿piritus «eJestes.» 

]>es|>oes de «m icorio^e^may^ 
rejcobró el a30-de sus sentidos» 
llamó i los filósofos Prisco y 
Jdác^imo, 7 apstuvo co,n«llos u- 
na laiiga discadoo'^icerca de la 
ec^istenciadcl aJmm pero se vol- 
vió á M>rir la herida, se le opri- 
júióM ^esfáracioQ, pidió agua, 
y 4iabléa4ola debido, -espiró sio 
agoDJa:(l.). 

£sie grande f -sabio príncipe 
murió el 27 de judío de 31S.l,.á 
la edad.ireiotay dos^años» siele 
después de sb elevi^ion á la dig- 
nidad de cesar, y^l tercero de 
su reinante. 

(1) Los CtteQtot*|x>polareft que un 
meló mal entendido ha diMmrnado so-* 
bre la muerte de Juliano, merecen tan» 
lo desprecio, como las infamias y craeU 



teatarea irnos '4uimo modelo 4é 
reyes, 7 otros «orno u a tiraae, 
ba^ conocer «as acciooes y leer 
siia obras, para calocarle ^eta* 
tre lod bambres justameale ^« 
Pebres. 

Preciso es qao ia^jese an ma- 
frito < superior» pues :su aambre 
lia atravesada «les «iglos i pesar 
4e, la >caida -de la reUjioo yae 
quiso ensalzar. E$ iaaieatabte en 
error y su afecto á 4a «idolatría; 
mas ne ae puede aegar Ja admi- 
Tacioa aun príncipe que vivió, 
gobernó y muñó como vwdts^^ 
4*0 romano {1^. 

(1) ^ tú, que superaste á Té* ro^ 
-manos mas ilustres, desde tusprims" 
ros pasos en la tartera del imperto^ 
que muerto en lajlor de la edad^ de* 
jas mayor fama que la de todo€ .los 
héroes de la histeria; iá, ú quien á la 
vez animaron ta» aUnas^ de Alejandro 
y de Mareo jáúfielio; que viviste como 



da des con qoe -ae lia querido . infamar I Coton^ eiseritías eomo Demóséenes^y 
ta 4nemom fM>r lialier aborrecido «I Vkas muerto eomo Epaminondasiprü^ 



cristianismo. Entre ios nmohos absur- 
dos y sandeces que se cuentan ^r los 
Cándidos escritores católicos, se nota 
este. El nutor -desconocido de Us actas 
de san TeodoretOy que suponía babtr se- 
guido tfl emperador en su última acción, 
dice que-el ejéreitoenemigoesiaba com^ 
puesto de -anjeles enfot^ma liumana, 
]Pobre historia, cuantas saiidecis te hají 
hecbo decir los tontos! 



eipe inmortal, que mo conociste otro 
deleite que el austero de la oirtud; 
JuLiAM'v! protector de los dioses del 
imperio, de la antigua libertad roma» 
na y de la sabiduría del Capitolio; a* 
d£o!¿! adiós para siempre! Hiciétegranm 
'deseosas, y sin tu muerte fatal, tu 
jénio preparaba-mmyores asombros ai 
unioerso* Diséipuh dr los seres stíóli^ 
mes^que velón sobre los altas aeeiones 



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Eq ra rein^o U» bárbaros 
ii«i£id(^ respeUron his frcMito- 
ns del imperio: U agricultart f 
efr comercio estuvieroD proCeji^ 
éo6 coDira I» eonevsidiied: loe^ 
delatores se ocoltaron^ la jasiír 
cía preiUíó los^iribiiiiales, bobo 
libertad, en el teoado: la diáeí-* 
plioa redtituydá lo^ ejércitos na 
fuerza, y gloria: los campos y 
tempids reiiOQabaQ con ionios 
antiguos^ y^ lo^ qae es mascón 
acciones de gracias ájín pr{Qci«> 
pe protector y defensor del im- 
periiK Solo en las iglesia» de les^ 
eridtianos resonaban las quej,aa y 
jemidos: su dolor era Jnsto^ pero- 
sumamente ecsajerado^ deplora^ 
ban no su ruina sina la pérdida, 
de su sacerdotal doioinacion. 

de ios hombres^ ie has rtunida á^ sus 
tiernas sustancias: tts gloria llenó el 
mundo^ y lafitosofia por segunda vez 
S€ asentó eontigo en el ironoJ* Estas 
palabras elocoeutes de LU>Mȇo, eii ski 
panegírico fúnebre de J^IUbo^ j la 
deap#dide tublraie que ya bedioe copia- 
do^ dirigida á tos oficiales y amigí»^ 
conservada por Aimoiaoo Marcelino, 
tesiigp ocalav, foroian raro- coi|t vaste 
coa las. estafadas noeiones molgarea so- 
bre el Apóstata, Auá p1 poeta cristia- 
no Prudencio, na pudo nag^r at hé« 
roe an tributo de admiración^ « ter- 
niiaa sa elojio con este verso notable: 

Per/W¿«ilfel>w, Hd n<metperfidus orH. 



El edtettf qfUe m»bM <|mdado 
de Juliano, sí prueba su eatrafi» 
parcialidad por ^ politeismo. 
nos da también á can^c^rcon 
sobrada. ceriidumJhrejqiie^ sfeloá 
cristianos «ondeaiü[>an Mkofeen-* 
cía^ no podían ac^arto^de^perse* 
cucionaSMa corle les estábale*- 
rrada^y su ambición bebía leni-» 
do que callar, las^iglccisias fas te^ 
nian-abierUs^y la injusücia del 
príncipe ofendía mas á sacudi- 
da que á su fé*^ 

«No quiero^ decia^ gue^ mué- 
»ran los galileos^ ni que se les 
«maltrate en^manera alguoil, si- 
»no que sean absoloiamente pre- 
sferidoa los adoradores de los 
»dioses. La eslupidea y locara 
sda los galileos ba puesto ai,im>- 
)»perLaeneL borde de su ruina^ 
»y la bondad de lois dioses noaba 
«salvado^ Justo es (uies, onrar k 
»los dioses y distinguir á las^per. 
jtsonasy-ciudadeaqualo bacen%^9 

Estas palabras y su apreciable 
conducta, dan la justa medida 
de la censura que con funda* 
ineuto podía dirgirseie^ pero 
qpe un falsa y supersticiosa zelo 
ba llevado' basta el escaso^ 

Las victorias que alcanzó sb 
constancia en la adversidad, su 
moderación ea la fortuna, su 
audacia en el peligro y la. rapidez 
de sus marchas^ le colocan entre 
ios grandes capitanes* Su tem- 



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IM 



wstnnk 



plonxa^ teMveridad de sm cos- 
tumbres» »a amor á la moral, y 
la sabidnrla de «os mácsima», 
«o le hacefi indigno del virtuoso 
Marco A.urelió^ á quien tomó 
por "modelo. ¡Feliz» si limitán- 
dose á seguir sus vestijios , no 
hubiera querido imitar á A- 
lejafidro entregándose á un de- 
seo desenfrenado de (¡loria» mué 
leliizo morir á la edad deHrein- 
ta ydos afios como el héroe ma- 
cedonio» y dejando espuesto el 
imperio á las desgracias ^ue vie- 
nen siempre Iras la felicidad de 
los •conquistadores! * 

^ las grandes acciones de Ju- 
liano escitan la admiración» la 
l«?ctura de sus xartas le hace 
«mar. Aunque dueñodei mundo, 
conocía la necesidad y el precio 
de un buen amigo* Emprendió 
un largo viaje para defender» 
i!omo simple ciudadano» la cau- 
sa de Cartesio» uno de sus ami- 
gos» y la de Arete» mujer vírtuo* ^ 
sa y Tica» á U cual querían ^des- 
pojar de sus biei\es hom{>res po- 
derosos é injustos* 

£n sus cartas escritas con el 



<!ottocienée la estensioB de 
sus deberes» se consagró á cum* 
plirlos. Su vida entera fué ua 
continuo trabaijo» y pocos escri- 
to^s antiguos le snperaroi ea 
talento y actividad. 

barios de sus escritos haa 
llegado hasta nosotros» á pesar 
de los infames conatos de mu- 
chos cristianes por borrar su e-» 
tema memoria. No hablaremos 
de los Pan0jirieo$ de Constancio 
y Eusebia» dictado el uno por la 
necesidad y el otro por la grati* 
tud» ni del elojío del Sol^rdy i 
Lggoi de Platón» en el cual et 
mas sofista que orador : sino 
de tres obras 4njenio$as en que 
brilla la Wveza de 5u imajint- 
cioo» y cuyo mérito oo ha dts* 
mínuido la diversidad de' los 
tiempos y las costumbres. 

Una es» la alegoría en que pin^ 
ta su carácter» espüca su doctri- 
na» y describe sus infortunios y 
sublevación. 

La segunda es «na sátira his- 
tórica y picante» «en que hace 
comparecer ante los dioses i 
Hércules» á Alejandro y á todos 



abandono de la confianza» se ve los ^cesares desde Julio hasta 



cuánto hubiera preferido el re- 
tiro al trono» y hasta qué punto 
le molestaba d peso de la sobe- 
ranía» erdemasiado» decía, para 
i»un hombre» y que -ecsijiria el 
Mjeniodeun dios.» 



Constancio» disputando el lugar 
que deben obtener en el cielo» y 
aprecia con raro disceruimiento 
sus defectos y cualidades. 

l4i /orina do esta. sátira es in- 
jentosa y nueva: la composición. 



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B^L BAJO 

aanque mu; filosófica, está ame- 
nizada por la sal cátist'ica del 
-Viejo Sileoo, censor burlesco de 
las deidades del Olimpo y de los 
héroes <le la tierra. 

En esta lucha de grandes hom- 
bres la filosofía triuBfa de la glo- 
ria; y la justicia ée los dioses 
concede á Marco Aurelio la su- 
perioridad sobre todos sas coa- 
curren les. 

La tercera obra, menos grave, 
y «caso mas itieresanle, es el 
Slisopogon, de qu« ya hemos ha- 
blado, en que se burla amarga- 
mente de las costumbres afemi- 
nadas de los antioqueDOS«^ Es 
moy raro que un príncipe abso- 
luto y ofendido, use no mas que 
4e'Su iujeaiojpara vengar iasla- 



IMPERTO. 121. 

jurias, y responda á los libelos, 
con una sátira. 

Guando el ejército romano ' 
volvió á Siria, el cadáver de Ju- 
liano se enterró coa porapa ea 
4a ciudad de Tarso* 

Los cristianos, altamente estar 
pidos, creyeron que su alma fué 
á arder en los profundos infier- 
nos; y los paganos, tan imbéci- 
les como sus contrarios, lo colo- 
caron en el número de los dio- , 
ses; mas al mismo tiempo onra-'^ 
ran su tumba cea un templo, 
grabando en sus parades y con \ 
caracteres griegos, la siguiente 
inscricion : Aquí yace Juliana, , 
que perdió la vida habiendo pa-, 
sadú el Tigris, Fué escelente en»-.,, 
per ador y valiente guerrero. .. 







I 



t 

.1 



TOUO XIV. 



16 



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122 



HISTORIA 



CAPITULO V. 



^"^^ü^l), SSSS19S^¿^!D(DS« 



(ASo 363.) 



SfttosHo reusa el imperio. «—Elección de Joviano. — Defección y retirada del 
ejército, después de la muerte de Juliano. — Funerales de Juliano. -^ Joviano 
: tolera tiodos los cultos. — Muerte de Joviauo. 



Oalustio reüsa el imperio. — 
Vacante estaba el trono, el ejér- 
cito en riesgo^ y el imperio es- 
puesto alas calamidades d&una 
guerra civil y relijiosa, y deseá- 
base, p*ies^ nombrar ua jefe pa- 
ra cooleaer y dirijir las tropas, 
disminuidas por tantos comba- 
tes, esienuadas por el an^bre, y 
ostigadas sin cesar por el ene- 
migo. 

El grande interés de la salud 
pública fué en aquel momento 
superior al espíritu de partido; 
y los idól-atras, católicos y arría- 
nos conviuLeron en elevar al po- 
der supremo á un jentil, á Sa- 
lustio, prefecto del pretorio, a- 
migode Juliano, y digno por sus 
talentos y virtudes, de suce- 
derle». 



Pero Salustio, mas atento al 
peso de la corona que á su es- 
plendor, reusó el gravamen que 
iba á imponersobre él la estima- 
ción jeneral. Dio por motivos 
para escusarse su edad y su sa- 
lud. Entonces unade los jenera- 
les, levantando la voz, dijo á su9 
compañeros: «Si Juliano estu- 
wviese, no muerto, sino ausente 
wde nosotros, vuestro primer 
i»cuidado sería hacer una retira- 
»da segura y pronta. Obremos, 
«pues, como si el emperador vi- 
» viese, y atendamos solo á nues- 
»tra salvación. Cuando estemos 
»en ]VIeso[K>tamía, haremos la 
•elección con mas despacio y 
«prudencia, de manera q^ue na- 
»die pueda tacharla de iiega- 
»lidad.» 



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DEL BAJO 

Elección de jovl^no.— Este 
diclámeD^ quizá el mas sensato 
en aquellas circunstancias, iba 
á ser adoptado-, pero de repente 
pronunciaron algunas voces el 
uombre de Jcviano. Las aclama- 
ciones de los saldados que ro- 
deaban la jnnlade jenerales, no 
dejaron tiempo de votar. Los 
mas apartados, oyendo el grito 
de viva Joviano, y engañados por 
la disonancia del nombre^ eren 
que Juliano ha vuelto ^n sí. 
Los transportes ruidosos de la a- 
legria pública parecen uua^ipro- 
vacion universal del nombra- 
miento de los jeaerales: Joviano 
es proclaraadoaugusto por el con- 
sejo; y el error de las lejiooes 
no se disipó hasta que se presen- 
tó el nuevo príncipe, cuando no 
era posible ya desacer la equi- 
Tocacion. 

Fiavio Claudio Joviano, era 
hijo de un aldeano de Mesia: este 
era el conde de Varroniano^ que 
llegó á los^rados mas altos por 
su valor, y mandó un cuerpo de 
la guardia de Diocleeiano; y co- 
mo esta tropa tenia el nombre 
dejovios, por amor á ella dio á 
su hijo el nombre de Joviauo: 
el cual se distinguió tanto por 
6U valor y probidad, que Julia- 
no, perdonándole su inespugna- 
ble adesion á la fé cristiana, le 
dejó el impártanle destino de 



IMPEBIO. . m 

jefe de la guardia interior de pi* 
lacio y de conde de Jos domés^ 

ticos. '1 

Cuando murió Constancio, tu- 
vo el encargo de conducir á 
Constantinopla el cadáver de es- 
te emperador; y los onores que 
entonces recibió parecieron á al- 
gunos hombres supersticiosos 
presajios de su futura grandeza. 
Amiano era idólatra; pero su 
parcialidad contra los príncipes 
que profesaban el cristianismo, 
no le impidió pintar á Joviano 
como un monarca jeneroso, a- 
fable y benéfico. Su valor y ac- 
tividad le ganaban el aprecio: Ja 
¿liegría de su carácter le hacia 
amar; y siendo tolerante al mis*i 
mo tiempo que zeiosodesu re- 
Ujion, no persiguió ni <á herejes 
ni á jentiies. No se reprendían 
en él otros defectos que la iocli-i 
nación al vino y á los placeres. I 
Su poca esperiencia eu la admi-( 
nistracion le hizo cometer algu- 
nos yerros, escusables por la as- 
pereza de las circunstancias y la 
rectitud de sus intenciones. 

Este príncipe, cuya hermosu- 
ra era singular^ tenia tan alta 
estatura, que al principio no se 
hallaron vestidos imperiales que 
le viniesen. En el trono pareció 
mas sorprendido que embriagado 
de su elevación; y viéndose jefe 
de tau los jenerales que le man- 



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tS4 BiSTomA 

dabaaeldiBaatM^oo se mostró 
ni orgulloso oi tímido. Firme 
en sos principios é incapaz de 
disimchhr, 1n priroereoidado fué 
reunirías lejiooes y éeclaniries, 
^eceieoéOkCfisHMiay temien- 
»do á Dios, no podí» mandar k 
»idói»lras.» 

Los escritores eclesiásticos »• 
segoraD ipie entonces grftaron 
todas las lejiooes que era» cris- 
tianas^ y que el error á que les 
liabla iodnctdoi Jfoliano, babla 
dorado nMiy poco para bacerles 
olTÍdar to f é y el ejemplo del 
grao Gooslantifto. 

Sin enUNirgo de la tal antori* 
dad y del respeto que mereicaá 
muebos la opinión deiscrilóres 
tan parciaUs y k moifado tan 
emlMisteros eomo son los bisto-* 
viadores eclesiásticos, na cree- 
mos TerosimilelqoeunasolB pa- 
labra de OQ prfiacípe bastase pa>^ 
ra modfMT repentinamente la re* 
HJioft de on ejérctoo^ mas la que 
Gonvieoe establecer eqiK es qué 
desde esta época recobró el cris- 
tianismo su poder en el imperio 
y no lo pf rdiíé. Ya no tuvo ad- 
^«ersarios tan valientes y lespe- 
• tables como Jolidoo. 

Guando el resentimientode los 
cristianos dejó de estar conteni- 
do por ei poder de este príncipe, 
dieron un libre curso á su odio 
7 ttltralacQU su men^ria coa 



fftjorias y rei^ocljos indecentes. 
Algunos escritores eclesiásticos^ 
tales como Teodoro y Sozomenoy 
sopnsieron qoeal sentirse heri* 
do J»liaii(^ creyó ver á Jesu» 
cristo/ y que llenando las manoa 
coDsa propia sangre la arrojd 
contra el cielo esclamandor«Al 
«fiD trioDfas Galileof Tá me 
«persigues pur todas partes. Poes 
«bien, aon reniego de tí; sáciato 
«de mi sangre, poes me has vea* 
•cido.a 

Machos aotores pagano»^ no 
menos apasionados, propataroo 
otras rábulas semejantes, y a* 
tribuían la muerte del empera* 
dor á la traición, diciendo qoo 
había eai^á los golpes de un 
romano fanático cristiano. Los* 
persas creyeron esta traición, i 
infernaron á sus enemigos coa* 
el nombre de alevosos^ y avi- 
varon entre ellos el fuego de la 
discordia. 

La alegría de Sapor^ rey per-^ 
sianoy cuando supo por un tráns- 
fugo la muerte de su vencedor^ 
fué tan grande como ha4)ia 8id(> 
su miedo. Loa persas conserva-^ 
ron pornuicho tiempo la im^pre- 
sion del terror que* les causaba^ 
aquel guerrero formidable, y lo 
represeutarpo bajo los amblo- 
mas de un rayo y de un taoa vo-^ 
mitando llamas. 

Greiase ^ue la madradeiulia» 



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Da, pocos días antes áe darle ár 
luz, había soñado que paria á ^ 
quites, como previendo la futu- 
ra g-lorra de su hijo. La conster- 
nación que aflijia antes el c&ni- 
pamenlo de los persas, pasó af 
de los^ romanos, quienes teoHan 
üupersliciusamenle la voz de los 
arú^pices, que anumjiaban graii- 
des desgracias si se (kteniih el 
ejéreHo po-ra comba-lir* lín hr- 
pr, pues, de cojer el fruto* de 
las vktort^s de luJiano, se pu- 
sieron e[> marcha étcla el Ti- 
gris^' 

La retirada parecía fug/>, j 
reoiJHüóía confi&nza y el ardos 
de los persasv y asi vinieron k ík 
tacar á sus enemigos. Al priocr- 
pio los e]efdates desbarataron la 
cabullería romana y desordena- 
ron k infantería; sin embargo, 
las lejiones se reacen, vuelV-en^ 
al cómbale, reclKkzan ai enemi- 
go, continúan su marcha, llegan 
á un valle y se atrincheraa en> 
él. Allí se da oira batallar los 
persas coronando las altaras ve- 
cinas, se precipitan mbre los 
romanos^ les echan qg cara ha^ 
ber vendido á sa príncipe, y 
huir de sa enemigos; y los opri- 
men coadardos é injurias. Unos 
por el deseo de hacer sufrir 
¡ksus cootrarios la suerte funes- 
ta de Craso, otros por la memo- 
ria de tantas a^anas^ k iguomi- 



Día de ser vencidos y el temor 
de la muerte, se escitarr con fu^ 
ror á la pelea, quefuésangriea- 
toyostínada. 

Después de esfuerzos prodijlo'- 
sos los-persianos rompen la puer- 
ta del campamento y penetran 
hasta la tienda ¡raperial. Joviano; ^ 
en un peligro tíin^grnnde, justi- 
fica su elevación con sa valor; 
reanima y vuelve al combate su* 
tropas dcsiwayadas, espun-ta á los 
mas valientes enemigos con la o- 
sndía de sus at^qoeSí, da esperan- 
zas con su ejenaplo-á los í*omanos 
mas tímidos^, echo á ios porsas 
del valkdar, los persigue, hace 
en eílos gron carnicería, y con- 
tináa con mas seguridad sa re* 
tirada. 

Llegó en ffft á las orillas del 
Tigris: mus ni tenia barcas ni 
puente para atravesar este rio 
vela<!Ísirao^ cuvíi márjen opues- 
ta estaba poronada de enemigos: 
en vano el emperador, temiendo 
esponer su ejército á uoa moer- 
teuodudos4^ quiere seguir un 
camino mas lar^o, pero no de 
tanto peligro. Los romanos, te- 
merarios í\ fuerza do miedo, de- 
claran k gritos que quieren pro- 
bar aquel paso arriesgado: Jo- 
viano cede á sus instancias. 

Quinientos nadadores galos a-^ 
traviesan de noche el rio: sor- 
prenden y degüellan á los persas 



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136 
^ue guurdabaii la otra orilla.; 
Todoel ejército, adimado ^or. 
tan bu90«itcaao, quiere pasar el 
Tigris sobre odres, que atadas u*-^ 
Das conotrasTormaban uo pnen* 
te frájil, pero la rapidez de las 
uguas hace qae se Boguen los ñas 
atrevidos, y los otros intimiBa- 
ilos renuncian á una enipresa 
tan desatinada. 

Sin embargOy'Sapor temía á 
los romanos aunque los vefa 
liuir: porque cada ^combate' le 
robaba un gran número de^ol- 
^adost iemia principalmente la 
llegada prácsima de un cuerpo 
<le cuarenta mil hombres quelu- 
liano había dejado en Mesopo* 
tamia á las órdenes de Procopio. 
Ajilado por estos pensamientos^ 
y desconfiando de rendir á Jo- 
viano por latfuerza, intentó en* 
ganarle, y lo consiguió. 

El jurma (título que dibati 
enPerstaal jenaralde lu caba- 
llería) se presenta en el campo 
romano y dice al em|>erador: 
«Mi rey y señor respeta ta vir- 
»tud desgraciada, y en vez de ce- 
i»g8rse con ia superioridad que 
•tiene, te ofre€e|aíptfzá condi- 
»cíones onrosas, y aun te pro- 
»pone su alianza.» 

El ejército romano carecia de 
TÍv^res: Joviano temta la ambi- 



msTomx 

cíelas tropas. ReeiUd, pues, fa* 
rvorablemente aliQhtístrodí^Sa** 
por, envió á Saluatio i los veides 
persianos, y mostró feoa tHiea 
prudencia gra«de ardor por cei^» 
cluir la paz. EtTey de^ersia que 
lo conoció^ ecaijió amchó, j 4^ 
emperador cometió una Uüm 
mas grave. Durante las negocia^ 
ciones .«suspendió su marcha, jr 
perdió en conferencias ¿uatr» 
dias» que hubieran bastado^ oo^ 
mo observa Amiano, para qae «I 
ejércUo llegase á la Corduena f 
se pasiese en situación de dictar 
la paz en lugar de recibirla. 
, íiOS males de la «scaséz a au- 
mentaban entretanto: el soldado 
ambriento «o podía eombatirc 
la» fuerzas del enemigo creciaii 
sin cesar, y eon elias^sus preteii« 
siones. Llegóse eo fia al estro- 
mode perecer ó someterse. Jo* 
víano firmó im tratado vergon- 
zoso, en que cedió á la Persia 
cinco |>roviBcias al X)ríente del 
Tigris, la plaza do Singara ea 
Mesopotamia, y la ciudad de Ni- 
sibts que Roma había conserva- 
do siempre desde la ;;gaerra con 
Mitrídates; y para colmo de ^a 
iabatimiepto se abandonó la Ar- 
menia, 7 se entregó^l resentí* 
mieolpde los persas isa rey Ar- 
«áce^ el^aliado mastx^ostante do 



<ioo<lePrQCopio, y no deseaba los romanos. 

4eberá su socorro la salvación' Raras vece$ se observa, fiej^ 



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DEL BAJO IMFERia 

mente el tratado ejiífi se dicta á 
un enemigo débil: Sapor le negó» 
los víveres proncietidosv y antes 
que el ejército romano llegase 
á la Corduena, habia perecido» 
de ambre la mayor parte en la>a 
infausta retirada* 

Entrando Joviano e» los Ifmh 
tes del imperio reducidos por é\, 
nombró jeneralísimo dte la caba- 
Hería e infantería al conde Lu- 
ciltano, antiguo valida de Cons- 
tancio; y le envió á Ufediolano 
con el encargo de velar por la 
tranquilidaddelOccidentc^NoDfk- 
bró gobernador de las Gallas á 
un franco, llamado Ma^a^íco: es- 
cribió á Roma pidiendo al sena- 
do que conQrmase su elección, 
peroentoaces no era esta cere- 
monia mas que u»a fórmula de 
costumbre; y así no esperó la 
respuesta, y se designó á sí mis- 
mo por cónsul^ y por colega á 
Varroniano su padre. 

FCNKRALES DE JULIANO. — La 

noticia de la muerte de Juliano 
llenó á los cristianos de alegría 
y á los jentilesde desesperación. 
£i filósofo Libanio, üel á la a- 
mistad de este gran príncipe, pro- 
nunció su elojio. Antioquía, que 
se babia burlado de su poder, 
insultó su memoria: los danza- 
riñes, pantomimos y farsantes 
cuyos talentos desdeñaba, y cu- 
ya licencia reprendía, ultrajaron 



127 

su pompo fiinetyre con* burlas^ 
groseras; pero después de algu>- 
nos njonaentos* concedidos al o- 
dio, conocieron^cuán grande er» 
la pérdida de aquel escelente ca-^ 
pitan, cuan despreciable babia ' 
sido su conducta papatcon él, y 
su dolor fué sumo, pues vierort 
\4x ignumlnia y calamidades que 
ya entonces sufría el imperio. 

Antioquía era ya ciudad fron-* 
teriza, y quedó por consiguiente 
espuesta á grandes peligros: la 
desesperación de los habitantes 
de Nisibis, Singara y las {>rovin^ 
cias cedidas que hutun desús o* 
gares, y abandonaron sus cam- 
pos para no dejar de ser roma- 
nos, produjo mucha odiosidad 
contra el emperador, que se dis- 
culpaba con la duro de las cít- 
cunstancias y la voluntad del e- 
jército. Afeábase le principalmen- 
te haber abandonado la anti- 
gua mácstma de la política ro- 
mana, que provbia ceder á la 
fuerza, y hacer la paz después 
de una derrota. El emperador hu- 
biera sido verdaderamenle cul- 
pable, si hubiese mandado á 
liombres capaces por su discipli- 
na y su firmeza de observar y 
seguir la antigua política. 

Tolerancia de joviaxo con 
LOS cultos. — Condujo á Tarso 
el cadáver de su aulecesorj y ce- 
lebró con toda pompa sus ecse- 



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HISTORIA 



<luids.'EQ aquella ciudad encon- 
tró á los cristianos perseguido- 
res, triunfantes á los arríanos y 
«prinridos á los jenlUes. Jovia- 
no opuso su autoridad á la per- 
fiecucion, prolejió eficazmente 
á los idólatras, é bizo presente á 
los cristianos que Oíos no gue- 
ria adoraciones forzadas^ y que 
la violencia servia solamente pa- 
ra hacer hipócritas, VnbUcó una 
ley que mandaba tolerar todos 
los cultos, y mereció por coq^ 
formarse al verdadero espíritu 
de la caridad evanjélica, los elo- 
jit)S que le dio Temistio eu el 
pancj trico que pronuacló en su 
presencia. 

"Por otra parte, para satisfa- 
cer á los partidarios de su culto, 
hi-zo reaparecer sobre el lábaro 
el nombre de Jesucristo, y vol- 
vió á su &illa al célebre Ataña* 
sio, coDrtra el cual Juliano habia 
fulminado inJAistameute decreto 
de destierro. 

Atanasio fué enviado á An- 
lioquía; este elocuente y virtuo- 
so obispo, manifestaba por la 
Iglesia aquel amor acendrado 
que inflamaba á los antiguos ro- 
manos por su patria, y á pesar 
de las persecuciones que el odio 
y la envidia le suscitaron^ nun- 
ca^mostró irriiado por !a dtis-. 
gracia, ni aprobó las medidas de 
rigor contra sus enemigos. 



Los arríanos ^remblaron viéa-ri 
dolé favorecido del príncipe^, 
cada partido animaba al empe*' 
Tador para que persiguiese á sus 
adversarios; pero Joviano res- 
pondía á todos: «Aborrezco las 
•controversias eclesiásticas, y 
Nsabré contener á los facciosos: 
»entre los cristianos solo amaré; 
ȇ aquellos que tengan virtudes, 
»y pacíficos senlinvicntos.» Di>*f 
jamos á la consideración del lee* 
tor el graduar el estado del cris-i 
tianismo en aquella época, yt, 
que tanto empeño tienen en o-» 
cuitarlo los escritores parciales. 
Logró en parte el fruto de su 
prudencia; y en el concilio que 
mandó celebrar en Antioquía,, ' 
muchos arríanos so adirieron á 
los católicos., y susoribieron á la 
fórmula de Nícea. Los habitan- 
tes de aquella gran ciudad, síem* 
pre sediciosos y rnaA contentos^ 
no perdonaron á Joviano mas 
que á su predecesor, «Es ua 
wnuevo París, decían, hermoso, 
»y causa de la ruina de la patria. 
»Los dioses formaroo #u cuerpo 
»á costa de su alma.» Joviano 
respontiió á sus inssKos despra- 
dándolos. 

En la misma ciudad recibió 
noUcias infaustas de las Gallas. 
Luciliano, su suegro, fué asesi- 
nado en aquella provincia. Ya« 
I ieutiniano^ su lugarteniente, ne 



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ML BAIO 

pudo librarse del faror del pne- 
Ho, sino por el Talor de sq hués- 
ped. Malárico habla reasado el 
gobierno del país: lovinío lo 
aceptó. Este oflcíal, á quien Ju- 
liano confió antes el mismo des- 
tino, togrd reprimir la sedición, 
cuja 4MMisa A# era oirá ji|ue el pe* 
sar ocasionado por la mnerie del 
libertador de, hs Galias. Valen- 
tiniano, ubre de los asesinos. 
Tino á la corte del emperador, y 
ae le confió el mando de laguar- 
dku ioricapo acababa da KMibrár ; 
cónsul á Yarronfano, su hijo, ' 
^ue «un estaba en la cuna. 

McEaTB PE JOVUNO.*^ Koma, 
CoDStaalinopla, y todos ios ejér- 
citos hfabian reconocido al empe- 
rador: la capital de Oriente le 
preparaba un redbimiento mag- 
nífico, 7 su esposa la emperatriz 
Cariton babia salido de Bizaocio 
é recibirle «m raa Mmiti?m au- 



raraaio. 129' 

morosa; cuando el 17 de febrero 
de 364 se halló muertoá Joviano 
en su cafia. Unos atribuyeron es« 
4a desgracia ai humo del carbón: 
otros á la ambición y á ia trai- 
eiofl de Procopio, que sin embar- 
go no sacó utilidad algoaa de la 
catástrofe. Las. iejéones ofrecie« 
fo de BUOYd el imperio á Saius- 
tio, que lo Tolvió á reusan luego 
á Jaanuario, pariente de Jovia- 
no, que desdeñó ó temió tan al- 
ta dignidad; y en fin á Valenti- 
■iano, ausoAte i i» sazón. Nadie 
habló del iiijo del emperador^ 
porque no habiendo sido nom- 
brado cesar, carecía dederechii 
en una monarquía electiva. Jo 
viano fué enterrado em Constan* 
tinopla: ocupó eJ trono ocho me» 
ses.La gratitud de los cristia- 
nos y su tolerancia para con los 
Jentiles, le han adquirido un lu* 
gar eaire los buenos príncipes. 




tono xiv. 



17 



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i^a 



ms:|OKiA 



CAMTVLO VL 



TAtiUflTUiUkVdf 




íM 8É 



(ABo 3e4.) 



Retrato ac:ViieRliAia«o.—-Aiocia<l0n de Valettt«aiai|wrlo.-^Dhriftoa d» 
. . los imperios Ai Qfrieote j Occidente entre VjMenlini^oo f- Yalent^. -7- Usar* 
pación de ProcopiOi. — Cobardía de Valeote. — Huida y maerte difr Procopíe|r 
<— Crueldad de Válentiñiiino. — Maei te de Atanasto^ - — Disénsioneí ettésiáv* 
' ' tkas en* Rúu.*-^ Vic«torias de Valentinisno centra los* bárbaros y áa «spetff- 
cion e;ik Jfffmantft. -<» Rebetioi» 4^ Firmo en África. -—Muerte dCtTeodoel^ 
-r- Ess€c.ÍMie^ y muerte de Sapor.— X^uadro de la nación de los godijts. -r^ 
Asaltas áe Hermanrico y de Amalarico^ -7- Muerte de Valentimano.^ Va* 
bátmiáúó Il'és proclamado emperadoc 



R 



BTRATO DKYALBiminAIIOW..— 

YaleDtloiaoo^ elevado al trooo 
por el ejército^ era bijodel coo- 
de Graciano^ soldadode foriUQa^ 
qae aseeodió por su valor y Coer- 
za corporaKEl óuevo eoipera-- 
dor era hermoso^ de elevada ea^ 
ta(ura ; ojos lleaos de fuego: 
en au juventud fué iaD notable 
por su templanza y castidad» 
como por sus fuerzas é intrepi- 
dez. Dotado de injenio vivo y 
penetrante, tenia dichos agudos 
y inicio sano-, pero educado en 



los campamentos^ bo lubie a- 
prendido las ciencias ni aun el 
griego, idioma quese hateaba ea 
la mitad del imperio. Solo cono- 
cía las ieyea milítaresr era ob* 
servador severo de la disciplina» 
y su rigor llegó á veces liasta la 
crueldad. Habiendo abrazado la 
relijion cristiana» 'despreciaba 
las fábulas del jentilismo; y 
mientras todos los grandes, por 
complacer á lulíano» sacrifica* 
baná los Ídolos» él desconocía 
en esta parte su poder, y prefe« 



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BBI BA70 

Ti« m esUmaelon & so tarífio; y 
aan en cierta oeasioQ se atreviS 
é ^óáérlas manes' eo ' tíiií' sacer^ 
doie-jeniil;* tifie á' pesar ^oye 
qoerfat pal^Bcarle^ rociáodólo' 
ceii'agiia lustrál. ^ 

¿Su mérito btxo que sé i»erdo- 
naseim resiAendar; y I6s safra- 
jhM unánimes <lei ejercite, no- 
ble '|U'emf o «de^o&rméza/lé e- 
tevaron 4 la ^ad de «uareirta y 
4re94ifi0t^lNNler sapremo. Lie* 
gdaf tronío sio iotrigns, y lo oca- 
l>d^n temor. 

fitt ptfm^ra aeéioo probd á Tos 
soMeiiOs qae bnMan elejido un 
dn^Ao' capaz de apreciar sus ser- 
vicio» <sin cometerse i 'srnyngo. 
Hebiéndeios reanfdé segno la 
-eestuslbre, ' y -comenzado su 
discurso, le ioterrumpierOD ios 
oficiales y ^Idados, {altándole 
á qée^segtfrase la paz del'lmpe- 
rio; y «tijiese un colega, para 
ique al'acontecia «Igun acciden- 
40' no se Ylesen sin cabeza como 
•cdo 4a muerte de Jéviano. Esta 
<espeeie4e iNrecepto sorprendió 
per «a^ínüMMe á TalelUioiano, 
ipevo dfjoles^n tone 4e «uFtorl« 
•dádt ffCompafieros: veyer énh 
•dueioe de dairiñe é no eMmpe- 
nfioi: boy Ae40ca ieií solo 4a- 
emerla84iepesiciiMes4loe ecsi- 
»jeQ oliQH^téé^y «I M^ego deí 
eealado^-CóMzco «lir déeeekes; 
'^ni* obHgecionesy mir fuerzas/ 



IM?81I10« 131 

i»y los peligros á que me esppne 
'imri elevación. La daracion de 
illa iñiúh eá fncíéf táí para fibér- ' 
«tares dé nuevas témpestádeis, ' 
«deseáis que liombte colega y ^ 
«sucesontatabfeá yo te deseo; 
«pero este nombramiento pide 
»macba réflecsion. D^ádihe ese ^ 
«cuidado, y volveos éá paz á^ 
•ttteirtrartiéQdas; allí recibiréis 
-•la gratificación de ceslumbre.^ 
La firmeza del emperador apa-' 
ctgttd él <umntto. las tropas le 
aplaudieren, y ^bedecieroá á un 
«principé que sabia ihaodar. 

AeOCIACIOrri)E VALENTÍS AL lai-* 

^mo. — flabiéndó'^^aieotínia- 
00 rennidaí érirbnséjo ¿e 4o^ je* 
fes primapf rei del ej5^rc¡lo,^J^J>s 
consultó" sobt*efa déccioá que 
debiá bacér^ Cidsi to<loséíguierou 
la opinión de Dagáléfo, el -cua^ 
le dijo: Si atiendes $olo á U 
i9ñ9fi$, ^árás fft Uíuío de au- 
guifú 4 iu Ábrniáno VálenU: ií 
pnlUreieibiehpútítieo,nambra- 
^ái úl moi^di^nol Este 4^onsejo 
debiet'á Uá berlb edoptádo, ^ero 
no'tomb eftfódcéá ningóna reso- 
4ution: üáttdi ^* Jfice'a, ifué A ^ 
<¡oiis>tan(iíiéplá, arengó* <al seña- 
ndo, se ^'siablécíó' ed el palacio 
imp)érM,'y tréiiká (tias después 
«oncedió lá piirpúi-á á W ¿arma- 
rio Tálenle.' 'éáte príncipe, qué 
leiia theWtá y séii «tos dé edad,/ 
nt btfbia'mfanifésUdó ningún tá- 



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133 ñSTOKlA 

lento, oi senrido empleo: eorle-r I odio católico y acMados por 4» 



sano somisoen el reinado de Ju- 
liano, su docilidad fuésa á|iico 
mérito á los ojos de Yalentinia- 
lío; el cual sabia que asociándo- 
lo al imperio, solo teodria en él 
pn vasallo coronado. 

L41 suavidad de joviano evitó 
los males que producen las reac- 
ciones, y el crístianbaio se es-* 
tendió sin que los Jentiles fuesen 
perseguidos. La desgracia de es«> 
tos se agravó luego que Yalen- 
tiniano subió al trono: la cari- 
dad se desterró de las iglesias 
cristianas, el terror bizo abando- 
nar los templos jentiles» los filó- 
sofos, arrojados de la corte, n- 
hdinffdnaron sus capas, se corta- 
ra|r la barba que lejos de inspi- 
rar respeto dic¡tal>a las injurias 
de sus contrarios rasurados; y 
los cristianos^ arrastrados como 
siempre por un zelo estúpido, 
Tertieron la sangre de aquellos 
que solo habían ofendido su a- 
mor propio. La elección de los 
dos príncipes partidarios celosos 
der cristianismo , »lentab« las 
Tenganzas; pero desde que Ya- 
lentlúiano sopo estos desórde- 
nes, trató de remeilia^los, y fué 
tan toleñinté en materias reli- 
Jiosas; como doro y cruel ^n cas- 
ligarlos delitos civiles y mili- 
tares. Sin embargo, los amigos 
de Jbliano^ perseguidos por el 



envidia, fueron proscritos ó é^ 
tituidos, escepto algunos Jene^ 
rales, que por su mérüo escapa* 
ron del naufrajio. jLa virtud á% 
Salustío triunfó de la acusación: 
dejáronle sus empleos por res* 
peto: él los^ renunció por prv* 
dencia. 

DiTisKm DI LOS mpsiiios ns o* 
tiBNTE r ocGiDiiiTB.—» (365) Lot 
dos emperadores arreglaron el 
repartimiento difinitivo del im- 
perio. Yaiente obtuvu la prefec* 
tura oriental que se estendia 
desde el bn^jo Danubio basta lap 
fronteras de Persia. Yalentinia^ 
no se quedó con todo el Ocei** 
dente^ empezando desde la Ili- 
fia, la Italia» la Espafta, las Ga-f. 
lias, la Britanniá y el África. La 
Calcedonia al Este, y el monta 
Atlas al Oeste eran sus limites. 
Los pueblos tuvieron que sufrir 
los gastos dedos cortes, de doa 
ministerios y^de dos consejos» 
Puede decirse que ep) esta época 
comenzó verdaderamente la di- 
visión del mundo romana eo doa 
imperios, uno de Oriente y otfo 
da Occidente. 

Yaiente estableció sa resideun 
cia en Consta ntinoplii, y Yajan^ 
tiniano en Mediolano: Boma (tté 
mas bien temida que desprecia- 
da« La iQSultabiip» p^ro era dea% 
de lejos: el despotismo ambara» 



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RE KftlV 

gOM motuimeiiloft que reconto* 
htm Im antiguas layea y et rallo 
friimtta, bttja déaqiieUa* tierra 
dftalea de liberlad. Loa paganos 
j fitósofoa, j ios qar eo ileíoper 
i» Aitboo iMibiaD asceodidd^ ét 
los empleos* y dignidades, min^ 
Wa con desesperados el triim^ 
fo* de svs adversac íis^ qoe les 
qfiM lainflaeoeie» y los forlonae) 
•piap» eo. Oceideoleno^se alreviaQ 
ádarnaoífieslaroeolrsiis que- 
Jesy coroprimido^porl» eolere*-^ 
1» (fe YaIenlíiJaiKK. &ey6 n» 
deber no entrar em cnestime» 
tei»l<Hi<asdejaiidaá kM obispos 
k> coneerníenle tH éogoM ^ y 
mezclándose úoicanMmie en el 
4Srden polUíco de ii^ sociedad. 8i 
til¿o saltéala fuera» de M^dio^ 
taño á Sea Hilapiodr Poitiers^ 
fué á causa» de las lurbuteoeias 
^e escitabe su zeloatioe coolm 
el obispo de esta ciodaé acusado 
áe arnaaismo. Lieoo devenera* 
cioqi por otra parte «L episcopa- 
do^ opuso una berrera á los dé* 
risos y á ios frailes codieiososy 
proibiéndoles frecuentar ia^«^ 
sna 4e las viudas y de los buér* 
(aiMis^ y declarando pertenecer 
al fi^co Im donaciones que una 
flMilor engaiada . lea hiciese h 
prel#s^>.de piedad, aunque fuese 
eo ec^ testamento. Proibió, como 
babia hecbo Constantino^ la ad- 



«PEAIO. 133 

misión á la elerecia á aquellos 
que deUan sofrir los cargos pú» 
bUcos. €oo' precauciones tan se* 
biasrse tMibiera podido desde on 
priacipio^preirenir la necesidaá 
imperios» de eslaa leyes. El dé«* 
bil Valeoietospíraba' menos te* 
mor^ y el odio^ mostró mes osa* 
d<a^ El desordena que produjo la 
debilidad^ baci» mayor el des-* 
ooQteoto. En todos los*iiempoa 
y palies este desórdeo alienta y 
engaña i menudo^ k los* faccio^ 
soa; olvidan quería mayor parte 
de los hombre»^ prefiriendo la 
quietud al peligpo^ sufaen mu^ 
cbo tiempo' antes de atreverse & 
rompep las cadenas^qne los so» 
Jetao^y qnelas^qoelas^mas Jeoe- 
raleason signosrde au^ dolor,, an* 
tes de ser gritos de revolución» 
Las quejas no- pauetMin mucbaa 
veces manque la servidumbre; 
elsilenciuvaierosoes quien o- 
eulte el resentimiento. 

El patricio Fetronio> padrede 
AJbia l>oia4ffÍca,.esposa de Va- 
lente^ra i^ngati^ro^ codicioso^ 
altanero y crael: éscKabe la in^ 
digaacioo púbiícra por su tiranía, 
y el clespreck>i)or sus vkiosé Loa 
romanos creían tér resucitado 
en él al infame Seyano, odioso 
valido de Tiberio. Procopio, Je^. 
aeral famoso, perseguido por a- 
I migó de Juliano, y temido de 
I Yalente porque se le liabia creí» 



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134 



msToniíL 



dodigaoijel impeno^-erralia flisi* 
«IréMido ét asilo eo asild''pHm 
i5#l vtfrse 4e la prosericioii - f iit* 
nriMdaieoiitfa'óL Oyeodo eat^ 
idtspariet deelMiur amargamem 
U:)al -puebla eotftra el gol>ier«^ 
Ba,v^ persoafie que todos ios 
<}e8eoBleDlo8^ftáDfrootos como 
él 4 lomar iaa armas ^centra la 
tiiraoia* Contesta idea trueca el 
teiaer«o «adácia, y auoque fir-* 
jiljvo y siD^lo, dinero ai «asi- 
liap^j foma ^1 proyecto ieme- 
Tario de derribar ^1 «mperador 
de -Orneáis, 7 cdlocarae «o «a 
traoo* 

oÜsoa^ACioH iiB nocopio.-^ Ai 
HHMiio tiempo. Yaleatey temiea-^ 
do 4iaa Hfl^a^ion ^de los godos; 
reunia^-p^ra cembatirlos miichv» 
cueriK» de tropas astáticas^ f 
los»e$peraba oo Cesárea 4b Capa» 
dooia.^rooopioy aproTetbáadase 
do Wrauseacia> marcha eoa* dos' 
iDtnganleS' aireviúos, ^atra de 
noche<«a 4;kMMt«Bltoopla, se o# 
culta, :y 4(aaa<^r Minedio de sus 
emisarios -dos «oovtes^as qae 
lameotaban 4oda¥Ía 4a muerte 
de Juliano^ su4iér#e jrsu liberta* 
dqr. Segure de su .4eelladi» se pro* 
septaal freii|e-iM>eUas<»ibierto4a 
•uarOiaato de.piu:pura. £1 'jM^ula* 
<bo^^migo siea^e de ^a#¥eda^ 
des, .4e. |irool»ma'4Migusiii: jún<* 
4aos€tle4a«cbos aldeanos seduci» 



tiva tumultuosa Tuerza tas poer« 
tás' de^ palacio, Instala «a él al 
nuevo ^mpei^ado^.^ '4ue irá*'^AlM^'^ 
pues al «eaado» ^doadé ao %ablá<^^ 
^eo^ores> etAo^^oá^ 'lurba!*ia^« 
"conjurados oseures.' Los fumrio^! 
narvos huyeoi los^yro^ethi4o^'y ' 
mercaderes «e encierran ea^uSv 
casas, y Proéopjo' ríHaa eh *afr' 
vasto ^esiertQj cuyo síteado Ni* 
atmrra^. Sia embai^b^ totnrada^' 
mente «delaatado para vélí^r - 
alrásy se apodera del puerto y^ 
4os «rseaales, Técibe eh su au^ 
dieaeia á utfos aventureros qdé 
«Bgaiaoil piWico; piiesentátido^' 
se como émbajaA)lres de ías po*' 
tencias estranjeras^ 5 bace ^úé 
ilej^ea xorreós con 'la falsa 'n6« - 
4iciade 4» maerté de su rival. 
Ata'temeridad hallé adoüráda*'^ 
res: el príncipe Hormigas, béli- ^ 
«cosa y ^ardiente, se declata po^ ' 
4111 usurpador, al cual creé' dis'^ 
paestoá veagvri tfniiano y isdit 
«amigos: los godos dan socórfite á 
^roeopío: los Jovlos-y erÉúltoé 
sigaea sus astaadartef: y eh fin; 
f ausliaa, viuda del emperittüir 
Coostaocio, leda na naevo' es^ 
4>lendor ica8ándose*«eon di para" 
irolver al trono^de donde hablé, 
descendido may á«u :pesar. 9TOé( '"■■ 
copio tuvo en Imve onuumaro» - 
4xi-ejérciio nueaeaumeolaba cá* 
dadia con los^scantentos; y é'^ 



4ospor sus promesas: «sta comi- ' igualar m ^nio á su ambicioñi 



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. DEL BAUt^ 

4pihdbbiibi^f9 nMribdo. otra Mr 
eld«Hlpo.de| ipsperio. 

' GbBAEHIA US. yAUNTS.-t^. Bl 

cobtfde Yalenlft temblaba enG^ 
sároajLprMDalia abéicarporcoo^ 
amnrai^la.viila^^y no'e6di4 ai»» 
€•» éUfettited é la aolBrear 4e* 
s«a mínisiroa» que le* ^bligabaiip 
Aeootervar^l poder aopimiio^ 

: BíNnedio de estas «iaeertidMas. 
baef , BD» invasión • répMa 4ia-^ 
5ría aiiflieirtiado . el;terror^ dea^ 
eeneertróeiJaprodencíB; y aob*; 
yagado el Asia^ Teoeida ya 'Con^ 
el^espaDCo; pero^Proeofto-^Mro la 
Coerra inalddteafaeBle; ylo per^ 
dfé* todo perdiendo* el Üempo. 
fiMn$;eDi e^ Aala» menor, ma\uy 
aaegiitarae dn pueatoa forlifica«- 
d)oa,iMRá algBfiaapliBaa'ry8e«W 
todaefio de^ifeodeapwade^on 
targcvattio^^liOgró ooelra loa> \^ 
MivleadeValeole^ Dor» «icforl»» 
jftétil^ poa^na no aépo ' aprove* 

charse^eHa^Eslaeootenaport^] Maijlad vok cpaslanter fideJidM; 
Makw^baeBeaolopaaael qni^ae aammíoa ¿lua bandera^el prio* 
defiende, periDíiid íf Ibleoledi- nelp^cfcie babeia eleJiJo^ue Jm 
aiparelmtedOiygMUM?^ aféalo steeíbido vue&lroa jorMietitos» 



traHNi coerpo* ovaHroao* det r^ 
beldar, %nt a/eercé'áeHof eon o- 
8«Ma,. lea s^odd como^ai^ft^a 
aiBijéfl^.Vie je enlrefaaeiiivVxO' 
mewNittf^ y fué obe^aeMoi 

Botíntdoa los ejéecilD9^er Ya. 
leote^^MOia9a Arbdtú^P; 960* 
auty janeral jaQ'liempo^<|er.iioii$. 
tanuiuMlXk^Ddfíi.aaledesu rep- 
lico;, y toma. el. manda de laa 
tropas. Se otfidaioDjují ca^cii- 
sjones^rapijias y.?iqios.panK a» 
cofdatao solameote^ densos* an* 
&ia.Los.dos ejéroHos se^nouetiH 
lr«Q.ett Xíalira^. dudad de Licia,. 
y^se4anrbaia1la. En ainbaa par- 
tea^ btbia. igual á^iiH^j. fúaor: 
ai écsiio^ era dttdgi3o*. ^pai^dio^^ 
debeombaie tim#<rf olmot.Arbe- 
cfion^y ofrece 4 la viatA^ ile. M 
comba tién4e^ su caballera, ica na 
y au presend^TeneaaMes^HiJos 
amkM, gi44a i loMoMadqar rece«. 
HBoeedá voeitrorpadre-y Jefe; 



de « lea • pueMoa, den4viendo al 
Ytrtnoao fiatostio > \^ ^paerecluraJ 
debiente}. Lapkfano. ao le» re«>. 
nnM emolas tojiooes ée Siria^ en 
flOj^tel jeneraLArUiteo, compai- 
^ad&'& lonrantigooa faéroea de 
^Gtnci» por aü'hermosnra, fner«- 
sai y Talor, marebó aegoido de 
nneorlo número de tropas con* 



»y bttUljdei uai^rpadorqnei pro* 
afaaoilas Jeyas y os angaika.» A 
esiaapaiabfaacesa likpeten^ \s^ . 
dos loa sfildadoa do Proeopio .se 
someten á laajdnhtfies^ de Arbo« 

Hoini^ T MÜKBIBDB ^NM)€0- 

PiQ.«— El rebelde, abandonado,: 
bnye á los boaqnea con dos oñ* 



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con ooa perfidia^ atan i* Praco-*» 
pió, y le Ueraii al eampaimefito 
imperial, doode se le earta la 
cabeza. El emperador ae eprove^ 
t:bó de ta traieiea, pero castigó á 
los traidores Mi «I mf sme supli- 
cio que á sv victima. 

El détril Tálente» en lugar de 
«tribuir á sus faltas las turbulea- 
cios que el valor de sos Jenerales 
habla soregado, echó la culpa i 



qM «ral contrario \ú§ brujos al- 
tan dotados de le fuerza y ciea* • 
cía que se les supoiHa, «toda ley 
contra eNos serta impotente. 
Persiguióse pues á todos los sos^» 
pediados de méjia: muchos, 
prto€<falmeole jeitílesy fneroa • 
i>rasci4los con este protesto, y se 
ebrio un campo vastísimo á h; 
codicia de los delatores. 

Cuando Valeoljniano supo la 
rebelión de Procopio, dio bar* 



tos pueblos^ diciendo que mere- 1 «os consejos i su hermano para 

oían las maldiciones del cielo | dirijir su conducta : mas no Je 

por su inclinación á la májia, y 

publicó edictos severos -contra 

los profesores deesta Reacia en- 
gañosa. 
En estai6poea» en todo el im« 

perio romano^ asi paganos como 

partidarios degisto, iguolmen- 

te supersticiosos, daban crédito 

á los echizos, filtros» evocacio- 
nes de los espíritus infernales y 
soitilejios para inspirar amor i 
aborredmiento, y para privará 
no enemigo de fai razón é de la 
Tida. Los católicos y los arríanos 
daban .tanto crédito á los predic- 
ciones de los ecbiceros, como 
losidólatras á losoráculos^To- 
dosconvenian en mirar estas ar* 
tes como cnimínaies, y nadie se 
manifestaba bastante cnerdo <pa<* 
ra eoDOi'er qne ü no ccsistiao 
brujos y ecbiceros^ la autoridad 
no debiaoombatir iina quimera*^ y. 



envió socorros, porque una ia* 
vasion de los alemanes en tas 
dalias, la piratería de los pne*. 
blos del Norte que infestaban el 
Océano, ia Mbievacion délos 
pictos y Celedonios eaBritannia^ 
y el ermamento de losmaurita» 
nos. en África^ ocupaban lodoe 
sos cuidados y fuerzas. Publicó^ 
á imitaeion de sú hermano^ o» ' 
dictos severos contra los máji«» 
eos, y los hico Recatar eon es* 
tremo rigor% . 

CuüBLDAn M VALUVnBlIAirO^ 

— Vélente fué crueí por.deWli<«' 
dad: Valentiniano por carácter^ 
Inatocesíble el miedo, iracundo y 
feroz, castigaba con la muerta 
el menor d^ito. Apenas se en* 
cendia su ira, aunque fuese 
por una palabra, : sallan de sn 
boca estas espresiones terribles; v 
«Quemadla: degoUadle: matad** 



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DEL BAJO 

»1e.>> Cerca de su alcoba tenia 
encerrados en jautas dos osos 
enormes, dignos favoritos de un 
tirano, llamados el uno Inocen- 
cfti, y el otro.lfíca Áurea. El em- 
perador se complacía en verles 
devorará los miserables conde- 
nados. Después Je largos servi- 
cios, dio á Inocencia nneslen- 
dido bosque para que le sirviese 
de posesión y retiro. 

Macsimino , gobernador de 
Roma, mas feroz que los osos del 
emperador, irritaba su ira, inun- 
daba la Italia de sangre, y cuan- 
do se hubo arlado de oro y de 
venganzas, logró por recompen- 
sa la prefectura de iasGalías. 

Las cárceles de Roma, Medio- 
lano y Antioquía estaban llenas 
de infelices, amontonados en e- 
llasporla delación. Sin embargo, 
en Oriente aliviaba mucho los 
males públicos la virtud de Salus- 
tio, que luchaba con ürmeza con- 
tra la tiranía. Lo que parece ínes- 
plicabl^en estos tiempos bárba- 
ros, es la contradicción entre la 
crueldad de los príncipes y la sa- 
biduría de sus leyes. Cuando Va- 
lentiniuno no cedía á la violencia 
de algún resentimiento particu- 
lar, sus decretos, dictados por 
la justicia, llevaban el sello del 
amor al bien público; y son dig- 
nas de elojío las medidas que ta- 
mo contra la esposicion de log 

Tüilü XiV. 



IMPRKW. 137 

hijos, y los edictos que publicó 
para protejer los progresos de las 
ciencias, señaladamente de la 
medicina. Estableció academias 
en Roma y Constantinopla. Dé- 
besele una hermosa institución 
cayo objeto era reformar gran- 
des abusos, y fué la creación de 
setenta y dos defensores encar- 
gados de presentar al monarca 
las peticiones de las provincias 
y las quejas de las ciudades, y 
de sostener ios derechos de los 
pueblos. Sordo á los gritos del 
espíritu de partido, toleró todos 
los cultos, permitió celebrar los 
misterios de Eleusis, protejió á 
los arúspices, reprimió la ava-^ 
ricia de los sacerdotes cristianos, 
y vedó á los majisLrados comprar 
bienes raices en las provincias 
que administraban, no creyendo 
lejítimo un contrato (fue ao po- 
día ser ubre. 

Valente estaba sometido á su 
hermano; pero incapaz de luchar 
contra la intriga, cedió á los 
consejos de un sacerdote que le 
había bautizado, favoreció el a- 
rrianismo, y mandó al goberna- 
dor de l^jipio que arrojase de sit 
silla á Atanasio. EJ pueblo defen- 
dió á su obispo con las armas, y la 
autoridad tuvo que ceder. Ata- 
nasio acabó sus diasen paz, de- 
jando después de si aquella fama 
durable que no se debe sino á 



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136 



inSTOlIA 



los grandes ttleatas reuaidosy á 
las grandes virtudes. Sa muerte 
fué una calamidad para su igle- 
sia. Sucedióle el arriano Luciano 
y este persiguió á los católicos» 

Al mismo tiempp Ursícino y 
Dámaso, cuyo liijo indecente re- 
prende San JeróoiuK), disputa- 
ban escandalosamente, y con las 
armas la silla de Boma: los dos 
partidos vinieron 4 tas manos, y 
de una y otra parte se vertió la 
sangre á torrentes en el nombre 
de una relijion que aborrece la 
inumantdad. En actuel asesínalo 
no se perdona ron ni á las muje- 
res; Dámaso triunfó, y al siguien* 
te día de su triunfo se halUtron en 
la iglesia dentó .treinta caiá- 
vereSf 

YlCTOEUS W VALENTIHIANO 
CONTRA LOS BARBAROS^ T SU ESPB- 
mClON EN JERMANIA* — (366) Ya* 

ientiniano no quiso entender en 
la sangrienta querella da. los Ot 
b^pos^ y corrió á la Galia para o- 
ponerse á los prc^resos de los 
bárbaros. A pesar de las victo- 
rias de Constantino y Juliano» 
Roma conservaba la costumbre 
de pagar, á título de donativos^ 
tributos anuales á aquellos pue- 
blos: costumbre funesta que em*» 
pezó en los tiempos de Cómmo- 
do y Caraealla, época primera 
de la decadencia del imperio. 
Baiitettdo jeusaéo pagar este 



tributo Ursacio, gran maestre 
de los oAcios, los alemanes to- 
maron las armas. Las Jejiones 
bátavas, que eran entonces (a 
Ror del ejército de la Glalia, des^ 
asintieron en esta ocasión su an* 
tigua fama: después de una cor- 
ta resistencia, á pesar de los es- 
fuerzos de los dos jenerales ro* 
manos que las mandaban, uye* 
ron y perdieron sus águilas. 

Valentintano las licenció por 
castigo, y degradó á sus oficiales* 
Desesperadas por esta humilla- 
cío merecida, imploraron la ele» 
mencia del príncipe, y pidieron 
á gritos que se les diese ocasión 
para restaurar su onra. Valen- 
tiniano, conmovido de su arre- 
pentimiento, mandó que les vol* 
viesen las armas, y Jovino mar- 
chó á su frente hacía Mediomá- 
trieos (Metz), donde sorprendió 
una división alemana^ tomó su 
campamento y lo destrozó. Des- 
pués de este trian<b> va sin per.- 
der tiempo á Catalauoos (Gbá- 
lotts) encuentra ea las llanuras 
que riega el Matrona (Mame) 
al ejército grande de los bárba<^ 
ros, les da bataMa, loa vence 
coiApletamente, mata seis mil 
alemanes, vuelve á Parisios, y 
recibe de Yalentiniano la dígni- 
! dad de cónsul en recompensa de 
sus asaiSas. El esplendor de esto 
triunfo se mancilló con un de- 



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J , DEL BAJO 

litó: éb desprecio del derecho de 
jeDtes fué aereado el rey de los 
alemaoes que había catdo prisio- 
nero. 

Yalentioiano, seguido de su 
hijo Graciano, y acompañado de 
los jenerales Jovjno, Severo y 
Sebastian, pasa el Ría, y penetra 
en el valle que riega el Nicer 
(Wirtemberg). Los alemanes se 
habían atrincherado en la mon- 
taña de Salicinie: el emperador, 
adelantándose con imprudencia 
á reconocer aquella posición, se 
vio súbitamente rodeado por u- 
Ba multitud ¡numerable de bár- 
baros. Su intrepidez le salvó-, 
destrozadas tas armas y perdido 
el yelmo, se abrió paso por me- 
dio de los enemigos, y volvió ca- 
fi solo al campamento. 

Poco después acometió á la 
montaña, y se apoderó de ella en 
tin largo y sangriento combate. 
Los alemanes uyen : Sebastian 
les corta la retirada, y hace en 
«líos espantosa carnicería. Esta 
victoria terminó la campaña: 
Valentiniano empleó lo restan- 
te del año en forliQcar la fron- 
tera del Rín, En el mismo tiem- 
po un pueblo, descendiente de 
los vándalos, y que no tardó en 
hacerse famoso bajo el nombre 
de Borgoñones, crecía en uúme- 
'XO y fuerza en los bosques de 
Xusacia y Turinjia. Su gobierno 




IlffPERlO, ^— ■ '-"^ t^t 

parecía mas repuBlfcano que 
monárquico: los sacerdotes te- ' 
nian grande autoridad. Sínisto, ' 
el jefe de ellos, era inviolable-, 
cuando et majístrado supremo 
de la nación, que llevaba eT tí- 
tulo de Hindinos, ejercía un po- 
der muy limitado, daba cuenta 
al pueblo de su administración, 
y podía ser destituido. 

Habia algunos años que los bor* 
goñones «esiendían su potencia 
invadiendo el territorio de los 
alemanes. La guerra entre am- 
bos pueblos no se interrumpía 
sino con treguas de corta dura- 
ción. Valentiníano fomentó sus 
divisiones, y concluyó coa Ma- 
criano, rey de los alemanes, ua 
tratado de alianza que los bárba- 
ros cumplieron con mas fideli- 
dad que el emperador. 

Otros pueblos, que después 
fueron arto célebres por sus de- 
vastaciones» infestaron enton- 
ces las costas déla Galia:eran a- 
ventureros, procedentes de las 
playas del mar del Norte. Ejer- 
citados en la piratería^ alentados 
y enriquecidos por sus primeros 
robos, formaban, bajo el nom- 
bre de Sajones, una nación for- 
midable. Los romanos rechaza- 
ron con las armas sus primeras 
invasiones; y luego, engañándo- 
los con artificios propios de a- 
quel siglo corrompido, lo» sor- 



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ua 



nrTORTA 



prendieron cuando deseoidaban 
indefensos por l^aber treguas, y 
mataron un gran número de e* 
líos, justificando coii esta tral* 
cion las orribles venganzas que 
los pueblos setentrionales ejer* 
cieion mas tarde en el Occidente: 
Los pictos y caledoñiosy estén, 
diéndose por Brítannia, vencie^ 
ron mucbas veces á los róndanos: 
Teodosio> enviado por el empe- 
radora aquel pais» fijó la victo- 
ría: después de varios combates 
felices, libertó las provincias^ 
terminóla guerra con tanta pru- 
dencia como vigor, obligó á los 
caledonios á voivar á sos bos- 
ques^ y les quilo QO vasto terri-^ 
torio que fué conyerlído en pro- 
vinel^ romana con el nombrede 
Valencia. El libertador de Bri- 
tannia volvió á laGalia,y envia- 
do por el emperador contra los 
alemanes que habían topuado de 
nuevo las armas, sostuvo su 
Dombradía con grandes victorias, 
y recibió en premio ía dignidad 
de comandante jeneral de k ca- 
ballería. 

BbBBLIOÑ ^E FIAMO E!I APai- 

CA— (372) Mientras Yalenti- 
niano defendía con gloria el nor- 
te del imperio^ la tiranía de 
Bomano, gQbernadot de África, 
su crueldad y avaricia, y la pro- 
tección interesad^ que . concedía 
á las tribus selváticas 4e Jejlulia^ 



sin atender i hs quejas de las 
ciudades que saqueaban, entro^ 
garon aquellos vastos países á to- 
dos los infortunios inseparable» 
de una mala administración. El 
emperador, engañado por Boma- 
no, le sostenía, y enviaba al su-^ 
plicioá los que se atrevían á a* 
Clisarle. Firmo, príncipe maiu 
ritano, indignado de estos esce« 
sos, y creyendo favoraUe la oca- 
sión para restituir á su patria 
la antigua independencia, le^ 
vantó el estandarte de la rebe- 
lión, y trajo á su partido la Mau^ 
ritania y li^ Numidia. Activo, a- 
nimoso y astuto,^ era una viva 
imájen de lugurla: venció á Bo- 
mano, algunas veces con las ar^ 
mas, las mas por artificio: cada 
día aumentaba su poder con sus- 
victorias, y ya concebía espe- 
ranzas de ser dueño de toda el 
África^ cuando, vino Teodosio á 
derribar su fortuna. 

El vencedor de los pictos y a- 
lemanes rechazó las tropjs del, 
africano, no se dejó sorprender 
por su^ ardides, le atacó en todo^ 
los puntos, le obligó á.. huir, le. 
persiguió sin descanso basta e( 
centro de los desiertos, y derro- 
tó en batalla campal un ejército 
inumerabl^ de mauritanos. Fir«^ 
mo, digno de mejor suerte, fuá 
abandonado de los hombres de»^ 
de qufd lo fué de la fortuna. Ua 



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DEL BXJO nSPEKIfh 



U1 

ser gobernador de Etraria, á 
pesar de sa estupidez» por un 
capricho dei emperadbr y de la 
fortttüa^- Coandd' se presentó en 
eftribttOftl porta primera vez, 
aparecieron machos pasquines 
que anunciaban como* presajto 
d^ sd elei^acioQ el acaso de un 
asno,, que bu^renda át m amo 
algunos.cSaa antes, se habla su- 
bido a4 mismo tribunal. 

Eo aquel síglo^se hicieron mu^. 
chas.Ieyes; pero nada se arregla- 
ba por. ellas; todo dependía de 
ios iK)fr.hres. La suerte del im- 
perio coasislh o» si carácter drf 
jpríacipe. Homa taaia aua sabios 



príncipe dfel pafs le hizo tradición 
j t» entregó ét los romanos; pero 
se sustrají» ah suplicio dándose 
1» muerte. Informado Teodos46 
de las injuslticias y crímenes de 
Bomanov le raspendió de sw 
funciones f pero el detíncnenie 
fué abs«e4ta por el emperador, 
y restablecido en sos empleos. 

MUEftXfi 1>B TBODOSIOi — La glo«- 
jrUHÍeTeadosio le hacia aborre- 
cible i k>s cortesanos y sospe^ 
ehoso al príncipe. Vencedor de 
los enemigos de Roma y vencido 
por los delatores^ perecid vícti- 
ma d^h envidia de Ida hrjos^ de 
Valentioiano, que Ja mandaron 
degollar^ El suplicio de- este I oradores y héroes, pero ao cia- 
grande hombre no mancipó la | ca<Iacofi. La corrupción reinaba 
:vida deLemperadof: no se veri- I en las costumbres', y la virtud 
ficósino después de su muertOé ^en {as méesioias^ Vélente, tirfr. 
Valentiniano, sumamente cruel j cico, débi^^ doscon^^do ó injur- 



eoandosé irritaba, era just» por 
carácter, como lo prueban su 
administf acioa y sus leyes; pero 
fué muchas veces engañado^ y 
era muy común en él hacer pé* 
aimps nombramientos y sostener- 
losconostina^ion. 

Lá Italia, perdiendo la liber- 
tad, había conservado la licen- 
cia: sufríase el despotismo de 
los majistrados; pero el pueblo,^ 
sin atreverse á hacerles resis- 
' lencia, se v^angaba de ellos con 
sátiras y sarcasmos. Xerencio, 
panadero en ctro tíempo; Uegói ^ mente-, y sin embargo, nadie co 



to, decía: «Quo era una felicii- 
»dad parj los pii^^los ser gober- 
»nadospor príncipes que biabian 
»vL<vídc muchos años como sim- 
»ples particúíares;» y al mismo 
tiempo (¡Je sacrificaba tantas 
víctkn&s Q la delación, se cUában 
de. él estas hermosas palabras: 
«Los deIatoyes.\soA mas perni- 
»cipsos que k>s bárbaros, así co- 
»mo las enfermedades internaa 
»loson mas que. las producidas 
)»{>or una causa esterior.» 
Valentiniano reinó tiránica- 



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lU 



BisTomai 



ino él ha ^McrKo^n .menos pala- 
bras Us «bllgaciones de un grao 
príncipe. Guando al ver qaebrao- 
tada 6u salud nombró augusto á 
Graciano» su bijo, en la taludad 
de Samarobriva (Amiens^, le di* 
jo: ff Has ascendido al supremo 
»poder bajo felices auspicios: 
«sosten el peso del imperio: a- 
arrostra los bielos del Bin y del 
»4)anubio: marcha al f renie de 
»4as tropas: derrama tu sangre 
»eB. defensa de los pueblos^ j 
«considera los bienes y males 
»del«stadot;ofBotuy«8 propios. 
«Yo consagraré el resto demi vi- 
uda á grabar en tu corazón los 
«principios de la justicia. Y vos- 
«otros^ soldados, amad ai princi- 
«pe que confio á vuestra fideli* 
«dad: pensad ^que ba nacido y 
«va á crecer á la sombra de los 
«laureles.» 

ESACCIONES T MÜERTB DB 5A- 

POR. — ^374) El Oriente safria 
tanto como el Occidente los ma- 
les del gobierno arbitrario^ pero 
sin estar compensados con la 
gloria militar. Valente no care- 
cía de buenos jeoerales que re- 
tardabon la puina del imperio; 
pero la indecisión y debilidad del 
principe ie-impedien sacar ven- 
tajas desús talentos, empleados 
inútilmente -en planes mi^ mal 
combinados. 
Sapor^ que en un reinado de 



seteoita aios reütftbieeió con sus 
triunfos la gtoria de los persas, 
y la mancilló por sus vicios é 
injusticias, erarpleaba ya la fuer- 
za, ya el artificio para satisfacer 
su insaciable ambicien* Nada 
contento con el triburto que le 
pagaba Armenia en virtud del 
tratado becbo con Joviano, qui- 
so apoderarse de ella, engagd al 
rey Arsáces con falsas demos- 
traciones de amistad, le hizo a- 
sesinar^ y redujo la Armenia á 
provincia de su imperio. 

Solamente se le resistió la du- 
dad de Arlojerdice, defendida 
por Olimpias, viuda de Arsáces: 
su valer rechazó por rauctio 
tiempo á los persas-, pero sobre*» 
vinoSapor con ejército numero* 
so, y la obligó á rendirse. La 
reina conservó su gloria y per- 
dió su libertad* El rey no pude 
conservar pacíficamente una con» 
quista adquirida por un crimen: 
los armenios é iberos sé suble- 
varon para recobrar su indepen- 
dencia. Teniendo Va lente por 
quebrantada la paz de Joviano 
con la ínvasien de los persas en 
Armenia, se declaró á favor de 
los rebeldes* Su causa era jus- 
4a^ pero escojió mal el momen- 
4o;para emprender una guerra 
"tan .peligrosa centr-a un reine * 
tan fuerte: porque entonces a- 
meqazaban á Gonstantinopla loe * 



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BEL BAJO IMPERIO. 



godos, nncioa formidable, con- 
tra la cual eran necesarias todas 
las fuerzas del emperador. 

El rey de Persia, mas pronto 
que Yalenie, acometió á los ro- 
manos: todos tos esfuerzos de A/- 
finteo y deTrajano se limitaron 
á defender el Eufrates. A pesar 
de sn valor y del ausilio de Va- 
domario, rey de los alemanes, 
cautivo en otro tiempo y yaa a-* 
liado fiel del imperio, los persas, 
cuyas fuerzas aumentaban todos 
los dias, se hubieran quizá apo- 
derado del Asia; pero Sapor mu- 
rió, y las turbulencias quose le- 
vantaron en su reino, impidie- 
ron Id ruina del Oriente. El em- 
perador favorecia la causa délos 
armenios, mas par ambición que 
por justicia: después de babar 
finjido protejerá Para, su rey, 
le hizo traición. El conde Tra- 
Jano convidó de orden suya á a- 
quel príncipe y á los grandes de 
su cortea un banquete. Concu- 
rrieron sin desconfianza, y en- 
medio de la comida los rodea- 
ron y degollaron sus soldados. 
Los príncipes cristianos y los 
pueblos civilizados eran enton- 
ces mas pérfidos, crueles y co- 
bardes que los bárbaros: era fá- 
cil de prever la caída y desmem- 
bración de UQ imperio, donde 
ya no ecsistla ni virtud üi li- 
^ bertad. 



US 

Cuadro DKLA^!fA0lOH goda, — 
Las venganzas atroces que ejer- « 
citó Va lente contra los godos 
que habían seguido el partido de 
Procopio, armaban todos lo* 
pueblos contra él. Los historia- 
dores de la antigiiedod ofrecen 
pocas luces acerca ¿del orijen de 
las naciones que destruyeron el 
imperio y funda<M3n la Europa 
nueva. Muchas veces confunden 
á los godos con los scitas, ^ár- 
malas y dacios: Tácito los creyó 
orijinaríos de las riberas del 
Yístula. Según una antigua tra- 
dición^ salieron del Asia bajo el 
mando déOdin, y en poco tiem- 
po conquistaron el Norte y O- 
riente de Europa hasta el mar 
Báltico, y s« establecieron des- 
pués en la Escandinavia, some- 
tiéndola á su dominio y á sus le- 
yes (I ). Otros autores, sin subir 

(1) Las orilUfl del Danubio y del 
Riii, dice Anaud, coiirietizudo histo- 
riidori apoyado en Joma des, Procopio, 
r^ebeau y su tiábil comentador Saint- 
Mar tí ti, Gibbon y algunos Otros, en- 
¡«Mftdran diversas naciones, entre las 
cuales la frugalidaii y la abundancia ds 
arbustos saludable» mantienen la sa- 
lud, la fuerza y el anor militar; en a- 
qnellos países la virtud del secso ber- 
moso y la fidelidad conyugal, favore- 
cen la población en términos que no 
puede contenerla el terreno que antes 
ocupa baa sus padres. Aua boy día es- 



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144 nsTom 

lañ allo^^veirttii que 300 anos 
antes de Jesucristo, machas trir 
bos de godos, saKeodo detos bos- 
ipies escandiotvosy ocuparon las 
playas dd mar Báltico, con los 
sombres de rujios, vándalét, 
hmgobardo$ y Mm/as. Guando 
llegaron á ser muy numerosas, 
invadieron los países vecinos^ 
Los mas belicosos de estas tri- 
Imis, conservando el iioi»bre^- 



tamos vienáo cómo ca3a «iiO envían 
estos mismos paises crecidas emigra- 
ciones al Nuero Mando y A ranas ppo- 
Tincias de la Riitíá. Estas espatriacioaes 
evian en lo antigno mas forsoaas toda- I 
via qoe «ora. Mientras maneiaron ma* 
DOS robnstas. las riendas del imperio, 
eilps pneblos Itsbían acudido 4 luUa 
sin. armas, en demanda de empleos su- 
balternos y para ofrecer sus robustos 
brazos 4 los ejércitos romanos. Al- 
gunos de ellos babiao ascendido 4 
loa puestos mas eminentes; oíros ha- 
bían perecido de ambre y desamparo; 
pero todos babian vil€*eadO<:on gozo f 
cnriBoel soavedima de Italia, el Jar-^ 



mitivo de godos, atravesaren la 
Sarmacia y se ^tablecierojí e« 
las orillas del Tañáis cerca de la 
laguna Meétide. Los que se qie- 
daroB al occidente del Yistula, 
recibieron el nombre de jipid&$ 
6pere%o$oi. Les godos, atrave- 
sando después liáis Hanuras de 
Scitia y las riberas del Boríste- 
nes; atacaron, yencieron y es- 
terflúnaroB á ios jetas que pe* 

el número de tos qne querían y debían 
partir, que se bizo forzoso organizar 
leyes positivas para sn arreglo. 

Guindo la población agotaba \cé fe- 
corsos del terrino desmontado, se ^t* 
maban tres porciones de la población 
entera. Cada porción comprendia nn 
número igual de nobles, aiervo% ricos 
y pobre», todos con sus mujeres y sus 
hijos, y la suerte indicaba cu4l de estas 
tres porciones había de emprender la 
marcha desde luego. Las dos porciones 
que permanecian «n el pais se repar- 
tían las cboaas, los bienes y campos de 
los que marchaban. Aquellos pueblos 
desterrados, fueron los destructores dd 



<li>t,<omo aun 4a esUn llamando los J imperio romano. Los que te ^eCipiU- 
alemanes que bajan de los Alpes áias I ron de U parte seUntrtonal, después 
riberas del Adijio. | ¿e los cimbrios reunidos por Mario, 

fueron los visogodes ó godos ocddenla- 
les; pero hallándose RoaM en toda sn 



riberas del Adiji 

Semejante grito degoso ycariSo Te- 
nia á ser la esperan:^ y el consuelo de 
aquellos é quienes la fiatria no podía 
sosten tar. Cuanto mas se multiplica- 
ban, menos ^ian oponerse sus caadi- 
Iloa al ímpetu desaforado de aquellos 
pntbios áoia ooas comaroas mas favo- 
ccddis ^1 'Cielo; pero auqientó Unto 



pujanxa, los conturo en las orillas del 
Danubio, donde se establecieron con 
benepUcHo del , imperio, reroWiendo 
unos contra otros las armas que babian 
asestado contra loa romanos. 



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DEL BAJO 

seian el país situado ea la embo- 
cadura del Danubio. Los vánda- 
los, marcomanos y cuados-cedíe 
ron muchas veces á sus armas. 

En tiempo de Caracalla eran e- 
nemigos formidaWes para Roma: 
en el de Galieno, aprovecbándo- 

^ se de las divisiones del imperio, 
talaron á Iliria, Grecia, Asia, é 
ÍDcendiaron á Efeso. Vencidos 
porClaudíO JI, por Áureliano, 
por Tácito, y casi aniquilados 
por Probo, se habían ya resta- 
blecido en «1 reinado de Diocle- 
cíano: sus tropas miülaron con 
valor en el ejército de Galerio^ 
y en el de Constantino habla cua- 
renta mil godos. 

ArtíQciosos en su conducta é 
infatigables en sus trabajos, eran 
atrevidos y prudentes, de aka 
estatura, cabellos rubios^ sus le- 
yes sencillas y claras, parecían 
reglamentos de familia: cuando 
ocuparon las Galias, se prefirió 
en este pais el código de Eurico 
al de Teodosio. Cario Magno 
conservó en los capitulares mu- 
chas de sus leyes que aun estáia 

^ Tijentes en Inglaterra, 

Algunos publicistas afirman 
que la institución de los feudos 
tuvo su orijcn witre los godos. 
No permitían el matrimonio en- 
tre noble y plebeyo, ni entre 
esclavo y libre. El príncipe pro- 
ponía las \e\GS, los grandes las 

lUJklO XIV. 



IMPERIO. •• ttS 

discutían, y el pueblo las apro- 
baba ó desechaba. El impuesto 
era repartido por majistrados 
que se elejían para ello. La pena 
de muerte no era frecuente: el 
crimen se espiaba con dinero-, 
el acusado tenia por jueces tí' 
sus iguales, y á veces se decidla- 
el juicio por desafio. 

Cuando los godos llegaron á- 
ser poderosos, se dividieron ea 
dos pueblos: los orientales, que 
habitabao cerca del Ponto Euxi- 
no, tomaron el nombre de os- 
trogodos: los que ocupaban las. 
orillas del Danubio se llamaron 
visigodos. Mejor se ha conservado 
la memoria de sus devastaciones 
que de sus reyes-, solo se sabe 
que dos famiUas célebres los go- 
bernuron por muchos siglos: los 
Ámalos en los ostrogodos, y los 
Baitos en los visigodos. A estos 
príncipes no se daba mas título 
que el de jueces, prefiriendo 
el nombre que recuerda la justi- 
cia al que indica la autoridad. 

AZAJ^AS DE UEaMANaiGO Y AMA- 

LARico. — Cuando Valentíniano 
y Yaleote ocupaban el trono ro- 
mano, un príncipe godo, llamado 
Hermán ó Hermanrico, gozaba 
de gran Bombradía por sus aza* 
ñas en los países del Norte. Este 
conquistador, á quien los bárba- 
ros llamaron el Alejandro del 
Bíorle, subyugó xloce nacjones^ 
19 



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145 msTOBU 

soinelió á BB poder todas las tri- 
bus gótieas; y lo qua siaduda, es 
roas estraordinario que sus con- 
quistas, no empezó su carrera 
militar hasta la edad de ocbeota 
años» y la terminó á la de deoto 
diez. Estos pueblos belicosos te- 
nían ademes otros Jefes, AJavivo^ 
Atalarico^ Fríttjernes y Alaríco, 
qué adquirieron renombre por 
sus victorias contra los romanos. 
Alarico fué el primero que to- 
mó las armas para vengar & mu- 
chos de sus compatriotas, que 
prisioneros y dispersados en el 
Asia, fueron degolladas por or- 
den del cruel Vélente. En dos 
C4impañas estuvo indecisa la 
suerte; y la babilidAd de Yilor y 
de Artnteo no pudo conseguir 
ningún triunfo importante con- 
tra el valor selvático de los gue- 
rreros del Norte V pero en el ter- 
cer año Atalarico perdió una 
gran batalla: los Jenerales de, 
Ya lente habÍ4lo prometido á los 
soldados romanos una . suma 
considerable por oada cabeza, de 
godO' ^ue preseatasefi» y la co^ 
dicia los movió é perseguirá! e- 
Beoíkígo con grande ardor> y ha- 
cer en él espantosa carnicería* 

Los bárbaros vencidos se so* 
tnetieroQ. Valei\te conclsyó un 
tratado con sus príncipes^ se li- 
bertó de los subsidios que les pa- 
gaba» y no les permitió cooier* 



ciar sino en el recinto de dM 
ciudades situadas sobre las ribe* 
ras del Danubio. 

Esta paz» violada por la perfi* 
dia romana, no fué de larga du- 
ración* El jeneral Marcelino, i* 
mítando la vil acción éel conde 
Trajano, hizo dar de puñaladas 
á ^binioy rey de los cuados, al 
cual habla in vi todo á um confe* 
rancia. Coo la noticia de este 
crimen se arman los coades: ú*^. 
nense á ellos los sármatas, au- 
yenlan á loa romanos^ talao 
las Panoonias y derrotan dos le» 
jíones mandadas por Equiciol 
Recelábase la perdición de Me* 
sia; pero el joven duque Teodo* 
sio> que imitaba las azañas de su 
padre y debía superarle en glo- 
ria, reúne las tropas, anima su 
valor, detiene á los bártiaros, to- 
ma la ofensiva y los obliga á re* 
tirarse. Al mismo tiempo Valen- 
tiníano, que llegaba i IHria en 
socorro de su hermano, persigue 
á los enemigos liasla mas allá del 
Danubio, esparce el terror en su 
pais,de^trvyestt8 ciuiades y se 
vuelve á tqqiar cuácateles de io» 
vieroo á Garnuto, ciudad que 
hoy se llama Presburgo. 

MdBRTB DB VALSIfTlNI&IfO.*~ 

Becibe alli una diputécióo de loa 
cuados, que para Justificarse es^ 
ponen sos quejas coa altanería: 
el prÍKipe irritado los ii^rram^ 



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BEL BAJfO 

pe y amenaza, y con el ardor del 
enojo se le rompe una vena del 
pecho y pierde entre raudales de 
sangre la palabra y la vida^ tos ^ 
romanos habían sufrido doce a- 
fios la violencia de sn condición^ 
de la cual fué él mismo la pos- 
trera víctima. Había repudiado 
á la emperatriz Severa, porque 
abusó del poder obligando á un 
ciudadano á que le cediese so 
caoiipo, y pasó asegundas nup- 
cia64^on Justina, viuda de Mag* 
neacio. Las leyes y costumbres 
permitían entonces el divorcio, 
Moque reprobado por la Iglesia* 

GftAClA.NO Y YALENTIflIAllO H, 
BMPERADORES DK OCCIDENTE^— 

(375) Graciano, nombrado cesar 
por su padre, debia sucederle: 
sas nombres sé hallaban en to- 
dos los actos públicos, y el res- 
peto que inspiraban sus grandes 
cualidades, se aumentó por su 
casamiento, con oina nieta de 
Cooftta/aUno. Pero ¿qué pueden 
los derechos mejor reconocidos, 
y loa motivos de interés pú- 



nvBRio. 147 

blico ¿onlra las pasiones priva* 
das? Yaientiniano habla muerto 
en Brejecio, en el centro de la * 
Pannoniai Graciano estaba au- 
sente, y los Jenerales Equicio y 
Melobaudo, creyendo la ocasión 
favorable para tener un príncipe 
que les debiese el trono, presen- 
taQ en el campamento á la empe- 
ratriz Justina y i su hijo Valen 7 
tia4ano, que solo tenia cuatro a- 
ños« Los soldados, escitados por 
los ambiciosos que esperaban 
reinar bajo el nombre de este 
nifio, ie proclaman emperador. 
Pero Graciano burló las espe- 
ranzas de aquellos pérfidos que 
sacriflcabaa á sus intereses el 
imperio y la justicia. Este prín- 
cipe, tan virtuosocomó-^raliente^ 
prefirió dividir la corona á go- 
zarla esclusivamente á costa de 
una guerra civil, confirmó p^r 
un^edicto la elección del ejérci- 
to de Iliria, y se declaró colega 
y tutor de su hermano. El impe- 
rio fué pues gobernado por Va- 
lente y sus dos aobiinos. 



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148 



BISTOItlA 



CAPITULO VII. 






oaixinrs; cbaciasio, VAxaivmnAm& n» ex occxDcni:; ' 

TCODOftIO, KÁCSmO, USimPADOB. 



(A&o S75.) 



'-íi 



Orroroso terremoto. — Invaston de los bunos. — Retrato de estos m1 va jes.— 
Sus triunfos eo Cbtna. — Devastaciones de los godos y visigodos en Oriente. 

— lnva5Íon de los jermanos eu las Galias. — Estado del Occidente en tiempo 
de Grariano. — AKauas de la reina Mavia. — Proscricion ocasionaia por una 
predicción. — Victoria de los godos sobre los romanos. — Muerte de Valenle. 
•^ Sitio de Adriuópotis por los godos. — Osadía áe Dominica, viuda de Va* 
lente. — Venganza del qonde Julio. — Llegada de Graciano i Constantinopla, 

— Vuelta del ióveu duque Teodosio. — Sus asailas. — Primeras azaBas de 
Alarico. — Guerra declarada á los paganos. — Demolición del templo de La 
Victoria en Roma. — Predicción en favor de Micsimo. — Su retrato. — Su 
usarpacioD. — Muerte de Graciano. 



VJraciano estaba ert Treviros 
cuando confirmó la elección de 
Valentiniano [I, Como rejente y 
como emperador, mandó á Jus- 
tina y á su hijo que estableciesen 
su residencia en Mediolano. Un 
príncipe mas hábil que Valenle 
bubíera conseguido sin duda so- 
meter los dos sobrinos á su tute- 
la; pero poco capaz de defender 
y gobernar sus propios estados, 
no tuvo influencia alguna en el 
Occidente. 



Orroroso terremoto. — Los 
elementos parecían reunirse á los 
bárbaros para acelerar la ruina 
del imperio. Un espantoso te- 
rremoto destruyó las costas: el 
mar, uyendode las playas, des- 
cubrió á la vista de los hombres 
sus profundos abismos, y des- 
pués de haber dejado en seco 
los buques» é inumerable mul- 
titud de peces moribundos so- 
bre la arena, las ondas enfure- 
cidas acomelieroa ea la reac-^ 



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hel bajo 
eioD á los riscos escarpados y á 
los díquesqueordinaríameote las 
detieD^rij arruinaron ranchas 
ciudades é inmidoron vastos te- 
rrilorios. En Alejandría pere- 
cieron cíenlo cincuenta mil ciu- 
dadanos. Los sacerdotes orto- 
docsos atribulan estas^ desgra- 
cias á la ira de Dios contra los 
herejes. 

Invasión dk los urxoSi — 
Los estragos de la naturaleza 
fueron contenidos por lo noaoo 
omnipotente que les ha fijado 
sus límites eternos; pero los que 
causaron las pasiones humanas, 
se prolongaron mucho mas. En 
aquel siglo deplorable fué aso- 
lado el mundo por la invasión 
de un pueblo selvático, que tu- 
vo por cuna los yelos del sep- 
tentrión. Los hunos, mas temi- 
bles á los bárbaros de Scilia y 
Jermania, que estos á los grie- 
gos y romanos, se precipitaron 
desde el Oriente al Occidente, 
asolando, destruyendo y despo- 
blando todos los paises por do»- 
de pasaban. El terror que ins- 
pirabaa estos guerreros feroces, 
arrojó sobre el imperio romano 
las naciones sármata, cuada, a- 
lana, goda, ostrogoda y visigo- 
da. El miedo los hizo mas temi- 
bles que la osadía. Se había 
. triunfado desús ataques^ mas no 
se les pudo resistir cuando 



IMFEniO. 119 

huían, y erntírranlo para salvar- 
se en otros paises, consumaron 
la ruina del írI^perio. 

Los romanos, dueños del mun- 
do mientras tuvieron virtudes 
militares, no conservaban y^i de 
su antigua granjera sino un lujo 
desenfienado. Los emperadores, 
cónsules, patricios, prefectos, 
majístrados y cortesanos des- 
poblalmn los campos y ejércitos 
para llenar sus casas de escla- 
vos, criados, eunucos y liber- 
tos. Otra gran parte de la pobla- 
ción, abandonando la tierra por 
el cielo con el mas esliipido y 
soez fanatismo, habitaba las i- 
glesias, los palacto:^ episcopales, 
los seminarios, las ermitas; y los 
convenios se llenaban de ara- 
ganes^ gue á merced de un tosco 
sayal, iban predicaudo la disolu- 
ción del imperio terreno para 
establecer la teocracia. Los po- 
cos ciudadanos que serviaa en 
las [ejiones, se fastidiaban cada 
dia mas del trabajo, de la disci- 
plina y del peso de las armas. Ea 
iin, cuaudoel imperio se veia por 
todas partes acometido ó amena- 
zado de los bárbaros^se confiaba 
muchas veces á estos bárbaros 
mismos la defensa de las fron- 
teras, el mando de los ejércitos, 
la guarda del príncipe, el cau- 
sulado^ las prefecturas y las dig- 
nidades mas altas del estado. 



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190 



-BisrwiA 



BETHAtO m IOS Bimiis. -^ 
}^acidos estos ea las esleosas lla- 
nuras de Siberia, fuerun casi 
•descoAOtidos basta esta época. 
Procopio los confunde con 1^ 
^itas y masajetas. lornandes^ 
tkistoriador godo, atribuyéndola 
deformidad de aquellos barba* 
TOS á un orijen infernal, los 
creía producidos de la unión de 
los demonios con las echiceras. 
£1 sabio Mr. de 6uignas ba* to- 
mado de la literatura china las 
nociones que no se podiao ha- 
llaren otra parte. Los hunos, 
absolutamente desconocidos en 
Europa^ en donde debían cau- 
sar tantos males, eran conoci- 
dos en <¡bina mas de dos rmI a- 
fios antes de Jesucristo. Habi- 
taban al norte de este imperio, 
quinientas leguas de país, de 
Occidente á Oriente basta, tos 
tártaros mantchus; y treseien^ 
tas legoas desde Nor^ á Sur Pica- 
ta el T4bet y 4a gran muralla 
china. 

Tenian los hunos el rostro 
feo^ los huesos de sus mejillas 
eran protuberanies» el cabello 
crespo^ los ojos pequeños y es- 
cóndidos, los miembros cortos 
y. sin proporción. Comparábase- 
Íes á los ídolos que 4os pueblos 
selváticos labren groseramente 
•de trozos de madera. Habitaban 
ooloenlas tiendas, aborrecían 



las ciudades, llamándolas cárce- 
les 4e piedra y sepulcros. Fue^ 
ron, come tribua errantes y pas- 
torales, vagabundos y conqub*» 
todores: transportaban en carro^s 
sos tiendas, muebles y riquezas: 
sus rebaños los seguían y les a- 
seguraban la subsistencia: siem- 
pre estaban reunidos en sus 
campamentos, y su vida era una 
milicia continua. Pasaban de ios 
pastos consunndos á otros nue- 
vos: asi nunca tenian ogares á 
que aficionarse. Amaban óu na- 
ción y no su patria» La costum- 
bre de cazar los disponía para 
la guerra^ y tenian una destreza 
prodjjiosa en el arco aun u- 
yendo: su alimento de carne 
cruda, y que solo «alentaban 
macerándola bajo las sillas de 
sus caballos, aumentaba su fe- 
rocidad natural. 

Sus TRIÜWOS EN CHIKA. — 

Tal era este pueblo ^ nómada, 
que después de haber aterrado 
durante muchos aígies el vasto 
imperio de la China, dejó pro- 
fundos vestijios de sus furores 
en Asia y Eunopa. £1 jefe de ca- 
da tribu se llaqiabaiiiirM, y era 
juez en la pez y jeneral en la 
guerra: la gobernaba como un 
padre de familia. Los mirias e<^ 
lejian un jefe supremo, llamiulo 
kan. Su renta consistía en el 
diezmo de todos los rotéanos: su 



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DEL BAJO 

poder estaba limitado por ta« 
dietas ó asf.nvhleas nacionales, 
que deliberaban sobre la paz y 
la guerra, y desecbaban ó apro- 
baban tas leyes propuestas por 
el príncipe. Los cbkios, para 
resistirá sus invasiones, cons* 
truyeron la grande muralla que 
escita la admiración de los via- 
jeros. Lc»s hunos, llamados en 
el Oriente del Asia tanjuox, 
que quiere decir hijos del cie- 
lo, corrían Has vastas Ifírmuras 
comprendidas entre el rio Amur 
y >a Corea, y por la parte del 
Norte, desde las fuentes del Ir- 
tish liasla el mar Glacial. Sub- 
yugaron á los pueblos que ha- 
bitaban las orillas del lago Uai- 
kal, y alentados con sus viclío- 
rías, pasaron la grande muralla, 
vencieron á los chinos^ y envol- 
vieron al emperador Kaoti, el 
cual para libertarle capituló pa- 
garles el mas vergonzoso tribu- 
to. Los hunos ecsijieron que 
se les entregasen cada año las 
doncellas mas hermosas de las 
familias distinguidas. Los orien- 
tales nos han conservado la e- 
lejía de una princesa china, en 
que lamentó su cautiverio entre 
los bárbaros, lejos de su patria, 
de su familia y de sus dioses. 

Una cruel revolución libertó 
á la China de este oprobio. O- 
tras tribus nómadas y belicosas^ 



IMPERIO. t5f 

célebres en el Oriente bajo ef 
nombre de lártaros, conquislís* • 
ron aquel vasto imperio, y adopv 
tando fHis leyes, nnieron á su 
fuerzB y valor la prudencia de 
una nncion civilizada. 

Los hunos ^ atajados en sit* '' 
progresos por estos nuevos ene^ 
rai;^os que resistían á sit intrepi- 
dez con la ventaja de I» disci- 
plina, sufriemni mochas derro- 
tas. Indígnanse de aquella opo- 
sición inesperada: el kan reúne ' 
todas lí*s tr¡l>u<, y da una terri- 
ble batalla á los chinos y tarta- » 
ros reunidos bajo el m;indo del 
emperador Vouti. La Tirtuna 
se declara contra los hunos: son 
desbaratados, rodeados, venci- 
dosy muertos: el kan se escapa 
con un corto numero. Vonti los 
persigue, liberta los pueblos que 
les eran tributarios, y somete á 
su dominación las tribus que se 
quedaron en las llanuras del 
mediodia: las del norte conser- 
varon algún tiempo su indepen- 
dencia, hasta que en el último 
siglo anterior a la era cristiana 
fué enteramente destruida por 
los chinos la potencia de los tan- 
joux, que habia durado, según 
se cree, 130í> años. 

Algunas tribus mas belicosas 
que las otras, y que formaban un 
cuerpode cien mil combatientes^ 
uyeron de la esclavitud y mar- 



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fU 



HISTORÍA 



charon ácia el Occidente. L'nas 
se estabíecieroQ ea las orillas 
^elOxus, é hicieron muchas in- 
cursiones en Persia: otras fija- 
ron sus tiendas junto al Volga, 
donde se h&llaban todavía con e4 
nombre de calmucos negros, en 
el siglo XVIII. En 17T1, no pu- 
diendo sufrir el yugo de los rusos 
«i etpeso de las contribuciones, 
se escaparon en número de cien- 
to cincuenta mil familias, se vol- 
vieron al Oriente, y después de 
dos años de marcha aparrecieron 
^ de improviso en las fronteras de 
(a China, donde pidieron y obtu- 
vieron asUo y tierras. El empera- 
dor, qiie los acojió, mandó erijir 
m\ monumento que perpeluiíse 
la memoria de esla nueva con- 
quisla, preferible, según él, á las 
de las armas. Eu la inscricion 
grabada sobre la columna be lee 
lo siguiente: «Nuestro gobierno 
»es tan justo y paternal, que na- 
»cionesenteras atraviesan la Eu- 
wropa y el Asia, y corren dos mil 
vieguas para solicitar la dicha 
nde vivir bajo nuestras leyes.» 
Los hunos, establecidos eü el 
Volga en tiempo de los empera- 
dores romanos, no eran deteuí 
dos por ningún ostáculo, dor- 
mían armados^ deliberaban á 
caballo «n sus asambleas^: ati*a- 
cesaban á nado los rios y los to- 
rrentes: tenian flechas pura he- 



rir de lejos al enemigo, sable% 
para pelear de cerca, y una red,, 
para envolverle y derribarle* Es-i 
te pueblo belicoso encontró ea' 
el Volga á los alanos, que quiere* 
decir, hombres de ¡as montañas. 
Eran tan feroces como los hu- 
nos: su ídolo era un cementerio: 
adornaban sus armas y los jueces 
de sus caballos con los huesos 
de los enemigos muertos en la 
guerra. La lucha entre estas dos 
naciones bárbaras fué larga, es- 
pantosa y sanjxrienla. Los ala- 
nos fueron vencidos: unos se a- 
cojieron á los peñascos del Cáq- 
caso, donde habitan todavía sus 
descendientes: otros se incorpo- 
raron con los vencedores, y au- 
mentaron aquella multitud que 
invadió el mundo romano. 

Jornondes cuenta qae los hu- 
nos, persiguiendo una cierva, 
atravesaron el Tañáis en los si- 
tios donde desagua en la laguna 
Meótide, y donde aquellos bar- 
baros creian que estaba el Gndel 
mun^do. Esta es una fábula de 
las muchas que afean la historia 
del escritor godo. Lo que no ad- 
mite duda es que los hunos, a- 
travesandolas llanuras de Scitia, 
atacaron á Hermanrico, famosa 
rey de los godos, -cuyo imperio 
se esíendíu entonces desde el 
mar Báltico hasta el Ponto Ea« 
xiao. 



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inSL BAYO 

Partee qae 1i Dfttaraleza ha 
tSMadouM MiaíMisniífftva que 
«divitfeeü doaelasea {«especie hu* 
maDa: 4o8 pueblos earopeos líe- 
neo rostro «val, ojM^^randes, 
nellllas tíñM, aanc masó menos 
levada: los tártaros de oriente, 
por el coiilriirio^ líeneo cabeza 
«aplastada, «ariz^huta, ojos |>a- 
«quéfios y protoagados en «us áo- 
l^ios» La primer vez que se pre- 
Motaron eo Europa, la aterraron 
^oonsQ deformidad; sin embargo, 
la BacioB de tos godos, altiva, 
Itbre, ioratlgable y belicosa, lia* 
biera podido rechaizarlos á «estar 
«oída. Todo pueblo dividido es 
«aa presa faoil para el enemigo. 
Las diferentes tribus de losgo- 
4os se haeian entonces la guerra. 
Un principe de los rojolanos a^ 
endonólos estandartes de Rer- 
maDrico para Juntarse coa los bu- 
jioa: el ^ej^ vitjlento y ^ruel, 
•e vengó baja y orriblemente^ 
mandando, descuartizar á la es- 
posa del fujitivo. IBi ejército se 
subleva, movido por los gritos y 
quejas de los hermanos de aque« 
'lia desgraciada* Hermanrico, se« 
goído de algunos amigos, pelea 
cen los «rebeldes, es herido, y 
viendo su ^oria mancillada y wi- 
4ipendiada su autoridad, se da 
la muerte desesperado. Vitioie- 
^gm, musy Infér'ror á ^1, le suce- 
de; y odioso á. un jpatñáo, aul 

lOMü XIV. 



fS3 

^oalenido por el cttro, da batalla 
á los bonoa, j la pierde junta* 
mente con la vida. Los godos, 
ya sin^e, huTen en deaórdem 
irnos «on muertos, otros cauti* 
vos: los oslrogoéos que quedan 
con Vitericoj su rey^ se reúnen 
cerca del Borístenes con 4tana- 
rico^ Jefe de los visigodos: loa 
hunos naarchan contra ellos j 
los^Uigan á evacuar la Dacia o« 
rieotal (Valaquia), y Itanarico, 
que al firmar un tratado de paz, 
habia jurado no volverá entrar 
en e4 territorio del imperio, se 
retira con «na tropa de lea* 
les á loa bosques de Transí I- 
vania. 

Pero la mayor parte de tos 
godos, medrosos de la vecindad 
de los hunos, marchan al Da- 
nublo bajo el mdndo de Fritijer- 
nésy Alavivo, imploran la pro* 
teccion del •emperador, y piden 
onasilo. Valénte est»ba i la sa* 
zott en Ántioquía, ocupado en 
reelMizar los ataques de los per- 
sas, isauros y sarracenos, y mu« 
cho mas en hacer triunfar el a* 
Trianismo. AUi i^ecíbió la pri* 
mer noticia de la irrupción de 
los hunos en Europa , y poco 
después la llegada al danubio de 
inuJooierables godos, quetounda* 
ban sns4siberas, y le pedían tie- 
rras en Tracia, encargándose de 
defender aqueifa provincia co<^ 
20 



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1^ 



««tOltfá^ 



mo fletes sübdilos, si le l€^ per- 
mitía establecerse en ella« 

Una petición laa hnpeevlsla 
fausó Hwaclia inceHidambee en 
el ánimo de aquel priocfpe dé- 
bil: parecíale- igoelmaote pel»^ 
grosoacejer ó rechazar «n mí- 
llon de buéspedes aguerridosrcv 
poaerseá sus deseos era provo- 
car una guerra co» ]enie deses- 
perada ^ pero recibir en sus es^ 
lados naciones eoierae» era a- 
eeptarIainvaaion« 

Los jeneratos^ grandesdet im» 
perio^y gobernadoÍN^s de'pfbviiH' 
rias ne vieron en este grande 
aeontecimienlov sino un me4ia 
para aumentar et número de va 
salios del imperio, paraescep 
luar del servicio militar á los 
ciudadanos, y una ocasión pera 
quese enriqueeiesén los hom- 
bres poderosos. La corle de O- 
riente liiio 16 que hacen siem- 
pre los débiles en circunstancias 
graves y difícilesr no se atrevió 
á negar, trató eon mala té^ y to- 
mó el partido mas peligroso, 

. Concedióse á los visigodos ei 
paso del rio y las tierral de Tra- 
eia que pedían; pero antes que 
atravesaren el Danubio, se ee* 
sijió que dejasen las armas y en* 
tregaseo sus hijos^ pare guar- 
darlos como reenes en las ciuda- 
des del Asia: desconfiania im- 
prudente que trataba come ene- 



migos é los que se recibían e^ 
mo súbdMos, iesptraba» odio m 
los nuevos romeaos, f les qui- 
ta be tode obitgfteioo dei^ratUud. 
iton no- estoba eoRcluide la oe- 
gocíiM:ioo^ euando algunos go- 
dos impeeten tes pesaron arme- 
dos? los ofiíbiales romanos toe 
rechazaron con pérdida, y ftie- 
ron destituidos por el débil Ya- 
leote. Firmóse, en tei» el trata- 
do: un millón de barberos entró 
en el imperio^: pero prodigaron 
su dinero, sus joyas, y aun el 
ooor de sus hijas,, para que lot 
inspectores rooMnos les permi- 
tíesen entrar, con armas. Un 
campatnento amenazador cu- 
brió las Tértiles llanuras de Me- 
sia^ y aterró la corte de Valen-i» 
te* Los ostrogodos, mandados 
por Sarrax y Aleteo, bulan en- 
tonces .de los feroces hunos:: 
pidieron asilo á los romanos oo<^ 
mo los visigodos^ mas sufrieron 
la injuria de no ser adnútidos. 

Yalent^ babia prometido ase>- 
gurar en los principios la sut>- 
sístencia de sus nuevos vasa*- 
llos; pero esta promesa ftoé vio* 
lada ó eludida. Mácsimo y Lo- 
picino, gobernadores de Tracia 
y Mesia, entraron en especula* 
'ciones vergonzosas^ vejaron «r* 
hitrariamente á los vi^odos, y 
les prendieron á precios muy s«^ 
bidos arina corrompida. La pa«> 



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«{•Drit'deiasbárbarM tt «tn^ 

•6: MbelárMM, j 9%uMñ9% áo%\ 
|#ÍM«oai8«é8^tM cobardes co- 
mo pérfidos^ favykeroD. Los os* 
Ifogoios^ aprovechándose de es* 
U disensión, atrevíestn sin per- 
fumo -el DanHbio^ y entran en 
el íáBiperfow Ambos pneblos nni* 
dos «y^eron pórtete á Frítljer- 
lies;i.upi€ÍQi», no -aitreviétdose 
á repaíQdirlos por laf uerza^ .qui- 
no domarlos por ir4iieion: *€on* 
viddal jeneral á nna fiesta que 
4abaeasu paiack» cérea de la 
ciudad de Jiarcianópoiis^ capi- 
4«i de la baja Jllesia. La escolta 
4e los.godos, qoe calaba acam- 
pada á las poeaUs del palacio 4u* 
«auto la fiesta, y «ne no podia 
^entrar en la cíndad, no balli 
qne -córner^ porgue ^e le bebía 
privado de ¥Íveres<coo Ieda4n« 
4eacion:al prlnci|NO ecsaJó su 
4ra en qtte;}as/y deapnea comeMó 
«Ignnas violencias* Lqpicioo, 
^ne lo babia rprevisto^^ mandó 
matarla^ eaperande baaor lo mis- 
mo con los ieoerales;^ .<^aandé 
•eilavlesea sin defooaorea* Fon» 
á la primer Bolieía del 4omnUq, 
-el valiente Fritjijeraea 4e le- 
vanta y griia: «Xo basto á apa- 
#cigttar esa renaiUa^eSaca aii 
espada: los intrépidoe compafie- 
«os le imiiaa y siguen» pasan por 
medio de la mnMilud ^Jnliasida- 
^ desaparecen y vuelven i m ' 



155 
•ampametto. Al momento de- 
ctarpn la guerra, desplegan et 
estandarte nacional^ marchan 
contra Lupicino, ' derrotan ent 
lejioees» y lo ponen en fuga. 

Desdo este monlento no «e es- 
timaron los godos como 8ibd}«> 
tos deUmperio, ni comp foJiU- 
vos dependientes, sino como se^- 
ñoreide las provincias del Ba¿ 
nubio, 7 asi «cometieron orrí<* 
bles devastaciones en Tracia. 9- 
tf as tribus de su misiáa nación; 
sometidas en tiempos anterio- 
res^ y que servían entonces en 
Iqs ejércitos de Yalénte, sé bar 
1,1a |)afl acampadas en las cerca- 
nías de Adríandpolis^ y como se 
temia que se muníesen á sus 
xompatriotcjs, se les mandé a« 
travesar el Helesponto, y ^sar 
«1 Asia. En vano piden un tér* 
mino de dos dias; se les amena- 
za, el populacho los insulta, to- 
flii^n Us armas, se abren paso> y 
«(lucidos por Collas y Snéri-» 
ees, ^n á ponerse bajo las ban- 
deras de Fritijernes, que vueU 
<ve con ellos á atacar á Adria« 
ndpolis* Los habitantes se defen^ 
dieron con valora los bárbaros, 
aunque temibles en el campo, 
ni teqian patíencia para blo- 
quear las ciudades, nimáquinaa 
para Corsarias; y así se vieron o» 
bttgidosá levantar «I sitio* 

Vateute pedia aun evitar la 



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goerrft j tempOír á tos Tí^a- , priocipto «falb*ht|«térdi 4^ 1m 



4o8> casligandoffLtipicina; pero 
«ste pWncip^^ hitsla eotonees 
tan tí mifl<^^ moslrá adose teme^ 
rarip ¡noporUiDameote^prefirM 
ta fueraa á las Degoencienes: 
desguameció la rvenlera ée- Ar- 
neoié, dejándola á merceé de 
tos persas, rea Qi<7 cerca de An* 
tioquía todas las lejIoDes úet A- 
ski que pensaba llevar á Gone- 
Untioopla» y encargó á sus jeae- 
rales Trajino y Profotora qjm 
alaeasea á ios godoa coolri^ tes 
tropas de Traeía, mientras él 
pasaba á* Eutopa. Sabedor Fri^ 
lijeriics de la marcha de los e- 
Bemigos^ recoje todos sns desta- 
e^mentos, y reúne eo los reales 
Msiaopesde sus aliados, cerca 
de la desemlMicadiura del Da-» 
Bubio. 

AqneJIos pueblos bárbaros ba- 
cen atiansa con juramentos for* 
midables, y se eseUan á la pelea 
con cantor qoe recuerdan los a- 
zailas de sos abuelos* Los roma- 
nos se presentan y dan an grito 
acostumbrado de guerra: por 
poa parte el odio antiguo, las' 
injurias re«:ientes y la esperan- 
za de vengarse: por otra la nece- 
sidad de vencer para salvar el 
imperio, l^icieron la batalla . lar^ 
ga y encarnizada. Dió|»e cerca 
de Salice. La victoria estuvo io* 



roflaanosv pero después de iM 
combate ostínado^ loa barbarea 
Toeron rechazados tiesta su cam* 
paniento^ cbude eséuvíeroa eo* 
cerrados siete diaa« 

Trajanp^. apnovecbándose de 
este triuQ/o» babia maBdado i 
Saturnino, jeneral ^e la cabelle* 
manque ocopaae^ loa deefiladeroi 
de la mootafiar su iotento eta 
envolver al eoenígoeefi atrín*- 
cheramíentos, y destrairlo por 
ambre;.pen>iHievo6 ctierpos de 
bárbaros que* pesaaon el Danu* 
bio dividieron la atención de lae 
fuerzas romanas^ y libraron- i 
los visig'Hlos. Estos telaron todo 
el pats> desde el río basta el Eto-. 
lesponlo. Fritijernes, uníeada 
h asiueia al valor, tuvo la díct»a 
de hacer altanzecoa algunas Iri* 
bus de ímibos, alaiios y sámia* 
tas: su poder auoieotaba cada 
día: tod(»los p«eblos bárbaroe 
parecieron olvidar eiitoncea sos 
resentimientos y querellas pa« 
ra volver sus areaas contra loe 
antiguos tiranos del mundo» Bo 
peligro tan urjeote pidió soeo* 
rro el emperador á au sobrino 
Graciano. Este^ preparado á sos* 
tener U causa común, reoniasae 
lejiones pera marchar á Oriente} 
pero un alemán, oficial de su 
guardia, le hizo hraicion. Loa 



cierta: los godos rompieron al ! JermanM, Inslruidoa por él de 



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IH* pfirlí(h> prdrtíim .dei ejércáto» 
hicieron en oúineDo de €ua«eala« 
mil'botibreft'Uoa ínv«sioii*eii lé 
Galia, y oMiiíaron al emperador 
4e Oe^ente-á^suapenderMniar- 
eba« y á ntlve» sus «rniaa eoiitre 
ello&« 

EaTiVDewEt OGCiroifTB bit tiem- 
ton^ OTACiáifo.— Graciaoo«Aa8lli 
esta épocaireiiiaba con gJería: el 
0toei4ente era^ feliz bojo sus íe^ 
yes, haciendo^la bondad amaMé 
el poderrel terror que cattsaim 
la a^erídad de YalenUniMO; 
habiii desa|Nirecido de palacio á 
la vuz da soi bíjo» La* detacíoo 
Huyó, volviiV) la coaQanaa^ loa 
prosea ilM veaobraron ana bienes: 
el paeblo» oprimido dalribuloa, 
§e vio libre del pago d^ loa^a^ra- 
SM, ysa-abrieroa laá pueaUisd« 
la eáaeelea» 

Graciano>.di6€(puU^ de Auio- 
•io^ proiejía-y eulüv^ba b üte- 
latora^. bailiai^ ea U iribiina 
por au alocaencia» merecía el 
aprecia^ de loa filóaaCas por au 
amor á ConaCanoia su^aapoaa^ 
kijil da GoaslaDcioi por attHean» 
.flaoz8j fresaüdad: y .clemeacia; 
Loa criatiaaoa etojiabao au reli- 
jionr loa idólalraa no podsaii' a»> 
horrecar á «o» príncipe piadaao^ 
pero alo faaaibmo. El pueUo 
adadiraba au campuaUíra^ au omi* 
4aalia enelveatir^ la pmdaaeia 
da aaa layea^ ^ík proatltad ea laa 



espedi^áaiiea^ jEk*a pa4re' y eo«K 
pafiero de ana Mdadoa. .aiaginitt 
ie aveatiú^^bat eo la«carrara, en 
la iueba ni en ba dboiáa ajecei^ 
cioa milüarea» Ciíjdaba^ da* loa 
berUtoa^ las prestaba ausfsaimoa 
calía Uasrsíampre ae^lamrMí acet- 
sibla á laa qaejaa^ sianapre dtft- 
puesto^ escachar la veiHtad4 P!^. 
roangran defecto que mancilló' 
tao bel lai( .cuaKdades^ . abrey íó ^vt 
reinado y^ cauad auV ruina. Sta 
justicia earecia> de^ firmeza, su 
política^ da-pre^isfOQ*. su bondad 
de faena;. x^ da las dosoblígacío* 
aaa de uo« soberano^ fiie aoo 
casUgar y- premiaa, ni' aupo ai 
quiau llenar maa que la^ última^ 
Gensurábaaaadamás su excesi- 
va aítcíontá-la^eaza; ni^uda dir^ 
varsioa dóba robar demasiado al 
tiampo^arbomDre* encargado da 
las negociois públicoa. El ^aTá^r 
lar de un moaaroa se conoce por 
Ueleccion qt» baca de s\x$ ami- 
gba; Afiabro^io-lo^ltogó á ser da 
Graciano. A principios de este 
reinad^ se cometió una glande 
injusticia. Macskáiao, ministro 
lénHble del %iiejo^ Valen linjaou»^ 
gobernaba lodavia, y engañó al 
emperador aon Calsas acusacio- 
nes>. precedidas de-loa cons^oa 
do Valeote^é hizo morir en Car- 
iago^al ilusireTeodosio. Todo qI 
iioperio lloro á eate béroer ^ 
pogAMS lapaaieroQ^n ej nómer 



.^iCi^'^^'^^^, 



& 



o;.' 




it&jE^^oogle 



1B8 

jevMOj maDif68ló so arrapen lU 
"•líeriio^* isociaDdo al 'imperio 
^«tn temor á Teodosio, hijo de so 
vMthM. MacsimiDO/ que se ha- 
bla propueato mancillar toa 
«BDgre^el reioado del oaeTo em- 
•pérador, como batrfa ahecho con 
el de su padre, Tué puesto en 
Juicio y perdió laTídíi.lo que 
prueba la barbarie dé aquellos 
tiempos eaqueGraciano, el mfS' 
benigno de los prfircipes/ el Tito 
-fie su sigto^ mereció la grali- 
Hud del seaado romano por ba- 
^ber ttianéttdo que ios se^adores^ 
no pudiesen en ningún caso 
ser puestos á euestton de tor- 
mento. 

Su principal ministro era Gra- 
neo, ^úiiimo descendiente de in 
farníKa :Sempronia. Era cristia- 
no muy zéloso, y aunque tío 
persigulé á los jentiles, derribó 
muchos iídéies, y ^enajenó así el 
afecto de losedktos ai«nUguo 
^ulto. 

£1 emperador protejió y mtii* 
tiplvcótas escuelas eiíta Gdl4a;pe- 
rosu aficioné las artes y bellas 
Mi^s BO pudo impedir la deca- 
deiMia ^eltgusto. Dominaba «n, 
los escritos y discursos la afecia- 
da incbazoa ^i lugar de la ele- 
gante sencUlez^ así como la ar- 
quitectura esirai^ante de los 



godos •suvedia ala pura j mibte 
de losigriegos. ' 

OMijgado Oraeiano i pelear 
coutra tos alemafies,- marcbó 
rápidamente contra éllbs> anst- 
liatfo por el véUeiyieMetobavdo, 
rey de los firaiicos, que era al 
mtsm6«tíempo su altado y eoáde 
de«us domésticos. En vano acM • 
sejaba conterapor!2élr el jeneral 
Kanieno: el em^rndor manió 
dar la batalla: Prtarlo, rey día 
los alemanes, -sé mostraba no 
menos ardiente, los dos ejérci- 
tos, igualmente ¿ano4os de pe- 
lear, se encontraron en la liaua- 
ra de )lrjeiítoracto -^ Colmar)* 
pespues dié un combate' sangrien- 
to, la táctica romana trivnfó 
del valor alemán: los bárbaros 
foeron deri*otatfos, perseguidos 
y muertos; solo se escaparon 
cinco mil boabres. ' 

Príario evitó ed& una «uerte 
gloriosa «I resentimiento de su 
pueblo, siempre sumiso á loa 
reyes vencedores,, siempre in- 
vflecsible con los qne volvían 
vencidos* £1 emperador, después 
de esta gran 'victoria» se puse» en 
marcha paraaooerrer á^ateita: 
pasó elAin: ««nanntró^n .el ca- 
mino oiro ejército alemán^ l# a*» 
rrojó de posición en posición, f 
^e oMigé>á pedida Ja pai y á qne 
le diese «eenes; Desplegó en es^ 
ta eampafia, annque aolo tenia 



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BEL BAJO mnmoi 



m 



éimtíántvñ aios^ lo9 tahioiDS^e 
wo }efteral y la intrepidez de aa 
toMadli. E&ptiso cootrnitaniente 
Mipersonr» j kM gaardias qae ié 
ecoflipajiebali votfiereiiiiMiciíaa 
ireets de la pcje^eon*; laa armas 
Bolea j^eabíerUKi'de iiobles he*** 
ridaa. . 

AzaíTis bbj[,a mina ma^ia^ — 
Mtenires que reeorrir vencedor 
taeios países, dando coovsus a* 



Mayi% miiwfo ee*e4»oeo> Imi» 
redóla eopona^. meado eO'per^ 
sona lor ejérciloa, y dcj^lépó U 
gnerre á los roeaonés^ Gste>eiier* 
ve Zenobia invadió la Fele^na^ 
y- 1» Fenicia, veotió al gobenie*- 
dor deealas provincias, y ll«f4 
ene arma»hasla iae^ Tronleras ét- 
Ejipto. 

ET jeneral que* roandeba en 
jefe {as lesionéis de ^Orrenlev re- 



señas nuevsN glcMTie^al imperio' une iodae sos tropee y mareta 



I Oocidenia, adi^tiieienilo los o- 
ñores que en^ otro liempívconce^ 
4ÍBÍÍ los ejércitos, el senado y* el 
pueblo'á los empefedoces vic* 
leriosos, Vulente^ autor de Iba 
Bsaies^^de la. ignominia y de le 
ruina del knperto de Of'ieote, 
era recibido en Gonstantíeofila 
con murmuraciones que oo-^pó- 
dia reprimir el largo iMbtto de 
la servidumbre». Se le echaban 
on oara los triunfos de los per- 
ses> le pérdida de la Armenia, y 
lies devastaeipneB, de los isatiros. 
Sus ejércitos Toeroo derrotados 
baste por una mujer. Mavia,.Be<^ 
lunü de Roma^ robada en su io* 
feneia por los serráosnos, íüér 
Iprimero esclava, luego dama, y 
«ttimamente mujer de Obediii^ 
principe de Faraq y rey de £- 
liopia> célebre ya por haber so^ 
metido í los blemmies ó blemia- 
Jes, pueblos de la costa del mer 
Rojo* ^ 



contra la reine; y para^ easCifer 
alñpomandaóie de Fenieia perv 
que no so' resistió ¿ uunmufer» 
le^graJá, le manda s^uirto y 
ser testigo, sin combatir, -de- la 
pelea. La rortnneeasligó^u or« 
güilo: Mavía, oumpliendo las 
obligaciones^ jenetf»! y de-sol- 
dado^ animó JeHal modoésuse» 
fríi^nO!;>.con el^jemplo^ quedo- 
r rotáronla á loa^ roma nos, > y loe 
persiguieron hasta el p»nito d^ 
ser inevitable sü lOompletO' sai- 
Da: cuando de improviso- el co- 
mandante de Peo icio, vengando 
noblemente le^ injurie que be^ 
bie recibido, se arroja enme-» 
dio de' los doe> ejércitos eeoe»^ 
panado de algunos emigos lillas 
y valesosos» detienoi tos vence* 
dores,, reúno á los vencidos, eu* 
bi^e la retirada y saWa al jeoeraL 
Yaiente, aterrado cen las vic- 
torias de la reina, pidió la pa«: 
^ Mavía la coneedió^ eesijieado 



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160 



VICTORIA 



qué se^e^^iperMMIase 'llevar á sus 
etUdossáillotoéf, ui stoto sdli- 
Urio'étqéieñ hizo obispo. Esle 
destruid U idolatría 4mi Faran, 
y por stt hifliijo manluv^i ia a- 
«atatad eolre >los romanos y la 
retna, coBcertaado el m^ürínao*» 
niode uoa bija de Mavfa eo« 
el conde Víctor, jener#l del em- 
fierador. 

La admioistñoion de ^tTalea- 
ite le acarreé oiaBenenrígfis, que 
JOS yerro&eo polftke y sos de- 
rmias* Su debilidad ie haoiain- 
caoiisecnenle^ y babia un 'Coq* 
lrasteaingalareAtre«as oaácsi- 
«asy ^B tcciooea. Al >i»isino 
tiempo que^el temor le oUi^a- 
*aá cometer «crueldades odiosas» 
•96 citaban de él «stas, espresio* 
mes: «Sí la pesie y los demás és* 
Vtragosde ^a naturaleza destru- 
«ven á losiboiuArea^ á lo^princl- 
«pea loca cionseirvar les . » 

pR08<^Rioio|f ocasionaha por 



había stáo^enaeSor (le pMta&i^ 
fresco, coATertido éu deialor 
impudente, logró un Tiinesto 1é» 
flujo ^n él áaim« del empera* 
dor, cuyas cantas j discursea oo» 
Trejia, según se Mefuraba. Este 
inferné valido* Mm perecer mas 
patricios que los qae bubiM:a 
destmideoino Invasión de barba* 
ros. Los' másticos, denunciada 
per él, perecieron: les fllosófoi 
iban al suplicio por echiceros: 
Mácsimo, antiiguo amigo de Ju* 
liano, fué la primera de sus vio* 
timas. Todos losoiudadanos cu* 
yos DOfábres empezabas per 
laa letras fatales de Teod, tales 
como les Teodatos, Teoderea» 
Teodotos y Teedooiales^ «efrie* 
ron la molerte; y por un acaso 
singular, el solo que so Hbró de 
esta persecución, feé Teodosío, 
sacesor de Calente. 

Snmedio de estas proscrleio^ 
nes brillaron las •virtudes «cris* 



-oiTA FRSiHcaotr. ^ Habiendo 4ianas. San «BaaHieproteJiéé loa 
«predicbo tres adivinos que el oprimidos, sooornió á los des- 



nombre de«u aucesor empoza- 
-ba perlesías sí lebasTtfocí, nn se- 
cretaríp der emperador llamado 
Teedesio, ei^ñado por el presa- 
jio/conspiró ^ pereció con su« 
eÓmpKces. Entonces ae redobló 
•^I *r^^ de Calente «contra ios 
adivinos y eehiceros^^Astaba la 
aousacioo de májia para iiperder 



graciados y 4*esistió con firmeza 
Á los satélites dd emperador. 
Como ano de ellos 4e amenaza* 
se, le respondió: «^¿'Qué puede 
intemér? ¿Ja pérdida de mis bie. 
mnes? Solo poseo mis vestidos j 
•algunos libros., ¿Xa de mi vi^ 
«da? Solo apreció la %ida eterna* 
i>¿i;iidestieiro?.Mi patria es to^ 



é un enemigo. Heliodoro, que »do país donde se adore á Díos«a 



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DEL BAJO 

— í-ftNadie, replicó el goberna- 
udor, metía hablado *eD ese lefl- 
Mguaje.» — Y Basilio le dijo: «Es 
aporque hasta aora no habéis 
neocontrado sino obispos per- 
inversos., » 

El odio que iospiraba la tira* 
níadeValente á los habitantes 
de ÁDtioquía, era tuo iotenso^ 
que jeoeralaieDte lo espresa- 
ban con esta imprecación: ¡ Pe- 
rezoa quemado viva ! 

El emperador, aborrecido en 
Siria, despreciado en Constanti- 
Dopla, cuyos habitantes juraron 
que la abandonarían si velvia á 
entrar en ella^ ofendida por les 
insultos y murmuraciones del 
pueblo, y envidioso de la gloria 
de Graciano, abandonó su timi- 
-dez habitual; y como todos los 
hombres débiles, pasó del esceso 
<le la circunspección al de 4a te- 
meridad. Informadode un triun- 
fo conseguido por Sebastian, 
comandante jeneral de la infan- 
tería, contra un cuerpo de go- 
dos que había sorprendido y de- 
rrotado, tuvo la presunción de 
atacar, antes que llegase Gracia- 
no, al formidable ejército de los 
bárbaros. 

Yictor, Trajano y todos los je- 
Derales esperimentados preten- 
dieron inúlihnente apartarle de 
este designio , representándole 
^ue la ruina del enemigo era in- 

Toam XIV. 



IMPEBIO. 161 

falible sise esperaban las lejío* 
nes victoriosas de Occidente, y 
que al contrario, sise empeñaba 
en vencer solo, comprometía el 
ejército y el imperio. Los corte- 
sanos, que lisonjeaban la vani- 
dad del principé, le persuadie- 
ron que no debía repartir la glo- 
ria de este triunfa con su compa- 
ñero-, y el orgullo atropello á la 
prudencia. 

Valente vino á acampar coa 
su ejército al pie de las mura- 
llas de Adrianópolis, muy cerca 
de los bárbaros. Fritijernes, 
para dar^iempo á c^ue se reunie- 
sen sus fuerzas, envió al cam- 
pamento del emperador un sa« 
cerdote cristiano que espusie- 
se sus quejas y negociase la pax. 
Los jenerales aconsejaban dar^ 
oídos á esta proposición-, pero 
en este momento llega Ricomero 
con la noticia de que se acerca- 
ban las lejiones de Occidente. £1 
emperador, ciego de envidia, 
parece temer menos la probabi- 
lidad de una derrota, que el re- 
partimiento del triunfo. 

Victoria de los godos sobhe 
tos ROMANOS.— El 9 de agosto de 
378 manda tomar las armas, sa- 
le del campo y marcha tan pre- 
cipitadamente coa «u caballeríai, 
que se halla enfrente del enemi- 
go antes que la infantería se le 
pudiese reunir. Los soldados, fa« 
21 



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163 



iriSTORrA 



; por et esceso del calor y 
por la rapidez de hi marcha» se 
forman con lentitufl. Dada la se- 
ñal del combóle, FriUjernes a- 
fecla temor, engnnaá Valenle 
con sumisiones Qnjidas, gana 
Afp^anas horas^ y acaba con esta 
tardanza dea^tar las fuerzas de 
los romanos, ospuestos á tos tor- 
mentos del ambre y á los ardo- 
res de un sot abrasador. En ffn> 
cuando et conde de los domésti- 
cos iba a) campo enemigo para 
concluir el tratado, Fritijernes, 
viendo bajar de las montañas á 
' los escuadrones de Safrax y de 
Alateo, sus aliados, cuya llegada 
esperaba con impaciencia, deja 
el fínjimíento y comienza el ata- 
que. La caballería romana es 
acometida de improviso por el 
frente y los flancos, y puesta en 
huida» La infantería, sin apoyoj, 
y colada en un terreno estrecha 
donde le es imposible maniobrar, 
resiste algún tiempo ul gran nú- 
mero de bárbaros que la rodea, 
hasta que al fin es desbaratada 
comptetameate. Los godos hicie- 
ron en elia orrible matanza. 

Muerte de valente. — Valen- 
te estaba herido, y vela caer á 
sus pies toda su guardia: corre 
á juntarse con dos lejioncs que 
aun peleaban intrépidamente y 
se retiraban en buenórden^ pe- 
ro no tarda en envolverlas una 



multitud rnumerabfe de ene- 
migas-, los jenerales Víctor y 
Trajano, habiendo reunido algu- 
nas coorles escojídas, esclaman: 
nSí na salvamos al emperador» 
Mtodo se ha perdido.» Arrójanse 
enmedio de los bárbaros» derri« 
han cuanto se opone á su paso; 
pero llegan demasiado tarde pa- 
ra socorrer las das valerosas le- 
jiooes, oprimidas ya por todo el 
ejército enemigo. No encontra- 
ron en el campo de batalla mas 
que luonlones de cadáveres, sia 
que pudiesen descubrir entre e- 
líos el del emperador. 

Después se contó que el prín- 
cipe fué llevado por unos aldea- 
nos á su cabana, que allí fué ata- 
cado de nuevo por los bárbaros^ 
y que fatigados estos de su por- 
fiada resistencia, prendieron fue- 
go á la choza. Un joven romano, 
que escapó de aquel desastre, 
dio noticia á los godos de que el 
cmper idor habia perecido entre 
las llamas, cumpliéndose de este 
modo el infausto deseo de tos 
antioquenos. 

La victoria de los bárbaros 
fué completa, y se comparó La 
derrota de Adrianópolis á la de 
Cannas.Los romanos perdieron 
dos tenientes jenerales y treinta 
y cinco tribunos. El jeneral Se- 
bastian, que habia aconsejado 
dar la batalla^ pagó su imprudea- 



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^ DEL BAJO 

€ia con Ta vida. Cuareota mil 
liómbres quednroa gd el catupo. 
Víctor y Ricomero^alvarpn por 
6u valor la tercera parle del «- 
jército vencido. Libaolü, amigo 
eaolro tiempo de Juliano, de- 
fensor de los filósofos, persegui- 
do y columna del poiileismo, no 
desminUé ^u carácter ^en este 
gt-an desastre* Para ensalzar el 
onor de la patria vencida, cele- 
bró en un discurso elocuente la 
memoria de4os romanos muer- 
tos en ta acción^ é hizo el pane- 
jíríco de Valenle, que en cierto 
luodoiiabia reparado, muriendo 
•con *valor, la Iguemíoia de su 
^ida. 

Sitio db adriakópolispoh los 
DÚOS. — ^Los godos vencedores 
creyeron, aniquilado el ejérci- 
to» apoderarse fácilmente deJ 
imperio. Sitiarun á Adnianópo- 
lis: unos desertores les prome- 
tieron entregarles la ciudad, y 
\Me introdujeron ^n ella,^ pero 
' fueron de^ubierlos y castiga- 
dos. En vano quiso Fritijernes 
disuadir á su tropa de tomar por 
asalto una 4)laza tan fuerte. Los 
bárbaros desprecian su consejo, 
y se lanzan con impetuosidad a 
4as murallas: los intrépidos ba- 
•bitantes las deCenden: unenor* 
«me peñasco jirecipitado desde 
las almeiias^^ mata un ^ran nú- 
4Qerode godos. Estos se ame- 



IMPSHH). 163 

drentan; pero sus jefes los llevad 
de nuevo al asalto. El deseo de 
librar sus mujeres é bijos, dete- 
nidos como reenes, y de saquear 
los tesoros de Valente^ inüaman 
su valor: comienzan lapeleacoa 
furor; pero después de largos, 
inútiles y sangrientos esfuerzos, 
^on rechazados con mucha perdí* 
da^ se retiran, y se arrepienten, 
aunque^arde, de no haber segui- 
do el cuerdo diolámen de su je- 
nerah 

Osadía de dominica, txuüa de 
VALENTB. — Trilijernes marcha 
al frente de ellos á Constantino* 
pía, esperando que la sorpresa 
y el terror le abrirían las puer- 
tas: taló las cercanías de la ca* 
pital, en la cual reinaba aquella 
consternación que suele anun- 
ciar lacaida de los estados. Una 
mujer salvó el imperio. Domi- 
nica, viuda de Valeute, muestra 
en el abatimiento Jeneral un 
valor verdaderamente romano; 
arma ádos habitantes, los alien- 
ta y les prodiga sus tesoros. Su 
ejemplo ecsaita á ios osados y 
avergüenza á los cobardes. Es- 
taba á la sazón «n Constantino» 
pía un cuerpo ausiliar de sarra- 
cenos. Dominica les mand? salir 
é campaña: su numerosa y va- 
liente caballería acomete á los 
godos, y los sorprende con la 
I impetuosidad de su ataque. Los 



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164 



BATOEIA 



feroces sarracenos daban gritos 
iúgabres: de^efiantlo las armas 
qoe hieren de lejos, se presenta* 
ban á la pelea armados solamen- 
te de nn puftal: sedientos de san* 
gre^ bebían la de sus enemigos 
vencidos. Esta tropa furiosa de- 
rramó el espanto en el ejército 
de Fritijernes. 

YBmARZA DBL GORBB JDL10. — » 

Los godos se retiraron, y carga- 
ron f^n todas sus fuenas sobre 
lÜfia^ Los romanos vengaron 
con nn crimen atroi la derrota 
de Adrianópolls: el conde Ja- 
iio, gobernador de Asia, mandó 
matar todos los niños que los 
visigodos hablan dejado en ree* 
nes cuando hicieron el tratado 
con Yalente. Este acto de cotiar- 
de ferocidad aumentó el furor 
de los bárbaros y las calamida- 
des del imperio. 

Los sármatas, cuados, marco- 
manos^ hunos y alanos» reuni- 
dos, á los godos por el. mismo o* 
dio contra Roma^ por la misma 
sed de sangre, por el mismo de- 
seo del pillaje, asolaron, despo- 
blaron y destruyeron á Tracia, 
Macedouia, Dacia, Mesia y una 
parte de la Pannoaia: quemaban 
los arbolados, demolían las ca- 
sas, hadan caballeriías de las 
iglesias, desenterraban los cuer* 
pos de los mártires, encadena 



á las mujeres y mataban á loe 
sacerdotes. El conde Mauro de* 
fendió mal el paso de Sucas eñ 
los Alpes Julios. 

Fritijernes decía: «La impm- 
•dencia de los romanos me jfed* 
i^mirer créense dueikis de estos 
•vastos paisas que no saben de* 
jifender: los habitan como loa 
•ganados que pacen en ellos$ 
«mas no los poseen.» 

El oro solo era defensa con- 
tra los bárbaros: las iglesias res* 
cataron muchos cautivos : San 
Ambrosio vendió para este fia 
los ornamentos y vasos sagrados 
de su catedral. 

Entretanto Graciano, sabien- 
do por el conde Víctor la derro- 
ta y muerte de Yalente, acude 
con la flor de sus tropas, arros- 
trando mil peligros, llega & 
Gonstantinopla, y le asegura con 
sola su presencia. Convencida 
eD tan grande infortunio de la ' 
necesidad de un gran talento^ 
llama al joven duque Teodosio^ 
que desde la muerte de su pa- 
dre en un cadalso en Cartaga, 
vivía retirado en España, donde 
había nacido, en la misma ciu- 
dad de Itálica, ilustre por el na- 
cimiento de Trajano. Los adu<* 
■adores decían que era deseen* 
diente de aquel gran principe, 
al cual se le comparó justamen* 



ban á los ciudadanos» ultrajaban | te por sus aiafias. Este guerre- 



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DEt BAia 

ro valiente, modesto, poderoso 
y sumiso á las leyes, rico y Iíw 
borioso, severo y ílberolv ru¿ e- 
ducado eQ la escuela de la des- 
gracia para una grande elwa- 
cioD; y aun en el tiempo que- la- 
proscricion le privaba de au- 
toridad> ayudaba con^ prudentes 
consejos á sus anii{?os desgra- 
ciados y á su provincia oprimi- 
da, la cual había de protejer po- 
ro después revestido del poder 
supremo. 

Una elección feliz le- dio por 
esposa á Flaecila, digna.de él por 
su nacimiento y virtudes. Jamás 
conoció otro amor: Ronorío y 
Arcadio, sus hijos, fueron los 
solos que dividieron con ella su 
afecto. Llamado por el empera- 
dor^ dejó con pesar su retiro, 
echando de menos el descauso y 
lamentando su elevación. 

Tkoüosio, emperador de oriex- 
TK. — (:n9) Graciano le confió 
las reliquias del ejército de Va- 
lente. Teodosio no lardó en jus- 
tificar su elecciou. Reúne las 
tropas vencidas, las alienta, des- 
pierta su valor, restablece la 
disciplina, las ejercita, distri- 
buye con discernimiento y jus- 
ticia los premios y castigos, ha- 
ce olvidar las derrotas, predice 
victorias, engaña al enemigo cou 
falsas noticias, marcha con ce- 
leridad, sorprende cerca del Da- 



laiPEBio. 165 

mibto a4 ejército* godo, le ataca 
y deslwrata, le- auyenta y per- 
sigue, y hace eti él lal carnice- 
ría^ que pocos volvieron á pa» 
sar el rio. 

Después dé esta» victoria dis- 
tribuye sus tropas en todos los 
puntos fortificados di? la fronte- 
ra, y lleva él mismo' &\ empera- 
dor la noticia de su triuiífo. Ha- 
bía sido tan completo, rápido ó 
imprevisto , que la envidia Ib 
tuvo por fábula: el misnao Gra- 
ciano se negó á creerlo hasta la 
vuelta de al;^unos oficiales que 
envió al ejército pora saber la 
verdad; porque la degradación 
había llegado á tal estremo, que 
á los ojos de- los romanos un hé- 
roe parecía un fenómeno, y la 
victoria un prodijk). 

Disipado el terror en Gons- 
tantífiopla, auyentados los godos 
y restablecido el onor de tas ar- 
mas, aun estaba el imperio ame« 
nazado por todas partes. Nume- 
rosas tribus de bárbaros se pre- 
parabaaá pasar el Danubio: los 
alemanes el Rin: tos persas el 
Tigris y el Kufrates. Parecía 
que el universo, subyugado por 
tantos siglos, quería romper las 
cadenas de Roma y echárselas á 
su dominadora: enmedio de es- 
tos peligros, Graciano, de veinte 
años de edad, no tenía mas co- 
lega para sostener el peso del 



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IM 



BttTOmilk 



imperio, que á ^o termtiid Va* 
leoHiiiaDO, apenas -taüao de' la 
tcáoa. 9iB atender ni á tes lison- 
jas de tos cortesanos, ni k las 
ilusionaste Tanidád» oi é la en^- 
iridia une saele inspirar «1 Jenie 
«I fodec^^oé bastante pruden^ 
le f i^ande para anteponer el 
intcvés públieo «íl snyo: ton la 
esperansa de "eOrniar «I Irono, 
biso setfiar «n él á so lado al 
vencedor de los godos, y :nbaibrt 
•emperador á Teodosio; 

A haber consultado al impe- 
rio, lodo 41 4e liuliiera elejído 
Jefe. Este feHtgoérrero reunía, 
á los treinta y 4res años de edad, 
laecthidad ^e \é jd^encadá la 
phideoela de 4ioÍDtrré maduro. 
Cnanto 4aas*4ígno era de rei- 
nar, tanto meneé lo «pretendió. 
Ueredero^de la gloria de su pa- 
d^e, ereia beípedár también «n 
desgracia: ñacidó^n ub^ij^ib de 
tiranía , sn ^nroTundo conoci- 
mienm de 4ás 4nU4gas -tortesé- 
nas le hacia creer Qué su i^ictor 
ría no seria «premiada sino coa 
el supUoib ó el destierro. Ufán- 
dosele venir ávpSlaeio, y espera- 
ba la muerte cuando ^1 ompe- 
rador le «ofreció la cot*^íia. No 
se deslumhró con" sii^pleodor, 
sino«€onodendo su gravámen,-se 
negó ^á -acejptdria^ y Jó que ^'ué 
mas;<>proso paré él, basta los 
cortesanos creyeron que la reo- 



saha finceramente. firaciano in» 
^Ste y manda: el AMímo acto de 
«obediencia 40 Teodoaiofné a»* 
«cendier H trono. Los rumanos 
aplaudieron universa Imente so 
ocsaluoion, que despertando 
nemorias gloriosas^ les recor- 
daba á Trajano y á Nerva. 

Tocaron á Teodosio tas pro- 
vincias de Oriente y además 
Dacia, Mesia, Grecia y las jalas 
del Ejeo. Bjcomero y Mayeria- 
n<v aunque hasta entonces ha- 
blan mandado en el ejército de 
Occidente, flaratdos por sn glo- 
ría, ie quedaron á sen^ bajo 
sus órdenei. £l nuevo empera- 
dor, apenas ocupó ellrono, dea- 
plegó, eñ ía odministracion el 
misHiotarácter y actividad que 
^n la guerra le habia dado 4anta 
reputación y asegurado sns vio. 
4orias. flábieiido afirmado el ce* 
4ro de 0^lente,*reatituyó la Jua- 
ticls,a[rejó é. tos delatores, se- 
jKilró de<la corte éJos favorites 
sin4aleOlos, y 4lamó al mérito 
perseguido ó desdefiado* Para 
4*epatar las pérdidas de las le- 
J1ones,^rmó á los aldeanos dé 
Traeia» y^listó á ios trabajado- 
•ras de 4as minas; marchó ^ 
nuevo eokitra iosgodos, hunos y 
aloooi^ les\^anó muchas vioto- 
4orias,7 obMgó 4 f riOJerües á 
retirarse. 

PaiMBaAS juaAas m :JLL4ai- 



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MI lüfanmifo. 



m.— En esta cMipaf » e»peidfr 
adqahrír famaiH^JÓTeo^ b&rbaro^ 
itesiinado á inmorMINarse- por 
tocooqaiéla de* B&ma. Alartco 
bi20 aas prioieras eiApresaSr te- 
jo lasdrdeoet de FlrUrjérne^eoo 
upa tropa de caballería^ deaeoaa 
de gloría y de- pelígroir un dfa^^ 
aorprendió y eovolvió á Tbudc^ 
ato, que en aquella pelea qo de* 
bió su aalvacioQ atoo á los pn>> 
dijioa de valor que hizcK Eo o^ 
Iras* acciooea babía combatido^ 
por el imperio» eo esta peleó par 
libertar su vida» Al oiismo tieiD* 
-pose distinguía por au valor ar*^^ 
diente y su ran^ pradenaia Sti* 
licoo» otro bárbaro que luvo^^ 
grande io flujo eo el deaiioo-de 
Boina..Modacro, guerrero godo 
que servia en el ejército roma- 
no* contribuyó eo gran manera 
¿ las victorias de Teodoaio. Era 
cristiano y amigó del célebre 
Gregorio de Necia nao. Prae- 
trando al frente de un cuerpo 
numeroso en el campattienta de 
loa bárbaros, sorprendió iwa de 
aus divístonea, y ta deslrnyó ca- 
ai enteramente. 

Graciano» después de haberse 
detenido algún tiempo en Sir* 
mió para favorecer á su colega» 
marcbóá Pannonla, y derrotó 
en muchos encuentros á loa eua- 
doa y á susaliado8« Volvió des- 
pués á MediolanOj y siguiendo 



1«7 

loa^ consejos de aao^ Ambrosio» 
deattruyó las iotrigaa de Jbati* 
oa\ madre dé^ VáleotiiiiaDO»!!» 
protectora del arriaoiamo^. f a« 
aegoró en llalla et triunfo eooi- 
pléio de loa ortodbesoa contra 
Jo^ herejes^. 

Dba nuev^iinraaioo' d^ loa a* 
leoMoes le obligó á volver á laa 
Giilias/ y pasó^el invierno en 
T^éviros• En este siglos tos paí- 
ses setentrionalea de Eitropa» 
aunque-lncttltóa* y cubierloa^ de 
bosques. Inundaban sin cesar el 
Occidente de una multitud de 
pueblos armados» guiaran ven*, 
eidoá^algunas vecea» mas aalíca 
subyugados». Después de laa mas 
saogrientaa derfotaf volvían & 
presentars# con maa ardor j en 
mayoiC número. PUrocia que su 
sangre vertida fecundaba aque- 
lla tierf a sel va tka» ei^ndriido- 
ra; continua de nt^vos ejércitoa. 

Loa godos» yencidoa tantas ve- 
ces» volvieron á tomar laa ar- 
ma», y entraron eo Paononia á 
las órdenes del infatigable Fri» 
tl;ernes. Graciano y Teodosio 
unieron sus fueraas contra b^ 
líos» y habiéndolos vencido, con- 
ferenciaron en Sirmío sobre laa 
medidas necesarias para asegu- 
rar U tranquilidad de ambos 
inH>erios. Teodosio debió á sus 
grandes cualidades un triunfo 
1^ lisonjero que los adquirl- 



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VKS RTSTOñk 

úos por iMflrflias, tnal Toé ean- 
iqaUtar'el aprecio y la venera*- 
«ioD'éé loa bárbaros, fospirán- 
tlóles «na eeoiaota qne la mala 
té de loa romanos habla hecho 
ba^la-entoneeaímpo^ble. Hasta 
el inflocsíble ÁUntrico, abju- 
rando an «ntfgno odio, lino k 
Consiairtinopla á pedir on asilo 
contra los rigores de fritijemes. 
Teodosio le recibió con Qnor, le 
dio cnarto ^en su palacio, y se 
gozó en la «dmiracion de aqael 
bárbaro, nacido en los bosques 
y «criado en tos campamentos, á 
la Tista de loa objetos qi$t maiii- 
Teslabaa la graiideza romana, y 
de 4aá obras maestras de la d^- 
lizaoion, y de las artes renoidas 
cú Ja oa^ialde OrioMe. 

GAKoa.-— I'eodpsio, paoificadQ el 
miNido, ?eneida una parle de 
los bárbaros, establecidas* en 
Traoía numerosas -cotenias de 
godos por una política cuyo pe* 
ligro -se conoció mas tarde, é in- 
corporados en sus léJiones-cua«^ 
renta m41 de ^stos %gu0rreros, se 
declaró abíerlamente contra los 
herejes y 4os paganos* Mereció 
por -su zelo ecsajerado los elp- 
jios de 4os sacerdotes y las re- 
convenciones de los filósofos. 
La historia, MSpelaodo la pie- 
dad, nó puede menos de censu- 
rar la intolerancia, manifiesta* 



mente InútfL La persecucioft 
mas injusta es aquella que qaie« 
re colocarse entre el «ielo y It 
tierra, aogar «I pensamieolo y 
itiranizar las conciencias. 

DEMOMqoír DEL TEMPLO DK UL 

TictoaiA BIT noMA. -^Graciano^ 
movido del ejemplo de Teodo* 
sio» alacó el antiguo culto en so* 
mismo santuario, y xenunoiando 
á , loa mi raimientos que sus pro* 
decesorea habían tenido á cos- 
tumbres tan antiguas, y á pre- 
ocupaciones compañeras de taa« 
tos triunfos, mandó destruk en 
Boma ol alUr de la ¥ictor¡i. 
Sinmaco, en nombre de una par- 
te del senado, defendió aquella 
divinidad 4an querida de los ro* 
manos; y después de citar los o» 
jemplos de Constantino y iovia* 
no %n9 perdonaron aqoel moau- 
mentcw suponiendo en una pro- 
sopopeya airevjda que Roma di* 
rijo al emperador, pone en su 
boca estas qaerellas: iPriocipe 
^jenerosoy padre de la patrie: 
»respeta mi vejez 7 mis priaci* 
npfosá losque debela grandeza y 
«la JiberCad. Estos dioses, cuyas 
varas derribas, armaron mi bra- , 
»Ko y mi valor, arrojaron á ioa 
ygalos del Capitolio, vencieron 
»á Anntbai, atorraroa áCartago, 
»y subyugaron la Galia, la Gre- 
vciSy er Asia, el mundo todo. ¿No 
»be vivido tanto sino para verme 



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«4t8fmeMt?Si 'quieres t|iie a«* 
«dore oira divinidad, déjame 
«eoDooer^este DuevQ cutio itai- 
vdo de la Paleslioa; pteosa^que 
«despuea de tastos sifles faerer; 
«ínudar^ii reNjion y «ietor«te 
«CQslumbres, s« preleslo de írt 
«lustrarme, es «tratarme «en bm 
«aadanidad eíBMspeto4ai?eM* 
«racioD.» 

Graeiaao^Qdtfba por el gm» 
«pesoquatos aofiiguos Moserdos 
4abaD á didiaspalabras. «ürÍMi- 
iipe> le dijo Ámbrosioc ni^escon^. 
^deraeioaes de om vana ip«lt-( 
«tica, ni las ^prejas do «oa su* 
aiperslicioii«osliüad« podrán jos- 
»tificar1o desobediendía al Se-^ 
«ior del cielo y de la tierra:; y 
«además» ¿conque ti tole ecsi-^ 
«jen losádólatoas qae se <respe- 
«ten sus prif ilejies, cuaide ^ e* 
«líos en -el tiempo de sa poder- 
«no respetaban ia ^da de los^ 
^rislilnos f Si decides á «U- tai- 
«Yor, cómeles un acto de apee<^' 
«tasta« Por otra pa rte el mayor 
«nÚHdero de senadores .profesa 
«el erisUanismo, y será ana 
«verdadera persecucioBt>bligar«^ 
«tos 4 deliberar «on presencia' de 
«una diosa mentida entre el b«-, 
-sÉM de los: sacrificios* Ko tori 
9fDes4ina determinación de oMii 
«especie sin r (umultar antes* la 
«prudencia de Teodosi<»;'y pues 
«es fueren decir. Ul verdad toda 

V4IM0 xtv. 



ventera, sabe que li eeeonsigue 
»de tf ese decreto impío» los 
noMspos, Ó saMrám ét sus igle- 
lisias^ ú te impedirán que entres 
»reaellasw» Graciano cedió é las 
amenazas del obispe; Roma- vid 
derribar el altar de ' la ITictoria* 

PnnHCGfOH BH PAVOB «B ITAGSI- 

Mo^»— *(38i) Graciapo, despre* 
ciando. el uso raURgoo seguido 
por tedosens predecesores, reo* 
sóel ve0tido<dé sumo pontíflce 
que le presenteron» y separó por 
la.'vet primera ei imperio del 
saeerdocto» cuya unión habla pa- 
recido tan impoitante para la 
tranquilidad púbHca. *£! sacerdo- 
to á quinóse devolvió 4a ropa sa- 
grada, eselamó: «81 Graeiano ne 
«quiere ser^nmo pontltce, Mác- 
j»stm« Id será.tt.Eí suceso aperi*- 
fioó esta predicción! la violeoct;a 
ique Gractano heeía-á las costum- 
iH-es y ppeoeu paciones 4e fioma 
pagana, y á las opiniones de los 
arríanos, 4e biio odioso á un 
grtn oámero de- sus vasallos, y 
preparó su ruina. 

Sste emperador^ que el prin* 
cipio de su reinado fué activo, 
laborioso y atento áeumpUr las 
übligaciones. del trono, se babia 
entregada después con una afi- 
ción; desmedida al placer de la 
«aBBs pasaba la vida en los bos- 
ques,, y decebe el cuidado 'de tos 
«egocies á les vaUdoSy. que ebu- 
22 



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170 

saiidi>4€í8i»éo«ibr»|Mr» servir 
B n» prka Adé- foieitMei r al espf- 
v{|ii- de #e«tá< y de- fMirtidOv i^*- 
wanon de !& memoria d%*lo& ro« 
ifuinos laa aWñaa T virtudeá Aií 
l^lncif»» por las coates había* 
ganado* nales sa aféete y vene^ 
ración ^ Además, sieodo^ oaiiipaU 
mente belicoso^, maniresuindo» 
sobirailaiiieDle sa apreckKá la ia- 
trepitfez*. de kMi- bárbaros, y scl 
desdM á^la malicieryenerYeemí 
de los^rooMiaos^aoebó de- inritar 
los-ánioMU^vistieado el trajxy de 
» los alados^ y concediéndoles en 
su cpirle allaflkdtgfiid2Mlas y pn* 
ferencías impoiifica»^ 

Sq aBTlibfa. — se DtüWAOON. 

— Glemeftle Mácsmo meodaba 
entonces; lafrieJioaeseQ firílen^ 
nía • |kUe honbre, de oscura oa^ 
cimiento, ocoLtaba sn propeo* 
sion al paganismo bajo el* veto* 
de la> bípocrevfa^ mas no engaSó 
ni á Saní Harto nirá San Ambro 
sio*. Su espíritu era grande^ so: 
«m bietoa desenfrenada ;SQS«iié€- 
simas Oec!^i4»les siemfire at iní^ 
réB^ su' eeráeter OMideble- eol^ 
fiorme á tas circnnslancias; era 
cruel Ó-siMMre^ según conxreoía k 
/SU8.desigttí€|S. Blevad»nNi» iiieui 
por artificio» (|iie por au. iralor^ 
miró eou' envidia el- ««lieniw 
mieotude Teodosio^su campa.* 
trtotav y cubrió su odia ba|a la» 
j^ienciat^ dat la. lealtad -^ y aan 



eslendió 1^ nM dé <ft»m»p^ 
Píente suyoi InstruidOidel* des- 
contento^que-escitaban^nel e* 
}4rcito4a^con4ucla dé Gracieoo 
y su parcialidad á favor de los 
bérbarós, irritó hábilmente el 
pesentimiMIo de las^ lejióoes^ 
prometió remediar sus agrairios, 
se btzo. proclamar enguato, pasó 
rápidamente con su* ejército al 
contijoante, y ganó^^el aféetode 
los galos, persuadiéndoles que o* 
bralMv de acuerdo con Teodoslo»^ 
Luego que *Graeiaiio supo esta 
noticia,, reunió prontamente' su 
ej^rcitO) mardiócontra Mácsímo- 
y le^ encontró cerca de* Lutecia. 
El cónsul MaioHaiKloy el conde 
\^l»on mandaban bajo* sus ódrde^ 
nes^ Elemperaáor habla logrado 
sus prímeraa- Tíctorias por la ra« 
pidez de sus. operaciones, pero 
e» este lance cometió el yerro- 
de quedarse acá mpadociaco días 
enfrente de4 enemigo sin^ darle> 
batalla. Su tesoro estab» agotado* 
por sus liberalidadesr MBácsíma 
bab{a> aumentado el suyo por su 
avaricia. Prodigando- entonces 
las riquecas acumu lautas, co- 
rrompió las tropas def empera* 
dor^ la cabaJIería aflrkcaoadió el 
ejemplo déla traición rlos^ demás 
coMpoa losiguierou» y pasaron & 
las banderas del rebeldcv 

flfoesxB ns aajLaAifo.--(383). 
Graciana kuyd coa solo tceacifla*'^ 



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DEL BAJO 

tosllnetes que le abanUonaron á 
los pocos días .Desde que se le vio 
en el'inforluDio, le cerraron las 
puertas ludas las ciudades. El 
temor mira á la desgracia como 
un coiUajio. Privado de soco- 
rro y asilo, pereció víctima de la 
crueldad de su enemigo y de la 
cobarde iogratitudde mn pueblo, 
á quien habia colmado durante 
algunos años de gloria y benefl- 

cius. 

Cuéntase su^nuerte deaiferen- 
tes maneras: la q^jc parece mas 
verosímil, es la narración de 
San Ambrosio, digna de fé por 
la austeridad de su carácter y -su 
amistad con el emperador. Dice 
que este príacipe, errmite en las 
cercanías de Lugduno (Lyon), 
fué reconocido por un hombre á 
quien babia hecho feliz en otro 
tiempo, y que le ofreció su casa 
y-uü baaqueieen el seno de su 



IMPERIO. 1" 

familia. Graciano, dudoso por 
algunos momentos, se creyó se- 
guro habiendo jurado el pérfido 
sobre los evanjelios guardarle fi- 
delidad: siguiíMe ala ciudad, se 
hospedó en ^u casa donde fué re- 
cibid© onoríficamente; mas lue- 
go se le obligó á vestirse los or- 
ñámenlos imperiales, y adorna- 
do con ellos como una víctima, 
ca^ó atravesado de muchas he- 
ridas, invocando en sus últimos 
inslantes^l nooabre y el socorro 
de Ambrosio. 

Sao Jerónimo dice, que en 6U 
tiempo se veian aun con orror en 
las paredes de aquoJIa casa funes- 
ta los vestijiüs de la sangre del 
infelizpríncipe. Muríóá los vein- 
ticinco años de edad y ocho de 
reinado. Después de la muerte 
de Constancia volvió á casar C0B 
Leta, á la cual protejió y con- 
soló Teodosioen sü infortunitt. 







»" 



4- y 



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tía 



CAPITULO Vltl. 






PriiciHMibUi condenadot á iniierte por Instigación de ¿m obltpoi.— Q^ 
bieroo tftbio de Teodotio.«-D¡spQtas ré1ijiósat.~-Bigor de Teodotio.-^ 
Predilecdon de le empcratriB' J«ftiM por el arrümisino. — - Marche de MAc* 
samo co«lra VakMliaieso. — Victoria de Téodeaío aobre BlécaiinD. —Muerto 
de Mácsiino. — Entrada iriooCalde Teodoaio en Roma. — Díacotioa entro 
el lenado y Teodosio. — Revolución en Antioquia contra Teodosio.— Teme^ 
ridtd del ere«toita Máceddnio.— Clemencia de Teodosio. —-Revol ación ei» 
TetaMnico^^Moortedelaempe^alrta JaBtina.-^UaQrpecion de AHbogastc^ 
jr VMiarledf V»lMtlinia|io.--rKi4Boio es uomUrado augntto. —* Batalla do 
Aquilina y muerte de ^bogaalo.-^ Honorio y Arcadia empeeadorca* —» 
Muíef tf de Teodósió. 



Jl roelMittfo Mftcftfmo'por el #» 
Jérdto de GratienQ/y duefio sio 
oposteloftde U Galla, Brttamiia 
j España, temía* á Teodosio, y 
despreciaba la juveDtud de Ya- 
leDliniaDo 11. Eovió uoá emba* 
Jada al emperador de Oriente; 
y para justificar su elevación 
que le suplicaba aprobase^ le 
hizo presente la indígnacioode 
las lejiones sooMtidas por Gra* 
eiano á oficiales bárbaros, la de- 
posición del emperador por el las, 
y la necesidad en que se habia 
Tísto de tomar la púrpura á su 
pesar. Teodosio^ diskaulando su 



Ira y sus proyectos, dio oo» res-*^ 

puesta raga, y despidió á los 
embajadores^ colmados 4e pre* 
sentes. 

PaiSaUAlf 18TA8 OOKDBirADOS A 
MUBRTBPOR INSTlGlXIIOir DB DOS 

OBISPOS. — Por entonces la sec- 
ta de los Prisdlianistas, seme* 
jante á otras, muchas & quie- 
nes se dio el nombre de ncMini* 
queismo, hacia ruido en Espa- 
ña en donde babia nacido. Pris- 
ciliano, obispo de Avila, que fué 
su autor, debia ser condenado 
en un concilio de Burdeos, y 
presentado en la asamblea rea- 



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ML BAJO 

f<5" resporiíífer, apeló' al empera- 
dor, y fué conducido á Mácsi- 
mo con sus discípulos. Nació é 
Itacio, do^'obispos furiosos, se- 
BKJantes á otras nMicbas hie- 
nas mitradas que bon ocupado 
la^ sedes episeopales, le persi- 
guen con eK encsraizsmiesto 
feroz que produce el fanatismo. 
En vano se*oponen San Ambro- 
sio y San IVfhrtifi de Tóurs á la- 
mafia violencí&;.y priM^ban que 
las penas afHclíva* serian infus- 
tusen caso seinejante; sus sú- 
plicas no fueron oidas, y Ptts- 
ciliano, dos sacerdotes, dos diá- 
eoDos, el poeta Latroniano, y 
Eucrocié} viuda dd orador Del- 
fidio, fueron condenados á muer- 
te en Treviros. 

Tal fué el froto del zelo d^ 
aquellos prelados asesinos, de a- 
^ue\ zelo impía <|ue el Salvador 
del mundo habto tan terminan- 
temente reprobado, y que ultra- 
ja igualmente á la razon^ que al 
Evanjelro. La fglesia manifestó 
por ella un ¡mió orror^y los dos 
obispos fueron únicamente es- 
comulgados. La esperiencia ée- 
moslró h) inútil y absurdo* de 
tal procedimiento-, porque los 
parlrdarios de Priscitiano lo on- 
raron como a un mártir, y su he- 
rejía se pef peluó basta mediar 
dos del sigla VI. Casi siempre 
)a persecucioa ba producido el 



iM^Eiinr. 173 

mismtr efecto, y sobrados ejera*- 
plos tendremos para probar esto' 
verdad . 

Téodosio, con motivo de una 
grarev enfermedad que le sobre- 
vino, se hizo bautizar. Reco- 
brada la saludy pubticd' un e» 
dicto solemne, en que mostró 
su ardentísimo zelo por su cul- 
to. En él mandaba á" todos sus^ 
vasallos abrazar la religión im- 
señada por sao^ Pedro, y profe- • 
síhI» por elpop* Dámasa y por 
el ptítriarcade AJejandr^a. Inti- 
mó< á Demonio, obispo arriano, 
que rerofiocíese ei sii^bulo do 
Nicea, ó que cediese Santa So- 
fia y las otras iglesias á sacer- 
dotes de ki fé ortodocsa. Que- 
rrá que se reconociese un solo 
Dios en tres personas: diti el 
título de céiKá/tcos á lo» que se 
coflformabau con esta fé, y el 
áe insensaio»^ y keréíicos á \m 
demásr privó las asambleas de 
estos de los prlviiejios concedi- 
dos á las iglesias, los tachó de 
sacrilegos, los amenazó, m per- 
sistrao eo sus errores, con la 
vengaza divina y con la suya. , 

Gobierno sabiq' i^fe teodosio, ' 
— Por otro edicto suspendió los 
procesos criminales duran-te la 
cuaresma, y paraonrarla fies- 
Oa de Pascua indultó á lodos los 
delicuentes, escupió á los adúl- 
teros^ homicidas, imjicos^ mq-. 



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rjÁ 



mvncftML 



ruederos fabóe y consf ii^tOorjM. 
^ia amoisita, «Qalada coino o*- 
Hras machas por un nómero ian 
vgraDde'ide «eaoÉpciooea, 'espitó 
sin emhirfpo la gratitud ^bti- 
. ca; portpie'daapaesdé oM «raQ 
'tiranía^'totta-SQavidaU B8 «a be- 
neficio. 

Teodoék), naturalmente ¡wh 
'Xq, cuando no le cegaba la c6« 
lera ni le esitraviaba el 'fa natía* 
tno, inerecíd en mucbos actos 
^é sü reiniado ér^afectO'Va loa 
pueblos y^os 'eléiios déla ^pós- 
leridati. ^ 

Kneñtfgd de láls'pmstricianaa^ 
faabliiba ""CoA tátfta indignaeíoo 
como menosprecióle Marfor^fo 
-Sjía y de lés'tllunvtroi: publicó 
vna ley se^ra^cotitna los de-» 
labores: nia'ddó á ios cai^ce4e- 
rosi^ne f iiesétr siikves ^y^ boma*' 
tíos; 7 -^ tos Jnef^s/sópeiia^e 
inuitas'CHanUdsas/ qtie TisHa-^ 
sen coa' frecueaéia4as • <tárceies^ 
qoeoyeisén^as ^pí^aa de los pre* 
s(is/y ' que ileiQtóeli^iKta esada 
de latf Caucas- de sütM^9Íon. A- 
lento a todo • lú que fodia íao»- 
resaralórdéñ/á Id'tranguiltdail 
y á la segúHdád (pública, «an* 
tu voy reparó los municipios^ 
los antiguos edificios/ construyó 
^tmsiaue vos: dui^ante^quincea- 
fios4ifzo responsebteS á ios a- 
sentislas^^'fa sofidez de las o* 
iMras, ^ ^dbló enterrar Jos 



aauei'tos en ^fn^ciateJe <bs ciii* 
«ladea. Hart^^uslrado para ao 
coiiocer qpeml Hijo y. la esvraf* 
cion de eostoaíibreé erá« laiprin* 
cipa I causa de la hlecadeoáta M 
imperio, publicé leyes auntaai- 
4*ias Kiu* todo su poder no alean» 
fMÓ i ejecutar^, 4& impuso diraiftiU 
«inenCe la pena de íifámta á las 
"viildas que se XMisasen antes <te 
«cumplido el año de luto. El em- 
if»eradar podía por. su ejemplo, 
ÍK>r sus azanas y por^a venera* 
«Pionque se le tenia, retardar la 
^^caida 4éí imperio romano; pero 
oo impedirla ila-Ubertad perdi* 
"óñj, el»Mbito. de ubedecer ^ la 
loeraa anuattai ta estíncion (te 
los sentiotíentos grauíles y Jeoe- 
rosos^ el nombre de ciudadano 
^odigado, eavilecGlo^ el nom* 
bre de polriu olvidado, la «mea- . 
*«la'¥ergonzosa de godos, francos 
y^romaoos^n los empleos > ci vi* 
4ea yanilitares, el odio -alárabe- 
Jo, el amor de riquezas y placo- 
res, 'eran los, males •incurables 
•4|ue minaban«l coloso de JEtoma; 
y uniigrande^hombre podía pa* 
liarlos, «mpero uo sanaMos* 

Teodosio, ^uefiíé él últiflM 
<Ué los 'emperadores que man tu- 
faron con firmoM las ¡riendaa 
4el4estado, bizo^ no lo nue^wa 
detfeaear, sino lo ^ue em posi* 
ble.'Heétituyó el oaer 4 4as ar- 
mas romanas , restableció por 



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ML BAio^ian^io; 



ÍTi 

^ás claMS/ eom<i aAtierte aa via- 
jero de aqiidl llefirpo, no te lia"> 
.Ha han maa qo^nlispiita»» <|tia ios 
^aaeerdote84igrralMio y aasetlabaa 
9on ^s amafii».* «¿Pedia á vtu 
iKiiercadef, déciá» que oa eala:^ 
»tiíe una mmeda? al paoto^M 
i4)íahlaráieMmbécil de lé 4ité** 
»fYncia eirtre«l Padre *.rel Rija». 
«¿jPteganlais á un paMééro^á 
»eQ4nto^tíi el pan? 09 prohará 
»4|ueel Hijo, ea inferior' a IPa-r 
wtr^ ¿llecía. al bañero* si está 
•profiUel.agaa? os. reaponderá 
•que •>* Hija Cae sacado de Hk^ 
^»«ada%»:* . 

To<ina estas ^inerellas de opt<» 
niones?. solo Ii9bíeraa^sidk> ridi- 
entaseosu eaeaciay^el^ eapiri**» 
la de pariidoao |aa bnbteseriro* 
cadoá menudo «en eofttiMiles %am^ 
grtealoé* La ^utofída# del prín* 
cipe que 8^ omejblMi en^eUaa, 
aomealab&- la< afoiíaikúdad ; y 
cuando^ Teodosiiit peca- oprioiir 
el arriaaisjaiO): teslebleció á San 
Greffiria,Naei(Niceno<eo la imilla 
pairtiMrcal, Si hemos de creer á 



ufl^ moiMntV)* M áHflpKb^, es* 
paflió et^vimoí reprimió loa crí- 
mwies een la Jüslicla dte siiad* 
mibislraeioBj jr dW aijtnw^ »- 
Jim de fepAMO á los paebios^ o^ 
prrmido»- tanto ^ lierapo«por mo« 
MTcasdébil^ ó infamea parra- 
dos. I>emperatri2 Flaccib^hi- 
jn de4 cónsul Antonio, ayudaba 
i 'nodosió«ntsus noWes tareas: 
niirábaseia como un^ modefo 4e 
rel^ion, modestia^, ternura y 
taMidad: y nunca se^citaao* de 
eiAi^ sino acciones de^ boneficen- 
tioi^y jeneroiidad; A4enta4 cal- 
mar á su esfiíeao, naturatmenle 
iracundo» le* sepatia coa fre^ 
cueneia estas pelabrat: «Aleuér* 
adate* de lo que eresj y no^olvl-^ 
»d€^ nunca io« que Miste. j>^ 

DisruTAS aELiiios4S.'-^Et em^ 
perador sosegó con ma» flciii^ 
dad' los bárbaros que las dtapu» 
ta^reltjiosas. En aquella^época; 
ja DO cuidaba el pueblo desloa 
loiereses mafóriales y poKlfeos, 
aiifria toda tiranía^ y no seco» 
l^ba su furor y suaarma»sino 
fara la elección de un obilpo ó este obiapoy Goustaotinopla, el 



para la intórpretaeiotí de^ una 
fSrmula pueril ékiinielijibie. 

Los. orlen tálea^ se entregaban 
fr estas dlspulas^ aelijíosaa eoo un 
dAseofaena t>áat>ar5. Ea» Cooa« 
lantiaopiahtfbian: llegada k aer 
Ite úiiicos objétoa de intecés^ pd- 
bllea y privado^ y entiretodaa 



día de^sus instalación presentaba 
el aspecto de una plaxa entrada 
por los bárbaros á sangre y fue- 
gp<'¡taa ostinada fué la resisten-» 
da- que opusieron á sa nuelta 
loa arrianoa^ y k d^Cemterlo^ los 
calóliooal 
fit^ YktQoeo oMspo^ fatigado 



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n* 



wmcmtk' 



dee^tsíHtnAomit^wrgaao de 
fHiores y de allos, revereftd ado 
^r kM vivinososi^ persegoido por 
It entidia, tii¿ algua tiempo 
después ^ peleoio, y diié|ié á 
Teodoski eoipeiie ^e en briHeo- 
te corte este dlscvrse noble y 
modesio, digno de ub epófitol 
del G^eojelie ? '« Prioet pe : tu 
agostes fe dac, y yo'veago é-pe- 
«dirle una gracia: no pído4iáe- 
«ra parainí» vi orBanoreiKoa pa- 
era mt igleata, irigotAeraos para 
iimi9'afiiigo9:Ȏsto6 trieees no lie- 
unen áinis ojos vtíor algane, y 
ulos dejo á quien los aprecié. 
uMi aflÉbioionee^eleva mas alto: 
]»coiitédenieefÍféraitso de eus- 
y traermeat odio qne ^me persi- 
«goe; 'Re^lo'la filia •epíseepah 
»t)ero deseo verla desde lejos: 
nestoy cániado de desagradará 
vloslioflibres'porajiradará Dios: 
«éi ^ttiertfqiie restableMas la 
4iconeordia eirtre loé obispos^ y 
»tiue^ig<iiA'tit ^oz; al noqHieren 
»ofr la de '4a Justiciad Aeseo, 
«pnestíaa'vencider é los bárba- 
vros^qee domes á 4as queitur-l 
«Iban y en^tigrleivlaD la Iglesia;^ 
arpero ya^^ mis caaes: he coo-^ 
asumido en servicie del Señorf 
ütodas las tornar qae*aiie ha 
«biadado: merindo al peso ^ceoj 
aqneámt peaar me -oprimíate, ! 
»y el único favor que 'te pido^ 
Ms 4ue mepennttaa «encluir 



»mis dial en líhertal ^^.a 
RjGoa DB VBODosio.— Teodosio 
le permitió ^retirarse; per# in* 
dignado por 1a ostinacioo de íaa 
sectas, dié oidos á au reaenti* 
BQíiento, y «per una ley despóKca 
que ofreció un ejemplo funesto 
á sus predecesores^ proibió á 
lodo hombro hacer nípguo sa- 
"criflcio ni ofreqia en el ¡oterior 
de su cesa, encender vetas, que- 
mar inmnso ni ^colgar guirnsA- 
daa en ooor de sus dioses domés- 
ticos: declaró ^criminal de lesa 
majestad al que ae etro^ese i 
sacriflcar, ó consultarlas entra* 
fias de las vítftimis: ordenó la 
confiscación de la casa en qoe 
se hubiese ofrecido incienso, 9 
la fierra cuyes árboles se bubie- 
Kaen adornado de baoderoias; 
mandó á4os, oficiales y Htfensú» 
reámelas ciudades qne delata- 
sen áloseulpables, y condenó á 
tlosmajislrados y subalternos á 
.la multa de treinta libras de oro 
si no cumplían con su deber. 
A pesar de leyes tan severas, loa 
sacrificios particulares copti^ 
ouaron p^ mucho tiempo, y 
aun algunas solemnidades paga- 
naa. Teodosio establéele inq^ 
i$i4&r0$ para buscar á4os liore* 
Jes. Arrojó de Roma á 4oa «a- 
oiqueos como infames;; dispuso 



<1) tíMg. Nmz^ díirttdmá, p.2U 



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que sus bienes 

buidos al pueblo después de su 
muerte. El papa Sirico, imitan- 
do este rigor, proibió recibir á 
comutgnr á ninguno de los que 
hubiesen seguido su herejía-, y 
en caso de estar verdaderumente 
-convertidos, mandó «ncerrarlos 
00 conventos en donde harían 
una ruda penitencia, y no con- 
cederles la eucimstía basta la 
muerte. 

El nombre de maniqueos se 
liizo común á inumerables sec- 
tas de fanálicos, siempre acu- 
bados de secretas abominacío- 
nes. El maniqueismo, nacido 
en Persia, tenia propiamen- 
te por base la doctrina de los 
dos principios, eternos, inde- 
pendieutcs, el l>ueno y el mal 
principio. — San Agustin ensu 
juventud fué un portidarío ze- 
loso del maniqueisnio. 

Observa ci historiador Millot 
que las leyes de Teodosio oca- 
sionaron escesos cuyos incon- 
venientes se toearon muy lue- 
go, porque creyéndose cada uno 
con derecho para matar á los 
maniqueos como proscritos, se 
vio obligado el emperador á 
proibirlo bajo pena de muer- 
4e. Nada «s mas peligroso que 
drmar un fanatismo para des- 
*truir á olro fanatismo; nada 
€8 mas diñril que encentrar 



ÜEL BAJO lirpimio. 
fuesen distri- ,el punto en que las leyes pena- . 
les, de esta naturaleza, no son 
contrarias ni al interés de la re* 
lijion ni á^los derechos de la so- 
"Ciedad. 

Teodosío'igual mente privó á los 
lierejes yopóstatas del derecho de 
testar, é liizo esponer en la pla- 
za pública á la risa y ultrajes del 
pueblo los bustos de Arrio, Sa- 
belio y Macedohio medio ente-;, 
rrados. ♦ 

Imposible esdejar de irritarse . 
al v^r que un Bossaetelojie ac- 
^os tan villanos y miserables; pe-' 
roasíestraviael espíritu de cuer--. 
po ó de secta, aun á aquelkrs. 
que debieran estar dominados- 
del de ioleraucia y caridad ! E^ 
menester desengañarse-, el sacer- 
docio de loilos los tiempos es e-i 
goista y tiránico. 

Ostigado Teodosio por los -sa- 
cerdotes á escederse de su caráe*' 
ler cuando creia vengar las o-- 
fensas de Dios^ era muy otro 
cuando se trataba solamente de 
las suyas propias. 

«Si alguno, escribía á Rufino, 
«prefecto del pretorio, habla 
«mal de mí ó de mi gobierno, no 
"queremos que se le castigue. 
»Si lo haoe por liviandad, mere- 
»ce desprecio; si por error, com-' 
»pasion;y si habla con^l objeto' 
Dde insultarme, debo perdonar- 
»Io. £n los demás delkos, y en 



23 



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Ij^ HMTOIIA 

•cuaoto ptrteowcn á ta twarUi muerte de Graciano, era esta 
Niiid del estado; df be» wfiaanae seeta prolajid*^ por lubina, ma- 



«antes de decidir. i>*ra Que yu 
njuxgue de la gravedad de la Or 
wfensa por la moratiídad da U» 
«personas^ y pwada ecaamtoar 
»eoo prudaocTasr debo tolerarla 
»ó someterla al juicio de ios tri* 
«banales.» 
A peMí: de so lelo ecsajerado 



dra y totora da Yaieoliotaoo H. 
Sonieiania apoyo reanimaba sus 
esperao2a^ y parecía que el par- 
tido se iba á levaaUr; pero en- 
contraron 00 enemigo formida- 
ble, cuya firmeza nada podo 
vencer. San Ambrosio, nacido 
en Roma de raía patricia^ era 



por favorecer cuanto toviese ei 1 hijp de oji varón consolar; pcJro 
carácter de relijioso, qoiso po-J escedió á su padre en talentos^ 
. .... .«*-i^« :-.#« í fortuna y dignidades. Era go- 
bernador do LiguHa, coaodo so 
temió en Médiolano on grande 
y orrendo desastre por el foror 
del pueblo qoelas sectas subíe- 
vabao. En aquel loomento do 
peUgro se deseaba on pacifica- 
dor, y Ambrosio era tan respe- 
tado de todos loa ciodadanos, 
que aonqoe lego y no baoliíado 
todavía, foé elejtdo onántme* 
mente por obispo^ jostiftcó la 
elección dal pueblo, sosegó las 
turbulencias, y foé consejero y 
goia de los emperadores. 

Su Tratado de la Trinidad lo 
oseribió para la lnatruccio% da 
Graciano, á quien llamaba cri^ 
timüimo (1). Cuando Justina se 
declaró en favor del arriaoismo, 
y quiso dar una iglesia á los par- 
tidarios da esta secta, Ambrosio 



ner un freno á las intrigas ^infa-' 
mes de loa frailes ó monjes, 
ya por desgracia demasiado au-: 
roeros y peligrosos . praíbióJes 
salir üe su monasterio, y muclio 
mas venir á las ciudades; pero 
á iosligaciones de ellos mismos 
revocó el edkrto dos años des- 
pués. La desitiédida ambtctoo 
que se introdujo en los monas- 
terios, tan contraria á su pro- 
fesión, Contribuyó mocho en lo 
sucesivo á ios desórdenes y tur- 
bulencias del Oriente, y adqui- 
rieron tanto crédito los tales 
monjes, que llegó a ser casi im- 
posible ascender al episcopado 
sin baber perteneieido antea á 
alguna comunidad. 
PaEDiLEcaoEf ns la EimsaA- 

TRIZ JUSTINA POR EL ARRUNiSMO. 

-^ Mientras que TeodosiQ hacia 
triunfaren sos eatadós la fó ca- 
tólica sobre las ruinas dal arria 



oismo^ ea Italia» después de la ^Jukt^* 4.,/^ lio.) 



(í) QhrUíiámisinu. {Ambr^ éé 



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DEL BAM 

M*iieg5 I9itttiir8€ínkeiite á^ obede- 
cer; y niified los transporten de 
M aeky-etéájerado se atrevió á 
epoiparér la éiiiperatriz con Je- 
tabwl. Véase como ann el mas 
liumilde sacerdote se. estravfa 
|MQr idtoferancia. «Pueden dis* 
uponerdettíi vida, decía, -pero 
THio de mi fé: todo lo Sufriré, 
••meóos las ofensas de la Teii- 
»)tofi.Ko escílaré el farór «del 
vpuebjo; pero *^ preveo. Lacor- 
Me 'nos -prepara frandes ^ala- 
«mldaflet, mas «spero no so- 
^breíriv4rila mina tfe tní pa- 
••tria.» 

Xa emperatriz lo desterró y él 
tío t|«liso obedecer-, ooa parte del 
'paéblo se epoerró con él«n la 
4glesia, lo defendió y alimentó, y 
rechazó á on numeroso t^nerpo 
do godos que quisieron forzar 
aquel "asilo. Durante esta «spe- 
tfe de sitio introdujo Aitibrcsio 
para entretenerse, la costumbre 
-ÚB cantar ios «almos. Aprove*^ 
ebftndose Ambroáo con mucha 
destreza ^e ciertas eircuostan- 
ciaa^impre^istas^ soposo >qué el 
«cfelo MitftalMi con prodijios la 
|iroteeeion qne ie concedía. Jus- 
4ioa, mujer de 4aéento> -se bur- 
ló de^os milegpos y los ^espi«- 
^Í6,tpe9o la miHttlad, que «iem- 
jpre-eswna^bertiadirÓtda ^por ^1 
qgeyri^aeio iñ fono «el freno^ 
«QÉmMé^ furor, y el podec 



VXMRIO. 170 

tuvo que ceder á f a oeda itredu- . 
lltfad. 

^n peligro fuá? ínniínente e-^ 
menazaba el, trono de! joven 
IFalenfiniano. Bfáosimo, que so* 
lo había encontrado resistencia 
en la* fidelidad animosa de san 
Martin , obispó de Turoues 
(Tpars), era el tirano de las Gj« 
lias. Engrosó su ejército con un 
^ran número de jermanos f 
francos, se acercó á tos Alpes, 
y i^rocuró «ngaüar á luslin» 
con demostraciones de paz y a<« 
mistad. 

Ambrosio conWiÓ ol . lazo y 
i^VIsó á la emperatriz, que no 
quiso creerle. Macsimo «e pre- 
senrta alas puertas de medióla- 
tip, antes ^ue se hubiesen to- 
mado disposiciones de «defensa; 
yelíerror fué tan grande comn 
batía sido la confianza. Jusli a 
y su hijo, >en vez de tentar uua 
resistencia inútil, pasaron á A- 
qulleya, y de talH á JesalÓnica 
pára^mplorar la protección de 
Xeodosio. 

Mfácslmo ee «poderS de Italia, 
^ntró triunfante en Boma^ y ga- 
nó muchos partidarios prote- 
giendo le idoiatria y levantando 
ios altares de los dioses. 

Itan^OTA 3f MCBATE AE MACSl- 

,M0í^3S&) Laego que Teodosío 
sipo el inforlnaío y la fuga de 
VateBtiniMO/ salió á recibirle 4 



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i8d smoMA 

T^alóDtcaj iieom|Ni8«d6 de uo 
gran número do senadores. Des- 
pues de af^ar á iustUia so a/ecto 
k la herejía^ á ki cual atribuía 
sus desgracias, lepromelió resta* 
Mecer á su bija en el troDo^ y 
eomo se biillaha Tiudo^ estrechó 
los lazos que le unian á él ca« 
sando coosu hermana Gala» Jun- 
tó sus legiones, OMircbó á Piain- 
Bonia» ; encontró cerca da Síscía 
•obre las orillas del Sabo á Mítc- 
eimo qve Tenia & combatirle coo 
todas las fuierzas del Occidente. 
Esta guerra no duró mas que dos 
meses: la calialfería formidable 
de los hunos, alanos y godos que 
milUabaa entonces con Teodo* 
siu, pasó intrépidamenle q( rio ¿ 
nado, y desbarató y pusa eo bui- 
da á los jermanos y galos del e- 
jércitode Mácsimo. Marcelino, 
sú bermanoy restableció la pelea 
con un eaerpo eecojidoi la bata- 
lia se prolongó basta la nocbé y 
quedó indecisa . A\ otrad ia,.CttaQ* 
de iba á comenzarse otra ¥e« la 
acción, una parte de las tropas de 
Occidente arrójalas armas: Bláe- 
simo huye: Teodosio Le persigue 
con tanta rapidez,, que llegaron 
casi & ua mismo tiempo á las 
puerUs de Aquileya. £1 pueblo 
de esta ciudad se levanta/ desao- 
ja á Mácsimo.de sos ornameotoa^ 
y Le Lleva preso á los pies del em- 
perador, leodosio^ mofido^j^f 



sus ruegos,, eatevo para perder 
narle; pero acordándose de la 
muerte de Graciano, loeniregi 
ales soldados que le cortarou la 
cabeza. Axbogaslo , guerrera 
fVanco, que por su valor y loa 
votos de los soldados habla aii» 
candido de grado en grado basta 
eldej,eoeral, persiguió las rell«* 
quias del ejercita vencido^ y dio 
muerte á Victor, tiijo de Máa* 
simo, que lasmaudaba. 

Teodosio, después de apadi- 
guar algunas turbuleoeias qua 
habla en Bf ediolano> y de haber 
restablecido en el trono á Var 
lentrniano II, entvó triunfante 
en Roma como el grande Gona^ 
lantino. 

La lisonja, promincianda et 
é(o|io del emperador, habló el 
idioiua de la verdad. La opíuioo 
pública aprobaba las alabanzas 
que se daban á este príncipe por 
su actividad, valor, prudencia 
y gloria, y respetable por su 
justicia, castidad y beneftcea* 
cia,^ aunque por la flaqueza bu-* 
mana, que ño permite la per^ 
facción , sus bellas cualidades 
fueron alguoas veces OKUfaei-* 
das por su propensión á la ira;, 
afecto qua seeuipeJIó porfiada^ 
meóte eia vencer, y que na 
sienapre podo si^etarv 

El fervor de este principa 
paral cristtaniflaiux paréelo ha* 



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toe de BKo9Íino«parft«iMlftbtoefi< 
ki idoittría^ Al Mtrcrt^oi Boott 
halló \o& altartt «dorMilo** de 
•flores, disfHíeelMtoi setriAdiot» 
} las etttáluas de k» dioaea r^ 
deadas^le ofireoéafr é ioeiMiet. 
Bepreodió per e41e* ágriaMeote 
•I seeedo,.; defeodtd eloeiieD- 
teieénle •iiiá<Mamfttea le^ eauíi^ 
dei cri&iUiiiiH»e eoe on^ealor 
»ae^ prepie de aa tomuredo 
qa% de UD Jefe^dbl iieperNk 

Los seeedores le respondiereii 
eoaoaeeeteMaa ieet perad*^ jr 
fue beíbieii perdido »iietMMi> »- 
glos bebiti Le Mberladi nwidjo 
eo los negoeios terreaee, ec bw- 
Bifiaslaba todavía cuando se que* 
píaa segar las opioiates eali jo- 
sas* Opusieron á la Tolamlad del 
einpereder mil doscMenlof id^s 
de cestoaabre» el poder de RdiM 
tendade sobré oaácelosv tastos 
trimifos debidos 4 la ■ preteoeioo 
de los dioses, y dsspues de leo- 
tos prodijíes et peligro de abra* 
lar «Ba velijion noein^ qee do 
ef recia la misnia esperansa, y 
•foe Bo estaba apoyada por uea 
«tan larga y tae feUa espeaieoola. 
Vero el eaoiperador les declaró 
qoe SQ cetéga y. él detastabao: la 
teUJiqndela mealira y dt leS' 
ieteios daífloados; y qoe si de- 
-swbao pemaftecer deso ceg ae- 
^d^ «Ueeore^blico W) pede- 



ría losjgartos^bi.iii«ifAejeeeaD^ 
déloseí «El ieiperiov añadió, i- 
^m^eaaado de les bar toares por 
utodae parles^ naoesiUiKde sel* 
adedee Hias^qne de f idioM^a 

Eslo misMiOr jputdiera el em^ 
peradof baberlo^ apliosdi» . ret* 
peeto el escesivoDÚoaero^e cié* 
rigoa,. OMH^yvefabeodos cqik¿ 
sayel'^ 

Sv los'^ seoadiyes baUao reSf^ 
poedida 6 sea*disciirs^>, obede* 
cteroa^ sos órdeaes; f- como er 
aámero de les qoe do fiaezcla0 
eíagim interés liei»#«o ep.sae 
opteioee^eesieiepMel ipeoor,. 
apenas se eerr^el leipro se.ací^ 
ÍNH»alos sacrificios.^ 

JSio eiBbtrgo,.eo i^lplo se o- 
paseanas resisteoefai la aatc^ 
rídad, E! paeblo defendió sos 
tea^>lQS, y díó gritos de rf bia 
cómodo tío derribar ja es^tiiA 
deSérapis; peru'apeoaH»y6 el 
Ídolo;, aqoekle taeltiliid i^OM- 
-tanteóte inanlló» tkaciaodOvi^pA él 
Jo osisoio que coa laspotestadee 
de la tierra* á laaeoaleedespreciá 
eoeod«ir4eja de ieiMrias (1). i 

<[i> En £sptd»ea ^S3{| «acedió ía 
miftiaa* LaegaV|ae e^ paeblo (áejódeté-* 
mer el inflojo de Ibf fraileí, los mismo» 
quea<itts habláis btsadb mm máños^ co- 
rrieron á. degolUrlos. Ya bmbl»remo9 de 
eHé ae«bo,f bavvcica lá» i^áéiAnn- 
doiiti'^'aiv^ d >«Mie '*ét la *:$d- 



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^toSrmale»<qmVahibt0 cmjtéó al 
imperto, «veáoerá los;.gódos, H-; 
-betltfr de bárbaros «tiOríMte y 
conservar la •p^ir^n 4Íl<0e€kiéfi- 
-te, babia teiiWó ^ae josponer 
«éoúlf ibucí6iie8táo«r«íir<sas, ^m 
soto podian sofrirse por sor e- 
%ídeiite la ar^dcla. En ioSas 
partes se pagaron €on resigna- 
rroD escepto eb Antíoq^iía. A- 
quelia ciodad, pdr 4ff íieen^a de 
^us'co^tumbres, e8ta4>a ^einpre 
dispuesta á la sedleioir. su (pue- 
blo líjero, burlón y«arrompido 
prodiígajia alegremente -su dine- 
ro en :fiesl.as, juegos, paniomU 
mos y bufones^ y ^nurmnraba 
cu ando era preciso contribuir á 
«las cargas púbUcasyii lawdefenaa 
*del estado. 

Preséntanse/pues, los^^nl- 
sarios del emperador pari «per* 
^ibir el Iribiito: todos los ciuda- 
danos FÍcos<ó.gobres se quejan, 
resisten 4umu Uñados, sé «aal- 
.fiian y sublevan, insultan 4 4os 
'inajistrados, (pasan -át las .pala- 
bras á la JVioienoia, «rompen en- 
furecidos Jas estatuas de Teo- 
dosio,«de su madre y ^de sus hi- 
jos, Ja84iltrajan y las arrastran 
ignominiosamente por -las -ca-! 
ües. j 

.. Cpifital^nMis ipredileecioa ^- 
iiia vneoiféMftda el emperador 
i Jos «ntioquenos hasta. eMon» 



Hsesy.^atSéAnA&M ta(eri4HQá; 
}y en ^ prins«r a#vimietflo de 
su ira lien viiéitDépas t«rtrA los 
sedldoaos^oon 4BiraiiSffrMS entafi- 
gados de so irenganza, y «rrmi* 
*dos de pede^ds -sin limites pato 
easligar á4o8 JMbitantes y «unri^ 
saris ciudad. 

í£l puebfe releída ^vuelto leí 
«delirio, conrtderaba -oen espan- 
to sus fu nesiostefectéa; le COBS- 
«ernaqloú sucedía al furor: *ea- 
pemban á 4ds conrisarles wi 
4rtsie silencio, semelante é la 
«calma orrible que muchas -ve- 
xe$ precede y anuncia la ¡tea* 
postad: los titfas ricos habitan* 
46» 4iyeron4 San Juan GitisÓa* 
tomo,4iue-se faakia opuesto é su 
locura^ y4|ne loa oonsalló en «i 
uiflicekmy4o»4inimó«n «I peli- 
gro, presenta asi Ja «imájen de 
¿eu miedo! «dEsta ciudad flore- 
^KCiente ha quedado ^esierlar: 
•nun terror tnortal «nos echa y 
#alejá de lous murallas, ooaK) 
'tei ihumo á las abejas: «s, -segan 
#dice de ierusalen el profeta, 
^cumo una encina desmochede, 
Momopn Jardín sin aguas H': 
•ludaUes, que. «alo «frece « 
üla ^Jata árboles 'marchitos «fn. 
i^flor^ niirutos. ¿A ira del frUk- 
aeipe, como un incendio ¡falel, 
«nos ameaau: 4odes 4a «vilaa 
•y procMfw iMl%ter w yida «o* 
ttea. que íiel i%mfí se aprocsip* 



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Mb BA'n»Mratio. 



fSS 



•me. pCalamiáHF estraordHMUr 
»ria ! nuimos »Hr e te e Hrigo -qti» 
iHM>9 perdiga: abandomwos nua»^ 
»lffO« 6gare»v sin bater lúfri^b 
MfoírreAi: osperíméotamos iot 
•miemos mades que^ lOff^eauUvos 
•de m sobvrbio ?efioedbr,. sil 
•babenios eepueatorakaaetio.)» 

Kétos tenmres erailf «i^o fü fi- 
jados; las trofM» se •eeréan: lüa 
•fi\iados del emperador llesaa: 
•ubei^al trihuoal: inaensibles á 
)ae lagrimas, sordos á las suplid 
ras, rodeados de soldados hro^ 
ees, ei^lablao rigorosas samaría^: 
Hénanselasprísioaes: empiéanse 
desptadadameiHelas varas» las ca<> 
denas y los torqnentos para obli«- 
gar á los acusados ¿ coofesar eti 
crfmeo y descubrir sos cómpHf^ 
ces; resuena el aire ton los grii- 
tos del dolor, con loa acentos de 
la ira, con losjemidoadé los pa- 
riéntes y amigos: las mujeres y 
niños rodean llorando y sopliean 
nanamente á los majistrados, á 
lea soldados, á los verdugos. Las 
sombras de la nocbe aumeotao 
los terrores del dia: aquella ciu- 
dad delincuente, bertda por uo 
juez insensible, parece ameoe- 
leda de su total ruina. 

TfiMEfllUAD nCL EKRinTA HACE- 

bomo.— :Gran oúmero de cAuda* 
danos (Ueroo arrai^cadoe 4^iée 
sus eé89A k loe ealateeos^ j de 
•tu i ios «enbeDtoi f patf b«tol. 



Uegaliaa f^irél úmiiMy 
Hombre, ea ü i iffc i ido éñ vestido^ 
miserable, ae- présenle de {»«> 
proviso, eolrMaewMcie por el 
manto al'peteer ma|iainido;.y:le 
manda' intiperiosamente qbe* 'le 
oiga. Eata temeridad: escita le- 
indigoecion de* k» jueces^ omis* 
en brevese meeatneo reapeteo*- 
sos, oyendo- proclamar el nom^ 
bre de Maendonio^ saoto^y veae^ 
rableermttaAo) i|Cleveilia'Segut^ 
do de*otoe8 mocüos soUtaeios* 
La autoridad se bu milla anie la 
virtud. M Decid, dama aquel^ 
•jtombre ratéroso^ deeiéal prin- 
•eipe de^ mi parierTá epos tiomr 
•br'ertú: mandase bombresrsoa 
«tuMiJenes de Mas, y Dios no 
•quiere^ que' las éeeiruyen^. !&«> 
»sultar á-la obra, es irritar al o* 
•brero : ¿qué crimen ÍMfi.coitteii^ ' 
•tido?" lujuriar araros ioaOMnai- 
•das. Este- delirto ¿justifica tu 
«cólera?* Por una estáüja* det^ 
•trulda poileaos costear veiotei 
•pero piensa que no te ea dado 
vr^tituír un tolo cabelle de la 
Ncabeza que hayua mandado de^ 
«rrtbar.» Este lenguaje jeaeroae 
y altivo que parecía inspirado^' 
admira y conmueve á loa miniat 
tros delemperadorr deliéoese. el 
'ceeliinev aospéodenaeloa suplid 
cloay y se permite implDreír Je 
clemencia de Teodosio.v 
Oesáriafué á GonalaDÜiiopla^ 



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nn 



r'ffmofKnL' 



^i. ¿prcaeofarlefaS'sápJioas de 
tes aBtioqiteodt: el - obispo «Flai 
^iattoy k psMrdasaedail^* reaiih: 
mot aof foércts para aeomptiñar^ 
te y de6armaH«4«a4el empera^' 
4or ofefidlda. 

Los strfoi r«sp}mv: mas no 
-desinieoleD en oirceAStaBdas^iao 
-erfticat la lijereíade su carao- 
4er; pasan súbüamettle de un 
miedo cobarde á ana alegría^ca 
y lioefiieiosa^ y 4e entregan á la 
crápula á vista «de Jos cadalsos 
«6rijidos4odavia. 

Entonces Criséslemo, evoi* 
pliendo dignamente los beberes 
de su santo ministerio, desplegó 
eontra su 4^ttJpable Icícura la 
misma elocuettcia que faabia em*- 
pleado eootte su desesperación^ 
y pronunció las <^lebres bomi- 
iias que^elüeo^M^a respetada» 

Gesário^ habiendo llegado á la 
-capital de Oriente, se ar reja á 
JoS'ptes del emperador, jirocura 
despertar su jenerosidad» le 
pinta la cala^iidad y el arcepea- 
timiealo dé los reos, y conmue- 
ve su corazón,, pero sin dolite* 
garle. El emperador niebla de su 
munificencia y su predíteccion 
para los antioqiienos, y se quga 
MUargamenle de la ingraiítud de 
im pueblo, alcualJIabia coima*» 
4o de beneficios. 
. ;42iLpc]iB]i€iA DB iEOi»eai*^«--fin- 



twatbs rse: scetet'el yeneraMt 
Ftavteno:s iejoo.^de^ JiAaiiacar 4 
los culpadles; eonfiesa^ y ponde- 
ra el delÜ0) y- después de dada** 
val* que tuereeian Josicartígos 
mas neveros aegun le jusifeia 
ibomraas añade: irOiésT^é^lU 
«trajado per los Itombroscomo 
»tú, y les ba abierlo ei reino de 
i^los cielos: imitale.Sitfebíére^ 
«mos á tu clemencia nuestra 
«salracion, isí deberás á nuestro 
•yePTo una gloria nueva. 6ra* 
ládano. te dt¿ ana corona efímo- 
yra: puedes con tú virtid raere^ 
»eer«na que -sea inmortal. Has 
«perdido estatuas^ que no habla* 
jRbau: erije en nuestros carazo* 
»nes monuoien tus eternos que 
eili|»iiea;callarán; Cuando los cor- 
»tissanaísde<!oriatantino, ofendU 
sdexomo tn,Heescítaban á,^e»» 
»gar lasinjuffias hechas á sus i* 
«mAfenes, respondió: tran^^iU- 
wiBM] no m^ afenle Aar ido. Muchas 
ndeeus victorias eítán ya olvida^ 
Mdas^fero les siglos repetirán 
reatas palabras Jenerosas; así 
»como4ampooo olvidarán las que 
iidjjisAe perdonando á uttos rec» 
ttSénteaciadas; \Qh, tí puélies» 
}ftambien rmudíar /es miurtoil 
«Una sola glabra puede darte la 
ttconquiata. mas bella, que es ej 
•amorde4ttaaóbditQs. HasresiSt 
aljdoá^las «ápiicaafde tus osaji^r 
fliyMÍMW:á le vM(4«iue je«eraft 



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ML BAJO inmiin. 



)»les; ríndete á le 4e «ti viejo 
Mfae le recuerda con el Evan- 
>Jelio en la mano^ que Dios oo 
Ble perdonerá 6US ofensas^ de- 
Brea krflecsible con fas tayas. 
bEü lagar 41e destruirá Antio- 
Bqufa/de^niye el recuerdo de su 
Bcrteien, y yo iré k bendecir tu 
BncHtíhre enmedio del pueblo 
Bque tti piedad habrá salvado.» 
1¡eodos¡o no pudo resistir k 



los -nobles acentos de la vejez^fdole que implorase en su favor 



la virtud y 1a piedad: perdoné, 
y «ste triunfo que logró de si 
jnsta indignación^ fué celebrado 
como la mas ilustre de sus vic- 
tonas. 

Otra sedición que hubo en Te- 
Salónica^ prodvjo las mayores 
desgracias: no fué posible cal- 
mar la ira del emperador, y so 
venganza mancilló para siempre 
0U gloria. 

Uú carretero insolente y borra- 
cho había cometido desórdenes 
escandalosos: el gobernador de 
la cíndad lo mandé prender: el 
pueblo, que favorecía á aquel 
hombre^ quiere libertarle, se 
subleva, y enfurecido asesina 
al Jeneral y á los oficiales que le 
defendtaa.£l resentimiento de 
Teodosio se manifiesta: en vano 
los obispos de la provincia le su- 
pttoan-que sea induljente; á na- 
die oye: manda convocar en el 
drco á tiMlos 4os habitantes'de 

TOMO XIT. 



185 

aqaella ciodad ieagraeliida, con 
el preteato pérfido de anos Jue- 
gos: y los soldados godos que 
servían en él ejército imperial, 
I9S rodean y asesinan sin distin- 
ción de secso ni edad. ¡Este es an 
monarca! El món^ro, espantad* 
de su propia crueldad, y ator- 
mentado por su conciencia , k 
la cudl oyó demasiado tarde, es- 
cribió á San Ambroaiá, pidién- 



la clemencia divina; y con la es- 
peranza Je mitigar la ae veri- 
dad del virtuoso obispo, vino á 
Médiolano, proenró justiftcarse, 
y se presentó, seguido de -an co- 
mitiva, á las puertas de laigie- 
sia. Elineesortbfe Ambrosia le 
-impidió entrar en ella, y recor- 
dándole en ^sta circunstancia ét 
ejemplo de David: «Has imitado, 
•le dijo, á este rey en el crimen: 
•Mímítoleenel arrepentimiento.» 
Le^mpuso la penitencia púbUcaí 
Teodosio se cometió áella, y el 
dueño del mundo, despojado de 
sus ornamentos, y prosternada 
al pie del altar, se humilló anie 
Dios á la vista de su pueblo, y 
«10 fué admitido en la comunión 
délos fieles, si 00 después de o- 
cho meses 4e oracioBes y lá- 
grimas. 

Es de admirar 4a firmeza de 
an míBiSlro del Evanjelio^ á 
•qaUn ningún peligro aterra 
21 



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f uando dtbe^ sotteotr la cama 
da hi BH>ral oTlraf^iida, y hacer 
lamerá las p0fes4adés terreoas 
la liHtkia dtvinn; pero muy á 
Hiefiitdo ioetrdolet ambieioio^, 
interpretando mal este grande 
ejemplo» abuaaron después de 
la palabra sagrada paraaervir á 
su profano orgulk^ y sopretestoi 
de Immillar ét loa prrncipes de^ 
Iwte de Díoa, se esforzaron loa 
miserables e& ele?ar el sacer- 
docio sobre» et imperio , daiK 
íq al mundo et escándalo in- 
fame de adMiar á un monarca 
en hH.gradas del altar» como ya 
Yeremos en el discurso de esta 
historia, qoe muchos tonsurados 
majdeclrénde eorason. El mi^*» 
ma Ambrosio^ tan se?ero en el 
eaa» de lo nMlanza de Tesalóni- 
ca, no parecía aninuído del mis* 
mo espíritta día |uskicia cuando 
UD populacho sedreioso^ iostigs- 
dopor frailes imibéciles y fénk- 
ticos^ quemó una síoagiiga. Teo- 
dosto quería castigar á loa incen- 
diarios; Ainibrosiose opus^á etta 
y consiguió la impunidad de los 
culpables Trailes. Tal eselespírr- 
k« de secta y. de partido; estravie 
¿la misma virtud^ la haceinffec- 
sible con el error qiue le daña^ é 
indulgente coa ei crimen que le 
af ravecha. lai ha sida JeneraU 
mente el sacecdocia ea toda el 
mundo. 



MuRSTB: OB CA RXrB«4TCIS 

«jsTiifA. — Poco tiempo» des«* 
pues de la derrota de Mácsimo, 
y del restablecimiento de Va* 
ItíutiaiHno II en el trono» muride 
la emperatriz Justina» y per» 
dieron loé arríanos su dms fir- 
me apoyo. Valeotiniano» por a* 
gradecimientoá Teodosio» y por 
docilidad á Ambrosio se hizo 
ortodocso. Esle joven príncipe 
era casto» templado» laborioso, 
enemigo de la injusticia; pero 
esias bellas cualidades no esta- 
ban acompañadas del vigor de 
alma; y la debilidad fué tan per- 
niciosa como lo hubieran sido* 
sus vicios* 

UiUaPACIOlC DR ABBOGASTO.— 

(392) El enH>eradorde Occiden- 
te dejd lomar sobrado poder ei| 
lacoKte» sobrada influencia ea 
el ejército á un franco» distin- 
guida por sus azaSas» pero des- 
enfrenado y culpable en su am- 
bición. Arbogasto» eleíado al 
grodp de Jeneral por Graciano» y 
qfjk» contribuyd tan eficazmente» 
bajo las órdenes de Teodosio, 
á la ruina de Afácsimo« manda- 
baentottces las lejiooes de la Ga- 
ita. Este^ guerrero^ artificioso» 
pérfido» altanero» ávido da po» 
der y da riquezas» era estimada 
por Valeotiniana como la co^ ' 
lumna dasa trono^ 
AJ>usaadu de sa confianza^ f 



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DEL ^JO 

disponiendo de sos tesoros, sé- 
^ttce Jes ^tropas, Oistriboye ito- 
•dos los empleos i& los bárbaros 
'^ue je soQ adtólos, alffje 9e1 
lirtncipe ton varios pretestoi 
■é sos mas 'fieles amigos, lo rodea 
"de sus ajeóles j satélites-, 7 én 
"fio, se qofta la máscara, y reisa 
'OQ logar de obedecer. 

Bi emperador oo'fué ma» qoe 
>iio caulivo coronado, abrid lar- 
^e los ojós, ]imi(S al contemplar 
ISO riesgo,^ escrilHÓ' en secreto 
^ Teodosio qoe lo libertase de 
4a prisión de so pelado. Sin em* 
iMrgo, el peMgro crece, la hu- 
millación se le hace Insopef ta- 
bla, y sobrado impaciente para 
^esperar el socorro ^que habla 
pedido, medita ud acto 4e ?i« 
!gor, y coinyromete su aolo* 
fidad. 

91 CEWiS DB TALEUTINUirO. — 

Aodeado de toda su corte, sen- 
tado en el trono y confiando 
que su eelio dearibária la es- 
.pada de Árbegasto, le liace 4re- 
Dír á 80 preseneia^ y le «kianda 
leer el decreto de*so propia déá* 
tUocion.^'^mofie me Ttíu daio 
•^ poder, no m$h pmede$ quitar. 
Dichas estoa palabras arroja el 
*^dicto en el «oelo, y io piso- 
tea (1). ¥aleiUiniano -énforodi* 

<1) Site »impmrúim 'mM 'éediáUt 



iMFsmo. 187 

fio saca la espada, y ecomeie al 
1>árbaro) pero toa aomerosos «- 
Dügos de Arbogaaio le rodean y 
desarman al emperador. Pocos 
diesdespoes seiialt5 al Infélit 
principe eogado en so lecho (2). 
Ai'bogasto, qoeriendo aincerar- 
setle este crimen, estendió la 
Voz de que Valenliniano, en un 
ifaipolso de desesperación se ha- 
bla muerto á s( mismo, é hizo 
conducir so cadáver á Medióla* 
no con mocha pompa, ^an Am- 
brosio pronunció so pamejfrico, 
y consoló á eos hermanas coo 
laosperaoza deque la demen- 
oía diWna le habría admilidü ' en 
ol^ielo, aonqoe no iiabía ^reci- 
bido fA /bautismo^ 

CujEido Bs iroMEaa.no 4uous- 
aro. -^ Dueño Arbogasto, por 
tnHCion, de todo el Occidente, 
esceptoel África, podia dispo- 
ner 4él trono-, y no atreviéndo- 
te» '4 no queriendoiecuparlo, ya 
porque antepusiese el poder 
verdadero á un vano esplendor, 
7a porque temiese la indigna* 
eion de tos romanos, si veian Ja 
•corona ioiperial en la cabeza de 
on bárbaro , se contentó ^00 

tíkell^ e$ in Urrmm abjttio^ dittede» ' 

(2) "Imperoiori Üormiénit 4ÚUun 
fre§€ruiU. iSocr,^ ¿ib. v« cap. '2$^ 
p. 3a4; Z^s., üb. vf f, tap. 122, p. 739.) 



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tm 



NliTOlIA 



reimir bajo el 'nombre de nn 
funtaeme de emperador^ y de* 
roró con el título de augusto é 
Eiijenio, que hnhín »tdo su se* 
rreltf rio^ y oscendido^ por su mé- 
rüo y el favor de Arbogasto, 
del empleo nHijr subalterno de 
)M-ofeso? de retórica, á la alta 
dicnidddde moe$tro de lo$ ofi- 
ctof . Ere apreciado por su ern-- 
dicion y elocuencia , y amaéb 
por su modeslift y dulzura « No 
pudiendo resistir al poder de 
Arbogasio^ obedeció Jimieudo^ 
y aceptó electro con pesar. Los 
embajadores que envió á Teo- 
dosio para qu^ conñnnasen su 
elección^ no Lii^ran>n mas que 
I ospiiestus evasivas. El empera- 
dor de Oriente estai>a dispuesto 
á la venganza^ tanto por el io-'^ 
teres de su coroqa, como por 
el dotor de su esposa Gala, her- 
fenana deYalcntiniaDO. 
Batalla db aquileya t muer 

TEDBARtoGASTO.'--(:]94) RCUOIÓ, 

pues^ todas sus fuerzas para pe^- 
lear cootra Eujenío^ ó mas bien 
contra Arbolaste: antes de co- 
menzar la guerra, cediendo á la 
superstición que en tos hombrea 
no hace mas que cambiar de ob- 
Jeto>en defecto de los oráculos 
y arúspices, consultó aun monje 
de la Tebaida, y la respuesta fa- 
vorable de este solitario aumen- 



tas tropas, que mandadttt por 
Timasio, Promoto y Slilicon, pre-* 
sentaban un espectáculo irapo- 
neote. Era adnuMble por sa 
fuerza y discipline; pero al lais-^ 
mo tiempo se veiao en elUí ára- 
bes, bunos^alános, godos^ y-á sa 
frente AlarícO) que aprendía eo- 
tonces i>o<jo el mando de Xeodo- 
sio el arte que empleó después 
para la ruina de Roma. Parecja- 
que los rumíanos obceados lleva*, 
ban consigo lejkHies de bárbaroa^ 
para que reconociesen» todas las 
partes del imperio que después 
habíao de conquistar y destruir*' 
Arbogaáto^ informado de loa 
preparativos. del emperador de 
OrieQte> reunió paro resistirle- 
todaalas lejíoaes occidentales^ 
Eujenioy él hicieron un esfuerw 
zo, y fué el último, para resuci* 
tar el polHeismo* Entraron eo 
Roma, y eongrande satisfai^cion 
de los idókitrasy del vulgo, ami* 
go siempre de novedades, resta* 
blecieroQ por un Instante el 
culto de los dioses. 

Según Glaudiano, que en stia 
descricipnes poétieas cuenta mas^ 
circunstancias que los btsto-^ 
riadores de a<|uel tiempo^ Teo^ 
dosioestendi6 sus líneas y diae«. 
minó sus escuadrones para ro^. 
dear al enemigo. Arbogasto, si- 
guiendo un4ictánA6aopuesto, re* 



tó sobremanera la confianza deicoocenürd &as^ fueraas cerca d^ 



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un fuéo 
Aqutlevia para oponer á loa o* 
rieatalea una masa que coo ao 
ntamo peso los desf^rdeoase. Es- 
los^dos sisleoias, sosteoidtM en 
lodos tiempos por grandes eoph 
lañes» han dado gloria & ruina á 
k>s que los han segaido^ á arbit 
trio dftia suerte. 

Téodoslo atravesó coa so ra- 
pidez ordinaria las FlinneniaF.. 
Arbogasto le dejó que pasase los 
A4pes Julios, y se eslenJtese eo 
ka llanura» para que divididas sus 
fuerzas se dibHitasen. Los dos 
ejércitos se encontraron cerca de 
jiquíleya. Ki uno estaba anima* 
do por el de«eo de vengar á Ya- 
lentiniaiio y castigar el crimen: 
el olro/ con la esperanza de de- 
tender á los culpables y le^timar 
lausurpacion porta viciaría. 

Dadala señal, Téodoslo mar- 
cha, contra el enemigo y encarga 
á los godos que ataquen el cam- 
pamento' atrinctierado, eoa el fin 
de eooseguir la victoria por su 
ardienle valor» y al misma tiem^ 
po disminuir su número en uim 
batalla que forzosamente había 
de ser sangrienta. Sfas soló- con- 
siguió esto último: diez mil go* 
dos y su jefe Bbcurio perecieron 
en el combate» sin poder atrave- 
sar los fosos del campamento. 
Rechazado Teodosio se retiró á 
ana montaña escarpada; y Euje- 
lio» orgulloso por su triunfo^ lo 



iifpmio. 189 

creyó completo: su guardia^ par- 
ticipando del mismo error, se 
entrega á la crápula; pero Arbo- 
gasto, como hábil capitán, á 
quien no podia adormecer aqqel 
hmro primero» ocupó con desta. 
eamentos numerosos loa desfila* 
depos. Teodosio se halló rodeado 
y sin víveres: su pérdida parecía 
inevitable; pero lo que debia 
comp4etacsu ruina, fué su saU 
yaríon. 

Lo» jefes db ios cuerpos que le» 
rodeaban confereneian con sus 
oficiales» atienden ásus proposi- 
ciones, tratan con é1»d^jan el 
partido de los rebeldes y se p»- 
san á sus banderas. Teodosio^ 
reforzado por estos nuevos ausi- 
tiares» se arroja de nuevo contra 
el enemisto, y le acomete con sus 
propias fuerzas; Los elementos» 
según Clauítiaoo» conspiraron en 
favor de Teodosio» pues ana 
tempestad» Venida del Oriente» 
levantó contra los galos torbellU 
nos de polvo que tos cegaron y 
espantaron. Los paganos para de- 
fender sus montañas» habían co- 
lo(!ado en ellas las estaturas do los 
dioses. La superstición fué ío vo* 
cada por ambais partes para au- 
sillar al valor. 

E( emperador» rechazado en 
el primer ataqué» respondió á 
los que le aconsejaban la retira- 
da: «No &e dirá que la cruz de 



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190 



-BISTOBm 



"«Cristp ha 4iQiBo de laslmíjenes 
».de Hércules j de Marte.» Hin* 
f a la rodil la en presendadel ejéiv 
cito: declara qae ve en les nubes 
á los apóstoles Sao Juan y Sao 
Felipe» cómbaÜeo&oeDSufnvor: 
loa soldados oreen y ^propalan 
esta supercber{a7tDarcliao á h 
pelea con Dueva^conttaoza como 
•en otro iiempo -corriaai la vic- 
toria ^aiados por Gestor y Polux. 
Los Jermaoos y galos, «después 
de 4106 tenas ¡resistenora» ^oo 
desbaratados Y tomadomixaní* 
pameQto./DespojadoCoJefíio de 
la púrpura^ se pone á los pies 
tlelemperadoi^ y procura enter- 
Decerío y ^apiadarlo con^H elo- 
cuencia*, ^p^ro "los soldados 'que 
le veían, interrumpieron ^u dis- 
curso >y le colearon ia -cabeza sin 
espen^ las órdenes dei príncipe, 

Arhogasto, ^vencido y sin *es- 
peranza de reunir -sus arepas, 
estuvo vagando 4os4ias por las 
rpcas, y por úUime se arrojó so- 
brela*espada/y inuríd, auDi}ue 
bárbaro, como un antiguo «1:0- 
mano. 

^San Ambrosio, que bebía 
creído ^conveniente ceder á (a 
usurpación áe Mácslmo , l^i- 
timada «por el reconocimiento 
de'Teodosio,.|]amás qiiiso, á pe^ 
sar de laS4niHaacias de Eujenia, 
preseiitarseá sn vista. Teodosio 
vencedor adopló el «oásejo del 



obispo, 7 i rato ron tlemeivcia i 
los partidarios de AHbogaifto. 

ÁftCAOlO T fiONOMO AUGDMroa« 

— VacíBeo dueño ya de todo «el 
iovperio, decoró con h purpureé 
Sos dos hijos Arcadio y Honorio. 
tLa Mstoftia ha conservado lasipa* 
lafbras siguientes que dijo á uno 
deie1ios:*«Si hubieras nacido en 
^eráia,'tu cuna sería un tRuIn 
«suflctente para ese)$u)*arte >el 
iitrooo; «pero ^i deseas que ilas 
«romanos te4engan por digno de 
«reinar solire ^ellos, aprende i 
H>r^inar sobre 4íiuismo. Un ciu- 
^dadeno no4ieae mas objeto que 
«su propia felíddüd: la del uiri* 
«verso debe ser el 4uyo. Si los 
i»vicios4e dominan, no serás mas 
«que 'un-eselavo eon diedema. 
^Guárdate de las pasiones, 4as 
'«cuales «vienen á «^buscar á los 
^príncipes, 'Cuando -se dejao solí* 
H»oítar por los otros hombres. Si 
«•deseas que te miren como imá- 
«jen del Altísimo, imita ^u cle- 
«mencia.^ígue -siempre la 'Vei 
«déla justicie, sin hacer caso de 
«la alabanza ó vituperio disH 
-«mundo liviano. Sé la ley W- 
«viente por4u virtud: tu ejeo^ 
^plo4eodrá mas fuerza que «tu 
«autopidad. Xa -bondad y no^l 
«offUllo hace ^dóciles á «los 4*0^ 
Himanos. Abandona el lujo á loe 
«reyes de Asía. £1 esplendor que 
«convieae á Jos «cesares es «I de 



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l)Bt BkfO lJIKilO« 



191 



nTm lal^ntot y las virtudes. Si 
«•haced la guerra, demuestra M|ue^ 
i»#]ihes mandar» yteobedeceráo. 
»PiirtiMpa del peligro con tas 
nitoldados, y no Lé temerá m So» 
ubre todo estudia la bisloriá de 
«tus predecesores, sus victorias 
»y reveses, su gloriaiy su iñfor^^ 
»tuni6: ellos te ensefiaráo lo>< 
•que-debes hacer y evitar.»' 

MuBRTR DB?TEOiMSiOi — El em^ 
peradortenia^entooees c|orueu^ 



sistír á ^oe, r murió en la no* 
ch» siguiente; respetado dé^ loa- 
bárbiiroa'y llorado'de sus vasa- 
llo*. Los ciudadanos alababan su 
Justicia, loa guerreros su: valor, 
la igilesia eu piedadi Génsuráron* 
se^aél merecidanoente- algunos 
actos de intolerancia y de-cruel- 
Aid; pero sus virtndbs fueron^ 
may S4if>erioresá sus defectos*. 
Adqmrió Justa celebridad^ por 
grandes victoriasAy- per leyes 



taañ^s:su poder- y gloria, sus sábt«s, y deli^voenel^ milpea 



virlcides y su esperiencia^barinn^l del procrpieiocoo brato^ fuerte 
esperar un» reinado largoy feliz; j el imperiio^omanoy..qne vio des- 
pero su cuerpo, agotado por la^ aparecer con él su grandéc» y 
fatiga, sucumbíóá la^ler la úllini* : su gloria. . 



cankpaña. SíntomaS'dé hidrope-- 
sía anunciaron la procsimidad de 
su fin». 

Segofi la política del tiempo, 
dividió el imperio entre sus dos 
tiijo^: Honorio tuvo el Occiden- 
te> f Arca(^io el Oriente: El em- 
perador, queriendo celebrar en 
Mediolano los Juegos del circo, 
hño un último esfuerzo para a- 



Teodosio es un- emperador 
violento y débil entregado al 
placer de la mesa, según Zózí- 
mo (Oi 7 un santo que reina en 
el cielo con Jesucristo, segiin 
San Ambrosio (2). 



(1) Zoi. 

(2) Am6r. 
versts. p, 122. 



tom. f^i termo de di^ 



im DBIi TOMO DÉOfOBOCUAJiTOv 



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V 



. 4 



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WS. £0S LIBROS^ CAPÍTULOS Y MATBUIA» 

CONTENIDOS EN BSTE VOLtMEN. 

CONTINUA EL LIBRa DEGIliaTEilGEIMr. 



eOfiCLDSlOK DEl CAPTTTTtO PTlIMBRO P^Í^ -^ 

CA*F'lí. — CoilSTATSTlWo n, a»N5TAlsCln, Ci'ltSTANTK T MA6NBNCI0 — 

Arontfciniteiitos ftespues de U muerte de €oiistaiiiinó. — Repaptt»» 
niifnto del imperio entre los hijo5 de Conitantino. — Sitio de Ffisi- 
Lis por los per?as. — I>i«fii»ioiied (clesiásticas. — Muerte de Cons- 
tantino U.' — Ifuevas difleu^iones ecUaiásticas — Invasión de los fran- 
cos. — Sesión de nn eoncilio unrversah — Guerra con los persas. — 
Batalla de Síuga«a> — Cobardea, y h^iida de Constancio. — Ol'ijtn de 
>a palabra paganos, — Usurpación dt Magnencio f muerte de Cons- 
tante. — Sitio de fliaibis por Sapor. — Batalla dl\ DH%a y muerte 
di» Magnencio 3Í 

CAP. lis. — COKSTAKCIO, BMraRÁDOB: GAIO, CiSAR: JVtlA^CO, CésAR. — 

Predilección esiúpda de Constancio por el cristianismo. — Tiranía 
de Galo y de Conüttncio. — Inva&ion de los all*ni¡Htesi — Perfidia de 
Constancio respecto á Gafo. -^Muerte de Galo, — Cuadro de la vida 
db Juliano. — Su e^vacion al rango de cesar. —-Conducta dt Cona- 
taiicio respecto ó Juliano. — Retrato df JuKano. — Disensiones en- ^ 

tre Constando y fos obispos.^— Deposición y destierro del papa ti- 
berio. — Secta de h)s maredonios ^ue negaban la divinidad del Kspi- 
vitu Santo.— -Gobierno de Juliano. — Alafias dir Juliano. — Destfla- 
cion de Valcntiniano. — Confederación alemán». — Batalla entre .Pi- 
liano y Chnodomario. — Huevas victorias de Juliano— Dffcriciotí 
de Piküis por Juliano. — Destrucción de Nicomedía. ^Turbulencia», 
de Or*tnte. -— TTevolucioii de las tropas en (avor de Juiiano.— Ju^ 
liano fmé el titnh> de angosto. — Conspiración contra éf. — Muert« 

de Constancio • • • 50 

CAP. IV. — JütiANo, BttPRKADOR.— «Revdncion en el imperio al adve-s^ * 
nimiento de Juliano. ^^ Carácter de Juliano. — Sa siatrma relijioso. 
-—Popularidad de Juliano*— —Restablecimiento del politeísmo. — 
Gobierno de este prtedpe. — * Sa pR&ejirico hecho por él mismo en 



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el ¡fysopegon.'^Tenóme^o xoi^^o e» U.ncoiiftlfíiccHMi M leí»- 
pío de JeruMlen. -^ — Prinifros trUnifo^doJuBano entii guerra contra 

Sapor. — Batilla «le M» rangas. — Muerte de Juliano 94 

CAP, V. — Joviano, bmpbrador. — Salustio reusa el imperio. — Elec- 
ción de Joviano. — Defección y retirada del ejército desjHies de la 
rouerlir d^ Juliano. — Funcaale» de Juliano. — Joviano tolera todoa 
loscultot. — Muerte de Joviano 122 

CAP. VI.— - VaLIMTINIAIVO, BkPBRADOR BNOCCIDBMTB; VALBNTB, BMPB&A- 

Doa BH ortbntb; paocopio, vsürpadorí Graciano, césa&; taÍentiiiia- 
MO iit BMPBRAOoa BN oCCiDBKTB. — Retrato de Valentiniano. — Aso- 
ciación de Valenteal ioiperio.«-DÍvÍMou de los imperios de Oriente 
y Occidente ^ntre Valentiniano f Valente — Usurpación de Proco- 
pío. — Cobardía de Valente. — Huida y muerte de Procoplo. —Cruel- ~ 
dad de Vatentiniano.-^Mueitede A*anasío. — Disensiones eclesiás* 
ticas en ÜM^av-'-^VklorUs de Valentiniano contra los bárbaros y sa 
espedicion en Jermaaia. — > Rebelión de Firmo en África. -—.Muerte 
de Teodoaio. — Esaocionas y muerte de Sapor. — Cuadro de la na- 
ción da los godcM.—— Atañas de Hermanrico y de Amalarico. — • 
Muerte de Valentiniano. — Valentiniano II es proclamado emperador. 1 ^ 
CAP. VI!. — Val^i^ts, bn oribntr; <;nACiATio, valentiriano u. bm occi- 
obntb; tbobosio, ifÁcsimo, 9sorpai>'»ií. — Ori^roso terremoto. — Inva- 
sión de tos biinos. — Retrato de estos salvajes. — Sus triunfos en Chi- 
na. -—Devastaciones de los godos y visigodos fu Oriente, t* Invasión 
de los jermanus en las Galias. — Estado del Occidente en .tiempo de 
Graciano. — Atadas de la reina Mavia.— Proscricion ocasionaba poc 
una predicción. — Victoria de lo9 godos sobre los romanos. — Muerte 
de Valente. — Sitio de Adrinópulis por tos godos. — Osadía de Do • 
minica, viuda de Tálente. — Venganta del conde Julio. — Llegada d^ 
Graciano á Constantinoi» la. — Vuelta del joven dnqne Teodoaio. — 
Sus atadas.— Primeras atañas de Alariro. — Guerra dedaraila á loa 
paganos. — Demolición del templo de la Victoria en Roma. —Pre- 
dicción en favor de Micsimo. — Su retrato. — So usurpación. -*- 

Muerte de Grariano 14^ 

CAP. Vil!.— £m ogcidb^tb , valbatim'Ano ii , mXcsimo t «ujbnio; 
BW oRiiNTS, TBODosio; BN riN , T£0Bo$io SOLO. — Prisci)ianislas 
condenados é mu^rt^ por instigación de dos obispos,— Gobierno / 
aabio de Teodosio. — Disputas retijiosas. — Rigor de Teodosio. — 
• Predilección de la emperalrit Justiua por el arriattismo. -r— Marcha 
de Mécsimo contra Val*^Ntiuiano, — Victoria de Teodosio sobre Mác- 
simo. — MuVte de Mtcsirao. — Entrada triunfal de Teodosio en Re- 
ma.— Discusión entre el senado y Teodosio. — Revolución en Aiitio* 
quía contra ^Teodosio. — Temeridad del eremita Macedonio.^'Cbe- 
loencia de Teodosio. — Revolución en Tesalónira.-r-Muerte de la 
emperalrit Justina. -^Usurpación de Arbogasto y muerte de Valen- 
tiniano. — Eujenio es nombrado angu^lA» **^ RaMl'a de Aquileyja y 
mnerte de Arbogasto. — Honorio y Arcad io emperadoa*^ —Muerte 
. de Teodpsio. , . • . • ^ 172 



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TOHO XT. 



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VIRG. 



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WQtMkmh wmjftcaAiMMmtu 
€09 LAS OBRAS DB LO$<CBLBBBBS BSCB1T0BB8 

ELtCONDE DE SEGUR, ANQUETIL Y LESAGOB^ 



M. HILLOT , MüfiOnt , OBAITfiMBBiAirB , 'B0SSI7BT , THIBBS , OUUOT, 
WAT, mtmELEl , MKHBT , BOBBBTSOV^^ ITOBUB^ MOllTBSQUIBV^ 
BOLKUr^ IIAIIAICA, MlftAlTA/aaiJft/TOailSlfO, M AUIABI, mCHABL etC. 

coiar usr sneosoRAiBso szooBiinEeoicriixviBB^^ 

OBRA COIIPILADrA 
SAJO «XA DnLfiCCION DB 

A. «UtnHIEZ DEL BMBt, 

BB YAIUAi 'MkVBMDBt ABlítVICAS T UTlBABI^f 



IMI 



^1 

1848« 



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Alodia,»éiik66.c«Mlopri«cÍ|M|. ' 



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CAPIIULO IX. 

▲VAMro: 

(Ate 195.) . 

WtUidú éá ímtnkk-^UtmmdM dtl. ctUIUbímiio. — StíUroii, nlnlilro en Oc- 
cUcBle*— Rafiat^ miaiMro ta Oricalc.— Honorio y Arca¿io cmperadoret.. 
— llc|MirtÍ9ÍfAlo del imperio* — Maerte de Rufino. — Eulropio, minitiro «ji 
Oricalc-~Ile¥Oliicioneii Afric» canttdA por Jildon. — Muerte d^Jüdott. -^ 
.AlellM f eltvociosde AiaHeo.— -Hatdo de Honorio. -^DerroUdt Alerioo^ 
— Vttelta de Mówiri^ á Itala^-^AbolíciowdlIot combtUt de lot gle^ie* 
doiei»— lovMion de Radaguio ea Italia y batalla de Florencia.— I iiva«iba' 
dt loe báfliaroa en el Ocideiite.-^ Muerte de Stilicsoo y »Ít{o«de Roñe por 
Alerlooi.-^8Mode1llMMi por Alaeico.-— Muerte de Alarico; •-> Su lepa ki x» 
ea colocodo ta fl fcado de ua viow— eiccoba de Ataúlfo, cuíMo do'Ala/i* 
co. — Maertede Goaateatluo jr de tu bi{o Juliano.-* E*UbleciiDÍento de loa 
vitigodoaen la Galio Narboneoae y principio de lo moaarquia goda de 
CapiiU.— Maerfe de AUulfo. —Muerte d* Sinferieo.— CoaqulMá» di Va- 
lia cá Eape8a.^«^Tiia«fo vergontoto de Hoaorloea Roiaa4-— Ce«ioi^dt la 
Aquilaaia á loa ▼iaigpdoa.i— ^Bitadt» del impMÍo de Oriente. -7* Reiroloc ion 
ea Fríjia. -^ Muerte de San Jnaa Ériadatoao. —-Muerte de Arcadio. — 
Muerte de Conataado y de Honorio. — Lijero botqucjo de loa papts deade 
Sea Silvestre hatta laciccacio pviaiero. 



£sTi 



TABO bBL iHPttia.—- Antes da 
pMftr á la DMTieioB de la bis* 
toria de loatttceiarea de Teodo- 



aio/edhemoi ana tijera ojeada 
sobre el eaiadd de aquella socie- 
dad^ y veaoios el ioDuJo que la* 



,<^'- 



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'6 ^wUlfnRu, 

>iiBroaen laróinfa ctpl im|M«o tertlfH^mn í(ohra4os elementos 



'cienos bechos y ciertos priii- 
H'ipí4»6,r ,^ ; ^ 

'Cé nyas grande^ porqne d^:ipiNps 
de él D0:^ferán mas que roi- 
nas y desgracias. Era ^cesvrio 
un lifombrieBspeelal parasuspen* 
Sder^rctmoil^ las revétat^iones. 
Toüo anunciaba una complela 
dera<^encia. 'Ün goinerno arÜi- 
'trdi'io que no tenia ligias fijas; 
una mezcla de bérberos que ha« 
bian ulleraÜd tos anlig«iD3 pria* 
cipíos; Otros nnllones de bárba- 
ros 'queies{»er«bai| el momento 
*de absorverse^el impetío, coiao 
iNia presa digna de su rapa- 
erR^ cortes faátoosas, llenas 
. de euniteos, de ievedli»res tfel 
deleite y de la'Wépula, enquerla 



para operar uiüa disolución coni- 
:p|^i^en«todo^|r veduair I9 sode- 
^dfd á> mi$|9d j|B«i ^tmi«t«. 
A lasideas jttstAs;fr les cosas só. 
iidas« -sucedían una ptAobreria 
neda y sutilezas vanas. El tflero 
00 podía ser m^S .estápido^ si 
bieiies rerdadf oe nunca bi si- 
do muy aventajado. Guando 4as 
Reirás caen, y 4«s esy íritiM *«ul- 
*4ivadgt9 seestravian por torcidos 
senderos, U^ ciencia <|ei gobier* 
ne debe oscur^Cj^r;}^, y ¿«á pru e- 
ba^ esia verda'd está en las le* 
yes. peco meditad is y '''aun per- 
judiciales que se espidieron. 

No es de admirer, 4iee Miilol, 
4iie s^igiioresea los vénbderos 
principios de la baeien^a^ puesto 
que losTomanos nunca babiao te- 



intriga*yí»%dirlaoion dominaban I nido sino muí teoría muy imper- 
casiiiempre^enmediottela mi- feeta. Pero la ley de €eodosio. 



sería pública un lujo insultante^ 

• pues se veiao en ciertas casas 
bastados mil criados adornados 

. de brazatetesy collares de oro; 
«M -corrupción de costumbres 

* qoe^lesde bis petaeios se estén- 
dia ha^r^ei^oputacbo-, odios de 
relijíon que deéilroian^odavoeii- 
cordia entre ios ciudadaMs, y 
que tenian buen cuidado de a- 
limeotar los sacerdotes; un prin- 
cipio de ignorancia qoe apagaba 
de dia en dia las luces de la ra* 
xon, y el sentimiento de lo 



que para reprimir la usara, fijó 
el interés ddl diaero á doce por 
denlo como en lo anUgno, no 
deja de ser noielile en^;4in go- 
bierno cris^ano. ^!!i 

Voi4^amos nuescra visea á o- 
tro lado paM'api^ciar las ^eausas 
del tra^m-no del jmperie ^al en- 
4r«r7a en las manos de Areadio 
ydeJionama. 

Por todas <|MiP4es se haMát^ de- 
molido los lei^pioa) péridida 
sif mpre depleraMd pam Im^- 
les. San Martta> obtefio de Tours, 



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ié ((iiiM ni héihati tiMko iii«ii • 
rion, seffuHéo d« unii cMdritta 
é« traites» deáiruyé'tMi lü Cti^ 
lin^ los siointrios; Iw Millos y 
k» irlK>teseoitsaRradosA dejando 
con su sanie* imiéiNsiBo mu-. 
rbia.Ü«ffías4fiaifeUi». El oMspo 
MMKMto eflifirewW ta^deslrue- 
HMaéaloaedittribs pagiiBOS en 
teiaSirasts dl^ Apaviea, capilat! 
d#ta.saf(iiiidivSlria(1). El itm* 
plu cuadrangolar de Jáfáter, 
prasan la ba sotire sotf euat ro 
ti^nte^i|Bliica' columnas da die- 
»iléii^|lies de circunferencia; di- 
rtao templo resistía y su Inmensa 
■Hite* se burlaba del ataque e- 
f i saefa l , y fué necesario reeu-^ 
trtrá^ua incendia pare haeeHo 
ttUMpv. Mas tarde en CartaigD^ 
ttaoeerlsUanea menos fanáticos. 
saKaoon ellemplo celeste; cook- 
thrtfi&odolo*en!Í||lesÍa, co^ó-des- 
^Ma BonifacioHI.salvdelIhM»- 
tees en Roma. 

* El derribo del templo de Sera- 
*pift en A-tejandria ha llegado á ser 
célebre. Este templo^ en donde 
ae depositaba el Nilometro» es-^ 
ttba construido sobre un cerro 
éftificial. Subfasé á él por efen 



(1) StydeM ou éitiowt hUiori' 
qms 4ttr ta ehuié de P* ttmpirt romain, 
ta tmismmt gt tes prHf^* ^ Chri$^ 
tí amétm e €i t im wa § m n d€$ bar^^ 



MKRIO. i 

gradase UM mnllhndde bóvedas 
HomiÉaitas^eoéi ftnyaras fosos* 
tentlAc teMiieo-él nniahos pa» 
tíos ci»aéreéiia.rodeado» de be- 
bitaclonea destinadas ít H bU 
blioteca, al'eolejio de los alum- 
nos, á los sim^teutes y á los cus- 
Ifidios del edlItefOi Cuatro tra- 
mos de galerflia con pórtirm j 
estatuas, ofrecían largos paseos* 
Ricas co4iimnas adornaban el 
templo fm»pÍHmente dicho, que 
tiMlo éreri^ife mármol y sus pa- 
redes estaban revestidas non 
tres lániíivag, de cobre» de plata 
y de oro. Lar estatua colosal de 
SérapiSi, cubierlsi la cabeza con 
la misteriosa .medida, tocaba con 
su» brazos á las paredes de la 
capilla» y ea^ierto día un rayo 
de- sol venia á caer sobre los 

rabiosdelDk>s(iX 

Loa paganos no^ consintieron 
lácttmente en abandonar un e-* 
diAcii> semejante: én éi sostu- 
iderbii^ttii verdsdefa sitio» ant* 
madoa á la deCensa por el filó- 
sofo OHmpk^ hombre de una 
admirable belleza y de una elo- 
cuencia divtua. f&taba Ueoo de 
JDíos^ como dice SuJdea, y lenia 
algo de profeta ( J). Dos grama- 



(2) Ruf^ i ti), xxiL, p. 192 S»Hr. 
p. 276, lib. t|i, eap. 2U; Espoailto íott'us 
mundi, Geogr, mtnor, ionu Jif, p, 8. 

(S) Oljmpus tíUiem adeá plenuM 



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8 

ticos^ flUbdía j AnnMrio, |Mir 

leafeitn i loi órdeoes: el prirae-* 

«o^babia sido pealíffoe deJápi- 

íer, y eliegi|ttidodeiibaono(li^. 

Teófilo, obi^i» de Ulejandrí^, 

provi3iocoa loa edMos^e Teo- 

dosio y^ifefHo^im M frefeele 

de Eji^le» ekaMÓ <a ^cioríi. 

tiékdie ae Haeojeaba de haber 

«ueria ttueyeoiiaUaMS xon ana 

«DaQoa. ^íimiiie^ dtee Sozóine ^ 

<io» hMyéd^V^osde haber oide 

una voa( que caouba '^Muim 

comedie de ia eeebe y eo «1 

eiléQóio4elleoiplo/ El -edificie 

tué sfáqueado j demotide. Ore- 

sío, á |>eaAr de su apoatóUoo ze* 

Ux, diceescaodalizado, fue tode 

f ué ai-reba!tad<)L»y que iliasla lea 

armarios quedaroo sia Ubrosv 

devastecious que^reicuerdao a- 

quellüshooibreay aquellos Uem-. 

pos (SiQ. Im >esti|aa de ^rapis, 

fué berida ea la mejilla n 4»or el 

bacba de un soldad(v destroiza- 

da f quemada troco 4 trozo en 

las ealles y^B el Anfiteatro. 

Los dem^s monuiDenio^ paga- 
nos de Alejaadría fuecoo derrí- 
¡ . ^ 

erai DeouL^ éte, SktidaSf in 99ee O^ 
lypos. 

(^l,) JíeÜmdiut gusdem ihHs^ Am^ 
moniuá verá simia esse di€eifa$w*' 

(2) Nos'viáinuu ar marta tíbro* 
(Utn, ^uám* ^átr^is, extnunita ea d 
nofíiris fiominibaSf noslris temporil 
éué memorant. {Oro9. ¡ib. tj, cii^. i S.) 



badea igidmeaile, y tes estilaea 
de liroMe se fuadíerea. Teodo« 
«io babia maodatfo que el valor ae 
distrlboyeae eo iimesoas} yero 
el oMspo Teófilo y los suyos se 
iepoderiffOft de las riquezas (3% 

Destruyóse eo OQ todo el tem* 
jplo^ Cá^lépov faoiosi eacueie 
de lelras sacerdotaies^o doadq 
se veieu» ídolo 8iabé4i«e cuya 
cábese descansaba sobre lasro- 
diltes. ^oeo astea, Auiemno ei 
filosofe habla leosefiado ^o^ ét 
€00 aceptacieii 4a teorjia y pre- 
d^cbo 4a caída del pagavisme. 
4L<os frailes ocuparoo ^n Cáoope 
-el sitie de los dieses y de los sa^. . 
cerdc^tea ejipcies. 

Aatfereció ea lea confines de^ 
M Persie, qn tenplo iomease 
que senria de fortificación i un« 
ciudad» «Habíéudese hecho Sé'* 
ari^ cristiano^ dice San Jeró^ 
anime, ol dios Mermas lloró en- 
ecerrado en su templo en Gaza^ 
»y temblaba esperando/que le 
•li'ueseP'á^ecbar al suelo.» 

•La saogre cristiana que ^er* 
lieroo Jes manc^ fiolsóflcas de 
Heladio» fué espiada liárbara* 
mente algunos años después <oai 
la de flipecia (4). Era esUtija 

(3) Eunap.^ pag, ^3. JÍntUérptm' 
t568. 

(4) I a reina del femplaiéa SérapK 
eiHlcl aHa 391 , f h moerlc ^ Hi|eds 
del 415. 



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* DVL BAJO 

de TbMO «1 jeómetf o, y de un 
jeoioeoperiorásQ padre, naci- 
da, criada y educada en Alejan- 
dría. Sabia en astronomía hmis 
de lo que se acostumbra en su 
secso^ frecuentaba las escuelas 
y ense&aba ella nisme la doc- 
trina de Aristóteles y de Platón, 
por lo cual se la llama «//!/¿se/^. 
Los DLajisirados la tributaban 
jpnores, y diariamente se veia 
a su puerta multitud de jente é 
pie y á caballo que se apresura- 
ban por verla y oiría. Estaba 
casada^ y sin embargo era vírjen; 
porque en aquel tiempo suce- 
día con frecuencia él ¥ii^r^4i- 
bres dos esposos en el lazo con- 
yugal^ unidos de sentliuteatds, 
gustos desuno y rortuna, pero 
sepairados de «uerpo. La admira- 
ción queinspiraba Hipacia noes- 
cluia un senlimiento mas4ierno: 
uno de sus discípulos se moría 
de amor por elle, mas ia joven 
platónica compadecida de so sj- 
luacioD, empleó la música en 
8u curación, é bizo entrar la 
traaquilidad por medio de la 
armonía en el alma que había 
períorbado. ^1 obispo Sinesio 
babia sido discípulo de Hipacia 
en Alejandría. Las rcartas que le 
escribió están escritas de este 
modo: «Al filósofo. Al filósofo 
Hipacia.» En una de sus cartas 
{ya entonces era obispo) la lla- 

XQHO XX. 



niraiao. 9 

ma su madre, n- hermana, su 
amada. Dícela que su alma es 
divina. Felicita á HercuKano 
por haberle becho> conocer á a* 
quella mujer estraordinaria que 
revela los misterios de la verda- 
dera fliosofla. Cirilo, obispo de 
Alejandría, se comia de envidia 
por la gloría y reputocion de 
Hipada. El populacho cristia- 
no, con UD lector á su frente lla- 
mado Pedro (1), se ak*rojó sobre 
la hija deTheon, «al entrar un 
día en la casa de su padre. 
Los piadosos furibundos la con- 
dujeron á una igfesfa, la desnu- 
daron completamente, la hicie- 
ron sisaduras por todo el •cuer- 
po, y en seguida en la plaza Gi- 
naron quemaron los miembros 
de la criatura celestial que vlvia 
en la sociedad de los astros á 
qiM6oes4guaiaba eo belleza, y 
de los cuales habla sentido las 
auis sublimes iufluencias (3). 
Hombres de guerra y hombres 

.^f) Quorum dux €t^ Petnu qui- 
éam lector. (Soerai, kist, e^el* lib* vu, 
'Cap. 15.) 

(2/ EamgueéseM detr/tetamad 
€cciesiam quoe CctMoreum cognominoT 
iuCf rapiunt: et vesitbus eoMiam iesif^ 
¿nUr^merurU, Cúmque membratim eafm 
d£sc0rpsUseht, memora in locum quem 
Ginaronan vocartt tornporttíta íncerf 
tíioc0nsmmpjn!ntnH$9cní^ bíK.ecct 
ifb.'m, capots.) 

2 



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10 



ntroMA 



¿e estado, senadores y ministros, 
sacerdotes cristianos y sacerdo- 
tes paganos/ ti tstoriadores, ora- 
dores, panejirfsUs, filósofos y 
poetas acodian al ataque ó á la 
defensa de los antigaos ó moder- 
nos altares. Los templos se tinn- 
dian á la voz y por mMO de tos 
frailes y de los obispos. 

«Esta es la conducta délos 
«cristianos^ dtce el anciano Liba- 
»nio á Teodosio: protestan que 
nno hacen la gtterra $ino á lo$ 
lítemploB ; pero esta guerra es 
«provecho para estos opresores; 
aporque arrebatan á tos desgra- 
«cíados los fruto» de la tierra, y 
»se marchan con los despojos, 
«como si los hubiesen conquista- 
»do y no robado. No siéndoles 
vesto bastante, atacan también 
»las posesiones particulares, por- 
vque se{(un espresíon de estos 
«salteadores, oqfMllm están ean^ 
vsagrádm i he dioses. Con este 
«pretesto, un gran número de I 
«propietarios se ven privados de I 
»los1)ienes que tenían desusan- 
«tepasados, mientras quesusdes« 
vpoliadores,. que á darles oídos, 
«ofiran á la divinidcHi eon sus ajiru- 
wnos, se ceban á costa de las víc- 
vtimas. Cuando alguno va á que- 
•jarse al pastor (nombre que se 
«afecta dar á un hombre que en 
«verdad no tiene la mansedum- 
«bre porBorte)lo arro|a de so 



npreseneia, debiéndose dar por 
«contento de no haber sufrido 
«a Ignn castigo.» 

•En materia de relijion de* 
«Jadío todo á la persuasión, y 
«nada á la fuerza. ¿No tienen los 
«cristianos una ley concebida 
«en estos téminos? Practicad Us 
nmansedwñbre y la dulzura-, pro-- 
iteurad obtenerlo iodo median* 
nte ella\ no empléetela violencia.^ 
M¿Por qué pues os M^rojais sobre 
«nuestros templos con tanto fu- 
«ror? ¿ por qué así quebrantáis 
«vuestras leyes?» 

Esta cita, demasiado instrae- 
tiva, diceChateajubriand, ofk*ece 
un cuadro casi completo del sin- 
glo IV: uso é influencia de los 
templos en los campóse fin de 
estos templos; principio de la 
propiedad del dero cristimo^ 
por la confiscación y rapiña de"^ 
la propiedad del clero pagano; 
codicia y fanatismo de los ntie* 
vos convertidos, que desnatura» 
I lizando las leyes^ se permitían 
depredaciones y cometian tur* 
buleneias en el interior de las 
familias. 

Los frailes fueron los prime- 
ros demoledores de los ilemplosi 
y por esto les prodigaban igual* 
mente elojíQS y ultrajes. 

San luán CrisóstomOr con mo- 
tivo de la sedición da Antloqnía, 
compara la coadaetade los ft* 



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JKEL BAIO 

lósofos y de los frailes. i¿%ín 
»dÓDde están, esclama, esos 
«que lleven báculos, capas y 
•barbas largas, esosiofames cíiii- 
»cos inferiores á los perros sus 
•modelos? Han abandonado la 
•desgracia y se ban ido á oc«U 
•tar á las cavernas.» 

«¿Cuáles son los destructores 
•de nuestros templos? dice á su 
•vez Libanio. Son hoMbres ves- 
•tidos con ropajes negros, que 
lícomen mas que elefantes, que 
•piden vino al pueblo en vez de 
•cánticos, y ocultan su prosti- 
•tucion bajo la palidez artificial 
•de su rostro (!).• 

«Hay una ralea miserable 
•llamada frailes, dice^gualmen- 
•te Eanapio: esloá, frailes, bom- 
•bres en la forma, cerdos en 
^ ávida, bacen y se permiten co- 
rsas abominables c«.. Todo el 

•que lleva un ropaje negro y 
•presenta al púbUce^^na figura 
•sucia y asquerosa, tiene dere- 
•cbo para ejercer una autoridad 
•tiránica (^).ii 

«En la alta mar, dice el poeta 
•RutiÜQ^ se eleva lavisla de Ca- 
•praria, manchada por hombres 
•que huyen de la luz. Ellos 
•mismos se ban Itomado fraila 

(1) Liban, pro iemplis. 

(2) Bunop. in viia AEduii^p. 84* 
Jü^uerpia: 1S6S. 



ntPEam. 11 

{monacoi monjes que para nos- 
otros es lo mismo que frai- 
les)^ porque aspiran á vivir sin 
•testigos. Temen los favores de 
•la fortuna porque no tendrían 
•valor para arrostrar sus. desde- 
•nes; y se hacen desgraciados 
•por temor de serlo* Rabia es« 
•tupida de un cerebro eslravia-- 
•dOj espantarse del mal y' no 
•poder sufrir el bien! su suerte 
•es encerrar sus tristezas en una 
•estrecha celdilla y criar un 
•humor negro y atrabiliario.» 

Los paganos se raantenian en • 
actitud ostíl tributando despre- 
do por desprecio, é insultando 
el culto de ios mártires. «En 
•vez de hacerlo á los, dioses del 
•pensamiento^ los monjes obli- 
«gan á los hombres á «dorar es« 
•elavos dé le peor especie-, re- 
•cojen y salan los huesos y las 
•cabezas de los malechores con- 
•denados á muerte por sus cri- 
•menes-, los llevan de una parte 
•á otra, los enseñan como di- 
•vinidades, se arrodillan delan- 
•te de estas reliquias, se pros* 
•ternanante sus sepulcros cu- 
•biertos de polvo. Serán llama- 
»dos mártires, ministros ínter* 
•cesores 4M>n el cielo, los que en 
•otro tiempo esclavos infieles 
•han sido azotados y apaleados, 
•y llevan en sus cuerpos la mar- 
vea jubta de la. infamia: ved a- 



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ti 



■I&1M1A 



»quí los nuevos dioses de la tte- 
»rra(l)é» 

Ebmedio dé estos animados 
combatientes, ciertos hombres 
mas justbs y moderados de en- 
iraml>os partidos , conocian lo 
que babia de VHaperable entre 
los discípulos de las dos reli- 
jiones. Amiano Marcelino, ha- 
blando del papa Dámaso, ob- 
serva que los cristianos tenían 
bastantes razones para dispu- 
tarse, aun á mano armada, la 
silla episcopal de Roma: «Los 
^candidatos» dice, que lle^u á 
«preferirse, se enriquecen con 
ulos regalos de las mujeres; son 
«llevadosen carfuajes y vesti- 
idos coa trajes magnfficos; la 
«suntuosidad de sus festines áu* 
«peraáia de las mesas de los 
«emperadores. Estos obispta de 
«Roma que así ostentan sus vi- 
«cios, serian mas reverenciados 
«si se pareciesen á los obispos 
«de provincia, sobrios, senci- 
«llos, modestos, y que con sus 
«ojos bajos se atraen la estima- 
»eioo y el respeto de los verda<- 
«deros adoradores del eterno 
«Dios.» 

«Hacadme obispo de Roma, 
«deeia el prefecto Pretexto á Dá- 
«maso^ y me baga cristiano (2)^» 

(1) Bknap,y in ^Uá Mies. 

(2) Fautt me Bomanee mrbis «- 



San Jerónimo, machas veces 
razonable á fuerza de hablar 
con pasión, escribe losiguiente: 
«Mirad si es una vergüenza 
«grande para nosotros: los sa* 
«cerdotes de los falsos dioses, 
«los bateleros, las personas ums 
»infameá pueden ser tegatarias; 
«únicamente los sacerdotes y 
«los monjes na pueden serlo; 
«un« ley lo proibe, ley que no 
«está hecha por emperadores e- 
»nemigos de la relijion, sino por 
«príncipes cristianos. No nM 
«quejo yo de que ley semejante 
«se baya espedido, sino de que 
«la hayamos merecido nosotros: 
«fué inspirada por una sabiapre* 
«Vision, pero noea bastante con«^ 
«tra la avaricia, pues á menu« 
«do se burlando ella por fra»- 
«dulentos fideicomisos.». 

El mismo padre dice en otra 
parter «Hay hombres que solicf» 
»ta»n ardientemente el sacerdocio 
«ó el diaconado > para ver k 
«las mujeres mas libremente* 
«Todo su cuidado entonce» esli 
«en sus hábitos, en estar calza- 
«dos con limpieza, y en ir per» 
«fumados. Ensortijan sus cabe- 
«llos con el hierro, los ani- 
«líos brillan en sos dedosr aff- 

«dan ét puntillas^ yoMis bien 

ptteopum, €# «r» proiíuee chriUiatiue 
iUienm.UHp.X^l.) 



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ML VAIO 

»106 toíaarfaii por doncellitas 
Mpalcrasquepor ctérigos.Los hay 
-ncoya úoica ifcopacioD consiste 
«en saber los nombres y babtta- 
Ilíones áe las mujeres notables 
ny de conocer sos toclinacionesi 
»desertbíré á nno que es maes- 
«tro en el oficio; Levimtase con 
«el sol y ya tiene preparodti el 
•óréea de sus visHas; busca tos 
i»camlno6 mas cortos, y este vie- 
«jo importuno entra casi hasta 
«toftcuartos^ donde ellas duer- 
amen. Si ve una ahnoade, «na 
«servilleta ó cualifiMer otra cosa 
»de su agrado, la alaba, la admi- 
»ra, la palparse lamente de no 
vtener una igual^ y en vez de 
«pedirla se la lleva (1).» 

Gregorio Nactaneeno habla 
de los^ carrea dorados, de los 
buenos caballos y de ta comitiva 
oomerosa de los pref ados; y re* 
presenta á la mult¡tu\l apartán- 
dose de ellos com(> ante las bes- 
tias reroces (2). 

Tal erd, pues, el estado del 
aacerdoeio y del imperio: la i- 
glesíe tttfluiade una matara vi- 
eible en lu» negocios,, y clara es 
que todo debía resentirse de la 
ambkion y la codicia délos sec- 
tarios. 

(t) fieurXi líisU eeeits,' tonu /íT, 
Ub* xvni. 
. (2) Qreg. Naz.^ orat. 32. 



El pagan ¡SIIV9 fís^i tepnllarsé 
en las catacumbas de-donde bv* 
bia salido el critltiMismo: aun 
se encuefitran hoy entre las ca« 
pillas y los sepulcros der tos pri^ 
meros eristianos, los santuarios 
y simulacros de los últiuM»» idi^ 
látras (3). No solamente se-coo^ 
Servaron en secreto los reatos 
de la relfjion griega, sino que 
don^tnó piucamente á alguna, 
parte del nuevo culto: San Boni- 
fació, en el siglo VIH, se quejA 
de ello á la corte romana (4). 

Influencia dbi cristunis- 
Ho. — Ya estamos viendo undi- 
de la antigua reUjíon, y entro« 
Dkadoel crisüanísuio. Hallan* 
dosela historia de la iglesia uni- 
da ala del imperio au» desde el 
•tiempo de Constantino, observe- 
mos aquí ka ioQueneiaqueba po- 
dido ejercer eicristianisuM). 

Acaso esta no ba sido tanta 
como jeneralmente se cree, di- 
ce Gamus (o); las costumbres 

(3) D\j4gintouri ^ monununi dm 
mojrea d^e a Rome» 

(4) Bonif^ epist, ap. SOrran^ el 
D. ütart. Thet. Anecd. 

(5) Compendio eltmcutal <3e H¡»^ 
toria Uoiver.«al, por D. Alfredo Adol- 
fo Canias, profesor de la UuiverMdad 
y Atfueo de Madridí 2 vol. 8.<> EsU 
obiita es tumainf nie recomeodable poir 

I la erudición que contiene» y por estar 
eicriu cao critíct y 61otofia. 



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bao iMjerado peee; «fli «s que 
DO se ven aora meóos hombres 
. viciosos y corrompidos que an- 
tes del cristianismo^ pues aquor 
lia pureza de costumbres de los 
. primeros cristianos solo eesistíd 
el tiempo que ^^raron las per- 
aeeticiones. Entretanto la reli- 
jion cristiana fu^ la primera ea 
proclamar la fraternidad de to- 
dos los hombres^ y en predicar 
la unión y ia paz*, doctrinas in- 
xomparablemente; mas piirasque 
las de los antiguos cultos; pero 
por desgracia no bastan las doc- 
trinas para domar las pasiones, 
la^ cuales triunfaron con fre- 
cuencia de todas la^ leceiones 
de la mas sana moral. 

£1 bien que ba producido el 
cristianismo^ y que no puede 
pouerse en duda, es babor des- 
terrado aquellos bábitos feroces 
que el paganismo babia creado 
ó tolerado; aquellos combates de 
gladiadores, cuya barbarie sía 
embargo ya babia principiado á 
eenocer la razón bumana: en 
este sentido es innegable que! 
suavizó las costumbres. Pero no 
aabemospor qué fatalidad el fa- 
natismo relijioso vino á dismi- 
nuir tan. gran bien. £1 cristia- 
nismo, en los tiempos de jgno- 
Mncia,fué para los hombres que 
-creyeron que defendían la cau- 
M divina, el pretesto infama y 



el motivo de atroeídadas, tm 
grandes como las que babian 
becho desaparecer. Esto consis- 
ie en que $in ilustración la ra/i- 
Jion se ténvierte en intoUraníe, 
no por defecto suyo, sino á con* 
secuencia de las pasiones hu- 
oAanas: así fué que todo conquis- 
tador cristiano quiso imponer 
por la fuerza su creencia á los 
pueblos conquistados: de esto 
será un testimonio Garlomagno 
entre los sajones; -^y nosotros los 
españoles en las dos Arméricas 
plantamos la cruz sobre rios de 
sangre como veremos á su tiem- 
po. Esto no se hubiera hecho 
ciertamente si las luces hubieran 
dirijido mejor el espíritu de la 
Céque se imponía á los ven- 
eidos« 

i^ influencia política del cris- 
tianismo, continúa el citado Ga- 
mas, ha producido ventajas y 
perjuicios. Manifestando mas 
directamente á los soberanos 
un poder que castiga y recom* 
pensa, la relijioo de Jesucristo 
ha hecho que algunos de ellos, 
aunque muy pocos, no se sepa- 
ren de la senda de lajusücia: 
proclamando la -igualdad delan- 
te de Dios, ba dado á conocer i 
los^eliores'del nuindo que sus 
subditos eran hermaiu)S suyos, 
y que la beoeñcencia ^ra mas 
bien un deber que una virtud. 



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liBL BAIO 

Coo todo 680^ lo qoe indicaría 
qo6 la influencia polflica deli 
crifllíanismo no ba sido tan po- 
derosa como algunos han pensa- 
do, es qne lejos do modificar el. 
carácter de los pueblos, ba re-% 
cibido él mismo modificaciones 
según el dírcrente Jenio de las 
naciones. Entre los griegos» na* 
turalmente habladores, enjen- 
dró mil dbpulas que se hicterun 
importantes á espensas de la 
moral, y cuyo eTecto fué debi- 
litar el resorte del carácter na- 
cjonal. Entre los paganos la 
multitud de divinidades y la fal- 
ta de uuid»d hacia que la reli- 
jion dependiese mas bien de la 
potestad civil^ — y aora ecsiste un 
poder independiente enniedto 
del estado, objeto de disensio- 
nes que Jamás debieran salir del 
seno de la iglesia, y que se han 
hecho los negocios mas impor- 
tantes del imperio. Así pues, el 
efecto directo Ua sido dar pá- 
bulo á la propensión natural de 
los griegos. En los pueblos de 
Occidente fueron mas crueles 
estas disputas, como liemos vis- 
to, viniendo á las armas los 
sectarios de los diferentes ri- 
tos ^ é identificándose como 
entre los griegos con el carác* 
ler nacional, recibió alli la re- 
lijion un ^rácter nuevo, y te- 
mió el ardor guerrero de los 



nPBaio. 15 . 

pueblos que la hablan adoptado. 
Durante la edad media^ y bas- 
ta que los hombres por medio 
de la civilización llogaroo á sa- 
ber distinguir los derechos lla- 
mados de Dioí y los que perte- 
necían á los gobiernos, vamos 
á ver á le potestad eclesiástica 
y civil en continuo choque. Los 
derechos de la soberanía tem- 
poral no estaban determinados; 
y si los reyes por so parte opa* 
nian el imperio de la fuerza, los ' 
tonsurado» preparaban fulmi- 
nantes anatemas, aspirando á la 
dominación universal, fundada 
sóbrela ignorancia, al fanatiá*- 
mo y las supersticiones de loa 
Heles. I¿l resultado de estas lu- 
chas continuas será como vere- 
I mos, el ilustrarse los partidos, 
y producir la unión de los reyes 
y do los sacerdotes, resultando 
el pacto infame que se conoce 
con las palabras del altar y el 
trono, y apoyándose mutuamen- 
te para formar como un haz de- 
fendido por la fuerza física y 
por las santas mentiras que no 
son del dogma. Por eso, cuando 
se apoderó de ios hombros el 
espíritu de revolución eñ Fran- 
cia, los valientes lilósofos del 
siglo Xy I II atacaron desde lue- 
go las' supersticiones relijiosas, 
seguros de arrancar á la potestad 
civil su mas firme apoyo. 



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16 

Volviendo ompero á la in- 
fluoMia folitrca del i:ristiams- 
mo, aoB^^ianias iasopínioDes qcre 
bafaaUdo sobre eíte puiHo, que 
es dificil eDumerarlas csacta* 
meDie: iian preieodiik) unostiue 
si seecsomtMiD «iKesivamenie 
las leyes y los deberes ^recípro- 
€0S de los bonbres, nada abso- 
lutamente se enouentra que sea 
debido al cristianismo^ otros es- 
elusivos también» han atribuido 
ó su influencia todos los cambios 
4|uese han verificado desde su 
estableetmienCo. Nosotras cree-» 
mos qtie es-pesíUe y quizá bms 
436aGto tomar u<i justo medio 
entre los dos estremos. Indu- 
dablemente el cristianismo so 
ba cambiado las leyes^ porque 
después de la ruina del imperio 
romano y del eslablecrmiento 
mismo -de los bárbaros, -vamos 
é ver fundirse a^quellas leyes con 
ks >de Jos pueblos del Norte 
.formando nuestro derecfao ac* 
tual. El cristianismo no ha des* 
iruido la esclavitud, por ejem*' 
pio,..p«ies que por ^un criminal 
abuso los pueblos cristianos ban 
establecido el ignominioso ira* 
iado de negroi'j pero tamUen 
vemos al cristianismo dando el 
primer impulso á 4a clvtiizacion 
moderna. La igBOFaock de los 
verdaderos principios del cris- 
4iani8mo^a sido y. será todavía 



BfSTOttIA 

por bacante tiempo la cansa de 
los abusos escandalosos nunca 
baslantemente deplorados. 'Las 
doctrinas verdaderas de esta re* 
iijicMi, fundiéndose con noestras 
columbres, y marchando con 
nuestra cirvjlt^aciott y nuestras 
Uices, pueden conmover los e** 
rrores que el egoísmo y otros de« 
seos mal dirijidos concurren á 
sostener; y si han tr-ascurrido 
dteziocfao siglos sin que hayan 
caido por tierra, es porque la in* 
fluencia de la relijten cristiana 
ha sido lenta. 



Cuando les hijos de Teodosio 
subieron al trono de su padre» - 
el imperio romano, restablecido 
por aquel gran príncipe, no ha-^ 
bia perdido ninguna desús pose* 
sioues. Sus límites eran los mis- 
mos que en tiempo de Constan- 
tino, «acepto algunas plazas ce* 
didas á los persas. Este coloso 
imponente por^u grandeza, bri^ 
liante por su opulencia, vivhi 
de su antigua fama, y los reyes y 
pueblos bárbaros que hablan de 
destruirle bien pronto, coateni* 
dos por las victorias 4e Teodo* 
sio, parcelan {lumillarse ante la 
majestad romana y aun ^x)ntri* 
buian á aumentar instantánea* 
mente su^^splendor, bajando sus 
frenles bolicosas ante el trono 
imperial» y solicitando el ain^ 



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Dn BAJO 

gulAT onor de añodhr á $hñ tita* 
loa de reyet» los de eóosal, pt- 
tsido, firefeeU y jeneral ro- 
mano. 

Pero se oecesUaba o» brazo 
muy Tuerte par^ servirse de au- 
siliareslao peligrosos. El esplen- 
dor del estado era ilusorio: la 
corrupción da las costumbir^s 
habia mioado su fuerza: solo las 
bárbaros ie defendiao contra los 
bárbaro^ y le dominaban antes 
da conquistarle. 

Roma^ sin virtud^ valor ni es- 
píritu público, no era mas que 
una sombra majestuoso. £1 pue- 
blo constaba de una multitud de 
estraojeros, de pobres, de escla- 
Tes 7 de Ubentos. Les grandes^ 
fue poco á poco haUitii acumu- 
lado en sus manos codiciosas los 
bienes de los ciudadanos y las 
riquezas del universo^ huían de 
las reales y de los negocios^ y 
evitaban igualmente el peso del 
trabajo y el de las armas. En- 
tregándose cou furor al deleite^ 
parecía que se apresuraban á 
consumir en banquetes^ espec- 
táculos y fiestas sus inmensos 
tesoros^ destinados á ser éo bre- 
ve presa de los bárbaros. La de- 
cadencia de los takatos era pro- 
porcional ala de laseeslumbres. 
Leyendo los escritores de esta é« 
poca^ solo hallamos pobreza de 
pensamientos, aljDbftnZaa aesa* 

Tono XV. 



liífMBlO. 17 

Jerada9i sarvllidad en tos afec- 
tos, f ncbaion en las ai|^rasionas 
y tojo Ja imájenes. 

Sin embargo, un imperio tan 
vasto prodacia aun algados hom- 
bres notables por su carácter, 
talentos y amorá la patria*, pero 
loseartaaaaos, ainiicoay Utíer- 
tos lasaepéraban cuídadoBamaú- 
te de loa nagaeios. Parecía que 
los vicios de la corteja raceia- 
ban del cóntajio de la vktad; y 
como dice «n atitor da aquel 
tiempo, ««enaltaban kambres 
»para los destinos, sinédesUnos 
spara los hombres.» 

El único talento qoa la intri- 
ga respetaba todavía, era al mi- 
litar, porque con venia «r po- 
dar. Y así al imperio', después 
de Teodosio, fué gobernado solo 
por janerales*, y coínoios bir- 
baios eran entonces mn valien- 
tes que los roiÉanes^ wremos 
que bajo el nombre de les suce- 
sores da aquel emperador rei- 
naron siempre es tranjeros hasta 
laaaida del imperio. 

StILICOM HlKlSTlO ESr OCCIDBN* 

TE. — ^Teodosio mismo * habia e- 
levado á los mas altos añores A 
vándalo SUlicon, y le habia da- 
do á su sobrina Serena. par aspo-* 
sa« Temiendo los .peligros que 
amenazaban al débil Honorio, 
dijo á StUifOQ «en ans éltioaos 
Ínstenlas: «Xa 4ego «ai poder, y 
3 



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Me saplieo <iae adoptes mfü a« 
afectos» Lleva por mi bijo el 
«peso del iiDperio: moero sio 
»in({iiielady fiado en %l. Meo^ 
«tras to prcrfeocis dirija á Bono- 
»rto y tttTalor-^kososleogay será 
«enperador.» 

AuD(|Qe era triste est» nece- 
sidad^ k>» roiMDOS coDÍesaroD 
queStilicoo justificó el nombra* 
niento» A pesar de su carácter 
violento^ su codicia insaciable y 
m ambición, fué gran capitán, 
político báhil, gobernador pra* 
dente: defendió con Telicidad el 
imperio que se le babia confta* 
do, contuvo á los facciosos^ ate^ 
rróá los . intrigantes, venció á 
k>s enemigos de Ronia, y dio á 
esta ctcidadel último raya de 
gloria. 

RCFIKCl^ miUSTRO EN ORIEK- 

TE. — La historia reprende con 
razón otra elección de Teodosio^ 
y fué la de Rufloo, que- gobernó 
el Oriente, bajo Arcadio. Notn- 
vo mas^preodas c|ue el artificia 
y la osadía.* todos los vicios in- 
festaban sn alma,, y no dejabaa 
higar en ella á ninguna vtrlud. 
'Persiguió el talento, proscribió 
el valor,, favoreció el fanatismo, 
opriiñíó al pueblo^ (|bríó las 
fronteras á k)s bárbaros, bizo 
despreciable a Arcadio y abo- 
vrecible á Teodosio> y fué lina de 
las causea nuis inmediatas^ déla 



ruina del imperio. A sus fuñéis 
tas sujestiones pueden atribuir* 
se sin injusticia algunos actos de 
intolerancia y tiranía que man- 
charon la gloria del reinado an« 
teríor. Declaró por un edicto á 
los majistrados reos de los crí- 
menes que descuidasen perse«- 
guk*, y los bizo crueles bacién- 
dolos tímidos. Otro edicto cola- 
có en la primer clase de los de- 
litos á la idolatría, cuando la 
persuasioQ y et ejemplo eran 
bastantes bara destruirla. Los 
pontífices paganos y las vestales 
se vieron despojados de sus bie- 
nes, y con estas rapiñas se dota- 
ron á las rglesiaa cristianas. 

Despreciando las costumbres 
antiguasy un» preocupación que 
bacia escusable tantos siglos da 
gloria^ derribó Teodosio la esta- 
tua de la Yictoria, que puesta da 
pie sobre el globo del mundo, 
vestida con un ropaje Sotante^ 
y desplegando brillantes alas f 
con una corona dé laurel en la 
mana, parecía intimar á los ro- 
manos el valor, y prometerles el 
triunfo^ 

Un fanatismo nuevo bizo á 
Teodosio arrancar del capitolio 
las estatuas de Júpiter, Marte» 
Hércules y atrós dioses, y atán- 
dolas á su carro, arrastrarlas cou 
orgullo por las talles de Boma» 
triunfando de laa vencidas divt* 



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DEL BAJÜ 

DiAidet ^t Olimpo, ^mno coan- 

do él inecsorable Aquiles habia 

triunfado de Éeclor. Simmaco, 

defensor del jenUlismo» fué des* 

terrado; los patricios temblando 

abjuraron la idolatría por temor 

del castigo y no por convicción. 

Entonces íaé cuando el poeta 

Prudencio profanando-«u4alen- 

toy alabandoiiQ acto despótico, 

se felicitó de ver «á los senado* 

•res.lumbrerasdel universo(pW- 

wcherriina mundi lumina), á los 

]imieffibros de una asamblea de 

i>Fabios y Catones, dejar ms 

«ropas pootiOcales* abandonar 

»conorror la pielde la antigua 

«serpiente para ponerse al re<*- 

' apaje blanco de la inocencia del 

«bautismo, y buoiillar tí orgu- 

«lio de los hazas consulares so- 

«bre la tumba de los márti- 

«resXl).» 

A la vos de Jeodosio se cen*a- 
ron los templos, se demolió el 
eapUolio, se amenazó con la 
muerte ¿ los partidarios del an- 
tiguo culto: la intolerancia, a- 
tentada por la autoridad^ no co- 
noció límites: triunfantes ya 4o8 
cristianos, cometieron los mis- 
mos escesos que bubiau ecbado 

(t) AureL PrudentútSf vv- cohmi- 
tariSf contra Sfmmackumf prafulum 
arhUf Corpus poe im iwm^ 4otm IV^% 
p. 7SS^«. 128^161. 



B»SB10. 19 

enrostro á sus perseguidores^ 
y ya hemos dicho que San Mari- 
tin de Teurs, marchó at Irente 
de un tufbion de frailes, des- 
traycMe los ídolos, derribando 
los templos, arrancando los ár- 
boles sagrados j talándolo todo 
con su santo merodeo. 

Ai destruir las estatuas se 
descubrieron los fraudes de los 
sacerdotes paganos, que por me- 
dió de tubos ocultos transmilian 
á las bocas de sus dioses los 
mentidos oráculos: este descu- 
brimiento hizo perder mucbos 
sectarios al paganismo. 

Fueron proibidos como crí- 
menes de alta iraicion aun a- 
quellos sacrificios en que no se 
inmolaban víctimas. Los paga* 
oosjimieron y cedieron porque 
no teniao otro remedio. 

Algunos filósofos emprendie* 
ron la refutación de las obras dé 
San Agustín, pero la intoleran* 
cia 00 permitió se publicaseusus 
libroS4 lo cual prueba evidente- 
mente que se necesitó dé ta 
fuerza para propagar el cristia- 
nismo, y que no fué la persua* 
sion de la doctrina la que con- 
'venció éaicaraente. 

En fin, la revolución fué total, 
y treinta aáos después de Teo- 
«dosio«casi no se encontraban i- 
dólatras engodo ol empeñe; pe- 
ro por mnolio tiempo las con- 



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so 



mrosiA 



tersioQe» faeroB mal MM apa* 
renlea que verdaderas; tto graa 
número de romanos deplorabaft 
la desIruccioD de su aaiigiia re-> 
Hjioo. «Este trastoriio> dice el 
pja citado Eunapioy madó loa 
ytemplos eo sepulcros, cubrióla 
«tierra do lioiebtas, restableció 
«el itiuado del caos y de la no- 
•cbe, y á las inaájeoes TCnera- 
«das de los dioses^ sustituyó la 
9S0perstick)B algucK>s malecho- 
iires oscuros, decorados coa ol 
»Dornbre de mártires.» 

Tales fueron los últHnos o- 
eentosde dolor de los idólatras, 
que en poco tiempo hubieran 
eedido á la raaon sin murmurar, 
pero que no podian sobrellevar 
la mas Injusta de las Ttolenctas, 
cual es la de oprimir al pensa- 
miento. 

A pesar de esta violación de 
las antiguas costumbres y de la 
Nbertad de opiniones el nom* 



Grecia, Dicla, Asia meaor, Sl^ 
ria y Ejipto: Honorio á Italia, 
África, Espafta, las Gallas f 
Britannla. Arcadio, de diexio- 
cho aftos de edad, vejetó mas 
bien que reinó tn Constantl- 
nopla. Era Arcadio pequefio de 
eoerpo, mal becfao, feo, negro 
y abrutado; tenia los ojos medio 
dormidos, como una serpien* 
le (1); H juario. era perezoso y 

r¿tii(2). 

El galo Rufino gobernaba al 
Imperio y al emperador de 0« 
riente. La matanza de Tésalo* 
mea babia manifestado bastan^ 
te su propensión á la crueldad, 
que no tavo freno*, muerto Tea» 
dosio. Era amigo pérfido y e- 
nemigo inaplacable. Como fuese 
contrario á las miras de su am* 
bicion el crédito de que gozaban 
Taciano, prefecto de Oriente>y 
Promolo, comandante jenerí^l 
de la infantería^ cayo valor y 



bre glorioso de aquel emperador prudencia babta cootribuidomas 
,erasobradamente respetado pa- I de una vez á la salvado» del 



ta que pudiera dudarse del de- 
recho de sus bijos. Los doa se- 
nados de Roma y Constan tino- 
pía los p.roclamaron augustosv 
y el pueblo y las tropas les ju- 
raron fidelidad» 

BEPáLETlMIEJíTO DEL lULPEftlO. 

— Entonces se repartió defl- 
Bitivamente el imperio. Area- 



dio poseyó á Tracia, Macedooia» ] tap. % Pha.^ u»^ 80w 



imperio, suscüó contra el pri- 
mero una causa inicua en que 
pereció^ y desterró al segundo, 
esperando la ocasión, que logró 

(1) Phtiost. hísf. eed. tíb, Xt^ 
cap. 3. Procop.^ dé Bch Peréiulib. /, 
cap, % 

(2) Pro0op.de Bel. Vand^lA,it 



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•Ifim tfeaipo detpods^ de at»» 
iiMrle por ^m «misarios tm^im 
eomliftte eooira los ba star ñas. . 

La TirtiHl de Laciaao, conde 
de Orieale, eoBtraetalM co» los 
Tietoe del iiiiDistn> ^áe- mi» me» 
aera arto pettgroea pera- él,, y 
esi le IriBO morir BuSno liere>> 
ASIosMeoes Jesús víctimas, y 
obturo sus destines. Ctaudiano^ 
Suidas, Sbhiímo, Jérótrimo* y 
Simmaco'le acosa» de a ambición, . 
de perQdiav de crueldad y sobre 
todo de avaricia. El terror que 
eo nombre cansaba e» tod^ el 
fanpério, tenia sumiso»- al pue^ 
blo y á les provincias-, pero sf en 
ninguna parte iMbia ánimo paira 
resistirle, la intriga procuráis 
ba tenebrosamente- minar so 
poder. 

Para estrechar mas^ la cadena 
eo que tenia esclavizado» el dé- 
iril Arcadío, solicitó casarle coa 
ao tiija. El príncipe habia dedo 
ya su consentimiento pora elto^, 
pero mientras su orgulloso mi- 
Dísiro recorría el Asia para go- 
MBT del soi>erano poler que e- 
jereia sin rival eoel Oriente; el 
eonuco Eotropio, mayordomo 
mayor, celebró^en presencia del 
Joven Areadio las gradas de Eu* 
dosta, famosa por sos dispotas 
con San JuanCrisóstomo, élrija 
del conde Baotoo, Jeoerel de los 
francos ausiüares. Arcedlo ^i» 



nivBtiei '21 

80 verHiiseeoemoró dé^eHa y 
resolviA tornarla por esposai 
Ouantlü volvió « R4iílno i Cons* 
tantinopla, encontró la*» ciudad 
ecopada# tn* los^ preparativos de 
las fiesta» nupciales: lól creía que 
eran parador bija/, y su^ furor 
fbé igual á-^ so sorpresa cuando 
vio al emperador coodociendo á 
Bndosia al templo^ Este prince*- 
sa^ digna de su elevación por so 
twrmesura, y mas aun por so 
talento * y su ^ firmeza^ sostuvo 
liábi^imenie la* peligrosa lucba 
((ue empesó- desde aquel mo- 
mento enire ella y oo ministro • 
lao vengativo eomo poderoso. 
' Mientras que estas intrigas de 
palacio eran la única ocopacioa 
de la juventud de Areadio ; eo 
el Orieote ei tutor del joven Ho- 
norio, mas digno, de ia confianza 
de Teodosio, eoteodleeo empre- 
sas mas importantes, y gober- 
naba á Roma como un verdade- 
ro romano. Stílicon, béroe del 
poeta Claudiano, y nacido entre 
los bári>uro% escedia la estatura 
atribuida á los semidioses. En 
su juventud se (Ustíngoió entre 
los mas belicosos por su valor y 
destreza. Lus votos públicos con- 
ürmaron cada grado que obtu- 
vo. Conde de los domésticos, co- 
mandante j^eneral de Ja cftballe- 
via é infantería de Occidente, 
Mposo de la princesa Serena, 



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«obrioa^ Teodoftio» trn el mtoó 
dueño del imperio biijoisl qohi- 
bre de HoQorio qcre 4uq iie te- 
nia doce afioa;. 

Los baslaroas^ «scitadx>s por 
Bufiíio» liabian derrolado un 
^caerpo de los romanos de Oriea^ 
te'^ y asesioado á Promolo: SU* 
licon-aepuso en campana para 
"vengar á au amigO! veació á los 
l)árbaros "é hizo en ellos ^rae 
'kiiiatatizA. Volviendo desperes sais 
armas contra ios }er manos que 
se hablan alentado con la muer-* 
"te de Teodosio^ los echó* de 'las 
-Gaüas y los persiguió mas «Uá 
del Rin/ Habiendo libertado al 
imperio de sus enemigos, pre- 
•«ervó á losciudadanes, por me- 
dio de una severa disciplina^ 4e 
la licencia militar. Su gioria es- 
pitaba la envidia de Ruíino, y 
Ips dos orgullosos rivales uo 
4ardarou en ser enemigui. 

Los peligros á que la discordia 
^sponia entrambos imperios^ a- 
4erraban el espíritu jeneroso de 
^tiiicon; pero no baeiao mella 
-en el alma baja de Rufino^ capaz 
de sacrificar si4i escrúpulo las 
4res cuartas paries del imperio 
á los bárbaros^ por tener la cer- 
4eza de reinar enlo que queda- 
se. £1 mismo eseitó las tribus de 
éhuuosy scítas á rabar el Asia pa- 
ra aterrar á Arcadio y conservar 
^ .poder .que^ tenia en su corte. 



Xo§gedo$t¥€flvi«fOD á temar lu 
armas, y pasaron el Biaubio pe» 
ra atacar «I Oriente. StUioon» 
^ocupado entonces en. el repartir 
miento de Ips tesoros y ejércitos 
de ambos emperadores, marceó 
contra los godos, coa el pretesto 
de llevar á Arcadio las tropas 
orientales ^ue. faabia ,,eii Italia*. 
Llegó cerca de Tesaióniea,. y 
con 8«s hábiles miovimíen^M 
estrechó á los bjtrbarps en una 
posieion'desveotajosa, donde era 
cierta su ruina. . 
"" Rufino temia mas i. fitilicoo 
que á los godos; y así logró de 
Arcadio una orden para que sus 
iropas volviesen á Constantiao» 
pía» y proibir é Stilicon gue a^ 
vanzase con ellas« £ste jeoeral 
obedeetó, y volvió á Italia; pero 
estada cierto de la adesion de 
las lejiones que enviaba al em- 
perador de Oriente: ellas ^y el 
godo Gainas que las mandabü, 
detestaban á Rufino y prome- 
4ieron su .mu^rtcá Stilicon^ Tú^ 
vose muy secreto este, designio, 
y en S4I marcea desde Teaalónica 
áÜonstüuUnopla ninguna pala- 
bra inconsiderada dio ni aim el 
ffuenorándicio. A 6u liegada o- 
cuitaron el odio con la máscara 
de la Usonja; y Rufino, engafia* 
do por los omenajes ^ue le tri- 
butaban, les prodigó sujS teso- 
ros, esperando co»^l ausilio de 



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un BAJO 

élloi trianfar de Endoala y e^ 
fonarsa ein|>erador* 

BfuiftTBDB mcTPiNO. — Árcadio 
era aobradameftle débil para 
i|ae se atreviesen á manifestar* 
le so peligro; y le sal? aron en* 
gttfiánAolo. Gahias solicitó para 
sos lejieoes ka onvade qu^ le» 
pasase re vistai el oftismo empe- 
radorreste principe fué con su 
minislro á la llanura donde las 
tropas acampaban r sakidó res* 
peiuosamenie^ según el uso^ . las 
águilas roDMtías^ mientras Bu- 
fiDO> que habla tncho ya aeiinar 
medallas con so eAjie coronada, 
coniea^plaba orgullosamenté los 
soldados en que fundaba su .es- 
peranza. Pero apenas llega co» 
el príncipe enmedio de la línea^ 
ks do4^las avaosan rápidamen- 
te y los rodeaOr Goinas da la se- 
ñal, y un soldado se arroja so- 
bre el ambicioso minislro y le 
hunde la espada en el seno., fta- 
fln^ jime y cae muerto á los pies 
del emperador. Estiéndesela no- 
ticiada su muerte, el populacho, 
tan furioso contra los tiranos 
muertos como bajo y sumiso á 
ellos mientras viven, se apodera 
del cadáver y lo destroza y a- 
rrastra por Us callesl ponea su 
cabeza en la punta de una lapza» 
la llevan á GonstanUnopla y la 
pasean por las callea: le cortan 
la mano derecha y la presentan 



iMFBRnr. SS 

depu«rta«ii poertayá toa que 
pasaban, como pidiendo todavi» 
contribuciones. Un guijarro in«- 
troducido en la boca del muerta 
se la mantenía abierta^ y los la<* 
bios parecían pedir la limosna 
que Itt iooiaoo esperaba; sátira po^^ 
pular de vun enerjla espantos» 
contra la esaccion y el poder. 
Su esposa é hija escaparon dé la 
muerte huyendo^ y hallaron a- 
siloen mi conv;ento de Jerusa* 
lea: sus bienes fueron confisea>- 
dos. Este funesto ejemplo aov 
mentó el poder de los jeneraies, 
disminuyó el xespelo debido á: 
los emperadores^ y sometió el 
cetro á la espada* 

EVTKOPIO, MllllSTBOXliOaiEN- 

TE.*T-SI nt proyecto de Stilicon 
en derribar al odioso RuAno fué 
gobernar entrambos imperios,, 
se engañó mucho en su espe* 
ranza.. Arcadio, que la lemia^ 
depositó su confianza en el eu- 
nuco^ Eutropío , su camarero 
mayor. £1 mismo (jainas se de* 
claró contra Stilicon, y lígadoa 
los dos fovoritos contri él, pro- 
yectaron asesinarle, Un decreto 
del senado de Consta ntüiopia le 
declaró enemigo púiblko, y con- 
fiscó los bienes que poseia en 
Oriente. Así se enemistaron los 
dos imperios, cuando el |>eligro 
hacia mas necesaria la unión, y 
desde esta época cada una de las 



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M 



fBonmtíí 



dos cortes ntralm como aKados 
sayos á losMrbaros que «aiioa- 
béú la otra. 

La discordia, de los palacios 
resuekó la antigua rivalidad de 
los dos pueblos: losgriegoé abo- 
rrecían siempre la rusMcidad ro- 
mana» 7 los roaaaiies la moUete 
}/ refinamieolo. griego. StUicoa, 
mas noble que sus émulos, no 
<(Uiso esponer» por el interés de 
su orgullo» entrambos 'imperios 
é las calamidades de In guerim 
cívih, 7 aisí abstidonóal débil 
Arcadioá susnuevQS Tavoritos. 
Por otra parle» unaTebelion te* 
mi ble en Arríca ocupaba enton- 
ces toda su atención. 

Leyantaiiibnto de JILTK) Btf 
\AFRiCA. — (397) La iuduljeocia 
de Teodosio habia dejada en a* 
quel pais vastas posesiones en 
poder de JUIdo» bermarto dei 
usurpador j tirúroo FHrmu. £ste 
ambioioso sevalió de sus dique- 
las para suMe^ar á los africa- 
nos. Algunas trepas romanas, 
faltando á áu debet» Tavorecie- 
ron la rebellón. Jildo, (4evado 
el poder supremo, se llamaba 
libertador dé su patria» y era el 
tirano de ella. No bubo dia ain 
asesinatoa, ni nocbes sin liviao* 
dades que desonraban á las fa- 
milias mas ilustres. Las muje- 
res mas distinguidas, después 
de saciada su lubricidad, eran 



entretallas 'poreátemóostrao á 
los negros feroces áéi desierto 
que compon ian s« goaprdie. Roi* 
naba con oste^despoüsoio ^a 
baber osado cefiirse te diadema» 
y aun pegaba tributo á Ronia; 
pero temiendo el rigor do Sti« 
licon» imploró le protección de 
▲readio» el cual tomó su defe»* 
sa oon«el desígoio de reunir «1 
África aMnperio de Oriente. 

"StlHcon, para oponerse coa 
mas fuerza alas pretensiones de 
la corte de Bizaneio» creyó no* 
cesarlo fortificar sa poder coa 
Je majestad de las antiguas lo« 
Tes. Hizo; pues» aparecer la 
sombra de hi república» tanto 
tiempo olvidada» y determinó 
ai emperador Honorio á que so* 
metiese la causa de ludo á k 
sentencio del senado. Juzgóse- 
le» pues» según las' formas anti- 
guas, y los votos unánimes de 
los senadores le declararon e- 
nofhigode la Tepdblica. Encar- 
góse áStil icón la ejecución ddl 
decreto. Solo el senador Simma- 
co manifestó ^recelo de que este 
guerra»4mpidÍ6ndo la llegada de 
los granos de África» produjese 
escasez en Boma, 7 diese moti- 
vo á un levantamiento; pero la 
previsión del ministro impidió 
este peligro-: bizo venir de la 
Calia grandes remesas de tri^ 
go, y durante la guerra oel &ó« 



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DEL BAJO 

dffno fué granero del Tíber. 
Jildo, que respetaba lan po- 
co la naturaleza como la justicia» 
había proscrito á «u hermano 
Marcezel, y obligadole á Tcfu- 
jiar^eó Mediolaco. Conociendo 
Slilicon que no podia nombrar 
un jefe mas ardiente para lograr 
la venganza pübHca, dio á Mar- 
cezel el mando de los -veteranos 
gfiflos, de los jovios, de los her- 
cúleos, y de dos lejiones llama- 
das la aforlunaday la invencible. 
Se puede juzgar de la decadencia 
de las fuerzas romanas, obser- 
vando que lodos estos cuerpos 
«scojidos solo componían cíaco 
mil hombres. Jildo tenia se- 
tenta mil conabíiiientes: orgullo- 
so con este núiTícro, se jactaba 
de atropellarenlre los pie» de sus 
caballos y de sepultar en torbe- 
llinos de polvo aquel puñado de 
palos y romanos que venían á 
atacar alseñordel África. Sinem- 
bargo, las coortes romanas, que 
eran íu verdadera fuerza, cons- 
taban de muy pucos soldados: 
los demás eran africanos sin mas 
armas que el dardo, b4 mas es- 
cudos que suscap^s. 

MCERTE iHá JÍLÜO. — (398-) 

Marcezel, sin lemeraqueliu mul- 
titud indisciplinada, avanza in- 
trépidamente con sus cinco nail 
valerosos, llega á las filas e- 
nemjgas^ y les ofrece el perdón 

TOMO XV. 



IMPERIO. S5 

si se someten. Un portaestan-^ 
darte africano le amenaza: Mar- 
cezel le echa abajo el brazo con 
el sable: el estandarte cae: los 
demás abanderados de las coortes 
romanas que servían en el ejér- 
cito del usurpador, viendo des- 
de lejos la caída de aquella in- 
signia^ creen que es un actddesu- 
mision, siguen su ejemplo, n- 
rrojan tes armas y proolamaB á 
Honorio. 

Esta defección esfwrcíC el te- 
rror y el desorden entre loa 
maurttaBOS, y después de un ii- 
jero combate huyeron al de- 
tierto. Jildo, sin ejercito ni es- 
peranza, se embarcó para bus- 
car un afilo en Oriente-, pero a- 
rrojado á la costa por los vien- 
tos contrarios, y rodeado de las 
tropas romanas, se dio la muer- 
te para librarse de( suplicio. 

El senado de Roma juzgó á 
sus cómplices con el escesivo 
rigor que acompaña siempre ai 
miedo y á la flaqueza. Marcezel, 
conquistador del África, y re- 
cibido en triunfo en Mediolauo, 
escitó la envidia de Stilicon. 
Paseándose los dos algún tiempo 
después, se asombró el caballo 
del principe mauritano y le a^ 
rrojóenunrío inmediato. Mu- 
chos acudieron á socorrerle-, pe- 
ro Sülicon, sonriendo, detuvo 
coa uua fieüy^l zeÍ9 de ios cor- 
4 



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86 iwrorot 

leéaoof^y Bfartesel péveeidsltt 
iocorro^&cre l«s ondas* 
• «La ioeertidambre de las eo^ 
«sas de este sígto és tarfi grande, 
nescribia cotonees San Agustin; 
»se ven caer tan k meondo i los 
»pr(neipts de la tierra, qñe los 
»f ne esperan en ellos, en ellos 
»eneaentrnnsu ruina.» La for*' 
tuna de Stilicon se aumentó por 
el casamiento de su hija María 
con el joven emperador Hoiio^ 
río. La musa de Clandlano ce- 
lebró en bellos versos esta hi- 
meneo*, y auo(}ue no era permi- 
tido adorar i los diosas en ios 
templos, se dejó á los poetas la 
* facattad de cantarlos é incen* 
serlos en sus obras. La imajíoa- 
eion n(^podia renunciar á las flc* 
clones dei politeísmo^ y las fá- 
bulas de la Grecia, proscritas 
por la relijioD cristiana, fueiH» 
salvadas por \at poesf*. 

El casamiento de Honorio no 
produjo herederos at imperio. 
María murió doncella diez años 
después de su matrimonio; por*** 
que Honorio, flaco de alma y de 
cuerpo, ni podía ser padre ni 
príncipe. En su primer Juven* 
tud solicitó ejercitase en las ar- 
mas con los de su edad; pero a- 
feminándose mas cada dia, se 
encerró en su palacio, solo trató 
de las niñerías de su casa, Jar- 



Stilicon, y tile efp6<4adiir Htét-^' 
ferente de la agonía y ruina d* 
sa imperio. 

Rufino, antes de morif^ para- 
dominar á ArcacKótiabia llama* 
do los godos en su socorro, se^ 
giin algunos historiadores. Eu« 
tropio, nuevo favorito del em* 
perador de Oriente, desconten* 
tóá estos bárbaros, negándoiea 
los subsidios convenidos, é irrir 
tó di Joven Alarico, no conce^ 
díéndole las dignidades milita^ 
res que este príncipe creia de« 
bidas á sus azsñas, y á los ser* 
vicios hechoa miUtando coa 
Teodosio. 

Retrato mí alarxco. — Ala* 
rico ha bia nacido en la isla d* 
Peuce en la embocadura del Da- 
nubio. Glaudiano llama poética* 
mente á este rio el dios patera 
nal de Alarico. Este hombre, li- 
no de los cinco ó seis iiombrea 
milenarios ó Tásticos, no era d» 
la familia de los arnaUv^ la pri- 
mera de la Dación goda, sino d# 
la segunda,la familia de los 6aí«« 
tm. Su vah>r le babia adquirido 
entre sus compatriotas el sobre* 
nombre de Salto, que signifie» 
el atrevido ó el valiente. Supe* 
raba igualmente en Jenio y cien* 
cia militar á todos los guerreros 
de su pueblo. La envidia misma 
cedió á Su superioridad: todo^ 



diñes y corral, confió el cetro á * los jefes de loa godos le procla» 



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ML BAIO 

maroQ jeneraí; y este implaca* 
l>le eiieiBígo de Roma se valió 
para destruirla de la^sperieQ- 
cía que bahía adquirido en los 
ejércitos áei grao Teodosio, 

Líi corte de Orieole, á la cual 
acometió primero, solo le opuso 
jeiierales incapaces de medirse 
con él. Antíoco y Jeroncio ni 
«upieroD mantener la disciplina 
en las tropas, ni defender la 
frontera. Alorkio los venció en 
muchos reencuentros^ saqueó la 
Tracia y la Ducio, penetró en 
Grecia sin ostáculos^y avanzó 
hasta las \er tientes del Eta. Pocas 
fuerzas huhieraa bastado pura 
defender el paso d» las Termopi- 
las; pero puede decirse que solo 
estaba defendido por la tumba de 
Leónidas. Unos pastores ensena- 
ron á los persas el sendero de la 
aiontaüa; unas ropas negras (lo 
cual en el lenguaje de Eunapio, 
fiignifican frailes ó monjes), lo 
descubrieron á los godos. ¡Qué 
prodijioso cambk) en los tiem* 
:pos! ¡qué revulucion eiitre los 
bombres ! 

ATebas la protejieron sus mu- 
rallas: los recuerdos de esta ciu- 
dad venian de £dipt>, pasaítan por 
Epaminondas y Alejandro, A- 
Jarieo perdonó á Atenas por- 
que capituló^ ya esta ciudad e- 
ra una universidad mas famosa 
por su miel que por su Gloso- 



IMPEMO. 27 

üa (1). Aceptó un convite y se 
bañó en la ciudad de Pericles y 
de Aspasia para manifestar que 
no le era estraña la civilización. 

Pero el Ática fué entregada 
alas llamas. No hace muchos 
años que semejaba Atenas, co- 
mo en el tiempo de los godos, á 
la piel sangrienta de una vícti* 
ma cuya carne se hubie^ie ofre- 
cido en sacrificio (2). Afirmábase 
que Minerva habia movido su 
lanza y que la sombra de Aqui- 
les habia espantado á Atan- 
co (3). Los espíritus debilitado* 
por la fábula, dice Chateau- 
briand, son muy pequeños en 
las realidades de los imperios: 
la Grecia, conservada y como 
embalsamada en sus ficciones, 
oponía puerilmente las menti- 
ras de lo pasado á las terribles 
verdades del presente. 

Atarico continuó su marcha 
acia el Peloponeso: Ceres pere- 
ció en Eleusiscon sus misterios, 
y cuyo templo fué el último asi- 
lo del paganismo. Muchos filó- 
sofos murieron de dolor ó por 
la espada de los bárbaros^ entre 
otros Protero, Hilario y Prisco, 
tan querido de Juliano. Corin- 

(1) ^ynes. ep, 135, ad/raiefJh 
p. 272. 

(2) S/nes. t&id, 
.(3j Zoí.,iA».78í. „.^y^. 



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» 



wtsmtá, 



to^. Argot 7 Imparta Tteroo olla* 
4a 80 gloria. Entonces qnlzi pe- 
refería aqoel Júpiter olíoipito 
qne no tenia de inmortal lino 
su estátna. Desgraciadaoiente 
era, como ya hetnos diclio en o* 
tro pars|é> de oro y marfil; si 
hubiera sido de mármol, acaso 
hubiera quedado esperanza de 
hailnrfo entre los oratorrales de 
la Elide, á meóos que pulvert* 
xadoel pensamiento de Fidias^ 
oo se bttbiese convertido en la 
eel de una chosa 6 de un mina* 
rete. 

Stilicon>qiienohabi» podido 
llegar á tiempopara salra^ á tos 
griegos, corre jpera Tenga ríos: 
desembarca con on ejército en 
las cercanías de Cbrin^; da á 
los hm^baros muchos combates 
osttnades y sangrientoSi^ y des- 
pués de una terrible resisientia, 
logra uoa completa victoria. 
Obliga fríos godos k relirarseá 
una montafie cercena alas fuen* 
tes del Peñeor los rodea de a- 
Irincberamientos^ tes corta toda 
comunicación, y no les deja 
mas alternativa que la servidtini- 
bre ó la muerte. Pero una gran 
confianza en el triunfo hace que 
se pierda muchas' veces. SüH- 
con cometió la falta de alejarse 
momehláoeameole de su ejér« 
cito para asistir á las fiestas y 
juegos públieoS;, que nunca de- 



jaban de celebrarse eif (^ecitv 
según la antigua costumbre, mam 
enmedio de los mayores desee** 
tres. 

Durantes» aosencia seaflojd 
hr discípliiM en- ta» tropas, y loa 
Jefes se entregarotti* la cripute. 
Los atrineberanrieotos se guar^ 
daban coi» negiijeocíe, y enme« 
dio de-»ita noche sombría sali6 
Alarieode su campo con todo el 
ejérvfto; forz<S his líneaede loB 
romanos, se refiíjió en les mon«- 
taño» de Epiro y sefortificd eo 
ellasw 

Stilicon quería perseguirle^ 
pero el rey de los godos, taa 
diestro como valiente, aprove-^ 
cháhdose coi» habilidad de la 
desaveoencje que bebfe entre 
las dos cortes imperiales/ hizo 
la paz coa Árcadio que aceptd* 
sus servicios, y le nombró co¿ 
mandante general de los ejérci*^ 
tos de la Iliria' oriental. Asi Sti- 
licon, aunque vencedbr, se vlA 
obligado á retirarse, respetando^ 
por el nuevo títufo de- Jeneral 
de Arcadio, al enemigo y das^ 
tractor de entrambos imperios.. 
Sin embargo, en medio de los 
cortesanos de Oriente habo un 
hombre valeroso, Hamado Sin^ 
nesio, qoe se atrevió á decir lit 
verdad al emperador. Hízolo 
presenté que en lugar dé some^ 
ter U majestad romana al* yú^ 



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de los bárbaros, un hijo de Teo- 
dosio debía arrojar tan feroces 
ansUiares, desterrarlas de su 
cdrttí, desecharlos de sus campan 
mentos, restablecer la anligaa 
disciplina, reformar el lujo, dis- 
poner levds, llanrar á las armas 
á los patrkroSj cabaHeros, agri- 
cnUores y comercianlics, y al 
frente de este ejercita de ciuda- 
danos destruir la «acroo- goda y 
salvar ditfnperio. Este discurso 
verdaderamente n^mano, fué 
\fnuy aplaudidoc mas solóse le 
respondió con el decreto que pu- 
/blicaba la |»romoc¡on de^ Aliirtco. 
• > Primera ESPEwciON de al^ki- { 
€0 A ITALIA. — (400) El rey áe los 
godos se sirvió de Ij aulurídad 
que se te confiaba para dar á 
í. tus tropas armas de toda espe- 
'-TCie^ Eñ lodos los talleres del O- 
Tiéntase ocuparon noche y dia 
r.io6 romanos eu forjar yelmos, 
escudas, lanzas y espadas para 
armar á sus diestruclores. 

Mientras la discordia debilita- 
be cada diíi el poder roaiano, la 
unrofí aumentaba el de las na- 
eiones bárbaras. Todo^ suá prín- 
cipes, aogando la envidia, se pa- 
steron bajo los estandartes de 
Alarico, comandanlajeneral del 
imperio d^ Oriente, le alzaron 
sobre un escudo, y le proclama- 
ron rey de- log visigodos'. Este 
r príncipe había asolado eu su ÚU 



WPERm. 29 

tima invasión fas provincfas o- 
rientalesde Europa: no podta* ro- 
bar las de Asia, cuya defensa te 
era ctmíiada per su nueva dignr- 
dad: además, Gonstantínopla era 
una plaza demasfado fuerte para 
que pudiese lomarla. Iodos es- 
tos motivos le incitaron? á hacer 
teatro de su ambician d Occi- 
dente; y para artarsu sed de glo- 
ria y de riquezas, determina pa- 
sar á Italia y cojer en Koma lo§ 
ricos despojos, amontonados ea 
clí^ en tantossiglos por Irescien- 
loslriuofosi Apenas concibió es- 
te designio, se puso ea raarcha. 
Nadie fué mas atrevido eu los 
planes, ni mas rápido eo la eje- 
coicion. 

La faora aouncia su movr- 
mienlo y esparce el terror: a- 
traviesa los Alpes: á la noticia 
de su procsimidad una parle de 
los senadores se retiran á Sicilia-, 
otros huyen ai África; Honorio, 
educado en la molicie, nunca 
habla creído que pudiese llegar 
el ries<;o al palacio de Augusto. 
El sonido de la trompa le espan- 
ta: el temor universal aumenta 
el suyo: los romanos dejenera-. 
dos que le rodean le aconsejan 
la fuga: nadie loma las armas y 
elemperador declara que quiere 
retirarse á la Galia. SoloSlilicon 
se opone á esta cobarde determi- 
nación, resuelve defeader a tío- 



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90 

*citos y Tiotoria, si le reaiéteol «• 
* iiesaigo én-la4laiia leteairi0iral. 
•Mlempemáof, raimado par él, 
iinsafiiá^ameatetooBoios hom- 
ÍM^e» débiles^ de un miedo ^ihre^ 
«Dado'á uoa coofiaoia sin Umi- 
lies: morcha al Norte dedtaiia^ 7 
-iiostrfilda eo Hedjolano al pie de 
4b8 atures inpiora el ainíKo ce- 
«iesüol para saWar un reioo que 
iu> tiene el >valor üe defender. 
Aliebras StHicon corre el Occi- 
'dente, reúne soldados de las 
guarniciones de H Galio;» Españn 
•y BriUnnia, afiadiendo á ellas 
4ilgunos cuerpos ausitinres de 
Jerm^nós. Lastejidnes romanas 
estaban tan disminuidas por las 
H^ootiuuas guerras, que para de- 
fender la Italia fué prensa dejar 
'indefensas Vas provinciaj y des- 
>guarnecér las frcMi leras. 

Batalla de polengia y hüjda 
lyB HONORIO.— ^(4(^) Stilicon ere- 
'7Ó queel Adijío^ el Minólo y el 
Addá detendrían algún tiempo 
6 Ala rico, pero la sequedad en- 
gañó su esperanza; los godos a- 
-travesaron aquellos rios con fa- 
cilidad, y se acercaron á Medio- 
paño. Honorio^ demasiado col>ar- 
HÍe para sufrir un cerco, buyé, 
•atravesó el f ado (Pó^), y quiso 
Tefujiarse en la Galía por el ca- 
mino de Arelaie *( Arles); pe- 
%ro habiéndotele interpuesto un | 



4nidrpé>ésjgM«s»'Ti(iltfó titrAflrQr 
^eHtnd&mó en^a.iplasaéetftiCi 
:(Asll)» >dOMÍe! Bo Xacdtron:. «B 
4^ercorle:lBS'bárbar#s» « • 

i: Coimoik pérdito Sel i«pmío 
y rielónos le :e8páatab« meaos 
q«e k del te vida» trataba fm de 
captlirlar, cuando llegó StíUoen 
«I Crentie de onApartedefuejik'- 
eito^ paéó á nado un rié, fonift 
ias Irifidieras enemas, y enlró 
victorioso en Asta.£ate gran m^ 
*pitaB babia mandado á olrBS 
cuerpos que desembocasen á un 
mismo tiempo por todos loa pa^ 
sos de los Alpes. Ejecutan sua 
órdenes, inundan la llanura, la 
4iacen resonar con sus gritos y 
roáean á los visigodos^ que de 
sitiadores se convierten en ai- 
irados. 

Debrota de ALABtGO.-^odoa 
4os jefes bárbaros -aüoosejabao 
k retirada y no querían pelear á 
causa de la eelebraeioa de k 
Pascua: solo Akrico persistió en 
su designio de conquistar la I- 
•la lia. Aléjase de Asta: Slilicoa 
-le persigue y le acomete cerca 
de Potencia en los conflnesde la 
«Liguria (1). La batalla fué san- 
grienta y la victoria disputada. 
Los godos penetraron al princi- 
pio en la caballerk romana: St4- 

(t) Poleacta es lodavU an poebk* 
cillo di Piamoikte, junto al TátMrp. 



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rat BAm 
Ifafon Ift Mfiorrté eoavtf ewrp» 
eaeojido: U iDfiíBt«rÍ8>'9oda Ab- 
rraUda á su. ▼es buyéá ra esait 
pttBtDlo. Lo0)ro«|aiio»t» peisr^ 
l^eB»tte íolermisioa^ roersM 
SIN Uweas, te apoderan de Ms- 
ceÉapaiDeotoSv Kbertan grao nú-» 
merode prísíonerosyjeaatsifaD á 
la mojer j á toa bijoa de Alar ieo/ 
y reeobraa loa ricot despojos 
qa» loa birrbapos heb^SQ robado 
en 4rg0B y Gorínto. Esta biíM* 
liante Ticloria biza á SliiietM» 
eomparableá Mario. 

Alarico vencido se retiró at 
freotedesd cabaNería; pero le* 
jos de desalentarse y buir^ mar- 
dió a treTidameote contra Uoma » 
cuyas murallas se repararon con 
este motivo^ principalmente tas 
de Aureüano. El rtj v^iti^odo 
esperaba ^ue el terror produci- 
do por un movimiento tao osado 
te abrirla las puertas de la capi* 
tal del muudo: masStilícon> tao 
activo como él, se le anticipó, y 
esta rapidez desbarató su plan. 
Admirado de ta audacia de Ala- 
rico después de una derrota, y 
de su firmeza eu la des^^racia, se 
bailó mas dispuesto á buscar la 
amistad de un enemigo, cuyo 
valor estimaba, queá consumar 
su ruina. Negoció, después, con 
él, y le concedió un subsidio á 
condición deque evacuase á U 
talia* 



n 

Alarieo i>ro)<eelé: apoderarse 
de Yerona en su retirada, con el 
objeto de invadii^ifespues la (f%^ 
lia. Los espías de Stilicon pene-^ 
traron este desigeio*, y cuando 
el rey de los godos sitiaba la 
ciudad, se bailó éií! mismo ceref 
cado, y tuvo que combatir k .un 
mismo tiempo con la guarnición 
de Yerona y con el ejército to- 
nuioo. Sorprendido, desbecbe^y 
derrotada» se salvó haciendopro- 
dijíos de valor, y de roca en ro¿ 
ca salió de Italia con afguoas re^p 
liquias de su.ejiárcito. 

Loa grandes, el pueblo y el 
clero de Italia^ que habían tem» 
Mado al nombre de Alarico, co* 
brando orgullo después de su 
derrota, mostraron la iograli^ 
tud inseparable de hi cobardía^ 
colmaron á Honorio de alabanza 
y á Stilicon de censura. Acusa* 
banie de haber dejado buir á 
Alarieo, y prod^ando al pie del 
trono la mas baja adulación, in«» 
vitaban al fujitivo Honorio á 
volver á Roma, para recibir en 
ella los onores del triunfo, y ce- 
lebrar su sesto consulado, insig- 
ne por la ruina de los godos. 

YCEiiTA ÜEHOIIOKIOA BOMA V 
ABOLICIÓN TUTaL Üfi LOS COMBA- 
TES OK LOS GLADIADOBSS. — Po- 

eo tiempo después, cediendo el 
emperador al voto público^ voh 
vio á le capital: por su flaqueza 



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32 

jia.poiftofanar'élapreeio*, pkn 
60 dulzura J mansedumbre le 
graojearon^el afecto del pueMo. 
Ck)nforváiirde8e á las «ntíguaa 
tostumbres asUtIó á los juegos 
del circo, y eolooces gozoroo 
los romanos por 4a éttinM rez 
el 'deteiteimrbe roque les cau« 
gabán ios combates de jadiado- 
res. Ya el poeta Prudeaeiohabin 
-«scrito contra esta diversión tao 
t>puesle^ rta carídatf cristíamu 
ilo fraile llamado Telémaco, sa- 
lido á propósito de la soledad de 
<Oriente, babia llegado á Roma 
sin otr» autoridad que la de su 
eopucfaatpara cumplir to quo tas 
leyes'de'<Constantino no babian 
podido hacer. Arrójase «< ^ofi- 
ieatro: al comenzar los gladia- 
dores sus sangrientos espectácu- 
los, desciende áki arena, sepa- 
ra á los combatientes, y ropreo- 
de con violencíaf al pueblo su 
«ed de sangre kumana. La mu- 
«cbedumbre viendo turbados sus 
placeres y frustrada la esperan** 
ca de divertirse^ respondealce^ 
HDobita con clamores de indigna - 
oion, seconmueve y anrma, -se 
arroja á^l y lo despedaza. Mar* 
tir verdadoro de la humanidad, 
rescató con su sangre la sangre 
derramada en elespectáoulo de 
la muerte. Los gladiadores se 
dispersan^ la córtese reUfa^fli*; 
jida, -el .clero baceojr su voz ar^ 



menaTatnrv; *f tra^Aaeralo del 
empenarior suiprime para siem- 
pre «•^oelios Juego? illUHiatM. 

HoB^o BOfKidia olvidtf loe 

peligros quB bebii eorrMo mt- it 

losuhria; y creyéndose aus pe* 

co seguro en los muros de Ro« 

ma^ trastadó su come á Raveoa, 

-ciudad Yuerte situada en la ptar* 

ya did Adriático, cerca detla em« 

bocadur«delPaila(B6^, ^iOca* 

drcomo¥eneoía«ebre esltcadafli 

rodeada 4e iagums, defendkla 

por muchos caoaleSf y ctty# fuer*» 

to, capavde doseiestos oí nciaeolxi 

buqveáy ofrecía áh dobilidad k 

esperansa de 'una fftcil huida* 

Los^ímidos sucesores de Hooo* 

rw siguteron«u ejemplo,' y |la-* 

"Tena fué la residencia de ios eoi* 

peradores*de Occidente. 

ÍNVJlSIOIÍ DB VAOAOASIO'l&ll ITA*' 
-I.1A: BkTAULk DE FLO&ElfCIA. -^ 

(t03$ Muebos anos había que 

los países setenirioiMrfes^e Asia 

•y Europa, desde la muralla d^ 

la China hasta ias lúberas del 

Danubio y 4el Rin, semejabas 

un mar alborotado por «tempes^ 

tades^ontinuas. Oleadaade bár^* 

baros» ^^^yeaUo unas sobre o^ 

4ras, esiendiao sus ineursionee 

hasta los paises civiKza4oa^ 4af 

Occidente. : ¿^ 

Los tártaros^ después de veo» 

cidos 4osthjuioo&, :aoaietiefoi) Í9^ 

litibus sei^áücas áti desíertí) 



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DEL BAJO 

qne eslS al Oriente del mar Cas- 
pio. Su jefe Normartapa, que 
signifíca en su idioma Señor de 
la Iferra, invadió la Chin«, y 
fundótinadinasK-a: su duraciOB 
fué de dos siglos, hasta que o- 
Iros tártaros de la familia de Ta- 
lum la vendó y destruyó, some- 
tiendo al mismo tiempo las na^ 
ciooes que tMibitau entre el Oby 
y c! Volga, Estos tártaros, re- 
utiidos después t!oii los hunos, a- 
cometieron á los sármatas, y 
estos echados de su pais, á los 
enevos, burgttiidiones y vánda* 
los. Al mismo tiempo Radaga* 
8io, (ó Rodogasio segiin la for- 
ma griega) príncipe poderoso ea 
el norte de Xermania, se des- 
prendió de las costas del Báltico 
íA frente de doscientos mil com- 
batientes, y marchó «1 Danubio 
con e4 objeto de penet-rar en 
Italia. El ejército estaba com- 
puesto de toda la raza goda 
transdanubiana y transriniana. 

Pafa rechazar una invasión 
tan foriíiidahle, reunió Slilicon 
todas las tropas disponibles, dis« 
puso nuevos allststmientos, pro^ 
metió la libertad á los esclavos, 
prodigó el tesoro |íúbIico para 
despertar el valor por medio de 
la codicia, y á pesar de los es- 
fuerzos prodijiosos de su jenio 
activo, no logró juntar mas que 
cuarentamil Jiombres: ^Bjé^cU0 

TOMO XV. 



WPEItlO. 3* 

que Roma naciente pusér nó y^ 
cas veces encampana. £a la inuP 
vasion de lo6 cimbros se fevaiH^ 
taron á la voz de Mario on sola 
Italia quinientos mil hombres; 
y en este siglo de decadencia el 
temor dele muerte ó de la es- 
clavitud no movió á los roma- 
nos á «rrostrar los peligros de 
la guerra para defender ti pa* 
tria, el oQory la vida. 

El rey veníale, noencontran* 
do dificultad, avanza con rapi- 
dez, evita el campo de Stilicoo, 
que estaba eu Ticíno,, llega á 
Florencia y la sitia. El terror 
domina en Roma: el senado, te- 
niendo mis riquezas que perder, 
en vez de at^imaral pueMo, se 
mostraba ams medroso y cons- 
ternado^ ¿» >í'* 
. Alarico, i^isttano instrnído, 
y educado en los cain&pami3ntos 
roma-nos, habla respetado por lo 
menos algunos derechos de la 
bumanidad entredi orror de los 
combates-, pero las costumbres< 
de Radagasio eran feroces y de-^ 
senfrenadas: sus guerreros seM 
váticos no teniaa ninguna intf^^ 
truccion- que lo^ reprimiese^ 'J^ 
habían jurado arrasar á Rotna;' 
é inmolar los senadores á 9ns í- 
dolos. Eotnedio de Ib» gran pe- 
ligro se ma^^i-ffcstó el espíritu de 
vértigo que dominó á Jerusalen 
eii et üiometilo d« su caída:' 
5 



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ra;roiMrioiAÍ,¿ lo««loradoreft de 
S^k^Ubt 7 Marte» fmeidos de •« 
qü^ifanaiiHiie' que no cede tík 
htnúm^nié la crafenieocii» 
pMim.é* ana dioaes«(pie eonocK 
diaaeiila tietoHa i Badagaakh 
y.4e:alfgral>a|i dever&eat^b&r* 
ímto id^^ftifa de Yodd^j Odio^ 
di^fHíeatot j| den ItMir las .igle^ii^ 
cristiaDas, ; 4i destruir Íatre|ijioiK 
deliherm. Por otra, parie, lea 
€Piat«iD$!aati^b«tao k» d^agra- 
cfa^det imperio á la fodn^iMieia 
de loa eiaperadoresque oo ba* 
btaii oateminado ¿ loa pwaaoa 
y^erejea^ 

/El favatismaj el mieda aji- 
tabao k la plebe eobarde^ igoo- 
rapte y eorrompida. Solp Slili- 
eon, firme colamD«^ei l^íperiQ, 
é iMircaaible^al tefl^ Sjeiguia 
los moTímieetoade Iqa b^rbarqs 
con TQilfiiH^iprttdeateíain hpir 
d« eUoSy lea inspiraba tegieri- 
dad, mostrando eireunapeccion^ 
Eadagasip cayá en la red qoe 
tendi<> so. adversario: entró en 
QQ desfiladero esirecbo, y se tío 
rodeado súbitamente por los- ro- 
manos, que oeqpaban todas las 
altnras y avenidas. En vano los 
bárbaros opusieron el furor de 
la desesperación á la sabia tic- 
tica de su enemigo» Una parte 
de ellos pereció, otra rindió laa 
amas: Kadagasto fué becbo pri- 



aionere» .coidiieideAkftaMi ei^ . 
tre cadenea y defpslladow El asN» 
nado concedió á SUHcmi per J^^ 
vei aegunda el t(tola4e Kbe^tñ^ 
dbr á$,ítútiih y e^JrteíaCf» jl in«^ 
dótente Honoria^i^ «o bebi« 
oído el estnieoda de lea» aroMa. , 

El clero ^ qoe -ya no teai* 
blaba> alriboyó i nm orMfcor 
Dtf^ a^ial gjran anoesot \% dope > 
áfipi deepues se eaMpetió: el se- 
ñor San AgustioeU' p^ber qip» 
la vicloria de StíMcoe era debida . 
á un milagro* EU santo inapiq;* 
nador. de los..fHltipodaa ¿refeiia 
que SanAmbroaio («luerto y^ 
en 397^ y. cuy a maerlajolró SU« 
licon epaao Ja ruine. df Xtalta) 40 
babia aparecido á na criatiapa 
en cuya easa babia estado do, 
buésped^y le babia prooietido 
ua triunfo pronto y coifipletp. . 

iKVAaiW M LOS RAtnAiina is 
BLoc(GiDEirT&» -f (406 j I# Italia 
se bailaba sal vada.por el Jenio de 
uu béroof pi^ro es|HUitpsaa de^ 
gracias eBienaza|)aa lodairia^ al 
resto del imperio» Giea mil gue- 
rreros de Radagasio^ alanos^ 
vándaloa y suevos que ¡Mbiaii 
quedado entre loa Alpes y el A- 
peníuo, invadieipn las Gaitas» 
Los alemanes se quedaron umi» 
trates: solamente loa fréneosle» 
fendieron el pais, donde babiao 
de reinar poco después. Marco* 
miro!» uno de aoa jefei» menoe 



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ML BAJO 

'fiel á los empeños contraidos 
con Roma, fué acubado por un 
tnajistrado romano, sentenciado 
y ajusticiado; y sus vasallos des- 
terraron á Toscana á su herma- 
DO Sunnon que intentó vendar- 
le. Hay quien diga que Marco- 
miro había sido padre de Fara- 
iDuodo(l), 

Los francos derrotaron á los 
vándalos-, pero fueros vencidos 
por los alanos. Esta derrota fué 
terrible para el Occidente: Jos 
bárbarosentraron en él (407) por 
todas parles, y no volvieron á 
evacuarle. 

En este tiempo las orillas del 
Rin, del Garumna (Carona), Li- 
geris (Loira)) , Ródano y Se- 
quana (Sena) gozaban de toda la 
prosperidad de una larga civi- 
lización. Habia en la Galia tanta 
instrucción como en Roma, el 
mismo lujo, la misma elegancia, 
la misma industria. En 4odas 
partes^e veían edificios suntuo- 
sos, escuelas sabias, espectácu- 
los magníficos. Solo*en tas fron- 
teras resoaaba-el rumor de las 
armas; pero nada turbaba la 
tranquila felicidad de los cam* 
pos y ciudades del pois inte- 

.^ior, 

li'. Bepentinacaeiile se -oye -el 
grito de la guerrac las tribus be- 

•^ ' (i) Adrián^ F*aL ^rw^ «Fr. IS&» mu 



nn^ERio. 35 

lícosas del Norte entran en las 
ciudades indefensas, recorría 
las aldeas inermes^ devastan las 
heredades, destruyen los mo- 
numentos, degüellan á les hom- 
bres, y ultrajan y cautivan á ias 
mujeres. Solé se ve^l hierra en 
lugar del oro, las tinieblas su- 
ceden á lainstmCGion, la barba- 
rie destruye la civilización. La 
Europa sufrió entonces lo que 
aora sufriría, si los feroces ha- 
bitantes de los desiertos de A- 
frica lograsen invadirla en nú- 
mero suficiente para destruir 
en un instante el fruto de tantos 
siglos de trabajo, 4Qdusiría, la- 
ces é injenio. 

La corte de Rüvena do podía 
oponer ningún ostáculo á este 
torrente, ningún remedio á estos 
desabres. En menos de dos años 
penetraran los bárbaros basta 
ios Pirineos. 

La Britannia, no queriendo 
reconocer ya á una potencia que 
la dominaba sin protejerla, se 
sublevó y proclamó su indepen- 
dencia. El primer rey que eli- 
jió, llamado Marco ^ no tardó 
en ser asesinado por sus mismas 
4ropas. Graciano, su sucesor, 
4uvo la misma suerte: después 
dio el ejército la corona á un 
soldado gregario, que creyó dig- 
no de ella porque se llaaia'ba 
Constaotino. £s4e, o^as bábil 



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36 



BISTORU. 



iiquepsiti 9CMMMr acótilos: iiii- 

¿nos liirbiiSei;itos, erk.iMAesler 

ooipfirlos^hriDlcfrniisióii; Bixé» 

.poel^-mii MM^dieioQ id «oití- 

Milftoie, dflaembarcó t:erea/de Bo- 

:iiODia, ¡t«Dci6 tlgUDOs cverposí 

-•lematiM^ j te presentó en ila 

^Gélit como )«• coa^iNstador^ 

Honorio paso eD precia M co^^ 

l>eza^:y'MVió icooli^ élaiftnías 

tropa^y^udleafae^roéfthi écst-; 

to oearca^^Tietta^Espafia reco-; 

úoció'á jQQtistaQto por, ednpera^ 

>4or; Bate ^a hijo, ée Constanit^ 

DO; elttitlfaacado por su padre 

4a un «mieAlevior^rtté nombrado 

cesar y eoYiado á 4a PeBÍnsula^ 

y a^US la puerlK á loa l^árbaros^ 

retirando á loa fieles y ^ yalieoles 

paiaanosieMargados de defepder 

l(^ Piito0O9^). Honorio^ no le-: 

Bjeodp.ya^perzaa romanea que 

oponerle^ hubo de reciblrloT it ía 

fnerzaporcpléga^yeiayoyo de 

jOlros bárbaros faé su únie^es^ 

pera:qza'3>Pór consejo de StWcon 

^hUo u^. tratado con, Aiark<K' Sí 

.wy (ííítMg9dos dejó lel aerwslcj 



siempre deberá eesisito ektt# la 
poUtieajíáoioral^ eiáeiNaaMo 
rara en b>doalos paisea f^éitk^ 
das las épocaa; pero en la Inisf • 
eia coim en la vejeC ieloa pQd- 
Mos, es en^donde tolaÉ n&ums 
desanidas* La roaticidadfle.léa 
aalva)fe del Norlé y la oorriip- 
clon de los romanos degiMadM 
despreciaba» igoalmenté laAoe* 
na. fé, y n& eonoeíatt <itraB rq^ 
qqe la de su inteféa. MüigiMia 
pr«>mese era sagrada ,íd iiliigé- 
n^ pa& estable:* onoa engnlaMn 
para aatiafiscer so codicia/ otaM 
para preservarse del piHa|e^oky 
para alejar él peligro. 
* Alarieo, sin corapllr néda 9e 
lo prometido» reclama cooramQ- 
nacas la recompenan. StiHoM, 
no fiando nada del éatéder d^* 
bil det emperadoi^» délermtad h* 
poyaraa en la anlofidaé^el aé« 
nado; y por la primerálraz, des- 
pués dé largo sflencío^ delibeed 
esla corporación sobre loa gcta^ 
das tnlerases del imperio. Siill« 
eoB> despuea de algoae réalsleÉ- 
cSa^ilepei?suadiá«|oeera pred* 



jde:4rea^io, i|^apt(} elümio de toj^rotUgareloroparasahraf la 



jeni^iiil ^ los eléreltos de ^a I- 
)iria>occiden|aU y prometió res^j 
", ti luir la pap aK imper io*: 1 ^ 
. .; ta; 9i:n(wí« deieali*e„y 'qtie 

^ Jfi;.&» ^»ya I ,aha¿, piSÍ^ . .: J ¡ 



petria/cuMdc^IáitáliarTalbr pa« 
ra defenderla con el Uerfo^'fl|- 
guiósesu dictamen, y compnise 
ta alian¿»de Alarfco^ en ictfatro 
mil HtJnáftdécMio; Solo wraéii0i- 
dór, llamado'Campadio, varoo 
i fef dadérainenCA roteteo^ í '#ró> 



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■ m 



{.aüii^'jr «iclMrfr nomo GífMOpi lir4fTCt|M^ft0JMre Jb». opcíaltot f* 

^iteMftrtftüitee^ H0íí?l»w|loilí6jw»É»i|iie e»- 

YJ9TIP D9 1 Atbtf m^ BnMolt ' ^kNriá)| el 
fltftliíMlíipiidordflñif' perfidia, 
<tliieviíDeii|^á su jeMál> y (]<• 
éii{:á grHMr iNurchar eeolra! el 
«Mijd^rOliiDpiD.StUiteír comete- 
Ih imyrudmcia dr rfepdtaiir iu^ 
Aideiutdes^pi^eleba'joltrBdAmeB-- 
40 á M^éBtfliigot para>iemerlosf 
pei^aaciMiMiporiaaeiotí re»* 
IH«9^«NNrteMlHr sua soldador. 
: fimMdiM^r4f»*iiDcbe'ii»godo^ 
Tidietii4e;^ltaiDMdo*Saro^ entro, eir 
aoieaaipaflMaiofw tropas de J» 
anism^McioQ^ le^ entrega al pit^^ 
l'lQJir' J degidlla laguafdia d^ 
SiMoM^^te^ jeMi»l> taofpodf • 
royentes y jranhaBdonado^ifr* 
fe 4 JU¥efM„*eiKnfl tra eHí» ció* 
dad Hiaa de. enemigos auyMíy le 
iief«ji*'it:.iiMtfg{«aia^ asilo* q«e 
^ s«¿ipM»^irtwiWs imíalabie. El 

^ Stflletlo (íspirabA al ji^y 1 conde HepopMaop^ obededeiida 
s^rmao. i . . .: ^^^ ^ Us^^éRleoes iafam^ del empe^ 

j .^auatedo floiiBrte; ii(^ toIviíS rador^eagafta^ cobardemente al 



.BMA WWa;;élAISWÍiir!~:fW> 5l*t 

. Jiaoiijio «Qftó^i npebo :4f«9ipo^^tt 
Lvj^eaf^mQ V«0 Jiebip tPreÁdo :d»f 

. i^pnef . X' wtffftv- y^HWfdpfí dr 

Iqs Wrrb^ros^iio pnío ijiN^rt^ * 

J¿*íi4ríwH»ff^> Oíla»«i. Mr«e^t 

r Mi»dí«»»«*frvifc>«ia deWa 

; ip JertMt líSU»^ «prewo- 

.¿jMd#: IMiti iBi.faBMOMmiiQ JPü^ 

'>iiip(Sp»»i y pw lbMriM»iHK ^ 

iMJtm Jtely viKUWSO^Urryldon 

M,ÍQici»ke i|ti^ k»^ príwlpfr 

. «adiQH (M»a {4ff!iranii«afiMB l^ 

^miS 8B filHMVWIWIB d"?*^ 

. Wter^TM ddrtlet fcfWt «ftW»- 

. jirosí ipcíkíw *»•»» H)^^»*W dfe* 

•Hipeta^ MBirn #l::ti«iibr9 

ifitoclo aeile«|4 W te pefM^d 



:.á]9l^lo6 eeoaejMiieieate grande 
-^qádito. Sale4|Mrfa^ Baria «oo 
:49 .pMftaBto da^aérJCMiiAa á los 
. «aMados ^««lU --kaMa yeeoidoi 
;ei«p :godo^.yfCüU(idea oamü- 
•<gé8 ito SáWcQB^i.fil^ esáperadei; 

-iBdíaipa* ^ira^ MoTidaiide .mi 



Husttrfr-y desveaturadd guerre- 
ro^ le proaaeie le^vidd en CRXDbre 
da*9aMnor> Ir epsoria á venir á 
bliblarie, y ape^a^.le^tíeneejDsu 
poder, le hat^ l^efrlaas^atea^^ia 
da^stt jouente^ Ei^Jb^éroe i^iH«a^o 

dejnjiuüW4>PríP^rtwws,«>l<í*- 
rdosáqiúeoMttiitUJi^es había 



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38 ,^ 

, goimlo á M ilrt < ü ^,y|ior m 

pwMo que >le deMó ié «0VÜ- 

icios, solo opooe i taqtos lOirp-. 

: Jes oi| frió y dMdéfioio íqbbos^ 

precio: presenta la ¿argaifta al 

Cipchüa^ del miaño toode Hér*« 

,,<c|íiano» qtíM por m mano le lii^ 

rttói el kéroe fio ifeeir amr pala-^ 

bre «toere TtrSadere * roomiiQ 

^tomo Tivió, ^ 2S de afecto d4 

409* fisracHaoo ftuí he^lio pof 

.«Bto conde de Af riea^ TpOr/ QM 

, virtud deestracdoa, diqe.ClMif 

teaujbriaod, la sangre damigranr 

4de iMMDhfe^nndMecMá su ver* 

-dugü^Su meaioriefuédisfeaaeda: 

.'euafliiiaUd,rq(ieper4aotiis efees 

r lieíriaiide 4IO (ttttio de onra. 

^no aserio de proeopicion, El 

eldro;íhcii]fe ambtciee áo tiabia 

eer?ido, celebrft vWaiumeoie su 

' ¿iMrte« 1.0S pagaaos le aberre* 

.cían, porque en deaprecio de- su 

<ulto babia quenado tol libros 

aibiUiios^y^regeladoiau esposa 

.^reaeíOl^eollar de la diosa Ves« 

ia; y asíeelebraroásuceida co* 

< mo noa v{iMoria« 

JSI céiebreClaudieBO» qie he-» 
bia cantado con entusiasme -sus 
▼írtudes^Halentos y azafias,* nq 
"tuvo ánimo para ' conservarse 
4el ásu memoria. £o fln^ Rome 
-obceoada^OTO* por felicidad 4a 
muerte del fénico hombre qne 
podia retardar eu ntína. Sonó- 
4*io^ entregado á sus nuevos fa* 



vori|o^ tf5 10 tmtftania ¿ Jené* 
rales sin cepedfda&, Esctuyé de 
'tolo empleo á^toshorejea^ j empl 
porqoé eva eohaiHle» faba matar 
:á todos los godofafeetés AÜtili* 
xron, ignaMittite qne isM ^mi- 
«Íes. Treinta aif da esloa hÉrba* 
Tos.iiQe/áeosiiaparoi 4e la pm- 
críoioA^tuiyel^ al eJércHo de 
Alarles Sste ^y^ 4ihre 4e a « 
formidíMe ilval se 4eelaré«vep» 
{aidor$tty«t 

.. is eprte deRaveaa%iteMAao* 
segar so Jra. fil iciaigedo eotró aa 
negoclMloa, y pídid^poi- réenea 
dosgi:«Hid««41gaatario0del ip» 
,perio; pero sabionilo qne el Jih- 
.bécU Honorio pasaba *aéM|a» 
meóte deKtteqiQr á la preau- 
eion^ y.treiaiine sn templa wa 
era debilidad, atravaiaé loa AU 
pes, saqueó ha cifdad de áqiil- 
leya,. oetkpé á tírimboaa» marebd 
á Rtveiía aili>#aiAetth^ m deaáe- 
2ó dei|itiarla> átanió^ feaala Ari- 
mino^ pasó ¿ Aperitao 4e tl^- 
bHab y se ptetenléilas puer- 
^s de Soma. 

£sta «indad contenía «Mon* 
^ees un -aUloQ y -doaoíetfUis asM 
babiUnles^y po halló eiadada- 
4iua para an*daCmsa.<]!mAdq án- 
níbai, después de 4Md^ deatmi* 
de tantaalajioaea^agóélaapaef- 
taade la capital, eaeootfcódoa* 
dentoamil roaiaooa sobre las ar* 
mas> Bstefjeaypo habla 



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El senado era mía sombra: los 
patricios opulentos de que se 
componía, se jactaban de tener 
por ascendientes á loe autvguos^ 
héroes de la república: los Ani- 
cios, Petrofíios y CMi bríos lo de- 
mostraban con documentos, pe- 
ro ninguno lo probaba con el 
Talor. Sus inmensas riquezas les 
servían de virtud y de gloria. 
Muchos comprendían en sos po- 
sesiones ciudades y villas! habia 
otros cuyas rentas ascendi»f^á 
dos y tres millones. Inertes y vo^ 
luptuosos^ su ostentación y mcv 
lície escítabao la indignacioA, 
recordando el valor y la pobre* 
sa de sus antepasados. 

Sus casas eran palacios: po» 
seian lejione? de esclavos: el 
oro y los diamantes respiande-^ 
cían en sus vestidos: encerraban 
OQ sus jardines lagos, llanuras y 
bosques: sus marchas se reda- 
cian á la visita desús vastas be* 
redades, donde mataban, sin fa- 
Uga ni riesgo, tropas de anima- 
les pacíficos. 

Amiaao Marcelino, trazando 
el cuadro casi increíble de su 
lujo y corrupción, cuenta par- 
ticularidades que hacen verosí- 
mil cuanto se ha ecsajerado de 
la afeminación de los sibaritas. 
Estos indignos descendientes de 
los Scipiones, Fahios y Cíncio- 
Datos^ atravesando la Italia en 



sus literas como mujeres, com* 
paraban en sus cartas sus via- 
jes dispendiosos y sus paseos di- 
vertidos á las espedicíooes j 
marchas ^e Alejandro y César. 
«Los oirás quejarse, dice el sa* 
vtírico bistoriador, de la mosca 
»que atraviesa el cendal con que 
nse cubren J^" lamentarse si $u»^ 
^cortinas dan paso á los rayos 
»del sol. La inconstancia de la 
«estación eS para ellos terrible 
«calamidad: su comitiva, pom* 
•posaá un tiempo y ridicula, 
«parece por sa mSmero y com- 
«posiciua á Qii percho de ar- 
)Kesanos> esclavos f bn^rbaros.* 

De la antigua tíbertad no ha- 
bía quedado mas quo la licen- 
cia. La plebe ecsijia y tomi^ba 
siempre las distribuciones acos- 
tumbradas: su afición al circo 
era la misma: había en la capi- 
tal tres mil danzarines é igual 
nnmeraxie cantoras; y cuando 
se presentó Alarico, y Roms! 
buscaba en vano soldados, cua- 
trocientos mil espectadores pa- 
saban en el teatro las noches y 
los días. 

El rey de los visigodos rodaó 
la ciudad é interceptó la nave- 
gación del Ti'ber. El senado y el 
pueblo, humillados por la proc- 
simidadde los bárbaros, mani- 
festaron indignación y no valor. 
Su furor se redujo acometer un 



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reoa/MfSétsti «i T««>éo9fo y «rti4 






4e riaciai*- héíiáW^iié ItaWH 
rio, 'M(Mé#la ; üWjíefeBésa tfe^ 
Íenk'^i¿iY«BfottÍléTCta x^^^ íoé 

Cna niMbí^ éspüHosá espáf^ 
<jó C|h br^trelá aesül^iób pof la 
^Mtd^J; 3Letb, Vi&dá éiñrttñ^ 
pefaiot tefáéiWftói tío '|)dir a* 
lidiar más qtítejpAfai¿iiiié« élW 
laiéalaorididiM^MH, tK^ri¿ 
tüyéoflote Jciíérdiáíicietote ViíH^ 
bleires. tía triiSatto&;^*lrty^! 
átreviaa^i'ttVir'lfe tas' éiéiMtas 
p^ts combaíár cdétefi g*i^>6- ; 
léabffti eiii|r«^ por' áfl^tnielr^ «4^ 
4uno¿^^fvere#<5e VfóSitea h^és 
aervfr dealhneííH^ á Wy iftadfes. 
Sabí* víno^ ^peéWk la ;^cá^tÉ; 
y ambA€ fitenaréé lafl^cáflesNie 
cuer|)a$ ttíuwrttri. MdttWíé-f rü- 
ibelí a socérroa f wr lés^stivtáfca:. 
Pómjficyano/prcfecla d^'^Rooia^ 
no haltótfdo recursos «t' e^*^líf 
lori tói btwÉé fett* la májii^ y ^tén^' 
aulíó á iimw eekfcej^ea; tü\ft te 
prometieron cotí «waátóa, «vii^ 
^aciODes, espiaciones y' ¿rntí- 



'.;^,.J.Í I 



eÍjQccitpaío Tiberijlumine, Muh minif-: 
iraliom/n ^rmnealus exporta //7a//e.- 
diebat Farrun ftestü <Omuaoafur» 






'ifékétíM fftfp«rfitirdséi»;>1v 

:ci4AiCB«, ^Mafí& i láány 4^' 
BasHIe ettUÍ4*i' MgtfteftelooélP 

tgéíe».- •■•= ••;•-'•'■.'■ •:• '■■'■ ■:■■» 

peto «rtif Mé0«Hati8 «MitidVilM^ 
«•'«MtMMV ftfr 1él> ankiM, 'Y' 

MNiVM ««pit«ri*Méfe «M«tk^* 

}e)rcil*<t«¿«H laialrvaás jr áiiiiñlk 
'rfé^'l^oi'l* tfem^^acitoa. C'éci^^" 

: '^ «(M|i(V >or «I i««éM'e'-4e &^' 
)ak ll'JNbéMéd 4e tbdd^ hís ''p^ ' 
si¿tieM»{KárMr«rs'dé ÜMtmféíi^' 
Ad ^ de 4Hj«n, Mdo «} «rtf y Ipiitr-' 
-th ifet estado 'y 4e los páH^uk- 
<r««/ y ttKfós KM Btó6bter-'pl-eL« 
idéMs ^ ntloi^ftait tós ptíi^- 
clné*Ha*>lrtl« <2). ¿^itf '««¿^ ^ 

:....;.^;- ....- ">-.J ;■.-■ ■'• •'• ■"■■''•'' ■ 

(y\ i)eMOÍárpo«f.1iasta'Ias esUtiía* . 
¿e Us' nqúetai^''ue'las tidornaMn, ea-' 



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••viudos. £a t<<(a: respODdid el 
vencedor. CoDvíoose eo uDa 
suspensión de osiilidades: 4lari* 
co mitigó sus proposiciones, y 
consintió en levantar el sitio, 
BoedianieciQconiii libras de oro, 
treinta mil de plata, cuatro mil 
vestidos de seda, tres mil piezas 
de paño encarnado, tres mil li- 
bras de pimienta, muy rara en- 
tonces, y la Ubertad de cuarenta 
mil cautives. Todo se le conce- 
dió. Alarioo ejecutó el tratado 
con fidelidad: mantuvo en sus 
tropas la «as severa disciplina, 
y castigó ngorosamente k algu- 
nos godos que habían insultado 
á los ciudadanos. 

Desde que huborecibidoJo que 
ae habla pactado, se alejó de Ro- 
ma y se -retiró á Etruria, donde 
le llegó un refuerzo considera- 
ble de godos y hunos. Así con- 
cluyó esta campafia, qué destru- 
yó para sieoipre el antiguo pres- 
tijio de que gozaba aun la capi- 
tal 4el mundo. Roma perdió su 
«ecsistencia el dia que capituló. 

Mas no hahia logrado sino ¿na 
tregua, y era forzoso concluir 
la paz definitiva. Alarice pe- 
dia la dignidad de comuodan- 
4ejeneral del ejército de Occi- 
dente^ un subsidio anual^ y la a- 
gregacion de la Dalmacia,el Nó- 
rioo y la Veneoia al reino de los 
Tisifodos^ £1 seMdo envió di- 

TOMO XV. 



IMTCCBIO. 41 

putados á Raveat para que a* 
poyaseft las prof)esicfoDes del 
rey; pero el ministro Olimpio, 
que ninguna dispesicion babie 
tomado para socwrer á Soma, 
desechó las peticiones de Alari- 
co, y despidió á los enviados del 
senado con una escolta de seis 
mil dálmatas, que eran entonces 
la flor de las lejiones: muqha 
tropa para comitiva, y escasa pa* 
ra socorre. 

£n el i^aoiino fueron acome- 
tidos y derrotados por un cuer- 
po godo, sin que se salvasen mas 
que cien soldados con el jeneral 
Valeúte que la mandaba. Este 
revés acabó con el crédito de 
Olimpio» fué desterrado, luego 
restablecido en el favor, y ÚU 
timamente condenado á morir 
apaleado. 

El príncipe dié su confianza 
á Jovio, poco conocido por sus 
acciones, á Gamérides, que res- 
tableció por un momento la dts^ 
ciplina en las tropas; y en fin, 
las intrigas vergonzosas á que 
daba lugar la debilidad del em- 
perador, pusieron todo el poder 
en manos del eunuco Ensebio. 
Este, orgulloso por su favor^ 
rompió osadamente la negoda- 
cioncon Alarico. Algunos ofi- 
ciales, indignados de ver áaquel 
infame cortesano arriesgar á su 
salvo el imperio, le degollaron 
6 



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49 



■mottiA 



i la TisU mima dtl prfocipe. 
Alarieo habla interceptado una 
carta de Honorio, en que de- 
cía: «No quiero prostituir las 
«dignidades del estado> eonce* 
odiándolas i un bárbaro.» 

Saco db roma por alarioo. •— 
(410) El rey de los visigodos no 
tardó en vengarse de esta inju- 
ria: marchó sin encontrar ene* 
migos, se apoderó del puerto de 
Ostia, se presentó Junto á la ciu- 
dad eterna, é intimó que se rin- 
diese á discreción. 

El senado quería resistir; pero 
intimidado por los clamores del 
pueblo, que temia verse espoes- 
to segunda vez k los orrores del 
ambre, cedió y se sometió á las 
ooQdlciondS que el vencedor 
quisiese dictarle. El hábil y des* 
defioso Alarieo pidió la deposi- 
ción de Honorio; y que se eli« 
jiese á otro en su lugar, bien se- 
guro de que reinarla con el nom- 
bre del nuevo fantasma. Desig- 
nó á Átalo, que fué elejldo por 
el senado y el pueblo, y el nue- 
TO monarca dio él título de Je- 
neralde los ejércitos de Occi^ 
dente á su protector Alarieo. 
Átalo era agradable á loa godos 
porque haUa sido han tizado por 
su obispo. Dióáe el título de 
conde de los domésticos á A- 
taulfo, príncipe godo y cufiado 
del rey. 



Hecha le elecctoo, abrió, sw 
puertas la ciudad. Átalo, escol* 
tadopor loa bárbaros, se pre» 
senta en el senado, promete rea* 
tabíecer la majestad del impe* 
rio y reunir á él el Oriente y el 
EJipto. Pasa después al palacio 
de Augusto, seguido del vil po- 
pulacho que se apasiona siempre 
por lo que es nuevo, aunque sea 
el mismo desonor. Los pocoe 
hombres que conservaban aun 
espíritu romano^ jemian y se o* 
cuitaban. 

Los arríanos fanáticos y los 
ostinados idólatras esperaban 
para consuelo de su umillacion 
la calda del partido católico. Es*" 
tos sueños de venganza fueron 
tan cortos como el reinado del 
nuevo emperador. Alarieo lle- 
vó á su protejldo basta cerca de 
Bavena: toda Italia estaba sumi- 
sa: el débil Honorio ofreció á sa 
rival repartir cotí él el poder 
supremo: Átalo no le prometió 
mas que la vida y una isla para 
destierro, si abdicaba. 

Jovio y Yalente abandonaron 
á su sefiory se pasaron al partido 
de Átalo. Parece que no queda- 
ba á Honorio ninguna esperan!^ 
za de salvación; pero la fortuna 
hizo que llegasen al puerto de 
Bavena cuatro mil veteranos, á 
los coales fió su defensa. 

Al mismo tiempo se supo que 



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DBL BAJO 

los tropas de Átalo habían sido 
•orpreodidas .y derrotadas em 
África por las del partido coa* 
trario. Eo flo^ el niisno Álarl- 
eo, irritade contra un principe 
que le debia su eleyaeion y que 
conspiraba contra él para rei- 
nar solo, le manda Teñir á su 
presencia al campamento de Á» 
rimíao, le despoja de la púrpu- 
ra que le habia dado, y ei^via su 
diadema al emperador Honorio, 
prometiéndole su amistad si sus* 
cribia al tratado coocluido -en 
Boma, 

Hubo entonces grandes espe» 
ranzas de una paz sólida: mas 
elgodoSaro, homicida de Stili^ 
con, y enemigo de Álarico y de la 
dinastía de los BaUos, se opone 
á la negociación, engaña á Ho- 
norio con promesas, le inUnrida 
con amenazas, sorprende con 
íqs tropas una dimion de Ála- 
ricoi la destruye casi entera- 
mente, y vuelve á eatrar en &a- 
Tona victorioso^ 

Tercera vez marcha Álarieo 
contra Aoma* EUemor de su es- 
pantosa venganza determina á los 
romanos á defenderse, peroJos 
ceelavos, á quienes babian dado 
. armas, les hacen traición, y abien 
por la noche la puerta Salaria i 
loa bárbaros: un gran námero de 
fodoa, aeitas y Jermanoa entran 
CDmo^oemigos^en^mttoUa anti- 



iuheAio. 43 

gua y opulenta ciudad, y la en* 
treganal pillaje mas desenfre- 
nado. El 24 de agosto de 410, 
1163 años después de la funda- 
ción de Roma, fué saqueada esta 
señora del mundo por los bár- 
baros del Norte. Los godos, 
tremolando sus enseñas en las 
alturas del capitolio, anuncian 
á la tierra el cambio de las razas. 
Álarico, que no hubiera podido 
oponerse sin riesgo ala codicia 
de los godos, se contentó con 
darles Orden de perdonar á los 
ciudadanos desarmados, y de 
respetar las iglesias de los após- 
toles. Solo la relijion pudo con- 
tenerlos, cuando estaban sordos 
al grito de la naturaleza. Eotl*e- 
garon á las liornas los palacios de 
los grandes y los asilos de la po- 
breza: degollaban sin piedad á 
viejos y niños; y cuentan que una 
donceHa encadenó su furor y de- 
tuvo su codicia, diciéndoies que 
pertenecía á la iglesia de'San Pe- 
dro un tesoro del cual querían 
•apoderarse. 

Lo que hizo mas espantoso el 
estrago fué el enojo^ demasiado 
natural, de cuarenta mil cauti- 
vos libertados, que llenaron las 
calles de cadáveres, y se venga- 
ron> cometiendo orribles esce- 
soa, de su prolongada humilla- 
cion. 
\ Ijll^&nliéo OtmÍo dice que el 



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44 HISTORIA 

fuego del cielo se juntó al ace- 
ro de los bárbaros para reducir 
á ceolzas algunas estatuas de los 
dioses que aun se veían en el 
foro. San Agustín^ en la ciudad 
de Dioi, atribuye las desgracias 
de Roma a la justicia de la Pro- 
videncia, irritadade su empeño 
por el culto de los ídolos. Tan 
cierto es que en los reveses mas 
crueles, el espíritu de partido, 
estraño al bien público, no ve 
sino lo que lisonjea ú ofende á 
sus intereses ! S^lviano, mas elo- 
cuente, siguió el parecer de San 
Agustín y de su discípulo Oro- 
sio. Por piadosa que sea su idea, 
por útil que haya sido la impre- 
sión queobrase sobre los ánimos, 
sin embargo, puesto que el cri- 
men triunfa aquí abajo con mu- 
cha frecuencia, y que á menudo 
los virtuosos son víctimas de los 
malvados; y puesto que creemos 
que hay otro mundo donde se e- 
jerce la juslicia diviua, importa 
sobre todo ecsaminar las causas 
morales y físicas de los aconte- 
cimientos naturales. La acción 
de la primera causa es invisi- 
ble; la de las causas se^und'is es- 
tá á nuestro alcance. Observán- 
dolas se forman la prudencia y 
la política. Roma será siempre 
un grande espectáculo en donde 
puede verse la iníluéocia de los 
vicios^ de las pasiones, de los 



yerros de un mal gobierno, de 
una grandeza escestva, y en una 
palabra, de cuanto puede con* 
tribuir á la desgracia de los par- 
ticulares y a la ruina de los im- 
perios. 

Un gran número de senadores 
fueron hechos prisioneros, mu- 
chos desterrados: otros se esca- 
paron al África ó se dispersaron 
enEjiptoy aun al interior del 
Asia. Muchos ciudadanos se re- 
fujiaron á la pequeña isla de Iji- 
lo, se hicieron fuertes en ella, 
y debieron a su intrepidez la vi- 
da y la libertad. 

Alarico, después de haber a- 
rruinado la gloria de trescientos 
triunfos, destruido los monu- 
mentos respetados del tiempo, y 
derribado la grandeza de doce 
siglos, dueño de los tesoros ro- 
badosá todo el universo, se alejó 
de Roma, d