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Full text of "Historia universal"

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Bolkort Hwilt t 

10 Jnly 1911. 




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BIBLIOTECA ILUSTRADA DE GASPAR Y ROIft. 



HISTORIA UNIVERSAL 



POR 



CESAR CANTU, 



TRADUCIDA DIRKCTAMENTE DEL ITALIANO CON ARREGLO Á LA S¿T1IIA EDICIÓN DE TURIN , ANOTADA 



D. NEMESIO FERNANDEZ CUESTA, 



y adornada con preciosas Uminas grabadas en acero que representan pasajes de la narración , vistas , retratos , etc. y mapas de los palaes 

mas importantes antiifuos y modernos. 



TOMO PRIMERO. ^ ' 
TOMPOa ANTI0Ü08. 




MADRID. 

IMPRENTA DE GASPAR Y R0I6, EDITORES, 

calle del Prinrlpe nim. i. 



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„ ^]i!SXt....H«iiJli;.t 

10 July 1911. 




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BIBLIOTECA ILUSTRADA DE BASPAR Y ROIB. 



HISTORIA UNIVERSAL 

POR 

CÉSAR CANTÜ, 

TRAO|}CIDA DIRKCTAMENTE DEL ITALIANO CON ARREGLO A LA SÉTIMA EDICIÓN DE TURIN , ANOTADA 



D. NEMESIO FERNANDEZ CUESTA. 

j adornada con preciosas lámiDas grabadas en acero que representan pasajes de la narración , vistas , retratos , etc. y mapas de ios paites 

mas importantes antiifuos y modernos. 



TOMO PRIMERO. ' ' 
TIEMPOS ANTI0Ü08. 




MADRID. 

IMPRENTA DE GASPAR Y ROIG, EDITORES, 

calle del Principe nüm. i. 

1864. 



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PROLOGO DE LOS EDITORES. 



Aj. «parecer en Europa las primeras entregas 
iñhEhtana Dnt^eriat escrita porCésar Cantn, 
no pocos literatos de Domhradia experimentaron 
cierta desconfianza hacia sa autor , sospechando 
qae no podria dar cima á. una obra tan vasta, 
superior á las fuerzas ordinarias de un hombre. 
Las grandes tradiciones de san Ajg;nstin y los 
trabajosde Bossuet Y de Vico, ofrecneron la idea 
de un nuevo modo de escribir la Historia, la cual 
nosemiraba ya como un conjunto de hechos sin 
conexión ni enlace» sino como un todo homogé^ 
neo, cuyas partes , armónicamente unidas , con-' 
tribuían ala investigación de los altos destinos de 
la. humanidad y a) descubrimiento de las leyes 
morales que presiden á su desarrollo en la serie 
de los tiempos. £1 autor de una obra tan vasta, 
desempeñada con arralo á este plan de tan in^ 
mensas proporciones, debia reunir á la paciencia 
investipdora de un Benedictino el ardor incan- 
sable de un Enciclopedista; y no se creía por 
algunos que César Cantú, joven todavía , estu- 
viese adornado de estas cualidades* Mas de diez 
años han pasado desde entonces , y las lauafaas 
ediciones que han seguido sin ínterrupeioo á la 
primera, y la fama de que toda Europa ha cu*- 
oierto el nombre del autor, prueban que ha sa- 
bido realizar la idea que en nuestro siglo se tiene 
de la Historia. 

En efecto, lo que Bossuet hizo respecto de los 
sucesos capitales que eligió en el vasto campo 
histórico, según coavenia á su gran propósito de 
señalar en la elevación y caida de los imperios 
la mano de la Providencia , César Cantú lo ha 
practicado respecto de todos los hechos en su 
conjunto y en sus pormenores , en sus causas y 
en sus resaltados. En el curso de los siglos dis- 
tingue el PniOGBEso como ley constante cíe la hu- 
manidad , siguiendo el desarrollo que el dedo de 
la Providencia le marca ; progreso que se realiza 
á pesar de los desastres , al través efe las dificul- 
tades , y aun en medio de los yerros de la raza 
humana. No es el cuadro de las vicisitudes de 
una familia , de una clase , de un pueblo parti- 
cular, el que nos ofrece lá narración de Cantú; 
es la pintura fiel y exacta de todo^los pasos que 
ese ser complejo llamado humaisidad ha dado en 
su trabajosa carrera desde el principio de los 
tiempos ; es la relación verídica de sus virtudes 
y de sus crímenes , de sus aciertos y de sus yer- 
ros , de sus placeres y de sus dolores , de sus 
adelantos positivos y de su retroceso aparente: 
es la narración de los progresos del pensamien- 



to , del bioiestar, de la dignidad del hombre aun 
en medio de sus desgracias. 

Después de un magnifico DigeurBo sobre la 
Historia en general , verdadero trozo de elocuen- 
cia, pasa á describir la historia antigua y ofrece 
puntos de vista enteramente nuevos , considera- 
ciones completamente originales. Los problemas 
que envuelven los tiempos ante-históricos , las 
primitivas monarquías , las emigraciones grie- 
gas , la historia del pueblo hebreo , la formación 
del derecho romano, las leyes agrarias, la difu- 
sión del Cristianismo, se hallan en esta obra 
presentados y desarrollados de una manera su-* 
perior á cuánto se .ha visto hasta el dia. Pero 
donde el historiador se muestra admirable es en 
la parte relativa á la Edad Media. En este cua- 
dro pintado con vivísimos colores procura dar 
la solución mas racional á las cuestiones que se 
ofrecen sobre aquellos siglos, y al efecto , exa- 
mina y explica de qué manera y hasta qué punto 
se mezclaron las razas de los bárbaros con los 
vencidos; cómo las instituciones primitivas de 
los primeros vinieron á modificar las entonces 
existentes y á dar por resultado las modernas; 
cuál es el origen de los municipios ;*qué' grado 
de intervención tuvo la Iglesia en la civilización 
de los pueblos; qué importancia civil y política 
tuvieron las órdenes religiosas; de que modo 
contribuyeron las Cruzadas al desarrollo del co- 
mercio y de la industria ; cómo en fin del con- 
flicto entre los papas y los reyes, entre los reyes 
y los señores feudales, entre los séñoresieudales 
y el pueblo, resultaron las actuales instituciones 
políticas. 

Era difícil , después de tanto como se ha escrito 
sobre las Cruzadas dar novedad á esta parte de 
la Historia; sin embargo, el autor ha hallado en 
su vasto ingenio medios para presentar un cuar- 
dro animadísimo , en que pasan a la vista del 
lector los brillantes reinos musulmanes con su 
poder y sú elegancia , el Viejo de la Montaña con 
sus asesino;^, (rengiskan y los Mogoles , las órde- 
nes de caballería , los caballeros , los torneos^ 
los trovadores , la inquisición, la conquista de los 

Íuebtos septentrionales hecha por los caballeros 
eutónicos , la decadencia del imperio ^ego , y 
la formación de los reinos de Europa. Detiénese 
un momento al finalizar la Edad Media ; y des* 

()ues de haber señalado la marcha constante de 
a civilización y las continuas victorias del espí- 
ritu sobre la materia , de la inteligencia sobre la 
fuerza bruta , nos muestra cómo se ba ido exten* 



díendo la especie humana por medio de los via- 
jes y los descubrimientos: episodio brillantísimo 
en que figuran Colon , Vasco de Gama , Cortés, 
Pizarro , Alburquerque, como representantes de 
la conquista política ; Las Casas , Paez , San 
Francisco Javier, como representantes de la con- 
quista religiosa ; La Condamine , La Peyrouse, 
Cook , D'Úrville , Ross \ otros modernos, como 
representantes <ie la conquista científica. Esta 
parte es una de las mejor tratadas por nuestro 
autor, no solo poraue da noticia de todas las 
expediciones desde la de los Argonautas hasta 
Wilkes , sino porque además refiere la historia 
del comercio y de sus vicisitudes por mar y 
tierra, la de las leyes marítimas, y los progre- 
sas de U navegación desde el primer esquife que 
se botó al agua, hasta el gran navio inglés Greai 
Britai^ , describiendo al mismo tiempo la natu- 
raleza de los pueblos encontrados por los nave- 
gantes , las novelescas aventuras de los Filibus* 
tieros, del verdadero Robinson Crusoe y de otros 
viaieros , y trazando el cuadro de las misiones y 
de la literatura de los viajes. 

Otro gran trozo de elocuencia son las consi- 
deraciones sobre la historia moderna , cuya 
narración se admira , aun en los casos en que 
se disiente de las opiniones y juicios del autor. 
Roto el freno de la autoridad, la opinión ha ve- 
nido á constituirse en reina 4el mundo ; y el aue 
pretenda desentrañar las causas y señalar las 
tendencias del movimiento moderno , debe bus* 
cartas en las escuelas filosóficas, en las costum- 
bres , en las ideas populares , en la literatura, 
y en los sistemas sociales y religiosos. Esto es^lo 
que ha hecho César Cantú , en general idbn 
acierto, y fijándose muy especialmente en la 
literatura, á la cual considera , no como un arte 
puramente de lo bello , sino como la manifesta- 
ción del estado social de un pueblo y de una 
época dada* 



Después de la narración y de las aclaraciones 

3ue acompañan á cada libro, vienen multitud de 
ocumentos que forman una verdadera Encido- 
nedia histórica. Los referentes á las Biografías, á 
la Cronología , á la Arqueología y á las Bellas- 
Artes son trabajos acabados que merecen aten- 
ción Q3p6cial , ademas de los extractos de obras 
recientes y de otras muy raras, traducidos de to- 
das las lenguas , asi orientales como europeas. 
Los eruditos acaso creerán de sobra algunos de 
estos documentos porque habrán leido los origí* 
nales ; pero el autor adWinó sin duda aue su His- 
toria había de andar en manos de toaas las cla- 
ses , y singularmente en las de la juventud á 
quien la dedica , y quiso poner á su alcance todos 
los elementos necesarios para adquirir cultura y 
conocer el punto á que han llegado no solo las 
ciencias históricas, sino también las sociales, 
naturales, estéticas y filosóficas. 

Esta circunstancia de ser la obra de Cantú de 
tanta entidad para la generalidad del púMieo, es 
la que principalmente nos ha impulsado á pro- 
porcionar á nuestros favorecedores, bajólas eco- 
nómicas condiciones de esta Biblioteca, una tra- 
ducción fiel , exacta y completa. En ella se ba 
seguido el mismo plan que el autor, poniendo 
al fin de cada libro las aclaraciones corres- 
pondientes , dividiendo la obra en los mismos 
grandes tomos en que César Cantú la ha divi- 
dido y destinando los últimos para los documen- 
tos. Además, se aclararán ciertos puntos que 
puedan parecer oscuros v se anotarán aquellos pa 
sajes , principalmente Je la historia patria , que 
contengan manifiestos errores. Si á esto se agre- 

Í!;an la belleza de las lámina;^ con q^ae adornamos 
a obra y lo esmerado de la impresión , no se nos 
negará el mérito de haber dado á conocer en Es- 
paña uno de los escritos mas importantes de 
nuestro siglo , y mas dignos de pasar á la pos- 
teridad. 

Madrid i.' de enero de 4 SM. 



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C.A?PAJ< Y KOI O riJirORE^ 



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JÓVENES ITALUNOS. 



JOVEN era yo también cuando dediqué , no mis 
odos» sino mi vida toda, á presentar á nuestra pa- 
tría el hermoso y triste espectáóuto de la huma* 
nidad , cuyo destino es progresar padeciendo , y 
camínar.fatigosamenteálaadquisicion de la ver- 
dad, y de una distribución mas equitativa dé los 
goces" de la vida y délas utilidades del saber. Ta- 
maña empresa no podía acometerse sino en esa 
edad en que la entera cx)nfianza en sí mismo y 
en las cosas obscurece en gran parte los obs- 
táculos ; ó cuando el presentirlos da fuerzas 
al individuo pra resistir tenazmente la in- 
coraUe rivalidad de losquedespredan al mismo 
tiempo que envidian á un autor ; el despecho de 
los que, acostumbrados al crepúsculo^ amrreceu 
faLluz como perturbadora ; la torpeza de los' ((úe 
DO comprenden ; la malignidad de los que com* 
prenden demasiado; y esa indifeh*enGÍa del mun- 
do culto, que es la consagración de cuanto se hace 
en honor ael país y parala propagación de lain- 
Idijmicia. 

raa quien se paga de las ideas indecisas é 
incompletas que son la ignorancia menos so- 
portable á entendimientos justos;- para el que, 
esdavo del respeto humano, tirano de los que 
nada valen , besa las plantas con que la preocu- 
pación conculca el buen sentido, y nace mas ajpe- 
tecible la lisonja á los opresores , atacando con 
altisonantes fatuidades á los oprimidos; para ese 
las dificultades se allanan , y lasalas de la no asus* 
tada medianía lo elevan á las ovaciones de un 
vulgo que usurpa el título de nación. 

Peroel atrevimiento llega á ser temeraria osadía 
en aquel que en los temas mas expuestos á la ani- 
mosidad, como moral , política , religión , pre- 
tende entrar de Henéenlas cuestiones esenciales, 
^n omisiones ni oscuridad ; y eligiendo franca- 
mente entre lasopiniones, en un tiempo en que 
todas son apasionadamente controvertidas, y en 
donde la anda y la negación arman el fusil ó 
la calumnia contra las persuasiones, se atre-* 
ve á toda costa á tener opinión propia. Es tam- 
bién temerario el atrevimiento en quien mirando 
la libertad ya sin embriaguez ya sin miedo, 
rechaza sus excesos con la firmeza licita á quien 
nunca los ha adulado ; quiere proclamar con 
franqueza lo que siente con íntima convicción; 
pretende restablecer la independencia moral y 
dentifieaque va desapareciendo cada día mas de 
la enseñanza; quiere hacer hi ^rra á las vul- 
garidades , á las ideas de desunión y de iriicnn- 
dia, serviles al mismo tiempo que violentas, dé- 
biles á la par (|ae temerarias; no pierde jamás 
de vista el intimo enlace de las acciones cpn los 



pensamientos, de las teorías con las creencias; 
y laborioso para investigar, apasionado para 
concebir, sincero en el narrar, escribe con d 
corazón después de haber reflexionado mucho 
con la cabeza , subordina la belleza artística á la 
moral , ios efectos materiales al pensamiento in- 
genuo y verdadero, las opiniones incontestadas 
y arbitrarias' al fruto de austeras indagaciones 
y á la armonia de los elementos univemles de 
la humanidad; aspirando en suma á que su obra 
sea á la vez obra de arte, de ciencia y de sen- ' 
timiento. 

Dedicado desde mis ptimeros años á Ja Histo- 
ria (no os pese, jóvenes, estrechar relaciones con 
Í[nien por tan largo camino debe acompañaros) 
ni testigo de sus mudanzas , cuando el estudio 
necesario de lo presente obligaba á investigar sus 
causas é» lo pa^o;cuando ala frivolidad que se 
detiene en los accidentes y en las anécdotas, en 
vez de distiilfftiir los sucesos generales entre las 
particularidades, sucedió un amplio modo de 
considerar y describir las causas y los efectos y 
los progi*esós del individuo y de la especie ; cuan^- 
do al lívido .desprecio reemplazó la meditación 
refotmadora, á la incredulidad que se mofa y á la 
impiedad pdsiva la seria consideración de los 
tiempos' y circunstancias, y el respeto á todo lo 
que muestra inteligencia y digniaad ; cuando á 
las ideas in(M>nexas siguieron los lazos científicos 
que obligan á decir la verdad é impiden la mas 
astuta falsificación de la historia , que es su mu- 
tilación ; cuando , en fin , se dirigía la atención 
á los muchos padecimientos y á los contados go^ 
ees , á los disgustos v á las ésperaneas de aquel 
vulgo*, que antes andaba perdido y deslumhrado 
entre las maravillas de los tronos." Entonces, en 
vez de narraciones brillantes y retóricas , se re- 
dujo la Historia á hechos instructivos ; se ahan^ 
donaron los vicios comunes de ligereza en his 
obras , falso entusiasmo en las reflexiones y des- 
cripción del estado social y del carácter "de loé 
pueblos por mediode frascv^ absolutas yconcisas, 
que alucinan al vulgo y que por lo general hm 
injusticias ó impertinencias. La Historia, que 
convertida en voz de la conciencia de los pueblos 
é intérprete del pensamiento moral , no exigía 
solo talento, sino también corazón y fe, pacien- 
cia en las investigaciones , é ingenuidM ea los 
juicios, revocó entonces muchas sentencias au- 
torizadas , rehabilitó nombres, borró glorias 
é ignominias, no caprichosamente, siáo cam- 
biando el punto de vista para considerarlas; por 
consiguiente hubo de rehacerse por medio de tra- 
bajos profundos y con. entusiasmo intentados: 



quedaron los personajes y los sacesos, pero 
cambió la manera de considerarlos ; desenvolvióse 
la idea eterna de las ideas contingentes, y tal 
vez, con los vasos arrebatados al Egipto , se fa- 
bricaba el tabernáculo de Israel. 

Arreglada así la Historia , ya no la reconocian 
los grandes maestros ; y desde la altura del saber 
por el cual eran venerados, hubieron de censu- 
rar ya los juicios, ya las exposiciones tomando- ' 
las aisladamente, siendo asi que su verdadero 
significado no puede deducirse sino del conjunto. 
Los pedantes, presuntuosos , como todo lo que 
es limitado , dotados de una erudición que parece 
exteasa por lo ostentada , y acostumbrados con 
el furot de ta impotencia & incensar y á malde- 
cir de caso pensado ; 

Los poderosos epicúreos, á quienes los festines 
sontuosos y los espectáculos no dejan sentir esos 
dolores que despiertan la conciencia del ser y 
dan temple para aspirar á grandes cosas ; hom- 
bres Que detestando toda verdad molesta, que no 
queriéndose tomar el trabajo de pensar y cre- 
yendo insulto la actividad de otros, escarne- 
' cea por pasatiempo de su elegante fatuidad á 
auien no goza como ellos en una tranquilidad sin 
aeooro y .en un orden sin progreso ; 

Los sofistas , en quienes su profesión ha em- 
botado el conocimiento de lo verdadero, y que 
abundantes en pretensiones cuanto escasos de 
dignidad, tomando por ¿enio superior la con- 
fianza estrepitosa y la audacia en el decir lo que 
ningún hombre honrado dicia , quieren arreglar 
el mundo á fuerza de lamentaciones , infundir 
en los otros sus odios, sus preocupaciones , sus 
terrores , y sustituir á la sencillez de las almas 
fuertes el énfasis y la movilidad constante; hom- 
bres que recurriendo hasta á la hipocresía , que 
es hoy el vicio menos necesario , denigran las 
intenciones cuando no pueden censurar los actos, 
acusan dedegradacion á aquel á quien no pueden 
arrastrar hasta el fango de su vileza; denuncian 
la fraternidad como complot , los impulsos ge- 
nerosos como efecto de cálculo ; 

Los hombres de lo pasado que'en nada quie- 
ren ceder y conservan las supersticiones de la 
antigüedad cuando ya se ha perdido la fe; y los 
hombres del porvenir que de nada quieren ab&> 
tenerse» y que extremados en sus demandas, con 
la ilusión de bienes quiméricos desvian á otros 
del camino que conduce á los bienes posibles, 
para cuyo logro se requieren fe, resignación y 
caridad; 

Los hombres de conciencia tímida , ({ue asus- 
tándose de aquel libre examen, necesario para la 
fe no menos que para la duda, confunden la le- 
Atima franqueza del pensador con el insulto del 
Ubertino ; 

Los reyes de la opinión oue se hacen perse- 
guidores y tiranuelos cuando cesan los reyes de 
la fuerza; atentos siempre á cortar las cabezas 
de las amapolas que sobresalen entre las demás; 
hombres que, no consintiendo en uno solo dos 
motivos de gloria, denigran el carácter de aquel 
cuyo talento no pueden oscurecer; alimentan con 
maldiciones y frivolidades una locuacidad senti- 
mental y servil ; toman de fuentes sublimes ins* 
piraciones vulgarísimas; y esforzándose en des« 



truir aquel derecho mas allá del cual no hay sino 
violencia, creen guiar, cuando en realidad son 
arrastrados, y visten la máscara de la libertad 
para hacerla aborrecible abusando de ella ; 

Los lectores y escritores envueltos en un tor- 
bellino de opúsculos fugaces , de novelas asque- 
rosas, de disputas indecentes; enorgullecidos por 
estudios ligeros que deslumhran en vez de ilustrar , 
y por aquella instruecioá superficial que da á las 
pasiones mayor intensidad y á las inteligencias 
una ligereza*^ que fácilmente se comunica á los 
caracteres ;. 

Todos estos debían aborrecer la austera en- 
señanza de la historia verídica, y coligarse contra 
auien , entre el valor que sucumbe , la duda que 
desanima , la dignidad que se pierde, viniese con 

I)alabra firme , austera, insistente á proclamar 
a verdad en toda su grandeza; viniese. apoyado 
en la dignidad de historiador y en su propia bue- 
na fe , obligado á veces acallar , jamas resignado 
á mentir y reclamando el derecho de no engañar. 

Pero SI los martirios previstos, y aun en parte 
experimentados , desanimasen , ¿'qué empresa 
grande podría llevarse á cabo? 

Por otra parte , con nuestra generación que 
se va, crece la vuestra , oh jóvenes , sedienta de 
justicia, de verdad , de caridad , de actividad; 
deseosa de creer, de respetar, de ilustrarse, y 
que llegará á ser mejor ane nosotros, sí tratamos, 
no de engañarla, sino de iluminarla ; no de re* 
chazarla hacia lo pasado, sino de iniciarla en el 
porvenir. 

Rn esta confianza yo, el primero y solo, me 
atreví á ordenar en un vasto conjunto tantos tra- 
bajos parciales , para que apareciese la verdad 
general , así de la armonía de las verdades par- 
ticulares , como del desacuerdo entre los errores 
procedentes de la adopción de estrechas miras. 

Hombre del pneblo, criado entre el pueblo, 
y dedicando á este las tareas que solo deseo me 
sobrevivan á lo menos en sus efectos, venia á 
hablar al pueblo sin aparato de reputación, sin 
precauciones de Mecenas , sin tutela de autori- 
dad ni de clientes; con fuerzas no inexpertas, pero 
con escasísimos medios ; con obstáculos que me 
eran peculiares , pero obstinado en seguir ade- 
lante como persuadido que estaba del bien que 
en ello hacia á la nación y á la verdad. Hablaba 
al pueblo , pero los mismos que por ello me cul- 
paron han tenido que conf&sar que estaba lejos 
de la demagogia precursora de la tiranía, y aue 
no dirigía á las pasiones de la multitud esa adu- 
lación , no menos baja que la que se ofrece á los 
fuertes, sino en cuanto ti^e menos esperanzas; 
porque siempre he creído que la libertad no es 
amenaza ni venganza, sino bandera de unión, 
tutela contra la opresión dé toda clase , garantía 
de toda especie de derechos. 

Si hubiera hallado á los literatos apartados 
del pueblo, aunque ellos fueron mis maestros y 
mis colegas, aunque entre ellos y por su corte- 
sía he adquirido el poco nombre que me ha dado 
atrevimiento para cesar de repetir tartamudeando 
ajen^ ooiniones y formular con seguridad las 
mías, no nabria vacilado en separarme de ellos, 
aceptando un ostracismo inevitable en este caso, 
para quien desea conservar con celo el tesoro de 



VH 



SUS convicciones , y que habiendo de haUar con 
arreglo aellas, no en conformidad con las de nin- 
gún partido , tiene por consecuencia que desa- 
gradar á todos. 

Con el valor, pues, de la resignación me pre- 
paré (tarea nueva) á comprender en una narra- 
ción la vida de todos los pueblos , no solamente 
política, sino también económica, artística, lite- 
raria y moral , renoiendo en suma todos los ele- 
mentos de la sociedad ordenados por tiempos y 
por naciones, de modo que apareciese visible el 
progreso contemporáneo del género humano. 

Cuanto mayor era el asunto , mas recelos de- 
bian causar la influencia de estudios dirigidos á 
un solo objeto , la autoridad de una palabra re- 
petida por espacio de anos y en un tono solo, 
en época en que la atención se extiende sobre 
den cosas diversas: esapalabra dirigida á vo- 
sotros, jóvenes, y al pueblo, estoes al porvenir, 
y que revisando todo cuanto se ha dicho , pén- 
sano, sentido é intentado , adquiría eficacia en 
fuerza de su sinceridad y de la distancia que la 
separaba de los juicios generales. 

líunca perdona auien teme ; y así natural- 
mente los críticos , abandonando la adulación hoy 
habitual, ó mejor dicho, usando de una forma 
diversa de adulación , hubieron de combinar con- 
tra mi aquella táctica que hiere á los hombres an- 
tes que alas cosas, y honraron mi humildad con 
aquellas palabras del aldeano de Atenas que yo 
creia reservadas para los hombres de espléndi- 
das aocionesf ex puestos á los tiros de la envidia. 

Cuando la crítica modesta, amplia, vivificadora, 
no se afana tanto en descubrir defectos como 
en multiplicar con las bellezas los placeres de la 
inteligencia: cuando no castiga al autor, sino que 
lo instruye y lo mejora : cuando presenta á los 
hombres grandes como ejemplos para ser respe- 
tados, no como ídolos ante quienes deba inmo- 
larse U sincera razón : cuando con criterio seguro 
y recta conciencia admite á participar del aplauso 
público a todo el gue ha merecido bien de la 
verdad ; entonces viene á ser un fragmento de la 
historia intelectual del pueblo y su benéfica ins- 
tructora. Pero cuandoairadadecorazon, mezqui- 
na de ánimo, provocadora en las formas, erige en 
leves ínqnisitorialeslas infinitas timidecesde la li- 
tera tora oficial ; cuando á fuena de arbitrariedades 
pretende abatir la generosidad de los conceptos 
y lo que hay de complejo én la ejecución de una 
obra; cuando perdiéndose en cuestiones parciales, 
y mirándolas por un lado solo, toma los accidentes 
por sustancia y engaña con la pompa de ideas 
sonoramente vagas; cuando haciendo uso de la 
audada, que es la fueraa de los débiles y la dig- 
nidad de los abyectos , en vez de comfiatir de- 
güella; en tal caso debe someterse á la sehtencia 
del antiguo Polibio , que decia : sino sabeü aplau- 
dir á los enemigos y censurar á los amigos cuando 
U> merezcan , no escribáis. £1 que es víctima de 
esta crítica tendrá que lamentarse de haber sido 
iozgadp antes que leido, y de verse privado por 
la violación de todas las formas corteses, de aque- 
llas ventajas que trae la contienda cuando en el 
adversario se encuentran, si no la imparcialidad 
y el maduro examen que cede á las demostrar 
(áones , á lo menos la lealtad que no inventa er*< 1 



rores para refutarlos , la templanza que respeta 
aun á los adversarios, y el decoro que se debe á 
sí mismo lodo- hombre bien educado. 

¡ Miserable y degradante ocupación de la in- 
teligencia en los paises donde esta carece de digno 
objeto! Elhombre honrado, sin embargo, mira con 
lástima las sañudas e;xigenc¡as de quien se halla 
abrumado de padecimientos gueno sabe sufrír ni 
remediar; y compadece á auien se encuentra po- 
seído de la tremenda necesidad de ejercer sus facul- 
tades aclivas, unida á la imposibilidad de satisfa- 
cerla; y el escritor se consuela pensando que estos 
clamores que su obra suscita , la salvan Je la ma- 
yordes«:racia, quesería el pasar inobservada , y 
a el le libran de adormecerse en la fácil satisfac- 
ción de quien cuenta con la indiferencia del pú- 
blico y con el aplauso de sus parciales. ' 

He delineado una situación general y mas pro- 

fúa. especialmente de los paises en que 'faltando la 
ibertad de decirlo todo , se usurpa la de insí- 
nuarío; paises en los cuales hay interés en fo- 
mentar los odios que desunen, en'hacer preferible 
la charla.de un sicofanta á una vida entera de 
honor, en hacer á los hombres recelosos para 
conservarlos esclavos, y con espíritu ligero y sar- 
r^stico dar cierto aspecto de frivolidad alas cosas 
mas graves, para cjue en vez de ¡deas profundas 
V unánimes, queden solamente facilidad para 
fallar, é impotencia para examinar. Ruego , sin 
embargo , á quien considerando mezquinamente 
estas líneas no vea en ellas sino alusiones al 
caso en que me encuentro, que me crea á lo me- 
nos bastante, persuadido de la dignidad de las 
letras para no confundir á los críticos con aque- 
llos escritores abyectísimos que solo inspiran ^ 
desprecio en lugar de indignación, escritores 
que fundándose en rumores vagos, y por lo 
mismo incontestables, asesinan las reputaciones, 
espían las intenciones en las palabras, van á 
buscar el sentido de estas al fondo del corazón y 
aceptan estipendio para inspirar recelos contra 
los estudio*^ graves , para íni pedir que se circunde 
de respeto la decadencia nacional , para trans- 
formar las discusiones literarias en aquellos pu- 
gilatos de plaza, olvidados va en toda £üropa, 
para excitar al ocio mostrando cuan inevitables 
padecimientos abruman en Italia á quien de otro 
modo satisface , no solo la baia ambición de oro 
y de aplausos , sino el noble aeseo de reputación 
y de autoridad. 

1 Desdichado , una y mil veces desdichado el 
país, cuyos nobles hijos se creen obligados á ba- 
jar á uría arena de procaces injurias , y recha- 
zándolas mostrar que se aceptan esos actos in- 
decorosos que abren el camino para acciones 
infames! ¡Desgraciado el país en que hay que 
rechazar por escrito acusaciones como la de ser- 
vir á la inquisición y á la policía, y en que un 
autor se ve obligado á rebajar su dignidad en un 
libro dirígido únicamente á aar á conocer la suya 
al hombre, al italiano! 

Por lodemás, es natural en los partidos no cui- 
darse de si son ó no legitimas las acusaciones 
con tal que lastimen al contrario , y cubriendo 
el delito con el manto de la venganza, aceptar 
actos infames que nadie en particular tolerarla; 
está también en su í&dole cuando se relajan Ia3 



▼III 



trabas legales, tratar de imponer otras naevas al 
pensamiento , reduciendo a cuestiones de perso- 
nas las cuestiones de principios, impugnando 
la libertad del examen que es el primer derecho 
y el primer deber d«l escritor y poniendo obstá- 
culos al homtMre para pensar, y al pensamiento 
para manifestarse libremente. Los malos medios 



son' el oprobio del hombre , no de la causa de 
que se dice partidario. 

Me ha servido además de consuelo el progreso 
que he visto en el desacostumbrado encarniza- 
miento con que he sido atacado. Comenzóse con 
la sátira, tratando de improvisada compilación 
esta historia y cuidándose poco de la lógica pues 
que solo se queria hacer reir. A poco tiempo se 
echó de ver que las diatribas rastreras y las in- 
sulsas habladurías no bastaban contra una voz in- 
trépidamente perseverante, refonadapor la pro- 
pagación de la obra y por el generoso apovo de 
muchos ; y entonces, al vilipendio suceaíó la 
suspicacia, á la argucia la indagación y el pedir 
cuenta de cada frase , como meditada séríamen- 
te ; y se emplearon en esto la actividad y el dine- 
ro que en otros paises se habrian empleado para 
sostener los esfuerzos ae un ciudadano, ó llevar 
á cabo una buena obra. Después, mis adversarios 
incurriendo en excesos , impulsados por la falta 
de resistencia y por la certeza de que me seria 

f prohibido contestar , llegaron á ecnarmanode 
a denuncia , de la intimidación , de la calumnia 
mas irremediable, que es la que se propaga por 
insinuaciones , de la tiranía en íín que ataca al 
hombre en el santuario de su conciencia. Pres- 
cindiendo del valor de resistencia qué inspira siem- 
pre una^ande injusticia , conGeso que debo á es- 
los inusitados furores, que esta obra (¿porqué no 
ha de permitírseme un orgullo que no es peligro- 
so?) sea una de las mas francas y sinceras de núes- I do mucho mas alto que yo pero por mi medio! 
tra literatura. Mis adversarios ño dando álasacu- ¡Qué triunfo ver bríllar la verdad aun al través 
sacioues viso alguno de probabilidad y valiéndose dejos nubarrones acumulados para ofuscarla^ 



animosidad (2) ; pero solo creo que son culpas 
aquellas que provienen de la voluntad. Ahora 
bien, mi voluntad fue siempre dirigida áproca- 
rar lo mejor; y de la sinceridad dermis juicios no 
he podido dudar ni aun cuando he dudado de su 
exactitud. Acaso ¿me eran desconocidas las reti- 
cencias convenientes á las medianías , los tem- 
peramentos aue dan razón á todas las opiniones, 
ta comodidad de adoptar juicios ya formados, la 
adulación exigida para los ídolos de la época? 
Si á todo esto ne preferido una costosísima fran- 
queza con ami^s y enemigos : si cuando me han 
repetido en mil tonos pierna y habla e<nno no^ 
sotros^óavdetí, he contestado: da, pero escucha: 
conviene decir que me ha inducido a ello un de- 
seo irresistible de verdad; que el temor de dañar 
mi conciencia me ha librado del miedo á los fan- 
farrones y á los fuertes, y que por tanto no he es- 
crito , ni Dios mediante escribiré , cosa alguna 
contraria á mis convicciones. 

Las ideas mas que por comunicaciones pacifi- 
cas se propagan por batallas ^ y en el triunfo de 
las ideas,, ¿qué importan las convulsiones de! 
hombre? Por otra parte , donde el ángel de las 
tinieblas siembra anapelo y cicuta , el ápgel de 
la luz hace germinar díctamo y panacea. Favo- 
recida por la tormenta mi obra se propagaba; 
multiplicáronse necesariamente las ediciones y 
asi se difundía entre aquellos á quienes yo la 
destinaba y que no tienen cenáculos donde^'con- 
certar la calumnia, ni dinero , periódicos ni voz 
para divulgarla , sino corazón , sino rectitud vír^ 
gen , sino percepción de lo que leslconviene, de 
10 que realzando su dignidad, madura su porve- 
nir. ¡Qué satisfacción para mí haber hecho leer 
tanto y en materias importantes! ¡Qué consuelo 
oir repetidas mis ideas por tantos que han subí 



de formas destempladas , con su necio variar de 
imputaciones me han dispensado de la injuria de 
la defensa, la cual, para conformarse con el tono 
del ataque habría tenido que ser humillante para 
mí é impertinente para el público que necesita 
obras grandes , es decir, obras que le induzcan á 
pensar; tanto mas, cuanto que el público no quiere 
que se abandonen los hábitos de justicia, de exa- 
men V de urbanidad , cuya adquisición equivale 
á la de muchas libertades. 

Consolábame también la falsedad de aquellas 
acusaciones como indicio de que no se hallaban 
cargos verdaderos que dirigirme ; persuadíame 
por otra parte que opinipnes tan combatidas 
no debían ser vulgares, ni debía estar conde- 
nada á perecer una obra que resistía á ata- 
ques tan fieros , insólitos aun en los puntos en 
que es libre v oUigatorio el injuriar y está pro- 
nibído d detenderse ( 1 ). 

Los errores y los efectos de mi ignorancia yo 
los veo mejor que podría verlos la mas perspicaz 

(i ) • i'ai me «atiere eonflance daos V empire de la vérité ; je 
8id8 eaDjain en , paifaitemaat eoo? aiaeo que , tonque des impoia- 

• ttons, des accQsaUons , qoelque violentes, qaelqae répétées qn' 
» dleí aoient , n*oiit pas de feadement rtel ; loraqu* il n' y a riea de 
» Trai, de serien dans ees impotatiois; je suis convainca g«e de 

• BoCre temps,c0«c nos imtltuUons, dans nos m(purs, efles se 
» coMoneni , s* evanonissente torobent reOes mftmes.» Goizot, se- 
« sion dei i de gosto de 1817 en ia C;^iii»ra de los Pares. 



Sí os recuerdo mi fortuna , oh jóvenes, no es 
por vanidad; sábelo Dios , sino para que los mul- 
tiplicados dis^stos que me han dado los literatos 
no lleguen á infundir en vosotros aquella pereza 
que pone el premio en las alabanzas y la felici- 
dad en la calma indecorosa; para que no os asus- 
te la implacable enemistad de los perezosos 
contra los activos , de los escéptioos contra los 
persuadidos, de los abanderizados contra los que 
no tienen mas partido que la verdad. Ensalzar 
el augusto y mistetioso deleite que se experi- 
menta en coadyuvar á la inspiración de un au- 
tor , y los goces austeros pero profundos del tra- 
bajo y del buen éxito , es en nuestra patria un 
deber tanto mayor, cuanta mas necesidad tiene 
la Italia de personas que con su ardimiento, ya 
que no de otro modo , rechacen de su frente las 
acusaciones de perezosa y estéril. 

Todo movimiento literario tiene una signiti- 



( 2 } El jesaiu PeUo decía á Mezerav qoe baJUa contado mil er- 
rores en su Compendio. ¿Si? respondió elantor, pues uo he coni 
Mo dúi mii. Mezeny no había consentido en venderse S los domi- 



nadores de su patria , ni en disfrazar la historia; por eso el ministro 
le quitó la mitad del sueldo y luego el sueldo entero , t los grandes 
patriotas lo tachaban , dice Bayle, ndcadaiar siempre' al poeblo á 

• expensas de la corte, y de complacerse en notar lo ignominioso y 

• lo odioso de los actos de Francia.» 

Los hombres se conducen siempre del mismo modo cuando están 
dominados por igialcs pasiones. 



cacion moral. Así cuánto mas se ha visto esta 
obra destituida de alabanzas y dQpcimida por 
aquellos cuyo sufragio es mendigado como m- 
dispeosable para el Duen éxito , tanto mas de- 
mostraba que había comprendido el espíritu y 
correspondido á las necesidades de la época; 
tanto mayores pruebas daba de que en la masa, 
de que en la juventud se está efectuando una 
transición de las disputas sobre puntos secun- 
darios al conocimiento de los principios , y de la 
opinión aristocrática, escolástica, colérica, an- 
ticuada, ala opinión natural, popular, iniciado- 
ra. El que anuncia y presagia este porvenir ¿no 
debe someterse al azote de los retrógados? El 
que sube á la brecha ¿no se expone á ser herido 
por los enemigos y abandonado por los amigos? 

Tuve asimismo abundantes consuelos por- 
aue no buscaba el triunfo mió, sino la victoria de 
doctrinas que creia justas y benéiicas. A.1 fin, ha- 
biendo llegado al termino de mi obra , esperaba 
volver á aquella inacción que es la única que 
aquí obtiene paz, justicia y honores; pero no 
me ha sido dado entregarme al reposo « porque 
investigaciones cada vez mayores y en mayor 
flúfflero reclaman otra reimpresión ; y el deber 
para con el editor, cuya confianza cuento entre 
los prósperos sucesos de mi obra , y para con el 
púáioo que generosamente ha acogido las pri- 
meras ediciones, me obliga á perfeccionar esta 
nueva. 

La conveniencia del editor me obligó á comen- 
zar la publicación (en febrero de 1838) cuando no 
tenia completas mas que la historia antigua y la 
de la edad media ; y agregándose al trabajo de 
terminar la obra el que ocasionaba su rapidísima 
publicación, hube de quedarme muv distante 
aun de aquella perfección que á mis pol)res fuer- 
zas era dado alcanzar. No teniendo á la vista la 
obra toda, mal podia satisfacer al requisito de 
la armonía, tanto mas estimable cuanto mas se va 
perdiendo. La atención que tenia que fijar en las 
cosas, absorvia con frecuencia laque se debia al 
estilo; y aunque me propuse «que ninguna pá~ 
Bgina se resintiese de la precipitación impuesta 
i»por las circunstancias , y que en ninguna se 
«echase de ver mas que la constante actividad de 
«quien concienzuda y confiadamente se afana con 
«nrme propósito, «"^¿cómo era posible para mi 
bnmildad mantener la autoridad del genio que 
nada encuentra superior á sus fuerzas? ¿Cómo 
era posible, para mi que luchaba, conservar la 
serenidad que no procede sino de la certeza del 
éxito? 

En an país de cuyos eruditos no me han ve- 
nido mas que contradicciones , obstáculos, des- 
aliento , me faltaron muchas veces los libros ó 
las meiores ediciones , y siempre los consejos 
de ma^tros especiales en aauellos estudios acce- 
sorios que me obligaba á nacer la^variedad del 
asunto. Peregrino ae la ciencia , he buscado en 
bibliotecas, en archivos y especialmente en con- 
versaciones , los informes , las noticias , susci- 
tando las francas discusiones que ilustran las 
ideas propias aun cuando no nos enriquezcan 
con las ajenas , y he visto monumentos y obras 
maestras del arte que antes habia juzgado, re- 
firiéndome á opiniones ajenas según los mas lo 



IX 

habían hecho. A. grandes sabios que al principio 
me habian negado la limosna de sus indicaciones, 
he podido acercarme sin tanto temor de parecer 
osado después de concluida la obra , y otros me 
han ofrecido sus consejos espontáneamente con la 
ingenua modestia de « quien ve y quiere con rec- 
titud, y ama.» 

Además, esta obra fue traducida; y prescin- 
diendo de la incalculable ventaja de ver las pro- 
pias ideas en traje extranjero, y descubiertas to- 
das las ambigüedades ai pasar por el crisol de 
otros escritores , tuvo ladetiaber llegado ápaises 
en que la palabra conserva su formidable poder, 
porque está asociada con el pensamiento y la 
acción , en. que la práctica de los negocios 
completa la educación dada por los libros , en 
que son muchos los medios de conocer la verdad 
porque es plenamente libre la facultad de enun- 
ciarla. Allí la depresión no ha habituado á los 
hombros ano creer en los nobles sentimientos y 
á suponer en todos almas afeminadas, pensamien- 
tos vulgares, talentos degradados; allí las opinio- 
nes en vez de hallarse exacerbadas por la prohibi- 
ción , se han hecho tolerantes en fuerza de la 
libertad del debate ; allí los hombres se mues- 
tran menos encarnizados porque son menos im- 
potentes; y allí he podido prometerme fallos im- 
parciales, cuando muerto el odio de los débiles y 
acabado el miedo de los fuertes , la alabanza no 
estaba proscripta ni estipendiada la calumnia. 

Que el trabajador se instruye trabajando es 

Eroverbio vulgar ; y muy oportunamente se me 
a recordado que aquel que comienza una obra 
es aun menos que discípulo de quien la conclu- 
ye. Asi los buenos escritores, en vez de mostrarse 
satisfechos de si mismos y repudiar , por un amor 
propio mal entendido, laincomparable exjperien- 
ciade la publicidad, no dejan nunca de pulir 
sus obras. Desde que publiqué la mia , no he 
leido libro de que no haya sacado apuntes, ni se 
ha pasado dia sin añadir ó corregir algunos, se* 
gun los progresos que van haciendo la civiliza- 
ción y la ciencia ; progresos tan gigantescos que 
difícilmente puede seguirlos ni aun aquel que no 
se ocupe en otra cosa. No hay punto de historia, 
ni cuestión de filosofía , ni aspecto de religión, 
no hay país , personaje , ni acontecimiento , aue 
no haya sido objeto de libros especiales en los 
pocos años que van transcurridos. Asuntos que 
parecían condenados á eterna esterilidad han 
iructificado; háse alzado una punta del velo que. 
cubre la historia de los Pclasgos , de las razas 
oceánicas y africanas , de los primitivos habi- 
tantes de Italia, los caracteres geroglífícos y 
cuneiformes, y la lengua zenda. La paciencia eru- 
dita registra escrupulosamente los archivos y la 
postuma imparcialidad publica nuevos documen- 
tos: una critica confiada pero prudente, severa, 
pero no melindrosa , vuelve á poner en examen 
opiniones admitidas y hechos aceptados > y hace 
que hoy sea error ó inexactitud lo que ayer pa- 
recía materia de fe. Abiertas las barreras insu- 
perables de la China, se disipa la niebla que 
envuelve la historia de las dos terceras partes 
del género humano. El que hablare de los Egip- 
cios según Champollion , de los antiguos italia- 
nos según Micali , del Zendavesla según Anquc- 



til , déla India musalmana según Robertson , se 
mostraría atrasado en noticias; los libros del 
Nepal nos llevan hasta el origen del Buddisino, 
culto seguido por tantos individuos como el Cris- 
tianismo cuenta. Ayer dijimos que de Nínive no 
. quedaba vestigio ; noy la tenemos descubierta; 
mañana se probará tal vez que aquellos edificios 
son modernos. Describimos la batalla de Maren- 
g:o con los pormenores aceptados , y las Memo- 
rias del duque de Belluno los impu^rnan ; dijimos 
gue lo interior de la Nueva Holanda se bailaba 
inesplorado; que eran veinte y siete los Estados 
Unióos de América , que ningún escrito quedaba 
de Epi¿uro , que el ázoe era un cuerpo simple... 

¡hemos sido desmentidos. Ahora desaparecen 
el África los montes de la Luna ; agrégase un 
continente á nuestro globo y cinco Huevos pla- 
netas á nuestro sistema solar; ¡ y todo en tan po« 
cósanos! ' 

Entretanto la Numismática forma el catálogo 
de los innominados sucesores de 'Alejandro Mag- 
no en Asia ; la Araueología ordena los monumen- 
tos primili vos de Frigia, Lidia ,Capadocia y los 
de la alta Asia que anticipan en muchos siglos 
la historia d^ las bellas artes y de la escultura; 
Palenque noes ya el mas admirable testimonio 
de una civilización antimiisima en América; nue- 
vas inducciones aduce la Antropología , hechos^ 
nuevos preséntala Geología , hoy prólogo nece- 
sario á los anales del género humano ; nuevas 
hipótesis surgen, entre las cuales el autor se ve 
obligado á elegir , persuadido de que lo desapro- 
barán los que prefieran la contraria. 

Después de proclamar la verdad y las ideas 
mas generosas, mé propuse dar á conocer á mi 
patria el último punto á que han llegado los 
estudios, y con este propósito mientras trabaja- 
ba procure aprovecharme de los datos que iba 
, adquiriendo para las sucesivas ediciones'; y en 
las nptas y en los documentos inserté noticias ó 
indicaciones qué debian completar ó modificar la 
narración. Ahora todo obtendrá un puesto mas 
conveniente ; serán mas exactas las concordan- 
cias geográficas, cronológicas y ortográficas ; se 
atemperarán las ideas primitivas á los conoci- 
mientos pfosteriores ; se suprimirán algunos do- 
cumentos que. han cesado de ser raros y que yo 
be contribuido á vulgarizar, y los sustituirán otros 
mas oportunos y mas concisos. En suma, pro- 
curaré que la obra salga tal cual la habría hecho, 
si la hubiese comenzado muchos anos después. 

Aun es mayor el movimiento que se ha verifi- 
cado en las ideas. Conjeturas ó esperanzas mías 
han venido con el tiempo á reducirse á hechos, ó 
á disiparse con su bonaad y su amargura. Espe- 
rábase una regeneración de la raza árabe, y los 
sucesos han venido á demostrar la esterilidad de 
todo lo que está fuera del cristianismo. b)l co- 
mercio se hallaba bajo la ley de las prohibiciones 
y de la protección: y, ahora se abre á la- asocia- 
ción y á la libertad. "^¿Habria yo podido figurar- 
me que á la generación sobre la cual pasó la re- 
volución se le volviesen á predicar ideas serviles, 
de exclusión y de privilegio ; que fuese decretada 
la intolerancia en nombre de los sentimientos 
lil)erales ; que se quisiera no soto en la práctica 
3Íno en la teoría sustituir con la idolatría de la 



fuerza la sólida religión de la libertad ; que á 
cosas miradas por mi como fantasmas se daria 
cuerpo para intimidar á un siglo generoso y con- 
fiado ; que el miedo excitaría hasta el parasismo 
una oposición á la verdad , como saben hacerla 
los que la temen ? 

Por el contrario, obras publicadas entre aque- 
llos extranjeros de quienes se aceptan orácu- 
los que no se creen en boca de los compatriotas, 
demostraron que muchas de las culpas que se 
me habían echado en cara consistían en haberme 
anticipado demasiadamente á tener razón (1). 
Personajes cuya elevación de entendimiento, cu- 
va inviolabilidad de carácter y cuyo libei^lismo 
les hacían superiores á oscuras amenazas, prote- 
gieron mis innovaciones c>on nnaadhesion que era 
ineritoría porqué requería valor. El campo litera- 
rio se limpiaba de la grama de las preocupaciones; 
y ya muchos humanizados adoran lo que antes 
quemaron , quemando lo que adoraron , y solamen- 
te losciegos voluntarios podrían atreverse abajar 
al fango en que se pretendió ahogarme. Cues- 
tiones que parecían sepultadas en la indiferen- 
cia se renuevan con la magestad de su impor^ 
tancia. Cada día se conoce mas claramente que 
la independencia es compañera del genio, que el 
talento se honra con la dignidad ; que hay mas no- 
bleza en el error de la libertad que en las infa^ 
mías de la adulación. La Providencia, con alguno 
de esos acontecimientos que suelen confundir á 

auien la impugna , venia á desmentir por medio 
e un simple o^mbio de personas á los que no 
saben elevar su razón desde el fenónieno á las 
ideas, y que sumidos en las tinieblas juzgan im- 
posible el sol, tachando de locoá quien invoca el 
ae ayer en la persuasión de que renacerá ma- 
ñana. 

En general conservaré con celo los sentimien- 
tos que he manifestado en mis escritos juveniles, 
y que espero me caracterizarán cuando esté en 
el sepulcro ; pero en los pormenores puedo mu- 
dar de parecer ; que no se cambia el árbol flori- 
do en abril porque se cubra de fruta en otoño; 
¿ni quiea se negaría á recibir los frutos de la 
experiencia, ahora quelos sucesos caminan con 
tal rapidez, que eluden toda previsión humana? 
La eclad y los desengaños haoitúan al hombre á 
tolerar aun las opiniones que rechaza , corrigen 
la admiración que toma los fuegos fatuos por 
estrellas, y enseñan á no asustarse de los inconve- 
nientes que acompañan al bien y á buscar la pu- 
reza en la elevación. 

Por consiguiente, esta historia, conservándose 
igual en las ideas , en los sentimientos, en el en- 
cadenamiento general de los sucesos, aparecerá 
menos imperfecta y mas proporcionada en sus 
partes. Las emociones de la lucha agregadas á la 
tarea solitaria, el asentimiento de unos, las con- 
tradicciones de otros, me imponen mayoresdebe- 
res y menores consideraciones: masliore, porque 
me siento mas fuerte, manifestaré decididamente 
mi pensamiento, abandonando aquellos tempera* • 
mentos que han podido parecer contradicciones á 



( 1 ) Entre ciento puedo citar con justo motivo las consideracio- 
nes de Brouglwm sobre la Historia y los historiadores de s« país, y 
las que este autor y los de la EnciclopédUnwvfiie Ittwn sobre tos 
ídolos del siglo pasado. 



losqneigooraa qiieiio síenpre et oanmianHisdi* 
recto es el mas segdro ; y como aquel historiador 
ehioo eomoQícaré á la pesteridaa las coMs tnie 
me impidieroo decir, do los gobernantes, sino los 
sofistas. Procuraré tamUen merecer de ios qoe 
me dennndároD como demasiada franco, demar 
siado cristiano , demasiado ítaliaoo , tas mismas 
ímpataciones. 

Diré cuatro palabras sobre la forota ; y para 
quien conoce su intima conexión con^el pensa- 
miento, mis advertencias parecerán mucnomas 
importantes que las disputas gramaticales en que 
miserablemente se entretienen gran número de 
escritores italianos. Además de ser un insulto al 
público no presentarse ante él bajo el aspecto mas 
decente posible , creo que la belleza' es un instru- 
mento eficacísimo para la educación del pueblo 
y para el triunfo de la verdad. Es necesidad su- 
prema de una nación el poseer una lengua sola, 
para que todos estén de acuerdo ; viva, para que 
baste á íos pensamientos mas nuevos y se trans* 
forme según las circunstancias lo exijan. Entre 
la desenfrenada libertad del vulgo, qoe busca á 
todas horas palabras nuevas para dar mayor 
exactitud á sus ideas , y la pedantería que se 
obstina en envolver los nuevos pensamientos en 
rancias palabras , falta en nuestro pais la s^ura 
asociación del idioma , de la acción, de la idea; 
asociación tan necesaria para quien desea hablar 
como piensa , escribir como habla; y no usar de 
la voz sino para expresar el pensamiento , del 
pensamiento sino para proclamar la verdad. Co- 
mo en lo demás, en esta parte me adhiero al par- 
tido mas liberal , esto es al popular; pero repu- 
tando dote primera del estilo la perspicuidad, que 
bija de la propiedad basta para engendrar la fuer- 
za y la elegancia, no he olvidado que la joya es 
tanto mas límpida cuanto mas trabajada na sido. 
He procurado huir de ciertas palabras peregri- 
nas, de ciertas antítesis forzadas, de ciertas fra- 
ses parásitas y de ciertas figuras ambiciosas, 
recQmendadas'como clásicas, no menos que de 
los modismos sugeridos por la lectura habitual 
de libros extranjeros ; be tratado de evitar siem- 
pre el barbarismo, de no usar el neologismo si- 
no cuando ha sido necesario, de buscar aquella 
expresión adecuada que nada quita y sobre to- 
do nada añade al valor del pensamiento ; ha- 
ciendo que esta Historia sea tan verdadera en 
cuanto al estilo y á la dicción , como lo es en 
cuan to á los hechos, su orden y su encadenamien- 
to. La superioridad de la expresión se deriva de 
la superioridad de las cosas, pero á mujr pocos 
es dada la verdadera ^andeza que consiste en 
el equilibrio de la sensibilidad y de la razón , en 
la inmortal alianza de los sentimientos verdade- 
ros con el estilo franco , de la sencillez con la 
osadía , y del arte con la conciencia. 

Con este objeto he revisado desde el principio 
mi obra , premiado siempre en esta tarea por 
creciente número de lectores. No esperaba na- 
llarios entre mis jueces , sino entre yosotros, oh 
jóvenes , qoe buscáis los medios de satisfocer las 
necesidades elevadas de la inteligencia y del co- 
razón; que 05 habituáis no solo á pensar sino á 
ejecutar ; que en tiempos de partidos, cuando es 
mas difial conocer los propios deberes quecum- 



plifflo0, 09 inimis en las cosas de h Tida, én véis 
de entregaros á los predicadores del desorden, á 
los autores de aquella exageración que es ia po- 
lítica y la moral de las medianías ; que á los cál- 
enlos Idel interés oponéis los propósitos de sin- 
ceridad, deabnogacTOB y de fnerza, sin los cuales 
DO puede crearse, y macho menos durar una 
nación. 

Si al principio, aterrolrlzadoante el pensamien- 
to de que pudiera llegarse á destruir el edificio 
en c|ue había empleado toda mi vida, no podía 
deciros sino veréis ; ahora que con frente ergui- 
da puedo deciros mirad , reclamo de vosotros 
mayor confianza. Y me oiréis ; y el placer de 
conversar con vosotros , flor y espieranza de esta 
querida Italia, renovará en mi ánimo^ aun des- 
pués de tantas vicisitudes y desengaños, la se- 
renidad de la juventud. Mientras otros os grílan, 
desconfiad^ execrad^ destruid ^ yo os diré, «oh- 
fiemos^ amemos y produzeamos. Sostengámonos 
mutuamente (permitidme oue os lo repita) con 
amor é indulgencia ;. desecnando las preocupa- 
ciones antiliberales é inhumanas, arrostremos 
también los odios inconsecuentes del vulgo; di- 
sintamos cuando sea necesario de la opinión de 
nuestrosamigos, para lo cual se requiere mayor 
valor cotidiano que para las declamaciones exa- 
geradas y para vencer á los enemigos ; disipemos 
IOS fantasmas que asustan al grosero sensualis^ 
ta examinándolos á plena luz ; y demos pasto 
nutritivo á la inteligencia, cansada de la duda, 
apartándola de las fuentes envenenadas del 
egoísmo. 

Si se nos tacha de retrógrados, por que nega- 
mos ínciedso á las pasiones y á los intereses del 
dia ; de irreligiosos, porque queremos el culto 
racional ; de supersticiosos, porque proclama- 
mos los méritos de una ley que es al mismo 
tiempo dogma moral y culto, y oponemos á las 
tristezas de la tierra la paz del cielo ; de irreve- 
rentes, porque tributamos á los grandes hombres 
el homenaje de libres advertencias; de sediciosos, 
porque procuramos imbuir en los ánimos la 
elevación moral; detrastoAiadores, porque anhe- 
lamos ver al pueblo educado, virtuoso y digno; 
suframos sin desanimarnos; combatamos los 
abasos p^ro sin proscribirlos ; peleemos varonil- 
mente, pero sin rencor, contra las malas doc- 
trinas, no contra las personas; resistamos sin 
comprar votos con débiles condescendencias; 
contentémonos con vencer , sin pretender triun* 
&r ; y pidamos no privilegios , sino derechos, no 
cortesía sino lealtad , no honores sino respeto, 
no gloría sino paz. 

¿Y si aun esto senos nie^a? No pueden ar- 
rancarse las espinas del camino de la ciencia y 
de la bondad, sin ensangrentarse las manos, y ¡ay 
del que siembra si llegara á desesperarse á cada 
tempestad que tiene que sufrir! Resignémonos, 
pues, á los oolores por cuyo medio el Onmipo- 
tente concede la verdad y la ciencia, y con los 
cuales los hombres castigan á quien ha llegado 
á conocer la una y adquirir la otra. Condición de 
la victoria es la batalla, como signo de fuerza la 
moderación y de confianza el esperar ; y las di- 
ficultades de un deber mal recompensado lo ele- 
van á la grandeza de sacrificio. Acaso ha lle^o 



xu. 



el día de la justicia, y el unáiiioie movimieiiio 
aciaal de Italia iniaado en las ideas que yo 
siempre he predicado; tal vez extíngoirá en pa* 
díicacíon popular esas ¡ras deletéreas propias 
solamente para dejamos aislados ; y entonces los 
qne nos hostilizan recobrando la fe , vendrán 4 
entonar con nosotros el himno de las esperanzas 
cumplidas. Mientras tanto á la descarada inso* 
lencia, á la hipócrita denigración , & los renco- 



res poderosos, al mentido bberalismo, opon^ga- 
mos la benevolencia, el perdón , la generosidad 
verdadera y aquella cortesía que es la tutora de 
la libertad ; y consolémonos pensando qne el sol 
camina á pesar de las nubes que se le oponen; 

3 ueá la noche de la ignorancia, delaesdavitud, 
e la duda, del sofisma, sucederá el alba de la 
doctrina, de la justicia, del orden , de la fe ; y 
que el porvenir es nuestro. 



Milán octubre.de 1847. 



Cásák GjLRiú. 



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A MI PATRIA 

UN PENSAMIENTO INDEPENDIENTE, 

UNA FRANCA PALABRA, 

UN AFECTO ACTIVO, 

DESEANDO QUE APRECIE Y COMPRENDA 

ESTA HISTORIA SOaAL. 



Febrero de 1838. 



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. Ne anferas de ore meo verbqiD verUa(is asauéquaqae. Loquebar de testimonüs tais in conspecta 

reguní , et non contimdetKir NarraTefunt mihf iniqul fabulationes , sed non nt lex taa..v.. Fect 

judicium et justitiam : ne tradas me calumniantibus me. 

^ ' Salmo US. 



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DISCURSO 



SOBRE LA 



HISTORIA UNIVERSAL. 



NiNGimA ciencia satisface tan completamente 
como la Historia la inmensa necesidad de lo ver- 
dadero y de lo bello y de lo bueno que la bamani- 
dad siente mas imperiosamente á medida que 
mas adelanta en su camino. Nuevos nosotros en 
este mundo y sucesores de aquellos que , cono- 
ciéndolo apenas, lo abandonaron; anillos tem- 
porales de la cadena en la cual , á pesar de la 
destrucción de los individuos, se perpetúa la es- 
pecie» ¿cómo podríamos dirigimos si estuviéra- 
mos atenidos solamente á la propia experiencia? 
En poco superiores á los brutos , y acaso mas 
desgraciados c^ue ellos ; guiados por el instinto 
del placer ó el imperio de la necesidad , nos pa- 
receríamos, ai niño nacido á media noche» que al 
ver salir el sol , lo creyera acabado de crear en 
aquel momento. 

Nos acostumbran á la vida y nos anticipan las 
preciosas pero caras lecciones de la experiencia, 
el estadio de los hombres y el délos líoros , real 
é inmediato el uno, mas extenso en variedad j 
duradonel otro, imperfectos entrambos, si se di- 
viden. La Historia, que en los libros atesora los 
estudios hechos acerca del hombre, combina 
perfectamente estas dos lecciones y forma la me- 
ior transición de la teoría á la práctica, de la es- 
cuela á la sociedad. 

Pero si se limita á una vasta colección de he- 
chos, de los cuales pretended hombre deducir la 
norma para obrar en circunstancias semejantes, 
serán insuficientes é inútiles sus lecciones, por- 
que nunca se reproducen los sucesos con igua- 
les accidentes. Mas alta importancia adquiere 
cuando considera los heclios como una pala- 
bra sucesiva, que masó menos claramente ma- 
nifiesta los mandatos de la Providencia; cuando 
los enlaza , no con la idea de utilidad parcial, 
smo con una ley eterna de caridad y de justicia; 
cuando no se contenta con descubrir , envenenar 
y contemplar tristemente las llagas sociales , sino 
que hace que los dolores sufridos por los antepa- 
sados, y las lecciones de las grandes desventu- 
ras redunden en provecho de las generaciones 
venideras. Entonces nos eleva sobre intereses 
efiffleros , y mostrando que somos miembros de 
una asociación universal que se dirige á la con- 
quista de ja virtud , de la doctrina, de la felici- 



dad , dilata nuestra existencia á todos los siglos, 
nuestra patria á todo el mundo , nos hace con- 
temporáneos de los grandes personajes y nos 
manifiesta la necesidad de dejar con aumentos á 
nuestros sucesores la herencia que de nuestros 
padres recibimos. ¡ Qué pura satisfacción alegra 
nuestra mente al contemplar desde puntos tan 
elevados la moral y la humanidad! Los parda- 
les juicios que nos dicta el espíritu de partido al 
exafliinar a nuestros contemporáneos , callan 
ante otros mas justos y absolutos; de suerte que, 
vigorizándose el sentimiento moral , nos acos- 
tumbramos á no confundir lo bueno con lo útil, 
lo bello con lo que es conforme á las pasiones y 
á la opmíon vulgar ; y habituándonos á respetar 
los oráculos de una rigorosa justicia , á seguir 
los preceptos de una generosa y delicada simpa- 
tía, aprendemos á dirigir todos nuestros actos 
por las luces de la razón , y á guiamos por esa 
clase de filantropía que confunoe nuestra felici- 
dad con la de todos. 

Aun cuando la Historia no produjese otro bien 
mas que el de mitigar el cobarde egoísmo, gan- 
grena de la sociedad moderna , é impulsamos á 
una generosidad activa y consoladora, induda- 
blemente su importancia seria grande. Cuando 
pasiones combatidas ó dolores profundos nos ha- 
cen considerar al hombre puramente como indi- 
viduo ; ¡ qué disgusto no nos debe inspirar esa 
raza humana , loca ó perversa , orgullosa de es-* 

|)íritu ó flaca de voluntad , que perdida en un. 
aberinto, cuya entrada no conoce , y segura de 
no encontrar la salida ; impulsada por la violen- 
cia , ó rodeada del fraude , entre ciegos impulsos 
y amargas decepciones , lleva en pos de si 'dolo- 
res y esperanzas por el breve tiempo que la des- 
ventura la disputa á la muerte ! Disffustado el 
hombre de la alternativa de hostilidades encu- 
biertas , de beneficios calculados , de caricias in- 
sidiosas, de insultante compasión; aturdido por 
el constante choque de frivolos intereses , entre 
la servil avaricia de algunos y la débil negligen- 
cia de los mas , entre viejos que rechazan has- 
tiados todo progreso , y jóvenes que lo destrayen 
Sor acelerarlo , debe considerar al mundo como 
irigido por los caprichos del acaso , ó como mi- 
seranle juguete de una potencia envidiosa» qnl 



xn 

se complace en ver sucumbir los mayores es- 
fuerzos najo los golpes de la vileza orgullosa y 
astuta. Entonces temeroso ó deses|)erado adop- 
ta como lev el gozar de la hora fugitiva y dice: 
« Cojamos las rosas antts que se marchiten ; goce- 
mos hoy^ que mañana moriremos.i> 

Pero cuando la HistQria, inmortal concíudada- 
nade todas las naciones, abraza con una mirada 
toda la humanidad , el espectáculo de la inmen- 
sa duración modifica la idea de nuestra breve 
existencia ; la melancólica ira del que se siente 
solo da lugar al consuelo de hallarnos unidos 
fraternalm^te con toda la familia humana , para 
completar la regeneración del individuo v ae la 
especie; y entre las desarregladas voluntades del 
hombre y la combinación de accidentes , que so-* 
lemos llamar fortuna , distinguimos una mano 
superior que guia los esfuerzos individuales á la 
conquista de la verdad y de la virtud, que hace 
que. la victima de la violencia se trueque en 
maestra de sus perseguidores , y convierta en 
bienhechor de la humanidad al que ha sido su 
azote. . 

Entonces, viendo esa raza de* pigmeos que se 
enseñorea del Océano, modifica los climas, ar- 
ranca el Egipto y la Holanda al mar , y hermo- 
sea con viñedos los bosques de Alemania , el hom- 
bre se persuade de que su razón y su libertad 
no son esclavas de la tierra donde nació ; y enu- 
merando la multitud de siglos y la de sus her- 
manos, trueca la idea de la impotencia, dolorosa 
como un remordimiento, en aquella confianza 
en si propio y en los demás , que es la primera 
condición de la dignidad común. Aplicando la 
lógica á los hechos» encuentra y enlaza las causas 
con los efectos, en los cuales advierte ejemplos 
de cada virtud y de cada vicio ; y de aquí dedu- 
ce máximas de sabiduría y de prudencia y adi- 
vina los limites señalados á la humanidad.*^ Si se 
remonta á los tiempos antiguos y examina los 
siglos mas decantados , conoce que la dignidad 
humana ha sido cada vez mas respetada , y así 
no envidia la libertad de. las selvas ni tampoco 
lá de Atenas ; y conformándose con su época, 
^tudia las mejoras posibles, con la confianza 
de que han de realizarse y con la paciencia ne- 
cesaria para no desear que se precipiten. Al mis- 
mo tiempo, de lo que hicieron los antepasados en 
nuestro favor, aprende el destino á que están 
llamados todos los pueblos y todos los siglos ; y 
toma de lo pasado la fuerza suficiente para lan- 
zarse al porvenir con madurez , con perseveran- 
cia,:con esperanza enérgica y calculada. Si obser- 
va después que cada edad se rie de la edad que 
la antecede ó se compadece de ella , que toda 
escuela moteia á su antagonista, que ¿ada sis- 
tema pretenae ser el único dueño absoluto de la 
verdad , que unos mismos hechos son pagados 
aqui con lauros, allá con suplicios, y que sin 
embarffo, eslos extravíos y alternativas van apro- 
ximando cada vez mas el triunfo de las mejoras 
generales , su alma se inclina entonces á la to- 
lerancia. Tolerancia digo , no indiferencia ; no la 
duda vacilante é inactiva , sino el examen impar- 
cíal de la lucha entre los principios de la libertad 
moral y de la servidumbre, ae la justicia y del 
pecado, de las doctrinas y de las acciones de la 



inteligencia y de la fuerza ; lucha en la cual 
se verifican mejoras, ni siquiera imaginadas por 
los^que agitan la causa de la sociedad en las es- 
cuelas y en lo^ gabinetes, en la tribuna ó en los 
campamentos. 

Desde que el hombre conviene con la con« 
ciencia universal, en ^ue el mejor medio de ve- 
rificar el perfeccionamiento es la mayor libertad 
civil en armonía con el orden y con la equidad, 
encuentra reproducida en sí mismo la serie de 
sentimientos que por largos siglos se'han desar- 
rollado en toda la humanidad; ve renovada en 
los poderes individuales la liicha délos poderes 
políticos ; y observa que cada hombre , lo mismo 
que cada nación , se perfeccioñacon rapidez pro- 
porcionada al breve tiempo que vive sobre la 
tierra. ¡ ¥ cuan útil no es la Historia para lograr 
la armonía de la razón con la inteligencia y la 
imaginación ; armonía en la cual estriba tanta 
parte de la felicidad! Ella es laque llenando el 
vap io desconsolador de afectos reales , da noble 
objeto en que se ocupen el amor y la admiración, 
que ignorados ó mal comprendidos , ocasionan 
tantos tormentos. La activa fuerza que derrum- 
ba imperios y destruye instituciones en apariencia 
eternas,orrece unconsueloal hombre cuando en el 
transcurso de su vida, una esperanza frustra otra 
esperanza, un deseo otro deseo ; cuando los afec- 
tosse oponen mutua resistencia, y cuando las mas 
brillantes ilusiones, se disipan como los ensueños 
de una noche. Damos tre^oasentoncesádébilesla- 
mentos, tan injustos muchas veces comolosdel in- 
secto que maldijera la lluvia qiie da vida á la hoja 
que le alimenta; y el dolor común renuevay con- 
solida en nuestra alma el sentimiento de la fa^- 
ternidad. Estudiando la Historia, el corazón del 
débil se fortifica con la certeza de que por tenues 
que parezcan sus esfuerzos , cooperarán al triun- 
fo universal . Mengua para el hombre que se ar-- 
rastra bajamente en pos de la muchedumbre, y 
para el escritor que consume su ingenio en inú- 
tiles tareas , en imbecilidades coiTuptoras, entre 
mezquinascontiendasv victorias innonles, hacién- 
dose cómplice de los fuertes y de los perversos 
en la obra de envilecer al púolico. Los grandes 
escuchan su voz como el triunfador la del esclavo 
colocado en su carroza para recordarle que era 
mortal. El infame que ha vendido á sus hermanos 
tal vez logre ahogar por la 'fuerza las impreca- 
ciones de sus contemporáneos ; pero lee su por- 
venir en las alabanzas que Plutarco prodiga á la 
virtud y en la infamia que Tácito imprime sobre 
el viejo. Eternice un tirano su orillo con«ptrá- 
mides; la Historia escribirá mas indeleblemente 
que sobre granito , cuántas lágrimas costaron á 
un pueblo oprimido, y enseñará al justo enca- 
denado las coronas tardías , pero seguras é in- 
mortales, que á la virtud tiene reservadas. 

¡ ¥ cuánto no se ha aumentado la importancia 
de la Historia con las aplicaciones que cíe ella se 
han hecho á todas las ciencias, en una época en 
que se profesa el principio de no otorgar crédito 
mas que á los hechos , y en la cual se recurre 
solo á ellos para la solución de todos los pro- 
blemas! Allí aprende la literatura á conocerse 
á si misma, en su ori^njy en sus adelantos, acos- 
tumbrándose á no mirar nada con desden ni con 



des absoluta&delser, recoge jlas poauiCestaAipaes 
bistórícaSy no a|;NrobaiDdo ya hm elucubraciones 
solitarias que dividen en la n^nte las cosas uní* 
das en la naturaleza, la Historia, aun en lo mas 
útil, nunca^para la ra3x>n del qemplo ; no re- 
niega de los heehos, como lo hacen Qier tos teórir 
eos , ni se adhi^e demasiado áfllos^ como ciertos 
empíricos ; no rediaza con los Epicúreos la jus r 
Licia nüentrasobserva los \n(e]?ese^» ni niega con 
los Platónicos , que sea necesario (^1 aguijón de 
la necesidad para ios adelantos v descuorimien- 
tos. La Política (y comprendo ¿ajo este nombre 
las ciencias de la legislación , de la administra- 
ción y de la jurisprudencia) aprende en la his-^ 
toría el carácter de un pueblo , sus costumbres y 
su grado de civilización , para apreciar con mas 
aciorlo los elementos sociales , cfasiiicarlos en^l 
lugar que les corresponde, y hacerlos vivir en 
la sociedad , de la mism^ uiauera que se prpdu- 
ieron y vivieron en la Historia, La Economía po- 
lítica aue investiga las. leyes de la producción, 
de la aistribucion y del consumo de lo que sirve 
para el bienestar de los. pueblos, no puede sacar 
sino de los hechos recogidos por la Historia, la 
teoría maieak^ticadelasociedádcivilja totalidad 
relativa de las mutuas relaciones individuales, 
y el equilibrio entre las necesidades y los medios 
de j$aCisfacerl^9; porque en muchas cosas somos 
cuales no$ hicieron nuestros abuelos. Larazpu 
de lo presente está en un pasado, que no pueden 
cambiar una batalla, un decreto, ni una revoi- 
lucion; y quien de él prescinda, solo podrá fundar 
constitociónes inaplicables como la de Rousseau 
para Polonia ó la de Locke paxá la Carolina. 

Cuando elespectáculo de lahu^napidad se de^ 
envuelve ánuestro^ojos en un lienzo* cuya varie- 
dad presta lú estilo animación y colorido, cuya 
grsmdeza le damágestad: cuadro oonde el historia- 
dor, oonociéndose llamado á ser intérprete de los 
hecoos, narra á sus contemporáneos con digni- 
dad sencilla y respetuosa las jglorias , los infor- 
tunios , los crímenes y las virtudes de los ante- 
pasados , siguiendo entre los contrastes de la 
Ignorancia, de la vanidad,; del jfanatismo , de la 
tiranía, los progresos de la civilización, con celQ, 
con la ingenuidad propia de la razón,' tan ajei^a 
del insulto del imj>ío« .como de la credulidad del 
supersticioso ;. atreviéndose á de^gradar á los 
vivos',y arrostrar la ¡adiferencia ó las pasiones 
contemporáneas ,.sii\ profesar nunca la mentira 
útil, m omitir la veroaíl que proporciona ami- 
gos tibios y adversarios impetuosos ; cuando de 
este modo , repito , cointemplaraos el espectácu- 
lo de la humanidíad, jqué de eoces subli- 
mes y de instrucción. social no se abren á nues- 
tra vista! I ¿cómo no ha de cobrar fuerza y 
vigor, ,1a literatura, flue tal vez se ha creído de- 
bilitada por haberse mostrado con demasiada 
frecuencia Jfrivola, loQuaz y rencorosa, cuando 
su intencipñ se diríja.á. conmover y áinílams^el 
pensaiaiento, á corregir y áemancjpacla voluor 
tad? Cuando el historiador , penetrado de íntima 
convicción y de profunda simpatía hacia la clase 
mas numerosa y mas descuidada comunique á 
la idea y ala palabra ese poder cipe atrae la 
at^ípnde l^s.gentes, se, desterra^, la triste 

tOMOI. ' ' 



Go^tuodff^ de M«^' J|^)P^0^ 9jpiin^^r^% 
da buscar (o hrillante y lo agrafb^ble .^n proT 
ferenciaá lo que es bueuo y útil ; y áes^parer 
cera esa nubdad mental quje ac€»ta sin e^^ 
men ,. critica ó elogia seguu ba oído criticar ^ 
df^iar , y tieneaviersicffi á todp tr^o y TepiQ^T 
nanc'ia á todo lo que U&va el sello 4e la vQr#u y 
de la Íranane7«a* Justo rCS, por tanto» quee^lofici^ 
de hisUNriaaor se h^ya atraído aquella yenerackü 
y revestido de aquella santidad que la ppe^a.lor 
gró ep los tiempos anteriores. 

Pero en este sacerdocio del^spacioues,en<e^^ Métodos 
sublime cultivo del bien , de la belleza , de la ^^'^J^"" 
verdad coifp w toda^ Jas fo$as, varía el piodo , *^^' ¡, 
según las epqcas y las opiniones. En um priprr - 
cjpio la pistoria no se escribe, se hace;, en lop 
prinjeros. tiempos todo se atribuye á los diofie6„. j^^... 

Í luego a los héroes; y los idUos qitenpsdescur fabuíoS 
ren la índole de un, pueblo , cons^tuyen la hísr 
toria nacional tal cual el genio la hua concebido, 
esté de aeuer^ ó no con los hechos^ ^meja^if 
métoda se reproduce en la cuna de las sociedadi^ 
modernas; así Oriando, á quien ai)enas npinbra 
üjginardo, viene á ser páralos pueblos un b^^ro^ 
en relación con su. estado social y sus inclinacior 
nes; asi la aventura de GuilLermo Tellreapar^ 
bajo distintos nombres en Sa^Lo Grajgoático, an- 
tiguo cronista escandinavo; así los Ai^eucerraje^ 
y los Zegries, tema continuo de los romances es- 
pañoles , pero ni aun mencionados por la Uistpr 
ria , muestra ba^o su verdadero aspecto la lu- 
cha entre moros y cristianos. Estumapdo e^i^ 
alteraciones una mente sagaz baila la dave de 
los mitos de Hércules , de Teseo y de Brama; y 
quien desea seguir los cambios repentinos de (^ 
Historia de Alejandro y de Cario Ma^o , apren- 
de á leer mejor las expediciones de Niño y de 
Sesosfris , ó la lucha eátre el patriciado y la plfi- 
be representada por los símbolos históricos.^ 
Roma primitiva. 
Consér\anse estas tradiciones bajo la formia 

toética; y trasmitidas de padres á hijos con todots 
)s errores propios de una generación joven , s¡n 
conexión de cansas ni de efectos , sin pensar ep 
una instrucción elevada; son bidas con la atención 
que pl ^r^be del desierto presta aun hoy dia á l¿ts 
relaciones de los ancianos , y por tanto tiendep 
á excitar la curiosidad con lo maravilloso, hala- 

{^ando la vanidad de las naoiones y de las fam^- 
ias y fomentando las creencias vulgares. Tal ae 
nos muestra en su origen la historia dé lodos los 
pueblos, á excepción de aquel á quien le fue dic- 
tada por Dios mismo; y los millares de siglos cpn 
que los Indios y los Chmos llenan sus memorias, 
lejos de probar la antigüedad del género humano, 
prueban por el contrarío lo joven que es todavía 
cuando no ha mucho se deleitaba con tan pueril 
les entretenimientos. 

Poética es esencialmente la historia del ^rancjte 
Heródoto, amigo de la verdad, pero crédulo, 
atento á formar ana epopeya de inierts bien sos- 
tenido, de partes proporcionadas^ de galanos 
ornamentos , cuyo héroe es la Grecia, y delante 
de la cual el resto de la humanidad pierde toda 
su importancia. Heródoto , y los que inmediata- 
mente le siguieri^n, ha|bi^ leído poco, no bacian 



gran tiih) de te critiéft , citaban oon vagnedad y 
observahan casi únicamente sos ciadades y las 
relaciones de estas con la confederaciotí helétiica; 
pero buscaban una erudición que no se alcanza 
en los libros, Tiendo con sus propios ojos y tras- 
mitiendo á Sus lectores la impresión que en ellos 
habían excitado los lugares recorridos. Y aun 
cuando se parecen á los que copian los gerogli- 
fieos sin comprenderlos , interpretándolos á su 
caprichOi y á veces copiándolos mal, todavía en 
ellos, como en los nayegantes del siglo xt, nos 
place examinar deque modo vieron las cosas los 
primeros que las vieron. 

ffiíKirift A 1» manera que los poemas de Homero de- 
*^^^^' terminaron la forma de las epopeyas sucesivas, 
los aplausos dados en Elide al padre de la His- 
toria , movieron á'^sus sucesores á imitar á aquel 
primer historiador en el plan, en las formas y 
en el estilo. Desde Tucídides hasta Amiano Mar- 
celino encontramos anales, vidas, comentarios de 
mérito diverso y aun eminente; pero todos sin co- 
nexión en el pensamiento, no dirigidos á repre- 
sentar tales como fueron una nación, un siglo, cm 
héroe , los desastres y las conquistas del género 
humano y de la libertad. De aqui resulto que 
AristMeles pusiese la Historia un grado mas aba- 
jo que la Poesia, como un arte que se contentaba 
con encontrar un hecho, verdadero ó Ealso, que le 
diese materia para desplegar todo el lujode la re- 
tórica y del estilo. Heródoto dice que escribe á 
fin de que no $e pierda la memoria de (as grandes 
y maraviUosas hazañas : Tucídides, porque cree 
ía guerra del Péloponeso mas digna de recuerdo 
que todas las anteriores; Tito Livio prescinde 
de las particularidades que cree no poder tra- 
tar es|)iéndidamenle , y se detiene donde en- 
cuentra lugar oportuno para una descripción ó 
para una arenga; y Justino elogia á Trogo Pom- 
peyo porque proporcionó á los Latinos la como- 
didad de leer en su lengua las empresas de los 
Griegos. Verdad es que la narración de Polibio, 
hombre juicioso y de experiencia, mas atento á 
instruir á sus lectores aue á presentarse ante 
ellos con buenas formas literarias , se halla sal- 
picada de juiciosas observaciones, con cuya imi- 
tación se esforzó Salustio en remontarse de los 
efectos á las causas: verdad es aue Cicerón llamó 
á !a Historia /a maestra déla vida; y que Catón, 
Yarron y Dionisio de Halicarnaso se dedicaron á 
investigar los orígenes, y trataron de descifrar 
las antigüedades; mas no por eso salieron del 
camino trillado , ni depusieron el egoísmo de las 
sociedades de su época, ni extendieron sus miras 
mas allá de los hechos parciales, ni subordinar- 
ron la forma al pensamiento. Nada diré de Sue- 
tonio , incansable rebuscador de anécdotas; pero 
Plutarco mismo, ecléctico en erudición, en mo- 
ral, en estilo , que hasta en su sencillez ofrece 
muestras de ser fruto de una sociedad decrépita, 
j nos dará por ventura á conocer completamente 
á Solón, Áralo y Pompeyo? Tácito á quien la 
indignación daba ingenio para penetrar las accio- 
nes y sus causas, presenta en toda su desnudez 
los personajes y los hechos ; pero en vano se le 
pregunta por las leyes, las costumbres, las ar- 
tes , la religión , en suma , por lo que constituye 



el carácter dé tm patíüú. Süs MWámies, exactas 
pero inconexas é mcompletas, no nos bastan pa- 
ra comprender el espíritu del golriemo impenal; 
fijos sus ojos tan solo en Roma, ignora entera- 
mente las costumbres y hasta la ^grafía del 
Asia; deplora la desaparición de la repóblica, 
sin ocurrirsele que ha sucumbido irreparable- 
mente balo sus propios golpes; ve aparecer una 
secta de Nazarenos , hombres libres de los vicios 
que á los demás echa en cara, pero la confunde 
con las sectas de los astrólogos y de los magos; 
narra las persecuciones que padecen, sin que tra- 
te de averiguar si son ó no justas y sin conocer 
que la religión de Numa perece y que el mundo 
ha llegado ala madurez necesaria para una re- 
generación. En una palabra, el arte era el ídolo 
perpetuode estos escritores antiguos; y sus dis- 
cursos, tan bellos como poco naturales, debían 
amenizarla narración y suplir para el historiador 
la falta de la ya muda tribuna. De aqui el que se 
abandonasen á la erudición los rasgos verdaderos 
de las costumbres, los pormenores mas minucio- 
sos é interesantes , y cuanto forma la parte mas 
pintoresca de la Historia. Tito Livio ni aun hace 
mención de los tratados de comercio entre Roma 
y Cartago, y Tácito jamás se habría decidido á 
intercalar en sus narraciones la pintura de las 
costumbres germánicas. 

De este modo, preparando el historiador nn 
incentivo en vez de severas lecciones, nó advierte 
el perfeccionamiento de la especie por medio de 
los padecimientos del individuo ; sofoca el sen- 
timiento de benevolencia universal para dar lu— 
f;ar al amor de la patria, y vitupera en el bárbaro 
o que aplaude en el griego y en el romano. Por 
su parte el lector, contentándose con las pompas 
retoricas y con los adornos artificiales, se habitúa 
á cxmsiderar mas lo espléndido que lo verda- 
dero, á separar entre si las ideas de lo bello y 
de lo bueno, á preferir la fuerza desordenada 
que se precipiU á la regular que persiste; y asi 
se fomenta esa simpatía en favor de los hechos 
afortunados, que es dote peligrosa de la natura- 
leza humana. 

Al declinar la grandeza de Roma no apare- 
cieron mas que compiladores y abreviadores; 



)res Y al 
y la posteridad, apreciando mal el valor de los 
libros , dejó perecer á Tácito y á Tito Livio, 
mientras conservaba á Floro ;^ á Eutropio. Des- 
pués , cuando los vicios interiores y las invasio- 
nes extranjeras derribaron el imperio, la Historia, 
en profundo silencio , como el que sucede en la 
naturaleza al estallido del rayo, no halló una 
voz para referir el mayor acontecimiento de la 
antigüedad. 

Sin embargo , mientras los Bizantinos del Bajo 
Imperio se empeñaban en modelar según las for* 
masantiguas, sentimientosy hechosnuevos; mien- 
tras que á fuerzadeartificiosobtenian por resulta- 
do hacerse inútiles y enfadosos , en Occidente 
laHistoria,como todos los demás estudios, se re- 
fugiaba en los claustros: situación ciertamente 
oportuna para contemplar los hechos desde un 
punto de vista seguro y elevado , pero en la cnal, 
atendida la universal^^ignorancia, apenas podía 
esperarse que sobresaliese un ^io capaz de 
abarcar en conjunto aquel movimiento tan va- 



de.ciiMilo aierecMaeser iMn&itido i la pasten- 
dad. EBssnbmmio los nm para «anonasterio y 
para aas hcnmaofi de leligioa , se limitabaii a 
hechos panááUaiflMiiiihMihres de hoeiia fe, peio 
deriidaoaaipnB8bn,refimittt loqueTéia|i,pero 
la ¥kn» mal ; y eleslada goaeial de la nacían, 
lascoalmhfes» Icbumb^ era» coaaa lannatunr 
les para eUooqoaM aaiann que valiesen la pena 
de ser recordadas. 

Atf , la época en qne la hommidad caminó 
eoB pasa mas lesaiella, careció de historiadores; 
y la importancia dnl restabledmienlo del impe^ 
rio de (jecideaieyde lascrmadaa, y de la crea* 
cioftdelossMmieipiíMni aan fée comprendida 
por los msB perspicaces ; de donde resolta que 
MshaHasMs sin datos para resolifer el compii* 
cada problema de nnsstin situación actnal . las 
penscudoaes, las herejías, losbárbaros no ba- 



í tíflsnpo al Cristtánisno para innovar 
los asuídiss comaiaaovahael espirita de la so- 
ciedad; por lo coalaqoeUos toscos escritores coa- 
s er varaa kt forma pagana, la filosoCia de Arís- 
léleleB y la Teneradoa á los dásioos. De suerte 

** • de su rodeta/coaMla alguna tcc 
la aridei da la cióaica, era paia 

* al Biétoda antigua , á la dignidad Me- 
tida, & floridas arenns, ádesorisdOBesdefaa- 
laUns , á juiciss moaifasdo s por los recuerdos 
éelamaydeAlsaas. 

~ la hiCsncia de Jos idiomas nuevos. 



la éscrepitad de Iss antiguos , la moral pi»* 
ocupada y la política estjrecha eran para eUos 




otrwlsatáslranas, icuiainterteantes les hace 
aqQcUa fiddidad dará y ssndlla con oueexpo^ 
t y las de su tiempo'l Importa 
' ca ellos d narrador mas cpie la 
, y ver en ka mas antiguos el temor 
de uas tempestad qae cada ves se aaunda mss 
I, d sentimiento irradoaaldelapér- 
tde lo panado; iuegodesdeelaío^MO, b 

^esa;qQaBaludttiunanttevaera;y 

la cíodulidad desapiadada de los 

i los hachos da las cruzadas cpor la 

i de recoidar i los homhns h> macho 

i his guerreros en su gkiriosa con: 

L» la yiBéhardsaia , ea JoíaviUe, en 
t , ea flohogshed , en Psris y ea los era- 
se enosntrsrid verdadero es- 
pffíta de' las aueiyas santas y de la cabalteria, 
am eaam en Inno dompagai, ea iamálla v un 
los ViHsat se easuenirti la oondidon de nuestros 
mmdeípios. A veces la impostanda de los hechos 
Iss mmoalacad iaslhilivamente hasta h> sublime, 

LlcB haee despedir resplandores c|ue ayudan á 
B idemos privilegiados ft^áescubnr por medk> 
de justmiBaucciones pndosss verdades; cuanto 
ams ^ d seatioDcalo religioso me en dios 
prpídsmiss , aleua i algunos sobré los intereses 
de oamoBMBtoydeunpai8,ylesda une me- 
i paraapredar la jostida y los 
. Ad , ea su sendlb ^paoranda sea 
I vigorosos qoe los decréfntos trabajos 
essdteticssdehis Ihsntinosy las crónicas orien- 
tidm , ea qae d handsre se muestra frivdo é ia- 
csmnioia, sia leaer jamás un pensamiento que 
refáa lo teda» dd coiuiM humeno , ni las d«- 
lomi. 



m 
leradones soddes, ni las grandes razooes del 
bien y del mal. ^ 

Bflios primeros pasos daban motivo a esperar 
c|oe tornando á mejores estudios, ile^ria ácons- 
tHuirse una forma de historia orinnal; pero la 
toma de Constantinopla inundó la Italia y W Eu- 
ropa de preo^tistas, á quienes akonos se obsti- 
nan en llamar renovadores de la cultura en el pate 
qae ya había produckio & Dante , Petrarca y 
aooeaodo, mientms que en realidad no hideron 
mas que imprimir d espirito humano un movi- 
miento retrógrado , y poniendo trabas á la ins- 
pimeÍQn, reoodr k ínutacíon todo el saber. 

Entonces , ad como la poesía y las bell§is ar- 
tes , que habian ya creado la i>tmfto comedia y 
las catedrdes, renundaron á la sencillez , á las 
idees y á las formas nadonales v cristianas para 
hacerse nuevamente griegas y latinas , del mis- 
mo modo laBisloria retrocedió hasta imitar á los 
fatigues* No hay mas que examinar los prime- 
ros historiadores italianos y extranjeros, y se 
les verá contaminadas por la imitadon en la for- 
ma, al paso que ki escasa crítica en la aprecia- 
don de ks fuentes y d atender solamente ¿ los 
hechos estrepitosos , no sospechando siquiera k 
exisleBda de la parte interna , verdadenamente 
instructiva, los ponea en un lugar mas inferior 
respecto de U composkáon. Las vkisitodes del 

Kbiemo y del poder, aae no se alterno solo con 
I cambios exteriores; las costumbres y las opi- 
nionesdeks épocas en que han vivido lospérscbía- 
jes; sus iutenctoaes , la justícm ó la iniquidad de 
susempresas,dedndda ,Qodeksjuidoshumanos, 
dno de prindpios eternos ; tos deseos , los temo- 
res, his padecimientos de esa muchedumbre que 
da tomar, parte dguna en los sucesos púbi¿os 
sufre sus conseeoendas; ensuma, aquellos ele- 
mé uÉo s en que ónicamente puede apoyarse como 
ea legitima naso un juido acertado v decisivo so- 
hie los hechos, desaparecen del todo bajóla plu- 
ma de los escritores de la escuela clásica. El 
mismo Maquiavdo que antes que nadie esforzó el 
ingenio para investigar las causas lejanas de los 
sucesos , creó una obra sin modelo, en la que con 
teiUdad y profundidad escolpk^ su pensamiealo 
en un estilo de desnuda energia como la de los 
atletas; pero ea el fondo es enteramenie clásico. 
Ueaode entosiasam por el triunfo , poseído de 
admiración hada todo golpe de audacia política, 
Boma le parece grande , del mismo modo que á 
PoUbio, porque conquistó tantos pueblos , y les 
quitó por fuerza ó por astoda, riquezas, leyes, 
libertad é independenda. Este era d ejemplo 
que proponía A ka tiranuelos de Italia: ex- 
terminar con el acero ó envolver en una red de 
enmdos k todo aqud que se resistiera , y sa- 
crmesr hecatombes humanas al ídolo de una 
giandeía dmealada tan solo en la fuerza. Este 
ea d pensamiento pctlitico homicida del secre- 
tario florentino, tan extraño á las ideas modei^- 
aas, quaha sido asunto de discusión entre los 
eruditos d habló de buena fe ó irónteamente; 
paro ya d buen sentido popular babia pronun- 
ciado su lallo en tal materia , dando el nombre 
de su autor á esa miserable política que propo^ 
niéndoee un ta no repara en los medios sean 
ó injustos , sagaces ó violentofli; polUica 
r 



^de qoe se acaéaá Italia coipe JDVoMorapbrlol 
mismos que la han hecho victima Ue eflá. « ' 

¥ mñ embargo ^ Háouiavelo tieiie<;a mucho 
de moderno; introduce la discusion'en^la ^liisto^ 
ría y tiende á reducir á téoria filosófica ia<serié 
de lo6 hechos. En esto io ¡milan el sotil Gomífte^ 
y, Guicciardinj , el eaal por s« servil rmilUiéioade 
ios antiguos, sn pesadee en lasaren^ , sa pa^ 
(ideos -en las desoiipciones y la iniBoral indifeH- 
irenoia de «sus juicios, «obresale'entpetosésoritr 
tores para mieiies la Hidloria era el-iavte de 
ejercitar la €MCüencía , y de poner eniroliere^M 
personaje ó un suceso^ defjando en laosonmhullt 
la muchedumbre que carece de nombre* 

Me inspira tan severo juicio la aNKviocvonde 
(fue este modo dé ooBsídemr la Historia nosan- 
tisfoce ya las necesidades de la • época. Italia 
^misma (umoopaisqueppesenta todavía ejemplos, , 
notables , por cieno , de este genera ki^^obras^, 
inyoca otras formas que no sofoquen la veyAaíá 
entre los adornos de >la belleea. y qie dejando 
para las academias las declamaciones en^qne él 
autor se pone en togar del personaje que de»^ 
cribe y (le presta svs prepitds '.pensamienlos , eoo-^ 
peren á vigorizar ios ingenios, laoivUisadion, 
(a economía soeíaK ^Menester «leria haber tenido 
«e?rados los iBjos ()CMr espacio á^ tres. siglos, y no 
: haber visto por consiguienteuno solo délos áde-*- 
•loRtos de ia tiumamdad en su mmtno; para no 
advertir el crecimiento gipnte de otras ideas al 
lado de la idea de la foerío. ¥a sp(o se <ia6dan 

Era k« Chinos las«arradiones en <{ne se atri-f- 
ye exclusivamente al rey cnanto hat^e la na* 
don : en nuestros días no se cree en cambios 
impuestos por tm legislador, ni ieninstíiucioneB 
emulas por on decreto, ni en revolMciones dn^ 
Mas á una conjuradon ; Quiéiiese 4ener:;^en 
cuenta la humOde feNeidadoelm^y^BÉnievo 
á quien perjudica tmas* una ¡ley fneiu delíenkpo, 
un tributo corruptor que -una «trooidad tnstaiih 
tánea ; y no tardará «n «firmanse tfue quienidió 
¿ los navegantes la bi^juia 6 inventó un niteirD 
agente motor óintrodnjo^ camelloenel AfrMn 
meridional merece mas fania que lasiobras de4a 
üierza , ya se ananeien bruaaimeate -bajo te 
noníbres^ Áiila, Gen^is^Kan é lamerían ^ ó 
fz tratende paliarse 1»aio ilos nMibiie$ itmS'eláH 
isícoB de Sesostri^, de CaoiMnesyde N«pole<lii. 

IpMil detodn piinlo es testar en't^scréniGils! 



AnaI(»Sy 

c^s' Mr'-T ^^ ^^ ^^'^ ^ '' ati>>^IMn 'eotve io Imiooo , 'lo 
nmViaf. verdadero y Id betlo. 'Las insignes obra^ de los 
padres de ^ Mauro» deles 'ft^aiidista£í,'daDu- 
cange , d^ Baluno» de Monlauoan ;de iGaiiciatii,, 
de leibnitx, de Muraterí, ^y his mucbas qne 
eon4attd«ble pacienoia priMlneen ' nuestros -ein^. 
temporáneos , son materiales 4fm dspwun. y 
piden ^el soplo de vida dé (fnién sapa kifandfr^ 
seta. En esta daáe podemos icomprendei'' -fais 
historias par «uadros sinópticos, íuveaéioni de; 
•iluefitra épooa , oomle sonMas<de Le Sage y><de. 
* Longohamps ; 'obrasde graá trabafo iparaiqoien. 
las emprende, proved^osas ^para'ser eonsoMad^s 
y sastener la aiencioQ por <med¡o detlofe sentidos^ 



ddl tiempos ^t m m^ ^ñ ^mbt^pk^A /háoen 
qae' no podantes- fij^áraosh» simroMín' uaa 
trama coMMaaladehilifcaloíilade&eek)^ Ion* 
gitnd, y que'*neci8Ítaniler(njidim|¡nTnfoiimara^ 
«ÜMijo ó aar'aMnautíMadiAivn-ksEmiAUÉles; 
éciiya cabera debezponerse Me e roM y eqniveden 
Á la obra dé liqnel^né reuniese «naiserie ét 
jNnopoiiaíeáee geonié(rioa»^t< nulísima ásitanien^ 
te, ^péro qnt n^ttla'iindaBMetvaiefQiiés^ ni-por 
lo mismo ciencia verdadera. '• ' ' . 
' 'Hoy Ibs^eriMicbihaeen taavncsfdccrxinieas; 
»ero Ia6<*|iónicás 'periodístidas'non tan* inex|iclu 
bajo la tiraliia de la libertad: y deiksfiíoeionesr, 
como lo eran \aá anticuas bajoteitíliánla de ios 
reyes; y á'las'géniaiiaci0ne0'Y9nid0ims'lesn»slará 
mas «rabs^ deseribrit* la«nk4^en^ai.peKddio(|s 
de jBSles Uempéa, queénaosb^oimaacuéka hn^ 
atarla en'les CMnialais dekíedaémeüáyikpáa*- 
4es rudos ipero no iUes,( enganIdjoB «ws nnen^ 
ganadores, jungan mal. U)s* hBfdns , ^o no se 
<l6sprenden.de.sns sedlinriMtiSiinlenoMnni tu- 
i»ngalade«er^ceMfdek. > > 

Mejores «rénícaá dedea tiempos modenieswi 
'las Memorias. L» Réir4»áa dé^indiBk níü\, lo6 
eriginatefi (knmttmrhá4é (iésitít., ilds jánédams 
A FrMopia ne-penñiién YÍéoir»qak noiuaitMi<«i^ 
iieciik» de losiamtignnB(:i^eie>aihorh;>iaájadij^ 
4rido^6x4enBi«|iéiniportan»9faincUÉiniiof<^ es^ 
•néotaimenfeeatvf m frantesK ,íife ^iene^ian^^ 
bien puede decirse que cuaaitf AsoÉrfaen Wsmgi- 
jias están en sn etemeÉiio..fin>icUas!todo<e8.dra- 
HEBátida i'y9L n4s hann>notaiv.c«i JbiilNÍIie>al hai- 
4riar iift las Orazadas- la >jneÍMstot ide ^ to^edari 
.•flBptealrienaifideiÉentinnei^tosiclvaÉgélinas y'de 
•limeza francesa^ qne aniniiibaiaAtaqii^lácis.qsi^ 
i)aiÍQniS á<c(mquitlar éoreñsfi ^poeFinoibahian dke 
cénÍF)9iis<>fietites;.{yli noa-euententiinn'el üm|¿ 
SttnMér lan'bá»i&as;<de Ujn9do>siii ipkdar.y'fiin 
^tefaa ; yatsaentvoien^ esiiid'FlHH^sBal anules^ 
•fril^iritorÉiaoe ypasosidétarnaa j-<yaieÉJ iniejia^ 
iihinen icón él oivdtad dd 9idÍBMawla5:eaiiiyiis 
ooVticasdeito68aoeflés.Aiinqda»ené«iniab4(fBi»-- 
«rratoadlaffiiy. hasta fáiabdaden,' pdrem^dnanrtian 
iénjaqacronisMos dielcoMuHbms ni detiaíiaiiteoeii, 
«yi eftsllai teéfc, hasta^éUengna^ y ifl Miie; fár^ 
. lie para n^esentaxnostnépaeaim^á^ 
das Inatoraas.pimiaaÑnlethdhás.vBmY 
-Mini y la8'V«(Kisiablo& litsr8to& y} artistasnoñseil- 
-yaná fetasos ¿la verdadera histotia^de- ]taüa< v 
.prcsdnám á^k'fwstefidBdlai.lídámágén tíelfnM;!-- 
(liio'á.qiie peieefnedmionixLéa aeduardoaide \¡¿- 
<deH?o0d^iae Thurloe'ydeíPBpijreí aamuáeápte- 
'-menló «ecésarioipaiaiías U\9k¡má dfífífommiA I 
yide iGartos 11. Bn 'las* iftblnoria6 4^lT«iHndaBá] 
ixle Rttt2 se viente laljjíqnion de /v)a >Brendá / -Biv* 
iique i¥; se)<tnuaira al <dé9eübiifte<Én ím 4e 
íéü aspo«v de /la Conde 'V' >en wuSnHwmftius 
-Pétíeé de SuUr; á VolAabe tte^iao^l^ Sigéo 
de £jám X/F mas'Me4in libro ida partaié» ^ <b 
Motievvlleiy ti MoatpenBÍerliesaílnnnnlíivehD dal 
^patade y{4oilo6. gaqinele4;<.&nint-^ÍBnii mos 
rnaUa^emtone «idovdaz •de'Sui'CÉinjulAoiF.ideJ'8i|s 
Hpfndnanemsi dedus.graoHlflscBií^^falB fias.miiknins,- 
]fieiipalabiBmDnigeau ,Mvlfeuniebwy?lnfi63vi- 



falao^ la' fidta de lodo 'enlace,, >sl'sqc^<leptúa^(^ 



peno {en lasouales lo átiido^deia exfttaocioR ,'Ja -gné^redootn á sns !pra]iov6inné^imÉprafe3^iase 
UNÜtoencia entre io'ver^idero , h poobeUe yik; .oLpis á> quiani^f s teantempósAneest ím viSBén ffít 



•«perion 4 (todashfante>eBLfa¡iteteÉBg<; í4ant fim^r- 



.1 '.k'i 






la revdhickinfraitast, Ia/oórf«7;ltM(caDipanM9i'tJ 

fianzMí pvrcialQS^^ ({wi^tn' lasidbitodb luBiUstef 
ríadoKS^ mide ^pm^ce ¡AohfubüfiMridt : oamivis 
sQhf» iosiaÍMl» eeiHílas:; perdueeA las !M^b»m 
rias es 4wi€lB>apiveee»d.üiiem y.JttáÍBerihfi\ 
y peetros dértetctoiB. iqas doseKÍiMa f dbadfe'Mii 
maiúfiesltit lo» fynnmo'del'alniá ^át la'iatnH^ 
gOBcia^ donde* a» sinita kiaittitídaédd eda vida 
qae ^u Ift'inatyat jiartei dd laai hi8lDnadoi«b* m 
a«eBia)ft.áigd «iiaadiwif ii>i^i.artii(nakte éé gal^^ 

Tanpoco' vdeec» M hisftéaraa tosféxtbactos, 
oarraaioBd» iaoalMist8t»feiÍBidas.6it «nctnqanto 
paia laarvir 4 w ébíoto^determiiiadé , dona h( 
ütfiiriá «am y.las lÁbroa^dB V^lÉtetioiMIiiibiov 
de Salinay é^ Ceaaláalna Parfirbgóilüo.' 8d8 
aaluM » mas^fiaiirfaenbtitiid hiitórtca, ateoK 
difiN» 4 poaar €PJitíli(ni» «lpiass.p<tximas de^ 
da<i áe t< d to .k)fli>eQjiteéBaÍQii^^aa réfiíriaii; de 
suaiUSiqM h^ qae'ifakfísai de tales- ohoas- em 
caalela^ kl wiano* «^;db. laade.aqaeHo» qae 
oaaK)'|laqiiiai^7 JfdQtesqaieH eksMiefr mane' 
de laiBialoria aa ajpeyo>ié esHioeieiBplo' deeo» 
tfiMíaew Maohe mmier leaso debe Wafea de -las 
|itfli§riiia#^^y de tecolecdcMa^deAnéntolae (i>;. 

forelaai¡|rarí6i<ttiidmllbro8llofÉiM;i^aim 
bistófficea, nos w8initiimaa<e}eBic(ato8 ipara (a 
Hilaria ; y CSeeroD'», AifeMtoiefr, < Jlamaigoe y- 
(4ni#aoaa¡w.BMihiítad*i^Micia6{qwm6ean^ 
coeotea-aa Aúisatta oita obm« .. 

Bael aiflo pasad€i'tmw»yia Kiüpria aueva di^ 
leeeia»» áM|mlfllr4eradMlbs.qiiaieoQeÍB^ 
brede flóa^Mf ivodanHloaQ Ui(epi9«»ipaGÍ«ii del 
QMieaa hiHaaM.. liia^.esettdaxfílodófioai ao; podiai 
[Unai8e:oi9eva>,i><pim'qile,i^a. por Mafl|ailiTelb 
babía.éda% Historial eldvl&:d0l«»iitapte9ioH* 
nes individuales y los beetoa íneeodKab 4 la 
acción geaeral , de los hombres á las fuerzas po- 
fificas, álaarmbiíía deios efement^^ 3dciales^ 
easuÉoa deaarraeioaá teoría soeíal. De^pues^ 
fiar Brillo S^pí sacó párád^ M los hechos para 
atacará Ron» papal en favar de Yeneeia y de la 
inoBarqafa; leataíi^Ta qá^iio ensanchó los umites 
de Im nietoría, 9Pbien*aié mayor extensión al fo- 
lleto, pQfó se ^ciméj^ su relación á los alegatos 
que lie aiiogado» presentan en apojto de sus 
¿üetíleB* El ctíikVíÁl FáDavicina qiic descendió 
á reholiflo osé die las mismas armast añadiendo 
áb<9Mdwidef estacitcanstancia la ingrata tarea 
de laii^nilacioit, mal oonronsada eon laa gradas 
áá étfÜDy^l podet de fa verdad. 

ba Vhlpm, Ñamada^ desfmee k aanarse coa 
las dfaaiSi seseadas : para di&trair todo cuanto 
!« háUá tipeaeíadó aaela entone^, sostttvy^) á 
los BedDís, étetuó len^áje de Di4, la6* opinio- 
ae», aiíitiiw lenMajo de> )o6> mortales. Grande 
por dcHb era^. él praj^cto iJ^ reunir ci^cias, 
, mardki tit^ratarapatra expresar la misma 



1 ¡ Entre tofi comjpMacioiies rféVen )^¿ord¿irse f» s de fíonstiin(inor 
' ' JWW* f éaht(A íte JHüíío LIpsio; lus'Jfedi- 



foá 






f&haetM, éí t:s^rj.o trágico de Dickiwoír; 



¿9 henean HrtfeMlüM^lk tMftrm df lótfficsorUoa (Te Dapuy y Loé- 



^€1 «feBofoles, eif. 



xn 

¡idüaíseiáUv fóvriaariot a6í;la'mdM'dH tas leyaei 
■d^l' inmddo y oodrdinándo)o« todo pdra el bienes^ 

larptogfresiln) : ibasipnesto caso: que fueran ssi^. 
naslasi ialeacianesde los Enncbpedlstais, hubo» 
'ds^extteviarlas e4 estado de la sociedad de ai^Éiel 
ti^empo. Dos siglos pugnaban entre si ; y el de^ 
rol, laalotiarquía, lanoblm, d puebio> en vea^ 
;di9eqh ¡librarse; se repelían recíprocameatey sé' 
'liadiaa«nagoerra.80Tda.que pai^a bs previsores 
esai un. presagio segana, dé iá proximidad de aot. 
combate ár campo abierto. Descontentos; pnea^: 
d^ I» sodeéid presemte, maldeeiaa de sos ete*'* 
ménAos, sin* rejparar qae \a& habiaá defendido; 
atateadededararstesu^ enemi^y oontideráu*^ 
doloB ya en sti orígenv no-fuerzas moralea, sino* 
éaMdoB importunos. De aquí el odio faiiátko á» 
las coMifimDresi é instilveiones precedentes, odió 
quO'Se daba áf conocer ya en onaargiicia, fa en 
loi abultada teoMs dQ la i^naf¿(»pMta. Cuando' 
lacansara; ao dejaba mpogaar abierlam^te á la. 
noMesa, al dero, á lostrones exist^tes» se 
dirigían loe lirosá loesenores feudales eseolpidos' 
m piodra' y á los pontífices santifioados : decíase 
niie'taserttzadas habían sidoflWFamenie efecto del 
fatiatiibmb; SávlAÍs^qn hombre honrado^ juguete 
desda iiasíiMie6<;CarloMá^no un elérígo armado^ 
Gf^gorio y U é Inecenctn III dos intrigantes f|iie 
ooofuadidnei reidode lo8>del6s oon elde la tier^ 
ra: ráunl se llef^á aplaudir el triple sacrilegio, 
iPeligioso y moral y patriólico contraía doncelia 
de Orleaos, libertadora de Francia; sacrilegio 
cometido por el> qee celebraba elhoiyuelo'de la 
Pompadoór > por el qae pretendía el favor de la> 
Groquy^Lesdigmerespara erigir en üm-quesado 
su hadendam Ferpiev asmo una finrim y una 
'feUmiaddemtiriée.mda, 

iMuobo axRitiaba á bs tUosobsen su guerra 
dO'lNurl&B y aareasBMsla importatoda que poir. 
, aqnel ttem'po teni^ b idecAojpa, por medio de: 
;laiimal^ saNtaban.de loslíontesde I» realidad 
! la^iouestlónes poramente de hecho , á fuerza de> 
jahgtfáodoifes , de obmbifiacioiies y de trasposi- 
ckíaies>, dáiadose á estp juego de b bntasía el 
UMibve de análiás. Guando se trataba de hostia 
liaaHétb nobleza de enitonoes, superficial, abyeo* 
ta ycorrompída basta los huesos , no se preguu^ 
taba cómo había eoopei^o en oíros tiempos á 
las libertades y á la dvilissacioa del mayor nú-* 
mero , interpoavéndose entre Ibs monarcas y et 
poeMo ^ sbo que se deoia : « Los hombres nacen 
)>)guales, taegp toda desigualdad sociales iu-> 
9ja»bc» ¥ se anadia: «La religión debe ser una 
«estrecha relación entre Dios y el hombre ; lúe-* 
»go es libre é individual ; luego están de mas 
»el oaito, el sacerdocio y los o4ros acceso-^ 
»iío6 de la impostura.» ¥ de este modo venia 
á presentarse aldero «como una reirnbn defa- 
»ii&tieos enemiga' de toda dase de ilustración»; á> 
laDobleza « como una turba de asesinos , titula^ < 
)>d09 condes , marqueses y barones , y llevan^ 
váo siempre so háteon eñ mano ». Sustitúiaiise á 
los hechos prácticos fórmulas abstractas de re- 
belión, de oerecho hereditario , de conspirado— 
nes sofocadas, de legitimidad, de golpes de Es- 
tado ; queríase que las palabras rey , libertad, 
esclavos, tuviesen la misma significación en 
Londres que en PeisépoUs, paralas íooatemporr. 



xxn 

itieofi de Pioridesqae parata áe WasUngUm; 
no se Teia en las invasioDOi de los Lombaidos» 
de los Sajones, de los Normandos mas oue 501 
cambio de dinastias ; una insurrecdon en la liga 
lombarda; una concesión regia en la Mofnm 
Carta y en el establecimiento de los municipios; 
Y así á*^ fuerza de abstracciones se quitaba á la 
Historia el auxilio de la inYesiigacion y de la 
experiencia, dejándola ignorante de lo pasado, 
engañada respecto de lo presente y estéril para 
lo venidero; La incredulidad arrogante que re- 
chaza los bechos sin dimarse profundizarlos, 7 
que es una disposición del ánimo aun mas nocí* 
va que la ostúpida credulidad, llegó basta el 
punto de considerar los sucesos bistórícos como 
de utilidad solamente convencional, como uno 
de los temas mas generales de conversación (1). 
Si bien las pasioaes recientes y amenazadas 
pueden ser obstáculo para, la imparcialidad , á ló 
menos respecto de los acontecimientos bá tiempo 
consumados , no parece que deberla quedar otra 
cosa que hacer mas que investigar y exponer 
lealmente la verdad. Sin embargo, el espirita 
sistemático y las preocupaciones bacian descender 
al historiador de la elevada posición desde donde 
reparte premios y recompensas, para obligarlo i 
entrar en ridiculas escaramuzas y sugerirle sofis- 
mas aun mas sutiles que aquellos que hubieran 
podido imaginarse los interesados en la lucha. 
Para deducir lo que se llamaba espíritu de los 
hechos sedesnatundizabanlas causas, inventando 
arbitrarias analogías entre el primer hecho y el 
carácter de los sucesivos ; y el historiador , poe* 
ta en lo antiguo , se convirtió en abogado , que 
tenia ó no razón, según que poseia mas ó menos 
el arte de callar y de exponer , dado que no adul- 
teraba los hechos sino que los presentaba á su 
antojo. T efeoUvamente, exagerando cíertaa par- 
titularidades ; callando otras por medio de dies- 
tros subterfugios ; haciendo que aqui brille una 
lu2 , mientra^-allá se recaraa una sombra; ad-*- 
mitiendo como incontestables las tradicioDes 
que convienen á nuestro propósito, al paso qne 
se desencadena la critica contra las que no nos 
convienen ; cubriendo el vado de los hechos bajo 
el aparato de los sistemas ; ridiculizando una 
virtud, al mismo tiempo que se oculta un delito 
con el velo de una agudeza , no es difícil pre- 
sentar á Juliano el Apóstata como un héroe v á 
Gremio Vil como un loco ;^ elevar á las nubes. 
á Diocleciano que renuncia al imperio del mun- 
do y atribuir á cobardía el mismo acto en Pedro 
Celestino. 

Permítaseme detenerme algún tanto ai tratar 
de esta escuela, porque los males que prod^o no 
se limitaron á la literatura ; v porque si bien ha 
decaído en los países mas cuftos, la veo en Italia 
atizar el fue^o de la incredulidad é inspirar, ya 
las repetidísimas frivolidades desociedad, ya os- 
mios , aplaudidos como rasgos de franqueza, 
solo porque sus autores tienen la osadía de tra- 

( 1 ) «Les homincs sensés dolvent reg arder IHilstoire conune nn 
fissa de hblf 9 dónt la mortleMttréB approprife laeoMr hmtln.» 
RonssRAU. Y lof amiffos de D'Alembert consideralMii el estadio de 
los acontecimientos bistórícos « camme étant senlement d'nne n^ 
cessité centcnge , oomme one des sonrces les plw ordhuilres de le 
conver&ation ; en ao mot , comme one de ees inatUltéa si néeessalres, 

2ii servent a rempttr les Tldes tanmeDseset Mqnents de la sodé- 
» VALUnm , kefletíéñt nr PhéiMr$, 



lar soperficialiBeÉte lo^asmiloa aasgranFes, ni- 
traiar á los oprimidos y ridieoliiar la religión, 
la libertad y las conviccioiies profundas. T pro* 
dsamenled a|iioao magislral en los jaicios, la 
satírica malignidad pbra retratar ciertos carac- 
teres, el método de snlil observación , la grani- 
zada perpetua de sofismas eran loa medios de 
que los nistoríadareB de quienes haUo se Talian 
pan halagar la innata propensión del hombre á 
lo que le está vedado , y para estimular las em* 
botadas sensaciones de nn siglo Imstiado , que 
solo tenia fe en los inerédnios. Aiidase á esto el 
espíritu de pandilla que ensalza al que se deja 
llevar de la corrienle y denigra al^ue se atreve 
á ir contra ella , 7 se comprenderá cámo y por 
aué se hicieron fiímoBOS loe Ímprobos esfuerzos 
de Mably paradesatinar continuamente sin decir 
iamás nada ; las dedamaeionts sentimentales de 
Raynal y de Diderot; los interamaUes alegatos 
de Hume ; la peCnhnte nulidad á que Millot re- 
dujo, no solo sn propio eserito, fñno también las 
obras que consoltó ; la ineoiexa serie de Gibbon, 
donde no se sabe qué abunda mas-, si la mala fe, 
la iosostandal desanda ó la vaeífaicion eon que 
sigttié su única idea de inspirar rapngnancia 
contra toda institución religiosa (9) ; y Boulan« 
ger que santificaba el acaso deduciendo de él la 
religión ; y Bailly y Bupuis que despoes de su- 
poner un pueblo que todo lo supo y todo lo co- 
noció, eioopto d arte de conocerse á si mismo, 
multiplicaren los siglos nara presentar los cultos 
tan solo como archivos* de observadones astro- 
nómicas; y por último , esa turba de escritores, 
cuya audacia para acometer sn empresa es aun 
menos repuanante qne la fHvola manera con que 
fue acametioa; turba á la cabeza de la cuál es- 
taba el autor del l^iifayo M^e km úo$íunéreiy 
obra llenado viveza, de saitMsmo , de ignoran- 
da y de keredulidad dogmática é iutniBrante á 
pesar de su esoeplidsmo (3). 

(i ) Aqaf no hayo mas qie nevlnrfoft; aus adelante trataré de 
sas obras por extenso. 

(3) PminsUlearlositaqwsHtMBt'veieiiBit lie detener 
que dirigir á YoUaire, y 4 Ib de deseofa&ar i loe qie aüNrrados i 
lo Msado, hén menester Ü aotoridad pan reformar sos Jofctos, po- 
dríaeltar i lea iÑdores histoeiadares 7 ürfttcos de treiiiu aflos asi. 
Véanse, pera ae&alar los mas 4 la mano, in artillo de la F)r§9ce 
lUtértiifú , elfado en el hiicüior , setiemUTe de 183S , y todos Mes 
hiatoriadores ata hablar 4e los tmtwtnétím, Ptero ^ano se dice 
qne boy es moda hacer gala de religión , eopiaré el jaieio de nn con- 
temporáneo de Voltalre , qne no puede sef sospechoso : 

«J'étids, dke, tres disposé|pnfdomierbV«lUire Sil 



» polltiqve . aa maoTaise morale,eoQ Knútikft^E, et 1» burdiesse avee 
■ faqueíle il tronqva, défignre et altere la i^nnrt des felts: mals 
) jlinrain nn molns Treoln tronyer dsBs ThlslorleB nn poHe qul ent 



•ásaes de sens poor ne pns fiíire j^rimaeer ses personnages. el qai 

• rendti les passions avec le ctraeiére qn'elles dolvent atoír; nn 
•éertvaln qni edt naaet de godt 9«ir ne JamiU ne jMffmettre des 

• bonffonneries dans Tblstoire , et qnl eit appris cambien 11 est bar- 
» bare et seandalenx de rire et de pbisantér des ertents qol mié- 
•nsnentlebmibenrdeflwBunes. Geqn'il dtt n^ oNiñalrement 
» on'ébauehé : Teut-U atteindre au bnt, 11 le passe , il est ontré. 

» Ce qni m'etonne datanuge , e'est qne éet nlstorien , ce pat^a^ 
,»ebe4e Bosvbilosoniíeft, eet hommeMta «rwMw représente 

■ comme le plus pnfssnnt génie de ootre natío» » ne tole pas ios- 
» qn'av bont de son net. 

• Voltnlre se mteneiqw pnrt 4'ni¡slrl«MCipMhi^ rneU 
» fl n'est donné b tont le miode d'r pniser asaes de gnialépour étre 

• lepInsMToleetle plnsplaisantdieshiBtoriettS. __^ 

•Qne 4e choees imailee qu'miliifltiiries pe fb ptimetqw qmnd 
.llestforticRonAHT! 

• Maiberensement eet attenr a Inl sesonrmgesiTnntqne d aTOtr 

• bien compris ce qn'il voolaít Aiirt. 

» U y mié n'est qoelqaefois pu Traisemblnble. et n'en tent ñas 

• davanlage ponr qn'nn filstorien onl se piqne détre pUlosopbe, 
» sana avoir trop étndié les traTers de l'esprlt boauinelles caprices 

■ de nos passions et de la fortune, reielle eomme nn crrenr ipat 
•éTéaemeiit qoi liú ptnft extrandliíaira: o'eitlt «inibre de Vol- 
» taire. 



AsQciadpa los butoriadores, áesa filosoBa, cu- 

¡os esfuenos se é'rigen & maaifestar, que c\e¡cM 
uidos ignorados produeeo el valor de los héroes 
y la molicie del Sibarita , y & libertar al hombre 
ddalma y al universo del creador; los historia- 
dores» repito^ que iton los iesti^s de lo pasado, se 
oomplacíeroneadestruirlo; imitandoálos Árabes 
que fundaron sus pobres cabanas sobre las.rui- 
iias de la grande Apolinópolis, y ensuciaron con 
las inmundicias que arrojaban de sus habitacio- 
nes los salones y suntuosos pórticos, ooostruidos 
tan soto para que en su recinto resonaran eter- 
namoite himnos en alabanza del numen. Su de- 
seo de deducirlo todo de la materia, y referirlo 
lodo ¿ ella vino á probar cuan pobre y míserar* 
Ue es la impiedad , cuando trata de los dolores 
de la especie humana. Si se remontaban al ori^ 
gen del hombre , lo suponían como un germen 
que se desurollaba en diferentes situaciones^ 
protegido por una temperatura benigna; y al 
paso que aseguraban que su primer estado fue 
el salvaje, se le imaginaban idéntico á un euro- 
peo á quien se abandonara desnudo en una isla 
desierta, d&ndole desde luego nuestras ideas, 
nuestra manera de raciocioav y nuestras nece- 
si<lades; y haciéndole encontrar poco á peco un 
pació social análogo á los alianzas estipuladas en 
nuestro derecho ae gentes, un culto debido á 
los amaños de los sacerdotes, y hasta un lengua- 
je con regias tan fijas como pudiera combi-- 
narlas una academia. Para ellos la diversidad 
de ritos, de costumbres, de cultura, provenían 
del dima bajo el cual se desarroHaba la planta-- 
hombre. Es cierto que la esclavitud há pasado las 
barreras de los Alpes, míeatratsia libertad se os- 
tenta orgullosaen las indefensas orillas del Táme- 
i»;es verdad qoelaRusia y la Escandinavia flore* 
een ahora, al mismo tiempo que la India se hunde 
en la baiharie ; y que el estéril Amstel rebosa en 

•fpvr me pravrer eomUeD sá erftkfoeest eireojispeeteetaéTtee. 

• U din f» I iventnre de Lsertee ne fni paratt pas apfloyée sardes 

• iMdeBMBtsMeo anth<mttqoes, de méme qne ceUe de la flite du 
•cante Jflten. La preiiYe tpi'U en doime . o' est'qa' nn tiol est d' 
■ ordímreaassldlnldlea proofer go' a latre. Dn goraenard sans 
> S»itM«t rira de oette manTaise pbteaDterie , mals elle deshonore 

»Son mtiühe tTmveruiU n'est qa'nne pasqninade digne des 
•leeteoK fid radrairent sor la fei de nos phitosophes. 
• Qnel aotre historien anrait osé diré ^ue tea enfun» ne m 

• font m oMjw depinmef nn eeríTain Judlcieux anrait cru se dés- 

• iMMorerparDnefmofnmnerie siindéeente. Voltaire a senté dans 

• untBiitúlre Uniwtrteiie nne fonle de pialsanteríes qni ont dn 

• sel, et qie Je looerais dans nne eómédie oa dans one satrre; 
•nab dles sont d^placées et impertinentes dans nne histoire.» 
Vablt, De /# menf^e d' écrire r kMoire, 

Bei^aaiinConstant, decía, que pan burlarse de la manera qoe 
Voltaire lo liiSD de Bzeqaiel j del Géneafs, era prenso reunir dos 
casas qM hacen de tristísima condición la borla : te mayor igxoran- 
QA jr la mn deplorable ligereta. Qaiero además eiUr i Villemain 
prelriéndoloi otros machos, primero porque es bien conocida la 
moderaciOD de tan prudente critico; segando porque en general se 
■netfn muy respetuoso hacia el patriarca de ¡MBneielopedia , y 
•— — ne sos lecciones pronunciadas ante una escogida ju- 
mo están rerestidas de una expresión solemne y casi 

lar. 

es bien, en so Court i$ UUerature ftMfeüe dice de Vol- 
liire «(Leedn XVI) : So Tue moqúense du christfainisme altere la 
»Térilé de r Ustolre, en éétroit rintérist , et substitue des carica- 

» t«Ks n toMioo de Y esprit humain L' auteur n' alme pas son 

>njet(lo Historia de la edad media); 11 r a en pitié;U leméprise^ 
>ctpor een méme il s' y trompe asseí soovent, malgré tant dé 
•somité el mtae d' ezoctttode. Car ne snpposez pas Voltaire gé- 
•nMemenl iaeuet.... ce qoi monqne seulement ii son outraie 
»€' est tal ctaoe méme qoT U prwwtfrit: k philosophie 11 atñt 

• méfioerement «Ivdié 1' oatiqíilii dont fl Tcat donner une idee son- 
« maira , aprte BossKt Les errenrs de noms, de dates, les eitations 
' 5!^?"' ?xf ^ ^ \^^^ * "• lonoRAiicBs obondeat dansm 

«DátaMtt di dDfiSer priBdpt, qm IM fldMMBM i« HlMMM 



rxsí\ 



las riquezas negadas dX áureo T^) ; pero los his^ 
tonadores filosoBstas, á semejanza de aquellos 
dioses que tenian ojos y no veían , no hacian ote 
délos hechosGontrariosásus preocupaciones , ni 
daban oidosá la Historia, que en todas sus pá*^. 
ginas prueba que el espíritu humano domina á 
la naturaleza y sabe resistir i las causas físic»; 
que la inteligencia, superior & las sensaci<mes, 
no es esclava de la naturaleza material. 

Dábase á la eddd media el nombre de barba** 
rie ; y esto supuesto , ¿qué otra cosa prnlia es- 

S^rarsedeella mas que horrores v degradación? 
o veian, pues» lo positivo ni lo poético de los 
orígenes europeos ; no descubrían mas qoe la 
destrucción lastimosa de toda civilización, y den 
sas tinieblas, apenas alboreadas despnes del 
siglo XV y desvanecidas completamente por los 
tiempos que ellos llamaban siglos de oro (1). 

Así la Historia, abandonada del espíritu de 
Dios, mereció ser caracterizada por un elocuente 
filósofo cómo una gran conjuración contra la 
verdad. Hasta lo bello iba desapareci^ido con io 
bueno y lo verdadero, porque parecía que en 
aquel prurito de discusión , los que en ella to- 
maban parte temían deleitar y conmover al lee* 
tor con el espectáculo de las vicisitudes de la 
humanidad, permitiéndole creer en la virtud y 
en el desinterés, impasibles por lo regular, se 
animaban tan solo para proCerir sarcasmos y de^ 
damadones contra la fe y contra la bondad de 
nuestra naturaleza. Los mas hábiles sabían haci- 
nar artificiosamente los hechos, investigar las 
causas y descifrar los caracteres; pero no nos 
presentaban al hombre con sus virtudes y sus vi- 
cios, con sus goces y sus padecimientos: se les 
veían apasionadosoontra el error, pero ibamantes 
de la verdad. Por otra parte al paso que no 
huían de las anécdotas escandalosas creían in- 
decoroso descender á ciertos pormenores. El 
mismo Robertson, tan prolijo como es, cuando 
encuentra algunas particularidades dramáticas y 
originales, ks relega á una nota, á la manera 
del pintor que quitase las sombras y el colorido á 
un retrato para reducirlo á la verdad descamada 
del contomo. 

Por una de esas reacciones tan frecuentes , al 
mismo tiempo oue la escuela filosófica f}erciá 
todo su influjo, Rollin , Crevier , Barthélemv y 
otros eruditos idolatraban ala antigñedad hasta 
el extremo de no conocer sus defectos. Bstos es-- 
eritores no trataban de averiguar si un hecho era 
verdadero ni si era probable : para eNos bastaba 

?ue hubiera sido narrado en la lengua de Homero 
de Virgilio, en cuyo caso con las citas al pié 
de la página se creían dispensados de todo argu- 
mento. Ni siquiera elegían entre las autoridades: 
para los hechos de la vida de Alcibiades, el mis- 

» dolTent pos fetre tonioors dimlgnées , et qnc I' histoire doit cadier 

• qnelone chose Voltaire , qoi se plaint si sOavent des menean- 

»fet Miterifuet , ílnit malhenrensement par r¿dalre I' histoire an 
« P*^''^^® ^ ''^ pamplilet. Ce me g éníe obeissait a miUe peUtef 

(Lección XVH.) «B n' eit besoinde roppeler tont ce qne dans m 
•TieiUesseil a ¿crit contre la Bible, et qne de dontes insidienz. 
>qae de sarcasmes et d' intarissaMes l)6arronneries U a tiré sov 
»Tent.. de qaol, messIenrsTde sea distnctíoai, de seo contre- 

• sens, de sespropres ioiorarcbs.» 



i»»brééftodat)aii á Plutarco qne á Tntididei^; t 
parala vidade Sócmies i^u^ féles rtierecia Je-, 
Hofbnte que un oomentarísta del Bajo Itíiperio.- 
rdénüficándose ademán con los autores de donde 
tomabaii sus narraciones , admiraban con Tito 
Li?io lasicro^ades sangrientas de los Romanos,- 
ensalzaban con Qninto Curció , la bondafd de tos 
Escitas, y maldecían con César la obstinación 
de los Galos qde no querían dejarse quitar la 11^ 
hartad y h independencia. De aquí se signió una 
confusión grandísima de tiempos y colores : hasta 
los miamos errores de Astronomía , de Melafí- 
8Í<ia, de Geografía', eran respeftados en el mero, 
kédié» de ser antiguos : ¿qtté mas? el roho , la 
traición , el asesinato , quedaban jnslifícadoB si 
érán cometidos por Temístodes , 6 Pompeyo; y 
aohqiiehadft medio siglo qiie había escrito Vico, 
tuvo 4i(ue salii^ Beaufort á demostrar que también 
Ms olásiooffpddian engafiarse y engañarüto. 

Estos eran ios libros por cuyo rnedit) en las* 
etontlas se ensenaba la bondad *^sin el discerni->- 
Bliento átos jóvenes, cfue después en el mundo 
iqprendian de los historiadores ülosotistas el 
disceifnimiento si» la bondad. El antagonismo y 
la Ksoeiaeimí de estos dos métodos se manifesta- 
ron euaiiído las teorías se pusieron en prácti- 
ca , y cuando de la guen^a de la pluma , se pasé 
¿ la guerra dé la espada. La Revotifcion presentó 
bslalla á la edad media; y mftNitras por niia 
parte bordaba his blasonen? esculpidos sobre \ás 
sefMilcro^violados,ániauilabálos archivoscusto-' 
dios de lo pasado, destraiá h» edificios góticos, 
arruinaba tos castillos y daba muerte á sos pro- 
pietarios , por otra pareoía querer iifnndir nneva 
vidaá Gmoia y á nona. No oenprendialaliber-' 
tadysino^nlas fotmaádeita demra'aciaantiguat 
J[|ieron su^ aímbbio el gprro frieid y las iwces de 
Iqs; oótisDles; oédstmvé nn Panteón para lod 
gfandes hombres ; la diosa RaMm obtuvo los al^ 
tares negados k Grkito; y las repúblicas Lign^ 
rianai , üsalpina y Partenópea hiRÍ6r<sn q«e se 
olvida^ el nombre de Italia. Sf]cedíiér4}iise desn 
pues el tribunado y el consulado bosta que apa^- 
fmÁtít q«e había- db apnovebba? se de tales re^ 
cuerdos nistórícos para pedir á los hijos do Bréto 
el consulado vitalicio como César y el imperio 
- c^moAuApasto. Aquel hombre astutó^ Uiro buen 
cuidado de alimentar seme^nte espirita clásico^ 
y mientras los naevos Píndhros cantaban las ala-* 
banzas de AqttUes y de Bereciütía madre de tan^ 
tos semidíotesy las óguílas resoritadas gmatmn 
á la matania de los Bárbaros á bis legiones , que 
^orian contentas por relM>var lo» tríuntbs del 
capitako (1). 

<i) HafUa Ids o*serva<l<ircs ibas vulijares notaron \ú tendencia 
academiea dis hi^ retolnciCHi coq -so» Bhitos y Timoteoies que andbúKit 
en bpcade lodos, coa los árboles, el gorro frigio, Isw haces, lo§ 
ututos ée dllfnildád y todas \99 aeta^ñ formas. Los discursos cpic se 
proBUBciliban eá m asumblels efetir^n lleitosdecika» y atlsiones 
dásicas;'y enlos sables de la guardia nacional se puso con muy 
noca alteración un verso de Lucano: 

ígnorantne Httios ñe qnisgnam sermai etisfsf 

Con los recuerdos ctasices se justiü^aba liasía la esclavitud ; pues 
loando f recobrada la iitfa de Santo Domingo, se restableció ei| ella 
'el trdflco de negros, ftruix , consejero de estado , decia: <■ La über- 
» tad de Roma ^ rodeaba de esclavos: mas pi^osai^otre nosotros, 
» Ws relcgn afierran lejanas. » ¡Magniflcá fllañtróBJU quft se coutenU 
r6n nó ver lospadeetmiehtos ! Saint JttHt en los Ftagments sur 1^$ 
tnttünñúra rqmbucainfs , dice: «Solamente un puebid agrícola 

iptieñé ser virtuoso y libre Mal seaVlchc el teur con las cos- 

» lumbres del verdadero ciudadano ; no sé hizo la m^no doIJiombrc 
#fiM^ mas que para la tierra d pai^ las ardían. * Vedse aqdfjübaddq 



Cuando las e^ctravagancias llegan á su cohno 
sirven á IH (ansa de h veidad, la cual por dispo- 
sición de la sabía Providencia vieiié á germinar 
en el tronco mismo del error. Las disensiones deí 
aquiM'a ciencia de duda y de fiegaeioÉ desperta- 
ron la afición k les estudios serios; y Cuando 
hombres de buena Te loé profundizaron , donde 
creyeron hallar pre<>ciipaclones , tirante; igno- 
rancia , descubrieron á la hottianidad en progre- 
so, el caito racional , la protección daoa á los 
derechos* La^ edad med'm excitó su admiración 
con su sencilta y vigorosa literatnra/orígiAnf 
como sus bellas artes: vieron que nuestra socie*- 
dad no provenia directamente de los Griegos ni 
de los Romanos, ^no que debían bascarse sd^ 
elementos en los siglos que coa raix)n se llaman 
medios , porque marcan el crepúsculo entre el 
o<raso de una civíliuiclon cimentada' en la coiy* 
qaista, en la esclavítuds en el egoisnlvo, y la 
aurora de unacuttni'a noe/va basada en la ináas^ 
tría , en el individualismo y en el catolicismo. 
Los detractores de esté apareeiieron frivolos, ca- 
himniadores ó ignorantes, y haciéndose histórica 
la cuestión, ooíoperó con espléñdklos descubri- 
mientos al triunto de la verdad y de la virtud. 
Entonces ios hombres politicos conocieron la ne- 
cesídadde reformar sus estudios ácercádeoqaella 
organización para saber el camino pdf ei coat 
habían de ^uiar á las generaciones : los' artistas 
se persuadieron de que habia otras formas de to 
bello además del ideal déla antigüedad ; y los 
hombres deotf Kcos hicieron justicia á nn ttidmoo 
que había regalado á la Europa el ü^lehra y los 
números arábigos, lar brájvta/la p^jfvora, hi 
imprenta, y én el oval los esbiavoís se^ habían 
convertido en sierros , los sierVos en colonos , y 
los celónos en pueblo. Exchiifloiel aeáaó, yiéronse 
encadenados los accidentes; observdse cámo ios 
pequeños eran alguna vez cBasipni inmediata, 
mas no causa de los grandes , cuya razón estriba 
en las situaciones y en las costuTÍibi'els; y descu- 
brióse que el genio nacía eo circunstancias de*- 
terminadas , y que i^ ningtrn legislador era dado 
formar el pueblo á su talante » el cual sin nece- 
sidad de sutiles argumentos conoce sus intere- 
ses, distingue á sus amigos de sus enemigos y 
Iuzga á los hombres de diverso modo que los 
listoriadores de profesión. Conviene, pti^s^ es- 
tudiar al pueblo y no reírse de lo que eff algún 
tiempo ha venerado y amado ; conviene conoce 
sus errores , que son soluciones temporales 
de los grandes problemas (]ue la humanidad 

en nombre de la antigüedad oí fundamento de las sociedmleü mo- 
dernas, es decir, la industria. En tiempo de laRestauracion, Traer 
retirlo en la tribuna que en 1792 cierta i>ersoiui escribía á «n anii^ 
suyo : « Estoy encargado de formular uu nroyccto de coustítucioa; 
» POR co.NsiGUiKNTE , onviamc las leyes de NtMna y de Lí(mip|[o. n I>« 
injustísima ley de la presucesíon respecto de los bienes de lot» emi- 
grados se justificaba con la proposición tribovioia , por kt rual los 
S órnanos se derJararon herederosde PtíOioioeo tpdar^i« vivo. Los m^ 
icos preparaban el estramonio ( * ) para ios nueve» liemos y las 4ko- 
roinns imitábanla descarada licencia de las anligu»6. Si» eminirKO. 
también soUan tiare^crlcs demasiado libres alnunat^ de Im ideas ro- 
manas; y cuando se represeutó el BriUo de \<>|taire « ios versob 
Arréttr unAomain iur diís simples soniteoits 
y cs( agir ea tyram^ ^em qui te$ punin^otift t 
fueron reformados ^r la censura republicaiui de est» jmhqr): 
Arrdter uu Jiomum sur. ¿fes smph» Mu^ftffna 
JVe peut élre ^nnis qtC óu révointioH. . 
(') Planta cuya siniente produce uo veneaa narcótico «wy ^ 
lígroso. ^^ 

••'■ . • DigitizedbyV^OÍ?'**''^-^ 






phateaeneada período, y 4e lo9 eualescada 
período basca ana solución Uüora ; oon viene con 
el lenguaje popplar interpretar los símbolos de 
Díooisio y oe Tito Livio , y entonces se echará 
de ver , qíie el mundo lejos de estar en decrepi- 
tud , presenta en sus facciones la sonrisa de una 
edad juvenil que se acerca á la virilidad. Noso- 
tros que hemos nacido en las filas del pueblo, 
no vamos á admirar en la Historia los aconteci- 
mientos estrepitosos , sino los útiles ; fijamos 
nuestra atención en los oprimidos ; los vemos 
abrir los subterráneos de la India y elevar las 
pirámides de Egipto; costear con su sudor lo9 
EKinamentos de Feríeles y con sn sangre h vic- 
toria de Salamíná ; pelear por espacio de siglos y 
siglos contra los patricios y en favor de los de- 
rechos del hombre en Roma , y obtenerlos cuan-- 
do d^aparecia el nombre de libertad ; apegarse 
á los altares y á los sacerdotes entre los anuílidos 
de los Bárbaros; entusiasmarse eu las cru/iidas; 
organizarse lentamenteen munieipios; y enmedio 
de las disputas teológicas manifestar sus deseos y 
hacer oír sn grito insistente de emancipación^ 

Un pensamiento sistemático dio mas seguro 
vuelo a la que se llama Filosofía de la Historia. 
Reflexionando nuestro espíritu sobre cada uno 
de los pasos dados por la humanidad , descu- 
bre ea ellos también unidad y armonía , y cree 
doderdedoeir la explicación de los hechos, de 
las ideas qne representan, y encontrar la esfinge 
inmóvil en medio de las arenas movedizas del 
desierto. Relacionando entonces lo presente con 
lo pasado comoigualmente los efectos con la cau- 
sa, y el fin con los medios, traslada al orden ex- 
terior las leyes que dirigen al mundo moral. De 
este modo nace la Filosofía de la Historia, ciencia 
desoonodda de los antiguos , porque tenían po- 
cas mnias á so vistaf ara calcular los grados de 
desarroiio y decadencia de un pueblo ó de 
ana constitución ; y así como el primero que es- 
tadio a! hombre no pudo adquirir noticias exao^ 
las sobre su vida y sn muerte, tampoco fue dado 
á los antiguos conocer si todos los imperios te- 
nían infancia, juventud, vejez y decrepitud. 
¿Acaso el agrónomo puede calcular los elemen- 
tos de un cometa la primera vez que aparece? 
Cnanto mas, míe confiados en lo presente y consi- 
derándose cada uno como centro y circunferencia, 
no investigaban nada mas allá de la ley nacional 
y contemporánea. En efecto , el egoísmo es el 
que pinta con Heródoto, medita con Tuddides, 
nienta con César y compila coíf Diodoro; la His- 
toria en estos escritores narra los sucesos con re- 
lación ánna política mas ó menos estrecha, en 
provedbo ya de una ciudad, ya de un imperio, 
va de nntámbicion; sin reflexionar jamás sobre 
la humanidad en su conjunto , considerando á los 
Grie^gos y á los Romanos como pueblos privi- 
tegisnos y á los demás como bárbaros ó siervos. 
El Cristianismo elevó la Historia á ciencia 
nniversd en el instante en que, al proclamar la 
nntdad de Dios, proclamó la del humano lina«;e; 
y enseñándonos a rezar el Padre nuestM fios hizo 
reconoeer á todos como hermanos. Solo entonces 
pudieron nacer la idea de la armonía entre todos 
ios tiempos y todas las naciones, y el pensamien- 

T0«0 1. 



XZT 

to filosófieo y religiofio ^el {mgmso pevpétoo 
ó indefinido de la humanidad naeia la ^-ande 
obra de la regeneración y del reinado de Dios. 
San Agustín , Ensebio , Sulpicio Severo y algu- 
nos otros escritores en ios tiempos de la deca-- 
denciadel imperio romano consideraron de esta 
manera la Historia ; la edad media» mas ocupada 
en fabricar el porvenir que en reflexionar sobre 
lo pa^o, sepultó su voz en d olvido hasta que 
en esa voz se inspiró Bossueten sn sublime 
Discurso, único que hermana la observación de 
los modernos con la exposición de los antiguos y 
que reúne á una einidicion vigorosa un estilo in- 
imitable. Contemplando Bossuet el mondo desde la 
altura del Sinaí, á la vez que notifica álos pode- 
rosos duras y desusadas verdades, tomadas del li- 
bro infalible, y que manifieBta la vanidad de las 
cosas humanas; señala el fúnebre séquito de na«* 
cienes y reyes que pasan de la vida á la muerte, 
siguiendo el camino indicado por el Señor; como 
sí las naciones no estuvieran destinadas mas qne 
á formar el acompañamiento del Mesfas espera- 
do ó conoedido. 

Así como Bossoet pone todos los pueblos baM 
la direooíon de la Providencia , Vico somete los 
acontecimientos á las leyes del pensamiento bu- 
mano ; y para él las instituciones, las revoluero- 
nes, los sucesos, son la expresión material de 
una idea innata en nuestra inteligencia, de una 
ley sabía qne se manifie^ entre los errores y 
la iniquidad. Partiendo de una teoría metafísica 
sobre la justicia , cuyos principios encuentra en 
la naturaleza espiritual del hombre, y cuyas apii- 
ciones sigue en el derecho histórico , cree qne 
los acontecimientos se desenvuelven en relacio- 
nes mas ó menos directas con una ley á que está 
subordinado el mundo de las naciones ; y pasan- 
do, después de ilustrar la Historia de la*^legisla- 
oion romana, á generalizar esta hipótesis en su 
Ciencia Nueta , indica cómo se elevan los hom- 
bres desde el estado de la naturaleza al de la 
sociedad civil, cómo se reducen las aristocracias 
á poblemos humanos, jlara caer de nuevo en sn 
primitiva brutalidad ; ae modo que las naciones 
recorren inevitablemente un circulo fatal de si- 
glos de idolatría , de barbarie , de legislación, ó 
sea , de los dioses , de los héroes y de los ciuda- 
danos. Suprime , pues , también la- libertad, 
[)ero deja 'subsistente la razón , suponiendo que 
as leyes son el principio único de los fenóme- 
nos de la sociedad , de suerte que en vez de una 
serie de generaciones que vivieron , sintieron, 
lucharon, amaron, no se tiene mas qne una 
serie de ideas inmutablemente enlazadas; y para 
que los grandes hombres no sobresalgan entre 
esta multitud , los abate negando su existencia. 
Con admirable fuerza de intuición se adelantó á 
su siglo , buscando noticias sobre los pueblos 
primitivos, en las fábulas y en las tradiciones 
! poéticas, en relaciones inconexas, en vesti- 
gios de los antiguos idiomas ; pero al investigar 
los principios del mundo de fas naciones en la 
' naturaleza de nuestra mente humana y en la 
fuerza de nuestro entendimiento, somete la eru- 
dición á la reflexión; y no sabiendo plegarse 
ante las dificultades , obliga á la Historia a ha- 
blar según su sistema, y á los hechos á eslrechar- 

2** 



ixn 

fledentrodesu carácter poético y de su ideal roma- 
no. Lasn&cioaes portanto no tienen, según Vico, 
nada que aprender ni qae imitar de las genera* 
dones precedentes, pues que al llegar á su ter- 
cer período deben volver indefectiblemente al 
estado de naturaleza ; de donde se deduce que 
todos los esTuerzos que el mundo emplea para 
mejorar no darán por resultado mas que una 
situación peor, y finalmente, la destrucción ; es- 
tando la humanidad obligada á comenzar una y 
otra vez esta fatal y desconsoladora tarea. Ni si- 
quiera admite como Maquiavelo que pueda un 
genio, baciendo retroceder las instituciones hasta 
su origen, impedir el eterno viaje desde la vida á 
la muerte. Por el contrario, después de habersos- 
tenido Jordano Bruno en lSo4 la pluralidad 
de mundos; después que Galileo, Descartes, New- 
ton y Huyghens habían revelado el 6rden de los 
cielos, tiene Vico por absurda la existencia de 
mas mundos y afirma que aun dado caso que 
existieran, dehierian estar sujetos á la misma ley 
providencial que el nuestro. 

Aun disimulándole que prescindiese del mundo 
oriental, imposible seria perdonarle el haber pa- 
sado sin explicación alguna hechos importantísi- 
mos del nuestro» como la destrucción de la idola- 
tría, de laesclavitud, delascastas, y la preferencia 
dada á los derechos del hombre sobre los derechos 
del ciudadano. Apareció después la sociedad ame- 
ricana con una civilización sin dioses, sin héroes 
ni feudatarios, progresando soloá impulsos de la 
industria y del trabajo libre, y desmintió á Vico, 
para quien lodo progreso se reducia á la resurrec- 
ción de Grecia y Roma; y alimentó laconfianzade 
que el hombre no está destinado á pasar por las 
supersticiones y las atrocidades para lle^ á la 
ciencia y á la justicia. Vico , tan superior á su 
siglo , que no le comprendió , ni aun escuchó, 
volvió a gozar crédito en nuestra época, pero 
fue después que el progreso habia roto su cade- 
na ; de modo que ya no le resta cosa alguna 
jpor vaticinar. Su obra, sin embargo , es uno de 
los pocos libros originales que conmueven pro- 
fundamente el ánimo y dan impulso al pensa- 
miento; y á ella se refieren todas las teorías moder* 
ñas, porque, antes que Beaufort, relegó entre las 
fábulas poéticas ios acontecimientos de Roma pri- 
mitiva; antes que Wolf dudo que la Iliada era 
la obra de un pueblo y la última expresión erudi- 
ta después de muchos siglos de poesía inspirada; 
antes que Creuzer y G^srres descubrió ideas y 
símbolos en las imágenes de los dioses y de los 
héroes y fijó la atención en el carácter austero y 
religioso de las naciones en sus primeros tiem- 
pos; porque encontró por la inspiración del 
genio antes que Níebuhr lo consiguiese con la 
erudición , el significado de la lucha entre patri- 
cios y plebeyos, entre la multitud y las curias; 
y en hn, porque demostró antes que uaus y Mon- 
tesquieu la estrecha relación del derecho con las 
costumbres (1), y cómo los gobiernos se amolcUm 
á la naturaleza de los gobernados. 

( 1 ) Tito Livio no di nlngana idea de las Doce tablas, aunque con- 
fieai que en su tiempo eran todavía el rondamento del derecho pú- 
Wico y pnvado. Vertot, Lorenzo Echard, RoUin y otros muchos ao- 
torw modernos no prestan atendon á este hecho, al paso que 
emplean pAfinas enteras en pormenoresde hatallas. pntbablemeMe 
inventados y de sefurq iodiiles. 



Pero sí Montesquieu, genio aprisioDado en su 
siglo, hubiera conocido la Ciencia Num» ya pu- 
blicada cuando viajaba por Italia, acaso nabria 
dado una trabazón superior á las inconexas ob- 
servaciones con que trazó también una historia 
de la humanidad; atribuy^o las instituciones y 
la manera de existir de los pueblo^ á los legisla-* 
dores , á los filósofos , á los intrigantes , y hasta 
al dima, cuando no había otra cosa , y poniendo 
así una barrera al progreso y una cadena al li- 
bre albedrío. 

La serie de cuestiones supremas que Bossuet 
fundó en la fe y en la amenaza , la fundó Voltai- 
re en la critica y en la beh, resolviéndolas por 
medio de agudezas, que muesti^ en qué extra- 
vagancias se ve obliga a creer el que no quie- 
re dar crédito á nada. 

Entre los Alemanes, luego que Leibnitz abrió 
la senda para la averiguación concienzuda de 
la verdadí, siendo el primero á quien ocurrió 
buscar la Historia en las lenguas , vino Kant 
modificando la razón pura y elestudío del hom- 
bre abstracto con el del hombre práctico; é indi- 
có la posibilidad de escribir una nistoria general 
en que se considerase la especie humana como 
el cumplimiento de un designio misterioso de la 
naturaleza, dirigido á perfecciooar una constitu* 
cion interior, á la cual conduce la organización 
de los estados, conforme á las disposiciones que 
la misma naturaleza puso en los hombres. Otros 
habían ya indicado esta unidad de fin en el mo- 
vimiento de las sociedades; pero él fue quien la 
estableció mas claramente^ distinguiéndola de la 
armonía de lo criado ; y fundó una escuela de 
pensadores que se dedTicaron á observar la ma- 
nera con que los individuos y las sociedades co- 
operan al perfeccionamiento de la humanidad. 

No á las leyes de la Providencia , no á las de 
la razón , sino á la naturaleza exterior sometió 
Herder al hombre ; suponiendo que los rios, 
los montes, la atmósfera, modifican el tipo único 
y determinan las facultades del alma lo misme 

3ue la disposición del cuerpo. Otro tanto habia 
icho Montesquieu , pero fiel á su siglo , reducia 
la naturaleza moral y las instituciones sociales i 
consecuencias fortuitas del mundo exterior, mien- 
tras que Herder lo concibe como un instrumento 
de estampación destinado á imprimir las facul— 
tades en el alma: Montesquieu deja gran parte 
al genio y á la prudencia del hombre; Herder 
lo presenta formado hasta en sus últimos por- 
menores. Este autor con frecuencia oscuro^ de- 
clamador siempre, exa^raudo la influencia del 
clima indicada ya por Hipócrates dos mil anos an- 
tes que Bodiny Montesquieu, petrifica la Histo- 
ria cuando mas pretende imprimirle movimien- 
to ; somete los destinos de la humanidad á la 
naturaleza exterior , y mira el mundo como re- 
presentación de no sé qué Dios-naturaleza. Se- 
gún su sistema, los seres van elevándose en serie 
Erogresiva desde el mineral y la planta hasta el 
ombre ; todas las fuerzas de' la naturaleza exis- 
ten ab eterno; en su conjunto reside Dios; de 
sus combinaciones nacen lodos los seres ; de sa 
equlibriío armónico el movimiento universal; 
por ellas el hombre ejerce su acción sobre el man- 
do exterior y el mundo exterior la suya sobre 



el hooitare, de saerle qae legon el grado dele- 
litad en qoe se hallan los pueblos, varian sn 
libertad, sas costumbres, y leyes, y en una 
época determinada con arreglo al sistema del 
universo nacen determinadas formas de gobier- 
no y de progreso. Pero cuando quiere expli- 
car el idioma, se ve precisado á recurrir á la 
tradición por faltarle el auxilio de la naturaleza. 

Boulanger, investifnndo la historia primitiva, 
ve nacer la sociedad del terror, como Vico ; do- 
minar primero los dioses , después ios héroes di- 
▼iniíados; constituirse en seguida las repúblicas; 
renacer la teocracia en la edad media, y luego 
encaminarse otra vez la sociedad á las monar- 
quías temphidas, supremo término del progreso. 
Turgot asegura que mientras los animales y las 
plantas se reproducen con inalterable uniformi- 
oad , la humanidad marcha mejorando en cien- 
cia y en moral , convirlíéndoee ios hombres de 
cazadores en pastores y luego en agricultores ; y 
cree que el uristíanismo rué un progreso que 
continuó en la edad media. A()ui brilla ya la 
idea del progreso de la humanidad considerada 
como un ser único , progreso calificado de inde- 
finido por Condorcet , hechura de la Knciclope* 
dia , que sin embargo no veia otras mejoras sino 
las que la revolución entonces estaba efectuando; 
y trazaba el coadro de una décima época , en la 
cual se coQiplacia en colocar todos los adebmtos 
del hombre y de la sociedad , aunque siempre 
dirigidos al bien individual. 

negel, gefede la escuela filosóiico-históríca ale- 
mana , pretende que el alma del mundo se mani- 
fiesta bajo cuatro aspectos : sustancial , idéntico, 
inmóvil, en Oriente ; individual , variado, activo, 
en Grecia ; compuesto en Roma de los dos prime- 
ros en locha perpetua entre si ; de cuya lucha 
sale luego el coarto que concierta y armoniza lo 
qoe esUma desunido y que se manifiesta en las 
Badenes germánicas. Paraél la religión no es s(h 
lo un impulso del sentimiento , un fulgor de la 
imaginación, sino el completo resultado de todas 
las mcuitades del género numano. En Orieote el 
hombre se aniquila en la idea del ente infinito, 
y de aqui el poder teocrático ; en Grecia desapa- 
reciendo lo mfinito, surge con proporciones in- 
mensas la actividad humana, la cual viene i ser 
predominante en Roma formando una persona- 
lidad egoísta; y después en los pueblos germá- 
nicos se reconcilia la unidad divina con la na- 
turaleza del hombre, y de la reconciliación 
nacen la libertad , la verdad y la moralidad. 

Michelet, siguiendo á Scheliing, ve en el mun- 
do una lucha perpetua entre m libertad y la 
Catalidad. Cousin encuentra formada cada época 
por uno de los elementos de la razón humana, lo 
infinito, lo finito, la relación ; y un país , un pue- 
blo; un genio no se engramteoen smo en cuanto 
sínea mímente á uno de estos elementos. Para 
él cada lugar , cada pueblo , cada revolución re- 
presenta uno de los términos del desarrollo ne^ 
oesario, y el triunfo viene siempre á coronar la 
mejor cansa. Partiendode distintos puntos llegan 
al mismo término Hugoy Savigny, rarraandoqoe 
la perfección proviene del impulso instintivo no 
Kuiado por la razón ; que en ella no influven ni 
la UwtadhnMoa Aid refinamiento inidec-l 



<nrvu 
tual , sino los usos, las costumbres, en una pa* 
labra, la tradición ; y que por tantees inútil la 
aparición de los grandes hombres y perjudicial la 
tarea de los legisladores. 
Mas bien se apoyan en la religión Daomer» que 

S' hiendo á Lessing cree que se llegará á una 
igion absoluta por medio de todas las religio- 
nes anteriores, revelaciones sucesivas de la mas 
alta razón humana; v los Sansimonianos, los cua- 
les contemplando af pueblo que trabaja y tiene 
hambre, que obedece y calla , creen que todo es- 
fuerzo humano debe dirigirse á la unidad del 
sentimiento , de la doctrina, de la actividad, á 
la asociación religiosa, científica, industrial, en' 
que se asigne á cada uno el trabajo según su ca- 
pacidad V la recompensa según sus obras. 

Uniendo Buchez esta doctrina con la deHerder, 
y con mas positiva erudición poniendo la moral 
como ley suprema, y considerando laHisloria co- 
mo el adío incesante de la humanidad, que cumple 
su destino en la tierra, invoca á la naturaleza para 
realizar el perfeccionamiento juntamente con la 
humanidad (1) ; analiza la idea del progreso hasta 
el punto de fundar su ciencia en bases metafí- 
sicas ; presenta la teoría completa de la aclivi* 
dad sentimental , científica é histórica ; y pre- 
tende, no solo someter la Historia al método ri- 
goroso de las ciencias naturales , sino buscar en 
ella la demostración viva de la ley moral y de la 
revelación divina; todo con la idea de proponer 
un fin á la actividad de los hombres y (fe las 
naciones. La escuela del progreso no se separa 
del principio de Vico, sino en sustituir al círculo 
el continuo adelanto ; v por lo demás considere 
en la Historia como unioo poder el del pensa^ 
miento. Otros de la misma escuela sansimonia* 
na dedujeron una teoría panteista, según la 
cual la naturaleza v la Historia son manifes- 
taciones del gran todo llamado Dios ; maoifesta* 
cienes en las cuales todo es necesario , como 
inevitable consecuencia de los fenóitoenos anterio- 
res y causa segara de los subsiguientes (t). 

Para De Maistre el mundo es un inmenso al- 
tar donde todo debe ser inmolado en perpetua 
expiación del mal causado por la libertad del 
hombre. Ballancbe considera el mundo como una 
ciudad de expiación donde se desenvuelven los 
dos dogmas ^neradores áe la caida y de la re^ 
habilitación. Federico Schiegel pretende que con 
la palabra, distintivo de la humanidad , fueron 
reveladas al hombre las verdades principales, 
religiosas, morales y sociales. Según so doctrina, 
la palabra se alteró primeramente en el hombre; 
después en la raza entera ; y mientras la filoso^ 
fia pura debe restablecerla en la conciencia , la 
Filosofía de la Historia debe hacer lo mismo en 
toda la especie , y mostrar la marcha de esta re- 
generación. De cu va experiencia se deduce dar^ 
mente que en todo acontecimiento luchan y se 
combinan cuatro principios de acción : la fuerza 
material, el libre albedrio, el mal principio y 
la voluntad divina aue salva ; de aquí, las diveí^. 
sas fiíces de la palabra, de la fuerza, de la luz y 
de la redención , polo divino en medio de loe 

de M. Chenlter qoe firre de iatrodoedM i tu eirtu «toe 



(t) HhviuH^é 



/• i^<^tíifti^íí?Google 



tieapofij Tambieafioiíald, Adam MüUer^ Halter» 
sostienen que teda institucioa civil es obra ia— 
miediala del antor de la naturaleza , de donde 
deducen que no puede obtenerse el perfeocioBa- 
miento de la raion y (tel corazón sino siguiehdo 
la tradidoo prínaitivade las voluntades de Dios. 
Baader ve al hombre ^uir constantemente el 
pensa«D¡ekito de la Providencia sin perturbar la 
armonía universal; y este pensamiento constitu- 
ye á su modo de ver la Red^cio^ , obra de mi- 
sericordia continuada por todos los siglos. Los 
primeros la prepararon ; y ofrecido el sacrificio 
que salvó á la humanidad , todos tienden á pro- 
War el Cristianismo, impulsando así al mundo 
a ao progreso incesante y excitándolo incansa- 
blemente ala justicia, á la unidad, al amor. 
Esta doctrina condena por tanto el &talismo; 
proclama la libertad del nombre, de cuya vokra- 
^ lad no puede preverse la decisión, mientras pue- 
de preverse la de Dios; y sostiene que de esta 
manera hasta el desorden viene á establecer el 
orden, Quiéranlo ó no las criaturas. 

Así la Historia nace del deseo innato en el hom- 
bre de conocer las acciones de sus semejantes; 
con viértese después en ejercicio de arle, en segui- 
da en escuela de experiencia , luego en campo de 
lucha, y por último en ciencia de la humanidad, 
en la cuat se buscan razones remotas y confor- 
nes á los hechos , á la manera que el observa- 
dor investiga en lo alto del cielo la causa que mue- 
ve los abismos del mar con el flujo y el reflujo. 
Cuando la Filosofía de la Historia se apoya ea 
leis hechos contentándose con averiguar su exac- 
titud, exponerlos, encadenar sus fragmentos y 
reasumir toda clase de conocimientos históricos, 
entonces eleva la mente como nunca lo hizo la 
déofia antigua; pero si traspasa estos limi- 
tes, degenera presto én sistemas adof)la'los ca-« 
prlehosamente y sostenidos por una indetermi- 
nada serie de observaciones sobre los aconteci-- 
mientos, y con demasiada facilidad reduce al 
hombre , en nombre de la Providencia ó de la 
fatalidad , á víctima , testigo ó instrumento , en 
veí de vigorizar en él el noble sentimiento de la 
libertad moral. 

Pero estos sistemas ¿|)ueden sostenerse atite la 
totaKdad de ios hechos? ¿ El mundo que pasa es 
verdaderamente velo de un mundo que se per-^ 
petua? 

A la verdad , el hombre án saberlo cumple 
en k tierra los designios de Dios, porque la Pro- 
videnda que trazó á los planetas órbitas de-^ 
terminadas , no pudo abandonar la especie hu- 
mana aír ciego capricho ; antes bien la dirige 
))or medio de un lazo misterioso en que la liber- 
lad yia prescrencia se enlazan sin contrariarsíe. 
Un talento perspicaz que supiera todos los descu- 
brimientos nsieos , eliminaría del espectáculo de 
tanatufalezagran parte de las contradicciones que 
i pritbera vista nos ofrece la contemplación de 
ciertos teaómeños producidos por una multitud 
de pértathadones simultáneas. Pero ¿puede 
deasciibrirse por e( hombre el principio racional 
■de lo creado, e! objefío de la vida de la humani- 
dad? ¿puede aplicarse este priocipioá la ma- 
trifestacion de los hechos t 
De seguro no resuelven 4an inmenso problema 



lasteorias mas francamente preaentaéia » las 
cuales en la prueba apateeen falsas é inc«Df»le— 
tas. ¿Cuál de ellas hay que bo degenere ea rata— 
listno , suponiendo un destino que m cumple por 
ley de la Providencia » de la raaoa , ó de la na— 
turaleza? ¿quién ba podido. señalar la parte que 
han tomado en los acontecimientos mas estrepir- 
tosos de nuestra civilización esa raza amarilla que 
forma quizá una tercera parte del género bumano 
y cuyas vicisitudes ignoramos ; los Chinos * sor^ 
ciedad patriarcal, inmóvil sobre te base prinaití— 
va de la piedad doméstica; ó los indios qée 4i\t-* 
cunscritos en castas perpetuadas por la faJsa 
interpretación de tradieiokies religiosas , j^eoe 

3ue han echado el áncora en el mar de las /;da*- 
e3?¿Sontodase8as poblaciones, en fin, no uieaos 
numerosas que las nuestras, las que detrás de 
inmensos rios y de giganfceioas montanas van 
completando distintatuente su eivilizaiáoaá pa- 
sos tan lentos que son á los de los Europeos eonio 
es la precesión de losequinoccios á la revolución 
anual ? T sin embargo á aquella leuta é imper- 
fecta civilización pertenecen inventos capeles, 
como la brújula, la imprenta , la pólvora, los 
números, y el arte de mantener bajo una misma 
ley, por el trascurso de siglos^ una población 
mavor que la europea. 

Dia llegará en que estos pueUos se confundan 
con ttosotros, cumpliéndlose la promesa del Evan- 
gelio (1) ; y acaso entonces aparecerá en mi mar- 
cha un orden provideiicial conforme ^ nuestro. 
Pero los naufragios que nos preseáta la Filosofía 
de la Historia no deben quitar el ánimo de ar- 
rojarse de ñoevo.á ks eias: moafaos, coü subli- 
me error, habian pereotdo antes que Colon, lle- 
gase al Nuevo Mundo; y las tumbasde Lapeyrouse 
y de Mungo Parck sirvieron de indíctiQi^n á los 
que caminaron por sns hueUas. Per6 si la dea- 
cia encventra alguna vez la aorma de los pasos 
que se hayaia de d&r , no podrá men^s de apo- 
yarse en el cooocimienio de los pasos ya dados; lo 
enal autoenta la importancia de las ipvestigacio- 
nes histótiÍGas , y tanto mas , cuanto qile habien- 
do dejado de ser individuales, se extienden á todo 
el globo á nodo de vasita epopeya, en la caal 
reuiza cada fiaoion un peasaaitento de JDios en 
interés del género humano. La Fílosolía de la 
Historia no debe abrogarse d derecho 4e pres- 
cribir la fórmula del progresó, sino q«e debe 
tomarnota de él; observando los hechoa ase pre^ 
dominan enesasubhme peregrinacioü oe Ifit otr 
vilizacion delOrienté al Oocidenle, 

Veámosla como desde el oorazondel Asi* se 
adelaáia hacia el Atlántico: coaquistá^ sbeonsoli^ 
da^ en cada ponto dedesoanso adopCd dreencias 
niievas^ nuevas. to^atnbres,leyes^ usos y leor 
mas: entonoesse discuten las cüestiomescapitales 
de las relaoioBes entre el hombre* Dios y ol huí- 
verso, y las de la gerarquía polüicalsboiÉl y do* 
méstiea; pero á ia edad siguiehte lacáviiiáciofi 
empréndede hiiíeVo su marcha y vuelve á poner-^ 
las en discusioa y á buscarles sddoion nneva. 
Sepátank desu camillo lb»impalsófc.de las razas 
de Sem y de laíet t esta partieDlb éd fiententrúuu 
aquella del Mediodía, £«cuóntra■ae^ ohvccmy se 
meirian y inedifioan; y 4espues ácadawieirope- 



rfodotoMim nueva vi<h9i en su primittta ftr^ttte: 
ora difunden los hijos de Sem las artes del inge- 
nio y del lujo , ora los de Jafet invaden las tien- 
das de los Semitas (1} y con su varonil é indo^ 
mablefden» , dan nuevo vigor áf los degenerados 
meridionales. 

Con dirección opuesta camina la ci\ilizaeioii 
desde el extremo del Oriente; y partiendo también 
* de las alturas centrales de Asia , marcha cson len- 
titud, siguiendo un movimiento contrario al que 
presenta el sol. A par de la nuestra, es modificada 
|K)r la mezcla de nombres septentriodales y me- 
ridionales ; porque el Norte qwe nos dio los Pe- 
lasgos, los Escitas, los Celtas, los Tracios y los 
Eslavos , vomitó sobre estos los Yungnús,* los 
Manchús y los Mogoles , que á su vez hicieron 
resonar sus ahullidos salvajes hasta en 4as orillas 
del Oder (8). 

Sigamos esta marcha ; aprovechemos la oca- 
sión de observar en complexo el espeotécolo qae 
nos preparamos á desenvolver en esta BfkMiá 
Unhersñi; y felices nosotros si sabemos satsar 
provecho denlos méritos y de los errores ajenos. 

^^'- La civilización emana de ese país fertiWsrfto 
en toda clase de belleza que se extiende entredi 

SxAto Pérsico j la Arabia , el mar Caspio y el Me- 
iterráneo, y que ocupa una posioion central 
entre la extrema India y la Escocia , la E^aña 
y !a China. Allí nace el nombre adulto de cuer- 
po y de espíritu, en la perfecta armonía de sus 
facultades , dotado por Dios de cuanto es nece- 
sario para su desenvolvimiento mporal, físico é in- 
telectual. La oscuridad de que está%uhierlo todo 
lo que se refiere á los períodos de formación en 
la esfera de la vida orgánica y de la composición 
inor«2:áiiica, envuelve también el origen del mun- 
do. Nosotros, diremos í»n Vico (3) , desespera- 
dos de encontrar el principio común del género 
humano en los anales de los Romanos, modernos 
en comparación de la antigüedad del mundo, ni 
en los pomposos fastos de los Griegos, ni en los 
de los Egipcios, truncados como sus pirámides, 
ni en los del Oriente sumergidos en la oscuridad, 
vamos á buscario al principio de la historia sa- 
grada, á cuyo Génesis rinden tributo de prue- 
bas los progresos de cada cienda. 

Y' Aqacílla unidad es descompuesta por el orgu- 
lííste lio; y lueffo que el pecado pone en desacuerdo 
^J^^, las factíltad()sinteroas, pierden también la armo* 
>ion nía las externas, ellenguaje y las tradiciones. El 
^*^ Paropamiso y el Cáncaso , determ'man dos cor- 
otio- nenies de población, una que se dirige hacia el 
!:"1fc Q^<^i^i^Qto del sol , otra hacia el ocaso ; y si á 
los mitos, á la etimología , alas memorias, á 
las lenguas . preguntamos cual es la mas inmota 
bistorta, todas.de acuerdo nos sefialaráti el cen- 
tro del isia como cuna de las naciones. Donde 
faltandocomentos solo puede ediarse mano de las 
hipótesis ; pero habiéndose e^tas mezclado en 
los libros con las nociones positivas y con tos he- 
chos ciertos , importa estudiarlas y conocer su 
objeto, SQS Qiotivos^ sus caracteres. Sin embaf- 



(1 j BéfiM Japkrf i» iuüeniAWñt SéM. des, K. «7, 
(3) ScSenianSa^t 1. 



XIIK 

I gio , mieMats los Mtootos nos Díntaii al homUm 
primitivo como un bnito gaim lan solo p«r sn^ 
I instintos , y qoe ba)o «1 impulso de eáos iDven<^ 
I ta las primeras sociedades , eompletameale má«' 
I teriales; nosotros «1 eontrario, por mueho que 
I nos remontemos á tiempos antiguos» enconlramos 
siempre las ideas predommaMo sobre Its inte* 
¡ reses, las verdades invisibles sostaiietido á tas 
' palpables , el Estado gobemindose por el pensa- 
miento de Dios, la familia rigiéndose por la c«i<^ 
memoracion de los muertos , el cuerpÑo tomando 
por guia el interés det alma. Vemos ttmbien el 
contraste mas vivo entre la libertad individnal y 
el orden social, tan antiguos aimtMi6«omo el pri- 
merpecado,y fnndadosen la naturaleza fanmana 
qüeqviere ser libre y que sin emiiargo n» seaa**- 
ttsface con la soledad; asíesqoe mientras por un 
lado la ley se esfuerza en iar á tas sociedadeí 
orden , estabilidad y pax , fior otro los ÍH8t¡H<* 
tos violentos arrastran ai hombre á la indepea- 
dencia. Pero mientras todo esto atestigua la ]«-- 
^xñaA deksociedad , lejos de encontraren ella 
elestadosalraíe.desdeelctíalserueetefandopoce 
á poco a^uel hijastro de la natur4ileza hasta lle- 
gar é ser su irey , ya en aquellos primeros tiem*^ 
pos efncontramos cuatro grandes toiiieríos: el 
aramee , el egipcio , el chiM , el indio. Estos 
dos forman la civilización del til»et y del Jafpon, 
extraña ai movimiento europeo ; y el E^iplo , en 
relaciones unas veces de guerra , otras de tx^ 
mercio con Persia y Babilonia , con los Aralm, 
Fenicios y Hebreos , es , no la fuente , sino el 
canal por el cual se propagan las ci^mctas , las 
arfes , el cirito , á tas naciones occidentales, pe^ 
lasga , etrusca, griega y romana, herederas 4e 
loseuatro imperios primitivos. 

El choque de las dos civilizaciones se nmi-» 
fiesta primeriimente coando tos Dencalioiies del 
Asia y del África transformanen hombres las nie^ 
dras (le Grecia v del Asia Menor. Mil quinientos 
aSos antes de Cristo ; todo es oriental del modo 
que lo han trasplantado las colonias fenicias, 
árabes , egipcias , personificadas en los tiempos 
de Ogifiíes y Cécrops , Pelops y Oádmo. Pero 
Prometeo , hijo de Jafét , 'ó sea la raza helénica 
descendiente del Septentrión , agita é infinma 
con nueva vida á los degeneraAos , basta <iae ella 
misma es subyugada por las costimAres del . 
Oriente , y 4as mon^rqttias por todas pables wn 
avasallada por los comunes. No tardan em- 
pero en sobrevemr fes HerácUdas con la rata 
septentriottal de tos Do«íos , y hacen |Fretalecer 
el Occidente , reduciendo los'gobíenios á aris- 
tocracias feudales, pasando ét la inmovilidad 
asiática k la yariedad , é invugtírando ventado- 
ramente el mundo occidental . El rapto de Eum- 
pa y de Elena , los amores de Medea , la con- 
quista del vellocino de oro y la toma de Troya, 
son las risueñas ficciones bajo las coales enco- 
bren los poetas las inevitables bataHas de elMas 
contrarias civAteadones. Mi se borran con la 
conquista las diferencias originarias ; y la emn- 
laddki entre los Dorios y Jimios duralanto como 
la (Grecia, mostrándose alternativamente en la 
snpfémacíade los Atenienses desde Gimon á Pe- 
rieles, ^n la de los Espartanos después de la vio*- 
lotia d(s ^gospótamos , en la de los Tóbanos, na- 



XIX 

dda y muerta ooo Epamiooiidas, hai^ que la 
dommacidn maoedoaia entrega el pais afemina- 
do y enoadenado á la preponderancia ocáden-- 
tal. Entretanto un pueblo especialmente guiado 
por Dios , conserva pura la tradición primitiva, 
que entre las demás naciones se contamina mas 
y mas á medida que se aparta de sus fuentes: y 
este pueblo divulga el pensamiento mas gran- 
dioso , el (k un solo Dios, de cuya voluntad libre 
es un acto el universo. 

^^ Eí(ie pueblo tiene una historia propia ; pero 
desde la de los demás ó calla ó se mece en ficciones 
bs que merecieron á aquella edad el titulo de fabu- 
pú£'s losa. Solo en el siglo viii antes de Cristo em« 
hasta piezan á ordenarse los hechos por tiempos ; y 
dro*-~la era de las Olimpiadas (776) para la Grecia, la 
776-Í23de la fundación de la Ciudad (75i) para los Ro- 
*''^' manos , la de Nabonasar ( 747 ) para los Babilo- 
nios y E^ipdos , manifiestan que á la fábula su- 
cede el tiempo histórico , á la edad de los héroes 
la de los hombres. La religión presenta la primera 
oertesa cronológica en las listas de los sacerdotes 
coiiservadas por la casta sacerdotal : de estas, 
de los templos y de los tesoros , sacó Heródoto 
todos sus conocimientos; y después Pausaniás 
refirió á monumentos religiosos todas las partí- 
cularídadeB históricas. 

Robustécese en Oriente la civilizaciou , y la 
raza délos Persas desciende de las montañas para 
rejuvenecer á los afeminados Medos y fundar 
uno de los mas vastos imperios. Pudiera muy 
bien. decirse, que este imperio zeloso de la pe^ 
quena Europa , que sale a conquistar dencias, 
anes y leyes, vomita sobre ella torrentes de hom- 
bres pidiéndola la tierra y el agua. Es el pasado 
que se enfurece contra el porvenir , la raza in- 
móvil contra la progresiva. Del mismo modo que 
flomero habia cantado el primer combate entre 
el Asia Y la Europa, sacando de la barbarie 
la piedad y la admiración, así Heródoto, testigo 
de la jsoerra pérsica , uos la trasmite en una 
narraoton co^a unidad es precisamente la rivali- 
dad entre Oriente y Occidente. En Maratón, en 
Salaaiina y en Platea, se decida la superioridad 
de la civilización europea sobre la asiática, y 
muy luego los pueblos que en un principio esta- 
ban separados, se aproximan y mutuamente se 
qoBocen; el espíritu numanoi en el siglo desde Pé- 
neles á Aleiandro,.recorre mayor camino que el 
que en muchos siglos te habían señalado la ima- 
¿inaeionde los Indios, la profunda inteligencia 
ue los Egipcio^, el frío raciocinar de los Chinos, 
ó la voluntad obstinadade los Israelitas. Narrando 
la guerra médica y la del Peloponeso , adquiere 
la relación el interés de la epopeya, entre el 
vuelo gigantesco del pensamiento y de las bellas 
artes, entre los distinguidos caracteres de los 
héroes que conservan hasta en los delitos su gran- 
deza, y que se nos presentan al través de la ilusión 
que causan la distancia y la pluma de incompa<- 
rabies escritores. 

Pero el Oriente rechazado por las armas, sub- 
vuga con el ejemplo : la Grecia se doblega ante 
m costumbres del Asia» y después de la paz de 
Antálcidas, el gran rey la organiza á su gus- 
to. En tanto, pan impedif, qm se corrompa | 



completamente, baja del Septentrión una nueva 
gente , la Maoedonia; y Alejandro, con una su- 
blime reacción, trata de colocar la civilizacioa 
griega á la cabeza de la unidad oriental , consi- 
guiendo únicamente plantar en el corazón del 
Asia un imperio europeo y fundar entre esta y el 
África una ciudad , que dará nuevo centro ai'oo- 
mercio, y donde el genio griego, impotente ya 
para crear, se sentará entre losdos mundos para 
explicar al nuevo los arcanos del antiguo. 

Alejandro, y mas que él sus sucesores, se 
dejan enervar por los vencidos y se convierten 
en príncipes orientales; pero la'civilizacion ha 
salido del santuario para hacerse proclamar ea 
las escuelas; y propaj^adapor las colonias por to- 
da la costa del Mediterráneo, da un gran paso 
conquistando la Italia. 

La variedad , carácter grie^ en las institu- 
ciones, en las artes, en la ciencia, tiende en 
Italia á aglomerarse en rededor de Roma, que 
constituida con elementos discordes sal^ á la con- 
quista de la libertad propia y de los territorios 
ajenos; grande en las victorias, mas grande ea 
los desastres, y atenta á espiar en la pazIaopOr- 
Uinidad de asegurar el buen éxito en la guerra. 
Roma , mas joven , ha perdido de vista en sus 
orígenes á los dioses y mira como su fundador á 
un néroe. Su historia es la de una ciudad mirada 
en pequeño ; en grande es la historia de todo el 
antiguo heroísmo, la liza en que combaten lo fi- 
nito con lo infinito , la generalidad abstracta con 
la personalidad libre , la aristocracia, represen- 
tante de la estabilidad asiática , con la democra- 
cia engendrada por el movimiento europeo. T 
prevalece este ; y la edad humana de Vico, que 
no se vio jamás en la Grecia, nace con la verda- 
dera libertad en Roma , la primera que trata de 
unir , fundir v organizar los pueblos, hasta en- 
tonces reducidos á comunidades particulares , ó 
á aglomeraciones forzadas. 

Desde este punto la atención se reconcentra 
en Roma , la cual después de haberse asimilado, 
aunque con alguna dificultad, los primitivos 
elementos, se lanza como un gigante para apro- 
piarse el universo. Dolada de maravillosa per- ^^ 
severancia en sus vastos designios , tiene que f^ 
habérselas con naciones que se sostienen isolo ^[^ 
por las leyes del equilibrio, variables en sus^-ij 
alianzas y atentas únicamente á creceré impedir ^'^ 

Siie las demás se aumenten. iPodia ser dudoso 
éxito? Cuando Roma se desborda de la vencida 
Italia, se encuentran frente á frente las estirpes 
jafética y semítica: aquella con el genio del he- 
roísmo , de las bellas artes , de la legislación, 
esta con el espíritu de industria y de comercio. 
La última sucumbe cuando Tiro cede el puesto á 
su émula Alejandría y cuando Cartago es des- 
truida por Roma; y apenas si quedan recuerdos 
de aquella civilización entre los aue receben sus 
frutos. ¡Quién sabe si la colonia de Argel, ahora 
naciente en aquellos contemos, no podrá como 
Mario sentarse entre las ruinasde Cartago, y ob- 
tener de ellas las revelaciones que ya se han ob- 
tenido de Babilonia y de Menfis! 

De esta suerte vence Roma al Oriente antes 
de arrojarse á combatirlo en Egipto, en Siria, en 
el Ponto y en Armenia; pero ü dar el Oriente á 



la venoedon la indastría y las ciencias, la cor-* 
rompe y cambia. Roma aun fabricando cadenas 
para el mando se mostraba magnánima , daba 
libertad á los pueblos, distribuia las provincias 
entre sus aliados y humillaba a los soberbios, 
perdonando á los que se sometían: pero después 
que |)asa al Asia no reconoce ningún obstáculo, 
cree insulto propio la libertad de los demás y 
viola descaradamente el derecbo: Perseo es con- 
ducido entre cadenas y sirve de espectáculo á un 
vulgo aue insij^ta las regias desventuras: Carta- 
so es aestruida inicuamente : Numancia aeree* 
aora á la admiración de la posteridad , no con- 
mueve al brutal vencedor smo cuando después 
de derramar la sangre del enemigo, pasa a der* 
ramar la del ciudadano. 

^^ Antes de entrar en la era nueva lijaremos la vis* 
Gierns ta CA un pucblo Oriental , mucho mas antiguo en 
mi^ verdad , pero que desde Chen-si dilatando su 
Acd lenta cultura, crece separado de los restantes del 
mundo , de tal modo , que ha podido ser descui- 
dado por la Historia que vive de progreso y de 
movimiento. Masen esta edad surge en él uno de 
aquellos grandes genios que con la ciencia y la 
meditación reasumen y encarnan en si el pensa- 
miento del pueblo y preparan los cambios que no 
lograría jamas efectuar la espada. 

Al hablar de los Chinos y de Confucio tendremos 
ocasión de dirigir una mirada al mundo palríarcal 
qoe abandonamos, á las sociedades orientales que 
vivían en el espacio, no en el tiempo, ycomparar- 
lascon las nuestras que se separan ae la necesi* 
dad y de la unidad indefinida y universal para 
lanzarse al progreso libre y variado, donde ei de- 
recho se aparta de la religión y del Estado para 
hacerse encaz é individual. No cause maravilla, 
Áü embargo, que aquí también á veces prevalezca 
el Oriente ; pues es todavía inmensamente mayor 
el número de pueblos organizados conforme alas 
costumbres del Asia. La civilización europea se 
limitaba á Grecia é Italia y aun estas tenían del 
Asia la esdavitud , la sujeción de las mujeres, 
los cultos y á menudo el lujo y el despotismo; 
sin embargo, se dirigen á la perfección con pa- 
^sos lentos , pero seguros. En un principio la vic- 
toria bacia los esclavos y los amos; después el 
interés ó las transacciones formaron la plebe, sin 
existencia civil, política ni religiosa, y que no 
podia poseer bieues sino con la sanción del pa- 
tricio , en quien el derecho de la fuerza apenas 
estaba refrenado por las solemnidades legales. 
Pero la ciudad plebeya se eleva al lado de la 
aristocrática de Rómulo, aue se ve obligada á 
sujetarse á la rígida letra ae la ley , letra que 
será combatida por la elocuencia, "^ eludida por 
los privilegios y burlada por las ficciones ritua- 
les; hasta que por la voz de los Gracos invoque 
la plebe el derecho de poseer y el de votar, 
caminando al triunfo entre derrotas. 

Las dos formas del mundo oriental y del occi- 
dental, del patriciado y de la plebe," asociadas 
en Roma , le dan una doble naturaleza , la con- 
servadora y la innovadora. Admite todo linaje 
de ideas, pero después de viva oposición; se 
eagnuadece, pero es cobrando nuevas fuerzas; 
cambia de gobierno, pero siempre fundándolo 



A 



en sus mismos principios que eran los de la sgr 
ciedad humana ; y así como formó la ciudad 
amalgamando los patricios con los plebeyos, for^ 
ma el imperio amalgamando diversos pueblos, 
primeramente avasallados, pero después por la 
guerra social hechos Romanos. Por esta razón 
no son momentáneas sus conquistas : subyuga, 
civiliza, asimila, y en el orden de los büecbos 
alcanza el imperio mas extenso y duradero, 
mientras que en el orden de las ideas forma la 
mas entendida jurisprudencia. Los esclavos ar- 
rojan en breve un grito de emancipación ; los 
vencidos que ocuparon en Italia el puesto de la 
población indígena que habia perecido en la conr 

Juista , piden derechos; Mario nace de la sangre 
e Graco , y allana el camino á César, precursor 
de Augusto. 

Durante las guerras intestinas, la civilización 
marcha siguiendo el camino del sol hasta las ri- 
beras del Océano , y los descendientes de los Ga- 
los y de los Germanos , conouistados para la im^ 
Irzacion, perdonan á los Romanos la matanza 
de sus padres. Por otro lado la Europa reina ea 
Egipto , combate en Persia , subyuga la patria 
de Masinisa y aumenta el número de las nacior 
nes agregadas á su civilización , de modo que en 
adelante podrá combatir al Oriente con fuerzas 
iguales. 

Encuéntrase en efecto frente al Oríente en 
Accio, y lafugadel Egipto proclama la suprema- 
cía de Europa. No obstante , triunfa el Oriente 
en la profunda corrupción de la nueva Babilonia, 
porque al paso aue se facilita con la espada la 
fraternidad de las naciones ; al paso que se 
meioran las formas exteriores de la ciudad, la 
inaustria, el comercio, las artes, las leyes, la 
administración , se gangrena la herida*qoe la 
superstición y la filosofía han abierto en el 
corazón y en la inteligencia del mundo antiguo; y 
los elementos necesarios para la vida social , fe, 
conciencia, libertad, se desvirtúan. Las leyes 
protegen á los esclavos v la esclavitud es ma£ 
desapiadada que nunca; f^aulo Emilio vende ea 
Epiro ciento cincuenta mil ciudadanos de setenta 
ciudades destruidas, para distribuir el importe 
entre los soldados, y César da gracias á los dio- 
ses por haber exterminado á los Galos, vendido 
al mejor postor cincuenta y tres mil habitantes 
de Namur y muerto en Avaríco cuarenta mil 
hombres inermes. No se da muerte á los hombres 
tan solo para saciar el hambre ó en el ímpetu 
brutal de la venganza, sino también por divertir 
al pueblo reunido en el circo. Combínase en Ro- 
ma el dogmade la autoridad con el de lalibertad, 
pero libertad ciudadana, no individual; é inmo^ 
laudóse la independencia de las naciones sobre 
el altar de la patria qrigída en divinidad inexo- 
rable , el mundo es considerado como una misa 
de oro ó un mercado de esclavos; la palabra de 
la república es santa, no porque seajuslasino 
porque ha sido pronunciada ; la legalidad.ocupa 
el lu^ar de la justicia para encubrír exteríoi^ 
iniquidades; v llega á desconocerse el dere- 
cho sagrado de desobedecer las leyes injustas, 
esto es , la prerogativa de la razón que juzga de 
la justicia de las leyes. Reducido todo por tanto, 
á mera política , no queda mas unión p(»ible que 



mil 

la foéna , tncapas de rnaateiier por mucho tiem* 

Kla armonía : y la oiencia pa^na tan solo sa« 
lamentar los vicios de aqaeila 'raza peor que 
ia precedente, y prever otra todavía mas per- 
versa (1). 

Sabiendo Augusto aprovecharse de este respe- 
to á la legaiicbía para disfrazar con él su usur- 
pación, concentra en si los poderes que el pueblo 
adquirió con larjgos trabajos, y sustituye á la 
•república despótica el despotismo de la monar-- 
qnia. Asi resuelve el ^n litigio entre nobles y 
plebeyos, entre patricios y caballeros; proscri- 
niendo la aristocracia é igualando el derecho ci- 
Til, bace caer en desuso las Doce tablas é iguala 
lodos los miembros del imperio ; y por último, 
Mama á las musas para que cubran con laureles 
las cadenas impuestas á la ciudad reina; ¿ insul- 
tando al subyugado mundo le grita : Paz. 

tpoea Pero no : la paz no saldrá del Caistuoso Palatino 
-¿^ ni del cerrado templo de Jano, sino de un esta- 
Cristo Uo de Galilea. De este lagar parte la buena 
•iCoñsr noeva que proclama al Dios único, la fraternidad 
4-»3 y la igoaload de los hombres , y un reinado de 
<*• c. virtud , de verdad , de justicia, á cuya realiza- 
don se dirigirán las naciones puestas desde aquel 
momento en el justo é indefectible camino del 
progreso moral. Las conquistas de la humanidad 
se hablan limitado hasta entonces á los matrimo- 
nios legítimos , á las franquicias civiles y polí- 
ticas, y á la igualdad ante la ley , pero^^esto á 
favor tan solo de la raza dominadora. Ahora la 
tmidad de Dios enseña la unidad del género hu- 
mano , y la inocencia es impuesta como obliga- 
ción no solo en las obras sino también en el pen- 
samiento emancipado. Hasta entonces el único 
medio de alcanzar el poder y la gloria había sido 
la guerra , el único blanco de los héroes la con- 
quista; la servidumbre había sido declarada un 
hecho necesario, equitativo, natural; el esclavoes- 
taba condenado no soloá todohnaje de ignomi- 
nia, sino también al embrutecimiento intelectual 
y moral, sin afectos legítimos , sin legítima prole 

Ísin existencia religiosa. Pero Id nueva pala- 
ra de caridad aligera en esta época sus caoenas, 
mientras consigue romperlas enteramente; es 
aclamada la paz tmi versal ; quedan abolidos los 

trivilegios de nacimiento y de conauista; inspira 
orror no solo el derramamiento de sangre sino 
también la lucha; y preséntase el modelo de una 
sociedad fundada en la combinación de fuerzas 
pacificas, de nn poder enteramente espiritual 
opuesto á los arrebatos del poder armado, y de 
una fraternidad entre las naciones , en virtud de 
la cual estas, en vez de destruirse unas á otras, 
se unirán para perfeccionarse mutuamente. 

Y ¿quién produjo esta mudanzi^? un artesano 
de Galilea, i era también esta una doctrina ori- 
ginaria del Asia, que debía, no subyugar, sino 
convertir á Europa, aunar la verdad política 
con la religiosa v oponiendo á los ídolos la con- 
ciencia y á los tiranos la resignación , restaurar 

( 1 ) .£Utf iMKfttun , pejor ftvif , tnlit , 
Nos oequiores, mox daturos 
Progeniem Yltiosiorein. 

HoiAT. AL 6. 
SeoU^ieuto es este predomtaaote en los escritores de aqucUa 
cdtd. 



at género bniMBo en sa dignidad bajo na solo 
Dios. Al lado del poder de U espadase levanta 
el de las ideas, que independiente del primero, 
mantiene seguro el progreso para q|ue nó vacile 
con sus variaciones : entonces en la narración 
histórica aparece un nuevo elemento, la historia 
de la Iglesia. Esta , represáitando al poeblo, y 
admitiendo á la emancipación á todos los á¿s^ 
grarjados, á todos los que padeeen por efecto de 
la conquista ó de la fueria , no destruye de un gol- 
pe la servidumbre , las violencias legales , tas 
rapiñas gloriosas , pero opone á todas ellas una 
doctrina que las reprueba y un Dios que las 
condena. 

Pronto Nerón y Domiciano se encuentran fren* 
te á frente con Pedro c Ignacio : aquéllos arma« 
dos , señores del mundo , teniendo en su apoyo 
la legalidad, tan diversa de la justida, represen- 
tantes del mundo antiguo, gritan en los circos 
atestados de gente : A la$/ieras ¡m cruHanúi ; los 
otros, pobres , débiles, desconocidos, calumnia* 
dos, con la autoridad , la instrucción, las ceremo- 
nias y el ejemplo propagan el reinado de Dios 
y enseñan á dfar al César lo qne es del César, 
pei*o nada mas , no el culto , no el sacrificio de 
los afectos y de las convicciones. 

Aqní nosencontramos ya trasiadadosá diverso 
teatro. Aquí vemos ya la cmlizacion occidental ex- 
tendiendo sus alas para tomar mas seguro vuelo. 
Empero, los hechos exteriores impiden ó retardan 
el triunfo : la adhesión que antes se profesaba 
al Estado se concentra en los emperadores, pro- 
tegidos tanto por la religión como por la ley : en 
la serie de estos ora prevalece el Occidente con 
Trajano y Marco Aurelio, ora revive el Asia 
con Commodo y Heliogábalo : el estoicismo pro- 
cura sustraer al hombre del dominio de la natu- 
raleza bruta , pero la secta de Epicuro se resigna 
á padecimientos innobles que no turban sus re- 
finados goces y docta corrupción : la magia vie- 
ne á reanimai* las antiguas creencias; en tanto 
que una revelación que tranquil issa ai pensa- 
miento por ser de origen superior , y que robu^ 
tece las leyes porque establece un poder infali- 
ble , tiende á la universalidad de la moral y 
enseña á todos lo que importa conocer , amar, 
practicar , no solo en la sociedad , sino también 
en la conciencia individual. La traslación de la 
silla de San Pedro desde Jerusalém á Antioquia 
y desouesa Roma, da mas autoridad al Occiden- 
te, al paso que la traslación del trono imperial 
á Constantinopla vigoriza el elemento oriental; 
el lujo y la molicie enervan á los degenerados 
Césares que deponen la espada de la defensa 
para entregarse á disputas teológicas. Entretan- 
to sin embargo, la gente mas señalada por su 
inicuo proceder dicta cánones de perfecta justi- 
cia ; los emperadores para apartar de s( el obs- 
táculo que fes. opone la nobleza , se esfuerzan en 
Ereseutar las razones de la común naturaleza 
umana , favoreciendo la emancipación , el pecu- 
lio de los hijos de familia , las últimas volunta- 
des, ampliando los efectos y restringiendo las 
solemnidades de la manumisión y extendien- 
do el derecho de ciudadanía; hasta que en tiem- 
po de Constantino vence por completo la equidad 
desechándose las fórmulas, último reato del gi- 



VU. 
i'.tiio 



gante» jr e^tt^ndiéiiéilleí la emaieí^aéion de^ lab 
provijM^iaS' al nuüdo. 

Roioa se ensañaba a( creer que sus áaiiilai» 
tedian aprcmo el universa : si ho pdo oin 
el silenoioso y uniforme movinAento ae ki In^ 
dia y de i» Chifta desimadas á soérevif irla ; sí 
creyó subyugadas et Asia V ei A^fricai ouandq los 
reyes de Alttáiidria y de Pálmira pasaron encade- 
nados por la Via Sacra; á io menos la embria-* 
¿uei de los triimfos y e) oteceuo tumulto de ^ 
bacaaalesBodeMePcm impedirla que oyese los 
pasosdejas pueblos del Orienley del BepeoÉiriiiii, 
impulsados los aftos por los otros y por una fuer • 
za sobrenatural para, saquear á la depredadora 
del universo. 

fin el Medíodja , los Beréberes, las Getules, v 
los Moros, Jbaoen retroceder Mcia las costas a 
los Roiuaiioe ; en Omate los Sasanidas restable- 
cen el poder de Persia , y amenaean coo renovar 
los dias de Jerjes; los Germanos encuentran otros 
Armínio^qttelos conduacan á los Alpes : los Es* 
candinavosdaniMieirteen una batalla á Yalente, 
cono los Peisas babian muerto á Juliano: las 
provincias caasadas del yugo fiscal , aceptan co- 
mo libertadores á ks eonquiatadores nuevos: 
también loe Ugoro-Fiteses y la ignorada Tarta- 
ría quieren tomar parte en los oespoios ; y bs 
hermanos de los qae combatieron el imperio 
chino vieaen á inceíadtar las ciudades del Adrián 
tico y á morir en los campos de Cbakrns. 

Ea vano traté Coastaatmo de rejuvenecer la 
monarquía : el pueblo estaba gastado por la an*^ 
ligua prospeiridad y por las nuevas desventuras. 
Etttre los hombres idmeasameate ricos v losín^ 
aumeraUes pobres., había desaparecido la dase 
meiiia, depesUariade.Ias virtudesciudadaitos v 
de la agualdad social ; las creenciaa religiosas < 
discordaban de las iottitudones civiles ; y al paso* 
que la legislación era oatólica« laadmimstradou 
se conservaba pagada, ideniificmido al Estado 
con el soberano , el cual , teaieAdo un peder Hi** 
mitado, ó con su depravación corrompía á los 

Íuebles, ó turbaba la feoon disputas cobtinaas. 
1 ejército en las guerras«i vites obediente en un^ 
piiacipio ¿kk selpiblieay sublevado después coa<^ 
(ra ellf^, y lu^gosentadoeo el' tioolo conlos Césa- 
res, aueria afora diíspoQeard6ellos;y Rema en- 
graoaecida por la fuerza « sucumbe^ también pm: 
ella:Romacoii6UtUid4solNfe la obediencia, perece 
por qoela^xi^era^LasinstittcioneB eran grandio- 
sas; pero seballafan aheg^laeondencia; yofus** 
cada esta, attiic|0eaquellas4uiaron»encontxáse 
arruinada la sociedad. Los últimos emperadores^ 
avergoioadosde lo. pasado ) temerosos del pon- 
venir f se .alurden en el presente. entre asiáticos 
deleites; su eoloaa parece, la guirnalda deqne. 
se adorna á la víctima destinada al sacrificio» y 
sunabdadacelemen Occidente iacaídadelimi^e^ 
río, mientras ijfm la. posición topográfica dejil 
en salvo per pacho iiemno todavía al deOriente. 
Consiabtiáopla ep.meaio (¡0 su Isingiiidez ller*. 
gó á tisB^ para despojar de su natural rudeza 
á los nueblos nárbaros limítrofes ; dió<á los Go^ 
dos ef alfabeto modificado por Ulfila» y el mejor 
rey en la percha de Teodorico : hizo brillar la 
luz de* la te¥(!bid entré los Rusnsy Bfllgaros, y 



xunv 

con el códi(¡;éíde Justipiaooimpidtóqnefereeiesri 
tanta práctica sabiduría romana, conservándekl 
para que inodiíJcaae las: fu turas, legislaeiones/ 

Del choque. del Oriente cen el OorideaUe y- 
con el Septentrión» del Cristianismo con elhe-^ 
leaismo y oon la barbarie , salieren malparadas . 
bis formas, pero se ganó en cuanto al fondo} 
decayeron unos pocos privilegiados , pero la hu4- 
manidad suiígió poderosa ^, y en tanto .(|ue l£| 
ciudad romana se hundía desmoronada, procla-> 
mábase la violeria do la ciiidad de Dios con uaft 
doctrina sublime aprendida sobre hs rodillas da 
la madre , con la libertad establecida sin D^^n-^ 
cienes como que se fundaba eA la nentitud del 
pensaniienlo y en la pureza de las costumbres. 

Desde aquella época se ve marchar el progreso» 
por una senda recia y lógica ^ oacariiáadQse 49l 
doctrinadel Cristianismo en las creencias, en las 
ideas , en las artes y en las costumbres. ¿Quién, 
diría que hasta las herejías sirvieron para pro^n 
pagar la civilización ? Los Maniqueos penetran, 
hasta en India , el Tibet y la China, donde oonw 
tribuyen á la aparición del último Budda y al 
establecimiento de la religión de los Lamas qM^ 
boy cuenta con tantos adoradores cómo el cris*^ 
tianismo. Los Nestoríanos fundan on Edesala: 

Srimera universidad cristiana, desde la cual 
ifunden las letras sirias por la Miesoj»oUfT 
mía, Venicia v Persia , y ensenan el aso oe las 
vocales á los Árabes , veirtiendo á sn idioma las. 
obras gne^ que laGuroparecibirádes(»aes por. 
mediación de aquellas. 

Asi es como por diversa seoda vuelven á' \¡!^''^ 
emprender su carrera el Oriente y el Occidente: los 
el priÉeix) ae onerva cada vex ná^, mientras ^*l^'- 
Gonserva en depósito' la antigüedad y las tradicio*<i76-H-ii 
nes asiáticas ; y en - el segundo , los Bárbaros. ^- ^• 
destruyen el edificio de los siglos, y borran basta» 
el nombre del romano imperio. Aquella pasión, 
de independencia ane, do sufre nada fijo , nada^ 
duradero, nada obligatorio, no pedia cimenAar. 
Gonvenientetnente ninguna socieoad; por lo cual f 
puedo decirse que la misión ele los Bárbaros se; 
limitaba á destruir; pero nótese i^ue entre ellos ae* 
coilservaba ileso el ín^tinto de libertad , que en 
fiéíüfx habia sido sofocado por las institución^. 

Bárbaro era el hombre, mas no tanearrómpir 
do como entre las gentes civilizailas que hahiiaa 
abusado de todas las doctrinas y de todos los go^* 
oes; ni sa brutalidad eraian dedionrosa coahiv 
la refinada disolución de noiim. Aquellos Vtm^' 
rosos caracteres que no sabian obedecer, sabiaal- 
sin embargo sacrificarse , y consei^vaban además 
una chispa de aquel sentimiento deltonor, deíH 
conocida de la antigüedad y del cual iba en Iq. 
sucesivo á valerse el Cristianismo para formar la 
oenci^Kia é instituir laobedíencia racional. Poí 
tant» los Bárbaros regeneraban por medio da la: 
fuerza las desencaminadas poblaciones; al pasot> 
que el amor inerme las asociaba: que sí alguaa: [ 
vess aparece materialmente en la Historia úéí:-. 
dm vwibU rfr io' ^r^idn^tia , nuona ^mpea cou) 
mas^ claridad que en auodla época en<^re-«« 
duñdaron en provecho oe la humanidad inderJi^ 
bles desitfenturas^ Abábase^ sobre aquel caos de 
s^S^ y de r^jms un ea^riti» supdriqr. á Uíám 



hs irioíaitiides; y al paso qoe los Bárbaros ex-^ 
letodian sos conquistas , venían ellos misinos á 
ser conquislados para lacros, esto es para la 
civilización ; las naciones aventadas , digámoslo 
asi, por la violencia de las armas se reunían bajo 
la inflaencia de la cosa mas libre del mundo, el 
sentimiento religioso. Donde quiera queelsigno 
déla católica anidad apareció impreso, el Asia 
perdió laesperansa de prevalecer sólidamente. El 
cisma religioso pareció consolidar laseparacion del 
OrienteyOccídente. Francia, Inglaterra, España, 
Alemania, ¿ Italia fundaron nuevos Estados y san- 
ear» de las regiones septentrionales on «elemento 
desconocido del mundo asiático , la libertad per- 
sonal qne los vencidos .supieron conquistarse, 
cuando pasado apenas el tumulto de la invasión 
les fue dado mirar cara á cara ¿ sus vencedores. 

Con los LoQgobardos concluye aquella emigra* 
oion de los pueblos septentrionales que duraba 
por espacio de siglos, y ellos mismos empezaron 
a rechazar las hordas guerreras , oponiéndoles 
los muros de nuevas ciudades bajo látatela de la 
cruz. La civilización vencida ejerce su reacción 
sobre los vencedores civilizándolos. La conver- 
sión procedente del Mediodía marcha hacia el 
Septentrión difundiendo entre las armas ideasde 
paz de orden y caridad , y enseñoreándose del 
poder por el medio mas legítimo, la inteligencia. 

La» ventajas producidas por la invasión de los 
pueblos del Norte son visibles hasta para los mas 
cortos de vista, comparando la desoladora mono- 
tonía y el lento affoni^r del imperio de Orie»- 
te con la resucitada civilización de Europa , don* 
de lo antiguo se mezcla y encuentra en disonancia 
con lo modei^no. Aquí las gracias y los defectos de 
unasociedad de inexperta mfaocia figuran al lado 
délas ventajas de una generación adulta: losini* 
mos son ingenuos, pero los afectos profundes; 
contrahechas y hasta monstruosas las formas, 
pero graciosos los conceptos; sumisos y religio-- 
sos los corazones , mas no por eso menos fuertes 
é inflexibles los caracteres: la ignorancia anda 
confundida con la pedantería y con el talento , y 
la grosería coa las emociones tiernas. Ya vagar* 
ban en los ánimos las ideas de los tiempos pasar 
dos, pero causaban un inquieto temor como las 
inspiraciones internas que no hallan medio de 
manifestarse: de aquí provinieron aquel fondo 
de melancolía predominante, las habituales imár 

£nes de la muerte, los repetidos temores del fin 
I mundo, aquellas aublia)es locuras, aquellas 
virtudes nuevas , y los tres hechos culminantes 
de la ¿poca, á sa&er, la expiación religiosa, fai 
opresión y la resistencia, que al fin triunfó é hieo 
que el Occidente se lanzara vigoroso á la con* 
quista de la moderna civilización. 

B^ Pero el Mediodía prepara con Mahoma una 
¿ho- reacción terrible. El árabe poeta, guerrero singe- 
n>¡„ nerosidad, profeta sin milagros, ostentando eo- 
dc/ tre ruinas una religión sin mistaos , un culto 
sin sacerdocio, una moral fundada en los delei- 
tes, una misión sin mas credenciales que el 
exterminio , sacrificó mas victimas humanas que 
todas las antiguas creencias. El islamismo co^ 
mienza por una tribu, y de allí á medio siglo 
b^a sometido por la merza cuanto se ccmiprefr- 



, de entre el Tigris y el BiífratÉS , la SiriA, li 
Palestina hasta el Mediterráneo , y las- fronteras 
del Asia Menor hasta el Tauro ; poco después se 
dilata por las costas de África , y amenaza á un 
mismo tiempo la Parsia y la España , la India 
Y el imperio de Bizancio; ni dejará la cimitarra 
hasta que embotada trate en vano de darle nuevo 
temple con la civilización europea. 

Es aquella misma raza que vimos sucumbir con 
Carlagó: es la misma lucha renovada bajo el 
aspecto de dos religiones : es otra emigración, 
pero no lleva en pos de sí la libertad como la 
septentrional , ni humillará , como esta , sus ar- 
mas al encontrarse en frente de k cruz: antes 
Sr el contrario lo que desea es anonadar la Bori- 
civilización del OSccidente . y establecer el des- 
potismo en lascosas temporales y espirituales y la 
esclavitud, y la humillación de la mujer. África 

ÍAsia pierden eatonces coMito habían adquirido 
e Europa; mas por fortuna el pendan del idar- 
mismo tropieza en Oriente con ios muros de Cons- 
tantinopla y en el Ocoideile oon la francisca (I) 
de Carlos Martel , y la tuona del Cid. 

Pero apaciguado el primer ímpetu, los califas 
cooperan á la civilización conservando el saber,, 
promoviendo nuevos descubrimientos entre los 
errores de un pueblo esdavo y supersticioso, y 
cultivando las artes de lo bello y de lo verda-- 
dero; asi es que la Europa debía aorender de 
aquí la gaya ciencia, el romance, la dialéc- 
tica, la química, las matemáticas y la astrono- 
mía. Por otra parte, la unidad de la creencia 
agrupa las tribus dispersas y guerreras de la 
Arabia, las cuales, penetrando en el corazón 
de Asia y África resucitan allí el comercio, dan á 
Basora, Damaaoo y el Cairo la eclipsada pros-* 
peridad de Bizancio y Alejandria; abren el tráfico 
con la China y Tomonctu ; educan á hw Malayos 
y á los habitantes de las Molucas, é imponen 
su idioma y hasta su culto á los Cafres, desper- 
tando entre los idólatras el conocimiento ae la 
pora unidad de Dios. 

Al poder oriental , personificado en los califas, ^l 
se opone el del Occidente concentrado en los pa- u 
pas. Los* eclesiásticos, ejerciendo el duplicado ^ 
sacerdocio de la religión y de la justicia civil, ^ a8 
administrando esta con solemnidad , sancio- ^ 
nándolacon premios invisibles, y. emancipán- 
dola de la mera fuen», fundaron una autcH- 
ridad inerme. Cuando un emperador intentó 
encadenar las libres creeacias, los pontífices sal- 
varon á la Italia del yugo oriental ; de sus 
contestaciones con los Longobardos salió conso- 
lidado su poder; y después para dar al mundo la 
unidad política, asi como ya le habían dado la 
religiosa , renovaron el imperio de Occidente en 
principes, que siendo libremente elegidos, re- 

Sresentaban la república cristiana. El primero 
e estos es Cario Magno , qne de ios despojos de 
veinte reinos barbijos forma una vasta m^ 
narqufa , y que Ala manera del grande Alfredo 
procura organizar sos nuevos Estados con arre- 
glo á las ideas religiosas , pacificando, restable- 
ciendo el dominio de las leyes y del pensamiento, 

(1) Hactkaae dos IQ06 indi por kMstimntdAliedRAMdia. 

Digitizedbv ftí.itíTJ 



í los tres elementos de b líberUid 
septentrional con sos carantías, de las tradición 
Bes romanas eon su aonninistracioa y llteralura, 
y de la Iglesia con sn moralidad y sa gerar»- 
gnia^T eonsolidaiMh) el terreno para edifioar so- 
£re « una nueva civilización. Aunque velada 
mr los exteriores aoontecimientos, bien se echa 
de ver esta civilización en Europa al contemplar 
como se reanudaron las tradiciones de las ciea-< 
eian v de les gobiernos, y como d antiguo espi 
rilnde invasión se fue transformando en espíritu 
de influencia moral é intelectual. 

Jb tanto que k» Árabes, cuiú tonente sus- 
pendido amenazan á cada instante con nuevas 
devastaciones, el Norte y. el Oriente envían 
eqambresde soldados que en naves de corsarios 
ó en caballos tártaros turban el perezoso sueno 
de kM socesores de Cario Magno. No tardarán 
empero ios NcMviandos en trocar las correrías 
en eonqnistas fundando reinos poderosos; los 
Madgiares son enfrenados por Otón el grande; y 
eon m Husos , Polacos y Suecos , conquistados 
|Mfa él Cristianismo, se'fonna una barrera con- 
tra el Oriente al mismo tiempo que el heroísmo 
español rechaza á los meridionales. 

Hoy que los Estados ya adultos se regulan por 
las opiniones, no es fácil comprender la natura- 
lesa de aquellos que se regían por sentimientos, 
ni el drden eompactoque entre la aparente anar*- 
qnia dominaba. Bsla unidad , necesaria para 
oponerse i las discordias intestinas y á las in- 
vasienes, se manifestaba visiblemente en la per- 
sona del emperador, suprema autoridad proteo- 
twa, féndadaenla universalidad de las creencias, 
escogida de entre sus iguales y atemperada por 
elloe, derivada de Dios y trílMitando homenaje 
á 8« vicario en la tierra. Una ciase de dominio 
estaMeodo ite este modo excluye la tiranía de 
u déspota é de una &ccion ; subordina la fór- 
mola y la letra muerta al espirito , á la ínten-* 
GÍoa y al carácter personal , y esta armooia en- 
tre el poder espiritual y el temporal ha sido asaz 
desvientajosamenle suplida con el equilibrio di- 
námioo* Greiaseel emperador destinado á defen- 
der la cristiandad con el generoso entusiasmo de 
un caballerd ; y si los pontíüces se mezclaban 
en los asuntos temporales , allí esiaba él para 
eontenerios en su deber, k su vez los pontíncfes, 
lepreaeoCando al pueblo , y siendo elegidos entr^ 
él y porél, ungían en su nombre y en el de Dios 
á ios emperadores ; vigilaban el cumpliunento 
de los pactos; daban la voz de alerta á la cris- 
tiaadad siempre «que veían la constitución vio- 
lada; no dtíahan pasar inobservada leáon alguna 
de lamoraíidadóde ia)usticta: y amenazaban á 
los criminales obstinados, de cualquiera condi- 
ción qim fuesen , con separarlos de la comunión 
de los fieles^ pena moraí , cuya fuerza demuestra 
que expresaba el público voto de la Justicia. 

Síemlo empero el vicio capital de h edad me- 
dia Ueiwio todo al eiceso^ á lo absoluto , aquí 
también la mutua tutela dinero en arrogancia 
y ea tiranía ; y roto el equilibrio , se llegó a com- 
batir coa los anatemas y las espadas. Largas con-* 
sidersdones m^ecerian estas disidencias , que 
retacdanm el progreso de la civilización cristia- 
na, ameoaaapdo j$slocar la unidad , pero de las 



cuales surgió la constitución política de ALlem 
nia , Francia é Inglaterra. 

I ky de lacivilizaeion, si división semejante bi 
biese sobrevenido cuando el islamismo con el ai 
dor. de una fanática juventud desde España y Sir 
amenazaba á Europa! Pero la autoridad que v 
laba por la dviUzacion del Occidente levantó 1 
voz á la vista del peligro : de todas partes ooi 
rieron presurosos denodados caballetes y devot 
peregrinos, y la Europa (valiéndonos de I 
expresiones de Ana Comneno) pareció que arra 
cada de sos raices se precipitaba sobre el Asi 
A la grande unidad cristiana debe atribuirse tai 
bien el que tantos pueblos se movieran como t 
solo hombre, no cooociendo mas razón que la e 
presada en su grito de guerra: Dios lo ¿nUre. I 
imaginación queda absorta al contemplar el h 
róíoo entusiasmo , la profundidad de senlimie 
Co , la milagrosa^ lozanía de voluntad, si bi< 
desprovista de calina y de prudencia, que acoo 
pañaron á aquella gran reacción del Occiden 
contra el Oriente , que con mas ó menos ard 

V desinterés continuó hasta la toma de Roda 
faciéndose permanente y organizándose en ti 
pasde guerreros religiosos, consagrados á libe 
tar la España, defender ú Europa del Asia 
conquistar el Septentrión. 

' En medio de aquel movimiento , los ánim 
guerreros de Occidenle aspiraron á objetos m 
sublimes : viendo la Europa lacivilizaeion mr. 
y mahometana, perfeccionó la suya: elfeud 
lismo, aue ya había producido* buen fruto d 
volviendo la. población á las campiñas^ desarr 
liando en el aislamiento loa afectos doméstic( 
honrando á la mujer, y devolviendo al individí 
el sentimiento de personalidad , tan débil ent 
los antiguos Griegos y Romanos , comenzó á fl 
quear cuando los proletarios se a^^raparon en U 
lio de los opulentos barones, viviendoconelloi 
aprendiendo á obedecer. Muchos de estos emp 
ñaron sus feudos, otros los dejaron vacantes m 
riendo en ultramar y dando de esie modo prepoi 
derancia ala autoridad réeia, óálosmunieipios 
la plebe compartió sus trabajos, peligros , y afe< 
con sus señores , ó permaneciendo en su pati 
cobró bríos en la ausencia de estos, y miró con € 
vídiosa emulación las repúblicas uarítimas q 
habían extendido el comercio hasta las mas ríe 
•comarcas del Asia. 

Antes de criticar.^clero , fijemos la atenci 
en loque era la plebe de entonces, madre ( 
pueblo aaoal. Antes de vilipendiar ala edad n 
día , preciso es borrar de sus fastos á Cario Ma 
no y Alfredo, Gregorio Magno y San Luis, 1 
tebán de Hungría v Otón el Grande, Godofre 

Y Federico 11, Santo Tomás y Rogeno Baco 
Quien se burie del frenesí religioso de las cr 
zadas, no se lamente al ver que todavía ond 
sobre el harem y sobre los mercados human 
el pendón de la media luna en la mas hermo 
ciudad del universo. 

La Europa, en la empresa délas cniaadas, a 
como la Grecia en la guerra de Troya, w con 

Ereadió á sí misma, conodé todo su v^r , y i 
mti con pasos agigantados bácia el porveni 



xkxvt 

En te sucesivo la c^ifittkkBdad tendrá Mia en polití- 

ca un tí tulo que oponer á los que sé niegan á mar* 

. char con nosotros por la senda de la civilización. 

-El imperii orientai plagado-de eunucos , oor- 

' lesanas y sofistas decae tanto , que los mismos 
Griegos, ^^repudiando so nombre , se llaman Ro- 
maftos. Eclipsas^ el primitivo esplendor del oali- 
faáodesdequetosarranqaesdel entusiasmo árabe 
se adormecen en la voluptuosa molicie de Bag- 
dad) y la espadado Ámrú cae de la mano de los 
afeminados imanes y de los suplicantes moUahs. 
Por el contrarío ei imperio d« Oicoidente pa- 
sando de Francra á Alemania sabe á la mayor 
altura, en manos de las dinastías de Sajonia y 
SMbia mientras que la potestad pontificia (oca 
á sn apogeo poniendo límites á los desmanes 
de los poderosos, é inaugurando de este modo las 
franquicias representativas . 

Ya ha pasado el tiempo en que solo los priU'- 
cipes aparecían en la escena; ya empieca á G- 
guraír en ella el puebk». La plebe de Roma, que 
sr bien había conquistado sus derechos natura- 
les , era todavía sierva del terruño , adquiere en 
esta época la facultad de trasladarse y fijarse 
donde mas le acomode y también la ae elegir 
seior. Entre las maquinaciones, ya clandestinas, 
ya manifiestas, con qné los principes propeqden 
á convertir la primacia feudal en prerogativas 
regias y los barones á conservar la independen- 
cia y convertir el dominio político en real y par- 
ticular ; entre las discordias de los conquistado- 
res, ios vencidos levantan sn cabeza; con la 
conciencia de su propia dignidad se elevan á 
la de su pro^na grandeza; y habiendo' en aque^ 
lias discusiones, en aouellos'libros restituidos á la 
Idz, y en aquellas no Wradas memorias, apren- 
dido el nombre de Derecho, aspiran á conservar 
y recobrar leyes , umion y posesiones. Entonces 
se com|>)ica ta lucha entre el feudalismo , la Igle- 
sia, el imperio v los manicipios: por primera 
vez' desde que el mnndo existe se piensa m los 
campesinos; se da á todos capacidad política y 
maniimfisioii á los esclavos: aparece oon clari- 
dad la idea de las libertades civiles; se prepara 
la tumba á los privilegios; la cuna del pueblo. y 
la potestad regia se robustecen con la formación 
de una clase media; ^ la £uropa., que los Bár- 
barios en su inundación baUaron dividida^á lo 
ori^tal en dueños y siervos ^ nó contará en lo 
sucesivo mas que una clase, la de hombres. £n« 
tretaoto merced al .espíritu caballeresco, .bri- 
llante amalgama del carácter meridional y sep- 
tentrional , de los Sarracenos y los Normandos, 
el valor pierde su ferocidad y se hace humano y 
generoso : la resucitada jurisprudencia romana 
nestaura ei derec4io en el piuesto que le había usur- 
fOAo la violencia : una arquitectura original edi- 
fica por todas partes palacios. para el pueblo y 
catedrales para la divinidad : los idiomas, tentéis 
do que tratar de los intereses déla patria, salen 
de la ibftincía: et prorensial árve de eslabón en- 
tre las lenguas clásicas antiguas y modernas, el 

, italiano se desarrolla proceaiendo del latin vul- 
gar: el francés ffijczola-el latin con el céltico, ale- 
mán, picardo, iK)rmando y valon ; el español lo 
combina Mgmfioanienie con el árabe y el gótko^ | 
y ib este último y del esaniidinavo saipn ú tít* ' 



nian, el holandés, el fladienco, eldÉaésy el sne^ 
co; finalmente el sajón fetcmdado'poi'd neODM- 
(k) engendra el inglés moderno. Los idiomas se 
convierten en düstintivo ée te» naek»ls& y dhn^ 
diverso niatiz á la cuUnfa «taffopea Jogun su 
derivación del latin, del teutónioe é del eskyo. 
Ennnevas lenguas y oon formasrfafltásticás y. 
originales* se oyen desde en4onotís cantar la r¿- 
ligion , las emiNresas marciales y el aowr^ mion^ 
tras que d Oriente .sigue guardatido^n dbpóaito- 
la muerta erudición y los materiales escritos» ato* 
saber sacar de elhs üntc sola chisjpft; 

Entretanto las repúbttcas MiMias estieidbn 
el comercio desde el BuKinQ.haeCa ¿InAtléMioo, 
desde el golfo Arábi^ al BálKc(^^ coepevánd» vi-> 
gorosamenté á la dviheacíoii p» medio délas 
relaciones entre diversos Estados eetaUtleidas so- 
bre ei mutuo interés, la enndacien ea tar indus- 
tria y la honrada actividad. Propágale U eivíU- 
zacion á la Escandinavia , y an drden reliinoso' 
va á preparar el campo en las phivaa4d Bflticft 
á una poderosa monarquía, A oirillas dd mar y 
de los ríos se forman ligas de coiaeoeÍD , entre k» 
Alpes de la fMTecia, aiiaiBias dfa pueMofi', y en. 
Francia é Inglaterra los mercaderes y los "plebe-* 
vos consiguen ocuparlos escaños del parbmento 
al lado de los reyes y de los hanones. 

Mas la lucha entre los Güi^lfes y Gibelinos 
afloja el lazo político y religioso de los naciones. 
En vano triunfará unas veces la Ua^a looilaFda» 
y otra^ la casadeSuabia, dinastía -k mas pode^ 
rosa en la edad media : aqnellos partidos deberán 
sobrevivir hasta nuestros dias rapresentbÉdari 
uno á los que se muestran mvy ancionádesá la^ 
novedades , y el otro á los qne confian soirada- 
mente en los tiempos pasadlos. El Asia come en 
vengamía nos envía el maniqueismo y la fiosn-^ 
fía escolástica que oon la forma de Us dkputas á 
lo griego y con las embrolfodas sutilezas tarhn ia 
magostad de Platón y de los fitósoftto ocdidenta^ 
les; é intentando poner de aouerdo cliacinnatís- 
mo aristotélicocon el do^a, siembra faasemillas' 
de las herejías que desde Arnaldb de'ftwdíaibas^ 
ta iutero andan afanándose ñor sostituíir el in- 
dividuatismo á la unidad católica. 

También con las arma6 triunfe por a)gUn>lieni^ 
po el Oriente , cuando para regetievtfr á k>s<«ífe- 
minados árabes se presentan los septentrionales, 
bajan de la Bútaria los Samanidas^ de ia HircaiiiTa 
los Buidas, que restablecen el treno. de 'Persia 
y de la Arnifenia, tos Sofis ; cuando tes Túfeos- 
pasan desde el Indo al Nilo , y los Coiidos, de^ 
cendientes de losantiguos Caldeos , *dan oÁgen á 
9aladino,elhéroemasnu?odelislanri$tt]^;M9aandQ 
Jemsalém es recobrada por los Mahometanos y 
la Europa se ve amenazada por la media luna. 
Por otra parte fiengisrkan vibra sos dard<09 ho-* 
micidas desde el centro de la Tartaria sobre el 
Ganges y el Cáucasa, eí mar Amariilb y el 
Dniéper ^subyuga la Rusia, de^'nstata Polonia y 
laBongrfa; y'la cristiandad esperaleáiMándd que 
una nueva invasión venga á echar peí' tierra* 
losaddanto^ que tanto afán le han costndb.> Ali^ir- 
tunadamente la tormenta va á estalter solMre Ids 
dominios de los Sdyticidas y sobre el ctflífato' 
de Bagdad; y siGengis-kanodnviefiéf éÉn»*- 
sieittoel espacia qii« medí» enírtiél'iH*«áspio' 



y el Iaék^»;€Qiiinf)i}f6 nwtbien poii.citi» iaA> ala 
civiliucioa, reunienilo en tn pocbroso^jérici to ia£ 
iiardas que 09iitÍBaMieDte se andaban hastUi- 
amde y. conduciéndolo cootra el oomun enemigo, 
en Uiato<]iie oirás hondas. iBp$}iliBanas 8e Unen 
Mía r<)si$tírk>* Pero al asolar la Xran^xíana 
darríbii labaiirar«b4el Asia occid^tai, por donde 
Bo tai)4» T^Qorian.en fnanqneavae el paso ho- 
llando lo^iuidáireres de IpsCaresmitas. También 
el podar retino^» cuando el nielo de Geogis da 
uuerte al úmmo «alib^ píevde allí ^a unidad 
desemoponiénd^seM 4qs sectas ^eiuigas, nna 
oon los Sofiís de Per$ia> y otra eoü los futuros 
senorei^4e:GiMMtaati;uNpla. 

Enft'etmHo por ^ibeoeoer al ppnüfioe, unos 
pohraaijrailesM masfooooimíeiitos.que los ad- 
anirídosen so humüdedanatroi atraviesan países 
de C9fm numhres nadie Aiene noticia ; Uegan á 
la lieMa de campana. del emperador tártaro , y 
QMti«Íí»¥aidagos deque lo ven roideado le in- 
timan que dé4regDaa á m barbarie y se haga 
erifilino: pritieía fNÜábra de verdad que resuena 
entre ni|iieUonháriMos. Olraa personas caminan 
por la aenda^piB adabaade abrir losmisioneroa, 
peío^con düstitilaaintenoionea: Marco Piolo halla 
por la Araieiía y la Peosia el eaatino d0 Ja China 
y prepaiael alie^dd viaje.de jCristóval Coh)n. 

^^/ Inlenomaite el impet io, si luchando con la 
> a« iiara quite áreata sn caplendor , también pierde 
^^al svyo pnH)io; y si hite deapu.es del grande in- 
k lenegno vieneá parat á manos de uno de los mas 
" dignon fwraoiMfes ( ftodulfo de Uababur^o), su 
ináiNMia se cancaeta aolo á. la Alemania , y sus 
«mtimdas.con ftoqiia jio versan ya sobre la 
escoda d^láadecho, sino-sobre una política li- 
aitada. íam» BÚamoaps^s, desde Bonifacio VIH 
ohridan sn anUime nusüon polítiqi^ y la traa- 
laeia»riela Sedé:¿ Avüon marea la decadencia 
««ral éeaK pedav. El.^an cisma de Oocidente 
«■.eferveaocncia los ánimos y produoe 
é ineerfidujttbce en, la vida y en el ór- 
•Bien .se eanocen los efeclos de la 
desoñloa en :1a preponderancia que el Asia va 
Umandoj-tlna hooda de Tuitos» one dos siglos 
ante:sftittr pueata^en'mm^imieiilo desde las ori~ 
Has dal:Cfaispio, cpiitaado á los Mamelucos el 
Sgtfío; 'á'los Áffiegos ans provincias una por 
«■a, y «BMMzando.á Bixaacioc, llap al fin á 
semaiw eM^djlnono deto' ConataEluioa , snb- 
?iuafila Gwoia\ y omenaia á kt Europa. JBsta, 
naliándoaarialla detuniSad , no- hábria-podido in- 
sistir la invasión , si el clima no hubiese ener— 
vBáoiáJ»Tsrcoa]f la Proitideneia nolea hubiera 
Molp'iin Iciiaer if afaoipa. 

DaHbtohmriainda Gonstantipefla ^ sobre 

JfinfiÉa<vna íarfaaion de^miievO'^nien) : hablan- 

«OB flbaméllaiárfette doctos, qoean conten- 

táadnaé ¿n la nanla^ empresa de 'seatituir á su 

í váka • los^ ftagmBBtos ide la antigua 

^ aád^adostdal Mu&iagio de led barba*- 

iqnHraA liñaitar el uiento A los Uillados 

foarde laa>art«8 y la literatUfa ranlí^; 

€aBurta»laorígiMdidad reduciéndola .armera imi- 

ta4Mi; intyodwreü.el espiírUa del pagaiúaiao 

rde^aargumbildeian , iMsolaawitte en>loaeSf- 

wliMv'mm eÉ lá- húÉtottaf,. tais caatombrea y la 






floWfia, Tcoft los.aitraQtivos.4euna,hel)^a cqur- 
.vencíonal hacen olvidar iodo lo justo y, santo. 

Entonces la consolidación de las monárquicas, 
Ja regularizacioü de los tributos, y los ejércitos 
Dermanenles mudan la razón de los gobiernos; ' 
la política limitada basta entonces á recoger 
xlinero aprende de Fernando el Católico , de 
Luis XI y de Enriiwie Vil á extender la autori- 
dad regia sobre todo un territorio y á cada una 
de las partes de la administración: la imprenta, 
conlínua excitadora de las convicciones, asegura • 
para siempre lasconquistas del talento , mientras • 
que las armas de fue^o contribuyen á que seap 
meno^ temibles las mvasiones y correrias por • 
medio de las cuales lamerían y los. Otomanos 
babian venido á cubrir de victorias y de desola-r 
cion todo el Oriente. 

liednos llegado á los tiempos modernos : lá 
Europa es ya lo que del)e ser ; pues si los Mo- 
goles. do;nínan toaavia la Rusia , la península 
ibérica ,>abate en cambio el estandarte diel Profeta 
arrancándole de los minareie^ de Granada. 

Así escomo l2^ cívílizaciou, procediendo de I¿ns Época 
alturas 4el Asia, y sieippre avanzando, aunque ,^'- 
alguna vez al travesde los desastres, llegó por fin ^m-' 
á iiumiaar toda la JBuropa.íoniéndose entonces en "i*.!!?'' 
laovimiento en busca de nuevas naciones , rom- i. c. 
{>e las columnas de Uéicules y con Vasco de 
.Gama vuelve á acercarseá su cuna, en lanío que 
con Cristóval Colon va á plfmtai* la cruz entre 
los antípodas. Aquí se renuevan los portemos 
de las primeras conquistas asiáticas : como en 
aquellas, el vei^cedor se apodera del suelo, y para 
asegurar sp posesión extermina á los habitantes 
¡Cuan grandes son los nombres de Colon ^ Ame-- 
rico, Pizarra, Cortós, Vasco y Alburquerque, 
aventureros convertidos en héroes I Caen los im- 

teriosdeMotezumay de ios Iik^, teslíjgos ó 
erederos de los primitivos tiempos : la tené- 
fica naturaleza ofreoe un nuevo mundo , y¡ el 
hombfe lo convierte en teatro de extraordina- 
rios acontecimiantos, inaugurando una histo- 
ria de avenUiras en los descubrimientos , de san- 
guinaria codicia en las conquistas, de caridad en 
las misiones. 

£1 mériXo de Colon no tanto consiste en haber 
descubierto un nuevo mundos mercada vm íIuh 
aion.de au faa,ta$ía , cuanto en el pensamientio 
.de convertir en mariiimo el, comercio lerre5tr.e 
qoe.babia per«)anecido oaisi inalterable por toda 
Jaa»tiguefiad. En efecto, el Asia sufre entonces 
la mayor, r^volufáon en el cambio de dirección á& 
sus mereaderias; á biea conserva aun, en parte 
el eomercio interior, basta: que lo destruyen ra- 
dicalmente el deapotismo tarco, la anarquía del 
imperio persa y las devastaciones de los Afganas 
y losUaj^atasen la IndiaSepteotrio^al. EnEuropa 
el eogrand^miento de \is |>otencias marítimas' 
evita 4|iHe dependa la superioridad del número, 
como sucedía cuando las guerras se decidían con 
aok) las fuerzas de tierra: y el Occidente conquista 
ana absoliitn importancia, á la cual no llegabam 
ni con mocho los tres grandes imperios delosS<^- 
fía <m la Peraia, de los Mogolas en la Indi^, y 
de loa ChinosL 

•Eataanjacimeatvuelven ipre$pntar/^e^el cao»- 



j 



1619. 
d.C. 



IttVftl 

po de la civiUzttcioii para coHirarb en lo siicesi^ 
vo de acuerdo con los Europeos; y la América 
queda destinada á ser el anillo entre nuestra ci- 
vilización, qae siempre va ganando terreno hacía 
el Occidente, y la Orieotal qae va desarrollándo- 
se poco á poco en sentido opuesto , hasta que se 
vuelvan á encontraren elNuevo-Mundo para en- 
caminarse á una cultura mutua y fraternal. 

Época Carlos V, al mismo tiempo que se completa 
Y^ el descubrimiento de la América, intenta hacer 
Rerorma revivir el pensamiento de un imperio cristiano, 
isoo.- y lleva la cruz á desterrar la barbarie de las 
playas africanas. Aun quedan en la nueva edad 
fas huellas de la edad media : el municipio, 
los señoríos , el rey y los gefes de partidas, res- 
piran la antigua atmósfera : la Italia , combi- 
nando en las bellas artes y la literatura la fecun- 
didad nacional con la imitación de lo antiguo, 
produce otro de los célebres siglos de oro , y la 
palabra virtud, que entre los primeros Romanos 
era sinónimo de valor, es en esta época la expre- 
sión que signiñcael mérito en las arles de recreo. 
Pero , la muerte de Carlos el Temerario , la 
lucha entre Francia y Austria « el saqueo de Ro- 
ma por los católicos, y Francisco I, último de 
los cabañeros que en Pavia pierde todo mmoi el 
honor, anuncian una era de positivismo , de cál- 
culo, de razón y de protesta. 
Mal se encubre la corrupción profunda con el 
' esplendor de las artes y de las conquistas. La 
Italia éigue pintando y cantando mientras está 
'á punto de perder su independencia , como los 
habitantes de Pompeya coman al teatro momen- 
tos antes de sepultarse la ciudad: la depravación 
Emelra en el santuario, en los gabinetes y en las 
milías : la idolatría resuena en el canto de los 
poetas y en el estudio de los artistas, y la cor- 
rupción halla también cabida en el poder espi- 
ritual , que al perder el conocimienlo de sus 
deberes, pierde igualmente la confianza de las 
naciones. ¡Qué magnífica empresa para ud* refor- 
mador que hubiese sido capaz de volver á traer 
al terreno de la verdad y de la luz las ideas 
prácticas tan enmarañadas , y desenredar las 
mtríncadas relaciones eclesiás'ticas y seculares, 
políticas V religiosas! Pero Lutero sin tener 
todas las altas cualidades que se requieren en un 
reformador , se lanza á la aventura á provocar 
una revolución. Desde entonces queda irrepara- 
blemente rota la unidad de las ideas : el protes- 
tantismo no influye solameqte en el dogma y 
la disciplina sino que se insinúa , ya descu- 
biertamente , ya con perfidia, por todas partes, 
germinando en las letras , en el Estado , en Tas 
costumbres, en la filosofía y en la ciencia , y de- 
jando en herencia al porvenir esta división , que 
; todavía malquista á los hombres poniéndolos en 
• los opuestos bandos del egoísmo, y de la univer-^ 
salídad , de la conservación y del progres» , de 
' la discordia y de la armonía y que no cesará 
' hasta que una inmensa efusión de doctrína em- 
jpuje de nuevo á la sociedad hacia la vefdadera 
fuente de . la luz y de la paz 

Demasiado conocidas son las miserias de aque- 
lla pomposa barbaríe cuando el fanatismo v la 
intolerancia subvierten no menos los rdlnos 



(|ue hs teml^, eúmOoh kiáfiMdNNi, Cal- 
vino y Enrique VIH sé dan prisa á á eneeii- 
der hogueras y erigir cadalsos. Enlonees las ar- 
tes ven enturbiadas las fuentes mas paras de 
lo bello: la literatura se convierte en polémim; 
bástala verdadera ciaicía queda reprimida por 
temor de los excesos: una mem de las mas tar- 
cas V homicidas devasta el corazón de Europa; t 
la Alemania , el Estado mas floneciente de la 
edad media , se ve coBdneida irreparaMemenie 
hacia su ruina por la estrella de Waldatem j loe 
cañones de Gustavo Adolfo. Desángr^ifle loe 
pueblos bnseando lejanos dominios ; y las son-- 
luosas miserias espanoias. insinuáñdíose en la 
literatura y en la vida de los ItaliaiiM, tea it)- 
signan á perder an independencia ooaade itm 
demás pueblos la conquistan. 
El concilio de TroHo no reslableoB la widad, 

Kro fija la teología , y ciem la historia «xterier 
la iglesia. Tampoco )a paz de Westftf ia re- 
concilia los ánimos, pero pone fin á Ja guemt de 
los Treinta anos y se convierte en ley fandameo- 
tal de la Alemania, qne oonseniejttateeDftstiUH- 
cion viene á ser el eje de la politíqa earopea. Es- 
te es el primer modelo en grande del sisteoia 
de equilibrio, que por medio de áKaszas poUtí^ 
cas , contrapesos materiales y aHifioiasas tnuü- 
sacciones hace caminar á la Europa entre el er- 
ror y la verdad : sistema por el «ual los EMados 
mas poderosos garantizan á los débiles, me á 
pesar de su inferioridad llegan á eowderarae 
Iguales é independientes. Desde este ponto que- 
da arreglado todo por los gabinetes: lalredáoese 
la tranquilidad en la locha: lagneriraseconvíeite 
en ciencia, y se crea la díplomaiM. El gobier- 
no niooárquico, general ya en fioropa,: ianñde 
el violento choque de las láceme» eoao Allá €n 
oíros tiemoos: la Inglaterra completa so con»- 
tilucion; los papas, convertidos en poteslades 
seculares, no dirigen sino qoa siguen éloiovi^ 
miento universal; y finaloienle el Aostría se re- 
viste del carácter pacífico y conservador que wir 
lo general ha conservado en lo sueesívo. HaSk 
la guerra contribuye á desarrollar <d peasa- 
mienlo desde que la autoridad cede su poest» á 
la discusión: con Lope de Vega, Camoeasi Shaka- 
peare, Miltoo y el Tassosevelalit^ratamagíla- 
da de modernas pasiones : peso, ao olvidemos 
que Galilea y Descartes fueron csÉóboos^ y mo 
los reformistas no tieieo on oonüm qoe opo- 
ner , no diremos al de Migiiel Junga éiBabd, 
pero ni al4e Bossoet, Fenelon i Coadé. 
**, • * 
Dos veces intenu el Asia traer sii media lona 
al corazón de Europa ^ pero mientras Jas priaoí- 
pes crisjtiaaos permaoecea coal ociosos espeo- 
tadores, contentándose oon sentirse corodoo dd 
entusiasmo religioso, la Prionia y VeaMík sal-* 
van de nna nueva irrupción de barimáe fc 
los paises oue están destinados á éeuehüAoB 
algún dia. El mismo Xurco , \miáo ea Lséaato 
con un golpe que presagia el de Navorino, m^ 
tra en el sistema poKtico de Europa. Mas ya no 
se trata en esta parte del mvmo de «ommies 
esfuerzos para asegurar la independtticía , d im- 
oedir el desmoronamiento del orden ú del saber* 
dejándose llevar los Istodos de la sngesúsá éoí 



se obMpMi MÉm U con eividioaoA 
0}Ó6, dispuestos á p(ner de Boevo en sa fiel la 
tNÜanza opando qaiera que la vean indinarse báb- 
cia algpn lado. 

Habíase engrandecido en la anterior ¿poca el 
Aoslria hasta ci punto deisfundir temores de 
aspirará la sotnrania imiversaL La reforn» y 
bs revolnciiHies se lo impidieron, cuando m 
af|oi que la Francia se pone al frente de bs nar* 
cianes continentales, asi que Luis XIV sobe 
al trono* La revocación del edicto de Nantés 
amenaata descomponer la paz de Westfalia; pero 
sus resaltados no son conocidos sino en Francia, 
cuyos ciudadanos perseguidos pasan á ser útiles á 
la Holandaone desde el Zuidersee se arroúi, co- 
mo n^gpdadora y guerrera, á quitar á los Portu- 
gueses las posesiones del África y de la India. 

De esta manera van realizándose tranqáila^^ 
mente las ideas del siglo anterior : álamatamn 
suceden los par4idos , á la acción la doctrina, 
i la guerra la discusión , al genio et talento , y 
á los venérales los ministros omnipotentes; De 
aqui el aumento de los ejércitos, las embajadas 

Sermaoentes, la reciproca descoofiansa, el eslur 
io de los medios de engañarse y el nredwñinio 
de los nofiOGÍos de Hacienda sobre todos loa del 
Estado, los barones desdenden hasta eonver^ 
tirse en ^entilesk-hombres y cortesanos; pero ya 
en cambio el pueblo , los lunnbres instruidos, y 
los traficantes tienen la vista fija sobre lo que 
pasa en las cóftes, examinan los presupuestos, y 
extienden el <^omercio : empiesan las doctrí'^ 
oes á ser causa de gravísimas mudanzas y Col- 
bert y Jansenio conmueven la Europa como Vi^ 
liara y Eugenio. £1 maravilloso incpemealo que 
alcanza un pueblo por la viUídel comercio ma- 
rítimo y de las manufacturas es- causa de que 
los gobiernos quieran dirigir y arreglar un mo- 
vimiento qae para engrandecerse no necesita 
tnas que carecer, de trabas : introdúcense fá- 
bricas privilegiadas , aranceles y prohibiciones 
de entrada y, salida: se intenta hacer de modo 
que cada nación se baste á sí misma, es decir, 
que para favorecer el comercio no venda ni 
compre. De aqui se originan zelos que jpa^ 
fan en guerras, con el único ofajelo de des- 
truir la prosperidad mercantil de los rivales. 

Entretanto la Inglaterra, convertida en coloso 
eolre el tumulto de sangrientas escenas , baca 
preponderar su voluntad sobre las naciones del 
continente hasta et punto de erigirse en arbitra. 
Pero otra misión mas noble tiene que.desempeñar 
con sus colonia^ abriendo h la Europa las puertas 
de la India y de la China. Mientras los misione- 
ros prosiguen sus pacificas expediciones , una 
sociedad mercantil conauista mas territorios que 
Alejandro: Smilh, Huason , y Baftin continúan 
la empresa de Colon : otro Nuevo-Hundo apa- 
rece ante, las naves de los Holandeses, resto 
Juizá de uno mas anti^o, ó acaso destinado ái 
ilatarse en un vastísimo continente , donde la 
civilización vendrá á trasladar sus tiendas. 

Mas que coi\ las conquistas de Luis se ilustra 
la Francia con el esplendor con que surge su 
literatura, evitando los defectos de la edad me- 
dia, la oscuridad y la confusión escolástica en las 
obras del raciocinio , lo fantástico en las de ima- 



fiiiMMXMi, y la incorrección en todas. I^ero ¿será 
Bastante para asegurarse el predominio sobre el 
porvenir , el haber evitodo los defectos , procu- 
rando al mismo tiempo dar el mas gracioso con- 
torno á la forma externa? Muchos títulos tiene 
para esperarlo nn idioma que se ha convertido 
en vehículo de la inteligencia entre las diversas 
naciones , y que está cercano á cumplir el voto 
del idioma universal que Roma intentó llevar á 
caboconellatin. 

Un hecho de los mas cniminantes para la ci- 
vilización europea son las conquistas de la Rusias 
la cual después de haber sacudido el yugo del Mo^ 
^ol , y de haberse hecho dueño de los tlosacos de la 
Ucrania y del Dniéper, se emancipa de la juris- 
dicción del patriarca griego, dependiente del sul- 
tán, mas no ipcf eso se une con el imperio ni con 
Roma , y la cristiandad oye con admiración míe 
el czar, en la paz de Nipsehú ba fijado los 
limites entre su imperio y el de la China. Final- 
mente, habiendo venido á parar la Rusia á n)a^ 
nos de un rey que tiene la obstinación de los 
inovadores, adopta un progreso de positiva uti- 
lidad y entra en la familia occidental con el des- 
tino de consumar el triunfo de esta sobre las ra- 
zas asiáticas. 

La paz de Utrecht pone limites al temido en- 
grandecimiento de Francia , asi como la* de Oli-- 
va (4660) babia fijado los confines de los Estados 
del Norte; mas no por eso se apaciguan las 
sediciosas contestaciones de una política que se 
ha hecho mercantil y militar. Éstos dos ca- 
racteres aparecen principalmente en la Rusia al 
conrenirse con los protestantes para contrastar 
el poder del emperador, y en Inglaterra que 
marcha á la cab¿a de Europa, mientras extien- 
de su dominio desde la India al Pera ; prueba 
evidente de aue no es la situación lo que da el 
poder, sino el valor y el ingenio.» Entonces-crece 
la importancia de las posesiones marítimas hasta 
el punto de alterar las relaciones entre los euro- 

Eos , de manera que en Sajonia llega á cota- 
tirse por el dommio del Canadá. 
^ Dejemos que inertes esperen la aparición de 
la luz las monarquías qué se descomponen en- 
tre favoritos , cortesanos y confesores ; dejemos 
que la Puerta, después de la paz de Pasaro- 
vitz (1718) combata por subsistir y no por con- 

Juistar : no nos cuidemos de la confusa mezda 
e paces , guerras é intrigab* de gabinete que se 
cruzan para que un padre pueda hacer heredita- 
rios sus Estados , una madre colocar todas sus 
hijas en él trono , un ministró consolidar, su 
influencia; causas sin embargo suficientes para 
alterar de todo punto la tranquilidad de los pucr 
bles , para* que estos derramen su oro y su san- 
gre sm adquirir una mejora positiva , sin que 
tal vez ni aun §us caudillos puedan conquistar 
un palmo mas de terreno, ni un átomo mas de 
autoridad ó de poder. Volvamos la vista á la 
Rusia que para salir de entre sus pantanos y 
barbarie influye con preponderancia en los asun- 
tos del Norte. Sus escuadras del Báltico surcan 
el Mediterráneo y siguen á las turcas hasta el 
Euxiuo ; Catalina proclamada legisladora de los 
mares , quiere erigirse en legisladora de la <inh 



EMca 
xvn. 

El siglo 
décimo 
octavo. 
4T<3.- 

1789. 

d.C. 



pi^r y iM>4isiimito «i dc^seo 4e (eoear las Mm ^ 
^u pais poíT <el dima eQ(^9iador del fielosponio. 
£ata •efuperairiz , manda reconocer las ignoradas 
regiones ínteriares de su imperio, desde el Ar- 
chipiélago del Norte ha$ia laPersia, desde «el 
iCá,ii^sa«Q hasta el Japón , en tanto- que iBehring 
descubr^.el N. O. de la América, Aüson da la 
^u^Jta alrededor del m«uido, Cook se aproxi- 
ma, al polo austral, Danberger penetra en. el 
corazón de África , y los companeros de Man- 
¡i^im y Laoondamine levantando pirámides 
astronómicas en el polo y bajo el ecAiador, íijan 
al palidecer los signos de la posesión que toma la 
Europa del medido recinto.de la tierra. 

Hasta el mundo oriental queda ^vuelto CA 
el torbellino del nuestro ; el imnerío de los Bir*- 
majiQs no.deüende su inmoY¡líaad,.y la subor- 
bia de Beiíg^la sufre álos^ ingleses ó como ámr*- 
nos , ó como enemigos; J^lamelucos, Wal^itas, 
Afganes y Kiúi-Kan conmueven eliügipto, la Ara^ 
bia, la India y la Persia, que se veaobligadas ¿ 
jecibír leyes *impuestdí¿ por la fuenea , al misoH) 
tíen^po que en Europa cediendo a las reclamar- 
cioues de universal reforma , conceden ;ne!)ora^ 
parciales. José II, Leopoldo de loscana, Car^ 
los líl de Ñapóles , Catalina y Federico 11; y asi 
llega áhacersetaninevitable el movimiento, que 
el gran Lama baja del Tibetá vi^it^r al empe- 
dor de la China. 

, Siglp cultísimo es este en doctrinas materia- 
les ,, pero ignorante de la unidad, que salp^el tan 
lento puede dar, y en laque estriba sin embargo 
todo el verdadero podea* social. Los conocimien- 
;tos cientiticoscreciendo y propagándose ahoyen^ 
Un la ignorancia: las *^legisiaciones anuíanlos 

f)rocfisos de hecliioeria y las formas alioces de 
os procedimientos; los restos del feudalismo 
van poco á poico desapareciendo; establécese 
,1a economía publica sobre el egoísmo qu^e todo 
lo quiere prever y sobre la lii)re competencia; y 
el comercio, así como antes habia combatido el 
sistema feudal , lucha ya ventajosamente con- 
tra los privilegios coloniales y los iideieomisos. 
Los mismos soberanos ambicionan el titulo de 
Jlósolos, y dedicándose también por su parte á 
abolir todo lo antiguo , extinguen cieria orden 
^poderosa y temida, al paso que la escuela de los 
Economistas, la £ndc(op(¿ia , y la constitución 
inglesa son objeto de ios discur3Q$ de todos los 
pueblos^ 

Pero la ciencia enorgulleciéndose vuelve á los 
.^rrorfs del Oriente»., impugna cuanto bay de su- 
prior en la hnman^', conciencia, somete las ideas 
,á las sensaciones, la fe á la naturaleza, la psi- 
(Cológia á la zoología , la justicia á la utilidaQ» y 
a.|ácostufnbrela reflexión. Unos suspiran por 
la i¡l)ertad de los Iroqueses, mientras otros en^ 
comían la inmutable regularidad de la China: so% 
piedades secretas con misterios' á la oriental, di- 
rigidas por manos poderosas , falsean la opinión 
nutriéndola de mentidas espei^aozas; los descu- 
brimientos ¡d^dicbados ! se lanzan á la arena 
j^anUra Dío^, interrogándolo sobre sus misterios 
«conel mismo desenfado con que se hacen cargos 
á \(^ principes por sus usurpaciones; los iilosons- 
tais DTc^^naienao reformarlo todo, denigran cuan- 
to! dpu^lo venera y cree,^ aspiran al dictado 



de (ilijió«ffopfli>7 ^wttíM tnmf»áñ «npeam e& 
déitostcar que los hoÉibns -no BOU: 8ind memas 
perfectos engañadas poptla iHosoTiaf y para <|«ie- 
nes el error es un elemento socialifl) : «piieiieD 
impulsar >á la humanidad báoiaiei bien^ yaspiran | 
á la triste gloria-de dddarif deiteptm^de todo; 
y «MP6laito,'por8iKap«rtttel.pniÉu»piodelegiti- 
fliSdad cimentado étt la moderna Evmúa rccUie 
el priflDiergolí|ieoonlad6fnembiaoitnae.uii m" 
no eleotivo, que entenietro tiémpoel antemarai 
del. progreso mdridioñal cíMitra los átaqoes de 
la raza eslava, y porotrapartelas^okmia&aiiieri^ ^ 
canas sintiéndose ya eapacesdeigobariiGffse por 
sí misma», seinsofreocionauífV rsoeiaado de 
4a autoridad regia ofr^éen el. pnoier. ejemplo 
de una vafitatdeinicrada. La Injgikatáir&aiie tan- 
tos sacitiíkiés ha hecho .por* teleiierias en la 
est^lavitad , Gompffettde. ai; verlas Kbnes, que |ííUe- 
de sacar mas provecho la jiadtMi del «cottiercio y 
de la industria de a(}ue)laSy que* Qo-dél niono^ 
polio de una campania nievciuitil ; y se restablece 
eu el mundo el equilibrio marílimá 
• Así los Estkdos^UoidosooayStt soberanía po- 
pular se :v6n asociados en la fraleniidaii áe la 
ei viliaafiion , al Austria oob sé gofaáeine patriar- 
cal , á la Riísia/ooii^sa^aboáatisino adminislrai»* 
V» y polllico,' áiat Inglaterra libvefenaAministra- 
eion oQ^noen poUtioa, á la< Alemania jrfasolota en 
adminislraoíon yJifara en: cuanto á.Uk»sMrquía. 
Militan, pues,<eh pro- de lá oivilizaóoncristiatia la 
superioridad, del número y la del talbato; ios 
pueblos comprenden que no es la feenza ia qne 
^a. ka prepomeraiicta, srio eiiaeremeolo de la 
moralidacf y del saber, y je apreataft á comple- 
tar el gran mofvínHeQio principiadaen litrapo de 
los munhsipios f á diialar el inperiq de k den- 
oía y de Ja miUzaoion. 

' ¿Escogieron para esto el camino mas jrtsto? ¿La ^^ 
revolución acelero ó retardó la marcha? Dincil ¿ai 
es responder mientras e.^lán luchando y se en-^'^jílj 
cuentran amenazadas tas pasíbnes contemporá- a'.\ 
neas, y en visla de que dorante lAedío siglo el 
movimiento nosolo no ha Ifcgado á su objeto, sino 
que ni aun' ha sabido dirigirse á él. 

Aun están presentes en la imaginat;ion aque- 
llos memorables hechos que llenaron de asom- 
bro á nuestros padí*es, cuando et ímpetu sin 
i^ual de una nación acostumbrada á tomar por 
piloto la tormenta , derrocó todas las Institucio- 
nes. Los gobiernos sin tener presente qué no 
eran sus formas accidentales sino su propia esen- 
cia lo que se trataba de cambiar ; avezados á ob- 
servar, no á los hombres sino las cosas , proce- 
dieron con lentitud y sin armonía; apurando su 
ingenio en oponer el i^ístema de equilibrio á una 
política apasionada, que idólatra como la de la 
antipa Roma, adórate al Estado primero como 
república, luego como libertad y últimamente 
como gloria militar. En tanto la revolución , pro- 
ducto del choque de laá anteriores generaciones, 
arrasa cnanto encuentra, abate á sus propios 
caudillos apenas se detienen á respirar , y der- 
riba por último al hombre vigoroso que consir- 
guió enfrenarla por unos momentos : homlire de 
íaspasadas edades, para quien la espada era todo. 



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pero que oonodeodo sin embargo los deseos de 
la nneva generación , conducía sus huestes á la 
matanza en nombre de la paz y de la libertad del 
comercio. 

T la paz predsamente , y solo la univer- 
sal concordia podrán coronar el triunfo de la 
civilización cristiana sobre la oriental , á cuyo 
objeto se encaminan todos los sucesos, [.a Euro- 
i>a se abre las regiones de Levante , no en ca- 
lidad de pasajera como con los Argonautas , los 
snoNores de Alejandro, ó los Cruzados , sino en- 
trando como dominadora , así desde el istmo de 
Suez oomo desde el estrecho de Behring , desde 
los desfiladeros de Cabul , como desde el puerto 
de Cantón. Napoleón abre las puertas del Egip- 
to ; en las costas de África oodea el estandarte 
tricolor, y el inglés en la isla de Chusan: la 
Grecia enarbola la cniz en frente de la corva 
cimitarra : la Valaquia y la Moldavia se hacen 
europeas : la Rusia estrecha á los Musuln^anes 

for la partedel Danubio, en el Asia Menor y por 
ersia ; pasa el Balean v voluntariamente al lle- 
gar á Andrinópolis aplaza para otra ocasión el 
clamar sus garras en la presa codiciada. Asi lo 
comprende la Turquía , la cual habiendo perdido 
la oondenda de todas las formas políticas y reli- 
^osas, presenta los mismos síntomas que pade- 
ció la Europa al derrocarse el imperio romano; 
Suelve los Genizaros ; abre las puertas de los 
haremes, y busca un hilo de vida en las inslitu- 
dones europeas, ya que no le es dado recurrir 
confiada á sus principios , que son la violencia y 
el fanatismo, rero si alguna vez la raza árabe 
estuviera realmente próxima á despertar de su 
largo estopor , se convertiría en poderosa auxi- 
liar de la dvilízacion, como que fue la primera 
que reunió y puso en comunicadon al Oriente 
con el Ooddente. 

La Inglaterra va también extendiéndose cada 
vez mas en la ludia á donde envía mercancías, 
expedidoaes científicas , y guerreros. La China 
se ve acosada ai Sor por los Ingleses y al Norte 
p(H* los Cosacos, vanguardia de la Rusia : expló- 
ranla y la combaten por el Océano las flotas bri- 
tánicas y americanas y por la parte de Méjico y 
Filipinas los Española, que al fin toman parte 
en el movimiento universal. Los salvajes de Amé- 
rica van cediendo nuevos terrenos á los ahorre- 
ddos sembradcrei ie semillas pequeñas. La civili- 
zación cristiana resumiendo en si misma todas 
las deo^s, se mezcla al fin en la India con aque- 
llayde lá cual se derivan todas. No se trata ya en 
los gabinetes europeos solo de Alejandría ó de 
Constantinopla, ano de Bombay, de Pekín y de 
Sandwich. Las carreteras allanan los montes; 
el vapor quita á los vientos el arbitrio de los 
mares para reunir los pueblos conquistados por 
la espada y educados por la religión , guiados por 
las leyes, iluminados por la inteligenda , y que 
aspiran, no ya á la unidad europea, sino á la del 
universo. Hermanados en esa época feliz los pue- 
blos , dándose la mano las hasta ahora desa- 
cordes fuerzas de la razón , de la imaginación y 
de la voluntad , los elementos de la raza oriental 
y occidental se combinarán en provecho común; 
y los oonodmientos de un pueblo serán los de 
todos ellos. La indostria se asedará para sacar 

TOMO I. 



ZLI 

el meior partido posible de cada pais, y la so^ 
cfedad se organizará dé modo que los placeres 
de la vida y los bienes de la cienda sean equita- 
tivamente repartidos; que el poder ejerza su 
acción de la manera mas conforme con la volun- 
tad de Dios , y que esté siempre acorde con la 
voluntad de los que obedecen : y entonces será 
cuando la ley de amor y de universal fraternidad 
llegue á su complemento. 

¿ Llegará alguna vez el humano linaje á tan- 
ta felicidad? A ella aspira por lo menos, v todo 
hombre y toda generación va depositando una 
piedra para el edificio. 

Rápidamente hemos trazado el viaje en el 
cual nos preparamos para acompañar á la bu- 1^^^^^ 
manidad . No es esta igualmente conocida é inte- hístóri- 
resante en todos los puntos , pues acaece con las ^- 
naciones lo que con los hombres, que cumpliendo 
cada cual su misión en la tierra, dejan gratas ó 
dolorosas memorias en pos de sí ; pero á pocos 
es dado trasmitir su nombre, no siendo que 
acaso aparezca escrito en la lápida de la tu moa. 
Los hombres que no dejan vestigios de su exis- 
tencia se suceden , pero no se continúan , es de- 
cir, carecen de historia, aunque no carezcan de 
recuerdos. La Polinesia y América, si se ex- 
ceptúan algunas aisladas tradiciones acerca de 
Méjico y el Perú , y algunos monumentos admi- 
rados sin ser comprendidos, no tienen antigüe- 
dad; y edificaría sobre arena quien intentase 
estabitícer conjeturas que acaso el dia de mafia- 
na-disipará algún nuevo descubrimiento. En Áfri- 
ca, el Egipto y la costa septentrional se enlazan 
con el progreso común. Todo lo demás importa 
para la navegación , para el comercio , para las 
colonias y para la historia natural ; pero no para 
la de la inteligencia ni para la educación moral del 
hombre. Respecto déla raza negra la Historia no 
alcanza sino á lamentar sus padecimientos; ni 
le es dado mas que compadecer la estúpida infe- 
licidad del Samoyedo ó del Siberiano, de cuya 
vida es único consuelo la esperanza de hallar 
después de su muerte mas abundante cacería de 
renos. Lo restante del Asía septentríonalnohasído 
conocido sino desde que forma parte del imperio 
de Rusia, v la humanidad se acuerda de la Tar- 
taria meridional y del Norte de la China, solo 
cuando vomitan sus hordas para desolarla. Así 
como nos son descouoddas las tres sétimas par- 
les deja superficie de la luna, mostrándosenos 
solo una parte de ella y á intervalos , merced á 
los movimientos de libración , del mismo modo 
carecemos de noticias sobre una gran parte del 
género humano. 

Pero mientras naciones, que carecen de ansk 
les, de literatura y de reladones externas pere- 
cieron del todo , otras nos han referido sus ade- 
lantos y sus retrocesos, y dejaron en pos de sí 
un surco de luz ; por lo cual tienen deredio, sino 
á la admiradon, por lo menos á la atención. 
Ciudades pequeñas como Corínto, ó Ausburgo 
alcanzaron mas poder é influencia , que algunos 
vastos imperios ; y los cien mil Venecianos que 
se resistieron á la liga de Cambray atraen é ins- 
truyen con su ejemplo» mas que los doscientos 
millones de almas que en la China trabajan, pro- 

3 ^ 



XL1I 

crean y obedecen. Pero no por eso la Historia ' 
debe tratar de todos los acontecimientos de estas 
ciudades; y un hecho acerca del cual el histo- 
riador particular puede haberse extendido en 
largas indagaciones, no merecerá siquiera men- 
ción en una historia general. Esta en cambio 
educará el ánimo acompañando á los grandes 
pueblos desde la cuna á la tumba y contemplando 
como se suceden con diversa fortuna: este para 
difundir la civilización , aquel para cooservarla 
integra, el uno para retardarla ó destruirla 
parcialmente, el otro para perfeccioaar las artes, 
cual para llevar el comercio hasta los postreros 
confines déla tierra, cual para conservar los mo- 
delosmasexquisitosdelo nello, cual para comu- 
nicarnos la forma mas insigue de la razón escri- 
ta; y todos juntos para cooperar al aumento del 
saber y de la moral. Brillante espectáculo en 
que aparece cada generación llevando su tribu- 
to á la obra común; de aquí el sentimiento de 
gratitud que nos li^a á nuestros abuelos y á 
nuestros nietos, considerando, á ejemplo de Pas- 
cal, la sucesión de los hombres, como una sola 
persona que subsiste y aprende continuamente. 
La antigüedad respira una juventud eterna en 
aquellos hombres de carácter grande y comple- 
to aue á un mismo tiempo descollaban como ciu- 
dadanos , estadistas , literatos y capitanes ; en la 
variedad de sus sistemas políticos, y en fe origi- 
nalidad que conservaron los pueblos , formándo- 
se cada uno de por sí antes de enlrar en la gran 
combinación universal. Por el contrario, los Es- 
tados de la Europa moderna, excepto uno , pre- 
sentan mas uniformidad de instituciones , reli- 
gión, costumbres , y cultura; pero el estudio de 
su política y economía es necesario para conocer 
el progreso ó los puntos de descanso de la hu- 
manidad. Algunas veces el interés proviene del 
modo con que los hechos nos han sido trasmiti- 
dos. Si Tucidides (no hablemos de las bellezas de 
su estilo) nos describe uiia guerra con profundo 
conocimiento del corazón humauo, de la vida 
pública , ó de los secretos resortes políticos , de- 
searíamos detenernos en él para acostumbrar- 
nos á sus reflexiones. KI estilo sombrío de 
Tácito nos hace meditar en los tiempos en que 
Romapareciahaber llegadoásu mayor altura, en 
tanto que sus vicios y crímenes la tenían suspen- 
dida sobre el abismo ; y la sagaz penetración de 
Maquiavelo nos induce á mirar con interés la 
parcialidad de dos pequeñas facciones en una 
ciudad de escasa importancia. 

Enci- ^^^^ ^* '^ ambición , ó la razón de Estado, 
cíopedia ni la guerra , grandioso desarrollo de la humana 
Hitmíia f^^í^si» ^^ la paz, suprema aspiración de los go- 
biernos, deben llamar exclusivamente la atención 
de la Historia. Demasiado parcial seria esta sí no 
considerase mas que los actos del hombre y no sus 
sentimienlos y raciocinios ; sí entre los aconteci- 
mientos no tratase de inquirir la idea de lo útil, 
de lo justo, de lo bello, de lo cierto y de lo santo; 
esto es, la industria , las leyes, las bellas artes, 
la filosofía y la religión, elementos todos con los 
cuales se engrandece la humanidad. Porque no 
siempre las mejoras materiales caminan al compás 
de las intelectuales ó morales : puede la causa 



mas santa ser derrotada ; y la espada ai termi- 
nar la existencia política de la Grecia y de la Ita- 
lia, no ha exterminado sus frutos; por lo cual 
la Historia, poniendo á la vista la herencia que 
dejaron á las sucesivas generaciones, debe ento- 
nar un himno sobre sus ruinas. ¥ supuesto que 
en los continuos esfuerzos del espíritu para en- 
sanchar los límites de la materia, todo debe pro- 
pender á dilatar la inteligencia en el campo de la 
variedad, conduciéndola á un centro común, 
conviene que el que tome á su cargo la tarea de 
escribir la historia del hombre adquiera conoci- 
miento del orden general del saber humano, y lo 
refiera á un elevado objeto. En efecto, ¿aué valen 
las ciencias que no se refieren al bien del hom- 
bre? ¿qué vale el hombre cuando no se refiere 
áDíos? 

Debe pues , remontarse el historiador al orí- 
gen de los conocimientos y de las instituciones 
civiles y religiosas, no con arreglo á sísienaas 
abstractos, sino dilucidando y meditando los he- 
chos ; de donde aparece que el hombre , en el 
orden de los seres , no seria cuando mas sino el 
primero , ó acaso el mas salvaje y desventurado 
de los animales, si el Criador no'le hubiese con- 
cedido de^e el principio la facultad de dirigir una 
mirada á su esencia , enalteciendo su conciencia 
hasta ponerlo en relación con el mundo invisi- 
ble , y haciéndole ver por término de su carrera 
una eterniíbid de premios ó de castigos. Apar- 
tándose de esla primera revelación , y descen- 
diendo desde el culto de las ideas hasta la idola- 
tría de la materia , tradujo amella verdad con 
formas ó signos mas ó menos nobles , mas ó me- 
nos significativos; y (te- aquí nacieron las varias 
religiones, que en vano otros pretenden deducir 
del progresivo desarrollo de la razón. 

£1 historiador acepta el misterio , comparable 
al sol que deslumhra á quien fija en él la vista, 
y que sin embargo esparce su claridad sobre to- 
dos lus objetos. Contemplando á los rayos de 
aquella luz la mitología de los pueblos , vé en la 
India confundido á Dios. con el universo, divini- 
zada en Grecia la naturaleza sensible, la espi- 
ritual en Egipto con la magia , en Roma la patria; 
y en todas partes observa IsC^ religiones, alteran- 
do un fondo de verdad según el genio de cada 
pais, y con arreglo á la organización y al as— 
pecto, bajó el cual lacreacionse presentaá susojos. 

En la industria encuentra también el historia- 
dor la medida del bienestar de los mas; de las 
leyes deduce el grado de civilización ; puede des- 
deñar alguna prueba inútil y añadir por su par- 
le algo que contribuya á producir un estado 
social mas satisfactorio; y en cuanto ala expre- 
sión del pensamiento que caracteriza particular- 
mente á cada pueblo , la deduce de la filosofia, 
ciencia de las ideas generales demostradas ra- 
I cíonalmenle , cuyos esfuerzos se agregan á los 
I de la razón para abrazar conocimientos mas ge- 
I nerales y completos. 

I La literatura, infinita, alegórica, portento- 
> sámenle variada en la India; respirando amor, 
I orgullo, venganza, independencia voluptuosa y 
I feroz en la Arabia; en tanto que repite ri\^lida- 
des de tribu, violentos deseos y sentidos la— 
I montos; inspirada en la China por elculto do- 

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XLIIl 



méstico , por una moral estrecha y hasta trivial, 
y uoa elevación de miras sin entusiasmo y sola- 
mente hábil en minuciosos detalles; en la'Judea, 
poderosa por su superior inspiración é inflexible 
vigor; en la Grecia , toda armonía, perfección y 
equilibrio, pero limitada á la belleza de la forma; 
en Roma, altisonante Y patriótica ; erudita y co- 
leccionista en la corte de los Ptolomeos; polémica 
en el Bajo Imperio ; de severa y dolorida unifor- 
midad en los Edas escandinavos y en los Sagas 
Islandeses, enteramente consagrada áluchar con- 
tra una ingrata y avara naturaleza, y contra las 
potestades misteriosas; dura, sencilla y mística en 
el poema alemandelosNiebelungen; brillante y 
frivola con los Provenzales; nacional, religiosa y 
luego fácil, armoniosa, sensual y burlesca, en 
Italia; mas altiva que donosa en los Españoles, 
católi(a hasta la exageración , refinada en la ga- 
lantería , marcial y rica de espontáneo vigor ; en 
Francia llena de buen criterio , de templada ar- 
monía, mas clara que apasionada, mas rica de 
ingenio que de imaginación, y por lo demás 
jocosa, social , perspicaz y activa; en Inglater- 
ra , concisa , calculada , meditabunda , experi- 
mental é inexorable escrutadora; vigorosa, ideal, 
erudita, modesta y sentimental en Alemania; 
la literatura , volvemos^á decir, considerada bajo 
estos aspectos, ¿no retrata en cada pueblo la na- 
cionali(fod y los tiempos? ¿No da por resultados 
otras tantas conquistas de las cuales ninguna se 
ha perdido? 

Mucho importa , pues , conocer la sucesión de 
las obras del ingenio , es decir , la historia de 
las letras , supuesto que por ellas se deduce la 
conexión entre el arte y la fe , entre la filoso- 
fía y la sociedad , y se demaeslran los estados 
Sirque han pasado el alma y la imaginación, 
as para tamaña empresa se necesita una elevada 
critica que no se detenga en minuciosidades , ni 
se pague exclusivamente déla exactitud, sino 
que se insinué en el espíritu del autor y de su 
época; que perdone al ^enio sus desigualdades, 
extravagancias y desvarios; que recoja el sentido 
déla variedad, admirando lo bello que constan- 
temente transpira por entre las formas , muda- 
bles según las épocas y países; que estudie al 
autor en la totalidad desús relaciones; que viva 
con él y en el mundo que le rodea : que com- 

t renda el intimo enlace de la idea de un hom- 
re con la de sus contemporáneos, y reproduzca 
los tiempos pasados por medio del pensamiento. 
Así como ninguna gran nación ha carecido de 
poesía, tampoco ha carecido de bellas-artes. Ve- 
rémoslas desenvolverse del geroglífico ; y condu- 
cidaspor los dioses, porlos conquistadores 6 por 
los tesmóforos marchar peregrinas, ora entre las 
pagodasde Brama, ora porlas tiendas de los Tár- 
taros de Samarcanda , ora bajo los minaretes de 
Bagdad con los Abasidas, ora entre las armas en 
Córdoba, ya con los papasen Roma, ya en Francia 
con los reyes , ó bien en América con la libertad. 
¥ donde quiera ({ue se alberguen varían de as- 
pecto según las instituciones y la naturaleza : si 
en Egipto imitan la gruta, la tienda del nómada 
en Arabia, á orillas del Ganges los inmensos 
cercados de los árboles que replegándose hacia 
tierra extienden sus ramas ; en Babilonia riva- 

TOMO 1. 



lizarán con la esbeltez de la palmeras, hasta qne 
en Grecia obtengan unaexactitud, mutilada quizá 
pero melodiosa , y aquel ideal que es la expre- 
sión de losbellosygrandiosospensamientoscom- 
unicados al alma por el intermedio de las formas. 
También merecen los grandes hombres que la 
Historia se detenga á contemplarlos: son la glo- 
ria de nuestra raza, la prueba mas viva de la li- 
bertad humana en lucha con la fatalidad ; y con- 
viene ofrecerlos en contraste con tantas miserias 
como el mundo nos presenta, v con las oue una 
hipocondría débil y desamorada , intitulándose 
filosofía escrutadora, se complaceen buscar en- 
tre el fango de una edad egoísta. Al aspecto 
del heroísmo y de la virtud, se detiene el his- 
toriador con la complacencia que experimenta el 
viajero á la vista del árbol que vá á darle con- 
suelo con sombra y reposo. 

No ha habido nunca un tiempo mas oportuno p^^ 
que el nuestro para dar color á tan gran cuadro, so de' 
La erudición, aunque indispensable para laHi^** }^^' 
toria, no es historia : atentos los eruditos á los li- 
Hros, se olvidan frecuentemente de los hombres, 
de la civilización y de la naturaleza ; apoyan en 
textos lo que la naturaleza ha desmentido , y 
pretendiéndose infalibles, vilipendian aquellos 
presagios por cuyo medio tantas veces se ha 
progresado. Ahora no obstante ha interrogado la 
erudición á lols autores con otro objeto, buscando 
menos las palabras que el pensamiento y las re- 
velaciones sobre puntos , á los cuales el estu- 
dio de las ciencias económicas , administrativas 
y comerciales , ha dado importancia. No CA)nten- 
tándose con las lenguas clásicas, ha fundado sobre 
las de la mayor antigüedad el conocimiento de las 
letras, de la historia, de las creencias de aquel 
mundo oriental del que se confesaba discípulo el 
Occidente, aun desde los tiempos de Pitágoras y 
Platón , y que cada día se considera con mas razón 
como la cuna de las ciencias religiosas y profanas. 
Con el mismo ardor aue en el siglo xv se re- 
novaba el estudio de la literatura griega y la- 
lina , se renueva hoy el de la literatura oriental, 
pero con mas elevado intento , y en la persua- 
sión de que el genio de un pueblo eselde su len- 
gua. Intrépidos viajeros han acudido á aquellas 
inagotables minas de monumentos; en las nacio- 
nes mas cultas se han establecido escuelas délos 
idiomas orientales; escríbense periódicos en es- 
tos idiomas ; sociedades de literatos se someten 
al fastidio propio y á la indiferencia vulgar por 
esparcir nuevas luces sobre los principios de la 
humanidad,^ sobre el sentido y sobre el espíritu 
de la sociedádprimitiva.Champollion,Rosellini, 
Young,Wilkinson, Peyrony otros han obligado 
al Egipto á revelar su misterioso lenguaje: otros 
sabios han examinado las ruinas de Ayodhíay de 
Elefantina, pidiendo á la espirante civilización 
la explicación de la antigua, y descubriendo una 
literatura que supera á las conocidas, cuanto las 
colosales excavaciones de aquellos países sobre- 
pujan á la mole de nuestros templos. Jones, Co- 
lebrooke, Wilson , Carey , Wilkins, Hodgson 
entre los Ingleses; entre los Franceses Burnouf, 
ChoRv y Pauthier; entre los Alemanes, Bopp, 
Rosen, Frank, Lassen y los d^ Schlegel nos han 



XLIV 



revelado la india, con sn sentimiento religioso 
tan profundo y elevado, con su pensamiento 
filosófico , tan ardiente y trascendental , con su 
imaginación tan poética y gigantesca , con su 
naturaleza tan fecunda y maravillosa. Sacy ha 
dado á conocer las literaturas persa y árabe, y 
formado una escuela en Francia, que continuando 
sus investigacioues, mejor que con el generoso 
Anquetil-Üuperron, ahora con Rask y Bumouf 
nos llama á oir la voz de Zoroastroquelos siglos 
hicieron enmudecer: el mismo Bumouf, siguien- 
do las huellas de Grotefeud y Saint-Martin, pro- 
mete el conocinnento de la escritura cuneiforme, 
mientras parece que la Fenicia en vano pretende 
mantenerse ignorada. El imperio Otomano no 
oculta nada á las indagaciones de Hammer; Re- 
musat, BiotyJulien, nos familiarizan con la Chi- 
na; y Klaprolh y Smilh nos han introducido en- 
tre los pueblos mas ignorados del Asia media. 

Así han cedido el derecho de lenguas madres, la 
latina y la griega, de pueblos primitivos, los 
Egipcios y Persas: la India nos muestra en ella 
anticipados los sistemas de Pitágoras , de Ari^ 
téleles, de Epicuro y de Pirron : la filología 
explica emigraciones anteriores á toda memoria, 
y señalando en el sánscrito las raices de las len- 
guas franca, rusa, alemana, griega, latina, 
céltica y lituana , prueba , comparando los idio- 
mas, que los primeros Celtas salieron del interior 
del Asia , lanzados hacia Occidente , donde des- 

f)ues los siguieron los Germanos , los Eslavos, 
uego los Latinos y por último los Griegos 

Con otro tanto cuidado se han atesorado mo- 
numentos de todas clases, que manifiestan lacon- 
diclon civil y política de pueblos lejanos ó que 
han desaparecido. Por amor al oro los mercade- 
res, por el de conquistas los guerreros, por el 
de la gloria los hombres de ciencia, y por el de 
las almas los misioneros, han penetrado en las 

E artes mas recónditas, escudriñando los escom- 
ros de los santuarios del gran imperio, y las 
abiertas pirámides de Ipsambul; comparando los 
sepulcros del Himalaya con los de Istandía , las 
ruinas de Persépolis con las de Palenque , y los 
vasos de Etruria con las artes conservadas por la 
lava de Herculano y con los simbólicos cilindros 
de Babilonia. 

La geología y la paleontografía, ciencias nue- 
vas, k la par con la filología y con la anticuaría, 
la numismática, la geografía, y la astrono- 
mía, suministran noticias y apoyo de razo- 
nes á la Historia , para que con mas seguridad 
dicte los oráculos de la experiencia . Después de un 
siglo que había forzado á las ruinas de los templos 
& dar testimonio éontra ei cielo, y á laá ciencias 
á hacer la guerra á su Dios (1), ¡qué maravilla 
fue ver por los profundos estudios hechos sobre 
los mitos, confirmada la verdad de aquella pri- 
mera palabra , de la que estos eran derivaciones 
falsificadas por el desacuerdo entre las faculta- 
des del alma, al mismo tiempo que los descu- 
brimientos de Cuvier aumentaban aun la fe hu- 
mana en el Génesis; los de Klaproth y Humboldt 
demostraban la unión primitiva y la sucesiva 
división de las lenguas; los de Blumenbach cor- 

( 1 ) Oeut tcientíarum DomtNHs ; I. Reg. H. 3. 



roboraban la unidad de la raza humana , y los 
viajeros la confirmaban con la estupenda seme- 
janza de civilización elltre el Egipto , la Irlanda, 
la India, Méjico y la Nueva Holanda! Así se ha 
reconciliado el saber con la religión , y asi apa- 
rece cada vez mas verdadero aquel proverbio que 
el libar la ciencia hace á los hombres incrédulos , y 
el bebería á grandes tragos les vuelve la fe. 

Cuando los estrepitosos acontecimientos mo- 
dernos amenazaban acabar con las memorias y 
cambiar todas las relaciones existentes , la Eu- 
ropa , como por un efecto de reacción, con súbi- 
to y no pensado ardor comenzó á desenterrar los 
monumentos de lo pasado , y á registrar los ar- 
chivos; y de los diplomas y de las crónicas des- 
preciadas, sacó importantes revelaciones sobre la 
sociedad de donde la nuestra procede; persua- 
diéndose que, para avanzar con franqueza es 
necesario volver atrás , y tomar las cosas desde 
su origen. Tantos descubrimientos no podrán 
completarse mientras aue á ellos no converjan 
todas las fuerzas morales , distraídas ahora en 
la lucha: los primeros surcos, sin embargo, 
nos han puesto en el buen camino, cuya direc- 
ción conocemos, aun cuando no la salida. 

Fue para esto muy ventajosa la aproximación 
de todas las naciones, facilitada por las armas, 
las letras y el comercio ; aproximación repre- 
sentada en el orden físico por la pila de Yolta, 
que explica cómo el choque de dos cuerpos des- 
arrolla bastante actividad para las lentas crista- 
lizaciones diarias y para la súbita transformación 
de rocas enteras. La guerra en adelante vela por 
la paz ; la necesidad , el comercio y el pensa- 
miento reúnen á los Estados en una gran fami- 
lia, en la que cada día se disminuyen mas las ex- 
cepciones; en la que, desarraigadas las preocu- 
paciones nacionales , solamente seria considerada 
como bárbara la que llamase bárbaras á las de- 
más. Cuando se hace un descubrimiento en un 
[»aís, rápidamente se propaga á todos, y unGa> 
íleo, un Newton, son conocidos en brevedeluno 
al otro extremo del mundo. Ese flujo de perió- 
dicos, al paso que difunde los cx)nocimientos 
entre la multitud que escucha y cree , anuncia á 
los sabios qu« piensan y raciocinan cada paso 
que dá la civilización ; leales traducciones dis- 
pensan del conocimiento universal de las len^ 
¿uas, para el cual no bastaria una vida; y el gra- 
bado y la litografía ponen á la vista de todos los 
monumentos , de tal modo que puede , aunque 
imperfectamente, conocerlos también el que no 
tenga la incomparable inspiración de los sitios. 
La comparación de las relaciones de los viajeros 
ahorr- aquellas peregrinaciones que eran indis- 
pensables á los antiguos para conocer el pequeño 
mundo de entonces. No forman ellos de la ^eo* 
^atía una nomenclatura de tierras y conhnes, 
sino un auxiliar para encontrar en las circuns- 
tancias de los lugares la ra/on de las instuucio- 
nes, puesque los nuevos países descubiertos han 
dado á conocer á la especie humana bajo todos 
los climas, con las modificaciones producidas en 
tantos siglos por las causas naturales y por las 
leyes. Pueblos que en la decrepitud no' conser- 
vsm mas que algún vestigio de la primitiva cons- 
titución ; otros que apenas aventuran los prime- 



ros pa8osenla?ida política DOS han proporcionado 
el mejor comentario delaHistoria antigua. La cor- 
te de los Sofis explica la de Ciro, como los gero- 
glificos de Egipto, han sido comprobados por los 
mejicanos. Sobre todo , este incremento de los 
estudios especiales , a cuyo &vor las deacias se 
fecundan unas á otras , generalizan las propias 
leyes y multiplican sus lazos,y hace quelasver- 
dades generales puedan desarrollarse de una 
manera mas concisa sin pecar de superficiales. 

Las borrascosas vicisitudes de nuestro siglo 
¿cuánto no han aumentado la pública y la privada 
experiencia? Su carácter particular parece que 
es revelar las causas generales, reasumir laigas 
series de hechos, y poner en evidencia las leyes 
que rigen la vida de las sociedades antiguas y 
modernas. Eotre aquellas vicisitudes , dejando 
á un lado muchas creaciones de los tiempos 
oscuros, el espíritu, después de haberlas aba- 
tido con su carro triunfal, se vuelve á consi- 
derar sus ruinas sin el despecho del pavor. Der- 
ribadas para siempre las prero^ativas feudales; 
los juraoos, el ejército nacional, el Común, las 
asambleas electorales, que suceden á los tri- 
bunales, á los ejércitos permanentes, al régimen 
administrativo, á la nobleza hereditaria, nos ha- 
cen comprender mejor la antigüedad , los tu- 
iDultos del foro, las elecciones por curias, la opo- 
sición legal del tribunado, y las ciudades que se 
defendian, administraban y juzgaban por si 
mismas. 

Se ha dicho que para describir bien los sucesos 
es necesario haber tomado parte en los movimien- 
tos políticos, porque la experiencia de las cosas 
oorrije lo absoluto de las teorías , y el hábito de 
considerar la marcha social , conduce á descubrir 
sa verdadero sentido. También bajo este aspecto 
son oportunos para la historia nuestros tiempos, 
en atención á que, qui tada la barrera entre los que 
instruyen y guian, y los que creen y si^en , el 
Estado no es ya un arcano, y las discusiones de 
las cámaras /los periódicos llaman á cada ciuda- 
dano á fijar la vista en los tronos y en los parla- 
mentos, á conocer la prudencia politica, las cau- 
sas lejanas y los complicados resortes de la 
máquina social. Cuanto mas que la múltiple va- 
riedad de los cargos ha aumentado los lazos entre 
literatos y estadistas , entre las opiniones y las 
instituciones , pues todos tienen qué baoer en el 
gran drama, aun cuando solo sea como los co- 
rosanti^os , para aplaudir ó vituperar. De aquí 
la necesidad de comparar lo que es con lo que fue; 
de aqni que la práctica desmienta á cada paso las 
teorías absolutas, adoradas por algunos nasta la 
obcecación ; de aquí el espíritu de tolerancia que 
nos hace mas capaces de apreciar con exactitud 
aun lo que ya no es oportuno, sin indulgencia, 
pero sin injusticia. 

También la literatura en general , adquiriendo 
cada vez mas activo dominio sobre los ánimos, se 
ha rejuvenecido con estos dos principios: que su 
fin es la utilidad moral, y que el meaio de alcan- 
zarla es la representación de la verdad. Ha de- 
bido por tanto escudriñar la Historia, sí primero 
se contentaba con la fábula ; representar perso- 
najes, no crearlos ; prescindir de si para identifr- 
carse con los demás : y si el nombre de Felipe II 



XLV 

y de Rosmunda, ólalectura de Guillermo de Tiro 
bastaban á Alfieri y alTasso, hoy en lascompo- 
siciones escritas ó pintadas apoya la fantasía sus 
vuelos en la verdad. La misma novela ha dado 
auxilio á la Historia penetrando en la vida , pu- 
blicando las particularidades inobservadas ó oes- 
preciadas por los historiadores , y no mostrando 
solo los grandes personajes , sino aquel que es 
primer actor en el drama de 1^ humanidad , el 

Eueblo. No : sin el conocimiento de las costura- 
res , el que asiste á los acontecimientos se ase- 
meja á quien velas acciones de gentes cuya len- 
gua ignora; y las cruzadas, y el emperador 
Enrique en el álrio de Canossa, son caracteres 
ilegibles para quien no los mira por el prisma de 
los usos y las opiniones de su siglo. La Historia 
demostrará que los frutos de la reforma fueron 
unaguerra de treinta años , y los déla revolución 
francesa el trastorno violento de los límites de 
Europa; pero laarrogancia doméstica y pública, 
las excisiones en el corazón de las familias, las 
escenas de odio, de amor, y de intriga, la altera- 
ción de los afectos mas sagrados , el escándalo 
de las personas piadosas, la vacilación de las al- 
mas timoratas, ¿cuándo habian encarnado los 
contornos de aqiíellos grandes cuadros? Ahora 
puede suplir el Don Quijote á Mariana ; el Ivanhoe 
retrata la condición de los vencidos Sajones al 
frente de los Normandos, mejor aue lo baria nin- 
guna historia; los Prometidos Ésjxms; revelan 
un mundo desconocido de padecimientos, de vi- 
cios y virtudes ; y en los novelistas aprende mas 
actitudes naturales y humanas aauella Clio , que 
antes no andaba sino llevando calzado el coturno 
V armada de puñal, como la musa de la trage- 
dia (4). 

Añádase á esto el estudio mas fiel y desapasio- 
nado del hombre, el cual, en la variedad de ac- 
cidentes , es siempre el mismo en sustancia; y 
hace seis mil años nace con las mismas inclina- 
ciones que enemistaron á los primeros hermanos; 
por lo cual , teniendo en cuenta el clima, la or- 
ganización social, y la religión, el hombredehoy 
explica al hombre que en parecidas circunstancias 
qerció su acción en los siglos pasados. 

Socorrida por tantos medios, noes maravilloso Progre- 
que la Historia adopte otros modos de entender y ¿^ 
de exponer los hechos . Ya habia dicho Bacon , que toib. 
la historia del mundo sin la de las letras , del sa- 
ber , de la filosofía, de la jurisprudencia y de las 
artes , era como la estatua de Polifemo sin un 
ojo, y que los cambios déla religión y de las 
opiniones dan impulso á los ánimos y á los go- 
biernos. Pero si fue escuchado, digalo la mayoría 
de los historiadores, atentos á examinar los hé- 
roes aue son el brazo, no las instituciones que 
son el corazón de la sociedad ; á coger las flores 
atractivas antes aue los frutos útiles ; á acomodar 
la verdad alas bellezas convencionales , antes que 
á aceptarla como viene, con sus caprichosos de- 
sórdenes; á calcular solo el motor aparente y las 
aparentes consecuencias , de las intrigas de gabi- 

( 1 ) Es curioso , sin embargo , que mientns Anstin TUenv n- 
ooDOce Unto mérito histórico an Walter Scott, ROderer ámmM 
contra las novelas, diciendo que les chefs d* manre de Walter 
SeoUnoui vaudront piut d' une tMUfsite hkMre. Hiltélrt áñ 

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XtTI 

nete, de los ejércitos enviados á las fronteras, de 
las perpetuas nostilidades emprendidas sin razón, 
conducidas sin gloria, terminadas sin efecto, y 

3ue no prueban otra cosa mas que la pertinacia 
el germen de la discordia en el hombre. 
El siglo que ha hecho, descubierto, sentido y 
pensado tanto, tiene derecho á rehacer la Histo- 
ria, á juzgar desde su punto de vista peculiar la 
vida, las acciones y los sentimientos de los siglos 
precedentes , y á confrontar la historia pasada 
con la que él mismo hace. Una critica severa y 
adoctrinada, pero no rencorosa ni exclusiva, bus- 
ca la riqueza de un pueblo, no en los palacios de 
• Temí stocles y de Lúculo , sino en los talleres y 
enlos campos; su felicidad, no en las leyes escri- 
tas, sino en su aplicación y en la parte de bienes- 
tar que correspondió á cada uno ; examina la 
condición privada, la educación, las artes, el sa- 
cerdocio ; el grado á que llegó la seguridad pú- 
blica ; el punto hasta donde fueron respetadas 
las mujeres ; la medida en que se extendieron los 
beneficios ; la facilidad mayor ó menor de las co - 
municaciones ; la poca ó mucha armonía entre 
los pequeños y los grandes , entre los ignorantes 
y los doctos, entre los gobernantes y gobernados, 
l^odrá haber dado Atenas á la tribuna los mejo- 
res oradores , sin que por eso se crea que cóns- 
tituyóel mejor gobierno. Las palabras de libertad, 
república, monarca, tienen muy diversa signi- 
ficación en Esparta y en Suiza, en Grecia y 
en Roma , en PeVsia y en Inglaterra ; ni basta 
el nombre para que se crea triunfante la libertad 
en Maratón y perdida en Accio y en Filióos. No 
hay tampoco causas pequeñasde grandes hechos; 
ni se ha de aceptar el éxito de la guerra como 
síntoma del mérito moral de un pueblo. ¿Quién 
cree ya que las cruzadas fuesen promovidas por 
la voz de un oscuro ermitaño, la reforma por 
una disputa entre frailes franciscos y agustinos, 
ó la independencia de América por los impuestos 
gravosos? En la guerra que áesta sucedió, su- 
cumbe la Inglaterra y se eleva á desmesurada 
grandeza ; en la de los siete años vence y se 
arruina : Napoleón dicta soberbiamente la paz 
en Tilsit , y allí principia su caida. 

M aw- Q'^^ ^' P^^ "^^ P^^^^ ^' contraste aun vivisi- 
da^ide mo entre las opiniones propende á hacer vacilar 
Hi8^ el juicio, por otra la Historia, además de que ad- 
quiere con esto nuevo calor , se siente llamada al 
santo ministerio de corroborar los sentimientos 

Generosos y extinguir los personales. Debe ser 
ueno el historiador , no fautor del vicio ó de la 
tiranía; debe ser amante de su país, del pueblo 
Y de ios oprimidos, y tanto que quien no lo sea, es 
preciso que lo finja. El hombre se aprovecha 
mas que de otra cosa de la experiencia propia, 
y se paga de sus propias reflexiones roas que de 
otra alguna; por lo cual el arte consiste en de- 
jarlo reflexionar y juzgar. Hoy la Historia, 
ocupada en enseñar , pero narrando hechos emi- 
nentemente morales , no forma trillados axio- 
mas de vulgar política y de generosidad común, 
sino que contemplando á los hombres como 
hombres , sin consideración á fania , á condi- 
ción ni á patria , pronuncia intrépidas sentencias 
segíin el derecho y la verdad. Prescindiendo 



del fausto de una dignidad artificial, que ha- 
cia confundir el esplendor con la felicidad , la 
fortuna del éxito con ia bondad de la causa, 
cree deber suyo escribir para beneficio de los 
mas , para consolidar los lazos de afecto , de la- 
boriosidad y de saber entre la humana familia, y 
para que con paz , orden y benevolencia camine 
á su mejora. Ya no se deja arrastrar por los 
grandes nombres, como el pajarillo que acercán- 
dose demasiado á la cascada del Niágara , se ve 
precipitado enlacorrienteporelimpetu del aire; 
antes bien revisa muchos fallos, arranca las coro- 
nas á celebrados héroes para darlas al mérito, 
mas humilde y mas beneficioso. No ocultando 
la torpeza bajo ia magestad, al alabar á Adriano 
y á Luis el Grande, recuerda á Antinoo y las dra- 
gonadas ; si admira en los Persas la pureza de 
costumbres y la primitiva creencia en un Dios, 
unida á un noble ardor de gloria y de patria ; en 
los Griegos la superioridad del saber y de las be- 
llas artes ', y en los Romanos el vigor de la vo- 
luntad, les pregunta qué uso hicieron de sus 
cualidades. En presencia de aquella elevada mo- 
ral enmudecen las adulaciones ; y antes aue to- 
lerar los encomios de Veleyo á Tiberio, ó la plu- 
ma de oro de Giovio , ni aun tolera los ciegos 
aplausos de Jenofonte á Ciro , de Ensebio á 
Constantino y de Eginardo á Cario Magno. Una 
vez dijo un rey {i) que la Historia era un testi- 
go , no un adulaaor, y que el único medio de 
obligarla al aplauso es hacer el bien : y un gran 
ministro del mismo país (2) anadia: «Mas ó me- 
»nos, cuando uno se ocupa en negocios públicos, 
»por alto que se halle , viene á ser servidor; pero 
^cuando con seguridad maneja el compás ae la 
«reflexión y el buril de la Historia, entonces rei- 
»na.» Por tanto, la Historia , emancipándose de 
las preocupaciones de los tiempos y de los hom- 
bres, no cree que un delito pueda ser útil ; con- 
dena á quien como Helvecio , legitima todos los 
actos por la salud públi(^ , y menos cinica que 
Diógenes , intima á los grandes : Apartaos para 
que vea el sol, 

Pero después que el siglo pasado había juz- 
gado sin narrar , se quiere en el nuestro nar- 
rar sin juzgar; y una escuela fatalista, con- 
virtiendo los tiranos en enviados de Dios ó 
ministros de la necesidad , pretende petrificar al 
narrador para que vea lo^ hechos no los hombres, 
impasible ante el vicio, las virtudes y las ca- 
tástrofes mas trágicas; considerándolas como ne- 
cesarias, sin compasión por lo que cae, y sin es- 
peranza respecto de lo que se eleva. Sin embargo, 
esa misma escuela en la aplicación indica bastan- 
temente su parcialidad por la justicia y por el 
C regreso, y se aproxima mas de lo que auiere á 
I escuela verdadera, la cual muestra al nombre 
libre en su propia degradación ; cree que la ver- 
dad política separada de la verdad moral carece 
de fundamento ; escribe la protesta délos indivi- 
duos y de los pueblos que se sienten arbitros de 
su voluntad, y secundan, con sus votos á lo me- 
nos , los esfuerzos de quien separa el espititu de 
la materia ; sigue el progreso al través de los 



. (1) Carlos XU. 
(2) OxetísHern, 



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desasti-es , coa el amor con que se siguen los pa- 
sos de un amigo en una peligrosa expedición, y 
ofrece á la virlud que sucumbe, si otra cosa no 
puede , la compasión , último derecho déla des- 
ventuiu. 

idfai Por todo esto se hace, aun mas grave el cargo 
"^t^*" del quien se eleva á hablar de historia á una 
generación , en la cual tanto se va aumentando 
el deseo de virtud , de verdad é inteligencia. En 
este caso el historiador debe haber meditado la 
antigüedad tal como ella misma se ha narrado; 
porque si pueden sacarse también los hechos de 
las copias , solamente en los originales se des- 
cubre aquel colorido que revela una edad , me- 
jor todavía que la misma narración. ¥ cuando 
otra cosa no se consiguióse, se adquiriría el 
conocimiento del autor, cu^a intrepidez ó servi- 
lismo, cuyo amorá lo antiguo, y cuyas inves- 
tigaciones respecto de.lo nuevo, indican la natu- 
raleza de los tiempos: hablo de los escritores 
contemporáneos y originales (1) , no de aquellos 
que, aun cuando escribieron en lenguas clasicas, 
no hicieron mas que compilar y consignar sus 
recuerdas. Quien esté ejercitado en el estudio 
de aquellos, difiere del que se contenta con la 
lectura de sus extractos, como el que conoce un 
pueblo por relaciones de viajeros, del que lo. ha 
visitado personalmente; y no hablo solamente 
de los historiadores , sino también de los poetas, 
de los filósofos , de los artistas , los cuales refle- 
jan sus tiempos como el rio las orillas por entre 
las cuales pasa. ¿Podrá jactarse nunca de cono- 
cer la Greaa quien la vea solo en Maratón y Que- 
ronea, sin penetrar en las escuelas á razonar de 
Dios con Jenófanes y Platón , de la virtud con 
Sócrates v Zenon, de cosmogonía con los Pita- 
góricos, de clemencia con Gorgias , de higiene 
con Hipócrates ; quién no haya recorrido aesde 
los huertos de Epicuro hasta el tonel de Dióge- 
nes, desde las cenas de Esparta á los mercados 
de Corinto , desde el estudio de Fidias á los ta- 
lleres de Muelo? ¿Y quién mejor que los con- 
temporáneos podráguiarlo?£l obsceno Petronio, 
el sutil Aristófanes, el sofistico Séneca, el tene- 
broso Licofrojle, el débil Plinio el joven , y Ci- 
cerón en las confidencias familiares , esplicarán 
sus tiempos mejor que los historiadores : el Jú- 
piter Olímpico, los obeliscos de Luxor, las ermi- 
tas de los Talapuinos completarán la inteligencia 
de un siglo y de una nación. 

En lo pasado debe saber también penetrar el 
historiador con una imaginación que á todo se 
pliegue, una percepción tan exquisita quenada 
importante desprecie, y un discernimiento^severo 
que , entre las tradiciones lisonjeadas por la va- 
nidad y la superstición , le há^a distinguir la 
verdad que siempre hay en el londo , de la fal- 
sedad de que la reviste la fantasía ; y entre los 
monumentos alterados y destiguradospor la pa- 
sión , por la ignorancia , por el mismo genio que 
los trasmitió á su manera , le ayude á descubrir 
el momento en que se constituyó un pueblo, si 
se formó por si mismo ó por exterior impulso; 

( 1 ) PriDcipalinentc Heródolo , Tucídides , Polibio , Tito Livlo, 
Céir, Jenofimte, la BibBa , Homero , Pindaro , los poemas indios, 
los libros canónicos cbinos etc., 



XLVll 



qué espíritu dictó sus institudonés; cómo deter- 
minaron estas los sucesos ; de qué modo fueron 
modificadas por aquellas cosas anteriores que, 
semejantes al dios Término, no quieren ceder el 
puesto á las nuevas; porque los hechos tienen 
una especie de generación continua , como los 
hombres, en la que nada comienza y todo se su- 
cede. Cierto es que los escritores contemporáneos 
recogen muchos testimonios inmediatos , como 
han hecho Tucidides , Tácito , Guicciardini , De 
Thou y Botta ; pero el ser contemporáneo no es 
ser verdadero, y la historia de Sócrates escrita 
por Anito, será siempre despreciable. Por otra 
parte , el que narra hechos pasados, no sirve ya 
de testigo, sino de autoridad ; y los que le suce-* 
den son depositarios, no fuentes, del conocimiento 
histórico. Quien preste atención á las conversa- 
ciones cuotidianas verá cuan fácilmente se altera 
la verdad (2) , y mas cuando la pasión cambia 
el modo de ver, ó cuando para explicar los he- 
chos se introducen sistemas imaginarios. Una 
vez introducida una falsedad, es muy difícil de- 
sarraigarla , y tal vez hasta el discernirla. Aquí 
está el trabajo de la crítica. 

Pero así como en la astronomía los cuerpos le- 
janos engañan de tal manera que creemos reales 
los movimientos aparentes y estable lo que de 
hecho se mueve , así en la parte conjetural de la 
Historia algunos ven personajes en todas las fic- 
ciones mitológicas; otros transforman en mitos 
y caracteres poéticos hasta los seres mas ciertos; 
y mientras Brama , Saturno , Odin , se convier- 
ten en reyes y héroes, Homero , Camilo y hasta 
Solón se cambian en tipos simbólicos , en alego- 
rías de un periodo social. No debe tampoco dege- 
nerar la duda en escepticismo ; no basta que uu 
hecho sea antiguo para negarlo , como no se niega 
la existencia de la estrella Sirio porque brille re- 
mola, pues que muchas aserciones de la antigüe- 
dad, pocoháobjelo de mofa, han sido confirmadas 
y aclaradas por la ciencia con sus progresos. Sin 
tradiden no hay historia , ni educadon del gé- 
nero humano , y es preciso aceptarla aunque á 
veces falte la evidencia matemática , pretendida 

[>or Volney , porque aun cuando refiera lo falso, 
o modela sobre la naturaleza del hombre y de 
los tiempos , sacando de los h«chos útiles resul- 
tados y lecciones para evitar ó inquirir las causas 
3ue los produjeron, porque el punto fundamental 
e la Historia consiste en hacernos conocer lo 
que nos ha conducido al presente estado social. 
Y así como el astrónomo para seguir á los 
planetas en su fúlgida curva no aguarda á des- 
cubrir qué cosa sean materia , espacio y movi- 
miento ; ni el físico descansa en sus investigacio- 
nes porque una sola palabra , como gravitación^ 
electro-ínagnetismo , pueda hacer antiguos sus 
efectos, así el historiador no debe desistir de su 
empresa porque este unánime ardor de investi- 
gaciones prometa inminentes descubrimientos. 
Es tan profundo como desconsolador el dicho de 
Golhe, que para saber alguna cosa seria preciso 
saberlas todas; pero sin dejarse llevar del deseo 
deoina perfección absoluta, debe aprovecharse el 

( 2 ) Uic narrata ferunt alii. meMuraque fücü 

Crescit, et auditis aliquid novu» adjiat auctor. 
* Qyiü. Metam. XlL^. 61. 



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ZLTin 

historiador de las invenciones mas recientes; y 
gozando al pensar cuánto sabrán sos descendien- 
tes , hacer qae los escritores futuros puedan to- 
mar sus obras como punto de partida , como tes- 
timonio del grado á que la ciencia había llegado 
en su tiempo. 

Pero si quisiese juzgar á los contemporáneos 
de Licurgo y de Barbarroja con las ideas de nues- 
tra época, sin hacer traición á los sucesos , se la 
baria á la historia. Convendrá, si , que tenga 
las generosas simpatías de nuestro tiempo , y que 
secunde su noble impulso hacia cuanto favorece 
la inteligencia y la popularidad ; pero cuando 
considere que cada pueblo , obedeciendo al im- 
pulso de la necesidad ó de la curiosidad , sirve al 
universal progreso del saber y de ladvilizacion, 
enoontrarámedios de hacer conlemparáneosDues- 
tros á los mas antiguos; de impedir que lo frivolo 
y lo superfino usurpen su lugar á lo esencial , y 
sabrá conservar á los acontecimientos narrados el 
interés que tenian cuando se veriGcaban. 

Debe haber estudiado además su época, no 
solo en los círculos y en las escuelas , perennes 
fuentes de inhumanas preocupaciones ; no solo 
en los periódicos y en el diluvio de folletos , que 
destruyen todas las opiniones, sin tenerninguna, 
sino en sí mismo y en los hombres mas sencillos 
y naturales : no debe haber observado los he- 
chos antiguos y contemporáneos solo cuando se 
manifestaron estrepitosaniente en las revolu- 
ciones, sino que debe haber visto cómo se pre- 
paran estas en las plazas , en las iglesias, en los 
talleres y en el hogar doméstico. ¿ A qué las 
descripciones de batallas, sospechosas é mcom- 
pletas para los guerreros , inútiles para los de- 
más? Las prolijas discusiones para averiguar una 
fecha, un sitio; aquella laboriosa erudición que 
cree saberlo todo cuando todo lo ha leido, y que 
se dispensa de los propios pensamientos ador- 
nándose con los de otros, no sientan bien al histo- 
riador oue aspira á vivir mas en los corazones 
que en las bioliotecas , y que alzado el edificio, 
cree deber suyo quitar los andamies erigidos sin 
atractivo y sin gloría , á fin de que aparezca la 
belleza, no el gran trabaio que costó. 

De la misma manera debe unir la historia esta- 
dística, moderna colección de cuanto puede redu- 
cirse á leyes de proporción matemática , con la 
historia política que examina el influjo de una na- 
ción sobre otra , de un individuo sobre todos , de 
un siglo sobre los siguientes ; y finalmente con la 
historia filosófica que considera al género huma- 
no sometido á una ley , en cuyas relaciones mas 
ó menos directas se desenvuelven los aconteció 
mientes ; porque parecería absurdo el curso de 
los rios á quien no conociese el Océano á donde 
desembocan. 

Ahora bien , no habrá quien crea que basta á 
la Historia la verdad (1) , sin la moral ni la belleza. 
Los grandes historiadores son escritores de pri- 
mer orden ; y aquellos alemanes que , acumu- 
lando tanta ciencia, quisieran acreditar el despre- 
cio de la forma , muestran no conocer que esta 
es inseparable del fondo y parte integrante del 
pensamiento. La ingenuidad hace preciosas al- 

( 1 ) Uiitoria, q wquo modo scnpta, deleclat . PuM. cap. 8, Lv, 



^nnas relaciones de contemporáneos, destituidas 
de todo mérito literario , por parecer aquella el 
acento del testimonio verídico; pero en el his- 
toriador la rudeza, la oscuridad , la desaliñada 
expresión son síntomas de confusas ideas y de 
inexactas investigaciones , asi como la claridad 

Erueba ideas precisas y explicaciones justas; y la 
elleza del estilo , movimiento de ¡deas y sensa— 
nes impreso á las palabras y comuniáido á la 
imaginación de quien lo entiende , supone una 
armonía de conceptos profundos, de vivas imár- 
genes dé poderosos afectos. Convendría, pues, no 
perder la franqueza de la expresión por empeño 
de manifestarse erudito; asociar la in^enúi— 
dad de las crónicas á la tranquila narración de 
los fatalistas y á la dramática exposición de los 
clásicos ; abrazar el conjunto sin descuidar los 
pormenores ; no separar la relación de los he- 
chos de la poesía de las costumbres y del pen- 
samiento; obtener la regularidad, pero dejar 
también alas á la imaginación; agrupar los ac^ 
cidentes sin confundirlos; unir el variado es- 
pectáculo de la vida con el profundo interés me- 
tafísico que nos ofrecen las sucesivas revoluciones 
del espíritu humano; y entre la aridez que se 
oculta bajo la rotundidad del periodo , y la vani- 
dad que se disfraza con antítesis y falsa conci- 
sión , fundir en uno la magestad de Livio y de 
Guicciardini , la sencillez de Villani, la crítica 
de Niebuhr, la sutileza de Maquiavelo, la in- 
mortal rapidez de Tácito; tomar en fin de Schi— 
ller lo apasionado sin sus declamaciones, la doc- 
trina de Muratori sin su trivialidad , la variedad 
de Müller sin sus divagaciones, el análisis de 
Guizot sin su aridez. 

Quisiera yo, pues, en el historiador, erudición 
para ver, exactitud para averiguar . discerni- 
miento para excoger , método para oraenar , ima<- 
ginacion para describir, justicia para faltar, vista 
segura para no deslumhrarse por la prosperidad, 
profundo sentimiento de la verdad, de modo que 
aun engañándose , aparezca su error como pro- 
.cedente del entendimiento no del corazón; valor 
para sacrificar el amor propio y el deseo de 
adquirir fama y de presentar novedades por me- 
dios extraños;" y aquella sencillez «de estilo que 
es prenda de sinceridad , y que sin embargo no 
se separa del triple efecto del arte, ilustrar , pin- 
tar, conmover. Lo quisiera prudente, no rrio; 
constante.en las indagaciones y en la exposición, 
sin mostrar ni impaciencia en el curso de su nar- 
ración, ni la ligereza que hace emprender Incon- 
sideradamente un gran trabajo, seguirío con 
negligencia y terminarlo con disgusto. Quisiera 
que tratase no tanto de hacer que se lea, como 
de hacer que se piense ; de mostrar menos cono- 
cimientos, que juicio; de hacer un libro por el 
cual fuese querido el autor , y que no se sol- 
tase de la mano sin haber concebido una idea 
mas clara y sublime de la misión del hombre so- 
bre la tierra, sin creer profundamente en el rei- 
nado de la justicia, y sin sentirse mas capaz de 
una acción buena ó generosa* 

No se dedique, portante, á escribir la Historia 
quien no haya sentido aumentarse los latidos del 
corazón ante un hecho grande; quien no haya 
compadecido la maltratada vii;tua , y^experi- 

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XLIX 



mentado aquella indigfiacioB contra el mal sin 
lacaal no hay amor al bien ; quien haya escar- 
neddo leales intenciones » ó hablado ligeramente 
de lo que es mas sa^prado al hombre , la familia, 
la patria, las creencias. Debe el historiador des- 
Ofenderse eoanto sea posible de su individuali- 
dad, y no exponer sus propios sentimientos, 
alegrías ó tristezas, sino hablar del género 
hamano con universal caridad exenta de exage- 
ración; gozarse en los triunfos de la causa mas 
justa , pero oon sencilla di^idad ; padecer con 
los virtuosos, pero tranquilamente; no pensar 
en hacer ana sátira ni un panegírico; investigar 
benévola y síooeramente, no escudrinar los er- 
rores de nn pueblo para deprimir su genio, ni 
negarlos, deslumhrado por su grandeza. Si un 
hombre creyendo en el oien y la generosidad, 
redo de corazón, y digno de liaUarde los dere- 
chos porque cumple con los deberes , emprende 
la tarea de meditar y narrar la Historia, los ac- 
cidentes muertos se le reanimarán con un espí- 
ritu m<Hral , j descubrirá que cuanto sucede pro- 
pende á ia virtud , fin del univwso , aun cuando 
no siempre visiblemente. 

Esta era la idea que de los deberes de un his- 
toriador tenia yo antes, coando me preparaba á 
güm á la juventud de mi patria al través de los 
siglos» para considerar el camino recorrido por 
la humanidad. He expuesto ya arriba una rápi- 
da muestra de mi obra. Parecerá á algunos que 
habría debido dividirla por pueblos , como se 
acostumbra en historias universales de mas ex- 
tensión ; ^ro además de que el método cronoló- 
gico evita repeticiones á que el otro está perpé» 
tnamaite condenado , para guien considera toda 
la humanidad unida, son importantísimos en 
el conjunto muchos hechos que se escapan al 
estadio aislado de momentos particulares. Por 
otro lado de vez en cuando algunos grandiosos 
acontecimientos, algunas ideas generales domi- 
nan á todo sa tiempo , de suerte que gran 'parte 
de las naciones se hallan aliadas ó enemigas , del 
mismo modo que al romperse la cuerda de un 
arpa se estremecen todas las que pertenecen al 
mismo acorde. Permítaseme callar las otras mu- 
chas razones (¡oe me han hecho preferir el mé- 
todo oronológico , persuadido como debe estar el 
lector de que quien observa un trabajo á ia lige- 
ra no puede saberlo juzgar tan á fondo como 
quien fo ha meditado años enteros con perseve- 
rancia. Siendo un h^ho que la mente humana ha 
menester reposo , he dividido mi obra en perio- 
dos; y principalmente en lo relativo á la antiguo- 
dad, les he dado mayor extensión que ningún 
otro historiador. He querido acumular las ven- 
tajas del sistema cronológico y del etnográfico, 
habiendo podido comprender toda la vida de al- 
guna nación en los límites de una época sola. No 
obstante, fiel al método , pero no esclavo, no me 
he impuesto esos llnrites hasta el punto de sus-- 
pender la historia de todos los Estados en el ano 
Que señaló la revolución de ano solo ; he retar- 
dado el discurrir acerca de* algunos hasta el 
momento en que aparecen cooperadores de la 
comnn civilización, y he anticipado los tiempos 
para exponer sa agonía y su muerte. Tan 



lejos está de mí el deseo de atenerme al método 
grosero délos cronologistas, que en las nar- 
raciones no determinan el pasado ó el porve- 
nir sino por el orden de los sucesos, cuando no 
no puede exponerse el conjunto de los hechos 
históricos sino refiriendo á menudo lo acontecido 
después del porvenir que le da sentido é impor- 
tancia. Así, pues, he procurado incluir en la re- 
lación el mayor número de particularidades que 
me ha sido posible respecto á la vida intelectual 
y moral de un pueblo ; para las que requieren 
un razonamiento á propósito y consideración es- 
pecial y unida, he reservado lugar distinto, y 
me ¡mgp con libertad para no aducir una por 
una las razones de esta variación. Mi objeto ha 
sido dar unidad á las ideas: si he faltado áél, 
condéneseme. 

He examinado, discutiéndolas, las fuentes á 
donde he acudido; pero he prescindido del fas- 
tuoso vido de llenar la mitad de la páginas con 
citas. Las mias se refieren lo mas frecuentemen- 
te á los hechos ó al orden general ; me confieso 
deudor de las reflexiones que pudiera haber to- 
mado de uno ú otro ; pero habiendo creído deber 
mío aprovecharme de lo que han dicho cuantos 
me precedieron , paréceme haber adquirido do- 
minio sobre lo que hesaUdo asimilar á mi objeto. 

T precisamente he tomado sobre mi la enorme 
tarea de narrar así y solo tanta variedad de he- 
choSy porque estoy persuadido de que si mi his- 
toria es inferior á otras en alguna de sus partes, 
tendrá la ventaja de ser observada toda najo el 
mismo aspecto , y de conservar aquella unidad 
de oolor y de intención que falta á otras muchas. 

He procurado que los Italianos pudiesen oono^ 
cer desde luego las intenciones que acabo de 
manifestar, deduciéndolas anticipadamente de 
los escritos que hasta ahora llevo publicados, 
los cuales , si han dejado mucho que desear bajo 
el aspecto de lo bello, tengo el consuelo de creer 
que no han sido indignos del objeto , ni falsos ó 
Tacilantes en los medios. Es preciosa aquella g;lo- 
na que se tributa á la rectitud de nuestras in- 
tenciones ; y el que ya se ha conquistado una opi- 
nión entre sus conciudadanos, tiene buen cuidado 
de no desmenliria , y de no preparar á sus ancia- 
nos dias el oprobio reservado á quien hace trai- 
ción á su propio sentimiento , desviándose del 
sendero trazado con racional convicción. ¡Asi 
pueda yo repetir sin vergüenza estas palabras, 
cuando al nn de la obra resumamos ia nueva 
experiencia obtenida en el viaje , al que nos 
preparamos con amor , constancia , fe , persuar- 
sion y virtud! 

Oigo lamentarse generalmente de que los ltá« 
líanos dejan arruinar la lengua y la literatura 
nacional, aplicándolas nada mas que á fines 
frivolos ó inótiles , á miserables aisputas, á 
cuestiones reducidas, á imitaciones del extran- 
jero ; exacerbando con la iracunda sátira ó la 
desvergonzada elegía los males sociales; aca- 
ricianoo mas frecuentemente oon corruptoras 
puerilidades el público letargo , si ya no se 
conjuran con las pasiones y la fuerza , para rea- 
nimar las inextinguibles cníspas de la aiscordia. 
El deseo de desmentir esta acusaaon , y con el 
ejemplo animar & otros escritores á fin de que 



disminuyan sus motivos , me ha servido de no 
pequeño impulso para consagrar el ingenio, las 
ratinas y la vida á uoa obra tan grandiosa como 
hace mucho tiempo no ha visto la Italia. 

¿Ha sido valor ó temeridad? el éxito lo di-* 
rá. Lo que si puedo afirmar es (]ue no- he omi- 
tido cuidado á fin de que r«una mi obra lo verda- 
dero á lo bello y lo bueno. Con la erudición he 
procurado colocarme al nivel de las conquistas 
que cada dia va haciendo la inteligencia ; no me 
ha ofuscado el odio ni el amor; ni he sido tan 
candoroso que haya manifestado á todo una im- 
bécil admiración , ni tan infeliz que mirase todas 
las cosas con el ánimo desilusionado y afligido, 
No he vagado tampoco tras de las inexpertas 
ilusiones oe la edad primera, sin que por eso 
haya consumido sus generosos ardores. Amante 
de mi patria sin despreciar á las demás ; admi- 
rador de lo pasado sin echarlo de menos; obser- 
vador de lo presente sin disimular sus males y 
considerando con generosa confianza el porvenir; 
no llamando aprobación á la paciencia de la 
servidumbre , ni experiencia á la duración del 
mal , estoy sin embargo persuadido de que hay 
abasos y preocupaciones que importa conservar, 
á la manera de los desiertos ó las selvas que 
protegen la independencia de cualquier pueblo. 

Respeto las ajenas opiniones sin renunciar á 
las mias. Sintiéndome seguro al decir la verdad 
y no despreciando la oposición legal , aspiro á 
algo mas que al aplauso ael momento ; he pedido 
ayuda, consejo é inspiración; he meditado sobre 
mí mismo y sobre los hombres en la indispensable 

Kleslra de la sociedad y de los viajes, y en lala- 
riosa meditación de la soledad y de la desven- 
tura; he experimentado esa procelosa alternativa 
de embriagadoras satisfacciones y desconsolador 
desaliento que, en una gran empresa, ponen 
á inefable prueba la firmeza de \k voluntad , y 
que tanto la reaniman cuando resulta triunfante. 
Fero es vasto el campo , y tanto que no puede 
el hombrerecorrerlo todo con igual vigor. Sed in- 
dulgentes, lectores, cuando sucumba mi debili- 
dad , y lo seréis mas fácilmente si sé hacerme 
amibos entre vosotros, y persuadiros de que 
puedo engañarme en las razones de mis juicios, 
mas no en el sentimiento (|ue me los dicta. 

El historiador es un testigo que declara la ver-* 
dad de los sucesos , con vigorosa imparcialidad 
y con la buena fe que caracteriza al hombre de 
honor ; pero al mismo tiempo es juez , que tiene 
opiniones propias sobre aquellos hechos , los 
aprueba ó condena, provoca con las suyas las 
reflexiones del lector , v lo encamina á esa ins- 
trucción moral y social que debe deducirse de 
cada página de su libro. En éste segundo oficio 
puede engañarse y ser reprobado ; pero le ser- 
virá siempre de excusa la buena fe que empleó 
en la libre manifestación de sus juicios, y el ha- 
ber distinguido la enunciación de los aconteci- 
mientos positivos de las conjeturas que anticipa<- 
damentehizo relativas á ellos. 

Sé que el orgullo se irrita contra el que quiere 
destruir una opinión arraigada y cómoda, y Que 
los intereses juzgan parcial á quien con ellos 
choca : pero apelaré á los ingenuos y desapasio- 
nados, y haré que aun aqad^qae de mi opinión 



disienta, confiese que busqué la verdad de buena 
fe. Por lo demás , he aducido'las pruebas de mis 
asertos y en caso de haber sido inexacto el con- 
traste entre ellos y los documentos harán palpable 
mi inexactitud. 

Es austero el deber del historiador , y exi^e 
que imponga la calma á su corazón , fuera de 
que la palabra es mas persuasiva cuanto mas 
moderada. Pero yo no aspiro á esa impasibilidad, 
misera hija de la indolencia ó del miedo, que hace 
á los individuos indiferentes á la virtud y al delito, 
á las obras de Dios y á las de los hombres. Como 
ciudadano creo que puedo exponer los pensamien- 
tos de que estoy intimamente persuadido, y tener 
el derecho de que sean respetados. Gomo italia- 
no que me siento , no creo que deba demandar 
perdón si la Europa, si especialmente la Italia 
me detienen para hablar de ellas con mas calor 
y complacencia. Como cristiano, someto mis opi- 
niones á quien tiene de lo alto el derecho de juz- 
gar las conciencias. Creo que el amor debe inspi- 
rar, así las acciones como el saber , pero que no 
escluye una opinión firme y con franqueza ma- 
nifestada, antes debe desdeñar los débiles juicios, 
en los cuales con demasiada frecuencia se ahogan 
la benevolencia y las convicciones, y que por lo 
mismo son tan estimados. 

I Ojalá pudiera yo reservar para mí todo el 
tedio y los mortales sinsabores , y no trasmitir á 
mis lectores sino la alegría y el vigor, y aque- 
llas impresiones que muchas veces me hicieron 
bendecir á los hombres generosos, que con el 
trabajo y la meditación manifiestan la sublimi- 
dad de nuestro origen! | Ojalá pudiese infundir 
sentimientos de tolerancia, de compasión y afecto 
hacia esta ^ran familia , mas débil que malvada, 
mas extraviadade entendimiento que corrompida 
de corazón , de cuyos errores la Providencia saca 
razones de salud y verdad , cuyas impurezas son 
grandemente rescatadas por las tranquilas virtu- 
des que forman el bienestar doméstico , y por los 
hechor generosos que merecen la admiración de 
los contemporáneos y la gratitud de la poste- 
ridad ! 

Y porque me dirijo no tanto á los hombres 
formados que creen saber, cuanto á la juventud, 
que no participando todavía de las preoc^ipacio- 
nes que extravian á las almas mas rectas, á la 
razón mas firme , busca algo que creer , amar 
y saber , para completar la obra que divisa en lo 
íuturo ; á vosotros principalmente , oh jóvenes, 
desearia hacer menos acerbos los dolores, me- 
nos inesperados los desengaños, menos graves 
los extravíos de la imaginación inconsiderada y 
del imprudente afecto. Quisiera , mostrándoos 
unidos á todas las generaciones , inspiraros 
aquel desinterés que hace posponer al hiéndela 
nación y de la humanidad el particular prove- 
cho ; quisiera demostraros que cuanto mas ilus- 
trado es el hombre , menos impetuosamente ma- 
niflestasu personal sentimiento, menos violentas 
son sus pasiones , menos bajas y momentáneas 
las miras del interés ; quisiera alejar de vosotros 
el miedo desconsolador á una insuperable fata- 
lidad , mostrándoos los progresos morales y ci- 
viles déla sociedad y el deber de eq?erarlos del 
tiempo; quisiera, en fin>f^vilar que creyeseis 

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LI 



que la fuerza y lá temeridad deciden todas las 
cosas ; y haceros deducir por el contrarío , de los 
niales producidos por ia inercia y la debilidad, 
la necesidad de robustecer U voluntad y el en- 
lendimiento. 

Surja, pues, tan poderoso y vivo en vuestros 
ánimos el sentimiento de la dignidad humana 
V de ia santidad de la vida social , que en vez 
ie consumiros en desconsolado tedio ó en teme- 
rarias esperanzas, ó en odios impotentes é íní- 
cQos , podáis llegar á sentir fuertemente vuestra 
razoD, referir todo acto al bien general , y diri- 



giros á fines determinados y justos , con dignidad 
unánime y generosa. 

No creo que la Historia pueda proponerse mas 
digno objeto que el de infundir laborioso afecto 
en los débiles, decorosa y razonada sumisión ha- 
cia la autoridad , amor al orden social , vene- 
ración á la Providencia, consolidando la idea 
moral que hace al hombre sentirse con un des- 
tino social , y lo obliga á concurrir con amor, 
inteligencia y trabajo al mejoramiento de sus 
hermanos y al progreso de toda la humanidad. 



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SIGNOS CONYENCIONALES. 



El signo — antepuesto á los números quiere 
decir hasta. 

Se pospone el signo ? álos nombres y tiempos 
inciertos. 

a. C. y d. C. indican antes de Cristo y después 
de Cristo. 

Por economía de espacio en las indicaciones 
marginales, se suprimen frecuentemente las vo- 



Los números intercalados en el texto (1) (2) 
se reGeren á las notas que van al pié de la pá- 
gina, pero las mayúsculas interpuestas (A) (B) 
se refieren á las notas que van al ñn de cada 
libro. 

Las millas son de 60 el grado, y las legras 
de 20 : las longitudes se computan ordinaria- 
mente por el meridiano de París. 



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RUDIMENTOS. 



Bütaria es la relación seguida de importantes . 
acontecimientos que se creen verdaderos , á fia 
de conocer lo pasado y calcular el probable por- 
venir en el desenvolvimiento de la libre actividad, 
del hombre. 

Se deduce la Bistoria ; t .'* de la propia expe - 
rienda; 8.' de la referencia de quien ha estado 
presente 6 pudo tener conocimiento de los suce- 
sos; 3.* de ios monumentos que los atestiguan. 
Consiste el arte del crítico en discernir en estas 
fuentes el mayor ó menor grado de crédito que 
merezcan , en compararlas , en unir los antece- 
dentes y consiguientes , para llegar á lo que 
constituye la esencia de la Historia , la verdad. 
Para que la Historia se considere ciencia, no 
basta que tenga vagas é inconexas tradiciones, 
sino que se reíjuiere (|ue recoja hechos averigua- 
dos, observados , clasificados y bien descritos. 

Eq cuanto á los objetos de la narración, puede 
ser la Historia polUica , literaria , sania , eclesiás- 
tica , V lo mismo de la guerra, de la civilización, 
del comercio , etc.; ó bien historia de los Esta- 
dos v de los pueblos , ó en tin , historia universal. 
La general v las particulares pueden subdividirse 
se^un el objeto , el tiempo y la materia. 

En cuanto á la forma, se'^divide la Historia en 
crónicas , anécdotas, colecciones históricas , me- 
morias , biografías , y por último en verdadera 
historia , escrita con reglas artísticas y con filo- 
sóBca intención , inquiriendo las causas , los 
efectos y la íntima conexión de los hechos. 

Puede ser la historia universal (1), particular^ 

(i ) L» hislorias imiTemles mas conocidas son : 
Laconpibda por una sociedad de iitrratos ingleses. Londres 

riT— 6; Amsterdanl7it— 92, 46 lom. Me valgo de la edición de 

Pirb.eaS.* * 

GciLUWio GcTHiiB, J. Grat ctc. Hisiofia úeneral del wnnio 

UUe la creación hasta el presente (en inglés). Londres 1761— 

«*.<?»««• . .. , . 

£/ tr/r ie averiguar las fechas de Ion kechO'; hislórieos . de 
Ist inscriprUmet , de las crónicas y de oíros monumcutos ante- 
rwres 9 posteriores é la era cristiaua. Obra del Padre Francisco 
CuiEST, religioso de San Mauro, continuada por varios últíma- 
wflif T mal, en París, aun no concluida. 

Deu'slk di Sallrs. Mater yMERCiRR, Histona de los hombres. 
Parí» 1779^1800, 53 tom, . ^ . .„« 

ftjs^TET, Discurso sobre la historia universal, Pans 1680. 

MiLLOT , Elementos de la historia general. París 1772. Fritólo 
para la edacaeioo. 

J. Habiho?!, Historia universal sagrada y profana,conimui- 
és por LisGrET. París 1754 y sig. 18 tom. 

H. Lnii , Historia general de los pueblos (en alemán 1 , 1814, 



ScasoEcu, Histori* universal. Leipzig 1794— 1817, 8 tom. 

L. Dt£$ci , Historia general política ( en alemán), 1815. 

El naiterto pintoresco y ó historia y desctipcton de todos los 
paeHos . su religión costumbres etc. París , publicándose. 

MemtLLS , Cwno completo de geografía , cronología é historia 
sniifua f moderna. Paris 1804 ( en francés ). 

JrLio Febrabio , Costumbres antiguas y modernas Milán. 

GtTTEEiui , Historia vnitenal sinerouistico. 

Stiu», Curso de los tiempos. 

HáLLER . Historia universal. Ginebra 1814—1 1 , 3 tom. 

A5QC«m, íompendio de la historia universal. l»aris 1801— 
18nf7 litoaos. 

$¿tn, ' ompendUi de la historia universal. Paris 1817—20, 
23 toB. en 8." (tradoeida y continuada en Milán). 

DtLu» , Historia universal, que contiene el «Mctoiiiíwo de las 
kiesrias de todos loo pueblos contemporáneos etc. Pans 1814—20, 

locftTAii rompemiio de ta histona umversal antigua y mo- 
dtrta hasta* b paz ée VersallM. Paris 1790. 



municipal, antigua (2), moderna^ contemportinea, 
según qae trate de todo el género humano , de 
un solo país, de una sola ciudad, de pueblos 
anteriores á la caida del imperio romano , de los 
posteriores ó de nuestra época. 

La llamamos Biografía (3) cuando trata de la 
vida de un solo hombre; genealogía^ cuando habla 
de familias ilustres siguiendo su descendencia; 
sagrada, $\ pinta los sucesos del pueblo ele^- 
do; eclesiástica, si tiene principalmente relación 
con la Iglesia ; anecdótica, si recoge hechos ó di- 
chos sueltos ; litertiria , artística , científica , cuan- 
do sigue los continuos progresos del saber y de 
la industria humana. Se pueden también hacer 
historias de la religión , de las ciencias en gene^ 
ral, ó de alguna en particular, y del propio 
modo las de los tribunales, de los esclavos, de la 
nobleza, de las clases obreras, etc. LdíS Memo- 
rias se refieren á un tiempo breve y á una per- 
sona que tomó parte en los sucesos narrados; en 
las Crónicas se exponen según el tiempo esos 
hechos sencillamente, y aun cuando parezcan 
poco importantes é inconexos entre si ; en los 
Anales se ordenan por anos ; y los Compendios 

K. F. Brcker, Historia universal antigua y moderna , contin. 
por LoEBKL y Mrkzbl , hasta 1789 (en alemán ). 

Rottqk: Leo: Schlosser, Historia universal (en alemán). Las 
dos ultimas están publicándose. 

Bdrrt de Longchamps, Los fastos universales , ó cuadros Ms- 
tórtcos cronológicos y geoaráfícos etc. 

Le Sage, Altas genealógico , cronológico g geográfico. Vi- 
rís 1814. 

Entre los manuales, trabajo de modesta apariencia y de grande 
estudio, sobresalen los alemanes: 

Bbcr , Sucinta instrucción para el conocimiento general del uni- 
verso y de los pueblos. Leipzig 1798. 

Scbroeckr , Tratado elemental de historia universal, 1774—95. 

Y mejor qve todos 
. Herrén , Manual de la historia antigua , considerada respecto é 
las constituciones , al comercio , á las colonias de los diversos Es- 
tados de la antigüedad; y Hanuai históríeo del sistema politico dé 
los Estados de Europa y sus colonias después del descubrimiento 
de lasdos Indias. * 

' * La mayor parte de las obras que el autor, al tiempo de escribir 
esta nota, presenta como en publicación se bailan ya terminadas. En- 
tre ios tratados de bistoria universal dignos de mención , debemos 
citar el del profesor Weber , ( Heidelberg, 4 tom. ) manual elemen- 
tal, instructivo y compendioso y la cronoTogia de Dfpyss continuada 
liasta 1853 , uue acaba de publicarse en Paris. 

(N.delT.J 

(S ) La historia antigua fue tratada especialmente por 

RoLLiN , Historia antigua de tos Egipcios, cartagineses, Astrios, 
Medos, Persas, Macedonios, o riegos; ó Historia romana continua- 
da por Lbbeai- y Crévier. 

HúRLER FREtBERG, Hanuoideta historia general de los pueblos, 
de la antigüedad , desde el princivio de los Estados hasta el fin de' 
la república romana , 1798 y 180z; ó Historia de los Romanos bajo 
los emperadores , y de los otros pueblos contemporáneos hasta la 
grande emigración , 1805 ( en alemán ). 

PüiRSON y Cayx , totnpendio de la historia antigua ,1831. 

ScHLOSSKR , Historia de la antigüedad ( en alemán ) , 1828. 

Rp.MER , Manual de la historia antigua desde la creación hasta la 
grande emigración de los pueblos ( en alemán ). Brunswick 1802. 

Brbdow , Tratado elemental de historia antigua , con un com- 
pendio sobre la cosmologia de los antiguos. Al tona 1799. 

Sirven asimismo: 

GoGUET , Origen de las leyes, de las artes, de las ciencias y sus 
progresos entre los antiguos Paris 1778. 

Heeren , Idea sobre la política y el comercio dé los pueblos de la 
antigüedad. (IV edición.) . . , . . . 

( 3) Las biografías mas conocidas de la antigüedad son las de 
Laercio, Comelio jr Plutarco. Entre las modernas pertenece á hi 
historia general la 0t0^r0pAi« «itttvr«(//í, reimpresa ahora en Paris, 
con adiciones continuas, y en la qne muchos artículos da contem- 
poráneos pueden considerarse como originales. /-^ j 

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LIT 



se ciñen á lo que parece esencial. En nuestro 
discurso indicamos las divisiones deducidas de ia 
sustancia mas que de la forma. 

Ya entre los primeros pueblos hallamos el uso 
de exleuder anales y crónicas, ó por orden de la 
autoridad j ó por instrucción ó por vanidad pri- 
vada. De las antiguas crónicas, pocas han sobre- 
vivido ; de las de los pueblos nuevos se han 
hecho varias colecciones (1). La mayor parte 
de los pueblos no posee ai principio sino reía- 
cioncs de esta especie ; pues que para ver el en- 
lace de los efectos con las causas, calcular y ex- 
1)oner los cambios de constitución, el estado de 
as artes y las ciencias, y en una palabra, ele- 
varse á la verdadera Historia , se requieren li- 
bertades políticas y una cultura que á pocas 
naciones me dado alcanzar. 

La Historia |)o/¿(tca no empieza sino después 
que los hombres se reunieron en sociedad civil 
y en Estados. L^ universal, que considera á toda 
la especie humana en conjunto, se anticipa aun 
á aquellos tiempos, para inquirir los primeros 
pasos de la humanidad. 

La Historia universal es importantísima, por- 
que sirve para unir entre sí las especiales, y abra- 
za un horizonte mas vasto. Presentando solo los 
acontecimientos mas notables y las personas mas 
grandes, forma mejor el ^usto histórico ; logra 
establecer una justicia independiente de los 

Eaises y de los tiempos ; habitúa á clasificar los 
echos aislados, y dirije en la elección de los es* 
tudios particulares. Fara escribir la Historia 
universal puede emplearse el método etnográfico , 
que tirata de cada pueblo ó nación por separado; 
el ieenográficoy que dedica distintos capitulos á las 
artes, las ciencias, la religión, la política, la mo- 
ral ; y el sincronistico , que refiere los sucesos 
de todos los pueblos en conjunto , siguiendo el 
orden de las épocas. 

Llámanse tradicioneé ó mitos unos fragmentos 
de historia primitiva conservados en cada pue- 
blo, que no guardan entre si conexión , y que 
contienen, además de la relación de lo que pare- 
^ ..'.ció mas digno de trasmitirse á la posteridad, las 
ideas entonces dominantes acerca de Dios, los 
frutos de la experiencia, las observaciones astro- 
nómicas, y naturales, expresado todo por medio 
da símbolos y personificaciones. Algunos inge- 
nios perspicaces han deducido del análisis de 
estos mitos importantes verdades , siempre que 
no se han dejado llevar del espíritu de sistema, 
ni pretendido descender de las ideas generales á 
pormenores (2) . Las poesías nacionales principal- 
mente, es posible que oculten bajo el velo de la 
alegoría y de los caracteres poéticos aconteci- 
mientos verdaderos que también se revelan en 
ciertos usos, fiestas, alusiones y hasta palabras. 



(1 ) Como las de los escritores bizantinos; las de los qae lian 
escrito sobre los asuntos de Italia, porMnuTOM*, las de aconteci- 
mientos de Francia , por Du CANGK,y otras por Balosio, Mabi- 
LON, Leibnitz, Martbnf, Rcinart, Duchrsxk, Pkrtz, etc. 

(i ) Citaremos especialmente á 

Viro , Príueipios df ciencia nueva acerca de la naturaleza co- 
mún de las naciones. 

BiANCHiNi, Bixloria universal demostrada con monumentos. Ro- 
ma 1697. 

He Y ME , Comentarios a Virgilio y ala Biblioteca de Apolodoro. 

RorLANGRR , La antigüedad revelada por sus usos. 

CRErzER . Simbólica, ó religiones de la antigüedad consideradas 
principalmente en sus formas simbólicas y mitológicas. 



A las tradiciones se añaden los MonumentcM^ 
que son ó no escritos. Los hombres han solido 
conservar el recuerdo de los hechos insignes 
por medio de montones de piedras , estatuas ó 
trofeos, según la civilización de cada pueblo. Ya 
testifica su anii^edad y poder lo vasto y mag;iii- 
fico de los hipojeos inaios y de las moles egip- 
cias ; ya se ve probada la existencia de una ^ran 
ciudad por sus restos; ya se encuentran indicios 
de batallas, de necrópolis, de tierras que han 
dejado de ser, en las armas, las urnas ó los uten- 
silios sepultados ; ya los restos de una época ó la 
excavación de lavas volcánicas nos descubren la 
constitución de un país , su culto, sus preocupa- 
ciones , trajes , creencias, instrumentos domésti- 
cos, pesas, y medidas (3). Jacob erigió la piedra de 
Betel, como monumento del pacto con Dios; un 
montón de guijarros señaló el paso del Jordán; 
era tan grande el número de monumentos es— 

|)arcides por la Grecia , que en ellos se podia 
eer toda su historia, y no de otro modo se nos 
han trasmitido los sucesos profanos anteriores á 
Homero. Rabia allí exegetas análogos á nuestros 
ciceroni, que mostraban á los viajeros los mo- 
numentos y les referían las tradiciones que cor- 
rían acerca de ellos ; ^ misiagogos , que espe- 
cialmente servían para explicar las rarezas de los 
tiempos; Pansanias se valió de sus narraciones 
para escribir su viaje á Grecia. Llamaremos 
Historia interpretada á las indagaciones hechas 

f)or viajeros según los datos que suministra 
a topografía de las ciudades antiguas , la es- 
tructura de los recintos sagrados, los muros, 
tumbas, templos , subterráneos, estatuas, bajo- 
relieves, medallas, armaduras y utensilios de la 
vida militar y civil que se desentierran diaria- 
mente y dan á conocer lo que no dice la Historia 
ó demuestran lo que dice, lsl Arqueología es cien- 
cia italiana ; Dante , Petrarca y Nicolás Rienzi 
fueron los primeros que pensaron en reunir anti- 
güedades ; el terreno de Roma suministró á los 
artistas del siglo de León X modelos inimitables; 
Lorenzo el magnífico estableció antes que nadie 
una cátedra publica de arqueología, que^nspiró 
á Winckelmanu la idea de unirla á las bellas ar- 
tes , y donde Montfaucon y el conde de Cayliis 
concíoieron la de enseñar el modo de sacar pro- 
vecho de los monumentos y ordenarlos ; Dems- 
tero , Passerí y Lanzi resucitaron la Etruria y 
entre todos se colocó en primera línea Ennío 
Quirino Visconti (4). 
Los monumentos escritos son ó inscripciones 

( 3 j De los autiguos monumentos, considerados como fuente his- 
tórica ^on buenos compendios el de Orerlin , Orbis antiqui monu- 
mentís suis illustroH primes linete. Argentoratj 1790: 

MÚLLER , Handbuch dtr Arckáotogie; 

Cmhupoluoh-Figíac , Ábrégé d* arch^l. Paris 1831. Nosotros 
daremos un tratado completo de esta ciencia. 

( A ) Para todo lo que concierne ú la crítica histórica t al examen 
délos hechos, véase la primera parte del Cours d' étuiles histort- 
ques por P. C. F. Dadnod. Paris 1841 Véanse también : 

Brunet , Manuel du libraire. £1 tom. IV comprende una biblio- 
grafía razonada, que sine de mucho para conocer las obras espe- 
ciales. 

Beck, Anleilung zur Kenntniss des allgemeinen Weltund Wól- 
lergeschiekte. Leipzig 1813, 4 tom. 

L. Wachlrr, (iesch, des kistorisckeu Forsekung und Kunst. Go- 
tinga 1812 , 2 lom. 

Krsch, íiteraturdesGesckickte. Leipzig »18i7, 1 toro. 

OrriNGER, HistoriMckes Arcki», entkalleneiu systematisek-ckro- 
nologisch geordnetes Verzeichniss ron ilOOO der brauchbarsteu 
Quetlen sum Studium der Staats-Kircken-und Recktsgesckickte aller ■ 
Zeiten und Kaiionen, tiarisruhe 1841. 



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ó anales y crónicas» ú otros elementos de la His- 
toria propiamente dicha. 

Tenemos Inscripciones antiquísimas, anterio- 
res á todas las historias, unas en caracteres alfa- 
béticos, otras en gerogliflcos. La mas importan- 
te colección de los primeros es la de los mármoles 
de Faros^ en que se esculpieron, 264 adbs antes 
de J. C. , los principales sucesos de la historia 
griega é italiana, principiando en el reinado de 
Cecrops, 1677 años antes de J. C. y sin adorno 
de fábula alguna. El conde de Arundel los trasla- 
dó de Paros á Oxford en 1628. Para la historia 
egipcia nos han conservado las pirámides y se- 
pulturas muchas listas de reyes , y Cailliaud en- 
contró en Abidos una tabla que contiene dinas- 
tías d€^ reyes anteriores á Sesostris. Hoy se 
estáQ descubriendo en el alta Asia inscripciones 
cuneiformes. Sirven especialmente para la histo- 
ria romana los Mármoles Capiíolinos, hallados 
en Roma en tiempo de Paulo 111 en donde cons- 
tan los cónsules , dictadores, tribunos militares 
y censores que obtuvieron en Roma los honores 
del triunfo. Se lian hecho muchas colecciones de 
las lápidas esparcidas acá y allá; entre las cua- 
les las mas completas son las de Grutero y Mu- 
ratori. 

Las Medallas sirven para el conocimiento de 
las épocas y genealogías, particularmente tra- 
tándose de pueblos cuyos escritores no existen. 
Por ejemplo, las monedas traídas no ha mucho 
de la India, han dado á conocer la serie', hasta 
ahora inorada , de los reyes de la Bactriana 
descendientes de Alejandro , y hoy se está des- 
cubriendo la de los principes abisinios. La im- 
postura ha introducido con frecuencia medallas 
falsas en las colecciones , lo que en nuestros días 
ha dado deplorable fama al alemán Becker. La 
Numismática trata de monedas y medallas ; la 
Diplomática de papeles ; la Genealogia de la su- 
cesión de las familias ; la Heráldica de los escu- 
dos de armas y las divisas; la Anticuaría de los 
monumentos , y la Fihlogia del verdadero sen- 
tido de los escritores y las palabras ; todas estas 
ciencias son auxiliares de la Historia. 

lj(x^ Documentos públicos merecen mucho cré- 
dito , pues aue las naciones están interesadas 
en su veracidad , y tienen uua grande impor- 
tancia, porque abrazan los tratados y conve- 
nios de los diferentes Estados. Las colecciones 
mas completas que existen son la de Bar- 
heyrac, en cuanto á los tratados públicos an- 
tiguos , y las de Dumont , Koch y Scholl , en 
cuanto á los modernos (1). Los documentos par- 
ticulares, además de servir para comprobación 
de las épocas, nos revelan la condición de cier- 
tos pueblos ó clases en los distintos siglos. 

M j . Barbbtrac , Hutotre des 'nuciem traites jusqu* a Charte- 
«^«í. Amstefdam 1739, 2 tora, en fol. 

ntifORT , Le corps umverstí et diplomatiqtu! du droH den gens; 
tm Recueil dea Traites de paix , ailtances etc. faits en Europe 
«efut Ckarlemaffne Jusqu' h presení. Amsterdam 1 726, 8 lom. Sup- 
f!f»entau corps dipiomutique , parí. Üumoxt rt J. Rocssrt, ib. 
1 <o9, 3 tan. 

Saint Phiest. ttist.des Traites de paix da XVII siecle. Áms- 
t'rdam 1723,2 tom. en fol. 

Negoiwtiaits secretes touckant tu paix deMmster el d* Otnabrwk. 
naya 182i-2íí , 4 lom. Todas estas obras forman la colecrion que 
se denomina del Cuerpo diptomátieo. A ella se refieren lambien las 
qnc siKoen: 

Rtjier, FiTdera conrentianesque. Londres 1714^27, 17 tom. 
en rol. ^ 



LV 



A pesar de todos estos auxilios , no le es dado 
á la Historia aspirar á uua certeza matemática; 
pero hay un arte de distinguir ó de conjeturar 
lo verdadero , lo probable , lo inverosímil , lo 
falso , y este arle se llama critica. Algunos le han 
querido aplicar el cálculo de las probabilidades 
que no tiene mas apoyo que el que le prestan razo- 
¡ namieutos erróneos ó arbitrarios datos : pero el 
mejor método es el de pesar las circunstancias, 
I comparar entre sí las relaciones y examinar los 
' testimonios. El escepticismo que rechaza el 
' aserto de testigos probos oculares y de pueblos 
enteros , debe dudar hasta de la prueba de sus 
propios sentidos ; de consiguiente, no existe para 
él la Historia. A íleródoto , Ctesiasy Marco Polo 
se les tuvo por autores fabulosos, hasta aue des-- 
cubrimientos posteriores y sucesivos los nan jus- 
tificado. Debe, pues, la critica, con una duda 
racional, inquirir los hechos , desechando los 
que repugnan á la naturaleza de las cosas ; pene- 
trar loque tienen de simbólicos y lo que los hace 
oscuros ó repuguantes ; revestirse de las opi- 
niones de caaa época y de cada escritor ; con- 
ceder la parte cx)rrcspondiente al temor , á la 
adulación , al espirita de partido ; poner , en fin, 
en la balanza á los detractores y panegiristas. 
Sin critica, la Historia es como un ciego que sirve 
de guia á otro ciego. 

Los acontecimientos históricos no pueden ser 
conocidos distintamente mientras no se les asig- 
nan los lugares y tiempos que les son pro- 
pios, esto es , mientras no se diga él donde y el 
cuaixdo; sin esto, carecen de significación y de 
valor i pues cada uno de los hechos, si no resulta 
inmediatamente de los que le preceden, está 
modificado por ellos y por la naturaleza de los 
hombres, de las costumbres, de los climas. En 
esto se fundó Bacon para llamar á la Geografía 
y á la Cronología los ojos de la Historia. 

Todas las naciones tienen al principio una 
Geografía fabulosa , en la que depositan sus 
ideas acerca de la figura y constitución de la 
tierra, limitadas al corlo número de países 
que conocen. Sigue después la geografía his- 
tórica, que se acomoda á las variaciones á que 
están sujetos los pueblos en las distintas épocas. 
Entre los antiguos la Geografía observaba con 
preferencia los pueblos; hoy atiende mas á los 
Estados; pero en ambos casos es fútil y pueril 
si solo contiene una serie de nombres ,* ó si se 
contenta con determinar posiciones de países, sin 
añadirconocímicntos geológicos, artísticos, agra- 
rios, antropológicos y estadisticos. 

Se han hecho detenidos estudios sobre la Geo- 
grafía antigua, que en los tiempos modernos 
han adelantado inmensamente las obras de Mal- 
tebrun, Urville, Ritter, y especialmente el Exa- 
men critico de la Geografía de Humboldt (2). 



Lbibnitz , CéOdexjnris gentium diptamatievs. Hanover 1693. 

Lí: HiG , Codex Ualitr diptomatteus. Francfort 172f), 4 t. en íoi. 

Martrks, Reeneit des princlpaux Traites dépnis 1761. Goltin- 
ga 1791 , 19 tom. 

Kocii y SchAll , tíist. gen. den Traites de paix depnis la paix 
de Westpkalie. Paris 1817 , 15 tom. en 8.* 

Actualmente estA pubIic4indo Dídot en París el Nouveau eorps di- 
ploma fique , por los abogados Ronjeak y Pablo Odrnt , que es una 
colecrion de tmlos los tratados desde el' siglo viii en adelante. 

( 'i ) Obras principales sobre la ReograHa antigua : 

0* Anvillr , Áttas orbis anliq, *" 



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LVI 

La Cronolo^a se enlaza con la Átíronomia y 
con ciertas instituciones, conforme á las cuales se 
han dividido los tiempos en periodos fijos ó en 
eras limitadas. Esta es su parte técnica ; en cnan- 
to á la positiva, se averiguan los tiempos : 

1.° Con eltestimoniodelosautores contempo- 
ráneos ó próximos á los hechos que se refieren; 

S."* Por medio de inscripciones, medallas, 
monedas, diplomas , etc.; 

3."* Con la coincidencia de fenómenos celestes, 
como eclipses, fases de la luna, cometas. 

Muchas veces no sabríamos & qué atenernos, 
sin el auxilio de la Astronomia, en la que (cosa 
admirable tratándose de cuerpos tan lejanos) 
hallamos la certidumbre aue nos niegan los ob- 
jetos que nos rodean : Tolomeo en tí Ahnagesto 
conserva memoria de varios eclipses, refiriéndo- 
se al año del rey que á la sazón gobernaba ; y 
computando el tiempo y calculando la diferencia 
del meridiano y del calendario, encontramos 
el año en que empezó aquel monarca á reinar. 
También Tucídides dice que en el primer año de 
la guerra del Peloponeso se eclipsó el sol después 
de medio dia; que aconteció lo propio en el oc- 
tavo ; que hubo otro eclipse lunar en el décimo 
noveno; y así calculando los eclipses pasados, 
hallamos'que la guerra á que alude empezó 
431 años antes de J. C; y como se añade 
que tuvo principio en el primer año de la olim- 
piada LXXXVII^ esto es, 345 después de la ins> 
titucion de esta era , sumándolos con los 451 
mencionados, vendremos en conocimiento de que 
las olimpiadas comenzaron 776años antes de J. C. 
Newton, comparando el sitio que ocupaban los 
puntos cardinales de la esfera atribuida á Qui- 
ron en la época de los Argonautas, con aquel en 
que los observó Melón, 432 años antes de J. C, 
y calculando la precesión de los equinoccios en los 
siete grados recorridos, fijó en el de 936 la es- 
pedicion de los Argonautas, con cuyo dato de- 
terminó las demás épocas de la historia griega. 
Pero la crítica debe aislinguir entre las diversas 
pruebas el mayor ó menor gradode certidumbre, 
y se han escrito varias obras única ó principal- 
mente dirigidas á comprobar las techas (1). . 

Tan antigua quizá como la palabra y la escri- 

HcMEL, Brdks, Stroth , Hkkrr.n , etc. , UaHuai de geografta an- 
tigua (en alemán). Nuremberg 1781, en 3 partes. 

GmsT. Cellaihi, NotUia orbis aiUiqui. Leipzig 17(M-^06, 2 to- 
mos en L' , con observaciones de G. C. Schwartz. 

K. Mannbrt , Geúgrafia de los Griegos u los Homanos ( en ale- 
loan ). Nnremberg 1788—1802 , 6 partes en 8.*, obra iuiciosísiiiia. 

Fran. Acg. Ukert, Geografía de lo» Griegos y Romanos hasta 
Tolomeo ( en alemán ). Weimar 1816. 

GossBLiN , Geografía délos Griegos analizada. París 1790, en 4.% 
é Indagaciones sohre la geografía de los antiguos. París aüo Vi. 

J. Rennel, Sistema geográfico deüeroaoto (en inglés). Lon- 
dres 1800, en 4.* 

i. Lblewrl, Indagaciones sobre la geografía de los antiguos ^en 
polaco). Vilna 1818, con mapas. 

Ansart , l&¿€is deoéographk historique du mogenage^ 1839. 

BuvETT, DuRY , CaMers de geograpMe hisioriaue. París 1838. 

(1 ) Es una de las principales el Árt de verifier les dales » va 
citado. A esto mismo se encaminan los conricnzados trabajos de 
César EscnItJero , Pctau , Riccioli , Símson , Pezron, Newton, Fré- 
ret, Mabilion, Oncange, Labbe. Usher, Blair, tiUvisio, Cban- 

treaa , Serieys, Toumemine, Delimíers, Desvignolles El fruto 

de aquellos prolijos estadios fue puesto al alcance de la genera- 
lidad de los lectores por 

i. Picor , Tablettes chronologiques de V kist. universelle sacrée 
et profane , ecclesiasti^ et eivile, déjmis la creation Jusqu* á P 
année 1808 , owrage rediga d' aprés cetui de /' abbé LengM du 
Fresnoy. Ginebra 1808. 

C. Gattbrbr, iU^mpendiodecronologui (alem.). Gottinga 1777. 

Champollion-Fbigeac, Hesumé de chronotogie. Paris 1835. 

G. J. HúBLER , Tablas siucronUtticas para la historio de tos fue- 



tora y como ella de origen ante-htstórioo, es b 
distribución del tiempo en parles , tomadas del 
movimiento de los astros. Una rotación de la 
tierra sobre sí misma constitaye el dia , que es 
la primera y mas universal medida del tiempo; 
el cual se divide en 24 horas de 60 minutos cada 
una ; uña entera revolución de la luna constituye 
el mes ; una vuelta de la tierra al reded(^ del sol 
el año; cien años forman un ^¡qIo ; cinco un hu- 
iro: cuatro una olimpiada; ([uinoe una indic- 
ción (2). fis(as son las divisiones comunes del 
tiempo que presenta la Historia , pero su diversa 
duración y el distinto modo de principiar- los 
años y las eras , complican mas de lo que á pri- 
mera vista se cree, el estudio de la Cronología; 
de donde nace la absoluta necesidad de que el 
cronólogo conozca perfectamente el calendario 
de todas las naciones y las mudanzas que encada 
una ha experimentado. Plutarco refiere con fre- 
cuencia los hechos á fechas atenienses ; pero estas 
son unas veces las que se usaban en su tiempo, 
y otras las que servían en la época de los acon- 
tecimientos, de donde se origina suma confusión. 
Al principio se contaban los tiempos por ve- 
neraciones, como vemos en Homero ; en la Biblia 
se enumeran diez generaciones antes del diluvio 

Í otras diez desde este á Abraham ; Dionisio de 
alicarnaso (3) citando á Ferécides , Sófocles y 
Antíoco de Sicilia, cuenta cinco generaciones 
desde Inaco áEnolro, y diez y siete desde Eno- 
tro á Anquises. Tres ^neraciones , según He- 
ródoto y el mayor numero de los modernos, 
componen i 00 años. Después se introdujeron las 
Eras, puntos determinados por cualquier impor- 
tante acontecimiento histórico ó astronómico, 
desde el cual se cuentan los años. Cada pueblo 
tuvo la suya ; pero los mas cultos han adoptado 
dos eras principales, una antes y otra despm 
de J. C. , el cual , según los cálculos, si no mas 
fundados, mas comunmente admitidos, nació 
el año ^004 de la creación del hombre. 

Las Épocas son divisiones menos extensas, qoe 
señalan ciertos reposos en el curso de los tiem- 
pos, fijándolos en sucesos notaUes que por lo 
mismo se dice que forman época. Estas, sin em- 
bargo, varían, como es natural, según los pue- 
blos y los autores. Los Europeos aceptan uDá- 
nimemente lasdivisionesdela Historia universal 
en tiempos oscuros ó fabuiosos , anteriores á toda 
historia verdadera de los hombres; tiempos anr- 
tiguos, hasta la caída del imperio de Oocidenle; 
edad media, hasta la caida del imperio de Orien- 
te y el descubrimiento de la America ; y tiempos 
modernos , hasta el dia. 

En cuanto á la Historia que vamos á narrar, 

¡a hemos indicado (4) las épocas en que se 
ivide. 



blos, principalmente según la historia uni^enat de Gatterer, 
1799-1804. • 

I lOELBR , Indagaciones histériau acerca de las observaciones ss- 
tronónucas de los antiguos ( alem. ). Berlin 1805. 

D. H. Hegewisch, introdueion é la tronologia de ia historia. Pl- 
ris 1812 (alem.). 
ScHóLL, Elémens de ckronologie kistoriqne. 
I Am. Sbdillot, Manual de cronología nnipersat. Paris 1836; y 

otros. 
I <i) En naestro tratado de CftOKOLociA se bablaeoD mas exten- 
, sion de esta materia. 

(3) Ántif.Rom.,miA. 
1 (4) OUGUnSO SOBRE LA HlST. URiy^g. XXJX 7|SÍg. 

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HISTORIA UNIVERSAL 



NARRACIÓN. 



LIBRO PRIMERO. 

DESDE LA CREACIÓN HASTA LA DISPERSIÓN DE LOS HOMBRES. 

•OMABIO. 

Gtatsis. — Bjitá del nnido , legín la Geolofit , — stgm los InlMjos de los hoi»br«« , — segan las hislorUs.— L'aiiiad de la raía hmn- 
n , pnilada por la Fisiología , — por el lengvaje , — por la armooia de los sentinienlos, — de las tradiccione» ,— de los coDooimienlos . 
— Aasertcanos y Australes. — Prioeras países babilados. — Primeras sociedades. — Dispersión de los pueblos. 



CAPITULO PRIMERO. 



Génesis. 



Al principio creó Dios el cielo y la tierra, y 
las cosas que arabos contienen. Después ordenó 
la materia informe y agitada ; separó el agna de 
la parte seca ; mandó á esta que produjese las 

Santas y las yerbas , y á aquella los reptiles; 
e^ocreó las aves, los peces y demás animales, 
y Vio que cuanto habia hecho era bueno. Por 
ultimo formó al hombre á su imagen, dándole 
el ser, el conocimiento, el amor y la libertad, 

Í destinándolo, como su representante y sacer- 
»te , á ejercer dominio sobre las criaturas y loar 
al Criador. En seguida le buscó una compañera, 
y estableció la sociedad doméstica , base ae todas 
las demás. 

Pero los primeros seres racionales no se con- 
tentaron con su felicidad , sino que deseando co- 
nocer mayores cosas, abusaron de los dones de 
Dios. Puoiendo, merced al libre albedrio , amar 
á Dios, ó amarse á sí mismos , hallar al Criador 
en el mundo ó hacerlo servir para sus propios 

Sáceres, excogieron lo peor y abrieron asi desde 
s primeros días de la humanidad las llagas 
que la han atormentado perpetuamente^ á sa- 
ber : los esfuerzos inútiles para alcanzar una 
ciencia que ó huye de nosotros ó nos aniquila 
sin resultado ; los peligros de la libertad , cuyo 
nombre es tan dulce, como arduo el uso de 
ella y amargo el abuso ; y el insaciable deseo de 
traspasar las barreras que la ley moral impone 
á la flaqueza. Pusiéronse entonces en desacuer- 
do la imaginación y la razón, la inteligencia y 
la voluntad: lucha que constituye la Historia, y 
en la que se ve al hombre individualmente y á 
la humana especie en general afanarse para po- 



ner en armonía el corazón, los sentidos y el en- 
tendimiento. * 

Habiendo perdido el hombre la felicidad pri- 
mitiva, se le rebelaron los animales y tuvo que 
Knarse el sustento con el sudor de 'su rostro, 
ísterrado á una tierra de fatigas, de des- 
gracias, de enfermedades, fue preciso que ex- 
Siase su culpa y se hiciese acreedor á sublimes ! 
estinos. De esta manera el mismo castigo venia 
á ser signo y carácter de la dignidad del hombre; 
pues que este, vencidos los obstáculos, debiapro- 
gresarsiempre, logrando que triunfase el espíritu 
de la materia, con las conquistas sucesivas de 
las artes y las ciencias y con el ejercicio cada 
vez mas desembarazado de la vofuntad en la 
senda del bien. 

Adam y Eva empezaron, pues, á servirse de 
la tierra, y engendraro n á (lain y Abe l, agricul- Prime- 
tor aquel y pastor este. Aml)os ofrecian á Dios ^^^' 
sus dones;' pero Abel con mayor fe, por lo cual 
eran sus ofrendas mejor recibidas del Señor. Es- 
to produjo enemistad entre ellos: primera ma- 
nifestación en la sociedad , de la desunión veri- 
ficada ya en la conciencia. Cain envidioso mató 
á Abel , y la sangre comenzó á contaminar la 
tierra, que tanta debia embeber derramada por 
la envidia. Cain, llevando sobre sí la maldición 
de Dios y destrozado por los remordimientos, 
huyó á países lejanos, con el temor de que al- 
guno lo asesinase ; pero el Señor lo habia mar- 
cado para que sufriese el tormento nuevo de 
una vida temerosa y execra(ta/.< Engendró hi j os . 
y fue el primero qíie buscó asifó ^^fó laori- 
cando una ciudad , á la cual llamó Enoch , que 
era el nombre de su priniogénit<^Enocheng^- 
dróájad . Irada Maviael, Maviaei á jMIatusaléii 
V^ÍSlfáXamech. 



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y'*>-^ 



\ 



i ^f ÉPOCA 

Lamech secaS^n ^flay Sp% y tuvo de la 
*' primera á Jabel, que se dedicó á pastorear ga- 
nados, viviendo debajo de tiendas, y á Jubal, 
que ensenó á sacar sonidos de las cuerdas y del 
aire; de la segunda tuvo á Tubalcain, que tra- 
bajó con el martillo y construyó toda clase de 
utensilios de cobre y (le hierro. 

Set, iinMft^ Wr niiq^iop tm ^s de Adam. en- 
gendró á i^os, el cual introdinó soVémaes for- 
mas de cuho. De Enos nadó Cainan,' después 
Malalael, después Jared, luego Enoch, y en se- 
^ida Matusalén, padre de \4^ss^^y que lo fue 
ae Noé. Xa vida de cada uno era de centenares 
de años. 

Los descendientes de Set se llamaron hijos de 
Dios, como fíeles á la ley ; y los de €|iia, hij^ 
de los hombres. El amor contribuyó á lal náion 
de los hijos de Dios con las hermosas hijas de los 
descendientes de Cain ; y su prole , confiando solo 
en la fuerza, caminaba de mal en peor. Indig- 
nado Dios , envió un diluvio que suiíergíese á 
todos los hombres, cuyo número se habia aumen- 
tado considerablemente en unos tiempos de tan 
larga vida. Solo perdonó á Noé, con su familia 
y muchas especies de animales, que se salvaron 
en una inmensa barca, preparada por él con- 
forme á las órdenes del Señor (i). 

Los escasos restos del género humano flotaron 
en ella sobre las aguas, hasta que, disminuyén- 
dose estas, la barca se detuvo en las montañas 
de Armenia. Los anioiaies que salieron , se dis- 
persaron por la tierra y la poblaron nuevamente; 
las estaciones se dispusieron como hoy exis- 
ten (2) ; volvió á reinar el orden de la vejeta- 
cion , y Dios aplacado, bendijo^ los hombres, y 
dijo : < Creced, multiplicaos, poblad la tierra y 
rosprf» 'ejerced dominio sobre los demás animales, so- 
ceptoc ibre las aves y los peces, que os alimentarán, 
- »lo mismo que los vejetales ; pero el que der- 
^^Sramare sangre humana, pagará con la suya 
ij^ ' »proDÍa ; pues el hombre está rormado á in^ágen 
."^ »deDios.i 

Noé y sus hijos Gam, Sept? Jafet, nuevos 
[ladres del género humano, se dedicaron á cul* 
tívar y poblar la fierra. Noé, por medio del cul- 
tivo ae la vid , halló modo de obtener di vino, 
7 desconociendo sos efectos se embriagó; Cam se 
mofó de él, y Noé maldijo á Canaan, hijo de 
Cam, diciendo que seria siempre inferior á sus 
hermanos. 

* Multiplicados después los hombres con mila- 
grosa celeridad, se vieron obligados á abandonar 
las risueñas llanuras de la Mesopotamia ; pero^ 
antes de esparcirse por el mundo, quisieron de- 

(i ) Segia Ib fiwritiira , el área tenia 300 éoúos dr targo; 3# 4e 
alto y 50 de ancho. El codo de qoe habla Moisés debia de ser el que 
en su tiempo se asaba en Egipto, cuyo modelo se encontró por Cha^ 
nlléi cscalpiio en ana pirámide y que corresponde A ^ pulgadas 
j % lineas del pié de París. 

El arca tenia» pues, de longitud Mf pies r 6 pulgadas. 
de anchura 85 » 3 » 
de altara M » 3 » 

Es decir qne sobrepujaba eu tamafio á Santa Sofía de Constanti- 
Dopla , i la catedral de xMilan y á San Pedro de Homa. Suponieodo 
& la madera de construcción el grueso de un codo , tendremos que 
la capacidad de esta nave era de 1.781,377 pies cúbicos; y si se 
aipenen 42 pies cúbicos por tonelada ^resultarít que el arca podía 
cargar mas de 4¿,il3 toneladas. 

{t ) He inclino i creertoasi , aun después de haber tratado de de- 
WMlrar Laplace qoe era imposible, qoe el eje de la tierra /ue en 
no principio perpendicular al zodi&co, y que por coASiguiente toda 
ella dlsñrutaba de un perfecto equinoccio. 



PRIMERA. 

jar, como monumento de sus fuerzas unidas, una 
mmensa torre. Esto desagradó á Dios, y descen- 
diendo en medio de ellos , confundió las lenguas; 
de manera que hablando todos al principio el 
mismo idioma, entonces cada uno se expresó 
de distinta forma, la obra quedó, pues, inter- 
rumpida, y las tres estirpes, buscando nuevas 
patria , toe dispersaron, conservaido variedad 
enlasemejanza, como s«eleacoiite<^r entre her- 
manos. 

A esto se reduce la relación del mas antiguo 
de los historiadores, cuya exactitud, aunque no 
se c[uiera tener en cuenta la inspiración divina, 
esta conflrmada por pruebas deducidas de muy 
diversas fuentes. No hemos creido gue debiamos 
' pk^r poi^alto esta primera edad , ni dejar á otras 
ciencias él cuidado de aclararla. En ella se en- 
cuentran los orígenes de todas las instituciones 
humanas; sobre ella están fundadas la fraterni- 
dad universal de los hombres , sus primeras le- 
yes, sus creencias comunes; las virtudes y los 
pecados que vemos allí en una familia, los halla- 
mos después reproducidos;^ laa naciones: ¿có- 
mo, pues, podríamos adelantar la obra de nues- 
tio edificio , sin haber asegurado antes los 
cimientos? Como el botánico que, al querer des- 
cribir una planta , empieza por el estudio de las 
semillas, nosotros nos detendremos en los oríge- 
nes de la humanidad, para conocer, así el teatro 
donde debe operar , como los actores. 

CAPITULO n. 

Antigüedad del mundo. . . 

La primera cuestión que se presenta es la de 
la antigüedad del mundo. Desde que el saber se 
rebeló contra Dios , apeló á la ciencia mas anti- 
gua y á la mas moderna (3) para desmentir el 
relato de Moisés; pero, interrogadas la astro- 
nomía y la geología con leal conciencia y mas 
vastos conocimientos, depusieron ei^ su favor. 
. La teología y la razón están de acuerdo en 

(3) Dejando á an lado los suefios, y apenas nombrando i los 
italianos Leooardi y Biringuccio , el só/on Agrícola, rita uer) fue 
quien primero hizo en el siglo xvi exceisotos ubservacnilifls sobre 
la formación de lak sustancias míncraJ<%, y tanbieír su eoiuempo- 
ráneo Bernardo de Palissy, alfarero francés. El ntonés Kracastoro 
habia ya lijado su atención en las conchillas fósiles y en Jas seíiales 
de ios peces y otro¿ auimiües y de véjctales que se encncolran fre- 
cuentemente impresas en los mlnecales^con especialidad en el 
monte Bolea , prdiimo i su patria; dedoRieidd dc:sa pofiiclfto res- 
pectiva due no nodiaii haber sido sepultados en una misma 6poca. 
Mas adelante aaivinó Stonon que agüellas petrificaciones servrriata 
algún día para determinar la edad relativa de las rocaft tloode se 
ocultan. Hacia la mitad del siglo pasado, empezó Tylas á hacer con 
alguna exactitud descripciones mlueralógicas, ejemplo iiñitado 
después en Alemania y Suecia. Seguidamente ospaso tt¿igtuann*en 
su tíeoffrafta finca, unos cuantos hechos importantes J«spcctú á 
la posición de los minerales f^\o^ Ilíones metálicos. Pallas reeor- 
ria entretanto las apartadmi regiones de Rasia, y extraía de entre 
los hielos de la ^iberia animales propios de las zonas cálidas. Estas 
observaciones 4 siu embargo, no se hablan diiigido ánn solo Objeto, 
ni estaban dispuestas tan sistemiticamenie que puditran ronstUnir 
una ciencia. W erner , aprovechando la oportunidad de hallarse eu 
un país abundante eu antiquísimas minas , ( las de la Isla de Elba 
no nos permiten llamarlas las mas antiguas de todas) eaaoMá ox«- 
miuar y caracterizar la sucesiva formación de los terrenos, mediante 
la composición y estructura de las masas minerales y las circón?- 
lanrhis de su posición y orden en que están sobrepoestas: sccvih 
I d^ron este buen principio Saussurre , con sus viajes a los Al¡iei>, 
I Doioniicu con sus trabajos acerca de las producciones vofránicas y 
' rocas magnésicas; y entre los Italianos, Ardoüto* Martail» ^oro, 
i Hermenegildo Pino, I^neislak y Jirocchi. £lstc ultimo, en su Dis- 
i curso preliminar á la Couchioioa/ia fósil tnb-apcnina, menciomi 
una serie tal de escritores italianos que han hablado de la&fé«ilcs, 
que niaguna otra nación pudiera presentar otra eqaivalenie , y en- 
tre ellos, nombres insignes, por ejemplo, los de Moro, Vailisnierí 
y «eneralli. Por Ultimo, oe«pd el primer paestoelbartodaCurier, 




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PUBLIC UI>RAFw 



ArrOR, LENOX AND 
TlLDfM FOUWDATION&, 



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antigUbda» del brindo. 



3» 



eme loe seis días de la ereaejon deben enten- 
aerse diversos de los Boestros (1). ¿Cóoio no 
considerarlos tales , cnando entonces las sombras 
no ahernaban todavía con la hiz? ¿cuando ann 
no existían planetas para medirlos? Entre los 
mismos hombres , ¿cómo no han de entender de 
distinto modo la mañana y la tarde , el habilante 
del Sena y el de los polos ? iLos seis días son, poes, 
seis edades de la tierra, cuya duración no es dar- 
do al hcHnbre calcular , pero que dejaron de si 
huellas en el globo. La geología , desenvolvien- 
*do las zonas que ciñen laí tierra y (jne han hecho 




de 



IOS la. 

i\ obliga áloB mmerales á darla 
""formación. Cuvier (cuyos sistemas 
zoológico y paleontológico, ycuyateorfo dé la 
tierra aceptamos con reserva) reunió cuantos hiteM> 
sos fósiles pudo^ y dedujo de su estudio, quenne»- 
(ro planeta había esperifflentado grandíes revolu- 
ciones , ocupando el mar los sitios en otro tiempo 
poblados de anímales y destruvendo las especies 
oitonces existentes ; y que el ültrmo trastorno 
foincidía con la época del dihvvio de Moisés (2). 
En el primer día la materia incandescente, one- 
deciendo á la mutua atracción y á las fuerzas 

reonlendo muchísimos huesos fósiles, con cuyos frasmcntos recoas- 
titoTó los seres i que liaMan pertenecido , t fonno así una escala 
de las varias especies rie animales goe han Mío desapareciendo de 
b baz de la tierra. Bron^niart, Hauy , Bnrkiand , Conybeare » Des- 
babes, Fermsac, De Fischer, Mantell, GoMfuss, Ager, Marcelo 
de Serrea, de Buch, Agassia, Biias de Beaumont... y loa italianos 
Sisnonda, Pasinf, Párelo... han hecho dar gigantescos pasos á este 
ramo del saher. 

De este laodo , inierrofados los hechos con lealtad , contestaron 
creasdo ana ciencia ; y los mismos hechos observados por los bur- 
kmes oíos de Voltaire, le inducían i decir que /«t fótsUes marins, ei 
Ui eofMiUe» tf* Mires qa* on irowe sur les kmtieurs de MotUmar- 
(re , pawrttieMt bien provenir de quelques dejeúners , que les bour- 
geois de furls $ mment fáU ,ilfa quetques slecles. 

(i } Estoy lejos da querer :|Qe este libro sea una disensión teo- 
lógica ; pero, puesto que yo protesto de mi completa sumisión á la 
Iflesta católica, me es grato tranquilizar á los mas tfanidos acerca de 
b idea qae eoBf ierte en aels épocas terrestres los seia días de la 
f reacioo. En el texto hebreo que traduce la Válgala Fial lux, ei lux 
tecla esi, se emplea on participio, que tradueiriamos bien dfeiendo, 
Y U tus se kaeiu , expresando ana aecion continua mas bien que 
icsUniinea. * Ei orden mismo de la creación muestra que á Dios plu- 
go manifestar su poder creador por grados. Orígenes (/» Oen. I. IV, 
1. 16. 1. 1, p6g. 174 de la e«liciaode loa BenedictiB08)diee: «¿Qué 
>boaihre sensato puede pensar que el primero, segundo y tercer día 
«estuvieran sin sol , luna 6 estrellad • San Gregorio Nazianzeno, si- 
goiesdoáSaa Justino mArtir, supone un periodo indeterminado en- 
tre b creación y el primer arréalo de bs cosas. ( Oratio U, 1. 1, 
p. !H , edic. de los Benedictinos). Un personaje eminente creia que 
fl primer oapitnio del Eclesiástico aludia á deatracciaoes y repf»- 
áucdones sucesivas {índugaciones sobre lu GeologU, lloverelo i\Si\, 
p. 63). Frayssidoos en la Defensa del Cristienismü , dke : « Si des- 

• cubrís que el globo terrestre debe ser mocho mas antígao que el 

> género humano... 00 es licito ver en cada uno de los seis días otros 
"tastos periodos indeterminados; y vuestros descubrimientos ex- 
«pUtaiáa o» paai^o cayo sentido no está aun bien claro.» El doctor 
^isewan {Twetve Uclures OM tke etmnexion between seienceand 
rettalH reH^km, Londres , Boked 1835 , 2 1. in 8.') decia : * ¿ A 
MBíen repagna auponer que desde la primera ereacion del tosco 

> embrión de este hermosísimo mondo, hasta el momento en que 

> se adorad de todas sos bellezas haya elegido Oíos una proporción 
»T escala por cayo medio adelantase la vida progresivamente hacia 
■la perfección, tanto en el vigor interno, como en los adornos ex- 

> tenores ? Si la geología probase algo por el estilo , ^ quién osaría 
«decir que no conviene, en virtud de una estrtcha analogía, con loe 
•dea^os de Dios en el gobierno físico y moral de este mundo? 

• ¿ quite podría afirmar qae contradice la palabra santa , cnando es- 

> (amos rodeados de tinieblas en cuanto al periodo indefinido de es- 
>tos trabajos de gradual desarrollo ?• 

(2) Ccrvma, Dticours'sur les rieeluHons de lu surftee du globe 
ttksekaufemens Muelles eni produit duns le régne animal ;\l 
edición francesa, Airis 1830. 

BocKLARD, Geohgif and mMeralagg constderedwith referenceto 
nsturai tkeologg, 

BuniLo-LBP«aTas, Traite de géelogie. 

* la Vnlgala no traduce en este caao con exactitud las palabras 
hebreas TM~^r01 TM ^rP las cuales no dicen mas que : haya 
Ati , y Me /«a. La locncion se compone de un imperativo v de un 
pretérito remolo. Por lo demáa , bien poede admitirse una distinción 
fMre el acto netañtáneo de ta creación y el dMarroilo suceskoo de 
bs fuerzas y elementos del mondo. ( N. del T. ) 

TOMO !• 



eentriñiga y centrípeta, tomó U foroKb do \ 

inm^sa esferoide, donde el cuarzo, el TeMÍfipalo, 
el antibol , el talco y la mica se agruparon para 
formar las rocas de granito y protogiao , nadan-* 
do en un mar de fuego , del <}tte se desprendían 
densos vapores , inaccesibles a la hiz. La estru»* 
tura de aquellas primeras rocas es cristalina, 
como resultado de la fusión ignea; la materia, 
al consolidarse , se hi^ mas compacta , dejando 
abertmras en las cuales se formaron los metates 
y composiciones silíceas, ccmio el topacio, la 
amatista y el cristal de roca; pero en todos estos 
terrenos no se encuentran rastros de anímales ni 
de yejetales. En d segando día aparecieron las 
aguas; y en días, mantenidas á altísima tenn 
peraCara por una pesada atmósfera, se formami 
tas rocas de ¿ronstct^i, eslo es, aquellas en <f» 
se imen los caracteres de la estructura cristaliáa 
llevada á cabo por el fuego á los dd lento sedi- 
mento de las aguas; dejáiidose ver islas y conti- 
nentes, que se cubrieron de liqu^es, musgos, 
algas y desmesurados heleohos, mienten muía* 
bam ya en las aguas los animales invertebrados, 
como pólipos, madréporas, amonitos y la gran 
familia de los trilóbitos. 

Los fragmentos de aquella gigantesca Tdela- 
cion formaron las capas de carbón féeil de los 
terrenos de transición. La atmósfera, en extremo 
densa, depositó varias sustancias en estado de 
vapor, y poniéndose con esto transparente, dio 
paso á los rayos solares. El agua , menos cálida, 
depositó sustancias salinas, que aumentaron los 
terrenos inferiores. Los animales primitivos, 
privados de la atmósfera densa , húmeda y te- 
nebrosa , perecieron, y sobre los terrenos secn- 
darios de esquisto, aq>^ron gris, sal marina y 
creta blanca, aparecieron, á la tercera edadf, 
animales vertebrados, empezandopor los saurios, 
lepidoideos , escualos y otros reptiles y peces , sin 
ningún mamífero; y la tierra se lleno de veie- 
tales ramosos , de heléchos arborescrates, de ao- 
vadísimas calamitas, como se ven hoy en los 
trópicos, pero sin ninguna planta dicotdedónea. 
En el cuarto día se presentaron los reptiiesde for- 
ma enorme y monstruosa, con miembros amon- 
tonados de una manera extraña, cuales hoy los 
vemos con asombro al desenterrarlos del terreno 
secundario, ratre la formación dd aspelon rojo 
y la de la creta. En el quinto día los mamíferos 
acuáticos y terrestres, en unión de los peces, 
poblaban el mar y la tierra, donde dommabeía y 
vejetaban palmeras, plantas amentáceas y dico- 
tiledóneas; la atmósfera se purificó y los conti- 
nentes crecieron con d alzamiento dé los montes 
y el hundimiento de los valles, que se transforma- 
ron en mares ; el agua , evaporada por ei calor dd 
sol , cayó en lluvia sobre la tierra, lo que hizo que 
fuesen distintos los sedimentos del a^ dulce de 
los de la salada , y los terrenos terciarios, como 
la arcilla plástica , el asperón blanco y la pí^ra 
de afilar. Pareceque el mundo fue entonces tras- 
tomado , quizá por el sacudimiento de un coma » 
J¿ que desquicio los polos , de modo que el Océa- 
no se precipitó sobre el continente y socavó 
Srofunaos valles, dejando inmensos depósitos 
e cantos rodados, lanzando á lo lejos enor- 
mes trozos de montanas y desiruyencfo muchas 

4* 



4 BPOGA 

razas de animales, cuyos esqueletos se encueiH 
tran en portentosas masas dentro de grutas, 
mezclados á ios de algunas aves. Las aguas, 
volviendo á su nivel , formaron nuevos depósitos; 
el terreno que resultó de aquí se llamó de trans- 
porte ó de aluvión , y todo se prei>aró para la 
aparición de la mas noble de las criaturas. 

Cuanto mas antiguas son las capas de nuestro 
fflobo, mas se diferencian los animales sepulta- 
dos en ellas de los que hoy existen. En los pri- 
meros tiempos de la consolidación quedarían 
grietas por donde se exhalase el fuego interno, 
de manera que el calor dependia entonces me- 
nos de la posición de la tierra respecto al sol y 
de la distancia de un punto cualquiera á los po- 
los, que de las emanaciones gaseosas y de las 
edialaciones ígneas de lo interior ; y pudo muy 
bien haber calores intertropicales en regiones 
•situadas baio los polos. 

Esto explica por qué se encuentran en las re- 
giones frías depósitos propios del Ecuador ; en 
3 carhoit fósil troncos de palmera mezclados con 
plantas coniferas, heléchos arborescentes, go- 
niálitas, y peces de escamas romboidales óseas; 
en el terreno calcáreo del Jura enormes esque- 
letos de cocodrilos y plexiosaurios, de planúiitos 
y troncos de cicadeas; en la creta pequeños 

E" "Jamos y briozoarios, cuyas especies aná- 
viven hoy en los mares ;'^ en el trípol para 
^ y el ópalo harinoso, muchas aglooiera- 
ciones de intusorios silíceos; en los terrenos de 
aluvión y en algunas cavernas , huesos de ele- 
fantes , de hienas y leones. Tales son las gru- 
tas del mar dulce en Palermo, de Neusalz en 
Austria, y una del Yorkshire, llena de esquele- 
tos de hienas del Cabo y de huesos de tigres, 
osos, elefantes y rinocerontes. ¡Cuánto tiempo, 
y qué trastornos*^se necesitarían para que reinase 
la libertad en el sitio donde andaban errantes 
las hienas desenterrando y arrastrando tras sí los 
huesos de fieras que hoy'solo habitan en los ex- 
tremos del África! Esta es la primera reflexión 
que se ocurre ai que se dedica al estudio délos 
iosiles ; advirtiéndfose desde luego la conformi- 
dad- de esta sucesión con el orden de la creación 
que establece Moisés , quien (si solo se le quiere 
atribuir una autoridad humana ) supo en su tiem- 
po loque 3,000 anos después han desculMerto los 
sabios á fuerza de fatigas. 

Pero el que escribe la historia de los hom- 
bres no tiene necesidad de remontarse mas allá 
de la creación de los mismos. Por otra parte 
¿qué es lo que puede asegurar aun la ciencia, 
cuando tan poco ha profundizado el hombre en 
el interior de la tierra ; cuando tan poco se ha 
elevado sobre la superiicie del planeta (1) donde 
es su destino vivir un breve día? Baste, pues, 
decir, que sobre la corteza de nuestro globo se en- 
cuentran en primer lugar i)ancoi^ de fango y de 
arenas arcillosas , mezcladas con cantos rodados 
procedentes de lejanos parajes, y con huesos de 
animales terrestres, que sorprenden por su for- 

(1 ) De Us 1,719 miUas de diámetro que tiene la tierra , apenas 
liemos profundizado media miUa.y oa cuanto á nltura, Boussin- 
f aalt y Hall llegaron en el Cbimborazo , el afiode 1831, á )a de 5,080 
toesa», r Andreoli y Brioschi i la de •i,t¿40 en el globo aereostático qoe 
se elevo en Pjidua el S4 de agosto de 1808. La sonda del rapitnn 
A06s i^roftindizó 4,691 io?fts. 



ció , Ó habita en 

pueden aducirse 

' que s<m fáciles 



ma y su mole, cuya raza 6 
otros climas : sedim^tos < 

como prueba del 

de distmguir de los que arrastnm los torrentes y 
rios , que solo contienen huesos de animales del 
país (2). ' 

Entre este terreno y la creta alternan los pro- 
ductos de agua dulce y salada , que indican las 
avenidas y las retiradas sucesivas del mar, y se 
contienen en la cal , el yeso , el lignito etc. Sigue 
la creta, formación inmensa en profundidad y ex- 
tensión , depósito de un mar mas tranquilo , cnie 
separa los terrenos terciarios de los secunda- 
rios (3), cuales son el asperón , los esquistos cal- 
cáreos y semejantes, mezclados de amonitas, con- 
chillas y algún residuo vejetal. Por último vieneD 
los mármoles, los esquistos primitivos, el gneis 
y el granito. 

Entre tantos restos de animales como se hai 
descubierto en los varios terrenos, no se ha halla- 
do ninguno del hombre, á no ser de los mas re- 
cientes , ni un arma , ni un arco , ni uno solo de 
los instrumentos <|ue anuncian su presencia ; en 
vista de lo cual dice Cuvier : «Pienso , con De- ^ 
>luc y Dolomieu , que si hay algo bien averigua- 
ndo en geología, es que la superficie del globo ? 
»ha experimentado una grande y repentina re- '^ 
evolución , cuya época no puede iTijarse á mayor 
'distancia que la de cinco á seis mil anos ; que 
testa revolución anegó el país habitado al prin- J 
>cipio por los hombres y las especies de animales, < 
> mas conocidos hoy , reiduciendo á terreno seco el " 
» fondo de lo que era mar, y formando así el país ^ 
»que actualmente se habita ; que despfues de.este . 
•trastorno , uojequeno número de^individuos?^ 
isalvados de él , seespafcieimi v propagaron por 
jlas tierras jenjulas; y que sofo desde entonces - 
> empezaron nuestras sociedades á progresar, á 
«establecerse , á construir edificios , á reunir he- 
»chos naturales y á combinar sistemas cientí- 
ificos.j 

La autoridad de Cuvier es suficiente para tran- 
quilizar el ánimo de cualquiera, y nosotros le 
añadiremos la de Newton , Pascal , Kírvan , y 
muchos otros ilustres nombres, que están con- 
formes en sostener la concordancia de la natu- 
raleza con las tradiciones bíblicas (4). . 

Los que han se^ido diverso sendero , dedu- ^^ 
ciendo consecuencias contrarias al relato de Moi- ^^^ 
sés , suponen contemporáneas la creación de los 
animales y Ja del hombre ; y calculando el qú- 
mero de anos prex;iso para "^acumular inmensos 
bancos de conchillas ó parar petrificarlas en el 
seno de las rocas mas solidas , aseguran que el 
hombre debe tener de antigüedad algo mas que 
unos pocos miles de anos. A estos hemos contes- 
tado ya. El italiano Tadini, considerando hace 



(i) Bfckland» Reliqmar éUwkuw. Londres 4823. 

BRONI..NIART , Uietéonmrre dea M»ences natmrtUea, tii. Eúu; y 
De»eríptioH géologlqve den environsde Parts, p«r Cuvier el BnoH- 
GNiART. París i8Í5 : de Vebster , ConsUnl-Prévost , HvuboMt. de 

BONNARD, CONYBEARR, LaBIÍCHE. COLLEGNO, etC. 

(3) Denomiiiariones que la ciencia dei>e alnndonarj como de- 
masiadosístemálíras. 

{\) Lo mismo sostiene Chaübard, en\m BiémensdegMiffie. 
Ei qae no qoiera buscar obras nim 'largis j ,«everas, lea al 
citado W1SEIÍA.N Y á PoRicHON , Etamem des guesti&iu seétntififiHf 
de V age du monde . de ia phtnUité des eiipécet knmaiiiet ^def^r- 
gonohffie, du ma/ériatíme ei ánfrts, eowtideréet ptr ropp«rt 
anr cro^nce^ckréliennfs. París 1837. 



ANTIGtl2DAD D£L MUNDO* 



« 



poco tiempo la progresión en que ei mar se retira, 
que es de un metro en cosa de tres mil anos , y 
hallando vestigios marinos en las mas elevadas 
cimas y supuso necesarias para que bajase hasta 
sa actual nivel tantas treintenas de siglos cuan- 
tos metros suben las cúspides mas altas sobre ta 
sa|)er6cie del Océano. ¡Ligereza por cierto ex- 
traña en el modo de observar y de discurrir ! 6'i 
el mar se hubiese retirado tan pacificamente, 
¿ cómo explicar esos montones de condias y otras 
materias , arrojadas con violencia y frecuente- 
mente despcMlazadas en medio de sólidos trozos? 
¿Cómo explicar esos inmensos bancos de con- 
rhillas, de las cuales se han conservado intac- 
tas hasta las mas finas v delicadas , lo mismo 
que si se hubiesen pescado ayer? ¿Cómo la su- 
perposición del granito á las cretas v hasta á los 
pudiDgos? ¿Cómo las enormes piedras rodadas 
que se encuentran en altísimas cimas y alejadas 
medio mundo de las rocas maternas? ¿Cómo la 
rara oosicion de los estratos inclinados con tal 
variedad , unos horízmitales y otros hasta ser- 
peantes (1)? 
^ k todas estas preguntas responde, á mi en- 
^.^ tender victoriosamente , la teoría no inventada, 
^- sino meramente ilustrada por Elias de Beau- 
^ moDt (3), según, la cual w son las montanas la 
parte mas antigua, y como se decia, la urdiem- 
ore del mundo , ni se formaron por el despren- 
dimiento de las tierras ó el sedimento ae las 
aguas , sino ¿ ctmsecuencia de un impulso dado 
hacia arriba , habiendo sido levantadas , puestas 
unas sobre otras, ó derribadas por una fuerza 
interior. Debajo de la corteza de nuestro globo, 
la cual quizá no tenga de espesor mas de unos 
veinticinco mil metros, arde un giran fuego, caub- 
sa de bs terremotos y volcanes y de las ascen- 
siones de montanas (3). La elasticidad de esta 
corteza hi hace experimentar una ondulación, 
de manera que las mareas se verifican no solo en 
las aguas , sino también en la misma masa ter- 
restre; V si hoy son casi insensibles, en otro 
tiempo (íebia ser su flujo y reflujo de unos cinco 
á seis metros. Esta doctrina , al paso que mues- 
tra la sencillez de los medios que emplea ei Cria- 
dor para conservar el orden del universo, explica 

( < ) U explicaiDioii mas iagenioa de este fenómeno, la <UÓ Green- 
Migfa, sopotiieiMlo qae estos estratos se formaron donde se ha- 
QaB,det iéUdo nuxb que haciendo hervir agna y sosa se in- 
ciwtanlee ^epáaitoa en el interior del vaso. Pero, encontrando 
cmno encentfaDfeos en estos estratos guijarros j conenillas, ¿eómo 
henos de creer <|Qe pennaneeiesen Imááviles y en suspensión hasfa 
qw lleaie nra ellos la hora de la ineruatacion ? 



«su idea i no sistema completo^en los Anales de ciencias natura- 
«ttpoMicados en setiembre de IS29 y años saeesivos. Es eurioso 
»c<»tiar esta doetrina indieadd en la Biblia , Ps. GUi. 8 : Aseen- 
mutí montes ^ ei descendunt campi, in locum quem fundasíi eis. Asi 
a foniiaeion de los montes es distinta de la de la tierra. Ps. 
LXXXIX. 2: PrisiMnam mmtUs fieiwU, ant formaretur ierra 

^ (3) Coaniu', Esmi sur la températnre de V inierieur de la 
i¡^re Aead. de las ciencias, julio de 1S&7. Marcelo de Serres pro- 
M Dltimameote la existencia de este calor central estudiando 
fwrus cavernas , descnbierUs cerca de Montpellier , donde oasan- 
«0 de los 30 metros de profundidad , á que no alcanza la accfon del 
^l> se eleva la temperatura en la proporción de un grado por cada 
w metros que se desciende. Continuando la progresión, á los 3,000 
>»^ d agua deber* her\'ir i los 3,800, liqnidarae el aiufre , á los 
^el plomo y « losSEMN» el hierro. U excavación del poto arte- 
»? fft ^"?^ en París , sonrinistró un nnevo medio de medir, 
«R pwuera decine paso i paso, el aumento del calor snbterrAneo: 
^'J^^n^Jiodejade hater quien impugne la exUtene^ del 



la formación de los terrenos mucho mas satis^. 
factoriamente que los decantados sistemas nep- 
tunianos , para cuya inteligencia es preciso su- 
poner que cincuenta mil quilómetros ae materias 
terrosas y metálicas han estado alguna vez di- 
sueltos en un quilómetro de agua. ^ 
En cuanto se enfrióla primera costra, se for- • 
i^iaron frrandes aberturas , por donde entró la 
atmóstera impregnada de pesados vapores , que 
mezclándose con la masa ígnea délo mterior> se 
convirtieron en gases, cuya fuerza inmensa de 
expansión hendió las rocas en diversos sentidos. 
Por esto se encuentran en los terrenos primiti- 
vos y en el centro de las montañas de primera 
formación, peñascos verticales, volcados, encor- 
vados , esparcidos en completo desorden. Cuando 
el agua apareció en la superficie de la tierra, 
penetró hasta donde hervían las materias ea fu- 
sión , y estas ascendieron ya en forma de cúpu- 
las , como las montanas traxíticas , ya cubriendo 
las llanuras á modo de una erupción volcánica, 

?a formando rápidas pendientes , como los Alpes, 
como los terrenos de sedimento no se unen 
entre si por medio de insensibles transiciones, 
sino que se separan con violencia , según las re- 
voluciones que ha experimentado el dobo, pue- 
de deducirse de esta circunstancia la edad de 
las montanas. 

Algunos de los estratos están levantados y 
otros no ; y los inclinados se hallan cubiertos de 
otros horizontales de tiempos mas recientes, esto 
es, que se han formado aespues de la elevación 
de las montanas ; lo cual indica que estas son 
mas ó maios antiguas en proporción del número 
de estratos levantados que contienen. Las que se 
elevaron al mismo tiempo , parecen dispuestas 
paralelamente á un círculo de la esfera , de modo 
que.se conoce las que son contemporáneas y las 
qué no , por su dirección y por las líneas dife^ 
rentes de los estratos. V 

Al elevarse una montana del seno de la tier- 
ra , alzó consigo el terreno estratificado sobre- 
puesto, que por lo mismo quedó en pendiente, al 
5 aso que el que se estratificó con posteriori- 
ad permaneció horizontal. En las montanas de 
Sajonia , de la Costa de Oro y del Forez , son 
horizontales las tres especies de terrenos supe- 
riores, y es solo levantado el asperón oojítico, 
lo que indica aue son antiquísimas. En los Piri- 
neos y en los Apeninos dos capas inferiores son 
levantadas, y norizontales las dos superiores, 
de donde resulta que son menos antiguos , como 
las montanas de la Dalmacia y la Croacia, y 
los montes Carpacios. Los Alpes occidentales 
tienen elevadas las tres capas inferiores y hori- 
zontal solo la de aluvión. El monte Blanco, el 
mas alto de Europa , es mas moderno que los 
Pirineos y los Apeninos. En el San Gotardo, en 
el monte Ventoux y otros Alpes centrales se ven 
levantadas las cuatro capas de tierra : se cree 
que son contemporáneos suyos el Atlas y el Hi- 
malaya, y mas recientes las cordilleras de los 
Andes. 

Las líneas de elevación por donde brotaron 
las montanas , surcan el globo en dirección irre- 
gular. Si siguen una sola dirección , el país se 
asemeja á una isk ó á wa pe9Úls^la prolongada 



IPOCA PRUOBaA. 



como Creta , la Eubea , la Italia ; si es una oús- 

Side aislada, la isla es esférica, como Geílan. 
i la línea de elevación forma varios sistemas 
paralelos , entre ellos habrá lagos , golfos , var- 
Jles. A -veces dos ó mas sistemas de elevación se 
I encuentran , y de ahi nacen triángulos ó cua- 
drados , cuya parte interior se llena de terrenos 
de aluvión/ 

La experiencia de todos los dias robustece la 
doctrina de Beaumont ; pues que si las ovacio- 
nes han disminuido , no han c^ado sin embargo. 
De Balh ha demostrado que en Suecia d terreno 
se eleva re;gularmente; Roberto Stevensohn sos- 
tiene con pruebas que de tres siglos á esta parte 
ha subido el fondo del mar del Norte y del canal 
de ia Mancha (i^; muchas vias romanas, litorales 
desde Alejanaría á Bélgica , demuestran que el 
Mediterráneo no ha alterado su nivel , y con todo 
varios edificios construidos á sus orillas están cu- 
biertos por las aguas. GiSéndonos á Italia, el 
templo ae Serapis cerca de Pozzuoli , nos dice 
cómo las márgenes pueden parciaimehte subir ó 
bajar. Conocemos con segundad la época en que 
se elevaron antiguamente, en la Ar^óade el monte 
Meton, d monteRojo (i669) en Sicilia, y el monte 
Nuevo en los Campos Flegreos de Ñapóles. En la 
noche del 29 de setiembre del7S9 se elevó cer- 
ca de Yalladolid , en Méjico , el Jorullo , volcan 
e tiene de altura K13 metros , rodeado de mas 
¡e veinte pequeños cráteres. En las aguas de 
Santorin , en el grupo de Lípari , en los archi- 
piélagos de las Azores , de las Canarias , de las 
Aleutianas, se ven cada dia islas nuevas. En 
1831 podiamos pasearnos por la isleta Ferdi- 
nanda , que se nabia elevado hasta 300 pies 
sobre el nivel del mar de Sicflia , entre las cos- 
tas calcáreas de Sciacca y la volcánica Pantela- 
ria , y que á poco desapareció (2). En 1772 , en 
la isla de Java , durante una erupción espantosa, 
se hundió el volcan de Papadayang , que se al- 
zaba alanos miles de pies sobre anchas bases; 
. k) que hizo que el terreno se conmoviese hasta 
muchas leguas en derredor j que muriesen tres 
mil personas. En la erupción de 1822 bajó la 
cima del Vesubio 41 toesas (A). 

Lyell ha demostrado que en el condado de Lan- 
caster se encuentran conchillas recientes en depó- 
sitos marinos á quinientos pies sobre el nivel del 

(1)V. SnTimom, OtoerMoloMt ^ok^ «i kúko4el wtar del 
liorle ifde(a Maneta; Poktis . sobre ios cotias del Adtiátiw; j las 
todanciones de Kkilhad en él BuUelim de ¡a sodété gMolfiqué, 
c. Vu , 1877 » donde hace ter qoA Ii pentnsvlt eaotiduiava crece 

Ínegnlarmente lucia Levante. 
(i) La liistoria recuerda las islas de Tera y Terasia (SmOorimt 
ÁtproHixt) ; dos de las Cicladas en el mar Biéo , ellV aAo de la 
53 olimoiada (TuN. ü. 87); la de lera (Cammeni) , 130 afios des- 
pees , y b de Thia en el IV año después de i. C. Bn 727, babléodoaa 
vtelto 4 enceader el volcan de SanioriDo , anió i Tbia y lera , segna 
Teobnes y Cedreao: en 1127 esU isla se agrandó considerablemen- 
te. En 1573 salid de bs agaas la peqnefia Camenol , qne loego se 
tameitd en 16S0 y mas aon en 1707 (Raspe, Speeimeñ hUtarUB 
m^walis fioi^i íerraqua , pracipue de novis e maH ñutís insults). 
En 1638 apareció y desapareció nna isla cerca de San Nignel en las 
Eolias, ^oe salió de las aguas nuevamente en 1719 y en 1813. El 10 
de mayo de 1814 se formó en las cosUs del Kamschatka la Isla 
Boyslaw , en medio del estampido de los truenos. * 
* Goiiido se descubrieron las Canariu , Km descubridores ?ieroa 

rreeer y desaparecer una isla ; y actualmente cerca de San Sebas- 
de GnJpdzcoa se halla cubierta casi enteramente por el mar una 
f rmiu, donde en I8S5 se celebraba lodavia el oOdo iUtIbo. 

W M TJ 

. (?) ^^^ 7 fiímboldt enoontraron cotehUlas marinas -en los 
ÍS^'ír'^ metros de elevación, lamadas allí no por el creci- 
inie&to del Océano, sino por agestes Voléateos. *^ 



Océano (3); los terremoios ban devddola costa 
de Chile, que aun ^ eso, va creciendo gra- 
dualmente , mientras que por el contrario bajan 
las occidentales de Groenlandia y Escania, donde 
ttsarocade^ranito, señalada por Linneo en i749, 
se ha aproximado al mar unos 100 pies , lo <]ue 
pruébala teoría de Hutton aoerca de la elevacioA 
del fondo de ios mares , en virtud del calor cen- 
tral. La isla de Terranova va elevándose en to- 
das direcciones , tanto que muy pronto quedarán 
inservibles los iNiertos. ¿T quien sabe si tales 
elevaciones y hundimientos son nna ley ge- 
neral , que obedece 4 otras leyes fijas é umu- 
tables? 

Apenas se ven hoy dia en toda la tierra unos 
cuantos respiraderos por donde de vez en cuan- 
do salen materias ígneas ; pero , cuando la cor- 
teza del globo era meaos «Mida , y la incandes- 
cencia se hallaba mas próxima á la superficie y 
sometida ann á poderosas fluctuaciones , ya se 
elevaban las partes internas , ya se fafindÜian las 
extemas , lo qne ponía de nuevo en comunica- 
ción la masa fundida con la atmósfera ; y los 
efluvios gaseosos, que variaban según la pro- 
fundidad de que provenían, llevaban consigo 
una especie de nueva vida á los sucesivos de^ 
arroilos de las formaciones plutónicas y meta- 
morfósioas. 

Hmt una admirable análoga entre la forma- 
ción de las rocas granulentasqne las olas de lava 
forman en la pendiente de los volcanes activos, 
y las masas internas de granito, pórfido v ser- 
pentino, (|ue brotando de tierra abren los liañoos 
secundarios , y los modifican con su contacto, ya 
endureciéndolos por medio de la sílice que en 
ellos introducen, ya impregnándolos de dolo- 
mita , ya produciendo en dios cristales ée muy 
diversa composición. 

Tampoco se puede decir que son necesarios 
miles de siglos para qne los seres orgánicos se 
conviertan en fósiles , atento que la experien- 
cia ha logrado petrificarlos en poco tiempo, por 
medio de combinaciones químicas (4). 

Mas ingenioso y directamente opofesto á la 
época señalada para la creación del hombre , es 
el argumento de los que mostrando los tras- 
tornos acaecidos en la superficie de la tierra 
desde los tiempos de* la tradición , aseguran 
que no podían naberse verificado sino con el 
transcurso de muchos siglos. Estos, sin embargo, 
no han calculado suficientemente las fuerzas que 
todavía emplea la naturaleza, para producir in- 
mensos trastornos. Dejando á un lado las tormen- 
tas y los terremotos, reacciones de vapores Cometi- 
dos á una enorme presión en el seno déla tierra, 
que de repente (Cuba y la Guadalupe lo saben) 
mudan la faz de un pais , cuéntanse cuatro cau- 
sas de grandes y continuas transformaciones en 
la superficie del globo : las lluvias y el deshielo 
que, por decirlo así , descortezan las montanas 
y arrastran á las faldas sus despojos ; las aguas 

(i)G«ppert de Breslau obtiene petrifleadones , capaces de 
engaiUr i los geólogos mas experiauntadot. Coloca heléchos en- 
Í5-Í*K*.?*/*^^» ^ seca alfnegoóal8ol,y le ksbIU una 
plaDU tteil. Sumerge TcjeUles ea ana diM»laetofi de soleto de hier- 
ro hasta aue eatéii bien pasados , y después tos enema ; hactéodoles 
perder todo vestigio de materia orgánica ; y el óxido de hierro one 
^Moitfli» tiene la formt de Ja planta. Amk» de bu céeMku natura^ 
^*,abrildelS37. ^igitized byCoC / •- 



ANTIGOsDAB I^El ATONDO. 



coriráites , qae barren estos fragmentos , para 
depositarlos alti donde se disminuye la rapidez 
de su cnrso ; el mar , que socava las costas ele- 
vadas , alterando las playas , y arroja montes de 
arasa sobre las bajas ; en fin , los volcanes que 
perforan k» estratos salidos del globo y cercen 
á lo lejos sus erupciones. 

El desmoronamiento de las tierras obstruye 
el curso de los nos y los convierte en lagos, des- 
truyendo llanuras caltiv^as y ciudades populo- 
sas! El que haya visto precipitarse los torrentes 
desde los Alpe» ; salvar el Po sus barreras , y 
agitarse en tempestades el Océano , podrá decir 
de qué son capaces las a^as. Aun sin esto, 
los nos , cargaaos de materias extrañas, pierden 
su veiocidad al llegar al mar y depositan alU un 
sedimento que se va aumentando hasta formar 
provincias enteras; las cuales puestas en cultivo 
alimentan á los hombres alli donde antes nada- 
ban monstruos marinos. 

Por el contrario, el mar en su flujo lleva siem- 
pre nuevos montones de arena á las costas ba** 
jas , V en cada reflujo queda enjuta una parte 
que el viento marino lanza mas adentro ; de tal 
oumIo , que si el hombre no pensase en detener- 
las, estos montones cubrirían los campos y co- 
marcas, y con la acción del aire, de la hume- 
dad y def tiempo , se endurecerian juntamento 
con los vejetales y animales que sorprendieran 
en su invasión. En los sitios en que la costa se 
alza llena de rocas y escarpada , la marea azota 
V socava los cimientos , ocasionando la caida 
de enormes masas, que las aguas rompen luego 
y desmenuzan , deprimiéndose con esto mas la 
piara. 

Entretanto , rios y torrentes ^arrastran al fon- 
do de los lagos nuevas materias , que pueden 
basta cegarlos, y el mar cubre de cieno los puer- 
tos y las bahías. 

La influencia de estos solos agentes ha cam- 
biado el aspecto de muchos paises aun después 
del último diluvio , y de ello se ven rastros indu- 
dables aue suplen ó confirman laHistoria y la tra- 
dición (4). Imagínémonos la Europa en el tiem- 
E) en que los estrechos de los Dardanelos y de 
ibrattar eran lenguas de roca que la unían al 
Asia y aü África. Los mares interiores , de mas 
alto nivel , cubrian las tierras bajas ; estaban 
sumergido^ por las a^as los llanos de la Lapo- 
nia, lai Rusia y la Sibcria; y el Zahara era un 
golfo proftindo. Las gargantas de las montanas 

d rondo de los valles no estaban aun ocúpa- 
los por los terrenos de transporté, sino que lor- 
maban lagos , lagunas y bahías , que d^ues 
constituyeron los rios y valles del Po, del nhin, 
del Garona, del Sena , del Elba^ del Oder, del 
Danubio. El ]Mar Negro se abrió , después de Icfd 
tiempos históricos, comunicación con el Caspio 
y el Bosforo de Tracia; el primero y el lago 
Xral se comunicaban entre sí , y el mar del Norte 
llegaba hasta cerca de aquellos, atravesando d 
continente. Las laudas salinas, que tanto abun- 
dan en Asia, en África y en la Europa Oriental, 

(1) Acere» de tnstornos en la superficie del globo, vahietó- 
ricos ya tnuüdoaales, debidos i cansas qae existen también bori 
véanse los becbos recopilados detenidamente por el enidUo I« 
UoEs. GotUDf» i8í»rTM , 2 1. en 8.* 



5, 



prueban que el Mediterráneo ocupaba stnIeB ma-^ 
cho mayor espacio ó inundaba oíros sitios (2). 
ProbaUemente los montes Urales eran una gran- 
de isla (3), al paso que algunas islas de la Ooeanáa 
estaban uividas al Asia Meridional, y á la SepteiH 
trional lo estaba la América. Los Griegos con-^ 
servaban memoria de un continente llamado Le^ 
tonia, que ocupaba gran parte del mar Egéo. El 
rompimiento de las rocas de Ahila y Calpe , que 
introdujo al Mediterráneo en los puntos donde 
florecían llanuras populosas, está representado 
en ja fábula de Hércules. ¿Por qué creer mero 
sueno de los sacerdotes egipcios la grande isla 
Atlántida , que ha desaparecido del globo? ¿Qué 
razón podían tener para inventar un relato ajeno 
al culto , á las ideas , á los intereses que repre-' 
sentaban? (4). La tradición recuerda repetidos 
diluvios de Grecia , en la oial la Tesalia debió 
ser un vasto lago <Tue se desaguó por el Peneo, 
y al contrario la Beocia huw de permanecer 
ane^a por las avenidas del lajgo Copai (8]. 

Viniendo á tiempos mas próximos, en la época 
de Homero se podía navegar directamente desde 
la isla de Faro al lago Mareotis , que tenia cin- 
cuenta millas de extensión. Estrabon, que vivt6 
nueve siglos después de aquel poeta, encontró 
reducidas estas millas á menos de veinte, y las 
arenas arrojadas en aquel fK)r el mar y el vien- 
to , formaron la lengua de tierra en qulf se fun-» 
dó Alejandría , obstruyendo la embocadura maft 
próxima del Nilo y cegando el lago (6). Por esto 
los sacerdotes egipcios digeron á Herodoto, que 
miraban su país como un don del Nilo (7) y que 
hacía poco tiempo que había aparecido el Delta; 
V en efecto, Homero no habla de Menfis , sino de 
Tebas solamente (8). Las principales bocas del 
Nilo eran la Pelusiaca y la Canopea ; y de unaá 
otra se extendía en línea recta la playa cuando 
Tolomeo trazó sus mapas ; en seguida , el rio 
ocupó las embocaduras Bolbltina y Fatnitíca , y 
las playas se prolongaron en forma de media 
luna. Roseta y Damieta, que alli estaban hace 
mil anos á orillas del mar, se encuentran hoy á 
dos leguas de distancia , y el suelo del Nilo , al 
paso que vá prolongándose , también se eleva, 
10 que ocasiona el que los antiguos monumentos 
queden en gran parte soterrados. 

Entre los infinitos ejemplos que todo país me 
ofrecería, elijo los de aquellas regiones sóbrelas 
cuales fija especialmente la Historia su atención. 

(!2) Véanse HcMBOLDT y ScHUBAKDT. 

(3) Una de las particolaridades mas txtmtim €¡hBenMs'p9t 
fie<)ffral¡M modernos, es el bindimiento ie qu poccion tan cntm 
del Asta , en rededor de los montes Urales. El Caspio y él lago de 
Aral eofistitoyen la parte mas taja ; el primero esti 50 toeaat mai 
iMúo que el nivel del mar, el otro 31 , sesim Bombo Mt, me cal- 
cula eiL 10.000 millas cuadradas alemanas la superflete de esfe valle. 
Saraton, á orillas del Vol«a y Orembargo eobre el Oral, aimqt* 
distantes del Caspio, están apenas al nivel del Océano. 

(4) Boryde Saint- Vincent , en sn Bssai sur les isíes Forí»néM, 
pretende qne la Atlántida estirro eompaesta de las Acores, al extre- 
mo septentrional ; de la Madera al oriental , con las islas circun- 
vecinas; de las Canarias, al Sur de la Madera, v de las Islas de Cabo 
Verde al extremo meridional. OpinioD ya emitida antes, atoóte no 
con tanu eucütud, por MeateUe. Véase en la BneM§f9Íle, el 
art. Atlántica insola, 

(5)DUuvlodeOglges. 

(6) Véase nna memoria deDoLotino en el JaurmlilaPkmtifne, 
t. xLa» p. 40; donde calcnU dos pies de altuten la ttent it ah- 
vion del Delta eglpelo eada ISO afios. 
I .A1)KKKiwno,Buterpe.ñfib. 
(: (8) La obiemcton jes ie Aristótelee, en el lib. i, c. U de ion 
I Meteoros, 



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ÉPOCA nmmu. 



Tomando por argomeolo estas inundaciones del 
Nilo se impugna la ilimitada antigüedad á que 
aspiran los Egipcios; y Girardin (1) demuestra, 
que el terreno oe los paises del Nilo se eleva 126 
milímetros cada año , y como aquel sobre que ^ 
J^ebas fue fundada , está á seis metros de pro- 
wndidad , resalta que no puede aspirar mas que 
á 45 siglos de antigüedad. 

Otro tanto que con el Delta del Nilo se de- 
muestra con el üel Ródano, cuyos brazos en 1 ,800 
anos se han prolongado nueve millas. Las mas 
bellas ciudades de laEolide se ven cubiertas de 
cascajo: Elea, Cumas y Pitaña sobresalen ape- 
nas de entre las arenas del Caico que cebaron 
el puerto de Pitaña y el golfo que está enfrente 
de Elea. No le costará mucho al Ermo cerrar 
el golfo de Esmirna; el Meandro convirtió en 
lago el de Mitilene; el de Efeso, fue cegado 
por el Caistro (¿): ¡cuántas alteraciones en po- 
cos siffios ! Asi es como las dunas del golfo de 
Gascuña sepultaron muchas poblaciones que fi- 
guraban en los mapas de la edad media, y ame- 
nazan envolver aun á otras avanzando casi 72 
pies al ano , de manera que al cabo de 20 si- 
glos llegarán á Burdeos (3). Bancos de arena 
roja mal contenidos por el oosque de Facardino 
avanzan sobre Beirut en la Siria. Denon (4) 
enumera cuántas ciudades y aldeas dol Egipto 
fueron invadidas por las arenas desde que la 
inercia musulmana no se cuidó de trabajar en su 
reparación; y concluirían últimamente por cubrir 
todo el espacio que existe entre la cadena líbica 
y el Nilo si el actual virey no hubiese mandado 
plantar millares de árboles que forman un bos- 
que en los valles arenosos. No pasará mucho 
tiempo sin que Basora vea llegar el oleaje que 
confundirá con el. Golfo Pérsico las llanuras, que 
en otro tiempo florecieron con espléndida civili- 
zación. • 
¿T por ventura no tenemos á la vista Venecia 

Iue con trabajo conserva sus lagunas, v Rávena 
istante en la actualidad tres millas del mar que 
tocaba sus muros , y Adria alejada 18 del golfo á 

Íiie daba nombre? Se asegura aue los collados 
uganeos fueron islas. El Po , desee que corre es- 
trechado entre diques , ha elevado sú álveo sobre 
los techos de Ferrara (5) : tremenda amenaza, se- 
mejante á la de los rios de Holanda que arrastran 
sus corrientes á 30 pies de elevación sobre la 
llanura. Desde el ano 4604 hasta el presente, d 
Po ha prolongado 6,000 toesas su lecho hs^ta 
formar casi un mar , y para remediar los danos 
que pueda hacer será preciso abrirle nuevas des- 
embocaduras en los terrenos de|M)s¡tados por 
él mismo. Parece que en la campiña de Roma 
el mar azotaba los muros de Tarquina de la que 
actualmente dista una legua : Trajano construyó 
en la embocadura del Tiber un puerto que ahora 
dista 2,200 metros de la orilla; y una torre fa- 



(1 ) MferUiclon i ta Acadenia de las ciencias ÍM^. 

(2) TixiVR, Rsppori au miitUtere de V initruetíon putíi" 
ft, 1837. 

(3) V. la Memoria de M. Bremonthier:5«r /« fixéiiofuks dunes. 



4 ikteHptioiíder Bfipte. 

(5) Proijr. enearaado ea tiempo del reino de Italia de estu- 
diar los medios de impedir las inandationes del Po, examinó bs 
▼ariaciones que liaMa experimentado la orilla del Adriático en las 
Iwcas del mismo rio : daremos cifenU d« su resaKatlof en naeilro 
Libro m. 



bricada en tiempo de Alejandro VD junto al mar, 
está actualmente á una distancia de 5S4 metros. 
Estos son los cambios qü^e en los tiempos his- 
tóricos han producido solamente los guijarros 
arrastrados por los rios y los bancos de arena. 
¿Quién podrá decir el efecto causado por SOO 
vdícanes que subsisten encendidos (6) , y que 
segUJD^el calculo de Lyell producen 20 erupciones 
por ano, situados los mas en paises cuya civi- 
lización no permite oue se omserve memoria de 
ellos? En ISÍ8 la isla de Sumbawa, sacudida 
por un terremoto desde el 5 de abril hasta julio, 
sufrió tal alteración en un radio de 1,000 millas 
inglesas, que los buques se hallaron en seco so- 
bre el punto donde habian anclado , y el terre- 
no por donde se caminaba á pié firaie se vio 
cubierto de una porción de metros de agua: sin- 
tiéronse los sacudimientos hasta en las Molucaa 
en Sumatra y Borneo; y ea Java distante 300 mi- 
llas, produjeron las cenizas una oscuridad mas 
profunda que la de la noche , y de 72,000 ha- 
bitantes apenas 120 se salvaron con vida. Un 
invierno rigorosísimo, una obstinada sequía, un 
rompimiento del mar, y una larga carestía po- 
drían figurar entre los mas altos héroes si debie- 
ra el heroísmo regularse por los estragos causa- 
dos. Pero es cosa ya convenida que no se haga 
mención de ellos en la historia racional porque 
no tienen ó no presentan aquel encadenamiento 
de causas y efectos , que es lo único que puede 
dar interés*^ á la Historia. Sin enibar|B;o, ¿quién 
no echa de ver el trastorno que sufriría nuestra 
humana raza si se alterase en 10 ó IK grados la 
temperatura ordinaria de un país; si los vientos 
periódicos caoibiasen su acostumbrada direc- 
ción; si una cordillera de montanas se elevase 
entre las llanuras del Rhin y el Danubio? Ahora 
bien; ^quién podrá decir que el orden geológico 
de la tierra ha llegado á su perfección ; que el 

trogresivo enfriamiento de sus primeras capas 
a cesado de ser sensible e^ la superficie? ¿Quién 
podrá enumerar los nuevos desastres naturales 
de aue está amenazada nuestra especie? 

No trabaja solamente la naturaleza en des- 
truir , sino que aun al presente forma nuevas ro- 
cas y nuevos terrenos. Los continuos depósitos 
de travertino* del Tivoli cerca de Roma, y los 
que se verifican en Hobart-Town en la Austra- 
lia son imagen, aunque débil, de la formación 
de los terrenos fosílíferos. El mar, aun en nues- 
tros dias, en virtud de influencias poco ccndocí- 
das , produce en las costas de Sicilia , en la isla 
de la Ascensión, y en la laguna del Rey Jorge 
en Australia , ya por precipitación , ;^a por in- 
crustación, ya por cementación, pequeños nancos 
calcáreos, que en algunas de sus (¿rtes adquie- 
ren la dureza del marmol de Carrara. El mar y 
las tempestades produjeron en la isla de Lanzar 
rote, en la Cananas , un estrato de oolita, seme- 

(6) Aaaco en el Annaúire dnkure^u des hn^iudei, Í8Í4, dijo 
^e hibia entonoes 16S voléanos ardiendo. Ñas abora se conoeea 
▼a 5S8, de los coales tt existen en Enropa no ooraprendiendo ia 
tslandia,126en Asia, 25 en África, 904 en América ji» en U 
Oceante. 

( * ) Asi se llama una especie de earbojato de cal amarillento qoe 
con la acción del aire se endurece y adoniere un color rojin>. Esta 
roca, que sirvió en otro tiempo para fiíbricar los mejores monomen- 
tos de Roma , se forma todavía noy con el «edimento de los rios e a 
dertos par«j«t. 



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AICTIGÜE1>ÁD DEL UVmO. 



9 



jate al calcáfeo del Jura, pero modernisímo. Al- 
gonas afuas por medio del ácido carbónico de 
qoese hallaa saturadas, disuelven las sustancias 
calcáreas y luego las dejan cristalizar en forma 
de estalactitas, crue oponen un dique á los táre- 
nos de alavion formando terraplenes naturales. 
&tefenÓBíieno,jpor lo general lento en otros paí- 
ses, es activísmio en ios mares ecuatoriales, 
donde podría decirse que hallándose la civiliza- 
áon en un estado naciente, no ha conquistado 
aun la naturaleza la calma de nuestras zonas. 
Intrincadas ramificaciones de coral v otros zoófi* 
tos se lanzan desde una á otra de las montanas 
submarinas que circundan los continentes de la 
Oc^jiia, y constituyen concavidades que al lle- 
narse forman nuevos bancos é islas que los salva- 
jes comparan con polvo esparcido por la mano 
de un gigante. En torno de la isla de Peel, y 
en el espacio míe media entre el Sur de la Nueva- 
Zelanda y el Norte de las islas de Sandwich , se 
agrupan sensiblemente tales montones de polipe- 
ros, que hacen peligrosísima la navegación hasta 
para las naves de mayor porte; el mar va acu- 
mulando soIm« ellos una arena calcárea que poco 
i poco k» convierte caí tierra firme, donde el vien- 
to y las aves depositan semillas que no tardan en 
eenninar; de manera que donde poco antes an- 
daban combatiendo las olas, se ven verdear los 
prados. Qoien contempla aquella rápida mudan- 
a retrocede con su imaginación á los tiempos 
que precedieron á la existencia del hombre , y 
cree qae aon no ha llegado el fin del dia aquel 
en que el Criador separó la tierra de las aguas. 
Esk el Océano Pacifico se encuentran millares 
de islas madrepóricas, separadas entre sí en 
apariencia, ñero «lazadas realmente por bajos 
tanorf>ien maorepóricos hasta el punto de facilitar 
d vado por e^acio de mas de 280 leguas. Unas 
veces se inresentan en línea recta, otras en for- 
ma drcubr dispuesta al parecer artísticamente» 
lo cual depenoe de su situación sobre ciinas de 
montaiassobmarinas, que varían en su disposi- 
doQ según que han sido producidas por eleva- 
ción 6 por volcanes. Debe, pues, considerarse 
aipiellakrga cadena, de las Maldivas y de las 
Lacpiedivas como indicio de las cordilleras sub- 
marinas. La obra de estas vejetaciones maríti- 
mas pnede elevarse medio pié en el espacio de 
mi siglo; pero al llegar á la superficie de las 
aguas cesa su formación; por lo cual estas islas 
son todas bajas cuando no las elevan las fuer- 
zas elásticas subterráneas, ó bien la tierra que 
se forma en su superficie y la arena depositada 
c&eña'jpor d mar (1). 

T nonay para qué decir cuanta sea la fuerza 
prodndora que desplégala naturaleza en los ter- 
renos nuevos, ya por lo tocante á la vigorosa 






cMil: 



OiilBS Dtnria paMic^ en 1843 una obra imporUnte sobre li 
4c tas islas y de los arreeilés de eoral, donde se paede se- 
odd proecdimieiito naraTílloso de aqaeUos aninalejos 
AB se deanestra como machos terrenos de los mares 
Taa bajando ó ban bajado en algon tiempo, al paso 
^ le eteran continnamente, como lo prueban los oancos de 
maétínnst machos de estos en las islas de Sandwich á 
attora sobre el mar, aonqne es cierto qae sn formación se ha 
áMo del agua. Sumatra , ia?a , Tamba , Timor , Gilolo, 
«TXft Formosa , y Lo-Cho signen elevándose todavía de. 
alca día aodrd aquella cadena de islas unirse por on 
la icaiiMiale Ibiaea, j por otro coa la cosU oriental de 
, eqwrlrtjMido aqael mar en on mediterráneo. 



veietacion de que se cubren , ya por lo relativo 
á la multiplicación de los animales. Una de es- 
tas islas a donde arribaron algunos náufragos 
ingleses en 1589 fue encontraoa por los Holan- 
deses en 1667 con una población de 12,000 al- 
mas descendientes de solo cuatro madres (2). 
Cien anos después del descubrimiento de Nueva- 
Espana, pacían en su territorio rebaños de 70 y 
hasta de 100,000 cabezas, advirtiéndose que 
las reses fueron llevadas por los Españoles ; y 
otro tanto puede decirse de la multiplicación del 
ganado vacuno (3). Sin salir de Italia pnede 
verse cuan lozana y activa se muestra la vejeta- 
cion sobre las lavas modernas. ¿Qué es pues, lo 
que deberia ser, allá en los tiempos primitivos 
cuando la corteza de nuestro glooo acababa de 
reducirse á la actual condición? 

Con relación á nuestros terrenos flegreos, dio 
bastante que hablar la observación que el in- 
glés Brydon (uno de los muchos extranjeros 
!|ue abusan de la hospitalaria confianza de los 
tállanos) atribuyó al canónigo Recupero. Es- 
cribió, pues, que habiéndose hecho una exca- 
vación (4) cerca de Jací Reale en Sicilia, se 
encontraron siete bancos de lava, alternando 
con un elevado estrato de mantillo; v calculan- 
do que lo menos se necesitan 2,000 anos para 
que este se sobreponga á la lava , inferia que 
agüella montana no podia menos de tener 14,900 
anos. 

Pero en primer lugar, hombres científicos de 
mayor doctrina y experiencia , probaron que de 
ningún modo se puede determinar el tiempo que 
tarda en formarse el mantillo sobre la lava; 
pues se ven algunas antiquísimas, que se con- 
servan áridas V negras como las vomitadas por el 
Etna en 1836 , en tanto que la de 1636 está 
cubierta de frondosos árboles y vinas : y al mis- 
mo tiempo entre las seis capas de lava acumu- 
ladas soore Herculano , cuya época de destruc- 
ción conocemos á punió fijo (5) , existen venas 
de tierra buena para la vejetacion. Por otra par^ 
te , se desvaneció aquella opinión habiendo Do- 
lomieu manifestado que en las citadas lavas de 
Jaci no se halla intei^uesta ninguna zona de 
tierra vejetal (6). 

Sin recurrir^ pues , á millares de siglos , pue- 
den las referidas causas explicar las alteran 
ciones ocurridas sobre la tierra aun después de 
haber venido á ella el hombre (7), y de haber 
cesado las violentas agitaciones que durante la 
aurora del ^ran dia ue la creación conmovie- 
ron la superticie de nuestro planeta , como hoy 
lo hacen en la luna , agitaciones que están bis- ^^ 
tóricamente indicadas en el diluvio de Noé y en nas añ- 
el querubin de la espada de fuego. ^v^^- 

Son iguahnente falsos los argumentos de los '^' 
que han citado obrashumanas como bastante mas 

(i) BuLLsr, Reponsa eritífuet ele, Besanzon 1819, ton. m, 

(3) ÁcosTA, mst. nat. y moral de Us Indias. Barcelona 1891, 
pftí. 190. 

(4) Viaie por la Sidiia y Malta. Londres 1773. 

(5) Smith, JÍ^. Mbre ¡a SUMia ysusisiat. Londresl821. Ha- 
bla sido enriado por el gobierno inglés para explorar estos países* 
Hamilton. Transace. fio», tom. LXI, Pí«..7.^^^^ ^ ^^^ 

(6) Msmoiret tur les Ues Ponees. París 1788, pág. 471. 

(7) Tnüt ergo Domimu Deut kamlHem etpoñtUamUí 
iUo vohiptaiis. Gen. Ü. 15. i ^ ^ . 



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sM 



ID 



antiguas que la Iradicioii mosaica. ¥ si alguno 
sostuvo que las minas de hierro de la isla de 
Elba deben haber sido explotadas por lo menos 
desde hace 40,000 anos, otros probaron (1) con 
mas fundamento que han bastado 5,000 anos 
para reducirlas al estado en que hoy se encuen- 
tran , suponiendo que los antiguos sacasen de 
ellas una cuarta parte apenas del mineral que 
se extrae en la presente época. Pero , ¿quién no 
echa de ver la enorme cantidad de hierro que ne- 
cesitarian los Aoraanos para vencer y conservar 
encadenado á todo el mundo? 

£1 general Dessaix, en la expedición de Buo- 
ñaparte á Egipto, persiguiendo al derrotado ejér- 
cito de Murad-bey, fue el primero que advir- 
tió un zodíaco esculpido en relieve en el templo 
de Dendera ( Tentyris) : y otro se encontró en 
Esné {Lalopolis), con los mismos signos zodia- 
cales que usamos , pero distribuidos de diverso 
modo. £1 tan ponderado análisis de los filósofos 
de hace alf^unos anos supuso aue aquella coloca^- 
cion especial no envolvia combinaciones astroló- 
gicas ó de una época extremadamente remota, 
sino aue en realidad representaba el estado en que 
S6 hallaba el cielo cuando se erigieron aquellos 
edificios en que se han encontraron los referidos 

Shuiisferios : estado dependiente de la precesión 
e los equinoccios, que hace completar á los colu- 
rc^ su revolución alrededor del zodíaco en 26,000 
anos. 

Partiendo de esta suposición Burkhart dijo 
que el templo de Dendera contaba 4000 años por 
lo menos; Nouet refirió su fundación al 2002 an- 
tes de C; Jollois y Devillíers, que estudiaron 
mas profundamente esta materia al 2610 , y 
Latveille ai 2250 antes de nuestra época. ¥ en 
vista de que la división de los dos z<Klíacos era 
diferente , se supuso que el de Esné se referia & 
una éapocB, 3000 anos mas antigua (2). 

Cierto es que al mismo tiempo otros astróno- 
mos y anticuarios , entre los cuales pueden con- 
tarse algunos italianos ilustres (3), colocaban la 
fecha del primer zodíaco entre el año 138 y el 12 
antes de (J., y no cansa tanta admiración el ad- 
vertir con cuánta copia de doctrina y tenacidad 
sostuvieron tan diferentes ooiniones Hamilton, 
Rhode, Saonicr , Lelorrain , Biot y Paravey, co- 
mo ver á Dupuys y á sus secuaces erigir sobre 
un punto tan controvertido su torre de Babel con 
que preteodian hacer guerra al cielo. 

- Pero no faltó luego quien pensó en leerlas ins- 
cripciones que allí se encuentran y confrontar 
los estilos : de lo cual resuhó que el pórtico del 
ternplode Dendera estaba consagrado á la sabid 
de Tiberio, y en su antiquísimo planisferio se leyó 
el título de autocrator , que prohableraenle se ro- 
feria á Nerón. Posteriormente en Esné se halló 
una colarana precisamente del mismo estilo que 
el zodíaco y que tienda fecha del déí-imoaño de 
Antonino , estojes del 147 después de C. 
Por tanto Chaiii¡)oUion , escribiendo en 1829 

(1 ) De FoRTiA d' Urban , Hisloria de la China antes del dilu- 
vio de Offiges, pág. 33. 

(2) Grobcrt, Oescripnon des pirámides de Giié , pág. 117; 
VoLNET, Recherches nouvelles sur r hístoire ancienue, tom. IlL 
páff. 3á8-3ü6. 

(3 ) EnnioQ. ViscoKTUcn la tredaccíon de Hcrodolo de Larcber, 
tom. U, pág. 570; Don. Testa, Sotre ¡os do$ zodiacos UltimamenU 
descubiertos en Kgi»lo. Roma 1802, pág. 31. etc. 



BPOOA PRIMUtA. 

acerca del templo de Esnér, deeia : c Ufe he 
iconvencido por medio de un estudio particu- 
•lar , de que este monumento considerado, por 
«simples conjeturas fundadas en el modo espe- 
>cial de interpretar el zodiaco de la bóveda, co- 
imo el mas antiguo de Egipto, no es sino el 
»mas moderno de todos... La época de la erec- 
»cion del pórtico de Esné debe de referirse in- 
cdudáblemente al imperip.de Claudio : sus escul- 
»tura8 datan de los tiempos de CaracaHa, y 
lentre estas debe chocarse el famoso zodíaco 
>que tanto ha dado que hablar (4). » 

Mas como acaso habrá quien no se fie de la 
comparación de los estilos , ni se dé por satisfe- 
cho con el ^stema de Champollion , añadiremos 
Sie el señor Cailliaud en su úhimo viaje á la 
ubia encontró una caja que encerraba una mo- 
mia, cuya inscripción CTiega indicaba el año 19^ 
de Trajano, esto es , el 116 d. C, en cuya caja 
habia un zodiaco pintado, y dispuesto precisamen- 
te como el de Dendera, por cuya razón no pnede 
ser considerado sino como un tema astrológico. 

Con aparato de conocimientos no vulgares, y 
por lo tanto no fáciles de contestar, tomaron 
otros á su cargo el demostrar la antigüedad de 
la humana raza por los conocimientos que ad- 
quirió en diversos ramos del saber y pnncipal- 
mente en la astronomía. Para esta ciencia se re- 
quiere un estado tranquilo de la sociedad, an- 
teriores desarrollos científicos, y una larga serie 
de observaciones; de modo que tenemos dere- 
cho de juzgar que unanacion que manifieste ade- 
lantos en la astronomía , debe ser antiouisima. 

Formaron los Egipcios su año de 36odias ca- 
bales , y aunque echaron de ver que se diferen- 
ciaba ael natural , quisieron conservarlo por 
ciertas consideraciones supersticiosas (5). Mas 
habiendo necesitado conocer á punto fijo el tér- 
mino del año natural , para determinar exacta- 
mente el solsticio en que principia b crecida del 
Nilo , buscaron alguna estrella que correspon- 
diese con el sol en aquel tiempo, como lo haoian 
hecho los otros pueblos antiguos que notaron el 
ascen^ ó descenso solar de ms astros. 

El ascenso de Sothis , como ellos ñamaban á 
Sirio , brillantísima estrella que debió atraer sa 
atención, coincidiaen aquellos tiempos sobre poco 
mas ó menos con el solsticio. Suponiendo por lo 
tanto que el período de su ascenso solar durare 
lo mismo que un año trópico , y juzgando que 
este debia ser de 368 dias y un cuarto , calcu- 
laron un ciclo después del cual el ano trópico y 
el solar debían volver á prindpiar en el nUsmb 
dia ; cuyo ciclo, según estas poco exactas supo- 
siciones se componía de 1,461 años sagrados y 
de 1,460 años de Sirio. 

Tomaron, pues, por punte de partida un año 
civil cuyo primer dia era también el primero del 



(4) V. también áOs Guiches aohre los sodiluósori€nMé8tfi\%9 
Memor. de la Academia de bellas letras . t. XLvU: Lctuostns hr~ 
cherches póur servir a I* hlstoire de V Éalpte pendant la domina^ 
tión des Grecs et des Romahs. E\ plairisrcrio de Dendera se faalfa 
actoDlmente en la biblioteca real de Parts, llevado por el sefior Le- 
lorrain que á fuerza de trabajo obtuvo el permiso para despren- 
derlo de la hóyeásí en que estaba esculpido. Nuevas olscnslimes en- 
tre Letronne t Biot de la Academia de inscripciones f bellas le- 
tras (1813) acabaron de aclarar este hnportaote asunto. 

( 5) Están Indicadas por Gemino contemporáneo deGieeroo. im- 
preso i>or Halma i tontinoacion del canon áe Tolmoeo, ^g. 43. 



ANTIGÜEDAD DKL MtNDO 



aseenso heliaco de Sirio ; y como ya sabemos (1) 
q|iie UDO de dichos anos sotiacos , ó sea grandes 
anos, 6ie el 158 antes de Cristo, deducimos de 
aquí que los precedentes fueron ei 1322y el 2782. 

Por poco qae se entienda de astronomía, se 
sabe qne la precesión de los equinoccios turba la 
correspoD^ncia entre el ano tr6pjco y el sideral, 
esto es, entre la posición del sol yjas estrellas de 
la eclíptica ; cuanto mas que el ano seriar de una 
estrella se diferencia del sideral en razón de la 
latitud de los parajes desde donde ha sido ob^ 
servada. Ádeinás^por el singidar concurso de las 
posiciones , bajo el paralelo del alto Egipto, el 
ano de Sirio durante algunos siglos {ue preci- 
samente de 365 dias y un cuarto , de modo que 
su asoraso heliaco ocurrió el 20 de juIio> tanto 
en d IS^ como en el 158. Atribuyóse, pues, 
gran méáto á los Egipcios por haber*^ descubier- 
to este hecho, afirmándose que no debiendo ve- 
nficarse sino en el período de 1,460 anos, se 
necesitaron observaciones de centenares de siglos 
para avtt'iguarlo. 

Pero astrónomos de suma nombradla atribu- 
yeron á para casualidad el haber determinado 
con exactitud la duración del ano solar de Sirio, 
identíficáadola por ignorancia con la del año 
trópico (^. En efecto , observaciones mas escru- 
pulosas habrían demostrado que era meramente 
tempm'al la coincidencia del ascenso de aquel 
astro ooB la crecida del Nilo; y si se hubiera 
sabido buscar con mas exactitud el período de 
b correspondencia del ano sagrado con el tró- 
pico, se nabria visto que este era, no de 1,461, 
sioo de 1,508 anos sagrados (3). 

Pi»iBÍIaseme insistir sobre este punto, ya que 
andaH ea manos de todos las obras de Bai- 
Dy, Yolney y Dupuis, alabadas por personas 
aóe catecea tal vez de conocimientos para re- 
mtarias. Una cosa es decir que los pueblos co- 
locados éo vastísimas llanuras habian tenido 
oeaaioa de contemplar el cielo, admirar sus mo- 
vimieBtos » y llevar cuenta de los eclioses , y 
otra el afimar que aquella multitud de observa- 
ciones sin etÑeto, sin conexión y sin exactitud, 
f oes»! dirigidas á averiguar las leyes constantes 
del cíelo y la relación entre los complicados fe- 
nómenos, cuya explicación solo puede ser fruto 
de un burgo y atento estudio, apoyado en el 
cálculo, eo la geometría, en instru)nentos físi- 
cos, en la exacta medida del tiempo, en una 
püÁia, en el conjunto de conocimientos que 
rormaa una civilización va adulta. Aquel pri- 
mer poso pudieron darlo fes Caldeos , los Egip- 
cios y ios Chinos; pero la ciencia progresiva 
no nad^ sino cuando los Griegos hallaron modo 
de »Tdbatarla del santuario. Quien recuerde 

CPitágoias, entre estos, descubrió la propie- 
del cuacado de la hipotenusa, y Tales la 
medida de los ángulos y líáeas proporcionales; 

II) CsmatlHO. De die mUali, ete. XVOI. XIX. Yéa^e Iobi.bb, 
hkgttíaa» ÜMÍórieñí ubre Uu éhserMciones astron&mims de lot 
«tíipm. Teadoe. por Hilma á continuación del citado CoHon de To- 
kneo.SSysif. 

<i) Met segoo VoLifBT, ñseherehet, ele. tam. DI; Oblav»», 
AM§id£sanmamié, pág. 217. y noU en la pág. 3 de la Hist. de 
r utnRMniile IB moyeo age.— ÜnviOf / sur la memoire de Jf . de Pa- 
ruegmr ¡0 ^phere, en el tom. YUI de to Namtelks annales de$ 

(mÍAfucs, íiíftkme iu monde. Edk. ta, pág. 17. Annuaire | 
éeíaiS. 



quien vea cómo el grande Hiparco anduvo á "" 
tintas en sus descubrimientos, y comol^Éfge- 
nes , educado en toda la ciencia de Alejandría, 
no supo ^gerir para la exactitud dd calendario 
Gregoriano mas que la corrección de un ano 1h- 
siesto cada cuatro comunes , no creerá dema- 
siado en la ciencia de los maestros de tales dis- 
cípulos, y sabrá establecer la débifladiferencia 
entre la admiración del espectáculo mas gran- 
dioso de cuantos existen , y el exacto cálculo de 
sus revoluciones. Ei fundamento que Bailly (4) 
establecía sobre las dilatidísiraas efemérides de 
los Caldeos y de los pueblos de ht India no re- 
sistió á la crítica severa que demostró que eran 
retrógadas y erróneas. Los principales tratados 
astronómicos de los Indios se llaman Síddhania, 
esto es , verdad absoluta ; pero sus mismos au- 
tores confiesan deber bastante á los Griejgos , y 
algunos pasajes de Varaba Mthira, que vivia en 
el siglo V y fueron publicados en 1827 en las 
actas de la sociedad de Madras, demuestran 
que su zodíaco fue tomado del griego. Las tar- 
olas indias de Tirvalnr, de que Bailly hacía 
tanto caso, debieron ser calculadas el ano 1281 
de Cristo ; y no falta quien sostiene que el Svn 
ria-Siddhanta, que losBramanes pretenden ha- 
ber sido revelado hace 20 millones de aSos , ftie 
compuesto no hace ocho siglos (8). 

También poseen los Bramanes máravittosas 
fórmulas para calcular los eclipses , fórmulas que 
no se sabría en qué época de su historia se esta- 
blecieron. Los Chinos conocieron la exacta posi- 
ción de los solsticios , y en remotísima antigüe- 
dad hicieron uso del período lunisolar ; pero á 
estas doctrinas unieron tan groseros errores , tan 
materiales prácticas y tan grande ignorancia de 
los principios flreneraies(6), que pueden compa- 
rarse á un salvaje que hubiese aprendido á dar 
cuerda á un reloj sin conocer la menor parte de su 
ingenioso artificio. Así es que, por un lado estos 
conocimientos alejan la idea de que el hombre se 
haya elevado de una condición ignorante, su- 
puesto que su infancia abunda en tanta sabidu- 
ría, y por otro nos conducen á suponer una in- 
mensa luz que brilló ante los primeros hombres, 
y que luego andando el tiempo se fue oscurecien- 
do mas ó menos, ya por el transcurso de los 
anos , ya por haberse mezclado con errores. 

De este recuerdo de una edad mejor nace aca- 
so en el hombre, singular conjuntó de perece- 
dero y eterno , aquella común inclinación , por Pretmi- 
la cual , viviendo un solo dia , procura enlazar ^^^ 
su pasajera existencia con una larga serie de tnti. 
tiempos y de abuelos. Los Caldeos aseguraban -*-^-'' 
que habian conservado las observaciones astro- 
nóraicSis de 710,000 anos , y contaban antes del 
dihivio diez generaciones de reyes que habían 
durado 120 ¡taras, de 3600 anos cada una: tres- 
cientos millones deañjs enumeran losBramanes; 
dos millones y medio los Japoneses ; pócemenos 

(4) iíM. de VaetrenmU. Compárese eos laAttmaymasexaeti 
de Dblaitbre. 

(5) Laplaci, Esposé du eysteme du mondo, pág. 330; Oayis, 
Sobre ios calados astronómicos de los Indios , en las Mem. de Cal- 
cuta, tom. n, pág. 22S, tom. VI, 340, tom. VIH, 195; Bintlet, 
Sobre la antigüedad del Suria-SIddanta, sobre ¡os sistema» astro- 
nómicos de los Fgipcios. 

(6) V. naestro Libro U, cap. XIX, donde se hi6G[ iK'^íl^l^ 
de los pueblos ariUqoísimos. Digitized by VjiJijy IC 



i2 



los Chinos, dea mil anos los Persas, treinta y 
cuatro ínil los Egipcios, treinta mil los Fenicios 
y doce mil losEtruscos. 

Pero hombres doctos (1) han demostrado que 
estos números representan ciclos astronómicos, 
múltiples de 13, i9, 82, 60, 72,360, 1,440 y 
otros períodos (2) , á cuyo regreso la imagina- 
ción de aquellos pueblos unió la idea de una re- 
novación de la materia, que en su concepto era 
indestructible , atribuyendo al espacio lo que no 
parece propio sino del tiempo. 

A fin de citar algún ejemplo diremos que 
Calístenes, mencionado por Simplicio, limitaba 
á 1903 anos antes del siglo de Alejandro el cur- 
so de las observaciones astronómicas de los Cal- 
deos; y Epígenes, según Livio, lo hacia subir 
á 720,000 anos. Nótese ahora que si en lugar 
de aiiosse leen días, queda reducido este núme- 
ro á 4,971 anos solares : de manera que nO se 
puede suponer sino que Epígenes formó su cálcu- 
lo 68 anos después de Calístenes. Sincellodauna 
cronología egipcia de 36,523 anoi desde el rei- 
nado del Sol hasta el de Nectanebo, 15 anos 
antes de Alejandro Magno. Semejante período 
no es mas que el del regreso del punto equi- 
noccial al primer grado de la constelación de 
Aries. Exactos instrumentos nos han hechoj:;o- 
nocer que esto sucede al cabo de 25,868 anos; 
mas los Egipcios dividian el zodíaco en 365 gra- 
dos, y suponían que el equinoccio, retrocediendo 
un grado cada siglo , cumplia una revolución en- 
tera en 36,500 anos ; y como su ano era un cuarto 
de dia mas breve que el verdadero ano solar, 
añadieron la cuarta parte de 36,500 días , es 
decir, 25 anos, oue de este modo completaron 
los 36,525 senalaaos como edad del mundo. Las 
pretensiones de antigüedad por parte de los In- 
dios se han rebajado mucho de resultas de las 
indagaciones de la sociedad asiática inglesa. La 
duración de las cuatro edades humanas está in- 
dicada por ellos de este modo : 

Edad de oro. . . 1.728,000 
de plata. . 1.296,000 
de bronce.. 864,000 
de barro. . 432,000 

4.320,000 
Fácil es observar que la tercera es el duplo de 
la cuarta ; que la suma de ambas es ieual á la se- 

Snda, y que la primera es la suma de la segun- 
y cuarta. Diviáido luego el total por 360, nú- 
mero redondo de dias del ano incierto, da 12,000: 
cifra que es también ladel período pérsico v etrus- 
co , y elemento del períoao caldeo para los diez 
patriarcas antediluvianos (3). 

Tales números representan la vanidad nacio- 
nal, mas que una antigüedad positiva, pero las 
pretensiones originadas por la emulación ates- 
tiguan el parentesco de dichos pueblos , pues 
que se funaan sobre un dato común multiplica- 
do luego por 6, 9, 13, 18, 36, 74, 144 ó una 
décupla progresión. 

(1) Le Gentil, Vovage daiu Its Inda, 1, 255; Baillt. Astr, 
¡nd. p' 110 y 112, Hiítoire de V oifranomie ancienne, p. 76; Do- 
PUYS, Origine des cuites, 11!, 149; Hermamoís, Mythohffieder Grie- 
chen, II. 332, etc. 

(2) Y. en nuestra Cronologu, Qéhs. 

(3) PmMSBP' s, Üsefulfabksformínf an áppendix to tke Jout" 



ÉPOCA PRIIQERA. 



Tan ingeniosas indagaciones explican los mi- 
llares de siglos contados por otros pueblos. 

Además de esto aauellos imaginarios espacios 
están vacíos de becnos y llenos solamente de 
auimeras, poniéndose en ellos el reinado del Sol, 
de los planetas y de los dioses, como señal de 
que pertenecen á los sueños de la mitología ó k 
las figuras del símbolo y no á la realidad de la 
Historia. Los Egipcios hacen reinar desde un 
principio al Dios Fta, luego durante un espacia 
de 30,000 anos al Sol , y últimamente á Saturno 
y á 12 dioses, antes de que aparezcan los se- 
midioses y los hombres. Según los Parsos domi- 
naron 3,000 anos los Angeles de la luz, sin ene- 
mígaos : otro tanto tiempo se pasó antes de que 
naciese el monstruoso Toro por quien fueron en- 
gendrados los diversos seres ; y después de todos 
vinieron Mesquia y Mesquiane , homlH^ y mu- 
jer. Los Tibetinos se remontan á un tiempo in- 
finito con su reinado de los Lab ó Genios : Inego 
sigue una era de 80,000 anos, una de 40,000, 
otra de 20,000 , otra de diez anos escasos , otra 
de 80,000 , llenas todas de seres alegóricos, co- 
mo son entre otros los reinados de Loro {Lúa), de 
Urano (Cielo), deGea {Tierra), de Helios (Sol); 
de suerte que ó son delirios de la fantasía exalta- 
da ó de la vanidad, ó verdaderos períodos astro- 
nómicos. 

t^or el contrario la Historia es muy moderna 
en todos los pueblos, y sus tiempos ciertos no 
comienzan sino después de la edad de Abraham. 
No citaremos los actuales Europeos , cuyas me- 
morias son de ayer, pero temlremos presente 
que los Grie/jos, por vanos que sean , confiesan 
haber aprendido á escribir de los Fenicios, hará 
como unos 34 siglos: la historia del Asia ante- 
rior á Ciro no es mas que un tejido de fábulas; 
y Herodoto, primer historiador profano, viviaen 
tiempo de Nehemias v Malaquias, últimos pro- 
fetas, hará 2300 anos'y se apoyaba en la autori- 
dad de otros anteriores á él tan solo en un si- 
flo (4). El poeta clásico mas antiguo floreció 
ace cerca de 2700 años ; Beróso escribió en 
tiempo de Seleuco Nicanor; Gerónimo bajo el 
reinado de Antioco Soter, y Manotón en tiempo 
de Tolomeo Filadelfo tres siglos antes de Cristo. 

nal of the AHatíe Soeietif. CtítoU 18S6, plrt. U, P. 78. Véase 
aqiii sa 

Cuadro eomparutivo de las sucesivas variaciones eféetuUu por el 
progreso de ta crUica en algunas de las principales época» iadima. 

ftAACa «J^ sAW amMnm s*^a am^éim a^^i^ ^^* - 

BMCA DI r.c».. C«. wÍHM uüS^,. vm^. 'tS! SL. 

A. C. A. C. A. C. A. C. A.C. A.C. A. C. 

lk«wakji jBadda.. 2183102 5000 2700 1M8 "^ Í5o ~ 

YndWsihira.* \ MOi!*^* ^^^ ¡576 1430 1"^ "" 

SamitnyPndjTOU 2100 1029 700 119 915 — eoo 

Sisanaga 1902 870 600 -r- 777 000 4» 

Nanda 1000 029 — ^ 415—404 

GhandragapU. . . 1502 600 330 — 315 320 39S 

Asoka 1470 640 — — 290 330 

Balia 908 140 - -. tt 10 — 

Chandrabiya , últi- 
mo de los Radjas 

de Magada. ... 452 300d.C.~ — 428d.G.546d.C. 

( 4 ) Cadmo , Ferécides , Arísteo de Proconeso, Acmltao, Heca - 
teo de Mileto, Carón de Lamsaw etc^. Vosaio, De kiei. arme, 
Ub. 1, y el euarto lib. de Herodoto. C^ r\r\Q\c 



Saaocmiatoii fue conocido solo dos siglos antes 
de nuestra era: y si hasta el nombre no fue in- 
Tentado por Filón el Gramático , es curioso por 
lo que refiere délas edades antediluvianas, con- 
tando diez generaciones desde el primer hombre 
(Protógenes) , y atribuyendo á personas cuyos 
nombres son verdaderamente alegóricos los des- 
cubrimientos é invenciones humanas en el mismo 
orden en que supone que fueron hechas ; lo res- 
tantesonfabulasy teogonias. Por ultimo Klaproth 
ha demostrado cuan reciente es la fecha de todos 
los historiadores de Asia (1). 

Siendo esto asi, ¿qué fe merecen estos histo- 
riadores cuando nos presentan una indetermina- 
da serie de sidos? Lo verdaderamente maravi- 
lloso es croe todas las tradiciones, entre la infinita 
varie4aa de Cábulas, concuerden al aproximarse 
á las épocas señaladas por Moisés. Salió este de 
Egipto hacia el ano 1500, y por aquella época 
sucedieron las emigraciones á que dehe la Grecia 
su población y cultura {i); la Grecia, que confiesa 
no tener cosa alguna mas antigua que Japet. Ca- 
recen de cronología los Indios ; pero Abumazar, 
grande astrónomo que vivió en la corte de Alma- 
mnn desde el ano 813 al 833 de C. ; que residió 
en Persia y enBalk y estudió particularmente la 
historia de aqiiellos paises, dice que se conta- 
ban 3725 anos desde sus tiempos hasta el dilu- 
vio, con el cual principió el cali^yug ó sea la 
Sresente edad del munao (3). Los imperios cal- 
eo, chino y'egipcio, aunque discrepan en otras 
muchas cosas, concuerdan en esto^ 4000 anos 
poco mas ó menos después del diluvio. Los Chi- 
nos, que aspiran á tan remota antigüedad , se li- 
mitan ¿ conjeturas hasta el ano 722 a. de C. , y 
los mas imparciales de entre ellos consideran 
como ficciones aJegóricas todo lo anterior á Fo-hi. 
El Chur-king, que es el mas antiguo de sus libros 
canónicos, me hallado ó por mejor decir, restau- 
rado solo 176 anos a. C. y dice que al principio 
reinó Tao en unión con los montes de su impe- 
rio, que dijo á sus siervos Hi y Ho: id y observad 
los astros , determinad el curso del sol y di-- 
tfidid el año. Este emperador construyó acueduo- 
ios, organizó el culto y las gerarqiiias sociales, 

invento la primera metafísica de la Y, esto es, 
como 4 y 8 fueron formados de 1 y 2; en suma, 
pertenece á los seres simbólicos , y sin embargo 

no es sino 4170 anos, y según otros 2357, mas 



(1 ) Bnsáffo tohre /« áuíúridaá de ios kistoríadoret deiÁíUt en 
bs memoíref rtiatif» é T AHe, etmfenant 4et reckereke$ hiaoriauet, 
fiúgnfiftm et pkUtuopkipíet mr let peupht de r Orient. París 
1826. DiTide b bistoria antigua en mitología , historia ineieru é 
historia renbdera , y prueha que esta principia para los 
Chinos en el siglo IX a. C. Tibetinos I d. G. 
Japoneses Vü Persas m 
Georgianos m Árabes V 
Annenios U Indios y Mogoles Xn 

Turcos XIV 

Pero deben eorregirse bs opiniones de Kbproth con el dis- 
cnrso ancepoesto por L. G. F. Pbtit-Radbl á su Eximen únattfti- 
§ue et tsNeM eomféruti de» tgnenmismet de V hUMre det tempe 
hereipM de lé Grece , Parts 1827 «/sn el enal defiende b aatoridad 
de los primeros historbdores de Grecia. 

(2) Sttran üserio, Geerope pasó de Bgipto d Atenas por los 
afloft 1^: Deocaiion se cttableeid en el Parnaso hada el 1548; Gad- 
mo legó de Fenicb ú Tehas en 14SI3 ; Danao i Argos hieb el 1485: 
Dirdano al Helesponto hácb el 1449 ; Inaco existió entae el 1856 ó 
el 1823 y Ogiges desde en 1796. En la Cronología manifestamos las 
discrepancias de los eruditos acerca de estas épocas. Varron coloca 
el diluTio de Ogiges 400 años antes de Inaco , es decir : en el aflo 
SS66a. G., dseten üempodel dUntiode Noé. 



UNmAD 1» LA ISPKCIB HCHAlfA. 



13 



antiguo que nosotros. (4). Gonfucio, no contando 
la- historia de los reyes anteriores á Tao, (2000 
a. C.) probó que los considerad» como fabulosos; 
Mencho, otro de los filósofos mas insignes de la 
China dice que esta región permaneció inculta y 
despoblada hasta Yao, primer rey que reunió a 
los nombres en sociedady emprendió la tarea de 
civilizarlos; y su gran liistoriador Se-^matsian 
no comienza a fijar fecha á los acontecimientos 
hasU el ano 84i antes de Cristo. 

CAPITULO ra. 

Unidad de b especie humana. 

Queda, pues, confirmada por los progresos de 
las ciencias la narración de Moisés, que no dá 
al hombre mas de 7 á 8000 anos de antigüe- 
dad (5) ; y es ciertamente una de las mayores ma- 
ravillas [^ra quien lee el Génesis su concordancia 
con los mas recientes adelantos déla ciencia. So- 
lo él entre todas las cosmogonias establece una 
diferencia entre la creación de la materia y su 
organización, entre el principio en el cual aque- 
lla comienza á existir, y la incubación (6) que 
ejecuta d espíritu de Dios, hasta que la pone 
en aptitud de formar las estrellas y los pbn^ 
tas. Lo primero no podia ser mas que un acto ins- 
tant4neo de h voluntad omnipotente ; lo segundo 
se verificó mediante la sucesión de los tiempos y 
lo vemos proseguir hasta hoy en las nebulosas, 
que son mundos en estado de formación. Esta 
verdad que apenas acaba de ser descubierta en 
nuestros -tiempos, la declaró Moisés, no con el 
lenguaje de Newton ó de Herschel , sino va- 
liéndose de aquellas imágenes que eran las úni- 
cas que podian ser comprendida^ por su pueblo. 
Por otra parte „ el lenguaje mas refinado de la 
ciencia ¿qué es sino el len^aje de la apa^riencia? 

La luz según los últimos expefimentos de 
Struve corre ^8,843 millas italianas en un se- 
gundo ; Derschel (el padre) dijo que los rayos 
luminosos que nos trasmiten las nebulosas mas 
lejanas que se presentaron en su reflector de 40 
piés, necesitan mas de 2.000,000 de anos para 
llegar á la tierra. Debieron, pues, aquellos astros 
haber sido creados mucho tiempo antes de la úl- 
tima organización de esta. Así el primer acto fue 
de absoluta creación ; y lo demás se va cumplien- 
do bajo la influencia ae las fuerzas que el Cria^ 
dor imprimió á la materia. La mas estupenda 
de estas es la de gravedad, y Moisés vió que 
la estabilidad de los cuerpos celestes depende de 
su mutua gravitación y de la amplitud del espa- 
cio que los separa. Entre ellos está fija en sus 
polos la tierra , suspendida sobre el abismo , y en 
su seno fueron dispuestas anchas cavidades don- 
de se encierran el agua central y el fuego (7). El 
cielo no es el armamento como lo mterpretaron 
San Gerónimo y los LXX; tampoco es el cielo 

(3) V. BKmrLET, Mem, de CttenSU, ton. vm, 2M en b nota. 

(4) V. el Ckihtínf. París 1770 , publicado por De Gnignes y el 
prólogo de Prtmare sohre lostiempos anteriores i aquellos de qae 
en él se trata. 

(5) Por k) tocante á bs diferencbs de este cálculo véase nues- 
tra GnONOLOClA. 

( 6) El Génesis dice mereek¿(J8t (i. 1). 

7) Job, XXVL 7. 10; Pwm, 17; A. XL. «U Q^Tp 



Í4 KFOCA FRniBlU. 

cristalino de Aristóteles, sino la extensión {ra* 
hach), esto es la inmensidad (i). 

Otro portento : Moisés distinguió la luz primi- 
tiva de la que debemos al sol. Una filosofía fri- 
vola hizo escarnio de la idea de haber creado la 
luz antes aue el sol que es su fuente ; mas la 
ciencia ha demostrado que otra luz se desarrolla 
en la tierra independíente de la del sol, como es 
la de los volcanes ó la iosforescencia de las nubes 
ó la electricidad , y esta debió ser de tal potencia 
enun principio que bastó para hacer germinar 
los vejetales antes <}ue el sol les sonriera. 

Hay mas. En Moisés la luz no fue creada, si- 
no que Dios la hizo brillar; expresión que se 
aviene con la teoría de las ondulaciones que g:e- 
néralmente se aA)pta hoy con preferencia á la 
de las emisiones, 

Hiparco estableció que las estrellas del cíelo 
eran 1,023; Tolomeo hada subir este número 
& 1,036: Moisés sabe que son innumerables como 
las arenas del mar; y de 30 sidos á esta pai^ 
te están demostrando esta Terdaa Jos telescopios; 
y para que no se crea que esta es una frase poé- 
tica ni que envuelve la idea de lo infinito, la Es- 
critura añade que Dios sahe el nombre de cada 
una. Si habla del orden de los astros, la Escri- 
tura los coknpara con un ejército formado en ba- 
talla cantando alabanzas al Señor. Lue^o no son 
dioses, ni tampoco influyen en las acciones hu- 
manas como lo creía la antigüedad. 

El aire {ruack, Job) en los libros de Moisés 
aparece como un vestvio de fo tierra; y Dios le 
dió su peso {miscMal). La Biblia lo sab« macho 
tiempo atttes que Galileo. 

Las a^as ejercieron grandísima inñuenda en 
la constitución déla tierra. Divídense estasen 
superiores é inferiores, y están separadas no por 
una esfera sólida {firmamento) sino por el espacto 

Írákíach). Los vapores difundidos por el aire no 
labrián bastado para producir el diluvio, si no se 
hubieran abierto los abismos de la tierra para 
lanzar las aguas que contenían. 

Los seres animados fueron apareciendo por 
sucesivas generaciones y con arreglo á la com- 
plicación de su organismo. La geología ha sabido 
probar á la letra aquel orden de sucesión ; y 
si niega que'los animales hayan aparecido des- 
pués de los vejetales , la química á su vez 16 
sostiene , y lo sostiene también la razón que de- 
muestra qne la mayor parte de los animales se 
alimentan de vejetales. Estos, según el Géne- 
sis , se desarrollaron antes de la aparición del 
sol y bajo condiciones de luz , de humedad y de 
calor diferentes de las actuales ; y la botánica 
fósil acaba de sancionar semejante orden de 
hechos. 
El último de todos los seres fue el hombre, y la 

teología no puede presentar un solo resto suyo 
aliado en los estratos antiguos. Dícese que no 
es posible que la especie humana cuente tan bre- 
ve tiempo desde su creación, atendido el largo pla^ 
zo que necesita el hombre para educarse; pero 
conviene tener presente que el niño aprende en 
los primeros meses de la vida mucho mas que 



f1) Marcelo de Serré s. Des eotmaissances eoMignées dontla 
Bible, mises Cñ parUlk msc l€9 i€^uvci;tes üs stíemscs mo- 
áemes. 



durante algunos añOs después , *y aun podría 
decirse que es todavía joven, si se advierte cuanto 
ha tardado en llegar al uso de su razón. ' 

Pero algunos han clamado contra esta opüiion 
con mas atrevimiento, negandoque el hombre ha^ 
ya sido creado tal como es, y suponiendo que to- 
das las cosas visibles salieron de un germen dnico, 
el cual se fue desarrollando poco á poco; que paai 
del estado de materia bruta a la orgánica y luego 
á la animal , dividiéndose gradualmente en m 
diversas especies por que fue pasando , y elc^ 
vándose á cada nueva catástroie que ocurría en 
el globo, hasta llegar á la actual condición que el 
hombre tiene , en la cual le precedieron otras 
especies , al paso que otras inferiores se aprestan 
también á alcanzarlo y á ocupar su higar. 

Dejando aparte á los meros declamadores , di- 
remos que Lamark con mucho aparato científico 
sostuvo hace poco Í2) que él hombre procedía 
del mono, empeñándose en demostrar, comparán- 
dolo anotómica y fisiológicamente con varios 
aspectos del fetonumano, el sucesivo tránsito 
de los grados mas inferiores á los superiores, 
como SI aquellos en cierto 'modo hubieran sido 
el aprendizaje de estos. Así, según su doctrina, 
el orangután de Angola perdió poco á poco 
la costumbre de andar en cuatro pies y ca- 
minó derecho : luego las patas traseras se 
convirtieron en pies, y en manos los remos 
delanteros: habiáidose librado de la necesidad 
de coger frutas y de pelear, se fue gradual- 
mente acortando su hocico; el antiguo rechinar 
de los dientes se trocó en sonrisa, y de este 
modo quedó convertido en hombre. Las prcroga- 
tívasdel espíritu, según Lamark, no son nías 
que la extensión de la facultad de los brutos, di- 
versas solamente en lo relativo á la cantidad y 
dependientes de la organización . 

Ni aun discurriendo de este modo queda des- 
vanecido el punto principal de la dificultad, sino 
solamente un poco mas distante : porque si Dios 
no creó al hombre , ¿quién fue el autor de este 
germen primitivo? ¿En gué terreno se desarrolló? 
¿Qué átomos lo compusieron ? Luego, ¿cómo se 
explica el fenómeno de la vida? La transición de 
la materia mejor compaginada al animal peor 
conformado ¿no queda aun interrumpida por un 
abismo, tan inmenso como una nueva creación? 
¿Podría acaso verificarse nunca por medio de re- 
cursos meramente naturales el tránsito del ani- 
mal bruto hasta la altura del ser racional ? Siglos 
han trascurrido desde que se están estudiando 
las especies vivientes sobreestatierra: los sepul- 
cros de Egipto son museos de historia natural 
donde se conservan esqueleto^ de muchísimos 
animales de 4000 anos hace , y allí puede verse 
que ni un ápice se diferencian los cocodrilos, los 
ÍDÍs, y los icneumones de hoy de los que vivie- 
ron en aquella época. ¿Y qué diremos de la 
g afectibilidad intelectual y moral , privilegio 
n peculiar del hombre, <pie solo él bastaría 
para distinguirlo de todo el resto de la creación? 

Si este germen se hubiese desarrollado espon- 

(2) i. B. Lamabe, Pkilosophió soologique, ou expositío»^¡^ 
coiuideraíions relatíves a P histoire natureUe des úttimamX' Pai^ 
1830. Compárese con Stephens, Antropología, H, 6 (en ajen»»), 
y con Lyelf, Prtndfios de geoiogU^pr^» (ea iiifi^} iW» 4<^ 
^^'«^'»^«- Digitizedby Google 



imet" 
eion- 
miento 
sauii- 

cu. 



UoiA 
del0 

bul» 

DO. 



CNn>Al> fift.LA KPICIB HUMANA. 



i6 



táneam^rte, segfOfi la prodigiOBafiBciuidiáadde 
la naturaleza ea hs demás especies» debería en- 
contrarse una Taríedad infinita y fondamentai 
entre los hombres, como sucede en las obras del 
acaso ; pero por ú contrario, aun aquellas mi»«- 
mas cosas que á primera Tista parece que con- 
tribuyen á difererieiarlo , como los caracteres fi- 
siológicos, por ejemplo, y el lem^aje, no hacen 
mas ^ ^íxiim de corronorar la u&idad de su 
^pecie* 

Mucbo se- ha babiado de monstruos huma- 
nos, det orang-kubub y el orang-guhu délos bos- 
ques de Borneo , Sumatra y délas islasde Nico- 
bar; pero lo misnoquelos bcHubres con cela, han 
desaparecido á la luz de la crítica (i), y otro tan- 
to hasucedidocon losenanos de Madagascar, los 
hermaflrodítas de las Floridas y demás fábulas 
inventadas acerca de loa Albinos, Dodones, Pa- 
tagones y Bótenteles. El supuesto comercio fe^ 
cundo eáb-e el hombre y la mona, ha sido ccmsi- 
siderado con razón como una patraña , al paso 
que la fecundidad de la unión entre todas las 
razas y colores humanos demuestra, aun con 
solo ei auxilio de la filesofia natural, nuestra 
hermandad con el Mogol, con el Malabar y can 
el pobre Negro, í Ah I con demasiada frecuencia 
hallaremos en el curso de nuestra historia he- 
chos y épocas de los pueblos, que nos proba- 
rán la exti^ema degradación en que puede caer 
el hombre, abandonado á sus pasiones. 

Es por tanto iiwpropia la denominación de 
razas humanas, la cual indieariaun origen di- 
verso, al paso que el hombre en sus diferentes 
especies no ha hecho mas oue ponerse en armo- 
nía eon la naturaleza. A los arenales y á los 
montes corresponden las formas agudas y gro- 
seras del Calmuco y del Mogol que en aquellas 
dilatacteimas Ifenncas^ sin un árbol, sinunafuen- 
te, donde aol^ cliocio infunde nueva vida á la 
agostadfet yerbe, vífen con su cabaHo ysus rebar* 
ios. Todavía el Gabnueo indotoite pasa la vida 
con la mirada ^á en un cielo siempre sereno, y 
almas leve ramor aplica el oido.al desierto a 
donde su vista no aleanza á penetrar. El Mogol 
en SQ país es te mismo que era hace miles de 
anos ; pero si^' sale dé él» experiipenta un cambio 
tal, que apenas hayquién lo conozca. El Árabe, 
libre, sobrio, ligero en la carrera, diestro en la 
equitación y en el manejo de la lanza , fiel á su 
palabra y huésped generoso , se halla ea armo^ 
nia con el' desierto que habita , asi como lo están 
el Lapon con sus hielos y el (vriego y el Italiano 
con las dulzuras de su benéfico cbipa. 

Cuando hablamos del elima , por lo regular no 
establecemos mas distinción qóe la de te» zonas; 
sin embargo , estas ni están suficientemente d^ 
terminalda^, ni producen iguales efectos eñ los 
dos hen^Ssfenos: además de que las distintascon- 
dicioúes deierralnan muy diferente temperatura 
en pai^ ium^diatos, y los cuerpos miamos se 
halfiin diversamente dispuestos para recibir 6 

Sara rechazar el calor. No se pierdan tampoco 
e vi^ta los efectos del magnetismo y la electri- 
cidadí« e¡^ vida de la ^)ateria, cuyos misterios^ 
según parece , están próximos á revelarse : y 

(i ) BLunxBAOi, tkfeneriíhMméni oérieUU. 



ténganse mi euenta la eívaporacion de las djyer* 
sas sustancias, les vientos y las enfermedades 
endémicas: causas todas que modifican el cuer- 
po del hombre, como lo modifican también la 
mutua acción del mar y de la tierra, la calidad 
de alimentos y la diversidad de civilización. 
Los Germanos de que habla Tácito dejaron, de 
formar, al civilizarse, una especie distuta, co- 
mo la constituyeron sus ante|¿sadQs y perdieron 
además su enorme oorpulencia , al paso que los 
Portugueses adquirieron colosales termas en.el 
centro de las colonias del Cabo. ¡Qué diversidad 
de aspecto entre el Lapon y el flúngaro!; y sin 
embargo, el idioma demuestra que proceden de 
un tronco común. 

Se observan en la humana estirpe variedad^ 
individuales y monstruosidades que cada cual 
puede haber visto sin recurrir á los millares de 
extravagancias oimservadas en la memoria. No 
raras veces estas se propagan , y conocidas son, 
dejando á unlado ciertas bellezas ó defectos h^ 
reditarios , las familias de seis dedos y el inglés 
que comunicó á su progenitura el defecto, por el 
cual se le dio el nonifare de puerco-espin. ¡Cuánto 
mas fácilmente se hubiera verificado esta tras- 
misión si hubieran vivido aislados! Posible es, 
pues , que las antmores causas alteren la forma 
de h» individuos y vayan propagándose por su 
descendencia (S). 

Mas esta ciencia de las razas es nueva aun. 
Los antiguos , al parecer , no distinguieron de la * 
nuestra mas que la etiópica» la tracia ó mogola, 
y la escita, ó germana , deduciendo la varie- 
dad únicamente del color del cutis y de la natu- 
raleza del cabello. Esta distinción pareció jus- 
tamente defectuosa é insuficiente , y por lo tanto 
se propusieron diversos sistemas para clasificar 
la humana especie. El ffobema&r Pownall fue 
el primero que sugirió u idea de que se fijase 
la atención en laoonfiguraciondelos cráneQs.(3); 
y Camper redujo posteriormente este sistema á 
ciencia (4), deduciendo el criterio del ángulo far 
ciaK Observando de perH el cráneo se tira una li- 
nea désete la abertura del oido hasta labasede las 
narices , y otra desde la prominencia de la frente 
á la extremidad de la mandíbula superior donde 
están implantado^ los dientes: y las razas se dis- 
tinguen por la diversaabertura del ángulo, que 
en el Albino es de ^ grados , en el Negro y Cal- 
muco cerca de 70, y en el Europeo 80 yalgunas 
veces mas (8). 

Pero el q^ hizo un estudio mas esmerado 
acerca de las variedades humanas fue Bhtmen- 
bach , que recogió una infinidad de cráneos, y CMá- 
establecióclasiflcacionessofaresufonnaysoimei ^^^ 
color de su cabello, de la piel y del iris. Contenn bib. 

Slóes(eob8ervadorelcráneodearribaabajo,don- ¡ü^' 
e presenta una figura oval , regular ^ la nuca 
y desigual en la parte anterior , enqué sobres»- 

(2) Una de las observaciones mas comones es la de ciertos per- 
ros de caza que nacen i veces con la cola corta , lo cual no so irerl- 
ftea por cierto en las nuus á cuyos individnos 09 so Uene la eo»^ 
tumtre de coriírsela. , • , _^ ^^^ .„.•,- 

( 3 ) TfoweUe eoteetiondéB vofttpes. Londres Í76^ t. D, ^f . t75. 



.4) Fierre Camper, Dissertatm phisi^ sur tes „ 
réellesque wesentent les ímiís du visage chez les htmmesdesdif- 
/•ér.paw. ütrecht,1791. . ^.*. ,. 

<5} Los antiiroos Griegos comprendleroieataftdiiéreiiciaia, pues 
para sigHftflcar el BiaxImnD da k át iS paO M datea^ i^alto de aof 
estatuas on dngolo ftcial deSS y baüideiOOgtidM. 



16 / SPOGA PAIKERA. 

ten mas ó menos la frente, los huesos de la na^- 
riz y de las mejillas; mostrándose mas ó menos 
abierto el arco zigomático , ó sea el que une es- 
tos huesos con los de las orejas. 

Según este sistema se distin^en tres clases 
de hombres, á saber : la caucásica central blan- 
ca, la etíope negra, y la magola amarilla, en 
las cuales se entremezclan las dos gradaciones 
de la nuüagaf oscura entre las dos primeras, y de 
la americana de color de cobre entre la caucásica 
y la mogcria. A la priiflera pertenecen los Euro- 
peos, menos losLapones, los Finlandeses y 
Húngaros; los habitantes del Asia Occidental, 
inclusa la Arabia y la Persia hasta el rio Obi; los 
de las orillas del Caspio y del Ganges , y los del 
África Septentrional. £¡1 resto de África pertenece 
á la especie ne^ra. A la mogólica corresponden 
los demás habitantesdel Asia , los tres pueblos de 
JEuropa exceptuados de la caucásica, y los Esqui- 
males de la América Septentrional. La malaya 
comprende todos los naturales de Malaca, de la 
Australia y Polinesia, llamados tribus Papuanas: 
por último , la especie americana se compone de 
todos los hijos delNuevo Mundo, excepto los Es- 
quimales (B). 

Cuanto mas progresa la ciencia , tanto mas 
sencilla encuentra a la naturaleza en sus recur- 
sos; y a^ como los recientes descubrimientos de 
Humboldt, Bonpland, Pursh y Brown han dado 
á Decandolle bastantes indicios para una distri- 
bución geográfica de las plantas, derivándolas 
de un centro común, del mismo modo se multi- 
plican cada vez mas los argumentos para probar 
que las variedades de la especie humana, le- 
jos de ser efectos de diverso origen, dependen 
de las variaciones ocasionadas por el clima, del 
género de vida y de las monstruosidades espprá- 
dicas que han tle^o á ser hereditarias. Tales 
razones, que exphcan también la existencia de 
las lid>res, conejos y cerdos blancos; oue estable- 
cen inmensa diferencia, entre el cerdo domésti- 
co, y el jabalí, y á las cuales se atribuye la joroba 
en la raza de los camellos, bastan para explicar 
la diversidad que existe entre las especies hu- 
manas. 

T (me efectivamente naciones enteras han pa- 
sado de una familia á otra , lo prueba el ver que 
entre los pueblos de diverso color se habla ó se 
ha hablado el mismo idioma , indicio cierto de su 
eomun origen. Las lenguas húngara, finesa, la- 
pona y estonia tienen annidad con la de los Cner- 
misos, Yotiacos, Ostiacos, Permianos y otros 
pueblos de la Siberia Oriental; y sin embargo, 
los Lapones, Chermisos, Vogulos y Húngaros, 
tienen el cabello y ojos n^os, en tanto que en 
los Fineses, Permianos y Ostiacos vemos el ca- 
belló rubio, y los ojos azules. La lengua de los 
Tártaros y la de los Mogoles, ha sido clasificada 
poco hace en una misma familia , y en el si- 
glo XI formaban aun una sola comunidad de cua- 
tro tribus, procedentes de dos hermanos, sggun 
refieren sus tradiciones; y sin embargo, los Tár- 
taros pertenecen á la raza caucásica (1 ). El idio- 



(1 ) Ktaíproth demostró cpie entre las sapoestas nzas caueásict 
y nogoli bty mncba afinidad respecto de los nombres de cosas na- 
tuiles y de primera necesidad , para lo cual adi^o ana laraaomeB* 
elatwt en el tomo U de sva JfomoffM f «/«/</'« d /* Ja<0. 



ma demuestra que los paMoR de nuestra raza 
sonde origen común; y á pesar de esto los nato- 
rales de la península india se diferencian de no- 
sotros en el color y la forma hasta el paiito de 
ser colocados en una clase distinta. Las lenguas 
europeas mejor analizadas son patrimonio de dos 
ó tres razas enteramente distintas según las apa- 
riencias. Los Tártaros y los Turcos están física- 
mente lejos de la raza mó^la, y no obstante sos 
idiomas pertenecen á la misma ramilla. Las ksst^ 
ffuas del Ural están repartidas entre pueblos 
ae variadísimo aspecto físico: y las naciones 
morenas de la India usan de dialectos derivados 
del sánscrito lo mismo que nosotros, Europeos 
blancos. 

Quien conoce las mutaciones enormes, ó m&- 
jor dicho esenciales, á que están suietos los ani- 
males al pasar del estado salvaje ai doméstico, 
ó vice versa, como ha podido verse en algunos 
llevados á América, se admira menos de las va^- 
riedades de la especie humana. Cuanto mas 

Srogresa la ciencia, mas se extiende el número 
e tales especies y mas se prueba la transición en- 
tre ellas y la dificultad de separarlas con carac- 
teres terminantes. Mientras la unión entre los 
animales de especie diferente es infecunda, y 
mientras los semejantes no producen mas que 
seres estériles é híbridas, soto las razas de una 
misma especie engendran mestizos que pueden 
reproducirse. Estoes puntualmente lo que sucede 
con los hombres, que por tanto pertenecen fisioló- 
gicamente á la misma especie, y esto acaba de 
confirmarse por la^uniforme igualdad del tiempo 
de la gestación, y de la vida, y por la igualdad 
de enfermedades salva la influencia del clima 
y de las costumbres. 

Difícil es ciertamente explicar el tránsito del 
color blanco al negro (2); pero que este es efec- 
to del clima lo indica la gradación de matices 
que $e echa de ver entre lospolos y la linea for- 
mada p(^ los Daneses, Españoles, Italianos, Mea- 
ros y Negros. Sabido es que el niño moro nace 
blanco, y adquiere el sombrío matiz á los diez 
dias, en tanto que las mujeres sarracenas que 
viven en absoluto retiro conservan la Mancura 
de su cutis. T que esta mudamea de color se ha 
ido efectuando v perpetuando graduahne&le, se 
ve también en los Abisinios , pueblo semítico y 
diferente en cráneo y en facciones del negro, al 
cual se parece en la piel (3). .Otro tanto se afir-« 
ma de varias poblaciones de África , mixtas ó que 
se han ennegrecido conservando las facciones 
europeas, mayor civilización y vestigios de tra- 
diciones. Así es como los Europeos establecidos 
en la India adquieren el matiz de los naturales, 
y en el Malabar se encuentran Judíos nebros. 
¿Qué mas? los cráneos de los colonos europeos 
de la India Occidental, se diferencian de los 
nuestros; y se dice que los negros que viven es- 
clavos en las alquerías de América, cambian la 
a)nfiguracion de la nariz y de los l9d)ios, convir- 
tiéndose en cabello la crespa lana de su cabe- 

(i) El color del negro reside en el tejido llamado de Malpiglií 
situado bido la epidermis exterior. V. Alpino, De iede et oüwe oh 
hrit JStiopuM. Leíden1738. 

(3) Nótese que estos paeblos se llaman Gukei, esto et, tránsito 
7 qne la Eaeritara denomina CktákMpvebkM de aalits orillas de 



r Rojo. 



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UNIDAD D£ LA ESPECIE HUMANA. 



17 



k(l). ¿Qaé variaciones^ no podrán haber pro- 
iciao los millares de anos transcurridos, y las 



dacido los millares de años transcurridos, y 
súbitas alteraciones de los climas causadas por 
te alzamientos de montanas, los incendios y los 
cataclismos? 

M . Fleurens, secretario de la Academia fran- 
cesa de ciencias, llevó felicísimamente á cabo 
experimentos sobre el estudio comparativo de las 
diversas estructuras del organismo humano , ios 
cuales le condujeron al mismo resultado que aca- 
bamos de proclamar. 

Por lo tocante al cutis, que ofrece el distin- 
tivo mas manifiesto , se encuentra en las razas de 
color una membrana pigmental , que por faltar en 
las demás ha sido considerada como característica 
de estas. Pero no lo es, pues también el blanco, 
cuando llega á tostarse por efecto del sol, ad- 
quiere nn sutilísimo pigmento entre el dermis y 
la epidermis, y además lo tiene constantemente 
en derredor de los pezones. Por el contrario , no 
suele encontrarse en el feto de los negros, ni en 
ios de aquellos que [)adecen un albinismo par- 
cial , ni tampoco en ciertas partes blancas que se 
ven en algunas personas de color. Semejante des- 
coloramiento parcial atestigua que el no haberse 
formado h secreciondel pigmento pod)ria atribuir- 
se auna alteración morbosa, y que no puede por 
k) tanto ser considerado este como característico 
de la raza. En efecto, siempre aparece menos 
desarrollado en los cruzamientos de castas cuan- 
to mas se desvian del tronco ne^ro ; por lo cual 
el que qoiera convencerse del ongen único de la 
raza humana, debe fijar su atención en estas gra- 
daciones, en vez de establecer una comparación 
directa é inmediata entre los dos extremos. La 
rnatería colorante existe en todas las especies; 
las circunstancias son las que la desarrollan. 

Otros estudios semejantes practicó Fleurens 
sobre el esqueleto y el cráneo, que nosotros no 
DOS proponemos seguir. 

Por otra parte, impreso ya un carácter, viene á 
quedar cerno indeleble, según podemos observar- 
lo ea hs variedades europeas , y particularmente 
en Hafia, donde aun se nota la diferencia entre 
el tipo de los antiguos Galos y el romano (2); 

¿I eslD por qué? ¿Por qué "no pierde ahora el 
negro sm sombrío color ni aun bajo el Polo? 
¿Por qoé el Americano conserva su matiz cobri- 
zo lo mismo en los helados lagos del Canadá que 
en hs abrasadas pampas? (3) Misterios son estos 



I ) Di tidos mes hechos dedajo muehas pruebas el R. Wise- 
mantmlmBfétsta dudas conlereiicias. Pero yo he preferido citar 
tmaBOBH 4e seglares que estaban noy leíos de defender á Moi- 
sés. La HMB C8 my obvia. V. pnetTá i. C. Pritchard, Resear- 
*kaimt9lk^fk9tkiaki$ior$0fÍUínkind. i837— 4i y su eompen- 
tojrtliruieqriSB. 

rS) VéMe la eurta de W. i. Edwards á Amadeo Thierry : Ve9 
nrmeUtmptmtéMiiuet ees mees kurnames eansiderées tUtus ienrs 
ramr*«wri'iiriMfr. Paria 1829, ii9 páginas en 8/ Sentadas 
hi leytsMBtSíms, segm las cuales cree que se mezclan las razas, 
netmm biier fiMpíado á encontraren fas fronteras de Borgofia 
m tipú de iMMafBS dHérente ésA de la Francia Septentrional y que 
«a I iiiiliiiiliBduiH jffii 1 1 jníii ili Ljron, elfieiAnado y Saboya: rasca 
a ias galcifBS italianas el antiguo tipo romano, va en los retratos de 
lai tm^enéntt, ya en el de ios grandes hombres v encuentra su 
eei iejpy Bá e aeia entre los modernos habitantes de Florencia, Bolo- 
m , rmn y PAdoa j mcyor en Venecia. Los compara con los 
pases en 4» hnbilaroD los Cimbros y encuentra exacta la distin- 
ñm lantn en Francia, eoano en Inglaterra, y confirmada con lo que 
tee la IKatorii aeera de sns emigraciones, y lo que resulta de hi 
u ma maUw i ét sns Máoons en el eietaento vivo. (C. ) 

S) El capitmi €tftrid LidiNMl ha demostrado que los Americanos 
- í JKNÜtada por elcUaia y la locaüdad en 



que demuestran que los hechos referidos bas- 
tan hasta el presente para disipar las objecio- 
nes , pero no para fundar ninguna teoría ab- 
soluta. 

Por lo demás, queda fuera de duda que estas {« 
diversidades se reducen al color del cutis, y á ' 



forn¡|t dejos c abellos^ s in extenderse alos órga- 
nos mas nSCles déla vida. La misma ciencia de 
Gall, que algunos han querido también convertir^^ 
en apoyo del materialismo, prueba la unidad de 
nuestra especie. Hace aun poco tiempo que Tie- 
demann con exauisítas indagaciones . sobre el 
cerebro descubrió que el del negro no se diferen- 
cia del nuestro ^ino un poco en la forma exterior y 
nada absolutamente en la estructura interna; y 
que exceptuando algo mas de simetría en la dispon 
sicionde sus circunvoluciones, varia del del oran- 
ffutan tanto como el cerebro de los Europeos. 
De lo cual aquel sabio deduce que el negro no 
es inferior á nosotros por ninguna configuración 
orgánica congénita que le haga de menor talen- 
to , sino solo por la educación (4). 

También Humboldt, aquel sabio naturalista 
que con sus propios oíos examinó toda la tierra, 
insiste sobre las analogías de los Americanos 
con los Mogoles y con otros pueblos del Asia 
central, ;y dice que cuanto mas se estudian las 
razas, dialectos, tradiciones y costumbres, tan- 
to mas motivo hay para creer que los habitantes 
del Nuevo Mundo proceden del Asia Oriental y 
que Quetzalcoatl, Boquica y Manco-Capac, 

Sersonajes ó colonias que civilizaron aquel mun- 
0, procedieron del Oriente de Asia y tuvieron 
comunicación con los Tibetinos, con los Tártaros 
Samaneos, y con los Ainos barbudos de las islas 
de Yesso y de Sacalin. £1 mismo insigne via- 
jero asegura que, cuando se haya hecho un es- 
tudio mas profundo acerca de los moros de África 
v de aquellos enjambres de pueblos que habitan en 
la parte interior y al Nordeste de Asia, nom- 
braidos vagamente Tártaros ó Chinos, aparece- 
rán las razas caucásica, mogola, americana, 
malaya y negra menos aisladas , y se echará de 
ver en esta gran familia del género humano un 
solo tipo orgánico, modificado por circunstan- 
cias que acaso nunca nos será dado determi- 
nar {ú). 

Otra serie de pruebas de la unidad del género 
humano se deducedel lenguaje. Quien preguntara 
cómo las imágenes pintadas en la retina pueden 
representarse por medio de sonidos queá su vez 
guedan expresar ideas y comunicarlas á los de- 
más, prQ[K>ndria un problema de insuperable 

dificultad, como es el de sustituir al color el so- 
cuatro variedades : la iirímera al Norte, en Unalasca y en la costa 
del Noroeste, es parecida ala de la Tierra del Fueteo: la segunda son 
los Mejicanos, ios de las llanuras del Norte, de Chile y los Indios de 
las Pampas; la tercera los Peruanos y la cnarbí los Nómadas salvajes. 
Véase el Buliftin de la Société de GéogmpAie, mano de 1836. 

Eusebio de Salles ha dado en el instituto de Francia una serie de 
lecciones dirigidas ú probar la unidad de la espede humana. ( D. ) 

U) Según sus inda¿aciones publicadas en el Inetítut., niim. 190, 
1857, el cerebro regular de un europeo adulto , pesa desde tres li- 
bras Y tres onzas á cuatro libras y once onzas (gramas 1212.54— 
1834.55): el de una mujer, de cuatro á ocho onzas menos (gramas 
134.36—348.72). Al nacer, el cerebro pesa 1|6 del cuerpo: i los 
dos aflos lil5 ; ¿ kis tres 1|18 ; á los quince 1|24 ; entre los 20 y 70 
ailos desde 1|35 á li45. Otro tanto sucede en el negro , y sus ner- 
vios no presentan tampoco , á proporción, mas espesor. 

(S) Yues desCordÜiéreseímommeHísdespeHpUeindífenes de 
V Amérique , introducción. En esU Introducción dice también : «Es 
> maruTilloso encontrar á Anes del siglo iv^ en un mundo que Uama^ 
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If 



Len- 
guaje. 



18 ÉPOCA ntlMERA 

nido, al sonido el pensamiento, al pensamiento 
una voz pintoresca. Pues bien , á todas estas 
condiciones satisface la palabra, de la cual proce- 
den todo el perfeccionamiento del hombre y todos 
los tesoros oe la tradición : la palabra que une lo 
pasado á lo presente y lo inmediato á lo que está 
remoto; simbolizada en la lira que funda las ciu- 
dades y en los semidioses que dictan las leyes; 
intérprete de las generaciones extinguidas; base 
de la dignidad del hombre y de sus altos destinos, 
supuesto que necesariamente se comprenden en 
ella la conciencia y el entendimiento , sirviendo 
no solo para anunciar el pensamiento, sino tam- 
bién para el amor, la reconciliación, el mando, 
la justicia y la creación. 

¿Quién mventóeste artificio, el mas maravi- 
lloso de todas las cosas creadas ? Si lo pregunto 
á las Sagradas Letras, me responderán que en el 

Srincipio existia la palabra, y la palabra era Dios: 
lios habló al hombre y el hombre por mandado 
suyo impuso nombre á todas las cosas. ¿Y se dirá 
después que Dios no creó perfecto al hombre? (i) 
¿Como podría haberse llamado tal si le hubiese 
faltado la mlabra, instrumento porel cual alcanza 
su racionalidad ? De aquí infiero ^e el uso de la 
palabra fue primeramente ensenado al hombre 
por el mismo Dios, que con él le dio al mismo 
tiempo los mas esenciales conocimientos morales, 
científicos y religiosos . 

Hay entendimientos que no dándose por satis- 
fechos con la fe, piden el apoyo de razones; pero 
las razones abunaanaquí como en todos los casos 
en que se trata de verdades reveladas. Suponen 
algunos que los hombres , después de haberse 
desarrollado de los gérmenes materiales que les 
dieron origen, vivieron arrojados como por la 
casualidad sobre una tierra confusa y selvática, 
huérfanos abandonados por la mano desconoci- 
da que les había dado el ser (2) ; y que obede- 
ciendo puramente á la ley de la necesidad , in- 
ventaron primero ciertos gritos convencionales, 
que fueron las interjecciones , de las cuales se 
fueron elevando poco á poco á las demás partes 
del discurso. 

Mas para convenir en el sentido de las voces 
arbitrarias ¿no es por ventura necesario hablar 
ya? De otro modo ¿cómo podrá el sonido for- 
mado por un hombre despertar una idea deter- 
minada en el espíritu de otro? Centenares de 
siglos hace que anuflan los animales, y sin em- 
bargo en nada se parecen á un lenguaje sus inar- 
ticulados gritos. Si el hombre nunca hubiese oido 
hablar, se habria quedado sin el uso de la pa- 
labra, como todos los días lo están demostrando 
los sordo-mudos , los cuales, si andando el tiem- 
po aprenden un lenguaje de signos y adcpieren 
tantas ideas, es porque viven en medio de una 



» mos nuevo . las Institaciones antigms , las ideas religiosas y la 
» forma de ediflelos que en Asia parece que se remontan á la aurora 
>de la civilización. Sucede con ios rasgos caraeteribtlcos de la hu- 

• manidad como con la estructura interior de los vejetales esparci- 
•dos porel f lobo : en todas partes se manifiesta un tipo primi- 

• ttfo.i pesar de las diferencias producidas por la naturaleza de los 
» climas , del terreno y por otras muchas causas accidenuies.» Y 
tfiade que « la comunicación entre ambos mandos es una cosa pro* 
» bada de un modo indudable por las cosmogonías , por los monn- 
» mentos , por los gerogllflcos , por las instituciones de los pueblos 
» de Asia y América. • 

(i) Viáu Deu8 cuneta qum feeerat , eí eraní wide bona. Gen. 



sociedad educada por el idioma. Las distinciones 
lógicas, las delicadezas déla conversación, las 

¡gradaciones de los tiempos, de los modos y de 
as personas ¿cómo era posible que hubiesen sido 
inventadas por el homnre, supuesta la igno- 
rancia de sus primeros dias? Y digo primeros, 
porque donde (piiera que se nos presenta el bom- 
ore se le ve hablando : ni hay una sola fábu- 
la ó tradición que refiera que haya habido un 
inventor de la combinación de la palabra. Ad- 
mitiendo los materialistas la eternidad del idioma 
ó haciéndolo una función natural como el canto 
de las aves , ó una invención individual y primi- 
tiva tendrían que llegar también por último á 
una diferencia radical , aun cuando recurriesen 
al origen onomatopéico. No se diga tampoco i 
que la semejanza de órganos debia reducir los 
alfabetos, áunos cuarenta sonidos, y la gramática 
general á unas cuarenta proposiciones, pues que 
ios poquísimos elementos (valiéndonos de un 
ejemplo vulgar) del caleidoscopio producen mi- 
llones de combinaciones posibles. 

Diré mas: aun cuando en el progreso de la 
sociedad vemos que todas las artes se van per- 
feccionando, ninguna nueva perfección notamos 
introducida en las lenguas, y ninguna, desde que 
las conocemos , ha adquirido un nuevo elemento 
esencial. Las lenguas semíticas, aunque inmedia- 
tas á las otras en algunos siglos, no han inventado 
el tiempo presente, ni los tiempos ni modos con- 
dicionales; tampoco han inventado ninguna nue- 
va conjugación ó partícula para poder evitar al 
mu copulativo la necesidad de expresar una rela- 
ción cualquiera entre las partes de un discurso: 
sus alfabetos carecen de vocales y no se ha sabido 
dárselas (3). Fijemos ahora la consideración en 
los toscos americanos que hablan el mana y el be- 
toy ; y entre ellos encontraremos dos formas del 
verbo, una que indica el tiempo , y la otra que 
expresa simplemente la relación entre el atributo 
y el sujeto ¿Cómo aquellos hombres rudos pudie- 
ron inventar una finura tan lógica? ¿Por qué 
nosotros, tan engreidos con nuestra civiliza- 
ción, no la introducimos en nuestros idiomas? 
¿Por qué se reducen todas las novedades hechas 
en ellos, hasta donde alcanza la memoria de 
los hombres , á tomar alguna palabra de otra 
lengua, rejuvenecer una anticuada ó formarla 
de elementos usados? j Cuántos esfuerzos aca.- 

(3) Grimm, estudiando las priroitivas formas de lagramitica 

alemana conoció que su idioma estaba muy lejos de haberse porfec- 

clonado. Humbolat escribía á Abel Remusat, dicienAo : « Je ne r«> 

gardc pas les formes (irammaticales conune les A'uits des progrés 

qu' une nation faít dans 1' analyse de la pensée , mais ptntot com* 

me un résultat de la maniere dont une nation considere et traite 

sa laoffue» Leitt e sur la nature des formas gramnuUkutien. Paris 

1827, pág. 13. Y ai^e : •JenOs pénéír.' de ¡a eermctím fu' it ne 

fautvas meconnaHreeetie foreevraimtnt divine querévtíent iea 

faautis kumaines, ca génie créteur desnationt, turtemt Hatu i* 

elaí primiiif, ou touies les idees et méme les facultes de I* Orne 

empruntent une forcé plus vive de la mmveauté des tmpretaiams; 



1.54. 

(2 



VoLMEY, hnines. 



oul' homme peuí preesentirdes osmbiuttistnuauK mieUeeU ne se- 
ma MI 
critesau reste des mortels:ets* ilesí impossible de rétrmeer 



rail pos arrivé par la marche lente et progreSeive 
Ce gente créaieur peut franekir les limites 



espericH" 
semblesU pre»^ 



marche, sa presence uivi fiante n' en est pas moins manifpaSe. 
Plutót que de rcnoncer dans f origine des langues, ¿ /' inflsience 
de cette cause puissan/e et premitre, et de leur aatgmer é t4mies 
une marche uniforme et méeanique aui les tratneraU pas k p^s de- 
puis le oommencement le plus groner Jusqu' á leur perfeati&me- 
mení , >' emhrasserais t' opinión de eeux aui rnportent r origine 
des langues h une rénilatian imnédiaie ais la aMnité. lis recon- 
naieent au moins i* etincdie di»inequi Mí h traaers ton* lea ¿dio- 
mes, meme les plus impurfaits et les moins cultieés. • 



UNIDAD DB LA ESPBCffi HUMANA. 



ta 



démioofi jpara eomposer nna lengua univer* 
sal Ilnfeliz tentativa , que aun siendo posible, 
no haría mas gue circunscribir entre unos po- 
cos sabios laci^icia, cuyos colosales adelan- 
tos no dependen sino de la circunstancia de 
«er universal. No es el hombre quien inventa 
una lengua : antes bien pone mucho conato 
en conservar la antigua, si no en los accidentes, 
por lo menos en cuanto á su naturaleza , y en 
excluir las singularidades: consérvase asimismo 
una Teneraeion entre los literatos y entre el pue- 
blo ibis palabras antiguas y tradicionales, como 
si conociesen su incapacidad para producir otras 
mejores (i). ¡Considérese el vigor que tendría la 
paukbra en la cuna del humano linaje ! ¡ No pa- 
rece sino que á aquellos hombres de sensaciones 
y de almas mas enérgicas, les fue dado un ins- 
¿ramieato mas á propósito para expresar el en- 
tusiasmo de una lozana juventud ! 
Esta y otras razones fueron causa de que, no 

Ía los teólogos y teosofistas, sino el mismo 
[umfaoidt y otros eruditos, encontrasen única- 
mente racional la opinión de un idioma revelado: 
la academia de Petersburgo, que auxilió á la etno- 
grafía con preciosas indagaciones, aseguraba que 
todos los iaiomas son dialectos de uno que se na 
perdido, y que ellos solos bastarían p^ra des- 
mentir i fes aue creen en la múltiple aerivacion 
del humano linaje ; y el mismo Rousseau se vio 
obligado á confesar que la palabra era un pre- 
sente de la divinidaa. 

Si fuese invención de los hombres, cada pare- 
ja de estos; ó por lo menos cada familia, huoiera 
compuesto un idioma particular, sin aue entre 
todos se notara analogía , como suceae en las 
obras del capricho. Pero precisamente vemos todo 
io contrarío; y supuesto que el lenguaje es una 
de las bases de la historía de la humanidad, asi 
como la variedad de idiomas pertenece positiva- 
mente á la historia universal de las razas, no 
nos podemos dispensar de hablar algo acerca 
dcél. 

No trataremos de indagar cuál fue el idio- 
ma primitivo, problema de vanidad nacional, 
para cuya solución nos faltan datos. Acaso pe- 
reció del todo ; acaso sufrió alteración, cuando 
habiendo visto Dios la torre de Babel , fabri- 
cada por un solo pueblo que hablaba un solo 
idioma (2), confundió sus hablas de manera que 
ningono podia entender al otro. Desde este pun- 
to comienza la historia del lenguaje humano, 
coya variedad puede considerarse como la de 
ima pirámide de tres altos. En el primero y mas 
inferior figuran las lencas de raices monosíla- 
hasy depalabras primitivas, aue carecen de gra- 
mática ÓBO tienen mas que algún rudo ciernen- 
So de método sencillísimo é imperfecto, siendo 
sin coniparacíon las mas difusas en todas sus 

ertes. Entre estas se halla en primer término 
china^ desarroUada cuanto lo permite su ín- 
dole, semejante á los gritos de los niños , enér- 
gicos, pero inconexos, aunque el arte del estilo 
y los adelantos de la ciencia la han elevado 



(1i Vtíera fverH) Mqfetlas qundam, etutsk dixerimt réligio 
:t ) JSece umuestpófulus, ermnm laMum ómnibus. Gen. XI. 6. 



desde esa infancia á otro estado de forma cour- 
vencional (3). 

Sigue el segundo tronco, que se divide en las 
tres ramas indo-persa , greco-latina y godo-ger- 
mánica, de raices bisílabas , de moao que pre^ 
sentan gran fuerza de* vida , mucha fecundidad 
y lujo de gramática , y tanta mas riqueza y re- 
gularidad , cuanto mas se acercan á la lengua de 
la India. Estas se desarrollan poco apoco, trans- 
formándose de manera que primero presen- 
tan mucha riqueza poética, luego maravillosa 
variedad de exposición y de formas , y última- 
mente la mas exacta precisión de lenguaje cien- 
tífico. 

En la cúspide de la pirámide pueden colocar- 
se las lenguas semíticas , como las usaron la Pa- 
lestina, Siria, Mesopotamia, Fenicia, Arabia y 
Etiopia , siendo sus principales ramificaciones la 
hebrea con la fenicia y la cananea; la aramea 
subdividida en siria y caldea, y la arábiga y 
etiópica de las cuales salieron los idiomas de la 
Abisinia. 

En estos es constante que la raiz sea trisílaba, 
estoes, de tres letras, atendido el sistema de 
escritura por el cual no se fija mas que la vocal. 
En el verbo las tres radicales subsisten siempre, 
y combinadas con algunas partículas aumenta- 
tivas, expresan todas las posibles gradaciones del 
activo, pasivo, neutro, reflexivo, transitivo, 
intransitivo, recíproco, optativo y opuesto: tri- 
nidad y anidad que no carecen de misterio y que 
vemos con tanta frecuencia reproducidas en las 
obras de la naturaleza. 

Según las leyes de la derivación de las voces 
hebreas, el verbo es el principio de donde todo 
se origina , lo cual dá una vitalidad y calor in- 
decibles á la expresión , si bien , por otra parte, 
la generalidad ae esta ley limita la extensión de 
las construcciones gramalicales. Las letras ser- 
viles y el cambio de las vocales sujetan la radi- 
cal á infinitas transformaciones ; y en tanto que 
faltan á la conjugación formas para varios tiem- 
pos , abundan las inflexiones propias para mo- 
dificar el significado y extender el valor de 
cada verbo, al fin del cual se ponen los afijos de 
los nombres personales. En la relación del geni- 
tivo se modifica el principal en vez del agrega- 
do : abundan las aspiraciones y sonidos gutura- 
les; y se escribe con solo consonantes, supliendo 
las vocales con puntos, y de derecha á izquierda, 
exceptuando la lengua etiópica. Esta circuns-? 
tancia de carecer las leilguas semíticas de par- 
tículas y conjugaciones á propósito para deter- 
minar con exactitud la relación de las palabras 
entre sí; la de ser duras de construcción , y la de 
estar limitadas á las imágenes de acción externa, 
las inutilizan para elevar lamenté á ideas abstrac- 
tas y especulativas ; y por el contrario las hacen 
muy á propósito para sencillas narraciones histó- 

(3) De este idioma puede dar una idea el lenguaje de los sordo- 
modos , el caal expresa los signos sencillos de las ideas, sin mas 
enlace entre ellas que el 6rden natural: por ejemplo . el Padre nues- 
tro se expresa de este modo por medio de signos : 1 Vuestro, t pa- 
dre y 3 cielo , 4 tf» ( signo de mscrcton), 5 d§seo (seña de traer hacia 
si), 6 vuestro { vos ), 7 nombre, 8 respeto, 9 voluntad, 10 vuestra, 
\i llegue, ii reino, i3 providencia, ii liega. 15 deseo, 16 vuestra,. 
17 voluntad, 18 hacer, 19 cielo. 20 tierra, ii igualdad, etc. Véase 
Dk Ggrando, Z7¿ ¿' ^(Itfc»/^ dessourds muets, París 1827, 1. 1> 
pág. 589, • Digitized b> 



20 ÉPOCA PRIMERA. 

ricas y para una exquisita poesía de meras impre- 
siones y sensaciones que se sucedan con rapidez. 
Asi es que, no han producido ningún sistema de 
fílosofia racional, y en sus mas sublimes composi- 
ciones no se encuentra ningún elemento de idea 
metafísica. Las revelaciones mas profundas de la 
fe, las predicciones mas espantosas, la mas sa- 
bia moralidad, están revestidas en la Biblia de 
imágenes corpóreas. Otro tanto debe decirse del 
Coran; por cuya razón los pueblos que hablaron 
estas lenguas pueden considerarse cx)mo espe- 
cialmente destmados á conservar las tradiciones. 

En las lenguas Indo-europeas admiramos la 
flexibilidad para expresar las relaciones inter- 
nas y extemas de las cosas por medio de la fle- 
xión de los nombres, de las preposiciones, de 
las partículas, de los condicionales, de los in- 
definidos, de la composición de vocablos, y de 
la dificultad de invertir la construcción y tras- 
ladar la palabra de un sentido material á otro 
puramente intelectual ; lo cual las hace mas ap- 
tas para expresar las sublimes ideas del ingenio 
Elas sutilezas de la filosofía. Por esta razón en 
i India, en Grecia, y en Alemania , se han ana- 
lizado las formas de las ideas hasta en sus pri- 
mitivos elementos ; y asi como se ha dicho que 
las lenguas anteriores eran adecuadas para con- 
servar la tradición, de estas debe decirse que 
son convenientes para difundirla y apoyarla con 
pruebas. 

Al segundo orden parece que se aproximan 
las lenguas eslavas , las cuales con otras de la 
misma clase constituyen una cuarta rama. En- 
tre el segundo y el tercero hay otras muchísi- 
mas, producidas por la mezcla de los pueblos, 
como algunas de América y las antiguas que 
en Europa constituyen las reliquias del celta (1), 
el galo y el finés ; no puramente monosílabas, 
sino sencillísimas y de imperfecta estructura 
gramatical, ó bien extrañamente artificial y com- 
plicada. 

Algunas lenguas derivadas participan de la 
una y de la otra de las primitivas. Él antiguo 
e^iocio , por lo poco que nos revelan los gero- 
glíncos y los restos de palabras sujyas aun exis- 
tentes , tiene afinidad con el antiguo arameo, 
aunque es independiente de él por la escritura 
triliteral. La Abisinia, antigua colonia camitica, 
conserva aun cierto idioma mixto de hebreo 
antiguo y árabe posterior. Asi como entre Cam, 
y Sem, se encuentra también parentesco entre 
Sem y Jafet. En el idioma cofto domina el ara- 
meo, pero con muchos vestigios del indio, y en 
el hebreo se encuentra el pronombre coflo que 
también se reproduce en el sánscrito; el anticuo 

Sersa ó pelvi es semítico por las palabras , é in- 
o-europeo en cuanto á la gramática ; las fle^ 
xiones del verbo árabe por medio de pronombres 
semilatinos, recuerdan con las partículas la con- 
jugación griega; y el verbo medio de los griegos 
se parece algo en cuanto á la forma, y es idén- 



(i)E\ sabio PuTCHARD en su Origen oriental de las nacioneft 
céliteas, refiere los dialectos célticos i la familia indo-earopea. Pos- 
teriormeiiie Francisco Bopp en ana disertación leída á la Academia 
de Ciencias de Beriin (el 13 de diciembre de 1858) demostró que las 
lenguas célticas pertenecen al mismo grupo que las demás indo-eu- 
ropeas, i pesar del sistema de declinación al parecer Un diferentei 
porqve BOU las iniciales las que designan la B)odlflcaeion, 



tico en la significación , á los verbos reflexivos 
semíticos. 

Pues que la fraternidad supone padres, 
estamos en el caso de deducir 4e aquí la 
existencia probable de una lengua anterior á las 
semíticas y á las indias. Siendo aquella mas 
compleja que estas dos, pudo haber eogen- 
dradfo directamente otras, en las cuales dejara la 
estructura del verbo en aquella entera com- 
plicación que en ninguna de las dos mencionadas 
se encuentra. En este caso se hallan tal vez el 
vasco , en el cual una misma raiz presenta has- 
ta veinte y cinco conjugaciones , y el idioma de 
otras naciones que vagaron por el centro de 
Asía antes de pasar á América , donde aun se 
encuentra el verbo con aquella estructura sen- 
cilla en su procedimiento y complicada en sus re- 
sultados, que varia las gradaciones de la acción, 
interponiendo algunas sílabas , como en el verbo 
semítico. En la extrema India los idiomas láma- 
lo , telingo , carnático , misoriano , tulariano y 
parbatio, no se refieren directamente al sáns- 
crito , sino que se aproximan á los idiomas tár- 
taros que son de familia ariana , si bien en ellos 
no se conjuga el verbo. 

En la Europa desde tiempos remotísimos pre- 
valecen los idiomas indo-europeos ; y es mara- 
villoso que las costas meridionales, que tantas 
relaciones de comercio , de colonias y de domi- 
nio mantuvieron con las costas de África , no re- 
velen afinidad de origen con las lenguas que allí 
se hablan, y por el contrario la tengan mas bien 
con el finés'que es de origen semítico. ¿Proven- 
drán acaso de estos pueblos los Pelasgos? 

Quien desee ver cómo se transforman los idio- 
mas mezclándose unos con otros , no tiene mas 
que estudiar los dialectos de los pueblos limítro- 
fes , ó las lenguas francas de las costas del Me^ 
diterráneo , ae las Antillas ó de la Indo-China. 
Hoy mismo, y en aauellos países donde ios 
idiomas pretenden hanerse fijado mediante la 
literatura , cambia la pronunciación cada cien 
anos, cada 200 la ortografía , y en pocos siglos 
la sintaxis. En lo antiguo las castas sacerdotales 
conservaban la pureza primitiva del idioma, pe- 
ro esto era causa de que á muy poco tienipo su 
lengua fuese un arcano para el pueblo. Meros 
accidentes bastan para que el Italiano no entien- 
da el latin ni el español; y para que el alemán y 
el holandés , el francés y el inglés sean idiomas 
distintos. ; Cuánto mas fácilmente habría sucedi- 
do esto en la antigüedad , en el aislamiento ha- 
bitual y en las eventuales superposiciones de unos 
pueblos á otros ! £1 guarany del Paraguay y el 
cheroky de la América Septentrional son mezclas 



de dialectos diversos , y sin embargo rivalizan 
en aquellos países con la lengua española y la 
inglesa; ahora bien, si acaecimientos políticos los 
elevasen á la altura de idiomas nacionales y lite- 
rarios , ¿se diria por eso que un hombre era au- 
tor de ellos? No , porque el hombre no dio ni los 
materiales ni los instrumentos, esto es, ni la 
palabra, ni las formas gramaticales, herencia 
tan antigua como el mundo ; semejante en esto 
al arquitecto que levanta un edificio de nueva 
planta, pero con materiales preexistentes. 
Si; contra lo acostumbrado ei^Ios escritos his- 



UNIDAD DE LA BSPKCIE HUMANA. 



21 



tóricoSy me he detenido á hablar de las lenguas 
hamanas , no temo que se me culpe sino por 
aquellos que desconocen la dignidad déla pala- 
bra , que es la idea expresada , así como la idea 
es la palabra pensadEa , sin la cual el hombre 
no adquiere ideas ( 1 ). Además , los idiomas son 
el lazo mas estrecho de las naciones , que re- 
siste á los embates del tiemjpo y á la espada de 
los conquistadores. Su estudio, no por mera cu- 
riosidad ó capricho , como hasta ahora se hacia, 
sino reducido como en nuestros dias á ciencia, 
ha ensanchado los limites de la Historia, y allí 
donde callan los monumentos, señala las primi- 
tivas emigraciones de los pueblos. 

Se han hallado igualmente el fondo y las formas 
de las lenguas eslavas en el sánscrito; y formas 
míe no se advierten en el latin , en el griego , en 
el alemán, en el eslavo, y que sin embargo existen 
en el sánscrito , aparecen también en los idiomas 
«"SO, gales y bajo bretón; cuya analogía entre 
los dos extremos arguye en favor del parentesco 
de los comprendidos en el medio, aun donde este 
par^tesco se manifiesta menos evidente. 

Esta fraternidad se conserva entre las trans- 
formaciones por las cuales se convirtieron en 
nuevas lenguas, se dividieron en idiomas, y se 
dfócompusieron en dialectos ; y en el sánscrito 
se halla con frecuencia la razón de las formas 
gramaticales que no pueden someterse á reglas. 

Asi fó que en latin se dice elephas; pero la 
forma del genitivo elephantos revela las dos le- 
tras suprimidas y lo aproxima mas al griego, que 
á su vez se asemeja al indio aila vanta. El latin 
ase reconstruye la incoherencia de varios de sus 
tiempos mediante los dos verbos sánscritos á que 
debe su origen , como el verbo andaré italiano se 
forma con h mezcla de los verbos latinos iré y 
vadare ; betíer y besser es el comparativo de gut 
y good en el alemán y anglo-sajon , y tienen su 
positivo regular en el beh , zendo y pelvi. * 

Al^:una vez se reconoce la etimología leyendo 
la raíz de derecha á izquierda ó vice-vcrsa, que 
son los dos sistemas del alfabeto semítico y ja- 
fétieo. Tra, de donde los latinos compusieron 
la palabra ierra , es lo mismo que art en árabe y 
en alemán i&rde) ; grd, de donde procede la pa- 
labra gradus, es drg en semítico; fil hilo es lif; 
Atídn, Atenas, es nitha en egipcio , que sí^in- 
ca mochuelo y la diosa correspondiente á la Palas 
de los Griegos (E). 

Pero se equivocan groseramente los que ha- 
llando en la lengua de un pueblo semejanza con 
la de otro , infieren que este se deriva de aquel. 
Wilkins, por ejemplo, dice que el persa es una 
mezda de vanas voces latinas , griegas y ger- 
mánicas (2 ) , y Walton llegó á asegurar que asi 
como el puenlo persa es una mescolanza de Grie- 
gos , Italianos , Árabes y Tártaros , del mismo 
modo su idioma es un conjunto del de todos es- 

t i ) Decíaos adquiere, si la idea del ser es innata. 

(t) Prólogo i la Oraiio dotainica in dhersú ommum (ere gen- 
l'mm imgmu^ru, de Chamberlaimb, p. 7. Amsterdam ni5. Los 
prinerot estudios coinparathos de las lenguas se hicieron precisa- 
ante CB iradaccioDes poHgiolas del Paier noster , y la coioc^iou 
aas áaplia es la eitada. 

* Ténjease presente la diversidad con que cada pueblo suele 
praioicar ans nismas letras ; la cual hace que palabras que es- 
critas parecen diferentes, sean sin embargo seroeiantes en la 
pnameiadoB y sigDillcacion. V. la obra del alemán Ifopp sobre la 
graaátiea de las lengnas indo-«uropeas. ( N. del T. ) 



tos (3). Tampoco Denina sabia explicar la se- 
mejanza entre el Griego y el Teutónico sino su- 
poniendo que los antiguos Germanos habian sido 
una colonia procedente del Asia Menor (4). Tal 
vez sucede que las lenguas de una misma familia 
convienen entre sí, de manera que la confronta- 
ción de sus etimologías parciales no demuestra 
que haya entre ellas parentesco alguno sino re- 
montándose álos troncos primitivos; y cuanto 
mas adelanta el estudio, tanto mas motivo se 
encuentra para dejar á un lado los títulos de len- 
guas madres y lenguas hijas , pues en realidad 
todas son hermanas, entre las cuales se observan 
muchísimos rasgos de semejanza y muchas di- 
ferencias capitales (5^. 

Sej^arados entre si los pueblos [Mr dilatados 
espacios , cordilleras de montes , rios y mares, 
cada cual elaboró su idioma siguiendo opuestas 
influencias ; asf es melodioso en los países tem- 
plados , bronco y cortado en los climas ardientes, 
y áspero y fuerte entre los hielos polares ; asi se 
retratan en él la vida contemplativa del pastor, 
la precipitada carrera del cazador, el grito ame- 
nazador del guerrero ; y asi las conquistas y la ci- 
vilización dejan en él impresas sus huellas. Allí 
donde los pueblos cayeron en la barbarie , los 
idiomas, vs^os, inciertos y extraños, nos anun- 
cian las escasas comunicaciones y las guerras 
intestinas : allí donde se elevaron á la civiliza- 
ción , á la vida agrícola é intelectual, se exten- 
dieron las lenguas de un modo uniforme y cons- 
tante : de este modo en Europa adquirieron todas 
una fisonomía común , mientras que en América 
puede decirse que varían en cada barrio. Y asi 
como el lente del geólogo ó el crisol del químico 
en el menor grano de arena ven indicios de la mole 
de donde se destacó ó de la montana de que fue 

Jarte integrante , asi el filólogo con el análisis 
e las frases y voces modernas se remonta á la 
vasta fábrica de los idiomas antiguos, y por to- 
das partes se encuentra con una primitiva imidad, 
descompuesta en pocos grupos que no perdieron 
su semejanza, ni aun al través de las infinitas 
variaciones causadas por el giro de las edades, 

Eor las mudanzas del clima, las vicisitudes po- 
ticas, y la mezcla délas razas. Hasta tal punto 
llega á ser cierta esta verdad, que casi da dere- 
cho para deducir el siguiente axioma: los hom- 
bres hablan , luego son todos de una misma raza. 
Por último, no hay quien no convenga en que 

(3)Prolegom.XVl, gí. 

(A) Sur tes eatises deU différence dei iangues. Berlín 1785. 

( 5) V. KLAPROTsen la Eneiclopédie moderne,%n. Ungues y el li- 
bro del ingeniero J. de Xylandbr, recien impreso en Francfort sobre 
el Naine con el titulo de DasSpraehgesekUeht des Titanes, ete. «His- 
» loria de las lencuas titánicas ó exposición comparativa de la pri- 

• mordíal ailnidad de las lenguas tártaras entre si y con la helénica, 

• con reflexiones soi>re la historia de las lenguas y de los pueblos.» 
El autor principia examinando la lengua mancha bajo el punto de 
vista de la gramática y de la sintaxis, y compara mas de 2,S00 pa- 
labras del estilo elevado y del familiar de dicha lengua con las vo- 
ces griegas equivalentes. De lo cual deduce au^ las raices, las de- 
sinencias , y los principios elementales son iguales en ambas , y 
que puede pensarse qne el manchií es un dialecto prhnitivo del grie- 
go. Extendiendo luego sus indagaciones A los idiomas tongusos, que 
según la Asia poliglota son mas de 900, y á los mogoles, turco, ti- 
betino, chino-húngaro, finlandés, samoyedo, yeniseo, enos, cams- 
cbadalo , corgaco , glncagiro , chusco , coreano , japonés , birman, 
siamés, anamano, peguano, malayo, georgiano ysimito, se en- 
cuentra dispuesto á inferir que todas las lenguas que se hablan ai 
presente en Europa, Asia, Norte y Noroeste de África, en ia mayor 
parte de las islas situadas entre Asia y América, y en su continente 
mas septentrional, son mas 6 menos parientes entre si; de lo cual es 
prueba la sintaxis de la antigua lengua griega. 



^ 



EVOCA MIMERÁ. 



todas las especies ele hombres se distiagaen por 
un insigne atributo, don exclusivamente suyo, 
la perfectibilidad , cuyo carácter por sí solo bas* 
tana para demostrar su unidad. Nuestro orgu- 
llo nos hace creer en la superioridad de la raza 
blanca , y que solo por medio de esta pueden 
elevarse las otras á la civilización : así sucederá 
acaso en el porvenir ; pero no fue siempre así 
en los tiempos pasados. Los Griegos se recono- 
cian obligados altamente á los Egipcios y Feni- 
cios de oscuro matiz : á estos debían también 
mucho los Etruscos : la América fue educada 
por una estirpe cuyos restos están en el dia re- 
presentados por los hombres llamados por su 
color Pieles-rojas: los Chinos debieron probable- 
mente su civilización á los Indios, que también 
debieron ser maestros de los Escitas, délos Cel- 
tas y de otros antiquísimos pobladores de Europa; 
y los atezados Árabes introdujeron el Coran en 
el centro del África. Pero de todos modos dispú- 
tase el grado, no la capacidad de educación de 
las razas. Por otra parte el hombre está dotado 
de inteligencia , la cual parece capaz de modi^ 
ficar el encéfalo , y por lo tanto hasta las formas 
exteriores. Ejercida esta sublime facultad de un 
modo conveniente y justo, conduce á la l)elleza 
de la raza blanca , pero abusando de ella ó deján- 
dola entorpecer, puede ir decayendo el hombre 
hasta el nivel del boten tote. Sin embargo aun en- 
tonces la especie humana no pierde su alta condi- 
ción, ni la posibilidad de vol versea remontar. De- 
cíase que los nebros se hallaban en el último grado 
de la escala social ; pues bien, véase como algu- 
nos han sabido conquistar en Haiti su libertad 
y usar de ella de una manera no peor que los 
pueblos de Europa : la raza abisinia es negra, 
pero es también nermosa en sus formas á causa 
de su mayor civilización. 
La unidad de la especie queda también triun- 
i^riao- f^''™^'*^® demostrada por la concordancia de los 
cía de afectos morales, confesada, tan universalmente 
nfieníos ^^ '^^ filósofos de todas opiniones fundan en 
mora- ella SUS sistcmas , y creen poder escribir la his- 
*<»• toria del hombre por los sentimientos comunes á 
toda la especie. Dejemos á un lado el amor filial 
y los lazos domésticos, que aunque en grado di- 
verso, podrían encontrarse hasta en los brutos; 
pero el conocimiento de un Dios es tan general, 
que solo cenaran trabajo se halló un caso (y ese 
aun no está bien probado) de alguna tribu sal- 
vaje que no lo tuviese. La veneración á los ancia- 
nos, si bien alguna vez expresada de un modo 
extraño y hasta criminal , es tan común , como 

1)ropia del hombre exclusivamente , lo mismo que 
a religión de las tumbas y del pudor ; y asi se 
ve que en todas partes comienza el mundo de 
los pueblos por el culto , los sepulcros y las ce- 
remonias nupciales. Los naturales de la Nueva- 
Holanda son los seres mas ínfimos de la humana 
especie,, y sin embargo aun entre ellos se han 
encontrado ideas generales del bien y del mal, 
palabras para expresarlas en el sentido físico y 
moral , el principio de una causa general, de una 

tusticia á su modo , y hasta un sentimiento de 
lonor (1). Las máximas de la antigüedad son en 

^ (1 ) V. OuiiONT D* tJaviLiBl Yoyage de la comité ¿* Attrolabe. 
París 1831. 



todas partes miradas c«i cierta veneración , in- 
dependiente hasta de su grado de exaetitiid ; y 
asi cx)mo el Indio apoya toda su doctrina en las 
palabras primitivas de los Vedas, por su parte 
Confucio no pretende sino restaurar la glona de 
la ciencia de los antiguos sabios : los Griegos y 
otros combinaron sus fábulas (2) con arreglo á la 
antigua tradición , y el vulgo á cada paso cita y 
respeta los proverbios de los antepasados. Aqní 
vienen á propósito aquellas dignas pals^ras de 
Vico, á saber: que «ideas uniformes nacidas 
>entre pueblos enteros no conocidos entre si , de- 
tben de tener un fondo de verdad. > 

Asi como demaestra por todas partes la natCH 
raleza que el imperio de la vida fue violeata- 
mente sacudido , del mismo modo en el hombre 
la lucha de las pasiones con la razón, del instinto 
del ^oce con la ley del deber y de la caridad, 
del interés personal con la generosidad que re- 
fiere todas sus acciones á Dios y á la humanidad 
«Itera , dan testimonio de un desacuerdo ocur- 
rido en la conciencia , de una decadencia de otro 
estado mejor. Asi lo acredita el pudor anejo al 
acto que mas se parece á la creación ; asi lo atesti- 
guan los filósofos cuando lamentándose del tiem- 
po presente , se remontan con su imaginación á 
un estado mas perfecto, dando pasto á un de- 
seo semejante á un recuerdo ; y asi lo dice por 
último aquel común suspirar por el tiempo de 
nuestros antepasados , que en las imaginaciones 
vulgares hace creer aue el mundo se va empeo- 
rando cada dia, y en las fantasías ardientes pro- 
duce las sonadas imágenes de una edad de oro. 
El dogma de la inmortalidad del alma, que en 
la filosofía no enc^uentra razones que lo demues- 
tren con evidencia ¿cómo ha podido ser halla- 
do por la capacidad humana sin mas que sus 
propios recursos? ¿De donde proviene aqueHa fe, 
universal aunque vaga , de que el espiritn so- 
brevive al cuerpo., fe que tan notable diferencia 
establece entre la muerte del hombre y la del 
bruto, y gue tan diversamente se expresa entre 
los Egipcios que levantan pirámides y eternizan 
las momias; los Camschadalos , que atan un 

K3rro cerca de la tumba ; los habitantes de la 
ueva-Holanda que arrojan al mar el cadáver; 
los del Canadá que al morir creen emprender ú 
viaje á la tierra de las almas, al país de sus 
padres; el mago que evoca las sombras y el su- 
persticioso que se amedrenta de los espíritus? Por 
lo general en las festividades y ceremonias son 
iguales los motivos y los actos, aunque sean 
diferentes los mediosae ejecucicm. Tales eonoor- 
dancias son mas notables por la naturaleza inti- 
ma de su principio de acción , que por la mani- 
festación de su actividad ; pues que si esta 

(2) Los Mtot por lo general principiaban )uf¿q vU ¿m «^j^a- 

\oi afdptnc§t9^ o 9i I», r. X. 

Sobre estas tradiciones se fundan las hipótesis deles qae trataron 
de la historia primitiTa. Entre otros véanse. 

Ddpüis, Orufjne des cuites, 4795, 4 vol. 

CocBT DE GÍÉBELiN, Múnde printitif. 1773, 9 túñ* 

GoGüE» , Oriffine des arís, des sciences et des lols. 17S8. 

B.4ILLT, Leíire sur V origine des sciences eí sur eelle desnevóles. 
dei'Asie.mi. 

BoüLLAKü , JPííai sur /* hisfoire uiúverselle. 1836, 2 tOm. y la 
Hist. des transformaiions mora/es eí reiiffieuxes des peuples. 1839. 

F. DE BnoTONNE , Hist. de la ¡UiatioH et de la migratUm despea- 
p/«. París 1837, 2 tom. 

Lbwowí AjíT, Jatrod, á V Hst, de V Asie occidentak. 1857. 



UNIDAD DI LA BSPECIE HUMANA. 



» 



Suede proyenir de la tradición , la semejanza 
e lo9 íntimos seatimí^tos envuelve la unidad 
de los hombre^ que la recibieron. 
g Pedir á un hombre recuerdos de su país natal 
toR. y de los dias primitivos de su infancia seria lo- 
<jf cura ; pero , si personas criadas juntamente , y 
es.? luego separadas a largas distancias, se juntaran 
siendo ya mayores de edad, y convinieran en cier- 
tos puntos rdjpectode losacaecimi^tos de su ni>- 
oez, aunque refiriéndolos con ki alteración que su 
carácter mdividual y circunstancias enomiradas 
debieran produdr: ¿por ventura no se conside- 
rarían sus palabras como prueba evidente de la 
verdad , de los sucesos , y^de la comunidad en 
que pasaron su infancia? Pues justamente otro 
tanto sucede con las tradiciones , eco del mun- 
do primitivo , las cuales entre los pueblos mas 
diversos concuerdan maravillosamente en los he- 
chos que precedieron á la dispersión , en tanto 
qae después de esta se pierden en las mas ex- 
trañas oíscrepancias. 

No siempre aparece tan evidentemente esta 
identidad; con demasiada frecuencia la alteran 
el perpetuo amor á lo maravilloso , la cons- 
tante repugnancia para referir hasta los mas te- 
nues sucesos sin exagerarlos , la vanidad nacio- 
nal que pretende apropiar á cada país los hechos 
concernientes á Uxlo el género humano , y la 
imaginación de los hombres no educados , tanto 
mas poderosa , cuanto mas débil se muestra en 
ellos la facultad de discurrir. Especialmente los 
Griegos , sedientos como estaban de la idea de 
h) bello, Sacrificaron á esta maníala verdad, re- 
duciendo las primitivas tradiciones á grupos ima- 
ginarios y heterogéneos , mas parecidos á una 
novela que á la historia. Esta, si hubo de agrada 
tnvo que, revestirse de alegorías, que se avinie- 
sen con los sucesos de cada país , con el clima y 
coa las costumbres; de manera, que fijando la 
atenci(m en las mitologías particulares , se cree 
por de pronto que comprenden la historia par- 
cial de un solo pueblo; mas si se unen y com- 
paran, va dilatándose el campo, y aparecen en- 
tre ellas tan evidentes concordancias , que seria 
imposible no considerarlas como procedentes de 
un fondo eomun de verdad. 

No pret^Mlemos buscar semejanzas de parti- 
catarídades, con cuyo sistema acaso no se con- 
sigue mas ^e aumentar la confusión ; vanras á 
a|)oderamo9 del conjunto , á manera del que ca- 
minando al resplandor de la luna, no ve los mi- 
nuciosos detalles, vsolo se dibujan ásu vístalos 
grandes bosques , los caudalosos ríos y las en- 
cumbradas montanas . 

Uno de los prhneros hechos del Génesis es la 
caida M horaore y la promesa de un Redentor, 
cuyo cruento sacrilScio era representado por la 
inmolación de los animales primogénitos, manda- 
da hacer por Wos á los patriarcas y á los He- 
breos, y que debía verificarse por medio del 
fuego. P^es bien , en todos los pueblos encontra- 
njos la creencia de la necesiáad de la expia- 
ción (i); lo cual supone una primitiva y general 
apostasía, advirtiendo que en todas partes se 
consumaban por medio del fuego y de la sangre 

1 ) V. La diaertaekm sobre los saeriílcios en nnestros doeumen- 
09 acerca de las Reliciombs. 



los sacrificios con que se pretendía aplacar á la 
divinidad. Los Cananeos hacían pasar por entre 
las llamas á sus hijos primogénitos : un cordero 
primogénito sacrUicaban los compatriotas de Ho- 
mero : los antiguos Godos, c habiendo aprendido 
>por la tradición que el cterramamiento de san- 
>gre aplacaba la cólera de los dioses y que su 
»justicia.descargaba sobre las víctimas los golpes 
» reservados al hombre > llegaron al extremo de 
consumar sacrificios humanos (2); y cada cuatro 
meses entregaban á las llamas nueve víctimas, 
con cuya sangre rociaban (según se había man- 
dado á los hijos de Leví) á los que asistían al sa**- 
crificio, los árboles del bosque sagrado y las 
efigies de los númenes (3). 

^0 busquemos ejemplos de sacrificios huma- 
nos entre las selvas solamente, ni entre las pie^ 
dras derechas de los Druidas, pues hasta los 
muy pacíficos Mejicanos nos los podrán sumi- 
nistrar. £1 Peruano, en los graves acontecimien- 
tos de su vida, inmolaba su hijo á Yiracooha, 
rogándole se aplacara con la sangre de la vícti- 
ma (4): otro tanto sucedía en Tiro, Cartago 
y en el tranquilo Egipto. ¿Qué mas? la culta 
Grecia, cada sesto día del mes targelian sacri- 
ficaba un hombre y una mujer por la salud de 
los varones y de las hembras (5 ) ; y Roma , no 
solamente por medio de la sangre'y del fueg:o 
en sus sacrificios llamados solitaurüios y taurch- 
boliosy creía expiar las culpas del pueblo vde los 

f)articulares, sino que en los tumultos de los Ga- 
os sepultó en el foro un hombre y una mujer de 
aquella nación. El inútil edicto del emperador 
Claudio contra los sacrificios humanos demuestra 
cuan arraigada estaba en los ánimos la tradición 
de un pecado general y de una expiación, has- 
ta que vino á cumplirla el Prometido á las pri- 
meras gentes. 

Examinando las religiones de los diversos pue- 
blos, lejos de notar en ellas el progreso que ca- 
racteriza las invenciones humanas, veremos 
ofuscarse y confundirse las ideas, cuanto mas se 
va refinando la gentilidad en el resto délos co- 
nocimientos. Nada nuevo ensenaban los miste- 
ríos, pero conservaban las tradiciones antiguas, 
habiendo perdido también la explicación de aque- 
llos símbolos místicos, que dicen una cosa y sig- 
nifican otra. No dejaron de conocer los filósofos 
la ineficacia de aquellas creencias religiosas; 
mas no supieron reemplazarlas con otras, ni en 
las obras de sus sabios mas eminentes se encuen- 
tra un solo dogma que valga mas que los anti- 
guos. Por el contrario, si nos remontamos á 
mayor antigüedad, hallaremos en los cantos de 
Ori^o, y en los restos de la primitiva Italia, así 
como en los del Egipto, de la India y de la Chi- 
na, ideas sublimesde la divinidad. No llegó pues 
el hombre á inventar las religiones desprendién- 
dose sucesivamente de las ligaduras, que hnpe- 
dian su desarrollo al mismo tiempo que prote- 
gían su infancia, sino oscureciendo las doctrinas 
que primitivamente recibió. 

t Mulle R's , North antiq. Vft!. I, c. 7. 
Id. y Olai Macni, Hist. üb. llí, c. 7. 
Acosta ap. Parch. PUgr. 1. Ul, c. H, p. 885. 
Eladio citado por Focío; J. TnrzE , Centwi^, V. c. 25; VOI. 
Digitized b> 
Mkursiüs , Gngcio ferioU, ^ 



24 ÉPOCA mniERA. 

A medida que vayamos addantando en el 
examen de las religiones de los diversos pue- 
blos, notaremos en ellas continuamente la cor- 
respondencia entre sus errores y las verdades de 
una primitiva religión, la cual hasta para los 
menos instruidos se deja ver ya en aquella tri- 
nidad, ó de dioses, colocada' en el cielo, ó de 
héroes convertidos en caudillos de las nacio- 
nes. Que si por de pronto nos causa tedio lo 
grosero de las fábulas, al tin nos maravillamos, 
cuando prescindiendo de las fantasías poéticas 
y de las hipótesis filosóficas, vemos cómo los 
símbolos y los mitos, hermanos y primogénitos 
de la Historia, aquellos con su profundidad y 
estos con su vaguedad , se aunan para probar 
el origen patriarcal. 

Sena tarea interminable la de hablar aquí de 
todos, por cuya razón tendremosque contentar- 
nos con espigar en el campo donde ya otros han 
sefi[ado (1). 

Los mas sabios de entre los Chinos, pueblo 
antiquísimo, reputan por ficción alegórica la 
Historia primitiva; sin embar»), sus patriarcas 
ofrecen smgular analogía con los de los Hebreos: 
vasí que principian á figurar en su narración los 
liombres, se echan de ver un Fo-hi muy semejan- 
te á Noe, y el rey Yao que da salida á las aguas, 
las cuales, «habiéndose levantado hasta el cie- 
lo , bañaban aun el pié de las montanas mas 
altas, cubrían las colmas menos elevadas y po- 
nían intransitables las llanuras (2).> 

La doctrina de Zoroastro, sistema filosófico 
apoyado en los dogmas de otros siete anteriores, 
coloca en el centro de la tierra la montaña Al- 
bordi , de la cual fluyen cuatro rios mavores. En 
su cima existe el paraíso ó jardín de los bien- 
aventurados, y allí brotan las a^uas de la vida. 
La luz que divide y separa las tinieblas , y ani- 
ma alas criaturas', es el primer principio físico 
en que se funda el culto de los Parsos. 

£1 caldeo Xisutur se salvó de un diluvio con 
su familia y animales mas necesarios. Beroso 
describe aquel diluvio con circunstancias idén- 
ticas á las que presenta la Biblia, si bien lo su- 
pone muchísimo mas antiguo, contando entre él 
y Semíramis un espacio de 350 siglos: cosa que 
«\ nadie antes de este autor se le había ocurríoo, 
ni nadie después de él ha pensado adoptor. 

La tradición armenia cuenta 5,000 anos des- 
de el diluvio acá; y aunque los historiadores de 
este puebloson muy modernos, hay en el país una 
antiquísima memoria de aquel cataclismo. Jose- 
fo habla de una ciudad llamada iugar del des- 
enÁarco, y los modernos viajeros encuentran 
al pié del monte Ararat la aldea de Nachidche-- 
tmi que exactamente quiere decirlo mismo (3). 

Los Fenicios, según Sanconiaton, establecían 



(i) V. BiANCHim, UmstorhiMk>&rg§lcmproki^aeon 
menta»; Caen Cebblw, Mundo primitiifo; v por no hablar de oiraS 
lasbeUísimas Borasmonaicasúe Pabrk. Stolbergi^GMfAifA/írf«- ñf- 
iigion J. C.J presenta la eoncordanda de la historia mosaica con 
las tradiciones indias, caldeas, sirias, asirlas, fenicias, persas, 
chinas , egipcias, griegas, itálicas, mejicanas y célticas; y otros han 
extendido el paralelo en vista de los últimos descubrimientos. 

(2) CkU'Kina.y. H.J.Sehmiát.neiflúcionprimWpa ó /as gran- 
des verdades del Cristianismo demostradas con ios dichos y escritos 
de ¡os mteblos mas antiguos , en especiat con ios libros canónicos de 
los Chinos (en alemán ) Landshul 1834. 

(3) Véase Mosis Chouknensis , ITia/. armeniaca, lib. I, r. 1 y 
el prólogo de los henaanos Whision , p. 4. 



al principio un caos que no tuvo límites ni for- 
ma, hasta que el espíritu se enamoró de sus 
propios principios, y de su unión salieron los ele- 
mentos de la creación. 

El Brama indio formó al hombre del barro , se 
complació en él, y lo estableció en el Chanchm. 
país de toda ventura, donde había un árbol cuvo 
fruto comido daba la inmortalidad. Supiéronlo (os 
dioses menores y comieron de él para no sufrir la 
muerte; lo cual' irritó tanto á la serpiente Che- 
yeu, que guardaba aquel árbol, que derramó sa 
tósigo por toda la tierra, de manera one la cor- 
rompió enteramente; V habríanperecidotodossus 
habitantes si el dios áiva, habiendo tomado for- 
ma humana, no hubiese absorbido el veneno. 

El dios destructor resolvió ahogar toda la ra- 
za humana, y Yisnii, dios conservador, no pu- 
diendo impeoirlo, pero sabiendo el tiempo pre- 
ciso en que había de ejecutarse este desigoio, 
se apareció á Satiavrati, confidente suyo, y le 
aconsejó que fabricase una nave en la cual se 
encerrara con los ochocientos cuarenta millones 
de gérmenes de las cosas. 

En otra parte se habla de una encamación de 
Yisnú bajo la figura de Parasurama, en tiempo 
en que las aguas cubrían toda la tierra menos 
los montes Gates: Yisnú suplicó á los dioses 

Sie mandasen retirar las olas del espacio que 
canzara su flecha; con lo cual consiguió, que 
quedase enjuto todo el país que máia desde 
aquellos montes hasta la costa del Malabar (4). 

Si hay alguno que encuentre semejanza en- 
tre el indio Brama, y Abraham, le diremos que 
aquel tuvo por esposa una mujer llamada Saras- 
vadi (y adviértase aue t>adí significa señora), que 
fue cabeza de muciias familias , las cuales des- 
cendieron de doce hermanos, y que en la festi- 
vidad anual que se celebra en el famoso templo 
de Tischirapali , se representan aun estos doce 
gefes guiados por un anciano. Uno de losjparien- 
tes de Crisna íiie arrojado siendo niño á las 
aguas, y lo salvó de ellas una reina: dios man- 
dó hacer á un penitejite el sacrificio de .su pro- 
pio hiio, y luego se dio por satisfedio con la bue- 
na voluntad. 

Klaproth demuestra que todos los pueblos del 
Asia recuerdan un diluvio, que los mas refieren 
al ano 3044 antes de Cristo (K): en el templo de 
Hierápolis en Siria, se ensenaba aun la boca 
por donde se decia que habían salido las aguas 
asoladoras; los Persas dan al monte Ararat el 
nombre de Koh-Nuh , ó sea monte de Noé (6): 
entre los Chudos se cuenta que habiéndose en- 
riquecido Cain sacando minerales y oro, inspi-* 
ró envidia á su hermano menor , el cual lo per- 
siguió y obligó á refugiarse hacia Oriente (7). 

Todos los an^es de Asia hablan de un primi- 
tivo paraisQ^ poblándolo de maravillas según el 
gusto particular de c^a narrador. En el Tibe! 
los Lah son genios primitivos degradados por el 
vicio. Los Groenlandeses cuentan que el urimer 
hombre creado fueKalla|í, y que de su dedo pul- 

(4) V^nse el Sonnerat y el Bagaradam\y en naestros «loco- 
memos de Literatura nn uuniia indio acerca del diluvio. 

(5) Asia polkglola. I>arís 1823. 



(6) GiARMN, Júumat d* un 

(7) RiTTSR, Geografía,^. 15< 



iSjr 



ei»Per^, H.pig.l»»- 



UNIDAD DE LA KSPKíCHIS HUMANA. 



26 



gar sftiíó bt prmera mujer, d^spm^ de lo caal e| 
raaodose aae^ó j no pudo salvaxse mas que ua 
solo hombre (1). Eo Ceilan se ensena un lago sa- 
lado, qoe Eva formó llorado cien anos seguidos 
la desgracia de ibel 12) : entre los nebros ^ re^ 
fiere que jLtahentsiclue^rojada del cielo oor su 
desobedi^cia : y en el iutenqr de AXrica o^y m 
la^o que se cree resto del diluvio. Entre los 
mismos imericafios se h^ creidp fallar ipefic^ 
ría del dOuvio ep ^Ig^os de los groseros gero* 
^lífitios (3): ]ps ÁÍg:oaquiiios y ofcos ¿ieen que 
Jtfesü, ó JSal^ct]^'^ TJéAdo la tiQri;a sumergida 
por las aguas, envió un cuervo aj foQdo de un 
abismo mrf jqu^ le trajera un poco de tierra , y 
que no Sableado ppj^idoc^Qns^uJrlo, dio el mis- 
mo eocar^ i .una rata que pudo traerle i^na 
bocanada ae tierra con la cual rejiizo el muado 
y la rata lo volvió i pobl^ir (4). 

Los Mejicanos de Mechoacan deciap aun ^nas 
daramente, que Tespi ó Collcpk se embar4i6.en:ua 
ffrande acalli con mujer, bijos, anímales y semi- 
nas, y que cuando el gra^ espíritu T.^^tlipoca 
mandó retirar las aguas, Tespi envió un))uUre, 
que bailando cadáveres con que apacentarse no 
volvió; lo mismo sucedió con ptras aves, basta 
que regresó el colibrí con una ramita verde , y 
viendo por esta señal que el sol habia vuelto a ' 
reanimar la naturaleza, salió de la nave (5). 
Varios accidentes pueden despertar en los bom- 
bres la idea de un diluvjo universal : ¿peropue- 
de la casualidawl reproducirla con ¡guales cir- 
nu^tancias? 

Si pasamos á pueblos mas cultos, encontrar* 
remos aun mayores concordancias, si bien al 
haUar del or(^en del hombre ban puesto gene- 
rahDe&ite la mira tan solo en el elciúento ma- 
terial , cuidándose poco del espíritu ; y aun los 
Se pensaron en este, lo supu^i^ron no concedi- 
por amor, sino arracañdo por medio de la 
fuerza ó del fraude. Noé puede ser comparado 
con Saturno, que tenia por símbolo una nave, 
coltiró la vid , nació del Océano y devoró ^ 
sos propios biios , menos tres , entre los cua- 
les resurtió el mundo. A Júpiter podria cor- 
re^nder Cam , mas inmediato al sol por- 
que poUó el África ; á Pluton Sem , que ex- 
plotó metales en los ricos países de Ofir, de 
Evfla y de los Sábeos; y á Neptuno Jafet po- 
blador de las islas (6). m los edificadores de la 
torre de Babel pueden reconocerse los Titanes : 
BesHMlo(1)Jiace memoria de ciertos bombres que 
á los cíen anos eran todavía niños; y si ni en este 
autor , ni en Homero , ni en los tres priucipa- 
les bistoríadores se menciona el diluvio , no se 
olvidó Píndaro (8) de cantarlo baciendo que 
Deucalion aportase al Parnaso, situándose ea la 
ciudad de Frotq^nia y volviendo á poblar la 
tierra con las piedras. £1 mismo Platón en su 
Tfffteo lo cita como universal y único para po- 

(1) Gmjaa,B$i0ria4eio$Gro^niándetes. 
<l)GnfWJur, Bti. 4u monde, t.W.p.'m. 

(3) HmooLBT, Mommeniút méUcÉños. 

(4) GiAiufoa. 

(5) Bsmn»r, VítU4ela$CardHlira8,n.in. 
{^) ñtftmié te limó en griego Poseiáon de petiUm , tocho, «s- 

(CMO ; 7 too es ptMisamevte lo qae significa Jafet. 

(7) '1AA*2mit^ fJv ir«M( trta wofÁ /A^ rtpt «i9rt '£rp«frr* 
«váJUot. Tke9§, 

it} Oümp.a. 

TOMO I. 



der entrar á referir la eatiatroíe que dastruyó 
la Atlántida ; Aristóteles lo eaasiáerá como pur- 
cial de la Tesalia (9) ; mas Apoiodoro le asig- 
nó (10) mayor ext^^ion , y se valió de él para 
determinar el tránsito de la edad de cobre á Ja 
nuestra de bierro. Qeucalion £ttdo salvarse «n 
una ar/ca , en la que Luciano añade que se em- 
barcó con toda especie de aain])ales, y Plataeco 
dipe qi^e echó á yolajr fuera de ella palomas á Un 
de ei;,pÍQrar la altur^ de las aguas. 

Imor^mos io que se ensenabiten losii^iterigs 
de Eleusis , m Jos .cualeis parece oue se eoD^- 
varou con Jinayor puceea las >veriaaes priinitivas; 
mas Aristóteles no vaciló en decir , querrá ira- 
diciqn a^ti^ua de padres á Jiijos y extendida 
eptre jtodop los hon^^res, que por Dios y solo por 
medio de Piios nos fueron dadas todas las co~ 
sas(H). 

Sensible es yaUéndome de una j^xpreaion 
de fiacQu li%), que e^ báUlo de la aotígUiedad. al 
pa^ar ^r l^s zaiopoías e:ri^fi»s , baya (Eanafor- 
mado el sublime y profundo pensamie^ en 
m^rp juguete de la im^gina^ojí; sin ^osiltfyq^o 
una vista perspicaz Puede aun encontrar el pri- 
mitivo seutido. ¿Pudol^faotesía griega revjestir 
la primer^ cu^p^ y 1^ esperada reparación , de 
un^ imagen ^^s poélic^.queJIaief^dOira , que 
abrieudo 1^ caj/si prohibida , deió escapar to- 
dos los males, no quedando ep el londo mas que 
laesperadaza? 

Pcídría ^docir la síRpiGoacion 4e los nom- 
bres de los dioses y de Tos j^ses.a^tiguos (1$) y 
diversas pruebas me , ^ consid/eradas ai^ftda- 
meAtepareceñ 4ébues, ^qu de pe^o unuías á otras 
cosas que $d píárécer flo ofreqeu ma? que W .te- 
jido de éxtr;ivagancias. V^Touo.qumowm ^J^ 
sUencjo el argume^to que resulla, lasí de la mag^s- 
tuosa sencUíess de la cosmogonía de Mojsés con- 
frontada CQO las .^xtravaganjl/^i^^ de los demás 
pueblos (1^), como de lá .^esnud^t .copqisum 
con que este refiere ja historüja' de Uin a&ti- 

3UJÍsímos tiempos, en jíos historiadores de^lf^s 
emás naciones llen^ de porj^ntosos ^uc^ios. 
Fúndanse todas las narr^iones de estos tültimos 
solare dos diversas suposiciones . uiios recordan- 
do cierta edad de oro cambiada en uñ estado 
peor , y otros suponiendo á los primitivos Iiom- 
ores en un estadfo de brut^lidafí (1^1 que poco á 
poco se fueron levantando. Unicaméinte la His- 
toria Sagrada es la que pone de acuerdo estas 

(9) Meteor.1,14. 

(10) Biblioteca t,S 7. 

( 11 ) O mas bien el anUguo eserUor del TraUáP del mnmio g del 
cielo f que se lee en las obras de Aristóteles. Kfxi°^^ t^ ^^ *'*< 

aoL Zia 2«ov í¡fií9 avvitmptm, cap. 6. 

(12) Falmlfe muthologica videnlw eíte ituiur tetmit miuUem 
aura, qwe ex tradUioiúSus netionum magis enÜquerMm t» Greeo- 
rumñsiülat iuciderent. De augii' H, 13. 

(il3) Quisieron algunos bailar sn explicación en el bebreo. Am- 
fnon si(j;Diflca lo mismo que Cam y Zeos , ardiente. Japet es iafel; 
Vulcano es una leve alteración del nombre Tobalcain; Jove Yiene 
de Jová, Jeová ó Jao, que en hebreo significa Dios; Neptuno de 
ni]^Uach ser eitenso , como Poseidou de pkoea extender : Ares de 
arits y fuerte , violento. Venus de henotk , las doncellas; Adonis de 
adonai , sefior mió etc. Bochart en sn geograpkia tacra se propuso 
demostrar que los nombres de los paises y pueblos antiguos tienen 
suosignilicado en hebreo. Pero preciso es proceder con gran pre- 
caución cuando se quiere hacer uso de estos trabajos sistemáticos. 

(14 ) No hay mas que fijar la vista en la primitiva historia de cual- 
quiera pueblo para encontrar las cosmogonías mas extravagantes: 
en lo sucesivo nos ocurrirá exponer muchas de estas al hablar de 
las opiniones particulares de los diversos paeUos. ^ r^ q I p 

5 O 



2b fiPOGÁ 

dos opiniones por medio del pecado original, 
misterio , como dice Pascal , sin el que toda la 
humanidad se convierte en insondable arcano. 
Tampoco pasaremos en silencio el argumento 
seme- que en íavor del común origen nos ofrecen cier- 
^'dé' ^^ conocimientos comunes á todos los pueblos, 
conocí- No hablaremos de las artes y los oficios que una 
"tíw"" necesidad igual pudo enseñar á todos igual- 
mente, sino de los principios de las ciencias 
que podrían llamarse de pura curiosidad y 
que suponen largas observaciones. Tales son, 
por ejemplo, las ciencias astronómicas, en las 
cuajes encontramos con corta diferencia unos 
mismos signos del zodíaco en pueblos muy 
distantes ; conocida la división verdadera- 
mente artüicial de la semana; establecidos el 
periodo lunisolar y otros que sirvieron de base 
á tradiciones y épocas religiosas; y conoci- 
do asi mismo el circuito de la tierra , del cual se 
dedujeron la unidad de medida, y la forma y ex- 
tensión de los templos y de los edificios simbó- 
licos (1). 

¿£s posible qué el hombre, si hubiera nacido 
salvaje, se hubiese dedicado con tanta anticipa- 
ción á estas tan abstractas indagaciones, cuan- 
do hallándose ya en los tiempos históricos ape- 
nas habia aprendido aun á satisfacer sus ur- 
gentes necesidades? ¿Es posible que solo por 
tuerza de intuición llegase a descubrir lo que la 
ciencia no ha descubierto sino con penosos es- 
fuerzos y con el auxilio de largas y complicadas 
observaciones, de sutilísimos calemos y delicados 
instrumentos? ¿V porqué razón en todos ios pue- 
blos, la contemplación del cielo y el arte de con- 
tar los días han sido considerados como cosas 
sagradas , siendo por lo tanto encomendadas á 
la custodia y ai arreglo de los sacerdotes? Si 
consideramos que muchas fórmulas de gran sa- 
biduria se conservaron por los mas antiguos sin 
comprenderlas, aplicadas muchas veces erró- 
neamente y combinadas con groseros desvarios, 
como sucede ''on los maravillosos cómputos de los 
Indios y los Chinos |^¿), no podremos menos de 
ver en esos disonantes fragmentos, no las bases 
homogéneas de un estudio progresivo, sino las 
irradiaciones de un foco único, las reminiscencias 
de una edad en que el hombre, libre ó escaso de 
necesidades, podía entregarse de lleno á la con- 
templación con todo el vigor de un entendimien- 
to virgen, iluminado por superiores inspiracio- 
nes. Los hombres al dividirse llevaron consigo 
estos conocimientos, y el uso de las festividades 
en ios solsticios y en los equinoccios y la venera- 

(1 ) Todos los estadios antiguos son partes alícuotas exactas de 
una circuuiorencía de la tierra , y le dan una extensión muy poco 
diferente de la que los mas delicados métodos actuales le han asig- 
nado. ¡»egun Romé de i' Isle, el estadio de Eratóstene le daba 57,Üü6 
toesas por grado; el náutico otras tantas y tomismo el estadio olim- 

Í ico , y el egipcio; el Uleteriano 50,70 : solo el pítico le asignaba 
56. Ll estadio caldeo se compuU*.ba en 1111 , 1|9 al grado, por lo 
cual aplicado al grado terrestre da por cada grado b7,00¿ toesas 
1 pié , t^ pulgadas y 6 lineas. Sabido es que la medida de los acadé- 
micos de l^nsda ó7,07o toesas por grado en la latitud de 50 grados. 
Saiúey en su Metrología pretende demostrar que todas las pesas y 
medidas se derivan de las primitivas. Véanse nuestra Geogratia y 
el iiOro XIV. 

(xj Por lo tocante ú los Chinos, V. Hermán Josb Schmtot, Urof' 
feíibatüng, oder üie grosaeu Lchren des Chriitíetuhums , etc., esto 
es: «La revelación primitiva o las gratide» doctrinas del Cristianis- 
mo demostradas cuu los escritos y documentos de los pueblos mas 
antiguos, y particularmente con los libros llamados canónicos de lo$ 
Chinos. « Landshut i9ZA. V, tAnbien nuestro Libro IV. 



PRIMERA. 

I cion al 12 y á otros números calendarios ; intro- 
duciéndose sucesivamente alguna variación se- 
' gun la propia índole y las circunstancias. El 
mismo Bailly tuvo que coavenir en la deriyacion 
única de las ciencias, si bien colocó su origen 
en no se sabe qué pueblo del lafi^o Baikal bajo 
el grado 50 de latitud, desde donde pasaron pri- 
mero á los Atlánticos , que habitaban la parte de 
la América sumergida y las costas occidentales 
del África ; desde allí á los Etíopes, y después á 
las cuatro naciones mas antiguas, Indios , Per- 
sas, Caldeos y Egipcios (3) : aserciones entera- 
mente gratuitas. 

También presenta muchas pruebas en favor 
del principio que sustentamos, la semejanza 
de ios edificios rituales , de las institucio- 
nes religiosas, de los ciclos de la rqg^eneracion, 
de las ideas místicas y de aquella invención la 
mas maravillosa de todas, el arte de escribir, 
cuyos caracteres entre los pueblos mas distantes 
parece que deben creerse variaciones de una 
misma forma (4). ¿Quién presumirá poder pe- 
netrar el profundo misterio de la vida y la 
eterna y secreta alianza del alma con la natura- 
leza para explicarnos la causa de tales seme- 
janzas? 

Para argumentar contra la común derivación u 
del género humano solían algunos valerse de la ^ 
América , diciendo que un continente tan vasto, 
desconocido por tanto tiempo del resto del mun- 
do y separado de este por tan extensos mares, 
no podia creerse que hubiese sido poblado sino 
por gente nacida allí mismo. 

En otro lugar nos extenderemos sobre este 
punto ; y verdaderamente al encontrar por pri- 
mera vez á un pueblo en apartadas islas, es na- 
tural inclinarse á suponerlo producción espontá- 
nea de aquel terreno; mas si al examinarlo se 
descubren lenguaje, usos y tradiciones confor- 
mes con los de otros países, fuerza será decir 
que el pueblo aquel procede de algún otro pun- 
tó, por mas que se ignore cómo se ha verifícado 
esta traslación. Este es el caso en que se en- 
cuentra la América. Ya hemos apuntado las se- 
mejanzas de conformación é idioma entre los 
pueblos de este continente y los Asiáticos. Sus 
tradiciones mencionan gentes venidas de otros 
países : en la historia mejicana los Toltecas, las 
Siete tribus , los Cheschenecas y los Aztecas se 
presentan como advenedizos, y en los geroglí- 
ticos están pintados en ademan de atravesar el 
Océano. Las analogías entre los Peruanos y Mo- 
goles son tantas , que un escritor sostiene coa 

(3) H'isiot ia de la astronomía y Cartas sobre el origen de las 
ciencias. 

{A) V. De Paravey , Essai suri' origine unique et kierogüpkiitu 
des cktf fres et des leítres de tous les peuptes. Este autor supone que 
iosCbínoscoDservaroD los antigaos libros de Babilonia, de Persia y 
de Egipto. V. también Buttner, Vergleickungs TafetnaerSchrifteu 
verschiedener Vólker. Gottinga 1771. 

Que la escritura es un arte primitivo y parte esencial del lenguaje * 
en su sentido mas lato, es también opinión de Federico Schlegel. 
Conocida es la tentativa de Gourt de Oébeiin para probar Ja unidad 
de todos los alfabetos /"ATow/^ primitif , fin del tomo UI); pero Pa- 
ravey es quien presentó las comparaciones mas doctas é ingeniosas 
[üp. rít. París 1816). Recordaré otros dos que opinan también del 
mismo modo. Herder dice que tos pueblos presentan una analogia 
tan ^inguiary que profundizando bien las cosas, puede decirse pro- 
piamente que no hay mas que un alfabeto. (Nuevas Memorias de 
la Academia real, ílHí.üttlin 1783, pág. 413;. G. de Humboldt pa- 
rece admitir la misma opinión en la conclusión de su ensayo ^- 
bre el origen délas formas gramatic$ies, Berlin 1823, 



UNIDAD DE LA ES]^ECIE HUHANA. 



27 



macho ingenio gne Manco-Capac, fundador de 
b dinastía y religión de los Incas, era hijo de un 
nieto de Gengis-Kan (1) , en tanto que otros 
con mas probabilidad lo hacen proceder del Tibet 

Sde la Tartaria. Los Hotentotes de África , los 
naranos del Paraguay y los Californios se am^ 
patán el dedo pequeño para mostrar dolor por 
la pérdida de un pariente (2) ¿Es creíble qué 
tan extrañas costumbres se hayan originado es- 
poDlineamente en países tan distantes? Los 
Pastues americanos que se alimentan solamente de 
vejctales, los Tlascaltecas que creen en la me- 
tempsícosis, y los Peruanos que tienen idea de la 
Trinidad, nos hacen pensar en los Indios. La di- 
visión del tiempo en grandes y pequeños perío;- 
dos se diferencia muy poco en los sistemas chi- 
no, cahnuco, mogof, manchií, y en los délos 
Toltecas, Aztecas y otros, siendo idéntica entre 
los Mejicanos y Japoneses. El zodíaco de estos, el 
deles Tibetinos y el de los Mogoles tienen los mis- 
mos nombres que los que en Méjico se daban á 
losdiasdel mes; y si en el zodíaco tártaro faltan 
los signos de estos , llenan el hueco los Sastras 
indios, poniéndolos animales celestes en las cor- 
respondientes posiciones (3). 

Los Tlascaltecas y Aztecas recordaban en di- 
versas pinturas el diluvio y la dispersión de los 
pueblos; y para expresar la confusión délas len- 
guas, inventaron el símbolo de una paloma po- 
sada sobre un árbol, y dando á cada uno de 
los hombres, hasta entonces mudos , una len^a 
distinta , por lo cual se dispersaron las qumce 
familias (4). 

Sus geroglíficos expresaban que cantes de la 
>granae inundación, acaecida 4008 anos des- 
»pues de creado el mundo, estaba el país de Ana- 
>naac habitado por gigantes ÍZocwiííteegMes); y 
>aae los que no perecieron, meron transforma- 
idos en peces, menos siete que se salvaron en 
lias cavernas. Después de retiradas las aguas, 
»XeIaa, uno de estos gigantes denominado el 
^Arauitecto, pasó á Cholula, donde en memoria 
)de la montana Tlaloc en la cual se habia sal- 
ivado, erigió una colina artificial en forma de 
•pirámide. Con este fin hizo labrar piedras en la 
jprovincia de Tlamanalco, al pié de la sierra de 
»Cocotl, y para llevarlas á Cholula dispuso una 
ifila de hombres que se las iban pasando de ma- 
»no en mano. Enojáronse los dioses al ver este 
»edificio, cuya cima debia tocar las nubes, y 
alanzaron fuego soCre la pirámide, por lo cual 
muchos de los que trabajaban en ella perecie- 
»ron, y la obra quedó imperfecta (5).» Hum- 
holdt y Zoega notaron una evidente semejanza 
entre esta pirámide de Cholula y el templo de 
Belo; y hay que advertír que también estaba exac- 
tamente orientada como este templo, y servia á 
los sacerdotes mejicanos para sus observaciones 
astronómicas. 
Añádase á esto que los Mejicanos rociaban 

(i } Rahusc , Indúgaeionet kisiárieas tohre la conqwtía del Pe- 
ííi'*^'^ ^ ^ '*^^ *"* ^*' ^^ ^^8^^ ^^ elefantes {eo 
(|) FoKSTBB, YiajK alrededor del mundo, 1. 1, p. 435. 
(3 ) Hdhboldt , fue dee CordUiéres, 1. 2. 
[*) ídem. 
jyJj)"Sj^Ú5lente en el Vaticané, copiado por Pedro de ios 

TOMO I. 



con agua la frente de los recien nacidos y que á 
veces los hacían jpasar por éntrelas llamas. Re- 
presentaban, áSmacuatl, madre del humano li- 
naje, en el paraíso terrestre con una serpiente, y 
detras de ella dos hijos que disputaban entre 
si; hacían idolillos de pasta y los repartían en 
pedacitos al pueblo reunido en el templo; con- 
fesaban los pecados y tenían conventos de am- 
bos sexos; nnalmente, eran tantas las semejan- , 
zas, que no faltó quien en un célebre escrito 
sostuvo que la América habia sido poblada pri- 
meramente por Hebreos y luego por Cristia- 
nos (6). Este célebre escrito á que me refiero es 
la obra titulada (elección de nwnumerUos meji^ 
canos , publicada por Lord Eingsborough , en 
la cual aparecen pintadas personas de fisonomía 
enteramente distinta de la americana, siendo 
unas veces tipos de la India, y otras del Egipto: 
el busto de una sacerdotisa azteca lleva la ca- 
lántica {*) en la cabeza lo mismo que las de 
Isis : encuéntranse también pirámides de mu- 
chos cuerpos con sepulcros en su interior, y pin- 
turas geroglíficas en todas partes: al ano mejica- 
no se smadian asimismo cinco diascomo los 
epagómenos al menfítico: en los sepulcros de los 
Incas se descubrieron muchas lámparas y vasos 
pintados, admirablemente semejantesálos Egip- 
cios, teniendo algunos de ellos la forma griega, 
y siendo otros enteramente parecidos á las ánfo- 
ras romanas Í5). De modo que el observador se 
queda maravillado ante semejante espectáculo y 
pregunta: ¿cómo pudo aquel continente adquirir 
estos conocimientos y objetos? Pero ¿podremos 
esperar c[ue los tiempos remotísimos nos den esta 
explicación, cuando aun no nos es dado explicar 
el cómo, en un arancel de Módena del ano 1306 
se lee entre las mercancías el Brasil, y como en 
el mapa de Andrés Blanco, construido en 1436 
y conservado en la biblioteca de San Marcos de 
Venecia se encuentra apuntada en el Atlántico 
una isla con la misma denominacion?(**)Por tanto 
aquellas regiones no eran un nuevo mundo sino 
solamente para nosotros que no las conociamos. 
Verdad es que el infeliz Motezuma al hablar 
por primera vez con Hernán Cortés le dijo: cPor 
»nuestros libros sabíamos que aunque habitamos 
»estas regiones, no somos indígenas, sino que 
•procedemos de otras tierras muy distantes. Sa- 
>Diamos también que el caudillo que condujo á 
•nuestros antepasados regresó al cabo de algún 
•tiempo á su país nativo, y tornó á venir para 
•volverse á llevar á los que se hablan quedado 
•aquí ; pero ya los encontró unidos con las hijas 
•de este país, teniendo numerosa prole y viviendo 
•en una ciudad que ellos mismos se habían cons- 

(6) A. Aglio, Antigüedad de Méjico, t. VI, p. 232-420. Pero se 
sabe qae fos Buddistas practtcalwn ya ceremonias semejantes. 

( * ) Especie de redecilla, adorno de cabeza de las mqjeKs en los 
tiempos antiguos. (7f. del T.J 

(**) No trataré de explicar lo del mapa de Andrés Blanco; pero 
en cuanto i la tarifa de Hódena hay una explicación gne me parece 
satis£ictoria y que me ba sido comunicada por persona competente. 
La palabra h-atti viene de brasa, y fue aplicada al palo llamado asi 
por su color encendido. Después se descubrió d Tasto territorio que 
lleva el mismo nombre; y encontrándose en él abundancia de aquel 
articulo de comercio ya conocido, pudo desirnársele de este modo. 

flí. del TJ 

{ 7 ) Poséelos el Sr. Gooke de Bames en Inglaterra. Kampe tomó . 
eldiseflo de 22, y cree que fueron llevadas aili por kw renidos.. 
V. Soc. of, aniiq. Londres, enero 1836. ^ 

5* 



38 



ÉPOCA PRIUERA. 



itruido: dé hiaaera que ta voz del caudülo fue 
«desoída y tuvo que volverse á marchar solo. 
«Nosotros hemos astado siempre en la iúleligen- 
»cia de que sus descendientes vendrían alguna 
>vez á tomar posesión de este país. Supuesto, 
«pues , que venís de las regi(mes donde nace el 
sol y y me decís que hace ya mucho tiempo que 
«tenéis noticias nuestras, no dudo que el rey 
«C[ué os envia debe de ser nuestro señor na- 
»tttral (1)>. 
L^ Muy escasamente informados estamos aun 
Anstra- acerca de la Polinesia , de donde mas se ha 
^' pensado en sacar utilidad que noticias; |)ero es 
menos difícil explicar cómo han ido de isla en 
isla propagáádose hasta allí los Indios. Reland, 
Gook y For^ter , comparando los idiomas oceáni- 
lúcos, conocieron que aauellos pueblos eran pa^ 
rieolesde los Malayos, Madecasios, y Javaneses. 
Mil ochocientas leguas hay desde las islas de 
Sandwich á la Nueva Zelanda , y los idiomas 
son parecidos : casi otro tanto media desde Ma- 
dagascar á las Filipinas, y también hay fraler- 
ftioad en el lenguaje : entre Java y las islas 
Marquesas ste interpone una tercera jarte de 
la circunferencia del globo, y sin embargo, las 
palabras de su idioma tienen las mismas rai- 
ces, esto es, el Kawi que viene á ser el sáns- 
crito despojado de sus inflexiones. En el fondo 
de una religión sobre manera tosca aparece la 
idea de una trinidad , qtie en las Carotinas lia- 
mata Ahielapy ÍMngueXeug y Olimt, y entre los 
habitantes de Taiti' Tane\ o Te Machia, padre 
tt hOBlbre, Oro ó Mattin, dios hijo ó sangui- 
0ario, Taroa 6 Manú te ooa, ave ó espíritu: 
seilfejanza tpak)able con la Trimuf ti india. Los 
!)n^e&as de la Nueva Zelanda y los demás de 
4a Polinesia llaman /Issi/a á sus*^ dioses: creen 
que las almas de los justos son los buenos núme- 
nes, y que las de los malos , con la denomina- 
ción ae Tii incitan el hombre al pecado. ¿Quién 
bajo estos símbolos no verá los Asuras , genios 
de la India antigua, y los Daitias que represen- 
taban á sus demonios ? 

Con mas evidencia aparecen aun tradiciones 
bramínicas entre algunas tribus de los Dayas, 
mas civilizadas que las otras. Estos dividen 
el tien^K) en yogas, períodos semejantes á los 
fabulosos de los adoradores de Brama, y confor- 
mes hasta en los nombres, pues les llaman Que" 
reta yoga , Diva Pera yoga, y Cale yoga al 
tiempo presente. En los eclipses, denominados 
con una palabra sánscrita graana, creen que un 
dragón (llamado ñau, también vocablo sánscri- 
to) devora la luna; por cuya razón hacen un es- 
trépito ¡hfernal para ahuyentarlo, lo mismo que 
se practica en la China. " 

En las islas de Tonga se habla de la disper- 
sión délos hombres, de su división en buenos y 
malos, blancos y negros por efecto de una mal- 
dición que se parece á la de Cam. Contábase en 
Taiti que Dios había Infundido sueno al primer 



(1 ) Primera carta de Cortés gfi XX[ y XXIX. Klaproth en ni 
Asín poügfo/a sostiene que los Cnuktos proreden de Améripa.Sin 
tratar de rebatirlo lo cito cómo tesffmoinio de la correspondencia 
entre el Noroeste de América y el Este de Asia, y es cierto que aun van 
los ChQktosdesde Kamschatka ú pelear eon los salvajes del Noroeste 
de Araérka. Hitmboldi, B$toi poi. sur /« JV. Enpagne, t. II, p. 502. 



hombre para arrancarle una costilla, de la que 
se formo la primera mujer, y que el género 
humano fue sumergido por un diluvio del cual 
solo UB hombre pudo salvarse^ Fácil seria de- 
cir que estas ideas las han aprendido de los 
misioneros ó navegantes; masen tal caso ¿por 
qué np recuerdan nada de lo perteneciente al 
Nuevo Testamento? Últimamente Honorato Ja- 
quínot, refiriéndose á los Indios Towais, que vi- 
nieron á París en 1845 decia: «He visitado las 
•principales islas de la Polinesia, y observado en 
>sus naturales las mayores analogías con los 

•Americanos La semejanza de fisonomías es 

>para mí la mejor prueba de la identidad entre 
>los Americanos y los Polinesios; pero si tratase 
>de buscarla en sus costumbres, se me presenta- 
>rian una multitud de analogías.» Aunque di- 
> verso el género de vida, hállánse sin embargo 
»en el mismo grado de civilización, son iguafes 
» entre ellos la gerarquía social y la sacerdotd; 
»son igualmente oscuras sus religiones, y es igual 
•también la reverencia que tributan á las tum- 
>bas. Entre los Mándanos hay la costumbre de 
•colocar los cadáveres sobre unos maderos, y de 
•ofrecer manjares á los restos inanimados , lo 
•mismo que se hace en la Nueva Zelanda y en las 
•islas Marquesas. Entre los Asiniboinos y otras 
•tribus se encuentra delante de cada aldea un 
•gran palenque para las reuniones ; lo mismo 
•sucede en las islas Marquesas y en otras de la 
•Polinesia. En la costa de la isla de Pascua se 
•ven enormes peñascos esculpidos en forma de 
•gigantes : en otros puntos de la Oceanía, princi- 
•palmente en las islas de Ualan, se encuentran 
•murallas formadas de enormes masas, problema 
•para los navegantes, y vestigio délas constnic- 
•ciones ciclópeas de que se hallan cubiertas am- 
•bas Américas. Los Polinesios así como los Ame- 
» r icanos tienen una decidida afición a los adornos; 
•píntansecon colores vivos, marcándose con ll- 
ancas la piel; arráncanse los pelos, se rasuran 
•parle de la cabeza, y perforan y estiran el ló- 
•Dulo de la oreja , suspendiendo de ella pesados 
•adornos. En Ualan los indígenas se cubren el la- 
mbío inferior con una Conchita, y la misma cos- 
•tumbre se encuentra en la costa Noroeste de 
•América. El vestido de los principales de Taiti, 
•llamado tiptüa es lo mismo que el poncho i^ ios 
•Araucanos. Ambos pueblos son guerreros, y usan 
•de las mismas armas, ostentando por trofeo la 
•cabellera de sus enemigos. Tantas analogías, 
•que fácilmente podría multiplicar ¿pueden por 
•ventura ser fruto de la casualidad (2)?» 

Hemos aducido tantas pruebas acerca de la 
derivación única del género numano, que creemos 
poder prescindir de contestar á las objeciones 
parciales, diciendo con Baconque: «la armonía 
•de las ciencias, esto es, el apoyo que mütua- 
•mente se prestan, es el verdadero y mas sóli- 
•do modo de rebatir y apartar las dificultades 

1 2 ) Annoaire des voyages 1846, p. 179. 

La identidad de los Americanos con la raza roja de la MaJesia v 
de la India oriental est« demostrada enana obra inglesa de Brafohd 
sobre las Antigüedades ameñcanas, ó indagacfOMs 6obrreÍ orloeu 
i historia de la rata roja : en- la Mafesia de Honwos, artieolo in- 
serto en la Revne oriéntale, r en HHidias disertaciones del Sr. Eí- 
chthalj á la sociedad etnológica de PaH«. Volveremos á hablar de 
esto o«rt.lbro XIV. D¡g¡,¡,ed byGOC 



PRIMEROS 9Jd8MS HARVTADOS. 



)de menor peso ; en tanto que si se van adueien- 
>do axiomas unos en pos de otros , como si se 
yfuesea sacando flechas de una aliaba, se ten- 
>clrá que pelear con cada uno de ellos, y se do- 
»blaráa ó romperán á cada paso (1). 

No he temido ser difuso en este particular, 
porque me parece de esencial importancia, 
DO solo en el orden espiritual para demostrar 
el fundamento de la fe cristiana , esto es , el 
pecado original y la redención, sino también 
en el orden histórico; pues de este conocí- 
miento depende el saber si nuestra raza, con- 
juiode tanta miseria y taata sublinúdad , cayó 
del paraíso, ó se ha ido levantando de entre los 
monos; si debemos buscar meramente el desar* 
rollo de la natena, considerando croe de su refi- 
aamientoproeedentodaslas cosas, ó nienenaltecer 
elioifflo, creyendo que el individuo y lahiuna- 
nidad están destinados á redimirse y á per£ecoi(H 
oarw, reoompoiiíeBdo la descompuesta armomía 
de la eoncieneia; y por último, sí aquellos á 
quienes una política desapiadada llama cnemi- 
ges naturales, son 6 no hermanos nuestros; de 
todo lo cual se pueden únicamente deducir ro- 
elas para la justicia, aue es el fundamento de 
fa Bistoria. ¿De cuan diverso modo no deberán 
fofimlarse los juicios de esta si Moisés, Maho- 
ma, el emperador Cristóbal, Iturbide y Ta- 
ñerían nos son tan extraños como el reno y el 
elefante? ¿euán diversa no será la admiración 
qae ifispiren las instituciones de Manes y los 
poonas de Calidasa? ¿cuan distinta no seiá la 
cMmasion aue se tenga á los Incas y á los des- 
cenmenles de Motezuma, quemados por los Es- 
pañoles, y á los negros comprados y vendidos 
por los Ingleses» suponiencio que aquellos son 
animales efe otra raza diferente de la nuestra? 

CAPmiLO IV. 

Primeros paises habitados. 

Dupou de haber desvanecido por medio de 
los hechos la creou^ia de míe d hombre es un 
ffxmm espontáneamente desarrollado bajo di- 
^^isas zonas, convendrá cpie sigamos aunmter- 
rogándoloB para saber de qué país procedió su 
üaioo tronco. 

Quien deseara saber de donde nace el Nib, 
debena caminar contra su corriente pregimtaii- 
dodepaisen país deque punto vienen aUi sus 
'^^«huea; y de «ate nodo, al través de sus infr- 
nitas tortuosidades, de bosques, arenas, deaa^ 

Kaonea y cataratas, se iría acercando á las 
tes. fiste mismo inétodo conviene adoptar 
^^^^9^ del curso de las naciones. Si pregunta^ 
■os á los pueblos de Ewopa de qué punto pnh- 
VKnen, nos responderán unáttimeniente que de 
An^ Conocemos indudablemente el origen de 
muctesde ellos ; y esludiando las antiguas emr- 
«'^cnnes y los lestos de ios destruidos idiomas, 
noHrfo vemos (pie losCeilfts, Cimbros, Esclavo- 
nes, (,alos, 6irnMmDs,Lapones y Fineses prooe- 
«J de Aáa, sino que aeialamos él imesto que 
««oa «ocíemelas oenpé oi las ínmediadones del 



(1)JD»« 



.«c/M/.M.VII. 



39 

mar Negro, en la Tartaria , á ortUjas del Ganges, 
ó dondequiera que se encuentran vestigio^ de su 
idioma. Si de los demás no podemos dar tan fusfr 
tuales noticias , por lo menos vemos que todos 
por sus tradiciones se remontan hacia elÓriente. 

A tal punto de barbarie ha llegado el África, 
y tanto tiempo ha permanecido la América re- 
parada de su tronco , que apenas e$ dado co- 
lumbrar semejanza entre estas do^ ramas; sin 
embargo, ya hemos demostrado algunas, y lo 
poco que aim subsiste de sus tradiciooes in- 
dica una procedencia exterior y de las regidos 
de Asia. 

Quien vaya luego siguiendo tos matices diel 
color del cutis, se convencerá mas y ma^ de mm 
los Africanos pix)ceden del Asia Meridiois^» y los 
Americanos ae la Oriental. 

En Asia por el contrario lodo revela una suma 
vejez. AUi es donde aparecen los antiquísinjios 
idiomas, que bajo formas inalterables y motódi^ 
cas encubren la palabra bajo la sombra misterÍQT 
sa del geroglifico y del $ínU>olo , y á los cua*? 
les se apiñan como sobre un núcleo todos Iqs 
restantes del mundo. Si se pregunta de donde se 
sacó el modo de ^ar la palabra, la Grecia se 
confesará deudora al Asia del alfabeto que en- 
gendró todos los demás: de allí vinieron lo^ 
guarismos , de allí los conocimientos astronón^i^ 
eos y los gérmenes de civilización ocultos en las 
cosmogonías; de allí las doctrinas filosóficas y 
religiosas que ilumip^qn ó deslumhraron ft 1^ 
humanidad ; y allí vereqios acudir o/oa;^ á una 
fuente, á cuantas sabios han ilustra lostÍQgi«» 
pos antiguos. 

Si de estos instrumentos de la civilización pa-^ 
saoM)s á la civilízacioQ misma, la veremos afiarc- 
cer primeramente en Asia, y desde allí difundirse 
portodas \»a deiiiá^ partea del mundo. $u j^ri^nera 
manifestación es el dominio sonre los animales. 
Pues bien, la mayor parte de aquellos que ep 
el dia rinden vasallfye al hombre, vjigan aun 
montaraces pqr el coras^on del Asia: las mon- 
tanas que la atraviesan fion el país originario 
del búfalo, del toro, de la danta de que prqce- 
den nuestros rebaños; y del antílope y la j^acela 
de cuya unión descienae nuestra cabra. El reno 
salta por las elevadas cimas que limitan la Siber 
ría por el Oriente y en la cordillera 4^ los 
montes Urales: el camello vaga errante por los 
dilatados desiertos (|ue piedian entre el Tibet y 
la China ; gruñe el jabalí en los bojsqfifv» de en<- 
cinas y hayas que Hombrean la parte «tas tem- 
plada del Asia, y en cuyos puosos troncos habi- 
tan también el gato montes, y el chacal, primitivo 
origen de nuestro perro (2). 

El hombre llevó en pos de sí -¿i, estos siervos 
que le dulcificaron un tanto la seotei^cia de te^ier 
que g«inarsa el pan con el sudor de su rostro: 
animales cuyas razas alMUKbMi á proporción 
<pie el viajero se va acércala al As^a, y «se- 
sean á medida que se separa de aquellas rc^o^ 
oes. La Nueva Guinea y to Nueva Zelanda no 
wseen mas que el perro y el cerdo. La Nueva 
Caüfornia solo tiene<el primero de estos dos, y ^ 



( 9 ) Los natqralUtjtf nod^raos bav 4eiD9^do que la 
del pcr^o, ^ue ái BafTon , es un soeno cquo otras mi 



ip^alqgia 
laidevQs 



so 



ÉPOCA PBmuu. 



América en su vasto dominio no tiene mas que 
el guanaco y el llama. La misma Europa no cuen- 
ta como suyas propias sino 15 ó 16 familias de 
los animales aue viven mas inmediatos al hom- 
bre, comprendiendo entre ellas el ratón y otros de 
su especie: todas las demás las ha traido del Asia. 
En este país es en donde aparecen aun en toda 
su nativa hermosura: en ninguna parte se lanza el 
caballo á competir con el viento en ligereza como 
en la Arabia , ni el camello presta con mas pa- 
ciencia servicios de consideración al hombre : los 
poetas comparan á sus héroes con el asno silves- 
tre y el doméstico: los rebaños, la cabra de An- 
^la, el argali y el macho cabrío silvestre, no 
tienen rivales en ninguna otra región : y allí ha- 
ce siglos que el elefante, si bien como individuo, 
no como especie, es esclavo del hombre. 

T de qué importancia fuese la conquista de 
los animales, puede inferirse, considerando lo 
que serian la agricultura sin el buey y el jumen- 
to, el desierto sin el camello, el ¿amschadalo 
sin el perro y el Árabe sin el caballo, á cuya 
falta se atribuye la inferioridad del Americano. 

No debe perderse de vista que el hombre no 
ha conseguido desde aquellos primeros tiempos 
domesticar otrosanimales, por mas queenel Nue- 
vo Mundo haya hecho ensayos con el puma, el 
cuguar , el cnischí y el tapir. 

Pasemos en silencio la América , donde las 
lianas, enlazándose de uno á otro árbol secular, 

Earece que oponen una impenetrable barrera á 
t civilización, ofreciendo seguro asilo al boa y 
S otros monstruos semejantes; no hablemos del 
África donde la incesante llama del sol, y los 
desnudos arenales ,a^itados de cuando en cuando 

Eor el simún , inutilizan los trabajos del hom- 
re; y consideremos que la misma Europa aun 
en los tiempos históricos, era inculta y silves- 
tre. Las primeras memorias hacen mención de 
pantanos, de fieras, de bosques donde se ejer- 
citó el valor de los Hércules y Téseos que vi- 
nieron del Asia. ¡ T cuan escaso de frutos no fue 
naturalmente nuestro terreno! Todo es artificio 
de ingertos, de calor y de abonos, mientras cpie 
én Asia nace espontáneamente el trigo; adquie^ 
ren los racimos el sonrosado color sin necesidad 
de cultivo; y el olivo , la higuera, el meloco- 
tonero, el moral, el cerezo, la cana de azúcar, 
el café, el naranjo, el nog:al, el castaño y el 

Sranado ofrecen sus exauisitos frutos con pró- 
ifi^ abundancia entre ios delicados perfumes 
del jazmin, la rosa y otra multitud de flores 
de colores los mas vistosos y variados. Los Eu- 
ropeos no hemos perdido aun la memoria de la 
época en que hicimos la adquisición de muchos 
de estos vegetales y los aclimatamos en nues- 
tro suelo, trayéndolos de la misma tierra de la 
que nuestros antepasados aprendieron el modo 
de dividir y computar el tiempo , los nombres de 
los dioses y los símbolos con que poblaron el fir- 
mamento. 

Las pirámides de Egipto han cesado de pare- 
cer las mas antiraas desde gue llaman la aten- 
ción las ruinas de Persépolis , y los inmensos 
hipogeos de la India; prueba de la anticipación 
con que allí se cultivaron las ciencias y las artes. 
¡Que hombres debian ser aquellos que levan- 



taban ó socavaban tales construcciones! ¡qaé 
pueblos aquellos los que merecieron oir los acen- 
tos de David, Viasa y Homero! ¡qué vigor de 
entendimiento no necesitaron para inventar aque- 
llos sistemas de filosofía, en los cuales siempre 
se encuentra, ó aplicado en la práctica ó cubier- 
to con el velo de las ficciones y de los emblemas, 
el germen de cuantas brillantes hipótesis , me- 
tafísicas sutilezas é infi;eniosas teorías han inven- 



tado los sabios y estadistas! ¿Quién ¡xMlrá creer 
que tan estupendas maravillas sean informes y 
toscos ensayos de una generación, que acaba de 
enderezarse sobre sus dos pies , y de dejar el há- 
bito de sus inclinaciones ae mono y sus nativas 
selvas? 

Como antiquísimos figuran el lujo oriental y 
por consiguiente el cristal despotismo. Está tan 
consolidada la constitución secular de la China, 
que los mismos vencedores doblan la dura cerviz 
a su yugo. Aun conservan las castas de la India 
la huellas de los reglamentos civiles y religiosos, 
que por siglos y siglos gobernaron al mas pacífi-* 
co de los pueblos; y la estabilidad y duración que 
aquellas naciones procuraban dar á sus monu- 
mentos y á sus instituciones , se parecen á la con- 
fianza de un joven que edifica loque espera gozar 
por dilatados anos. Monarquías pacíficas ó guer- 
reras hallamos á orillas del Tigris y del Eufrates, 
éntrelos montes de la Media y en las riberas del 
Nilo , apenas empieza á hsdilar la Historia; las 
cuales tomaron luego parte en los sucesos de las 
naciones de Occidente, y prolon^ron su influen- 
cia hasta en la moderna civilización. En las mis- 
mas alturas de la Tartaria vemos que la desen- 
frenada libertad de las hordas se combina con el 
despotismo de los Kanes , forma del mas antiguo 
réf imen feudal. En una palabra, data en km el 
gobierno monárquico de una fecha tan remota, 
que los pueblos se han connaturalizado con su 
idea , de modo que el rey de Siam no hallaba 
medio de contener la risa cuando oyó decir que 
los Holandeses vivian sin rey. Este gobierno se 
encuentra también establecido en las demás par- 
tes, conforme mas se acercan al Asia ; y la tiranía 
que pesa sobre África en los puntos que confina 
con esta , vá disminuyéndose hasta parar en un ' 
gobierno patriarcal entre los Cafres. Asi es como 
en el océano Meridional se ven brillar el lujo, las 
artes, las manufacturas v la monarquía, a pro- 
porción que se avanza hacia el Asia : la América 
en sus extremidades no conocía el gobierno mo- 
nárquico, en tanto que una mano extranjera lo 
había planteado en Méjico y en el Perú. 

Ni América, con sus volcanes, que aun arden, 

Jcon sus pantanosas llanuras , ni África que de- 
ió tardar mucho tiempo en sacar del fondo de 
las aguas sus desiertos arenales , pueden aspirar 
al honor de haber dado el primer asilo al último 
y mas predilecto fruto de la naturaleza, al que 
constituye el vértice de la inmensa pirámide de 
la creación. Debió, pues, el hombre, como tal, 
ser colocado en el centro de las mas poderosas 
fuerzas orgánicas, en un país sobre el míe la 
naturaleza hubiese derramado á manos llenas 
sus maravillas, donde el mas vasto continente se 
extendiese entre los mas encumbrados montes, 
en una palabra, en el corazón de Asia. 



PRIMBR4^S SOCIEDADES. 



31 



Si se pregunta sobre este particular á los mis- 
mos Asiáticos, responderán que proceden del país 
circundado por el Caspio , el Mediterráneo , el 
Golfo Pérsico y el Arábigo. Los Chinos colocan 
su primitivo origen en la provincia de Chen-sí al 
Noroeste; los Indios al Norte de los montes Hima- 
layas» esto es, en laBactriana, limitrofe de la 
Persía que confina con el país central. La Meso- 
potamia es la región mas mediterránea, y en su 
elevación debió el reciente diluvio haberla dejado 
rica de humedades y de aauella fertilidad que 
el largo transcurso de los siglos ha ido agotando. 

CAPITULO V. 

Primeras sociedades. 

Cuanto acabamos de exponer destruye por 
completo la aserción de los que suponen, cpie el 
hombre nació meramente dotado de sensaciones, 
y que el acaso y la necesidad lo fueron desper- 
tando de la inioécil inercia en que dormitaba. 
Bajo el peso de apremiantes necesidades jamás 
el hombre bruto habria inventado sino lo que le 
hubiera importado para satisfacerlas. Siendo esto 
así, ¿cómo habiade hallarse tan universalmente 
impreso el sello de las creencias religiosas ? El len- 
guaje de estas es el mas antiguo en todos los 
pueblos ; los informes ensayos de civilización, 
que entre los pueblos mas rudos encoutramos se 
refieren siempre á un culto; y con himnos acom- 

Sanan las danzas y cánticos de las solemnida- 
es, himnos cuyo sentido no comprenden las 
mas de las veces, y que por lo general están 
fundados en la reminiscencia de un mundo pri- 
mitivo. 

No: el hombre no podia elevarse hasta la 
razón sino por medio de la palabra, ni adquirir 
esta sin observar la unidad en la multiplicidad, 
lo invisible en lo visible , y el efecto en la causa, 
esto es , sin hacer uso de su razón : círculo vicio- 
so que se reproduce siempre que se discurre so- 
bre los principios de la humanidad. 

T se reproduce también en la idea de un con- 
trato social, por medio del cual, los hombres, re- 
dimiéndose ae la condición délas bestias, contra- 
jesen el primer lazo de la vida común. Si fuese así, 
¿por que razón no habrían de hallarse pueblos 
sin habla, ni razón, ni moral? Por el contra- 
rio, todas las historias nos demuestran oue el 
hombre las poseyó siempre mas ó menos desar- 
rolladas ; de modo cnie podemos creer que cons- 
tituyen el fondo y la esencia de su naturaleza, 
y que son anteriores á la razón especulativa, que 
nunca habria podido hallar un modelo perfecto 
para los casos prácticos. 

T en efecto ¿cómo podrían convertirse en de- 
beres los lazos del matrimonio y de la paternidad 
sin que el hombre comprendiera los bienes que 
de ellos redundan y el medio de sdcanzarlos? 
¿cómo puede formarse una idea délos beneficios 
de la sociedad quien nunca los ha probado? 
Para que los hombres convinieran y quedaran 
comprometidos en un pacto social , era preciso 
que poseyeran un lenguaje común para enten- 
derse; formas de contratos , asambleas y repre- 
sentación; es decir, que estuviesen ya ligados 



Sor los vínculos de la sociedad. Además, ¿conque 
erecho aquel puñado de hombres habría podido 
obligar á la sucesión entera del género humano? 
¿ qué sanción autorizaba su pacto , si todo se 
fundaba en imágenes mudables , y en inconstan- 
tes abstracciones? Finalmente, si este pacto fue 
llevado á cabo con el objeto de obtener la felici- 
dad , ¿no jKxiré yo siempre que rae sea gravo- 
so rescindirlo con el mismo derecho, y volver á 
llamarme libre? 

Pero ¿es libre^l hombre en las selvas , donde 
no tiene compaSía, ni puede por lo tanto dar 
curso á sus afectos , ni aun siquiera usar de la 
razón , la cual solo en la sociedfad y por la socie- 
dad se desarrolla? ¿Es libre, donde to:!os tienen 
derecho á todo , lo cual perpetua la guerra? ¿ Es 
libre , hallando á cada pasa impedida su acción 
por las fuerzas de una naturaleza á la cual toda- 
vía no sabe sujetar? 

Si los bosíjues y jas cavernas, y la vaga ve- 
nus, y el vivir a modo de fiera son el estado 
natural del hombre, no podrá menos de conside- 
rarse como vicio esa desviación de tales condicio- 
nes que llamamos sociedad v progreso ; y las 
ciencias y las artes lejos de afanarse por hermo- 
sear la vida y hacer mas agradable el consorcio 
civil , deberían emplear su industria en hacer re- 
troceder al hombre á aquel estado primitivo que 
es la naturaleza y la libertad. Consecuencia ver- 
daderamente Iónica, cuyo absurdo bastaría para 
desmentir el principio : como basta la Historia 
para negar que el hombre haya inventado el len- 
guaje , la religión y la moral. El estado salvaje 
es, pues, no ya el principio de la humanidad, si- 
no una degraulacion , una degeneración hacia la 
naturaleza animal, en perjuicio de la naturaleza 
moral. Y que semejante decadencia hasta el com- 
pleto olvido de todo elemento de civilización es 
posible , lo vemos todos los días en América , y 
principabnente en el Brasil , que tiene países de 
prodigiosa fecundidad en los ganados, donde la 
vid dá tres cosechas, los bananos y naranjos están 
todo el ano cargados de frutos, y donde sin em- 
bargo los hijos de los Portugueses se encuentran 
reducidos á un estado brutal , sin contratos nup-« 
cíales, sin moneda, sin sal, y casi sin vestidos 
ni religión. 

Noiue, pues, la sociedad civil formada por in- 
terés ni por adquirir nuevos goces , sino por ne- 
cesidad, para mudar la vida de hecho en vida 
de derecho, y para impedirla destrucción de la 
especie. No deprava al hombre , antes por el con- 
trario, constituye el único estado en que le es po- 
sible encontrar la luz que ilumina su ignorancia y 
la norma que arregla sus inclinaciones: no es vo- 
luntaria, ni consecuencia de una casualidad, sino 
obligatoria, y derivada de la naturaleza misma 
del nombre : ni quien tenga discernimiento podrá 
decir que el hombre renunció en parte á su li- 
bertad cuando renunció á la facultad de dañarse 
y destruirse ; cuando consolidó la justicia , ó sea 
la segundad del derecho de cada uno, y del bien 
moral y físico de todos ; cuando adquirió, en fin, 
aquella libertad que consiste en la facultad de 
poder cada cual dirigirse á sus fines. 

Ta en el paraíso el primer hombre había re- 
cibida el encargo de custodiarlo y labrarlo, como 



DOCA pmiiiiu. 



si de este nédó se le hubiera dado á efiteiider 
que el primer destino de nuestra especie es la 
lucha y el trabajo. Estos se aumentaron por vía 
de castigo euaMO el honbre cayó én el pecado: 
castigo de padre, ^ifes el trabajo conlribuye & 
kt sahid y al Bienestar , perfecciona al hombre, y 
le da lá conci^cia del ser y del vigor, que se con- 
centra en el esfuerzo que hacemos para mejorar 
de estado y gozar aquella felicidad, que mas 
bien es un sentimiento tranquilo , que una tu- 
BMltuosa eonciuista. 

No concuerda tampoco con la Historia el su- 
cesivo tránsito imaginado por aigmios de la vida 
pastora á la agricultura, y de esta á la indus- 
tria y al comerció. Las dos primeras las vemos 
nereidas apenas el hombre fue condenado á vivir 
<fel sudor dé su rostro. El fratricidio llevó á los 
descendientes de Caín lejos de las tiendas patriar- 
cales: los Cainitas multiplicaron t establecieron 
chidadesdonde se desarrolló la industria; de mo- 
do que á la sexta generación del homicida ya se 
cultivaban las artes metalúrgicas y se conocían 
instrumentos níúsicos. Habiendo vuelto luego el 
género humano á consecuencia dd diluvio á for- 
mar una sola familia, se conservaron en ella las 
artes primitivas, y Noé hie agricultor y artesano; 
pero a medida que los hombres se frieron espar- 
ciendo por la haz de la tierra, cada cual vanó de 
industria según los lugares, atemperándose á la 
necesidad, v descuidsuodo el ejercicio de lo que no 
servía para lasatislaccion de susaecesidades. Por 
esta ratón vemos al Negro trephr á ios árbdesmas 
altos y á las rm^as mas ei^guidas; al Groenlandés 
lanzar con seguridad el harpón contra los cetá- 
ceos ; al Samoyedo luchar con el oso blanco ; al 
Canario perseguir saltando de roca en roca á la 

{gamuza; á la Tibetina llevar á los extranjeros á 
as mas elevadas cumbres : éada cual , en fin, se 
nos presenta acomodándose á las exigencias del 
suelo en que se estableció. Quien no ve otra 
belleza mas que la de los animales, se pinta el 
cuerpo .y se pone crestas , caemos y cola : el ca- 
zador se viste de pieles : el Americano se adorna 
con plumas de sus aves á las tóales la naturale- 
za prodigó gran rioueza de cobres oomo en com- 
pensación (fe haberles negado la meiodia del tan- 
to; y el habitante de las Marianas teje la corteza 
de la planta. Por ott« Inirte j (Até diferencia entre 
el coinercio de los Ingleses y el de los Chinos, en- 
tre el Lapon pastor dre renos, el Árabe de came- 
Ikm, el Peruano de llamas, y d Moffd de t)Otros! 
Nacieron pues y sedesarroHaitm tas inoustrias 
con aiteglo á los terrenos, peit> la agricultura 
Ve la que mayores hlteraoionc^ introchijo en la 
constitución Inorál. Porque el hombre después 
de haber trafagado y beiiimido unoampo, quiere 
seguir pate á pasó^süs éspcraAzas, y piara eso 
cbnstruye uha cacía al hido de la herectad. t)e 
aqui va desarrollándose naturalmeilte aquel pb- 
d¿t^sO seirtimienü) büe ilaman abor patrió; y 
de la eálabilidád de (os hogares traen m origen 
las ftociedades civiles. 

. Cuando Adam al ver á la oómpaBera que Dfos 
le había (bráiado, exclamó : £9to es katiSó 4e 
mu huesos v tome de mi carne : se lldffhtíM 
e(m^felhonanrp<n'fitedHkmn!brefúesacf^ 
f el hHnbré iegettú á ik ^aére^ 4 su H^tíAlte y 



se unirá á la mujer, eamo si los das no forma-^ 
sen mas t[ae una sola carne , quedó puesta hi 
primera piedra del edificio social que ha durado 
al través de todos los siglos y revoluciones, y míe 
puso la sociedad doméstica por base de las de- 
más sociedades, de modo que estas debiesen 
prosperar ó desmayar según aquella fbese res- 
petada ó se relajase. 

Una autoridad establecida en aquellas socie- 
dades , es un hecho natural , más bien que una 
necesidad. El padre gobierna la numerosa prole, 
sm magistrado ni ejecutores , no mas oue por la 
fuerza de la conciencia , del respeto, ae la gra- 
titud y del convencimiento. Creyendo en Dios 
lo sirven en el amor al prójimo: la fidelidad 
conyugal abre el campo á (as mefables dulzuras 
del matrimonio y á sus consiguientes afectos: 
vivo es d amor de familia, prínci|>aImeMe en 
las madies, y vivas son his amistades cuanto mas 
estrecha sus vfncuiós ht necesMad. El amor á 
la fomilia es anejo al de la propiedad, y al de 
esta el del pais ; y el amor domestico se extien- 
de de este modo á toda la tribu. 

La idea de un poder hereditario, absoHito, so- 
bre vidas y haciendas , no podia caber en la 
mente de aqueHos hombres mientras duró el go- 
bierno patnarcal. Ni aun en el último período 
de este , cuando lá asociación se ligó por un 
pacto ó por funciones.confiadas á un hombre solo, 
ó á unos pocos , era conocida la autoridad here- 
ditaria. Formase una partida de cazadores para 
verificar una expe<ficion , y necesitando uno que 
los dirija, cfijen al mas diestro y le obedecen por- 
que asi lo creen oonv^iente , refiriéndose tam- 
bién en sus disensiones á la deci^ioh del que re- 
putan por mas sabio y honrado. A este juez , á este 
caudillo, dejarán acaso por gratitud la autoridad 
mientras viva , pero no el derecho de trasmitirla 
por herencia. La fuerza de los conquistadores, 
10^ vicios de los vencidos , fas pasiones, la edth 
cacfon y un sapuéstb derecho divinó dieron se- 
üores á la raza fmmana en los siglos sucesivos; 

Ero la Providencia éolocó lá felicidad de aque- 
, nteis alta míe d influjo de las t^ntrn^encias, 
pudiendo el pobre ser fehz, y libre el csdavo en- 
tre Sus cadenas, y cada uno dirigirse, cualquiera 
que sea d óhién de cosas , al perfeccionamiento 
individual y común. Entonces fue cuando la au- 
toridad pafriarcal se reprodujo en la metropoli- 
tana, pasando una cmoad á ser cabeza de otras 
muchas , así coiho ún padre había áido tabesa 
dethuéhaslkiiiiHas. 

Creyeron algunos que Dios haWa establecido 
la servidumbre, cuando Noé hiáldici^iUIo á Ca- 
naan le dijo : Tú serús ekcldvo de Jufet. Pero 
aquisehabladeunadepéndé)jtcia<dedoniinio, no 
dé una inferioridad' de cohdkíóh , como éfs, enten- 
dida por los antiguos la esélavftud. late horri- 
ble anuso de ht ittérza nb pudo nac'idr kMo de 
la arrogancia délos conquistadores, qué ¿onvfr- 
tieftdo en deíéchbla victoria, se cre^crtnWWoti- 
feadbspai^ extermiilár á lys vehciaós, ó por le 
iamm pSLYh conservarlos pSLTSL su prtpia utilidad 

¡Tan *ncH16s fueron tts brilírtpws pollticoí 
dMiiiué^góIipérnábálasociéátd humana, reuni- 
da áun en lasllanums ddSfenaar! Bábiéttdbsí 
liifigo mMtipHéádbpi^igioBamenfe, péttóóte es- 



PlUIBIliIS SOCnCDADES. 



35 



taMecer una cmitralizacion social c[ae encamiiia^ 
se á n protióBito coiiiiui tos esfiíenos de todas las 
Crílms; pero ya el e^isno levantó la cabeza : fat 
torre qn dehm servir para la uaiim, se convirtió 
m foco dt oofllüsicm ; los pueblos se dividían», 
y Dios poso entre eúos una naeva barrera con 
la vaii<Mlad de las lenguas. 

Los ifldüstíríosos desoendieMs de Cam pobla- 
ron la Siria, k Arabia , algunas camaTcM entre 
el Eufrates y el Tij^ris, y por el isüuo de Suez 
penetraron en África y en tos islas de los ma- 
res del Sur. Estos conocieron la nidustria, la 
ciencia y la civüítacton en un grado snbKme; 
peto su iámeasa depravación moral é intelec- 
tual tos amsM á «m prcrákada decadencia» 

La rasa ée Sém permmdó tá él Asia ^tre 
el Eufrates y ei Océano IndioD , exteodiéndooe 
desde aW á una parte de la Añria y Arsdiia al 
Oeoídeiitedeai|udno$]ue^ andandoef tiempo, 
enti* en América por el memo easuno por do»^ 
de en#an todos tos aioe tos Ghidctos ^ van 
á pelear con tos Americanos de fai cosía del NV 
loesoe. iíosSemílas fue aparecen desde retto- 
ftaÍÉBs lieiipos mas mstruidtfB , conservaron las 
oraAtotoAes de les patHareas, tanto resaccto d^ 
to. eíeacia hulnana, como em relación á ios éog^ 
fias reiiffiosos. (¥). 

kigb mas ruda, pero menos corrompida b 
deoceÉdenoto de Jafiet, quepudo participar de las 
vamajas de tos pueblos «né se baiblam rievade 
naamádamente á la dvmzaojon, se dirigió bar- 
cia d Norte, á las islas del Mediterrtaeo y á 
fliaépa, eiltemliéridoíse c^siderablementé y 
fMelraado hasta laa tiendas de soa kerma^ 

Mas did mismo modo que la materfli al prin- 
cipto fermentó en continua lucha hasta con^^ 
f|mstar el actual reposo, aM los bondii^ fue- 
ron eihigraado de nsgtoa en región, otates de 
^establecerse ; y en ai|uel tránsito se mezclaron y 
oonlimdtoroii,*de manera que «o siempre la His^ 
toña tiene á mano recursos pbra dist^iguirloa. 
E^tooonseguirá ta«lo mejor cuanto mas se vtt^ 
ya icMrando la historia é4 Asia antigua , gero»- 
«ifieodel cuad hasta el preMite son muy pocos 
tosiM{SKos'ifoehau Itogado á dilucidarse. 

Si "ta ttiito «Mevemos áirttoir á la 4^^ 
Mlígií4fthé6 tiii!rití6tfca(s 9e 4(ie ya bitoos Imv- 
btoda , <m«m^s descender , pariendo de te Me- 
UjpMsmh y de tos ooidHleras del Ritnalava , de 
tos MlUis >f tos Utule^la raka blanca por dos di- 
fccdottes al Occidenítey la amarilla al Levante, 
sabdHvMtoilIose aquella en las feotones del Su^ 
doeiie> délOeste y del Noroeste, y la otra en 
toaiagtontesdel Sste , del Nordeste y delSudesie. 

Los blancos de la región del Sudoeste faetón 
ttomádés Irnto^-Bimpem , áumonsa estirpe «x- 

wtñsk wBolBA mmOfpét 'j rectnMaéino él méRn) <re otros Ttspttr 
t» á 1H TUn49 €am y de SK, «{ gbn ftsáüiíx si««i6 te narcha 
de iNileideDdieDtes de hfet mediante lar tradición de todos los ^' 
Ües.'4>fi^^ ndo ma» hr^ tos fniíah^'qlfe de acfftenos 



elaf«ail#B aM irMe oír la flipftMImí de n slsteala , . 

M iMldeieit jtalsevlcofdta , .un ticcetort* 'SgMneNMtefto: y 
¡aydelos ifiie pretenden descoaponerio por Inteieses purameote 



tendida desde d mar d^ la India al Attamtico, 
desde Ceilan á Irlanda. Una parte de esta, pd)l6 
la India , dando origen á los modernos Benga- 
leaes , Siks , Maretas , Malabares , Tamules, 
Telingos, MMotos 6 Indo^urcos, Zin^ros, Cin- 
galescB, y á los habitantes de tos Maldivas; en 
tanto queotra parte déla misma ocupó la Persia, 
de d<mde proceded los Paruoe y Partos antiguos, 
y losmodmios 6Ud>ros, Persas, Cuidos, Bu- 
oareses. Afganos, los Betoscos limítrofes suyos 
por la parte de la bdia, y toa (todas del €au-^ 
caso (2)^ Desde remotísíÉtos tieums to Bidia se 
nos pmenta divíiMa en Inan y Turan , esto ^, 
paisdelaltanmrayddnMmte, yestosehaltooc*^ 
pado por la estirpe índo**persa que se denomina 
ue tos SsRÍB ó mistas, los cuales se dtfundíerou 
ampüameate, ^ paitícular «on to rama de tos 
GeUas ó Cimbres. 

Desde tos Altáis al Cáucaso se protoagarou 
ameflas estirpes que púdranos denomuar Cati^ 
edroas, de toe cuetos to mas poderosa es to 
Turca , con sus variaciones de Uiguros, Turco^ 
manos, Usbeb», Seiydcidas y Otomimos ; des^ 
mea sig«e la tana Armenia eaire el £ufrÉites y el 
Caspto, y eitm este y el mm Negfo to OMr«- 
gíana. 

En to opiesta pemüence del Hímahya, al 
frente de toda to estirpe amurilfo é sea Indo- 
Ohina, está to fsmniia ée la CMn^ á cuyo rsde- 
dor se agrupan tos Tibetinos, Bínaanes, Pe- 
guanos. Siameses y Anamitas ; y en tos ptovas 
^1 mar Amarüto loe Coreanae y tos iadusirieiMs 
japoneses. 

Al Occidente del Asia^ euttie el Eirfrates, el mar 
ftojo, el golfo Pérsico y el Merittenráueo , se eo^ 
«aMedó la éslit|ie Smátieá 6 Cátitá dtvidMa 
yaen tos cuatfo faiaas de tois AriHoto , é quieues 
pert^iecian los fiasteres de to Caldea, tos goer^ 
t^os de Babitonto y de Níuive , tos Medos y tos 
Sirtoe ; de los Bárreos coa les Canamoas, Feni^ 
dos y Cartogmeses; de los Árabes y de los Aln- 
stoios. 

Por el Oriente de A^iá, andan errantes ios 
TdtUsrm, divididos mi lus dos familias de los 
Mogoles, tenror de Asto y Üuropa; y de Iob 
Tuugusios, de ^los cuales mos 8<$d ni^miidus y 
estAn tombicm bajo el domiato de ftusia , y los 
otiK)S son dveSos de la China coa la d^omma- 
ciou de Mmic^ds. 

6&iTt tos hieYes de Nordeste se halla estable- 
t^ido el grupo Siberiano, Ú cual se divide en 
Samoyedos, <^e haMtmi tos t^fas del marola- 
ctol , Co#iei!06 , Gailseos, Kamsebádalos y €uri- 
líanos, i?ayias ^ibu^ oct^an to ultima extremi- 
dad oüeatil de TRÑSsm gtobb. 

Laee»o^, y «^ialmemeM^^Vásdel Me* 
díterrAneo son to tieita qée la Pibviaeuda des- 
ffaió con pretomicto jpara desaitollar los gérme- 
nes de to elvílieactoii. Su suéto es tau propicio 
Pra la agriddtara, como poco á ptoposito para 
caza y to vida pititorlli y su raza es to mas 
dispuesta jHLta^l dosatvolto intelectual. En Asto 
^ teott^ltuyerou tos sededades ; pero soto eft 



( S ) AoBLUitDG, mtkrídtfer, Balki, Atiés etnográfico, Klaprotb, 
A^ ly (jf ^^*^i 4!j;^EiCBiorr, PoraiMe ae$ Lanfuetée t Europa 



34 ÉPOCA PRnacRA. 

nuestras regiones se eleyaron á la libertad do- 
méstica y política, y al conocimiento de los de- 
rechos. Del Asia vinieron las invenciones; pero 
en nuestro suelo recibieron el mayor incremento: 
aqui llegaron las artes auna insuperable altura; 
aquí la fuerza de creación se dio la mano con 
la critica, y la imaginación se hermanó con la 
filosofía ; y si allí hubo grandes conquistadores, 
solamente aquí florecieron los insignes capitanes 
que organizaron el arte de la guerra. Los iberos, 
reputados como pueblos algo diversos de la raza 
India, y con mas afinidad con la Semítica, habi- 
taron aesde antiauisimos tiempos la península 
mas occidental, llegando á ella acaso 'por mar 
desde Italia, y általia desde la Iberia Asiática (i) 
y dando origen á los Turdetanos, Lusitanos y 
Cántabros Españoles ; á los Aquitanos de la Ga- 
lia, á los Ligurios de Italia, y á los Vascos. El 
idioma de estos que hasta ahora se consideraba 
como de familia diferente , se reduce taml>ien á 
la clase de los indo-europeos, y según Edwards, 
es análogo al celta. Esto tienae á desvanecer la 
ilusoria diferencia , cuanto es posible entre aque- 
llas remotísimas tinieblas ; y en tal caso puede 
dedrse que los Iberos pertenecen también á la 
gran familia Céltica que quizá es la misma que la 
Escita y que con el nombre de Galos y Cimbros 
se estableció en la Galia. Allí los ri meros dieron 
origen á los Ecuos , Secuanos y Arvernos, y se 
difundieronpor Italia con la d^ominacion de Um- 
bríos, y en Bretaña con la de Graleses; mientras 
Se los Cimbros, conlosnombresdeBoyps, Belgas, 
móricos y Bretones arrojaban hacia el Sep- 
tentrión álos primitivos moradores*, hasta que, 
habiendo sido subyugados, no sobrevivieron mas 
que en los Galeses de la Escocia é Irlanda, y en 
los Bretones del país de Gales y de la Bretaña 
francesa. Cierto es que los nombres de Iberos, 
Ligurios y otros semejantes figuran en paises re- 
motísimos hasta en la Hibernia por una parte y 
entre los Ligurios del mar Ne^ro por otra, donde 
los coloca Scillace; pero deben tomarse como 
nombres genéricos , distinguiéndolos luego en 
Ligurio-iberos, Ligurio-itálioos , y asi á este 
tenor; porque la llegada de otros pueblos los em- 
pujaba cada vez mas hacia el Occidente , mien- 
tras que en las islas se confundían todos en uno. 

En la Europa meridional entre los Alpes y el 
Emo, el Mediterráneo y el Mar Negro, y en el 
litoral del Asia menor, se estableció una pobla^ 
cion india, conocida con el nombre de traeos 
Pelásgica ó Romana. Parte de esta última, {ta- 
sando el Tauro, ocupó en el Asia menor la Frigia, 
la Lidia y la Troade , y habiendo atravesado el 
Bosforo, se fijó en laTracia; mientras la mas 
antigua penetrando en la Tesalia, se establecía 
en la Grecia y el Peloponeso con el nombre de 
Pelasgos ó Helenos, y posteriormente con los de 
Eolios, Jónios, Dorios y Aqueos, extendiéndose 
también por las islas y el continente de Italia, 
donde ya otros de la misma familia habían Ueva^- 
d3 la civilización, llamándose Óseos, Toscos y 
Latinos , y reuniéndose todos posteriormente bar- 
jo los estandartes y el nombre de Roma. 

Los Indíh-Persas, que siguieron^ los Celtas, 

(1 ) Hornumi. Losibcntcn OedácnU y OrmUÍUiVÚ% 1S38, 



entraron en Europa por el Cáncaso; y caminando 
contra la corriente del Danubio , parte ocuparon 
el centro de la (jrermania, formando las tribus 

Serreras de los Teutones, Suevos, Francos, y 
imanes ; parte costeando el Elba dieron origen 
á las de los Sajones, Frísones , Longobardosy 
Anglios ; y parte , siguiendo el curso del Oder 
y las costas de Báltico, tuvieron por descendien- 
tes á los Escandinavos y á los Godos. 

También es de origen indio la familia edam, 
que al parecer entró en Europa poco después que 
la germánica , ocu^ndo palmo á pahno los ter- 
renos que esta había dejado desiertos, hasta que 
se situó en la vasta llanura que se extiende desp 
de los montes Carpacios hasta los Poyas , y desde 
el Báltico al Mar Negro. Viéndose luego venci- 
da y derrotada, se replegó hacia Oriente con las 
tribus de los Sármatas, Roxolanos, Zecos, Ve- 
nedos, Pruczos, y actualmente se halla dividida 
en tres principales ramificaciones , que son los 
Rusos é üirios ; los Polacos, Bohemios y Vendos, 
y por último los Letones y Lituanos. 

jBxtrana á la India, y pariente de los pueblos 
del Noroeste de Asia, es al parecer la estirpe 
urálica, empujada porlaEslava háciael Septen- 
trión , donde desembocó en la edad media con el 
nombre de Hunos y ügros, y que ahora se divi- 
de en las ramas finesa, que habita la Estonia y 
laLaponia; madgiar ó húngara establecida en la 
extremidad de la Alemania; chermisaen las ri- 
beras del Yolga, y permiana cerca de los montes 
Urales (G). 

A la civilización de los Indios y Caldeos es tam- 
bién análoga la de los Egipcios , que ahora so- 
brevive en los Coftos : los Abisinios han adopta- 
do un dialecto árabe ; y la familia berberisca reú- 
ne en su seno los restos de los antiguos Moros, 
Númidas, Cireneos y Cartagineses. Tan poco 
conocida es hasta el presente el África Central, 
que no es posible determinar sus familias, ni se- 
guir el curso de sus vicisitudes. En la Oriental á 
lo largo del Mar ludio , desde las fuentes del Nilo 
al cabo de Sofala, conocemos dos familias : la de 
los Galas , que actualmente dominan la Abisinia, 

Lia de los Motapas que habitan las costas del 
nguebar , de Mozambique y de Monomotapa. 
Tanabien la Meridional comprende otras dos ta- 
milias, la de los Cafres y la de los Botentotes. 

Dos distintas razas ocupan la Oceanía : la Me-- 
lanesia, casi negra, con cabellos crespos, v la 
Polinesia, morena con facciones índo-mogolas, 
y con cabellos lisos ó rizados. A la primera per^ 
tenecen también los pueblos de Maaagascar, asi 
como los Cafres y Hotentotes , y estas mismas rar 
zas se ha mezclado profusamente en el archi- 
piélago Indo-Chino. 

Los Indo-Europeos dominan asimismo el gran 
continente de América, exterminando cada vez 
mas y mas á los indígenas y connaturalizando 
negros; ignominiosa y acaso incurable plaga de 
la libertaa de aquel país. Pero entre las razas 
indígenas, las de la América del Norte y Méjico 
representan el tipo indio, queprosigue subsistien- 
do en el Perú , en tanto que el resto de la Aménca 
Meridional tiene naciones mas conformes con la 
raza mogola por el color , las faccionesy la obli- 
cuidad (Te los ojo^.g,^^, ,y Google 



PRDIIRAS 

Esta es h presunta filiación de los pueblos, 
cap vida nos preparamos á bosquejar, acom- 
pañándolos en su engrandecimiento y en su mar- 
cha por los senderos de la Providencia. Hemos 
ci^íao deber nuestro insistir sobre principios que 
generalmente descuidan los historiadores, y ne- 
mes dicho ya el motivo oue nos ha impulsado á 
ello. Asimismo hemos aducido razones para con* 



SOGOEDAniS. 3S 

solidar humanamente los dogmas de un orden 
mas sublime. A quien no le parezcan bastante 
convincentes recordaremos que, según refieren 
los antiquísimos libros de los Parsos, habiendo 
interrogado el sabio Zoroastro á la divinidad 
acerca del origen y fin de las cosas , recibió por 
respuesta: Practica elMerij y conquisía la m- 
martaUdad. 



FIN DEL uno PRIMERO. 



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ACLARACIONES 



AL 



LIBRO PRIMERO. 



(A) pág. 6. 

EDAD DE LAS MONTAÑAS DE NUESTRO CONTINENTE. 

Admitida la formación de las montañas por vía de 
ascensión , los geólogos tratan de saber si todas las gran- 
des cordilleras fian salido á un mismo tiempo , ó cual es 
su antigüedad relativa. 

De esta clase de cuestiones trató el señor Elias de Beau- 
monti cuya opinión seguimos. 

El sistema del Erzgebir^e en Sajonia , de la Costa 
de Oro en Borgoña y del Pilas en el Forez , es entre las 
montañas estudiadas hasta ahora por el señor de Beau- 
mont, el primero que se levantó por vía de ascensión. 

£1 sistema de los Pirineos y de los Apeninos, aunque 
mucho mas extenso y alto, es mucho menos antiguo. 

El sistema de los Alpes Occidentales , del cual forma 

Sarte el monte Blanco , surgió mucho tiempo después 
e los Pirineos. 

Finalmente una cuarta ascensión , posterior á las tres 
citadas, dio origen á los Alpes centrales (San Gotardo), 
á los montes Yentoux y Leberon, cerca de Aviñon, y 

XI todas las probabihdades^ al Himalaya de Asia y al 
de África. 

Expongo aquí ante todo estos resultados , persuadido 
de que su novedad moverá al lector á seguir con mayor 
atención las particularidades algo minuciosas que nos 
han de guiar á comprobar su exactitud. 

Los terrenos propiamente llamados de sedimento están 
compuestos en todo ó en parle de arenillas traídas por 
las aguas, semejantes al limo de nuestros ríos ó á las are- 
nas de las playas marítimas. Estas trituraciones, mas ó 
menos diminutas , j unidas por medio de cementos cal- 
cáreos ó sihceos, forman las rocas areniscas llamadas 
gres ó asperón. 

Algunos terrenos calcáreos se hallan igualmente co- 
locados entre los de sedimento , pero solo cuando ( esto 
sucede muy rara vez) no dejan ningún residuo sedi- 
mentoso después de su disolución en el ácido nítrico; 
porque los fragmentos de conchas que contienen , de- 
muestran de otro modo , y acaso mejor , que su forma- 
ción se verificó en el seno de las aguas. 

Los terrenos de sedimento están compuestos siempre 
de estratos sucesivos muy visibles : de los mas moder- 
nos pueden formarse cuatro grandes divisiones , que en 
el óraen de su antigüedad son : 

El calcáreo ooh'tico , ó sea calcáreo del Jura ; 

El sistema del gres, verde ó de la creta ; 

Los terrenos terciarios ; 

Por último , los primeros depósitos de acarreo ó de 
transporte (1). 

(1¡ Pan el objeto qne me he propuesto es íoútil una exacta de- 
finición de estos terrenos. Habría podido por lo tanto omitir su de- 
nominación , concretándome ú designarlos por medio de los núme- 
ros 1, 2, 3, 4, indicando por ejemplo con el 1 el terreno de sedimento, 
el mas antiguo de ios cuatro, y que estft cubierto de ellos , en una 
palabra , el calcáreo del Jura y de este modo con el número A se hu- 
biera designado el terreno superior , esto es , los depósitos de alq- 



Aunque estos terrenos han sido depositados por las 
aguas y se encuentran en los mismos parajes, y los anos 
sobre los otros , no se verifica el tránsito de U una á la 
otra especie por medio de insensibles gradaciones. 
Aquí aparece perpetuamente una variación súbita y 
decisiva en la naturaleza física del depósito y de los 
seres orgánicos, cuyos fragooentos se Imllan en él ; lo 
cual evidencia que entre el tiempo en que el calcáreo 
del Jura se iba depositando^ y el de la precipitación del 
gres verde y de la creta que lo cubre , ocurrió en la 
superficie del globo una completa renovación del estado 
de las cosas. Otro tanto puede decirse del tiempo que 
separó la precipitación de la creta de la de los terrenos 
terciarios ; ^ asimismo , es también cosa evidente que en 
todos los sitios la naturaleza del líquido, del que se pre- 
cipitaban aquellos terrenos , tuvo que variar enteramen- 
te entre el tiempo de la formación terciaría y el de los 
antiguos terrenos de transporte. 

Estas notables variaciones , interrumpidas y no gra- 
duales, en la naturaleza de los sucesivos depósitos for- 
mados por el a^ua , son consideradas por los geólogos 
como efecto de lasjevoluciones del globo. Y aunque pu- 
diera parecer difícil decir exactamente en qué consistie- 
ron tales revoluciones, no seria sin embargo menos 
cierta su existencia. 

He hablado del orden cronológico en que los diversos 
terrenos de sedimento fueron depositados; pero es pre- 
ciso advertir que este orden ha sido determinado siguien- 
do sin interrupción el examen de cada especie de terre- 
no hasta las regiones en oue era posible averiguar posi- 
tivamente y en una grande extensión horizontal que tal 
estrato estaba sobre otro de tal género. Los hundimientos 
naturales, del terreno , como los que por ejemplo suelen 
verse en la playa del mar, los pozos comunes, los ar- 
tesianos , y la apertura de canales han sido de mucha 
utilidad para esta averiguación. 

He advertido que los terrenos de sedimento están es- 
tratificados. En los países llanos los estratos se hallan 
como no podía menos de suceder casi horízontalmente; 
pero á medida que se aproximan á los paiaes montaño- 
sos, ya alterándose aquella dirección, y por último en la 
pendiente de los montes algunos estratos se presentan 
inclinadísimos y otros se hacen enteramente verticales. 

vion. Daré sin embargo algunas brevísimas noticias acerca de la 
naturalen y del aspecto de estos diversos géneros de depósitos. 

Hnmboldt ha llamado calcáreo del Jura al vasto sedimento de que 
el Jura en gran parte está compuesto, formado de un calcáreo blan- 
quizco , unas veces compacto y unido como la piedra Utográflca, 
otras aglomerado eu granulaciones redondas llamadas oolitús, de 
donde toma la denonunacion de calcáreo oolitico. 

El terreno de sedimento que comprende el gres , verde y la creta 
es una sucesión de estratos de gres, mezclados frecuentemente con 
una cantidad de slobulitos verdes de silicato de protoxido de hierro 
debajo de gruesisimos estratos de creta. Los estratos de una y 
otra especie que forman las playas del canal de la Mancha son el 
tipo de este género de terrenos. Terreno de sedimento terciario es 
el ds las inmediaciones de París , variadísima reunión de estratos 
de arcilla , de cal , de mama , de yeso, de tres y de alberesa. 

Finalmente los antiguos terrenos de acarreo soo designados con 
este nombre por la semejanza que presentan con los depósitos de 
arena formados por las corrientes actaales. 



EDAD DH LAS MONTABAS 

S«iiie|ftiite8 «strak» de sedimento iaolinados sobre las 
pcndienies ¿ban podido depoMtarse allí en forma ol>Uctta 
ó ▼ertical ? ¿ No será mas oovio «aponer que se formaron 
primitif amenté do capas horizontales , eomo los estratos 
contemporáneos de la misma naturaleza de ^ue las lla- 
nuras están cubiertas, y que se levantaron é hicieron ver- 
ticaies cuando surgieron las montañas en cuyos lados 
seapoj^an? 

ui tesis general no parece del todo imposible que las 
montañas en su actual posición hayan estado revestidas 
é inerustedas de depósitos sedimentosos, atento que conti- 
nuamente vemos también las paredes verticales de los 
vasos dentro de los cuales se evaporan aguas seleniticas 
cubrirse de una capa salina que progresivamente se va 
fijando. Pero nuestra cuestión no es de tanta generalidad 
porque solo te «rata de saber ai los estratos oonocidoa de 
los terrenos de sedimento han «do depoahados del modo 
que hemos indicado. Voy á probar mediante dos órde- 
nes de consideraciones -totalmente diversos que se debe 
contestar negativamente á esta cuestión. 

Observaciones geológicas incontrastables demuestran 
que los estratos calcáreos que constituyen las cimas de 
tres ó cuatro mil metros de altas como las del Buet en 
Ssboya ó la del monte Perdido en los Pirineos, han sido 
foraiadas al mismo tiempo que las cretas que abundan 
de las altas playas del canal de la Mancha. Si la masa 
áe i^uas de la «ue estos terrenos se precipitaron , se hu- 
biese levantado basta la altura de tres ó cuatro mil me- 
tros, la Francia habría quedado enteramente cubierta y 
existirían depósitoe análogos sobre todas las cimas de 
menos de tres mil metros de devaeion. Pero por el con- 
tnrío , en el Norte de Francia donde semejantes depó- 
sitos parecen haber sido muy poco removidos , la creta 
00 llega á 200 metros sobre el mar actual, y presenta 
exactamente la disposición de un depósito que se hubiese 
verificado en un gran receptáculo Ueno de líquido, cuyo 
nivel no hubiese nunca llegado á los puntos que actual- 
mente pasan de 200 metros de altura. 

La segunda prueba tomada de Saussure me parece 
en extremo convincente. 

Los terrenos de sedimento contienen con frecuencia 
ciertas piedreeiUas rodadas de forma casi eU'ptica. En los 
parajes donde la estratificación del terreno es horizontal, 
ios ejes mayores dee^tas piedreeiUas guardan todos idén- 
tica posición horizontal , por la misma razón que hace 
que un huevo no nueda permanecer sobre su punta ,* noas 
en donde el ángulo de inclinación délos estratos sedimen- 
tosos es de 45 grados, los eies mayores demuchos de aque- 
UosgnlJttrraftKirauín igualmenteoon el horizonte un ángu- 
lo de 45 grados , y cuando los estratos siguen una direc- 
ción vertical la nresentan igualmente muchos de los ejes 
mayores de dicnas picdrezuelas. 

(¡aeásL, pues, demostrado que los terrenos de sedimento 
no han sido deponladss en el logar oue ocupan ni 
en su posición actual, sino que fueran elevados mas ó 
meóos en el acto en que las montañas , ci;yas pendien- 
tes cobren , ascendieron del seno de la tierra. Para con- 
vencerse de que en el acto de enderezarse un estrato 
borízontal no era menester que todos los grandes ejes 
de los guijarros tomasen una posición vertical , basta 
tnzar Imeas en diversas direcciones sobre un plano ho- 
rizontal y luego hacerlo girar como en derredor de una 
ckarnela. Sn este movimiento las lineas paralelas á 
la charnela permanecerán continuamente horizontales. 
Por el contrario las lineas perpendiculares á dicha char- 
nela se inclinarán al horizonte en toda la extensión en 
que se mueva el plano, de manera que en el momento 
en oue toque la vertical^ las líneas serán también ver- 
ticales; y las puestas primitivamente en dirección 
intermedia á la oe los dos sistemas formarán £on el ho- 
rizonte ángulos comprendidos entre' O y W^ : fiel ima- 
gen de la disposición de los ejes mayores de las piedre- 
eiUas en los estratos verticaleB. 

Sentado este principio , es evidente que los terrenos de 
sedimento, cuyos estmlos estén en las pendientes de las 
montañas en direcciones inclinadas ó verticales', exis- 
tían antes de levantarse dichas montañas. Por el contra- 
rio, los terrenos igualmente sedinieiitosos que se prolon- 
guen horizontidmente hasta el principiode las pendien- 
tes, serán de fecha posterior ala formación de la> 



—RAZAS BUMAKAS. 



S7 



montaña ; porque no sería pesible concebir eomo al salir 
esta de la tierra no levantase á un mismo tiempo todos 
los estratos existentes. 

Descendamos á hechos particulares : usemos de nom- 
bres propios en esta general y sencillísima teoría, y el 
sistema del señor Beaumont se hará evidentísimo. 

Entre las cuatro especies de terrenos sedimentosos que 
acabamos de indicar hay h*QS, que son las mas altas, las 
mas inmediatas ala superficie del globo, ósea las mas 
modernas , que se prolongan en estratos horízontales 
hasta los montes de la Sajonia, de la Costa de Oro y del 
Forez ; una sola^ que es el calcáreo del Jura, ó sea oolí- 
tico , se presenta elevada. 

Es decir que el Erzgebirge, la Costa de Oro y el mon- 
te Pilas del Forez surgieron después de la fonnacion del 
calcáreo oolíüco y antes de la de los otn« tres terrenos 
de sedimento. 

En las pendientes de los Pirineos y de los Apeninos 
hay dos terrenos que han sido elevados, á saber , el cal- 
cáreo oolítico y el de gres verde ó CMta: el termno ter- 
ciario y el de aluvión qgie le oubne , han conservado su 
primitiva posición horizontal. 

Son pues los Pirineos y los Ap^iinos mas mkodemos 
que el calcáreo del Jura y que el gi>es verde que han le- 
vantado , y mas antiguos que el terreno terciario y de 
aluvión. 

Los Alpes occidentales (entre ellos el nKMae filanoo) 
también han levantado como los Pirineos el calcáreo 
oolitico y el gres verde, y además el terreno tenciario. 
£1 terreno de aluvión solamente en las cercanías de es- 
tas montañas es horizontal. 

La ascensión , pues, del monte Blaacodehe mt colo- 
cada entre la formación del terreno terciario y la del 
terreno de aluvión. 

Finalmente, en el declive del orden de montes de que 
el Ventoux forma parte , ningún terreno de sedimento 
es horizontal, sino que todos cuatro se presentan levan- 
tados; lo cual indica que cuando surgió el Ventoux, 
el terreno de aluvión se habia depositado ya. 

Al principiar este discuno anuncié que los doc- 
tos habmn llegado á determinar la antigüedad rola ti va 
de alguuas cordilleras de los montes europeos, y aho- 
ra es evidente que las observaciones del señor Beau- 
mont han ido mas allá, pues que hemos podido compa- 
rar la edad de la formación de las montañas con la 
época de la producción de los diversos terrenos de se- 
dimento. 

Ue llamado la atención de los lectores sobre las 
causas desconocidas, pero necesarias, que prodv^ron 
tan señaladas variaciones en la naturaleza de los depó- 
sitos formados por la afuas em ia superficie del globo 
terrestre ; pero la obm del señor Beaumont me induce á 
añadir, en virtud de lo que se ha podido coigetuiar so* 
bre la naturaleza de semejantes revoluciones, algunas 
noticias positivas que son las siguientes. 

Los terrenos de sedimento , tanto por su naturaleza, 
como fOT la disposición regular de sus estratos , parecen 
depositados en tiempos de reposo. Hallándose todo terre- 
no señalado con un orden peculiar de restos de seres 
orgánicos véjeteles y animales, debía suponerse ne- 
cesariamente que entro los tiempos de tranquilidad 
correspondientes á la procipitacion de dos de aquellos 
terrenos sobrepuestos, la tierra experimentó una gran 
revolución física. T^osotros sabenoos ya que semejantes 
revoluciones han sido originadas , o verdaderaoMute 
señaladas, noria ascensión de un sistema de montes. No 
siendo las dos primeras ascensiones de que habla el se- 
ñor Beaumont las mas notables de las cuatro clasiBca- 
das por él, bien se echa de ver que no se puede decir que 
el globo envejeciéndose se encuentre menos apto para 
experimentar catástrofes de aquella naturaleza, ni oue 
el período actual de reposo no pueda terminar como los 
anteriores con la súbita ascensión de alguna inmensa 
cordillera. 

Sentado el principio de que no todas las montañas 
perforaron la superficie del globo á un mismo tieinpo, era 
natural examinar si los montes contemporáneos pre- 
sentaban ó no alguna relación de posición entre sí. Con- 
siderando el señor Beaumont este asimto cs^ toda pecs- 
picacia, ha averiguado lo siguiente: GoOqTc 



38 



ACLA&AaONBS DEL LIBRO miORO. 



La dirección idel Erzgebii^, de Ut Costa de Oro y 
del Pilas es paralela á un circulo máximo de nuestro 

Slobo , que pasando por Dijon formase con el meridiano 
e esta ciudad un ángulo de cerca de 45 grados. . 
Las montañas contemporáneas, correspondientes á la 
segunda aseension , es decir, los Pirineos, los Apeninos, 
los montes de Dalmacia y de Croacia , y los Carpacios, 
que según puede deducirse de la descripción dada por al- 
gunos geólogos pertenecen á un mismo sistema, están 
también dispuestas paralelamente al arco de un círculo 
máximo cuya ^[KMicion puede determinarse diciendo que 
pasa por el país de los Natchez y la embocadura del golfo 
Pérsico. Pero , cualquiera que sea la causa de esto , las 
montañas que en Europa salieron de la tierra á un mis- 
mo tiempo forman en la superficie del globo cadenas, 
es decir, prominencias longitudinales , y paraldas to- 
das á un cierto circulo de la esfera. Y, si como es natu- 
ral , se supone que esta regia es aplicable también mas 
allá de los límites en que ha podido ser comprobada, 
podemos inclinamos a creer que los Áleganis de la 
América Septentrional, cuya dirección es también pa- 
ralela al círculo máximo que hemos supuesto que pa- 
sa por los Natchez y el golfo Pérsico, pertenecen por 
lo tocante á la edad al sistema de los Pirineos. Ahora 
bien , el señor Beaumont ha tenido últimamente ocasión 
de comprobar la exactitud de esta consecuencia , exa- 
minando escrupulosamente las descripciones que los 
geólogos americanos han publicado sobre dichos mon- 
tes. £n vista de esto, parece que puede decirse sin gran 
riesgo de incurrir en error que las montañas de la 
Grecia , las del norte del Eufrates , y la cordillera 
de la península india, que corresponden exactamente 
al indicado paralelismo , surgieron como los Aleganis 
americanos al mismo tiempo que los Pirineos y los 
Apeninos. 

jEl tercer sistema de montañas por lo tocante á la an- 
tigüedad , ó sea aquel de que forman parte los Alpes 
Occidentales y el monte Blanco, es una larga promi- 
nencia paralela á un circulo máximo que pasase por 
Marsella y Zurich. Compruébase con notable exactitud 
esta regla en todo el intervalo que media entre estas 
dos ciudades. Y siendo la cordillera que separa la No- 
ruega de la Suecia y la del Brasil igualmente para- 
Idas al mismo círculo , es también probable que per- 
forasen la corteza del globo al mismo tiempo que al 
monte Blanco. 

Por lo tocante al cuarto y último sistema estudiado 
por el señor Beaumont, pasa el circulo máximo con que 

Euede ser comparado por el territorio de Marruecos y 
i extremidad oriental del Himalaya. Este j^ralelismo 
ha sido encontrado tamWen en los montes Ventoux y 
Leberon cerca de Aviñon , en la Sainte Baume v otras 
alturas semejantes de Provenza ; y por último, en la cor- 
dillera central de ios Alpes del Vafes hasta la íliria. Si 
pues el paralelismo es aquí indicio de fecha , según te- 
nemos motivos para pensarlo , podremos colocar en este 
menos antiguo sistema de montes el Balean , la gran 
cadena central del Cáucaso , el Himalaya y el Atias. 

Una inmensa cadena de montañas, la mas extensa en- 
tre las del globo se aparta por su dirección de todos los 
sistemas imaginados hasta el presente : nos referimos á 
la gran Cordiuera americana. £l señor Beaumont mien- 
tras se disponía á hacer observaciones geológicas seme- 
jantes á las que con tan buen éxito lo han guiado 
nasta ahora , se dejó llevar de conjeturas de las cuales 
con mucha probabilidad parece resultar , que esta gran 
cadena es aun mas moderna que las que según su siste- 
ma figuran en cuarto lugar. Pero por muy ingeniosas 
que ¿tas conjeturas sean , salen del círculo de nuestro 
propósito, por cuya razón me abstengo de referirlas. 
Por otra parte, temeria que algunos ingenios no muy 
considerados confundiesen tales conjeturas con las rigo- 
rosas consecuencias que he sacado anteriormente, y ne- 
gasen estas á caer en descrédito. Me apresuro pues a ter- 
minar este discurso , limitándome á indicar cuanto se 
simplificará el estudio geográfico de las cordilleras de 
montañas, cuando el paralelismo, que el señor Beaumont 
cree ser distintivo de las montañas contemporáneas, 
comprobándose directamente sobre puntos muy separa- 
dos entre sí, como por ejemplo el Himalaya y el monte 



Ventoux, pueda ser colocado entre los principios de la 
ciencia. Clasificaciones sencillas, en corlo número, 
á propósito para las memorias mas rebeldes, y por otra 

Sarte desnudas de toda suposición arbitraria, pues ieor 
rá que precederse en ellas por orden de épocas , servi- 
rán de guía en el inextricable laberinto de aquellas ca- 
denas de montes que se enlazan unas con otras; laberinto 
donde ningún geógrafo hasta ahora ha podido, sentar 
con seguridad sus plantas. 

(B.) pág, 16. 

RAZAS HÜMAHAS. 

Véase el cuadro de las clasificaciones mas modernas de 
la especie humana según 

BORT DE SaINT-VuICEHT. 

{IHcHmMirt elauique d* hi$i. nat. art. Homme, 
t. Vm,1826.) 

f LEYOTRDCOS ó de cabellos lisos. 
* Del antiguo continente, 
í. Especie Jafktiga. 
A Geiu togaia, que visten trajes talares y se hacen 
calvos por la fiante, 
a Raza Caucárica (occidental), 
b Raza PeUuga (meridional). 
B Gtm hracaia, cuyas variedades todas adoptaron 
vestidos cortos, y cuya calvicie principia por el 
vértice, 
c Raza CéHiea (occidental ). 
d Raza Germánica (septentrional). 
1.* Variedad teutónica. 

2." . esclavona. 

IF. Especie Arábiga. 

a 'Rsíiai Atlántica (occidental), 
b Raza Adámica (oriental). 
lU. Especie IimiA. 

IV. Especie Escita. 

V. Especie China. 

** Comunes al nuevo y antiguo continente. 

VI. Especie Hipkrsória. 
Vil. Especie NEPTÚnic a. 

a RazaJMotoya (oriental), 
b Raza Oceámica (occidental), 
c Raza Papuana (intermedia). 
Vm. Especie Atjstralásica. 

*** Propias del nuevo continente. 

IX. Especie CoLÓMBiCA. 

X. Especie Amkricaiva. 

XI. Especie PATAGÓmcA. 

f t ELLOTRIXOS ó de cabellos crespos. 

XII. Especie Etiópica. 
Xni. Especie Cafre. 
XIV. Especie Melánica. 

1 1 f HOMBRES MONSTRUOSOS, 
a Cretinos. 
bAHsM. 

Según Dbsmoüuhs. 

(Hiitoire nat. des races humaineSf 1826.; 

I. Especie Scita. 

a Raza Mo-germánica. 
b Raza JPfosio. 

'^'^«"'^tizedby Google 



GARACnRBS m US RAZAS BDUANAS. 



H. Espeeie Caucásica. 
ni. Especie Semítica. 

a Raza Árabe, 

b Raza Birtueo-pelasga. 

c Raza CélHca. 

IV. Especie Atlántica. 

V. Especie Iivdia. 

VI. Especie Mocóla. 

a Raza Jndo-China. 
b Raza Mogola, 
c Raza Eiperhárea. 

Vn. Especie Curiliana. 

\III. Especie Etiópica. 

n. Especie Euko-Africaica (ó sea negros de Mozam- 
bique, Cafres etc.). 

X. Especie Aüstro-Africaha. 

a Raza Hotenfote. 
b Raza Bosquismana. 

XI. Especie Malaya ú Oceánica. 

1 Caroiintanos. 

2 Dayaeos y Beadjus de Borneo y muchos Arafo- 
ras y Alfurus de las Molucas. 

a JawmesBs , Sumatrianos , Timaríanot y Malayos. 

4 Polinesios. 

5 HotMU de Madagascar. 
Xn. Especie P^puana. 

Xin. Especie Negra Oceánica. 

1 Mois ó Moyos de Cochinchina. 

2 Samang-os , Dayaeos etc. de las montañas de 
Malaca. 

3 Pueblos de la tierra de Van Diemen , de la Nue- 
va CalediHiia, y del archipiélago de Sancli- 
Spiritus. 

4 Vintirobaros de las montañas de Madagascar. 
XrV. Especie Axjstralásica. 

XY. Especie CoLOMBicA. 
XVl. Especie Americana. 

1 Omanoif Guáranos, Coroadós, Puris, Altures, 
Ototnacos, etc. 

2 Boiooidos y Guayacos. 

3 Maboyas , Charrúas. 

4 Araucanos y Pueldios, Teuletas 6 Patagones. 

5 Pechereses indígenas de la Tierra del Fuego. 

Según Lesson. 
(Manuel de Mammalogie, 1827). 

I. Haza Blanca ó Caucásica. 

1 Rama Aramea: Asirios, Caldeos, Árabes, Fe- 
nicios, Hebreos, Abisinios, etc. 

2 — India, Germana y Pdasga: Celtas, Cánta- 

bros , Persas etc. 

3 — Escita, Tártara: Escitas, Partos, Turcos, 

Fmlandeses , Húngaros. 
1.^ variedad , rama Malaya. 

2.* id. Oceánica. 

U. Haza Amarilla ó Mogola. 

1 Rama Jíajicfti». 

2 - Sínica. 

3 — Hiperbórea 6 Esquimal; Lapones en parte, 

Samoyedos , Esquimales del Labrador, 
habitantes de las Curíles y de las islas 
Aleutianas. 



39 



4 » Americana, 

a Peruana 6 Mejicana. 
b Araucana. 
c Patagónica, 

5 — Mogolo-felasga , 6 Carolina. 
in. Raza Negra ó Melaniana. 

1 Rama Etiópica. 

2 Cafre. 

3 Hotenhte. 

4 Papuana. 

5 Tasmaniana, 

6 Alftsru-endamena. 

7 Alfuru-austral. 

(C) pág. 17, nota 2. 

caracteres fisiológicos de las razas miMANAS CONSI- 
DERADAS EN SUS RELACIONES CON LA HISTORIA. 

(W. F. Edwards, Des caracteres fisiologiques des races 
humaineSf considerées dans leurs rapports avec Vhistoire 
París , 1829 , 129 pág. en 8.<>). 

Al historiador Amadeo Thierry. 

He recorrido la mayor parte del país á que se refiere 
la historia de los Galos y Cimbros que habéis publicado^ 
y he tratado de comprobar akfunas de las distinciones 
que establecéis entre los pueblos galos. Aquí tenéis el 
fruto de este examen , unido á observaciones análogas 
y referentes á diversos puntos históricos. Hace ya mu- 
cho tiempo que pienso , y no soy el único de esta opi- 
nión, que si la fisiología ha permanecido por tan 
larffo espacio estraña á la Historia, es porque no 
se han estudiado bastante sus relaciones. Conviene de- 
cir, sin embargo , que hasta hoy ni la una ni la otra 
de estas ciencias ha sido cultivada de modo que pudie- 
ran prestarse auxilios recíprocos. Por lo que concierne 
á la historia natural , no hace mucho tiempo que la his- 
toria del hombre forma parte de ella. Este ramo de loa 
conocimientos humanos ha sido fundado por Blumen-< 
bach, quien ha reconocido que en el genero huma- 
no existían cinco familias á las que podian referirse to- 
das las demás. Gran servicio na hecho á la ciencia 
sentando estas primeras bases; pero ¿que puede servir un 
número tan pequeño de grupos para aclarar la historia, 
cuando corresponden con poca diferencia á otras tantas 
grandes divisiones del Universo, y cuando cada uno de 
ellos abraza y confunde muchas naciones ? El interés 
está en saber si los grupos que forman el género huma-^ 
no , tienen algunos caracteres físicos conocidos, y hasta 
qué punto pueden convenir con las de la naturaleza las 
distinciones que la Historia establece entre los pueblos. 
La cuestión es complicada. No bastaría que fuesen los 
mismos grupos , sino que seria necesario , que tales cua- 
les hoy existen hubiesen existido siempre, a lo menos en 
los tiempos históricos. Si así fuera , se podria seguir la 
filiación de los pueblos , y llegar hasta su origen á pe- 
sar de las mezclas acaecidas. Difícil problema : porque, 
aun cuando los pueblos hayan tenido caracteres físi- 
cos capaces de distinguirlos, ¿como suponer que hayan 
podido conservarlos sin alteración notable por largos 
siglos y entre tantas causas de cambios, de las cuales 
una tan solo, en sentir de algunos, bastaría para impedir 
que fuesen conocidos ; y entre las que se cuentan , en 
aquellos que cambiaron de patria , los progresos de la 
civilización ó de la barbarie , el cruzamiento de las ra- 
zas, el exterminio de poblaciones enteras y las emigra- 
ciones forzadas ó voluntarias? Cuando loémosla histo- 
ria , consultando tan solo la impresión que nos deja , al 
comparar los tiempos antiguos con los modernos, ¿qué 
encontramos de común entre ellos? £1 nombre mismo de 
las naciones que tanto figuraron se ha extinguido en el 
país un tiempo habitado por ellas; todo toma un aspecto 
nuevo; se hablan lenguas extranjeras , y la memoría de 
los antiguos habitantes no se encuentra sino en algunas 



40 



ruinas. Históricamente hablandoj mpibeWo cuando ya no 
forma nación hadejadode existir; y en tales revoluciones 
políticas , casi se creería que han aebido desaparecer las 
razas existentes hasta entonces. Pero una profunda com- 
paración de las lenguas ha hecho descubrir muchas ve- 
ces en las que hojr se hablan , los idiomas de que se de- 
rivan, y de aquí el establecimiento de una relación 
no interrumpida entre los antiguos habitantes y los 
nuevos. 

¿Serán menos duraderas las semejanzas de los cuer- 
pos? ¿No habremos conservado ninguna délas facciones 
de nuestros ascendientes? ¿La civilización, la barbarie y 
la fuerza, lo habrán regenerado, deprimido y extermina- 
do todo? 

Nosotros , calculando bajo lu aspaeto acaso nuevo la 
influencia del clima en las formas y proporciones de los 
cuerpos y los demás caracteres físicos , no nos pondre- 
mos á examinar los resultados en algunos individuos, 
sino en la masa general ; importando poco al objeto que 
nos hemos propuesto lo que naya podido hacer la uatu- 
raleza en casos extraordinarios , y contentándonos con 
indagar lo que hace habitualmcnte. Trataremos , pues, 
de investígar qué influencia ejerce el clima sobre los 
seres que mas se diferencian de nosotros , y que parecen 
los mas susceptibles de modificaciones. 

Confundiremos desde un principio , como suele ha- 
cerse bajo la expresión general de influencia del clima, 
otras muchas causas poderosas que obran al mismo 
tiempo , y veremos después si tenemos que arrepentir- 
nos «e naber hecho semejanle confusión. 

Las plaatas se cubren ó se de^[Kgan de pelos y de es- 
pinas; Jas hojas adquieren mas o menos magnitud; las 
flores se coloran diversamente ; los pétalos se multipli- 
can; los frutos cambian de sabor ; la altura del vejeta! se 
disminuye ó crece , según ia tierra y el aire de la nueva 
patria. Otras plantas pierden algún carácter del género ó 
de la familia, como cuando las flores se hacen dobles. 

Pueden, pues, alterarse notablemente^ pero siempre 
conservan alguno .de los caracteres primitivos que sir- 
v«irpara4ará canoeerauorúren. 

Yaun (fiuando un número aetenvünado de ^las se ál- 
tese de oUMiM^ra ,que tome oigracte^es espacíflcos di- 
versos, lo que no está pcobado todavía , la mayor parte 
pueden cambiar de clima permaneciendo sem^antes á sí 
mismas., hasta tal punto que la vista menos ejercitada 
pueda conocerlas. ¿Cuantas no hay que trasplantadas 
a regiones lejanas , se marchitan y mueren con sus j^o- 
pias formas ? De aquí se deduce que existen luerzas que 
tienden á conservar el tipo original con tanta constaucia, 
qpe muchas veces se destruye antes que adaptarse á las 
variaciones que los agentes exteriores procuran impri- 
mirle. 

Si de las plantas pasamos á los animales, el hombre 
puede observar únicamente las emigraciones de aque- 
llos que lleva consigo ; pero eaellos se distinguen com- 
pletamente los efectos dd clima de los del cruzamiento 
de las razas y de otras oausas extrañas. 

£1 cambio mas notable cselque seadvierte enlapiel, 
la cual se hace mas o menos sutil, fina ó tosca, y muda 
de color según el calor ó el frió ; los animales domésti- 
cos se hacen mas gruesos ó delgados ; y algunas veces 
cambian de dimensiones ; pero jamás varían en propor- 
ciones ni formas , fuera del aumento ó disnunucion de 
la grasa y de los jugos que llenan el teiido celular. La 
estructura huesosa permanece siempre la misma , y no 
experimenta alteraciones sino en algunos casos rarísi- 
mos , ó por causa de enfermedades. 

Smetos á las modificaciones ordinarias que hemos in- 
dicado, no pierden el tipo sino en el grado en que puede 
perderlo uñ hombre, el cual bien quedo calvo , bien se 
altere su color, ya engruese ó ya enflaquezca, conserva 
siempre sus rasgos característicos. 

Los animales que emigran espontáneamente, como 
buscan siempre la tenaperatura igual, no pueden sufrir 
ningún cambio por el clima. Se pretende que el clima 
es causa de algunas variaciones ; pero se ven en un 
mismo país variedades innumerables de un mismo géne- 
ro; de donde se sigue que hay otras causas que las produ- 
cen. Y además , ^ cuántas especies hay de animales co- 
munes á climas diversos, que se conservan las mismas 



iiOUMUfifOnS OBL UBBO MOIEBA. 

en cualquier lugar? Existen, pues» algmM» «úiasles 
que puMcn cambiar de clima sm cambiar de (omut* 

En cuanto á los animales domésticos llevados del an- 
tiguo al nuevo continente , los cambios se limitan i loi 
indicados. 

Lo que se dice de los animales as aplicable al bsmbre 
con mayor motivo. Cuando del Mediodía emigra al Nor> 
te, su industria le proporciona medios para defenderse 
de la intemperie ; lleva ^ por decirlo así , el dima oonsi- 
go. £1 Lapon puede procurarse en su cabafia ti eUmi 
de la Siria ; las jóvenes de la Rusia son tan precoces co- 
mo las de los países meridionales; y si el nombre su- 
piese enfriar como sabe calentar su propia atmósfert, 
podria cambiar casi impunemente de eiima, con tal que 
llevase una vida del todo artificiaL 

Pero las pasiones de ()ue siempre va acompañado , le 
ponen de nuevo bajo el influjo de la naturaleza , destru- 
yendo las combinaciones de su inteligencia; cuanto mas, 
que tendrá que pasar mucho tiempo todavía antes de 
que las artes mecánicas sean patrimonio de todos los 

fmeblos de la tierra ; y aun entre las naciones mas civi- 
izadas , gran parte de pueblo está mal provista de los 
medios á propósito para libertarse de las impresiones 
nocivas del aire y del cielo. Pero á pesar de estas resfrie^ 
clones , siempre será verdad que los hombres, sea cual 
fuere su estado social , pueden resistir mejor que los 
otros seres animados las variaciones dd clima , aunqus 
no emanciparse enteramente de ellas. 

Casi todos los Estados de Europa han enviado parte de 
su población á países lejanos, donde se halla establecida 
hace uno ó mas siglos ; y como muchísimos de estos 
colonos están confinados en islas, donde se han conserva- 
do sin mezcla, se puede juzgarde U iiifluencia|irolongs- 
da del clima. Ha habido, á decir verdad, una mezcla mas 
ó menos extensa con el Negro ; pero de ella ha resultado 
una generación particular , que presentando los carac- 
teres visibles de su origen , no puede confundirse con 
la blanca. Esta habita hace mucho tiempo las reriones 
ecuatoriales , bajo una temperatura contra la cual vale 
poco la industria del hombre : ¿ y cuál lia sido la conse- 
cuencia? ¿Acaso Inglaterra, Francia, España, desconocen 
á sus hijos? O si los encuentran un poco tobados, mas 
sensibles aj placer y menos dispuestos al moviaiiento, 
¿ven acaso en ellos líneamentos diversos? ¿se presentan 
* ' • ■ • 'alterada? 



patria? 

servaciones me prueban que los puek^los estalblecidos en 
climas diversos pueden conservar su tipo por muchos 
siglos. Pero no teniendo los pueblos dé la madre patria 
un tipo único , sino muchos, no bien definidos, podna 
suceder también que las diferencias eqtre un tipo y otro 
llamaran mas nuestra atención que las proporciones y 
formas comunes entre los colonos y los habitantes de la 
madre patria , y que esto nos hiciese deducir conse- 
cuencias contrarias. Citaré un ejemplo que no dejara 
ninguna duda. 

La fisonomía de los Judíos es tan característica que 
no se les puede confundir con otra raza , y al paso que 
se encuentren en todos los paises de Europa , no hay ca- 
racteres nacionales que mas fácilmente puedan cono- 
cerse. Desde hace siglos forman parte de la población de 
los paises en que se han establecido ; y habiendo con- 
servado religión, costumbres, usanzas, y contraído 
poquísinaas uniones con los pueblos en que viven , sena 
difícil encontrar condiciones mas á proposito para hacer 
resaltar los efectos del clima . 

Sin embargo, el clima no los ha asimilado á las na- 
ciones con quienes habitan ; y lo que.es mas importan- 
te , vemos que se asemman en todos los diversos climas. 
Un judío inglés, francés, alemán, italiano, esnañol, 
portugués, se distingue siempre como tal por los linea- 
mentos del rostro; esto es, lodos tienen loa mismos carac- 
teres de formas, de proporciones, de todo lo que consti- 
tuye esencialmente un tipo. Los Judíos de di versos pais^ 
se asemejan entre sí mucho mas que á las naciones 
con quienes viven ; y el clima no m alterado en ello* 
sino ligeramente el colorido y la expresión. 

No se deduce de aquí necesariamente que hayan sido 
en lo antiguo como son hov7>]Mroá lo menos respecto 
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GÁRAGTBIIIS DE LAd4M^ZA8 HUIIAIIAS. 



41 



del espacio de treecieiitoft años, puedo presentar una 
prueba evidente de esta verdad. En Milán he visto la 
Cena de Leonardo de Vinci, y esta obra maestra, si 
bien deteriorada por el tiempo, conserva todavía clara- 
mente las 6gara8 de casi todos los personajes. Los Ju- 
díos de hoy están retratados, en aquel cuadro exactísi- 
mámente; y en verdad que ninguno ha representado 
como aquel gran pintor el carácter nacional, conservan- 
do siempre una gran variedad en los individuos; lo cual 
os será fácil concebir si recordáis lo aficionado que era 
á las ciencias en general , y particularmente á la histo- 
ria natural. 

Pero ¿cuál era el tipo de los Judíos en la época de su 
dispersión? El que lo supiera, tendría á su disposición 
un largo espacio de tiempo para observar los efectos del 
clima , y podría calcular exactamente su fuerza en un 
período que abraza poco menos de la mitad de los tiem- 
pos históricos. 

Podrmmos contentamos con un tiempo menor ; mas 
si aspiráis á saber cual era el tipo de los Judíos en época 
mas remota, puedo daros una idea del de linee Ires mil 
aoos. 

Estaba yo leyendo la obra de Prílchard sobro la his- 
toria natural del hombre , en la cual se sostiene la tesis 
singular de que los hombres fueron negros en su origen, 
y no se convirtieron en blancos sino por medio de los 
adelantos de la civilización. £1 autor nos manifiesta on 
Ias diversas partes del mundo una gradación de color en- 
tre los habitantes del mismo país; mas oscuro en las cla- 
ses íufinuis de la sociedad, mas claro en las ricas y po- 
derosas. Cualquiera aue sea el juicio que se forme sobre 
osla hipótesis , entre los varios hechos por él referidos, 
uno dftsperló principalmente mí atención , que fue la cita 
de'un autor griego, el cual hablando de los Egipcios, dice 
explícitamente que eran negros , y de cabellos crespos. 
Yo estaba entonces en Londres con el doctor Rodffnin, 
joven médico bastante instruido , y con el doctor Knox, 
profundamente versado en la anatomía comparada, y 
que durante su permanencia en Afr¡c¡i, habla estudiado 
las razas negras. Les hablé de la cita del autor griego ; y 
nos ocurrió la idea de comprobarla, recurriendo , no ya 
al texto , sino á la tumba de un rey de Egipto que se 
encuentra en Londres. Una multitud de figuras hay 
pintadas en ella del tamaño natural , y la mayor parte 
representan personas del vulgo. Su colorido , á decir 
verdad, es de un oscuro bastante cargado, pero no tienen 
el color ni los cabellos crespos de los negros; caracteres 
que se distinguen únicamente en algunos individuos 
puestos á un lado, y que evidentemente son negros de la 
Etiopia. A los costados se ven otros do.s pequeños gru- 
pos de naciones extranjeras, en uno de los cuales reco- 
nocimos á primera vista á la nación hebrea. Yo había 
observado el dia anterior algunos Judíos por las calles 
de Londres, y me pareció ver en aquel instante su re- 
trato. 

No necesitaba mas pruebas ; pero leyendo después c! 
viaje de Belzoni á Egipto, cncouiré en el luffar en que 
se describe acuella tumba los pasajes siguientes : « So 
"distinguen a los extremos de aquel írrupo alg-unos 
•'honibres de tres naciones diversas, que representan 
"evidentemente Judíos, Etiopes y Persas;» y en otra 
parte: «allí se distinguen los Persas, los Hebreos, los 
"Etíopes, los primeros por el trage con que están ligu- 
" rados en los cuadros que representan sus guerras con 
"ios Egipcios : los Judíos por su fisonomía y por el color 
^detufkl; y los Etíopes por este y por la cabellera.» 

Aqm tenéis, pues, un pueblo subsistente con el mismo 
tipo por una serie de siglos que abraza casi todos los tiem- 
pos históricos; pueblo sometido en la primera mitad de este 
período á inauditos desastres; en la otra mitad disperso 
por diferentes climas, y siempre perseguido, vilipendia- 
do, formando el desecho del género humano. No se po- 
uTÍa imaginar un conjunto de circunstancias mas a pro- 
pósito para modificar profundamente la organización 
física de una nación; por lo que es preciso que la natu- 
raleza humana posea gran fuerza de resistencia para ha- 
i>er sabido triunfar de ellas. Diríase que este era un ex- 
perimento vigoroso , hecho con la idea de impugnar la 
influencia de los climas sobre las formas y proporciones 
humanas en toda la extensión de los siglos históricos. 
' TOMO 1. 



Si no todos los pueblos han opuesto tal vez tanta re- 
sistencia .como los Judíos , es preciso admitir á lo me- 
nos que tiende á ello la naturaleza ; y que , si no estu- 
vieran expuestos mas que á esta única causa de altera- 
ción, gran parte de ellos conservarían largo tiempo los 
rasgos característicos de sus ascendientes. 

Pero ¿qué puede el clima comparado con la mezcla 
de las razas? Ahora bien, todos los pueblos cuya histo- 
ria conocemos, han estado mas ó menos sujetos á ella; 
y esta es una causa tanto mas poderosa , cuanto que, 
ejerciendo su influjo sobre la organización íntima , pre* 
síde á la primera formación del ser , p^ara alterar sus 
formas. Si esta causa obrase sin restricción, confundiría 
todas las razas; pero tiene límites; y algunos son tales, 
que basta insinuarlos para conocer su evidencia. 

Las diferencias de las castas y de los órdenes, origi- 
nadas muchas veces de la diferencia de raza, oponen en 
primer lugar una barrera, que es algunas veces supera- 
da , á pesar de la severidad de las leyes y de la fuerza 
de las preocupaciones , pero que evita por largo tiempo 
las irrupciones de la multitud. Tales restricciones , si 
bien totalmente artificiales, no han cesado nunca entre 
algunos pueblos ; sin embargo , como todas las institu- 
ciones humanas deben ceder á la fuerza del tiempo, ob- 
servemos lo que acaecería en un estado de cosas en que 
el impulso de la naturaleza no conociese Ifmites. Aquí 
estableceremos principios que nos servirán de guia mas 
adelante, y que dependen de la proporción numérica de 
las razas confundidas entre sí , y de su respectiva dis- 
tribución en el mismo territorio. 

Comencemos por el caso en que la inclinación á la 
mezcla no encuentre obstáculos y una raza forme un 
pequeñísimo número en comparación de otra. Sabemos 
cómo obra la naturaleza cuando la desproporción es 
grande: el tipo del pequeño número puede desaparecer 
enteramente. Crúcese un animal doméstico con otro de 
diversa raza ; crúcese después el fruto de esta misma 
unión con un individuo de una de las razas puras ; el 
nuevo producto se aproximará á cstasúltimas. Continúen- 
se los cruzamientos con el mismo principio hasta que el 
último producto vuelva á reproaucir uno de los tipos 

f)rimilivos, y se verá qiie esto acontece de ordinario á 
a cuarta generación; pues aunque puede suceder mas 
pronto ó mas tarde, y hasta no acaecer sino á la décima 
tercia generación, aquí no buscamos los extremos, sino lo 
que acontece ordinariamente. Por otra parte, tenemos 
datos positivos sóbrelo que acaece en caso semejante en 
las razas humanas y sabemos que las señales de los negros 
y de los blancos desaparecen hacia la cuarta ó quinta 
generación , conforme al resultado general que indica- 
mos para los animales domésticos. 

^le hecho perjudicaría á la indagación de las razas 
antiguas en las modenias , si se procurasen trazar todos 
los elementos que han formado una nación; mas cuando 
se traía de grandes masas , el examen es mucho mas 
fácil. 

Suponjí^amos ahora que, dada la igualdad de propor- 
ción entre una y otra raza, se hayan puesto obstáculos 
entre ellas ; con mayor motivo el número mas pequeño 
no habrá alterado las formas del mas grande; principio 
de suma importancia, de que haremos aplicación repe- 
tidas veces. 

Supongamos las dos razas en igual número : para 
que se confundan en un solo tipo intermedio , se nece- 
sita que cada individuo de la una se enlace á uno dñ 
la otra ; que cada uno tome gran parte en la fusión de 
los caracteres distintivos , ya que las gradaciones lige- 
ras no alteran el tipo. 

No queremos sostener que este equilibrio sea imposi- 
ble; pero aun concediendo la posibilidad de tal igualdad, 
no debemos esperar que se realice en la esfera de los l^e- 
chos. ¿Quién puede suponer qUe cada individuo de una 
raza se junte á otro de la otra? Semejantes uniones no 

rrian ser efecto de la libre elección, sino de la necesidad 
obedecer al déspota mas absoluto. Admitamos , sin 
embargo , que estas uniones se realizan ; el pueblo no 
será mas que una colección de esclavos; y para conocer 
cual seria el fruto de su sumisión , exammemos lo que 



acontece con otros seres igualmente someti4o8 á la va- 

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luntad de un dominador. 



tí 



áCUlAdONIt Ati Lmo 



Sabéis que diversM nxas de animtles se eraian se- 
gnn U volunUd del hombre; y que el producto de tales 
uniones participa de una y otra estirpe , formando asi 
un tipo nuevo, pero intermedio, y por lo tanto sdo, dis- 
tinto y particular; pues que no teniendo sino semejan- 
zas parciales con aquellos de los cuales se deriva, no 
representa ni al uno ni al otro. Esto es conocido gr^neral- 
mente; hay hechos, sin embareo, que- demuestran una 
tendencia diversa de la naturalesa. E\ señor Coladon, 
farmacéutico de Ginebra , para multiplicar ios experi- 
mentos sobre el cruzamiento de las razas, y extender 
nuestras ideas sobre esta materia, crió gran número de 
conejos blancos y ^ises , estudió atentamente sus cos- 
tumbres, y encontró el medio de hacerlos engendrar cru- 
zándulos. Comenzó entonces una lar^ serie de experi* 
mentos, uniendo siempre un conejo gris con un blanco. 
¿Qué resultado esperáis de esto? ¿Creéis acaso que 
obtuvo por este medio muchas variedades? No: cada in- 
dividuo de los nuevos era , ó enteramente rris , ó ente» 
ramente blanco, con los otros caracteres de la raza pura. 
Este caso nos prueba que los dos métodos diversos sub- 
sisten en la natuialeza , y que ninguo reina exclusiva- 
mente. 

Cuando las razas se diferencian bastante, como cuan- 
do no son de la misma especie, por ejemplo el asno y el 
caballo , el perro y el lobo ó la zorra , su producto es 
constantemente mestizo ; si por el contrario hay |)oca 
divcrsiUad, las uniones pueden reproducir los tipos puros 
primitivos. La misma tendencia existe en el hombre; 

Sero continuemos penetrando en este asunto , no consi- 
crando todavía la cuestión sino en los anímales. 
Que la naturaleza confunda ó separe los tipos, es con- 
forme á su marcha ordinaria , en la cual se observa que 
sus esfuerzos tienden alternativamente á ayudarse el 
uno al otro ó á combatirse ; pues que se la encuentra 
siempre ocupada en producir, conservar ó destruir. 

Examinando los hechos mas de cerca, encontramos al 
presente la mayor uniformidad allí donde se nos habia 
presentado á primera vista el mayor contraste. En el 
cruzamiento de las razas mas distintas, el mestizo pre- 
senta un tipo diverso del de la madre , no obstante al- 
§puna8 conformidades. Cuando dos razas poco diferen- 
tes reproducen uno ú otro tipo primitivo , la madre da 
á luz un ser desem^ante á ella. En la mezcla de las 
razas menos diferentes, la madre reproduce un ser de 
mayor semejanza á sí misma que en el primer caso; 
y aunque al parecer, se ale^ja entonces, de la tendencia 
mas gpcnerai de la naturaleza, que es la propagación de 
los mismos tipos , se conocería que se acerca mas á ella 
todavía, si se considera esta tendencia bajo su verdadero 
aspecto. 

£n las clases inferiores de los animales , no se observa 
por decirlo asi, mas que un sexo, ya que no hay distincio- 
nes entre los individuos en los órganos de la reproduc- 
ción, y cada ser da vida á otro ser del todo semejante á sí 
nusmo; no hay aquí, pues, sino procreación de un solo 
tipo. En los órdenes mas elevados, dos sexos concurren 
á la formación de los individuos , que los reproducen; 
así la madre da á luz ora uno formado á su propia 
imagen , ora otro hecho á semejanza del padre. Produce, 
pues , dos tipos disiintos á pesar de su afinidad , y dis- 
tintos hasta tal punto, que el macho y la hembra de una 
misma especie difieren muchas veces entre sí mas que 
de los individuos de especies no muy diversas, pero de 
igual sexo. Esto es tan cierto , que el macho y la hem- 
bra , en los animales cuyas costumbres no se habia te- 
nido ocasión de observar, han sido muchas veces colo- 
cados en una clase diversa, especialmente tratándose de 
insectos y de aves. Se ve , pues , que las observaciones 
de.Coladon pertenecen á este orden de hechos considera- 
dos en su generalidad ; pues que la madre produce dos 
tipos, el uno de los cuales representa el de su propia raza, 
y el otro los caracteres físicos de la raza del padre. 

Los mismos fenómenos acontecen en el hombre y con 
las mismas condiciones. Las razas humanas que mas se 
diferencian entre sí, producen mestizos, asi el mulato 
se deriva de la unión de las razas blanca y negra. Li^ 
otra observación de la reproducción de los dos tipos pri- 
mitivos , cuando los padres pertenecen á dos variedades 
poco diversas emkrt sí, es nenos nanifiesta, pero no me- 



nos verdadera. El fenóoMiio, M«t 



psraiqM 



importa? El croiamiento j^ooe ya k fMon, ya la se- 
paración de los tipos; de lo cual dedueiaMs esle priaei- 
gio fundamental, á saber : que cuando se mezclan pol- 
los de razas no muy díveraas , aunque oada individoo 
de la una se enlace con un individuo de la otra, de U 
nueva generación conservaFá ios tipos primitivos. 

Lo que prineipalmento tiende a conaervaiios e^ la 
distribución geográfica de los pueblos de raías diven» 
en un mismo terrílorio ; porque ¿quien puede laponer 
.una repartición de tal manem igual , ^ue ao se fonae 
una multitud de grupos en que La una o la otra de eiiw 
razas predominen en una gran proporción? Ella eoo- 
dicion sola basta para impedir que los tipos primilivoi 
queden totalmente destruidos. 

Pero se dirá: muchos desaparecen también por el a- 
terminio de las tribus. Respondo que á veces algooM 
poblaciones pueden caer bajo el hierro enemigo , peis 
difuilmente una nación, y particularmente una raza en- 
tera. Los Guanches desaparecieron, porque estaban coa- 
finados en pequeñas islas; y si los Caribes han dejado de 
existir en las islas de América , su rasa subsiste todavía 
en el continente. No conozco otros ejemplos ciertos 
de este género, porque no creo en la opinión difundida 
entre los Ingleses sobre la extinción de los antiguos Bre- 
tones en el territorio conquistado por ios Salones. 

Para que un pueblo esterminase á una gran nados, 
seria necesaria una larga perseverancia de crueldad 7 
de rabia que no existe en la naturaleza humana. Seme- 
jante pt oposición solo fue presentada y discutida cuando 
Gengis-Kan conquistó la China, como cuenta Abel Rs- 
musat. 

Una nación puede ser privada de grandes poretonei 
de territorio ; pero aun este hecho es extraoidinaria- 
mentc raro , y solo los salvajes , ofrecen ejemplo de él. 
Los de América han abandonado á los Europeos vastai 
comarcas; y á primera vista se concibe en efecto, que la 
mezcla de una y otra raza debía ser bastante difícil, i 
causa de la extrema incompatibilidad que existe entre 
ellas, porque un salvaje ni posee nada^ ni sabe nada, ai 
para nada es bueno; pero en la historia del Antiguo Con- 
tinente no se trata de salvajes, sino de bárbaros, esto 
es , de pueblos que tienen un principio de civilixaeioD. 

El tener los barbaros una industria , se opone á laf 
emigraciones totales forzadas ó voluntarias; átenlo qoe 
los gefes que proponen una expedición de conquista, no 
tienen poder ni influencia que tnsten á arrastrar tras ■ 
una nación entera. Cuando uno posee, se hace calcula^ 
dor; y no todos calculan del mismo modo. 

Si por el contrario la nación es invadida y vencida, 
el vencedor no trata de expulsar á la nación entcn; 
quiere terreno, especialmente si es nómada, y ahuyenta 
a una parte de los habitantes; pero como quiere también 
tributos, esclavos y auxiliares, conserva el reato de la 
población. Entonces algunos de los individuos de esta, 
impulsados por su amor á la independencia, abandonan 
el suelo patrio, y los otros se ligain con los vencedores' 
Tales principios, deducidos del conocimiento de la nato- 
raleza humana, están en general confirmados por la Hi>* 
toria. 

Considerando las muchas y grandes vicisitudes por 
qué han pasado los pueblos nómadas del Asia , p^/^ 
que apenas debería encontrarse uno solo en su primitiva 
patria. Pero Abel Remusat, tratando de los pueblos \^ 
taros, ha sabido encontrar las razas de casi todos, coando 
la Historia y las lenguas le ofrecían datos bastante cla- 
ros para reconocerlos. 

Por lo que respecta á la civilización , como causa de 
alteraciones en las formas y en las proporciones de las 
razas humanas, su acción e influencia nos son compo- 
tamente desconocidas. Por consiguiente , ni puede pre- 
tenderse ni negarse que imprima un nuevo carácter, u 
posible que el tránsito del estado salvaje al civiliíado 
produzca semejantes efectos ; pero tal cuestión no. nos 
compete, siendo aplicable únicamente á tlenipostan re- 
motos y oscuros, que se hallan fuera de los limites de la 
Historia. La mitología y la fábula han podido presentar- 
nos un cuadro imaginario ; pero la Historia no nos na 
mostrado nunca un pueblo primitivamente en estado 
salví^ y qu« después inventase ó aprendiese Iss artes. 



CAlumWB M US 

AeMO to hará ta día cuando loa lalvajet del Nuevo- 
mando te hayan sajelado á esta revolución , la mayor 
que paede experímenUr la sociedad humana. 

£o cuanto a los progresos de una civilización mas 
adelantada, cuyos caracteres Ikicos estuviesen ya cam- 
biados por haber abandonado la vida salvaje, sus efec- 
tos sobre las formas y sobre las proporciones, no podían 
tersino OHiy pareiaies: porque aquella se encuentra 
siempre difundida irregiuarmente en una nación , j las 
elasss inferiores, que son las mas numerosas, participan 
poqoisinio de día. Esle lasonamieolo os parecerá sin 
dada evidente; pero voy á pasar todavía mas adelan- 
te, ayundándome de la observación directa. £n los pun* 
tas en que he lomdo observar determinadamente uno 
ó mas tipos , los ne hallado en todas las clases de la 
sociedad , tanto en las ciudades como en los campos» 
eatre los aldeanos como entre los obreros, entre los po- 
bres i ignorantes , como entre las familias antiguas y 
distinguidas. Estas diversas clases representan todos los 
grados de civilización; y sin embargo , subsiste el mis- 
mo tipo en todas ; lo que basta para probar que puede 
eonservarsa intacto, á pesar de las modificaciones del es- 
tado social. Asi , pues, pueden subsistir los principa»* 
les caracteres físicos de un pueblo en una gran parte 
de la población y al través de una larga serie de si- 
glos, á pesar de la influencia del clima, dd cruzamien- 
to de las rasas , de las invasiones extranjeras y de los 
progresos de la civilización; de donde se sigue que debe- 
mos hallar en laa naciones modernas, si bien con cierta 
eradacion j propo.xion mayor ó menor, los rasgos que 
las distinguían en la época en que la Historia nos enseñó 
i conocerlas. Hemos visto que si la unión de nuevos 
pueblos multiplica los tipos, no por eso los confunde; 
ai número se aumenta con los de estos pueblos v con los 
criados por dios , á consecuencia de la mezcla de las ra« 
las ; de esta manera los tipos primitivos y los de nueva 
(bnñaeion, subsíatenal mismo tiempo, siempre que cada 
ano de ellof forme una gran parte de la nadon. Por el 
eootrario, si uno ú otro es poco numeroso , debe presu- 
miise que desaparezca, ó que deje muy débiles vestif^ios. 
lloobeíanle, es permitida la invesligacionde estos tipos, 
> porque hay causas que bastan para conservarlos ; pero 
ii acaso no se encuentran, no lo debemos extrañar, pues 
seria Blas extraño d encontrarlos. 

Los principios que nos han conducido á este resultado 
geaeral servirán también para su aplicación. Por tanto 
M suplico que oo perdáis de vista lo que os he dicho 
aeerca de la proporción numérica y de la distribución 
geográflea de loa pueblos en un mismo territorio. La 
observación da d estado actual ; la Historia suministra 
los datos sobre el estado anterior; y la corooaracion es- 
tableee las proporciones, cuando estos pueblos se hallan 
ea las condiciones necesarias para que puedan subsis- 
tir sos tipos. Ahora bien , habiendo visto que esta per- 
lisleneia la tienen especialmente las grandes masas , día 
debe guiamos á encontrar fácilmente los descendien- 
tes Ue los grandes pueblos. Esta objeto es mocho mas 
digno de nuestras investigadones; y aunque las peque- 
ñs fracciones extrañas que á oUos se unieron des- 
pués estimulen nuestra curiosidad , no debemos por 
esa sentir demasiado que se sustraigan á nuestra ob- 
Krvadon, limitando naestro examen á las principales 



MlAi H61U1US. 



4S 



Coando recordamos laa irrupciones de los Bárbaros 
que arruinaron d Imperio Romano , y que continuaron 
todavía por largo tiempo después de su destrucción, la in- 
finita serie de aquellos piíeUos nos espanta; sin em- 
bargo, su número no era tan grande como nos lo pinta 
dterrorde loa vencidos. 

Los Visigodos» ios Vándalos, los Hunos, los Hérulos, 
iM (^rogoídos , loa Longobardoa y los Normandos se 
pTícifitaron unos tías otros sobre Italia; pem ¿qué 
fttado ea la penmsuUi de estos enjambres de bárbaix«7 
1^ Visigodos, los Vánddos y los Hunos la ocuparon so- 
^^^ de paso : y si ignoranaos las fuerzas que traerán 
¡oi Hérulos y los Ostrogodos cuando cayeron sobre 
^(w> i no nos hasta saber que los Hérulos^ apenas 
te establecieron en d país tuvieron que sostener con- 
In los Godos una guerra sangrienta en la que su- 
<««bísiQiiT Por dta parte la puede juzgar de la dabUi^ 

TOMOk 



dad de los veneedores por d paqveSo numero de Irapas 
que pudieron oponer después a BcUsario, no obstante que 
hablan tenido tiempo para consolidarse y reproducirse. 
Estas tropas al principio no eran mas que dncueiita mil 
hombres, y después quedaron reduddas á siete mil , que 
capitularon, y fueron trasladados á Constantinopla. Nos 
quedaron los Loogobardos, que dejaron su nombre á un^ 
gran parte de lUlia y que poseían mas de la mitad de 
este territorio ; pero acaso no había entra ellos mas da 
den mil hombres capaces de manejar las armas. Loa 
Normandos que se apoderaron de casi todo d Mediodía 
de Italia no eran mas que un puñado de hombres ; la 
Gdia cambió de nombre y de dominación, y sin embar- 
go d ^ército de Clodoveo era poco numeroso ; y des- 
pués Guillermo d Conquistador subyugó la IngUtorra 
con sesenta mil hombres. Aquí tenéis grandes y me* 
morables conouistas que cambiaron la situación de las 
cosas y de los hombres , pero que no han podido produ- 
cir cambios notables en los tipos de los pueblos vencidos. 
Sí algunos descendientes de los vencedores han conser- 
vado los caracteres físicos de sus antepasados , es evi- 
dente que forman i>cqueños grupos y están 'como dise* 
minados y casi perdidos en la masa de las poblaciones. 

Hay, sin embargo, conquistas que originan gran- 
des mudanzas ; por ejemplo las iiivadones sucesivas» 
hechas por el mismo pueblo ; pues entonces se fonnon 
ñoco á poco grandes masas que fácilmente se perpetúan. 
De esta manera se enseñorearon los Sienes de Inglater- 
ra , y su raza ha podido perpetuarse en aqud país. 

Hemos supuesto constantemente hasta aouíque existen 
tipos característicos de pueblos antiguos, yhemosexami* 
nado si son transmisibles, no obstante la influenciade laa 
mencionadas causas perturbadoras. Satisfechos sobre esta 
punto, pasaremos á otra cuestión. Si estuviese demos- 
trada nuestra suposición , á saber, que hubo en la anti- 
güedad pueblos con un tipo característico , entonces ne- 
cesariamente , con arreglo á lo que hemos probado, estos 
tipos deberían existir todavía. Pero prderimos averiguar 
si existen hoy pueblos con tipo distinto y después in- 
vestigar su origen en los pueblos antiguos ; lo que en úl- 
timo análisis nos guiará al mismo resultado. He llegado 
pues al punto en que puedo daros cuenta de las obs^a- 
dooes que he hecho, mostrándoos primero los funda* 
mantos en que se apoyan. 

Los caracteres tomados de la forma y de las propor* 
Clones de la cabeza y facciones del rostro, ocupan cier* 
tamente el primer lugar. £n efecto, no se conoce á un 
hombre ni en la estatura , ni en la corpulencia , ni en d 
color , ni en el cabello , sino en el semblante ; esto es, en 
la forma de la cabeza y en las proporciones de losli- 
neamentoa de la cara. No prescindo de las modifica- 
ciones relativas d cabdlo , d color de la plei y á la 
estaturaf cuando son bastante generdes, porque entonces 
esta generalidad les da gran vdor; pero considero tales 
caracteres como enteramente secundarios é incapaces de 
constituir por si solos distinciones de raza , como no sea 
en casos extremos. 

Esto sentado, coñoienzo á explicaros la serie de ob» 
servaciopes que he hecho en nú viige por Francia, Ita- 
lia y parte de Suiza. 

Apenas llegué á las fronteras de Borgoña, comencé á 
notar un coi^unto de formas y lineamentos que consti- 
tuían un tipo particular, el cud era mas manifiesto y 
se reproduda con mas frecuencia á medida que me in- 
ternaba en d paui; hasta que habiendo llegado á Cha- 
lóos en un dia de mercado , me asombré d ver un gran 
número de fisonomías totdmente diversas de las que ha- 
bía observado al principio, las cuaks presentaban tipos 
tan diferentes que formaban entre si un perfecto con- 
traste. £1 tipo predominante que había visto hasta llegar 
á Chalons continuó presentándoseme frecuentemente en 
todo d resto de mi viaje por fiorgoña. 

Este tipo no cambió de naturaleza en d Lionesado, 
aunque mudó de color. Otro tanto sucedió en el 0elflna« 
do ; y los mismos caracteres de formas y de proporciones, 
aunque con otra gradación de color, se presentaron en U 
Saboya haste d mosite Cenis. 



no 
tipo. 



Fuera, pues, dd pequeño ampo observado en Ghllont, 
> vi dóda Aiixarre haate los Ali 



Alpes 

Digitized 



^m^ 



44 AfiLARAGIONIM 'AL 

Este territorio estabif ocupado tn los iiempos mas an« L 
tiguos por los Galos, y después fae conquistado por los • 
Romanos, que se confundieron con aquel pueblo. Si fuese 
preciso atribuir el tipo de que se trata á los descendien- 
tes de los unos ó de los otros , no vaciíariais ciertamente 
en referirlo á los Galos , pues que el número mas pe- 

?aeño no comunica sus caracteres físicos al mayor, 
ero cambia la dominación ; los Borgoñones sustituyen 
á los Romaros ; y el mismo raciocinio os conducirá á la 
misma consecuencia , la ciial subsistirá también á pesar 
de la sucesiva conquista de los Francos, porque unos y 
otros se encontraron en proporción igual. 

.La Italia me ofrecía una multitud deobjelos dignos de 
atención. Quería yo examinar si sobre las ruinas y entre 
el polvo de la antigiiedad , objeto de la admiración y de 
eufto de tantos viajeros^ vivían los descendientes de 
aquellos que levanti^on tantos monumentos , y presen- 
taban aun la imagen de sus antepasados. 

Pasando por Florencia, aproveché la ocasión que mo 
ofrecía la galería ducal para estudiar el tipo romano. Di 
la preferencia á loe bustos, do los primeros emperadores 
porque descendían de antiguas familias y no pertene- 
cían , como muchos de sus sucesores, á razas extranjeras. 
Gierto. número de estos buslos no solo tiene formas y 
proporciones iguales , sino también un carácter tan pro- 
nunciado que es difícil olvidarlo. Vedlo aquí exactamen- 
te determinado. £1 diámetro vertical es corto- y por 
consiguiente el rostro ancho; y como- el vértice del era-* 
neo está mas aplastado que elevado , y el extremo de la 
mandíbula os casi horizontal , el contomo de la cabeza, 
visto de frente, se acorca mucho aun verdaderocuadrado. 
Esta configuración es tan esencial, que si so prolongase la 
cabeza, aunque se conservaran todaslas demás facciones, 
ya no seria característica. Las partes laterales sobre las 
orejas son convexas, la frente baja , la nariz verdadera^ 
mente aguileña ,#s decir que la curva comienza desdo 
lo alto y termina antes de llegar á la punta , de modo 
que la base es horizontal; por* ultimo la parte anterior de 
la barba es redonda. 

Ya me esperaba yo«ncoDtrare8te tipo en Roma ; pero 
apenas entre en el teiTítoriodel papa, se me presentó con 
tanta semejanza de rasgos que quedé maravillado. £1 
mismo tipo me siguió en todo el camino á Perusa , á •£»- 
poleio y hasta Roma; y es de advertir que la semejanza 
no estaba solo en el rostro, sino también en la estatura, que 
en los Romanos, como sabéis, ora generalmente m^ediana. 
Este mismo tipo se encuentra esparcido al Norte do Roma, 
no solo por la parte de Perusa sino también en Ja otm 
dirección hacia Siena , Viterbo etc. ; y no sabré deciros 
hasta donde se extiende por la parte del Mediodía. 

Estas observaciones , aaoque limitadas , nos dan ya 
indicios útiles ; aplicables á la Historia. £1 tipo que he- 
mos observado en ios emperadores, ea también e^dc gran' 
número de soldados y ciudadanos, representados en bajos 
relieves y en bustos encontrados en el-tciritorío romano; 
por lo cual se puode decir que es característico de los 
habitantes de aquellas comarcas, tanto en los tiempos 
presentes comeen los pasados. 

¿Qué debemos pensar ahora del pueblo romano? ¿Sería 
descendiente de Eneas y de los Troyanos, formanck) Una 
nación extraña a la Italia, y encerrada en el recinto de 
Roma.? Gomo los campos son los que dan la población á 
las ciudades y no las ciudades á los cam^x» , especio 1- 
mente cuando se trata de grande extensión de terri lorio, 
Roma habrá sido poblada de este módo', y: muchos de los 
pueblos vecinos, entre otros Los Sabinos y gmn parter de 
ice £truscos , habrán tenido comunidad de raza con 4a 
mayor parte de la población de Roma. Este hecho no ha- 
bla sido hasta ahora corroborado por la ilistoría ; antes 
bien ios pueblos que l^bitaban aqud sucio estaban tan 
divididos. en cuerpos independientes, diversos entre sí 
en nombre y en intereses, que los historiadores los pre« 
sentaron siempre como de origen diferente; Pero Mioali 
y Nlebahr tovtcroo una idea mas justa de ellos , y el 
hecho que acabo de referir confirma en parte su» opi- 
niones. 

Pueden los extranjeros llegar á un pueblo, dominarlo, 
instruirlo , cambiar su nombre y su idioma , «ín alterar 
«a general sus caracteres físicos; pues que unpeqvcño 
número puede subyugar á una multitud é influir sobre 



*lrSSttO AlDIBtlO. 

su tíspíritu, pero no cambiar la organización física como 
hemos demostrado mas arriba. Ignoro á qué pueblo de- 
bieron los Etruscos su idioma, sus instituciones y sus ar- 
fes ; no sé si fue indígena ó extranjero; pero es evidente 
que una parte tie la población de la antigua Etraria tie- 
ne un tipo iguaf al que nosotros decimos que perte- 
nece al pueblo romano. Pero en la Etruría domina tam- 
bién otro tipo , ya indicado por mí , y no descrito to- 
davía. 

Agrícola ha hecho los retratos de los cuatro grandes 
poetas de Italia; Dante , Petrarca, Tasso y Ariosto, va- 
liéndose para esto de todos los monumentos contemporá- 
neos de aquellos escritores. Ahora bien , comparando 
lodos los dibujos que tuvo la t)ondad de comunicarme, 
vi que los que representaban á Dante , debian jjarecerae 
mucho, pues que diferían muy poco entre sí , repre- 
sentándolo todos con cabeza larga y por consiguiento 
poco ancha ; frente alta y desarrollada ; nariz corva de 
modo que la punta miraba hacia abajo ; alas remanga- 
dafe y barba prom'menle. 

Esta fisonomía tan bien caracterizada me hizo profun- 
da impresión. No pensaba, sin embargo , encontrar su 
tipo en laToscana, cuando por una singular combinación 
de circunstancias, apenas llegué á su frotitera por el ca- 
mino de Siena vi muchas personas en Radicofani que 
me ofrecieron el primor ejemplo *^e eisle tipo, ó Id menos 
el primero que llamó mi atención : una de ellas espe- 
cialmente ei-a la imagen viva de Dante. Al pasar la 
primera vez por Florencia , había yo notado en la ga- 
lería ducal algunas caras semejantes 'en las estatuas y 
en los bastos de la familia de los Miídicis y también en- 
tre los ciudadanos ; pero no me habia detenido mucho 
á considerar sus caracteres, y por lotanto no me habia for- 
mado de ellos una idea bastante exacta. Pero esta vez. 
habiendo residido largo tiempo en aquella ciudad, tuve 
ocasión de observar que tiles caracteres físicos consti- 
tuían un verdadero típo entre los Toscanos. ¥a hemos 
visto que este existía aun de.9de los tiempos de ■ Dante, 
y añadiré que muchos hombres célebres de la república 
de Florencia , presentan un tipo parecido y que tanibi<»n 
lo otwervc en algunos bustos, estatuas y bajos relieves 
otrnscos. 

Continué observándolo en Bolonia , en Ferrara , en 
Padua etc. , y en todas las- aldeas intermedias; y no solo 
era frecuente en Vene^ia, sinoabundaWe. Estando en es- 
ta ciudad y en la gáWía de la escuela veneciana delante 
de un cuadro que representaba un santo del país , d 
cicerone, advirtiend» que lo miraba atentamente, me 
hizo notar lo mucho que se parecia la cabeta del santo 
á la* de Dante ; y tuve ocasión de juígar de la frecuencia 
con que estos caracteres se reproducían antiguamente, 
observando los retratos decadadux, muchísimos de los 
cuales ofrecian á mi vista el mismo tipo. 

Pero este se presentó mas frocuehte y algunas veces 
con exageración á medida que mo interné hacia Milán. 
Ün dia me detuve dos horas en una aldea, y habl^ndn 
ido'k la plaza , donde se hallaba reunido un gran nume- 
ro de aldeanos, no me cansaba de examinarlos , mara- 
villado de su perfecta semejanza con uno de los tipos 
que habia visto en Francia . Creíame; jior decirlo asi, 
trasladado de improviso á la piara del mercado de Cna- 
lorts. Notad en quénxtension de territorio observe este 
tipo en Italia y con qué frecuencia, y convendréis en 
que dftbia reconocer la existencia de una raía muy ea- 
racterizada y numerosa esparcida por todo el norte de 
Italia. ¿No me hallaba en la <:;alia Cisalpina? ¿No natna 
visto un pueblo semejante en la Galia del otro lado rte 
los Ajpes? ¿Porqué pues no podían ser aquellos otros tan- 
tos Galos? Mas para reconocer esta verdad con aquel gracJo 
de certidumbre, único qu4»puede satisfacer el ánimo, nie 
quedaban que hacer otras obsei^vaciones. Necesitaba. «' 
era 'posible , ver este típo en mayor extensión de país y 
áegiiirlo, i)or decirlo asi, paso á pttso. A mi vuelta dem 
atravesar una parte d«» Suiía, poSeida antiguamenK^ F 
los Galos, y esperaba encontrar en cUao el tipo qj'/' 
hal)ia observado en Chalons y en Italia, ó el que nat>«j 
visto en el resto de la Borgona y en la 8aboya b^^^ ** 
Cenis. * . ol 

• La vertiente septentriona4 del-Simplon da *>r'?^,"^' 
valJie del Ródano. Loa primeros liab'^tantes que *l" ' 



CABAGXSJ^S^JUS.LAS RA7A$. HUMANfS. 



i^ 



PDCueiitran son evideutenienfe Germanos , pues que di- 
Sefeo de lus pueblos inmediatos en su aspecto y en su 
idioma, que es alemán ; pero si penetramos en el Vales, 
prouto cambia el idioma y cambian al mismo tiempo las 
fisonomía»; no se oye mas que el dialecto francés, y se 
r8CODOcc en iodos puntos el mismo pueblo que se ha 
visto en Saboya , con la misma fisonomía y casi el mis- 
mo color. 

Cuanto mas me acercaba á Ginebra se me ofrccian 
rúas comunmente á la vista los individuos del otro tipo 
observado en el norte de Italia y en Chalons ; y en Gi- 
nebra yasu número era grandísimo. Ved aquí, pues, una 
población perteneciente á dos razas completamente dis- 
tintas y que forman un marcado contraste ; la una con 
la cabeza mas redonda que ovalada, facciones redondas 
y estatura mediana, y la otra de cabeza larga, frente an- 
cha y alta , nariz inclinada hacia abajo , barba promi- 
uente , y elevada estatura. 

Distinguiré por ahora los dos tipos con el nombre de 
primero y segundo, siguiendo el orden en que los he se- 
ñabdo. Para continuar las mismas observaciones en un 
nuevo tcrrilorip, me delenniné á pasar por la Bresse, di- 
rigiéndome á Macón y Chalons; de este modo esperaba 
ligar con una cadena casi continua la parte de la po- 
blación que se referia al segundo tipo. Al principio de 
•ni camino observe en efecto la misma mezcla en 
cuanto á los elementos , pero en proporciones muy di; 
versas; porque el primer tipo dominaba hasta un puntó 
tal . que apenas veía , por decirlo asi , vestigios del otro. 
Mas al llegar cerca de Macón y en todo el camino hasta 
Chalóos , el segundo tipo se presentó bastante común* 
utente, y en Chalons, á donde llegué también en dia de 
Qiercado , tuve la satisfacción de comparar mis pasados 
recuerdos con la impresión presente, y comprobar su fi- 
delidad. 

Asi mis observaciones confirman liis oI>servaciones de 
\Tiestra historia. En la Galia reconocéis en una época 
remotísinia dos grandes familias , diferentes entre sí en 
idioma^ costumbres y estado social, que formaban toda la 
masa de la población, de la cual una y otra cónstituian 
pvte considerable, cualquiera que fuese en su origen su 
proporción numérica. Yo reconozco en la población ac- 
tual de la parte de Francia que antigu9.mente estaba ha- 
bitada por aquellas dos familias, dos tipos predomi- 
nantes, tan marcados y distintos que no es posible con- 
foDdirlos. Si desde la época en que nos mostráis estos 
dos pueblos como únicos poseedores del territorio no hu- 
inese habido mezcla con razas extranjeras , deberían re- 
ferirse sin vacilar estos dos tipos alas dos grandes íami^ 
lias galas; pero habiendo hecho después diversos pueblos 
la conquista del país en todo ó en parte , ¿cómo sej[)odrá 
hacerla distinción? Ya hemos sentado que el numero 
mas pequeño no comunica su tipo al mayor. Ahora bien, 
sabéis períectamcnte la inmensa desproporción que había 
eatre el número de los conquistadores establecidos en la 
Galia y el de los Galos, v esta ligera indicación os bastará 
para confirmar la identidad de los dos tipos modernos con 
las familias antiguas. Pero otros argumentos de diversa 
natanleza venarán luego á corroborarla mas y mas. 

De las dos familias que distinguís con el nombre de 
Galos y de Cimbros , los primeros debían ser en mayor 
QÚmero , pues que los presentáis como los habitantes 
mas antiguos de las Galias , cuyo territorio ocupaban en 
su mayor parte, antes de que los Cimbros se establecie- 
ran en ¿I. De esta primera distinción histórica entre los 
dos pueblos Galos, deduciré que el primer tipo , el cual 
zQe ba parecido mas numeroso , pertenece álos Galos y 
al otroá los Cimbros. Comparando su distribución geo- 
gráfica llegamos al mismo resultado. En vuestra obra 
^ nos presentan como mas particularmente reunidos en 
cuerpo ae nación en dos países diversos : 

I- La Galia Oriental , ocupada por los Galos , denomi- 
udos asi propiamente por César. 

H La Galia Septentrional que comprende la JBélgica 
de Cesar v la antigua Armóríca , cuyos habitantes com- 
praodeis d^|o la denominación general de Cimbfo^. 

Conóderando áprímera vista la Galia Oriental, segunJa 
emncíoQ que baecis de los hechos, es evidente que los 
Jjlwdebian de bailarse en mayor número, porque los 
Umbcos no hftbwa.penetr^^ J^ás allí cpu Ja fu^rsa de , 



, 1^ armas. Ahora bien ; atravesando 1^ parte de Franeía 
que corresponde á la Galia Orierital , del Norte al Medio- 
día, esto es, la Borgona, el Lionosado , el Delfinido y la 
Saboya, distinguí bien caracterizado aquel tipo que 
acabo de referir d los Galos , el cual estaba tan gene- 
' raímente difundido, que no reconocí antes otros, á excep- 
ción de los que vi en un solo cantón. Sin embargo , á 
mi vuelta, estudiando mas especialmente este punto, en7 
contré el segundo tipo también en otros diversos sitios 
de aquel país. 

Aunque hayáis puesto una línea divisoria entre los 
territorios de los dos pueblos , yo imagino que no consi- 
deráis la separación como tan absoluta, que no haya ha- 
bido mezcla entre ellos. De cuanto decís, aparece también 
que la hubo necesariamente, pues atribuís la religión 
de los Druidas á los Cimbros , y añadís que los Galos la 
adoptaron, aunque no exclusivamente. Ahora bien, ¿có- 
mo seria esto posible si no hubiese habido mezcla entre 
los dps pueblos? Poco importa que esta mezcla haya 
acaecido antiquísúnamente ó en tiempos posteriores, bas- 
tándome saber que aquellos pueblos eran numerosos y 
estaban en contacto, y que se reunieron después en un 
cuerpo de nación , porque el tiempo debió producir ne- 
cesariamente variaciones y mezclas entre los dos pue- 
blos. El primer tipo corresponde á la raza histórica que 
habéis designado bajo el nombre de Galos , y por tanto 
lo llamaré tipo galo. La cabeza de los individuos de esta 
tipo es redonda , acercándose á la forma esférica; la - 
frente mediana, ún poco convexa hacia las sienes ; los 
ojos grandes y abiertos , la nariz, comenzando desde su 
nacimiento, no tiene curvatura pronunciada y su extre- 
mo es redondo ; la barba es redonda también y la esta- 
tura mediana. Como veis , las facciones están perfecta- 
mente en armonía con la estructura de la cabeza , y esta 
descripción particularizada, puede reunirse en pocas pa- 
labras , como lo he hecho mas arriba , diciendo que la 
cabeza es mas esférica que oval, redondas las facciones y 
la estatura mediana. 

£n cuanto á la región septentrional de la Galia, como 
principal residencia de los Cimbros , en un viaje que 
emprendí anteriormente á la Galia Bélgica de César, 
desde la embocadura del Soma bástala del Sena, distin- 
guí por la primera vez la reunión de las facciones que 
constituyen el otro tipo, y muchas veces con tal exa- 
geración, que verdaderamente me sorprendió: la cabeza 
oblonga , la frente ancha y alta , la nariz encorvada con 
la punta mirando hacia bajo , la barba prominente y la 
estatura alta. 

Ahora bien, es indudable que este tipo, visto por mí des- 
pués en Borgoña , no podría ser el del pueblo extranjero 
que ha dado su nombre á la provincia , pues que existe 
en Normandia y en Picardía , países á donde jamás Ue- 
fi^aron los Borgoñones. Por otra parte no puede ser el de 
los Normandos, pues que existe en la Borgoña y en otras 
provincias de la Galia Oriental, donde aquellos pue- 
blos no üQ establecieron jamás. Asi debemos forzosa- 
mente referir aquel tipo á los antiguos habitantes, á los 
Belgas de César, á quienes dais el nombre de Cim- 
bros. 

Ninguno, que yo sepa, ha pretendido que los Escan- 
dinavos, conocidos en la edad media bajo el nombre do 
Normandos hayan destruido ó expulsado la población 
indígena de la Neustria; antes bien apenas estuvieron 
en posesión de esta comarca, adoptaron Ja lengua del 
país y perdieron la suya, hasta et punto de no quedar 
sino vestigios muy leves en la redacción de sus leyes; 
y este pueblo tan feroz en sus expediciones militares, se 
mostró de improviso en la administración de los negó* 
cios civiles el modelo de Los pueblos de la edad media. 
Como invasores devastaron ; como poseedores conserva- 
ron y perfeccionaron. 

Ignoro si una parte de su posteridad subsiste con los 
mismos caracteres físicos; si así es, quedarán probabler 
mente muy pocos ; lo que debe acaecer siempre que el 
pueblo conquistador se halla en una proporción numé- 
rica muy iruerior al pueblo vencido. Solo en las gran- 
des masas podemos tener esperanzas de encoi>trar los ti- 
pos antiguos, como hemos necho hasta aquL Y es de 
notar la oportunidad que la Francia nos presenta para 
e) buen éxito do^esU». ifiY^^a^ione»; su vasta e?(teii« ^ 



46 ACLAlUCKmM AL 

tlSn , su poblAelon que en todo tiempo fue numerosa en 
razón de la fertilidad del suelo y de la suavidad del 
elima , la menor mezcla con pueolos extranjeros rela- 
tivamente á otras naciones , y por último la mayor pre- 
eisio'n de noticias históricas sobre la distinción de los 
pueblos jndíg^enas , ofrecen gran campo á útiles obser- 
vaciones. Una sola vez toda la nación gala se halló em- 
peñada en una lucha violenta contra los invasores ex- 
tranjeros, y estos se proponían no ya la posesión exclu- 
siva del suelo, sino la dominación poUtica: pero después 
de la lucha esta nación prosperó mas que nunca bago la 
civilización romana; y como lejos de oponerse á los Fran- 
cos , los favoreció no perdió ninguna parte de su nobla- 
clon, y solo recibió un pequeño aumento de población 
extranjera. Semejante reunión de circunstancias las mas 

Sropias para la conservación de los caracteres físicos 
e un pueblo , debe inspirar una gran confianza en la 
clasificación á que hemos llegado. 

Bien determinadas las dos razas galas en sus caracte- 
res físicos , fácilmente podrán ser conocidas en los otros 
países, poseídos un tiempo por sus antepasados , si acaso 
se encuentran todavía en numero suficiente. 

Hagamos la aplicación á Inglaterra. £1 Mediodía de la 
Gran Bretaña, en la extensión que corresponde á la In- 
glaterra propiamente dicha , estaba según vuestra obra 
ocupado principalmente por el mismo pueblo que noseia 
el Norte ae las Galias y al cual llamáis Cimbro. Se tra- 
ta ahora de saber si tenia los mismos caracteres físicos. 
Pues bien ; yo puedo aseguraros que el mismo tipo ca- 
racterístico del pueblo, que un tiempo dominó en el 
Norte de la Calía existe en Inglaterra^ y que está ade- 
más esparcido por todo el territorio que antiguamente 
conquistaron los Sajones ; representa por consiguiente á 
los antiguos Bretones poseedores del suelo antes de la 
conquista de los Sajones y á quienes distinguís con el 
nombre de Cimbros. Si en la Historia no se habla 'de 
Bretones, en el territorio ocupado por los Sajones, pro- 
viene de no haber los Bretones formado una nación in- 
dependiente, ni menos un pueblo con existencia civil. 
Habian muerto, pues, parala Historia, especialmente para 
la Historia que se escribía en aquellos tiempos ; pero no 
habian perecido ; vivían aun, y ciertamente en la propor- 
ción en que debían hallarse los restos de una gran na- 
ción , á pesar de sus inmensos desastres. 

Para terminar la comparación, me falta hablar de 
la Suiza y del Norte de Italia. Bajo la fe de las noticias 
históricas consideráis á los Helvecios como Galos ; .por 
mi parte no puedo dudar de ello, pues que reconozco 
en los modernos Helvecios los mismos caracteres. No 
decís que se mezclasen con los Cimbros ; á mí no me 
corresponde sostener que se mezclaran un tiempo , pero 
puedo asegurar que están mezclados hoy, y en proporción 
b'astante grande para hacer creer que lo estuvieron anti- 

Suamente.Sé que actualmente la Suiza está dividida en 
os partes desiguales, la una oriental, en que no se habla 
masque alemán, la otra meridional y occidental, en que 
no se habla mas que francés , y he reconocido que la 
población era gala con doble titulo, por los Galos pro- 

■ píamente dichos y por los Cimbros. 

Sin las precedentes discusiones, y sin los hechos que 
hemos llegado á descifrar , ¿cómo habríamos podido re- 

, conocer á los Galos del Norte de Italia entre losSiculos, 
ios Ligurios, los Etruscos, los Vénetos, los Romanos, 
los Godos y los Longobardos? Pero tengo el hilo aue nos 
debe guiar en este laberinto. Primeramente, cualquiera 
que fuese el estado anterior, es cierto, según vuestras 
indagaciones y los testimonios unánimes de todos los 
historiadores, que los pueblos galos predominaron en 
d Norte de Italia entre los Alpes y los Apeninos. Los 
óbstervamos establecidos en aquellos países de un modo 

Sermanente , desde los tiempos primitivos á que se re- 
cre 1 1 historia de Italia; y los monumentos mas antiguos 
los representan con los caracteres de una gran nación 
úeaáe aauellos tiempos tan nauñM hasta una época muy 
avanzada de la historia romana. Esto me testa; no ne- 
cesito examinar los otros pueblos unidos á ellos en ttem« \ 
pos menos lejanos ; no necesito discutir su número reía- ' 
tivo ni la iaáiíe de su idioma ; me basta saber que los 
Galos existieron en gran número. Conozco las íkcciones 
lie sof compaMotMde Ift Mi* IVttMklpília , Us «etie^^ 



Libro mhomi. 

tro en la Cisalpina , y este es el primer hecho qoe oot 
es común respecto de Italia. Pero, pues que distinguís las 
familias , sera preciso que yo las distinga también. En 
la Galla Cisalpina reconocéis lo mismo que en la Tiaiu- 
alpina , U existencia de Galos y Cimbros. Ahora bien: 

Í^o he visto á estos últimos , no solo en los sitios donde 
os ponéis , sino también en otros donde no los indicáis. 

Suponiendo que al establecerse por primera vez en 
Italia las dos familias no hayan tenido absolutamente 
niuffuna unión entre sí, hecho que lo remoto y lo oscuro 
de los tiempos no nos permiten afirmar , los mostráis 
unidos en guerra contra los Homanos ; y estas relaciones 
de alianza y de necesidad han debido desde aquellos 
tiempos producir mezclas entre las dos familias. 

La Cispadana, en vuestra opinión, estala ocupada por 
los Cimbros, á quienes representáis en cada página eo- 
mo un pueblo extremadamente inquieto, que cada día 
hacia expediciones lejanas y peligrosas. Apenas los Ro- 
manos entran en lucha con los Galos de Italia, dtstin^is 
á losCimbrosentre estos últimos: y esto en efecto debía sa- 
ceder, pues que desde su primer establecimiento eran 
limítrofes de la Etruria, déla cual los separat>an tan solo 
los Apeninos, frágil barrera para un pueblo de aquella 
índole. Ciertamente que habian pasatío mas de una vex 
esta frontera antes de hacer temblar á los Romanos , 
y es probable que se establecieran algunos entre los 
Etruscos. Sin embargo, es indudable que he encontrado 
su tipo en el Norte de la Toscana ; y la inspección de 
los monumentos me ha demostrado que existían allí des- 
de tiempos muy remotos. Es de advertir además que el 
Norte de Italia entre los Alpes y los Apeninos es una 
vasta llanura dividida por el Pó. JEn el período de los si- 
glos transcurridos desde el establecimiento de los Cim- 
bros, suponiendo que no hubiesen ocupado primero mas 
que la Cispadana, la guerra que lo trastorna todo, y la 
paz que produce una fusión considerable , ¿no habrán 
acaso repartido aquel pueblo por una extensión mayor 
de territorio en aquella vasta llanura ? El terror que 
difundió la inminente invasión de Atila, ¿no pudo por 
ventura impulsar á una gran parte de la población á re- 
fugiarse en las islas inmediatas del Adriático, islas si- 
tuadas en las bocas del Pó , residencia antigua de los 
Cimbros? Por esto debéis recordar que he otiservado sa 
tipo, tanto efi los retratos de los anfiguoá habitantes de 
Venecia, como en su población actual. 

Ciertamente, en el Norte de Italia no he notado el 
tipo de la otra familia con la misma frecuencia , ni tam- 

ro pueden hacerse comparaciones sobre este punto, 
yo podía verlo ni reconocerlo todo, pero no debo 
omitir lo que fiílta á mis observaciones. No sostengo que 
aquel tipo no sea allí común , smo solamente que no se 
me ha ofrecido frecuentemente á la vista de un modo 
claro y distinto. Es probable tamtrien que se haya di- 
fundido mas de lo que me ha parecido á mf , y esto lo 
creo fundado en una observación que hice en Milaa. 
En la tienda de un librero vi expuesto un almanaque en 
folio^ coa un grabado que representaba dos personas no 
poco grotescas buríándose recíprocamente de su figura. 
Ahora bien , estas eran las caricaturas mas exactas de 
los dos tipos de las poblaciones galas antiguamente esta- 
blecidas en el país; sus facciones características eran 
precisamente las que el artista habla delineado con exa- 
geración, como si hubiese querido hacer resaltar lo que 
era esencialmente distintivo ; y á fin de que nada falta- 
se al contraste de los dos tipos entre sí, estaban fijefura- 
dos con la estatura propia dé cada tipo , es decir el que 
representaba al Cimbro, de alta estatura , y el otro que 
conespondla al Galo, de estatura mediana. 

El dibujante no tuvo por cierto á la vista lii la histo- 
ria natural , ni la antigiiedad ; pero delineó una carica- 
tura délos individuos que tenht con frecuencia ante sus 
ojos, y que ofrecían un contraste chocante. 

Notare con este motivo que cuando los Romanos en 
sus primeras guerras con aquellos pueblos hablan de los 
Galos de estatura extnordinaria, es evidente que tratan 
de les Cimbros. Éstos habitaban la Cispadana , y como 
mas inmediatos debieron ser los primeros que cayesen 
sobre los Romanos. La cabeza de un galo gigantesco 
pintada en una bandera en el foro de Roma pertenecía 
i t ym wp eBl e á aquéDa nAdon . €uml6 tm t tittft» m* 



cÁñMrnus m las iiijug BmiAMAs. 



« 



lorblMlloaMBM«lttMiiiM»don de la alte ««tetara áe 
los Galos , denfmaii á un pueblo a«e habéis clasifleado 
entre los ClmbttM, no por este earacterde que no hacols 
ninfTQD caso, sino fandados en todas las pruebas histó- 
ricas propias para establecer esta distinción. Ahora 
bien , yo ignoraba enteramente estos hechos , y sin em- 
bargo, por mi parte había reconocido que esta familia 
gala formaba por sa estatura ua contraste singular con 
k» Galos, que en general son de estatura mediana. 

En mis vi%)e8 por toda Francia, ñor Italia , Inglaterra 
y Suiza observé igualmente que el tipo designado por 
mí , siguiendo vuestro ejemplo , eon el nombre de cim- 
bríco , iba casi siempre acompañado de alta estatura. 
&te carácter físico existia pues en los tiempos antiguos 
como existe en los modernos, y la coincidencia estante 
mas noteble , cuanto que semejante cualidad del pueblo 
está generalmente considerada como muy variaÚe. £1 
heem es no solo curioso sino útil de saber , porque sir- 
ve para explicamos una contradicción aparente entre las 
relaciones de los antiguos historiadores y lo que se ob- 
serva ordinariamente en los Franceses modernos , que 
son de estatura mediana. Se ha preguntado muchas ve- 
ees donde estaban aqudlos Galos de alta estatura , de 
quienes hablan los Romanos. Restableciendo la distin- 
ción impuesta por la naturaleza, pero que la Historia ha- 
bía borrado confundiendo las dos familias, la contradic- 
ción desaparece. 

Los resultados á que hal>eis llegado están por tanto 
en consonancia evidente eon los míos , si bien peiiene- 
een á dos ciencias diversas ; coincidencia que debe for- 
tülearaos en la convicción de haber encontrado la 
verdad. 

Pero no se limitan á esto los hechos que sirven para 
corroborar nuestras opiniones. 

La comparación de los idiomas para llegar á su clasi- 
ficación ha dado origen en estos últimos tiempos á la 
Utu^HtHea. Ya conocéis su importancia-para la solución 
de infinitas cuestiones históricas , y os habéis servido 
de ella con mucha ventaja. También el filólogo debe 
enc^mtrar interés en esta ciencia , pues que le presenta 
erandes problemas que meditar , y le sirve de eufa en 
tts investigaciones sobre la filiación de los puemos. 

En la comparación de las lenguas se consideran casi 
exclusivamente las palabras cuya reunión forma el vo- 
csbiüario; la manera de emplearlas, objeto de la gramá- 
(Sea: y por último, el genio de cada idioma. La pronun- 
etscion no ha sido enteramente descuidada , pero no se la 
ha estudiado lo bastante ; y como cae bajo ei dominio de 
li filología, y por tanto pedia suministrarme datos para 
mi argumento, no la perdí de vista en el estudio de los 
pueblos , y esto me cóndilo á consideraciones acaso no 
desprovistas de interés. 

Un hombre puede llegar á hablar correctamente una 
lengua extranjera ', pero no á pronunciarla ; se mos- 
trará indígena en la frase y extranjero en el acen- 
0. Sirviéndose de las palabras y de la construcción de 
Ora lengua , conservsrá siempre alguna entonación de 
hpn^, ya alzando la voz en una sílaba mas bien 
q»en otra, ya sustituyendo á los sonidos á que no 
otehabltQado ó que son difíciles de pronunciar los que 
IcK^ familiares. Aunque quisiese renunciar á la len- 
^% su patria , no hablarla jamás y hasta olvidarla, 
eonst^nria siempre de ella vestigios indelebles en las 
ínflezHies de la voz , y este carácter constante serviria 
para daeubrír su origen, si quisiera ocultarlo. Lo que se 
dice de^n hombre solo, es mas aplicable á una nación, 
porque u individuo puede multiplicar hasta b infinito 
sos relacines eon aouelios, cuyo idioma ouiere apron- 
<kr ; y hftUuarse á (a imitación de los sonidos , pero no 
asi todo mpoeblo. 

El paebT que ha cambiado de lengua , trasmitirá, 
paes, en pa« á sus descendientes su acento y su pro- 
nnneiadott altiva; y aunque todo se altera con el 
tiempo^ noaiQentro razón para que no deban subsis- 
tir vesfigfes ementes del idioma antiguo en un nuevo 
idioma por «^nscurso de muchos siglos, 
^«bo al eoff» Mezzofonti , á quien tuv? ocasión de 
«■«»«^ »^¡¡i, «n ejemplo que confirma mi opi- 
!S?I ? ^^^ carácter que distinga la lengua in- 
|taaR«el8t4iii«|dioiMt de Europa, es b extremada 



Irregularidad de su pronuneiasion. Ahora bien , Meno^ 
fanti, hablándome de la lengua gala, atribuyó á esta 
la causa de este carácter particiüar de la lengua in- 
glesa. 

No tenia yo necesidad de preguntarle la relación eor 
tre una y otra , pues que sabia lo mismo que él, que los 
Bretones antes de la invasión de los Sajones hablaban 
aquella lengua : así él mismo rae suministró sin que yo 
la iHiscase una nueva prueba de que ios Bretones no ha- 
blan cesado de existir en Inglaterra á pisar de U coBr 
quistada los Sajones. Se les creía extinguidos hace 
muchos siglos , y ahora por el contrario, se conoce á 
sus descendientes en el sonido de la voz y en las faccio- 
nes: ¿qué puede faltar á su identidad? 

Hemos visto , bajo la fe de una autoridad respetable, 
cuanta influencia puede eiercer en la pronunciación ac- 
tual una lengua extinguida hace mucho tiempo , y có- 
mo estas modificaciones que parecen tan fugaoes y 
transitorias tienen á veces mayor durecion que los mo- 
numentos mas sólidos. Las observaciones que tuve oca- 
sión de hacer sobre k» dialectos de Italia, me dieron otro 
evidentísimo ejemplo de esta verdad. 

El genovés , el plamontés , el olilanes , el brescia- 
no, etc. son dialectos que se hablan en el Norte de Ita- 
lia, en puntos que un tiempo estuvieron ocupados por 
los Galos; pero estos idiomas , cualquiera que sea la di- 
ferencia que exista entre ellos , tienen caracteres comu- 
nes que los diferencian esencialmente de los dialectos 
del Mediodía. Por consiguiente , ¿por qué no hemos de 
atribuir lo que tienen de común y d^ característico , á 
lo que les ha quedado de la lengua primitiva? Pero sin 
remontarnos á este origen , podemos averiguar el hecho 
por un medio mas fácii. 

Los Galos establecidos en las dos partes de los Alpes, 
renunciando á su idioma para adoptar el latino , debie- 
ron modificarlo mas ó menos de la misma manera , se- 
gún las mismas disposiciones naturales ó adquiridas, con 
arreglo al principio que hemos establecido. Lo compa- 
raremos por una y otra parte con el acento , carácter 
tan importante, que cuando se cambia, desnaturaliza 
una lengua. 

Los Franceses , ó á lo menos los Parisienses , preten- 
den no tener acento , es decir, que no alzan el tono de 
la voz en una sílaba mas que en otra ; sin embargo lo 
tienen, solamente que en la culta sociedad no lo si:elen 
manifestar demasiado. Este acento rarga generalmente 
sobre la última sílaba; y el pueblo y la clase media al- 
zan entonces el tono de la voz de un modo bastante no- 
table. Por el contrario , los verdaderos Italianos ponen el 
acento en la penúltima ; y de este modo la última vocal 
representa las terminaciones variables del latín. Los 
Franceses terminando sus palabras donde ponen el acen- 
to , las han acortado ; y tal es la tisndencia de la len- 
gua aun en las palabras en que el acento va seguido 
de una sílaba final , porque esta es mas bien escrita 
que pronunciada, y tiene con justo título el nombre de 
muda, , 

Si los Galos transalpinos imprimieron este carácter ¿ 
su dialecto latino , lo mismo ha sucedido respecto de sos 
compatriotas los Cisalpinos , los cuales han pasado ma^ 
adelante, pues el modo que tienen de abreviar las pala- 
bras latinas, poniendo el acento en la última sílaba, no 
deja tiempo bastante al extranjero para comprender ni 
aun los términos que le son familiares. 

Hay ac^emls muchos sonidos eii el francés que lo 
distin^en especialmente del verdadero italiano; y de 
este numero es la u francesa. Ya sabéis cuanta dificultad 
experimentan los Italianos meridionales para pronun- 
ciarla porque no existe en su lengua. Ahora bien , esta 
f»ronunciacion de la Galla Transalpina se reproduce, en 
a Galla Cisalpina, desde los Alpes Occidentales hasta el 
Mincio, en los dialectos genovés, piamontés , milanos, 
brescíano , etc. 

Hay mas; estos dialectos poseen los sonidos franceses 
de eUf oeUf representados por las mismas letras , sonidos 
aun mas difíciles para un italiano que el de la ii ; y su- 
cede frecuentemente que las palabras en que se encuen- 
tran se modiücan también del mismo modo como feu, 
neuf, coevr, oeufeic. Asi, pues, esevidenteque los Galos 
de aquende y allende lof Alpos al adoptar el latín lo- 



48 



itibdiflcaron éegon sus disposiciones comunes, ó si que- 
réis , según los mismos principios. 

Otra particularidad de la pronunciación francesa , á 
lo menos respecto del idioma italiano , consiste en la 
Tariedad y en la frecuencia de los sonidos llamados oo- 
eáUt^úMdetf aue abundan en los dialectos cisalpinos; 
mientras que los Italianos que habitan el país situado 
bajo los Apeninos no poseen ninguno. 

Los hechos que acabo de referir no son los únicos que 
he observado ^pero como bastan para confirmar la ver- 
dad general expuesta y no necesito citar otros para Ilus- 
trar nuevamente esta materia. 

No puedo abandonar la Italia sin hablaros de una po- 
blación cuyos antepasados, á lo menos por lo que se pre- 
tende , han figxirado mucho en la Historia. En las mon- 
tañas del Vicentino y del Veronesado se encuentra una 
5 oblación extranjera que es considerada como un resto 
e los Cimbrios vencidos por Mario , y se la llama con 
este nombre ó con el de habitantes de los siete ó de los 
trece Comunes, según la provincia en que están situa- 
dos. Se dice que un príncipe de Dinamarca que fue á vi- 
sitarlos, los reconoció por verdaderos compatriotas suyos. 

Si realmente hablan un dialecto danés y si son des- 
cendientes de los Cimbrios de Mario , no jpodria haber 
ainidad entre ellos y los Galos que llamáis en vuestra 
obra Cimbros ; á no ser que quiera suponei-se que cam- 
biaron de lengua desde el tiempo de Mario , suposición 
que seguramente no admitiréis. Antes de acercarme al 
cantón que habitaban, me convencí de que no podían, 
aun en esta última hipótesis , provenir del Quersoncso 
Gímbrico; pues que en Bolonia , Mezzofantí me habia en- 
señado la oración dominical como ensayo de su lengua, 
la cual lejos de ser danesa, era un alemán tan fácil é in- 
ieligilJe , que no habia una palabra que yo no compren- 
diese á primera vista. 

Cuando llegué á Vicenza y después á.Verona , la es- 
tación no era favorable para una excursión por las 
montañas. Sin embargo , el conde Orti de Verona tuvo 
la bcndad de suplir en parte esta falta haciendo que me 
buscasen en la ciudad algunos de aquellos montañeses 
que su^en ir á ella con frecuencia ; y asi tuve la satis- 
facción de verlos y oírlos y me persuadí de que su idioma 
era alemán , pues habiéndoles yo hablado en esta len- 
gua y contestándome ellos en la suya , nos entendimos 
perfectamente. 

■ Me bastaban, pues, estas consideraciones, derivadas de 
la comparación de las lenguas, para convencerme de que 
aquellos montañeses no eran un resto de los Cimbrios 
deMario. Ignoraba yo entonces la investigación histórica 
que acababa de publicar acerca de estos pretendidos Cim- 
brios el conde Giovanelle , el cual en los autores que ' 
escribieron en la época de la decadencia y caida del im- 
perio romano , buscó los vestigios de un pueblo germá- 
nico que parece se estableció en aauellas comarcas antes 
de la mansión de los Longobardos, y encontró docu- 
mentos auténticos y exactos que dan á conocer el suceso, 
y marcan la época , las circunstancias y las causas. £n- 
nodio en su panegírico de Teodorico , rey de los Ostro* 
godos en Italia , le dirige estas palabras : 

«Tú acogiste á los Alemanes en los confines de Italia 
«y los estableciste en ella sin detrimento de los Romanos 
«poseedores del terreno. Asi , este pueblo ha encontrado 
vOQ rey en vez de aquel que habia merecido perder , y 
ffha lleeado á ser custodio del imperio latino cuyas fron- 
, nteras nabia invadido tantas veces. Feliz aquel que al 
nabandonar la patria encuentra otra mas rica y mas 
«fértil.» 

Una carta en nombre dd mismo Teodorico, escrita por 
Cariodoro y dirigida á Clodoveo rey de los Francos, 
expÁica la ocasión y las circunstancias de este aconteci- 
miento. 

«Vuestra mano victoriosa ha sometido á los pueblos 
«alemanes abatidos por razones poderosas etc. Pero ce- 
nmá de perseguir á sus infelices restos, que bien mero- 
deen gracia, habiendo buscado un asilo bajo la protección 
«de vuestros parientes. Usad de clemencia con aquellos 
«á quienes el nambre ha traído á nuestro territorio. Bás- 
«teos que su rey baya caldo y con él el orgullo de su 
«pueblo. « 

Por lo dicho se ve que est^s pretendidos Cimbrios no 



ACLikBACKmBS AL LORO PRIMBBO. 

son sino Germanos meridionales pertenecientes á la fede- 
ración de los Alemanes , cuyo nombre se extendió des- 
pués á todos los pueblos da Alemania. Con esto desaparece 
una grande objeción contra el parentesco qoc habéis re- 
conocido entre los Cimbrios propiamente dichos , j los 
Cimbros, etc. 



(D)pág. 17, nota 3. 

UNIDAD DE LA ESPECIE HUMANA. 

I. Unidad moral , probada por kuíraiicioms hitióncas y 
religUwtt. 

Pues que la cosmogonía y el diluvio del Génesis se 
encuentran en el fondo de todas las tradiciones antiguat», 
dejando á un lado las variaciones de los nombres pro- 
pios , podemos esperar que nos dé buen resultado la ta- 
rea de reducir ia^iudmente á la unidad las diferencias de 
la cronología. Ya que la ortodoxia religiosa no se limiU 
álos libros sagrados, sino que reclama también el aaxiliu 
de la ciencia , esta puede preguntarse, si la explicación 
mas sencilla y mas conforme con las tradiciones no cod- 
sisUria, primero: en que cada pueblo hubiese reproducido 
á su modo el mismo gran acontecimiento secundario, el 
diluvio; y luego en que todas las tradiciones fuesen el 
eco variado de una sola tradición , efecto ó testimonio de 
un acontecimiento mas grande y mas remoto , la crea- 
clon. Interpretando las fábulas de las narraciones, délos 
nombres y de las fechas de los otros puek»loB, es justo 
que se comprendan bien las narraciones , los nombres y 
las fechas de los libros del pueblo hebreo. Esta justi- 
cia distributiva ha restablecido en su puesto merecido la 
cronología bíblica de los Í.XX que dio al mundo cerca 
de 1500 años de antigüedad mas que la Vulgata. La 
versión y la cronología de los LXX fueron adoptadas por 
los apóstoles, por los primeros Padres de la iglesia, ]Sf 
también por Son Gerónimo como continuador de la cró- 
nica de Eusebio. Sentado de este modo nuestro término 
de comparación , apliquémoslo sucesivamente á los ana- 
les antiffuos, principiando por aquellos á los cuales tra- 
dicional y geográficamente se aproxima mas este ter- 
mino. 

Adoptamos los principios sentados por Fourmont en 
su obra que cstable<^ la semejanza de la triple genera- 
ción hebrea , caldea y fenicia , á pesar de la diierencia 
délos nombres, que siendo todos calificativos, debían va- 
riar en cada idioma. Filón, continuador de este espíritu 
de la antigüedad , no presentó mas que el significado 
griego de diez nombres fenicios correspondientes á los 
patriarcas hebreos desde Adán á Noe. Ks curioso ver en 
el Génesis los nombres de la descendencia de Cain, ad(^ 
lado por abuelo de los Fenicios y Caldeos, reproducir 
periódicamente la mayor parte de los nombres de h 
rama menor de Sel. Moisés habia enlazado á Abrahai: 
con Set , y los Hebreos con Jacob , hermano menor ^ 
Esaú. Los ijaldeos suponen acaecido el diluvio en ú&^' 
po del décimo patriarca. Los libros fenicios que hm^' i 
ffado hasta nosotros no lo mencionan; pero el fngtt^^ 
de Sanconiaton es brevísimo y toda la cpsmogoni^f 
dea-hebráica se encuentra en las tradiciones ma^^i' 

nde los Etruscos, que no pueden haberla recibí^ ^úio 
obnias Lidias ó Fenicias. £1 valor de la iuabra 
año , ó mas bien la um'dad cronológica, varia^^^^' 
mente en los anales de los Caldeos y los Fenicia- ^^tre 
los mismos Hebreos , el uso prudente de semej^'^plV^' 
bra no principió pobablemente hasta Moisésv^ critica 
se habia desarrollado en vista de las exage^c^"®* 7 
subterfugios críticos de los Egipcios, queha)^^' Umdo 
orguUosamente con sus propias dinastías icronologia 
del mundo. ' • • a 

Los anales de Egij^to absorvieron á los ^ ^^I^.^.' ^^ Egiji 
donde emanaban pnmitivamente asi coy> ^ ? a? "^' 
cion y la estirpe e^npcias. En las tradiciojs de los Abi- 
sinios, ó modernos Etíopes, se advierten > huellas de laj^ 
refundiciones hechas en la historia ant^ por ^^^ ^'"'" 
graciones hebreas. 

Los libros indios describen una cr^íio" i un paraíso _ 
con cuatro rios y un diluvio con un Jé. Las diez ow- "<"«» 
teros ó encarnaciones prinütivas úv^^^ » wcuerdan 



M LA KSPSeiS mUMA. 



lof éiet pttrÍMcafl tntedikvknot y Munenten la 
jftOA con d GénesÍB. £iieuéotnui8e también las cuatro 
edades del pagMúsmo en aquellos ímneDsos Vedas y 
Puiaaas, doofte loa adcmioa de 1» verdad se convierten 
frecaenlemeBie ea velos, y en donde no es posiUe Ueg«r 
«Iheeboiiislófieo aíao atravesando un triple recinto de 
üUwlas y alegiarias. 
^^ UsmneiíaaindagaeíottaBdelaiinodesnesindianistas 
kan idenüfieado la Persia é india anticuas con el Irán 
de los libNM sánscritos» ó la Arian»de qne faabián Plinio 
y Fdniponio Mela. No fucvon, pnes, los Persas mas que 
una rama de k gran nación india, oon la cual tavieion 
por aaneiía tiempo comunidad de patria , leli^on y 



46 



JSl gsan OQRjonto de la oroaología de lae naciones 
^ qoe estamos examinando, se enlasa con la astronomía. 
gti. Las opiniones pneden variar relativamente al ffrado de 
pa. coooeimicntos da los anligoes , pero es imposible negar 
^ en sus annks primitivos se reOe^an cálculos astro- 
nóffiicos. Disputando Delambue y Cuvier á los Egipeios 
el conocimiento de lapceeesionde los equinoccios, no pu- 
dieren negar que izaron el gran periodo soliaeo ó isíaco, 
ai repudiar los testimonios de £strabon y Diodoro , que 
daa positivamente á ios Tóbanos el año solar de 365 dias 
j en cuarto, ni el texto de SinceUo que aiftrma lo mismo 
refiriéndose i Manelon. £n todo caso no impcMia saber 
B elpenodo sottaco de 1460 años , y el semissiar de 600, 
Ibeion leaknente y con precisión inventados por los In* 
dios, Caideos y Egipcios , sino si estos períooos fueron 
boscadoe y examinados aproximativamente al través de 
las observaciones i^has respecto del naeimiento he- 
líaco ó del nacimiento acrónico de los astros velados ó 
torbadoa por loe vapores del Ikorixonte de las Konas tór- 
ridas. JLaa groseras aproximaciones eran corregidas por 
bs apioximaeionesde las esteoiones, por la periodicidad 
de ias lluvias otiópicas , y por las inundaciones del Nilo , 
del Ganges , del Indo , del Túris y del Eufrates. Lo que 
io^orto saber es^ si toles fonnulaa obtenidas de este 
■odo se conservaron ó no por tradioioa. Cuvier es 
d primero que lo pensó asi, proclamando no ser simple 
<iswalidad A encontrarse 40 o 50 siglos antes de Cristo 
el erigen tradicioiial de la monarquía asiria , india, 
cbina y egipcia, ó mejor cUcho, el origen de la sociedad 
I de la familia humana. Isto eonoordancia no puede 
explicarse sino dándolo por base la verdad. Ahora bien, 
véanse lea cáleulos que envolvían y abultaban orgullo- 
sámenle esto base racional y uniforme. 

La duración de 4.320,000 años asignada á las cuatro 
edadea indias, 'dividida por 360, número de las divi- 
áonss del primitivo eírculo zodiacal , ó. de los dias del 
año vago, eomp^utadoea globo, da por cuociente 12,000, 
BÚmero dai período persa y etruseo, y elemento del pe- 
riodo caktoo para el tiempo de los diez patriarcas anté- 
dfloviaiioa, precisamente igual á k última edad india. 
Las edades anteriores no son mas que la multiplicación 
moesivn ñor dos , por tres y por cuatro , del número 
432,000. ÉaU expresa tambten el año mas largo de res- 
litoéiony al círculo máximo de unplaneto, de una estrella ó 
de un grande año, caiouladosucesivamente en 25, en 36, 
1 luego en 432,000 años. También 36,000 y no sé qué 
iraedones eoostituyan el número de la antigua crono- 
logía egipcia qoe comprende el reinado de los dioses. 
Todos estos números son divisibles por 6, 9, 12, 18, 36^ 
74 y 144, y sos multíploa en progresión décupla consti- 
ta^en los periodos mas célebres de los Caldeos, Indios, 
Griegos y Tártorps. 

La palabra año' que significó una revolución mediana, 
tigníBeó también una grande y una pequeña ; siglos, 
OB año, ana estación, dos meses, quince días, y basto un 
día soto. La duración del mundo fue una revolución 
eircalar; anntit, oHds , «madia; el zodíaco material se 
convirtió en eronoiógioo. Por todas partes se ve, pues, pa- 
ridad de cálenlos astronómicos, por todas partes aplica- 
eioncB polcaticao ó retrógrada» nacia un tiempo pasado 
y oscuro. Habiendo aprendido los Egipcios algo de as- 
trooomía, se preiiararon zodíacos y dinastías ; asi como 
h a biend o aprendido mucho de escultura, se construye- 
ron la eoleecion eomptoto de estatuas de sus grandes 
sacerdotes nales ó imaginarios. Los números de estas 
I eran oqpüsion de la vanidad naóonal, mas 
h 



bien qoe de una antigüedad positiva , y en iodo caso 
entre aquellos pueblos rivales en materia de antigüe- 
dad, podía existir una verdadera concordancia , ya que 
las pretensiones contradictorias descansaban en un ol- 
vido easual ó volunUrio de las primeras relaciones de 
perentesco. £1 primer dato y el método eran pruebas de 
filiación. 

Sntee los pueblos de que nos resto hablar, elegiremos 
primeramente á los Chinos, cuya astronomía se vaíe éi chinos 
nacimiento aorónioo de los astros, así como la de los 
Indios. 

Los anales chinos hacen mención de los días de la 
creación, del caos, de la formación del cielo y de. la tier- 
ra, de loe véjeteles , de los animales y últimamente del ' 
hombre. Los reyes-hombres ó yu^hoang» estén dividi- 
dlos en cinco generaciones haste Fo-hí. Tudiean tombien 
una tradición del diluvio, que, como es natural, aconte^ 
^ció en su país bajo el reinado de Yao. Todo esto se parej- 
ee al Génesis ; lo demás es entecamente indio. £1 cielo 
tardó 108,000 anos en formarse y hubo tres series de 
dinastías : reyes del cielo, de la tierra y de los hombres^ 
Esto última , Uamada de los Xin , recuerda los Xia Cal- 
deo-Árabes y los dftp Persas ó Indios ; y las tres juntas 
reinaron 432,000 años. £1 origen de Forhi , padra del 
pueblo chino , se cooíunde frecuentemente oon uno de 
los reformadores indios llamado Budda, lo cual indica que 
procedió del e^c^tranjero U civiliuicion ya queiuo la rana 
china. Fo4ii apareció primero en las montañas de Cham- 
sí y reinó en el teiritorio de Chin con los Chinos, suseoor 
pañerosde emigmcion. £1 código de Manú, uno de loshr 
pros mas antiguos de la India , recuerda un antiquísimo 
cisma , seguido de la emigración de muchas tribus in- 
dias fuera di'l territorio sagrado: los Japanoi., esto es» 
los Jonios, Pelasgos ó Helenos: los SíKot, Sacios ó Esci- 
tas; los Paradaí, Partos; los Pahlapat, Pelvis; y los Chinoi. 

Todos estos emigrados pertenecían á la clase guerrera, 
,y fueron á formar grandes naciones. Los Chinos pene^ 
traron en la China y dieron su nombre al territorio de 
Chin ; Fo-hi ó Budda fue su caudillo espiritual. Un oc¿- 
gen mucho mas remoto y singular se luí asignado á la 
civilización china y á la mdia. Iluel, Kircher Kismpfer, 
De Guignes y Langlés, fueron á buscar sus elementos, á 
Egipto, cuando la superioridad egipcia era de moda , y 
apenas se conocían de nombre los libros sánscritos» Ia 
escritura ideográfica y la inmovilidad del sistema social 
son las analogías de que se dedujo sementé opinión. 
La oa^ra. negm y los cabellos crespos de muchos ídolos 
de Budda vistos en el Archipiélago Indo-chino sirvie- 
ron de especioso argumento, nasto que se conocieron C- 
sicanurnte las raza^ humanas que poblaron estas idas y 
que natoraloaento hacen á semejaaza suya los ídolos de 
los diose» y semi-dioses. Un numero mucho mayor de 
ídolos de 3udda y hasto de Sommonakodom tieneu ca- 
bellos lisos y el rostro molino; apariencia fisiea mucbo 
mas semejante á las razas americana», que también tu- 
vieron gobiernos inmóviles, geroglíficos y pirámides. 
¿Es esto acaso una razón para suponer que los Ameri- 
canos navegaron hacia el £gipto ae los Faraones , ó las 
flotas de Sesostris hacia el golfo de Méjico? 

Desconoce el origen de la sociedad humana el que ig- 
nora to ley que hace irradiar la raza desde el Asto Cen- 
tral, y (jue en caso de semejanza da necesariamente la 
superioridad á la especie que está mas inmediato al cen- 
tro. £1 Egipto, la £tiopía y la China tocan con la india 
por medio de su filiación, como la Caldea. Acabamos de 
ver el origen de los Chinos y de Fo-hi. Abraham y Bm- 
ma , Aram y Armen ¿no están tombien anudados con la 
raza de Sem y Jafet, como Manes y Manó con la de Jafet 
y de Cam? La civilización egipcia bsgó á orillas del Nilo 
y emanó de una colonia india , que mezclada con los ne- 
gros Africanos, formó la raza mestiza pintoda en los 
monumentos de Tebas y de la Nubla. La conquisto de la 
India por Saco, es una traducción griega de las expedi- 
eiones de Sesostris bajo la bandera de Osiris ; pero Osi- 
ris, Iswaraó Y»-ho-sir, es un mito indiano muy antetior, 
y los Griegos que sacaron del Egipto la religión y la ar- 
quitectura de los indios , se olvidaron de que las pirámi- 
des mas antiguas se atribuyen generalmente á pastores, 
y que estos, cuyo nombre era fisquetos ó Escitas eran de 
te laaa ariana o indo-persa. 

6*» 



90 



AGLAÜAGtONfeS AL UB1U> 



El Tibet y el Butan, países de altísimas montañas en- 
tre la India y la China, se hallan habitados por una raza 
indo-tártara , cuya civilización es un término medio en- 
tre estos dos grandes pueblos. Los Tibetinos son una eo- 
Tlbeti- ionia india por lo tocante á las leyes , la eserítara y la 
nos. religión: su alfabeto se parece mucho al sanscrílo ; su 
lenguaje es de la misma familia , jpero las palabras pro* 
penden á dislocarse en monosflabos, según el sistema 
chino. 

Aunque el Himalaya es la cordillera mas alta de 
montañas del gran Continente Asiático, no se refieren 
•in embar^ á él las memorias mas remotas de las pri- 
meras naciones. Los mismos Chinos acusan á los Tibe- 
tinos de ser un pueblo casi moderno ; pero el Himalaya 
está bastante cerca de las cordilleras dd Caucaso indo- 
bactñano, del Cial no le separa mas que el valle del Al- 
to Indo; y las vertientes septentrionales del mismo Cáu- 
eauso llegan al Altai , de donde Cuvicr hace proce- 
der la raza mogola, ó digamos mas bien al cual esta 
raza refiere antiquísimas reminiscencias. Hemos visto ya 
con bastante claridad el punto del globo en que estas tra- 
diciones se confunden , el orígen común de donde ema- 
nan con las emigraciones de los diversos pueblos, y todo 
según la explícita confesión de los mismos. Los Persas 
refieren su orígen al N.; los indios al N. 0.: los Chinos 
«1 0, y los Caldeos al N. £. El Cáueaso indo-bactriano 
es el centro á donde convergen todos cslos radios de la 
bnúyula histórica. Completemos el círculo de nuestro 
inmenso horizonte para no proceder de ligero : la pala- 
bra circumtpeceiim expresa perfectamente esta operación 
•de la vista y det espíritu. Ixis Escitas que reservábamos 
para el último lugar, porque su historia es mas conoci- 
da , y también mas lata y terminante , refieren su orí- 
gen al Mediodía y al Oriente. Los Negros que carecen de 
anales , nos dejan reducidos á las analogías deducidas 
del idioma y de su organización; y en breve veremos que 
ios Polinesios y Malayos son un apéndice de los indios» 
y de los Negros. Fijemos ahora la atención en los Ames 
rícanos, cuvo vasto continente que parece separado en- 
leramente del antiguo, lo toca sin embargo por el Nor- 
te; punto i)or el cual las tradiciones americanas suponen 
hatier venido la raza de sus abuelos. 
. Esta familia, que actualmente no cuenta mas que al- 
^^' gunos millones de individuos entre el Istmo y us dos 
pem'nsnlas, se halla al término de una decadencia que 
principió muchos siglos antes de la conquista española. 
Los Americanos de la edad media tenían teogonias y 
cosmogonías de una orgullosa antigüedad, lo mismo 
que ios Caldeos y los Indios. Su sociedad política pre- 
sentaba doctas complicaciones: la religión, leyendas 
sutiles y sacrificios bárbaros de que aun se ven hue- 
llas entre los salvajes modernos. Sus dialectos se ha- 
llan todavía llenos de expresiones abstractas , y sus mi- 
Ios indican dioses benéficos y reveladores; su econo- 
mía rural tiene plantas y animales domésticos, cuyos 
tipos se han peitlido ; los sacerdotes mejicanos usaban 
un año solar con un sistema de intercalaciones; sus ar- 
quitectos edificaban templos de enormes dimensiones, 
arcos y acueductos; la antigüedad americana parece 
que se remota mas allá de esta e Jad media, sorprendida 
y sofocada en el acto de regenerarse. £1 suelo del Istmo 
y de parte de las dos penínsulas, está cubierto de ruinas 
de una inmensidad egipcia, sobre las cuales el movi- 
miento de los bosques vírgenes del Nuevo Mundo , ha 
depositado muchos ciclos ó sucesiones desde que la in- 
dustria humana abandonó aquellos edificios á los elemen- 
tos. Estos ciclos botánicos, calculados por los sabios mo- 

• dernos, abrazan un período de cuatro o cinco siglos ; y se 
habían sucedido muchas veces, pues que los mismos Az- 
tecas ignoraban su orígen , y ni aun tenían noticia de la 
existencia de estas ruinas, de las cuales las mayores 

• como las de Palenque , se atribuyen hoy á los Alma- 
cas, progenitores de los Caribes, raza existente aun y 
notable por la oblicuidad de sus ojos. Dos tribus bárba- 
ras , los Otomies y Tetonacos tenían un idioma monosí- 
labo , indo-chino. Con tales semejanzas y con la his- 
toria de un reformador de cara pálida , en quien algunos 
pretenden ver á Budda , no es de extrañar que la ma- 

V parte de los etnógrafos hagan salir de la Tarfa- 
, de la China, del Japón y de kt Indochina á los 



primeros colonos de la América, la última emigración 
sería tal vez la de Manco4}apac , que Banking supone 
ser hijo de Cubilai, y biznieto de Gengis-kan. Enlodo 
caso las tradiciones del Asia antigua son evidentes en . 
las leogom'as y cosmogonías de k» Aztecas , y pueden 
reconocerse todavía en las memoriasdealgunossalvajes. 
La edad del mundo con una tecnología india, y los ele- 
mentos greoo-incBos, ffuh , esto es, edad ó sol de agua, 
de tierra, de aire y de fuego; el diluvio universal con 
un Noé; la dispersión de los pueblos; la confusión de la 
lenguas; el año solar; on zodiaco mogol, japonés, tibe* 
tino; la arquitectura egipcia, esto es, india ; las castas, 
las momias, los geroglíficos, la fisonomía y el color del 
Asia Oriental , constituyen ciertamente un cúmulo de 
semejanzasj, capaces de esciisar hasta la pretensión de in- 
dicar las vías y el tiemoo en que la uunüía humana 
pasó desde el Antiguo al Nuevo Mundo. 

Muchas razas de la antigua Asia fueron inventoras 
de las extravagancias que se notan en las costumbres 
americanas , como por ejemplo, entre los isleños de la 
Oceaní a el picarse el cutis ; el trofeo guerrero de las ca- 
belleras de sus enemigos; el mezclar la sangre de las dos 
personas que verifican un contrato ; el sacrificar á los es- 
clavos sobre la tumba de sus dueños; el privar de la vida á 
los padres ancianos ; el sacrificio de la viuda sobre la 
tumba del marido; el uso de dos lenguas distintas entre 
ios dos sexos, si bien de entrambos conocidas. Aunque 
la locura y la' malicia sean producciones espontáneas 
entre los hombres de todos los tiempos y lugares, la 
imitación todavía es una de sus fuentes mas comunes, 
y una de las explicaciones mas naturales y menos de- 
plorables. 

Atendiendo á que las. tradiciones simplemente orales ^ 
se alteran al cabo de pocas generaciones, los pueblos j| 
que no tienen anales escritos ó figurados no pueden 91 
inspiramos mas que una confianza limitada. Los Negros 
del África y del Archipiélago indo-chino estás ro« 
deadoe de pueblos, de los cuales siempre puede averi- 
guarse alguna cosa. Los isleños de la Oceanía , fueron 
siempre activos y audaces navegantes , y desde hace 
tres siglos, son amaestrados por los marinos y misione- 
ros de Europa. Por lo tanto referiremos con reserva 
leyendas, como la de las islas Tongas , que describen 
la dispersión de los hombres , su división en buenos y , 
malos, blancos y negros, después de una especie de 
maldición de Cnin ó asesinato de un Abel por mano de i 
un Caín; tradiciones como las de Taiti, donde Dios ado^ 
mece al primer hombro para extraerle un hueso, del que 
forma la primer miger , donde el primer hombre es 
formado de barro rojo, y el fénero humano sumeigido 
por un diluvio del cual se salva un Noé. Sin embaigo, 
si se suponen estas leyendas producto del contacto de 
los misioneros ó de los Cristianos de Europa, ¿por que 
las memorias del Nuevo Testamento no figuran en ellas 
tanto como las del Vie}o? 

El parentesco de la raza negra con las demás aparecerá 
principalmente por sus caracteres materiales y morales, 
donde falten tradiciones históricas ó religiosas, aten- 
dido el estado incompleto de los estudios relativos á las 
lenguas del África interior y de la Australia; pero bajo 
el aspecto de la lingüistica podemos ya decir que la gran 
familia oceánica ofrece uno de los triunfos mas ciertos y 
espléndidos al dogma unitario. Aquellas mil tribus es- 
parcidas por las islas, pu«üeron olvidar su tradición, mo- 
dificar su aspecto físico en medio de clima tan variado, 
y seria maravilloso que sus lenruas hubiesen resistido á 
la prueba del tiempo. Este ha hecho su electo , pero en 
grado tan leve que la identidad primitiva ha podido 
reconocerse aun mejor entre esas tribus que en ninguna 
otra parte. La familia oceánica , flotíUa innumerable y 
dispersa por el mar mas vasto , al capricho de los tre- 
fes, y las olas, ha conservado en todos sus idiomas ana 
bandera que puede conocerse , por lo menos tanto como 
las banderas desparramadas })or las conquistas y l^^ 
lenguas de la estirpe indo-germánica , sobra la cual fi- 
jaremos ahora la atención. 

Aquí seremos sobrios en la comparación de tradi' 
clones, ya que tenemos un medio de estudio mas con' I 
cluyenie y directo, quo es la filiación histórica. Los pn- 
mitivos anales de la Jadía , limpios de sus fábulas c 



OlflBAD »K LA^.SIDIdSX HUMAVA. 



51 



interpretados en sos alearías, nos demuestran, bajo el 
nombre de Irán y Turan , la antífona división de monte 
y llano. Tor, Turan , iodo el Cáucaso Indio está ocu- 
nado por la raza indo-persa , que toma el nombre de 
daca , Sace , Escita. Diodoro coloca á los Escitas á ori- 
llas del Indo; Amiano Marcelino los idcntiftca con los 
PeiBas ; Anquetil du Perron compara los dioses de las 
dos naciones, como antes Homero había principiado á 
hacerlo. Los Medos, muchas veces mezclados en las 
expediciones é historia de los Escitas primitivos, son 
Iranianos de mayor industria y mas amantes de las lla- 
nuras y de la vida sedentaria ; pero los Iranianos esta- 
blecidos en las ciudades, donde toman el nombre de 
Zendos no desdeñan el de Escitis. Semchid, nombre regio 
y nacional , es referido por Eugenio Burnouf á Yama- 
Schaeta , escita brillante. Herodoto nos representa á los 
Mesagelas ó grandes Escitas disputando la antigüedad á 
los Egipcios; y aun les disputaron hasta el territorio, pues 
no es ya dudoso que los reyes pastores fueron Escitas. 
ChampoUion leyó el nombre de. Shoto mil veces escrito 
con un epíteto insultante por el resentimiento de los 
vencidos, convertidos en vencedores. Las pinturas que 
adornan los palacios y tumbas regias de Tebas, represen- 
tan, al lado de nombres propios, retratos muy semejantes, 
de color blanco v sonrosido , cabellos castaños ó rubios: 
en los grandes bajo-relieves de Medinct-Abu , figuran 
los Caramanos y Gedrosianos con la cabeza cubierta de 
una piel de caballo con crin y orejas ; y las tribus 
aun salvajes de los Escitas, abuelos de nuestros Eu- 
ropeos Meridionales , se hallan reproducidas en un 
^tadu de casi completa desnudez. Josefo , que comparó 
i los Getas con los Escitas , asemeja á entrambos pue- 
blos á Gog y Magog. El nombre de Hiksos , dado por 
este historiador á los reyes pastores , contiene pronun- 
ciado ala oriental, el nombre natural de los Escitas 
Schotz, y el nombre de Hik , JÜií*, llevado aun hoy por 
los Armenios que constituyen una de las naciones mas 
bellas del Cáucaso. Diodoro hace expresamente pasar á 
jos Escitas por la Armenia y la Iberia ; Tolomeo los 
identifica con los Cúrelas ó Cretenses y con los Go- 
merianos, procedentes de la ciudad de Gomer, en la 
Bactriana; y la Biblia nombra un Gomer, nieto de Jafet. 
Estos dos remotos límites, el monte Imán y la Creta, 
asilados á la misma raza, suponen la ocupación de los 
Jwntos intermedios , el Asia Menor , la Tracia y todo el 
litoral del Euxino. • 

Jl* antigüedad coloca en los primeros tiempos hacia 
d Báltico los pueblos llamados Gomeríanos, y Cimerios ó 
Cimbros. Possidonio , apoyado después por Frerct , los 
frae de la Tauride y de la Cimeria , de oonde se hablan 
fugado en tiempo de la invasión escita en el siglo vi, 
antes de Cristo. Amadeo Thíerry enlaza con e^ta emi- 
pacion cimeria el movimiento espansivo de los Ga- 
los de Sigoveso y Bclloveso, inquietados en sus pose- 
nones de las Gallas. Puede decirse que esta agitación 
de los pueblos celtas y germanos, duró con toda certeza 
uwlorica , por espacio de doce siglos, seis antes y seis 
después de la era vulgar. En la crisis final que despe- 
dazo el imperio romano de Occidente, los Bárbaros for- 
jaban una cadena no interrumpida desdé el Asia á 
JSuropa, del Volga al Loira y hasta el Tajo , el Betis y 
el Atlas; y todos, á excepción de algunos Mogoles y Hu- 
uw, eran de una mi^ma semejanza física y casi de la 
inisma lengua; inducción muy preciosa para el corola- 
no que vamos á sacar , esto es, que las naciones godas 
«alieron no solo de la Escitia , sino del primer piíeblo 
«^>ta La palabra Geta , tantas voces asemejada á 2»- 
c»ta^ debe ser tenida por una variante de Godo. 

■El parentesco ▼ la identidad de las dos razas escita y 
^^w, na sido suficientemente demostrada oor Pelloutier 
«jujendo á Estrabon y á Tolomeo. Muchos otros doc- 
«w han identificado los Pelasgos con los Celtas , y 
wu los Helenos , y los Celtas con los Escolólos, Galataa 

ywuos. . m 

W^ ^ ^^^ escitas que descriSe Herodoto figuran 
» •iÜt'" ^ *"^'" ^'^ ®*^ nombre Pomponio Mela 
^noe Turcos, y la ciencia moderna ha aprobado esta 
j¡"?J'^**- Los Turcos son «na de las naciones mas 
«Mwiderables y antiguas de k Tartaria , que remontan 
«u on^ ^ Taghorma de la Escritura, justameote idea- 



lificado con el TaigitaoSi hijo de Jafet ó Júpiter. La< 

masa de la nación turca parece haberse desarrollado 
particularmente hacia el Altai, desde donde las tribus se 
difundieron por Occidente y Septentrión bajo el nombre 
de Uigurios, Turcomanos, Usbecos, Buidas, Selyúcidas, 
y Otomanos. Hoy aun se contunde en nuestra mente la 
idea de Escita con la de Tártaro ; pero la Tartaria de 
las cartas modernas no fue mas que el punto de reunión 
.de los antiguos Escitas. liOs textos antiguos, poco exa&> 
tos en cuanto al mundo griego y romano , pudieron 
asignar vagamente por morada á los Escitas las inme< 
diaciones del Caspio y el Euxino , y á los Gomerianos, 
Celtas y Galos las bocas del Danubio, las Galias, y bos- 
ques JSrcinios. Era la misma raza en épocas diversas. 
El flujo y rcfliú^ llegaron á ser mas frecuentes y obli* 
gados cuando la raza se encontró con el Océano , en las 
fronteras escandinavas , galas , ibéricas y africanas , y 
sus efectos por lo tanto . se habrían podido ver en los 
primeros albores de la Historia, aun cuando la filología 
no hubiese revelado el mas curioso punto de este com- 
plicado enigma, con el hallazgo de la antigua lengua 
de la India en todos los dialectos celtas, griegos , roma- 
nos, godos y eslavos. 

Las naciones de la Europa moderna son el produelo 
incontestable de la distribución y superposición de la 
ultima oleada de Escitas, bajo el nombre de Godos y Es- 
lavos. Estos se sobrepusieron á otra oleada anterior que 
llegó de un modo igual y del mismo país, pues que se 
componía de Cimerio^ , Galos y Celtas. Con extender 
á algunos siglos oscuros y lejanos el mecanismo que se 
ve aplicado durante veinte siglos seguidos, no se falta 
á ninguna ley de analogía; y U perturbación de las 
tradiciones orales , y un poco de orgullo nacional , ex- 
plican las pretensiones de autóctonos, de aborígenes, 
de hijos de la tierra^ ostentadas por tantos pueblos de 
Euroj)a^ y aceptadas por algunos nistoriadores. Cuando 
los Siculos residían a orillas del Po, se llamaban au- 
tóctonos, olvidando haber sido arrojados de las Ga- 
llas por los Ligios. Catón llama autóctonos á los pue- 
blos del Lacio, y Dionisio de Halioamaso nos dice que 
vinieron estos autóctonos de la Arcadia. En los Iberos 
no puede verse sino la oleada mas antigua de la inva- 
sión que hicieron en Europa , los Celtas ó Escitas Asiá- 
ticos, á los cuales se habrán mezclado otras naciones 
escitas y semíticas por el Mediterráneo y el litoral de 
África. Indígena no puede significar mas que primer 
ocupante. 



II. unidad de la «psoM humana, probada par lo» idioma» 
y la opiitud mpecHioa de la» raza». 



Enumerando las naciones que hoy viven sobre la tier- 
ra , traeremos hasta nuestra edad y países el hilo de las 
tradiciones y de U marcha de los pueblos. Si los he-^ 
chos y deducciones que acabamos de sentar son ciertos 
y legítimos , fácil es explicar el desenvolvimiento de las 
naciones europeas, pudiendo mujr bien reducirse á una 
sencilla enumeración. La distinción política, sobre ser 
movible como las revoluciones, divide la misma raza ó 
aglomera razas diversas. La distribución por lenguas es 
más útil á nuestro objete presente , y t;^.mbien mas ra- 
cional y estable. Esta da por resultado las trece clases 
siguientes. 

Los V(uco'» , Vizcaínos ó Euscaldunac , ocupan en 
Francia los departamentos de los Altos y Bajos Pirineos; 
y en España las cuatro provincias de Navarra, Álava, 
Vizcaya y Guipúzcoa. Son los restos de los Celtíberos ó 
Iberos primitivos qae ocupaban las Galias hasta el Loira 

Líos Alpes meridionales , toda la península ibérica , las 
ileares , la Cerdeña , la Córcega , la Italia y la Sicilia. 
En efecto, muchos nombres de la eeo^rafia antigua de 
estos países se explican con etimologías vascongadas ; 
▼ esta huella del paso y permanencid de la raza, es aun 
hoy consignada por hombres competentes, como no me- 
nos cierta que los anal is mas explícitos. j 

Los Celta» 6 Gaelios habitan las islas británicas y 1<^ I C 
departamentos firaoceses de la antigua Bretaña , donde 



m 

están mesdados con 1m Cimbros. 
JetucristD estas dos naciones hermanas de raza y de 
lengua se tocati , se enmujan y combaten , sin confun- 
dirse. Los Belf^ eran Cimbros; los Gaelios de Irlanda 
se titularon 5mI ó Sniü, fugitivos, cuyo nombre die- 
ron á la Escocia cuando emigraron á efia , hacia el si- 
glo IX , mezclándose allí con los Caledonios ó Gael- 
Eddon , Galos de los bosques. La lengua gael-ersa que 
se habla en el Albanicfa , 6 alto país , forma el fondo de 
los cantos osiánicos. Los Galeses 6 Comwales son Bre- 
tones-Cimbros , como los de la Annórica. Estos toman, 
como sus hermanos del otro lado del canal de la Blan- 
cha» el nombre de Cimbros, pero prefiriendo el de 
Breizad. £1 fondo de los tres dialectos es germánico, 
mezclado con latin y celta. El celta se ha conservado 
mas puro, esto es, mas sánscrito, en el gael-erso de 
Irlanda y de Escocia. 

Los Gérmoñot se llaman á sí propios TeuU 6 í>evíUiií. 
Los Escandinavos son una rama de estos Teutones, .que 
habitaban al principio de nuestra era desde las bo«as 
del Danubio hasta el Báltico. La lengua alemana tiene 
muchos dialectos: suevo . bávaro , ímncon y sajón. El 
holandés , que formó nacionalidad aparte , preva- 
lece en los libros después del siglo xvi , cuando esta- 
ba en gran boga el flamenco , aue es otro dialecto 
del bajo alemán. Los Noruegos hablan una lengua poco 
distinta de la sueca , y de la cual fue un dialecto la is- 
landesa. Los Daneses se llamaron fufos , que es seme- 
jante á Getas ó Godos ; y hasta el siglo v su lengua 
fue un dialecto alemán , parecido al ni son y al sajón. 
En Inglaterra los Ingleses y Sajones , establecidos 
en 450 , vieron convertirse su lengua en danesa , des- 
pués de una conquista escandinava del siglo octavo. El 
salón , restaurado después de Eduardo el Confesor , que- 
do mezclado con el danés , como después de la con- 
quista normanda esta misma lengua sajona-danesa , 
mezclada también con mucho francés, formó el inglés 
moderno. 

El francés fbrma la transición de los pueblos y de las 
lenguas germánicas á las naciones y lenguas neo-lati- 
nas , ya que tiene un quinto por lo menos de los dia- 
lectos bajo-aleman , fmnco y frisen. El idioma ronm- 
no , Intermedio entre el alemán de los Francos y las 
lenguas de oe y de oii»*, es ya mucho mas latino que ale- 
mán en el juramento de los reyes Carlovingios. El fran- 
cés es tamiíien el idioma nacional de los Belgas y Sabo- 
yanos , y de algunos Suizos y Grisones. 

La lengua romana , con mayor razón , se difundió en 
Italia , metrópoli del imperio romano , hablándose en el 
campsf todo el latín rústico, j en toda ciudad pequeña 
el latin urbano. La lenru» italiana , formada por los 
Florentinos , conservó algunas aspiraciones alemanas. 
La España , donde aun son mas las letras guturales , las 
debe tanto á los Godos como á los Árabes. £1 portu- 
gués dio nacionalidad y literatura al dialecto español- 
g^iego. 

Idiomas romanos de distinta fisonomía surgieron en las 
tierras donde el latino encontraba lenguas diversas de 
los dialectos celtas: así se advierte eo el Yálaco enlas bo- 
cas del Danubio, el Letón, en la Lituania,, Samoyicia, 
Gurlandia , Livonia i y un poco en el albanís de los Slú- 



Desde el siglo v de y llámase Madglar , como ciertos TÜrttooa que ami pe^ 
manecen al norte del Cáucaso. , « , i 

Los pueblos de lengua finesa son los nndcses^jos 
Livios, Estonios y Upones. Estos wn^« »»» "J^ 
como los pueblos que han llevado al Iforte de Europa 
una lengua que se encuentra en Siberia entre tos cn»- 
misos, Votiacos, Morduaros, Ersdades y Vórulos. Es- 
tos parecen los verdaderos descendientes de toe Hnnos 
de Atila. . , xu. 

LosTuroos, que repitieron los mismos actos de l« Hor 
nos y Godos , hablan saUdo del Altai ; su idioma tártaro 
está mezclado de árabe, persa y griego. 

Los GHtgw modemoi se llamaban Romanos en el ¡¡a» 
sometido á los Turtos; en la Grecia de Oton ^ol;^»?» 
estar en voga el título de Helenos. La raza se mezcló coo 
muchas invasiones eslavas ; pero U religión y escnluit 
griegas , adoptadas por mucnas naciones eslavas , am- 
íervaron la lengua y;iteratura de los Griegos moder- 
nos, la cual es muy diferente de la lengua aafigua | 
aun lo son mas los idiomas hablados. 

Los Alvontm, Sliipos ó Sltipetarlps , son los Ar- 
nautas de los Tureos, descendientes de los Kp»ro« « i 
lUricos , mezclados con los Tártaros-albaneses del Ñor- | 
te del Cáucaso. Su lengua, impregnada de laün, aT>- | 
sorvió mayor cantidad de griego y eslavo. 

Completemos este cuadro con tres naciones erran» . 
en Europa. , ., 

Los /ttdtot descienden seguramente de los dispersa- 
dos por Tito y Adriano. La aserción de Estrabon acer» I 
del próximo parentesco de las leneuas semíticas , se na 
comprobado por la filología moderna. y«>l^«^íf * | 
trater de este punto mas abajo al hablar dd análisis üc 
las lenguas. ^ . , ^^^^ ' 

Los imwníot , que en Europa y en Asia ton nego- 
ciantes émulos de los Indios , pertfieron desde muy an- 
tiguo su nacionalidad. La literatura de esto», de gran 
precio por haber conservado traducidos algunos liw» | 
antiguos, cuyo« originales se habían perdido, no Uene 
alfabeto especial sino desde el siglo xiv. El anncnio a i 
' un dialecto sánscrito muy seminante al griego. ! 

Los GUanoi ó Ungaroz hablan un idioma en el que 
se encuentra mucha semejanza con el del Indostan ; oe 
donde se dedujo que debió de haber alguna emigración 
durante las conquistas de Timur. Una nación * f"^ »* ®°^ 
bücadura del Indo, Uámase aun Cmgofia; y el nomtjre 
de 5ía< que ellos se dan, recuerda el del no de su pa- 
tria. Los Persas ios llaman Indios negros : parte de W 
Alemana, Talaros; la España v la Inglaterra, ISgip- 
cios (*): sostenidas tales hipótesis por su color moreno 
y ojos asiáticos. El mayor número de Zíngaros se en- 
cuentra en la Moldevalaquia , en donde se supone qnc 
Constantino Coprónimo estableció unacolonia. Asi es que 
muchos Zíngaros errantes por otros países haWan una 
jerga en que domina el Válaco. , ^.^ in-. 

Gracias á las luces de la historia y de la civilizacioB jj» 
moderna j esta madeja de pueblos es fácil de devanar, ^ 
por enredados que estén sus hilos. Mas dificiles en Asia, {^ 
atendida la oscuridad de los materiales, aun en lo Jc- kt 
latívo á nuestros diaa, y su complicación en todos i» ^ 
tiempos ; pero la flsioWia de las principales »n?dias¿« ^ 
lenguasnos servirá de luz entre los escoUes y tmieUas ^ 



pos. En Polonia , Transílvania y Hungría, donde el laUn I d^ ^i^ Central y dd resto del mundo 

urbano continuó siendo lengua oficial, se propagó entre - • •• • ^ .--i-u— j^ u — 

el pueblo, que to habla juntamente oon los idiomas esla< 
vos nacionales. 



vos 

Una parte de estos adoptó el alfabeto griego con la 
liturgia oriente!; el resto se hizo católico con el alia- 
fabeto romano ó godo. Los dialectos eslavos principales 
son el ruso, el polaco y el bohemio, dividido en checo, 
moravo y húngaro ó eslovaco ; el ilírico y el croate. Se 
disputen el origen de los Kiisos, los Varegos del Bálti- 
co y losRosses ó Qarangoa, pueblo kosar ó escita dd 
Mar Negí^. 

Los Húngaros fueron confundidos por los AJwnsnss 
Con los Hunos , Qunoi de los Griegos, lUung*<ia de los 
anales chinos* pero losUuuos de Atüa eran una raza 
muy mezclada; allí habla CJigurios^ Avaras, cuyonomr 
bre unido aLde Htta, ha quedado al país ^ AMosoria, 
Hungría. La lengua húngam» ó eslovaca es maa tuceot- 
persa que finesa y eslava. La raza es mucho mas beüa. 



A Leibniez se^ debe U idea de buscar en d "abw 
comparativo de las lenguas la verdadera geoeatogia aa 
género humano. Federico Schlegd y Adelung. apli- 
cando este idea , encontraron en el sanscristo las formas 
gramaticales y las raices del latin . griego y atetan. 
Otros filólogos vieron después en él las formas y d fon- 
do de las lengua» eslavas; y aun ensl ersa, ^es J 
bajo broten se hallaron Coraaas extrañas al latoi, si 
griego, alaleman y aleskvo , y<J«^«*»'^*!^íl!;,^ 
a saiMWrito ; de donde se dadow %«e el «w^^^ 
que media desde la Judia á la Europa Occidental, «» 
Oeoo de idiomas q» perteneceu 4 U fiuwUa de k» que 
se hablan solos pontos eiteemoi. Klgpoigiaiio,»»- 



(M •Wliitewf,«sdsiideproeedi»üspsfc»si|IWr«es. 
paftsByfmiksaiaflé&. 



(N.étiTJ 



íl 



d menfo, ótete, elsteno, elpluseta, el afgran, el persa 
moderno y antiruo, esto es, zendo y pelvi, son idio- 
iDM índo-^ennáiiicos, próximos parientes del sáns- 
crito. 

Del pvípo semiUco fueron dialectos el arameo al 
NoKe, ^eananeo a! Mediodía, y el árabe al Sur. £t 
arameo eomprende el caldeo y el sirio; el cananeo abra- 
za el samarítano , el flltstino, el fenicio, el púnico y el 
hebreo. El egipcio vulgar y yerático, así como el etiope 
fueron probablemente dialectos inmediatos al fenicio. 
El árabe se divide en verdadero, moro , abisinio , mal- 
tés y mapuliano dd Indostan. Los caracteres mas gene- 
rales de estas lengnas son : l.^la uniformidad de sus 
radicales, compuestas de tres sdabas ó mas bien de tres 
letras, ntgtm e) sistema que ((ja solamente las consonan- 
tes , abandonando las yo«:ales á la tradición ; 2.^ la es- 
tructora del verbo, donde tres radicales conservándose 
siempre melgadas , aanque con algunos incrementos, 
hacen pasar la acción por todas las gradaciones po- 
üblcs. 

9o tomen «tes lenguas peculiares tan solo de los Se- 
mitas, sino que también las hablaron los descendientes 
de Cam mientras habitaron á orillas del Océano Indico, 
dd Mar Rojo y del Nilo. Todo to que la interpretación 
de los geroglfficos afiaxle á los vestigios del antiguo Egio- 
do conservados en el cofto , demuestra la incontestable 
aflnkiad que aquella lengua tenia con el antiguo ara- 
meo , si bien no estaba sujeta al sistema gráfico trilite- 
ral. La Abisinia, antiquísima colonia Gamita, conservó 
hasta hoy un idioma, en el cual se ha creído encontrar 
ya él hebreo de los progenitores, ya el árabe de sus des- 
cendientes. Ambas hipótesis son sostenibles, asi como lá 
qoe se refiere al maltes; pues mientms que Soldanis creía 
encontrar en este el fenicio oriental, varios viajeros 
procedentes de Egipto 6 Berbería veian en él un árabe 
muy moderno. Elárabe impuesto hace mil años á los Be- 
reberes del Aflas, no llegó á asimilarse tan completamen- 
te el idioma de estos, forma antiquisioia délos de Sem 
y Cam. 

£1 parentesco de Sem y Jafet, por mucho tiempo re- 
legado entre las aserciones meramente tradicionales, pa- 
ta al estado de demostración mediante el de las lenguas. 
El coito, procedente de los museos de antigüedades, al 
paso que presenta huellas profundas de la dominación del 
antiguo arameo , ofrece , aunque confusos , muchos ves- 
tigios indios. Toda la estructura del pronombre cofto 
ha sido encontrada en el hebreo y reconstruida en el sáns- 
crito. El catálogo de las raices indias , común á las len- 
gnas semíticas, va extendiéndose de día en día. £1 persa 
antiguo ó pelvi, es semítico en cuanto á las palabras, 
é indo-europeo por la gramática. Las flexiones dsl verbo 
árabe por medio de pronombres semilatinos recuerdan 
la conjugación griega con el auxilio de partículas. El 
verbo medio de Ibl conjugación griep^a recuerda algún 
tanto las formas y enteramente la significación de los 
reflexivos semíticos. 

Beland , Cook y Forster fueron los primeros que com- 
pararon los idiomas oceánicos y reconocieron su pa- 
rentesco con el de Madagascar , el malayo y el albanés. 
Estos dos üllütto* en su forma popular, son el resumen 
y el término medio de toda la familia. El mar llegó á 
aer una vía de comunicación eficaz tan luego como 
. un poco de industria quitó el obstáculo que oponía 
i las emigraeiooes. Desde las islas de Sandwich á la 
Raeva-ZJanda hay casi 1,800 leguas y los idiomas 
son muy semejantes. Desde Madagascar á las Filipinas 
hay casi otro tanto , y en ambas partes se hablan len- 
guas hermanas. De Java á las Marquesas hay un tercio 
de la sirconferencia del globo , y los vocabularios son 
aÚí de la misma familia: el idioma Kawi , forma mo- 
derna del antiguo malayo , javanés ó kawor , es la len- 
gua sánscrita despojada de sus inflexionéis. 

Las leoguail inao-chinas ti^p mucha conexión con 
las chinas propiamente dicÍiÍH[ que al Sur se dan la 
mano óonef Kawig, y al Norte Ton d grupo tártaro por 
medio dalas lepguas áA Tibet y del Bulan. Los tártaros 
oescendientes <k la iamilia ariana , hablan también len- 
guas ariánas, pero que han dejgenerado en lenguas fran- 
cat ^ Dorque eaelías no se cot^uga el verbo. Los Tárta- 
ros atoados yTohgusoft y Mogoles tieúen idiomas muy 



semejantes á los de sus hehnafnó* blancos. El gtupo de 
las lenguas uralo-slbéricas penetra en China por la Co- 
rea y en Europa por los idiomas eslavo-fineses. Laslen- 
guas de África son semíticas en el Norte por el berebery 
en el Este por el amarice, idioma africano con inflexiones 
semíticas. El gala , el somawly , el dankah , de los cua- 
les comenzamos á tener diccionarios ; el rotana , el nu- 
b1 el tibbu , el twarik , cuya explicación ha intentado 
algún viajero , acaso presentarán semejanías asiátícaa, 
que se esperan encontrar también en el idioma de los 
Fullahs y se han haUado ya en los de Madagascar. 

Las lenguas americanas , no obstante su infinita va- 
riedad, ceden al análisis y se fundan en un tipo bas- 
tante uniforme para poner fuera de duda la unidad de 
su origen. Algunas tienden al sistema monosílabo de las 
indo-chinas; pero también se encuentra en ellas la cons- 
trucción del verbo sencilla en los procedimientos y 
complicada en los resultados, porque varía las grada- 
clones de la acción interponiendo ciertos incrementos, 
como en el verbo semítico. El verbo vasco ofrece aun en 
mayor escala esta particularidad , pues la misma raa 
produce hasta veinte y cinco conjugaciones. ^ 

U existencia de una lengua antenor á los «Uomas 
semíticos é indios, es muy probable, pues que la frater- 
nidad supone comunidad de padre ó madre , y esta ma- 
dre mas complete que las dos hijas conocidas, pudo 
liabcr tenidoolras hijasá las cuales legase la construcción 
del verbo en su entera complicación. La inducción nos 
permite referir á ellas los idiomas vascos , cuyos pueblos 
hieron precursores de los Celtas en Occidente , y los de 
otrasnacionesque vagaron por el centro del Asia antes 
de encontrar paso hacia la gran isla amencana. En la 
extremidad de la India muchas lenguas como las lla- 
madas tamula, telinga, karnátlca , misoriana , tulavia- 
na y parbalhia , no se refieren inmediatamente al sáns- 
crito , sino mas bien á los idiomas tártaros. ^ _ 
La consecuencia que acabamos de sacar demuestra 
que no esperamos determinar con exactitud cual fue ui 
lengua primitiva. Racionalmente no puede saberse , ni 
aun buscarse , porque los anales auténticos coimeníaron 
muy tarde y guardaron silencio sobre la lengua de las 
primeras tradiciones. Pero la afición con que general- 
mente se busca la solución de este problema, demuestra 
con su generalidad misma la creencia en una lengua 
única, primitiva, madre común de las demás; opi- 
nión contra la que necesariamente protestan el natura- 
lista y el epicúreo, que admiten la eternidad de la len- 
gua como la de la materia y encuentran en la palabra 
una función fatal como el canto de los pájaros. Para 
sostener la invención individual y primitiva del idioma 
por veinte ó treinta especies de hombres , es preciso 
suponer la diferencia radical de estas lenguas o in- 
venciones respectivas, y aun recurrir al auxilio de los 
orígenes onomatopeicos , ya que las onomatopeyas 
se presentan de modos muy diversos. Como argu- 
mentó accesorio se sostiene la semejanza de los re- 
sultados , apoyándose en la semejanza de los órganos 
en acción y de las fuerzas operantes ; lo que aparen- 
temente significa que los alfabetos de todos los pueblos 
están limitados á unos cuarenta sonidos, y que la gra- 
mática generad puede reducirse á un feentenar de propo- 
siciones; Pero los elementos del caleidoscopio no son 
tantos y sin embargo pueden presentarse millares de com- 
binaciones antes que una misma se reproduzca dos ve- 
ces. La generación espontánea del lenguaje no podría 
pues explicar ni la semejanza, ni la diferencia de los 
idiomas. , , . ^ 
Federico Schlegel, que antes, con el siglo xvra creía al 
espíritu humano primitivo autor del lenguaje, concluye 
por aJdmitir muy explícitamente ia revelación divina, y 
nosotros con él pensamos que una afirmación sobre bue- 
nas pruebas es preferible á sútdes é interminables discu- 
siones. Estas buenas pruebas ya las hemos presentado. 
Hemos encontrado experimentalmente las reliamas de 
una lengua {>rimít¡va en las tres grandes familias se- 
mítica , india y oceánica ; nodemos pues, sin temor sen- 
tar el dogma de la unidad ae la e»ecis humana y déla 
población de la tierra por medio oe ona familia .que se 
na propagado, y extenilidQ gradualmente» Los ijadlviduas 
y las naciones han usado ampliamente de su libre Ix^r 



Lea. 

p£!i- 

tiTa« 



Fases 

e¿d 
délas 



54 

dativa, combinando, cambiando, 
las fuerzas y capricho de su imaginación, pero siempre 
trabajando sobre una trama primitiva y tradicional. Un 
hecho no menos cierto y autorizado que el parentesco 
de las lenguas, es su construcción^ mas ó menos compli- 
cada á medida que se remonta su genealogía; el in- 
glés es mas sencillo míe el francés y el alemán ; estos 
mas que el latin , gooo y sánscrito. £1 abuelo ó abuelos 
desconocidos del sánscrito debieron ser mas vastos y en « 
marañadüs. Y cuan fácilmente debia ejecutarse esta 
operación , al parecer complicada , por medio de una 
lengua única , pero mas vasta , lo demuestran los pue- 
blos limítrofes que hablan dos ó tres lenguas á la vez; 
y aun en estos paises son los niños los que aprenden 
mas fácil v perfectamente los tres ó cuatro dialectos que 
oyen. En las casas de los ricos los niños se habitúan 
mas pronto á conversar directamente en el idioma espe- 
cial Que un profesor ó un criado está encargado de en- 
señarles; en los viajes aprenden mejor que los adultos 
las lengiias extranjeras. Llámense con un nombre único 
los cuatro ó cinco idiomas en que el niño puede hablar 
á los representantes de cuatro o cinco pueblos distintos, 
y se tendrá la idea aproximada del idioma primitivo. 

Las lenguas, pues, se encontraron envueltas en el tor- 
rente de los tiempos , como aquellas masas que el con- 



loas. 



químico reconocen en el mas pequeño grano la piedra 
a que pertenece, así el filólogo reconstruye los idiomas 
antiguos con el análisis de las frases y palabras de los 
idiomas modernos. La observación de lo presente y el 
estudio de lo pasado contribuyen mucho a esclarecer la 
aparición secundaria de las lenguas , su diversidad, ex- 
tinción y renacimiento; oroblematan grave que respeta- 
bilísimas autoridades lo nan relegado éntrelos milagros, 
á lo menos en lo que concierne á la confusión primitiva. 
En cuanto á las otras confusiones, levísimas causas pue- 
den producir muy grandes efectos; algunas variantes 
de sinónimos y acentos bastan para impedir que los ára- 
bes magrebita!s sean comprendidos en Egipto , en Siria 
L Arabia ; Herodoto trata de bárbaros á todos los restos 
los idiomas pelasgos. Nuestra Europa con sus lenguas 
que se nretenden fijadas por la literatura y la imprenta, 
no puede impedir que cambien de pronunciación cada 
cien años y de ortografía cada doscientos. A las socie- 
dades antiguas servían de moderadores el reposo de las 
masas y la influencia de los literatos que eran sacerdo- 
tes ; mientras hoy los académicos sancionan los hechos 
consumados en vez de prepararlos y dirigirlos, y son el 
eco mas bien que el oráculo del pueblo. 

Cuando en lo pasado se vé surgir una lengua, instru- 
mento de un nuevo imperio ó compañera de un grande 
hombre , hay en este hecho complejo una importancia 
providencial , asunto de meditación para hombres como 
Bossuet. De Maistre ó Wiseman. Pero observadores mas 
humildes tendrán el derecho de notar que las fuerzas del 
espíritu sirven de brazo á la Providencia lo mismo que 
las de la materia, y que este tiempo pasado semimaravi- 
lloso es simplemente un fenómeno idéntico á aquel que 
con maravilla actualmente estamos contemplando. Las 
lenguas francas del Mediterráneo , de las Antillas , y de 
la Indo-China, auxiliadas por la poUtica, pueden llegar á 
ser nacionales y literarias, como el guaraní del Para- 

riay, y elcheroky de la América del Norte, que llegaron 
ser rivales afortunados del español y del inglés. Pero 
los autores de estas nuevas lenguas no pueden gloriarse 
demasiado de su parte de trabajo ; no nabiendo dado ni 
las palabras que son los materiales, ni los instrumentos, 
es decir, las formas gramaticales : estas y aquellos son 
nnaherencia^tau Vieja como el mundo. El refundir una 
ó mas lenguas, en un idioma nuevo, es obra á*ú tiempo 

Lde los hombres. ¿ Necesítase repetir la distancia que 
ly de esto á una creación primitiva y total? Las len- 
guas con semejante sistema de generación , tionen pues 
una vida igual á la de los imperios y de los individuos; 
infancia, madurez y muerte. Pero estas faces son lentas, 
ya que los grandes dialectos duran por ténnino medio 
mil anos, y la agonía de muchos recorre casi entera la 
escala cronológica. El griego se ha conservado en algu- 



ÁGLAAAODIIBS AI* UBRO PIIOIIBO. 

renovando, según > ñas aldeas de Sicilia: el Qoflo parece subsistir en algu- 
nas cercanías de Trípoli : el celta y el cimbro están ago- 
nizando desde la conquista de César; el vasco desde ha- 
ce tres mil años. 

Los experimentos, pues, de la filología, no son trabajos I^ 
de anatomía cadavérica. Las comparaciones pueden ha- ^ 
cerse en lenguas vivas, con las circunstancias preciosas ^ 
del acento de los pueblos y de los comentarios de las per- ci^ 
sonas instruidas que las usaron. La escala sánscrita, 
base principal de las obras mas gloriosas de la ciencia 
moderna , es también el criterio de la certeza, en cuanto 
á los resultados que la ciencia tiene derecho á esperar 
del estudio comparativo de las demás lenguas ; y cita- 
mos el sanscristo con preferencia , porque su parentesco 
con las lenguas de Europa hace mas inteligibles las com- |^ 
paracioaes y las deducciones que de aquellas se saquea, tucu 
Una lengua es la tradición mas extensa y compleja áeii 
de lo pasado. Si dos naciones hoy direrentes en su a*- ^ 
pecio físico presentan un idioma común , es evidente ^ 
que han debido tener íntima comunicación en un mo- k et- 
mento dado de su historia, y es también posible gue pro- bhti- 
cedan de un mismo tronco. '"* 

La conquista impone el idioma de los vencedores , aun 
cuando estos sean pocos : pero el idioma oficial no se 
funde con la lengua popular , á no tener con esta gran 
semejanza. Cuando la nación vencida es de idioma di- 
buscarlo 
esta 
pues, i 
los partidarios de la antigüedad primitiva de los idio- 
mas y de la multiplicidad de las especies humanas, la 
necesidad de encontrar por todas partes una lengua na- 
cional, sobreviviente al lado de los idiomas importados, 
y lengua nacional sin otra análoga. Si nada sementé 
se encuentra entre pueblos cu vas lenguas se fundieron 
enteramente con las de pueblos apartadísimos en el 
tiempo y en el espacio , preciso es decir que fueron si- 
multáneas la emigración de las lenguas y la de los pue- 
blo«t : si estos pueblos á quienes el origen común geográ- 
fico y lingüístico señala como hermanos son hoy muy 
diferentes en apariencia , fuerza es también admitir que 
el tiempo y la expatriación han alterado estas aparien- 
cias mas profunda y prontamente que las tradiciones y 
las lenguas. Los idiomas mejor analizados por la cien- 
cia , esto es , los europeos son comunes á dos 6 tres ra- 
zas de muy diverso aspecto : las naciones tártaras y tur- 
cas se diferencian mas físicamente entre sí que de la 
mogola propiamente dicha , y sin embarsfo tienen idio- 
mas de la misma familia : las lenguas urálicas están di- 
fundidas entre pueblos de semejanza muy variada ; y 
finalmente, las naciones morenas do la India hablan dia- 
lectos que se derivan del sánscrito , como todas las len- ^^^ 
guas de los blancos de la Europa moderna y antigua, teses 
El instrumento por cuyo medio se ha fijado la lengua *í^ 
es un apéndice importante á la historia de las lenguas ^ 
mismas. Representar el pensamiento á la vista; hacer 
permanente y monumental lapa abra, es un resultado tan 
grandioso, supone tal magnitud de genio, que nos lleva á 
admitirlo no como un arte , sino como una facultad con- 



tinuo roce redondea, formando de ellas cantos rodados^ 
Im!.' -^P^<lc^za en trozos, y desmenuza hasta convertirlas en ! ferente, este permanece, si bien no hav que bus 
¿^ arena ; y asi como el lente del geólogo ó el crisol del en la lengua, literaria ú oficial. Esta tenacidad , 

— .'„. 1 = . — 1- _:_j_^ duración indefinida de las lenguas, impone, — 



temporánea y coadyutora de la palabra, j partícipe por 
consecuencia de su revelación divina. Si el hombre ha 
inventado el alfabeto, es su obra mas bella en todas 
partes, y de las mas precoces. La prioridad de los alfabe- 
tos es misteriosa , como la de las lenguas , pero en cam- 
bio la tradición es en ellos mucho mas fácil de ver y de 
seguir. La escritura de derecha á izquierda ó al contra- 
rio, parece haberse extendido en derredor del Caspio con 
cambios recíprocos de las letras semíticas y jaféticas. Asi 
pudo tenerse noticia de la inversión letra por letra de 
muchas palabras cuyas raices fueron comunes á las dos 
familias de lenguas. Los alfabetos ideográficos pasan por 
muy antiguos, y con verosimilitud, siendo la proposición 
relativa, no absoluta, y aplicada á una nación , no al 
universo. Los últimos iMicanos escribían con un siste- 
ma geroglífico, y aun ^nenian representación de soni- 
dos. Los Mejicanos eran bárbaros que progresaban hacia 
la civilización ; convengo,^ pero también es cierto que los 
Aztecas y Tolfecas fueron pueblos civilizados v en de- 
cadencia. Los Chinos son puctlos muy refinados, y ^ 
contentaron con un alíaJi>eto mixto, en el coal domina It 



DNntAD.DK LA E8PE0IB BUIIANA. 



S5 



ideografía : pero no se ha probado qoe los Chinos pro- 
cedentes del xibet careciesen de un alfabeto fonético se- 
merjante al manchú ó tibetino. Los árabes Imiarítas tu- 
TieroQ en tíempo del rey Saba una escritura ideográfica; 
perp otros Imiarítas aun mas antigás en la Arabia Me- 
ridional como eran los Fenicios , tenían ya alfabeto fo- 
nético. £1 £gipto, eterno argumento en materia de an- 
tigüedad de toda especie , ha usado siempre un alfabeto 
en apariencia i^rogiifíco, pero en el cual se encontró el 
sistema fonético. La^ fantasías del alfabeto extrauguelo, y 
los nomtMnes significativos de las letras hebraicas , pudie- 
nm venir del Egipto. Donde la Historia deja en oscuri- 
dad pí origen ó las comunicaciones de los alfabetos, las 
semejanzas contribuyen á reconstruir la filiación. £1 sis- 
tema que implican es una de aquellas cosas grandes y 
sencílhis á un mismo tiempo que la humanidad, no in- 
venta dos veces. Por el eontitirio, la pintura de los obje- 
tos naturales, ingenioso y grosero método , pudo haber 
seducido muchas veces á hombres en decadencia que ha- 
bían olvidado sus conocimientos anteriores, ó á sus des- 
eendientes que aun no habían adquirido oinguno. La 
huella de un pié sobre la arena, la sombra de una planta 
ó de un animal sobre un escollo , sobre la tierra , en 
la pared de una cabana, han podido mil veces comeniar 
y recomenzar el arte del dibujo. 

La ciepcia europea que acepta la desigualdad intelec- 
tual de las razas, hácese solidaria de cierta especie de 
orgullo nacional , ya que las razas blancas son jueces y 
parte en la cuestión. Ya se ha dicho que estas por lo min- 
ino se acercan á otras razas, las cuales se tienen (>or 
ug. centro del mundo y último cabo de la perfección física 
Un- y moral. A la fatuidad de los Chinos no faltarían pre- 
1^"^ testos apoyados en cierta habilidad política y en las espe- 
g¿ colaciones de una filosoCia que limita ó mas bien se an- 
ticipa á todas las filosofías de la Grecia. Los Indios mas 
atezados que los Chinos , pueden aspirar á un grado to- 
davía mas eminente , habiendo tenido la iniciativa del 
trascendentalismo en todas las ciencias humanas: otro 
tanto digo de los Egipcios , cuyos monumentos admira 
el mundo , y de los cual^ ha emanado la civilización 
europea. Verdaderamente ios doctos tuvieron por laijgo 
tiempo noticias muy confusassobre la conformación fíüica 
de Las naciones del Asia moderna , y especialmente sobre 
el color exacto de las naciones antiguas. Las últimas ad^ 
quirídas por los viajeros , maravillarían aun á los natu- 
nlisias y antropólogos sedentarios ; syendo preciso (|ue 
pase algún tiempo para que los historiadores, los filóso- 
fas y los pueJ>ios acomoden á estos nuevos datos las 
ideas y el leng^uaje. Gran número de imputaciones des- 
preciativas y violentas se han hecho , principalmente á 
los ne^os, a guieúes se niega toda especie de civiliza- 
don pasada y presente , mientras la imposibilidad de 
educación de esta estirpe , aun siendo cierta, no es de- 
fioitiva. La raza negra tuvo alguna parte en la obra, 
ñno en la iniciativa de la civilización egipcia, mieutras 
ios Escitas, nuestros abuelos permanecían aun salvajes, 
desnudos y apenas cazadores. Las razas tardías no están, 
por serlo, desheredadas de toda acción social; el clima en 
que viven los negros es enervante , y produce el ali- 
mento y vestido casi sin trabsgo. Los climas fríos é in- 
I patos estimulan mas vivamente la industria y actividad 
I Bomanas. £n la América Tropical se encontraron cris- 
I líanos, hijos indígenas de Portugal, viviendo sin con- 

! tratos nupciales , sin moneda, sin sal, casi sin ves- 

I lí<losnireUgion, en un país del Brasil donde los rebaños 

I son de ana fecundidad prodigiosa, donde da la vid 

tres cosechas al año y el bananero y limonero están 
eoDstantemente cubiertos de fruto. Dentro de algunos si- 
glos loi l4jo8 de estos blancos necesitarán de muchas ge- 
■ neraeiones educadas para recobrar las altas facultades 

de sos abuelos de £uropa. ¡Que maravilla, que tales fa- 
colUideB no surgiesen enteras en la primera y segunda 
generación de negros de nuestras colonias! Antes que 
«5 generaciones recorriesen el cívculo entero del progre- 
so, bastantes individuos prívilegiados habían demostrado 
que en el proceso formado á la raza negra , se confundió 
injostamente el hecho de la falta de educación con la ap- 
ütod paca recibirla. Un solo eiemplo de buen éxito bas- 
jBñapara poner fuera de duda la educabilidad de toda 
U estirpe; y muchos tenemos y tienen colecciones litera- 



rías de autores negros. £1 mandar ó subTugar á hombres 
se tiene por una combinación intelectual mas alta que la 
de instruirlos , y aquella no faltó jamás á la estirpe ne- 
gra, ya que sus tribus nunca carecieron de gef(¿ , ni 
sus monarquías de príncipes, ni sos repúblicas de pre- 
sidentes. 

Pritchard advirtió el acuerdo universal de los hombres 
de todos colores en la creencia en otra vida , con penas 

L recompensas, en el respeto á los muertos, en suma, en 
I ideas religiosas ; acuerdo aun mas notable por la 
naturaleza íntima de «u principio de acción, que por las 
manifestaciones de su actividad. Éstas, manifestaciones 
pueden ser variantes de la tradición ; pero la semejanza 
de sentimientos íntimos implica la unidad de los hom- 
bres que la recibieron. 

Algunos historiadores han obtenido efectos dramáticos, 
poniendo en contraste nación con nación , así como in- ^^^ 
dividuo con individuo: dotando á los pueblos de pasiones, cloinL 
preocupaciones, inteligencia , temperamento; imosiocra- 
sias, absolutamente como á un hombre. Que tuvieron ra- 
zón bajo el punto de vista del arte , lo prueba el efecto; 
pero en cuanto á la Filosofía de la Historia no pueden 
justificarse estas teorías sino dentro de un período histó- 
rico determinado. £n la historia unlverad , en los ana- 
les de la humanidad, no puede esta opinión sostener el 
examen tan fácilmente. 

Los Galos, se nos dice, fueron siempre lo que hoy son 
los Franceses: siempre tuvo, su carácter las mismas es- 
pléndidas cualidades , con los mismos defectos : valor é 
inteligencia admirables , pero deplorable ligereza; indi- 
vidualismo vano y perpetuo; total falta de coherencia. 
Bien ; pero véanse otros hechos mas ciertos. Los Cim- 
bros tuvieron el carácter alemán ; lentos , tenaces , testa- 
rudos, aptos para la agregación ; y los Cimbros , desde 
el siglo VI antes de Cristo, ocupan mas de una mitad de 
la Francia. Las naciones germánicas han mezclado de 
tal modo la sangre gala con la suya , que el elemento 
galo ha quedado reducido á un octavo , lo cual debería 
hacer predominar el carácter cimbro en Francia. 

Mo se tomen por lo serío ni las recríminaciones he- 
chas por los extranjeros, ni menos las que á sí mismos 
se hacen 1«» Franceses , por ser la justicia doméstica la 
mas severa. El vituperio de ligereza se les dirige fre- 
cuentemente por las naciones que mas tratan de imitar- 
los ; el de negligencia por las que mas padecieron loa 
efectos de su perseverancia. La denominación dé frivoli- 
dad es la que generalmente se aplica al último grado 
de refinamiento sensual é intelectual de todos los pue- 
blos, cuyo centro llega á ser un dia toda gran capital; ^ 
la Historia ha dirigido alternativamente este vituperio ó 
cumplimiento á los Atenienses, á los Romanos y hasta 
á los Egipcios. £1 carácter de los pueblos depende en 
primer lugar de sus instituciones políticas y religiosas, 
y después de sus costumbres. Las razas no influyen sino 
como memoria de costumbres y de leyes. Laa leyes ol- 
vidadas , las costumbres alteradas ó corrompidas, hacen 
cambiar la reputación hasta tal punto , que el nombre 
de la misma nación , después de haber sido un título 
glorioso , puede llegar á ser un insulto , con un siglo 
de intervalo ó unas cuantas millas de distancia. ' 

Pues que no se niega en principio la educabilidad Lapi- 
de las razas sino solo en el grado , el porvenir de ^^^' 
la peor dispuesta , es aun consolador , porque los par- prece- 
tidaríos de la desigual aptitud son los mas fervoro- de al 
sos creyentes del progreso indefinido de la humanidad en- esta- 
teía. Cierto es que se lisonjean de recoger los principales °o <al- 
provechos de tal trabajo, por derecho de iniciación, ^^^' 
siendo la raza adámica, como ellos dicen , la educadora 
necesaria de Negros v Moros. Aceptamos el dogma de 
la mutua enseñanza de la civilización, resultado perpe- 
tuo de todas las indagaciones histórícas', pero separan- 
dolo de las dos ideas accesorias que la Historia ha des- 
mentido: l.^que la raza blanca no tuvo jamás necesidad 
de educadores; 2.* que los educadores fueron sienqire 
blancos. 

La civilización de la Europa procede de varías fuen- 
tes. Los Griegos debían mucho a los Tracios, Pelasgos y 
Escitas que fueron blancos , pero aun mas á los Egip- 
cios y Fenicios, representados muy morenos en los mo- 
numentos egipcios. Loa Etrusoos, educadores de los Ro- 



86 AGLAEAffiDNgfl AL 

maMM, debienm mit prladfalfls frogreaot á eobmos 
fenic&ps , que figaran traibien en los aepulcraa de Tar- 
quinia kaalaate calcados de eolor. La civilización de La 
aotiffua Ámérifta perteoeoe á una casta de ^ue son des- 
G6«QÍientes los modeiBos Pielea-ivías. La China proviene 
de una emig^cion india ; y si juzgamos de lo pasado 
por lo presente, los maestoos eran mas morenos que sus 
oisdpuios. En suma, por mas que se resienta nuestro 
amor propio» y el que tañemos á nuestra epidermis, pa- 
rece , según tMas las conjeturas , que esta misma raza 
india ha si^o La instructora de nuestsos abuelos los 
Sscitas. ¿Necesitaremos recordar que muchas de estas 
hordas escitas del Asia Septentrional « viven aun en el 
estado pastorü, como tantas tribus semíticas en los de- 
siertos del Asia Meridional , y como algunos pueblos 
fineses , aLetasgados ea el mismo centro de la Europa, 
mientras predicadores de lanuda cabellera propagan el 
Coran en el corazón del África? 

Si todas las razas fueron ó pudieron ser alternativamente 
maestras y discípulos, ninguna, cualquieraque fuere su 
aptitud, reúne en sí soU todos los elementos de su educa- 
ción. Todo preceptor que anteriormente haya sido ins- 
truido, debe haber Logrwio la primera enseñanza por mi- 
eiacion ó revelación. El hombre creado por Dios, salió 
perfecto de manos delcríador, adulto de cuerpo y espíritu. 
Sea por consiguiente, la que quiera, la momentánea de- 
gradación de algunos horntures , la civilización es su 
objeto ulterior y fue su molde originario. No es, pues, en 
el estado «dv^je dondedebe buscarse el origen delaespe- 
eie y bs fundamentos del contrato social. £1 homlxetuvo 
siempre derechos y deberes á un tiempo. La degrada- 
ción salvaje , que turt>a pero no extingue jamás comple- 
tamente estas nociones, no es mas que la caida del hom- 
bre hacia la naturaleza animal, en menoscatM de la na- 
turaleza moral. Esta alianza con dos mundos, prueba el 
conflicto en que la libertad se yió ; por medio de ellas 
•e abrid á su actividad toda la tierra. Para que el indivi- 
duo se acomodase á los diversos climas, era preciso que 
el cuereo humano pudiem ser modificado profundamen- 
te por los elementos que lo circundan, y estas modifica- 
ciones son las que vamos á estudiar, 
m. Unidad de la tipecia, wobada por lot caraeUres fuicat. 

Volvamos á los pueblos de Europa que ya enumera- 
mos respecto á la filiación. Las palabras de rubio , mo* 
reno y castaño, son conocidas de los Europeos que tienen 
en si mismos los tipos; por tocuai, sin definirlas, pode- 
mos asignar el eotor moreno, á las naciones Meridiona- 
les de las orillas del Mediterráneo , el castaño á las que 
habitan la zona media de la Europa, y el rutno á las 
que ocupan la parto Septentrional, exceptuando los La- 
pones. Los tres cobres están difundidos mas irregular» 
mente al Oriente de Europa , ocupado por razas eslavas 

Í turcas. Los Cosacos del Mar Negro y bs Búlgaros de 
ráela, son de piel y cat>ello8 mucho mas claros que las 
naciones de los mismos paralelos en Grecia, Italia, Fran- 
cia y España. Las naciones blancas se extienden por el 
Asia , ocupando la parte Occidentel y teniendo por lí- 
mites al Hodiodia el Cáucaso indio , las monteñaa del 
Tibei, el Belucistan en Persia y el Yemen en la pemn- 
sula Arábiga; a Levante el pais de los Calmucos, de 
los Tongusos y de bs Yakutos; al Norte el de los Os- 
I tiacos v el de los Samoyedos. El sudoeste del Asia está 
ocupaoo por muchos pueblos de oobr, pero semejantes 
en Uneamentos á las naciones de Europa como ios In- 
dios, bs Belucios^ los Árabes y bs babitontos del Ye- 
men. El Noroeste pertenece por el contrario á las na- 
ciones chinas tongusas , á las cuales deben referirse los 
Hunos do Atila. Los Tártaros morenos, descritos por Ta- 
vemier, j los Calmucos, visitados ñor PaUas, reprodu- 
cen este tipo, que se encuentra con alguna variedad entre 
bs Yacutos, los Chinos, Cochinchinos, los Javaneses y 
Birmanes , y al cual tembien pertenecen los Lapones de 
Rusia y Suecia. 

Las razas de la América del Norte y Méjico se pare^ 
cen un poco á los tipos indios : los Peruanos condnuan 
esta raza en la América del Sur, que á excepción de este, 
se encuentra ocupada principalmente por naciones mas 
semeiantcs al tipo mogol por su cobr, sus facciones y 
la oblicuidad de los ojos. 
Los isteSos del Grande Océano se refleran á dos tipos: 



UBM 

Polinestos de facciones hidiaay mogolss,cebralHidi>y 
cabellos lisos ó rizados: Melanestos con cabellos ereipos, 
color muy moreno ó casi negio. Las naciones dd Ar- 
chipiélago Indo-chino presentan «na variedad iacreible 
de estos dos grandes unos. A las rasas oesaaico-mela- 
nésias, se refieren Las de Madagascar, bsCafresylos 
Hotentotes, morenos mas bien ^le nef^; bs de Mo- 
lambique, bs SomawUes y Gallas de piel cobriía y et- 
bellos ensortijados é lanudos. Los Hotentotes sedisüngaea 
por b grueso de las caderas , pasticolaridad que se ob- 
serva aun en las mujeres de los Mozambiques y IfiS 
Somawlies. Los verdaderos Negros se encuentran no soto 
en el corazón del África Occident^ , sino también en la 
península de Malaca , en el Archipiélago de la Sonda, 
en la Nueva Holanda y en la tierra de Van Diemen. Al 
Sur del Senegal, los Yobf ofrecen una extraña meielt 
de Cusciones indo-europeas, piel de ébano y cabeUeca 
lanuda. A la extremidad opuesto bs Tibbus, Los Eske» 
vas, los Twaríks, presentan en b Nubia las mismas 
facciones y el mismo cobr, con cabellos casi lacios. Las 
naciones al norte del África, amarillas ó rojizas, eo los 
h'mites del Gran Desierto se aproximan, por gradaciones 
imperceptibles, al cobr moreno y hasU al rubto de los 
Europeos. 

Para orieqterse en este caos, se ha hecho necesario 
buscar algunos instrumentos de medida , alguuosmedios 
de comparación, que en general se refieren al esqueleto y 
á la piel. En el esqueleto , la cabeza ha sido b preferida 
como asiento del sentido y del cerebro, que es su centro, 
y como parte principal de U fisonomía individual y na- 
cional, mediante los huesos de b cara. 

Campar midió el cráneo por el ángulo que resulta del ¡ 
encuentro del perfil fronto-maxibr con ana linea faorí- , 
zontel tinMia ^r U 1x>ca, el conducto auditivo y la base 
d^ hueso occipital. Algunos hechos de anatomía com- 
parada , parece favorecieron este módulo ; pero so valor 
apoyado en b anatomía comparada, implica b continua 
cadena de ios seres , y una relación cualquiera entre la 
inteligenciado bs animales, y b de b es]pecie humana; 
mientras b función dd pensamiento manifeslada por la 
pabbra , abre un abismo entre el hombre, negro ó blan- 
co, y el naono mas perfecto. Como noedlda de hombre á 
hombre el ángulo foeial ofrece mayor dificultad para de- 
terminar b posición verdadera de sus dos Uneas , se^ua 
que se trate de perfiles salientes, de frentes fugaces o de 
muchas curvas, por lo cual el sistema de Camper ha sido 
modificado por otros procedimientos , que pueden tener 
un valor relativo para clasificar una colección. Pero el 
estudio directo de las poblaciones comparadas entre sí, 
de individuos comparadosen masas numerosas^ aun sien- 
do de la misma nación y haste de b misma tribu, con- 
cluye con todas las suposiciones y artificios de gabinete. 
Blumenbachy Pritchard, oue también se liabian pro- 
puesto otros medios de medida geométrica^ convienen 
en que las desigualdades huesosas mas graves del crá- 
neo y otras partes del esqueletode bs diversas razas, son 
todavía mucno menores que las variaciones observadas eo 
el esqueleto de animales domésticos de razas evidente- 
mente idénticas. 

Los rumiantes adquieren ó pierden los caemos y por 
consiguiente el apéndice huesoso que ios sostiene: los 
cerdos ó los perros ganan ó pierden un diente ó dedo: 
el perro , compañero mas inme'liato y universal del 
hombre, ha experimentedo modificaciones mas profun- 
das y multiplicadas , que se han olMervado con exac- 
titud, porque es animal que se reproduce aun antes de 
haber cumplido el año. A juzgar las razas caninas so- 
bmente por sus caracteres permanentes y diversos , sto 
tener en cuente sus aseendtentes» los natumlistas esterian 
verdaderamente obligados á admitir cincuento especies 
primitivamente diversas. 

El sistema huesoso de b cabeza con los órganos bbn- g, 
dos que lo cubren , forma el coi^unto de bs fisonomías C 
nacionales , que una cabeza pintada ó esculpida repro- ^ 
duce de un modo satisfactorio. Tales colecciones pueden 
tener su mérito relativo, esto es, el de los museos. Pero 
siempre es preciso pnx^er á b comparación con las 
poblaciones de las cuales se ven muestras raras, únicas 
y escogidas, tal vez por un sistema que podo haber 
preferido b exoepcbíi á b regb. De aquí nace que caá 



UNIDA» DK U ESPECIE HUMANA. 



m 



siempre estíbi en contradicción los viajeros con los doc- 
tos de gabinete. Lacépede colocó á los Turcos en la fa- 
milia de los Samoyedos; Cuvier creía á los Galos ver- 
daderos negros; Uesmoulins pone á los Negros en el 
Nepal; Prítcnard presentó á los Fellahs, muy semejantes 
á los Abislnios, como imagen perfecta del antiguo pue- 
blo hebreo; este escritor, Desmoolins y Wiseman, parece 
qac no se han formado idea dará del tipo mogol y de 
las naciones tártaras , pues que han confundido estas 
naciones con aquel tipo. Una preocupación sistemática ex« 
travió á otro naturalista, que también habia viajado, pero 
que tratando nn poco tarde de etnografía , y siguiendo á 
los historiadores de los Galos, quiso á toda costa re- 
construir las razas gala y cimbra, y creyó distinguirlas 
en las dos variedades siguientes : por una parte cabeza 
larga, perfil prominente y nariz aguileña ; por la otra, 
faz aplastada y corta, anchos pómulos , nariz recta y 
acaballada pero poco prominente. Si Eduwards hubiera 
observado atrás razas; si solo hubiese recordado las im- 
presiones i)c su juventud entro los Americanos , Negros 
y Europeos de las Antillas, habría reconocido que estos 
pretendidos tipos cimbro y galo, lejos de ser una particu* 
íarídad especial de dos ramas escitas, eran la variante per- 
pettb, 'le todas las razas. Yo la he encontrado entre los Díe* 
gros, entre las tribus nublas, entre los Indios, Musulmanes 
y Malayos errantes, y entre los Abisinios, razas tan mez- 
cladas como las de Francia é Italia. Burckardt, visitando 
unas tribus árabes, aisladas desde siglos en sus desiertos, 
nota C11 otro lug^ar: esta tribu tiene la cara ancha y los pó- 
mulos gruesos ; esta otra tiene la faz estrecha y larga 
con narices romanas. Iguales exclamaciones hacen los 
navegantes en las islas Marquesas , en Taiti , en la 
Nueva Zelanda v los viajeros las repiten en toda la 
América. Hasta las razas, á quienes las ideas religiosas 
bao conservado puras de contacto, como los Plarsos , los 
Indios y Samari taños, ofrecen las mismas variedades. 
Entre los Judíos que mejor conocemos, el galo domina, 
pero tampoco falta el cimbro. . 

El'examinar , pues, únicamente los huesos de la cara ó 
<Ie otra parte del cuerpo, no dará mas que incertidumbre y 
error ; se encontrarán fácilmente ttpos de todas las na- 
cionalidades en la población de una ciudad, y aun de 
una aldea, y los miembros descoloridos engañarán siem- 
pre á los naturalistas de sistema geométrico. La Francia 
abunda de Negros blancos y de Calmucos rubios. Pero el 
vulgo no se engaña, porque á las indicaciones del esque- 
leto, añade las de la piel y cabellera. Necesario es, pues, 
imitar este buen sentido práctico , y jamás aislar una 
raza de las particularidades que manifiesta al exterior. 
Antes de entrar en el estudio de la piel , digamos algo 
sobre la belleza física, que pone á contribución casi igual 
las formas y el colorido , e^ es, las carnes y la parte 
huesosa de la cara. 
Nacemos con nociones de belleza que prueban que 
kSt- ^ta existe absolutamente ; pero la experiencia nos induce 
B, á confesar , que en esta noción iuegan gran papel lo re- 
¡r^ lativo y lo convencional. £1 salvaje no sale de su tríbu 
S^' para buscar e! modelo de sus fetiches. £1 Indio carga con 
Qo, sus propiasarmasá sos diosesterribles, y da los atractivos 
«n- de su esposa alas diosas mas benignas. Entrambos han 
*' tratado con mas fuerte razón de impríaiir en estos fetiches 
ó dioses fíetieios , la imagen de la nación á quien debían 
proteger. £1 artista de pueblos mas' adelantados conti- 
nua este sistema ; pero habiéndole hecho la civiliza- 
ción mas sóbrío en cuanto á los accesorios , la imagina- 
ción, que siempre quiere ocupar un lugar , se dedica á 
modificar y ennoblecer el tipo nacional, primero y obli- 
gado tema de su trabajo. La Grecia, á pesar de su cielo 
y sos escuelas, ya no crea frentes salientes ni h'neas de 
ireate ó nariz rigorosamente verticales; pero los artistas 
que veian de frente una hermosa cabeza pintada ó viva, 
admiraban la gravedad que le daba la perspectiva aérea, 
cuando la frente y la nariz estaban en el mismo plano. 
l>eaqaí la dignidad y magestad que adquirían la cabeza 
viva ó su copia, cuando se inclinaban hacia adelante, 
moviéndose sobre el eje de los conduetoft auditivos. Ya 
no quedaba mas que realizar las dos ilusiones, fijando en 
el Derfll la línea vertieal y aun la prominencia , como se 
habían visto de frente. 
Los monumentos egipcios ledi^eron casi todas las 



invenciones griegas á una imitación inteligente, pues 
que muchos Griegtis visitaban el Egipto, aun desde el 
reinado de Psammético. Las esfinges de a<}uelgran tiem- 
po y aun de muchos reinados anteriores, idealizaban ya 
un tipo nacional, y los Griegos imitaron las obras artísti- 
cas, acomodándolas un poco á su raza. 

Los Americanos, pueblo á quien sus monumentos ha- 
cen pariente del Egipto y de la India , pero que per- 
dió desde muy antiguo la memoria de sus abuelos, 
buscaron la manifestación del genio heroico y divino en 
una combinación contraria al ideal griego. Inclinalwn 
en demasía la frente de sus estatuas, diseulnándose 
luego dt la mentira del arte , con efectuar en las cas- 
tas nobles esta conformación monstruosa ; y aunque los 
frenólogos lo crean imposible, es lo cierto qne los gafes 
peruanos llevaron en este encéfalo dislocado la energía 
del capitán, la habilidad del pontífice, las combinaciones 
del estratégico y del hombre de estado. 

En los dos extremos del mundo , ¡o no vulgar era 
siempre buscado como signo de nobleza; pero el arte 
americano no habia podido escoger mas que la exage- 
ración de im lineamento nacional , no conociendo otro. 
Asi, pues, si las estatuas griegas encubren un tipo na- 
cional , este tipo está sujeto al doble ecleetismo , á la 
doble mentira de una belleza individual, elegida por el 
artista y ennoblecida por su gusto, el cual pudo haberse 
formado por el arte egipcio y asirio, á consecuencia de 
la comunicación y contacto con los Árlanos y con los 
Hebreos. Los individuos privilegiados , dotados de her- 
mosura , accidente raro en todas Us razas , se acercan 
un tanto al ideal griego en las razas semitas é indias, 
como los Europeos modernos. En todas estas naciones, 
asi como • entre los antiguos Griegos , la mayor parte 
recuerda los lineamentos ordinarios de la Europa , eon 
la perpetua variante gala y cimbra; y si es lícito aventu- 
rar una conjetura respecto á la ascendencia de estos dos 
tipos , puede decirse que la cara corta y redonda, de 
pei^ poco prenunciado, con el ojo saliente y cejas ar- 
queadas , fue tal vez el atributo primitivo de la mij^er, 
asi como el otro el de su hermano y esposo; rostro es* 
trecho, perfil saliente, ojo hundido, líneas grandes, 
siempre un tanto rígidas. 

En casi todas las razas veremos que el ennobledmiento 
moral va acercando las facciones al ideal griego,^ lo cual 
da á entender al primer golpe de vista que las castas ele- 
vadas, en las cuales la educación ejerce su infiij[jo por eSi- 
pacio 4c muchas generaciones seguidas, pueden diferir 
en algunas gradaciones de las populares, sin ser por eso 
de i*aza ó nación diferente. El tiempo de la educación de 
un individuo , basta para cambiar la forma de sus ma- 
nos , si con ellas trabaja; y se comprende que al cabo de 
mucho tiempo , las manos y pies de las castas que los 
ejerciten pdco, se diferencien bastante de los del pueblo. 
Por el contrario, la íamilia real ó la casta superior puede 
ser tenida por extranjera , si su color ofrece un tinte ab- 
solutamente mas cargado que el del pueblo , como en 
Haway , donde la nobleza tiene la piel negra y los ca- 
bellos crespos , y como en Egipto después de expulsados 
los reyes pastores , porque las razas regias conquistado- 
ras provenían de la Nubia. 

Sean cualesquiera los lineamentos y el color de una 
nacioii* es compatible cierta combinación , no solo con • 
las ideas nacionales, sino también con las ideas univer- 
sales de belleza. Un bello color en la escala cromática 
de todos los países , es un adorno de primer orden. El 
color de la piel es, pues, lo que las razas ofrecen de mas 
notable , y ya veremos que este carácter, aunque su- 
perficial, es permanente. 

Las investigaciones modernas del señor Fleurens han 
demostrado la importancia de la piel como medio de Ds l* 
distinción entre las razas. Este anatomista encontró una ^"** 
membrana y un pigmento especial en los individuos de 
las razas negras y morenas , lo cual coloca ya al negro 
al nivel del Peruano, del Chino y del Indio ; pero el 
blanco, privilegiado por la alianza de órganos especiales, 
¿cómo se ennegrece ai sol ó por la larga permanencia en 
climas cálidris? Otros observadores, no queriendo imitar 
la reserva del señor Fleurens, supusieron cierta secre- 
ción que {NToduce un completo pigmento semejante al 
de las rasas morenas. Entre los blancos, esla menpbrapa ' 



88 



ACLA1IAGI01II8 AL UBRO TBHOBBO. 



•É encontró en loe aecMentee de la pid llamados pe- 
eaa, antojos, efélides. Por otra parte el pig-mento puede 
faltar , puede desaparecer en personas de casta morena 
que entonces presentan el fenómeno llamado albinismo; 
y este y su opuesto el melanismo, son accidentes diarios 
entre las razas de animales domésticos. 

Las pieles blancas de las razas de Europa , presentan 
ma» fácilmente, como espeios límpidos , las alteraciones 
impresas por la luz y el calor; y las variedades de color 
one hemos dividido en tres zonas: el moreno en el Me- 
oiodia f el castaño en la Europa templada y el rubio en 
la fria, corresponden singularmente á las tres invasiones 
eseito-celta á Mediodía, germánica en el centro y esla- 
va al Norte y ai Este. Las variedades de color siguen 
exactamente las zonas isotermas que, según Humboldt, 
crecen oblicuamente desde el Norte de la Europa , al 
Mediodía de Asia. Esta es ya una aplicación en grande 



del fenómeno vulgar, v que sin razón se cree supcrfl- 
eial y pasajero , y es el del ennegrecimiento. 
£1 Clima modifica pronta y superficialmente al indi- 



Meli- 



albi- 
pismo: 
pelos 

cabe- 
llos va- 
riados: 
exeres- 
eenclis 
cer- 
neas 

adipo- 
sas. 



viduo, lenta y profundamente á la raza. Los fenómenos 
del ennegreeioiiento no ae limitan á los blancos. La raza 
eteito«áral>e tiene solo la mitad de sus representantes en 
Europa y en el Asia Central : el resto desciende hacia 
el Océano Indico , haciendo notar por oscuros colores 
ereeientes los ardores graduales del clima. Los indios 
del Hinuüaya son casi rubios;los del Decan, Coroman del 
Malabar y Ceilan, son roas morenos que muchas tribus 
negras. Los Árabes , de color aceitunado y casi rubios 
en Armenia y Siria , son oscuros en el Yemen y en el 
país de Máscate; los Egipcios presentan una escala as- 
cendente del blanco al negro , partiendo de las boeas 
del Nib hasta remontarse á sus fuentes. La familia ame- 
ricana , morena en todas partes, aun en las extremida- 
des glaciales, ofrece , sin embargo, á su modo , la va- 
riadísima y profunda influencia délos climas de sus dos 
penínsulas. Las mujeres sedentarias , entre algunas tri- 
bus, toman el color bUnauizco de la msMa del pan. Los 
monumentos antiguos del Egipto demuestran esta gra- 
dación de sexos, aun mas, por la diferencia de costum- 
bre» y comodidades. La civilización de muchas na- 
ciones mogoles ha emblanquecido la piel de los dos 
sexos, y especialmente de aquel que siempre está á la 
nmbFa. l¿s muñecos chinos representan á las mujeres 
de un color pálido, y se dice que esta representación es 
fiel. La descoloracion es uno de los m^ios principales 
oon que la civilización elabora la belleza femenil. 

La descoloracion general puede aparecer de repente. 
En las razas morenas y negras nace á menudo un indi- 
viduo, que crece , vive y muere con un color blanco 
apagado , aunque en el resto, semejante á sus padres, 
ojos celestes claros , algunos bermejos , y cabellos ceni- 
cientos ó grises. El albino nace aun entre las razas eu- 
ropeas, y es muy común entre los animales domésticos. 
Entre estos es también común el melanismo ó ennegre- 
cimiento de la piel y sus dependencias. Entre los hom- 
bres el melanismo rápido , esto es, visible durante la 
vida de un individuo, está limitado á algunas partes co- 
mo el pezón de la emliarazada , y las pecas o antojos. 

Los pelos y el cabello , dependencia de la piel , ofre- 
cen grandísima variedad en las estirpes humanas; y las 
razas de animales sometidas á nuestra diaria dbserva- 
cion, aun presentan mayores variaciones por sus cruza- 
mientos y expatriaciones. Los cameros tienen pelo en 
los paisas cálidos , y lana en los fríos ó templados : casi 
lo mismo sucede oon los perros, que naciendo desnudos 
bajo el Trópico, son velludísimos hacia las zonas gla- 
ciales, ostentando algunas veces una verdadera Urna. 
La estructura íntima de los cabellos lisos de las razas 
blanca y morena, es , según ha demostrado el microsco- 
pio, perfectamente igual á la lana de los Nebros, mien- 
tras lana y pieles presentan una gran variedad entre 
idénticas razas de cameros. Si el melanismo y el albi- 
nismo dividen razas de animales de origen positiva- 
mente idéntico; si los pelos lacios y la lana son produc- 
tos déla piel entre animales absolutamente iguales ; si 
alguna vez la piel del mismo animal está compartida 
entre lana y pelo , entre el albinismo y el melanismo, 
¿será lógico tanto sutilizar sobra las gradaciones de eolor 
cok|Mbimanft,yfolftiieeiMlemli0MÓei^^ 



Como se encuentran familias de seis dedos, en las que 
se hereda el dedo sobrante , asi hubo otra , cuya pá 
ofrecía pezones cómeos , por lo que sus individuos eran 
llamados puerco-espines. En el Cabo ha habido muchos 
niños con la misma particularidad ; y si se hubiesen ca- 
sado según las leyes de los primitivos tiempos, her- 
manos con hermanas , los naturalistas contarían una es- 
pecie nueva, no bien se hubiera olvidado que el padre, 
era un híbrida de U ordinaria. 

El tumor adiposo de las Hotentotes, Uzuanas^ Cafres, 
y Sojnawlies, no es mas que la hipertrofia de la capa 
de grasa que existe en las caderas de las mujeres do 
todos los países. La joroba de los bueyes zebús , de los 
camellos^ dromedarios^ y la cola gruesa de muchas ra- 
zas de cameros, ofrecen aun mayores variedades, que 
habiéndose realizado en brevísimo tiempo en idénticas 
especies, positivamente manifiestan la influencia del cli- 
ma y del alimento. ^j 

En cuanto á cabellos rojos , no quiero indicar con este qq, 
nombre el rojo amarillo, poco velloso con los ojos azules, 
€d cual no es mas que una gradación del mbio. £1 tipo á 
que me refiero es velludísimo, reluciente, con ojos casta- 
lios y piel pálida, picada de rojo; variedad que aparece, 
no solo en todas lias razas blancas, sino en todas las osea- 
ras y hasta en las negras. Acompaña «iempre á los ca- 
bellos rojos una piel pálida; y asi las analogías fisioló- 
gicas nos muestran en el rojo un albino robusto y en 
el albino un rojo débil; y todos en diversos grados rea- 
lizan estas crisis, esta manifestación do un tipo primiti- 
vo que Desmoulins presentaba con razón como síntoma 
ó resto de unidad. Pudiendo reproducir el rojo todos los 
tipos caucásicos y semíticos , y pudiendo todos estos 
llegar á ser rojos, él es el término medio, el padre co- 
mún, el tipo primitivo de esas razas. Hav mas ; el rojo 
forma la tranncion mas natural y suave hacia las razas 
morenas; el iris es castaño; los cabelios rojos muy carga- 
dos; y las manchas rojizas forman, confundiéndose, una 
piel aceitunada, de color de café erado v aun tostado. La 
piel del rojo descolorida y limpia de la mayor parte de 
las efélides, ofrece el color pálido , ya advertido entre 
la mayor parle de las razas mestizas y entre muchas de 
las morenas , cuando se descoloran. La descoloracion y 
el cruzamiento se cuentan entre las pruebas á propósito 
para encontrajr un tipo antiguo, alterado por el tiempo 
ó por la interposición de otras razas; pruebas frecuen- 
tes, crisis mas fáciles entre los l>lancos, pero posibles 
aun entre los morenos, y comprobadas eu todos por los 
Albinos y los Rojos. I 

Una movilidad virtual, expresada por hechos raros y k 
de difícil interpretación , ha lavorocido la apatía de al- M 
gunos doctos que no querían remontarse á )¿s primeras J 
causas, obstinándose en iuzgar de lo pasado por lo pre- \ 
senté. Asi Desmoulins y los suyos sostuvieron la inmo- 
vilidad de los tipos humanos y la permanencia de las 
razas. La cuestión seria ardua de rñolver netrativatncB- j 
te, reducida i los angostos limites ea aue se la encerra- 
ba, á saber: 1.^ no verse ennegrecer á los blancos en los 
países cálidos, ni blanouear álos negros en los fríos; 2.° | 
UM tipos ^ ahora visibles, yaexiaüan en los primeros 
tiempos históricos. 

Es indudable que los monumentos egipcios contem- 
poráneos del Éxodo, ofrecen ya la mayor parte de los 
tipos humanos de hoy; pero también con razón mas 
fuerte determinan el tipo egipciode entonces. Upo que la 
actual población de las orillas del Nilo reprciduce sobre 
poco mas ó menos; pero esta población, por el contrario, 
natiria debido variar, pues que fue totaunenle renovada 
por los conquistadores Pastores , Etiopes , Griegos , Ro- 
manos , Árabes y Tureos , que aparentemente sufrieron 
las influencias loeales del clima. ¿Qué ha sido en Asia 
de los Golees, colonia egipcia, y délos Afáneos negroS) 
puesto avanzado de los Etiopes orientales? Desapariscie- 
ron ó se emblanquecieron. La historia romana alaba 
las cabelleras ffalas, de que se adornaban las matronas 
romanas con uaoer; y en la Francia Meridional, donde 
los Celtas se aan conservado sin mécela , el color es 
moreno ; los Cimbros de U Arméri<» tienen cabellos ne- 
gros , aunaue conservan lee ojos aznles; y los Alemanes 
advierten la gradual desaparición del color rubio claro 
qiie«lo8eeociieaftm«lioi»efttierit oteandinav». 



tsmúkh »E LA MPBGII HUMAHÁ. 



Qué tlMipo Mi DMesarfo ptra desarrolkrw y mmo- 
fidane U míbeiieift loeal, no lo nbemos posithranMiite; 
pero parece que el ttempo es un elemento ¡nsi§pnifteante, 
mndo te pregunta ai los eolonos de Europa se han en- 
negrecido bajo los trópicos, ó si los negros se han vuelto 
blancos en los países templados. ¿Existe acaso alguna 
serie de observaciones aplicadas á familias expatriadas 
dude largos siglos? No; los negros murieron sin posteri- 
dad en su mayor parte; los blancos se mezclaron en con- 
linuos matrimonios con los nuevos colonos. Además, 
entre alganos criollos , aislados por varias generaciones, 
el clima ha escrito legiblementa las alteraciones de que 
no te quiere hacer caso; el color se ha vuelto aceituna- 
do, y las mujeres, blancas bak> los velos , tienen nn cutis 
bajo V pálido. Afírmase que los colonos blancos no va- 
rían bajo los trópicos y los viajeros encuentran Portu- 
gueses negros en la India , Jndios negros en la Cochin- 
cbina , morenos en Abisinia y China , y de un rubio ^e 
ruó en Rusia. 

El aigumento sacado del deslinde de las razas ó es- 
pecies naturales , no daría gran valor á la antigüedad 
mbalosa, atribuida i los monumentos egipcios. Millares 
de anos hablan precedido á estos monumentos, que al fin 
no se remontalMii) al diluvio, ni á la creación, ni tampo- 
co al principio de la civilización egipcia ; pero este pe- 
rúdo reducido, según la crítica moderna, basta todavía 
para que en él se hayan verificado muchos y profundos 
cambios. 

¿üuién puede, por otm parte, afirmar que los climas ño 
hayan tenido mayor fuerza que la de hoy, y que no fuese 
la numanidad mas capaz de impresiones? Seria preciso 
para esto conocer exactamente la fisiologria del hombre 
y de los meteoros , antes de los crepúsculos de la histo- 
ria. jQné sabemos de los influjos terrestres, poderosos en 
aquella antigüedad? Un átomo de carbono de mas en el 
terreno , daba ut) desarrollo gigantesco á los reptiles y á 
los heléchos. Cualquiera otra combinación, ¿no pudo ha- 
ber carbonizado la piel de la mayor parte de los hombres, 
asi como Ovidio hace chamuscar la piel de los negros por 
d trastorno sideral de Faetonté? Grandes son las varia- 
ciones, aun después de los tiempos históricos; pero el mis- 
mo observador puede vivir lo bastante para notar las de 
las razas domésticas por razón del clima, por loVual acep- 
ta este hecho como cierto; mientras la modificación de las 
razas humanas, aunque rápida, se verifica en el trans- 
curso de muchos siglos, y el observador aislado nie^ un 
movimiento del cual solo descubre una pequeñísima 
parte; semejante al niño, que puesto por un momento de- 
lante de un reloj, duda que las agujas se muevan. 

El hombre expatriado sufre crisis que se extienden á 
muchas generaciones, pero que terminan por cambiar 
profundamente los órganos y acomodarlos a sus nuevas 
condiciones de existencia. En los países tropicales el rubio 
le hace bilioso, y el moreno se ennegrece. La primera ge- 
neración muere de trabajo, y solo en las siguientes gene- 
raciones la vida es duradera. En estos movimientos las 
apariencias externas confirman la importancia que les he- 
mos dado, mosftrándose mas tenaces oue los órganos inter- 
aos. Algunos negros, á la segunda o tercera generación 
se acostumbran á los climas templados de la América Sep- 
tentrional ó de Inglaterra y enferman, como los blan- 
cos, coando se les traslada al Áfirica, de donde proceden, 
la acnmatacion de los animales domésticos, como la de 
la pintada en Europa y la del ánade en la América Me- 
ridional , ofrece las mismas fases , las cuales ya se ha- 
bían observado en el buey, el caballo, el asno, el perro, 
el gato, el cerdo, 'el camero y la cabra, al cambiar de 
país. En la América Austral , la mayor parte de estas 
especies , auxiliadas por una naturaleza robusta y fér- 
Gl, pasaron al estado salvaje y sufrieron transfbrmaeiones 
de costumbres, formas y color. Este tránsito de uno á 
otro tipo, del salvaje al cultivado, se reconoció aun en 
las especies vejetales. Cuvier, á pesar de hacer inmen- 
sas concesiones, creia que los cambios nunca llegaban 
^ esqueleto; pero olvidaba los dientes y los dedos sn- 
pemamerarios del perro; y sobre todo el domestica- 
miento del hombte, mas largo que el de cualquiera otro 
^mal, y continuamente oscilando entre los dos extre- 
mos de civífizacioB y estado salvaje, debe haber modi- 
ficado aon mas pt^Undamente al ikombre que á los de- 



más animales domésticos. El esqueleto nopoede eximfave 
de esta modificación mas que los otros órganos superfi- 
ciales, porque la industria capaz de modificarla acción de 
los medios, puede con mayor razón cambiar las costum- 
bres, las ideas y los sentimientos , funciones one hacen 
variar por grados la caja huesosa del cráneo y las faccio- 
nes del rostro. Esta influencia de los sentimientos sobre la 
fisonomía se manifiesta por la amplitud que toma la boca 
en las naciones decaídas y poco civilizadas , sea cual- 
quiera la raza á que pertenezcan. Por el contrario, loa 
labios se adelgazan , tanto en China como en Europa, 
sometidos á los hábitos de delicadeza y de circunspección. 

No podemos entrar á particularizar todos los agentes 
físicos comprendidos en la expresión tan compleja de 
clima ; pero conviene añadir á lo que hemos dicho que 
la elevación sobre el nivel del mar produce, en los mis- 
mos paralelos, lo que la latitud produciría en el llano 
por las líneas isotérmicas. Además, en los paises eleva- 
dos por una osamenta montuosa , como el Asia Central 
y Meridional, la humedad y la sequedad tienen una 
infioencia mas directa que la temperatura sobre el colo- 
ramiento de la piel. £1 aire seco ennegrece ; el húmedo 
decolora. Los habitantes de los Andes Peruanos tienen 
un pecho inmenso: este plano es uno de ios mas eleva- 
dos en que el hombre ha establecido su residencia, y ha- 
llándose á cinco mil metro» sobre el mar, se requiere un 
pulmón mas vasto para respirar un aire tan enrarecido. 

Es bastante sabido que dos razas puestas en contado 
por una conquista, por el comercio, por el trato, se mei> 
clan con el matrimonio y producen una generación mes- 
tiza, que es fecunda. La ^union de dos razas poco diferen- 
tes, produce variaciones poco notables: pero en la unión 
de los dos extremos blanco y negro, los productos inter- 
medios han sido clasificados precisamente por el interés 
de clase. Los mestizos de Asia y de África son menos co- 
nocidos que los de América, lo que retardará la his- 
toria etnográfica del Archipiélago Indo-chino y de la 
Gran Tartaria. La historia del Egipto antiguo y mo- 
derno depende de la resolución de este cuestión. Las ra- 
zas de las riberas del Nilo, desde sus foentes hasta la 
embocadura, parecen resultedo del continuo cruzamien- 
to de los negros afíricanos , con los morenos procedentes 
de Asia; bien fuesen Árabes que pasaron el mar Rojo ó 
Indios que mas antiguamente colonizaron la Abisinia. 
Blnmenbacb, examinando los cráneos de las momias, los 
había clasificado con los tipos indio, negro j rubio. Cu- 
vier, menos afortunado, los clasifica entre la raza cau- 
cásica, aunque sin aceptarla opinión ya general de que 
esta es tembien la India. El hecho es que, mirando solo 
el cráneo , los negros Achantis y Yolof parecen caucá- 
sicos tanto como los Egipcios y los Escltes. 

Viendo que los sostenedores de la multiplicidad de 
las especies se sirven de la mixtión para interpreter las 
gradaciones geográficas desde una raza ó especie á la 
otra , algunos uniterios , poco viajeros ó poco fisiólogos, 
cerrraron tímidamente los ojos sobre este ley del todo 
positiva ; y casi negando los efectos de la mixtión en 
una grande escala , recurrieron á una ley mística de 
transición ó- armonización ; por la cual , dos razas dife- 
rentes están siempre en conexión por medio de una ter- 
cera , que presente caracteres medios. Este ley de ar- 
monización ó de transición , no puede acepterse sino 
como una fórmula distinta de la influencia de los cli- 
mas, ó como una negación .opueste al abuso que per- 
sonas poco instruidas hicieron del cruzamiento para 
admitir hechos inventedos. Tales serian los dos siguien- 
tes : los Turcos , que se supone gratuitemente haber 
sido morenos y aun mogoles en su aspecto , se emblan- 
quecieron y hermosearon por la mezcla con las hermo- 
sas esclavas georgianas y circasianas. Chardin pone en 
juego una preocupación semejante con relación á los 
serrallos de Persia. Pero si las hermosas esclavas ex- 
tranjeras son caras y están reservadas para los grandes 
señores , j cómo podía esta mezcla hermosear é los indi- 
viduos del pueblo? 

Desde que el método científico cesó de mutilar las 
cuestiones en su parte antigua y trascendentel , se este- 
bleció de nuevo el problema de la prioridad de las ra- 
zas , consecuencia ae la unidad ó multiplicidad de las 
especies. Algunos de nuestros uoitaríos mas oontei^i^- 



60 



ACLARACIONES AL UBRO PRIMERO. 



Z06 limitan sus exigencias á las dos especies primitívas, 
blanca y negra , cuyo cruzamiento suponen que ha pro* 
ducido todas las variedades hoy conocidas. Pritchard 
admitía el negro como la forma primitiva de la huma- 
nidad» que asi habia comenzado por la vida salvaje, 
de que el negro lleva la expresión mas determinada. 
Pero el negro , tipo primitivo , reaparece también da 
vez en cuando en las crisis experimentadas por las oirás 
razas , separadas de este tipo. El albino es el único ac- 
cidente , la única retrocesión frecuente en todas las ra- 
zas blancas , morenas y aun negras. £1 tipo rojo es un 
accidente mas raro en estas , pero se encuentra tam- 
bién en las morenas y es bastante frecuente en las blan- 
casy en las cuales por el contrario el melanismo no es 
sino parcial , indeciso y raro. 

£1 verdadero término medio, pues, de todas las razas, 
el albino robusto , esto es, el rojo, es el único que reúne 
todas las condiciones fisiológicas para el origen de la fa- 
DcOdí- núlia humana y para sus cambios sucesivos. 

Los geómetras que exponen una ciencia completa, 
comienzan por las definiciones. La etnografía, ciencia 
del todo moderna, debía haber recogido todos los hechos 
de su atribución, y discutido su enlace, su gerarqma, sus 
consecuencias, para constituir el idipma, epilogo de 
esos hechos y de su lónca. Si nosotros recorremos todo 
el camino propuesto, le daremos cima y cabo formu- 
lando sus principales términos , especialmente aquellos 
que* no hayamos fijado con bastante exactitud. De- 
jemos, pues, el cruzamiento, la transición, el clima^ 
para hablar del tipo, de la raza, ie la g^^eracian , de la 
upeeie. 

Tipo es lo que pertenece en (omun á una raza , á una 
nacioD, á una familia, auna especie. Es la fuerza virtual 
por la que los caracteres externos é internos se mantienen 
al través de las generacionet. Estas son, pues , una larga 
duración del tipo invariable, ó mejor dicho invariado, en 
espacios y tiempos dados, pero que se diferencia de sí 
mismo cuando estos espacios ó tiempos se hacen mucho 
mas largos. Las generaciones triplican con frecuencia 
su influencia particular, refundiendo las del clima, del 
tipo y del cruzamiento. Una larga serie de generaciones 
con muchos y homogéneos productos , con caracteres 
propios y hereditarios , constituye una raza. 

La confusión de razas y especies es una de las gran- 
des dificultades de la ciencia etnográfica , producida por 
la incertidumbre de las clasificaciones zoológicas. Es 
muy singular, que precisamente los anatómicos embebi- 
dos en las ideas de Anaxágoras y de Geoflroy Saint- 
ifilaire , hayan sido los defensores mas pertinaces de la 
multiplicidad de las especies humanas. Ellos, que no po- 
dían definir con precisión la palabra especie; ellos, para 
auienes en un tiempo dado ja especie fue simple varic- 
oad del género , y aun el género simple variedad de la 
clase, atendido que las clases se mudaban las unas en 
las otras, ¿cómo negarán que la especie humana no fuese 
única , a lo menos el día en que la mona mas perfecta se 
transformó en el mas grosero negro? No sometieron su 
opinión á esta prueba lógica. 

Se^un nuestro modo de ver, la especie proviene de una 
creación primitiva é invariable. La especie humana es 
única , porque todas sus variedades ó razas se asemejan 
mas que las variedades de animales domésticos , y por 
que de la unión de las razas ó variedades humanas na- 
cen individuos fecundos. Nuestra definición es la de De- 
candoUe, BuíTon, Cuvier ; y se separa de la de los parti- 
darios de la cadena de los seres. 

Esta expresión figurada , por mucho tiempo repetida, 
ha heho creer últimamente en la serie de meta.*nórfosis 
de un ser primitivo , único. Ahora que el reinado de la 
imaginación parece haber vuelto a comenzar también 
para las ciencias físicas , dejamos á los zootomistas dis- 
cutir esta idea;. pero la rechazamos enérgicamente, 
máxime donde presenta el error mas fuerte y grosero, 
es decir, en cuanto á la pretendida transición insensible 
desde el bruto hasta el ser pensador. Admitimos la influen- 
cia de los medios, pero dentro de límites capaces de pro- 
ducir á lo mas variedades. Las especies , y con mas razón 
los faeneros , estaban confiados primitivamente á estos 
medios en que deberían vivir , y perpetuarse en circuns- 
tandaa sansiblement» semejantes después de qna creación 



primera. £1 que no se remonta deliberadamente á una 
cosmogonia, y aun mas el que admite en todo ó en parte 
la idea de la transformación de los seres unos en otros, 
carece de una base fija para definir la especie y para 
establecer una clasificación. 

Reducida toda la humanidad á una especie única, hay 
que distribuir sus variedades. La clasificación absoluta 
de las razas debe establecerse sobre la opinión admitida 
respecto de su filiación , sobre la creencia respecto de su 
origen. Al contrario, la distribución de las razas en un 
cuadro, en que se consideren especialmente sus diferen- 
cias actuales, puede ser indiferente á su historia pasada. 
Esta situación provisional debia [parecer cónuxla á mu- 
chos naturalistas, acostumbrados á referirse mejor á sus 
sensaciones, que á las inducciones ^ deducciones. Los 
pocos entendimientos atrevidos y lógicos aue trataron de 
completar el trabajo, dirigiéndola vista á tos tiempos pa- 
saáos, lo lian« marcado con el sello de la preocupaciotí 
con que lo comenzaron , esto es , que el estado presente 
ha sido perpetuo. En dos motivos especiales apoyan este 
error : primero el cruzamiento desfiguró de tal manera 
los tipos primitivos, que hay que desesperar de reconsti- 
tuirlos, y contentarse con ooservar los productos secun- 
darios; segundo, el cruzamiento tiene por efecto el hacer 
reaparecer tipos que pudieron estar ocultos ó alterados, 
jiero no crea ninguno nuevo , y en su consecuencia , el 
mundo primitivo está representado por el actual. 

Aceptárnosla conclusión después de haber atemperado 
una con otra estas dos opiniones. Conviene observar y 
clasificar la familia humana ^ sus presentes variedades; 
mas atendido que estas se derivan de una e^ecie única, 
de una sola familia, aun cuando hoy son casi innumera- 
bles, constituyeron en tiempos remotos tipos que pueden 
contarse, y que entran los unos en los otros, y se dismi- 
nuyen gradualmente en número, á medida que el obser- 
vador se remonta á los antiguos tiempos. 

Una clasificación completa, como nosotros la entende- 
mos , del)c , pues, proceder por cronología y por geo- 
grafía; en tal tiempo habia tales razas, de tal aspecto, 
y ocupaban tales sitios en el globo terrestre. 

EnsEBio DE Salles. 

ÍE) pág. 21. 
Filologia comparada. 

De las conferencias de Wiseman he tomado este le- 
trado brevísimo en la parte que concierne á la historia 
de la lingüística , en el cual se hallarán los argumentos 
filológicos que prueban k unMad de la especie humana. 
Recomiendo, sin embargo, al lector que acuda á la 
misma obra. 

La etnografía es deudora á Leibnitz de aquellos prin- 
cipiospor los cuales mereció ser clasificada entre las'cien- 
cias. £n vez delimitar el estudio de estas al vano objeto á 
que se dirigían los trabajos de los filósofos anteriores á él, 
Leibnitz vió la importancia de la etnografía para los 
adelantos de la Historia , para trazar las emigraciones de 
los antiguos pueblos , y penetrar bastante entre la niebla 
de sus primeros , y en gran parte no auténticos recuer- 
dos. Esta mayor amplitud de miras debió producir una 
variación en el método. Leibnitz , aunque ae cuando en 
cuando se deleita , como por pasatiempo, en etimologías 
de leve importancia , comprendió bien que para aumen- 
tar la utilicfad que deseaba dar á esta ciencia , se requería 
establecer una comparación entre los países mas separa- 
dos en cuanto á su posición geográfica ; y lamentando 
que los viajeros no hubiesen sido bastante diligentes para 
liacer ensayos respecto de las lenguas , su sagacidad lo 
condujo á sugerir la idea de que se hicieran estos con 
arreglo á un catálogo uniforme de los objetos mas sen- 
cillos y elementales. Estimuló á que sé recogiesen voces 
en tablas comparativas, á investigar el idioma geor- 
giano , á comparar el armenio con el coflo y el albanés. 
con el alemán y con el latin; y la atención que emplea 
en estas indagaciones, y la singular agudeza de su inge- 
nio, le hicieron llegar a conjeturas cuya certeza ha sido 
averiguada por las investigaciones modernas. Porejem. 
pío, sospechó que habla cierta afinidad de vocablos 



filología 

entre el viicftirioy-el cofto, ien^ruasde España y de 
Egipto, y la verdad de esta ooajetura ha sido nohacerou- 
rho demostrada matomáticaoienie por el doctor Young. 
El antiguo método de discurrir debía ya abandonar- 
se ; pero no se pensaba en reemplazarlo • con ningún 
principio ^neral. No se podia admitir mas que un mé- 
todo antlítieo, merced al cual menudamente fuesen 
examinados y comparados entre sí cada uno de los ele- 
inentos y voces de las lenguas , y no se aceptase afini- 
dad ninguna entre dos de ellas que no estuviese probada 
por un rígorosisimo experimento. Pbr esto parecía quo, 
cnanto mas progresábala indagación , mas peligro había 
de que invadiese el terreno vedado de la historia ins* 
pirada. 

Y verdaderamente es fácil observar este temor en Lo- 
renzo Hervás y Panduro, cuya idea delunivtno ofreció al 
publicG nuevos y prodosos datos sobre los ya recogidos. 
Tenia la ventiga de pertenecer á los jesuítas , por lo cual 
no solamente de viva voz tuvo noticias respecto de idio- 
mas poco conocidos , sino que pudo también propor- 
cionarse vocabularios y escritos que casi no se habían 
visto jamás en Europa. Con estos materiales á mano, 
publicó por medio de la imprenta , y un año tras otro en 
besena, susmuchoatomos en cuarto sobre las lenguas (1). 
£1 mérito de Hervás consiste en su celo infatigable y 
t'n su diligencia para reunir materiales , si bien se nota 
"D sus o^ivaeiones cierta confusión y falta de sano 
jmdo.Y debían esperarse deslices en hombre que vaga- 
ba por un campo tan vasto, teniendo que abrirse cami- 
no con sus propias fuerzas. Esto no obstante , fue para 
alesorar materiales tan industrioso, que á pesar de la 
'tutela con que deben admitirse sus resultados , el etnó- 
^ose ve aun hoy dia obligado á recurrir á sus páginas, 
para adquirir en' ellas noticias que las indagaciones 
posteriores no han bastado para proporcionar ó para 
aumentar. Por lo demás, á cada paso se encuentra te- 
meroso de que el estudio á que se entrega pueda torcerje 
^n daño de la revelación. 

Entre los naéritos de Catalina Jl de Rusia respecto 
(le la literatura , no es el menor el de haber proyec- 
tado, emprendido y. después dirigido' una grande obra 
•x)mparartiva sobre las lenguas. Formó una lisia de cien 
palabras rusas , é hizo que fuesen traducidas en cuan- 
tas lenguas fuera posible. Por este medio descubrió afi- 
nidades ¡Inesperadas , y comenzó n extender de su pro- 
pio puño Jiñas tablas comparativas; y después habiendo 
llamado al naturalisla PaUas, le dio el encargo de acabar 
«1 obra y prepararla para la imprenta. £sta comisión no 
^ conforme al genio de Pallas , y asi el trabajo quedó 
imperfecto. 

U Europa litesaria obtuvo notable cooperación en cl 
otts lejano Oriente. En el año de 1781 se fundó la Soeie- 
'lad Asiática de Calcuta , á cuya invitación los literatos 
^< pusieron á cultivar los idionms del Asia Oriental y 
Meridional, y se imprimieron diccionarios y gramáticas 
lie lenguas y dialectos hasta entonces casi desconocidos, 
Uvoz iesj^an'en/s^, restringida hasta aquel tiempo á 
los dialectos senúücos , recibió un significado mucho mas 
'tmpUo; el chino , tenido anteriormente por casi imposi- 
ble de conquistar, comenzó » Ser estudiado; hasta que 
al fin le despojaron de sus dificultades la sagacidad y 
Indiligencia de los orientalistas franceses, mientras que 
(;1 sánscrito era cultivado por los ingleses con' grande 
'íxilo, y trasmitido por ellos á manos de los doctos del 
Continente. 

Pero Roma tiene el mórito de haber dirigido antes que 
Madie su atención hacía el estudio de la literatura india.- 
Juan Werdin, mas conocido con el nombre de el Padre 
raulíoa (le San Bartolomó, publicó , bajo los auspicios de 
ia Propaganda , una serie de obras acerca de la historia, 
mitología V religión de los Indios. 
Una de las obras que contienen uua buena colección 

■ 1 » Sos principales obras son : Catálogo de la» lengua» roHorí- 
rf« y HOtkia 4€ m afiniUdst y üferenciM , i 7«.i ; Origen , for- 
"'^ , neeottmno y armonia de los idiomas irnlio», 1783 ; Arit- 
«Wm» rfí Ut fneknes y úithió» dei Nempo entre los orientales, 
J^^. fcste es uno de los trabajos mas punosos y aprerlablcs de 
¡!^ts; al I) del totto XX de sos obras hay un suplemento á esta. 
J woWano poligloto eon prolegámenos sobre ma» de luí) lenguas, 
¡Ir: i^ste vocabulario contiene la oración dominical en roas de 300 
«nptts y dialrctos, fon análisis gramaticales y notas. 



GOMPAKADA. 6i 

de las muchas que hay del Mer ñotier, obra qtñ fonna 
una excepción estante honrosa , y que , á pesar de sus 
inexactitudes^ debe clasificarse entre las mas aprecia- 
bles y excelentes de etnografía, es el MiMdaies, princi- 
piada en 1806 por Cristóbal Adelung. Este murió an- 
tes de publicar el segundo tomo , que se dio á lux 
en ISOl por el doctor G. Severino Yater, el cual sacó 
principalmente sus materiales de los reunidos por Ade- 
lung , y extendió á las lenguas europeas las investiga- 
ciones que en el prigner tomo se habían limitado al Asia. 
£1 tercer tomo sobre las lenguas africanas y americanas 
fue obra esclusivamente de Vater, y se publicó por partes 
desde el año 1812 hasta 1816. En 1817, esta apreciable 
compilación se enriqueció con un tomo de suplementos, 
que contiene muchos reunidos por Vater y por Adelung 
el joven , además de un ensayo muy curioso sobre la 
lengua cantábrica ó vizcaína, obra del barón G. de 
Humboldt. 

En esta obra se prescinde de la clasificación alfabéticaí 
y en su lugar so distribuyen las lenguas en gnipos, y 
secciones mayores, con una minuciosa descrípoion y una 
historia de cada idioma , con listas de obras útiles de 
adquirir ó de examinar,' y con ensayos compuestos prin- 
cipalmente de la oración dominical. 

Las afinidades que antes no se habían visto sino val- 
gamente entre idiomas separados en su orígen, y según la 
historia y la geografía , comenzaron entonces á presen- 
tarle manifiestamente. Conocióse que entre las lenguas 
había nuevas é importantísimas relaciones, que enlazaban 
en* grandes familias ó grupos los idiomas de naciones, 
cuya conexión entre si ninguna otra investigación había 
demostrado. Descubrióse que los dialectos teutónicos se 
ilustraban admirablemente con la lengua de Pcrsia ; que 
cl latín tenia muchos puntos de analogía con el ruso y 
con los demás idiomas eslavos , y que la teoría de los 
verbos griegos en fu no podia ser bien entendida sin re- 
currir a sus paralelos en la gramática sánscrita ó india. 
En una palabra , quedó claramente demostrado que un 
idioma llamado esencialmente perfecto, se extendía 
por una considerable porción de Europa Jr de Asia , y 
propagándose por lar^s rodeos desde Ceilan hasta Is- 
tandia, reunía con vmculos de hermandad á naciones 
que profesaban las religiones mas irreconciliables entre st, 
que tenían las instituciones mas opuestas y aue n -> pre- 
sentaban en la fisonomía y en el color sino leves seme- 
janzas. La lengua , ó mas bien la familia de lenguas de 
que tan ligeramente he hablado^ ha recibido el nombre 
de indo-europea ó indo-germánica. 

Los grandes miembros de esta familia son: el sánscrito 
ó la antiqnísinm y sagrada lengua de la India ; el persa 
antiguo y moderno , tenido en otro tiempo por nn dia- 
lecto tártaro (2) ; el teutónico coft sus diversos dialec- 
tos; cl eslavo , el griego y el latin con sus muchos deri- 
vados. Esta familia abraza toda la Europa á excepción 
de algunos pcqueílos puntos donde se hablan el vascuence 

Íf las lenguas de la familia finesa, en la cual se incluve 
a húnpra; y después se extiende poruña gran parte del 
Asia Medional (3) interrumpida acá y allá por grupos 
aislados. . 

El primer método , el mas natural y el único que 
desdo luego condujo a tan notables descubrimientos fue 
la comparación de los vocablos de estos diferentes idio- 
mas. Muchas obras han presentado de ellos tablas com- 
parativas muy extensas : la del coronel Vans Kennedy 
comprende novecientos vocablos comunes al sánscrito y 
otras lenguas (4). Las palabras que de este modo se 
hallaron reciprocamente semejantes en los dívtfsos 
idiomas, no son de modo alguno tales, que merced á re- 
laciones posteriores, hayan podido ser comunicadas de 
uno á otro idioma; pero si expresan los primeros y mas 
sencillos elementos del lenguaje y aquellas ideas prímí- 

(2) Paw, por ejemplo, recuerda la aOnidad entre el alemán y 
el persa « qni est un dialeete do Tartare. Heekerckes pkilos. sur 
ksAmérícains, Berlín 1770, t. II, p¿g.303.> La lengna persa 
moderna es un dialecto c&rrompido de la Tartaro-mogola. HsavÁs 
Catálogo, pág. 144. 

(3) Véase una extensa Usta de los antores nue baneserltoen 
favor T en contra de estas aflnidades en la obra del doctor Dosm,^- 
bre las añnidade» radicales de las lenguas persa , alemana g greco- 
latina , p. 91 á 135 . Hamborgo 18i7. ^J ^ 

( 1) lavestigadones sobre el arigau g afinidad de los prineipm^{¿ 



63 ACLilftACK»» Ali 

üfñB qm debieron exMtír'dflsde el principio y casi nun- 
ca cambiar de nombre. Para no pr^entar como ejem- 
plo ios numerales que necesitarían ir acompañados de 
muchas observaciones, cuando yo pronuncio los si- 
guientes vocablos : poder, madery tundo, dockterf brader, 
mond, vidhaüa, juvan, podría creerse fácilmente que voy 
repitiendo voces de una lengua europea ; sin embar^ 
go, cada vocablo de estos es sanscríto ó persa. Asi 
también, para escoger otra clase de voces mas senci- 
llas, en estas palabras OitíU (en gríego •avwvy). hueso; 
dénié diente ; eyumen (inglés «yd) ojo en zendo ; browa 
(alemán h-aue, inglés eyebrow) ceja ; nua (naso en ital.) 
nariz ; ¡ib (inglés Up) labio; karu (gríego x»p) mano; 
genu (ffinoechio en ital.) rodilla ; ped^ié; hrM (inglés 
hMH, alemán A«rs) corazón; jécur hígado; t/ora (in- 
glés síor ) estrella ; ffela frío ; aghni ( latín ignií) fuego; 
dhtra tierra; omoi (inglés a rioer) rio; ñau (gríego favt) 
nave ; ghau (inglés coto) vaca ; tarpam serpiente; — cual- 
quiera creería a prímera vista notar dialectos de len- 
guas mucho mas próximas á la nuestra, y sin embargo 
pertenecen todas a las lenguas asiáticas de que he he- 
cho mención (1). 

Pero esta consonancia de vocablos no habría bastado 
para dejar satisfechos á una gran multitud de filólogos, 
si no hubiese venido legítimamente acompañada de una 
conformidad aun mas importante en la estructura gra- 
matical de estas lenguas. Bopp en 1816 fue el primero 
que examinó esta malcría con cierto cuidado ; y anali- 
zando sagaz y sutilmente el verbo sánscrito , y compa- 
rándolo con los sistemas de conjugación de ios otros indi- 
viduos de esta familia, no dejó lugar á duda acerca de su 
intima y primitiva afinidad (2); y desde aquel tiempo ha 
llevado sus investigaciones aun mas adelante publicando 
una obra de mavor trascendencia (3). 

Por medio del análisis de los pronombres sanscrítos 
se explican las anomalías de los de todos los demás idio- 
mas, que tienen elementos del primero: el verbo sus- 
tantivo , que en latin se compone de fragmentos que se 
refieren á dos raices distintas , en el sánscrito las en- 
cuentra ambas en forma regular; las conjugaciones 
griegas con toda su complicada estructura de voz media, 
de aumentos y reduplicaciones, se encuentran también 
en este idioma y se esclarecen por tan diversos modos, 
que pocos años há habría parecido todo esto una quimera. 

Seguramente esta afinidad reconocida de las dos len- 
guas con otra tercera, que en cierto modo las une á la 
familia de que es cabeza , ccmio relacionadas con ella 
con estrecho parentesco, supone una recíproca conexión 
entre ambas. 

Por lo dicho se ve que la formación de esta gran ía- 
milia aminora extraordinariamente ei número de las len- 
guas originales independientes. Otros granucs géneros, 
si asi puedo llamarlos, han sido igualmente bien defini- 
dos. No necesito hablar de las lenguas semíticas, porque 
el intimo parentesco entre los dialectos que las forman, 
á saber: ú hebreo, el siro-caldeo el árabe y el gueez ó 
abisinio , es conocido hace mucho tiempo, rero el idio- 
ma malayo, como se le llama generalmente, presenta en 
la etnografía moderna un resultado igual al que nos ha 
dado la investigación que acabamos de hacer. Según 
Marsden y Crawfurd, esta lengua ó familia deberta mas 
bien llamarse polinuiana, pues que el malayo , propia- 
mente dicho, es solo un dialecto de aquella^ y puede lla- 
marse la lengua franca del Archipiélago indico. £n todos 
los idiomas que componen este grupo hay una gran ten- 
dencia á la forma monosilábica, y á rechazar toda in- 
flexión , aproximándose asi al grupo inmediato de las 
lenguas transganréticas , con las cuales, parece verda- 
deramente, que el doctor Le^fden quiere unirlas. 

Asi se nos presenta otra inmensa familia extendida 
por una vasta porción del globo, y que comprende mu- 
chos idiomas que pocos años antes se consideraban 

Uhmae deAtiag Europa , Londres iSSfi. 

(1) Véante tas ubtas comparativas de Hammeb en casi todos loi 
Bdneros de los AmUet de Uieraiura de Viena , de hace algunos 
afioa. 

{%) Francisco Bopp, Sobre dtUtema dele» ee^fitgaeienei de 
ta lengua mntcrUa comparado co» el de lee lengutu griege, hUHíe, 
pereegelemum, Francfort 1816. 

(3) Gramálice compereléve de he lenguas eunscrila, unda, 
griega, Mina, lituana, ^/dM yo/ünsiM, Boriin 1833. 



UmSÍ PNMIIU). 

como indopendlentes. GadaiiMVQpMofiAaihadaéi» 
después ha aumentado manifiestamente esta ventsji y 
ha disminuido mucho mas la aparente oontradieeioB ca- 
tre el número de las lenguas y la historia de la disper- 
sión de los hombres. 

En 1812 opinaba Maltebrun que el camino de la &• 
milia indoeuropea , estaba interrumpido del todo en la 
región del Cáucaao por las lenguas del país que too 
el georgiano y el armenio, las cuales, paia usar de sos 
propias palabras « constituían allí una £imilia ó grapo 
aparte. (4) » Pero Klaprbth con su viaje al (^ucaas 
nos ha puesto en la necesidad da modificar en grao 
manera esta opinión; porque ha probado, ó á lo mcooi 
ha presentado como sumamente probable, que el idioma 
de una ^ran tribu , la de los Osetas ó Alanos perteaeee á 
la famiha de que he hablado (5). De la misma mansFft d 
armenio que Federico Schlegel había reputado antes 
una especie de lengua intermedia , dependiente om 
bien de.los trozos del mismo grupo, que incorporada coa 
él (6) lo ha presentado Klaproth , merced á un examen 
léxico-gramatical , como perteneciente legítimamente i 
este (7). Lo mismo ha sucedido respecto del afganpui* 
tú (8). 

Pero el mayor aumento con que se ha enriquecido 
esta familia, es el de toda la familia céltica, la cual con 
sus muchos dialectos, forma ahora una provincia de la 
lengua indo-europea. La cuestión de unir los dialedoi 
celtas á U familia indo -europea puede considerarM 
ya como legítimamente resuella por la obra preciosa | 
curiosísima del doctor Pritchard eobrt el origen orknldie 
lat nacionee céltieat. Comienza el doctor Pritchard exa* 
minando las semejanzas léxicas , y demuestra que las 
voces primeras y mas sencillas, son las mismas, asi en 
los numerales como en las raices de los verbos elemen- 
tales. Sigue después un sutil análisis del verbo dirigido 
á demostrar sus analogías con otras lenguas; analogías 
tales , que no manifiestan solo una consonancia casoal, 
sino una estructura interior radicalmente la misma. El 
verbo sustantivo , detenidamente analizado por este 
autor, ofrece las analogías mas patentes con el verbo 
persa, y mayores acaso que las de cuidquiera otra lengva 
de la misma familia. Pero la lengua céltica no tan solo 
ha venido á ser un miembro de esta confedencioa, sino 
que ha sido para ella un auxiliar importante , porqus 
solo por su medio se pueden explicar aatisCaetoríamenr 
te algunas de las terminaciones de las eo^jugacioneide 
los otros idiomas. Por ejemplo , la tercem persona del 
plural en el latín, en el griego, en el persa y en el nns* 
scrito acaba enni.nd, rr%, •«•, ndi, nH\ ahora bien,ia* 
poniendo con muchísimos gramáticos que las inflexiooef 
nacieron de los pronombres de las respectivas per^y- 
naS) solamente en el celta se encuentn un pronooH 
bre que pueda explicar la terminación ; porque en él la 
misma persona acaba también en a^ y asi conre^onde 
exactamente como los otros idiomas , á su pronombii 
hoftgnt ó gni. 

Ésta circunstancia da ciertamente á la lengua delpaii 
de Gales un lu^ar importante entre las que componen 
esta gran familia. Sin embargo , no por esto se le debe 
asignar una ventaja indebida ó tenería por la que mas le 
aproxima al cuerpo original ; porque ulta todavía que 
resolver un gran problema, que consiste en averiguar el 
orden de generación, si lo hay, ó loe derechos de primo^ 
genitura entre los diversos miembros. £1 sánscrito en 
vez de ser una confusa gerga como lo creía Stevrail, 
está ya considerado por la mayor parte de los etnógra- 
fos como la forma mas antigua y mas pura: él latió se le 
ásemela en muchos puntos mas que el gnego ; y toda- 
vía Jakel se ha esforzado recientemente en demostrar 
que se deriva del teutónico. 

También otras lenguas cuya conexión no se había ce* 
nocido antes, se han encontrado unidas con otras ds re- 



{k\ Precie de la Geogrephie unieereelU, t II, pdf. MO. 

( 5) V anelgte de le tenguedee Oeteleefere eeir m' elle epg 
lienl ¿ la ooueke-^neie'pireene.-'Veuuge na menl Canéete el 
eéorgie. Parts 1823. 1. 11, pdf. U8. ^ 

{e) Sobre U lengunglaeieneiadel0eiadiee.Btí4tíkintíM, 
pdff. 77. 

lü iú!V^Ír^D\S^T6\y Google 



mouMu 

nolocptite», y teaeslreeliaiiiflnle, que fomum con las cUi- 
ríradM dd nnseríto una núsma fiimilia. Me contentaré 
ooa OB solo ejemplo lomado de Europa. A fines del sígalo 
pasado Lainoviez, y después Gyarmaihi, probaron que el 
húngaro, que se presenta como una isla, circundado de 
idiomas indo-europeos, pertenece esencialmente á la fa- 
milia finesa ó uraliana, la cual se extiendemas abajo en- 
tre ios idiomas estonio y livoniano, como para unirse 
eoB aquellos. También en África , cuyos dialectos , en 
oomparscioo de ios demás, se han estudiado muy poco, 
cada nneya investigación demuestra la existencia de co- 
nexiones entre tribus esparcidas por vastos territorios, y 
muchas veees separadas por naciones interpuestas: en el 
Norte déla misma entre los idiomas de los Berberiscos y 
Tecarifas, desde las Canarias al oasis de Chiva; en el Áfri- 
ca Central entre los dialectos délos Felatas y los Foufais, 
los cuales ocupan casi todo lo interior ; en el Mediodía 
entre las tribus de todo el Continente, desde la Cafrería y 
Mozambique hasta el Océano Atlántico (1). 

Los mejores etnógrafos de nuestro tiempo pueden di- 
vidirse en dos clases , de las cuales una busca la afini- 
dad de las lenguas en los vocablos , y la otra su gra- 
mática; á cuyos métodos podemos dar respectivamente 
el nombre de comparación léxica y comparación gra- 
matical. Los principales sostenedores del primer método 
son franceses, ingleses y rusos, como Klaproth , Balby, 
Abel Remusat, Whiter, Vans Kennedy, GoulianolT, 
Adelnng el joven y Morían. En Alemania De Hammer y 
acaso Federico Schiegel, pueden reputarse como de 
la misma escuela. £1 principio seguido por estos es- 
erílores se comprendía ¿d vez en fa observación hecha 
no sé donde por Rlaproth, de que los vocablos son la 
bse ó la materia del lenguaje, y la gramática la fábrica 
ó la forma ; y en una obra reciente del barón Merían 
publicada por Klaproth, se han expuesto clara y orde- 
aadanaente todos los principios sobre los cuales él y su 
escuela proceden en este estudio, y todos los conoci- 
mientos que de ellos han deducido (2). La ofaa clase 
está reducida en gran parte á la Alemania, y cuenta en- 
tre sus campeones mas ilustres á Guillermo Schiegel 
y á Guillermo Humboldt. Ninguno ha sido mas franco y 
mas animoso al atacar los principios de la escuela 
opuesta que el prímerotíe estos dos escritores. Viri doe- 
Uy dice, i» eo frtBcipue peceare mihi indeníur, quod ad ti- 
miiiiuáimem nmnullmwn dicHonum qualemcumque ani- 
mm advertúñt , diverntatem roHonis gramtnaiiccí et 
vasccmr imdoiit plome non curant In origine ignota Hn- 
gnantrn expiorúuda, ante omnia retfici debet roHo gram- 
wttliea. BeBc , enim , a majoribus ad potteros propagatur, 
Separari outem a Ungva , eui ingentta ett , nequit , aut 
Msmnn popuKt iia tradi , ut verba lingwB vemaeulcB re- 
Uneant, fannulas ¡oquendi ptrearinat recipiant (3). Aquí 
se ve que tenemos dos notables afirmaciones; que la 
gramática es un elemento esencial ingénito def idio- 
Bia ; y que no puede imponerse separadamente á un 
jHieblo una nueva gramática, pero que si este acepta 
ks formas, debe también recibirla materia de un idioma. 
Paso ahora á presentar algunas observaciones y de- 
dttcciones que he hecho en el curso de este estudio. 

Muchas veces los autores se ofuscan por esforzarse en 
ftttalizar una lengua con ánimo de averiguar su primi- 
tiva forma, ff ada hay mas común que encontrar , aun 
en escritores juiciosos, la idea de que en los idiomas 
hay una tendencia á desarrollarse y perfeccionarse : y 
para esto nos remontan á los tiempos lejanos en que 
cada verbo auxiliar tenia su propio significado , y cada 
conjunción era un imperativo. Murray habla en igual 
manera de este estado de los idiomas , y pretende redu- 
cir el origen de todas las lenguas á unos pocos extraños 
y marcados monosílabos. Un ejemplo explicará mi pcn- 
•¡unienio. En las lenguas semíticas , especialmente en 
el hebreo, podemos fácilmente reducir todo el sistema 
de conjugaciones á meras agregaciones de pronombres, 
hechas á la simple forma elemental del verbo , y po- 
dremos descubrir en las palabras los vestigios mas bien 

(i) Ttete Pbitchabd, lib. eit. pig. 7. 

iS) PñwOpee de f étnie eomperetieedee túnúuet, Paria18Í8. 

(S) BfMMMw MUt, lom. I , entrega 3, Bonn Í82S, pig. 285 i 
m. El ^ priiBer oÉnero ( 18i0) se expresa en téminos ann mas 
hntis. 



de raices moooaUábieatqoA de las raioei ditíUbac queae- 
tualmente presentan. Tendremos asi un idioma senciUoy 
compuesto de las voces mas cortas, enteramente priva- 
do de inflexión, v determinando el valor de sus elemen- 
tos tan solo por la posición que tienen en la frase ó dis- 
curso; en otros términos, un idioma que en la estructu- 
tura sería muy semejante al chino. Seguramente este 
idioma, considerado bajo el punto de vista de la actual 
situación de la familia á que pertenece , constituiría un 
estado el mas sencillo ó ¡wimario , del cual se podría 
creer derivado el presente por un desarrollo gradual, ve- 
rificado en el transcurso de largos siglos. Y en efecto, 
no han faltado doctos escritores que han pensado de esta 
manera. Pero yo debo disentir enteramente de su opi- 
nión, porque hasta ahora, la experiencia de muchos mi- 
llares de anos no nos presenta un solo ejemplo de et- 
^ntáneo desarrollo en ningún idioma. £n cualquiera 
época que examinemos una lengua, la encontramos 
{¿rfecta y completa en cuanto á sus cualidades ese»- 
ctales y distintivas; y aunque pueda recibir, pasando de 
boca en boca mas lustre y pulimento, riqueza mayor y 
constrnccion mas variada, es lo cierto que sus notas ca- 
racterísticas y específicas , su principio vital , su espíri- 
tu, si asi puedo UamarLo, aparece totahnente formado, y 
no puede cambiar jamás. Si se verifica alguna altera- 
ción , esta solamente acaece al surgir el nuevo Idioma 
como de las cenizas de otro ; y aun donde se sigue esta 
alternativa, como al suceder el italiano al latín, y el la- 
tín al anglo^on , hay cierto secreto velo que envuel- 
ve todo este cambio , y no descubrimos ei nuevo idioma 
hasta que sale j ya mas ya menos bello, pero siempre 
plenamente formado y no sujeto á mas mudanzas. En- 
tonces también observaremos que su primera condición 
Sa contenia en si misma las partes y órganos mas he- 
os y robustos que debían dar un día forma y vida á su 
estado sucesivo (4). 

Los dos idiomas que acabo de mencionar, en cuanto 
á sus facciones sustanciales, ó mas bien en cuanto á su 
naturaleza individual y al principio de identidad^ aoK 
tan perfectos en los escritores mas antiguos como en 
los mas modernos. No habUiré de Dante ni de Guido; f) 
pero aun el inglés Chauoer f *) halló seguramente en su 
habla nativa un instrumento con que dar vuelo á sus 
cantos. Otro tanto sucede respecto del hebreo. £n ios 
escritos de Moisés y en los primitivos fragmentos incor- 
porados al Génesis, la estructura esencial del Icngui^ 
es completa y evidentemente incapaz, á pesar de su m»> 
nifiesta imperfección, de recibir ulterior perfecciona- 
miento. El antiguo egipcio , escrito como está en los ge- 
roglíficos sobre los monumentos mas vetustos , y en el 
cofto de la liturgia , al cabo de un espacio de tres mil 
años, permanece el mismo, según lo hademosü^o Lepi> 
sius. Otro tanto se observa, comparando los mas anti- 
guos con los mas modernos escritores en las lenguas 
e'iega y latina; y el caso de este último idioma es singu- 
rmente notable, si se considera la oportunidadde peiw 
feccionarse que le daban sus estrechas relaciones con el 
primero. Pero por mas que la conquista de Grecia tra- 
jese al Lacio, todavía tosco, la escultura , la pintura , la 
poesía y la historia , las artes y las ciencias ; aunque el 
latín tomase del griego mayor rotundidad en la estruc- 
tura de sus períodos , mayor flexibilidad y energía, no 
por eso tomó un solo tiempo , ni añadió una sola decü* 
nación á su gramática , ni una partícula á su dieciona* 
rio , ni una letra á su alábete. 

Por tanto, podemos establecer como principio, que nin« 
guna nación , por mas que conozca los defectos de su 
idioma actual, tomará en circunstancias ordinarias ele* 

(4) Asi el esUidio, aunqoemoy leve , de la decadencia del Istia, 
mostrarji cOmo han venido i ser comunes las voces abora italia- 
nas puras, como pensare en los escritos de San GrMorio Ó la pre- 
posición úe pira el genitivo. Tales formas eran indadiblemente co- 
munes lar^o tiempo antes entre el valgo. En alfanas toscas inscrip- 
ciones sepulcrales tenemos SS. por X, como Hetii por eixU, y taan 
bien recuerdo nu ejemplo en que este vervo estü escrito como en 
italiano ( fuera del cambio de la V en £) Biise. 

(*) Guido de Areuo, poeta del siglo ziii, autor de unas eaa- 
renta canciones y mas de den sonetos en idioaui loscano. 

(N. del TJ 

{**) Escribid en el siglo xiv : sas obras son na moDoaeoto prev 
doao de la antlgoa literatora inglesa. ^^ ^^ q I ^ 



^D\Q\Wzeplf^ieí T,J ^^ 



64 ACLÁfiAGlOINEfi AL 

ménloft esenciales de Otro idioma, ni producirá por sí 
misma ningún noevo germen. ¿Cómo explicar de otro 
modo que el chino, tan falto de construcción gramati- 
cal, que casi puede decine que es el retrato de las for- 
mas del pensamiento , explicadas en signos de sordo- 
mudos , no se haya esforzado jamás para construirse 
aquellos que nosotros reputamos indispensables para la 
inteligencia en elliablar? ¿Por qué las lenguas semíticas, 
al cabo de millares de años de contacto con lenguas de 
otras familias, no han engendrado jamás un tiempo pre- 
sente ó compuesto, ni modos condicionales , cuya falta 
hace tan intrincados sus discursos y sus escritos? ¿Por 
qué no han inventado alguna nueva conjunción para 
exonerar al vau copulativo del cargo de tener que ex- 
presar todas las relaciones posibles entre las partes del 
discurso? Hay mas : ¿de dónde nace que después de si- 
glos de familiar contacto con alfabetos mas perfectos, 
y confesando plenamente las inmensas dificultades de 
un alfabeto sin vocales , los que hablan estos idiomas 
no han logrado jamás introducirlas , y aun en nuestros 
días apelan al mezquino recurso de molestos puntos? 
^£n qué consiste que el abisjnio , único idioma que ha 
intentado un cambio , no ha hecho mas que dar un al- 
fabeto silábico mas forzado y comnlicado , lleno de in- 
convenientes, y sujeto á innumerables equivocaciones? 
Si en los idiomas fuese natural el desarrollo , se hu- 
bieran necesitado muchos siglos para efectuarlo ; pero 
kjos de S3r esto asi , los estados primitivos de un 
idioma son con frecuencia los mas perfectos , y las in- 
vestigaciones recientes de Grimm sobre las formas pri- 
mitivas de la gramática alemana, están muy distantes 
de probar la tendencia de una lengua á perfeccionarse, 
pues que muchas formas y muy aprcciables de aquella, 
se han perdido ya del todo. 

Asi , pues , lo que se dice sobr^ los estados secunda- 
rios de una lengua, ó el suponer que se han necesitado 
siglos para que llegue á un punto dado de desarrollo 
gramatical, son cosas que contradice enteramente la 
dpttieneia. 

Guillermo de Humboldt , lingüista acaso superior á 
todos, auxilió con un espíritu de investigación analítica 
su vasto tesoro de práctica ciencia etnográfica , é hizo 
uso del estudio de ks lenguas, en que pocos le han imi- 
tado , empleándolas como medio de llegar á un cono- 
cimiento mas exacto de las formas del pensamiento, y 
de los trámites que recorre el entendimiento humano 
para perfeccionarse (1). 

Este distinguido etnógrafo conviene en que las len- 
guas no llegan á su peculiar desarrollo por grados len- 
tos , como erróneamente se ha dicho , sino que lo reci- 
ben de una fuerza desconocida de la mente humana ; á 
no ser que queramos suponer que las nrínioras lenguas 
se comunicaron al hombre por el Ser Supremo. 

Sin embargo , me atreveré á decir contra Sclilcgcl, 
que algunos ejemplos parece nos dan ocasión para sos- 
tener, que bt^o el inílcgo de circunstancias particulares, 
puede someterse un idioma á tales alteraciones , que 
sus vocablos pertenezcan á una clase y su gramática á 
otra. Cierto es que en este caso se formaría un nuevo 
idioma diverso del uno ó del otro de sus generadores; 
pero siempre se separaría del que lo precedió, abrazando 
nuevas formas, gramaticales. Asi, el mismo Schlegcl 
confiesa que el anglo-sajon perdió su gramática á con- 
secuencia de la conquista normanda (2). Y ¿no pode- 
mos decir nosotros que el italiano se ha separado mas 
del latin por haber adoptado un nuevo sistema grama- 
tical, que por la mudanza de palabras? £n efecto, si 
comparamos una obra cualquiera en los dos idiomas, 
nos costará trabajo descubrir alguna diferencia en los 
verbos y en los nombres , pero hallaremos artículos to- 
mados de pronombres , uu total abandono de casos, y 
por consiguiente de declinaciones ; y los verbos conju- 
gados casi enteramente con auxiliares en la voz activa 
y absolutamente faltos de voz pasiva propiamente di- 
cha. Estos son los cambios que bacen considerar al ita- 
liano como idioma nuevo. Verdades que no ha salido de 
su familia, en cuanto á los tii)os de sus variaciones, por- 

(1 ) Uttr0 á M. Abtí RemtMít sur la natnrr des formes gromma- 
tioáietríc, par M. Guill. db Hcifsoi.nT. París 1827, pía. 13. 
(3) De egindh etpu. pág . 281 . 



LIBRO PIUMERO. 

que todas estas particularidades se encuentran en otras 
lenguas de la clase indo-europea como el alemán y el 
persa ; pero también es verdad que la mudanza ha sido 
tan grande, que hace que el nuevo idioma pertenezca á 
la subdivisión que forma uno de los dos extremos de la 
familia , siendo el latin el otro extremo. 

Quizá pueda encontrarse otro ejemplo de esto en las 
lenguas tártaras, en las cuales un hombre de profundo 
saber halla vestigios de una desviación semejante del 
tipo original de su construcción gramatical. ¡kpuU C 
extrétnité de T Asie , dico Abel Remusat, on ignort en- 
tiérement T art de conjuguer les verbes ; ou du moins les 
pariicipes et let gérondifsjouení le principal rúU dcns ks 
idiomes tongous et tnongols, ou la disHnction des person- 
net est inconnue; les Tures orientaux en offrent Ut pre- 
miers (^éelques traces; mais le peu d' utage qu* ils es font 
semble attester la préexistence d" un sisteme plus simple. 
Eufin, uux des Tures qui touchaietU aulrffois la race go- 
(hique dans les contrées qui séparent V Irtisch et le Jaak, qui 
Pont repoussée ensuite , et bientót poursuioie jusgu' en 
Europe , ont de plus que les Tures quelque chose qui levr 
est commune awc les ncUions gothiques , laconjugaisonpaT 
le mayen des verbes aujáliaires; et malgré cette addition 
qui semble étrangére á lew langue , celle-ci consene qwl- 
que chose du mécanisme gét^ des idi<nnes sans cosju- 
gaison (3). 

Lenguas puestas á la mayor distancia una de otra 
manifiestan á veces la mas smgular uniformidad de 
gramática , y sin embargo , no por eso están reputadas 
eomo afines entre sí. Por ejemplo, el vascuence presen- 
ta analogías muy cufiosas con varias lenguas america- 
nas, como la falta precisamente de las mismas letras, 
la tendencia á unir siempre las mismas consonaotes y 
una complicación semejante en el sistema de las conju- 
gaciones por medio de sílabas que expresan varias mo- 
dificaciones del verbo simple; en lo cual también se 
parece á los dialectos de sudoeste de África (4). Esto 
no obstante , Humboldt al mismo tiempo que niega que 
la semejanza de algunas voces sea suficiente para de- 
mostrar el origen común de varias lenguas , y apesar 
de que refiere los puntos de semejanza que acalw 
de mencionar , está lejos de deducir de aquí que de- 
ba admitirse alguna especie de^afinidad entre estos di- 
versos idiomas, antes por el contrario dice : «esta es- 
»pecic de singularidades gramaticales me han parecido 
^«siempre mas bien grados de civilización que afinidad 
» entre las lenguas.» 

Paréceme , pues, que mientras por un lado los que 
están por la comparación de los vocablos han llevado 
demasiado lejos sus deducciones , por otro el doclo 
Schlegel se ha dejado llevar demasiado de su indií^na- 
cion contra la exorbitancia de aquellas, cuando nos dice 
que el uso común de la o privativa prueba mas I» 
afinidad del griego con el sánscrito, que centenares de 
palabras semejantes. Humboldt, que no es menos ar- 
diente partidario de la preeminencia debida á las afini- 
dades gramaticales, en una breve y oportuna exposición 
de sus opiniones sobre lo que forma el objeto de nuestro 
estudio, concede también un valor racional a la afmidail 
de los vocablos (5). 

Yo propondría por tanto, no ¿a que se lomasen voca- 
blos pertenecientes á una ó dos lenguas en familias di- 
versas, ^m sacar de su semejanza, que puede ser ac- 
cidental ('> comunicada por otra , deducciones aplicables 
á la familia entera á que respectivamente pertenezcan: 
sino que se comparasen los vocablos de sencillo sig- 
nificado y de primera necesidad , los cuales pasan p*>i 
entre familias enteras, y son por consi{?uiente, si pu**- 
do expresarme asi, aborígenes en ellas. Por ejemplo, ci 
seis numeral es en el sánscrito schavhf en persa fhehs, 
en laiinwx, en alemán sechs. Esta voz, por consiguiente 
pertenece á toda la familia : también pertenece á toda 
la familia semítica, porque en hebreo en el mas puro 
tipo tenemos igualmenti? sheh , y en otros dialectos Jo 

{úiRecherehes mr les langues taríares. París 1830, lom. '» 
pág.306. 

( 4 ) B ALBi . Tableau des langue* de I' A frique. . , 

(5) Ensayo sobre el mejor medio áa averignar las aOoidaues aj 
las lenguas orientales , por el barón de HumbokU , en las Trs»^' t"^ 
¡a Heat. Saciedad Asiática. 1830, t. H , pág. 214y ílSentrfía » 



filología coxpaaáda. 



bailamos modificado según las leyes ^ue rigen siempre 
el cambio de letras. Además el ingles «even (siete) es 
en sánscrito tptan , en alemán antiguo sihun; y compa- 
rando estas voces con las de las lenguas semíticas , te- 
nemos tkewwg, en bebreo y thabat, en árabe. Uno es 
también en sánscrito aika , en persa yak, en hebreo 
ahad , y así en los demás dialectos. La voz ¡apa cuerno, 
si se bailase solamente en griego, podría creerse deri- 
vada del bebreo ó fenicio keren ; pero esta opinión se 
desvanece al encontrarla en miembros déla familia, que 
no habrían podido tomarla de este modo , como el latin 
comu y el alemán hom. No puede tampoco el vocablo 
latino derivarse del gríego, porque la introducción 
de la « , que lo pone mas cerca del semítico , difícilmen- 
te puede ser casual ; y sobre todo, porque se encuentra 
en el alemán que no puede infundir sospechas de co- 
municación ni con el hebreo ni con el griego. Sin em- 
bargo , esta voz que se halla en tantos miembros de la 
misma familia es también universal en la semítica , en 
la cual se encuentran el sirio hamo , y el árabe keren. 
De la misma manera no parece que hay razón para du- 
dar del puro origen sánscrito de la voz ama madre ; y 
sin embargo, esta voz es esencialmente semítica; pues 
em en hebreo y omma en árabe tienen el mismo signifi- 
cado , como también ama en vascuence , ahora usado 
en español por nodriza. Estos ejemplos son bastantes 
para ilustrar la regla que be establecido , pues presen- 
tan casos en que los vocablos tienen carta de natura- 
leza en todos ó en la mayor parle de los miembros de 
las dos familias, hasta el punto de poderlos reputar pri- 
marios ó esenciales en ambas. Solamente en casos se- 
mejantes á estos admitiré yo fácilmente la comparación 
de las palabras , como bastante para demostrar afinidad 
entre los idiomas. Así, pues, cumdo un diccionario 
como el de Parkhurst hace derivar una. voz inglesa de 
una raiz hebrea , yo la rechazo desde luego como des- 
nuda de fundamento ; cuando saca de esta una palabra 
griega, admito el hecho como posible , porque puede 
haber sido comunicada en el comercio con los Fenicios, 
pero esto no prueba nada en cuanto á su derivación. Si 
como en los ejemplos anteriores , dos ó mas de estas 
lenguas tienen la misma voz primaria y esta se en- 
cuentra nuevamente en iguales vocablos de las len- 
guas semíticas , yo la reputo eficaz para probar la mis- 
teriosa conexión de todas Tas lenguas en cierta época 
remota. Los secuaces del sistema léxico, ó sea de la 
comparación de los vocablos, hallan demasiado pronto 
analogías entre lenguas que se hablan á gran distancia 
nna de otra y que no tienen entre sí ningún lazo histó- 
rico. Así el vascuence, que el doctor Young ha compa- 
rado con el egipcio , ha sido de la misma manera com- 
parado por Klaproth con las lenguas scmític is , y uno 
y otro nan sacado cierto número de palabras real ó 
aparentemente semejantes (1). También dirigió una 
carta este mismo autor al difunto Champollion, en que 
le señalaba curiosas analogías de voces entre el coflo é 
idiomas muy distantes , particularmente los que se ha- 
blan entre el Obi y el Vol^a. 

Las doe familias que ofrecen mayor facilidad para 
examinarla conexión entre lenguas de naturaleza ente- 
ramente diversa , son la indo-europea y la semítica, pues 
que hemos estudiado mejor varios de sus miembros. 
De aquí nace que se hayan hecho grandísimos es- 
fuerzos para aproximarlas lo posible entre sí ; pero con 
frecuencia , por haber traspasado la regla que he pro- 
puesto para averiguar la originalidad de las voces com- 
paradas en ambas familias , el éxito no ha sido satisfac- 
torio. Por ejemplo, el doctor Pritchard, en una lista 
comparativa que da de ellas (2) , no me parece que ha 
reflexionado bastante sobre la primitiva índole de los 
vocablos , ni sobre la cuestión de si son ó no estos co- 
munes á toda la familia. Así compara la voz hebrea yain 
con el latin tinum, nosotros podremos agregar el 
gríego MvoF , y la comparación es probablemente exac- 
to. Pero como es mas aue probable que el cultivo de la 
vid y la elaboración del vino procediesen del Oriente al 

( 1 ) Mimoires reiaUft á f AHe, París 1824 , 1. 1 , pig. 214. 
(i) Al fln de sa obra titulada Origen oriental de las naciones 
eéíUcüi, 

TOMO 1. 



Occidente , y que en los primeros tiempos fuesen in- 
ventados por tas naciones semíticas, es de suponer 
que los dieran el nombre, y por tanto estas voces son 
tomadas de otra lengua. Compara ademas el latin Un- 
gtta con el hebreo loang^ tragar. Prescindiendo de que 
el vínculo de conexión de estas dos ideas no es bastante 
verosímil , la voz lingua es propia del latin en la familia 
indo-europea ; pero la consideramos como voz de fami- 
lia cuando observamos que Mario Victorino dice que 
los antiguos escribían din^ua por linffua (3). El vocablo, 
así restituido á su primitiva forma , entra en afinidad con 
el alemán zunge , y pierde toda semejanza con la palabra 
semítica. 

Ya he presentado algunos ejemplos de las compara- 
ciones de palabras que tengo por mas satisfactorias entre 
las dos familias, cuando he establecido la regla para estas 
investigaciones ; pero conviene advertir ademas que hay 
puntos en los caracteres gramaticales de las dos familias, 
que admiten una comparación mas sutil que la intentada 
hasta ahora. No me sería fácil explicar mis ideas sobre 
esta materia sin entrar en un minucioso y compli- 
cado análisis comparativo, difícil de entender para quien 
no tenga algún conocimiento de estas lenguas , y no 
muy grato para mucha parle de mis lectores. Me con- 
tentaré , pues , con decir que según mi convicción hay 
entre las familias una relación mas estrecha que la que 
á primera vista nos inclinamos á suponer; y me es sa- 
tisfactorio poder mencionar aqui una obra que parece 
destinada á abrir campo á nuevas investigaciones y á 
indicar nuevos elementos de afinidad entre estas y otraa 
familias. Aludo á la obra del doctor Lepsius, llena de las 
indagaciones mas curiosas y originales, en la cual, va- 
liéndose de la paleografía, na establecido ingeniosísimas 
y maravillosas semejanzas entre el sánscrito y el hebreo, 
hasta el nunto de no dejar duda , según su propia expre- 
sión, de la existencia en ambas lenguas de un germen 
común , aunque no desarrollado (4). 

Alejandro de Humboldt, á quien debemos tan precio- 
sas noticias sobre las lenguas y monumentos de América, 
se expresa sobre este importante punto en los términos 
siguientes : « aunque ciertas lenguas pueden á primera 
» vista parecer aisladas, por mas singulares que sean 
n SUS caprichos y sus idiotismos , todas tienen analogía 
n entre sí. Los muchos lazos que las unen serán tanto 
»mas manifiestos, cuanto mas se perfeccionen la his- 
ntoria de las naciones y el estudio de las lenguas» (5). 
£1 testimonio incontestable de la Academia de Peters- 
burgo en el quinto tomo de sus Memariasi viene á ilustrar 
^este grave asunto (6). Aquella reunión de doctos se dejó 
llevar probablemente, en esta parte de sus estudios, por 
la grande autoridad del conde de Goulianoíf , el cuatera 
ardentísimo mantenedor de la unidad de idiomas, "de- 
mostrada por la semejanza de las palabras , sin hacer 
mucho caso las mas veces de la identidad real , y 
menos de la estructura esencial de las lenguas. Éste 
sabio declara bastante su pensamiento en el DUcurto 
sobre el esíudio fundamental de las lenguas , del cual ex- 
tractaré el siguiente pasaje : La succesHon des faits ante' 
rieurs á Chistoire en s'effoQant avec les siécles, semble nuire 
á rividence du fait essentiel , savoir celui de la fratemiti 
despeuphs. Orcefaitfle plusiniéressantpourrkommequi - 
pense f s'éfahlirait implicitement.par le rapprochement des 
langues anciennes et modemeSf considérées sous leur aspect 
^originaire. Etsi jamáis quelque conception philosophique 
venait mulHplier encoré les berceaux du genre humain, 
VideniHé des langues seraii toujours Id pour détruire le 
prestige; etcette autorité ramenerait , je pense, Vesprii le 
plus prévenu (7). Un año después de este discurso publicó 

( 3 ) NotensUis ñ9e per L , site per D teritendtan; eommsmionem 
enim habuertait litera ha apud antiquos ut dinquam , et linguám, 
et daerimis et laerimis. Marii Victorini grammatici et rhetorisde 
Ortkograpkio, ap. Pet. Sanetand. Lyon 1851 , páff. 32. 

(4) Paleografia como medio de indagación en las lenquas, ÜUS" 
trada con ejemplos del sánscrito. Beriin 1834 , pig. 23. Una de las 
notables consonantes entre ambas lenguas es que el reseh esti con- 
siderado evidentemente como vocal en las reglas concernientes á 
los puntos bebreos, precisamente como el sánscrito la letra R. 

[§) Ap. KLÁ?M-n, Asta poH flota f\í. 
6 V. el BuUetin nniversel, see. 7 , 1. 1 , pig. 380. 
7) Mscourssurr elude fondamentai deskmgues. París 1822, 
pig.Sl. ^^^- - 



Digitizedby VjOO 



ACLARACIONES AL LIBRO PRIMERO. 



el prospecto de una obra que debía nrobar la unidad de 
las leng^uas (1). No sé si esta obra salió á luz ; pero temo 
que en aquel prospecto se prometiese mas de lo que fuera 
posible conseguir. De todos modos , la decisión de la 
Academia fué absolutamente solemne en este punto, 
pues sostuvo su convencimiento, al cabo de una larga 
investigación, de que todas las lenguas deben reputarse 
como dialectos de un idioma ya perdido. 

En esta misma clase de escritores debe también contarse 
al consejero de £stado Merian , el cual adoptó la misma 
proposición aunque tal vez no positivamente averi- 
guada en su 2W|iar¿i^tfm, que contiene tablas comparati- 
vas principalmente de vocablos alemanes v rusos , pero 
con el aditamento de un fárrago de materiales indigestos, 
sacados de las otras lenguas. Por lo tocante á la com- 
paración de las voces , esta obra es sin duda muy anre- 
ciable ; pero debe confesarse que el lector necesita volver 
muchas y muchas páginas antes de descubrir una me- 
diana semejanza entre lenguas de diversas familias. Sin 
embargo , sea de esto lo que quiera , el segundo tomo 
de su obra pone bastante de manifiesto sus ideas sobre 
el asunto de que tratamos , porque dice : alos que duden 
*> de la unidad del idioma después de haber leido á Whi- 
» 1er, pueden leer a Goulianoff» (2). 

Déla misma escuela, pero superior con mucho en 
mérito á los autores mencionados, es Julio Klaproth. 
Pocos escritores se han atraído nuestra gratitud con no- 
ticias mas curiosas que las que él da sobre las lenguas 
y la literatura de la mayor parte de los pueblos de Asia, 

? sobre la geografía de países muy poco conocidos, 
ero es un escritor osado , cuyas afirmaciones es preciso 
recibir con cierto grado de circunspección ; y á la ver- 
dad , habría sido difícil hacer con perfecta exactitud y 
profundidad investigaciones de tan diversa naturaleza. 

Con mayor satisfacción recuerdo las ideas de Federico 
Schelegel , hombre á quien nuestro siglo debe mas de 
lo que podrán pagar nuestros nietos en algunas genera- 
ciones. Debémosle , en efecto , nuevos y mas puros sen- 
timientos sobre las bellas artes y sus mas santas aplica- 
ciones ; el conato por lo menos de dirigir la mirada de 
la filosofía á lo interior del alma humana, y poner en 
armonía los elementos mas sagrados de su poder espiri- 
tual con los principios de la humana ciencia ; pero sobre 
todo, el venturoso descubrimiento de una India mas 
rica que la que Vasco de Gama abrió á la Europa, cuyo 
valor no consiste en los aromas , en las perlas ni en el 
Oro bárbaro, sino en tratados de ciencia nunca explora- 
dos, en minas de sabiduría -indígena por largo tiempo 
intactas , en tesoros de doctrina simbólica profundamente 
sepultados, y en monumentos, por largo tiempo escondi- 
dos , de primitivas y venerandas tradiciones. 

En la obra que por primera vez hizo que la Europa 
volviese los ojos á estos graves obietos (aludo al trata- 
dito que publicó en 1808 sobre la lengua y doctrina de 
los Indios) establece claramente su opinión respecto de la 
unidad original de todas las lenguas. Rechaza con indig- 
nación el pensamiento de que el habla fuese invención 
del hombre en un estado salvaje é indisciplinado, traída 
gradualmente á su perfección por la industria y la ex- 
periencia de las generaciones sucesivas; y por el con- 
trario , la considera como un todo, con sus raices y es- 
tructura , con su pronunciación y el carácter escrito, el 
cual no era geroglífico , sino que estaba compuesto de 
signos que expresaban exactamente los sonidos de aque- 
lla lengfua primitiva. Es verdad que no habla del idioma 
como dado al hombre por revelación superior; pero 
opina que la mente humana ha sido dotada de tales con- 
diciones, que producen necesariamente desde su manifes- 
tación primera esta perfecta y bella construcción , y por 
lo tanto presupone su unidad y su individualidad (3). 

(ij El tltolo de esta obra dtf>ia ser Étvde de Phomme diu 
mamftttation de tes facultes, 

(2) Tripartitum, sen de analogía linguarwMlihellus; conUntta- 
Ho. Viena 18^, pág. 585. La obra de VVhiter á que aquí se alude, 
es el Ethvtaologieum wúversale, 

(3 1 La Lenaua y la ciencia de los indios. Lib^ I, cap. 5. Estas 
Meas expresadas con la fénida elocuencia que distingue á todas las 
teorías lilosoflcas de este autor han sido prolijamente censuradas 
por F. MiíUner en su curiosa obra Sobre el origen y significación 



primitiva de las formas del lenguaje. Múnster i831 , pág. 27. Este 
r deduce toaos los idiomas de las formas de interneción, pág. 4. 



yator i 



Los estudios que Schelegel hizo después no fueron parte 
para que variase de opinión ; por el contrario, es de ver 
su última hermosa obra , que puede llamarse el canto 
de este cisne moribundo , la cual, como oportunamente 
observó alguno , terminó sus especulaciones filosóficas 
con una expresión de duda (4) , porque la muerte lo ha- 
lló en las altas horas de la noche velando por los roas 
caros intereses de la virtud, y como el matador de Ar- 
químedes, no le dio tiempo para resolver su problema. 
Hablo de la Filosofia de la palabra , en la cual con- 
sidera el idioma como un don individual y peculiar 
del hombre , y por consiguiente único en su origen. Xo 
puedo resistir al deseo de citar un pasaje de esta obra. 

u Con nuestros sentidos y órganos presentes , nos es 
» tan imposible formarnos la mas remota idea de aquel 
n idioma que poseyó el primer hombre antes de perder 
»su original poder, su perfección y dignidad, como 
n sería ponemos á discurrir sobre aquel lenguaje miste- 
wrioso por cuyo medio los espíritus inmortales se comu- 
» nican sus pensamientos, trasmitiéndolos por las anchas 
» vías del cielo en alas de la luz , ó sobre aquellas pala- 
» bras , no proferibles por seres creados , que se pro- 
nnuncian en el inexcrutable seno de la divinidad, donde 
»> según se expresa el sagrado cantor, el abismo llama 
» al abismo , esto es , la plenitud del infinito amor llama 
» á la eterna magostad. Cuando de esta inaccesible altura 
w descendemos nuevamente á nosotros mismos y al prí- 
» mer hombre tal como verdaderamente fue, la sencilla y 
») natural narracciou de aquel libio que contiene nucs- 
» tros primitivos anales, manifestando que Dios enserió 
n al hombre á hablar , aun sin pasar mas allá de este 
» sentido llano y no modificado , estará de acuerdo con 
» nuestros naturales sentimientos. Porque ¿cómo no habría 
u de ser así, ó cómo podría suscitarse alguna otra impresión 
u al considerar el carácter que Dios tiene en aquel caso, de 
f> padre , por decirlo así , que enseña á su Mijo los pri- 
» meros rudimentos del lenguaje? Pero bajo este senlido 
«sencillo, como en todo lo que contiene aquel libro de 
n doble significación, hay otra y mas profunda sentencia. 
n £1 nombre de cada cosa y de cada ser de los que tienen 
n vida propia , tal como ha sido impuesto por Dios y 
» designado desde la eternidad , contiene en sí la idea 
» esencial de su ser interno , la clave , por decirlo así, de 
» su existencia , el poder que determina su ser ó no ser; 
n y así está usado en el sagrado lenguaje , donde se halla 
n ademas en un sentido mas sublime y santo , y unido a 
»la idea del verbo. Según este senlido y significación 
»mas profundos, se muestra en aquella narracciou y se 
n denota como antes he expuesto ligeramente , que jun- 
I» lamente con el habla , concedida , comunicada y con- 
» ferida inmediatamente por Dios al hombre , le otorgó el 
» Señor por medio de ella otro don , constituyéndolo 
»en gobernador y rey de la naturaleza, ó mejor dí- 
wcho, en diputado de Dios en esta terrcsU^ creación; 
» á cuyo oficio estaba originalmente destinado de dere- 
»cho»»(5). 

Así , pues , nuestra primera deducción , sacada de 
cuanto exponen los modernos etnógrafos, es que el idio- 
ma de los nombres fue originalmente uno solo. Venga- 
mos ahora á la segunda que nos servirá de mucho para 
corroborarla. ¿Cómo es que una lengua se divide en 
tantas otras y tan singularmente diversas? 

Primeramente me valdré de la autoridad de Herder; y 
á fin de que no parezca sospechoso de parcial , diré desde 
luego que en la misma página que voy á eitar tiene este 
autor cuidado de informamos que considera la historia 
de Babel como «un poético fragmento del mito de Orieo- 
wte. » Al principio, pues, dice que «así como la hu- 
» mana raza es un todo progresivo, cuyas partes se hallan 
n íntimamente ligadas entre sí , del mismo modo el idioma 
» debe constituir un todo completo dependiente de un 

n origen común Esto sentado , prosigue diciendo, hay 

" grandes probabilidades de que la especie humana pro- 

(-4) Preleceiones ftlosóflcas , en particular sobré la filosofía ^f^ 
discurso y de ¡apalabra. Viena 1830. El autor espiró estando es- 
cribiendo la décima lección. La última palabra de su mana sr rito roe 
un pero faberj. 

(5) Wgina 70. Tal vez esta idea está tomada de Herder Filoít^f"' 
de la Historia. (Londres Í800, pág. 89); aunque en ella sobm^oM 
se trata de la facultad de hablar y no del idioma. 



»ceda de un origen coman, de un primer hombre y no 
•de muchos dispersados por ?as diversas partes del 
í» mundo , » Y después, en apoyo de esta proposición ex- 
pone sus investigaciones sobre la estructura gramatical 
de las lenguas. Por lo demás, sus deducciones no se de- 
tienen aquí , antes se adelanta á afirmar confiadamente, 
que el examen de las lengxias muestra que la separación 
del género humano fue violenta; que los hombres no 
cambiaron voluntariamente de idioma , sino porque fue* 
ron súbitamente separados los unos de los otros (1). 

El señor Sharon Tumer, en los años de 1824 y 1825, 
leyó ante la Real Sociedad de Literatura de Londres, una 
sene de escritos dirigidos á demostrar la misma proposi- 
ción. Este sabio autor entró en el minucioso análisis de 
los primeros elementos del idioma , y de él dediyo que 
los muchos casos de atracción y repulsión entre las len- 
guas no dejan otro partido que tomar mas que el de 
si^ner algún acontecimiento semejante al citado por el 
Génesis. Pero no insistiré mas sobre un testimonio que 
es el único que en esta ciencia he citado de autor que 
defienda expresamente la narraccion de la Escritura (2). 
Mas de una vez he tenido ocasión de citar las opinio- 
nes del docto Abel Remusat. Su obra sobre las lenguas 
tártaras , aunque no completa , es un tesoro de raras no- 
ticias sobre muchos puntos extraños á su asunto especial, 
y se distingue en todas sus páginas por aquella facilidad 
de simplificación y resolución anah'tica aue parece haber 
sido una de sos dotes particulares. En el largo y variado 
razonamiento que á ella precede , manifiesta claramente 
sus ideas respecto de la concordia de la etnografía filo- 
lógica con la sagrada narraccion ; y después de haber 
hablado largamente del auxilio que pueden prestar á la 
Historia las investigaciones filológicas, concluye dicien- 
do: «entonces podremos juzgar con exactitud, según la 
"lengua de un pueblo , cual fue su origen , las naciones 
»con quienes estuvo en relación, la índole de esta , el 
«tronco de donde procede, por lo menos hasta la época 
» adonde llegan las historias profanas; v en donde he- 
"mos de hallar aquella confusión entre las lenguas que 
f^dió origen á todas ellas , y para cuya explicación se 
"han hecho tan inútiles esluerzos» (3). 

Pero si admitimos la unidad original de las lenguas, 
es muy difícil explicar sus divisiones subsiguientes sin un 
acontecimiento de esta clase. « Esta falacia , dice Remu- 
»sat en la tercera edición de su obra, se ocultó á la 
"penetración de los antiguos, probablemente porque 
M admitían la existencia de razas primitivas del género 
» bamano. Los que niegan estas y se remontan á una sola 
"familia, para explicar la existencia de idioma» diver- 
" sos en su construcción, deben presuponer un milagro; y 
"respecto de aquellos idiotaaas que están discordes entre 
"SÍ en las raices y en las cualidades esenciales, tienen 
"que admitir el de la confusión de las lenguas; admi- 
"sion Gue no ofende en nada á la razón , pues así como 
"lasreuauiás del antiguo mundo demuestran claramente 
"que hubo otro orden de vida antes del actual, del mis- 
•mo modo es creíble que este orden so conservase entero 
" desde su principio, y esperimcntara luego en cierta época 
" un cambio sustancial» (4). A esta observación podemos 
añadir que , si para explicar la diversidad de idiomas 
tuviésemos que recurrir á tantas razas independientes, 
nos veriamos en la necesidad de admitir, no ya unas 
cuantas de estas en apartadas regiones del globo , sino 
na número igual al de los idiomas que según todas las 
apariencias no tienen conexión entre sí^ es decir , mu- 
chos centenares; consecuencia contraria en principio 
á la sana filosofía , porque va de un salto a la explica- 
ción mas remota de un fenómeno constante , y todavía 
mas contraria en su aplicación, porque necesita multipli- 
car las razas casi en razón inversa del número de indi- 
viduos de que se componen. En efecto, las tribus mas 
pequeñas y las poblaciones salvages mas subdivididas, 
muestran evidentemente notables discrepancias de idio- 

(i J Loe. cit. Memorias de la real teademis. BerUn, . 111,413. 

()) Sus escritos rieron la laz publica en las Trans. de la Soeie- 
d»l real de lltentora, tom. I, parte 1.' Londres 1827 . pág. 17-106. 
, (3) Htekerehet tur la Ungue tartare, 1. 1, pig. 89. 

(4)Niebalir BUM-ia romana, tercera edición, parte 1.* Es 
snto ver estos cambios á pesar .de la declaradon del autor, pigi- 

TOMOl» 



filología comparada. . 67 

ma. £1 interior del África olas regiones aun no exploradas 
de la Australia , podrían en este caso contener mas razas 
que toda Asia y toda Europa. Pero sobre esta materia 
discurriremos en breve mas extensamente. 

Los idiomas que gradualmente se unen en grupos, qus 
tienden cada día á aproximarse mas y á descubrir sus mu- 
tuas relaciones, suministran el mejor argumento en favor 
de un punto primitivo de partida, y nos sirven para divi- 
dirla raza humana en ciertas grandes familias caracterís- 
ticas , cuya ulterior subdivisión entra en el dominio de 
la Historia. La minuciosa exactitud de sus formas , y en 
muchas partes los vestigios de semejanzas y analogías 
que pueden encontrarse entre uno y otro, demuestran 
que un tiempo estuvieron relacionados hasta el punto de 
formar un iodo; al paso que la osadia y precisión de los 
rasgos en los puntos de separación , prueban ()ue no los 
ha dividido un desarrollo gradual ó una acción lenta, 
sino alguna violenta catástrofe que ios ha separado por 
la fuerza. Pues precisamente estas deducciones positivas 
son las que han sacado ios mejores etnógrafos. 

Pero el número de dialectos que hablan los habitantes 
indígenas de América es verdaderamente casi increíble. 
Si elegimos cualquiera región del antiguo mundo donde 
creamos que se habla mayor número de idiomas , y des- 
pués tomamos al acaso un espacio iguaü de país poblado 
de indígenas en cualquiera parte de América , esta última 
nos dará siempre un número mayor de lenguas diver- 
sas (5). Y no podemos suponer que todas estas tribus, 
cada una de las cuales habla un idioma del todo ininte- 
ligible para las demás, descienda por línea recta de una 
sola formada en la disperaion , sin admitir La extraiía 
anomalía de que entre las familias humanas que entonces 
se formaron todas estas tribus innumerables , y sin em- 
bargo , tan poco importantes , anduviesen vagando hasta 
Ile«tr á tan gran düstancia.^ 

Solo tenemos ahora que examinar qué luz puede dar- 
nos la etnografía para resolver esta cuestión, y hasta qué 
{»unto están de acuerdo las soluciones que presenta con 
os resultados consoladores obtenidos en otras nartes del 
globo. £1 primer paso que se dio para establecer una 
conexión entre los habitantes de los dos continentes 
procedió de los partidarios de la que hemos llamado es- 
cuela léxica; y consistió en la comparación de los voca- 
blos de los dialectos americanos, con términos de los 
idiomas que hablaban las naciones del Asia Septentrional 
y Oriental. Smith Barton fue el primero que adelantó 
algo en esta carrera , y sus trabajos fueron incorpora- 



dos muy extensamente á un Ensayo que publicó Vater 
en 18 10, y que después volvió á publicar en su Mitridaiei. 

Maltebrun se esforzó para adelantar un paso mas y 
establecer la que llama relación geográfica entre los 
idiomas americanos y los asiáticos. 

Esto no obstante, confesaré que considero tales resul- 
tados como de poca entidad, tanto porque las semejanzas 
son muv leves y demasiado anómalas para poder servir 
de mucho , cuanto porque los autores mismos aue las pre- 
sentan miran estas transmigacionescomo simples agrega- 
ciones á una población ya existente, como meros agentes 
en la formación ó alteración de las lenguas indígenas f6). 
Las sem^nzas, pues, donde son satisfactorias, valen 
solamente para hacemos conjeturar que la población 
original pasó al hemisferio occidental, por el mismo ca- 
mino que llevaron las transmigraciones subsiguientes. 

Pero hay deducciones sacadas, merced á la ciencia et- 
nográfica, de la observación de los fenómenos así locales 
como generales , que apoyan formalmente este punto y 
remueven del todo cuantas dificultades nacen de la 
multiplicidad de las lenguas americanas. En primer 
lugar , el examen de la estructura de estas ha demos- 
trs^o sin duda alguna ; que todas forman una sola fami- 
lia , estrechamente ligada en sus diversas partes por el 
vínculo mas esencial oe todos , á saber : la análoga gra- 
matical. Esta analogía no es de un género vago e indefi- 
nido , sino extremadamente complicada y perteneciente 
á las partes mas necesarias y elementales de la gramá- 
tica, porque consiste especialmente en métodos particula- 

( S ) V. HüMBOLDT „ E98ai polUique 9ur la Nouveile Etpaffne. Parb 

1845, Ln,pig. 332. ^ ir\r\n\c> 

(6 Vais», pAg. 338; BLafESRü», pig. 212VjOüg IL 



68 



ACLARACIONES AL LIBRO PRIMERO. 



res de modificar por medio de las conjugaciones los sig- 
nificados y las relaciones de los verbos con la interpo- 
sición de silabas. Esta forma condujo á Guillermo de 
Humboldt á dar á]as lenguas americanas un nombre de 
familia, porque forman su conjugación con el sistema que 
él Uama de agluHnacion. Ni esta analogía es parcial^ sino 
que se extiende á las dos grandes divisiones del Nuevo 
Hundo, y da cierto aire de familia asía las lenguas aue 
se hablan bajo la Zona Tórrida como á las (lue se hablan 
en el Polo Ártico, tanto por las tribus mas salvajes , como 
por las mas civUizadas. £n segundo lugar, cuanto mas 
se profundice el estudio de las lenguas americanas, 
tanto mas se las encontrará sujetas á las leyes de otras 
familias ; pues que esta única y gran familia tiende dia- 
rUimente á subdividirse en grandes grupos, que tienen 
afinidades mas estrechas entre si que con la gran divi- 
sión de que respectivamente forman parte. Así habían 
diservaao desde el principio los misioneros , que ciertos 
idiomas eran reputados como clave do los demás dialec- 
tos, de manera, que el que los poseyese fácilmente podría 
penetrar los demás. Hervás , si mal no recuerdo , hace 
esta observación, y las investigaciones sucesivas la han 
coníhtnado ampliamente; sin embargo, Balbi en su 
cuadro de las lenguas americanas ha creído conveniente 
dividirlas en ciertas grandes secciones, cada una de las 
cuales comprende muchas de ellas. 

Así , pues, la dificultad relativa á la unidad de las na- 
ciones americanas, resultante de la multiplicidad de sus 
idiomas, queda desvanecida satisfactoriamente á conse- 
cuencia del mismo estudio que la suscitó. Fáltanos to- 
davía explicar la desemejanza de los dialectos que hablan 
algunas naciones ó tribus pequeñas y colindantes. Se 
ha notado que este es un fenómeno, no peculiar á Amé- 
rica, sino común á todas las naciones civilizadas. Ver- 
daderamente, si para juzgar de la unidad de origen no 
tuviésemos mas criterio que el idioma , tal vez encon- 
traríamos muchas dificultades para dilucidar este punto. 
Pero hay otra ciencia que confirma grandemente las de- 
dacciones que he sacado , y sirve para marcar ciertos 
rasgos característicos por los cuales pueden determinarse 
fácilmente las relaciones de las diversas tribus en la 
unidad de raza. Esto no obstante, se ha descubierto que 
en tribus salvajes, las cuales indudablemente estuvieron 
unidas en su origen, se manifiesta una variedad tan com- 
pleta é infinita de dialectos que apenas puede descubrirse 
en ellos alguna afinidad. De aquí se deduce , por decirlo 
así , la ley de que el estado salvaje, aislando las familias 
y las tribus, y armando siempre el brazo de cada uno 
contra sus vecinos, tiene sustancialmente una influencia 
que se opone á la agregación y unificación á que la ci- 
vilización tiende , y necesariamente trae consigo una 
celosa desigualdad , é idiomas ininteligibles en aquella 
especie de jergas que defienden la independencia de las 
diversas razas. 

fin ninguna parte se ha examinado mas atentamente 
esta influencia del estado salvaje para desunir, que en 
las tribus de la Polinesia. «LosPapuanos ó negros orien- 
»tales,dice el doctor Leyden, parecen todos divididos en 
"pequeñísimos Estados, ó por mejor decir, sociedades muy 
wpoco relacionadas una con otra ; poY lo tanto su idioma 
«está desmenuzado en una multitud de dialectos , los 
ff cuales en el transcurso del tiempo, por separación, 
ffp6r accidente ó por corrupción de palabras -, casi han 
«perdido toda semejanza» (1). Los idiomas, dice el 
doctor Crawfurd, siguen la misma marcha : en el estado 
salvaje son en gran número, y en la sociedad civilizada 
pocos. El estado de las lenguas en el Continente Ame- 
ricano da una prueba convincente de este hecho, el cual no 
se halla menos satisfactoriamente esclarecido por el exa- 
men del estado de los idiomas que se hablan en las islas 
de la India. Los razas de los negros que habitan las 
montañas de la Península de Malaca , en el estado mas 
bajo y abyecto de condición social , aun<;[ue numérica- 
mente son pocas, están divididas en infinitas tribus div 
tintas que hablan otros tantos idiomas diferentes. Entre 
la rara y diseminada población de la isla de Timor, se 
cree que se habbn no menos de cuarenta idiomas. En 
Ende y Flores tenemos también gran número de ellos; 

(1 ) ¡MHStítaeUmet atiátiau , t. X , pi(. 103. 



v entre la población caníbal de Borneo , no es improba- 
ble que se hablen muchos centenares (2). Pueden ob- 
servarse los mismos hechos también en las tribus de la 
Australia, las cuales pertenecen á la misma raza. Exa- 
minando la lista de los vocablos peculiares á diversas 
tribus aue nos ha dado el capitán iCing (3), se obsen'a 
entre ellos la mayor desemejanza; algunos sin embargo, 
como los equivalentes á ojo , se parecen en todos; y á 
veces, como sucede respecto de los términos que signi- 
fican cabello difieren estos esencialmente en tribus con- 
tiguas al paso que concucrdan en tribus separadas por 
largas distancias. Ahora bien, si estas razones tienen 
fuerza, tratándose de otros países, deben tenerla aun ma- 
yor en América , porque allí , como Humboldt ha obser- 
vado con razón ula configuración del suelo, la fuerza de 
"la vejetacion, el temor que tienen los montañeses bajo 
»los trópicos á exponerse al calor ardiente de las llanu- 
»ras , son impedimentos para sus relaciones mutuas y 
''Contribuyen a la variedad maravillosa de los dialectos 
"americanos.» Esta variedad se ha notado que es menor 
en las llamadas sáhanat (4), y en las selvas del Norte, las 
cuales son fácilmente atravesadas por el cazador en las 
orillas de los grande^ ríos, en toda la costa del Océano y 
en todos los países en que los Incas establecieron su teo- 
cracia por la fuerza de las armas (5). 



(F)Pag. 33 

LBHGÜAS DE ASLA. 

Las lenguas de Asia se dividen en siete familias. 

1 .* Familia de lat lengwu eemüicat , de las cuales las 
príncipalcs son la hebrea, la siría, la peleva, la árabe, la 
gueeza y amarica. 

2.* Familia de lat lenguas cauciticas , que comprende 

{>ríncipalmente la arménica, la georgiana, la circasiana, 
a abbasa, la awara , etc. 

3.* Familia de las lenguas persas, que incluye la zen- 
da, la parsa, la persa, la curda, la afgana, etc. 

4.* Familia de las lenguas indias, que comprende la 
sánscrita y una multitud de dialectos como el indostano, 
el bengalas, el malayo, elcingalés, etc. 

5.* Familia de las lenguas de la región transgangétka, 
como la china, la tibctina , la coreana, la japonesa, etc. 

6.* FamiHa de las lenguas tártaras , cuyos principa- 
les idiomas son el manchú , el mogol, el turco, etc. 

7.*' Familia de las lenguas de la región siberiana, que 
comprende diversos idiomas poco conocidos y' que se 
hablan en el Noroeste del Asia. 

La FAMILIA SEMÍTICA pucdc dividírsc en cinco ramas: 

1 .* Lenaua hebrea.—E\ hebreo antiguo fue hablado y 
escrito por los israelitas hasta la cautividad de Babilo- 
nia , después de la cual cesó de ser hablado y se con- 
virtió en lengua docta. En este idioma están escritos 
todos los libros sagrados hasta el profeta Malaquias in- 
clusive. 

Es probable que el alfabeto que usan hoy los Saman- 
taños fuese el de los Judíos en este período; pero actual- 
mente emplean caracteres que trajeron de la esclavitud 
y que deberían llamarse caldeos. Léese de derecha á iz- 
quierda como todas las lenguas semíticas. Lasamaritana 
V la rabínica pueden ser consideradas como dialectos de la 
hebrea. La primem tiene algo de caldea y de siria y pa- 
rece haberse formado en el si^o vii antes de Jesucristo, 
á consecuencia de la mezcla ae los Hebreos que habita- 
ban el reino de Israel con las colonias asirías enviadas ala 
Judea para reemplazar á los que fueron llevados cautivos 
á Babilonia. Existen todavía Samaritanos en diferentes 
ciudades del Asia; pero Naplusa en Palestina puede con- 
siderarse como su patria. Su lenrua usual es el árabe 
vulgar. Los sabios nebreos del siglo xi fundaron la ra- 
binica , mezcla del caldeo y del hebreo antiguo. Después 
penetró en esta una multitud de vocablos extranjeros, es- 

( I ) Historia del archipiélago indio , t. II , pig. 79. 

(5) Narración de un viaie ai pais situado entre los trúpieoi y 
las costas occidentales de AustraHa, Londres 18S6, t. II, apénd. 

(4) Los espaftoles de América llaman asi i las praderas sin bes- 
qaes que sinren nara pasto de los ganados. 



LENGUAS DE ASIA 
pañoles, italianos» alemanes, holandeses, polacos, y en 
suma de todos los países donde se encuentran esparcidos 
los Judíos. La lengua rabínica se escribe con los mismos 
caracteres que el hebreo antiguo (caldeo-hebraicos); pero 
en la escritura cursiva loma formas menos estables. 

La lengua fenicia se hablaba en toda la Siria y di fe- 
ria poco de la hebrea. £1 comercio y las colonias feni- 
cias la difundieron por todas las costas é islas del Me- 
diterráneo; las medallas en que se han podido observar 
sus caracteres, y algunas inscripciones , parecen demos- 
trar Que su alfabeto se asemejaba al antiguo hebreo se- 
^n lo han conservado los Samaritanos. 

La lengua de los Cartagineses, si no propiamente fe- 
nicia, alómenos dialecto poco alterado de aquella, fue 
haUada durante la dominación de Cartago en África, 
España, Sicilia, Cerdeña, Malta, etc. Algunas inscripcio- 
nes, unas pocas medallas, y diez y seis versos insertos en 
úPíBmtlut dePlauto , son los únicos vestigios que de ella 
quedan; ni ya se habla, ano ser que se encuentre algún 
resto de eHa en el dialecto berbensco ó acaso en el mal- 
tés. El mismo Miguel Antonio Vassalli que en 1791 habia 
impreso Mylten Ph<$nieO'Punicum Hve Grammatka meli- 
Untit, abandonó esta opinión en la Gramática de la len- 
gwa maUem impresa en 1827, donde dice que en su opi- 
nión esta lengua es un dialecto del árabe. 

2.* Lenoua siria ó oramea.— Comprende dos idiomas 
el sirio y el caldeo divididos, en otros varios dialectos. 
Se la llama aramea por el país en que se usa , pues la 
Siria, la Mesopotamia, la Caldea, la Asiría, etc., son 
llamadas Áram |por los autores bíblicos. 

La lengua piria estaba esparcida antiguamente desde 
el MeditOTáneo y la Judea hasta la Media , la Susiana 
j el Golfo Pérsico y se usaba en todas las colonias esta- 
blecidas en las orillas del Ugris y del Eufrates. 

La literatura siria floreció en los siglos v y vi de 
nuestra era ; pero la lengua tal como nos ha sido trans- 
mitida en los libros, contiene muchas palabras griegas, 
introducidas durante la dominación de bs sucesores de 
Alejandro. Varios padres de la Iglesia han escrito en 
»ta lengua, la cual posee también alguna obra históri- 
ca. Es igiialmente la lengua eclesiástica y literaria de 
los Jaoobitas, Nestorianos y Maronitas , y antiguamente 
estuvo esparcida por toda la Persia, y aim por la Tartaria, 
donde la introdujeron los comerciantes nestorianos. Hay 
coatro alfabetos sirios.- l.^el ettranguelo, el mas antiguo 
y que te encuentra solamente en los antiguos monu- 
mentos; 2.^ el neeioriano , que parece tomado del estran- 
goelo ; 3.^ el siriaco ordituírio Uamado también maronita, 
eo el cual están impresos en Europa los libros sirios; 
4.® el Uamado de los cristianos de Sanio Tomás porque lo 
onn los cristianos de este nimbre en las Indias. 

Los principales dialectos de la lengua siria, son el 
fdmirano, que se habló en liemnos antiguos en Palmira 
(Tadmor), del cual quedan inscripciones explicadas por 
d Señor Saint-Martin; el nabato que es la leneua de los 
bsbitanfes de Wasit entre Bagdad y Basora; el sobeo que 
todavía está en uso entre los sectarios designados por 
los árabes con este nombre y que se dan á sí mismos 
el de Méndaitas, Nazarenos ó Caldeos, y entre los indivi- 
duos de otra secta llamados cristianos de San Juan que 
liabitan la cercanías de Basora y algunos puntos occiden- 
tales de Persia. 

La lengua caldea se habló en otro tiempo en la Cal- 
dea v en las cortes de Ninive y Babilonia. Esta lengua 
QJK loe aprendida por los Hebreos durante la esclavitud, 
dio origen al dialecto en que están escritos diversos co- 
mentarios sobre los libros santos, y algunas partes de 
los libros de Daniel y de Esdras. Los caracteres hebreos 
vtaaks, eran el alfabeto caldeo. Esta lengua se dife- 
'«ncia poco de la siria. 

3.* lengua ««da.— Esta es la lengua peleva , que se 
hablaba en otro tiempo en la antigua Media y en toda 
a Persia Occidental. En esta lengua hay una traducción 
de los libros de Zóroastro , que es acaso contemporánea 
dd original. Otros libros menos antiguos , como el 
«wd dekfisO, , d Báman ieseht , ele. , se hallan también 
wcntos en este idioma, mezclado con muchos vocablos 
PJRas. Las medallas é inscripciones de los Sasanidas, 
«in también en pelevo. Esta lengua , que tomó mu- 
«as palabras de la siria , es enteraniente persa , en 



cuanto á lo gramática; y en muchas formas tiene analo- 
gía con la lengua zenda. Su alfabeto se deriva también 
del zendo , y presenta mucha semejanza con las antiguas 
letras sirias. 

4.* Lengua arábiga.— Se divide en lengua antigua, 
literaria y vulgar. 

£1 árabe antiguo anterior á Mahoma, parece que se 
dividió en dos dialectos principales , Uamados hamiar y 
coreisch. El hamiar que se hablaba en la parte oriental 
de Arabia nos es desconocido ; escribíanlo con un alfa- 
beto llamado mumad , que se ha perdido , como tam- 
bién la lengua para la cual servia. El coreisch se hablaba 
en la parte occidental , y especialmente en los contor- 
nos, de la Meca por la tribu de los coreisch , á la cual 
pertenecía Mahoma. Este dialecto pulimentado y per- 
feccionado por Mahoma y sus sucesores , fue luego la 
lengua árabe literaria , común á toda la nación árabe, 
y es todavía en nuestros días la lengua escrita j docta 
de todas las naciones musulmanas ; en ella esta escrito 
el Corán. Desde el siglo ix al xiv la literatura arábiga 
tuvo grandísima voga en Oriente y en Occidente , y no 
solo sirvió para formar la literatura persa y la turca, 
sino que fue también la base de la literatura latina^ y 
nacional de los españoles , antes de Fernando el Católi- 
co. La lengua árabe es una de las mas ricas y enérgi- 
cas que se conocen ; su diccionario comj^rende mas de 
sesenta mil vocablos , y el alfabeto veintiocho letras v 
tres puntos, que sirven de vocales. Conócense tres gé- 
neros principales de escritura ; la escritura cü^ca, lla- 
mada asi de Cufa , ciudad situada á orillas del Eufra- 
tes, es la mas antigua, y se asemeja álaestranguela; la 
nesH inventada, ó mas probablemente, puesta en uso 
con algunas modificaciones por el visir Eon-Mokla , en 
la primera, mitad del siglo x, y actualmente usada por 
todos los Árabes y con algunas variedades, por todos 
los pueblos, musulmanes. £1 género de escritura de los 
árabes de África llamado Al-magrebi , es el que mas se 
aleja de' ella. Muchos persas y turcos escriben todavía 
en esta lengua. 

El árabe vulgar no es mas que el literario privado de 
las terminaciones gramaticales , y reducido á un pe- 
queñísimo número de raices ; con otras ligeras diferen- 
cias. Este es ahora el idioma usual en Arabia , en Siria, 
en Fars , en algunas partes de la India , del Egjj^to y 
de la Nubia , en todos los Estados Berberiscos, Túnez, 
Trípoli , Argel y Marruecos , en gran parte del interior 
del Asia , en los diferentes Estados de la costa del Zan- 
guebar , en la isla de Socotora , á lo largo de la costa 
de Madagascar , y al parecer , también en el Archipié- 
lago de las Laquedivas y en el mar de las Indias. 

5.* Lengua ahisinia, -—Los países donde se usan las 
lenguas que componen esta rama, no forman parte de la 
división geográfica del Asia; pero estas lenguas, por 
su semejanza con el árabe y otros idiomas semíticos, 
prueban que los pueblos que las hablan proceden de un 
origen común , ó á lo menos han tenido muchas rela- 
ciones con pueblos semíticos. 

La lengua abisinia se divide en dos ramas principa- 
les, la asumita y la amárica. 

La lengua asumita com|>rende el giieet antiguo j mo- 
derno. El primero se habló antiguamente en el reino de 
Asum , en Laba y en el Yemen ; y el gueet moderno ó 
tigre que se habla en el reino del Tigre desmembrado 
del imperio de Abisinia , es , respecto del ^ueez anti- 
guo, lo que el árabe vulgar es respecto del literario. 

La lengua amárica se habla en la mayor parte de la 
Abisinia , en los reinos de Ambara , de Ancofra, de An- 
goto , etc. , y en una colonia llamada de los Gtüas que 
na abrazado el islamismo. 

Pasemos ahora revista á las principales lenguas de las 
otras seis familias que ocupan el resto de esta parte del 
globo. 

En la rama de las lenguas caucásicas, es decir, de 
la región comprendida entre el Mar Caspio y el Mar 
Negro , el Norte de la Persia y las provincias meridio- 
nales del Imperio Ruso , no mencionaremos inas que las 
dos lenguas armenia y georgiana. La primera es cono- 
cida en Eurc»a por las obras de los padres Lazaristas 
de Venecia. La segunda es el objeto de los trabajos de 
algunos doctos, de cuya erudición literaria puede esjpe. 



70 



AGLARAGIOIfES AL UBRO HOMERO. 



xme la traducción de muchos monumentos preciosos de 
la antigüedad. Una y otra se dividen en lengua antigua 
y lengua moderna. 

£1 persa moderno puede ser clasificado entre las len- 
guas que componen la famuia persa. En efecto, se 
deriva del tendo , y mas inmediatamente del parso, que 
pueden considerarse como dos lenguas muertas ; y por 
otra parte , el curdo , hablado por diversas tribus erran- 
tes , y el nueto usado entre inmensas tribus de Afganos, 
son , por decirlo así , dialectos persas. El persa se escribe 
con los mismos caracteres que el árabe ; se usa en toda 
la Persia y en gran parte de la India ; y es cultivado 
como et árabe en todo el Oriente por los literatos. 

En las leugoas indias deben distinguirse las muertas 
y las vivas. 

Entre las primeras , la tamerUa y la po/t son hermanas 
que parecen haber reinado juntas en aquellas vastas regio- 
nes , la una de este lado y la otra del otro del Ganges. 
La sánscrita es al parecer el tronco de la mayor parte 
de las demás lenguas , y en ella se encuentran muchas 
analogías con la eslava , la zenda , la persa , la n-iega, 
la latina , y todos los idiomas germánicos. La lengua 
sánscrita na conservado el carácter de lengua docta y 
religiosa de la India, y se escribe de izquierda á derecha 
con el alfabeto llamado deunmagari. 

La lengua p<Ui es la lengua litúrgica de las islas de 
Ceilan , de Java , etc. , y de todo el territorio indo-chi- 
no, á excepción de la Península de Malaca. Se divide en 
muchos dialectos. 

Entre las lenguas vivas de la India, llamadas por al- 
gunos lenguas pra ritas, y que son en grandísimo nú- 
mero, distinguiremos tan solo las principales y mas 
notables , como son: 

1.* La indostana , que es , por decirlo así , la lengua 
viva común á toda lá India, que se reduce á una mezcla 
de sánscrito, de árabe y de persa, y que emplea ya el 
alfabeto dewanagarif ya el árabe. 

2.* La malabara , lengua de la mayor parte del Ma- 
labar. 

3.* La clngalesa, que es la lengua de la isla de 
Ceilan. 

4.* La tamula, que se habla en los diversos puntos 
de Coromandel. 

(.* La telinga, que se habb en el Decan, en el Ni* 
zam, etc. 
6.* La camatara , lengua del Misori. 
7.* La bengalesa, que se usa en el territorio de 
Bengala. 

8.* La marata , idioma de la república militar que 
lleva este nombre. 

Todas estas lenguas , y otras muchas que seria prolijo 
enumerar, tienen alfabetos particulares. Algunas, y es- 
pecialmente la tolinga , la indostana , la bengalesa y la 
tamula , poseen una rica literatura. Los Ingleses han 
hecho traducir muchas obras en bengalés é indostan, y 
casi todas estas lenguas tienen traducciones mejores 6 
peores de la Biblia. 

En las lenguas de la región transgangéhca , ó sea 
del otro lado del Ganges , hallamos un sistema gramati- 
cal muy diferente del de los demás idiomas, y que no 
tiene analogía con ellos. 

La lengua china , á la cual se refieren mas ó menos 
las lenguas escritas de este grupo , abunda en monosí- 
labos; tiene en clertoscasos una construcción exactamente 
Inversa de la natural ; la palabras son invariables en sus 
formas; y las relaciones de conexión y de dependencia^ así 
como las modificaciones del tiempo, de la persona, etc.^ 
se deducen de la posición de las palabras, ó se distinguen 
con palabras separadas y puestas antes ó después de la 
raiz del nombre ó del verbo. Los chinos no tienen letras 
propiamente dichas, sino signos que expresan las ideas; 
tienen doscientas catorce radicales ó claves principales 
que sirven de base á sus cuarenta mil vocablos ó carac- 
teres. Las líneas son verticales y se leen de derecha á 
izquierda. 

Esta lengua se divide en antigua (Ku-^en) y moderna 

(Kwm-koa), La primera es la lengua de los King ó libros 

dásicos, lenffua muerta hace mucho tiempo; la segunda 

es la que se habla y escribe en nuestros días. 

La tibetina, que es la lengua de los Estados goberna- 



dos por los tres pontiflces Moi-Ü^oma , Bagda-lAm y 
Darma-Lama, se escribe con unos caracteres lomados del 
alíabelo detoanagari. 

La japonesa y la coreana emplean signos sUábicoi 
compuestos con los restos de los caracteres chinos. 

La lengua japonesa se diferencia déla china, pero lia 
adoptado muchas de sus palabras. 

Las lenguas de la Indo-china son también de esta &• 
milia , y se dividen en cultas escritas , é incultas no 
escritas. Las principales de la primera clase son: labinna- 
na, la siamesa y la anamita, cuyos nombres indican bas* 
tante su origen. Estas lenguas deben haber tomado 
mucho de la pali, que es la lengua muerta de los paiseí 
donde ahora florecen, y casi todas tienen alíabetos par- 
ticulares. 

El espacio en que se hablan las lenguas tártaras, 
puede ser indicado perfectamente por planos tirados des- 
de la embocadura del Amur al golio de Tartaria al Este; 
desde la ciudad de Nerin á orillas del Obi al Norte; 
desde el Mar Casnio al Oeste , y desde el centro del Ti* { 
bet al Mediodía. Divídense estas lenguas en tres ramu i 
principales; la tongusa ó manchu, la tártara ó mogola 
y la turca ; y cada una de estas ramas se subdivide en ' 
una infinidad de dialectos que tienen algo de comuneB i 
entre sí, y cuyas diferencias provienen de la vida erran* , 
te de las tribus que los hablan. Asi en la lengua turca 
vemos que el osmanlió turco occidental, ha tomado una 
multitud de palabras del árabe y del persa , mientras 
que las tribus errantes de la Rusia Asiática , por su ve- 
cindad con las colonias de raza finesa, tienen en su idio- 
ma muchas palabras que pertenecen á esta familia de 
lenguas. 

La lenrua Manchú es imporiante á causa de las mu- 
chas traducciones que posee de los libros chinos, saos- 
crílos y mogoles ; y se nabla en el Imperio Chino por 
las tribus tongusas , que han establecido allí su domina- 
ción , y en la parte mas oriental de Asia, conocida con 
el nombre deManchuria. 

La lengua morola se usa entre las tribus que ocupan 
la Mogolla; su literatura es rica, y en ella puede es- 
perarse que se encuentren indicios relativos á la histo- 
ria oscura de todas las hordas que tanta influencia han 
ejercido en Europa con sus invasiones sucesivas. 

El alfabeto de los Mogoles es casi el mismo que el de 
los Manchús ; y se escribe en columnas verticales de iz- 
quierda á derecha. 

£1 calmuco , que es un idioma de familia mo^la, 
tiene un alfabeto particular, pero igualmente imitado 
del sirio. 

La familia turca se divide en una infinidad de dialec- 
tos . cuyas diferencias dependen de las emigraciones y 
de la posición respectiva de las tribus que los hablan. 
Los principales son : 

El uiguro , que es el dialecto turco mas antiguo , fi< 
jado por los caracteres escritos ; y se habla en d Tur* 
quistan oriental; 

£1 otmardi 6 turco , propiamente dicho , idioma co- 
mún del Imperio Otomano > y el político y comercial do 
toda el Asia occidental; 

El chagateatio , hablado por los Turcos del Karisim y 
del Mawarannahar (la antigua Transoxlana), y coa 
algunas diferencias por los (Xábecos. 

Para indicar todas las demás variedades, seria nece- 
sario nombrar todas las tribus esparcidas en el inmenso 
cuadro que hemos trazado, comenzando por las len- 

Sias tártaras, y siguiendo por las de la Persia y Asia 
enor. Los que escriben entre estos pueblos , se sirven 
actualmente del alfabeto árabe con algunas leves adíelo* 
nes y alteraciones. 

La literatura turca es conocida entre nosotros : sus 
libros originales son obras de geografía é historia , y 
posee muchas imitaciones ó traducciones del árabe y 
del persa. También hay traduciones de la Biblia en la 
mayor parte de los dialectos de las lenguas tártaras. 

Las lenguas siberianas son habladas por pueblos 
miserables que habitan el clima helado , cuyos límites 
son al Occidente el Dwina , al Norte el Océano Glacial 
Ártico , al Oriente los mares de Behring y de Oeotsk, 
y al Sur el plano de que hemos hablado, que pasase 
por la ciudad de Nerim á orillas^el Obi. j 

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Ninguno de estos dialectos ha sido todavía fijado en 
caracteres escritos ; sin embargo , se han encontrado en 
ellos algunas raices comunes á otros idiomas del Asia 
Central y Occidental. Algunas tribus de Sarooyedos 
tienen una especie de escritura, que consiste en signos 
grabados sobre pedazos de madera. 

Todas estas lenguas han sido divididas en cinco ra- 
mas principales, á saber: familia samoyeda , familia 
geoisea, C^milia corieca, familia kamschadala, y fami- 
lia curiíiana. 

(^lítractado de klaproth , baibi y otros). 



(G) pág. 34 
]¡inogr<ifia ie Evropa. 

Aunque las lenguas de Europa son las mas doctas y 
cultivadas , están todavía muy lejos de tener la preci- 
sión que ciertos dialectos y subdivisiones, y que otras 
lenguas totalmente extinguidas ó que se hablan tan solo 
por gente tosca é inculta. Sin embargo , expondremos 
aquí el cuadro que nos da de ellas Adriano Balbi {Atlas 
eiknographique du globe, ou classification det peupUs an- 
tíeni eí modemes d'aprés leurs langues , París , 1826 , en 
folio), obra en la cual, el autor con admiiable constancia 
ha examinado y comparado las opiniones de cuantos lo 
han precedido en esta materia. Por lo demás , habiendo 
hecho el autor que los mejores etnógrafos examinaran 
su obra, puede decirse que esta es trabajo común de to- 
dos los hombres mas entendidos que había entonces en 
Paris, es decir , en el foco de los mas vivos ingenios y 
de los personajes mas científicos. 

Posteriormente se ha publicado el prospecto etnográ- 
fico de Maltebrun, oue yaría en muchos puntos , pero 
que en los mas no nace sino dar mayor extensión á lo 
que dice Balbi , el cual habiendo visto este trabajo ma- 
nuscrito, pudo aprovecharse de él para el suyo. 

Vengamos ahora á la exposición de las particularida- 
des de cada lengua y dialecto, lo cual ademas de su im- 
portancia etnográfica, contribuirá al interés histórico, 
haciendo que pasemos revista por familias á aquellos 
putblos , que después por épocas se nos han de presen- 
tar en la narración. 

Indicaremos con el signo fias lenguas muertas, con él? 
aquellas cuya clasificación es incierta, y con ff las 
que están mezcladas con otras, 



}. 1.0 

DMHon etnográfica de Europa, 

La Europa, país de tan estrechos límites geográficos, 
abraza sin embargo todo el globo, pues sus pueblos an- 
tiguos y modernos fundaron inmensas colonias en todas 
las demás partes del mundo , tanto que la América de 
un extremo á otro está ocupada por razas europeas mu- 
cho mas numerosas que las indígenas. Respecto de los 
pueblos extraiyeros, hallamos en Europa establecidas 
d^e muy antiguo colonias asiáticas en la pairte orien- 
tal ; hoy los OmanlU dominan las hermosísimas re- 
giones que forman la Turquía Europea; los Judioe se han 
extendido por todas partes en gran número ; los Zingaroe 
y los Ánneniot se han propagado mucho aunque en nu- 
mero menor , y en fin, los Calmueos y Samoyedoe han 
poblado algunos territorios. La etnografía no encuentra 
vestigios de las antiguas invasiones de los Africanos en 
el suelo de Europa, aunque la Historia las recuerda. 



I. FAMILIA DE LAS LENGUAS IBÉRICAS , divi- 
dida en 

Lbhoüas antiguas f: idiomas de los Turdetanos, 

Carpetanos, Lusitanos etc. 
LoGUAs AflTiauAs, tivos: Éuscara ó vascuence. 



etnografía de EUROPA. 71 

FAMILIA DE LASLENGÜAS CÉLTICAS, dividida en 



Lenguas antiguas •{- : idiomas de los Bituriges, 

Eduos, Senoneses y Gálatas. 
Lenguas ANTIGUAS , vtoof : idiomas Gálico, Gálico ó 

Céltico, propiamente dicho /etc. Cimbro, Cumbro 

ó Celto-bélgico. 

n. FAMILIA DE LAS LENGUAS TRACO-PELÁSGI- 
CAS ó GRECO-LATINAS, dividida en cuatro ramas: 

Traco-ilírica : idiomas de los Frigios, Troyanos, Li- 
dies, Tracios , Macedonios é Iliríos antiguos. 

Idiomas Albanés, Skipo. 
Etrusca t. 

Pelasgo-helénica : idiomas de los Pelasgos, Creten- 
ses, Enotros, Árcades etc. 

Helénico ó griego antiguo. 

Romeico , Aplohelénico ó griego moderno. 
Itálica : idiomas de los Aborigénes, Lucanos, Píce- 
nos etc. 

Latino f. 

Romano. 

Italiano. 

Francés. 

Español. 

Porhigués. 

Válaco. 

ni. FAMILIA DE LAS LENGUAS GERMÁNICAS, di- 
vidida en cuatro ranoas: 

Teutónica : idiomas de los Cuados, Marcomanos, Her- 
manduros , Catos. 
Alto-aleman antiguo i*. 
Alto-aleman moderno. 
Sajona: idiomas de los Cimbros, Anglios, Sajo- 
nes etc. 
Bajo-aleman antiguo ó sajón antiguo. 
Bajo-aleman moderno ó sajón moderno. 
Frison. 

Neerlandés ó bátayo-modemo (holandés y fla- 
menco). 
Escandinava ó normanda gótica: Idiomas de los Yo- 
tos. Godos, Ostrogodos , Vándalos? Hérulos? Bor- 



Mesogótico i*. 
Normando +. 
Noruego. 
Sueco. 
Danés. 
Anglo-britáiiica. Anglo-sajon. 
Inglés. 

IV. FAMILIA DE LAS LENGUAS ESLAVAS: Se divi- 
de en tres ramas: 

Rüso-iLÍRiCA : idiomas Esdayon, Slawenscki, Servio, 
Servo, lUríco ó Ruteno. 

Huso , Ruski ó Ruso moderno. 

Croata. 

Windo. 
BoBKMio-poLACA : idlomas Bohemio ó Cfaeco. j 

Polaco. Digitized by VjOOQIC 



72 



ACLARACIONES AL 



SerboóSorabo. 
Wbhdo-litdahia : idiomas Wendo. 
Pniczo ó antiguo prusiano. 
Lituano. 
Letto ó Lcttwa. 

V. FAMILIA DE LAS LENGUAS URÁLICAS llamadas 
FiiiisAs ó Chudas, dividida en cinco ramas: 
FniESA GiRMAiiizADA : idiomas finés propiamente 
dicho. 

Estonio. 

Lapon. 

Livonio. 
VoLOAicA : idiomas Cbermiso. 

Morduino. 
Pcrmiana: idiomas Permiano. 

Wotiaco. 
HihiGARAÓ ÜGRiAifA: idiomas Húngaro ó Madgiar. 

Wógulo. 

Ostiaco ú obiostiaco. 
InciiRTA : idiomas Huno? f 

Avar? t 

Búlgaro? t 

Kázaro? f 

S. 2. 
I. Familia jpeUuga. 

A. RAMA TRACIA (Adilung, Vater, Gattbrer). 

1. Prigio$ en Asia ; Brtnot en Europa +. 

2. Lidiot, de los cuales se estableció una colonia en 

Etruria ? 

* Lidia, distrito de Maccdonia. 

* Tirrettot de Macedonia. 

3. Troyoiiot y sus emigraciones i*. 

4. BiHniet, de quienes descienden los Tiniot t f 

(Manubrt). 

5. Carias, colonias en Laconia, ele. f (Raoul Ro- 

chette). 

6. Traciot propiamente dichos f (véase Bslavos , etc.) 

* Maidat en Tracia? (Rama de los Medos. Mal- 

TEBRUR.) 

"Pehgoñei en Macedonia, Pehlauml (Malte- 
brur). 

B. RAMA ILÍRICA. 

1. Mitias 6 Manos, pueblo mixto. 

2. Dados 6 Getasl 1 1 (Véase Vilaeos). ^ 

3. Dirdanosl f t- 

4. Maeedonios antiguos, á lo menos en parte f f. 

5. /líHof antiguos tt* (Véase Alhaneses). 

a) Pariiños ( Uancos en lengua albanesa). 

f) TaukuUios, 

f) Molosos. 

9) Ardaos ( Bordaos en Macedonia ). 

t)Dilmaias. 

6. PaiMñios 6 Paones + (Mannert). 

7. Vénetos, colonia ilírica en Italia f t (Freret), 
H,SieuU>s,\á,-ff. 

9. Yapigios,iá.-f. 



LIBRO PRmSRO. 

G. RAMA PELASGO-EBLEm. 

1. Pelasgos ó Pelargos, indígenas primitivos de Gre- 

cia y de Italia + + (Ds Pela , roca ; los construc- 
tores en rocas. Maltebrur). 

2. Lélegos, <;oloniA asiática establecida en Greda f. 

(Raoül Rocbette). 

3. Curetas , iá.l f. 

4. Perrehos, Pelasgos de Tesalia i*. 

5. 7ei]»ro/at id. en Epiro t. 

6. Etolios (quizá Ilirios). 

7. Helenos, llamados anteriormente fi^necMeoEpiroy 

Graos en Tracia. 

a) Aqueos 6 Aquivos, es decir, habitantes de 
las orillas de los ríos. 

f) Ionios ó Jaones, es decir , tiradores de fle- 
chas. 

7) Dorios 6 Dores, es decir , portalanzai. 

9) Ayolios ó Eolios, es decir, errantes, expedi- 
cionarios. 

8. ircades, Pelasgos del Peloponeso f •{-. 

9. Enotros trasmigrados á Italia t f. 

10. Tirrenos , trasmigrados á Italia t f ( Ráooi 
Rochette). 

LENGUAS ANTIGUAS DE EfflAS TRES RAMAS 

A. LENGUAS TRAClAS t ó t + 7 

1. Idioma irado, propiamente dicho, semejante al 

persa, etc. en los nombres propios. 

2. Frigio id. ; uno de los orígenes del griego y delllt- 

ria ó albanés. 

3. Lidio, rama quizá del frigio. 

4. Cario , acaso pelasgo mezclado con fenicio. 

' Licaonio de san Pablo. 

B. LENGUAS ILIRIAS^i t? 

1. Idioma «7tm propiamente dicho, uno de los que 

dieron origen al albanés. 

2. Gético, antes de la dominación de loe pueblos es- 

lavos. 
* Loa Siginos , población meda ó indostanade 
donde procedieron los Zíngaros , y que ha- 
bla probablemente un idioma asiático. 
• 

C. LENGUAS ji7J?I¿iV/Ci5, griego antiguo. (TmERSca 
y Maltebrur). 

1. Helénico primUivo, semejante al pelasgo f. 

a. Areádico +. 

b. Tesálico, con el griego macedónico antiguo? t i* 

c. Enóírieo, llevado á Italia y mezclado con el 

latin 1 1- 
2 Helénico de los tiempos históricos, 

a. Eólico antiguo, sem^ante al enótríeo (len- 

gua de los dioses en Homero) f f. 

b. Dórico antiguo , derivado del eólico (len§fua 

de Safo, Píndaro, etc.). 
a) Laeonio, idioma separado. 
Q Dórico moderno de Siracusa (lengua de Teó- 
crito). 

c. Jónico antiguo, ó helénico suavizado por las 

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ITNOGRAFU 

naciones comerciales (lengua de Homero 

gue ha quedado como clásica para la poesía 

épica). 

a) Jómieo de Asia y aun mas suavizado (lengua 

deHerodoto). 
€) Jáñieo de Europa, mas vigoroso; el idioma 
áiieo es su derivación principal (lengua 
clásica de los oradores y del teatro), 
d. Griego Hteral común , ó el idioma ático expur- 
gado y sujeto á reglas por los gramáticos de 
Alejandría; lengua común á toda Grecia, 
al Oriente y á las personas de calidad de 
Roma, y aun de los paises bárbaros, 
s. ídiomat locales poco conocidos. 
•) £1 alejandrino vulgar, 
f ) n dro-griego (lengua del Nuevo Testamento. 

U. FAMILIA ETRUSCA O ITÁLICA (1). 

1. ihorigenet ú Opicoe (hijos de Ope, la tierra) nom- 

bres genéricos. (Maltebrun). 

a. Eugameoe, anteriores á los Vénetos f. 

b. Ligurios , divididos en muchas tribus. 

c. Struseoi, la totalidad de la nación etrusca 

(Maltebrüm). 

* La nación etrtuca parece haberse com- 
puesto de castas y tribus , á saber : 

a) Casta de los señores , Larthes en etrusco; 
rtrofiof ó Tirrenos en greco-eólioo ó pe- 
lasgo. 

fi) de los sacerdotes ó Ttueot, es decir, 

saorificadores. 

f) de los guerreros, Jloieiuv? Véase mas 

abajo. 

J) -^ — popular. 

d. Picenot , con los Sabinos. 

e. Bhr$os , eto. etc. 

f. ümbrUn (Dionisio de Halicabivaso). 

g. SamnOas, acaso Samones, habitantes de las 

tierras altas ( ¡Somos), divididos en : 

1. Birpinos (cazadores de lobos). 

2. Caudinos (armados de troncos de árboles). 

3. Penfros (de Pennus, punta). 

4. Caracenos (vestidos de Caracas 6 Caracallas, 

capotes). 

5. frentonas (armados de honda). (Malte- 

BRUn). 

h. Latinos , cte. f f. 

i. Ansonios f f . 

j. Sieulos , según Dionisio. 

k. Lueanios y BruHos 6 Bretos. 

2. Colonias, históricamente probables. 

a. Orientales, esto es: 
•) Pekugos de Arcadia ( 1400 a. C. ) f . 
fi) GríBcos antiguos y Pelasgos de Tesalia 

(Ídem) f. 
r) QSnotros , divididos en : 

1. (Enotros propiamente dichos (los viña- 

dores). 

2. Conios (los agricultores). 
i) Ikmnioe, Yapigios, etc. eto. 

JliSH **»^»««« psw ««siderar á U ftmilUí etmsca eono 



DE KUROPA. 73 

<) Tirrenos de la Lidia macedónica (1100 á 
1200 a. C.) f. 

Q Tráganos que acaso hablaban el eólico anti- 
guo (900 a. C.) (Maltebrun). 

v) Colonias agueos , dóricas, calddieas en Sici- 
lia y en la Magna Grecia f f . 

b. Septentrionales, es decir : 

a) Sieulos , según la opinión de los moder- 

nosft? 
fi) Vénetos, tanto flíríeos como Eslavos f f. 
f) Basenm iWuetes) tribu conquistadora de la 

Etruria? 
i) PelignosJ (de Pela roca, en macedónico). 

c. Occidentales, esto es : 

•) Colonias célticas t f (Frbret). 

1. I7fli6rot? Véase mas arriba. 

2. Senoneses, 

3. ligwresl Véase mas arriba. 

4. Jfini^fof {Isomhros). 

5. Ko{<cM(volce)Tf. 

€) Colonias ibéricas \6 vascongadas (Malts- 
BRün). 
\. Sitónos, 

2. Óseos 1 1 (2). 

3. Corsos propiamente dichos. 

4. Ilienses en Cerdeña (G. Humboldt. ) 

5. Bateares, eto. eto. 

LENGUAS AMIGUAS DE ESTA FAMILIA. 

A. LENGUAS ITÁLICAS, (MBRVLAy Maltbbrur). 

1. Lengua etrusca -f f, probablemente dividida en 

sagrada y vulgar, además de otros dialectos ; por 
ejemplo : 

a. Rétieo. 

b. Paüsco. 

c. Úmbrico(NLEKaLA). 

2. Lengua »<d/{co central ú opscica t f. 

a^ El sábelo ó samnitico, 

b. El sabino, etc. 

c. El latino, 

3. £1 attsonio con el siculo , el Iwanio, eto. 

B. LENGUAS EXTRAÑAS A LA ÍTALIANA. 

1. IHaiectos célticos é Hincos, 

a. El ligwr f f. 

b. £1 galo-cisalpino f f- 

c. £1 véneto. 

d. ElvolscoJ 

e. El idioma de los Yapigiosl 

2. Dialectos ibéricos ó vascos (G. Humioldt.) 

a. El oseo {cusco 6 vasco), 

b. Eltíeaa^ete. 
9. Diaieetos helénicos f-^, 

a. El dórico (Merüla). 
1. El siracusano ó siciliano. 



(S) Conviene distinguir los éticos ú opseos indigenat ó tborlfe- 
neB de ItaUa , qae bablálMn U tenfoa itálica . de los escos, colonia 
dslososeos.enscos, vascos de ItYescItaDiaesMftoli, sstaUseidoBen 
la Veseitanía italiana (eompns ves^tmmsj. Estos dos nombres se 
bailan contaxHdos también en los antores amigaos , lo eval da ort^ 
gen i mncbas iUflc«Mide«« 



74 ACLARAGIONKS AL 

2, £1 tarenHnc (lacanio). 

b. El aqueo'jónico (Maltebruh). 

1. n sibarUico, 

2. £1 erotoniaia. 

c. £1 eolo-dórieo. 
1. £1 locrinio* 

NACIONES Y LENGUAS MODERNAS QUE DESCIENDEN DE 
LAS RAMAS PELASGO-HELENO-ESTRUSCAS. 

1. Griegat modemoi ó rom«tcof » decendientes de 
los anti§^08, mezclados con Romanos, Es- 
lavos, Asiáticos, etc. 

Lengua griega moderna fr<meica, aploheléníca). 

1. Eo¡<hiMeo modernizado. 

2. 7z(iAmí¿o, resto del dórico. 

3. Creíente ó candiota. 

4. Griego-^pirota y albanés. 

5. Griego de Valaquia, de Bulgaria, etc. (F. 

Adelduo)* 

2. Albaneees 6 Skipeiarioe, mezcla de antiguaos Iljrios, 

Griegos y Celtas (Maski y Maltebrüh.) 
Lengua $kipa ó alhaneta. 

a. El ékipo 6 albaoés propio. 

a) Idioma de los Guegos. 

fí ■— ■ ■ Mirditos. 

y) Toscos. 

a) „-.^ Camuros. 

«) Yapis. 

b. El albanés mixto. 

o) Albanés helenizado de Epiro. 
fi) Italo-albanés de Calabria. 
/) Albanés de Sicilia. 

3. Válaeoi 6 Romanot, mezcla de habitantes de Dada 

y de Tracia con las colonias militares romanas, 
eslavas y de otras naciones. 

Lenguat valaca ó etUanhlaüña ó dado-romana. 

a. Rominieo 6 Válaco propio. 

b. Moldavo, 

c. Válaco de Hungría y de Transilvanla. 

d. Kuízo-válaco 6 válaco de Tracia y de Grecia. 

4. Italianos j 

5 Franceses ( ^^^ ""^ adelante pueblos eelio-ro- 
a'. Españoles I '^'^'' 

Lenguas celto-latínas 

a. Italiana \ 

b. Románica ó provenzal /„, 

c. Francesa, . . . . j Véase mas adelante, 

d. Española ) 

m. FAMILIAS ESLAVAS O WINÍDICAS. 

RAMAS ANTIGUAS CONOCIDAS POR LOS GRIEGOS T POR 
LOS ROMANOS. 

A. PUEBLOS DUEÑOS DE LOS PAÍSES ESLAVOS. 

1. EtciUu divididos en castas y tribus (Maltebruiv). 
A- EseUas propios , casta dominante que hablaba el 
jpendo ú otro idioma de la Alta Asia. 



LIBRO PRIMERO. 

* Catorce vocablos medo-escitas en Heró- 
doto. 

b. Escitas agricultores, tribus avasalladas, quiíá 

eslavas y vendidas como esclavas. 
" Idioma escita en Aristófanes; algunas pa- 
labras en Plinio. 
Inscripciones de Olbia. 

c. Escitas pastores f tribus avasalladas, probable- 

mente finesas ó chudas (según Bater, etc.) 

2. Sármatas , horda conquistadora de aspecto mogóli- 

co-tártaro (Maltebruk). 

a. Sármatas propiamente dichos. 

b. Jatcamatas (probablemente los mismos que los 

Yazigios. 

c. Exómatas. 

d. Tisómatas (inscripción de Protágoras). 

3. Ostrogodos, vencedores de los Sármatas. Véase mas 

adelante. 

B. PUEBLOS ESLAVOS ANTIGUOS SIN DENOIONA- 
CION GENERAL. 

1. Pueblos eslavos del sud. 

a. Énetos en Paflagonia? f (Sestrexicewicz). 

b. CapadociosJ Odem). 

c. Crobisis. (Chrowitzy) en Tracia t t Malti- 

brüm). 
d.Besios, (idem)t f. 

e. 2HÍMi/oí(Drewaly)Tt- 

f. Dárdanos, de Dúrda, lanza (M.\ltxbruii). 

g. Diversas tribus de las montañas de Grecia, 
h. Camos con los Istros. 

I Vénetos, según algunos. 

2. Pueblos eslavos del Norte. 

a. Servios con los Válos, inmediatos á los Rhas 

(Volga) t. 

b. Roxolanos f f después conocidos bajo el nombre 

de Ros, 

c. Budinos, pueblo godo ó eslavo f- 

d. Bastaaos con los Peucinos. 

e. Dados ú otro pueblo análogo que dio á las ciu- 

dades de la Dacia sus nombres eslavos termi- 
nados en <wo + f. 

f. Olhiopolitas del siglo ii mezcladoscon Griegos !• 

g. PanoMos (pan, señor)? 

h. Carpas en ios montes Biecziad. 
i. Sabogues , eic. , etc. 
j. Lidias 1 1 1 después Lioecos , etc. , etc. 
k. Mougilones y otros en Estrabon. 
L Venedos, después llamados Wendos, en la embo- 
cadura del Yistula. 
m. Semnones , entre el Oder y el Elba? f. 
n. V2fid»7of de Plinio. 
o. OHos de Tácito (Otschi, los padres). 

NACIONES T LENGUAS ESLAVAS CONOCIDAS POSTERIOR- 
MENTE A LA ÉPOCA DE ATILA. 
I. Eslavos propxamehtb dichos. 

A. Rama oriental y meridional. (Dombrowbki, Yater). 
1. itfM(», pueblos mixtos de Roxolanos, Eslavos, Go- 
dos, etc. 
a. Los grandes Rusos de Novogorod, Moscou , Sus- 

^1' «*C.D¡g¡t¡zed by Google 



KmOQUFIA 
b. Los jwgMiM RutM de Riovia y Ukrania. 
e. Los Mtumaeat ú Oroiut, en la Galitzia y en la 

alia Hungría, 
d. LoB Cotaeot , mezclados con los Tártarosi etc. 
Lengroanua. 

o) Dialectos de la Gran Rusia (lengua escrita). 
fi) Idioma de Susdal, el mas heterogéneo de todos. 
f) Dialecto de Ukrania ó de la pequeña Rusia. 
i) £1 rumiaeo, dialecto anliquisimo. 
f)El ruso-lituano» resto del kriwUso? Véase 

wendo. 
() £1 ruso-cosaco. 
!. Servios ó EUava$ del Danubio, 
Lengua tenia (serbska). 

a. Dialecto servio propiamente dicho (lengua es- 

crita y cultivada). 
* ÁnHguo eslavo , lengua de la iglesia rosa, 
casi idéntica al servio. 

b. Dialecto boeniaeo. 

c. — ^— ragutee ó dálmaía (italianizado). 



d. monUnegrino, 

e. utcoeo , mixto de turco. 

f. ■■ ,■ ■ etlaioo, purísimo. 

• bulganheslaoo , etc. , etc. 



3. Croaiat 6 Ckrobatat 6 Selaooe náricos. 
Lengua «roofo. 

a. Dialecto croata ó dinMa, es decir de las mon- 

tanas. 

b. - ■■ eeUneno , que se habla en el Occidente 
de la Baja Hungría (dialecto escrito). 

c, — >■ windo, que se habla por los Windoe 
meridionalee , puebb mixto. 
•) Windú de Carniohi , con los idiomas de los 

Kaniet , Ttitékee Poyket , etc. 
P) Windo de Estiria y de Carintia. 

d. Dialectos de los Podlueakas en Moravia, 

y tal vez de los Conoofot. 

B. Boflia cenind y occidental. (Dombrowskí). 

1. Peheot 6 liaikoe. 

Lengua polacat escrita y literaria. 

a. Dialecto de la gran Polonia. 

b. - de la pequeña Polonia. 

e. Los Jfosttrot en BSazovia y Podlaquia; el dia- 
lecto maznio es impurísimo, 
d- Los Gorales en los montes Caipacios. 

e. Los Emtbot en Pomerania? 

f . Los Sleeo-foUicoe » con el dialecto metsiboria- 

no, antiguo polaco mezclado con alemán. 

2. Mmioe ó cfteeot (Tchekes). 
s. Ckeeot propiamente dichos. 

b. Cftecot de Moravia. 

' Lengua tíuea escrita y cultivada , casi sin 
dialecto. 

3. Búeimoi ó eelaoae de la Hungría Septentrional. 
a. Dialectos eslovacos de las 

montañas 

b.Dialectode las orillas del Da- f Restos del 
nuMo I JíoArofoOfiyóes- 

c. Mbma ha/Mco en Moravia.flavodela Gran 

^ ettraniaco en Moravia . | Moravia 

c télagechaco en Mora- 
via, etc 



Dfe IDROPA, 75 

* Dialecto del eheeo , usado como lengua es« 
críta. 
n. Wendos ó eslavos del Báltico. 
A Wendot propianmie diohot (Windili? Winid»). 

a. Wojp'ot (Holstein oriental) 1 1* 

b. 06o(raosó^redsi(Meklenburgo) 

c. Baniot f f. 

d. Ruyanoe, mezclados con loe escandinavos f f. 
e,LuHtzioe \ 

Í.ÍKL: : : : : B«mdebargott. 

h. Havelioi ) 

i. miñeño$ (<uí «• 

j. Serbos 6 Sorobos. . . . J^®"*** 
k. Wendos de Altenburgo f f . 
1. Regio slanontm en Franconia f f. 

U. Luzinkos I , 

„ . ILusacia. 

m. Zpnawnos. . . . . | 

n. Polabos ó liMnes f f. 

B. WendO'litttanos (Veneds, i£stii). 

1. Fruczos 6 wendo-godos (gudai). 

Lengua |»ni«ea f 1^3. 

2. LUwano 6 lituanos. 

a. Lengua /ifotofta, escrita. 

1. Dialecto de Wiba. 

2. lAtfMo^o ó de Samoyizia. 

3. prusiano. 

b. Idioma Mtoitoo en la Rusia blanca tt* 

c. LeUmóletwa. 

1. £1 letón de Livonia. 

2. £1 semigalo en Semigalia. 

3. Dialectos de los rhedes, de los tramne- 
koe, eto. 

IV. FABOLIAS FINESAS O CHUDAS. 

lUaONES ANTIGUAS QUE OCUPARON LAS GOIIARGAS 
FINESAS. 

1. Escitas de Europa. Véase mas arriba; f 200 

años de C. 

2. Sármatasl f 400 d. C. 

3. Fa2:i^a«(/a^t(7<fi^'ofdeUhistoriapolaca;tl268* 

4. PemUosáeTáciio, soumios, (Soumesde Estrabon 
Maltebruh). 

5. JBstios ó ShsíesJ Véase arriba. 

6. CMrios, herulos, ete.? (Lelbwbl). 

7. Hunos europeos» ú oímos y cunos de la antigua 

geografía clásica. Raza turcQ-mogola.¡ 
S. Razas desconocidas sometidas i los hunos 

NAQONES T LENGUAS ACTUALES. 
A. JLáZA PINBSá pura (AnxLuno , PortbaHi Pallas) 

1. Lengua finlandesa 6 Suoma. 

a. IHalecto finlandés, culto en el Sur (lengua es- 

crita). 

b. Dialecto tavHUtiano, divivido en 

a) tauHistiano. 
fi) uUaeundiano. 
r) oetrobótnieo. 

c. Dialecto careliano 6 kiriala dividido en 

a) Idioma de Savolux. 

§) de Ingria. ^ j 

7) de Rautalamt^d by V^OOgie 



'76 ACLARAGIOlfES AL 

«) de Careliay Olonetz, etc. etc. 

«) de Cayanien ó quóne. 

2. Ehttiosj tal vez resto de los iilslios. 

a. Ehstío propio^ dividido en 

a)DiaJecto de Reval ó de la Harria. 

fi) de Dorpat ó de Un^nia. 

7) de Oesel. 

b. Litoios 6 Üvonios. 

a) Dialecto mUiguo-Uuno, 
^) kreiioimano, etc. 

B. PUEBLOS FINESES MIXTOS, 

1. Permiaeot ó BiarmioSf raza poco conocida , mez- 

clada con fineses y escandinavos? 
Lengua permiaca en dos dialectos, 

a. £1 perwiaco. 

b. £1 íiriano. 

2. Magueriot ó Madgiaret. Fineses subyugados por 

los Turcos y por una raza desconocida proce- 
dentes de los montes Urales (Gtarmatht, Lai- 
ifovicz). 
Lengua madgiar, escrita. 

a. Dialecto de Raab ú occidental (Adelung). 

b. de Debretzin ú oriental. 

c. délos Szekleres, tribu de Transilvania. 

3. Lapones, rama finesa mixta con una tribu huna 

(hunos deEscandinaviade Grabkrg)? 

V. FAMILIA GERMÁNICA. 

A. RAMA TEUTÓNICA DEL RHIN Y DEL DANUBIO. 
TRIBUS E IDIOMAS ANTIGUOS. 

BatittnuB'fJJ Idioma desconocido (véase 

eslavos). 
5uetKX ó nómadas f. . . Suevo antigfuo, descono- 
cido. 

MarcamoMt 1 

Cuadot I f t Idioma alto teutónico. 

Taurücos. ......) 

Boyowares Dialecto mixto de celto- 

boico. 
Isievone$ , después francos. | 
Bermandurat 6 Hermiones. \ Dialecto franco (Glsy). 

Caiot ) 

Akmanes. ...... Dialecto akman (Hebel) 

11UBUS MODERNAS E IDIOMAS EXISTENTES. 

1. Suizot (Suevos que reemplazaron á los Celto- 

Helvéticos). 
a. Idioma de Berna y de Argotna. 

b. del valle de Basli. 

c. de Priburgo. 

a) Dialecto welcho deMiaienlach. 
d. Idioma de AppenuU, 
e. de los Grisones. 

2. Rhinianot, 
a. Dialecto de AUada. 
b. de Smvia. 

a) De la Selfta Negra ó alta Suavia. 

fi) áeBaar. 

7) Del valle del Neeher 6 Würtenberg. 

S) déla FiiwMú:ta(Au8bur^, Ulma,elc). 

c. Dialecto del JPoJalfwK^* 



LIBRO PRIMERO. 

a) El Watgatnano alemán. 
fi) Idioma del Wutenoald. 

3. Danubianos ó rama maroomana. 

a. Bávarot. 

a) Dialecto de JfttftícA. 

fi) Bohen-Schfoangen, 

7) Salzhurgo. 

b. Tiroleses. 

a) Dialecto del valle del ZUl. 

fi) del valle del M». 

y) del Lienií. 

a) de los llamados Cimbrios del terri- 
torio de Verona y Vicenza (Hob- 
matr). 

c. AusMacos, 

a) Dialecto de la Baja AustriOj con cuatro va- 
riedades. 

fi) delaA/toilfifMc. 

7) De EeHria, con seit variedidei; 

entre ellas las de los valles del Eni y 
del Murr. 

9) de Otrintía. 

§) de Corniola. 

{) de los GotitseheíDurianos. 

d. BoenUo^lesiano. 

a) Silesiano con muchas variedades. 
0) BohemúhoUman, 

7) Moravo^eman, con cuatro variedades. 
9) Búngaro-<Ueman, lAem, entre otras el idio- 
ma de Zips. 

4. Franco-tajones 6 de la Alemania rneUa. 

a. Dialectos hablados. 
a) Dialecto de Hesse. 

|5) de Franconia (Nuremberg^, Aru- 

pach, etc.) 

y) de los montes SMn, etc. 

9) del Eiehsfeld, etc. 

f) de Turingia, etc. 

C) del Ertgebirge. 

v) de la Misnia ó alto sajón modeno. 

0) de Livonia y Estonia hablado por 

las clases superiores 
t) de los Sajones de Trantilvania. 

b. Lengua escrita universal. 

El aUo-akman 6 dialecto de Misnia sugeto á 
reglas. 



B. BAMA CIMBBO^AJONA en las llanuras de la costa 
del Mar Báltico y del Norte. 

PUEBLOS ANTIGUOS. 

Cimbrios -fiiegvaí otros yoto-escandinavos). 

Anglios f idioma ánglico antiguo t 

Sajones {IngíBvones de los romanos) 

Herulosl f 

Longobardos 6 Vinulos de Cimbra f ; idioma vinúlico vi- 

nulico. 
Semnoneéi t ? (mas bien eslavos windos). 
Queruscos mezclados con los Francos f f. 
Bructeros y Cauáos, idem, •}• f . 

'"•*««*•• Digitizedby Google 



BTN061UFIA 
BUmos, itgun lo« rotnanos, eolonia de los calos. 
Menapiot, etc. f t- 
Twgros. 

NACIONES MODERNAS. 

1. Sajones ó habitantes de la Baja Alemania, 
t. Sojon propiamente dicho ó idioma de la Baja Sa- 
jorna, 
a) Dialecto culto de Bamburgo, 



7) 

O 

i) 
t) 



del BoUÉein. 

del ScMettoig entre el Slia y el 

Eyder 
de las Marthas ó Paises Bajos, 
del UajiiiOMr con muchas va- 
riedades, 
de los mineros del Hartz, 
de la Marca de PriegnUz (res- 
tos del longobardo-címbrí- 
co. 
b. 5á;ofi orimUal, 
a) Dialecto hrandebvrgués (Markitch). 

«) pnuiaño moderno desde el año 1400 

en adelante. 

y) pomeraaio moderno. 

de la isla de Rugen. 
meddemburgués. 



i) 

O 

c. WnifaUoño ó tajón occidental, 
a) Dialecto de Bremen. 
f) de la Westfalia central, 



DE EUROPA. 


77 


r) 


del antiguo ducado de JCngera tal, 




vez el angrivariano f (Weddi- 




gen). 


í) 


de Colonia. 





deCléveris,elc. 


2. FrUoneSy 





' Antiguo fríson. 

DIALECTOS MODERNOS. 

a. Friton propiamente dicho. 

a) Frítones del Norte 6 de Cimbria , divididos en 
los dialectos de Breslel^ de Husum, del 
Eyderstedt f , y de las islas. 

fi) FrUoneí de Wettfalia , 'divididos en los dia- 
lectos y poblaciones : 1 .*> de Jli«ír»ii^«i; 2.® 
de Wursten; 3.^ de ScUerland. 

r) Fritonet de BaUwia, divididos en los dialectos: 
1.° frison común, 2.^ fríson de Molekwer 
(anglo-fríson); y 3.° fríson de Hinde- 
lopen, 

b. Neerlandés ó bátavo moderno. 

a) Holandés f la lengua escrita y culta. 

fi) Flamenco , la lengua escrita y culta. 

r) Dialecto de Gueldres. 

9) de Zelanda ó de la Flandes Holan- 
desa. 

< ) Kgmperiand , mezclado con el teutó- 
nico ó con el alto alemán. 

5) del territorio de Bois-le-Duc. 



C. RAMA ESCANDINAVA Ó N0RMAND(M;IÓTICA. 



PUEBLOS E IDIOMAS AlfTIGUOS. 



YoU». 
Godos. 
Manios. 
Vanios. 



i/OMlT 

tM Ó roxolanos ?. . . . 

Boü^muigoday de los Litua- 
nos , 

IfmJot?. (deSüHM). . . 

Stgroi 

Ungobardos ó Vinulos emi-, 
frados. •' 

Vindalos 

YMtwgos 

ftffyusdúmei 



Población antiguamente 
establecida en la Escandina- 
via (Alwismal). 



Pueblos de raza escandi- 
nava, mezclada con Eslavos, 
'con Wcndosy con otras na- 
ciones subyugadas. 



DIVISIONES MODERNAS. 

£1 wrmando ó lengua general de los siglos VIÍI 
y IX (lengua de los Escaldas y de los Eddas), alt-nor- 
¿MdeGaiMM). 

El noruego (norrena ) de los siglos X y Xí. 

a. Islandés , lengua de los Sagas , también es- 

crita. 

b. Noruego de los valles centrales. 

c. Ikdecarlo ( ó dascka ) occidental. 

d. YenUelandés , con el elstngués. 

e. Dialecto de las islas Feroe, 

f. VínorsoáehsíBhBShetland. 



Yótico antigw, btgo escandinavo. 

Góiico antiguo , alto escandinavo. 
^ Manheimico , dialecto medio, origen de las lenguas 

modernas. 
Vandálico? 
Alinico , semejante al gótico f. 

a. ñoS'Olánico, (f f en el ruso), vater Gitieo an- 

tiguo. 

b. Ostrogótico (t f en Ukrania y en Italia). 

c. Visigótico (t + en Polonia y en España). 

d. Mesogótico (dialecto de Ulflla). 

Herulo, incertísimo, mezclado según algunos con 

el lituano. 
Longobárdico, derivado tal vez del gótico ó del cim. 

brico. 
Burgúndico, tal vez normando, mezclado con wendo. 

El sueco ( sfoensk ) , desde el año 1400 en adelante, 
a) Sueco (lengua escrita). 
9) Dialecto de Upland, con la variedad de 
Boslag. 

fi) de Nordland. 

f) de la Dalecarlia oriental (idioma 

mas antiguo). 
9) tueco de Finlandia con algunas va- 
riedades, 
b. Gótico moderno, 
a) Westrogóiico. 
fi) Ostrogótico. 
,)Di.lecto<le ^-^-^J,S^}y^^\^ 



78 ACLAAACIONBS AL 

nio6?) 
a) ~r de SfMland. 

t ) de la ifila de RufUB en Livonia. 

3. El dan¿t (dansk) desde el ano 1400 en adelante. 

a. Danés. 

a) Dialecto de las islas Danesas ( lengua es- 
crita). 

f) de la Escania hasta el año de 1660. 

y) de la isla de BomAo/m (idioma an- 

antiguo, del año 1200). 

í) El noruego moderno {norsk) en las ciudades 
y en los valles (lengua escrita). 

b. Mland^t ó yótico moderno. 

a) Normando^tico al Norte y al Occidente. 
/Ó Dano^tico á lo largo del pequeño Beit 
f) AngUhyóiieo en el cantón de Apglen. 

D. RAMA ANGIiO-BRITÁNICA. 

PUEBLOS E IDIOMAS ANTIGUOS. 



i Véase mas adelante familias célticas. 



Belgas. . 
Cumhroi, 
Gálo-fomanot. Romana rústica. 
Antiguos Germanos 6 Escandinmos. Antiguo dialecto gó- 
tico ó escandinavo (TÁcrro). 100 a. C. f f . 

Lengua anglo sajona años 449-900 ff . 

a. anglia , al Norte del Támesis* 

b. sajona , al Sur del Támesis. 

c. góHc f en el condado de Kent. 
Daneses. . . . Lengua dano-sajona , 800-1040 ff. 
Normandos. . Idioma franco-neustriano, desde 1066 tf. 



Anglios.. . 
Sajones. . . 
Mlandeses. 



DULEGTOS ACTUALES. 

a. El inglés , propiamente dicho (lengua es- 

crita.) 
a) Dialecto de Londres , del barrio llamado la 

C«y (el Cockney). 

6) de Oxford y del centro. 

y) de Sommerset. 

í) del pais de Gales (inglés). 

<) de los irlandeses-Ingleses (acento 

irlandés). 
K) ^~- de los Ingleses de WexforddUre. 
n) Idioma joioring en el Berkshire. 
e) rústico de Suffolk y de Noriblk. 

b. £1 inglés nortumbriano (dano-inglés). 
a) Dialecto del YorlMre. 

/j) ád Lancaáíire. 

f) del Cumherland y del Westmore* 

land. 

c. El escocés (anglo escandinavo). 

•) £1 eieooM, propiamente dicho loioíomlMoieA 
(lengua escrita). 

fi) £1 horder Usngvage (idioma mixto de las 
provincias fronterizas). 

r) El idioma de los Escoceses de Ulster en Ir- 
landa. 

9) El idioma de ha islas Barcadas. 

d. El anglo-americano que va poco i poco sepa- 

rándose del inglés , etc., etc. 



LIBRO PRnaCRO. 

VI. FAMILIA CÉLTICA. 

Pueblos é idiomas antiguos (Maltbbrur). 

1. Celias del Danubio. Idiomas desconocidos. 

a. Helvecios. 

b. Boyas ff. 

. c. Sscordiscos. 

á. Albaneses de Uiría? Voces célticos en el 
al bañes. 

c. CoHnos en Sarmatia, etc. (Tácito). 

2. CeUasdeltaliaff. Idiomas poco conocidos. 

a. Ugurios ó Ligyes , hasta el Ródano. 

b. Instíbros , Chenomanos , etc. 

c. BhasencB 6 Bfruscos 7 Voces en la lengui 

etruscaff. 

d. ümbrios, etc., etc. 

Véase mas arriba Pelasgos italianos. 

3. Celtasde las GaUas f f . Lengua céltica ó gala de 

los historiadores romanoi. 

a. Salyes, 

b. AlobrogeSf etc. (en los Alpes). 

c. Voleos, probablemente Belgas. 

d. Aroemios (ausi Latió se dicere frates). 

e. ^Eduos, Seguanos, Helvecios, 
t. Bituriges, etc., etc. 

g. Pictones, Saniones, etc. 

h. Vénetos, etc. 

i. Camutos, Chenomanos, Turones,e\c, (lenguacél- 

tica de los Druidas). 
j. Colonias enviadas á las islas Británicas? 

*P<(iot de los Pitones? 
k. (Colonias en España. Lengua celtibérica. 
•) Los (Mtiberos divididos en seis tribus. 
Borones. Lusones. 
Pelendones. Belos. 
Arevacos, DitOios. 
§1) Los Celtas. 

4. Los Celtas de la Hibemia. 

a. Yemios (Ivemios, Hibemios) en Irlanda. 
Lengua ersa antigua? 

b. Escotas, que pasaron á Escocia. 

c. SUurios, en el país de Gales meridional f f- 

d. Damnonios , en el Comwal f f. 

e. Los Celtas de Galitzia. 
a) Artabres 6 AroíUbes. 
é) Nerios. 

r) Prasamarcce. 
9) Tamaricos. 

f. Los Oystrimnes. 

5. Los CeUo-germanos 6 Lengua belga ó celto-ger- 

Belgas. mániea ff. 

a. Belgas del conHnenteff. 

a) Be/^ot propiamente dichos. 

fi) Treveros, Leudos, etc. 

y) Nervios. 

9) Marinos. 

<) Menapios , Tungros, etc. (Véase arriba.) 

b. Belgas ultramarinos Lengua celtc-bretona,cum' 

ó Celto-hretones 6 brica 6 cámbrica. 

cimbros f f. 
a) Belgas de Wiltshire, Atrebates, etc. 
fi) Cantios. j 

r) Brigantes, Parisios, etcDOglC 



c. Los Gahdos ó Galos de Asia (San Gerónimo) f. 
PUEBLOS E IDIOMAS EXISTENTES. 



1. Los Ce/Zu propiamente dichos. 

a. Los Mandesei ó 

h-es 

b. Los CaUdonios 6 

RffManders.. . 



a. Dialecto eno 6 eH- 
ñ^-a ! nach 



tm 



b. Caldonaeh. 



a) En los Highland. 
) En el ÜUier. 
r) Idioma manch en la isla 
de Man. 

í) de Walden en el 

condado de Essex. 
2. Cumbroi ó Celto-bel- 
gas, 

a. Los GaUses ó Wel- Len^a micha. 

ff^f a. Dialecto de Wallis. 

b. ^,— deComwatltt» 

b. Bret<nus ó Breytad. Lengua baja-bretona. 

a. ^{(reeánico. 

b. £1 honatdo. 

c . £1 idioma de Comwall ++ 
d. de Vannes. 

Vn. FAMILIAS IBÉRICAS (1). 

1. Los Turddanos, Idioma desconocido y cul- 

tivado hace 6000 años 
(Estrabon). 

2. Los CoMoM (Cinetes, Voces finesas y eslavas? 

cynesios). 
Los Sofkxmot, etc* 

3. Los Lusitanos, 

4. Los Galaicos ó Galle- 

gos, . 



CmOORAFÍÁ DE EUROPA. 79 

i) Menapios, Ornas, etc. , de Irlanda. VIU. LENGUAS CELTO-LATINAS. 

A. ITALIANO. 

. * La len^a rotnana rústica, tronco común en el 
año 1000. 
1. Italiano septentrioMl. 

a. Dialectos <tó/o-/rflnccMí. 
a) Dialecto del Piamonte. 
fi) del Friul con las variedades de Fassa, 

Livinalungo, etc. 

b. Dialectos liguro-itálicos. 
a).El genotés. 
fi) Dialecto de Monaco. 

f) de Niza. 

*) de Estragnolles , etc. 

c. l>i^ecios lombardos, 
a) El milanés con algunos idiomas. 
fi) BUbergames, 
r) El bresciano. 
9) m modenés. 
<) £1 bolones. 
C) lUpaduano» 

Casi todos los dialectos de Italia son también escritos. 
2. Italiano meridional y orieiUal. 

a. Dialectos oen«cJajio«. 
o) El veneciano propio (idioma escrito y culto). 
fi) ISX dálmaioMaliano. 
7) £1 de Corfú. 
9) £1 de Zante. 
«) £1 italiano de algunas islas del Archipiélago. 

b. Dialectos ^Ofcaiu». 
•) £1 toscano puro (lengua de la literatura y de 

la gente culta). 
fi) El florentino vulgar, 
r) El sienes. 
9) Ulpisano. 
•) El tuques. 
^ £1 pistoyés, 

n) £1 aretino coa muchas variedades. 
' Dialectos de la Umbria y de las Marcas?? 

c. Dialectos ati«oft»(». 
a) £1 romano culto. 

* £1 transtiberino, jerga vulgar. 
/3) £1 sabino en los Abruzos. . 
r) £1 napolitano» 
9) El catabres. 
i) mpullés. 

() £1 tarentino 6 griego pullés. 
ir) Idiomas de Bitonto. 

3. Italiano de las islas. ' 

a. Siciliano, 
a) Siciliano del siglo XII (lengua escrita y poé- 
tica •¡•f. 

fi) moderno (lengua escrita). 

* Dialectos poco conocidos. 

b. Sardo. 
«) Sardo dividido en dos variedades. 

1. El compúton^f (dialecto escrito). 

2. £1 llamado capo di sopra. 
fi) Toscano de Sassari, etc. ^ 
7) Catalán ó alguerés (de Alguera). ^ GoOQIc 
c. Corso. ^ 



5. Los Astures, 

6. Los Yacemos. 

7. Los Vettones 
S. Los Carpetanos. 
9. Los Oretanos. . 

10. los Edetanos.. 

11. Los Bastitanos. 

12. Los Contettanos, 

13. Los Ilergetes. 



Dialecto desconocido f . 
Probablemente celtas des- 
cendientes de una rama 
desconocida ft- 
Ídem t- 
ídem, 
ídem. 



[Dialectos desconocidos de la 
lengua tft^rícatf. 



Idioma oscOj dialecto del 
vasco f (xaltibrun). 
' La Vescitania f t con Osea. 

14. Losllercaones. . 

15. Los Laletanos. . Dialectos ibéricos desconocidos. 

16. Los Cerretanos. . 

17. U^Aquiíanos. Dialecto vasco. 

18. Us Cántabros. ídem. 
19 los Vascones. Lengua tasca 6 ibérica 

(humboldt). 

a. Dialecto del Ampurdan. 

b. ' de Guipúzcoa. 

c. de Vizcaya. 

íclllíilfi* f* P«<^a decir esto convendrá exceptuar álos Óseos 
^i^^i^mf^^"^^^' ^ ^'"y* lengw referiremos mo- 



8d ÁGLÁRAGIONSS AL 

B. ROMÁNICO (Provenzal,Occitánico) (1). 

a. Románico de los Alpes. 

b. ¡Utico, 6 románico de los Grisones y del 

Tirol. 

a) Di&lecto del Alto país de los Grisones, 
esto es: l.« deChams; 2.* de Lein- 
zenberg ; 3.® de Domlesch ; 4.® de 
Oberhalbstein ; 5.® de Tusis. 

fi) El rumónico de las Uanaras y de las 
montañas. 

7) El ladino en Coira, 1.^ con el alto enga- 
diño, y 2.° el bajo engadino. 

9) La lengua gardena 6 del valle de Groden. 

1 . Vokeano, antiguo idioma celto-romatíb (bajo Vales) . 

2. Helvético 6 románico de Friburgo. 

a) £1 gruverin en el pais alto. 
/S) El quetzo en el centro. 
' 7) £1 hroyar en el país bajo. 

c. ProvenzaL 

1. £1 provental propiamente dicho (lengua escrita). 

a) Dialectos de Aix. 
i) de Berry, 

2. El longuedoqués propio. 

«) Dialecto tolotano ó el moundi (lengua 
escrita). 

fi) de Nimes. 

^) de los contornos de Niza. 

9) £1 rovelgat, 
< ) El vahyen. 

3. £1 delfines, mas mezclado con céltico (lengua es- 

crita). 

a) Dialecto de la Bresse. 
p) del Bugey. 

4. El^eon. 

a) £1 gascón de Gascuña. 
^) El tolosano popular , distinto del moundi, 
7) El htomis de Francia, 
a ) El lemosin actual , con el dialecto del 
Perigord, 

d. Bománico-ihérico, 

1 . £1 lemosin antiguo. 

2. El catalán, 

3. El o(ae4ictaiio( lengua escrita). 

4. El mallorquin. 

* Lengua franca, idioma mixto , del cual 
forman la mayor parte, el catalán, el 
lemosin , el siciliano y el árabe. 

C. ESPAÑOL , dividido en dos ramas : 

,a. £1 castellano (lengua escrita y culta, llamada 
en las provincias romance. 
í. Dialecto de Toledo ( el mas puro). 
2. de León y de Asturias. 

3. ^aragonés, 

4. "Eíanddlux. 

5. EX murciano, (*) 



(1 ) Lat doctas investigacioiiesde los señores Rsyoonard, Cbim- 
MMlioD-FIgeac , 7 Sfsmondi han determinado la extensión qne ocapó 
esta nuera rama llamada Propensai por el país en que se hablaba, 
7 (kcetáMica por la partieola aflrmaüva oc. 

( * ) Aonqoe en las monUfias de León , 7 principalmente en Ara- 
gón y Andaioda se nsan ciertas frases 7 palabras pecnliares 7 se 



LIBRO. PRIMERO. 

b. El galiciano ó gallego. 

i. El gallego propiamente dicho. 

2. El pwiuguis (lengua escrita y literaria), 

dividida en las variedades de AkmUjo, 
Beira y Miño. 

3. El dialecto del Algarhe, 

D. FRANCÉS. 

LENGUA DE LA EDAD MEDIA. 

a. La romana del Norte 6 franco^omana ( lengua 

de trovadores ) + +. 

b. La celto-romana del Oeste y del centro. 

c. La vasco-romana de la Gascuña. 

d. La romana-pura ó el antiguo provenzal (len- 

gua de los trovadores) +t- 

LENGUA MODERNA. 

1. '^ francés-académico (lengua escrita, social y di- 

plomática de Europa ). 

2. Dialectos habhkdos. 

a. Dialectos franceses del Norte. 

1. El u>alon ó roacAt de Na- 

mur y de Lieja. . . 

2. El flamenco francés. . 

3. El picardo con el arte-í 
siano 

b. Dialectos modernos del Norte. 

1. El normando. 

2. £1 francés vulgar de la isla de Francia y 
de Champaña. 

3. £1 Iwenés con el vosgéHco, 

4. £1 horgohon. 

5. El orleanés y el bresés. 

6. EL anjovino j el manes. 

7. El francés de Berlín, de Federicia , etc. 

8. El francés canadés procedente d« las ori- 
llas del Loira. 

c. Dialectos del centro y del Occidente. 
i. Dialecto de la Auvemia. 



I Ramas de la 
lengua /ras - 
co-normanda 
del Norte. 



3. 
4. 

5. 
6. 



del Poitou ó PiC'i Que tienen 

tavo \ analogía en 

de la Vendée. 

bajo Bretón fran- 



el acento con 
el celta. 



cés 

de Berry. 

de Burdeos 



y otros dialectos 
gascones, 
d. Dialectos de/ Este. 

i. Dialectos del Franco condado con las va- 
riedades 1.^ de Basílea y 2.^ de Neuf- 
chatel. 

De Vaud 6 reman (romano). 



2. 
3. 

4. 
5. 



de Sáboya con el ginebrino, idio- 
ma culto. 

de Ijfon, 

de las ciudades del Mfinado. 



aplica ft varias toces un significado distinto qne en Castilla , por lo 
menos en Murcia no sucede asi; 7 aun las diferencias dichas oo 
constituyen, rigorosamente hablando, un dialecto. 



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QQQfH.MT.J 



■ c 



BTKOGRATU ME KDM>M. 



§.3. 



Famüiat de Im lenguas vateju y eélHeat, 

Estes lenguas primitivas, dominantes un tiempo en 
la major parte del Oecidente y del Mediodía de Eu- 
ropa, forman dos familias, vosea y céltica, y se hablatian 
la una en la península Hispana y aquende los Piri- 
neos , la otrajDor los pueblos conocidos con el nombre 
genéiioo de Celtu ó Galos, que ocupaban la mayor 
parte de las Gallas, la Bélgica, las Islas Británicas, pai^ 
le de la Alemania , de la Suiza , de España y del Asia 
Menor. La historia y las musas latinas celebraron el va* 
lor de las naciones occidentales , que en las riberas del 
Tajo y del Ebro , ó en las del Sena , del Loira y del Tá- 
inesis', hicieron resonar los graves y guturales sonidos 
de los idiomas Tasoongado y céltico. Los anales y la 
lira romana trasmitieron á la posteridad la heróica re- 
sistencia <^ue los Celtíberos y los Cántabros , mucho 
tiempo indómitos, y los soldados de Viríato, opusieron á 
las armas deí pueljjo rey, Amigos ó enemisosde Roma, 
los habitantes de la antigua Hesperia, obtuvieron de 
aquella reina del mundo los elogios que Jamás negó alas 
virtudes de los guerreros. Los nombres de, Sagunto y 
deNumancia, los de Mandonio y de Indibil están escri- 
tos en las páginas de sus historiadores y poetes^ al lado 
de los de Aníbal y de los Escipiones. En la Lusitania, á 
la cabeza de un puñado de refagiados romanos , apoya- 
dos por los l>ravo8 descendientes de Viriato , el generoso 
Sertorío «i^jesafió por algunos años la tiranía de Sila y 
el naciente genio de Pompeyo. Vascos y Celtas forma- 
ban el grueso del ejército cartaginés que , guiado por 
Aníbal, puso á Roma al borde de su ruina. Ilumina- 
da después España por la civilización romana , rever- 
beró hacia la madre patria los rayos de la gloria litera- 
ria de que le era deudora: los dos Sénecas, Lucano, 
Qointiliano , IMarcial, españoles, devolvieron á las mu- 
sas latinas parte del esplendor con que en tiempo de 
Augusto habían brillado; y en Trajano, español también, 
tuvo Roma el mayor guerrero que había guiado sus le- 
giones desde el tiempo de César, y el mejor emperador 
anterior á Marco Aurelio. 

No menos renombrados son el ardimiento , las proezas 
y t\ genio belicoso de lo$ antiguos Celtas ó Galos. Las 
tribos céltícas de los Boyos , Tauríscos , Escordiscos, 
Retios, Helvecios, Ausonios, v quizá también de los 
Etruscos , ocupaban la cadena oe ios Alpes , buena parle 
de laGermania v de la Panonia hasta el la^o Balaton, la 
Sava inferior, el terreno entre el Jura y el lago de Cons- 
tanza, la costa del Mediterráneo al Este de la Galia, y 
otros mitses de Italia. Los Celtas residieron primero en la 
Gran Bretaña y eh la Irlanda, pero pronto dirigieron sus 
araias al Mediodía de Italia y hasta el Asia Menor, dondo 
se establecieron con el nombres de Gálatas. Un ejército 
de Galos , después de haber destrozado las legiones en 
Alia , llevó á Roma el hierro y el fuego, y habría sofo- 
cado en su cuna á los conquistadores del mundo, si el 
Jáyiler del Capitolio y el valor de Manlio no hubiesen 
velado por su fortuna. Tanto terror infundia en*Romael 
solo nombre de Galos, que al resonar^ se suspendían Jos 
negocios , y se elegía un dictador que proveyese á la 
salvación de la república. Belfos, santuario de la Grecia, 
no estuvo á cubierto del valor galo, que le arrebató sus 
tesoros. Auxiliares terribles, primero de Aníbal, opusie- 
ron luego obstinada resistencia á las legiones de César; 
?r este mismo confiesa que, si las discordias, hábilmente 
omentadas por él , no le hubieran entregado la Galla 
debilitada y dividida , no habría logrado Jamás sojuz- 
prla. Tres siglos después , al frente de los Galos , Ju- 
uano y Probo rechazaban á las legiones de Constanzo y 
á los Bárimros de la Germania. Por último, en la Galia 
encontraron glorioso asilo la elocuencia y las letras, des- 
terradas de Roma. 

1^ naciones que les sucedieron brillaron y brillan 
^▼ía ron mas vivo esplendor. Abandonando casi 
del todo las lenguas de sus antepasados por la de 
«B conquistadores , se asociaron á las doctrinas y al 
genio de estos; y fundaron nuevas lenguas, ilustradas 
con las maravillas de las ciencias, de las letras y de las 
artes. Los hijos de los Suevos, de los Godos, de los 

TOMO I. 



81 

Francos, de los Pitios y de los Lusitenos , se colocaron 
á la cabeza del mundo civilizado bajo el nombre de 
Franceses, Ingleses, Españoles, Portugueses é Italianos, 
rívalheando con los pueblos mas insignes de la antigüe- 
dad en la carrera de las armas , y levantando mas que 
ellos el genio de las ciencias , de la industria , del co- 
mercio y de la civilización. « 

Los reinados de los Visigodos en España, de los Fran- 
cos en la Galia , de los Longobardos y Ostrogodos en 
Italia, florecieron largo tiempo bajo La feliz influencia de 
una religión, cuyo espíritu luchaba frecuentemente con 
buen éxito contra la barbarie. En las Galias á Carlos 
Martel y Cario-Magno, y en la Gran Bretaña á Alfredo 
rechazaron á los enemigos de la civilización europea, 
y con los esfuerzos de su genio atrajeron sobre sus res- 
pectivos países los beneficios de las doctrinas y de las 
leyes. La rudeza de los ánimos v de las costumbres en 
aquellos siglos de hierro opuso largo tiempo un obstá- 
culo insuperable á todas las tentativas generosas. La 
invasión de los formidables sectarios de Mahoma aba- 
tió en España el imperio de los Godos; pero esta misma 
lucha, excitando el entusiasmo nacional, produjo héroes, 
V los nombres del Cid^ de Femando y de Alfonso el 
Sabio se trasmitieron á la posteridad. Los mismos Moros 
sacudieron un instante el yugo de plomo del Coran para 
tributar un culto asiduo a las artes y á las letras. La 
brújula, abriendo ál audaz piloto la vía de los anchos 
mares , espanto de los antiguos , crea un arte nuevo 
de la navegación: el genio de Colon revela al uni- 
verso atónito las riquezas de un nuevo mundo ; el 
del portu^és Gama traza á los navegantes el camino de 
la India, fecunda tierra de preciosos productos: los tesoros 
de la América y del Asia despiertan la industria de Eu- 
ropa: ya no es el Océano una barrera , y en adelante to- 
dos los pueblos del globo se comunicarán entre sí. £1 va- 
lor de los Españoles y PoHugueses, lanza á los Moros de 
la península; y aquellos puetnos generosos , terminado su 
combate con el África y el islamismo , dan libre vuelo 
á su genio. £n las c(¿tas de Colombia los Cortés, los 
Pizarros y los Cabrales, sojuzgando al frente de un pu- 
ñado de valientes, los imperios de Motezuma, de los in- 
cas y del Brasil , enriquecen á su patria con inmensos 
reinos, y crean vastas cuanto magníficas colonia. Los 
Albuquerques , los Almeidas , enarbolando el estandar- 
te de Portugal en las costas de la india , fundan en 
ella un imperio rico y poderosb. En tiempo de Feman- 
do el Católico y Carlos V las armas y la pob'tica españo- 
la dominan la Europa , hacen temblar al África y 
espantan al gran Solimán. Pero el genio de Isabel do- 
blega al de Felipe, tirano de España, numilla el orgullo 
castellano, y prepara los triunfos de la marina y del co- 
mercio británico^ elevados á mas seguro vuelo por 
Crsmvrell. Cuarenta años de guerras civiles retrasan el 
del poder francés ; pero grandes almas se educan en la 
escuela del infortunio, como V Hopital, Conde, Montmo- 
rency, Coligny, Mornay, la Noue y tantos otros héroes, 
no menos valientes en el campo que idóneos en el con- 
sejo , sobre todos los cuales se alza el grande y buen 
Enrique IV que , secundado por su digno amigo , el se- 
vero SuUy , reúne la Francia discorde bajo su cetro 
paternal , y le abre todas las fuentes de la pública 
prosperidad. El formidable Richelieu , apoyado por 
los Snecos de Gustavo Adolfo , postra el poder de ' 
España y Austria , prepara los elementos de la futura 
grandeza francesa y la pacificación de la Alemania y 
la Europa. £1 célebre tratado de Westfalia , que por 
mucho tiempo regirá sus destinos ; la paz de los Piri- 
neos, feliz augurio de la alianza entre España y Fran- 
cia, ilustran el ministerio del astuto Mazarino. Éntonees 
los Turena y los Conde adelantan el formidable arte 
de la guerra , y se forman los grandes hombres que en 
todos los géneros elevarán á la cúspide la gloria de 
la Francia y el espléndido reincido de Luis XI V , pode- 
roso monarca , que como^ Aleiandro y Augusto dará 
nombre á su siglo. Disnos émulos de Turena y de Con- 
de, los Luxembourg , los Catinat . Vendóme, Villara, y 
Berwíck, sostendrán una heróica lucha contra la Europa 
conjurada . y mantendrán el honor del nombre fran- 
cés. En el consejo mostrarán Colbert y Louvois cuán- 
to influyen los hábiles administradores en el poder yj 



ÁCLA]UCyK>NEft AL UBBO PRDIIRO. 



prosperidad de su país : los talentos de Colbert harán 
florecer la.industria y el comercio^ y disputarán con buen 
éxito el imperio de los mares á la Gran Bretaña : mag^ 
níflcos y útiles monumentos, la unión de dos mares con 
un canal, atestig;uarán la vigilancia y las doctrinas del 
príncipe y de sus ministros. Una gran revolución dirige 
en la Gran Bretaña todos ios ánimos hacia el increm^i- 
to de la navegación , de las fábricas y del comercio ,j 
ya se anuncian las maravillas del siguiente siglo. ÉL 
genio paciente y ala par fogoso de Guillermo III, los ta- 
lentos de Marlborough y de Boliagbroke, excitan el celo 
de una nación laboriosa é industrial. ¡Cuántos prodigios 
verá cumplirse el siglo xviii en estos dos pueblos riva- 
les! Las ciencias , las letras y las artes caminarán de 
progreso en progreso en estas tierras dedicadas al culto 
de la inteligencia y de la actividad humana. Las mila- 
grosas tentativas- de Francia y de Inglaterra en este 
siglo, serán eternas en los anales del mundo, y sobre 
todo, el mayor de los portentos, el mas estupendo como 
el mas útil entre los progresos, el desarrolb mas y mas 
creciente del poder de la industria, el perfeccionamiento 
de la ciencia de la economía social. 

FAMILIA VASCA Ó ÍBERA. 

A. LENGUAS MUERTAS HACEMOCBO TIEMPO. Se- 
ffun Guillermo de Humboldt y Maltebrun , parece 
demostrado que entre estas lenguas, poco diferentes 
entre sí, deben colocarse los idiomas que hablaban 
los Iberos en la mayor parte de la Península Espa- 
ñola, en el Sur de las Galios, en algunos puntos de 
Italia y en las grandes islas de este país. Los prin- 
cipales pueblos comprendidos en esta familia, todos 
extinguidos á excepción de uno solo, son: 

a. Los Turdetanos que habitaban en la Bélica, y 
parece que fueron mas civilizados que todos 
los iberos; 

b. Los Lusitanos que habitaban entre el Tajo y 
el Duero, famosos por su agilidad en la carrera 

Lsu valor en la guerra; 
}s Cántabros al Norte de la península , salva- 
jes que defenüian con heroico denuedo su inde- 
pendencia entre montañas de difícil acceso; 
d. Los CarpetanoSf caya capital era Toledo, céle- 
bre por sus obras en acero; 

c. Los Celtiberos j en el interior de la península; 
mezcla de Iberos puros con Celtas; muy civili- 
zados, dedicados al comercio y á la industria, 

L numerosísimos; 
>s Vascones, pudres de los modernos Vascon- 
gados; 
g. Los Astures, Túrdulos, Ilérgetes, y otros «i la 

España actual; 
h. Los Aquitanos que ocupaban el Sudoeste de 

las Gallas; 
i. Los Óseos ? establecidos en Italia , que según 
Maltebrun, eran de la familia de los Ilérgetes. 
Parece que los Turdetanos, los Celtíberos y otros de 
este tronco fueron bastante civilizados, poseyeron anti- 
guos monumentos de poesía é historia , y un alfabeto 
particular , del cual todavía no se conocen todos los ele- 
mentos, por mas que muchos doctos se hayan dedicado 
á su estudio, á fin de explicar las inscripciones ibéricas 
encontradas en piedras , planchas metálicas , vasos de 
barro y medallas que con la lengua vasca constituyen 
los únicos monumentos que nos han quedado de aque- 
llos pueblos célebres (1). 

B. LENGUAS ANTIGUAS AUN VIVAS, La única es la 
ÉUSCARA ó VASCA , hablada antiguamente en gran 
parte de España'y al Sur de la Galia, y ahora usa- 
da tan solo por los Euscaldunac ó sean Vascongados 
ó Vascos en los campos de Vizcaya y de Navarra, 
en España; y en Francia en la Baja Navarra france- 
sa y en el país de'Labour y de Soule (departamen- 
to de los Bajos Pirineos). Los Vascos descienden de 

(1 ) Para que se pueda decir esto convendrá exceptuar álos Qscos 
(como nosolros los exceptuamos), de cuya lengua referiremos mo- 
numentos en el Libro IJI. 



los antiguos Gascones. La lengua éuscara que no 
se asemeja á ningún otro idioma de Europa, aunque 
haya adoptado muchas voces latinas y otras ale- 
manas, parece que tiene afinidad con las lenguas 
semíticas, y en ht conjugación se parece á las 
americanas (2). Según Humboldt, es entre las len- 
guas europeas la que menos ha oambiddo y la que 
porsusformas gramaticales manifiesta mas que otra 
alguna ser lengua primitiva ; es riquísima y armo- 
niosísima sin aglomeración desajrradable de conso- 
nantes, máxime al principio y al fin de las palabras; 
no üene género y agrega siempre el artículo al fin de 
las palabras; por ^emplo : egun, día ; eguna dia e\; 
egunae dias los^ La lengua éuscara, añadiendo cier- 
tas partículas, puede cambiar un nombre en Terbo, 
adverbio ú otras partes de la oración, vcoa las 
terminaciones tasuna y gueria, agregadas a los nom- 
bres expresa la cualidad buena (tasuna) 6 mala 
(queria). 

Su conjugación es tan difícil como rica, pues no so- 
lo exprésala significación activa y pasiva de los ver- 
bos, sino que puede dar gradaciones que Is^ demás 
lenguas no saben expresar sino por medio úe la reu- 
nión de muchos verbos ó de frases enteras, las gra- 
máticas vascongadas cuentan nada menos que once 
modos: indicativo, consuetudinario, f>otencial, voltsn- 
torio, fortado, necesario, imperativo, subjwUino, op- 
tativo, plenitudinario é infinitivo^ Los seis primeros 
tienen cada uno seis tiempos; dos presentes, dos 
pasados y dos futuros , y los otros cinco un número 
menor. 
La literatura vasca solo posee libros ascéticos, gramá- 
ticas, diccionarios y alguna poesía , en su mayor parte 
manuscristos. (') La obra vasca mas interesante es la co- 
lección de proverbios , publicada en francés y vascuen- 
ce por Oienhart, entre las cuales hay también frag^- 
mentos de canciones populares. Créese que la canción 
Lelo il Lelo es la mas antigua de esta lengua, y también 
de los demás idiomas españoles y portugueses. Los 
Vascos escriben con el alfabeto latino , y su ortografía 
no so diferencia de la pronunciación. Según una obra 
reciente del abate Bidassouet , el idioma vasco puede 
declinar y verbificar (séame lícita esta palabra necesa- 
ria) los caracteres alfabéticos; verbificar los pronombres 
declinables y también los verbales; cambiar los partíci- 
pios en nominativos , y decliiiarlos como los nombres 
ordinarios , teniendo cada uno hasta diez y seis casos 
diversos, producidos por terminaciones nuevas ; puede 
declinar todo lo que es indeclinable en las lenguas mo- 
dernas, como preposiciones, adverbios, interjecciones y 
también verbincarlas; conjugar todo verbo radical hasta 
veintey seis vecessin aumentar ni variar su unidad indivi- 
dual y siempre con desinencias nuevas; cambiar todos los 
infinitivos y participios en nominativos, y declinarlos 
después como nombres ordinarios con sus once casos; 

Íor último , no tiene verbos defectivos ni reflexivos, 
iene cuatro lenguas diferentes en la unidad indivisible 
de la misma conjugación; es decir, un lenguaje infantil 
diminutivo , uno adulto ó de igualdad , otro de moypr 
edad ó de respeto, y otro femenil. Cada uno de sus nom- 
bres sustantivos tiene hasta doce casos diferentes y sois 
grados de nominativo; y cada adjetivo hasta veinte ca- 
sos diversos. Pongamos un ejemplo de los seis grados 
del nominativo. 1.^ ait, padre; 2.^aitaren, el del padre; 
^,^aitarenarena, el de el del padre; A.^.ailarenarengani- 
cacoarena , el de el de el del padre ; 5.° aUarenarengani- 
cacoarenarena , el de el de el de del padre ; 6.^ aüarena- 
renarenganicacoarenarena , el de el de el de el de el del 

(2) Guillermo de Humboldt (Froftmg der üntermuhungen úber 
He Ürbewokner Üispaniens vermUtetsi der vuskischea Sprache) re- 
conoce además que los idiomas de varios pueblos antiguos que ha- 
bitaban la Península Española , la Galia Meridional , algonos puntos 
de Italia y las tres mayores islas del Mediterráneo pertenerian á ta 
lengua itíerica de la cual es un resto la vascongada. KlaMoth encon- 
tró en el vasco muchas formas pertenecientes á los idiomas tiahU- 
dos en las partes septentrionales y occidentales del Asia. 

(*) No he visto eu esta lengua ningún libro ascético, gramática ni 
diccionario manuscrito, y por el contrario he visto muchos libros, 
especialmtnte de la primen clase , impresos. En cuanto á poesías 
no dudo que podrá haberlas inéditas, pero tampoco serán en gran 
nihnero. I oí^*^''^'^ 



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ETNOGRAFU BE EUROPA. 



85 



padre; en el ablativo hace aUarenarenarengankacoarena' 
rtnarenartquin, ¡cuarenta y dos letras! Bídassouet observa 
sin embar^ , que la nomenclatura vasca conviene y 
guarda analogía con la posición topográfica, llamándose 
asi una casa hidariia, por estar situada entre dos ca- 
lles; hidegaina, si está edificada en un camino; lidecit- 
rwhia, cuando se halla en una encrucijada; keguasia, si 
se halla al Mediodía; iparraguerria , por estar opuesta 
al Norte ; haitzeotehenia , si la domina algún viento frío; 
hidegorrieta, cuando está construida en un camino rojizo. 
£1 mismo gramático, por cálculos aproximati vos, dice que 
al paso que la lengua francesa no tiene mas de 2. 1 1 9,000 
sílabas, el vascuence no tiene menos de 1,592.448,000, 
]&ta inmensa diferencia proviene en gran parte de con- 
jugarse todo verbo vasco de veinte y seis maneras, y 
de que pudiendo llegar á ser verbo todo nombre, puede 
suministrar tantas sflabas como suministraria un verbo, 
pasando por todas las modificaciones de las veinte y seis 
conjugaciones. 
&ta Ici^a se divide en tres dialectos principales: 

a. El vizcaino que pasa por el mas puro y posee 
las mejores gramáticas : se habla en la Vizca- 
ya propiamente dicha. 

b. El guipuzcoano que se habla en las nrovin- 
cias de Guipúzcoa y de Álava, y tiene el mejor 
diccionario. 

c. £1 vasco ampurdan , que se habla en la Navar- 
ra española y francesa , y en los paises de La- 
hSixr y de Soule. 

FAMILIA CÉLTICA. 

A. LENGUAS ANTIGUAS EXTINGUIDAS HACE MUCHO 
TIEMPO, Parece que deben colocarse entre las perte- 
necientes á esta (amilia loe idiomas hablados ptor los 
Cdlas en las Galios, enBéleica , en las islas Británicas, 
en parte de la Alemania, de Italia, de España y del Asía 
Meoor. Los mas importantes de estos pueblos son: en 
la Calía los Biturigios, que dominaron antiguamente 
toda la Galla Céltica» y cuyo gcfeBelloveso conquistó 
gran jiarte de Italia en el ano 164 de Roma; los Bivat, 
taooosos sobre todos los Galos, que tenían por capital 
á AuguttoduHum (Autun); los Senones, que conquista- 
ran la Italia y tomaron también á Roma; los Paritios, 
cuya capital era Lutecia , sitaada en el paraje que 
ahont se llama VUe ó la eiié en París; los Vénetas ^ en 
las costas del Morbihan y en las islas Venctica», uno 
de los centros principales del culto drnídico; los 
Alobrogtt , los Secuanos , etc ; en la antigua Bélgica 
los Belgas piopiamente dichos) los 7feomof, en cuya 
capital residieron con frecuencia los emperadores ro- 
manos; los Nervios, losJfeiiapíoff, etc.; en las Islas Bri- 
tánicas, los 5i¿ttrta», los YemioSy YoemiosQBihemioi;\o9 
Escotas ó Gaelios ; los CanHos, en cuyo territorio parece 
que estaba Londres, etc. ; en la Alemania Meridional los 
Mvedoe , los Bayos, los Escordiseas, etc.; en Italia, 
los Líganos ó Ligios; los Insubrios, los Chenomanos, 
etc.; en España , los Celtas , y los que ocupaban par- 
te de Galicia ; y en el Asia Menor los Gálatas , en la 
Galacia. Muchos de estos pueblos parecen un tanto 
cultos. Los druidas de los galos usaban el alfabeto 
griego , y se pretende que .los de Irianda tovieron un 
alfabeto particular. 

B. LENGUAS ANTIGUAS AUN EXISTENTES. 

a. GÍ.LXCA , G A£LIC A Ó CÉLTICA PROPIA MENTE DICHA . 

Hablada en varios dialectos por los descendien- 
tes de los verdaderos Celtas, en la mayorparte 
de Irlanda, en casi todo el Highland , en Esco- 
cia, en las Islas Occidentales ó Hébridas y en 
la isla de Man. La declinación del céltico , que 
tiene los seis casos del latín, se hace en gran 
parte por flexión, y en parte por preposiciones. 
La conjugación es rica en modos, pero pobre en 
tiempos, porque tiene un modo negativo que 
usa después de las negaciones ni, cAo, y otras, y 
porque excepto eí verbo bi no tiene mas que dos 
tiempos , el pasado imperfecto (1) y el futuro, 

( 1 } O mas bien indeterminado , aoristo. 
TOMO I. 



formando los otros tiempos simples ó compues- 
tos por medio de perífrasis con el auxiliar ¡n, 
precedido de la preposición ag ó iar, Poreiemplo: 
ta mi ag bualaaah , yo golpeo , y literalmente, 
yo he aprendido á golpear; iaiuag bualadah, tu 
golpeas ó has aprendido á golpear. 
Esta lengua tiene como el cumbro tres auxiliares : H, 
que forma gran parte déla conjugación; deán, hacer; rach, 
ir, que como el auxiliar oher en cumbro, y el (fo en inglés 
sirve para dar fuerza á la frase. Por ejemplo; deán 
suidhe, siéntate, y literalmente haz sentarte : rinn e sea- 
samh, estaba de pié , y literalmente , él hacia estar de 
pié. Estos dos mismos verbos unidos á otros forman 
cierto numero de frases particulares. £1 gaéiico forma 
los verbos pasivos como el latín , sin necesidad de au- 
xiliares , excepto en los mudos optativo y subjuntivo. 
Según Ahwardt , solo los iiempos de los niodos sub- 
juntivo é imperativo tienen en cada persona termina- 
ciones diferentes como en griego , en latin, en francés y 
en otras lenguas. En el indicativo la terminación es igual 
en el singular y en el plural para todas las personas, y 
el pronombre personal se pospone al verbo. La segun- 
da persona del singular del imperativo es la raíz de 
cada verbo como en alemán , en persa , en turco y en 
otras lenguas. Como el latin y el italiano puede esta len- 
gua conjugar sus verbos activos sin los pronombres 
personales; y tiene machas partículas ó sílabas que po- 
drían llamarse scmiprcposiciones, como di ,ao,ea, eu, 
eos , mi, neo, as , etc , y que unidas á un adjetivo, á un 
sustantivo ó á un verbo , cambian ó modifican su senti- 
do. M artículo , todos los vcrt)os y los pronombres pose- 
sivos se anteponen al sustantivo , pero el nominativo ó 
el sujeto se coloca generalmente después del verbo. Las 
preposiciones preceden siempre á su complemento : tiene 
diminutivos y muchas palabras compuestas , y como el 
griego, el alemán, el persa y otras lenguas, puede com- 
ponerlas ilimitadamente ; por ejemplo , aglach , siervo, 
lean, mujer ; banoglaeh, sierva ; uUge, agua, fior, puro; 
¡ioruisge , agua de fuente , etc. Usa esta lengua el 
alfabeto latino ; pero solo diez y ocho letras , no ne- 
cesitando nunca la &, la q , la'o, la to, la ¿c , la y ni 
la z. Antiguamente se escribía con varios alfabetos, in- 
ventados porlos frailes, y sóbrelos cuales los sabios emi- 
tieron las opiniones mas absurdas; después sustituyó á es- 
tos alfabetos el anglo-sajon. Las vocales a, o, «seguidas ó 
precedidas de m , mh, n, nn , tienen sonido nasal; la 
pronunoiacion de la r, antes de estas tres vocales, es difi- 
cilísima. No tiene vocales raudas al fin de las palabras; 
y hay por el contrario muchas letras aspiradas. La pro- 
nunciación se diferencia mucho de la ortografía , por- 
que leyendo no se pronuncian muchas consonantes es- 
critas , ó se cambian en otras mas suaves. 

El gaéiico se habla ahora en tres dialectos prínci- 
pales, subdivididos en muchas variedades, que son : 

a. ElfTso, irish ó erinach, que se habla en la ma- 
yor parte de Irbnda. 

b. £1 caldonac , oue se habla en los valles de la 
Alta Escocia (Highland) , y en las Islas Hébri- 
das (Weslem). 

c. El manck, en la isla de Man. 

El erso fue cultivado muy al principio y es 
la lengua mas limada ; sus manuscritos mas 
antiguos se remontan al parecer al siglo ix; 
el vi( y el vni fueron los mas espléndidos de la 
literatura ersa , brillo que se debió en gran par- 
te á doctos cristianos , que buscando asilo en 
Irlanda , hicieron florecer las ciencias y las ar- 
tes , entonces acrcdibdas en los países menos 
incultos de la Europa Meridional. Este idioma 
decayó cuando la invasión de los Normandos, 
desde cuyo tiempo fue siempre despreciado. 
Su literatura actual es pobrisima , no contando 
mas que libros ascéticos ó gramaticales. El 
dialecto caldonac , menos refinado y mas puro, 
adquirió gran celebridad últimamcnlc por los 
trozos de poesía , con los cuales Macpiíerson 
fabricó sus poemas de Ossián. £1 dialecto manck 
,es el mas inculto y mezclado. En cada uno de 
estos dialectos se ha traducido la Biblia. 
C. LENGUA CMBRA Ó CÉLTO-BELGICA, hablada anti-J 



84 



ÁCLÁRACIOIIKS AL UBBO PRIMIRO. 



ffttamente por los Cumhrot 6 Belgi en la Bélgica y en 
la Bretaña, y ahora Upiitada auna parte de In^rlaterra 
y de Francia. El cumbro forma su declinación á la 
manera del franeés, modificando el artículo ; no tiene 
mas que dos géneros , y en las acepciones generales 
se sirve del género femenino como el hebreo. Por 
ejemplo : divetad eo anethi , es tarde ; palabra por pa- 
labra, icarde es de ella. £1 plural del sustantivo se di- 
ferencia mucho del singular, pero los adjetivos no 
varían Jamás de terminación , ni en género ni en 
número. Tiene esta lengua muchos diminutivos , que 
se íbrman añadiendo ik óig al primitivo ; y su con- 
jugación es dificilísima, pero rica en tiempos, los 
cuales se forman por flexión como en el latín. Hay 
dos maneras de conjugar todos los verbos ; la perso- 
nal, omitiendo el pronombre y dando terminación dife- 
rente á cada persona; y la¡im)?ersonal, usando uno de los 
verbos auxiliares en el personal con el infinitivo del 
verbo principal. También hay cuatro coi\jugaciones 
diferentes para el presente de todos los verbos acti- 
vos y neutros. El cumbro , como el gaélico , tiene tres 
vertios auxiliares ; beza , ser, con el cual se forman 
los pasivos ; kaoutf haber, que sirve para formar los 
pasados compuestos ; y ober , hacer , que enuncia el 
complemento ó la confirmación do la acción. En esta 
lengua je distinguen tres dialectos principales. 

a. El welcho ó gales , hablado y escrito por los 
Cumbros ó Galeses , descendientes de los Bre- 
tones sometidos por César , y que habitan el 
principado de Gales en Inglaterra y las monta- 
nas de Galloway (?) del condado de Wigton en 
Escocia. 

b. El eomish, que se habla todavía (?) en el ar- 
chipiélago do Shilly, y que se habló antigua- 
mente en el C^rn'waíl por los mismos Cum- 
bros, donde se extinguió á mediados del siglo 
último. 

c* El breyzad ó bajo bretón 6 celto-breton , hablado 
en Li Baja Bretaña en Francia por los descen- 
dientes de los Bretones de Inglaterra, que en el 
siglo V buscaron asilo en la Armórica donde se 
establecieron. Se distinguen en el breyzad cua- 
tro variedades , á saber : el leonardo hablado 
en la diócesis de San Pablo de Lyon , que se 
cree ser el mas regular, y del cual el Señor 
Legonidec escribió, no hace mucho, una ex- 
celente gramática ; el trecoriand ó breton-brc- 
tonante , hablado en la diócesis de Tréguier, 
que parece menos corrompido que los demás; 
el comtoallés hablado en la diócesis de Quim- 
ner-(3orentin; y el vannético, de la diócesis de 
Vannes que es el mas corrompido. 
Se escribe el cumbro con el alfabeto latino en veinte 
y dos letras que bastan para todos los sonidos , por me- 
dio de ciertas composiciones. Entre ellas se distinguen 
la n nasal , la j . la cA y la ¿ mouillée de los franceses , y 
la ch de los alemanes. La pronunciación difiere poco de 
la ortografía cuando se escriben las consonantes muda- 
bles (b,k, dj g, tn, p, tj; en otro caso se diferencia 
muchísimo , debiendo cambiarlas según ciertas reglas 
para suavizar la pronunciación , lo cual forma la mayor 
dificultad de esta lengua. El cumbro os un idioma mix- 
to que se formó probablemente de la mezcla del bajo- 
aleman con el céltico puro ; en el welcho , la mitad der 
las palabras vienen del latin y del francés , y el resto, 
del alemán y del gaélico. El welcho y el breyzad , des- 
de el siglo XVI poseen gramáticas y diccionarios impresos, 
pero su literatura se reduce á unas cuantas poesías, 
mas ó menos antiguas , y á libros ascéticos. El welcho, 
sin embargo, se cultivó antes que el breyzad , y al- 
gunas de sus obras mas antiguas parece que se re- 
montan hasta el siglo xi ; y el Cytreithieu Hyvel 
Dda ae Eraill ó código gales hasta mediados del si- 
glo X. llene también muchas poesías anteriores al si- 
glo xtv. Según Owen hay unos dos mil manuscri- 
tos en esta lengua en solo el principado de Gales , y 
los fragmentos en verso que han quedado de ella, as- 
cienden á trece mil. Entre las muchas producciones de 
las hordas galesas , las mas celebres son las oue se re- 
fieren al famoso rey Arturo, su héroe principal , y que 



parece fue uno de los gefes mas valientes en sos largas 
guerras contra bs Sajones. Desde hace algunos años se 
está publicando un periódico literario y una caceta en 
este dialecto , que cuenta ya doscientas obras impresas. 

Conviene observar que las lenguas de esta familia , y 
especialmente los dialectos de la gaélica, se hablan por 
millares de colonos Ingleses en la América Septentrio- 
nal , principalmente en Perth , Glengary y otros pueblos 
últimamente fundados por los Escoceses é Irlandeses en 
el Alto Canadá, en la Nueva Brunswick y en Nueva>&- 
cocia; y por un número mucho mayor de habitantes de 
la confedemcion anglo-americana , sobre todo , en Pen- 
silvania, Maryland, Nueva- York, Nueva-Hampshire, 
Nueva-Jersey, Kentucky, Virginia y las dos (Caro- 
linas ; pero casi todos los que usan estas lenguas ha- 
blan mas ó menos bien , ó por lo menos comprenden el 
inglés. 

Alflfunos entusiastas de los idiomas célticos y vascos 
han llevado demasiado lejos sus pretensiones , á las 
cuales, véase como contesta Humboldt en el tomo terce- 
ro de su Relación histórica. 

«Elevándose á consideraciones históricas mas geD^ 
nrales, examinando detenidamente las lenguas y la 
««conformación osteológica de los diversos puejolos, ex- 
"plorando todo el inmenso país que media entre los 
» Alcganis y la costa del Océano Occidental , se llegará 
npoco á poco á resolver un problema tan digno de exci- 
«tar la sagacidad de ios historiadores. 

"Para estas investigaciones no pueden traerse ácuen- 
"to los primitivos habitantes de Amórica ; que no sube 
"tan alto la historia verdadera, ni es posible alegar una 
ncivillzacion avanzadísima, por ejemplo, superior á la 
*fác la raza tártaro-mogola en el Asia Central; ni finai- 
nmentc, tampoco puede servir de apoyo la analogía 
•fortuita de algunos sonidos ó de algunas sílabas coa 
*»significacion enteramente diferente en las lenguas sin- 
nda, indo-pelasga, ibera ó vasca, y gala ó celta. P^r 
nobservaciones vagas y poco filosóficas se ha creído po- 
itder descubrir , no hace mucho tiempo , en el territorio 
»»de los Estados-Unidos una raza de Indios que habia- 
ffban el irlandés, el bajo-bretoii ó el céltico de Escocia. 
itEsta fábula de Indágalos que conservaran la lengua 
»céUica,noes de ayer. Hasta en los tiempos delcaballero 
wRaleigh , corrió por Inglaterra el rumor confuso de Que 
»en las costas de Virginia se habla oido el saludo gales 
nkao . honif iaeh. Owen Chanebün refiere que en el 
n&ño de 1669! con proferir algunas voces célticas, se 
«libró del poder de los Indios del Tuscorora. Lo mismo 
«pretenden que sucedió á Bei^min Beatty cuando pasó 
nde la Virginia á la Carolina , ei cual asegura además 
nque encontró un pueblo galo que conservaba la tradi- 
>tcion del vii^ de Madoc-ap-Owen que se verificó en el 
»año de 117u! John Filson en su historia de Kentucky, 
«descubrió estas relaciones de los primitivos viajeros. 
wScgun dice , el capitán Abraham Cnapelain vio lleear 
nal puesto avanzado de Kaskasky á Indios que habla- 
nban en lengua gaélica con algunos soldados naturales 
fidel país de Gales ; también crcia que mucho mas al 
«Occidente á orillas del Misurí existia un pueblo, que 
«ademas de la lengua céltica , conservaba también al- 
«gunos ritos de la religión cristiana. En el Rio Rojo de 
«Natchitotches , setecientas millas mas allá de so des- 
«embocadura en el Misisipí cerca del confluente del rio 
«de Post, un capitán llamado Isaac Stewart, asegura 
«haber descubierto Indios de piel blanca y cabellos ru- 
«bios , que hablaban en gaélico y poseían los títulos de 
«su origen. En prueba de su llegada á las costas del 
«Este presentaron varios rollos de pergamino cuidado- 
«samente envueltos en pieles de nutria , y sobre los cua- 
«les estaban grabados grandes caracteres escritos con 
«tinta azul, que ni Stewart ni su oompañero Davey, 
«natural del país de Gales pudieron descifrar. Estos se- 
«rán probablemente aquellos libros galeses de que no 
«hace mucho hablaron los periódicos de Francia y de 
» América. 

«Estas observaciones son enteramente vagas en cuan- 
tttoá la indicación de los lugares. La última caria de 
«Owen que han insertado los periódicos europeos (11 de 
«febrero de 1S29) coloca las tribus de los Indios-galeses 
«en el Madwaga, y las divide en otras dos llamadas de 
Digitized b> 



ETNOGRAFU 

•los Bridones y délos Cadogeos; tribus que, según dice, 
"hablan el gales mas puro que en el principado de Gales, 
«por estar exento de anglicismos (!); y profesan el Cris- 
vtianismo con bastantes ritos druídicos. 

«No se leen tales aserciones sin recordar que todas 
«estas lisonjeras historietas renacen periódicamente 
"bajo nuevas formas. £1 docto y juicioso geógrafo de 
«los Estados-Unidos, Waiden, pregunta con razón por- 
«qué han desaparecido todos estos vestigios de colonias 
«galesas y de lengua cdtica , desde el momento en que 
"Viajeros menos crédulos han recorrido el país entre el 
"Ohio y las montañas Pedrizas. Mackenzic, Barton, 
"Claii y Lewis, Pike, Drakc , Mitchill y los editores 
"de la nueva Arqueología Americana no han encontrado 
"ni sombra de colonias europeas del siglo xii. Por otra 
"¡Arte, el viaje de Madoc-ap-Owen es mucho mas in- 
"cierto que las expediciones de los Escandinavos (los is- 
"landeses Banda, Biorn, Leif, etc.). Si debieran en- 
"centrarse reliquias de alguna lengua europea en el 
"Norte de América, mas bien sería esta lengua la teutó- 
«nica (escandinava , germana ó goda) que no la céltica 
"ó galesa , que se (Únrencia esenciamiente de las len- 
"guas germánicas. Porque la estructura de los idiomas 
"americanos narece muy extraña á los diversos pueblos 
«que hablan las lenguas modernas occidentales ; los teó- 
*log06 han creído ver en ellos algo del hebreo (semítico 
'ó arameo) ; los colonos españoles algo del vascuence» 
«^ los colonos ingleses y franceses algo del calés, del 
"irlandés y del bajo-breton. Las pretensiones de los Vas- 
«coDgados y de los habitantes del país de Gales, que 
"Consideran sus lenguas , no solo como lenguas madres, 
"tino como origen de todas las demás, se extienden 
"mucho mas allá de la America hasta las islas del mar 
"del Sur. Yo encontré en las costas del Perú dos oflcia- 
"les de la marina española é inglesa, uno de los cuales 
«pretendía hoher oído hablar vascuence en Taiti , y el 
"Otro galo-irlandés en las islas de Sandwich.»» 

§4. 
Fümilia ie Uu lenguas iraco-pelásgicas ó jreeo-laHnas. 

La Grecia y Roma figuran á la cabeza de la civili- 
zación antigua ; y de todaa las conquistas de esta , las 
leyes y la lengua sobrevivieron en los países meridio- 
nales, llanuulos Europa latina. La Italia conservó sus tra- 
diciones nacionales; la Grecia , invadida hasta en sus 
Rúces por el poder de Roma, perdióla suyas; la España, 
qae las había recibido de muchas y diversas gentes, las 
vio desaparecer todas á consecuencia de las sucesivas 
invasiones, si bien en (Cataluña principalmente los ves- 
tigios romanos resistieron á la cimitarra de los Sarrace- 
nos. Las nuevas literaturas crearon nuevos idiomas (*): 
el italiano , el romance , el portugués , el español , con- 
faadídos pocos siglos antes en una sola lengua común 
Á lospueblos que hoy los hablan , nacieron con los nue- 
vos fistados. M genio de la poesía les aseguró \m puesto 
elevado entre las lenguas cuya lógica, analona y ri- 
queza pueden satisfacer todas las inspiraciones del gusto 
y de la imaginacloD , todas las necesidades de la filoso- 
^A; de la moral y de la política. La Italia dio los prime- 
aos modelos; el Portugal tuvo su Camoens , la España 
so Calderón ; y los trovadores con laúd ya amoroso, ya 
satírico, divertían el ocio de las cortes y la soledad de 
los castillos. También se abrió otra nueva era al inge- 
nio humano, cuyo poder resistió á toda opresión, sin que 
fueran suficientes para batirlo , ni trastornos sangríen- 
^} ni cruelísimos actos de barbarie; las soci^ades 
nuevas se fundaron finalmente sobre los preceptos con- 
**pado8 por el tiempo y por las desgracias publicas ; y 
«1 uruto de tantos expenmentos nos Ueva al reinado de 
^ doctrina y de la verdad , fuentes verdaderas de todas 
las virtudes y prosperidades. 
£sta faoülia se divide en cuatro ramas : 
A. nuco- Jl/JUCi, llamada así porque compren- 
de las lenguas habladas antiguamente por los pue- 
blos tracios é ilirios establecidos en el Asia Menor al 
Occidente del rio Alis , y en Europa en toda la parte 

J*) El ntor, es nm edición precedente observa qoe no son los 
"[|«oi iiBo los paeUos los qae crean los idiomas ; y annqne en la 
^¡»0D letoai saprime esta nota , acaso porque no apareica contra- 
««Kn entre ella y el texto , el traductor la cree oportuna. 



DK EUROPA. 85 

oriental, desde el Nórico , ocupado por pueblos cel- 
tas, hasta las bocas del Danubio y dá Dniéper y aun 
mas allá. Estos pueblos hace mucho tiempo que pe- 
recieron ó se confundieron. Los principales eran: 

a. Los Frigiot, que ocupaban el centro del Asia 
Menor , dominada por ellos y por sus herma- 
nos los Brigios habitantes de la Tracia. Dicese 
que los Frigios enseñaron á los Griegos parte 
de su culto , la música y la danza. 

b. Los Troyanoí, inmortalizados por Homero. 

c. Los BUinios que habitaron el reino de Bitinia. 

d. Los Lidios que se dan por inventores de la 
moneda, de los iuegos gimnásticos y de mu- 
chas artes. En el siglo vi a. C. dominaron en 
el Asia Menor , y Creso su rey , se atrevió á dis- 
putar á Ciro el imperio de Asia. 

e. Xos Carioe, célebres navegantes que vinieron 
á enseñorearse de todos los mares inmediatos; 
su lengua era la frigia y la lidia, difundida 
mas que ninguna otra en el Asia Menor ante» 
que las colonias griegas propagasen la suya; 

f. Los Licios en la Licia, cuyo adlabeto nos na 
explicado Saint-Martin. 

g. Los Cimerios, los mas septentrionales y orien- 
tales de los Tracios , que habitaban al Norte 
del Mar Negro y de la Meotides , en los países 
que ahora corresponden al gobierno de la 
Tauride , de Kerson , de Yccaterinoslaf, y ¿ 
parte del territorio de los Cosacos del Don: don- 
de después fundaron el reino del Bosforo que 
duró ocho siglos , hasta Constantino Magno , y 
cuyos principales monumentos han sido pubh- 
cados por Raoul-Rochette y Kohler. 

h. Los TaurioSf que dieron su nombre á la Cri- 
mea , ( Quersoneso táurico) famosos por sus 
crueldades. 

i. Los Tracios , propiamente dichos , que con los 
Misios divididos en muchas tribus , habitaban 
la Tracia. 

j. Muchas tribus, conocidas con el nombre de 
Vados ó Getas , ocupaban la Besarabia actual, 
laTransilvania,la Moldavia, la Valaquia y 
parte de la Hungría hasta el Theiss. 

k. Los Macedonios que en tiempo de Filipo fue- 
ron los primeros en Grecia, y en el de Alejan- 
dro dominaron la monarquía mas vasta. 

I. Los Ilirios antiguos, establecidos en las costaa 
del Adriático, y divididos en muchos pueblos, 
entre ellos los Dálmatas y lois Jsirios. 

II. Los Panonios ó Peonios, habitantes de la Pa- 
nonia. 

m. Los Vénetos que al parecer fueron una colo- 
nia ilirica establecida en la Italia Septentrional 
en la costa del Adriático, 
n. Los Sicules que después de haber poseído gran 
parte de la Península Itálica , se establecieron 
en Sicilia á la cual dieron su nombre. 
Parece que debe colocarse entre esta familia la lengua 
AiBANESA, ó Skipa , Ó ScHiPA, hablada en Albania y en 
otros países por los Chipetarios ó Skipetarios Arvenescos, 
llamados Amantas por los Turcos , y conocidos general- 
mente con el nombre de Albaneses. Estos forman la po- 
blación principal de Albania, y están esparcidos por toda 
la Turquía de £uropa, especialmente en la Ptomelia, en 
la Bulgaria y en la Macedonia. Otros Albaneses llama- 
dos Clementinos viven en Herkovcze y Niknicze en las 
fronteras militares eslavas del Imperio de Austria , don- 
de se establecieron en!1737; otros, llamados y creídos 
sin razón Griegos, habitan los contornos de Celso, Reg- 

§io , Lecce y otros países del reino de Ñapóles y cerca 
e Mesina en Sicilia , á donde se retiraron en 1441 , en 
1532 y en 1744. Las principales tribus de ht Albania 
son al parecer los Gueños que habitan la Alta Albania, 
los Mirtidos y los Toskos ( Tóxidos de Pouqueville) que 
ocupan la Albania Media , y los Chumos ( Chuomos del 
mayor Leake) y los Liapos (Japos de Pouqueville) ha» 
hitantes de la Baja Albania. A pesar de la incertidum- 
bre que reina en este punto , nos parece que pueden 
distinguirse á lo menos tres dialectos principales : el de 
la Alta Albania que se ha conservado el mas puro; el 



ACLARACIONES AL LIBRO PRIMERO. 



de la Baja Albania mezclado con muchas voces g^riegas, 
y el de Italia que contiene muchas frases y conjuncio- 
nes italianas. £l albanés á pesar de su semejanza con el 
latin, el griego y el eslavo es mucho menos rico en sus 
formas que los dos últimos, y menos regular en sus de- 
rivaciones. No tiene ni las palabras compuestas del grie- 
go , ni las construcciones atrevidas del latin ; usa mu- 
chas voces auxiliares ; el adjetivo tiene artículos 
prepositivos ; la declinación de los pronombres es muy 
completa y regular, y guarda alguna analogía con el la- 
tin en la primera y segunda persona. £1 imperfecto , el 
pasado, el futuro condicional, el imperativo, el infini- 
tivo y el participio se forman por flexión, y los demás 
tiempos con los auxiliares haber y ser. Este forma la voz 
pasiva con el infinitivo activo; y el infinitivo va siempre 
precedido del artículo me cuando el sentido es activo , y 
meon cuando es pasivo ó recíproco. 

¿os Álbaneses usan tres alfabetos diversos : el (¡¡ha- 
nét ó eclesiástico que Maltebrun cree inventado por 
sacerdotes cristianos entre el siglo iii j el ix; que 
£onsta de treinta letras muy semejantes á las fenicias, 
hebreas, armenias y palmirenas, pero no á las búl- 
garas y mesogóticas , y que al parecer ha caido hace 
tiempo en desuso : el alfabeto griego , del cual se sirven 
en !a literatura, pero dando valor especial aciertas com- 
binaciones de letras; y el alfabeto moderno en el cual es- 
tán escritos los li{^ro8 publicados por la Propaganda en 
«sta lengua. En este alfabeto se nan agregado cuatro 
letras particulares á los caracteres que nosotros usamos 
para representar el sonido de las dos th fuerte y suave 
de los ingleses , la u francesa , la U de los españoles , y 
otro sonido muy sibilante. La literatura albanesaes muy 
pobre ó á lo menos poco conocida : posee sin embargo 
canciones nacionales, algunas de las cuales son ante- 
riores á Scanderbcrg. Se pretende que en la Alta Alba- 
nia existen muchas inscripciones que podrían ser de 
grande importancia para la historia y la ctiografía. 

B. ÉTRÚSCA, Aunque no se sabe positivamente el 
origen de los Etruscos , parece aue deben ser clasi- 
ficados entre esta familia mas bien que entre los 
Celtas , donde los pone Freret , ó entre los Eslavos 
donde los coloca Ciampi. La lengua etru^a -f t se 
habló por los Etruscos ó Rasenas. Es\éf, que eran 
uno de los pueblos mas insignes de la antigiiedad, 
así por su relieion y sus leyes, sobre |ás cuales se for- 
maron las délos Romanos , como por su filosofía y 
sus conocimientos en astronomía, en las ciencias fí- 
sicas y médicas, en las artes y en la marina, for- 
maban ima gran federación que en sus mejores 
tiempos comprendía además de la Etruria el país 
de los Umbríos , de los Liguríos , de los Óseos y de 
los Campamos, y se. extendía á los mares é islas 
inmediatas. Los Galos al Norte y los Romanos al 
Sur destruyeron este poder; y algunos fragmentos 
extractados de Yarron , las tablas Eugubinas , la 
grande inscripción en cuarenta y cinco líneas ex- 
plicada por Vermiglioli , y algunos otros monu- 
mentos escritos , además de las ruinas de edificios, 
hipogeos, vasos, estatuas y medallas, constituyen 
todo lo que queda de la literatura y de los monu- 
mentos de este pueblo ilustre. No puede calcularse 
precisamente cuando cesó de hablarse la lengua 
etrusca : pero es cierto que se usaba todavía en 
tiempo de Augusto y Claudio. El alfabeto era el 
mismo que el primitivo de los Griegos , es decir, 
diez y seis letras escritas de derecha á Izquierda. 

C. PELASGO-BELÉNICA llamada así porque com- 
nrendc los idiomas que hablaron antiguamente los 
Pelasgos y los Helenos, naciones de historia incier- 
ta que , como todos los pueblos de esta rama, hace 
mucho tiempo perecieron ó se confundieron. Pa- 
rece natural colocar en esta rama: 

a. Los Pelasgos' que , según Ottfried Müller , son 
los Indígenas primitivos de Grecia y de Italia. 

b. Los LeUgos que, según Raoui-Rochette, fueron 
una colonia asiática procedente de Grecia. 

c. Los Perrelnos que ocupaban parte de la Tesalia. 

d. Los Tesprocios y Molosos príncipales pueblos 
del Epiro, famosos en tiempo de Pirro. 

e. Los Cretenses que debieron su poder á Minos. 



I: 



Los Enoiros que emigraron á Italia. 
Los Arcades habitantes de la Arcadia. 
Los Tirrenos que poseían parte de la Italia. 
i. Los Helenos llamados antes Griegos , pueblo 

poco numeroso de Tesalia que después dio á 

nombre á toda la célebre nación, y que habb- 

ba la lengua 
HiLÉifiCA o GRIEGA AiniGüA ff , usada también en los 
países dependientes de los Griegos y después en gran 
parte de la Sicilia y de la Baja Italia , del Asia Menor, 
de la Siria , del Egipto y sus dependencias, de la Ga- 
lia Narbonense, etc. Durante la dominación macedónica, 
se hablaba la lengua helénica en todas las cortes délos 
sucesores de Alejandro, y entre las personas cultas de 
todos los países subyugados por ellos; después fue culti- 
vada por los Romanos y dominó en cd Imperio de Oriente 
hasta su calda, cultivándose luego con nuevo ardor 
en el Occidente. Su literatura es una de las mas ricas y 
la naas insigne del mundo, y ofrece el espectáculo casi 
único de una serie no interrumpida de escritores desde 
Homero hasta mediados del siglo xv. La lengua griega 
es de las mas flexibles, ricas y armoniosas del elobo. 
Sus formas gramaticales son casi idénticas á las del la- 
tin, á cuya formación y perfección contribuyó ; tiene el 
dual y el artículo que faltan al latin , conjugación mas 
rica y regular, construcción mas conforme al orden lógi- 
co gramatical, y facultad ilimitada de componer palabras. 
Maltebrun distingue en el griego antiguo dos idiomas 
diferentes con relación al tiempo en que se hablaron. 

a. El helénico primitivo , análogo al pclasgo y 
subdividido según este autor en tres dialectos 
principales, el arcádico, el tesálico, con el grie- 
go macedonio antiguo? y el enótro trasladado 
á Italia y mezclado con el latin. 

b. £1 helénico de los tiempos íUstMcos, subdivi- 
dido en cuatro dialectos principales y muchas 
variedades, cuyos dialectos son: 

o El eolio antiguo análogo al enotro , dialecto 

2ue Homero llama lengua de los dioses. 
1 dórico antiguo descendiente del eolio ; len- 
gua de Safo, de Píndaro, etc.; que compren- 
de el laconio hablado en la república de Es- 
Sarta, y el dárico gentü de Siracusa, lengua 
e Teócrito, etc. 

7 El dárieo antiguo 6 helénico suavizado por 
las naciones comerciales. Este dialecto ^la 
lengua de Homero, que ha quedado en con- 
cepto de clásica para la poesía épica y com- 
prende el jónico de Asia, aun mas dulce 
que el de Heródoto, y el jónico de Eurojw, 
que se ha conservado mas varonil, y cuya 
rama principal es el ático, lengua clásica de 
los* oradores y del teatro. 

9 £1 griego literai común 6 idioma ático, depu- 
rado y fijado por los gramáticos de Alejandría, 
lengua común á toda Grecia, al Oriente y á 
los romanos elegantes , hasta la invasión de 
los Bárbaros. £Í alfabeto primitivo de los 
Griegos no tenia mas que diez y seis letras, 
idénticas á las que usaron los £¡truscos y los 
Latinos : después se le agregaron otras ocho, 
de las cuales siete eran vocales. Este alfa- 
beto es el mismo con que se escribe d ro- 
méico y sirvió para formar los alfabetos 
eslavo, ruso y otros. Habiendo decaído la 
literatura grieea antigua, la lengua hablada 
del pueblo en las provincias griegas del Im- 
perio Romano se elevó poco a poco á la dig- 
nidad de lengua escrita, como la latina rús- 
tica en las provincias occidentales. Hoy es 
conocida con el nombre de 

LeIIGÜA ROMÉICA, APLOHELÉinCA Ó GRIEGA MODERNA. Ls 

hablan los Griegos actuales que habitan la Morca, la 
Livadía, la Tesalia, Candía y otras islas del Archipiáa- 
go, parte de la Albania , de la Macedonia, de la Rome- 
lia,del Asia Menor, y la isla de Chipre. También se habla 
por los Griegos esparcidos porla Valaquia, la Moldavia, 
la Siria y elEgipto, como igualmente en las islas Jóni- 
cas, entre muchos millares de Griegos que viven en el 
mperio Ruso y en el Austríaco, y entre algunos ccntcna- 
Digitized b> 



etnografía m 
ref de Mtínolasqac habitan las cereauas de Áyaeio en 
Córce^. Sobre los dialectos varían las ojñniones ; Mal- 
lebrón distinfpie dos snbdjvididos en otros mochos , y 
divide el roméico en los snbdialectos de Constantinopla é 
delosFanariotas, de Salónica, de Janina, de Atenas, de 
Idra mezclado con albanés, etc. En el colodorío distin^e 
d zakonito, que se habla en los montes Zarek al Orien- 
te de Esparta; el mainota, el sfakiota, en la isla de Can- 
día; el kimaríola mezclado con albanésy eslavo, el 
zagoríano, el chipriota, etc. No puede fijarse con pre- 
cisión la época en qne el raméico separado del heléni- 
co, tomó forma de ieng:ua noeva é independiente. Lo 
cierto es , que todos los que hablaban mas particular- 
mente al pueblo se separaban de la lengua escrita y se 
servian de la hablada, que es precisamente la lengua 
actual con pocas modificaciones. Las obras mas antig-uas 
de esta leng^ son homilías populares , traducciones ó 
iniitaciones de los libros de caballería de la edad media 
ó de las obras de Imaginación entonces mas difundidas, 
como el Sindhad, his fábulas de Bidpay , los Siete Sa- 
bios^ eto., crónicas métricas, como laque Buchón publi- 
có sobre el establecimiento de los Franceses en morea, 
y canciones relativas á todas las costumbres de la nueva 
Bodedad. En nuestro siglo los Grieros han traducido las 

Tes obras francesas, inglesas, italianas y alemanas. 
ITÁLICA, que comprende las lenguas habladas 
antiguamente por los Abortgenet ú Ópkof de Ita- 
lia, tronco de los pueblos modernos de esta rama. 
Estos pueblos son los Bugáneos que ocupaban los 

r' íes donde después se establecieron los Vénetos; 
Atu&niof que habitaban parte del Lacio; los Lu- 
canat y los Bmeiat, establecidos en la Lucania y en 
el Bracio ; los Picenot que habitaban el Piceno; los 
Mareoi qne ocupaban en parte el Abruzo actual; 
los LatinoM, Sahiuff y Samnitat, que ocupaban el 
Lacio, la Sabina yelSamnio; pueblos célebres 
antes que Roma adquiriese nombre y poder. Malte- 
brun se incUna i creer que de la mezcla de estos 
tres últimos idiomas, primero con el helénico pri- 
mitiyo y especialmente con el enótro , y luego con 
el cólico ▼ el dórico antiguos , se formo la lengua 
que hablaban los Romanos, conocida con el nombre 
áelaHn. 

Estas lenguas se dividen por la etnografía en las 
siguientes; 

a. Latim ff , lengua escrita y coroun á las perso- 
nas cultas de Italia y dd vasto Imperio Romano, 
bastante diferente de la plebeya ó rústica, usa- 
da en los campos de la península y por las cla- 
ses inferiores de España , de las Galias y de 
otras provincias. Sus formas gramaticales son 
griegas, aunque menos perfectas. La declina- 
ción no tiene articulo y se verifica por medio 
de flexión; la conjugación es rica en modos y 
tiempos, y no exige pronombres personales; los 
tiempos de la voz activa no necesitan auxiliar, 
y para los de la pasiva que como en griego 
se forma por flexión, no hay mas que uno 
solo. La lengua latina, menos armoniosa y 
menos rica en participios que la griega, pobn- 
sima en palabras compuestas y á veces oscura, 
es sin embargo, mas concisa y mas libre en la 
construcción.^ La destrucción del Imperio Ro- 
mano en el siglo v dio origen á una especie de 
latín corrompido y mezclado con voces bár- 
baras, llamado bma laiinidad que hasta el si- 
fflo XIV fue casi la única lengua escrita del 
Occidente. En los siglos xiv y. xv volvió á flo- 
recer la literatura latina especialmente en Ito- 
lia ; pero casi no tuvo otra misión sino la de 
contribuir al perfeccionamiento de las lenguas 
modernas, que cultivadas con ardor y fortona 
por autores nacionales, llegaron á relegar al 
latin á solo las obras de erudición. Ahora si 
exceptuamos la Polonia y la Hungría, donde 
muchos lo hablan con bastante pureza en la 
vida común, puede el latin ser considerado co- 
mo lengua muerta, no usándose mas que en la 
liturgia católica , en la medicina, en muchos 
asuntos con la corte de Roma, y en la literatura 



BOROPA. 



87 



de todas las naciones civilizadas de Europa. 
El alfabeto latino tiene veinte y tres letras y lo 
usan todos los Europeos á excepción de los 
Griegos, los Rusos y algunos otros. El mismo 
alfabeto con la forma gótica que tomó bajo la 
pluma de los escritores de la edad media, ha 
sido adoptado por los Alemanes, Daneses, Bo- 
hemios y otros pueblos eslavos. Según algunos, 
sus letras mayúsculas, truncadas y cuadradas 
para faciliter el grabado en madera y en el már^ 
mol, formaron el allabeto rúnico, usado anti- 
guamente en todo el Norte de Europa. 

b. Rotnoñce ó romano rútUeo , hablado en los bue- 
nos tiempos de Roma por las clases b^jas de la 
sociedad en todo el Mediodía de la Europa ro- 
mana á excepción de la Grecia y de al^n otro 
país. Súbitas modificaciones de mas o menos 
magnitud hicieron que el romance subsistiera 
en los dialectos vulgares que se hablaban en 
gran parte de España, de Francia, de Suiza y en 
algunos puntos de Italia. Según ChampoUion 
Figcac , los principales dialectos del romano 
clasificados según cuatro regiones son los si- 
guientes: 

L En España se habla el catalán en Cataluña, y 
en Al^heri en Cerdeña: en los siglos x y xni se 
escribió en este idioma el antiguo código marí- 
ttmo. £1 valmciano se habla en el reinode Valen* 
cía, que se distingue por su suavidad y armonía. 
El maüorquin se nabla en las islas aleares. 

II. En Francia se habla el langüedootiés en los 
departamentos del Gard , del Herault , parte de 
los Pirineos Orientales , en los del Aude , del 
Aríége , del Alto Garona , de Lot y Garona , del 
Tarn, del Avcyron, del Lot, del Tara y Garo- 
na : este idioma en los paises citados, es dulce 
y gracioso. £1 provensai, vivo y áspero, se ha- 
bla en los departamentos delDrdme, deValdu- 
sa, de las Bocas del Ródano , de los Altos y 
Bajos Alpes, del Var, y en Itelia en el conda- 
do de Niza. El del^nét, monótono y trabajoso 
como el lionés, se habla en el departamento del 
Isere y participa del lionés, del saboyano y del 
provenzal. El lionit se usa en los departamen- 
tos del Ródano y del Atn y parte del de Saona 
y Loira. El awoemiét se habla en los departa- 
mentos del Allier, del Loira, del Alto Loira, 
del Ardeche, del Lozére, dePuy-de-Dome y de 
Cantal, y algunas de sus variedades hacen aun 
mas ingratos y duros los sonidos de esta lengua. 
£1 l&noHn se habla en los departamentos del 
Corréze, del Alto Viena, del Creuse, del Indre 
del Cher, del Viena, del Bordona, del Cha- 
rente superior é inferior , y en parte del terri- 
torrio del Indre y del Loira. Este dialecto es 
menos armonioso que el langiíedoqués. £1 gat- 
con, por último, se habla en los departamentos 
de la Gironda , de los Altos y Bajos Pirineos y 
del Gers; yes pesado y chillón. 

m. En Suiza se habla el romance ó es//oromd- 
idco (romanitdiy tíiwrtoaltehy rheiUdí) en el cual 
deben distinguirse el retío , usado en mas de 
la mited del canton de los Grísones , y un 
valle limítrofe del Tirol, y subdividido en mu- 
chas variedades , cuyas principales son las de 
Chami, de Heintenberg, de Domlesch, de Oher- 
halbttein y de ThutU que se hablan en el país 
alto; el rumánico de las llanuras y de las mon- 
tañas, que es el romance mas puro y se osa 
hacia las fuentes del Rhin : el ladino que se 
habla en Coira y Engaddina y es mas análogo 
al italiano : el gardcna usado en el valle de 
Grodcn, en el círculo de Botzen en el Tirol: el 
helvético que se habla en parte del canton de 

- Friburgo, con sus tres variedades llamadas 
Ofttoerin, Quatxo y Broyar habladas respec- 
tivamente en el país alto, en el medio y en el 
bajo; y por último, el valetano que se habla en 
parte del canton del Vales. 

rv. En los Estados Sardos se habla el tabagiMO, 



88 



áclarágionbs al ubao nuu&o. 



enSaboya con muchísimafi variedades, y el 
vaudés en loe valles de Lucerna, Perosa ó Uu- 
6on y en San Martin en la provincia de Pine- 
rolo. A estos idiomas podria agre^rse la ger- 
ga llamada knguafranca, quesegun Mallebran, 
es un compuesto de varios idiomas principal- 
mente del catalán , del lemosin, del siciliaiM) y 
del árabe, y que se habla en las grandes ciu- 
dades mercantiles de la costa del Mediterráneo, 
en el Imperio Otomano, y en los demás Estados 
berberiscos por los Europeos é indígenas dedi- 
cados al comercio. 
La literatura romancesca que podría tambiei>41ainar8e 
de los trovadores ^T el nombre dado á sus poetas, cod- 
tribujó no poco á la formación de la italiana, francesa, 
española, portuguesa y también de la antigua de la Alta 
Alemania. Las cartas pueblas , y algunas traducciones 
de libros devotos son su prosa mas antigua; y sus versos 
las composiciones de los trovadores, de las cuales se en- 
cuentran 3^ ejemplos en el si^lo x. El langüedoqués, el 
1>rovenzal , el lemosin , el catalán y el valenciano son 
08 dialectos de mas rica literatura. En los siglos xii y xm 
llegó á su apogeo el romance, el cual era mas ó menos 
cultivado en la mayor parte de Europa por los mejores 
ingenios de todas clases, desde el fraile hasta el aventu- 
rero y el príncipe; pero sobre todo en las cortes de los 
condes de Provenza, de Tolosa y de Barcelona, vivieron 
sus poetas mas señalados. A consecuencia de la mezcla 
de esta lengua con varios idiomas germánicos, eslavos y 
otros después del siglo x, se formaron las cinco lenguas 
siguientes: 

c. Italiano, hablado por los Italianos en casi 
toda la Italia y en las islas, en el cantón del 
Tesino, en parte del de los Grisones y del Va- 
les en Suiza, y en parte del Tirol Meridio- 
nal. Hablase italiano c ilírico en las ciudades 
de Istria y de Dalmacia; italiano y roméico en 
las islas Jónicas y en la de Tina : y el italiano 
es también común en Constantinopla y otras 
ciudades mercantiles del Imperio Otomano. La 
gramática italiana ofrece mas singularidades 
que ninguna otra de sus hermanas; puede for- 
mar una palabra de dos, de tres y hasta de cua- 
tro, fundiendo en una sola verbos, pronombres, 
artículos, preposiciones, negaciones y adver- 
bios; y con los aumentativos y diminutivos , con 
el uso de los infinitivos en vez de los nombres, 
con la diversa posición de los pronombres per- 
sonales y la variedad de las formas que da 
al participio presente, puede expresar delicade- 
zas particulares del pensamiento que no podrían 
indicarse bien en otras. Forma asimismo el su- 

Krlativo repitiendo el positivo y el adverbio, 
bcrrima en su construcción puede como el 
latin, el alemán y otros idiomas, disponerlas 
palabras según el orden que requiera el pensa- 
miento dominante en el ánimo del orador. Es 
tal vez entre los idiomas hablados que* se co- 
nocen el que tiene mas medida y cadencia; y 
sus sílabas tienen la cantidad tan marcada, que 
pueden componerse los exámetros y pentáme- 
tros de los latinos con las mismas combinaciones 
de largas y breves. Para dar mas armonía á sus 
frases, especialmente en la poesía , cambia de 
mil modos la forma y el sonido délas palabras 
mudando, quitando y añadiendo ciertas letras; 
sin embargo, son un poco largas algunas de sus 
palabras como los adverbios y las terceras per- 
sonas del plural de los tiempos condicionales. 
Por lo demás es rica en expresiones figuradas, 
y la lenffua poética se diferencia notablemente 
de la déla prosa. 
Se subdivide el italiano en muchos dialectos, délos cua- 
les los {MÍncipalesson el piamontés y el genovét, mezclados 
con muchos vocablos franceses y el segundo acercándose 
alprovenzal; elmlanés ó lombardo que tiene el eu, lav y 
la » nasal de los franceses; el bajo lomb<tírdo de los países 
de Brescia , Crcmona, Mantua, Parma, Módena y Fer- 
rara , dialecto que ya no tiene los sonidos franceses del 
milanés aunque en lo demás se le asemeja; el boloñét y 



el bergaméi , los mas ásperos de todos; el venecUm^ mu 
dulce, que se divide en veneeioM propio, hablado en Ve- 
necia y en sus inmediaciones, coniinemUU hablado en la 
tierra firme hasta el Mincio» y mariUmo, hablado ea 
las ciudades de Istria, en el litoral húngaro, en la Dal- 
macia, en las islas Jónicas, y en algunas del Archipié- 
lago: eífurlano mezclado con muchas voces del romance, 
del francés y del eslavo ; el tirolés de los altos valla 
de Fassa ó Evaes, de Livinale ó Buchenstein, de Enne- 
berg y de Badia, muy diferente del italiano usado en 
lo restante del Tirol, y que es quizá el mas corrom- 

Eido de todos los dialectos italianos; el toseano vulgar 
ablado con muchas variedades en el gran ducado de 
To6cana,en Luca, en Perusa y también en una parte 
de la Cerdeña. Este dialecto limado y perfeccionado ha 
llegado á ser la lengua de la literatura y de la buena 
sociedad en Italia, pero singularmente en la pronuncia- 
ción florentina se distingue por las fuertes gutu:ale8 ha, 
he, Ai. Otros dialectos italianos son el romano que se 
habla en Roma y con muchas variedades en la parte 
meridional de los £stados Pontificios , dialecto que es 
el mas puro después del toseano, y excede á este en dul- 
zura de pronunciación; el stAino con el abnués; el caia- 
hrés y el pullés, dialectos muy incultos y ásperos; el 
iaretUino; mezclado con muchas expresiones gneeas; el 
napolitano hablado con muchos subidialectos en Ñapóles 
y en las provincias inmediatas , y que tiene una litera- 
tura mas rica que la de ninguna; el siciliano con machas 
voces de origen árabe, griego y provenzal; por último 
el sardo que se habla en toda la isla de Cenieña y está 
mezclado con voces griegas, francesas, xüemanas y es- 
pañolas. Casi todos estos dialectos tienen libros impre- 
sos, sobre varías materias, y algunos poseen dicciona- 
rios , gramáticas , comedias y hasta poemas; el Tasso 
ha sido traducido al belunés, al bergamés, al bolones, 
al calabrés, al genovés, al milanés, al napolitano, ú 
perusino y al veneciano. 

d. Francés, hablado por los Franceses en casi 
toda la Francia Septentrional; por los Foi^ 
nes y Flamencos en las provincias neerlande- 
sas de la Flandes Oriental, de Hainault, del 
Namur , en parte del Luxemburgo; de Limbur- 

Í;o , de Lieja y de Brabante ; por los Suisot en 
os cantones do Ginebra, Vaud , Neufchatel, y 
casi todo el de Friburfo; por los habitantes de 
Us islas de Jersey y de Guemesey dependien- 
tes de Inglaterra ; por los colonos franceses en 
algunas partes dd Imperio Ruso y Austríaco, y 
de la monarquía prusiana; en el Asia , África 
y América francesas ; en las islas Sechellcs; 
en las de Francia, Santa Lucía y Tabago; en 
el B^jo Canadá , en el África y en la Ainérica 
inglesas ; en la parle occidental de la república 
de Haití ; en muchos de los Estados-Unidos, 
especialmente de laLuisiana, del Illinois y del 
Misisipí. La grande influencia política de los 
Franceses, especialmente en nuestra edad, y 
su rica literatura , han elevado el francés es- 
crito ó académico á la importancia de lengua 
social y política de Europa, y por consiguien- 
te de todo el globo. 
* Parece que debe fiarse en el siglo xi la época de las 

}>rim<ras producciones de esta lengua, ^ue puede decirse 
ormadapor^tro veros (*) de la Normandut y de la Picardía, 
del Artois , de la Flandes, de la Champaña y de parte 
de la Bretaña. Desde el siglo xi al xvi, esta \eng\iB, 
llamada entonces romano-francesa ó vieio-francés, lengua 
de los troveros, se habló y escribió en Inglaterra , Esco- 
cia y en parte de Italia , de España y de Grecia. Sus 
obras mas antiguas son : vidas de santos puestas en ver- 
sos por el canónigo Thibaut en el siglo xi; las Preces y 
el Salterio , traducidos entonces por orden de Guillermo 
el Conquistador; el Amadis; el romance del Horn ó Hunl^» 
traducido del anglo-sajon á mediados del siglo xii ; y *& 
Alejandriada , que parece del mismo tiempo. Los condes 

(• ) Nombre de los poetas franceses del Norte, y especialmente de 
ia Picardía , aue aleunos han confundido sin razón con el de ^^^' 
dores, el cual tratándose de Francia designa especialmente los poe- 



tas proveníales. 



Digitized by 



Goo^t' 



ielT. 



ITlfOGAAnA 

deClMmpi^ y de flandM, y los diMii«s de Norman- 
dift , y dmues Francisco I^ que introaijo el francés en 
lo9 tribunales en vez del latín , contribuyeron á los pro- 
gresos dft esta lengua , que llegó á la perfección en 
tiempo de Luts xiv. Una quinta parte de sus palabras 
se derivan probablemente del bajcv^leman, y es acaso la 
única lengua viva que se ha fijado. De ritmo delíeadísl- 
mo, pero verdadero, pobre en adjetivos y participios, 
iklta de diminutivos y aumentativos que abundan 
en las lenguas sus hermanas, es riquísima en modi- 
fiesciones de tiempos, las vence á todas en precisión, y 
dispone siempre sus frases según el orden lógico gra- 
matical. Bl gran número de voces que posee de diferente 
acepción aunque análons ó semejantes en la pronuncia- 
ción, la hace, eomo el inglés, muy á propósito para 
retruécanos ingeniosos y epigramas. Las terminaciones 
francesas son uno de sus principales elementos aun aque- 
Uas qae tienen menos excepciones. La lengua escrita so 
diferencia mucho del francés antiguo y de los dialectos 
vulgares que se hablan en los campos , aunque estos 
óllimos van desapareciendo sensiblemente en las ciuda- 
des , merced á la educación , al teatro y á los periódicos. 
La lengua hablada se va acercando así cada vez mas á 
la escrita, quo es casi idéntica á la que hablan las per- 
sonas de educación. 

Según Champollion^Pigeas , loe prineípalss dialectos 
franceses son eipieardo, el famenco, el nwfMndo y el 
ta¡m de Kow^i , hablados en la Picardía, en la Flandes 
francesa y neerlandesa , en la Normandía y en las pro- 
vincias neerlandesas de Namur y de Lieja , cuyos dia- 
lectos son el tronco de esta lengua, á la cual dieron los 
primeros escritores ; el frtmeés ffuigarf y el bnhñ- francés, 
el ehampañéi, el lonhés , el borg&wm , el fratieoeoniét , el 
mufekateiét , el arUanéi, el énjovino y el nutinét, hablados 
en la isla de Francia , parte de la Bretaña, la Champa- 
ña, la Lorena , parte de la Boigoíla , el Franco-Conda- 
do, el cantón de Neufchatel en Suiza, el Orleanesado, 
el Anjou y el Maine. Todos estos dialectos tienen obras 
de varios géneros en prosa y verso , y algunos hasta 
diccionarios. Puede agregarse á ellos lá gerga de los 
esclavos negros de las colonias francesas, notable por las 
muchas voces extranjeras que ha adoptado , las altera- 
ciones que ha introducido en el francés, y la falta de 
constraccion gramaücid. 

La literatura francesa ha producido modelos en todo 
^nerode composiciones. 

e. Español 6 castellano usado por los Españo- 
les en la. mayor parle de España, y con 
algunas variedades de pronunciación y mez- 
cla de palabras extranjeras por sus descendien- 
tes, en la Occeanía, ^n el África y ia América 
española ; lo usan además los muchos Judíos 
Eq[>añoles difundidos (kyr el. Imperio Otomano 
y por otros Estados de Europa de la costa Sep- 
tentrional de África , y los individuos de origen 
español que habitan la isla de la Trinidad de 
la América inglesa, las Floridas , algunos pun- 
tos de la Luisiana en los Estados-Unidos , y la 
parte Occidental de ^nto Domingo en la repú- 
bliea de Haití. Esta lengua es también común 
ó todos los habitantes de los pueblos de Espa- 
ña donde se hablan las lenguas vascongada y 
romance. La escrita es casi idéntica en las 
formas gramaticales al romance y á la portu- 
guesa, j se diferencia poco de la italiana; 
ilendo riquísima y armoniosa , aunque tiene 
sonidos guturales y aspirados que proceden de 
la lengua ánibe de donde tomó muchas voces. 
Psrece que el origen de esta lengua se remonta al si- 
po XI, pues que se pretende que en él se compusieron 
tos romances que unidos forman el poema del Cid; este 
P^a, el que escribió Berceo en honor de Santo Do- 
^n^o de Silos á principios del siglo xin, y las poesías 
dd principe Don Juan Manuel, son las composiciones 
n^as antlenas de esta lengua, la cual llegó á su perfec- 
CjOB en el sifflo xiti , reinando Femando fil y Alfonso X, 
«primero de los cuales la introdujo en los escritos pú- 
!Üf^ * ^ promulgó en ella su código , y el segundo la 
«só en parte de sus composiciones. La literatura espa- 
ñola es riquísima y muy variada. Los reinados de Car- 
TOHO I. 



M nrnoPA. 89 

los V y de Felipe H ; son su edad de oro , euando mu- 
chos extranjeros cultivaban ana lengua que dominaba 
en la literatura y en lapolitiea. Después decayó y volvió 
á levantarse reinando Felipe V , y especialmente en el 
reinado de Caries Ul , en que salieron á lux tantas obras 
de bella literatura y de ciencias. La rima asonante es un 
rasgo oaracteristico de la poesía española. 

Los diaiectos del castellano se dilsrenoian poco entre 
SI : jos principales y que mas se separan de la lengua 
escrita, son: el UMmo (') que es el mas puro, y que 
desde el tiempo de Cario s V llego á ser la lengua de la 
corte y de la alta sociedad ; el de León y Asktrias , padre 
de la lengua española ; el oitasonés , que es el que mas 
se acerca á los romances oatalan y ^Jenciano , que tiene 
inflexiones particulares, y cuya lUeratnra floreció gran- 
demente antes de Carlos V; el andalus, que ha eenserva- 
do muchas raices del árabe; el mwrtiano, qué partlei* 
pa del casteUano y roflumee('0; «^ gaUeiano ó ^sUsfs, quo 
se considera como fuente do la lengua portuguesa, y que 
en efecto , tiene mas analogía con esta que con la caste- 
llana ; el uUra'OÜániko, que se habla en todas las pose- 
siones de Ultramar, y que se distingue por la adopeleo 
de muchas palabras extranjeras, y por notables diferen- 
cias de pronunciación. La lengua española es una de las 
que se hallan mas difundidas : en América , después de 
la inglesa, es la que habla mayor número de habitantes, 
y la única europea que se usa en todas las llanuras 
elevadas del Nuevo Mundo. 

f. Poriugués, hablado por los Portuffueees en el 
Portugal y en el Archipiélago de las Aco- 
res , y con algunas variedadesde pronundaolon 
y adopción de voces extranjeras por los ludios 
portugueses establecidos en Hamfour|^, ^ms- 
terdam , el Tirol y otros puntos de Ana, Afriea 

? Europa, ademas de los descencttentes de los 
ortugueses en Asia , Añica , la Oceama y la 
Améiica portuguesa. Esta lengua es riea y 
concisa como la que mas de sus hermanas ; ha 
tomado alffunas ¡MÜabras del árabe y del fran- 
cés, al oual debe probablemente el sonido de la 
t y las nasales ; es sonora y dulce, y no tiene 
las aspiraciones ni los sonidos guturales del es- 
pañol , pero los frecuentes iatos y el nasal mo- 
derno en áo la perjudican para la armonía. 
También se puede colocar en el siglo xi el origen de 
este idioma. Sus obras mas antiguas son los fragmealos 
de nn poema sobre la ocupación de la España por les 
Árabes, obra que se atribuye al rey Hodríffo , y una 
canción de Gonxalo Hermigues , compuesta a principios 
de aquel siglo ; otra de un autor anónimo del tiempo del 
conde Enrique; la de Bgas Monis Coelho, esorlia rei- 
nando Alfonso 1 ; muchas aatiguas leyes y escritos ao- 
teriorcs ai reinado de Don Dionis , y en fio, los fhig^ 
montos del Candoneiro, Esta lengua progresó grande- 
mente reinando el sabio Don Dionis, que la escribía 
con elegancia, pero no se fijó sino después del reinado 
de Eduardo. En el siglo xvi tuvo su edad de oro. La li- 
teratura portuguesa, que debe á Camoens «na de sus mas 
hermosas epopeyas , es variada y casi tan riea como la 
española, aunque mucho menos conocida. Después de 
largo tiempo de decaimiento , esta lengua y la literatura, 
cobraron en Portugal nueva vida en tiempo del memo- 
rable rey José. 

Puede decirse que el portugués no presenta diferencia 
de dialectos , sino solamente variedades. Las que mas 
se separan de la lengua hablada, son las variedades del 
Miño , del Algarve y de las Azores en Europa, del Bra- 
sil en América , del Congo y de Mozambique en África; 
de Goa y Macao en Asia. Sin embargo, puede conside- 
rarse como dialecto del Portugal , la Hngoa geral que se 
habla en las costas oríeotales y occidentales del África, 
especialmente en el Senegal y Guinea , y en las de Cei- 
lan y de las Indias , jerfl;a que en África y Asia repro- 
duce el fenómeno de la lengua franca en las orillas del 
Mediterráneo, y da testimonio del antiguo poder de los 
PertuifUeses en aquellas apartadas regiones. 

( * ) El dialecto qoe el autor llama toletUmo es el castellaos paro, 
r no se separa nada de la lengua escrita. 
( •* ) Y&se la N. del T. , pág. 80. 

8*» 



90 



ACLAIUaONKS AI LIBRO PRIMRRO. 



g. Válatú ó dado-IoHn, longua hablada por 
los RumaiMt 6 Rymnos, 6 sea por los Vala- 
eos <)ue parecen un pueblo compuesto de anti- 
guos colonos romaiios establecidos en la Dacia 
y en la Tracia , y mezclados con las naciones 
eslavas y otras que habitaban aquel territorio. 
La coigugacion de esta lengua es mas compli- 
dada que la de las otras sus nermanas; el plural 
del nombre se diferencia en gran manera del 
singular ; une los pronombres personales al 
verbo ; tiene muchos aumentativos y diminu- 
tivos como el español, d italiano y el portu- 
gués, pero forma los comparativos y superla- 
tivos su modo francés, y expresa la voz pasiva 
con pronombres reflexivos. 
Su literatura consiste en libros ascéticos , dicciona- 
rios , gramáticas , algunas poesías populares y la tra- 
ducción de la Biblia en el dialecto que se habla en Mol- 
davia. 

Entre los muchos dialectos que presenta esta lengua, 
menos culta que sus hermanas , nos parecen los mas 
notables los siguientes : el t>álacó propio, mas puro que 
los demás, usado en la Valaquia, y con poca diferencia 
en la Moldavia, en el Imperio Otomano, en la Besarabia, 
y por algunos millares de colonos en los gobiernos de 
Xekaterinoslaf y de Kerson en el Imperio Ruso ; el vá- 
laeo húngaro, hablado con muchas diferencias por los 
Válacos del imperio Austríaco , llamados halihasot en la 
Transilvania , donde forman cerca de la mitad de la po- 
blación, y en la Bukovina, donde son todavía en mayor 
número; por otros Válacos establecidos en las fronteras 
militares donde forman una novena narte de la pobla- 
ción, y por otros que viven en la Hungría, en mayor 
número en los condados de Torontal , Áradkrassova y 
Temes, y en número .mas corto en los de Bikar, Sza- 
ihamar, Mármaros, Ugosta, Szabolts, Esanad y Bekes; 
el macedón válacOp hablado en Hungría por losMacedo- 
válacos llamados Zín«paros, que se encuentran principal- 
mente en Pesth, Miskolcz , Semplin y Neusatz , y del 
cual se ha publicado una gramática que presenta mu- 
chas palabras griegas; y el kutzo-válaco , hablado en va- 
rios subdialectos en muchas partes de la Turquía Euro- 
pea, al Sur del Danubio, y que es el mas corrompido, 
pues según Thunmann, de 16 voces, ocho son latinas, 
tres griegas , dos góticas eslavas y turcas, y tres de una 
lengua que tiene afinidad con la afbanesa. En el siglo xv, 
la nación valaca ocupó una posición notable, especial- 
mente reinando Estebian. La mayor parte de los Válacos 
usan el alfabeto latino; los de la Moldavia, desde Alejan- 
dro n, emplean el alfabeto serbo. 

Todas estas lenguas necesitan el artículo para distin- 
guir los casos del nombre, y han menester también los 
verbos auxiliares para formar la voz pasiva y muchos 
tiempos pasados de la activa. A excepción del francés, 
y en parte del válaco , todas pueden conjugar sin pro- 
nombre; son pobrísimas en voces compuestas; pero la 
italiana, y después de esta la espafíola y la portugue- 
sa , tienen muchos diminutivos , aumentativos y super- 
lativos de que carece casi enteramente la francesa. Todas 
ellas, excepto la francesa , suelen enlazar los pronombres 
con el verlK). En la rumánica, italiana y valaca , la es- 
critura no se diferencia de la pronunciación ; esta varía 
mucho en la francesa, y menos en la española y portu- 

Ípuesa. La española contiene muchas raices latinas; la 
rancesa las ha alterado masque las otras; y la valaca 
ha conservado del latin lasque no se dhcuentran en sus 
hermanas. 



§.5. 
Familia d$ la» lenguas germánicas. 

Los idiomas germánicos se dividen, según Malte- 
brun , en cwitro ramas : 
1 . TEUTÓNICA , que comprende Los idiomas hablados 
antiguamente por los Bastamos, los Suevos 6 Nóma- 
das , los Tauriscos , Boyovares , Quados y Marcomanos, 
poderosísimos baio el mando de su rey Marobod 
cuando quitaron la Bohemia á los Boyos y después 



( 166—170 ) dirigieron la primera federación hosül 
de los pueblos germánicos y eslavos contra el Im- 
perio romano; los HermondurOs ó Bermiones, que 
son probablemente los padres de los Turíngios, tan 
famosos en la historia; los Caitos, que ocupaban el 
Hesse y sus dependencias , conocidos entre los Ger- 
manos por su disciplina militar; los Alemanes, que 
en tiempo de Caracalla estuvieron á la cabeza de una 
confederación de muchos pueblos del Sudoeste de 
Alemania , á qulenei se unieron después los Suevos^ 

Poderosísimos en tiempo de César bajo el imperio 
e su rey Ariovisto , y que después dieron su nom- 
bre á la Suabia ; los Isievones, Uamados después 
francos , que unidos á otros pueblos formaron la con- 
federación mas poderosa de Germania , y de los cua- 
les los princinales eran los Francos-sálicos, que 
guiados por Clodoveojpusieron término á la domi- 
nación romana en las ualias, y en tiempo de Cario- 
Magno fundaron una monarquía que llegó á ser la 
primera de Europa. 

La etnografía distingue en esta rama las siguientes 
lenguas. 

A. t ALTO ALEMÁN ANTIGUO ó ALTOCHDEÜTSCB, 
hablado antiguamente en varios dialectos en toda la 
Alemania Meridional, en la Suiza, Alsacia, Hesse, 
Turingia, Wetteravia y parte de los paises sv^etos 
á los Francos. Este idioma puede considerarse como 
muerto hace tiempo. Se distineuen en él tres dia- 
lectos principales: el franco y el aíemoii de aquellos 
tiemp<¿ que contienen las producciones mas anti- 
guas de esta lengua , y el aiío alemán medio que le 
sucedió. Su literatura es muy pobre, especiaunen- 
te la del franco , merced al imperio casi exclusi- 
vo que ejercía el latin cuando se hablaba el alto 
alemán. 

a. El fráncico ó franco érala lengua délos Francos, 

5[ue se habló en la corte délos Merovingios y de 
os Carlovingios hasta Carlos el Calvo , encubo 
tiempo fue reemplazada por el antiguo francés 
en Francia , si bien continuó siendo la lengua 
de la corte en Alemania hasta el tiempo de los 
Hohenstaufen. Las composiciones principales y 
mas antiguas que nos quedan dé esta lengua, 
son : fragmentos de una traducción del tratado 
de Isidoro de NaUtiiaie CUnstidñX principio del 
siglo viii; fragmentos del poema de Hildebrando 
ó Adubrando, que parecen de fines de aquel si- 
glo ; la traducción de la Armonía de los Evan- 
gelios de Taziano, que parece de principios del 
siglo ix; el juramento de Carlos, rey de Francia 
en 842, y el código de los Francos. 

b. Las producciones mas antiguas del altnm, 
son: la traducción de la regla de San Benito, 
hecha hacia el año 720 por Kero ; la paráfrasis 
poética de los Evangelios , hecha en 863-872, 
por Otfrido , benedictino de Weisemburgo en 
Alsacia , y la traducción de los Salmos, hecha 
á fines del siglo x por Neker, monge de Saint- 
Gall. 

c. Bigo el nombro de alto alemán medio, com- 
prendemos-, siguiendo á Grimm , la lengua en 
que fueron compuestas muchas obras de los 
buevos, Bá varos. Austríacos, Suizos y otros 
de la Alemania media y bi^^ desde el siglo xi 
al XV , y especialmente en el brillante siglo de 
los Hohenstaufen (1136-1254)^ llamado tam- 
bién de los Minnesánger , que son los trovado- 
res y troveros de la Germania. Las obras roas 
importantes y mas antiguas , son : la 5cfttf¿- 
hische JSneide de Weldeck , y la traducción 
del Ihlin , de Hermann von Aue hacia el ano 
de 1180: la de Ovidio, de Albrechlde Hal- 
berstadt hacia el ano de 1198 ; la Trajanisdii 
Krieg , el Parcival de Wolfrara de Eschenbach 
del mismo tiempo; la epopeya de íTíMem a^ 
Heilige, de Ulchis de Tuheim hacia el año de 
1228; y los Niebelungen, la mejor produc- 
ción épica en esta lengua, que se supone com- 
puesta por Conrado de Wurzourgo hacia el ano 
de 1290. ^ 



etnografía de ecropa. 



91 



B. ALEMÁN propio ó DEÜTSCH , llamado también 
ALTO ALEMÁN MODERNO , en el cual convíeDC distin- 
guir la lengua escrita y la hablada. Aquella, 
no hablada en ninguna parte por el pueblo , se 
formó en tiempo de Lutero , desterrándose el 
alto alemán medio y el bajo alemán medio , y 
adoptándose con preferencia el dialecto de la Mis- 
nia que se habia comenzado á escribir después. 
Este último^ usado con maestría por Lutero y 
sos discípulos, llegó á ser en breve la lengua 
de los libros y de la buena sociedad , común á 
todos los Alemanes educados^ y la lengua docta de 
todo el Norte y de gran parte del Oriente de Euro- 
pa. Puede afirmarse sin vacilar que la literatura 
alemana vence á las demás en námero de produc- 
ciones , y rivaliza con ellas en mérito. 
£1 alemán es acaso el idioma europeo mas rico en 
palabras, merced á sus muchas raices monosílabas, con 
bs cuales inventa términos nuevos por derivación y por 
composición , prerogativa que solo el griego posee en 
igual escala. Su adjetivo , que en ciertos casos es inde- 
clinable , se declina en otros de dos maneras diversas; 
ei pronombre, que tiene tres géneros , se declina por el 
articulo y también por la terminación. La conjugación 
sumamente pobre, no teniendo mas que dos tiempos sim- 
ples, se vade de tres verbos auxiliares para expresar la 
voz pasiva y suplirlos tiempos que le faltan. Este idioma 
es polMisimo también en participios; pero tal vez no hay 
otro que tenga maspreposiciones. Dioá Europa la mayor 
parte de los términos de metalurgia, caza, marina y de 
machos oficios. Sus escritores lo han sobrecargado inutil- 
•mente de palabras extranjeras , sobre todo Riegas , la- 
latinas y nancésas ; defecto de que ahora lo van pur- 
gando. 

Los dialectos principales de la lengua hablada , pue- 
den reducirse á los cuatro siguientes : 

a. £1 suizo , que con el tirolés es el mas duro 
de todos , hablado en la mayor parte de la 
Suiza en muchos subdialectos y variedades, 
de los cuales los que mas se distinguen , son 
el idioma de Berna y de Argovia , los del 
vaUcde Hasli, de Friborgo con eiwelcho, de 
Biistenlach > de los Grisones y de Appenzell. 

b. £1 riniano, en que deben distinguirse ios sub- 
dialectos de la Alsacia en Francia ; de la Sua- 
bia, subdividido en las variedades de la Selva 
Negra ó de la Alta Suabía , de Baar , del valle 
del Necker, del Wñrtenberg , de la Yindelkia 6 
de Augsborgo , Ulma , etc. ; el idioma de los 
altos valles de la Selva Negra, en el cual es- 
tán escritas las bellas poesías^de Hebel , se 
diferencia tan poco del alemán , oue casi 
podría considerarse como un subdialecto su 
yo; el idioma del PakUiñado, subdividido en 
wasgoviano alemán, hablado en una pequeña 

edel departamento de los Vosges en 
;ia, y en toetierwaldéi , hablado en el 
Westerwald , país dividido entre la Prusia y 
el ducado de Nassau. 

c. £1 danubiano , subdividido en cuatro sub- 
dialectos principales, á saber: el hávaro, el 
tirolés, el ausíriaco y hokemio-húngaro^lesianOf 
Al tirolés debe agregarse el alemán que se 
habla en el valle de Lugano, en los trece pue- 
blos Veroneses y en los ocho Vicentínos , to- 
mado erróneamente por el Cimbrio. 

d. El franconio ó medio (üevMn subdividido en 
nueve subdialectos y muchas variedades , en- 
tre los cuales , el mas notable es el alto sajón 
moderno , preferido por Lutero al formar el 
hochdeutsch ó alto alemán. 

A estos , podríamos añadir otros dos , nota- 
bles por su extraña mezcla de palabras entera- 
mente extranjeras. 

e. El akiman4^breo , compuesto de palabras he- 
breas , alemanas, polacas y francesas, forma- 
do por los Judíos polacos, y usado para la 
educación y el culto de los Judíos alemanes. 

f . £1 rothwelcho hablado por iosyenisdi ó Jauner 
ladrones y vagos ; que tiene una multitud de 



expresiones y frases enteramente extrañas al 
alemán. De estos dos dialectos se han publi- 
cado gramáticas y diccionarios, asi como de 
los otros principales, los cuales tienen también 
libros ascéticos y poesías. En el Imperio Ruso 
se hablan mucnos dialectos del alto y bs^o 
alemán por colonos de esta nación , especial- 
mente en las cercanías de Odessa , en el go- 
bierno de Kerson , en la Molosena y en Crimea, 
en la Táuride y en la Besarabia; otros colonos 
alemanes viven en Sierra Morena en Espa- 
ña , en Canta Gallo en el Brasil , en la Nueva 
Brunswick , en la Nueva Escocia , y muchos 
en los Estados-Unidos de América. 
II. SAJONA ó CÍMBRICA , que comprende los idio- 
mas hablados antiguamente por los Cimbrios des- 
truidos por Mario; por los Anglio», que unidos 
después á los Sajones y á los JuÜandeses hicieron 
tan importante papel en la historia del Norte ; por 
los Brukrios y los Caucios , que formaban parte de 
la confederación de los Istevones ; por los Cherus- 
eos, poderosos btgo el mando de Arminio ; por los 
Menafdos, los Tunarot , los Bátavos, los Frisones, y 
otros menos notables; por los Sajones, qne son los 
Ingevones de los antiguos , y formaban una fuerte 
confederación en la Germania Septentrional, donde 
mandados por Witikindo , defendieron por espacio 
de treinta años su independencia contra las armas 
victoriosas de Carlo-Magno ; y últimamente por los 
Longobardosl que aliados con los A vares pasaron 
áitaüa. 

La etnografía distingue en esta rama los cuatro 
idiomas siguientes : 

A. t EL BAJO ALEMÁN ANTIGUO (ALTNÍEBEB- 
DEUTSCH) , llamado smon anHguo del nombre del 
pueblo principal que lo hablaba. Parece que anti- 
guamente , y en la edad media, se usó este idioma 
en toda la Aleniania Septentrional y en los Paises- 
Bajos, á excepción del territorio que ocupaban los 
Frisones y los Anglos. Debemos distinguir con 
Grimm en cuanto á las formas gramaticales el bajo 
alemán anHguo del bajo alemán medio» Las produc- 
ciones mas antiguas del bajo alemán antiguo son 
del siglo VIH alx!, reduciéndose las principales ala 
Evangelien Harmonie que parece de principios del 
siglo IX, y las Glossm Lipsii que pertenecen al 
mismo siglo. £1 bajo alemán medio comprende to- 
dos los escritos desde el siglo xi al xvi , y cuenta 
muchas producciones , aunque menos que el alto 
alemán medio , cuyas principales son : un voca- 
bulario de la mitad del siglo xii : una traducción 
de la Biblia de principios del siglo xiii ; el Helden- 
buch , epopeya atribuida á Enrique de Ofterdingen 
ó á Wotfram de Eschenbach ; el Reineke der Fuchs, 
epopeya satírica cuyo autor parece ser Nicolás 
Bauman ; y el 7V^ ülensjdgel , que se cree compues- 
to en el siglo xiv. Esta lengua floreció, según pa« 
rece , en la corte de Brunswick. 

B. EL BAJO ALEMÁN MODERNO (NSÜENIEDER- 
DEUTSCH 6 NEUEPLATTDBUTSCH), llamado tam- 
bién sajón moderno, hablado en muchos dialectos en 
todo el Norte de Alemania y en casi toda la Prusia. 
Desde la época de Lutero le sucedió el alto alemán 
en los tribunales, en la liturgia y en los documen- 
tos públicos ; por lo cual cesó de ser idioma escrito 
desde principios del siglo xvn. Su literatura es po^ 
brísima , aunque tiene varias poesías populares y 
algunas crónicas , entre ellas la de Livonia, por 
Russou. Sus dialectos son mas dulces que los del 
alto alemán y evitan la acumulación de consonan- 
tes sibilantes y la frecuencia de sonidos guturales; 
son también mas ricos en raices, aunque menos en 
formas gramaticales. El sajón propio, el wjon orien- 
tal y el westfálico 6 sajan occidental forman los 
principales dialectos de este idioma. 

C. EL FRISON, hablado antiguamente en las costas 
del Rhin hasta el Elba , por los Frisones y los Can- 
elos sus aliados. Los Frisones se encuentran ya en 

^ pocos parajes , y hablan un idioma muy diverso 
' del autiguo , adulterado por la mezcla de voces 



91 



AGLARACI0NB6 AL 



estranjeras , tomadas d« lo» pueblos entre quienes 
▼iven. Nótanse tres dialectos muy distinlos ; el fri- 
tm Htaito , que se habló antiguamente en las pro- 
▼iocias holandesas de la Westfrisia . de Gronin^a, 
de Drenta y parte de la Holanda del Norte ; el /rt- 
ion wettfaíiano , hablado en otro tiempo por los 
Caucios ; y ú frisen HpietUriimQl ó cimbrico. bon po- 
quísimas las obras escritas en esta lengua : las mas 
antiguas son , el Brohn^ WUhüren , no anterior al 
siglo xa , y el Ateaábuch , que es del siglo xni. 
D. BL NBBUANDES ó BÁTAVO MODERNO, con' 
dos dialectos principales: 

a. Flamime , hablado con machas variedades en 
todas las provincias meridionales de la mo- 
narquía neerlandesa, excepto donde se ha- 
bla alemán ó francés. Habiéndose perfeccio- 
nado mucho antes que el holandés con el 
nombre de kngua flamenca , fue general su uso 
en las diez y siete provincias sometidas á los 
condes de oorgoña ; y después , dominando 
los Españoles , fue reemplazado en el Norte 
Bor el holandés , ^ en el Sur por el francés, 
de modo que quedó excluido de los negocios 
y de la literatura , y Drodi\¡o muy pocas obras. 

b. £1 holandéi , que se nabla en las siete provin- 
cias del Norte y en algunos cantones de las 
limítrofes del Sur ; y con variedades y mez- 
cla en el África , en la Oceanía , en la Amé- 
rica Neerlandesa , en muchos distritos de las 
islas de Ceilan , de la India , de la península 
de Malaca , del extremo del África Austral y 
de la Guyana. Algunos millares de agriculto- 
res de Nueva- York , de la Pensilvania y de la 
Nueva Jersey , de origen holandés , conservan 
todavía su idioma , mientras que sus herma- 
nos que habitan las ciudades lo olvidaron hace 
tiempo. Las principales variedades del holan- 
dés son las de Gueldres, Groninga , Zelanda y 
Kampen. Solo á fines del siglo xvi el idioma 
vulgar de la provincia de Holanda se hizo 
lengua escrita y se llamó holandét. Es un mix- 
to defrison antiguo, franco y bajo alemán, 
muy análogo á este en las palabras, y al ale- 
mán escrito en la construcción y en las formas 
gramaticales, aunque lo suoera en sonidos 
guturales , y . alarga los sonidos vocales mas 
que ningún otro idioma de Europa. Las obras 
holandesas mas antiguas son la crónica rima- 
da de Nicolás Kolyn , compuesta , según se 
dice , hacia el año 1156, pero que parece mas 
reciente, y la de Melis Stocks, que es de prin- 
cipio del siglo XIV. El xvii fue el siglo de oro 
de la literatura holandesa . que cede , sin em- 
bargo f en mucho á la alemana , francesa é 
inglesa en cuanto al número de produc- 
ciones. 

UI. ESCANDINAVA ó NORMANDA GÓTICA, que 
comprende los idiomas hablados antiguamente por 
bs Yvt9t, Qoim ó GiUz^ los Jíantof » los Vanios 
y otros pueblos poco conocidos de la raza gótica 
pura, que Maltebrun tiene por los habitantes mas 
antiguos que se conocen déla Escandinavia. Com- 
prende también esta rama las lenguas habladas an- 
tiguamente en países mas meridionales por pueblos 
de raza escandinava , diseminados entre Eslavos y 
Fineses, y que se hicieron célebres por sus incur- 
siones en la Europa Oriental. Entre estos, los mas 
iÍEunosos son , los Goionet, habitantes del territorio 
inmediato á las bocas del Vístula , los Ostrogodos. 
tribu dominante , principalmente en las orillas del 
Dniéper , y núcleo de la vasta monarquía fundada 
en el siglo iv por Hermanrico , que se extendía des- 
de el Báltico al Mar Negro , y desde el Tañáis al 
Teiss ; y luego casta militar dominante en la se- 

funda monarquía de \^ Ostrogodos , fundada por 
éodorico en el siglo v ; los Visigodos , que después 
de haber invadido la Polonia y la Hungría , se re- 
plegaron hacia Occidente, j fundaron como casta 
militar la monarquía visigooa; lodEérulos ? famosos 
por sus expedjcioDes centro^ Roma con OdoaCro , y 



LIBAO PRIMERO. 

contra CoustanlinopU , por sus correrías en las isla» 
del Archipiélago y en Grecia , por su guerra con- 
tra los Lonffobardos , y su marcha al través de la 
Aienunia ; los Yindoios ? que aliados con los Alanos 
y los Suevos , á principios del siglo v , penetraron 
en la Galla y en España, y conducidos por su rey 
Genserico fundaron el reino de su nombre en Áfri- 
ca; los Borgoñonest que en el siglo v se establecie- 
ron en la Ualia , donde su reino comprendía casi 
toda la cuenca del Ródano. 

En esta rama distingue la etnografía los cinco 
idiomas siguientes: 

A. MESOGÓTJCO f hablado antiguamente por los 
Godos establecidos en la Misia. Según Grimm , el 
mesogótico es la lengua g^ermánica mas rica en 
formas gramaticales, pues tiene no menos de quin- 
ce declinaciones , con ciento veinte casos y diez y 
seis conjugaciones ; un veibo pasivo á la manera 
latina ; y el dual en los nombres y en los verbos, 
pero no el artículo indeterminado. Este idioma ha 
muerto hace muchos siglos; y es entre todos los idio- 
mas germánicos el que tiene las composiciones mas 
antiguas , que son : el Codix ÁrgenUus de UpsaJ, 
que contiene muchos fragmentos de los Evange- 
lios ; el Codex Carolinus , con fragmentos de la 
epístola á los Romanos ; las trece cartas proto-canó- 
nicas de San Pablo ; ios fragmentos de los cuatro 
Evangelios ; y ios libros de Esdras y Nehemías, 
descubiertos por Mal en la biblioteca Ambrosiana 
de Milán , en dos pualimpsestos de los siglos v y vi. 
Todos pertenecen á la versión de la Biblia , hecha 
entre el año 360 y el 380 , por el obispo Ulflla. Fí- 
nalmenle , se encuentra en esta lengua un diploma 
escrito en tiempo de Teodorico en el siglo vi. Según 
Bopp , la gramática mesogótica se asem^a mas á 
la sánscrita que á la de Bengala. 

B. NORMANDO f Uamado ALTNORDISCH ñor Grimm, 
lengua del Edda y del Volutpa , y de otras poesías 
de fecha incierta , é idioma general de la Escandi- 
navia en los siglos viit , ix y x. Esta lengua posee 
los monumentos mas antiguos del Norte , y en ri- 
queza de formas gramaticales no cede mas que al 
mesogótico , del cual , según Maltebrun , es la her- 
mana mayor. Está exenta de la mezcla de lenguas 
extranjeras de que se valia Ulfila : tiene la verda- 
dera voz pasiva , el dual en las declinaciones , y se 
distingue de las ramas teutónicas ó alemanas en 
mas oe quinientas voces radicales que ha dejado á 
sus hijas. 

C. NORUEGO propio ó NORUEGO antiguo (NorroenA 
Tmnga) muy distinto del moderno (norck) que es un 
dialecto dd danés. En esta lengua, rica en formas 
gramaticales, se pueden distii^^ir los siguientes 
principales dialectos : 

*a. Él islandés hablado desde el siglo iz en blan- 
da Dor las colonias noruegas allí establecidas 
en 861, las cuales fundaron una república que 
es célebre en la historia de la edad media. Este 
dialecto , cultivado por los escritores islandeses 
llegó á ser la lchgua islandesa , tan célebre 
por los Sagas ó memorias históricas en prosa y 
verso, y por su literatura que es de las mas 
ricas. Los Scaldas ó noetas islandeses eran co- 
mo los trovadores y los minnesinger , guerre- 
ros y poetas al servicio de los innumerables prín- 
cipes del país, tanto en los cons^os como en el 
campo; pero intrsdujeron un lenguaje artificial, 

; caracterizado por inversiones complicadas ex- 
trañas al fi^enio de la lengua normanda. U 
poesia verdaderamente antigua se llama fom- 
yrda-lag , esto es, antigua ley de palabras. Ade- 
más de los Sagas, que son todavía la base de h 
historia antigua déla Escandinavia, hay otras 
muchas obras en esta lengua^ entre eflas, el 
jus ecclesiasíicum de 1 123, y moderoamenlc una 
traducción de Milton hecha por un cura islan- 
dés. Los otros dialectos vivos principales son: 

b. El norueao propio hablado en los valles cen- 
trales de la Noruega, y muy seme}ant« en las 
palabras al islandés. ^ 



c. 
d. 
e. 



STNOGIVAFIÁ 

El dalika , dialecto de la Dalecarlia Occidental, 
£1 tánUelandét de la Succia. 
El feroe del Archipiélago de las islas Fcroe, 
mezclado de voces islandesas, noruegas y dane- 
sas, y desfigurado por inflexiones particulares 
y extrañas. 
f. El nono , hablado en las islas de Shetlaad, 
mezclado coa el dialecto anglo-escocés. 
D. SUECO, hablado por los Suecos en la mayor parle 
del rehio de Suecia, en la^ islas de San BarK^lomé 
en América, en las principales ciudades de la.Fin- 
landia y en las islas Hunas del Imperio Ruso. El sue- 
co puede considerarse, como el danés, hno del nor- 
mando; hasta el siglo xv no se Qjóen sus formas ac- 
tuales ; V su literatura es del reinado de Gustavo 
Wasa. Sacrificado allatin en tiempo de Cristina, se 
restableció en el de Adolfo Federico, y aun mas en 
el de Gustavo 01 en que tuvo su mayor brillo. Des- 
de entonces se han ido aumentando sus obras, 
merced á los muchos establecimientos literarios 
que se han fundado, y á la instrucción que se ha 
propagado cada vez mas. La historia política, la 
elocuencia del foro , la poesia lírica poseen compo- 
siciones de mucho mét i to; pero el teatro tiene poca 
vida por la escasa concentración de la población. 
Este idioma tiene dos dialectos principales : 

a. £1 nuco propiamente dicho, entre cuyos sub- 
dialectos está el de üpland que en el siglo xv 
llegó á ser la lengua escrita y común. 

b. £1 gótico moderno de la Suecia meridional 
subdividido en muchos. 

£. DANÉS bablado por los Daneses en la Dinamarca, 
en el Asia , en el África y en la América Danesas, 
V entre las clases educadas de las islas Feroe y de 
Islaodia. También se usa y escribe en la Noruega. 
En el siglo xv se fijó este idioma en su forma actual 
y le perjudicó mucho la (Nredüeccion dada ^por la 
corte á la literatura y lengua alemana, hasta prin- 
cipios del siglo xvui. Los escritores daneses y no- 
ruegos con celo y fortuna han llegado á formar una 
literatura nacional, notable ya en la poesia y en 
las cieneias. £1 teatro cómico danés creado por 
Stolberg (1720 — 1750) no cede en nada al francés; 
el trágico rivaliza con el alemán ; la física, la filoso- 
fía moml y la elocuencia del pulpito, están muy flo- 
recientes ; pero no lo está tanto la elocuencia polí- 
tica. El danés, conservándolas delicadezas principa- 
les de las lenguas de esta rama , présenla la ma^or 
ieocillez fn las formas gramaticales, en lo cual vie- 
ne inmediatamente después del inglés, el mas senci- 
llo de todoe los idiomas ffermánicos. Menos mages- 
tuoBo y armonioso oue d sueco, tiene sin embargo 
mas gracia y facilidad y se acerca nuks al inglés 
y al francés que al teutónico, tanto que ningún ale- 
mán llega á hablarlo ni » escribirlo bien. ÉL danés 
tiene dos diaketos principal^queson: el danéi pro- 
piamente dif lio, y el jutiondét ó gótico moderno. 
IV. ANGLO-BRÍTANICA : Comprenda dos idiomas : 
A. ANGLOSAJÓN f, mezcla de los idiomas de los 
Sajones, AjiglioB y Yotiosque, en 449 llamados por 
los Bretones contra los Pitios , se apoderaron de la 
isla, donde se conservó su idioma en tres dialectos 
hasta el siglo vui. Este idioma en las invasiones 
de los Daneses adoptó de estos muchas frases y mo- 
dismos, constituyendo el dialecto DARO-sAfoic. Es 
lengua muerta hace muchos siglos, pero se enseña 
en los institutos públicos ingleses. £1 aaglo-sajon^ 
rico en raices y en imágenes, es pobre en formas 
gramaticales , pero su literatura es de las mas im- 
portantes y cariosas de la edad media, en cuyo tiem- 
po fueron traducidafi al francés y al alemán antiguo 
machas de sus obras. Sus primeros monumentos 
tonel Caedmot t i tche parofkrate , exposición del an* 
tiguo testamento que se supone eompuesta en el si- 
glo VIH , aunque Vulgarmente se atribule á un tal 
Cledenum que mudó en 680 : la traducción alitera- 
da del tratado De eoneokUiim áeBo&áo: las de Oro- 
sio, Beda y otros , del rey Alfredo, hacia la segunda 
mitad del siglo ix ; los viajes de Others y Wul»tans, 
de Jaiiu«iia época; kmttUUicion «obre la Sagrada 



D£ SUROPA. 63 

Escritura por el abate Alfrick ; el poema de Boewalf» 
compuesto en el siglo x , antes que oinp^un otro mo- 
derno ; el de los Skioldungs ; la crónica anglo- 
sajona del siglo xH. Raske considera ei anglo-sa- 
jon como intermedio entre el islandés y el teutónico 
ó alto alemán. Los ooetas mas antiguos anglo-sajo- 
nes, del mismo modo que los islandeses, alemanes, 
francos, fineses y otros, prefieren á la rima ó al rit- 
mo la aliteración ó repetición de las mismas letras. 
En la sintaxis, el anglo-sajon se acerca mas al ale- 
mán y allatin que al islandés, especialmente en 
los tiem|jK>s mas antiguos, lo cual se debe ó á los 
monges o á la influencia de las antiguas formas 
fframaticales del sajón primitivo y del dialecto de 
los AngUos. Su ortografía es incierta, 
B. INGLÉS hablado en Inglaterra, en la Escocia 
Oriental v Meridional , en parte de la Irlanda y del 
principado de Gales, en las principales ciudisuies 
de lo restante do estos paises y de las islas de 
Shetland, Jersey v Guernesey; por los descen- 
dientes de los ingleses, v por otros muchos en el 
Asia, en la Oceania, en el África y en la América 
Inglesas ; ]^r la mayor parte de los habitantes de la 
confederación americana ; y ^r todo el mundo á 
causa de su imiK)rtancia literaria, poUtica y comer- 
cial, pero especialmente en Hannover, en las islas 
Jónicas, en Malta, en Portugal, en el Brasil y en 
liaili. La lengua inglesa es una mezcla de anglo- 
sajon y de francés neustriano ó franco-normando 
con algunas palabras célticas y otras muchas ro- 
manas. Es riquísima y de grande energía, y la mas 
sencilla y monosilábica délas lenguas europeas. En 
ella mas que en ninguna otra se diferencia la pro- 
nunciación de la escritura. Tiene dos solas inflexiones 
para el nombre, y seis ó siete para indicar las per- 
sonas y los tiempos de los verbos; no reconoce sexo 
sino en los objetos que realmente lo tienen ; y sus 
adjetivos, participios y artículos son indeclinables. 
Hasta la época de Eduardo lU no llegó á ser lengua 
oficial, pero después se fiió y pulimentó cada vez 
mas. A principios del siglo xvii esta hermosa len- 
gua tomo un desarrollo metódico, y en los primeros 
años del xviii adquirió forqias invariables. £1 in- 
glés está al nivel de las lenguas mas completas y 
es la primera de todas en energía. La concisión no 
disminuye en nada su gracia; en las canciones es 
robusta y armoniosa ; como las lenguas del Norte 
sus hermanas, pinta admirablemente los grandes 
espectáculos de la naturabza; y no tiene rival co- 
mo lengua de la política y de la elocuencia parla- 
mentaria. Su literatura que comenzó en el siglo xu 
con traducciones y crónicas^ llegó al mas alto punto 
en los siglos xvii y xvui: táurica como variada cam- 
pea entre las mas célebres. Sus monumentos mas 
antiguos son un himno á la Vír^^en , compuesto 
por un tal Godric, que murió en 1 170: la traducción 
del romance de Bruto por Wace de Layamon ó La- 
zamon, j la paráfrasis de los Evangelios de Owen 
Ormin oel siglo xii; el dutel of Lote de Roberto 
Grosthead, de la primera mitad del siglo xiii, y la 
crónica de Roberto Gloucester de la segunda mitad 
del mismo siglo; las obras de Roberto Brunne, 
Chauccr, Davie Adam, John Gower y Roberto Lan- 
geland autor de la sátira titulada ViHonee de Pedro 
Ploughman que son del siglo xiv. 
Pueden distinguirse en el inglés los cuatro dialec- 
tos siguientes : 

a. £1 ingléi propiamente dicho, que limado por 
Chaucer en el sielo xiv, llegó a ser lengua es- 
crita y general de toda la nación. Sus princi- 
pales nuKiivisiones son la de la ciudad de Lón- 
dree (Cokney } , la de Oxford, la de Somerset, 
la del país de Gales, la de Irlanda, el Jowring 
hablado en el Berkshire, y el rústico de Sufiblk 
y Norfolk. 

b. El inglét del Northumberland , que podría lla- 
marse también dwM4ng¡és por las muchas vo- 
ces danesas que ha conservado. 

c. £i eecúeéi o smflo-escsmdinavo , dividido en es- 
cooie pr^^f queae habló aa%ttam«Dl« «n la 



94 ACLARACIONES AL 

córfe de los reyes de Esc^ia y en el cual 
compusieron Jacobo Y poesías muy graciosas, 
Ramsay un romance pastoril que recuerda la 
Aminta del Tasso, y Bums unas poesías popu- 
lares llenas de estro y originalidad ; en border 
language , dialecto mixto aue se habla en las 
fronteras de la Escocia Meridional y que es 
notable por sus baladas ; y en diaiecto de las 
isUu Horcados, mezclado con muchas voces no- 
ruegas, 
d. £1 inglés ultra-europeo hablado en las colonias. 
El caráter general de estas lenguas es- el acento 
tónico, es decir, aquella entonación particular con 
que se pronuncia cada palabra. Exceptuando el in- 
glés, la pronunciación en estos idiomas se diferen- 
cia ¡x>co del escrito ; en sueco y danés es idéntica, 
aunque varia un tanto en la conversación familiar; 
pero en todos es mas ó menos dura , salvo en los 
idiomas modernos de la rama escandinava. Tam- 
bién lo es en el holandés de la rama sajona , y mas 
todavía en los idiomas teutónicos especialmente en 
los dialectos suizo, tirolés , alsaciano , suevo y bá- 
varo, en los cuales abundan los sonidos guturales 
y la acumulación de consonantes. £1 sueco, rico en 
vocales sonoras es el mas armonioso. Después del 
sueco viene el islandés y luego ol danés, sobre todo 
sí es hablado con acento noruego. El danés suprime 
ó transforma, como el bajo sajón y el holandés, las 
consonantes sibilantes y duplicadas. La vocal e pre- 
domina en este idioma como la a en el sueco. El 
sonido toh 6 ha se ha conservado particularmente 
en el inelés y jutlandés. El mesogótico, el norman- 
do , eralto y bajo alemán antiguo son los primeros 
en riqueza, de formas gramaticales ; después de estos 
viene el inglés, y el ultimo de todos el danés. 

La declinación de los idiomas germánicos , es- 
ccpto en el inglés, el danés, el Bolandés y el sue- 
co , es muy abundante ; el artículo juega mucho en 
ellos; y en los de la rama escandinava á excepción 
del mesogótico , entra como complemento después 
del nombre , como sucede en ol coflo , en el vála- 
co etc. £1 alemán , el holandés y el sueco tienen 
tres géneros; el danés y el bajo alemán dos, uno para 
Los personas y otro para las cosas; el inglés no tie- 
ne ninguno. El mesogótico , el' alto y bajo alemán 
antiguo , 9I anglo-sajon , el normando , el islandés 
y el dialecto de Feroe tienen el dual en los pro- 
nombres personales. Las lenguas germánicas forman 
el comparativo jjor flexión , agregando una r al po- 
sitivo , á excepción del mesogótico que agrega una 
t , y para el superlativo añaden las letras st. Su 
conjugación es pobre y necesita de tres auxilia- 
res para expresar ios tiempos y modos que le fal- 
tan ; se exceptúan sin embargo los idiomas escan- 
dinavos , entre los cuales el mesogótico tiene el 
duaPy Ja voz pasiva completa , y los otros poseen 
también esta, aunque limitada á cuatro tiempos. Las 
lenguas escandinavas tienen igualmente muchos 
verbos auxiliares para variar y enriquecer la con- 
jugación ; pero no pueden como el alemán crear li- 
bremente adjetivos nuevos uniendo los nombres á 
los participios activos , aunque tienen facilidad para 
unir los nombres y los adjetivos entre sí ó unos con 
otros. «Las lenguas germánicas, dice Maltebrun, 
» tienen todas la prcrogativa de poder formar pala- 
r» bras nuevas según reglas Ajas , prerogativa común 
» al griefi^o y al eslavo, pero negada al latín y á sus 
» derivados; pero en cambio esta facultad hace ol- 
. r> vidar los giros y las delicadezas del estilo. » La 
construcción del alemán y del holandés es muy ar- 
tificial; no lo es tanto la de las demás lenguas, y 
la del inglés es sencillísima. Acaso ninguna famf- 
lia etnográfica o/rece tantas variedades como esta 
en el uso de los pronombres personales que sirven 
para dirigir la palabra , pues tiene hasta cuatro di- 
ferentes. 

Respecto de la escritura pueden distinguirse va- 
rios alfabeto. £1 alfabeto rúnico , no se sabe cuando 
fue inventado. Estaba en uso en toda la Escandi- 
n«yia y entre los Bslavos Vendos , antes del Crls- 



LIBRO PRIMERO. 

tíanismo, y según algunos eruditos, se usó también 
en la Dalecarlia. Créese que tuvo primero diez y seis 
letras , semejantes á los caracteres griegos y latinos; 
y luego Waldemaro I agregó las siete punteadas, 
dichas así por los puntos que las distinguían délas 
demás. El alfabeto islandés es casi idéntico al rúnico, 
y tiene una letra particular para expresar el sonido 
déla /ft (1). El alfabeto mesogótico fue formado porUi- 
ftla á imitación del griego. %\ alfabeto anglo-sajon se 
usó antiguamente en mglaterra y Escandinavia, 
y en este último país reemplazó al rúnico , hasta 
que á su vez fue reemplazado por el gótico. El <dfa- 
beto gótico es el latino reducido á forma cuadrada, 
á causa de los rasgos de pluma de los escritores de 
la edad media : este alfabeto se uso por casi todos 
los pueblos de la Europa latina desde el sip^lo xui 
al XV. £1 pretendido alfabeto alemán es el gótico an 
poco modificado ; se usa por los Alemanes , los Bohe- 
mios y los Eslovenos ; alterna con el latino entre los 
Suecos , los Holandeses y los Daneses y fue adoptado 
exclusivamente por los ingleses y Holandeses hasta 
el siVlo XVII. El alfabeto l¿ino se usa ahora por los 
que hablan inglés y holandés; se extiende á Suecia 
y comienza á usarse en Dinamarca y en Alemania, 
y en los países no alemanes donde se habla esta 
ultima lengua. 



Familia de las lenguas eslams. 

Desde las inmediaciones de Udine , de Siliam , en el 
Tirol , y del Bohmorwald en el centro de Alemania hasta 
los extremos mas remotos de Europa y de Asia, y hasta 
la costa del Noroeste de América, están esparcidos varios 
pueblos de origen eslavo, y dominan este inmenso, terri- 
torio que forma cerca de una sexta parte de la superficie 
habitable del globo. En ningún punto se encuentran 
mas diferencia física ni roas contrastes morales entre 
pueblos cuyas lenguas varían tan poco entre sí , que 
podrían considerarse como dialectos de un solo idio- 
ma. Aquí notamos estaturas elevadas , buenas faccio- 
nes, color moreno y cabellos oscuros; allí eucipos 
pequeííos , fisonomías deformes, color blanco y cabellos 
rubias ; mas allá costumbres sencillas y la inocencia de 
la edad de oro, y en otras partes la corrupción y el lujo 
de los países mas cultos : unos están sumidos en la mas 
profunda ignorancia , son feroces y glotones; otros se 
distinguen por sueultura, la suavidad de sus costumbres 
y su gran sobriedad , estos son de carácter melancólico 
pero irascible , aquellos de genio alegre pero apático. 

Estas naciones que tanto figuraron en la edad media, 
que fundaron tantos estados en la antigua patria de los 
alemanes' y sobre las ruinas del Imperio Romano, y que 
infundieron terror á los emperadores de Alemania y de 
Oriente ; estos pueblos tan celosos un tiempo por conser- 
var su libertad , ahora en parte se han extinguido, y 
casi todos han perdido su independencia. Los Rusos, y 
algunas poblaciones de la Turquía europea son los úni- 
cos que conservan la existencia política; los demásestán 
sujetos á la Rusia, al Austria, á la Prusiaóála Turquía. 
Los Eslavos, convertidos al Cristianismo como las demás 
familias europeas excepto la finesa , participaron mas 
tarde de los beneficios de la civilización , cuyo progreso 
entre ellos, por circunstancias particulares, fue menos rá- 

5 ido 6 se paralizó del todo. Así las ciencias y las arles 
eben mucho menos á estos pueblos que á los compren- 
didos en las familias germánica y greco-latina. Los Es- 
lavos conservan en parte la sencillez de costumbres, la 
hospitalidad, el heroísmo^ el patriotismo ardiente, el 
afecto al suelo natal y al rey , el celo religioso y d res- 
peto á los ancianos que constituían el carácter de sus 
antepasados. Desde algunos años á esta fecha han entra- 
do en el movimiento general de los Europeos hacía la 
civilización , la cual progresa rápidamente entre algu- 
nos, y parece infundirles una nueva actividad. Pero los 
Rosos que dominan sobre el imperio mas vasto que has- 
ta ahora ha existido, sobresaleiyeiitrc las naciones es- 

Digitizedby VjOO 
(1) Algo mas suave qtie el de la s esptfloia. Oi. M TredJ 



etnografía 

lavas por el número de pueblos que han civilizado y 
convertido al Cristianismo con la fuerza del ejemplo , y 
sin las violencias demasiado habituales en otros , asi 
como por las muchas instituciones literarias que han fun- 
dado f. por las muchas mejoras que han introducido^ por 
el ^n número de producciones en todos los géneros , y 
por los garandes servicios -que han prestado á la geog^ra- 
lía, descubriendo regiones enteramente ignoradas y lle- 
vando la navegación en los dos hemisferios aun mucho 
mas allá de la latitud á donde llegó el inmortal nave- 
gante inglés. 

Si los Eslavos ceden á los pueblos germánicos y greco- 
latinos en civilización general y en literatura , en cambio 
los igualan en poder y en hazañas. Entre ellos parece 
que deben contarse los Sármatas^ implacables enemigos 
de los Escitas y de los Romanos , á quienes con frecuen- 
cia derrotaron con su formidable caballería ; ios Roobo- 
loMtf llanuidos después Aos, que tanta parte tuvieron 
en la invasión que hicieron los Marcomanos en el Im- 
perio Romano cuando se hallaba en el apogeo de su po- 
der ; los Yazigios de Estrabon , célebres en la edad media 
con el nombre de Jatmn^ y de PoUewianos, que prefi- 
rieron morir con las armas en la mano , á perder su in- 
dependencia. Su historia celebra á los Moradas , que 
abrazando los primeros el Cristianismo , gozaron de la 
civilización que lo acompaña, y debieron al valiente y 
hábil S¥riatopolk el honor de figurar en el siglo ix entre 
las grandes potencias de Europa, pues dominaban todo 
el territorio que se extiende desde el Báltico hasta el 
Adriático. También son celebrados los Venedos ó Vendos, 
distinguidos entre los Eslavos por su cultura, y entre los 
coales son señalados la pederosa federación rí^publicana 
délos LuiHzios y el reino de los Obotritos, cuyo rey 
es el tronco de la casa de Mccklemburgo; los Servios, cu- 
yo rey Esteban Duchan conquistó gran parte del Impe- 
rio de Oriente , y á quien solo la muerte impidió scn- 
larK en aqud trono; los Pruezos , que defendieron con- 
tra los Alemanes con increíble valor sus falsos dioses y 
su independencia; los Kurios , que en la edad media uni- 
dos con los Vendos, los Oseletios, los Livios v otros bajo 
el nombre común de Kuretes, esparcieron el terror con 
sus piraterías entre los navegantes del Báltico, y osaron 
saquear las costas de Suecia y Dinamarca; los vSisniacos, 
que tan buenas muestras dieron de si á las órdenes del 
valiente Vladimiro, fundador del principado de Galitzia 
y alas de sus descendientes Laroslaf y Romano ; los No- 
togorodios , republicanos expertísimos en el comercio y 
en la guerra , ricos y dominadores por muchos siglos 
de todo el Nordeste oe Europa ; los Cosacos Zaporogos, 
espartanos modernos por su singular constitución , su 
modo de vivir y- fu maravillosa intrepidez; los Cosacos, 
formidables á ía Europa Oriental bajo el gobierno del 
hetmán Schmelnizki, cuya expedición al Asia Menor y 
ala Colqoide á principios del siglo xvii se cuenta entre 
las mas atrevidas; los Raguseos , pueblo poco numeroso 
que desde hace muchos siglos cultiva las ciencias y las 
letras y conserva costumbres suaves y refinadas entre 
naciones bárbaras; los MotUenegrinos cuya independencia 
está protegida por las rocas , el valor y la sencillez de 
costumbres, no obedeciendo mas que a los ancianos y á 
los obispos. También pertenecen á esta familia los Bohe- 
VMM , tan poderosos en tiempo del ambicioso Ottocar, y 
hajo el mando de los príncipes de la casa de Luxembur- 
^ y de Rodulfo U de Austria, á cuya corte acudían los 
primeros artistas y eruditos de Europa; célebres des- 
pués por las proezas de Ziska y de Potjebrad ; los Pola- 
^>i cuya historia celebra el reinado de Boleslao I que 
domino toda la Polonia y gran parte de Alemania; de 
Casimiro el Grande que les dio leyes , civilización y el 
dominio de la Rusia Roja; y del valiente Sobieski , li- 
bertador de su patria y salvador de Viena; los Lituanos 
que á principios del siglo xiv conducidos por el esforzado 
yhábif Gedimiro salieron desús oscuras selvas, y á ex- 
pensas de los Tártaros y de los Rusos fundaron un vasto 
imperio, que por el matrimonio de Jagellon con la he- 
redera de los Piastos, llegó á ser el priinero del Norte en 
tiempo del grande Olgerdo, del célebre Vitooto y de Se- 
psraundo Auí;usto ; este el mayor rey que lia tenido la 
Polonia, aquel reputado por uno de los mas grandes con- 
quistadores de la edad moderna; finalmente los Rtuos cu- 



DE EUROPA. 98 

yo imperio fundado en el si^lo ix por Rurik , adquirió 
desde su origen una extension'inmensa. 

Podemos dividir en tres ramas las lenguas de esta 
familia. 
1. RUSO-ILIRICA , llamada así de los Rusos y de los 
ílirios , y que comprende la mayor parte de los 
pueblos que hablan las lenguas servia o croata. Do- 
browski llamaba á esta división Autb ú Oriental. 
Sus lenguas son : 
A. SLAVA, SERVIANA, SERVÍA é ILÍRICA, lla- 
mada por algunos RUTENA, y hablada en muchos 
dialectos por los Eslavos mas meridionales llamados 
¡Úricos , ({Me habitan en los imperios Turco y Aus- 
tríaco , á excepción de unos cuantos colonos que 
ocupan territorios de la Rusia Meridional. Esta len- 
gua , una de las mas ricas en palabraa y formas 
gramaticales , es también armoniosísima , y puede 
considerarse como tronco de los idiomas de esta 
rama y de la bohemio-polaca. La larga domina- 
ción de los Turcos, Alemanes, Húngaros y Venecia- 
nos , introdujo en sus dialectos muchas palabras de 
estos pueblos , ignoradas de los autores antiguos. 
Los modernos , ae algún tiempo á esta parte, se es- 
fuerzan en escribir con pureza y en acercarse al 
idioma ruso evitando estas frases extranjeras. Las 
pequeñas diferencias que existen entre el servio ó 
eslavo propio y el slawenskl ó ruso antiguo , nos 
hacen considerar á este como una mera variedad de 
aquel idioma, ó cuando mas como uno de sus dia- 
lectos. Aunque la literatura eslava es menos rica 
que la bohemia , la polaca y la rusa , es sin em- 
bargo mas antifi^ua, y se divide en dos ramas, la 
del slawenski y la del eslavo. Prescindiendo de las 
muchas poesías nacionales de los principales dia- 
lectos, que se conservan hace siglos por tradición, 
y algunas de las cuales se han impreso en Viena y 
en Venecia; y sin hablar de la traducción de la 
Biblia y de los libros litúrgicos , que con la historia 
de la Dalmacia, escrita por un clérigo desconocido 
de Dioclea , hacia el año de 1170, son las produc- 
ciones mas antiguas de esta lengua, puede decirse 
que la literatura eslava es muy variada , pues^ po- 
see gramáticas y diccionarios , y entre estos el de 
Vuk, que contiene treinta mil vocablos , poemas épi- 
cos, dramas, tragedias y comedias orígmales , ade- 
más de machas traducciones del griego, del latín, 
del italiano y del alemán sobre casi todas las mate- 
rías literarias y aun científicas. Sin embargo es de 
notar que casi todas estas obras se deben á Ragu- 
seos ó Servios del Imperio Austríaco. Las de los 
firimeros se remontan hasta mas allá del siglo xiv; 
as de los segundos son mucho mas modernas ; y 
casi todas se han publicado en Venecia , Ragusa, 
Buday Viena. La literatura del slawenski, es decir, 
del antiguo ruso , es pobrísima en comparación de 
la del ruso moderno. Sus producciones mas anti- 
guas , muy variadas según el objeto y el tiempo de 
su publicación , son la traducción de los Evange- 
lios y de otros libros sagrados , algunos del año 863, 
el código de Yaroslaf de principios del siglo xi ; el 
testamento de Vladimiro Monomaco que murió en 
1 126 ; el poema de Igor y la crónica ue Néstor, del 
siglo xii , la cual fue continuada hasta el xvii. En 
esta lengua están escritos todos los libros publica- 
dos en Rusia hasta Pedro el Grande. £1 slawenski 
excluido de la literatura profana se conservó siem- 
pre en Rusia como lengua de la religión y de la li- 
turgia. El servio escrito , que se diferencia poco en- 
tra los diversos pueblos, difiere mucho hablado. 
Los dialectos que mas diversos nos parecen entre 
sí, V que mas se distinguen del anticuo eslavo y 
de la lengua hablada antiguamente nasta la edad 
media , son: 

a. El «ervio propio ó serhlin, hablado por líos Ser- 
vios , Serbios , Serbos ó Serblinos, llamados 
impropiamente llirk)s, Raczen ó Rhaces. Estos 
pueblos ocupan casi toda la Servia con la Erz- 
gowina en la Turquía europea, y se extienden 
también á la Croacia, formando una tercera 
parte de su población , así como á la Hungría 



96 ACLÁRAGIOlflES AL 

y álos países limürofes. Alg'unos millares de 
ellos se encuentran como colonos en los go- 
biernos rusos de Yecaterlnoslaf y de Kerson. 
Serán pues subdialectos del servio: el idioma 
de los Botniacos't el de los Manienegrinos, que 
acaso es el eslavo mas puro, atendido el 
aislamiento en que viven ; el de la república 
de Ragusa ; el de las Bocas de Cataro; el de los 
liabitantes de Albania hasta el Trin ; el de los 
montañeses del interior de la Dalmacia Turca 
y Austríaca y de parte del litoral húngaro; y 
el de los Eslavos propiamente dichos en la 
Croacia, en la Esclavonia y en las fronteras 
militares. 

b. £1 eflavo italianizado, ó s^a el idioma de las 
costas de Dalmacia , desde Narenta hasta el li- 
toral húngaro, y el de las islas de la Istría y li- 
mítrofes, 

c. El uscoco, hablado por los Uscocos ó Morlacos, 
que se llaman Serbios , Vlahes ó Lahes ó Vla- 
bes , nómadas valerosos y salvajes esparcidos 
en la Servia , Bosnia , Dalmacia , Croacia , el 
litoral húngaro y Carniola. Este dialecto está 
mezclado con muchos vocablos turcos. 

d. El búlgaro, hablado en Bulgaria por los des- 
cendientes délos famosos B