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Bolkort Hwilt t
10 Jnly 1911.
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BIBLIOTECA ILUSTRADA DE GASPAR Y ROIft.
HISTORIA UNIVERSAL
POR
CESAR CANTU,
TRADUCIDA DIRKCTAMENTE DEL ITALIANO CON ARREGLO Á LA S¿T1IIA EDICIÓN DE TURIN , ANOTADA
D. NEMESIO FERNANDEZ CUESTA,
y adornada con preciosas Uminas grabadas en acero que representan pasajes de la narración , vistas , retratos , etc. y mapas de los palaes
mas importantes antiifuos y modernos.
TOMO PRIMERO. ^ '
TOMPOa ANTI0Ü08.
MADRID.
IMPRENTA DE GASPAR Y R0I6, EDITORES,
calle del Prinrlpe nim. i.
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„ ^]i!SXt....H«iiJli;.t
10 July 1911.
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BIBLIOTECA ILUSTRADA DE BASPAR Y ROIB.
HISTORIA UNIVERSAL
POR
CÉSAR CANTÜ,
TRAO|}CIDA DIRKCTAMENTE DEL ITALIANO CON ARREGLO A LA SÉTIMA EDICIÓN DE TURIN , ANOTADA
D. NEMESIO FERNANDEZ CUESTA.
j adornada con preciosas lámiDas grabadas en acero que representan pasajes de la narración , vistas , retratos , etc. y mapas de ios paites
mas importantes antiifuos y modernos.
TOMO PRIMERO. ' '
TIEMPOS ANTI0Ü08.
MADRID.
IMPRENTA DE GASPAR Y ROIG, EDITORES,
calle del Principe nüm. i.
1864.
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PROLOGO DE LOS EDITORES.
Aj. «parecer en Europa las primeras entregas
iñhEhtana Dnt^eriat escrita porCésar Cantn,
no pocos literatos de Domhradia experimentaron
cierta desconfianza hacia sa autor , sospechando
qae no podria dar cima á. una obra tan vasta,
superior á las fuerzas ordinarias de un hombre.
Las grandes tradiciones de san Ajg;nstin y los
trabajosde Bossuet Y de Vico, ofrecneron la idea
de un nuevo modo de escribir la Historia, la cual
nosemiraba ya como un conjunto de hechos sin
conexión ni enlace» sino como un todo homogé^
neo, cuyas partes , armónicamente unidas , con-'
tribuían ala investigación de los altos destinos de
la. humanidad y a) descubrimiento de las leyes
morales que presiden á su desarrollo en la serie
de los tiempos. £1 autor de una obra tan vasta,
desempeñada con arralo á este plan de tan in^
mensas proporciones, debia reunir á la paciencia
investipdora de un Benedictino el ardor incan-
sable de un Enciclopedista; y no se creía por
algunos que César Cantú, joven todavía , estu-
viese adornado de estas cualidades* Mas de diez
años han pasado desde entonces , y las lauafaas
ediciones que han seguido sin ínterrupeioo á la
primera, y la fama de que toda Europa ha cu*-
oierto el nombre del autor, prueban que ha sa-
bido realizar la idea que en nuestro siglo se tiene
de la Historia.
En efecto, lo que Bossuet hizo respecto de los
sucesos capitales que eligió en el vasto campo
histórico, según coavenia á su gran propósito de
señalar en la elevación y caida de los imperios
la mano de la Providencia , César Cantú lo ha
practicado respecto de todos los hechos en su
conjunto y en sus pormenores , en sus causas y
en sus resaltados. En el curso de los siglos dis-
tingue el PniOGBEso como ley constante cíe la hu-
manidad , siguiendo el desarrollo que el dedo de
la Providencia le marca ; progreso que se realiza
á pesar de los desastres , al través efe las dificul-
tades , y aun en medio de los yerros de la raza
humana. No es el cuadro de las vicisitudes de
una familia , de una clase , de un pueblo parti-
cular, el que nos ofrece lá narración de Cantú;
es la pintura fiel y exacta de todo^los pasos que
ese ser complejo llamado humaisidad ha dado en
su trabajosa carrera desde el principio de los
tiempos ; es la relación verídica de sus virtudes
y de sus crímenes , de sus aciertos y de sus yer-
ros , de sus placeres y de sus dolores , de sus
adelantos positivos y de su retroceso aparente:
es la narración de los progresos del pensamien-
to , del bioiestar, de la dignidad del hombre aun
en medio de sus desgracias.
Después de un magnifico DigeurBo sobre la
Historia en general , verdadero trozo de elocuen-
cia, pasa á describir la historia antigua y ofrece
puntos de vista enteramente nuevos , considera-
ciones completamente originales. Los problemas
que envuelven los tiempos ante-históricos , las
primitivas monarquías , las emigraciones grie-
gas , la historia del pueblo hebreo , la formación
del derecho romano, las leyes agrarias, la difu-
sión del Cristianismo, se hallan en esta obra
presentados y desarrollados de una manera su-*
perior á cuánto se .ha visto hasta el dia. Pero
donde el historiador se muestra admirable es en
la parte relativa á la Edad Media. En este cua-
dro pintado con vivísimos colores procura dar
la solución mas racional á las cuestiones que se
ofrecen sobre aquellos siglos, y al efecto , exa-
mina y explica de qué manera y hasta qué punto
se mezclaron las razas de los bárbaros con los
vencidos; cómo las instituciones primitivas de
los primeros vinieron á modificar las entonces
existentes y á dar por resultado las modernas;
cuál es el origen de los municipios ;*qué' grado
de intervención tuvo la Iglesia en la civilización
de los pueblos; qué importancia civil y política
tuvieron las órdenes religiosas; de que modo
contribuyeron las Cruzadas al desarrollo del co-
mercio y de la industria ; cómo en fin del con-
flicto entre los papas y los reyes, entre los reyes
y los señores feudales, entre los séñoresieudales
y el pueblo, resultaron las actuales instituciones
políticas.
Era difícil , después de tanto como se ha escrito
sobre las Cruzadas dar novedad á esta parte de
la Historia; sin embargo, el autor ha hallado en
su vasto ingenio medios para presentar un cuar-
dro animadísimo , en que pasan a la vista del
lector los brillantes reinos musulmanes con su
poder y sú elegancia , el Viejo de la Montaña con
sus asesino;^, (rengiskan y los Mogoles , las órde-
nes de caballería , los caballeros , los torneos^
los trovadores , la inquisición, la conquista de los
Íuebtos septentrionales hecha por los caballeros
eutónicos , la decadencia del imperio ^ego , y
la formación de los reinos de Europa. Detiénese
un momento al finalizar la Edad Media ; y des*
()ues de haber señalado la marcha constante de
a civilización y las continuas victorias del espí-
ritu sobre la materia , de la inteligencia sobre la
fuerza bruta , nos muestra cómo se ba ido exten*
díendo la especie humana por medio de los via-
jes y los descubrimientos: episodio brillantísimo
en que figuran Colon , Vasco de Gama , Cortés,
Pizarro , Alburquerque, como representantes de
la conquista política ; Las Casas , Paez , San
Francisco Javier, como representantes de la con-
quista religiosa ; La Condamine , La Peyrouse,
Cook , D'Úrville , Ross \ otros modernos, como
representantes <ie la conquista científica. Esta
parte es una de las mejor tratadas por nuestro
autor, no solo poraue da noticia de todas las
expediciones desde la de los Argonautas hasta
Wilkes , sino porque además refiere la historia
del comercio y de sus vicisitudes por mar y
tierra, la de las leyes marítimas, y los progre-
sas de U navegación desde el primer esquife que
se botó al agua, hasta el gran navio inglés Greai
Britai^ , describiendo al mismo tiempo la natu-
raleza de los pueblos encontrados por los nave-
gantes , las novelescas aventuras de los Filibus*
tieros, del verdadero Robinson Crusoe y de otros
viaieros , y trazando el cuadro de las misiones y
de la literatura de los viajes.
Otro gran trozo de elocuencia son las consi-
deraciones sobre la historia moderna , cuya
narración se admira , aun en los casos en que
se disiente de las opiniones y juicios del autor.
Roto el freno de la autoridad, la opinión ha ve-
nido á constituirse en reina 4el mundo ; y el aue
pretenda desentrañar las causas y señalar las
tendencias del movimiento moderno , debe bus*
cartas en las escuelas filosóficas, en las costum-
bres , en las ideas populares , en la literatura,
y en los sistemas sociales y religiosos. Esto es^lo
que ha hecho César Cantú , en general idbn
acierto, y fijándose muy especialmente en la
literatura, á la cual considera , no como un arte
puramente de lo bello , sino como la manifesta-
ción del estado social de un pueblo y de una
época dada*
Después de la narración y de las aclaraciones
3ue acompañan á cada libro, vienen multitud de
ocumentos que forman una verdadera Encido-
nedia histórica. Los referentes á las Biografías, á
la Cronología , á la Arqueología y á las Bellas-
Artes son trabajos acabados que merecen aten-
ción Q3p6cial , ademas de los extractos de obras
recientes y de otras muy raras, traducidos de to-
das las lenguas , asi orientales como europeas.
Los eruditos acaso creerán de sobra algunos de
estos documentos porque habrán leido los origí*
nales ; pero el autor adWinó sin duda aue su His-
toria había de andar en manos de toaas las cla-
ses , y singularmente en las de la juventud á
quien la dedica , y quiso poner á su alcance todos
los elementos necesarios para adquirir cultura y
conocer el punto á que han llegado no solo las
ciencias históricas, sino también las sociales,
naturales, estéticas y filosóficas.
Esta circunstancia de ser la obra de Cantú de
tanta entidad para la generalidad del púMieo, es
la que principalmente nos ha impulsado á pro-
porcionar á nuestros favorecedores, bajólas eco-
nómicas condiciones de esta Biblioteca, una tra-
ducción fiel , exacta y completa. En ella se ba
seguido el mismo plan que el autor, poniendo
al fin de cada libro las aclaraciones corres-
pondientes , dividiendo la obra en los mismos
grandes tomos en que César Cantú la ha divi-
dido y destinando los últimos para los documen-
tos. Además, se aclararán ciertos puntos que
puedan parecer oscuros v se anotarán aquellos pa
sajes , principalmente Je la historia patria , que
contengan manifiestos errores. Si á esto se agre-
Í!;an la belleza de las lámina;^ con q^ae adornamos
a obra y lo esmerado de la impresión , no se nos
negará el mérito de haber dado á conocer en Es-
paña uno de los escritos mas importantes de
nuestro siglo , y mas dignos de pasar á la pos-
teridad.
Madrid i.' de enero de 4 SM.
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A«TORf>L'íN0X Afr^
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C.A?PAJ< Y KOI O riJirORE^
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JÓVENES ITALUNOS.
JOVEN era yo también cuando dediqué , no mis
odos» sino mi vida toda, á presentar á nuestra pa-
tría el hermoso y triste espectáóuto de la huma*
nidad , cuyo destino es progresar padeciendo , y
camínar.fatigosamenteálaadquisicion de la ver-
dad, y de una distribución mas equitativa dé los
goces" de la vida y délas utilidades del saber. Ta-
maña empresa no podía acometerse sino en esa
edad en que la entera cx)nfianza en sí mismo y
en las cosas obscurece en gran parte los obs-
táculos ; ó cuando el presentirlos da fuerzas
al individuo pra resistir tenazmente la in-
coraUe rivalidad de losquedespredan al mismo
tiempo que envidian á un autor ; el despecho de
los que, acostumbrados al crepúsculo^ amrreceu
faLluz como perturbadora ; la torpeza de los' ((úe
DO comprenden ; la malignidad de los que com*
prenden demasiado; y esa indifeh*enGÍa del mun-
do culto, que es la consagración de cuanto se hace
en honor ael país y parala propagación de lain-
Idijmicia.
raa quien se paga de las ideas indecisas é
incompletas que son la ignorancia menos so-
portable á entendimientos justos;- para el que,
esdavo del respeto humano, tirano de los que
nada valen , besa las plantas con que la preocu-
pación conculca el buen sentido, y nace mas ajpe-
tecible la lisonja á los opresores , atacando con
altisonantes fatuidades á los oprimidos; para ese
las dificultades se allanan , y lasalas de la no asus*
tada medianía lo elevan á las ovaciones de un
vulgo que usurpa el título de nación.
Peroel atrevimiento llega á ser temeraria osadía
en aquel que en los temas mas expuestos á la ani-
mosidad, como moral , política , religión , pre-
tende entrar de Henéenlas cuestiones esenciales,
^n omisiones ni oscuridad ; y eligiendo franca-
mente entre lasopiniones, en un tiempo en que
todas son apasionadamente controvertidas, y en
donde la anda y la negación arman el fusil ó
la calumnia contra las persuasiones, se atre-*
ve á toda costa á tener opinión propia. Es tam-
bién temerario el atrevimiento en quien mirando
la libertad ya sin embriaguez ya sin miedo,
rechaza sus excesos con la firmeza licita á quien
nunca los ha adulado ; quiere proclamar con
franqueza lo que siente con íntima convicción;
pretende restablecer la independencia moral y
dentifieaque va desapareciendo cada día mas de
la enseñanza; quiere hacer hi ^rra á las vul-
garidades , á las ideas de desunión y de iriicnn-
dia, serviles al mismo tiempo que violentas, dé-
biles á la par (|ae temerarias; no pierde jamás
de vista el intimo enlace de las acciones cpn los
pensamientos, de las teorías con las creencias;
y laborioso para investigar, apasionado para
concebir, sincero en el narrar, escribe con d
corazón después de haber reflexionado mucho
con la cabeza , subordina la belleza artística á la
moral , ios efectos materiales al pensamiento in-
genuo y verdadero, las opiniones incontestadas
y arbitrarias' al fruto de austeras indagaciones
y á la armonia de los elementos univemles de
la humanidad; aspirando en suma á que su obra
sea á la vez obra de arte, de ciencia y de sen- '
timiento.
Dedicado desde mis ptimeros años á Ja Histo-
ria (no os pese, jóvenes, estrechar relaciones con
Í[nien por tan largo camino debe acompañaros)
ni testigo de sus mudanzas , cuando el estudio
necesario de lo presente obligaba á investigar sus
causas é» lo pa^o;cuando ala frivolidad que se
detiene en los accidentes y en las anécdotas, en
vez de distiilfftiir los sucesos generales entre las
particularidades, sucedió un amplio modo de
considerar y describir las causas y los efectos y
los progi*esós del individuo y de la especie ; cuan^-
do al lívido .desprecio reemplazó la meditación
refotmadora, á la incredulidad que se mofa y á la
impiedad pdsiva la seria consideración de los
tiempos' y circunstancias, y el respeto á todo lo
que muestra inteligencia y digniaad ; cuando á
las ideas in(M>nexas siguieron los lazos científicos
que obligan á decir la verdad é impiden la mas
astuta falsificación de la historia , que es su mu-
tilación ; cuando , en fin , se dirigía la atención
á los muchos padecimientos y á los contados go^
ees , á los disgustos v á las ésperaneas de aquel
vulgo*, que antes andaba perdido y deslumhrado
entre las maravillas de los tronos." Entonces, en
vez de narraciones brillantes y retóricas , se re-
dujo la Historia á hechos instructivos ; se ahan^
donaron los vicios comunes de ligereza en his
obras , falso entusiasmo en las reflexiones y des-
cripción del estado social y del carácter "de loé
pueblos por mediode frascv^ absolutas yconcisas,
que alucinan al vulgo y que por lo general hm
injusticias ó impertinencias. La Historia, que
convertida en voz de la conciencia de los pueblos
é intérprete del pensamiento moral , no exigía
solo talento, sino también corazón y fe, pacien-
cia en las investigaciones , é ingenuidM ea los
juicios, revocó entonces muchas sentencias au-
torizadas , rehabilitó nombres, borró glorias
é ignominias, no caprichosamente, siáo cam-
biando el punto de vista para considerarlas; por
consiguiente hubo de rehacerse por medio de tra-
bajos profundos y con. entusiasmo intentados:
quedaron los personajes y los sacesos, pero
cambió la manera de considerarlos ; desenvolvióse
la idea eterna de las ideas contingentes, y tal
vez, con los vasos arrebatados al Egipto , se fa-
bricaba el tabernáculo de Israel.
Arreglada así la Historia , ya no la reconocian
los grandes maestros ; y desde la altura del saber
por el cual eran venerados, hubieron de censu-
rar ya los juicios, ya las exposiciones tomando- '
las aisladamente, siendo asi que su verdadero
significado no puede deducirse sino del conjunto.
Los pedantes, presuntuosos , como todo lo que
es limitado , dotados de una erudición que parece
exteasa por lo ostentada , y acostumbrados con
el furot de ta impotencia & incensar y á malde-
cir de caso pensado ;
Los poderosos epicúreos, á quienes los festines
sontuosos y los espectáculos no dejan sentir esos
dolores que despiertan la conciencia del ser y
dan temple para aspirar á grandes cosas ; hom-
bres Que detestando toda verdad molesta, que no
queriéndose tomar el trabajo de pensar y cre-
yendo insulto la actividad de otros, escarne-
' cea por pasatiempo de su elegante fatuidad á
auien no goza como ellos en una tranquilidad sin
aeooro y .en un orden sin progreso ;
Los sofistas , en quienes su profesión ha em-
botado el conocimiento de lo verdadero, y que
abundantes en pretensiones cuanto escasos de
dignidad, tomando por ¿enio superior la con-
fianza estrepitosa y la audacia en el decir lo que
ningún hombre honrado dicia , quieren arreglar
el mundo á fuerza de lamentaciones , infundir
en los otros sus odios, sus preocupaciones , sus
terrores , y sustituir á la sencillez de las almas
fuertes el énfasis y la movilidad constante; hom-
bres que recurriendo hasta á la hipocresía , que
es hoy el vicio menos necesario , denigran las
intenciones cuando no pueden censurar los actos,
acusan dedegradacion á aquel á quien no pueden
arrastrar hasta el fango de su vileza; denuncian
la fraternidad como complot , los impulsos ge-
nerosos como efecto de cálculo ;
Los hombres de lo pasado que'en nada quie-
ren ceder y conservan las supersticiones de la
antigüedad cuando ya se ha perdido la fe; y los
hombres del porvenir que de nada quieren ab&>
tenerse» y que extremados en sus demandas, con
la ilusión de bienes quiméricos desvian á otros
del camino que conduce á los bienes posibles,
para cuyo logro se requieren fe, resignación y
caridad;
Los hombres de conciencia tímida , ({ue asus-
tándose de aquel libre examen, necesario para la
fe no menos que para la duda, confunden la le-
Atima franqueza del pensador con el insulto del
Ubertino ;
Los reyes de la opinión oue se hacen perse-
guidores y tiranuelos cuando cesan los reyes de
la fuerza; atentos siempre á cortar las cabezas
de las amapolas que sobresalen entre las demás;
hombres que, no consintiendo en uno solo dos
motivos de gloria, denigran el carácter de aquel
cuyo talento no pueden oscurecer; alimentan con
maldiciones y frivolidades una locuacidad senti-
mental y servil ; toman de fuentes sublimes ins*
piraciones vulgarísimas; y esforzándose en des«
truir aquel derecho mas allá del cual no hay sino
violencia, creen guiar, cuando en realidad son
arrastrados, y visten la máscara de la libertad
para hacerla aborrecible abusando de ella ;
Los lectores y escritores envueltos en un tor-
bellino de opúsculos fugaces , de novelas asque-
rosas, de disputas indecentes; enorgullecidos por
estudios ligeros que deslumhran en vez de ilustrar ,
y por aquella instruecioá superficial que da á las
pasiones mayor intensidad y á las inteligencias
una ligereza*^ que fácilmente se comunica á los
caracteres ;.
Todos estos debían aborrecer la austera en-
señanza de la historia verídica, y coligarse contra
auien , entre el valor que sucumbe , la duda que
desanima , la dignidad que se pierde, viniese con
I)alabra firme , austera, insistente á proclamar
a verdad en toda su grandeza; viniese. apoyado
en la dignidad de historiador y en su propia bue-
na fe , obligado á veces acallar , jamas resignado
á mentir y reclamando el derecho de no engañar.
Pero SI los martirios previstos, y aun en parte
experimentados , desanimasen , ¿'qué empresa
grande podría llevarse á cabo?
Por otra parte , con nuestra generación que
se va, crece la vuestra , oh jóvenes , sedienta de
justicia, de verdad , de caridad , de actividad;
deseosa de creer, de respetar, de ilustrarse, y
que llegará á ser mejor ane nosotros, sí tratamos,
no de engañarla, sino de iluminarla ; no de re*
chazarla hacia lo pasado, sino de iniciarla en el
porvenir.
Rn esta confianza yo, el primero y solo, me
atreví á ordenar en un vasto conjunto tantos tra-
bajos parciales , para que apareciese la verdad
general , así de la armonía de las verdades par-
ticulares , como del desacuerdo entre los errores
procedentes de la adopción de estrechas miras.
Hombre del pneblo, criado entre el pueblo,
y dedicando á este las tareas que solo deseo me
sobrevivan á lo menos en sus efectos, venia á
hablar al pueblo sin aparato de reputación, sin
precauciones de Mecenas , sin tutela de autori-
dad ni de clientes; con fuerzas no inexpertas, pero
con escasísimos medios ; con obstáculos que me
eran peculiares , pero obstinado en seguir ade-
lante como persuadido que estaba del bien que
en ello hacia á la nación y á la verdad. Hablaba
al pueblo , pero los mismos que por ello me cul-
paron han tenido que conf&sar que estaba lejos
de la demagogia precursora de la tiranía, y aue
no dirigía á las pasiones de la multitud esa adu-
lación , no menos baja que la que se ofrece á los
fuertes, sino en cuanto ti^e menos esperanzas;
porque siempre he creído que la libertad no es
amenaza ni venganza, sino bandera de unión,
tutela contra la opresión dé toda clase , garantía
de toda especie de derechos.
Si hubiera hallado á los literatos apartados
del pueblo, aunque ellos fueron mis maestros y
mis colegas, aunque entre ellos y por su corte-
sía he adquirido el poco nombre que me ha dado
atrevimiento para cesar de repetir tartamudeando
ajen^ ooiniones y formular con seguridad las
mías, no nabria vacilado en separarme de ellos,
aceptando un ostracismo inevitable en este caso,
para quien desea conservar con celo el tesoro de
VH
SUS convicciones , y que habiendo de haUar con
arreglo aellas, no en conformidad con las de nin-
gún partido , tiene por consecuencia que desa-
gradar á todos.
Con el valor, pues, de la resignación me pre-
paré (tarea nueva) á comprender en una narra-
ción la vida de todos los pueblos , no solamente
política, sino también económica, artística, lite-
raria y moral , renoiendo en suma todos los ele-
mentos de la sociedad ordenados por tiempos y
por naciones, de modo que apareciese visible el
progreso contemporáneo del género humano.
Cuanto mayor era el asunto , mas recelos de-
bian causar la influencia de estudios dirigidos á
un solo objeto , la autoridad de una palabra re-
petida por espacio de anos y en un tono solo,
en época en que la atención se extiende sobre
den cosas diversas: esapalabra dirigida á vo-
sotros, jóvenes, y al pueblo, estoes al porvenir,
y que revisando todo cuanto se ha dicho , pén-
sano, sentido é intentado , adquiría eficacia en
fuerza de su sinceridad y de la distancia que la
separaba de los juicios generales.
líunca perdona auien teme ; y así natural-
mente los críticos , abandonando la adulación hoy
habitual, ó mejor dicho, usando de una forma
diversa de adulación , hubieron de combinar con-
tra mi aquella táctica que hiere á los hombres an-
tes que alas cosas, y honraron mi humildad con
aquellas palabras del aldeano de Atenas que yo
creia reservadas para los hombres de espléndi-
das aocionesf ex puestos á los tiros de la envidia.
Cuando la crítica modesta, amplia, vivificadora,
no se afana tanto en descubrir defectos como
en multiplicar con las bellezas los placeres de la
inteligencia: cuando no castiga al autor, sino que
lo instruye y lo mejora : cuando presenta á los
hombres grandes como ejemplos para ser respe-
tados, no como ídolos ante quienes deba inmo-
larse U sincera razón : cuando con criterio seguro
y recta conciencia admite á participar del aplauso
público a todo el gue ha merecido bien de la
verdad ; entonces viene á ser un fragmento de la
historia intelectual del pueblo y su benéfica ins-
tructora. Pero cuandoairadadecorazon, mezqui-
na de ánimo, provocadora en las formas, erige en
leves ínqnisitorialeslas infinitas timidecesde la li-
tera tora oficial ; cuando á fuena de arbitrariedades
pretende abatir la generosidad de los conceptos
y lo que hay de complejo én la ejecución de una
obra; cuando perdiéndose en cuestiones parciales,
y mirándolas por un lado solo, toma los accidentes
por sustancia y engaña con la pompa de ideas
sonoramente vagas; cuando haciendo uso de la
audada, que es la fueraa de los débiles y la dig-
nidad de los abyectos , en vez de comfiatir de-
güella; en tal caso debe someterse á la sehtencia
del antiguo Polibio , que decia : sino sabeü aplau-
dir á los enemigos y censurar á los amigos cuando
U> merezcan , no escribáis. £1 que es víctima de
esta crítica tendrá que lamentarse de haber sido
iozgadp antes que leido, y de verse privado por
la violación de todas las formas corteses, de aque-
llas ventajas que trae la contienda cuando en el
adversario se encuentran, si no la imparcialidad
y el maduro examen que cede á las demostrar
(áones , á lo menos la lealtad que no inventa er*< 1
rores para refutarlos , la templanza que respeta
aun á los adversarios, y el decoro que se debe á
sí mismo lodo- hombre bien educado.
¡ Miserable y degradante ocupación de la in-
teligencia en los paises donde esta carece de digno
objeto! Elhombre honrado, sin embargo, mira con
lástima las sañudas e;xigenc¡as de quien se halla
abrumado de padecimientos gueno sabe sufrír ni
remediar; y compadece á auien se encuentra po-
seído de la tremenda necesidad de ejercer sus facul-
tades aclivas, unida á la imposibilidad de satisfa-
cerla; y el escritor se consuela pensando que estos
clamores que su obra suscita , la salvan Je la ma-
yordes«:racia, quesería el pasar inobservada , y
a el le libran de adormecerse en la fácil satisfac-
ción de quien cuenta con la indiferencia del pú-
blico y con el aplauso de sus parciales. '
He delineado una situación general y mas pro-
fúa. especialmente de los paises en que 'faltando la
ibertad de decirlo todo , se usurpa la de insí-
nuarío; paises en los cuales hay interés en fo-
mentar los odios que desunen, en'hacer preferible
la charla.de un sicofanta á una vida entera de
honor, en hacer á los hombres recelosos para
conservarlos esclavos, y con espíritu ligero y sar-
r^stico dar cierto aspecto de frivolidad alas cosas
mas graves, para cjue en vez de ¡deas profundas
V unánimes, queden solamente facilidad para
fallar, é impotencia para examinar. Ruego , sin
embargo , á quien considerando mezquinamente
estas líneas no vea en ellas sino alusiones al
caso en que me encuentro, que me crea á lo me-
nos bastante, persuadido de la dignidad de las
letras para no confundir á los críticos con aque-
llos escritores abyectísimos que solo inspiran ^
desprecio en lugar de indignación, escritores
que fundándose en rumores vagos, y por lo
mismo incontestables, asesinan las reputaciones,
espían las intenciones en las palabras, van á
buscar el sentido de estas al fondo del corazón y
aceptan estipendio para inspirar recelos contra
los estudio*^ graves , para íni pedir que se circunde
de respeto la decadencia nacional , para trans-
formar las discusiones literarias en aquellos pu-
gilatos de plaza, olvidados va en toda £üropa,
para excitar al ocio mostrando cuan inevitables
padecimientos abruman en Italia á quien de otro
modo satisface , no solo la baia ambición de oro
y de aplausos , sino el noble aeseo de reputación
y de autoridad.
1 Desdichado , una y mil veces desdichado el
país, cuyos nobles hijos se creen obligados á ba-
jar á uría arena de procaces injurias , y recha-
zándolas mostrar que se aceptan esos actos in-
decorosos que abren el camino para acciones
infames! ¡Desgraciado el país en que hay que
rechazar por escrito acusaciones como la de ser-
vir á la inquisición y á la policía, y en que un
autor se ve obligado á rebajar su dignidad en un
libro dirígido únicamente á aar á conocer la suya
al hombre, al italiano!
Por lodemás, es natural en los partidos no cui-
darse de si son ó no legitimas las acusaciones
con tal que lastimen al contrario , y cubriendo
el delito con el manto de la venganza, aceptar
actos infames que nadie en particular tolerarla;
está también en su í&dole cuando se relajan Ia3
▼III
trabas legales, tratar de imponer otras naevas al
pensamiento , reduciendo a cuestiones de perso-
nas las cuestiones de principios, impugnando
la libertad del examen que es el primer derecho
y el primer deber d«l escritor y poniendo obstá-
culos al homtMre para pensar, y al pensamiento
para manifestarse libremente. Los malos medios
son' el oprobio del hombre , no de la causa de
que se dice partidario.
Me ha servido además de consuelo el progreso
que he visto en el desacostumbrado encarniza-
miento con que he sido atacado. Comenzóse con
la sátira, tratando de improvisada compilación
esta historia y cuidándose poco de la lógica pues
que solo se queria hacer reir. A poco tiempo se
echó de ver que las diatribas rastreras y las in-
sulsas habladurías no bastaban contra una voz in-
trépidamente perseverante, refonadapor la pro-
pagación de la obra y por el generoso apovo de
muchos ; y entonces, al vilipendio suceaíó la
suspicacia, á la argucia la indagación y el pedir
cuenta de cada frase , como meditada séríamen-
te ; y se emplearon en esto la actividad y el dine-
ro que en otros paises se habrian empleado para
sostener los esfuerzos ae un ciudadano, ó llevar
á cabo una buena obra. Después, mis adversarios
incurriendo en excesos , impulsados por la falta
de resistencia y por la certeza de que me seria
f prohibido contestar , llegaron á ecnarmanode
a denuncia , de la intimidación , de la calumnia
mas irremediable, que es la que se propaga por
insinuaciones , de la tiranía en íín que ataca al
hombre en el santuario de su conciencia. Pres-
cindiendo del valor de resistencia qué inspira siem-
pre una^ande injusticia , conGeso que debo á es-
los inusitados furores, que esta obra (¿porqué no
ha de permitírseme un orgullo que no es peligro-
so?) sea una de las mas francas y sinceras de núes- I do mucho mas alto que yo pero por mi medio!
tra literatura. Mis adversarios ño dando álasacu- ¡Qué triunfo ver bríllar la verdad aun al través
sacioues viso alguno de probabilidad y valiéndose dejos nubarrones acumulados para ofuscarla^
animosidad (2) ; pero solo creo que son culpas
aquellas que provienen de la voluntad. Ahora
bien, mi voluntad fue siempre dirigida áproca-
rar lo mejor; y de la sinceridad dermis juicios no
he podido dudar ni aun cuando he dudado de su
exactitud. Acaso ¿me eran desconocidas las reti-
cencias convenientes á las medianías , los tem-
peramentos aue dan razón á todas las opiniones,
ta comodidad de adoptar juicios ya formados, la
adulación exigida para los ídolos de la época?
Si á todo esto ne preferido una costosísima fran-
queza con ami^s y enemigos : si cuando me han
repetido en mil tonos pierna y habla e<nno no^
sotros^óavdetí, he contestado: da, pero escucha:
conviene decir que me ha inducido a ello un de-
seo irresistible de verdad; que el temor de dañar
mi conciencia me ha librado del miedo á los fan-
farrones y á los fuertes, y que por tanto no he es-
crito , ni Dios mediante escribiré , cosa alguna
contraria á mis convicciones.
Las ideas mas que por comunicaciones pacifi-
cas se propagan por batallas ^ y en el triunfo de
las ideas,, ¿qué importan las convulsiones de!
hombre? Por otra parte , donde el ángel de las
tinieblas siembra anapelo y cicuta , el ápgel de
la luz hace germinar díctamo y panacea. Favo-
recida por la tormenta mi obra se propagaba;
multiplicáronse necesariamente las ediciones y
asi se difundía entre aquellos á quienes yo la
destinaba y que no tienen cenáculos donde^'con-
certar la calumnia, ni dinero , periódicos ni voz
para divulgarla , sino corazón , sino rectitud vír^
gen , sino percepción de lo que leslconviene, de
10 que realzando su dignidad, madura su porve-
nir. ¡Qué satisfacción para mí haber hecho leer
tanto y en materias importantes! ¡Qué consuelo
oir repetidas mis ideas por tantos que han subí
de formas destempladas , con su necio variar de
imputaciones me han dispensado de la injuria de
la defensa, la cual, para conformarse con el tono
del ataque habría tenido que ser humillante para
mí é impertinente para el público que necesita
obras grandes , es decir, obras que le induzcan á
pensar; tanto mas, cuanto que el público no quiere
que se abandonen los hábitos de justicia, de exa-
men V de urbanidad , cuya adquisición equivale
á la de muchas libertades.
Consolábame también la falsedad de aquellas
acusaciones como indicio de que no se hallaban
cargos verdaderos que dirigirme ; persuadíame
por otra parte que opinipnes tan combatidas
no debían ser vulgares, ni debía estar conde-
nada á perecer una obra que resistía á ata-
ques tan fieros , insólitos aun en los puntos en
que es libre v oUigatorio el injuriar y está pro-
nibído d detenderse ( 1 ).
Los errores y los efectos de mi ignorancia yo
los veo mejor que podría verlos la mas perspicaz
(i ) • i'ai me «atiere eonflance daos V empire de la vérité ; je
8id8 eaDjain en , paifaitemaat eoo? aiaeo que , tonque des impoia-
• ttons, des accQsaUons , qoelque violentes, qaelqae répétées qn'
» dleí aoient , n*oiit pas de feadement rtel ; loraqu* il n' y a riea de
» Trai, de serien dans ees impotatiois; je suis convainca g«e de
• BoCre temps,c0«c nos imtltuUons, dans nos m(purs, efles se
» coMoneni , s* evanonissente torobent reOes mftmes.» Goizot, se-
« sion dei i de gosto de 1817 en ia C;^iii»ra de los Pares.
Sí os recuerdo mi fortuna , oh jóvenes, no es
por vanidad; sábelo Dios , sino para que los mul-
tiplicados dis^stos que me han dado los literatos
no lleguen á infundir en vosotros aquella pereza
que pone el premio en las alabanzas y la felici-
dad en la calma indecorosa; para que no os asus-
te la implacable enemistad de los perezosos
contra los activos , de los escéptioos contra los
persuadidos, de los abanderizados contra los que
no tienen mas partido que la verdad. Ensalzar
el augusto y mistetioso deleite que se experi-
menta en coadyuvar á la inspiración de un au-
tor , y los goces austeros pero profundos del tra-
bajo y del buen éxito , es en nuestra patria un
deber tanto mayor, cuanta mas necesidad tiene
la Italia de personas que con su ardimiento, ya
que no de otro modo , rechacen de su frente las
acusaciones de perezosa y estéril.
Todo movimiento literario tiene una signiti-
( 2 } El jesaiu PeUo decía á Mezerav qoe baJUa contado mil er-
rores en su Compendio. ¿Si? respondió elantor, pues uo he coni
Mo dúi mii. Mezeny no había consentido en venderse S los domi-
nadores de su patria , ni en disfrazar la historia; por eso el ministro
le quitó la mitad del sueldo y luego el sueldo entero , t los grandes
patriotas lo tachaban , dice Bayle, ndcadaiar siempre' al poeblo á
• expensas de la corte, y de complacerse en notar lo ignominioso y
• lo odioso de los actos de Francia.»
Los hombres se conducen siempre del mismo modo cuando están
dominados por igialcs pasiones.
cacion moral. Así cuánto mas se ha visto esta
obra destituida de alabanzas y dQpcimida por
aquellos cuyo sufragio es mendigado como m-
dispeosable para el Duen éxito , tanto mas de-
mostraba que había comprendido el espíritu y
correspondido á las necesidades de la época;
tanto mayores pruebas daba de que en la masa,
de que en la juventud se está efectuando una
transición de las disputas sobre puntos secun-
darios al conocimiento de los principios , y de la
opinión aristocrática, escolástica, colérica, an-
ticuada, ala opinión natural, popular, iniciado-
ra. El que anuncia y presagia este porvenir ¿no
debe someterse al azote de los retrógados? El
que sube á la brecha ¿no se expone á ser herido
por los enemigos y abandonado por los amigos?
Tuve asimismo abundantes consuelos por-
aue no buscaba el triunfo mió, sino la victoria de
doctrinas que creia justas y benéiicas. A.1 fin, ha-
biendo llegado al termino de mi obra , esperaba
volver á aquella inacción que es la única que
aquí obtiene paz, justicia y honores; pero no
me ha sido dado entregarme al reposo « porque
investigaciones cada vez mayores y en mayor
flúfflero reclaman otra reimpresión ; y el deber
para con el editor, cuya confianza cuento entre
los prósperos sucesos de mi obra , y para con el
púáioo que generosamente ha acogido las pri-
meras ediciones, me obliga á perfeccionar esta
nueva.
La conveniencia del editor me obligó á comen-
zar la publicación (en febrero de 1838) cuando no
tenia completas mas que la historia antigua y la
de la edad media ; y agregándose al trabajo de
terminar la obra el que ocasionaba su rapidísima
publicación, hube de quedarme muv distante
aun de aquella perfección que á mis pol)res fuer-
zas era dado alcanzar. No teniendo á la vista la
obra toda, mal podia satisfacer al requisito de
la armonía, tanto mas estimable cuanto mas se va
perdiendo. La atención que tenia que fijar en las
cosas, absorvia con frecuencia laque se debia al
estilo; y aunque me propuse «que ninguna pá~
Bgina se resintiese de la precipitación impuesta
i»por las circunstancias , y que en ninguna se
«echase de ver mas que la constante actividad de
«quien concienzuda y confiadamente se afana con
«nrme propósito, «"^¿cómo era posible para mi
bnmildad mantener la autoridad del genio que
nada encuentra superior á sus fuerzas? ¿Cómo
era posible, para mi que luchaba, conservar la
serenidad que no procede sino de la certeza del
éxito?
En an país de cuyos eruditos no me han ve-
nido mas que contradicciones , obstáculos, des-
aliento , me faltaron muchas veces los libros ó
las meiores ediciones , y siempre los consejos
de ma^tros especiales en aauellos estudios acce-
sorios que me obligaba á nacer la^variedad del
asunto. Peregrino ae la ciencia , he buscado en
bibliotecas, en archivos y especialmente en con-
versaciones , los informes , las noticias , susci-
tando las francas discusiones que ilustran las
ideas propias aun cuando no nos enriquezcan
con las ajenas , y he visto monumentos y obras
maestras del arte que antes habia juzgado, re-
firiéndome á opiniones ajenas según los mas lo
IX
habían hecho. A. grandes sabios que al principio
me habian negado la limosna de sus indicaciones,
he podido acercarme sin tanto temor de parecer
osado después de concluida la obra , y otros me
han ofrecido sus consejos espontáneamente con la
ingenua modestia de « quien ve y quiere con rec-
titud, y ama.»
Además, esta obra fue traducida; y prescin-
diendo de la incalculable ventaja de ver las pro-
pias ideas en traje extranjero, y descubiertas to-
das las ambigüedades ai pasar por el crisol de
otros escritores , tuvo ladetiaber llegado ápaises
en que la palabra conserva su formidable poder,
porque está asociada con el pensamiento y la
acción , en. que la práctica de los negocios
completa la educación dada por los libros , en
que son muchos los medios de conocer la verdad
porque es plenamente libre la facultad de enun-
ciarla. Allí la depresión no ha habituado á los
hombros ano creer en los nobles sentimientos y
á suponer en todos almas afeminadas, pensamien-
tos vulgares, talentos degradados; allí las opinio-
nes en vez de hallarse exacerbadas por la prohibi-
ción , se han hecho tolerantes en fuerza de la
libertad del debate ; allí los hombres se mues-
tran menos encarnizados porque son menos im-
potentes; y allí he podido prometerme fallos im-
parciales, cuando muerto el odio de los débiles y
acabado el miedo de los fuertes , la alabanza no
estaba proscripta ni estipendiada la calumnia.
Que el trabajador se instruye trabajando es
Eroverbio vulgar ; y muy oportunamente se me
a recordado que aquel que comienza una obra
es aun menos que discípulo de quien la conclu-
ye. Asi los buenos escritores, en vez de mostrarse
satisfechos de si mismos y repudiar , por un amor
propio mal entendido, laincomparable exjperien-
ciade la publicidad, no dejan nunca de pulir
sus obras. Desde que publiqué la mia , no he
leido libro de que no haya sacado apuntes, ni se
ha pasado dia sin añadir ó corregir algunos, se*
gun los progresos que van haciendo la civiliza-
ción y la ciencia ; progresos tan gigantescos que
difícilmente puede seguirlos ni aun aquel que no
se ocupe en otra cosa. No hay punto de historia,
ni cuestión de filosofía , ni aspecto de religión,
no hay país , personaje , ni acontecimiento , aue
no haya sido objeto de libros especiales en los
pocos años que van transcurridos. Asuntos que
parecían condenados á eterna esterilidad han
iructificado; háse alzado una punta del velo que.
cubre la historia de los Pclasgos , de las razas
oceánicas y africanas , de los primitivos habi-
tantes de Italia, los caracteres geroglífícos y
cuneiformes, y la lengua zenda. La paciencia eru-
dita registra escrupulosamente los archivos y la
postuma imparcialidad publica nuevos documen-
tos: una critica confiada pero prudente, severa,
pero no melindrosa , vuelve á poner en examen
opiniones admitidas y hechos aceptados > y hace
que hoy sea error ó inexactitud lo que ayer pa-
recía materia de fe. Abiertas las barreras insu-
perables de la China, se disipa la niebla que
envuelve la historia de las dos terceras partes
del género humano. El que hablare de los Egip-
cios según Champollion , de los antiguos italia-
nos según Micali , del Zendavesla según Anquc-
til , déla India musalmana según Robertson , se
mostraría atrasado en noticias; los libros del
Nepal nos llevan hasta el origen del Buddisino,
culto seguido por tantos individuos como el Cris-
tianismo cuenta. Ayer dijimos que de Nínive no
. quedaba vestigio ; noy la tenemos descubierta;
mañana se probará tal vez que aquellos edificios
son modernos. Describimos la batalla de Maren-
g:o con los pormenores aceptados , y las Memo-
rias del duque de Belluno los impu^rnan ; dijimos
gue lo interior de la Nueva Holanda se bailaba
inesplorado; que eran veinte y siete los Estados
Unióos de América , que ningún escrito quedaba
de Epi¿uro , que el ázoe era un cuerpo simple...
¡hemos sido desmentidos. Ahora desaparecen
el África los montes de la Luna ; agrégase un
continente á nuestro globo y cinco Huevos pla-
netas á nuestro sistema solar; ¡ y todo en tan po«
cósanos! '
Entretanto la Numismática forma el catálogo
de los innominados sucesores de 'Alejandro Mag-
no en Asia ; la Araueología ordena los monumen-
tos primili vos de Frigia, Lidia ,Capadocia y los
de la alta Asia que anticipan en muchos siglos
la historia d^ las bellas artes y de la escultura;
Palenque noes ya el mas admirable testimonio
de una civilización antimiisima en América; nue-
vas inducciones aduce la Antropología , hechos^
nuevos preséntala Geología , hoy prólogo nece-
sario á los anales del género humano ; nuevas
hipótesis surgen, entre las cuales el autor se ve
obligado á elegir , persuadido de que lo desapro-
barán los que prefieran la contraria.
Después de proclamar la verdad y las ideas
mas generosas, mé propuse dar á conocer á mi
patria el último punto á que han llegado los
estudios, y con este propósito mientras trabaja-
ba procure aprovecharme de los datos que iba
, adquiriendo para las sucesivas ediciones'; y en
las nptas y en los documentos inserté noticias ó
indicaciones qué debian completar ó modificar la
narración. Ahora todo obtendrá un puesto mas
conveniente ; serán mas exactas las concordan-
cias geográficas, cronológicas y ortográficas ; se
atemperarán las ideas primitivas á los conoci-
mientos pfosteriores ; se suprimirán algunos do-
cumentos que. han cesado de ser raros y que yo
be contribuido á vulgarizar, y los sustituirán otros
mas oportunos y mas concisos. En suma, pro-
curaré que la obra salga tal cual la habría hecho,
si la hubiese comenzado muchos anos después.
Aun es mayor el movimiento que se ha verifi-
cado en las ideas. Conjeturas ó esperanzas mías
han venido con el tiempo á reducirse á hechos, ó
á disiparse con su bonaad y su amargura. Espe-
rábase una regeneración de la raza árabe, y los
sucesos han venido á demostrar la esterilidad de
todo lo que está fuera del cristianismo. b)l co-
mercio se hallaba bajo la ley de las prohibiciones
y de la protección: y, ahora se abre á la- asocia-
ción y á la libertad. "^¿Habria yo podido figurar-
me que á la generación sobre la cual pasó la re-
volución se le volviesen á predicar ideas serviles,
de exclusión y de privilegio ; que fuese decretada
la intolerancia en nombre de los sentimientos
lil)erales ; que se quisiera no soto en la práctica
3Íno en la teoría sustituir con la idolatría de la
fuerza la sólida religión de la libertad ; que á
cosas miradas por mi como fantasmas se daria
cuerpo para intimidar á un siglo generoso y con-
fiado ; que el miedo excitaría hasta el parasismo
una oposición á la verdad , como saben hacerla
los que la temen ?
Por el contrario, obras publicadas entre aque-
llos extranjeros de quienes se aceptan orácu-
los que no se creen en boca de los compatriotas,
demostraron que muchas de las culpas que se
me habían echado en cara consistían en haberme
anticipado demasiadamente á tener razón (1).
Personajes cuya elevación de entendimiento, cu-
va inviolabilidad de carácter y cuyo libei^lismo
les hacían superiores á oscuras amenazas, prote-
gieron mis innovaciones c>on nnaadhesion que era
ineritoría porqué requería valor. El campo litera-
rio se limpiaba de la grama de las preocupaciones;
y ya muchos humanizados adoran lo que antes
quemaron , quemando lo que adoraron , y solamen-
te losciegos voluntarios podrían atreverse abajar
al fango en que se pretendió ahogarme. Cues-
tiones que parecían sepultadas en la indiferen-
cia se renuevan con la magestad de su impor^
tancia. Cada día se conoce mas claramente que
la independencia es compañera del genio, que el
talento se honra con la dignidad ; que hay mas no-
bleza en el error de la libertad que en las infa^
mías de la adulación. La Providencia, con alguno
de esos acontecimientos que suelen confundir á
auien la impugna , venia á desmentir por medio
e un simple o^mbio de personas á los que no
saben elevar su razón desde el fenónieno á las
ideas, y que sumidos en las tinieblas juzgan im-
posible el sol, tachando de locoá quien invoca el
ae ayer en la persuasión de que renacerá ma-
ñana.
En general conservaré con celo los sentimien-
tos que he manifestado en mis escritos juveniles,
y que espero me caracterizarán cuando esté en
el sepulcro ; pero en los pormenores puedo mu-
dar de parecer ; que no se cambia el árbol flori-
do en abril porque se cubra de fruta en otoño;
¿ni quiea se negaría á recibir los frutos de la
experiencia, ahora quelos sucesos caminan con
tal rapidez, que eluden toda previsión humana?
La eclad y los desengaños haoitúan al hombre á
tolerar aun las opiniones que rechaza , corrigen
la admiración que toma los fuegos fatuos por
estrellas, y enseñan á no asustarse de los inconve-
nientes que acompañan al bien y á buscar la pu-
reza en la elevación.
Por consiguiente, esta historia, conservándose
igual en las ideas , en los sentimientos, en el en-
cadenamiento general de los sucesos, aparecerá
menos imperfecta y mas proporcionada en sus
partes. Las emociones de la lucha agregadas á la
tarea solitaria, el asentimiento de unos, las con-
tradicciones de otros, me imponen mayoresdebe-
res y menores consideraciones: masliore, porque
me siento mas fuerte, manifestaré decididamente
mi pensamiento, abandonando aquellos tempera* •
mentos que han podido parecer contradicciones á
( 1 ) Entre ciento puedo citar con justo motivo las consideracio-
nes de Brouglwm sobre la Historia y los historiadores de s« país, y
las que este autor y los de la EnciclopédUnwvfiie Ittwn sobre tos
ídolos del siglo pasado.
losqneigooraa qiieiio síenpre et oanmianHisdi*
recto es el mas segdro ; y como aquel historiador
ehioo eomoQícaré á la pesteridaa las coMs tnie
me impidieroo decir, do los gobernantes, sino los
sofistas. Procuraré tamUen merecer de ios qoe
me dennndároD como demasiada franco, demar
siado cristiano , demasiado ítaliaoo , tas mismas
ímpataciones.
Diré cuatro palabras sobre la forota ; y para
quien conoce su intima conexión con^el pensa-
miento, mis advertencias parecerán mucnomas
importantes que las disputas gramaticales en que
miserablemente se entretienen gran número de
escritores italianos. Además de ser un insulto al
público no presentarse ante él bajo el aspecto mas
decente posible , creo que la belleza' es un instru-
mento eficacísimo para la educación del pueblo
y para el triunfo de la verdad. Es necesidad su-
prema de una nación el poseer una lengua sola,
para que todos estén de acuerdo ; viva, para que
baste á íos pensamientos mas nuevos y se trans*
forme según las circunstancias lo exijan. Entre
la desenfrenada libertad del vulgo, qoe busca á
todas horas palabras nuevas para dar mayor
exactitud á sus ideas , y la pedantería que se
obstina en envolver los nuevos pensamientos en
rancias palabras , falta en nuestro pais la s^ura
asociación del idioma , de la acción, de la idea;
asociación tan necesaria para quien desea hablar
como piensa , escribir como habla; y no usar de
la voz sino para expresar el pensamiento , del
pensamiento sino para proclamar la verdad. Co-
mo en lo demás, en esta parte me adhiero al par-
tido mas liberal , esto es al popular; pero repu-
tando dote primera del estilo la perspicuidad, que
bija de la propiedad basta para engendrar la fuer-
za y la elegancia, no he olvidado que la joya es
tanto mas límpida cuanto mas trabajada na sido.
He procurado huir de ciertas palabras peregri-
nas, de ciertas antítesis forzadas, de ciertas fra-
ses parásitas y de ciertas figuras ambiciosas,
recQmendadas'como clásicas, no menos que de
los modismos sugeridos por la lectura habitual
de libros extranjeros ; be tratado de evitar siem-
pre el barbarismo, de no usar el neologismo si-
no cuando ha sido necesario, de buscar aquella
expresión adecuada que nada quita y sobre to-
do nada añade al valor del pensamiento ; ha-
ciendo que esta Historia sea tan verdadera en
cuanto al estilo y á la dicción , como lo es en
cuan to á los hechos, su orden y su encadenamien-
to. La superioridad de la expresión se deriva de
la superioridad de las cosas, pero á mujr pocos
es dada la verdadera ^andeza que consiste en
el equilibrio de la sensibilidad y de la razón , en
la inmortal alianza de los sentimientos verdade-
ros con el estilo franco , de la sencillez con la
osadía , y del arte con la conciencia.
Con este objeto he revisado desde el principio
mi obra , premiado siempre en esta tarea por
creciente número de lectores. No esperaba na-
llarios entre mis jueces , sino entre yosotros, oh
jóvenes , qoe buscáis los medios de satisfocer las
necesidades elevadas de la inteligencia y del co-
razón; que 05 habituáis no solo á pensar sino á
ejecutar ; que en tiempos de partidos, cuando es
mas difial conocer los propios deberes quecum-
plifflo0, 09 inimis en las cosas de h Tida, én véis
de entregaros á los predicadores del desorden, á
los autores de aquella exageración que es ia po-
lítica y la moral de las medianías ; que á los cál-
enlos Idel interés oponéis los propósitos de sin-
ceridad, deabnogacTOB y de fnerza, sin los cuales
DO puede crearse, y macho menos durar una
nación.
Si al principio, aterrolrlzadoante el pensamien-
to de que pudiera llegarse á destruir el edificio
en c|ue había empleado toda mi vida, no podía
deciros sino veréis ; ahora que con frente ergui-
da puedo deciros mirad , reclamo de vosotros
mayor confianza. Y me oiréis ; y el placer de
conversar con vosotros , flor y espieranza de esta
querida Italia, renovará en mi ánimo^ aun des-
pués de tantas vicisitudes y desengaños, la se-
renidad de la juventud. Mientras otros os grílan,
desconfiad^ execrad^ destruid ^ yo os diré, «oh-
fiemos^ amemos y produzeamos. Sostengámonos
mutuamente (permitidme oue os lo repita) con
amor é indulgencia ;. desecnando las preocupa-
ciones antiliberales é inhumanas, arrostremos
también los odios inconsecuentes del vulgo; di-
sintamos cuando sea necesario de la opinión de
nuestrosamigos, para lo cual se requiere mayor
valor cotidiano que para las declamaciones exa-
geradas y para vencer á los enemigos ; disipemos
IOS fantasmas que asustan al grosero sensualis^
ta examinándolos á plena luz ; y demos pasto
nutritivo á la inteligencia, cansada de la duda,
apartándola de las fuentes envenenadas del
egoísmo.
Si se nos tacha de retrógrados, por que nega-
mos ínciedso á las pasiones y á los intereses del
dia ; de irreligiosos, porque queremos el culto
racional ; de supersticiosos, porque proclama-
mos los méritos de una ley que es al mismo
tiempo dogma moral y culto, y oponemos á las
tristezas de la tierra la paz del cielo ; de irreve-
rentes, porque tributamos á los grandes hombres
el homenaje de libres advertencias; de sediciosos,
porque procuramos imbuir en los ánimos la
elevación moral; detrastoAiadores, porque anhe-
lamos ver al pueblo educado, virtuoso y digno;
suframos sin desanimarnos; combatamos los
abasos p^ro sin proscribirlos ; peleemos varonil-
mente, pero sin rencor, contra las malas doc-
trinas, no contra las personas; resistamos sin
comprar votos con débiles condescendencias;
contentémonos con vencer , sin pretender triun*
&r ; y pidamos no privilegios , sino derechos, no
cortesía sino lealtad , no honores sino respeto,
no gloría sino paz.
¿Y si aun esto senos nie^a? No pueden ar-
rancarse las espinas del camino de la ciencia y
de la bondad, sin ensangrentarse las manos, y ¡ay
del que siembra si llegara á desesperarse á cada
tempestad que tiene que sufrir! Resignémonos,
pues, á los oolores por cuyo medio el Onmipo-
tente concede la verdad y la ciencia, y con los
cuales los hombres castigan á quien ha llegado
á conocer la una y adquirir la otra. Condición de
la victoria es la batalla, como signo de fuerza la
moderación y de confianza el esperar ; y las di-
ficultades de un deber mal recompensado lo ele-
van á la grandeza de sacrificio. Acaso ha lle^o
xu.
el día de la justicia, y el unáiiioie movimieiiio
aciaal de Italia iniaado en las ideas que yo
siempre he predicado; tal vez extíngoirá en pa*
díicacíon popular esas ¡ras deletéreas propias
solamente para dejamos aislados ; y entonces los
qne nos hostilizan recobrando la fe , vendrán 4
entonar con nosotros el himno de las esperanzas
cumplidas. Mientras tanto á la descarada inso*
lencia, á la hipócrita denigración , & los renco-
res poderosos, al mentido bberalismo, opon^ga-
mos la benevolencia, el perdón , la generosidad
verdadera y aquella cortesía que es la tutora de
la libertad ; y consolémonos pensando qne el sol
camina á pesar de las nubes que se le oponen;
3 ueá la noche de la ignorancia, delaesdavitud,
e la duda, del sofisma, sucederá el alba de la
doctrina, de la justicia, del orden , de la fe ; y
que el porvenir es nuestro.
Milán octubre.de 1847.
Cásák GjLRiú.
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A MI PATRIA
UN PENSAMIENTO INDEPENDIENTE,
UNA FRANCA PALABRA,
UN AFECTO ACTIVO,
DESEANDO QUE APRECIE Y COMPRENDA
ESTA HISTORIA SOaAL.
Febrero de 1838.
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. Ne anferas de ore meo verbqiD verUa(is asauéquaqae. Loquebar de testimonüs tais in conspecta
reguní , et non contimdetKir NarraTefunt mihf iniqul fabulationes , sed non nt lex taa..v.. Fect
judicium et justitiam : ne tradas me calumniantibus me.
^ ' Salmo US.
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DISCURSO
SOBRE LA
HISTORIA UNIVERSAL.
NiNGimA ciencia satisface tan completamente
como la Historia la inmensa necesidad de lo ver-
dadero y de lo bello y de lo bueno que la bamani-
dad siente mas imperiosamente á medida que
mas adelanta en su camino. Nuevos nosotros en
este mundo y sucesores de aquellos que , cono-
ciéndolo apenas, lo abandonaron; anillos tem-
porales de la cadena en la cual , á pesar de la
destrucción de los individuos, se perpetúa la es-
pecie» ¿cómo podríamos dirigimos si estuviéra-
mos atenidos solamente á la propia experiencia?
En poco superiores á los brutos , y acaso mas
desgraciados c^ue ellos ; guiados por el instinto
del placer ó el imperio de la necesidad , nos pa-
receríamos, ai niño nacido á media noche» que al
ver salir el sol , lo creyera acabado de crear en
aquel momento.
Nos acostumbran á la vida y nos anticipan las
preciosas pero caras lecciones de la experiencia,
el estadio de los hombres y el délos líoros , real
é inmediato el uno, mas extenso en variedad j
duradonel otro, imperfectos entrambos, si se di-
viden. La Historia, que en los libros atesora los
estudios hechos acerca del hombre, combina
perfectamente estas dos lecciones y forma la me-
ior transición de la teoría á la práctica, de la es-
cuela á la sociedad.
Pero si se limita á una vasta colección de he-
chos, de los cuales pretended hombre deducir la
norma para obrar en circunstancias semejantes,
serán insuficientes é inútiles sus lecciones, por-
que nunca se reproducen los sucesos con igua-
les accidentes. Mas alta importancia adquiere
cuando considera los heclios como una pala-
bra sucesiva, que masó menos claramente ma-
nifiesta los mandatos de la Providencia; cuando
los enlaza , no con la idea de utilidad parcial,
smo con una ley eterna de caridad y de justicia;
cuando no se contenta con descubrir , envenenar
y contemplar tristemente las llagas sociales , sino
que hace que los dolores sufridos por los antepa-
sados, y las lecciones de las grandes desventu-
ras redunden en provecho de las generaciones
venideras. Entonces nos eleva sobre intereses
efiffleros , y mostrando que somos miembros de
una asociación universal que se dirige á la con-
quista de ja virtud , de la doctrina, de la felici-
dad , dilata nuestra existencia á todos los siglos,
nuestra patria á todo el mundo , nos hace con-
temporáneos de los grandes personajes y nos
manifiesta la necesidad de dejar con aumentos á
nuestros sucesores la herencia que de nuestros
padres recibimos. ¡ Qué pura satisfacción alegra
nuestra mente al contemplar desde puntos tan
elevados la moral y la humanidad! Los parda-
les juicios que nos dicta el espíritu de partido al
exafliinar a nuestros contemporáneos , callan
ante otros mas justos y absolutos; de suerte que,
vigorizándose el sentimiento moral , nos acos-
tumbramos á no confundir lo bueno con lo útil,
lo bello con lo que es conforme á las pasiones y
á la opmíon vulgar ; y habituándonos á respetar
los oráculos de una rigorosa justicia , á seguir
los preceptos de una generosa y delicada simpa-
tía, aprendemos á dirigir todos nuestros actos
por las luces de la razón , y á guiamos por esa
clase de filantropía que confunoe nuestra felici-
dad con la de todos.
Aun cuando la Historia no produjese otro bien
mas que el de mitigar el cobarde egoísmo, gan-
grena de la sociedad moderna , é impulsamos á
una generosidad activa y consoladora, induda-
blemente su importancia seria grande. Cuando
pasiones combatidas ó dolores profundos nos ha-
cen considerar al hombre puramente como indi-
viduo ; ¡ qué disgusto no nos debe inspirar esa
raza humana , loca ó perversa , orgullosa de es-*
|)íritu ó flaca de voluntad , que perdida en un.
aberinto, cuya entrada no conoce , y segura de
no encontrar la salida ; impulsada por la violen-
cia , ó rodeada del fraude , entre ciegos impulsos
y amargas decepciones , lleva en pos de si 'dolo-
res y esperanzas por el breve tiempo que la des-
ventura la disputa á la muerte ! Disffustado el
hombre de la alternativa de hostilidades encu-
biertas , de beneficios calculados , de caricias in-
sidiosas, de insultante compasión; aturdido por
el constante choque de frivolos intereses , entre
la servil avaricia de algunos y la débil negligen-
cia de los mas , entre viejos que rechazan has-
tiados todo progreso , y jóvenes que lo destrayen
Sor acelerarlo , debe considerar al mundo como
irigido por los caprichos del acaso , ó como mi-
seranle juguete de una potencia envidiosa» qnl
xn
se complace en ver sucumbir los mayores es-
fuerzos najo los golpes de la vileza orgullosa y
astuta. Entonces temeroso ó deses|)erado adop-
ta como lev el gozar de la hora fugitiva y dice:
« Cojamos las rosas antts que se marchiten ; goce-
mos hoy^ que mañana moriremos.i>
Pero cuando la HistQria, inmortal concíudada-
nade todas las naciones, abraza con una mirada
toda la humanidad , el espectáculo de la inmen-
sa duración modifica la idea de nuestra breve
existencia ; la melancólica ira del que se siente
solo da lugar al consuelo de hallarnos unidos
fraternalm^te con toda la familia humana , para
completar la regeneración del individuo v ae la
especie; y entre las desarregladas voluntades del
hombre y la combinación de accidentes , que so-*
lemos llamar fortuna , distinguimos una mano
superior que guia los esfuerzos individuales á la
conquista de la verdad y de la virtud, que hace
que. la victima de la violencia se trueque en
maestra de sus perseguidores , y convierta en
bienhechor de la humanidad al que ha sido su
azote. .
Entonces, viendo esa raza de* pigmeos que se
enseñorea del Océano, modifica los climas, ar-
ranca el Egipto y la Holanda al mar , y hermo-
sea con viñedos los bosques de Alemania , el hom-
bre se persuade de que su razón y su libertad
no son esclavas de la tierra donde nació ; y enu-
merando la multitud de siglos y la de sus her-
manos, trueca la idea de la impotencia, dolorosa
como un remordimiento, en aquella confianza
en si propio y en los demás , que es la primera
condición de la dignidad común. Aplicando la
lógica á los hechos» encuentra y enlaza las causas
con los efectos, en los cuales advierte ejemplos
de cada virtud y de cada vicio ; y de aquí dedu-
ce máximas de sabiduría y de prudencia y adi-
vina los limites señalados á la humanidad.*^ Si se
remonta á los tiempos antiguos y examina los
siglos mas decantados , conoce que la dignidad
humana ha sido cada vez mas respetada , y así
no envidia la libertad de. las selvas ni tampoco
lá de Atenas ; y conformándose con su época,
^tudia las mejoras posibles, con la confianza
de que han de realizarse y con la paciencia ne-
cesaria para no desear que se precipiten. Al mis-
mo tiempo, de lo que hicieron los antepasados en
nuestro favor, aprende el destino á que están
llamados todos los pueblos y todos los siglos ; y
toma de lo pasado la fuerza suficiente para lan-
zarse al porvenir con madurez , con perseveran-
cia,:con esperanza enérgica y calculada. Si obser-
va después que cada edad se rie de la edad que
la antecede ó se compadece de ella , que toda
escuela moteia á su antagonista, que ¿ada sis-
tema pretenae ser el único dueño absoluto de la
verdad , que unos mismos hechos son pagados
aqui con lauros, allá con suplicios, y que sin
embarffo, eslos extravíos y alternativas van apro-
ximando cada vez mas el triunfo de las mejoras
generales , su alma se inclina entonces á la to-
lerancia. Tolerancia digo , no indiferencia ; no la
duda vacilante é inactiva , sino el examen impar-
cíal de la lucha entre los principios de la libertad
moral y de la servidumbre, ae la justicia y del
pecado, de las doctrinas y de las acciones de la
inteligencia y de la fuerza ; lucha en la cual
se verifican mejoras, ni siquiera imaginadas por
los^que agitan la causa de la sociedad en las es-
cuelas y en lo^ gabinetes, en la tribuna ó en los
campamentos.
Desde que el hombre conviene con la con«
ciencia universal, en ^ue el mejor medio de ve-
rificar el perfeccionamiento es la mayor libertad
civil en armonía con el orden y con la equidad,
encuentra reproducida en sí mismo la serie de
sentimientos que por largos siglos se'han desar-
rollado en toda la humanidad; ve renovada en
los poderes individuales la liicha délos poderes
políticos ; y observa que cada hombre , lo mismo
que cada nación , se perfeccioñacon rapidez pro-
porcionada al breve tiempo que vive sobre la
tierra. ¡ ¥ cuan útil no es la Historia para lograr
la armonía de la razón con la inteligencia y la
imaginación ; armonía en la cual estriba tanta
parte de la felicidad! Ella es laque llenando el
vap io desconsolador de afectos reales , da noble
objeto en que se ocupen el amor y la admiración,
que ignorados ó mal comprendidos , ocasionan
tantos tormentos. La activa fuerza que derrum-
ba imperios y destruye instituciones en apariencia
eternas,orrece unconsueloal hombre cuando en el
transcurso de su vida, una esperanza frustra otra
esperanza, un deseo otro deseo ; cuando los afec-
tosse oponen mutua resistencia, y cuando las mas
brillantes ilusiones, se disipan como los ensueños
de una noche. Damos tre^oasentoncesádébilesla-
mentos, tan injustos muchas veces comolosdel in-
secto que maldijera la lluvia qiie da vida á la hoja
que le alimenta; y el dolor común renuevay con-
solida en nuestra alma el sentimiento de la fa^-
ternidad. Estudiando la Historia, el corazón del
débil se fortifica con la certeza de que por tenues
que parezcan sus esfuerzos , cooperarán al triun-
fo universal . Mengua para el hombre que se ar--
rastra bajamente en pos de la muchedumbre, y
para el escritor que consume su ingenio en inú-
tiles tareas , en imbecilidades coiTuptoras, entre
mezquinascontiendasv victorias innonles, hacién-
dose cómplice de los fuertes y de los perversos
en la obra de envilecer al púolico. Los grandes
escuchan su voz como el triunfador la del esclavo
colocado en su carroza para recordarle que era
mortal. El infame que ha vendido á sus hermanos
tal vez logre ahogar por la 'fuerza las impreca-
ciones de sus contemporáneos ; pero lee su por-
venir en las alabanzas que Plutarco prodiga á la
virtud y en la infamia que Tácito imprime sobre
el viejo. Eternice un tirano su orillo con«ptrá-
mides; la Historia escribirá mas indeleblemente
que sobre granito , cuántas lágrimas costaron á
un pueblo oprimido, y enseñará al justo enca-
denado las coronas tardías , pero seguras é in-
mortales, que á la virtud tiene reservadas.
¡ ¥ cuánto no se ha aumentado la importancia
de la Historia con las aplicaciones que cíe ella se
han hecho á todas las ciencias, en una época en
que se profesa el principio de no otorgar crédito
mas que á los hechos , y en la cual se recurre
solo á ellos para la solución de todos los pro-
blemas! Allí aprende la literatura á conocerse
á si misma, en su ori^njy en sus adelantos, acos-
tumbrándose á no mirar nada con desden ni con
des absoluta&delser, recoge jlas poauiCestaAipaes
bistórícaSy no a|;NrobaiDdo ya hm elucubraciones
solitarias que dividen en la n^nte las cosas uní*
das en la naturaleza, la Historia, aun en lo mas
útil, nunca^para la ra3x>n del qemplo ; no re-
niega de los heehos, como lo hacen Qier tos teórir
eos , ni se adhi^e demasiado áfllos^ como ciertos
empíricos ; no rediaza con los Epicúreos la jus r
Licia nüentrasobserva los \n(e]?ese^» ni niega con
los Platónicos , que sea necesario (^1 aguijón de
la necesidad para ios adelantos v descuorimien-
tos. La Política (y comprendo ¿ajo este nombre
las ciencias de la legislación , de la administra-
ción y de la jurisprudencia) aprende en la his-^
toría el carácter de un pueblo , sus costumbres y
su grado de civilización , para apreciar con mas
aciorlo los elementos sociales , cfasiiicarlos en^l
lugar que les corresponde, y hacerlos vivir en
la sociedad , de la mism^ uiauera que se prpdu-
ieron y vivieron en la Historia, La Economía po-
lítica aue investiga las. leyes de la producción,
de la aistribucion y del consumo de lo que sirve
para el bienestar de los. pueblos, no puede sacar
sino de los hechos recogidos por la Historia, la
teoría maieak^ticadelasociedádcivilja totalidad
relativa de las mutuas relaciones individuales,
y el equilibrio entre las necesidades y los medios
de j$aCisfacerl^9; porque en muchas cosas somos
cuales no$ hicieron nuestros abuelos. Larazpu
de lo presente está en un pasado, que no pueden
cambiar una batalla, un decreto, ni una revoi-
lucion; y quien de él prescinda, solo podrá fundar
constitociónes inaplicables como la de Rousseau
para Polonia ó la de Locke paxá la Carolina.
Cuando elespectáculo de lahu^napidad se de^
envuelve ánuestro^ojos en un lienzo* cuya io para investigar las causas lejanas de los
sucesos , creó una obra sin modelo, en la que con
teiUdad y profundidad escolpk^ su pensamiealo
en un estilo de desnuda energia como la de los
atletas; pero ea el fondo es enteramenie clásico.
Ueaode entosiasam por el triunfo , poseído de
admiración hada todo golpe de audacia política,
Boma le parece grande , del mismo modo que á
PoUbio, porque conquistó tantos pueblos , y les
quitó por fuerza ó por astoda, riquezas, leyes,
libertad é independenda. Este era d ejemplo
que proponía A ka tiranuelos de Italia: ex-
terminar con el acero ó envolver en una red de
enmdos k todo aqud que se resistiera , y sa-
crmesr hecatombes humanas al ídolo de una
giandeía dmealada tan solo en la fuerza. Este
ea d pensamiento pctlitico homicida del secre-
tario florentino, tan extraño á las ideas modei^-
aas, quaha sido asunto de discusión entre los
eruditos d habló de buena fe ó irónteamente;
paro ya d buen sentido popular babia pronun-
ciado su lallo en tal materia , dando el nombre
de su autor á esa miserable política que propo^
niéndoee un ta no repara en los medios sean
ó injustos , sagaces ó violentofli; polUica
r
^de qoe se acaéaá Italia coipe JDVoMorapbrlol
mismos que la han hecho victima Ue eflá. « '
¥ mñ embargo ^ Háouiavelo tieiie<;a mucho
de moderno; introduce la discusion'en^la ^liisto^
ría y tiende á reducir á téoria filosófica ia<serié
de lo6 hechos. En esto io ¡milan el sotil Gomífte^
y, Guicciardinj , el eaal por s« servil rmilUiéioade
ios antiguos, sn pesadee en lasaren^ , sa pa^
(ideos -en las desoiipciones y la iniBoral indifeH-
irenoia de «sus juicios, «obresale'entpetosésoritr
tores para mieiies la Hidloria era el-iavte de
ejercitar la €MCüencía , y de poner eniroliere^M
personaje ó un suceso^ defjando en laosonmhullt
la muchedumbre que carece de nombre*
Me inspira tan severo juicio la aNKviocvonde
(fue este modo dé ooBsídemr la Historia nosan-
tisfoce ya las necesidades de la • época. Italia
^misma (umoopaisqueppesenta todavía ejemplos, ,
notables , por cieno , de este genera ki^^obras^,
inyoca otras formas que no sofoquen la veyAaíá
entre los adornos de >la belleea. y qie dejando
para las academias las declamaciones en^qne él
autor se pone en togar del personaje que de»^
cribe y (le presta svs prepitds '.pensamienlos , eoo-^
peren á vigorizar ios ingenios, laoivUisadion,
(a economía soeíaK ^Menester «leria haber tenido
«e?rados los iBjos ()CMr espacio á^ tres. siglos, y no
: haber visto por consiguienteuno solo délos áde-*-
•loRtos de ia tiumamdad en su mmtno; para no
advertir el crecimiento gipnte de otras ideas al
lado de la idea de la foerío. ¥a sp(o se <ia6dan
Era k« Chinos las«arradiones en <{ne se atri-f-
ye exclusivamente al rey cnanto hat^e la na*
don : en nuestros días no se cree en cambios
impuestos por tm legislador, ni ieninstíiucioneB
emulas por on decreto, ni en revolMciones dn^
Mas á una conjuradon ; Quiéiiese 4ener:;^en
cuenta la humOde feNeidadoelm^y^BÉnievo
á quien perjudica tmas* una ¡ley fneiu delíenkpo,
un tributo corruptor que -una «trooidad tnstaiih
tánea ; y no tardará «n «firmanse tfue quienidió
¿ los navegantes la bi^juia 6 inventó un niteirD
agente motor óintrodnjo^ camelloenel AfrMn
meridional merece mas fania que lasiobras de4a
üierza , ya se ananeien bruaaimeate -bajo te
noníbres^ Áiila, Gen^is^Kan é lamerían ^ ó
fz tratende paliarse 1»aio ilos nMibiie$ itmS'eláH
isícoB de Sesostri^, de CaoiMnesyde N«pole<lii.
IpMil detodn piinlo es testar en't^scréniGils!
AnaI(»Sy
c^s' Mr'-T ^^ ^^ ^^'^ ^ '' ati>>^IMn 'eotve io Imiooo , 'lo
nmViaf. verdadero y Id betlo. 'Las insignes obra^ de los
padres de ^ Mauro» deles 'ft^aiidista£í,'daDu-
cange , d^ Baluno» de Monlauoan ;de iGaiiciatii,,
de leibnitx, de Muraterí, ^y his mucbas qne
eon4attd«ble pacienoia priMlneen ' nuestros -ein^.
temporáneos , son materiales 4fm dspwun. y
piden ^el soplo de vida dé (fnién sapa kifandfr^
seta. En esta daáe podemos icomprendei'' -fais
historias par «uadros sinópticos, íuveaéioni de;
•iluefitra épooa , oomle sonMas<de Le Sage y><de.
* Longohamps ; 'obrasde graá trabafo iparaiqoien.
las emprende, proved^osas ^para'ser eonsoMad^s
y sastener la aiencioQ por <med¡o detlofe sentidos^
ddl tiempos ^t m m^ ^ñ ^mbt^pk^A /háoen
qae' no podantes- fij^áraosh» simroMín' uaa
trama coMMaaladehilifcaloíilade&eek)^ Ion*
gitnd, y que'*neci8Ítaniler(njidim|¡nTnfoiimara^
«ÜMijo ó aar'aMnautíMadiAivn-ksEmiAUÉles;
éciiya cabera debezponerse Me e roM y eqniveden
Á la obra dé liqnel^né reuniese «naiserie ét
jNnopoiiaíeáee geonié(rioa»^t< nulísima ásitanien^
te, ^péro qnt n^ttla'iindaBMetvaiefQiiés^ ni-por
lo mismo ciencia verdadera. '• ' ' .
' 'Hoy Ibs^eriMicbihaeen taavncsfdccrxinieas;
»ero Ia6<*|iónicás 'periodístidas'non tan* inex|iclu
bajo la tiraliia de la libertad: y deiksfiíoeionesr,
como lo eran \aá anticuas bajoteitíliánla de ios
reyes; y á'las'géniaiiaci0ne0'Y9nid0ims'lesn»slará
mas «rabs^ deseribrit* la«nk4^en^ai.peKddio(|s
de jBSles Uempéa, queénaosb^oimaacuéka hn^
atarla en'les CMnialais dekíedaémeüáyikpáa*-
4es rudos ipero no iUes,( enganIdjoB «ws nnen^
ganadores, jungan mal. U)s* hBfdns , ^o no se
<l6sprenden.de.sns sedlinriMtiSiinlenoMnni tu-
i»ngalade«er^ceMfdek. > >
Mejores «rénícaá dedea tiempos modenieswi
'las Memorias. L» Réir4»áa dé^indiBk níü\, lo6
eriginatefi (knmttmrhá4é (iésitít., ilds jánédams
A FrMopia ne-penñiién YÍéoir»qak noiuaitMi<«i^
iieciik» de losiamtignnB(:i^eie>aihorh;>iaájadij^
4rido^6x4enBi«|iéiniportan»9faincUÉiniiof<^ es^
•néotaimenfeeatvf m frantesK ,íife ^iene^ian^^
bien puede decirse que cuaaitf AsoÉrfaen Wsmgi-
jias están en sn etemeÉiio..fin>icUas!todo<e8.dra-
HEBátida i'y9L n4s hann>notaiv.c«i JbiilNÍIie>al hai-
4riar iift las Orazadas- la >jneÍMstot ide ^ to^edari
.•flBptealrienaifideiÉentinnei^tosiclvaÉgélinas y'de
•limeza francesa^ qne aniniiibaiaAtaqii^lácis.qsi^
i)aiÍQniS á<c(mquitlar éoreñsfi ^poeFinoibahian dke
cénÍF)9iis<>fietites;.{yli noa-euententiinn'el üm|¿
SttnMér lan'bá»i&as;<de Ujn9do>siii ipkdar.y'fiin
^tefaa ; yatsaentvoien^ esiiid'FlHH^sBal anules^
•fril^iritorÉiaoe ypasosidétarnaa j-<yaieÉJ iniejia^
iihinen icón él oivdtad dd 9idÍBMawla5:eaiiiyiis
ooVticasdeito68aoeflés.Aiinqda»ené«iniab4(fBi»--
«rratoadlaffiiy. hasta fáiabdaden,' pdrem^dnanrtian
iénjaqacronisMos dielcoMuHbms ni detiaíiaiiteoeii,
«yi eftsllai teéfc, hasta^éUengna^ y ifl Miie; fár^
. lie para n^esentaxnostnépaeaim^á^
das Inatoraas.pimiaaÑnlethdhás.vBmY
-Mini y la8'V«(Kisiablo& litsr8to& y} artistasnoñseil-
-yaná fetasos ¿la verdadera histotia^de- ]taüa< v
.prcsdnám á^k'fwstefidBdlai.lídámágén tíelfnM;!--
(liio'á.qiie peieefnedmionixLéa aeduardoaide \¡¿-
<deH?o0d^iae Thurloe'ydeíPBpijreí aamuáeápte-
'-menló «ecésarioipaiaiías U\9k¡má dfífífommiA I
yide iGartos 11. Bn 'las* iftblnoria6 4^lT«iHndaBá]
ixle Rttt2 se viente laljjíqnion de /v)a >Brendá / -Biv*
iique i¥; se)<tnuaira al <dé9eübiifte<Én ím 4e
íéü aspo«v de /la Conde 'V' >en wuSnHwmftius
-Pétíeé de SuUr; á VolAabe tte^iao^l^ Sigéo
de £jám X/F mas'Me4in libro ida partaié» ^ <b
Motievvlleiy ti MoatpenBÍerliesaílnnnnlíivehD dal
^patade y{4oilo6. gaqinele4;<.&nint-^ÍBnii mos
rnaUa^emtone «idovdaz •de'Sui'CÉinjulAoiF.ideJ'8i|s
Hpfndnanemsi dedus.graoHlflscBií^^falB fias.miiknins,-
]fieiipalabiBmDnigeau ,Mvlfeuniebwy?lnfi63vi-
falao^ la' fidta de lodo 'enlace,, >sl'sqc^<leptúa^(^
peno {en lasouales lo átiido^deia exfttaocioR ,'Ja -gné^redootn á sns !pra]iov6inné^imÉprafe3^iase
UNÜtoencia entre io'ver^idero , h poobeUe yik; .oLpis á> quiani^f s teantempósAneest ím viSBén ffít
•«perion 4 (todashfante>eBLfa¡iteteÉBg<; í4ant fim^r-
.1 '.k'i
la revdhickinfraitast, Ia/oórf«7;ltM(caDipanM9i'tJ
fianzMí pvrcialQS^^ ({wi^tn' lasidbitodb luBiUstef
ríadoKS^ mide ^pm^ce ¡AohfubüfiMridt : oamivis
sQhf» iosiaÍMl» eeiHílas:; perdueeA las !M^b»m
rias es 4wi€lB>apiveee»d.üiiem y.JttáÍBerihfi\
y peetros dértetctoiB. iqas doseKÍiMa f dbadfe'Mii
maiúfiesltit lo» fynnmo'del'alniá ^át la'iatnH^
gOBcia^ donde* a» sinita kiaittitídaédd eda vida
qae ^u Ift'inatyat jiartei dd laai hi8lDnadoi«b* m
a«eBia)ft.áigd «iiaadiwif ii>i^i.artii(nakte éé gal^^
Tanpoco' vdeec» M hisftéaraa tosféxtbactos,
oarraaioBd» iaoalMist8t»feiÍBidas.6it «nctnqanto
paia laarvir 4 w ébíoto^determiiiadé , dona h(
ütfiiriá «am y.las lÁbroa^dB V^lÉtetioiMIiiibiov
de Salinay é^ Ceaaláalna Parfirbgóilüo.' 8d8
aaluM » mas^fiaiirfaenbtitiid hiitórtca, ateoK
difiN» 4 poaar €PJitíli(ni» «lpiass.p<tximas de^
da<i áe t< d to .k)fli>eQjiteéBaÍQii^^aa réfiíriaii; de
suaiUSiqM h^ qae'ifakfísai de tales- ohoas- em
caalela^ kl wiano* «^;db. laade.aqaeHo» qae
oaaK)'|laqiiiai^7 JfdQtesqaieH eksMiefr mane'
de laiBialoria aa ajpeyo>ié esHioeieiBplo' deeo»
tfiMíaew Maohe mmier leaso debe Wafea de -las
|itfli§riiia#^^y de tecolecdcMa^deAnéntolae (i>;.
forelaai¡|rarí6i<ttiidmllbro8llofÉiM;i^aim
bistófficea, nos w8initiimaa<e}eBic(ato8 ipara (a
Hilaria ; y CSeeroD'», AifeMtoiefr, < Jlamaigoe y-
(4ni#aoaa¡w.BMihiítad*i^Micia6{qwm6ean^
coeotea-aa Aúisatta oita obm« ..
Bael aiflo pasad€i'tmw»yia Kiüpria aueva di^
leeeia»» áM|mlfllr4eradMlbs.qiiaieoQeÍB^
brede flóa^Mf ivodanHloaQ Ui(epi9«»ipaGÍ«ii del
QMieaa hiHaaM.. liia^.esettdaxfílodófioai ao; podiai
[Unai8e:oi9eva>,i><pim'qile,i^a. por Mafl|ailiTelb
babía.éda% Historial eldvl&:d0l«»iitapte9ioH*
nes individuales y los beetoa íneeodKab 4 la
acción geaeral , de los hombres á las fuerzas po-
fificas, álaarmbiíía deios efement^^ 3dciales^
easuÉoa deaarraeioaá teoría soeíal. De^pues^
fiar Brillo S^pí sacó párád^ M los hechos para
atacará Ron» papal en favar de Yeneeia y de la
inoBarqafa; leataíi^Ta qá^iio ensanchó los umites
de Im nietoría, 9Pbien*aié mayor extensión al fo-
lleto, pQfó se ^ciméj^ su relación á los alegatos
que lie aiiogado» presentan en apojto de sus
¿üetíleB* El ctíikVíÁl FáDavicina qiic descendió
á reholiflo osé die las mismas armast añadiendo
áb<9Mdwidef estacitcanstancia la ingrata tarea
de laii^nilacioit, mal oonronsada eon laa gradas
áá étfÜDy^l podet de fa verdad.
ba Vhlpm, Ñamada^ desfmee k aanarse coa
las dfaaiSi seseadas : para di&trair todo cuanto
!« háUá tipeaeíadó aaela entone^, sostttvy^) á
los BedDís, étetuó len^áje de Di4, la6* opinio-
ae», aiíitiiw lenMajo de> )o6> mortales. Grande
por dcHb era^. él praj^cto iJ^ reunir ci^cias,
, mardki tit^ratarapatra expresar la misma
1 ¡ Entre tofi comjpMacioiies rféVen )^¿ord¿irse f» s de fíonstiin(inor
' ' JWW* f éaht(A íte JHüíío LIpsio; lus'Jfedi-
foá
f&haetM, éí t:s^rj.o trágico de Dickiwoír;
¿9 henean HrtfeMlüM^lk tMftrm df lótfficsorUoa (Te Dapuy y Loé-
^€1 «feBofoles, eif.
xn
¡idüaíseiáUv fóvriaariot a6í;la'mdM'dH tas leyaei
■d^l' inmddo y oodrdinándo)o« todo pdra el bienes^
larptogfresiln) : ibasipnesto caso: que fueran ssi^.
naslasi ialeacianesde los Enncbpedlstais, hubo»
'ds^extteviarlas e4 estado de la sociedad de ai^Éiel
ti^empo. Dos siglos pugnaban entre si ; y el de^
rol, laalotiarquía, lanoblm, d puebio> en vea^
;di9eqh ¡librarse; se repelían recíprocameatey sé'
'liadiaa«nagoerra.80Tda.que pai^a bs previsores
esai un. presagio segana, dé iá proximidad de aot.
combate ár campo abierto. Descontentos; pnea^:
d^ I» sodeéid presemte, maldeeiaa de sos ete*'*
ménAos, sin* rejparar qae \a& habiaá defendido;
atateadededararstesu^ enemi^y oontideráu*^
doloB ya en sti orígenv no-fuerzas moralea, sino*
éaMdoB importunos. De aquí el odio faiiátko á»
las coMifimDresi é instilveiones precedentes, odió
quO'Se daba áf conocer ya en onaargiicia, fa en
loi abultada teoMs dQ la i^naf¿(»pMta. Cuando'
lacansara; ao dejaba mpogaar abierlam^te á la.
noMesa, al dero, á lostrones exist^tes» se
dirigían loe lirosá loesenores feudales eseolpidos'
m piodra' y á los pontífices santifioados : decíase
niie'taserttzadas habían sidoflWFamenie efecto del
fatiatiibmb; SávlAÍs^qn hombre honrado^ juguete
desda iiasíiMie6<;CarloMá^no un elérígo armado^
Gf^gorio y U é Inecenctn III dos intrigantes f|iie
ooofuadidnei reidode lo8>del6s oon elde la tier^
ra: ráunl se llef^á aplaudir el triple sacrilegio,
iPeligioso y moral y patriólico contraía doncelia
de Orleaos, libertadora de Francia; sacrilegio
cometido por el> qee celebraba elhoiyuelo'de la
Pompadoór > por el qae pretendía el favor de la>
Groquy^Lesdigmerespara erigir en üm-quesado
su hadendam Ferpiev asmo una finrim y una
'feUmiaddemtiriée.mda,
iMuobo axRitiaba á bs tUosobsen su guerra
dO'lNurl&B y aareasBMsla importatoda que poir.
, aqnel ttem'po teni^ b idecAojpa, por medio de:
;laiimal^ saNtaban.de loslíontesde I» realidad
! la^iouestlónes poramente de hecho , á fuerza de>
jahgtfáodoifes , de obmbifiacioiies y de trasposi-
ckíaies>, dáiadose á estp juego de b bntasía el
UMibve de análiás. Guando se trataba de hostia
liaaHétb nobleza de enitonoes, superficial, abyeo*
ta ycorrompída basta los huesos , no se preguu^
taba cómo había eoopei^o en oíros tiempos á
las libertades y á la dvilissacioa del mayor nú-*
mero , interpoavéndose entre Ibs monarcas y et
poeMo ^ sbo que se deoia : « Los hombres nacen
)>)guales, taegp toda desigualdad sociales iu->
9ja»bc» ¥ se anadia: «La religión debe ser una
«estrecha relación entre Dios y el hombre ; lúe-*
»go es libre é individual ; luego están de mas
»el oaito, el sacerdocio y los o4ros acceso-^
»iío6 de la impostura.» ¥ de este modo venia
á presentarse aldero «como una reirnbn defa-
»ii&tieos enemiga' de toda dase de ilustración»; á>
laDobleza « como una turba de asesinos , titula^ <
)>d09 condes , marqueses y barones , y llevan^
váo siempre so háteon eñ mano ». Sustitúiaiise á
los hechos prácticos fórmulas abstractas de re-
belión, de oerecho hereditario , de conspirado—
nes sofocadas, de legitimidad, de golpes de Es-
tado ; queríase que las palabras rey , libertad,
esclavos, tuviesen la misma significación en
Londres que en PeisépoUs, paralas íooatemporr.
xxn
itieofi de Pioridesqae parata áe WasUngUm;
no se Teia en las invasioDOi de los Lombaidos»
de los Sajones, de los Normandos mas oue 501
cambio de dinastias ; una insurrecdon en la liga
lombarda; una concesión regia en la Mofnm
Carta y en el establecimiento de los municipios;
Y así á*^ fuerza de abstracciones se quitaba á la
Historia el auxilio de la inYesiigacion y de la
experiencia, dejándola ignorante de lo pasado,
engañada respecto de lo presente y estéril para
lo venidero; La incredulidad arrogante que re-
chaza los bechos sin dimarse profundizarlos, 7
que es una disposición del ánimo aun mas nocí*
va que la ostúpida credulidad, llegó basta el
punto de considerar los sucesos bistórícos como
de utilidad solamente convencional, como uno
de los temas mas generales de conversación (1).
Si bien las pasioaes recientes y amenazadas
pueden ser obstáculo para, la imparcialidad , á ló
menos respecto de los acontecimientos bá tiempo
consumados , no parece que deberla quedar otra
cosa que hacer mas que investigar y exponer
lealmente la verdad. Sin embargo, el espirita
sistemático y las preocupaciones bacian descender
al historiador de la elevada posición desde donde
reparte premios y recompensas, para obligarlo i
entrar en ridiculas escaramuzas y sugerirle sofis-
mas aun mas sutiles que aquellos que hubieran
podido imaginarse los interesados en la lucha.
Para deducir lo que se llamaba espíritu de los
hechos sedesnatundizabanlas causas, inventando
arbitrarias analogías entre el primer hecho y el
carácter de los sucesivos ; y el historiador , poe*
ta en lo antiguo , se convirtió en abogado , que
tenia ó no razón, según que poseia mas ó menos
el arte de callar y de exponer , dado que no adul-
teraba los hechos sino que los presentaba á su
antojo. T efeoUvamente, exagerando cíertaa par-
titularidades ; callando otras por medio de dies-
tros subterfugios ; haciendo que aqui brille una
lu2 , mientra^-allá se recaraa una sombra; ad-*-
mitiendo como incontestables las tradicioDes
que convienen á nuestro propósito, al paso qne
se desencadena la critica contra las que no nos
convienen ; cubriendo el vado de los hechos bajo
el aparato de los sistemas ; ridiculizando una
virtud, al mismo tiempo que se oculta un delito
con el velo de una agudeza , no es difícil pre-
sentar á Juliano el Apóstata como un héroe v á
Gremio Vil como un loco ;^ elevar á las nubes.
á Diocleciano que renuncia al imperio del mun-
do y atribuir á cobardía el mismo acto en Pedro
Celestino.
Permítaseme detenerme algún tanto ai tratar
de esta escuela, porque los males que prod^o no
se limitaron á la literatura ; v porque si bien ha
decaído en los países mas cuftos, la veo en Italia
atizar el fue^o de la incredulidad é inspirar, ya
las repetidísimas frivolidades desociedad, ya os-
mios , aplaudidos como rasgos de franqueza,
solo porque sus autores tienen la osadía de tra-
( 1 ) «Les homincs sensés dolvent reg arder IHilstoire conune nn
fissa de hblf 9 dónt la mortleMttréB approprife laeoMr hmtln.»
RonssRAU. Y lof amiffos de D'Alembert consideralMii el estadio de
los acontecimientos bistórícos « camme étant senlement d'nne n^
cessité centcnge , oomme one des sonrces les plw ordhuilres de le
conver&ation ; en ao mot , comme one de ees inatUltéa si néeessalres,
2ii servent a rempttr les Tldes tanmeDseset Mqnents de la sodé-
» VALUnm , kefletíéñt nr PhéiMr$,
lar soperficialiBeÉte lo^asmiloa aasgranFes, ni-
traiar á los oprimidos y ridieoliiar la religión,
la libertad y las conviccioiies profundas. T pro*
dsamenled a|iioao magislral en los jaicios, la
satírica malignidad pbra retratar ciertos carac-
teres, el método de snlil observación , la grani-
zada perpetua de sofismas eran loa medios de
que los nistoríadareB de quienes haUo se Talian
pan halagar la innata propensión del hombre á
lo que le está vedado , y para estimular las em*
botadas sensaciones de nn siglo Imstiado , que
solo tenia fe en los inerédnios. Aiidase á esto el
espíritu de pandilla que ensalza al que se deja
llevar de la corrienle y denigra al^ue se atreve
á ir contra ella , 7 se comprenderá cámo y por
aué se hicieron fiímoBOS loe Ímprobos esfuerzos
de Mably paradesatinar continuamente sin decir
iamás nada ; las dedamaeionts sentimentales de
Raynal y de Diderot; los interamaUes alegatos
de Hume ; la peCnhnte nulidad á que Millot re-
dujo, no solo sn propio eserito, fñno también las
obras que consoltó ; la ineoiexa serie de Gibbon,
donde no se sabe qué abunda mas-, si la mala fe,
la iosostandal desanda ó la vaeífaicion eon que
sigttié su única idea de inspirar rapngnancia
contra toda institución religiosa (9) ; y Boulan«
ger que santificaba el acaso deduciendo de él la
religión ; y Bailly y Bupuis que despoes de su-
poner un pueblo que todo lo supo y todo lo co-
noció, eioopto d arte de conocerse á si mismo,
multiplicaren los siglos nara presentar los cultos
tan solo como archivos* de observadones astro-
nómicas; y por último , esa turba de escritores,
cuya audacia para acometer sn empresa es aun
menos repuanante qne la fHvola manera con que
fue acametioa; turba á la cabeza de la cuál es-
taba el autor del l^iifayo M^e km úo$íunéreiy
obra llenado viveza, de saitMsmo , de ignoran-
da y de keredulidad dogmática é iutniBrante á
pesar de su esoeplidsmo (3).
(i ) Aqaf no hayo mas qie nevlnrfoft; aus adelante trataré de
sas obras por extenso.
(3) PminsUlearlositaqwsHtMBt'veieiiBit lie detener
que dirigir á YoUaire, y 4 Ib de deseofa&ar i loe qie aüNrrados i
lo Msado, hén menester Ü aotoridad pan reformar sos Jofctos, po-
dríaeltar i lea iÑdores histoeiadares 7 ürfttcos de treiiiu aflos asi.
Véanse, pera ae&alar los mas 4 la mano, in artillo de la F)r§9ce
lUtértiifú , elfado en el hiicüior , setiemUTe de 183S , y todos Mes
hiatoriadores ata hablar 4e los tmtwtnétím, Ptero ^ano se dice
qne boy es moda hacer gala de religión , eopiaré el jaieio de nn con-
temporáneo de Voltalre , qne no puede sef sospechoso :
«J'étids, dke, tres disposé|pnfdomierbV«lUire Sil
» polltiqve . aa maoTaise morale,eoQ Knútikft^E, et 1» burdiesse avee
■ faqueíle il tronqva, défignre et altere la i^nnrt des felts: mals
) jlinrain nn molns Treoln tronyer dsBs ThlslorleB nn poHe qul ent
•ásaes de sens poor ne pns fiíire j^rimaeer ses personnages. el qai
• rendti les passions avec le ctraeiére qn'elles dolvent atoír; nn
•éertvaln qni edt naaet de godt 9«ir ne JamiU ne jMffmettre des
• bonffonneries dans Tblstoire , et qnl eit appris cambien 11 est bar-
» bare et seandalenx de rire et de pbisantér des ertents qol mié-
•nsnentlebmibenrdeflwBunes. Geqn'il dtt n^ oNiñalrement
» on'ébauehé : Teut-U atteindre au bnt, 11 le passe , il est ontré.
» Ce qni m'etonne datanuge , e'est qne éet nlstorien , ce pat^a^
,»ebe4e Bosvbilosoniíeft, eet hommeMta «rwMw représente
■ comme le plus pnfssnnt génie de ootre natío» » ne tole pas ios-
» qn'av bont de son net.
• Voltnlre se mteneiqw pnrt 4'ni¡slrl«MCipMhi^ rneU
» fl n'est donné b tont le miode d'r pniser asaes de gnialépour étre
• lepInsMToleetle plnsplaisantdieshiBtoriettS. __^
•Qne 4e choees imailee qu'miliifltiiries pe fb ptimetqw qmnd
.llestforticRonAHT!
• Maiberensement eet attenr a Inl sesonrmgesiTnntqne d aTOtr
• bien compris ce qn'il voolaít Aiirt.
» U y mié n'est qoelqaefois pu Traisemblnble. et n'en tent ñas
• davanlage ponr qn'nn filstorien onl se piqne détre pUlosopbe,
» sana avoir trop étndié les traTers de l'esprlt boauinelles caprices
■ de nos passions et de la fortune, reielle eomme nn crrenr ipat
•éTéaemeiit qoi liú ptnft extrandliíaira: o'eitlt «inibre de Vol-
» taire.
AsQciadpa los butoriadores, áesa filosoBa, cu-
¡os esfuenos se é'rigen & maaifestar, que c\e¡cM
uidos ignorados produeeo el valor de los héroes
y la molicie del Sibarita , y & libertar al hombre
ddalma y al universo del creador; los historia-
dores» repito^ que iton los iesti^s de lo pasado, se
oomplacíeroneadestruirlo; imitandoálos Árabes
que fundaron sus pobres cabanas sobre las.rui-
iias de la grande Apolinópolis, y ensuciaron con
las inmundicias que arrojaban de sus habitacio-
nes los salones y suntuosos pórticos, ooostruidos
tan soto para que en su recinto resonaran eter-
namoite himnos en alabanza del numen. Su de-
seo de deducirlo todo de la materia, y referirlo
lodo ¿ ella vino á probar cuan pobre y míserar*
Ue es la impiedad , cuando trata de los dolores
de la especie humana. Si se remontaban al ori^
gen del hombre , lo suponían como un germen
que se desurollaba en diferentes situaciones^
protegido por una temperatura benigna; y al
paso que aseguraban que su primer estado fue
el salvaje, se le imaginaban idéntico á un euro-
peo á quien se abandonara desnudo en una isla
desierta, d&ndole desde luego nuestras ideas,
nuestra manera de raciocioav y nuestras nece-
si<lades; y haciéndole encontrar poco á peco un
pació social análogo á los alianzas estipuladas en
nuestro derecho ae gentes, un culto debido á
los amaños de los sacerdotes, y hasta un lengua-
je con regias tan fijas como pudiera combi--
narlas una academia. Para ellos la diversidad
de ritos, de costumbres, de cultura, provenían
del dima bajo el cual se desarroHaba la planta--
hombre. Es cierto que la esclavitud há pasado las
barreras de los Alpes, míeatratsia libertad se os-
tenta orgullosaen las indefensas orillas del Táme-
i»;es verdad qoelaRusia y la Escandinavia flore*
een ahora, al mismo tiempo que la India se hunde
en la baiharie ; y que el estéril Amstel rebosa en
•fpvr me pravrer eomUeD sá erftkfoeest eireojispeeteetaéTtee.
• U din f» I iventnre de Lsertee ne fni paratt pas apfloyée sardes
• iMdeBMBtsMeo anth<mttqoes, de méme qne ceUe de la flite du
•cante Jflten. La preiiYe tpi'U en doime . o' est'qa' nn tiol est d'
■ ordímreaassldlnldlea proofer go' a latre. Dn goraenard sans
> S»itM«t rira de oette manTaise pbteaDterie , mals elle deshonore
»Son mtiühe tTmveruiU n'est qa'nne pasqninade digne des
•leeteoK fid radrairent sor la fei de nos phitosophes.
• Qnel aotre historien anrait osé diré ^ue tea enfun» ne m
• font m oMjw depinmef nn eeríTain Judlcieux anrait cru se dés-
• iMMorerparDnefmofnmnerie siindéeente. Voltaire a senté dans
• untBiitúlre Uniwtrteiie nne fonle de pialsanteríes qni ont dn
• sel, et qie Je looerais dans nne eómédie oa dans one satrre;
•nab dles sont d^placées et impertinentes dans nne histoire.»
Vablt, De /# menf^e d' écrire r kMoire,
Bei^aaiinConstant, decía, que pan burlarse de la manera qoe
Voltaire lo liiSD de Bzeqaiel j del Géneafs, era prenso reunir dos
casas qM hacen de tristísima condición la borla : te mayor igxoran-
QA jr la mn deplorable ligereta. Qaiero además eiUr i Villemain
prelriéndoloi otros machos, primero porque es bien conocida la
moderaciOD de tan prudente critico; segando porque en general se
■netfn muy respetuoso hacia el patriarca de ¡MBneielopedia , y
•— — ne sos lecciones pronunciadas ante una escogida ju-
mo están rerestidas de una expresión solemne y casi
lar.
es bien, en so Court i$ UUerature ftMfeüe dice de Vol-
liire «(Leedn XVI) : So Tue moqúense du christfainisme altere la
»Térilé de r Ustolre, en éétroit rintérist , et substitue des carica-
» t«Ks n toMioo de Y esprit humain L' auteur n' alme pas son
>njet(lo Historia de la edad media); 11 r a en pitié;U leméprise^
>ctpor een méme il s' y trompe asseí soovent, malgré tant dé
•somité el mtae d' ezoctttode. Car ne snpposez pas Voltaire gé-
•nMemenl iaeuet.... ce qoi monqne seulement ii son outraie
»€' est tal ctaoe méme qoT U prwwtfrit: k philosophie 11 atñt
• méfioerement «Ivdié 1' oatiqíilii dont fl Tcat donner une idee son-
« maira , aprte BossKt Les errenrs de noms, de dates, les eitations
' 5!^?"' ?xf ^ ^ \^^^ * "• lonoRAiicBs obondeat dansm
«DátaMtt di dDfiSer priBdpt, qm IM fldMMBM i« HlMMM
rxsí\
las riquezas negadas dX áureo T^) ; pero los his^
tonadores filosoBstas, á semejanza de aquellos
dioses que tenian ojos y no veían , no hacian ote
délos hechosGontrariosásus preocupaciones , ni
daban oidosá la Historia, que en todas sus pá*^.
ginas prueba que el espíritu humano domina á
la naturaleza y sabe resistir i las causas físic»;
que la inteligencia, superior & las sensaci<mes,
no es esclava de la naturaleza material.
Dábase á la eddd media el nombre de barba**
rie ; y esto supuesto , ¿qué otra cosa prnlia es-
S^rarsedeella mas que horrores v degradación?
o veian, pues» lo positivo ni lo poético de los
orígenes europeos ; no descubrían mas qoe la
destrucción lastimosa de toda civilización, y den
sas tinieblas, apenas alboreadas despnes del
siglo XV y desvanecidas completamente por los
tiempos que ellos llamaban siglos de oro (1).
Así la Historia, abandonada del espíritu de
Dios, mereció ser caracterizada por un elocuente
filósofo cómo una gran conjuración contra la
verdad. Hasta lo bello iba desapareci^ido con io
bueno y lo verdadero, porque parecía que en
aquel prurito de discusión , los que en ella to-
maban parte temían deleitar y conmover al lee*
tor con el espectáculo de las vicisitudes de la
humanidad, permitiéndole creer en la virtud y
en el desinterés, impasibles por lo regular, se
animaban tan solo para proCerir sarcasmos y de^
damadones contra la fe y contra la bondad de
nuestra naturaleza. Los mas hábiles sabían haci-
nar artificiosamente los hechos, investigar las
causas y descifrar los caracteres; pero no nos
presentaban al hombre con sus virtudes y sus vi-
cios, con sus goces y sus padecimientos: se les
veían apasionadosoontra el error, pero ibamantes
de la verdad. Por otra parte al paso que no
huían de las anécdotas escandalosas creían in-
decoroso descender á ciertos pormenores. El
mismo Robertson, tan prolijo como es, cuando
encuentra algunas particularidades dramáticas y
originales, ks relega á una nota, á la manera
del pintor que quitase las sombras y el colorido á
un retrato para reducirlo á la verdad descamada
del contomo.
Por una de esas reacciones tan frecuentes , al
mismo tiempo oue la escuela filosófica f}erciá
todo su influjo, Rollin , Crevier , Barthélemv y
otros eruditos idolatraban ala antigñedad hasta
el extremo de no conocer sus defectos. Bstos es--
eritores no trataban de averiguar si un hecho era
verdadero ni si era probable : para eNos bastaba
?ue hubiera sido narrado en la lengua de Homero
de Virgilio, en cuyo caso con las citas al pié
de la página se creían dispensados de todo argu-
mento. Ni siquiera elegían entre las autoridades:
para los hechos de la vida de Alcibiades, el mis-
» dolTent pos fetre tonioors dimlgnées , et qnc I' histoire doit cadier
• qnelone chose Voltaire , qoi se plaint si sOavent des menean-
»fet Miterifuet , ílnit malhenrensement par r¿dalre I' histoire an
« P*^''^^® ^ ''^ pamplilet. Ce me g éníe obeissait a miUe peUtef
(Lección XVH.) «B n' eit besoinde roppeler tont ce qne dans m
•TieiUesseil a ¿crit contre la Bible, et qne de dontes insidienz.
>qae de sarcasmes et d' intarissaMes l)6arronneries U a tiré sov
»Tent.. de qaol, messIenrsTde sea distnctíoai, de seo contre-
• sens, de sespropres ioiorarcbs.»
i»»brééftodat)aii á Plutarco qne á Tntididei^; t
parala vidade Sócmies i^u^ féles rtierecia Je-,
Hofbnte que un oomentarísta del Bajo Itíiperio.-
rdénüficándose ademán con los autores de donde
tomabaii sus narraciones , admiraban con Tito
Li?io lasicro^ades sangrientas de los Romanos,-
ensalzaban con Qninto Curció , la bondafd de tos
Escitas, y maldecían con César la obstinación
de los Galos qde no querían dejarse quitar la 11^
hartad y h independencia. De aquí se signió una
confusión grandísima de tiempos y colores : hasta
los miamos errores de Astronomía , de Melafí-
8Í<ia, de Geografía', eran respeftados en el mero,
kédié» de ser antiguos : ¿qtté mas? el roho , la
traición , el asesinato , quedaban jnslifícadoB si
érán cometidos por Temístodes , 6 Pompeyo; y
aohqiiehadft medio siglo qiie había escrito Vico,
tuvo 4i(ue salii^ Beaufort á demostrar que también
Ms olásiooffpddian engafiarse y engañarüto.
Estos eran ios libros por cuyo rnedit) en las*
etontlas se ensenaba la bondad *^sin el discerni->-
Bliento átos jóvenes, cfue después en el mundo
iqprendian de los historiadores ülosotistas el
disceifnimiento si» la bondad. El antagonismo y
la Ksoeiaeimí de estos dos métodos se manifesta-
ron euaiiído las teorías se pusieron en prácti-
ca , y cuando de la guen^a de la pluma , se pasé
¿ la guerra dé la espada. La Revotifcion presentó
bslalla á la edad media; y mftNitras por niia
parte bordaba his blasonen? esculpidos sobre \ás
sefMilcro^violados,ániauilabálos archivoscusto-'
dios de lo pasado, destraiá h» edificios góticos,
arruinaba tos castillos y daba muerte á sos pro-
pietarios , por otra pareoía querer iifnndir nneva
vidaá Gmoia y á nona. No oenprendialaliber-'
tadysino^nlas fotmaádeita demra'aciaantiguat
J[|ieron su^ aímbbio el gprro frieid y las iwces de
Iqs; oótisDles; oédstmvé nn Panteón para lod
gfandes hombres ; la diosa RaMm obtuvo los al^
tares negados k Grkito; y las repúblicas Lign^
rianai , üsalpina y Partenópea hiRÍ6r<sn q«e se
olvida^ el nombre de Italia. Sf]cedíiér4}iise desn
pues el tribunado y el consulado bosta que apa^-
fmÁtít q«e había- db apnovebba? se de tales re^
cuerdos nistórícos para pedir á los hijos do Bréto
el consulado vitalicio como César y el imperio
- c^moAuApasto. Aquel hombre astutó^ Uiro buen
cuidado de alimentar seme^nte espirita clásico^
y mientras los naevos Píndhros cantaban las ala-*
banzas de AqttUes y de Bereciütía madre de tan^
tos semidíotesy las óguílas resoritadas gmatmn
á la matania de los Bárbaros á bis legiones , que
^orian contentas por relM>var lo» tríuntbs del
capitako (1).
<i) HafUa Ids o*serva<l<ircs ibas vulijares notaron \ú tendencia
academiea dis hi^ retolnciCHi coq -so» Bhitos y Timoteoies que andbúKit
en bpcade lodos, coa los árboles, el gorro frigio, Isw haces, lo§
ututos ée dllfnildád y todas \99 aeta^ñ formas. Los discursos cpic se
proBUBciliban eá m asumblels efetir^n lleitosdecika» y atlsiones
dásicas;'y enlos sables de la guardia nacional se puso con muy
noca alteración un verso de Lucano:
ígnorantne Httios ñe qnisgnam sermai etisfsf
Con los recuerdos ctasices se justiü^aba liasía la esclavitud ; pues
loando f recobrada la iitfa de Santo Domingo, se restableció ei| ella
'el trdflco de negros, ftruix , consejero de estado , decia: <■ La über-
» tad de Roma ^ rodeaba de esclavos: mas pi^osai^otre nosotros,
» Ws relcgn afierran lejanas. » ¡Magniflcá fllañtróBJU quft se coutenU
r6n nó ver lospadeetmiehtos ! Saint JttHt en los Ftagments sur 1^$
tnttünñúra rqmbucainfs , dice: «Solamente un puebid agrícola
iptieñé ser virtuoso y libre Mal seaVlchc el teur con las cos-
» lumbres del verdadero ciudadano ; no sé hizo la m^no doIJiombrc
#fiM^ mas que para la tierra d pai^ las ardían. * Vedse aqdfjübaddq
Cuando las e^ctravagancias llegan á su cohno
sirven á IH (ansa de h veidad, la cual por dispo-
sición de la sabía Providencia vieiié á germinar
en el tronco mismo del error. Las disensiones deí
aquiM'a ciencia de duda y de fiegaeioÉ desperta-
ron la afición k les estudios serios; y Cuando
hombres de buena Te loé profundizaron , donde
creyeron hallar pre<>ciipaclones , tirante; igno-
rancia , descubrieron á la hottianidad en progre-
so, el caito racional , la protección daoa á los
derechos* La^ edad med'm excitó su admiración
con su sencilta y vigorosa literatnra/orígiAnf
como sus bellas artes: vieron que nuestra socie*-
dad no provenia directamente de los Griegos ni
de los Romanos, ^no que debían bascarse sd^
elementos en los siglos que coa raix)n se llaman
medios , porque marcan el crepúsculo entre el
o<raso de una civíliuiclon cimentada' en la coiy*
qaista, en la esclavítuds en el egoisnlvo, y la
aurora de unacuttni'a noe/va basada en la ináas^
tría , en el individualismo y en el catolicismo.
Los detractores de esté apareeiieron frivolos, ca-
himniadores ó ignorantes, y haciéndose histórica
la cuestión, ooíoperó con espléñdklos descubri-
mientos al triunto de la verdad y de la virtud.
Entonces ios hombres politicos conocieron la ne-
cesídadde reformar sus estudios ácercádeoqaella
organización para saber el camino pdf ei coat
habían de ^uiar á las generaciones : los' artistas
se persuadieron de que habia otras formas de to
bello además del ideal déla antigüedad ; y los
hombres deotf Kcos hicieron justicia á nn ttidmoo
que había regalado á la Europa el ü^lehra y los
números arábigos, lar brájvta/la p^jfvora, hi
imprenta, y én el oval los esbiavoís se^ habían
convertido en sierros , los sierVos en colonos , y
los celónos en pueblo. Exchiifloiel aeáaó, yiéronse
encadenados los accidentes; observdse cámo ios
pequeños eran alguna vez cBasipni inmediata,
mas no causa de los grandes , cuya razón estriba
en las situaciones y en las costuTÍibi'els; y descu-
brióse que el genio nacía eo circunstancias de*-
terminadas , y que i^ ningtrn legislador era dado
formar el pueblo á su talante » el cual sin nece-
sidad de sutiles argumentos conoce sus intere-
ses, distingue á sus amigos de sus enemigos y
Iuzga á los hombres de diverso modo que los
listoriadores de profesión. Conviene, pti^s^ es-
tudiar al pueblo y no reírse de lo que eff algún
tiempo ha venerado y amado ; conviene conoce
sus errores , que son soluciones temporales
de los grandes problemas (]ue la humanidad
en nombre de la antigüedad oí fundamento de las sociedmleü mo-
dernas, es decir, la industria. En tiempo de laRestauracion, Traer
retirlo en la tribuna que en 1792 cierta i>ersoiui escribía á «n anii^
suyo : « Estoy encargado de formular uu nroyccto de coustítucioa;
» POR co.NsiGUiKNTE , onviamc las leyes de NtMna y de Lí(mip|[o. n I>«
injustísima ley de la presucesíon respecto de los bienes de lot» emi-
grados se justificaba con la proposición tribovioia , por kt rual los
S órnanos se derJararon herederosde PtíOioioeo tpdar^i« vivo. Los m^
icos preparaban el estramonio ( * ) para ios nueve» liemos y las 4ko-
roinns imitábanla descarada licencia de las anligu»6. Si» eminirKO.
también soUan tiare^crlcs demasiado libres alnunat^ de Im ideas ro-
manas; y cuando se represeutó el BriUo de \<>|taire « ios versob
Arréttr unAomain iur diís simples soniteoits
y cs( agir ea tyram^ ^em qui te$ punin^otift t
fueron reformados ^r la censura republicaiui de est» jmhqr):
Arrdter uu Jiomum sur. ¿fes smph» Mu^ftffna
JVe peut élre ^nnis qtC óu révointioH. .
(') Planta cuya siniente produce uo veneaa narcótico «wy ^
lígroso. ^^
••'■ . • DigitizedbyV^OÍ?'**''^-^
phateaeneada período, y 4e lo9 eualescada
período basca ana solución Uüora ; oon viene con
el lenguaje popplar interpretar los símbolos de
Díooisio y oe Tito Livio , y entonces se echará
de ver , qíie el mundo lejos de estar en decrepi-
tud , presenta en sus facciones la sonrisa de una
edad juvenil que se acerca á la virilidad. Noso-
tros que hemos nacido en las filas del pueblo,
no vamos á admirar en la Historia los aconteci-
mientos estrepitosos , sino los útiles ; fijamos
nuestra atención en los oprimidos ; los vemos
abrir los subterráneos de la India y elevar las
pirámides de Egipto; costear con su sudor lo9
EKinamentos de Feríeles y con sn sangre h vic-
toria de Salamíná ; pelear por espacio de siglos y
siglos contra los patricios y en favor de los de-
rechos del hombre en Roma , y obtenerlos cuan--
do d^aparecia el nombre de libertad ; apegarse
á los altares y á los sacerdotes entre los anuílidos
de los Bárbaros; entusiasmarse eu las cru/iidas;
organizarse lentamenteen munieipios; y enmedio
de las disputas teológicas manifestar sus deseos y
hacer oír sn grito insistente de emancipación^
Un pensamiento sistemático dio mas seguro
vuelo a la que se llama Filosofía de la Historia.
Reflexionando nuestro espíritu sobre cada uno
de los pasos dados por la humanidad , descu-
bre ea ellos también unidad y armonía , y cree
doderdedoeir la explicación de los hechos, de
las ideas qne representan, y encontrar la esfinge
inmóvil en medio de las arenas movedizas del
desierto. Relacionando entonces lo presente con
lo pasado comoigualmente los efectos con la cau-
sa, y el fin con los medios, traslada al orden ex-
terior las leyes que dirigen al mundo moral. De
este modo nace la Filosofía de la Historia, ciencia
desoonodda de los antiguos , porque tenían po-
cas mnias á so vistaf ara calcular los grados de
desarroiio y decadencia de un pueblo ó de
ana constitución ; y así como el primero que es-
tadio a! hombre no pudo adquirir noticias exao^
las sobre su vida y sn muerte, tampoco fue dado
á los antiguos conocer si todos los imperios te-
nían infancia, juventud, vejez y decrepitud.
¿Acaso el agrónomo puede calcular los elemen-
tos de un cometa la primera vez que aparece?
Cnanto mas, míe confiados en lo presente y consi-
derándose cada uno como centro y circunferencia,
no investigaban nada mas allá de la ley nacional
y contemporánea. En efecto , el egoísmo es el
que pinta con Heródoto, medita con Tuddides,
nienta con César y compila coíf Diodoro; la His-
toria en estos escritores narra los sucesos con re-
lación ánna política mas ó menos estrecha, en
provedbo ya de una ciudad, ya de un imperio,
va de nntámbicion; sin reflexionar jamás sobre
la humanidad en su conjunto , considerando á los
Grie^gos y á los Romanos como pueblos privi-
tegisnos y á los demás como bárbaros ó siervos.
El Cristianismo elevó la Historia á ciencia
nniversd en el instante en que, al proclamar la
nntdad de Dios, proclamó la del humano lina«;e;
y enseñándonos a rezar el Padre nuestM fios hizo
reconoeer á todos como hermanos. Solo entonces
pudieron nacer la idea de la armonía entre todos
ios tiempos y todas las naciones, y el pensamien-
T0«0 1.
XZT
to filosófieo y religiofio ^el {mgmso pevpétoo
ó indefinido de la humanidad naeia la ^-ande
obra de la regeneración y del reinado de Dios.
San Agustín , Ensebio , Sulpicio Severo y algu-
nos otros escritores en ios tiempos de la deca--
denciadel imperio romano consideraron de esta
manera la Historia ; la edad media» mas ocupada
en fabricar el porvenir que en reflexionar sobre
lo pa^o, sepultó su voz en d olvido hasta que
en esa voz se inspiró Bossueten sn sublime
Discurso, único que hermana la observación de
los modernos con la exposición de los antiguos y
que reúne á una einidicion vigorosa un estilo in-
imitable. Contemplando Bossuet el mondo desde la
altura del Sinaí, á la vez que notifica álos pode-
rosos duras y desusadas verdades, tomadas del li-
bro infalible, y que manifieBta la vanidad de las
cosas humanas; señala el fúnebre séquito de na«*
cienes y reyes que pasan de la vida á la muerte,
siguiendo el camino indicado por el Señor; como
sí las naciones no estuvieran destinadas mas qne
á formar el acompañamiento del Mesfas espera-
do ó conoedido.
Así como Bossoet pone todos los pueblos baM
la direooíon de la Providencia , Vico somete los
acontecimientos á las leyes del pensamiento bu-
mano ; y para él las instituciones, las revoluero-
nes, los sucesos, son la expresión material de
una idea innata en nuestra inteligencia, de una
ley sabía qne se manifie^ entre los errores y
la iniquidad. Partiendo de una teoría metafísica
sobre la justicia , cuyos principios encuentra en
la naturaleza espiritual del hombre, y cuyas apii-
ciones sigue en el derecho histórico , cree qne
los acontecimientos se desenvuelven en relacio-
nes mas ó menos directas con una ley á que está
subordinado el mundo de las naciones ; y pasan-
do, después de ilustrar la Historia de la*^legisla-
oion romana, á generalizar esta hipótesis en su
Ciencia Nueta , indica cómo se elevan los hom-
bres desde el estado de la naturaleza al de la
sociedad civil, cómo se reducen las aristocracias
á poblemos humanos, jlara caer de nuevo en sn
primitiva brutalidad ; ae modo que las naciones
recorren inevitablemente un circulo fatal de si-
glos de idolatría , de barbarie , de legislación, ó
sea , de los dioses , de los héroes y de los ciuda-
danos. Suprime , pues , también la- libertad,
[)ero deja 'subsistente la razón , suponiendo que
as leyes son el principio único de los fenóme-
nos de la sociedad , de suerte que en vez de una
serie de generaciones que vivieron , sintieron,
lucharon, amaron, no se tiene mas qne una
serie de ideas inmutablemente enlazadas; y para
que los grandes hombres no sobresalgan entre
esta multitud , los abate negando su existencia.
Con admirable fuerza de intuición se adelantó á
su siglo , buscando noticias sobre los pueblos
primitivos, en las fábulas y en las tradiciones
! poéticas, en relaciones inconexas, en vesti-
gios de los antiguos idiomas ; pero al investigar
los principios del mundo de fas naciones en la
' naturaleza de nuestra mente humana y en la
fuerza de nuestro entendimiento, somete la eru-
dición á la reflexión; y no sabiendo plegarse
ante las dificultades , obliga á la Historia a ha-
blar según su sistema, y á los hechos á eslrechar-
2**
ixn
fledentrodesu carácter poético y de su ideal roma-
no. Lasn&cioaes portanto no tienen, según Vico,
nada que aprender ni qae imitar de las genera*
dones precedentes, pues que al llegar á su ter-
cer período deben volver indefectiblemente al
estado de naturaleza ; de donde se deduce que
todos los esTuerzos que el mundo emplea para
mejorar no darán por resultado mas que una
situación peor, y finalmente, la destrucción ; es-
tando la humanidad obligada á comenzar una y
otra vez esta fatal y desconsoladora tarea. Ni si-
quiera admite como Maquiavelo que pueda un
genio, baciendo retroceder las instituciones hasta
su origen, impedir el eterno viaje desde la vida á
la muerte. Por el contrario, después de habersos-
tenido Jordano Bruno en lSo4 la pluralidad
de mundos; después que Galileo, Descartes, New-
ton y Huyghens habían revelado el 6rden de los
cielos, tiene Vico por absurda la existencia de
mas mundos y afirma que aun dado caso que
existieran, dehierian estar sujetos á la misma ley
providencial que el nuestro.
Aun disimulándole que prescindiese del mundo
oriental, imposible seria perdonarle el haber pa-
sado sin explicación alguna hechos importantísi-
mos del nuestro» como la destrucción de la idola-
tría, de laesclavitud, delascastas, y la preferencia
dada á los derechos del hombre sobre los derechos
del ciudadano. Apareció después la sociedad ame-
ricana con una civilización sin dioses, sin héroes
ni feudatarios, progresando soloá impulsos de la
industria y del trabajo libre, y desmintió á Vico,
para quien lodo progreso se reducia á la resurrec-
ción de Grecia y Roma; y alimentó laconfianzade
que el hombre no está destinado á pasar por las
supersticiones y las atrocidades para lle^ á la
ciencia y á la justicia. Vico , tan superior á su
siglo , que no le comprendió , ni aun escuchó,
volvió a gozar crédito en nuestra época, pero
fue después que el progreso habia roto su cade-
na ; de modo que ya no le resta cosa alguna
jpor vaticinar. Su obra, sin embargo , es uno de
los pocos libros originales que conmueven pro-
fundamente el ánimo y dan impulso al pensa-
miento; y á ella se refieren todas las teorías moder*
ñas, porque, antes que Beaufort, relegó entre las
fábulas poéticas ios acontecimientos de Roma pri-
mitiva; antes que Wolf dudo que la Iliada era
la obra de un pueblo y la última expresión erudi-
ta después de muchos siglos de poesía inspirada;
antes que Creuzer y G^srres descubrió ideas y
símbolos en las imágenes de los dioses y de los
héroes y fijó la atención en el carácter austero y
religioso de las naciones en sus primeros tiem-
pos; porque encontró por la inspiración del
genio antes que Níebuhr lo consiguiese con la
erudición , el significado de la lucha entre patri-
cios y plebeyos, entre la multitud y las curias;
y en hn, porque demostró antes que uaus y Mon-
tesquieu la estrecha relación del derecho con las
costumbres (1), y cómo los gobiernos se amolcUm
á la naturaleza de los gobernados.
( 1 ) Tito Livio no di nlngana idea de las Doce tablas, aunque con-
fieai que en su tiempo eran todavía el rondamento del derecho pú-
Wico y pnvado. Vertot, Lorenzo Echard, RoUin y otros muchos ao-
torw modernos no prestan atendon á este hecho, al paso que
emplean pAfinas enteras en pormenoresde hatallas. pntbablemeMe
inventados y de sefurq iodiiles.
Pero sí Montesquieu, genio aprisioDado en su
siglo, hubiera conocido la Ciencia Num» ya pu-
blicada cuando viajaba por Italia, acaso nabria
dado una trabazón superior á las inconexas ob-
servaciones con que trazó también una historia
de la humanidad; atribuy^o las instituciones y
la manera de existir de los pueblo^ á los legisla-*
dores , á los filósofos , á los intrigantes , y hasta
al dima, cuando no había otra cosa , y poniendo
así una barrera al progreso y una cadena al li-
bre albedrío.
La serie de cuestiones supremas que Bossuet
fundó en la fe y en la amenaza , la fundó Voltai-
re en la critica y en la beh, resolviéndolas por
medio de agudezas, que muesti^ en qué extra-
vagancias se ve obliga a creer el que no quie-
re dar crédito á nada.
Entre los Alemanes, luego que Leibnitz abrió
la senda para la averiguación concienzuda de
la verdadí, siendo el primero á quien ocurrió
buscar la Historia en las lenguas , vino Kant
modificando la razón pura y elestudío del hom-
bre abstracto con el del hombre práctico; é indi-
có la posibilidad de escribir una nistoria general
en que se considerase la especie humana como
el cumplimiento de un designio misterioso de la
naturaleza, dirigido á perfecciooar una constitu*
cion interior, á la cual conduce la organización
de los estados, conforme á las disposiciones que
la misma naturaleza puso en los hombres. Otros
habían ya indicado esta unidad de fin en el mo-
vimiento de las sociedades; pero él fue quien la
estableció mas claramente^ distinguiéndola de la
armonía de lo criado ; y fundó una escuela de
pensadores que se dedTicaron á observar la ma-
nera con que los individuos y las sociedades co-
operan al perfeccionamiento de la humanidad.
No á las leyes de la Providencia , no á las de
la razón , sino á la naturaleza exterior sometió
Herder al hombre ; suponiendo que los rios,
los montes, la atmósfera, modifican el tipo único
y determinan las facultades del alma lo misme
3ue la disposición del cuerpo. Otro tanto habia
icho Montesquieu , pero fiel á su siglo , reducia
la naturaleza moral y las instituciones sociales i
consecuencias fortuitas del mundo exterior, mien-
tras que Herder lo concibe como un instrumento
de estampación destinado á imprimir las facul—
tades en el alma: Montesquieu deja gran parte
al genio y á la prudencia del hombre; Herder
lo presenta formado hasta en sus últimos por-
menores. Este autor con frecuencia oscuro^ de-
clamador siempre, exa^raudo la influencia del
clima indicada ya por Hipócrates dos mil anos an-
tes que Bodiny Montesquieu, petrifica la Histo-
ria cuando mas pretende imprimirle movimien-
to ; somete los destinos de la humanidad á la
naturaleza exterior , y mira el mundo como re-
presentación de no sé qué Dios-naturaleza. Se-
gún su sistema, los seres van elevándose en serie
Erogresiva desde el mineral y la planta hasta el
ombre ; todas las fuerzas de' la naturaleza exis-
ten ab eterno; en su conjunto reside Dios; de
sus combinaciones nacen lodos los seres ; de sa
equlibriío armónico el movimiento universal;
por ellas el hombre ejerce su acción sobre el man-
do exterior y el mundo exterior la suya sobre
el hooitare, de saerle qae legon el grado dele-
litad en qoe se hallan los pueblos, varian sn
libertad, sas costumbres, y leyes, y en una
época determinada con arreglo al sistema del
universo nacen determinadas formas de gobier-
no y de progreso. Pero cuando quiere expli-
car el idioma, se ve precisado á recurrir á la
tradición por faltarle el auxilio de la naturaleza.
Boulanger, investifnndo la historia primitiva,
ve nacer la sociedad del terror, como Vico ; do-
minar primero los dioses , después ios héroes di-
▼iniíados; constituirse en seguida las repúblicas;
renacer la teocracia en la edad media, y luego
encaminarse otra vez la sociedad á las monar-
quías temphidas, supremo término del progreso.
Turgot asegura que mientras los animales y las
plantas se reproducen con inalterable uniformi-
oad , la humanidad marcha mejorando en cien-
cia y en moral , convirlíéndoee ios hombres de
cazadores en pastores y luego en agricultores ; y
cree que el uristíanismo rué un progreso que
continuó en la edad media. A()ui brilla ya la
idea del progreso de la humanidad considerada
como un ser único , progreso calificado de inde-
finido por Condorcet , hechura de la Knciclope*
dia , que sin embargo no veia otras mejoras sino
las que la revolución entonces estaba efectuando;
y trazaba el coadro de una décima época , en la
cual se coQiplacia en colocar todos los adebmtos
del hombre y de la sociedad , aunque siempre
dirigidos al bien individual.
negel, gefede la escuela filosóiico-históríca ale-
mana , pretende que el alma del mundo se mani-
fiesta bajo cuatro aspectos : sustancial , idéntico,
inmóvil, en Oriente ; individual , variado, activo,
en Grecia ; compuesto en Roma de los dos prime-
ros en locha perpetua entre si ; de cuya lucha
sale luego el coarto que concierta y armoniza lo
qoe esUma desunido y que se manifiesta en las
Badenes germánicas. Paraél la religión no es s(h
lo un impulso del sentimiento , un fulgor de la
imaginación, sino el completo resultado de todas
las mcuitades del género numano. En Orieote el
hombre se aniquila en la idea del ente infinito,
y de aqui el poder teocrático ; en Grecia desapa-
reciendo lo mfinito, surge con proporciones in-
mensas la actividad humana, la cual viene i ser
predominante en Roma formando una persona-
lidad egoísta; y después en los pueblos germá-
nicos se reconcilia la unidad divina con la na-
turaleza del hombre, y de la reconciliación
nacen la libertad , la verdad y la moralidad.
Michelet, siguiendo á Scheliing, ve en el mun-
do una lucha perpetua entre m libertad y la
Catalidad. Cousin encuentra formada cada época
por uno de los elementos de la razón humana, lo
infinito, lo finito, la relación ; y un país , un pue-
blo; un genio no se engramteoen smo en cuanto
sínea mímente á uno de estos elementos. Para
él cada lugar , cada pueblo , cada revolución re-
presenta uno de los términos del desarrollo ne^
oesario, y el triunfo viene siempre á coronar la
mejor cansa. Partiendode distintos puntos llegan
al mismo término Hugoy Savigny, rarraandoqoe
la perfección proviene del impulso instintivo no
Kuiado por la razón ; que en ella no influven ni
la UwtadhnMoa Aid refinamiento inidec-l
<nrvu
tual , sino los usos, las costumbres, en una pa*
labra, la tradición ; y que por tantees inútil la
aparición de los grandes hombres y perjudicial la
tarea de los legisladores.
Mas bien se apoyan en la religión Daomer» que
S' hiendo á Lessing cree que se llegará á una
igion absoluta por medio de todas las religio-
nes anteriores, revelaciones sucesivas de la mas
alta razón humana; v los Sansimonianos, los cua-
les contemplando af pueblo que trabaja y tiene
hambre, que obedece y calla , creen que todo es-
fuerzo humano debe dirigirse á la unidad del
sentimiento , de la doctrina, de la actividad, á
la asociación religiosa, científica, industrial, en'
que se asigne á cada uno el trabajo según su ca-
pacidad V la recompensa según sus obras.
Uniendo Buchez esta doctrina con la deHerder,
y con mas positiva erudición poniendo la moral
como ley suprema, y considerando laHisloria co-
mo el adío incesante de la humanidad, que cumple
su destino en la tierra, invoca á la naturaleza para
realizar el perfeccionamiento juntamente con la
humanidad (1) ; analiza la idea del progreso hasta
el punto de fundar su ciencia en bases metafí-
sicas ; presenta la teoría completa de la aclivi*
dad sentimental , científica é histórica ; y pre-
tende, no solo someter la Historia al método ri-
goroso de las ciencias naturales , sino buscar en
ella la demostración viva de la ley moral y de la
revelación divina; todo con la idea de proponer
un fin á la actividad de los hombres y (fe las
naciones. La escuela del progreso no se separa
del principio de Vico, sino en sustituir al círculo
el continuo adelanto ; v por lo demás considere
en la Historia como unioo poder el del pensa^
miento. Otros de la misma escuela sansimonia*
na dedujeron una teoría panteista, según la
cual la naturaleza v la Historia son manifes-
taciones del gran todo llamado Dios ; maoifesta*
cienes en las cuales todo es necesario , como
inevitable consecuencia de los fenóitoenos anterio-
res y causa segara de los subsiguientes (t).
Para De Maistre el mundo es un inmenso al-
tar donde todo debe ser inmolado en perpetua
expiación del mal causado por la libertad del
hombre. Ballancbe considera el mundo como una
ciudad de expiación donde se desenvuelven los
dos dogmas ^neradores áe la caida y de la re^
habilitación. Federico Schiegel pretende que con
la palabra, distintivo de la humanidad , fueron
reveladas al hombre las verdades principales,
religiosas, morales y sociales. Según so doctrina,
la palabra se alteró primeramente en el hombre;
después en la raza entera ; y mientras la filoso^
fia pura debe restablecerla en la conciencia , la
Filosofía de la Historia debe hacer lo mismo en
toda la especie , y mostrar la marcha de esta re-
generación. De cu va experiencia se deduce dar^
mente que en todo acontecimiento luchan y se
combinan cuatro principios de acción : la fuerza
material, el libre albedrio, el mal principio y
la voluntad divina aue salva ; de aquí, las diveí^.
sas fiíces de la palabra, de la fuerza, de la luz y
de la redención , polo divino en medio de loe
de M. Chenlter qoe firre de iatrodoedM i tu eirtu «toe
(t) HhviuH^é
/• i^<^tíifti^íí?Google
tieapofij Tambieafioiíald, Adam MüUer^ Halter»
sostienen que teda institucioa civil es obra ia—
miediala del antor de la naturaleza , de donde
deducen que no puede obtenerse el perfeocioBa-
miento de la raion y (tel corazón sino siguiehdo
la tradidoo prínaitivade las voluntades de Dios.
Baader ve al hombre ^uir constantemente el
pensa«D¡ekito de la Providencia sin perturbar la
armonía universal; y este pensamiento constitu-
ye á su modo de ver la Red^cio^ , obra de mi-
sericordia continuada por todos los siglos. Los
primeros la prepararon ; y ofrecido el sacrificio
que salvó á la humanidad , todos tienden á pro-
War el Cristianismo, impulsando así al mundo
a ao progreso incesante y excitándolo incansa-
blemente ala justicia, á la unidad, al amor.
Esta doctrina condena por tanto el &talismo;
proclama la libertad del nombre, de cuya vokra-
^ lad no puede preverse la decisión, mientras pue-
de preverse la de Dios; y sostiene que de esta
manera hasta el desorden viene á establecer el
orden, Quiéranlo ó no las criaturas.
Así la Historia nace del deseo innato en el hom-
bre de conocer las acciones de sus semejantes;
con viértese después en ejercicio de arle, en segui-
da en escuela de experiencia , luego en campo de
lucha, y por último en ciencia de la humanidad,
en la cuat se buscan razones remotas y confor-
nes á los hechos , á la manera que el observa-
dor investiga en lo alto del cielo la causa que mue-
ve los abismos del mar con el flujo y el reflujo.
Cuando la Filosofía de la Historia se apoya ea
leis hechos contentándose con averiguar su exac-
titud, exponerlos, encadenar sus fragmentos y
reasumir toda clase de conocimientos históricos,
entonces eleva la mente como nunca lo hizo la
déofia antigua; pero si traspasa estos limi-
tes, degenera presto én sistemas adof)la'los ca-«
prlehosamente y sostenidos por una indetermi-
nada serie de observaciones sobre los aconteci--
mientos, y con demasiada facilidad reduce al
hombre , en nombre de la Providencia ó de la
fatalidad , á víctima , testigo ó instrumento , en
veí de vigorizar en él el noble sentimiento de la
libertad moral.
Pero estos sistemas ¿|)ueden sostenerse atite la
totaKdad de ios hechos? ¿ El mundo que pasa es
verdaderamente velo de un mundo que se per-^
petua?
A la verdad , el hombre án saberlo cumple
en k tierra los designios de Dios, porque la Pro-
videnda que trazó á los planetas órbitas de-^
terminadas , no pudo abandonar la especie hu-
mana aír ciego capricho ; antes bien la dirige
))or medio de un lazo misterioso en que la liber-
lad yia prescrencia se enlazan sin contrariarsíe.
Un talento perspicaz que supiera todos los descu-
brimientos nsieos , eliminaría del espectáculo de
tanatufalezagran parte de las contradicciones que
i pritbera vista nos ofrece la contemplación de
ciertos teaómeños producidos por una multitud
de pértathadones simultáneas. Pero ¿puede
deasciibrirse por e( hombre el principio racional
■de lo creado, e! objefío de la vida de la humani-
dad? ¿puede aplicarse este priocipioá la ma-
trifestacion de los hechos t
De seguro no resuelven 4an inmenso problema
lasteorias mas francamente preaentaéia » las
cuales en la prueba apateeen falsas é inc«Df»le—
tas. ¿Cuál de ellas hay que bo degenere ea rata—
listno , suponiendo un destino que m cumple por
ley de la Providencia » de la raaoa , ó de la na—
turaleza? ¿quién ba podido. señalar la parte que
han tomado en los acontecimientos mas estrepir-
tosos de nuestra civilización esa raza amarilla que
forma quizá una tercera parte del género bumano
y cuyas vicisitudes ignoramos ; los Chinos * sor^
ciedad patriarcal, inmóvil sobre te base prinaití—
va de la piedad doméstica; ó los indios qée 4i\t-*
cunscritos en castas perpetuadas por la faJsa
interpretación de tradieiokies religiosas , j^eoe
3ue han echado el áncora en el mar de las /;da*-
e3?¿Sontodase8as poblaciones, en fin, no uieaos
numerosas que las nuestras, las que detrás de
inmensos rios y de giganfceioas montanas van
completando distintatuente su eivilizaiáoaá pa-
sos tan lentos que son á los de los Europeos eonio
es la precesión de losequinoccios á la revolución
anual ? T sin embargo á aquella leuta é imper-
fecta civilización pertenecen inventos capeles,
como la brújula, la imprenta , la pólvora, los
números, y el arte de mantener bajo una misma
ley, por el trascurso de siglos^ una población
mavor que la europea.
Dia llegará en que estos pueUos se confundan
con ttosotros, cumpliéndlose la promesa del Evan-
gelio (1) ; y acaso entonces aparecerá en mi mar-
cha un orden provideiicial conforme ^ nuestro.
Pero los naufragios que nos preseáta la Filosofía
de la Historia no deben quitar el ánimo de ar-
rojarse de ñoevo.á ks eias: moafaos, coü subli-
me error, habian pereotdo antes que Colon, lle-
gase al Nuevo Mundo; y las tumbasde Lapeyrouse
y de Mungo Parck sirvieron de indíctiQi^n á los
que caminaron por sns hueUas. Per6 si la dea-
cia encventra alguna vez la aorma de los pasos
que se hayaia de d&r , no podrá men^s de apo-
yarse en el cooocimienio de los pasos ya dados; lo
enal autoenta la importancia de las ipvestigacio-
nes histótiÍGas , y tanto mas , cuanto qile habien-
do dejado de ser individuales, se extienden á todo
el globo á nodo de vasita epopeya, en la caal
reuiza cada fiaoion un peasaaitento de JDios en
interés del género humano. La Fílosolía de la
Historia no debe abrogarse d derecho 4e pres-
cribir la fórmula del progresó, sino q«e debe
tomarnota de él; observando los hechoa ase pre^
dominan enesasubhme peregrinacioü oe Ifit otr
vilizacion delOrienté al Oocidenle,
Veámosla como desde el oorazondel Asi* se
adelaáia hacia el Atlántico: coaquistá^ sbeonsoli^
da^ en cada ponto dedesoanso adopCd dreencias
niievas^ nuevas. to^atnbres,leyes^ usos y leor
mas: entonoesse discuten las cüestiomescapitales
de las relaoioBes entre el hombre* Dios y ol huí-
verso, y las de la gerarquía polüicalsboiÉl y do*
méstiea; pero á ia edad siguiehte lacáviiiáciofi
empréndede hiiíeVo su marcha y vuelve á poner-^
las en discusioa y á buscarles sddoion nneva.
Sepátank desu camillo lb»impalsófc.de las razas
de Sem y de laíet t esta partieDlb éd fiententrúuu
aquella del Mediodía, £«cuóntra■ae^ ohvccmy se
meirian y inedifioan; y 4espues ácadawieirope-
rfodotoMim nueva vi<h9i en su primittta ftr^ttte:
ora difunden los hijos de Sem las artes del inge-
nio y del lujo , ora los de Jafet invaden las tien-
das de los Semitas (1} y con su varonil é indo^
mablefden» , dan nuevo vigor áf los degenerados
meridionales.
Con dirección opuesta camina la ci\ilizaeioii
desde el extremo del Oriente; y partiendo también
* de las alturas centrales de Asia , marcha cson len-
titud, siguiendo un movimiento contrario al que
presenta el sol. A par de la nuestra, es modificada
|K)r la mezcla de nombres septentriodales y me-
ridionales ; porque el Norte qwe nos dio los Pe-
lasgos, los Escitas, los Celtas, los Tracios y los
Eslavos , vomitó sobre estos los Yungnús,* los
Manchús y los Mogoles , que á su vez hicieron
resonar sus ahullidos salvajes hasta en 4as orillas
del Oder (8).
Sigamos esta marcha ; aprovechemos la oca-
sión de observar en complexo el espeotécolo qae
nos preparamos á desenvolver en esta BfkMiá
Unhersñi; y felices nosotros si sabemos satsar
provecho denlos méritos y de los errores ajenos.
^^'- La civilización emana de ese país fertiWsrfto
en toda clase de belleza que se extiende entredi
SxAto Pérsico j la Arabia , el mar Caspio y el Me-
iterráneo, y que ocupa una posioion central
entre la extrema India y la Escocia , la E^aña
y !a China. Allí nace el nombre adulto de cuer-
po y de espíritu, en la perfecta armonía de sus
facultades , dotado por Dios de cuanto es nece-
sario para su desenvolvimiento mporal, físico é in-
telectual. La oscuridad de que está%uhierlo todo
lo que se refiere á los períodos de formación en
la esfera de la vida orgánica y de la composición
inor«2:áiiica, envuelve también el origen del mun-
do. Nosotros, diremos í»n Vico (3) , desespera-
dos de encontrar el principio común del género
humano en los anales de los Romanos, modernos
en comparación de la antigüedad del mundo, ni
en los pomposos fastos de los Griegos, ni en los
de los Egipcios, truncados como sus pirámides,
ni en los del Oriente sumergidos en la oscuridad,
vamos á buscario al principio de la historia sa-
grada, á cuyo Génesis rinden tributo de prue-
bas los progresos de cada cienda.
Y' Aqacílla unidad es descompuesta por el orgu-
lííste lio; y lueffo que el pecado pone en desacuerdo
^J^^, las factíltad()sinteroas, pierden también la armo*
>ion nía las externas, ellenguaje y las tradiciones. El
^*^ Paropamiso y el Cáncaso , determ'man dos cor-
otio- nenies de población, una que se dirige hacia el
!:"1fc Q^<^i^i^Qto del sol , otra hacia el ocaso ; y si á
los mitos, á la etimología , alas memorias, á
las lenguas . preguntamos cual es la mas inmota
bistorta, todas.de acuerdo nos sefialaráti el cen-
tro del isia como cuna de las naciones. Donde
faltandocomentos solo puede ediarse mano de las
hipótesis ; pero habiéndose e^tas mezclado en
los libros con las nociones positivas y con tos he-
chos ciertos , importa estudiarlas y conocer su
objeto, SQS Qiotivos^ sus caracteres. Sin embaf-
(1 j BéfiM Japkrf i» iuüeniAWñt SéM. des, K. «7,
(3) ScSenianSa^t 1.
XIIK
I gio , mieMats los Mtootos nos Díntaii al homUm
primitivo como un bnito gaim lan solo p«r sn^
I instintos , y qoe ba)o «1 impulso de eáos iDven<^
I ta las primeras sociedades , eompletameale má«'
I teriales; nosotros «1 eontrario, por mueho que
I nos remontemos á tiempos antiguos» enconlramos
siempre las ideas predommaMo sobre Its inte*
¡ reses, las verdades invisibles sostaiietido á tas
' palpables , el Estado gobemindose por el pensa-
miento de Dios, la familia rigiéndose por la c«i<^
memoracion de los muertos , el cuerpÑo tomando
por guia el interés det alma. Vemos ttmbien el
contraste mas vivo entre la libertad individnal y
el orden social, tan antiguos aimtMi6«omo el pri-
merpecado,y fnndadosen la naturaleza fanmana
qüeqviere ser libre y que sin emiiargo n» seaa**-
ttsface con la soledad; asíesqoe mientras por un
lado la ley se esfuerza en iar á tas sociedadeí
orden , estabilidad y pax , fior otro los ÍH8t¡H<*
tos violentos arrastran ai hombre á la indepea-
dencia. Pero mientras todo esto atestigua la ]«--
^xñaA deksociedad , lejos de encontraren ella
elestadosalraíe.desdeelctíalserueetefandopoce
á poco a^uel hijastro de la natur4ileza hasta lle-
gar é ser su irey , ya en aquellos primeros tiem*^
pos efncontramos cuatro grandes toiiieríos: el
aramee , el egipcio , el chiM , el indio. Estos
dos forman la civilización del til»et y del Jafpon,
extraña ai movimiento europeo ; y el E^iplo , en
relaciones unas veces de guerra , otras de tx^
mercio con Persia y Babilonia , con los Aralm,
Fenicios y Hebreos , es , no la fuente , sino el
canal por el cual se propagan las ci^mctas , las
arfes , el cirito , á tas naciones occidentales, pe^
lasga , etrusca, griega y romana, herederas 4e
loseuatro imperios primitivos.
El choque de las dos civilizaciones se nmi-»
fiesta primeriimente coando tos Dencalioiies del
Asia y del África transformanen hombres las nie^
dras (le Grecia v del Asia Menor. Mil quinientos
aSos antes de Cristo ; todo es oriental del modo
que lo han trasplantado las colonias fenicias,
árabes , egipcias , personificadas en los tiempos
de Ogifiíes y Cécrops , Pelops y Oádmo. Pero
Prometeo , hijo de Jafét , 'ó sea la raza helénica
descendiente del Septentrión , agita é infinma
con nueva vida á los degeneraAos , basta <iae ella
misma es subyugada por las costimAres del .
Oriente , y 4as mon^rqttias por todas pables wn
avasallada por los comunes. No tardan em-
pero en sobrevemr fes HerácUdas con la rata
septentriottal de tos Do«íos , y hacen |Fretalecer
el Occidente , reduciendo los'gobíenios á aris-
tocracias feudales, pasando ét la inmovilidad
asiática k la yariedad , é invugtírando ventado-
ramente el mundo occidental . El rapto de Eum-
pa y de Elena , los amores de Medea , la con-
quista del vellocino de oro y la toma de Troya,
son las risueñas ficciones bajo las coales enco-
bren los poetas las inevitables bataHas de elMas
contrarias civAteadones. Mi se borran con la
conquista las diferencias originarias ; y la emn-
laddki entre los Dorios y Jimios duralanto como
la (Grecia, mostrándose alternativamente en la
snpfémacíade los Atenienses desde Gimon á Pe-
rieles, ^n la de los Espartanos después de la vio*-
lotia d(s ^gospótamos , en la de los Tóbanos, na-
XIX
dda y muerta ooo Epamiooiidas, hai^ que la
dommacidn maoedoaia entrega el pais afemina-
do y enoadenado á la preponderancia ocáden--
tal. Entretanto un pueblo especialmente guiado
por Dios , conserva pura la tradición primitiva,
que entre las demás naciones se contamina mas
y mas á medida que se aparta de sus fuentes: y
este pueblo divulga el pensamiento mas gran-
dioso , el (k un solo Dios, de cuya voluntad libre
es un acto el universo.
^^ Eí(ie pueblo tiene una historia propia ; pero
desde la de los demás ó calla ó se mece en ficciones
bs que merecieron á aquella edad el titulo de fabu-
pú£'s losa. Solo en el siglo viii antes de Cristo em«
hasta piezan á ordenarse los hechos por tiempos ; y
dro*-~la era de las Olimpiadas (776) para la Grecia, la
776-Í23de la fundación de la Ciudad (75i) para los Ro-
*''^' manos , la de Nabonasar ( 747 ) para los Babilo-
nios y E^ipdos , manifiestan que á la fábula su-
cede el tiempo histórico , á la edad de los héroes
la de los hombres. La religión presenta la primera
oertesa cronológica en las listas de los sacerdotes
coiiservadas por la casta sacerdotal : de estas,
de los templos y de los tesoros , sacó Heródoto
todos sus conocimientos; y después Pausaniás
refirió á monumentos religiosos todas las partí-
cularídadeB históricas.
Robustécese en Oriente la civilizaciou , y la
raza délos Persas desciende de las montañas para
rejuvenecer á los afeminados Medos y fundar
uno de los mas vastos imperios. Pudiera muy
bien. decirse, que este imperio zeloso de la pe^
quena Europa , que sale a conquistar dencias,
anes y leyes, vomita sobre ella torrentes de hom-
bres pidiéndola la tierra y el agua. Es el pasado
que se enfurece contra el porvenir , la raza in-
móvil contra la progresiva. Del mismo modo que
flomero habia cantado el primer combate entre
el Asia Y la Europa, sacando de la barbarie
la piedad y la admiración, así Heródoto, testigo
de la jsoerra pérsica , uos la trasmite en una
narraoton co^a unidad es precisamente la rivali-
dad entre Oriente y Occidente. En Maratón, en
Salaaiina y en Platea, se decida la superioridad
de la civilización europea sobre la asiática, y
muy luego los pueblos que en un principio esta-
ban separados, se aproximan y mutuamente se
qoBocen; el espíritu numanoi en el siglo desde Pé-
neles á Aleiandro,.recorre mayor camino que el
que en muchos siglos te habían señalado la ima-
¿inaeionde los Indios, la profunda inteligencia
ue los Egipcio^, el frío raciocinar de los Chinos,
ó la voluntad obstinadade los Israelitas. Narrando
la guerra médica y la del Peloponeso , adquiere
la relación el interés de la epopeya, entre el
vuelo gigantesco del pensamiento y de las bellas
artes, entre los distinguidos caracteres de los
héroes que conservan hasta en los delitos su gran-
deza, y que se nos presentan al través de la ilusión
que causan la distancia y la pluma de incompa<-
rabies escritores.
Pero el Oriente rechazado por las armas, sub-
vuga con el ejemplo : la Grecia se doblega ante
m costumbres del Asia» y después de la paz de
Antálcidas, el gran rey la organiza á su gus-
to. En tanto, pan impedif, qm se corrompa |
completamente, baja del Septentrión una nueva
gente , la Maoedonia; y Alejandro, con una su-
blime reacción, trata de colocar la civilizacioa
griega á la cabeza de la unidad oriental , consi-
guiendo únicamente plantar en el corazón del
Asia un imperio europeo y fundar entre esta y el
África una ciudad , que dará nuevo centro ai'oo-
mercio, y donde el genio griego, impotente ya
para crear, se sentará entre losdos mundos para
explicar al nuevo los arcanos del antiguo.
Alejandro, y mas que él sus sucesores, se
dejan enervar por los vencidos y se convierten
en príncipes orientales; pero la'civilizacion ha
salido del santuario para hacerse proclamar ea
las escuelas; y propaj^adapor las colonias por to-
da la costa del Mediterráneo, da un gran paso
conquistando la Italia.
La variedad , carácter grie^ en las institu-
ciones, en las artes, en la ciencia, tiende en
Italia á aglomerarse en rededor de Roma, que
constituida con elementos discordes sal^ á la con-
quista de la libertad propia y de los territorios
ajenos; grande en las victorias, mas grande ea
los desastres, y atenta á espiar en la pazIaopOr-
Uinidad de asegurar el buen éxito en la guerra.
Roma , mas joven , ha perdido de vista en sus
orígenes á los dioses y mira como su fundador á
un néroe. Su historia es la de una ciudad mirada
en pequeño ; en grande es la historia de todo el
antiguo heroísmo, la liza en que combaten lo fi-
nito con lo infinito , la generalidad abstracta con
la personalidad libre , la aristocracia, represen-
tante de la estabilidad asiática , con la democra-
cia engendrada por el movimiento europeo. T
prevalece este ; y la edad humana de Vico, que
no se vio jamás en la Grecia, nace con la verda-
dera libertad en Roma , la primera que trata de
unir , fundir v organizar los pueblos, hasta en-
tonces reducidos á comunidades particulares , ó
á aglomeraciones forzadas.
Desde este punto la atención se reconcentra
en Roma , la cual después de haberse asimilado,
aunque con alguna dificultad, los primitivos
elementos, se lanza como un gigante para apro-
piarse el universo. Dolada de maravillosa per- ^^
severancia en sus vastos designios , tiene que f^
habérselas con naciones que se sostienen isolo ^[^
por las leyes del equilibrio, variables en sus^-ij
alianzas y atentas únicamente á creceré impedir ^'^
Siie las demás se aumenten. iPodia ser dudoso
éxito? Cuando Roma se desborda de la vencida
Italia, se encuentran frente á frente las estirpes
jafética y semítica: aquella con el genio del he-
roísmo , de las bellas artes , de la legislación,
esta con el espíritu de industria y de comercio.
La última sucumbe cuando Tiro cede el puesto á
su émula Alejandría y cuando Cartago es des-
truida por Roma; y apenas si quedan recuerdos
de aquella civilización entre los aue receben sus
frutos. ¡Quién sabe si la colonia de Argel, ahora
naciente en aquellos contemos, no podrá como
Mario sentarse entre las ruinasde Cartago, y ob-
tener de ellas las revelaciones que ya se han ob-
tenido de Babilonia y de Menfis!
De esta suerte vence Roma al Oriente antes
de arrojarse á combatirlo en Egipto, en Siria, en
el Ponto y en Armenia; pero ü dar el Oriente á
la venoedon la indastría y las ciencias, la cor-*
rompe y cambia. Roma aun fabricando cadenas
para el mando se mostraba magnánima , daba
libertad á los pueblos, distribuia las provincias
entre sus aliados y humillaba a los soberbios,
perdonando á los que se sometían: pero después
que |)asa al Asia no reconoce ningún obstáculo,
cree insulto propio la libertad de los demás y
viola descaradamente el derecbo: Perseo es con-
ducido entre cadenas y sirve de espectáculo á un
vulgo aue insij^ta las regias desventuras: Carta-
so es aestruida inicuamente : Numancia aeree*
aora á la admiración de la posteridad , no con-
mueve al brutal vencedor smo cuando después
de derramar la sangre del enemigo, pasa a der*
ramar la del ciudadano.
^^ Antes de entrar en la era nueva lijaremos la vis*
Gierns ta CA un pucblo Oriental , mucho mas antiguo en
mi^ verdad , pero que desde Chen-si dilatando su
Acd lenta cultura, crece separado de los restantes del
mundo , de tal modo , que ha podido ser descui-
dado por la Historia que vive de progreso y de
movimiento. Masen esta edad surge en él uno de
aquellos grandes genios que con la ciencia y la
meditación reasumen y encarnan en si el pensa-
miento del pueblo y preparan los cambios que no
lograría jamas efectuar la espada.
Al hablar de los Chinos y de Confucio tendremos
ocasión de dirigir una mirada al mundo palríarcal
qoe abandonamos, á las sociedades orientales que
vivían en el espacio, no en el tiempo, ycomparar-
lascon las nuestras que se separan ae la necesi*
dad y de la unidad indefinida y universal para
lanzarse al progreso libre y variado, donde ei de-
recho se aparta de la religión y del Estado para
hacerse encaz é individual. No cause maravilla,
Áü embargo, que aquí también á veces prevalezca
el Oriente ; pues es todavía inmensamente mayor
el número de pueblos organizados conforme alas
costumbres del Asia. La civilización europea se
limitaba á Grecia é Italia y aun estas tenían del
Asia la esdavitud , la sujeción de las mujeres,
los cultos y á menudo el lujo y el despotismo;
sin embargo, se dirigen á la perfección con pa-
^sos lentos , pero seguros. En un principio la vic-
toria bacia los esclavos y los amos; después el
interés ó las transacciones formaron la plebe, sin
existencia civil, política ni religiosa, y que no
podia poseer bieues sino con la sanción del pa-
tricio , en quien el derecho de la fuerza apenas
estaba refrenado por las solemnidades legales.
Pero la ciudad plebeya se eleva al lado de la
aristocrática de Rómulo, aue se ve obligada á
sujetarse á la rígida letra ae la ley , letra que
será combatida por la elocuencia, "^ eludida por
los privilegios y burlada por las ficciones ritua-
les; hasta que por la voz de los Gracos invoque
la plebe el derecho de poseer y el de votar,
caminando al triunfo entre derrotas.
Las dos formas del mundo oriental y del occi-
dental, del patriciado y de la plebe," asociadas
en Roma , le dan una doble naturaleza , la con-
servadora y la innovadora. Admite todo linaje
de ideas, pero después de viva oposición; se
eagnuadece, pero es cobrando nuevas fuerzas;
cambia de gobierno, pero siempre fundándolo
A
en sus mismos principios que eran los de la sgr
ciedad humana ; y así como formó la ciudad
amalgamando los patricios con los plebeyos, for^
ma el imperio amalgamando diversos pueblos,
primeramente avasallados, pero después por la
guerra social hechos Romanos. Por esta razón
no son momentáneas sus conquistas : subyuga,
civiliza, asimila, y en el orden de los büecbos
alcanza el imperio mas extenso y duradero,
mientras que en el orden de las ideas forma la
mas entendida jurisprudencia. Los esclavos ar-
rojan en breve un grito de emancipación ; los
vencidos que ocuparon en Italia el puesto de la
población indígena que habia perecido en la conr
Juista , piden derechos; Mario nace de la sangre
e Graco , y allana el camino á César, precursor
de Augusto.
Durante las guerras intestinas, la civilización
marcha siguiendo el camino del sol hasta las ri-
beras del Océano , y los descendientes de los Ga-
los y de los Germanos , conouistados para la im^
Irzacion, perdonan á los Romanos la matanza
de sus padres. Por otro lado la Europa reina ea
Egipto , combate en Persia , subyuga la patria
de Masinisa y aumenta el número de las nacior
nes agregadas á su civilización , de modo que en
adelante podrá combatir al Oriente con fuerzas
iguales.
Encuéntrase en efecto frente al Oríente en
Accio, y lafugadel Egipto proclama la suprema-
cía de Europa. No obstante , triunfa el Oriente
en la profunda corrupción de la nueva Babilonia,
porque al paso aue se facilita con la espada la
fraternidad de las naciones ; al paso que se
meioran las formas exteriores de la ciudad, la
inaustria, el comercio, las artes, las leyes, la
administración , se gangrena la herida*qoe la
superstición y la filosofía han abierto en el
corazón y en la inteligencia del mundo antiguo; y
los elementos necesarios para la vida social , fe,
conciencia, libertad, se desvirtúan. Las leyes
protegen á los esclavos v la esclavitud es ma£
desapiadada que nunca; f^aulo Emilio vende ea
Epiro ciento cincuenta mil ciudadanos de setenta
ciudades destruidas, para distribuir el importe
entre los soldados, y César da gracias á los dio-
ses por haber exterminado á los Galos, vendido
al mejor postor cincuenta y tres mil habitantes
de Namur y muerto en Avaríco cuarenta mil
hombres inermes. No se da muerte á los hombres
tan solo para saciar el hambre ó en el ímpetu
brutal de la venganza, sino también por divertir
al pueblo reunido en el circo. Combínase en Ro-
ma el dogmade la autoridad con el de lalibertad,
pero libertad ciudadana, no individual; é inmo^
laudóse la independencia de las naciones sobre
el altar de la patria qrigída en divinidad inexo-
rable , el mundo es considerado como una misa
de oro ó un mercado de esclavos; la palabra de
la república es santa, no porque seajuslasino
porque ha sido pronunciada ; la legalidad.ocupa
el lu^ar de la justicia para encubrír exteríoi^
iniquidades; v llega á desconocerse el dere-
cho sagrado de desobedecer las leyes injustas,
esto es , la prerogativa de la razón que juzga de
la justicia de las leyes. Reducido todo por tanto,
á mera política , no queda mas unión p(»ible que
mil
la foéna , tncapas de rnaateiier por mucho tiem*
Kla armonía : y la oiencia pa^na tan solo sa«
lamentar los vicios de aqaeila 'raza peor que
ia precedente, y prever otra todavía mas per-
versa (1).
Sabiendo Augusto aprovecharse de este respe-
to á la legaiicbía para disfrazar con él su usur-
pación, concentra en si los poderes que el pueblo
adquirió con larjgos trabajos, y sustituye á la
•república despótica el despotismo de la monar--
qnia. Asi resuelve el ^n litigio entre nobles y
plebeyos, entre patricios y caballeros; proscri-
niendo la aristocracia é igualando el derecho ci-
Til, bace caer en desuso las Doce tablas é iguala
lodos los miembros del imperio ; y por último,
Mama á las musas para que cubran con laureles
las cadenas impuestas á la ciudad reina; ¿ insul-
tando al subyugado mundo le grita : Paz.
tpoea Pero no : la paz no saldrá del Caistuoso Palatino
-¿^ ni del cerrado templo de Jano, sino de un esta-
Cristo Uo de Galilea. De este lagar parte la buena
•iCoñsr noeva que proclama al Dios único, la fraternidad
4-»3 y la igoaload de los hombres , y un reinado de
<*• c. virtud , de verdad , de justicia, á cuya realiza-
don se dirigirán las naciones puestas desde aquel
momento en el justo é indefectible camino del
progreso moral. Las conquistas de la humanidad
se hablan limitado hasta entonces á los matrimo-
nios legítimos , á las franquicias civiles y polí-
ticas, y á la igualdad ante la ley , pero^^esto á
favor tan solo de la raza dominadora. Ahora la
tmidad de Dios enseña la unidad del género hu-
mano , y la inocencia es impuesta como obliga-
ción no solo en las obras sino también en el pen-
samiento emancipado. Hasta entonces el único
medio de alcanzar el poder y la gloria había sido
la guerra , el único blanco de los héroes la con-
quista; la servidumbre había sido declarada un
hecho necesario, equitativo, natural; el esclavoes-
taba condenado no soloá todohnaje de ignomi-
nia, sino también al embrutecimiento intelectual
y moral, sin afectos legítimos , sin legítima prole
Ísin existencia religiosa. Pero Id nueva pala-
ra de caridad aligera en esta época sus caoenas,
mientras consigue romperlas enteramente; es
aclamada la paz tmi versal ; quedan abolidos los
trivilegios de nacimiento y de conauista; inspira
orror no solo el derramamiento de sangre sino
también la lucha; y preséntase el modelo de una
sociedad fundada en la combinación de fuerzas
pacificas, de nn poder enteramente espiritual
opuesto á los arrebatos del poder armado, y de
una fraternidad entre las naciones , en virtud de
la cual estas, en vez de destruirse unas á otras,
se unirán para perfeccionarse mutuamente.
Y ¿quién produjo esta mudanzi^? un artesano
de Galilea, i era también esta una doctrina ori-
ginaria del Asia, que debía, no subyugar, sino
convertir á Europa, aunar la verdad política
con la religiosa v oponiendo á los ídolos la con-
ciencia y á los tiranos la resignación , restaurar
( 1 ) .£Utf iMKfttun , pejor ftvif , tnlit ,
Nos oequiores, mox daturos
Progeniem Yltiosiorein.
HoiAT. AL 6.
SeoU^ieuto es este predomtaaote en los escritores de aqucUa
cdtd.
at género bniMBo en sa dignidad bajo na solo
Dios. Al lado del poder de U espadase levanta
el de las ideas, que independiente del primero,
mantiene seguro el progreso para q|ue nó vacile
con sus variaciones : entonces en la narración
histórica aparece un nuevo elemento, la historia
de la Iglesia. Esta , represáitando al poeblo, y
admitiendo á la emancipación á todos los á¿s^
grarjados, á todos los que padeeen por efecto de
la conquista ó de la fueria , no destruye de un gol-
pe la servidumbre , las violencias legales , tas
rapiñas gloriosas , pero opone á todas ellas una
doctrina que las reprueba y un Dios que las
condena.
Pronto Nerón y Domiciano se encuentran fren*
te á frente con Pedro c Ignacio : aquéllos arma«
dos , señores del mundo , teniendo en su apoyo
la legalidad, tan diversa de la justida, represen-
tantes del mundo antiguo, gritan en los circos
atestados de gente : A la$/ieras ¡m cruHanúi ; los
otros, pobres , débiles, desconocidos, calumnia*
dos, con la autoridad , la instrucción, las ceremo-
nias y el ejemplo propagan el reinado de Dios
y enseñan á dfar al César lo qne es del César,
pei*o nada mas , no el culto , no el sacrificio de
los afectos y de las convicciones.
Aqní nosencontramos ya trasiadadosá diverso
teatro. Aquí vemos ya la cmlizacion occidental ex-
tendiendo sus alas para tomar mas seguro vuelo.
Empero, los hechos exteriores impiden ó retardan
el triunfo : la adhesión que antes se profesaba
al Estado se concentra en los emperadores, pro-
tegidos tanto por la religión como por la ley : en
la serie de estos ora prevalece el Occidente con
Trajano y Marco Aurelio, ora revive el Asia
con Commodo y Heliogábalo : el estoicismo pro-
cura sustraer al hombre del dominio de la natu-
raleza bruta , pero la secta de Epicuro se resigna
á padecimientos innobles que no turban sus re-
finados goces y docta corrupción : la magia vie-
ne á reanimai* las antiguas creencias; en tanto
que una revelación que tranquil issa ai pensa-
miento por ser de origen superior , y que robu^
tece las leyes porque establece un poder infali-
ble , tiende á la universalidad de la moral y
enseña á todos lo que importa conocer , amar,
practicar , no solo en la sociedad , sino también
en la conciencia individual. La traslación de la
silla de San Pedro desde Jerusalém á Antioquia
y desouesa Roma, da mas autoridad al Occiden-
te, al paso que la traslación del trono imperial
á Constantinopla vigoriza el elemento oriental;
el lujo y la molicie enervan á los degenerados
Césares que deponen la espada de la defensa
para entregarse á disputas teológicas. Entretan-
to sin embargo, la gente mas señalada por su
inicuo proceder dicta cánones de perfecta justi-
cia ; los emperadores para apartar de s( el obs-
táculo que fes. opone la nobleza , se esfuerzan en
Ereseutar las razones de la común naturaleza
umana , favoreciendo la emancipación , el pecu-
lio de los hijos de familia , las últimas volunta-
des, ampliando los efectos y restringiendo las
solemnidades de la manumisión y extendien-
do el derecho de ciudadanía; hasta que en tiem-
po de Constantino vence por completo la equidad
desechándose las fórmulas, último reato del gi-
VU.
i'.tiio
gante» jr e^tt^ndiéiiéilleí la emaieí^aéion de^ lab
provijM^iaS' al nuüdo.
Roioa se ensañaba a( creer que sus áaiiilai»
tedian aprcmo el universa : si ho pdo oin
el silenoioso y uniforme movinAento ae ki In^
dia y de i» Chifta desimadas á soérevif irla ; sí
creyó subyugadas et Asia V ei A^fricai ouandq los
reyes de Alttáiidria y de Pálmira pasaron encade-
nados por la Via Sacra; á io menos la embria-*
¿uei de los triimfos y e) oteceuo tumulto de ^
bacaaalesBodeMePcm impedirla que oyese los
pasosdejas pueblos del Orienley del BepeoÉiriiiii,
impulsados los aftos por los otros y por una fuer •
za sobrenatural para, saquear á la depredadora
del universo.
fin el Medíodja , los Beréberes, las Getules, v
los Moros, Jbaoen retroceder Mcia las costas a
los Roiuaiioe ; en Omate los Sasanidas restable-
cen el poder de Persia , y amenaean coo renovar
los dias de Jerjes; los Germanos encuentran otros
Armínio^qttelos conduacan á los Alpes : los Es*
candinavosdaniMieirteen una batalla á Yalente,
cono los Peisas babian muerto á Juliano: las
provincias caasadas del yugo fiscal , aceptan co-
mo libertadores á ks eonquiatadores nuevos:
también loe Ugoro-Fiteses y la ignorada Tarta-
ría quieren tomar parte en los oespoios ; y bs
hermanos de los qae combatieron el imperio
chino vieaen á inceíadtar las ciudades del Adrián
tico y á morir en los campos de Cbakrns.
Ea vano traté Coastaatmo de rejuvenecer la
monarquía : el pueblo estaba gastado por la an*^
ligua prospeiridad y por las nuevas desventuras.
Etttre los hombres idmeasameate ricos v losín^
aumeraUes pobres., había desaparecido la dase
meiiia, depesUariade.Ias virtudesciudadaitos v
de la agualdad social ; las creenciaa religiosas <
discordaban de las iottitudones civiles ; y al paso*
que la legislación era oatólica« laadmimstradou
se conservaba pagada, ideniificmido al Estado
con el soberano , el cual , teaieAdo un peder Hi**
mitado, ó con su depravación corrompía á los
Íuebles, ó turbaba la feoon disputas cobtinaas.
1 ejército en las guerras«i vites obediente en un^
piiacipio ¿kk selpiblieay sublevado después coa<^
(ra ellf^, y lu^gosentadoeo el' tioolo conlos Césa-
res, aueria afora diíspoQeard6ellos;y Rema en-
graoaecida por la fuerza « sucumbe^ también pm:
ella:Romacoii6UtUid4solNfe la obediencia, perece
por qoela^xi^era^LasinstittcioneB eran grandio-
sas; pero seballafan aheg^laeondencia; yofus**
cada esta, attiic|0eaquellas4uiaron»encontxáse
arruinada la sociedad. Los últimos emperadores^
avergoioadosde lo. pasado ) temerosos del pon-
venir f se .alurden en el presente. entre asiáticos
deleites; su eoloaa parece, la guirnalda deqne.
se adorna á la víctima destinada al sacrificio» y
sunabdadacelemen Occidente iacaídadelimi^e^
río, mientras ijfm la. posición topográfica dejil
en salvo per pacho iiemno todavía al deOriente.
Consiabtiáopla ep.meaio (¡0 su Isingiiidez ller*.
gó á tisB^ para despojar de su natural rudeza
á los nueblos nárbaros limítrofes ; dió<á los Go^
dos ef alfabeto modificado por Ulfila» y el mejor
rey en la percha de Teodorico : hizo brillar la
luz de* la te¥(!bid entré los Rusnsy Bfllgaros, y
xunv
con el códi(¡;éíde Justipiaooimpidtóqnefereeiesri
tanta práctica sabiduría romana, conservándekl
para que inodiíJcaae las: fu turas, legislaeiones/
Del choque. del Oriente cen el OorideaUe y-
con el Septentrión» del Cristianismo con elhe-^
leaismo y oon la barbarie , salieren malparadas .
bis formas, pero se ganó en cuanto al fondo}
decayeron unos pocos privilegiados , pero la hu4-
manidad suiígió poderosa ^, y en tanto .(|ue l£|
ciudad romana se hundía desmoronada, procla->
mábase la violeria do la ciiidad de Dios con uaft
doctrina sublime aprendida sobre hs rodillas da
la madre , con la libertad establecida sin D^^n-^
cienes como que se fundaba eA la nentitud del
pensaniienlo y en la pureza de las costumbres.
Desde aquella época se ve marchar el progreso»
por una senda recia y lógica ^ oacariiáadQse 49l
doctrinadel Cristianismo en las creencias, en las
ideas , en las artes y en las costumbres. ¿Quién,
diría que hasta las herejías sirvieron para pro^n
pagar la civilización ? Los Maniqueos penetran,
hasta en India , el Tibet y la China, donde oonw
tribuyen á la aparición del último Budda y al
establecimiento de la religión de los Lamas qM^
boy cuenta con tantos adoradores cómo el cris*^
tianismo. Los Nestoríanos fundan on Edesala:
Srimera universidad cristiana, desde la cual
ifunden las letras sirias por la Miesoj»oUfT
mía, Venicia v Persia , y ensenan el aso oe las
vocales á los Árabes , veirtiendo á sn idioma las.
obras gne^ que laGuroparecibirádes(»aes por.
mediación de aquellas.
Asi es como por diversa seoda vuelven á' \¡!^''^
emprender su carrera el Oriente y el Occidente: los
el priÉeix) ae onerva cada vex ná^, mientras ^*l^'-
Gonserva en depósito' la antigüedad y las tradicio*<i76-H-ii
nes asiáticas ; y en - el segundo , los Bárbaros. ^- ^•
destruyen el edificio de los siglos, y borran basta»
el nombre del romano imperio. Aquella pasión,
de independencia ane, do sufre nada fijo , nada^
duradero, nada obligatorio, no pedia cimenAar.
Gonvenientetnente ninguna socieoad; por lo cual f
puedo decirse que la misión ele los Bárbaros se;
limitaba á destruir; pero nótese i^ue entre ellos ae*
coilservaba ileso el ín^tinto de libertad , que en
fiéíüfx habia sido sofocado por las institución^.
Bárbaro era el hombre, mas no tanearrómpir
do como entre las gentes civilizailas que hahiiaa
abusado de todas las doctrinas y de todos los go^*
oes; ni sa brutalidad eraian dedionrosa coahiv
la refinada disolución de noiim. Aquellos Vtm^'
rosos caracteres que no sabian obedecer, sabiaal-
sin embargo sacrificarse , y consei^vaban además
una chispa de aquel sentimiento deltonor, deíH
conocida de la antigüedad y del cual iba en Iq.
sucesivo á valerse el Cristianismo para formar la
oenci^Kia é instituir laobedíencia racional. Poí
tant» los Bárbaros regeneraban por medio da la:
fuerza las desencaminadas poblaciones; al pasot>
que el amor inerme las asociaba: que sí alguaa: [
vess aparece materialmente en la Historia úéí:-.
dm vwibU rfr io' ^r^idn^tia , nuona ^mpea cou)
mas^ claridad que en auodla época en<^re-««
duñdaron en provecho oe la humanidad inderJi^
bles desitfenturas^ Abábase^ sobre aquel caos de
s^S^ y de r^jms un ea^riti» supdriqr. á Uíám
hs irioíaitiides; y al paso qoe los Bárbaros ex-^
letodian sos conquistas , venían ellos misinos á
ser conquislados para lacros, esto es para la
civilización ; las naciones aventadas , digámoslo
asi, por la violencia de las armas se reunían bajo
la inflaencia de la cosa mas libre del mundo, el
sentimiento religioso. Donde quiera queelsigno
déla católica anidad apareció impreso, el Asia
perdió laesperansa de prevalecer sólidamente. El
cisma religioso pareció consolidar laseparacion del
OrienteyOccídente. Francia, Inglaterra, España,
Alemania, ¿ Italia fundaron nuevos Estados y san-
ear» de las regiones septentrionales on «elemento
desconocido del mundo asiático , la libertad per-
sonal qne los vencidos .supieron conquistarse,
cuando pasado apenas el tumulto de la invasión
les fue dado mirar cara á cara ¿ sus vencedores.
Con los LoQgobardos concluye aquella emigra*
oion de los pueblos septentrionales que duraba
por espacio de siglos, y ellos mismos empezaron
a rechazar las hordas guerreras , oponiéndoles
los muros de nuevas ciudades bajo látatela de la
cruz. La civilización vencida ejerce su reacción
sobre los vencedores civilizándolos. La conver-
sión procedente del Mediodía marcha hacia el
Septentrión difundiendo entre las armas ideasde
paz de orden y caridad , y enseñoreándose del
poder por el medio mas legítimo, la inteligencia.
La» ventajas producidas por la invasión de los
pueblos del Norte son visibles hasta para los mas
cortos de vista, comparando la desoladora mono-
tonía y el lento affoni^r del imperio de Orie»-
te con la resucitada civilización de Europa , don*
de lo antiguo se mezcla y encuentra en disonancia
con lo modei^no. Aquí las gracias y los defectos de
unasociedad de inexperta mfaocia figuran al lado
délas ventajas de una generación adulta: losini*
mos son ingenuos, pero los afectos profundes;
contrahechas y hasta monstruosas las formas,
pero graciosos los conceptos; sumisos y religio--
sos los corazones , mas no por eso menos fuertes
é inflexibles los caracteres: la ignorancia anda
confundida con la pedantería y con el talento , y
la grosería coa las emociones tiernas. Ya vagar*
ban en los ánimos las ideas de los tiempos pasar
dos, pero causaban un inquieto temor como las
inspiraciones internas que no hallan medio de
manifestarse: de aquí provinieron aquel fondo
de melancolía predominante, las habituales imár
£nes de la muerte, los repetidos temores del fin
I mundo, aquellas aublia)es locuras, aquellas
virtudes nuevas , y los tres hechos culminantes
de la ¿poca, á sa&er, la expiación religiosa, fai
opresión y la resistencia, que al fin triunfó é hieo
que el Occidente se lanzara vigoroso á la con*
quista de la moderna civilización.
B^ Pero el Mediodía prepara con Mahoma una
¿ho- reacción terrible. El árabe poeta, guerrero singe-
n>¡„ nerosidad, profeta sin milagros, ostentando eo-
dc/ tre ruinas una religión sin mistaos , un culto
sin sacerdocio, una moral fundada en los delei-
tes, una misión sin mas credenciales que el
exterminio , sacrificó mas victimas humanas que
todas las antiguas creencias. El islamismo co^
mienza por una tribu, y de allí á medio siglo
b^a sometido por la merza cuanto se ccmiprefr-
, de entre el Tigris y el BiífratÉS , la SiriA, li
Palestina hasta el Mediterráneo , y las- fronteras
del Asia Menor hasta el Tauro ; poco después se
dilata por las costas de África , y amenaza á un
mismo tiempo la Parsia y la España , la India
Y el imperio de Bizancio; ni dejará la cimitarra
hasta que embotada trate en vano de darle nuevo
temple con la civilización europea.
Es aquella misma raza que vimos sucumbir con
Carlagó: es la misma lucha renovada bajo el
aspecto de dos religiones : es otra emigración,
pero no lleva en pos de sí la libertad como la
septentrional , ni humillará , como esta , sus ar-
mas al encontrarse en frente de k cruz: antes
Sr el contrario lo que desea es anonadar la Bori-
civilización del OSccidente . y establecer el des-
potismo en lascosas temporales y espirituales y la
esclavitud, y la humillación de la mujer. África
ÍAsia pierden eatonces coMito habían adquirido
e Europa; mas por fortuna el pendan del idar-
mismo tropieza en Oriente con ios muros de Cons-
tantinopla y en el Ocoideile oon la francisca (I)
de Carlos Martel , y la tuona del Cid.
Pero apaciguado el primer ímpetu, los califas
cooperan á la civilización conservando el saber,,
promoviendo nuevos descubrimientos entre los
errores de un pueblo esdavo y supersticioso, y
cultivando las artes de lo bello y de lo verda--
dero; asi es que la Europa debía aorender de
aquí la gaya ciencia, el romance, la dialéc-
tica, la química, las matemáticas y la astrono-
mía. Por otra parte, la unidad de la creencia
agrupa las tribus dispersas y guerreras de la
Arabia, las cuales, penetrando en el corazón
de Asia y África resucitan allí el comercio, dan á
Basora, Damaaoo y el Cairo la eclipsada pros-*
peridad de Bizancio y Alejandria; abren el tráfico
con la China y Tomonctu ; educan á hw Malayos
y á los habitantes de las Molucas, é imponen
su idioma y hasta su culto á los Cafres, desper-
tando entre los idólatras el conocimiento ae la
pora unidad de Dios.
Al poder oriental , personificado en los califas, ^l
se opone el del Occidente concentrado en los pa- u
pas. Los* eclesiásticos, ejerciendo el duplicado ^
sacerdocio de la religión y de la justicia civil, ^ a8
administrando esta con solemnidad , sancio- ^
nándolacon premios invisibles, y. emancipán-
dola de la mera fuen», fundaron una autcH-
ridad inerme. Cuando un emperador intentó
encadenar las libres creeacias, los pontífices sal-
varon á la Italia del yugo oriental ; de sus
contestaciones con los Longobardos salió conso-
lidado su poder; y después para dar al mundo la
unidad política, asi como ya le habían dado la
religiosa , renovaron el imperio de Occidente en
principes, que siendo libremente elegidos, re-
Sresentaban la república cristiana. El primero
e estos es Cario Magno , qne de ios despojos de
veinte reinos barbijos forma una vasta m^
narqufa , y que Ala manera del grande Alfredo
procura organizar sos nuevos Estados con arre-
glo á las ideas religiosas , pacificando, restable-
ciendo el dominio de las leyes y del pensamiento,
(1) Hactkaae dos IQ06 indi por kMstimntdAliedRAMdia.
Digitizedbv ftí.itíTJ
í los tres elementos de b líberUid
septentrional con sos carantías, de las tradición
Bes romanas eon su aonninistracioa y llteralura,
y de la Iglesia con sn moralidad y sa gerar»-
gnia^T eonsolidaiMh) el terreno para edifioar so-
£re « una nueva civilización. Aunque velada
mr los exteriores aoontecimientos, bien se echa
de ver esta civilización en Europa al contemplar
como se reanudaron las tradiciones de las ciea-<
eian v de les gobiernos, y como d antiguo espi
rilnde invasión se fue transformando en espíritu
de influencia moral é intelectual.
Jb tanto que k» Árabes, cuiú tonente sus-
pendido amenazan á cada instante con nuevas
devastaciones, el Norte y. el Oriente envían
eqambresde soldados que en naves de corsarios
ó en caballos tártaros turban el perezoso sueno
de kM socesores de Cario Magno. No tardarán
empero ios NcMviandos en trocar las correrías
en eonqnistas fundando reinos poderosos; los
Madgiares son enfrenados por Otón el grande; y
eon m Husos , Polacos y Suecos , conquistados
|Mfa él Cristianismo, se'fonna una barrera con-
tra el Oriente al mismo tiempo que el heroísmo
español rechaza á los meridionales.
Hoy que los Estados ya adultos se regulan por
las opiniones, no es fácil comprender la natura-
lesa de aquellos que se regían por sentimientos,
ni el drden eompactoque entre la aparente anar*-
qnia dominaba. Bsla unidad , necesaria para
oponerse i las discordias intestinas y á las in-
vasienes, se manifestaba visiblemente en la per-
sona del emperador, suprema autoridad proteo-
twa, féndadaenla universalidad de las creencias,
escogida de entre sus iguales y atemperada por
elloe, derivada de Dios y trílMitando homenaje
á 8« vicario en la tierra. Una ciase de dominio
estaMeodo ite este modo excluye la tiranía de
u déspota é de una &ccion ; subordina la fór-
mola y la letra muerta al espirito , á la ínten-*
GÍoa y al carácter personal , y esta armooia en-
tre el poder espiritual y el temporal ha sido asaz
desvientajosamenle suplida con el equilibrio di-
námioo* Greiaseel emperador destinado á defen-
der la cristiandad con el generoso entusiasmo de
un caballerd ; y si los pontíüces se mezclaban
en los asuntos temporales , allí esiaba él para
eontenerios en su deber, k su vez los pontíncfes,
lepreaeoCando al pueblo , y siendo elegidos entr^
él y porél, ungían en su nombre y en el de Dios
á ios emperadores ; vigilaban el cumpliunento
de los pactos; daban la voz de alerta á la cris-
tiaadad siempre «que veían la constitución vio-
lada; no dtíahan pasar inobservada leáon alguna
de lamoraíidadóde ia)usticta: y amenazaban á
los criminales obstinados, de cualquiera condi-
ción qim fuesen , con separarlos de la comunión
de los fieles^ pena moraí , cuya fuerza demuestra
que expresaba el público voto de la Justicia.
Síemlo empero el vicio capital de h edad me-
dia Ueiwio todo al eiceso^ á lo absoluto , aquí
también la mutua tutela dinero en arrogancia
y ea tiranía ; y roto el equilibrio , se llegó a com-
batir coa los anatemas y las espadas. Largas con-*
sidersdones m^ecerian estas disidencias , que
retacdanm el progreso de la civilización cristia-
na, ameoaaapdo j$slocar la unidad , pero de las
cuales surgió la constitución política de ALlem
nia , Francia é Inglaterra.
I ky de lacivilizaeion, si división semejante bi
biese sobrevenido cuando el islamismo con el ai
dor. de una fanática juventud desde España y Sir
amenazaba á Europa! Pero la autoridad que v
laba por la dviUzacion del Occidente levantó 1
voz á la vista del peligro : de todas partes ooi
rieron presurosos denodados caballetes y devot
peregrinos, y la Europa (valiéndonos de I
expresiones de Ana Comneno) pareció que arra
cada de sos raices se precipitaba sobre el Asi
A la grande unidad cristiana debe atribuirse tai
bien el que tantos pueblos se movieran como t
solo hombre, no cooociendo mas razón que la e
presada en su grito de guerra: Dios lo ¿nUre. I
imaginación queda absorta al contemplar el h
róíoo entusiasmo , la profundidad de senlimie
Co , la milagrosa^ lozanía de voluntad, si bi<
desprovista de calina y de prudencia, que acoo
pañaron á aquella gran reacción del Occiden
contra el Oriente , que con mas ó menos ard
V desinterés continuó hasta la toma de Roda
faciéndose permanente y organizándose en ti
pasde guerreros religiosos, consagrados á libe
tar la España, defender ú Europa del Asia
conquistar el Septentrión.
' En medio de aquel movimiento , los ánim
guerreros de Occidenle aspiraron á objetos m
sublimes : viendo la Europa lacivilizaeion mr.
y mahometana, perfeccionó la suya: elfeud
lismo, aue ya había producido* buen fruto d
volviendo la. población á las campiñas^ desarr
liando en el aislamiento loa afectos doméstic(
honrando á la mujer, y devolviendo al individí
el sentimiento de personalidad , tan débil ent
los antiguos Griegos y Romanos , comenzó á fl
quear cuando los proletarios se a^^raparon en U
lio de los opulentos barones, viviendoconelloi
aprendiendo á obedecer. Muchos de estos emp
ñaron sus feudos, otros los dejaron vacantes m
riendo en ultramar y dando de esie modo prepoi
derancia ala autoridad réeia, óálosmunieipios
la plebe compartió sus trabajos, peligros , y afe<
con sus señores , ó permaneciendo en su pati
cobró bríos en la ausencia de estos, y miró con €
vídiosa emulación las repúblicas uarítimas q
habían extendido el comercio hasta las mas ríe
•comarcas del Asia.
Antes de criticar.^clero , fijemos la atenci
en loque era la plebe de entonces, madre (
pueblo aaoal. Antes de vilipendiar ala edad n
día , preciso es borrar de sus fastos á Cario Ma
no y Alfredo, Gregorio Magno y San Luis, 1
tebán de Hungría v Otón el Grande, Godofre
Y Federico 11, Santo Tomás y Rogeno Baco
Quien se burie del frenesí religioso de las cr
zadas, no se lamente al ver que todavía ond
sobre el harem y sobre los mercados human
el pendón de la media luna en la mas hermo
ciudad del universo.
La Europa, en la empresa délas cniaadas, a
como la Grecia en la guerra de Troya, w con
Ereadió á sí misma, conodé todo su v^r , y i
mti con pasos agigantados bácia el porveni
xkxvt
En te sucesivo la c^ifittkkBdad tendrá Mia en polití-
ca un tí tulo que oponer á los que sé niegan á mar*
. char con nosotros por la senda de la civilización.
-El imperii orientai plagado-de eunucos , oor-
' lesanas y sofistas decae tanto , que los mismos
Griegos, ^^repudiando so nombre , se llaman Ro-
maftos. Eclipsas^ el primitivo esplendor del oali-
faáodesdequetosarranqaesdel entusiasmo árabe
se adormecen en la voluptuosa molicie de Bag-
dad) y la espadado Ámrú cae de la mano de los
afeminados imanes y de los suplicantes moUahs.
Por el contrarío ei imperio d« Oicoidente pa-
sando de Francra á Alemania sabe á la mayor
altura, en manos de las dinastías de Sajonia y
SMbia mientras que la potestad pontificia (oca
á sn apogeo poniendo límites á los desmanes
de los poderosos, é inaugurando de este modo las
franquicias representativas .
Ya ha pasado el tiempo en que solo los priU'-
cipes aparecían en la escena; ya empieca á G-
guraír en ella el puebk». La plebe de Roma, que
sr bien había conquistado sus derechos natura-
les , era todavía sierva del terruño , adquiere en
esta época la facultad de trasladarse y fijarse
donde mas le acomode y también la ae elegir
seior. Entre las maquinaciones, ya clandestinas,
ya manifiestas, con qné los principes propeqden
á convertir la primacia feudal en prerogativas
regias y los barones á conservar la independen-
cia y convertir el dominio político en real y par-
ticular ; entre las discordias de los conquistado-
res, ios vencidos levantan sn cabeza; con la
conciencia de su propia dignidad se elevan á
la de su pro^na grandeza; y habiendo' en aque^
lias discusiones, en aouellos'libros restituidos á la
Idz, y en aquellas no Wradas memorias, apren-
dido el nombre de Derecho, aspiran á conservar
y recobrar leyes , umion y posesiones. Entonces
se com|>)ica ta lucha entre el feudalismo , la Igle-
sia, el imperio v los manicipios: por primera
vez' desde que el mnndo existe se piensa m los
campesinos; se da á todos capacidad política y
maniimfisioii á los esclavos: aparece oon clari-
dad la idea de las libertades civiles; se prepara
la tumba á los privilegios; la cuna del pueblo. y
la potestad regia se robustecen con la formación
de una clase media; ^ la £uropa., que los Bár-
barios en su inundación baUaron dividida^á lo
ori^tal en dueños y siervos ^ nó contará en lo
sucesivo mas que una clase, la de hombres. £n«
tretaoto merced al .espíritu caballeresco, .bri-
llante amalgama del carácter meridional y sep-
tentrional , de los Sarracenos y los Normandos,
el valor pierde su ferocidad y se hace humano y
generoso : la resucitada jurisprudencia romana
nestaura ei derec4io en el piuesto que le había usur-
fOAo la violencia : una arquitectura original edi-
fica por todas partes palacios. para el pueblo y
catedrales para la divinidad : los idiomas, tentéis
do que tratar de los intereses déla patria, salen
de la ibftincía: et prorensial árve de eslabón en-
tre las lenguas clásicas antiguas y modernas, el
, italiano se desarrolla proceaiendo del latin vul-
gar: el francés ffijczola-el latin con el céltico, ale-
mán, picardo, iK)rmando y valon ; el español lo
combina Mgmfioanienie con el árabe y el gótko^ |
y ib este último y del esaniidinavo saipn ú tít* '
nian, el holandés, el fladienco, eldÉaésy el sne^
co; finalmente el sajón fetcmdado'poi'd neODM-
(k) engendra el inglés moderno. Los idiomas se
convierten en düstintivo ée te» naek»ls& y dhn^
diverso niatiz á la cuUnfa «taffopea Jogun su
derivación del latin, del teutónioe é del eskyo.
Ennnevas lenguas y oon formasrfafltásticás y.
originales* se oyen desde en4onotís cantar la r¿-
ligion , las emiNresas marciales y el aowr^ mion^
tras que d Oriente .sigue guardatido^n dbpóaito-
la muerta erudición y los materiales escritos» ato*
saber sacar de elhs üntc sola chisjpft;
Entretanto las repúbttcas MiMias estieidbn
el comercio desde el BuKinQ.haeCa ¿InAtléMioo,
desde el golfo Arábi^ al BálKc(^^ coepevánd» vi->
gorosamenté á la dviheacíoii p» medio délas
relaciones entre diversos Estados eetaUtleidas so-
bre ei mutuo interés, la enndacien ea tar indus-
tria y la honrada actividad. Propágale U eivíU-
zacion á la Escandinavia , y an drden reliinoso'
va á preparar el campo en las phivaa4d Bflticft
á una poderosa monarquía, A oirillas dd mar y
de los ríos se forman ligas de coiaeoeÍD , entre k»
Alpes de la fMTecia, aiiaiBias dfa pueMofi', y en.
Francia é Inglaterra los mercaderes y los "plebe-*
vos consiguen ocuparlos escaños del parbmento
al lado de los reyes y de los hanones.
Mas la lucha entre los Güi^lfes y Gibelinos
afloja el lazo político y religioso de los naciones.
En vano triunfará unas veces la Ua^a looilaFda»
y otra^ la casadeSuabia, dinastía -k mas pode^
rosa en la edad media : aqnellos partidos deberán
sobrevivir hasta nuestros dias rapresentbÉdari
uno á los que se muestran mvy ancionádesá la^
novedades , y el otro á los qne confian soirada-
mente en los tiempos pasadlos. El Asia come en
vengamía nos envía el maniqueismo y la fiosn-^
fía escolástica que oon la forma de Us dkputas á
lo griego y con las embrolfodas sutilezas tarhn ia
magostad de Platón y de los fitósoftto ocdidenta^
les; é intentando poner de aouerdo cliacinnatís-
mo aristotélicocon el do^a, siembra faasemillas'
de las herejías que desde Arnaldb de'ftwdíaibas^
ta iutero andan afanándose ñor sostituíir el in-
dividuatismo á la unidad católica.
También con las arma6 triunfe por a)gUn>lieni^
po el Oriente , cuando para regetievtfr á k>s<«ífe-
minados árabes se presentan los septentrionales,
bajan de la Bútaria los Samanidas^ de ia HircaiiiTa
los Buidas, que restablecen el treno. de 'Persia
y de la Arnifenia, tos Sofis ; cuando tes Túfeos-
pasan desde el Indo al Nilo , y los Coiidos, de^
cendientes de losantiguos Caldeos , *dan oÁgen á
9aladino,elhéroemasnu?odelislanri$tt]^;M9aandQ
Jemsalém es recobrada por los Mahometanos y
la Europa se ve amenazada por la media luna.
Por otra parte fiengisrkan vibra sos dard<09 ho-*
micidas desde el centro de la Tartaria sobre el
Ganges y el Cáucasa, eí mar Amariilb y el
Dniéper ^subyuga la Rusia, de^'nstata Polonia y
laBongrfa; y'la cristiandad esperaleáiMándd que
una nueva invasión venga á echar peí' tierra*
losaddanto^ que tanto afán le han costndb.> Ali^ir-
tunadamente la tormenta va á estalter solMre Ids
dominios de los Sdyticidas y sobre el ctflífato'
de Bagdad; y siGengis-kanodnviefiéf éÉn»*-
sieittoel espacia qii« medí» enírtiél'iH*«áspio'
y el Iaék^»;€Qiiinf)i}f6 nwtbien poii.citi» iaA> ala
civiliucioa, reunienilo en tn pocbroso^jérici to ia£
iiardas que 09iitÍBaMieDte se andaban hastUi-
amde y. conduciéndolo cootra el oomun enemigo,
en Uiato<]iie oirás hondas. iBp$}iliBanas 8e Unen
Mía r<)si$tírk>* Pero al asolar la Xran^xíana
darríbii labaiirar«b4el Asia occid^tai, por donde
Bo tai)4» T^Qorian.en fnanqneavae el paso ho-
llando lo^iuidáireres de IpsCaresmitas. También
el podar retino^» cuando el nielo de Geogis da
uuerte al úmmo «alib^ píevde allí ^a unidad
desemoponiénd^seM 4qs sectas ^eiuigas, nna
oon los Sofiís de Per$ia> y otra eoü los futuros
senorei^4e:GiMMtaati;uNpla.
Enft'etmHo por ^ibeoeoer al ppnüfioe, unos
pohraaijrailesM masfooooimíeiitos.que los ad-
anirídosen so humüdedanatroi atraviesan países
de C9fm numhres nadie Aiene noticia ; Uegan á
la lieMa de campana. del emperador tártaro , y
QMti«Íí»¥aidagos deque lo ven roideado le in-
timan que dé4regDaa á m barbarie y se haga
erifilino: pritieía fNÜábra de verdad que resuena
entre ni|iieUonháriMos. Olraa personas caminan
por la aenda^piB adabaade abrir losmisioneroa,
peío^con düstitilaaintenoionea: Marco Piolo halla
por la Araieiía y la Peosia el eaatino d0 Ja China
y prepaiael alie^dd viaje.de jCristóval Coh)n.
^^/ Inlenomaite el impet io, si luchando con la
> a« iiara quite áreata sn caplendor , también pierde
^^al svyo pnH)io; y si hite deapu.es del grande in-
k lenegno vieneá parat á manos de uno de los mas
" dignon fwraoiMfes ( ftodulfo de Uababur^o), su
ináiNMia se cancaeta aolo á. la Alemania , y sus
«mtimdas.con ftoqiia jio versan ya sobre la
escoda d^láadecho, sino-sobre una política li-
aitada. íam» BÚamoaps^s, desde Bonifacio VIH
ohridan sn anUime nusüon polítiqi^ y la traa-
laeia»riela Sedé:¿ Avüon marea la decadencia
««ral éeaK pedav. El.^an cisma de Oocidente
«■.eferveaocncia los ánimos y produoe
é ineerfidujttbce en, la vida y en el ór-
•Bien .se eanocen los efeclos de la
desoñloa en :1a preponderancia que el Asia va
Umandoj-tlna hooda de Tuitos» one dos siglos
ante:sftittr pueata^en'mm^imieiilo desde las ori~
Has dal:Cfaispio, cpiitaado á los Mamelucos el
Sgtfío; 'á'los Áffiegos ans provincias una por
«■a, y «BMMzando.á Bixaacioc, llap al fin á
semaiw eM^djlnono deto' ConataEluioa , snb-
?iuafila Gwoia\ y omenaia á kt Europa. JBsta,
naliándoaarialla detuniSad , no- hábria-podido in-
sistir la invasión , si el clima no hubiese ener—
vBáoiáJ»Tsrcoa]f la Proitideneia nolea hubiera
Molp'iin Iciiaer if afaoipa.
DaHbtohmriainda Gonstantipefla ^ sobre
JfinfiÉa<vna íarfaaion de^miievO'^nien) : hablan-
«OB flbaméllaiárfette doctos, qoean conten-
táadnaé ¿n la nanla^ empresa de 'seatituir á su
í váka • los^ ftagmBBtos ide la antigua
^ aád^adostdal Mu&iagio de led barba*-
iqnHraA liñaitar el uiento A los Uillados
foarde laa>art«8 y la literatUfa ranlí^;
€aBurta»laorígiMdidad reduciéndola .armera imi-
ta4Mi; intyodwreü.el espiírUa del pagaiúaiao
rde^aargumbildeian , iMsolaawitte en>loaeSf-
wliMv'mm eÉ lá- húÉtottaf,. tais caatombrea y la
floWfia, Tcoft los.aitraQtivos.4euna,hel)^a cqur-
.vencíonal hacen olvidar iodo lo justo y, santo.
Entonces la consolidación de las monárquicas,
Ja regularizacioü de los tributos, y los ejércitos
Dermanenles mudan la razón de los gobiernos; '
la política limitada basta entonces á recoger
xlinero aprende de Fernando el Católico , de
Luis XI y de Enriiwie Vil á extender la autori-
dad regia sobre todo un territorio y á cada una
de las partes de la administración: la imprenta,
conlínua excitadora de las convicciones, asegura •
para siempre lasconquistas del talento , mientras •
que las armas de fue^o contribuyen á que seap
meno^ temibles las mvasiones y correrias por •
medio de las cuales lamerían y los. Otomanos
babian venido á cubrir de victorias y de desola-r
cion todo el Oriente.
liednos llegado á los tiempos modernos : lá
Europa es ya lo que del)e ser ; pues si los Mo-
goles. do;nínan toaavia la Rusia , la península
ibérica ,>abate en cambio el estandarte diel Profeta
arrancándole de los minareie^ de Granada.
Así escomo l2^ cívílizaciou, procediendo de I¿ns Época
alturas 4el Asia, y sieippre avanzando, aunque ,^'-
alguna vez al travesde los desastres, llegó por fin ^m-'
á iiumiaar toda la JBuropa.íoniéndose entonces en "i*.!!?''
laovimiento en busca de nuevas naciones , rom- i. c.
{>e las columnas de Uéicules y con Vasco de
.Gama vuelve á acercarseá su cuna, en lanío que
con Cristóval Colon va á plfmtai* la cruz entre
los antípodas. Aquí se renuevan los portemos
de las primeras conquistas asiáticas : como en
aquellas, el vei^cedor se apodera del suelo, y para
asegurar sp posesión extermina á los habitantes
¡Cuan grandes son los nombres de Colon ^ Ame--
rico, Pizarra, Cortós, Vasco y Alburquerque,
aventureros convertidos en héroes I Caen los im-
teriosdeMotezumay de ios Iik^, teslíjgos ó
erederos de los primitivos tiempos : la tené-
fica naturaleza ofreoe un nuevo mundo , y¡ el
hombfe lo convierte en teatro de extraordina-
rios acontecimiantos, inaugurando una histo-
ria de avenUiras en los descubrimientos , de san-
guinaria codicia en las conquistas, de caridad en
las misiones.
£1 mériXo de Colon no tanto consiste en haber
descubierto un nuevo mundos mercada vm íIuh
aion.de au faa,ta$ía , cuanto en el pensamientio
.de convertir en mariiimo el, comercio lerre5tr.e
qoe.babia per«)anecido oaisi inalterable por toda
Jaa»tiguefiad. En efecto, el Asia sufre entonces
la mayor, r^volufáon en el cambio de dirección á&
sus mereaderias; á biea conserva aun, en parte
el eomercio interior, basta: que lo destruyen ra-
dicalmente el deapotismo tarco, la anarquía del
imperio persa y las devastaciones de los Afganas
y losUaj^atasen la IndiaSepteotrio^al. EnEuropa
el eogrand^miento de \is |>otencias marítimas'
evita 4|iHe dependa la superioridad del número,
como sucedía cuando las guerras se decidían con
aok) las fuerzas de tierra: y el Occidente conquista
ana absoliitn importancia, á la cual no llegabam
ni con mocho los tres grandes imperios delosS<^-
fía <m la Peraia, de los Mogolas en la Indi^, y
de loa ChinosL
•Eataanjacimeatvuelven ipre$pntar/^e^el cao»-
j
1619.
d.C.
IttVftl
po de la civiUzttcioii para coHirarb en lo siicesi^
vo de acuerdo con los Europeos; y la América
queda destinada á ser el anillo entre nuestra ci-
vilización, qae siempre va ganando terreno hacía
el Occidente, y la Orieotal qae va desarrollándo-
se poco á poco en sentido opuesto , hasta que se
vuelvan á encontraren elNuevo-Mundo para en-
caminarse á una cultura mutua y fraternal.
Época Carlos V, al mismo tiempo que se completa
Y^ el descubrimiento de la América, intenta hacer
Rerorma revivir el pensamiento de un imperio cristiano,
isoo.- y lleva la cruz á desterrar la barbarie de las
playas africanas. Aun quedan en la nueva edad
fas huellas de la edad media : el municipio,
los señoríos , el rey y los gefes de partidas, res-
piran la antigua atmósfera : la Italia , combi-
nando en las bellas artes y la literatura la fecun-
didad nacional con la imitación de lo antiguo,
produce otro de los célebres siglos de oro , y la
palabra virtud, que entre los primeros Romanos
era sinónimo de valor, es en esta época la expre-
sión que signiñcael mérito en las arles de recreo.
Pero , la muerte de Carlos el Temerario , la
lucha entre Francia y Austria « el saqueo de Ro-
ma por los católicos, y Francisco I, último de
los cabañeros que en Pavia pierde todo mmoi el
honor, anuncian una era de positivismo , de cál-
culo, de razón y de protesta.
Mal se encubre la corrupción profunda con el
' esplendor de las artes y de las conquistas. La
Italia éigue pintando y cantando mientras está
'á punto de perder su independencia , como los
habitantes de Pompeya coman al teatro momen-
tos antes de sepultarse la ciudad: la depravación
Emelra en el santuario, en los gabinetes y en las
milías : la idolatría resuena en el canto de los
poetas y en el estudio de los artistas, y la cor-
rupción halla también cabida en el poder espi-
ritual , que al perder el conocimienlo de sus
deberes, pierde igualmente la confianza de las
naciones. ¡Qué magnífica empresa para ud* refor-
mador que hubiese sido capaz de volver á traer
al terreno de la verdad y de la luz las ideas
prácticas tan enmarañadas , y desenredar las
mtríncadas relaciones eclesiás'ticas y seculares,
políticas V religiosas! Pero Lutero sin tener
todas las altas cualidades que se requieren en un
reformador , se lanza á la aventura á provocar
una revolución. Desde entonces queda irrepara-
blemente rota la unidad de las ideas : el protes-
tantismo no influye solameqte en el dogma y
la disciplina sino que se insinúa , ya descu-
biertamente , ya con perfidia, por todas partes,
germinando en las letras , en el Estado , en Tas
costumbres, en la filosofía y en la ciencia , y de-
jando en herencia al porvenir esta división , que
; todavía malquista á los hombres poniéndolos en
• los opuestos bandos del egoísmo, y de la univer-^
salídad , de la conservación y del progres» , de
' la discordia y de la armonía y que no cesará
' hasta que una inmensa efusión de doctrína em-
jpuje de nuevo á la sociedad hacia la vefdadera
fuente de . la luz y de la paz
Demasiado conocidas son las miserias de aque-
lla pomposa barbaríe cuando el fanatismo v la
intolerancia subvierten no menos los rdlnos
(|ue hs teml^, eúmOoh kiáfiMdNNi, Cal-
vino y Enrique VIH sé dan prisa á á eneeii-
der hogueras y erigir cadalsos. Enlonees las ar-
tes ven enturbiadas las fuentes mas paras de
lo bello: la literatura se convierte en polémim;
bástala verdadera ciaicía queda reprimida por
temor de los excesos: una mem de las mas tar-
cas V homicidas devasta el corazón de Europa; t
la Alemania , el Estado mas floneciente de la
edad media , se ve coBdneida irreparaMemenie
hacia su ruina por la estrella de Waldatem j loe
cañones de Gustavo Adolfo. Desángr^ifle loe
pueblos bnseando lejanos dominios ; y las son--
luosas miserias espanoias. insinuáñdíose en la
literatura y en la vida de los ItaliaiiM, tea it)-
signan á perder an independencia ooaade itm
demás pueblos la conquistan.
El concilio de TroHo no reslableoB la widad,
Kro fija la teología , y ciem la historia «xterier
la iglesia. Tampoco )a paz de Westftf ia re-
concilia los ánimos, pero pone fin á Ja guemt de
los Treinta anos y se convierte en ley fandameo-
tal de la Alemania, qne oonseniejttateeDftstiUH-
cion viene á ser el eje de la politíqa earopea. Es-
te es el primer modelo en grande del sisteoia
de equilibrio, que por medio de áKaszas poUtí^
cas , contrapesos materiales y aHifioiasas tnuü-
sacciones hace caminar á la Europa entre el er-
ror y la verdad : sistema por el «ual los EMados
mas poderosos garantizan á los débiles, me á
pesar de su inferioridad llegan á eowderarae
Iguales é independientes. Desde este ponto que-
da arreglado todo por los gabinetes: lalredáoese
la tranquilidad en la locha: lagneriraseconvíeite
en ciencia, y se crea la díplomaiM. El gobier-
no niooárquico, general ya en fioropa,: ianñde
el violento choque de las láceme» eoao Allá €n
oíros tiemoos: la Inglaterra completa so con»-
tilucion; los papas, convertidos en poteslades
seculares, no dirigen sino qoa siguen éloiovi^
miento universal; y finaloienle el Aostría se re-
viste del carácter pacífico y conservador que wir
lo general ha conservado en lo sueesívo. HaSk
la guerra contribuye á desarrollar <d peasa-
mienlo desde que la autoridad cede su poest» á
la discusión: con Lope de Vega, Camoeasi Shaka-
peare, Miltoo y el Tassosevelalit^ratamagíla-
da de modernas pasiones : peso, ao olvidemos
que Galilea y Descartes fueron csÉóboos^ y mo
los reformistas no tieieo on oonüm qoe opo-
ner , no diremos al de Migiiel Junga éiBabd,
pero ni al4e Bossoet, Fenelon i Coadé.
**, • *
Dos veces intenu el Asia traer sii media lona
al corazón de Europa ^ pero mientras Jas priaoí-
pes crisjtiaaos permaoecea coal ociosos espeo-
tadores, contentándose oon sentirse corodoo dd
entusiasmo religioso, la Prionia y VeaMík sal-*
van de nna nueva irrupción de barimáe fc
los paises oue están destinados á éeuehüAoB
algún dia. El mismo Xurco , \miáo ea Lséaato
con un golpe que presagia el de Navorino, m^
tra en el sistema poKtico de Europa. Mas ya no
se trata en esta parte del mvmo de «ommies
esfuerzos para asegurar la independtticía , d im-
oedir el desmoronamiento del orden ú del saber*
dejándose llevar los Istodos de la sngesúsá éoí
se obMpMi MÉm U con eividioaoA
0}Ó6, dispuestos á p(ner de Boevo en sa fiel la
tNÜanza opando qaiera que la vean indinarse báb-
cia algpn lado.
Habíase engrandecido en la anterior ¿poca el
Aoslria hasta ci punto deisfundir temores de
aspirará la sotnrania imiversaL La reforn» y
bs revolnciiHies se lo impidieron, cuando m
af|oi que la Francia se pone al frente de bs nar*
cianes continentales, asi que Luis XIV sobe
al trono* La revocación del edicto de Nantés
amenaata descomponer la paz de Westfalia; pero
sus resaltados no son conocidos sino en Francia,
cuyos ciudadanos perseguidos pasan á ser útiles á
la Holandaone desde el Zuidersee se arroúi, co-
mo n^gpdadora y guerrera, á quitar á los Portu-
gueses las posesiones del África y de la India.
De esta manera van realizándose tranqáila^^
mente las ideas del siglo anterior : álamatamn
suceden los par4idos , á la acción la doctrina,
i la guerra la discusión , al genio et talento , y
á los venérales los ministros omnipotentes; De
aqui el aumento de los ejércitos, las embajadas
Sermaoentes, la reciproca descoofiansa, el eslur
io de los medios de engañarse y el nredwñinio
de los nofiOGÍos de Hacienda sobre todos loa del
Estado, los barones desdenden hasta eonver^
tirse en ^entilesk-hombres y cortesanos; pero ya
en cambio el pueblo , los lunnbres instruidos, y
los traficantes tienen la vista fija sobre lo que
pasa en las cóftes, examinan los presupuestos, y
extienden el <^omercio : empiesan las doctrí'^
oes á ser causa de gravísimas mudanzas y Col-
bert y Jansenio conmueven la Europa como Vi^
liara y Eugenio. £1 maravilloso incpemealo que
alcanza un pueblo por la viUídel comercio ma-
rítimo y de las manufacturas es- causa de que
los gobiernos quieran dirigir y arreglar un mo-
vimiento qae para engrandecerse no necesita
tnas que carecer, de trabas : introdúcense fá-
bricas privilegiadas , aranceles y prohibiciones
de entrada y, salida: se intenta hacer de modo
que cada nación se baste á sí misma, es decir,
que para favorecer el comercio no venda ni
compre. De aqui se originan zelos que jpa^
fan en guerras, con el único ofajelo de des-
truir la prosperidad mercantil de los rivales.
Entretanto la Inglaterra, convertida en coloso
eolre el tumulto de sangrientas escenas , baca
preponderar su voluntad sobre las naciones del
continente hasta et punto de erigirse en arbitra.
Pero otra misión mas noble tiene que.desempeñar
con sus colonia^ abriendo h la Europa las puertas
de la India y de la China. Mientras los misione-
ros prosiguen sus pacificas expediciones , una
sociedad mercantil conauista mas territorios que
Alejandro: Smilh, Huason , y Baftin continúan
la empresa de Colon : otro Nuevo-Hundo apa-
rece ante, las naves de los Holandeses, resto
Juizá de uno mas anti^o, ó acaso destinado ái
ilatarse en un vastísimo continente , donde la
civilización vendrá á trasladar sus tiendas.
Mas que coi\ las conquistas de Luis se ilustra
la Francia con el esplendor con que surge su
literatura, evitando los defectos de la edad me-
dia, la oscuridad y la confusión escolástica en las
obras del raciocinio , lo fantástico en las de ima-
fiiiMMXMi, y la incorrección en todas. I^ero ¿será
Bastante para asegurarse el predominio sobre el
porvenir , el haber evitodo los defectos , procu-
rando al mismo tiempo dar el mas gracioso con-
torno á la forma externa? Muchos títulos tiene
para esperarlo nn idioma que se ha convertido
en vehículo de la inteligencia entre las diversas
naciones , y que está cercano á cumplir el voto
del idioma universal que Roma intentó llevar á
caboconellatin.
Un hecho de los mas cniminantes para la ci-
vilización europea son las conquistas de la Rusias
la cual después de haber sacudido el yugo del Mo^
^ol , y de haberse hecho dueño de los tlosacos de la
Ucrania y del Dniéper, se emancipa de la juris-
dicción del patriarca griego, dependiente del sul-
tán, mas no ipcf eso se une con el imperio ni con
Roma , y la cristiandad oye con admiración míe
el czar, en la paz de Nipsehú ba fijado los
limites entre su imperio y el de la China. Final-
mente, habiendo venido á parar la Rusia á n)a^
nos de un rey que tiene la obstinación de los
inovadores, adopta un progreso de positiva uti-
lidad y entra en la familia occidental con el des-
tino de consumar el triunfo de esta sobre las ra-
zas asiáticas.
La paz de Utrecht pone limites al temido en-
grandecimiento de Francia , asi como la* de Oli--
va (4660) babia fijado los confines de los Estados
del Norte; mas no por eso se apaciguan las
sediciosas contestaciones de una política que se
ha hecho mercantil y militar. Éstos dos ca-
racteres aparecen principalmente en la Rusia al
conrenirse con los protestantes para contrastar
el poder del emperador, y en Inglaterra que
marcha á la cab¿a de Europa, mientras extien-
de su dominio desde la India al Pera ; prueba
evidente de aue no es la situación lo que da el
poder, sino el valor y el ingenio.» Entonces-crece
la importancia de las posesiones marítimas hasta
el punto de alterar las relaciones entre los euro-
Eos , de manera que en Sajonia llega á cota-
tirse por el dommio del Canadá.
^ Dejemos que inertes esperen la aparición de
la luz las monarquías qué se descomponen en-
tre favoritos , cortesanos y confesores ; dejemos
que la Puerta, después de la paz de Pasaro-
vitz (1718) combata por subsistir y no por con-
Juistar : no nos cuidemos de la confusa mezda
e paces , guerras é intrigab* de gabinete que se
cruzan para que un padre pueda hacer heredita-
rios sus Estados , una madre colocar todas sus
hijas en él trono , un ministró consolidar, su
influencia; causas sin embargo suficientes para
alterar de todo punto la tranquilidad de los pucr
bles , para* que estos derramen su oro y su san-
gre sm adquirir una mejora positiva , sin que
tal vez ni aun §us caudillos puedan conquistar
un palmo mas de terreno, ni un átomo mas de
autoridad ó de poder. Volvamos la vista á la
Rusia que para salir de entre sus pantanos y
barbarie influye con preponderancia en los asun-
tos del Norte. Sus escuadras del Báltico surcan
el Mediterráneo y siguen á las turcas hasta el
Euxiuo ; Catalina proclamada legisladora de los
mares , quiere erigirse en legisladora de la <inh
EMca
xvn.
El siglo
décimo
octavo.
4T<3.-
1789.
d.C.
pi^r y iM>4isiimito «i dc^seo 4e (eoear las Mm ^
^u pais poíT <el dima eQ(^9iador del fielosponio.
£ata •efuperairiz , manda reconocer las ignoradas
regiones ínteriares de su imperio, desde el Ar-
chipiélago del Norte ha$ia laPersia, desde «el
iCá,ii^sa«Q hasta el Japón , en tanto- que iBehring
descubr^.el N. O. de la América, Aüson da la
^u^Jta alrededor del m«uido, Cook se aproxi-
ma, al polo austral, Danberger penetra en. el
corazón de África , y los companeros de Man-
¡i^im y Laoondamine levantando pirámides
astronómicas en el polo y bajo el ecAiador, íijan
al palidecer los signos de la posesión que toma la
Europa del medido recinto.de la tierra.
Hasta el mundo oriental queda ^vuelto CA
el torbellino del nuestro ; el imnerío de los Bir*-
majiQs no.deüende su inmoY¡líaad,.y la subor-
bia de Beiíg^la sufre álos^ ingleses ó como ámr*-
nos , ó como enemigos; J^lamelucos, Wal^itas,
Afganes y Kiúi-Kan conmueven eliügipto, la Ara^
bia, la India y la Persia, que se veaobligadas ¿
jecibír leyes *impuestdí¿ por la fuenea , al misoH)
tíen^po que en Europa cediendo a las reclamar-
cioues de universal reforma , conceden ;ne!)ora^
parciales. José II, Leopoldo de loscana, Car^
los líl de Ñapóles , Catalina y Federico 11; y asi
llega áhacersetaninevitable el movimiento, que
el gran Lama baja del Tibetá vi^it^r al empe-
dor de la China.
, Siglp cultísimo es este en doctrinas materia-
les ,, pero ignorante de la unidad, que salp^el tan
lento puede dar, y en laque estriba sin embargo
todo el verdadero podea* social. Los conocimien-
;tos cientiticoscreciendo y propagándose ahoyen^
Un la ignorancia: las *^legisiaciones anuíanlos
f)rocfisos de hecliioeria y las formas alioces de
os procedimientos; los restos del feudalismo
van poco á poico desapareciendo; establécese
,1a economía publica sobre el egoísmo qu^e todo
lo quiere prever y sobre la lii)re competencia; y
el comercio, así como antes habia combatido el
sistema feudal , lucha ya ventajosamente con-
tra los privilegios coloniales y los iideieomisos.
Los mismos soberanos ambicionan el titulo de
Jlósolos, y dedicándose también por su parte á
abolir todo lo antiguo , extinguen cieria orden
^poderosa y temida, al paso que la escuela de los
Economistas, la £ndc(op(¿ia , y la constitución
inglesa son objeto de ios discur3Q$ de todos los
pueblos^
Pero la ciencia enorgulleciéndose vuelve á los
.^rrorfs del Oriente»., impugna cuanto bay de su-
prior en la hnman^', conciencia, somete las ideas
,á las sensaciones, la fe á la naturaleza, la psi-
(Cológia á la zoología , la justicia á la utilidaQ» y
a.|ácostufnbrela reflexión. Unos suspiran por
la i¡l)ertad de los Iroqueses, mientras otros en^
comían la inmutable regularidad de la China: so%
piedades secretas con misterios' á la oriental, di-
rigidas por manos poderosas , falsean la opinión
nutriéndola de mentidas espei^aozas; los descu-
brimientos ¡d^dicbados ! se lanzan á la arena
j^anUra Dío^, interrogándolo sobre sus misterios
«conel mismo desenfado con que se hacen cargos
á \(^ principes por sus usurpaciones; los iilosons-
tais DTc^^naienao reformarlo todo, denigran cuan-
to! dpu^lo venera y cree,^ aspiran al dictado
de (ilijió«ffopfli>7 ^wttíM tnmf»áñ «npeam e&
déitostcar que los hoÉibns -no BOU: 8ind memas
perfectos engañadas poptla iHosoTiaf y para <|«ie-
nes el error es un elemento socialifl) : «piieiieD
impulsar >á la humanidad báoiaiei bien^ yaspiran |
á la triste gloria-de dddarif deiteptm^de todo;
y «MP6laito,'por8iKap«rtttel.pniÉu»piodelegiti-
fliSdad cimentado étt la moderna Evmúa rccUie
el priflDiergolí|ieoonlad6fnembiaoitnae.uii m"
no eleotivo, que entenietro tiémpoel antemarai
del. progreso mdridioñal cíMitra los átaqoes de
la raza eslava, y porotrapartelas^okmia&aiiieri^ ^
canas sintiéndose ya eapacesdeigobariiGffse por
sí misma», seinsofreocionauífV rsoeiaado de
4a autoridad regia ofr^éen el. pnoier. ejemplo
de una vafitatdeinicrada. La Injgikatáir&aiie tan-
tos sacitiíkiés ha hecho .por* teleiierias en la
est^lavitad , Gompffettde. ai; verlas Kbnes, que |ííUe-
de sacar mas provecho la jiadtMi del «cottiercio y
de la industria de a(}ue)laSy que* Qo-dél niono^
polio de una campania nievciuitil ; y se restablece
eu el mundo el equilibrio marílimá
• Así los Estkdos^UoidosooayStt soberanía po-
pular se :v6n asociados en la fraleniidaii áe la
ei viliaafiion , al Austria oob sé gofaáeine patriar-
cal , á la Riísia/ooii^sa^aboáatisino adminislrai»*
V» y polllico,' áiat Inglaterra libvefenaAministra-
eion oQ^noen poUtioa, á la< Alemania jrfasolota en
adminislraoíon yJifara en: cuanto á.Uk»sMrquía.
Militan, pues,<eh pro- de lá oivilizaóoncristiatia la
superioridad, del número y la del talbato; ios
pueblos comprenden que no es la feenza ia qne
^a. ka prepomeraiicta, srio eiiaeremeolo de la
moralidacf y del saber, y je apreataft á comple-
tar el gran mofvínHeQio principiadaen litrapo de
los munhsipios f á diialar el inperiq de k den-
oía y de Ja miUzaoion.
' ¿Escogieron para esto el camino mas jrtsto? ¿La ^^
revolución acelero ó retardó la marcha? Dincil ¿ai
es responder mientras e.^lán luchando y se en-^'^jílj
cuentran amenazadas tas pasíbnes contemporá- a'.\
neas, y en visla de que dorante lAedío siglo el
movimiento nosolo no ha Ifcgado á su objeto, sino
que ni aun' ha sabido dirigirse á él.
Aun están presentes en la imaginat;ion aque-
llos memorables hechos que llenaron de asom-
bro á nuestros padí*es, cuando et ímpetu sin
i^ual de una nación acostumbrada á tomar por
piloto la tormenta , derrocó todas las Institucio-
nes. Los gobiernos sin tener presente qué no
eran sus formas accidentales sino su propia esen-
cia lo que se trataba de cambiar ; avezados á ob-
servar, no á los hombres sino las cosas , proce-
dieron con lentitud y sin armonía; apurando su
ingenio en oponer el i^ístema de equilibrio á una
política apasionada, que idólatra como la de la
antipa Roma, adórate al Estado primero como
república, luego como libertad y últimamente
como gloria militar. En tanto la revolución , pro-
ducto del choque de laá anteriores generaciones,
arrasa cnanto encuentra, abate á sus propios
caudillos apenas se detienen á respirar , y der-
riba por último al hombre vigoroso que consir-
guió enfrenarla por unos momentos : homlire de
íaspasadas edades, para quien la espada era todo.
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pero que oonodeodo sin embargo los deseos de
la nneva generación , conducía sus huestes á la
matanza en nombre de la paz y de la libertad del
comercio.
T la paz predsamente , y solo la univer-
sal concordia podrán coronar el triunfo de la
civilización cristiana sobre la oriental , á cuyo
objeto se encaminan todos los sucesos, [.a Euro-
i>a se abre las regiones de Levante , no en ca-
lidad de pasajera como con los Argonautas , los
snoNores de Alejandro, ó los Cruzados , sino en-
trando como dominadora , así desde el istmo de
Suez oomo desde el estrecho de Behring , desde
los desfiladeros de Cabul , como desde el puerto
de Cantón. Napoleón abre las puertas del Egip-
to ; en las costas de África oodea el estandarte
tricolor, y el inglés en la isla de Chusan: la
Grecia enarbola la cniz en frente de la corva
cimitarra : la Valaquia y la Moldavia se hacen
europeas : la Rusia estrecha á los Musuln^anes
for la partedel Danubio, en el Asia Menor y por
ersia ; pasa el Balean v voluntariamente al lle-
gar á Andrinópolis aplaza para otra ocasión el
clamar sus garras en la presa codiciada. Asi lo
comprende la Turquía , la cual habiendo perdido
la oondenda de todas las formas políticas y reli-
^osas, presenta los mismos síntomas que pade-
ció la Europa al derrocarse el imperio romano;
Suelve los Genizaros ; abre las puertas de los
haremes, y busca un hilo de vida en las inslitu-
dones europeas, ya que no le es dado recurrir
confiada á sus principios , que son la violencia y
el fanatismo, rero si alguna vez la raza árabe
estuviera realmente próxima á despertar de su
largo estopor , se convertiría en poderosa auxi-
liar de la dvilízacion, como que fue la primera
que reunió y puso en comunicadon al Oriente
con el Ooddente.
La Inglaterra va también extendiéndose cada
vez mas en la ludia á donde envía mercancías,
expedidoaes científicas , y guerreros. La China
se ve acosada ai Sor por los Ingleses y al Norte
p(H* los Cosacos, vanguardia de la Rusia : expló-
ranla y la combaten por el Océano las flotas bri-
tánicas y americanas y por la parte de Méjico y
Filipinas los Española, que al fin toman parte
en el movimiento universal. Los salvajes de Amé-
rica van cediendo nuevos terrenos á los ahorre-
ddos sembradcrei ie semillas pequeñas. La civili-
zación cristiana resumiendo en si misma todas
las deo^s, se mezcla al fin en la India con aque-
llayde lá cual se derivan todas. No se trata ya en
los gabinetes europeos solo de Alejandría ó de
Constantinopla, ano de Bombay, de Pekín y de
Sandwich. Las carreteras allanan los montes;
el vapor quita á los vientos el arbitrio de los
mares para reunir los pueblos conquistados por
la espada y educados por la religión , guiados por
las leyes, iluminados por la inteligenda , y que
aspiran, no ya á la unidad europea, sino á la del
universo. Hermanados en esa época feliz los pue-
blos , dándose la mano las hasta ahora desa-
cordes fuerzas de la razón , de la imaginación y
de la voluntad , los elementos de la raza oriental
y occidental se combinarán en provecho común;
y los oonodmientos de un pueblo serán los de
todos ellos. La indostria se asedará para sacar
TOMO I.
ZLI
el meior partido posible de cada pais, y la so^
cfedad se organizará dé modo que los placeres
de la vida y los bienes de la cienda sean equita-
tivamente repartidos; que el poder ejerza su
acción de la manera mas conforme con la volun-
tad de Dios , y que esté siempre acorde con la
voluntad de los que obedecen : y entonces será
cuando la ley de amor y de universal fraternidad
llegue á su complemento.
¿ Llegará alguna vez el humano linaje á tan-
ta felicidad? A ella aspira por lo menos, v todo
hombre y toda generación va depositando una
piedra para el edificio.
Rápidamente hemos trazado el viaje en el
cual nos preparamos para acompañar á la bu- 1^^^^^
manidad . No es esta igualmente conocida é inte- hístóri-
resante en todos los puntos , pues acaece con las ^-
naciones lo que con los hombres, que cumpliendo
cada cual su misión en la tierra, dejan gratas ó
dolorosas memorias en pos de sí ; pero á pocos
es dado trasmitir su nombre, no siendo que
acaso aparezca escrito en la lápida de la tu moa.
Los hombres que no dejan vestigios de su exis-
tencia se suceden , pero no se continúan , es de-
cir, carecen de historia, aunque no carezcan de
recuerdos. La Polinesia y América, si se ex-
ceptúan algunas aisladas tradiciones acerca de
Méjico y el Perú , y algunos monumentos admi-
rados sin ser comprendidos, no tienen antigüe-
dad; y edificaría sobre arena quien intentase
estabitícer conjeturas que acaso el dia de mafia-
na-disipará algún nuevo descubrimiento. En Áfri-
ca, el Egipto y la costa septentrional se enlazan
con el progreso común. Todo lo demás importa
para la navegación , para el comercio , para las
colonias y para la historia natural ; pero no para
la de la inteligencia ni para la educación moral del
hombre. Respecto déla raza negra la Historia no
alcanza sino á lamentar sus padecimientos; ni
le es dado mas que compadecer la estúpida infe-
licidad del Samoyedo ó del Siberiano, de cuya
vida es único consuelo la esperanza de hallar
después de su muerte mas abundante cacería de
renos. Lo restante del Asía septentríonalnohasído
conocido sino desde que forma parte del imperio
de Rusia, v la humanidad se acuerda de la Tar-
taria meridional y del Norte de la China, solo
cuando vomitan sus hordas para desolarla. Así
como nos son descouoddas las tres sétimas par-
les deja superficie de la luna, mostrándosenos
solo una parte de ella y á intervalos , merced á
los movimientos de libración , del mismo modo
carecemos de noticias sobre una gran parte del
género humano.
Pero mientras naciones, que carecen de ansk
les, de literatura y de reladones externas pere-
cieron del todo , otras nos han referido sus ade-
lantos y sus retrocesos, y dejaron en pos de sí
un surco de luz ; por lo cual tienen deredio, sino
á la admiradon, por lo menos á la atención.
Ciudades pequeñas como Corínto, ó Ausburgo
alcanzaron mas poder é influencia , que algunos
vastos imperios ; y los cien mil Venecianos que
se resistieron á la liga de Cambray atraen é ins-
truyen con su ejemplo» mas que los doscientos
millones de almas que en la China trabajan, pro-
3 ^
XL1I
crean y obedecen. Pero no por eso la Historia '
debe tratar de todos los acontecimientos de estas
ciudades; y un hecho acerca del cual el histo-
riador particular puede haberse extendido en
largas indagaciones, no merecerá siquiera men-
ción en una historia general. Esta en cambio
educará el ánimo acompañando á los grandes
pueblos desde la cuna á la tumba y contemplando
como se suceden con diversa fortuna: este para
difundir la civilización , aquel para cooservarla
integra, el uno para retardarla ó destruirla
parcialmente, el otro para perfeccioaar las artes,
cual para llevar el comercio hasta los postreros
confines déla tierra, cual para conservar los mo-
delosmasexquisitosdelo nello, cual para comu-
nicarnos la forma mas insigue de la razón escri-
ta; y todos juntos para cooperar al aumento del
saber y de la moral. Brillante espectáculo en
que aparece cada generación llevando su tribu-
to á la obra común; de aquí el sentimiento de
gratitud que nos li^a á nuestros abuelos y á
nuestros nietos, considerando, á ejemplo de Pas-
cal, la sucesión de los hombres, como una sola
persona que subsiste y aprende continuamente.
La antigüedad respira una juventud eterna en
aquellos hombres de carácter grande y comple-
to aue á un mismo tiempo descollaban como ciu-
dadanos , estadistas , literatos y capitanes ; en la
variedad de sus sistemas políticos, y en fe origi-
nalidad que conservaron los pueblos , formándo-
se cada uno de por sí antes de enlrar en la gran
combinación universal. Por el contrario, los Es-
tados de la Europa moderna, excepto uno , pre-
sentan mas uniformidad de instituciones , reli-
gión, costumbres , y cultura; pero el estudio de
su política y economía es necesario para conocer
el progreso ó los puntos de descanso de la hu-
manidad. Algunas veces el interés proviene del
modo con que los hechos nos han sido trasmiti-
dos. Si Tucidides (no hablemos de las bellezas de
su estilo) nos describe uiia guerra con profundo
conocimiento del corazón humauo, de la vida
pública , ó de los secretos resortes políticos , de-
searíamos detenernos en él para acostumbrar-
nos á sus reflexiones. KI estilo sombrío de
Tácito nos hace meditar en los tiempos en que
Romapareciahaber llegadoásu mayor altura, en
tanto que sus vicios y crímenes la tenían suspen-
dida sobre el abismo ; y la sagaz penetración de
Maquiavelo nos induce á mirar con interés la
parcialidad de dos pequeñas facciones en una
ciudad de escasa importancia.
Enci- ^^^^ ^* '^ ambición , ó la razón de Estado,
cíopedia ni la guerra , grandioso desarrollo de la humana
Hitmíia f^^í^si» ^^ la paz, suprema aspiración de los go-
biernos, deben llamar exclusivamente la atención
de la Historia. Demasiado parcial seria esta sí no
considerase mas que los actos del hombre y no sus
sentimienlos y raciocinios ; sí entre los aconteci-
mientos no tratase de inquirir la idea de lo útil,
de lo justo, de lo bello, de lo cierto y de lo santo;
esto es, la industria , las leyes, las bellas artes,
la filosofía y la religión, elementos todos con los
cuales se engrandece la humanidad. Porque no
siempre las mejoras materiales caminan al compás
de las intelectuales ó morales : puede la causa
mas santa ser derrotada ; y la espada ai termi-
nar la existencia política de la Grecia y de la Ita-
lia, no ha exterminado sus frutos; por lo cual
la Historia, poniendo á la vista la herencia que
dejaron á las sucesivas generaciones, debe ento-
nar un himno sobre sus ruinas. ¥ supuesto que
en los continuos esfuerzos del espíritu para en-
sanchar los límites de la materia, todo debe pro-
pender á dilatar la inteligencia en el campo de la
variedad, conduciéndola á un centro común,
conviene que el que tome á su cargo la tarea de
escribir la historia del hombre adquiera conoci-
miento del orden general del saber humano, y lo
refiera á un elevado objeto. En efecto, ¿aué valen
las ciencias que no se refieren al bien del hom-
bre? ¿qué vale el hombre cuando no se refiere
áDíos?
Debe pues , remontarse el historiador al orí-
gen de los conocimientos y de las instituciones
civiles y religiosas, no con arreglo á sísienaas
abstractos, sino dilucidando y meditando los he-
chos ; de donde aparece que el hombre , en el
orden de los seres , no seria cuando mas sino el
primero , ó acaso el mas salvaje y desventurado
de los animales, si el Criador no'le hubiese con-
cedido de^e el principio la facultad de dirigir una
mirada á su esencia , enalteciendo su conciencia
hasta ponerlo en relación con el mundo invisi-
ble , y haciéndole ver por término de su carrera
una eterniíbid de premios ó de castigos. Apar-
tándose de esla primera revelación , y descen-
diendo desde el culto de las ideas hasta la idola-
tría de la materia , tradujo amella verdad con
formas ó signos mas ó menos nobles , mas ó me-
nos significativos; y (te- aquí nacieron las varias
religiones, que en vano otros pretenden deducir
del progresivo desarrollo de la razón.
£1 historiador acepta el misterio , comparable
al sol que deslumhra á quien fija en él la vista,
y que sin embargo esparce su claridad sobre to-
dos lus objetos. Contemplando á los rayos de
aquella luz la mitología de los pueblos , vé en la
India confundido á Dios. con el universo, divini-
zada en Grecia la naturaleza sensible, la espi-
ritual en Egipto con la magia , en Roma la patria;
y en todas partes observa IsC^ religiones, alteran-
do un fondo de verdad según el genio de cada
pais, y con arreglo á la organización y al as—
pecto, bajó el cual lacreacionse presentaá susojos.
En la industria encuentra también el historia-
dor la medida del bienestar de los mas; de las
leyes deduce el grado de civilización ; puede des-
deñar alguna prueba inútil y añadir por su par-
le algo que contribuya á producir un estado
social mas satisfactorio; y en cuanto ala expre-
sión del pensamiento que caracteriza particular-
mente á cada pueblo , la deduce de la filosofia,
ciencia de las ideas generales demostradas ra-
I cíonalmenle , cuyos esfuerzos se agregan á los
I de la razón para abrazar conocimientos mas ge-
I nerales y completos.
I La literatura, infinita, alegórica, portento-
> sámenle variada en la India; respirando amor,
I orgullo, venganza, independencia voluptuosa y
I feroz en la Arabia; en tanto que repite ri\^lida-
des de tribu, violentos deseos y sentidos la—
I montos; inspirada en la China por elculto do-
Digitized by VjOOQIC
XLIIl
méstico , por una moral estrecha y hasta trivial,
y uoa elevación de miras sin entusiasmo y sola-
mente hábil en minuciosos detalles; en la'Judea,
poderosa por su superior inspiración é inflexible
vigor; en la Grecia , toda armonía, perfección y
equilibrio, pero limitada á la belleza de la forma;
en Roma, altisonante Y patriótica ; erudita y co-
leccionista en la corte de los Ptolomeos; polémica
en el Bajo Imperio ; de severa y dolorida unifor-
midad en los Edas escandinavos y en los Sagas
Islandeses, enteramente consagrada áluchar con-
tra una ingrata y avara naturaleza, y contra las
potestades misteriosas; dura, sencilla y mística en
el poema alemandelosNiebelungen; brillante y
frivola con los Provenzales; nacional, religiosa y
luego fácil, armoniosa, sensual y burlesca, en
Italia; mas altiva que donosa en los Españoles,
católi(a hasta la exageración , refinada en la ga-
lantería , marcial y rica de espontáneo vigor ; en
Francia llena de buen criterio , de templada ar-
monía, mas clara que apasionada, mas rica de
ingenio que de imaginación, y por lo demás
jocosa, social , perspicaz y activa; en Inglater-
ra , concisa , calculada , meditabunda , experi-
mental é inexorable escrutadora; vigorosa, ideal,
erudita, modesta y sentimental en Alemania;
la literatura , volvemos^á decir, considerada bajo
estos aspectos, ¿no retrata en cada pueblo la na-
cionali(fod y los tiempos? ¿No da por resultados
otras tantas conquistas de las cuales ninguna se
ha perdido?
Mucho importa , pues , conocer la sucesión de
las obras del ingenio , es decir , la historia de
las letras , supuesto que por ellas se deduce la
conexión entre el arte y la fe , entre la filoso-
fía y la sociedad , y se demaeslran los estados
Sirque han pasado el alma y la imaginación,
as para tamaña empresa se necesita una elevada
critica que no se detenga en minuciosidades , ni
se pague exclusivamente déla exactitud, sino
que se insinué en el espíritu del autor y de su
época; que perdone al ^enio sus desigualdades,
extravagancias y desvarios; que recoja el sentido
déla variedad, admirando lo bello que constan-
temente transpira por entre las formas , muda-
bles según las épocas y países; que estudie al
autor en la totalidad desús relaciones; que viva
con él y en el mundo que le rodea : que com-
t renda el intimo enlace de la idea de un hom-
re con la de sus contemporáneos, y reproduzca
los tiempos pasados por medio del pensamiento.
Así como ninguna gran nación ha carecido de
poesía, tampoco ha carecido de bellas-artes. Ve-
rémoslas desenvolverse del geroglífico ; y condu-
cidaspor los dioses, porlos conquistadores 6 por
los tesmóforos marchar peregrinas, ora entre las
pagodasde Brama, ora porlas tiendas de los Tár-
taros de Samarcanda , ora bajo los minaretes de
Bagdad con los Abasidas, ora entre las armas en
Córdoba, ya con los papasen Roma, ya en Francia
con los reyes , ó bien en América con la libertad.
¥ donde quiera ({ue se alberguen varían de as-
pecto según las instituciones y la naturaleza : si
en Egipto imitan la gruta, la tienda del nómada
en Arabia, á orillas del Ganges los inmensos
cercados de los árboles que replegándose hacia
tierra extienden sus ramas ; en Babilonia riva-
TOMO 1.
lizarán con la esbeltez de la palmeras, hasta qne
en Grecia obtengan unaexactitud, mutilada quizá
pero melodiosa , y aquel ideal que es la expre-
sión de losbellosygrandiosospensamientoscom-
unicados al alma por el intermedio de las formas.
También merecen los grandes hombres que la
Historia se detenga á contemplarlos: son la glo-
ria de nuestra raza, la prueba mas viva de la li-
bertad humana en lucha con la fatalidad ; y con-
viene ofrecerlos en contraste con tantas miserias
como el mundo nos presenta, v con las oue una
hipocondría débil y desamorada , intitulándose
filosofía escrutadora, se complaceen buscar en-
tre el fango de una edad egoísta. Al aspecto
del heroísmo y de la virtud, se detiene el his-
toriador con la complacencia que experimenta el
viajero á la vista del árbol que vá á darle con-
suelo con sombra y reposo.
No ha habido nunca un tiempo mas oportuno p^^
que el nuestro para dar color á tan gran cuadro, so de'
La erudición, aunque indispensable para laHi^** }^^'
toria, no es historia : atentos los eruditos á los li-
Hros, se olvidan frecuentemente de los hombres,
de la civilización y de la naturaleza ; apoyan en
textos lo que la naturaleza ha desmentido , y
pretendiéndose infalibles, vilipendian aquellos
presagios por cuyo medio tantas veces se ha
progresado. Ahora no obstante ha interrogado la
erudición á lols autores con otro objeto, buscando
menos las palabras que el pensamiento y las re-
velaciones sobre puntos , á los cuales el estu-
dio de las ciencias económicas , administrativas
y comerciales , ha dado importancia. No CA)nten-
tándose con las lenguas clásicas, ha fundado sobre
las de la mayor antigüedad el conocimiento de las
letras, de la historia, de las creencias de aquel
mundo oriental del que se confesaba discípulo el
Occidente, aun desde los tiempos de Pitágoras y
Platón , y que cada día se considera con mas razón
como la cuna de las ciencias religiosas y profanas.
Con el mismo ardor aue en el siglo xv se re-
novaba el estudio de la literatura griega y la-
lina , se renueva hoy el de la literatura oriental,
pero con mas elevado intento , y en la persua-
sión de que el genio de un pueblo eselde su len-
gua. Intrépidos viajeros han acudido á aquellas
inagotables minas de monumentos; en las nacio-
nes mas cultas se han establecido escuelas délos
idiomas orientales; escríbense periódicos en es-
tos idiomas ; sociedades de literatos se someten
al fastidio propio y á la indiferencia vulgar por
esparcir nuevas luces sobre los principios de la
humanidad,^ sobre el sentido y sobre el espíritu
de la sociedádprimitiva.Champollion,Rosellini,
Young,Wilkinson, Peyrony otros han obligado
al Egipto á revelar su misterioso lenguaje: otros
sabios han examinado las ruinas de Ayodhíay de
Elefantina, pidiendo á la espirante civilización
la explicación de la antigua, y descubriendo una
literatura que supera á las conocidas, cuanto las
colosales excavaciones de aquellos países sobre-
pujan á la mole de nuestros templos. Jones, Co-
lebrooke, Wilson , Carey , Wilkins, Hodgson
entre los Ingleses; entre los Franceses Burnouf,
ChoRv y Pauthier; entre los Alemanes, Bopp,
Rosen, Frank, Lassen y los d^ Schlegel nos han
XLIV
revelado la india, con sn sentimiento religioso
tan profundo y elevado, con su pensamiento
filosófico , tan ardiente y trascendental , con su
imaginación tan poética y gigantesca , con su
naturaleza tan fecunda y maravillosa. Sacy ha
dado á conocer las literaturas persa y árabe, y
formado una escuela en Francia, que continuando
sus investigacioues, mejor que con el generoso
Anquetil-Üuperron, ahora con Rask y Bumouf
nos llama á oir la voz de Zoroastroquelos siglos
hicieron enmudecer: el mismo Bumouf, siguien-
do las huellas de Grotefeud y Saint-Martin, pro-
mete el conocinnento de la escritura cuneiforme,
mientras parece que la Fenicia en vano pretende
mantenerse ignorada. El imperio Otomano no
oculta nada á las indagaciones de Hammer; Re-
musat, BiotyJulien, nos familiarizan con la Chi-
na; y Klaprolh y Smilh nos han introducido en-
tre los pueblos mas ignorados del Asia media.
Así han cedido el derecho de lenguas madres, la
latina y la griega, de pueblos primitivos, los
Egipcios y Persas: la India nos muestra en ella
anticipados los sistemas de Pitágoras , de Ari^
téleles, de Epicuro y de Pirron : la filología
explica emigraciones anteriores á toda memoria,
y señalando en el sánscrito las raices de las len-
guas franca, rusa, alemana, griega, latina,
céltica y lituana , prueba , comparando los idio-
mas, que los primeros Celtas salieron del interior
del Asia , lanzados hacia Occidente , donde des-
f)ues los siguieron los Germanos , los Eslavos,
uego los Latinos y por último los Griegos
Con otro tanto cuidado se han atesorado mo-
numentos de todas clases, que manifiestan lacon-
diclon civil y política de pueblos lejanos ó que
han desaparecido. Por amor al oro los mercade-
res, por el de conquistas los guerreros, por el
de la gloria los hombres de ciencia, y por el de
las almas los misioneros, han penetrado en las
E artes mas recónditas, escudriñando los escom-
ros de los santuarios del gran imperio, y las
abiertas pirámides de Ipsambul; comparando los
sepulcros del Himalaya con los de Istandía , las
ruinas de Persépolis con las de Palenque , y los
vasos de Etruria con las artes conservadas por la
lava de Herculano y con los simbólicos cilindros
de Babilonia.
La geología y la paleontografía, ciencias nue-
vas, k la par con la filología y con la anticuaría,
la numismática, la geografía, y la astrono-
mía, suministran noticias y apoyo de razo-
nes á la Historia , para que con mas seguridad
dicte los oráculos de la experiencia . Después de un
siglo que había forzado á las ruinas de los templos
& dar testimonio éontra ei cielo, y á laá ciencias
á hacer la guerra á su Dios (1), ¡qué maravilla
fue ver por los profundos estudios hechos sobre
los mitos, confirmada la verdad de aquella pri-
mera palabra , de la que estos eran derivaciones
falsificadas por el desacuerdo entre las faculta-
des del alma, al mismo tiempo que los descu-
brimientos de Cuvier aumentaban aun la fe hu-
mana en el Génesis; los de Klaproth y Humboldt
demostraban la unión primitiva y la sucesiva
división de las lenguas; los de Blumenbach cor-
( 1 ) Oeut tcientíarum DomtNHs ; I. Reg. H. 3.
roboraban la unidad de la raza humana , y los
viajeros la confirmaban con la estupenda seme-
janza de civilización elltre el Egipto , la Irlanda,
la India, Méjico y la Nueva Holanda! Así se ha
reconciliado el saber con la religión , y asi apa-
rece cada vez mas verdadero aquel proverbio que
el libar la ciencia hace á los hombres incrédulos , y
el bebería á grandes tragos les vuelve la fe.
Cuando los estrepitosos acontecimientos mo-
dernos amenazaban acabar con las memorias y
cambiar todas las relaciones existentes , la Eu-
ropa , como por un efecto de reacción, con súbi-
to y no pensado ardor comenzó á desenterrar los
monumentos de lo pasado , y á registrar los ar-
chivos; y de los diplomas y de las crónicas des-
preciadas, sacó importantes revelaciones sobre la
sociedad de donde la nuestra procede; persua-
diéndose que, para avanzar con franqueza es
necesario volver atrás , y tomar las cosas desde
su origen. Tantos descubrimientos no podrán
completarse mientras aue á ellos no converjan
todas las fuerzas morales , distraídas ahora en
la lucha: los primeros surcos, sin embargo,
nos han puesto en el buen camino, cuya direc-
ción conocemos, aun cuando no la salida.
Fue para esto muy ventajosa la aproximación
de todas las naciones, facilitada por las armas,
las letras y el comercio ; aproximación repre-
sentada en el orden físico por la pila de Yolta,
que explica cómo el choque de dos cuerpos des-
arrolla bastante actividad para las lentas crista-
lizaciones diarias y para la súbita transformación
de rocas enteras. La guerra en adelante vela por
la paz ; la necesidad , el comercio y el pensa-
miento reúnen á los Estados en una gran fami-
lia, en la que cada día se disminuyen mas las ex-
cepciones; en la que, desarraigadas las preocu-
paciones nacionales , solamente seria considerada
como bárbara la que llamase bárbaras á las de-
más. Cuando se hace un descubrimiento en un
[»aís, rápidamente se propaga á todos, y unGa>
íleo, un Newton, son conocidos en brevedeluno
al otro extremo del mundo. Ese flujo de perió-
dicos, al paso que difunde los cx)nocimientos
entre la multitud que escucha y cree , anuncia á
los sabios qu« piensan y raciocinan cada paso
que dá la civilización ; leales traducciones dis-
pensan del conocimiento universal de las len^
¿uas, para el cual no bastaria una vida; y el gra-
bado y la litografía ponen á la vista de todos los
monumentos , de tal modo que puede , aunque
imperfectamente, conocerlos también el que no
tenga la incomparable inspiración de los sitios.
La comparación de las relaciones de los viajeros
ahorr- aquellas peregrinaciones que eran indis-
pensables á los antiguos para conocer el pequeño
mundo de entonces. No forman ellos de la ^eo*
^atía una nomenclatura de tierras y conhnes,
sino un auxiliar para encontrar en las circuns-
tancias de los lugares la ra/on de las instuucio-
nes, puesque los nuevos países descubiertos han
dado á conocer á la especie humana bajo todos
los climas, con las modificaciones producidas en
tantos siglos por las causas naturales y por las
leyes. Pueblos que en la decrepitud no' conser-
vsm mas que algún vestigio de la primitiva cons-
titución ; otros que apenas aventuran los prime-
ros pa8osenla?ida política DOS han proporcionado
el mejor comentario delaHistoria antigua. La cor-
te de los Sofis explica la de Ciro, como los gero-
glificos de Egipto, han sido comprobados por los
mejicanos. Sobre todo , este incremento de los
estudios especiales , a cuyo &vor las deacias se
fecundan unas á otras , generalizan las propias
leyes y multiplican sus lazos,y hace quelasver-
dades generales puedan desarrollarse de una
manera mas concisa sin pecar de superficiales.
Las borrascosas vicisitudes de nuestro siglo
¿cuánto no han aumentado la pública y la privada
experiencia? Su carácter particular parece que
es revelar las causas generales, reasumir laigas
series de hechos, y poner en evidencia las leyes
que rigen la vida de las sociedades antiguas y
modernas. Eotre aquellas vicisitudes , dejando
á un lado muchas creaciones de los tiempos
oscuros, el espíritu, después de haberlas aba-
tido con su carro triunfal, se vuelve á consi-
derar sus ruinas sin el despecho del pavor. Der-
ribadas para siempre las prero^ativas feudales;
los juraoos, el ejército nacional, el Común, las
asambleas electorales, que suceden á los tri-
bunales, á los ejércitos permanentes, al régimen
administrativo, á la nobleza hereditaria, nos ha-
cen comprender mejor la antigüedad , los tu-
iDultos del foro, las elecciones por curias, la opo-
sición legal del tribunado, y las ciudades que se
defendian, administraban y juzgaban por si
mismas.
Se ha dicho que para describir bien los sucesos
es necesario haber tomado parte en los movimien-
tos políticos, porque la experiencia de las cosas
oorrije lo absoluto de las teorías , y el hábito de
considerar la marcha social , conduce á descubrir
sa verdadero sentido. También bajo este aspecto
son oportunos para la historia nuestros tiempos,
en atención á que, qui tada la barrera entre los que
instruyen y guian, y los que creen y si^en , el
Estado no es ya un arcano, y las discusiones de
las cámaras /los periódicos llaman á cada ciuda-
dano á fijar la vista en los tronos y en los parla-
mentos, á conocer la prudencia politica, las cau-
sas lejanas y los complicados resortes de la
máquina social. Cuanto mas que la múltiple va-
riedad de los cargos ha aumentado los lazos entre
literatos y estadistas , entre las opiniones y las
instituciones , pues todos tienen qué baoer en el
gran drama, aun cuando solo sea como los co-
rosanti^os , para aplaudir ó vituperar. De aquí
la necesidad de comparar lo que es con lo que fue;
de aqni que la práctica desmienta á cada paso las
teorías absolutas, adoradas por algunos nasta la
obcecación ; de aquí el espíritu de tolerancia que
nos hace mas capaces de apreciar con exactitud
aun lo que ya no es oportuno, sin indulgencia,
pero sin injusticia.
También la literatura en general , adquiriendo
cada vez mas activo dominio sobre los ánimos, se
ha rejuvenecido con estos dos principios: que su
fin es la utilidad moral, y que el meaio de alcan-
zarla es la representación de la verdad. Ha de-
bido por tanto escudriñar la Historia, sí primero
se contentaba con la fábula ; representar perso-
najes, no crearlos ; prescindir de si para identifr-
carse con los demás : y si el nombre de Felipe II
XLV
y de Rosmunda, ólalectura de Guillermo de Tiro
bastaban á Alfieri y alTasso, hoy en lascompo-
siciones escritas ó pintadas apoya la fantasía sus
vuelos en la verdad. La misma novela ha dado
auxilio á la Historia penetrando en la vida , pu-
blicando las particularidades inobservadas ó oes-
preciadas por los historiadores , y no mostrando
solo los grandes personajes , sino aquel que es
primer actor en el drama de 1^ humanidad , el
Eueblo. No : sin el conocimiento de las costura-
res , el que asiste á los acontecimientos se ase-
meja á quien velas acciones de gentes cuya len-
gua ignora; y las cruzadas, y el emperador
Enrique en el álrio de Canossa, son caracteres
ilegibles para quien no los mira por el prisma de
los usos y las opiniones de su siglo. La Historia
demostrará que los frutos de la reforma fueron
unaguerra de treinta años , y los déla revolución
francesa el trastorno violento de los límites de
Europa; pero laarrogancia doméstica y pública,
las excisiones en el corazón de las familias, las
escenas de odio, de amor, y de intriga, la altera-
ción de los afectos mas sagrados , el escándalo
de las personas piadosas, la vacilación de las al-
mas timoratas, ¿cuándo habian encarnado los
contornos de aqiíellos grandes cuadros? Ahora
puede suplir el Don Quijote á Mariana ; el Ivanhoe
retrata la condición de los vencidos Sajones al
frente de los Normandos, mejor aue lo baria nin-
guna historia; los Prometidos Ésjxms; revelan
un mundo desconocido de padecimientos, de vi-
cios y virtudes ; y en los novelistas aprende mas
actitudes naturales y humanas aauella Clio , que
antes no andaba sino llevando calzado el coturno
V armada de puñal, como la musa de la trage-
dia (4).
Añádase á esto el estudio mas fiel y desapasio-
nado del hombre, el cual, en la variedad de ac-
cidentes , es siempre el mismo en sustancia; y
hace seis mil años nace con las mismas inclina-
ciones que enemistaron á los primeros hermanos;
por lo cual , teniendo en cuenta el clima, la or-
ganización social, y la religión, el hombredehoy
explica al hombre que en parecidas circunstancias
qerció su acción en los siglos pasados.
Socorrida por tantos medios, noes maravilloso Progre-
que la Historia adopte otros modos de entender y ¿^
de exponer los hechos . Ya habia dicho Bacon , que toib.
la historia del mundo sin la de las letras , del sa-
ber , de la filosofía, de la jurisprudencia y de las
artes , era como la estatua de Polifemo sin un
ojo, y que los cambios déla religión y de las
opiniones dan impulso á los ánimos y á los go-
biernos. Pero si fue escuchado, digalo la mayoría
de los historiadores, atentos á examinar los hé-
roes aue son el brazo, no las instituciones que
son el corazón de la sociedad ; á coger las flores
atractivas antes aue los frutos útiles ; á acomodar
la verdad alas bellezas convencionales , antes que
á aceptarla como viene, con sus caprichosos de-
sórdenes; á calcular solo el motor aparente y las
aparentes consecuencias , de las intrigas de gabi-
( 1 ) Es curioso , sin embargo , que mientns Anstin TUenv n-
ooDOce Unto mérito histórico an Walter Scott, ROderer ámmM
contra las novelas, diciendo que les chefs d* manre de Walter
SeoUnoui vaudront piut d' une tMUfsite hkMre. Hiltélrt áñ
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nete, de los ejércitos enviados á las fronteras, de
las perpetuas nostilidades emprendidas sin razón,
conducidas sin gloria, terminadas sin efecto, y
3ue no prueban otra cosa mas que la pertinacia
el germen de la discordia en el hombre.
El siglo que ha hecho, descubierto, sentido y
pensado tanto, tiene derecho á rehacer la Histo-
ria, á juzgar desde su punto de vista peculiar la
vida, las acciones y los sentimientos de los siglos
precedentes , y á confrontar la historia pasada
con la que él mismo hace. Una critica severa y
adoctrinada, pero no rencorosa ni exclusiva, bus-
ca la riqueza de un pueblo, no en los palacios de
• Temí stocles y de Lúculo , sino en los talleres y
enlos campos; su felicidad, no en las leyes escri-
tas, sino en su aplicación y en la parte de bienes-
tar que correspondió á cada uno ; examina la
condición privada, la educación, las artes, el sa-
cerdocio ; el grado á que llegó la seguridad pú-
blica ; el punto hasta donde fueron respetadas
las mujeres ; la medida en que se extendieron los
beneficios ; la facilidad mayor ó menor de las co -
municaciones ; la poca ó mucha armonía entre
los pequeños y los grandes , entre los ignorantes
y los doctos, entre los gobernantes y gobernados,
l^odrá haber dado Atenas á la tribuna los mejo-
res oradores , sin que por eso se crea que cóns-
tituyóel mejor gobierno. Las palabras de libertad,
república, monarca, tienen muy diversa signi-
ficación en Esparta y en Suiza, en Grecia y
en Roma , en PeVsia y en Inglaterra ; ni basta
el nombre para que se crea triunfante la libertad
en Maratón y perdida en Accio y en Filióos. No
hay tampoco causas pequeñasde grandes hechos;
ni se ha de aceptar el éxito de la guerra como
síntoma del mérito moral de un pueblo. ¿Quién
cree ya que las cruzadas fuesen promovidas por
la voz de un oscuro ermitaño, la reforma por
una disputa entre frailes franciscos y agustinos,
ó la independencia de América por los impuestos
gravosos? En la guerra que áesta sucedió, su-
cumbe la Inglaterra y se eleva á desmesurada
grandeza ; en la de los siete años vence y se
arruina : Napoleón dicta soberbiamente la paz
en Tilsit , y allí principia su caida.
M aw- Q'^^ ^' P^^ "^^ P^^^^ ^' contraste aun vivisi-
da^ide mo entre las opiniones propende á hacer vacilar
Hi8^ el juicio, por otra la Historia, además de que ad-
quiere con esto nuevo calor , se siente llamada al
santo ministerio de corroborar los sentimientos
Generosos y extinguir los personales. Debe ser
ueno el historiador , no fautor del vicio ó de la
tiranía; debe ser amante de su país, del pueblo
Y de ios oprimidos, y tanto que quien no lo sea, es
preciso que lo finja. El hombre se aprovecha
mas que de otra cosa de la experiencia propia,
y se paga de sus propias reflexiones roas que de
otra alguna; por lo cual el arte consiste en de-
jarlo reflexionar y juzgar. Hoy la Historia,
ocupada en enseñar , pero narrando hechos emi-
nentemente morales , no forma trillados axio-
mas de vulgar política y de generosidad común,
sino que contemplando á los hombres como
hombres , sin consideración á fania , á condi-
ción ni á patria , pronuncia intrépidas sentencias
segíin el derecho y la verdad. Prescindiendo
del fausto de una dignidad artificial, que ha-
cia confundir el esplendor con la felicidad , la
fortuna del éxito con ia bondad de la causa,
cree deber suyo escribir para beneficio de los
mas , para consolidar los lazos de afecto , de la-
boriosidad y de saber entre la humana familia, y
para que con paz , orden y benevolencia camine
á su mejora. Ya no se deja arrastrar por los
grandes nombres, como el pajarillo que acercán-
dose demasiado á la cascada del Niágara , se ve
precipitado enlacorrienteporelimpetu del aire;
antes bien revisa muchos fallos, arranca las coro-
nas á celebrados héroes para darlas al mérito,
mas humilde y mas beneficioso. No ocultando
la torpeza bajo ia magestad, al alabar á Adriano
y á Luis el Grande, recuerda á Antinoo y las dra-
gonadas ; si admira en los Persas la pureza de
costumbres y la primitiva creencia en un Dios,
unida á un noble ardor de gloria y de patria ; en
los Griegos la superioridad del saber y de las be-
llas artes ', y en los Romanos el vigor de la vo-
luntad, les pregunta qué uso hicieron de sus
cualidades. En presencia de aquella elevada mo-
ral enmudecen las adulaciones ; y antes aue to-
lerar los encomios de Veleyo á Tiberio, ó la plu-
ma de oro de Giovio , ni aun tolera los ciegos
aplausos de Jenofonte á Ciro , de Ensebio á
Constantino y de Eginardo á Cario Magno. Una
vez dijo un rey {i) que la Historia era un testi-
go , no un adulaaor, y que el único medio de
obligarla al aplauso es hacer el bien : y un gran
ministro del mismo país (2) anadia: «Mas ó me-
»nos, cuando uno se ocupa en negocios públicos,
»por alto que se halle , viene á ser servidor; pero
^cuando con seguridad maneja el compás ae la
«reflexión y el buril de la Historia, entonces rei-
»na.» Por tanto, la Historia , emancipándose de
las preocupaciones de los tiempos y de los hom-
bres, no cree que un delito pueda ser útil ; con-
dena á quien como Helvecio , legitima todos los
actos por la salud públi(^ , y menos cinica que
Diógenes , intima á los grandes : Apartaos para
que vea el sol,
Pero después que el siglo pasado había juz-
gado sin narrar , se quiere en el nuestro nar-
rar sin juzgar; y una escuela fatalista, con-
virtiendo los tiranos en enviados de Dios ó
ministros de la necesidad , pretende petrificar al
narrador para que vea lo^ hechos no los hombres,
impasible ante el vicio, las virtudes y las ca-
tástrofes mas trágicas; considerándolas como ne-
cesarias, sin compasión por lo que cae, y sin es-
peranza respecto de lo que se eleva. Sin embargo,
esa misma escuela en la aplicación indica bastan-
temente su parcialidad por la justicia y por el
C regreso, y se aproxima mas de lo que auiere á
I escuela verdadera, la cual muestra al nombre
libre en su propia degradación ; cree que la ver-
dad política separada de la verdad moral carece
de fundamento ; escribe la protesta délos indivi-
duos y de los pueblos que se sienten arbitros de
su voluntad, y secundan, con sus votos á lo me-
nos , los esfuerzos de quien separa el espititu de
la materia ; sigue el progreso al través de los
. (1) Carlos XU.
(2) OxetísHern,
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desasti-es , coa el amor con que se siguen los pa-
sos de un amigo en una peligrosa expedición, y
ofrece á la virlud que sucumbe, si otra cosa no
puede , la compasión , último derecho déla des-
ventuiu.
idfai Por todo esto se hace, aun mas grave el cargo
"^t^*" del quien se eleva á hablar de historia á una
generación , en la cual tanto se va aumentando
el deseo de virtud , de verdad é inteligencia. En
este caso el historiador debe haber meditado la
antigüedad tal como ella misma se ha narrado;
porque si pueden sacarse también los hechos de
las copias , solamente en los originales se des-
cubre aquel colorido que revela una edad , me-
jor todavía que la misma narración. ¥ cuando
otra cosa no se consiguióse, se adquiriría el
conocimiento del autor, cu^a intrepidez ó servi-
lismo, cuyo amorá lo antiguo, y cuyas inves-
tigaciones respecto de.lo nuevo, indican la natu-
raleza de los tiempos: hablo de los escritores
contemporáneos y originales (1) , no de aquellos
que, aun cuando escribieron en lenguas clasicas,
no hicieron mas que compilar y consignar sus
recuerdas. Quien esté ejercitado en el estudio
de aquellos, difiere del que se contenta con la
lectura de sus extractos, como el que conoce un
pueblo por relaciones de viajeros, del que lo. ha
visitado personalmente; y no hablo solamente
de los historiadores , sino también de los poetas,
de los filósofos , de los artistas , los cuales refle-
jan sus tiempos como el rio las orillas por entre
las cuales pasa. ¿Podrá jactarse nunca de cono-
cer la Greaa quien la vea solo en Maratón y Que-
ronea, sin penetrar en las escuelas á razonar de
Dios con Jenófanes y Platón , de la virtud con
Sócrates v Zenon, de cosmogonía con los Pita-
góricos, de clemencia con Gorgias , de higiene
con Hipócrates ; quién no haya recorrido aesde
los huertos de Epicuro hasta el tonel de Dióge-
nes, desde las cenas de Esparta á los mercados
de Corinto , desde el estudio de Fidias á los ta-
lleres de Muelo? ¿Y quién mejor que los con-
temporáneos podráguiarlo?£l obsceno Petronio,
el sutil Aristófanes, el sofistico Séneca, el tene-
broso Licofrojle, el débil Plinio el joven , y Ci-
cerón en las confidencias familiares , esplicarán
sus tiempos mejor que los historiadores : el Jú-
piter Olímpico, los obeliscos de Luxor, las ermi-
tas de los Talapuinos completarán la inteligencia
de un siglo y de una nación.
En lo pasado debe saber también penetrar el
historiador con una imaginación que á todo se
pliegue, una percepción tan exquisita quenada
importante desprecie, y un discernimiento^severo
que , entre las tradiciones lisonjeadas por la va-
nidad y la superstición , le há^a distinguir la
verdad que siempre hay en el londo , de la fal-
sedad de que la reviste la fantasía ; y entre los
monumentos alterados y destiguradospor la pa-
sión , por la ignorancia , por el mismo genio que
los trasmitió á su manera , le ayude á descubrir
el momento en que se constituyó un pueblo, si
se formó por si mismo ó por exterior impulso;
( 1 ) PriDcipalinentc Heródolo , Tucídides , Polibio , Tito Livlo,
Céir, Jenofimte, la BibBa , Homero , Pindaro , los poemas indios,
los libros canónicos cbinos etc.,
XLVll
qué espíritu dictó sus institudonés; cómo deter-
minaron estas los sucesos ; de qué modo fueron
modificadas por aquellas cosas anteriores que,
semejantes al dios Término, no quieren ceder el
puesto á las nuevas; porque los hechos tienen
una especie de generación continua , como los
hombres, en la que nada comienza y todo se su-
cede. Cierto es que los escritores contemporáneos
recogen muchos testimonios inmediatos , como
han hecho Tucidides , Tácito , Guicciardini , De
Thou y Botta ; pero el ser contemporáneo no es
ser verdadero, y la historia de Sócrates escrita
por Anito, será siempre despreciable. Por otra
parte , el que narra hechos pasados, no sirve ya
de testigo, sino de autoridad ; y los que le suce-*
den son depositarios, no fuentes, del conocimiento
histórico. Quien preste atención á las conversa-
ciones cuotidianas verá cuan fácilmente se altera
la verdad (2) , y mas cuando la pasión cambia
el modo de ver, ó cuando para explicar los he-
chos se introducen sistemas imaginarios. Una
vez introducida una falsedad, es muy difícil de-
sarraigarla , y tal vez hasta el discernirla. Aquí
está el trabajo de la crítica.
Pero así como en la astronomía los cuerpos le-
janos engañan de tal manera que creemos reales
los movimientos aparentes y estable lo que de
hecho se mueve , así en la parte conjetural de la
Historia algunos ven personajes en todas las fic-
ciones mitológicas; otros transforman en mitos
y caracteres poéticos hasta los seres mas ciertos;
y mientras Brama , Saturno , Odin , se convier-
ten en reyes y héroes, Homero , Camilo y hasta
Solón se cambian en tipos simbólicos , en alego-
rías de un periodo social. No debe tampoco dege-
nerar la duda en escepticismo ; no basta que uu
hecho sea antiguo para negarlo , como no se niega
la existencia de la estrella Sirio porque brille re-
mola, pues que muchas aserciones de la antigüe-
dad, pocoháobjelo de mofa, han sido confirmadas
y aclaradas por la ciencia con sus progresos. Sin
tradiden no hay historia , ni educadon del gé-
nero humano , y es preciso aceptarla aunque á
veces falte la evidencia matemática , pretendida
[>or Volney , porque aun cuando refiera lo falso,
o modela sobre la naturaleza del hombre y de
los tiempos , sacando de los h«chos útiles resul-
tados y lecciones para evitar ó inquirir las causas
3ue los produjeron, porque el punto fundamental
e la Historia consiste en hacernos conocer lo
que nos ha conducido al presente estado social.
Y así como el astrónomo para seguir á los
planetas en su fúlgida curva no aguarda á des-
cubrir qué cosa sean materia , espacio y movi-
miento ; ni el físico descansa en sus investigacio-
nes porque una sola palabra , como gravitación^
electro-ínagnetismo , pueda hacer antiguos sus
efectos, así el historiador no debe desistir de su
empresa porque este unánime ardor de investi-
gaciones prometa inminentes descubrimientos.
Es tan profundo como desconsolador el dicho de
Golhe, que para saber alguna cosa seria preciso
saberlas todas; pero sin dejarse llevar del deseo
deoina perfección absoluta, debe aprovecharse el
( 2 ) Uic narrata ferunt alii. meMuraque fücü
Crescit, et auditis aliquid novu» adjiat auctor.
* Qyiü. Metam. XlL^. 61.
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ZLTin
historiador de las invenciones mas recientes; y
gozando al pensar cuánto sabrán sos descendien-
tes , hacer qae los escritores futuros puedan to-
mar sus obras como punto de partida , como tes-
timonio del grado á que la ciencia había llegado
en su tiempo.
Pero si quisiese juzgar á los contemporáneos
de Licurgo y de Barbarroja con las ideas de nues-
tra época, sin hacer traición á los sucesos , se la
baria á la historia. Convendrá, si , que tenga
las generosas simpatías de nuestro tiempo , y que
secunde su noble impulso hacia cuanto favorece
la inteligencia y la popularidad ; pero cuando
considere que cada pueblo , obedeciendo al im-
pulso de la necesidad ó de la curiosidad , sirve al
universal progreso del saber y de ladvilizacion,
enoontrarámedios de hacer conlemparáneosDues-
tros á los mas antiguos; de impedir que lo frivolo
y lo superfino usurpen su lugar á lo esencial , y
sabrá conservar á los acontecimientos narrados el
interés que tenian cuando se veriGcaban.
Debe haber estudiado además su época, no
solo en los círculos y en las escuelas , perennes
fuentes de inhumanas preocupaciones ; no solo
en los periódicos y en el diluvio de folletos , que
destruyen todas las opiniones, sin tenerninguna,
sino en sí mismo y en los hombres mas sencillos
y naturales : no debe haber observado los he-
chos antiguos y contemporáneos solo cuando se
manifestaron estrepitosaniente en las revolu-
ciones, sino que debe haber visto cómo se pre-
paran estas en las plazas , en las iglesias, en los
talleres y en el hogar doméstico. ¿ A qué las
descripciones de batallas, sospechosas é mcom-
pletas para los guerreros , inútiles para los de-
más? Las prolijas discusiones para averiguar una
fecha, un sitio; aquella laboriosa erudición que
cree saberlo todo cuando todo lo ha leido, y que
se dispensa de los propios pensamientos ador-
nándose con los de otros, no sientan bien al histo-
riador oue aspira á vivir mas en los corazones
que en las bioliotecas , y que alzado el edificio,
cree deber suyo quitar los andamies erigidos sin
atractivo y sin gloría , á fin de que aparezca la
belleza, no el gran trabaio que costó.
De la misma manera debe unir la historia esta-
dística, moderna colección de cuanto puede redu-
cirse á leyes de proporción matemática , con la
historia política que examina el influjo de una na-
ción sobre otra , de un individuo sobre todos , de
un siglo sobre los siguientes ; y finalmente con la
historia filosófica que considera al género huma-
no sometido á una ley , en cuyas relaciones mas
ó menos directas se desenvuelven los aconteció
mientes ; porque parecería absurdo el curso de
los rios á quien no conociese el Océano á donde
desembocan.
Ahora bien , no habrá quien crea que basta á
la Historia la verdad (1) , sin la moral ni la belleza.
Los grandes historiadores son escritores de pri-
mer orden ; y aquellos alemanes que , acumu-
lando tanta ciencia, quisieran acreditar el despre-
cio de la forma , muestran no conocer que esta
es inseparable del fondo y parte integrante del
pensamiento. La ingenuidad hace preciosas al-
( 1 ) Uiitoria, q wquo modo scnpta, deleclat . PuM. cap. 8, Lv,
^nnas relaciones de contemporáneos, destituidas
de todo mérito literario , por parecer aquella el
acento del testimonio verídico; pero en el his-
toriador la rudeza, la oscuridad , la desaliñada
expresión son síntomas de confusas ideas y de
inexactas investigaciones , asi como la claridad
Erueba ideas precisas y explicaciones justas; y la
elleza del estilo , movimiento de ¡deas y sensa—
nes impreso á las palabras y comuniáido á la
imaginación de quien lo entiende , supone una
armonía de conceptos profundos, de vivas imár-
genes dé poderosos afectos. Convendría, pues, no
perder la franqueza de la expresión por empeño
de manifestarse erudito; asociar la in^enúi—
dad de las crónicas á la tranquila narración de
los fatalistas y á la dramática exposición de los
clásicos ; abrazar el conjunto sin descuidar los
pormenores ; no separar la relación de los he-
chos de la poesía de las costumbres y del pen-
samiento; obtener la regularidad, pero dejar
también alas á la imaginación; agrupar los ac^
cidentes sin confundirlos; unir el variado es-
pectáculo de la vida con el profundo interés me-
tafísico que nos ofrecen las sucesivas revoluciones
del espíritu humano; y entre la aridez que se
oculta bajo la rotundidad del periodo , y la vani-
dad que se disfraza con antítesis y falsa conci-
sión , fundir en uno la magestad de Livio y de
Guicciardini , la sencillez de Villani, la crítica
de Niebuhr, la sutileza de Maquiavelo, la in-
mortal rapidez de Tácito; tomar en fin de Schi—
ller lo apasionado sin sus declamaciones, la doc-
trina de Muratori sin su trivialidad , la variedad
de Müller sin sus divagaciones, el análisis de
Guizot sin su aridez.
Quisiera yo, pues, en el historiador, erudición
para ver, exactitud para averiguar . discerni-
miento para excoger , método para oraenar , ima<-
ginacion para describir, justicia para faltar, vista
segura para no deslumhrarse por la prosperidad,
profundo sentimiento de la verdad, de modo que
aun engañándose , aparezca su error como pro-
.cedente del entendimiento no del corazón; valor
para sacrificar el amor propio y el deseo de
adquirir fama y de presentar novedades por me-
dios extraños;" y aquella sencillez «de estilo que
es prenda de sinceridad , y que sin embargo no
se separa del triple efecto del arte, ilustrar , pin-
tar, conmover. Lo quisiera prudente, no rrio;
constante.en las indagaciones y en la exposición,
sin mostrar ni impaciencia en el curso de su nar-
ración, ni la ligereza que hace emprender Incon-
sideradamente un gran trabajo, seguirío con
negligencia y terminarlo con disgusto. Quisiera
que tratase no tanto de hacer que se lea, como
de hacer que se piense ; de mostrar menos cono-
cimientos, que juicio; de hacer un libro por el
cual fuese querido el autor , y que no se sol-
tase de la mano sin haber concebido una idea
mas clara y sublime de la misión del hombre so-
bre la tierra, sin creer profundamente en el rei-
nado de la justicia, y sin sentirse mas capaz de
una acción buena ó generosa*
No se dedique, portante, á escribir la Historia
quien no haya sentido aumentarse los latidos del
corazón ante un hecho grande; quien no haya
compadecido la maltratada vii;tua , y^experi-
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XLIX
mentado aquella indigfiacioB contra el mal sin
lacaal no hay amor al bien ; quien haya escar-
neddo leales intenciones » ó hablado ligeramente
de lo que es mas sa^prado al hombre , la familia,
la patria, las creencias. Debe el historiador des-
Ofenderse eoanto sea posible de su individuali-
dad, y no exponer sus propios sentimientos,
alegrías ó tristezas, sino hablar del género
hamano con universal caridad exenta de exage-
ración; gozarse en los triunfos de la causa mas
justa , pero oon sencilla di^idad ; padecer con
los virtuosos, pero tranquilamente; no pensar
en hacer ana sátira ni un panegírico; investigar
benévola y síooeramente, no escudrinar los er-
rores de nn pueblo para deprimir su genio, ni
negarlos, deslumhrado por su grandeza. Si un
hombre creyendo en el oien y la generosidad,
redo de corazón, y digno de liaUarde los dere-
chos porque cumple con los deberes , emprende
la tarea de meditar y narrar la Historia, los ac-
cidentes muertos se le reanimarán con un espí-
ritu m<Hral , j descubrirá que cuanto sucede pro-
pende á ia virtud , fin del univwso , aun cuando
no siempre visiblemente.
Esta era la idea que de los deberes de un his-
toriador tenia yo antes, coando me preparaba á
güm á la juventud de mi patria al través de los
siglos» para considerar el camino recorrido por
la humanidad. He expuesto ya arriba una rápi-
da muestra de mi obra. Parecerá á algunos que
habría debido dividirla por pueblos , como se
acostumbra en historias universales de mas ex-
tensión ; ^ro además de que el método cronoló-
gico evita repeticiones á que el otro está perpé»
tnamaite condenado , para guien considera toda
la humanidad unida, son importantísimos en
el conjunto muchos hechos que se escapan al
estadio aislado de momentos particulares. Por
otro lado de vez en cuando algunos grandiosos
acontecimientos, algunas ideas generales domi-
nan á todo sa tiempo , de suerte que gran 'parte
de las naciones se hallan aliadas ó enemigas , del
mismo modo que al romperse la cuerda de un
arpa se estremecen todas las que pertenecen al
mismo acorde. Permítaseme callar las otras mu-
chas razones (¡oe me han hecho preferir el mé-
todo oronológico , persuadido como debe estar el
lector de que quien observa un trabajo á ia lige-
ra no puede saberlo juzgar tan á fondo como
quien fo ha meditado años enteros con perseve-
rancia. Siendo un h^ho que la mente humana ha
menester reposo , he dividido mi obra en perio-
dos; y principalmente en lo relativo á la antiguo-
dad, les he dado mayor extensión que ningún
otro historiador. He querido acumular las ven-
tajas del sistema cronológico y del etnográfico,
habiendo podido comprender toda la vida de al-
guna nación en los límites de una época sola. No
obstante, fiel al método , pero no esclavo, no me
he impuesto esos llnrites hasta el punto de sus--
pender la historia de todos los Estados en el ano
Que señaló la revolución de ano solo ; he retar-
dado el discurrir acerca de* algunos hasta el
momento en que aparecen cooperadores de la
comnn civilización, y he anticipado los tiempos
para exponer sa agonía y su muerte. Tan
lejos está de mí el deseo de atenerme al método
grosero délos cronologistas, que en las nar-
raciones no determinan el pasado ó el porve-
nir sino por el orden de los sucesos, cuando no
no puede exponerse el conjunto de los hechos
históricos sino refiriendo á menudo lo acontecido
después del porvenir que le da sentido é impor-
tancia. Así, pues, he procurado incluir en la re-
lación el mayor número de particularidades que
me ha sido posible respecto á la vida intelectual
y moral de un pueblo ; para las que requieren
un razonamiento á propósito y consideración es-
pecial y unida, he reservado lugar distinto, y
me ¡mgp con libertad para no aducir una por
una las razones de esta variación. Mi objeto ha
sido dar unidad á las ideas: si he faltado áél,
condéneseme.
He examinado, discutiéndolas, las fuentes á
donde he acudido; pero he prescindido del fas-
tuoso vido de llenar la mitad de la páginas con
citas. Las mias se refieren lo mas frecuentemen-
te á los hechos ó al orden general ; me confieso
deudor de las reflexiones que pudiera haber to-
mado de uno ú otro ; pero habiendo creído deber
mío aprovecharme de lo que han dicho cuantos
me precedieron , paréceme haber adquirido do-
minio sobre lo que hesaUdo asimilar á mi objeto.
T precisamente he tomado sobre mi la enorme
tarea de narrar así y solo tanta variedad de he-
choSy porque estoy persuadido de que si mi his-
toria es inferior á otras en alguna de sus partes,
tendrá la ventaja de ser observada toda najo el
mismo aspecto , y de conservar aquella unidad
de oolor y de intención que falta á otras muchas.
He procurado que los Italianos pudiesen oono^
cer desde luego las intenciones que acabo de
manifestar, deduciéndolas anticipadamente de
los escritos que hasta ahora llevo publicados,
los cuales , si han dejado mucho que desear bajo
el aspecto de lo bello, tengo el consuelo de creer
que no han sido indignos del objeto , ni falsos ó
Tacilantes en los medios. Es preciosa aquella g;lo-
na que se tributa á la rectitud de nuestras in-
tenciones ; y el que ya se ha conquistado una opi-
nión entre sus conciudadanos, tiene buen cuidado
de no desmenliria , y de no preparar á sus ancia-
nos dias el oprobio reservado á quien hace trai-
ción á su propio sentimiento , desviándose del
sendero trazado con racional convicción. ¡Asi
pueda yo repetir sin vergüenza estas palabras,
cuando al nn de la obra resumamos ia nueva
experiencia obtenida en el viaje , al que nos
preparamos con amor , constancia , fe , persuar-
sion y virtud!
Oigo lamentarse generalmente de que los ltá«
líanos dejan arruinar la lengua y la literatura
nacional, aplicándolas nada mas que á fines
frivolos ó inótiles , á miserables aisputas, á
cuestiones reducidas, á imitaciones del extran-
jero ; exacerbando con la iracunda sátira ó la
desvergonzada elegía los males sociales; aca-
ricianoo mas frecuentemente oon corruptoras
puerilidades el público letargo , si ya no se
conjuran con las pasiones y la fuerza , para rea-
nimar las inextinguibles cníspas de la aiscordia.
El deseo de desmentir esta acusaaon , y con el
ejemplo animar & otros escritores á fin de que
disminuyan sus motivos , me ha servido de no
pequeño impulso para consagrar el ingenio, las
ratinas y la vida á uoa obra tan grandiosa como
hace mucho tiempo no ha visto la Italia.
¿Ha sido valor ó temeridad? el éxito lo di-*
rá. Lo que si puedo afirmar es (]ue no- he omi-
tido cuidado á fin de que r«una mi obra lo verda-
dero á lo bello y lo bueno. Con la erudición he
procurado colocarme al nivel de las conquistas
que cada dia va haciendo la inteligencia ; no me
ha ofuscado el odio ni el amor; ni he sido tan
candoroso que haya manifestado á todo una im-
bécil admiración , ni tan infeliz que mirase todas
las cosas con el ánimo desilusionado y afligido,
No he vagado tampoco tras de las inexpertas
ilusiones oe la edad primera, sin que por eso
haya consumido sus generosos ardores. Amante
de mi patria sin despreciar á las demás ; admi-
rador de lo pasado sin echarlo de menos; obser-
vador de lo presente sin disimular sus males y
considerando con generosa confianza el porvenir;
no llamando aprobación á la paciencia de la
servidumbre , ni experiencia á la duración del
mal , estoy sin embargo persuadido de que hay
abasos y preocupaciones que importa conservar,
á la manera de los desiertos ó las selvas que
protegen la independencia de cualquier pueblo.
Respeto las ajenas opiniones sin renunciar á
las mias. Sintiéndome seguro al decir la verdad
y no despreciando la oposición legal , aspiro á
algo mas que al aplauso ael momento ; he pedido
ayuda, consejo é inspiración; he meditado sobre
mí mismo y sobre los hombres en la indispensable
Kleslra de la sociedad y de los viajes, y en lala-
riosa meditación de la soledad y de la desven-
tura; he experimentado esa procelosa alternativa
de embriagadoras satisfacciones y desconsolador
desaliento que, en una gran empresa, ponen
á inefable prueba la firmeza de \k voluntad , y
que tanto la reaniman cuando resulta triunfante.
Fero es vasto el campo , y tanto que no puede
el hombrerecorrerlo todo con igual vigor. Sed in-
dulgentes, lectores, cuando sucumba mi debili-
dad , y lo seréis mas fácilmente si sé hacerme
amibos entre vosotros, y persuadiros de que
puedo engañarme en las razones de mis juicis ideas generales á
pormenores (2) . Las poesías nacionales principal-
mente, es posible que oculten bajo el velo de la
alegoría y de los caracteres poéticos aconteci-
mientos verdaderos que también se revelan en
ciertos usos, fiestas, alusiones y hasta palabras.
(1 ) Como las de los escritores bizantinos; las de los qae lian
escrito sobre los asuntos de Italia, porMnuTOM*, las de aconteci-
mientos de Francia , por Du CANGK,y otras por Balosio, Mabi-
LON, Leibnitz, Martbnf, Rcinart, Duchrsxk, Pkrtz, etc.
(i ) Citaremos especialmente á
Viro , Príueipios df ciencia nueva acerca de la naturaleza co-
mún de las naciones.
BiANCHiNi, Bixloria universal demostrada con monumentos. Ro-
ma 1697.
He Y ME , Comentarios a Virgilio y ala Biblioteca de Apolodoro.
RorLANGRR , La antigüedad revelada por sus usos.
CRErzER . Simbólica, ó religiones de la antigüedad consideradas
principalmente en sus formas simbólicas y mitológicas.
A las tradiciones se añaden los MonumentcM^
que son ó no escritos. Los hombres han solido
conservar el recuerdo de los hechos insignes
por medio de montones de piedras , estatuas ó
trofeos, según la civilización de cada pueblo. Ya
testifica su anii^edad y poder lo vasto y mag;iii-
fico de los hipojeos inaios y de las moles egip-
cias ; ya se ve probada la existencia de una ^ran
ciudad por sus restos; ya se encuentran indicios
de batallas, de necrópolis, de tierras que han
dejado de ser, en las armas, las urnas ó los uten-
silios sepultados ; ya los restos de una época ó la
excavación de lavas volcánicas nos descubren la
constitución de un país , su culto, sus preocupa-
ciones , trajes , creencias, instrumentos domésti-
cos, pesas, y medidas (3). Jacob erigió la piedra de
Betel, como monumento del pacto con Dios; un
montón de guijarros señaló el paso del Jordán;
era tan grande el número de monumentos es—
|)arcides por la Grecia , que en ellos se podia
eer toda su historia, y no de otro modo se nos
han trasmitido los sucesos profanos anteriores á
Homero. Rabia allí exegetas análogos á nuestros
ciceroni, que mostraban á los viajeros los mo-
numentos y les referían las tradiciones que cor-
rían acerca de ellos ; ^ misiagogos , que espe-
cialmente servían para explicar las rarezas de los
tiempos; Pansanias se valió de sus narraciones
para escribir su viaje á Grecia. Llamaremos
Historia interpretada á las indagaciones hechas
f)or viajeros según los datos que suministra
a topografía de las ciudades antiguas , la es-
tructura de los recintos sagrados, los muros,
tumbas, templos , subterráneos, estatuas, bajo-
relieves, medallas, armaduras y utensilios de la
vida militar y civil que se desentierran diaria-
mente y dan á conocer lo que no dice la Historia
ó demuestran lo que dice, lsl Arqueología es cien-
cia italiana ; Dante , Petrarca y Nicolás Rienzi
fueron los primeros que pensaron en reunir anti-
güedades ; el terreno de Roma suministró á los
artistas del siglo de León X modelos inimitables;
Lorenzo el magnífico estableció antes que nadie
una cátedra publica de arqueología, que^nspiró
á Winckelmanu la idea de unirla á las bellas ar-
tes , y donde Montfaucon y el conde de Cayliis
concíoieron la de enseñar el modo de sacar pro-
vecho de los monumentos y ordenarlos ; Dems-
tero , Passerí y Lanzi resucitaron la Etruria y
entre todos se colocó en primera línea Ennío
Quirino Visconti (4).
Los monumentos escritos son ó inscripciones
( 3 j De los autiguos monumentos, considerados como fuente his-
tórica ^on buenos compendios el de Orerlin , Orbis antiqui monu-
mentís suis illustroH primes linete. Argentoratj 1790:
MÚLLER , Handbuch dtr Arckáotogie;
Cmhupoluoh-Figíac , Ábrégé d* arch^l. Paris 1831. Nosotros
daremos un tratado completo de esta ciencia.
( A ) Para todo lo que concierne ú la crítica histórica t al examen
délos hechos, véase la primera parte del Cours d' étuiles histort-
ques por P. C. F. Dadnod. Paris 1841 Véanse también :
Brunet , Manuel du libraire. £1 tom. IV comprende una biblio-
grafía razonada, que sine de mucho para conocer las obras espe-
ciales.
Beck, Anleilung zur Kenntniss des allgemeinen Weltund Wól-
lergeschiekte. Leipzig 1813, 4 tom.
L. Wachlrr, (iesch, des kistorisckeu Forsekung und Kunst. Go-
tinga 1812 , 2 lom.
Krsch, íiteraturdesGesckickte. Leipzig »18i7, 1 toro.
OrriNGER, HistoriMckes Arcki», entkalleneiu systematisek-ckro-
nologisch geordnetes Verzeichniss ron ilOOO der brauchbarsteu
Quetlen sum Studium der Staats-Kircken-und Recktsgesckickte aller ■
Zeiten und Kaiionen, tiarisruhe 1841.
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ó anales y crónicas» ú otros elementos de la His-
toria propiamente dicha.
Tenemos Inscripciones antiquísimas, anterio-
res á todas las historias, unas en caracteres alfa-
béticos, otras en gerogliflcos. La mas importan-
te colección de los primeros es la de los mármoles
de Faros^ en que se esculpieron, 264 adbs antes
de J. C. , los principales sucesos de la historia
griega é italiana, principiando en el reinado de
Cecrops, 1677 años antes de J. C. y sin adorno
de fábula alguna. El conde de Arundel los trasla-
dó de Paros á Oxford en 1628. Para la historia
egipcia nos han conservado las pirámides y se-
pulturas muchas listas de reyes , y Cailliaud en-
contró en Abidos una tabla que contiene dinas-
tías d€^ reyes anteriores á Sesostris. Hoy se
estáQ descubriendo en el alta Asia inscripciones
cuneiformes. Sirven especialmente para la histo-
ria romana los Mármoles Capiíolinos, hallados
en Roma en tiempo de Paulo 111 en donde cons-
tan los cónsules , dictadores, tribunos militares
y censores que obtuvieron en Roma los honores
del triunfo. Se lian hecho muchas colecciones de
las lápidas esparcidas acá y allá; entre las cua-
les las mas completas son las de Grutero y Mu-
ratori.
Las Medallas sirven para el conocimiento de
las épocas y genealogías, particularmente tra-
tándose de pueblos cuyos escritores no existen.
Por ejemplo, las monedas traídas no ha mucho
de la India, han dado á conocer la serie', hasta
ahora inorada , de los reyes de la Bactriana
descendientes de Alejandro , y hoy se está des-
cubriendo la de los principes abisinios. La im-
postura ha introducido con frecuencia medallas
falsas en las colecciones , lo que en nuestros días
ha dado deplorable fama al alemán Becker. La
Numismática trata de monedas y medallas ; la
Diplomática de papeles ; la Genealogia de la su-
cesión de las familias ; la Heráldica de los escu-
dos de armas y las divisas; la Anticuaría de los
monumentos , y la Fihlogia del verdadero sen-
tido de los escritores y las palabras ; todas estas
ciencias son auxiliares de la Historia.
lj(x^ Documentos públicos merecen mucho cré-
dito , pues aue las naciones están interesadas
en su veracidad , y tienen uua grande impor-
tancia, porque abrazan los tratados y conve-
nios de los diferentes Estados. Las colecciones
mas completas que existen son la de Bar-
heyrac, en cuanto á los tratados públicos an-
tiguos , y las de Dumont , Koch y Scholl , en
cuanto á los modernos (1). Los documentos par-
ticulares, además de servir para comprobación
de las épocas, nos revelan la condición de cier-
tos pueblos ó clases en los distintos siglos.
M j . Barbbtrac , Hutotre des 'nuciem traites jusqu* a Charte-
«^«í. Amstefdam 1739, 2 tora, en fol.
ntifORT , Le corps umverstí et diplomatiqtu! du droH den gens;
tm Recueil dea Traites de paix , ailtances etc. faits en Europe
«efut Ckarlemaffne Jusqu' h presení. Amsterdam 1 726, 8 lom. Sup-
f!f»entau corps dipiomutique , parí. Üumoxt rt J. Rocssrt, ib.
1 <o9, 3 tan.
Saint Phiest. ttist.des Traites de paix da XVII siecle. Áms-
t'rdam 1723,2 tom. en fol.
Negoiwtiaits secretes touckant tu paix deMmster el d* Otnabrwk.
naya 182i-2íí , 4 lom. Todas estas obras forman la colecrion que
se denomina del Cuerpo diptomátieo. A ella se refieren lambien las
qnc siKoen:
Rtjier, FiTdera conrentianesque. Londres 1714^27, 17 tom.
en rol. ^
LV
A pesar de todos estos auxilios , no le es dado
á la Historia aspirar á uua certeza matemática;
pero hay un arte de distinguir ó de conjeturar
lo verdadero , lo probable , lo inverosímil , lo
falso , y este arle se llama critica. Algunos le han
querido aplicar el cálculo de las probabilidades
que no tiene mas apoyo que el que le prestan razo-
¡ namieutos erróneos ó arbitrarios datos : pero el
mejor método es el de pesar las circunstancias,
I comparar entre sí las relaciones y examinar los
' testimonios. El escepticismo que rechaza el
' aserto de testigos probos oculares y de pueblos
enteros , debe dudar hasta de la prueba de sus
propios sentidos ; de consiguiente, no existe para
él la Historia. A íleródoto , Ctesiasy Marco Polo
se les tuvo por autores fabulosos, hasta aue des--
cubrimientos posteriores y sucesivos los nan jus-
tificado. Debe, pues, la critica, con una duda
racional, inquirir los hechos , desechando los
que repugnan á la naturaleza de las cosas ; pene-
trar loque tienen de simbólicos y lo que los hace
oscuros ó repuguantes ; revestirse de las opi-
niones de caaa época y de cada escritor ; con-
ceder la parte cx)rrcspondiente al temor , á la
adulación , al espirita de partido ; poner , en fin,
en la balanza á los detractores y panegiristas.
Sin critica, la Historia es como un ciego que sirve
de guia á otro ciego.
Los acontecimientos históricos no pueden ser
conocidos distintamente mientras no se les asig-
nan los lugares y tiempos que les son pro-
pios, esto es , mientras no se diga él donde y el
cuaixdo; sin esto, carecen de significación y de
valor i pues cada uno de los hechos, si no resulta
inmediatamente de los que le preceden, está
modificado por ellos y por la naturaleza de los
hombres, de las costumbres, de los climas. En
esto se fundó Bacon para llamar á la Geografía
y á la Cronología los ojos de la Historia.
Todas las naciones tienen al principio una
Geografía fabulosa , en la que depositan sus
ideas acerca de la figura y constitución de la
tierra, limitadas al corlo número de países
que conocen. Sigue después la geografía his-
tórica, que se acomoda á las variaciones á que
están sujetos los pueblos en las distintas épocas.
Entre los antiguos la Geografía observaba con
preferencia los pueblos; hoy atiende mas á los
Estados; pero en ambos casos es fútil y pueril
si solo contiene una serie de nombres ,* ó si se
contenta con determinar posiciones de países, sin
añadirconocímicntos geológicos, artísticos, agra-
rios, antropológicos y estadisticos.
Se han hecho detenidos estudios sobre la Geo-
grafía antigua, que en los tiempos modernos
han adelantado inmensamente las obras de Mal-
tebrun, Urville, Ritter, y especialmente el Exa-
men critico de la Geografía de Humboldt (2).
Lbibnitz , CéOdexjnris gentium diptamatievs. Hanover 1693.
Lí: HiG , Codex Ualitr diptomatteus. Francfort 172f), 4 t. en íoi.
Martrks, Reeneit des princlpaux Traites dépnis 1761. Goltin-
ga 1791 , 19 tom.
Kocii y SchAll , tíist. gen. den Traites de paix depnis la paix
de Westpkalie. Paris 1817 , 15 tom. en 8.*
Actualmente estA pubIic4indo Dídot en París el Nouveau eorps di-
ploma fique , por los abogados Ronjeak y Pablo Odrnt , que es una
colecrion de tmlos los tratados desde el' siglo viii en adelante.
( 'i ) Obras principales sobre la ReograHa antigua :
0* Anvillr , Áttas orbis anliq, *"
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LVI
La Cronolo^a se enlaza con la Átíronomia y
con ciertas instituciones, conforme á las cuales se
han dividido los tiempos en periodos fijos ó en
eras limitadas. Esta es su parte técnica ; en cnan-
to á la positiva, se averiguan los tiempos :
1.° Con eltestimoniodelosautores contempo-
ráneos ó próximos á los hechos que se refieren;
S."* Por medio de inscripciones, medallas,
monedas, diplomas , etc.;
3."* Con la coincidencia de fenómenos celestes,
como eclipses, fases de la luna, cometas.
Muchas veces no sabríamos & qué atenernos,
sin el auxilio de la Astronomia, en la que (cosa
admirable tratándose de cuerpos tan lejanos)
hallamos la certidumbre aue nos niegan los ob-
jetos que nos rodean : Tolomeo en tí Ahnagesto
conserva memoria de varios eclipses, refiriéndo-
se al año del rey que á la sazón gobernaba ; y
computando el tiempo y calculando la diferencia
del meridiano y del calendario, encontramos
el año en que empezó aquel monarca á reinar.
También Tucídides dice que en el primer año de
la guerra del Peloponeso se eclipsó el sol después
de medio dia; que aconteció lo propio en el oc-
tavo ; que hubo otro eclipse lunar en el décimo
noveno; y así calculando los eclipses pasados,
hallamos'que la guerra á que alude empezó
431 años antes de J. C; y como se añade
que tuvo principio en el primer año de la olim-
piada LXXXVII^ esto es, 345 después de la ins>
titucion de esta era , sumándolos con los 451
mencionados, vendremos en conocimiento de que
las olimpiadas comenzaron 776años antes de J. C.
Newton, comparando el sitio que ocupaban los
puntos cardinales de la esfera atribuida á Qui-
ron en la época de los Argonautas, con aquel en
que los observó Melón, 432 años antes de J. C,
y calculando la precesión de los equinoccios en los
siete grados recorridos, fijó en el de 936 la es-
pedicion de los Argonautas, con cuyo dato de-
terminó las demás épocas de la historia griega.
Pero la crítica debe aislinguir entre las diversas
pruebas el mayor ó menor gradode certidumbre,
y se han escrito varias obras única ó principal-
mente dirigidas á comprobar las techas (1). .
Tan antigua quizá como la palabra y la escri-
HcMEL, Brdks, Stroth , Hkkrr.n , etc. , UaHuai de geografta an-
tigua (en alemán). Nuremberg 1781, en 3 partes.
GmsT. Cellaihi, NotUia orbis aiUiqui. Leipzig 17(M-^06, 2 to-
mos en L' , con observaciones de G. C. Schwartz.
K. Mannbrt , Geúgrafia de los Griegos u los Homanos ( en ale-
loan ). Nnremberg 1788—1802 , 6 partes en 8.*, obra iuiciosísiiiia.
Fran. Acg. Ukert, Geografía de lo» Griegos y Romanos hasta
Tolomeo ( en alemán ). Weimar 1816.
GossBLiN , Geografía délos Griegos analizada. París 1790, en 4.%
é Indagaciones sohre la geografía de los antiguos. París aüo Vi.
J. Rennel, Sistema geográfico deüeroaoto (en inglés). Lon-
dres 1800, en 4.*
i. Lblewrl, Indagaciones sobre la geografía de los antiguos ^en
polaco). Vilna 1818, con mapas.
Ansart , l&¿€is deoéographk historique du mogenage^ 1839.
BuvETT, DuRY , CaMers de geograpMe hisioriaue. París 1838.
(1 ) Es una de las principales el Árt de verifier les dales » va
citado. A esto mismo se encaminan los conricnzados trabajos de
César EscnItJero , Pctau , Riccioli , Símson , Pezron, Newton, Fré-
ret, Mabilion, Oncange, Labbe. Usher, Blair, tiUvisio, Cban-
treaa , Serieys, Toumemine, Delimíers, Desvignolles El fruto
de aquellos prolijos estadios fue puesto al alcance de la genera-
lidad de los lectores por
i. Picor , Tablettes chronologiques de V kist. universelle sacrée
et profane , ecclesiasti^ et eivile, déjmis la creation Jusqu* á P
année 1808 , owrage rediga d' aprés cetui de /' abbé LengM du
Fresnoy. Ginebra 1808.
C. Gattbrbr, iU^mpendiodecronologui (alem.). Gottinga 1777.
Champollion-Fbigeac, Hesumé de chronotogie. Paris 1835.
G. J. HúBLER , Tablas siucronUtticas para la historio de tos fue-
tora y como ella de origen ante-htstórioo, es b
distribución del tiempo en parles , tomadas del
movimiento de los astros. Una rotación de la
tierra sobre sí misma constitaye el dia , que es
la primera y mas universal medida del tiempo;
el cual se divide en 24 horas de 60 minutos cada
una ; uña entera revolución de la luna constituye
el mes ; una vuelta de la tierra al reded(^ del sol
el año; cien años forman un ^¡qIo ; cinco un hu-
iro: cuatro una olimpiada; ([uinoe una indic-
ción (2). fis(as son las divisiones comunes del
tiempo que presenta la Historia , pero su diversa
duración y el distinto modo de principiar- los
años y las eras , complican mas de lo que á pri-
mera vista se cree, el estudio de la Cronología;
de donde nace la absoluta necesidad de que el
cronólogo conozca perfectamente el calendario
de todas las naciones y las mudanzas que encada
una ha experimentado. Plutarco refiere con fre-
cuencia los hechos á fechas atenienses ; pero estas
son unas veces las que se usaban en su tiempo,
y otras las que servían en la época de los acon-
tecimientos, de donde se origina suma confusión.
Al principio se contaban los tiempos por ve-
neraciones, como vemos en Homero ; en la Biblia
se enumeran diez generaciones antes del diluvio
Í otras diez desde este á Abraham ; Dionisio de
alicarnaso (3) citando á Ferécides , Sófocles y
Antíoco de Sicilia, cuenta cinco generaciones
desde Inaco áEnolro, y diez y siete desde Eno-
tro á Anquises. Tres ^neraciones , según He-
ródoto y el mayor numero de los modernos,
componen i 00 años. Después se introdujeron las
Eras, puntos determinados por cualquier impor-
tante acontecimiento histórico ó astronómico,
desde el cual se cuentan los años. Cada pueblo
tuvo la suya ; pero los mas cultos han adoptado
dos eras principales, una antes y otra despm
de J. C. , el cual , según los cálculos, si no mas
fundados, mas comunmente admitidos, nació
el año ^004 de la creación del hombre.
Las Épocas son divisiones menos extensas, qoe
señalan ciertos reposos en el curso de los tiem-
pos, fijándolos en sucesos notaUes que por lo
mismo se dice que forman época. Estas, sin em-
bargo, varían, como es natural, según los pue-
blos y los autores. Los Europeos aceptan uDá-
nimemente lasdivisionesdela Historia universal
en tiempos oscuros ó fabuiosos , anteriores á toda
historia verdadera de los hombres; tiempos anr-
tiguos, hasta la caída del imperio de Oocidenle;
edad media, hasta la caida del imperio de Orien-
te y el descubrimiento de la America ; y tiempos
modernos , hasta el dia.
En cuanto á la Historia que vamos á narrar,
¡a hemos indicado (4) las épocas en que se
ivide.
blos, principalmente según la historia uni^enat de Gatterer,
1799-1804. •
I lOELBR , Indagaciones histériau acerca de las observaciones ss-
tronónucas de los antiguos ( alem. ). Berlin 1805.
D. H. Hegewisch, introdueion é la tronologia de ia historia. Pl-
ris 1812 (alem.).
ScHóLL, Elémens de ckronologie kistoriqne.
I Am. Sbdillot, Manual de cronología nnipersat. Paris 1836; y
otros.
I <i) En naestro tratado de CftOKOLociA se bablaeoD mas exten-
, sion de esta materia.
(3) Ántif.Rom.,miA.
1 (4) OUGUnSO SOBRE LA HlST. URiy^g. XXJX 7|SÍg.
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HISTORIA UNIVERSAL
NARRACIÓN.
LIBRO PRIMERO.
DESDE LA CREACIÓN HASTA LA DISPERSIÓN DE LOS HOMBRES.
•OMABIO.
Gtatsis. — Bjitá del nnido , legín la Geolofit , — stgm los InlMjos de los hoi»br«« , — segan las hislorUs.— L'aiiiad de la raía hmn-
n , pnilada por la Fisiología , — por el lengvaje , — por la armooia de los sentinienlos, — de las tradiccione» ,— de los coDooimienlos .
— Aasertcanos y Australes. — Prioeras países babilados. — Primeras sociedades. — Dispersión de los pueblos.
CAPITULO PRIMERO.
Génesis.
Al principio creó Dios el cielo y la tierra, y
las cosas que arabos contienen. Después ordenó
la materia informe y agitada ; separó el agna de
la parte seca ; mandó á esta que produjese las
Santas y las yerbas , y á aquella los reptiles;
e^ocreó las aves, los peces y demás animales,
y Vio que cuanto habia hecho era bueno. Por
ultimo formó al hombre á su imagen, dándole
el ser, el conocimiento, el amor y la libertad,
Í destinándolo, como su representante y sacer-
»te , á ejercer dominio sobre las criaturas y loar
al Criador. En seguida le buscó una compañera,
y estableció la sociedad doméstica , base ae todas
las demás.
Pero los primeros seres racionales no se con-
tentaron con su felicidad , sino que deseando co-
nocer mayores cosas, abusaron de los dones de
Dios. Puoiendo, merced al libre albedrio , amar
á Dios, ó amarse á sí mismos , hallar al Criador
en el mundo ó hacerlo servir para sus propios
Sáceres, excogieron lo peor y abrieron asi desde
s primeros días de la humanidad las llagas
que la han atormentado perpetuamente^ á sa-
ber : los esfuerzos inútiles para alcanzar una
ciencia que ó huye de nosotros ó nos aniquila
sin resultado ; los peligros de la libertad , cuyo
nombre es tan dulce, como arduo el uso de
ella y amargo el abuso ; y el insaciable deseo de
traspasar las barreras que la ley moral impone
á la flaqueza. Pusiéronse entonces en desacuer-
do la imaginación y la razón, la inteligencia y
la voluntad: lucha que constituye la Historia, y
en la que se ve al hombre individualmente y á
la humana especie en general afanarse para po-
ner en armonía el corazón, los sentidos y el en-
tendimiento. *
Habiendo perdido el hombre la felicidad pri-
mitiva, se le rebelaron los animales y tuvo que
Knarse el sustento con el sudor de 'su rostro,
ísterrado á una tierra de fatigas, de des-
gracias, de enfermedades, fue preciso que ex-
Siase su culpa y se hiciese acreedor á sublimes !
estinos. De esta manera el mismo castigo venia
á ser signo y carácter de la dignidad del hombre;
pues que este, vencidos los obstáculos, debiapro-
gresarsiempre, logrando que triunfase el espíritu
de la materia, con las conquistas sucesivas de
las artes y las ciencias y con el ejercicio cada
vez mas desembarazado de la vofuntad en la
senda del bien.
Adam y Eva empezaron, pues, á servirse de
la tierra, y engendraro n á (lain y Abe l, agricul- Prime-
tor aquel y pastor este. Aml)os ofrecian á Dios ^^^'
sus dones;' pero Abel con mayor fe, por lo cual
eran sus ofrendas mejor recibidas del Señor. Es-
to produjo enemistad entre ellos: primera ma-
nifestación en la sociedad , de la desunión veri-
ficada ya en la conciencia. Cain envidioso mató
á Abel , y la sangre comenzó á contaminar la
tierra, que tanta debia embeber derramada por
la envidia. Cain, llevando sobre sí la maldición
de Dios y destrozado por los remordimientos,
huyó á países lejanos, con el temor de que al-
guno lo asesinase ; pero el Señor lo habia mar-
cado para que sufriese el tormento nuevo de
una vida temerosa y execra(ta/.< Engendró hi j os .
y fue el primero qíie buscó asifó ^^fó laori-
cando una ciudad , á la cual llamó Enoch , que
era el nombre de su priniogénit<^Enocheng^-
dróájad . Irada Maviael, Maviaei á jMIatusaléii
V^ÍSlfáXamech.
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y'*>-^
\
i ^f ÉPOCA
Lamech secaS^n ^flay Sp% y tuvo de la
*' primera á Jabel, que se dedicó á pastorear ga-
nados, viviendo debajo de tiendas, y á Jubal,
que ensenó á sacar sonidos de las cuerdas y del
aire; de la segunda tuvo á Tubalcain, que tra-
bajó con el martillo y construyó toda clase de
utensilios de cobre y (le hierro.
Set, iinMft^ Wr niiq^iop tm ^s de Adam. en-
gendró á i^os, el cual introdinó soVémaes for-
mas de cuho. De Enos nadó Cainan,' después
Malalael, después Jared, luego Enoch, y en se-
^ida Matusalén, padre de \4^ss^^y que lo fue
ae Noé. Xa vida de cada uno era de centenares
de años.
Los descendientes de Set se llamaron hijos de
Dios, como fíeles á la ley ; y los de €|iia, hij^
de los hombres. El amor contribuyó á lal náion
de los hijos de Dios con las hermosas hijas de los
descendientes de Cain ; y su prole , confiando solo
en la fuerza, caminaba de mal en peor. Indig-
nado Dios , envió un diluvio que suiíergíese á
todos los hombres, cuyo número se habia aumen-
tado considerablemente en unos tiempos de tan
larga vida. Solo perdonó á Noé, con su familia
y muchas especies de animales, que se salvaron
en una inmensa barca, preparada por él con-
forme á las órdenes del Señor (i).
Los escasos restos del género humano flotaron
en ella sobre las aguas, hasta que, disminuyén-
dose estas, la barca se detuvo en las montañas
de Armenia. Los anioiaies que salieron , se dis-
persaron por la tierra y la poblaron nuevamente;
las estaciones se dispusieron como hoy exis-
ten (2) ; volvió á reinar el orden de la vejeta-
cion , y Dios aplacado, bendijo^ los hombres, y
dijo : < Creced, multiplicaos, poblad la tierra y
rosprf» 'ejerced dominio sobre los demás animales, so-
ceptoc ibre las aves y los peces, que os alimentarán,
- »lo mismo que los vejetales ; pero el que der-
^^Sramare sangre humana, pagará con la suya
ij^ ' »proDÍa ; pues el hombre está rormado á in^ágen
."^ »deDios.i
Noé y sus hijos Gam, Sept? Jafet, nuevos
[ladres del género humano, se dedicaron á cul*
tívar y poblar la fierra. Noé, por medio del cul-
tivo ae la vid , halló modo de obtener di vino,
7 desconociendo sos efectos se embriagó; Cam se
mofó de él, y Noé maldijo á Canaan, hijo de
Cam, diciendo que seria siempre inferior á sus
hermanos.
* Multiplicados después los hombres con mila-
grosa celeridad, se vieron obligados á abandonar
las risueñas llanuras de la Mesopotamia ; pero^
antes de esparcirse por el mundo, quisieron de-
(i ) Segia Ib fiwritiira , el área tenia 300 éoúos dr targo; 3# 4e
alto y 50 de ancho. El codo de qoe habla Moisés debia de ser el que
en su tiempo se asaba en Egipto, cuyo modelo se encontró por Cha^
nlléi cscalpiio en ana pirámide y que corresponde A ^ pulgadas
j % lineas del pié de París.
El arca tenia» pues, de longitud Mf pies r 6 pulgadas.
de anchura 85 » 3 »
de altara M » 3 »
Es decir qne sobrepujaba eu tamafio á Santa Sofía de Constanti-
Dopla , i la catedral de xMilan y á San Pedro de Homa. Suponieodo
& la madera de construcción el grueso de un codo , tendremos que
la capacidad de esta nave era de 1.781,377 pies cúbicos; y si se
aipenen 42 pies cúbicos por tonelada ^resultarít que el arca podía
cargar mas de 4¿,il3 toneladas.
{t ) He inclino i creertoasi , aun después de haber tratado de de-
WMlrar Laplace qoe era imposible, qoe el eje de la tierra /ue en
no principio perpendicular al zodi&co, y que por coASiguiente toda
ella dlsñrutaba de un perfecto equinoccio.
PRIMERA.
jar, como monumento de sus fuerzas unidas, una
mmensa torre. Esto desagradó á Dios, y descen-
diendo en medio de ellos , confundió las lenguas;
de manera que hablando todos al principio el
mismo idioma, entonces cada uno se expresó
de distinta forma, la obra quedó, pues, inter-
rumpida, y las tres estirpes, buscando nuevas
patria , toe dispersaron, conservaido variedad
enlasemejanza, como s«eleacoiite<^r entre her-
manos.
A esto se reduce la relación del mas antiguo
de los historiadores, cuya exactitud, aunque no
se c[uiera tener en cuenta la inspiración divina,
esta conflrmada por pruebas deducidas de muy
diversas fuentes. No hemos creido gue debiamos
' pk^r poi^alto esta primera edad , ni dejar á otras
ciencias él cuidado de aclararla. En ella se en-
cuentran los orígenes de todas las instituciones
humanas; sobre ella están fundadas la fraterni-
dad universal de los hombres , sus primeras le-
yes, sus creencias comunes; las virtudes y los
pecados que vemos allí en una familia, los halla-
mos después reproducidos;^ laa naciones: ¿có-
mo, pues, podríamos adelantar la obra de nues-
tio edificio , sin haber asegurado antes los
cimientos? Como el botánico que, al querer des-
cribir una planta , empieza por el estudio de las
semillas, nosotros nos detendremos en los oríge-
nes de la humanidad, para conocer, así el teatro
donde debe operar , como los actores.
CAPITULO n.
Antigüedad del mundo. . .
La primera cuestión que se presenta es la de
la antigüedad del mundo. Desde que el saber se
rebeló contra Dios , apeló á la ciencia mas anti-
gua y á la mas moderna (3) para desmentir el
relato de Moisés; pero, interrogadas la astro-
nomía y la geología con leal conciencia y mas
vastos conocimientos, depusieron ei^ su favor.
. La teología y la razón están de acuerdo en
(3) Dejando á an lado los suefios, y apenas nombrando i los
italianos Leooardi y Biringuccio , el só/on Agrícola, rita uer) fue
quien primero hizo en el siglo xvi exceisotos ubservacnilifls sobre
la formación de lak sustancias míncraJ<%, y tanbieír su eoiuempo-
ráneo Bernardo de Palissy, alfarero francés. El ntonés Kracastoro
habia ya lijado su atención en las conchillas fósiles y en Jas seíiales
de ios peces y otro¿ auimiües y de véjctales que se encncolran fre-
cuentemente impresas en los mlnecales^con especialidad en el
monte Bolea , prdiimo i su patria; dedoRieidd dc:sa pofiiclfto res-
pectiva due no nodiaii haber sido sepultados en una misma 6poca.
Mas adelante aaivinó Stonon que agüellas petrificaciones servrriata
algún día para determinar la edad relativa de las rocaft tloode se
ocultan. Hacia la mitad del siglo pasado, empezó Tylas á hacer con
alguna exactitud descripciones mlueralógicas, ejemplo iiñitado
después en Alemania y Suecia. Seguidamente ospaso tt¿igtuann*en
su tíeoffrafta finca, unos cuantos hechos importantes J«spcctú á
la posición de los minerales f^\o^ Ilíones metálicos. Pallas reeor-
ria entretanto las apartadmi regiones de Rasia, y extraía de entre
los hielos de la ^iberia animales propios de las zonas cálidas. Estas
observaciones 4 siu embargo, no se hablan diiigido ánn solo Objeto,
ni estaban dispuestas tan sistemiticamenie que puditran ronstUnir
una ciencia. W erner , aprovechando la oportunidad de hallarse eu
un país abundante eu antiquísimas minas , ( las de la Isla de Elba
no nos permiten llamarlas las mas antiguas de todas) eaaoMá ox«-
miuar y caracterizar la sucesiva formación de los terrenos, mediante
la composición y estructura de las masas minerales y las circón?-
lanrhis de su posición y orden en que están sobrepoestas: sccvih
I d^ron este buen principio Saussurre , con sus viajes a los Al¡iei>,
I Doioniicu con sus trabajos acerca de las producciones vofránicas y
' rocas magnésicas; y entre los Italianos, Ardoüto* Martail» ^oro,
i Hermenegildo Pino, I^neislak y Jirocchi. £lstc ultimo, en su Dis-
i curso preliminar á la Couchioioa/ia fósil tnb-apcnina, menciomi
una serie tal de escritores italianos que han hablado de la&fé«ilcs,
que niaguna otra nación pudiera presentar otra eqaivalenie , y en-
tre ellos, nombres insignes, por ejemplo, los de Moro, Vailisnierí
y «eneralli. Por Ultimo, oe«pd el primer paestoelbartodaCurier,
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PUBLIC UI>RAFw
ArrOR, LENOX AND
TlLDfM FOUWDATION&,
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antigUbda» del brindo.
3»
eme loe seis días de la ereaejon deben enten-
aerse diversos de los Boestros (1). ¿Cóoio no
considerarlos tales , cnando entonces las sombras
no ahernaban todavía con la hiz? ¿cuando ann
no existían planetas para medirlos? Entre los
mismos hombres , ¿cómo no han de entender de
distinto modo la mañana y la tarde , el habilante
del Sena y el de los polos ? iLos seis días son, poes,
seis edades de la tierra, cuya duración no es dar-
do al hcHnbre calcular , pero que dejaron de si
huellas en el globo. La geología , desenvolvien-
*do las zonas que ciñen laí tierra y (jne han hecho
de
IOS la.
i\ obliga áloB mmerales á darla
""formación. Cuvier (cuyos sistemas
zoológico y paleontológico, ycuyateorfo dé la
tierra aceptamos con reserva) reunió cuantos hiteM>
sos fósiles pudo^ y dedujo de su estudio, quenne»-
(ro planeta había esperifflentado grandíes revolu-
ciones , ocupando el mar los sitios en otro tiempo
poblados de anímales y destruvendo las especies
oitonces existentes ; y que el ültrmo trastorno
foincidía con la época del dihvvio de Moisés (2).
En el primer día la materia incandescente, one-
deciendo á la mutua atracción y á las fuerzas
reonlendo muchísimos huesos fósiles, con cuyos frasmcntos recoas-
titoTó los seres i que liaMan pertenecido , t fonno así una escala
de las varias especies rie animales goe han Mío desapareciendo de
b baz de la tierra. Bron^niart, Hauy , Bnrkiand , Conybeare » Des-
babes, Fermsac, De Fischer, Mantell, GoMfuss, Ager, Marcelo
de Serrea, de Buch, Agassia, Biias de Beaumont... y loa italianos
Sisnonda, Pasinf, Párelo... han hecho dar gigantescos pasos á este
ramo del saher.
De este laodo , inierrofados los hechos con lealtad , contestaron
creasdo ana ciencia ; y los mismos hechos observados por los bur-
kmes oíos de Voltaire, le inducían i decir que /«t fótsUes marins, ei
Ui eofMiUe» tf* Mires qa* on irowe sur les kmtieurs de MotUmar-
(re , pawrttieMt bien provenir de quelques dejeúners , que les bour-
geois de furls $ mment fáU ,ilfa quetques slecles.
(i } Estoy lejos da querer :|Qe este libro sea una disensión teo-
lógica ; pero, puesto que yo protesto de mi completa sumisión á la
Iflesta católica, me es grato tranquilizar á los mas tfanidos acerca de
b idea qae eoBf ierte en aels épocas terrestres los seia días de la
f reacioo. En el texto hebreo que traduce la Válgala Fial lux, ei lux
tecla esi, se emplea on participio, que tradueiriamos bien dfeiendo,
Y U tus se kaeiu , expresando ana aecion continua mas bien que
icsUniinea. * Ei orden mismo de la creación muestra que á Dios plu-
go manifestar su poder creador por grados. Orígenes (/» Oen. I. IV,
1. 16. 1. 1, p6g. 174 de la e«liciaode loa BenedictiB08)diee: «¿Qué
>boaihre sensato puede pensar que el primero, segundo y tercer día
«estuvieran sin sol , luna 6 estrellad • San Gregorio Nazianzeno, si-
goiesdoáSaa Justino mArtir, supone un periodo indeterminado en-
tre b creación y el primer arréalo de bs cosas. ( Oratio U, 1. 1,
p. !H , edic. de los Benedictinos). Un personaje eminente creia que
fl primer oapitnio del Eclesiástico aludia á deatracciaoes y repf»-
áucdones sucesivas {índugaciones sobre lu GeologU, lloverelo i\Si\,
p. 63). Frayssidoos en la Defensa del Cristienismü , dke : « Si des-
• cubrís que el globo terrestre debe ser mocho mas antígao que el
> género humano... 00 es licito ver en cada uno de los seis días otros
"tastos periodos indeterminados; y vuestros descubrimientos ex-
«pUtaiáa o» paai^o cayo sentido no está aun bien claro.» El doctor
^isewan {Twetve Uclures OM tke etmnexion between seienceand
rettalH reH^km, Londres , Boked 1835 , 2 1. in 8.') decia : * ¿ A
MBíen repagna auponer que desde la primera ereacion del tosco
> embrión de este hermosísimo mondo, hasta el momento en que
> se adorad de todas sos bellezas haya elegido Oíos una proporción
»T escala por cayo medio adelantase la vida progresivamente hacia
■la perfección, tanto en el vigor interno, como en los adornos ex-
> tenores ? Si la geología probase algo por el estilo , ^ quién osaría
«decir que no conviene, en virtud de una estrtcha analogía, con loe
•dea^os de Dios en el gobierno físico y moral de este mundo?
• ¿ quite podría afirmar qae contradice la palabra santa , cnando es-
> (amos rodeados de tinieblas en cuanto al periodo indefinido de es-
>tos trabajos de gradual desarrollo ?•
(2) Ccrvma, Dticours'sur les rieeluHons de lu surftee du globe
ttksekaufemens Muelles eni produit duns le régne animal ;\l
edición francesa, Airis 1830.
BocKLARD, Geohgif and mMeralagg constderedwith referenceto
nsturai tkeologg,
BuniLo-LBP«aTas, Traite de géelogie.
* la Vnlgala no traduce en este caao con exactitud las palabras
hebreas TM~^r01 TM ^rP las cuales no dicen mas que : haya
Ati , y Me /«a. La locncion se compone de un imperativo v de un
pretérito remolo. Por lo demáa , bien poede admitirse una distinción
fMre el acto netañtáneo de ta creación y el dMarroilo suceskoo de
bs fuerzas y elementos del mondo. ( N. del T. )
TOMO !•
eentriñiga y centrípeta, tomó U foroKb do \
inm^sa esferoide, donde el cuarzo, el TeMÍfipalo,
el antibol , el talco y la mica se agruparon para
formar las rocas de granito y protogiao , nadan-*
do en un mar de fuego , del <}tte se desprendían
densos vapores , inaccesibles a la hiz. La estru»*
tura de aquellas primeras rocas es cristalina,
como resultado de la fusión ignea; la materia,
al consolidarse , se hi^ mas compacta , dejando
abertmras en las cuales se formaron los metates
y composiciones silíceas, ccmio el topacio, la
amatista y el cristal de roca; pero en todos estos
terrenos no se encuentran rastros de anímales ni
de yejetales. En d segando día aparecieron las
aguas; y en días, mantenidas á altísima tenn
peraCara por una pesada atmósfera, se formami
tas rocas de ¿ronstct^i, eslo es, aquellas en <f»
se imen los caracteres de la estructura cristaliáa
llevada á cabo por el fuego á los dd lento sedi-
mento de las aguas; dejáiidose ver islas y conti-
nentes, que se cubrieron de liqu^es, musgos,
algas y desmesurados heleohos, mienten muía*
bam ya en las aguas los animales invertebrados,
como pólipos, madréporas, amonitos y la gran
familia de los trilóbitos.
Los fragmentos de aquella gigantesca Tdela-
cion formaron las capas de carbón féeil de los
terrenos de transición. La atmósfera, en extremo
densa, depositó varias sustancias en estado de
vapor, y poniéndose con esto transparente, dio
paso á los rayos solares. El agua , menos cálida,
depositó sustancias salinas, que aumentaron los
terrenos inferiores. Los animales primitivos,
privados de la atmósfera densa , húmeda y te-
nebrosa , perecieron, y sobre los terrenos secn-
darios de esquisto, aq>^ron gris, sal marina y
creta blanca, aparecieron, á la tercera edadf,
animales vertebrados, empezandopor los saurios,
lepidoideos , escualos y otros reptiles y peces , sin
ningún mamífero; y la tierra se lleno de veie-
tales ramosos , de heléchos arborescrates, de ao-
vadísimas calamitas, como se ven hoy en los
trópicos, pero sin ninguna planta dicotdedónea.
En el cuarto día se presentaron los reptiiesde for-
ma enorme y monstruosa, con miembros amon-
tonados de una manera extraña, cuales hoy los
vemos con asombro al desenterrarlos del terreno
secundario, ratre la formación dd aspelon rojo
y la de la creta. En el quinto día los mamíferos
acuáticos y terrestres, en unión de los peces,
poblaban el mar y la tierra, donde dommabeía y
vejetaban palmeras, plantas amentáceas y dico-
tiledóneas; la atmósfera se purificó y los conti-
nentes crecieron con d alzamiento dé los montes
y el hundimiento de los valles, que se transforma-
ron en mares ; el agua , evaporada por ei calor dd
sol , cayó en lluvia sobre la tierra, lo que hizo que
fuesen distintos los sedimentos del a^ dulce de
los de la salada , y los terrenos terciarios, como
la arcilla plástica , el asperón blanco y la pí^ra
de afilar. Pareceque el mundo fue entonces tras-
tomado , quizá por el sacudimiento de un coma »
J¿ que desquicio los polos , de modo que el Océa-
no se precipitó sobre el continente y socavó
Srofunaos valles, dejando inmensos depósitos
e cantos rodados, lanzando á lo lejos enor-
mes trozos de montanas y desiruyencfo muchas
4*
4 BPOGA
razas de animales, cuyos esqueletos se encueiH
tran en portentosas masas dentro de grutas,
mezclados á ios de algunas aves. Las aguas,
volviendo á su nivel , formaron nuevos depósitos;
el terreno que resultó de aquí se llamó de trans-
porte ó de aluvión , y todo se prei>aró para la
aparición de la mas noble de las criaturas.
Cuanto mas antiguas son las capas de nuestro
fflobo, mas se diferencian los animales sepulta-
dos en ellas de los que hoy existen. En los pri-
meros tiempos de la consolidación quedarían
grietas por donde se exhalase el fuego interno,
de manera que el calor dependia entonces me-
nos de la posición de la tierra respecto al sol y
de la distancia de un punto cualquiera á los po-
los, que de las emanaciones gaseosas y de las
edialaciones ígneas de lo interior ; y pudo muy
bien haber calores intertropicales en regiones
•situadas baio los polos.
Esto explica por qué se encuentran en las re-
giones frías depósitos propios del Ecuador ; en
3 carhoit fósil troncos de palmera mezclados con
plantas coniferas, heléchos arborescentes, go-
niálitas, y peces de escamas romboidales óseas;
en el terreno calcáreo del Jura enormes esque-
letos de cocodrilos y plexiosaurios, de planúiitos
y troncos de cicadeas; en la creta pequeños
E" "Jamos y briozoarios, cuyas especies aná-
viven hoy en los mares ;'^ en el trípol para
^ y el ópalo harinoso, muchas aglooiera-
ciones de intusorios silíceos; en los terrenos de
aluvión y en algunas cavernas , huesos de ele-
fantes , de hienas y leones. Tales son las gru-
tas del mar dulce en Palermo, de Neusalz en
Austria, y una del Yorkshire, llena de esquele-
tos de hienas del Cabo y de huesos de tigres,
osos, elefantes y rinocerontes. ¡Cuánto tiempo,
y qué trastornos*^se necesitarían para que reinase
la libertad en el sitio donde andaban errantes
las hienas desenterrando y arrastrando tras sí los
huesos de fieras que hoy'solo habitan en los ex-
tremos del África! Esta es la primera reflexión
que se ocurre ai que se dedica al estudio délos
iosiles ; advirtiéndfose desde luego la conformi-
dad- de esta sucesión con el orden de la creación
que establece Moisés , quien (si solo se le quiere
atribuir una autoridad humana ) supo en su tiem-
po loque 3,000 anos después han desculMerto los
sabios á fuerza de fatigas.
Pero el que escribe la historia de los hom-
bres no tiene necesidad de remontarse mas allá
de la creación de los mismos. Por otra parte
¿qué es lo que puede asegurar aun la ciencia,
cuando tan poco ha profundizado el hombre en
el interior de la tierra ; cuando tan poco se ha
elevado sobre la superiicie del planeta (1) donde
es su destino vivir un breve día? Baste, pues,
decir, que sobre la corteza de nuestro globo se en-
cuentran en primer lugar i)ancoi^ de fango y de
arenas arcillosas , mezcladas con cantos rodados
procedentes de lejanos parajes, y con huesos de
animales terrestres, que sorprenden por su for-
(1 ) De Us 1,719 miUas de diámetro que tiene la tierra , apenas
liemos profundizado media miUa.y oa cuanto á nltura, Boussin-
f aalt y Hall llegaron en el Cbimborazo , el afiode 1831, á )a de 5,080
toesa», r Andreoli y Brioschi i la de •i,t¿40 en el globo aereostático qoe
se elevo en Pjidua el S4 de agosto de 1808. La sonda del rapitnn
A06s i^roftindizó 4,691 io?fts.
ció , Ó habita en
pueden aducirse
' que s<m fáciles
ma y su mole, cuya raza 6
otros climas : sedim^tos <
como prueba del
de distmguir de los que arrastnm los torrentes y
rios , que solo contienen huesos de animales del
país (2). '
Entre este terreno y la creta alternan los pro-
ductos de agua dulce y salada , que indican las
avenidas y las retiradas sucesivas del mar, y se
contienen en la cal , el yeso , el lignito etc. Sigue
la creta, formación inmensa en profundidad y ex-
tensión , depósito de un mar mas tranquilo , cnie
separa los terrenos terciarios de los secunda-
rios (3), cuales son el asperón , los esquistos cal-
cáreos y semejantes, mezclados de amonitas, con-
chillas y algún residuo vejetal. Por último vieneD
los mármoles, los esquistos primitivos, el gneis
y el granito.
Entre tantos restos de animales como se hai
descubierto en los varios terrenos, no se ha halla-
do ninguno del hombre, á no ser de los mas re-
cientes , ni un arma , ni un arco , ni uno solo de
los instrumentos <|ue anuncian su presencia ; en
vista de lo cual dice Cuvier : «Pienso , con De- ^
>luc y Dolomieu , que si hay algo bien averigua-
ndo en geología, es que la superficie del globo ?
»ha experimentado una grande y repentina re- '^
evolución , cuya época no puede iTijarse á mayor
'distancia que la de cinco á seis mil anos ; que
testa revolución anegó el país habitado al prin- J
>cipio por los hombres y las especies de animales, <
> mas conocidos hoy , reiduciendo á terreno seco el "
» fondo de lo que era mar, y formando así el país ^
»que actualmente se habita ; que despfues de.este .
•trastorno , uojequeno número de^individuos?^
isalvados de él , seespafcieimi v propagaron por
jlas tierras jenjulas; y que sofo desde entonces -
> empezaron nuestras sociedades á progresar, á
«establecerse , á construir edificios , á reunir he-
»chos naturales y á combinar sistemas cientí-
ificos.j
La autoridad de Cuvier es suficiente para tran-
quilizar el ánimo de cualquiera, y nosotros le
añadiremos la de Newton , Pascal , Kírvan , y
muchos otros ilustres nombres, que están con-
formes en sostener la concordancia de la natu-
raleza con las tradiciones bíblicas (4). .
Los que han se^ido diverso sendero , dedu- ^^
ciendo consecuencias contrarias al relato de Moi- ^^^
sés , suponen contemporáneas la creación de los
animales y Ja del hombre ; y calculando el qú-
mero de anos prex;iso para "^acumular inmensos
bancos de conchillas ó parar petrificarlas en el
seno de las rocas mas solidas , aseguran que el
hombre debe tener de antigüedad algo mas que
unos pocos miles de anos. A estos hemos contes-
tado ya. El italiano Tadini, considerando hace
(i) Bfckland» Reliqmar éUwkuw. Londres 4823.
BRONI..NIART , Uietéonmrre dea M»ences natmrtUea, tii. Eúu; y
De»eríptioH géologlqve den environsde Parts, p«r Cuvier el BnoH-
GNiART. París i8Í5 : de Vebster , ConsUnl-Prévost , HvuboMt. de
BONNARD, CONYBEARR, LaBIÍCHE. COLLEGNO, etC.
(3) Denomiiiariones que la ciencia dei>e alnndonarj como de-
masiadosístemálíras.
{\) Lo mismo sostiene Chaübard, en\m BiémensdegMiffie.
Ei qae no qoiera buscar obras nim 'largis j ,«everas, lea al
citado W1SEIÍA.N Y á PoRicHON , Etamem des guesti&iu seétntififiHf
de V age du monde . de ia phtnUité des eiipécet knmaiiiet ^def^r-
gonohffie, du ma/ériatíme ei ánfrts, eowtideréet ptr ropp«rt
anr cro^nce^ckréliennfs. París 1837.
ANTIGtl2DAD D£L MUNDO*
«
poco tiempo la progresión en que ei mar se retira,
que es de un metro en cosa de tres mil anos , y
hallando vestigios marinos en las mas elevadas
cimas y supuso necesarias para que bajase hasta
sa actual nivel tantas treintenas de siglos cuan-
tos metros suben las cúspides mas altas sobre ta
sa|)er6cie del Océano. ¡Ligereza por cierto ex-
traña en el modo de observar y de discurrir ! 6'i
el mar se hubiese retirado tan pacificamente,
¿ cómo explicar esos montones de condias y otras
materias , arrojadas con violencia y frecuente-
mente despcMlazadas en medio de sólidos trozos?
¿Cómo explicar esos inmensos bancos de con-
rhillas, de las cuales se han conservado intac-
tas hasta las mas finas v delicadas , lo mismo
que si se hubiesen pescado ayer? ¿Cómo la su-
perposición del granito á las cretas v hasta á los
pudiDgos? ¿Cómo las enormes piedras rodadas
que se encuentran en altísimas cimas y alejadas
medio mundo de las rocas maternas? ¿Cómo la
rara oosicion de los estratos inclinados con tal
variedad , unos horízmitales y otros hasta ser-
peantes (1)?
^ k todas estas preguntas responde, á mi en-
^.^ tender victoriosamente , la teoría no inventada,
^- sino meramente ilustrada por Elias de Beau-
^ moDt (3), según, la cual w son las montanas la
parte mas antigua, y como se decia, la urdiem-
ore del mundo , ni se formaron por el despren-
dimiento de las tierras ó el sedimento ae las
aguas , sino ¿ ctmsecuencia de un impulso dado
hacia arriba , habiendo sido levantadas , puestas
unas sobre otras, ó derribadas por una fuerza
interior. Debajo de la corteza de nuestro globo,
la cual quizá no tenga de espesor mas de unos
veinticinco mil metros, arde un giran fuego, caub-
sa de bs terremotos y volcanes y de las ascen-
siones de montanas (3). La elasticidad de esta
corteza hi hace experimentar una ondulación,
de manera que las mareas se verifican no solo en
las aguas , sino también en la misma masa ter-
restre; V si hoy son casi insensibles, en otro
tiempo (íebia ser su flujo y reflujo de unos cinco
á seis metros. Esta doctrina , al paso que mues-
tra la sencillez de los medios que emplea ei Cria-
dor para conservar el orden del universo, explica
( < ) U explicaiDioii mas iagenioa de este fenómeno, la <UÓ Green-
Migfa, sopotiieiMlo qae estos estratos se formaron donde se ha-
QaB,det iéUdo nuxb que haciendo hervir agna y sosa se in-
ciwtanlee ^epáaitoa en el interior del vaso. Pero, encontrando
cmno encentfaDfeos en estos estratos guijarros j conenillas, ¿eómo
henos de creer <|Qe pennaneeiesen Imááviles y en suspensión hasfa
qw lleaie nra ellos la hora de la ineruatacion ?
«su idea i no sistema completo^en los Anales de ciencias natura-
«ttpoMicados en setiembre de IS29 y años saeesivos. Es eurioso
»c<»tiar esta doetrina indieadd en la Biblia , Ps. GUi. 8 : Aseen-
mutí montes ^ ei descendunt campi, in locum quem fundasíi eis. Asi
a foniiaeion de los montes es distinta de la de la tierra. Ps.
LXXXIX. 2: PrisiMnam mmtUs fieiwU, ant formaretur ierra
^ (3) Coaniu', Esmi sur la températnre de V inierieur de la
i¡^re Aead. de las ciencias, julio de 1S&7. Marcelo de Serres pro-
M Dltimameote la existencia de este calor central estudiando
fwrus cavernas , descnbierUs cerca de Montpellier , donde oasan-
«0 de los 30 metros de profundidad , á que no alcanza la accfon del
^l> se eleva la temperatura en la proporción de un grado por cada
w metros que se desciende. Continuando la progresión, á los 3,000
>»^ d agua deber* her\'ir i los 3,800, liqnidarae el aiufre , á los
^el plomo y « losSEMN» el hierro. U excavación del poto arte-
»? fft ^"?^ en París , sonrinistró un nnevo medio de medir,
«R pwuera decine paso i paso, el aumento del calor snbterrAneo:
^'J^^n^Jiodejade hater quien impugne la exUtene^ del
la formación de los terrenos mucho mas satis^.
factoriamente que los decantados sistemas nep-
tunianos , para cuya inteligencia es preciso su-
poner que cincuenta mil quilómetros ae materias
terrosas y metálicas han estado alguna vez di-
sueltos en un quilómetro de agua. ^
En cuanto se enfrióla primera costra, se for- •
i^iaron frrandes aberturas , por donde entró la
atmóstera impregnada de pesados vapores , que
mezclándose con la masa ígnea délo mterior> se
convirtieron en gases, cuya fuerza inmensa de
expansión hendió las rocas en diversos sentidos.
Por esto se encuentran en los terrenos primiti-
vos y en el centro de las montañas de primera
formación, peñascos verticales, volcados, encor-
vados , esparcidos en completo desorden. Cuando
el agua apareció en la superficie de la tierra,
penetró hasta donde hervían las materias ea fu-
sión , y estas ascendieron ya en forma de cúpu-
las , como las montanas traxíticas , ya cubriendo
las llanuras á modo de una erupción volcánica,
?a formando rápidas pendientes , como los Alpes,
como los terrenos de sedimento no se unen
entre si por medio de insensibles transiciones,
sino que se separan con violencia , según las re-
voluciones que ha experimentado el dobo, pue-
de deducirse de esta circunstancia la edad de
las montanas.
Algunos de los estratos están levantados y
otros no ; y los inclinados se hallan cubiertos de
otros horizontales de tiempos mas recientes, esto
es, que se han formado aespues de la elevación
de las montanas ; lo cual indica que estas son
mas ó maios antiguas en proporción del número
de estratos levantados que contienen. Las que se
elevaron al mismo tiempo , parecen dispuestas
paralelamente á un círculo de la esfera , de modo
que.se conoce las que son contemporáneas y las
qué no , por su dirección y por las líneas dife^
rentes de los estratos. V
Al elevarse una montana del seno de la tier-
ra , alzó consigo el terreno estratificado sobre-
puesto, que por lo mismo quedó en pendiente, al
5 aso que el que se estratificó con posteriori-
ad permaneció horizontal. En las montanas de
Sajonia , de la Costa de Oro y del Forez , son
horizontales las tres especies de terrenos supe-
riores, y es solo levantado el asperón oojítico,
lo que indica aue son antiquísimas. En los Piri-
neos y en los Apeninos dos capas inferiores son
levantadas, y norizontales las dos superiores,
de donde resulta que son menos antiguos , como
las montanas de la Dalmacia y la Croacia, y
los montes Carpacios. Los Alpes occidentales
tienen elevadas las tres capas inferiores y hori-
zontal solo la de aluvión. El monte Blanco, el
mas alto de Europa , es mas moderno que los
Pirineos y los Apeninos. En el San Gotardo, en
el monte Ventoux y otros Alpes centrales se ven
levantadas las cuatro capas de tierra : se cree
que son contemporáneos suyos el Atlas y el Hi-
malaya, y mas recientes las cordilleras de los
Andes.
Las líneas de elevación por donde brotaron
las montanas , surcan el globo en dirección irre-
gular. Si siguen una sola dirección , el país se
asemeja á una isk ó á wa pe9Úls^la prolongada
IPOCA PRUOBaA.
como Creta , la Eubea , la Italia ; si es una oús-
Side aislada, la isla es esférica, como Geílan.
i la línea de elevación forma varios sistemas
paralelos , entre ellos habrá lagos , golfos , var-
Jles. A -veces dos ó mas sistemas de elevación se
I encuentran , y de ahi nacen triángulos ó cua-
drados , cuya parte interior se llena de terrenos
de aluvión/
La experiencia de todos los dias robustece la
doctrina de Beaumont ; pues que si las ovacio-
nes han disminuido , no han c^ado sin embargo.
De Balh ha demostrado que en Suecia d terreno
se eleva re;gularmente; Roberto Stevensohn sos-
tiene con pruebas que de tres siglos á esta parte
ha subido el fondo del mar del Norte y del canal
de ia Mancha (i^; muchas vias romanas, litorales
desde Alejanaría á Bélgica , demuestran que el
Mediterráneo no ha alterado su nivel , y con todo
varios edificios construidos á sus orillas están cu-
biertos por las aguas. GiSéndonos á Italia, el
templo ae Serapis cerca de Pozzuoli , nos dice
cómo las márgenes pueden parciaimehte subir ó
bajar. Conocemos con segundad la época en que
se elevaron antiguamente, en la Ar^óade el monte
Meton, d monteRojo (i669) en Sicilia, y el monte
Nuevo en los Campos Flegreos de Ñapóles. En la
noche del 29 de setiembre del7S9 se elevó cer-
ca de Yalladolid , en Méjico , el Jorullo , volcan
e tiene de altura K13 metros , rodeado de mas
¡e veinte pequeños cráteres. En las aguas de
Santorin , en el grupo de Lípari , en los archi-
piélagos de las Azores , de las Canarias , de las
Aleutianas, se ven cada dia islas nuevas. En
1831 podiamos pasearnos por la isleta Ferdi-
nanda , que se nabia elevado hasta 300 pies
sobre el nivel del mar de Sicflia , entre las cos-
tas calcáreas de Sciacca y la volcánica Pantela-
ria , y que á poco desapareció (2). En 1772 , en
la isla de Java , durante una erupción espantosa,
se hundió el volcan de Papadayang , que se al-
zaba alanos miles de pies sobre anchas bases;
. k) que hizo que el terreno se conmoviese hasta
muchas leguas en derredor j que muriesen tres
mil personas. En la erupción de 1822 bajó la
cima del Vesubio 41 toesas (A).
Lyell ha demostrado que en el condado de Lan-
caster se encuentran conchillas recientes en depó-
sitos marinos á quinientos pies sobre el nivel del
(1)V. SnTimom, OtoerMoloMt ^ok^ «i kúko4el wtar del
liorle ifde(a Maneta; Poktis . sobre ios cotias del Adtiátiw; j las
todanciones de Kkilhad en él BuUelim de ¡a sodété gMolfiqué,
c. Vu , 1877 » donde hace ter qoA Ii pentnsvlt eaotiduiava crece
Ínegnlarmente lucia Levante.
(i) La liistoria recuerda las islas de Tera y Terasia (SmOorimt
ÁtproHixt) ; dos de las Cicladas en el mar Biéo , ellV aAo de la
53 olimoiada (TuN. ü. 87); la de lera (Cammeni) , 130 afios des-
pees , y b de Thia en el IV año después de i. C. Bn 727, babléodoaa
vtelto 4 enceader el volcan de SanioriDo , anió i Tbia y lera , segna
Teobnes y Cedreao: en 1127 esU isla se agrandó considerablemen-
te. En 1573 salid de bs agaas la peqnefia Camenol , qne loego se
tameitd en 16S0 y mas aon en 1707 (Raspe, Speeimeñ hUtarUB
m^walis fioi^i íerraqua , pracipue de novis e maH ñutís insults).
En 1638 apareció y desapareció nna isla cerca de San Nignel en las
Eolias, ^oe salió de las aguas nuevamente en 1719 y en 1813. El 10
de mayo de 1814 se formó en las cosUs del Kamschatka la Isla
Boyslaw , en medio del estampido de los truenos. *
* Goiiido se descubrieron las Canariu , Km descubridores ?ieroa
rreeer y desaparecer una isla ; y actualmente cerca de San Sebas-
de GnJpdzcoa se halla cubierta casi enteramente por el mar una
f rmiu, donde en I8S5 se celebraba lodavia el oOdo iUtIbo.
W M TJ
. (?) ^^^ 7 fiímboldt enoontraron cotehUlas marinas -en los
ÍS^'ír'^ metros de elevación, lamadas allí no por el creci-
inie&to del Océano, sino por agestes Voléateos. *^
Océano (3); los terremoios ban devddola costa
de Chile, que aun ^ eso, va creciendo gra-
dualmente , mientras que por el contrario bajan
las occidentales de Groenlandia y Escania, donde
ttsarocade^ranito, señalada por Linneo en i749,
se ha aproximado al mar unos 100 pies , lo <]ue
pruébala teoría de Hutton aoerca de la elevacioA
del fondo de ios mares , en virtud del calor cen-
tral. La isla de Terranova va elevándose en to-
das direcciones , tanto que muy pronto quedarán
inservibles los iNiertos. ¿T quien sabe si tales
elevaciones y hundimientos son nna ley ge-
neral , que obedece 4 otras leyes fijas é umu-
tables?
Apenas se ven hoy dia en toda la tierra unos
cuantos respiraderos por donde de vez en cuan-
do salen materias ígneas ; pero , cuando la cor-
teza del globo era meaos «Mida , y la incandes-
cencia se hallaba mas próxima á la superficie y
sometida ann á poderosas fluctuaciones , ya se
elevaban las partes internas , ya se fafindÜian las
extemas , lo qne ponía de nuevo en comunica-
ción la masa fundida con la atmósfera ; y los
efluvios gaseosos, que variaban según la pro-
fundidad de que provenían, llevaban consigo
una especie de nueva vida á los sucesivos de^
arroilos de las formaciones plutónicas y meta-
morfósioas.
Hmt una admirable análoga entre la forma-
ción de las rocas granulentasqne las olas de lava
forman en la pendiente de los volcanes activos,
y las masas internas de granito, pórfido v ser-
pentino, (|ue brotando de tierra abren los liañoos
secundarios , y los modifican con su contacto, ya
endureciéndolos por medio de la sílice que en
ellos introducen, ya impregnándolos de dolo-
mita , ya produciendo en dios cristales ée muy
diversa composición.
Tampoco se puede decir que son necesarios
miles de siglos para qne los seres orgánicos se
conviertan en fósiles , atento que la experien-
cia ha logrado petrificarlos en poco tiempo, por
medio de combinaciones químicas (4).
Mas ingenioso y directamente opofesto á la
época señalada para la creación del hombre , es
el argumento de los que mostrando los tras-
tornos acaecidos en la superficie de la tierra
desde los tiempos de* la tradición , aseguran
que no podían naberse verificado sino con el
transcurso de muchos siglos. Estos, sin embargo,
no han calculado suficientemente las fuerzas que
todavía emplea la naturaleza, para producir in-
mensos trastornos. Dejando á un lado las tormen-
tas y los terremotos, reacciones de vapores Cometi-
dos á una enorme presión en el seno déla tierra,
que de repente (Cuba y la Guadalupe lo saben)
mudan la faz de un pais , cuéntanse cuatro cau-
sas de grandes y continuas transformaciones en
la superficie del globo : las lluvias y el deshielo
que, por decirlo así , descortezan las montanas
y arrastran á las faldas sus despojos ; las aguas
(i)G«ppert de Breslau obtiene petrifleadones , capaces de
engaiUr i los geólogos mas experiauntadot. Coloca heléchos en-
Í5-Í*K*.?*/*^^» ^ seca alfnegoóal8ol,y le ksbIU una
plaDU tteil. Sumerge TcjeUles ea ana diM»laetofi de soleto de hier-
ro hasta aue eatéii bien pasados , y después tos enema ; hactéodoles
perder todo vestigio de materia orgánica ; y el óxido de hierro one
^Moitfli» tiene la formt de Ja planta. Amk» de bu céeMku natura^
^*,abrildelS37. ^igitized byCoC / •-
ANTIGOsDAB I^El ATONDO.
coriráites , qae barren estos fragmentos , para
depositarlos alti donde se disminuye la rapidez
de su cnrso ; el mar , que socava las costas ele-
vadas , alterando las playas , y arroja montes de
arasa sobre las bajas ; en fin , los volcanes que
perforan k» estratos salidos del globo y cercen
á lo lejos sus erupciones.
El desmoronamiento de las tierras obstruye
el curso de los nos y los convierte en lagos, des-
truyendo llanuras caltiv^as y ciudades populo-
sas! El que haya visto precipitarse los torrentes
desde los Alpe» ; salvar el Po sus barreras , y
agitarse en tempestades el Océano , podrá decir
de qué son capaces las a^as. Aun sin esto,
los nos , cargaaos de materias extrañas, pierden
su veiocidad al llegar al mar y depositan alU un
sedimento que se va aumentando hasta formar
provincias enteras; las cuales puestas en cultivo
alimentan á los hombres alli donde antes nada-
ban monstruos marinos.
Por el contrario, el mar en su flujo lleva siem-
pre nuevos montones de arena á las costas ba**
jas , V en cada reflujo queda enjuta una parte
que el viento marino lanza mas adentro ; de tal
oumIo , que si el hombre no pensase en detener-
las, estos montones cubrirían los campos y co-
marcas, y con la acción del aire, de la hume-
dad y def tiempo , se endurecerian juntamento
con los vejetales y animales que sorprendieran
en su invasión. En los sitios en que la costa se
alza llena de rocas y escarpada , la marea azota
V socava los cimientos , ocasionando la caida
de enormes masas, que las aguas rompen luego
y desmenuzan , deprimiéndose con esto mas la
piara.
Entretanto , rios y torrentes ^arrastran al fon-
do de los lagos nuevas materias , que pueden
basta cegarlos, y el mar cubre de cieno los puer-
tos y las bahías.
La influencia de estos solos agentes ha cam-
biado el aspecto de muchos paises aun después
del último diluvio , y de ello se ven rastros indu-
dables aue suplen ó confirman laHistoria y la tra-
dición (4). Imagínémonos la Europa en el tiem-
E) en que los estrechos de los Dardanelos y de
ibrattar eran lenguas de roca que la unían al
Asia y aü África. Los mares interiores , de mas
alto nivel , cubrian las tierras bajas ; estaban
sumergido^ por las a^as los llanos de la Lapo-
nia, lai Rusia y la Sibcria; y el Zahara era un
golfo proftindo. Las gargantas de las montanas
d rondo de los valles no estaban aun ocúpa-
los por los terrenos de transporté, sino que lor-
maban lagos , lagunas y bahías , que d^ues
constituyeron los rios y valles del Po, del nhin,
del Garona, del Sena , del Elba^ del Oder, del
Danubio. El ]Mar Negro se abrió , después de Icfd
tiempos históricos, comunicación con el Caspio
y el Bosforo de Tracia; el primero y el lago
Xral se comunicaban entre sí , y el mar del Norte
llegaba hasta cerca de aquellos, atravesando d
continente. Las laudas salinas, que tanto abun-
dan en Asia, en África y en la Europa Oriental,
(1) Acere» de tnstornos en la superficie del globo, vahietó-
ricos ya tnuüdoaales, debidos i cansas qae existen también bori
véanse los becbos recopilados detenidamente por el enidUo I«
UoEs. GotUDf» i8í»rTM , 2 1. en 8.*
5,
prueban que el Mediterráneo ocupaba stnIeB ma-^
cho mayor espacio ó inundaba oíros sitios (2).
ProbaUemente los montes Urales eran una gran-
de isla (3), al paso que algunas islas de la Ooeanáa
estaban uividas al Asia Meridional, y á la SepteiH
trional lo estaba la América. Los Griegos con-^
servaban memoria de un continente llamado Le^
tonia, que ocupaba gran parte del mar Egéo. El
rompimiento de las rocas de Ahila y Calpe , que
introdujo al Mediterráneo en los puntos donde
florecían llanuras populosas, está representado
en ja fábula de Hércules. ¿Por qué creer mero
sueno de los sacerdotes egipcios la grande isla
Atlántida , que ha desaparecido del globo? ¿Qué
razón podían tener para inventar un relato ajeno
al culto , á las ideas , á los intereses que repre-'
sentaban? (4). La tradición recuerda repetidos
diluvios de Grecia , en la oial la Tesalia debió
ser un vasto lago <Tue se desaguó por el Peneo,
y al contrario la Beocia huw de permanecer
ane^a por las avenidas del lajgo Copai (8].
Viniendo á tiempos mas próximos, en la época
de Homero se podía navegar directamente desde
la isla de Faro al lago Mareotis , que tenia cin-
cuenta millas de extensión. Estrabon, que vivt6
nueve siglos después de aquel poeta, encontró
reducidas estas millas á menos de veinte, y las
arenas arrojadas en aquel fK)r el mar y el vien-
to , formaron la lengua de tierra en qulf se fun-»
dó Alejandría , obstruyendo la embocadura maft
próxima del Nilo y cegando el lago (6). Por esto
los sacerdotes egipcios digeron á Herodoto, que
miraban su país como un don del Nilo (7) y que
hacía poco tiempo que había aparecido el Delta;
V en efecto, Homero no habla de Menfis , sino de
Tebas solamente (8). Las principales bocas del
Nilo eran la Pelusiaca y la Canopea ; y de unaá
otra se extendía en línea recta la playa cuando
Tolomeo trazó sus mapas ; en seguida , el rio
ocupó las embocaduras Bolbltina y Fatnitíca , y
las playas se prolongaron en forma de media
luna. Roseta y Damieta, que alli estaban hace
mil anos á orillas del mar, se encuentran hoy á
dos leguas de distancia , y el suelo del Nilo , al
paso que vá prolongándose , también se eleva,
10 que ocasiona el que los antiguos monumentos
queden en gran parte soterrados.
Entre los infinitos ejemplos que todo país me
ofrecería, elijo los de aquellas regiones sóbrelas
cuales fija especialmente la Historia su atención.
(!2) Véanse HcMBOLDT y ScHUBAKDT.
(3) Una de las particolaridades mas txtmtim €¡hBenMs'p9t
fie<)ffral¡M modernos, es el bindimiento ie qu poccion tan cntm
del Asta , en rededor de los montes Urales. El Caspio y él lago de
Aral eofistitoyen la parte mas taja ; el primero esti 50 toeaat mai
iMúo que el nivel del mar, el otro 31 , sesim Bombo Mt, me cal-
cula eiL 10.000 millas cuadradas alemanas la superflete de esfe valle.
Saraton, á orillas del Vol«a y Orembargo eobre el Oral, aimqt*
distantes del Caspio, están apenas al nivel del Océano.
(4) Boryde Saint- Vincent , en sn Bssai sur les isíes Forí»néM,
pretende qne la Atlántida estirro eompaesta de las Acores, al extre-
mo septentrional ; de la Madera al oriental , con las islas circun-
vecinas; de las Canarias, al Sur de la Madera, v de las Islas de Cabo
Verde al extremo meridional. OpinioD ya emitida antes, atoóte no
con tanu eucütud, por MeateUe. Véase en la BneM§f9Íle, el
art. Atlántica insola,
(5)DUuvlodeOglges.
(6) Véase nna memoria deDoLotino en el JaurmlilaPkmtifne,
t. xLa» p. 40; donde calcnU dos pies de altuten la ttent it ah-
vion del Delta eglpelo eada ISO afios.
I .A1)KKKiwno,Buterpe.ñfib.
(: (8) La obiemcton jes ie Aristótelee, en el lib. i, c. U de ion
I Meteoros,
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ÉPOCA nmmu.
Tomando por argomeolo estas inundaciones del
Nilo se impugna la ilimitada antigüedad á que
aspiran los Egipcios; y Girardin (1) demuestra,
que el terreno oe los paises del Nilo se eleva 126
milímetros cada año , y como aquel sobre que ^
J^ebas fue fundada , está á seis metros de pro-
wndidad , resalta que no puede aspirar mas que
á 45 siglos de antigüedad.
Otro tanto que con el Delta del Nilo se de-
muestra con el üel Ródano, cuyos brazos en 1 ,800
anos se han prolongado nueve millas. Las mas
bellas ciudades de laEolide se ven cubiertas de
cascajo: Elea, Cumas y Pitaña sobresalen ape-
nas de entre las arenas del Caico que cebaron
el puerto de Pitaña y el golfo que está enfrente
de Elea. No le costará mucho al Ermo cerrar
el golfo de Esmirna; el Meandro convirtió en
lago el de Mitilene; el de Efeso, fue cegado
por el Caistro (¿): ¡cuántas alteraciones en po-
cos siffios ! Asi es como las dunas del golfo de
Gascuña sepultaron muchas poblaciones que fi-
guraban en los mapas de la edad media, y ame-
nazan envolver aun á otras avanzando casi 72
pies al ano , de manera que al cabo de 20 si-
glos llegarán á Burdeos (3). Bancos de arena
roja mal contenidos por el oosque de Facardino
avanzan sobre Beirut en la Siria. Denon (4)
enumera cuántas ciudades y aldeas dol Egipto
fueron invadidas por las arenas desde que la
inercia musulmana no se cuidó de trabajar en su
reparación; y concluirían últimamente por cubrir
todo el espacio que existe entre la cadena líbica
y el Nilo si el actual virey no hubiese mandado
plantar millares de árboles que forman un bos-
que en los valles arenosos. No pasará mucho
tiempo sin que Basora vea llegar el oleaje que
confundirá con el. Golfo Pérsico las llanuras, que
en otro tiempo florecieron con espléndida civili-
zación. •
¿T por ventura no tenemos á la vista Venecia
Iue con trabajo conserva sus lagunas, v Rávena
istante en la actualidad tres millas del mar que
tocaba sus muros , y Adria alejada 18 del golfo á
Íiie daba nombre? Se asegura aue los collados
uganeos fueron islas. El Po , desee que corre es-
trechado entre diques , ha elevado sú álveo sobre
los techos de Ferrara (5) : tremenda amenaza, se-
mejante á la de los rios de Holanda que arrastran
sus corrientes á 30 pies de elevación sobre la
llanura. Desde el ano 4604 hasta el presente, d
Po ha prolongado 6,000 toesas su lecho hs^ta
formar casi un mar , y para remediar los danos
que pueda hacer será preciso abrirle nuevas des-
embocaduras en los terrenos de|M)s¡tados por
él mismo. Parece que en la campiña de Roma
el mar azotaba los muros de Tarquina de la que
actualmente dista una legua : Trajano construyó
en la embocadura del Tiber un puerto que ahora
dista 2,200 metros de la orilla; y una torre fa-
(1 ) MferUiclon i ta Acadenia de las ciencias ÍM^.
(2) TixiVR, Rsppori au miitUtere de V initruetíon putíi"
ft, 1837.
(3) V. la Memoria de M. Bremonthier:5«r /« fixéiiofuks dunes.
4 ikteHptioiíder Bfipte.
(5) Proijr. enearaado ea tiempo del reino de Italia de estu-
diar los medios de impedir las inandationes del Po, examinó bs
▼ariaciones que liaMa experimentado la orilla del Adriático en las
Iwcas del mismo rio : daremos cifenU d« su resaKatlof en naeilro
Libro m.
bricada en tiempo de Alejandro VD junto al mar,
está actualmente á una distancia de 5S4 metros.
Estos son los cambios qü^e en los tiempos his-
tóricos han producido solamente los guijarros
arrastrados por los rios y los bancos de arena.
¿Quién podrá decir el efecto causado por SOO
vdícanes que subsisten encendidos (6) , y que
segUJD^el calculo de Lyell producen 20 erupciones
por ano, situados los mas en paises cuya civi-
lización no permite oue se omserve memoria de
ellos? En ISÍ8 la isla de Sumbawa, sacudida
por un terremoto desde el 5 de abril hasta julio,
sufrió tal alteración en un radio de 1,000 millas
inglesas, que los buques se hallaron en seco so-
bre el punto donde habian anclado , y el terre-
no por donde se caminaba á pié firaie se vio
cubierto de una porción de metros de agua: sin-
tiéronse los sacudimientos hasta en las Molucaa
en Sumatra y Borneo; y ea Java distante 300 mi-
llas, produjeron las cenizas una oscuridad mas
profunda que la de la noche , y de 72,000 ha-
bitantes apenas 120 se salvaron con vida. Un
invierno rigorosísimo, una obstinada sequía, un
rompimiento del mar, y una larga carestía po-
drían figurar entre los mas altos héroes si debie-
ra el heroísmo regularse por los estragos causa-
dos. Pero es cosa ya convenida que no se haga
mención de ellos en la historia racional porque
no tienen ó no presentan aquel encadenamiento
de causas y efectos , que es lo único que puede
dar interés*^ á la Historia. Sin enibar|B;o, ¿quién
no echa de ver el trastorno que sufriría nuestra
humana raza si se alterase en 10 ó IK grados la
temperatura ordinaria de un país; si los vientos
periódicos caoibiasen su acostumbrada direc-
ción; si una cordillera de montanas se elevase
entre las llanuras del Rhin y el Danubio? Ahora
bien; ^quién podrá decir que el orden geológico
de la tierra ha llegado á su perfección ; que el
trogresivo enfriamiento de sus primeras capas
a cesado de ser sensible e^ la superficie? ¿Quién
podrá enumerar los nuevos desastres naturales
de aue está amenazada nuestra especie?
No trabaja solamente la naturaleza en des-
truir , sino que aun al presente forma nuevas ro-
cas y nuevos terrenos. Los continuos depósitos
de travertino* del Tivoli cerca de Roma, y los
que se verifican en Hobart-Town en la Austra-
lia son imagen, aunque débil, de la formación
de los terrenos fosílíferos. El mar, aun en nues-
tros dias, en virtud de influencias poco ccndocí-
das , produce en las costas de Sicilia , en la isla
de la Ascensión, y en la laguna del Rey Jorge
en Australia , ya por precipitación , ;^a por in-
crustación, ya por cementación, pequeños nancos
calcáreos, que en algunas de sus (¿rtes adquie-
ren la dureza del marmol de Carrara. El mar y
las tempestades produjeron en la isla de Lanzar
rote, en la Cananas , un estrato de oolita, seme-
(6) Aaaco en el Annaúire dnkure^u des hn^iudei, Í8Í4, dijo
^e hibia entonoes 16S voléanos ardiendo. Ñas abora se conoeea
▼a 5S8, de los coales tt existen en Enropa no ooraprendiendo ia
tslandia,126en Asia, 25 en África, 904 en América ji» en U
Oceante.
( * ) Asi se llama una especie de earbojato de cal amarillento qoe
con la acción del aire se endurece y adoniere un color rojin>. Esta
roca, que sirvió en otro tiempo para fiíbricar los mejores monomen-
tos de Roma , se forma todavía noy con el «edimento de los rios e a
dertos par«j«t.
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AICTIGÜE1>ÁD DEL UVmO.
9
jate al calcáfeo del Jura, pero modernisímo. Al-
gonas afuas por medio del ácido carbónico de
qoese hallaa saturadas, disuelven las sustancias
calcáreas y luego las dejan cristalizar en forma
de estalactitas, crue oponen un dique á los táre-
nos de alavion formando terraplenes naturales.
&tefenÓBíieno,jpor lo general lento en otros paí-
ses, es activísmio en ios mares ecuatoriales,
donde podría decirse que hallándose la civiliza-
áon en un estado naciente, no ha conquistado
aun la naturaleza la calma de nuestras zonas.
Intrincadas ramificaciones de coral v otros zoófi*
tos se lanzan desde una á otra de las montanas
submarinas que circundan los continentes de la
Oc^jiia, y constituyen concavidades que al lle-
narse forman nuevos bancos é islas que los salva-
jes comparan con polvo esparcido por la mano
de un gigante. En torno de la isla de Peel, y
en el espacio míe media entre el Sur de la Nueva-
Zelanda y el Norte de las islas de Sandwich , se
agrupan sensiblemente tales montones de polipe-
ros, que hacen peligrosísima la navegación hasta
para las naves de mayor porte; el mar va acu-
mulando soIm« ellos una arena calcárea que poco
i poco k» convierte caí tierra firme, donde el vien-
to y las aves depositan semillas que no tardan en
eenninar; de manera que donde poco antes an-
daban combatiendo las olas, se ven verdear los
prados. Qoien contempla aquella rápida mudan-
a retrocede con su imaginación á los tiempos
que precedieron á la existencia del hombre , y
cree qae aon no ha llegado el fin del dia aquel
en que el Criador separó la tierra de las aguas.
Esk el Océano Pacifico se encuentran millares
de islas madrepóricas, separadas entre sí en
apariencia, ñero «lazadas realmente por bajos
tanorf>ien maorepóricos hasta el punto de facilitar
d vado por e^acio de mas de 280 leguas. Unas
veces se inresentan en línea recta, otras en for-
ma drcubr dispuesta al parecer artísticamente»
lo cual depenoe de su situación sobre ciinas de
montaiassobmarinas, que varían en su disposi-
doQ según que han sido producidas por eleva-
ción 6 por volcanes. Debe, pues, considerarse
aipiellakrga cadena, de las Maldivas y de las
Lacpiedivas como indicio de las cordilleras sub-
marinas. La obra de estas vejetaciones maríti-
mas pnede elevarse medio pié en el espacio de
mi siglo; pero al llegar á la superficie de las
aguas cesa su formación; por lo cual estas islas
son todas bajas cuando no las elevan las fuer-
zas elásticas subterráneas, ó bien la tierra que
se forma en su superficie y la arena depositada
c&eña'jpor d mar (1).
T nonay para qué decir cuanta sea la fuerza
prodndora que desplégala naturaleza en los ter-
renos nuevos, ya por lo tocante á la vigorosa
cMil:
OiilBS Dtnria paMic^ en 1843 una obra imporUnte sobre li
4c tas islas y de los arreeilés de eoral, donde se paede se-
odd proecdimieiito naraTílloso de aqaeUos aninalejos
AB se deanestra como machos terrenos de los mares
Taa bajando ó ban bajado en algon tiempo, al paso
^ le eteran continnamente, como lo prueban los oancos de
maétínnst machos de estos en las islas de Sandwich á
attora sobre el mar, aonqne es cierto qae sn formación se ha
áMo del agua. Sumatra , ia?a , Tamba , Timor , Gilolo,
«TXft Formosa , y Lo-Cho signen elevándose todavía de.
alca día aodrd aquella cadena de islas unirse por on
la icaiiMiale Ibiaea, j por otro coa la cosU oriental de
, eqwrlrtjMido aqael mar en on mediterráneo.
veietacion de que se cubren , ya por lo relativo
á la multiplicación de los animales. Una de es-
tas islas a donde arribaron algunos náufragos
ingleses en 1589 fue encontraoa por los Holan-
deses en 1667 con una población de 12,000 al-
mas descendientes de solo cuatro madres (2).
Cien anos después del descubrimiento de Nueva-
Espana, pacían en su territorio rebaños de 70 y
hasta de 100,000 cabezas, advirtiéndose que
las reses fueron llevadas por los Españoles ; y
otro tanto puede decirse de la multiplicación del
ganado vacuno (3). Sin salir de Italia pnede
verse cuan lozana y activa se muestra la vejeta-
cion sobre las lavas modernas. ¿Qué es pues, lo
que deberia ser, allá en los tiempos primitivos
cuando la corteza de nuestro glooo acababa de
reducirse á la actual condición?
Con relación á nuestros terrenos flegreos, dio
bastante que hablar la observación que el in-
glés Brydon (uno de los muchos extranjeros
!|ue abusan de la hospitalaria confianza de los
tállanos) atribuyó al canónigo Recupero. Es-
cribió, pues, que habiéndose hecho una exca-
vación (4) cerca de Jací Reale en Sicilia, se
encontraron siete bancos de lava, alternando
con un elevado estrato de mantillo; v calculan-
do que lo menos se necesitan 2,000 anos para
que este se sobreponga á la lava , inferia que
agüella montana no podia menos de tener 14,900
anos.
Pero en primer lugar, hombres científicos de
mayor doctrina y experiencia , probaron que de
ningún modo se puede determinar el tiempo que
tarda en formarse el mantillo sobre la lava;
pues se ven algunas antiquísimas, que se con-
servan áridas V negras como las vomitadas por el
Etna en 1836 , en tanto que la de 1636 está
cubierta de frondosos árboles y vinas : y al mis-
mo tiempo entre las seis capas de lava acumu-
ladas soore Herculano , cuya época de destruc-
ción conocemos á punió fijo (5) , existen venas
de tierra buena para la vejetacion. Por otra par^
te , se desvaneció aquella opinión habiendo Do-
lomieu manifestado que en las citadas lavas de
Jaci no se halla intei^uesta ninguna zona de
tierra vejetal (6).
Sin recurrir^ pues , á millares de siglos , pue-
den las referidas causas explicar las alteran
ciones ocurridas sobre la tierra aun después de
haber venido á ella el hombre (7), y de haber
cesado las violentas agitaciones que durante la
aurora del ^ran dia ue la creación conmovie-
ron la superticie de nuestro planeta , como hoy
lo hacen en la luna , agitaciones que están bis- ^^
tóricamente indicadas en el diluvio de Noé y en nas añ-
el querubin de la espada de fuego. ^v^^-
Son iguahnente falsos los argumentos de los '^'
que han citado obrashumanas como bastante mas
(i) BuLLsr, Reponsa eritífuet ele, Besanzon 1819, ton. m,
(3) ÁcosTA, mst. nat. y moral de Us Indias. Barcelona 1891,
pftí. 190.
(4) Viaie por la Sidiia y Malta. Londres 1773.
(5) Smith, JÍ^. Mbre ¡a SUMia ysusisiat. Londresl821. Ha-
bla sido enriado por el gobierno inglés para explorar estos países*
Hamilton. Transace. fio», tom. LXI, Pí«..7.^^^^ ^ ^^^
(6) Msmoiret tur les Ues Ponees. París 1788, pág. 471.
(7) Tnüt ergo Domimu Deut kamlHem etpoñtUamUí
iUo vohiptaiis. Gen. Ü. 15. i ^ ^ .
Digitized b^vnOÓ'
sM
ID
antiguas que la Iradicioii mosaica. ¥ si alguno
sostuvo que las minas de hierro de la isla de
Elba deben haber sido explotadas por lo menos
desde hace 40,000 anos, otros probaron (1) con
mas fundamento que han bastado 5,000 anos
para reducirlas al estado en que hoy se encuen-
tran , suponiendo que los antiguos sacasen de
ellas una cuarta parte apenas del mineral que
se extrae en la presente época. Pero , ¿quién no
echa de ver la enorme cantidad de hierro que ne-
cesitarian los Aoraanos para vencer y conservar
encadenado á todo el mundo?
£1 general Dessaix, en la expedición de Buo-
ñaparte á Egipto, persiguiendo al derrotado ejér-
cito de Murad-bey, fue el primero que advir-
tió un zodíaco esculpido en relieve en el templo
de Dendera ( Tentyris) : y otro se encontró en
Esné {Lalopolis), con los mismos signos zodia-
cales que usamos , pero distribuidos de diverso
modo. £1 tan ponderado análisis de los filósofos
de hace alf^unos anos supuso aue aquella coloca^-
cion especial no envolvia combinaciones astroló-
gicas ó de una época extremadamente remota,
sino aue en realidad representaba el estado en que
S6 hallaba el cielo cuando se erigieron aquellos
edificios en que se han encontraron los referidos
Shuiisferios : estado dependiente de la precesión
e los equinoccios, que hace completar á los colu-
rc^ su revolución alrededor del zodíaco en 26,000
anos.
Partiendo de esta suposición Burkhart dijo
que el templo de Dendera contaba 4000 años por
lo menos; Nouet refirió su fundación al 2002 an-
tes de C; Jollois y Devillíers, que estudiaron
mas profundamente esta materia al 2610 , y
Latveille ai 2250 antes de nuestra época. ¥ en
vista de que la división de los dos z<Klíacos era
diferente , se supuso que el de Esné se referia &
una éapocB, 3000 anos mas antigua (2).
Cierto es que al mismo tiempo otros astróno-
mos y anticuarios , entre los cuales pueden con-
tarse algunos italianos ilustres (3), colocaban la
fecha del primer zodíaco entre el año 138 y el 12
antes de (J., y no cansa tanta admiración el ad-
vertir con cuánta copia de doctrina y tenacidad
sostuvieron tan diferentes ooiniones Hamilton,
Rhode, Saonicr , Lelorrain , Biot y Paravey, co-
mo ver á Dupuys y á sus secuaces erigir sobre
un punto tan controvertido su torre de Babel con
que preteodian hacer guerra al cielo.
- Pero no faltó luego quien pensó en leerlas ins-
cripciones que allí se encuentran y confrontar
los estilos : de lo cual resuhó que el pórtico del
ternplode Dendera estaba consagrado á la sabid
de Tiberio, y en su antiquísimo planisferio se leyó
el título de autocrator , que prohableraenle se ro-
feria á Nerón. Posteriormente en Esné se halló
una colarana precisamente del mismo estilo que
el zodíaco y que tienda fecha del déí-imoaño de
Antonino , estojes del 147 después de C.
Por tanto Chaiii¡)oUion , escribiendo en 1829
(1 ) De FoRTiA d' Urban , Hisloria de la China antes del dilu-
vio de Offiges, pág. 33.
(2) Grobcrt, Oescripnon des pirámides de Giié , pág. 117;
VoLNET, Recherches nouvelles sur r hístoire ancienue, tom. IlL
páff. 3á8-3ü6.
(3 ) EnnioQ. ViscoKTUcn la tredaccíon de Hcrodolo de Larcber,
tom. U, pág. 570; Don. Testa, Sotre ¡os do$ zodiacos UltimamenU
descubiertos en Kgi»lo. Roma 1802, pág. 31. etc.
BPOOA PRIMUtA.
acerca del templo de Esnér, deeia : c Ufe he
iconvencido por medio de un estudio particu-
•lar , de que este monumento considerado, por
«simples conjeturas fundadas en el modo espe-
>cial de interpretar el zodiaco de la bóveda, co-
imo el mas antiguo de Egipto, no es sino el
»mas moderno de todos... La época de la erec-
»cion del pórtico de Esné debe de referirse in-
cdudáblemente al imperip.de Claudio : sus escul-
»tura8 datan de los tiempos de CaracaHa, y
lentre estas debe chocarse el famoso zodíaco
>que tanto ha dado que hablar (4). »
Mas como acaso habrá quien no se fie de la
comparación de los estilos , ni se dé por satisfe-
cho con el ^stema de Champollion , añadiremos
Sie el señor Cailliaud en su úhimo viaje á la
ubia encontró una caja que encerraba una mo-
mia, cuya inscripción CTiega indicaba el año 19^
de Trajano, esto es , el 116 d. C, en cuya caja
habia un zodiaco pintado, y dispuesto precisamen-
te como el de Dendera, por cuya razón no pnede
ser considerado sino como un tema astrológico.
Con aparato de conocimientos no vulgares, y
por lo tanto no fáciles de contestar, tomaron
otros á su cargo el demostrar la antigüedad de
la humana raza por los conocimientos que ad-
quirió en diversos ramos del saber y pnncipal-
mente en la astronomía. Para esta ciencia se re-
quiere un estado tranquilo de la sociedad, an-
teriores desarrollos científicos, y una larga serie
de observaciones; de modo que tenemos dere-
cho de juzgar que unanacion que manifieste ade-
lantos en la astronomía , debe ser antiouisima.
Formaron los Egipcios su año de 36odias ca-
bales , y aunque echaron de ver que se diferen-
ciaba ael natural , quisieron conservarlo por
ciertas consideraciones supersticiosas (5). Mas
habiendo necesitado conocer á punto fijo el tér-
mino del año natural , para determinar exacta-
mente el solsticio en que principia b crecida del
Nilo , buscaron alguna estrella que correspon-
diese con el sol en aquel tiempo, como lo haoian
hecho los otros pueblos antiguos que notaron el
ascen^ ó descenso solar de ms astros.
El ascenso de Sothis , como ellos ñamaban á
Sirio , brillantísima estrella que debió atraer sa
atención, coincidiaen aquellos tiempos sobre poco
mas ó menos con el solsticio. Suponiendo por lo
tanto que el período de su ascenso solar durare
lo mismo que un año trópico , y juzgando que
este debia ser de 368 dias y un cuarto , calcu-
laron un ciclo después del cual el ano trópico y
el solar debían volver á prindpiar en el nUsmb
dia ; cuyo ciclo, según estas poco exactas supo-
siciones se componía de 1,461 años sagrados y
de 1,460 años de Sirio.
Tomaron, pues, por punte de partida un año
civil cuyo primer dia era también el primero del
(4) V. también áOs Guiches aohre los sodiluósori€nMé8tfi\%9
Memor. de la Academia de bellas letras . t. XLvU: Lctuostns hr~
cherches póur servir a I* hlstoire de V Éalpte pendant la domina^
tión des Grecs et des Romahs. E\ plairisrcrio de Dendera se faalfa
actoDlmente en la biblioteca real de Parts, llevado por el sefior Le-
lorrain que á fuerza de trabajo obtuvo el permiso para despren-
derlo de la hóyeásí en que estaba esculpido. Nuevas olscnslimes en-
tre Letronne t Biot de la Academia de inscripciones f bellas le-
tras (1813) acabaron de aclarar este hnportaote asunto.
( 5) Están Indicadas por Gemino contemporáneo deGieeroo. im-
preso i>or Halma i tontinoacion del canon áe Tolmoeo, ^g. 43.
ANTIGÜEDAD DKL MtNDO
aseenso heliaco de Sirio ; y como ya sabemos (1)
q|iie UDO de dichos anos sotiacos , ó sea grandes
anos, 6ie el 158 antes de Cristo, deducimos de
aquí que los precedentes fueron ei 1322y el 2782.
Por poco qae se entienda de astronomía, se
sabe qne la precesión de los equinoccios turba la
correspoD^ncia entre el ano tr6pjco y el sideral,
esto es, entre la posición del sol yjas estrellas de
la eclíptica ; cuanto mas que el ano seriar de una
estrella se diferencia del sideral en razón de la
latitud de los parajes desde donde ha sido ob^
servada. Ádeinás^por el singidar concurso de las
posiciones , bajo el paralelo del alto Egipto, el
ano de Sirio durante algunos siglos {ue preci-
samente de 365 dias y un cuarto , de modo que
su asoraso heliaco ocurrió el 20 de juIio> tanto
en d IS^ como en el 158. Atribuyóse, pues,
gran méáto á los Egipcios por haber*^ descubier-
to este hecho, afirmándose que no debiendo ve-
nficarse sino en el período de 1,460 anos, se
necesitaron observaciones de centenares de siglos
para avtt'iguarlo.
Pero astrónomos de suma nombradla atribu-
yeron á para casualidad el haber determinado
con exactitud la duración del ano solar de Sirio,
identíficáadola por ignorancia con la del año
trópico (^. En efecto , observaciones mas escru-
pulosas habrían demostrado que era meramente
tempm'al la coincidencia del ascenso de aquel
astro ooB la crecida del Nilo; y si se hubiera
sabido buscar con mas exactitud el período de
b correspondencia del ano sagrado con el tró-
pico, se nabria visto que este era, no de 1,461,
sioo de 1,508 anos sagrados (3).
Pi»iBÍIaseme insistir sobre este punto, ya que
andaH ea manos de todos las obras de Bai-
Dy, Yolney y Dupuis, alabadas por personas
aóe catecea tal vez de conocimientos para re-
mtarias. Una cosa es decir que los pueblos co-
locados éo vastísimas llanuras habian tenido
oeaaioa de contemplar el cielo, admirar sus mo-
vimieBtos » y llevar cuenta de los eclioses , y
otra el afimar que aquella multitud de observa-
ciones sin etÑeto, sin conexión y sin exactitud,
f oes»! dirigidas á averiguar las leyes constantes
del cíelo y la relación entre los complicados fe-
nómenos, cuya explicación solo puede ser fruto
de un burgo y atento estudio, apoyado en el
cálculo, eo la geometría, en instru)nentos físi-
cos, en la exacta medida del tiempo, en una
püÁia, en el conjunto de conocimientos que
rormaa una civilización va adulta. Aquel pri-
mer poso pudieron darlo fes Caldeos , los Egip-
cios y ios Chinos; pero la ciencia progresiva
no nad^ sino cuando los Griegos hallaron modo
de »Tdbatarla del santuario. Quien recuerde
CPitágoias, entre estos, descubrió la propie-
del cuacado de la hipotenusa, y Tales la
medida de los ángulos y líáeas proporcionales;
II) CsmatlHO. De die mUali, ete. XVOI. XIX. Yéa^e Iobi.bb,
hkgttíaa» ÜMÍórieñí ubre Uu éhserMciones astron&mims de lot
«tíipm. Teadoe. por Hilma á continuación del citado CoHon de To-
kneo.SSysif.
<i) Met segoo VoLifBT, ñseherehet, ele. tam. DI; Oblav»»,
AM§id£sanmamié, pág. 217. y noU en la pág. 3 de la Hist. de
r utnRMniile IB moyeo age.— ÜnviOf / sur la memoire de Jf . de Pa-
ruegmr ¡0 ^phere, en el tom. YUI de to Namtelks annales de$
(mÍAfucs, íiíftkme iu monde. Edk. ta, pág. 17. Annuaire |
éeíaiS.
quien vea cómo el grande Hiparco anduvo á ""
tintas en sus descubrimientos, y comol^Éfge-
nes , educado en toda la ciencia de Alejandría,
no supo ^gerir para la exactitud dd calendario
Gregoriano mas que la corrección de un ano 1h-
siesto cada cuatro comunes , no creerá dema-
siado en la ciencia de los maestros de tales dis-
cípulos, y sabrá establecer la débifladiferencia
entre la admiración del espectáculo mas gran-
dioso de cuantos existen , y el exacto cálculo de
sus revoluciones. Ei fundamento que Bailly (4)
establecía sobre las dilatidísiraas efemérides de
los Caldeos y de los pueblos de ht India no re-
sistió á la crítica severa que demostró que eran
retrógadas y erróneas. Los principales tratados
astronómicos de los Indios se llaman Síddhania,
esto es , verdad absoluta ; pero sus mismos au-
tores confiesan deber bastante á los Griejgos , y
algunos pasajes de Varaba Mthira, que vivia en
el siglo V y fueron publicados en 1827 en las
actas de la sociedad de Madras, demuestran
que su zodíaco fue tomado del griego. Las tar-
olas indias de Tirvalnr, de que Bailly hacía
tanto caso, debieron ser calculadas el ano 1281
de Cristo ; y no falta quien sostiene que el Svn
ria-Siddhanta, que losBramanes pretenden ha-
ber sido revelado hace 20 millones de aSos , ftie
compuesto no hace ocho siglos (8).
También poseen los Bramanes máravittosas
fórmulas para calcular los eclipses , fórmulas que
no se sabría en qué época de su historia se esta-
blecieron. Los Chinos conocieron la exacta posi-
ción de los solsticios , y en remotísima antigüe-
dad hicieron uso del período lunisolar ; pero á
estas doctrinas unieron tan groseros errores , tan
materiales prácticas y tan grande ignorancia de
los principios flreneraies(6), que pueden compa-
rarse á un salvaje que hubiese aprendido á dar
cuerda á un reloj sin conocer la menor parte de su
ingenioso artificio. Así es que, por un lado estos
conocimientos alejan la idea de que el hombre se
haya elevado de una condición ignorante, su-
puesto que su infancia abunda en tanta sabidu-
ría, y por otro nos conducen á suponer una in-
mensa luz que brilló ante los primeros hombres,
y que luego andando el tiempo se fue oscurecien-
do mas ó menos, ya por el transcurso de los
anos , ya por haberse mezclado con errores.
De este recuerdo de una edad mejor nace aca-
so en el hombre, singular conjuntó de perece-
dero y eterno , aquella común inclinación , por Pretmi-
la cual , viviendo un solo dia , procura enlazar ^^^
su pasajera existencia con una larga serie de tnti.
tiempos y de abuelos. Los Caldeos aseguraban -*-^-''
que habian conservado las observaciones astro-
nóraicSis de 710,000 anos , y contaban antes del
dihivio diez generaciones de reyes que habían
durado 120 ¡taras, de 3600 anos cada una: tres-
cientos millones deañjs enumeran losBramanes;
dos millones y medio los Japoneses ; pócemenos
(4) iíM. de VaetrenmU. Compárese eos laAttmaymasexaeti
de Dblaitbre.
(5) Laplaci, Esposé du eysteme du mondo, pág. 330; Oayis,
Sobre ios calados astronómicos de los Indios , en las Mem. de Cal-
cuta, tom. n, pág. 22S, tom. VI, 340, tom. VIH, 195; Bintlet,
Sobre la antigüedad del Suria-SIddanta, sobre ¡os sistema» astro-
nómicos de los Fgipcios.
(6) V. naestro Libro U, cap. XIX, donde se hi6G[ iK'^íl^l^
de los pueblos ariUqoísimos. Digitized by VjiJijy IC
i2
los Chinos, dea mil anos los Persas, treinta y
cuatro ínil los Egipcios, treinta mil los Fenicios
y doce mil losEtruscos.
Pero hombres doctos (1) han demostrado que
estos números representan ciclos astronómicos,
múltiples de 13, i9, 82, 60, 72,360, 1,440 y
otros períodos (2) , á cuyo regreso la imagina-
ción de aquellos pueblos unió la idea de una re-
novación de la materia, que en su concepto era
indestructible , atribuyendo al espacio lo que no
parece propio sino del tiempo.
A fin de citar algún ejemplo diremos que
Calístenes, mencionado por Simplicio, limitaba
á 1903 anos antes del siglo de Alejandro el cur-
so de las observaciones astronómicas de los Cal-
deos; y Epígenes, según Livio, lo hacia subir
á 720,000 anos. Nótese ahora que si en lugar
de aiiosse leen días, queda reducido este núme-
ro á 4,971 anos solares : de manera que nO se
puede suponer sino que Epígenes formó su cálcu-
lo 68 anos después de Calístenes. Sincellodauna
cronología egipcia de 36,523 anoi desde el rei-
nado del Sol hasta el de Nectanebo, 15 anos
antes de Alejandro Magno. Semejante período
no es mas que el del regreso del punto equi-
noccial al primer grado de la constelación de
Aries. Exactos instrumentos nos han hechoj:;o-
nocer que esto sucede al cabo de 25,868 anos;
mas los Egipcios dividian el zodíaco en 365 gra-
dos, y suponían que el equinoccio, retrocediendo
un grado cada siglo , cumplia una revolución en-
tera en 36,500 anos ; y como su ano era un cuarto
de dia mas breve que el verdadero ano solar,
añadieron la cuarta parte de 36,500 días , es
decir, 25 anos, oue de este modo completaron
los 36,525 senalaaos como edad del mundo. Las
pretensiones de antigüedad por parte de los In-
dios se han rebajado mucho de resultas de las
indagaciones de la sociedad asiática inglesa. La
duración de las cuatro edades humanas está in-
dicada por ellos de este modo :
Edad de oro. . . 1.728,000
de plata. . 1.296,000
de bronce.. 864,000
de barro. . 432,000
4.320,000
Fácil es observar que la tercera es el duplo de
la cuarta ; que la suma de ambas es ieual á la se-
Snda, y que la primera es la suma de la segun-
y cuarta. Diviáido luego el total por 360, nú-
mero redondo de dias del ano incierto, da 12,000:
cifra que es también ladel período pérsico v etrus-
co , y elemento del períoao caldeo para los diez
patriarcas antediluvianos (3).
Tales números representan la vanidad nacio-
nal, mas que una antigüedad positiva, pero las
pretensiones originadas por la emulación ates-
tiguan el parentesco de dichos pueblos , pues
que se funaan sobre un dato común multiplica-
do luego por 6, 9, 13, 18, 36, 74, 144 ó una
décupla progresión.
(1) Le Gentil, Vovage daiu Its Inda, 1, 255; Baillt. Astr,
¡nd. p' 110 y 112, Hiítoire de V oifranomie ancienne, p. 76; Do-
PUYS, Origine des cuites, 11!, 149; Hermamoís, Mythohffieder Grie-
chen, II. 332, etc.
(2) Y. en nuestra Cronologu, Qéhs.
(3) PmMSBP' s, Üsefulfabksformínf an áppendix to tke Jout"
ÉPOCA PRIIQERA.
Tan ingeniosas indagaciones explican los mi-
llares de siglos contados por otros pueblos.
Además de esto aauellos imaginarios espacios
están vacíos de becnos y llenos solamente de
auimeras, poniéndose en ellos el reinado del Sol,
de los planetas y de los dioses, como señal de
que pertenecen á los sueños de la mitología ó k
las figuras del símbolo y no á la realidad de la
Historia. Los Egipcios hacen reinar desde un
principio al Dios Fta, luego durante un espacia
de 30,000 anos al Sol , y últimamente á Saturno
y á 12 dioses, antes de que aparezcan los se-
midioses y los hombres. Según los Parsos domi-
naron 3,000 anos los Angeles de la luz, sin ene-
mígaos : otro tanto tiempo se pasó antes de que
naciese el monstruoso Toro por quien fueron en-
gendrados los diversos seres ; y después de todos
vinieron Mesquia y Mesquiane , homlH^ y mu-
jer. Los Tibetinos se remontan á un tiempo in-
finito con su reinado de los Lab ó Genios : Inego
sigue una era de 80,000 anos, una de 40,000,
otra de 20,000 , otra de diez anos escasos , otra
de 80,000 , llenas todas de seres alegóricos, co-
mo son entre otros los reinados de Loro {Lúa), de
Urano (Cielo), deGea {Tierra), de Helios (Sol);
de suerte que ó son delirios de la fantasía exalta-
da ó de la vanidad, ó verdaderos períodos astro-
nómicos.
t^or el contrario la Historia es muy moderna
en todos los pueblos, y sus tiempos ciertos no
comienzan sino después de la edad de Abraham.
No citaremos los actuales Europeos , cuyas me-
morias son de ayer, pero temlremos presente
que los Grie/jos, por vanos que sean , confiesan
haber aprendido á escribir de los Fenicios, hará
como unos 34 siglos: la historia del Asia ante-
rior á Ciro no es mas que un tejido de fábulas;
y Herodoto, primer historiador profano, viviaen
tiempo de Nehemias v Malaquias, últimos pro-
fetas, hará 2300 anos'y se apoyaba en la autori-
dad de otros anteriores á él tan solo en un si-
flo (4). El poeta clásico mas antiguo floreció
ace cerca de 2700 años ; Beróso escribió en
tiempo de Seleuco Nicanor; Gerónimo bajo el
reinado de Antioco Soter, y Manotón en tiempo
de Tolomeo Filadelfo tres siglos antes de Cristo.
nal of the AHatíe Soeietif. CtítoU 18S6, plrt. U, P. 78. Véase
aqiii sa
Cuadro eomparutivo de las sucesivas variaciones eféetuUu por el
progreso de ta crUica en algunas de las principales época» iadima.
ftAACa «J^ sAW amMnm s*^a am^éim a^^i^ ^^* -
BMCA DI r.c».. C«. wÍHM uüS^,. vm^. 'tS! SL.
A. C. A. C. A. C. A. C. A.C. A.C. A. C.
lk«wakji jBadda.. 2183102 5000 2700 1M8 "^ Í5o ~
YndWsihira.* \ MOi!*^* ^^^ ¡576 1430 1"^ ""
SamitnyPndjTOU 2100 1029 700 119 915 — eoo
Sisanaga 1902 870 600 -r- 777 000 4»
Nanda 1000 029 — ^ 415—404
GhandragapU. . . 1502 600 330 — 315 320 39S
Asoka 1470 640 — — 290 330
Balia 908 140 - -. tt 10 —
Chandrabiya , últi-
mo de los Radjas
de Magada. ... 452 300d.C.~ — 428d.G.546d.C.
( 4 ) Cadmo , Ferécides , Arísteo de Proconeso, Acmltao, Heca -
teo de Mileto, Carón de Lamsaw etc^. Vosaio, De kiei. arme,
Ub. 1, y el euarto lib. de Herodoto. C^ r\r\Q\c
Saaocmiatoii fue conocido solo dos siglos antes
de nuestra era: y si hasta el nombre no fue in-
Tentado por Filón el Gramático , es curioso por
lo que refiere délas edades antediluvianas, con-
tando diez generaciones desde el primer hombre
(Protógenes) , y atribuyendo á personas cuyos
nombres son verdaderamente alegóricos los des-
cubrimientos é invenciones humanas en el mismo
orden en que supone que fueron hechas ; lo res-
tantesonfabulasy teogonias. Por ultimo Klaproth
ha demostrado cuan reciente es la fecha de todos
los historiadores de Asia (1).
Siendo esto asi, ¿qué fe merecen estos histo-
riadores cuando nos presentan una indetermina-
da serie de sidos? Lo verdaderamente maravi-
lloso es croe todas las tradiciones, entre la infinita
varie4aa de Cábulas, concuerden al aproximarse
á las épocas señaladas por Moisés. Salió este de
Egipto hacia el ano 1500, y por aquella época
sucedieron las emigraciones á que dehe la Grecia
su población y cultura {i); la Grecia, que confiesa
no tener cosa alguna mas antigua que Japet. Ca-
recen de cronología los Indios ; pero Abumazar,
grande astrónomo que vivió en la corte de Alma-
mnn desde el ano 813 al 833 de C. ; que residió
en Persia y enBalk y estudió particularmente la
historia de aqiiellos paises, dice que se conta-
ban 3725 anos desde sus tiempos hasta el dilu-
vio, con el cual principió el cali^yug ó sea la
Sresente edad del munao (3). Los imperios cal-
eo, chino y'egipcio, aunque discrepan en otras
muchas cosas, concuerdan en esto^ 4000 anos
poco mas ó menos después del diluvio. Los Chi-
nos, que aspiran á tan remota antigüedad , se li-
mitan ¿ conjeturas hasta el ano 722 a. de C. , y
los mas imparciales de entre ellos consideran
como ficciones aJegóricas todo lo anterior á Fo-hi.
El Chur-king, que es el mas antiguo de sus libros
canónicos, me hallado ó por mejor decir, restau-
rado solo 176 anos a. C. y dice que al principio
reinó Tao en unión con los montes de su impe-
rio, que dijo á sus siervos Hi y Ho: id y observad
los astros , determinad el curso del sol y di--
tfidid el año. Este emperador construyó acueduo-
ios, organizó el culto y las gerarqiiias sociales,
invento la primera metafísica de la Y, esto es,
como 4 y 8 fueron formados de 1 y 2; en suma,
pertenece á los seres simbólicos , y sin embargo
no es sino 4170 anos, y según otros 2357, mas
(1 ) Bnsáffo tohre /« áuíúridaá de ios kistoríadoret deiÁíUt en
bs memoíref rtiatif» é T AHe, etmfenant 4et reckereke$ hiaoriauet,
fiúgnfiftm et pkUtuopkipíet mr let peupht de r Orient. París
1826. DiTide b bistoria antigua en mitología , historia ineieru é
historia renbdera , y prueha que esta principia para los
Chinos en el siglo IX a. C. Tibetinos I d. G.
Japoneses Vü Persas m
Georgianos m Árabes V
Annenios U Indios y Mogoles Xn
Turcos XIV
Pero deben eorregirse bs opiniones de Kbproth con el dis-
cnrso ancepoesto por L. G. F. Pbtit-Radbl á su Eximen únattfti-
§ue et tsNeM eomféruti de» tgnenmismet de V hUMre det tempe
hereipM de lé Grece , Parts 1827 «/sn el enal defiende b aatoridad
de los primeros historbdores de Grecia.
(2) Sttran üserio, Geerope pasó de Bgipto d Atenas por los
afloft 1^: Deocaiion se cttableeid en el Parnaso hada el 1548; Gad-
mo legó de Fenicb ú Tehas en 14SI3 ; Danao i Argos hieb el 1485:
Dirdano al Helesponto hácb el 1449 ; Inaco existió entae el 1856 ó
el 1823 y Ogiges desde en 1796. En la Cronología manifestamos las
discrepancias de los eruditos acerca de estas épocas. Varron coloca
el diluTio de Ogiges 400 años antes de Inaco , es decir : en el aflo
SS66a. G., dseten üempodel dUntiode Noé.
UNmAD 1» LA ISPKCIB HCHAlfA.
13
antiguo que nosotros. (4). Gonfucio, no contando
la- historia de los reyes anteriores á Tao, (2000
a. C.) probó que los considerad» como fabulosos;
Mencho, otro de los filósofos mas insignes de la
China dice que esta región permaneció inculta y
despoblada hasta Yao, primer rey que reunió a
los nombres en sociedady emprendió la tarea de
civilizarlos; y su gran liistoriador Se-^matsian
no comienza a fijar fecha á los acontecimientos
hasU el ano 84i antes de Cristo.
CAPITULO ra.
Unidad de b especie humana.
Queda, pues, confirmada por los progresos de
las ciencias la narración de Moisés, que no dá
al hombre mas de 7 á 8000 anos de antigüe-
dad (5) ; y es ciertamente una de las mayores ma-
ravillas [^ra quien lee el Génesis su concordancia
con los mas recientes adelantos déla ciencia. So-
lo él entre todas las cosmogonias establece una
diferencia entre la creación de la materia y su
organización, entre el principio en el cual aque-
lla comienza á existir, y la incubación (6) que
ejecuta d espíritu de Dios, hasta que la pone
en aptitud de formar las estrellas y los pbn^
tas. Lo primero no podia ser mas que un acto ins-
tant4neo de h voluntad omnipotente ; lo segundo
se verificó mediante la sucesión de los tiempos y
lo vemos proseguir hasta hoy en las nebulosas,
que son mundos en estado de formación. Esta
verdad que apenas acaba de ser descubierta en
nuestros -tiempos, la declaró Moisés, no con el
lenguaje de Newton ó de Herschel , sino va-
liéndose de aquellas imágenes que eran las úni-
cas que podian ser comprendida^ por su pueblo.
Por otra parte „ el lenguaje mas refinado de la
ciencia ¿qué es sino el len^aje de la apa^riencia?
La luz según los últimos expefimentos de
Struve corre ^8,843 millas italianas en un se-
gundo ; Derschel (el padre) dijo que los rayos
luminosos que nos trasmiten las nebulosas mas
lejanas que se presentaron en su reflector de 40
piés, necesitan mas de 2.000,000 de anos para
llegar á la tierra. Debieron, pues, aquellos astros
haber sido creados mucho tiempo antes de la úl-
tima organización de esta. Así el primer acto fue
de absoluta creación ; y lo demás se va cumplien-
do bajo la influencia ae las fuerzas que el Cria^
dor imprimió á la materia. La mas estupenda
de estas es la de gravedad, y Moisés vió que
la estabilidad de los cuerpos celestes depende de
su mutua gravitación y de la amplitud del espa-
cio que los separa. Entre ellos está fija en sus
polos la tierra , suspendida sobre el abismo , y en
su seno fueron dispuestas anchas cavidades don-
de se encierran el agua central y el fuego (7). El
cielo no es el armamento como lo mterpretaron
San Gerónimo y los LXX; tampoco es el cielo
(3) V. BKmrLET, Mem, de CttenSU, ton. vm, 2M en b nota.
(4) V. el Ckihtínf. París 1770 , publicado por De Gnignes y el
prólogo de Prtmare sohre lostiempos anteriores i aquellos de qae
en él se trata.
(5) Por k) tocante á bs diferencbs de este cálculo véase nues-
tra GnONOLOClA.
( 6) El Génesis dice mereek¿(J8t (i. 1).
7) Job, XXVL 7. 10; Pwm, 17; A. XL. «U Q^Tp
Í4 KFOCA FRniBlU.
cristalino de Aristóteles, sino la extensión {ra*
hach), esto es la inmensidad (i).
Otro portento : Moisés distinguió la luz primi-
tiva de la que debemos al sol. Una filosofía fri-
vola hizo escarnio de la idea de haber creado la
luz antes aue el sol que es su fuente ; mas la
ciencia ha demostrado que otra luz se desarrolla
en la tierra independíente de la del sol, como es
la de los volcanes ó la iosforescencia de las nubes
ó la electricidad , y esta debió ser de tal potencia
enun principio que bastó para hacer germinar
los vejetales antes <}ue el sol les sonriera.
Hay mas. En Moisés la luz no fue creada, si-
no que Dios la hizo brillar; expresión que se
aviene con la teoría de las ondulaciones que g:e-
néralmente se aA)pta hoy con preferencia á la
de las emisiones,
Hiparco estableció que las estrellas del cíelo
eran 1,023; Tolomeo hada subir este número
& 1,036: Moisés sabe que son innumerables como
las arenas del mar; y de 30 sidos á esta pai^
te están demostrando esta Terdaa Jos telescopios;
y para que no se crea que esta es una frase poé-
tica ni que envuelve la idea de lo infinito, la Es-
critura añade que Dios sahe el nombre de cada
una. Si habla del orden de los astros, la Escri-
tura los coknpara con un ejército formado en ba-
talla cantando alabanzas al Señor. Lue^o no son
dioses, ni tampoco influyen en las acciones hu-
manas como lo creía la antigüedad.
El aire {ruack, Job) en los libros de Moisés
aparece como un vestvio de fo tierra; y Dios le
dió su peso {miscMal). La Biblia lo sab« macho
tiempo atttes que Galileo.
Las a^as ejercieron grandísima inñuenda en
la constitución déla tierra. Divídense estasen
superiores é inferiores, y están separadas no por
una esfera sólida {firmamento) sino por el espacto
Írákíach). Los vapores difundidos por el aire no
labrián bastado para producir el diluvio, si no se
hubieran abierto los abismos de la tierra para
lanzar las aguas que contenían.
Los seres animados fueron apareciendo por
sucesivas generaciones y con arreglo á la com-
plicación de su organismo. La geología ha sabido
probar á la letra aquel orden de sucesión ; y
si niega que'los animales hayan aparecido des-
pués de los vejetales , la química á su vez 16
sostiene , y lo sostiene también la razón que de-
muestra qne la mayor parte de los animales se
alimentan de vejetales. Estos, según el Géne-
sis , se desarrollaron antes de la aparición del
sol y bajo condiciones de luz , de humedad y de
calor diferentes de las actuales ; y la botánica
fósil acaba de sancionar semejante orden de
hechos.
El último de todos los seres fue el hombre, y la
teología no puede presentar un solo resto suyo
aliado en los estratos antiguos. Dícese que no
es posible que la especie humana cuente tan bre-
ve tiempo desde su creación, atendido el largo pla^
zo que necesita el hombre para educarse; pero
conviene tener presente que el niño aprende en
los primeros meses de la vida mucho mas que
f1) Marcelo de Serré s. Des eotmaissances eoMignées dontla
Bible, mises Cñ parUlk msc l€9 i€^uvci;tes üs stíemscs mo-
áemes.
durante algunos añOs después , *y aun podría
decirse que es todavía joven, si se advierte cuanto
ha tardado en llegar al uso de su razón. '
Pero algunos han clamado contra esta opüiion
con mas atrevimiento, negandoque el hombre ha^
ya sido creado tal como es, y suponiendo que to-
das las cosas visibles salieron de un germen dnico,
el cual se fue desarrollando poco á poco; que paai
del estado de materia bruta a la orgánica y luego
á la animal , dividiéndose gradualmente en m
diversas especies por que fue pasando , y elc^
vándose á cada nueva catástroie que ocurría en
el globo, hasta llegar á la actual condición que el
hombre tiene , en la cual le precedieron otras
especies , al paso que otras inferiores se aprestan
también á alcanzarlo y á ocupar su higar.
Dejando aparte á los meros declamadores , di-
remos que Lamark con mucho aparato científico
sostuvo hace poco Í2) que él hombre procedía
del mono, empeñándose en demostrar, comparán-
dolo anotómica y fisiológicamente con varios
aspectos del fetonumano, el sucesivo tránsito
de los grados mas inferiores á los superiores,
como SI aquellos en cierto 'modo hubieran sido
el aprendizaje de estos. Así, según su doctrina,
el orangután de Angola perdió poco á poco
la costumbre de andar en cuatro pies y ca-
minó derecho : luego las patas traseras se
convirtieron en pies, y en manos los remos
delanteros: habiáidose librado de la necesidad
de coger frutas y de pelear, se fue gradual-
mente acortando su hocico; el antiguo rechinar
de los dientes se trocó en sonrisa, y de este
modo quedó convertido en hombre. Las prcroga-
tívasdel espíritu, según Lamark, no son nías
que la extensión de la facultad de los brutos, di-
versas solamente en lo relativo á la cantidad y
dependientes de la organización .
Ni aun discurriendo de este modo queda des-
vanecido el punto principal de la dificultad, sino
solamente un poco mas distante : porque si Dios
no creó al hombre , ¿quién fue el autor de este
germen primitivo? ¿En gué terreno se desarrolló?
¿Qué átomos lo compusieron ? Luego, ¿cómo se
explica el fenómeno de la vida? La transición de
la materia mejor compaginada al animal peor
conformado ¿no queda aun interrumpida por un
abismo, tan inmenso como una nueva creación?
¿Podría acaso verificarse nunca por medio de re-
cursos meramente naturales el tránsito del ani-
mal bruto hasta la altura del ser racional ? Siglos
han trascurrido desde que se están estudiando
las especies vivientes sobreestatierra: los sepul-
cros de Egipto son museos de historia natural
donde se conservan esqueleto^ de muchísimos
animales de 4000 anos hace , y allí puede verse
que ni un ápice se diferencian los cocodrilos, los
ÍDÍs, y los icneumones de hoy de los que vivie-
ron en aquella época. ¿Y qué diremos de la
g afectibilidad intelectual y moral , privilegio
n peculiar del hombre, <pie solo él bastaría
para distinguirlo de todo el resto de la creación?
Si este germen se hubiese desarrollado espon-
(2) i. B. Lamabe, Pkilosophió soologique, ou expositío»^¡^
coiuideraíions relatíves a P histoire natureUe des úttimamX' Pai^
1830. Compárese con Stephens, Antropología, H, 6 (en ajen»»),
y con Lyelf, Prtndfios de geoiogU^pr^» (ea iiifi^} iW» 4<^
^^'«^'»^«- Digitizedby Google
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cu.
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bul»
DO.
CNn>Al> fift.LA KPICIB HUMANA.
i6
táneam^rte, segfOfi la prodigiOBafiBciuidiáadde
la naturaleza ea hs demás especies» debería en-
contrarse una Taríedad infinita y fondamentai
entre los hombres, como sucede en las obras del
acaso ; pero por ú contrario, aun aquellas mi»«-
mas cosas que á primera Tista parece que con-
tribuyen á difererieiarlo , como los caracteres fi-
siológicos, por ejemplo, y el lem^aje, no hacen
mas ^ ^íxiim de corronorar la u&idad de su
^pecie*
Mucbo se- ha babiado de monstruos huma-
nos, det orang-kubub y el orang-guhu délos bos-
ques de Borneo , Sumatra y délas islasde Nico-
bar; pero lo misnoquelos bcHubres con cela, han
desaparecido á la luz de la crítica (i), y otro tan-
to hasucedidocon losenanos de Madagascar, los
hermaflrodítas de las Floridas y demás fábulas
inventadas acerca de loa Albinos, Dodones, Pa-
tagones y Bótenteles. El supuesto comercio fe^
cundo eáb-e el hombre y la mona, ha sido ccmsi-
siderado con razón como una patraña , al paso
que la fecundidad de la unión entre todas las
razas y colores humanos demuestra, aun con
solo ei auxilio de la filesofia natural, nuestra
hermandad con el Mogol, con el Malabar y can
el pobre Negro, í Ah I con demasiada frecuencia
hallaremos en el curso de nuestra historia he-
chos y épocas de los pueblos, que nos proba-
rán la exti^ema degradación en que puede caer
el hombre, abandonado á sus pasiones.
Es por tanto iiwpropia la denominación de
razas humanas, la cual indieariaun origen di-
verso, al paso que el hombre en sus diferentes
especies no ha hecho mas oue ponerse en armo-
nía eon la naturaleza. A los arenales y á los
montes corresponden las formas agudas y gro-
seras del Calmuco y del Mogol que en aquellas
dilatacteimas Ifenncas^ sin un árbol, sinunafuen-
te, donde aol^ cliocio infunde nueva vida á la
agostadfet yerbe, vífen con su cabaHo ysus rebar*
ios. Todavía el Gabnueo indotoite pasa la vida
con la mirada ^á en un cielo siempre sereno, y
almas leve ramor aplica el oido.al desierto a
donde su vista no aleanza á penetrar. El Mogol
en SQ país es te mismo que era hace miles de
anos ; pero si^' sale dé él» experiipenta un cambio
tal, que apenas hayquién lo conozca. El Árabe,
libre, sobrio, ligero en la carrera, diestro en la
equitación y en el manejo de la lanza , fiel á su
palabra y huésped generoso , se halla ea armo^
nia con el' desierto que habita , asi como lo están
el Lapon con sus hielos y el (vriego y el Italiano
con las dulzuras de su benéfico cbipa.
Cuando hablamos del elima , por lo regular no
establecemos mas distinción qóe la de te» zonas;
sin embargo , estas ni están suficientemente d^
terminalda^, ni producen iguales efectos eñ los
dos hen^Ssfenos: además de que las distintascon-
dicioúes deierralnan muy diferente temperatura
en pai^ ium^diatos, y los cuerpos miamos se
halfiin diversamente dispuestos para recibir 6
Sara rechazar el calor. No se pierdan tampoco
e vi^ta los efectos del magnetismo y la electri-
cidadí« e¡^ vida de la ^)ateria, cuyos misterios^
según parece , están próximos á revelarse : y
(i ) BLunxBAOi, tkfeneriíhMméni oérieUU.
ténganse mi euenta la eívaporacion de las djyer*
sas sustancias, les vientos y las enfermedades
endémicas: causas todas que modifican el cuer-
po del hombre, como lo modifican también la
mutua acción del mar y de la tierra, la calidad
de alimentos y la diversidad de civilización.
Los Germanos de que habla Tácito dejaron, de
formar, al civilizarse, una especie distuta, co-
mo la constituyeron sus ante|¿sadQs y perdieron
además su enorme oorpulencia , al paso que los
Portugueses adquirieron colosales termas en.el
centro de las colonias del Cabo. ¡Qué diversidad
de aspecto entre el Lapon y el flúngaro!; y sin
embargo, el idioma demuestra que proceden de
un tronco común.
Se observan en la humana estirpe variedad^
individuales y monstruosidades que cada cual
puede haber visto sin recurrir á los millares de
extravagancias oimservadas en la memoria. No
raras veces estas se propagan , y conocidas son,
dejando á unlado ciertas bellezas ó defectos h^
reditarios , las familias de seis dedos y el inglés
que comunicó á su progenitura el defecto, por el
cual se le dio el nonifare de puerco-espin. ¡Cuánto
mas fácilmente se hubiera verificado esta tras-
misión si hubieran vivido aislados! Posible es,
pues , que las antmores causas alteren la forma
de h» individuos y vayan propagándose por su
descendencia (S).
Mas esta ciencia de las razas es nueva aun.
Los antiguos , al parecer , no distinguieron de la *
nuestra mas que la etiópica» la tracia ó mogola,
y la escita, ó germana , deduciendo la varie-
dad únicamente del color del cutis y de la natu-
raleza del cabello. Esta distinción pareció jus-
tamente defectuosa é insuficiente , y por lo tanto
se propusieron diversos sistemas para clasificar
la humana especie. El ffobema&r Pownall fue
el primero que sugirió u idea de que se fijase
la atención en laoonfiguraciondelos cráneQs.(3);
y Camper redujo posteriormente este sistema á
ciencia (4), deduciendo el criterio del ángulo far
ciaK Observando de perH el cráneo se tira una li-
nea désete la abertura del oido hasta labasede las
narices , y otra desde la prominencia de la frente
á la extremidad de la mandíbula superior donde
están implantado^ los dientes: y las razas se dis-
tinguen por la diversaabertura del ángulo, que
en el Albino es de ^ grados , en el Negro y Cal-
muco cerca de 70, y en el Europeo 80 yalgunas
veces mas (8).
Pero el q^ hizo un estudio mas esmerado
acerca de las variedades humanas fue Bhtmen-
bach , que recogió una infinidad de cráneos, y CMá-
establecióclasiflcacionessofaresufonnaysoimei ^^^
color de su cabello, de la piel y del iris. Contenn bib.
Slóes(eob8ervadorelcráneodearribaabajo,don- ¡ü^'
e presenta una figura oval , regular ^ la nuca
y desigual en la parte anterior , enqué sobres»-
(2) Una de las observaciones mas comones es la de ciertos per-
ros de caza que nacen i veces con la cola corta , lo cual no so irerl-
ftea por cierto en las nuus á cuyos individnos 09 so Uene la eo»^
tumtre de coriírsela. , • , _^ ^^^ .„.•,-
( 3 ) TfoweUe eoteetiondéB vofttpes. Londres Í76^ t. D, ^f . t75.
.4) Fierre Camper, Dissertatm phisi^ sur tes „
réellesque wesentent les ímiís du visage chez les htmmesdesdif-
/•ér.paw. ütrecht,1791. . ^.*. ,.
<5} Los antiiroos Griegos comprendleroieataftdiiéreiiciaia, pues
para sigHftflcar el BiaxImnD da k át iS paO M datea^ i^alto de aof
estatuas on dngolo ftcial deSS y baüideiOOgtidM.
16 / SPOGA PAIKERA.
ten mas ó menos la frente, los huesos de la na^-
riz y de las mejillas; mostrándose mas ó menos
abierto el arco zigomático , ó sea el que une es-
tos huesos con los de las orejas.
Según este sistema se distin^en tres clases
de hombres, á saber : la caucásica central blan-
ca, la etíope negra, y la magola amarilla, en
las cuales se entremezclan las dos gradaciones
de la nuüagaf oscura entre las dos primeras, y de
la americana de color de cobre entre la caucásica
y la mogcria. A la priiflera pertenecen los Euro-
peos, menos losLapones, los Finlandeses y
Húngaros; los habitantes del Asia Occidental,
inclusa la Arabia y la Persia hasta el rio Obi; los
de las orillas del Caspio y del Ganges , y los del
África Septentrional. £¡1 resto de África pertenece
á la especie ne^ra. A la mogólica corresponden
los demás habitantesdel Asia , los tres pueblos de
JEuropa exceptuados de la caucásica, y los Esqui-
males de la América Septentrional. La malaya
comprende todos los naturales de Malaca, de la
Australia y Polinesia, llamados tribus Papuanas:
por último , la especie americana se compone de
todos los hijos delNuevo Mundo, excepto los Es-
quimales (B).
Cuanto mas progresa la ciencia , tanto mas
sencilla encuentra a la naturaleza en sus recur-
sos; y a^ como los recientes descubrimientos de
Humboldt, Bonpland, Pursh y Brown han dado
á Decandolle bastantes indicios para una distri-
bución geográfica de las plantas, derivándolas
de un centro común, del mismo modo se multi-
plican cada vez mas los argumentos para probar
que las variedades de la especie humana, le-
jos de ser efectos de diverso origen, dependen
de las variaciones ocasionadas por el clima, del
género de vida y de las monstruosidades espprá-
dicas que han tle^o á ser hereditarias. Tales
razones, que exphcan también la existencia de
las lid>res, conejos y cerdos blancos; oue estable-
cen inmensa diferencia, entre el cerdo domésti-
co, y el jabalí, y á las cuales se atribuye la joroba
en la raza de los camellos, bastan para explicar
la diversidad que existe entre las especies hu-
manas.
T (me efectivamente naciones enteras han pa-
sado de una familia á otra , lo prueba el ver que
entre los pueblos de diverso color se habla ó se
ha hablado el mismo idioma , indicio cierto de su
eomun origen. Las lenguas húngara, finesa, la-
pona y estonia tienen annidad con la de los Cner-
misos, Yotiacos, Ostiacos, Permianos y otros
pueblos de la Siberia Oriental; y sin embargo,
los Lapones, Chermisos, Vogulos y Húngaros,
tienen el cabello y ojos n^os, en tanto que en
los Fineses, Permianos y Ostiacos vemos el ca-
belló rubio, y los ojos azules. La lengua de los
Tártaros y la de los Mogoles, ha sido clasificada
poco hace en una misma familia , y en el si-
glo XI formaban aun una sola comunidad de cua-
tro tribus, procedentes de dos hermanos, sggun
refieren sus tradiciones; y sin embargo, los Tár-
taros pertenecen á la raza caucásica (1 ). El idio-
(1 ) Ktaíproth demostró cpie entre las sapoestas nzas caueásict
y nogoli bty mncba afinidad respecto de los nombres de cosas na-
tuiles y de primera necesidad , para lo cual adi^o ana laraaomeB*
elatwt en el tomo U de sva JfomoffM f «/«/</'« d /* Ja<0.
ma demuestra que los paMoR de nuestra raza
sonde origen común; y á pesar de esto los nato-
rales de la península india se diferencian de no-
sotros en el color y la forma hasta el paiito de
ser colocados en una clase distinta. Las lenguas
europeas mejor analizadas son patrimonio de dos
ó tres razas enteramente distintas según las apa-
riencias. Los Tártaros y los Turcos están física-
mente lejos de la raza mó^la, y no obstante sos
idiomas pertenecen á la misma ramilla. Las ksst^
ffuas del Ural están repartidas entre pueblos
ae variadísimo aspecto físico: y las naciones
morenas de la India usan de dialectos derivados
del sánscrito lo mismo que nosotros, Europeos
blancos.
Quien conoce las mutaciones enormes, ó m&-
jor dicho esenciales, á que están suietos los ani-
males al pasar del estado salvaje ai doméstico,
ó vice versa, como ha podido verse en algunos
llevados á América, se admira menos de las va^-
riedades de la especie humana. Cuanto mas
Srogresa la ciencia, mas se extiende el número
e tales especies y mas se prueba la transición en-
tre ellas y la dificultad de separarlas con carac-
teres terminantes. Mientras la unión entre los
animales de especie diferente es infecunda, y
mientras los semejantes no producen mas que
seres estériles é híbridas, soto las razas de una
misma especie engendran mestizos que pueden
reproducirse. Estoes puntualmente lo que sucede
con los hombres, que por tanto pertenecen fisioló-
gicamente á la misma especie, y esto acaba de
confirmarse por la^uniforme igualdad del tiempo
de la gestación, y de la vida, y por la igualdad
de enfermedades salva la influencia del clima
y de las costumbres.
Difícil es ciertamente explicar el tránsito del
color blanco al negro (2); pero que este es efec-
to del clima lo indica la gradación de matices
que $e echa de ver entre lospolos y la linea for-
mada p(^ los Daneses, Españoles, Italianos, Mea-
ros y Negros. Sabido es que el niño moro nace
blanco, y adquiere el sombrío matiz á los diez
dias, en tanto que las mujeres sarracenas que
viven en absoluto retiro conservan la Mancura
de su cutis. T que esta mudamea de color se ha
ido efectuando v perpetuando graduahne&le, se
ve también en los Abisinios , pueblo semítico y
diferente en cráneo y en facciones del negro, al
cual se parece en la piel (3). .Otro tanto se afir-«
ma de varias poblaciones de África , mixtas ó que
se han ennegrecido conservando las facciones
europeas, mayor civilización y vestigios de tra-
diciones. Así es como los Europeos establecidos
en la India adquieren el matiz de los naturales,
y en el Malabar se encuentran Judíos nebros.
¿Qué mas? los cráneos de los colonos europeos
de la India Occidental, se diferencian de los
nuestros; y se dice que los negros que viven es-
clavos en las alquerías de América, cambian la
a)nfiguracion de la nariz y de los l9d)ios, convir-
tiéndose en cabello la crespa lana de su cabe-
(i) El color del negro reside en el tejido llamado de Malpiglií
situado bido la epidermis exterior. V. Alpino, De iede et oüwe oh
hrit JStiopuM. Leíden1738.
(3) Nótese que estos paeblos se llaman Gukei, esto et, tránsito
7 qne la Eaeritara denomina CktákMpvebkM de aalits orillas de
r Rojo.
Digitized b>
UNIDAD D£ LA ESPECIE HUMANA.
17
k(l). ¿Qaé variaciones^ no podrán haber pro-
iciao los millares de anos transcurridos, y las
dacido los millares de años transcurridos, y
súbitas alteraciones de los climas causadas por
te alzamientos de montanas, los incendios y los
cataclismos?
M . Fleurens, secretario de la Academia fran-
cesa de ciencias, llevó felicísimamente á cabo
experimentos sobre el estudio comparativo de las
diversas estructuras del organismo humano , ios
cuales le condujeron al mismo resultado que aca-
bamos de proclamar.
Por lo tocante al cutis, que ofrece el distin-
tivo mas manifiesto , se encuentra en las razas de
color una membrana pigmental , que por faltar en
las demás ha sido considerada como característica
de estas. Pero no lo es, pues también el blanco,
cuando llega á tostarse por efecto del sol, ad-
quiere nn sutilísimo pigmento entre el dermis y
la epidermis, y además lo tiene constantemente
en derredor de los pezones. Por el contrario , no
suele encontrarse en el feto de los negros, ni en
ios de aquellos que [)adecen un albinismo par-
cial , ni tampoco en ciertas partes blancas que se
ven en algunas personas de color. Semejante des-
coloramiento parcial atestigua que el no haberse
formado h secreciondel pigmento pod)ria atribuir-
se auna alteración morbosa, y que no puede por
k) tanto ser considerado este como característico
de la raza. En efecto, siempre aparece menos
desarrollado en los cruzamientos de castas cuan-
to mas se desvian del tronco ne^ro ; por lo cual
el que qoiera convencerse del ongen único de la
raza humana, debe fijar su atención en estas gra-
daciones, en vez de establecer una comparación
directa é inmediata entre los dos extremos. La
rnatería colorante existe en todas las especies;
las circunstancias son las que la desarrollan.
Otros estudios semejantes practicó Fleurens
sobre el esqueleto y el cráneo, que nosotros no
DOS proponemos seguir.
Por otra parte, impreso ya un carácter, viene á
quedar cerno indeleble, según podemos observar-
lo ea hs variedades europeas , y particularmente
en Hafia, donde aun se nota la diferencia entre
el tipo de los antiguos Galos y el romano (2);
¿I eslD por qué? ¿Por qué "no pierde ahora el
negro sm sombrío color ni aun bajo el Polo?
¿Por qoé el Americano conserva su matiz cobri-
zo lo mismo en los helados lagos del Canadá que
en hs abrasadas pampas? (3) Misterios son estos
I ) Di tidos mes hechos dedajo muehas pruebas el R. Wise-
mantmlmBfétsta dudas conlereiicias. Pero yo he preferido citar
tmaBOBH 4e seglares que estaban noy leíos de defender á Moi-
sés. La HMB C8 my obvia. V. pnetTá i. C. Pritchard, Resear-
*kaimt9lk^fk9tkiaki$ior$0fÍUínkind. i837— 4i y su eompen-
tojrtliruieqriSB.
rS) VéMe la eurta de W. i. Edwards á Amadeo Thierry : Ve9
nrmeUtmptmtéMiiuet ees mees kurnames eansiderées tUtus ienrs
ramr*«wri'iiriMfr. Paria 1829, ii9 páginas en 8/ Sentadas
hi leytsMBtSíms, segm las cuales cree que se mezclan las razas,
netmm biier fiMpíado á encontraren fas fronteras de Borgofia
m tipú de iMMafBS dHérente ésA de la Francia Septentrional y que
«a I iiiiliiiiliBduiH jffii 1 1 jníii ili Ljron, elfieiAnado y Saboya: rasca
a ias galcifBS italianas el antiguo tipo romano, va en los retratos de
lai tm^enéntt, ya en el de ios grandes hombres v encuentra su
eei iejpy Bá e aeia entre los modernos habitantes de Florencia, Bolo-
m , rmn y PAdoa j mcyor en Venecia. Los compara con los
pases en 4» hnbilaroD los Cimbros y encuentra exacta la distin-
ñm lantn en Francia, eoano en Inglaterra, y confirmada con lo que
tee la IKatorii aeera de sns emigraciones, y lo que resulta de hi
u ma maUw i ét sns Máoons en el eietaento vivo. (C. )
S) El capitmi €tftrid LidiNMl ha demostrado que los Americanos
- í JKNÜtada por elcUaia y la locaüdad en
que demuestran que los hechos referidos bas-
tan hasta el presente para disipar las objecio-
nes , pero no para fundar ninguna teoría ab-
soluta.
Por lo demás, queda fuera de duda que estas {«
diversidades se reducen al color del cutis, y á '
forn¡|t dejos c abellos^ s in extenderse alos órga-
nos mas nSCles déla vida. La misma ciencia de
Gall, que algunos han querido también convertir^^
en apoyo del materialismo, prueba la unidad de
nuestra especie. Hace aun poco tiempo que Tie-
demann con exauisítas indagaciones . sobre el
cerebro descubrió que el del negro no se diferen-
cia del nuestro ^ino un poco en la forma exterior y
nada absolutamente en la estructura interna; y
que exceptuando algo mas de simetría en la dispon
sicionde sus circunvoluciones, varia del del oran-
ffutan tanto como el cerebro de los Europeos.
De lo cual aquel sabio deduce que el negro no
es inferior á nosotros por ninguna configuración
orgánica congénita que le haga de menor talen-
to , sino solo por la educación (4).
También Humboldt, aquel sabio naturalista
que con sus propios oíos examinó toda la tierra,
insiste sobre las analogías de los Americanos
con los Mogoles y con otros pueblos del Asia
central, ;y dice que cuanto mas se estudian las
razas, dialectos, tradiciones y costumbres, tan-
to mas motivo hay para creer que los habitantes
del Nuevo Mundo proceden del Asia Oriental y
que Quetzalcoatl, Boquica y Manco-Capac,
Sersonajes ó colonias que civilizaron aquel mun-
0, procedieron del Oriente de Asia y tuvieron
comunicación con los Tibetinos, con los Tártaros
Samaneos, y con los Ainos barbudos de las islas
de Yesso y de Sacalin. £1 mismo insigne via-
jero asegura que, cuando se haya hecho un es-
tudio mas profundo acerca de los moros de África
v de aquellos enjambres de pueblos que habitan en
la parte interior y al Nordeste de Asia, nom-
braidos vagamente Tártaros ó Chinos, aparece-
rán las razas caucásica, mogola, americana,
malaya y negra menos aisladas , y se echará de
ver en esta gran familia del género humano un
solo tipo orgánico, modificado por circunstan-
cias que acaso nunca nos será dado determi-
nar {ú).
Otra serie de pruebas de la unidad del género
humano se deducedel lenguaje. Quien preguntara
cómo las imágenes pintadas en la retina pueden
representarse por medio de sonidos queá su vez
guedan expresar ideas y comunicarlas á los de-
más, prQ[K>ndria un problema de insuperable
dificultad, como es el de sustituir al color el so-
cuatro variedades : la iirímera al Norte, en Unalasca y en la costa
del Noroeste, es parecida ala de la Tierra del Fueteo: la segunda son
los Mejicanos, ios de las llanuras del Norte, de Chile y los Indios de
las Pampas; la tercera los Peruanos y la cnarbí los Nómadas salvajes.
Véase el Buliftin de la Société de GéogmpAie, mano de 1836.
Eusebio de Salles ha dado en el instituto de Francia una serie de
lecciones dirigidas ú probar la unidad de la espede humana. ( D. )
U) Según sus inda¿aciones publicadas en el Inetítut., niim. 190,
1857, el cerebro regular de un europeo adulto , pesa desde tres li-
bras Y tres onzas á cuatro libras y once onzas (gramas 1212.54—
1834.55): el de una mujer, de cuatro á ocho onzas menos (gramas
134.36—348.72). Al nacer, el cerebro pesa 1|6 del cuerpo: i los
dos aflos lil5 ; ¿ kis tres 1|18 ; á los quince 1|24 ; entre los 20 y 70
ailos desde 1|35 á li45. Otro tanto sucede en el negro , y sus ner-
vios no presentan tampoco , á proporción, mas espesor.
(S) Yues desCordÜiéreseímommeHísdespeHpUeindífenes de
V Amérique , introducción. En esU Introducción dice también : «Es
> maruTilloso encontrar á Anes del siglo iv^ en un mundo que Uama^
Digitized b>
If
Len-
guaje.
18 ÉPOCA ntlMERA
nido, al sonido el pensamiento, al pensamiento
una voz pintoresca. Pues bien , á todas estas
condiciones satisface la palabra, de la cual proce-
den todo el perfeccionamiento del hombre y todos
los tesoros oe la tradición : la palabra que une lo
pasado á lo presente y lo inmediato á lo que está
remoto; simbolizada en la lira que funda las ciu-
dades y en los semidioses que dictan las leyes;
intérprete de las generaciones extinguidas; base
de la dignidad del hombre y de sus altos destinos,
supuesto que necesariamente se comprenden en
ella la conciencia y el entendimiento , sirviendo
no solo para anunciar el pensamiento, sino tam-
bién para el amor, la reconciliación, el mando,
la justicia y la creación.
¿Quién mventóeste artificio, el mas maravi-
lloso de todas las cosas creadas ? Si lo pregunto
á las Sagradas Letras, me responderán que en el
Srincipio existia la palabra, y la palabra era Dios:
lios habló al hombre y el hombre por mandado
suyo impuso nombre á todas las cosas. ¿Y se dirá
después que Dios no creó perfecto al hombre? (i)
¿Como podría haberse llamado tal si le hubiese
faltado la mlabra, instrumento porel cual alcanza
su racionalidad ? De aquí infiero ^e el uso de la
palabra fue primeramente ensenado al hombre
por el mismo Dios, que con él le dio al mismo
tiempo los mas esenciales conocimientos morales,
científicos y religiosos .
Hay entendimientos que no dándose por satis-
fechos con la fe, piden el apoyo de razones; pero
las razones abunaanaquí como en todos los casos
en que se trata de verdades reveladas. Suponen
algunos que los hombres , después de haberse
desarrollado de los gérmenes materiales que les
dieron origen, vivieron arrojados como por la
casualidad sobre una tierra confusa y selvática,
huérfanos abandonados por la mano desconoci-
da que les había dado el ser (2) ; y que obede-
ciendo puramente á la ley de la necesidad , in-
ventaron primero ciertos gritos convencionales,
que fueron las interjecciones , de las cuales se
fueron elevando poco á poco á las demás partes
del discurso.
Mas para convenir en el sentido de las voces
arbitrarias ¿no es por ventura necesario hablar
ya? De otro modo ¿cómo podrá el sonido for-
mado por un hombre despertar una idea deter-
minada en el espíritu de otro? Centenares de
siglos hace que anuflan los animales, y sin em-
bargo en nada se parecen á un lenguaje sus inar-
ticulados gritos. Si el hombre nunca hubiese oido
hablar, se habria quedado sin el uso de la pa-
labra, como todos los días lo están demostrando
los sordo-mudos , los cuales, si andando el tiem-
po aprenden un lenguaje de signos y adcpieren
tantas ideas, es porque viven en medio de una
» mos nuevo . las Institaciones antigms , las ideas religiosas y la
» forma de ediflelos que en Asia parece que se remontan á la aurora
>de la civilización. Sucede con ios rasgos caraeteribtlcos de la hu-
• manidad como con la estructura interior de los vejetales esparci-
•dos porel f lobo : en todas partes se manifiesta un tipo primi-
• ttfo.i pesar de las diferencias producidas por la naturaleza de los
» climas , del terreno y por otras muchas causas accidenuies.» Y
tfiade que « la comunicación entre ambos mandos es una cosa pro*
» bada de un modo indudable por las cosmogonías , por los monn-
» mentos , por los gerogllflcos , por las instituciones de los pueblos
» de Asia y América. •
(i) Viáu Deu8 cuneta qum feeerat , eí eraní wide bona. Gen.
sociedad educada por el idioma. Las distinciones
lógicas, las delicadezas déla conversación, las
¡gradaciones de los tiempos, de los modos y de
as personas ¿cómo era posible que hubiesen sido
inventadas por el homnre, supuesta la igno-
rancia de sus primeros dias? Y digo primeros,
porque donde (piiera que se nos presenta el bom-
ore se le ve hablando : ni hay una sola fábu-
la ó tradición que refiera que haya habido un
inventor de la combinación de la palabra. Ad-
mitiendo los materialistas la eternidad del idioma
ó haciéndolo una función natural como el canto
de las aves , ó una invención individual y primi-
tiva tendrían que llegar también por último á
una diferencia radical , aun cuando recurriesen
al origen onomatopéico. No se diga tampoco i
que la semejanza de órganos debia reducir los
alfabetos, áunos cuarenta sonidos, y la gramática
general á unas cuarenta proposiciones, pues que
ios poquísimos elementos (valiéndonos de un
ejemplo vulgar) del caleidoscopio producen mi-
llones de combinaciones posibles.
Diré mas: aun cuando en el progreso de la
sociedad vemos que todas las artes se van per-
feccionando, ninguna nueva perfección notamos
introducida en las lenguas, y ninguna, desde que
las conocemos , ha adquirido un nuevo elemento
esencial. Las lenguas semíticas, aunque inmedia-
tas á las otras en algunos siglos, no han inventado
el tiempo presente, ni los tiempos ni modos con-
dicionales; tampoco han inventado ninguna nue-
va conjugación ó partícula para poder evitar al
mu copulativo la necesidad de expresar una rela-
ción cualquiera entre las partes de un discurso:
sus alfabetos carecen de vocales y no se ha sabido
dárselas (3). Fijemos ahora la consideración en
los toscos americanos que hablan el mana y el be-
toy ; y entre ellos encontraremos dos formas del
verbo, una que indica el tiempo , y la otra que
expresa simplemente la relación entre el atributo
y el sujeto ¿Cómo aquellos hombres rudos pudie-
ron inventar una finura tan lógica? ¿Por qué
nosotros, tan engreidos con nuestra civiliza-
ción, no la introducimos en nuestros idiomas?
¿Por qué se reducen todas las novedades hechas
en ellos, hasta donde alcanza la memoria de
los hombres , á tomar alguna palabra de otra
lengua, rejuvenecer una anticuada ó formarla
de elementos usados? j Cuántos esfuerzos aca.-
(3) Grimm, estudiando las priroitivas formas de lagramitica
alemana conoció que su idioma estaba muy lejos de haberse porfec-
clonado. Humbolat escribía á Abel Remusat, dicienAo : « Je ne r«>
gardc pas les formes (irammaticales conune les A'uits des progrés
qu' une nation faít dans 1' analyse de la pensée , mais ptntot com*
me un résultat de la maniere dont une nation considere et traite
sa laoffue» Leitt e sur la nature des formas gramnuUkutien. Paris
1827, pág. 13. Y ai^e : •JenOs pénéír.' de ¡a eermctím fu' it ne
fautvas meconnaHreeetie foreevraimtnt divine querévtíent iea
faautis kumaines, ca génie créteur desnationt, turtemt Hatu i*
elaí primiiif, ou touies les idees et méme les facultes de I* Orne
empruntent une forcé plus vive de la mmveauté des tmpretaiams;
1.54.
(2
VoLMEY, hnines.
oul' homme peuí preesentirdes osmbiuttistnuauK mieUeeU ne se-
ma MI
critesau reste des mortels:ets* ilesí impossible de rétrmeer
rail pos arrivé par la marche lente et progreSeive
Ce gente créaieur peut franekir les limites
espericH"
semblesU pre»^
marche, sa presence uivi fiante n' en est pas moins manifpaSe.
Plutót que de rcnoncer dans f origine des langues, ¿ /' inflsience
de cette cause puissan/e et premitre, et de leur aatgmer é t4mies
une marche uniforme et méeanique aui les tratneraU pas k p^s de-
puis le oommencement le plus groner Jusqu' á leur perfeati&me-
mení , >' emhrasserais t' opinión de eeux aui rnportent r origine
des langues h une rénilatian imnédiaie ais la aMnité. lis recon-
naieent au moins i* etincdie di»inequi Mí h traaers ton* lea ¿dio-
mes, meme les plus impurfaits et les moins cultieés. •
UNIDAD DB LA ESPBCffi HUMANA.
ta
démioofi jpara eomposer nna lengua univer*
sal Ilnfeliz tentativa , que aun siendo posible,
no haría mas gue circunscribir entre unos po-
cos sabios laci^icia, cuyos colosales adelan-
tos no dependen sino de la circunstancia de
«er universal. No es el hombre quien inventa
una lengua : antes bien pone mucho conato
en conservar la antigua, si no en los accidentes,
por lo menos en cuanto á su naturaleza , y en
excluir las singularidades: consérvase asimismo
una Teneraeion entre los literatos y entre el pue-
blo ibis palabras antiguas y tradicionales, como
si conociesen su incapacidad para producir otras
mejores (i). ¡Considérese el vigor que tendría la
paukbra en la cuna del humano linaje ! ¡ No pa-
rece sino que á aquellos hombres de sensaciones
y de almas mas enérgicas, les fue dado un ins-
¿ramieato mas á propósito para expresar el en-
tusiasmo de una lozana juventud !
Esta y otras razones fueron causa de que, no
Ía los teólogos y teosofistas, sino el mismo
[umfaoidt y otros eruditos, encontrasen única-
mente racional la opinión de un idioma revelado:
la academia de Petersburgo, que auxilió á la etno-
grafía con preciosas indagaciones, aseguraba que
todos los iaiomas son dialectos de uno que se na
perdido, y que ellos solos bastarían p^ra des-
mentir i fes aue creen en la múltiple aerivacion
del humano linaje ; y el mismo Rousseau se vio
obligado á confesar que la palabra era un pre-
sente de la divinidaa.
Si fuese invención de los hombres, cada pare-
ja de estos; ó por lo menos cada familia, huoiera
compuesto un idioma particular, sin aue entre
todos se notara analogía , como suceae en las
obras del capricho. Pero precisamente vemos todo
io contrarío; y supuesto que el lenguaje es una
de las bases de la historía de la humanidad, asi
como la variedad de idiomas pertenece positiva-
mente á la historia universal de las razas, no
nos podemos dispensar de hablar algo acerca
dcél.
No trataremos de indagar cuál fue el idio-
ma primitivo, problema de vanidad nacional,
para cuya solución nos faltan datos. Acaso pe-
reció del todo ; acaso sufrió alteración, cuando
habiendo visto Dios la torre de Babel , fabri-
cada por un solo pueblo que hablaba un solo
idioma (2), confundió sus hablas de manera que
ningono podia entender al otro. Desde este pun-
to comienza la historia del lenguaje humano,
coya variedad puede considerarse como la de
ima pirámide de tres altos. En el primero y mas
inferior figuran las lencas de raices monosíla-
hasy depalabras primitivas, aue carecen de gra-
mática ÓBO tienen mas que algún rudo ciernen-
So de método sencillísimo é imperfecto, siendo
sin coniparacíon las mas difusas en todas sus
ertes. Entre estas se halla en primer término
china^ desarroUada cuanto lo permite su ín-
dole, semejante á los gritos de los niños , enér-
gicos, pero inconexos, aunque el arte del estilo
y los adelantos de la ciencia la han elevado
(1i Vtíera fverH) Mqfetlas qundam, etutsk dixerimt réligio
:t ) JSece umuestpófulus, ermnm laMum ómnibus. Gen. XI. 6.
desde esa infancia á otro estado de forma cour-
vencional (3).
Sigue el segundo tronco, que se divide en las
tres ramas indo-persa , greco-latina y godo-ger-
mánica, de raices bisílabas , de moao que pre^
sentan gran fuerza de* vida , mucha fecundidad
y lujo de gramática , y tanta mas riqueza y re-
gularidad , cuanto mas se acercan á la lengua de
la India. Estas se desarrollan poco apoco, trans-
formándose de manera que primero presen-
tan mucha riqueza poética, luego maravillosa
variedad de exposición y de formas , y última-
mente la mas exacta precisión de lenguaje cien-
tífico.
En la cúspide de la pirámide pueden colocar-
se las lenguas semíticas , como las usaron la Pa-
lestina, Siria, Mesopotamia, Fenicia, Arabia y
Etiopia , siendo sus principales ramificaciones la
hebrea con la fenicia y la cananea; la aramea
subdividida en siria y caldea, y la arábiga y
etiópica de las cuales salieron los idiomas de la
Abisinia.
En estos es constante que la raiz sea trisílaba,
estoes, de tres letras, atendido el sistema de
escritura por el cual no se fija mas que la vocal.
En el verbo las tres radicales subsisten siempre,
y combinadas con algunas partículas aumenta-
tivas, expresan todas las posibles gradaciones del
activo, pasivo, neutro, reflexivo, transitivo,
intransitivo, recíproco, optativo y opuesto: tri-
nidad y anidad que no carecen de misterio y que
vemos con tanta frecuencia reproducidas en las
obras de la naturaleza.
Según las leyes de la derivación de las voces
hebreas, el verbo es el principio de donde todo
se origina , lo cual dá una vitalidad y calor in-
decibles á la expresión , si bien , por otra parte,
la generalidad ae esta ley limita la extensión de
las construcciones gramalicales. Las letras ser-
viles y el cambio de las vocales sujetan la radi-
cal á infinitas transformaciones ; y en tanto que
faltan á la conjugación formas para varios tiem-
pos , abundan las inflexiones propias para mo-
dificar el significado y extender el valor de
cada verbo, al fin del cual se ponen los afijos de
los nombres personales. En la relación del geni-
tivo se modifica el principal en vez del agrega-
do : abundan las aspiraciones y sonidos gutura-
les; y se escribe con solo consonantes, supliendo
las vocales con puntos, y de derecha á izquierda,
exceptuando la lengua etiópica. Esta circuns-?
tancia de carecer las leilguas semíticas de par-
tículas y conjugaciones á propósito para deter-
minar con exactitud la relación de las palabras
entre sí; la de ser duras de construcción , y la de
estar limitadas á las imágenes de acción externa,
las inutilizan para elevar lamenté á ideas abstrac-
tas y especulativas ; y por el contrario las hacen
muy á propósito para sencillas narraciones histó-
(3) De este idioma puede dar una idea el lenguaje de los sordo-
modos , el caal expresa los signos sencillos de las ideas, sin mas
enlace entre ellas que el 6rden natural: por ejemplo . el Padre nues-
tro se expresa de este modo por medio de signos : 1 Vuestro, t pa-
dre y 3 cielo , 4 tf» ( signo de mscrcton), 5 d§seo (seña de traer hacia
si), 6 vuestro { vos ), 7 nombre, 8 respeto, 9 voluntad, 10 vuestra,
\i llegue, ii reino, i3 providencia, ii liega. 15 deseo, 16 vuestra,.
17 voluntad, 18 hacer, 19 cielo. 20 tierra, ii igualdad, etc. Véase
Dk Ggrando, Z7¿ ¿' ^(Itfc»/^ dessourds muets, París 1827, 1. 1>
pág. 589, • Digitized b>
20 ÉPOCA PRIMERA.
ricas y para una exquisita poesía de meras impre-
siones y sensaciones que se sucedan con rapidez.
Asi es que, no han producido ningún sistema de
fílosofia racional, y en sus mas sublimes composi-
ciones no se encuentra ningún elemento de idea
metafísica. Las revelaciones mas profundas de la
fe, las predicciones mas espantosas, la mas sa-
bia moralidad, están revestidas en la Biblia de
imágenes corpóreas. Otro tanto debe decirse del
Coran; por cuya razón los pueblos que hablaron
estas lenguas pueden considerarse cx)mo espe-
cialmente destmados á conservar las tradiciones.
En las lenguas Indo-europeas admiramos la
flexibilidad para expresar las relaciones inter-
nas y extemas de las cosas por medio de la fle-
xión de los nombres, de las preposiciones, de
las partículas, de los condicionales, de los in-
definidos, de la composición de vocablos, y de
la dificultad de invertir la construcción y tras-
ladar la palabra de un sentido material á otro
puramente intelectual ; lo cual las hace mas ap-
tas para expresar las sublimes ideas del ingenio
Elas sutilezas de la filosofía. Por esta razón en
i India, en Grecia, y en Alemania , se han ana-
lizado las formas de las ideas hasta en sus pri-
mitivos elementos ; y asi como se ha dicho que
las lenguas anteriores eran adecuadas para con-
servar la tradición, de estas debe decirse que
son convenientes para difundirla y apoyarla con
pruebas.
Al segundo orden parece que se aproximan
las lenguas eslavas , las cuales con otras de la
misma clase constituyen una cuarta rama. En-
tre el segundo y el tercero hay otras muchísi-
mas, producidas por la mezcla de los pueblos,
como algunas de América y las antiguas que
en Europa constituyen las reliquias del celta (1),
el galo y el finés ; no puramente monosílabas,
sino sencillísimas y de imperfecta estructura
gramatical, ó bien extrañamente artificial y com-
plicada.
Algunas lenguas derivadas participan de la
una y de la otra de las primitivas. Él antiguo
e^iocio , por lo poco que nos revelan los gero-
glíncos y los restos de palabras sujyas aun exis-
tentes , tiene afinidad con el antiguo arameo,
aunque es independiente de él por la escritura
triliteral. La Abisinia, antigua colonia camitica,
conserva aun cierto idioma mixto de hebreo
antiguo y árabe posterior. Asi como entre Cam,
y Sem, se encuentra también parentesco entre
Sem y Jafet. En el idioma cofto domina el ara-
meo, pero con muchos vestigios del indio, y en
el hebreo se encuentra el pronombre coflo que
también se reproduce en el sánscrito; el anticuo
Sersa ó pelvi es semítico por las palabras , é in-
o-europeo en cuanto á la gramática ; las fle^
xiones del verbo árabe por medio de pronombres
semilatinos, recuerdan con las partículas la con-
jugación griega; y el verbo medio de los griegos
se parece algo en cuanto á la forma, y es idén-
(i)E\ sabio PuTCHARD en su Origen oriental de las nacioneft
céliteas, refiere los dialectos célticos i la familia indo-earopea. Pos-
teriormeiiie Francisco Bopp en ana disertación leída á la Academia
de Ciencias de Beriin (el 13 de diciembre de 1858) demostró que las
lenguas célticas pertenecen al mismo grupo que las demás indo-eu-
ropeas, i pesar del sistema de declinación al parecer Un diferentei
porqve BOU las iniciales las que designan la B)odlflcaeion,
tico en la significación , á los verbos reflexivos
semíticos.
Pues que la fraternidad supone padres,
estamos en el caso de deducir 4e aquí la
existencia probable de una lengua anterior á las
semíticas y á las indias. Siendo aquella mas
compleja que estas dos, pudo haber eogen-
dradfo directamente otras, en las cuales dejara la
estructura del verbo en aquella entera com-
plicación que en ninguna de las dos mencionadas
se encuentra. En este caso se hallan tal vez el
vasco , en el cual una misma raiz presenta has-
ta veinte y cinco conjugaciones , y el idioma de
otras naciones que vagaron por el centro de
Asía antes de pasar á América , donde aun se
encuentra el verbo con aquella estructura sen-
cilla en su procedimiento y complicada en sus re-
sultados, que varia las gradaciones de la acción,
interponiendo algunas sílabas , como en el verbo
semítico. En la extrema India los idiomas láma-
lo , telingo , carnático , misoriano , tulariano y
parbatio, no se refieren directamente al sáns-
crito , sino que se aproximan á los idiomas tár-
taros que son de familia ariana , si bien en ellos
no se conjuga el verbo.
En la Europa desde tiempos remotísimos pre-
valecen los idiomas indo-europeos ; y es mara-
villoso que las costas meridionales, que tantas
relaciones de comercio , de colonias y de domi-
nio mantuvieron con las costas de África , no re-
velen afinidad de origen con las lenguas que allí
se hablan, y por el contrario la tengan mas bien
con el finés'que es de origen semítico. ¿Proven-
drán acaso de estos pueblos los Pelasgos?
Quien desee ver cómo se transforman los idio-
mas mezclándose unos con otros , no tiene mas
que estudiar los dialectos de los pueblos limítro-
fes , ó las lenguas francas de las costas del Me^
diterráneo , ae las Antillas ó de la Indo-China.
Hoy mismo, y en aauellos países donde ios
idiomas pretenden hanerse fijado mediante la
literatura , cambia la pronunciación cada cien
anos, cada 200 la ortografía , y en pocos siglos
la sintaxis. En lo antiguo las castas sacerdotales
conservaban la pureza primitiva del idioma, pe-
ro esto era causa de que á muy poco tienipo su
lengua fuese un arcano para el pueblo. Meros
accidentes bastan para que el Italiano no entien-
da el latin ni el español; y para que el alemán y
el holandés , el francés y el inglés sean idiomas
distintos. ; Cuánto mas fácilmente habría sucedi-
do esto en la antigüedad , en el aislamiento ha-
bitual y en las eventuales superposiciones de unos
pueblos á otros ! £1 guarany del Paraguay y el
cheroky de la América Septentrional son mezclas
de dialectos diversos , y sin embargo rivalizan
en aquellos países con la lengua española y la
inglesa; ahora bien, si acaecimientos políticos los
elevasen á la altura de idiomas nacionales y lite-
rarios , ¿se diria por eso que un hombre era au-
tor de ellos? No , porque el hombre no dio ni los
materiales ni los instrumentos, esto es, ni la
palabra, ni las formas gramaticales, herencia
tan antigua como el mundo ; semejante en esto
al arquitecto que levanta un edificio de nueva
planta, pero con materiales preexistentes.
Si; contra lo acostumbrado ei^Ios escritos his-
UNIDAD DE LA BSPKCIE HUMANA.
21
tóricoSy me he detenido á hablar de las lenguas
hamanas , no temo que se me culpe sino por
aquellos que desconocen la dignidad déla pala-
bra , que es la idea expresada , así como la idea
es la palabra pensadEa , sin la cual el hombre
no adquiere ideas ( 1 ). Además , los idiomas son
el lazo mas estrecho de las naciones , que re-
siste á los embates del tiemjpo y á la espada de
los conquistadores. Su estudio, no por mera cu-
riosidad ó capricho , como hasta ahora se hacia,
sino reducido como en nuestros dias á ciencia,
ha ensanchado los limites de la Historia, y allí
donde callan los monumentos, señala las primi-
tivas emigraciones de los pueblos.
Se han hallado igualmente el fondo y las formas
de las lenguas eslavas en el sánscrito; y formas
míe no se advierten en el latin , en el griego , en
el alemán, en el eslavo, y que sin embargo existen
en el sánscrito , aparecen también en los idiomas
«"SO, gales y bajo bretón; cuya analogía entre
los dos extremos arguye en favor del parentesco
de los comprendidos en el medio, aun donde este
par^tesco se manifiesta menos evidente.
Esta fraternidad se conserva entre las trans-
formaciones por las cuales se convirtieron en
nuevas lenguas, se dividieron en idiomas, y se
dfócompusieron en dialectos ; y en el sánscrito
se halla con frecuencia la razón de las formas
gramaticales que no pueden someterse á reglas.
Asi fó que en latin se dice elephas; pero la
forma del genitivo elephantos revela las dos le-
tras suprimidas y lo aproxima mas al griego, que
á su vez se asemeja al indio aila vanta. El latin
ase reconstruye la incoherencia de varios de sus
tiempos mediante los dos verbos sánscritos á que
debe su origen , como el verbo andaré italiano se
forma con h mezcla de los verbos latinos iré y
vadare ; betíer y besser es el comparativo de gut
y good en el alemán y anglo-sajon , y tienen su
positivo regular en el beh , zendo y pelvi. *
Al^:una vez se reconoce la etimología leyendo
la raíz de derecha á izquierda ó vice-vcrsa, que
son los dos sistemas del alfabeto semítico y ja-
fétieo. Tra, de donde los latinos compusieron
la palabra ierra , es lo mismo que art en árabe y
en alemán i&rde) ; grd, de donde procede la pa-
labra gradus, es drg en semítico; fil hilo es lif;
Atídn, Atenas, es nitha en egipcio , que sí^in-
ca mochuelo y la diosa correspondiente á la Palas
de los Griegos (E).
Pero se equivocan groseramente los que ha-
llando en la lengua de un pueblo semejanza con
la de otro , infieren que este se deriva de aquel.
Wilkins, por ejemplo, dice que el persa es una
mezda de vanas voces latinas , griegas y ger-
mánicas (2 ) , y Walton llegó á asegurar que asi
como el puenlo persa es una mescolanza de Grie-
gos , Italianos , Árabes y Tártaros , del mismo
modo su idioma es un conjunto del de todos es-
t i ) Decíaos adquiere, si la idea del ser es innata.
(t) Prólogo i la Oraiio dotainica in dhersú ommum (ere gen-
l'mm imgmu^ru, de Chamberlaimb, p. 7. Amsterdam ni5. Los
prinerot estudios coinparathos de las lenguas se hicieron precisa-
ante CB iradaccioDes poHgiolas del Paier noster , y la coioc^iou
aas áaplia es la eitada.
* Ténjease presente la diversidad con que cada pueblo suele
praioicar ans nismas letras ; la cual hace que palabras que es-
critas parecen diferentes, sean sin embargo seroeiantes en la
pnameiadoB y sigDillcacion. V. la obra del alemán Ifopp sobre la
graaátiea de las lengnas indo-«uropeas. ( N. del T. )
tos (3). Tampoco Denina sabia explicar la se-
mejanza entre el Griego y el Teutónico sino su-
poniendo que los antiguos Germanos habian sido
una colonia procedente del Asia Menor (4). Tal
vez sucede que las lenguas de una misma familia
convienen entre sí, de manera que la confronta-
ción de sus etimologías parciales no demuestra
que haya entre ellas parentesco alguno sino re-
montándose álos troncos primitivos; y cuanto
mas adelanta el estudio, tanto mas motivo se
encuentra para dejar á un lado los títulos de len-
guas madres y lenguas hijas , pues en realidad
todas son hermanas, entre las cuales se observan
muchísimos rasgos de semejanza y muchas di-
ferencias capitales (5^.
Sej^arados entre si los pueblos [Mr dilatados
espacios , cordilleras de montes , rios y mares,
cada cual elaboró su idioma siguiendo opuestas
influencias ; asf es melodioso en los países tem-
plados , bronco y cortado en los climas ardientes,
y áspero y fuerte entre los hielos polares ; asi se
retratan en él la vida contemplativa del pastor,
la precipitada carrera del cazador, el grito ame-
nazador del guerrero ; y asi las conquistas y la ci-
vilización dejan en él impresas sus huellas. Allí
donde los pueblos cayeron en la barbarie , los
idiomas, vs^os, inciertos y extraños, nos anun-
cian las escasas comunicaciones y las guerras
intestinas : allí donde se elevaron á la civiliza-
ción , á la vida agrícola é intelectual, se exten-
dieron las lenguas de un modo uniforme y cons-
tante : de este modo en Europa adquirieron todas
una fisonomía común , mientras que en América
puede decirse que varían en cada barrio. Y asi
como el lente del geólogo ó el crisol del químico
en el menor grano de arena ven indicios de la mole
de donde se destacó ó de la montana de que fue
Jarte integrante , asi el filólogo con el análisis
e las frases y voces modernas se remonta á la
vasta fábrica de los idiomas antiguos, y por to-
das partes se encuentra con una primitiva imidad,
descompuesta en pocos grupos que no perdieron
su semejanza, ni aun al través de las infinitas
variaciones causadas por el giro de las edades,
Eor las mudanzas del clima, las vicisitudes po-
ticas, y la mezcla délas razas. Hasta tal punto
llega á ser cierta esta verdad, que casi da dere-
cho para deducir el siguiente axioma: los hom-
bres hablan , luego son todos de una misma raza.
Por último, no hay quien no convenga en que
(3)Prolegom.XVl, gí.
(A) Sur tes eatises deU différence dei iangues. Berlín 1785.
( 5) V. KLAPROTsen la Eneiclopédie moderne,%n. Ungues y el li-
bro del ingeniero J. de Xylandbr, recien impreso en Francfort sobre
el Naine con el titulo de DasSpraehgesekUeht des Titanes, ete. «His-
» loria de las lencuas titánicas ó exposición comparativa de la pri-
• mordíal ailnidad de las lenguas tártaras entre si y con la helénica,
• con reflexiones soi>re la historia de las lenguas y de los pueblos.»
El autor principia examinando la lengua mancha bajo el punto de
vista de la gramática y de la sintaxis, y compara mas de 2,S00 pa-
labras del estilo elevado y del familiar de dicha lengua con las vo-
ces griegas equivalentes. De lo cual deduce au^ las raices, las de-
sinencias , y los principios elementales son iguales en ambas , y
que puede pensarse qne el manchií es un dialecto prhnitivo del grie-
go. Extendiendo luego sus indagaciones A los idiomas tongusos, que
según la Asia poliglota son mas de 900, y á los mogoles, turco, ti-
betino, chino-húngaro, finlandés, samoyedo, yeniseo, enos, cams-
cbadalo , corgaco , glncagiro , chusco , coreano , japonés , birman,
siamés, anamano, peguano, malayo, georgiano ysimito, se en-
cuentra dispuesto á inferir que todas las lenguas que se hablan ai
presente en Europa, Asia, Norte y Noroeste de África, en ia mayor
parte de las islas situadas entre Asia y América, y en su continente
mas septentrional, son mas 6 menos parientes entre si; de lo cual es
prueba la sintaxis de la antigua lengua griega.
^
EVOCA MIMERÁ.
todas las especies ele hombres se distiagaen por
un insigne atributo, don exclusivamente suyo,
la perfectibilidad , cuyo carácter por sí solo bas*
tana para demostrar su unidad. Nuestro orgu-
llo nos hace creer en la superioridad de la raza
blanca , y que solo por medio de esta pueden
elevarse las otras á la civilización : así sucederá
acaso en el porvenir ; pero no fue siempre así
en los tiempos pasados. Los Griegos se recono-
cian obligados altamente á los Egipcios y Feni-
cios de oscuro matiz : á estos debían también
mucho los Etruscos : la América fue educada
por una estirpe cuyos restos están en el dia re-
presentados por los hombres llamados por su
color Pieles-rojas: los Chinos debieron probable-
mente su civilización á los Indios, que también
debieron ser maestros de los Escitas, délos Cel-
tas y de otros antiquísimos pobladores de Europa;
y los atezados Árabes introdujeron el Coran en
el centro del África. Pero de todos modos dispú-
tase el grado, no la capacidad de educación de
las razas. Por otra parte el hombre está dotado
de inteligencia , la cual parece capaz de modi^
ficar el encéfalo , y por lo tanto hasta las formas
exteriores. Ejercida esta sublime facultad de un
modo conveniente y justo, conduce á la l)elleza
de la raza blanca , pero abusando de ella ó deján-
dola entorpecer, puede ir decayendo el hombre
hasta el nivel del boten tote. Sin embargo aun en-
tonces la especie humana no pierde su alta condi-
ción, ni la posibilidad de vol versea remontar. De-
cíase que los nebros se hallaban en el último grado
de la escala social ; pues bien, véase como algu-
nos han sabido conquistar en Haiti su libertad
y usar de ella de una manera no peor que los
pueblos de Europa : la raza abisinia es negra,
pero es también nermosa en sus formas á causa
de su mayor civilización.
La unidad de la especie queda también triun-
i^riao- f^''™^'*^® demostrada por la concordancia de los
cía de afectos morales, confesada, tan universalmente
nfieníos ^^ '^^ filósofos de todas opiniones fundan en
mora- ella SUS sistcmas , y creen poder escribir la his-
*<»• toria del hombre por los sentimientos comunes á
toda la especie. Dejemos á un lado el amor filial
y los lazos domésticos, que aunque en grado di-
verso, podrían encontrarse hasta en los brutos;
pero el conocimiento de un Dios es tan general,
que solo cenaran trabajo se halló un caso (y ese
aun no está bien probado) de alguna tribu sal-
vaje que no lo tuviese. La veneración á los ancia-
nos, si bien alguna vez expresada de un modo
extraño y hasta criminal , es tan común , como
1)ropia del hombre exclusivamente , lo mismo que
a religión de las tumbas y del pudor ; y asi se
ve que en todas partes comienza el mundo de
los pueblos por el culto , los sepulcros y las ce-
remonias nupciales. Los naturales de la Nueva-
Holanda son los seres mas ínfimos de la humana
especie,, y sin embargo aun entre ellos se han
encontrado ideas generales del bien y del mal,
palabras para expresarlas en el sentido físico y
moral , el principio de una causa general, de una
tusticia á su modo , y hasta un sentimiento de
lonor (1). Las máximas de la antigüedad son en
^ (1 ) V. OuiiONT D* tJaviLiBl Yoyage de la comité ¿* Attrolabe.
París 1831.
todas partes miradas c«i cierta veneración , in-
dependiente hasta de su grado de exaetitiid ; y
asi cx)mo el Indio apoya toda su doctrina en las
palabras primitivas de los Vedas, por su parte
Confucio no pretende sino restaurar la glona de
la ciencia de los antiguos sabios : los Griegos y
otros combinaron sus fábulas (2) con arreglo á la
antigua tradición , y el vulgo á cada paso cita y
respeta los proverbios de los antepasados. Aqní
vienen á propósito aquellas dignas pals^ras de
Vico, á saber: que «ideas uniformes nacidas
>entre pueblos enteros no conocidos entre si , de-
tben de tener un fondo de verdad. >
Asi como demaestra por todas partes la natCH
raleza que el imperio de la vida fue violeata-
mente sacudido , del mismo modo en el hombre
la lucha de las pasiones con la razón, del instinto
del ^oce con la ley del deber y de la caridad,
del interés personal con la generosidad que re-
fiere todas sus acciones á Dios y á la humanidad
«Itera , dan testimonio de un desacuerdo ocur-
rido en la conciencia , de una decadencia de otro
estado mejor. Asi lo acredita el pudor anejo al
acto que mas se parece á la creación ; asi lo atesti-
guan los filósofos cuando lamentándose del tiem-
po presente , se remontan con su imaginación á
un estado mas perfecto, dando pasto á un de-
seo semejante á un recuerdo ; y asi lo dice por
último aquel común suspirar por el tiempo de
nuestros antepasados , que en las imaginaciones
vulgares hace creer aue el mundo se va empeo-
rando cada dia, y en las fantasías ardientes pro-
duce las sonadas imágenes de una edad de oro.
El dogma de la inmortalidad del alma, que en
la filosofía no enc^uentra razones que lo demues-
tren con evidencia ¿cómo ha podido ser halla-
do por la capacidad humana sin mas que sus
propios recursos? ¿De donde proviene aqueHa fe,
universal aunque vaga , de que el espiritn so-
brevive al cuerpo., fe que tan notable diferencia
establece entre la muerte del hombre y la del
bruto, y gue tan diversamente se expresa entre
los Egipcios que levantan pirámides y eternizan
las momias; los Camschadalos , que atan un
K3rro cerca de la tumba ; los habitantes de la
ueva-Holanda que arrojan al mar el cadáver;
los del Canadá que al morir creen emprender ú
viaje á la tierra de las almas, al país de sus
padres; el mago que evoca las sombras y el su-
persticioso que se amedrenta de los espíritus? Por
lo general en las festividades y ceremonias son
iguales los motivos y los actos, aunque sean
diferentes los mediosae ejecucicm. Tales eonoor-
dancias son mas notables por la naturaleza inti-
ma de su principio de acción , que por la mani-
festación de su actividad ; pues que si esta
(2) Los Mtot por lo general principiaban )uf¿q vU ¿m «^j^a-
\oi afdptnc§t9^ o 9i I», r. X.
Sobre estas tradiciones se fundan las hipótesis deles qae trataron
de la historia primitiTa. Entre otros véanse.
Ddpüis, Orufjne des cuites, 4795, 4 vol.
CocBT DE GÍÉBELiN, Múnde printitif. 1773, 9 túñ*
GoGüE» , Oriffine des arís, des sciences et des lols. 17S8.
B.4ILLT, Leíire sur V origine des sciences eí sur eelle desnevóles.
dei'Asie.mi.
BoüLLAKü , JPííai sur /* hisfoire uiúverselle. 1836, 2 tOm. y la
Hist. des transformaiions mora/es eí reiiffieuxes des peuples. 1839.
F. DE BnoTONNE , Hist. de la ¡UiatioH et de la migratUm despea-
p/«. París 1837, 2 tom.
Lbwowí AjíT, Jatrod, á V Hst, de V Asie occidentak. 1857.
UNIDAD DI LA BSPECIE HUMANA.
»
Suede proyenir de la tradición , la semejanza
e lo9 íntimos seatimí^tos envuelve la unidad
de los hombre^ que la recibieron.
g Pedir á un hombre recuerdos de su país natal
toR. y de los dias primitivos de su infancia seria lo-
<jf cura ; pero , si personas criadas juntamente , y
es.? luego separadas a largas distancias, se juntaran
siendo ya mayores de edad, y convinieran en cier-
tos puntos rdjpectode losacaecimi^tos de su ni>-
oez, aunque refiriéndolos con ki alteración que su
carácter mdividual y circunstancias enomiradas
debieran produdr: ¿por ventura no se conside-
rarían sus palabras como prueba evidente de la
verdad , de los sucesos , y^de la comunidad en
que pasaron su infancia? Pues justamente otro
tanto sucede con las tradiciones , eco del mun-
do primitivo , las cuales entre los pueblos mas
diversos concuerdan maravillosamente en los he-
chos que precedieron á la dispersión , en tanto
qae después de esta se pierden en las mas ex-
trañas oíscrepancias.
No siempre aparece tan evidentemente esta
identidad; con demasiada frecuencia la alteran
el perpetuo amor á lo maravilloso , la cons-
tante repugnancia para referir hasta los mas te-
nues sucesos sin exagerarlos , la vanidad nacio-
nal que pretende apropiar á cada país los hechos
concernientes á Uxlo el género humano , y la
imaginación de los hombres no educados , tanto
mas poderosa , cuanto mas débil se muestra en
ellos la facultad de discurrir. Especialmente los
Griegos , sedientos como estaban de la idea de
h) bello, Sacrificaron á esta maníala verdad, re-
duciendo las primitivas tradiciones á grupos ima-
ginarios y heterogéneos , mas parecidos á una
novela que á la historia. Esta, si hubo de agrada
tnvo que, revestirse de alegorías, que se avinie-
sen con los sucesos de cada país , con el clima y
coa las costumbres; de manera, que fijando la
atenci(m en las mitologías particulares , se cree
por de pronto que comprenden la historia par-
cial de un solo pueblo; mas si se unen y com-
paran, va dilatándose el campo, y aparecen en-
tre ellas tan evidentes concordancias , que seria
imposible no considerarlas como procedentes de
un fondo eomun de verdad.
No pret^Mlemos buscar semejanzas de parti-
catarídades, con cuyo sistema acaso no se con-
sigue mas ^e aumentar la confusión ; vanras á
a|)oderamo9 del conjunto , á manera del que ca-
minando al resplandor de la luna, no ve los mi-
nuciosos detalles, vsolo se dibujan ásu vístalos
grandes bosques , los caudalosos ríos y las en-
cumbradas montanas .
Uno de los prhneros hechos del Génesis es la
caida M horaore y la promesa de un Redentor,
cuyo cruento sacrilScio era representado por la
inmolación de los animales primogénitos, manda-
da hacer por Wos á los patriarcas y á los He-
breos, y que debía verificarse por medio del
fuego. P^es bien , en todos los pueblos encontra-
njos la creencia de la necesiáad de la expia-
ción (i); lo cual supone una primitiva y general
apostasía, advirtiendo que en todas partes se
consumaban por medio del fuego y de la sangre
1 ) V. La diaertaekm sobre los saeriílcios en nnestros doeumen-
09 acerca de las Reliciombs.
los sacrificios con que se pretendía aplacar á la
divinidad. Los Cananeos hacían pasar por entre
las llamas á sus hijos primogénitos : un cordero
primogénito sacrUicaban los compatriotas de Ho-
mero : los antiguos Godos, c habiendo aprendido
>por la tradición que el cterramamiento de san-
>gre aplacaba la cólera de los dioses y que su
»justicia.descargaba sobre las víctimas los golpes
» reservados al hombre > llegaron al extremo de
consumar sacrificios humanos (2); y cada cuatro
meses entregaban á las llamas nueve víctimas,
con cuya sangre rociaban (según se había man-
dado á los hijos de Leví) á los que asistían al sa**-
crificio, los árboles del bosque sagrado y las
efigies de los númenes (3).
^0 busquemos ejemplos de sacrificios huma-
nos entre las selvas solamente, ni entre las pie^
dras derechas de los Druidas, pues hasta los
muy pacíficos Mejicanos nos los podrán sumi-
nistrar. £1 Peruano, en los graves acontecimien-
tos de su vida, inmolaba su hijo á Yiracooha,
rogándole se aplacara con la sangre de la vícti-
ma (4): otro tanto sucedía en Tiro, Cartago
y en el tranquilo Egipto. ¿Qué mas? la culta
Grecia, cada sesto día del mes targelian sacri-
ficaba un hombre y una mujer por la salud de
los varones y de las hembras (5 ) ; y Roma , no
solamente por medio de la sangre'y del fueg:o
en sus sacrificios llamados solitaurüios y taurch-
boliosy creía expiar las culpas del pueblo vde los
f)articulares, sino que en los tumultos de los Ga-
os sepultó en el foro un hombre y una mujer de
aquella nación. El inútil edicto del emperador
Claudio contra los sacrificios humanos demuestra
cuan arraigada estaba en los ánimos la tradición
de un pecado general y de una expiación, has-
ta que vino á cumplirla el Prometido á las pri-
meras gentes.
Examinando las religiones de los diversos pue-
blos, lejos de notar en ellas el progreso que ca-
racteriza las invenciones humanas, veremos
ofuscarse y confundirse las ideas, cuanto mas se
va refinando la gentilidad en el resto délos co-
nocimientos. Nada nuevo ensenaban los miste-
ríos, pero conservaban las tradiciones antiguas,
habiendo perdido también la explicación de aque-
llos símbolos místicos, que dicen una cosa y sig-
nifican otra. No dejaron de conocer los filósofos
la ineficacia de aquellas creencias religiosas;
mas no supieron reemplazarlas con otras, ni en
las obras de sus sabios mas eminentes se encuen-
tra un solo dogma que valga mas que los anti-
guos. Por el contrario, si nos remontamos á
mayor antigüedad, hallaremos en los cantos de
Ori^o, y en los restos de la primitiva Italia, así
como en los del Egipto, de la India y de la Chi-
na, ideas sublimesde la divinidad. No llegó pues
el hombre á inventar las religiones desprendién-
dose sucesivamente de las ligaduras, que hnpe-
dian su desarrollo al mismo tiempo que prote-
gían su infancia, sino oscureciendo las doctrinas
que primitivamente recibió.
t Mulle R's , North antiq. Vft!. I, c. 7.
Id. y Olai Macni, Hist. üb. llí, c. 7.
Acosta ap. Parch. PUgr. 1. Ul, c. H, p. 885.
Eladio citado por Focío; J. TnrzE , Centwi^, V. c. 25; VOI.
Digitized b>
Mkursiüs , Gngcio ferioU, ^
24 ÉPOCA mniERA.
A medida que vayamos addantando en el
examen de las religiones de los diversos pue-
blos, notaremos en ellas continuamente la cor-
respondencia entre sus errores y las verdades de
una primitiva religión, la cual hasta para los
menos instruidos se deja ver ya en aquella tri-
nidad, ó de dioses, colocada' en el cielo, ó de
héroes convertidos en caudillos de las nacio-
nes. Que si por de pronto nos causa tedio lo
grosero de las fábulas, al tin nos maravillamos,
cuando prescindiendo de las fantasías poéticas
y de las hipótesis filosóficas, vemos cómo los
símbolos y los mitos, hermanos y primogénitos
de la Historia, aquellos con su profundidad y
estos con su vaguedad , se aunan para probar
el origen patriarcal.
Sena tarea interminable la de hablar aquí de
todos, por cuya razón tendremosque contentar-
nos con espigar en el campo donde ya otros han
sefi[ado (1).
Los mas sabios de entre los Chinos, pueblo
antiquísimo, reputan por ficción alegórica la
Historia primitiva; sin embar»), sus patriarcas
ofrecen smgular analogía con los de los Hebreos:
vasí que principian á figurar en su narración los
liombres, se echan de ver un Fo-hi muy semejan-
te á Noe, y el rey Yao que da salida á las aguas,
las cuales, «habiéndose levantado hasta el cie-
lo , bañaban aun el pié de las montanas mas
altas, cubrían las colmas menos elevadas y po-
nían intransitables las llanuras (2).>
La doctrina de Zoroastro, sistema filosófico
apoyado en los dogmas de otros siete anteriores,
coloca en el centro de la tierra la montaña Al-
bordi , de la cual fluyen cuatro rios mavores. En
su cima existe el paraíso ó jardín de los bien-
aventurados, y allí brotan las a^uas de la vida.
La luz que divide y separa las tinieblas , y ani-
ma alas criaturas', es el primer principio físico
en que se funda el culto de los Parsos.
£1 caldeo Xisutur se salvó de un diluvio con
su familia y animales mas necesarios. Beroso
describe aquel diluvio con circunstancias idén-
ticas á las que presenta la Biblia, si bien lo su-
pone muchísimo mas antiguo, contando entre él
y Semíramis un espacio de 350 siglos: cosa que
«\ nadie antes de este autor se le había ocurríoo,
ni nadie después de él ha pensado adoptor.
La tradición armenia cuenta 5,000 anos des-
de el diluvio acá; y aunque los historiadores de
este puebloson muy modernos, hay en el país una
antiquísima memoria de aquel cataclismo. Jose-
fo habla de una ciudad llamada iugar del des-
enÁarco, y los modernos viajeros encuentran
al pié del monte Ararat la aldea de Nachidche--
tmi que exactamente quiere decirlo mismo (3).
Los Fenicios, según Sanconiaton, establecían
(i) V. BiANCHim, UmstorhiMk>&rg§lcmproki^aeon
menta»; Caen Cebblw, Mundo primitiifo; v por no hablar de oiraS
lasbeUísimas Borasmonaicasúe Pabrk. Stolbergi^GMfAifA/írf«- ñf-
iigion J. C.J presenta la eoncordanda de la historia mosaica con
las tradiciones indias, caldeas, sirias, asirlas, fenicias, persas,
chinas , egipcias, griegas, itálicas, mejicanas y célticas; y otros han
extendido el paralelo en vista de los últimos descubrimientos.
(2) CkU'Kina.y. H.J.Sehmiát.neiflúcionprimWpa ó /as gran-
des verdades del Cristianismo demostradas con ios dichos y escritos
de ¡os mteblos mas antiguos , en especiat con ios libros canónicos de
los Chinos (en alemán ) Landshul 1834.
(3) Véase Mosis Chouknensis , ITia/. armeniaca, lib. I, r. 1 y
el prólogo de los henaanos Whision , p. 4.
al principio un caos que no tuvo límites ni for-
ma, hasta que el espíritu se enamoró de sus
propios principios, y de su unión salieron los ele-
mentos de la creación.
El Brama indio formó al hombre del barro , se
complació en él, y lo estableció en el Chanchm.
país de toda ventura, donde había un árbol cuvo
fruto comido daba la inmortalidad. Supiéronlo (os
dioses menores y comieron de él para no sufrir la
muerte; lo cual' irritó tanto á la serpiente Che-
yeu, que guardaba aquel árbol, que derramó sa
tósigo por toda la tierra, de manera one la cor-
rompió enteramente; V habríanperecidotodossus
habitantes si el dios áiva, habiendo tomado for-
ma humana, no hubiese absorbido el veneno.
El dios destructor resolvió ahogar toda la ra-
za humana, y Yisnii, dios conservador, no pu-
diendo impeoirlo, pero sabiendo el tiempo pre-
ciso en que había de ejecutarse este desigoio,
se apareció á Satiavrati, confidente suyo, y le
aconsejó que fabricase una nave en la cual se
encerrara con los ochocientos cuarenta millones
de gérmenes de las cosas.
En otra parte se habla de una encamación de
Yisnú bajo la figura de Parasurama, en tiempo
en que las aguas cubrían toda la tierra menos
los montes Gates: Yisnú suplicó á los dioses
Sie mandasen retirar las olas del espacio que
canzara su flecha; con lo cual consiguió, que
quedase enjuto todo el país que máia desde
aquellos montes hasta la costa del Malabar (4).
Si hay alguno que encuentre semejanza en-
tre el indio Brama, y Abraham, le diremos que
aquel tuvo por esposa una mujer llamada Saras-
vadi (y adviértase aue t>adí significa señora), que
fue cabeza de muciias familias , las cuales des-
cendieron de doce hermanos, y que en la festi-
vidad anual que se celebra en el famoso templo
de Tischirapali , se representan aun estos doce
gefes guiados por un anciano. Uno de losjparien-
tes de Crisna íiie arrojado siendo niño á las
aguas, y lo salvó de ellas una reina: dios man-
dó hacer á un penitejite el sacrificio de .su pro-
pio hiio, y luego se dio por satisfedio con la bue-
na voluntad.
Klaproth demuestra que todos los pueblos del
Asia recuerdan un diluvio, que los mas refieren
al ano 3044 antes de Cristo (K): en el templo de
Hierápolis en Siria, se ensenaba aun la boca
por donde se decia que habían salido las aguas
asoladoras; los Persas dan al monte Ararat el
nombre de Koh-Nuh , ó sea monte de Noé (6):
entre los Chudos se cuenta que habiéndose en-
riquecido Cain sacando minerales y oro, inspi-*
ró envidia á su hermano menor , el cual lo per-
siguió y obligó á refugiarse hacia Oriente (7).
Todos los an^es de Asia hablan de un primi-
tivo paraisQ^ poblándolo de maravillas según el
gusto particular de c^a narrador. En el Tibe!
los Lah son genios primitivos degradados por el
vicio. Los Groenlandeses cuentan que el urimer
hombre creado fueKalla|í, y que de su dedo pul-
(4) V^nse el Sonnerat y el Bagaradam\y en naestros «loco-
memos de Literatura nn uuniia indio acerca del diluvio.
(5) Asia polkglola. I>arís 1823.
(6) GiARMN, Júumat d* un
(7) RiTTSR, Geografía,^. 15<
iSjr
ei»Per^, H.pig.l»»-
UNIDAD DE LA KSPKíCHIS HUMANA.
26
gar sftiíó bt prmera mujer, d^spm^ de lo caal e|
raaodose aae^ó j no pudo salvaxse mas que ua
solo hombre (1). Eo Ceilan se ensena un lago sa-
lado, qoe Eva formó llorado cien anos seguidos
la desgracia de ibel 12) : entre los nebros ^ re^
fiere que jLtahentsiclue^rojada del cielo oor su
desobedi^cia : y en el iutenqr de AXrica o^y m
la^o que se cree resto del diluvio. Entre los
mismos imericafios se h^ creidp fallar ipefic^
ría del dOuvio ep ^Ig^os de los groseros gero*
^lífitios (3): ]ps ÁÍg:oaquiiios y ofcos ¿ieen que
Jtfesü, ó JSal^ct]^'^ TJéAdo la tiQri;a sumergida
por las aguas, envió un cuervo aj foQdo de un
abismo mrf jqu^ le trajera un poco de tierra , y
que no Sableado ppj^idoc^Qns^uJrlo, dio el mis-
mo eocar^ i .una rata que pudo traerle i^na
bocanada ae tierra con la cual rejiizo el muado
y la rata lo volvió i pobl^ir (4).
Los Mejicanos de Mechoacan deciap aun ^nas
daramente, que Tespi ó Collcpk se embar4i6.en:ua
ffrande acalli con mujer, bijos, anímales y semi-
nas, y que cuando el gra^ espíritu T.^^tlipoca
mandó retirar las aguas, Tespi envió un))uUre,
que bailando cadáveres con que apacentarse no
volvió; lo mismo sucedió con ptras aves, basta
que regresó el colibrí con una ramita verde , y
viendo por esta señal que el sol habia vuelto a '
reanimar la naturaleza, salió de la nave (5).
Varios accidentes pueden despertar en los bom-
bres la idea de un diluvjo universal : ¿peropue-
de la casualidawl reproducirla con ¡guales cir-
nu^tancias?
Si pasamos á pueblos mas cultos, encontrar*
remos aun mayores concordancias, si bien al
haUar del or(^en del hombre ban puesto gene-
rahDe&ite la mira tan solo en el elciúento ma-
terial , cuidándose poco del espíritu ; y aun los
Se pensaron en este, lo supu^i^ron no concedi-
por amor, sino arracañdo por medio de la
fuerza ó del fraude. Noé puede ser comparado
con Saturno, que tenia por símbolo una nave,
coltiró la vid , nació del Océano y devoró ^
sos propios biios , menos tres , entre los cua-
les resurtió el mundo. A Júpiter podria cor-
re^nder Cam , mas inmediato al sol por-
que poUó el África ; á Pluton Sem , que ex-
plotó metales en los ricos países de Ofir, de
Evfla y de los Sábeos; y á Neptuno Jafet po-
blador de las islas (6). m lo del Egipto:
el busto de una sacerdotisa azteca lleva la ca-
lántica {*) en la cabeza lo mismo que las de
Isis : encuéntranse también pirámides de mu-
chos cuerpos con sepulcros en su interior, y pin-
turas geroglíficas en todas partes: al ano mejica-
no se smadian asimismo cinco diascomo los
epagómenos al menfítico: en los sepulcros de los
Incas se descubrieron muchas lámparas y vasos
pintados, admirablemente semejantesálos Egip-
cios, teniendo algunos de ellos la forma griega,
y siendo otros enteramente parecidos á las ánfo-
ras romanas Í5). De modo que el observador se
queda maravillado ante semejante espectáculo y
pregunta: ¿cómo pudo aquel continente adquirir
estos conocimientos y objetos? Pero ¿podremos
esperar c[ue los tiempos remotísimos nos den esta
explicación, cuando aun no nos es dado explicar
el cómo, en un arancel de Módena del ano 1306
se lee entre las mercancías el Brasil, y como en
el mapa de Andrés Blanco, construido en 1436
y conservado en la biblioteca de San Marcos de
Venecia se encuentra apuntada en el Atlántico
una isla con la misma denominacion?(**)Por tanto
aquellas regiones no eran un nuevo mundo sino
solamente para nosotros que no las conociamos.
Verdad es que el infeliz Motezuma al hablar
por primera vez con Hernán Cortés le dijo: cPor
»nuestros libros sabíamos que aunque habitamos
»estas regiones, no somos indígenas, sino que
•procedemos de otras tierras muy distantes. Sa-
>Diamos también que el caudillo que condujo á
•nuestros antepasados regresó al cabo de algún
•tiempo á su país nativo, y tornó á venir para
•volverse á llevar á los que se hablan quedado
•aquí ; pero ya los encontró unidos con las hijas
•de este país, teniendo numerosa prole y viviendo
•en una ciudad que ellos mismos se habían cons-
(6) A. Aglio, Antigüedad de Méjico, t. VI, p. 232-420. Pero se
sabe qae fos Buddistas practtcalwn ya ceremonias semejantes.
( * ) Especie de redecilla, adorno de cabeza de las mqjeKs en los
tiempos antiguos. (7f. del T.J
(**) No trataré de explicar lo del mapa de Andrés Blanco; pero
en cuanto i la tarifa de Hódena hay una explicación gne me parece
satis£ictoria y que me ba sido comunicada por persona competente.
La palabra h-atti viene de brasa, y fue aplicada al palo llamado asi
por su color encendido. Después se descubrió d Tasto territorio que
lleva el mismo nombre; y encontrándose en él abundancia de aquel
articulo de comercio ya conocido, pudo desirnársele de este modo.
flí. del TJ
{ 7 ) Poséelos el Sr. Gooke de Bames en Inglaterra. Kampe tomó .
eldiseflo de 22, y cree que fueron llevadas aili por kw renidos..
V. Soc. of, aniiq. Londres, enero 1836. ^
5*
38
ÉPOCA PRIUERA.
itruido: dé hiaaera que ta voz del caudülo fue
«desoída y tuvo que volverse á marchar solo.
«Nosotros hemos astado siempre en la iúleligen-
»cia de que sus descendientes vendrían alguna
>vez á tomar posesión de este país. Supuesto,
«pues , que venís de las regi(mes donde nace el
sol y y me decís que hace ya mucho tiempo que
«tenéis noticias nuestras, no dudo que el rey
«C[ué os envia debe de ser nuestro señor na-
»tttral (1)>.
L^ Muy escasamente informados estamos aun
Anstra- acerca de la Polinesia , de donde mas se ha
^' pensado en sacar utilidad que noticias; |)ero es
menos difícil explicar cómo han ido de isla en
isla propagáádose hasta allí los Indios. Reland,
Gook y For^ter , comparando los idiomas oceáni-
lúcos, conocieron que aauellos pueblos eran pa^
rieolesde los Malayos, Madecasios, y Javaneses.
Mil ochocientas leguas hay desde las islas de
Sandwich á la Nueva Zelanda , y los idiomas
son parecidos : casi otro tanto media desde Ma-
dagascar á las Filipinas, y también hay fraler-
ftioad en el lenguaje : entre Java y las islas
Marquesas ste interpone una tercera jarte de
la circunferencia del globo, y sin embargo, las
palabras de su idioma tienen las mismas rai-
ces, esto es, el Kawi que viene á ser el sáns-
crito despojado de sus inflexiones. En el fondo
de una religión sobre manera tosca aparece la
idea de una trinidad , qtie en las Carotinas lia-
mata Ahielapy ÍMngueXeug y Olimt, y entre los
habitantes de Taiti' Tane\ o Te Machia, padre
tt hOBlbre, Oro ó Mattin, dios hijo ó sangui-
0ario, Taroa 6 Manú te ooa, ave ó espíritu:
seilfejanza tpak)able con la Trimuf ti india. Los
!)n^e&as de la Nueva Zelanda y los demás de
4a Polinesia llaman /Issi/a á sus*^ dioses: creen
que las almas de los justos son los buenos núme-
nes, y que las de los malos , con la denomina-
ción ae Tii incitan el hombre al pecado. ¿Quién
bajo estos símbolos no verá los Asuras , genios
de la India antigua, y los Daitias que represen-
taban á sus demonios ?
Con mas evidencia aparecen aun tradiciones
bramínicas entre algunas tribus de los Dayas,
mas civilizadas que las otras. Estos dividen
el tien^K) en yogas, períodos semejantes á los
fabulosos de los adoradores de Brama, y confor-
mes hasta en los nombres, pues les llaman Que"
reta yoga , Diva Pera yoga, y Cale yoga al
tiempo presente. En los eclipses, denominados
con una palabra sánscrita graana, creen que un
dragón (llamado ñau, también vocablo sánscri-
to) devora la luna; por cuya razón hacen un es-
trépito ¡hfernal para ahuyentarlo, lo mismo que
se practica en la China. "
En las islas de Tonga se habla de la disper-
sión délos hombres, de su división en buenos y
malos, blancos y negros por efecto de una mal-
dición que se parece á la de Cam. Contábase en
Taiti que Dios había Infundido sueno al primer
(1 ) Primera carta de Cortés gfi XX[ y XXIX. Klaproth en ni
Asín poügfo/a sostiene que los Cnuktos proreden de Améripa.Sin
tratar de rebatirlo lo cito cómo tesffmoinio de la correspondencia
entre el Noroeste de América y el Este de Asia, y es cierto que aun van
los ChQktosdesde Kamschatka ú pelear eon los salvajes del Noroeste
de Araérka. Hitmboldi, B$toi poi. sur /« JV. Enpagne, t. II, p. 502.
hombre para arrancarle una costilla, de la que
se formo la primera mujer, y que el género
humano fue sumergido por un diluvio del cual
solo UB hombre pudo salvarse^ Fácil seria de-
cir que estas ideas las han aprendido de los
misioneros ó navegantes; masen tal caso ¿por
qué np recuerdan nada de lo perteneciente al
Nuevo Testamento? Últimamente Honorato Ja-
quínot, refiriéndose á los Indios Towais, que vi-
nieron á París en 1845 decia: «He visitado las
•principales islas de la Polinesia, y observado en
>sus naturales las mayores analogías con los
•Americanos La semejanza de fisonomías es
>para mí la mejor prueba de la identidad entre
>los Americanos y los Polinesios; pero si tratase
>de buscarla en sus costumbres, se me presenta-
>rian una multitud de analogías.» Aunque di-
> verso el género de vida, hállánse sin embargo
»en el mismo grado de civilización, son iguafes
» entre ellos la gerarquía social y la sacerdotd;
»son igualmente oscuras sus religiones, y es igual
•también la reverencia que tributan á las tum-
>bas. Entre los Mándanos hay la costumbre de
•colocar los cadáveres sobre unos maderos, y de
•ofrecer manjares á los restos inanimados , lo
•mismo que se hace en la Nueva Zelanda y en las
•islas Marquesas. Entre los Asiniboinos y otras
•tribus se encuentra delante de cada aldea un
•gran palenque para las reuniones ; lo mismo
•sucede en las islas Marquesas y en otras de la
•Polinesia. En la costa de la isla de Pascua se
•ven enormes peñascos esculpidos en forma de
•gigantes : en otros puntos de la Oceanía, princi-
•palmente en las islas de Ualan, se encuentran
•murallas formadas de enormes masas, problema
•para los navegantes, y vestigio délas constnic-
•ciones ciclópeas de que se hallan cubiertas am-
•bas Américas. Los Polinesios así como los Ame-
» r icanos tienen una decidida afición a los adornos;
•píntansecon colores vivos, marcándose con ll-
ancas la piel; arráncanse los pelos, se rasuran
•parle de la cabeza, y perforan y estiran el ló-
•Dulo de la oreja , suspendiendo de ella pesados
•adornos. En Ualan los indígenas se cubren el la-
mbío inferior con una Conchita, y la misma cos-
•tumbre se encuentra en la costa Noroeste de
•América. El vestido de los principales de Taiti,
•llamado tiptüa es lo mismo que el poncho i^ ios
•Araucanos. Ambos pueblos son guerreros, y usan
•de las mismas armas, ostentando por trofeo la
•cabellera de sus enemigos. Tantas analogías,
•que fácilmente podría multiplicar ¿pueden por
•ventura ser fruto de la casualidad (2)?»
Hemos aducido tantas pruebas acerca de la
derivación única del género numano, que creemos
poder prescindir de contestar á las objeciones
parciales, diciendo con Baconque: «la armonía
•de las ciencias, esto es, el apoyo que mütua-
•mente se prestan, es el verdadero y mas sóli-
•do modo de rebatir y apartar las dificultades
1 2 ) Annoaire des voyages 1846, p. 179.
La identidad de los Americanos con la raza roja de la MaJesia v
de la India oriental est« demostrada enana obra inglesa de Brafohd
sobre las Antigüedades ameñcanas, ó indagacfOMs 6obrreÍ orloeu
i historia de la rata roja : en- la Mafesia de Honwos, artieolo in-
serto en la Revne oriéntale, r en HHidias disertaciones del Sr. Eí-
chthalj á la sociedad etnológica de PaH«. Volveremos á hablar de
esto o«rt.lbro XIV. D¡g¡,¡,ed byGOC
PRIMEROS 9Jd8MS HARVTADOS.
)de menor peso ; en tanto que si se van adueien-
>do axiomas unos en pos de otros , como si se
yfuesea sacando flechas de una aliaba, se ten-
>clrá que pelear con cada uno de ellos, y se do-
»blaráa ó romperán á cada paso (1).
No he temido ser difuso en este particular,
porque me parece de esencial importancia,
DO solo en el orden espiritual para demostrar
el fundamento de la fe cristiana , esto es , el
pecado original y la redención, sino también
en el orden histórico; pues de este conocí-
miento depende el saber si nuestra raza, con-
juiode tanta miseria y taata sublinúdad , cayó
del paraíso, ó se ha ido levantando de entre los
monos; si debemos buscar meramente el desar*
rollo de la natena, considerando croe de su refi-
aamientoproeedentodaslas cosas, ó nienenaltecer
elioifflo, creyendo que el individuo y lahiuna-
nidad están destinados á redimirse y á per£ecoi(H
oarw, reoompoiiíeBdo la descompuesta armomía
de la eoncieneia; y por último, sí aquellos á
quienes una política desapiadada llama cnemi-
ges naturales, son 6 no hermanos nuestros; de
todo lo cual se pueden únicamente deducir ro-
elas para la justicia, aue es el fundamento de
fa Bistoria. ¿De cuan diverso modo no deberán
fofimlarse los juicios de esta si Moisés, Maho-
ma, el emperador Cristóbal, Iturbide y Ta-
ñerían nos son tan extraños como el reno y el
elefante? ¿euán diversa no será la admiración
qae ifispiren las instituciones de Manes y los
poonas de Calidasa? ¿cuan distinta no seiá la
cMmasion aue se tenga á los Incas y á los des-
cenmenles de Motezuma, quemados por los Es-
pañoles, y á los negros comprados y vendidos
por los Ingleses» suponiencio que aquellos son
animales efe otra raza diferente de la nuestra?
CAPmiLO IV.
Primeros paises habitados.
Dupou de haber desvanecido por medio de
los hechos la creou^ia de míe d hombre es un
ffxmm espontáneamente desarrollado bajo di-
^^isas zonas, convendrá cpie sigamos aunmter-
rogándoloB para saber de qué país procedió su
üaioo tronco.
Quien deseara saber de donde nace el Nib,
debena caminar contra su corriente pregimtaii-
dodepaisen país deque punto vienen aUi sus
'^^«huea; y de «ate nodo, al través de sus infr-
nitas tortuosidades, de bosques, arenas, deaa^
Kaonea y cataratas, se iría acercando á las
tes. fiste mismo inétodo conviene adoptar
^^^^9^ del curso de las naciones. Si pregunta^
■os á los pueblos de Ewopa de qué punto pnh-
VKnen, nos responderán unáttimeniente que de
An^ Conocemos indudablemente el origen de
muctesde ellos ; y esludiando las antiguas emr-
«'^cnnes y los lestos de ios destruidos idiomas,
noHrfo vemos (pie losCeilfts, Cimbros, Esclavo-
nes, (,alos, 6irnMmDs,Lapones y Fineses prooe-
«J de Aáa, sino que aeialamos él imesto que
««oa «ocíemelas oenpé oi las ínmediadones del
(1)JD»«
.«c/M/.M.VII.
39
mar Negro, en la Tartaria , á ortUjas del Ganges,
ó dondequiera que se encuentran vestigio^ de su
idioma. Si de los demás no podemos dar tan fusfr
tuales noticias , por lo menos vemos que todos
por sus tradiciones se remontan hacia elÓriente.
A tal punto de barbarie ha llegado el África,
y tanto tiempo ha permanecido la América re-
parada de su tronco , que apenas e$ dado co-
lumbrar semejanza entre estas do^ ramas; sin
embargo, ya hemos demostrado algunas, y lo
poco que aim subsiste de sus tradiciooes in-
dica una procedencia exterior y de las regidos
de Asia.
Quien vaya luego siguiendo tos matices diel
color del cutis, se convencerá mas y ma^ de mm
los Africanos pix)ceden del Asia Meridiois^» y los
Americanos ae la Oriental.
En Asia por el contrario lodo revela una suma
vejez. AUi es donde aparecen los antiquísinjios
idiomas, que bajo formas inalterables y motódi^
cas encubren la palabra bajo la sombra misterÍQT
sa del geroglifico y del $ínU>olo , y á los cua*?
les se apiñan como sobre un núcleo todos Iqs
restantes del mundo. Si se pregunta de donde se
sacó el modo de ^ar la palabra, la Grecia se
confesará deudora al Asia del alfabeto que en-
gendró todos los demás: de allí vinieron lo^
guarismos , de allí los conocimientos astronón^i^
eos y los gérmenes de civilización ocultos en las
cosmogonías; de allí las doctrinas filosóficas y
religiosas que ilumip^qn ó deslumhraron ft 1^
humanidad ; y allí vereqios acudir o/oa;^ á una
fuente, á cuantas sabios han ilustra lostÍQgi«»
pos antiguos.
Si de estos instrumentos de la civilización pa-^
saoM)s á la civilízacioQ misma, la veremos afiarc-
cer primeramente en Asia, y desde allí difundirse
portodas \»a deiiiá^ partea del mundo. $u j^ri^nera
manifestación es el dominio sonre los animales.
Pues bien, la mayor parte de aquellos que ep
el dia rinden vasallfye al hombre, vjigan aun
montaraces pqr el coras^on del Asia: las mon-
tanas que la atraviesan fion el país originario
del búfalo, del toro, de la danta de que prqce-
den nuestros rebaños; y del antílope y la j^acela
de cuya unión descienae nuestra cabra. El reno
salta por las elevadas cimas que limitan la Siber
ría por el Oriente y en la cordillera 4^ los
montes Urales: el camello vaga errante por los
dilatados desiertos (|ue piedian entre el Tibet y
la China ; gruñe el jabalí en los bojsqfifv» de en<-
cinas y hayas que Hombrean la parte «tas tem-
plada del Asia, y en cuyos puosos troncos habi-
tan también el gato montes, y el chacal, primitivo
origen de nuestro perro (2).
El hombre llevó en pos de sí -¿i, estos siervos
que le dulcificaron un tanto la seotei^cia de te^ier
que g«inarsa el pan con el sudor de su rostro:
animales cuyas razas alMUKbMi á proporción
<pie el viajero se va acércala al As^a, y «se-
sean á medida que se separa de aquellas rc^o^
oes. La Nueva Guinea y to Nueva Zelanda no
wseen mas que el perro y el cerdo. La Nueva
Caüfornia solo tiene<el primero de estos dos, y ^
( 9 ) Los natqralUtjtf nod^raos bav 4eiD9^do que la
del pcr^o, ^ue ái BafTon , es un soeno cquo otras mi
ip^alqgia
laidevQs
so
ÉPOCA PBmuu.
América en su vasto dominio no tiene mas que
el guanaco y el llama. La misma Europa no cuen-
ta como suyas propias sino 15 ó 16 familias de
los animales aue viven mas inmediatos al hom-
bre, comprendiendo entre ellas el ratón y otros de
su especie: todas las demás las ha traido del Asia.
En este país es en donde aparecen aun en toda
su nativa hermosura: en ninguna parte se lanza el
caballo á competir con el viento en ligereza como
en la Arabia , ni el camello presta con mas pa-
ciencia servicios de consideración al hombre : los
poetas comparan á sus héroes con el asno silves-
tre y el doméstico: los rebaños, la cabra de An-
^la, el argali y el macho cabrío silvestre, no
tienen rivales en ninguna otra región : y allí ha-
ce siglos que el elefante, si bien como individuo,
no como especie, es esclavo del hombre.
T de qué importancia fuese la conquista de
los animales, puede inferirse, considerando lo
que serian la agricultura sin el buey y el jumen-
to, el desierto sin el camello, el ¿amschadalo
sin el perro y el Árabe sin el caballo, á cuya
falta se atribuye la inferioridad del Americano.
No debe perderse de vista que el hombre no
ha conseguido desde aquellos primeros tiempos
domesticar otrosanimales, por mas queenel Nue-
vo Mundo haya hecho ensayos con el puma, el
cuguar , el cnischí y el tapir.
Pasemos en silencio la América , donde las
lianas, enlazándose de uno á otro árbol secular,
Earece que oponen una impenetrable barrera á
t civilización, ofreciendo seguro asilo al boa y
S otros monstruos semejantes; no hablemos del
África donde la incesante llama del sol, y los
desnudos arenales ,a^itados de cuando en cuando
Eor el simún , inutilizan los trabajos del hom-
re; y consideremos que la misma Europa aun
en los tiempos históricos, era inculta y silves-
tre. Las primeras memorias hacen mención de
pantanos, de fieras, de bosques donde se ejer-
citó el valor de los Hércules y Téseos que vi-
nieron del Asia. ¡ T cuan escaso de frutos no fue
naturalmente nuestro terreno! Todo es artificio
de ingertos, de calor y de abonos, mientras cpie
én Asia nace espontáneamente el trigo; adquie^
ren los racimos el sonrosado color sin necesidad
de cultivo; y el olivo , la higuera, el meloco-
tonero, el moral, el cerezo, la cana de azúcar,
el café, el naranjo, el nog:al, el castaño y el
Sranado ofrecen sus exauisitos frutos con pró-
ifi^ abundancia entre ios delicados perfumes
del jazmin, la rosa y otra multitud de flores
de colores los mas vistosos y variados. Los Eu-
ropeos no hemos perdido aun la memoria de la
época en que hicimos la adquisición de muchos
de estos vegetales y los aclimatamos en nues-
tro suelo, trayéndolos de la misma tierra de la
que nuestros antepasados aprendieron el modo
de dividir y computar el tiempo , los nombres de
los dioses y los símbolos con que poblaron el fir-
mamento.
Las pirámides de Egipto han cesado de pare-
cer las mas antiraas desde gue llaman la aten-
ción las ruinas de Persépolis , y los inmensos
hipogeos de la India; prueba de la anticipación
con que allí se cultivaron las ciencias y las artes.
¡Que hombres debian ser aquellos que levan-
taban ó socavaban tales construcciones! ¡qaé
pueblos aquellos los que merecieron oir los acen-
tos de David, Viasa y Homero! ¡qué vigor de
entendimiento no necesitaron para inventar aque-
llos sistemas de filosofía, en los cuales siempre
se encuentra, ó aplicado en la práctica ó cubier-
to con el velo de las ficciones y de los emblemas,
el germen de cuantas brillantes hipótesis , me-
tafísicas sutilezas é infi;eniosas teorías han inven-
tado los sabios y estadistas! ¿Quién ¡xMlrá creer
que tan estupendas maravillas sean informes y
toscos ensayos de una generación, que acaba de
enderezarse sobre sus dos pies , y de dejar el há-
bito de sus inclinaciones ae mono y sus nativas
selvas?
Como antiquísimos figuran el lujo oriental y
por consiguiente el cristal despotismo. Está tan
consolidada la constitución secular de la China,
que los mismos vencedores doblan la dura cerviz
a su yugo. Aun conservan las castas de la India
la huellas de los reglamentos civiles y religiosos,
que por siglos y siglos gobernaron al mas pacífi-*
co de los pueblos; y la estabilidad y duración que
aquellas naciones procuraban dar á sus monu-
mentos y á sus instituciones , se parecen á la con-
fianza de un joven que edifica loque espera gozar
por dilatados anos. Monarquías pacíficas ó guer-
reras hallamos á orillas del Tigris y del Eufrates,
éntrelos montes de la Media y en las riberas del
Nilo , apenas empieza á hsdilar la Historia; las
cuales tomaron luego parte en los sucesos de las
naciones de Occidente, y prolon^ron su influen-
cia hasta en la moderna civilización. En las mis-
mas alturas de la Tartaria vemos que la desen-
frenada libertad de las hordas se combina con el
despotismo de los Kanes , forma del mas antiguo
réf imen feudal. En una palabra, data en km el
gobierno monárquico de una fecha tan remota,
que los pueblos se han connaturalizado con su
idea , de modo que el rey de Siam no hallaba
medio de contener la risa cuando oyó decir que
los Holandeses vivian sin rey. Este gobierno se
encuentra también establecido en las demás par-
tes, conforme mas se acercan al Asia ; y la tiranía
que pesa sobre África en los puntos que confina
con esta , vá disminuyéndose hasta parar en un '
gobierno patriarcal entre los Cafres. Asi es como
en el océano Meridional se ven brillar el lujo, las
artes, las manufacturas v la monarquía, a pro-
porción que se avanza hacia el Asia : la América
en sus extremidades no conocía el gobierno mo-
nárquico, en tanto que una mano extranjera lo
había planteado en Méjico y en el Perú.
Ni América, con sus volcanes, que aun arden,
Jcon sus pantanosas llanuras , ni África que de-
ió tardar mucho tiempo en sacar del fondo de
las aguas sus desiertos arenales , pueden aspirar
al honor de haber dado el primer asilo al último
y mas predilecto fruto de la naturaleza, al que
constituye el vértice de la inmensa pirámide de
la creación. Debió, pues, el hombre, como tal,
ser colocado en el centro de las mas poderosas
fuerzas orgánicas, en un país sobre el míe la
naturaleza hubiese derramado á manos llenas
sus maravillas, donde el mas vasto continente se
extendiese entre los mas encumbrados montes,
en una palabra, en el corazón de Asia.
PRIMBR4^S SOCIEDADES.
31
Si se pregunta sobre este particular á los mis-
mos Asiáticos, responderán que proceden del país
circundado por el Caspio , el Mediterráneo , el
Golfo Pérsico y el Arábigo. Los Chinos colocan
su primitivo origen en la provincia de Chen-sí al
Noroeste; los Indios al Norte de los montes Hima-
layas» esto es, en laBactriana, limitrofe de la
Persía que confina con el país central. La Meso-
potamia es la región mas mediterránea, y en su
elevación debió el reciente diluvio haberla dejado
rica de humedades y de aauella fertilidad que
el largo transcurso de los siglos ha ido agotando.
CAPITULO V.
Primeras sociedades.
Cuanto acabamos de exponer destruye por
completo la aserción de los que suponen, cpie el
hombre nació meramente dotado de sensaciones,
y que el acaso y la necesidad lo fueron desper-
tando de la inioécil inercia en que dormitaba.
Bajo el peso de apremiantes necesidades jamás
el hombre bruto habria inventado sino lo que le
hubiera importado para satisfacerlas. Siendo esto
así, ¿cómo habiade hallarse tan universalmente
impreso el sello de las creencias religiosas ? El len-
guaje de estas es el mas antiguo en todos los
pueblos ; los informes ensayos de civilización,
que entre los pueblos mas rudos encoutramos se
refieren siempre á un culto; y con himnos acom-
Sanan las danzas y cánticos de las solemnida-
es, himnos cuyo sentido no comprenden las
mas de las veces, y que por lo general están
fundados en la reminiscencia de un mundo pri-
mitivo.
No: el hombre no podia elevarse hasta la
razón sino por medio de la palabra, ni adquirir
esta sin observar la unidad en la multiplicidad,
lo invisible en lo visible , y el efecto en la causa,
esto es , sin hacer uso de su razón : círculo vicio-
so que se reproduce siempre que se discurre so-
bre los principios de la humanidad.
T se reproduce también en la idea de un con-
trato social, por medio del cual, los hombres, re-
dimiéndose ae la condición délas bestias, contra-
jesen el primer lazo de la vida común. Si fuese así,
¿por que razón no habrían de hallarse pueblos
sin habla, ni razón, ni moral? Por el contra-
rio, todas las historias nos demuestran oue el
hombre las poseyó siempre mas ó menos desar-
rolladas ; de modo cnie podemos creer que cons-
tituyen el fondo y la esencia de su naturaleza,
y que son anteriores á la razón especulativa, que
nunca habria podido hallar un modelo perfecto
para los casos prácticos.
T en efecto ¿cómo podrían convertirse en de-
beres los lazos del matrimonio y de la paternidad
sin que el hombre comprendiera los bienes que
de ellos redundan y el medio de sdcanzarlos?
¿cómo puede formarse una idea délos beneficios
de la sociedad quien nunca los ha probado?
Para que los hombres convinieran y quedaran
comprometidos en un pacto social , era preciso
que poseyeran un lenguaje común para enten-
derse; formas de contratos , asambleas y repre-
sentación; es decir, que estuviesen ya ligados
Sor los vínculos de la sociedad. Además, ¿conque
erecho aquel puñado de hombres habría podido
obligar á la sucesión entera del género humano?
¿ qué sanción autorizaba su pacto , si todo se
fundaba en imágenes mudables , y en inconstan-
tes abstracciones? Finalmente, si este pacto fue
llevado á cabo con el objeto de obtener la felici-
dad , ¿no jKxiré yo siempre que rae sea gravo-
so rescindirlo con el mismo derecho, y volver á
llamarme libre?
Pero ¿es libre^l hombre en las selvas , donde
no tiene compaSía, ni puede por lo tanto dar
curso á sus afectos , ni aun siquiera usar de la
razón , la cual solo en la sociedfad y por la socie-
dad se desarrolla? ¿Es libre, donde to:!os tienen
derecho á todo , lo cual perpetua la guerra? ¿ Es
libre , hallando á cada pasa impedida su acción
por las fuerzas de una naturaleza á la cual toda-
vía no sabe sujetar?
Si los bosíjues y jas cavernas, y la vaga ve-
nus, y el vivir a modo de fiera son el estado
natural del hombre, no podrá menos de conside-
rarse como vicio esa desviación de tales condicio-
nes que llamamos sociedad v progreso ; y las
ciencias y las artes lejos de afanarse por hermo-
sear la vida y hacer mas agradable el consorcio
civil , deberían emplear su industria en hacer re-
troceder al hombre á aquel estado primitivo que
es la naturaleza y la libertad. Consecuencia ver-
daderamente Iónica, cuyo absurdo bastaría para
desmentir el principio : como basta la Historia
para negar que el hombre haya inventado el len-
guaje , la religión y la moral. El estado salvaje
es, pues, no ya el principio de la humanidad, si-
no una degraulacion , una degeneración hacia la
naturaleza animal, en perjuicio de la naturaleza
moral. Y que semejante decadencia hasta el com-
pleto olvido de todo elemento de civilización es
posible , lo vemos todos los días en América , y
principabnente en el Brasil , que tiene países de
prodigiosa fecundidad en los ganados, donde la
vid dá tres cosechas, los bananos y naranjos están
todo el ano cargados de frutos, y donde sin em-
bargo los hijos de los Portugueses se encuentran
reducidos á un estado brutal , sin contratos nup-«
cíales, sin moneda, sin sal, y casi sin vestidos
ni religión.
Noiue, pues, la sociedad civil formada por in-
terés ni por adquirir nuevos goces , sino por ne-
cesidad, para mudar la vida de hecho en vida
de derecho, y para impedirla destrucción de la
especie. No deprava al hombre , antes por el con-
trario, constituye el único estado en que le es po-
sible encontrar la luz que ilumina su ignorancia y
la norma que arregla sus inclinaciones: no es vo-
luntaria, ni consecuencia de una casualidad, sino
obligatoria, y derivada de la naturaleza misma
del nombre : ni quien tenga discernimiento podrá
decir que el hombre renunció en parte á su li-
bertad cuando renunció á la facultad de dañarse
y destruirse ; cuando consolidó la justicia , ó sea
la segundad del derecho de cada uno, y del bien
moral y físico de todos ; cuando adquirió, en fin,
aquella libertad que consiste en la facultad de
poder cada cual dirigirse á sus fines.
Ta en el paraíso el primer hombre había re-
cibida el encargo de custodiarlo y labrarlo, como
DOCA pmiiiiu.
si de este nédó se le hubiera dado á efiteiider
que el primer destino de nuestra especie es la
lucha y el trabajo. Estos se aumentaron por vía
de castigo euaMO el honbre cayó én el pecado:
castigo de padre, ^ifes el trabajo conlribuye &
kt sahid y al Bienestar , perfecciona al hombre, y
le da lá conci^cia del ser y del vigor, que se con-
centra en el esfuerzo que hacemos para mejorar
de estado y gozar aquella felicidad, que mas
bien es un sentimiento tranquilo , que una tu-
BMltuosa eonciuista.
No concuerda tampoco con la Historia el su-
cesivo tránsito imaginado por aigmios de la vida
pastora á la agricultura, y de esta á la indus-
tria y al comerció. Las dos primeras las vemos
nereidas apenas el hombre fue condenado á vivir
<fel sudor dé su rostro. El fratricidio llevó á los
descendientes de Caín lejos de las tiendas patriar-
cales: los Cainitas multiplicaron t establecieron
chidadesdonde se desarrolló la industria; de mo-
do que á la sexta generación del homicida ya se
cultivaban las artes metalúrgicas y se conocían
instrumentos níúsicos. Habiendo vuelto luego el
género humano á consecuencia dd diluvio á for-
mar una sola familia, se conservaron en ella las
artes primitivas, y Noé hie agricultor y artesano;
pero a medida que los hombres se frieron espar-
ciendo por la haz de la tierra, cada cual vanó de
industria según los lugares, atemperándose á la
necesidad, v descuidsuodo el ejercicio de lo que no
servía para lasatislaccion de susaecesidades. Por
esta ratón vemos al Negro trephr á ios árbdesmas
altos y á las rm^as mas ei^guidas; al Groenlandés
lanzar con seguridad el harpón contra los cetá-
ceos ; al Samoyedo luchar con el oso blanco ; al
Canario perseguir saltando de roca en roca á la
{gamuza; á la Tibetina llevar á los extranjeros á
as mas elevadas cumbres : éada cual , en fin, se
nos presenta acomodándose á las exigencias del
suelo en que se estableció. Quien no ve otra
belleza mas que la de los animales, se pinta el
cuerpo .y se pone crestas , caemos y cola : el ca-
zador se viste de pieles : el Americano se adorna
con plumas de sus aves á las tóales la naturale-
za prodigó gran rioueza de cobres oomo en com-
pensación (fe haberles negado la meiodia del tan-
to; y el habitante de las Marianas teje la corteza
de la planta. Por ott« Inirte j (Até diferencia entre
el coinercio de los Ingleses y el de los Chinos, en-
tre el Lapon pastor dre renos, el Árabe de came-
Ikm, el Peruano de llamas, y d Moffd de t)Otros!
Nacieron pues y sedesarroHaitm tas inoustrias
con aiteglo á los terrenos, peit> la agricultura
Ve la que mayores hlteraoionc^ introchijo en la
constitución Inorál. Porque el hombre después
de haber trafagado y beiiimido unoampo, quiere
seguir pate á pasó^süs éspcraAzas, y piara eso
cbnstruye uha cacía al hido de la herectad. t)e
aqui va desarrollándose naturalmeilte aquel pb-
d¿t^sO seirtimienü) büe ilaman abor patrió; y
de la eálabilidád de (os hogares traen m origen
las ftociedades civiles.
. Cuando Adam al ver á la oómpaBera que Dfos
le había (bráiado, exclamó : £9to es katiSó 4e
mu huesos v tome de mi carne : se lldffhtíM
e(m^felhonanrp<n'fitedHkmn!brefúesacf^
f el hHnbré iegettú á ik ^aére^ 4 su H^tíAlte y
se unirá á la mujer, eamo si los das no forma-^
sen mas t[ae una sola carne , quedó puesta hi
primera piedra del edificio social que ha durado
al través de todos los siglos y revoluciones, y míe
puso la sociedad doméstica por base de las de-
más sociedades, de modo que estas debiesen
prosperar ó desmayar según aquella fbese res-
petada ó se relajase.
Una autoridad establecida en aquellas socie-
dades , es un hecho natural , más bien que una
necesidad. El padre gobierna la numerosa prole,
sm magistrado ni ejecutores , no mas oue por la
fuerza de la conciencia , del respeto, ae la gra-
titud y del convencimiento. Creyendo en Dios
lo sirven en el amor al prójimo: la fidelidad
conyugal abre el campo á (as mefables dulzuras
del matrimonio y á sus consiguientes afectos:
vivo es d amor de familia, prínci|>aImeMe en
las madies, y vivas son his amistades cuanto mas
estrecha sus vfncuiós ht necesMad. El amor á
la fomilia es anejo al de la propiedad, y al de
esta el del pais ; y el amor domestico se extien-
de de este modo á toda la tribu.
La idea de un poder hereditario, absoHito, so-
bre vidas y haciendas , no podia caber en la
mente de aqueHos hombres mientras duró el go-
bierno patnarcal. Ni aun en el último período
de este , cuando lá asociación se ligó por un
pacto ó por funciones.confiadas á un hombre solo,
ó á unos pocos , era conocida la autoridad here-
ditaria. Formase una partida de cazadores para
verificar una expe<ficion , y necesitando uno que
los dirija, cfijen al mas diestro y le obedecen por-
que asi lo creen oonv^iente , refiriéndose tam-
bién en sus disensiones á la deci^ioh del que re-
putan por mas sabio y honrado. A este juez , á este
caudillo, dejarán acaso por gratitud la autoridad
mientras viva , pero no el derecho de trasmitirla
por herencia. La fuerza de los conquistadores,
10^ vicios de los vencidos , fas pasiones, la edth
cacfon y un sapuéstb derecho divinó dieron se-
üores á la raza fmmana en los siglos sucesivos;
Ero la Providencia éolocó lá felicidad de aque-
, nteis alta míe d influjo de las t^ntrn^encias,
pudiendo el pobre ser fehz, y libre el csdavo en-
tre Sus cadenas, y cada uno dirigirse, cualquiera
que sea d óhién de cosas , al perfeccionamiento
individual y común. Entonces fue cuando la au-
toridad pafriarcal se reprodujo en la metropoli-
tana, pasando una cmoad á ser cabeza de otras
muchas , así coiho ún padre había áido tabesa
dethuéhaslkiiiiHas.
Creyeron algunos que Dios haWa establecido
la servidumbre, cuando Noé hiáldici^iUIo á Ca-
naan le dijo : Tú serús ekcldvo de Jufet. Pero
aquisehabladeunadepéndé)jtcia<dedoniinio, no
dé una inferioridad' de cohdkíóh , como éfs, enten-
dida por los antiguos la esélavftud. late horri-
ble anuso de ht ittérza nb pudo nac'idr kMo de
la arrogancia délos conquistadores, qué ¿onvfr-
tieftdo en deíéchbla victoria, se cre^crtnWWoti-
feadbspai^ extermiilár á lys vehciaós, ó por le
iamm pSLYh conservarlos pSLTSL su prtpia utilidad
¡Tan *ncH16s fueron tts brilírtpws pollticoí
dMiiiué^góIipérnábálasociéátd humana, reuni-
da áun en lasllanums ddSfenaar! Bábiéttdbsí
liifigo mMtipHéádbpi^igioBamenfe, péttóóte es-
PlUIBIliIS SOCnCDADES.
35
taMecer una cmitralizacion social c[ae encamiiia^
se á n protióBito coiiiiui tos esfiíenos de todas las
Crílms; pero ya el e^isno levantó la cabeza : fat
torre qn dehm servir para la uaiim, se convirtió
m foco dt oofllüsicm ; los pueblos se dividían»,
y Dios poso entre eúos una naeva barrera con
la vaii<Mlad de las lenguas.
Los ifldüstíríosos desoendieMs de Cam pobla-
ron la Siria, k Arabia , algunas camaTcM entre
el Eufrates y el Tij^ris, y por el isüuo de Suez
penetraron en África y en tos islas de los ma-
res del Sur. Estos conocieron la nidustria, la
ciencia y la civüítacton en un grado snbKme;
peto su iámeasa depravación moral é intelec-
tual tos amsM á «m prcrákada decadencia»
La rasa ée Sém permmdó tá él Asia ^tre
el Eufrates y ei Océano IndioD , exteodiéndooe
desde aW á una parte de la Añria y Arsdiia al
Oeoídeiitedeai|udno$]ue^ andandoef tiempo,
enti* en América por el memo easuno por do»^
de en#an todos tos aioe tos Ghidctos ^ van
á pelear con tos Americanos de fai cosía del NV
loesoe. iíosSemílas fue aparecen desde retto-
ftaÍÉBs lieiipos mas mstruidtfB , conservaron las
oraAtotoAes de les patHareas, tanto resaccto d^
to. eíeacia hulnana, como em relación á ios éog^
fias reiiffiosos. (¥).
kigb mas ruda, pero menos corrompida b
deoceÉdenoto de Jafiet, quepudo participar de las
vamajas de tos pueblos «né se baiblam rievade
naamádamente á la dvmzaojon, se dirigió bar-
cia d Norte, á las islas del Mediterrtaeo y á
fliaépa, eiltemliéridoíse c^siderablementé y
fMelraado hasta laa tiendas de soa kerma^
Mas did mismo modo que la materfli al prin-
cipto fermentó en continua lucha hasta con^^
f|mstar el actual reposo, aM los bondii^ fue-
ron eihigraado de nsgtoa en región, otates de
^establecerse ; y en ai|uel tránsito se mezclaron y
oonlimdtoroii,*de manera que «o siempre la His^
toña tiene á mano recursos pbra dist^iguirloa.
E^tooonseguirá ta«lo mejor cuanto mas se vtt^
ya icMrando la historia é4 Asia antigua , gero»-
«ifieodel cuad hasta el preMite son muy pocos
tosiM{SKos'ifoehau Itogado á dilucidarse.
Si "ta ttiito «Mevemos áirttoir á la 4^^
Mlígií4fthé6 tiii!rití6tfca(s 9e 4(ie ya bitoos Imv-
btoda , <m«m^s descender , pariendo de te Me-
UjpMsmh y de tos ooidHleras del Ritnalava , de
tos MlUis >f tos Utule^la raka blanca por dos di-
fccdottes al Occidenítey la amarilla al Levante,
sabdHvMtoilIose aquella en las feotones del Su^
doeiie> délOeste y del Noroeste, y la otra en
toaiagtontesdel Sste , del Nordeste y delSudesie.
Los blancos de la región del Sudoeste faetón
ttomádés Irnto^-Bimpem , áumonsa estirpe «x-
wtñsk wBolBA mmOfpét 'j rectnMaéino él méRn) <re otros Ttspttr
t» á 1H TUn49 €am y de SK, «{ gbn ftsáüiíx si««i6 te narcha
de iNileideDdieDtes de hfet mediante lar tradición de todos los ^'
Ües.'4>fi^^ ndo ma» hr^ tos fniíah^'qlfe de acfftenos
elaf«ail#B aM irMe oír la flipftMImí de n slsteala , .
M iMldeieit jtalsevlcofdta , .un ticcetort* 'SgMneNMtefto: y
¡aydelos ifiie pretenden descoaponerio por Inteieses purameote
tendida desde d mar d^ la India al Attamtico,
desde Ceilan á Irlanda. Una parte de esta, pd)l6
la India , dando origen á los modernos Benga-
leaes , Siks , Maretas , Malabares , Tamules,
Telingos, MMotos 6 Indo^urcos, Zin^ros, Cin-
galescB, y á los habitantes de tos Maldivas; en
tanto queotra parte déla misma ocupó la Persia,
de d<mde proceded los Paruoe y Partos antiguos,
y losmodmios 6Ud>ros, Persas, Cuidos, Bu-
oareses. Afganos, los Betoscos limítrofes suyos
por la parte de la bdia, y toa (todas del €au-^
caso (2)^ Desde remotísíÉtos tieums to Bidia se
nos pmenta divíiMa en Inan y Turan , esto ^,
paisdelaltanmrayddnMmte, yestosehaltooc*^
pado por la estirpe índo**persa que se denomina
ue tos SsRÍB ó mistas, los cuales se dtfundíerou
ampüameate, ^ paitícular «on to rama de tos
GeUas ó Cimbres.
Desde tos Altáis al Cáucaso se protoagarou
ameflas estirpes que púdranos denomuar Cati^
edroas, de toe cuetos to mas poderosa es to
Turca , con sus variaciones de Uiguros, Turco^
manos, Usbeb», Seiydcidas y Otomimos ; des^
mea sig«e la tana Armenia eaire el £ufrÉites y el
Caspto, y eitm este y el mm Negfo to OMr«-
gíana.
En to opiesta pemüence del Hímahya, al
frente de toda to estirpe amurilfo é sea Indo-
Ohina, está to fsmniia ée la CMn^ á cuyo rsde-
dor se agrupan tos Tibetinos, Bínaanes, Pe-
guanos. Siameses y Anamitas ; y en tos ptovas
^1 mar Amarüto loe Coreanae y tos iadusirieiMs
japoneses.
Al Occidente del Asia^ euttie el Eirfrates, el mar
ftojo, el golfo Pérsico y el Merittenráueo , se eo^
«aMedó la éslit|ie Smátieá 6 Cátitá dtvidMa
yaen tos cuatfo faiaas de tois AriHoto , é quieues
pert^iecian los fiasteres de to Caldea, tos goer^
t^os de Babitonto y de Níuive , tos Medos y tos
Sirtoe ; de los Bárreos coa les Canamoas, Feni^
dos y Cartogmeses; de los Árabes y de los Aln-
stoios.
Por el Oriente de A^iá, andan errantes ios
TdtUsrm, divididos mi lus dos familias de los
Mogoles, tenror de Asto y Üuropa; y de Iob
Tuugusios, de ^los cuales mos 8<$d ni^miidus y
estAn tombicm bajo el domiato de ftusia , y los
otiK)S son dveSos de la China coa la d^omma-
ciou de Mmic^ds.
6&iTt tos hieYes de Nordeste se halla estable-
t^ido el grupo Siberiano, Ú cual se divide en
Samoyedos, <^e haMtmi tos t^fas del marola-
ctol , Co#iei!06 , Gailseos, Kamsebádalos y €uri-
líanos, i?ayias ^ibu^ oct^an to ultima extremi-
dad oüeatil de TRÑSsm gtobb.
Laee»o^, y «^ialmemeM^^Vásdel Me*
díterrAneo son to tieita qée la Pibviaeuda des-
ffaió con pretomicto jpara desaitollar los gérme-
nes de to elvílieactoii. Su suéto es tau propicio
Pra la agriddtara, como poco á ptoposito para
caza y to vida pititorlli y su raza es to mas
dispuesta jHLta^l dosatvolto intelectual. En Asto
^ teott^ltuyerou tos sededades ; pero soto eft
( S ) AoBLUitDG, mtkrídtfer, Balki, Atiés etnográfico, Klaprotb,
A^ ly (jf ^^*^i 4!j;^EiCBiorr, PoraiMe ae$ Lanfuetée t Europa
34 ÉPOCA PRnacRA.
nuestras regiones se eleyaron á la libertad do-
méstica y política, y al conocimiento de los de-
rechos. Del Asia vinieron las invenciones; pero
en nuestro suelo recibieron el mayor incremento:
aqui llegaron las artes auna insuperable altura;
aquí la fuerza de creación se dio la mano con
la critica, y la imaginación se hermanó con la
filosofía ; y si allí hubo grandes conquistadores,
solamente aquí florecieron los insignes capitanes
que organizaron el arte de la guerra. Los iberos,
reputados como pueblos algo diversos de la raza
India, y con mas afinidad con la Semítica, habi-
taron aesde antiauisimos tiempos la península
mas occidental, llegando á ella acaso 'por mar
desde Italia, y általia desde la Iberia Asiática (i)
y dando origen á los Turdetanos, Lusitanos y
Cántabros Españoles ; á los Aquitanos de la Ga-
lia, á los Ligurios de Italia, y á los Vascos. El
idioma de estos que hasta ahora se consideraba
como de familia diferente , se reduce taml>ien á
la clase de los indo-europeos, y según Edwards,
es análogo al celta. Esto tienae á desvanecer la
ilusoria diferencia , cuanto es posible entre aque-
llas remotísimas tinieblas ; y en tal caso puede
dedrse que los Iberos pertenecen también á la
gran familia Céltica que quizá es la misma que la
Escita y que con el nombre de Galos y Cimbros
se estableció en la Galia. Allí los ri meros dieron
origen á los Ecuos , Secuanos y Arvernos, y se
difundieronpor Italia con la d^ominacion de Um-
bríos, y en Bretaña con la de Graleses; mientras
Se los Cimbros, conlosnombresdeBoyps, Belgas,
móricos y Bretones arrojaban hacia el Sep-
tentrión álos primitivos moradores*, hasta que,
habiendo sido subyugados, no sobrevivieron mas
que en los Galeses de la Escocia é Irlanda, y en
los Bretones del país de Gales y de la Bretaña
francesa. Cierto es que los nombres de Iberos,
Ligurios y otros semejantes figuran en paises re-
motísimos hasta en la Hibernia por una parte y
entre los Ligurios del mar Ne^ro por otra, donde
los coloca Scillace; pero deben tomarse como
nombres genéricos , distinguiéndolos luego en
Ligurio-iberos, Ligurio-itálioos , y asi á este
tenor; porque la llegada de otros pueblos los em-
pujaba cada vez mas hacia el Occidente , mien-
tras que en las islas se confundían todos en uno.
En la Europa meridional entre los Alpes y el
Emo, el Mediterráneo y el Mar Negro, y en el
litoral del Asia menor, se estableció una pobla^
cion india, conocida con el nombre de traeos
Pelásgica ó Romana. Parte de esta última, {ta-
sando el Tauro, ocupó en el Asia menor la Frigia,
la Lidia y la Troade , y habiendo atravesado el
Bosforo, se fijó en laTracia; mientras la mas
antigua penetrando en la Tesalia, se establecía
en la Grecia y el Peloponeso con el nombre de
Pelasgos ó Helenos, y posteriormente con los de
Eolios, Jónios, Dorios y Aqueos, extendiéndose
también por las islas y el continente de Italia,
donde ya otros de la misma familia habían Ueva^-
d3 la civilización, llamándose Óseos, Toscos y
Latinos , y reuniéndose todos posteriormente bar-
jo los estandartes y el nombre de Roma.
Los Indíh-Persas, que siguieron^ los Celtas,
(1 ) Hornumi. Losibcntcn OedácnU y OrmUÍUiVÚ% 1S38,
entraron en Europa por el Cáncaso; y caminando
contra la corriente del Danubio , parte ocuparon
el centro de la (jrermania, formando las tribus
Serreras de los Teutones, Suevos, Francos, y
imanes ; parte costeando el Elba dieron origen
á las de los Sajones, Frísones , Longobardosy
Anglios ; y parte , siguiendo el curso del Oder
y las costas de Báltico, tuvieron por descendien-
tes á los Escandinavos y á los Godos.
También es de origen indio la familia edam,
que al parecer entró en Europa poco después que
la germánica , ocu^ndo palmo á pahno los ter-
renos que esta había dejado desiertos, hasta que
se situó en la vasta llanura que se extiende desp
de los montes Carpacios hasta los Poyas , y desde
el Báltico al Mar Negro. Viéndose luego venci-
da y derrotada, se replegó hacia Oriente con las
tribus de los Sármatas, Roxolanos, Zecos, Ve-
nedos, Pruczos, y actualmente se halla dividida
en tres principales ramificaciones , que son los
Rusos é üirios ; los Polacos, Bohemios y Vendos,
y por último los Letones y Lituanos.
jBxtrana á la India, y pariente de los pueblos
del Noroeste de Asia, es al parecer la estirpe
urálica, empujada porlaEslava háciael Septen-
trión , donde desembocó en la edad media con el
nombre de Hunos y ügros, y que ahora se divi-
de en las ramas finesa, que habita la Estonia y
laLaponia; madgiar ó húngara establecida en la
extremidad de la Alemania; chermisaen las ri-
beras del Yolga, y permiana cerca de los montes
Urales (G).
A la civilización de los Indios y Caldeos es tam-
bién análoga la de los Egipcios , que ahora so-
brevive en los Coftos : los Abisinios han adopta-
do un dialecto árabe ; y la familia berberisca reú-
ne en su seno los restos de los antiguos Moros,
Númidas, Cireneos y Cartagineses. Tan poco
conocida es hasta el presente el África Central,
que no es posible determinar sus familias, ni se-
guir el curso de sus vicisitudes. En la Oriental á
lo largo del Mar ludio , desde las fuentes del Nilo
al cabo de Sofala, conocemos dos familias : la de
los Galas , que actualmente dominan la Abisinia,
Lia de los Motapas que habitan las costas del
nguebar , de Mozambique y de Monomotapa.
Tanabien la Meridional comprende otras dos ta-
milias, la de los Cafres y la de los Botentotes.
Dos distintas razas ocupan la Oceanía : la Me--
lanesia, casi negra, con cabellos crespos, v la
Polinesia, morena con facciones índo-mogolas,
y con cabellos lisos ó rizados. A la primera per^
tenecen también los pueblos de Maaagascar, asi
como los Cafres y Hotentotes , y estas mismas rar
zas se ha mezclado profusamente en el archi-
piélago Indo-Chino.
Los Indo-Europeos dominan asimismo el gran
continente de América, exterminando cada vez
mas y mas á los indígenas y connaturalizando
negros; ignominiosa y acaso incurable plaga de
la libertaa de aquel país. Pero entre las razas
indígenas, las de la América del Norte y Méjico
representan el tipo indio, queprosigue subsistien-
do en el Perú , en tanto que el resto de la Aménca
Meridional tiene naciones mas conformes con la
raza mogola por el color , las faccionesy la obli-
cuidad (Te los ojo^.g,^^, ,y Google
PRDIIRAS
Esta es h presunta filiación de los pueblos,
cap vida nos preparamos á bosquejar, acom-
pañándolos en su engrandecimiento y en su mar-
cha por los senderos de la Providencia. Hemos
ci^íao deber nuestro insistir sobre principios que
generalmente descuidan los historiadores, y ne-
mes dicho ya el motivo oue nos ha impulsado á
ello. Asimismo hemos aducido razones para con*
SOGOEDAniS. 3S
solidar humanamente los dogmas de un orden
mas sublime. A quien no le parezcan bastante
convincentes recordaremos que, según refieren
los antiquísimos libros de los Parsos, habiendo
interrogado el sabio Zoroastro á la divinidad
acerca del origen y fin de las cosas , recibió por
respuesta: Practica elMerij y conquisía la m-
martaUdad.
FIN DEL uno PRIMERO.
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ACLARACIONES
AL
LIBRO PRIMERO.
(A) pág. 6.
EDAD DE LAS MONTAÑAS DE NUESTRO CONTINENTE.
Admitida la formación de las montañas por vía de
ascensión , los geólogos tratan de saber si todas las gran-
des cordilleras fian salido á un mismo tiempo , ó cual es
su antigüedad relativa.
De esta clase de cuestiones trató el señor Elias de Beau-
monti cuya opinión seguimos.
El sistema del Erzgebir^e en Sajonia , de la Costa
de Oro en Borgoña y del Pilas en el Forez , es entre las
montañas estudiadas hasta ahora por el señor de Beau-
mont, el primero que se levantó por vía de ascensión.
£1 sistema de los Pirineos y de los Apeninos, aunque
mucho mas extenso y alto, es mucho menos antiguo.
El sistema de los Alpes Occidentales , del cual forma
Sarte el monte Blanco , surgió mucho tiempo después
e los Pirineos.
Finalmente una cuarta ascensión , posterior á las tres
citadas, dio origen á los Alpes centrales (San Gotardo),
á los montes Yentoux y Leberon, cerca de Aviñon, y
XI todas las probabihdades^ al Himalaya de Asia y al
de África.
Expongo aquí ante todo estos resultados , persuadido
de que su novedad moverá al lector á seguir con mayor
atención las particularidades algo minuciosas que nos
han de guiar á comprobar su exactitud.
Los terrenos propiamente llamados de sedimento están
compuestos en todo ó en parle de arenillas traídas por
las aguas, semejantes al limo de nuestros ríos ó á las are-
nas de las playas marítimas. Estas trituraciones, mas ó
menos diminutas , j unidas por medio de cementos cal-
cáreos ó sihceos, forman las rocas areniscas llamadas
gres ó asperón.
Algunos terrenos calcáreos se hallan igualmente co-
locados entre los de sedimento , pero solo cuando ( esto
sucede muy rara vez) no dejan ningún residuo sedi-
mentoso después de su disolución en el ácido nítrico;
porque los fragmentos de conchas que contienen , de-
muestran de otro modo , y acaso mejor , que su forma-
ción se verificó en el seno de las aguas.
Los terrenos de sedimento están compuestos siempre
de estratos sucesivos muy visibles : de los mas moder-
nos pueden formarse cuatro grandes divisiones , que en
el óraen de su antigüedad son :
El calcáreo ooh'tico , ó sea calcáreo del Jura ;
El sistema del gres, verde ó de la creta ;
Los terrenos terciarios ;
Por último , los primeros depósitos de acarreo ó de
transporte (1).
(1¡ Pan el objeto qne me he propuesto es íoútil una exacta de-
finición de estos terrenos. Habría podido por lo tanto omitir su de-
nominación , concretándome ú designarlos por medio de los núme-
ros 1, 2, 3, 4, indicando por ejemplo con el 1 el terreno de sedimento,
el mas antiguo de ios cuatro, y que estft cubierto de ellos , en una
palabra , el calcáreo del Jura y de este modo con el número A se hu-
biera designado el terreno superior , esto es , los depósitos de alq-
Aunque estos terrenos han sido depositados por las
aguas y se encuentran en los mismos parajes, y los anos
sobre los otros , no se verifica el tránsito de U una á la
otra especie por medio de insensibles gradaciones.
Aquí aparece perpetuamente una variación súbita y
decisiva en la naturaleza física del depósito y de los
seres orgánicos, cuyos fragooentos se Imllan en él ; lo
cual evidencia que entre el tiempo en que el calcáreo
del Jura se iba depositando^ y el de la precipitación del
gres verde y de la creta que lo cubre , ocurrió en la
superficie del globo una completa renovación del estado
de las cosas. Otro tanto puede decirse del tiempo que
separó la precipitación de la creta de la de los terrenos
terciarios ; ^ asimismo , es también cosa evidente que en
todos los sitios la naturaleza del líquido, del que se pre-
cipitaban aquellos terrenos , tuvo que variar enteramen-
te entre el tiempo de la formación terciaría y el de los
antiguos terrenos de transporte.
Estas notables variaciones , interrumpidas y no gra-
duales, en la naturaleza de los sucesivos depósitos for-
mados por el a^ua , son consideradas por los geólogos
como efecto de lasjevoluciones del globo. Y aunque pu-
diera parecer difícil decir exactamente en qué consistie-
ron tales revoluciones, no seria sin embargo menos
cierta su existencia.
He hablado del orden cronológico en que los diversos
terrenos de sedimento fueron depositados; pero es pre-
ciso advertir que este orden ha sido determinado siguien-
do sin interrupción el examen de cada especie de terre-
no hasta las regiones en oue era posible averiguar posi-
tivamente y en una grande extensión horizontal que tal
estrato estaba sobre otro de tal género. Los hundimientos
naturales, del terreno , como los que por ejemplo suelen
verse en la playa del mar, los pozos comunes, los ar-
tesianos , y la apertura de canales han sido de mucha
utilidad para esta averiguación.
He advertido que los terrenos de sedimento están es-
tratificados. En los países llanos los estratos se hallan
como no podía menos de suceder casi horízontalmente;
pero á medida que se aproximan á los paiaes montaño-
sos, ya alterándose aquella dirección, y por último en la
pendiente de los montes algunos estratos se presentan
inclinadísimos y otros se hacen enteramente verticales.
vion. Daré sin embargo algunas brevísimas noticias acerca de la
naturalen y del aspecto de estos diversos géneros de depósitos.
Hnmboldt ha llamado calcáreo del Jura al vasto sedimento de que
el Jura en gran parte está compuesto, formado de un calcáreo blan-
quizco , unas veces compacto y unido como la piedra Utográflca,
otras aglomerado eu granulaciones redondas llamadas oolitús, de
donde toma la denonunacion de calcáreo oolitico.
El terreno de sedimento que comprende el gres , verde y la creta
es una sucesión de estratos de gres, mezclados frecuentemente con
una cantidad de slobulitos verdes de silicato de protoxido de hierro
debajo de gruesisimos estratos de creta. Los estratos de una y
otra especie que forman las playas del canal de la Mancha son el
tipo de este género de terrenos. Terreno de sedimento terciario es
el ds las inmediaciones de París , variadísima reunión de estratos
de arcilla , de cal , de mama , de yeso, de tres y de alberesa.
Finalmente los antiguos terrenos de acarreo soo designados con
este nombre por la semejanza que presentan con los depósitos de
arena formados por las corrientes actaales.
EDAD DH LAS MONTABAS
S«iiie|ftiite8 «strak» de sedimento iaolinados sobre las
pcndienies ¿ban podido depoMtarse allí en forma ol>Uctta
ó ▼ertical ? ¿ No será mas oovio «aponer que se formaron
primitif amenté do capas horizontales , eomo los estratos
contemporáneos de la misma naturaleza de ^ue las lla-
nuras están cubiertas, y que se levantaron é hicieron ver-
ticaies cuando surgieron las montañas en cuyos lados
seapoj^an?
ui tesis general no parece del todo imposible que las
montañas en su actual posición hayan estado revestidas
é inerustedas de depósitos sedimentosos, atento que conti-
nuamente vemos también las paredes verticales de los
vasos dentro de los cuales se evaporan aguas seleniticas
cubrirse de una capa salina que progresivamente se va
fijando. Pero nuestra cuestión no es de tanta generalidad
porque solo te «rata de saber ai los estratos oonocidoa de
los terrenos de sedimento han «do depoahados del modo
que hemos indicado. Voy á probar mediante dos órde-
nes de consideraciones -totalmente diversos que se debe
contestar negativamente á esta cuestión.
Observaciones geológicas incontrastables demuestran
que los estratos calcáreos que constituyen las cimas de
tres ó cuatro mil metros de altas como las del Buet en
Ssboya ó la del monte Perdido en los Pirineos, han sido
foraiadas al mismo tiempo que las cretas que abundan
de las altas playas del canal de la Mancha. Si la masa
áe i^uas de la «ue estos terrenos se precipitaron , se hu-
biese levantado basta la altura de tres ó cuatro mil me-
tros, la Francia habría quedado enteramente cubierta y
existirían depósitoe análogos sobre todas las cimas de
menos de tres mil metros de devaeion. Pero por el con-
tnrío , en el Norte de Francia donde semejantes depó-
sitos parecen haber sido muy poco removidos , la creta
00 llega á 200 metros sobre el mar actual, y presenta
exactamente la disposición de un depósito que se hubiese
verificado en un gran receptáculo Ueno de líquido, cuyo
nivel no hubiese nunca llegado á los puntos que actual-
mente pasan de 200 metros de altura.
La segunda prueba tomada de Saussure me parece
en extremo convincente.
Los terrenos de sedimento contienen con frecuencia
ciertas piedreeiUas rodadas de forma casi eU'ptica. En los
parajes donde la estratificación del terreno es horizontal,
ios ejes mayores dee^tas piedreeiUas guardan todos idén-
tica posición horizontal , por la misma razón que hace
que un huevo no nueda permanecer sobre su punta ,* noas
en donde el ángulo de inclinación délos estratos sedimen-
tosos es de 45 grados, los eies mayores demuchos de aque-
UosgnlJttrraftKirauín igualmenteoon el horizonte un ángu-
lo de 45 grados , y cuando los estratos siguen una direc-
ción vertical la nresentan igualmente muchos de los ejes
mayores de dicnas picdrezuelas.
(¡aeásL, pues, demostrado que los terrenos de sedimento
no han sido deponladss en el logar oue ocupan ni
en su posición actual, sino que fueran elevados mas ó
meóos en el acto en que las montañas , ci;yas pendien-
tes cobren , ascendieron del seno de la tierra. Para con-
vencerse de que en el acto de enderezarse un estrato
borízontal no era menester que todos los grandes ejes
de los guijarros tomasen una posición vertical , basta
tnzar Imeas en diversas direcciones sobre un plano ho-
rizontal y luego hacerlo girar como en derredor de una
ckarnela. Sn este movimiento las lineas paralelas á
la charnela permanecerán continuamente horizontales.
Por el contrario las lineas perpendiculares á dicha char-
nela se inclinarán al horizonte en toda la extensión en
que se mueva el plano, de manera que en el momento
en oue toque la vertical^ las líneas serán también ver-
ticales; y las puestas primitivamente en dirección
intermedia á la oe los dos sistemas formarán £on el ho-
rizonte ángulos comprendidos entre' O y W^ : fiel ima-
gen de la disposición de los ejes mayores de las piedre-
eiUas en los estratos verticaleB.
Sentado este principio , es evidente que los terrenos de
sedimento, cuyos estmlos estén en las pendientes de las
montañas en direcciones inclinadas ó verticales', exis-
tían antes de levantarse dichas montañas. Por el contra-
rio, los terrenos igualmente sedinieiitosos que se prolon-
guen horizontidmente hasta el principiode las pendien-
tes, serán de fecha posterior ala formación de la>
—RAZAS BUMAKAS.
S7
montaña ; porque no sería pesible concebir eomo al salir
esta de la tierra no levantase á un mismo tiempo todos
los estratos existentes.
Descendamos á hechos particulares : usemos de nom-
bres propios en esta general y sencillísima teoría, y el
sistema del señor Beaumont se hará evidentísimo.
Entre las cuatro especies de terrenos sedimentosos que
acabamos de indicar hay h*QS, que son las mas altas, las
mas inmediatas ala superficie del globo, ósea las mas
modernas , que se prolongan en estratos horízontales
hasta los montes de la Sajonia, de la Costa de Oro y del
Forez ; una sola^ que es el calcáreo del Jura, ó sea oolí-
tico , se presenta elevada.
Es decir que el Erzgebirge, la Costa de Oro y el mon-
te Pilas del Forez surgieron después de la fonnacion del
calcáreo oolíüco y antes de la de los otn« tres terrenos
de sedimento.
En las pendientes de los Pirineos y de los Apeninos
hay dos terrenos que han sido elevados, á saber , el cal-
cáreo oolítico y el de gres verde ó CMta: el termno ter-
ciario y el de aluvión qgie le oubne , han conservado su
primitiva posición horizontal.
Son pues los Pirineos y los Ap^iinos mas mkodemos
que el calcáreo del Jura y que el gi>es verde que han le-
vantado , y mas antiguos que el terreno terciario y de
aluvión.
Los Alpes occidentales (entre ellos el nKMae filanoo)
también han levantado como los Pirineos el calcáreo
oolitico y el gres verde, y además el terreno tenciario.
£1 terreno de aluvión solamente en las cercanías de es-
tas montañas es horizontal.
La ascensión , pues, del monte Blaacodehe mt colo-
cada entre la formación del terreno terciario y la del
terreno de aluvión.
Finalmente, en el declive del orden de montes de que
el Ventoux forma parte , ningún terreno de sedimento
es horizontal, sino que todos cuatro se presentan levan-
tados; lo cual indica que cuando surgió el Ventoux,
el terreno de aluvión se habia depositado ya.
Al principiar este discuno anuncié que los doc-
tos habmn llegado á determinar la antigüedad rola ti va
de alguuas cordilleras de los montes europeos, y aho-
ra es evidente que las observaciones del señor Beau-
mont han ido mas allá, pues que hemos podido compa-
rar la edad de la formación de las montañas con la
época de la producción de los diversos terrenos de se-
dimento.
Ue llamado la atención de los lectores sobre las
causas desconocidas, pero necesarias, que prodv^ron
tan señaladas variaciones en la naturaleza de los depó-
sitos formados por la afuas em ia superficie del globo
terrestre ; pero la obm del señor Beaumont me induce á
añadir, en virtud de lo que se ha podido coigetuiar so*
bre la naturaleza de semejantes revoluciones, algunas
noticias positivas que son las siguientes.
Los terrenos de sedimento , tanto por su naturaleza,
como fOT la disposición regular de sus estratos , parecen
depositados en tiempos de reposo. Hallándose todo terre-
no señalado con un orden peculiar de restos de seres
orgánicos véjeteles y animales, debía suponerse ne-
cesariamente que entro los tiempos de tranquilidad
correspondientes á la procipitacion de dos de aquellos
terrenos sobrepuestos, la tierra experimentó una gran
revolución física. T^osotros sabenoos ya que semejantes
revoluciones han sido originadas , o verdaderaoMute
señaladas, noria ascensión de un sistema de montes. No
siendo las dos primeras ascensiones de que habla el se-
ñor Beaumont las mas notables de las cuatro clasiBca-
das por él, bien se echa de ver que no se puede decir que
el globo envejeciéndose se encuentre menos apto para
experimentar catástrofes de aquella naturaleza, ni oue
el período actual de reposo no pueda terminar como los
anteriores con la súbita ascensión de alguna inmensa
cordillera.
Sentado el principio de que no todas las montañas
perforaron la superficie del globo á un mismo tieinpo, era
natural examinar si los montes contemporáneos pre-
sentaban ó no alguna relación de posición entre sí. Con-
siderando el señor Beaumont este asimto cs^ toda pecs-
picacia, ha averiguado lo siguiente: GoOqTc
38
ACLA&AaONBS DEL LIBRO miORO.
La dirección idel Erzgebii^, de Ut Costa de Oro y
del Pilas es paralela á un circulo máximo de nuestro
Slobo , que pasando por Dijon formase con el meridiano
e esta ciudad un ángulo de cerca de 45 grados. .
Las montañas contemporáneas, correspondientes á la
segunda aseension , es decir, los Pirineos, los Apeninos,
los montes de Dalmacia y de Croacia , y los Carpacios,
que según puede deducirse de la descripción dada por al-
gunos geólogos pertenecen á un mismo sistema, están
también dispuestas paralelamente al arco de un círculo
máximo cuya ^[KMicion puede determinarse diciendo que
pasa por el país de los Natchez y la embocadura del golfo
Pérsico. Pero , cualquiera que sea la causa de esto , las
montañas que en Europa salieron de la tierra á un mis-
mo tiempo forman en la superficie del globo cadenas,
es decir, prominencias longitudinales , y paraldas to-
das á un cierto circulo de la esfera. Y, si como es natu-
ral , se supone que esta regia es aplicable también mas
allá de los límites en que ha podido ser comprobada,
podemos inclinamos a creer que los Áleganis de la
América Septentrional, cuya dirección es también pa-
ralela al círculo máximo que hemos supuesto que pa-
sa por los Natchez y el golfo Pérsico, pertenecen por
lo tocante á la edad al sistema de los Pirineos. Ahora
bien , el señor Beaumont ha tenido últimamente ocasión
de comprobar la exactitud de esta consecuencia , exa-
minando escrupulosamente las descripciones que los
geólogos americanos han publicado sobre dichos mon-
tes. £n vista de esto, parece que puede decirse sin gran
riesgo de incurrir en error que las montañas de la
Grecia , las del norte del Eufrates , y la cordillera
de la península india, que corresponden exactamente
al indicado paralelismo , surgieron como los Aleganis
americanos al mismo tiempo que los Pirineos y los
Apeninos.
jEl tercer sistema de montañas por lo tocante á la an-
tigüedad , ó sea aquel de que forman parte los Alpes
Occidentales y el monte Blanco, es una larga promi-
nencia paralela á un circulo máximo que pasase por
Marsella y Zurich. Compruébase con notable exactitud
esta regla en todo el intervalo que media entre estas
dos ciudades. Y siendo la cordillera que separa la No-
ruega de la Suecia y la del Brasil igualmente para-
Idas al mismo círculo , es también probable que per-
forasen la corteza del globo al mismo tiempo que al
monte Blanco.
Por lo tocante al cuarto y último sistema estudiado
por el señor Beaumont, pasa el circulo máximo con que
Euede ser comparado por el territorio de Marruecos y
i extremidad oriental del Himalaya. Este j^ralelismo
ha sido encontrado tamWen en los montes Ventoux y
Leberon cerca de Aviñon , en la Sainte Baume v otras
alturas semejantes de Provenza ; y por último, en la cor-
dillera central de ios Alpes del Vafes hasta la íliria. Si
pues el paralelismo es aquí indicio de fecha , según te-
nemos motivos para pensarlo , podremos colocar en este
menos antiguo sistema de montes el Balean , la gran
cadena central del Cáucaso , el Himalaya y el Atias.
Una inmensa cadena de montañas, la mas extensa en-
tre las del globo se aparta por su dirección de todos los
sistemas imaginados hasta el presente : nos referimos á
la gran Cordiuera americana. £l señor Beaumont mien-
tras se disponía á hacer observaciones geológicas seme-
jantes á las que con tan buen éxito lo han guiado
nasta ahora , se dejó llevar de conjeturas de las cuales
con mucha probabilidad parece resultar , que esta gran
cadena es aun mas moderna que las que según su siste-
ma figuran en cuarto lugar. Pero por muy ingeniosas
que ¿tas conjeturas sean , salen del círculo de nuestro
propósito, por cuya razón me abstengo de referirlas.
Por otra parte, temeria que algunos ingenios no muy
considerados confundiesen tales conjeturas con las rigo-
rosas consecuencias que he sacado anteriormente, y ne-
gasen estas á caer en descrédito. Me apresuro pues a ter-
minar este discurso , limitándome á indicar cuanto se
simplificará el estudio geográfico de las cordilleras de
montañas, cuando el paralelismo, que el señor Beaumont
cree ser distintivo de las montañas contemporáneas,
comprobándose directamente sobre puntos muy separa-
dos entre sí, como por ejemplo el Himalaya y el monte
Ventoux, pueda ser colocado entre los principios de la
ciencia. Clasificaciones sencillas, en corlo número,
á propósito para las memorias mas rebeldes, y por otra
Sarte desnudas de toda suposición arbitraria, pues ieor
rá que precederse en ellas por orden de épocas , servi-
rán de guía en el inextricable laberinto de aquellas ca-
denas de montes que se enlazan unas con otras; laberinto
donde ningún geógrafo hasta ahora ha podido, sentar
con seguridad sus plantas.
(B.) pág, 16.
RAZAS HÜMAHAS.
Véase el cuadro de las clasificaciones mas modernas de
la especie humana según
BORT DE SaINT-VuICEHT.
{IHcHmMirt elauique d* hi$i. nat. art. Homme,
t. Vm,1826.)
f LEYOTRDCOS ó de cabellos lisos.
* Del antiguo continente,
í. Especie Jafktiga.
A Geiu togaia, que visten trajes talares y se hacen
calvos por la fiante,
a Raza Caucárica (occidental),
b Raza PeUuga (meridional).
B Gtm hracaia, cuyas variedades todas adoptaron
vestidos cortos, y cuya calvicie principia por el
vértice,
c Raza CéHiea (occidental ).
d Raza Germánica (septentrional).
1.* Variedad teutónica.
2." . esclavona.
IF. Especie Arábiga.
a 'Rsíiai Atlántica (occidental),
b Raza Adámica (oriental).
lU. Especie IimiA.
IV. Especie Escita.
V. Especie China.
** Comunes al nuevo y antiguo continente.
VI. Especie Hipkrsória.
Vil. Especie NEPTÚnic a.
a RazaJMotoya (oriental),
b Raza Oceámica (occidental),
c Raza Papuana (intermedia).
Vm. Especie Atjstralásica.
*** Propias del nuevo continente.
IX. Especie CoLÓMBiCA.
X. Especie Amkricaiva.
XI. Especie PATAGÓmcA.
f t ELLOTRIXOS ó de cabellos crespos.
XII. Especie Etiópica.
Xni. Especie Cafre.
XIV. Especie Melánica.
1 1 f HOMBRES MONSTRUOSOS,
a Cretinos.
bAHsM.
Según Dbsmoüuhs.
(Hiitoire nat. des races humaineSf 1826.;
I. Especie Scita.
a Raza Mo-germánica.
b Raza JPfosio.
'^'^«"'^tizedby Google
GARACnRBS m US RAZAS BDUANAS.
H. Espeeie Caucásica.
ni. Especie Semítica.
a Raza Árabe,
b Raza Birtueo-pelasga.
c Raza CélHca.
IV. Especie Atlántica.
V. Especie Iivdia.
VI. Especie Mocóla.
a Raza Jndo-China.
b Raza Mogola,
c Raza Eiperhárea.
Vn. Especie Curiliana.
\III. Especie Etiópica.
n. Especie Euko-Africaica (ó sea negros de Mozam-
bique, Cafres etc.).
X. Especie Aüstro-Africaha.
a Raza Hotenfote.
b Raza Bosquismana.
XI. Especie Malaya ú Oceánica.
1 Caroiintanos.
2 Dayaeos y Beadjus de Borneo y muchos Arafo-
ras y Alfurus de las Molucas.
a JawmesBs , Sumatrianos , Timaríanot y Malayos.
4 Polinesios.
5 HotMU de Madagascar.
Xn. Especie P^puana.
Xin. Especie Negra Oceánica.
1 Mois ó Moyos de Cochinchina.
2 Samang-os , Dayaeos etc. de las montañas de
Malaca.
3 Pueblos de la tierra de Van Diemen , de la Nue-
va CalediHiia, y del archipiélago de Sancli-
Spiritus.
4 Vintirobaros de las montañas de Madagascar.
XrV. Especie Axjstralásica.
XY. Especie CoLOMBicA.
XVl. Especie Americana.
1 Omanoif Guáranos, Coroadós, Puris, Altures,
Ototnacos, etc.
2 Boiooidos y Guayacos.
3 Maboyas , Charrúas.
4 Araucanos y Pueldios, Teuletas 6 Patagones.
5 Pechereses indígenas de la Tierra del Fuego.
Según Lesson.
(Manuel de Mammalogie, 1827).
I. Haza Blanca ó Caucásica.
1 Rama Aramea: Asirios, Caldeos, Árabes, Fe-
nicios, Hebreos, Abisinios, etc.
2 — India, Germana y Pdasga: Celtas, Cánta-
bros , Persas etc.
3 — Escita, Tártara: Escitas, Partos, Turcos,
Fmlandeses , Húngaros.
1.^ variedad , rama Malaya.
2.* id. Oceánica.
U. Haza Amarilla ó Mogola.
1 Rama Jíajicfti».
2 - Sínica.
3 — Hiperbórea 6 Esquimal; Lapones en parte,
Samoyedos , Esquimales del Labrador,
habitantes de las Curíles y de las islas
Aleutianas.
39
4 » Americana,
a Peruana 6 Mejicana.
b Araucana.
c Patagónica,
5 — Mogolo-felasga , 6 Carolina.
in. Raza Negra ó Melaniana.
1 Rama Etiópica.
2 Cafre.
3 Hotenhte.
4 Papuana.
5 Tasmaniana,
6 Alftsru-endamena.
7 Alfuru-austral.
(C) pág. 17, nota 2.
caracteres fisiológicos de las razas miMANAS CONSI-
DERADAS EN SUS RELACIONES CON LA HISTORIA.
(W. F. Edwards, Des caracteres fisiologiques des races
humaineSf considerées dans leurs rapports avec Vhistoire
París , 1829 , 129 pág. en 8.<>).
Al historiador Amadeo Thierry.
He recorrido la mayor parte del país á que se refiere
la historia de los Galos y Cimbros que habéis publicado^
y he tratado de comprobar akfunas de las distinciones
que establecéis entre los pueblos galos. Aquí tenéis el
fruto de este examen , unido á observaciones análogas
y referentes á diversos puntos históricos. Hace ya mu-
cho tiempo que pienso , y no soy el único de esta opi-
nión, que si la fisiología ha permanecido por tan
larffo espacio estraña á la Historia, es porque no
se han estudiado bastante sus relaciones. Conviene de-
cir, sin embargo , que hasta hoy ni la una ni la otra
de estas ciencias ha sido cultivada de modo que pudie-
ran prestarsedad de las leyes y de la fuerza
de las preocupaciones , pero que evita por largo tiempo
las irrupciones de la multitud. Tales restricciones , si
bien totalmente artificiales, no han cesado nunca entre
algunos pueblos ; sin embargo , como todas las institu-
ciones humanas deben ceder á la fuerza del tiempo, ob-
servemos lo que acaecería en un estado de cosas en que
el impulso de la naturaleza no conociese Ifmites. Aquí
estableceremos principios que nos servirán de guia mas
adelante, y que dependen de la proporción numérica de
las razas confundidas entre sí , y de su respectiva dis-
tribución en el mismo territorio.
Comencemos por el caso en que la inclinación á la
mezcla no encuentre obstáculos y una raza forme un
pequeñísimo número en comparación de otra. Sabemos
cómo obra la naturaleza cuando la desproporción es
grande: el tipo del pequeño número puede desaparecer
enteramente. Crúcese un animal doméstico con otro de
diversa raza ; crúcese después el fruto de esta misma
unión con un individuo de una de las razas puras ; el
nuevo producto se aproximará á cstasúltimas. Continúen-
se los cruzamientos con el mismo principio hasta que el
último producto vuelva á reproaucir uno de los tipos
f)rimilivos, y se verá qiie esto acontece de ordinario á
a cuarta generación; pues aunque puede suceder mas
pronto ó mas tarde, y hasta no acaecer sino á la décima
tercia generación, aquí no buscamos los extremos, sino lo
que acontece ordinariamente. Por otra parte, tenemos
datos positivos sóbrelo que acaece en caso semejante en
las razas humanas y sabemos que las señales de los negros
y de los blancos desaparecen hacia la cuarta ó quinta
generación , conforme al resultado general que indica-
mos para los animales domésticos.
^le hecho perjudicaría á la indagación de las razas
antiguas en las modenias , si se procurasen trazar todos
los elementos que han formado una nación; mas cuando
se traía de grandes masas , el examen es mucho mas
fácil.
Suponjí^amos ahora que, dada la igualdad de propor-
ción entre una y otra raza, se hayan puesto obstáculos
entre ellas ; con mayor motivo el número mas pequeño
no habrá alterado las formas del mas grande; principio
de suma importancia, de que haremos aplicación repe-
tidas veces.
Supongamos las dos razas en igual número : para
que se confundan en un solo tipo intermedio , se nece-
sita que cada individuo de la una se enlace á uno dñ
la otra ; que cada uno tome gran parte en la fusión de
los caracteres distintivos , ya que las gradaciones lige-
ras no alteran el tipo.
No queremos sostener que este equilibrio sea imposi-
ble; pero aun concediendo la posibilidad de tal igualdad,
no debemos esperar que se realice en la esfera de los l^e-
chos. ¿Quién puede suponer qUe cada individuo de una
raza se junte á otro de la otra? Semejantes uniones no
rrian ser efecto de la libre elección, sino de la necesidad
obedecer al déspota mas absoluto. Admitamos , sin
embargo , que estas uniones se realizan ; el pueblo no
será mas que una colección de esclavos; y para conocer
cual seria el fruto de su sumisión , exammemos lo que
acontece con otros seres igualmente someti4o8 á la va-
Digitized ^ VjOOQIC
luntad de un dominador.
tí
áCUlAdONIt Ati Lmo
Sabéis que diversM nxas de animtles se eraian se-
gnn U volunUd del hombre; y que el producto de tales
uniones participa de una y otra estirpe , formando asi
un tipo nuevo, pero intermedio, y por lo tanto sdo, dis-
tinto y particular; pues que no teniendo sino semejan-
zas parciales con aquellos de los cuales se deriva, no
representa ni al uno ni al otro. Esto es conocido gr^neral-
mente; hay hechos, sin embareo, que- demuestran una
tendencia diversa de la naturalesa. E\ señor Coladon,
farmacéutico de Ginebra , para multiplicar ios experi-
mentos sobre el cruzamiento de las razas, y extender
nuestras ideas sobre esta materia, crió gran número de
conejos blancos y ^ises , estudió atentamente sus cos-
tumbres, y encontró el medio de hacerlos engendrar cru-
zándulos. Comenzó entonces una lar^ serie de experi*
mentos, uniendo siempre un conejo gris con un blanco.
¿Qué resultado esperáis de esto? ¿Creéis acaso que
obtuvo por este medio muchas variedades? No: cada in-
dividuo de los nuevos era , ó enteramente rris , ó ente»
ramente blanco, con los otros caracteres de la raza pura.
Este caso nos prueba que los dos métodos diversos sub-
sisten en la natuialeza , y que ninguo reina exclusiva-
mente.
Cuando las razas se diferencian bastante, como cuan-
do no son de la misma especie, por ejemplo el asno y el
caballo , el perro y el lobo ó la zorra , su producto es
constantemente mestizo ; si por el contrario hay |)oca
divcrsiUad, las uniones pueden reproducir los tipos puros
primitivos. La misma tendencia existe en el hombre;
Sero continuemos penetrando en este asunto , no consi-
crando todavía la cuestión sino en los anímales.
Que la naturaleza confunda ó separe los tipos, es con-
forme á su marcha ordinaria , en la cual se observa que
sus esfuerzos tienden alternativamente á ayudarse el
uno al otro ó á combatirse ; pues que se la encuentra
siempre ocupada en producir, conservar ó destruir.
Examinando los hechos mas de cerca, encontramos al
presente la mayor uniformidad allí donde se nos habia
presentado á primera vista el mayor contraste. En el
cruzamiento de las razas mas distintas, el mestizo pre-
senta un tipo diverso del de la madre , no obstante al-
§puna8 conformidades. Cuando dos razas poco diferen-
tes reproducen uno ú otro tipo primitivo , la madre da
á luz un ser desem^ante á ella. En la mezcla de las
razas menos diferentes, la madre reproduce un ser de
mayor semejanza á sí misma que en el primer caso;
y aunque al parecer, se ale^ja entonces, de la tendencia
mas gpcnerai de la naturaleza, que es la propagación de
los mismos tipos , se conocería que se acerca mas á ella
todavía, si se considera esta tendencia bajo su verdadero
aspecto.
£n las clases inferiores de los animales , no se observa
por decirlo asi, mas que un sexo, ya que no hay distincio-
nes entre los individuos en los órganos de la reproduc-
ción, y cada ser da vida á otro ser del todo semejante á sí
nusmo; no hay aquí, pues, sino procreación de un solo
tipo. En los órdenes mas elevados, dos sexos concurren
á la formación de los individuos , que los reproducen;
así la madre da á luz ora uno formado á su propia
imagen , ora otro hecho á semejanza del padre. Produce,
pues , dos tipos disiintos á pesar de su afinidad , y dis-
tintos hasta tal punto, que el macho y la hembra de una
misma especie difieren muchas veces entre sí mas que
de los individuos de especies no muy diversas, pero de
igual sexo. Esto es tan cierto , que el macho y la hem-
bra , en los animales cuyas costumbres no se habia te-
nido ocasión de observar, han sido muchas veces colo-
cados en una clase diversa, especialmente tratándose de
insectos y de aves. Se ve , pues , que las observaciones
de.Coladon pertenecen á este orden de hechos considera-
dos en su generalidad ; pues que la madre produce dos
tipos, el uno de los cuales representa el de su propia raza,
y el otro los caracteres físicos de la raza del padre.
Los mismos fenómenos acontecen en el hombre y con
las mismas condiciones. Las razas humanas que mas se
diferencian entre sí, producen mestizos, asi el mulato
se deriva de la unión de las razas blanca y negra. Li^
otra observación de la reproducción de los dos tipos pri-
mitivos , cuando los padres pertenecen á dos variedades
poco diversas emkrt sí, es nenos nanifiesta, pero no me-
nos verdadera. El fenóoMiio, M«t
psraiqM
importa? El croiamiento j^ooe ya k fMon, ya la se-
paración de los tipos; de lo cual dedueiaMs esle priaei-
gio fundamental, á saber : que cuando se mezclan pol-
los de razas no muy díveraas , aunque oada individoo
de la una se enlace con un individuo de la otra, de U
nueva generación conservaFá ios tipos primitivos.
Lo que prineipalmento tiende a conaervaiios e^ la
distribución geográfica de los pueblos de raías diven»
en un mismo terrílorio ; porque ¿quien puede laponer
.una repartición de tal manem igual , ^ue ao se fonae
una multitud de grupos en que La una o la otra de eiiw
razas predominen en una gran proporción? Ella eoo-
dicion sola basta para impedir que los tipos primilivoi
queden totalmente destruidos.
Pero se dirá: muchos desaparecen también por el a-
terminio de las tribus. Respondo que á veces algooM
poblaciones pueden caer bajo el hierro enemigo , peis
difuilmente una nación, y particularmente una raza en-
tera. Los Guanches desaparecieron, porque estaban coa-
finados en pequeñas islas; y si los Caribes han dejado de
existir en las islas de América , su rasa subsiste todavía
en el continente. No conozco otros ejemplos ciertos
de este género, porque no creo en la opinión difundida
entre los Ingleses sobre la extinción de los antiguos Bre-
tones en el territorio conquistado por ios Salones.
Para que un pueblo esterminase á una gran nados,
seria necesaria una larga perseverancia de crueldad 7
de rabia que no existe en la naturaleza humana. Seme-
jante pt oposición solo fue presentada y discutida cuando
Gengis-Kan conquistó la China, como cuenta Abel Rs-
musat.
Una nación puede ser privada de grandes poretonei
de territorio ; pero aun este hecho es extraoidinaria-
mentc raro , y solo los salvajes , ofrecen ejemplo de él.
Los de América han abandonado á los Europeos vastai
comarcas; y á primera vista se concibe en efecto, que la
mezcla de una y otra raza debía ser bastante difícil, i
causa de la extrema incompatibilidad que existe entre
ellas, porque un salvaje ni posee nada^ ni sabe nada, ai
para nada es bueno; pero en la historia del Antiguo Con-
tinente no se trata de salvajes, sino de bárbaros, esto
es , de pueblos que tienen un principio de civilixaeioD.
El tener los barbaros una industria , se opone á laf
emigraciones totales forzadas ó voluntarias; átenlo qoe
los gefes que proponen una expedición de conquista, no
tienen poder ni influencia que tnsten á arrastrar tras ■
una nación entera. Cuando uno posee, se hace calcula^
dor; y no todos calculan del mismo modo.
Si por el contrario la nación es invadida y vencida,
el vencedor no trata de expulsar á la nación entcn;
quiere terreno, especialmente si es nómada, y ahuyenta
a una parte de los habitantes; pero como quiere también
tributos, esclavos y auxiliares, conserva el reato de la
población. Entonces algunos de los individuos de esta,
impulsados por su amor á la independencia, abandonan
el suelo patrio, y los otros se ligain con los vencedores'
Tales principios, deducidos del conocimiento de la nato-
raleza humana, están en general confirmados por la Hi>*
toria.
Considerando las muchas y grandes vicisitudes por
qué han pasado los pueblos nómadas del Asia , p^/^
que apenas debería encontrarse uno solo en su primitiva
patria. Pero Abel Remusat, tratando de los pueblos \^
taros, ha sabido encontrar las razas de casi todos, coando
la Historia y las lenguas le ofrecían datos bastante cla-
ros para reconocerlos.
Por lo que respecta á la civilización , como causa de
alteraciones en las formas y en las proporciones de las
razas humanas, su acción e influencia nos son compo-
tamente desconocidas. Por consiguiente , ni puede pre-
tenderse ni negarse que imprima un nuevo carácter, u
posible que el tránsito del estado salvaje al civiliíado
produzca semejantes efectos ; pero tal cuestión no. nos
compete, siendo aplicable únicamente á tlenipostan re-
motos y oscuros, que se hallan fuera de los limites de la
Historia. La mitología y la fábula han podido presentar-
nos un cuadro imaginario ; pero la Historia no nos na
mostrado nunca un pueblo primitivamente en estado
salví^ y qu« después inventase ó aprendiese Iss artes.
CAlumWB M US
AeMO to hará ta día cuando loa lalvajet del Nuevo-
mando te hayan sajelado á esta revolución , la mayor
que paede experímenUr la sociedad humana.
£o cuanto a los progresos de una civilización mas
adelantada, cuyos caracteres Ikicos estuviesen ya cam-
biados por haber abandonado la vida salvaje, sus efec-
tos sobre las formas y sobre las proporciones, no podían
tersino OHiy pareiaies: porque aquella se encuentra
siempre difundida irregiuarmente en una nación , j las
elasss inferiores, que son las mas numerosas, participan
poqoisinio de día. Esle lasonamieolo os parecerá sin
dada evidente; pero voy á pasar todavía mas adelan-
te, ayundándome de la observación directa. £n los pun*
tas en que he lomdo observar determinadamente uno
ó mas tipos , los ne hallado en todas las clases de la
sociedad , tanto en las ciudades como en los campos»
eatre los aldeanos como entre los obreros, entre los po-
bres i ignorantes , como entre las familias antiguas y
distinguidas. Estas diversas clases representan todos los
grados de civilización; y sin embargo , subsiste el mis-
mo tipo en todas ; lo que basta para probar que puede
eonservarsa intacto, á pesar de las modificaciones del es-
tado social. Asi , pues, pueden subsistir los principa»*
les caracteres físicos de un pueblo en una gran parte
de la población y al través de una larga serie de si-
glos, á pesar de la influencia del clima, dd cruzamien-
to de las rasas , de las invasiones extranjeras y de los
progresos de la civilización; de donde se sigue que debe-
mos hallar en laa naciones modernas, si bien con cierta
eradacion j propo.xion mayor ó menor, los rasgos que
las distinguían en la época en que la Historia nos enseñó
i conocerlas. Hemos visto que si la unión de nuevos
pueblos multiplica los tipos, no por eso los confunde;
ai número se aumenta con los de estos pueblos v con los
criados por dios , á consecuencia de la mezcla de las ra«
las ; de esta manera los tipos primitivos y los de nueva
(bnñaeion, subsíatenal mismo tiempo, siempre que cada
ano de ellof forme una gran parte de la nadon. Por el
eootrario, si uno ú otro es poco numeroso , debe presu-
miise que desaparezca, ó que deje muy débiles vestif^ios.
lloobeíanle, es permitida la invesligacionde estos tipos,
> porque hay causas que bastan para conservarlos ; pero
ii acaso no se encuentran, no lo debemos extrañar, pues
seria Blas extraño d encontrarlos.
Los principios que nos han conducido á este resultado
geaeral servirán también para su aplicación. Por tanto
M suplico que oo perdáis de vista lo que os he dicho
aeerca de la proporción numérica y de la distribución
geográflea de loa pueblos en un mismo territorio. La
observación da d estado actual ; la Historia suministra
los datos sobre el estado anterior; y la corooaracion es-
tableee las proporciones, cuando estos pueblos se hallan
ea las condiciones necesarias para que puedan subsis-
tir sos tipos. Ahora bien , habiendo visto que esta per-
lisleneia la tienen especialmente las grandes masas , día
debe guiamos á encontrar fácilmente los descendien-
tes Ue los grandes pueblos. Esta objeto es mocho mas
digno de nuestras investigadones; y aunque las peque-
ñs fracciones extrañas que á oUos se unieron des-
pués estimulen nuestra curiosidad , no debemos por
esa sentir demasiado que se sustraigan á nuestra ob-
Krvadon, limitando naestro examen á las principales
MlAi H61U1US.
4S
Coando recordamos laa irrupciones de los Bárbaros
que arruinaron d Imperio Romano , y que continuaron
todavía por largo tiempo después de su destrucción, la in-
finita serie de aquellos piíeUos nos espanta; sin em-
bargo, su número no era tan grande como nos lo pinta
dterrorde loa vencidos.
Los Visigodos» ios Vándalos, los Hunos, los Hérulos,
iM (^rogoídos , loa Longobardoa y los Normandos se
pTícifitaron unos tías otros sobre Italia; pem ¿qué
fttado ea la penmsuUi de estos enjambres de bárbaix«7
1^ Visigodos, los Vánddos y los Hunos la ocuparon so-
^^^ de paso : y si ignoranaos las fuerzas que traerán
¡oi Hérulos y los Ostrogodos cuando cayeron sobre
^(w> i no nos hasta saber que los Hérulos^ apenas
te establecieron en d país tuvieron que sostener con-
In los Godos una guerra sangrienta en la que su-
<««bísiQiiT Por dta parte la puede juzgar de la dabUi^
TOMOk
dad de los veneedores por d paqveSo numero de Irapas
que pudieron oponer después a BcUsario, no obstante que
hablan tenido tiempo para consolidarse y reproducirse.
Estas tropas al principio no eran mas que dncueiita mil
hombres, y después quedaron reduddas á siete mil , que
capitularon, y fueron trasladados á Constantinopla. Nos
quedaron los Loogobardos, que dejaron su nombre á un^
gran parte de lUlia y que poseían mas de la mitad de
este territorio ; pero acaso no había entra ellos mas da
den mil hombres capaces de manejar las armas. Loa
Normandos que se apoderaron de casi todo d Mediodía
de Italia no eran mas que un puñado de hombres ; la
Gdia cambió de nombre y de dominación, y sin embar-
go d ^ército de Clodoveo era poco numeroso ; y des-
pués Guillermo d Conquistador subyugó la IngUtorra
con sesenta mil hombres. Aquí tenéis grandes y me*
morables conouistas que cambiaron la situación de las
cosas y de los hombres , pero que no han podido produ-
cir cambios notables en los tipos de los pueblos vencidos.
Sí algunos descendientes de los vencedores han conser-
vado los caracteres físicos de sus antepasados , es evi-
dente que forman i>cqueños grupos y están 'como dise*
minados y casi perdidos en la masa de las poblaciones.
Hay, sin embargo, conquistas que originan gran-
des mudanzas ; por ejemplo las iiivadones sucesivas»
hechas por el mismo pueblo ; pues entonces se fonnon
ñoco á poco grandes masas que fácilmente se perpetúan.
De esta manera se enseñorearon los Sienes de Inglater-
ra , y su raza ha podido perpetuarse en aqud país.
Hemos supuesto constantemente hasta aouíque existen
tipos característicos de pueblos antiguos, yhemosexami*
nado si son transmisibles, no obstante la influenciade laa
mencionadas causas perturbadoras. Satisfechos sobre esta
punto, pasaremos á otra cuestión. Si estuviese demos-
trada nuestra suposición , á saber, que hubo en la anti-
güedad pueblos con un tipo característico , entonces ne-
cesariamente , con arreglo á lo que hemos probado, estos
tipos deberían existir todavía. Pero prderimos averiguar
si existen hoy pueblos con tipo distinto y después in-
vestigar su origen en los pueblos antiguos ; lo que en úl-
timo análisis nos guiará al mismo resultado. He llegado
pues al punto en que puedo daros cuenta de las obs^a-
dooes que he hecho, mostrándoos primero los funda*
mantos en que se apoyan.
Los caracteres tomados de la forma y de las propor*
Clones de la cabeza y facciones del rostro, ocupan cier*
tamente el primer lugar. £n efecto, no se conoce á un
hombre ni en la estatura , ni en la corpulencia , ni en d
color , ni en el cabello , sino en el semblante ; esto es, en
la forma de la cabeza y en las proporciones de losli-
neamentoa de la cara. No prescindo de las modifica-
ciones relativas d cabdlo , d color de la plei y á la
estaturaf cuando son bastante generdes, porque entonces
esta generalidad les da gran vdor; pero considero tales
caracteres como enteramente secundarios é incapaces de
constituir por si solos distinciones de raza , como no sea
en casos extremos.
Esto sentado, coñoienzo á explicaros la serie de ob»
servaciopes que he hecho en nú viige por Francia, Ita-
lia y parte de Suiza.
Apenas llegué á las fronteras de Borgoña, comencé á
notar un coi^unto de formas y lineamentos que consti-
tuían un tipo particular, el cud era mas manifiesto y
se reproduda con mas frecuencia á medida que me in-
ternaba en d paui; hasta que habiendo llegado á Cha-
lóos en un dia de mercado , me asombré d ver un gran
número de fisonomías totdmente diversas de las que ha-
bía observado al principio, las cuaks presentaban tipos
tan diferentes que formaban entre si un perfecto con-
traste. £1 tipo predominante que había visto hasta llegar
á Chalons continuó presentándoseme frecuentemente en
todo d resto de mi viaje por fiorgoña.
Este tipo no cambió de naturaleza en d Lionesado,
aunque mudó de color. Otro tanto sucedió en el 0elflna«
do ; y los mismos caracteres de formas y de proporciones,
aunque con otra gradación de color, se presentaron en U
Saboya haste d mosite Cenis.
no
tipo.
Fuera, pues, dd pequeño ampo observado en Ghllont,
> vi dóda Aiixarre haate los Ali
Alpes
Digitized
^m^
44 AfiLARAGIONIM 'AL
Este territorio estabif ocupado tn los iiempos mas an« L
tiguos por los Galos, y después fae conquistado por los •
Romanos, que se confundieron con aquel pueblo. Si fuese
preciso atribuir el tipo de que se trata á los descendien-
tes de los unos ó de los otros , no vaciíariais ciertamente
en referirlo á los Galos , pues que el número mas pe-
?aeño no comunica sus caracteres físicos al mayor,
ero cambia la dominación ; los Borgoñones sustituyen
á los Romaros ; y el mismo raciocinio os conducirá á la
misma consecuencia , la ciial subsistirá también á pesar
de la sucesiva conquista de los Francos, porque unos y
otros se encontraron en proporción igual.
.La Italia me ofrecía una multitud deobjelos dignos de
atención. Quería yo examinar si sobre las ruinas y entre
el polvo de la antigiiedad , objeto de la admiración y de
eufto de tantos viajeros^ vivían los descendientes de
aquellos que levanti^on tantos monumentos , y presen-
taban aun la imagen de sus antepasados.
Pasando por Florencia, aproveché la ocasión que mo
ofrecía la galería ducal para estudiar el tipo romano. Di
la preferencia á loe bustos, do los primeros emperadores
porque descendían de antiguas familias y no pertene-
cían , como muchos de sus sucesores, á razas extranjeras.
Gierto. número de estos buslos no solo tiene formas y
proporciones iguales , sino también un carácter tan pro-
nunciado que es difícil olvidarlo. Vedlo aquí exactamen-
te determinado. £1 diámetro vertical es corto- y por
consiguiente el rostro ancho; y como- el vértice del era-*
neo está mas aplastado que elevado , y el extremo de la
mandíbula os casi horizontal , el contomo de la cabeza,
visto de frente, se acorca mucho aun verdaderocuadrado.
Esta configuración es tan esencial, que si so prolongase la
cabeza, aunque se conservaran todaslas demás facciones,
ya no seria característica. Las partes laterales sobre las
orejas son convexas, la frente baja , la nariz verdadera^
mente aguileña ,#s decir que la curva comienza desdo
lo alto y termina antes de llegar á la punta , de modo
que la base es horizontal; por* ultimo la parte anterior de
la barba es redonda.
Ya me esperaba yo«ncoDtrare8te tipo en Roma ; pero
apenas entre en el teiTítoriodel papa, se me presentó con
tanta semejanza de rasgos que quedé maravillado. £1
mismo tipo me siguió en todo el camino á Perusa , á •£»-
poleio y hasta Roma; y es de advertir que la semejanza
no estaba solo en el rostro, sino también en la estatura, que
en los Romanos, como sabéis, ora generalmente m^ediana.
Este mismo tipo se encuentra esparcido al Norte do Roma,
no solo por la parte de Perusa sino también en Ja otm
dirección hacia Siena , Viterbo etc. ; y no sabré deciros
hasta donde se extiende por la parte del Mediodía.
Estas observaciones , aaoque limitadas , nos dan ya
indicios útiles ; aplicables á la Historia. £1 tipo que he-
mos observado en ios emperadores, ea también e^dc gran'
número de soldados y ciudadanos, representados en bajos
relieves y en bustos encontrados en el-tciritorío romano;
por lo cual se puode decir que es característico de los
habitantes de aquellas comarcas, tanto en los tiempos
presentes comeen los pasados.
¿Qué debemos pensar ahora del pueblo romano? ¿Sería
descendiente de Eneas y de los Troyanos, formanck) Una
nación extraña a la Italia, y encerrada en el recinto de
Roma.? Gomo los campos son los que dan la población á
las ciudades y no las ciudades á los cam^x» , especio 1-
mente cuando se trata de grande extensión de terri lorio,
Roma habrá sido poblada de este módo', y: muchos de los
pueblos vecinos, entre otros Los Sabinos y gmn parter de
ice £truscos , habrán tenido comunidad de raza con 4a
mayor parte de la población de Roma. Este hecho no ha-
bla sido hasta ahora corroborado por la ilistoría ; antes
bien ios pueblos que l^bitaban aqud sucio estaban tan
divididos. en cuerpos independientes, diversos entre sí
en nombre y en intereses, que los historiadores los pre«
sentaron siempre como de origen diferente; Pero Mioali
y Nlebahr tovtcroo una idea mas justa de ellos , y el
hecho que acabo de referir confirma en parte su» opi-
niones.
Pueden los extranjeros llegar á un pueblo, dominarlo,
instruirlo , cambiar su nombre y su idioma , «ín alterar
«a general sus caracteres físicos; pues que unpeqvcño
número puede subyugar á una multitud é influir sobre
*lrSSttO AlDIBtlO.
su tíspíritu, pero no cambiar la organización física como
hemos demostrado mas arriba. Ignoro á qué pueblo de-
bieron los Etruscos su idioma, sus instituciones y sus ar-
fes ; no sé si fue indígena ó extranjero; pero es evidente
que una parte tie la población de la antigua Etraria tie-
ne un tipo iguaf al que nosotros decimos que perte-
nece al pueblo romano. Pero en la Etruría domina tam-
bién otro tipo , ya indicado por mí , y no descrito to-
davía.
Agrícola ha hecho los retratos de los cuatro grandes
poetas de Italia; Dante , Petrarca, Tasso y Ariosto, va-
liéndose para esto de todos los monumentos contemporá-
neos de aquellos escritores. Ahora bien , comparando
lodos los dibujos que tuvo la t)ondad de comunicarme,
vi que los que representaban á Dante , debian jjarecerae
mucho, pues que diferían muy poco entre sí , repre-
sentándolo todos con cabeza larga y por consiguiento
poco ancha ; frente alta y desarrollada ; nariz corva de
modo que la punta miraba hacia abajo ; alas remanga-
dafe y barba prom'menle.
Esta fisonomía tan bien caracterizada me hizo profun-
da impresión. No pensaba, sin embargo , encontrar su
tipo en laToscana, cuando por una singular combinación
de circunstancias, apenas llegué á su frotitera por el ca-
mino de Siena vi muchas personas en Radicofani que
me ofrecieron el primor ejemplo *^e eisle tipo, ó Id menos
el primero que llamó mi atención : una de ellas espe-
cialmente ei-a la imagen viva de Dante. Al pasar la
primera vez por Florencia , había yo notado en la ga-
lería ducal algunas caras semejantes 'en las estatuas y
en los bastos de la familia de los Miídicis y también en-
tre los ciudadanos ; pero no me habia detenido mucho
á considerar sus caracteres, y por lotanto no me habia for-
mado de ellos una idea bastante exacta. Pero esta vez.
habiendo residido largo tiempo en aquella ciudad, tuve
ocasión de observar que tiles caracteres físicos consti-
tuían un verdadero típo entre los Toscanos. ¥a hemos
visto que este existía aun de.9de los tiempos de ■ Dante,
y añadiré que muchos hombres célebres de la república
de Florencia , presentan un tipo parecido y que tanibi<»n
lo otwervc en algunos bustos, estatuas y bajos relieves
otrnscos.
Continué observándolo en Bolonia , en Ferrara , en
Padua etc. , y en todas las- aldeas intermedias; y no solo
era frecuente en Vene^ia, sinoabundaWe. Estando en es-
ta ciudad y en la gáWía de la escuela veneciana delante
de un cuadro que representaba un santo del país , d
cicerone, advirtiend» que lo miraba atentamente, me
hizo notar lo mucho que se parecia la cabeta del santo
á la* de Dante ; y tuve ocasión de juígar de la frecuencia
con que estos caracteres se reproducían antiguamente,
observando los retratos decadadux, muchísimos de los
cuales ofrecian á mi vista el mismo tipo.
Pero este se presentó mas frocuehte y algunas veces
con exageración á medida que mo interné hacia Milán.
Ün dia me detuve dos horas en una aldea, y habl^ndn
ido'k la plaza , donde se hallaba reunido un gran nume-
ro de aldeanos, no me cansaba de examinarlos , mara-
villado de su perfecta semejanza con uno de los tipos
que habia visto en Francia . Creíame; jior decirlo asi,
trasladado de improviso á la piara del mercado de Cna-
lorts. Notad en quénxtension de territorio observe este
tipo en Italia y con qué frecuencia, y convendréis en
que dftbia reconocer la existencia de una raía muy ea-
racterizada y numerosa esparcida por todo el norte de
Italia. ¿No me hallaba en la <:;alia Cisalpina? ¿No natna
visto un pueblo semejante en la Galia del otro lado rte
los Ajpes? ¿Porqué pues no podían ser aquellos otros tan-
tos Galos? Mas para reconocer esta verdad con aquel gracJo
de certidumbre, único qu4»puede satisfacer el ánimo, nie
quedaban que hacer otras obsei^vaciones. Necesitaba. «'
era 'posible , ver este típo en mayor extensión de país y
áegiiirlo, i)or decirlo asi, paso á pttso. A mi vuelta dem
atravesar una parte d«» Suiía, poSeida antiguamenK^ F
los Galos, y esperaba encontrar en cUao el tipo qj'/'
hal)ia observado en Chalons y en Italia, ó el que nat>«j
visto en el resto de la Borgona y en la 8aboya b^^^ **
Cenis. * . ol
• La vertiente septentriona4 del-Simplon da *>r'?^,"^'
valJie del Ródano. Loa primeros liab'^tantes que *l" '
CABAGXSJ^S^JUS.LAS RA7A$. HUMANfS.
i^
PDCueiitran son evideutenienfe Germanos , pues que di-
Sefeo de lus pueblos inmediatos en su aspecto y en su
idioma, que es alemán ; pero si penetramos en el Vales,
prouto cambia el idioma y cambian al mismo tiempo las
fisonomía»; no se oye mas que el dialecto francés, y se
r8CODOcc en iodos puntos el mismo pueblo que se ha
visto en Saboya , con la misma fisonomía y casi el mis-
mo color.
Cuanto mas me acercaba á Ginebra se me ofrccian
rúas comunmente á la vista los individuos del otro tipo
observado en el norte de Italia y en Chalons ; y en Gi-
nebra yasu número era grandísimo. Ved aquí, pues, una
población perteneciente á dos razas completamente dis-
tintas y que forman un marcado contraste ; la una con
la cabeza mas redonda que ovalada, facciones redondas
y estatura mediana, y la otra de cabeza larga, frente an-
cha y alta , nariz inclinada hacia abajo , barba promi-
uente , y elevada estatura.
Distinguiré por ahora los dos tipos con el nombre de
primero y segundo, siguiendo el orden en que los he se-
ñabdo. Para continuar las mismas observaciones en un
nuevo tcrrilorip, me delenniné á pasar por la Bresse, di-
rigiéndome á Macón y Chalons; de este modo esperaba
ligar con una cadena casi continua la parte de la po-
blación que se referia al segundo tipo. Al principio de
•ni camino observe en efecto la misma mezcla en
cuanto á los elementos , pero en proporciones muy di;
versas; porque el primer tipo dominaba hasta un puntó
tal . que apenas veía , por decirlo asi , vestigios del otro.
Mas al llegar cerca de Macón y en todo el camino hasta
Chalóos , el segundo tipo se presentó bastante común*
utente, y en Chalons, á donde llegué también en dia de
Qiercado , tuve la satisfacción de comparar mis pasados
recuerdos con la impresión presente, y comprobar su fi-
delidad.
Asi mis observaciones confirman liis oI>servaciones de
\Tiestra historia. En la Galia reconocéis en una época
remotísinia dos grandes familias , diferentes entre sí en
idioma^ costumbres y estado social, que formaban toda la
masa de la población, de la cual una y otra cónstituian
pvte considerable, cualquiera que fuese en su origen su
proporción numérica. Yo reconozco en la población ac-
tual de la parte de Francia que antigu9.mente estaba ha-
bitada por aquellas dos familias, dos tipos predomi-
nantes, tan marcados y distintos que no es posible con-
foDdirlos. Si desde la época en que nos mostráis estos
dos pueblos como únicos poseedores del territorio no hu-
inese habido mezcla con razas extranjeras , deberían re-
ferirse sin vacilar estos dos tipos alas dos grandes íami^
lias galas; pero habiendo hecho después diversos pueblos
la conquista del país en todo ó en parte , ¿cómo sej[)odrá
hacerla distinción? Ya hemos sentado que el numero
mas pequeño no comunica su tipo al mayor. Ahora bien,
sabéis períectamcnte la inmensa desproporción que había
eatre el número de los conquistadores establecidos en la
Galia y el de los Galos, v esta ligera indicación os bastará
para confirmar la identidad de los dos tipos modernos con
las familias antiguas. Pero otros argumentos de diversa
natanleza venarán luego á corroborarla mas y mas.
De las dos familias que distinguís con el nombre de
Galos y de Cimbros , los primeros debían ser en mayor
QÚmero , pues que los presentáis como los habitantes
mas antiguos de las Galias , cuyo territorio ocupaban en
su mayor parte, antes de que los Cimbros se establecie-
ran en ¿I. De esta primera distinción histórica entre los
dos pueblos Galos, deduciré que el primer tipo , el cual
zQe ba parecido mas numeroso , pertenece álos Galos y
al otroá los Cimbros. Comparando su distribución geo-
gráfica llegamos al mismo resultado. En vuestra obra
^ nos presentan como mas particularmente reunidos en
cuerpo ae nación en dos países diversos :
I- La Galia Oriental , ocupada por los Galos , denomi-
udos asi propiamente por César.
H La Galia Septentrional que comprende la JBélgica
de Cesar v la antigua Armóríca , cuyos habitantes com-
praodeis d^|o la denominación general de Cimbfo^.
Conóderando áprímera vista la Galia Oriental, segunJa
emncíoQ que baecis de los hechos, es evidente que los
Jjlwdebian de bailarse en mayor número, porque los
Umbcos no hftbwa.penetr^^ J^ás allí cpu Ja fu^rsa de ,
, 1^ armas. Ahora bien ; atravesando 1^ parte de Franeía
que corresponde á la Galia Orierital , del Norte al Medio-
día, esto es, la Borgona, el Lionosado , el Delfinido y la
Saboya, distinguí bien caracterizado aquel tipo que
acabo de referir d los Galos , el cual estaba tan gene-
' raímente difundido, que no reconocí antes otros, á excep-
ción de los que vi en un solo cantón. Sin embargo , á
mi vuelta, estudiando mas especialmente este punto, en7
contré el segundo tipo también en otros diversos sitios
de aquel país.
Aunque hayáis puesto una línea divisoria entre los
territorios de los dos pueblos , yo imagino que no consi-
deráis la separación como tan absoluta, que no haya ha-
bido mezcla entre ellos. De cuanto decís, aparece también
que la hubo necesariamente, pues atribuís la religión
de los Druidas á los Cimbros , y añadís que los Galos la
adoptaron, aunque no exclusivamente. Ahora bien, ¿có-
mo seria esto posible si no hubiese habido mezcla entre
los dps pueblos? Poco importa que esta mezcla haya
acaecido antiquísúnamente ó en tiempos posteriores, bas-
tándome saber que aquellos pueblos eran numerosos y
estaban en contacto, y que se reunieron después en un
cuerpo de nación , porque el tiempo debió producir ne-
cesariamente variaciones y mezclas entre los dos pue-
blos. El primer tipo corresponde á la raza histórica que
habéis designado bajo el nombre de Galos , y por tanto
lo llamaré tipo galo. La cabeza de los individuos de esta
tipo es redonda , acercándose á la forma esférica; la -
frente mediana, ún poco convexa hacia las sienes ; los
ojos grandes y abiertos , la nariz, comenzando desde su
nacimiento, no tiene curvatura pronunciada y su extre-
mo es redondo ; la barba es redonda también y la esta-
tura mediana. Como veis , las facciones están perfecta-
mente en armonía con la estructura de la cabeza , y esta
descripción particularizada, puede reunirse en pocas pa-
labras , como lo he hecho mas arriba , diciendo que la
cabeza es mas esférica que oval, redondas las facciones y
la estatura mediana.
£n cuanto á la región septentrional de la Galia, como
principal residencia de los Cimbros , en un viaje que
emprendí anteriormente á la Galia Bélgica de César,
desde la embocadura del Soma bástala del Sena, distin-
guí por la primera vez la reunión de las facciones que
constituyen el otro tipo, y muchas veces con tal exa-
geración, que verdaderamente me sorprendió: la cabeza
oblonga , la frente ancha y alta , la nariz encorvada con
la punta mirando hacia bajo , la barba prominente y la
estatura alta.
Ahora bien, es indudable que este tipo, visto por mí des-
pués en Borgoña , no podría ser el del pueblo extranjero
que ha dado su nombre á la provincia , pues que existe
en Normandia y en Picardía , países á donde jamás Ue-
fi^aron los Borgoñones. Por otra parte no puede ser el de
los Normandos, pues que existe en la Borgoña y en otras
provincias de la Galia Oriental, donde aquellos pue-
blos no üQ establecieron jamás. Asi debemos forzosa-
mente referir aquel tipo á los antiguos habitantes, á los
Belgas de César, á quienes dais el nombre de Cim-
bros.
Ninguno, que yo sepa, ha pretendido que los Escan-
dinavos, conocidos en la edad media bajo el nombre do
Normandos hayan destruido ó expulsado la población
indígena de la Neustria; antes bien apenas estuvieron
en posesión de esta comarca, adoptaron Ja lengua del
país y perdieron la suya, hasta et punto de no quedar
sino vestigios muy leves en la redacción de sus leyes;
y este pueblo tan feroz en sus expediciones militares, se
mostró de improviso en la administración de los negó*
cios civiles el modelo de Los pueblos de la edad media.
Como invasores devastaron ; como poseedores conserva-
ron y perfeccionaron.
Ignoro si una parte de su posteridad subsiste con los
mismos caracteres físicos; si así es, quedarán probabler
mente muy pocos ; lo que debe acaecer siempre que el
pueblo conquistador se halla en una proporción numé-
rica muy iruerior al pueblo vencido. Solo en las gran-
des masas podemos tener esperanzas de encoi>trar los ti-
pos antiguos, como hemos necho hasta aquL Y es de
notar la oportunidad que la Francia nos presenta para
e) buen éxito do^esU». ifiY^^a^ione»; su vasta e?(teii« ^
46 ACLAlUCKmM AL
tlSn , su poblAelon que en todo tiempo fue numerosa en
razón de la fertilidad del suelo y de la suavidad del
elima , la menor mezcla con pueolos extranjeros rela-
tivamente á otras naciones , y por último la mayor pre-
eisio'n de noticias históricas sobre la distinción de los
pueblos jndíg^enas , ofrecen gran campo á útiles obser-
vaciones. Una sola vez toda la nación gala se halló em-
peñada en una lucha violenta contra los invasores ex-
tranjeros, y estos se proponían no ya la posesión exclu-
siva del suelo, sino la dominación poUtica: pero después
de la lucha esta nación prosperó mas que nunca bago la
civilización romana; y como lejos de oponerse á los Fran-
cos , los favoreció no perdió ninguna parte de su nobla-
clon, y solo recibió un pequeño aumento de población
extranjera. Semejante reunión de circunstancias las mas
Sropias para la conservación de los caracteres físicos
e un pueblo , debe inspirar una gran confianza en la
clasificación á que hemos llegado.
Bien determinadas las dos razas galas en sus caracte-
res físicos , fácilmente podrán ser conocidas en los otros
países, poseídos un tiempo por sus antepasados , si acaso
se encuentran todavía en numero suficiente.
Hagamos la aplicación á Inglaterra. £1 Mediodía de la
Gran Bretaña, en la extensión que corresponde á la In-
glaterra propiamente dicha , estaba según vuestra obra
ocupado principalmente por el mismo pueblo que noseia
el Norte ae las Galias y al cual llamáis Cimbro. Se tra-
ta ahora de saber si tenia los mismos caracteres físicos.
Pues bien ; yo puedo aseguraros que el mismo tipo ca-
racterístico del pueblo, que un tiempo dominó en el
Norte de la Calía existe en Inglaterra^ y que está ade-
más esparcido por todo el territorio que antiguamente
conquistaron los Sajones ; representa por consiguiente á
los antiguos Bretones poseedores del suelo antes de la
conquista de los Sajones y á quienes distinguís con el
nombre de Cimbros. Si en la Historia no se habla 'de
Bretones, en el territorio ocupado por los Sajones, pro-
viene de no haber los Bretones formado una nación in-
dependiente, ni menos un pueblo con existencia civil.
Habian muerto, pues, parala Historia, especialmente para
la Historia que se escribía en aquellos tiempos ; pero no
habian perecido ; vivían aun, y ciertamente en la propor-
ción en que debían hallarse los restos de una gran na-
ción , á pesar de sus inmensos desastres.
Para terminar la comparación, me falta hablar de
la Suiza y del Norte de Italia. Bajo la fe de las noticias
históricas consideráis á los Helvecios como Galos ; .por
mi parte no puedo dudar de ello, pues que reconozco
en los modernos Helvecios los mismos caracteres. No
decís que se mezclasen con los Cimbros ; á mí no me
corresponde sostener que se mezclaran un tiempo , pero
puedo asegurar que están mezclados hoy, y en proporción
b'astante grande para hacer creer que lo estuvieron anti-
Suamente.Sé que actualmente la Suiza está dividida en
os partes desiguales, la una oriental, en que no se habla
masque alemán, la otra meridional y occidental, en que
no se habla mas que francés , y he reconocido que la
población era gala con doble titulo, por los Galos pro-
■ píamente dichos y por los Cimbros.
Sin las precedentes discusiones, y sin los hechos que
hemos llegado á descifrar , ¿cómo habríamos podido re-
, conocer á los Galos del Norte de Italia entre losSiculos,
ios Ligurios, los Etruscos, los Vénetos, los Romanos,
los Godos y los Longobardos? Pero tengo el hilo aue nos
debe guiar en este laberinto. Primeramente, cualquiera
que fuese el estado anterior, es cierto, según vuestras
indagaciones y los testimonios unánimes de todos los
historiadores, que los pueblos galos predominaron en
d Norte de Italia entre los Alpes y los Apeninos. Los
óbstervamos establecidos en aquellos países de un modo
Sermanente , desde los tiempos primitivos á que se re-
cre 1 1 historia de Italia; y los monumentos mas antiguos
los representan con los caracteres de una gran nación
úeaáe aauellos tiempos tan nauñM hasta una época muy
avanzada de la historia romana. Esto me testa; no ne-
cesito examinar los otros pueblos unidos á ellos en ttem« \
pos menos lejanos ; no necesito discutir su número reía- '
tivo ni la iaáiíe de su idioma ; me basta saber que los
Galos existieron en gran número. Conozco las íkcciones
lie sof compaMotMde Ift Mi* IVttMklpília , Us «etie^^
Libro mhomi.
tro en la Cisalpina , y este es el primer hecho qoe oot
es común respecto de Italia. Pero, pues que distinguís las
familias , sera preciso que yo las distinga también. En
la Galla Cisalpina reconocéis lo mismo que en la Tiaiu-
alpina , U existencia de Galos y Cimbros. Ahora bien:
Í^o he visto á estos últimos , no solo en los sitios donde
os ponéis , sino también en otros donde no los indicáis.
Suponiendo que al establecerse por primera vez en
Italia las dos familias no hayan tenido absolutamente
niuffuna unión entre sí, hecho que lo remoto y lo oscuro
de los tiempos no nos permiten afirmar , los mostráis
unidos en guerra contra los Homanos ; y estas relaciones
de alianza y de necesidad han debido desde aquellos
tiempos producir mezclas entre las dos familias.
La Cispadana, en vuestra opinión, estala ocupada por
los Cimbros, á quienes representáis en cada página eo-
mo un pueblo extremadamente inquieto, que cada día
hacia expediciones lejanas y peligrosas. Apenas los Ro-
manos entran en lucha con los Galos de Italia, dtstin^is
á losCimbrosentre estos últimos: y esto en efecto debía sa-
ceder, pues que desde su primer establecimiento eran
limítrofes de la Etruria, déla cual los separat>an tan solo
los Apeninos, frágil barrera para un pueblo de aquella
índole. Ciertamente que habian pasatío mas de una vex
esta frontera antes de hacer temblar á los Romanos ,
y es probable que se establecieran algunos entre los
Etruscos. Sin embargo, es indudable que he encontrado
su tipo en el Norte de la Toscana ; y la inspección de
los monumentos me ha demostrado que existían allí des-
de tiempos muy remotos. Es de advertir además que el
Norte de Italia entre los Alpes y los Apeninos es una
vasta llanura dividida por el Pó. JEn el período de los si-
glos transcurridos desde el establecimiento de los Cim-
bros, suponiendo que no hubiesen ocupado primero mas
que la Cispadana, la guerra que lo trastorna todo, y la
paz que produce una fusión considerable , ¿no habrán
acaso repartido aquel pueblo por una extensión mayor
de territorio en aquella vasta llanura ? El terror que
difundió la inminente invasión de Atila, ¿no pudo por
ventura impulsar á una gran parte de la población á re-
fugiarse en las islas inmediatas del Adriático, islas si-
tuadas en las bocas del Pó , residencia antigua de los
Cimbros? Por esto debéis recordar que he otiservado sa
tipo, tanto efi los retratos de los anfiguoá habitantes de
Venecia, como en su población actual.
Ciertamente, en el Norte de Italia no he notado el
tipo de la otra familia con la misma frecuencia , ni tam-
ro pueden hacerse comparaciones sobre este punto,
yo podía verlo ni reconocerlo todo, pero no debo
omitir lo que fiílta á mis observaciones. No sostengo que
aquel tipo no sea allí común , smo solamente que no se
me ha ofrecido frecuentemente á la vista de un modo
claro y distinto. Es probable tamtrien que se haya di-
fundido mas de lo que me ha parecido á mf , y esto lo
creo fundado en una observación que hice en Milaa.
En la tienda de un librero vi expuesto un almanaque en
folio^ coa un grabado que representaba dos personas no
poco grotescas buríándose recíprocamente de su figura.
Ahora bien , estas eran las caricaturas mas exactas de
los dos tipos de las poblaciones galas antiguamente esta-
blecidas en el país; sus facciones características eran
precisamente las que el artista habla delineado con exa-
geración, como si hubiese querido hacer resaltar lo que
era esencialmente distintivo ; y á fin de que nada falta-
se al contraste de los dos tipos entre sí, estaban fijefura-
dos con la estatura propia dé cada tipo , es decir el que
representaba al Cimbro, de alta estatura , y el otro que
conespondla al Galo, de estatura mediana.
El dibujante no tuvo por cierto á la vista lii la histo-
ria natural , ni la antigiiedad ; pero delineó una carica-
tura délos individuos que tenht con frecuencia ante sus
ojos, y que ofrecían un contraste chocante.
Notare con este motivo que cuando los Romanos en
sus primeras guerras con aquellos pueblos hablan de los
Galos de estatura extnordinaria, es evidente que tratan
de les Cimbros. Éstos habitaban la Cispadana , y como
mas inmediatos debieron ser los primeros que cayesen
sobre los Romanos. La cabeza de un galo gigantesco
pintada en una bandera en el foro de Roma pertenecía
i t ym wp eBl e á aquéDa nAdon . €uml6 tm t tittft» m*
cÁñMrnus m las iiijug BmiAMAs.
«
lorblMlloaMBM«lttMiiiM»don de la alte ««tetara áe
los Galos , denfmaii á un pueblo a«e habéis clasifleado
entre los ClmbttM, no por este earacterde que no hacols
ninfTQD caso, sino fandados en todas las pruebas histó-
ricas propias para establecer esta distinción. Ahora
bien , yo ignoraba enteramente estos hechos , y sin em-
bargo, por mi parte había reconocido que esta familia
gala formaba por sa estatura ua contraste singular con
k» Galos, que en general son de estatura mediana.
En mis vi%)e8 por toda Francia, ñor Italia , Inglaterra
y Suiza observé igualmente que el tipo designado por
mí , siguiendo vuestro ejemplo , eon el nombre de cim-
bríco , iba casi siempre acompañado de alta estatura.
&te carácter físico existia pues en los tiempos antiguos
como existe en los modernos, y la coincidencia estante
mas noteble , cuanto que semejante cualidad del pueblo
está generalmente considerada como muy variaÚe. £1
heem es no solo curioso sino útil de saber , porque sir-
ve para explicamos una contradicción aparente entre las
relaciones de los antiguos historiadores y lo que se ob-
serva ordinariamente en los Franceses modernos , que
son de estatura mediana. Se ha preguntado muchas ve-
ees donde estaban aqudlos Galos de alta estatura , de
quienes hablan los Romanos. Restableciendo la distin-
ción impuesta por la naturaleza, pero que la Historia ha-
bía borrado confundiendo las dos familias, la contradic-
ción desaparece.
Los resultados á que hal>eis llegado están por tanto
en consonancia evidente eon los míos , si bien peiiene-
een á dos ciencias diversas ; coincidencia que debe for-
tülearaos en la convicción de haber encontrado la
verdad.
Pero no se limitan á esto los hechos que sirven para
corroborar nuestras opiniones.
La comparación de los idiomas para llegar á su clasi-
ficación ha dado origen en estos últimos tiempos á la
Utu^HtHea. Ya conocéis su importancia-para la solución
de infinitas cuestiones históricas , y os habéis servido
de ella con mucha ventaja. También el filólogo debe
enc^mtrar interés en esta ciencia , pues que le presenta
erandes problemas que meditar , y le sirve de eufa en
tts investigaciones sobre la filiación de los puemos.
En la comparación de las lenguas se consideran casi
exclusivamente las palabras cuya reunión forma el vo-
csbiüario; la manera de emplearlas, objeto de la gramá-
(Sea: y por último, el genio de cada idioma. La pronun-
etscion no ha sido enteramente descuidada , pero no se la
ha estudiado lo bastante ; y como cae bajo ei dominio de
li filología, y por tanto pedia suministrarme datos para
mi argumento, no la perdí de vista en el estudio de los
pueblos , y esto me cóndilo á consideraciones acaso no
desprovistas de interés.
Un hombre puede llegar á hablar correctamente una
lengua extranjera ', pero no á pronunciarla ; se mos-
trará indígena en la frase y extranjero en el acen-
0. Sirviéndose de las palabras y de la construcción de
Ora lengua , conservsrá siempre alguna entonación de
hpn^, ya alzando la voz en una sílaba mas bien
q»en otra, ya sustituyendo á los sonidos á que no
otehabltQado ó que son difíciles de pronunciar los que
IcK^ familiares. Aunque quisiese renunciar á la len-
^% su patria , no hablarla jamás y hasta olvidarla,
eonst^nria siempre de ella vestigios indelebles en las
ínflezHies de la voz , y este carácter constante serviria
para daeubrír su origen, si quisiera ocultarlo. Lo que se
dice de^n hombre solo, es mas aplicable á una nación,
porque u individuo puede multiplicar hasta b infinito
sos relacines eon aouelios, cuyo idioma ouiere apron-
<kr ; y hftUuarse á (a imitación de los sonidos , pero no
asi todo mpoeblo.
El paebT que ha cambiado de lengua , trasmitirá,
paes, en pa« á sus descendientes su acento y su pro-
nnneiadott altiva; y aunque todo se altera con el
tiempo^ noaiQentro razón para que no deban subsis-
tir vesfigfes ementes del idioma antiguo en un nuevo
idioma por «^nscurso de muchos siglos,
^«bo al eoff» Mezzofonti , á quien tuv? ocasión de
«■«»«^ »^¡¡i, «n ejemplo que confirma mi opi-
!S?I ? ^^^ carácter que distinga la lengua in-
|taaR«el8t4iii«|dioiMt de Europa, es b extremada
Irregularidad de su pronuneiasion. Ahora bien , Meno^
fanti, hablándome de la lengua gala, atribuyó á esta
la causa de este carácter particiüar de la lengua in-
glesa.
No tenia yo necesidad de preguntarle la relación eor
tre una y otra , pues que sabia lo mismo que él, que los
Bretones antes de la invasión de los Sajones hablaban
aquella lengua : así él mismo rae suministró sin que yo
la iHiscase una nueva prueba de que ios Bretones no ha-
blan cesado de existir en Inglaterra á pisar de U coBr
quistada los Sajones. Se les creía extinguidos hace
muchos siglos , y ahora por el contrario, se conoce á
sus descendientes en el sonido de la voz y en las faccio-
nes: ¿qué puede faltar á su identidad?
Hemos visto , bajo la fe de una autoridad respetable,
cuanta influencia puede eiercer en la pronunciación ac-
tual una lengua extinguida hace mucho tiempo , y có-
mo estas modificaciones que parecen tan fugaoes y
transitorias tienen á veces mayor durecion que los mo-
numentos mas sólidos. Las observaciones que tuve oca-
sión de hacer sobre k» dialectos de Italia, me dieron otro
evidentísimo ejemplo de esta verdad.
El genovés , el plamontés , el olilanes , el brescia-
no, etc. son dialectos que se hablan en el Norte de Ita-
lia, en puntos que un tiempo estuvieron ocupados por
los Galos; pero estos idiomas , cualquiera que sea la di-
ferencia que exista entre ellos , tienen caracteres comu-
nes que los diferencian esencialmente de los dialectos
del Mediodía. Por consiguiente , ¿por qué no hemos de
atribuir lo que tienen de común y d^ característico , á
lo que les ha quedado de la lengua primitiva? Pero sin
remontarnos á este origen , podemos averiguar el hecho
por un medio mas fácii.
Los Galos establecidos en las dos partes de los Alpes,
renunciando á su idioma para adoptar el latino , debie-
ron modificarlo mas ó menos de la misma manera , se-
gún las mismas disposiciones naturales ó adquiridas, con
arreglo al principio que hemos establecido. Lo compa-
raremos por una y otra parte con el acento , carácter
tan importante, que cuando se cambia, desnaturaliza
una lengua.
Los Franceses , ó á lo menos los Parisienses , preten-
den no tener acento , es decir, que no alzan el tono de
la voz en una sílaba mas que en otra ; sin embargo lo
tienen, solamente que en la culta sociedad no lo si:elen
manifestar demasiado. Este acento rarga generalmente
sobre la última sílaba; y el pueblo y la clase media al-
zan entonces el tono de la voz de un modo bastante no-
table. Por el contrario , los verdaderos Italianos ponen el
acento en la penúltima ; y de este modo la última vocal
representa las terminaciones variables del latín. Los
Franceses terminando sus palabras donde ponen el acen-
to , las han acortado ; y tal es la tisndencia de la len-
gua aun en las palabras en que el acento va seguido
de una sílaba final , porque esta es mas bien escrita
que pronunciada, y tiene con justo título el nombre de
muda, ,
Si los Galos transalpinos imprimieron este carácter ¿
su dialecto latino , lo mismo ha sucedido respecto de sos
compatriotas los Cisalpinos , los cuales han pasado ma^
adelante, pues el modo que tienen de abreviar las pala-
bras latinas, poniendo el acento en la última sílaba, no
deja tiempo bastante al extranjero para comprender ni
aun los términos que le son familiares.
Hay ac^emls muchos sonidos eii el francés que lo
distin^en especialmente del verdadero italiano; y de
este numero es la u francesa. Ya sabéis cuanta dificultad
experimentan los Italianos meridionales para pronun-
ciarla porque no existe en su lengua. Ahora bien , esta
f»ronunciacion de la Galla Transalpina se reproduce, en
a Galla Cisalpina, desde los Alpes Occidentales hasta el
Mincio, en los dialectos genovés, piamontés , milanos,
brescíano , etc.
Hay mas; estos dialectos poseen los sonidos franceses
de eUf oeUf representados por las mismas letras , sonidos
aun mas difíciles para un italiano que el de la ii ; y su-
cede frecuentemente que las palabras en que se encuen-
tran se modiücan también del mismo modo como feu,
neuf, coevr, oeufeic. Asi, pues, esevidenteque los Galos
de aquende y allende lof Alpos al adoptar el latín lo-
48
itibdiflcaron éegon sus disposiciones comunes, ó si que-
réis , según los mismos principios.
Otra particularidad de la pronunciación francesa , á
lo menos respecto del idioma italiano , consiste en la
Tariedad y en la frecuencia de los sonidos llamados oo-
eáUt^úMdetf aue abundan en los dialectos cisalpinos;
mientras que los Italianos que habitan el país situado
bajo los Apeninos no poseen ninguno.
Los hechos que acabo de referir no son los únicos que
he observado ^pero como bastan para confirmar la ver-
dad general expuesta y no necesito citar otros para Ilus-
trar nuevamente esta materia.
No puedo abandonar la Italia sin hablaros de una po-
blación cuyos antepasados, á lo menos por lo que se pre-
tende , han figxirado mucho en la Historia. En las mon-
tañas del Vicentino y del Veronesado se encuentra una
5 oblación extranjera que es considerada como un resto
e los Cimbrios vencidos por Mario , y se la llama con
este nombre ó con el de habitantes de los siete ó de los
trece Comunes, según la provincia en que están situa-
dos. Se dice que un príncipe de Dinamarca que fue á vi-
sitarlos, los reconoció por verdaderos compatriotas suyos.
Si realmente hablan un dialecto danés y si son des-
cendientes de los Cimbrios de Mario , no jpodria haber
ainidad entre ellos y los Galos que llamáis en vuestra
obra Cimbros ; á no ser que quiera suponei-se que cam-
biaron de lengua desde el tiempo de Mario , suposición
que seguramente no admitiréis. Antes de acercarme al
cantón que habitaban, me convencí de que no podían,
aun en esta última hipótesis , provenir del Quersoncso
Gímbrico; pues que en Bolonia , Mezzofantí me habia en-
señado la oración dominical como ensayo de su lengua,
la cual lejos de ser danesa, era un alemán tan fácil é in-
ieligilJe , que no habia una palabra que yo no compren-
diese á primera vista.
Cuando llegué á Vicenza y después á.Verona , la es-
tación no era favorable para una excursión por las
montañas. Sin embargo , el conde Orti de Verona tuvo
la bcndad de suplir en parte esta falta haciendo que me
buscasen en la ciudad algunos de aquellos montañeses
que su^en ir á ella con frecuencia ; y asi tuve la satis-
facción de verlos y oírlos y me persuadí de que su idioma
era alemán , pues habiéndoles yo hablado en esta len-
gua y contestándome ellos en la suya , nos entendimos
perfectamente.
■ Me bastaban, pues, estas consideraciones, derivadas de
la comparación de las lenguas, para convencerme de que
aquellos montañeses no eran un resto de los Cimbrios
deMario. Ignoraba yo entonces la investigación histórica
que acababa de publicar acerca de estos pretendidos Cim-
brios el conde Giovanelle , el cual en los autores que '
escribieron en la época de la decadencia y caida del im-
perio romano , buscó los vestigios de un pueblo germá-
nico que parece se estableció en aauellas comarcas antes
de la mansión de los Longobardos, y encontró docu-
mentos auténticos y exactos que dan á conocer el suceso,
y marcan la época , las circunstancias y las causas. £n-
nodio en su panegírico de Teodorico , rey de los Ostro*
godos en Italia , le dirige estas palabras :
«Tú acogiste á los Alemanes en los confines de Italia
«y los estableciste en ella sin detrimento de los Romanos
«poseedores del terreno. Asi , este pueblo ha encontrado
vOQ rey en vez de aquel que habia merecido perder , y
ffha lleeado á ser custodio del imperio latino cuyas fron-
, nteras nabia invadido tantas veces. Feliz aquel que al
nabandonar la patria encuentra otra mas rica y mas
«fértil.»
Una carta en nombre dd mismo Teodorico, escrita por
Cariodoro y dirigida á Clodoveo rey de los Francos,
expÁica la ocasión y las circunstancias de este aconteci-
miento.
«Vuestra mano victoriosa ha sometido á los pueblos
«alemanes abatidos por razones poderosas etc. Pero ce-
nmá de perseguir á sus infelices restos, que bien mero-
deen gracia, habiendo buscado un asilo bajo la protección
«de vuestros parientes. Usad de clemencia con aquellos
«á quienes el nambre ha traído á nuestro territorio. Bás-
«teos que su rey baya caldo y con él el orgullo de su
«pueblo. «
Por lo dicho se ve que est^s pretendidos Cimbrios no
ACLikBACKmBS AL LORO PRIMBBO.
son sino Germanos meridionales pertenecientes á la fede-
ración de los Alemanes , cuyo nombre se extendió des-
pués á todos los pueblos da Alemania. Con esto desaparece
una grande objeción contra el parentesco qoc habéis re-
conocido entre los Cimbrios propiamente dichos , j los
Cimbros, etc.
(D)pág. 17, nota 3.
UNIDAD DE LA ESPECIE HUMANA.
I. Unidad moral , probada por kuíraiicioms hitióncas y
religUwtt.
Pues que la cosmogonía y el diluvio del Génesis se
encuentran en el fondo de todas las tradiciones antiguat»,
dejando á un lado las variaciones de los nombres pro-
pios , podemos esperar que nos dé buen resultado la ta-
rea de reducir ia^iudmente á la unidad las diferencias de
la cronología. Ya que la ortodoxia religiosa no se limiU
álos libros sagrados, sino que reclama también el aaxiliu
de la ciencia , esta puede preguntarse, si la explicación
mas sencilla y mas conforme con las tradiciones no cod-
sisUria, primero: en que cada pueblo hubiese reproducido
á su modo el mismo gran acontecimiento secundario, el
diluvio; y luego en que todas las tradiciones fuesen el
eco variado de una sola tradición , efecto ó testimonio de
un acontecimiento mas grande y mas remoto , la crea-
clon. Interpretando las fábulas de las narraciones, délos
nombres y de las fechas de los otros puek»loB, es justo
que se comprendan bien las narraciones , los nombres y
las fechas de los libros del pueblo hebreo. Esta justi-
cia distributiva ha restablecido en su puesto merecido la
cronología bíblica de los Í.XX que dio al mundo cerca
de 1500 años de antigüedad mas que la Vulgata. La
versión y la cronología de los LXX fueron adoptadas por
los apóstoles, por los primeros Padres de la iglesia, ]Sf
también por Son Gerónimo como continuador de la cró-
nica de Eusebio. Sentado de este modo nuestro término
de comparación , apliquémoslo sucesivamente á los ana-
les antiffuos, principiando por aquellos á los cuales tra-
dicional y geográficamente se aproxima mas este ter-
mino.
Adoptamos los principios sentados por Fourmont en
su obra que cstable<^ la semejanza de la triple genera-
ción hebrea , caldea y fenicia , á pesar de la diierencia
délos nombres, que siendo todos calificativos, debían va-
riar en cada idioma. Filón, continuador de este espíritu
de la antigüedad , no presentó mas que el significado
griego de diez nombres fenicios correspondientes á los
patriarcas hebreos desde Adán á Noe. Ks curioso ver en
el Génesis los nombres de la descendencia de Cain, ad(^
lado por abuelo de los Fenicios y Caldeos, reproducir
periódicamente la mayor parte de los nombres de h
rama menor de Sel. Moisés habia enlazado á Abrahai:
con Set , y los Hebreos con Jacob , hermano menor ^
Esaú. Los ijaldeos suponen acaecido el diluvio en ú&^'
po del décimo patriarca. Los libros fenicios que hm^' i
ffado hasta nosotros no lo mencionan; pero el fngtt^^
de Sanconiaton es brevísimo y toda la cpsmogoni^f
dea-hebráica se encuentra en las tradiciones ma^^i'
nde los Etruscos, que no pueden haberla recibí^ ^úio
obnias Lidias ó Fenicias. £1 valor de la iuabra
año , ó mas bien la um'dad cronológica, varia^^^^'
mente en los anales de los Caldeos y los Fenicia- ^^tre
los mismos Hebreos , el uso prudente de semej^'^plV^'
bra no principió pobablemente hasta Moisésv^ critica
se habia desarrollado en vista de las exage^c^"®* 7
subterfugios críticos de los Egipcios, queha)^^' Umdo
orguUosamente con sus propias dinastías icronologia
del mundo. ' • • a
Los anales de Egij^to absorvieron á los ^ ^^I^.^.' ^^ Egiji
donde emanaban pnmitivamente asi coy> ^ ? a? "^'
cion y la estirpe e^npcias. En las tradiciojs de los Abi-
sinios, ó modernos Etíopes, se advierten > huellas de laj^
refundiciones hechas en la historia ant^ por ^^^ ^'"'"
graciones hebreas.
Los libros indios describen una cr^íio" i un paraíso _
con cuatro rios y un diluvio con un Jé. Las diez ow- "<"«»
teros ó encarnaciones prinütivas úv^^^ » wcuerdan
M LA KSPSeiS mUMA.
lof éiet pttrÍMcafl tntedikvknot y Munenten la
jftOA con d GénesÍB. £iieuéotnui8e también las cuatro
edades del pagMúsmo en aquellos ímneDsos Vedas y
Puiaaas, doofte loa adcmioa de 1» verdad se convierten
frecaenlemeBie ea velos, y en donde no es posiUe Ueg«r
«Iheeboiiislófieo aíao atravesando un triple recinto de
üUwlas y alegiarias.
^^ UsmneiíaaindagaeíottaBdelaiinodesnesindianistas
kan idenüfieado la Persia é india anticuas con el Irán
de los libNM sánscritos» ó la Arian»de qne faabián Plinio
y Fdniponio Mela. No fucvon, pnes, los Persas mas que
una rama de k gran nación india, oon la cual tavieion
por aaneiía tiempo comunidad de patria , leli^on y
46
JSl gsan OQRjonto de la oroaología de lae naciones
^ qoe estamos examinando, se enlasa con la astronomía.
gti. Las opiniones pneden variar relativamente al ffrado de
pa. coooeimicntos da los anligoes , pero es imposible negar
^ en sus annks primitivos se reOe^an cálculos astro-
nóffiicos. Disputando Delambue y Cuvier á los Egipeios
el conocimiento de lapceeesionde los equinoccios, no pu-
dieren negar que izaron el gran periodo soliaeo ó isíaco,
ai repudiar los testimonios de £strabon y Diodoro , que
daa positivamente á ios Tóbanos el año solar de 365 dias
j en cuarto, ni el texto de SinceUo que aiftrma lo mismo
refiriéndose i Manelon. £n todo caso no impcMia saber
B elpenodo sottaco de 1460 años , y el semissiar de 600,
Ibeion leaknente y con precisión inventados por los In*
dios, Caideos y Egipcios , sino si estos períooos fueron
boscadoe y examinados aproximativamente al través de
las observaciones i^has respecto del naeimiento he-
líaco ó del nacimiento acrónico de los astros velados ó
torbadoa por loe vapores del Ikorixonte de las Konas tór-
ridas. JLaa groseras aproximaciones eran corregidas por
bs apioximaeionesde las esteoiones, por la periodicidad
de ias lluvias otiópicas , y por las inundaciones del Nilo ,
del Ganges , del Indo , del Túris y del Eufrates. Lo que
io^orto saber es^ si toles fonnulaa obtenidas de este
■odo se conservaron ó no por tradioioa. Cuvier es
d primero que lo pensó asi, proclamando no ser simple
<iswalidad A encontrarse 40 o 50 siglos antes de Cristo
el erigen tradicioiial de la monarquía asiria , india,
cbina y egipcia, ó mejor cUcho, el origen de la sociedad
I de la familia humana. Isto eonoordancia no puede
explicarse sino dándolo por base la verdad. Ahora bien,
véanse lea cáleulos que envolvían y abultaban orgullo-
sámenle esto base racional y uniforme.
La duración de 4.320,000 años asignada á las cuatro
edadea indias, 'dividida por 360, número de las divi-
áonss del primitivo eírculo zodiacal , ó. de los dias del
año vago, eomp^utadoea globo, da por cuociente 12,000,
BÚmero dai período persa y etruseo, y elemento del pe-
riodo caktoo para el tiempo de los diez patriarcas anté-
dfloviaiioa, precisamente igual á k última edad india.
Las edades anteriores no son mas que la multiplicación
moesivn ñor dos , por tres y por cuatro , del número
432,000. ÉaU expresa tambten el año mas largo de res-
litoéiony al círculo máximo de unplaneto, de una estrella ó
de un grande año, caiouladosucesivamente en 25, en 36,
1 luego en 432,000 años. También 36,000 y no sé qué
iraedones eoostituyan el número de la antigua crono-
logía egipcia qoe comprende el reinado de los dioses.
Todos estos números son divisibles por 6, 9, 12, 18, 36^
74 y 144, y sos multíploa en progresión décupla consti-
ta^en los periodos mas célebres de los Caldeos, Indios,
Griegos y Tártorps.
La palabra año' que significó una revolución mediana,
tigníBeó también una grande y una pequeña ; siglos,
OB año, ana estación, dos meses, quince días, y basto un
día soto. La duración del mundo fue una revolución
eircalar; anntit, oHds , «madia; el zodíaco material se
convirtió en eronoiógioo. Por todas partes se ve, pues, pa-
ridad de cálenlos astronómicos, por todas partes aplica-
eioncB polcaticao ó retrógrada» nacia un tiempo pasado
y oscuro. Habiendo aprendido los Egipcios algo de as-
trooomía, se preiiararon zodíacos y dinastías ; asi como
h a biend o aprendido mucho de escultura, se construye-
ron la eoleecion eomptoto de estatuas de sus grandes
sacerdotes nales ó imaginarios. Los números de estas
I eran oqpüsion de la vanidad naóonal, mas
h
bien qoe de una antigüedad positiva , y en iodo caso
entre aquellos pueblos rivales en materia de antigüe-
dad, podía existir una verdadera concordancia , ya que
las pretensiones contradictorias descansaban en un ol-
vido easual ó volunUrio de las primeras relaciones de
perentesco. £1 primer dato y el método eran pruebas de
filiación.
Sntee los pueblos de que nos resto hablar, elegiremos
primeramente á los Chinos, cuya astronomía se vaíe éi chinos
nacimiento aorónioo de los astros, así como la de los
Indios.
Los anales chinos hacen mención de los días de la
creación, del caos, de la formación del cielo y de. la tier-
ra, de loe véjeteles , de los animales y últimamente del '
hombre. Los reyes-hombres ó yu^hoang» estén dividi-
dlos en cinco generaciones haste Fo-hí. Tudiean tombien
una tradición del diluvio, que, como es natural, aconte^
^ció en su país bajo el reinado de Yao. Todo esto se parej-
ee al Génesis ; lo demás es entecamente indio. £1 cielo
tardó 108,000 anos en formarse y hubo tres series de
dinastías : reyes del cielo, de la tierra y de los hombres^
Esto última , Uamada de los Xin , recuerda los Xia Cal-
deo-Árabes y los dftp Persas ó Indios ; y las tres juntas
reinaron 432,000 años. £1 origen de Forhi , padra del
pueblo chino , se cooíunde frecuentemente oon uno de
los reformadores indios llamado Budda, lo cual indica que
procedió del e^c^tranjero U civiliuicion ya queiuo la rana
china. Fo4ii apareció primero en las montañas de Cham-
sí y reinó en el teiritorio de Chin con los Chinos, suseoor
pañerosde emigmcion. £1 código de Manú, uno de loshr
pros mas antiguos de la India , recuerda un antiquísimo
cisma , seguido de la emigración de muchas tribus in-
dias fuera di'l territorio sagrado: los Japanoi., esto es»
los Jonios, Pelasgos ó Helenos: los SíKot, Sacios ó Esci-
tas; los Paradaí, Partos; los Pahlapat, Pelvis; y los Chinoi.
Todos estos emigrados pertenecían á la clase guerrera,
,y fueron á formar grandes naciones. Los Chinos pene^
traron en la China y dieron su nombre al territorio de
Chin ; Fo-hi ó Budda fue su caudillo espiritual. Un oc¿-
gen mucho mas remoto y singular se luí asignado á la
civilización china y á la mdia. Iluel, Kircher Kismpfer,
De Guignes y Langlés, fueron á buscar sus elementos, á
Egipto, cuando la superioridad egipcia era de moda , y
apenas se conocían de nombre los libros sánscritos» Ia
escritura ideográfica y la inmovilidad del sistema social
son las analogías de que se dedujo sementé opinión.
La oa^ra. negm y los cabellos crespos de muchos ídolos
de Budda vistos en el Archipiélago Indo-chino sirvie-
ron de especioso argumento, nasto que se conocieron C-
sicanurnte las raza^ humanas que poblaron estas idas y
que natoraloaento hacen á semejaaza suya los ídolos de
los diose» y semi-dioses. Un numero mucho mayor de
ídolos de 3udda y hasto de Sommonakodom tieneu ca-
bellos lisos y el rostro molino; apariencia fisiea mucbo
mas semejante á las razas americana», que también tu-
vieron gobiernos inmóviles, geroglíficos y pirámides.
¿Es esto acaso una razón para suponer que los Ameri-
canos navegaron hacia el £gipto ae los Faraones , ó las
flotas de Sesostris hacia el golfo de Méjico?
Desconoce el origen de la sociedad humana el que ig-
nora to ley que hace irradiar la raza desde el Asto Cen-
tral, y (jue en caso de semejanza da necesariamente la
superioridad á la especie que está mas inmediato al cen-
tro. £1 Egipto, la £tiopía y la China tocan con la india
por medio de su filiación, como la Caldea. Acabamos de
ver el origen de los Chinos y de Fo-hi. Abraham y Bm-
ma , Aram y Armen ¿no están tombien anudados con la
raza de Sem y Jafet, como Manes y Manó con la de Jafet
y de Cam? La civilización egipcia bsgó á orillas del Nilo
y emanó de una colonia india , que mezclada con los ne-
gros Africanos, formó la raza mestiza pintoda en los
monumentos de Tebas y de la Nubla. La conquisto de la
India por Saco, es una traducción griega de las expedi-
eiones de Sesostris bajo la bandera de Osiris ; pero Osi-
ris, Iswaraó Y»-ho-sir, es un mito indiano muy antetior,
y los Griegos que sacaron del Egipto la religión y la ar-
quitectura de los indios , se olvidaron de que las pirámi-
des mas antiguas se atribuyen generalmente á pastores,
y que estos, cuyo nombre era fisquetos ó Escitas eran de
te laaa ariana o indo-persa.
6*»
90
AGLAÜAGtONfeS AL UB1U>
El Tibet y el Butan, países de altísimas montañas en-
tre la India y la China, se hallan habitados por una raza
indo-tártara , cuya civilización es un término medio en-
tre estos dos grandes pueblos. Los Tibetinos son una eo-
Tlbeti- ionia india por lo tocante á las leyes , la eserítara y la
nos. religión: su alfabeto se parece mucho al sanscrílo ; su
lenguaje es de la misma familia , jpero las palabras pro*
penden á dislocarse en monosflabos, según el sistema
chino.
Aunque el Himalaya es la cordillera mas alta de
montañas del gran Continente Asiático, no se refieren
•in embar^ á él las memorias mas remotas de las pri-
meras naciones. Los mismos Chinos acusan á los Tibe-
tinos de ser un pueblo casi moderno ; pero el Himalaya
está bastante cerca de las cordilleras dd Caucaso indo-
bactñano, del Cial no le separa mas que el valle del Al-
to Indo; y las vertientes septentrionales del mismo Cáu-
eauso llegan al Altai , de donde Cuvicr hace proce-
der la raza mogola, ó digamos mas bien al cual esta
raza refiere antiquísimas reminiscencias. Hemos visto ya
con bastante claridad el punto del globo en que estas tra-
diciones se confunden , el orígen común de donde ema-
nan con las emigraciones de los diversos pueblos, y todo
según la explícita confesión de los mismos. Los Persas
refieren su orígen al N.; los indios al N. 0.: los Chinos
«1 0, y los Caldeos al N. £. El Cáueaso indo-bactriano
es el centro á donde convergen todos cslos radios de la
bnúyula histórica. Completemos el círculo de nuestro
inmenso horizonte para no proceder de ligero : la pala-
bra circumtpeceiim expresa perfectamente esta operación
•de la vista y det espíritu. Ixis Escitas que reservábamos
para el último lugar, porque su historia es mas conoci-
da , y también mas lata y terminante , refieren su orí-
gen al Mediodía y al Oriente. Los Negros que carecen de
anales , nos dejan reducidos á las analogías deducidas
del idioma y de su organización; y en breve veremos que
ios Polinesios y Malayos son un apéndice de los indios»
y de los Negros. Fijemos ahora la atención en los Ames
rícanos, cuvo vasto continente que parece separado en-
leramente del antiguo, lo toca sin embargo por el Nor-
te; punto i)or el cual las tradiciones americanas suponen
hatier venido la raza de sus abuelos.
. Esta familia, que actualmente no cuenta mas que al-
^^' gunos millones de individuos entre el Istmo y us dos
pem'nsnlas, se halla al término de una decadencia que
principió muchos siglos antes de la conquista española.
Los Americanos de la edad media tenían teogonias y
cosmogonías de una orgullosa antigüedad, lo mismo
que ios Caldeos y los Indios. Su sociedad política pre-
sentaba doctas complicaciones: la religión, leyendas
sutiles y sacrificios bárbaros de que aun se ven hue-
llas entre los salvajes modernos. Sus dialectos se ha-
llan todavía llenos de expresiones abstractas , y sus mi-
Ios indican dioses benéficos y reveladores; su econo-
mía rural tiene plantas y animales domésticos, cuyos
tipos se han peitlido ; los sacerdotes mejicanos usaban
un año solar con un sistema de intercalaciones; sus ar-
quitectos edificaban templos de enormes dimensiones,
arcos y acueductos; la antigüedad americana parece
que se remota mas allá de esta e Jad media, sorprendida
y sofocada en el acto de regenerarse. £1 suelo del Istmo
y de parte de las dos penínsulas, está cubierto de ruinas
de una inmensidad egipcia, sobre las cuales el movi-
miento de los bosques vírgenes del Nuevo Mundo , ha
depositado muchos ciclos ó sucesiones desde que la in-
dustria humana abandonó aquellos edificios á los elemen-
tos. Estos ciclos botánicos, calculados por los sabios mo-
• dernos, abrazan un período de cuatro o cinco siglos ; y se
habían sucedido muchas veces, pues que los mismos Az-
tecas ignoraban su orígen , y ni aun tenían noticia de la
existencia de estas ruinas, de las cuales las mayores
• como las de Palenque , se atribuyen hoy á los Alma-
cas, progenitores de los Caribes, raza existente aun y
notable por la oblicuidad de sus ojos. Dos tribus bárba-
ras , los Otomies y Tetonacos tenían un idioma monosí-
labo , indo-chino. Con tales semejanzas y con la his-
toria de un reformador de cara pálida , en quien algunos
pretenden ver á Budda , no es de extrañar que la ma-
V parte de los etnógrafos hagan salir de la Tarfa-
, de la China, del Japón y de kt Indochina á los
primeros colonos de la América, la última emigración
sería tal vez la de Manco4}apac , que Banking supone
ser hijo de Cubilai, y biznieto de Gengis-kan. Enlodo
caso las tradiciones del Asia antigua son evidentes en .
las leogom'as y cosmogonías de k» Aztecas , y pueden
reconocerse todavía en las memoriasdealgunossalvajes.
La edad del mundo con una tecnología india, y los ele-
mentos greoo-incBos, ffuh , esto es, edad ó sol de agua,
de tierra, de aire y de fuego; el diluvio universal con
un Noé; la dispersión de los pueblos; la confusión de la
lenguas; el año solar; on zodiaco mogol, japonés, tibe*
tino; la arquitectura egipcia, esto es, india ; las castas,
las momias, los geroglíficos, la fisonomía y el color del
Asia Oriental , constituyen ciertamente un cúmulo de
semejanzasj, capaces de esciisar hasta la pretensión de in-
dicar las vías y el tiemoo en que la uunüía humana
pasó desde el Antiguo al Nuevo Mundo.
Muchas razas de la antigua Asia fueron inventoras
de las extravagancias que se notan en las costumbres
americanas , como por ejemplo, entre los isleños de la
Oceaní a el picarse el cutis ; el trofeo guerrero de las ca-
belleras de sus enemigos; el mezclar la sangre de las dos
personas que verifican un contrato ; el sacrificar á los es-
clavos sobre la tumba de sus dueños; el privar de la vida á
los padres ancianos ; el sacrificio de la viuda sobre la
tumba del marido; el uso de dos lenguas distintas entre
ios dos sexos, si bien de entrambos conocidas. Aunque
la locura y la' malicia sean producciones espontáneas
entre los hombres de todos los tiempos y lugares, la
imitación todavía es una de sus fuentes mas comunes,
y una de las explicaciones mas naturales y menos de-
plorables.
Atendiendo á que las. tradiciones simplemente orales ^
se alteran al cabo de pocas generaciones, los pueblos j|
que no tienen anales escritos ó figurados no pueden 91
inspiramos mas que una confianza limitada. Los Negros
del África y del Archipiélago indo-chino estás ro«
deadoe de pueblos, de los cuales siempre puede averi-
guarse alguna cosa. Los isleños de la Oceanía , fueron
siempre activos y audaces navegantes , y desde hace
tres siglos, son amaestrados por los marinos y misione-
ros de Europa. Por lo tanto referiremos con reserva
leyendas, como la de las islas Tongas , que describen
la dispersión de los hombres , su división en buenos y ,
malos, blancos y negros, después de una especie de
maldición de Cnin ó asesinato de un Abel por mano de i
un Caín; tradiciones como las de Taiti, donde Dios ado^
mece al primer hombro para extraerle un hueso, del que
forma la primer miger , donde el primer hombre es
formado de barro rojo, y el fénero humano sumeigido
por un diluvio del cual se salva un Noé. Sin embaigo,
si se suponen estas leyendas producto del contacto de
los misioneros ó de los Cristianos de Europa, ¿por que
las memorias del Nuevo Testamento no figuran en ellas
tanto como las del Vie}o?
El parentesco de la raza negra con las demás aparecerá
principalmente por sus caracteres materiales y morales,
donde falten tradiciones históricas ó religiosas, aten-
dido el estado incompleto de los estudios relativos á las
lenguas del África interior y de la Australia; pero bajo
el aspecto de la lingüistica podemos ya decir que la gran
familia oceánica ofrece uno de los triunfos mas ciertos y
espléndidos al dogma unitario. Aquellas mil tribus es-
parcidas por las islas, pu«üeron olvidar su tradición, mo-
dificar su aspecto físico en medio de clima tan variado,
y seria maravilloso que sus lenruas hubiesen resistido á
la prueba del tiempo. Este ha hecho su electo , pero en
grado tan leve que la identidad primitiva ha podido
reconocerse aun mejor entre esas tribus que en ninguna
otra parte. La familia oceánica , flotíUa innumerable y
dispersa por el mar mas vasto , al capricho de los tre-
fes, y las olas, ha conservado en todos sus idiomas ana
bandera que puede conocerse , por lo menos tanto como
las banderas desparramadas })or las conquistas y l^^
lenguas de la estirpe indo-germánica , sobra la cual fi-
jaremos ahora la atención.
Aquí seremos sobrios en la comparación de tradi'
clones, ya que tenemos un medio de estudio mas con' I
cluyenie y directo, quo es la filiación histórica. Los pn-
mitivos anales de la Jadía , limpios de sus fábulas c
OlflBAD »K LA^.SIDIdSX HUMAVA.
51
interpretados en sos alearías, nos demuestran, bajo el
nombre de Irán y Turan , la antífona división de monte
y llano. Tor, Turan , iodo el Cáucaso Indio está ocu-
nado por la raza indo-persa , que toma el nombre de
daca , Sace , Escita. Diodoro coloca á los Escitas á ori-
llas del Indo; Amiano Marcelino los idcntiftca con los
PeiBas ; Anquetil du Perron compara los dioses de las
dos naciones, como antes Homero había principiado á
hacerlo. Los Medos, muchas veces mezclados en las
expediciones é historia de los Escitas primitivos, son
Iranianos de mayor industria y mas amantes de las lla-
nuras y de la vida sedentaria ; pero los Iranianos esta-
blecidos en las ciudades, donde toman el nombre de
Zendos no desdeñan el de Escitis. Semchid, nombre regio
y nacional , es referido por Eugenio Burnouf á Yama-
Schaeta , escita brillante. Herodoto nos representa á los
Mesagelas ó grandes Escitas disputando la antigüedad á
los Egipcios; y aun les disputaron hasta el territorio, pues
no es ya dudoso que los reyes pastores fueron Escitas.
ChampoUion leyó el nombre de. Shoto mil veces escrito
con un epíteto insultante por el resentimiento de los
vencidos, convertidos en vencedores. Las pinturas que
adornan los palacios y tumbas regias de Tebas, represen-
tan, al lado de nombres propios, retratos muy semejantes,
de color blanco v sonrosido , cabellos castaños ó rubios:
en los grandes bajo-relieves de Medinct-Abu , figuran
los Caramanos y Gedrosianos con la cabeza cubierta de
una piel de caballo con crin y orejas ; y las tribus
aun salvajes de los Escitas, abuelos de nuestros Eu-
ropeos Meridionales , se hallan reproducidas en un
^tadu de casi completa desnudez. Josefo , que comparó
i los Getas con los Escitas , asemeja á entrambos pue-
blos á Gog y Magog. El nombre de Hiksos , dado por
este historiador á los reyes pastores , contiene pronun-
ciado ala oriental, el nombre natural de los Escitas
Schotz, y el nombre de Hik , JÜií*, llevado aun hoy por
los Armenios que constituyen una de las naciones mas
bellas del Cáucaso. Diodoro hace expresamente pasar á
jos Escitas por la Armenia y la Iberia ; Tolomeo los
identifica con los Cúrelas ó Cretenses y con los Go-
merianos, procedentes de la ciudad de Gomer, en la
Bactriana; y la Biblia nombra un Gomer, nieto de Jafet.
Estos dos remotos límites, el monte Imán y la Creta,
asilados á la misma raza, suponen la ocupación de los
Jwntos intermedios , el Asia Menor , la Tracia y todo el
litoral del Euxino. •
Jl* antigüedad coloca en los primeros tiempos hacia
d Báltico los pueblos llamados Gomeríanos, y Cimerios ó
Cimbros. Possidonio , apoyado después por Frerct , los
frae de la Tauride y de la Cimeria , de oonde se hablan
fugado en tiempo de la invasión escita en el siglo vi,
antes de Cristo. Amadeo Thíerry enlaza con e^ta emi-
pacion cimeria el movimiento espansivo de los Ga-
los de Sigoveso y Bclloveso, inquietados en sus pose-
nones de las Gallas. Puede decirse que esta agitación
de los pueblos celtas y germanos, duró con toda certeza
uwlorica , por espacio de doce siglos, seis antes y seis
después de la era vulgar. En la crisis final que despe-
dazo el imperio romano de Occidente, los Bárbaros for-
jaban una cadena no interrumpida desdé el Asia á
JSuropa, del Volga al Loira y hasta el Tajo , el Betis y
el Atlas; y todos, á excepción de algunos Mogoles y Hu-
uw, eran de una mi^ma semejanza física y casi de la
inisma lengua; inducción muy preciosa para el corola-
no que vamos á sacar , esto es, que las naciones godas
«alieron no solo de la Escitia , sino del primer piíeblo
«^>ta La palabra Geta , tantas voces asemejada á 2»-
c»ta^ debe ser tenida por una variante de Godo.
■El parentesco ▼ la identidad de las dos razas escita y
^^w, na sido suficientemente demostrada oor Pelloutier
«jujendo á Estrabon y á Tolomeo. Muchos otros doc-
«w han identificado los Pelasgos con los Celtas , y
wu los Helenos , y los Celtas con los Escolólos, Galataa
ywuos. . m
W^ ^ ^^^ escitas que descriSe Herodoto figuran
» •iÜt'" ^ *"^'" ^'^ ®*^ nombre Pomponio Mela
^noe Turcos, y la ciencia moderna ha aprobado esta
j¡"?J'^**- Los Turcos son «na de las naciones mas
«Mwiderables y antiguas de k Tartaria , que remontan
«u on^ ^ Taghorma de la Escritura, justameote idea-
lificado con el TaigitaoSi hijo de Jafet ó Júpiter. La<
masa de la nación turca parece haberse desarrollado
particularmente hacia el Altai, desde donde las tribus se
difundieron por Occidente y Septentrión bajo el nombre
de Uigurios, Turcomanos, Usbecos, Buidas, Selyúcidas,
y Otomanos. Hoy aun se contunde en nuestra mente la
idea de Escita con la de Tártaro ; pero la Tartaria de
las cartas modernas no fue mas que el punto de reunión
.de los antiguos Escitas. liOs textos antiguos, poco exa&>
tos en cuanto al mundo griego y romano , pudieron
asignar vagamente por morada á los Escitas las inme<
diaciones del Caspio y el Euxino , y á los Gomerianos,
Celtas y Galos las bocas del Danubio, las Galias, y bos-
ques JSrcinios. Era la misma raza en épocas diversas.
El flujo y rcfliú^ llegaron á ser mas frecuentes y obli*
gados cuando la raza se encontró con el Océano , en las
fronteras escandinavas , galas , ibéricas y africanas , y
sus efectos por lo tanto . se habrían podido ver en los
primeros albores de la Historia, aun cuando la filología
no hubiese revelado el mas curioso punto de este com-
plicado enigma, con el hallazgo de la antigua lengua
de la India en todos los dialectos celtas, griegos , roma-
nos, godos y eslavos.
Las naciones de la Europa moderna son el produelo
incontestable de la distribución y superposición de la
ultima oleada de Escitas, bajo el nombre de Godos y Es-
lavos. Estos se sobrepusieron á otra oleada anterior que
llegó de un modo igual y del mismo país, pues que se
componía de Cimerio^ , Galos y Celtas. Con extender
á algunos siglos oscuros y lejanos el mecanismo que se
ve aplicado durante veinte siglos seguidos, no se falta
á ninguna ley de analogía; y U perturbación de las
tradiciones orales , y un poco de orgullo nacional , ex-
plican las pretensiones de autóctonos, de aborígenes,
de hijos de la tierra^ ostentadas por tantos pueblos de
Euroj)a^ y aceptadas por algunos nistoriadores. Cuando
los Siculos residían a orillas del Po, se llamaban au-
tóctonos, olvidando haber sido arrojados de las Ga-
llas por los Ligios. Catón llama autóctonos á los pue-
blos del Lacio, y Dionisio de Halioamaso nos dice que
vinieron estos autóctonos de la Arcadia. En los Iberos
no puede verse sino la oleada mas antigua de la inva-
sión que hicieron en Europa , los Celtas ó Escitas Asiá-
ticos, á los cuales se habrán mezclado otras naciones
escitas y semíticas por el Mediterráneo y el litoral de
África. Indígena no puede significar mas que primer
ocupante.
II. unidad de la «psoM humana, probada par lo» idioma»
y la opiitud mpecHioa de la» raza».
Enumerando las naciones que hoy viven sobre la tier-
ra , traeremos hasta nuestra edad y países el hilo de las
tradiciones y de U marcha de los pueblos. Si los he-^
chos y deducciones que acabamos de sentar son ciertos
y legítimos , fácil es explicar el desenvolvimiento de las
naciones europeas, pudiendo mujr bien reducirse á una
sencilla enumeración. La distinción política, sobre ser
movible como las revoluciones, divide la misma raza ó
aglomera razas diversas. La distribución por lenguas es
más útil á nuestro objete presente , y t;^.mbien mas ra-
cional y estable. Esta da por resultado las trece clases
siguientes.
Los V(uco'» , Vizcaínos ó Euscaldunac , ocupan en
Francia los departamentos de los Altos y Bajos Pirineos;
y en España las cuatro provincias de Navarra, Álava,
Vizcaya y Guipúzcoa. Son los restos de los Celtíberos ó
Iberos primitivos qae ocupaban las Galias hasta el Loira
Líos Alpes meridionales , toda la península ibérica , las
ileares , la Cerdeña , la Córcega , la Italia y la Sicilia.
En efecto, muchos nombres de la eeo^rafia antigua de
estos países se explican con etimologías vascongadas ;
▼ esta huella del paso y permanencid de la raza, es aun
hoy consignada por hombres competentes, como no me-
nos cierta que los anal is mas explícitos. j
Los Celta» 6 Gaelios habitan las islas británicas y 1<^ I C
departamentos firaoceses de la antigua Bretaña , donde
m
están mesdados con 1m Cimbros.
JetucristD estas dos naciones hermanas de raza y de
lengua se tocati , se enmujan y combaten , sin confun-
dirse. Los Belf^ eran Cimbros; los Gaelios de Irlanda
se titularon 5mI ó Sniü, fugitivos, cuyo nombre die-
ron á la Escocia cuando emigraron á efia , hacia el si-
glo IX , mezclándose allí con los Caledonios ó Gael-
Eddon , Galos de los bosques. La lengua gael-ersa que
se habla en el Albanicfa , 6 alto país , forma el fondo de
los cantos osiánicos. Los Galeses 6 Comwales son Bre-
tones-Cimbros , como los de la Annórica. Estos toman,
como sus hermanos del otro lado del canal de la Blan-
cha» el nombre de Cimbros, pero prefiriendo el de
Breizad. £1 fondo de los tres dialectos es germánico,
mezclado con latin y celta. El celta se ha conservado
mas puro, esto es, mas sánscrito, en el gael-erso de
Irlanda y de Escocia.
Los Gérmoñot se llaman á sí propios TeuU 6 í>evíUiií.
Los Escandinavos son una rama de estos Teutones, .que
habitaban al principio de nuestra era desde las bo«as
del Danubio hasta el Báltico. La lengua alemana tiene
muchos dialectos: suevo . bávaro , ímncon y sajón. El
holandés , que formó nacionalidad aparte , preva-
lece en los libros después del siglo xvi , cuando esta-
ba en gran boga el flamenco , aue es otro dialecto
del bajo alemán. Los Noruegos hablan una lengua poco
distinta de la sueca , y de la cual fue un dialecto la is-
landesa. Los Daneses se llamaron fufos , que es seme-
jante á Getas ó Godos ; y hasta el siglo v su lengua
fue un dialecto alemán , parecido al ni son y al sajón.
En Inglaterra los Ingleses y Sajones , establecidos
en 450 , vieron convertirse su lengua en danesa , des-
pués de una conquista escandinava del siglo octavo. El
salón , restaurado después de Eduardo el Confesor , que-
do mezclado con el danés , como después de la con-
quista normanda esta misma lengua sajona-danesa ,
mezclada también con mucho francés, formó el inglés
moderno.
El francés fbrma la transición de los pueblos y de las
lenguas germánicas á las naciones y lenguas neo-lati-
nas , ya que tiene un quinto por lo menos de los dia-
lectos bajo-aleman , fmnco y frisen. El idioma ronm-
no , Intermedio entre el alemán de los Francos y las
lenguas de oe y de oii»*, es ya mucho mas latino que ale-
mán en el juramento de los reyes Carlovingios. El fran-
cés es tamiíien el idioma nacional de los Belgas y Sabo-
yanos , y de algunos Suizos y Grisones.
La lengua romana , con mayor razón , se difundió en
Italia , metrópoli del imperio romano , hablándose en el
campsf todo el latín rústico, j en toda ciudad pequeña
el latin urbano. La lenru» italiana , formada por los
Florentinos , conservó algunas aspiraciones alemanas.
La España , donde aun son mas las letras guturales , las
debe tanto á los Godos como á los Árabes. £1 portu-
gués dio nacionalidad y literatura al dialecto español-
g^iego.
Idiomas romanos de distinta fisonomía surgieron en las
tierras donde el latino encontraba lenguas diversas de
los dialectos celtas: así se advierte eo el Yálaco enlas bo-
cas del Danubio, el Letón, en la Lituania,, Samoyicia,
Gurlandia , Livonia i y un poco en el albanís de los Slú-
Desde el siglo v de y llámase Madglar , como ciertos TÜrttooa que ami pe^
manecen al norte del Cáucaso. , « , i
Los pueblos de lengua finesa son los nndcses^jos
Livios, Estonios y Upones. Estos wn^« »»» "J^
como los pueblos que han llevado al Iforte de Europa
una lengua que se encuentra en Siberia entre tos cn»-
misos, Votiacos, Morduaros, Ersdades y Vórulos. Es-
tos parecen los verdaderos descendientes de toe Hnnos
de Atila. . , xu.
LosTuroos, que repitieron los mismos actos de l« Hor
nos y Godos , hablan saUdo del Altai ; su idioma tártaro
está mezclado de árabe, persa y griego.
Los GHtgw modemoi se llamaban Romanos en el ¡¡a»
sometido á los Turtos; en la Grecia de Oton ^ol;^»?»
estar en voga el título de Helenos. La raza se mezcló coo
muchas invasiones eslavas ; pero U religión y escnluit
griegas , adoptadas por mucnas naciones eslavas , am-
íervaron la lengua y;iteratura de los Griegos moder-
nos, la cual es muy diferente de la lengua aafigua |
aun lo son mas los idiomas hablados.
Los Alvontm, Sliipos ó Sltipetarlps , son los Ar-
nautas de los Tureos, descendientes de los Kp»ro« « i
lUricos , mezclados con los Tártaros-albaneses del Ñor- |
te del Cáucaso. Su lengua, impregnada de laün, aT>- |
sorvió mayor cantidad de griego y eslavo.
Completemos este cuadro con tres naciones erran» .
en Europa. , .,
Los /ttdtot descienden seguramente de los dispersa-
dos por Tito y Adriano. La aserción de Estrabon acer» I
del próximo parentesco de las leneuas semíticas , se na
comprobado por la filología moderna. y«>l^«^íf * |
trater de este punto mas abajo al hablar dd análisis üc
las lenguas. ^ . , ^^^^ '
Los imwníot , que en Europa y en Asia ton nego-
ciantes émulos de los Indios , pertfieron desde muy an-
tiguo su nacionalidad. La literatura de esto», de gran
precio por haber conservado traducidos algunos liw» |
antiguos, cuyo« originales se habían perdido, no Uene
alfabeto especial sino desde el siglo xiv. El anncnio a i
' un dialecto sánscrito muy seminante al griego. !
Los GUanoi ó Ungaroz hablan un idioma en el que
se encuentra mucha semejanza con el del Indostan ; oe
donde se dedujo que debió de haber alguna emigración
durante las conquistas de Timur. Una nación * f"^ »* ®°^
bücadura del Indo, Uámase aun Cmgofia; y el nomtjre
de 5ía< que ellos se dan, recuerda el del no de su pa-
tria. Los Persas ios llaman Indios negros : parte de W
Alemana, Talaros; la España v la Inglaterra, ISgip-
cios (*): sostenidas tales hipótesis por su color moreno
y ojos asiáticos. El mayor número de Zíngaros se en-
cuentra en la Moldevalaquia , en donde se supone qnc
Constantino Coprónimo estableció unacolonia. Asi es que
muchos Zíngaros errantes por otros países haWan una
jerga en que domina el Válaco. , ^.^ in-.
Gracias á las luces de la historia y de la civilizacioB jj»
moderna j esta madeja de pueblos es fácil de devanar, ^
por enredados que estén sus hilos. Mas dificiles en Asia, {^
atendida la oscuridad de los materiales, aun en lo Jc- kt
latívo á nuestros diaa, y su complicación en todos i» ^
tiempos ; pero la flsioWia de las principales »n?dias¿« ^
lenguasnos servirá de luz entre los escoUes y tmieUas ^
pos. En Polonia , Transílvania y Hungría, donde el laUn I d^ ^i^ Central y dd resto del mundo
urbano continuó siendo lengua oficial, se propagó entre - • •• • ^ .--i-u— j^ u —
el pueblo, que to habla juntamente oon los idiomas esla<
vos nacionales.
vos
Una parte de estos adoptó el alfabeto griego con la
liturgia oriente!; el resto se hizo católico con el alia-
fabeto romano ó godo. Los dialectos eslavos principales
son el ruso, el polaco y el bohemio, dividido en checo,
moravo y húngaro ó eslovaco ; el ilírico y el croate. Se
disputen el origen de los Kiisos, los Varegos del Bálti-
co y losRosses ó Qarangoa, pueblo kosar ó escita dd
Mar Negí^.
Los Húngaros fueron confundidos por los AJwnsnss
Con los Hunos , Qunoi de los Griegos, lUung*<ia de los
anales chinos* pero losUuuos de Atüa eran una raza
muy mezclada; allí habla CJigurios^ Avaras, cuyonomr
bre unido aLde Htta, ha quedado al país ^ AMosoria,
Hungría. La lengua húngam» ó eslovaca es maa tuceot-
persa que finesa y eslava. La raza es mucho mas beüa.
A Leibniez se^ debe U idea de buscar en d "abw
comparativo de las lenguas la verdadera geoeatogia aa
género humano. Federico Schlegd y Adelung. apli-
cando este idea , encontraron en el sanscristo las formas
gramaticales y las raices del latin . griego y atetan.
Otros filólogos vieron después en él las formas y d fon-
do de las lengua» eslavas; y aun ensl ersa, ^es J
bajo broten se hallaron Coraaas extrañas al latoi, si
griego, alaleman y aleskvo , y<J«^«*»'^*!^íl!;,^
a saiMWrito ; de donde se dadow %«e el «w^^^
que media desde la Judia á la Europa Occidental, «»
Oeoo de idiomas q» perteneceu 4 U fiuwUa de k» que
se hablan solos pontos eiteemoi. Klgpoigiaiio,»»-
(M •Wliitewf,«sdsiideproeedi»üspsfc»si|IWr«es.
paftsByfmiksaiaflé&.
(N.étiTJ
íl
d menfo, ótete, elsteno, elpluseta, el afgran, el persa
moderno y antiruo, esto es, zendo y pelvi, son idio-
iDM índo-^ennáiiicos, próximos parientes del sáns-
crito.
Del pvípo semiUco fueron dialectos el arameo al
NoKe, ^eananeo a! Mediodía, y el árabe al Sur. £t
arameo eomprende el caldeo y el sirio; el cananeo abra-
za el samarítano , el flltstino, el fenicio, el púnico y el
hebreo. El egipcio vulgar y yerático, así como el etiope
fueron probablemente dialectos inmediatos al fenicio.
El árabe se divide en verdadero, moro , abisinio , mal-
tés y mapuliano dd Indostan. Los caracteres mas gene-
rales de estas lengnas son : l.^la uniformidad de sus
radicales, compuestas de tres sdabas ó mas bien de tres
letras, ntgtm e) sistema que ((ja solamente las consonan-
tes , abandonando las yo«:ales á la tradición ; 2.^ la es-
tructora del verbo, donde tres radicales conservándose
siempre melgadas , aanque con algunos incrementos,
hacen pasar la acción por todas las gradaciones po-
üblcs.
9o tomen «tes lenguas peculiares tan solo de los Se-
mitas, sino que también las hablaron los descendientes
de Cam mientras habitaron á orillas del Océano Indico,
dd Mar Rojo y del Nilo. Todo to que la interpretación
de los geroglfficos afiaxle á los vestigios del antiguo Egio-
do conservados en el cofto , demuestra la incontestable
aflnkiad que aquella lengua tenia con el antiguo ara-
meo , si bien no estaba sujeta al sistema gráfico trilite-
ral. La Abisinia, antiquísima colonia Gamita, conservó
hasta hoy un idioma, en el cual se ha creído encontrar
ya él hebreo de los progenitores, ya el árabe de sus des-
cendientes. Ambas hipótesis son sostenibles, asi como lá
qoe se refiere al maltes; pues mientms que Soldanis creía
encontrar en este el fenicio oriental, varios viajeros
procedentes de Egipto 6 Berbería veian en él un árabe
muy moderno. Elárabe impuesto hace mil años á los Be-
reberes del Aflas, no llegó á asimilarse tan completamen-
te el idioma de estos, forma antiquisioia délos de Sem
y Cam.
£1 parentesco de Sem y Jafet, por mucho tiempo re-
legado entre las aserciones meramente tradicionales, pa-
ta al estado de demostración mediante el de las lenguas.
El coito, procedente de los museos de antigüedades, al
paso que presenta huellas profundas de la dominación del
antiguo arameo , ofrece , aunque confusos , muchos ves-
tigios indios. Toda la estructura del pronombre cofto
ha sido encontrada en el hebreo y reconstruida en el sáns-
crito. El catálogo de las raices indias , común á las len-
gnas semíticas, va extendiéndose de día en día. £1 persa
antiguo ó pelvi, es semítico en cuanto á las palabras,
é indo-europeo por la gramática. Las flexiones dsl verbo
árabe por medio de pronombres semilatinos recuerdan
la conjugación griega con el auxilio de partículas. El
verbo medio de Ibl conjugación griep^a recuerda algún
tanto las formas y enteramente la significación de los
reflexivos semíticos.
Beland , Cook y Forster fueron los primeros que com-
pararon los idiomas oceánicos y reconocieron su pa-
rentesco con el de Madagascar , el malayo y el albanés.
Estos dos üllütto* en su forma popular, son el resumen
y el término medio de toda la familia. El mar llegó á
aer una vía de comunicación eficaz tan luego como
. un poco de industria quitó el obstáculo que oponía
i las emigraeiooes. Desde las islas de Sandwich á la
Raeva-ZJanda hay casi 1,800 leguas y los idiomas
son muy semejantes. Desde Madagascar á las Filipinas
hay casi otro tanto , y en ambas partes se hablan len-
guas hermanas. De Java á las Marquesas hay un tercio
de la sirconferencia del globo , y los vocabularios son
aÚí de la misma familia: el idioma Kawi , forma mo-
derna del antiguo malayo , javanés ó kawor , es la len-
gua sánscrita despojada de sus inflexionéis.
Las leoguail inao-chinas ti^p mucha conexión con
las chinas propiamente dicÍiÍH[ que al Sur se dan la
mano óonef Kawig, y al Norte Ton d grupo tártaro por
medio dalas lepguas áA Tibet y del Bulan. Los tártaros
oescendientes <k la iamilia ariana , hablan también len-
guas ariánas, pero que han dejgenerado en lenguas fran-
cat ^ Dorque eaelías no se cot^uga el verbo. Los Tárta-
ros atoados yTohgusoft y Mogoles tieúen idiomas muy
semejantes á los de sus hehnafnó* blancos. El gtupo de
las lenguas uralo-slbéricas penetra en China por la Co-
rea y en Europa por los idiomas eslavo-fineses. Laslen-
guas de África son semíticas en el Norte por el berebery
en el Este por el amarice, idioma africano con inflexiones
semíticas. El gala , el somawly , el dankah , de los cua-
les comenzamos á tener diccionarios ; el rotana , el nu-
b1 el tibbu , el twarik , cuya explicación ha intentado
algún viajero , acaso presentarán semejanías asiátícaa,
que se esperan encontrar también en el idioma de los
Fullahs y se han haUado ya en los de Madagascar.
Las lenguas americanas , no obstante su infinita va-
riedad, ceden al análisis y se fundan en un tipo bas-
tante uniforme para poner fuera de duda la unidad de
su origen. Algunas tienden al sistema monosílabo de las
indo-chinas; pero también se encuentra en ellas la cons-
trucción del verbo sencilla en los procedimientos y
complicada en los resultados, porque varía las grada-
clones de la acción interponiendo ciertos incrementos,
como en el verbo semítico. El verbo vasco ofrece aun en
mayor escala esta particularidad , pues la misma raa
produce hasta veinte y cinco conjugaciones. ^
U existencia de una lengua antenor á los «Uomas
semíticos é indios, es muy probable, pues que la frater-
nidad supone comunidad de padre ó madre , y esta ma-
dre mas complete que las dos hijas conocidas, pudo
liabcr tenidoolras hijasá las cuales legase la construcción
del verbo en su entera complicación. La inducción nos
permite referir á ellas los idiomas vascos , cuyos pueblos
hieron precursores de los Celtas en Occidente , y los de
otrasnacionesque vagaron por el centro del Asia antes
de encontrar paso hacia la gran isla amencana. En la
extremidad de la India muchas lenguas como las lla-
madas tamula, telinga, karnátlca , misoriana , tulavia-
na y parbalhia , no se refieren inmediatamente al sáns-
crito , sino mas bien á los idiomas tártaros. ^ _
La consecuencia que acabamos de sacar demuestra
que no esperamos determinar con exactitud cual fue ui
lengua primitiva. Racionalmente no puede saberse , ni
aun buscarse , porque los anales auténticos coimeníaron
muy tarde y guardaron silencio sobre la lengua de las
primeras tradiciones. Pero la afición con que general-
mente se busca la solución de este problema, demuestra
con su generalidad misma la creencia en una lengua
única, primitiva, madre común de las demás; opi-
nión contra la que necesariamente protestan el natura-
lista y el epicúreo, que admiten la eternidad de la len-
gua como la de la materia y encuentran en la palabra
una función fatal como el canto de los pájaros. Para
sostener la invención individual y primitiva del idioma
por veinte ó treinta especies de hombres , es preciso
suponer la diferencia radical de estas lenguas o in-
venciones respectivas, y aun recurrir al auxilio de los
orígenes onomatopeicos , ya que las onomatopeyas
se presentan de modos muy diversos. Como argu-
mentó accesorio se sostiene la semejanza de los re-
sultados , apoyándose en la semejanza de los órganos
en acción y de las fuerzas operantes ; lo que aparen-
temente significa que los alfabetos de todos los pueblos
están limitados á unos cuarenta sonidos, y que la gra-
mática generad puede reducirse á un feentenar de propo-
siciones; Pero los elementos del caleidoscopio no son
tantos y sin embargo pueden presentarse millares de com-
binaciones antes que una misma se reproduzca dos ve-
ces. La generación espontánea del lenguaje no podría
pues explicar ni la semejanza, ni la diferencia de los
idiomas. , , . ^
Federico Schlegel, que antes, con el siglo xvra creía al
espíritu humano primitivo autor del lenguaje, concluye
por aJdmitir muy explícitamente ia revelación divina, y
nosotros con él pensamos que una afirmación sobre bue-
nas pruebas es preferible á sútdes é interminables discu-
siones. Estas buenas pruebas ya las hemos presentado.
Hemos encontrado experimentalmente las reliamas de
una lengua {>rimít¡va en las tres grandes familias se-
mítica , india y oceánica ; nodemos pues, sin temor sen-
tar el dogma de la unidad ae la e»ecis humana y déla
población de la tierra por medio oe ona familia .que se
na propagado, y extenilidQ gradualmente» Los ijadlviduas
y las naciones han usado ampliamente de su libre Ix^r
Lea.
p£!i-
tiTa«
Fases
e¿d
délas
54
dativa, combinando, cambiando,
las fuerzas y capricho de su imaginación, pero siempre
trabajando sobre una trama primitiva y tradicional. Un
hecho no menos cierto y autorizado que el parentesco
de las lenguas, es su construcción^ mas ó menos compli-
cada á medida que se remonta su genealogía; el in-
glés es mas sencillo míe el francés y el alemán ; estos
mas que el latin , gooo y sánscrito. £1 abuelo ó abuelos
desconocidos del sánscrito debieron ser mas vastos y en «
marañadüs. Y cuan fácilmente debia ejecutarse esta
operación , al parecer complicada , por medio de una
lengua única , pero mas vasta , lo demuestran los pue-
blos limítrofes que hablan dos ó tres lenguas á la vez;
y aun en estos paises son los niños los que aprenden
mas fácil v perfectamente los tres ó cuatro dialectos que
oyen. En las casas de los ricos los niños se habitúan
mas pronto á conversar directamente en el idioma espe-
cial Que un profesor ó un criado está encargado de en-
señarles; en los viajes aprenden mejor que los adultos
las lengiias extranjeras. Llámense con un nombre único
los cuatro ó cinco idiomas en que el niño puede hablar
á los representantes de cuatro o cinco pueblos distintos,
y se tendrá la idea aproximada del idioma primitivo.
Las lenguas, pues, se encontraron envueltas en el tor-
rente de los tiempos , como aquellas masas que el con-
loas.
químico reconocen en el mas pequeño grano la piedra
a que pertenece, así el filólogo reconstruye los idiomas
antiguos con el análisis de las frases y palabras de los
idiomas modernos. La observación de lo presente y el
estudio de lo pasado contribuyen mucho a esclarecer la
aparición secundaria de las lenguas , su diversidad, ex-
tinción y renacimiento; oroblematan grave que respeta-
bilísimas autoridades lo nan relegado éntrelos milagros,
á lo menos en lo que concierne á la confusión primitiva.
En cuanto á las otras confusiones, levísimas causas pue-
den producir muy grandes efectos; algunas variantes
de sinónimos y acentos bastan para impedir que los ára-
bes magrebita!s sean comprendidos en Egipto , en Siria
L Arabia ; Herodoto trata de bárbaros á todos los restos
los idiomas pelasgos. Nuestra Europa con sus lenguas
que se nretenden fijadas por la literatura y la imprenta,
no puede impedir que cambien de pronunciación cada
cien años y de ortografía cada doscientos. A las socie-
dades antiguas servían de moderadores el reposo de las
masas y la influencia de los literatos que eran sacerdo-
tes ; mientras hoy los académicos sancionan los hechos
consumados en vez de prepararlos y dirigirlos, y son el
eco mas bien que el oráculo del pueblo.
Cuando en lo pasado se vé surgir una lengua, instru-
mento de un nuevo imperio ó compañera de un grande
hombre , hay en este hecho complejo una importancia
providencial , asunto de meditación para hombres como
Bossuet. De Maistre ó Wiseman. Pero observadores mas
humildes tendrán el derecho de notar que las fuerzas del
espíritu sirven de brazo á la Providencia lo mismo que
las de la materia, y que este tiempo pasado semimaravi-
lloso es simplemente un fenómeno idéntico á aquel que
con maravilla actualmente estamos contemplando. Las
lenguas francas del Mediterráneo , de las Antillas , y de
la Indo-China, auxiliadas por la poUtica, pueden llegar á
ser nacionales y literarias, como el guaraní del Para-
riay, y elcheroky de la América del Norte, que llegaron
ser rivales afortunados del español y del inglés. Pero
los autores de estas nuevas lenguas no pueden gloriarse
demasiado de su parte de trabajo ; no nabiendo dado ni
las palabras que son los materiales, ni los instrumentos,
es decir, las formas gramaticales : estas y aquellos son
nnaherencia^tau Vieja como el mundo. El refundir una
ó mas lenguas, en un idioma nuevo, es obra á*ú tiempo
Lde los hombres. ¿ Necesítase repetir la distancia que
ly de esto á una creación primitiva y total? Las len-
guas con semejante sistema de generación , tionen pues
una vida igual á la de los imperios y de los individuos;
infancia, madurez y muerte. Pero estas faces son lentas,
ya que los grandes dialectos duran por ténnino medio
mil anos, y la agonía de muchos recorre casi entera la
escala cronológica. El griego se ha conservado en algu-
ÁGLAAAODIIBS AI* UBRO PIIOIIBO.
renovando, según > ñas aldeas de Sicilia: el Qoflo parece subsistir en algu-
nas cercanías de Trípoli : el celta y el cimbro están ago-
nizando desde la conquista de César; el vasco desde ha-
ce tres mil años.
Los experimentos, pues, de la filología, no son trabajos I^
de anatomía cadavérica. Las comparaciones pueden ha- ^
cerse en lenguas vivas, con las circunstancias preciosas ^
del acento de los pueblos y de los comentarios de las per- ci^
sonas instruidas que las usaron. La escala sánscrita,
base principal de las obras mas gloriosas de la ciencia
moderna , es también el criterio de la certeza, en cuanto
á los resultados que la ciencia tiene derecho á esperar
del estudio comparativo de las demás lenguas ; y cita-
mos el sanscristo con preferencia , porque su parentesco
con las lenguas de Europa hace mas inteligibles las com- |^
paracioaes y las deducciones que de aquellas se saquea, tucu
Una lengua es la tradición mas extensa y compleja áeii
de lo pasado. Si dos naciones hoy direrentes en su a*- ^
pecio físico presentan un idioma común , es evidente ^
que han debido tener íntima comunicación en un mo- k et-
mento dado de su historia, y es también posible gue pro- bhti-
cedan de un mismo tronco. '"*
La conquista impone el idioma de los vencedores , aun
cuando estos sean pocos : pero el idioma oficial no se
funde con la lengua popular , á no tener con esta gran
semejanza. Cuando la nación vencida es de idioma di-
buscarlo
esta
pues, i
los partidarios de la antigüedad primitiva de los idio-
mas y de la multiplicidad de las especies humanas, la
necesidad de encontrar por todas partes una lengua na-
cional, sobreviviente al lado de los idiomas importados,
y lengua nacional sin otra análoga. Si nada sementé
se encuentra entre pueblos cu vas lenguas se fundieron
enteramente con las de pueblos apartadísimos en el
tiempo y en el espacio , preciso es decir que fueron si-
multáneas la emigración de las lenguas y la de los pue-
blo«t : si estos pueblos á quienes el origen común geográ-
fico y lingüístico señala como hermanos son hoy muy
diferentes en apariencia , fuerza es también admitir que
el tiempo y la expatriación han alterado estas aparien-
cias mas profunda y prontamente que las tradiciones y
las lenguas. Los idiomas mejor analizados por la cien-
cia , esto es , los europeos son comunes á dos 6 tres ra-
zas de muy diverso aspecto : las naciones tártaras y tur-
cas se diferencian mas físicamente entre sí que de la
mogola propiamente dicha , y sin embarsfo tienen idio-
mas de la misma familia : las lenguas urálicas están di-
fundidas entre pueblos de semejanza muy variada ; y
finalmente, las naciones morenas do la India hablan dia-
lectos que se derivan del sánscrito , como todas las len- ^^^
guas de los blancos de la Europa moderna y antigua, teses
El instrumento por cuyo medio se ha fijado la lengua *í^
es un apéndice importante á la historia de las lenguas ^
mismas. Representar el pensamiento á la vista; hacer
permanente y monumental lapa abra, es un resultado tan
grandioso, supone tal magnitud de genio, que nos lleva á
admitirlo no como un arte , sino como una facultad con-
tinuo roce redondea, formando de ellas cantos rodados^
Im!.' -^P^<lc^za en trozos, y desmenuza hasta convertirlas en ! ferente, este permanece, si bien no hav que bus
¿^ arena ; y asi como el lente del geólogo ó el crisol del en la lengua, literaria ú oficial. Esta tenacidad ,
— .'„. 1 = . — 1- _:_j_^ duración indefinida de las lenguas, impone, —
temporánea y coadyutora de la palabra, j partícipe por
consecuencia de su revelación divina. Si el hombre ha
inventado el alfabeto, es su obra mas bella en todas
partes, y de las mas precoces. La prioridad de los alfabe-
tos es misteriosa , como la de las lenguas , pero en cam-
bio la tradición es en ellos mucho mas fácil de ver y de
seguir. La escritura de derecha á izquierda ó al contra-
rio, parece haberse extendido en derredor del Caspio con
cambios recíprocos de las letras semíticas y jaféticas. Asi
pudo tenerse noticia de la inversión letra por letra de
muchas palabras cuyas raices fueron comunes á las dos
familias de lenguas. Los alfabetos ideográficos pasan por
muy antiguos, y con verosimilitud, siendo la proposición
relativa, no absoluta, y aplicada á una nación , no al
universo. Los últimos iMicanos escribían con un siste-
ma geroglífico, y aun ^nenian representación de soni-
dos. Los Mejicanos eran bárbaros que progresaban hacia
la civilización ; convengo,^ pero también es cierto que los
Aztecas y Tolfecas fueron pueblos civilizados v en de-
cadencia. Los Chinos son puctlos muy refinados, y ^
contentaron con un alíaJi>eto mixto, en el coal domina It
DNntAD.DK LA E8PE0IB BUIIANA.
S5
ideografía : pero no se ha probado qoe los Chinos pro-
cedentes del xibet careciesen de un alfabeto fonético se-
merjante al manchú ó tibetino. Los árabes Imiarítas tu-
TieroQ en tíempo del rey Saba una escritura ideográfica;
perp otros Imiarítas aun mas antigás en la Arabia Me-
ridional como eran los Fenicios , tenían ya alfabeto fo-
nético. £1 £gipto, eterno argumento en materia de an-
tigüedad de toda especie , ha usado siempre un alfabeto
en apariencia i^rogiifíco, pero en el cual se encontró el
sistema fonético. La^ fantasías del alfabeto extrauguelo, y
los nomtMnes significativos de las letras hebraicas , pudie-
nm venir del Egipto. Donde la Historia deja en oscuri-
dad pí origen ó las comunicaciones de los alfabetos, las
semejanzas contribuyen á reconstruir la filiación. £1 sis-
tema que implican es una de aquellas cosas grandes y
sencílhis á un mismo tiempo que la humanidad, no in-
venta dos veces. Por el eontitirio, la pintura de los obje-
tos naturales, ingenioso y grosero método , pudo haber
seducido muchas veces á hombres en decadencia que ha-
bían olvidado sus conocimientos anteriores, ó á sus des-
eendientes que aun no habían adquirido oinguno. La
huella de un pié sobre la arena, la sombra de una planta
ó de un animal sobre un escollo , sobre la tierra , en
la pared de una cabana, han podido mil veces comeniar
y recomenzar el arte del dibujo.
La ciepcia europea que acepta la desigualdad intelec-
tual de las razas, hácese solidaria de cierta especie de
orgullo nacional , ya que las razas blancas son jueces y
parte en la cuestión. Ya se ha dicho que estas por lo min-
ino se acercan á otras razas, las cuales se tienen (>or
ug. centro del mundo y último cabo de la perfección física
Un- y moral. A la fatuidad de los Chinos no faltarían pre-
1^"^ testos apoyados en cierta habilidad política y en las espe-
g¿ colaciones de una filosoCia que limita ó mas bien se an-
ticipa á todas las filosofías de la Grecia. Los Indios mas
atezados que los Chinos , pueden aspirar á un grado to-
davía mas eminente , habiendo tenido la iniciativa del
trascendentalismo en todas las ciencias humanas: otro
tanto digo de los Egipcios , cuyos monumentos admira
el mundo , y de los cual^ ha emanado la civilización
europea. Verdaderamente ios doctos tuvieron por laijgo
tiempo noticias muy confusassobre la conformación fíüica
de Las naciones del Asia moderna , y especialmente sobre
el color exacto de las naciones antiguas. Las últimas ad^
quirídas por los viajeros , maravillarían aun á los natu-
nlisias y antropólogos sedentarios ; syendo preciso (|ue
pase algún tiempo para que los historiadores, los filóso-
fas y los pueJ>ios acomoden á estos nuevos datos las
ideas y el leng^uaje. Gran número de imputaciones des-
preciativas y violentas se han hecho , principalmente á
los ne^os, a guieúes se niega toda especie de civiliza-
don pasada y presente , mientras la imposibilidad de
educación de esta estirpe , aun siendo cierta, no es de-
fioitiva. La raza negra tuvo alguna parte en la obra,
ñno en la iniciativa de la civilización egipcia, mieutras
ios Escitas, nuestros abuelos permanecían aun salvajes,
desnudos y apenas cazadores. Las razas tardías no están,
por serlo, desheredadas de toda acción social; el clima en
que viven los negros es enervante , y produce el ali-
mento y vestido casi sin trabsgo. Los climas fríos é in-
I patos estimulan mas vivamente la industria y actividad
I Bomanas. £n la América Tropical se encontraron cris-
I líanos, hijos indígenas de Portugal, viviendo sin con-
! tratos nupciales , sin moneda, sin sal, casi sin ves-
I lí<losnireUgion, en un país del Brasil donde los rebaños
I son de ana fecundidad prodigiosa, donde da la vid
tres cosechas al año y el bananero y limonero están
eoDstantemente cubiertos de fruto. Dentro de algunos si-
glos loi l4jo8 de estos blancos necesitarán de muchas ge-
■ neraeiones educadas para recobrar las altas facultades
de sos abuelos de £uropa. ¡Que maravilla, que tales fa-
colUideB no surgiesen enteras en la primera y segunda
generación de negros de nuestras colonias! Antes que
«5 generaciones recorriesen el cívculo entero del progre-
so, bastantes individuos prívilegiados habían demostrado
que en el proceso formado á la raza negra , se confundió
injostamente el hecho de la falta de educación con la ap-
ütod paca recibirla. Un solo eiemplo de buen éxito bas-
jBñapara poner fuera de duda la educabilidad de toda
U estirpe; y muchos tenemos y tienen colecciones litera-
rías de autores negros. £1 mandar ó subTugar á hombres
se tiene por una combinación intelectual mas alta que la
de instruirlos , y aquella no faltó jamás á la estirpe ne-
gra, ya que sus tribus nunca carecieron de gef(¿ , ni
sus monarquías de príncipes, ni sos repúblicas de pre-
sidentes.
Pritchard advirtió el acuerdo universal de los hombres
de todos colores en la creencia en otra vida , con penas
L recompensas, en el respeto á los muertos, en suma, en
I ideas religiosas ; acuerdo aun mas notable por la
naturaleza íntima de «u principio de acción, que por las
manifestaciones de su actividad. Éstas, manifestaciones
pueden ser variantes de la tradición ; pero la semejanza
de sentimientos íntimos implica la unidad de los hom-
bres que la recibieron.
Algunos historiadores han obtenido efectos dramáticos,
poniendo en contraste nación con nación , así como in- ^^^
dividuo con individuo: dotando á los pueblos de pasiones, cloinL
preocupaciones, inteligencia , temperamento; imosiocra-
sias, absolutamente como á un hombre. Que tuvieron ra-
zón bajo el punto de vista del arte , lo prueba el efecto;
pero en cuanto á la Filosofía de la Historia no pueden
justificarse estas teorías sino dentro de un período histó-
rico determinado. £n la historia unlverad , en los ana-
les de la humanidad, no puede esta opinión sostener el
examen tan fácilmente.
Los Galos, se nos dice, fueron siempre lo que hoy son
los Franceses: siempre tuvo, su carácter las mismas es-
pléndidas cualidades , con los mismos defectos : valor é
inteligencia admirables , pero deplorable ligereza; indi-
vidualismo vano y perpetuo; total falta de coherencia.
Bien ; pero véanse otros hechos mas ciertos. Los Cim-
bros tuvieron el carácter alemán ; lentos , tenaces , testa-
rudos, aptos para la agregación ; y los Cimbros , desde
el siglo VI antes de Cristo, ocupan mas de una mitad de
la Francia. Las naciones germánicas han mezclado de
tal modo la sangre gala con la suya , que el elemento
galo ha quedado reducido á un octavo , lo cual debería
hacer predominar el carácter cimbro en Francia.
Mo se tomen por lo serío ni las recríminaciones he-
chas por los extranjeros, ni menos las que á sí mismos
se hacen 1«» Franceses , por ser la justicia doméstica la
mas severa. El vituperio de ligereza se les dirige fre-
cuentemente por las naciones que mas tratan de imitar-
los ; el de negligencia por las que mas padecieron loa
efectos de su perseverancia. La denominación dé frivoli-
dad es la que generalmente se aplica al último grado
de refinamiento sensual é intelectual de todos los pue-
blos, cuyo centro llega á ser un dia toda gran capital; ^
la Historia ha dirigido alternativamente este vituperio ó
cumplimiento á los Atenienses, á los Romanos y hasta
á los Egipcios. £1 carácter de los pueblos depende en
primer lugar de sus instituciones políticas y religiosas,
y después de sus costumbres. Las razas no influyen sino
como memoria de costumbres y de leyes. Laa leyes ol-
vidadas , las costumbres alteradas ó corrompidas, hacen
cambiar la reputación hasta tal punto , que el nombre
de la misma nación , después de haber sido un título
glorioso , puede llegar á ser un insulto , con un siglo
de intervalo ó unas cuantas millas de distancia. '
Pues que no se niega en principio la educabilidad Lapi-
de las razas sino solo en el grado , el porvenir de ^^^'
la peor dispuesta , es aun consolador , porque los par- prece-
tidaríos de la desigual aptitud son los mas fervoro- de al
sos creyentes del progreso indefinido de la humanidad en- esta-
teía. Cierto es que se lisonjean de recoger los principales °o <al-
provechos de tal trabajo, por derecho de iniciación, ^^^'
siendo la raza adámica, como ellos dicen , la educadora
necesaria de Negros v Moros. Aceptamos el dogma de
la mutua enseñanza de la civilización, resultado perpe-
tuo de todas las indagaciones histórícas', pero separan-
dolo de las dos ideas accesorias que la Historia ha des-
mentido: l.^que la raza blanca no tuvo jamás necesidad
de educadores; 2.* que los educadores fueron sienqire
blancos.
La civilización de la Europa procede de varías fuen-
tes. Los Griegos debían mucho a los Tracios, Pelasgos y
Escitas que fueron blancos , pero aun mas á los Egip-
cios y Fenicios, representados muy morenos en los mo-
numentos egipcios. Loa Etrusoos, educadores de los Ro-
86 AGLAEAffiDNgfl AL
maMM, debienm mit prladfalfls frogreaot á eobmos
fenic&ps , que figaran traibien en los aepulcraa de Tar-
quinia kaalaate calcados de eolor. La civilización de La
aotiffua Ámérifta perteoeoe á una casta de ^ue son des-
G6«QÍientes los modeiBos Pielea-ivías. La China proviene
de una emig^cion india ; y si juzgamos de lo pasado
por lo presente, los maestoos eran mas morenos que sus
oisdpuios. En suma, por mas que se resienta nuestro
amor propio» y el que tañemos á nuestra epidermis, pa-
rece , según tMas las conjeturas , que esta misma raza
india ha si^o La instructora de nuestsos abuelos los
Sscitas. ¿Necesitaremos recordar que muchas de estas
hordas escitas del Asia Septentrional « viven aun en el
estado pastorü, como tantas tribus semíticas en los de-
siertos del Asia Meridional , y como algunos pueblos
fineses , aLetasgados ea el mismo centro de la Europa,
mientras predicadores de lanuda cabellera propagan el
Coran en el corazón del África?
Si todas las razas fueron ó pudieron ser alternativamente
maestras y discípulos, ninguna, cualquieraque fuere su
aptitud, reúne en sí soU todos los elementos de su educa-
ción. Todo preceptor que anteriormente haya sido ins-
truido, debe haber Logrwio la primera enseñanza por mi-
eiacion ó revelación. El hombre creado por Dios, salió
perfecto de manos delcríador, adulto de cuerpo y espíritu.
Sea por consiguiente, la que quiera, la momentánea de-
gradación de algunos horntures , la civilización es su
objeto ulterior y fue su molde originario. No es, pues, en
el estado «dv^je dondedebe buscarse el origen delaespe-
eie y bs fundamentos del contrato social. £1 homlxetuvo
siempre derechos y deberes á un tiempo. La degrada-
ción salvaje , que turt>a pero no extingue jamás comple-
tamente estas nociones, no es mas que la caida del hom-
bre hacia la naturaleza animal, en menoscatM de la na-
turaleza moral. Esta alianza con dos mundos, prueba el
conflicto en que la libertad se yió ; por medio de ellas
•e abrid á su actividad toda la tierra. Para que el indivi-
duo se acomodase á los diversos climas, era preciso que
el cuereo humano pudiem ser modificado profundamen-
te por los elementos que lo circundan, y estas modifica-
ciones son las que vamos á estudiar,
m. Unidad de la tipecia, wobada por lot caraeUres fuicat.
Volvamos á los pueblos de Europa que ya enumera-
mos respecto á la filiación. Las palabras de rubio , mo*
reno y castaño, son conocidas de los Europeos que tienen
en si mismos los tipos; por tocuai, sin definirlas, pode-
mos asignar el eotor moreno, á las naciones Meridiona-
les de las orillas del Mediterráneo , el castaño á las que
habitan la zona media de la Europa, y el rutno á las
que ocupan la parto Septentrional, exceptuando los La-
pones. Los tres cobres están difundidos mas irregular»
mente al Oriente de Europa , ocupado por razas eslavas
Í turcas. Los Cosacos del Mar Negro y bs Búlgaros de
ráela, son de piel y cat>ello8 mucho mas claros que las
naciones de los mismos paralelos en Grecia, Italia, Fran-
cia y España. Las naciones blancas se extienden por el
Asia , ocupando la parte Occidentel y teniendo por lí-
mites al Hodiodia el Cáucaso indio , las monteñaa del
Tibei, el Belucistan en Persia y el Yemen en la pemn-
sula Arábiga; a Levante el pais de los Calmucos, de
los Tongusos y de bs Yakutos; al Norte el de los Os-
I tiacos v el de los Samoyedos. El sudoeste del Asia está
ocupaoo por muchos pueblos de oobr, pero semejantes
en Uneamentos á las naciones de Europa como ios In-
dios, bs Belucios^ los Árabes y bs babitontos del Ye-
men. El Noroeste pertenece por el contrario á las na-
ciones chinas tongusas , á las cuales deben referirse los
Hunos do Atila. Los Tártaros morenos, descritos por Ta-
vemier, j los Calmucos, visitados ñor PaUas, reprodu-
cen este tipo, que se encuentra con alguna variedad entre
bs Yacutos, los Chinos, Cochinchinos, los Javaneses y
Birmanes , y al cual tembien pertenecen los Lapones de
Rusia y Suecia.
Las razas de la América del Norte y Méjico se pare^
cen un poco á los tipos indios : los Peruanos condnuan
esta raza en la América del Sur, que á excepción de este,
se encuentra ocupada principalmente por naciones mas
semeiantcs al tipo mogol por su cobr, sus facciones y
la oblicuidad de los ojos.
Los isteSos del Grande Océano se refleran á dos tipos:
UBM
Polinestos de facciones hidiaay mogolss,cebralHidi>y
cabellos lisos ó rizados: Melanestos con cabellos ereipos,
color muy moreno ó casi negio. Las naciones dd Ar-
chipiélago Indo-chino presentan «na variedad iacreible
de estos dos grandes unos. A las rasas oesaaico-mela-
nésias, se refieren Las de Madagascar, bsCafresylos
Hotentotes, morenos mas bien ^le nef^; bs de Mo-
lambique, bs SomawUes y Gallas de piel cobriía y et-
bellos ensortijados é lanudos. Los Hotentotes sedisüngaea
por b grueso de las caderas , pasticolaridad que se ob-
serva aun en las mujeres de los Mozambiques y IfiS
Somawlies. Los verdaderos Negros se encuentran no soto
en el corazón del África Occident^ , sino también en la
península de Malaca , en el Archipiélago de la Sonda,
en la Nueva Holanda y en la tierra de Van Diemen. Al
Sur del Senegal, los Yobf ofrecen una extraña meielt
de Cusciones indo-europeas, piel de ébano y cabeUeca
lanuda. A la extremidad opuesto bs Tibbus, Los Eske»
vas, los Twaríks, presentan en b Nubia las mismas
facciones y el mismo cobr, con cabellos casi lacios. Las
naciones al norte del África, amarillas ó rojizas, eo los
h'mites del Gran Desierto se aproximan, por gradaciones
imperceptibles, al cobr moreno y hasU al rubto de los
Europeos.
Para orieqterse en este caos, se ha hecho necesario
buscar algunos instrumentos de medida , alguuosmedios
de comparación, que en general se refieren al esqueleto y
á la piel. En el esqueleto , la cabeza ha sido b preferida
como asiento del sentido y del cerebro, que es su centro,
y como parte principal de U fisonomía individual y na-
cional, mediante los huesos de b cara.
Campar midió el cráneo por el ángulo que resulta del ¡
encuentro del perfil fronto-maxibr con ana linea faorí- ,
zontel tinMia ^r U 1x>ca, el conducto auditivo y la base
d^ hueso occipital. Algunos hechos de anatomía com-
parada , parece favorecieron este módulo ; pero so valor
apoyado en b anatomía comparada, implica b continua
cadena de ios seres , y una relación cualquiera entre la
inteligenciado bs animales, y b de b es]pecie humana;
mientras b función dd pensamiento manifeslada por la
pabbra , abre un abismo entre el hombre, negro ó blan-
co, y el naono mas perfecto. Como noedlda de hombre á
hombre el ángulo foeial ofrece mayor dificultad para de-
terminar b posición verdadera de sus dos Uneas , se^ua
que se trate de perfiles salientes, de frentes fugaces o de
muchas curvas, por lo cual el sistema de Camper ha sido
modificado por otros procedimientos , que pueden tener
un valor relativo para clasificar una colección. Pero el
estudio directo de las poblaciones comparadas entre sí,
de individuos comparadosen masas numerosas^ aun sien-
do de la misma nación y haste de b misma tribu, con-
cluye con todas las suposiciones y artificios de gabinete.
Blumenbachy Pritchard, oue también se liabian pro-
puesto otros medios de medida geométrica^ convienen
en que las desigualdades huesosas mas graves del crá-
neo y otras partes del esqueletode bs diversas razas, son
todavía mucno menores que las variaciones observadas eo
el esqueleto de animales domésticos de razas evidente-
mente idénticas.
Los rumiantes adquieren ó pierden los caemos y por
consiguiente el apéndice huesoso que ios sostiene: los
cerdos ó los perros ganan ó pierden un diente ó dedo:
el perro , compañero mas inme'liato y universal del
hombre, ha experimentedo modificaciones mas profun-
das y multiplicadas , que se han olMervado con exac-
titud, porque es animal que se reproduce aun antes de
haber cumplido el año. A juzgar las razas caninas so-
bmente por sus caracteres permanentes y diversos , sto
tener en cuente sus aseendtentes» los natumlistas esterian
verdaderamente obligados á admitir cincuento especies
primitivamente diversas.
El sistema huesoso de b cabeza con los órganos bbn- g,
dos que lo cubren , forma el coi^unto de bs fisonomías C
nacionales , que una cabeza pintada ó esculpida repro- ^
duce de un modo satisfactorio. Tales colecciones pueden
tener su mérito relativo, esto es, el de los museos. Pero
siempre es preciso pnx^er á b comparación con las
poblaciones de las cuales se ven muestras raras, únicas
y escogidas, tal vez por un sistema que podo haber
preferido b exoepcbíi á b regb. De aquí nace que caá
UNIDA» DK U ESPECIE HUMANA.
m
siempre estíbi en contradicción los viajeros con los doc-
tos de gabinete. Lacépede colocó á los Turcos en la fa-
milia de los Samoyedos; Cuvier creía á los Galos ver-
daderos negros; Uesmoulins pone á los Negros en el
Nepal; Prítcnard presentó á los Fellahs, muy semejantes
á los Abislnios, como imagen perfecta del antiguo pue-
blo hebreo; este escritor, Desmoolins y Wiseman, parece
qac no se han formado idea dará del tipo mogol y de
las naciones tártaras , pues que han confundido estas
naciones con aquel tipo. Una preocupación sistemática ex«
travió á otro naturalista, que también habia viajado, pero
que tratando nn poco tarde de etnografía , y siguiendo á
los historiadores de los Galos, quiso á toda costa re-
construir las razas gala y cimbra, y creyó distinguirlas
en las dos variedades siguientes : por una parte cabeza
larga, perfil prominente y nariz aguileña ; por la otra,
faz aplastada y corta, anchos pómulos , nariz recta y
acaballada pero poco prominente. Si Eduwards hubiera
observado atrás razas; si solo hubiese recordado las im-
presiones i)c su juventud entro los Americanos , Negros
y Europeos de las Antillas, habría reconocido que estos
pretendidos tipos cimbro y galo, lejos de ser una particu*
íarídad especial de dos ramas escitas, eran la variante per-
pettb, 'le todas las razas. Yo la he encontrado entre los Díe*
gros, entre las tribus nublas, entre los Indios, Musulmanes
y Malayos errantes, y entre los Abisinios, razas tan mez-
cladas como las de Francia é Italia. Burckardt, visitando
unas tribus árabes, aisladas desde siglos en sus desiertos,
nota C11 otro lug^ar: esta tribu tiene la cara ancha y los pó-
mulos gruesos ; esta otra tiene la faz estrecha y larga
con narices romanas. Iguales exclamaciones hacen los
navegantes en las islas Marquesas , en Taiti , en la
Nueva Zelanda v los viajeros las repiten en toda la
América. Hasta las razas, á quienes las ideas religiosas
bao conservado puras de contacto, como los Plarsos , los
Indios y Samari taños, ofrecen las mismas variedades.
Entre los Judíos que mejor conocemos, el galo domina,
pero tampoco falta el cimbro. .
El'examinar , pues, únicamente los huesos de la cara ó
<Ie otra parte del cuerpo, no dará mas que incertidumbre y
error ; se encontrarán fácilmente ttpos de todas las na-
cionalidades en la población de una ciudad, y aun de
una aldea, y los miembros descoloridos engañarán siem-
pre á los naturalistas de sistema geométrico. La Francia
abunda de Negros blancos y de Calmucos rubios. Pero el
vulgo no se engaña, porque á las indicaciones del esque-
leto, añade las de la piel y cabellera. Necesario es, pues,
imitar este buen sentido práctico , y jamás aislar una
raza de las particularidades que manifiesta al exterior.
Antes de entrar en el estudio de la piel , digamos algo
sobre la belleza física, que pone á contribución casi igual
las formas y el colorido , e^ es, las carnes y la parte
huesosa de la cara.
Nacemos con nociones de belleza que prueban que
kSt- ^ta existe absolutamente ; pero la experiencia nos induce
B, á confesar , que en esta noción iuegan gran papel lo re-
¡r^ lativo y lo convencional. £1 salvaje no sale de su tríbu
S^' para buscar e! modelo de sus fetiches. £1 Indio carga con
Qo, sus propiasarmasá sos diosesterribles, y da los atractivos
«n- de su esposa alas diosas mas benignas. Entrambos han
*' tratado con mas fuerte razón de impríaiir en estos fetiches
ó dioses fíetieios , la imagen de la nación á quien debían
proteger. £1 artista de pueblos mas' adelantados conti-
nua este sistema ; pero habiéndole hecho la civiliza-
ción mas sóbrío en cuanto á los accesorios , la imagina-
ción, que siempre quiere ocupar un lugar , se dedica á
modificar y ennoblecer el tipo nacional, primero y obli-
gado tema de su trabajo. La Grecia, á pesar de su cielo
y sos escuelas, ya no crea frentes salientes ni h'neas de
ireate ó nariz rigorosamente verticales; pero los artistas
que veian de frente una hermosa cabeza pintada ó viva,
admiraban la gravedad que le daba la perspectiva aérea,
cuando la frente y la nariz estaban en el mismo plano.
l>eaqaí la dignidad y magestad que adquirían la cabeza
viva ó su copia, cuando se inclinaban hacia adelante,
moviéndose sobre el eje de los conduetoft auditivos. Ya
no quedaba mas que realizar las dos ilusiones, fijando en
el Derfll la línea vertieal y aun la prominencia , como se
habían visto de frente.
Los monumentos egipcios ledi^eron casi todas las
invenciones griegas á una imitación inteligente, pues
que muchos Griegtis visitaban el Egipto, aun desde el
reinado de Psammético. Las esfinges de a<}uelgran tiem-
po y aun de muchos reinados anteriores, idealizaban ya
un tipo nacional, y los Griegos imitaron las obras artísti-
cas, acomodándolas un poco á su raza.
Los Americanos, pueblo á quien sus monumentos ha-
cen pariente del Egipto y de la India , pero que per-
dió desde muy antiguo la memoria de sus abuelos,
buscaron la manifestación del genio heroico y divino en
una combinación contraria al ideal griego. Inclinalwn
en demasía la frente de sus estatuas, diseulnándose
luego dt la mentira del arte , con efectuar en las cas-
tas nobles esta conformación monstruosa ; y aunque los
frenólogos lo crean imposible, es lo cierto qne los gafes
peruanos llevaron en este encéfalo dislocado la energía
del capitán, la habilidad del pontífice, las combinaciones
del estratégico y del hombre de estado.
En los dos extremos del mundo , ¡o no vulgar era
siempre buscado como signo de nobleza; pero el arte
americano no habia podido escoger mas que la exage-
ración de im lineamento nacional , no conociendo otro.
Asi, pues, si las estatuas griegas encubren un tipo na-
cional , este tipo está sujeto al doble ecleetismo , á la
doble mentira de una belleza individual, elegida por el
artista y ennoblecida por su gusto, el cual pudo haberse
formado por el arte egipcio y asirio, á consecuencia de
la comunicación y contacto con los Árlanos y con los
Hebreos. Los individuos privilegiados , dotados de her-
mosura , accidente raro en todas Us razas , se acercan
un tanto al ideal griego en las razas semitas é indias,
como los Europeos modernos. En todas estas naciones,
asi como • entre los antiguos Griegos , la mayor parte
recuerda los lineamentos ordinarios de la Europa , eon
la perpetua variante gala y cimbra; y si es lícito aventu-
rar una conjetura respecto á la ascendencia de estos dos
tipos , puede decirse que la cara corta y redonda, de
pei^ poco prenunciado, con el ojo saliente y cejas ar-
queadas , fue tal vez el atributo primitivo de la mij^er,
asi como el otro el de su hermano y esposo; rostro es*
trecho, perfil saliente, ojo hundido, líneas grandes,
siempre un tanto rígidas.
En casi todas las razas veremos que el ennobledmiento
moral va acercando las facciones al ideal griego,^ lo cual
da á entender al primer golpe de vista que las castas ele-
vadas, en las cuales la educación ejerce su infiij[jo por eSi-
pacio 4c muchas generaciones seguidas, pueden diferir
en algunas gradaciones de las populares, sin ser por eso
de i*aza ó nación diferente. El tiempo de la educación de
un individuo , basta para cambiar la forma de sus ma-
nos , si con ellas trabaja; y se comprende que al cabo de
mucho tiempo , las manos y pies de las castas que los
ejerciten pdco, se diferencien bastante de los del pueblo.
Por el contrario, la íamilia real ó la casta superior puede
ser tenida por extranjera , si su color ofrece un tinte ab-
solutamente mas cargado que el del pueblo , como en
Haway , donde la nobleza tiene la piel negra y los ca-
bellos crespos , y como en Egipto después de expulsados
los reyes pastores , porque las razas regias conquistado-
ras provenían de la Nubia.
Sean cualesquiera los lineamentos y el color de una
nacioii* es compatible cierta combinación , no solo con •
las ideas nacionales, sino también con las ideas univer-
sales de belleza. Un bello color en la escala cromática
de todos los países , es un adorno de primer orden. El
color de la piel es, pues, lo que las razas ofrecen de mas
notable , y ya veremos que este carácter, aunque su-
perficial, es permanente.
Las investigaciones modernas del señor Fleurens han
demostrado la importancia de la piel como medio de Ds l*
distinción entre las razas. Este anatomista encontró una ^"**
membrana y un pigmento especial en los individuos de
las razas negras y morenas , lo cual coloca ya al negro
al nivel del Peruano, del Chino y del Indio ; pero el
blanco, privilegiado por la alianza de órganos especiales,
¿cómo se ennegrece ai sol ó por la larga permanencia en
climas cálidris? Otros observadores, no queriendo imitar
la reserva del señor Fleurens, supusieron cierta secre-
ción que {NToduce un completo pigmento semejante al
de las rasas morenas. Entre los blancos, esla menpbrapa '
88
ACLA1IAGI01II8 AL UBRO TBHOBBO.
•É encontró en loe aecMentee de la pid llamados pe-
eaa, antojos, efélides. Por otra parte el pig-mento puede
faltar , puede desaparecer en personas de casta morena
que entonces presentan el fenómeno llamado albinismo;
y este y su opuesto el melanismo, son accidentes diarios
entre las razas de animales domésticos.
Las pieles blancas de las razas de Europa , presentan
ma» fácilmente, como espeios límpidos , las alteraciones
impresas por la luz y el calor; y las variedades de color
one hemos dividido en tres zonas: el moreno en el Me-
oiodia f el castaño en la Europa templada y el rubio en
la fria, corresponden singularmente á las tres invasiones
eseito-celta á Mediodía, germánica en el centro y esla-
va al Norte y ai Este. Las variedades de color siguen
exactamente las zonas isotermas que, según Humboldt,
crecen oblicuamente desde el Norte de la Europa , al
Mediodía de Asia. Esta es ya una aplicación en grande
del fenómeno vulgar, v que sin razón se cree supcrfl-
eial y pasajero , y es el del ennegrecimiento.
£1 Clima modifica pronta y superficialmente al indi-
Meli-
albi-
pismo:
pelos
cabe-
llos va-
riados:
exeres-
eenclis
cer-
neas
adipo-
sas.
viduo, lenta y profundamente á la raza. Los fenómenos
del ennegreeioiiento no ae limitan á los blancos. La raza
eteito«áral>e tiene solo la mitad de sus representantes en
Europa y en el Asia Central : el resto desciende hacia
el Océano Indico , haciendo notar por oscuros colores
ereeientes los ardores graduales del clima. Los indios
del Hinuüaya son casi rubios;los del Decan, Coroman del
Malabar y Ceilan, son roas morenos que muchas tribus
negras. Los Árabes , de color aceitunado y casi rubios
en Armenia y Siria , son oscuros en el Yemen y en el
país de Máscate; los Egipcios presentan una escala as-
cendente del blanco al negro , partiendo de las boeas
del Nib hasta remontarse á sus fuentes. La familia ame-
ricana , morena en todas partes, aun en las extremida-
des glaciales, ofrece , sin embargo, á su modo , la va-
riadísima y profunda influencia délos climas de sus dos
penínsulas. Las mujeres sedentarias , entre algunas tri-
bus, toman el color bUnauizco de la msMa del pan. Los
monumentos antiguos del Egipto demuestran esta gra-
dación de sexos, aun mas, por la diferencia de costum-
bre» y comodidades. La civilización de muchas na-
ciones mogoles ha emblanquecido la piel de los dos
sexos, y especialmente de aquel que siempre está á la
nmbFa. l¿s muñecos chinos representan á las mujeres
de un color pálido, y se dice que esta representación es
fiel. La descoloracion es uno de los m^ios principales
oon que la civilización elabora la belleza femenil.
La descoloracion general puede aparecer de repente.
En las razas morenas y negras nace á menudo un indi-
viduo, que crece , vive y muere con un color blanco
apagado , aunque en el resto, semejante á sus padres,
ojos celestes claros , algunos bermejos , y cabellos ceni-
cientos ó grises. El albino nace aun entre las razas eu-
ropeas, y es muy común entre los animales domésticos.
Entre estos es también común el melanismo ó ennegre-
cimiento de la piel y sus dependencias. Entre los hom-
bres el melanismo rápido , esto es, visible durante la
vida de un individuo, está limitado á algunas partes co-
mo el pezón de la emliarazada , y las pecas o antojos.
Los pelos y el cabello , dependencia de la piel , ofre-
cen grandísima variedad en las estirpes humanas; y las
razas de animales sometidas á nuestra diaria dbserva-
cion, aun presentan mayores variaciones por sus cruza-
mientos y expatriaciones. Los cameros tienen pelo en
los paisas cálidos , y lana en los fríos ó templados : casi
lo mismo sucede oon los perros, que naciendo desnudos
bajo el Trópico, son velludísimos hacia las zonas gla-
ciales, ostentando algunas veces una verdadera Urna.
La estructura íntima de los cabellos lisos de las razas
blanca y morena, es , según ha demostrado el microsco-
pio, perfectamente igual á la lana de los Nebros, mien-
tras lana y pieles presentan una gran variedad entre
idénticas razas de cameros. Si el melanismo y el albi-
nismo dividen razas de animales de origen positiva-
mente idéntico; si los pelos lacios y la lana son produc-
tos déla piel entre animales absolutamente iguales ; si
alguna vez la piel del mismo animal está compartida
entre lana y pelo , entre el albinismo y el melanismo,
¿será lógico tanto sutilizar sobra las gradaciones de eolor
cok|Mbimanft,yfolftiieeiMlemli0MÓei^^
Como se encuentran familias de seis dedos, en las que
se hereda el dedo sobrante , asi hubo otra , cuya pá
ofrecía pezones cómeos , por lo que sus individuos eran
llamados puerco-espines. En el Cabo ha habido muchos
niños con la misma particularidad ; y si se hubiesen ca-
sado según las leyes de los primitivos tiempos, her-
manos con hermanas , los naturalistas contarían una es-
pecie nueva, no bien se hubiera olvidado que el padre,
era un híbrida de U ordinaria.
El tumor adiposo de las Hotentotes, Uzuanas^ Cafres,
y Sojnawlies, no es mas que la hipertrofia de la capa
de grasa que existe en las caderas de las mujeres do
todos los países. La joroba de los bueyes zebús , de los
camellos^ dromedarios^ y la cola gruesa de muchas ra-
zas de cameros, ofrecen aun mayores variedades, que
habiéndose realizado en brevísimo tiempo en idénticas
especies, positivamente manifiestan la influencia del cli-
ma y del alimento. ^j
En cuanto á cabellos rojos , no quiero indicar con este qq,
nombre el rojo amarillo, poco velloso con los ojos azules,
€d cual no es mas que una gradación del mbio. £1 tipo á
que me refiero es velludísimo, reluciente, con ojos casta-
lios y piel pálida, picada de rojo; variedad que aparece,
no solo en todas lias razas blancas, sino en todas las osea-
ras y hasta en las negras. Acompaña «iempre á los ca-
bellos rojos una piel pálida; y asi las analogías fisioló-
gicas nos muestran en el rojo un albino robusto y en
el albino un rojo débil; y todos en diversos grados rea-
lizan estas crisis, esta manifestación do un tipo primiti-
vo que Desmoulins presentaba con razón como síntoma
ó resto de unidad. Pudiendo reproducir el rojo todos los
tipos caucásicos y semíticos , y pudiendo todos estos
llegar á ser rojos, él es el término medio, el padre co-
mún, el tipo primitivo de esas razas. Hav mas ; el rojo
forma la tranncion mas natural y suave hacia las razas
morenas; el iris es castaño; los cabelios rojos muy carga-
dos; y las manchas rojizas forman, confundiéndose, una
piel aceitunada, de color de café erado v aun tostado. La
piel del rojo descolorida y limpia de la mayor parte de
las efélides, ofrece el color pálido , ya advertido entre
la mayor parle de las razas mestizas y entre muchas de
las morenas , cuando se descoloran. La descoloracion y
el cruzamiento se cuentan entre las pruebas á propósito
para encontrajr un tipo antiguo, alterado por el tiempo
ó por la interposición de otras razas; pruebas frecuen-
tes, crisis mas fáciles entre los l>lancos, pero posibles
aun entre los morenos, y comprobadas eu todos por los
Albinos y los Rojos. I
Una movilidad virtual, expresada por hechos raros y k
de difícil interpretación , ha lavorocido la apatía de al- M
gunos doctos que no querían remontarse á )¿s primeras J
causas, obstinándose en iuzgar de lo pasado por lo pre- \
senté. Asi Desmoulins y los suyos sostuvieron la inmo-
vilidad de los tipos humanos y la permanencia de las
razas. La cuestión seria ardua de rñolver netrativatncB- j
te, reducida i los angostos limites ea aue se la encerra-
ba, á saber: 1.^ no verse ennegrecer á los blancos en los
países cálidos, ni blanouear álos negros en los fríos; 2.° |
UM tipos ^ ahora visibles, yaexiaüan en los primeros
tiempos históricos.
Es indudable que los monumentos egipcios contem-
poráneos del Éxodo, ofrecen ya la mayor parte de los
tipos humanos de hoy; pero también con razón mas
fuerte determinan el tipo egipciode entonces. Upo que la
actual población de las orillas del Nilo reprciduce sobre
poco mas ó menos; pero esta población, por el contrario,
natiria debido variar, pues que fue totaunenle renovada
por los conquistadores Pastores , Etiopes , Griegos , Ro-
manos , Árabes y Tureos , que aparentemente sufrieron
las influencias loeales del clima. ¿Qué ha sido en Asia
de los Golees, colonia egipcia, y délos Afáneos negroS)
puesto avanzado de los Etiopes orientales? Desapariscie-
ron ó se emblanquecieron. La historia romana alaba
las cabelleras ffalas, de que se adornaban las matronas
romanas con uaoer; y en la Francia Meridional, donde
los Celtas se aan conservado sin mécela , el color es
moreno ; los Cimbros de U Arméri<» tienen cabellos ne-
gros , aunaue conservan lee ojos aznles; y los Alemanes
advierten la gradual desaparición del color rubio claro
qiie«lo8eeociieaftm«lioi»efttierit oteandinav».
tsmúkh »E LA MPBGII HUMAHÁ.
Qué tlMipo Mi DMesarfo ptra desarrolkrw y mmo-
fidane U míbeiieift loeal, no lo nbemos posithranMiite;
pero parece que el ttempo es un elemento ¡nsi§pnifteante,
mndo te pregunta ai los eolonos de Europa se han en-
negrecido bajo los trópicos, ó si los negros se han vuelto
blancos en los países templados. ¿Existe acaso alguna
serie de observaciones aplicadas á familias expatriadas
dude largos siglos? No; los negros murieron sin posteri-
dad en su mayor parte; los blancos se mezclaron en con-
linuos matrimonios con los nuevos colonos. Además,
entre alganos criollos , aislados por varias generaciones,
el clima ha escrito legiblementa las alteraciones de que
no te quiere hacer caso; el color se ha vuelto aceituna-
do, y las mujeres, blancas bak> los velos , tienen nn cutis
bajo V pálido. Afírmase que los colonos blancos no va-
rían bajo los trópicos y los viajeros encuentran Portu-
gueses negros en la India , Jndios negros en la Cochin-
cbina , morenos en Abisinia y China , y de un rubio ^e
ruó en Rusia.
El aigumento sacado del deslinde de las razas ó es-
pecies naturales , no daría gran valor á la antigüedad
mbalosa, atribuida i los monumentos egipcios. Millares
de anos hablan precedido á estos monumentos, que al fin
no se remontalMii) al diluvio, ni á la creación, ni tampo-
co al principio de la civilización egipcia ; pero este pe-
rúdo reducido, según la crítica moderna, basta todavía
para que en él se hayan verificado muchos y profundos
cambios.
¿üuién puede, por otm parte, afirmar que los climas ño
hayan tenido mayor fuerza que la de hoy, y que no fuese
la numanidad mas capaz de impresiones? Seria preciso
para esto conocer exactamente la fisiologria del hombre
y de los meteoros , antes de los crepúsculos de la histo-
ria. jQné sabemos de los influjos terrestres, poderosos en
aquella antigüedad? Un átomo de carbono de mas en el
terreno , daba ut) desarrollo gigantesco á los reptiles y á
los heléchos. Cualquiera otra combinación, ¿no pudo ha-
ber carbonizado la piel de la mayor parte de los hombres,
asi como Ovidio hace chamuscar la piel de los negros por
d trastorno sideral de Faetonté? Grandes son las varia-
ciones, aun después de los tiempos históricos; pero el mis-
mo observador puede vivir lo bastante para notar las de
las razas domésticas por razón del clima, por loVual acep-
ta este hecho como cierto; mientras la modificación de las
razas humanas, aunque rápida, se verifica en el trans-
curso de muchos siglos, y el observador aislado nie^ un
movimiento del cual solo descubre una pequeñísima
parte; semejante al niño, que puesto por un momento de-
lante de un reloj, duda que las agujas se muevan.
El hombre expatriado sufre crisis que se extienden á
muchas generaciones, pero que terminan por cambiar
profundamente los órganos y acomodarlos a sus nuevas
condiciones de existencia. En los países tropicales el rubio
le hace bilioso, y el moreno se ennegrece. La primera ge-
neración muere de trabajo, y solo en las siguientes gene-
raciones la vida es duradera. En estos movimientos las
apariencias externas confirman la importancia que les he-
mos dado, mosftrándose mas tenaces oue los órganos inter-
aos. Algunos negros, á la segunda o tercera generación
se acostumbran á los climas templados de la América Sep-
tentrional ó de Inglaterra y enferman, como los blan-
cos, coando se les traslada al Áfirica, de donde proceden,
la acnmatacion de los animales domésticos, como la de
la pintada en Europa y la del ánade en la América Me-
ridional , ofrece las mismas fases , las cuales ya se ha-
bían observado en el buey, el caballo, el asno, el perro,
el gato, el cerdo, 'el camero y la cabra, al cambiar de
país. En la América Austral , la mayor parte de estas
especies , auxiliadas por una naturaleza robusta y fér-
Gl, pasaron al estado salvaje y sufrieron transfbrmaeiones
de costumbres, formas y color. Este tránsito de uno á
otro tipo, del salvaje al cultivado, se reconoció aun en
las especies vejetales. Cuvier, á pesar de hacer inmen-
sas concesiones, creia que los cambios nunca llegaban
^ esqueleto; pero olvidaba los dientes y los dedos sn-
pemamerarios del perro; y sobre todo el domestica-
miento del hombte, mas largo que el de cualquiera otro
^mal, y continuamente oscilando entre los dos extre-
mos de civífizacioB y estado salvaje, debe haber modi-
ficado aon mas pt^Undamente al ikombre que á los de-
más animales domésticos. El esqueleto nopoede eximfave
de esta modificación mas que los otros órganos superfi-
ciales, porque la industria capaz de modificarla acción de
los medios, puede con mayor razón cambiar las costum-
bres, las ideas y los sentimientos , funciones one hacen
variar por grados la caja huesosa del cráneo y las faccio-
nes del rostro. Esta influencia de los sentimientos sobre la
fisonomía se manifiesta por la amplitud que toma la boca
en las naciones decaídas y poco civilizadas , sea cual-
quiera la raza á que pertenezcan. Por el contrario, loa
labios se adelgazan , tanto en China como en Europa,
sometidos á los hábitos de delicadeza y de circunspección.
No podemos entrar á particularizar todos los agentes
físicos comprendidos en la expresión tan compleja de
clima ; pero conviene añadir á lo que hemos dicho que
la elevación sobre el nivel del mar produce, en los mis-
mos paralelos, lo que la latitud produciría en el llano
por las líneas isotérmicas. Además, en los paises eleva-
dos por una osamenta montuosa , como el Asia Central
y Meridional, la humedad y la sequedad tienen una
infioencia mas directa que la temperatura sobre el colo-
ramiento de la piel. £1 aire seco ennegrece ; el húmedo
decolora. Los habitantes de los Andes Peruanos tienen
un pecho inmenso: este plano es uno de ios mas eleva-
dos en que el hombre ha establecido su residencia, y ha-
llándose á cinco mil metro» sobre el mar, se requiere un
pulmón mas vasto para respirar un aire tan enrarecido.
Es bastante sabido que dos razas puestas en contado
por una conquista, por el comercio, por el trato, se mei>
clan con el matrimonio y producen una generación mes-
tiza, que es fecunda. La ^union de dos razas poco diferen-
tes, produce variaciones poco notables: pero en la unión
de los dos extremos blanco y negro, los productos inter-
medios han sido clasificados precisamente por el interés
de clase. Los mestizos de Asia y de África son menos co-
nocidos que los de América, lo que retardará la his-
toria etnográfica del Archipiélago Indo-chino y de la
Gran Tartaria. La historia del Egipto antiguo y mo-
derno depende de la resolución de este cuestión. Las ra-
zas de las riberas del Nilo, desde sus foentes hasta la
embocadura, parecen resultedo del continuo cruzamien-
to de los negros afíricanos , con los morenos procedentes
de Asia; bien fuesen Árabes que pasaron el mar Rojo ó
Indios que mas antiguamente colonizaron la Abisinia.
Blnmenbacb, examinando los cráneos de las momias, los
había clasificado con los tipos indio, negro j rubio. Cu-
vier, menos afortunado, los clasifica entre la raza cau-
cásica, aunque sin aceptarla opinión ya general de que
esta es tembien la India. El hecho es que, mirando solo
el cráneo , los negros Achantis y Yolof parecen caucá-
sicos tanto como los Egipcios y los Escltes.
Viendo que los sostenedores de la multiplicidad de
las especies se sirven de la mixtión para interpreter las
gradaciones geográficas desde una raza ó especie á la
otra , algunos uniterios , poco viajeros ó poco fisiólogos,
cerrraron tímidamente los ojos sobre este ley del todo
positiva ; y casi negando los efectos de la mixtión en
una grande escala , recurrieron á una ley mística de
transición ó- armonización ; por la cual , dos razas dife-
rentes están siempre en conexión por medio de una ter-
cera , que presente caracteres medios. Este ley de ar-
monización ó de transición , no puede acepterse sino
como una fórmula distinta de la influencia de los cli-
mas, ó como una negación .opueste al abuso que per-
sonas poco instruidas hicieron del cruzamiento para
admitir hechos inventedos. Tales serian los dos siguien-
tes : los Turcos , que se supone gratuitemente haber
sido morenos y aun mogoles en su aspecto , se emblan-
quecieron y hermosearon por la mezcla con las hermo-
sas esclavas georgianas y circasianas. Chardin pone en
juego una preocupación semejante con relación á los
serrallos de Persia. Pero si las hermosas esclavas ex-
tranjeras son caras y están reservadas para los grandes
señores , j cómo podía esta mezcla hermosear é los indi-
viduos del pueblo?
Desde que el método científico cesó de mutilar las
cuestiones en su parte antigua y trascendentel , se este-
bleció de nuevo el problema de la prioridad de las ra-
zas , consecuencia ae la unidad ó multiplicidad de las
especies. Algunos de nuestros uoitaríos mas oontei^i^-
60
ACLARACIONES AL UBRO PRIMERO.
Z06 limitan sus exigencias á las dos especies primitívas,
blanca y negra , cuyo cruzamiento suponen que ha pro*
ducido todas las variedades hoy conocidas. Pritchard
admitía el negro como la forma primitiva de la huma-
nidad» que asi habia comenzado por la vida salvaje,
de que el negro lleva la expresión mas determinada.
Pero el negro , tipo primitivo , reaparece también da
vez en cuando en las crisis experimentadas por las oirás
razas , separadas de este tipo. El albino es el único ac-
cidente , la única retrocesión frecuente en todas las ra-
zas blancas , morenas y aun negras. £1 tipo rojo es un
accidente mas raro en estas , pero se encuentra tam-
bién en las morenas y es bastante frecuente en las blan-
casy en las cuales por el contrario el melanismo no es
sino parcial , indeciso y raro.
£1 verdadero término medio, pues, de todas las razas,
el albino robusto , esto es, el rojo, es el único que reúne
todas las condiciones fisiológicas para el origen de la fa-
DcOdí- núlia humana y para sus cambios sucesivos.
Los geómetras que exponen una ciencia completa,
comienzan por las definiciones. La etnografía, ciencia
del todo moderna, debía haber recogido todos los hechos
de su atribución, y discutido su enlace, su gerarqma, sus
consecuencias, para constituir el idipma, epilogo de
esos hechos y de su lónca. Si nosotros recorremos todo
el camino propuesto, le daremos cima y cabo formu-
lando sus principales términos , especialmente aquellos
que* no hayamos fijado con bastante exactitud. De-
jemos, pues, el cruzamiento, la transición, el clima^
para hablar del tipo, de la raza, ie la g^^eracian , de la
upeeie.
Tipo es lo que pertenece en (omun á una raza , á una
nacioD, á una familia, auna especie. Es la fuerza virtual
por la que los caracteres externos é internos se mantienen
al través de las generacionet. Estas son, pues , una larga
duración del tipo invariable, ó mejor dicho invariado, en
espacios y tiempos dados, pero que se diferencia de sí
mismo cuando estos espacios ó tiempos se hacen mucho
mas largos. Las generaciones triplican con frecuencia
su influencia particular, refundiendo las del clima, del
tipo y del cruzamiento. Una larga serie de generaciones
con muchos y homogéneos productos , con caracteres
propios y hereditarios , constituye una raza.
La confusión de razas y especies es una de las gran-
des dificultades de la ciencia etnográfica , producida por
la incertidumbre de las clasificaciones zoológicas. Es
muy singular, que precisamente los anatómicos embebi-
dos en las ideas de Anaxágoras y de Geoflroy Saint-
ifilaire , hayan sido los defensores mas pertinaces de la
multiplicidad de las especies humanas. Ellos, que no po-
dían definir con precisión la palabra especie; ellos, para
auienes en un tiempo dado ja especie fue simple varic-
oad del género , y aun el género simple variedad de la
clase, atendido que las clases se mudaban las unas en
las otras, ¿cómo negarán que la especie humana no fuese
única , a lo menos el día en que la mona mas perfecta se
transformó en el mas grosero negro? No sometieron su
opinión á esta prueba lógica.
Se^un nuestro modo de ver, la especie proviene de una
creación primitiva é invariable. La especie humana es
única , porque todas sus variedades ó razas se asemejan
mas que las variedades de animales domésticos , y por
que de la unión de las razas ó variedades humanas na-
cen individuos fecundos. Nuestra definición es la de De-
candoUe, BuíTon, Cuvier ; y se separa de la de los parti-
darios de la cadena de los seres.
Esta expresión figurada , por mucho tiempo repetida,
ha heho creer últimamente en la serie de meta.*nórfosis
de un ser primitivo , único. Ahora que el reinado de la
imaginación parece haber vuelto a comenzar también
para las ciencias físicas , dejamos á los zootomistas dis-
cutir esta idea;. pero la rechazamos enérgicamente,
máxime donde presenta el error mas fuerte y grosero,
es decir, en cuanto á la pretendida transición insensible
desde el bruto hasta el ser pensador. Admitimos la influen-
cia de los medios, pero dentro de límites capaces de pro-
ducir á lo mas variedades. Las especies , y con mas razón
los faeneros , estaban confiados primitivamente á estos
medios en que deberían vivir , y perpetuarse en circuns-
tandaa sansiblement» semejantes después de qna creación
primera. £1 que no se remonta deliberadamente á una
cosmogonia, y aun mas el que admite en todo ó en parte
la idea de la transformación de los seres unos en otros,
carece de una base fija para definir la especie y para
establecer una clasificación.
Reducida toda la humanidad á una especie única, hay
que distribuir sus variedades. La clasificación absoluta
de las razas debe establecerse sobre la opinión admitida
respecto de su filiación , sobre la creencia respecto de su
origen. Al contrario, la distribución de las razas en un
cuadro, en que se consideren especialmente sus diferen-
cias actuales, puede ser indiferente á su historia pasada.
Esta situación provisional debia [parecer cónuxla á mu-
chos naturalistas, acostumbrados á referirse mejor á sus
sensaciones, que á las inducciones ^ deducciones. Los
pocos entendimientos atrevidos y lógicos aue trataron de
completar el trabajo, dirigiéndola vista á tos tiempos pa-
saáos, lo lian« marcado con el sello de la preocupaciotí
con que lo comenzaron , esto es , que el estado presente
ha sido perpetuo. En dos motivos especiales apoyan este
error : primero el cruzamiento desfiguró de tal manera
los tipos primitivos, que hay que desesperar de reconsti-
tuirlos, y contentarse con ooservar los productos secun-
darios; segundo, el cruzamiento tiene por efecto el hacer
reaparecer tipos que pudieron estar ocultos ó alterados,
jiero no crea ninguno nuevo , y en su consecuencia , el
mundo primitivo está representado por el actual.
Aceptárnosla conclusión después de haber atemperado
una con otra estas dos opiniones. Conviene observar y
clasificar la familia humana ^ sus presentes variedades;
mas atendido que estas se derivan de una e^ecie única,
de una sola familia, aun cuando hoy son casi innumera-
bles, constituyeron en tiempos remotos tipos que pueden
contarse, y que entran los unos en los otros, y se dismi-
nuyen gradualmente en número, á medida que el obser-
vador se remonta á los antiguos tiempos.
Una clasificación completa, como nosotros la entende-
mos , del)c , pues, proceder por cronología y por geo-
grafía; en tal tiempo habia tales razas, de tal aspecto,
y ocupaban tales sitios en el globo terrestre.
EnsEBio DE Salles.
ÍE) pág. 21.
Filologia comparada.
De las conferencias de Wiseman he tomado este le-
trado brevísimo en la parte que concierne á la historia
de la lingüística , en el cual se hallarán los argumentos
filológicos que prueban k unMad de la especie humana.
Recomiendo, sin embargo, al lector que acuda á la
misma obra.
La etnografía es deudora á Leibnitz de aquellos prin-
cipiospor los cuales mereció ser clasificada entre las'cien-
cias. £n vez delimitar el estudio de estas al vano objeto á
que se dirigían los trabajos de los filósofos anteriores á él,
Leibnitz vió la importancia de la etnografía para los
adelantos de la Historia , para trazar las emigraciones de
los antiguos pueblos , y penetrar bastante entre la niebla
de sus primeros , y en gran parte no auténticos recuer-
dos. Esta mayor amplitud de miras debió producir una
variación en el método. Leibnitz , aunque ae cuando en
cuando se deleita , como por pasatiempo, en etimologías
de leve importancia , comprendió bien que para aumen-
tar la utilicfad que deseaba dar á esta ciencia , se requería
establecer una comparación entre los países mas separa-
dos en cuanto á su posición geográfica ; y lamentando
que los viajeros no hubiesen sido bastante diligentes para
liacer ensayos respecto de las lenguas , su sagacidad lo
condujo á sugerir la idea de que se hicieran estos con
arreglo á un catálogo uniforme de los objetos mas sen-
cillos y elementales. Estimuló á que sé recogiesen voces
en tablas comparativas, á investigar el idioma geor-
giano , á comparar el armenio con el coflo y el albanés.
con el alemán y con el latin; y la atención que emplea
en estas indagaciones, y la singular agudeza de su inge-
nio, le hicieron llegar a conjeturas cuya certeza ha sido
averiguada por las investigaciones modernas. Porejem.
pío, sospechó que habla cierta afinidad de vocablos
filología
entre el viicftirioy-el cofto, ien^ruasde España y de
Egipto, y la verdad de esta ooajetura ha sido nohacerou-
rho demostrada matomáticaoienie por el doctor Young.
El antiguo método de discurrir debía ya abandonar-
se ; pero no se pensaba en reemplazarlo • con ningún
principio ^neral. No se podia admitir mas que un mé-
todo antlítieo, merced al cual menudamente fuesen
examinados y comparados entre sí cada uno de los ele-
inentos y voces de las lenguas , y no se aceptase afini-
dad ninguna entre dos de ellas que no estuviese probada
por un rígorosisimo experimento. Pbr esto parecía quo,
cnanto mas progresábala indagación , mas peligro había
de que invadiese el terreno vedado de la historia ins*
pirada.
Y verdaderamente es fácil observar este temor en Lo-
renzo Hervás y Panduro, cuya idea delunivtno ofreció al
publicG nuevos y prodosos datos sobre los ya recogidos.
Tenia la ventiga de pertenecer á los jesuítas , por lo cual
no solamente de viva voz tuvo noticias respecto de idio-
mas poco conocidos , sino que pudo también propor-
cionarse vocabularios y escritos que casi no se habían
visto jamás en Europa. Con estos materiales á mano,
publicó por medio de la imprenta , y un año tras otro en
besena, susmuchoatomos en cuarto sobre las lenguas (1).
£1 mérito de Hervás consiste en su celo infatigable y
t'n su diligencia para reunir materiales , si bien se nota
"D sus o^ivaeiones cierta confusión y falta de sano
jmdo.Y debían esperarse deslices en hombre que vaga-
ba por un campo tan vasto, teniendo que abrirse cami-
no con sus propias fuerzas. Esto no obstante , fue para
alesorar materiales tan industrioso, que á pesar de la
'tutela con que deben admitirse sus resultados , el etnó-
^ose ve aun hoy dia obligado á recurrir á sus páginas,
para adquirir en' ellas noticias que las indagaciones
posteriores no han bastado para proporcionar ó para
aumentar. Por lo demás, á cada paso se encuentra te-
meroso de que el estudio á que se entrega pueda torcerje
^n daño de la revelación.
Entre los naéritos de Catalina Jl de Rusia respecto
(le la literatura , no es el menor el de haber proyec-
tado, emprendido y. después dirigido' una grande obra
•x)mparartiva sobre las lenguas. Formó una lisia de cien
palabras rusas , é hizo que fuesen traducidas en cuan-
tas lenguas fuera posible. Por este medio descubrió afi-
nidades ¡Inesperadas , y comenzó n extender de su pro-
pio puño Jiñas tablas comparativas; y después habiendo
llamado al naturalisla PaUas, le dio el encargo de acabar
«1 obra y prepararla para la imprenta. £sta comisión no
^ conforme al genio de Pallas , y asi el trabajo quedó
imperfecto.
U Europa litesaria obtuvo notable cooperación en cl
otts lejano Oriente. En el año de 1781 se fundó la Soeie-
'lad Asiática de Calcuta , á cuya invitación los literatos
^< pusieron á cultivar los idionms del Asia Oriental y
Meridional, y se imprimieron diccionarios y gramáticas
lie lenguas y dialectos hasta entonces casi desconocidos,
Uvoz iesj^an'en/s^, restringida hasta aquel tiempo á
los dialectos senúücos , recibió un significado mucho mas
'tmpUo; el chino , tenido anteriormente por casi imposi-
ble de conquistar, comenzó » Ser estudiado; hasta que
al fin le despojaron de sus dificultades la sagacidad y
Indiligencia de los orientalistas franceses, mientras que
(;1 sánscrito era cultivado por los ingleses con' grande
'íxilo, y trasmitido por ellos á manos de los doctos del
Continente.
Pero Roma tiene el mórito de haber dirigido antes que
Madie su atención hacía el estudio de la literatura india.-
Juan Werdin, mas conocido con el nombre de el Padre
raulíoa (le San Bartolomó, publicó , bajo los auspicios de
ia Propaganda , una serie de obras acerca de la historia,
mitología V religión de los Indios.
Una de las obras que contienen uua buena colección
■ 1 » Sos principales obras son : Catálogo de la» lengua» roHorí-
rf« y HOtkia 4€ m afiniUdst y üferenciM , i 7«.i ; Origen , for-
"'^ , neeottmno y armonia de los idiomas irnlio», 1783 ; Arit-
«Wm» rfí Ut fneknes y úithió» dei Nempo entre los orientales,
J^^. fcste es uno de los trabajos mas punosos y aprerlablcs de
¡!^ts; al I) del totto XX de sos obras hay un suplemento á esta.
J woWano poligloto eon prolegámenos sobre ma» de luí) lenguas,
¡Ir: i^ste vocabulario contiene la oración dominical en roas de 300
«nptts y dialrctos, fon análisis gramaticales y notas.
GOMPAKADA. 6i
de las muchas que hay del Mer ñotier, obra qtñ fonna
una excepción estante honrosa , y que , á pesar de sus
inexactitudes^ debe clasificarse entre las mas aprecia-
bles y excelentes de etnografía, es el MiMdaies, princi-
piada en 1806 por Cristóbal Adelung. Este murió an-
tes de publicar el segundo tomo , que se dio á lux
en ISOl por el doctor G. Severino Yater, el cual sacó
principalmente sus materiales de los reunidos por Ade-
lung , y extendió á las lenguas europeas las investiga-
ciones que en el prigner tomo se habían limitado al Asia.
£1 tercer tomo sobre las lenguas africanas y americanas
fue obra esclusivamente de Vater, y se publicó por partes
desde el año 1812 hasta 1816. En 1817, esta apreciable
compilación se enriqueció con un tomo de suplementos,
que contiene muchos reunidos por Vater y por Adelung
el joven , además de un ensayo muy curioso sobre la
lengua cantábrica ó vizcaína, obra del barón G. de
Humboldt.
En esta obra se prescinde de la clasificación alfabéticaí
y en su lugar so distribuyen las lenguas en gnipos, y
secciones mayores, con una minuciosa descrípoion y una
historia de cada idioma , con listas de obras útiles de
adquirir ó de examinar,' y con ensayos compuestos prin-
cipalmente de la oración dominical.
Las afinidades que antes no se habían visto sino val-
gamente entre idiomas separados en su orígen, y según la
historia y la geografía , comenzaron entonces á presen-
tarle manifiestamente. Conocióse que entre las lenguas
había nuevas é importantísimas relaciones, que enlazaban
en* grandes familias ó grupos los idiomas de naciones,
cuya conexión entre si ninguna otra investigación había
demostrado. Descubrióse que los dialectos teutónicos se
ilustraban admirablemente con la lengua de Pcrsia ; que
cl latín tenia muchos puntos de analogía con el ruso y
con los demás idiomas eslavos , y que la teoría de los
verbos griegos en fu no podia ser bien entendida sin re-
currir a sus paralelos en la gramática sánscrita ó india.
En una palabra , quedó claramente demostrado que un
idioma llamado esencialmente perfecto, se extendía
por una considerable porción de Europa Jr de Asia , y
propagándose por lar^s rodeos desde Ceilan hasta Is-
tandia, reunía con vmculos de hermandad á naciones
que profesaban las religiones mas irreconciliables entre st,
que tenían las instituciones mas opuestas y aue n -> pre-
sentaban en la fisonomía y en el color sino leves seme-
janzas. La lengua , ó mas bien la familia de lenguas de
que tan ligeramente he hablado^ ha recibido el nombre
de indo-europea ó indo-germánica.
Los grandes miembros de esta familia son: el sánscrito
ó la antiqnísinm y sagrada lengua de la India ; el persa
antiguo y moderno , tenido en otro tiempo por nn dia-
lecto tártaro (2) ; el teutónico coft sus diversos dialec-
tos; cl eslavo , el griego y el latin con sus muchos deri-
vados. Esta familia abraza toda la Europa á excepción
de algunos pcqueílos puntos donde se hablan el vascuence
Íf las lenguas de la familia finesa, en la cual se incluve
a húnpra; y después se extiende poruña gran parte del
Asia Medional (3) interrumpida acá y allá por grupos
aislados. .
El primer método , el mas natural y el único que
desdo luego condujo a tan notables descubrimientos fue
la comparación de los vocablos de estos diferentes idio-
mas. Muchas obras han presentado de ellos tablas com-
parativas muy extensas : la del coronel Vans Kennedy
comprende novecientos vocablos comunes al sánscrito y
otras lenguas (4). Las palabras que de este modo se
hallaron reciprocamente semejantes en los dívtfsos
idiomas, no son de modo alguno tales, que merced á re-
laciones posteriores, hayan podido ser comunicadas de
uno á otro idioma; pero si expresan los primeros y mas
sencillos elementos del lenguaje y aquellas ideas prímí-
(2) Paw, por ejemplo, recuerda la aOnidad entre el alemán y
el persa « qni est un dialeete do Tartare. Heekerckes pkilos. sur
ksAmérícains, Berlín 1770, t. II, p¿g.303.> La lengna persa
moderna es un dialecto c&rrompido de la Tartaro-mogola. HsavÁs
Catálogo, pág. 144.
(3) Véase una extensa Usta de los antores nue baneserltoen
favor T en contra de estas aflnidades en la obra del doctor Dosm,^-
bre las añnidade» radicales de las lenguas persa , alemana g greco-
latina , p. 91 á 135 . Hamborgo 18i7. ^J ^
( 1) lavestigadones sobre el arigau g afinidad de los prineipm^{¿
63 ACLilftACK»» Ali
üfñB qm debieron exMtír'dflsde el principio y casi nun-
ca cambiar de nombre. Para no pr^entar como ejem-
plo ios numerales que necesitarían ir acompañados de
muchas observaciones, cuando yo pronuncio los si-
guientes vocablos : poder, madery tundo, dockterf brader,
mond, vidhaüa, juvan, podría creerse fácilmente que voy
repitiendo voces de una lengua europea ; sin embar^
go, cada vocablo de estos es sanscríto ó persa. Asi
también, para escoger otra clase de voces mas senci-
llas, en estas palabras OitíU (en gríego •avwvy). hueso;
dénié diente ; eyumen (inglés «yd) ojo en zendo ; browa
(alemán h-aue, inglés eyebrow) ceja ; nua (naso en ital.)
nariz ; ¡ib (inglés Up) labio; karu (gríego x»p) mano;
genu (ffinoechio en ital.) rodilla ; ped^ié; hrM (inglés
hMH, alemán A«rs) corazón; jécur hígado; t/ora (in-
glés síor ) estrella ; ffela frío ; aghni ( latín ignií) fuego;
dhtra tierra; omoi (inglés a rioer) rio; ñau (gríego favt)
nave ; ghau (inglés coto) vaca ; tarpam serpiente; — cual-
quiera creería a prímera vista notar dialectos de len-
guas mucho mas próximas á la nuestra, y sin embargo
pertenecen todas a las lenguas asiáticas de que he he-
cho mención (1).
Pero esta consonancia de vocablos no habría bastado
para dejar satisfechos á una gran multitud de filólogos,
si no hubiese venido legítimamente acompañada de una
conformidad aun mas importante en la estructura gra-
matical de estas lenguas. Bopp en 1816 fue el primero
que examinó esta malcría con cierto cuidado ; y anali-
zando sagaz y sutilmente el verbo sánscrito , y compa-
rándolo con los sistemas de conjugación de ios otros indi-
viduos de esta familia, no dejó lugar á duda acerca de su
intima y primitiva afinidad (2); y desde aquel tiempo ha
llevado sus investigaciones aun mas adelante publicando
una obra de mavor trascendencia (3).
Por medio del análisis de los pronombres sanscrítos
se explican las anomalías de los de todos los demás idio-
mas, que tienen elementos del primero: el verbo sus-
tantivo , que en latin se compone de fragmentos que se
refieren á dos raices distintas , en el sánscrito las en-
cuentra ambas en forma regular; las conjugaciones
griegas con toda su complicada estructura de voz media,
de aumentos y reduplicaciones, se encuentran también
en este idioma y se esclarecen por tan diversos modos,
que pocos años há habría parecido todo esto una quimera.
Seguramente esta afinidad reconocida de las dos len-
guas con otra tercera, que en cierto modo las une á la
familia de que es cabeza , ccmio relacionadas con ella
con estrecho parentesco, supone una recíproca conexión
entre ambas.
Por lo dicho se ve que la formación de esta gran ía-
milia aminora extraordinariamente ei número de las len-
guas originales independientes. Otros granucs géneros,
si asi puedo llamarlos, han sido igualmente bien defini-
dos. No necesito hablar de las lenguas semíticas, porque
el intimo parentesco entre los dialectos que las forman,
á saber: ú hebreo, el siro-caldeo el árabe y el gueez ó
abisinio , es conocido hace mucho tiempo, rero el idio-
ma malayo, como se le llama generalmente, presenta en
la etnografía moderna un resultado igual al que nos ha
dado la investigación que acabamos de hacer. Según
Marsden y Crawfurd, esta lengua ó familia deberta mas
bien llamarse polinuiana, pues que el malayo , propia-
mente dicho, es solo un dialecto de aquella^ y puede lla-
marse la lengua franca del Archipiélago indico. £n todos
los idiomas que componen este grupo hay una gran ten-
dencia á la forma monosilábica, y á rechazar toda in-
flexión , aproximándose asi al grupo inmediato de las
lenguas transganréticas , con las cuales, parece verda-
deramente, que el doctor Le^fden quiere unirlas.
Asi se nos presenta otra inmensa familia extendida
por una vasta porción del globo, y que comprende mu-
chos idiomas que pocos años antes se consideraban
Uhmae deAtiag Europa , Londres iSSfi.
(1) Véante tas ubtas comparativas de Hammeb en casi todos loi
Bdneros de los AmUet de Uieraiura de Viena , de hace algunos
afioa.
{%) Francisco Bopp, Sobre dtUtema dele» ee^fitgaeienei de
ta lengua mntcrUa comparado co» el de lee lengutu griege, hUHíe,
pereegelemum, Francfort 1816.
(3) Gramálice compereléve de he lenguas eunscrila, unda,
griega, Mina, lituana, ^/dM yo/ünsiM, Boriin 1833.
UmSÍ PNMIIU).
como indopendlentes. GadaiiMVQpMofiAaihadaéi»
después ha aumentado manifiestamente esta ventsji y
ha disminuido mucho mas la aparente oontradieeioB ca-
tre el número de las lenguas y la historia de la disper-
sión de los hombres.
En 1812 opinaba Maltebrun que el camino de la &•
milia indoeuropea , estaba interrumpido del todo en la
región del Cáucaao por las lenguas del país que too
el georgiano y el armenio, las cuales, paia usar de sos
propias palabras « constituían allí una £imilia ó grapo
aparte. (4) » Pero Klaprbth con su viaje al (^ucaas
nos ha puesto en la necesidad da modificar en grao
manera esta opinión; porque ha probado, ó á lo mcooi
ha presentado como sumamente probable, que el idioma
de una ^ran tribu , la de los Osetas ó Alanos perteaeee á
la famiha de que he hablado (5). De la misma mansFft d
armenio que Federico Schlegel había reputado antes
una especie de lengua intermedia , dependiente om
bien de.los trozos del mismo grupo, que incorporada coa
él (6) lo ha presentado Klaproth , merced á un examen
léxico-gramatical , como perteneciente legítimamente i
este (7). Lo mismo ha sucedido respecto del afganpui*
tú (8).
Pero el mayor aumento con que se ha enriquecido
esta familia, es el de toda la familia céltica, la cual con
sus muchos dialectos, forma ahora una provincia de la
lengua indo-europea. La cuestión de unir los dialedoi
celtas á U familia indo -europea puede considerarM
ya como legítimamente resuella por la obra preciosa |
curiosísima del doctor Pritchard eobrt el origen orknldie
lat nacionee céltieat. Comienza el doctor Pritchard exa*
minando las semejanzas léxicas , y demuestra que las
voces primeras y mas sencillas, son las mismas, asi en
los numerales como en las raices de los verbos elemen-
tales. Sigue después un sutil análisis del verbo dirigido
á demostrar sus analogías con otras lenguas; analogías
tales , que no manifiestan solo una consonancia casoal,
sino una estructura interior radicalmente la misma. El
verbo sustantivo , detenidamente analizado por este
autor, ofrece las analogías mas patentes con el verbo
persa, y mayores acaso que las de cuidquiera otra lengva
de la misma familia. Pero la lengua céltica no tan solo
ha venido á ser un miembro de esta confedencioa, sino
que ha sido para ella un auxiliar importante , porqus
solo por su medio se pueden explicar aatisCaetoríamenr
te algunas de las terminaciones de las eo^jugacioneide
los otros idiomas. Por ejemplo , la tercem persona del
plural en el latín, en el griego, en el persa y en el nns*
scrito acaba enni.nd, rr%, •«•, ndi, nH\ ahora bien,ia*
poniendo con muchísimos gramáticos que las inflexiooef
nacieron de los pronombres de las respectivas per^y-
naS) solamente en el celta se encuentn un pronooH
bre que pueda explicar la terminación ; porque en él la
misma persona acaba también en a^ y asi conre^onde
exactamente como los otros idiomas , á su pronombii
hoftgnt ó gni.
Ésta circunstancia da ciertamente á la lengua delpaii
de Gales un lu^ar importante entre las que componen
esta gran familia. Sin embargo , no por esto se le debe
asignar una ventaja indebida ó tenería por la que mas le
aproxima al cuerpo original ; porque ulta todavía que
resolver un gran problema, que consiste en averiguar el
orden de generación, si lo hay, ó loe derechos de primo^
genitura entre los diversos miembros. £1 sánscrito en
vez de ser una confusa gerga como lo creía Stevrail,
está ya considerado por la mayor parte de los etnógra-
fos como la forma mas antigua y mas pura: él latió se le
ásemela en muchos puntos mas que el gnego ; y toda-
vía Jakel se ha esforzado recientemente en demostrar
que se deriva del teutónico.
También otras lenguas cuya conexión no se había ce*
nocido antes, se han encontrado unidas con otras ds re-
{k\ Precie de la Geogrephie unieereelU, t II, pdf. MO.
( 5) V anelgte de le tenguedee Oeteleefere eeir m' elle epg
lienl ¿ la ooueke-^neie'pireene.-'Veuuge na menl Canéete el
eéorgie. Parts 1823. 1. 11, pdf. U8. ^
{e) Sobre U lengunglaeieneiadel0eiadiee.Btí4tíkintíM,
pdff. 77.
lü iú!V^Ír^D\S^T6\y Google
mouMu
nolocptite», y teaeslreeliaiiiflnle, que fomum con las cUi-
ríradM dd nnseríto una núsma fiimilia. Me contentaré
ooa OB solo ejemplo lomado de Europa. A fines del sígalo
pasado Lainoviez, y después Gyarmaihi, probaron que el
húngaro, que se presenta como una isla, circundado de
idiomas indo-europeos, pertenece esencialmente á la fa-
milia finesa ó uraliana, la cual se extiendemas abajo en-
tre ios idiomas estonio y livoniano, como para unirse
eoB aquellos. También en África , cuyos dialectos , en
oomparscioo de ios demás, se han estudiado muy poco,
cada nneya investigación demuestra la existencia de co-
nexiones entre tribus esparcidas por vastos territorios, y
muchas veees separadas por naciones interpuestas: en el
Norte déla misma entre los idiomas de los Berberiscos y
Tecarifas, desde las Canarias al oasis de Chiva; en el Áfri-
ca Central entre los dialectos délos Felatas y los Foufais,
los cuales ocupan casi todo lo interior ; en el Mediodía
entre las tribus de todo el Continente, desde la Cafrería y
Mozambique hasta el Océano Atlántico (1).
Los mejores etnógrafos de nuestro tiempo pueden di-
vidirse en dos clases , de las cuales una busca la afini-
dad de las lenguas en los vocablos , y la otra su gra-
mática; á cuyos métodos podemos dar respectivamente
el nombre de comparación léxica y comparación gra-
matical. Los principales sostenedores del primer método
son franceses, ingleses y rusos, como Klaproth , Balby,
Abel Remusat, Whiter, Vans Kennedy, GoulianolT,
Adelnng el joven y Morían. En Alemania De Hammer y
acaso Federico Schiegel, pueden reputarse como de
la misma escuela. £1 principio seguido por estos es-
erílores se comprendía ¿d vez en fa observación hecha
no sé donde por Rlaproth, de que los vocablos son la
bse ó la materia del lenguaje, y la gramática la fábrica
ó la forma ; y en una obra reciente del barón Merían
publicada por Klaproth, se han expuesto clara y orde-
aadanaente todos los principios sobre los cuales él y su
escuela proceden en este estudio, y todos los conoci-
mientos que de ellos han deducido (2). La ofaa clase
está reducida en gran parte á la Alemania, y cuenta en-
tre sus campeones mas ilustres á Guillermo Schiegel
y á Guillermo Humboldt. Ninguno ha sido mas franco y
mas animoso al atacar los principios de la escuela
opuesta que el prímerotíe estos dos escritores. Viri doe-
Uy dice, i» eo frtBcipue peceare mihi indeníur, quod ad ti-
miiiiuáimem nmnullmwn dicHonum qualemcumque ani-
mm advertúñt , diverntatem roHonis gramtnaiiccí et
vasccmr imdoiit plome non curant In origine ignota Hn-
gnantrn expiorúuda, ante omnia retfici debet roHo gram-
wttliea. BeBc , enim , a majoribus ad potteros propagatur,
Separari outem a Ungva , eui ingentta ett , nequit , aut
Msmnn popuKt iia tradi , ut verba lingwB vemaeulcB re-
Uneant, fannulas ¡oquendi ptrearinat recipiant (3). Aquí
se ve que tenemos dos notables afirmaciones; que la
gramática es un elemento esencial ingénito def idio-
Bia ; y que no puede imponerse separadamente á un
jHieblo una nueva gramática, pero que si este acepta
ks formas, debe también recibirla materia de un idioma.
Paso ahora á presentar algunas observaciones y de-
dttcciones que he hecho en el curso de este estudio.
Muchas veces los autores se ofuscan por esforzarse en
ftttalizar una lengua con ánimo de averiguar su primi-
tiva forma, ff ada hay mas común que encontrar , aun
en escritores juiciosos, la idea de que en los idiomas
hay una tendencia á desarrollarse y perfeccionarse : y
para esto nos remontan á los tiempos lejanos en que
cada verbo auxiliar tenia su propio significado , y cada
conjunción era un imperativo. Murray habla en igual
manera de este estado de los idiomas , y pretende redu-
cir el origen de todas las lenguas á unos pocos extraños
y marcados monosílabos. Un ejemplo explicará mi pcn-
•¡unienio. En las lenguas semíticas , especialmente en
el hebreo, podemos fácilmente reducir todo el sistema
de conjugaciones á meras agregaciones de pronombres,
hechas á la simple forma elemental del verbo , y po-
dremos descubrir en las palabras los vestigios mas bien
(i) Ttete Pbitchabd, lib. eit. pig. 7.
iS) PñwOpee de f étnie eomperetieedee túnúuet, Paria18Í8.
(S) BfMMMw MUt, lom. I , entrega 3, Bonn Í82S, pig. 285 i
m. El ^ priiBer oÉnero ( 18i0) se expresa en téminos ann mas
hntis.
de raices moooaUábieatqoA de las raioei ditíUbac queae-
tualmente presentan. Tendremos asi un idioma senciUoy
compuesto de las voces mas cortas, enteramente priva-
do de inflexión, v determinando el valor de sus elemen-
tos tan solo por la posición que tienen en la frase ó dis-
curso; en otros términos, un idioma que en la estructu-
tura sería muy semejante al chino. Seguramente este
idioma, considerado bajo el punto de vista de la actual
situación de la familia á que pertenece , constituiría un
estado el mas sencillo ó ¡wimario , del cual se podría
creer derivado el presente por un desarrollo gradual, ve-
rificado en el transcurso de largos siglos. Y en efecto,
no han faltado doctos escritores que han pensado de esta
manera. Pero yo debo disentir enteramente de su opi-
nión, porque hasta ahora, la experiencia de muchos mi-
llares de anos no nos presenta un solo ejemplo de et-
^ntáneo desarrollo en ningún idioma. £n cualquiera
época que examinemos una lengua, la encontramos
{¿rfecta y completa en cuanto á sus cualidades ese»-
ctales y distintivas; y aunque pueda recibir, pasando de
boca en boca mas lustre y pulimento, riqueza mayor y
constrnccion mas variada, es lo cierto que sus notas ca-
racterísticas y específicas , su principio vital , su espíri-
tu, si asi puedo UamarLo, aparece totahnente formado, y
no puede cambiar jamás. Si se verifica alguna altera-
ción , esta solamente acaece al surgir el nuevo Idioma
como de las cenizas de otro ; y aun donde se sigue esta
alternativa, como al suceder el italiano al latín, y el la-
tín al anglo^on , hay cierto secreto velo que envuel-
ve todo este cambio , y no descubrimos ei nuevo idioma
hasta que sale j ya mas ya menos bello, pero siempre
plenamente formado y no sujeto á mas mudanzas. En-
tonces también observaremos que su primera condición
Sa contenia en si misma las partes y órganos mas he-
os y robustos que debían dar un día forma y vida á su
estado sucesivo (4).
Los dos idiomas que acabo de mencionar, en cuanto
á sus facciones sustanciales, ó mas bien en cuanto á su
naturaleza individual y al principio de identidad^ aoK
tan perfectos en los escritores mas antiguos como en
los mas modernos. No habUiré de Dante ni de Guido; f)
pero aun el inglés Chauoer f *) halló seguramente en su
habla nativa un instrumento con que dar vuelo á sus
cantos. Otro tanto sucede respecto del hebreo. £n ios
escritos de Moisés y en los primitivos fragmentos incor-
porados al Génesis, la estructura esencial del Icngui^
es completa y evidentemente incapaz, á pesar de su m»>
nifiesta imperfección, de recibir ulterior perfecciona-
miento. El antiguo egipcio , escrito como está en los ge-
roglíficos sobre los monumentos mas vetustos , y en el
cofto de la liturgia , al cabo de un espacio de tres mil
años, permanece el mismo, según lo hademosü^o Lepi>
sius. Otro tanto se observa, comparando los mas anti-
guos con los mas modernos escritores en las lenguas
e'iega y latina; y el caso de este último idioma es singu-
rmente notable, si se considera la oportunidadde peiw
feccionarse que le daban sus estrechas relaciones con el
primero. Pero por mas que la conquista de Grecia tra-
jese al Lacio, todavía tosco, la escultura , la pintura , la
poesía y la historia , las artes y las ciencias ; aunque el
latín tomase del griego mayor rotundidad en la estruc-
tura de sus períodos , mayor flexibilidad y energía, no
por eso tomó un solo tiempo , ni añadió una sola decü*
nación á su gramática , ni una partícula á su dieciona*
rio , ni una letra á su alábete.
Por tanto, podemos establecer como principio, que nin«
guna nación , por mas que conozca los defectos de su
idioma actual, tomará en circunstancias ordinarias ele*
(4) Asi el esUidio, aunqoemoy leve , de la decadencia del Istia,
mostrarji cOmo han venido i ser comunes las voces abora italia-
nas puras, como pensare en los escritos de San GrMorio Ó la pre-
posición úe pira el genitivo. Tales formas eran indadiblemente co-
munes lar^o tiempo antes entre el valgo. En alfanas toscas inscrip-
ciones sepulcrales tenemos SS. por X, como Hetii por eixU, y taan
bien recuerdo nu ejemplo en que este vervo estü escrito como en
italiano ( fuera del cambio de la V en £) Biise.
(*) Guido de Areuo, poeta del siglo ziii, autor de unas eaa-
renta canciones y mas de den sonetos en idioaui loscano.
(N. del TJ
{**) Escribid en el siglo xiv : sas obras son na moDoaeoto prev
doao de la antlgoa literatora inglesa. ^^ ^^ q I ^
^D\Q\Wzeplf^ieí T,J ^^
64 ACLÁfiAGlOINEfi AL
ménloft esenciales de Otro idioma, ni producirá por sí
misma ningún noevo germen. ¿Cómo explicar de otro
modo que el chino, tan falto de construcción gramati-
cal, que casi puede decine que es el retrato de las for-
mas del pensamiento , explicadas en signos de sordo-
mudos , no se haya esforzado jamás para construirse
aquellos que nosotros reputamos indispensables para la
inteligencia en elliablar? ¿Por qué las lenguas semíticas,
al cabo de millares de años de contacto con lenguas de
otras familias, no han engendrado jamás un tiempo pre-
sente ó compuesto, ni modos condicionales , cuya falta
hace tan intrincados sus discursos y sus escritos? ¿Por
qué no han inventado alguna nueva conjunción para
exonerar al vau copulativo del cargo de tener que ex-
presar todas las relaciones posibles entre las partes del
discurso? Hay mas : ¿de dónde nace que después de si-
glos de familiar contacto con alfabetos mas perfectos,
y confesando plenamente las inmensas dificultades de
un alfabeto sin vocales , los que hablan estos idiomas
no han logrado jamás introducirlas , y aun en nuestros
días apelan al mezquino recurso de molestos puntos?
^£n qué consiste que el abisjnio , único idioma que ha
intentado un cambio , no ha hecho mas que dar un al-
fabeto silábico mas forzado y comnlicado , lleno de in-
convenientes, y sujeto á innumerables equivocaciones?
Si en los idiomas fuese natural el desarrollo , se hu-
bieran necesitado muchos siglos para efectuarlo ; pero
kjos de S3r esto asi , los estados primitivos de un
idioma son con frecuencia los mas perfectos , y las in-
vestigaciones recientes de Grimm sobre las formas pri-
mitivas de la gramática alemana, están muy distantes
de probar la tendencia de una lengua á perfeccionarse,
pues que muchas formas y muy aprcciables de aquella,
se han perdido ya del todo.
Asi , pues , lo que se dice sobr^ los estados secunda-
rios de una lengua, ó el suponer que se han necesitado
siglos para que llegue á un punto dado de desarrollo
gramatical, son cosas que contradice enteramente la
dpttieneia.
Guillermo de Humboldt , lingüista acaso superior á
todos, auxilió con un espíritu de investigación analítica
su vasto tesoro de práctica ciencia etnográfica , é hizo
uso del estudio de ks lenguas, en que pocos le han imi-
tado , empleándolas como medio de llegar á un cono-
cimiento mas exacto de las formas del pensamiento, y
de los trámites que recorre el entendimiento humano
para perfeccionarse (1).
Este distinguido etnógrafo conviene en que las len-
guas no llegan á su peculiar desarrollo por grados len-
tos , como erróneamente se ha dicho , sino que lo reci-
ben de una fuerza desconocida de la mente humana ; á
no ser que queramos suponer que las nrínioras lenguas
se comunicaron al hombre por el Ser Supremo.
Sin embargo , me atreveré á decir contra Sclilcgcl,
que algunos ejemplos parece nos dan ocasión para sos-
tener, que bt^o el inílcgo de circunstancias particulares,
puede someterse un idioma á tales alteraciones , que
sus vocablos pertenezcan á una clase y su gramática á
otra. Cierto es que en este caso se formaría un nuevo
idioma diverso del uno ó del otro de sus generadores;
pero siempre se separaría del que lo precedió, abrazando
nuevas formas, gramaticales. Asi, el mismo Schlegcl
confiesa que el anglo-sajon perdió su gramática á con-
secuencia de la conquista normanda (2). Y ¿no pode-
mos decir nosotros que el italiano se ha separado mas
del latin por haber adoptado un nuevo sistema grama-
tical, que por la mudanza de palabras? £n efecto, si
comparamos una obra cualquiera en los dos idiomas,
nos costará trabajo descubrir alguna diferencia en los
verbos y en los nombres , pero hallaremos artículos to-
mados de pronombres , uu total abandono de casos, y
por consiguiente de declinaciones ; y los verbos conju-
gados casi enteramente con auxiliares en la voz activa
y absolutamente faltos de voz pasiva propiamente di-
cha. Estos son los cambios que bacen considerar al ita-
liano como idioma nuevo. Verdades que no ha salido de
su familia, en cuanto á los tii)os de sus variaciones, por-
(1 ) Uttr0 á M. Abtí RemtMít sur la natnrr des formes gromma-
tioáietríc, par M. Guill. db Hcifsoi.nT. París 1827, pía. 13.
(3) De egindh etpu. pág . 281 .
LIBRO PIUMERO.
que todas estas particularidades se encuentran en otras
lenguas de la clase indo-europea como el alemán y el
persa ; pero también es verdad que la mudanza ha sido
tan grande, que hace que el nuevo idioma pertenezca á
la subdivisión que forma uno de los dos extremos de la
familia , siendo el latin el otro extremo.
Quizá pueda encontrarse otro ejemplo de esto en las
lenguas tártaras, en las cuales un hombre de profundo
saber halla vestigios de una desviación semejante del
tipo original de su construcción gramatical. ¡kpuU C
extrétnité de T Asie , dico Abel Remusat, on ignort en-
tiérement T art de conjuguer les verbes ; ou du moins les
pariicipes et let gérondifsjouení le principal rúU dcns ks
idiomes tongous et tnongols, ou la disHnction des person-
net est inconnue; les Tures orientaux en offrent Ut pre-
miers (^éelques traces; mais le peu d' utage qu* ils es font
semble attester la préexistence d" un sisteme plus simple.
Eufin, uux des Tures qui touchaietU aulrffois la race go-
(hique dans les contrées qui séparent V Irtisch et le Jaak, qui
Pont repoussée ensuite , et bientót poursuioie jusgu' en
Europe , ont de plus que les Tures quelque chose qui levr
est commune awc les ncUions gothiques , laconjugaisonpaT
le mayen des verbes aujáliaires; et malgré cette addition
qui semble étrangére á lew langue , celle-ci consene qwl-
que chose du mécanisme gét^ des idi<nnes sans cosju-
gaison (3).
Lenguas puestas á la mayor distancia una de otra
manifiestan á veces la mas smgular uniformidad de
gramática , y sin embargo , no por eso están reputadas
eomo afines entre sí. Por ejemplo, el vascuence presen-
ta analogías muy cufiosas con varias lenguas america-
nas, como la falta precisamente de las mismas letras,
la tendencia á unir siempre las mismas consonaotes y
una complicación semejante en el sistema de las conju-
gaciones por medio de sílabas que expresan varias mo-
dificaciones del verbo simple; en lo cual también se
parece á los dialectos de sudoeste de África (4). Esto
no obstante , Humboldt al mismo tiempo que niega que
la semejanza de algunas voces sea suficiente para de-
mostrar el origen común de varias lenguas , y apesar
de que refiere los puntos de semejanza que acalw
de mencionar , está lejos de deducir de aquí que de-
ba admitirse alguna especie de^afinidad entre estos di-
versos idiomas, antes por el contrario dice : «esta es-
»pecic de singularidades gramaticales me han parecido
^«siempre mas bien grados de civilización que afinidad
» entre las lenguas.»
Paréceme , pues, que mientras por un lado los que
están por la comparación de los vocablos han llevado
demasiado lejos sus deducciones , por otro el doclo
Schlegel se ha dejado llevar demasiado de su indií^na-
cion contra la exorbitancia de aquellas, cuando nos dice
que el uso común de la o privativa prueba mas I»
afinidad del griego con el sánscrito, que centenares de
palabras semejantes. Humboldt, que no es menos ar-
diente partidario de la preeminencia debida á las afini-
dades gramaticales, en una breve y oportuna exposición
de sus opiniones sobre lo que forma el objeto de nuestro
estudio, concede también un valor racional a la afmidail
de los vocablos (5).
Yo propondría por tanto, no ¿a que se lomasen voca-
blos pertenecientes á una ó dos lenguas en familias di-
versas, ^m sacar de su semejanza, que puede ser ac-
cidental ('> comunicada por otra , deducciones aplicables
á la familia entera á que respectivamente pertenezcan:
sino que se comparasen los vocablos de sencillo sig-
nificado y de primera necesidad , los cuales pasan p*>i
entre familias enteras, y son por consi{?uiente, si pu**-
do expresarme asi, aborígenes en ellas. Por ejemplo, ci
seis numeral es en el sánscrito schavhf en persa fhehs,
en laiinwx, en alemán sechs. Esta voz, por consiguiente
pertenece á toda la familia : también pertenece á toda
la familia semítica, porque en hebreo en el mas puro
tipo tenemos igualmenti? sheh , y en otros dialectos Jo
{úiRecherehes mr les langues taríares. París 1830, lom. '»
pág.306.
( 4 ) B ALBi . Tableau des langue* de I' A frique. . ,
(5) Ensayo sobre el mejor medio áa averignar las aOoidaues aj
las lenguas orientales , por el barón de HumbokU , en las Trs»^' t"^
¡a Heat. Saciedad Asiática. 1830, t. H , pág. 214y ílSentrfía »
filología coxpaaáda.
bailamos modificado según las leyes ^ue rigen siempre
el cambio de letras. Además el ingles «even (siete) es
en sánscrito tptan , en alemán antiguo sihun; y compa-
rando estas voces con las de las lenguas semíticas , te-
nemos tkewwg, en bebreo y thabat, en árabe. Uno es
también en sánscrito aika , en persa yak, en hebreo
ahad , y así en los demás dialectos. La voz ¡apa cuerno,
si se bailase solamente en griego, podría creerse deri-
vada del bebreo ó fenicio keren ; pero esta opinión se
desvanece al encontrarla en miembros déla familia, que
no habrían podido tomarla de este modo , como el latin
comu y el alemán hom. No puede tampoco el vocablo
latino derivarse del gríego, porque la introducción
de la « , que lo pone mas cerca del semítico , difícilmen-
te puede ser casual ; y sobre todo, porque se encuentra
en el alemán que no puede infundir sospechas de co-
municación ni con el hebreo ni con el griego. Sin em-
bargo , esta voz que se halla en tantos miembros de la
misma familia es también universal en la semítica , en
la cual se encuentran el sirio hamo , y el árabe keren.
De la misma manera no parece que hay razón para du-
dar del puro origen sánscrito de la voz ama madre ; y
sin embargo, esta voz es esencialmente semítica; pues
em en hebreo y omma en árabe tienen el mismo signifi-
cado , como también ama en vascuence , ahora usado
en español por nodriza. Estos ejemplos son bastantes
para ilustrar la regla que be establecido , pues presen-
tan casos en que los vocablos tienen carta de natura-
leza en todos ó en la mayor parle de los miembros de
las dos familias, hasta el punto de poderlos reputar pri-
marios ó esenciales en ambas. Solamente en casos se-
mejantes á estos admitiré yo fácilmente la comparación
de las palabras , como bastante para demostrar afinidad
entre los idiomas. Así, pues, cumdo un diccionario
como el de Parkhurst hace derivar una. voz inglesa de
una raiz hebrea , yo la rechazo desde luego como des-
nuda de fundamento ; cuando saca de esta una palabra
griega, admito el hecho como posible , porque puede
haber sido comunicada en el comercio con los Fenicios,
pero esto no prueba nada en cuanto á su derivación. Si
como en los ejemplos anteriores , dos ó mas de estas
lenguas tienen la misma voz primaria y esta se en-
cuentra nuevamente en iguales vocablos de las len-
guas semíticas , yo la reputo eficaz para probar la mis-
teriosa conexión de todas Tas lenguas en cierta época
remota. Los secuaces del sistema léxico, ó sea de la
comparación de los vocablos, hallan demasiado pronto
analogías entre lenguas que se hablan á gran distancia
nna de otra y que no tienen entre sí ningún lazo histó-
rico. Así el vascuence, que el doctor Young ha compa-
rado con el egipcio , ha sido de la misma manera com-
parado por Klaproth con las lenguas scmític is , y uno
y otro nan sacado cierto número de palabras real ó
aparentemente semejantes (1). También dirigió una
carta este mismo autor al difunto Champollion, en que
le señalaba curiosas analogías de voces entre el coflo é
idiomas muy distantes , particularmente los que se ha-
blan entre el Obi y el Vol^a.
Las doe familias que ofrecen mayor facilidad para
examinarla conexión entre lenguas de naturaleza ente-
ramente diversa , son la indo-europea y la semítica, pues
que hemos estudiado mejor varios de sus miembros.
De aquí nace que se hayan hecho grandísimos es-
fuerzos para aproximarlas lo posible entre sí ; pero con
frecuencia , por haber traspasado la regla que he pro-
puesto para averiguar la originalidad de las voces com-
paradas en ambas familias , el éxito no ha sido satisfac-
torio. Por ejemplo, el doctor Pritchard, en una lista
comparativa que da de ellas (2) , no me parece que ha
reflexionado bastante sobre la primitiva índole de los
vocablos , ni sobre la cuestión de si son ó no estos co-
munes á toda la familia. Así compara la voz hebrea yain
con el latin tinum, nosotros podremos agregar el
gríego MvoF , y la comparación es probablemente exac-
to. Pero como es mas aue probable que el cultivo de la
vid y la elaboración del vino procediesen del Oriente al
( 1 ) Mimoires reiaUft á f AHe, París 1824 , 1. 1 , pig. 214.
(i) Al fln de sa obra titulada Origen oriental de las naciones
eéíUcüi,
TOMO 1.
Occidente , y que en los primeros tiempos fuesen in-
ventados por tas naciones semíticas, es de suponer
que los dieran el nombre, y por tanto estas voces son
tomadas de otra lengua. Compara ademas el latin Un-
gtta con el hebreo loang^ tragar. Prescindiendo de que
el vínculo de conexión de estas dos ideas no es bastante
verosímil , la voz lingua es propia del latin en la familia
indo-europea ; pero la consideramos como voz de fami-
lia cuando observamos que Mario Victorino dice que
los antiguos escribían din^ua por linffua (3). El vocablo,
así restituido á su primitiva forma , entra en afinidad con
el alemán zunge , y pierde toda semejanza con la palabra
semítica.
Ya he presentado algunos ejemplos de las compara-
ciones de palabras que tengo por mas satisfactorias entre
las dos familias, cuando he establecido la regla para estas
investigaciones ; pero conviene advertir ademas que hay
puntos en los caracteres gramaticales de las dos familias,
que admiten una comparación mas sutil que la intentada
hasta ahora. No me sería fácil explicar mis ideas sobre
esta materia sin entrar en un minucioso y compli-
cado análisis comparativo, difícil de entender para quien
no tenga algún conocimiento de estas lenguas , y no
muy grato para mucha parle de mis lectores. Me con-
tentaré , pues , con decir que según mi convicción hay
entre las familias una relación mas estrecha que la que
á primera vista nos inclinamos á suponer; y me es sa-
tisfactorio poder mencionar aqui una obra que parece
destinada á abrir campo á nuevas investigaciones y á
indicar nuevos elementos de afinidad entre estas y otraa
familias. Aludo á la obra del doctor Lepsius, llena de las
indagaciones mas curiosas y originales, en la cual, va-
liéndose de la paleografía, na establecido ingeniosísimas
y maravillosas semejanzas entre el sánscrito y el hebreo,
hasta el nunto de no dejar duda , según su propia expre-
sión, de la existencia en ambas lenguas de un germen
común , aunque no desarrollado (4).
Alejandro de Humboldt, á quien debemos tan precio-
sas noticias sobre las lenguas y monumentos de América,
se expresa sobre este importante punto en los términos
siguientes : « aunque ciertas lenguas pueden á primera
» vista parecer aisladas, por mas singulares que sean
n SUS caprichos y sus idiotismos , todas tienen analogía
n entre sí. Los muchos lazos que las unen serán tanto
»mas manifiestos, cuanto mas se perfeccionen la his-
ntoria de las naciones y el estudio de las lenguas» (5).
£1 testimonio incontestable de la Academia de Peters-
burgo en el quinto tomo de sus Memariasi viene á ilustrar
^este grave asunto (6). Aquella reunión de doctos se dejó
llevar probablemente, en esta parte de sus estudios, por
la grande autoridad del conde de Goulianoíf , el cuatera
ardentísimo mantenedor de la unidad de idiomas, "de-
mostrada por la semejanza de las palabras , sin hacer
mucho caso las mas veces de la identidad real , y
menos de la estructura esencial de las lenguas. Éste
sabio declara bastante su pensamiento en el DUcurto
sobre el esíudio fundamental de las lenguas , del cual ex-
tractaré el siguiente pasaje : La succesHon des faits ante'
rieurs á Chistoire en s'effoQant avec les siécles, semble nuire
á rividence du fait essentiel , savoir celui de la fratemiti
despeuphs. Orcefaitfle plusiniéressantpourrkommequi -
pense f s'éfahlirait implicitement.par le rapprochement des
langues anciennes et modemeSf considérées sous leur aspect
^originaire. Etsi jamáis quelque conception philosophique
venait mulHplier encoré les berceaux du genre humain,
VideniHé des langues seraii toujours Id pour détruire le
prestige; etcette autorité ramenerait , je pense, Vesprii le
plus prévenu (7). Un año después de este discurso publicó
( 3 ) NotensUis ñ9e per L , site per D teritendtan; eommsmionem
enim habuertait litera ha apud antiquos ut dinquam , et linguám,
et daerimis et laerimis. Marii Victorini grammatici et rhetorisde
Ortkograpkio, ap. Pet. Sanetand. Lyon 1851 , páff. 32.
(4) Paleografia como medio de indagación en las lenquas, ÜUS"
trada con ejemplos del sánscrito. Beriin 1834 , pig. 23. Una de las
notables consonantes entre ambas lenguas es que el reseh esti con-
siderado evidentemente como vocal en las reglas concernientes á
los puntos bebreos, precisamente como el sánscrito la letra R.
[§) Ap. KLÁ?M-n, Asta poH flota f\í.
6 V. el BuUetin nniversel, see. 7 , 1. 1 , pig. 380.
7) Mscourssurr elude fondamentai deskmgues. París 1822,
pig.Sl. ^^^- -
Digitizedby VjOO
ACLARACIONES AL LIBRO PRIMERO.
el prospecto de una obra que debía nrobar la unidad de
las leng^uas (1). No sé si esta obra salió á luz ; pero temo
que en aquel prospecto se prometiese mas de lo que fuera
posible conseguir. De todos modos , la decisión de la
Academia fué absolutamente solemne en este punto,
pues sostuvo su convencimiento, al cabo de una larga
investigación, de que todas las lenguas deben reputarse
como dialectos de un idioma ya perdido.
En esta misma clase de escritores debe también contarse
al consejero de £stado Merian , el cual adoptó la misma
proposición aunque tal vez no positivamente averi-
guada en su 2W|iar¿i^tfm, que contiene tablas comparati-
vas principalmente de vocablos alemanes v rusos , pero
con el aditamento de un fárrago de materiales indigestos,
sacados de las otras lenguas. Por lo tocante á la com-
paración de las voces , esta obra es sin duda muy anre-
ciable ; pero debe confesarse que el lector necesita volver
muchas y muchas páginas antes de descubrir una me-
diana semejanza entre lenguas de diversas familias. Sin
embargo , sea de esto lo que quiera , el segundo tomo
de su obra pone bastante de manifiesto sus ideas sobre
el asunto de que tratamos , porque dice : alos que duden
*> de la unidad del idioma después de haber leido á Whi-
» 1er, pueden leer a Goulianoff» (2).
Déla misma escuela, pero superior con mucho en
mérito á los autores mencionados, es Julio Klaproth.
Pocos escritores se han atraído nuestra gratitud con no-
ticias mas curiosas que las que él da sobre las lenguas
y la literatura de la mayor parte de los pueblos de Asia,
? sobre la geografía de países muy poco conocidos,
ero es un escritor osado , cuyas afirmaciones es preciso
recibir con cierto grado de circunspección ; y á la ver-
dad , habría sido difícil hacer con perfecta exactitud y
profundidad investigaciones de tan diversa naturaleza.
Con mayor satisfacción recuerdo las ideas de Federico
Schelegel , hombre á quien nuestro siglo debe mas de
lo que podrán pagar nuestros nietos en algunas genera-
ciones. Debémosle , en efecto , nuevos y mas puros sen-
timientos sobre las bellas artes y sus mas santas aplica-
ciones ; el conato por lo menos de dirigir la mirada de
la filosofía á lo interior del alma humana, y poner en
armonía los elementos mas sagrados de su poder espiri-
tual con los principios de la humana ciencia ; pero sobre
todo, el venturoso descubrimiento de una India mas
rica que la que Vasco de Gama abrió á la Europa, cuyo
valor no consiste en los aromas , en las perlas ni en el
Oro bárbaro, sino en tratados de ciencia nunca explora-
dos, en minas de sabiduría -indígena por largo tiempo
intactas , en tesoros de doctrina simbólica profundamente
sepultados, y en monumentos, por largo tiempo escondi-
dos , de primitivas y venerandas tradiciones.
En la obra que por primera vez hizo que la Europa
volviese los ojos á estos graves obietos (aludo al trata-
dito que publicó en 1808 sobre la lengua y doctrina de
los Indios) establece claramente su opinión respecto de la
unidad original de todas las lenguas. Rechaza con indig-
nación el pensamiento de que el habla fuese invención
del hombre en un estado salvaje é indisciplinado, traída
gradualmente á su perfección por la industria y la ex-
periencia de las generaciones sucesivas; y por el con-
trario , la considera como un todo, con sus raices y es-
tructura , con su pronunciación y el carácter escrito, el
cual no era geroglífico , sino que estaba compuesto de
signos que expresaban exactamente los sonidos de aque-
lla lengfua primitiva. Es verdad que no habla del idioma
como dado al hombre por revelación superior; pero
opina que la mente humana ha sido dotada de tales con-
diciones, que producen necesariamente desde su manifes-
tación primera esta perfecta y bella construcción , y por
lo tanto presupone su unidad y su individualidad (3).
(ij El tltolo de esta obra dtf>ia ser Étvde de Phomme diu
mamftttation de tes facultes,
(2) Tripartitum, sen de analogía linguarwMlihellus; conUntta-
Ho. Viena 18^, pág. 585. La obra de VVhiter á que aquí se alude,
es el Ethvtaologieum wúversale,
(3 1 La Lenaua y la ciencia de los indios. Lib^ I, cap. 5. Estas
Meas expresadas con la fénida elocuencia que distingue á todas las
teorías lilosoflcas de este autor han sido prolijamente censuradas
por F. MiíUner en su curiosa obra Sobre el origen y significación
primitiva de las formas del lenguaje. Múnster i831 , pág. 27. Este
r deduce toaos los idiomas de las formas de interneción, pág. 4.
yator i
Los estudios que Schelegel hizo después no fueron parte
para que variase de opinión ; por el contrario, es de ver
su última hermosa obra , que puede llamarse el canto
de este cisne moribundo , la cual, como oportunamente
observó alguno , terminó sus especulaciones filosóficas
con una expresión de duda (4) , porque la muerte lo ha-
lló en las altas horas de la noche velando por los roas
caros intereses de la virtud, y como el matador de Ar-
químedes, no le dio tiempo para resolver su problema.
Hablo de la Filosofia de la palabra , en la cual con-
sidera el idioma como un don individual y peculiar
del hombre , y por consiguiente único en su origen. Xo
puedo resistir al deseo de citar un pasaje de esta obra.
u Con nuestros sentidos y órganos presentes , nos es
» tan imposible formarnos la mas remota idea de aquel
n idioma que poseyó el primer hombre antes de perder
»su original poder, su perfección y dignidad, como
n sería ponemos á discurrir sobre aquel lenguaje miste-
wrioso por cuyo medio los espíritus inmortales se comu-
» nican sus pensamientos, trasmitiéndolos por las anchas
» vías del cielo en alas de la luz , ó sobre aquellas pala-
» bras , no proferibles por seres creados , que se pro-
nnuncian en el inexcrutable seno de la divinidad, donde
»> según se expresa el sagrado cantor, el abismo llama
» al abismo , esto es , la plenitud del infinito amor llama
» á la eterna magostad. Cuando de esta inaccesible altura
w descendemos nuevamente á nosotros mismos y al prí-
» mer hombre tal como verdaderamente fue, la sencilla y
») natural narracciou de aquel libio que contiene nucs-
» tros primitivos anales, manifestando que Dios enserió
n al hombre á hablar , aun sin pasar mas allá de este
» sentido llano y no modificado , estará de acuerdo con
» nuestros naturales sentimientos. Porque ¿cómo no habría
u de ser así, ó cómo podría suscitarse alguna otra impresión
u al considerar el carácter que Dios tiene en aquel caso, de
f> padre , por decirlo así , que enseña á su Mijo los pri-
» meros rudimentos del lenguaje? Pero bajo este senlido
«sencillo, como en todo lo que contiene aquel libro de
n doble significación, hay otra y mas profunda sentencia.
n £1 nombre de cada cosa y de cada ser de los que tienen
n vida propia , tal como ha sido impuesto por Dios y
» designado desde la eternidad , contiene en sí la idea
» esencial de su ser interno , la clave , por decirlo así, de
» su existencia , el poder que determina su ser ó no ser;
n y así está usado en el sagrado lenguaje , donde se halla
n ademas en un sentido mas sublime y santo , y unido a
»la idea del verbo. Según este senlido y significación
»mas profundos, se muestra en aquella narracciou y se
n denota como antes he expuesto ligeramente , que jun-
I» lamente con el habla , concedida , comunicada y con-
» ferida inmediatamente por Dios al hombre , le otorgó el
» Señor por medio de ella otro don , constituyéndolo
»en gobernador y rey de la naturaleza, ó mejor dí-
wcho, en diputado de Dios en esta terrcsU^ creación;
» á cuyo oficio estaba originalmente destinado de dere-
»cho»»(5).
Así , pues , nuestra primera deducción , sacada de
cuanto exponen los modernos etnógrafos, es que el idio-
ma de los nombres fue originalmente uno solo. Venga-
mos ahora á la segunda que nos servirá de mucho para
corroborarla. ¿Cómo es que una lengua se divide en
tantas otras y tan singularmente diversas?
Primeramente me valdré de la autoridad de Herder; y
á fin de que no parezca sospechoso de parcial , diré desde
luego que en la misma página que voy á eitar tiene este
autor cuidado de informamos que considera la historia
de Babel como «un poético fragmento del mito de Orieo-
wte. » Al principio, pues, dice que «así como la hu-
» mana raza es un todo progresivo, cuyas partes se hallan
n íntimamente ligadas entre sí , del mismo modo el idioma
» debe constituir un todo completo dependiente de un
n origen común Esto sentado , prosigue diciendo, hay
" grandes probabilidades de que la especie humana pro-
(-4) Preleceiones ftlosóflcas , en particular sobré la filosofía ^f^
discurso y de ¡apalabra. Viena 1830. El autor espiró estando es-
cribiendo la décima lección. La última palabra de su mana sr rito roe
un pero faberj.
(5) Wgina 70. Tal vez esta idea está tomada de Herder Filoít^f"'
de la Historia. (Londres Í800, pág. 89); aunque en ella sobm^oM
se trata de la facultad de hablar y no del idioma.
»ceda de un origen coman, de un primer hombre y no
•de muchos dispersados por ?as diversas partes del
í» mundo , » Y después, en apoyo de esta proposición ex-
pone sus investigaciones sobre la estructura gramatical
de las lenguas. Por lo demás, sus deducciones no se de-
tienen aquí , antes se adelanta á afirmar confiadamente,
que el examen de las lengxias muestra que la separación
del género humano fue violenta; que los hombres no
cambiaron voluntariamente de idioma , sino porque fue*
ron súbitamente separados los unos de los otros (1).
El señor Sharon Tumer, en los años de 1824 y 1825,
leyó ante la Real Sociedad de Literatura de Londres, una
sene de escritos dirigidos á demostrar la misma proposi-
ción. Este sabio autor entró en el minucioso análisis de
los primeros elementos del idioma , y de él dediyo que
los muchos casos de atracción y repulsión entre las len-
guas no dejan otro partido que tomar mas que el de
si^ner algún acontecimiento semejante al citado por el
Génesis. Pero no insistiré mas sobre un testimonio que
es el único que en esta ciencia he citado de autor que
defienda expresamente la narraccion de la Escritura (2).
Mas de una vez he tenido ocasión de citar las opinio-
nes del docto Abel Remusat. Su obra sobre las lenguas
tártaras , aunque no completa , es un tesoro de raras no-
ticias sobre muchos puntos extraños á su asunto especial,
y se distingue en todas sus páginas por aquella facilidad
de simplificación y resolución anah'tica aue parece haber
sido una de sos dotes particulares. En el largo y variado
razonamiento que á ella precede , manifiesta claramente
sus ideas respecto de la concordia de la etnografía filo-
lógica con la sagrada narraccion ; y después de haber
hablado largamente del auxilio que pueden prestar á la
Historia las investigaciones filológicas, concluye dicien-
do: «entonces podremos juzgar con exactitud, según la
"lengua de un pueblo , cual fue su origen , las naciones
»con quienes estuvo en relación, la índole de esta , el
«tronco de donde procede, por lo menos hasta la época
» adonde llegan las historias profanas; v en donde he-
"mos de hallar aquella confusión entre las lenguas que
f^dió origen á todas ellas , y para cuya explicación se
"han hecho tan inútiles esluerzos» (3).
Pero si admitimos la unidad original de las lenguas,
es muy difícil explicar sus divisiones subsiguientes sin un
acontecimiento de esta clase. « Esta falacia , dice Remu-
»sat en la tercera edición de su obra, se ocultó á la
"penetración de los antiguos, probablemente porque
M admitían la existencia de razas primitivas del género
» bamano. Los que niegan estas y se remontan á una sola
"familia, para explicar la existencia de idioma» diver-
" sos en su construcción, deben presuponer un milagro; y
"respecto de aquellos idiotaaas que están discordes entre
"SÍ en las raices y en las cualidades esenciales, tienen
"que admitir el de la confusión de las lenguas; admi-
"sion Gue no ofende en nada á la razón , pues así como
"lasreuauiás del antiguo mundo demuestran claramente
"que hubo otro orden de vida antes del actual, del mis-
•mo modo es creíble que este orden so conservase entero
" desde su principio, y esperimcntara luego en cierta época
" un cambio sustancial» (4). A esta observación podemos
añadir que , si para explicar la diversidad de idiomas
tuviésemos que recurrir á tantas razas independientes,
nos veriamos en la necesidad de admitir, no ya unas
cuantas de estas en apartadas regiones del globo , sino
na número igual al de los idiomas que según todas las
apariencias no tienen conexión entre sí^ es decir , mu-
chos centenares; consecuencia contraria en principio
á la sana filosofía , porque va de un salto a la explica-
ción mas remota de un fenómeno constante , y todavía
mas contraria en su aplicación, porque necesita multipli-
car las razas casi en razón inversa del número de indi-
viduos de que se componen. En efecto, las tribus mas
pequeñas y las poblaciones salvages mas subdivididas,
muestran evidentemente notables discrepancias de idio-
(i J Loe. cit. Memorias de la real teademis. BerUn, . 111,413.
()) Sus escritos rieron la laz publica en las Trans. de la Soeie-
d»l real de lltentora, tom. I, parte 1.' Londres 1827 . pág. 17-106.
, (3) Htekerehet tur la Ungue tartare, 1. 1, pig. 89.
(4)Niebalir BUM-ia romana, tercera edición, parte 1.* Es
snto ver estos cambios á pesar .de la declaradon del autor, pigi-
TOMOl»
filología comparada. . 67
ma. £1 interior del África olas regiones aun no exploradas
de la Australia , podrían en este caso contener mas razas
que toda Asia y toda Europa. Pero sobre esta materia
discurriremos en breve mas extensamente.
Los idiomas que gradualmente se unen en grupos, qus
tienden cada día á aproximarse mas y á descubrir sus mu-
tuas relaciones, suministran el mejor argumento en favor
de un punto primitivo de partida, y nos sirven para divi-
dirla raza humana en ciertas grandes familias caracterís-
ticas , cuya ulterior subdivisión entra en el dominio de
la Historia. La minuciosa exactitud de sus formas , y en
muchas partes los vestigios de semejanzas y analogías
que pueden encontrarse entre uno y otro, demuestran
que un tiempo estuvieron relacionados hasta el punto de
formar un iodo; al paso que la osadia y precisión de los
rasgos en los puntos de separación , prueban ()ue no los
ha dividido un desarrollo gradual ó una acción lenta,
sino alguna violenta catástrofe que ios ha separado por
la fuerza. Pues precisamente estas deducciones positivas
son las que han sacado ios mejores etnógrafos.
Pero el número de dialectos que hablan los habitantes
indígenas de América es verdaderamente casi increíble.
Si elegimos cualquiera región del antiguo mundo donde
creamos que se habla mayor número de idiomas , y des-
pués tomamos al acaso un espacio iguaü de país poblado
de indígenas en cualquiera parte de América , esta última
nos dará siempre un número mayor de lenguas diver-
sas (5). Y no podemos suponer que todas estas tribus,
cada una de las cuales habla un idioma del todo ininte-
ligible para las demás, descienda por línea recta de una
sola formada en la disperaion , sin admitir La extraiía
anomalía de que entre las familias humanas que entonces
se formaron todas estas tribus innumerables , y sin em-
bargo , tan poco importantes , anduviesen vagando hasta
Ile«tr á tan gran düstancia.^
Solo tenemos ahora que examinar qué luz puede dar-
nos la etnografía para resolver esta cuestión, y hasta qué
{»unto están de acuerdo las soluciones que presenta con
os resultados consoladores obtenidos en otras nartes del
globo. £1 primer paso que se dio para establecer una
conexión entre los habitantes de los dos continentes
procedió de los partidarios de la que hemos llamado es-
cuela léxica; y consistió en la comparación de los voca-
blos de los dialectos americanos, con términos de los
idiomas que hablaban las naciones del Asia Septentrional
y Oriental. Smith Barton fue el primero que adelantó
algo en esta carrera , y sus trabajos fueron incorpora-
dos muy extensamente á un Ensayo que publicó Vater
en 18 10, y que después volvió á publicar en su Mitridaiei.
Maltebrun se esforzó para adelantar un paso mas y
establecer la que llama relación geográfica entre los
idiomas americanos y los asiáticos.
Esto no obstante, confesaré que considero tales resul-
tados como de poca entidad, tanto porque las semejanzas
son muv leves y demasiado anómalas para poder servir
de mucho , cuanto porque los autores mismos aue las pre-
sentan miran estas transmigacionescomo simples agrega-
ciones á una población ya existente, como meros agentes
en la formación ó alteración de las lenguas indígenas f6).
Las sem^nzas, pues, donde son satisfactorias, valen
solamente para hacemos conjeturar que la población
original pasó al hemisferio occidental, por el mismo ca-
mino que llevaron las transmigraciones subsiguientes.
Pero hay deducciones sacadas, merced á la ciencia et-
nográfica, de la observación de los fenómenos así locales
como generales , que apoyan formalmente este punto y
remueven del todo cuantas dificultades nacen de la
multiplicidad de las lenguas americanas. En primer
lugar , el examen de la estructura de estas ha demos-
trs^o sin duda alguna ; que todas forman una sola fami-
lia , estrechamente ligada en sus diversas partes por el
vínculo mas esencial oe todos , á saber : la análoga gra-
matical. Esta analogía no es de un género vago e indefi-
nido , sino extremadamente complicada y perteneciente
á las partes mas necesarias y elementales de la gramá-
tica, porque consiste especialmente en métodos particula-
( S ) V. HüMBOLDT „ E98ai polUique 9ur la Nouveile Etpaffne. Parb
1845, Ln,pig. 332. ^ ir\r\n\c>
(6 Vais», pAg. 338; BLafESRü», pig. 212VjOüg IL
68
ACLARACIONES AL LIBRO PRIMERO.
res de modificar por medio de las conjugaciones los sig-
nificados y las relaciones de los verbos con la interpo-
sición de silabas. Esta forma condujo á Guillermo de
Humboldt á dar á]as lenguas americanas un nombre de
familia, porque forman su conjugación con el sistema que
él Uama de agluHnacion. Ni esta analogía es parcial^ sino
que se extiende á las dos grandes divisiones del Nuevo
Hundo, y da cierto aire de familia asía las lenguas aue
se hablan bajo la Zona Tórrida como á las (lue se hablan
en el Polo Ártico, tanto por las tribus mas salvajes , como
por las mas civUizadas. £n segundo lugar, cuanto mas
se profundice el estudio de las lenguas americanas,
tanto mas se las encontrará sujetas á las leyes de otras
familias ; pues que esta única y gran familia tiende dia-
rUimente á subdividirse en grandes grupos, que tienen
afinidades mas estrechas entre si que con la gran divi-
sión de que respectivamente forman parte. Así habían
diservaao desde el principio los misioneros , que ciertos
idiomas eran reputados como clave do los demás dialec-
tos, de manera, que el que los poseyese fácilmente podría
penetrar los demás. Hervás , si mal no recuerdo , hace
esta observación, y las investigaciones sucesivas la han
coníhtnado ampliamente; sin embargo, Balbi en su
cuadro de las lenguas americanas ha creído conveniente
dividirlas en ciertas grandes secciones, cada una de las
cuales comprende muchas de ellas.
Así , pues, la dificultad relativa á la unidad de las n persa se escribe
con los mismos caracteres que el árabe ; se usa en toda
la Persia y en gran parte de la India ; y es cultivado
como et árabe en todo el Oriente por los literatos.
En las leugoas indias deben distinguirse las muertas
y las vivas.
Entre las primeras , la tamerUa y la po/t son hermanas
que parecen haber reinado juntas en aquellas vastas regio-
nes , la una de este lado y la otra del otro del Ganges.
La sánscrita es al parecer el tronco de la mayor parte
de las demás lenguas , y en ella se encuentran muchas
analogías con la eslava , la zenda , la persa , la n-iega,
la latina , y todos los idiomas germánicos. La lengua
sánscrita na conservado el carácter de lengua docta y
religiosa de la India, y se escribe de izquierda á derecha
con el alfabeto llamado deunmagari.
La lengua p<Ui es la lengua litúrgica de las islas de
Ceilan , de Java , etc. , y de todo el territorio indo-chi-
no, á excepción de la Península de Malaca. Se divide en
muchos dialectos.
Entre las lenguas vivas de la India, llamadas por al-
gunos lenguas pra ritas, y que son en grandísimo nú-
mero, distinguiremos tan solo las principales y mas
notables , como son:
1.* La indostana , que es , por decirlo así , la lengua
viva común á toda lá India, que se reduce á una mezcla
de sánscrito, de árabe y de persa, y que emplea ya el
alfabeto dewanagarif ya el árabe.
2.* La malabara , lengua de la mayor parte del Ma-
labar.
3.* La clngalesa, que es la lengua de la isla de
Ceilan.
4.* La tamula, que se habla en los diversos puntos
de Coromandel.
(.* La telinga, que se habb en el Decan, en el Ni*
zam, etc.
6.* La camatara , lengua del Misori.
7.* La bengalesa, que se usa en el territorio de
Bengala.
8.* La marata , idioma de la república militar que
lleva este nombre.
Todas estas lenguas , y otras muchas que seria prolijo
enumerar, tienen alfabetos particulares. Algunas, y es-
pecialmente la tolinga , la indostana , la bengalesa y la
tamula , poseen una rica literatura. Los Ingleses han
hecho traducir muchas obras en bengalés é indostan, y
casi todas estas lenguas tienen traducciones mejores 6
peores de la Biblia.
En las lenguas de la región transgangéhca , ó sea
del otro lado del Ganges , hallamos un sistema gramati-
cal muy diferente del de los demás idiomas, y que no
tiene analogía con ellos.
La lengua china , á la cual se refieren mas ó menos
las lenguas escritas de este grupo , abunda en monosí-
labos; tiene en clertoscasos una construcción exactamente
Inversa de la natural ; la palabras son invariables en sus
formas; y las relaciones de conexión y de dependencia^ así
como las modificaciones del tiempo, de la persona, etc.^
se deducen de la posición de las palabras, ó se distinguen
con palabras separadas y puestas antes ó después de la
raiz del nombre ó del verbo. Los chinos no tienen letras
propiamente dichas, sino signos que expresan las ideas;
tienen doscientas catorce radicales ó claves principales
que sirven de base á sus cuarenta mil vocablos ó carac-
teres. Las líneas son verticales y se leen de derecha á
izquierda.
Esta lengua se divide en antigua (Ku-^en) y moderna
(Kwm-koa), La primera es la lengua de los King ó libros
dásicos, lenffua muerta hace mucho tiempo; la segunda
es la que se habla y escribe en nuestros días.
La tibetina, que es la lengua de los Estados goberna-
dos por los tres pontiflces Moi-Ü^oma , Bagda-lAm y
Darma-Lama, se escribe con unos caracteres lomados del
alíabelo detoanagari.
La japonesa y la coreana emplean signos sUábicoi
compuestos con los restos de los caracteres chinos.
La lengua japonesa se diferencia déla china, pero lia
adoptado muchas de sus palabras.
Las lenguas de la Indo-china son también de esta &•
milia , y se dividen en cultas escritas , é incultas no
escritas. Las principales de la primera clase son: labinna-
na, la siamesa y la anamita, cuyos nombres indican bas*
tante su origen. Estas lenguas deben haber tomado
mucho de la pali, que es la lengua muerta de los paiseí
donde ahora florecen, y casi todas tienen alíabetos par-
ticulares.
El espacio en que se hablan las lenguas tártaras,
puede ser indicado perfectamente por planos tirados des-
de la embocadura del Amur al golio de Tartaria al Este;
desde la ciudad de Nerin á orillas del Obi al Norte;
desde el Mar Casnio al Oeste , y desde el centro del Ti* {
bet al Mediodía. Divídense estas lenguas en tres ramu i
principales; la tongusa ó manchu, la tártara ó mogola
y la turca ; y cada una de estas ramas se subdivide en '
una infinidad de dialectos que tienen algo de comuneB i
entre sí, y cuyas diferencias provienen de la vida erran* ,
te de las tribus que los hablan. Asi en la lengua turca
vemos que el osmanlió turco occidental, ha tomado una
multitud de palabras del árabe y del persa , mientras
que las tribus errantes de la Rusia Asiática , por su ve-
cindad con las colonias de raza finesa, tienen en su idio-
ma muchas palabras que pertenecen á esta familia de
lenguas.
La lenrua Manchú es imporiante á causa de las mu-
chas traducciones que posee de los libros chinos, saos-
crílos y mogoles ; y se nabla en el Imperio Chino por
las tribus tongusas , que han establecido allí su domina-
ción , y en la parte mas oriental de Asia, conocida con
el nombre deManchuria.
La lengua morola se usa entre las tribus que ocupan
la Mogolla; su literatura es rica, y en ella puede es-
perarse que se encuentren indicios relativos á la histo-
ria oscura de todas las hordas que tanta influencia han
ejercido en Europa con sus invasiones sucesivas.
El alfabeto de los Mogoles es casi el mismo que el de
los Manchús ; y se escribe en columnas verticales de iz-
quierda á derecha.
£1 calmuco , que es un idioma de familia mo^la,
tiene un alfabeto particular, pero igualmente imitado
del sirio.
La familia turca se divide en una infinidad de dialec-
tos . cuyas diferencias dependen de las emigraciones y
de la posición respectiva de las tribus que los hablan.
Los principales son :
El uiguro , que es el dialecto turco mas antiguo , fi<
jado por los caracteres escritos ; y se habla en d Tur*
quistan oriental;
£1 otmardi 6 turco , propiamente dicho , idioma co-
mún del Imperio Otomano > y el político y comercial do
toda el Asia occidental;
El chagateatio , hablado por los Turcos del Karisim y
del Mawarannahar (la antigua Transoxlana), y coa
algunas diferencias por los (Xábecos.
Para indicar todas las demás variedades, seria nece-
sario nombrar todas las tribus esparcidas en el inmenso
cuadro que hemos trazado, comenzando por las len-
Sias tártaras, y siguiendo por las de la Persia y Asia
enor. Los que escriben entre estos pueblos , se sirven
actualmente del alfabeto árabe con algunas leves adíelo*
nes y alteraciones.
La literatura turca es conocida entre nosotros : sus
libros originales son obras de geografía é historia , y
posee muchas imitaciones ó traducciones del árabe y
del persa. También hay traduciones de la Biblia en la
mayor parte de los dialectos de las lenguas tártaras.
Las lenguas siberianas son habladas por pueblos
miserables que habitan el clima helado , cuyos límites
son al Occidente el Dwina , al Norte el Océano Glacial
Ártico , al Oriente los mares de Behring y de Oeotsk,
y al Sur el plano de que hemos hablado, que pasase
por la ciudad de Nerim á orillas^el Obi. j
Digitized by VjOOQIC
Ninguno de estos dialectos ha sido todavía fijado en
caracteres escritos ; sin embargo , se han encontrado en
ellos algunas raices comunes á otros idiomas del Asia
Central y Occidental. Algunas tribus de Sarooyedos
tienen una especie de escritura, que consiste en signos
grabados sobre pedazos de madera.
Todas estas lenguas han sido divididas en cinco ra-
mas principales, á saber: familia samoyeda , familia
geoisea, C^milia corieca, familia kamschadala, y fami-
lia curiíiana.
(^lítractado de klaproth , baibi y otros).
(G) pág. 34
]¡inogr<ifia ie Evropa.
Aunque las lenguas de Europa son las mas doctas y
cultivadas , están todavía muy lejos de tener la preci-
sión que ciertos dialectos y subdivisiones, y que otras
lenguas totalmente extinguidas ó que se hablan tan solo
por gente tosca é inculta. Sin embargo , expondremos
aquí el cuadro que nos da de ellas Adriano Balbi {Atlas
eiknographique du globe, ou classification det peupUs an-
tíeni eí modemes d'aprés leurs langues , París , 1826 , en
folio), obra en la cual, el autor con admiiable constancia
ha examinado y comparado las opiniones de cuantos lo
han precedido en esta materia. Por lo demás , habiendo
hecho el autor que los mejores etnógrafos examinaran
su obra, puede decirse que esta es trabajo común de to-
dos los hombres mas entendidos que había entonces en
Paris, es decir , en el foco de los mas vivos ingenios y
de los personajes mas científicos.
Posteriormente se ha publicado el prospecto etnográ-
fico de Maltebrun, oue yaría en muchos puntos , pero
que en los mas no nace sino dar mayor extensión á lo
que dice Balbi , el cual habiendo visto este trabajo ma-
nuscrito, pudo aprovecharse de él para el suyo.
Vengamos ahora á la exposición de las particularida-
des de cada lengua y dialecto, lo cual ademas de su im-
portancia etnográfica, contribuirá al interés histórico,
haciendo que pasemos revista por familias á aquellos
putblos , que después por épocas se nos han de presen-
tar en la narración.
Indicaremos con el signo fias lenguas muertas, con él?
aquellas cuya clasificación es incierta, y con ff las
que están mezcladas con otras,
}. 1.0
DMHon etnográfica de Europa,
La Europa, país de tan estrechos límites geográficos,
abraza sin embargo todo el globo, pues sus pueblos an-
tiguos y modernos fundaron inmensas colonias en todas
las demás partes del mundo , tanto que la América de
un extremo á otro está ocupada por razas europeas mu-
cho mas numerosas que las indígenas. Respecto de los
pueblos extraiyeros, hallamos en Europa establecidas
d^e muy antiguo colonias asiáticas en la pairte orien-
tal ; hoy los OmanlU dominan las hermosísimas re-
giones que forman la Turquía Europea; los Judioe se han
extendido por todas partes en gran número ; los Zingaroe
y los Ánneniot se han propagado mucho aunque en nu-
mero menor , y en fin, los Calmueos y Samoyedoe han
poblado algunos territorios. La etnografía no encuentra
vestigios de las antiguas invasiones de los Africanos en
el suelo de Europa, aunque la Historia las recuerda.
I. FAMILIA DE LAS LENGUAS IBÉRICAS , divi-
dida en
Lbhoüas antiguas f: idiomas de los Turdetanos,
Carpetanos, Lusitanos etc.
LoGUAs AflTiauAs, tivos: Éuscara ó vascuence.
etnografía de EUROPA. 71
FAMILIA DE LASLENGÜAS CÉLTICAS, dividida en
Lenguas antiguas •{- : idiomas de los Bituriges,
Eduos, Senoneses y Gálatas.
Lenguas ANTIGUAS , vtoof : idiomas Gálico, Gálico ó
Céltico, propiamente dicho /etc. Cimbro, Cumbro
ó Celto-bélgico.
n. FAMILIA DE LAS LENGUAS TRACO-PELÁSGI-
CAS ó GRECO-LATINAS, dividida en cuatro ramas:
Traco-ilírica : idiomas de los Frigios, Troyanos, Li-
dies, Tracios , Macedonios é Iliríos antiguos.
Idiomas Albanés, Skipo.
Etrusca t.
Pelasgo-helénica : idiomas de los Pelasgos, Creten-
ses, Enotros, Árcades etc.
Helénico ó griego antiguo.
Romeico , Aplohelénico ó griego moderno.
Itálica : idiomas de los Aborigénes, Lucanos, Píce-
nos etc.
Latino f.
Romano.
Italiano.
Francés.
Español.
Porhigués.
Válaco.
ni. FAMILIA DE LAS LENGUAS GERMÁNICAS, di-
vidida en cuatro ranoas:
Teutónica : idiomas de los Cuados, Marcomanos, Her-
manduros , Catos.
Alto-aleman antiguo i*.
Alto-aleman moderno.
Sajona: idiomas de los Cimbros, Anglios, Sajo-
nes etc.
Bajo-aleman antiguo ó sajón antiguo.
Bajo-aleman moderno ó sajón moderno.
Frison.
Neerlandés ó bátayo-modemo (holandés y fla-
menco).
Escandinava ó normanda gótica: Idiomas de los Yo-
tos. Godos, Ostrogodos , Vándalos? Hérulos? Bor-
Mesogótico i*.
Normando +.
Noruego.
Sueco.
Danés.
Anglo-britáiiica. Anglo-sajon.
Inglés.
IV. FAMILIA DE LAS LENGUAS ESLAVAS: Se divi-
de en tres ramas:
Rüso-iLÍRiCA : idiomas Esdayon, Slawenscki, Servio,
Servo, lUríco ó Ruteno.
Huso , Ruski ó Ruso moderno.
Croata.
Windo.
BoBKMio-poLACA : idlomas Bohemio ó Cfaeco. j
Polaco. Digitized by VjOOQIC
72
ACLARACIONES AL
SerboóSorabo.
Wbhdo-litdahia : idiomas Wendo.
Pniczo ó antiguo prusiano.
Lituano.
Letto ó Lcttwa.
V. FAMILIA DE LAS LENGUAS URÁLICAS llamadas
FiiiisAs ó Chudas, dividida en cinco ramas:
FniESA GiRMAiiizADA : idiomas finés propiamente
dicho.
Estonio.
Lapon.
Livonio.
VoLOAicA : idiomas Cbermiso.
Morduino.
Pcrmiana: idiomas Permiano.
Wotiaco.
HihiGARAÓ ÜGRiAifA: idiomas Húngaro ó Madgiar.
Wógulo.
Ostiaco ú obiostiaco.
InciiRTA : idiomas Huno? f
Avar? t
Búlgaro? t
Kázaro? f
S. 2.
I. Familia jpeUuga.
A. RAMA TRACIA (Adilung, Vater, Gattbrer).
1. Prigio$ en Asia ; Brtnot en Europa +.
2. Lidiot, de los cuales se estableció una colonia en
Etruria ?
* Lidia, distrito de Maccdonia.
* Tirrettot de Macedonia.
3. Troyoiiot y sus emigraciones i*.
4. BiHniet, de quienes descienden los Tiniot t f
(Manubrt).
5. Carias, colonias en Laconia, ele. f (Raoul Ro-
chette).
6. Traciot propiamente dichos f (véase Bslavos , etc.)
* Maidat en Tracia? (Rama de los Medos. Mal-
TEBRUR.)
"Pehgoñei en Macedonia, Pehlauml (Malte-
brur).
B. RAMA ILÍRICA.
1. Mitias 6 Manos, pueblo mixto.
2. Dados 6 Getasl 1 1 (Véase Vilaeos). ^
3. Dirdanosl f t-
4. Maeedonios antiguos, á lo menos en parte f f.
5. /líHof antiguos tt* (Véase Alhaneses).
a) Pariiños ( Uancos en lengua albanesa).
f) TaukuUios,
f) Molosos.
9) Ardaos ( Bordaos en Macedonia ).
t)Dilmaias.
6. PaiMñios 6 Paones + (Mannert).
7. Vénetos, colonia ilírica en Italia f t (Freret),
H,SieuU>s,\á,-ff.
9. Yapigios,iá.-f.
LIBRO PRmSRO.
G. RAMA PELASGO-EBLEm.
1. Pelasgos ó Pelargos, indígenas primitivos de Gre-
cia y de Italia + + (Ds Pela , roca ; los construc-
tores en rocas. Maltebrur).
2. Lélegos, <;oloniA asiática establecida en Greda f.
(Raoül Rocbette).
3. Curetas , iá.l f.
4. Perrehos, Pelasgos de Tesalia i*.
5. 7ei]»ro/at id. en Epiro t.
6. Etolios (quizá Ilirios).
7. Helenos, llamados anteriormente fi^necMeoEpiroy
Graos en Tracia.
a) Aqueos 6 Aquivos, es decir, habitantes de
las orillas de los ríos.
f) Ionios ó Jaones, es decir , tiradores de fle-
chas.
7) Dorios 6 Dores, es decir , portalanzai.
9) Ayolios ó Eolios, es decir, errantes, expedi-
cionarios.
8. ircades, Pelasgos del Peloponeso f •{-.
9. Enotros trasmigrados á Italia t f.
10. Tirrenos , trasmigrados á Italia t f ( Ráooi
Rochette).
LENGUAS ANTIGUAS DE EfflAS TRES RAMAS
A. LENGUAS TRAClAS t ó t + 7
1. Idioma irado, propiamente dicho, semejante al
persa, etc. en los nombres propios.
2. Frigio id. ; uno de los orígenes del griego y delllt-
ria ó albanés.
3. Lidio, rama quizá del frigio.
4. Cario , acaso pelasgo mezclado con fenicio.
' Licaonio de san Pablo.
B. LENGUAS ILIRIAS^i t?
1. Idioma «7tm propiamente dicho, uno de los que
dieron origen al albanés.
2. Gético, antes de la dominación de loe pueblos es-
lavos.
* Loa Siginos , población meda ó indostanade
donde procedieron los Zíngaros , y que ha-
bla probablemente un idioma asiático.
•
C. LENGUAS ji7J?I¿iV/Ci5, griego antiguo. (TmERSca
y Maltebrur).
1. Helénico primUivo, semejante al pelasgo f.
a. Areádico +.
b. Tesálico, con el griego macedónico antiguo? t i*
c. Enóírieo, llevado á Italia y mezclado con el
latin 1 1-
2 Helénico de los tiempos históricos,
a. Eólico antiguo, sem^ante al enótríeo (len-
gua de los dioses en Homero) f f.
b. Dórico antiguo , derivado del eólico (len§fua
de Safo, Píndaro, etc.).
a) Laeonio, idioma separado.
Q Dórico moderno de Siracusa (lengua de Teó-
crito).
c. Jónico antiguo, ó helénico suavizado por las
Digitizedby VjOO
artz,
de la Marca de PriegnUz (res-
tos del longobardo-címbrí-
co.
b. 5á;ofi orimUal,
a) Dialecto hrandebvrgués (Markitch).
«) pnuiaño moderno desde el año 1400
en adelante.
y) pomeraaio moderno.
de la isla de Rugen.
meddemburgués.
i)
O
c. WnifaUoño ó tajón occidental,
a) Dialecto de Bremen.
f) de la Westfalia central,
DE EUROPA.
77
r)
del antiguo ducado de JCngera tal,
vez el angrivariano f (Weddi-
gen).
í)
de Colonia.
deCléveris,elc.
2. FrUoneSy
' Antiguo fríson.
DIALECTOS MODERNOS.
a. Friton propiamente dicho.
a) Frítones del Norte 6 de Cimbria , divididos en
los dialectos de Breslel^ de Husum, del
Eyderstedt f , y de las islas.
fi) FrUoneí de Wettfalia , 'divididos en los dia-
lectos y poblaciones : 1 .*> de Jli«ír»ii^«i; 2.®
de Wursten; 3.^ de ScUerland.
r) Fritonet de BaUwia, divididos en los dialectos:
1.° frison común, 2.^ fríson de Molekwer
(anglo-fríson); y 3.° fríson de Hinde-
lopen,
b. Neerlandés ó bátavo moderno.
a) Holandés f la lengua escrita y culta.
fi) Flamenco , la lengua escrita y culta.
r) Dialecto de Gueldres.
9) de Zelanda ó de la Flandes Holan-
desa.
< ) Kgmperiand , mezclado con el teutó-
nico ó con el alto alemán.
5) del territorio de Bois-le-Duc.
C. RAMA ESCANDINAVA Ó N0RMAND(M;IÓTICA.
PUEBLOS E IDIOMAS AlfTIGUOS.
YoU».
Godos.
Manios.
Vanios.
i/OMlT
tM Ó roxolanos ?. . . .
Boü^muigoday de los Litua-
nos ,
IfmJot?. (deSüHM). . .
Stgroi
Ungobardos ó Vinulos emi-,
frados. •'
Vindalos
YMtwgos
ftffyusdúmei
Población antiguamente
establecida en la Escandina-
via (Alwismal).
Pueblos de raza escandi-
nava, mezclada con Eslavos,
'con Wcndosy con otras na-
ciones subyugadas.
DIVISIONES MODERNAS.
£1 wrmando ó lengua general de los siglos VIÍI
y IX (lengua de los Escaldas y de los Eddas), alt-nor-
¿MdeGaiMM).
El noruego (norrena ) de los siglos X y Xí.
a. Islandés , lengua de los Sagas , también es-
crita.
b. Noruego de los valles centrales.
c. Ikdecarlo ( ó dascka ) occidental.
d. YenUelandés , con el elstngués.
e. Dialecto de las islas Feroe,
f. VínorsoáehsíBhBShetland.
Yótico antigw, btgo escandinavo.
Góiico antiguo , alto escandinavo.
^ Manheimico , dialecto medio, origen de las lenguas
modernas.
Vandálico?
Alinico , semejante al gótico f.
a. ñoS'Olánico, (f f en el ruso), vater Gitieo an-
tiguo.
b. Ostrogótico (t f en Ukrania y en Italia).
c. Visigótico (t + en Polonia y en España).
d. Mesogótico (dialecto de Ulflla).
Herulo, incertísimo, mezclado según algunos con
el lituano.
Longobárdico, derivado tal vez del gótico ó del cim.
brico.
Burgúndico, tal vez normando, mezclado con wendo.
El sueco ( sfoensk ) , desde el año 1400 en adelante,
a) Sueco (lengua escrita).
9) Dialecto de Upland, con la variedad de
Boslag.
fi) de Nordland.
f) de la Dalecarlia oriental (idioma
mas antiguo).
9) tueco de Finlandia con algunas va-
riedades,
b. Gótico moderno,
a) Westrogóiico.
fi) Ostrogótico.
,)Di.lecto<le ^-^-^J,S^}y^^\^
78 ACLAAACIONBS AL
nio6?)
a) ~r de SfMland.
t ) de la ifila de RufUB en Livonia.
3. El dan¿t (dansk) desde el ano 1400 en adelante.
a. Danés.
a) Dialecto de las islas Danesas ( lengua es-
crita).
f) de la Escania hasta el año de 1660.
y) de la isla de BomAo/m (idioma an-
antiguo, del año 1200).
í) El noruego moderno {norsk) en las ciudades
y en los valles (lengua escrita).
b. Mland^t ó yótico moderno.
a) Normando^tico al Norte y al Occidente.
/Ó Dano^tico á lo largo del pequeño Beit
f) AngUhyóiieo en el cantón de Apglen.
D. RAMA ANGIiO-BRITÁNICA.
PUEBLOS E IDIOMAS ANTIGUOS.
i Véase mas adelante familias célticas.
Belgas. .
Cumhroi,
Gálo-fomanot. Romana rústica.
Antiguos Germanos 6 Escandinmos. Antiguo dialecto gó-
tico ó escandinavo (TÁcrro). 100 a. C. f f .
Lengua anglo sajona años 449-900 ff .
a. anglia , al Norte del Támesis*
b. sajona , al Sur del Támesis.
c. góHc f en el condado de Kent.
Daneses. . . . Lengua dano-sajona , 800-1040 ff.
Normandos. . Idioma franco-neustriano, desde 1066 tf.
Anglios.. .
Sajones. . .
Mlandeses.
DULEGTOS ACTUALES.
a. El inglés , propiamente dicho (lengua es-
crita.)
a) Dialecto de Londres , del barrio llamado la
C«y (el Cockney).
6) de Oxford y del centro.
y) de Sommerset.
í) del pais de Gales (inglés).
<) de los irlandeses-Ingleses (acento
irlandés).
K) ^~- de los Ingleses de WexforddUre.
n) Idioma joioring en el Berkshire.
e) rústico de Suffolk y de Noriblk.
b. £1 inglés nortumbriano (dano-inglés).
a) Dialecto del YorlMre.
/j) ád Lancaáíire.
f) del Cumherland y del Westmore*
land.
c. El escocés (anglo escandinavo).
•) £1 eieooM, propiamente dicho loioíomlMoieA
(lengua escrita).
fi) £1 horder Usngvage (idioma mixto de las
provincias fronterizas).
r) El idioma de los Escoceses de Ulster en Ir-
landa.
9) El idioma de ha islas Barcadas.
d. El anglo-americano que va poco i poco sepa-
rándose del inglés , etc., etc.
LIBRO PRnaCRO.
VI. FAMILIA CÉLTICA.
Pueblos é idiomas antiguos (Maltbbrur).
1. Celias del Danubio. Idiomas desconocidos.
a. Helvecios.
b. Boyas ff.
. c. Sscordiscos.
á. Albaneses de Uiría? Voces célticos en el
al bañes.
c. CoHnos en Sarmatia, etc. (Tácito).
2. CeUasdeltaliaff. Idiomas poco conocidos.
a. Ugurios ó Ligyes , hasta el Ródano.
b. Instíbros , Chenomanos , etc.
c. BhasencB 6 Bfruscos 7 Voces en la lengui
etruscaff.
d. ümbrios, etc., etc.
Véase mas arriba Pelasgos italianos.
3. Celtasde las GaUas f f . Lengua céltica ó gala de
los historiadores romanoi.
a. Salyes,
b. AlobrogeSf etc. (en los Alpes).
c. Voleos, probablemente Belgas.
d. Aroemios (ausi Latió se dicere frates).
e. ^Eduos, Seguanos, Helvecios,
t. Bituriges, etc., etc.
g. Pictones, Saniones, etc.
h. Vénetos, etc.
i. Camutos, Chenomanos, Turones,e\c, (lenguacél-
tica de los Druidas).
j. Colonias enviadas á las islas Británicas?
*P<(iot de los Pitones?
k. (Colonias en España. Lengua celtibérica.
•) Los (Mtiberos divididos en seis tribus.
Borones. Lusones.
Pelendones. Belos.
Arevacos, DitOios.
§1) Los Celtas.
4. Los Celtas de la Hibemia.
a. Yemios (Ivemios, Hibemios) en Irlanda.
Lengua ersa antigua?
b. Escotas, que pasaron á Escocia.
c. SUurios, en el país de Gales meridional f f-
d. Damnonios , en el Comwal f f.
e. Los Celtas de Galitzia.
a) Artabres 6 AroíUbes.
é) Nerios.
r) Prasamarcce.
9) Tamaricos.
f. Los Oystrimnes.
5. Los CeUo-germanos 6 Lengua belga ó celto-ger-
Belgas. mániea ff.
a. Belgas del conHnenteff.
a) Be/^ot propiamente dichos.
fi) Treveros, Leudos, etc.
y) Nervios.
9) Marinos.
<) Menapios , Tungros, etc. (Véase arriba.)
b. Belgas ultramarinos Lengua celtc-bretona,cum'
ó Celto-hretones 6 brica 6 cámbrica.
cimbros f f.
a) Belgas de Wiltshire, Atrebates, etc.
fi) Cantios. j
r) Brigantes, Parisios, etcDOglC
c. Los Gahdos ó Galos de Asia (San Gerónimo) f.
PUEBLOS E IDIOMAS EXISTENTES.
1. Los Ce/Zu propiamente dichos.
a. Los Mandesei ó
h-es
b. Los CaUdonios 6
RffManders.. .
a. Dialecto eno 6 eH-
ñ^-a ! nach
tm
b. Caldonaeh.
a) En los Highland.
) En el ÜUier.
r) Idioma manch en la isla
de Man.
í) de Walden en el
condado de Essex.
2. Cumbroi ó Celto-bel-
gas,
a. Los GaUses ó Wel- Len^a micha.
ff^f a. Dialecto de Wallis.
b. ^,— deComwatltt»
b. Bret<nus ó Breytad. Lengua baja-bretona.
a. ^{(reeánico.
b. £1 honatdo.
c . £1 idioma de Comwall ++
d. de Vannes.
Vn. FAMILIAS IBÉRICAS (1).
1. Los Turddanos, Idioma desconocido y cul-
tivado hace 6000 años
(Estrabon).
2. Los CoMoM (Cinetes, Voces finesas y eslavas?
cynesios).
Los Sofkxmot, etc*
3. Los Lusitanos,
4. Los Galaicos ó Galle-
gos, .
CmOORAFÍÁ DE EUROPA. 79
i) Menapios, Ornas, etc. , de Irlanda. VIU. LENGUAS CELTO-LATINAS.
A. ITALIANO.
. * La len^a rotnana rústica, tronco común en el
año 1000.
1. Italiano septentrioMl.
a. Dialectos <tó/o-/rflnccMí.
a) Dialecto del Piamonte.
fi) del Friul con las variedades de Fassa,
Livinalungo, etc.
b. Dialectos liguro-itálicos.
a).El genotés.
fi) Dialecto de Monaco.
f) de Niza.
*) de Estragnolles , etc.
c. l>i^ecios lombardos,
a) El milanés con algunos idiomas.
fi) BUbergames,
r) El bresciano.
9) m modenés.
<) £1 bolones.
C) lUpaduano»
Casi todos los dialectos de Italia son también escritos.
2. Italiano meridional y orieiUal.
a. Dialectos oen«cJajio«.
o) El veneciano propio (idioma escrito y culto).
fi) ISX dálmaioMaliano.
7) £1 de Corfú.
9) £1 de Zante.
«) £1 italiano de algunas islas del Archipiélago.
b. Dialectos ^Ofcaiu».
•) £1 toscano puro (lengua de la literatura y de
la gente culta).
fi) El florentino vulgar,
r) El sienes.
9) Ulpisano.
•) El tuques.
^ £1 pistoyés,
n) £1 aretino coa muchas variedades.
' Dialectos de la Umbria y de las Marcas??
c. Dialectos ati«oft»(».
a) £1 romano culto.
* £1 transtiberino, jerga vulgar.
/3) £1 sabino en los Abruzos. .
r) £1 napolitano»
9) El catabres.
i) mpullés.
() £1 tarentino 6 griego pullés.
ir) Idiomas de Bitonto.
3. Italiano de las islas. '
a. Siciliano,
a) Siciliano del siglo XII (lengua escrita y poé-
tica •¡•f.
fi) moderno (lengua escrita).
* Dialectos poco conocidos.
b. Sardo.
«) Sardo dividido en dos variedades.
1. El compúton^f (dialecto escrito).
2. £1 llamado capo di sopra.
fi) Toscano de Sassari, etc. ^
7) Catalán ó alguerés (de Alguera). ^ GoOQIc
c. Corso. ^
5. Los Astures,
6. Los Yacemos.
7. Los Vettones
S. Los Carpetanos.
9. Los Oretanos. .
10. los Edetanos..
11. Los Bastitanos.
12. Los Contettanos,
13. Los Ilergetes.
Dialecto desconocido f .
Probablemente celtas des-
cendientes de una rama
desconocida ft-
Ídem t-
ídem,
ídem.
[Dialectos desconocidos de la
lengua tft^rícatf.
Idioma oscOj dialecto del
vasco f (xaltibrun).
' La Vescitania f t con Osea.
14. Losllercaones. .
15. Los Laletanos. . Dialectos ibéricos desconocidos.
16. Los Cerretanos. .
17. U^Aquiíanos. Dialecto vasco.
18. Us Cántabros. ídem.
19 los Vascones. Lengua tasca 6 ibérica
(humboldt).
a. Dialecto del Ampurdan.
b. ' de Guipúzcoa.
c. de Vizcaya.
íclllíilfi* f* P«<^a decir esto convendrá exceptuar álos Óseos
^i^^i^mf^^"^^^' ^ ^'"y* lengw referiremos mo-
8d ÁGLÁRAGIONSS AL
B. ROMÁNICO (Provenzal,Occitánico) (1).
a. Románico de los Alpes.
b. ¡Utico, 6 románico de los Grisones y del
Tirol.
a) Di&lecto del Alto país de los Grisones,
esto es: l.« deChams; 2.* de Lein-
zenberg ; 3.® de Domlesch ; 4.® de
Oberhalbstein ; 5.® de Tusis.
fi) El rumónico de las Uanaras y de las
montañas.
7) El ladino en Coira, 1.^ con el alto enga-
diño, y 2.° el bajo engadino.
9) La lengua gardena 6 del valle de Groden.
1 . Vokeano, antiguo idioma celto-romatíb (bajo Vales) .
2. Helvético 6 románico de Friburgo.
a) £1 gruverin en el pais alto.
/S) El quetzo en el centro.
' 7) £1 hroyar en el país bajo.
c. ProvenzaL
1. £1 provental propiamente dicho (lengua escrita).
a) Dialectos de Aix.
i) de Berry,
2. El longuedoqués propio.
«) Dialecto tolotano ó el moundi (lengua
escrita).
fi) de Nimes.
^) de los contornos de Niza.
9) £1 rovelgat,
< ) El vahyen.
3. £1 delfines, mas mezclado con céltico (lengua es-
crita).
a) Dialecto de la Bresse.
p) del Bugey.
4. El^eon.
a) £1 gascón de Gascuña.
^) El tolosano popular , distinto del moundi,
7) El htomis de Francia,
a ) El lemosin actual , con el dialecto del
Perigord,
d. Bománico-ihérico,
1 . £1 lemosin antiguo.
2. El catalán,
3. El o(ae4ictaiio( lengua escrita).
4. El mallorquin.
* Lengua franca, idioma mixto , del cual
forman la mayor parte, el catalán, el
lemosin , el siciliano y el árabe.
C. ESPAÑOL , dividido en dos ramas :
,a. £1 castellano (lengua escrita y culta, llamada
en las provincias romance.
í. Dialecto de Toledo ( el mas puro).
2. de León y de Asturias.
3. ^aragonés,
4. "Eíanddlux.
5. EX murciano, (*)
(1 ) Lat doctas investigacioiiesde los señores Rsyoonard, Cbim-
MMlioD-FIgeac , 7 Sfsmondi han determinado la extensión qne ocapó
esta nuera rama llamada Propensai por el país en que se hablaba,
7 (kcetáMica por la partieola aflrmaüva oc.
( * ) Aonqoe en las monUfias de León , 7 principalmente en Ara-
gón y Andaioda se nsan ciertas frases 7 palabras pecnliares 7 se
LIBRO. PRIMERO.
b. El galiciano ó gallego.
i. El gallego propiamente dicho.
2. El pwiuguis (lengua escrita y literaria),
dividida en las variedades de AkmUjo,
Beira y Miño.
3. El dialecto del Algarhe,
D. FRANCÉS.
LENGUA DE LA EDAD MEDIA.
a. La romana del Norte 6 franco^omana ( lengua
de trovadores ) + +.
b. La celto-romana del Oeste y del centro.
c. La vasco-romana de la Gascuña.
d. La romana-pura ó el antiguo provenzal (len-
gua de los trovadores) +t-
LENGUA MODERNA.
1. '^ francés-académico (lengua escrita, social y di-
plomática de Europa ).
2. Dialectos habhkdos.
a. Dialectos franceses del Norte.
1. El u>alon ó roacAt de Na-
mur y de Lieja. . .
2. El flamenco francés. .
3. El picardo con el arte-í
siano
b. Dialectos modernos del Norte.
1. El normando.
2. £1 francés vulgar de la isla de Francia y
de Champaña.
3. £1 Iwenés con el vosgéHco,
4. £1 horgohon.
5. El orleanés y el bresés.
6. EL anjovino j el manes.
7. El francés de Berlín, de Federicia , etc.
8. El francés canadés procedente d« las ori-
llas del Loira.
c. Dialectos del centro y del Occidente.
i. Dialecto de la Auvemia.
I Ramas de la
lengua /ras -
co-normanda
del Norte.
3.
4.
5.
6.
del Poitou ó PiC'i Que tienen
tavo \ analogía en
de la Vendée.
bajo Bretón fran-
el acento con
el celta.
cés
de Berry.
de Burdeos
y otros dialectos
gascones,
d. Dialectos de/ Este.
i. Dialectos del Franco condado con las va-
riedades 1.^ de Basílea y 2.^ de Neuf-
chatel.
De Vaud 6 reman (romano).
2.
3.
4.
5.
de Sáboya con el ginebrino, idio-
ma culto.
de Ijfon,
de las ciudades del Mfinado.
aplica ft varias toces un significado distinto qne en Castilla , por lo
menos en Murcia no sucede asi; 7 aun las diferencias dichas oo
constituyen, rigorosamente hablando, un dialecto.
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QQQfH.MT.J
■ c
BTKOGRATU ME KDM>M.
§.3.
Famüiat de Im lenguas vateju y eélHeat,
Estes lenguas primitivas, dominantes un tiempo en
la major parte del Oecidente y del Mediodía de Eu-
ropa, forman dos familias, vosea y céltica, y se hablatian
la una en la península Hispana y aquende los Piri-
neos , la otrajDor los pueblos conocidos con el nombre
genéiioo de Celtu ó Galos, que ocupaban la mayor
parte de las Gallas, la Bélgica, las Islas Británicas, pai^
le de la Alemania , de la Suiza , de España y del Asia
Menor. La historia y las musas latinas celebraron el va*
lor de las naciones occidentales , que en las riberas del
Tajo y del Ebro , ó en las del Sena , del Loira y del Tá-
inesis', hicieron resonar los graves y guturales sonidos
de los idiomas Tasoongado y céltico. Los anales y la
lira romana trasmitieron á la posteridad la heróica re-
sistencia <^ue los Celtíberos y los Cántabros , mucho
tiempo indómitos, y los soldados de Viríato, opusieron á
las armas deí pueljjo rey, Amigos ó enemisosde Roma,
los habitantes de la antigua Hesperia, obtuvieron de
aquella reina del mundo los elogios que Jamás negó alas
virtudes de los guerreros. Los nombres de, Sagunto y
deNumancia, los de Mandonio y de Indibil están escri-
tos en las páginas de sus historiadores y poetes^ al lado
de los de Aníbal y de los Escipiones. En la Lusitania, á
la cabeza de un puñado de refagiados romanos , apoya-
dos por los l>ravo8 descendientes de Viriato , el generoso
Sertorío «i^jesafió por algunos años la tiranía de Sila y
el naciente genio de Pompeyo. Vascos y Celtas forma-
ban el grueso del ejército cartaginés que , guiado por
Aníbal, puso á Roma al borde de su ruina. Ilumina-
da después España por la civilización romana , rever-
beró hacia la madre patria los rayos de la gloria litera-
ria de que le era deudora: los dos Sénecas, Lucano,
Qointiliano , IMarcial, españoles, devolvieron á las mu-
sas latinas parte del esplendor con que en tiempo de
Augusto habían brillado; y en Trajano, español también,
tuvo Roma el mayor guerrero que había guiado sus le-
giones desde el tiempo de César, y el mejor emperador
anterior á Marco Aurelio.
No menos renombrados son el ardimiento , las proezas
y t\ genio belicoso de lo$ antiguos Celtas ó Galos. Las
tribos céltícas de los Boyos , Tauríscos , Escordiscos,
Retios, Helvecios, Ausonios, v quizá también de los
Etruscos , ocupaban la cadena oe ios Alpes , buena parle
de laGermania v de la Panonia hasta el la^o Balaton, la
Sava inferior, el terreno entre el Jura y el lago de Cons-
tanza, la costa del Mediterráneo al Este de la Galia, y
otros mitses de Italia. Los Celtas residieron primero en la
Gran Bretaña y eh la Irlanda, pero pronto dirigieron sus
araias al Mediodía de Italia y hasta el Asia Menor, dondo
se establecieron con el nombres de Gálatas. Un ejército
de Galos , después de haber destrozado las legiones en
Alia , llevó á Roma el hierro y el fuego, y habría sofo-
cado en su cuna á los conquistadores del mundo, si el
Jáyiler del Capitolio y el valor de Manlio no hubiesen
velado por su fortuna. Tanto terror infundia en*Romael
solo nombre de Galos, que al resonar^ se suspendían Jos
negocios , y se elegía un dictador que proveyese á la
salvación de la república. Belfos, santuario de la Grecia,
no estuvo á cubierto del valor galo, que le arrebató sus
tesoros. Auxiliares terribles, primero de Aníbal, opusie-
ron luego obstinada resistencia á las legiones de César;
?r este mismo confiesa que, si las discordias, hábilmente
omentadas por él , no le hubieran entregado la Galla
debilitada y dividida , no habría logrado Jamás sojuz-
prla. Tres siglos después , al frente de los Galos , Ju-
uano y Probo rechazaban á las legiones de Constanzo y
á los Bárimros de la Germania. Por último, en la Galia
encontraron glorioso asilo la elocuencia y las letras, des-
terradas de Roma.
1^ naciones que les sucedieron brillaron y brillan
^▼ía ron mas vivo esplendor. Abandonando casi
del todo las lenguas de sus antepasados por la de
«B conquistadores , se asociaron á las doctrinas y al
genio de estos; y fundaron nuevas lenguas, ilustradas
con las maravillas de las ciencias, de las letras y de las
artes. Los hijos de los Suevos, de los Godos, de los
TOMO I.
81
Francos, de los Pitios y de los Lusitenos , se colocaron
á la cabeza del mundo civilizado bajo el nombre de
Franceses, Ingleses, Españoles, Portugueses é Italianos,
rívalheando con los pueblos mas insignes de la antigüe-
dad en la carrera de las armas , y levantando mas que
ellos el genio de las ciencias , de la industria , del co-
mercio y de la civilización. «
Los reinados de los Visigodos en España, de los Fran-
cos en la Galia , de los Longobardos y Ostrogodos en
Italia, florecieron largo tiempo bajo La feliz influencia de
una religión, cuyo espíritu luchaba frecuentemente con
buen éxito contra la barbarie. En las Galias á Carlos
Martel y Cario-Magno, y en la Gran Bretaña á Alfredo
rechazaron á los enemigos de la civilización europea,
y con los esfuerzos de su genio atrajeron sobre sus res-
pectivos países los beneficios de las doctrinas y de las
leyes. La rudeza de los ánimos v de las costumbres en
aquellos siglos de hierro opuso largo tiempo un obstá-
culo insuperable á todas las tentativas generosas. La
invasión de los formidables sectarios de Mahoma aba-
tió en España el imperio de los Godos; pero esta misma
lucha, excitando el entusiasmo nacional, produjo héroes,
V los nombres del Cid^ de Femando y de Alfonso el
Sabio se trasmitieron á la posteridad. Los mismos Moros
sacudieron un instante el yugo de plomo del Coran para
tributar un culto asiduo a las artes y á las letras. La
brújula, abriendo ál audaz piloto la vía de los anchos
mares , espanto de los antiguos , crea un arte nuevo
de la navegación: el genio de Colon revela al uni-
verso atónito las riquezas de un nuevo mundo ; el
del portu^és Gama traza á los navegantes el camino de
la India, fecunda tierra de preciosos productos: los tesoros
de la América y del Asia despiertan la industria de Eu-
ropa: ya no es el Océano una barrera , y en adelante to-
dos los pueblos del globo se comunicarán entre sí. £1 va-
lor de los Españoles y PoHugueses, lanza á los Moros de
la península; y aquellos puetnos generosos , terminado su
combate con el África y el islamismo , dan libre vuelo
á su genio. £n las c(¿tas de Colombia los Cortés, los
Pizarros y los Cabrales, sojuzgando al frente de un pu-
ñado de valientes, los imperios de Motezuma, de los in-
cas y del Brasil , enriquecen á su patria con inmensos
reinos, y crean vastas cuanto magníficas colonia. Los
Albuquerques , los Almeidas , enarbolando el estandar-
te de Portugal en las costas de la india , fundan en
ella un imperio rico y poderosb. En tiempo de Feman-
do el Católico y Carlos V las armas y la pob'tica españo-
la dominan la Europa , hacen temblar al África y
espantan al gran Solimán. Pero el genio de Isabel do-
blega al de Felipe, tirano de España, numilla el orgullo
castellano, y prepara los triunfos de la marina y del co-
mercio británico^ elevados á mas seguro vuelo por
Crsmvrell. Cuarenta años de guerras civiles retrasan el
del poder francés ; pero grandes almas se educan en la
escuela del infortunio, como V Hopital, Conde, Montmo-
rency, Coligny, Mornay, la Noue y tantos otros héroes,
no menos valientes en el campo que idóneos en el con-
sejo , sobre todos los cuales se alza el grande y buen
Enrique IV que , secundado por su digno amigo , el se-
vero SuUy , reúne la Francia discorde bajo su cetro
paternal , y le abre todas las fuentes de la pública
prosperidad. El formidable Richelieu , apoyado por
los Snecos de Gustavo Adolfo , postra el poder de '
España y Austria , prepara los elementos de la futura
grandeza francesa y la pacificación de la Alemania y
la Europa. £1 célebre tratado de Westfalia , que por
mucho tiempo regirá sus destinos ; la paz de los Piri-
neos, feliz augurio de la alianza entre España y Fran-
cia, ilustran el ministerio del astuto Mazarino. Éntonees
los Turena y los Conde adelantan el formidable arte
de la guerra , y se forman los grandes hombres que en
todos los géneros elevarán á la cúspide la gloria de
la Francia y el espléndido reincido de Luis XI V , pode-
roso monarca , que como^ Aleiandro y Augusto dará
nombre á su siglo. Disnos émulos de Turena y de Con-
de, los Luxembourg , los Catinat . Vendóme, Villara, y
Berwíck, sostendrán una heróica lucha contra la Europa
conjurada . y mantendrán el honor del nombre fran-
cés. En el consejo mostrarán Colbert y Louvois cuán-
to influyen los hábiles administradores en el poder yj
ÁCLA]UCyK>NEft AL UBBO PRDIIRO.
prosperidad de su país : los talentos de Colbert harán
florecer la.industria y el comercio^ y disputarán con buen
éxito el imperio de los mares á la Gran Bretaña : mag^
níflcos y útiles monumentos, la unión de dos mares con
un canal, atestig;uarán la vigilancia y las doctrinas del
príncipe y de sus ministros. Una gran revolución dirige
en la Gran Bretaña todos ios ánimos hacia el increm^i-
to de la navegación , de las fábricas y del comercio ,j
ya se anuncian las maravillas del siguiente siglo. ÉL
genio paciente y ala par fogoso de Guillermo III, los ta-
lentos de Marlborough y de Boliagbroke, excitan el celo
de una nación laboriosa é industrial. ¡Cuántos prodigios
verá cumplirse el siglo xviii en estos dos pueblos riva-
les! Las ciencias , las letras y las artes caminarán de
progreso en progreso en estas tierras dedicadas al culto
de la inteligencia y de la actividad humana. Las mila-
grosas tentativas- de Francia y de Inglaterra en este
siglo, serán eternas en los anales del mundo, y sobre
todo, el mayor de los portentos, el mas estupendo como
el mas útil entre los progresos, el desarrolb mas y mas
creciente del poder de la industria, el perfeccionamiento
de la ciencia de la economía social.
FAMILIA VASCA Ó ÍBERA.
A. LENGUAS MUERTAS HACEMOCBO TIEMPO. Se-
ffun Guillermo de Humboldt y Maltebrun , parece
demostrado que entre estas lenguas, poco diferentes
entre sí, deben colocarse los idiomas que hablaban
los Iberos en la mayor parte de la Península Espa-
ñola, en el Sur de las Galios, en algunos puntos de
Italia y en las grandes islas de este país. Los prin-
cipales pueblos comprendidos en esta familia, todos
extinguidos á excepción de uno solo, son:
a. Los Turdetanos que habitaban en la Bélica, y
parece que fueron mas civilizados que todos
los iberos;
b. Los Lusitanos que habitaban entre el Tajo y
el Duero, famosos por su agilidad en la carrera
Lsu valor en la guerra;
}s Cántabros al Norte de la península , salva-
jes que defenüian con heroico denuedo su inde-
pendencia entre montañas de difícil acceso;
d. Los CarpetanoSf caya capital era Toledo, céle-
bre por sus obras en acero;
c. Los Celtiberos j en el interior de la península;
mezcla de Iberos puros con Celtas; muy civili-
zados, dedicados al comercio y á la industria,
L numerosísimos;
>s Vascones, pudres de los modernos Vascon-
gados;
g. Los Astures, Túrdulos, Ilérgetes, y otros «i la
España actual;
h. Los Aquitanos que ocupaban el Sudoeste de
las Gallas;
i. Los Óseos ? establecidos en Italia , que según
Maltebrun, eran de la familia de los Ilérgetes.
Parece que los Turdetanos, los Celtíberos y otros de
este tronco fueron bastante civilizados, poseyeron anti-
guos monumentos de poesía é historia , y un alfabeto
particular , del cual todavía no se conocen todos los ele-
mentos, por mas que muchos doctos se hayan dedicado
á su estudio, á fin de explicar las inscripciones ibéricas
encontradas en piedras , planchas metálicas , vasos de
barro y medallas que con la lengua vasca constituyen
los únicos monumentos que nos han quedado de aque-
llos pueblos célebres (1).
B. LENGUAS ANTIGUAS AUN VIVAS, La única es la
ÉUSCARA ó VASCA , hablada antiguamente en gran
parte de España'y al Sur de la Galia, y ahora usa-
da tan solo por los Euscaldunac ó sean Vascongados
ó Vascos en los campos de Vizcaya y de Navarra,
en España; y en Francia en la Baja Navarra france-
sa y en el país de'Labour y de Soule (departamen-
to de los Bajos Pirineos). Los Vascos descienden de
(1 ) Para que se pueda decir esto convendrá exceptuar álos Qscos
(como nosolros los exceptuamos), de cuya lengua referiremos mo-
numentos en el Libro IJI.
los antiguos Gascones. La lengua éuscara que no
se asemeja á ningún otro idioma de Europa, aunque
haya adoptado muchas voces latinas y otras ale-
manas, parece que tiene afinidad con las lenguas
semíticas, y en ht conjugación se parece á las
americanas (2). Según Humboldt, es entre las len-
guas europeas la que menos ha oambiddo y la que
porsusformas gramaticales manifiesta mas que otra
alguna ser lengua primitiva ; es riquísima y armo-
niosísima sin aglomeración desajrradable de conso-
nantes, máxime al principio y al fin de las palabras;
no üene género y agrega siempre el artículo al fin de
las palabras; por ^emplo : egun, día ; eguna dia e\;
egunae dias los^ La lengua éuscara, añadiendo cier-
tas partículas, puede cambiar un nombre en Terbo,
adverbio ú otras partes de la oración, vcoa las
terminaciones tasuna y gueria, agregadas a los nom-
bres expresa la cualidad buena (tasuna) 6 mala
(queria).
Su conjugación es tan difícil como rica, pues no so-
lo exprésala significación activa y pasiva de los ver-
bos, sino que puede dar gradaciones que Is^ demás
lenguas no saben expresar sino por medio úe la reu-
nión de muchos verbos ó de frases enteras, las gra-
máticas vascongadas cuentan nada menos que once
modos: indicativo, consuetudinario, f>otencial, voltsn-
torio, fortado, necesario, imperativo, subjwUino, op-
tativo, plenitudinario é infinitivo^ Los seis primeros
tienen cada uno seis tiempos; dos presentes, dos
pasados y dos futuros , y los otros cinco un número
menor.
La literatura vasca solo posee libros ascéticos, gramá-
ticas, diccionarios y alguna poesía , en su mayor parte
manuscristos. (') La obra vasca mas interesante es la co-
lección de proverbios , publicada en francés y vascuen-
ce por Oienhart, entre las cuales hay también frag^-
mentos de canciones populares. Créese que la canción
Lelo il Lelo es la mas antigua de esta lengua, y también
de los demás idiomas españoles y portugueses. Los
Vascos escriben con el alfabeto latino , y su ortografía
no so diferencia de la pronunciación. Según una obra
reciente del abate Bidassouet , el idioma vasco puede
declinar y verbificar (séame lícita esta palabra necesa-
ria) los caracteres alfabéticos; verbificar los pronombres
declinables y también los verbales; cambiar los partíci-
pios en nominativos , y decliiiarlos como los nombres
ordinarios , teniendo cada uno hasta diez y seis casos
diversos, producidos por terminaciones nuevas ; puede
declinar todo lo que es indeclinable en las lenguas mo-
dernas, como preposiciones, adverbios, interjecciones y
también verbincarlas; conjugar todo verbo radical hasta
veintey seis vecessin aumentar ni variar su unidad indivi-
dual y siempre con desinencias nuevas; cambiar todos los
infinitivos y participios en nominativos, y declinarlos
después como nombres ordinarios con sus once casos;
Íor último , no tiene verbos defectivos ni reflexivos,
iene cuatro lenguas diferentes en la unidad indivisible
de la misma conjugación; es decir, un lenguaje infantil
diminutivo , uno adulto ó de igualdad , otro de moypr
edad ó de respeto, y otro femenil. Cada uno de sus nom-
bres sustantivos tiene hasta doce casos diferentes y sois
grados de nominativo; y cada adjetivo hasta veinte ca-
sos diversos. Pongamos un ejemplo de los seis grados
del nominativo. 1.^ ait, padre; 2.^aitaren, el del padre;
^,^aitarenarena, el de el del padre; A.^.ailarenarengani-
cacoarena , el de el de el del padre ; 5.° aUarenarengani-
cacoarenarena , el de el de el de del padre ; 6.^ aüarena-
renarenganicacoarenarena , el de el de el de el de el del
(2) Guillermo de Humboldt (Froftmg der üntermuhungen úber
He Ürbewokner Üispaniens vermUtetsi der vuskischea Sprache) re-
conoce además que los idiomas de varios pueblos antiguos que ha-
bitaban la Península Española , la Galia Meridional , algonos puntos
de Italia y las tres mayores islas del Mediterráneo pertenerian á ta
lengua itíerica de la cual es un resto la vascongada. KlaMoth encon-
tró en el vasco muchas formas pertenecientes á los idiomas tiahU-
dos en las partes septentrionales y occidentales del Asia.
(*) No he visto eu esta lengua ningún libro ascético, gramática ni
diccionario manuscrito, y por el contrario he visto muchos libros,
especialmtnte de la primen clase , impresos. En cuanto á poesías
no dudo que podrá haberlas inéditas, pero tampoco serán en gran
nihnero. I oí^*^''^'^
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ETNOGRAFU BE EUROPA.
85
padre; en el ablativo hace aUarenarenarengankacoarena'
rtnarenartquin, ¡cuarenta y dos letras! Bídassouet observa
sin embar^ , que la nomenclatura vasca conviene y
guarda analogía con la posición topográfica, llamándose
asi una casa hidariia, por estar situada entre dos ca-
lles; hidegaina, si está edificada en un camino; lidecit-
rwhia, cuando se halla en una encrucijada; keguasia, si
se halla al Mediodía; iparraguerria , por estar opuesta
al Norte ; haitzeotehenia , si la domina algún viento frío;
hidegorrieta, cuando está construida en un camino rojizo.
£1 mismo gramático, por cálculos aproximati vos, dice que
al paso que la lengua francesa no tiene mas de 2. 1 1 9,000
sílabas, el vascuence no tiene menos de 1,592.448,000,
]&ta inmensa diferencia proviene en gran parte de con-
jugarse todo verbo vasco de veinte y seis maneras, y
de que pudiendo llegar á ser verbo todo nombre, puede
suministrar tantas sflabas como suministraria un verbo,
pasando por todas las modificaciones de las veinte y seis
conjugaciones.
&ta Ici^a se divide en tres dialectos principales:
a. El vizcaino que pasa por el mas puro y posee
las mejores gramáticas : se habla en la Vizca-
ya propiamente dicha.
b. El guipuzcoano que se habla en las nrovin-
cias de Guipúzcoa y de Álava, y tiene el mejor
diccionario.
c. £1 vasco ampurdan , que se habla en la Navar-
ra española y francesa , y en los paises de La-
hSixr y de Soule.
FAMILIA CÉLTICA.
A. LENGUAS ANTIGUAS EXTINGUIDAS HACE MUCHO
TIEMPO, Parece que deben colocarse entre las perte-
necientes á esta (amilia loe idiomas hablados ptor los
Cdlas en las Galios, enBéleica , en las islas Británicas,
en parte de la Alemania, de Italia, de España y del Asía
Meoor. Los mas importantes de estos pueblos son: en
la Calía los Biturigios, que dominaron antiguamente
toda la Galla Céltica» y cuyo gcfeBelloveso conquistó
gran jiarte de Italia en el ano 164 de Roma; los Bivat,
taooosos sobre todos los Galos, que tenían por capital
á AuguttoduHum (Autun); los Senones, que conquista-
ran la Italia y tomaron también á Roma; los Paritios,
cuya capital era Lutecia , sitaada en el paraje que
ahont se llama VUe ó la eiié en París; los Vénetas ^ en
las costas del Morbihan y en las islas Venctica», uno
de los centros principales del culto drnídico; los
Alobrogtt , los Secuanos , etc ; en la antigua Bélgica
los Belgas piopiamente dichos) los 7feomof, en cuya
capital residieron con frecuencia los emperadores ro-
manos; los Nervios, losJfeiiapíoff, etc.; en las Islas Bri-
tánicas, los 5i¿ttrta», los YemioSy YoemiosQBihemioi;\o9
Escotas ó Gaelios ; los CanHos, en cuyo territorio parece
que estaba Londres, etc. ; en la Alemania Meridional los
Mvedoe , los Bayos, los Escordiseas, etc.; en Italia,
los Líganos ó Ligios; los Insubrios, los Chenomanos,
etc.; en España , los Celtas , y los que ocupaban par-
te de Galicia ; y en el Asia Menor los Gálatas , en la
Galacia. Muchos de estos pueblos parecen un tanto
cultos. Los druidas de los galos usaban el alfabeto
griego , y se pretende que .los de Irianda tovieron un
alfabeto particular.
B. LENGUAS ANTIGUAS AUN EXISTENTES.
a. GÍ.LXCA , G A£LIC A Ó CÉLTICA PROPIA MENTE DICHA .
Hablada en varios dialectos por los descendien-
tes de los verdaderos Celtas, en la mayorparte
de Irlanda, en casi todo el Highland , en Esco-
cia, en las Islas Occidentales ó Hébridas y en
la isla de Man. La declinación del céltico , que
tiene los seis casos del latín, se hace en gran
parte por flexión, y en parte por preposiciones.
La conjugación es rica en modos, pero pobre en
tiempos, porque tiene un modo negativo que
usa después de las negaciones ni, cAo, y otras, y
porque excepto eí verbo bi no tiene mas que dos
tiempos , el pasado imperfecto (1) y el futuro,
( 1 } O mas bien indeterminado , aoristo.
TOMO I.
formando los otros tiempos simples ó compues-
tos por medio de perífrasis con el auxiliar ¡n,
precedido de la preposición ag ó iar, Poreiemplo:
ta mi ag bualaaah , yo golpeo , y literalmente,
yo he aprendido á golpear; iaiuag bualadah, tu
golpeas ó has aprendido á golpear.
Esta lengua tiene como el cumbro tres auxiliares : H,
que forma gran parte déla conjugación; deán, hacer; rach,
ir, que como el auxiliar oher en cumbro, y el (fo en inglés
sirve para dar fuerza á la frase. Por ejemplo; deán
suidhe, siéntate, y literalmente haz sentarte : rinn e sea-
samh, estaba de pié , y literalmente , él hacia estar de
pié. Estos dos mismos verbos unidos á otros forman
cierto numero de frases particulares. £1 gaéiico forma
los verbos pasivos como el latín , sin necesidad de au-
xiliares , excepto en los mudos optativo y subjuntivo.
Según Ahwardt , solo los iiempos de los niodos sub-
juntivo é imperativo tienen en cada persona termina-
ciones diferentes como en griego , en latin, en francés y
en otras lenguas. En el indicativo la terminación es igual
en el singular y en el plural para todas las personas, y
el pronombre personal se pospone al verbo. La segun-
da persona del singular del imperativo es la raíz de
cada verbo como en alemán , en persa , en turco y en
otras lenguas. Como el latin y el italiano puede esta len-
gua conjugar sus verbos activos sin los pronombres
personales; y tiene machas partículas ó sílabas que po-
drían llamarse scmiprcposiciones, como di ,ao,ea, eu,
eos , mi, neo, as , etc , y que unidas á un adjetivo, á un
sustantivo ó á un verbo , cambian ó modifican su senti-
do. M artículo , todos los vcrt)os y los pronombres pose-
sivos se anteponen al sustantivo , pero el nominativo ó
el sujeto se coloca generalmente después del verbo. Las
preposiciones preceden siempre á su complemento : tiene
diminutivos y muchas palabras compuestas , y como el
griego, el alemán, el persa y otras lenguas, puede com-
ponerlas ilimitadamente ; por ejemplo , aglach , siervo,
lean, mujer ; banoglaeh, sierva ; uUge, agua, fior, puro;
¡ioruisge , agua de fuente , etc. Usa esta lengua el
alfabeto latino ; pero solo diez y ocho letras , no ne-
cesitando nunca la &, la q , la'o, la to, la ¿c , la y ni
la z. Antiguamente se escribía con varios alfabetos, in-
ventados porlos frailes, y sóbrelos cuales los sabios emi-
tieron las opiniones mas absurdas; después sustituyó á es-
tos alfabetos el anglo-sajon. Las vocales a, o, «seguidas ó
precedidas de m , mh, n, nn , tienen sonido nasal; la
pronunoiacion de la r, antes de estas tres vocales, es difi-
cilísima. No tiene vocales raudas al fin de las palabras;
y hay por el contrario muchas letras aspiradas. La pro-
nunciación se diferencia mucho de la ortografía , por-
que leyendo no se pronuncian muchas consonantes es-
critas , ó se cambian en otras mas suaves.
El gaéiico se habla ahora en tres dialectos prínci-
pales, subdivididos en muchas variedades, que son :
a. ElfTso, irish ó erinach, que se habla en la ma-
yor parte de Irbnda.
b. £1 caldonac , oue se habla en los valles de la
Alta Escocia (Highland) , y en las Islas Hébri-
das (Weslem).
c. El manck, en la isla de Man.
El erso fue cultivado muy al principio y es
la lengua mas limada ; sus manuscritos mas
antiguos se remontan al parecer al siglo ix;
el vi( y el vni fueron los mas espléndidos de la
literatura ersa , brillo que se debió en gran par-
te á doctos cristianos , que buscando asilo en
Irlanda , hicieron florecer las ciencias y las ar-
tes , entonces acrcdibdas en los países menos
incultos de la Europa Meridional. Este idioma
decayó cuando la invasión de los Normandos,
desde cuyo tiempo fue siempre despreciado.
Su literatura actual es pobrisima , no contando
mas que libros ascéticos ó gramaticales. El
dialecto caldonac , menos refinado y mas puro,
adquirió gran celebridad últimamcnlc por los
trozos de poesía , con los cuales Macpiíerson
fabricó sus poemas de Ossián. £1 dialecto manck
,es el mas inculto y mezclado. En cada uno de
estos dialectos se ha traducido la Biblia.
C. LENGUA CMBRA Ó CÉLTO-BELGICA, hablada anti-J
84
ÁCLÁRACIOIIKS AL UBBO PRIMIRO.
ffttamente por los Cumhrot 6 Belgi en la Bélgica y en
la Bretaña, y ahora Upiitada auna parte de In^rlaterra
y de Francia. El cumbro forma su declinación á la
manera del franeés, modificando el artículo ; no tiene
mas que dos géneros , y en las acepciones generales
se sirve del género femenino como el hebreo. Por
ejemplo : divetad eo anethi , es tarde ; palabra por pa-
labra, icarde es de ella. £1 plural del sustantivo se di-
ferencia mucho del singular, pero los adjetivos no
varían Jamás de terminación , ni en género ni en
número. Tiene esta lengua muchos diminutivos , que
se íbrman añadiendo ik óig al primitivo ; y su con-
jugación es dificilísima, pero rica en tiempos, los
cuales se forman por flexión como en el latín. Hay
dos maneras de conjugar todos los verbos ; la perso-
nal, omitiendo el pronombre y dando terminación dife-
rente á cada persona; y la¡im)?ersonal, usando uno de los
verbos auxiliares en el personal con el infinitivo del
verbo principal. También hay cuatro coi\jugaciones
diferentes para el presente de todos los verbos acti-
vos y neutros. El cumbro , como el gaélico , tiene tres
vertios auxiliares ; beza , ser, con el cual se forman
los pasivos ; kaoutf haber, que sirve para formar los
pasados compuestos ; y ober , hacer , que enuncia el
complemento ó la confirmación do la acción. En esta
lengua je distinguen tres dialectos principales.
a. El welcho ó gales , hablado y escrito por los
Cumbros ó Galeses , descendientes de los Bre-
tones sometidos por César , y que habitan el
principado de Gales en Inglaterra y las monta-
nas de Galloway (?) del condado de Wigton en
Escocia.
b. El eomish, que se habla todavía (?) en el ar-
chipiélago do Shilly, y que se habló antigua-
mente en el C^rn'waíl por los mismos Cum-
bros, donde se extinguió á mediados del siglo
último.
c* El breyzad ó bajo bretón 6 celto-breton , hablado
en Li Baja Bretaña en Francia por los descen-
dientes de los Bretones de Inglaterra, que en el
siglo V buscaron asilo en la Armórica donde se
establecieron. Se distinguen en el breyzad cua-
tro variedades , á saber : el leonardo hablado
en la diócesis de San Pablo de Lyon , que se
cree ser el mas regular, y del cual el Señor
Legonidec escribió, no hace mucho, una ex-
celente gramática ; el trecoriand ó breton-brc-
tonante , hablado en la diócesis de Tréguier,
que parece menos corrompido que los demás;
el comtoallés hablado en la diócesis de Quim-
ner-(3orentin; y el vannético, de la diócesis de
Vannes que es el mas corrompido.
Se escribe el cumbro con el alfabeto latino en veinte
y dos letras que bastan para todos los sonidos , por me-
dio de ciertas composiciones. Entre ellas se distinguen
la n nasal , la j . la cA y la ¿ mouillée de los franceses , y
la ch de los alemanes. La pronunciación difiere poco de
la ortografía cuando se escriben las consonantes muda-
bles (b,k, dj g, tn, p, tj; en otro caso se diferencia
muchísimo , debiendo cambiarlas según ciertas reglas
para suavizar la pronunciación , lo cual forma la mayor
dificultad de esta lengua. El cumbro os un idioma mix-
to que se formó probablemente de la mezcla del bajo-
aleman con el céltico puro ; en el welcho , la mitad der
las palabras vienen del latin y del francés , y el resto,
del alemán y del gaélico. El welcho y el breyzad , des-
de el siglo XVI poseen gramáticas y diccionarios impresos,
pero su literatura se reduce á unas cuantas poesías,
mas ó menos antiguas , y á libros ascéticos. El welcho,
sin embargo, se cultivó antes que el breyzad , y al-
gunas de sus obras mas antiguas parece que se re-
montan hasta el siglo xi ; y el Cytreithieu Hyvel
Dda ae Eraill ó código gales hasta mediados del si-
glo X. llene también muchas poesías anteriores al si-
glo xtv. Según Owen hay unos dos mil manuscri-
tos en esta lengua en solo el principado de Gales , y
los fragmentos en verso que han quedado de ella, as-
cienden á trece mil. Entre las muchas producciones de
las hordas galesas , las mas celebres son las oue se re-
fieren al famoso rey Arturo, su héroe principal , y que
parece fue uno de los gefes mas valientes en sos largas
guerras contra bs Sajones. Desde hace algunos años se
está publicando un periódico literario y una caceta en
este dialecto , que cuenta ya doscientas obras impresas.
Conviene observar que las lenguas de esta familia , y
especialmente los dialectos de la gaélica, se hablan por
millares de colonos Ingleses en la América Septentrio-
nal , principalmente en Perth , Glengary y otros pueblos
últimamente fundados por los Escoceses é Irlandeses en
el Alto Canadá, en la Nueva Brunswick y en Nueva>&-
cocia; y por un número mucho mayor de habitantes de
la confedemcion anglo-americana , sobre todo , en Pen-
silvania, Maryland, Nueva- York, Nueva-Hampshire,
Nueva-Jersey, Kentucky, Virginia y las dos (Caro-
linas ; pero casi todos los que usan estas lenguas ha-
blan mas ó menos bien , ó por lo menos comprenden el
inglés.
Alflfunos entusiastas de los idiomas célticos y vascos
han llevado demasiado lejos sus pretensiones , á las
cuales, véase como contesta Humboldt en el tomo terce-
ro de su Relación histórica.
«Elevándose á consideraciones históricas mas geD^
nrales, examinando detenidamente las lenguas y la
««conformación osteológica de los diversos puejolos, ex-
"plorando todo el inmenso país que media entre los
» Alcganis y la costa del Océano Occidental , se llegará
npoco á poco á resolver un problema tan digno de exci-
«tar la sagacidad de ios historiadores.
"Para estas investigaciones no pueden traerse ácuen-
"to los primitivos habitantes de Amórica ; que no sube
"tan alto la historia verdadera, ni es posible alegar una
ncivillzacion avanzadísima, por ejemplo, superior á la
*fác la raza tártaro-mogola en el Asia Central; ni finai-
nmentc, tampoco puede servir de apoyo la analogía
•fortuita de algunos sonidos ó de algunas sílabas coa
*»significacion enteramente diferente en las lenguas sin-
nda, indo-pelasga, ibera ó vasca, y gala ó celta. P^r
nobservaciones vagas y poco filosóficas se ha creído po-
itder descubrir , no hace mucho tiempo , en el territorio
»»de los Estados-Unidos una raza de Indios que habia-
ffban el irlandés, el bajo-bretoii ó el céltico de Escocia.
itEsta fábula de Indágalos que conservaran la lengua
»céUica,noes de ayer. Hasta en los tiempos delcaballero
wRaleigh , corrió por Inglaterra el rumor confuso de Que
»en las costas de Virginia se habla oido el saludo gales
nkao . honif iaeh. Owen Chanebün refiere que en el
n&ño de 1669! con proferir algunas voces célticas, se
«libró del poder de los Indios del Tuscorora. Lo mismo
«pretenden que sucedió á Bei^min Beatty cuando pasó
nde la Virginia á la Carolina , ei cual asegura además
nque encontró un pueblo galo que conservaba la tradi-
>tcion del vii^ de Madoc-ap-Owen que se verificó en el
»año de 117u! John Filson en su historia de Kentucky,
«descubrió estas relaciones de los primitivos viajeros.
wScgun dice , el capitán Abraham Cnapelain vio lleear
nal puesto avanzado de Kaskasky á Indios que habla-
nban en lengua gaélica con algunos soldados naturales
fidel país de Gales ; también crcia que mucho mas al
«Occidente á orillas del Misurí existia un pueblo, que
«ademas de la lengua céltica , conservaba también al-
«gunos ritos de la religión cristiana. En el Rio Rojo de
«Natchitotches , setecientas millas mas allá de so des-
«embocadura en el Misisipí cerca del confluente del rio
«de Post, un capitán llamado Isaac Stewart, asegura
«haber descubierto Indios de piel blanca y cabellos ru-
«bios , que hablaban en gaélico y poseían los títulos de
«su origen. En prueba de su llegada á las costas del
«Este presentaron varios rollos de pergamino cuidado-
«samente envueltos en pieles de nutria , y sobre los cua-
«les estaban grabados grandes caracteres escritos con
«tinta azul, que ni Stewart ni su oompañero Davey,
«natural del país de Gales pudieron descifrar. Estos se-
«rán probablemente aquellos libros galeses de que no
«hace mucho hablaron los periódicos de Francia y de
» América.
«Estas observaciones son enteramente vagas en cuan-
tttoá la indicación de los lugares. La última caria de
«Owen que han insertado los periódicos europeos (11 de
«febrero de 1S29) coloca las tribus de los Indios-galeses
«en el Madwaga, y las divide en otras dos llamadas de
Digitized b>
ETNOGRAFU
•los Bridones y délos Cadogeos; tribus que, según dice,
"hablan el gales mas puro que en el principado de Gales,
«por estar exento de anglicismos (!); y profesan el Cris-
vtianismo con bastantes ritos druídicos.
«No se leen tales aserciones sin recordar que todas
«estas lisonjeras historietas renacen periódicamente
"bajo nuevas formas. £1 docto y juicioso geógrafo de
«los Estados-Unidos, Waiden, pregunta con razón por-
«qué han desaparecido todos estos vestigios de colonias
«galesas y de lengua cdtica , desde el momento en que
"Viajeros menos crédulos han recorrido el país entre el
"Ohio y las montañas Pedrizas. Mackenzic, Barton,
"Claii y Lewis, Pike, Drakc , Mitchill y los editores
"de la nueva Arqueología Americana no han encontrado
"ni sombra de colonias europeas del siglo xii. Por otra
"¡Arte, el viaje de Madoc-ap-Owen es mucho mas in-
"cierto que las expediciones de los Escandinavos (los is-
"landeses Banda, Biorn, Leif, etc.). Si debieran en-
"centrarse reliquias de alguna lengua europea en el
"Norte de América, mas bien sería esta lengua la teutó-
«nica (escandinava , germana ó goda) que no la céltica
"ó galesa , que se (Únrencia esenciamiente de las len-
"guas germánicas. Porque la estructura de los idiomas
"americanos narece muy extraña á los diversos pueblos
«que hablan las lenguas modernas occidentales ; los teó-
*log06 han creído ver en ellos algo del hebreo (semítico
'ó arameo) ; los colonos españoles algo del vascuence»
«^ los colonos ingleses y franceses algo del calés, del
"irlandés y del bajo-breton. Las pretensiones de los Vas-
«coDgados y de los habitantes del país de Gales, que
"Consideran sus lenguas , no solo como lenguas madres,
"tino como origen de todas las demás, se extienden
"mucho mas allá de la America hasta las islas del mar
"del Sur. Yo encontré en las costas del Perú dos oflcia-
"les de la marina española é inglesa, uno de los cuales
«pretendía hoher oído hablar vascuence en Taiti , y el
"Otro galo-irlandés en las islas de Sandwich.»»
§4.
Fümilia ie Uu lenguas iraco-pelásgicas ó jreeo-laHnas.
La Grecia y Roma figuran á la cabeza de la civili-
zación antigua ; y de todaa las conquistas de esta , las
leyes y la lengua sobrevivieron en los países meridio-
nales, llanuulos Europa latina. La Italia conservó sus tra-
diciones nacionales; la Grecia , invadida hasta en sus
Rúces por el poder de Roma, perdióla suyas; la España,
qae las había recibido de muchas y diversas gentes, las
vio desaparecer todas á consecuencia de las sucesivas
invasiones, si bien en (Cataluña principalmente los ves-
tigios romanos resistieron á la cimitarra de los Sarrace-
nos. Las nuevas literaturas crearon nuevos idiomas (*):
el italiano , el romance , el portugués , el español , con-
faadídos pocos siglos antes en una sola lengua común
Á lospueblos que hoy los hablan , nacieron con los nue-
vos fistados. M genio de la poesía les aseguró \m puesto
elevado entre las lenguas cuya lógica, analona y ri-
queza pueden satisfacer todas las inspiraciones del gusto
y de la imaginacloD , todas las necesidades de la filoso-
^A; de la moral y de la política. La Italia dio los prime-
aos modelos; el Portugal tuvo su Camoens , la España
so Calderón ; y los trovadores con laúd ya amoroso, ya
satírico, divertían el ocio de las cortes y la soledad de
los castillos. También se abrió otra nueva era al inge-
nio humano, cuyo poder resistió á toda opresión, sin que
fueran suficientes para batirlo , ni trastornos sangríen-
^} ni cruelísimos actos de barbarie; las soci^ades
nuevas se fundaron finalmente sobre los preceptos con-
**pado8 por el tiempo y por las desgracias publicas ; y
«1 uruto de tantos expenmentos nos Ueva al reinado de
^ doctrina y de la verdad , fuentes verdaderas de todas
las virtudes y prosperidades.
£sta faoülia se divide en cuatro ramas :
A. nuco- Jl/JUCi, llamada así porque compren-
de las lenguas habladas antiguamente por los pue-
blos tracios é ilirios establecidos en el Asia Menor al
Occidente del rio Alis , y en Europa en toda la parte
J*) El ntor, es nm edición precedente observa qoe no son los
"[|«oi iiBo los paeUos los qae crean los idiomas ; y annqne en la
^¡»0D letoai saprime esta nota , acaso porque no apareica contra-
««Kn entre ella y el texto , el traductor la cree oportuna.
DK EUROPA. 85
oriental, desde el Nórico , ocupado por pueblos cel-
tas, hasta las bocas del Danubio y dá Dniéper y aun
mas allá. Estos pueblos hace mucho tiempo que pe-
recieron ó se confundieron. Los principales eran:
a. Los Frigiot, que ocupaban el centro del Asia
Menor , dominada por ellos y por sus herma-
nos los Brigios habitantes de la Tracia. Dicese
que los Frigios enseñaron á los Griegos parte
de su culto , la música y la danza.
b. Los Troyanoí, inmortalizados por Homero.
c. Los BUinios que habitaron el reino de Bitinia.
d. Los Lidios que se dan por inventores de la
moneda, de los iuegos gimnásticos y de mu-
chas artes. En el siglo vi a. C. dominaron en
el Asia Menor , y Creso su rey , se atrevió á dis-
putar á Ciro el imperio de Asia.
e. Xos Carioe, célebres navegantes que vinieron
á enseñorearse de todos los mares inmediatos;
su lengua era la frigia y la lidia, difundida
mas que ninguna otra en el Asia Menor ante»
que las colonias griegas propagasen la suya;
f. Los Licios en la Licia, cuyo adlabeto nos na
explicado Saint-Martin.
g. Los Cimerios, los mas septentrionales y orien-
tales de los Tracios , que habitaban al Norte
del Mar Negro y de la Meotides , en los países
que ahora corresponden al gobierno de la
Tauride , de Kerson , de Yccaterinoslaf, y ¿
parte del territorio de los Cosacos del Don: don-
de después fundaron el reino del Bosforo que
duró ocho siglos , hasta Constantino Magno , y
cuyos principales monumentos han sido pubh-
cados por Raoul-Rochette y Kohler.
h. Los TaurioSf que dieron su nombre á la Cri-
mea , ( Quersoneso táurico) famosos por sus
crueldades.
i. Los Tracios , propiamente dichos , que con los
Misios divididos en muchas tribus , habitaban
la Tracia.
j. Muchas tribus, conocidas con el nombre de
Vados ó Getas , ocupaban la Besarabia actual,
laTransilvania,la Moldavia, la Valaquia y
parte de la Hungría hasta el Theiss.
k. Los Macedonios que en tiempo de Filipo fue-
ron los primeros en Grecia, y en el de Alejan-
dro dominaron la monarquía mas vasta.
I. Los Ilirios antiguos, establecidos en las costaa
del Adriático, y divididos en muchos pueblos,
entre ellos los Dálmatas y lois Jsirios.
II. Los Panonios ó Peonios, habitantes de la Pa-
nonia.
m. Los Vénetos que al parecer fueron una colo-
nia ilirica establecida en la Italia Septentrional
en la costa del Adriático,
n. Los Sicules que después de haber poseído gran
parte de la Península Itálica , se establecieron
en Sicilia á la cual dieron su nombre.
Parece que debe colocarse entre esta familia la lengua
AiBANESA, ó Skipa , Ó ScHiPA, hablada en Albania y en
otros países por los Chipetarios ó Skipetarios Arvenescos,
llamados Amantas por los Turcos , y conocidos general-
mente con el nombre de Albaneses. Estos forman la po-
blación principal de Albania, y están esparcidos por toda
la Turquía de £uropa, especialmente en la Ptomelia, en
la Bulgaria y en la Macedonia. Otros Albaneses llama-
dos Clementinos viven en Herkovcze y Niknicze en las
fronteras militares eslavas del Imperio de Austria , don-
de se establecieron en!1737; otros, llamados y creídos
sin razón Griegos, habitan los contornos de Celso, Reg-
§io , Lecce y otros países del reino de Ñapóles y cerca
e Mesina en Sicilia , á donde se retiraron en 1441 , en
1532 y en 1744. Las principales tribus de ht Albania
son al parecer los Gueños que habitan la Alta Albania,
los Mirtidos y los Toskos ( Tóxidos de Pouqueville) que
ocupan la Albania Media , y los Chumos ( Chuomos del
mayor Leake) y los Liapos (Japos de Pouqueville) ha»
hitantes de la Baja Albania. A pesar de la incertidum-
bre que reina en este punto , nos parece que pueden
distinguirse á lo menos tres dialectos principales : el de
la Alta Albania que se ha conservado el mas puro; el
ACLARACIONES AL LIBRO PRIMERO.
de la Baja Albania mezclado con muchas voces g^riegas,
y el de Italia que contiene muchas frases y conjuncio-
nes italianas. £l albanés á pesar de su semejanza con el
latin, el griego y el eslavo es mucho menos rico en sus
formas que los dos últimos, y menos regular en sus de-
rivaciones. No tiene ni las palabras compuestas del grie-
go , ni las construcciones atrevidas del latin ; usa mu-
chas voces auxiliares ; el adjetivo tiene artículos
prepositivos ; la declinación de los pronombres es muy
completa y regular, y guarda alguna analogía con el la-
tin en la primera y segunda persona. £1 imperfecto , el
pasado, el futuro condicional, el imperativo, el infini-
tivo y el participio se forman por flexión, y los demás
tiempos con los auxiliares haber y ser. Este forma la voz
pasiva con el infinitivo activo; y el infinitivo va siempre
precedido del artículo me cuando el sentido es activo , y
meon cuando es pasivo ó recíproco.
¿os Álbaneses usan tres alfabetos diversos : el (¡¡ha-
nét ó eclesiástico que Maltebrun cree inventado por
sacerdotes cristianos entre el siglo iii j el ix; que
£onsta de treinta letras muy semejantes á las fenicias,
hebreas, armenias y palmirenas, pero no á las búl-
garas y mesogóticas , y que al parecer ha caido hace
tiempo en desuso : el alfabeto griego , del cual se sirven
en !a literatura, pero dando valor especial aciertas com-
binaciones de letras; y el alfabeto moderno en el cual es-
tán escritos los li{^ro8 publicados por la Propaganda en
«sta lengua. En este alfabeto se nan agregado cuatro
letras particulares á los caracteres que nosotros usamos
para representar el sonido de las dos th fuerte y suave
de los ingleses , la u francesa , la U de los españoles , y
otro sonido muy sibilante. La literatura albanesaes muy
pobre ó á lo menos poco conocida : posee sin embargo
canciones nacionales, algunas de las cuales son ante-
riores á Scanderbcrg. Se pretende que en la Alta Alba-
nia existen muchas inscripciones que podrían ser de
grande importancia para la historia y la ctiografía.
B. ÉTRÚSCA, Aunque no se sabe positivamente el
origen de los Etruscos , parece aue deben ser clasi-
ficados entre esta familia mas bien que entre los
Celtas , donde los pone Freret , ó entre los Eslavos
donde los coloca Ciampi. La lengua etru^a -f t se
habló por los Etruscos ó Rasenas. Es\éf, que eran
uno de los pueblos mas insignes de la antigiiedad,
así por su relieion y sus leyes, sobre |ás cuales se for-
maron las délos Romanos , como por su filosofía y
sus conocimientos en astronomía, en las ciencias fí-
sicas y médicas, en las artes y en la marina, for-
maban ima gran federación que en sus mejores
tiempos comprendía además de la Etruria el país
de los Umbríos , de los Liguríos , de los Óseos y de
los Campamos, y se. extendía á los mares é islas
inmediatas. Los Galos al Norte y los Romanos al
Sur destruyeron este poder; y algunos fragmentos
extractados de Yarron , las tablas Eugubinas , la
grande inscripción en cuarenta y cinco líneas ex-
plicada por Vermiglioli , y algunos otros monu-
mentos escritos , además de las ruinas de edificios,
hipogeos, vasos, estatuas y medallas, constituyen
todo lo que queda de la literatura y de los monu-
mentos de este pueblo ilustre. No puede calcularse
precisamente cuando cesó de hablarse la lengua
etrusca : pero es cierto que se usaba todavía en
tiempo de Augusto y Claudio. El alfabeto era el
mismo que el primitivo de los Griegos , es decir,
diez y seis letras escritas de derecha á Izquierda.
C. PELASGO-BELÉNICA llamada así porque com-
nrendc los idiomas que hablaron antiguamente los
Pelasgos y los Helenos, naciones de historia incier-
ta que , como todos los pueblos de esta rama, hace
mucho tiempo perecieron ó se confundieron. Pa-
rece natural colocar en esta rama:
a. Los Pelasgos' que , según Ottfried Müller , son
los Indígenas primitivos de Grecia y de Italia.
b. Los LeUgos que, según Raoui-Rochette, fueron
una colonia asiática procedente de Grecia.
c. Los Perrelnos que ocupaban parte de la Tesalia.
d. Los Tesprocios y Molosos príncipales pueblos
del Epiro, famosos en tiempo de Pirro.
e. Los Cretenses que debieron su poder á Minos.
I:
Los Enoiros que emigraron á Italia.
Los Arcades habitantes de la Arcadia.
Los Tirrenos que poseían parte de la Italia.
i. Los Helenos llamados antes Griegos , pueblo
poco numeroso de Tesalia que después dio á
nombre á toda la célebre nación, y que habb-
ba la lengua
HiLÉifiCA o GRIEGA AiniGüA ff , usada también en los
países dependientes de los Griegos y después en gran
parte de la Sicilia y de la Baja Italia , del Asia Menor,
de la Siria , del Egipto y sus dependencias, de la Ga-
lia Narbonense, etc. Durante la dominación macedónica,
se hablaba la lengua helénica en todas las cortes délos
sucesores de Alejandro, y entre las personas cultas de
todos los países subyugados por ellos; después fue culti-
vada por los Romanos y dominó en cd Imperio de Oriente
hasta su calda, cultivándose luego con nuevo ardor
en el Occidente. Su literatura es una de las mas ricas y
la naas insigne del mundo, y ofrece el espectáculo casi
único de una serie no interrumpida de escritores desde
Homero hasta mediados del siglo xv. La lengua griega
es de las mas flexibles, ricas y armoniosas del elobo.
Sus formas gramaticales son casi idénticas á las del la-
tin, á cuya formación y perfección contribuyó ; tiene el
dual y el artículo que faltan al latin , conjugación mas
rica y regular, construcción mas conforme al orden lógi-
co gramatical, y facultad ilimitada de componer palabras.
Maltebrun distingue en el griego antiguo dos idiomas
diferentes con relación al tiempo en que se hablaron.
a. El helénico primitivo , análogo al pclasgo y
subdividido según este autor en tres dialectos
principales, el arcádico, el tesálico, con el grie-
go macedonio antiguo? y el enótro trasladado
á Italia y mezclado con el latin.
b. £1 helénico de los tiempos íUstMcos, subdivi-
dido en cuatro dialectos principales y muchas
variedades, cuyos dialectos son:
o El eolio antiguo análogo al enotro , dialecto
2ue Homero llama lengua de los dioses.
1 dórico antiguo descendiente del eolio ; len-
gua de Safo, de Píndaro, etc.; que compren-
de el laconio hablado en la república de Es-
Sarta, y el dárico gentü de Siracusa, lengua
e Teócrito, etc.
7 El dárieo antiguo 6 helénico suavizado por
las naciones comerciales. Este dialecto ^la
lengua de Homero, que ha quedado en con-
cepto de clásica para la poesía épica y com-
prende el jónico de Asia, aun mas dulce
que el de Heródoto, y el jónico de Eurojw,
que se ha conservado mas varonil, y cuya
rama principal es el ático, lengua clásica de
los* oradores y del teatro.
9 £1 griego literai común 6 idioma ático, depu-
rado y fijado por los gramáticos de Alejandría,
lengua común á toda Grecia, al Oriente y á
los romanos elegantes , hasta la invasión de
los Bárbaros. £Í alfabeto primitivo de los
Griegos no tenia mas que diez y seis letras,
idénticas á las que usaron los £¡truscos y los
Latinos : después se le agregaron otras ocho,
de las cuales siete eran vocales. Este alfa-
beto es el mismo con que se escribe d ro-
méico y sirvió para formar los alfabetos
eslavo, ruso y otros. Habiendo decaído la
literatura grieea antigua, la lengua hablada
del pueblo en las provincias griegas del Im-
perio Romano se elevó poco a poco á la dig-
nidad de lengua escrita, como la latina rús-
tica en las provincias occidentales. Hoy es
conocida con el nombre de
LeIIGÜA ROMÉICA, APLOHELÉinCA Ó GRIEGA MODERNA. Ls
hablan los Griegos actuales que habitan la Morca, la
Livadía, la Tesalia, Candía y otras islas del Archipiáa-
go, parte de la Albania , de la Macedonia, de la Rome-
lia,del Asia Menor, y la isla de Chipre. También se habla
por los Griegos esparcidos porla Valaquia, la Moldavia,
la Siria y elEgipto, como igualmente en las islas Jóni-
cas, entre muchos millares de Griegos que viven en el
mperio Ruso y en el Austríaco, y entre algunos ccntcna-
Digitized b>
etnografía m
ref de Mtínolasqac habitan las cereauas de Áyaeio en
Córce^. Sobre los dialectos varían las ojñniones ; Mal-
lebrón distinfpie dos snbdjvididos en otros mochos , y
divide el roméico en los snbdialectos de Constantinopla é
delosFanariotas, de Salónica, de Janina, de Atenas, de
Idra mezclado con albanés, etc. En el colodorío distin^e
d zakonito, que se habla en los montes Zarek al Orien-
te de Esparta; el mainota, el sfakiota, en la isla de Can-
día; el kimaríola mezclado con albanésy eslavo, el
zagoríano, el chipriota, etc. No puede fijarse con pre-
cisión la época en qne el raméico separado del heléni-
co, tomó forma de ieng:ua noeva é independiente. Lo
cierto es , que todos los que hablaban mas particular-
mente al pueblo se separaban de la lengua escrita y se
servian de la hablada, que es precisamente la lengua
actual con pocas modificaciones. Las obras mas antig-uas
de esta leng^ son homilías populares , traducciones ó
iniitaciones de los libros de caballería de la edad media
ó de las obras de Imaginación entonces mas difundidas,
como el Sindhad, his fábulas de Bidpay , los Siete Sa-
bios^ eto., crónicas métricas, como laque Buchón publi-
có sobre el establecimiento de los Franceses en morea,
y canciones relativas á todas las costumbres de la nueva
Bodedad. En nuestro siglo los Grieros han traducido las
Tes obras francesas, inglesas, italianas y alemanas.
ITÁLICA, que comprende las lenguas habladas
antiguamente por los Abortgenet ú Ópkof de Ita-
lia, tronco de los pueblos modernos de esta rama.
Estos pueblos son los Bugáneos que ocupaban los
r' íes donde después se establecieron los Vénetos;
Atu&niof que habitaban parte del Lacio; los Lu-
canat y los Bmeiat, establecidos en la Lucania y en
el Bracio ; los Picenot que habitaban el Piceno; los
Mareoi qne ocupaban en parte el Abruzo actual;
los LatinoM, Sahiuff y Samnitat, que ocupaban el
Lacio, la Sabina yelSamnio; pueblos célebres
antes que Roma adquiriese nombre y poder. Malte-
brun se incUna i creer que de la mezcla de estos
tres últimos idiomas, primero con el helénico pri-
mitiyo y especialmente con el enótro , y luego con
el cólico ▼ el dórico antiguos , se formo la lengua
que hablaban los Romanos, conocida con el nombre
áelaHn.
Estas lenguas se dividen por la etnografía en las
siguientes;
a. Latim ff , lengua escrita y coroun á las perso-
nas cultas de Italia y dd vasto Imperio Romano,
bastante diferente de la plebeya ó rústica, usa-
da en los campos de la península y por las cla-
ses inferiores de España , de las Galias y de
otras provincias. Sus formas gramaticales son
griegas, aunque menos perfectas. La declina-
ción no tiene articulo y se verifica por medio
de flexión; la conjugación es rica en modos y
tiempos, y no exige pronombres personales; los
tiempos de la voz activa no necesitan auxiliar,
y para los de la pasiva que como en griego
se forma por flexión, no hay mas que uno
solo. La lengua latina, menos armoniosa y
menos rica en participios que la griega, pobn-
sima en palabras compuestas y á veces oscura,
es sin embargo, mas concisa y mas libre en la
construcción.^ La destrucción del Imperio Ro-
mano en el siglo v dio origen á una especie de
latín corrompido y mezclado con voces bár-
baras, llamado bma laiinidad que hasta el si-
fflo XIV fue casi la única lengua escrita del
Occidente. En los siglos xiv y. xv volvió á flo-
recer la literatura latina especialmente en Ito-
lia ; pero casi no tuvo otra misión sino la de
contribuir al perfeccionamiento de las lenguas
modernas, que cultivadas con ardor y fortona
por autores nacionales, llegaron á relegar al
latin á solo las obras de erudición. Ahora si
exceptuamos la Polonia y la Hungría, donde
muchos lo hablan con bastante pureza en la
vida común, puede el latin ser considerado co-
mo lengua muerta, no usándose mas que en la
liturgia católica , en la medicina, en muchos
asuntos con la corte de Roma, y en la literatura
BOROPA.
87
de todas las naciones civilizadas de Europa.
El alfabeto latino tiene veinte y tres letras y lo
usan todos los Europeos á excepción de los
Griegos, los Rusos y algunos otros. El mismo
alfabeto con la forma gótica que tomó bajo la
pluma de los escritores de la edad media, ha
sido adoptado por los Alemanes, Daneses, Bo-
hemios y otros pueblos eslavos. Según algunos,
sus letras mayúsculas, truncadas y cuadradas
para faciliter el grabado en madera y en el már^
mol, formaron el allabeto rúnico, usado anti-
guamente en todo el Norte de Europa.
b. Rotnoñce ó romano rútUeo , hablado en los bue-
nos tiempos de Roma por las clases b^jas de la
sociedad en todo el Mediodía de la Europa ro-
mana á excepción de la Grecia y de al^n otro
país. Súbitas modificaciones de mas o menos
magnitud hicieron que el romance subsistiera
en los dialectos vulgares que se hablaban en
gran parte de España, de Francia, de Suiza y en
algunos puntos de Italia. Según ChampoUion
Figcac , los principales dialectos del romano
clasificados según cuatro regiones son los si-
guientes:
L En España se habla el catalán en Cataluña, y
en Al^heri en Cerdeña: en los siglos x y xni se
escribió en este idioma el antiguo código marí-
ttmo. £1 valmciano se habla en el reinode Valen*
cía, que se distingue por su suavidad y armonía.
El maüorquin se nabla en las islas aleares.
II. En Francia se habla el langüedootiés en los
departamentos del Gard , del Herault , parte de
los Pirineos Orientales , en los del Aude , del
Aríége , del Alto Garona , de Lot y Garona , del
Tarn, del Avcyron, del Lot, del Tara y Garo-
na : este idioma en los paises citados, es dulce
y gracioso. £1 provensai, vivo y áspero, se ha-
bla en los departamentos delDrdme, deValdu-
sa, de las Bocas del Ródano , de los Altos y
Bajos Alpes, del Var, y en Itelia en el conda-
do de Niza. El del^nét, monótono y trabajoso
como el lionés, se habla en el departamento del
Isere y participa del lionés, del saboyano y del
provenzal. El lionit se usa en los departamen-
tos del Ródano y del Atn y parte del de Saona
y Loira. El awoemiét se habla en los departa-
mentos del Allier, del Loira, del Alto Loira,
del Ardeche, del Lozére, dePuy-de-Dome y de
Cantal, y algunas de sus variedades hacen aun
mas ingratos y duros los sonidos de esta lengua.
£1 l&noHn se habla en los departamentos del
Corréze, del Alto Viena, del Creuse, del Indre
del Cher, del Viena, del Bordona, del Cha-
rente superior é inferior , y en parte del terri-
torrio del Indre y del Loira. Este dialecto es
menos armonioso que el langiíedoqués. £1 gat-
con, por último, se habla en los departamentos
de la Gironda , de los Altos y Bajos Pirineos y
del Gers; yes pesado y chillón.
m. En Suiza se habla el romance ó es//oromd-
idco (romanitdiy tíiwrtoaltehy rheiUdí) en el cual
deben distinguirse el retío , usado en mas de
la mited del canton de los Grísones , y un
valle limítrofe del Tirol, y subdividido en mu-
chas variedades , cuyas principales son las de
Chami, de Heintenberg, de Domlesch, de Oher-
halbttein y de ThutU que se hablan en el país
alto; el rumánico de las llanuras y de las mon-
tañas, que es el romance mas puro y se osa
hacia las fuentes del Rhin : el ladino que se
habla en Coira y Engaddina y es mas análogo
al italiano : el gardcna usado en el valle de
Grodcn, en el círculo de Botzen en el Tirol: el
helvético que se habla en parte del canton de
- Friburgo, con sus tres variedades llamadas
Ofttoerin, Quatxo y Broyar habladas respec-
tivamente en el país alto, en el medio y en el
bajo; y por último, el valetano que se habla en
parte del canton del Vales.
rv. En los Estados Sardos se habla el tabagiMO,
88
áclarágionbs al ubao nuu&o.
enSaboya con muchísimafi variedades, y el
vaudés en loe valles de Lucerna, Perosa ó Uu-
6on y en San Martin en la provincia de Pine-
rolo. A estos idiomas podria agre^rse la ger-
ga llamada knguafranca, quesegun Mallebran,
es un compuesto de varios idiomas principal-
mente del catalán , del lemosin, del siciliaiM) y
del árabe, y que se habla en las grandes ciu-
dades mercantiles de la costa del Mediterráneo,
en el Imperio Otomano, y en los demás Estados
berberiscos por los Europeos é indígenas dedi-
cados al comercio.
La literatura romancesca que podría tambiei>41ainar8e
de los trovadores ^T el nombre dado á sus poetas, cod-
tribujó no poco á la formación de la italiana, francesa,
española, portuguesa y también de la antigua de la Alta
Alemania. Las cartas pueblas , y algunas traducciones
de libros devotos son su prosa mas antigua; y sus versos
las composiciones de los trovadores, de las cuales se en-
cuentran 3^ ejemplos en el si^lo x. El langüedoqués, el
1>rovenzal , el lemosin , el catalán y el valenciano son
08 dialectos de mas rica literatura. En los siglos xii y xm
llegó á su apogeo el romance, el cual era mas ó menos
cultivado en la mayor parte de Europa por los mejores
ingenios de todas clases, desde el fraile hasta el aventu-
rero y el príncipe; pero sobre todo en las cortes de los
condes de Provenza, de Tolosa y de Barcelona, vivieron
sus poetas mas señalados. A consecuencia de la mezcla
de esta lengua con varios idiomas germánicos, eslavos y
otros después del siglo x, se formaron las cinco lenguas
siguientes:
c. Italiano, hablado por los Italianos en casi
toda la Italia y en las islas, en el cantón del
Tesino, en parte del de los Grisones y del Va-
les en Suiza, y en parte del Tirol Meridio-
nal. Hablase italiano c ilírico en las ciudades
de Istria y de Dalmacia; italiano y roméico en
las islas Jónicas y en la de Tina : y el italiano
es también común en Constantinopla y otras
ciudades mercantiles del Imperio Otomano. La
gramática italiana ofrece mas singularidades
que ninguna otra de sus hermanas; puede for-
mar una palabra de dos, de tres y hasta de cua-
tro, fundiendo en una sola verbos, pronombres,
artículos, preposiciones, negaciones y adver-
bios; y con los aumentativos y diminutivos , con
el uso de los infinitivos en vez de los nombres,
con la diversa posición de los pronombres per-
sonales y la variedad de las formas que da
al participio presente, puede expresar delicade-
zas particulares del pensamiento que no podrían
indicarse bien en otras. Forma asimismo el su-
Krlativo repitiendo el positivo y el adverbio,
bcrrima en su construcción puede como el
latin, el alemán y otros idiomas, disponerlas
palabras según el orden que requiera el pensa-
miento dominante en el ánimo del orador. Es
tal vez entre los idiomas hablados que* se co-
nocen el que tiene mas medida y cadencia; y
sus sílabas tienen la cantidad tan marcada, que
pueden componerse los exámetros y pentáme-
tros de los latinos con las mismas combinaciones
de largas y breves. Para dar mas armonía á sus
frases, especialmente en la poesía , cambia de
mil modos la forma y el sonido délas palabras
mudando, quitando y añadiendo ciertas letras;
sin embargo, son un poco largas algunas de sus
palabras como los adverbios y las terceras per-
sonas del plural de los tiempos condicionales.
Por lo demás es rica en expresiones figuradas,
y la lenffua poética se diferencia notablemente
de la déla prosa.
Se subdivide el italiano en muchos dialectos, délos cua-
les los {MÍncipalesson el piamontés y el genovét, mezclados
con muchos vocablos franceses y el segundo acercándose
alprovenzal; elmlanés ó lombardo que tiene el eu, lav y
la » nasal de los franceses; el bajo lomb<tírdo de los países
de Brescia , Crcmona, Mantua, Parma, Módena y Fer-
rara , dialecto que ya no tiene los sonidos franceses del
milanés aunque en lo demás se le asemeja; el boloñét y
el bergaméi , los mas ásperos de todos; el venecUm^ mu
dulce, que se divide en veneeioM propio, hablado en Ve-
necia y en sus inmediaciones, coniinemUU hablado en la
tierra firme hasta el Mincio» y mariUmo, hablado ea
las ciudades de Istria, en el litoral húngaro, en la Dal-
macia, en las islas Jónicas, y en algunas del Archipié-
lago: eífurlano mezclado con muchas voces del romance,
del francés y del eslavo ; el tirolés de los altos valla
de Fassa ó Evaes, de Livinale ó Buchenstein, de Enne-
berg y de Badia, muy diferente del italiano usado en
lo restante del Tirol, y que es quizá el mas corrom-
Eido de todos los dialectos italianos; el toseano vulgar
ablado con muchas variedades en el gran ducado de
To6cana,en Luca, en Perusa y también en una parte
de la Cerdeña. Este dialecto limado y perfeccionado ha
llegado á ser la lengua de la literatura y de la buena
sociedad en Italia, pero singularmente en la pronuncia-
ción florentina se distingue por las fuertes gutu:ale8 ha,
he, Ai. Otros dialectos italianos son el romano que se
habla en Roma y con muchas variedades en la parte
meridional de los £stados Pontificios , dialecto que es
el mas puro después del toseano, y excede á este en dul-
zura de pronunciación; el stAino con el abnués; el caia-
hrés y el pullés, dialectos muy incultos y ásperos; el
iaretUino; mezclado con muchas expresiones gneeas; el
napolitano hablado con muchos subidialectos en Ñapóles
y en las provincias inmediatas , y que tiene una litera-
tura mas rica que la de ninguna; el siciliano con machas
voces de origen árabe, griego y provenzal; por último
el sardo que se habla en toda la isla de Cenieña y está
mezclado con voces griegas, francesas, xüemanas y es-
pañolas. Casi todos estos dialectos tienen libros impre-
sos, sobre varías materias, y algunos poseen dicciona-
rios , gramáticas , comedias y hasta poemas; el Tasso
ha sido traducido al belunés, al bergamés, al bolones,
al calabrés, al genovés, al milanés, al napolitano, ú
perusino y al veneciano.
d. Francés, hablado por los Franceses en casi
toda la Francia Septentrional; por los Foi^
nes y Flamencos en las provincias neerlande-
sas de la Flandes Oriental, de Hainault, del
Namur , en parte del Luxemburgo; de Limbur-
Í;o , de Lieja y de Brabante ; por los Suisot en
os cantones do Ginebra, Vaud , Neufchatel, y
casi todo el de Friburfo; por los habitantes de
Us islas de Jersey y de Guemesey dependien-
tes de Inglaterra ; por los colonos franceses en
algunas partes dd Imperio Ruso y Austríaco, y
de la monarquía prusiana; en el Asia , África
y América francesas ; en las islas Sechellcs;
en las de Francia, Santa Lucía y Tabago; en
el B^jo Canadá , en el África y en la Ainérica
inglesas ; en la parle occidental de la república
de Haití ; en muchos de los Estados-Unidos,
especialmente de laLuisiana, del Illinois y del
Misisipí. La grande influencia política de los
Franceses, especialmente en nuestra edad, y
su rica literatura , han elevado el francés es-
crito ó académico á la importancia de lengua
social y política de Europa, y por consiguien-
te de todo el globo.
* Parece que debe fiarse en el siglo xi la época de las
}>rim<ras producciones de esta lengua, ^ue puede decirse
ormadapor^tro veros (*) de la Normandut y de la Picardía,
del Artois , de la Flandes, de la Champaña y de parte
de la Bretaña. Desde el siglo xi al xvi, esta \eng\iB,
llamada entonces romano-francesa ó vieio-francés, lengua
de los troveros, se habló y escribió en Inglaterra , Esco-
cia y en parte de Italia , de España y de Grecia. Sus
obras mas antiguas son : vidas de santos puestas en ver-
sos por el canónigo Thibaut en el siglo xi; las Preces y
el Salterio , traducidos entonces por orden de Guillermo
el Conquistador; el Amadis; el romance del Horn ó Hunl^»
traducido del anglo-sajon á mediados del siglo xii ; y *&
Alejandriada , que parece del mismo tiempo. Los condes
(• ) Nombre de los poetas franceses del Norte, y especialmente de
ia Picardía , aue aleunos han confundido sin razón con el de ^^^'
dores, el cual tratándose de Francia designa especialmente los poe-
tas proveníales.
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Goo^t'
ielT.
ITlfOGAAnA
deClMmpi^ y de flandM, y los diMii«s de Norman-
dift , y dmues Francisco I^ que introaijo el francés en
lo9 tribunales en vez del latín , contribuyeron á los pro-
gresos dft esta lengua , que llegó á la perfección en
tiempo de Luts xiv. Una quinta parte de sus palabras
se derivan probablemente del bajcv^leman, y es acaso la
única lengua viva que se ha fijado. De ritmo delíeadísl-
mo, pero verdadero, pobre en adjetivos y participios,
iklta de diminutivos y aumentativos que abundan
en las lenguas sus hermanas, es riquísima en modi-
fiesciones de tiempos, las vence á todas en precisión, y
dispone siempre sus frases según el orden lógico gra-
matical. Bl gran número de voces que posee de diferente
acepción aunque análons ó semejantes en la pronuncia-
ción, la hace, eomo el inglés, muy á propósito para
retruécanos ingeniosos y epigramas. Las terminaciones
francesas son uno de sus principales elementos aun aque-
Uas qae tienen menos excepciones. La lengua escrita so
diferencia mucho del francés antiguo y de los dialectos
vulgares que se hablan en los campos , aunque estos
óllimos van desapareciendo sensiblemente en las ciuda-
des , merced á la educación , al teatro y á los periódicos.
La lengua hablada se va acercando así cada vez mas á
la escrita, quo es casi idéntica á la que hablan las per-
sonas de educación.
Según Champollion^Pigeas , loe prineípalss dialectos
franceses son eipieardo, el famenco, el nwfMndo y el
ta¡m de Kow^i , hablados en la Picardía, en la Flandes
francesa y neerlandesa , en la Normandía y en las pro-
vincias neerlandesas de Namur y de Lieja , cuyos dia-
lectos son el tronco de esta lengua, á la cual dieron los
primeros escritores ; el frtmeés ffuigarf y el bnhñ- francés,
el ehampañéi, el lonhés , el borg&wm , el fratieoeoniét , el
mufekateiét , el arUanéi, el énjovino y el nutinét, hablados
en la isla de Francia , parte de la Bretaña, la Champa-
ña, la Lorena , parte de la Boigoíla , el Franco-Conda-
do, el cantón de Neufchatel en Suiza, el Orleanesado,
el Anjou y el Maine. Todos estos dialectos tienen obras
de varios géneros en prosa y verso , y algunos hasta
diccionarios. Puede agregarse á ellos lá gerga de los
esclavos negros de las colonias francesas, notable por las
muchas voces extranjeras que ha adoptado , las altera-
ciones que ha introducido en el francés, y la falta de
constraccion gramaücid.
La literatura francesa ha producido modelos en todo
^nerode composiciones.
e. Español 6 castellano usado por los Españo-
les en la. mayor parle de España, y con
algunas variedades de pronunciación y mez-
cla de palabras extranjeras por sus descendien-
tes, en la Occeanía, ^n el África y ia América
española ; lo usan además los muchos Judíos
Eq[>añoles difundidos (kyr el. Imperio Otomano
y por otros Estados de Europa de la costa Sep-
tentrional de África , y los individuos de origen
español que habitan la isla de la Trinidad de
la América inglesa, las Floridas , algunos pun-
tos de la Luisiana en los Estados-Unidos , y la
parte Occidental de ^nto Domingo en la repú-
bliea de Haití. Esta lengua es también común
ó todos los habitantes de los pueblos de Espa-
ña donde se hablan las lenguas vascongada y
romance. La escrita es casi idéntica en las
formas gramaticales al romance y á la portu-
guesa, j se diferencia poco de la italiana;
ilendo riquísima y armoniosa , aunque tiene
sonidos guturales y aspirados que proceden de
la lengua ánibe de donde tomó muchas voces.
Psrece que el origen de esta lengua se remonta al si-
po XI, pues que se pretende que en él se compusieron
tos romances que unidos forman el poema del Cid; este
P^a, el que escribió Berceo en honor de Santo Do-
^n^o de Silos á principios del siglo xin, y las poesías
dd principe Don Juan Manuel, son las composiciones
n^as antlenas de esta lengua, la cual llegó á su perfec-
CjOB en el sifflo xiti , reinando Femando fil y Alfonso X,
«primero de los cuales la introdujo en los escritos pú-
!Üf^ * ^ promulgó en ella su código , y el segundo la
«só en parte de sus composiciones. La literatura espa-
ñola es riquísima y muy variada. Los reinados de Car-
TOHO I.
M nrnoPA. 89
los V y de Felipe H ; son su edad de oro , euando mu-
chos extranjeros cultivaban ana lengua que dominaba
en la literatura y en lapolitiea. Después decayó y volvió
á levantarse reinando Felipe V , y especialmente en el
reinado de Caries Ul , en que salieron á lux tantas obras
de bella literatura y de ciencias. La rima asonante es un
rasgo oaracteristico de la poesía española.
Los diaiectos del castellano se dilsrenoian poco entre
SI : jos principales y que mas se separan de la lengua
escrita, son: el UMmo (') que es el mas puro, y que
desde el tiempo de Cario s V llego á ser la lengua de la
corte y de la alta sociedad ; el de León y Asktrias , padre
de la lengua española ; el oitasonés , que es el que mas
se acerca á los romances oatalan y ^Jenciano , que tiene
inflexiones particulares, y cuya lUeratnra floreció gran-
demente antes de Carlos V; el andalus, que ha eenserva-
do muchas raices del árabe; el mwrtiano, qué partlei*
pa del casteUano y roflumee('0; «^ gaUeiano ó ^sUsfs, quo
se considera como fuente do la lengua portuguesa, y que
en efecto , tiene mas analogía con esta que con la caste-
llana ; el uUra'OÜániko, que se habla en todas las pose-
siones de Ultramar, y que se distingue por la adopeleo
de muchas palabras extranjeras, y por notables diferen-
cias de pronunciación. La lengua española es una de las
que se hallan mas difundidas : en América , después de
la inglesa, es la que habla mayor número de habitantes,
y la única europea que se usa en todas las llanuras
elevadas del Nuevo Mundo.
f. Poriugués, hablado por los Portuffueees en el
Portugal y en el Archipiélago de las Aco-
res , y con algunas variedadesde pronundaolon
y adopción de voces extranjeras por los ludios
portugueses establecidos en Hamfour|^, ^ms-
terdam , el Tirol y otros puntos de Ana, Afriea
? Europa, ademas de los descencttentes de los
ortugueses en Asia , Añica , la Oceama y la
Améiica portuguesa. Esta lengua es riea y
concisa como la que mas de sus hermanas ; ha
tomado alffunas ¡MÜabras del árabe y del fran-
cés, al oual debe probablemente el sonido de la
t y las nasales ; es sonora y dulce, y no tiene
las aspiraciones ni los sonidos guturales del es-
pañol , pero los frecuentes iatos y el nasal mo-
derno en áo la perjudican para la armonía.
También se puede colocar en el siglo xi el origen de
este idioma. Sus obras mas antiguas son los fragmealos
de nn poema sobre la ocupación de la España por les
Árabes, obra que se atribuye al rey Hodríffo , y una
canción de Gonxalo Hermigues , compuesta a principios
de aquel siglo ; otra de un autor anónimo del tiempo del
conde Enrique; la de Bgas Monis Coelho, esorlia rei-
nando Alfonso 1 ; muchas aatiguas leyes y escritos ao-
teriorcs ai reinado de Don Dionis , y en fio, los fhig^
montos del Candoneiro, Esta lengua progresó grande-
mente reinando el sabio Don Dionis, que la escribía
con elegancia, pero no se fijó sino después del reinado
de Eduardo. En el siglo xvi tuvo su edad de oro. La li-
teratura portuguesa, que debe á Camoens «na de sus mas
hermosas epopeyas , es variada y casi tan riea como la
española, aunque mucho menos conocida. Después de
largo tiempo de decaimiento , esta lengua y la literatura,
cobraron en Portugal nueva vida en tiempo del memo-
rable rey José.
Puede decirse que el portugués no presenta diferencia
de dialectos , sino solamente variedades. Las que mas
se separan de la lengua hablada, son las variedades del
Miño , del Algarve y de las Azores en Europa, del Bra-
sil en América , del Congo y de Mozambique en África;
de Goa y Macao en Asia. Sin embargo, puede conside-
rarse como dialecto del Portugal , la Hngoa geral que se
habla en las costas oríeotales y occidentales del África,
especialmente en el Senegal y Guinea , y en las de Cei-
lan y de las Indias , jerfl;a que en África y Asia repro-
duce el fenómeno de la lengua franca en las orillas del
Mediterráneo, y da testimonio del antiguo poder de los
PertuifUeses en aquellas apartadas regiones.
( * ) El dialecto qoe el autor llama toletUmo es el castellaos paro,
r no se separa nada de la lengua escrita.
( •* ) Y&se la N. del T. , pág. 80.
8*»
90
ACLAIUaONKS AI LIBRO PRIMRRO.
g. Válatú ó dado-IoHn, longua hablada por
los RumaiMt 6 Rymnos, 6 sea por los Vala-
eos <)ue parecen un pueblo compuesto de anti-
guos colonos romaiios establecidos en la Dacia
y en la Tracia , y mezclados con las naciones
eslavas y otras que habitaban aquel territorio.
La coigugacion de esta lengua es mas compli-
dada que la de las otras sus nermanas; el plural
del nombre se diferencia en gran manera del
singular ; une los pronombres personales al
verbo ; tiene muchos aumentativos y diminu-
tivos como el español, d italiano y el portu-
gués, pero forma los comparativos y superla-
tivos su modo francés, y expresa la voz pasiva
con pronombres reflexivos.
Su literatura consiste en libros ascéticos , dicciona-
rios , gramáticas , algunas poesías populares y la tra-
ducción de la Biblia en el dialecto que se habla en Mol-
davia.
Entre los muchos dialectos que presenta esta lengua,
menos culta que sus hermanas , nos parecen los mas
notables los siguientes : el t>álacó propio, mas puro que
los demás, usado en la Valaquia, y con poca diferencia
en la Moldavia, en el Imperio Otomano, en la Besarabia,
y por algunos millares de colonos en los gobiernos de
Xekaterinoslaf y de Kerson en el Imperio Ruso ; el vá-
laeo húngaro, hablado con muchas diferencias por los
Válacos del imperio Austríaco , llamados halihasot en la
Transilvania , donde forman cerca de la mitad de la po-
blación, y en la Bukovina, donde son todavía en mayor
número; por otros Válacos establecidos en las fronteras
militares donde forman una novena narte de la pobla-
ción, y por otros que viven en la Hungría, en mayor
número en los condados de Torontal , Áradkrassova y
Temes, y en número .mas corto en los de Bikar, Sza-
ihamar, Mármaros, Ugosta, Szabolts, Esanad y Bekes;
el macedón válacOp hablado en Hungría por losMacedo-
válacos llamados Zín«paros, que se encuentran principal-
mente en Pesth, Miskolcz , Semplin y Neusatz , y del
cual se ha publicado una gramática que presenta mu-
chas palabras griegas; y el kutzo-válaco , hablado en va-
rios subdialectos en muchas partes de la Turquía Euro-
pea, al Sur del Danubio, y que es el mas corrompido,
pues según Thunmann, de 16 voces, ocho son latinas,
tres griegas , dos góticas eslavas y turcas, y tres de una
lengua que tiene afinidad con la afbanesa. En el siglo xv,
la nación valaca ocupó una posición notable, especial-
mente reinando Estebian. La mayor parte de los Válacos
usan el alfabeto latino; los de la Moldavia, desde Alejan-
dro n, emplean el alfabeto serbo.
Todas estas lenguas necesitan el artículo para distin-
guir los casos del nombre, y han menester también los
verbos auxiliares para formar la voz pasiva y muchos
tiempos pasados de la activa. A excepción del francés,
y en parte del válaco , todas pueden conjugar sin pro-
nombre; son pobrísimas en voces compuestas; pero la
italiana, y después de esta la espafíola y la portugue-
sa , tienen muchos diminutivos , aumentativos y super-
lativos de que carece casi enteramente la francesa. Todas
ellas, excepto la francesa , suelen enlazar los pronombres
con el verlK). En la rumánica, italiana y valaca , la es-
critura no se diferencia de la pronunciación ; esta varía
mucho en la francesa, y menos en la española y portu-
Ípuesa. La española contiene muchas raices latinas; la
rancesa las ha alterado masque las otras; y la valaca
ha conservado del latin lasque no se dhcuentran en sus
hermanas.
§.5.
Familia d$ la» lenguas germánicas.
Los idiomas germánicos se dividen, según Malte-
brun , en cwitro ramas :
1 . TEUTÓNICA , que comprende Los idiomas hablados
antiguamente por los Bastamos, los Suevos 6 Nóma-
das , los Tauriscos , Boyovares , Quados y Marcomanos,
poderosísimos baio el mando de su rey Marobod
cuando quitaron la Bohemia á los Boyos y después
( 166—170 ) dirigieron la primera federación hosül
de los pueblos germánicos y eslavos contra el Im-
perio romano; los HermondurOs ó Bermiones, que
son probablemente los padres de los Turíngios, tan
famosos en la historia; los Caitos, que ocupaban el
Hesse y sus dependencias , conocidos entre los Ger-
manos por su disciplina militar; los Alemanes, que
en tiempo de Caracalla estuvieron á la cabeza de una
confederación de muchos pueblos del Sudoeste de
Alemania , á qulenei se unieron después los Suevos^
Poderosísimos en tiempo de César bajo el imperio
e su rey Ariovisto , y que después dieron su nom-
bre á la Suabia ; los Isievones, Uamados después
francos , que unidos á otros pueblos formaron la con-
federación mas poderosa de Germania , y de los cua-
les los princinales eran los Francos-sálicos, que
guiados por Clodoveojpusieron término á la domi-
nación romana en las ualias, y en tiempo de Cario-
Magno fundaron una monarquía que llegó á ser la
primera de Europa.
La etnografía distingue en esta rama las siguientes
lenguas.
A. t ALTO ALEMÁN ANTIGUO ó ALTOCHDEÜTSCB,
hablado antiguamente en varios dialectos en toda la
Alemania Meridional, en la Suiza, Alsacia, Hesse,
Turingia, Wetteravia y parte de los paises sv^etos
á los Francos. Este idioma puede considerarse como
muerto hace tiempo. Se distineuen en él tres dia-
lectos principales: el franco y el aíemoii de aquellos
tiemp<¿ que contienen las producciones mas anti-
guas de esta lengua , y el aiío alemán medio que le
sucedió. Su literatura es muy pobre, especiaunen-
te la del franco , merced al imperio casi exclusi-
vo que ejercía el latin cuando se hablaba el alto
alemán.
a. El fráncico ó franco érala lengua délos Francos,
5[ue se habló en la corte délos Merovingios y de
os Carlovingios hasta Carlos el Calvo , encubo
tiempo fue reemplazada por el antiguo francés
en Francia , si bien continuó siendo la lengua
de la corte en Alemania hasta el tiempo de los
Hohenstaufen. Las composiciones principales y
mas antiguas que nos quedan dé esta lengua,
son : fragmentos de una traducción del tratado
de Isidoro de NaUtiiaie CUnstidñX principio del
siglo viii; fragmentos del poema de Hildebrando
ó Adubrando, que parecen de fines de aquel si-
glo ; la traducción de la Armonía de los Evan-
gelios de Taziano, que parece de principios del
siglo ix; el juramento de Carlos, rey de Francia
en 842, y el código de los Francos.
b. Las producciones mas antiguas del altnm,
son: la traducción de la regla de San Benito,
hecha hacia el año 720 por Kero ; la paráfrasis
poética de los Evangelios , hecha en 863-872,
por Otfrido , benedictino de Weisemburgo en
Alsacia , y la traducción de los Salmos, hecha
á fines del siglo x por Neker, monge de Saint-
Gall.
c. Bigo el nombro de alto alemán medio, com-
prendemos-, siguiendo á Grimm , la lengua en
que fueron compuestas muchas obras de los
buevos, Bá varos. Austríacos, Suizos y otros
de la Alemania media y bi^^ desde el siglo xi
al XV , y especialmente en el brillante siglo de
los Hohenstaufen (1136-1254)^ llamado tam-
bién de los Minnesánger , que son los trovado-
res y troveros de la Germania. Las obras roas
importantes y mas antiguas , son : la 5cfttf¿-
hische JSneide de Weldeck , y la traducción
del Ihlin , de Hermann von Aue hacia el ano
de 1180: la de Ovidio, de Albrechlde Hal-
berstadt hacia el ano de 1198 ; la Trajanisdii
Krieg , el Parcival de Wolfrara de Eschenbach
del mismo tiempo; la epopeya de íTíMem a^
Heilige, de Ulchis de Tuheim hacia el año de
1228; y los Niebelungen, la mejor produc-
ción épica en esta lengua, que se supone com-
puesta por Conrado de Wurzourgo hacia el ano
de 1290. ^
etnografía de ecropa.
91
B. ALEMÁN propio ó DEÜTSCH , llamado también
ALTO ALEMÁN MODERNO , en el cual convíeDC distin-
guir la lengua escrita y la hablada. Aquella,
no hablada en ninguna parte por el pueblo , se
formó en tiempo de Lutero , desterrándose el
alto alemán medio y el bajo alemán medio , y
adoptándose con preferencia el dialecto de la Mis-
nia que se habia comenzado á escribir después.
Este último^ usado con maestría por Lutero y
sos discípulos, llegó á ser en breve la lengua
de los libros y de la buena sociedad , común á
todos los Alemanes educados^ y la lengua docta de
todo el Norte y de gran parte del Oriente de Euro-
pa. Puede afirmarse sin vacilar que la literatura
alemana vence á las demás en námero de produc-
ciones , y rivaliza con ellas en mérito.
£1 alemán es acaso el idioma europeo mas rico en
palabras, merced á sus muchas raices monosílabas, con
bs cuales inventa términos nuevos por derivación y por
composición , prerogativa que solo el griego posee en
igual escala. Su adjetivo , que en ciertos casos es inde-
clinable , se declina en otros de dos maneras diversas;
ei pronombre, que tiene tres géneros , se declina por el
articulo y también por la terminación. La conjugación
sumamente pobre, no teniendo mas que dos tiempos sim-
ples, se vade de tres verbos auxiliares para expresar la
voz pasiva y suplirlos tiempos que le faltan. Este idioma
es polMisimo también en participios; pero tal vez no hay
otro que tenga maspreposiciones. Dioá Europa la mayor
parte de los términos de metalurgia, caza, marina y de
machos oficios. Sus escritores lo han sobrecargado inutil-
•mente de palabras extranjeras , sobre todo Riegas , la-
latinas y nancésas ; defecto de que ahora lo van pur-
gando.
Los dialectos principales de la lengua hablada , pue-
den reducirse á los cuatro siguientes :
a. £1 suizo , que con el tirolés es el mas duro
de todos , hablado en la mayor parte de la
Suiza en muchos subdialectos y variedades,
de los cuales los que mas se distinguen , son
el idioma de Berna y de Argovia , los del
vaUcde Hasli, de Friborgo con eiwelcho, de
Biistenlach > de los Grisones y de Appenzell.
b. £1 riniano, en que deben distinguirse ios sub-
dialectos de la Alsacia en Francia ; de la Sua-
bia, subdividido en las variedades de la Selva
Negra ó de la Alta Suabía , de Baar , del valle
del Necker, del Wñrtenberg , de la Yindelkia 6
de Augsborgo , Ulma , etc. ; el idioma de los
altos valles de la Selva Negra, en el cual es-
tán escritas las bellas poesías^de Hebel , se
diferencia tan poco del alemán , oue casi
podría considerarse como un subdialecto su
yo; el idioma del PakUiñado, subdividido en
wasgoviano alemán, hablado en una pequeña
edel departamento de los Vosges en
;ia, y en toetierwaldéi , hablado en el
Westerwald , país dividido entre la Prusia y
el ducado de Nassau.
c. £1 danubiano , subdividido en cuatro sub-
dialectos principales, á saber: el hávaro, el
tirolés, el ausíriaco y hokemio-húngaro^lesianOf
Al tirolés debe agregarse el alemán que se
habla en el valle de Lugano, en los trece pue-
blos Veroneses y en los ocho Vicentínos , to-
mado erróneamente por el Cimbrio.
d. El franconio ó medio (üevMn subdividido en
nueve subdialectos y muchas variedades , en-
tre los cuales , el mas notable es el alto sajón
moderno , preferido por Lutero al formar el
hochdeutsch ó alto alemán.
A estos , podríamos añadir otros dos , nota-
bles por su extraña mezcla de palabras entera-
mente extranjeras.
e. El akiman4^breo , compuesto de palabras he-
breas , alemanas, polacas y francesas, forma-
do por los Judíos polacos, y usado para la
educación y el culto de los Judíos alemanes.
f . £1 rothwelcho hablado por iosyenisdi ó Jauner
ladrones y vagos ; que tiene una multitud de
expresiones y frases enteramente extrañas al
alemán. De estos dos dialectos se han publi-
cado gramáticas y diccionarios, asi como de
los otros principales, los cuales tienen también
libros ascéticos y poesías. En el Imperio Ruso
se hablan mucnos dialectos del alto y bs^o
alemán por colonos de esta nación , especial-
mente en las cercanías de Odessa , en el go-
bierno de Kerson , en la Molosena y en Crimea,
en la Táuride y en la Besarabia; otros colonos
alemanes viven en Sierra Morena en Espa-
ña , en Canta Gallo en el Brasil , en la Nueva
Brunswick , en la Nueva Escocia , y muchos
en los Estados-Unidos de América.
II. SAJONA ó CÍMBRICA , que comprende los idio-
mas hablados antiguamente por los Cimbrios des-
truidos por Mario; por los Anglio», que unidos
después á los Sajones y á los JuÜandeses hicieron
tan importante papel en la historia del Norte ; por
los Brukrios y los Caucios , que formaban parte de
la confederación de los Istevones ; por los Cherus-
eos, poderosos btgo el mando de Arminio ; por los
Menafdos, los Tunarot , los Bátavos, los Frisones, y
otros menos notables; por los Sajones, qne son los
Ingevones de los antiguos , y formaban una fuerte
confederación en la Germania Septentrional, donde
mandados por Witikindo , defendieron por espacio
de treinta años su independencia contra las armas
victoriosas de Carlo-Magno ; y últimamente por los
Longobardosl que aliados con los A vares pasaron
áitaüa.
La etnografía distingue en esta rama los cuatro
idiomas siguientes :
A. t EL BAJO ALEMÁN ANTIGUO (ALTNÍEBEB-
DEUTSCH) , llamado smon anHguo del nombre del
pueblo principal que lo hablaba. Parece que anti-
guamente , y en la edad media, se usó este idioma
en toda la Aleniania Septentrional y en los Paises-
Bajos, á excepción del territorio que ocupaban los
Frisones y los Anglos. Debemos distinguir con
Grimm en cuanto á las formas gramaticales el bajo
alemán anHguo del bajo alemán medio» Las produc-
ciones mas antiguas del bajo alemán antiguo son
del siglo VIH alx!, reduciéndose las principales ala
Evangelien Harmonie que parece de principios del
siglo IX, y las Glossm Lipsii que pertenecen al
mismo siglo. £1 bajo alemán medio comprende to-
dos los escritos desde el siglo xi al xvi , y cuenta
muchas producciones , aunque menos que el alto
alemán medio , cuyas principales son : un voca-
bulario de la mitad del siglo xii : una traducción
de la Biblia de principios del siglo xiii ; el Helden-
buch , epopeya atribuida á Enrique de Ofterdingen
ó á Wotfram de Eschenbach ; el Reineke der Fuchs,
epopeya satírica cuyo autor parece ser Nicolás
Bauman ; y el 7V^ ülensjdgel , que se cree compues-
to en el siglo xiv. Esta lengua floreció, según pa«
rece , en la corte de Brunswick.
B. EL BAJO ALEMÁN MODERNO (NSÜENIEDER-
DEUTSCH 6 NEUEPLATTDBUTSCH), llamado tam-
bién sajón moderno, hablado en muchos dialectos en
todo el Norte de Alemania y en casi toda la Prusia.
Desde la época de Lutero le sucedió el alto alemán
en los tribunales, en la liturgia y en los documen-
tos públicos ; por lo cual cesó de ser idioma escrito
desde principios del siglo xvn. Su literatura es po^
brísima , aunque tiene varias poesías populares y
algunas crónicas , entre ellas la de Livonia, por
Russou. Sus dialectos son mas dulces que los del
alto alemán y evitan la acumulación de consonan-
tes sibilantes y la frecuencia de sonidos guturales;
son también mas ricos en raices, aunque menos en
formas gramaticales. El sajón propio, el wjon orien-
tal y el westfálico 6 sajan occidental forman los
principales dialectos de este idioma.
C. EL FRISON, hablado antiguamente en las costas
del Rhin hasta el Elba , por los Frisones y los Can-
elos sus aliados. Los Frisones se encuentran ya en
^ pocos parajes , y hablan un idioma muy diverso
' del autiguo , adulterado por la mezcla de voces
91
AGLARACI0NB6 AL
estranjeras , tomadas d« lo» pueblos entre quienes
▼iven. Nótanse tres dialectos muy distinlos ; el fri-
tm Htaito , que se habló antiguamente en las pro-
▼iocias holandesas de la Westfrisia . de Gronin^a,
de Drenta y parte de la Holanda del Norte ; el /rt-
ion wettfaíiano , hablado en otro tiempo por los
Caucios ; y ú frisen HpietUriimQl ó cimbrico. bon po-
quísimas las obras escritas en esta lengua : las mas
antiguas son , el Brohn^ WUhüren , no anterior al
siglo xa , y el Ateaábuch , que es del siglo xni.
D. BL NBBUANDES ó BÁTAVO MODERNO, con'
dos dialectos principales:
a. Flamime , hablado con machas variedades en
todas las provincias meridionales de la mo-
narquía neerlandesa, excepto donde se ha-
bla alemán ó francés. Habiéndose perfeccio-
nado mucho antes que el holandés con el
nombre de kngua flamenca , fue general su uso
en las diez y siete provincias sometidas á los
condes de oorgoña ; y después , dominando
los Españoles , fue reemplazado en el Norte
Bor el holandés , ^ en el Sur por el francés,
de modo que quedó excluido de los negocios
y de la literatura , y Drodi\¡o muy pocas obras.
b. £1 holandéi , que se nabla en las siete provin-
cias del Norte y en algunos cantones de las
limítrofes del Sur ; y con variedades y mez-
cla en el África , en la Oceanía , en la Amé-
rica Neerlandesa , en muchos distritos de las
islas de Ceilan , de la India , de la península
de Malaca , del extremo del África Austral y
de la Guyana. Algunos millares de agriculto-
res de Nueva- York , de la Pensilvania y de la
Nueva Jersey , de origen holandés , conservan
todavía su idioma , mientras que sus herma-
nos que habitan las ciudades lo olvidaron hace
tiempo. Las principales variedades del holan-
dés son las de Gueldres, Groninga , Zelanda y
Kampen. Solo á fines del siglo xvi el idioma
vulgar de la provincia de Holanda se hizo
lengua escrita y se llamó holandét. Es un mix-
to defrison antiguo, franco y bajo alemán,
muy análogo á este en las palabras, y al ale-
mán escrito en la construcción y en las formas
gramaticales, aunque lo suoera en sonidos
guturales , y . alarga los sonidos vocales mas
que ningún otro idioma de Europa. Las obras
holandesas mas antiguas son la crónica rima-
da de Nicolás Kolyn , compuesta , según se
dice , hacia el año 1156, pero que parece mas
reciente, y la de Melis Stocks, que es de prin-
cipio del siglo XIV. El xvii fue el siglo de oro
de la literatura holandesa . que cede , sin em-
bargo f en mucho á la alemana , francesa é
inglesa en cuanto al número de produc-
ciones.
UI. ESCANDINAVA ó NORMANDA GÓTICA, que
comprende los idiomas hablados antiguamente por
bs Yvt9t, Qoim ó GiUz^ los Jíantof » los Vanios
y otros pueblos poco conocidos de la raza gótica
pura, que Maltebrun tiene por los habitantes mas
antiguos que se conocen déla Escandinavia. Com-
prende también esta rama las lenguas habladas an-
tiguamente en países mas meridionales por pueblos
de raza escandinava , diseminados entre Eslavos y
Fineses, y que se hicieron célebres por sus incur-
siones en la Europa Oriental. Entre estos, los mas
iÍEunosos son , los Goionet, habitantes del territorio
inmediato á las bocas del Vístula , los Ostrogodos.
tribu dominante , principalmente en las orillas del
Dniéper , y núcleo de la vasta monarquía fundada
en el siglo iv por Hermanrico , que se extendía des-
de el Báltico al Mar Negro , y desde el Tañáis al
Teiss ; y luego casta militar dominante en la se-
funda monarquía de \^ Ostrogodos , fundada por
éodorico en el siglo v ; los Visigodos , que después
de haber invadido la Polonia y la Hungría , se re-
plegaron hacia Occidente, j fundaron como casta
militar la monarquía visigooa; lodEérulos ? famosos
por sus expedjcioDes centro^ Roma con OdoaCro , y
LIBAO PRIMERO.
contra CoustanlinopU , por sus correrías en las isla»
del Archipiélago y en Grecia , por su guerra con-
tra los Lonffobardos , y su marcha al través de la
Aienunia ; los Yindoios ? que aliados con los Alanos
y los Suevos , á principios del siglo v , penetraron
en la Galla y en España, y conducidos por su rey
Genserico fundaron el reino de su nombre en Áfri-
ca; los Borgoñonest que en el siglo v se establecie-
ron en la Ualia , donde su reino comprendía casi
toda la cuenca del Ródano.
En esta rama distingue la etnografía los cinco
idiomas siguientes:
A. MESOGÓTJCO f hablado antiguamente por los
Godos establecidos en la Misia. Según Grimm , el
mesogótico es la lengua g^ermánica mas rica en
formas gramaticales, pues tiene no menos de quin-
ce declinaciones , con ciento veinte casos y diez y
seis conjugaciones ; un veibo pasivo á la manera
latina ; y el dual en los nombres y en los verbos,
pero no el artículo indeterminado. Este idioma ha
muerto hace muchos siglos; y es entre todos los idio-
mas germánicos el que tiene las composiciones mas
antiguas , que son : el Codix ÁrgenUus de UpsaJ,
que contiene muchos fragmentos de los Evange-
lios ; el Codex Carolinus , con fragmentos de la
epístola á los Romanos ; las trece cartas proto-canó-
nicas de San Pablo ; ios fragmentos de los cuatro
Evangelios ; y ios libros de Esdras y Nehemías,
descubiertos por Mal en la biblioteca Ambrosiana
de Milán , en dos pualimpsestos de los siglos v y vi.
Todos pertenecen á la versión de la Biblia , hecha
entre el año 360 y el 380 , por el obispo Ulflla. Fí-
nalmenle , se encuentra en esta lengua un diploma
escrito en tiempo de Teodorico en el siglo vi. Según
Bopp , la gramática mesogótica se asem^a mas á
la sánscrita que á la de Bengala.
B. NORMANDO f Uamado ALTNORDISCH ñor Grimm,
lengua del Edda y del Volutpa , y de otras poesías
de fecha incierta , é idioma general de la Escandi-
navia en los siglos viit , ix y x. Esta lengua posee
los monumentos mas antiguos del Norte , y en ri-
queza de formas gramaticales no cede mas que al
mesogótico , del cual , según Maltebrun , es la her-
mana mayor. Está exenta de la mezcla de lenguas
extranjeras de que se valia Ulfila : tiene la verda-
dera voz pasiva , el dual en las declinaciones , y se
distingue de las ramas teutónicas ó alemanas en
mas oe quinientas voces radicales que ha dejado á
sus hijas.
C. NORUEGO propio ó NORUEGO antiguo (NorroenA
Tmnga) muy distinto del moderno (norck) que es un
dialecto dd danés. En esta lengua, rica en formas
gramaticales, se pueden distii^^ir los siguientes
principales dialectos :
*a. Él islandés hablado desde el siglo iz en blan-
da Dor las colonias noruegas allí establecidas
en 861, las cuales fundaron una república que
es célebre en la historia de la edad media. Este
dialecto , cultivado por los escritores islandeses
llegó á ser la lchgua islandesa , tan célebre
por los Sagas ó memorias históricas en prosa y
verso, y por su literatura que es de las mas
ricas. Los Scaldas ó noetas islandeses eran co-
mo los trovadores y los minnesinger , guerre-
ros y poetas al servicio de los innumerables prín-
cipes del país, tanto en los cons^os como en el
campo; pero intrsdujeron un lenguaje artificial,
; caracterizado por inversiones complicadas ex-
trañas al fi^enio de la lengua normanda. U
poesia verdaderamente antigua se llama fom-
yrda-lag , esto es, antigua ley de palabras. Ade-
más de los Sagas, que son todavía la base de h
historia antigua déla Escandinavia, hay otras
muchas obras en esta lengua^ entre eflas, el
jus ecclesiasíicum de 1 123, y moderoamenlc una
traducción de Milton hecha por un cura islan-
dés. Los otros dialectos vivos principales son:
b. El norueao propio hablado en los valles cen-
trales de la Noruega, y muy seme}ant« en las
palabras al islandés. ^
c.
d.
e.
STNOGIVAFIÁ
El dalika , dialecto de la Dalecarlia Occidental,
£1 tánUelandét de la Succia.
El feroe del Archipiélago de las islas Fcroe,
mezclado de voces islandesas, noruegas y dane-
sas, y desfigurado por inflexiones particulares
y extrañas.
f. El nono , hablado en las islas de Shetlaad,
mezclado coa el dialecto anglo-escocés.
D. SUECO, hablado por los Suecos en la mayor parle
del rehio de Suecia, en la^ islas de San BarK^lomé
en América, en las principales ciudades de la.Fin-
landia y en las islas Hunas del Imperio Ruso. El sue-
co puede considerarse, como el danés, hno del nor-
mando; hasta el siglo xv no se Qjóen sus formas ac-
tuales ; V su literatura es del reinado de Gustavo
Wasa. Sacrificado allatin en tiempo de Cristina, se
restableció en el de Adolfo Federico, y aun mas en
el de Gustavo 01 en que tuvo su mayor brillo. Des-
de entonces se han ido aumentando sus obras,
merced á los muchos establecimientos literarios
que se han fundado, y á la instrucción que se ha
propagado cada vez mas. La historia política, la
elocuencia del foro , la poesia lírica poseen compo-
siciones de mucho mét i to; pero el teatro tiene poca
vida por la escasa concentración de la población.
Este idioma tiene dos dialectos principales :
a. £1 nuco propiamente dicho, entre cuyos sub-
dialectos está el de üpland que en el siglo xv
llegó á ser la lengua escrita y común.
b. £1 gótico moderno de la Suecia meridional
subdividido en muchos.
£. DANÉS bablado por los Daneses en la Dinamarca,
en el Asia , en el África y en la América Danesas,
V entre las clases educadas de las islas Feroe y de
Islaodia. También se usa y escribe en la Noruega.
En el siglo xv se fijó este idioma en su forma actual
y le perjudicó mucho la (Nredüeccion dada ^por la
corte á la literatura y lengua alemana, hasta prin-
cipios del siglo xvui. Los escritores daneses y no-
ruegos con celo y fortuna han llegado á formar una
literatura nacional, notable ya en la poesia y en
las cieneias. £1 teatro cómico danés creado por
Stolberg (1720 — 1750) no cede en nada al francés;
el trágico rivaliza con el alemán ; la física, la filoso-
fía moml y la elocuencia del pulpito, están muy flo-
recientes ; pero no lo está tanto la elocuencia polí-
tica. El danés, conservándolas delicadezas principa-
les de las lenguas de esta rama , présenla la ma^or
ieocillez fn las formas gramaticales, en lo cual vie-
ne inmediatamente después del inglés, el mas senci-
llo de todoe los idiomas ffermánicos. Menos mages-
tuoBo y armonioso oue d sueco, tiene sin embargo
mas gracia y facilidad y se acerca nuks al inglés
y al francés que al teutónico, tanto que ningún ale-
mán llega á hablarlo ni » escribirlo bien. ÉL danés
tiene dos diaketos principal^queson: el danéi pro-
piamente dif lio, y el jutiondét ó gótico moderno.
IV. ANGLO-BRÍTANICA : Comprenda dos idiomas :
A. ANGLOSAJÓN f, mezcla de los idiomas de los
Sajones, AjiglioB y Yotiosque, en 449 llamados por
los Bretones contra los Pitios , se apoderaron de la
isla, donde se conservó su idioma en tres dialectos
hasta el siglo vui. Este idioma en las invasiones
de los Daneses adoptó de estos muchas frases y mo-
dismos, constituyendo el dialecto DARO-sAfoic. Es
lengua muerta hace muchos siglos, pero se enseña
en los institutos públicos ingleses. £1 aaglo-sajon^
rico en raices y en imágenes, es pobre en formas
gramaticales , pero su literatura es de las mas im-
portantes y cariosas de la edad media, en cuyo tiem-
po fueron traducidafi al francés y al alemán antiguo
machas de sus obras. Sus primeros monumentos
tonel Caedmot t i tche parofkrate , exposición del an*
tiguo testamento que se supone eompuesta en el si-
glo VIH , aunque Vulgarmente se atribule á un tal
Cledenum que mudó en 680 : la traducción alitera-
da del tratado De eoneokUiim áeBo&áo: las de Oro-
sio, Beda y otros , del rey Alfredo, hacia la segunda
mitad del siglo ix ; los viajes de Others y Wul»tans,
de Jaiiu«iia época; kmttUUicion «obre la Sagrada
D£ SUROPA. 63
Escritura por el abate Alfrick ; el poema de Boewalf»
compuesto en el siglo x , antes que oinp^un otro mo-
derno ; el de los Skioldungs ; la crónica anglo-
sajona del siglo xH. Raske considera ei anglo-sa-
jon como intermedio entre el islandés y el teutónico
ó alto alemán. Los ooetas mas antiguos anglo-sajo-
nes, del mismo modo que los islandeses, alemanes,
francos, fineses y otros, prefieren á la rima ó al rit-
mo la aliteración ó repetición de las mismas letras.
En la sintaxis, el anglo-sajon se acerca mas al ale-
mán y allatin que al islandés, especialmente en
los tiem|jK>s mas antiguos, lo cual se debe ó á los
monges o á la influencia de las antiguas formas
fframaticales del sajón primitivo y del dialecto de
los AngUos. Su ortografía es incierta,
B. INGLÉS hablado en Inglaterra, en la Escocia
Oriental v Meridional , en parte de la Irlanda y del
principado de Gales, en las principales ciudisuies
de lo restante do estos paises y de las islas de
Shetland, Jersey v Guernesey; por los descen-
dientes de los ingleses, v por otros muchos en el
Asia, en la Oceania, en el África y en la América
Inglesas ; ]^r la mayor parte de los habitantes de la
confederación americana ; y ^r todo el mundo á
causa de su imiK)rtancia literaria, poUtica y comer-
cial, pero especialmente en Hannover, en las islas
Jónicas, en Malta, en Portugal, en el Brasil y en
liaili. La lengua inglesa es una mezcla de anglo-
sajon y de francés neustriano ó franco-normando
con algunas palabras célticas y otras muchas ro-
manas. Es riquísima y de grande energía, y la mas
sencilla y monosilábica délas lenguas europeas. En
ella mas que en ninguna otra se diferencia la pro-
nunciación de la escritura. Tiene dos solas inflexiones
para el nombre, y seis ó siete para indicar las per-
sonas y los tiempos de los verbos; no reconoce sexo
sino en los objetos que realmente lo tienen ; y sus
adjetivos, participios y artículos son indeclinables.
Hasta la época de Eduardo lU no llegó á ser lengua
oficial, pero después se fiió y pulimentó cada vez
mas. A principios del siglo xvii esta hermosa len-
gua tomo un desarrollo metódico, y en los primeros
años del xviii adquirió forqias invariables. £1 in-
glés está al nivel de las lenguas mas completas y
es la primera de todas en energía. La concisión no
disminuye en nada su gracia; en las canciones es
robusta y armoniosa ; como las lenguas del Norte
sus hermanas, pinta admirablemente los grandes
espectáculos de la naturabza; y no tiene rival co-
mo lengua de la política y de la elocuencia parla-
mentaria. Su literatura que comenzó en el siglo xu
con traducciones y crónicas^ llegó al mas alto punto
en los siglos xvii y xvui: táurica como variada cam-
pea entre las mas célebres. Sus monumentos mas
antiguos son un himno á la Vír^^en , compuesto
por un tal Godric, que murió en 1 170: la traducción
del romance de Bruto por Wace de Layamon ó La-
zamon, j la paráfrasis de los Evangelios de Owen
Ormin oel siglo xii; el dutel of Lote de Roberto
Grosthead, de la primera mitad del siglo xiii, y la
crónica de Roberto Gloucester de la segunda mitad
del mismo siglo; las obras de Roberto Brunne,
Chauccr, Davie Adam, John Gower y Roberto Lan-
geland autor de la sátira titulada ViHonee de Pedro
Ploughman que son del siglo xiv.
Pueden distinguirse en el inglés los cuatro dialec-
tos siguientes :
a. £1 ingléi propiamente dicho, que limado por
Chaucer en el sielo xiv, llegó a ser lengua es-
crita y general de toda la nación. Sus princi-
pales nuKiivisiones son la de la ciudad de Lón-
dree (Cokney } , la de Oxford, la de Somerset,
la del país de Gales, la de Irlanda, el Jowring
hablado en el Berkshire, y el rústico de Sufiblk
y Norfolk.
b. El inglét del Northumberland , que podría lla-
marse también dwM4ng¡és por las muchas vo-
ces danesas que ha conservado.
c. £i eecúeéi o smflo-escsmdinavo , dividido en es-
cooie pr^^f queae habló aa%ttam«Dl« «n la
94 ACLARACIONES AL
córfe de los reyes de Esc^ia y en el cual
compusieron Jacobo Y poesías muy graciosas,
Ramsay un romance pastoril que recuerda la
Aminta del Tasso, y Bums unas poesías popu-
lares llenas de estro y originalidad ; en border
language , dialecto mixto aue se habla en las
fronteras de la Escocia Meridional y que es
notable por sus baladas ; y en diaiecto de las
isUu Horcados, mezclado con muchas voces no-
ruegas,
d. £1 inglés ultra-europeo hablado en las colonias.
El caráter general de estas lenguas es- el acento
tónico, es decir, aquella entonación particular con
que se pronuncia cada palabra. Exceptuando el in-
glés, la pronunciación en estos idiomas se diferen-
cia ¡x>co del escrito ; en sueco y danés es idéntica,
aunque varia un tanto en la conversación familiar;
pero en todos es mas ó menos dura , salvo en los
idiomas modernos de la rama escandinava. Tam-
bién lo es en el holandés de la rama sajona , y mas
todavía en los idiomas teutónicos especialmente en
los dialectos suizo, tirolés , alsaciano , suevo y bá-
varo, en los cuales abundan los sonidos guturales
y la acumulación de consonantes. £1 sueco, rico en
vocales sonoras es el mas armonioso. Después del
sueco viene el islandés y luego ol danés, sobre todo
sí es hablado con acento noruego. El danés suprime
ó transforma, como el bajo sajón y el holandés, las
consonantes sibilantes y duplicadas. La vocal e pre-
domina en este idioma como la a en el sueco. El
sonido toh 6 ha se ha conservado particularmente
en el inelés y jutlandés. El mesogótico, el norman-
do , eralto y bajo alemán antiguo son los primeros
en riqueza, de formas gramaticales ; después de estos
viene el inglés, y el ultimo de todos el danés.
La declinación de los idiomas germánicos , es-
ccpto en el inglés, el danés, el Bolandés y el sue-
co , es muy abundante ; el artículo juega mucho en
ellos; y en los de la rama escandinava á excepción
del mesogótico , entra como complemento después
del nombre , como sucede en ol coflo , en el vála-
co etc. £1 alemán , el holandés y el sueco tienen
tres géneros; el danés y el bajo alemán dos, uno para
Los personas y otro para las cosas; el inglés no tie-
ne ninguno. El mesogótico , el' alto y bajo alemán
antiguo , 9I anglo-sajon , el normando , el islandés
y el dialecto de Feroe tienen el dual en los pro-
nombres personales. Las lenguas germánicas forman
el comparativo jjor flexión , agregando una r al po-
sitivo , á excepción del mesogótico que agrega una
t , y para el superlativo añaden las letras st. Su
conjugación es pobre y necesita de tres auxilia-
res para expresar ios tiempos y modos que le fal-
tan ; se exceptúan sin embargo los idiomas escan-
dinavos , entre los cuales el mesogótico tiene el
duaPy Ja voz pasiva completa , y los otros poseen
también esta, aunque limitada á cuatro tiempos. Las
lenguas escandinavas tienen igualmente muchos
verbos auxiliares para variar y enriquecer la con-
jugación ; pero no pueden como el alemán crear li-
bremente adjetivos nuevos uniendo los nombres á
los participios activos , aunque tienen facilidad para
unir los nombres y los adjetivos entre sí ó unos con
otros. «Las lenguas germánicas, dice Maltebrun,
» tienen todas la prcrogativa de poder formar pala-
r» bras nuevas según reglas Ajas , prerogativa común
» al griefi^o y al eslavo, pero negada al latín y á sus
» derivados; pero en cambio esta facultad hace ol-
. r> vidar los giros y las delicadezas del estilo. » La
construcción del alemán y del holandés es muy ar-
tificial; no lo es tanto la de las demás lenguas, y
la del inglés es sencillísima. Acaso ninguna famf-
lia etnográfica o/rece tantas variedades como esta
en el uso de los pronombres personales que sirven
para dirigir la palabra , pues tiene hasta cuatro di-
ferentes.
Respecto de la escritura pueden distinguirse va-
rios alfabeto. £1 alfabeto rúnico , no se sabe cuando
fue inventado. Estaba en uso en toda la Escandi-
n«yia y entre los Bslavos Vendos , antes del Crls-
LIBRO PRIMERO.
tíanismo, y según algunos eruditos, se usó también
en la Dalecarlia. Créese que tuvo primero diez y seis
letras , semejantes á los caracteres griegos y latinos;
y luego Waldemaro I agregó las siete punteadas,
dichas así por los puntos que las distinguían délas
demás. El alfabeto islandés es casi idéntico al rúnico,
y tiene una letra particular para expresar el sonido
déla /ft (1). El alfabeto mesogótico fue formado porUi-
ftla á imitación del griego. %\ alfabeto anglo-sajon se
usó antiguamente en mglaterra y Escandinavia,
y en este último país reemplazó al rúnico , hasta
que á su vez fue reemplazado por el gótico. El <dfa-
beto gótico es el latino reducido á forma cuadrada,
á causa de los rasgos de pluma de los escritores de
la edad media : este alfabeto se uso por casi todos
los pueblos de la Europa latina desde el sip^lo xui
al XV. £1 pretendido alfabeto alemán es el gótico an
poco modificado ; se usa por los Alemanes , los Bohe-
mios y los Eslovenos ; alterna con el latino entre los
Suecos , los Holandeses y los Daneses y fue adoptado
exclusivamente por los ingleses y Holandeses hasta
el siVlo XVII. El alfabeto l¿ino se usa ahora por los
que hablan inglés y holandés; se extiende á Suecia
y comienza á usarse en Dinamarca y en Alemania,
y en los países no alemanes donde se habla esta
ultima lengua.
Familia de las lenguas eslams.
Desde las inmediaciones de Udine , de Siliam , en el
Tirol , y del Bohmorwald en el centro de Alemania hasta
los extremos mas remotos de Europa y de Asia, y hasta
la costa del Noroeste de América, están esparcidos varios
pueblos de origen eslavo, y dominan este inmenso, terri-
torio que forma cerca de una sexta parte de la superficie
habitable del globo. En ningún punto se encuentran
mas diferencia física ni roas contrastes morales entre
pueblos cuyas lenguas varían tan poco entre sí , que
podrían considerarse como dialectos de un solo idio-
ma. Aquí notamos estaturas elevadas , buenas faccio-
nes, color moreno y cabellos oscuros; allí eucipos
pequeííos , fisonomías deformes, color blanco y cabellos
rubias ; mas allá costumbres sencillas y la inocencia de
la edad de oro, y en otras partes la corrupción y el lujo
de los países mas cultos : unos están sumidos en la mas
profunda ignorancia , son feroces y glotones; otros se
distinguen por sueultura, la suavidad de sus costumbres
y su gran sobriedad , estos son de carácter melancólico
pero irascible , aquellos de genio alegre pero apático.
Estas naciones que tanto figuraron en la edad media,
que fundaron tantos estados en la antigua patria de los
alemanes' y sobre las ruinas del Imperio Romano, y que
infundieron terror á los emperadores de Alemania y de
Oriente ; estos pueblos tan celosos un tiempo por conser-
var su libertad , ahora en parte se han extinguido, y
casi todos han perdido su independencia. Los Rusos, y
algunas poblaciones de la Turquía europea son los úni-
cos que conservan la existencia política; los demásestán
sujetos á la Rusia, al Austria, á la Prusiaóála Turquía.
Los Eslavos, convertidos al Cristianismo como las demás
familias europeas excepto la finesa , participaron mas
tarde de los beneficios de la civilización , cuyo progreso
entre ellos, por circunstancias particulares, fue menos rá-
5 ido 6 se paralizó del todo. Así las ciencias y las arles
eben mucho menos á estos pueblos que á los compren-
didos en las familias germánica y greco-latina. Los Es-
lavos conservan en parte la sencillez de costumbres, la
hospitalidad, el heroísmo^ el patriotismo ardiente, el
afecto al suelo natal y al rey , el celo religioso y d res-
peto á los ancianos que constituían el carácter de sus
antepasados. Desde algunos años á esta fecha han entra-
do en el movimiento general de los Europeos hacía la
civilización , la cual progresa rápidamente entre algu-
nos, y parece infundirles una nueva actividad. Pero los
Rosos que dominan sobre el imperio mas vasto que has-
ta ahora ha existido, sobresaleiyeiitrc las naciones es-
Digitizedby VjOO
(1) Algo mas suave qtie el de la s esptfloia. Oi. M TredJ
etnografía
lavas por el número de pueblos que han civilizado y
convertido al Cristianismo con la fuerza del ejemplo , y
sin las violencias demasiado habituales en otros , asi
como por las muchas instituciones literarias que han fun-
dado f. por las muchas mejoras que han introducido^ por
el ^n número de producciones en todos los géneros , y
por los garandes servicios -que han prestado á la geog^ra-
lía, descubriendo regiones enteramente ignoradas y lle-
vando la navegación en los dos hemisferios aun mucho
mas allá de la latitud á donde llegó el inmortal nave-
gante inglés.
Si los Eslavos ceden á los pueblos germánicos y greco-
latinos en civilización general y en literatura , en cambio
los igualan en poder y en hazañas. Entre ellos parece
que deben contarse los Sármatas^ implacables enemigos
de los Escitas y de los Romanos , á quienes con frecuen-
cia derrotaron con su formidable caballería ; ios Roobo-
loMtf llanuidos después Aos, que tanta parte tuvieron
en la invasión que hicieron los Marcomanos en el Im-
perio Romano cuando se hallaba en el apogeo de su po-
der ; los Yazigios de Estrabon , célebres en la edad media
con el nombre de Jatmn^ y de PoUewianos, que prefi-
rieron morir con las armas en la mano , á perder su in-
dependencia. Su historia celebra á los Moradas , que
abrazando los primeros el Cristianismo , gozaron de la
civilización que lo acompaña, y debieron al valiente y
hábil S¥riatopolk el honor de figurar en el siglo ix entre
las grandes potencias de Europa, pues dominaban todo
el territorio que se extiende desde el Báltico hasta el
Adriático. También son celebrados los Venedos ó Vendos,
distinguidos entre los Eslavos por su cultura, y entre los
coales son señalados la pederosa federación rí^publicana
délos LuiHzios y el reino de los Obotritos, cuyo rey
es el tronco de la casa de Mccklemburgo; los Servios, cu-
yo rey Esteban Duchan conquistó gran parte del Impe-
rio de Oriente , y á quien solo la muerte impidió scn-
larK en aqud trono; los Pruezos , que defendieron con-
tra los Alemanes con increíble valor sus falsos dioses y
su independencia; los Kurios , que en la edad media uni-
dos con los Vendos, los Oseletios, los Livios v otros bajo
el nombre común de Kuretes, esparcieron el terror con
sus piraterías entre los navegantes del Báltico, y osaron
saquear las costas de Suecia y Dinamarca; los vSisniacos,
que tan buenas muestras dieron de si á las órdenes del
valiente Vladimiro, fundador del principado de Galitzia
y alas de sus descendientes Laroslaf y Romano ; los No-
togorodios , republicanos expertísimos en el comercio y
en la guerra , ricos y dominadores por muchos siglos
de todo el Nordeste oe Europa ; los Cosacos Zaporogos,
espartanos modernos por su singular constitución , su
modo de vivir y- fu maravillosa intrepidez; los Cosacos,
formidables á ía Europa Oriental bajo el gobierno del
hetmán Schmelnizki, cuya expedición al Asia Menor y
ala Colqoide á principios del siglo xvii se cuenta entre
las mas atrevidas; los Raguseos , pueblo poco numeroso
que desde hace muchos siglos cultiva las ciencias y las
letras y conserva costumbres suaves y refinadas entre
naciones bárbaras; los MotUenegrinos cuya independencia
está protegida por las rocas , el valor y la sencillez de
costumbres, no obedeciendo mas que a los ancianos y á
los obispos. También pertenecen á esta familia los Bohe-
VMM , tan poderosos en tiempo del ambicioso Ottocar, y
hajo el mando de los príncipes de la casa de Luxembur-
^ y de Rodulfo U de Austria, á cuya corte acudían los
primeros artistas y eruditos de Europa; célebres des-
pués por las proezas de Ziska y de Potjebrad ; los Pola-
^>i cuya historia celebra el reinado de Boleslao I que
domino toda la Polonia y gran parte de Alemania; de
Casimiro el Grande que les dio leyes , civilización y el
dominio de la Rusia Roja; y del valiente Sobieski , li-
bertador de su patria y salvador de Viena; los Lituanos
que á principios del siglo xiv conducidos por el esforzado
yhábif Gedimiro salieron desús oscuras selvas, y á ex-
pensas de los Tártaros y de los Rusos fundaron un vasto
imperio, que por el matrimonio de Jagellon con la he-
redera de los Piastos, llegó á ser el priinero del Norte en
tiempo del grande Olgerdo, del célebre Vitooto y de Se-
psraundo Auí;usto ; este el mayor rey que lia tenido la
Polonia, aquel reputado por uno de los mas grandes con-
quistadores de la edad moderna; finalmente los Rtuos cu-
DE EUROPA. 98
yo imperio fundado en el si^lo ix por Rurik , adquirió
desde su origen una extension'inmensa.
Podemos dividir en tres ramas las lenguas de esta
familia.
1. RUSO-ILIRICA , llamada así de los Rusos y de los
ílirios , y que comprende la mayor parte de los
pueblos que hablan las lenguas servia o croata. Do-
browski llamaba á esta división Autb ú Oriental.
Sus lenguas son :
A. SLAVA, SERVIANA, SERVÍA é ILÍRICA, lla-
mada por algunos RUTENA, y hablada en muchos
dialectos por los Eslavos mas meridionales llamados
¡Úricos , ({Me habitan en los imperios Turco y Aus-
tríaco , á excepción de unos cuantos colonos que
ocupan territorios de la Rusia Meridional. Esta len-
gua , una de las mas ricas en palabraa y formas
gramaticales , es también armoniosísima , y puede
considerarse como tronco de los idiomas de esta
rama y de la bohemio-polaca. La larga domina-
ción de los Turcos, Alemanes, Húngaros y Venecia-
nos , introdujo en sus dialectos muchas palabras de
estos pueblos , ignoradas de los autores antiguos.
Los modernos , ae algún tiempo á esta parte, se es-
fuerzan en escribir con pureza y en acercarse al
idioma ruso evitando estas frases extranjeras. Las
pequeñas diferencias que existen entre el servio ó
eslavo propio y el slawenskl ó ruso antiguo , nos
hacen considerar á este como una mera variedad de
aquel idioma, ó cuando mas como uno de sus dia-
lectos. Aunque la literatura eslava es menos rica
que la bohemia , la polaca y la rusa , es sin em-
bargo mas antifi^ua, y se divide en dos ramas, la
del slawenski y la del eslavo. Prescindiendo de las
muchas poesías nacionales de los principales dia-
lectos, que se conservan hace siglos por tradición,
y algunas de las cuales se han impreso en Viena y
en Venecia; y sin hablar de la traducción de la
Biblia y de los libros litúrgicos , que con la historia
de la Dalmacia, escrita por un clérigo desconocido
de Dioclea , hacia el año de 1170, son las produc-
ciones mas antiguas de esta lengua, puede decirse
que la literatura eslava es muy variada , pues^ po-
see gramáticas y diccionarios , y entre estos el de
Vuk, que contiene treinta mil vocablos , poemas épi-
cos, dramas, tragedias y comedias orígmales , ade-
más de machas traducciones del griego, del latín,
del italiano y del alemán sobre casi todas las mate-
rías literarias y aun científicas. Sin embargo es de
notar que casi todas estas obras se deben á Ragu-
seos ó Servios del Imperio Austríaco. Las de los
firimeros se remontan hasta mas allá del siglo xiv;
as de los segundos son mucho mas modernas ; y
casi todas se han publicado en Venecia , Ragusa,
Buday Viena. La literatura del slawenski, es decir,
del antiguo ruso , es pobrísima en comparación de
la del ruso moderno. Sus producciones mas anti-
guas , muy variadas según el objeto y el tiempo de
su publicación , son la traducción de los Evange-
lios y de otros libros sagrados , algunos del año 863,
el código de Yaroslaf de principios del siglo xi ; el
testamento de Vladimiro Monomaco que murió en
1 126 ; el poema de Igor y la crónica ue Néstor, del
siglo xii , la cual fue continuada hasta el xvii. En
esta lengua están escritos todos los libros publica-
dos en Rusia hasta Pedro el Grande. £1 slawenski
excluido de la literatura profana se conservó siem-
pre en Rusia como lengua de la religión y de la li-
turgia. El servio escrito , que se diferencia poco en-
tra los diversos pueblos, difiere mucho hablado.
Los dialectos que mas diversos nos parecen entre
sí, V que mas se distinguen del anticuo eslavo y
de la lengua hablada antiguamente nasta la edad
media , son:
a. El «ervio propio ó serhlin, hablado por líos Ser-
vios , Serbios , Serbos ó Serblinos, llamados
impropiamente llirk)s, Raczen ó Rhaces. Estos
pueblos ocupan casi toda la Servia con la Erz-
gowina en la Turquía europea, y se extienden
también á la Croacia, formando una tercera
parte de su población , así como á la Hungría
96 ACLÁRAGIOlflES AL
y álos países limürofes. Alg'unos millares de
ellos se encuentran como colonos en los go-
biernos rusos de Yecaterlnoslaf y de Kerson.
Serán pues subdialectos del servio: el idioma
de los Botniacos't el de los Manienegrinos, que
acaso es el eslavo mas puro, atendido el
aislamiento en que viven ; el de la república
de Ragusa ; el de las Bocas de Cataro; el de los
liabitantes de Albania hasta el Trin ; el de los
montañeses del interior de la Dalmacia Turca
y Austríaca y de parte del litoral húngaro; y
el de los Eslavos propiamente dichos en la
Croacia, en la Esclavonia y en las fronteras
militares.
b. £1 eflavo italianizado, ó s^a el idioma de las
costas de Dalmacia , desde Narenta hasta el li-
toral húngaro, y el de las islas de la Istría y li-
mítrofes,
c. El uscoco, hablado por los Uscocos ó Morlacos,
que se llaman Serbios , Vlahes ó Lahes ó Vla-
bes , nómadas valerosos y salvajes esparcidos
en la Servia , Bosnia , Dalmacia , Croacia , el
litoral húngaro y Carniola. Este dialecto está
mezclado con muchos vocablos turcos.
d. El búlgaro, hablado en Bulgaria por los des-
cendientes délos famosos Búlgaros, que olvida-
ron su lengua y adoptaron el idioma servio
mezclado con voces extranjeras, y especial-
mente turcas. Este dialecto , poco conocioo, pa-
rece que tiene un artículo que pone después
del nombre.
B. RUSA MODERNA, lengua hablada en el Imperio
Ruso , por los Rusos , nación dominante, y por las
personas cultas de las naciones sometidas; y usada
además en la mayor parte de laGalitzía v en parte
de la Hungría en el Imnerio Austríaco. Desde que
en tiempo de Pedro el urande se abandonó el sla-
wenski para escribir el ruski , este se hizo la len-
gua de los libros y de los negocios en todo el im-
perio. Según Karamsin, el ruso es el idioma eslavo
menos mezclado con palabras extranjeras , y cada
dia se vá perfeccionando (*); y usado por un hombre
de genio , puede igualar en fuerza , delicadeza y
hermosura, á los m^orcs idiomas. Tiene sin em-
bargo, algunos vocablos extranjeros, especial-
mente fineses y tártaros, á causa de sus antiguas
relaciones con estos pueblos ; y ha tomado palabras
del griego, del alemán y del latin para expre-
sar las ideas nuevas que recibió con la civiliza-
ción en tiempos diversos. De algún tiempo á esta
parte los literatos procuran sustituir palabras esla-
vas á los extrai\jcras. £1 ruso , menos libre en la
construcción que el slawenski , sin dualidad en los
pasados compuestos, ^uc forma con el auxiliar ser,
puede formar los dimmutivos y aumentativos por
flexión ; casi todos sus nombres tienen uno ó dos
aumentativos y tres diminutivos ó mas : los adjeti-
vos no tienen sino diminutivos. La literatura rusa,
que nacig en tiempo de Pedro el Grande , progresó
extraordinariamente , sobre todo en los reinados
de Catalina y de Alejandro; no es extraña á ningún
Señero , pero sobresale en el lírico y en las obras
Q geografía y estadísca. El diccionario raso por
orden de raices , publicado á fines del último siglo
por la Academia, es, á pesar de sus defectos, la me-
jor obrade este género que tienen las lenguas vivas,
la etnografía s^cñala los siguientes dialectos poco
diferentes entre sí :
a. El v^iki rufH 6 ruso de la Gran Rusia , que
llegó á ser la lengua escrita y culta , y que se
habla en Moscou con mas pureza y elegancia.
b. El malo ruthi ó ruso de la peaueña Rusia,
muy diferente del primero, no solo por la pro-
nunciación , sino por la gramática y el sig-
nificado de muchas palabras.
(*) Segim otros escritores el esbvo mas pnro es el Uirío. Pa-
rné tanMen qoe el polaco, aaiii(iie mezclado con alfimas voces
•ISMHMt , coMérra nayor vmtn ^le f 1 raso.
(N.delTj
LIBRO PATMKRO.
c. El susdaHano , que ha lomado muchas voces
eslavas.
d. El olonetiano , con muchas voces finesas.
e. El rusniaco , dialecto antiquísimo de la Galít-
zia y de parte de la Polonia.
C. CROATA , lengua llamada así de los Korbaias que
la llaman ilírica. Tiene pocos libros y sus dialectos
son poco conocidos.
D. WINDA, lengua hablada por muchos puebloi esla-
vos sometidos al Imperio de Austria, ó impropia-
mente llamados Windos. En ella pueden distin-
guirse , según parece , los dialectos siguientes:
a. £1 camioliM , batido en la Corniola y por
los Eslacof que habitan al Esta de Udine en el
vallo de Resia.
b. El caritUio.
c. El estirio, dialecto que tiene poquísimos li-
bros ; pero entre ellos hay una de las mejores
gramáticas de la lengua eslava.
11. BOHEMIO-POLACA: división que oorresponde a
la que Dombrowski Iktma sli.vahi8xiú occidertu.
Pertenecen á esta rama las lenguas siguientes:
A. BOHEMIA ó CHECA. Sus dialectos son :
a. El bohemio vulgar, hablado por k» Checoaó
Bohemios en muchos dialectos , de los cuales
el de Praga es el mas limado y ha llegado á
ser lengua escrita.
b. £1 étUnmeo, hablado por los Esftovoeos en Mo-
ravia. Silesia y Hungría.
c. El kannaco , hablado en la Moravia central.
d. El é$írMiaio , hablado en los extremos de b
Moravia por la parte de Hungría.
e. £1 jMiMfcarirAo , iiablado por los habitantes de
las Setenta y cinco cabanas (Putuken) eerea de
Prankstadt.
b. El talUuekoño , hablado por los habitantes de
los Veinte y nueve cabanas (SaUaaéhen) en el
círoulo de Kadisk.
g. £1 ttotaco, mezcla de eslovaco, rusniaco y po-
laco.
La lengua bohemia es rica y armoniosa, aunque em-
plea mncnas consonantes , y se presta en alto grado
al canto, para el cual los Bohemios tienen gran disposi-
ción. Las muchas relaciones que hay entre la Bohemia
y la Alemania han introducido en esta lengua muchas
voces alemanas. La literatura, mas antigua que lapo-
laca y en otro tiempo mas rica , después de naber te-
nido su siglo de oro en tiempo de Carlos fV y de Ro-
dulfo lí, decayó en la época de las guerras religiosas,
en la cual fueron desfaruidas muchas o%ras. Uitimamenlo
se reanimó y se cultiva ahora en periódicos y libros.
Sus monumentos mas antiguos son un himno eclesiásti-
co, compuesto por el obispo Adalberto hacia el año 990;
el salterio ]atino-l)ohemio de WHtentbeii^ que se cree ser
del siglo xTi ó xni ; un código en vitela, que se pre-
sume también de este siglo, y que ha sido hace poco
descubierto |)or el señor Hanka de Kdniginhoff, con
poesías histói'icas y de otros géneros; la crónica de Ds-
temll del año 1310, j la traducción de la Biblia. £1 go-
bierno ha hecho imprímir en Vlena treseientas canciones
populares, entre las cuales hay algunas antiquísimas. Por
algún tiempo fue el bohemio la lengua docta y diplomá-
tica de toda Alemania , desde que Carlos IV en su Bula
de oro impuso á los electores la obligación de apren-
derla.
B. POLACA , lengua hablada por los polacos llama-
dos Léeos ó Liacos en la edad media. Hablase en
los países que antiguamente Ibrmaban el poderoso
reino de Polonia. Adoptó muchas voces alemanas
y latinas , v sus principales dialectos son :
a. El de la Gran Polonia, que cultivado llegó á
ser lengua escrita.
b. El de la Pequeña Polonia , hablado en la repú-
blica de Cracovia y en la de Galitzia.
c. El de la Pruna oriental .
d. El kasubo que se habla en las orillas del Leda,
por los restos de los Kasubos , gente numerosa
que ocupaba en lo antiguo gran parte de esta
provincia. ^^
BTNOeRAIU DK SimOPA.
97
e. £1 mofufo , que se habla en la Mazovia y en
la Podlaqoia.
b. El polaeo dUrioM.
g. £1 ffanliano , haUado por los habitantes de loe
montes Carpacioe.
La preferencia dada al latín retardó los progresos del
polaco, que floreció deqnies desde la época de Segls*
mundo 1 á la de Ladislao JfV , en la que nacieron inge-
nios excogidos que pusieron esta literatura al nivel de
las primeras. Caída después en desuso i causa de las
desgraciadas guerras civiles, se reanimó en tiempo de
Ponialowskl. £n 1801 se ÍuimIó en Varsovia una acade-
mia para conservar v fomentar la lengua y literatura
pdaca; pero las machas desventuras que huí caído so*
bre esta nación, se han opuesto conaderabldnente á sus
progresos. £1 diccionario de Lindé es el mas docto é
importante de todas las lenguas eslavas.
t. SKRBA 6 SORABA, lengua hablada hasta eUi-
glo XIV por los Serbos que habitaban el territorio
comprendido desde el Saal hasta el Oder en el Os-
terland, la J^lisnia , el ducado de Anhalt , el círculo
de Witlembeiig , la parte austral de la Marca de
Brandeburgo, una pequeña parte de la Franconia,
i^lasdosLusacias. Deaoues de aquel tiempo se ex-
tinguió y ya no se haüa sino en unas cuantas al-
deas. Sus dialectos son el alto y bajo lusado. No
tQVo libros hasta principios del siglo xvui, y ahora
posee un diccionario, una gramática j una traduc-
ción de la Biblia en el dialecto de Cottbus y de Baut-
zen , en el cual so tradujo, hace poco, una parte
delaMestada.
ID. WENDO-UTÜANA « GERMAMO-SLAVA : las
lenguas que comprende esta rama son :
A. WKNDA t , lengí^ hablada hasta el siglo xiv en
varios dialectos en todo el Norte de Alemania desde
el centro de Holstein hasta Kasubia en Pomerania,
mas ó menos mezclada de dialectos.
B. PñüCZA ó ANTIGUA PRUSIANA-^, hablada en
once dialectos muy diversos por otros tantos pue-
blos que constituían la nación de los Pniczos , que
ocupaba el país situado entre el Vístula y el Pregel.
Aunque los caballeros teutónicos hicieron lo posible
por extinguir esta lengua, se hablaba todavía en
tiempo de la Reforma en el Samland, enelNatangen
y paite áéí Oberland; pero ya á fines del áglo xvui
no se hablaba mas que por loe ancianos, y luego
murió. Todos sus libros consisten en una gramáti-
ca , el catecismo jr el Enkiridion , publicados en
Konigsberg en d siglo xvi en el dialecto de Sam-
land. La lengua prucza se distingue de sus herma-
nas por la preponderancia del alemán sobre el esla-
vo , eq;>ecialmcnle en las declinaciones y en las
fomias del participio: tiene dos artículos, seis casos,
y la sintaxis muy semejante á la alemana sin los
sonidos sibilantes del polaco ó del lituano , ni las
voces finesas de este último.
C. LITUANA , hablada antiguamente por los podero-
sos Lituanos y Kriwtscos, y ahora solamente por
el vulgo, pues las personas cultas hablan el polaco,
el raso o el alemán según los países. Tiene varios
dialectos , entre los cuales el nadranisco posee el
mayor numero de obras de esta lengua , y se di-
ferencia poco del pniczo/ Carece de artículo, y tiene
tres géneros , tres números , siete casos, y muchí-
simos diminutivos.
D. LETTA, LETTWA, LETTONA, lengua hablada por
los Lettones, que forman la mayoría délos habitan-
tes del gobierno de Miltaut, de Riga y de parte del
de Witejpsk en la Rusia, y ocupan una parte pe-
queña oe la Prusla Oriental. Sus cinco dialectos
Írincipales se subdíviden en otros muchísimos,
iene dos artículos , seis casos y bastantes frases
germánicas; y se compone de tres sextas partes de
eslavo, una de gótico , otra de finés y otra de ale-
mán. Su literatura, aunque incomparablemente
menos rica que la rusa, la bohemia, la polaca y la
servia, sigue inmediatamente á esta en variedad y
número de producciones , debidas todas á escritores
alemanes. Sus monumentos mas antiguos son
varios documentos del siglo xm ; el primer ensa-
yo literario de esta lengua , fue la versión de algo»
nos cánticos , hecha en 1530 por Nicolás Ramm.
Después en 1680 se tradujo la Biblia por Gluck , y
luego se publicaron historietas tomadas de k Santa
Escritura, libritos de educación y eméritos ascéti-
cos* Actualmente se traducen otras obras y se escri-
ben periódicos para entretenimiento del pueblo.
Estas lenguas abundan mas que las alemanas en con*
sonantes , que acumulan al principio de las süabas, es-
pecialmente el polaco y el oohemio ; muchas de eiiag
son suaves , y al fin de las sílabas se dulcifican con un
sonido particular. A excepción de los idiomas servio,
wendo , pruczo , y búlgaro , ninguno de los demás tiene
artículos ; se declinan por flexión , y casi todos tienen siete
casos, es decir , los seis del latín y el intinimental. El
bohemio , el polaco y el ruso , distinguen en la declina»
clon los seres vivos de los inanimados. La mayor parte
de estas lenguas son ricas en aumentativos y dinünuti-
vos , que se forman por flexión lo mismo que los com-
parativos y superlativos : el servio , el slaw^nski , el
lituano y el camiolino tienen también el dual. La conju-
gación es sencillísima ; en lo general ( ó f» es la termina-
ción del infinitivo , ott ó» ladel presente, tóllñ, delpa- '
sado , f la del imperativo ( ' ). Las personas se denotan por
silabas finales, y no hay necesidad de agregar á la con-
jugación los pronombres personales , á no ser en el letton
en el pruczo y en algunos otr^s. Carecen estas lenguas de
subjuntivo, optativo y pasivo , peroalgunas tienen hasta
cuatro futuros y otros tantos pasados ; y usan formas di-
ferentes para expresar una acción, según que es transi-
toria, que dura algo ó que se repite. Son también
muy ricas en participios. y verbos recíprocos , que for-
man poniendo el nombre personal de la tercera persona
ó delante del verbo como en el camiolino , ó detras como
en éí bohemio, polaco, etc. , y sin variarlo en las diver-
sas personas. La construcción en estas lenguas se ase-
meja mucho á la latina. En el bohemio y en el wendo
lituano, el sonido carga siempre sobre la primera sílaba
de una palabra radical ó derivada; en el polaco , con
pocas excepciones, en la penúltima; en las otras lenguas,
especialmente en el ruso, varía mucho- el acento , ya
cargando en la primera sílaba , ya en la segunda, ya
en otra mas lejana. La pronunciación del ruso y del
servio , no se diferencia casi nada de la ortogroCía,mep»
ced á los ricos alfabetos con que se escriben : en las
otras lenguas la difereneia es mayor ó menor , según la
perfección del alfabeto.
Puede decirse que ninguna familia etnográfica, á
excepción de la semítica , la sánscrita y la malaya , ofre-
ce tantas diferencÉis de alfabetos para representar sonidos
casi idénticos. Los Eslavos usan por lo menos cinco al-
fabetos: el drüiano ó terbo ó ruUno, es el mas antiguo
de todos, y fue inventado por el griego Cirilo en 865,
agregando nueve letras á las del alfabeto gri<^. Osase
por los Servias, Bosniacos , Búlgaros? , y otros que hablan
el servio como también en Moldavia y Valaquia , y aun
Moravia y Bohemiai y duró en estos países basta que se
introdujeron las letras alemanas y latinas , y en Rusia
hasta el tiempo de Pedro el Grande. Sus monumentos mas
antiguos son una inscripción en piedra, en Kief, del
año 996 ; y libros de iglesia manuscritos del año 1056,
conservados en Petersburgo y en los conventos del mon-
te Atos. Este alfabeto tiene cuarenta y dos letras, y
otros dicen que cuarenta y ocho. El alfabeto glagoUtíciH
eseloüon-bukomtxaódiviíica, llamado también de San Ge-
rónimo , porque se atribuye á este santo, parece poste-
rior al ciriliano; fue inventado por un clérigo dálmata,
y difiere mucho de aquel en los rasgos de que están so- ^
brecargadas sus cuarenta y dos letras , y que le ha-
cen muy incómodo. Su monumento mas antiguo es
un salterio del siglo xiii , en vitela , y se usa por
pocos en libros de religión. El alfabeto ruto ó de Pedro
el Grande, es el ciriliano modificado por este emperador,
quitándole. algimas letras inútiles, y redonde^dole
otras. Tiene treinta y cinco letras , de las cuales, dos se
( * ) La terminación del infinítíTO polaco es generalmente c aceli-
taada, cnva pronunciación equivale i la de nuestra ch ; los partici-
pios pasados terminan por lo general eniitf , y en cuanto i la con-
íugacion está muy lejos de merecer el nom5re de en^Mma que
le da el autor. ("
Digitized
$ de eeitmimma que.
^O ACLARACIONES AL
emplean rúas veces y se osa en todo el imperio. Los
SeryioB, los Bohemios , parte d^los Eslovacos y otros
{|ue hablan dialectos bohemios, así como los Kasubos y
osEslavos sileslanosque hablan dialectos polacos, se va-
len unos de letrt^ aletnanat y otros de letras iatinat ; y
combinando dos ó mas con algunos acentos 6 signos
narticalares , representan los sonidos de sir idioma, para
los cuales no bastarían los pocos caracteres latinos y
alemanes. A estos cinco alfabetos se puede agregar el
runüfhtoendo, usado antiguamente por los Wendos sep-
tentrionales , mucho tiempo antes de la introducción del
Cristianismo en estos paises , y cuyos caracteres se ven
en los ídolos de Retra , no lejos de Neustrelitz ; el griego,
adoptado en el siglo vii por los Eslavos , establecidos en
el Peloponeso; y el búlgaro imitado del glagolítico, que
tiene treinta y una letras, casi todas en línea doble como
las glagoliticas.
Familia de lat lenguas urálicas 6 fíMsas,
Desde la costa del Noroeste de la Noruega hasta el
Ural, y desde el otro lado de esta larga cadena de
montañas hasta Jenissei . en el centro de la Sibería;
después, desde el Leíta al Seret, y desde los montee
Carpacios al Danubio , en ^1 centro de Europa , vi-
ven esparcidas las naciones urálicas entre pueblos di-
ferentes , conservando desde hace siglos sus costum-
bres , sus hábitos y su lengua propia. La raza urálica
presenta como la eslava mucnísimas variedades , ya
en la estatura , ya en el color de los cabellos , en fas
facciones , en la fuerza , en las costumbres , en la re-
ligión , en el desarrollo intelectual. Entre los rasgos que
distinguen á las muchas naciones de que se compone
esta familia, los Húngaros y los Ostiacos constituyen, al
parecer, los dos extremos físicos y morales de la cadena,
á pesar de la grande afinidad de los idiomas que ha-
blan. Las naciones urálicas , por lo general mas atra-
sadas que ninguna de Europa en civilización , y las úni-
cas europeas entre las cuales hay tribus sumidas en la
idolatría, muestran , sin embargo , en sus costumbres
cierta civilización que no puede ponerse en duda y que
se descubre al través del silencio de la Historia entre las
fábulas y exageraciones de las crónicas y de los via-
jeros. Los muchos términos relativos á la pesca , á la
navegación , á la agricultura y á ciertas comodidades
de la vida , que vanos idiomas Septentrionales tomaron
del finés ; el uso de la' brújula ; la gran feria anual que
se celebraba en la capital de la famosa Aármia; las ciu-
dades de Biel(^Ozero , de Kostof , de Murom, habitadas
antiguamente por los Vessios f i por los Merlanes f ,
y Muromianos -h ; las ruinas de Bulgar , v las que se
ven cerca de Kharltof y otros lugares de la Rusia Me-
ridional , nos parecen una prueba incontestable de
esta verdad; y aun podríamos agregar como tal la opi-
nión de magos y adivinos que en la Escandinavia y en
la Rusia Septentrional han tenido y tienen todavía los
Lapones , los Fineses, los Estonios y los Permianos. Los
pueblos urálicos que ahora se haUan todos sometidos
a naciones eslavas ó germánicas; estos pueblos tranquilos
que en general viven de la caza y de la pesca, auxiliados
por una agricultura apenas naciente , nan llenado en
otro tiempo muchas paginas de la historia. La etnogra-
fía enumera entre ellos á los famosos Hunos ?, que man-
dados por Balamiro , destruyeron en 376 la monarquía
de los Ostrogodos, fundada por Hermanrico, y que bajo
el mando de Atila, azote de Dios, después de haber aso-
lado la Europa , hecho tributarios á los dos emperado-
res de Oriente y Occidente , y fundado uno de los impe-
rios mas vastos, desaparecieron como un fantasma al
morir su gefe, dejando espantado al mundo. Pertene-
cen también á esta raza los Ávarss^ , primera poten-
cia de Europa en el siglo vi, cuyo desapiacUdo Khan
Bayan , unido á los Longobardos , destruyó el reino
de los Gépidos; derrotó á Sigeberto , rey de los Fran-
co» ; hizo tributarios á los Búlgaros, á los Eslavos meri-
dionales y á otros muchos pueblos , y fue el terror de los
emperadores de Oriente, á quienes quitó vastas y opu-
lentas provincias. De la misma manera corresponden á
LORO PRmSRO.
esta familia los Búlgaros ?, que en el siglo siguiente,
conducidos por el intrépido Curvat , sacudieron el yugo
de los Avaros, y fundaron una extensa monarqma, que
disuelta á su muerte, fue restablecida {tor su hijo Aspa-
ruch, al Sur del Danubio en la Mesia, desde donde ame-
nazó por largo tiempo al imperio de Oriente. Por último,
entre las razas urálicas se cuentan también los Bim^aras
y los Katarios ? Estos ^ preponderando en Europa en la
segunda mitad del siglo vn , hicieron temblar a los mo-
narcas persas y á los califas mas poderosos ; protegie-
ron á los emperadores griegos , y se distinguieron de los
demás bárbaros por sus costumbres suaves , su industria
y comercio. Los restantes fueron por largo tiempo la-
mosos con ^ nombro de Onogurios , Uguríos , Ü ¡eu-
ros , y habiendo salido en tiempos ignorados de la Yu-
guria , y permanecido largos anos bajo el yugo de los
Avares , de los Búlgaros y de los Kazarios, se estable-
cieron á fines del sigio ix en los ricos paises que tomaron
de ellos el nombro. La Hungría por espacio de dos »-
glos vomitó innumerables ejércitos que asolaron la Ale-
mania , la Francia , la Italia , la Iliría y el Imperio de
Oriente. Conquistados finalmente para la civilización
por los nuevos apóstoles del Cristianismo , se colocaron
desde el siglo xi en lugar eminente , entre las primeras
naciones de Europa , bajo el mando del gran rey Este-
ban , y llegaron al colmo de su poder l»jo el de tres
grandes hombres ; Luis, que reunió las coronas de Hun-
gría, Polonia , Servia , Bosnia y otros paises limítrofes;
Juan Huniade, que detuvo los progresos de los conquista-
dores de Constantinopla ; j Matías Corvino, el mas gran-
de de sus reyes -, que señaló su larjg^o reinado con es-
pléndidas victorias , creaciones útiles al país , y
generosidad con los sabios.
Las lenguas de esta familia pueden dividirse en cinco
ramas , de las cuales Klaproth solo presenta las cuatro
primeras :
I. FINESA propia , llamada FINESA GERMANI-
ZADA, por las muchas voces góticas, suecas,
noruegas y alemanas , adoptadas por los idio-
mas que comprende, á consecuencia de las lar-
gas relaciones de los pueblos Chudos ó Fineses
con los Godos, Norues-os, Suecosy Alemanes, y
luego con los Rusos. En esta rama la etnografuL
distingue cuatro lenguas :
A. FINESA propia ó SUOMENKIELT, hablada por
los Suomes ó Finlandeses que habitan la mayor
Íiarte del gran ducado de Finlandia y parte de
os gobiernos de Olonetz y Petersburgo. Sus dia-
lectos son :
a. El finés , que ha llegado á ser la lengua es-
crita de todos los Finlandeses.
b. El taumsino , de la Finlandia central y sep-
tentrional.
c. El careliano , de la oriental.
d. El olonettiano que se habla en el gobier-
no de Olonetz.
e. El ioatialaisei , hablado por los Watlander,
pueblo en un tiempo numeroso y ahora re-
ducido á pocos habitantes , cerca de Narva.
Reunida la Finlandia sueca á lá Rusia, la literatura
finesa progresó, y ahora es la mas rica é importante
de esta familia después de la húns'ara. Sus monumen-
tos mas antiguos son los Runoís o canciones antiguas,
publicadas en alemán por Schrotter en 1819 , y los pro-
verbios dados á luz en el mismo año en Viborg : las
primeras sirvieron de base á Ganander para formar la
mitología finesa. Además de la traducción de la Biblia y
de muchos libros ascéticos , debe contarse entre las pro-
ducciones mas antiguas la traducción del libro de Eras-
mo , De CioiHUUe morum puerilium , hecha en 1670 : y
entre las modernas, muchos libros de educación , gra-
máticas , diccionarios , varias composiciones originales
y traducidas , el código sueco y la Biblia. En Abo se
publica un periódico semanal en esta lengua , que Ra*
sak cree una de las mas antiguas, perfectas y armonio-
sas. Abunda en casosmas que otra alguna' conocida, pues
tiene quince « á saber: nominativo, cuantitativo, pose-
sivo , adlativo interior, adlativo exterior, ablativo inte-
rior, ablativo exterior , locativo interior , locativo exte-
rior, cualitativo, calificativo, defectivo, sufisivo, adver-
KTNOGBAGU DB EUROPA
bial V ejecutivo. Todas ha voces finesas terminaif en
vocal, y raras veces se encuentran dos consonantes jun-
tas. No usa las letras h , d , f m g, sino en algunos
nombres eztrai\jeros. Migriel Agrícola, obispo de Abo,
9»
fue el primero que escribió en lengua finesa , y publicó
la traducción de la Sagrada Escritura en 1558. La ver-
sificación tiene por regla principal el repetir la misma
letra ai principio de las palabras de un verso , singula-
ridad común a muchas lenguas, y entre ellas al antiguo
escandinavo y al latín primitivo. A veces el finés repi-
te también la última letra , que es siempre vocal , de
donde resulta la rima.
B. ESTONIA , lengua hablada por los Estonios,
cuyos ascendientes fueron formi()^ble8 corsa-
rios, y que ahora habitan el gobierno de Revas
^ los círculos de Pemau y Dorpat en el de Riga,
bus dialectos principales son el de Beim y el
de Dorpat. Esta lengua rica y armoniosa ocu-
pa por su literatura el tercer puesto en la fa-
milia finesa; como el letton solo se ha es-
crito por Alemanes , y posee la traducción
de la Biblia, libros ascéticos, seis gramáticas,
dos diccionarios , fábulas , historietas , libros
elementales, uno de medicina, v la traducción
de algunas obras de Schüler. Desde hace al-
g]un tiempo se publica en esta lengua un pe-
riódico. Su producción mas antigua, aunque
posterior á la introducción del Cristianismo , es
una canción popular que comienza Jurri, Jur-
ri; es decir Jorje, Jorje.
C. LAPONA , lengua hablada por los Samios ó
Lapones , que habitan el extremo septentrional
de Europa en las monarquías sueca y rusa. Esta
lengua , que según Portham , tiene mas afini-
dad con la húngara que con la finesa , se
distingue de todas sus hermanas en que usa
el dual en los pronombres y en los verbos. Se
divide en muchísimos dialectos que pueden
clasificarse de este modo :
a. Lapon noruego, del cual ha publicado Leem
una gramática.
b. £aj)oii «tieco occidental,
c^ Lapon sueco oriental.
d. Lapon ruso.
La solicitud con que el gobierno sueco , especialmen-
te á fines del aiglo pasado y en el actual , ha atendido
á la instrucción de los Lapones, se ha visto coronada de
Tin éxito tan feliz , que ya no se reconoce en ellos la
gente salvaje quedantes eran. Han abandonado la idola-
tría y poseen algunos libros , no solo ascéticos ^ gra-
maticales, sino sobre las artes útiles y para las escuelas,
los cuales se imprimen en Hemosand.
D. LIYONIA t, lengua en otro tiempo hablada por
losLivren , numerosa nación de la Livonia antes
que la ocupasen los Alemanes. Estos pueblos eran
temibles corsarios , y ocupaban el territorio que
media entre el Báltico , el Duna y el Salis. Ha-
biendo abandonado poco á poco su idioma para
hablar el de los Lettones, puede aquel conside-
rarse como muerto , si bien todavía se habla
en las conversaciones £amitiares , aunque mez-
clado con frases extranjeras.
n. VOLGAICA, que se habla en las orillas de Vol-
ita y de sus confluentes. Comprende los siguientes
idiomas que han tomado muchas voces del turco:
A. £1 CHERMISO , hablado por los Marios ó Cher-
misos, que moran á la izquierda del Volga y de
sus confluentes, siendo algunos todavía idólatras,
y agricultores al mismo tiempo que cazadores y
pastores. Algunos centenares de ellos viven como
colonos en d gobierno del Cáucaso , y otros es-
tan mezclados entre las demás naciones. Su len-
gua, de la cual hhj una gramática, tiene dos de-
clinaciones con seis casos , en que el plural se
forma añadiendo la palabra schamuts. Los pro-
nombres tienen declinación propia : el compara-
tivo se forma añadiendo rah al positivo y el su-
perlativo anteponiendo pesch. La corrugación
tiene tres tiempos ; presente , pretérito imperfecto
y pretérito pluscuamperfecto , que forma casi
. de la misma manera que las lenguas eslavas; y
expresa el futuro agregando un adverbio al pre-
sente. Tiene cuatro miodos ; infinitivo , pasivo,
neutro y causal, cada uno con corrugación par-
ticular cuando el sentido es negativo. Las pre-
posiciones van siempre al fin de la palabra á que
rigen.
B. ÉlMORDUmO, hablado por los Morduinos , di-
vididos en varias tribus , cada una con un dialec-
to. Casi todos son cristianos y viven de caza y pes-
ca. En este idioma se ha traducido no hace mucho
la Biblia.
UI. PERMIANA , hablada por los Komi-maart óPer-
mianos y por los Sirenos que usan dos dialectos dis-
tintos. Los Permianos , de cuya civilización , ri-
queza y comercio se contaron tantas fábulas en la
edad media, y aun en tiempos no muy lejanos,
eran antiguamente una nación dominante en el Nor-
deste de Europa , y adoptaron el modo de vivir de
los Rusos. Su lengua tiene una pola declinación de
cinco casos : su conjugación tiene el presente , el
imperfecto , el perfecto , el pluscuan^perfecto y el
futuro , que se forman por flesdones y sin necesidad
de verbo auxiliar. Es la única de este grupo que
tiene el alfabeto particular inventado en 1375 por
Esteban Permiano , que convirtió aquellos pueblos
al Cristianismo, y tradujo en su lengua los princi-
pales libros santos. Sin embargo , alfabeto y libros
se han perdido: dícese que aquel tenia veinte y
cuatro caracteres. Según fas tradiciones de los Os-
üacos del Obi, recocidas por Messerachmidt en 1726,
parece que este alfabeto se difundió al otro lado
del Ural. El dialecto permiano puede considerarse
como muerto , habiendo los mas adoptado el ruso.
También el sireno se hí^bla por muy pocos.
A. VOTIACOf idioma hablado por los Odos ó Votia-
cos , que viven principalmente entre el Kama y el
Viatka y en las orillas del Bielaga. Todos son cris-
tianos , muy sucios , v mas industriosos que los de-
más de su raza en el imperio Ruso , á excepción de
los Fineses y acaso de los Estonios. La gramática
votiaca tiene muchas particularidades notables : de-
clina el nombre de seis diversas maneras, según los
seis pronombres posesivos que le preceden ; y tam-
bién los pronombres presentan muchas dificultades
y anomalías en la declinación. El verbo votiaco
tiene dos conjugaciones, cinco modos y mas ó me-
nos tiempos. La negación intercalada en la conju-
gación produce en ella muchos cambios. Las pre-
posiciones siguen siempre i su régimen ; algunas
tienen hasta tres diversas terminaciones , no según
los géneros, pues no se distinguen en los objetos que
naturalmente no los tienen , sino según las perso-
nas. En este idioma se ha traducido la Biblia.
IV. HÚNGARA , rama llamada por Klaproth UGO-
RIANA. Sus divisiones son :
A. HÚNGARO 6 MADGJAR , lengua hablada por los
Madgiares ó Húngaros , que componen cerca de la
tercera parte de la población de Hungría j una
cuarta parte de la de Transilvania , y ademas por
otros pueblos en la Bukowina , en la Galitzia y en
U Moldavia. Los Húngaros están esparcidos en
cuarenta distritos solamente del reino de Hungría.
En esta lengua se distinguen cuatro dialectos prin-
cipales, poco diferentes entre sí :
a. El Paloczen , hablado en las faldas del monte
Matra.
b. El de los Madgiares de la otra parte del Da-
nubio.
c. El de los iíaydíaret del Teiss.
d. £1 de los Szekles, que habitan la Transilvania,
. la Bukov^ina y la Moldavia. Este dialecto pa-
rece el menos limitado y el mas trabajoso en
las palabras.
£1 Húngaro es armonioso por la proporción que guar-
dan sus vocales y consonantes, y el cuidado que tiene
de evitar las consonantes dobles. Ha adoptado muchas
voces extranjeras , sobre todo eslavas , alemanas ▼ la-
tinas , casi todas relativas á ideas morales y científicas,
y otras importadas por las naciones que civilizaron el j
52su;3^
100
país y qae lo instniyeron. No es tan rico como el ale-
mán f pero lo vence en energía y concisión , y puede
aumentar sus palabras por flexión y por composición.
Es muy á propósito para la poesía , como lo demuestran
los ensayos hechos por Revaí, Zabo y Rajnis, que intro-
dujeron los metros (picaos y latinos. Carece de géneros
como el inglés, y tiene dos declinaciones y ocho casos.
La conjugación es rica en modos y tiempos , aunque
tiene que recurrir al verbo ser para expresar el pluscuam-
perfecto, y á otro auxiliar para el futuro ; y tiene tres
participios , uno para el presente , otro para el pasado,
y otro para el futuro. £n algunas de sus formas se ase-
meja a las conjugaciones semíticas jdelh y hiphü. £1
verbo activo tiene la singularidad de conjugarse de dos
modos diferentes , según que se usa en sentido general
ó en sentido determinado. Por ejemplo , tudok , yo soy,
en general ; adok , yo doy, en general ; iudom , yo soy
tal cosa; adonif yo doy tal cosa. Como el italiano, el
latín y otras lenguas no tiene necesidad de agregar los
pronombres personales al verbo , sino cuando se quiere
dar mayor expresión al discurso: coloca siempre las
preposiciones aespues del régimen. Limitado hasta el
ano de 1792 á los usos de la vida común , y excluido de
los tribunales , de la administración y de las escuelas
donde se usaba el latin, no podia perfeccionarse, por lo
cual , su literatura , aunque antigua , es todavía poco
abundante. Un decreto de Francisco I sancionó el uso de
la lengua nacional en los tribunales y en la adminis-
tración del reino , y su enseñanza eü todas las escuelas
públicas , menos en las de teología j medicina. Enton-
ces, y especialmente en estos últimos años, floreció
mucho la literatura húngara , poniéndose , no solo en el
primer puesto entre las lenguas de su familia , sino bajo
el aspecto poético, en un lugar distinguido entre las de-
más de Europa. A este idioma se han traducido las me»
jores obras inglesas, alemanas, italianas, francesas,
eriegas y latinas, y en tan breve tiempo se han dado á
luz muchas obras originales además de almanaques y
periódicos.
B. WÓGULOy lengua hablada por los Mansos ó
Wógulos, casi todos* cristianos , que viven de
caza y pesca en los altos valles del Ural y en el
gobierno de Tobolsk y de Tomsk. Según Kla-
proth , los Wóeulos, así como los OstíacosdelObi
descienden de los habitantes de la famosa Yugu-
ria , de la cual ocupan una parte. El mismo es-
critor distingue en esta lengua cuatro dialectos,
que tienen el nombre de los cantones donde se
hablan.
C. OSTtACO ú OBIOSTÍACO , lengua distinta de
los idiomas de la familia Jenisei. Los As-yach ú
Ostíacos del Obi que la hablan , son por lo gene-
ral cristianos , viven de caza y pesca , y descien-
den de los habitantes de Ingovia.
V. INCIEBTA. Llamamos así á una clase que com-
prende varias lenguas no clasificadas sino por
conjetaras .
A. El JETUlVOrt hablado antiguamente por los Hu-
nos. Este pueblo tan deforme y salvaje como fe-
roz y cniei , establecido desde muy antiguo en los
paises que unen á la Europa con el Asia , se ha-
llaba en el siglo ii á orillas del Borístenes y del
Caspio, y adqmnó gran poder hacia el año 375,
arrojando á los Godos de las orillas del Danubio.
Sus guerreros salieron, según parece, de la Ingo-
via , y á mediados del siglo v fueron el pueblo
mas poderoso de Europa ; pero apenas murió
Atila(454) no se volvió á nablar de ellos. El
imperioiefímero del azote de Dios se extendía des-
de el Oxo al Rhin , y desde el Danubio y el mar
Negro al Báltico.
B. EL AVAR ? t hablado por los Avares, nación
urálica , que salió probaolemente de la Yugu-
ria á mediados del siglo vi para saquear y es-
pantar á la Europa Oriental , y fundó un imperio
desde el Volga al Isonzo y al Saal, que además
ACLARACIONES AL LIBBO PRIMERO. '
de los paises de los Búlgaros, Ugros y Antios,
comprendía la Moravia, la Bohemia, la Lusa-
cia , la Croacia y el Austria.
C. El BÚLGAROS f hablado por los Bídgaros 6 Yó-
locos de la Gran Bulgaria , país que se extiende
á oriUas del Kauna y del Volga, en la que hoy
se llama Rusia Central. A fines del si^lo v apa-
recieron en las márgenes del Danubio, donde
atacaron al godo Teodorico: un siglo después
pasaron el rio; y en 634 fundaron un imperio
que se disolvió en 660 á la muerte de Curvat, y
que se extendía desde el Danubio inferior y el
' Mar Negro hasta el Volga. Asparuch, hijo de
Curvaf^ fundó r679 y 680) en la Misía y al Sur
del Danubio, el reino de ios Búlgaros, que i
últimos del siglo x llegó al mas alto grado de
poder , extendiéndose desde el Danubio , el monte
Kodope y el golfo de Salónica hasta casi el Iza-
ren ta y enfrente de la isla de Santa Maura. Los
Hulearos de la Gran Bulgaria , que eran muy
civilizados , industriosos y aficionados al come^
cío y á la agricultura, abandonaron poco á poco
su lengua durante la dominación de los Mogoles
y de los Turcos que les seguieron , y adoptaron
el dialecto kapchakde los Turcos^ hablado boy
por sus descendientes. Habitan los gobiernos de
Kasan , Simbirsk y Pensa , donde impropia-
mente se llaman Tátarot, Las inscripciones , las
medallas , los objetos de oro y otros ornamentos
que se hallan en aquel país, manifiestan la anti-
gua prosperidad, no menos que la ruina de los
Búlgaros.
D. 'E\KAZAROt t hablado por los Kazaros, nación
belicosa, guerrera y traficante, cuyo nómbrese
halla en el siglo ii en las narraciones de los auto-
res Armenios. Por su conducto se hacia en la
edad media el riquísimo comercio de las pieles
del Norte de Asia. En la segunda mitad del si-
glo VII el imperio de los Kazaros se extendía desde
el mar Aral al de Bog y al Sosach, afluentes del
Dniéper, y desde el Caucaso al Oka y al Volga.
La residencia de sus poderosos Khanes era Balan-
yar ó Attel en la embocadura del Volga , y des-
pués lo fue Tañáis á orillas de Don. Los Kazaros,
idolatrasen sus primeros tiempos, abrazaron el
judaismo en el siglo viii , y el Cristianismo en el
año 858. Según akunos eruditos , el monge Ci-
rilo inventó un alfabeto para traducir los libros
santos en su lengua , que poco después pereció.
Parece probable que las rumas de Kahan , cerca
de Karkof y otras llamadas Kazaríanas cerca de
Woroneja, sean restos de las ciudades habitadas
por esta nación , casi siempre aliada del Imperio
Griego y enemiga de los califas y de los reyes
de Persia.
De este grupo son en general suaves y armoniosos los
idiomas , y poco singulares las gramáticas. Las finesas
propias se distinguen por su gran número de casos que
son siete en el estonio , trece en algunos dialectos del la-
pon y quince en el finlandés. Las otras ramas están muy
lejos de ser tan abundantes, excepto la húngara , á eu-
vo idioma las antiguas gramáticas dan trece casos y ocho
las modernas. En general las lenguas urálicas no recono-
cen sexo en los objetos que naturalmente no lo tienen; for-
man por flexión el comparativo , superlativo y diminu-
tivo ; la conjugación es escasa de tiempos , y tiene que
valerse de auxiliares ; la negación intercalada en la con-
jugación hace diferenciar mucho la de un verbo nega-
tivo de la de uno positivo, y las preposiciones siguen en
vez de preceder al régimen. Estas lenguas se valen de
caracteres alemanes y latinos , expresando con grupos
de letras los sonidos que les son peculiares , y que no
podrían representarse con letras sencillas. Los Husos han
publicado con sus caracteres propios algunas gramá-
ticas y diecionaríos de las naciones menos cultas de esta
familia.
riN DE LAS jLOLARKClOma AL LIBRO PRIMERO.
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LIBRO II.
DE^E LA DISPERSIÓN DE* LOS HOMBRES HASTA LAS OLIMPIADAS.
Del Aiia en geaenl.— Primens monarqaias..— Hubbos,— ra historU,— legislieion ,— titenitut.->lirDU,-^-<aB institncionw ,— opinio-
nes ,--eaber.—£Gmo,~«a historia ,~coatombre8.—<]iBHcus 7 Billas Aktbs en generaL— FEiiicio8.-^mereio de loe antigoos.—
Gbjecos ,— sos tiempos herdicos.-*DK las Religiones.
CAPITULO PRIMERO.
ASIA.
El Asía , cuna del género humano y de la ci-
Sitn- viUzaciony es la parte mas extensa del mundo y
^ lamas favorecida por la naturaleza, ocupando
una superficie de 933,3S0 miriámetros cuadra-
dos (2.100,000 leguas) , entre el 24° de longitud
oriental y el 172^ de la occidental, y entre el
Ecuadory el 78° de latitud boreal. Es por lo tanto
al^o mayor que la América , de la que está sepa-
rada por el estrecho de Berhing; una cuarta parte
mas que el África, con la cual está unida por el Ist-
mo de Suez y cuatro veces mas que Europa. La li-
mitan alSur las innumerables islas deláPolinesia;
Lie sirven de frontera al Oriente y en el mar de
^Indias, otras islas volcánicas, de naturaleza va-
riada, según las agúaseme lascircundany la po-
sición. Aunque desde el kamschatka hasta la Pe-
nínsula Ibérica continúa un mismo continente, la
división del Asia de la Europa está no obstante
iundada en la conformación plástica , en la natu-
raleza de las producciones ¿ en la EUstoria. Los
geógrafos mas modernos señalan como fronteras
de ambas partes el curso superior de los ríos Don,
Volffa, Ural y la cadena de los montes Urales.
AlOcidaite se elevan los terrenos, y todo se
muestra propicio para una rica vejetacion , como
la tierra destinada á la agricultura y á las ciuda-
des; hacia el Asia no hay mas que sábanas in-
mensas, lagos salados y llanuras habitadas por
tribus nómadas.
. Dos grandes cadenas de montanas, en el sen-
tido del Ecuador, dividen el Asia en tres zonas.
U primera es la de los Altáis , que desde mas
arriba del Mar Caspio recorre la Siberia hasta d
Océano, y á la que referimos los Urales, aun
cuando los recientes descubrimientos los mues-
tren del todo independientes (1) . Mas al Mediodía
está la montana del Tauro, que parte del Asia
Menor (2) , y elevándose sobre todo en la Arme-
(1 ) HunoLOT , Fui§meñ$ 4e gidogU eí de elimatohgk astáO-
J%) El nombre ée Asia Menor no se introdojo hasta el tientpo de
kt ^!S^^'*^'^ roBanos. para indicarla peninsnla que hoy se llama
ü? . w' I Vie l»«c al norte ci Mar Negro , ai Oesie el Egeo , al
M "*^"^i>M» y ^ extiende al Este hasu el Eüfntes y la Ar-
Ui
nia , se divide en ramales en la región caucásica,
y atraviesa luego los pasies situados al Oriente del
Caspio , la Persia Septentrional, la Hircania, la
Partia y la Bactriana nasta los confínes de la Só^-
diana,*ó como decimos hoy, la Gran Bucana:
dividiéndose aquí en dos ramales , coge en medio
el punto mas elevado de la tierra , á saber el de-
sierto de Siam ó de Cobi ; gira al Nordeste, con
el nombre de Imao ó de Belurdag , penetra por el
país de Evgur , la Mogolia y la Spngaria hisísta el
extremo de la Siberia; en tanto que con el otro
ramal al Sudeste costea la India Septentrional,
atraviesa el grande y el pequeño Tibet , y se
j^ierde en la China, en las costas del Mar Paci-
tico , habiendo tomado los varios nombres de
Mustag, Candaar ó Paropamiso, é Himalava,
que recuerdan las cumbres mas altas del glono. ,
Se hallan en el centro del Asia anchos lagos de
agua salada, algunos como el Caspio, bituminosos,
otros como el Asfaltites ; grandes ríos la surcan,
y á causa de lo que se internan los golfos, y se cor-
tan las costas, están interrumpidas las llanuras y
son fáciles las comunicaciones. Entre sus rios el
Irtisch , el Jenisei y el Lena , que van por la Si-
beria al Mar Glacial , eran ignorados ae los an-
tiguos; pero desde los tiempos primitivos fueron
famosos el Eufrates , el Tigris , el Indo v el Gan-
ges, que desde el Tauro se dirigen al Golfo Pérsi-
co y al Mar de las Indias; el Yolga (Wia) , el Oxo
(Gthoii) y el Yaxartes (Sir Daría), que desem-
bocan en el Caspio; el A)-Angh, el Yangh-se-
kiangh, que descendiendo desde la China al Océa-
no Pacífico , trazaban los confines de antiguas
naciones y las vias del comercio. En el Oriente,
no diremos inmóvil, pero si eminentem^te tra-
dicional, es la geografía el mejor comentario de las
, narraciones , en atención á que los hombres y las
cosas se cambian allí muy poco , ó se renuevan
conservándose semejantes a los que antes eran;
Eor cuya razón el estudio de los paises explica
echos y fenómenos, que sin él la critica recha-
za ó transforma en mitos.
De las tres zonas en que hemos dicho estar
dividida el Asia por sus montes, la septentrio-
nal ó Siberia, entre el Altai y el Mar Glacial,
puede decirse que fue desconocida, de los anti-
guos, si bien estuvo entonces mas poblada que
Afoas.
DiTi-
Clima.
102 SPOGA u.
ahora. Entre el Altai y el Tauro surge la región
mas elevada del mundo , paralela á npsotros,
pero excesivamente árida y estéril, desnuda de
Dosques, ofreciendo poco mas que pastos al
Mo^l , al Calmuco, ai Songaro , que en hordas
ó tribus sin residencia fija, van errantes con los
ganados á donde la yerba , las fuentes ó el ca-
pricho los invitan.
Entre estos pueblos nómadas aun . y los mas
meridionales qae estaban civilizados aesde la pri-
mera edad , traza una división el 40'' paralelo,
que separa el Caúcaso de la Armenia , la Gran
Bucaria de la Bactríana , la China de la Tarta-
ria China. En esta tercera zona, que se extiende
hasta el trópico , desde donde se dirigen hacia
el Ecuador las dos grandes penínsulas Indica y
Arábiga , está situado el país mas privilegia-
do por la naturaleza ; donde las exhalaciones de
un mar tranquilo, el abrigo de Jas montanas, la
corriente de caudalosas aguas , y el exacto pe-
riodo de los vientos , producen la temperatura mas
benigna. Allí prosperan las plantas y los granos
mas estimados ; ostentan los pájaros é insectos
su brillante hermosura ; el algodonero y el gusa-
no de seda tributan al hombre sus productos para
vestirlo, como las minas, los rios y las rocas,
oro, perlas, piedras preciosas y diamantes para
adornarlo.
El Indo divide el Asia Meridional en dos par-
tes , oue terminan la una en el Océano y la otra
en el Mediterráneo. Esta última, sobre la cual
fija la Historia sus primeras miradas , puede sub-
dividirse de nuevo en países del lado de acá
del Eufrates, entre el Eufrates y el Tigris, y
entre este y el Indo.
De este fado del Eufrates encontramos la pe-
nínsula del Asia Menor con las islas de su cos-
ta , la Siria , la Fenicia , la Palestina y la Ara-
bia. Entre el Eufrates y el Tieris se hallan la
Mesopotamia, la Armenia y la Babilonia : entre
el Tigris y el Indo la Asiria , la Susiana , la Per-
sia, la Caramania á lo largo del Golfo Pérsico y
el Mar de las Indias ; la Gedrosia , la Media , el
Aria , la Aracosia , la Partía , la Bactríatia y la
Sogdiana.
Al Occidente del Indo , el país propiamente lla-
mado India comprende de este lado del Ganges
la región colocada entre este rio y el Indo la pe-
nínsula del Malabar, la isla de Trapobana ó Ceilan
y del lado de allá del Ganges el país de los Seros,
el mas lejano de que tuvieron noticia los antiguos,
que ignoraron la existencia de la China.
A estos paises agregúese el Egipto, tan seme-
jante al Asia por su naturaleza , y tendremos
trazada la escena de la historia mas antigua.
Tanta extensión hace que esté sometida el
Asia á los climas mas vanados. La oriental es
generalmente húmeda , con un cielo tempestuo-
so y frecuentemente nublado, entre montes fra-
gosos , pantanosas llanuras y rios de largo cur-
so , mientras que la occidental es enjuta y aun
árida , con una atmósfera constantemente sere-
na, vientos muy regulares, llanos poco menos
elevados que las*^ montanas que en ellos se apcH
van , escasos rios y bastantes lagos. La proximi-
dad del África la^hace mas calorosa, en tanto
que la oriental, que se acerca al Norte se enfria
en proporción á causa de los montes y los ma-
res, las nieblas y los vientos del Polo no deteni-
dos por obstáculo alguno.
Así pues, á la Inma, jardín de toda delicia ;á
la helada Siberia , á las elevadas é inmensas
llanuras de la Mogolía , á la fría Tartaria Chi-
na , á la Asiria abundante en pastos , á la Partía
salvaje, alas interminables praderas situadas
entrael Eufrates y el Tigris, parece crae la mis-
ma naturaleza asignó la senda que nabían de
recorrer en la historia , como destinó al Chino
para surcar sus innumerables canales, al hdío
para domar al elefante destinado ala ^erra y á
las labores , y al Árabe para valerse de los came-
llos en la arriesga travesía de los desiertos.
Esta inmovilidad de la naturaleza física, la
regular alternativa de las estaciones y de los
aires , el cultivo uniforme , y el modo igual de vi-
vir estampan su sello en el carácter moral, re-
produciendo las mismas impresiones é idénticas
ideas. Por eso son el Mog^ol y el Tártaro vaga-
bundos y pastores desde tiempo inmemorial , m-
dómito el Marata, amigo de la ociosidad el Indio,
como de la industria el Chino, y todos tan tenaces
en sus usos, que en su presente situación pueden
leerse las instituciones de hace tres mil anos.
En el Asia Central principalmente, es la especie
humana de una hermosura superior, como rio
mas puro por la inmediación a su fuente. Los
individuos son allí proporcionados en su estatura,
de bella presencia, y de formas tan maravillosas
en las dos orillas del Caspio, que hasta influyeron
§obre los mismos pueblos conquistadores, modi-
ficando las suyas. Así los Turcos se hermosearon
mucho : así las mujeres circasianas , soberana-
mente lindas, de espesas cejas, ojos nebros, bo-
ca pequeña , tersa frente y redonda barba, m^
joraron la deforme raza persa.
Además , cerca del Mediterráneo, á lo selecto
de las formas se añade la inteligencia mas fina;
por lo cual , mientras difunden allí los zéfiros la
sonrisa de una vida feliz , se ejecutan obras de
arte mas perfectas que en otro paraje alguno.
Se hablan en Asía diferentes lenguas, amplia-
mente extendidas en la llanura , limitadas Bas-
tante entre los montes; pero las antiguas podían
reducirse á tres grupos : uno desde elMedilerrá-
neo al Alíx , otro desde este al Tigris , y el terce-
ro desde el Ticrís al Indo v al Oxo.
Al rededor del Mediterráneo, los Frigios, con-
siderados como pueblo muy antiguo del Asia Me-
nor , hablaban un idioma semejante al deles Ar-
menios; en el litoral se oía frecuentemente el habla
? riega , como se oye la italiana en las costas del
frica. Muy común era allí el idioma cario, así
como en la parte Septentrional el tracío, Y dife-
rentes dialectos en el montuoso país del Meaiodia.
Pasado el Alíx , entrando en la Capadocia se
oían lenguas semíticas , como el capadocio al
Occidente de este río , el sirio entre el Medi-
terráneo y el Eufrates , el asirio en el Curdis-
tan, el caldeo en Babilonia, el hebreo en Pa-
lestina , el fenicio en las ciudades maritimas y
en las colonias , el árabe én la península y en las
incultas llanuras de la Mesopotamia; lo cual in-^
dicaba un tronco único de familia , que vano
según los paises , nómada en la Arabia , agrícola
en Siria, industrial en Babilonia y traficante en
Tira.
Mas aUá del Tigris aparecen lenguas de otra
clase, apenas conocidas en nuestros dias con el
descubrimiento del zendo y del sánscrito; pero
respecto á ellas no dejaron noticias los antiguos:
solo Herodoto (1) refiere que los mercaderes grie-
gos, para trasladarse del mar Ne^o al Caspio
y á la Bucaria , llevaban consigo siete intérpre-
te ; y ^trabón , tratando de los paises del (Üaú-
caso, diceque en la ciudad griega de Dioscuria se
hablaban mas de setenta dialectos.
Después del diluvio universal , los pueblos que
^- habian bajado del Caúcaso, cuya cumbre mas
m- elevada es el Ararat, ocuparon los paises tan
"^ Ine^ como se enjugaban, y cesábala exhalación
cáhda é insalubre del mar , y cuando la tierra,
arrancada por las lluvias, desprendiéndose des-
de las alturas á los valles , aumentaba la llanu-
ra. El grande y elevado llano dd Asia Central,
entre el Eufrates y el Tigris, con las montanas
de un lado y del otro los desiertos , en donde es-
tán la Mesopotamia , tan abundante en pastos , la
montuosa Armenia y la fértil Babilonia , fue la
primer morada de los hombres. Goza este país del
mas dulce el ima y de las estaciones mas regulares;
la tierra , recada por perennes fuentes , se nutre
allí con riquísima vejetacion y con salúrosisimos
frutos , libre de fieras y animales venenosos , y
eficiente para alimentar á innumerables reba-
ños. En sitios tan perfectamente situados se es-
tablecian vohmtariamente los pastores, porque
podían dejar sus ganados al sereno. Aumentán-
dose hiego su número , imitaron la industria de
la estirpe de Cam y. edificaron ciudades , que
debían ser fortificaciones de hordas, campamen-
to de nómadas , extensísimas como su origen
requería , y cruzadas por campos y rios. Tal de-
bemos figurarnos la inmensa Babilonia; tal Ní-
nive, de una circunferencia de diez jorúadas, y
á donde las poblaciones acudían , como se hace
siempre alrededor del poder arbitrario , para
aprovecharse de sus larguezas y errores.
Como las pieles y las tiendas ofrecían abrigo
¿ los habitantes def Septentrión , así también las
canas, las palmas y las telas bastaban á los edi-
ficios, construidos mas bien por lujo y regalo
que por precaución en climas tan templados:
b creta y el betún, suministraban abundante
material para los palacios y las torres; y las
pahneras sugerían la aérea y esbelta forma de la
lábricay los altos fustes de fas columnas. De es-
ta suerte, aparecían rápidamente las ciudades,
á la manera que el campamoito de un ejército ó
de una tribu de Beduinos, y desaparecían casi
sin dejar huella ninguna.
El suelo , que ahora el perezoso Musulmán ba
dejado esterihzar , recompensábalas fatigas con
grata feracidad, y la Mesopotamia estaba con--
vertida en un paraíso , conduciéndose las aguas
üe los rios que la bañan por infinitos rodeos de
canales , y elevándose con bombas y ruedas,
invención de los Babilonios, que con tal arte
conservaban perenne verdura en sus pensiles.
Colocados los hombres en llanuras sin límites,
(*) L. IV. 24. Véase también á Hccrcn y á Hcrder.
105
con un cielo constantemente límpido, observaron
los astros para poder orientarse por su posici<m
en las va^bundas emigraciones, y conducir los
ganados conforme á las estaciones pronosticadas
por su nacimiento. Los signos del zodíaco y los
nombres de las constelaciones son aun testi-
monio del origen pastoril de la astronomía : los
bombres continuaron cultivándola después de re-
sidir en las ciudades; y sentados los jeques por la
noche en los terrados délas casas , advertían las
variaciones del cielo , mientras los sacerdotes
llevaban cuenta de otras observaciones mas
exactas, hechas desde lo alto de la gran torre
edificada antes de la dispersión. Estos últimos
conservaban puras las tradiciones de la ciencia
y de la religión patriarcal , que entre otros pue-
blos se iban corrompiendo , y llegaban á ser
mas ó menos sinceros maestros , extendiendo así
su influencia sobre las edades y las tierras mas le-
janas.
De la familia nace la primera sociedad; y como ¿j^^
los vínculos domésticos son mas tenaces cuanto nos."
mas sencillo es un pueblo, muchas familias vi-
ven juntas con igual concierto, constituyéndola
tribu ; primera forma de asociación , que así se
encuentra entre los salvajes de la América y de
la Oceanía , y en los desiertos del África y de
la Arabía, como en las tradiciones hebreas. Las
tribus viajan juntas , se defienden recíprocamen-
te , y cada una coloca á su frente al mas capaz,
al mas anciano, al mas experto de todos, al ob-
servador mas sagaz de los astros. Este gefe, como
el mas sabio, pronuncia también los fóllosenlos
juicios; como mas experimentado , poséela doc-
trina ; como anciano , rinde solemne culto á la di-
vinidad ; y así viene á ser á un tiempo mismo
rey, juez , sabio y pontífice.
Este gobierno patriarcal , inconveniente en una
civilización adulta, porque hace que el bien de
todos solo dejpenda ae las cualidades personales
de uno , vana tanto , que en algunas tribus no
limita nada la libertad individual, mientras ciue
en otras llega á la mas absoluta tiranía (2). En
aquellos siglos los sentidos y el entendimiento
superan á la reflexión , y de aquí su carácter he-
roico y poético ; porque el heroísmo es la censar-
gracion de la fuerza por medio del sentimiento,
y del sentimiento por medio déla fuerza. De aauí
también la obediencia y la fe, pues cuando los
ánimos son heridos por las mismas impresiones,
y no se guian sino por ellas , fácilmente llegan á
creer que un hombre hace mover á un pueblo
entero , ó que todo un pueblo se identifica con un
hombre , en el cual ven resplandecer las ideas y ,
los sentimientos que en si perciben oscuros.
Algunas naciones del mundo permanecen aun
en este primer grado de cultura , y en él las ten-
drán por mucho tiempo ó siempre la naturaleza
de su país y consiguiente género de vida. Ta-
les son los pueblos de pastores y cazadores : que
solamente con la agricultura se establece el hom-
bre en un país , fijándose en él por todos esos scai-
timientos que hacen santo el nombre de patria.
Los pueblos agrícolas , pues, adquiriendo resi-
dencia fija, desarrollan las ideas de lo mió y de
( 2 ) Como entre los Mogoles. V. Pallas, Geiehiehte dcr JM-^
golisáen Vmerstíuiflen, 1. pig. 185. V¿ase la nota(A). ^l€
104
IPOCA U.
lo tnyo, y por necesidad establecen garantías
Ee lo conserven , faena ordenada que lo defien-
y tribunales para revindicarlo , reglas para
trasmitirlo ; ese conjunto de cosas » en suma,
que componen un gooiemo civilizado.
Del propio modo que muchas familias cons--
tituyeron una tribu , muchas tribus se unen
para formar las aldeas y las ciudades^ Los di-
ferentes jeques np renuncian á su primacía, y
para deliberar sobre los intereses comunes se
congregan en asambleas; y entretanto los miem-
bros coasociados de las tribus introducen varie-
dad de vida y de profesiones. Asi, de la innata
igualdad de derechos nace la desigualdad de for-
tunas , porque d hombre mas industrioso j pru-
dente gana mas , se enriquece y trasmite sus
bienes á sus hijos ; de cuyo modo se llegan á for-
mar familias ilustres, que propenden á posesio-
narse de las dignidades y del poder. Asi también,
si la historia es verídica, se presentan primero las
formas republicanas; unpatriciado que adminis-
tra los negocios públicos ; distinciones entre no-
blezay pldie, y una infinita variedad en el número
de senadores , en sus atribuciones , en los magis-
trados , en las relaciones de cada ciudad con su
territorio, y de aquellas que, confederadas entre
si, constituyen Estados, que sin mudar deforma
pueden adquirir suma extensión y poder.
^ Peroenotraspartes, las gentes diversas, erran-
US. tes , y aun no reunidas en naciones , encontrán-
dose en el mismo territorio , al pasar un mismo
rio, al ocupar los mismos pastos, llegan á las
manos ; y otras veces se enemistan por robos, por
amor á las mujeres ó por zelos de primacía. En-
tonces nacen las guerras , y por consecuencia el
despotismo. Cualquier gefe, vencedor de la tribu
enemiga, y que ha experimtntado el placer del
mando , ambiciona extenderlo á mayor número;
dánle impulso para ello su fuerza personal, el
apoyo de los fuertes que desean ejercitar su vi-
gor, ó de los viles que buscan la sombra de un
poderoso; y así logra dominar despóticamente á
pueblos suoyugados.
Monar- Tal fue Nemrod , mencionado en la Escritura
ff^' como cazador fuerte, que dominó los territorios
donde después se levantaron gigantescas Babilo-
nia, Edesa, Kisibe , Ctesifonte , y estableció en
las llanuras de Asiría un vasto imperio, que «o
hubiera podido fundar entre las montanas.
Es , pues , la fuerza el primer instrumento de
la monarquía en manos de los nómadas que de-
vastan y saquean , dictando luego á los venció-
dos su voluntad como ley , v afirmándola con la
espada : la misma palabra dinastía indica el orí-
. gen desemejante poder (1). En vano buscaríamos
en estos imperios monarquías templadas y ciu-
dadanos como en Europa: una sola cabeza reúne
en si el poder de hacer leyes , ejecutarlas y juz-
gar ; el conquistador se apodera del terreno , y
para asegurar su posesión , extermina la pobla-
ci^ ó la reduce á esclavitud; deduciendo deeste
si^emo dominio el derecho de castigar (2).
Si investigáramos la razón de haoerse per-
(1 ) De SvrofUf, fneru , potencia.
\^) Entre los Mogoles, si uno tira á otro de los eabellos es cas- i
ligado , noj«>r el daflo que pueda haberle cansado , sino parque la 1
petuado el despotismo en el Asia, la encontra-
ríamos en sus costumbres ; pues la libertad polí-
tica y la libertad moral caminan de oonsimop j
no es posible adquirir franquicias ci vito, sin ha-
ber pnncipiado por reformar las castumbres. Pa-
tria y familia son ideas asociadas en Etut^
donde el mejor ciudadano es el mejor padre; no
asi en dcMide está establecida la poligamia.
Nacen hermosísimas las mujeres en Asia , y M|
como se desarrollan precozmente , pierden pronto ^
las gracias y la fecundidad. Yolu^uoso el noin-
bre por su natural propensión v por efecto del
clima , pensó en formarse un jaroiln de estas deli-
ciosas flores, eligiendo diversas de entre las
mas hermosas; pero siendo ninas aun, á propó-
sito solo para el deleite , se necesitaba un frao
para la violenta inquietad de sus pasiones , para
el amor , la rivalidad y los zelos; y como el or-
gullo y el afecto de aquellas se ofendían con la
poligamia, que atormenta los sentidos con las
privaciones, y el corazón con las preferencias , no
podía el esposo contar con su amor , con el amor,
que es la garantía nuis sólida de la fidelidad. De-
Bia, por lo tanto , dominarlas con implacable se-
veridad, y encerrarlas con severas precauciones,
poniendo para su custodia hombres desnaturali-
zados , de modo que no excitasen los deseos de
las jóvenes ni los zelos del señor (3).
De esta manera, el clima que en Alemania,
retrasando el desarrollo y los matrimonios , formó
de las mujeres las comp^eras y consejeras del
hombre , contribuyó en Asia á reducirlas á la
esclavitud , acumulando á estas infelices criatu-
ras en voluptuosos retiros , expuestas á la sed
siempre excitadayjamás saciada, y consumién-
dose en los deseosde una pasión únicay no satis-
fecha. Por consecuencia, no fue nunca allí mo-
ral el amor, antes bien , debilitados los lazos de
familia, fueron (recuentes los asesinatos domés-
ticos Y los parricidios, y la naturaleza vindicó
su ultraje con la tiranía. Porque allí donde
la mujer no es la dulce compañera , sino la es-
clava del hombre, cada casa es una monarquía
despótica ; y esta asociación de tiranos obecece á
un gefe , feroz y absoluto señor en la cindad,
como el particular en la famiUa.
La fuerza y la prohibición , sin embar^ , no j^
bastan á mantener unidos los pueblos ni en la 9^
monarquía ni en la república. Ya en la vida
errante no era la necesidad lo único que los aso-
ciaba , sino tambim la comunidad de rítos y
creencias , oue habían alterado mas ó menos las
primitivas ae los patriarcas. Unos adoran á la
críatura, que están destinados á dominar; otros
exageran la idea de Dios , persuadiéndose de (me
es todo , y que por tanto todo debe ser adorado;
aquellos personmcan la naturaleza , mas ó me-
nos identificada con las potencias del ahna ; estos
reducen la religión á contemplación, como en
la India, y los nay que la hacen toda brictica,
como en iigipto y la China. La sociedad política
reproduce el óraen de los cielos. £1 entendí-
nuento y el corazón están como los sentidos ex-
Suestos á ilusiones : de aquí que los contempla-
ores i
.m.
(3) Se atribuye i los Medos la Jnfencion de fastrar i sassc-
"*^"^'- Digitizedby Google
el orden teológico, ó lo aplicasen malamente al
social , y que los prácticos se engañasen respecto
délas necesidades de los pueblos , é imaginaran
una mitología incoherente que extravió los áni-
mos. Las pasiones individuales contribuyeron á
elk) en gran parte: por ambición monopolizaron
algunos para su clase toda especie de conoci-
mientos, y construyeron la sociedad entera para
su propio beneficio; por lo que Helaron á consti-
tuirse castas separadas, y la religión se materia-
lizó por haber sido subordinada á los intereses.
La religión adquiere después carácter nacio-
I nal , y la idea de una divinidad tutelar une á un
pueblo con lazos estrechísimos , como formados
I por el sentimiento ; se instituyen fiestas en las
I cuales únicamente toma pártela nación, y san-
' tuarios que se convierten en capital del Estado y
centro del comercio. Sagradas, en efecto, son las
ciudades mas antiguas, como lo indican los nom-
bres de Jerusalen, Hierápolis, Hieracoma, Hiera-
bolo, Hierapetra, Hicra^erma, Diospolis (1): Ba-
bilonia quiere decir cimad del Dios ; sede de los
oráculos significa Phir en la Siria ; Ilion se decia
fabricada por Neptuno , y no podia destruirse
mientras permaneciese en ella el Paladión ; y á
esle tenor toda ciudad primitiva tuvo un nombre
sagrado que permanecía secreto, de tal suerte
que jamás se supo ciertamente el de Roma.
Digo secreto, porque muy pronto se introdujo
el misterio en las religiones , reservado á una
clase especial de personas, quienes por privile-
I gio ofrecían los sacrificios , consultaban á los dio-
ses, anunciaban sus mandatos, y comunicaban
una parte de la doctrina al pueHlo , cuya ciega
voluntad dirigían á su gusto de esta manera.
Quizá eran estos los gefes de las tribus patriar-
cales, á (juicncs sabemos correspondía el precioso
privilegio de los sacrificios , y que constituían la
clase de los sacerdotes, después que se estable-
cieron en moradas fijas. Habiendo guardado
mayor parte de las traaicioneá antiguas , y con-
ducidos por el natural instinto, que hace conocer
á los hombres mejores la necesiaad en que están
los menos buenos de someterse y recibir educa-
ción de ellos , se servían de su ciencia como ins-
trumento de poder. De aquí emanaron entre los
antiguos los gobiernos teocráticos , admirable-
mente adecuados á los pueblos rústicos , para los
cuales, en vez de la razón que explica las com-
bioaciones políticas, está la voluntad divina.
Estos gobiernos fueron comunes en Asia, y solo
la Grecia fue separando paso ápaso el sacerdocio
del gobierno.
' U& teocracias se ligaban á la historia de los
1^^ tiempos pasados ; por cuya razón consistía su
. Pi^ estudio en trasladar al propio país la escena de
los acontecimientos antiguos, y en fabricar mi-
I tologías V cosmogomas nacionales, encaminadas
; á descríDír un círculo alrededor de los pueblos
nnidos por la espada. A causa de esto se pin-
taba en ellas la patria como centro, reino del
wedio (2), región de lá luz y de la felicidad , á
cuyo alrededor se condensaban tanto mas las ti-
^¿blas, cuanto mas se alejaba uno; y de aquí
(1 ) Ve sagndo ; A.o< Dios , Jove.
(2,' Asi la llaman los Chinos ; los Indios midhiama ; los Escandí-
BTos midg^ré, eíc . voces qoe siempre significan lo mismo.
TOXOl.
ASIA. 105
proviene el desprecio hacia los extranjeros, re-
putados centauros, sátiros, faunos, mirmidones,
razas infelices todas, en comparación de ellos,
que eran los únicos honibres verdaderos (3).
A pesar de esto, todavía producían las religio-
nes un beneficio efectivo, oponiendo al brutal
derecho de la fuerza una legislación apoyada en
una voluntad superior. Por consiguiente, se le-
vantaba al frente del rey laclase de los sacerdo-
tes, imponiéndole por límite la norma de lo justo,
ó las ceremonias y los decretosde los dioses. Ver-
dad es que los sacerdotes no representaban al
pueblo , ni se cuidaban de sus derechos ; pero de
cualquier modo, moderaban la arrogancia de los
Soderosos, refrenaban los vicios, y difundían ideas
e justicia y moralidad.
Él legislador no es como el físico , que no ha-
ce mas que estudiar las leyes preexistentes de la
naturaleza. Aquel debe imaginar un estado me-
jor que no existe aun, pero lejos de querer esta-
blecerlo en toda su perfección , debe aceptar al
hombre como se lo aen las circunstancias , y en-
caminarlo á él por medio de combinaciones me-
ditadas.
Pareció oportuno á los primeros legisladores
establecer una relación entre el mundo moral y
el físico, y creyeron que siendo este perfecto como
obra de Dios, era menester asimilarle el moral.
Por eso tiene tanta parte en sus constituciones la
cosmogonía; por eso también se fingieron los le-
gisladores, y quizá algunos se creyeron, de una
naturaleza superior y en comunicación directa
con la divinidad , porque veían entre las cosas
muchas relaciones, que pasaban inobservadas
por el resto de los mortales.
Toda la gerarquía persa está fundada en su
mitología ; y Luciano dice que Licurgo tomó del
cielo el órde'n de administración y de distribu-
ción que aplicó á su república.
La dualidad que los Egipcios colocaban en el
cielo aparece en su constitución civil , que esta-
blecía dos naturalezas distintas, una intelectual
Í activa, representada por la aristocracia sacer-
otal, y la otra material y pasiva, representada
por el pueblo.
Además, el estar tan unida la legislación con
la religión, les daba gran fuerza para resistir sin
conmoverse por las revoluciones internas y los
ataques exteriores.
Porque aun después de constituidos los Esta-
dos continuaron las luchas principiadas entre las
tribus ; y la naturaleza del Asía contribuía á las
subversiones rápidas y frecuentes que allí nos
presenta la Historia. En Asía las grandes alturas
y las fuerzas de los vientos liacen que los climas
mas diversos se toquen ; y el hombre endurecido
por el rigor de las estaciones confína con aquel á
^uien enervó una blanda temperatura. Amenazan
alas naciones civilizadasdel Asia, comoel Océano
á la Holanda, los Tártaros, los Afganes, los Mo-
goles y los Manchús , conjunto de pueblos qu^ los
antiguos confundieron baio el nomore de Escitas,
y los modernos bajo el de Tártaros. Los Partos
(5) Los Egipcios llamaban al hombre j/íromií, que según Herodoto
quiere decir xm,k¿i nayadoi bello y bueno ; pero no daban esle
nombre sino á los de su raza, iablonskl dice que se deriva del coito
api-re-omi, faclens justitiam. Digitized b^
9 -
bTa-
siones.
106
ÉPOCA 11.
y Persas ejerc¡lal)an sus proezas en los montes,
mientras los Árabes y Mogoles, con el latrocinio y
las correrías, adquirían por costumbre un valor
no calculado , sino impetuoso. Estos desde las
áridas llanuras del Norte y los desiertos del Me-
diodia , aquellos desde las^nontan^s, se desbor-
daban de vez en cuando, siguiendo el curso de
los grandes ríos , que si servían de manantial de
riquezas para el país, también le dirigían las in-
cursiones hostiles que con ímpetu irresistible so-
juzgal)an á las naciones civilizadas. Quien con-
sidere sobre qué inmenso espacio extendieron sus
irrupciones; quien vea á los Árabes dominar desde
el Pirineo hasta la India , á los Mogoles con los
sucesores de Gengis-kan combatir á orillas dd
Oder y junto á la muralla de la China , no se
maravillará de que en su ignorancia se propu-
sieran alguna vez subyugar todo el ámbito de
la tierra.
Sin embargo, no deben atribuirse únicamente
á las grandes llanuras las inmensas conquistas
de que fue teatro el Asia , pues que los Drusos,
los Curdos y los Maratas conservaron siempre su
independencia; y en los montes de la Asina, fá-
cilmente atravesados por Alejandro Magno , opu-
sieron los Partos invencible resistencia á las le-
f;iones romanas. Otra causa de tales conquistas
üe lo vasto de los mismos imperios , aue al)ra-
zaban infinitas tribus sin darles unidad. El pa-
triotismo, por tanto, noreunia los esfuerzos contra
el invasor , y son desconocidas en la historia asiá-
tica las geneVosas barreras opuestas por los Euro-
peos en las Termopilas y en Asturias. El déspota
confiaba la tutela del reino por lo general á la
caballería, buena para el ataque, é iYiepta para la
resistencia. Poí ello, y por la falta de plazas fuer-
tes, tomaban fácilmente los invasores la capital,
y vencida esta , las tribus , reducidas por la fuer-
za á una monstruosa unidad , aceptaban la nue-
va servidumbre , ó mas bien , errantes á lo lejos
y sin patria, apenas notaban la variación de
yugo.
Los conquistadores, por lo demás, no llevaban
de sus países una constitución acabada y perfecta
que imponer á los vencidos. Dividían efterritorio
conquistado entre los diversos gefes armados,
que le arrancaban por vía de rescate el mayor
tributo posible , y refrenaban á las tribus disper-
sas; alguna vez' un capitán ó sátrapa ocupaba
una porción de territorio , y pagando un tributo
determinado , disponía de lo demás á su talante.
Los nuevos dominadores adoptaban luego las
costumbres dejos vencidos en la parte mas cor-
rompida ; se aprovechaban de su cultura , no para
mejorar su moral , sino para aumentar su lujo;
cuanto mas repentino era el tránsito de un es-
tado de civilización á otro , tanto mas querían
gozar los deleites sensuales; lo cual favorecía en
gran manera la influencia de las instituciones
nacionales , mayormente cuando estaban conSa-
das á cuerpos unidos y poderosos por la religión;
y así la corrupción ele los primeros invasores
allanaba el camino á otros , que á su vez se cor-
rompían y eran vencidos.
A semejante origen correspondía el gobierno.
Dominando en pueblos tan diversos, no podian
los reyes preparar aquellas buenas constitucio-
nes que se fundan en las costumbres y en la na-
turaleza especial; siendo ley por el contrario la
voluntad del monarca , que en vez de cetro em-
puñaba la espada. En estas circunstancias, ne-
cesariamente debía confiar aquel sus conquistas
á sátrapas , tanto mas poderosos cuanto mas le-
janos , que á imitación del monarca tiranizaban
y aniquilaban al pueblo , precipitándose cada vez
en mayores abusos cuando el rey era débil y de-
miente', y creciendo así la necesidad de un go-
bierno duro y fuerte. En el ejercicio de su poder
los sátrapas 'l legaban á conocer su propia faer-
za , y fácilmente abusaban de ella ; de aqní las
frecuentes rebeliones , causa de discordias intes-
tinas y predisposición á invasiones extranjeras.
Algunos califican de benévolos y clementes á
aquellos conquistadores por haber respetado las
leyes y costumbres de los vencidos. Por el con-
trario,' esto no indica mas que ignorancia é inca-
pacidad; significa que nada Hicieron en favor de
los conquistados, ni para librarlos de la arrogan-
cia de los sátrapas , ni para protegerlos contra
la codicia de los exactores. Conquistado un país,
se exigía de él que obedeciera y pagase; esta es
fácil legislación, y para conseguirlo se valían de
medios que la actual civilización no permite, ó
por lo menos quiere encubrir. Uno de ellos era
cl de trasladar á otros paises poblaciones ente-
ras, como sucedió con las de los Hebreos, que
fueron conducidos á Babilonia y Asiría ; de los
Egipcios, trasladados por NabucódonosorálaCól-
(juide y jwr Cambises á Susa ; de los Griegos y
de los insulares llevados al centro del Asia. Cir-
cundábase á veces con el ejército un país , y lue-
go una batida general iba expulsando ánodos
los seres humanos , y asi lo dejaba de un golpe
deshabitado (1).
Otro de los medios era enervar á los vencidos
con una educación afeminada , como se hizo con
los Lídios, obligándolos á renunciará las armas y
á entregarse á la elegancia y á la molicie ; y
como hizo Jerjes con los Babifonios, quitándoles
las armas , y estableciendo entre ellos casas de
recreo y de*^libcrtinaje.
Pero no siempre se hacia la conquista por bar- casas.
baros, ni destruía la civilización. En aquellas
frecuentes emigraciones de pueblos, no estable-
cidos aun en lugares fijos, se encontraban tribus
distintas entre sí por sus ocupaciones , por su ri-
queza , cultura v religión. A veces se asociaban
unas á otras, y fa primera condición de la socie-
dad era la recíproca adopción del Dios ; con lo
cual se venían a multiplicar las divinidades, for-
mándose aquella amalgama que aparece mas ó
menos en todos los cultos. Pero si nien se acer-
caban estas tribus entre sí , todavía continuaban
entre ellas las distinciones así de profesión como
de raza (2). Con frecuencia estallaban contien-
das , y la que vencía, imponía por la fuerza á
la otra la distinción de los derechos y de las
castas ; y orgullosa y potente , se apartaba de
todo contacto con la raza vencida , la privaba de
(i ) Herodoto vi. 31. Esta operación de los Griegos se llamaba
aayavtvtiv, esio es pescar con redes.
{i) De uno de estos convenios es mnestni preciosa aq«el verso
de la Eneida :
Sacra, Deosque dibo
sü^^iiimd lí^HamQáslQl^
HÉROES ANTE-HrSTORIGOS.
107
SUS leyes, de sus dioses , de los matrimonios le-
gítimos, y la obligaba á penosos senicios como
plebe y valgo sin nombre (1).
Otras Teces llegaba á dominar una tribu que
había conservado menos impura la tradición pri-
mitiva de la verdad , y que haciéndose maestra
de las demás , propagaba con la religión el co-
nocimiento de las artes y del saber ; si bien esto
sdamente en cuanto bastaba para amansar á los
toscos y domar á los fuertes , sin poner en pe-
ligro la supremacía que le daban los conoci-
mientos y el ejercicio del culto. De éste modo
se formaron las castas ; severa • distinción que
hallaremos casi por todas partes en Asia, y que
enalgun país, sobrevivió á mil vicisitudes, y aun
á la pérdida misma de la independencia.
Las castas solían ser tantas como los pueblos
sobrepuestos unos á otros, si bien con frecuencia
dos ó mas se fundían en una, y la división se re-
ducía á las tres principales de guerreros , sacer-
dotes y artesanos. La primera era la mas numero-
sa; pero los guerreros no combatían solos, sino
que armaban á otros individuos , los cuales no por
eso ingresaban en la casta , así como hicieron Es-
parta con los ilotas , Roma con los esclavos y los
señores feudales de la edad media con los villanos.
En algunas ocasiones se dejaban también á los
Tencidos sus dioses, como los dejaron los Medos
álos Caldeos, y tal vez estos á los Babilonios.
Estos hechos^prcdominantes en los aconteci-
mientos del Asia , nos describen su historia inno-
minada , explicándonos la grande uniformidad
de sus revoluciones, V la diferencia entre estas y
las europeas. Imperios que no se forman como
entre nosotros poco á poco , sino de improviso
por la irresistible inundación de bárbaros, que
no conocen mas medida para los hechos que la
fuerza : monarq[uías que comprenden en su ex-
tensión la tiranía mas absoluta , el feudalismo,
las federaciones y hasta las repúblicas, según el
régimen que antes de la conquista tenían los
vencidos , pero pesando sobre todas el despotis-
mo , necesario ya desde el momento en que se
habian infringido las leyes de la naturaleza hasta
el punto de extender la dominación sobre una mul-
titud de pueblos, que siendo diferentes en idioma,
costumbres y creencias, no podían reunirse sino
bajo una voluntad arbitraria: constituciones in-
corporadas con la religión y sin poder llegar á
su madurez , así por esto como por caúsamele las
barreras que imponía la diferencia de castas : un
gobierno de sátrapas , dura necesidad de las con-
quistas: intrigas de serrallo, y de cuando en
cuando invasiones de nuevos bárbaros ; tal será
el espectáculo que nos ofrezcen en general los
reinos del Asia antiguos y modernos. Con fre-
cuencia presentaremos el paralelo entre estos y
acjucllos, ya que la historia de Asia , en la unifor-
midad de su desarrollo, reproduce á larguísimos
intervalos los mismos hechos 6 las mismas ideas.
Csaet. En medio de estas convulsiones continuaba
'■-^- sus progresos el comercio , otro grande instru-
mento de civilización. Dirigido desde muy al
fi) EnJenofiate, Ciro dice á los suyos : « No llamamos jamás al
'^jerckio de las atinas ¿ los qac destinamos para labrar la tierra y
*pa|arDos tríbato. Estas podrían llegar á ser en sus manos instni-
>iBai\(»de\\beTla«d; y aunque se las hemos quitado, no debemos
•^pedanK» desaTtnados.» Grop. VUI.
TOMO I.
principio hacia los países mas abundantes en
géneros, y especialmente hacia la India, di-
fundía las"^ mercancías por todo el mundo ; sus
puntos de depósito llegaron á ser ciudades im-
portantes; y aun los pueblos invasores se apre-
suraban á restablecer la seguridad de los cami-
nos , á fin de sacar de las caravanas tributos para
el erario, riquezas para el país, y pasto para
el lujo y los deleites (2).
La religión lo protegía con su sombra , ofre-
ciendo alrededor de los templos asilo seguro á
los mercaderes , y en las solemnidades ocasión
de reuniones y de negocios entre los peregrinos
que acudían á ellas. De este modo se había en-
grandecido la Meca antes de Mahoma ; y hoy
todavía en Tenta, en el Delta egipcio, cerca de
la tumba del santo mahometano Sidí Acmed,
una multitud de peregrinos deE«:ipto, de Abísi-
nia, de Arabia y de Darfur, celeora una feria
muy animada, en que las produc<;iones del Alto
Egipto, de las costas de Berbería y de todo el
Oriente se truecan por los ganados y el lino del
Delta (3). Un origen semejante tuvieron en la
edad media los mercados y las ferias, que aun
continúan en nuestros países cerca de los mo-
nasterios é iglesias, y en las solemnidades.
Los diversos Estados, procedentes de todas es-
tas causas, conservaron la índole del pueblo ó
de la casta que primeramente los organizó, sien-
do guerreros en Asiría , sacerdotales en la India,
comerciantes en Fenicia.
CAPITULO II.
Héroes ante-históricos.
Así como en el hombre á la edad de la razón
precede la de las ilusiones , del mismo modo á
ta historia de todos los pueblos preceden aouellos
tiempos que llamamos heroicos. El hombre en
esta época se halla todavía en inmediata relación
con la divinidad ; la mitología y las creencias reli-
giosas forman parte de los sucesos ; y en vez de la
existencia histórica y del desarrollo de los pue-
blos , no aparecen mas que las acciones de algunos
grandes. Estos tiempos, aunque fabulosos, mere-
cen estudiarse , porque entre aquellos portentos
transpira y se manifiesta la índole futura del
pueblo.
Totalmente tenebrosos son aauellos siglos en-
tre los pueblos antiquísimos y aíseminaaos; v el
encontrar alguna luz sobre ellos es muy difícil,
porque cada una de las emigraciones que se
sucedían llevaba tradiciones , que se mezclaban
hasta el punto de imposibilitar su comprobación;
cuya confusión aparece extrema en la mitología
romana , aun cuando tan solo se la compare con
la griega.
Tales hechos carecen siempre de cronología
V geografía , es decir , que están desprovistos
de fundamentos históricos. Algunos críticos se
han obstinado en señalar épocas, á lo menos
aproximadas, á aquellos acontecimientos, á aque-
ta) Un vivo ejetaiplo de la rapidez con que el comercio puede dar
vida á un territorio es la isla de Singapore éntrela China y la India,
3ue en 1S14 estaba todavía desierta y hoj es una de las mas pobla-
as, no cesando de entrar y salir buques desde que los Ingleses la
convirtieron en depósito del comercio de la ludia.
( 3 ) Mémoires sur V Egypíe , III. oo7. ^^
108
SPOGA n.
líos nombres, ó computando las generaciones » ó
estudiando los monumentos (1 ) , ó por lo menos
ordenándolos según la prioridad ; pero por mas
ingeniosos que^ay an sido sus cálculos , no bastan
á satisfacer á la razón, dispuesta mas bien á ver
en cada uno de aquellos héroes simbolizada una
edad ó un grado de la civilización. Ni se deben
excluir totalmente de la historia tales personajes
{M)rque se hallen revestidos de un carácter 'poé-
tico. Sus sandalias hollaron la tierra, y á medida
que el tiempo borraba sus huellas, la poesía au-
mentó su estatura y ensanchó su máscara hasta
abarcar una época entera.
La actividad humana, todavía en la infancia
del desarrollo intelectual, ejercitaba la imagina-
ción sin el freno que le impone el examen cien-
tífico de los objetos ; y abierta únicamente á las
impresiones exteriores , se abandonaba á ellas y
de ellas recibia el germen de las creaciones de
que era capaz en aauel periodo incipiente de la
evolución intelectual.
No conociéndose las causas naturales de los fe-
nómenos exteriores y de sus efectos, lo que no
se podia comprender se atribuía á un poder
superior al hombre. En los grandes fenómenos
físicos , aun en los mas insignificantes , buenos ó
malos , reconocíase la intervención continua y
directa de poderes superiores, y una lucha entre
los genios del bien y del mal. De aquí la mezcla
de los dioses con los hombres , de donde nacie-
ron los héroes, bien por natural procreación,
bien por emanación ó comercio directo ; y así se
compaginó toda la historia divina con los seres
que poblaron el Olimpo , el Merú y el Walhalla.
Entre los pueblos monoteístas, uebreos. Persas
y Medos, los tiempos heroicos son mas puros y
moralmente humanos , por consiguiente menos
maravillosos y menos favorables a la fantasía en
las bellas artes. En el código hebreo no aparece
el menor indicio de confusión éntrelas cosas hu-
• manas y las divinas, exceptuando la parteen
donde se habla de la unión de losBenElonim con
las hijas de los hombres en el periodo ante-dilu-
viano, en el cual nacieron los gigantes; y los
sagrados intérpretes hacen ver , que realmente no
existe tal confusión, ni aun en aquel fragmento de
tradiciones anteriores. Al contrario, abundan enla
Biblia las teofanías, manifestándose á los hombres
muy á menudo la divinidad ó mensajeros de ella,
para dar á conocer ó una verdad ó la voluntad ce-
leste; pero jamás seconfunde la naturaleza divina
con la física del hombre, hasta la venida del Re-
dentor, tipo real de la virtud y símbolo de la hu-
manidad.
Tampoco figura en dicho código el espíritu
maligno sino raras veces hasta después de la
esclavitud de Babilonia; y por el contrario predo-
mina en el monoteísmo dualista de los Persas y
de ios Medos. Estos no nos han dejado histo-
ria propiamente dicha, sino relatos de viaje-
ros , poemas nacionales , y algunas reliquias
artísticas, en las cuales se representa principal-
mente la lucha del Bien y del mal , la necesidad
de los padecimientos y de la eYoiacion. Mucho
después el islamismo se mezcló con todo esto, y
alteró su primitiva fisonomía.
(1) Frfret,IU4eletc.,téue(D)
Los kdios nos han legado riquísimas artes,
grandiosos poemas; pero tampoco tenemos de
ellos ninguna historia. Su idea de la divinidad se
enlazaba de tal modo con la de la humanidad , y
aun con la de toda la naturaleza, que parece im-
posible que pudieran escribirla historia, estoes,
separarlas razones humanas de las divinas. Wil-
fort hizo grandes esfuerzos para coordinar coa
nuestras historias algunos nombres y épocas
de los puranas , pero no logró mas que demos-
trar su incertidumbre : los punditas ó doctores
indios pretenden haber sacado de los poemas la
serie de sus reyes; pero no presentan mas que
nombres sin pormenores ó con particularidades
absurdas y discordantes.
Por el contrario , en la China falta la poesía
y no queda mas que la historia positiva , sin
tiempos heroicos. En un país en que el empera-
dor todo lo representa y es soberano del cielo
material , modelo estereotípico de todos los tiem-
Eos , no pueden darse edades heroicas , ni otros
éroes mas que él ; y la mitología principia ea
un rey que decreta el censo , la medición de los
terrenos, la apertura de canales y la formación
del catálogo de las estrellas.
La historia de los pueblos del Asia Media ape-
nas principia á salir de las tinieblas ; la de los
Tibetinos no alcanza mas allá del siglo vn; la de
los Mogoles no pasa del xii; v la de las mas im-
portantes naciones turcas se na confundido con
la de los Árabes y ha tomado el matiz del Coran.
El primer héroe histórico de los Tibetinos, el
rey Strongdsan Gambo, que propagó en su rei-
no el buddismo , es temdo por emanación de
la divinidad buddista, lo mismo que sus suceso-
res. También entre los Mogoles, Gengis-Kan
Sasa por hijo de Cormusdas (Hormus?), señor
el mundo material; sin embargo Tibetinos y
Mogoles conservan antiguos cantos heroicos, en-
tre los cuales merece particular atención aquel
que habla especialmente del tibetino Gesser-Kan,
hijo también de Cormusdas, y mencionado igual-
mente en los anales chinos.
Estos héroes preceden á la historia positiva de
los pueblos; y parece creíble que el desarrollo es-
pecial de su entendimiento los elevara efecliva-
mcnte sobre sus contemporáneos, constituyén-
dolos en legisladores y bienhechores de" sus
naciones respectivas, tanto, que á pesar de los
siglos transcurridos, su recuerdo se conserva
todavía. El vulgo inculto entre quien vivian, no
sabiendo explicar su aparición en su seno, los
consideró como entes superiores ; y la poesía
hizo mas maravillosa su aparición , rodeándola
de la pompa de una rica fantasía.
Parece, pues, que en efecto existieron; y por
mas que la crítica rebaje su estatura para redu-
cirlos á proporciones humanas, siempre merecen
veneración como los primeros entre los hombres
que esparcieron la idea de lo que es noble y gene-
roso. La Historia , aun en el día , seria un cadáver
si no la vivificase semejan te idea, gracias á la
memoria de estos seres elevados que domina toda
su época (2).
A la verdad , los razonados y sensatos esfuer-
(2) Véase un discurso de Schmidt/ría aademia de ciencias de
Petersburgo , año do 1837. ^ed by vj *
PRIMEBÁS monarquías.
i09
zos de erudición y de imaginación con que una es-
cuela contemporánea quiso encontrar la historia
bajo el velo ae la mitología para ensanchar los
límites de los tiempos históricos , no produjeron
gran resultado, antes bien , una crítica severa
se valió de ellos para pretender que dcbia rele-
garse á la mitología mucha parte de lo que se
nos da por historia.
Esto no obstante, conviene estudiarlos , por-
gue en aquellos héroes se trasluce la futura civi-
lización y la índole de las naciones que han
resistido al tiempo, á las concpiistas y á los tras-
tornos de cultura y de religión. Los Chinos se-
rán fríos , positivos , acompasados como sus
Taos; Manes edifica á Menfis , canaliza el Nilo,
abre algibes, y la eterna esclavitud de los Egip-
cios transpira en el culto prestado á los revés
y en los auros trabajos á que fueron sometiaas
generaciones enteras para erigir monumentos ó
sepulcros . El Indio conservará siempre la vaga fan-
tasía V los cálculos interminables sobre los cuales
fimd(ílos primitivos Calpas; las expediciones de
Odi, parecerán renovarse de vez en cuando en
las emigraciones de los Germanos; en la corte de
Gengis-Kan y de Timur se reproducirán las fiestas
y los ejercicios de los primeros héroes; el Esqui-
mal no verá á los fundadores de su raza mas que
bajo la figura de cazadores de renos ; la Grecia
se aventurará siempre á guerras intestinas , á
expediciones , á juegos, á cantos, á artes plásti-
cas y gimnásticas, como Hércules, Prometeo, Or-
feoy Jason; y el Vizliputzli mejicano personifica
esa^civilizacion llevada al Nuevo-Mundo y en
nombre del cielo por pueblos remotos , que es-
tablecieron la superioridad de la casta sacerdo-
tal. En las primeras tradiciones del Asia Media,
se descubre la naturaleza de los países mas ex-
puestos á las revoluciones; y aun en el dia, como
en los primitivos tiempos , la Persia y la India
son presa dispuesta para el primer aventurero
que se atreva á extender la mano hacia ellas.
Estas consideraciones generales nos darán luz
entre las tinieblas de la antigüedad para conocer
mejoría significación íntima de las historias par-
ticulares.
CAPITULO in.
Primeras monarquías.
La tierra de Sennaar , con su torre y la mas
antigua monarquía es el primer teatro de las
sociSlades políticas. Las historias mas divei-sas
convienen en señalar allí la existencia de un
grande imperio ; pero en cuanto á los sucesos
particulares de este , presentan una disparidad
tal, que los eruditos, por mas esfuerzos que han
hecho, no han podido ponerlas en armonía.
^Jt?" Respecto de estos países la Biblia indica sola-
híitó- ínente lo que concierne á los sucesos del pueblo
^^' hebreo. Herodoto se propuso escribir im tratado
especial relativamente á los Asirlos (i ), y por
tanto, solo por incidencia habla de ellos en su
historia (2). Ctesias de Guido , médico de Giro
(1)1.184.
(3) Llama Niño al fondador de aqaella monarqoja (1. 178) que
wmenzó á reinar en 1237 ; y luego no cita á ningún otro rey basta
Sanherib (U. 141.) Es dí^o de observarse que el primer nombre
el Joven , á quien Diodoro sigue paso á paso, jé^
qttieft Aristóteles juzga mentiroso é ignorante,
pero aue examinado na parecido digno de mas
re de la que se quiso conc43derle , llena la edad
mas antigua de rábulas orientales. Sincelo , En-
sebio y Tolomeo, son tan modernos, que cierta-
mente no pueden dar grande apoyo á una aser-
ción sobre puntos de historias tan remotas . Beroso,
escritor caldeo (3), no nos ha sido conservado
sino en fragmentos , los cuales se refieren espe-
cialmente á la metafísica y á la cosmogonía (4).
Sin embargo, el reciente descubrimiento de los
libros zenoos ha proporcionado nuevos conoci-
mientos, de los cuales procuraremos aprove-
charnos.
La sagrada Escritura refiere erue Nemrod, hijo a. c.
de Cus , cazador ^miento , funaó un imperio en ***^-
torno de Babilonia , Arach , Achad y Calanne en
la tierra de Sennaar, cerca de 327 años después
del diluvio. Esta raza cusita , que lOs Griegos
llamaron etiópica, parece, pues, la primera que se
estableció en ciudades fortificadas, para después
poder desde ellas caer sobre las tribus délos pas-
tores, cazar hombres y fieras, y encerrarlos en el
recinto de sus murallas. La misma posición de
Babilonia la convirtió brevemente en. centro del
comercio, y la hizo por tanto poderosa y rica.
Nemrod, habiendo llegado á ser poderoso so^
bre la tierra , pasó á Asina y edificó á Nínive (5),
llamada así por el nombre "de su hijo Niño , el
cual por gratitud, quiso que muerto su padre se
le tributasen honores divinos bajo el titulo de
Belo.
El imperio de Nemrod fue dividido á su muer-
te , tocando á Niño