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Full text of "Informe oficial de la Co (Patagonia) realizada en los meses de Abril, Mayo y Junio de 1879, bajo"

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INFORME OFICIAL 



DE LA 



COMISIÓN CIENTÍFICA 



AGREGADA AL ESTADO MAYOR GENERAL 



DE LA 

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( PATAGÓN IA) 

Realizada en los meses de Abril, Mayo y Junio de 1879, 
bajo las órdenes del 

GENERAL D. JULIO A. ROCA 



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(con 16 Láminas) 

Entrega I. — Zoología. 

( Con 4 Láminas. ) 







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BUENOS AIRES 



Imprenta de Ostwald y Martínez, calle Florida Núm. 136. 



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INFORME OFICIAL 



DE LA 



COMISIÓN CIENTÍFICA 

AGREGADA AL ESTADO MAYOR GENERAL 

DE LA 

EXPEDICIÓN AL RIO NEGRO 

(PATAGONIA) 

realizada en los meses de Abril, Mayo y Junio de 1879, 
bajo las órdenes del 

GENERAL D. JULIO A. ROCA 

(con 16 Láminas. ) 




BUENOS AIRES 



Imprenta de Ostwald y Martínez, calle Florida Núm. 136. 

18 8 1. 






EXPEDICIÓN AL RIO NEGRO 



INTRODUCCIÓN 



El año 1879 tendrá en los anales de la República Argentina una importancia mucho 
mas considerable que la que le han atribuido los contemporáneos. Ha visto realizarse un 
acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de 
las generaciones venideras que la de la presente, y cuyo alcance, desconocido hoy, por tran- 
sitorias cuestiones de personas y de partido, necesita, para revelarse en toda su magnitud, 
la imparcial perspectiva del porvenir. Ese acontecimiento es la supresión de los indios 
ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos : es 
la campaña llevada á cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación 
de la línea del Rio Negro y del Neuquen. 

Al hablar del pasado, seremos parcos de consideraciones, y sobre todo de recrimina- 
ciones que, á mas de ser inoficiosas, se volverían fácilmente irritantes. Sin embargo, hay 
que estudiar, á lo menos con el fin de aprovechar las lecciones que encierra para el fu- 
turo ese fenómeno de una nación vigorosa, pronta para todos los patrióticos sacrificios, pro- 
vista de un ejército aguerrido, de medios de acción relativamente poderosos, y sin embargo 
tenida en jaque, cruelmente herida en su desarrollo y su fortuna, por un puñado de 
malvados. 

No se ha hecho nunca una estadística exacta de las depredaciones de los salvajes, 
de los valiosos intereses destruidos anualmente por ellos, sin contar las vidas sacrificadas. 
No es el momento de reunir á ese respecto guarismos desconsoladores. No tendrían ya 
interés práctico, y su triste elocuencia desaparece en presencia de esta consideración : que 
las pérdidas materiales eran poca cosa en comparación de los perjuicios de mayor trascen- 
dencia política y moral que esas impunes correrías infligían á la República. 

No solamente atacaban en sus fuentes la principal industria del país y el más rico 



— VIII — 

elemento de su prosperidad ; la ganadería; no solamente contribuían á disminuir á la en- 
trada ó, después de entrada, á estancar inútilmente en las ciudades la corriente de la in- 
migración estrangera; comprometían el crédito esterior del Gobierno Nacional, por la im- 
potencia de que parecía convicto frente á un ejército de chuzas, por los humillantes tributos 
que eran la consagración oficial y el irrisorio rescate de esa impotencia. Cuando el em- 
perador del Brasil preguntaba con fingido interés á un plenipotenciario argentino, en el 
acto de presentarle éste sus credenciales, si eran ciertas las noticias que le habían llegado 
de una invasión india en el Sur de Buenos Aires, dejaba ver á las claras con qué peso, 
en la opinión de los estadistas vecinos, la cuestión indios debía gravitar sobre la política 
esterior de la Confederación Argentina. 

En cuanto á Chile, su gobierno contenía también, a duras penas, á los salvajes que 
ocupaban sus sierras meridionales, pero cierto gremio de sus comerciantes mantenía con 
los indios de este lado de los Andes relaciones de entrañable amistad. Es permitido su- 
poner que la periódica llegada de inmensos rebaños de hacienda, que los soldados de una 
república rival no habian podido defender, no ha dejado de tener influencia sobre la opi- 
nión que las clases poco ilustradas de la población se formaban de la organización mili- 
tar del pueblo argentino. Es más que probable que ha contribuido á desvirtuar, hasta en 
los hombres más encumbrados de la administración chilena, mejor enterados, sin embargo, 
de las condiciones de esa ingrata lucha, el buen efecto de la conciliadora actitud que el 
Gobierno Nacional de nuestro pais había adoptado en la cuestión límites. Tendremos 
ocasión, al estudiar los valles del Rio Negro y del Neuquen, de mostrar, con la satisfac- 
ción que se esperimenta en señalar un peligro ya conjurado, la deplorable situación en 
que hubiera colocado militarmente á los Argentinos, la presencia del indio en el inmenso 
territorio que ayer no más dominaba. 

Hemos abreviado cuanto ha sido posible la esposicion de los elevados intereses de progreso 
interior y de influencia esterior que se encontraban ligados con las cabalgatas de unos 
cuantos nómades resueltos á no pedir sino al robo sus medios de subsistencia, y conside- 
ramos inútil estendernos en pruebas. No hay argentino á cuyo espíritu no se hayan pre- 
sentado, y con más fuerza que la con que las presentamos, idénticas consideraciones. To- 
dos los gobiernos, desde que hay una República Argentina, han demostrado, por sus actos, 
de qué importancia les parecía esa intrincada cuestión indios, y han tratado, si no de re- 
solverla, á lo menos de adelantar su solución. 

Para tributar á todos la merecida justicia, creemos que pocas son las ideas, aún entre 
las que han dado tan brillante resultado en estos últimos tiempos, que no hayan sido an- 
teriormente propuestas, discutidas, ensayadas. Sobre la ocupación de puntos estratégicos á 
vanguardia y á gran distancia de los establecimientos, para operar de ahí en todos los rumbos 
por medio de columnas ligeras, se conocen las opiniones del Coronel Don Pedro García, 
consignadas en el notable informe que redactó en los primeros albores de la guerra de la 
Independencia; en tiempos menos remotos, no se han olvidado la espedicion del Coronel 



IX — 

Granada á Salinas-Grandes, los proyectos presentados por el general Rivas durante la 
administración Sarmiento. Sobre la conveniencia de la guerra ofensiva, en vez de la defen- 
siva, sin hablar de Rauch, que la erigió en sistema, basta recordar la larga serie de gol- 
pes de mano sobre los toldos, afortunados unos, desgraciados otros, lo que no importa 
nada para la clara percepción del principio que los motivaba, que han sucesivamente dirigido 
los más conspicuos gefes de la época de Rosas, y más tarde los dos generales Mitre y el 
general Arredondo. Sobre la misma espedicion al Rio Negro, tenemos un antecedente : 
la espedicion del general Pacheco, hecha en combinación con fuerzas venidas de Mendoza. 
En este sentido, había cierto viso de verdad en las afirmaciones de los que declara- 
ban, al ver los acontecimientos tomar otro giro, que eso no era novedad, que idea aná- 
loga se había puesto en ejecución en tal fecha. Omitimos hablar de la variedad nume- 
rosa, y siempre ingenuamente convencida, de los que esclaman, con candida solemnidad, 
después de cada nuevo triunfo alcanzado: que el éxito no les sorprende, puesto que era 
la consecuencia de lo que han proyectado y predicado en otros tiempos. 

Sin embargo, algo nuevo habia de haber en las teorias recien aplicadas á la guerra 
fronteriza, pues sería difícil comprender de otro modo lo inesperado de los resultados. 
Una concepción militar, lo mismo que el árbol del Evangelio, debe juzgarse por sus fru- 
tos. Había algo nuevo, en efecto, en el plan del general Roca, y de ese conjunto de ideas, 
parcial y aisladamente aplicadas al acaso de las inspiraciones de cada gefe y de las varia- 
bles fases de la guerra, había llegado á formar un sistema completo, eminentemente ori- 
ginal y propio. Se valió, para coordinar y fecundar esos varios, conocidos y hasta enton- 
ces estériles medios de acción, de un estudio cuya utilidad en la guerra no era tampoco 
un descubrimiento, y que desde algunos años ha, sobre todo, se ha vuelto el alma y el 
nervio de las grandes campañas europeas, pero que nunca se había aplicado á la guerra 
pampeana con tanta paciencia en las pesquisas y con tanta perspicacia en las deducciones. 
Ese estudio, es el estudio topográfico del futuro teatro de las operaciones. 

El general Roca se ha inspirado en los modernos adelantos de la ciencia de la guerra, 
pues la guerra ha dejado de ser un arte sometido á los caprichos del instinto marcial y 
de la inspiración, y obedece á las reglas fijas y al método severo de la ciencia esperi- 
mental. Ha comprendido que la llave del asunto se encontraba en la configuración del 
terreno, y que, mientras no se hubiera arrancado á la misteriosa pampa sus últimos secre- 
tos, habría que prescindir de sistemas. Ha dedicado á ese estudio los largos ratos deso- 
cupados que le dejaba la guardia que estaba montando en las fronteras de Cuyo. No se 
ha dejado desanimar por las oscuridades del problema, la incertidumbre de los datos, las 
contradicciones de los vaquéanos, ni tampoco, lo que es más meritorio todavía, por la 
radical diferencia que notaba entre las opiniones umversalmente aceptadas sobre la guerra 
de indios y las consecuencias á que lo llevaban sus laboriosos y paulatinos descubrimien- 
tos. En fin, apoyado en un acopio de conocimientos que se servian de mutuo control, 
posesionado en espíritu de todas las peculiaridades de su campo de acción, ha podido for- 



mular su plan, vasto en el conjunto, minucioso en los detalles, elaborado con tanta pre- 
cisión que la campaña se ha realizado en completa conformidad con . las instrucciones dis- 
tribuidas, y más bien con la tranquila regularidad de un esperimento de física, organizado 
en un laboratorio, para poner de manifiesto leyes conocidas, que con las contingencias de 
una empresa de guerra. Las operaciones abarcaban, sin embargo, una estension de quince 
mil leguas cuadradas. Tales son los títulos del general Roca. Ha puesto al servicio de 
un espíritu sagaz un método acertado, verdaderamente científico. 

No tenemos la intención, y nadie sospechará que ni remotamente la tengamos, de 
desconocer en esa apreciación de la última campaña el inmenso paso que había hecho dar 
á la cuestión fronteras el ilustre Dr. Alsina. Se rebelarían contra tal apreciación, si lle- 
gase alguna vez á formularse, no solamente la equidad de la historia, sino los mas íntimos 
y más sagrados sentimientos de la conciencia pública de su patria. En el encadenamiento 
lógico de los sucesos, la obra del Dr. Alsina debía preceder á la del general Roca para ha- 
cerla posible. A fin de formarse una idea de lo que ha importado su corto pasaje en el 
Ministerio de la Guerra para la solución definitiva de la cuestión, basta indicar lo que 
eran los indios cuando se recibió de la cartera, y en qué estado los dejó. Los encontró 
dueños en la campaña, — ensoberbecidos por los recientes golpes que las discordias civiles 
les habían permitido inferir á la fortuna pastoril de la República, confiados en cuanto á 
impunidad en las vacilaciones de una administración apenas instalada y rodeada de amenazas; 
ora dictando condiciones, ora atreviéndose á ofrecer batallas campales; ricos en caballos, 
campos y audacia, burlando la vijilancia y riéndose de la persecución. 

Los dejó pobres, fugitivos, errantes por estériles campañas, sin caballos, sin víveres, 
dominados por todas partes, desalojados de sus mejores invernadas, escarmentados en sus 
desesperadas tentativas de invasión, temblando en sus propios toldos á cada ráfaga de viento, 
y recibiendo, en los sucesivos campamentos de fortuna en que se venían á refugiar, golpe 
tras golpe, de las fuerzas de la nueva frontera. Los que han presenciado las rápidas peri- 
pecias de la guerra del desierto, durante ese período, dirán'si exageramos un solo rasgo en 
ese breve cuadro de los resultados obtenidos en tres años por la robusta inteligencia, la 
ardiente actividad, el acendrado patriotismo del Dr. Alsina. Su intervención en los asun- 
tos fronterizos marca, en la historia de la frontera, algo más que un momento decisivo: una 
era nueva. 

Pero cuando desapareció, cuando esa alma de fuego y esa voluntad de hierro vinieron 
á descansar en la muerte, si bien debido á sus esfuerzos, las tropas fronterizas estaban 
sobre el camino del Rio Negro, nada autorizaba á creer que estuviesen en sus orillas, y 
que de un salto franquearían la distancia que las separaba de esa frontera natural. Estaba 
en la convicción de todos que la terminación de la guerra india era cuestión de tiempo, la 
opinión pública se resistía á creer que fuese cuestión de dias. La vigorosa mano del Dr. 
Alsina, sus triunfos, habían abierto una brecha en preocupaciones seculares; aparecía á to- 
das las inteligencias la posibilidad de resolver el problema, pero ¡ cuántas divergencias so- 



— XI — 

bre el tiempo necesario para la ejecucionl Una voz autorizada habló de centenares de años; 
los mas intrépidos pedian veinte años para coronar el edificio. Un solo hombre afirmó que 
bastaba un año, y probó, del modo más á propósito para abreviar la discusión, que lo que 
había dicho era realizable. Lo probó, realizándolo 

Nadie ha olvidado el sentimiento de sorpresa y de incredulidad que acogió la primera 
indicación de esa idea en el mensaje al Congreso del 14 de Agosto de 187S. Esa cir- 
cunstancia revela bien que ese mensaje cambiaba en algo la faz de la cuestión, que mo 
dificaba de cierto modo las ideas reinantes. En otros términos, el general Roca, á más de 
los elementos de solución que había recibido, por decirlo así, en herencia, á más de los 
fecundos ejemplos y de los brillantes resultados prácticos que eran el glorioso legado del 
Dr. Alsina á su sucesor, traía también al debate algún contingente propio, algún descu- 
brimiento personal, algún argumento que se ofrecía por primera vez al fuego de la dis- 
cusión. 

Y verdaderamente, en presencia de ese documento, cuyas indicaciones, sin embargo, se 
han cumplido tan al pié de la letra, que hoy parece escrito después de la campaña y no 
antes, se comprende la escitacion de la opinión, y entendemos por esa palabra la opinión 
ilustrada, la de los hombres mas competentes en la materia : la opinión de los demás no 
es opinión. Se trataba de conquistar una área de 15,000 leguas cuadradas, ocupadas cuan- 
do menos por unas 15,000 almas, pues pasa de 14,000 el número de muertos y prisio- 
neros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido mas lato 
de la espresion. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero 
transitoriamente, como lo había hecho la espedicion del general Pacheco al Neuquen, el 
espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban 
las balas de sus fusiles. Tal espedicion, por la desigualdad entre los sacrificios que hu- 
biera exijido y el resultado material que hubiera proporcionado, habría constituido mas 
bien un retroceso sobre lo que existía. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 
15,000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que lamas 
asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado á vivificar las empresas 
de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje á la evidencia, que no 
esperimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército espedicionario y sellar la 
toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas. 

Había una consideración mas que esa conquista hacía surgir. La administración supe- 
rior, por e! hecho mismo de apoderarse de esas regiones y declararlas sometidas á su 
autoridad, aceptaba todas las consecuencias y todos los cargos que esa autoridad acarrea- 
ba. Afirmaba que ella era en adelante la encargada de la policía de sus nuevos dominios ; 
contraía la obligación de hacer sentir, en todos los rincones de éstos, su acción previsora 
y protectora. Pues bien, esos dominios representaban casi otra República Argentina anexa- 
da á la anteriormente constituida, y formada de territorios indefinidos, donde la soledad, 
las distancias, los montes, oponían obstáculos gravísimos tanto á la vijilancia como á la 



— XII — 

represión. Los deberes que venían aparejados con la gloria del triunfo, empeñaban de un 
modo bastante serio la palabra del Gobierno Nacional para provocar las meditaciones de 
los hombres de estado. Se podía dudar, y se dudó efectivamente con mucha generalidad, 
si esa empresa no era una imprudencia análoga á la de las familias que se arruinan por 
haber comprado una casa demasiado grande, no á consecuencia del precio que les costó, 
sino de las erogaciones continuas para amueblarla y mantenerla en buen estado y en buen 
pié. Esas dudas respondían á sanas teorías de gobierno, y las significativas palabras : « se 
necesitarán diez generaciones y trescientos años para llegar al Rio Negro, » por mas 
cruelmente que hayan sido desmentidas por los hechos, indicaban una elevada comprehen- 
sion de las leyes generales que rigen el desarrollo de las sociedades, al mismo tiempo que 
revelaban un conocimiento incompleto de las condiciones físicas de la pampa. Esa frase 
era la espresion exagerada, la reproducción abultada, porque se miraba la cuestión con 
el espíritu de partido, que lo engrosa todo como un microscopio, pero, con todo, la repro- 
ducción de ideas que compartían entonces muchos espíritus escelentes. 

No insistimos sobre esa consideración solamente con el objeto de mostrar que el ge- 
neral Roca, en vez de ser llevado por la opinión á la consumación de una empresa con- 
siderada como fácil y madura, tuvo que remontar la corriente para hacerse autorizar á 
llevar adelante sus proyectos. Insistimos sobre todo, porque tendremos que volver, cuando 
se trate de la esplotacion de las tierras arrancadas á los indios, sobre esos problemas 
de administración que se imponen al estudio en el momento mismo en que quedan re- 
sueltos los problemas militares. 

De todos modos, el resultado ha probado que era hacedero, y aun fácil, el estirpar los 
indios, hasta el último, de la zona que se quería agregar á las posesiones de la Repúbli- 
ca, y se puede ver ya que, una vez limpia aquella de salvajes, es posible proporcionarle las 
garantías de seguridad y de vigilancia administrativa que reclama un territorio para entrar 
de frente en el movimiento de la civilización y de la producción. Tal fenómeno es debido 
á esta circunstancia; que, en esa inmensa superficie, contados son los puntos donde podían 
encontrar abrigo y subsistencia los indios. Contados son por el mismo motivo los puntos 
donde podrían, si la desidia del gobierno les permitiera aparecer en la pampa, albergarse 
los cuatreros. Desalojados los indios de esas guaridas conocidas, ya no tenían donde me- 
terse, y les era forzoso rendirse ó emigrar. Ocupando permanentemente los mismos lu- 
gares, ó visitándolos con frecuencia, no hay cómo temer que los cuatreros se posesionen 
del nido abandonado de los salvajes. 

Esa consecuencia, que el general Roca había sacado de sus largas investigaciones 
sobre la topografía de la pampa interior, era la base de todo su plan. Constituía segura- 
mente, por lo fecundo de los resultados que naturalmente han dimanado de esas premisas, 
una novedad no despreciable en la guerra india. 

Parecerá estraordinario que campos casi ilimitados no brinden por todas partes á sus 
moradores refugios y escondites, donde puedan diseminarse y evitar la persecución. Así 



— XIII — 

sucede sin embargo. No hay que demostrarlo hoy : no se demuestra la evidencia. Los 
resultados anunciados por el general Roca se han realizado de modo á dar satisfacción á 
los más exigentes sobre lo acertado de la convicción que manifestaba á ese respecto. 

Para esplicar cómo esos resultados debian necesariamente producirse, hay que indi- 
car la composición del suelo de la pampa en las diversas zonas en que está dividida. 
No entraremos en enumeraciones de puntos geográficos, que eran de palpitante interés para 
el militar en el momento de la campaña, pero que podrian fácilmente fastidiar al lector. 
A fin de dar más claridad y, en cuanto el asunto lo permita, más animación á esta es- 
posicion, veamos de qué modo se ha formado ese suelo, y busquemos los elementos de 
la conquista y las condiciones de la futura esplotacion en el juego de las fuerzas geoló- 
gicas que, mucho antes de la aparición del hombre, preparaban un campo á su actividad, 
á sus pasiones y á sus luchas. 

En una época que es difícil fijar, en el estado actual de nuestros conocimientos geo- 
lógicos de la pampa, pero que se puede colocar aproximadamente á fines de la edad ter- 
ciaria, ó á principios del período cuaternario, probablemente toda la zona que se estiende 
á inmediaciones y á vanguardia de la antigua línea de fronteras, del Océano al pié de los 
Andes, era ocupada por el mar. Sólo aparecían sobre las olas los cerros, mucho más 
altos que lo que son ahora, de las sierras de Currumalan, y unos cuantos islotes de terre- 
no primitivo — granito y asperón colorado— testigos de convulsiones anteriores del globo, 
piedra de arranque de la construcción de un continente nuevo. 

En el transcurso del tiempo, de la evolución geológica, inmensas capas de materia 
calcárea se depositaron alrededor de cada uno de los cerros. Deponian sus despojos sobre 
las orillas, en un agua poco honda, y el incesante trabajo de esas fuerzas misteriosas, du- 
rante una innumerable sucesión de años, iba alejando paulatinamente las costas del mar 
de los distintos islotes de terreno primitivo que constituían otros tantos centros de irra- 
diación. Los islotes se volvieron islas; las islas se ensancharon y llegaron á unirse para 
constituir una gran tierra. 

Otro fenómeno se había unido á la formación de los sedimentos de materia calcárea 
para acelerar ese resultado. Era la desagregación de las rocas primitivas, bajo la influencia 
de los agentes atmosféricos, y su trasporte á gran distancia bajo la forma de piedras rodadas, 
de piedritas, de arena gruesa, luego de arena muy tenue, por las corrientes de agua que 
surcaban sus flancos y se deslizaban sobre los bancos calizos que se estendian á sus pies- 
Algunas de esas corrientes se han perdido, otras existen todavía: — son los arroyos que, 
del lado del Atlántico especialmente, están en actividad y, puede decirse, á la obra. Están 
ocupados en rellenar, con el contingente de sus arenas y de su barro, lo que fué en otros 
tiempos sus imponentes estuarios, y que, por lo general, no pasa hoy de cangrejales que 
van solidificándose á nuestra vista. 

Sobre la superficie de las capas sedimentarias, á medida que los elementos calizos 
depositados le dan un poco de firmeza, la acción del viento eleva la caprichosa ar- 



— XIV — 

quitectura de los médanos. Estos son una especie de construcción híbrida entre la tierra 
firme de que son la vanguardia por un lado, y por otro lado las olas que vienen á reem- 
plazar, cuyas formas reproducen, cuya movilidad al ímpetu del viento imitan imperfecta- 
mente y de lejos. Son algo parecidos en eso á aquellos seres fantásticos, hijos de la ima- 
ginación griega, que han seducido tantas veces el talento de los pintores, y que, condena- 
dos á una lenta petrificación por la venganza de algún dios, conservaban largo tiempo en 
medio de la invasión creciente de la rigidez mineral, el aspecto, el instinto ó el impoten- 
te esfuerzo de la vida. Los médanos, orientados con notable regularidad, según la di- 
rección de los vientos] dominantes, dibujan con su línea ondulada las orillas sucesivas 
de los antiguos mares, hoy secos, y presentan un dobladillo continuo y como la línea ten- 
dida de un ejército de invasión en marcha, á lo largo de la costa del Altántico. 

Los arroyos actuales, sea que vayan á perderse en el Océano, sea que mueran en al- 
gún inmenso hueco, que queda como la representación en miniatura del mar que las are- 
nas han terraplenado, ofrecen todavía una serie de fenómenos perfectamente caracteriza- 
dos, y patentizan los métodos de que se ha valido la naturaleza para hacer emergir este 
continente del seno.de las aguas. 

Se comprende, por la distancia é irregular colocación de los puntos graníticos que 
servían de centro á los círculos de solevantamiento del suelo, que varias deben ser las por- 
ciones de cauce del antiguo mar que han quedado prisioneras entre los levantamientos 
surjidos de centros diferentes. Esos trozos de cauce de mar siguen desempeñando, en pequeña 
escala, sus funciones de océano reducido. Reciben los arroyos que las montañas les man- 
dan ; se rodean de médanos, cuyos materiales les son brindados por esos mismos arroyos. 
Pero los dos vestigios de mar interior, los mas notables que ofrezca toda la pampa, son, 
á lo largo de la sierra de Currumalan, la gran laguna Alsina con sus dependencias, las 
lagunas de Guaminí y Epecuen, y á lo largo de los últimos contrafuertes de los Andes, 
la laguna Urre-Lafquen, con la larga depresión, orientada de Norte á Sur, que la pone en 
comunicación con las aguas saladas de San Luis, por medio del Rio Salado. 

Ahí tenemos patente, aunque en via de desaparecer y de unirse con la pampa inme- 
diata, el cauce del antiguo mar, cauce muy arriba, sin embargo, como es natural, del nivel 
anterior, y bastante elevado ya sobre el Atlántico para que lo sobrante de las aguas que 
recibe, lo que la evaporación espontánea no disipa, pueda dirigirse al Océano. Las aguas 
de la laguna Alsina, después de una infinidad de vueltas, de culebreos y de estancamien- 
tos debidos á la ausencia de declive, vienen á engrosar el Saladillo y el Salado de la pro- 
vincia de Buenos Aires y se dirigen perezosamente á la Ensenada de San Borombon. A 
medida que se regularice !a parte superior de su cauce, por los aluviones continuos 
que recibe, se levantará la marchame las aguas, y el antiguo mar tendrá una corriente fija: 
es un rio en estado embrionario. Las aguas del Bebedero, en la parte occidental del con- 
tinente, y las que trac el Atuel, van con un declive mas marcado á engrosar el Rio Co- 
lorado, después de atravesar la laguna Urre-Lafquen, por medio del Cura-Có. Son rios no 



- XV — 

perfectos todavía, pero que han salido del estado embrionario, y de que el hombre podrá 
quizá sacar partido, aprovechando el movimiento que la gravedad imprime á sus aguas y 
la relativa regularidad de su cauce. 

Tal es el aspecto de toda la comarca hasta el Rio Colorado. Al Sur de este rio, la 
formación calcárea desaparece, el suelo está compuesto de espesos depósitos de materias de 
aluvión que descansan directamente sobre cascajos, y todo despierta la idea de una forma- 
ción mucho mas reciente, probablemente de un Estrecho de Magallanes cuaternario, que 
marcaba por ese lado la estremidad meridional del continente. 

Del análisis geológico que acabamos de hacer, se deduce toda la economía del plan 
militar adoptado y se hacen palpables los motivos del éxito que ha coronado las opera- 
ciones de guerra. Esto no ha de sorprender á los que hayan estudiado con alguna detención 
los estrechos lazos que unen la composición del suelo y su topografía con los problemas 
que presenta su conquista. Diremos mas : hay una necesaria correlación entre la geo- 
logía de una comarca y las facilidades que ofrece para el desarrollo de una floreciente 
civilización; podremos sacar de lo que antecede consideraciones importantes sobre el por- 
venir de esas tierras. Hablemos primero de las cuestiones militares. 

Siendo la formación de la pampa lo que hemos dicho, resulta que presenta cuatro 
clases de terrenos con caracteres perfectamente definidos y aptitudes de producción muy 
distintas. Esas cuatro clases son: I o los terrenos primitivos, antiguas islas del mar ame- 
ricano; 2 o inmensos depósitos calcáreos estratificados al rededor de éstas, terrenos mas 
altos que los siguientes; 3 formación arenácea, líneas sucesivas y paralelas de médanos 
que han sucedido inmediatamente á los bancos calizos y rellenan los claros que dejan 
entre sí; 4 en fin, lagunas y bajos formando dos grandes sistemas principales, ora sali- 
trosos, ora salados, que son el cauce actual é intermitente de un mar casi completamente 
terraplenado por la acción niveladora de las aguas llovedizas. Ahora ¿qué recurso ofrecía 
á los indios cada clase de terreno ? 

El terreno primitivo forma á veces sierras de cierta importancia, como la de Curru- 
malan, perdida hace tiempo para ellos, generalmente grupos aislados de una á tres leguas 
de estension. La tierra vegetal es escasa; la que hay es admirable. El agua dulce es su- 
ministrada por manantiales y arroyuelos. La caza es difícil, así como la custodia del ga- 
nado yeguarizo y vacuno por lo escabroso del suelo. Hemos visto en Lihué-Calel, á dos 
pasos de una tribu que se moría literalmente de hambre, bandas de guanacos arrimarse con 
curiosidad á tiro de fusil, como animales que 110 han sido molestados, y confiados com- 
pletamente en las pendientes á pique de sus cerros para preservarse de cualquiera tenta- 
tiva de cazadores salvajes. En resumidas cuentas, hay en cada sierrita elementos de vida 
para una familia, no los hay para una tribu en posesión de unos cuantos animales. Cuando 
se han encontrado tolderias en las sierritas, eran gente de pasage, descansando algunos días 
en su retirada, ó si eran habitantes permanentes, componían agrupaciones muy reducidas, 
de veinte á treinta individuos. 

11 



XVI 



El terreno calcáreo, que viene después, forma planicies tendidas, de una sustancia suma- 
mente dura y generalmente escasa de agua. Cuando tiene abundancia de líquido, es muy 
á propósito, merced á los elementos calizos que contiene, tanto para la cria como para 
el engorde. Dá animales mas robustos para el trabajo y mas sabrosos para comer que 
los que se mantienen en las campañas, formadas de puro barro, del Norte de Buenos Ai- 
res. Pero no es posible tener agua dulce en abundancia sino á lo largo de los arroyos, 
ó en los valles interiores formados por antiguos arroyos, hoy obstruidos por amontona' 
mientos de tierra 'vegetal y de arena. La región de los arroyos de agua dulce habia sido 
quitada á los indios, al mismo tiempo que las bajantes meridionales de la Sierra de Cu- 
rrumalan, por el acertado trazado de la línea avanzada del Dr. Alsina. Los valles no 
contienen siempre lagunas dulces, pero en la materia de aluvión que forma su fondo^ 
es fácil cavar jagüeles que dan agua potable si se baldean incesantemente, agua salitrosa, 
cargada de materias orgánicas, y á veces verdaderamente venenosa para los caballos, si se 
deja algunos dias en contacto con el aire. Allí se obstinaron en vivir de privaciones 
hasta el último momento, y se aniquilaron del todo, hasta tener que presentarse sin condi- 
ciones, los últimos restos de las tribus de Catriel y de Cañumil, arrinconadas en esos 
poco hospitalarios valles, á consecuencia de la tenaz persecución de que fueron objeto. 

El terreno arenáceo presenta zonas muy distintas según su altura sobre el nivel del 
mar. Las partes más elevadas, las más distantes de los vestigios del cauce primitivo de 
que hemos hablado, son áridas. No carecen completamente de agua, pero la tienen guar- 
dada en la arena, á una profundidad que hace difícil para indios su estraccion. En las 
partes intermedias, es fácil la escavacion de jagüeles y algo más difícil para indios preser- 
var del desmoronamiento sus desmenuzables orillas. 

No hubiera sido posible á salvajes, en esas regiones, abastecer de agua por medio de 
jagüeles un regular número de haciendas. 

Pero las regiones inmediatas al antiguo mar interior reciben una cantidad de agua estra- 
ordinaria, no solamente de los arroyos sino de la filtración natural del líquido por entre 
las capas de arena que las dominan. Cuando esa agua no es salada por la abundancia de 
cloruro de sodio contenido en el suelo, cuando tiene en disolución solamente los nitratos 
y los sulfatos que la descomposición de las plantas origina espontáneamente en las gran- 
des lagunas, esa zona es la más fértil de la comarca. Notable ejemplo de esa favorable con- 
dición presenta la línea divisoria entre la formación calcárea y la arenácea que, pasando por 
las lagunas Alsina, Guaminí, Epecuen, sigue por Salinas Grandes, k Chiloé y una cadena no 
interrumpida de lagos hasta Traru-Lafquen, Los declives de las dos formaciones vienen á 
converger en el centro del estrecho valle que les sirve de límite común y que rebosa de 
agua. Los médanos se hallan tan impregnados de líquido que brotan por todas partes ma- 
nantiales de agua ligera, pura, cristalina, filtrada por el inmejorable filtro natural que forma 
la arena silíceo-calcárea del médano. Ese valle, por su feracidad escepcional, permitió á 
la tribu de Namuncurá el quedar una de las últimas en pié, hasta que le hubieron quitado 



XVII 



esa joya de la pampa. Cuando, de retirada en retirada, llegó á su estremidad, tenia que 
desaparecer, y desapareció. 

Otros bajos, más ó menos estensos, ofrecen el mismo carácter de mostrar en la super- 
ficie el agua filtrada por médanos más elevados que su nivel y que van inclinándose hacia 
ellos desde larga distancia. Descuella entre ellos, tanto por su importancia, cuanto por su 
ventajosa situación á buena distancia de las tolderías de Namuncurá y de los establecimien- 
tos cristianos, sobre uno de los caminos generales mas importantes que llevan á Chile» 
el valle de Leufu-Có, morada de la principal aglomeración de los Ranqueles. 

Unas cuantas lagunas más, conocidas hoy y visitadas una por una por las tropas na- 
cionales, representan en toda la región arenácea los únicos puntos donde el salvaje pueda 
vivir. Sus migraciones, que tanto han intrigado á los gefes fronterizos al principio de las 
espediciones, por falta de vaquéanos y de ideas fijas sobre el aspecto general de la co- 
marca, se limitaban á mudarse de una á otra en la región elegida por cada tribu. Ago- 
tada para ellos la serie de esas posibles moradas y perseguidos en su marcha con cons- 
tancia, llegó el momento en que les faltó el agua en ese mar de arena. Es exactamente 
como si les hubiese faltado la tierra bajo los pies. 

En cuanto á la línea de grandes lagunas qne quedan del mar antiguo, están rodeadas 
del lado del Oeste, de la laguna Alsina á Epecuen, de bajos muy fértiles ; pero del lado 
del Este, de Urre-Lafquen al Bebedero, la sal de que está cargado el suelo lo ha esterilizado 
á larga distancia de las lagunas y de los rios que las alimentan. Es una región desolada 
tendida á lo largo de la pampa central como una natural barrera que la separa de la re- 
gión andina, y cruzada de pocos caminos que van á Chile. 

Se comprende bien, después de la breve enumeración de las grandes zonas en que 
está dividida la pampa, de qué modo y por cuales motivos la consideración de esos carac- 
terísticos accidentes topográficos, aplicada por vez primera á esa vasta y poco conocida 
estension de desierto por un espíritu metódico y generalizador, debía cambiar del todo la 
faz de la guerra. La abundancia de terrenos inhabitables para nómades, que es ahora 
fácil describir, después de conquistados, había sido revelada poco á poco al General Roca» 
recogiendo y comparando datos. El dia en que la convicción se formó en su espíritu á 
ese respecto, pudo esclamar: « La pampa es nuestra!» La dirección á imprimir á la cam- 
paña, aparecía, por esa sola circunstancia, clara como un teorema. 

Y efectivamente, el resultado final se pronunció mas pronto aun de lo que se suponía. 
Antes de determinar los últimos detalles del plan de operaciones que debían ser corona- 
das por la ocupación del Rio Negro, era indispensable despejar algunas incógnitas geográficas, 
al mismo tiempo que tantear el verdadero estado, el actual poder de resistencia de los in- 
dios. Se lanzaron varias columnas con misión de hacer grandes reconocimientos, dándoles 
por objetivo los puntos mas lejanos donde podían guarecerse los salvages. 

Y eran tan eficaces los nuevos principios de guerra fronteriza que habian dictado 
estas medidas, que hemos asistido á un espectáculo inesperado. Esas maniobras prclimina- 



— XVIII — 

res, que no eran sino la preparación de la campaña, fueron en el acto decisivas. Quebra- 
ron el poder de los indios de un modo tan completo, que la cspcdicion al Rio Negro se 
encontró casi hecha antes de ser principiada. No hubo una sola de esas columnas de es" 
ploracion que no volviese con una tribu entera prisionera, y cuando llegó el momento se- 
ñalado para el golpe final, no existían en toda la pampa central sino grupos de fugitivos 
sin cohesión y sin gefes. 

Se encontrará, en el curso de este libro, la marcha de los acontecimientos, descrita, 
paso por paso, por los gefes mismos que les imprimieron tan vigorosa impulsión. Sería 
para nosotros una grata tarea, si estos no hubiesen gloriosamente conquistado el derecho de 
reservársela, contar esas espediciones que son un timbre de honor para los oficiales que las 
mandaron y para los sufridos soldados que las ejecutaron. 

Hemos tratado de esplicar, apoyándonos en una minuciosa descripción topográfica, cómo 
la conquista de 15000 leguas era posible con los reducidos elementos de que se disponía. 
Entre la posibilidad y la realización, había sin embargo todo cuanto el desierto puede acumular 
de obstáculos, de penurias, de marchas forzadas por entre travesías, en defensa de sus secretos 
y en defensa de sus moradores salvages. Para sobrellevar tantas dificultades, se necesitaba 
acierto en la dirección superior, ardor y pericia en los gefes de columna, en las tropas, en- 
fin, un esforzado sentimiento de la disciplina y del deber, una inquebrantable abnegación. 
No queremos disminuir, analizándolas, el efecto de las páginas donde se desarrollan las te" 
naces correrías y los hechos de armas que han dado en tierra en pocos meses con el po- 
der secular de los indios. 

En el punto á que hemos llegado, no hay salvages sino allende el Rio Negro y el 
Neuquen. Ahora hay que esplotar las tierras conquistadas. No hemos disimulado las con- 
diciones desfavorables que presentan muchos parages, y que han sido precisamente la causa 
determinante de su conquista. Sin embargo, hay que tener presente que los medios de 
que dispone el hombre civilizado para fertilizar sus dominios no tienen comparación con 
los que están al alcance de una tribu nómade. Consideremos otra vez las grandes divisio- 
nes en que se divide la pampa, y prescindamos por un momento de los valles de los 
grandes rios y de la región andina, que brindando al hombre una feracidad asombrosa, 
merecen un estudio á parte. 

En la zona calcárea, hemos señalado ya grandes depresiones donde el líquido está á 
la mano, y la excelente calidad del pasto, la presencia de numerosos y corpulentos algar- 
robos, dan á esos bajos un mérito escepcional para atraer la población. Los campos altos 
y tendidos que presenta en abundancia la misma zona no se abastecerán de agua con fa- 
cilidad, pero la empresa de ir á buscarla á unos 20 ó 30 metros de profundidad no es 
tampoco como para desanimar á un estanciero inteligente. Esta circunstancia lo ha de obligar 
á erogaciones de alguna consideración al principio, y, lo que es más difícil, seguramente 
conseguir, á la adopción de aparatos perfeccionados. En cambio, el propietario será bien 
recompensado de sus gastos, y del esfuerzo intelectual y moral que se necesita para sepa- 



— XIX — 

rarse de rutinas tradicionales, por el vigor de su rebaño, la estatura de los animales, y las 
notables propiedades de la carne, como carne de consumo. Esto vale la pena de reempla- 
zar la patriarcal manga de cuero por un malacate y una bomba. 

Es probable que el modelo de pozos que ofrezca más ventajas consistirá en perforar, 
á pequeña sección, como si se tratase de un sondage, la piedra dura que forma el suelo, 
hasta encontrar la segunda capa acuífera, que es inagotable. Esta capa, que ha sido recono- 
cida, debajo de la tosca, en toda la provincia de Buenos Aires y en la de Entre-Rios,.se pro- 
longa probablemente hasta el Colorado. Suministra un agua muy pura y de igual temperatura 
en todos los tiempos, esto es fresca en verano, tibia en invierno. Esto basta para reco- 
mendarla. Evitaría para las haciendas una porción de enfermedades que les comunican las 
malas condiciones higiénicas de las aguas de charco que generalmente beben. Su uso no 
se ha generalizado en razón de la resistencia que oponen siempre á toda novedad las costum- 
bres arraigadas. La toma de posesión de una comarca donde escasean los depósitos na- 
turales de aguas llovedizas, hará aprovechar esta reserva de líquido, que presenta la abun- 
dancia indispensable á una ganadería adelantada. No será la primera vez que, bajo la pre- 
sión de la necesidad, los métodos progresistas hayan sido puestos en práctica, primero en 
rincones remotos y que no parecían destinados, por su grado de desarrollo, á dar el buen 
ejemplo á distritos mas prósperos. Es escusado agregar que el dia en que la República 
Argentina, saliendo paulatinamente del período pastoril, se trasforme en país agricultor, 
los terrenos calizos y abundantes en fosfatos de que se trata conquistarán una rápida su- 
perioridad sobre los terrenos gordos, pero casi desprovistos de sales minerales, donde la 
agricultura se ha implantado primero. Ciertos cultivos, la viña por ejemplo, encontrarán en 
los declives setentrionales de las colinas, una tierra de promisión. 

La zona de las arenas presenta, como hemos dicho, caracteres distintos según su altu- 
ra. Muy húmeda y cubierta de una exuberante vegetación en las partes bajas, es estéril 
en las partes altas, por las propiedades filtrantes del terreno, que deja al líquido sepultarse 
en sus entrañas. Pero aquí su estraccion es más fácil que en la piedra de cal, y no hay siquiera 
que hacer pozos, trabajo para cuya realización la tendencia de la arena á desmoronarse 
ocasionaría tanta incomodidad como la dureza del suelo en los campos anteriores. Hay 
que notar, en efecto, que el centro de los médanos, empapado de líquido, se encuentra á 
menudo á un nivel más alto que las partes adyacentes. Si se va á buscar el líquido 
con un tubo de sonda oblicuo, el agua correrá por la salida que se le ofrece. El aparato 
constituiría una especie de pozo abisinio horizontal, ó más bien ligeramente inclinado de 
arriba abajo, lo que evita el empleo de una bomba. La gravedad es suficiente para ha- 
cer salir el agua. Es un manantial artificial dispuesto exactamente del mismo modo que 
los manantiales naturales. 

Como para los sondajes de que se acaba de hablar, esta idea naturalmente no podía 
ocurrir á indios, y tenemos ahí una de las mil consideraciones que demuestran en qué error 
se incurriría al declarar que campos donde éstos no podían mantenerse han de ser de difí- 



— XX 



cíl esplotacion para los Argentinos del siglo XIX. Es evidente que en una gran parte 
de las llanuras recien abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que 
el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. 
Tero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para trans- 
formar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de pro- 
porción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora ¡ por otra parte, que la 
superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del 
porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores 
títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se 
han quitado éstas á la raza estéril que las ocupaba. 

No aparece con menos evidencia la necesidad de correjir por medio del arte y de la 
ciencia, lo que la naturaleza ha dejado imperfecto ; cuando se considera el valle del Rio 
Negro, y de todos los puntos de la Pampa éste es quizá donde con poco esfuerzo se pue- 
den realizar las mas trascendentales mejoras. 

El valle, ancho de unas dos leguas en ciertas partes, estrechado en otras entre altas 
barrancas que llegan hasta la misma ribera del rio, está formado de un suelo liviano de 
aluvión, compuesto especialmente de arena. Las barrancas, y los terrenos altos que se 
estienden á derecha é izquierda, están formados también de arena, medio solidificada en 
las capas inferiores, hasta formar un asperón tierno y permeable, y suelta en la parte 
superior. 

La feracidad del valle es admirable, su clima templado, aún en invierno, porque las 
barrancas inmediatas lo preservan en parte de la acción de los vientos. La naturaleza sílico- 
calcarea del suelo proporciona á los productos agrícolas calidades de que daremos una 
idea diciendo que, de toda la Provincia de Buenos Aires, es el solo punto donde se puede 
obtener cebada propia para la fabricación de la cerveza, é igual á la de Chile. El trigo, 
las frutas de aquellos parajes, son ya célebres ; la composición del suelo es análoga á la 
del suelo de Mendoza. Esto basta para indicar qué recursos ofrece para una ganadería 
adelantada. 

Otra provincia de Mendoza, pero una provincia regada por un majestuoso rio nave- 
gable, y en contacto con este camino que comunica con el Océano, se formará seguramente 
con el tiempo á orillas del Rio Negro. 

Para obtener este resultado, hay que preservar las primeras colonias que se formen 
de los efectos de las inundaciones, y que perfeccionar las condiciones del Rio Negro como 
arteria navegable. 

Las inundaciones son debidas á las grandes crecientes que sobrevienen en el momento 
del derretimiento de las nieves en los Andes. El agua llena entonces todos los brazos 
falsos que ocupaba antiguamente el rio en el fondo del valle, y todas las paites invadidas 
se vuelven en el acto muy pantanosas, por la misma lijerezad le terreno, incomunicando las 
partes intermedias que no están cubiertas por el líquido. 



— XXI 



Sería demasiada ambición, al mismo tiempo que una medida poco acertada, tratar de 
suprimir del todo las inundaciones. Son un elemento indispensable de la fertilidad del 
valle, pues el rio le suministra un riego y un colmatage parecidos á los que han dado su 
reputación benéfica al Nilo, cuando sus inundaciones son moderadas, si bien destruye las 
cosechas en las crecientes extraordinarias. Pero hay que reducirlas á proporciones menos 
desastrosas, con algunas obras de defensa en la ribera, en las partes donde ésta presenta 
grandes depresiones por donde se engolfa el caudal de agua.. 

Hay otra consideración más importante todavía. Como el valle no presenta bastante 
superficie cultivable para el porvenir á que parece llamado, es indispensable que el hombre 
se posesione de los campos mas altos y estremadamente secos que lo rodean, y los obli. 
gue, por medio del riego, á volverse fértiles. La navegación del Rio Negro, para ser prác- 
tica, regular y barata, necesita la supresión de canales inútiles, la concentración de las 
aguas, en varios puntos de su curso. La corriente irregular y fuerte, las curvas muy pro- 
nunciadas que forma el cauce, son circunstancias que el arte debe combatir. Por otra parte, 
el puerto de San Antonio, cuyas ventajas marítimas son verdaderamente admirables, está 
circunvalado y separado del Rio Negro por campos donde el agua dulce no aparece á la 
superficie, y no brotará de tierra sino á costa de sondages bien dirigidos. 

Sería una puerilidad tratar de ocultar estos inconvenientes, y es preciso considerarlos 
resueltamente con ánimo de vencerlos. Los esfuerzos que se harán en ese sentido tendrán 
resultados bastante importantes para que no sea permitido desmayar en tan trascendental 
empresa. El Rio Negro es para la población de la parte meridional del continente lo que 
ha sido el Rio Paraná para la ocupación y el desarrollo de las comarcas mas centrales, 
Hay dos diferencias que mas bien están en favor del Rio Negro. La primera es que si 
éste tiene una entrada más difícil y un caudal menor de agua, posee á inmediaciones de 
su embocadura un puerto como la bahía de San Antonio, que es capaz de responder á las 
exigencias de la navegación de ultramar la más activa. ¿Quien podrá calcular qué entorpeci- 
miento ha producido para el desarrollo de las provincias litorales del Paraná la falta de un 
buen puerto en Buenos Aires? La segunda diferencia entre el Paraná y el Rio Negro, es 
que los afluentes del primero se internan en comarcas tropicales, dejando á un lado las 
regiones templadas donde la población tiene mas probabilidades de multiplicarse, mientras 
que los afluentes del Rio Negro y este mismo, en su dirección general, cortan el conti- 
nente casi según una dirección normal á su línea media, y representan el camino mas 
corto, no solamente entre los ricos valles andinos y el Atlántico, sino también entre los pue- 
blos ribereños de los dos océanos que bañan ambos lados de América. Si los Americanos 
del Sur deben dar algún dia al universo el grandioso espectáculo que le han dado los Es- 
tados-Unidos, ligando el Pacífico con el Atlántico por medio de un ferro-carril, es indiscu- 
tible que, sino la única, á lo menos la más corta y menos costosa vía férrea que realizará 
el pensamiento arrancará del Puerto San Antonio y se alejará poco en su trayecto del 
valle del Rio Negro, cuyos elementos de prosperidad aprovechará decuplándolos. 



XXII 



Tales proyectos pertenecen á un porvenir muy lejano, convenido ; pero la configura- 
ción topográfica que permite ya sentarlos como probables tiene consecuencias inmediatas 
que es conveniente estudiar. Lo que debe hacer considerar ese trecho de continente como 
un camino natural, mas ó menos concurrido y perfeccionado según los progresos sucesivos 
tic esos territorios, del comercio interoceánico, es el conjunto de circunstancias siguientes : 
existencia de un puerto de ultramar escelente, disminución del ancho de la tierra firme 
que reduce á un mínimum el trayecto por tierra, disminución de la elevación de la Cordi- 
llera en esa latitud, revelada por la disposición de las corrientes de agua á la primera ins- 
pección del mapa, indicada esperimentalmente por la frecuencia y la antigüedad de las re- 
laciones entre los pobladores de ambos lados de los Andes en esas alturas. 

Todo esto debe hacer de la región del Rio Negro el objeto de la preferente atención 
del gobierno argentino. Lo que se deduce de estas consideraciones es que en ningún pun- 
to la Cordillera ofrece á los pobladores ventajas mas decididas que en el País de las Man 
zanas, ocupado todavía por los últimos restos de los salvajes, pero cuya conquista es una 
consecuencia obligada, un corolario indispensable de la ocupación del Rio Negro. Menos 
elevado que las partes culminantes de los Andes, abrigado por éstas, participando de la fe- 
racidad y diversidad de suelo que ofrecen las montañas al poblador industrioso, preservado 
de las severidades de clima que las montañas originan, á corta distancia del mar, está, co- 
mo topografía y climatologia, en condiciones muy superiores á las que presenta Suiza, y que 
han contribuido tanto á hacer figurar á los habitantes de la Confederación Helvética entre 
los mas adelantados y los mas felices de Europa. 

De ese punto favorecido, la población podrá estenierse al Sur, sobre las vertientes de 
la Cordillera, y avanzar paso á paso en los valles que de ella se desprenden y se adelan- 
tan mas ó menos en los desiertos patagónicos. Es el solo modo de derramarla sobre esa 
vasta y poco hospitalaria comarca, defendida por el lado del mar por la aridez de sus me- 
setas mas recientes, apenas emerjidas del océano. Por mas estraordinario que esto parez- 
ca, á primera vista, un siglo de dolorosas esperiencias y la opinión unánime de todos 
los esploradores, obliga á llegar á la convicción que, para penetrar en Patagonia, hay que 
dar la vuelta por el valle del Negro y embestirla por las espaldas. Atacarla de frente 
es esponerse seguramente á estrellarse contra la mas terrible de las defensas naturales, un 
desierto árido, en que ninguna colonia ha podido todavía tomar pié. 

¡Qué diferencia en el porvenir de la colonización si se le dá por base de operaciones 
en vez de un punto desolado de la costa en que ni agua potable se encuentra, el País 
de las Manzanas, cuyo solo nombre dice la natural feracidad, y cuyos bosques de robles, 
de araucarias, de pinos, han despertado en los mismos indios la idea de una región cscep- 
cional, cuna y último refugio de su raza, centro y llave de sus antiguas posesiones 1 

No se puede pensar sin sorpresa y sin una retrospectiva emoción, en las fatales conse. 
cuencias que hubiera podido tener el abandono en que tan valiosos territorios yacían aban- 
donados desde hace un siglo. Los Chilenos se habían seguramente fijado en el provecho 



— XXIII — 

que, dado el caso de una guerra, podían sacar del admirable camino del Rio Negro, 
abierto de par en par á sus tropas. Hasta la expedición, les hubiera bastado, en el momento 
de romper las hostilidades, lanzar un cuerpo de ejército por los pasos relativamente 
fáciles de la Cordillera, entre el Nauquen y el Limay, ocultar sus movimientos detrás de 
un telón de ginetes salvajes, que tenían entonces á su discreción, y que dominaban toda 
la Pampa Central, y de seguir tranquilamente el cómodo valle del Negro, para posesionar- 
se -de todo su curso, sin que fuese posible á los ejércitos de Buenos Aires impedir su ocu- 
pación, ni operar eficazmente contra ellos. 

Es casi indudable que este plan, sumamente peligroso para los Argentinos y que hu- 
biera puesto el objeto del litigio en manos del enemigo antes que se hubiese podido em- 
peñar combate, ha sido acariciado por el Estado Mayor chileno. No sería muy difícil 
encontrar en los reconocimientos hechos, en la política adoptada con los indios, traza de 
semejantes proyectos. Probablemente respondía á las mismas miras la indicación del Rio 
Negro como frontera posible, que el gobierno chileno se atrevió á dejar deslizarse en uno 
de los documentos de su diplomacia. 

La ocupación del Rio Negro y del Neuquen ha tenido como consecuencia inmediata 
el cambio completo de las situaciones estratégicas de ambos pueblos. Las facilidades que 
presenta el valle del Rio Negro para la marcha de un ejército no es ya un peligro para la 
República Argentina, y sería todo lo contrario para Chile que presentaría un flanco abierto, 
si la cuestión de límites tuviera que ventilarse á cañonazos. No queremos extendernos so- 
bre la posibilidad de un conflicto. El buen sentido práctico del gobierno de Santiago y 
la perspectiva de tener un ejército de invasión á dos pasos de una de las puertas mas acce- 
sibles de Chile, dan fundadas esperanzas de que se podrá conjurar la calamidad de una 
guerra. Pero podemos indicar que las consideraciones militares se unen en esta ocasión 
con las previsoras tendencias de una política de paz y de progreso económico para inci- 
tar á realizar lo mas pronto posible la población del Rio Negro y el desarrollo de todo 
el territorio adyacente. Es asegurar al ejército una base de operaciones sólida y poner á 
su inmediato alcance recursos inmensos para expedicionar, al mismo tiempo que tiende, y 
nos es mas grato insistir sobre este tópico, á enriquecer la República con una nueva pro- 
vincia, que figuraría entre sus mas prósperas posesiones. 

La creación de centros de población á orillas del Rio Negro concuerda igualmente 
con las sanas teorias de buena administración. Para hacerse sentir con facilidad y provecho 
á tanta distancia, la acción del Gobierno central debe ejercerse sobre aglomeraciones compac- 
tas cuya índole y cuyas ocupaciones ordinarias sean exactamente lo contrario de las cos- 
tumbres vagabundas de los nómades que vendrán á reemplazar. Importa establecer colo- 
nias, cuya existencia sea una garantía de paz y de exacta policía, en todos los puntos 
i 

donde tengan elementos de vida. Es el mejor y quizá el solo modo, de dominar un tan 
dilatado territorio. 

¿ Se deduce de esto que todo el Rio Negro debe formar un solo cordón de colonias ? 



— XXIV — 

De ningún modo. En primer lugar, porque no hay bastantes colonos para rellenar todo 
el trecho y porque, mientras se tengan los necesarios, mas vale poblar una porción del 
terreno en estancias que decretar el vacío alrededor de las colonias primeramente for- 
madas. En segundo lugar, porque ni toda la tierra del Rio Negro se presta para cultivo, ni se 
pueden hacer de golpe los gastos necesarios para convertir en tierras de cultivo, por medio 
del riego, las partes altas que pueden utilizarse desde luego en ganadería. Enfin, porque 
no es solo el Rio Negro el punto que necesita colonias para la perfecta seguridad y de- 
bida explotación del terreno conquistado, y que es preferible diseminarlas sobre tan inmen- 
sa superficie. Algunas colonias colocadas en los puntos mas favorables, separadas por ter- 
renos de estancia, pero vigorizadas por trabajos de irrigación ejecutados bajo la dirección 
del gobierno, obras tendentes á facilitar la navegación del rio, y á poner en servicio y en 
relación fácil con el valle del Negro el puerto de San Antonio, tales son las medidas que 
parecen las más aparentes para sacar por ahora partido de las ventajas que el valle 
ofrece, y para preparar el brillante destino que le está indudablemente reservado. 

No hemos podido tocar sino los puntos más culminantes de una cuestión que para la 
República Argentina es de vida ó muerte, que ha pesado de un modo ruinoso en el pasa- 
do, sobre su fortuna y sus relaciones exteriores, y que está estrechamente ligada con 
las esperanzas que inspira su porvenir como nación. Lo poco que hemos dicho ser- 
virá á lo menos para mostrar la importancia de los resultados obtenidos y lo arduo de las 
tareas que quedan por hacer afin de completar la jornada. Dentro de muy poco, la empre- 
sa militar que era como el primer acto de la apropiación del desierto á las galas de la ci- 
vilización, habrá concluido, después de haberse desarrollado de triunfos en triunfos, con la 
conquista del País de las Manzanas y la captura de los últimos caciques que lo habitan. 
La obra de la administración va á principiar, no menos difícil, no menos gloriosa. Estamos 
en frente de un continente virgen. ¿Será la morada de un gran pueblo cosmopolita, formará 
los Estados Unidos del Sur? ó bien languidecerá mucho tiempo en los limbos de la civli- 
zacion, apenas notado en el concierto de los pueblos por el envió de algunos cueros á 
los mercados extrangeros? De la solución que se dé á los problemas gubernativos que ofre- 
cen á nuestras meditaciones la reciente conquista del desierto y la organización de nues- 
tras nuevas posesiones depende, en parte, la respuesta á tan grave cuestión. 



PRIMERA PARTE 



ZOOLOGÍA 



CON 4 LAMINAS 



ZOOLOGÍA 



TOE EL 



D. R D. ADOLFO DOERING 



con la colaboración del 



D. R D. CARLOS BERG y de D. EDUARDO L. HOLMBERG 



Debido á la circunstancia de ser los territorios litorales del Sur de la Provincia de 
Buenos Aires y de la Patagonia setentrional, de fácil acceso á los esploradores, su fauna 
ha sido, relativamente, bien estudiada, siendo conocida ésta particularmente por los 
viajes de esploracion de Alcide D'Orbigny (1828-29) y de Charles Darwin (1833). 

Ambos han hecho sus escursiones desde Bahía Blanca hacia el interior de la pampa 
meridional y han recorrido las riberas litorales del Rio Negro. Los respectivos trabajos de estos 
sabios viajeros se hallan incluidos en sus obras clásicas, umversalmente conocidas, y sus colec- 
ciones, especialmente las de vertebrados, han sido tan completas, que casi nada nuevo 
ha quedado posteriormente por descubrir. 

GERMÁN BüRMEISTER 1 ,en la parte zoológica de su obra general sobre la Repú- 
blica Argentina, y en varias publicaciones zoológicas en los periódicos del ramo, sumi- 
nistra numerosos datos acerca de la fauna de la Patagonia setentrional y de la pampa 
meridional. 

Uno de los más eminentes observadores ornitólogos de esta República, W. H. HüD- 
SON, recorrió las márgenes del Rio Negro (1 870-71), publicándose algo de sus observaciones 
por P. L. SCLATER 2 , cuyo trabajo hemos podido utilizar para completar nuestra lista 
de las especies pertenecientes á las márgenes del Rio Negro. 

Deben mencionarse también los numerosos datos, relativos á la fauna de aquellas regiones 
consignados en las importantes obras de Pellegrino Strobel 3 , y, además, los viajes de 
F. P. Moreno i . El último visitó las inmediaciones de Bahía Blanca, entró hacia el in- 
terior, hasta cerca de Salinas Chicas, y recorrió el antiguo camino de los Indios, á lo largo 
de los Ríos Negro y Limay, hasta el lago Nahuel-Huapí en la falda oriental de la Cor- 
dillera; pero es de deplorar que este muy apreciado antropólogo no haya viajado en 



(1) G. Burmeister, Descripción física de la República Argentina, T. V. Lepidoptera. Buenos Aires 
1878. (El único tomo de la parte zoológica aparecido hasta ahora.) Numerosas publicaciones zoológicas en la 
«Stettiner] Entomol. Zeit.», y en otros periódicos del ramo. 

(2) P. L. Sclater, On the birds of the Rio Negro of Patagonia. By W. Hudson, Proc. Zoo!. Soc. 
1872, p. 534 ss. 

(3) P, Strobel, Materiali per una malacostatica di térra e d'acqua dolce delV Argentinia Meridio- 
nale. Pisa, 1874. Varias publicaciones antropológicas del mismo y diversas entomológicas relativas á la colec- 
ción de Strobel, por Mayr, Rondani, etc. en las «Atti della Soc. di St. Nat. di Modena», etc. 

(4) F. P. Moreno, Viaje á la Patagonia austral. T. I. Buenos Aires, 1879. 



- 4 — 

calidad de zoólogo especialista, siendo muy incompletos los datos zoológicos que en el primer 
tomo de su obra suministra acerca de aquellas regiones, por él recorridas. 

Algunos datos relativos á especies patagónicas se hallan en las publicaciones de E. LYNCH 1 
y de E. L. Holmberg 2 . A este último naturalista, autor de la porte aracnológica y de 
las láminas zoológicas de esta obra, debemos también nuestras gracias por la participación 
activa que ha tomado en la redacción de esta publicación. 

Con la prolijidad con que D'OrBIGNY y Darwin observaron la fauna de los vertebra- 
dos, moluscos, etc., ha estudiado Carlos Biírg 3 , en varias escursiones por las sierras déla 
pampa meridional y por las margenes litorales del Rio Negro, etc., la fauna entomológica de 
una gran parte de las mismas regiones. Es sensible que este naturalista no haya publicado un 
resumen general completo de sus observaciones, las cuales se hallan esparcidas en sus diver- 
sas publicaciones especiales sobre la entomología argentina. Le agradecemos el interés 
que ha tomado en esta publicación, dedicándose al penoso trabajo de clasificar la colección 
entomológica recojida durante nuestra campaña. 

Después de estas lijeras indicaciones, conviene recordar aquí algunos datos relativos 
á los antecedentes de las siguientes contribuciones al estudio de la Zoología de las men- 
cionadas regiones, debiéndose consultar, para mejor conocimiento del caso, la parte histó- 
rica de esta obra 4 . 

Acaba de realizarse, á principios de este año, uno de los más importantes aconteci- 
mientos en la historia moderna de los Países del Plata. 

Los vastos territorios del Sud-oeste de la República Argentina central, con un área de 
más de 15.000 leguas cuadradas, estaban abandonados, hasta los últimos tiempos, al 
dominio de los salvages de la Pampa. Las comarcas limítrofes de las provincias de 
Buenos Aires, Córdoba, San Luis, etc. gemían, desde há siglos, bajo la presión de las 
invasiones de esos hijos del desierto y cada iniciativa civilizadora, cada paso progresivo 
hacia el límite de estas regiones, era inscrito en la historia con la sangre de innumera- 
bles víctimas, sacrificadas á la inclemencia del salvage. 

La esperiencia obtenida en el sistema defensivo de las sucesivas fronteras militares, de- 
mostró la insuficiencia de aquel, y la conquista definitiva de todos estos territorios, su so- 
metimiento á la mano fecunda del agricultor, fué un problema, un proyecto ventilado se- 
riamente en varias ocasiones, desde el comienzo de este siglo. Pero la falta de la suficien- 
te práctica y de conocimientos exactos, respecto de las condiciones de aquellas regiones y 



(1) E. Lynch Arribalzaoa, Catal. y Col. Holmb. en El Naturalista Argentino, T. I. Buenos Aires, 1878. 

(•1) E. L. IIoi.miikki:, Arácnilos Argentinos, Anal. d. agricult. T. IV, Buenos Aires, 1876. 

(::) ('. Berg, Ueber cine Expedition nach Patagonien. Petermann's Geogr. Mittheií., T. XXI, p. 3G4, 
ss. 187r>. Traduc. p. -Mr. Oust.u.et, d. 1. Revne Seientificrue, 187n, ¡1. 591-595 — Lepidoptera patagónica, Act. 
(1. 1. Acad. d. ('. Ex. I. 1875, p. 63-101. Suplemento, ibid. p. 155-158. — Beitraege z. d. Lcpidopteren Pa- 
tagoniens. Bul! . Sur. [mper. Nat. de Moscou, 1877, '1'. III, p. 122. — Contribución al estudio de la 
fauna entomológica de Patagonia. An. ti. 1. Soc. Científica Argentina, 'i'. 111, p. 87-10'i y 199-211, Buenos 
Aires, 1*77, etc. 

(-1) Una muy Inicua recopilación y resumen general sobre los acontecimientos previos á la espedicion del 
General Roca al llio Negro si' halla un la obra de E. S. Zkuau.os, La conquista de quince mil leguas, 2? 
edición, Buenos Aires, 1878. 



5 



del número y poder de sus habitantes, algo misteriosos por su vida nómade y peregrina, 
no ayudaban siempre á los iniciadores de semejantes proyectos, no pudiendo, por esto, ele- 
varse su, iniciativa sobre el nivel de esfuerzos infructuosos de una buena voluntad; — 
hasta que, por fin, uno de los gefes militares de esta República, prominente por su cono- 
cida circunspección y su esperimentado tino práctico, utilizó bien su permanencia en las 
fronteras del Sur, recopilando los datos necesarios para el estudio fundamental de di- 
cho proyecto. El Genera] D. Julio A. ROCA, consejero constante en el ministerio de 
guerra del Dr. ALSIXA y finalmente sucesor de este conocido patriota Argentino, había 
preparado así las condiciones necesarias para el éxito completo de dicho proyecto. 

Los indios residentes en estas vastas llanuras estaban presos, en su mayor parte, á 
consecuencia de preliminares operaciones militares de una estrategia bien calculada y 
hábilmente ejecutada, y se trataba de coronar la obra con una espedicion militar defi- 
nitiva, que recorriera simultáneamente, en diferentes subdivisiones, todas las comarcas del 
territorio hoy sometido, para desparramar los últimos restos de la población indiana y 
para trasladar definitivamente una nueva línea militar á lo largo de los Rios Negro y 
Neuquen, etc., frontera bien limitada y resistente por el auxilio de las ventajosas condicio- 
nes naturales de las mismas regiones. Esta espedicion, ejecutada durante los meses de Abril, 
Mayo y Junio de 1879, fué dirigida por el mismo General Roca, que se puso á la ca- 
beza del ejército en campaña. 

Este distinguido Argentino, deseando que la espedicion, además de su ilimitado alcance 
práctico, contribuyera al mismo tiempo al conocimiento exacto de la naturaleza de aquellas 
comarcas, invitó á diferentes naturalistas de este país, para acompañar, como comisión cien- 
tífica, al ejército espedicionario, incorporando r .e á la comitiva del General en gefe y del 
Estado Mayor. 

Tomaron parte en la comisión aludida, para la confección del diario y para el estudio 
botánico, el Dr. P. G. LoRENTZ, acompañado por su ayudante GUSTAVO NlEDERLEIN; y 
para el estudio zoológico y á la vez para reunir datos sobre las condiciones geológicas y 
agrícolas de aquellas regiones, el autor, acompañado por el inspector del Museo Zooló- 
gico de Córdoba, Fed. Sciiulz. 

La cruzada de nuestra división se hizo, desde el Azul, en dirección á la línea de la 
antigua frontera, llegando á Carhué y pasando á largo de la misma línea, hasta Nueva 
Roma, y cruzando el Rio Colorado hacia el Rincón Grande, antigua residencia de los caci- 
ques GüEUrE y MelicüRA. Hemos pasado por la ribera meridional del Rio Colorado hasta 
enfrentar los cerros graníticos de Choique-Mahuida, cruzando el territorio entreriano por el 
antiguo camino de los indios, hacia la isla de Choelechoel, en el Rio Negro, donde per- 
manecimos varios dias. El reconocimiento del Rio Negro, hacia arriba, nos llevó hasta la 
embocadura del Rio Neuquen, volviendo (rio abajo) á lo largo del Rio Negro, hasta el Fortin 
Conesa, donde nos esperaba el vapor destinado para nuestro regreso por el Carmen de 
Patagones. 

La estación invernal y la rapidez con que debía realizarse la espedicion militar, no 



— 6 — 

eran muy favorables á las observaciones zoológicas. Cuando llegábamos al Rio Negro, en 
los últimos dias del mes de Mayo, la Naturaleza estaba ya bajo la influencia de los frios 
hiemales: desde luego las colecciones, particularmente las entomológicas, no podian ha- 
cerse con el éxito que se hubiera deseado. Si, á pesar de estos inconvenientes, no fueron 
completamente infructuosos nuestros esfuerzos, ello es debido, en gran parte, al precavido 
gefe de nuestra espeüicion, que nos ayudaba en todo sentido, interrumpiendo también, á 
veces, las marchas rápidas, para dar tiempo á que la Comisión Científica hiciera sus es- 
ploraciones. 

Finalizada nuestra obra, séanos permitido depositarla sobre el altar de la ciencia, como 
una humilde corona de siempre-vivas, que sirva de conmemorativo del transcendental acon- 
tecimiento con que ella se liga. Será un eslabón más de la cadena que vincula á los pue- 
blos verdaderamente cultos, frente á ese altar sagrado de la verdad, á donde no llega el 
espíritu airado de las pasiones políticas y sobre el cual se desvanecen fatalmente todas las 
nubes que pueden empañar el brillante astro que guia á la humanidad á la realización 
de sus más grandes y nobles aspiraciones. 



Córdoba, Noviembre de 1879. 

Adolfo Doertng. 



I 

OBSERVACIONES GENERALES 

SOBRE LA 

FAUNA DEL TERRITORIO CONQUISTADO. 

POR EL 

D r D. ADOLFO DOERING 



51 carácter general de la fauna de un territorio siempre depende íntimamente de 
sus condiciones físicas, su hidrografía, formación geológica, etc., y, sobre todo, de la ve- 
getación correspondiente. Así, por ejemplo, los campos llanos de la pampa tienen sus 
organismos característicos; pero su fauna se modifica instantáneamente, así que llega á 
cambiar su fisonomía, v. gr., con la entrada de una vegetación arbórea. 

Para el propósito de nuestras observaciones y con el objeto de dar una lijera revista 
general, podemos dividir el territorio conquistado en las siguientes zonas zoogeográficas: 

I. REGIÓN DE LA PAMPA MERIDIONAL. 
i. El campo llano de la pampa. 

2. Las sierras de la pampa meridional. 

3. Los esteros y lagunas dulces. 

4. Las lagunas saladas. 

II. REGIÓN ENTRERIANA DE LA PATAGONlA SETENTRIONAL. 

1. El territorio de las matas y arbustos patagónicos. 

2. Los rios y lagunas adyacentes. 

III. REGIÓN CENTRAL DEL MONTE. 

IV. REGIÓN DE LAS FALDAS ORIENTALES DE LA CORDILLERA. 

Como las dos últimas regiones limítrofes de la Cordillera no son conocidas aún ridr 
observaciones directas (esceptuando unos datos incompletos de Molina), debemos pres- 
cindir de entrar aquí en una descripción zoológica de ellas. Se conoce bien, en cambio, r , c 
los territorios litorales, la fauna de los tnoluscos y vertebrados, siendo estas divisir , nes 



— 8 — 

aquellas sobre las cuales, con una base más autorizada por observaciones propias, podemos, 
también nosotros, estendernos en las siguientes consideraciones generales sobre la fauna del 
territorio conquistado. 

Es de suponerse que la fauna de la región central del monte, es decir, de las den- 
sas selvas de espinares, sea más ó menos idéntica con la de las provincias de Cuyo, 
como v. gr. la de Mendoza, la cual es perfectamente conocida, y, según lo ha compro- 
bado ya SCLATER, muy análoga á la del Rio Negro. Seguramente no existe una diferen- 
cia notable entre ambas, como tampoco existe en el carácter de su vegetación, quedando 
solamente por esperar la entrada de muchos elementos zoológicos que habitan las selvas 
de espinares (con árboles altos) en las provincias centrales de la República. 

En la fauna de la región andina, indudablemente, hay que encontrar muchos de los 
elementos bien conocidos de la fauna chilena. 

L REGIÓN DE LA PAMPA MERIDIONAL. 

Nos referimos aquí á la pampa situada al Sur del 37 o de latitud. Ella se estiende 
desde la costa atlántica hasta el 65 o longitud O. Greenw. más ó menos, hallándose allí limi- 
tada, al O, por la región central de las densas selvas de espinares y hacia el Sur (apro- 
ximativamente como unas quince leguas al Norte de las riberas del Rio Colorado) por la 
región patagónica de los arbustos. 

Su conexión con la pampa setcntrional constituye la identidad con la fauna de esta. 
Las especies principales, en ambas, son por lo general las mismas; pero existe, sin em- 
barco una diferencia caracterizada por la disminución del número de ellas en las regio- 
nes mas templadas de la pampa meridional. Muchos elementos zoológicos que, en la 
pampa vecina de Buenos Aires, etc., son apariciones frecuentes y constantes, faltan ya 
en los territorios meridionales ó no pertenecen á las normales características. 

El carácter general, monótono y estereotípico de las pampas sud-americanas no 
deja de reflejarse también en esta pampa del Sur. Sin embargo, ya ofrece allí una dife- 
rencia notable con la del Norte, constituyéndose alguna variabilidad por la ondulación 
pronunciada de su superficie. Se nota fácilmente que esta ondulación y formación de 
colinas poco elevadas va acompañada de una configuración análoga en la planicie 
superior de la interesante formación de tosca, que constituye el esqueleto, el verdadero 
fondo, ó sub-suelo, de todo este territorio de la pampa meridional. La zanja fronteriza 
que, con una estension de So leguas, atraviesa esta pampa de Sur á Norte, muestra la 
no interrumpida conexión de la formación tobácea, en el fondo del terreno, y la mayor 
parte de las numerosas colinas que existen cerca de Carhué, Puan, etc., generalmente desig- 
nadas como médanos no son médanos en su acepción estricta, sino mas bien colmas 
de tosca, cubiertas, como todas las otras comarcas vecinas de la pampa, por una capa 
de tierra suelta, vestida de vegetación gramínea. 



— i) — 

Esta capa de tierra fina, que constituye el suelo cultivable asentado sobre la formación 
tobácea, es de l- á 3 metros de altura. Su calidad algo arenosa es característica y casi 
general en todos estos terrenos del Sur, a diferencia de los del Norte, donde predo- 
mina un terreno más compacto y gredoso, no existiendo, por lo demás, ese fondo só- 
lido tobáceo en las capas superiores del suelo. Esta formación de tosca juega un im- 
portante papel sobre las condiciones hidrográficas de la pampa meridional, dependiendo 
de su existencia la abundancia de lagunas y esteros en la misma, produciéndose en igual 
grado alguna modificación insignificante en el carácter estertor de la vegetación pampeana. 
No obstante, puede decirse, en general, que la región aludida se halla enteramente cubier- 
ta por una vegetación graminosa, mas ó menos análoga a la de la pampa setentrional 
con las modificaciones que producen los numerosos parajes con aguas estancadas y con su 
vegetación mas vigorosa, pero siempre desprovista de árboles. 

Recien, más al Oeste, aproximándose á ia verdadera formación central de ¡as selvas de 
espinares, cerca de Trenel, Loan, Salinas, etc., principian a entrar, en esta formación, 
grupos de árboles ó de arbustos, que luego dan paso á !a formación de las selvas cen- 
trales. 

1. EL CAMPO LLANO DE LA PAMPA. 



Los vertebrados que caracterizan esta región pertenecen :i las siguientes especies: 



MALOJAL] 

Dysopes brasiliensis, Is, Geof. 
Canis A/.arae, Wat. 
Galictis vittata, L. 
Mephites patagonicus, Liclit. 
Lagostomus trichodactyras, Br. 
Ctenomys (magellanicus, Bemt) 
Cavia leucopyga, Br. 
Mus elegans, Wat. 

A V E S 

Atitlius correndeta, Vieill. 

« furcatus, D Orb. 
Troglodytes furvus, Gm. 
Progne purpurea, I!"j«'. 
Alticora cyanoleuca, Vieill. 
Hirundo leucorrhoa, Vieill. 
Zonotrichia pileata, Bodd. 
Chryspmitris barbata, Mol. 
Sycalis arvensis, Kittl. 
Mblothrus bdnariensis, Gm. 
Sturnella Defilippii, Bp. 
Taenioptera dominicana, V. 
( « variegata¡ D'Orb.) 
( « nengeta, Vieill.) 
( « coronata, Vieill.) 

rubetra, Burm. 
GeDsitta cunicularia, Vieill. 
Upucerthia dumetoria, G£r,D Urb. 
Ciuelodes fuscus, Vieill. 



A 

.Mus gracilipes, Wat. 
« bimaculatus, Mal. 
« brasiliensis, Wat. 
Cervus campestris, Cuv. 
Dasypus villosus, Desm. 
<' minutas, Desm. 
« conurus, Geoffr. 
Praopus hybridus, Desm. 

Colaptes agrícola, Mullí. 
Connri s patagonus, Vieill. 
Xoetua cunicularia, Mol. 
Strix perlata, Licht. 
(Circus macropterus, Vieill.) 
(Buteo erytlironotus, King.) 
(Elanns leucurus, Vieill.) 
Tinnunculus sparverius, L, 
Milvago Chimango, Vieill. 
(Polyborus tliarus. Mol.) 
(Cathartes at ratas, Bartr.) 
Theristicus melanopis, Gm. 
Columba picazuro, Temm¡ 
Actiturus longicauda, Beclist; 
Thinocorus rumicivorus, Kselu 
Eudromias modesta, l.ieht. 
Bhynchotus rufescens, Temm. 
Xiitlnira maculosa, Temía. 
Bhea americana, Ltb. 



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AMPHIBIA 

Acrantus viridLs, Wagl. Liophis Merremü, M'ag'. 
Proctothretus Darwinü, Bell. « Reginae, L. 

Weiginannii, Bell. Goronella pulchella, Bibr. 

multimaculatus, Bell. Heterodon Orbignyi, Dum. Bibr. 

pectinatus, Bell. Pliryniscus mgricans, Wigm. 

Ameiva longicauda, Bell. Hyla agrestis, Bell. 

En el cuadro de la vida animal que se imprime en la memoria del viajero durante 
sus cruzadas diurnas por la pampa meridional, los mamíferos hacen un papel muy insigni- 
ficante. En su mayor parte, ellos viven retirados y ocultos, generalmente en los densos 
pajonales de las regiones palustres. 

Una figura característica, frecuentemente observada, es el ('anís Azarae. Practica 
sus cacerías de noche y de dia, y se le encuentra ocupado con preferencia en ras- 
trear las perdices. Las persigue tan tenazmente, que, como nosotros lo hemos observado 
una vez, en el momento en que la perrada lo tenía acosado, viendo una perdiz que se le- 
vantaba delante de él, dio un salto al aire en persecución de la misma, movimiento cuya 
demora lo entregó en un instante á su trájico destino. Su carrera no es lo mas rápida, 
y, lejos de su cueva, casi siempre perece, huyendo de los perros. 

Una manada del Cervus campestris ofrece siempre, á ia vista de los viajeros, un cam- 
bio de perspectiva muy agradable. Pero es un fenómeno poco frecuente en el verdadero 
campo llano, siendo mas abundante en los territorios ondulosos, como particularmente en 
las inmediaciones de las Sierras del Azul, Currumalan, etc. El pálido color gredoso pla- 
teado de su cuerpo, forma un agradable contraste sobre la verde alfombra del suelo; pero 
sus movimientos, lo mismo que su cuerpo algo pesado, quitan al animal esa gallarda fi- 
gura que observamos en los venados del viejo mundo. 

En la pampa meridional, se nota visiblemente la escasez de la vizcacha ( Lagostomus 
tricliodactylus ), como también la de su compañera, la Nociua cimicularia. La primera, 
cuyo límite de distribución alcanza hasta el Rio Colorado, se observa aún frecuentemente en el 
Norte de la pampa meridional, pero deja ya de ser una aparición diaria en las comarcas 
del Sur. 

En el Sur de la Sierra de la Ventana, llaman mucho la atención del viajero los 
abundantes montoncitos de tierra, procedentes de las cuevas del "oculto" [Ctt-nomys ma- 
gellaniciis), recordándonos este animal, con su vida subterránea, los topos del viejo mundo. 
Es menester aún comprobar si la especie de la pampa meridional es realmente idén- 
tica con el Ct. magellanicus de la formación patagónica, cuya voz, según Dakwin, ofrece 
alguna diferencia con la de aquella. 

De los murciélagos, abunda mucho en Bahía Blanca, según ei Sr. HoLMBERG, el 
Dy sopes brasiliensis. 

Entre las diversas especies de Desdentados, la "mulita" [Praopus hybridus) es in- 
dudablemente la mas frecuente en la pampa meridional, encontrándosela, á veces, recor- 
riendo los caminos y los sitios algo quebrados. En los mismo j lugares se encuentran 



- 11 - 

también las demás especies del referido grupo, las cuales han ofrecido siempre un recurso 
esqaisito á los indios antiguos y á los actuales habitantes de la pampa. 

Entre las aves de rapiña, el Milvago Chimango es indudablemente la aparición más 
vulgar en la pampa meridional, mucho más abundante que el Polyborus tharus, que ge- 
neralmente se observa recien al aproximarse el viajero á alguna laguna, de la misma 
manera que el Elanits leucurus, el Circus macropterus, el Butco erythronotus, etc. El 
último abunda durante la estación de invierno, en que se le observa en todos los 
estados de edad y de colorido. Los ejemplares viejos, con el blanco de nieve de la parte 
inferior, suelen llamar mucho la atención de los que recorren esta comarca. 

El Conurus patagonas, la Stri.v perlata y, entre los cantores, el Troglodytes furvus, 
la Atticora cyanoleuca, la Cotylc leacorrhoa y la Progne purpurea, sólo se hallan en los 
sitios barrancosos, y los últimos, á veces, en las habitaciones también. Se observan las 
dos especies de Anthus: el A.furcatns y el A. carrendera, pero siempre en escaso nú- 
mero de individuos, levantándose uno que otro casi de entre las patas de las cabalgadu- 
ras; — son mucho menos abundantes que en la pampa del Norte. 

De la Zonotrichia pileata se observa una que otra pareja en la pampa llana, pero 
con mayor frecuencia en los lugares algo quebrados, donde anida en las matas de paja. 
Las bandadas de Sycalis arvensis y de Chrysomitris barbata son probablemente huéspedes 
de la estación hiemal. Las especies de Taenioptera las he observado en las localidades 
próximas á las sierras pampeanas y algunas de ellas en el Sur también, al presentarse los 
precursores de una vegetación arbórea. 

En bandadas esparcidas sobre todo el vasto territorio de la pampa, se halla con 
frecuencia la hermosa Sturnella Dcfilippii, una de las aves más vivas y abundantes de 
estas regiones. Numerosos individuos lastimados se recojieron á lo largo de la línea 
telegráfica, en cuyo estado caen generalmente víctimas de las aves de rapiña. Con la 
aproximación á las regiones de la formación patagónica y de las selvas de espinares, 
al S. O. de Carhué, esta especie está sustituida por la « loica {Sturnella militaris) es- 
pecie sumamente parecida á la otra, diferenciándose sólo por el color blanco de sus cu- 
biertas axilares interiores. 

Una de las especies mas frecuentemente observadas es la Gcositta cunicularia. Donde 
hay algún sitio desnudo de vegetación, por ej., en aquellos en que abundan los vizcache- 
rales y particularmente á lo largo de los caminos pisados, se hallan algunas parejas de 
esta especie, una de las alondras mas vivas y alegres, corriendo con rapidez sobre el 
suelo desnudo, ó volando otras veces, persiguiéndose uno á otro y ostentando el pro- 
nunciado color ferrugíneo de la base de sus alas. En el verano se oye á menudo su 
canto particular, que nos recuerda la risas alegres de una criatura. 

Como huéspedes estraños se presentan de vez en cuando, en la verdadera pampa, 
algunos individuos asociados de la bandurria mora [Ibis melanopis). En realidad, ellos 
pertenecen más bien á los sitios paludosos, pero también suelen andar buscando insectos 
en el campo seco, volviendo de noche á su palustre domicilio. 



— 12 — 

Entre las especies pertenecientes á la familia de los Limicolac, hay dos verdaderos 
habitantes característicos de la pampa, aunque prefieren siempre los sitios algo húmedos. 
El Thiiwcoms rumicivorus que casi parece, por la configuración de su pico y de sus pa- 
tas, intermedio entre la paloma y la perdiz, se halla siempre en sociedades de 5 á 50 in- 
dividuos, durante la estación hiemal, particularmente en los lugares donde abundan yuyos 
con semillas y una gramilla corta en vez de paja larga. Son animalitos mansos y con- 
fiados, que corren por la alfombra del suelo, completamente con las costumbres de la pa- 
loma. Nos actreamos y el individuo más próximo deja oír un suave silbido de alarma. 
Al instante todos los compañeros vecinos se dan por avisados, agazapándose momentá- 
neamente entre la paja ; el primero se levanta emitiendo un grito particular y toda la 
bandada le sigue al instante, mostrando luego en el vuelo su figura particular, completa- 
mente parecida a la de los chorlitos. Generalmente no vuelan lejos; sólo dan unas cuanta; 
vueltas y descienden otra vez á la playa vecina. 

Semejante en todas sus costumbres es el ¿batitú (Astiturus longicauda) ; pero me ha 
sorprendido su escasez en los territorios de la pampa meridional, sea esto ocasionado por la 
circunstancia de que prefiere mas bien los lugares con alguna vegetación de arbustos, ó por- 
que durante la estación hiemal abandona dichas comarcas. Sólo alguna vez he oido su grito 
sonoro y penetrante, en las noches claras, mientras daba el sus vueltas en el aire. Es un 
animal algo mas arisco que la especie anterior, particularmente en la estación en que no 
anida, y corre por el suelo con la habilidad de la perdiz, escapándose con vuelo de zig-zag 
así que se acerca el cazador. 

Lo más característico del territorio llano de la pampa, entre todas las aves que habitan 
en ella, son, indudablemente, los dos representantes de la familia de los Tinamidae . 

La Nothura macitlosa, "perdiz chica," se halla propagada en esta región como en 
la pampa setentrional y no falta en ningún lugar apropiado. Es un habitante de las 
verdaderas planicies con paja alta \Stipd), donde a cada instante la encuentra en parejas 
el viajero que cruza estas regiones. Cuando se la rodea un cierto número de veces, se 
agacha y entonces es fácil cazarla con cualquier arma primitiva. Durante las marchas 
cansadoras, nos solíamos entretener en cazar docenas enteras, sin emplear otra arma que 
el látigo, y los indios que nos acompañaron recogieron otras tantas con sus lanzas. 

Mucho menos frecuente es la especie grande, el Rhynchotus mfescens. Esta prefiere 
los lugares algo más húmedos, donde abundan las yerbas y pastos altos, particularmente 
en la vecindad de los esteros ó lagunas temporales. En invierno se encuentra general- 
mente en pequeñas familias. Es mucho mas arisca que la especie chica. Espantada, se 
aleja generalmente á distancias retiradas, formando en su vuelo ondulaciones serenas y 
muy hermosas, ostentando así el intenso color ferruginoso de sus alas. Hemos notado 
su presencia en el Sur, hasta en los alrededores de la Sierra de la Ventana. 

El cazador apasionado que deja las comodidades de la ciudad para buscar sus diver- 
siones en los lejanos campos de la pampa meridional, se siente tristemente sorprendido 
por la escasez de los grandes animales de caza, como la del venado y particularmente la 
de la Rhea americana. 



— 13 — 

Este verdadero habitante indígena y característico de los territorios de la pampa, 
propagado indudablemente en bandadas numerosas en los tiempos antiguos, ha sido diez- 
mado por las cacerías inclementes de los indios, de tal manera que, en la actualidad, per- 
tenece á los fenómenos raros. Se puede cruzar por dias enteros estos vastos campos, 
sin que un solo ejemplar ó rastro se ofrezca á la vista. Los únicos lugares donde 
abunda todavía son los distritos ondulados en los alrededores de las sierras pampeanas, 
como v. gr., cerca de Puan, etc. y de los distritos limítrofes de la región silvestre, 
como, por ejemplo, al Norte del Rio Colorado. 

Entre los anfibios, hay algunas especies, en escaso número de ejemplares, que de 
cuando en cuando llaman la atención del viajero. 

De los lagartos hay el Acrantus viridis, especie ágil, de color verde oscuio con 
manchas negras. Se halla también en los verdaderos campos llano 1 ;, en ciertos lugares 
con estipales, encontrándosele á veces parado, tomando el sol en los caminos y sitios des- 
nudos. 

En los parajes ondulosos se observa también el Proctothretus pcctinatus y cerca de 
Bahía Blanca descubrió DAR WIN el Pfoct. Weigmannii, el Pr. Darío i nü, el Pr. multima- 
culatus y la Ameiva longicauda. 

De las serpientes, las especies mas abundantes en los estipales, particularmente en 
la vecindad de las lagunas ó aguas corrientes, son: el Liopltis Mcrrcmii, de un color gris 
verduzco, bastante uniforme y una vívora venenosa, el Hctcrodon D 'Orbignyi, de color 
oscuro con pintas blancas y algunas coloradas y con cabeza hocicuda. En las grietas 
de las barrancas tobáceas de los arroyos, se halla, en lugares adecuados, uno que otro 
ejemplar del Lloplris reginac, y en los territorios ondulosos y quebrados, la hermosa 
Coronelía pulcliella, fácil de reconocer por la línea roja que presenta sobre el espinazo. 

Entre los batracios se halla, en ciertos lugares, una especie de Bufo, cerca de la 
costa el Pkryniacus nigricans y, en los valles de los rios, la Hyla agrestis. 

De las especies de moluscos, no hay ninguna que sea realmente habitante de la vasta 
llanura. En los territorios vecinos de las sierras pampeanas y aún en la llanura misma, 
hay uno que otro ejemplar del Borus Orbignyi y del Plagiodontcs patagónicas; en los 
sitios algo palustres y en las riberas de los arroyos, se encuentran las especies de Succi- 
nea, la i", meridionalis, la 5. rosarinensis, y, en el Sur, la S. magellanica también. 



2. LAS SIERRAS DE LA PAMPA MERIDIONAL. 

Las dos cadenas de sierras que, desde la costa atlántica, en dirección al N. O., sur- 
gen hacia el interior de la pampa meridional, la Sierra del Tandil desde el Cabo Corrien- 
tes y la de la Ventana desde cerca de Bahía Blanca, ambas con sus prolongaciones hacia 
el N. O. y sus demás ramificaciones secundarias, no se distinguen por una vegetación 
arbórea. Donde en ellas no sale á la superficie la roca cuarcítica desnuda, se ven cu- 



— 14 - 

biertas sus faldas por la misma especie de Stipa que viste la pampa vecina, aunque en 
las quebradas y lugares sombríos se nota la presencia de una vegetación particular, escasa, 
pero completamente diversa de la de la pampa. Algunos arbustitos pequeños del género 
Mimosa, por ej. la hermosa M. Rocae, Ni'ed. nov. sp., no se encuentran en suficiente abun- 
dancia, ni son tan exuberantes para que puedan desempeñar papel alguno en la modifi- 
cación del carácter general de la vegetación de estas regiones. 

Por esto es que la influencia y modificación que aquellas sierras ejercen sobre la 
fauna de los vertebrados, no es muy importante. Seguramente se nota, por ej., al entrar 
en ellas, la presencia y mayor abundancia de los venados, avestruces etc., y de muchos 
animales de rapiña, principalmente de las aves que no pueden habitar constantemente la 
pampa llana por la falta de sitios apropiados para sus nidadas. 

El Geranoaétus melanoleucvs es una aparición perpetua en estas sierras, durante todo 
el año; abunda mucho el Bateo erythronotus, el Cathartes atratus, ei Tinnunculus sparve- 
rius y otras especies más. Algunas aves, que son muy raras en la pampa, se hallan en 
mayor abundancia en estas sierras, como v. gr. el Colaptes agrícola, la Upuccrtliia dame- 
torta, la Mascisaxicola rubetra, la Taenioptera dominicana, el Troglodytes furvus, etc. 

Mucho más notable es la modificación que sufre la fauna de moluscos y demás 
animales inferiores. Hay mayor abundancia de especies é individuos de insectos y de arác- 
nidos, y la presencia de lugares sombríos produce una fauna particular de moluscos. 

En los sitios húmedos, alrededor de los ojos de agua, etc., se halla abundantemente 
el Limax argentinas y la Succinea vieridionalis y, en la Sierra de la Ventana, encontró 
Strobel la Sco/odonta argentina, Strob. 

En todas las colinas próximas á esta última sierra abundan el Plagiodontes patagónicas 
y el Boras Orbignyi, en la Sierra de Currumalan se agrega el Plagiodontes Rocae, n. esp., 
forma típica de la sierra. Una variedad del Eudioptus mendozanus, Strob., puebla, en so- 
ciedades considerables, las paredes húmedas de la arenisca cuarcitica de los Cerros Bavos 
del Azul, y otra nueva especie, el Eadioptas Avellfinedae, nob., se halla en la Sierra de 
Currumalan. Estas especies son formas características de las respectivas sierras y se las 
buscaría en vano en los vastos campos llanos de la pampa. 



3. LOS ESTEROS Y LAGUNAS DULCES Y LOS LUGARES PALUSTRES ADYACENTES. 

MAMMALIA 

Felis eoncolor, L. Canis juba tus, Desm. 

I'Ylis pajeros, Az. Myopotamus coypus, Cuv. 

Canis Azarae, Wat. 

A A* E S 

Aulláis correndera, Vieill. Agelajus tliilius, Mol. 

furcatus, D'Orb. Xanthosomus flavüs, Gm. 

Cistothorus platensis, Lath. Pseudoleistes virescens, Vieill. 

Poospiza aigronifa, Lafr., D'Orb. Lichenops perspicillatus, <¡iu. 

Donacospiza albifrons, Vieill. Centrites niger, Bodd. 

Embernagra platensis, Gm. Ptyonura eapistrata, Burm. 



15 — 



Serpophaga nigricans, VieilL 
Hapalocercus flaviventris, Laf 
Cyanotis Azarae, Licht. 
Ciuclodea fuscas, Vieill. 
Phloeocryptus melanops, Viei 
Synallaxis sulfurifera, Burm. 

" anthoides, King. 
( " flavogularis, Gould 
Circus macropterus, Vieill. 
Elanus leucurus, Vieill. 
Otus braehyotus, Forst. 
Árdea coooi, L. 

" egretta, Gm. 
Nycticorax Gardeni, Gm. 
Theristicus melanopis, Gm. 
Faleinellus igneus, Gm. 
Phoenicopterus ignipalliatus, 
Chauna chavaría, L. 
( Chloephaga magellanica, Gm 
( " poliocephala, Gr. ) 
( Cygnus nigricollis, Gm. ) 
« coscoroba, Mol. 

Hyla agrestis, Bill. 

Planorbis peregrinus, D'Orb. 
Succinea meridionalis, D'Orb. 
" rosarinensis, Doer. 



Querquedula cyanoptera, Vieill. 
r D'Orb. " flavirostris, Vieill 

versicolor, Vieill. 

Spatula platalea, Vieill. 
II. I (afila spinicauda, Vieill. 

" bahamensis, L. 

Mareca sibilatrix, P. 
). Itallus rythyrliynchus, Vieill. 

Fúlica armillata, Vieill. 
" leucoptera, Vieill. 

Vnnellus cayanensis, Gm. 

Eudromias modesta, Licht. 

Oreophilus totanirostris, Jard. 

Thinocorus rumicivorus, Esch. 

Himantopus nigricollis, Vieill. 

Gallinago paraguaiae, Vieill. 
Gi'r. Gambetta melanolcuca, Gm. 

Tringa dorsalis, Licht. 
. ) Limosa hudsonica, Lath. 

Larus cirrhocephalus, Vieill. 

Podiceps dominicus, L. 



AMl'IIIBIA 



MoL LUSCA 



Pyxicephalus americanus, D'Orb. 

L 

Chilina Parchappii, D'Orb. 
Palndestrina Parchapii, D'Orb. 



Al llegar el viajero á las regiones palustres y acuáticas, observa el rápido y agrada- 
ble cambio que sufre la fastidiosa monotonía de la pampa. Matas altas y aisladas de 
cortadera [Gynerium), esparcidas sobre la planicie, indican ya la presencia de aguas en el 
fondo del terreno; estas matas de cortadera pronto aumentan en cantidad, hasta que 
forman, á veces, densos pajonales en las inmediaciones de las lagunas. Fácilmente se 
nota la mayor exuberancia de la vegetación graminosa y herbácea en toda su circun- 
ferencia. 

Las lagunas mismas, en su orilla, se presentan cubiertas de una vegetación de totoras, 
juncos, etc.; en su interior se hallan suspendidas las especies de Potamogetón, Ceratopliy- 
llum, etc. y á veces, en la superficie, flotan la Atolla ó la Lemna. 

Mucho antes de llegar á la orilla de las lagunas, ya se observa, con agrado, una 
vida animal más agitada. 

Bandadas del Faleinellus igneus, Vanellus cayanensis, y, de vez en cuando, algunos indi- 
viduos de la Chauna chavaría, acusan desde lejos su presencia por sus gritos resonantes. 
Pero estas dos últimas especies mencionadas, representantes muy característicos y numero- 
sos en las regiones acuáticas de la pampa setentrional, desaparecen más y más hacia el 
Sur de la pampa meridional, donde la última especie apenas se encuentra. 

Entre las aves de rapiña hay algunas que son realmente características de las 
regiones palustres, sobre todo el Circus macropterus, el Elanus leucurus (sólo en escasos 



— 1G — 

ejemplares, en el Norte de la pampa meridional) y el O/us brachyotus, aunque estas 
especies estienden sus escursiones hasta el interior de la pampa. 

Desde muy lejos, se conoce por su particular vuelo pesado y por lo grosero de su 
figura, el mochuelo de los pantanos. Practica sus escursiones de dia y de noche, volando 
con vueltas particulares para arriba y abajo, descendiendo casi á tierra, elevándose 
otra vez, y deteniéndose por instantes en el aire con pesados aleteos. 

Mucho mayor elegancia en su figura y en su vuelo muestra el Circus macropterus, 
que se acerca á observar con curiosidad á los nuevos huéspedes, para alejarse otra vez y 
continuar volando y cerniéndose sobre los pajonales, en busca de sus presas. Todas las 
demás aves de rapiña, habitantes de la pampa, se hallan, por lo general, en mayor nú- 
mero de individuos, en la vecindad de les esteros y lagunas, por las mayores ventajas 
que estas ofrecen á sus cacerías. 

Al entrar en el distrito de los pajonales de Gynerium, se nota luego la presencia de 
algunos pequeños habitantes muy característicos. El Cistothorus platensis, muy parecido 
en sus costumbres á los representantes del aliado género Troglodytes, se levanta repenti- 
namente de una densa mata de Gynerium, huyendo unos veinte pasos hacia otra vecina, 
emitiendo alaridos penetrantes. Algunos individuos de la Synallaxis anthoides corren 
con mucha habilidad por la tierra húmeda. Al observar al cazador, esta avecilla se aga- 
cha y queda inmóvil por un instante y, huyendo de él, vuela cortas distancias, descen- 
diendo otra vez directamente sobre los espacios desnudos de los pajonales. Uno de los 
más frecuentes habitantes de éstos es la Embcrnagra platensis, ave poco arisca que, desde 
la cima de un penacho de Gynerium, nos observa con curiosidad, acompañándonos y re- 
pitiendo constantemente sus cortos silbidos insignificantes. 

La Poospiza nigrorufa nos deja sentir su presencia, aunque vive bastante oculta entre 
los pajonales ; pero pronto sale á la superficie así que observa algún ruido estraño en su 
vecindad. La Donacospiza albifrons, en cambio, vive más bien libre, encima de las matas 
ó de los manojos de Gynerium, teniendo la costumbre particular de levantarse perpendicu- 
larmente de tiempo en tiempo unos 10 metros, bajando otra vez hasta posarse sobre al- 
gún vastago sobresaliente. Esta especie sólo se halla en los pajonales grandes y estensos 
como también otra de Synallaxis, la Synallaxis sulfurifera, la cual, en sus costumbres, se 
asemeja á la Synallaxis anthoides. 

El Psaidolcistes virescens, hermosa ave de color amarillo intenso, con la cabeza y las 
alas oscuras, vive en alegres bandadas. Durante el dia estiende sus escursiones hasta el 
interior de ia pampa, volviendo las bandadas á la noche, para pernoctar en los pajonales 
y cañaverales de las lagunas. Asociada á él se halla alguna vez, en el Norte de la pampa 
meridional, una especie semejante y aún más hermosa, por tener también el cuello y la 
cabeza de intenso color amarillo, el Xanthoscmus jlavns; pero parece que no es muy 
abundante en aquellas regiones. 

En las localidades palustres de la prmpa, donde, en vez de los pajonales y cañave- 
rales hay sitios inundados, de naturaleza algo pantanosa y con corta vegetación graminosa 



— 17 — 

y herbácea, se encuentra generalmente alguna bandada del Falcinellus igneus, la «bandur- 
ria^ y, frecuentemente, en su vecindad, una pequeña familia, de individuos esparcidos, del 
Gallinago paraguaicz, la becacina. Se levanta produciendo un grito precipitado, dando en 
el aire vueltas en zig-zag, haciendo en seguida otras vueltas largas, y descendiendo sobre 
el pantano vecino. Durante la estación de primavera puede observársele un hábito par- 
ticular : haciendo el macho sus escursiones muy arriba en el aire desciende repentinamente 
algunos metros, produciendo un sonido estraño y emitiendo tonos como la voz de una 
cabra. En esta costumbre, nuestra especie presenta una analogía completa con la muy 
conocida especie aliada de Europa. 

Rara vez se observa también, en los mismos sitios medio inundados, la imponente 
Limosa hudsonica, ave escasa y bastante arisca, que vuela en el instante mismo en que se 
acerca el cazador y que practica á una altura considerable sus largas y estensas vueltas, 
acompañada alguna vez de la Tringa dorsalis y de una ó dos especies aliadas de este gé- 
nero, que tienen la misma costumbre. Además, hay también otras dos interesantes especies 
en estos sitios paludosos, las que, como el Tliinocorus rumicivorus (el que rara vez falta 
allí) tienen el hábito de estender sus escursiones hasta el interior de la verdadera pampa : 
son la Eudromias modesta y el Oreophilus totanirostris, especie de Tringa, de regular ta- 
maño, fácilmente reconocible por su mancha bermeja en la garganta. 

Ambas especies viven siempre asociadas en bandadas durante la estación fria ; la pri- 
mera la hemos encontrado abundantemente en el Norte, la segunda con mayor frecuencia 
en el Sur de la pampa meridional. En sus costumbres, vuelo, etc. se asemejan comple- 
tamente á los representantes del género Tringa. 

Sobre los sitios desnudos de vegetación, como principalmente en las riberas inmediatas 
de los arroyos y lagunas, corre con habilidad el Centrites niger, pequeña avecita negra con 
el dorso de color canela, acompañada siempre del muy abundante Cinclodcs fuscas y una 
que otra vez de algún individuo del Antkus correndera y, en el invierno, á veces, de la 
.1 Iuscisaxicola capis trata . 

En las lagunas mismas, sobre la superficie del agua, se desplega una vida muy agi- 
tada é interesante; particularmente aquellas rodeadas de totoras, juncales, etc., son las que 
hospedan un número considerable de especies y de individuos. 

Una bandada de aves acuáticas, compuesta de elementos muy heterogéneos, como p. 
ej , la Fúlica armillata ( y de vez en cuando la F. leucoptera ), asociada á especies de Anas 
y de Podiceps, á saber : Querquedula cyanoptera, Qucrqucdula flavirostris, Querqucdula versi- 
color, Marcea sibilatrix, Podiceps dominicns, etc., pronto empieza á huir, nadando á toda 
prisa hacia la opuesta orilla. Cuando se la ha sorprendido y espantado de cerca, general- 
mente la bandada se disuelve, dando lugar á la separación de los diversos elementos que 
la componían, empezando cada uno de estos su fuga según su costumbre particular: los 
representantes de Podiceps aléjanse sumergidos bajo la superficie del agua; los patos se de- 
tienen á observar, durante algunos momentos, al cazador, precipítanse luego en los aires y 
dan estensas vueltas en torno de la laguna ; las gallaretas, levantándose como á una señal 

3 



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toda la bandada, huyen medio corriendo, medio volando, sobre la superficie de aquella 
hacia la margen opuesta de la laguna, donde generalmente, después de un rato, toda la 
bandada primitiva torna á reunirse. 

En toda laguna de cierta estension, raro es el que falte la agradable figura del cisne 
blanco ó « ganso » ( Cygnus coscoroba). Menos frecuente parece ser, en la pampa meri- 
dional, la especie aliada, el hermoso Cygnus nigricollis. 

Una bandada de la Mareca sibilatrix el mas elegante de los patos del país, por el 
hermoso contraste que ofrece el delicado dibujo blanco y oscuro de su esbelto cuerpo, 
ofrece siempre durante su vuelo, un hermoso espectáculo. 

En los pajonales, cañaverales, juncales, etc., que bordean las lagunas, sobre el suelo 
algo inundado corre con mucha habilidad una hermosa gallineta, el Rallas rythyrhynchus 
animal bastante vivo é inquieto. En invierno, como en verano, sobre todo durante la no- 
che, se oye frecuentemente su grito particular, bastante fuerte y sonoro. De las demás 
especies aliadas de la misma familia existe indudablemente una que otra en la pampa 
meridional, pero durante nuestro rápido paseo no hemos tenido ocasión encontrarlas. 

En los mismos sitios, en la espesura de los juncales, cañaverales, etc., donde el suelo 
está cubierto aun por una capa delgada de agua, hay ocasión de observar tres pe- 
queñas aves muy características para estas regiones. El Phloeocryptus melanops, avecita 
de pobre aspecto, llama la atención por su agilidad. Es activa, durante todo el dia, sal- 
tando de hoja en hoja ó de tallo á tallo siempre cerca de la superficie del suelo inundado, 
ó andando con habilidad sobre las hojas flotantes de esta misma. Un poco mas arriba, en 
los tallos de los juncales y cañaverales, se mueve, volando incansablemente de tallo en 
tallo, otro pajarito chico reconocible desde lejos por el amarillo intenso de la parte infe- 
rior de su cuerpo, con faja transversal de color oscuro sobre el pecho: el aseado Cyano- 
tis Azarac, uno de las avecitas mas hermosas de Sud-América. Vive siempre bastante 
oculta en la espesura de los cañaverales y raras veces se le observa fuera de ellos; lo 
mismo que también el Hapaloccrats flaviventris, especie muy aliada por sus hábitos. 

Entre las garzas la especie mas abundante en los arroyos y lagunas es la Árdea 
egretta reconocible á larga distancia por el blanco puro de su plumage. Esta especie se 
halla también en las lagunas chicas 6 insignificantes, las que, seguramente, no encierran 
peces, debiendo suponerse que en tales ocasiones su alimento consiste de amfibios é 
insectos. 

Los rios y arroyos que cruzan la pampa meridional no son de mucha importancia. 
Sus riberas son generalmente desnudas ú orilladas de densos pajonales de Gyncrium como 
v. gr. el Arroyo Salado. 

Hay algunas especies que prefieren estas aguas corrientes ó se hallan allá con mayor 
frecuencia; como p. ej. la Árdea cocol, el Larus cirrhocephahts y sobre todo el Phala- 
crocorax brasllianus, etc. 

Por lo demás, su fauna y la de sus alrededores, es análoga á la de las lagunas. 



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De las especies de moluscos, el Planorbis peregrinas se encuentra en abundancia en las 
lagunas, y, en los contornos húmedos, la Succinea vicridionalis y la 5. Rosarinensis- 
Estas especies, en ejemplares numerosos, blanqueados, cubren los aníiguos sitios paludosos' 
p. ej. entre los fuertes Lavalle y Carhué. 

En los arroyos, con agua de poca corriente, de todo el territorio, se halla la Palu- 
destrina ParcJiappii y casi en cada uno de los que nacen en la Sierra de la Ventana se 
presenta en millares de individuos una especie de Chilina, la C/i. ParcJiappii bajo sus di- 
versas y numerosas variedades. 



4. LAS LAGUNAS SALADAS. 

AVES 

Larus dominicauus, Licht. Querquedula flavirostris, Vieill. 
Aegialitis faUdandicus, Lath. » cyauoptera, Vieill. 

Himantopus nigricollis, Vieill. Spatula platalea, Vieill. 

Dafila bahamensis, Lin. Phoenicopterus ignipalliatus, Geof. D'Orb. 

Las lagunas saladas de la pampa carecen de cañaverales, juncales ó pajonales en su 
orilla. Sus riberas inmediatas, son desnudas y en la estación seca, cubiertas de eflorescen- 
cias salitrosas. A alguna distanc ; a de la orilla, abundan los vegetales halófitos, como 
son los representantes del género Salicornia, Sueda, etc.; pero en los sitios donde 
hay entradas de agua dulce, la vegetación presenta una transición gradual á la de los 
esteras y lagunas dulces. 

No se puede decir, en un sentido estricto, que las lagunas con agua salada tengan 
una fauna ornitológica, que les pertenezca esclusivamente. Pero algunas especies prefieren 
para su domicilio las lagunas saladas y son apariciones escepcionales ó poco frecuentes 
en las dulces. 

El Larus dominicauus se observa en la vecindad de todas las grandes lagunas sala- 
das del Sur, y casi nunca se lo encuentra sobre las dulces. 

La orilla inmediata del agua de estas lagunas, durante la estación hiemal, está ocu- 
pada por una especie de Ckaradrius, el Aegialitis falklandicus, ave viva y muy corredora, 
que se observa cazando en la margen de estas lagunas, sobre el barro húmedo y en los 
sitios inundados por una delgada capa de agua salada. Pocas veces se encuentra en su 
sociedad el Himantopus nigricollis. 

Las grandes bandadas, hasta de mil y más individuos, del flamenco [Phcaiicoptcrus 
ignipalliatus) que se encuentran en las lagunas saladas de Carhué, Marra-Có, Salinas Chi- 
cas, etc, ofrecen un hermoso espectáculo, particularmente durante su vuelo. D'Orbigny 
observó una colonia de esta especie anidando igualmente en una laguna salada del Sur. 
Durante nuestro viaje no hemos tenido ocasión de observarlas en las lagunas dulces de la 
pampa meridional. 

De las especies de patos, la Dafila Bahamcnsis, Spatula platalea visitan particular- 



— 20 — 

mente las lagunas saladas. Las dos especies de Querquedula se hallan con la misma fre- 
cuencia en las saladas que en las dulces y en las aguas corrientes. 

II. REGIÓN ENTRERIANA DE LA PATAGOMA SETENTRIONAI. 

Nos referimos aqui al territorio situado entre el Rio Colorado, el Rio Negro y el 
Rio Neuquen, con los precursores y parages de vegetación análoga al N. y N. O. del Rio 
Colorado, siendo limitada esta región, en el N. E., por la pampa meridional que se es- 
tiende hasta una distancia de diez leguas más ó menos de la orilla del Rio Colorado y 
en el N. y N. O. por la región central de las densas selvas de espinares; y en fin, en el 
O. por la región andina. 

1. EL TERRITORIO DE LAS MATAS Y ARBUSTOS PATAGÓNICOS. 



MAMMALIA 



Nyeticejus bonariensis, Les . 
Felis concolor, L. 

« Geoffroyi, Guér. 

« pajeros, Az. 
Canis Azarae, Wat. 
Lyncodon patagonicus, Blainv. 
Galietis vittata, Schreib. 
« barbara, Wagu. 
Mephites patagonicus, Licht. 



AVES 



Troglodytes furvus, Gm. 
Anthus furcatus, D'Orb. 

«• correndera, Vieill. 
Mímus triurus, Vieill. 

« patagonicus, Lafr. D'Orb. 
Atticora cyanoleuca, Vieill. 
Progne purpurea, Vieill. 
Hirundo leucorrhoa, Viell. 
Auumbius acutieaudatus, Less. 
Synallaxis patagónica, D'Orb. 
c sórdida, Less. 
* modesta, Eyt. 
( « leucocephala, D'Orb.) 

« striatíceps, Lafr. D'Orb. 
Leptasthenura aegithaloides, Kittl. 
Homorus gutturalis, Lafr. D'Orb. 
Rhynocrypta lanceolata, Lafr. D'Orb. 
Pteroptochus sp. , (Tarnii, King.? ) 
Geositta cunicularia, Vieill. 
Upucerthia dumetoria, Geoffr. 
Sturnella loica, Mol. 
Molothrus bonariensis, Gm. 
Chrysomitris barbata, Mol. 
Sycalis arvensis, Kittl. 



Didelpbys elegans, Wat. 
Cervus campestris, Cuv. 
Aucheuia llama, Schreb. 
Dicotyles torquatus, Cuv. 
Dolichotis patagónica, Wagn. 
Cavia australis, Geoffr. 
Ctenomys magellanicus, King. 
Hesperomys griseoflavus, Wat. 
Da^ypus minutus, Desm. 

Zonotrichia pileata, Bodd. 

var. canicapilla, Gld. 
Embernagra platensis, Lafr. D'Orb. 

« olivascens, D'Orb. 

Phrygilus fruticeti, Kittl. 

« carbonarias, Lafr. D'Orb. 
Coturniculus manimbe, Licht. 
Diuca minor, Bp. 
Poospiza torquata, Bp. 
Gubernatrix cristatella, Vieill. 
Agriornis striatus, Gld. 
Taenioptera coronata, Vieill. 
" rnbetra, Burm. 

« impero, Vieill. 

Pyrope murina, Lafr. D'Orb. 
Cnipolegus anthraeinus, Cali. 
Muscisaxicola mentalis, Lafr D'Orb. 
Anaeretes parulus, Kittl. 
Stigmatura flavo-cinerea, Burm. 
Phytotoma rutila, Vieill. 
Conurus patagonus, Vieill. 
Colaptes agrícola, Malli. 
Geranoaetus melanoleucus, Vieill. 
Buteo (pterocles, Temm?J 



— 21 — 



Harpyhaleaetus coronatus, Vieill. 
Polyborus tharus, Mol. 
Milvago ckimango, Vieill. 
Hypotriorchis femoralis, Temm. 
Tinnunculns sparverius, Liu. 
Circus cinereus, Vieill. 
Sarcorhamphus gryphus, Lin. 
Cathartes atratus, Btr. 
Strix perlata, Temm. 
Bubo virginianus, Gm. 



Testudo chilensis, W. 
Leiosaurus faseiatus, D'Orb. 
Acrantus viridis, Wagl. 
Proctothretus Weigmamii, Dum. 
« pectinatus, Bell. 



AMPHIBIA 



Bbr. 



MÜLLUSCA 



Pupa oblonga, Ff. 
Suecinea Magellanica, Gld. 



Glaueidium nanum, King. 
Noetua cunieularia, Mol. 
Columba maeulosa, Temm. 
Zenaida maeulata, Vieill. 
Eudromia elegans, D'Orb. 
( Nothura maeulosa, Temm. 

« Darwini, Gld. 
Rhea americana, Lth. 
« Darwini, Gld. 



Ameiva longicauda, Bell. 
Liophis Merremii, Wagl. 
Coronelía pulcbella, Bibr. 
Heterodon D'Orbignyi, Dum. Bbr 
Elaps frontalis, Dum. Bbr. 



Suecinea meridionalis, D'Orb. 



Atravezando el territorio situado entre Bahia Blanca y el Rio Colorado, á unas cinco 
leguas al S. O. de las riberas del Sauce Chico, ya principian á mostrarse los primeros 
arbustos, en los bajos del terreno ondulado. 

Estos arbustos son precursores tanto de la formación patagónica por una parte, 
como también, por otra, de la región central de los montes de espinares. Algunos grupos 
de árboles altos de una especie de Prosopis ( algarrobo ), sin duda componente importante 
característico del monte espinar del Sur, se mezclan aquí con los demás arbustos bajos. 

A unas cinco leguas al N. del Rio Colorado, en el instante en que se notan las pri- 
meras piedritas rodadas del suelo patagónico, mezcladas con la tierra, recien cambia com- 
pletamente el carácter de la vegetación, tomando el de la formación patagónica, con sus 
constituyentes principales, los representantes de los géneros Larrea (jarilla), Cor dalia, 
Chuquiraga, y otras numerosas Sinantéreas leñosas. Esta vejetacion de matorrales es mas 
densa en las inmediaciones de los rios y valles, disminuyendo su espesor en el interior de 
la entreriana meseta, donde no faltan trozos y playas semejantes á los campos llanos de 
la pampa meridional. Fuera de los hermosos sauces, que orillan el rio, y de los grupos 
de Chañares en los valles, no existen árboles elevados en esta formación, llegando, sólo 
alguna que otra vez, la Jodina rhombifolía, con una hermosa corona cupuliforme y en 
todo el año de verde fresco, hasta las dimensiones de pequeños árboles. 



Apenas habíamos dejado las riberas del Rio Sauce Chico, en dirección al Rio Colo- 
rado, durante nuestra cruzada, cuando ya se nos presentó el primer habitante característico de 
la formación del monte : eran unos grandes individuos de la DolicJiotis patagónica, especie 
que abunda en toda la formación, particularmente en los bajos y en los valles del Rio 
Negro y Rio Colorado. 



— 22 — 

Muy frecuente en los últimos es también el Gtenomys magellanicus cuya voz particular, 
se siente cada instante, haciéndose ademas muy desagradable esta especie á las cabalgaduras, 
por sus galerías subterráneas, con las que, en algunos sitios, el suelo se halla perforado 
en todas direcciones. 

En los mismos parajes se encuentra abundantemente también la Cavia australis. El 
Hesperomys griseo-flavus puebla en infinito número los valles del Rio Negro y del Rio 
Colorado. Algunas otras especies del mismo género no hemos aun determinado. 

Uno de los animales mas interesantes de esta formación es el Lyncodon patagonicus. 
Es un animalito sumamente ágil y mordaz con movimientos mucho más hábiles y rápidos 
que los de su aliado, el hurón ( Galictis vittata ), teniendo, como este, la costumbre de 
acompañar cada asalto de defensa por furiosos gritos. Se diferencia de él por su figura 
mucho menor y mas elegante, siendo su color principal el rojo-oscuro, salpicado de 
blanco. 

A mas de la aliada especie vulgar, Galictis vittata, se encuentra cerca de Patagones 
según el Sr. MORENO también la G. barbara. 

De las especies de Murciélagos, se halla, en los bosques de sauces del Rio Negro, 
según el mismo autor, el Nycticejus bonariensis, especie que tiene la costumbre durante 
la estación de verano, de vivir colgada entre el denso follage de los árboles. 

De las aves, se sintieron, así que hubimos llegado á los primeros arbustos, los chir- 
ridos del Anumbius acuticaudatus, especie que realmente abunda mas bien en la orilla 
que en la espesura ó en el interior de los montes y matorrales. 

En seguida se presentaron: la « martineta », Endromia clegans, el Mimus patago- 
nicus, la calandria del Sur, casi la única especie que nos alegraba con su canto durante 
nuestras marchas en la estación hiemal; la Synallaxis aegithaloidcs, la ZonotricJiia cani- 
capilla, el Phrygilus carbonarias, etc. Del género Mimus se encuentra allí, ademas de 
la mencionada especie, el M. triurus, algo más grande que aquella, con anchas fajas blan- 
cas en la cola y en las alas. La primera es abundante en estremo durante todo el año, 
pero la segunda es un ave bastante escasa en estas regiones, teniendo su centro de 
distribución en Jas selvas de espinares de las provincias centrales de la República y 
abandonando su domicilio frió en la Patagonia para trasladarse al Norte durante la esta- 
ción hiemal. Ambas especies son cantoras muy animados, durante todas las estaciones 
de año; y tiene sobre todo la primera una fama bien merecida por lo lleno de su voz 
y lo corriente de su canto mixto y compuesto, que imita la voz de todos los anima- 
les que se encuentran en la vecindad de su domicilio. El del M. patagonicus es análogo, 
pero menos interesante, siendo siempre mas interrumpido é incompleto y la voz menos 
fuerte. 

En los valles del Rio Negro y Rio Colorado ademas se siente la voz de dos espe- 
cies cantoras, huéspedes de la estación de verano; el cardenal amarillo, Gubernatrix cris- 
tatella, con su canto agradable y sus alegres movimientos, y el hermoso Phytototua rutila, 



— 23 — 

con su curioso vuelo ondeado, y su chirrido cansador que emite á cada instante desde 
la corona de algún arbusto. 

Un interesante cantor, durante la estación de verano, es el Phrygilus fruticeti. Este 
animal, con su color pronunciado, medio negro, comienza á producir sus chirridos enci- 
ma de un arbusto, levántase luego al aire y descendiendo suavemente, sostenido por sus 
alas desplegadas é inmóviles corta su canto con dos silbidos altos de agradable con- 
traste. El viagero que conoce ciertos distritos traquiticos en la Sierra alta de Tucuman 
con sus breñales de especies de QJmquíraga y demás Sinantéreas leñosos, vegetación 
completamente análoga á la de la Patagonia Setentrional, se siente no poco sorprendido 
al encontrar en la misma vegetación análoga también el mismo habitante cantor. Du- 
rante la estación hiemal vive asociado en grandes bandadas, y reunido á ellos ó por en- 
jambres aislados se halla también con frecuencia la otra especie del mismo género el 
Ph. carbonarias, siendo acompañado este generalmente, por la Zonotrichia canicapilla, 
Diuca miiior, y alguua que otra vez por la Poospiza torquata. 

El mas turbulento de todos los habitantns de esta región es indudablemente el Ho- 
morus guttitralis. Lo mismo que su aliado del Norte, el «cachalote», ambos sexos en 
unión, gritando desde la cima de un arbusto, hacen un concierto cuyo ruido estruendoso 
se puede sentir claramente hasta la distancia de una media legua. 

Durante el invierno viven mas bien algo separadas tomando cada individuo su rum- 
bo para buscar alimentos, moviéndose en el suelo con la misma habilidad que en la es- 
pesura de los arbustos. Pero también en este tiempo se siente con frecuencia la voz de 
uno que otro individuo. Las especies de Synallaxis la S. sórdida y particularmente, la 
.S. patagónica tienen costumbres muy análogas. Ambas se distinguen por una voz fuerte 
y un trinado muy resonante. 

Son animalitos muy ágiles y vivos que vuelan incansablemente de arbusto en arbusto, 
ó, bajando á veces á tierra, dejan oir durante todo el dia su canto particular. Asociada 
á ellos durante la estación hiemal, se hallan algunas otras especies no menos característi- 
cas para estas regiones, El Anacrctes parulus, uno de los pigmeos de su familia, se 
presenta con voz suave aleteando de arbusto en arbusto, siempre reunido en sociedad de 
varios individuos. 

Muy análoga en sus costumbres, es la Stigmatura flavodncrea; avecita muy alegre y 
sociable. Ambos sexos, unidos en el mismo arbusto, son incansables de su canto par- 
ticular, que emita un martilleteo en cuyos golpes se alternan los sexos, grito que también 
recuerda el ruido de un molino; este canto se oye también con frecuencia durante la 
estación fría. La Lcptasthcnura acgithaloidcs se mueve con la mayor habilidad en el 
ramaje de los arbustitos mas densos; andando también con frecuencia, á tierra, entre la 
paja. La Synallaxis modesta anda casi constantemente por el suelo, entre los matorrales; 
pero es una especie bastante rara que habita las rocas, hallándose sólo en los sitios 
quebrados y peñascosos. 

Una de las especies mas interesantes es la Rhynoinia lanceolata, el « gallito » ave con 



— 24 — 

alas bastante débiles y poco activas, pero sumamente hábil para correr con rapidez sobre 
el terreno desnudo entre los grupos de arbustos, saltando á uno de estos tan pronto 
como se presenta un accidente estraño, bajando luego otra vez en la huida y corriendo 
rápidamente á largas distancias. Completamente idéntica en todo sus hábitos es una especie 
de Pteroptochus, que allí se encuentra y la que se presenta escasamente en los terrenos 
algo arenosos, como p. ej. entre los jarillares del Chichinal, etc. 

Entre los aliados de la familia de los Tyrannidae hay una especie muy interesante' 
el Cnipokgus anthracinus, Cab. K Aparece en aquellas regiones á fines de Setiembre, emi- 
grando al Norte al principio del otoño. Es un ave muy solitaria que por lo general vive 
muy retirada y oculta, moviéndose incansablemente con vuelo duro y ruidoso y que cruza 
como errante en los matorrales densos, cerca del suelo. Recien en la primavera el her- 
moso macho de un color negro intenso, casi uniforme, sale de su escondite, presentán- 
dose sobre una rama ó en la punta seca de un arbusto, para emitir su canto corto, com- 
puesto en su parte esencial, sólo de dos silbidos melancólicos, pero de un agradable tono 
aflautado, y vuela siempre dejándolo oir, elevándose unos pies en el aire y descendiendo 
sobre el mismo sitio. Durante esta maniobra particular hay ocasión de observar el agradable 
contraste que produce la faja blanca de sus alas. Muy semejante á esta especie, en su es- 
terior y sus hábitos es el Lichenops pcrspicillatus. Pero es una especie mas bien propia de 
los pajonales, sitios húmedos de la orilla del rio, que anida entre las matas de Gynerium, 
Entre las especies de aves de rapiña, el Buteo erythronotus es la más abundante, 
alimentándose con preferencia de los numerosos individuos de Ctcnomys, etc., que pueblan 
estas regiones. Frecuentemente hemos encontrado su nido en algún arbusto alto sobre 
la cuchilla y barranca que limita el valle de los rios. 

El Hypotriorchis femoralis, el que no se halla en la verdadera pampa, encuentra aquí 
con abundancia su recurso preferido, la Zenaida macitlata. 

En el valle del Rio Negro, particularmente sobre los altos sauces, se observa con 
frecuencia una especie de Buteo de gran tamaño que probablemente es el B. pteroeles. 

Un pequeño alcon que también menciona HUDSON, medio blanco por debajo, con gris 
por arriba, no es muy raro en el valle del Rio Negro, pero no lo he conseguido para la 
determinación sistemática. 

El majestuoso Geratwaétus melanoleucus, el « aguilucho », anida sobre las prominencias 
de las paredes de la arenisca terciaria, en las cuchillas que limitan los valles, como p. ej. 
en la del Balcheta, etc. Mucho mas raro debe ser el Harpyhaleaetus corónalas, que men- 
ciona HüDSON sin que nosotros hayamos tenido ocasión de observarlo. 

Las diferentes especies de lechuzas pueblan con preferencia á la meseta entreriana, 
los bosques ribereños de sauces y las islas. 

Era un concierto estraño el de la voz baja y misteriosa del Bi'bo virginianus, emi- 



tí) Sclater ha descrito del Rio Negro una variedad no muy rara de ésta especie, con plumas blancas en 
los costados, como nueva: Cnipol. Hudsoni, Sel. Proc. Zool. Soc. 1872, p. 439. 



— 25 — 

tida por media docena de individuos, que se contestaban el uno al otro cual eco repetido, 
como teníamos ocasión de observarlo durante nuestra pasada hiemal en la isla de Choe- 
jechoel en el Rio Negro. El CatJtartes atratns no es una aparición frecuente en esta región- 
Hemos observado algunos individuos en el valle del Rio Negro asociados al Polyborus 
tkarus, al Milvago chimango, etc. 

Las dos especies de palomas, la Columba maculosa y la Zenaida maculata se hallan 
ambas con frecuencia. Durante la estación hiemal la primera visita en grandes bandadas los 
verdes trebolares silvestres de los valles del Rio Colorado y Rio Negro. Existen ademas, 
dos especies de palomitas rupestres, del género Oreopila ó sus aliados, especies que no 
hemos podido conseguir para determinar. 

Entre los Tinamidae hay dos especies lo más características para estas regiones. 
La Eudromia elegans ó « martineta t> se encuentra exclusivamente en territorios que 
no carecen de nna vejetacion de breñales ó arbustos bajos. En el momento de nuestra 
entrada en la formación correspondiente, cerca de Salinas Chicas, se presentó esta especie 
en abundancia, lo mismo que mas tarde, particularmente en estos valles de los Rios 
Negro y Colorado. Su vuelo es ruidoso y rápido, pero no tan ondulado como el de la 
perdiz grande. 

Acercándose á las márgenes del Rio Colorado, se nota luego que la Nothura ma- 
culosa, perdiz común, que nos acompañaba por todo el territorio de la pampa, está sus- 
tituida por una especie semejante á ella en todo su esterior y en sus hábitos. Al principio, 
ambas especies se encuentran con la misma frecuencia, hasta que mas tarde, al acercarse 
al centro de esta formación, sólo se halla la segunda, Nothura Darwini. Es un animal 
de un color menos amarillento y algo mas gris; en sus hábitos se nota que es mucho 
más arisco que la N. maculosa, corre menos, pero vuela con mayor persistencia, cuando 
se le persigue. Durante el vuelo se la reconoce y distingue por la cabeza relativamente 
mas grande y redonda, pero su voz apenas se diferencia de la otra. 

Las dos especies de avestruces se hallan ambas al Norte del Rio Negro, pero la 
Rliea Darwini es muy escasa, comenzando á ser muy abundante al Sur del mismo rio. 
De los amfibios se halla, particularmente sobre la meseta, el Elaps frontalis, lo mismo 
que el Proctothretus pectinatus. Las demás especies habitan mas bien los bajos y valles 
de los rios. La Testudo Chilensis es seguramente una aparición bastante escasa en estas re- 
giones. 

Entre los arácnidos, llama mucho la atención una especie de Mygale {Eurypelma s. 
s/r.) que se halla con abundancia estraordinaria en algunos sitios arenosos, sobre la meseta, 
entre los matorrales de jarilla. Vive en tubos verticales construidos en el suelo, de 2 á 5 
decímetros de hondura. Ellos están tapizados por un tejido sedoso y llevan una tapa ó puerta 
móvil, resistente, un poco convexa en la parte inferior y fija al tubo por uno de los 
puntos del borde, por medio de cierta cantidad ne hilos, tal cual se observa en la M. cae- 
mentaria de Europa y otras muchas especies de la misma familia. En algunos sitios el 



- 26 — 

suelo parece perforado por estas habitaciones, que tienen desde un diámetro reducido hasta 
el de dos centímetros ó mas. 

De las especies de moluscos, ninguna es verdadero habitante de la meseta; pero en 
los lugares húmedos en los valles, vive escasamente la Succinea meridionalis y la 5. ma- 
gellanica, y en los Cerritos de Pichi Mahuida he hallado, bajo los troncos de una Opuntia, 
la Pupa oblonga. 

2. LOS RÍOS Y LAGUNAS ADYACENTES Y SUS RIBERAS INMEDIATAS. 



MAM.MAUA 



Feli.s 0119a, L. 

« pajeros, Az. 
Canis jubatus, Dsm. 



Myopotamus coypus, Cuy. 

Lutra chilensis, Mol. 

Hesperomys (¿longicaudatus Bemi.?) 



A VES 



Turdus falklandicus, Q. ct Gaim. 

« rufiventris, Vieill. 
Cistothorus platensis, Lath. 
Centrites niger, Bodd. 
Synallaxis sulfurifera, Buriu. 
« flavogularis, Gld. 

Phloeocryptus melanops, Vieill. 
Cyanotis Azarae, Vieill. 
Hapalocercus flaviventris, Lafr. D'Orb. 
(Ptyonura capistrata, Burm.) 
Lichenops perspicillatus, Vieill. 
Pscudoleistes vireseens, Vieill. 
Agelaius thilius, Muí. 
Embernagra platensis, Gm. 

« olivascens, D'Orb. 

Ceryle torquata, Lin. 
Árdea cocui, L. 

« egretta, Gm. 
Nycticorax Gardeni, Gm. 



Falcinellus igneus, Gm. 
Theristicus melanopis, <¡m. 
Phoenicopterus ignipalliatus, Geofr. D'Orb. 
Querquedula flavirostris, Vieill. 
« cyanoptera, Vieill. 

Dañla spinicauda, Vieill. 
Erismatura ferruginea, Eyt. 
Mareca sibilatrix, Poepp. 
Phalacrocorax brasilianus, Gm. 
Podiceps major, Bodd. 

« Rollandi, Q. ct Gaim. 

Rallas rythyrhynchus, Vieill. 
Oreophllus totanirostris, Jard. 
Eudromias modesta, Licht. 
Aegialatis falklandica, l.ath. 
Gallinago paraguaiae, Vieill. 
Gambetta melauoleuea, Gm. 
Himantopus nigricollis, Vieill. 
Larus cirrbocephalus, Vieill. 



llyla agrestis, Bell. 



Perichtys laevis, Jen. 



Unió patagonicus, D'Orb. 
Anodonta puelchana, D'Orb. 
Chilina Suminea, Mat. 

<r teliuelcha, D'Orb. 
Succinea meridionalis, D'Orb. 



AMPHIBIA 

Pyxicepbalus americanns, Dum. Ubi-. 

PISCES 

(Pejeréy. Spec. dub.) 

MOLLUSCA 

Succinea niagellanica, King. 
Agriolimax argentinus, Strob. 
Planorbis peregrinus, D'Orb. 

« auatinus, D'Orb. 
Ancylus concentricus, D'Orb. 



Los dos grandes rios, el Colorado y el Negro (con su afluente el Neuquen) que for- 
man el límite de la región aludida, corren por anchos valles de erosión, limitados á cada 



— 27 — 

lado por los declives de la meseta vecina, siendo formados estos por cuchillas de arenisca 
calcárea, de una altura de 20 á 50 metros. Estos valles, el del Rio Colorado de 1 
á 2 y el del Rio Negro de 4 á 5 leguas de ancho, forman generalmente una ancha pla- 
ya llana, cubierto con una vegetación mas fresca y mas exuberante que la que cubre la 
meseta entreriana. 

El caudal de los ríos mencionados serpentea en estos anchos valles, formando nume 
rosas curvas, acercándose unas veces á la cuchilla del Norte, y otras á la del Sur, siendo 
fijado su curso, durante la altura norma! de sus aguas, por una barranca ó ribera inme- 
diata de algunos metros de altura. 

Aquellas curvas limitan rincones estensos, dotados de una vegetación vigorosa y 
verde durante todas las estaciones del año, á consecuencia de la humedad natural del sue- 
lo ribereño. 

Pronto se descubre en la superficie turbulenta del agua cristalina, en medio de la 
corriente del rio, la suelta figura del Phalacrocorax brasilianus, el cuervo del agua, especie 
conocida en casi toda Sud-América. Es un pescador incansable en las aguas corrientes. 
Con su cuerpo sumerjido entre las olas hasta la base del esbelto cuello, desapareciendo 
completamente en el agua á veces y saliendo por otra parte á la superficie, se le vé arras- 
trado por la corriente rio abajo; no sin observarle algún tiempo después volando, siempre 
cerca de la superficie del agua, rio arriba, siguiendo el curso de este, hasta el sitio de 
su anterior parada, para comenzar de nuevo el mismo paseo. 

El Larus cirrhocephalus se observa con frecuencia, haciendo, á lo largo del río, sus- 
estensas curvas en el aire ó fluctuando por cima de la laguna; pero baja también á las 
playas vecinas, en busca de alimento. 

Las riberas inmediatas del rio bajo, á veces son arenosas ó terreas, pero general- 
mente están formadas por bancos de cascajo ó cantos rodados. El vulgar Chiclodes fuscas, 
el Centrites niger, y, á veces la Plyonura capistrata, son huéspedes constantes en estos 
bancos durante la estación hiemal. 

La escarpa de estas riberas inmediatas está generalmente orillada por una angosta 
faja de cañaverales de una especie de Anuido, seguiéndola otra faja mas ó menos densa 
ó estensa de hermosos bosques de sauces. Ellos son, á veces, muy densos y de una 
estension considerable, particularmente en las islas, y llaman además la atención por lo 
derecho y esbelto de sus hermosos y glandes árboles, fenómeno que resulta de su creci- 
miento en grupos muy densos y cerrados. Su follaje, que se remueve cada año, y que 
cae en el otoño, forma gradualmente una verdadera capa de seroja y de humo en el 
suelo de estos sauzales. Un ejército de insectos, coleópteros y particularmente carabi- 
cineos, corre en todas direcciones cuando se remueve esta capa de hojarasca depositada 
sobre el suelo, donde también buscan escondite, en los huecos húmedos del fondo, cen- 
tenares de individuos del Limax argentinus. 

Estos bosques son el verdadero elíseo para el alegre Turdus falklandicus, especie 



— 28 — 

que abunda mucho, corriendo en numerosos individuos, con preferencia sobre el suelo 
húmedo, y anidando en las mismos saucedales durante la estación de la primavera. 
Según DARWIN se halla también, cerca de Patagones, el aliado Turdus rufiventris, especie 
cuya presencia no hemos tenido ocasión de observar durante nuestra escursion. 

En una rama inclinada sobre el agua se observa la hermosa Ceryle torquata, el 
«Martín-pescador», lamas grande de las tres especies americanas, propagadas por casi toda 
Sud-América. 

Estos bosques son, además, la habitación predilecta de muchas aves de rapiña, de 
la Columba maculosa, de la Zenaida macúlala y de varias otras especies. 

Fuera de los bosques de sauces se estiende el terreno bajo de la playa ribereña, inun- 
dado hasta cierto límite, en la estación de las crecientes del rio, dando origen esta abun- 
dante humedad á la formación de considerables y espesos pajonales de Gyncrium, mientras 
que al mismo tiempo varios brazos ciegos ó cañadas secundarias del rio, existentes allí 
sólo durante la creciente, dejan, en la época de la bajante, una serie de lagunas orladas 
de Gyncrium, carrizo, tija y juncos, etc. 

Esta zona de pajonales de Gyncrium es á veces muy ancha y estensa ó bien an- 
gosta, pero siempre mas densa en las inmediaciones del agua, donde generalmente se 
mezcla á los cañaverales de Arando, Typha, etc. que ultrapasa. 

El Cistothorus platcnsis es una de las especies que pronto descubren su presencia en 
estos carrizales, lo mismo que la Embernagra platcnsis, y, en las márgenes del Rio Colo- 
rado la Embernagra olivascens. Sólo en los pajonales estensos, en ciertos sitios, tiene oca- 
sión de reconocer, el observador instruido, la presencia de la interesante Synallaxis sul- 
furifera, ave rara y de vida muy retirada. 

Penetramos, no sin resistencia y dificultad, en estos densos pajonales de Gynerium, 
siguiendo la dirección de los grupos de sauces que nos hacen sospechar la presencia 
del agua. 

Al llegar, pronto nos convencemos de que no se trata de un verdadero brazo del 
rio, sino una de esas numerosas cañadas ó charcos, con agua estancada en la época de 
la bajante. Allí se nos presenta una sorpresa en estremo agradable. El Myopotamus coy- 
pus, ocupado en sociedades en la orilla de la laguna, se lanza al agua al instante. Media 
docena de individuos del magestuoso Cygnus nigricollis, nada con serenidad á poca dis. 
tancia, en el centro de aqnella, y, al observar que nuestra presencia no los incita á vo- 
lar, recordamos que esto no les es posible durante la muda de su plumage. 

Una precavida Árdea cocol ya ha levantado el vuelo, mientras que otros ejemplares 
de la "garza blanca» [A. egretta) parecen dudar aún si han de seguir ó nó el ejemplo 
de su compañera. De las especies de patos, rara vez faltan la Querquedula cyanoptera y 
Q. Jlavirostris, la Erismatura ferruginca, y la Jlfareca sibilatrix. Una sociedad de Fúlica 
armillata, frecuentemente acompañada por la E. Icucoptcra y el Podiceps Rollandi, corta 
pronto la lisa superficie del agua, para ir á buscar nadando el sitio más lejano de la 
laguna. 



— 29 — 

La orilla inmediata de estas lagunas, hasta en el interior del agua, está bordeada ge- 
neralmente por cañaverales de Typha y á veces de juncales, en cuya espesura se puede 
notar la abundancia del Rallus rythyrhynchus del Phloeocryptus tnelanops, y á veces, del 
hermoso Cyanotis Azarae. En los juncales se eneuentra, en escaso número de individuos, 
el Agclaius Tlúlius. 

En la espesura de los pajonales de Gynerium y Typha, cerca de la orilla del agua, 
se observa no muy raro y formado de hojas de la misma cortadera, el nido ingenioso, 
cerrado, de un roedor, según las observaciones del Si'. SCHULZ, probablemente el Hespe- 
romys longicandatus, ó una especie muy aliada. 

En todos aquellos sitios en que el rio toca con una de sus ancas el escarpe de las 
barrancas, que lo limitan entonces, se observa frecuentemente una faja de matorrales de 
Baccliaris lanceolata y de otras compuestas, arbustitos leñosos sin espinas. 

Estos matorrales son domicilios preferidos de la Synallaxis flavogularis de cuya especie, 
no muy abundante, queda, en aquellas regiones, durante la estación hiemal, uno que otro 
individuo, descubriendo su presencia por el suave silbido característico de está especie. 

Estos matorrales de Baccliaris forman gradualmente allá el tránsito á la región del 
los arbustos patagónicos, predominando ya estos por completo en los sitios quebrados y 
escarpadss de la cuchilla terciaria que limita el valle. 

Todas las especies de esta formación de arbustos patagónicos, se presentan en ma- 
yor número en estas faldas de los valles que en el interior de la meseta entreriana. 

En las márgenes del rio donde se estienden las grandes playas ribereñas, hay uno 
que otro sitio de naturaleza paludosa, donde abundan, particularmente en el Rio Co- 
lorado, el Gallinago paraguaiae, var. magcllanica, el Falcinellus igneus, la Eudromias mo- 
desta, y, á veces, el Tlicristiacs melanopis, mientras que numerosas bandadas de « abutar- 
das » ( Chlocphaga magcllanica, Cli. poliocephald), pueblan la fresca y verde alfombra de 
las playas vecinas, durante la estación hiemal. 

De los batracios no es rara, en las lagunas una especie de rana, el Pyxicephalus 
americanas. 

De los peces, recordaremos que el Rio Colorado está poblado por el Perichtys lacvis, 
especie que Darw'IN descubrió en el Rio Santa-Cruz, estando ella acompañada frecuente- 
mente por una especie no determinada aún, de «Pejerey >. Ademas del último, abunda, 
en el Rio- Negro, una merluza ó bacalao, que no hemos podido traer para determinar, 
teniendo los individuos recojidos un largo ele más de dos á cuatro decímetros. 

Durante el período de la bajante del Rio Negro se nota, en los bancos de arena, á 
la orilla del agua, la presencia de varios moluscos importantes y característicos de este 
rio, como son el Unió patagónicas, la Anodonta puelckana y la Cliilina tehuelcha. No he- 
mos tenido ocasión de encontrar, en el Rio Negro, la Chilina Moreníi, nueva especie co- 
leccionada por el Sr. Moreno en el Rio Limay. 

Examinando el interior de las lagunas, se ve su fondo ocupado generalmente por el 
tejido verde de plantas acuáticas del género Ceratophyllum, etc. Una alegre población de 



- 30 - 

insectos, coleópteros acuáticos, notonectineos, gamarídeos, larvas de dípteros y de neuróp- 
teros, etc., se mueven con habilidad y lijereza dentro de esta vegetaeion acuática. 

De los moluscos, es abundante, en estas lagunas, el Planorbis peregrinas, en ejempla- 
res bastante grandes, y, en escaso número_ de individuos, se halla alguna vez, en el fo- 
llaje del Ccratophylhim, el pigmeo de la misma familia, el Plianorbis anatinus, especie cuyo 
domicilio no se conocía hasta ahora, habiendo sido descubierto por D'Orbigny en el estó- 
mago de los patos. El Ancylus concéntricas, especie que abunda en muchos sitios, vive 
son preferencia adherido á las hojas de la Typha que flotan en la orilla de las aguas es- 
tancadas de aquellas lagunas. 



II 

ENUMERACIÓN SISTEMÁTICA 

DE LAS 

ESPECIES OBSERVADAS DURANTE LA ESPEDICION. 



VEETEBRADOS 



D r D. ADOLFO DOERING 



I. M A M M A L I A. 

i. felis oisrgA L. 

Burmeister, Eeise durch die La Plata- Staaten, Bd. II, p. 397. (1) 

En todos los distritos algo poblados, el tigre se presenta ya como una aparición muy 
rara. Parece hallarse con más frecuencia en los pajonales de las grandes lagunas, en el 
interior de la región del monte, es decir en el centro del territorio conquistado, donde 
muchos parajes llevan su nombre en la lengua indígena. 

Durante nuestra campaña se presentó por primera vez cerca de la laguna de Marra-Có, 
distante como 12 leguas de la costa atlántica de la Bahia Blanca. 



(1) Para no aumentar innecesariamente el número de citas, no recordaremos, para las especies más cono- 
cidas, sino las principales obras sobre la launa del país, donde ya se encuentran consignadas, haciendo escep- 
ciun para aquellas especies menos conocidas. 



— 32 — 

En las orillas del Rio Colorado, generalmente en la proximidad de los grandes 
pajonales de Gynerium, se encontraron muchos rastros de este animal feroz. En los pri- 
meros dias de nuestra llegada, durante la noche desapareció un caballo, víctima de aquel 
terrible enemigo, que, en otras ocasiones diversas, causó la huida de las caballadas. Más 
hacia el alto Rio Colorado parece ser mucho más escaso. En el Rio Negro no hemos 
observado sus rastros. 



2. FELIS CONCOLOR L. 

Brr.M., Reise, Bd. II, p. 398. 

Hallándose ésta especie mucho más propagada que la anterior, es probable que exista 
en todo el territorio. — Hemos visto cueros de este animal en los fuertes Lavalle y Carhué. 

3. FELIS PAJEROS Az. 

Bdrm. Eeise, Bd. IL p. 398. 

Los soldados mataron un ejemplar durante la cruzada entre el Rio Sauce chico y el 
Rio Colorado. 

é. CANIS AZARAE Waterli. 

Bikm. Eeise, II. p. 405. 

Es una de las especies que se ven mas frecuentemente en todo el territorio aludido, tan- 
to en la llanura y la pampa abierta como en las márgenes del Rio Colorado y del Rio 
Negro. Es un perseguidor muy dañino de las perdices. 

5. LYNCODON PATAGÓNICAS Blaiuv. 

Blaint., Osteogr., genre Mus tela. p. 42. — Mustela patagónica BL, ibid. p. 81. pl. 18. 
Gektais, Dict. unió, d'hist. nat. de Ch. d'Orbigny, T. IV. p. 685. (Lyncodon). 
D'Orbigxy, Voyage d. l'Amer. Mer. T. IV. p. 20. pl. XIII, fig. 4. 

Macho. El pelage de toda la parte superior, desde el cuello hasta la punta de la cola, 
color de canela oscuro, salpicado y cubierto de blanco, por ser las puntas de todos los 
pelos largos de un blanco plateado. La frente con las orejas y una faja ancha que parte 
desde las orejas, á lo largo del cuello, hasta el pecho, y la punta de la cola de un blanco 
completo. Una mancha sobre la nuca, la gargante, el pecho, y las cuatro piernas, de un 
color brúneo de umbra. 

Longitud total (desde la punta de la nariz hasta la de la cola): 35-?6 centímetros; 
desde la nuca hasta la raíz de la cola: 23. centímetros. Cola; 9 era. Circusferencia más 
grande del cuerpo (vientre): 11 cmts. 



— 33 — 

Esta interesante y rara especie, que ha dado origen á la formación del sub-género 
Lyncodon, se diferencia de todas las aliadas por lo anormal de su sistema dentario, te- 
niendo sólo tres muelas arriba y tres abajo, á diferencia de las demás, que están armadas 
con cuatro arriba y cinco abajo. 

Este hermoso animal vive en las colinas ó barrancas calcáreas de la formación pata- 
gónica, entre el Rio Colorado y el Rio Negro. El Capitán Silva tomó un ejemplar vivo 
en la cuchilla de la margen derecha del Rio Colorado, un poco más arriba del Rincón 
Grande. 

Según las comunicaciones del Sr. Coronel Guerrico, la especie no es rara en las in- 
mediaciones de Patagones, de donde también consiguió el Dr. Berg un ejemplar, mientras 
que D'Orbigny tuvo que contentarse con un viejo cráneo de la mencionada especie. 

Es probable que la que Burmeister l menciona como existente en la Sierra de 
Mendoza sea idéntica con ésta, habiendo en dicha sierra, tanto por su fauna, como por su 
vegetación, muchas analogías con las de la Patagonia setentrional. En cambio, la Mustela 
Qiiiqui de Molina, según PlllLlPPl, 2 debe ser idéntica, con la Galictis vittata y no con 
esta especie del Rio Negro. 

6. MEPIIITES PATAGONICUS Licht. 

Burm. Eeise, II, p. 409. 

Hemos notado la presencia de este animal en todas las regiones de nuestra cruzada 
hasta el R. Neuquen. 

En Carhué hemos visto preciosas alfombras trabajadas por los indios y formadas de 
pieles de esta especie. 

7. D1DELPHYS ELEGANS Waterh. 
Burm. Beise, II, p. 412. 

De esta hermosa especie nos fué entregado un ejemplar por el señor Coronel Guer- 
RICO, quien lo había cazado cerca de las barrancas de la Balcheta, en el valle del Rio 
Negro. Parece tener una propagación bastante extensa en la República, siendo ya conocida 
procedente de Córdoba y Mendoza. 

8. MYOPOTAMTJS COYPÜS Cnv. 

Bukm. Beise, II, p. 416. 

Abundante en los sitios acuáticos de todo el territorio de nuestra cruzada, hasta el Rio 
Negro inclusive. 



(1) Burm. Beise, II, p. 408. 

(2) Anal, de la Univ. de Chile, XXIX, p. 798, 1867. 



— 34 — 

9. IIESPEROMYS GEISEOFLAVUS Waterh. 

Proc Zool. Soc. 1837, p. 28. 

Zool. of the Beaglc. Mamm. p. 62, T. XXI. 

Esta especie se halla abundantemente en las playas ribereñas del Rio Colorado y del 
R. Negro. En el Rincón Grande del primero, el Dr. LORENTZ cazó un ejemplar joven, 
vivo, el que apenas podía correr, á causa de estar atacado por las larvas de un díptero. 
la Rogenhofera granáis Guér. 1 Todo el muslo posterior se había hinchado hasta tomar 
un tamaño doble del normal, saliendo luego por una abertura de la piel una larva desar- 
rollada de dicho grande insecto, la que dentro de un dia se había trasformado en crisálida. 

En el Rio Negro la hemos recogido cerca de Choelechoel y más tarde cerca del 
fortín Conesa. 

10. CTENOMYS MAGELLANICUS Benn. 

Transad. Zool. Soc, Yol. II, p. 84, pl. 17.— Proc. Zool. Soc. 1835, p. 190. 
Gav, Fauna Chil. I, p. 105. 

El oculto, cuyas cuevas ya habíamos observado con frecuencia en el valle del Rio 
Sauce Chico, se nos presentó primero en las márgenes del Rio Colorado, donde se en- 
cuentra en abundancia. Hemos tenido frecuentemente ocasión de oir el ruido caracte- 
rístico que produce su grito particular, imitando perfectamente el que se produce cuando 
se dan dos golpes secos é inmediatos con un martillo sobre un palo parado. 

En el Rio Negro no la hemos observado con tanta frecuencia; pero abunda cerca 
de Choelechoel. 

11. CAVIA AUSTRALIS Geoff. 

Bir.M. Beise, II, p. 420. 

Kerodon Kingii Bekn. Proc Zool. Soc 1835, p. 190. 

Dariv., Zool. of Beaglc Mamm. p. 88. 

En los sitios análogos á los en que se encuentra la especie anterior, y bastante abun- 
dante en las riberas del Rio Colorado y del Rio Negro. 

12. DOLICIIOTIS PATAGÓNICA Wagn. 

Burm. Beise, II, p. 422. 

Los primeros ejemplares que hallamos en el viaje, se presentaron entre el Rio Sauce 
Chico y el R. Colorado, en la entrada de la formación de arbustos cerca de Salinas 
Chicas, al Norte del Rio Colorado. 

(1) C. Bekg, Naturgesch. der Bogcnh. granáis. Stettin. Entomolog. Zeit., 1870, p. 268-272. 



— 35 — 

Es muy abundante en las playas ribereñas del último rio, y se la encuentra también, 
con frecuencia, en las del Rio Negro. 

13. LAGOSTOMUS TPJCHODACTYLUS Brook. 

Btjrm. Reise, II, p. 422. 

En todo el territorio de la pampa; pero más abundante en el Norte que en el Sur, 
desapareciendo al empezar la formación de arbustos, al Norte del Rio Colorado. 

14. CERVUS CAMPESTPJS Cuv. 
BritM. Reise, II, p. 430. 

Abundantemente y en pequeños tropeles hemos observado la gama en las colinas 
vecinas de las Sierras del Azul y Currumalan. Más rara en la verdadera llanura, y menos 
aún en los distritos dominados, hasta los últimos tiempos, por las cacerías destructoras de 
los indios. En los fuertes Lavalle, Carhué, etc., las pieles de este animal forman un ar- 
tículo mercantil muy importante. 

En una que otra ocasión hemos notado su presencia en el valle del Rio Colorado 
y del Rio Negro, donde también, en mayor número, se halla en la isla de Choelechoel' 

15. DASYPÜS CONURUS Geoffr. 

Burm. Reise, II, p. 426. 

Hemos encontrado esta especie cerca del fuerte Lavalle, y más tarde cerca del Rio 
Colorado. 

16. DASYPUS MINTJTTJS Desm. 

Burm. Reise, II, p. 428. 

Encontrado en diferentes ocasiones entre Olavarría y Carhué, y también un ejemplar 
en el valle del Rio Negro, cerca de la embocadura del Neuquen. 

17. PKAOPUS HYBRLD'US Desm. 
Burm. Reise, II, p. 428. 
Muy abundantemente se observó esta especie en la pampa meridional, sobre todo 
en las inmediaciones del Arroyo Salado del fortin Iniciativa. 



— 36 — 



II. AVES. 



1. TURDTJS FALKLANDICUS Q. et Gaim. 

ijioy et Gaim. Zool. de Viran., p. 104. D'Ürb. Voy. IV, p. 202. Gould, Zool- of 
Beagle, III.— Gay, Faun. Chil-, I, p. 831.— Sclat. et Hudsoit, Proc. Zool. Soc, 1872. 
p. 534 f. 

Turd. magellanicus Kixu, Proc. Zool- Soc, 1831, p. 14. 

La primera vez que se nos presentó esta especie meridional, fué en las márgenes del 
Rio Colorado, en un cañaveral, á la orilla de una laguna. Abunda mucho en las riberas 
del Rio Negro. 

Vive siempre en los territorios vec ; nos al agua, busca los alimentos en el suelo hú- 
medo, en los cañaverales, y particularmente en los bosques de sauce, donde también 
anida en la primavera. Es un animalito arisco, pero más silencioso que las especies alia- 
das, principalmente en la estación de invierno. 

2. MIMUS RATAGONICUS Lafr. ÍTOib. 

Mag. Zool, 1830, p. 19. D'Orb. Voy. IV, p. 210, pl. II, fig. 2. 

Sclat. Proc ZooL Soc, 1850, p. 345.— Sclat. et Hudson, ibid., 1872, p. 534, ss. 

A nuestra llegada á los territorios del Sur, al Sud-oeste de Nueva Roma, y con los 
primeros arbustos, ya apareció esta especie, la cual es abundante en toda la formación de 
arbustos patagónicos. Aún en los primeros dias de Mayo se encontraron pichones de 
nido en las riberas del Rio Colorado. 

Esta especie parece haberse propagado bastante hacia el Norte de la República, y se 
la encuentra aún en la sierra alta de Córdoba, en cierta región, á 1,200 metros de 
altura. 

3. TROGLODYTES FURVUS Gm. 

Tr. platensis, D'Ohb., Voy. Ois., p. 231. 

Bürm., Syst. Vebers., III, p. 137. Beise, II, p. 470. 

. Var. pallida: 
Trogl. paludas Lafr, D' Orb. Mag. Zool., 1830, p. 25. D'Ürb. Voy. Ois., p. 234. 
Tr. magellanicus Gould, Proc Zool. Soc, 1836, p. 88. Voy. Beagle, III, p. 74. 
Tr. magellanicus Gi.n. Sclat., Proc Zool. Soc, 1867, p. 21. 
Tr. hornensis Les. Gay, Faun. Chil-, I, p. 813. 

En lugares adecuados, en todo el territorio que hemos recorrido : Azul, Carhué, N. 
Roma, R. Colorado, R. Negro. 



— 37 — 

Según Sclater, el Tr. mctgcllaiiicus de las regiones meridionales, no es, probable- 
mente, más que una variedad de color pálido de la misma especie. 

4. CISTOTIIOEÜS PLATENSIS Latía. 

Troglodytes jjlatcnsis Gould, Zool. Beagle, III. p. 75. 

Cistothorus fasciolatus Bu;m., Journ. Om-, Vil, p. 252. Reise, II, p. 470. 

Observada primeramente entre F. Lavalle y Carhué, es muy abundante en la ribera 
del Rio Sauce (Chico), Rio Colorado, Rio Negro, etc. Frecuenta los pajonales de Gy- 
ncrium, etc. 

En sus costumbres, se asemeja mucho á algunas especies de Synalla.xis. Vive siem- 
pre deslizándose en los densos copos de la paja ó de la cortadera, bajando á veces á 
tierra. Suele generalmente huir, dando un fuerte grito alarmante, á corta distancia, á 
otro copo vecino. También anida en estos pajonales, formando de hoja de paja y de cor- 
tadera un nido redondo, cerrado, con la abertura al lado. 

5. ANTÜUS COBRENDERA Vieill. 

D'Orbigny, Voy. Oís., p. 225. 

Gould, Zool. of Beagle, III, p. 85. Proc. Zool. Soc, 1859, p. 95. 

Sclat. et Hüdson, Proc. Zool Soc, 1872, p. 584. Huds., Proc. Zool. Soc, 1873, p. 77. 

Fácilmente reconocible por el color oscuro de la parte superior de su plumage, y las 
hermosas pintas medio doradas. 

En sitios desnudos y en la orilla de una laguna cerca del Azul. 

6. ANTIIUS FUUCATUS Lafr. D'Orb. 

Lafr. D'Orb., Synops., p. 27. D'Orb., Voy. Ois. p. 227. 

Gould, Zool. of Beagle, III, p. 85. 

A. breviunguis Snx, Av. Bras., p. 75, T. 70, f. 1. 

Fácil de reconocer por su color más pálido, su tamaño mayor, con la cabeza relati- 
vamente más gruesa y redonda, las máculas muy finas y más numerosas, y particularmente 
por la uña posterior, que es muy corta. 

Se diferencia también, notablemente, por sus costumbres, su voz, canto, etc., y es 
quizá la especie más común en el territorio Argentino, encontrándose también con abun- 
dancia en las provincias centrales. Prefiere los lugares algo más secos y cubiertos den- 
samente de paja y grama. 

Durante la expedición, hemos tenido frecuentes ocasiones de observarla, p. ej,, cerca del 
Azul, Carhué, Nueva Roma, etc. 



— 38 — 

7. POOSPIZA NIGRORUFA Lafr., D'Orb. 
Burm., Reise, II, p. 484. 

Observada por última vez en los pajonales de Gyncrium del R. Sauce (Chico), cerca 
del F. Argentino. En el R. Colorado y en el R. Negro, donde, según Hudson, se en- 
cuentra esta especie, no la hemos hallado: es probable que ella desaparezca con la entrada 
de la estación hiemal. 

8. POOSPIZA TORQUATA Lafr. D'Orb. 
Bürm., Seise, II, p. 484. 

Observada una sola vez en los jarillares del R. Colorado, donde parece tener el límite 
meridional de su propagación. 

9. DONACOSPIZA ALBIFRONS Vieill. 
Burm. Beisc, II, p. 484. 

Entre los pajonales de Gyncrium del Arroyo Salado, cerca del fortín Iniciativa. 
Difiere bastante, en sus costumbres, de los representantes de Poospiza. 

10. PIIltYGILUS CARBONARIUS D'Orb. 
Burm. Eeise, II, p. 487. 

El plumaje nuevo de invierno es, en toda la parte superior del cuerpo, de un colori- 
do pardo pálido, estriado de un color más oscuro, teniendo cada pluma una estria oscura 
en su centro, sobre el escapulario. La base de todas las plumas, en su arranque, es de 
un gris negruzco. Las pequeñas cubiertas alares y la orilla externa de los remos, son 
bordadas de un gris pálido hasta gris blanquecino; los remos secundarios, como también, 
aunque en menor grado, las rectrices internas, son bordadas en la parte superior de un 
gris-pardo pálido. Toda la parte inferior es de un negro intenso en el fondo, pero sal- 
picado de gris-blanco encima del plumaje, por tener las plumas, particularmente las cu- 
biertas inferiores de la cola, lo mismo que las plumas de la parte posterior del vientre, 
en los flancos, en el pecho, el cogote y alrededor de los ojos, las puntas ó barbas blan- 
quecinas. 

En la estación fria, vive generalmente en bandadas, asociada á la Zonotrichia canicapilla, 
en los jarillares y demás arbustos de la formación patagónica. 

Por primera vez la he encontrado cerca de la laguna de Marra-Có, es decir, donde 
empieza la vegetación de arbustos. Parece ser muy abundante en las colinas de los valles 
del Rio Negro y del Rio Colorado, lo mismo que en el interior de la travesía. Al volar, 
se la reconoce fácilmente por las plumas negras de la cola y de las alas. 



— 30 — 

11. P1IRYGILUS FRUTICETI Kittl. 

Bdbm. Beise, II, p. 487. Darw. Zool. of Beagle, III. 

Gay, Faun. Chil. I, p. 357. 

Sclat. et Hi-Dsox, Proc. Zool. Soc, 1872, p. 534, ss. 

El plumaje nuevo de invierno ofrece particularidades, corno la especie anterior, á saber: 
aparece de un color gris, por el gris blanquecino de las puntas ó barbas de las plumas. 
Desgastándose gradualmente las barbas extremas de las plumas, el macho adquiere cada vez 
más aquel color negruzco que lo caracteriza durante la estación de verano. 

En el invierno se la observa generalmente en bandadas de á 40-50 individuos, (pocas 
veces de á IOOO y más, como la encontré cerca del Neuquen) en los jarillares, entre el 
Rio Colorado y el Rio Negro, donde también anida en el verano. Espantados, se levan- 
tan generalmente muy alto, formando en su vuelo grandes curvas á distancias considera- 
bles. Se diferencia fácilmente, á lo lejos, de la especie anterior, por su tamaño casi 
doble. 

Observé las primeras bandadas en el R. Colorado, cerca de Pichi-Mahuida. Es inte- 
resante esta especie por la circunstancia, digna de mencionar, de que en la Patagonia 
setentrional ella habita sitios en que abunda una Compuesta del género Chuquiraga, la 
misma que abunda también en los parajes serranos donde encontré este animalito, en el 
« Infiernillo » de la Sierra de Tucuman, á una altura de 3,000 metros. 



12. DIUCA MINOR Bon. 

Buril Beise, II, p. 483. 

Sclat. et Huds. P. Z. S., 1872, p. 534, ss. 

En sociedad de la Zonotr. canicapüla, pero no muy abundante, entre el R. Colorado 
y R. Negro (Pichi-Mahuida, Choelechoel, etc.); Gould (Zool. of t. Beagle, III) considera 
esta especie del Rio Negro como la D. grísea Less. de Chile. 

13. ZONOTRICIIIA PILEATA Bodd. 

Zonotr. matutina, L., Burm. Beise, II, p. 480. Gay, Faun. Chil. I, p. 360. 

En todos los lugares adecuados de la pampa. Desaparece más y más hacia el Sur, 
remplazándola la siguiente forma: 

Yar. canicapüla, Gould, Zool. Beagle, III, p. 91. 

Dejemos aquí pendiente la cuestión acerca de la separación de esta forma como 
especie ó como variedad geográfica- En su voz, canto y costumbres no hemos podido 
observar ninguna diferencia fundamental entre ambas. Pero se reconoce fácilmente la 
última, desde lejos, por el gris uniforme de la cabeza. 

Se presenta este animal con la aparición de los primeros arbustos precursores de la 



— 40 — 

formación patagónica. La encontré por primera vez cerca de la laguna de Marra-Có, 
entre el R. Sauce (Chico) y el R. Colorado, y hasta el R. Negro ella ha sido, de ambas, 
la única que hemos observado. 

Vive por lo general en bandadas, asociada al Plir. carbonariits D'Orb. 

14. EMBERXAGRA PLATENSIS Gm. 

Bukm. Beise, II, p. 485. 

En los pajonales de Gynerium, etc., cerca de las lagunas y aguas corrientes, casi en 
todo el territorio de la pampa, como también en el valle del R. Negro. No la hemos 
observado en el valle del R. Colorado, donde predomina la siguiente especie. 

15. EMBERNAGRA OLIVASCENS D'Orb. 
Bubm. Beise, II, p. 485. 

Habitante más bien de la vegetación de arbustos de las provincias centrales, que de 
los pajonales de la pampa, (como ya lo dice D'Orbigny,) apareció la vez primera cerca 
de la laguna de Carhué, y se la encontró en abundancia en el valle del Rio Colorado ■ 
pero no hemos notado su presencia en el valle del R. Negro, donde abunda la E. 
platensis. 

16. CHRYSOMITRIS BARBATA Molina. 
Chr. campestris, Gay, Faun. Chil., p. 352. 
Numerosa en bandadas, cerca del R. Sauce, R. Colorado, R. Negro, etc. 

17. SYCALIS ARVENSIS Kittl. 

Sclat. P. Z. 8., 1867, p. 323. 1868, p. 140. 
Sycalis luteiventris, Bürm. Beise, II, p. 489. 

Siempre en grandes bandadas. Cerca de Carhué, R. Sauce, R. Colorado, etc. 

15. COTITENICIjLUS MANIMBE Vieiil. 
Bcrm. Beise, II, p. 486. 

He cazado ejemplares de esta especie en el valle del Rio Colorado; pero parece que 
no es muy abundante. 

19. AGELAJTJS TIIILIUS Mol. 
Burm. Beise, II, p. 402. 
En una laguna de la orilla del R. Colorado. 



— 41 — 

20. XANTHOSOMUS FLAVUS Gm. 

Gmel. Syst. Nal I, 389. 

Gould, Voy. Beagle, III, T. 45. 

Cab. Mus. Mein., I, p. 189. 

Cassix, Proc. Jra<¿ PhiL, 1866, p. 14. 

Numerosos individuos asociados á una gran bandada de la subsiguiente especie, en la 
pampa, entre Lavalle y Carhué. Mas hacia el Sud no la he observado ya. 

21. PSEUDOLEISTES VIRESCENS Vieill. 

Leistes anticus, Burm. Seise, II, p. 491. 

Siempre en bandadas considerables por su número, generalmente en los pajonales de 
Gynerhim, ó sus alrededores, etc. Cerca de Guamini, en el valle del R. Sauce y del R. 
Colorado. 

22. MOLOTE RUS BONARIENSIS Gm. 

Cass. Proc. Acad. Phil, 1866, p. 23. 
Sclat. Proc. Zool. Soc., 1808, p. 140. 
M. sericens Burm. Reise, II, p. 494. 

Fué observada por última vez en una bandada cerca de Carhué, pero sin la sociedad 
del M. rufaxülaris, lo que en cambio por regla general, se observa en los distritos del 
Norte. 

23. STURNELLA DEFILIPPII Bp. 

Trupialis militaris, Burm. Eeise, II, p. 490. 

Abundante en bandadas en la pampa — donde se recogieron en frecuentes ocasiones 
individuos lastimados, á lo largo de la línea telegráfica. 

24. STURNELLA LOICA Mol. 

Sturnella militaris Lix. , autor, plur. 
Trupialis loica Burm., Reise, II, p. 496. 

Esta especie sustituye la anterior en el Sud-Oeste del territorio, siendo observado por 
nosotros primeramente cerca de Carhué, Nueva Roma, etc. Es muy abundante en las 
orillas del R. Colorado y R. Negro. 

25. AGRIORNIS STRIATÜS Gould. 

A. striatus Gould, Zool. Beagle, III, p. 56. 
,4. mieropterus Gould, ibid, T. XII. 
A. striatus Burm., Reise, II, p. 459. 

Ejemplares escasos en los jarillales, cerca del R. Colorado y R. Negro. 

<; 



— 42 — 

26. TAENIOPTERA DOMINICANA Vieill. 
r.¡ km. Reise, II, p- 460. 
Se han observado algunos ejemplares en las Sierras de Azul y de Currumalan. 

27. TAENIOPTERA IRUPERO Vieill. 
T. moesta, Burm., Reise, II, p. 460. 

Observada una vez en las barrancas coloradas ., al Norte del R. Colorado, donde 
había un grupo de árboles de algarrobo. 

28. TAENIOPTERA CORONATA Vieill. 
Bi rm. Reise, II, p. 459. 

Al Norte del Rio Colorado. 

29. PTYONURA CAPISTRATA Burm. 
Burm., Journ. Orn., VII, p. 80. Reise, II, p. 462. 

Hemos observado en diferentes ocasiones, en escasos ejemplares, un representante de 
este género, de un color gris predominante, con frente negra, etc., por lo que debe ser 
la mencionada especie de Burmeister. 

Azul, Carhué, R. Colorado, R. Negro. 

El animal corre con mucha destreza por el terreno húmedo, en la orilla de las aguas. 
Indudablemente es un huésped del invierno. El Museo público de Buenos Aires tiene la 
misma especie del Carmen de Patagones. 

30. CENTRITES N1GEB Bodd. 

Burm., Reise, II, p. 458. 

Pastante abundante en sitios húmedos y abiertos de la pampa, desde el Azul hasta 
el Rio Colorado. 

31. PIIYLLOSCARTES FLAVO-CINEREUP Burm. 

Burm., Reise, II, p. 455. 

Sclat. et Hius., Proc. Zool. Soc, 1812, p. 5:J4, ss. 

Es una aparición constante en los jarillares del R. Negro y del R. Colorado, aunque 
no se halla con frecuencia. Los ejemplares de allí son de un color algo más oscuro que 
los de Córdoba. 



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32. ANAERETES PARULUS Kittl. 

Burm. , Reise, II, p. 455. 

Abundante en los jarillares y arbustos espinosos del R. Negro y del R. Colorado. Ge- 
neralmente en sociedad con la especie anterior y las diferentes de Synallaxis. 

33. CYANOTIS AZARAE Liclit. 

Sclat., Proc. Zool. Soc, 1867, p. 327. 1869, p. 159. 
Tachuris omnicolor, Lfr. D'Orb., Syn. p. 55. 
T. rubigastra, D'Orb., Voy. Ois., p. 383. 

En las lagunas dulces rodeadas de juncales y cañaverales, en la pampa y en las 
márgenes del R. Colorado y del R. Negro (Choelechoel). Vive generalmente asociada á 
la Synallaxis melanops. 

34. GEOSITTA CUNICULARIA Vieill. 
Burm., Reise, II, p. 465. 
Abundante en sitios de suelo desnudo, en todo el territorio, hasta el Rio Negro. 

35. UPUCERTHIA DUMETORIA Geoffr n'Orb. 

Burm., Reise, II, p. 463. 

La observamos por vez primera entre Carhué y Pitan, en las murallas de los fortines 
y en las rocas de la Sierra de Currumalan. 

Muy abundante en las colinas del Rio Colorado, menos en las del R. Negro. 

36. CINCLODES FUSCUS Vieill. 

C. vulgaris D'Orb., Burm. , Reise, II, p, 463. 

Abundante en todo el territorio, hasta el Rio Negro, particularmente en las riberas 
desnudas de las lagunas y rios de agua dulce. 

37. PHLOEOCRYPTUS MELANOPS Vieill. 

Burm. , Reise, II, p. 470. 

Abundante en los juncales y totorales de las lagunas dulces, hasta en los del Rio 
Colorado, R. Negro y R. Neuquen. Vive siempre en el suelo medio inundado, y rara 
vez sube á la punta de las espigas. 

38. LEPTASTIIENTJRA AEGITIIALOIDES Kittl. 
D'Orb., Voy. Oís., p. 243. 
Esta especie, que en los espinares del Norte de la República se halla sustituida por 



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la L. platensis Reicii. (ó sea la L. aegitlialoidcs Burm. Reisc, II. p. 469), la hemos 
observado con la aparición de los primeros arbustos patagónicos al Norte del R. Colorado, 
como cuatro leguas al Sud-oeste de Nueva Roma. 

Ella se halla con alguna frecuencia en los jarillares entre el R. Negro y el R. Colo- 
rado. 

39. SYNALLAXIS PATAGÓNICA D'Orb. 

D'Okb., Voy. IV, p. 249. 

Sclat et Huds. Proc. Zool. Soc, 1872, p. 534, ff. 

lbid., 1874, ).. 24. 

Hemos encontrado recien los primeros individuos de esta especie á nuestra llegada 
á las márgenes del R. Colorado. Frecuenta los jarillares de la meseta, asociándose ge- 
neralmente á la subsiguiente especie, con la cual tiene remarcables analogías en sus hábitos 
y su modo de vivir. 

40. SYNALLAXIS SÓRDIDA Less. 

Sijn. humicola Kittl., Burm. Beise, II, p. 4G8. 
Syn. brunnea, Goum, Zool. Beat/le, III, p. 78 (juv.) 

Esta especie es algo variable, según la edad de los individuos y las localidades donde 
se hallan. 

Los individuos del Rio Colorado, en su mayor parte, y más pronunciadamente aún 
los de Córdoba, tienen en la base de la mácula guiar ferrugínea una mantilla negruzca, 
formada por dos ó más plumitas escamosas, de color negro-brúneo, cuyas barbas finas ex- 
tremas, lo mismo que en la mácula ferrugínea, en estado fresco, son blanquecinas seríceas. 

En una variedad del Sud de Corrientes la mácula guiar es mucho más grande, apa- 
reciendo compuesta como de blanco (en el ángulo maxilar), y rojo bermejo en el gargante, 
sin tener las mencionadas plumitas negruzcas en la base de la mácula. 

De los rectrices, siempre los tres primeros, externos, á cada lado, son de un rojo ber- 
mejo uniforme, pero en los ejemplares jóvenes la tercera ya está orillada de negro en su 
barba interior, en su extremo, y alguna vez también en la barba exterior. La cuarta rec- 
trice es de color oscuro solo en su extremo, pero la 5? y &■ enteramente de un negro 
pardo uniforme. 

En los ejemplares viejos la cuarta rectriz tiene generalmente toda la barba exterior 
hasta el extremo, y alguna vez, también, una faja á lo largo de la quilla en la barba in- 
terior, de color ferrugíneo, siendo oscura generalmente la punta de la pluma. La 5 ; .' y 6- 
rectrices tienen vestigios de este color solo en la orilla mas extrema de las barba, y solo 
cuando el plumaje está nuevo. 

Los remos, en su base, y su barba interior, son de un color rojizo bermejo pálido, 
más pálido que las cubiertas axilares interiores de la ala ; y también las barbas exteriores 



— 45 — 

de los remos, cerca de la base, son algo orilladas del mismo color, poco más intenso. 

El pico y los pies de esta especie son bastante robustos, y la cabeza igualmente, en 
comparación con la siguiente especie. En los ejemplares jóvenes la mácula guiar es muy 
pálida, casi blanca. 

Toda la configuración de esta especie, que es más robusta, su cola más corta, y lo 
insignificante del color gris ferrugíneo, en la parte exterior del ala, la diferencia á pri- 
mera vista de la sub-siguiente, á la cual es casi sumamente parecida. 

Ella es un habitante exclusivo de los espinares, y no se halla donde éstos faltan. 
Vive con preferencia en las ramas de los arbustos y árboles, saltando y volando de un 
arbusto á otro, y no baja con frecuencia al suelo, como la especie siguiente. Casi durante 
todo el dia se oye su canto especial — un trinado fuerte y resonante. 



él. SYNALLAXJLS FLAVIGULARES Gld. 

<Min.li, Zool. of Beagle, III, p. 78, pl. 24. 

Syn. Orbignii Rcieh. Sclat, Proc. Zool. Soc, 187'J. 

En su colorido, esta especie se asemeja mucho á la anterior, aunque difiere consi- 
derablemente en todas sus costumbres y modo de vivir. 

Las diferencias más notables consisten en la figura mucho más esbelta y graciliforme 
del pico y de todo el cuerpo. También la cola es mucho más prolongada y escalonada, 
aunque en la distribución del color rojo hay poca diferencia. 

Las tres rectrices externas, á cada lado, son de un rojizo bermejo uniforme. La si- 
guiente (4 a ) tiene la base y toda la barba exterior de color rojizo, la 5 a y 6 a con la base 
del mismo color, y en ejemplares frescos, está bordada también del mismo color, pero más 
cargado, la orilla de la barba externa. 

Los remos secundarios tienen un lunar completo rojizo-bermejo, más dilatado y en su 
colorido algo más cargado que en la otra especie, formando una verdadera faja transversal 
en el ala, que se nota cuando ésta se abre. Las rectrices y las barbas exteriores de los 
remos son mejor y más claramente bordadas de color rojizo, de modo que casi toda la 
base, en el exterior de las alas, parece algo rojiza, á diferencia de la especie anterior. 

Toda la parte inferior del cuerpo parece algo más oscura, es decir, cargada de gris- 
bermejo. 

La mácula guiar es pequeña y de un amarillo puro, algo anaranjado. Las plumitas 
amarillas que la forman son blancas en su base y la barba extrema, y cada una tiene ge- 
neralmente una manchita negra cerca de la punta. En los ejemplares jóvenes la mácula 
guiar falta por lo común, siendo generalmente la garganta c'e color amarillento-blanquecino. 

Las dimensiones de ambas especies son las siguientes: 



— 46 — 



Long. total. Longitud. Altura. 











DIFERENCIAS 






). 






ENTRE LA I.OSGITVI) DE LAS 


RECTRII ES 


Altura. 


Ala. 


Cola. 


Entre la V} 


Entre la 


Entre la 1 








y la última. 


1? y la 21' 




v la :;■' 


->_Lmm. 

J2 


6o-62 mm - 


65 mm - 


2 fmiii. 


j 2 a " 11 * 




^uim. 


TÜDim. 


60 mm - 


n r mm. 


3 5 . 40 mm. 


1 ¡ mm. 




io mm - 



S. sórdida. I5 cm - 9 mm - 

S.flavigularis. i6 em - 9* m - 

La longitud total de la 5. flaiigularis es mayor, por la cola mucho más larga, que 
la de la .S. sórdida, mientras que el tamaño del cuerpo es menor. La diferencia más fá- 
cilmente mensurable existe en la distinta longitud de la 2-' y 3: rectrices externas ro- 
jizas. 

Esta especie vive con preferencia en los lugares algo húmedos, á lo largo de las ribe- 
ras de los rios y lagunas, particularmente donde abundan los bosquecillos de Baccharis 
hmceolata cubiertos con enredaderas. Anda frecuentemente en el suelo húmedo, y vive 
siempre medio oculta entre las yerbas y los arbustillos, cuando los hay. Es sumamente 
arisca y fugitiva, volando generalmente á grandes distancias, y bajando otra vez á tierra, 
ó al centro de un arbusto. Su cola larga y medio rojiza puede fácilmente reconocerse 
aurante el vuelo. Su voz consiste en un silbido muy suave, casi idéntico al del Pliyl- 
lopnenstc rufa de Europa, á diferencia, muy notable por cierto, de la especie anterior. 

Tiene una propagación bastante estensa, hallándose á lo largo de los rios, desde la 
Cordillera hasta las embocaduras de éstos, por cuya razón se encuentra también en 
regiones donde faltan las verdaderas selvas de espinares. 

He tenido ocasión de observar esta especie cerca de Córdoba y de Tucuman (Tafí), 
en los valles del R. Colorado y del R. Negro hasta cerca de la embocadura del Neuquen. 

Observación. — He enviado ejemplares de esta especie á los SS. Drs. Jean Cabanis en Berlín y 1'. L. Sclater 
en Londres. 

El Dr. Cabaxis la considera como S. sórdida Less., aunque cree diferente de ésta, la especie ante- 
rior, de la cual le había mandado ejemplares bajo el nombre de S. sórdida Less. 

En cambio, Mr. Sclater considera nuestra especie idéntica con la 8. crassirostris Landis. de Men- 
doza, la que, según él, debe ser la S. Orbignii Reich. (1), mientras que, tanto la 8. flavigularis, como 
la S. orunnea de Gould, debian ser individuos jóvenes de una mismísima especie, la S. sórdida Less. (2), 
lo que difícilmente se entiende. 

La gran semejanza de ambas especies indudablemente ha dado origen, muchas veces, á dudas y equi- 
vocaciones. El observador que no ha examinado un buen número de ejemplares de ambas especies, no 
las diferencia al primer golpe de vista, y se halla aún más perplejo, cuando se le presentan ejemplares 
con plumaje viejo y algo desgastado, á pesar de lo característico que se ofrece por lo delgado y gracili- 
torme de su pico y por el tinte rojizo en la parte exterior de las alas, de la S. flavigularis, :< diferen- 
cia de la S. sórdida. 

No podemos inclinarnos á creer que una especie que nosotros, al principio, quisimos nombrar «S.gra- 
< ilirostris», nombre bien propio y merecido por ella, sea idéntica con una especie llamada por Land- 

(1) Cf. Proc. Zool. Soc, 187'J. 

(2) Cf. Proc. Zool. Soc, 1874, p. 22 y 24. 



— 47 — 

beck «S. crassirostris » . De los pocos datos que el último suministra acerca de los hábitos de su especie, 
se deduce instantáneamente que ella no puede ser idéntica con la nuestra, en cuestión, sino más bien de 
la anterior ó de una especie muy análoga á ella, que podría ser la 8. Orbignii Reich., que no cono- 
cemos por observaciones propias, pero que, según las del Sr. Schulz en Corrientes, debe ser una espe- 
cie algo mas grande y robusta. 

La figura de la 8. flavo gularis Gould, en el Voy. of the Beagle, representa indudablemente un in- 
dividuo joven de nuestra especie, y no de la anterior, como pretende Sci.ater. Esas manchitas oscuras 
esparcidas, en la garganta, formadas por un puntito oscuro en el extremo de cada plumita, son suma- 
mente característicos para nuestra especie, y nunca se hallan, en una agrupación análoga, en la especie 
anterior. 

Muy característicamente también diferencia Gould de ella su S. brunnea, la cual debe ser un indivi- 
duo de la anterior especie, y que, como él lo recuerda muy bien, se diferencia de la 8. flavignlaris 
por su pico más grueso. 

•42. SYNALLAXIS MODESTA Eyt. 

»S'. flavo gularis, Birm., íteise, II, p. 468. 

S. modesta Eyt., Contr. Orn., 1851, p. 159. Sclat., Proe. Zool. Soc. 1867, p. 324. Ibid. 

1874, p. 23. Sclat. et Hrns. Ibid, 1872, p. 544 ss. 
S. sórdida, Phil. et Land., Cat. av. ChiL, p. 13. 

Un verdadero habitante de las rocas y piedras; sólo en invierno se le halla también 
en otras regiones. La hemos observado recien, en ejemplares escasos, á nuestra llegada 
á los cerros graníticos de Pichi-Mahuida, en el R. Colorado, y en la travesía de la balclieta 
en el R. Negro. Tiene una propagación estensa hacia el Norte de la República, encon- 
trándose aún en la Sierra de Córdoba y en la de Tucuman. 

43. SYNALLAXIS ANTIIOIDES King. 

S. anthoides Kino., Proc. Zool. Soc, 1830-31, p. 30. Sclat., Ibid. 1859, pp. 193, 196. Ibid. 

1867, p. 324. Ibid. 1874, p. 25. 
8. rufogularis, Gocld, Zool. Beagle, III, p. 77, T. 23. Cabás., Mas. Hcin., II, p. 28. 

Se ha encontrado, con bastante frecuencia, esta especie, en las regiones palustres de 
la pampa, entre Azul y Carhué, en los pajonales de Gynerium, etc., como p. ej. en las 
riberas del Arroyo Salado, en las inmediaciones de la laguna de Epecuen, etc. Prefiere 
la vida en tierra, corriendo sobre el suelo. 

En los ejemplares jóvenes, la mácula guiar es poco pronunciada. 

U. SYNALLAXIS STRIATICEPS Lafr. D'Orb. 

Burm., Beise, II, p. 469. 

Esta especie se halla, aunque no muy abundantemente, en los arbustos espinosos 
situados entre el R. Colorado y el R. Negro, donde también encontramos varias veces 
aquellos nidos particulares que construye esta especie, con el único objeto de pernoctar 
en ellos. 



— 48 — 

43. ANUMBIUS ACUTICAUDATTJS Less. 
Burm., Reise, II, p. 467. 

Es una especie que se encuentra frecuentemente y que es característica de las regiones con 
selvas espinares. Pero vive más bien en la orilla que en el centro de los montes densos, 
ó á lo menos en lugares abiertos, con pocos árboles ó arbustos. 

Hemos notado su presencia en la pampa, así que se ofrecieron á la vista algunos 
arbustos, como p. ej. cerca de Carhué, y más tarde, algunas leguas al Sud-Oeste de 
Nueva Roma. Se halla, aunque no en tanta abundancia, en los valles del R. Colorado y 
del R. Negro. 

44. ANABATES GUTURALIS Lafr. D'Orb. 
Burm. Reise, II, p- 407. 
Es una de las aves más características de la formación patagónica de arbustos: allí 
se siente con frecuencia su voz, un trinado muy fuerte y resonante, pues se le puede 
oir á una distancia de 2-3 kilómetros y más. 

Hemos encontrado por primera vez esta especie en las inmediaciones del R. Colo- 
rado, lo mismo que en todo el territorio entrenarlo hasta el R. Negro. 

45. RHYNOCRYPTA LANCEOLATA GeofíV. D'Orb. 

Burm., Reise, II, p. 471. 

Se halla, aunque no en mucha abundancia, en los valles del R. Colorado y del R. 
Negro. 

40. PTEROPTOCHUS [TARNIf Kiñg.?] 
Gay., Faun. ChiL, I, p. 304. 

He observado en los jarillares del s Chichinal », en el R. Negro, una especie de este 
género, con la frente de color canela, y la cola oscura en su estremo. Probablemente 
es ésta especie la indicada, conocida de las regiones meridionales de Chile. 

47. COLAPTES AGRÍCOLA Malh. 
C. australis, Burm. Journ. Ora., VII, p. 244. Reise, II, p. 445. 

Parece qne esta especie no abunda en el Sur de la República Argentina. La he 
observado por primera vez en la Sierra de Currumalan, y más tarde en los sauces del 
R. Negro, cerca de la travesía de la Balcheta. 

48. MEGAOERYLE TORQUATA Linn. 
Burm., Reise, II. p. 1 16. 

La hemos observado algunas veces en el R. Negro, cerca de Choelechoel, y en la 
travesía de la Balcheta. Parece ser escasa en aquellas regiones. 



— 49 — 

4'j. CONURUS PATAGONUS Vicill. 
Bukm., Reise, II. p. 441. 
R. Colorado y R. Negro, en bandadas. 

50. STRIX PERLATA Liclit. 

Bukm., Reise, II, p. 440. 

Un ejemplar muerto, pero suficientemente conservado, he encontrado en las riberas 
del R. Negro, cerca de la embocadura del Neuquen. 

51. BUBO VIRGINIANUS Gm. 

B. erassirostris Burm., Reise, II, p 439. 

Abunda bastante en las islas del R. Negro, principalmente en Choelechoel, donde, 
en las noches frías de Junio, diferentes individuos nos divirtieron con su lúgubre canto 
nocturno, que recuerda la voz humana. 

52. OTUS BRACÍIYOTTJS Forst. 

Bürm., Reise, II, p. 439. 

Muy abundante en todas las regiones palustres de la pampa. Vuela también en el 
dia, y entonces se la reconoce fácilmente por su particular aleteo pesado. 

53. GLAUCIDIUM NANITM King. 

Burm., Reise, II, p. 441. 
Observado cerca de Choelechoel. 

54. NOCTUA CTJNICULARIA Mol. 

Burm., Reise, II, p. 440. 

Esta especie parece seguir, respecto á su propagación, á su compañera, la vizcacha. 
Es mucho más escasa en el Sur que en las partes centrales de la República. 

En las inmediaciones del R. Colorado ya es una aparición rara, y en el valle del 
R. Negro no recuerdo haberla visto. 

55. C1RCÜS CINEREUS Vieill. 
Bürji., Reise, II, p. 439. 
Rio Colorado. Rio Negro. 



— 50 — 

56. CIECUS MACEO PTEEUS Vieill. 

C. macropterus Sclat., Proc. Zool Soc. 1868, p. 143. 
C. superciliosus Less. 2V. Oí-»., p. 87., T. III. f. 1. 
C. megaspüus Gould. ZVoc. Z. <S., 1837., p. 10. 

Muchas veces hemos observado esta especie en el territorio de la pampa, hasta en 
las inmediaciones del R. Colorado. 

57. ELAXUS LEUCUEUS King. 

Sclat. Proc. Zool. Soc, 1809. p. 159. 

Falco melanopterus Bonap. Am. Orn., II. T. II. f. 1. 

E. dispar Less. Tr. Orn., i>. 72. 

Observada alguna vez en el territorio de la pampa. 

58. BUTEO ERYTHEONOTUS King. 

King, Zool. Journ., 1827. 

Gay, Faun. Chil., I, p. 215. 

B. braccatiis Lafr., Rev. Zool-, 100. 

B. tricolor D'Orb., Voy. Amer. mer. Ois., p. 106, T. III, f. 1-3. 

B. tricolor D'Orb., Burm., Beise, II, p. 430. 

No nos atrevemos á ventilar aquí la cuestión de si el B. polyosoma Q. et Gaim. 
representa una especie distinta de ésta, ó si debe considerarse como el macho viejo de la 
misma, como la reputó D'Orbignv. Hemos observado ambas formas durante nuestro 
viaje, á veces en parejas, la una con la otra. No he podido cazar hasta ahora un macho 
que tuviese el colorido característico del verdadero B. erythronotus s. str. 

El ave de menos edad, en su color, se diferencia notablemente del viejo. 

Toda la parte inferior del cuerpo, con inclusión de los calzones y cubiertas inferiores 
de la cola, y con exclusión de la garganta, la cual es de color amarillo-blanquecino, está 
pintada de fajas transversales de color bermejo-oscuro. La parte superior del cuerpo es 
de color pardo-rojizo, con las quillas y algunas manchas transversales en cada pluma de 
color cargado. Las puntas de las plumas encima de la cabeza, como igualmente las 
cubiertas de las orejas y los frenos, son de color oscuro negruzco. Las rectrices, en su 
parte superior y en la barba exterior, son de color gris ; la barba interior es de color 
blanquecino, con manchas angostas oscuras en forma de zigzag. Una faja transversal, más 
oscura, en el extremo de la cola, la cual, en los ejemplares viejos, es muy pronunciada- 
mente marcada, casi no es ostensible en los ejemplares jóvenes. 

Con el avance de la edad desaparecen gradualmente las líneas transversales de la par- 
te inferior, conservándose siempre vestigios de ellas en los calzones y en la cola, hasta que 
en la vejez toda la parte inferior es de un blanco puro, 

Esta especie ha sido, durante nuestra cruzada, una de las apariciones más frecuentes, 



— 51 — 

tanto en la pampa, como en la Patagonia setentrional Con mucha frecuencia la hemos 
cazado en todos los diferentes estados de edad y colorido, entre Azul y Carhué, á lo 
largo de la línea telegráfica, donde se posaba sobre los palos. 

En las inmediaciones del R. Colorado hemos observado frecuentemente su nido, 
encima de los árboles, y también en arbustos altos y densos. Entre los restos de ra- 
tones, etc., también se han encontrado los del Lyncodon patagonicus, bajo su nido. 

59. BUTEO PTEROCLES Temm. 
B. acuticaudatus, leucurus, Vieill. Encylc. metli., 1223, 1257. 
Abundante en el valle del R. Negro, cerca de Choelechoel, en el Chinchinal, etc. 

60. GERANOAETUS MELANOLEUCUS Vieill 
Burm. Reise, II, p- 435. 
Sierra de Azul y Currumalan. Abundante en el valle del R. Negro, donde anida 
arriba de las barrancas de arenisca terciaria, formando su nido de palitos encima de las 
terrazas prominentes, p. ej. en las colinas de la travesía de la «balcheta». 

61. HYPOTRIOECIIIS FEMOEALIS Temm. 
Burm. Reise, II, p. 437. 
Muy abundante en los valles del R. Negro y R. Colorado. 

62. TINNTJNCULUS SPAEVERIUS Lin. 
Burm. Reise, II, p. 437. 
Abundante en todo el territorio explorado. 

63. MILVAGO CHIMANGO Vieill. 
M. pezoporus Mn. Burm. Reise, II, p. 434. 
Muy común en toda la pampa, pero en mayor número en los distritos del Norte que 
en los del Sur. 

64. POLYBORUS THARUS Mol. 
P. vulgaris Vieill. Burm. Reise, II, p. 434. 
Menos abundante en la pampa que la especie anterior; pero se la observa con más 
frecuencia en las regiones con vegetación arbórea, como en el Rio Colorado, Rio 
Negro, etc. 



— 52 — 

65. CATHARTES ATRATUS Bart. 
C. foetens III. Burm. Reise, II, p. 433. 
En el valle del Rio Negro. 

66. PIIALACROCORAX BRASILIAXUS Gm. 
Burm., Reise, II, p. 520. 
Es abundante en el Rio Colorado y en el Rio Negro. 

G7. ÁRDEA COCOI Lin. 
Burm., Reise, II, p. 508. 
Observada en las lagunas ribereñas del R. Colorado y del R. Negro. 

68. ÁRDEA EGRETTA Gm. 
A. leuce Burm., Reise, p. 509. 
En los mismos sitios y también en muchas lagunas dulces de la pampa. 

09. NYCTICORAX GARDENI Gmel. 
Burm. Reise, II, p. 508. 
En los pajonales del R. Negro, cerca de Choelechoel. 

70. THERISTICUS JMELAXOPIS Gm. 

Burm., Reise, II, p. 510. 

Observada en diferentes lugares de la pampa, y por última vez en las lagunas de 
las riberas del Rio Colorado. 

71. FALCINELLUS IGNEUS Gm. 

Ibis chalcoptera Temm., Burm., Reise, II, p. 511. 

Abundante en las regiones palustres de la pampa. Observada por última vez en las 
lagunas de las riberas del Rio Colorado. 

72. PIIOENICOPTERUS IGNIBALLIATÜS Geoff. D'Orb. 

Burm., Reise, II, i>. 512. 

En grandes bandadas en las lagunas de agua salada de la pampa, p. ej. cerca de 
Carhué (Lag. Epecuen), Puan, Laguna de Marra-Có, Salinas Chicas, etc. 



— 53 — 

73. CU AUNA CHAVARÍA Lin. 
Btjrm. Beise, II, p. 500. 
Observada sólo en algunos esteros y lagunas dulces, entre Olavarría y Lavalle. 

74. CHLOEPIIAGA MAGELLANICA Gm. 

Sci.at., Proc. Zool. Soc, 1800, p." 387. Buuii. ibid, 1 y 7 "2 , p. 364, ss. Sclat. et Salv. ibid. 

1870, p. 303. 
C'h. dispar Phii.. Laxdb. Ann. Univ. Chil. 1802, XXI, p. 427. 
Sclat. Proc. Zool. Soc. 1807, p. 334. 
Vulg. «Avutarda». 

En bandadas considerables en las riberas de la laguna de Epecuen (Carhué) y en 
las del R. Colorado y R. Negro. 

75. CHLOEPIIAGA POLIOCEPIIALA Gray. 

Sci.at. Proc. Zool. Soc, 1807, p. 128. Scl. et Salv., Ibid. 1870, p. 300. Buril Ibid. 1872, 

p. 304, ss. 
Anser inornatus, Kisg. , Proc. Zool. Soc-, 1831, p. 15. 
Bemicla chiloensis, Phil., An. Univ. Chil., XXI, p. 427. 

Asociada á la especie anterior. 

76. CYGNUS NIGRICOLLIS Gm. 

Burm., Reise, II, p. -512. 

Observada en algunas lagunas de la pampa y en las del R. Negro. En el último rio 
esta especie abunda, en pequeñas sociedades, en los brazos secundarios de agua parada, p. 
ej. cerca de Choelechoel, y más hacia abajo. En la parte de arriba del mismo rio no la 
hemos observado. 

77. CYGÍÍUS COSCOROBA Mu!. 
Bübm. Reise, II, p. 512. 

Abundante en todas las mayores lagunas dulces de la pampa. 

78. QUERQUEDULA CYANOPTERA Vieill. 

Bübm., Reise, II, p. 510. 

Esta especie es indudablemente una de las más propagadas en la pampa Sur, hasta 
el Rio Colorado, encontrándose lo mismo en las lagunas que en las aguas corrientes. 



— 54 — 

79. QÜERQUEDULA FLAVIROSTRIS Vieill. 

Bukm. Reise, II, p. 516. 

Lo mismo que la especie anterior, es decir, umversalmente propagada en el territorio 
explorado. Abundante también en el R. Colorado y en el R. Negro. 

80. QÜERQUEDULA VERSICOLOR Vieill. 

Sclat. el Sai.vix, Proc Zool. Soc, 1870, p. 388. 
Anas maculirostris, Burm. Reise, II, p. 516. 

Sobre casi todas las aguas dulces de la pampa. 

81. DAFILA SPINIOAUDA Vieill. 
Bdkm. eise, II. p. 515. 

Asociada á la Q. ftavirostris, hemos cazado un ejemplar en el R. Negro, cerca de la 
embocadura del Neuquen. 

82. DAFILA BAHAMENSIS Lin. 

Bükm. Reise, 11, p. 245. 
Laguna de Carhué. 

83. MARECA SIBILATRIX Poepp. 

Anas. Chiloensis King. Bttrm. Reise, II, p. 516. 

Este hermoso pato no es una rara aparición en los territorios meridionales de nuestra 
cruzada. 

R. Sauce (Chico). R Colorado. R. Negro. 

84. ERISMATURA FERRUGINEA Eyt. 

Gay. Faun. Chil., p. 458. 

Burm. Proc. Zool. Soc., 1872, p. 369. 

Sclat. et Salv., Proc. Zool. Soc., 1876, p. 404. 



En las lagunas de las riberas del R. Negro. 



S5. COLUMBA PICAZURO Temm. 

Tkmm. Pig. gallin., I, p. 111. Sclat. Proc. Zool- Soc, 1868, p. 143. 
C. Reicheribachi Bon., Consp. Av. II, p. 55. 



Sólo en la pampa septentrional. 



- 55 — 

SG. COLUMBA MACULOSA Temm. 
Bcrm. Eeise, II, p. 496. 

Esta especie se nos presentó á nuestra llegada á las regiones próximas á la vegeta- 
ción arbórea; como p. ej. cerca de Carhué. Ella abunda en el valle del R. Colorado y 
del R. Negro, reuniéndose en bandadas numerosas en los trebolares de los bajos húmedos. 

87. ZENAIDA MACULATA Vieill. 
Btjkm. Reise, II, p. 497. 

En los territorios con vegetación arbórea. Abundante en el valle del R. Colorado y 
de! R. Negro. 

88. KALLUS KYTHTKHYNCHUS Vieill. 

Burm. Reise, II, p. 504. 

En todo el territorio de nuestra excursión, en las lagunas dulces rodeadas de totoras, 
etc. Abundante también en las lagunas ribereñas y los brazos secundarios del R. Colora- 
do y R. Negro, hasta el Neuquen. 

89. FÚLICA ARMILLATA Vieill. 

Burm. Reise, II, p. 505. Sclat et Salv., Proc. Zool. Soc-, 18C8, p. 465. 

Abundante en las lagunas de agua dulce, en todo el territorio de la pampa, y en 
las márgenes del R. Colorado y del R. Negro. 

90. FÚLICA LEUCOPTEEA Vieill. 

Sclat. et Salv., Proc. Zool. Soc., 1868, p. 468. 

Asociada á la especie anterior en algunas lagunas ribereñas del R. Colorado y del 
Rio Negro. Pero mucho más escasa que aquella. Se diferencia fácilmente por el escudo 
frontal de color amarillo. El tamaño puede ser algo mayor. 

91. VANELLUS CAYANENSIS Gm. 

Bt-RM. Reise, II, p. 562. 

Observado con frecuencia solo en los territorios septentrionales de la pampa meri- 
dional, siendo muy escasa en los del Sur. 



— 50 — 
92. EUDROHIAS MODESTA Licht. 

Yanell. modestas Bürm. Rcise, II, p. 502. 
En bandadas cerca del Azul y de Puan y en las playas de Choelechoel. 

93. OBEOPHILUS TOTANIKOSTRIS Jard. 

T. ruficollis Wacl, Bukm., Syst. Uebers., III, p. 361. 

En pequeñas sociedades cerca de F. Argentino, y en Nueva Roma, y también en el 
Rincón Grande en el Rio Colorado. 

94. THINÜCOKUS EÜMICIVOEUS Esch. 

Bukm., Reise, II, p. 500. 

Abundante en pequeñas bandadas en las regiones húmedas de toda la™ pampa meri- 
dional. 

Observada desde el Azul hasta el R. Sauce (Chico). 

95. AEGIALITIS FALKLANDICUS Lath. 

Sclat. Proc. Zool Soc, 1800, p. 380. ll.M. isiis, r . 144. 
Charadrius trifasciatus Licht. Bürm. Syst. Uebers., III, p. GG1. 

En las orillas de las lagunas saladas, en la parte Sur de la pampa. Carhué, Puan, 
Salinas Chicas, etc. 

9G. 1IIMANTOPUS "wiGRICOLLIS Vieill. 

Bürm. Reise, II, p. 502. 

En diferentes lagunas dulces y saladas de la pampa. Algunos ejemplares, también, 
en una laguna del R. Colorado. 

97. GALLIXAGO PABAGUAIAE Vieill. 
Scolopax frenata Bürm., Reise, II, p. 503. 

La variedad paluda (Seo/, magellanica K.) en las orillas del R. Colorado y del R. 
Negro. 

98. GAMEETTA MELANOLEUOA Gra. 

BriíM. Reise, II, p. 503. 
Por última vez en las lagunas del R. Colorado. 



— 57 — 



99. ACT1TURUS LONGICAUDA Bclist, 
Totanus bartramia Wils. Btjbm., Reise, II, p. 503. 
Parece bastante rara en la parte meridional de la pampa, á lo menos en el otoño 
y el invierno. 



100. LIMOSA IIIIÜSONICA Lath. 



Lath. Incl. Orn., II, p. 720. 

L. australis Ghay, List. Scolop-, p. 95. 

Un ejemplar cazado cerca del Azul. 



101. LARES DOMINICANAS Licht. 
L. vociferas Ge., Burm., Reise, II, p. 518. 

En las grandes lagunas saladas de la pampa. Laguna Epecuen (Carhué), Puan, y 
Salinas Chicas. 

102. LARUS CIRRIIOCEPIIALUS Vieill. 

L. maculipennis L., Burm., Ecise, II, p. 518. 

En todo el territorio cruzado, desde Azul hasta el R. Negro; siempre en la vecin- 
dad de las aguas corrientes. 

103. PüDICEPS DOMINICUS Lath. 
Burm. Reise, II, p. 521. 
En las aguas dulces de la pampa. 

10L PODICEPS ROLLAND1I Quoy et Gai.n. 

Q. et Gaim., Voy. de VUran. lam. 36. 
Gay, Faun. ChiL, I, p. 463. 

En el R. Sauce Chico y en las lagunas ribereñas del Rio Colorado y del Rio 
Negro. 

105. RYNCIIOTUS RUFESCENS Temm. 
Burm. Reise, II, p. 498. 
Abundante en la pampa, entre Lavalle y Carhué. 



— 58 - 
106. NOTHURA MACULOSA Temm. 

Bukm. Reise, II, p. 499. 
En todo el territorio de la pampa hasta as inmediaciones del Rio Colorado. 

107. NOTÍIURA DARWINI Gray. 

Gray. List, gallin., p. 104. 

Noth. minor Gld. Zool. Beagle, III. 

Tinn. adspersus Temm. D'Orb., Voy. Pt. hist, III, p. 302. 

Nothura Darwini Gi.d., Sclat. et Huds. Proc. Zool. Soc. 1872, p. 534. 

En las inmediaciones del R. Colorado, así que se presentan los arbustos Patagónicos 
empiezan á mezclarse individuos de esta especie con los de la anterior, siendo la única 
existente en el Rio Negro. En todas sus costumbres, ambas se asemejan enteramente. 

IOS. EUDROMIA ELEGANS Lafr. D'Orb. 

Burm. Seise, II, p. 498. 

Aparece con los primeros arbustos espinosos. Observada primeramente cerca de Sa- 
linas Chicas, y muy abundante en las inmediaciones del Rio Colorado y del Rio Negro. 

109. RHEA AMERICANA Lth. 

Burm. Reise, II, p. 500. 

En I03 distritos de la antigua dominación de los indios no es una aparición frecuente. 

Hemos observado muchos individuos en las inmediaciones de la Sierra de Currumalan. 

Los indígenas conocen también el « avestruz blanco s, del que se encuentra, en ra- 
ras ocasiones uno que otro individuo. Nos parece casi indudable que se trata de una 
Var. albinea, descrita por E. LYNCH y E. L. Holmberg, como nueva especie. 

110. RHEA DARWINI Gould. 
Goui.d, Zool. of Beagle, III. Sclat et Hddsok, Proc. Zool. Soc., 1872, p. 534, ss. 
Rliea pennata, D'Orb., Voy. P. hist., II, p, G7. 

Se considera el Rio Negro como límite de propagación de esta especie hacia el 
Norte, y son en realidad estraviados los ejemplares que se hallan más allá de este rio, en 
el rumbo espresado, como lo confirma también el señor coronel GUERRICO. 



— 59 — 



III. AlVtPHIBIA. 

1. TESTUDO CIIILEXSIS Aut. 

T. sulcata Gar. D'Orr. Burm. Beise, II, p. 521. 
T. marítima Desm. 

Hemos encontrado una coraza de esta especie en los fogones de los antiguos indios 
habitantes del R. Negro, cerca del Neuquen. 

2. ACKAftTUS VIRIDIS Wagl. 
Burm. Beise, II, p. 526. 

Cazado cerca del R. Sauce Chico, Choelechoel, etc. 

3. PROCTOTHRETUS PECTINATIJS Beil. 
Zool. of Beagle, V, p. 18. Tb. IX, fig. 2. 
En las playas de Choelechoel. 

4. AMEIVA LONGICAUDA Bell. 
Zool. of Beagle, V, p. 18. Tb. XV, fig. 1. 

Una hermosa especie fácilmente reconocible por su figura muy estirada, las carac- 
terísticas lineas longitudinales de la parte superior, el color rojo del vientre, y la cola armada 
de escamas grandes y ásperas. 

En las playas de Choelechoel. 

5. LIOPHIS MERREMII "Wagl. 

Burm. Beise, II, p. 528. 
Cazado en nuestro campamento cerca del R. de Lavalle, y en Choelechoel, etc. 

tí. LIOPHIS EEGIJNAE Jan. 

Bi'rm. Beise, II, p. 528. 
Esta especie, que se halla frecuentemente entre los pedazos de tosca del R. Paraná, 
la hemos encontrado en sitios muy análogos en las barrancas del Arroyo Venado, entre 
el Fuerte Lavalle y Carhué. 



— 60 — 

7. CORONELÍA PULCHELLA Jan. 
BrRM. Reise, II, p. 528. 
Hemos encontrado esta hermosísima especie en un bajo, á unas cuatro leguas al 
Sud-oeste de Nueva Roma. 

8. HETERODON L'ORBIGNYI Dnm. Bibr. 

Dwmer. Bibr. Herpet. génér. 

Pintada de negro, blanco y colorado en el vientre de la hembra adulta. La hemos 
hallado en diferentes ocasiones, primero en nuestro campamento en las márgenes del Ar- 
royo Lavalle, y más tarde en las colinas de la barranca del F. Argentino. 

9. ELAPS FRONTALIS Dura. Bbr. 
Un ejemplar en la cuchilla del R. Colorado, cerca de Pichi-Mahuida. 

10. HYLA AGRESTIS Bell. 

Bukm. Reise, II, p. 531. 
Cerca del F. Argentino y en el valle del R. Colorado. 



IV. PISCES. 

1. PERICHTIIYS LAEVIS Jen. 
Bi-rm. Reise, II. p. 588. 

Esta especie, descubierta por Darwin en el R. Sta. Cruz de Patagonia y encontrada 
por Burmeister cerca de Mendoza, es la más abundante en el R. Colorado, como igual- 
mente en las lagunas ribereñas del Rio Negro. 

Su carne es muy sabrosa. 



MOLUSCOS 



D"- D. ADOLFO DOERINC 



PULMONATA STYLOMMATOPHORA. 



1. AGRIOLIMAX ARGENTINUS Strob. 

Limax argentinus Strobel, Mata: p. m. Malaco&t d. Argent. Mer-, p. t>. 
Agriolimax meridionalis Doering, Periódico Zoolog. I, p. 131, L. III, fig. 2-6. 
Agriolimax argentinus Strob., Doer. Bol. de la Acad. Nac. de Cieñe. Ex. II, p. 311. 

La propagación muy estensa de esta especie, en el territorio de la República Argen- 
tina, se ha confirmado nuevamente. Se halla en todas las localidades adecuadas para las 
necesidades de su vida, aunque no siempre en abundancia. La encontré por primera vez 
en las faldas de los cerros del Azul, cerca de Olavarria, en lugares húmedos, al pié de 
las rocas; más tarde en sitios análogos en la Sierra de Currumalan. 

Se encuentra muy abundantemente en las márgenes del Rio Colorado y del Rio Ne- 
gro, particularmente en las riberas inmediatas del rio, en los bosques de sauces, viviendo 
allí en el terreno húmedo, bajo la capa de hojas secas, reunida alguna vez en sociedades, 
en las cavidades húmedas del suelo, entre las raices de los árboles, etc. 

Respecto á su color, hay la misma variabilidad, desde el claro hasta el negro, como 
en los territorios setentrionales del pais; pero el tamaño parece ser constantemente más 
reducido comparativamente con los ejemplares de la Sierra de Córdoba. 



— 62 - 

2. SUCCINEA MAGELLANICA Gould. 

S. aequinoctialis D'Orb., Stbob., Mat., p. Si. 

S. magellanica Gould, Doer. Bol. de la Acad. Nac. de Cieñe. Ex. II, p. 305. 

Esta especie, fácil de reconocer por las grandes dimensiones de la abertura, se en- 
cuentra en abundantes ejemplares blanqueados, en algunos lugares, al pié de los 
cerros de la Sierra de la Ventana, cerca del Fuerte Argentino. En las riberas del Rio 
Negro, en la parte de arriba, parece ser demasiado rara, pues no la he podido encontrar. 
STROBEL 1 y E-ERG 2 la recojieron en las riberas del Rio Negro, cerca de Patagones. 

3. SUCCINEA MERIDIONALIS D'Orb. 
Doer. Bolet. Acad- Cieñe-, II, p. 307. 

Esta especie fué coleccionada en los cerros de los (.Hermanos cerca de Olavarría, en 
las riberas del Arroyo del Venado, próximo á Carhué, en los del Rio Sauce Chico; en 
los cerritos de Pichi-Mahuida, en la margen del R. Colorado, etc. El señor AGUIRRE tam- 
bién la recogió durante su última excursión por la Sierra del Tandil. 

La var. cornea Nob. es abundante en las regiones palustres de la pampa. Junto con 
el Planorbis peregrinas D'ORB. se halla nuestra especie, en abundantes ejemplares blanquea- 
dos, en muchos sitios de la pampa, que, durante las lluvias, están parcialmente inundados. 

Entre los ejemplares recogidos se halla uno que otro de la siguiente especie. 

i. SUCCINEA ROSAEINENSIS Doer. 

S. rosarinensis Doer., Malac. Bl. XXI, p. 04. T. III, fig. 24. Dokr., Bol. Acad- Cieñe., Ib 

p. 308. 
S. meridionalis D'Orb., Strob., Mater. Malac, p. 29. 
Hallé ejemplares vivos en las barrancas del Arroyo Venado cerca de Carhué. Este 
sitio es muy análogo á aquel en que recogí la misma especie cerca del Rosario. Crecidas 
yerbas cubren densamente la pequeña barranca del Arroyo, produciéndose uno que otro 
rincón, sombrío y húmedo, donde se ve el animal caminando sobre el suelo gredoso. 
Asociada á esta se halla también hasta muy abajo en la capa de la tierra fina, seguramente 
atraída por el viento, en el trascurso del tiempo, de encima de la formación de tosca de 
la referida barranca la especie anterior. Parece tener, lo mismo que ésta, una propagación 
muy estensa, pero se halla generalmente en reducido número de individuos. 

5. EUDIOPTUS MENDOZANUS Strob. 
Var. Lam. I, Fig. 1. 

Stkob. Materiali, ote, p. 23, T. I, fig. 4. 

Según la diagnosis de STROBEL, no pueden hallarse diferencias suficientes para sepa- 

(1) Materiali, etc. p. 31. 

(2) Bol. de la Acad. de Cieñe., II, p. S06. 



— 63 — 

rar esta forma ce la de Mendoza. Los caracteres « spira elongata, ápice obtuso, » no 
convienen mucho á nuestros ejemplares. Pero no teniendo á mi disposición ni ejemplares 
típicos de la especie de Strobel, ni las láminas correspondientes de su « Materiali, » etc., 
no estoy bien preparado para resolver definitivamente la cuestión. 
Los ejemplares recogidos tienen las siguientes dimensiones : 





LONGITUD. 


LATITUD. 


ABERT. LOXÜ. 


ABERT. l.AT. 


a. 


24m'ji. 


12mm. 


lomm. 


8mm. 


b. 


25mm. 


14 Amm. 


lGmni. 


9mm. 


<;-. 


•27mai. 


14 ¿mm. 


17o3m. 


'. mi m . 


d. 


28mm. 


15mm. 


16 4mm. 


lOimm. 


e. 


29mm. 


lCmm. 


17mm. 


lOmm. 



El color es oscuro de ámbar-oliváceo, con estrias longitudinales, irregulares, de un tin- 
te algo más oscuro. La concha es muy delgada y algo flexible, con muchos pliegues ó 
fuertes arrugas y con algún lustre en la superficie. En el interior es lisa y algo nacarada - 

Aliadas á esta especie sor., además de la subsiguiente, el Bulimul. tortoranus Nob., el 
Bul. cordillerae STROB., el Bul. montícola Nob., é indudablemente el análogo de éste en 
la Cordillera alta, el Bul. nivalís D'Orb. 

Se diferencia del primero por la figura más recogida y ventricosa, particularmente la 
espira, y por el color oscuro y el tamaño mayor; del B. montícola por el tamaño mucho 
mayor y por la figura más prolongada. 

La maxila es bastante encorvada en forma de herradura y compuesta de 12 grue- 
sas costillas. La última costilla de cado estremo es un poco dilatada y medio redondeada 
en su periferia. Las intermedias son bastante iguales entre sí, relativamente al ancho ; las dos 
centrales un poco más angostas y cónicas. Hay bastante semejanza con el Bulimulus tor- 
toranus Nob. Pero de ninguna manera pueden clasificarse los representantes de este grupo 
en el género Otostomus. 

Encontré esta especie en los primeros cerros (de Sotoya) que toca el camino que va 
del Azul hasta la Sierra de Olavarría. Dichos cerros, formadas por una arenisca cuarcítica, 
regularmente estratificada, tienen las cabezas de sus capas, que son de poca inclinación, diri- 
gidas hacia el Norte. En las quebradas y grietas de estos, muy arriba en las paredes de las 
rocas, en lugares en que el agua de las lluvias suele buscar su camino hacia abajo, se 
encuentran numerosos ejemplares de esta especie, pegados en montones á las paredes de 
la roca. El animal está adherido tenazmente á la piedra, y hasta llega á romperse 
muchas veces la concha, al despegarlo. 

No he podido encontrarla en los cerros de los « dos Hermanos >, sin embargo de 
ser éstos completamente análogos, en su estructura geognóstica y demás condiciones, á los 
de Sotoya. 



— 64 — 

6. EUDIOPTÜS AVELLANEDAE nov. spec. 
Lam. I, Fig. 2 y 3. 

T. rimata, conico-oblonga, subfusiformis, striaMa, pellucida, laevigata, fusco-comea, striis fulvescenti- 
bus, irregularibus aliquot ornato,; anfr. 7 parum convexiusculi, ultimus non descendens, 2/5 longi- 
tudinis subaequans ; sutura planiuscula, impressa; apertura oblongo-ovalis, intus margaritacea ; pe- 
ristoma simplex, acutum, margine basali breve expanso, dextro superite recto, columellari reflexo, 
marginibus callo tenui junctis. 
Long. 22mm.; lat. 9mm.; long. apert 9mm.; lat. 5-5im»t. 

Esta hermosa especie tiene muchas analogías en su forma exterior con el Bul. tor- 
toranus Nob., y difiere algo de los aliados del mismo género por su figura graciliforme. 

El tamaño es menor que en la especie mencionada, la abertura relativamente mucho 
más pequeña, las vueltas más aplanadas, la sutura menos honda, la cascara menos delga- 
da y algo más lisa y el color algo más cargado. 

La callosidad de la pared de la abertura es, alguna vez, bastante gruesa, en forma de 
un pequeño listón. 

Del Bul. Mendozanus Strob. se diferencia notablemente por su tamaño mucho menor .y 
su figura prolongada, con mayor número de vueltas. La superficie es mucho más lisa, la 
cascara es relativamente muy sólida, la abertura mucho más pequeña. 

Se halla esta especie en lugares semejantes á los que la anterior, aunque no en tanta 
sociabilidad, como por ejemplo, en las rocas cuarcíticas de la Sierra de Currumalan. Vive 
allí asociada al Plagiodont. Rocae Nob. Más tarde la encontré también en uno de los 
cerros ó promontorios de la Sierra de la Ventana, cerca del Fuerte Argentino. 

7. BORUS D'ORBIGNYI Doer. 

Lam. I, Fig. 4. 

Bul. nucleus Sow., D'Okb. (ueque Sow. ) Syn. Mag- Zool. 1835, p. 14. Voy. p. 305. 
Borus nucleus D'Ürh., Strob., Mater. Malac. Arg. Mer., p. 29. 
Borus D'Orbignyi Doer., Bol. Acad. Cieñe. Ex. II, p. 336. 

Ejemplares frescos ó vivos de esta especie son muy escasos y hasta ahora muy des- 
conocidos, de manera que ni D'ORBlGNY ni Strobel pudieron conseguirlos. Pero yo he 
tenido la ocasión de encontrar más de media docena, frescos, en la barranca del Rio Sauce 
Chico, cerca del Fuerte Argentino. 

No son enteramente blancos, sino algo transparentes; las primeras vueltas de la punta 
tienen un color rojizo-gredoso pálido, las demás son blanquecinas con un débil tinte rojizo 
pálido, y una que otra faja longitudinal del mismo color. El borde interior de la abertura, 
lo mismo que la callosidad de encima de la pared, es brillante y liso y de un hermoso 
color anaranjado pálido. El carácter de la diagnosis de D'ORBlGNY « sutura levigata » 
debe cambiarse con relación á nuestros ejemplares, en « sutura laevigata vel subcrandata, » 
pues casi la mitad de ellos tienen la sutura visiblemente denticulada. En ninguno he no- 



- 65 — 

tado las líneas espirales características del B. lutescens K y del B. pachychilus Pf. espe- 
cies con las que, sin embargo, la nuestra es indudablemente una estrecha aliada. 

La maxila ofrece muchas analogías con la del B. lutescens var. Cordillerae Nob.: 
está formada por un solo pedazo, sin verdadera articulación y división en costillas. Es 
de forma de herradura, pero mucho menos curva y más corta que la de la especie in- 
dicada. Con facilidad se nota una fina estria transversal. En el centro de la margen inte- 
rior hay un diente, ó más bien dicho, una pequeña convexidad sobresaliente. 

Esta especie parece tener más ó menos la misma distribución que el Plag. patagóni- 
cas ü'Orb., con el cual se halla generalmente asociada en los mismos lugares. Ejemplares 
blanqueados se ven en todos los lugares medanosos y barrancosos situados entre la Sierra 
de la Ventana hasta Bahia Blanca. 

Abunda en el estremo occidental de la Sierra de Currumalan, y en todos los cerritos ó 
prominencias, allí donde también encontré los primeros ejemplares Los individuos de la 
Sierra son generalmente de un tamaño más reducido. 

Los ejemplares vivos se hallaban en las pendientes de las barrancas, bajo los gran- 
des terrones de piedra tosca, pegados siempre con la abertura hacia abajo, de modo que 
el animal suele cavarse con su pié un pequeño hueco en la tierra húmeda. Nunca se le 
halla pegado á las caras de las piedras. El animal sabe proveerse, con el auxilio de su 
manto ó de sus pulmones, de un buen depósito de agua, antes de hundirse en su escon- 
dite. En tal estado, el pié parece hinchado y convexo; recojido el animal, deja salir al 
instante su provisión de agua, mientras que el pié se relaja. 

Donde no hay bancos de tosca, en la superficie inmediata del suelo, es fuera de duda 
que el animal hace hondas escavaciones en el terreno arenoso : por esto son tan raros los 
ejemplares frescos. Cuando el animal muere así enterrado, puede suceder que, recien des- 
pués de muchos años, cuando está ya blanqueada la concha, llegue ésta á la superficie, ha- 
ciéndose entonces visible á los ojos de los esploradores. 

D'ORBIGNY, aludiendo á la reducida propagación de esta especie, dice que, fuera de 
Bahía Blanca, él no la ha encontrado, ni en la Patagonia, ni en los territorios del Rio de la 
Plata, observación que viene á confirmarse completamente ahora. 

Durante nuestra cruzada desde el Rio Sauce (chico) hasta el Rio Colorado, ella apa- 
reció en ejemplares escasos, sólo los primeros dias, aún hasta en lugares donde el Plagio- 
dontes patagonicus ya había desaparecido. Pero con las entradas de los precursores de 
la verdadera formación patagónica de arbustos y malezas, desapareció también ella, no 
llegando el límite de su distribución meridional hasta el margen del Rio Colorado. 



8. PLAGIODONTES KÜCAE Doeu nov. espe. 

Lam. I, Fig. 5 y 0. 

T. rimata, ovato-oblonga, solíanla, fusca, opaca, vix nitens; striis confertis sub-regularibus ornato. ; spira 
ovato-subcylindrica, ápice cónica, sutura impressa ; anfr. 8 vix conrcxinsculi: primi dito sublaevi- 

9 



— 66 — 

gati, luteo-cornei, caeteri fusci, striis eonfertis subcostulosis (interdum albcsccntibus) regulariter 
sculpti; ultimus i longitudinis subaequans, circa aperturam albido-calcarea ; apertura subverticalis, 
ovata, calcárea, plicis 8-10 fere clausa : deniibus 3 crassis lamelliformibus : pirimo angulato, tor- 
tuoso, sideato, i a pañete apert; secundo máximo Unguaeformi in columella; tertio tortuoso in me- 
dio marginis dextri: plicis 3-5 minutis, parallelis, in parte basali, 2 niinutis in parte supero mar- 
ginis de.rtri : ¡amella transversa, valida, infundo aperturae; peristoma expansum, labiosum, margi- 
nibus callo junctis. 

Long. 21-2imm.; lat. 8-Omw. Long. apert. 7-9mm. : lat. 6i-7imm. 

Esta especie se diferencia fácilmente de todas las demás, conocidas hasta ahora, por 
el color oscuro pardo uniforme de la concha, siendo blanca solamente la última vuelta en 
circunferencia de la abertura, lo mismo que el peristoma y el interior de ella. También 
la escultura es muy característica y diferente de las especies conocidas. Las estrias son 
bastante elevadas y gruesas, formando así pequeñas costillitas, muy densamente agrupadas 
y dando á la concha una superficie algo áspera. 

Las estrias sen más densas y finas en los anfractos superiores, faltando en los dos 
embrionales, los cuales se diferencian también por lo general por su color más claro. 
Sólo conozco, de este grupo, una especie no descrita aún, procedente del Norte de la Pro- 
vincia de Córdoba, que tiene la estria tan pronunciadamente desarrollada como la pre- 
sente, asemejándose también á ella por su tamaño y su configuración prolongada, pero 
diferenciándose por su falta de colorido. 

La figura de nuestra especie puede recordarnos, en algo, el B. multiplicatus Nob. 
aunque el tamaño es mucho menor. 

La dentadura es bien desarrollada, lo mismo que en la mayor parte de las especies 
de este grupo, estando cerrada casi por completo la abertura por los numerosos dientes. 
La gran laminilla parietal forma un fuerte diente torcido, con las márgenes elevadas en 
forma de listón y bordeando una pequeña excavación. Su apéndice hacia arriba, el cual 
en la mayor parte de las especies aliadas está agregado á él sin interrupción, parece ge- 
neralmente en nuestra especie, un poco separado, formando un pequeño diente aislado á 
su lado. El pliegue columelar es de la forma conocida, y parece bastante torcido. En 
la parte basal de la abertura hay generalmente cuatro pequeños pliegues, poco divergen- 
tes. El primero, el cual, al mismo tiempo, es el más considerable, se halla acercado al 
lado del pliegue columelar; los demás, más próximos á al margen derecha, están general- 
mente acercados entre sí. Alguna vez son dos, pero generalmente son tres, y á veces 
cuatro, siendo entonces el primero de ellos (el cual se halla situado más ó menos en el 
centro de la base de la abertura) formado por dos plieguecitos diminutos, muy acercados 
entre sí, el primero de ellos un poco más retirado que los otros hacia el fondo de la 
abertura. 

En la parte superior del borde derecho, encima del gran pliegue marginal, hay dos 
pequeños dientes, lo mismo que en la mayor parte de las especies de este grupo. Toda 
la dentadura de esta especie, comparativamente con las demás, parece demasiado retirada 



- 67 — 

hacia el interior de la abertura, lo que también, y principalmente, puede referirse al 
gran pliegue transversal en el fondo de la abertura, el cual, aunque no es muy alto, es 
en alto grado dilatado lateralmente, y se halla á una distancia algo considerable por 
detrás de los dientes pequeños de la base de la abertura, siendo visible también exterior, 
mente sobre el dorso de la última vuelta ó de la abertura, trasluciendo como una línea 
blanca semilunar. 

Las vueltas de la espira son muy poco convexas, es decir, casi aplanadas, siendo 
por consiguiente la sutura muy poco escavada, casi filiforme. 

Estos últimos caracteres, como también la figura algo cilindrica, su color pronunciado, 
la punta coneiforme, y particularmente su modo de vivir, clasifican esta especie al lado 
de las dos especies con vueltas llanas que hemos descrito en otra ocasión i, y las que 
están acostumbradas á vivir exclusivamente en los lugares sombríos y húmedos, en las 
quebradas de las sierras. 

Precisamente nuestra especie fué encontrada también en sitios completamente análo- 
gos, en las pequeñas quebradas de la falda meridional de la sierra de Currumalan, en 
lugares húmedos, privados de los rayos directos del sol. Vive allí en ejemplares bastan- 
te numerosos dentro de las rajaduras y hendiduras de las rocas, pegada á las piedras y 
á las plantas, asociada con uno que otro ejemplar de la subsiguiente especie, cuya propa- 
gación se desarrolla más bien en los sitios asoleados al pié de la misma sierra. Ya de 
lejos se diferencian fácilmente las dos especies, no solamente por el colorido y la estria 
gruesa de la primera, sino también por su figura cilindrica (á diferencia de la otra que 
es más ventruda ¡ y por su dentadura muy desarrollada, siendo la de la otra muy frag- 
mentada. 



Dimensiones : 


LONGITCD. 


LATITUD. 


I.OXÜ. ABERT. 


I.AT. ABERT. 


a. 


21m23. 


8 ¿mm. 


fSajm. 


7inni. 


b. 


22mtii- 


8ma. 


74mm. 


filmm. 


c. 


l?:jmiu. 


'.limo. 


9mm. 


7 i mm. 


d. 


24 rom 


8min. 


84mui. 


7 i inin. 



El animal es de un color blanco-amarillento, la cabeza con los tentáculos superiores, y 
la parte situada arriba de los inferiores, son de color oscuro, gris-negro. La punta del 
pié bastante redonda. En estado de acción, el animal tiene 20 mm. de longitud, por io 
mm. de ancho; los tentáculos superiores 5 mm. 

La maxila es análoga á las de las demás especies del grupo: gruesa, oscura y muy 
encorvada en forma de herradura, compuesta de once costillas gruesas. Estas son sobre- 
salientes en el borde interior como fuertes dientes en forma de sierra. El último artículo 



(1) Bol. de la Acal, de Cieñe, II, p. 321 y 



— GS — 

de cada extremo es el más grande de todos, casi tiene un doble ancho relativamente á 
los subsiguientes. Los miembros centrales son los más angostos y más cortos, siendo la 
viaxila, en su parte media, un poco enangostada. 

9. PLAGIODONTES PATAGONICUS D'Orb. 

Lam. I. Fig. 7 y 8. 
Pupa patagónica D'Orb. Syn., May. Zool, ps. 22 y 35. 

Pupa sowerbiana var. patagónica, D'Orb., Voy., p. 321, pl. XL liis, fig. 17 y 18. 
Bul. patayonirus D'Orb., Pfr. Mon. hel. viv. IV, p. 438. 
Bul. dentatus car. patagónica Strob., Mat, p. 18, ff. 

Las opiniones sobre la separación de esta especie han discrepado tanto entre los 
diferentes naturalistas, que creemos necesario hacer algunas referencias á este respecto. 

Habiendo descrito primeramente D'Okbigny esta especie en el Magazin de Zoologie 
según ejemplares que Mr. Parchappe había coleccionado cerca de Bahía Blanca, la reunió 
él más tarde en su « Voyage » con su Pupa sowerbiana de Entre Rios, la cual es el B. 
dentatus WOOD., habiéndose inclinado á considerar la especie meridional como una varie- 
dad geográfica de la primera, por encontrarse á veces ejemplares de ella, que, por un 
mayor desarrollo de la dentadura, se asemejan superficialmente al Bul. dentatus, el cual po- 
see siempre una dentadura muy desarrollada. 

STROBEL, sin duda, por no tener á su disposición ejemplares del verdadero B. denta- 
tus, para poder compararlos, ha aceptado en su obra, últimamente publicada, la idea de 
D'Orbigny, mientras que el ojo esperimentado de L. PFEIFFER, que comparó los ejemplares 
del Museo Británico, había reconocido al instante la independencia de esta especie. Des- 
pués de una minuciosa comparación de ambas, me veo en la necesidad de declararme de- 
cididamente en favor de la opinión de PFEIFFER. 

Verdad es que, según el estado de las consideraciones que actualmente rijen las 
ciencias descriptivas acerca de las definiciones de «especie.), «variedad ,>, etc. la diferencia 
entre los dos conceptos parece puramente relativa, debiéndose suponer que todas las especies 
de un grupo con un determinado centro de distribuicion, como p. ej., el grupo Plagiodontes, de- 
ben probablemente su origen á una misma forma típica, formándose las diversas especies 
por las diferentes influencias geográficas, locales, ó particulares etc., las que, con el trans- 
curso del tiempo, en el desarrollo de las generaciones, adoptaron sus particularidades cor 
respondientes. Pero es costumbre considerar una especie como separada, cuando ciertos 
y determinados caracteres se presentan constantemente, aún en todas las variedades, pero 
sin que ellos den origen á un verdadero traspaso á una forma ó especie aliada. 

Las analogías que esta especie parece ofrecer alguna vez con el B. dentatus WOOD. 
no son fundamentales, y sólo un examen superficial puede confundir una y otra. Con 
igual razón se la debia reunir con el P. daedaleus DESII. de las sierras centrales, ó consi- 
derar, por ej., el B. Orbignyi como una variedad geográfica del B. oblongas, ó del B. 
lutescens. 



— 69 — 

Entre todas las especies del grupo, ésta es la mas incompleta respecto al desarrollo 
de su dentadura, en tal grado, que el gran pliegue transversal situado en el fondo de la 
abertura, y el 'cual nos ha servido de base para la formación del grupo Plagiodontcs^, 
no llega generalmente á desarrollarse en esta especie, y falta en la mayor parte de sus in- 
dividuos, de manera que esta particularidad, en ocasiones frecuentes, puede servir para 
diferenciar fácilmente la susodicha especie de todos las demás del grupo. Son muy escasos 
los ejemplares en que, sin embargo, esta señal característica de todo el grupo, se halla de- 
sarrollada en forma de un pliegue delgado de poca altura, compuesto al principio de algu- 
nos dientes reunidos entre sí, como se nota, por ej., en un individuo de la var. major, 
encontrado cerca del Fuerte Argentino. Pero este pliegue, lo mismo que los demás dien- 
tes de la abertura, comparativamente con las otras especies del grupo, tiene también 
un tamaño muy reducido. 

Por lo general se hallan desarrollados sólo los tres pliegues ó dientes principales de 
la abertura, á saber: el pliegue parietal, el columelar y el principal del borde derecho. 
El diente de la pared es, lo mismo que en las demás especies, bífido, bordeado, y tiene 
una forma parecida á gancho; pero es siempre relativamente muy delgado y comprimido. 
A su lado se halla muchas veces un diente pequeño é insignificante cerca de la inserción 
del perístoma. El pliegue principal del borde derecho es aún menos desarrollado, y nunca 
torcido como se nota sin excepción en las demás especies. 

Además de estos ejemplares con tres dientes, abundan otros con cuatro. El cuarto se 
halla desarrollado siempre en la base de la abertura, un poco al lado izquierdo. Los 
dientes 5 y 6°, hallándose desarrollados, tienen su colocación encima del pliegue perista- 
mático, en la parte superior del borde derecho. Raros son los ejemplares en que también 
los dientes 7 y 8° se desarrollan en la base de la abertura ; esto se nota sólo en una Var. 
major, la misma en que, alguna vez, se observa también un principio del gran pliegue trans- 
versal en el fondo de la abertura. 

Del Plagiodontes dcutatiis WOOD., del cual tenemos, para la correspondiente compara- 
ción, ejemplares de Concordia (Entre-Rios) y Buenos Aires, se diferencia nuestra especie 
por los caracteres principales siguientes : La posición de la abertura muy distinta. En el 
P. patagónicas, ésta se encuentra colocada más ó menos verticalmente ó en dirección pa- 
ralela al eje longitudinal de la concha, mientras que en el B. dentatits ella forma con el 
referido e¡e un ángulo obtuso hacia atrás; de manera que, en la primera, la abertura apa- 
rece eslendida más hacia adelante, al mismo tiempo que la dentadura se halla distan- 
ciada más hacia el fondo de la abertura. El pliegue columelar del B. dentatus tiene una 
dirección casi vertical con el eje de la concha; el del P. patagónicas forma un ángulo 
algo inclinado transversalmente. El pliegue principal del borde derecho, en el B. den- 



(1) Bol. de la Acad. de Cieñe., II, p. 318. 



— 70 — 

tatus, forma un diente fuerte y repentinamente torcido ó doblado; en nuestra especie un 
listón derecho, apenas con vestigios de torcimiento. 

Los dos dientes chicos, en la parte superior de la margen derecha, cerca de la inser- 
ción del borde, se hallan acercados y reunidos entre sí, formando un diente bífido, en el 
B. dentatus; en nuestra especie, cuando los dos llegan á desarrollarse, están situados muy 
distantes entre sí, sin tener conexión el uno con el otro. Esta última señal es quizas una 
de las más características. 

Otros caracteres secundarios para diferenciar ambas especies son, enfin, el muy com- 
pleto desarrollo de la dentadura en el B. dentatus y el incompleto en nuestra especie. 
En la primera, la abertura está cerrada casi totalmente por los abundantes dientes fuer- 
temente desarrollados. El número talvez no baja nunca de 6 y llega hasta lo, siendo 
siempre, por otra parte, también, bien desarrollado el pliegue transversal (que falta por 
regla general en nuestra especie) y siendo en ella el número normal de dientes 3-4, lle- 
gando muy raras veces hasta 7 ú 8. El tamaño en la última es un poco mayor, normal- 
mente entre 20-2 3 mm - (en la otra i9-2i mm ) y la configuración algo mas ventruda. 

El individuo más grande de nuestra especie, desarrollado con el pliegue transversal y 
7 dientes, tiene 27 mm - de longitud con i2 mm - de latitud. 

La maxila en su forma general es análoga á la de la especie anterior. Es bastante 
encorvada en forma de herradura, compuesta de 1 1 costillas muy gruesas, y con el borde 
interior denticulado. 

Puede considerarse como centro de distribución de esta especie el sistema de la Sierra 
de la Ventana. En los territorios de la Sierra del Azul, etc. no la he encontrado, sino 
recien á nuestra llegada á los cerros promontorios de la Sierra de Currumalan, es decir, 
á la continuación occidental de dicha sierra. 

Es muy abundante en los barrancos de tosca de todos los ríos y arroyos que tienen 
sus fuentes en aquella sierra, como el Rio Napostá, el Rio Sauce-Chico, etc., cubriéndose 
las colinas ribereñas con numerosas cascaras blanqueadas. Ella desaparece ya á 10 le- 
guas hacia el Sud-Oeste, no llegando su propagación hasta las riberas del Rio Colorado. 



10. PUPILLA OBLONGA Pfr. 

Pfeifk. Proc. Zool. Soc 185-2, p. 69. Mon. hel. viv. LH, p. 536. IV, p. 685. 
Hidalgo, Mol- d. viag. al Pacif. I, p. 141. 
Dobrikg, Bol. Acad. Cieñe, III, p. 81. 

Sierra de Pichi-Mahuida á la margen derecha del Rio Colorado. Vive allí en la 
capa de tierra vegetal, entre las materias vegetales medio descompuestas, debajo de las 
piedras, y particularmente en los troncos viejos de las pencas. 

Los ejemplares recojidos no se diferencian en forma y tamaño de los del Rosario. 
Como se ve, esta especie, en su considerable propagación geográfica, forma analogía co- 
mún con algunos del mismo género en el viejo mundo. Pía sido ahora encontrada en 



— 71 — 

Sud- América en un espacio de 26 grados de latitud : primeramente en el Brasil, cerca de 
Bahía, y después cerca de Montevideo. Yo la hallé cerca del Rosario, y de Córdoba; 
ahora en las riberas del Rio Colorado. Es probable que ella se extienda aún más ha- 
cia el Sur del continente, á lo largo de las Sierras Andinas. 



PULMONATA AQU ÁTICA. 
11. ANCYLUS CONCENTRICUS D'Orb. 

D'Orií., Voy., p. 354. Pl. 42, flg. 18 y 21. 

Var. Bonaeriensis Strok., Mat., p. 5, T. II, fig, 4. 

Fácilmente reconocible por la punta estrecha de la concha. La estría concéntrica es 
muy débil y no es siempre visible en todos los ejemplares. 

Esta especie se halla no muy raras veces á lo largo de los bordes del Rio Negro, 
en las lugunas, en cuya orilla no faltan las Totoras y particularmente la Typha, en cuyas 
hojas flotantes ó paradas se halla el animal tenazmente pegado, cuando se le recoge del 
agua. Mis ejemplares fueron coleccionados cerca de la embocadura del Rio Neuquen. 

12. CIIÍLINA PARCI1APPII D'Orb. 

D'Orií. Voy., p. 338, pl. 43, fig. 4 y 5. 

Esta especie bien caracterizada parece tener mucha analogía con la Ch. fluctuosa de 
Chile, á la vez que, cuando joven, las fajas pintadas tienen también la misma figura en 
zig-zag que se observa en aquella. 

Según el volumen del caudal de los rios y arroyos en que ella vive, su tamaño nor- 
mal es muy diferente, y también la forma algo variable. En el Rio Sauce, cerca de Nueva- 
Roma, rio con caudal bastante hondo, he recogido la Var. viajar, con cascara muy te- 
nue y pálida, y las fajas pintadas de color más claro y modificadas en las vueltas nue- 
vas en forma de zig-zag. La figura es bastante prolongada, y la punta muy delgada y 
ajustada. La longitud llega hasta 26 ó 2j mm - . El listón sobre la columnilla es bien des- 
arrollado en algunos ejemplares, desapareciendo casi por completo en otros. 

La variedad que recogí en el camino á Carhué, en el arroyo Guaminí, arroyo con 
caudal reducido y bajo, tiene una figura mucho más corta y recogida, un color más 
oscuro y las fajas ó manchas oscuras mas gruesas y enredadas. Los ejemplares más 
grandes no llegan sino á 22 ó 23 mm - , y éstos no son abundantes. 

En ambos lugares el animal se halla en numerosos ejemplares, viviendo principalmente 
en las orillas de las aguas, caminando sobre el fondo gredoso. 



— 72 — 

13. CIIILINA FLUMINEA Mat. 
D'Okb. Voy-, Molí., p. 337, pl. 40, fig. 10 y 20. 

Esta especie, fácilmente reconocible por sus dos pliegues sobre la pared de la aber- 
tura, la he coleccionado en el Rio Colorado, frente á los Cerros de Choique-Mahuida. 

Ella se halla, como siempre, con poca frecuencia. He conseguido tres ejemplares, lleva- 
dos por la corriente del rio, en una rinconada de las rocas. Estos últimos no tienen pin- 
tura claramente pronunciada, y el largo del ejemplar más grande no pasa de i6 mm ' 

14. CIIILINA TEÍIUELCHá. D'Orb. 

D'Okb., Voy. Molí., p. 336, pl. 43, fig. 8-12. 

He coleccionado esta especie en unos brazos secundarios del Rio Negro, cerca de 
Choelechoel y arriba del Chichinal. De la primera localidad, los ejemplares son suma- 
mente fuertes, con concha pesada; los jóvenes generalmente con 405 fajas formadas 
por manchas aisladas y algunas en forma de zigzag. El ejemplar más grande tiene 30 mm - 
de largo, con 20 mm - de ancho. Ellos pueden acercarse quizás en algo á la var. J\Icndo~ 
zana de STROBEL ] . Los ejemplares de arriba del Chinchinal, no muy lejos de la embo- 
cadura del Rio Neuquen, tienen una cascara mucho más tenue, y un color fusco de olivo 
y uniforme. Llegan á un tamaño considerable: el ejemplar más grande tiene 40 mm - de 
largo por 25 mm - de ancho. 

15. FLANORBIS PEREGRLNUS D'Orb. 

D'Orb., Voy. Molí., p. 336, pl. 44, fig. 13-16. 

Teniendo esta especie una distribución muy extensa sobre una gran parte de la Amé- 
rica Meridional, ella es á la vez la más frecuente en los territorios meridionales de la Re- 
pública. Se halla con mucha abundancia en las lagunas y cañadas, en las márgenes del 
Rio Negro, lo mismo que casi en todas las aguas dulces estancadas de la pampa. Los de 
los últimos lugares son generalmente de una escultura más lisa, un color mucho más pá- 
lido, y á veces hasta de una transparencia pronunciada y una concha más tenue, en com- 
paración con los de los primeros sitios mencionados. 

10. FLANORBIS ANATLNUS D'Orb. 

D'Orb. Voy. Molí., p. 351, pl. 44, fig. 17--J0. 

Este pigmeo entre las especies sud-americanas, y bien caracterizado por su configura- 
ción, lo encontré en una de las lagunas situadas al lado del Rio Negro, cerca de la embo- 

(1) Mat. Malacost. Arg. Mer. I, p, 47. 



ÍTQ 



cadura del Neuquen. La laguna, que se encuentra en una cañada ciega, estaba rodeada de 
Typha, y el interior lleno de una especie de Ceratophyllum. Entre las hojas finamente ra- 
mificadas de esta planta, se la halló en escasos ejemplares. 



PEOTINIBRANCHIA 

17. PALUDESTE1NA PARCHA PPII D'Orb. 

D'Orb. Voy. Molí, p. 383, pl. 48. fig. 1-3. 

Esta especie, abundante según D'Oreigny, en la mayor parte de los arroyos del Sur 
de la Provincia de Buenos Aires, fué coleccionada en grandes ejemplares en el Arroyo 
Sauce cerca del Fuerte Fé. Los ejemplares de mayor dimensión tienen 9 mm - de largo 
con 4 mm - de ancho. 



LAMELLIBRANCHIA. 

1S. UNIÓ PATAGÓNICOS D'Orb. 

D'Orb. Voy., p. 310, pl. 70, fig. 1-G. 

La variabilidad de esta especie no es insignificante, pero siempre se conservan bien 
los caracteres determinantes. 

En los ejemplares muy crecidos, la punta de la concha es prolongada en forma de 
pico, alguna vez algo encorvada. Los umbones, por regla general, son algo corroidcs, 
hasta en los ejemplares muy jóvenes. Conservados, estos umbones son rugosos, y la zona 
circundante de un color algo más claro, amarillento. 

El color de la concha es generalmente de un café oscuro uniforme, á veces, encima 
de la convexidad de ella de un color verde-oliváceo oscuro, sobre el cual, hacia la mar- 
gen, se muda en café. Fajas de radiación no se observan, ni en los ejemplares limpiadcs 
con el ácido clorhídrico. El interior de la concha, en la parte más concava, es teñido 
generalmente de un morado pálido. Los más grandes miden: Long. 8S mm - ; Lat.45-46 mm .; 
Diám. 30 mm -. 

La especie es abundante en el Rio Negro, en todos los sitios donde el lecho del rio 
tiene un fondo arenoso. Cuando la 1 legada del ejército á Choelechoel, el rio estaba relati- 
vamente muy bajo, y en el brazo principal (izquierdo) que separa la isla, se encontra- 
ron numerosos individuos de esta especie, en la orilla del agua, en un fondo formado de 
arena fina y pesada, conteniendo crecidas cantidades de granitos finos de hierro magné- 

10 



— 74 — 

tico. El animal vive siempre enterrado completamente en la arena, dirigida la concha con 
su punta prolongada oblicuamente hacia la corriente del agua. Lo único que señalaba 
su presencia era una rajadura fina en la superficie de la arena, formada por la margen pos- 
terior aplanada del pico de la concha. 

Hervido en agua ó asado directamente en el fuego, este animal constituía un ali- 
mento predilecto para los soldados. Por su modo de vivir en la arena limpia y en el 
agua pura del Rio Negro, su carne apenas tiene gusto á fango, como sucede por lo ge- 
neral con las especies de este género. 

La hemos encontrado en el Rio Negro, rio arriba, hasta cerca del Neuquen. 

19. ANODONTA PUELOHANA. D'Orb. 
D'Orb. Voy. Molí, p. 620, pl. 79, fig. 4-9. 

Esta especie, del mismo Rio Negro, es mucho más escasa que la anterior. 

El tamaño de los adultos es generalmente de 8o mm - de largo con 45 mm - de ancho y 
28-30 mm - de diámetro. Pero existen individuos hasta de 9o 111 ™- de largo. En la región 
de los umbones, los que casi siempre están corroídos, el color es generalmente más pálido, 
verduzco, y café en la margen. Los ejemplares limpiados por el ácido tienen generalmente 
un número de fajas radiales de color mas oscuro. 

La hemos encontrado unas 12 leguas arriba del Chichinal, en unos de los brazos 
del rio, en ejemplares antiguos, junto con los de la especie anterior. 



SXJBFOSSILIA. 

20. PALUDESTPJNA AUSTEALIS D'Orb. 
D'Orb. Voy. Molí, p. 384, pl. 48, fig. 4-6. 

Los ejemplares subfósiles de una especie de Pahtdestrina, que recogí, junto con 
otras conchillas marítimas de origen antiguo, en las orillas de la laguna salada de Mar- 
ra-Có, no me ha sido posible diferenciarlos de la especie marítima de Bahía Blanca. 

21. MYTILUS SPEC. 

Tal vez el M. Darwiniatvus ó el M. Patagonicus de D'ORBIGNY. Junto con la es- 
pecie anterior en las orillas de la Laguna de [Marra-Có. Long. 30 mm - lat. 40 a " 11 - diám. iomm. 
Aun conserva algún tinte morado en la parte concava de la concha. 



— 75 — 

22. SOLEN" SCALPRUM Brod. 

D'Orb. Voy. Molí, p. 505, pl. 77, fig. 22. 

Procedente del mismo sitio, de las orillas'de la laguna de Marra-Có. La configuración 
parece completamente conforme con la de los ejemplares oriundos de la costa patagónica; 
pero por falta de ejemplares frescos de esta especie no se puede resolver definitivamente 
la cuestión sobre su identidad. 

Los ejemplares recojidos son de origen muy antiguo, careciendo completamente de 
la pintura y siendo muy quebradizos. Tienen las siguientes dimensiones: Long. 40-6o mm - 
lat. i7-20 mm - diam. I2-I3 mm - 



INSECTOS 



D. R D. CARLOS BERG. 



I. ORTHOPTERA. 

Fam. BLATTIDAE. 

1. ANAFLECTA LATEFALIS Bcem. 

Sauss., Miss. Cient. VI, p. 19. 7 (1870). 

Un individuo muy mutilado del Rio Colorado. 

Esta especie tiene una distribución geográfica muy vasta, encontrándose en Colombia, 
Guatemala, Méjico, Misiones y Buenos Aires. En estos dos últimos lugares fué obser- 
vada por mí. 

2. BLATTA (PHYLLODBOMÍA) FUSCA Sauss. 

Sauss., Miss. Cieut. VI, p. 28. 4 (1870). 

Una larva, originaria del mismo lugar que la anterior, pertenece á esta especie, la que 
SaüSSURE habia recibido de Corrientes. 

3. ISCHNOPTEPvA BBAS1LIENSIS Bednn. 

Sauss., M^ss. Cient. VI, p. 55. 3 (1870). 

Una larva del Carmen de Patagones y un macho de la Sierra de Currumalan. 

La especie es muy común. Se encuentra en el Brasil, en la Banda Oriental del Uru- 



— 78 — 

guay y en muchas partes de la República Argentina. Los cuatros individuos que sirvie- 
ron á SAUSSURE para la descripción, fueron recojidos en Bahía Blanca. Yo observé esta 
especie también en el Carmen de Patagones, en el año 1874. 

Fam. ACRIDIIDAE. 

4. CEriIALOCOEMA COSTÜLATA Buem. 

Bürm., Zeitschr. der Naturf. Gesell. Halle (1880). 

Varias larvas del Rio Colorado, de Salinas Chicas, etc. 

Esta especie es muy común en toda la República Argentina. 

5. TRTJXALIS BEEVICORNIS (L.) Buem. 

Stal., Rec. Orth. I, p. 104 (1873). 
Un individuo de Nueva Roma. Abunda en todas partes, como la anterior. 

6. STENOr.OTKKTJS SIGNAT1PENNIS (Blancii.) 
Oedipoda signatipcnnis Blanch. en Gay, Hist. de Chile. Zool. VI, p. 79. 3 (1851). 

Varios individuos del Cerro Blanco ( F. Argentino), Nueva Roma y de Naran-Choy- 
qué entre el R. Sauce y el Rio Colorado. 

Se halla con frecuencia en Chile, en la Provincia de Buenos Aires, en la Banda Orien- 
tal del Uruguay, etc. 

7. LEPTYSMA FILIFOEMIS (Serv.) Stal. 

Stal., Rec. Orth. I, p. 85 (1873). 

Una larva del Rio Colorado. 

También esta especie tiene una distribución geográfica bastante vasta. 

8. DICIIIÍOPLUS VITTIGER (Blancii.) 

Acridiunt vittigerum Blanch. en Gay, Hist, de Chile. Zool. VI, p. 73. 3 (1851). 

Del Rio Colorado (Rincón Grande) y de Nueva Roma. 

Abunda en toda la República Argentina, en Chile y en la Banda Oriental del Uru- 
guay. 

0. PEZOTETT1X (TRYGONOPHYMUS) PUNCTULATUS (Tiiunb). Stal. 

o 
Stal, Ree. Orth. T, p. 77 (1873). 

Del Rio Colorado. 



— 79 - 

Se halla también en Buenos Aires y en el Carmen de Patagones, donde la observé 
en el año 1874. 

10. ACEIDIUM (SCHISTOCEECA) PEEEGEINUM (Oliv.) Stal. 

Stal. Ree. Ortli. I, p. 65 (1873). 

Un individuo de Salinas Chicas. 

Es nuestra Langosta migratoria, que se halla en muchísimas partes del globo terrestre, 
y que después de Olivier (1794) ha sido descrita de nuevo varias veces. 

Trataré detalladamente de esta cuestión en breve, en los "Anales de la Sociedad Cien- 
tífica Argentina ". 

11. OMMEXECHA HOEEIDA (Phil.) 

Graea hórrida Phil. en Gieb. et Siew. Zeitsch. f. d. gesammt. Naturwiss. XXI, p. 444 (1863). 

Dos pequeñas larvas de los médanos de Salinas Chicas. 

Se halla con frecuencia en las Provincias de San Luis y Mendoza; la he recibido tam- 
bién de Córdoba y de Catamarca. 

Fam. LOCUSTIDAE. 

12. CONOCEPHALUS DISSIMILIS Sekv. 

Serv., Orth. p. 518. 4 (1839). 

Una hembra del Cerro Ñato (Rio Sauce Chico). 

Lo poseo también de Chascomús. Los individuos corresponden bastante bien á la 
descripción que da Serville, siendo de una coloración testácea impura y verdosa. La 
faja negra del cono frontal es variable en cuanto á su extensión. 

Fam. GRYLLIDAE. 

13. GEYLLOTALPA CLAEAZIANA Sauss. 

Saüss., M¡ss. Cient. VI, p. 346. 9 (1870) et Mél. Orth. V, p. 193 (1877). 

Una larva de Salinas Chicas. 

SAUSSURE hizo su descripción por individuos que había recibido de Bahía Blanca. 

11. GEYLLUS NITIDULUS Stal. 

Sauss., Mél. Orth. V, p. 364. 53 (1877). 

Una larva, originaria del Cerro de Sotoya. 

El ejemplar típico fué recojido por la Expedición Sueca de la fragata "Eugenia", en 
Buenos Aires, donde la he observado también. 



— 80 — 
15. GETLLODES PATAGONUS Saess. 

Sauss., Miss. Cent. IV, p. 42J. 15 (1870) e¿ M01. Orli. V, p. GS6. 21 (1S77). 

Dos individuos mutilados del Rio Colorado. 

Saussüre se sirvió de ejemplares que le fueron enviados de Bahía Blanca. 



II. NEÜROPTERA. 

Fam. EáPHIDIADAE. 

16. MAN TI SP A DECOEATA Ee.cüs. 

Hagen, Sya. Neoropt. p. 022 (1861). 

Un macho del Rio Colorado. 
El individuo típico' es originario del Brasil. 

Esta especie se halla también en las inmediaciones de Buenos Aires y en Chascomús, 
pero es bastante rara. 



III. HEM1PTERA. 

Fam. PENTATOMIDAE. 

17. CYETOMENÜS C1LIATUS Befg. 

Lív. II. Fig. 1. 

Berg, Anal. Spc. Cient. Arg. V, p. 234. 4 (1878) et Hem. Avg. p. 10. 4 (1879). 

De esta especie fueron encontrados muchos individuos cerca del Rio Colorado, en la 
orilla de la laguna de Salinas Chicas, etc., en parte ya muertos y descoloridos por el sol. 
Apesar de haber perdido muchos las espinas de la margen anterior de la cabeza, han con- 
servado, sin embargo, la mayor parte de las cerdas de las márgenes del pronoto y 
abdomen. 

18. CYRTOMENUS CONSTRICTUS Beeg. 

Mas: Sal latas, planiusculus, nítidas, nigro-piceus, antennis multo pedibusque nonniJiil pallidioribus ; 
i apile augusto, subconvexo, radialim subrugoso, /¡/lo medio sat elevato, ápice rolundato, jugis non- 
nihil breviore, suleo ante marginem anticum valde spiuoso et setoso ; antennis rostroque rufescenti- 



— 81 — 

fuscis, Mis articulis tribus terminalibus fere acque longis, hoc coxas medias vix attingente; pronoto 
levissime convexo-, transversim haul impresso, antice laevi, pone médium et ad latera valdc pune tato, 
marginibus lateralibus pone médium anguste profundissimeque sinuatis; scutello rude pune tato ; 
clavo corioque dense punctulatis ; membrana sórdida, subhy aliña; margine abdominis longe setosoi 
ventre laeviusculo ; pedibus rufescenti- fuscis, tibiis posticis obscurioribas, tarsis ómnibus sordide te- 
staceis. — Long. corp. 5; lat. cap. 1 114, pron. ant. 2 1/2, post. 3 1/3 mm. 

Berg, Hem. Arg. p. 277. 358 (1870) et Anal. Soc. Cient. Arg. IX, p. 5. 358 (1880). 

El macho, que me sirvió para establecer esta especie característica por la escotadura 
de la margen lateral del pronoto, ha sido recojido cerca del Rio Colorado. 

19. MACROSCYTÜS TJMBONATUS Berg. 

Berg, Anal. Soc. Cieut. Arg. V, p. 238. 9 (1878) et Hem. Arg. p. 14. 9 (1879). 

Un individuo descolorido de Salinas Chicas. 

Es de mucho interés saber, que esta e-pecie, que tenia solo de Catamarca y de Tucu- 
man, se halla también en las regiones australes. 



20. THYREOCOPJS PAMPEANUS Berg. 

Lam. II, Fig. 2. 

Fem.: Ovalis, sat convexa, supra subtusque nigra, nítida, ubique grosse denseque punctata ; capitc perpa- 
rum producto, rotuyáLato, ante ocnlos levissime sinuato, tylo antice et postice angnstato, jugis vix 
breviore ; rostro sordide tcstaceo, coxas posticas non attingente ; pronoto subtransverso, marginibus 
lateralibus sat rotundatis, prope margincm posticum anguste sinuato; scutello apicem abdominis at- 
tingente ; parte coriácea hemelytrorum efiam punctata, ultra latera scutelli prominula et rvtrorsum 
fere acuminata ; pectore ruguloso, opaco ; pedibus nigro-qriceis. — 'Long. corp. 3 12; lat. 2 mm. 

Berg, Hem. Arg. p. 277. 359 (1879) et Aual. Soe. Cieut. Arg. IX, p. 5. 359 (1880). 

Una hembra del Rio Colorado. 

Esta especie, descubierta por el Dr. D. Adolfo Doering, es bien característica por 
el color negro uniforme y la abundancia de puntos muy undidos en todos los órganos. 



21. ACLEDPtA MODESTA Stal. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. V, p 312. G0 (1858) et IX, p. 9 (1880) et Hem. Arg. p. 51. 00 
et 281 (1879). 

Fué encontrada en muchos ejemplares cerca del Rio Colorado, Salinas Chicas, etc. 

Se hallaba con frecuencia, según el Dr. DOERING, en numerosos individuos muertos, 

en las orillas de la gran laguna de Salinas Chicas, donde habían sido juntados por las olas 

del agua salada. 

n 



— 82 — 

Fam. COREIDAE. 

22. LEPTOGLOSSUS IMPICTUS Stal. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. VI, p. 88. 88 (1878J et Hem. Arg. p. 72. 88 (1879). 

Un individuo del Paso de Alsina cerca del Rio Colorado, que es bastante claro en su 
coloración. 

23. MARGUS PALLESCENS Stal. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. VI, p. 137. 101 (1878) et Hem. Arg. p. 81. 101 (1879). 
Un individuo de la laguna de Salinas Chicas, que no ofrece ninguna particularidad. 

24. I1ARMOSTES PROCERUS Bekg. 

Berg, Anal. Soe. Cient. Arg. VI, p. 185. 110 (1878) et Hem. Arg. p. 91. 110 (1879). 

Dos individuos de Salinas Chicas y del Fuerte Argentino. 

He recibido últimamente ejemplares de esta especie de Chacabuco, que son de color 
fusco-rojizo claro, teniendo la parte anterior del pronoto, el escudillo y la margen costal 
de los hemélitros de un verde manzano. 

Fam. LYGAEIDAE. 

21. ISCÍINODEMUS STAL1I Sign. 

Berg, Anal. Soe. Cient. Arg. VI, 227. 130 (1878) et Hem. Arg. p. 101. 130 (1879). 

La hembra originaria del Rio Sauce Chico (Nueva Roma), es mas oscura en la colo- 
ración general, que los individuos bonaerenses. 

Fam. CAPSIDAE. 

25. CAPSUS (DERAEOCORIS) FRAUDULENTOS (Stal) Pero. 

Bekg, Anal. Soc. Cient. Arg. VI, p. 270. 149 (1878) et Hem. Arg. p. 120. 140 (1870). 
Del mismo lugar que la especie anterior y observado en un solo individuo. 

26. CAPSUS (DERAEOCOR1S) FRATRUELIS Berg. 

I,AM. II, Fig. 3. 

Mas el Fem. : Lucia aut obseure picei, subopaci, puberidi, subtilissime punetulati, antennis sordide pedi- 
hitxqiic pallide flavescenli-testaceis ; capitc postice transversim depresso et medio longitrorsum sub- 
tiliter mlcato ; antennarum articulo secundo primo plus quam duplo vel triplo fere longiore, arti- 
culo tertio primo ci.c dimidio longiore; rostro rufo, coxas posticas paene attingente ; pronoto an- 



— 83 — 

tice quam postice dimidio angustiare, subdeclivi; scutello hemelytrisque concoloribus, horum appen- 
dice nigricanti, membrana fusceseenti ; pectore ventreque ficéis; pedibus flavidis, tibiis tarsisque 
nonnihil obscurioribus.— Long. 4-4 1/2; lat. 1 1/2 mm. 

Berg, Hem. Arg. p. 289. 372 (1879) et Anal. Soc. Cient. Arg. IX, p. 17. 372 (1880). 

Los dos individuos, que me sirvieron para establecer esta especie, fueron encontrados 
cerca del Rio Colorado. 

27. RESTIIEN1A PALLIDA Bekg. 

Lám. II, Fig. 4. 

Mas et Fem. : Elongati, sordide flavescenti-testacei, puberuli, vitta media capitis vittisque tribus subob- 
soletis pronoti et scutelli virescenti- flavidis, pectore ábdomineque saepissime fuscis; capite sat ma- 
gno, antice obtuse rotundato; antennis corpore multo longioribus, articulo primo longiusculo, 
incrassato, fusco-ttiberculato, articulo secundo primo quasi duplo longiore, articulo ultimo tertio 
quarta parte breviore; rostro coxas posticas valde superante; pronoto antice quam postice dimidio 
angustiare, margine postico vix sinuato; vitta media scutelli distincta; corio ad suturam obsoleto 
fuscescenti-adsperso, ápice ipso in medio maculis dudbus purria obsolete fuscis ornato; membrana 
femoribuspue posticis fusco-adspersis vel irroratis. — Long. 4-5; lat. 1 1/3-1 1/2 mm. 

Berg, Hem. Arg. p. 291. 375 (1879) et Anal. Soc. Cient. Arg. IX, p. 19. 375 (1880). 

También esta especie fué fundada valiéndome de individuos, que recojió el Dr. ÜOE- 
RING en el Rio Colorado y Salinas Chicas. 

28. EESTHENIA UNIVITTATA Bekg. 

Mas et Fem.: Atri, vix sericei, dense et obsolete punctulati, vitta pronoti et scutelli mar ginibusque par- 
tís anticue pectoris satúrate aurantiacis ; capite brevi, declivi; articulo primo antennarum capite 
pronotoque ad unum aequilongo, articulo secundo primo plus quam dimidio longiore; rostro coxas 
intermedias vix superante; pronoto antice quam postice tertia parte angustiare, margine postico an- 
gulato-sinuato ; scutello transversim rugoso. — Long. 6-7; lat. 1 1/2-1 3/4 mm. 

Bekg, Hem. Arg. p. 291. 376 (1379) et Anal. Soc. Cient. Arg. IX, p. 19. 370 (1880). 

De los mismos lugares como la especie anterior y traída por la misma persona. 
Esta especie es bien característica por la línea media amarilla, que se extiende desde 
la parte anterior del pronoto hasta el ápice del escudillo. 

Fam. SALDIDAE. 

29. SALDA ARGENTINA Berg. 

Mas et Fem.: Oblongo-ovales, nigricantes, subnitidi, flavo-sericei, antennis femoribusque rufescentibus, ad 
partem obscure fusco -variegatis, hemelytris tibüsque maximam partan albidis, Ms claco maculisqae 
tribus costalibus nigris, aut ápice capitis, antennis, ápice articuli secundi antennarum excepto, ocu- 
lis ad partem, margine laterali medio pronoti, macula apicali clavi, corii dimidio exteriore, ma- 
culis tribus costae exceptis, membrana pedibusque magnam ad partem, nec non ápice ábdominis, 
rufescenti-albidis vel lutesecnti-testaceis ; articulo tertio antennarum articulo secundo tertia parte 



— 84 — 

longiore, fusco, parum incrassato; rostro nigro, basi lúteo ; pronoto medio anguste transversim im- 
presso, margine postico late sinuato ; maculis tribus nigris costae hemclytrorum maculaque suba}}i 
cali membranas distinctis; membrana fusco-venosa, areolis medio infnscatis, areola intermedia ccl- 
lula minuta apicali instructa : pectore uentreque, hoc ápice excepto, nigris; pedibus sordide testa- 
ceis, ad partem offuscatis aut sordide albidis, fusco-maculatis vel subfaseiatis, tibiis basi apiceque 
et articulis primo basi terminalique ápice nigris. — Long. 3 112-4; lat. 1 1,8-1 1,2 mm. 

Berg, Heui. Arg. p. 293. 379 (1879) et Anal. Soc, Cient. Arg. IX, p. 21. 079 (1880). 

Del Valle del Rio Colorado. — El individuo traído es algo mas claro que los que 
poseo de la Provincia de Buenos Aires. 

Fam. NAB1DAE, 

SO. COKISCUS PUNCTIPENXIS (Blancii.) Stal. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. VII, p. 86. 175 et Hem. Arg. p. 113. 17-5 (1879). 

Este hemíptero, que abunda mucho en la República Argentina y en Chile, sobre todo 
en Valdivia, fué traído de Salinas Chicas y del Fuerte Argentino. 

Fam. REDUVIlDAE. 

31. CONOPJIINÜS IÍTFESTANS (Klttg) Phil. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. VII, p. 2GG. et Hem. Arg. p. 1C5. 202 (1S79). 

Esta especie, conocida de todos bajo el nombre vulgar de Vinchuca, fué recojida en 
la barranca cerca del Fuerte Argentino y en el Rio Colorado, donde vivía bajo piedras, 
viejos troncos, etc. 

Una de las larvas traídas se conservaba viva durante ocho meses en el cartucho de 
papel, sin recibir alimento de alguna clase, teniendo pues una resistencia vital, análoga á 
la de la chinche lcctularia. 

Fam. BELOSTOMIDAE. 

32. ZAITIIA. ELEGANS Mate. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. VIII, p. 31. 230 et Hem. Arg. p. 191. 230 (1879). 

Un individuo de esta especie fué traído de Salinas Chicas — .Este hemíptero acuático 
es muy común en la República Argentina. # 

Fam. NOTONCETIDAE. 

33. NOTONECTA VAKIABILIS Fieb. 

Berg, Anal. Soc. Cient, Arg. VIII, p. 75. 238 et Hem. Arg. p. 197. 238 (1879). 

Esta especie fué encontrada en los brazos del Río Negro, con agua estancada, cerca 
de Choel-Choel. 



— 85 — 

Fam. COEISIDAE. 

3-í. COEISA FORCICEPS Spin. 

Berg, Anal. Soc. Cient, Arg. VIII, p. 78. 242 et Hem. Arg. p. 201. 242 (1879). 

De este hemíptero acuático fué observado un individuo en el mismo lugar, que la es- 
pecie precedente. 

Fam. JASSIDAE. 

35. TETTIGONIA DOEKIKGII Beeg. 

Lam. II, Fig. 5. 

Mas et Fem. : Nigri, punctulati, capite, pronoto, latcribus pectoris scutelloque flavo-müculatis, ábdomine 
flavo-marginato, ventre flavo-lineato , tegminibus pedibusquc rubro, nigro flavoque variegatis ; ca- 
pite obtuse producto, rotundato, linas plurimis et maculis nonnullis sulphureis ornato; fronte tic 
mida cum genis maculis sulphureis parvis ornato, (maculis disci interdum minutis vel obsoletis) ; 
clypeo subgibbo, flavo-maculato ; pronoto antice subfoveolato, flavo marginato et maculato, maculis 
ceteris in series quinqué longitudinales irregulares dispositis; scutello flavo quinquemaculato, ápice 
ipso quoque flavo : tegminibus variegatis : venis magnam ad partem flavidis, areolis clavi et disci 
nigris, areolis reliquis margineque costali rubris, limbo hyalino, rufescenti-venoso ; alis fuscescen. 
tibus, ápice subhyalinis; dorso abdominis nigro, late sulphureo-marginato ; ventre flavo-quadrilineat 
femoribus nigro flavoque lineatis, posterioribus ápice rubris; Jibüs rubris, interdum flavo-lincatis, 
anterioribus supra planiusculis ; tarsis rubris- — Long. 7-8; lat. cap. 2, pron. 1 3/4 mm. 

Berg, Anal Soc. Cient, Arg. VIII, p. 248. 317 et Hem. Arg. p. 252. 317 (1879). 

Esta especie descubierta por el Dr. Doering en la Sierra de Córdoba, fué encontrada 
de nuevo por el mismo en el valle del Rio Colorado. 

36. TETTIGONIA CAPITANEA Beeg. 

Lam. II, Fig. G. 
Mas et Fem. : Obscure fusci aut nigro-picei, grosse punctati, capite , pronoto scutelloque crebre flavo-ma- 
culatis, pectore abdomineque flavo-marginatis, tegminibus sórdido et dilute rubris, albido-consper- 
sis vel punctatis, pedibus rubro, flavo nigroque variegatis ; capite sat producto, ápice subrotundato , 
medio transversim impresso, maculeolis plurimis flavis lineaque media subobsolcta ornato ; fronte 
crebre flavo-maculala, ápice nigra; clypeo parum gibbo, nigro, ad basin utrimque flavo-maculato : 
pronoto antice foveolato, rude punetato et dense flavo-maculato; scutello medio impresso, flavo-ma- 
culato ; tegminibus ápice subhyalinis; alis fuscescentibus aut nigricantibus ; ábdomine piceo, flavo- 
marginato, segmento ultimo flavo-adsperso ; femoribus rubris, nigro flavoque lineatis ; tibiis rufis, 
saepissime flavo-lineatis; tibiis anticis supra levissime et anguste sulcatis. — Long. 10-11 ; lat. cap. 
3, pron. 2 ll2 mm. 

Berg, Anal Soe. Cient. Arg. VIII, p. 250. 320 et Hem. Arg. p. 255. 320 (1879). 

Esta Tcttigonia se encuentra también en Buenos Aires y en Chacabuco; fué observada 
en el último lugar por el Sr. D. FÉLIX LlNCH. 



- 86 — 
37. ATHYSANUS DESEETOEUM Beeg. 

LAm. II, Fig. 7. 

Mas: Densissime punctulatus, capite, fronte, pronoto tegminibusque sordide ftavidis, ohsolete fusco-ir- 
roratis, maculatis vel indistincte fasciatis, genis, pectore, dorso abdominis venireque coerulescenti- 
nigris, pedibns-fuscis, fiavido- maculatis ; capite pronoto vix latiore, modice rotundato, postice infu- 
scato , antice utrimque linea mar ginali fusca ornato ; fronte obsoletissime infuscata; loris medio im- 
pressis ; pronoto capite vix dimidio longiore, transversim striolato, fere fusco, fiavido maculato ; 
scutello punctulato, pone médium impresso, vittis duabus apiceque flavesccntibus ; tegminibus rugu- 
losis, flavidis, clavo discoque infuscatis, apiccm versus irrcgulariter fusco-fasciatis ; alis liyalinis. — 
Long. corp. cum tegm. 2 1¡4; lat. 2¡S mm. 

Berg, Anal. Soc. Cieut. Arg. VIII, p. 2C2. 342 et Hem. Arg. p. 2GT. 842 (187'J). 

Es la especie mas pequeña de esto género que conozco y un solo individuo de la cual 
fué traída de Salinas Chicas. 

38. DELTOCEPIIALUS VAEIEGATUS Beeg. 

LAm. II, Fig. 8. 

Mas ct Fe m . : Testacei, sat nitidi, capite, fronte, pronoto, scutello tegminibusque fusco alboque variega- 
tis, dorso abdominis, connexivo marginibusque exceptis, nigro, ventre sordide testaceo, ad partem 
infúscalo; capite pronotoque ante médium modice transversim impresso, illo ápice subangulato-ro- 
tundato, ápice ipso albido, utrimque linca angulata nigra ornato, medio utrimque fusco-maculato, 
disco albido-bivittato, margine postico medio macula nigra praedito, hoc capite paullo longiore, in- 
distincte ruguloso-punctulato, fuscescenti, albido-irrorato, antice interdum fusco-bimaculato, mar- 
gine piostico leviter late sinuato ; scutello lúteo, obsolete albido-bivittato, ápice saepissime fiavescenti 
vel albido, medio nonnumquam fusco-bimaculato ; venis areolisque clavi et disci tegminum fuscis, 
lús albo-maculatis, maculis tribus partís posterioris costae 'nigricantibus; tibiis posticis nigro-tubcr- 
culatis. Long. corp. cum tegm. 4-5; lat. pron. 1-1 1,4 mm. 

Bebo, Anal. Soc Cient. Arg. VIII, p. 264. 34-5 et Hem. Arg. p. 269. ;¡4J (1870). 

Los individuos que poseo de esta especie son originarios de Buenos Aires, del Bara- 
dero y del Rio Colorado. Del último lugar la trajo el Dr. Doering. 

39. DELTOCEPIIALUS GENTILIS Beeg. 

LAm. II, Fig. '.i. 

Mas: Sordide vel dilate rufesccnti-tcstaccus, maculis duabus basalibus capitis, lineolis transversis late- 
ralibus frontis, maculis nonnullis subobsoletis partís anticae pronoli, umbraculis scutclli. arcolis 
tegminum maximam ad partan, pectore, ábdomine ad partem, femoribus anticis ct mediis basin 
■versus, nec non vittis obsoletissimis femorum posticorum, fuscis ve! nigricantibus, marginibus vil- 
lisijue tribus scutclli et venis tegminum Jlarido-albidis, areolis tegminum ómnibus fere albido-macu- 
latis; capite brevi, vix producto, margine a utico postico fere parallelo, ante apiccm sübtilissime 
transversim impresso, toto subtiliter ruguloso-punctulato; fronte dense punctulata, flavida utrimque 
fusco-lineata ; pronoto capite dimidio longiore, transversim ruguloso, antice indistincte punctato, 



- 87 — 

margine postico leniter sinuato; scutello ante médium punctulato, parte postica elevata, ruguloso- 
punctata; alis hyalinis, fusceseenti-venosis ; dorso abdominis fuscescenti, connexivo marginibusque 
segmentorum pallidiorihus ; ventre sordide testaceo. — Long. corp. cum tcgm. 4 1,3; lat. 1 llímm. 

Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. VIII, p. 205. 340 et Hem. Arg. p. 270. 340 (1879). 

Esta bonita especie, característica por los nervios y las manchas blanquizcas de las 
alas superiores, fué descubierta por el Dr. Doering en Salinas Chicas. 



40. DELTOCEPIIALÜS VENOSULTJS Berg. 

LAm. II, Fig. 10. 

Mas et Fem.: Albido-testacei, maculis quattuor obsoletis anticis, fascia media obliqua, medio interrupta, 
maculisque duabus aut quattuor posticis capitis, maculis obsoletis pronoti, punctis duobus scutelli, 
venís lineolisque transversis tegminum hitéis vel laete fuscis, pronoto medio interdum pedibusque 
semper nigro-maculatis ; capite postice subtilissime longitrorsum et antice distincte oblique striolato, 
margine antico subangulato-producto , oblique ascendente ; fronte punctulata, magnam ad partem 
fuscescenti, utri tuque Jtavido-striolata, ad apicem cum cli/peo fiavido-alba ; pronoto capite paullo 
longiore, obsoleto ruguloso, antice laeviusculo ; scutello pone médium rugoso; tegminibus créberri- 
me fuscescenti-reliculatis ; alis subhyalinis; segmentis dorsi abdominis rarissime medio offuscatis ; 
femoribus distincte ettibiis obsoleto nigro-maculatis. — Long. corp. cum tcgm. 6; lat. pron. 11 'Junu. 

Bb&G, Anal. Soc. Cient. Arg. VIII, p. 266. 348 et Hem. Arg. p. 271. 348 (1879). 

Del mismo lugar y descubierta por la misma persona. 

Esta especie se distingue de las demás congéneres por el mayor tamaño, por la mar- 
gen anterior de la cabeza ascendente y por las alas superiores reticuladas. 



41. TYPIILOCYBA SALINARUM Bekg. 

Fem. : Capite. fronte, pronoto, scutello, dorso abdominis femoribusque máximum partem satúrate auran- 
tiacis, vitta media maculisque duabus antico-sublateralibtis capitis, lineolis obsoletis brevibus late- 
ralibus frontis, vitta media pronoti scutellique ftavido-albis, marginibus renisque tegminum late vi- 
ridibus vel glaucescentibus, pedibus, dimidio basali femorum excepto, viridibus; capite subrotundato; 
ocellis distinetis, fulvis; fronte lineis duabus apicem versus conjunctis obsolete fuscis ornata ; pro- 
noto antice obsoletissime albido-maculato, margine postico sat profunde sinuato; tegminibus areolis 
apicalibus ? instructis, clavo venís dcstituto ; alis vitreis. — Long. corp. cum tegm. 4; lat. pron. 
3 4 inm. 

Berc, Anal. Soc. Cient. Arg. VIII, p. 209. 353 et Hem. Arg. p. 274. 353 (1879). 
También esta especie nueva fué recojida en Salinas Chicas. 



— 88 



IV. DÍPTERA, (i) 

NEMATOCERA. 
Fam. CH1K0N0MIDAE. 

42. CHIEONOMUS PEOXIMUS E. Leu. A., n. sp. 

Fem. : Thorace virescenti, cano-pruinoso, vittis tribus ferrugineis ; alis nudis, albis, nervulo transverso 
fusco: pedibus virescentibus, tibiis articulisque basalibus tribus tarsorwm fusco-terminatis, metatarso 
mítico tibia ejusdem paris dimidio longiore; abdomine nigrieanti, ineisuris cinerascenti-albis. — Long. 
cor}). 7.; exp. al. llmni. 

Palpi fusci ; antennae virescenti-testaceae, articulo ultimo infuscato. Thorax pallide virescens, 
cano-pruinosus ; mesonotum vittis tribus ferrugineis, incita dimidiutn anticum oceupante, a Uncu 
obscuriore, posfice hitiorc, suhfusca et usque ad suturam scuto-scutellarem extensa, longitudinaliter 
divisa, lateralibus macutiformibus, postice attenuatis, dimidio postico sitis; metanotum ferrugineum 
vel fuscum, sulco medio virescenti; pleurae parum ferruginae; mesostemum •pieewm ; alae nudae, 
albae, hyalinae, venis pallide testaceis, nervulo transverso fusco; Jialteres flavidi ; pedes pallide vi- 
rescentes, albo-pubescentes, femoribus infra parce albo-pilosulis, genibus levissime ferrugineo-tinetis, 
tibiarum atque tarsorum articulorum basalium trium summo ápice fusco, eorum articulis duobus 
ultimis infuscatis, tibiis anticis femoribus ejusdem paris paululumbrevioribus, metatarsis ejus dimi- 
dio longioribus. Abdomen fuscum vel nigricans, ubique eano-sericeo-pruinosum et albo-villosum, 
marginibus posticis arcuum dorsalium 1-5 testaceis. 

Un ejemplar muy destruido procedente de lasor illas del Rio Colorado. La descrip- 
ción la he hecho sirviéndome en parte de este y en parte de otro, cazado en Chacabuco 
por mi hermano. 

Pertenece al grupo del 67/. plumosus (L. ) Meig., del cual se encuentra bastantes es- 
pecies en América. Difiere del Ch. brasiliensis WlED., del Ch. cristatus F. y del Ch. 
stigmaterus Sav ( Ch. glaucuriis Wied.), especies americanas á las que se acerca mucho, 
por el color del abdomen, qne en estas es, por lo menos en los machos, amarillento ro- 
jizo; como no se ha descrito sino el macho de la primera y de la última de estas espe" 
cies, hay razón para sospechar, que la nuestra es simplemente el otro sexo de una de 
ellas, sin que á ello obste lo lejano de las comarcar, en que respectivamente han sido 
encontrados, pues conocemos ya varios dípteros que se hallan esparcidos desde Norte- 
América hasta estos países. 



(1) La parte diptérológica d<> esta obra ha sido preparada y redactada por mi amigo Enrique Lynch Ab- 
bibIlzaga, quien, ocupándose de algún tiempo á esta parte del estudio de los Dípteros que habitan cu la Re- 
pública Argentina, y en posesión del material bibliográfico necesario para ello, ha aceptado, á pedido mió, la 
ejecución de esta tarea. 



— SO — 

BRACHYCERA. 
Fain. STKATIOMYIDAE. 

4.;. NEMOTELUS FASCEATIFRONS E. Lcir. A., n. sp. 

Fem. : Nigra nítida; epistomale modice producto; antennis super basin ejns inserí is ; fronte fascia alba, 
medio interrupta, ornata ; mesonoto abdomineque utrimque anguste ftavesecnti-limbatis ; alis limpi- 
áis, venís pallide testaceis ; halteribus ftavescentibus, basi fusca; pedibus nigris, genibus extense 
tibiisque anterioribus omnino flavo-testaceis , iarsis jlavcscenti-albis.--Long. 5 mm. 

Caput nigrwm, nitidum, sparsim punctulatum, punctulis brevissime piliferis, pilis fiavesc entibas : 
frons lata ; epistoma productum, sed fronte multo breviore, subhorizontale, ápice obtuso et leviter 
deorsum incuroo ; frons antice, prope antennas, utrimque triangulo transverso, elongato, ebúrneo, 
ornata; antennae piceae, articulo tertio interstitiis segmentorum albido-pruinoso, stylo . . . . (deest); 
proboscis ut videtur retracta. Thorax niger, nitidus, ubique ut capite punctulatus et villosulus; 
mesonotum carinula laterali, ab humáis usque ad alas extensa, sordide ftacescenti-alba instructum; 
alae limpidae, venís ccllulaque subcostali pallide flavo-testaceis ; halteres flavescentes, clava albida, 
basi fusca; pedes nigro-pícei, albido-pubescentes, femornm tibiarumque posticarum ápice nec non 
tibiis anticis el intermediis flavo-testaceis, tarsis flavesccnti-albis, unguibus piceis. Abdomen nigrum, 
nitidum, thorace parcius punctulatum ct ftavescenti-villosulum,- segmentis 2-5 utrimque anguste 
fiavescenti-limbatis , ventre segmento secundo macula media basali , transversa, sordide albida 
praedito. 

Aseméjase al N. niger, de Chile, últimamente descrito por Bigot ( Ann. Soc. Ent. 
Fr., s. S, IX, p. 233, 3. 1879), pero este tiene las tibias anteriores é intermedias testáceas 
sólo en la base y en el extremo, como las posteriores, y los tarsos pardos en el ápice, 
y, además, su descripción no indica ni línea blanquizca en los lados del mesonoto, ni mar- 
gen amarillenta en el abdomen, caracteres que el autor señala en su especie siguiente 
[N. ruficornis Bic). 

Fam. OESTRIDAE. 

44. ROGENHOFEKA GEANDIS (Guée.) Bee'g. 

Berg, Stett. Ent. Zeit., 268 (1876). 
Sobre el Hesperomys flavescens Waterh. t 

Fam. MUSCIDAE. 

A. CALYPTERAB. 
Subfam. Sarcoph agina. 

45. SAECOPIIAGA FLAVIFRONS Macq. 

S. flavifrons Macq., Dipt. exot., Suppl. 1, p. 191. 24 (1846). — Blanch. ¡u Gay, lli.-t. Chile, 

Zool., VII, p. 428. 1. lám. 5. fig. 4 (1852). 
S. trúncate Schix., Noy. Reise. Dipt., p. 314. 66 (1868). 

Esta Sarcopliaga, que entraría en el género Myophora R. D. ( Ess. Myod. p. 327) 

]2 



si este fuese aceptado, es la mas común en esta provincia; durante la primavera, acude 
en gran número á las flores del Ammi visnaga y otras Umbelíferas. 

MACQUART la describió, bastante imperfectamente por cierto, como del Brasil ; BLA.N- 
CHARD y SciUNER la han señalado en Chile, de donde el Dr. Berg la ha traído última- 
mente; el Dr. DuERlNG recogió un ejemplar femenino durante la expedición al R. Negro. 

B. ACALYPTERAE. 
Snbfam. T E r 11 R i t id i na . 

46. A C INI A RUFA Macq. 

A. rufa Macq., Dipt. exot., II, ps. 3, p. 385.4. pl. 31. fig. 9 (1843).— Blanch. in Gay, H'ist. 

Chile, Zool, VII, p. 460. 8 (1852). 
Tephritis meleagris Schin., Noy. Reise. Iiijit., p. 'JT'J. 122 (1868). 

Un espécimen, en muy mal estado, capturado en una salina, pertenece á esta espe- 
cie, hasta ahora hallada solamente en Chile. 

47. AMETIIYSA INTERMEDIA E. Leu. A., n. sp. 

A. Maequavtii (Urophora aenea, Macq.) eípropinqnae Schin. máxime affinis, sed differt prima a pedibus nigris 

et secunda a fascia obscura tertia alarum cum quarta s. apicali antice conjuncta. — Loiiy. maris 3, 
feminac 4 1 2 mm. 

Capul obsolctc albo-pruinosum ; frons obscure ferruginea, nigro-setosa; vértex epistoniaque viridi- 
nigra, nítida; antennae ferrugineae, articulo tertio cum stylo fusco. Thorax viridi-niger, levi- 
ter chalybescens, interdum parum auratus, obsolctc albo-pruinosus, breviter nigro-setulosus, nigro- 
setosus ; pedes nigro-picei, nitidi, breviter nigro-setulosi, femoribus anticis extus virescentibus, 
trockanteribus genibusque perparum ferrugineis, metatarsis posterioribus testaceis ; alac limpidae, 
venis fuscis, fasciis quatuor nigro-fuscis ornatae, prima subbasali, sucunda ómnibus latiore, com- 
pleta, inicr basin et nervulum transversum primum sita, isto contigua, qiostice ampliata et multo 
dilutiore, margine jiostico alac cum sequenti anguste conjuncta, tertia quoque completa, nervulum 
transversum seeundum includeute, ad -margincm costalcm cum quarta anguste conjuncta, quarta 
apicali; halteres ferrugineis. Abdomen nigrwm, nitidum, breviter nigro-setulosum. 

Esta especie, de la cual tengo á la vista tres ejemplares, procedentes del Rio Colo- 
rado, se acerca mucho á las A. Macquartii y propinqua SCHIN., pero la primera tiene las 
patas «de un pardo leonado: , según MACQUART, y en la segunda las dos últimas fajas 
alares no se unen en el borde anterior. 

Fam. HIPP0B0SCIDAE. 

48. OENITLTOMYIA SYNALLAXIDIS E. Leu. A., n. sp. 

Picea, nítida; capite supra rubro-testaeeo, utrimque carina depressa, nigro-setosa, posticeque spatio ocella- 
ri piceis ; mesonoto lineóla longitudinali flava; alis modice et uniformiter infumatis; femoribus in- 
fra stemoque virescentibus. — Loug. i 1 :.' mm. 



— 91 — 

Caput supra rnbro-testaccum, utrimque carina depressa, nigro-setosa, posticeque spatio ocelli- 
gero piceis, nitidis, infra sordide vireseenti-testaceum; os nigro-setosum, labro, bulbo rostrifero lo- 
bisque lateralibns ulbidis, his basi margineque externo palpisque piceis, nitidis, rostro favescenti. 
Mesonotum angulis anticis productis, sitíenlo medio instructum, sutura satis profunda, medio inter- 
rupta, utrimque et postice nigro-setosum, piceum, nitidum, humeris lateribusque sordide virescenti- 
testaceis, lineóla media flava, in acersum paululatim ampliata guttulisque ditabits subobsoletis, 
colorís humerorum, pr'ope marginem anticum sitis, ornatum; scutellum pieeum, nitidum, transver- 
sim striatum, suicido medio, postice in depressionem latam ¡lili/tufo, mnnitum, margine nigro-setosum; 
pleurae piceae , nitidae; sternam sordide vireseenti-testaceum, nitidum: pedes picei, nigro-setosi, femo- 
ribus infra coxisque ut siento, sed Mis virescentiorifyus, tarsis anterioribus quoque parum virescen- 
ti-testaceis, Unguibus nigro-piceis; alae unifonniter infunmiae, sed hgalinae, venis piceis, costali ni- 
gro-setulosa, basi-virescenti; halteres fuscescentes, clava alba. Abdomen fusco-virescens, nigro-setu- 
losum et setosum. 

Se asemeja bastante á la O. erythrocephala LEACH, y á la O. pana MACQ. ; sin em- 
bargo, me decido á considerarla como diferente, pues en las descripciones de estas espe- 
cies no se menciona la línea del mesonoto, que es bastante visible, y, ademas, LEACH 
llama amarillo («luteum ) el color del abdomen de la primera y MaCQUART dice de las 
alas de la segunda que son «un poco amarillentas •>, sin indicar el color de humo que se ob- 
serva en las de nuestra Omithomyia. 

Esta fué descubierta por el Dr. Doering, á mediados de Mayo, sobre una Synatta- 
xis [ Bathmicercus ] patagónica ( Lafr. ) Gray. 



V. LEPIDOPTERA. 

Fam PIEEIDAE. 

49. PIEKIS AUTODICE Hb. 

Borm., Descript. phys. de la Rép. Arg. V, p. 88. 10 (1878). 

Del Rio Negro y del Fuerte Argentino. 

Un individuo representa una variedad muy oscura, teniendo ciertas homologías con la 
Herís Demodice Blanch. 

50. COLIAS LESBIA (Fabr.) Boisd. 

Bürm., Descript. phys. de la Rép. Arg. V, p. 95 (1878). 
Un individuo del Cerro Blanco, dos leguas al N. del Fuerte Argentino. 



— 92 — 
51. EUREMA DE VA Doubl. 

Tcrias Agave (Fabr.) Boisd., Burm. 

lii km. . Descript. phys. de la Rép. Arg. V, p. 92. 1 (1878). 

Este lepidóptero fué traído de Salinas Chicas y corresponde perfectamente á los in- 
dividuo.; coleccionados en Buenos Aires. 

Fam. FSYCHIDAE. 

52. OECETICTJS GEYERI Beeg. 

Burm., Descript. phys. de la Rép. Arg. V, p. 402. 2 (1878). 

Dos habitáculos, que pertenecen á la oruga de esta especie, fueron encontrados en el 
valle del Rio Colorado. 

Fam. SATURNIADAE. 

53. DIRPiíiA LAUTA Beeg, n. sp. 
i.ám. ir, Fig. íi. 

Mas : Corpore pilis longis ochraceis vel luridis dense vestito, alis parum squamosis, sordide albidis; an- 
tennis sordide ochraceis; capite, palpis pectoreque dense pilosis, fere fulvis, pilis thoracis ad par- 
tem canescentibus ; marginibus anterioribus segmentorum abdominis perparum infuscatis ; margine 
contali alarwm anticarwm subtus obsolete flavido ; pedibus luteis, femoribus valde villoso-pilosis, ti- 
biis tarsisque pilis cania parce uestitis. — Lotig. corp. 20; long. alae ant. 27 muí. 

Esta nueva especie, encontrada en los saucedales del Rio Negro, cerca de la Balcheta, 
se distingue bien de las demás congéneres por las alas blanquizcas, que llevan pocas es- 
camas y carecen de fajas ó líneas, y por el cuerpo muy velludo, que es de color ocre 
mas ó menos, teniendo el abdomen las márgenes anteriores de los segmentos algo oscuros. 

Fam. NOCTUIDAE. 

54. LEUCANIA EXTRANEA Guen. 

Berg, Acias de la Acad. Nac. I, p. 80. 26 e1 Bull. Soc. [rap. des Nat. Moscou. XLIX, t. p. 
210. 26 (1875). 

Fué recogida cerca de Nueva Roma (Rio Sauce Chico). Esta especie es muy común 
en el Rio Negro. 

55. RELAMÍA PIIASIANOIDES Guen. 

Berg, Actas dp la Acad. Nac. I, p. 85. :j:J et Bull. Soc. [mp. 'les Nat. Moscou. XLIX, 4, p. 
222. ¿Z (1875). 

De esta especie fué traído un individuo de Salinas Chicas. 



— 93 — 

Anotación. — Mi Pelamia Tehuelcha es sinónimo de la Pelamia rímica (Feld- 
et ROGENH.). La sinonimia y bibliografía de esta especie es la siguiente : 

Pelamia rúnica (F. et R.). 

Euclidia rúnica Feld. et Rogenh., Nov. Lepid. Atlas Heteroc. Tab. C'XVII, fig. 11 (1874); 

sine descript. 
Euclidia Tehuelcha Berg, Actas de la Aead. Nac. I, p. 84. 32 et Bull. Soc. Imp. des Nat. 

Moscou. XLIX, 4, p. 221. 32 (1875). 
Pelamia Tehuelcha Berg, Anal. Soc. Cient. Arg. IV, p. 20-5. 18 (1877). 



Fam. GEOMETRIDAE. 

56. GLAUCOPTERYX TEPIDATA (Güen.). 

Lím. II, Fig. 12. 

Tephrosia undularía Blanch. in Gay, Hist. de Chile. Zool. VII, p. 93. 1 (1852). 
Larcntia tepidata Güen., Geom. II, p. 281. 1362 (1857). — Wai.k., List. Geom. p. 1188. 47 
(1802). 

De esta especie fueron coleccionados dos individuos en Nueva Roma. 

Por la descripción que da BLANCHARD, no es posible reconocer esta especie, habiendo 
estado muy mutilados los ejemplares que tenia. Mucho mas aceptable es la de GUENÉE, 
quién cambió el nombre, por haber otra undularía en este género. 

Los individuos recojidos por el Dr. DoF.RING, son muy pequeños y han perdido un 
gran números de escamas ; pero, comparándolos con un dibujo del Dr. PHIL1PPI y la des- 
cripción de GUENÉE, resultan idénticos. Me tomo la libertad de publicar la figura he- 
cha por el Dr. PhiLIPPi, para facilitar el reconocer esta geómetra y evitar descripciones 
largas. Solo debo advertir que los puntos oscuros de las alas posteriores faltan por com- 
pleto en algunos individuos. 

Fam. TINEIDAE. 

57. LINDERA TESSELLATELLA Blanch. 

Berg, Actas de la Acad. Nac. I, p. 94. 48 et Bull. Soc. Imp. des Nat. Moscou. XLIX, 4, p. 
236. 48 (1875). 

Esta polilla muy común en la Provincia de Buenos Aires al Sur, fué traida del Rio 
Colorado. 



- 9á — 
VI. COLEÓPTERA. 

Fara. CICINDELIDAE. 

58. CICINDELA API ATA De... 

Dej., Spec. I, p. 86. 70 (1825). 

De esta especie fué traído un individuo muy mutilado de la Isla de Choelechoel. 

Esta cicindela tiene una distribución geográfica muy vasta, encontrándose desde el 
Brasil meridional hasta el Rio Negro en Patagonia. y ha sido observada en casi todas las 
provincias de la República Argentina, y enumerada por todos los viageros científicos, etc. 

Fam. CARABIDAE. 

59. CALOSOMA BONAR1ENSE Dej. 
Dej., Spec. V, p. 560. 19 (1801). 

Un individuo del Río Colorado. 

Tiene también una distribución muy amplia y es mucho mas común que la especie 
precedente. Todos los años, principalmente en el mes de Noviembre, aparece este insecto 
en gran número en las calles de Buenos Aires, atraído por el pampero, después de ha- 
ber reinado una temperatura elevada. Sobre este ienómeno ya han tratado STEINHEIL, 
y Strobel (Atti della Soc. Ital. di Se. Nat. XII, i, p. 240.— 1869) ; Burmeister (Stett. 
Ent. Zeit. XXXIII, p, 227.— 1872) y el autor (Anal. Soc. Cient. Arg. V, p. 313.— 1878 et 
Hem. Arg. p. 52.— 1879). 

60. MIMODROMIUS NIGRO-FASCIATUS (Sol.) Reed. 

Reed, Proc. Zool. Soc. 1874, p- 08. 

Un individuo traido del Rio Colorado, corresponde bien á las descripciones dadas por 
SOUER (Gay, Hist. de Chile, Zool. IV, p. 135. 1. lám. I, fig. 7 y 9.— 1849), represen- 
tando la variedad, en la que la mancha ó faja testácea sub-basilar de los élitros se ex- 
tiende en el medio y en el borde costal hasta la base, encerrando una pequeña mancha 
alargada de la coloración general de los élitros. 

Anotación. — Solier había puesto esta especie en el género Calleida, Reed 
la ha pasado al J\Iimodromius, é indica el cuarto artejo de los tarsos como 
« Sharply cmarginate but not bilobcd>, y de acuerdo con nuestro individuo, 
mientras que CllAUDOlR propone la formación de un nuevo género bajo el 
nombre de Callidula (Ann. Soc. Ent. Belg. XIX, p. 109.— 1876), fundado 



— 95 — 

principalmente en el cuarto artículo tfortement bilobée ■;>. El ejemplar de 
CllAUDOlR ; no representa talvez otra especie ó género ? 

61. ANISODACTYLUS CUPEIPENNIS (Geem.) Lac. 

Lac, Gen. I, p. 279, nota 3 (1854).— Steinh., Atti della Soc. Ital. di Se. Nat. XII, 1, p. 244. 

25 (1869).— E. Leu. A., Nat. Arg. I, 10, p. 340 et 351 (1879). 

Esta especie muy común, que se halla con frecuencia en casi todas partes de la Re- 
pública Argentina, fué traída del Rio Negro, de la Sierra de Currumalan, del Fuerte Ar- 
gentino, del Rio Sauce y Colorado, etc. Uno de los ejemplares es de un tinte negro-vio- 
láceo, coloración que indica ya STEINHEIL, y que hemos observado también en Buenos 
Aires. 

62. ¿ANISODACTYLUS LAEVIS (Curt.). 
Sarpalus laevis Curt., Trans. Lin. Soc. XVIII, p. 194. 23 (1839). 
Poseo seis individuos de un Anisodactylus, originarios de Salinas Chicas, del Rio Co- 
lorado y de la Sierra de Córdoba, y coleccionados por el Dr. DOERING y por mí, que 
no corresponden bien á ninguna de las especies detalladamente descritas, y que se acerca 
mucho al Harpalus laevis CURT., procedente de la Patagonia meridional y de Santiago 
de Chile. Pero siendo la descripción que da CURTÍS, bastante superficial, no puedo re- 
solver definitivamente la cuestión, hasta practicar el examen del original ú obtener ejem- 
plares originarios de los mismos lugares. 



63. SELENOPHOEUS MAEGINIPILOSUS Steinh. 
Steinh., Atti della Soc. Ital. di Se Nat. XII, 1, p. 245. 32 (1809). 

Un individuo macho, traído de Salinas Chicas. 

Corresponde bien á dos individuos que he recojido en la Banda Oriental del Uruguay, 
y á la descripción de STEINHEIL, á la cual se debe agregar, que el pronoto tiene un 
línea media bien marcada y la parte posterior de la depresión latero-basilar, hasta la 
margen, provista de puntos distintos, 

Es buena especie, que no conoció PüTZEYS, cuando escribió su monografía de los 
Selenophorus de América (Stett. Ent. Zeit. XXXIX, p. 3 (1878). 



a 



(34. FEEONIOMOEPILA STEIATULA (Fabe.) Chato. 
Chato., Aun. Soc. Ent. Belg. XIX, p. 113 (1870). 

Fué traída en varios individuos del Rio Colorado y Salinas Chicas. 
Esta especie es muy común en el Brasil, Paraguay, en la Banda Oriental del Uru- 
guay y en la República Argentina ; yo la observé también en el Rio Negro en Patagonia. 



— 96 — 
65. FERONIOMOKPHA MOERENS (Bbullé) Chaud. 

Feronia (Melanius) moerens Brdxlé in D'Orbignt, Voy. dans l'Amér. raérid. VI, 2, p. 29. Hit 

pl. 3, fifí- 7 (1) (1838). 
Feronia Dejeanii Waterh., Aun. and Mag. of Nat. Hist. VII. p. 121. 4 (1841). 
Omaseus moerens Gtemm. et Har., Cal. Col. I. p. 312 (1808). 
Platysma Dejeanii G-emm. et Har., Cat. Col. I, p. 318 (1868). 
Feroniomorjpha moerens Chaud., Aun. Sur. Eut. Belg'. XIX, p. 113 (1876). 

Un individuo del Rio Negro. 

Esta especie, que ha sido observada en Buenos Aires, y en el Baradero por los her- 
manos LYNCH, por el Sr. G. GUENTHER y por mí, y que recojí también en el Carmen 
de Patagones en el año 1874, es bastante variable en su tamaño, resultando la F. moe- 
rens y F. Dejeanii como idénticas, distinguiéndose solo por las dimensiones. 

Me he valido de los apuntes sinonímicos del Sr. ENRIQUE LYNCH, que resultaban con- 
formes con las indicaciones de CHAUDOIR. 



66. ARGUTORIDIdS OBLITUS (Djej.) Guau.. 

Feronia oblita Dej., Spec. V, p. 754. 197 (1831). 

Argntor óblitva GrEMM. et Har., Cat. Col. I, p. 307 (18G8). — Steinh., Atti dolía Soc. J tal. di 

Se. Nat. XII, 1, p. 240. 39 (1809). 
Argiltoridius oblitus Chaud., Aun. Soc. Ent. Belg. XIX, p. 114 (1876). 

De esta especie fueron traídos dos individuos hembras de Nueva Roma y del Rio 
Negro. 

Poseo en mi colección un individuo masculino, que recojí en la Banda Oriental del 
Uruguay, y que debe pertenecer á esta especie. STEINHEIL ha recibido este Argutoridius 
de Buenos Aires, de Rio Cuarto, del Rosario y de Montevideo, de manera que tiene una 
distribución geográfica bastante vasta. 



07. ARGUTORIDIUS URUGUAICUS Chaud. 
Chato., Aun. Soc. Ent. Belg. XIX, p. 114 (1870). 

Dos individuos de la Isla de Choelechoel. 

Corresponden bien á la descripción que da CHAUDOIR, teniendo solo aún un cuarto 
punto en el tercer intervalo, situado cerca de la segunda estría, mas ó menos al principio 
del último quinto del élitro. 



(1) Esta figura, que según el texto y la plancha representa á la Feronia (Omaseus) currens Bul i.i.k, 
debe referirse por lo que resulta de un examen cuidadoso, á la Feroniomorpha moerens. 



— Ol- 
es. PLATYNUS LINEATO-PUNCTL T LATiJS (Dej.) Brdllé. 

Brullé in D'OiuiiGNY, Voy. dans l'Amér. morid. VI, 2, p. 25. 91 (1838).— Steinii., Atti della 
Soe. Ital. di Se. Nat. XII, 1, p. 247. 40 (1869). 

Fué traído en varios ejemplares del Rio Colorado, recojidos el 19 y 20 de Mayo. 

Este Platynus no es raro, y ha sido observado en Buenos Aires (STROBEL y autor), 
Rio Negro y Salinas (D'Orbigny) y Montevideo (BRENDEL); se encontrará probablemente 
en toda la República Argentina. 

69. PLATYNUS BRASIL1ENSIS (Dej.) Brullé. 

Brullé in D'Orbion'Y, Voy. dans l'Amér. mérid. VI, 2, p. 24. 89 (1838). 

DEJEAN tenia esta especie del Brasil, D'Ok.BIGNY la recojió en Bolivia, los dos indivi- 
duos que trajo el Dr. DoERING son originarios del Rio Colorado, donde fueron coleccio- 
nados el 20 de Mayo. 

Anotación. — Entre los Carábicos coleccionados por el Dr. DOERING, se en- 
cuentran dos especies del género Bembecidium, recojidas en la Laguna de 
Narra-Có, que no corresponden bien á ninguna de las señaladas en el Catá- 
logo de Gemminger y Harold, ni á las que describe Steinheil. Siendo 
el estudio de estos pequeños coleópteros muy difícil sin un gran material 
de comparación, los dejo ahora fuera de este trabajo, hasta otra oportu- 
nidad mas favorable. 

Eam. DYTISCIDAE. 

70. PdlANTUS VARIUS (Fabr.) Gemm. et IIak. 

Ge.mm. et Hau., Cat. Col. II, p. 449 (1808). 

De esta especie fueron traídos varios ejemplares, coleccionados en la orilla de la la- 
guna de Salinas Chicas y en la Isla de Choelechoel. 

Es bastante común y ha sido observada hasta ahora en Montevideo, Buenos Aires, 
Patagonia (Rio Negro, Puertos Deseado y Famine) y en Chile. 

71. PJIANTÜS IRRORATUS (Brullé) Gemm. et IIar. 

Gemm. et H.ut., Cat. Col. II, p. 449 (1808). —Steinii., Atti della Soe. Ital. di Se. Nat. XII, 1, 
p. 250. 01 (1869).— Sharp, Ann. Soe. Ent. Belg. XX, p. 110 (1877). 

Dos individuos mutilados de Salinas Chicas. 

Esta especie es, á lo menos en Buenos Aires, mas común que la anterior y ha sido 
observada en los mismos lugares y ademas en San Luis y en Mendoza por el Profesor 
Strobel. 

13 



— 98 — 

Pam. HYDROPHILIDAE. 

72. TROPISTERNUS GLABEE (Hbst.) Sol. 

Hydrophilus glaber Hbst., Col. VII, p. 298. tal.. 113, fig. 8 (1800). 

Hydrophilus setiger Germ., Ins. Spec. Noy. p. 95. 102 (18 - 24). 

Hydrophilus (Tropisternus) setiger Brullk in D'Orbigxy, Voy. dans l'Amér. mérid. VI, 2, p. 

5G. 214 (1838). 

Tropisternus glaber Sol., Aun. Soc. lint, de Pr. Ser. 1. III, p. 310 (1834) et in Gay, Hist. 
de Chile. Zool. IV, p. 297. 1. lam. 5, fig. G (1840).— Lac, Gen. í, p. 4.52 (1854). —Lec, 
Trans. Aead. Pliil. 185-5. p. 308.— Gemm. et Il.vit. , Cat. Col. II, p. 477 (1868).— Steixh., 
Atíi della Soc. Ital. di Se. Nat. XII, 1, p. 252. 67 (1800).— Reed., Anal. Uniy. Chil. 
XLV, p. 248 (1874). 

Tropisternus setiger Lac, Gen. I, p. 452 (1854).— Gemm. et Har., Cat, Col. II, p. 477 (1808). 

Tres individuos del Rio Colorado y Rio Negro ( Choelechoel ). 

Este coleóptero acuático se encuentra frecuentemente en ambas Américas, y ha sido 
observado en los Estados Unidos, en Méjico, en Chile, en el Brasil, en la Banda Oriental 
del L T ruguay, y en la República Argentina, desde el Territorio de las Misiones antiguas 
hasta la Patagonia meridional y hacia el Oeste, hasta Mendoza. 

Anotación. — El Tropisternus setiger es sinónimo del T. glaber. Las pe- 
queñas cerdas de los puntos de los élitros son muy ríjidos, de manera que 
se pierden con facilidad, y solo por el empleo del microscopio se observa 
sus vestigios. El nombre T. setiger, aunque mas significafivo, debe ceder 
su lugar al de T. glaber, que tiene la prioridad. 



73. BEROSUS L T NÜATUS (Fabk.) Brullé. 

Rrulle in D'Orbigkt, Voy. dans l'Amér. mérid. VI, 2, p. 59. 222 (1838). — Steixh., Atti della 
Soc. Ital. di Se. Nat. XII, 1, p. 253. 72 (1869). 

Un individuo muy mutilado, traído del Arroyo Guaminí, debe pertenecer á esta es- 
pecie, que obtuvo FabriciüS de la Patagonia y que fué observada por STROBEL en la Pro- 
vincia de Buenos Aires. 



Fam. SILPHIDAE. 

74. NECROPELORUS CÍIILENSIS Pon, 

l'iiii.., Stett, Pnt. Zeit. XXXII, p. 293, fig. 7 (1871). 

De esta especie rara trajo el Dr. DOERING un ejemplar mutilado, que fué recojido 
muerto en Salinas Chicas, y que es algo mayor en sus dimensiones que el ejemplar tí- 
pico, originario de Santa Cruz, en la provincia chilena de Curico. 



— 99 — 

Fam. SCARABAEIDAE. 

75. CANTHON PLICATIPENNIS Blancii. 

Canthon plicatipennis Blanch. in D'Orbigny, Voy. dans l'Amér. mérid. VI, 2, p. 164. 517 

(1838).— Haroi.d, Col. Heft. V, p. 57 (1869). Steinh., Atti della Soc. Ital. di Se. Xat. 

XV, 5, p. 554. 102 (1873). 

Canthon fractipes Haroi.d, Mou. der Gatt. Canthon. p. 101 (18G8). 

Un individuo de Salinas Chicas. 

La especie es muy común en el Carmen de Patagones, donde " la coleccioné en gran 
número en el estiércol de caballo, á fines de Noviembre de 1874. Se halla también en 
Mendoza y Chile. 

76. PYTODERUS STROBELII (Steinit.) Bubm. (1). 

Orphnus Strobeli Steinh., Atti della Soc. Ital. di Se. Nat. XV, 5, p. 546. 117 (1873). 

En el mismo número y del mismo lugar que la especie precedente. 

El individuo típico de STEINHEIL fué recojido por STROBEL in Bahía Blanca. 

77. TROX PATAGONICUS Blanch. 

Harold, Mon. der Gatt. Trox. p. 188. 6 (1872).— Bcrm., Stett. Ent. Zeit. XXXVII, p. 254.3 
et p. 264. 5 (1876). 

Fué traído en tres individuos del Rio Colorado y de Olavarría. 

Esta especie ha sido observada en los lugares siguientes : Montevideo, Rio Cuarto, 
Tandil, Bahía Blanca y Carmen de Patagones. 

78. TROX SUREROS ES Fabr. 

Harold, Mon. der Gatt. Trox. p. 28. 54 et p. 119. 55 (1872). Bur.m., Stett. Ent. Zeit, XXXVH, 

p. 257. et p. 265. 10 (1876). 

Esta especie, de la cual fué traído un ejemplar de Nueva Roma, tiene una distribu- 
ción geográfica muy vasta, encontrándose desde la Pensilvania hasta la Patagonia meridio- 
nal, y ha sido observada en casi todas las provincias de la República Argentina. 

79. TROX AEGER Güer. 

Harold, Mou. der Gatt, Trox. p. 29. Cletp. 132. 61 (1872). Burm., Stett. Ent. Zeit. XXXVH, 

p. 259. 8 et p. 260. 28 (187G). 

Un individuo de Olavarría. 



(1) Las cuatro especies de escarabajos establecidas por el Dr. Burmeister, representan nuevos géneros ó 
nuevas especies, descritas ya bace dos años, y que serán publicadas en breve, juntos con los demás Lamelicor- 
nios argentinos, en la obra : Description physique de la Rcpiiblique Argentine. 



— 100 — 

Este Trox ha sido observado en las Repúblicas del Perú, Oriental del Uruguay y Ar- 
gentina ; en esta última fué encontrado en los lugares siguientes : Córdoba, Rosario, Pa- 
raná, Mendoza, Buenos Aires y Carmen de Patagones. 

Su. MYLOXENA VESTÍTA Burm. 
Lám. II, Fig. 13. 

El individuo que sirvió al Dr. BURME1STER, para establecer este nuevo género, fué 
recojido por él en la Pampa occidental. El Dr. DoeriNG trajo tres ejemplares, que habia 
coleccionado al Sud-Oeste del Rio Colorado, donde los observó volando de noche. 

SI. PACHRÜDEMA LUCÍ ü A El km. 

Lám. II, Fig. 14. 

El ejemplar típico de esta nueva especie, fué encontrado por mí en Patagonia en el 
año 1874. El Dr. DOERING recojió un individuo en Salinas Chicas. 

82. CYCLOCEPIIALA PÁRVULA Burm. 

Lam. ir, Fig. 15. 

De esta nueva Cyclocephala fueron coleccionados dos individuos en Salinas Chicas. 
Los ejemplares típicos del Dr. BuRMElSTER son originarios de la Banda Oriental. 

83. LIGYRUS BURMEISTERI Steinh. 

Steimi., Atti della Soc. Ital. di So. Xat. XV, 5, p. 500. 133 (1873). 

Dos individuos de Olavarría. 

Esta especie es bastante común en la Provincia de Buenos Aires y en la Banda Orien- 
tal del Uruguay al Sur. 



Fam. BUPRESTIDAE. 

Gen. Dactylozodes CiiEVRor.. 

Lasionota Dej., Cat. Ed. 3. p. 94 (1837); sine descript. 

Dactylozodes Chevrol. in Sii.b., Rev. Eut. V, p. 79 (1838). Lac, Gen. Col. IV, p. 56 (1857). 

Zemina Cast. et Gory, Mon. II, p. 1 (1838). Lac, Gen. Col. IV, p. 55 (1857). 

SL D. QUADRIFASCIATA (Mannerh.). 

Lasionota quadrifasciata Maxxerh., Bull. Soc. Iinp. desNat. Moscou. VIII, p. 1021 (1837).— 

Gort, Mon. IV. p, 19C. p l. 33, %. 189 (1840). Gemm. et Har., Cat. Col. V, p. 1394 

(18G9). Buril, Stett. Ent. Zeit. XXXIII, p. 375. 12 (1872). 



— 101 — 

Lasionota quadricincta .Dej., Cat. Bd. 3. p. 94 (1837) ; sine descript. 

Dactylozodes tetrazona Chevrol. in Silb., Rev. Ent. V, p. 80 (1838). Gemm. et Har., Cat. 

Col. V, p. 1395 (1809). 
Zemina Dorbignyi Cast. et Gory, Mon. II, p. 3. pl. 1, fig. 2 (1838). Bi.axch. in D'Orbi- 

gny, Voy. daus l'Amér. mérid. VI, 2. p. 150. 474. pl. 9, fig. 8 (1843). Burm., Stett. 

Bnt. Zeit. XXXIII, p. 375. 13 (1872). 
Zcmina hirsuta Cast. et Gory, Mon. II, p. 4. pl. 1, fig. 4 (1838). 
Zemina Brullei Cast. et Gory, Mon. II, p. 4. pl. 2, fig. 5 (1838). 
Zemina quadrizonata Blanch. in D'Orbkínt, Voy. dans l'Amér. mérid. VI, 2, p. 150. 475 

(1838). BrjRjr., Stett. Bnt. Zeit. XXXIII, p. 375 (1872). 

Dactylozodes Dorbignyi Gemm. et Har., Cat. Col. V, p. 1394 (1869). 
Dactylozodes hirsuta Gemm. et Har., Cat. Col, V, p. 1394 (1369). 
Dactylozodes quadrizonata Gemm. et Har., Cat. Col. V, p. 1395 (1869). 
Dactylodes tetrazonus Burm., Stett. Ent. Zeit. XXXIII, p. 375. 17 (1872). 

De esta especie trajo el Dr. DOERING muchos individuos, que fueron coleccionados en 
las orillas de las Salinas del Sur, donde se conservaban, muertos, en bastante buen 
estado. 

Anotación. — Los géneros Dactylozodes, Lasionota y Zemina, son idénticos, 
variando la forma y longitud de los tarsos en las diferentes especies y hasta 
en los individuos, y existiendo formas transitorias. 

For el gran número de individuos que poseo de la Patagonia septentrio- 
nal y de las Provincias de Buenos Aires, Mendoza y Corrientes, puedo ob- 
servar también la variabilidad por lo que toca al tamaño, á la escultura y co- 
loración, resultando como idénticas todas las especies indicadas en la sinoni- 
mia, y que han sido establecidas en general por un solo ejemplar, sin examen 
de los originales ó sin conocimiento de las descripciones ya existentes. 

En cuanto al tamaño, son de 9 1/2 hasta 22 milímetros de largo y de 
2 3/4 á 6 milímetros de ancho en la parte humeral. En su forma son, en 
general, bastante convexas, pero hay también individuos algo aplastados, ca- 
rácter que sirvió en parte á BlaNCHARD para formar su Zemina quadrizonata. 

La escultura de los élitros y del pronoto no da ningún carácter especí- 
fico, sino individual; el surco pronotal falta por lo común, está bien ó solo 
ligeramente marcado, ó es sustituido por una especie de arruga en parte des- 
vanecida, y la longitud y agudeza de los dientes de la extremidad de los 
élitros es muy variable, como también la mayor ó menor abundancia de vello en 
las diferentes partes del cuerpo, que depende por otra parte, del estado de 
conservación del ejemplar. 

La coloración fundamental varia de un negro oscuro hasta un verde vio- 
láceo metálico muy vivo ; y las fajas transversales son de un tinte amarillo 
impuro, rara vez rojizo, y variables en su anchura y forma ; en el mayor nú- 
mero de individuos hay cuatro fajas, algunos tienen la extremidad de los 



- 102 — 

élitros amarilla, representando una especie de faja, que es algunas veces bas- 
tante ancha, en otros está apenas indicada. 

La mancha negra humeral, situada en la faja amarilla transverso-basilar de 
los élitros, es muy variable ; ya es muy pequeña, puntiforme, ya de tamaño 
mediano, ó muy grande, dividiendo la faja casi en dos partes ; á veces se 
une oblicuamente con la primera faja negra, separando la amarilla en dos 
manchas, una escutelar redondeada, otra marginal sub-triangular, como se ob- 
serva en la figura citada de la Zemina Dorbignyi, y de acuerdo con la 
descripción de la Z. quadrizonata. 

No nos debe cstrañar esta variabilidad, que ha sido ya observada varias 
veces en los Bupréstides (Véase: Stett. Ent. Zeit. XXXVI, p. 86.— 1S75, etc.). 

85. CHRYSOBOTÍIRIS RUGOSA Cast. et Goey. 

BtJRM., Stett. Eut. Zeit. XXXIII, p. 380. 2G (1872). 

Un individuo mutilado de Salinas Chicas. 

También esta especié tiene una distribución geográfica muy vasta, encontrándose casi 
en todas partes de la República Argentina, en la Banda Oriental del Uruguay y en Chile ; 
al Sur desciende hasta el Estrecho de Magallanes. 

Fatu. ELATERIDAE. 

86. HETERODERES RUFANGULUS (Gvll.) Caxd. 

Buem., Stett. Ent. Zeit. XXXVI, p. 208. 1S et p. 273. 153 et 154 (1875). 

De esta especie fueron coleccionados dos individuos cerca del Rio Colorado. 

Anotación. — Estoy de acuerdo con el Dr. BURMEISTER quién une el H. pa- 
tagonus STEINH. con la especie en cuestión ; la longitud del segundo artículo 
de las antenas y su relación con la del tercero, da mas bien un carácter se- 
xual que específico. 

Fam. MELANOSOMATIDAE. 

87. IIYLITIIUS TENTYEIOIDES (Lao.) Guéb. 

Steinii., Alti della Soe. Ital. di Se. Nat. XV, 5, p. 575. 187 (1873). — Bttrm., Stett. Eat. Zeit. 
XXXVI, p. 461. 1 (1875). 

Un individuo de Salinas Chicas. 

Esta especie ha sido observada con frecuencia en San Luis, en Mendoza y en el Car- 
men de Patagones, donde se halla abajo de trozos de madera, de estiércol seco, etc. 



— 103 — 

88. SCOTOBIUS MILIAMS (Billb.) Gemm. et Hak. 

Gemm. et Hae., Cat. Col. VII, p. 1857 (1870). — Bubm., Stett. Ent. Zeit. XXXVI, p. 465. 10 

(1875). 

Esta especie, que tiene una distribución mas vasta que la anterior, y que desciende 
también hasta el Rio Negro, fué traída por el Dr. DOERING de la Sierra de Currumalan. 

89. SCOTOBIUS OVALIS Guér. 

Bubm., Stett. Ent. Zeit. XXXVI, p. 4GG. 15 (1875). 

Fué traído en varios ejemplares del Rio Colorado y de Nueva Roma. 
Lo he coleccionado en Córdoba, donde se hallaba con frecuencia, en el año 1875. El 
Dr. Doering lo encontró también en la Sierra de Córdoba. 

90. NYCTELIA PLICATIPENN1S Lac. 

Burm., Stett. Ent, Zeit. XXXVI, p. 472. 24 (1875). 

Un individuo de Médanos Colorados. 

Es una de las Nictelias mas comunes, que tiene al mismo tiempo una distribución 
muy vasta en la República Argentina, descendiendo hasta el Rio Negro en Patagonia. 

91. EPIPEDONOTA EBEN1NA (Lac.) Sol. 

Burm., Stett. Ent. Zeit. XXXVI, p. 477. 37 (1875). 

Fué traída en un individuo mutilado de los Médanos de Carhué. 

Se encuentra también con frecuencia en toda la Pampa desde San Luis hasta el Rio 
Santa Cruz, donde la coleccioné en el año 1874. 

92. MITRAGENÍUS ARANEIFOEMIS Cüet. 

Burm., Stett. Ent, Zeit. XXXVI, p. 481. 45 (1875). 

El Dr. DOERING trajo un individuo de esta especie de Nueva Roma; yo la he reco- 
jido en un pendiente del Weddell-Bluff en Rio Santa Cruz, el 12 de Octubre de 1874. 

93. BLAPSTINUS PUNCTULATUS Sol. 
Bubm., Stett. Ent. Zeit. XXXVI, p. 490. 75 (1875). 

Cuatro individuos, que fueron rccojidos cerca del Rio Colorado, el 19 de Mayo. 
Este pequeño coleóptero es muy común en la República Argentina, encontrándose 
desde Córdoba y Corrientes hasta el Rio Negro en Patagonia. 



- 104 — 

Fam. OPATRIDAE. 

El Dr. Düering ha recojido en el Rio Colorado dos especies del género Trichoton 
Hoi'E, que no puedo determinar por falta de las obras que tratan del T. cayanense KOPE 
( T. latum Sturm et T. rotundatum Muls.) y del T. incisum Blanch. Ninguna representa 
al T. rotundatum CURT., specie que poseo de Mendoza. 

Fam. EPITRAGIDAE. 

94. EP1TRAGUS SCABEIPENNIS Steinh. 

Steinh., Atti della Soc. Ital. di Se. Nat. XV, 5. p. 570. 191 (1873). 

Un individuo del Rio Colorado, que solo tiene 10,5 milímetros de largo, corresponde 
por lo demás á un ejemplar que he recibido del Sr. D. FEDERICO BRACHMANN de Men- 
doza y que tiene las dimensiones que anota el autor, quien obtuvo el original también de 
Mendoza. 

Fam. CISTELIDAE. 

95. LOBOPODA PALLICORNIS (Fabii.) Casteln. 

Castelx., Hist, Nat. des Ins. II, p. '212. 1 (1810). 

De esta especie, que abunda casi en todas partes de la República Argentina y en el 
Brasil, fueron coleccionados por el Dr. DOERING varios individuos en el Rio Colorado, 
Nueva Roma y Salinas Chicas. 

Fam. MELOIDAE. 

96. CANTHARIS DISPAR (Germ.) Haag-Rtbo. 

Tetraonyx dispar Germ., Iu~. Spec. Nov. p. 171 (1821). Gemm. et IIar., Cat. Col. VII, p. 

'2110 (1870). 

Lytta dispar Germ., Ins. Spec. Nov. p. 023 (1824). 

Lytta vittigera Blanch. in D'Oeuigxy, Voy. daus l'Amér. mérid, VI, 2, p. 200. tab. 15, fig. 7 

(1838). Gemm. et IIak., Cat. Col. VII, p. 215 (1870). 

Cantharis dispar Haag-Rtbo., Deutsche Eut. Zeitsehr. XXIII, p. 412 et Stett. Ent. Zeit. XL, p. 

251 (1879). 

Un individuo muy mutilado del Rio Colorado. Poseo otro en buen estado, de Bue- 
nos Aires, que fué recojido por mi antiguo ayudante, el Ingeniero y Profesor D. EDUAR- 
DO Aguirre. 

Anotación.— La Lytta vittigera Blanch. es idéntica con la Cantharis dispar 
(Germ.) HaaG-Rtbg., representando solo una variedad, en la cual se unen 
las dos hijas sub-limbares y forman una faja arqueada ó semi-circular. 



— 105 — 

Fam. CURCULIODIDAE. 

97. NAUPACTUS CIIOEDINUS Boiiem. 

Naupactus chordinus Boiiem. in Schoenii., Gen. et Spec. Cure. I, p. 573. 9 (1833). 
Naupactus suffitus Bohem. in Schoekh., Gen. et Spec. Cure. I, p. 573. 10 (1833). 

De esta especie fueron traídos dos pequeños individuos del Rio Colorado. Ha sido ob- 
servada ya varias veces en Buenos Aires. 

Anotación. — Boheman ha descrito el sexo masculino de esta especie bajo el 
nombre de Naupactus chordinus y el sexo femenino como Naupactus suffitus. 

98. NAUPACTUS LEUCOLOMA Bohem. 

Bohem. in Schoenii., Gen. et Spec. Cure. VI, 1, p. 02. 8-t (1840). 

Dos individuos muy mutilados de Salinas Chicas. 

Este rincóforo tiene una distribución muy vasta en el Brasil meridional y en las Repú- 
blicas Argentina y Oriental. Lo he observado en casi todas partes que he tenido oca- 
sión de visitar. 

99. NAUPACTUS DUPJÜS (Germ.) Boiiem. 
Bohem. in Sehoenh., Gen. et Spec. Cure. VI, 1, p. 27. 38 (1840). 

Fué traído un ejemplar de Salinas Chicas. 

Esta especie no es rara en la Provincia de Buenos Aires y en la vecina República 
Oriental. 

100. NAUPACTUS TAENIATULUS Beeg, n. sp. 

LAm. II, Fig. 16. 

Fem. : Parva, subelliptica, dense squamulosa, obscure grísea vcl fusceseenti, vittis quattuor sat latís et 
maculis nonnullis minutis albido-cinereis ornata ; capite fusceseenti, ad oculos albido-subvittato, 
ápice metallico-sguamoso, medio profunde et anguste canaliculato; antennamm scapo tasín capitis 
attingente, rufo, parum pubescenti, articulis basalibus funiculi rufis, vix puberulis, reliquis obscu- 
rioribus et puberulis, clava elliptica, cinérea ; pronoto albido-quadrivittato, vitta laterali vitta sub- 
media angustiare; clytris punctato-striatis, dense squamosis, striis octo ad partem obtectis, vittis 
quattuor albidis ad basin angustioribus, apicem versus indistincte angustatis, vitta laterali in siria 
séptima et octava infuscata, interstitiis obscuris praecipue pone médium albido-adspersis ; corpore 
subtus cinereo-squamoso ; femoribus fuscis, parum squamosis et puberulis ; tibiis rufis, pubescen tibus; 
tarsorum articulis basalibus rufis, caeteris obscurioribus. — Long. corp. 5-6; lat. pron. 112, segm. 
sec. abdom. cum clytr. 2 mm. 

De esta especie, que ha sido observada también en Buenos Aires, fué traído un indi- 
viduo femenino del Rio Colorado. 

14 



— 106 — 

Es bien característica por las cuatro fajas blanquizcas longitudinales, que llevan el pro- 
noto y los élitros, y por los cuales tiene cierta semejanza con el macho del Naupactus leu- 
colomo BOHEM. 

101. LISTRODERES COSTIROSTRIS Gyll. 

Listroderes costirostris Gyll. in Schoenh., Gen. et Spec. Cure. II, p. 277. 1 (1834). 
Listroderes robustus Waterh., Proc. Zool. Soc. IX, p. 122 (1841).-— Rlaxch. in Gay, Hist. 
de Chile. Zool. V, p. 341. 7. lám. 22, fig. 10 bis (1) (1851). 

De esta especie, que es muy común en la mayor parte de las provincias de la Repú- 
blica Argentina, principalmente al Sur, descendiendo hasta el Estrecho de Magallanes, fue- 
ron coleccionados cinco individuos cerca del Rio Colorado. 

Anotación. — El Listroderes robustus WATERH. es idéntico con el Listroderes 
costirostris Gyll. La pequeña faja blanquizca de los élitros no da ningún 
carácter específico : puede faltar por completo ; está á veces apenas indicada- 
otras muy bien marcada y guarnecida de escamas oscuras. Lo mismo se ob- 
serva por lo que toca á la línea media del pronoto y las demás pequeñas 
manchas claras ú oscuras, que, formadas por una especie' de escamas, pue- 
den desaparecer también con mucha facilidad. 

102. IIIL1TUS APIATUS (Oliv.) Schoenh. 
Schoenh., Gen. et Spec. Cure. VII, 2, p. 40. 21 (1843). 

Tres individuos muy mutilados de Salinas Chicas. 

Esta especie tiene una distribución geográfica muy vasta; ha sido observada en los Es- 
tados Unidos y en Cayena. El gabinete de historia natural de la Universidad de Buenos 
Aires posee un ejemplar mutilado del Rio de Janeiro. 

Fam. CERAMBYCIDAE. 

Gen. Ilal^-ciclocrixis (2) Reeg. 
(Novum genus Prionidarum.) 

Capul longiusculum, antice paullo, postice vix angustatum, ante oculos in spinam súbaeutam productum. 

Oculi mediocres, supra satis, infra valde distantes. 

Antennae 11-articulatae, corpore multo breviores ; articulo 1° subelongato et parum incrassato, articulo 2 a 
mínimo, 3°-10° ferc aequilongis, haud longitudine decrescentibus , at contra 10° caeteris nonnihil 
longiore, in mare longe Jlabellatis, articulo ultimo décimo plus quam duplo longiore, fiabelliformi, 
obtuso-tetragono, basin versus attenuato. 



(1) La fisura 10 bis representa al Listroderes robustus, y no la figura 11, que pertenece al Listroderes 
chalceatus Blanch. 



(2) AXuxÍS— salís fodina, salinae; xptós — aries. 



— 1(>7 — 

Lábrum mínimum. 

Mantlibulac subhorizontales, mediocres, valde arcuatae, acutae, medio dente valido et acutiusculo instructae 

Palpi (desunt). 

Pronotum transversum, capite paullo longius, longitudine plus quam dimidio lalius, antice in totum levis' 

sime, postice in medio leniter sinuatum, per ambitum modice marginatum, lateribus haud spinosis, 

indistincte bisinuatis vel súber enulatis. 
Scutellum mediocre, ápice rotundatum. 
Elgtra corpore paullo breviora, coreacea, tricostata, mHe dehiscentes, apiccm versus admodum angustata, 

ápice ipso haud spinoso. 
Prosternum tubérculo roiundato et submarginato, coxas satis superante, instructum. 
Pedes mediocres; coxis validis, approximatis; femoribus infra minutissime spinosis ; tibiis intus spinosu- 

lis, ápice spinis duabus obtusis et calcaribus duobus mediocribus armatis; tarsorum anticorum arti- 

culis tribus basalibus apicem versus dilatatis, primo duobus sequentibus fere aequilongo, secundo si- 

nuato, tertio bilobo. 

Este nuevo género, establecido por un solo individuo macho, debe colocarse entre los 
géneros Rhijñdoccrus WESTW. y Microploplion/.s BLANCH., de los cuales se distingue prin- 
cipalmente por la forma y estructura de las mandíbulas, del pronoto y de los élitros. Las 
antenas las tiene, mas ó menos como el RJiipidocerus. 

Es bien característico por lo que sigue : Los artículos de 3 á 10 de las antenas están 
provistos de un flabelo, siendo estos hacia la extremidad algo mas coitos y el último artí- 
culo está representado por un solo flabelo cuadrangular. Las mandíbulas son muy encorvadas 
y puntiagudas, con un diente bastante fuerte en el medio. El pronoto no posee espinas la- 
terales, sino dos muy ligeras sinuosidades, apareciendo la margen como algo crenulada, con 
ángulos medios muy desvanecidos. Los élitros, ave llevan tres costas, son coriáceos, muy 
dehicentes y angostados hacia el ápice, que tiene ú-\ ángulo sutural apenas pronunciado. 
Las alas y el abdomen son mas largos que los élitror. 

103. IIALYCIDOCRIUS PHILIPPII Beeg, n. sp. 

Lám II, Fig. 17. 

Mas : Niger, subopacus, subtilissime punctatus et granulatus, antennis fuscis, elytris hitéis, apicem versus 
jjallidioribus; capite atro, supra obsoletissime, infra distincte nitido- granulato , medio canaliculato , 
antice admodum impresso, clypeo excavato, mandibulis fortiter punctatis; antennarum articulis ba- 
salibus obscurioribus, flabellis obscure ferrugineis, pubescentibus, longitudine decrescentibus ; pronoto 
atro, subplano, obsoletissime granulato et punctato, medio linea longitudinali subobsoleto et hic illie 
depressionibus nonnullis praedito; scutello nigro, leniter longitrorsum impresso, subtiliter granulato; 
elytris rugulosis, scabroso-punctatis, apicem versus decoloratis, costis duabus mediis ante apicem 
conjunctis, in imam excurrentibus, costa marginali post médium snbevanescenti ; alis sordidis, costa 
fusca ; prosterno distincte granulato, mesosterno et metasterno in disco piunctatis, ad latera obsolete 
granulatis, granulis punctisque setigeris; abdomine fimbriato; pedibus valde punctatis et setigeris. 
Long. corp. 25; lat. pron. 7, mesón, cum elytr. 10 mm. 

De este longicornio muy interesante trajo el Dr. DOERING un individuo algo muti- 
lado de Salinas Chicas. 



— IOS — 

Anotación. — Como testimonio de aprecio dedico esta especie al Sr. Dr. D. 
R. A. Philippi, Director del Museo Nacional en Santiago de Chile, quien 
conmemora hoy (Abril 26 de 1SS0) el dia quinquagésimo de su Doctorado. 

Fam. CHRYSOMELIDAE. 

104. METALLACTUS PATAGONICTJS Suffk. 

Suffr., Linn. Eut. XVI, p. 353. 52 (1866).— Buiim., Stett. Ent. Zeit. XXXVIII, p. 67.59 (1S77). 

De esta especie muy variable en cuanto al número y extensión de las manchas ó 
puntos negros, trajo el Dr. Doerixg muchos ejemplares, que habia encontrado muertos 
en la orilla de la laguna grande de Salinas Chicas. Se halla ademas en Bahía Blanca 
Mendoza, Córdoba y en el Paraná. 

105. PHAEDON BONAPJENSIS Bohem. 

o 
Bohem., Freg. Eng. Resa. Ins. p. 175. 368 (1858). — Stal, Mon. Crysom. II, p. 320. 9 (1863). 

Varios individuos traídos del Fuerte Argentino y de Salinas Chicas, deben pertene- 
ner á esta especie. Son negros con excepción de uno que es azulado, son bastante lustro- 
sos, tienen la guarnición roja del pronoto muy angosta y el vértice de la cabeza oscuro; 
el tinte rojo es muy vivo en las partes correspondientes. 

Anotación. — La determinación de las especies del género PJiacdon Latr. 
ofrece muchas dificultades y pide gran material de comparación de diferen- 
tes localidades. 

La forma general. ¿> puntuación de los élitros, la coloración fundamental 
y la de la cabeza, ~ c !e los artículos basilares de las antenas, de la margen 
pronotal y de las patas, etc., parece variable, y será en parte carácter se- 
xual. El Museo Público posee ejemplares del interior, que pertenecerán al 
Phaedon sanimarginatas Latr., y algunos de Mendoza, que se acercan, por 
su forma alargada y su coloración de un azul vivo, al Phaedon cyanopterus 
GUKR. de Chile, de donde lo traje de Valdivia. Cuatro individuos que re- 
cojí en Córdoba, son unos azulados, otros verdosos, y parecen pertenecer 
al Phaedon bonariensis BOHEM. 

Es muy probable que algunas de las especies descritas no son sino si- 
nónimas, que solo se podría averiguar, teniendo un gran material de dife- 
rentes lugares. 

106. ZYGOGRAMMA VIRGATA Stal. 

Stal, Ofv. Vet.-Ak. Fürh. 1850. p. 318. 8 et Mon. Chrysom. II, p. 288. 469 (1868).— Gbmm. et 
IIar., Cat. Col. XI, p. 3437 (1874). 

De esta especie fué traído un individuo de Salinas Chicas, que corresponde á los que 



— 109 — 

he recojido en Buenos Aires y que poseo de Tucuman. Se halla también en~el Brasil y 
en la vecina República Oriental. 

107. DISONYCHA INTERLINEATA Bekg, n. sp. 

Lám. II, Fig. 1*. 

Mas et lein.: Ovales, nitidi, dense et obsolete punctulati, capite, macula basali nigra excepta, antennis 
basiii versns, pronoto, elytris, sutura vittaque media nigra, testaceo-interlineata, exceptis, pedibus, 
nec non marginibus apiceque ábdominis, testaccis aut luridis, antennis apicem versus, scutello. 
pectore, [dorso ábdominis discoque ventris infuscatis; capite tantum ad oculos profunde punctato et 
modice impresso, vértice parum convexo, macula postica nigra parva, lunari, mandibulis ápice 
nigris, palpis ápice fuscescentibus; antennarum articulis 3-11 breviusculis ; pronoto fere laevi, po- 
stice in medio leviter impresso, antice parum angustato, postice ante scutellum levissime sinuato, la- 
teribus marginatis ; scutello trígono, laevi, fere conuexiasculo, fusco ; elytris dense punctulatis, in- 
terdum ochraceis autstramineis, sutura fere usque ad apicem nigra, vitta media nigra flavo-interlineata 
prope apicem abbreriata, aliquando lineis duabus angustis formante, seriebus dnabus punctorum apud 
costam infuscatis, rarissime nigricantibus ; ventre pedibusque flavido-sericeis, illo disco obscurc. 
fusco, his sordide teslaceis; femoribus tibiisque perraro apicem versus infuscatis. — Long. corp- 
5-6 1/2; lat. part. post. pron. 1 3/4-2, ablom. cum elgtr. 2 1/2-3 muí. 

De esta especie, que parece ser nueva, trajo el Dr. DOERIXG varios ejemplares de Sa- 
linas Chicas, del Fuerte Argentino y del Rio Colorado. 

Es característica por la línea media longitudinal negra de los élitros, que está interrum- 
pida en su medio por la coloración general amarillenta, representándose aveces como dos 
angostas líneas unidas en la base. La sutura es también negra, pero esta coloración no 
llega hasta la extremidad del élitro. En lugar de la faja negra cerca de la margen exter- 
na se halla una iníuscescencia. 

108. CAEPORIS STIGMULA (Germ.) Dej. 
Gemm. et Har., Cat. Col. XII, p. 3498 (1876). 

De este coleóptero fueron traídos algunos individuos del Rio Colorado y de Salinas 
Chicas. 

El ejemplar típico, que sirvió á Germar para establecer á esta especie, era originario 
de Buenos Aires, en donde la hemos observado también. 

109. DIABROTICA SPECIOSA (Geem.) Dej. 
Gemm. et Hab., Cat. Col. XII, p. 3564 (1876). 

Dos individuos del Rio Colorado. 

Esta especie se halla con gran frecuencia en todas partes de la República Argentina, 
en la Banda Oriental del Uruguay, en el Paraguay, y en el Brasil, encontrándose casi du- 
rante todo el año. 

El esternón es en algunos individuos oscuro, en otros amarillento. 



— 110 — 

110. CIIELYMOKPIIA VAKIAB1LIS Bohem. 

Bohem., Mon. Cassid. II, p. 61. 55 (1854).— Burm., Stett. Ent.Zeit. XXXI, p. 278. 31 (1870). 

De esta especie muy variable fué traido un individuo de Salinas Chicas. 
Este coleóptero se halla en muchas partes de lar, Repúblicas Argentina y Oriental, y 
también en el Brasil. 

111. PHYSONOTA PEOLIXA Bohem. 

Bohem., Mon. Cassid. II, p. 214. 23 (1854) et IV, p. 250. 30 (1862). 

Vn ejemplar traido de Salinas Chicas, pertenece á la variedad, que tiene la parte in- 
ferior del cuerpo y las patas de color negro ; la margen del escudillo es de la misma co- 
loración. 

Esta especie parece ser muy rara; este es el único individuo que ha sido recojido 
aquí, fuera de los ejemplares típicos que sirvieron á BOHEMAN para establecer á esta 
especie. 

Anotación. — Esta especie y la Physonota sulcipennis Bohem. figuran en el gé- 
nero Mesomphalia en el Catálogo Coleopterorum de Gemminger y v. Ha- 
rold ; al parecer introducidas allí erróneamente. 

Farn. EROTYLIDAE. 

112. MORPHOIDES BILINEATUS (Dur.) Gemm. et Hab. 

I..H-.. Mon. Erotyl. p. 365. 86 (1842).— Gemm. et Hab.. Cat. Col. XII, p. 3707 (1876).— 0. A. 
Dohrjí, Stett. Ent. Zeit. XXXIX, p. 451. 44 (1878). 

Un individuo de Salinas Chicas. 

He observado esta especie con frecuencia en la Banda Oriental del Uruguay, donde se 
halla, principalmente en el mes de Setiembre, debajo de piedras, de trozos de madera, etc. 
El Dr. Doering la trajo también de Entre-Rios y el Dr. WEYENBERGH la ha coleccio- 
nado en Córdoba. 

Faro. COCCINELLIDAE. 

113. EFJOPIS CONNEXA (Gebm.) Muls. 

Mi i.s.. Spec. des Col. Trini. Sécur. I. p. 7. 2 (1851).— Berg, Bol. Acad. Nac. Córdoba. 1. p. 287. 
1 (1874). 

Ue esta especie, que se halla distribuida por toda la América central y meridional, 
descendiendo hasta el Estrecho de Magallanes, trajo el Dr. Doering un ejemplar del Rio 
Colorado. La he observado en todas partes de la República Argentina, que he tenido la 
ocasión de visitar. 



— 111 — 

/ 

114. C0CC1NELLA ANCORALIS Gemí. 

Mdls., Spec. des Gol. Trira. Sécur. I, p. 94. 3 (1851).— Beiíg, Bol. Acad. Nac. Córdoba I, p. 288. 
4 (1874). 

Tres individuos del Rio Colorado. 

Esta especie tiene también una distribución geográfica muy vasta, encontrándose con 
frecuencia desde el Brasil y Bolivia hasta el Rio Negro en Patagonia, donde la observé en 
el año 1874. 



VII. HYR1ENOPTERA. 

Fam. VESPIDAJE. 

115. POLYBIA ARGENTINA Bbbg, n. sp. 
Lám. II, Fig. 19. 

Mas et fem. : Nigri, parum sericei, maculis duábus minutis frontis, striola postoculari, saepe margine 
postico pronoti, marginibus segmentorum primo secundoque abdominis, nec non ápice coxarum anti- 
carum, flavis; capite thoraceque crebre ptmetatis ; clypeo oblongo-hexagonali, sparsissime punctu- 
lato, angulis apicalibus sat acutis; maudibulis extus rufescentibus; antennarum articulis basalibus 
interdum subtus rufls ; pronoto Jiaud spinoso ; tegulis obscure fuscis ; angulis spiniformibus meso- 
noti flavis ; scutello longitrorsum impresso; metanoto dense punctato, impressione sublaevi ; alis fu- 
liginosis, costa cellulaque radiali rufescentibus aut violaceis; petiolo basi tenui, pone médium in- 
crassato, subcampanulato , margine flavo; abdominis segmentis ómnibus dense punctatis, sericeis. — 
Long. corp. 13-15 ; lat. mesón. 2 1/4-2 3,4 mm. 

Mas: Antennis basi, subtus apiceque maximam partem rufescentibus ; clypei angulis apicalibus valde pro- 
ductis, sat acutis; margine postico pronoti, macula parva epimeri postscutelloque, nec non margine 
segmenti secwndi ventris, flavis ; petiolo supra pone médium impresso': segmento secundo abdominis 
fere aeque longo ac lato ; femoribus ápice tibiisque extus rufescentibus. 

Fem: Antennarum articulo basali funiculi tantum subtus rufescenti ; clypei angulis apicalibus parvis, 
obtusis ; margine postico pronoti medio maculis duabus minutis ornato; postscutello margineque se- 
gmenti secundi abdominis subtus nigris ; petiolo supra vix impresso; segmento secundo abdominis 
multo longiore quam latiore, post médium transversim impresso ; pedibus nigris. 

Esta especie, traída en dos ejemplares de Nueva Roma, pertenece á la IH :l división de 
SAUSSURE (Mon. Guép. Soc. p. 183. — 1853-1858), acercándose á la Polybia vicina y Poly- 
bia anceps SAUSS., de las que se distingue por muchos caracteres, sobre todo por la colo- 
ración y escultura. Por otra parte, tiene mucha semejanza con la Polybia pyginaca (Fabr.) 
SAUSS., de manera que podría ser tomada como variedad de esta especie, si los ojos no 
llegasen hasta las mandíbulas, carácter que separa la tercera división de la cuarta, pertene- 
ciendo á esta última la Polybia pygmaea. 



— 112 — 

116. ZETHUS (DIDYMOGASTRA) PAMPAEUM Berg, u. sp. 

Lám. II, Fig, 20. 

Fem.: Kigra, antennarum scapo infra, funiculi articulo primo subtus et secundo omnino fere, maculis 
duabus parvis apicalibus clypei, pronoto supra, tegulis, maculis duabus parvulis ejripleurae, scu- 
tello postscutelloque magna m ad partem, alis, abdominis segmentis primo lateribus apiceque et se- 
cundo basi, nec non pedibus, coxis basique femoribus exceptis,rufis aut fulvis, abdominis segmento 
primo ápice ipso et sectmdo basi petioli margineque apicali supra, laete flavis ; capite thoraceque 
rude et scabroso-punctatis ; clypeo perparum emarginato, angulis apicalibus subacutis ; mandibulis 
bicarinatis, ápice obscure rufis ; mesonoto medio leviter longitrorsum impresso, carinis duabus me- 
diis obsoletissimis. medio laevis, postice conjunctis, linea antica media laevi, parum profunda, me- 
dio subearinata ; scutcllo antice nigro, medio longitrorsum impresso ; postscutello postice rufo, ni- 
goso-jnmetato ; metanoto ruguloso-punctato, albido-villoso ; alis, praecipme cellula radiali, violaceo- 
micantibus ; abdominis segmento primo rude punctato, apicem versus angustato, ante apicem parum 
coarctato , supra impresso, pone médium supra linea snblacvi instructo, segmento secundo punctulato, 
subsericeo, petiolum distinetum, statim initio sjMrsim grosseque punctatum, postea deinceps laeve, 
formante, segmentis reliquia ventreque rude punctatis, puberulis ; pedibus, praesertim tibiis tarsisque 
puberulis, femoribus mediis et posticis distincte punctatis. — Long. corp. 16; lat. thor. 3 mm. 

Esta nueva especie fué descubierta por el Dr. Doering, en un individuo femenino, 
cerca del Rio Colorado. 

Pertenece á la III' 1 división {Didymogastra) de SAUSS. (Mon. Guép. Solit. p. l8. — 1852), 
y es muy característica por la coloración roja de los diferentes órganos indicados arri- 
ba, por el peciolo y el borde amarillo del segundo segmento abdominal, y siendo el pri- 
mero bastante largo y notable en cuanto á su escultura. 

117. ODYNERUS (PACIIODYNERUS) APtGENTINTJS Sauss. 

Sauss., Rev. et Mag. Zool. Str. 2. II, p. 56. G (1870). 

Un individuo de Nueva Roma. 

Esta especie se halla también en Buenos Aires, en Córdoba, en el Paraná y en la 
Banda Oriental del Uruguay. SaüSSURE la habia recibido de Bahía Blanca, de donde le fué 
enviada por el Sr. Claraz. 

Anotación. — Los tres individuos, que tengo en mi poder, corresponden per- 
fectamente á la descripción que da SAÜSSURE, con excepción de que los ca- 
racteres que enumera especialmente como pertenecientes al macho, son por 
lo contrario particulares de la hembra, así que debe haberse deslizado un er- 
ror por parte del autor ó del cajista, al poner el signo correspondiente del 
sexo. 

118. OJDYNERUS (PAC1IODYNERUS) NIGRICTJLUS Berg, n. sp. 

Mas: Antennis, corpore pedibusque nigris, tegulis ad marginem flavis, alis fitliginosis, violaceo-micanti- 
bus, ápice pallidioribus ; capite thoraceque crebre et rude punctatis, perparum piliferis ; clypeo bre- 



— 11?, — 

tennarumquc extremo scapi articuloque primo funiculi, rufescentibus ; scutello medio longitrorsum 
levissime impresso ; metanoto laevi, densissime pubescenti ; abdomine irregalariter punctato, sericeo, 
marginibus segmentorum vix fuscescentibus ; pedibus nigris, sericeis, geniculis tibiisque nigro-fusee- 
scentibus, his parce setulosis. — Long. corp. 10; lat. thor. 2 3/4 mm. 

Aprovecho la oportunidad, para publicar esta nueva especie de Odynerus, que he re- 
cibido de Mendoza, de mi amigo el Sr. D. FEDERICO BrACHMANN. 

Es de fácil caracterización por la coloración negra del cuerpo y de los diferentes ór- 
ganos, con excepción de la extremidad de las mandíbulas, del escapo y primer artículo 
del funículo de las antenas, que son rojizos. Tiene la parte externa de las tégulas ama- 
rilla, y las alas fuliginosas, con reflejos violáceos. El metanoto es sin puntuación y muy 
pubescente. 

Fam. POMPILIDAE. 

119. PEPSIS ACICULATA Tasciib. 

Taschb., Zeitschr. f. d. gesammte Naturwiss. XXXIV, p. 29. 6 (1869).— Burm., Stett. Ent. Zeit. 
XXXIII, p. 233. 3 (1872). 

Un ejemplar del Rio Colorado. 

Este himenóptero es bastante común en la República Argentina, y desciende hasta 
el Rio Negro en Patagonia, donde lo observé en el año 1874. 

120. PRIONOCNEMIS HIRTICEPS Taschb. 

Taschb., Zeitschr. f. d. gesammte Naturwiss. XXXIV, p. 35. 8 (1869). — Bürm., Stett. Ent. Zeit. 
XXXm, p. 235. 2 (1872). 

Un individuo traido del Rio Colorado corresponde bien á la descripción que da Ta- 
SCHENBERG, con excepción del escapo de las antenas, que no es rojo, sino de la coloración 
general, representando de esta manera una variedad. 

El ejemplar típico en el Museo de Halle, ha sido recojido por el Dr. BURMEISTER en 
Mendoza. 

121. POMPILUS GASTRICÜS Spin. 

Spin. in Gay, Hist. de Chile. Zool. VI, p. 380. 6 (1851). Taschb., Zeitschr. f. d. gesammte 

Naturwiss. XXXIV, p. 65. 41 (1869).— Bürm., Stett. Ent. Zeit. XXXHI, p. 238. 11 (1872). 

De esta especie, que tiene una distribución geográfica muy vasta, trajo el Dr. DoE- 
RING un individuo femenino muy pequeño de Carhué. 

15 



— 114 — 

Fam. FCKMICIDAE. 

122. CAMPONOTUS PUNCTULATÜS Maye. 

Matb., Annuar. della Soc. dei Naturalisti. Modena. III, p. 3. 1 et p. 19 (1) (1868). 

Muchos ejemplares del Rio Salado. 

Esta especie es muy común en las Repúblicas Argentina y Oriental, hallándose con 
frecuencia en las Provincias de Buenos Aires hasta el Rio Negro en Patagonia, en San Luis, 
Mendoza, Córdoba, Catamarca, etc. 

123. CAMPONOTUS BONARIENSIS Maye. 

Matb, Annuar. della Soc. dei Naturalisti. Modena. III, p. 4. 2 et p. 19 (1868). 

De esta especie, que se halla en los mismos lugares que la precedente, y que es 
también muy común, fueron traídos algunos individuos de Nueva Roma. 

124. ATTA LÜNDII (Guíe.) Maye. 

Myrmica Lundii Güér., Voy. de la Coquille. II, 2, p. 206 (1838). 

Atta Lundi Mayr, Annuar. della Soc. dei Naturalisti. Modena. III, p. 20 (1868). 

Esta especie de hormiga, muy dañina á la horticultura y agricultura en general, la 
trajo el Dr. DoF.RlNG de los lugares siguientes : Rio Colorado, Azul, Salinas Chicas y Fuerte 
Argentino. Es muy común en la parte austral de la América meridional. 

125. POGONOMTRMEX COARCTATUS Maye. 

Mayr, Annuar. della Soc. dei Naturalisti. Modena. HI, p. 12. 10 et p. 20 (1868) et Verh. der 
zool.-bot. Ges. Wien. XX, p. 970 (1870). 

Cuatro ejemplares del Rio Colorado y del Fuerte Argentino. 

Esta hormiga la había coleccionado el Prof. Strobel en el Rosario, en el Rio Cuarto y 
en Bahía Blanca; yo la he recojido en Buenos Aires y en la Banda Oriental del Uruguay. 

126. POGONOMYEMEX RASTRATUS Maye. 

Maye, Annuar. della Soc. dei Naturalisti. Modena. III, p. 13. 11 et p. 20 (1868) et Verh. der 
zool.-bot. Ges. Wien. XX, p. 970 (1870). 

De esta especie muy característica por la cabeza y el abdomen rojos, fueron traídos 
varios individuos del Rio Colorado, donde se encontraban debajo de piedras en las bar- 



(1) Del trabajo del Dr. Mayr «Formicidae novae americanae collectae a Prof. P. de Strobel,» poseo 
lio el tiraje aparte, cuyas páginas cito. 



— 115 — 

raneas del rio. Los ejemplares típicos que sirvieron para establecer esta especie, los recojió 
el Prof. Stkobel en Mendoza, en la Pampa de Cañota. 

127. SOLENOPSIS GEMINATA (Fabb.) Mayk. 

Mate, Animar, della Soc. dei Naturalisti. Modena. III, p. 20 (1868) et Verh. der zool.-bot. Ges. 
Wien. XX, p. 996 (1870). 

Varios individuos de Nueva Roma. 

Esta especie, que se halla casi en todas partes de la República Argentina, tiene ademas 
una distribución geográfica vastísima, encontrándose en ambas Américas, en Tahití, en 
Nueva Zelandia, en el Asia meridional y en África. 



.ARÁCNIDOS 



por 



EDUARDO LADISLAO HOLMBERG 



PRELIMINAR 

El Dr. D. Adolfo Doering, miembro de la Comisión Científica que acompañó al 
ejército del Sur, bajo las órdenes del General D. Julio A. Roca, en sus marchas por la 
Pampa Meridional y por la Patagonia Septentrional, ha tenido la bondad de poner en mis 
manos una pequeña colección de Arácnidos, reunida por él en cumplimiento de la misión 
que se le encomendara. Las especies que la forman no son muchas, ni tampoco numerosos 
los representantes de cada una, lo cual se explica suficientemente, si se recuerda que la 
época en que la expedición tuvo lugar no era la mas propicia para este género de adqui 
siciones ; pero gracias á la amplitud del área de dispersión de algunas de dichas especies, 
de las cuales no pocas se encuentran también cerca de Buenos Aires, donde he coleccio- 
nado con más frecuencia, he podido hacer las descripciones teniendo á la vista ejemplares 
frescos, ó por lo menos que no están mutilados, defecto de que adolecen algunos de los 
que he recibido, por el movimiento á que se hallaban expuestos, en los utensilios de con- 
servación, durante las largas marchas á caballo. 

Tan reducido número, y lo incompleto de nuestro conocimiento de la Aracnofauna 
de las regiones visitadas por la Comisión, obligada á seguir á un ejército en operaciones, 
me impiden señalar los caracteres distintivos que este grupo de animales comunica á las 
comarcas en cuestión, por lo cual me abstendré de entrar en consideraciones respecto de 
aquellos. 

Este trabajo es, pues, una simple contribución para el conocimiento de la fauna arac- 
nológica de los territorios meridionales de la República Argentina, á la que espero hacer 
seguir otra, conteniendo algunas especies recogidas en 1876, en el Carmen de Patagones, 



— 118 — 

por mi amigo el Ingeniero D. EDUARDO AGUIRRE, y una tercera sobre las reunidas en 
Chascomús, en 1878, por mi amigo y compañero de tareas D. ENRIQUE LYNCH Arri- 
BÁLZAGA, algunas de las cuales, particularmente las del primero, han sido publicadas por 
mí en mi ligera reseña Arácnidos Argentinos, en 1876, señalando la localidad en que fue- 
ron halladas. La circunstancia de consignar aquí solamente las que ha coleccionado el 
Dr. Doering, me impide hacer referencia á aquellas. 



Después de un prolijo examen de las especies que motivan este trabajo, obtengo el 
siguiente resultado : 



Arañas: 








Epeiróideas 3 especies 


Escitodóideas . 






1 > 


Agalenóideas 






1 > 


Drasóideas . 






4 » 


Terafosóideas . 






1 » 


Heteropodóideas 






1 » 


Tomisóideas. 






2 » 


Licosóideas . 






2 » 


Atóideas . 






2 » 


Escorpiones . . 






2 » 


Acaro s . . . 






I » 




To 


tal 


20 » 



Las Epeiróideas venían representadas por 5 especies, todas ellas jóvenes; pero gracias 
á las circunstancias que consigno en la pequeña Nota latina después de la diagnosis ó en 
las Observaciones, en seguida de la descripción en castellano, me ha sido dado recono- 
cer cada una de ellas. La Argiope argentata (F.) C. L. K., no podía ofrecer duda alguna, 
porque es una especie bien caracterizada y porque la conozco en sus diversos aspec- 
tos ; la Epeira lathyrina es la especie mas común entre las que representan la familia 
en Buenos Aires, y aunque de la Epeira solitudinis, va.., no venía sino una hembra muy 
joven, la minuciosa comparación que he hecho con los ejemplares de igual edad y otros 
adultos, que de Chacabuco me había enviado antes mi infatigable amigo FÉLIX LYNCH 
ArribÁLZAGA, y la adquisición de un lindo ejemplar, hallado en Guaminí, por |mi igual- 
mente amigo MÁXIMO PÓRTELA, me han permitido fundar la especie con ejemplares adul- 
tos. Otras dos de esta familia figuraban en la colección: una Cyrtophora y una Tetragna- 
tha; la primera, en extremo joven, podía dar lugar á errores, porque las especies de este 
género, en tal edad, se confunden fácilmente, por lo menos las de Buenos Aires, y no 
queriendo contribuir, á sabiendas, á complicar el laberinto de la sinonimia, he preferido no 



— 119 — 

publicarla, — y la segunda, joven y muy mutilada, la he destruido totalmente, porque de 
todos modos era inútil. Prescindiendo, pues, de estas dos últimas, resultan 3 Epeiróideas, 
dos de las cuales eran ya conocidas, y una nueva {E. solitudinis m. ) que, al principio, 
creí fuera igual á la E. granadensis, ó á la E. Salei KEYS. (Besc/ir. n. u. wg. bek. Art. 
Orbit. — Isis, 1864, pp. 86 et g^), de las cuales, sinembargo, la separan caracteres acentuados. 

Las Escitodóidcas no vienen representadas sino por una especie, ya publicada por mí 
en 1876; mas como la descripción fuera muy rápida y de ningún valor diagnóstico, he dado 
una nueva y minuciosa de ella. 

Las Agalenóideas no pueden presentar dificultades, haciéndose reconocer por la Tege- 
jiaria civilis, WALCK. 

Las Drasóideas son cuatro especies, á las cuales he dedicado toda la atención que podía,, 
no quedando satisfecho del resultado de mis investigaciones, por esto : del Drassus austra- 
lis, m., no he recibido sino un ejemplar no adulto, algo destruido, que no he hallado cerca 
de Buenos Aires, ni ha sido tomado por mis colaboradores en parte alguna, y que no he 
querido destruir más de lo que lo estaba; — no alcanzo á distinguir en él la oblicuidad de 
los ejes ópticos de los ojos medianos posteriores, lo cual tiene mucha importancia como ca- 
rácter diagnóstico de este género ; — del Chiracanthium abnorme, m., no tengo completa seguri- 
dad, á pesar de llegar á este género según la obra de L. KüCH, pero abrigo la sospecha de 
que esta especie se ha de hallar en Buenos Aires (y casi aseguraría que es la que en 
mis Arácnidos Argentinos señalé con duda como Clubiona amarantha WALCK.), en cuyo 
caso podré determinar fijamente su lugar sistemático ; — la causa de esta duda, por otra parte, 
es la falta completa de espinículas ; la tercera especie es una Anyphaena {A. argentina, m.) 
muy común en este país, pues la he hallado desde Buenos Aires hasta Salta y Eduardo 
AGUIRRE me la trajo en 1876 de Patagones; la cuarta pertenece al mismo género y ha 
recibido el nombre de Anyphaena pampa, m., no estoy lejos de pensar que alguna vez la 
he visto en Buenos Aires. 

Las Tera/osóideas contienen una Eurypelma, que no he hallado descrita en las mono- 
grafías de AUSSERER, ni en los trabajos ulteriores de que he tenido noticia. 

Las Heteropodóideas también se señalan por una rara especie, única que conozco del 
interesante género Thomisoides, NlC. {Sicarius, WALCK.). 

Las Tomisóideas se caracterizan por dos arañitas, desgraciadamente jóvenes, la primera 
de las cuales me despierta serias dudas, al compararla con las especies bonaerenses congé- 
neres. 

Las Licosóideas no me han ofrecido dificultad alguna, pues las dos especies traídas 
por el Dr. DOERING me son bien conocidas : la Tarentula poliostoma (C. KOCH) KEYS. y 
la T. moesta, m., de la cual publiqué solamente el nombre en mi obra citada. 

De las Atóideas no diré lo mismo que de la familia anterior, pues sus representan- 
tes siempre me han ofrecido serias dificultades, careciendo de ejemplares bien determinados, 
esto es, p. ej., especies europeas, y sobre todo de una obra en la que los caracteres ge- 
néricos se' hallaran bien definidos. Hoy, teniendo á mi disposición la incomparable obra de 



— 120 — 

THORELL, On Enropean Spiders, que recien últimamente he podido conseguir, las dificulta- 
des se me desvanecen en gran parte, pues los dos Atidas que he recibido, constituyen, á 
mi juicio, un nuevo género, fundación que no es de mi agrado, tratándose de esta familia. 

Los ESCORPIONES que he examinado, motivan dos nuevas especies, aunque una 
de ellas se asemeja mucho á una de las descritas por THORELL en sus Etudcs Scorpiologi- 
ques (obra que debo á la extremada fineza del autor), pero que me parece presentar sufi- 
cientes caracteres para separarse. 

Los ACAROS, finalmente, contienen un Trombidium. No teniendo á mi disposición, fuera 
de VHistoire naturelle des Insertes Aptires de Walckenaer y Gervais y Die Arachni- 
den de C. L. KoCH, sino algunos trabajos ulteriores, exclusivamente dedicados á especies 
de Acaros del viejo mundo, me veo obligado á aceptar como guia al último autor, pues to- 
davía no he podido conseguir las otras obras que me hubieran servido en el caso actual. 

Un Ixodes mutilado, cuya procedencia se ignoraba, era el único representante del orden. 

Reuniendo á las 20 especies significadas, la CyrtJioplwra, la Tetragnatha y el Ixodes, 
que no publico, resulta un total de 23 especies, recogidas por el Dr. Doering. 



No es fácil consultar toda la literatura aracnológica á centenares de leguas de los cen- 
tros científicos, ni es dado poderla reunir en poco tiempo, sin hacer sacrificios, no siempre 
posibles. A pesar de esto, creo que no me han faltado las obras esenciales, cuya enume- 
ración creo innecesaria, para escribir estas páginas. Las principales de WALCKENAER et Ger- 
VAI3, C. L. y L. Koch, Thorell, Keyserling, Simón, Ausserer, Taczanowski etc. se 
encuentran en mi poder, ó puedo consultarlas en la biblioteca del Museo de la Provincia, 
cuyo acceso me ha facilitado su sabio Director el Dr. Burmeister. Gracias á esta circuns- 
tancia y á estudios mas prolijos, he podido formalizar mis trabajos, dedicándoles el corto 
tiempo que me dejan disponible otras obligaciones mas fundamentales. 



Hago aquí mención, más de una vez, de una obra mia, Arácnidos Argentinos, publi- 
cada en 1876. En ella he dado á conocer cerca de cien especies Argentinas, en su mayor 
parte Arañas, cuyo estudio fundé en la obra de E. SlMON, Histoire Naturelle des Araignées 
(1864). No tenía pretensiones al publicar ese esqueleto de la Aracno-fauna Argentina, ni 
era tan ciego para desconocer los graves defectos de la obra que había seguido como mo- 
delo, ni tampoco las excelencias que ella tenía ; pero, siendo autodidáctico, debía presentar 
mayor plasticidad, si puede admitirse la expresión, para aceptar, á pesar de todo, el carác- 
ter determinado por el modelo, sumisión que debió desaparecer al llegar á las Salticiformes 
expresándome inconvenientemente contra el texto que había adoptado y reconociendo algo 
que, según veo en la actualidad, tenía fundamento, pues la obra de THORELL, On European 
Spiders, arroja hoy un vivo resplandor sobre aquel crepúsculo en que me había envuelto la 
seductora enumeración sistemática de SlMON. 



— 121 — 

Pido disculpa al lector por lo que me es personal, pero ello se relaciona con un libro 
de la familia de los científicos y en ninguna parte se consigna mejor un justificativo que al 
frente de un trabajo que, si no puede servir de modelo, lleva por lo menos impreso el 
sello del gran deseo que su autor ha tenido de hacer lo mejor que podía. Aquel primer 
ensayo es, y será durante mucho tiempo, la base de mis trabajos, no porque él sea bueno, 
sino porque, después de haber leído «Recensio critica etc. > y «On Europea» Spiders* el au- 
tor de los Arácnidos Argentinos tiene la obligación de revisarlo prolijamente, describiendo 
las especies, en él señaladas, de tal manera que tengan consistencia, como las del autor 
de aquellas dos obras. Con tal maestro, espera el discípulo atravesar el Rubicon, y ofre- 
cer á sus compañeros de tarea el resultado de una actividad guiada por los principios de 
la verdadera ciencia, en cuanto podemos alcanzarla. 



Al recibir de parte del Dr. DOERING tan señalada distinción como era el invitarme á 
tomar parte en la redacción del informe de la Comisión Científica, he pensado que de nin- 
gún modo mejor podría manifestar mi gratitud que dedicando todo mi esfuerzo para el es- 
tudio prolijo de las siguientes especies, para la preparación de las láminas que las ilustran 
dirijiendo, al mismo tiempo, su traslado á las piedras, para suplir así la falta de práctica 
de nuestros artistas, en la confección de un trabajo de cuyo género no todos los dias salen 
pruebas de las prensas litográficas de este país. 



ARANAS 

Fani. EPEIROIDAE. 
Gen. Argiope, Sav, et Aud. (1825-27). 

1. ARGIOPE ARGENTATA (Pabricius), Kocii. 

LÁM. ni, ff. 1, 1 a, 1 b. 

Syn. :— (1798) Aranea argentata, Pabr., Entorno!. System., II, p. 414, n. 27. 

(1839) Avgyopes argentabas, C, L. Kuch, Die Arachniden, V, p. 38, pl. CLIV, f. 360. 

(1870) » » » — E. L. Holmberg, Arácnidos Argentinos, in Anales de Agri- 

cultura de la República Argentina, T. IV. — 
Separ. 4 o , p. 19, n. 42. 

Nota — Exemplum juvencum hujus vulgarissimae speciei prope ripam <;Rio Colorado»), nidumque quoque iu 
«Sierra de la Ventana» collegit Dr. Doering. 

Esta linda especie es abundantísima en la República, á tal extremo que, en los cerca- 
dos y bosquecillos de Tucuman, p. ej., se encuentra con tanta frecuencia como el Pholcus 

phalangioides en los rincones de las habitaciones humanas. En las otras comarcas que 

lü 



— 122 — 

he visitado, esta Argiope ha aparecido siempre, excepto, sin embargo, en Patagones, donde 
no sería extraño que existiera, ya que su dispersión alcanza hasta las orillas del Rio Co- 
lorado. 

No estoy lejos de creer que he visto cerca de mil individuos de esta araña, entre los 
cuales no se contaba un solo macho, ni tengo conocimiento de que aracnólogo alguno lo 
haya obtenido ó descrito. 

Respecto de la literatura y sinonimia relativas á esta especie, puede verse L. TACZA.- 
NOWSKi, Les Aranéides de la Gvyane Frangaise, pt. 111, p. 261, n. 62, in Hor. Soc. Ent. 
Ros. IX. He agregado mi obra á la sinonimia esencial, porque en ella, por vez primera, 
se extiende á latitudes tan meridionales el área de dispersión de la especie, dispersión que 
aumenta algunos grados más, debido á la última adquisición del Dr DOERINC. 



(ien. Epeira (Walck., 1805), Thorell (1809). 

2. EPEIRA SOLITUDINIS, Holmberg, 11. sp. 

Lám. III, ff. 2, 2a 2b, &. 

Fem. : Ep. cephalotorace latitudine longitudinis tibióte li. paris, longitudinem metatarsi 4i. paris vix superante, 
longitudine longitudinis femoris 4i. paris pedum, obsenre fusco-subnigro margine griseo-fuscescentirpal- 
lida, albo-piloso ; mandibulis longitudine latitudinis frontis obscure testaceo-ferrugineis, ápice obscuriori- 
bus, maxillis labioque testaceo-ferrugineis, ad basin nigricantibus, sterno nigricanti, fascia longitudinali 
ferrugineo-ftavida vix aurantiaca; palpis pedibusque sordide flavido-ferrugineis, nigro-annulatis et s¡i¡ no- 
sis, albo-pilosis, quasi tomentosis ; abdomine ovato, antice rotundato quam postiee latiore obscure fusco, 
jii/ix álbis consperw ; área dorsualis antica triangulis duobus latissimis irregularíbus et posterius vitta 
«tedia anum versus sensim evanescenti et angustata albido-cinnamomeis ; triangulis illis Ínter se et non 
hac vitta conjunctis; urea postica lineolis parvis transversis vittae illae utrinque ejusdem colorís, mar- 
ginibus earundem evanescentíbus : aren dorsuáli tota á linea undulóla plus minusve interrupta, utrinque 
limitata, hac cnni maculis subquadralis extus ccmjuncta ejusdem colorís, his autem a linea undulata per 
iimbrnin fnsctnn pallide punctatam separatis; figura pallida dorsuáli ]>!n>¡ minusve obscure fusco-punctata 
cel maculata ; junte nntica lateribusque abdominis pallide cinnamomeo-punctatis ; mammillis fuscis aureola 
flaricanti circumdatis tribus lineis divergentibus subobsoletis hujus colorís ventre sordide fusco. 

Nota— Dom. Félix Lynch Akribálzaga quatuor feminas hujus speciei, una adulta alteraeque júniores, 
¡n «Chacabuco» (Provincia Bonaerensi) primus collegit et amicissime dono milii dedit ; post eum individuum fe- 
mineum juniorem in «Sierra Pichi-Mahuida ■> reperit Dr. A. Doéring: ultimis diebus Pora. MÁXIMO PÓRTELA, 
in Guaminí» feminam alterara invenit. 



Medidas de la hembra 



Longitud .total 

» del cefalotórax 
Altura del tórax .... 
Latitud de la frente . . 

» del tórax. . . . 
Longitud del esternón . 
Latitud del id 



0.012 


rara . 


Longituí 


de los palpos 


0.005 


0.005 








O.OOL' 


0.00275 




» 


inferior del abdomen hasta las 




0.002 






biladeras 


0.005 


0.0045 




» 


del abd. desde el avanzamiento 




0.0025 






anterior hasta el posterior 


o.olo 


0.002 




Latitud 


leí abdomen 


o.oos. 



123 



Piernas. 



/ I 

\ u 

l IV 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,0015 


0,0005 


0,006 


0,0025 


0,0045 


0,000 


0,(102 


0,023 


0,00125 


0,0005 


0,0055 


0,00225 


0,111)4 


0,005 


0,00175 


0,02025 


0,001 


|),(I005 


0,0035 


0,0015 


0,002 


0,0025 


0,00125 


0,01225 


0,00125 


0,ooo:, 


0,005 


0,00175 


0,0035 


0,00425 


0,0015 


0,01775 



Forma — El cefalotórax es de forma común, esto es, cordiforme, truncado por delante, 
con los lados de la cabeza casi paralelos entre sí, apenas gradualmente más separados 
en su unión con los bordes del tórax, que son bien redondeado?, de tal modo que sus 
arcos, unidos por detrás y por delante, formarían un círculo ; la parte posterior muy 
poco escotada ; por arriba es convexo, con la bifurcación bien marcada, en cuyo vér- 
tice se vé la foseta {fovea) poco profunda y cuyas irradiaciones apenas se señalan ; todo 
él cubierto de pelos asentados, excepto en los costados, donde rozan los palpos , y en el 
cuadrado de los ojos centrales ; es tan largo como el fémur del cuarto par, su anchura 
iguala á la longitud de la tibia del primer par, superando apenas la longitud del metatar- 
so del cuarto par. Los ojos están colocados en tubérculos poco prominentes; el grupo 
central forma un trapecio apenas más ancho por debajo, pues una línea tangente al borde 
externo de los OMP (1), sólo dejaría hacia fuera un tercio de los OMA correspondientes, 
los cuales se encuentran en un plano muy poco más avanzado que aquellos; la distancia 
que separa entre ,sí los OMA es igual al diámetro de éstos y á la que media entre ellos 
y los OMP, separados entre sí tanto como su propio diámetro, que equivale, más ó me- 
nos, á tres cuartos del de los anteriores ; — mirando el animal de frente, los OMA se hallan 
separados del borde estomático tanto como su propio diámetro ; los OL están separados 
del grupo central tanto como la mayor anchura de éste, hallándose tan próximos entre 
sí, que con dificultad se distingue la linea que los separa ; ambos tienen casi un mismo 
diámetro, aunque el LP es aparentemente algo mayor, pues el LA es un tanto ovalado; 
el OLP se halla en un plano un poco más exterior que el OLA, de tal modo que un 
plano que pasara por la base de aquel, visto de arriba, sería secante de éste cerca de la 
tangente; un plano vertical, tangente por delante á los OMP, lo sería del mismo modo 
á los OLA y pasaría por detrás de los OMA; la fila anterior es casi recta, mirando el 
animal de adelante. El esternón es triangular cordiforme, muy poco mas largo que ancho, 
con una suavísima depresión transversal y pequeñas eminencias correspondientes á las 
coxas. El labio es nítido y visiblemente más ancho que largo, con el borde libre forman- 
do un ángulo muy obtuso. Las maxilas, nítidas también, sub-cuadradas, más angostas 
en la base, convexas, de ángulos redondeados y con corditas negras. Las mandíbulas do- 



(1) = ojo; M = medio; P = posterior; A = anterior; L = lateral; tanto en singular couio en 
plural, según lo determine el artículo. 



— 124 — 

blementc largas que anchas, lustrosas, un poco gibosas por delante, cerca de la base, don- 
de son mas anchas que en el ápice, siendo tan espesas como la tibia del primer par y 
presentando rugosidades transversas poco marcadas; la tenaza es tan larga como la mitad 
de las mandíbulas. Los palpos y las piernas son de forma ordinaria, cubiertos de numerosas 
espinículas que nacen, en su mayor parte, de tubcrculillos poco prominentes, hallándose 
vestidos de pelos cortos y delgados. El abdomen ovoide, más largo que ancho, 
más ancho que alto, gradualmente más angosto hacia atrás, redondeado por delan- 
te visto de lado y de arriba, casi obtuso cerca de las hiladeras, fuertemente reclinado 
sobre el tórax, del cual cubre más de un tercio, se halla cubierto de pelitos cortos y asen- 
tados. El epiginio está constituido por una placa oval, transversal, un poco convexa, ter- 
minada por un apéndice cónico, un tanto deprimido, arqueado hacia abajo (tomando el con- 
junto del animal), esto es, con la punta alejándose del vientre; tanto la placa como su 
apéndice presentan rugosidades transversales, siendo todo de un color píceo claro, con dos 
manchitas oscuras en el disco, una á cada lado ; estas manchitas están rodeadas de cerdas 
cortas, negras y blancas, siendo de este último color otras que se encuentran en la banda 
media, y que convergen dirigiéndose al apéndice. Separándolo del abdomen, el órgano 
aparece en el microscopio con el aspecto que presenta la fig. 2 b (Lám. III), esto es, el 
epiginio rugoso (e) visto de atrás, con su ap índice (¡r), y un ancho tabique (t) que separa 
las dos aberturas vulvales (:■); este tabique se ensancha en su contacto con el epiginio, y 
un poco atrás de los hoyuelos se dilata bastante ; — esta porción parece que asienta sobre 
el vientre; — á cada lado de la parte más estrecha del tabique, se ven dos eminencias trans- 
versales (/«) que, al parecer, son menos elevadas que el tabique en la parcion que se 
une con él, son algo arqueadas con la convexidad hacia atrás; en su extremidad, por de- 
bajo, envian una crestita arqueada [cr\ que vá á terminar, dirigiéndose hacia la opuesta, 
cerca de la base del tabique, penetrando allí c;i la cavidad de la vulva ; por dentro de es- 
ta crestita nace otra que baja más aún y que, arqueándose, pasa cerca del tabique y luego 
termina debajo de la eminencia transversal ; de esta segunda cresta nace otra pequeña, 
formando así todo lo que puede distinguirse en el interior de la vulva. Las hiladeras son 
muy cortas, apenas salientes. 

Espinas de las tiernas. 

T par : Fémur arriba 1. 2. 2. 2. 2., adelante 1. 1. 1. 1., atrás 1.1.1.1. 1., abajo: dos filas, la anterior 
de ;>, la. posterior <le 12. Patela arriba 1.1. (1. 1.1. en la pierna derecha), adelante 1.1., atrás 
1.1. Tibia arriba 1. 1.1.1., adelante 1. 1. 1. 1. 1„ atrás 1. 1. 1„- abajo 2.2.2.2.2.2.2. Me- 
tarso arriba 1.. adelante 1., atrás 1., ahajo 2.2.2.2.2.2. 
II : Fémur arriba 1. 2. 2. 2. 2., afielante 1. 1.1.1.1., atrás 1.1.1., abajo: dos filas, la anterior de 

9, la posterior de 8. Patela, arriba 1 .1., adelante 1.1., atrás 1.1. Tibia arriba 1.1.1.1., 
adela ule 1.1.1.1.1., atrás 1.1.1., ahajo 2.2.2.2. Metatarso arriba 1., adelante 1.,- atrás 

1., abajo 2. 2. 2. 2. 2 
III : Fémur arriba 1. 1. 1., adelante 1. 1. 1. 1., atrás 1. 1 1. (casi superiores), abajo: 2 filas, la anterior 

de 4, la posterior di' "■. Patela arrlha 1,1., (alelante 1. 1., atrás 1,1, Tibia arriba 1.1., 



— 125 — 

anclante 1. 1 1.. atrás 1. 1., abajo 2. 2. 2. Metatarso arriba 1. 1., adelante 1. 1,, a¿rós 1., 
íi6«;'o 2. 2. 2. 2. 
IV « : Fémur arriba 1. 1. 2.. adelante!. 1. 1., r/lo/o 1. 1. 2. Patela arriba 1. 1., adelante í. "[,, atrás 
1. ]., Tibia arriba 1. 1. 1., entelante 1. 1. 1., airas 1. 1. 1., abajó 2. 2. 2. 2. Metatarso arriba 
1. 1., adelante 1. 1., airas 1., rf&a/o 2. 2. 2. 

COLOR — El cefalotórax, cubierto de pelos blancos, es de un color moreno oscuro 
algo rojizo, siendo má9 pálido en la región inter- y circumocular y en el occipucio, ó sea 
ésta la parte posterior de la cabeza, comprendida inmediatamente entre la bifurcación; la 
margen externa, tanto de la cabeza como del tórax, de un tinte amarillento agrisado 
claro. Esternón moreno oscuro, cubierto de pelos esparcidos del mismo color, y con una 
banda media, más angosta hacia el peciolo, amarillento-ferruginosa, casi anaranjada. Man- 
díbulas amarillento-ferruginosas, algo parduzcas, con los lados y el extremo oscuros, casi 
morenos, siendo pardo-roja la tenaza con base morena. Maxilas y labio lustrosos, de 
un color amarillo ferruginoso y con la base pícea. Palpos amarillentos ferruginosos cla- 
ros, más oscuros en los últimos artículos, siendo parduzco el ápice del fémur en el 
dorso, el dorso y el ápice de la patela y casi completamente la tibia y el tarso; están cubier- 
tos de pelitos blancos, entremezclados de pardos en los últimos artículos y de espinículas 
negruzcas. Piernas de un tinte sucio amarillento-ferruginoso, irrcgularmente lavado de 
pardo en las coxas, en el trocánter y en la articulación fémoro-trocanteriana, incluyendo 
la extrema base del fémur, un anillo irregular en el medio de éste, y otro más oscuro en su 
extremidad patelar; las patelas tienen parda la base y la extremidad, siendo ésta más oscura; 
del mismo color son la extrema base de las tibias, un anillo al fin de su primer tercio y 
todo el último; los metatarsos y tarsos, más ferruginosos y oscuros que el resto, muestran, 
especialmente los primeros, tres anillos pardos en sus dos primeros tercios, que se funden en 
el color general, y su ápice, así como el de los tarsos, también pardo fundente; las piernas se 
hallan cubiertas de pelitos blancos, que se vuelven parduzcos y aún morenos en los dos últimos 
artículos; las espinículas pardas nacen en manchitas del mismo color en el fémur, en la patela y 
en la tibia. El abdomen pardo oscuro, cubierto de pelitos blancos, algo sedosos; el área 
dorsal anterior presenta dos triángulos muy anchos, blancos acanelados (?), que ocupan los 
dos quintos del dorso; ellos no tienen una forma bien definida, pues sus ángulos laterales 
son algo redondeados, y los lados algo curvos hacia adentro; el primer triángulo tiene el 
ángulo anterior redondeado y dentro de él una manchita pardo-rojiza, ovalada, transversa, una 
estría del mismo color en cada expansión lateral y dos puntitos en el borde posterior, 
apenas mas separados de la porción de confluencia del siguiente triángulo; en el centro 
de éste se vé una manchita irregular, angulosa y cuatro puntos (::) hacia adelante de ella, 
todo pardo; en el borde posterior de este segundo triángulo, nace una banda longitudinal 
del mismo color, que se atenúa y desvanece gradualmente, hasta llegar al comienzo del 
último quinto; á poco más de un milímetro de su nacimiento tiene, á cada lado, una ra- 
yita transversa, siendo cortada en su mitad posterior por cinco rayitas, transversas también, 
— esta banda, asi como las rayas costiformes que en ella nacen, está salpicada de pun- 



— 126 — 

titos pardos; á cada lado de esta figura dorsal ha}' una linea ondulante, que, en su pri- 
mera porción, se interrumpe en la eminencia de cada una de las tres primeras ondas entrantes, 
correspondiendo las tres primeras ondas salientes á los ángulos laterales de los triángulos y á 
la primera raya transversa; después corre casi paralela, habiéndose aproximado á la opuesta, 
estando entonces unida con las rayitas transversas; hacia fuera y ocupando el espacio abierto 
que forman las tres primeras ondas entrantes, se encuentran, á cada lado, tres manchas 
rombiformes, claras también, separadas anteriormente de la línea ondulante por una raya 
pardo-oscura, y del seno mismo de la onda por un oscurecimiento irregular, pardo, de 
puntos oscuros mas ó menos confluentes, donde se destaca uno claro, bien redondo; 
hay detrás de ellos como el comienzo de un cuarto rombo, pero apenas se define por 
una manchita clara; — la linca ondulante parece continuarse anteriormente por una fila 
de puntos que se dirige casi transversalmente hacia la línea media, viniendo á termi- 
nar al lado de la porción anterior del primer triángulo dorsal. La parte anterior del abdo- 
men y los costados, están cubiertos de puntos ó manchitas de color claro, ha- 
llándose tan próximos en las inmediaciones del peciolo, por arriba, que forman un limbo 
claro á la porción oscura que lo rodea; en esa parte clara, los pelitos están también 
mas próximos. Las ¡ti la de ras, la vulva y las placas pulmonales son píceas, éstas con el 
borde más claro y las primeras circundadas de una aureola amarillenta, casi anaranjada, nó 
continua, formada como de pigmento y destacándose sobre un fondo píceo, — ella envía 
hacia adelante dos rayas del mismo color, que limitan el vientre pardo-oscuro, pero casi 
perdidas, esto es, bastante difusas, así como una rayita mádia, colocada entre la vulva y 
las hiladeras; algunos pelitos negros, dispersos en los costados y en el vientre, comple- 
tan la vestidura del abdomen. 

OBSERVACIONES. — Parece que esta especie abarca, en su dispersión, un área considera- 
ble, pues los ejemplares que he recibido proceden de Chacabuco, Guaminí y Pichi-Mahuida, 
siendo de este último punto de donde trajo el Dr. DOERING un ejemplar muy joven que 
comparé con los de igual edad que me había enviado FÉLIX LYNCH del primero. En El 
Naturalista Argentino, T. I, p. 338, he hecho referencia á una araña descubierta por mi 
en el Partido del Pilar, en Marzo de 1878, mas, como no conservo los ejemplares que 
cacé, no puedo decidir si es la misma, aunque abrigo vehementes sospechas de que lo 
sea, en cuyo caso, el dibujo claro del abdomen es blanco y nó <pallide cinnamomcus 
como digo en la diagnosis, como es blanco el de otras especies muy semejantes, si algunas 
no son la misma, que se encuentran esparcidas por toda la República, y cuyo color se 
transforma en acanelado pálido por la acción del alcohol. Así, las Epeiras granadensis y 
Salei del Conde de KEYSERLING, que son muy próximas á la nuestra, y de la cual se 
distinguen fácilmente, deben tener dibujo blanco también. Nuevas investigaciones nos da- 
rán á conocer loque haya al respecto. Entretanto, no vacilo en adelantar la siguiente con- 
jetura, fundada en recuerdos mas ó menos fijos: la especie se halla difundida por toda la 
República, teniendo su foco en las regiones tropicales y modificando su celda y relaciones 
de ésta con la tela según el medio que la rodea. Sospecho que la vestidura de pelos 



— 127 — 

blancos del dorso abdominal, en el animal fresco, es más espesa, disimulando un tanto lo 
vivo de los dibujos. 

ó. EPEIRA LATHYRINA, Holmberg, 

Syn.: (1875) Ep. lafhyriva, Holmb, Descriptivas et notices d' Arachnides de la Bépublique Argentine 

in Periódico Zoológico, T, 1, p. 282, Pl. VI, f. 1. 
i'liSTO) « Arácnidos Argentinos in An. de Agrie, de la Rep. Arg. T. IV. — Se- 

par. 1°, p. 16, n. 3ü, 
(1878) Ep- montevidensis, Keyserlixg. Spinnen aus Uruguay u. einig. andn. Geg. Amerikas, in 

Verhandl. der k.-k, zool.-bot. Ges., Wien, T. XXVII, p. 571, Lám. 
XIV, ff. l-'J. 

Nota.— Feniinam immaturam prope ripam Rio Negro» ¡nvenit Dr. DOBEING. 

La larga descripción que he dado de esta especie, me autoriza á reclamar la prioridad, 
nó por hacer cuestión de ésta, sino porque, de no aceptar aquella, tendríamos que desco- 
nocer muchas de los autores, que pasan por suficientes. Sin embargo, debo declarar que, 
aunque mi descripción dá prioridad al nombre, la del Conde Keyserling tiene l.i 
excelencia. 

l-'ain. SCYTODOIDAE 

Geni. Soy todos Latreille (1804) v. Thoe. 
4. SCYTODES MACULATA Holmberc 

LÁM. III, ff. 3, 3(1, 36, .V. 

Syn. : (1870) Scytoda maculata, Hol.mb. , Arác. Argent., in An. de Agrie, dr la Rep. Argent-, Tom. IV, 

Separ. 4 o , p- 3, n. 1. 

Fem. : Se. cephalothorace, cuja longitudo longitudinem patellae + tibiaé 3i. paris aequat, pedibusque ru- 
feseenti-testaceis, his annulis maculisque nigris reí óbscure brwnnéis, illo notadone pallidaf -formi 
medio a linea obscura longitudinaliter divisa orno/o. margine obscure macülátó, lineólo undulaía 
prope maculas marginales ct reliquo dorso, plus minus a testaceo irrorato, obscure brunneo ; man. 
dibulis ferrugineis macula antica eel dorsuali nigra : ábdomine griseo-flavido-fuscescenti, tascia me- 
dia ex maculis geniculatis constituía, seriebus transversis punctorum alternantibus, lateribus centre- 
¡pie maculis, striijis punctisque eonspersis nigricantibus ; palporum ápice duobus apendicibus brevi- 
bus, cylindraceis, parum arcuatis, extremitate vix incrassatis ; unguícula infero l¡. paris unidentata, 
41 paris bidentata (?) ; aperturis vulvae separatis, subrotundatis, marginaüs. 

Mas: Coloribus formaque feminae, pedibus autem longioribus et proportionaliter gracilioribus, cephalo- 
thoraee longitudinem tibiae Si. paris non attingente, pálporum articulo apicáli élongato, gracile, 
od basin incrassato, subtus cmarejinato, bulbo copulattonis od basiu incrassato, deinde conico-elon- 
gato, graeiliusculo, apicem versus sensim dilatato, depresso, carinato, apendicibus duobus unguifor- 
miluis ápice ipso el ante cosa/tero minore instructo. 

Nota — Individuuin femineum unicum iuimaturum luijus vulgarissimae araneae a Dre, Doering in «Paso de 
Pacheco» (Rio Colorado) repertum (mine détrittim) cuín exetnplis pluribns colleetione mea servatis lustraví el lii- 
novain descriptionem ^| ¡ei feci. 



— 128 — 

■8c mamtata cum Se Taczanowskii Thorell, {=Sc marmorata, Taczax.— v. Thorell Studi mi Sagni 
M lesi e, Papuani II, P- 166 ) affinis eí¡se vu1cíu1 'j differt autem, inter aliquos eharacteres, longitudine pedum 
formaque conjunctoris ; magis cura Se globula, Nic (.Farola CW), a qua parum differt, nisifiguraeimperfectae 
f ' ffinis esf si figurara sol am feminae et Tab. II, sine partibus anatomiae maris ñeque mensuris dedisset auctor 

pro ea verisimiliter habuissem, differentia antera bulbi maris, longitudinis pedum picturaeque abdominis pro 
diversa specie habere me ducunt- 



Medidas de la hembra 



Longitud total 

del cefalotórax 
Altura del tórax . . . 

Latitud de la frente. . 

" del tórax . . . 

Longitud de esternón . 



Piernas . . . .^ 
1 - 1 4 3 



I 
II 
III 
IV 



0.008 rara. 

0.00375 

0.00225 

0.001 
0.003 
0.002 



Latitud del esternón 

Longitud de los palpos 

de la mandíbula .... 

» del abdomen 

» » (gravidus 

Latitud del id 



0.0015 inm. 

0.003 

0.00075 

0.0045 

0.0055 6 + 

0.0035 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Tota i. 


0,001 


0,0005 


0,0055 


0,001 


0,0065 


0,0075 


0,00125 


0,02325 


0,001 


0,0005 


0,005 


0,00075 


0,005 


0,00575 


0,001 


0,019 


0,00075 


0,0003 


0,004 


0,00075 


0,003 


0,0035 


0,001 


0,0133 


0,001 


5 


0,0045 


0,0Q1 


0,0045 


0,00475 


0,00125 


0,0175 



Medidas del macho 



Longitud total 

» del cefalotórax . 
Altura del tórax . . . , 
Latitud de la frente . . . 

» del tórax .... 
Longitud de los palpos. . 



Piernas . . 
1,2,4,3 






0.0085 
0.0035 
0.002 

0.001 
0.003 
0.003 



Longitud del eopulador. . . 
» del esternón . . . 
Latitud del id . . . 

Longitud de la mandíbula 
» del abdomen . . 

Latitud del id . . . 



0.00125 muí. 

0.002 

0.0015 

0.001 

0.005 

0.0025 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Tota i. 


0,0011 


0,0005 


0,0095 


0,001 


0,010 


0,0013 


0,0014 


0,0365 


0,001 


0,0005 


0,007 


0,001 


0,00075 


0,0083 


0,0011 


0,02585 


0,00075 


0,0003 


0,005 


0,0008 


0,0044 


0,005 


0,001 


0,01725 


0,001 


0,0005 


0,007 


0,001 


0,006 


0,007 


0,00125 


0,02375 



Descripción de la hembr.s 



Forma. — El cefalatórax es oval, giboso cu la parte posterior, más largo que an- 
cho, más ancho que alto, tan largo como la patela-(-la tibia del tercer par de piernas 
tan ancho como el largo de la tibia del mismo, inclínalo hacia adelante, en corva suave» 



— 129 — 

más violenta hacia atrás, no alcanzando, sin embargo, á reclinarse sobre el abdomen, con 
el epístoma muy poco avanzado y truncado, apenas escotado visto de arriba, y cuyos án- 
gulos descienden un poco, y presentan sobre ellos una depresión ; lleva pelos cortos y 
rígidos desde la cima de la giba, por el dorso, hasta el epístoma ; estos pelos se hallan co- 
locados en series más ó menos regulares y nacen en tuberculitos pequeños. Es muy suave- 
mente ondulado en los bordes, en correspondencia con las piernas ; los costados son más 
inclinados, casi rectos, sin pelos. Los OM ó A, redondos, muy juntos, pero visiblemente 
separados, distan del borde epistomático tanto como su propio diámetro ; se hallan situados 
en una pequeña eminencia, de tal modo que su borde de contacto está más arriba que 
el borde externo viniendo á tener así sus bases oblicuadas ; los dos pares de OP se ha- 
llan entre sí más distantes que de los OA, en un tubcrculillo análogo, son también re- 
dondos el anterior apenas mayor que el' posterior ; los planos de sus bases son casi ver- 
ticales en ángulo recto, el primero mira hacia adelante y afuera, el segundo hacia fuera 
y atrás, apareciendo por arriba una porción, como un triángulo horizontal, del tubcrculillo 
que los lleva. Esternón oval, truncado por delante, redondeado por detrás, con cuatro emi- 
nencias á cada lado, correspondiendo á las cuatro coxas, esto es, opuestas á ellas, separa- 
das por depresiones, donde se escota muy poco el borde, — es un tanto lustroso, como las 
coxas, y lleva algunas cerditas esparcidas. Labio trapeciforme, más ancho en la base, donde 
parece soldado con el esternón, del cual lo separa una depresión fuerte; es redondeado en 
su borde libre, convexo en la mayor parte de su extensión, con el borde anterior y parte 
de los laterales marginados, cubierto de cerditas esparcidas y frangeado en el ápice. Maxi- 
las mas largas que anchas, se juntan por delante del labio, al cual contornean, de tal modo 
que su borde de unión es un poco más corto que el largo del labio;— son convexas en 
el sentido de su longitud y en su dilatación, se dilatan en la base, y así, su conjunto, 
viene á tener casi el mismo contorno que el labio ; también se hallan cubiertas de pelitos 
ó cerditas esparcidas. Mandíbulas oblicuas hacia abajo, un poco estrechadas en la base, 
después de la cual se dilatan suavemente por fuera para volverse á, estrechar cerca de la 
extremidad ; son cilindro-convexas, pero su convexidad es más marcada cerca del borde 
interno, cubiertas de cerditas, al parecer más finas que las que se observan en las maxi- 
las y en el labio. Palpos cortos, el último artículo más largo que el penúltimo, y más 
estrecho engrosado en la base (v. Lám. III); en el ápice presenta dos uñuelas transfor- 
madas en apéndices rígidos, cortos, cilindricos, poco arqueados hacia abajo, truncados y 
apenas mas anchos en el ápice; los pelos que los circundan son plumosos, y aún me ha 
parecido distinguir que las barbillas son verticiladas. Los apéndices no son tan largos 
como en la Dictis striatipes L. Koch [Die Arachn. Austr. p. 294, pl. 24, ff. 5 y 6) sino 
tanto como el diámetro del último tercio del artículo paipai en que se encuentran. Pier- 
nas largas, delgadas, siéndolo más gradualmente el metatarso, con ocho filas equidistantes 
• de cerditas arqueadas hacia la extremidad de los miembros. El primer par (varios indi- 
viduos observados) lleva dos uñuelas grandes, pectinadas, la anterior con dos filas de dien- 

17 



— 130 — 

tes, una de las cuales no parece salir de un lado de la otra, sino que ambas filas tienen 
una inserción semejante, como resultaría si dobláramos una tira de papel y recortáramos á 
un tiempo los dos bordes unidos; no he podido contar sino ocho dientes en cada fila; — 
la uña posterior (nó la inferior) tiene los dientes más grandes, más paralelos, siendo el 
apical el mayor y más divergente, — he contado diez ; la uñuela inferior ( aftcrkralle de 
los autores alemanes ) tiene su extremidad larga, aguda y casi en ángulo recto con el 
lomo, — detrás de ella hay un diente como de dos quintos de su longitud, y más hacia 
la base un lóbulo redondeado. El cuarto par lleva dos uñuelas unipectinadas ( varias 
observaciones), los dientes son más espaciados y más cortos, siendo el apical el más largo 
y divergente ; — incluyendo éste, he contado ocho dientes en la anterior, y, en el mismo caso, 
siete en la posterior ; la uñuela inferior es muy pequeña, con tres dientes cortos, contando 
el extremo ( una observación segura, las otras imperfectas ) ; los pelos que las rodean plu- 
mosos como los del palpo y algunos ensiformes, algo arqueados, .dentados en sierra, como 
en las Epeiróideas etc. El abdomen es globuloso, un tanto ¡oval, siendo más largo que 
ancho, apenas más angosto por detrás y un poco saliente, sin violencia, en la región de las 
hiladeras. La vulva consta de dos aberturas muy separadas, redondeadas, marginadas de 
sustancia quitinosa. Las hiladeras son muy cortas, apenas salientes. 

COLOR. — El ccfaloíórax es de un color testácco más ó menos agrisado, ¿ornándose 
ocráceo en los ejemplares conservados en alcohol ; sobre dicho fondo predominan diversas 
manchas de color pardo-rojizo oscuro, que no siempre conservan una disposición idéntica, 
pues sus bordes son más ó menos regulares unas veces y otras bien limitados por con- 
torno limpio, pero siempre obedecen, no obstante sus modificaciones, al tipo específico. Por 
esta razón me veo obligado á prescindir de lo que he dicho en general sobre el fondo, 
para poder definir mejor la distribución del claro y del oscuro, y, para simplificar, diré os- 
curo cuando se trate del pardo-rojizo oscuro indicado, y claro en el otro caso. En el 
borde del tórax, y correspondiendo á cada coxa, se vé una manchita oscura, más ó menos 
regular; unas veces, qstas manchitas están separadas, otras, se hallan reunidas por una li- 
nea muy fina, en cuyo caso puede decirse que el extremo borde del tórax es oscuro, con 
ampliaciones hacia arriba, en las porciones correspondientes á las coxas. De la parte ante- 
rior, hacia la altura de los palpos, nace una línea oscura, ondulante, que termina cerca del 
borde posterior, pasando por encima de las manchas marginales, á las cuales corresponden 
sus ondas ascendentes, y estando separada de ellas por el fondo claro. Hacia arriba de 
esta línea, y en contacto con ella, se presenta otra de color claro, que nace en el ángulo 
de la boca, pasa al lado de la frente, á la cual limita, y dirijiéndosc hacia atrás separa al 
dorso oscuro de la línea ondulante mencionada; esta banda clara se estrecha y dilata al- 
ternativamente, de tal modo que sus ampliaciones coinciden con las concavidades de la lí- 
nea ondulante, y las correspondientes del borde, onduloso también, del dorso oscuro ; en 
otros términos, el borde del color oscuro del dorso es ondulante, y sus ampliaciones coin- 
ciden con cada mancha del borde torácico ; entre éstas y aquel corre la línea oscura ondú- 



— 131 — 

lantc y como sus ondas son opuestas á las del borde del oscuro del dorso, resulta de aquí 
la forma de la banda clara. Hacia adelante de los ojos anteriores hay una lúnula clara, 
transversa, de concavidad posterior y muy tenue ; los tres grupos de ojos están circunda- 
dos de negro, especialmente hacia atrás ; de la parte que corresponde al grupo anterior, 
nace una banda más rojiza que se dirije hacia atrás, en cuya linea media suelen verse dos 
lineólas claras, muy finas, soldadas á veces, y á cada lado otra más ó menos acodada, clara, 
con ángulo hacia la línea media ; la banda rojiza, después de haberse dilatado un poco, se 
estrecha en la mayor gibosidad del tórax, y á veces se corta, pero en este punto ya se 
aclara, descendiendo, gradualmente más dilatada, por el declive posterior. A cada lado de 
dicha banda media se ve una mancha clara formada por una línea paralela y en contacto 
con la banda media, y dos ampliaciones hacia fuera, la anterior marcadamente cuadrangu- 
lar y mayor que la posterior menos bien contorneada ; — podría darse una idea de esta man- 
cha ó dibujo claro, diciendo que parece una T, cortada longitudinalmente por la banda me- 
dia. La porción que circunda esta figura clara es casi negra ; algunos puntitos claros se 
observan á veces sobre el resto del color oscuro del dorso. Esternón testáceo, con bor- 
des laterales, ampliaciones oblicuadas de éstos, correspondiendo á las coxas y puntitos más 
ó menos grandes de color oscuro. Labio testáceo rojizo, con el borde anterior algo par- 
duzco. Maxilas del color del labio, con una línea oscura que pasa á lo largo en contacto 
con la inserción del trocánter paipai. Mandíbulas rojizas, algo parduzcas, con una mancha 
triangular, negra, en el dorso. Palpos ocráceos, con puntitos y pequeñas manchas oscuras. 
Coxas ocráceas, con el ápice moreno, casi negro ; el resto de las piernas del mismo color 
que las coxas ; fémures con puntos, manchas más ó menos irregulares y anillos de color 
oscuro, éstos, generalmente, completos cerca de la patela ; la patela igualmente manchada, 
con especialidad á los lados ; las tibias con cuatro anillos oscuros, bastante regulares, el 
primero en la base, el último en el ápice y alternándose con los de color ocráceo que los 
separan; los metatarsos tienen cuatro anillos semejantes, pero muy apagados, siendo el ba- 
sal el que mejor se define generalmente. Abdomen gris testáceo parduzco con una banda 
media, dorsal, de manchitas oscuras, alargadas, apareadas, divergentes hacia atrás, cada par 
separado por una serie de puntos paralelos á aquellas y que se destacan sobre la parte de 
fondo claro que media entre cada par de manchas, y, á los lados, manchas irregulares que 
alternan con puntos dispersos y series de estrías del mismo color oscuro ; en el vientre, las 
manchas están menos aproximadas, habiendo una de ellas entre el peciolo y la vu¿va,=4aS 
márgenes de las aberturas de ésta y las hiladeras de color rojizo. Pelos del dorso del ce- 
falotórax negros, — los del resto del cuerpo parduzcos, más ó menos claros. 

Descripción del Macho. 

Forma.— Fuera de las diferencias sexuales y de las que resultan de la proporcionalidad 
de las medidas consignadas, el macho no difiere esencialmente de la hembra en cuanto á 
os caracteres generales de su estructura. Comparando, sin embargo, las medidas absolutas 



— 132 — 

de ambos sexos entre sí, se observa que el macho es apenas mas largo, lo cual depende de 
que la medida de la hembra ha sido tomada en ejemplares que ya habían puesto sus hue- 
vos, antes de cuyo acto el abdomen es más largo, como lo he hecho notar en la página 
128. El cefalotóra\\ en el macho, es proporcionalmente algo más bajo que en la hem- 
bra, siendo su longitud mucho menor que el largo de la patela -f- la tibia del tercer par, y 
aún más corto que la misma tibia, y su ancho igual á la mitad de la longitud de la tibia 
del cuarto par. Los OP, por otra parte, se hallan colocados en tubérculos un tanto ma- 
yores. En las maxilas me ha parecido notar una pequeña depresión transversa al comen- 
zar el último tercio; es muy suave y poco sensible. La otra diferencia se observa en la 
longitud de las mandíbulas, = £ de mm. en la hembra y 1 mm. en el macho; pero reco- 
nozco ahora que depende del estado de los órganos, pues con frecuencia se nota en ellos 
algo como un avanzamiento, siendo acompañados por los tejidos blandos de la base, que 
toman entonces el aspecto de labios internos, y, midiendo un ejemplar, en el que no se 
haya verificado tal cosa, desde el ápice de la mandíbula hasta el borde del clipeo, hay 
una pequeña diferencia de poco valor. Las piernas son absoluta y relativamente más lar- 
gas que en la hembra, como puede reconocerse comparando las figuras y las medidas- las 
uñuelas no presentan otra diferencia notable que la de ser la inferior del cuarto par igual 
á la correspondiente del primero. Los palpos ( v. Lám. III;) son cortos y gruesecillos ; el 
último artejo, ó sea el tarsal, grueso en la base, se escota para recibir el bulbo, luego se 
adelgaza bastante, para terminar un tanto fusiforme y cubierto de pelitos ; el bulbo recuer- 
da la figura de una cebolla : grueso y redondeado en la base, se estrecha luego y, en su 
último tercio, se dilata irregularmentc ; examinándolo del lado externo, muestra, en su par- 
te gruesa ó basal, dos líneas curvas, transversas, más oscuras que el cuerpo ferruginoso, y 
que corresponden á débiles aristas, muy especialmente la más distante de la base, se ar- 
quean hacia el ápice por debajo y, corriendo más ó menos paralelas, forman una crestita no 
muy filosa que contornea un poco la porción extrema del bulbo por fuera, y termina en un 
gancho muy encorvado hacia fuera y muy agudo ; hacia arriba de esta cresta, nace otra más 
elevada y más filosa, que también remata en otro gancho no tan bien arqueado como el ex- 
terno, pero más ancho, y sosteniendo como un filo ó lámina filosa adherida á él y de sus- 
tancia menos opaca; finalmente, hacia adentro y un poco antes del ápice mismo, se encuentra 
otro ganchito ancho, con lámina filosa y de borde un tanto desigual. 

Color. — Ninguna diferencia digna de mención existe en el macho; lo único qnc podría 
recordarse, quizá, es que la porción oscura del dorso, en la que se encuentra la figura ca- 
racterística, es menos manchada de claro, teniendo más rojiza 6 más bien no tan oscura la 
parte que se halla cerca de la línea ondulante. 

Observaciones. — El único ejemplar (una hembra joven) cazado por el Dr. DOERING 
en las orillas del Rio Colorado (Paso de Pacheco) ha sido prolijamente comparado por mí 
con los que conservo en mi colección, y no he hallado diferencia alguna que me autorice á 
sospechar que no se trate de la Scytodes maculata, debiendo advertir que el abdomen de 



— 133 — 

aquel se hallaba en mal estado de conservación. Esta especie no es escasa en la Provincia 
de Buenos Aires, pues la he recogido no sólo en los alrededores de la capital, sino también 
en el Baradero y en otros puntos. En la Sierra Chica de Córdoba, cerca del Pan de Azú- 
car, encontré, á principios de Enero de 1877, una hembra adulta. Vive con predilección 
en parages húmedos y oscuros, bajo piedras, ladrillos ó troncos de árboles. Tiende hebras 
finísimas en un corto espacio, á manera de Teridio, y hace la mortecina cuando se la toca ; 
mas luego echa á andar con lentitud. Su capullo, junto al cual permanece hasta la eclo- 
sión de los huevos y primer tiempo de la vida juvenil de sus descendientes, es esférico, de 
unos 3 ó 4 mm. de diámetro, blanco niveo y de seda un tanto floja. Cuando reposa en 
el suelo, este animal suele tomar una actitud que recuerda la de un Tomisida : oblicuando 
los fémures hacia atrás, dá la flexión natural, en mayor ó menor grado, á los otros artículos 
de las piernas. En la corta noticia que de el he dado (loe. cit. ) digo lo siguiente: «el ani- 
mal adulto, que hemos visto repetidas veces, tiene un color liláceo. » No es esto precisa- 
mente, sino más bien un cierto viso morado, que el animal pierde en el aguardiente. Las 
medidas que consigno en dicha obra son falsas para la generalidad de los ejemplares que 
tengo actualmente; pero recuerdo que la figura fué hecha copiando una hembra muy gran- 
de, que no sé dónde está ahora. Al trasladar el dibuj o mió al trozo de madera en que de- 
bía grabarse fué bastante modificado, como todos los otros, lo que hizo que suspendiera los 
dibujos, ya que se habian de interpretar del modo que lo han sido. 

Réstame ahora comparar la especie con una muy inmediata, de la cual no hice referen- 
cia en 1876 cuando publiqué los Arácnidos Argentinos, por no entrar en consideraciones 
que no puedo rehusarme á hacer ahora. Me refiero á la Scyt. glóbulo, de NICOLET (Fauna 
Chilena, Araneidas, T. III, p. 347, Atlas Lám. 2, ff. 1 y 2). Debo declarar que, á pesar 
de las diferencias que encuentro comparando mis ejemplares con las figuras citadas (Ni- 
COLET, en cierto modo, ha dibujado los Arácnidos de Chile mejor que lo que los ha des- 
crito), no tengo ciega confianza en la estricta diversidad de ambas especies, ó más bien, son 
tan próximas, que se vacila hasta el último momento en separarlas, Comenzando por la 
diagnosis, encuentro que puede aplicarse, entre otras especies, á la Se. marmorata, L. KOCH 
(Arach. Australiens) á la Se: Taczanowskii TliORELL ( = Se. marmorata TacZ., — v. p. 12S), 
á la Se. maeulata m. etc. Prescindiendo de aquellas, á las cuales puede referirse también, 
en gran parte, la descripción de NicOLET, tomaré en cuenta sólo la última, y recordaró que 

lo que dice de la mancha torácica del macho « imitando un yerro de alabarda, 

de un amarillo metálico brillante, » lo he observado también en la Se. maeulata, pero nó en 
el vivo, sino en el conservado en alcohol. Diríase que la cutícula dorsal se hubiera levan- 
tado, y, al evaporarse el alcohol (pues recien entonces es que se observa) una tenue capa 
de aire le diera el brillo dorado, como se nota en algunas especies de Coleópteros, en par- 
ticular una Cassida (seus. lat.) de este país, ó las manchitas de oro de las crisálidas de 
Lepidópteros diurnos, etc. Esto lo he observado también en una hembra, pero jamás en 
el vivo, de lo cual deduzco, como así también de la circunstancia de señalar « ojos amari- 



— 134 — 

líos» á algunos Atidas oscuros, que describió ejemplares conservados en alcohol (igno- 
ro los antecedentes de los Arácnidos descritos por dicho autor — no sé si Gay se los llevó, 
ó si él los cazó, como podría sospecharse por las palabras de Simón — Hist. Nat. des Ar. — más 
de una vez repetidas— « . . . . rapportées du Chili par M. NlCOLET » ). Dejando esto á un 
lado, preguntaré, ¿ es « el corselete glabro » ? — los « puntos negros muy pequeños y levanta- 
dos » i no sostienen una cerda corta ? las patas « como glabras » ¿ no presentan ocho filas 
de pelos bien visibles ? ó describía á veces á la simple vista, en cuyo caso difícilmente ha- 
bría distinguido los puntos levantados del corselete? ó eran «como glabras :> para la des- 
cripción y tenían bastantes pelos para la lámina? y «en fin, el labio, las quijadas, el esternón 

y las ancas son glabros » — no lo creo, á no ser que fueran «como glabros» ó que 

los pelos hubieran desaparecido por el movimiento, en el utensilio de conservación, lo que 
es frecuente, en cuyo caso vale más no decir nada al respecto ; « una manchita morena 
ocupa el medio del esternón» — la hay hacia adelante del medio en la Se. maculata, pero 
ésta las tiene mas grandes y más ó menos unidas en los bordes, lo cual no se señala en 
la Se. glóbulo, ; «y otra mayor en la extremidad anterior de las ancas» — si «anterior» sig- 
nifica aquí « inferior », coincide con la Se. macúlala, cuyas coxas tienen el ápice negro, 
sobre todo por debajo. 

La corta descripción de la hembra conviene con nuestra especie en un todo, respecto 
de la coloración, excepto la placa externa! que, en la Se. maculata es manchada, no sién- 
dolo en la Se. glolnda. La discrepancia considerable que existe entre las medidas del 
macho y de la hembra de esta última especie, me hace sospechar, ya que las hembras son 
siempre mayores que los machos, hasta donde alcanza mi conocimiento, que el autor se 
valió de un macho adulto y de un hembra joven. Por ésto descarto la hembra para la 
comparación, y tomando las medidas del macho, encuentro una diferencia tan notable en- 
tre los de ambas especies, que no puedo aceptarla como individual. Más aún, la relación 
entre la longitud del cefalotórax de la Se. glóbulo, es á la longitud del primer par de pier- 
nas como i á 12, sin contar quizá con la coxa y el trocánter, mientras que en la Se. ma- 
culata, contando con ambas piezas, es como i á 10. Finalmente, suponiendo que" el palpo 
del macho de Se. globula esté bien dibujado, las pocas diferencias resaltan comparando con 
la figura que doy en la Lám. III, como es bien visible la del dibujo del dorso abdomi- 
nal, por no mencionar la figura pálida característica que adorna el cefalotórax de la mayor 
parte de las especies de Scytodcs. 



— 135 — 

Fam. AGALENOIDAE. 

Gen. Teg'eiiai-in. (Latreille, 1804) Westring, 1801. 

5. TEGENARIA C1VILIS (Sündevall? 1831) Walckenaer 1837. 

Syn. : — (1831) Agelcna civilis, Sundeyall, Svenska Spindlarnes etc. Acta Holm. p. 127. 2. 

(1837) Tcgcnaria civilis, Wai.ck. Hist. Nat. des Ins. Apt., T. II, p. 7. Atl. pl. XVI, f. 1 (et aut. plur.). 
(1870) » » » E. L. Holmb., Arac. Arg. — Separ. p. 15, n.30. 

Nota. Feminam singulam ad «Carhuú» captam vidi. 

Repetiré, á propósito de la parte que me toca de la escasa literatura que cito, con motivo 
de esta especie, lo que he dicho refiriéndome á la Argiopc argentata. No abrigo la mínima 
duda en cuanto á la determinación específica, pues la he hecho por KOCH (Die Arachnidcn 
VII, p. 37, ff. 61S-619), Walckenaer (ut supra), Westring (Araneae Svecicae, p. 307) y, 
tomando en cuenta lo que dice ThorELL 'Recensio critica, p. 36), he consultado Clerck, 
Svenska Spindlar (p. 76). Ignoro de qué manera trata THORELL esta especie en su obra 
Rcmarks 011 synonims &, pero, ateniéndome á la literatura de que dispongo y comparando 
la sinonimia consignada por Thorell,Westring, Simón, WALCKENAER y KOCH, parece 
que fué SuNDEVALL quien dio á esta Tcgcnaria el nombre específico que lleva. 

De cualquier modo que sea, esta especie no es solamente el tipo del género (según 
Thorell), es el tipo de las especies cuya sinonimia copian muchas veces los autores sin 
examinar previamente la verdad de los hechos, prestando fé ciega á lo primero que en- 
cuentran (ego olim quoque) ; así, con SlMON, he referido el género Tcgcnaria á WALCKE- 
NAER y nó á Latreille (Arac. Arg. p. 15) y, en cuanto á la especie, me contentaba en- 
tonces con tener seguridad de la determinación. Hoy, después de cinco años, puedo con- 
firmar plena y satisfactoriamente ésta con los mismos ejemplares femeninos que tenía, 
debiendo agregar que he cazado mas tarde el macho y que corresponde exactamente á lo 
que de él dicen los autores. 

Respecto de la cita que hice de Martin de MOUSSY, persisto, en parte, en lo que dije 
entonces, pues, hasta ahora, entre más de ciento cincuenta ejemplares de Tcgcnaria civilis, 
que he tenido entre manos, no había uno solo que ni remotamente pudiera referirse á la T. 
domestica. Verdad es que este último nombre específico lo dio Lineo á la T. civilis, pe- 
ro no eran los conocimientos zoológicos de MOUSSY como para penetrar en estas honduras 
de la especialidad, y hoy, á pesar de tanto tiempo transcurrido y de haber cruzado oblicua- 
mente la República sin encontrarla, creo que MOUSSY, con su determinación específica, sólo 
quiso significar nó Aranea domestica L. sino Araneae domesticae. 



— 136 



Fam. DRASSOIDAE. 

Gen. DrnsstiM ( Walckexaer 1805 )'; L. Kocn, 18CG. 

6. DRASSUS AUSTEALIS Holmb., n. sp. 

Mas : Dr. ccphalothorace longitudinc longitudincm patcllae plus tibiae 4i. parís vix superante, quasi 
aequante, mgro-piceo,suo-micante, foveis radiantibus lateribusque ir eviter par cegué nigro-piloso ; man- 
dibulis latitudinem frontis paullo longioribus, supra piceis, intus vel faeie orali unguiculaque ferru- 
gineis, stemo cum pedibus (articulis duobus ultimis exceptis), maxillis labioque piceis, his ápice 
testaceo, femoribus nigricantibus, ultimis intus obscure viridi-cyaneo micantibus, patellis pedum 
omnium ad basin obscure rufis, metatarsis piceo-ferrugineis, tarsis testaceis fuscescentibus ; palpis 
testaceis articulo ultimo (mare inirnaturo) magno, ovoide cónico, a supra lanceolaio a latere quasi 
semicirculari ; abdomine fuliginco, laminis trachearum testaceis, mammillis piceis. 

Nota. — Harem haud adultmn prope ripam «Rio Colorarlo» a Dre. Doerijíg inventura examinavi. 



Medidas del macho joven. 



Longitud total 

» del cefalotóras 

Altura del id 

Latitud de la frente . . 
* del tórax . . . 
Longitud de los palpos. 



0.0055 mm. 

0.0025 

0.00125 

0.0005 

0.00175 

0.003 



Longitud del esternón . . 
Latitud del id . . 

Longitud de la mandíbula 
» del abdomen . . 

Latitud » » 



0.0015 mm. 

0.001 

0.00075 

0.003 

0.00175 



Pierna 



' I 

\ " 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,0008 


0,0004 


0,0015 


0,0009 


0,00125 


0,001 


0,0009 


0,00075 


0,00075 


0,0004 


0,0014 


0,0009 


0,0012 


0,001 


0,0008 


0,00645 


0,00075 


0,0004 


0,0014 


0,0008 


0.001 


0,001 


0,0008 


0,00615 


0,001 


0,0004 


0,00175 


0,001 


0,00125 


0,00175 


0,0011 


0,00825 



Descripción del macho. 



Forma. — Cefalotórax cordiforme, imperceptiblemente más largo que la patela + la ti- 
bia del 4° par, algo más ancho que la mitad del largo, muy estrechado por delante, donde 
es truncado, pero con los ángulos redondeados, finamente marginado, apenas escotado 
por detrás, con los costados redondeados, el dorso casi recto elevándose un poco hasta el 
comienzo del último tercio, donde es convexo para formar el declive posterior y presenta 
la foseta longitudinal, lustroso, sin serlo mucho, con finísimos pelos en las depresiones ra- 
diantes y en los costados, teniendo algunos esparcidos irregularmente en el resto. Los 
OA en línea arqueada con la convexidad hacia arriba, de tal modo que una línea tan- 
gente al borde inferior de los OMA sería secante de los OLA, dejando hacia arriba el 
cuarto superior de éstos ; los OMA se hallan tan separados uno de otro como su propio 
diámetro, y casi confluentes con los OLA, quedando el borde inferior de éstos tan dis- 
tante del borde del clípeo como i J de su propio diámetro; los OLA son como Jma- 



— 137 — 

yores que los OMA, — los OP en línea curva, de tal suerte que una línea tangente al 
borde posterior de los OLP, pasaría por el centro de los OMP ; los OMA forman casi un 
cuadrado con los OMP, de los cuales están más cerca que del borde del clípeo, pero los 
OMA están apenas más lejos de los P que éstos y que aquellos entre sí ; los OLP son 
apenas más grandes que los OMP, siendo las respectivas proporciones casi como en la 
fila anterior (i); los OP se hallan equidistantes, y una línea ántero-posterior que pasara 
por la base de los OLP, sería tangente á la convexidad externa de los OLA. Esternón 
cordiforme, más largo que ancho, algo ampliamente deprimido en el medio, y con pelitos 
esparcidos. Labio tan largo como la mitad de las maxilas, casi cuadrado, sub-nítido, con 
pelos esparcidos en su cara libre y algunos más aproximados y más largos en el borde 
anterior. Maxilas lo mismo, un tanto angulosas en la unión de sus bordes, convexas fuer- 
temente en su mitad basal, después de la cual se vé la depresión transversa, un poco obli- 
cuada hacia el labio. Mandíbulas cónicas, un poco gibosas por delante cerca de la base, 
truncadas en el ápice, con algunos pelitos largos en su cara libre, y con la uñuela tan larga 
como el ancho de la base de aquellas. Palpos cubiertos de pelos esparcidos, más largos 
que en el cefalotórax, — su fémur más corto que el último artículo, el 3 muy corto, el 4 más 
angosto en la base que en el ápice, donde se ensancha mucho para sustentar el último, 
grande, de contorno lanceolado, visto de arriba, más redondeado en la base que en el ápice, 
donde es un poco agudo, casi semicircular visto de lado. Piernas bastante robustas con 
espinículas (2) ; las uñuelas del 2° par fuertemente arqueadas, con 5 dientes pectiniformes, 
casi rectos, menos largos que la parte no pectinada de la uñuela. El abdomen oval 
oblongo, apenas muestra algunos pelos en su base. 

Color.— Cefalotórax y apéndices adyacentes de color píceo oscuro, con pelitos negros ; 
el labio y las maxilas con borde testáceo ; las mandíbulas en su cara interna y su uñuela 
ferruginosas ; las piernas con fémures mas oscurecidos, los del último par con cierto reflejo 
subido verde azulado ; las patelas de un color rojo subido, oscuro en la base por arriba ; 
los metatarsos píceos rojizos, los tarsos testáceos un poco parduzcos ; el abdomen es fuli- 
ginoso, con las placas traqueales testáceas cubiertas de pelitos negros y las /¿/laderas píceas. 
OBSERVACIONES. — El único ejemplar de que he podido disponer, es un macho joven, al 
cual no le faltaba probablemente sino la última muda, porque examinando el artejo de los 
palpos que caracteriza su sexo, se ven diseñadas en su interior ciertas líneas ó nubéculas 
ferruginosas, apenas perceptibles, que quizá responden á los contornos del órgano encerrado 
por el tegumento juvenil. Lo he adscrito al género Drassus porque á éste se llega según 
¡a tabla dicotómica de L. KOCH en su obra Die Arachniden-Familie der Drassiden, p. 2, 
coincidiendo también con los caracteres que atribuye al género, en la p. 76 de la misma 

(1) Los OMP me han parecido visiblemente oblongos, pero, ni con lentes poderosos ni con microscopio lie 
podido distinguir la oblicuidad particular desús ejes, pues parece como si las córneas sobresalieran apenas. 

(2) El ejemplar se halla bastante estropeado y no me atrevo, por lo tanto, á determinar la distribución 
de las espinículas por temor de señalarla falsamente. La figura que doy en la Lámina III, contiene las que he 
podido distinguir. 

18 



— 138 — 

obra, y siguiendo el sistema de Thorell ( Conf. On European Spiders ) coloco entre parén- 
tesis el nombre de WALCKENAER, pues la circunstancia de dar éste al género Drassus 
mayor amplitud, según lo consigna por otra parte TílORELL en su obra citada, p. 147, lo 
que es por demás evidente, por la desmembración que de dicho género hizo C. KOCH 
(Ueb. etc.), se hace manifiesto que no corresponde proceder de otro modo. El nombre de 
WALCKENAER no se halla entre paréntesis en la obra de THORELL, pero sí la fecha, lo cual 
atribuyo á error de imprenta ó á lapsus calami, no correcto en la errata. Inútil me pa- 
rece recordar que también se llega á Drassus según la sinopsis que este último autor nos 
da en su magistral obra citada, y que, tomando en cuenta los caracteres que luego consigna 
en los comentarios, no se puede adoptar otro género. Por último, examinando la Tabla 
analítica de las especies del género Drassus (v. L. KüCH, op. c. p. 78), se llega á Dr. lo- 
ricatus, especie exótica cuyas diferencias ( v. L. K., ibid., p. 131 J con la nuestra resal- 
tan después del más lijero examen comparativo. La importancia del Drassus australis, por 
otra parte, es momentánea, por estar fundada la especie en un individuo joven. La es- 
peranza de ulteriores adquisiciones en el territorio conquistado me determina á sospechar 
que mi especie se describirá más tarde en su estado adulto, y, si he dado del juvenil una 
descripción tan detallada, es para que sea mejor reconocido, aunque bastara la diagnosis 
que coloco al frente. LAm. III, f'f. 4, 4 ,1, k. 

Gen. Cliiracaiitliiiiiii C. L. Kocii, 1839. 
v. L. Koch, op. c, et T. Thorell, On Eur. Spid. 

7. CIIIRACANTHIUM ABNORME, Hoiímb! n. sp. 

Lili. III, ff. 5, 5 a, i. 
Fem. : Ch. cephalothorace obscure fuscescenti-rufo posteriora rersus sensim pallidiore, nitidiusculo, longitudine 
longitudinem patellae plus eam tibíete 4i. paris vüc superante, latitudine qunxi dimidium longitudinis 
inquante, ovalis, antice posticeque truncato hic emarginato, leviter marginato. cnpitc clavito u thorm-e 
depressione sepárate, fovea brevi, linean, palpis pedibmque rufescenti-testaceis vel subfuscescenti-ochraceis, 
anterioribus quatuor horum reliquis robustioribus {aculéis desunt?), unguiculis tarsorum parum denticu- 
latis; ábdomine fuscescenti-griseo, ventre pallidiore, dorso serie medid dimidio postico e fasciis colorís 
ventris transversis antrorsum geniculatis constituía lineolaque longitudinali ejusdem colorí* dimidio mítico 
ornato, reliquo dorso lateribusque abdominis striolis vel punctis pallidis conspersis, vulva ad partem rufe- 
scenti-fusca, mammillis brevibus pallide listareis. 

Nota. — Femiuas tres adultas et marem immaturum (nune detritum) in «Sierra de la Ventana» invenit Dr. 

DOERING. 



Medidas de la hembra. 



Longitud tota] 

» del cefalotórax . . . 
Altura del id ... 
Latitud de la frente 

» del tórax 

Longitud de los palpos. . . . 



O.OOTó muí. 

0.00'ií) 

0.(1015 

0.0015 

0.00225 

0.(1025 



Longitud del esternón . . 
Latitud del id . . 

Longitud de la mandíbula 
del abdomen . . 
Latitud del id . . 



0.0010 nim. 

0.0012' 

0.0015 

0.0045 

0.003 



— 139 — 



Piernas . 
14 2 3 



I 

II 

III 

IV 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,001 


0,0004 


0,00225 


0,001 


0,0019 


0,0015 


0,001 


0,0(1905 


0,0008 


0,0004 


0,00175 


0,0009 


0,0015 


0,00125 


0,0008 


0,00735 


0,0007 


0,0003 


0,0015 


0,0008 


0,001 1 


0,00125 


0,0006 


0,00025 


0,0009 


0,0004 


0,00225 


0,0008 


0,00175 


0,002 


0,00075 


0,00885 



FORMAS — Cefalotórax lustroso, oval, suavemente arqueado en los costados, truncado 
por delante, con curva no muy saliente, siendo allí inclinado en curva hacia el clípeo, un 
poco emarginado por detrás, un tanto marginado, superando apenas su longitudl a de la pa- 
tela-f-la tibia del 4 par reunidas, casi tan ancho como la mitad de su largo, tan alto como 
el ancho de la frente, con la cabeza elevada, descendiendo posteriormente en curva conti- 
nua con la del tórax, más fuertemente inclinada en los costados donde la separa del tórax 
una depresión bastante ancha, que hace descender el borde, para de aquí elevarse 'oblicua- 
mente á formar el clípeo, con el que se une sin presentar ángulo, detrás de cuya depresión 
se ven las impresiones radiantes ; la foseta es lineal, corta, se halla inmediatamente detrás de 
la cabeza, en el comienzo del último tercio dorsal ; el clípeo suavemente emarginado, mi- 
rando el animal de adelante, con algunos pelos porrectos ó subporrectos en la frente. Los 
OA forman una fila apenas convexa hacia arriba ; los OM, separados entre sí y del borde 
del clípeo tanto como su propio diámetro miran hacia adelante y se hallan colocados en 
una pequeña eminencia convexa ; los OL casi un quinto más pequeños que los OM, miran 
un poco hacia abajo y apenas hacia fuera, se hallan de los OM un tercio más cerca que 
éstos entre sí, una pequeña eminencia cuyo declive une por fuera á los OLA y P les sirve 
de asiento ; los OA, vistos de arriba, forman una línea un poco recurva ; los OP, mirados 
del mismo modo, se presentan en línea recta, son equidistantes, de igual tamaño entre sí y 
comparados con los LA, los OMP forman con los OMA un trapecio muy poco más an- 
cho por detrás, se hallan entre sí más distantes que de los OMA, de los cuales distan 
tanto como éstos entre sí ; los OLP distan tanto de los OLA, como de los MP, su base 
está en un plano casi vertical, y su eje se dirije lateralmente y algo hacia atrás, el plano 
de su base dirijido hacia adelante, pasaría tangente ó por fuera de los OLA. Ester- 
nón oval, corto, algo convexo, truncado por delante, con pequeñas escotaduras correspon- 
dientes á las coxas, un poco agudo por detrás y vestido de pelitos muy finos. Labio tan 
largo como ancho, un poco convexo, con los bordes laterales redondeados, truncado por 
delante, donde es más estrecho, así como en la base. Maxilar doble más largas que el 
labio, muy poco convergentes, redondeadas por delante, con pelillos cortos en la parte in- 
terna de este borde, un tanto estrechadas en la base, y convexas á lo largo. Mandíbulas 
tan largas como el ancho de la frente, cilindro-ovoideas, gibosas por delante en su primer 
tercio, un tanto más estrechas en el ápice, con algunos pelillos esparcidos y cerditas; su 
gancho corto y robusto. — Palpos delgados con muy pocos pelitos, siendo éstos más abun- 



— 140 — 

dantes en el último artejo cuya uñuela sin dientes es más corta que el diámetro de dicho 
artejo. Piernas de regular tamaño ; las cuatro anteriores más robustas que las posteriores; 
carecen completamente de espiniculas y no he hallado los puntos de inserción pi obablc, por 
cuya causa he dado á esta especie el nombre de abnorme. Sus uñuelas ocultas entre el pe- 
nacho de pelos escamosos pueden verse en la Lámina III; su mitad apical no lleva dientes 
como la mitad basal, pero muestra estrias particulares que recuerdan ciertas sierras cuyo 
nombre no tengo presente en este instante; las uñuelas del primer par, cuyo penacho no 
he representado, tienen cuatro dientes rectos y las del cuarto par cinco irregulares • de este 
último he representado en la Lámina un pelo espatuliforme del penacho y un pelo plumoso 
de la escópula. Abdomen ovoide, oblongo, algo más ancho en la parte posterior y un poco 
reclinado sobre el tórax. El epiginio ( que parece en cierto modo no corresponder á indi- 
viduos adultos ) consta de dos pequeñas crestas que se aproximan en su parte anterior y al 
unirse por una barra transversa, envían otra crestita hacia atrás, que al terminar se dilata, 
siendo muy finamente estriada á lo ancho ; en la parte posterior de las ramillas nace un 
arco que se dirige hacia adelante, estando aquí más separado del opuesto que en su origen 
posterior ; hacia adelante del extremo de cada uno, se vé un pequeño óvalo, que tiene toda 
la apariencia de abertura vulvar y un poco hacia fuera se observa una eminencia redondeada 
poco conspicua. Esta disposición me hace sospechar que falta todavía á mis ejemplares 
una muda de piel, porque teniendo el epiginio, bajo el microscopio, todas las apariencias 
de relieves y fóveas acentuadas, nada de ello, exceptuando las crestitas posteriores, corres- 
ponde á lo que se presenta examinando esta parte con una lente de regular aumento (de 
15 á 20 diámetros) y sólo deja ver que todas aquellas partes anteriores se hallan cubiertas 
por el tegumento. Las hiladeras cortas, sin llegar á ser en roseta ; las inferiores tienen su 
artejo basal en extremo corto y el apical mastóideo, un poco más largo que ancho ; las su- 
periores tienen su artejo basal como las otras, y el apical, muy poco más largo y delgado 
que el correspondiente de las inferiores, es cilindrico. 

COLOR. — El cefalotórax un poco más pálido en su parte posterior, es pardo-rojizo os- 
curo, así como las mandíbulas, las maxilas y el labio ; el esternón es pardo, siendo algo 
más pálido en su parte central y posterior. Palpos y piernas de un color amarillo ferru- 
ginoso, siendo las últimas muy poco oscuras en la base. El abdomen de color parduzco 
lleva en la linea media una raya pardiclara que se bifurca al llegar al centro del dorso ab- 
dominal ; hacia atrás de ella una serie como de 5 á 6 rayitas transversas, acodadas hacia 
adelante y tanto menos cuanto más se acercan á las hiladeras, al propio tiempo que se 
vuelven más cortas ; el resto de la parte oscura del abdomen está salpicado de numerosos 
puntitos pardiclaros, color que también corresponde al vientre, que se muestra muy poco 
amarillento en la base, esto es, en las placas traqueales y mayor porción de la región del 
epiginio, color que también tienen las hiladeras; las partes más conspicuas del epiginio son 
pardo-rojizo-oscuras. 

OBSERVACIONES — El animal que motiva este trabajo se distingue muy particularmente 



— 141 — 

de las otras especies por carecer de espinículas en las piernas, lo que no puedo atribuir á 
su falta actual, pues ni siquiera he hallado los vestigios ó depresiones en que se encuen- 
tran cuando las hay. Su cefalotórax carece de pelos, aunque los tiene en el clípeo. Sus 
uñuelas tarsales se asemejan poco á las del tipo que acepta ThoRELL (p. 145), el Cli. 
nutrix, pero coincide completamente en lo relativo á los penachos. A pesar de todo esto, 
no he creído fundada la formación de un nuevo género, que otros, con mayor acopio de 
materiales quizá se atreverían á crear. Es el primer Chiracanthium que he visto y sin- 
embargo no me permitiría dudar de que lo he adscrito bien á su género, con las salve- 
dades que indico. 



Gen. Anyplxaexia, Stodevall, 1830. 
v. L. Koch, op. c, 1866, etc. 

8. ANYPHAENA ARGENTINA Holmb. n. sp. 

Lám. III, ff. 6, 6 a, k. 
Fem. : An. parum grisescenti-pilosa, cephalothorace cordiformi-ovali, fronte parum latiove quam in 
medio thoracis, longitudinem patellae plus tibiae 4i. parís longitudine vix superante, sat alto, convexo, 
margine postica parum emarginato, fuscescenti-testaceo; fovea, lineolis radiantibus prope foveam ob- 
soleiis et ante marginem vittam longitudinalem irregularem formantibus fuscis ; mandibulis longi- 
tudine thoracis altitudinem vix minoribus, pallide rufescenti-piceis, unguícula piceo-ruf escenti ; ocu- 
lis anticis serie recta, externis majoribus, mediis ínter se plus quam ab illis disjunctis ; palpis pe- 
dibusque pallide fuscescenti-flavidis, his tibiis apicem versus sensim atque articulis ultimis fusce- 
scentibus, illis ultimis; maxillis colore mandibularum ápice pallido veluti labio fusco; sterno colore 
pedum utrinque fusco- velnigro-punctato, punctis prope coxas ; abdomine ob-ovato (id est postice 
latiore) depressiusculo, tertio antico vitta media fusca a lineóla paUida longitudinaliter divisa, pos- 
tice atrinque in foveolis macula parva expansa ubi lineóla fuscescenti abbreviata, subobsoleta ante- 
riora versus cúrrente parumque divergente utrinque saepe nascitur; pone vittam Mam serum irregu- 
larem macularum geniculatarum, p>unctos coiispersos tertio postico quasi confluentes videtur; lateribus 
vitta fusca cuiii irroratione tertii postiei confluente; ventre utrinque serie irregulari punctorum ob- 
scuriorum; plica transversa pone médium ventri; mammillis pallide testaceis. 

Medidas de la hembra 

Longitud total 

» del cefalotórax 

Altura del tórax 

Latitud de la frente 

» del tórax 

Longitud de los palpos 



0.007 

0.003 

0.0015 

0.0013 

0.002 

0.0028 





o.oou 




0.001 




0.00125 
0.004 




0.00275 



Piernas . . . 



I 
II 

III 

IV 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,0008 


0,0004 


0,0022 


0,0012 


0,0017 


0,0015 


0,001 


0,0088 


0,0008 


0,0003 


0,0022 


0,0012 


0,0015 


0,0014 


0,001 


0,0086 


0,00075 


0,0002 


0,0019 


0,0008 


0,0012 


0,0013 


0,0008 


0,00695 


0,00(i'.i 


0,0005 


0,0025 


0,001 


0,0018 


0,002 


0,0009 


0,0096 



— 142 — 

Nota. — Individua á Dre. Doerixc; iu «Sierra de la Ventana» et «Paso de Pacheco» (Rio Colorado ) reperta 
tres feminae sunt, dúo adnltae unaque juuius. Exemplos plurimos a me usque ad provinciam «Salta» et alj 
Km- ardo Agcirre in (Carmen de Patagones» et amicis alteribus provincia bonaerensi collectis cum illis accura- 
tissime comparavi. 

Oculorum serie antiea recta Anyph. Argentinam ad Anyphacnas «gracilis» et «pectorosa» ( v. L. Koch, 
pp. 195-198) approximat : a prima vulva, a secunda abdomine picto vulvaque differt. Anyph. maculatipes 
Keyserling ( v. Keys. Spinnen aus Uruguay, in Verh. derk.-k. Zool.-bot. Ges., Wien. XXVII, p. C03, Lárn. 
XIV, fig. 23, 1878) An. Argentinas picturis valde similis, parum á vulva, aculearum dispositio, oculorum 
serie antiea recta discrepat. 



FORMA. — Cefalotórax oval cordiforme, muy poco más largo que la patela más la ti- 
bia del 4° par de piernas, por delante apenas mayor que la mitad del ancho del tórax, 
redondeado anteriormente, de tal manera que parece que el tórax se continuara sin inte- 
rrupción, lateralmente, con la cabeza, pero los ángulos del clípeo se expanden un poco ha- 
cia fuera, de tal modo que el frente, por debajo, viene á ser más ancho que por arriba ; 
mirando el animal de lado, no se observa ningún ángulo marcado, su dorso es poco con- 
vexo, suavemente inclinado hacia adelante, donde forma la convexidad anterior, y, por de- 
trás, el declive torácico, en ángulo de 45 o , muestra apenas su unión con el dorso, siendo en 
curva muy débil ; de adelante, el cefalotórax es más fuertemente convexo, y aunque nin- 
guna arista se señala, se vé que los flancos son más inclinados que posteriormente ; el borde 
del clípeo es convexo, y sus ángulos descienden un poco ; el borde posterior es débilmente 
escotado, y los laterales son redondeados, de tal suerte que, uniendo los arcos por detrás 
y por delante constituirían un óvalo corto; los costados de la cabeza, de arriba, son casi 
paralelos, pero se nota que divergen un tanto para confundirse con los costados, habiendo 
una depresión detrás de las mandíbulas, que corresponde á la bifurcación; la foseta es alar- 
gada y las impresiones radiantes no son muy fuertes pero bien visibles, siéndolo menos al 
acercarse al borde, finamente ondulado ; se halla cubierto de pelitos asentados, al través 
de los cuales se distingue el tegumento lustroso; en la parte anterior se ven algunos más 
gruesecillos y levantados, habiendo cuatro, particularmente, como cerdas, en el borde del 
clípeo, que se dirigen, arqueándose, hacia adelante. Los OA se encuentran colocados en 
línea recta, de modo que una tangente al borde inferior lo sería á los cuatro ; los OMA, 
cuyos ejes son divergentes, se hallan distantes entre sí tanto como la mitad de su diámetro, 
y del borde del c'.ípeo tanto como el tercio de éste, que equivale á unos dos tercios del de los 
OLA, de los cuales se encuentran tan cerca, que difícilmente se distingue el espacio que 
media entre ellos ; la tangente al borde superior separa un segmento de los OLA equiva- 
lente á su diferencia con los OM, éstos un poco más avanzados que los OL ; el borde 
posterior de los OP es recto, y su fila más ancha que la anterior, de tal modo que un 
plano ántero-posterior que pasara por la base del OLP, dejaría hacia adentro al LA, cuyo 
tamaño tiene, con débil diferencia, y del cual se encuentra tan separado como un tercio, 
más ó menos, de su diámetro ; los OMP corresponden, en su posición, al espacio que me- 



— 143 — 

dia entre los OA, M y L, y su tamaño es apenas mayor, al parecer, que el de los OMA 
de los cuales se encuentran tan separados casi tanto como el diámetro de los OL entre 
sí, algo más que su propio diámetro, siendo un tanto menor el espacio que distan de los 
OLP. Esternón oval, poligonal, nítido, un tanto convexo, cubierto de finos pelos, con pe- 
queños hundimientos en los espacios intercoxales. Labio convexo, casi tan ancho como 
largo, redondeado por delante, con la base algo más ancha en su unión con el esternón, 
tan largo como la mitad del de las maxilas, midiendo desde la base hasta el ángulo ántero 
externo ; las maxilas convexas, casi paralelas, con el borde anterior oblicuo hacia adentro, 
un poco dilatadas y redondeadas por fuera y hacia arriba en la extremidad, gibosas en la 
base y cubiertas, como el labio, de pelos esparcidos. Mandíbulas cilindro-ovoideas, cubier- 
tas de pelillos, robustas, fuertemente convexas por delante cerca de la base, con sus bor- 
des laterales casi paralelos, pero estrechadas en la base, siendo doblemente largas que an- 
chas y su doble ancho igual al borde del clípeo ; la ¡ñútela muy lustrosa, robusta, algo 
más larga que el ancho de la mandíbula, con una depresión imperceptible, cerca de la base, 
en su cara externa. Los palpos casi tan largos como el cefalotórax, están vestidos de pelos 
cortos y esparcidos, pero muy aproximados en el extremo, donde ocultan la uñuela delgada, 
recta, encorvada suavemente en la extremidad, y finamente dentada en su borde inferior ; 
llevan escasas espinículas en su fémur y algunas sedas táctiles [fiihl/iaare ). Las piernas se 
hallan igualmente cubiertas de pelitos finos y cortos y de espinículas cuya distribución se- 
ñalo luego ( exceptuando las de los metatarsos III y IV, por hallarse en ellos muy irregu- 
larmente esparcidas, razón por la cual, sin duda, no las señalan tampoco L. Küch, ni Key- 
SERLING en sus obras); las escápulas se componen de pelos que se engrosan en el extremo, 
debajo de las uñuelas, junto á éstas hay algunos más largos que ellas y que parecen tere- 
briformes ; las escamas del manojo son largas, muy anchas en la extremidad y truncadas 
oblicuamente, pero con borde redondeado, su longitud sobrepasa á la de las uñuelas, las 
cuales son cortas, robustas, con el lomo recto, y fuertemente arqueadas en la extremidad, 
la cual, en su borde cortante, lleva las mismas estrías oblicuas mencionadas á propósito del 
Chiracanthium abuoriue; la interna tiene 16-lS dientes, largos, paralelos, muy finos y tanto 
más gruesos cuanto más se acercan á la extremidad, siendo también éstos los que se hallan 
más separados, pues los próximos á la base, al parecer, se tocan, quedando apenas libre su 
ápice; la externa tienes 8-9 dientes más robustos y más separados. En una palabra, todo 
ello coincide casi completamente con las palabras de TilORELL á propósito del tipo del 
género Anypliaena [Eur. Spid. p. 144). He representado en la Lámina III el tarso izquier- 
do del ier par de la especie que me ocupa, suprimiéndole numerosos apéndices para mayor 
claridad. El tarso del 4 par presenta los mismos caracteres, pero la extremidad de las 
uñas se prolonga algo más, y, en cuanto á los dientes, he contado 16 y 8 respectivamente. 
El abdomen ob-ovado, algo deprimido, y más ancho en su último tercio, un poco reclinado 
sobre el tórax, siendo aquí levemente truncado ; se halla vestido de pelos asentados, más 
finos y nó tan espesos en el vientre. El epiginio es oblongo, poco marcado en su porción 



— 144 — 

anterior- en la posterior presenta como una placa doble más ancha que larga, en la cual 
se distingue el borde posterior ampliamente escotado ; en la línea media existe una ranura 
más profunda y más ancha hacia atrás, donde se confunde con el borde posterior ; esta 
ranura divide la placa en dos cuadriláteros irregulares, cada uno de los cuales lleva un disco 
oscuro y algo prominente y que dista de cada lado del cuadrilátero casi tanto como el 
ancho de la ranura á la altura de la línea transversa ideal que uniera sus centros ; el borde 
posterior de dicha placa se halla separado, por una profunda ranura transversa, de una eres- 
tita igualmente transversa y que forma como el labio posterior de la abertura vulvar ; por 
otra parte, el epiginio se halla vestido de pelitos finos. El pliegue transverso (plica trans- 
versa) se halla colocado un poco hacia atrás del medio del vientre. Las /¿¿/aderas no pre- 
sentan nada particular. 

Esputas de las piernas. 

I par: Fémur arriba, 1.1.1., adelante 1.1. (hacia el extremo, muy aproximadas y la línea que une sus bases 
oblicua). Tibia ahajo 2.2.2.. Metatarso ahajo 2. 

II » : Fémur arriba 1.1.1., adelante 1. Tibia abajo 2.22. Metatarso ahajo 2 (en la base). 

III » : Fémur arriba 1.1.1., adelante 1., atrás 1. Patela atrás 1. Tibia adelante 1.1., arriba 1., atrás 1.1., 

abajo 1.1.2. 

IV » : Fémur arriba 1.1.1. ("*) adelante 1., atrás 1. Patela atrás 1. Tibia arriba 1., adelante 1.1., atrás 

1.1.. abajo 1.2.2. 
COLOR. — El cefa/otórax vestido, como el resto del cuerpo, de pelillos agrisados pálidos, 
es de un color testáceo parduzco más oscuro en la cabeza, donde también toma un cierto 
tinte rojizo, siendo pardos los ángulos anteriores ; la fóvea es parda ; en algunos ejemplares 
envía hacia adelante dos lineólas finas, paralelas y aproximadas ; las impresiones radiantes 
son apenas más oscuras que el fondo ; á cierta distancia de los bordes laterales corre una 
línea irregular, también parda, que se amplía hacia arriba en . cada impresión y que termina 
desvanecida, descendiendo por la arista obtusa del metanoto. Los ojos están más ó menos 
circundados de negro. El esternón es testáceo, con una manchita pardo-oscura en cada im- 
presión lateral. El labio es pardi-negro con el ápice claro. Las maxi/as son ferruginosas 
• con cerdas negras hacia fuera y pelillos claros en el borde anterior. Las mandíbulas son 
ferruginosas parduzcas, más oscuras en el ápice y en la ranura, su garfio rojizo es casi ne- 
gro ; además de los pelillos claros llevan cerditas negras. Palpos y piernas de un color 
testáceo ó gris amarillento, siendo gradualmente hacia el ápice de un color parduzco-roj izo; 
los fémures son manchados de pardo por debajo y las tibias presentan también algunas 
manchitas esparcidas menos visibles en las patelas ; las espinlculas son casi negras, así como 
los tuberculillos en que nacen. El abdomen es de un color gris pálido ; en su mitad an- 
terior corre une banda longitudinal media, de color pardo-chocolate, generalmente dividida 
incompletamente á lo largo por una lineóla pardi-clara ; esta banda, en su extremidad pos- 
terior, que está antes del medio del abdomen, tiene una mancha á cada lado, manchas que 

(*) 1 ejemplar presenta 1.1.1.1.1. en la pierna izquierda. 



— 145 — 

corresponden á las impresiones mayores y que con frecuencia envían hacia adelante una 
estrióla que va á unirlas con las correspondientes impresiones menores que se encuentran 
delante de ellas y en las que no pocas veces se observa una manchita. La banda queda, 
pues, interrumpida, pero, hacia atrás de ella, parece continuarse con una serie de manchas 
acodadas hacia adelante, que tienen más ó menos ramas y que, en el tercio posterior, se 
confunden con numerosas manchitas confluentes, todas pardas, como el resto de los dibu- 
jos ; á cada lado y naciendo casi á la misma altura que la banda media, hay otra un poco 
más fina que se dispersa entre las manchas posteriores confluentes; la acompañan algunos 
puntitos esparcidos, particularmente hacia el vientre, en el cual hay dos series más ó me- 
nos regulares de ellos, que nacen hacia fuera de las placas traqueales y que, limitando el 
vientre, terminan cerca de las hiladeras; éstas son de color testáceo. 

OBSERVACIONES. — Esta especie se encuentra probablemente en toda la República, 
Abundante en Buenos Aires, donde se la suele hallar bajo la corteza desprendida del 
Eucalypthiis &, en su celda semitransparente, no escasea tampoco en las otras comarcas 
que he visitado, desde las Provincias del Norte hasta la Patagonia, de donde me trajo 
EDUARDO AGUIRRE, hace algunos años, diversos ejemplares que he comparado con los 
mios y con los que ha puesto en mis manos el Dr. Doering, procedentes de la Sierra 
de la Ventana y de las orillas del Rio Colorado. A pesar de esto, sólo conozco el macho 
joven, que sólo difiere de la hembra por sus caracteres sexuales. Así que lo encuentre 
adulto, lo enviaré, junto con diversos ejemplares femeninos, al Sr. CONDE de KeyserlinG, 
que ha publicado, en las Actas de la Sociedad Real é Imperial zoológico-botánica de Vie- 
na (ut sitpra), una especie [A. maculatipes, Kevs. ) de Montevideo, á la cual se asemeja 
tanto mi A. Argentina, que casi me siento inclinado á creer que se trata de la misma. 
Sin embargo, y esto podría depender de la manera de observar, discrepan un tanto por 
los ojos, el epiginio y la distribución de las espinículas de las piernas. 



9. ANYPHAENA PAMPA, Holjib. n. sp. 

LUi. III, íf. 7, 1 a,&. 

Fem. : Cephálothoracis forma ttt in specie praecedentc, colore palli.de fiiscesccnti-tcstaceo nec non'palpi, pedes, 
stemum, maxülae (hae imo ápice nigrae) lábrumque, Jioc sensim ad basin obscuriore ; mandibulae fuscio- 
res, ápice unguilaque fusco-rufis; cephálothoracis dorso fuscano-trivittato, vitta media magnnm ad 
partem obsoletiuscida, dimidio antico ex lineolis duabus subparallelis et ad partem posticam foveolae 
confluentibus constituía; rittis lateralibus ab impressionibus radiantibus interruptis; abdomine pallidiore 
albo-vestito ; vittis duabus ad marginem anticam nascentibus, dein sensim convergentibus abdominis extre- 
mitatc postica conjuntáis; spatio triangulan elongato pallido ínter cas vittam fuscam quam abdominis 
centrum quasi attingit dimidio antico fert ; abdominis lateribus alteram vittam fuscam posteriora versm 
in striolis dispersam quoque videtur ; ventre 2> HI>C ^ S nonnullis consperso; mammillis pallidis ápice 
fusco. 

Nota. — Individuum femiueum a Drc. Doeking iu proximitatc «Sierra de la Ventana» mventum Iustravi. 

19 



146 — 



Medidas ,íde la hembra 



Longitud total 

» del cefalotórax 
Altura del tórax .... 
Latitud de la frente . . 

» del tórax. . . . 
Longitud de los palpos. 



0.0055 mm. 

0.0025 

0.0015 

0.001 

0.00175 

0.0022 



Longitud del esternón . . , 
Latitud del id . . 

Longitud de la mandíbula 
» del abdomen . . 
Latitud del id . . 



0.0015 mm. 

0.001 

0.001 

0.0035 

0.0018 



Piernas . 



\ - 



III 

IV 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,0008 


0,0004 


0,002 


0,0008 


0,0013 


0,0012 


0,0008 


0,0073 
Falta 


0,00075 


0,0002 


0,002 


0,0008 


0,00125 


0,0012 


0,0000 


0,0068 

i 

Falta 



FORMA. — Las únicas diferencias esenciales que, á mi juicio, pueden tomarse en consi- 
deración, comparando las formas de la A. pampa y de la A. Argentina, están en los ojos. Al 
parecer, en la A. pampa, los OA son más iguales y el espacio que separa los MA es ape- 
nas mayor que el que media entre el OMA y el OLA. Las cuatro cerdas que existen 
en la frente de la otra no las he visto en ésta. En el ejemplar que examino, faltan las 
piernas de los pares II y IV, pero, en los otros, las espinículas no se distribuyen exacta- 
mente del mismo modo que en la A. Argentina. El epiginio consta de una placa levan- 
tada, cubierta de pelos, más ó menos triangular, muy poco escotada posteriormente, con 
dos óvalos cortos, gruesamente estriados, de color píceo rojizo, que se destacan sobre el 
color claro, semejante al del vientre ; la distancia que media entre ambos es como dos ter- 
cios de su diámetro. Las uñuelas son muy semejantes á las de la especie anterior, pero 
son proporcionalmentc más cortas en su parte recta, y sus dientes también más cortos, 
más obtusos, en número de 6 en la externa y de 12 en la interna; las escamas espatuli- 
formes no son tan anchas, ni tan grandes como en la A. Argentina. 



I Par 

II » 
III » 



IV 



EsMNAS DE LAS PIERNAS. 

Fémur arriba 1.1.1., adelante 2 (en el extremo). Tibia abajo 2.2.2. Metatarso ahajo 2. 

Falta. 

Fémur arriba 1.1.1.. ¡nielante 2, atrás 1. Patela atrás 1. Tibia adelante 1.1., arriba 1, atrás 1.1., 

abajo 1.1.2. Metatarso como en la especie anterior. 

Falta. 



COLOR. — Cefalotórax, piernas, palpos, labio y maxilas de color testáceo parduzco claro; 
el primero lleva una banda delgada longitudinal en la línea media del dorso, parduzca, com- 
puesta en su mitad anterior de dos lineólas sub-paralelas muy poco marcadas, que se unen 
en una hacia atrás de la fóvea, siendo esta parte posterior más oscura ; á cada lado, antes 
del borde lateral, se vé otra formada como de manchitas interrumpidas, colocadas en los es- 



— 147 — 

parios que median entre las impresiones radiantes y que, á los lados de la cabeza, es me- 
nos oscura, pero más continua ; el labio gradualmente algo más oscuro hacia la base ; 
las maxilas con el extremo ápice negruzco. Las mandíbulas muy poco más oscuras que 
el color general, con el ápice y el garfio de color ferruginoso parduzco. Las piernas, 
poco más oscuras gradualmente hacia la extremidad, llevan manchitas pardas en el fémur, 
patela y tibia. El abdomen, cuyo tegumento es del color del cefalotórax y que se halla 
velado por numerosos pelillos cenicientos acostados hacia atrás, presenta dos líneas pardas 
oscuras, como todas las figuras que se encuentran en el resto, y que, naciendo en el bor- 
de anterior, convergen hacia atrás, para unirse completamente en la extremidad posterior ; el 
espacio encerrado por estas líneas es de color pálido ; su mitad anterior lleva una línea 
media, parda, que ocupa como 215 de la longitud del abdomen y la posterior se mues- 
tra como una serie de pequeños triángulos ; las líneas convergentes de que nos ocupamos 
son un tanto interrumpidas y menos visibles en la mitad anterior ; el resto del abdo- 
men, menos el vientre, presenta numerosos puntitos oscuros y estriólas cortas, muy particu- 
larmente en los costados, hacia atrás, en los cuales nace una banda oscura que, después 
de recorrer i¡3 de su longitud, se dispersa en numerosas estriólas dirijidas hacia atrás; 
en el vientre se encuentra uno que otro puntito aislado. Las hiladcras muy pálidas, tie- 
nen el extremo ápice parduzco. 

OBSERVACIÓN. — El ejemplar de que me he valido para fundar esta especie, fué hallado 
por el Dr. DOERING cerca de la Sierra de la Ventana. 



Mil: 



Fam. THERAPHOSOIDEAE. 
Gen. et subgen. Exivypolma (Kocii )Ausserer (1871). 

10. EÜRYPELMA DOERINGII, Holmb., n. sp. 

Lám. ni, ff. 8, 8 o, k. 
Euryp. fusca, rufescenti-pilosa; cephalothorace tibia patéllaque 4i. parís siund sumptis longiore, longitu- 
dinem femoris li. i>aris subatíingente ; longiore quam latiore; fronte, maxillis, mandibulisque rufo-fim- 
briatis, mandibularum unguícula rdgra, nítida, supra ad basin apiceque intense rufa; bulbo rufo nigro- 
que pido, piriformi, ápice terébralo, clongato, acuto, depresso, carinula postica prope médium longitudinü 
inmuto; postice, prope basin, impressionc irregulari instructo ; mammillis gracilibus tarso quarto brevio- 
ribus; unguiculis tarsorum brevibus, parum brevissimeque dentieulatis, iis primi parisuna in medio 5- 
dentata, quarto 2-dentata; pedibus lineolis pallidis ut in speciebus nonnuttis hujus generis. 

Nota — Marem adultum alterumque iinmaturum prope «Rio Negro» in Pampa raesopotamica Dr. Doemxg 
eollegit (vide p. 25), 

Medidas del Macho. 





o.oso 




013 


» de la cabeza hasta la íbseta . 


0.009 


. *i anterior . . . 
Latitud de la cabeza < 

( posterior . . . 


0.008 
0.009 




0.0115 




0.0075 


» de la tenaza (su cuerda) 


0.000 



Longitud del esternón 

Latitud máxima del id 

Longitud de la niaxila 

» del copulador. . . . . 

» del abdomen 

Latitud del id 

Longitud de la biladera mayor. 

» de la id menor. 



o,ooc 

0.005 

0.005 

0.0035 

0.017 (?) 

0.009 (?) 

0.0005 

0.0015 



— 148 



Piornas 



Palpos : 



I 

II 
III 
IV 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


til lia 


mrtatarso 


tarso 


Total 


0.0055 


0.0015 


0.0135 * 


0.00G5 


0.011 


0.011 


0.000 


0.055] 


0.0055 


0.002 


0.013 


0.006 


0.009 


0.0105 


0.00G 


0.052 


0.005 


0.002 


0.0115 


0.005 


0.009 


0.0105 


0.006 


0.049 


0.0115 


0.00175 


0.013 


0.0055 


0.01125 


0.0135 


0.008 


0.058 


(maxila) 


0.00275 


0.008 


0.0045 


0.0075 


— 


0.0025 


0.024 



Descripción del Macho. 

FORMA. — Cefalotórax más largo que ancho, levemente escotado por detrás, {con la cabeza 
bastante elevada, bien separada del tórax por la bifurcación, algo más estrecha en la frente y 
convexa; la f oseta corta, apenas convexa hacia atrás; impresiones radiantes bien marcadas; 
cubierto por arriba de muy cortos pelos más ó menos asentados, una fila de ellos en la lí- 
nea media y una fimbria en el borde anterior. El tubérculo ocular, delante del cual hay 
algunas cerditas rígidas, es alto, sobretodo en su parte anterior y media, muy poco más 
ancho que largo ; los OMA separados entre sí algo más que su diámetro y otro tanto de 
los OLA; éstos apenas mayores que aquellos. Los OMP muy cerca de los LP y más 
pequeños que los MA ; situados en la canaleja que forma la eminencia longitudinal media 
del tubérculo. Esternón oval, poligonal, con pelos esparcidos. Labio cuadrangular, un poco 
más largo que ancho, truncado por delante, granulado en la truncatura anterior. Man- 
díbulas robustas, más largas que el ancho de las dos reunidas ; el gancho grueso, casi tan largo 
como la mandíbula, y ensanchado en la base. Maxilas doblemente largas que anchas, gra- 
nuladas en la base, con el ángulo ántero-interno saliente y agudo. Palpos de forma común ; 
el bulbo más largo que el artículo tarsal, piriforme, terminado en punta aguda, larga, com- 
primida y contorneada y que hacia atrás y por fuera lleva otra arista pequeña que queda 
como en el tercio medio de la longitud del bulbo ; cerca de la base y por detrás hay una 
fuerte depresión irregular. Piernas relativamente largas y delgadas ; la tibia del primer 
par lleva dos fuertes ganchos : el interno doble más corto que el externo ; los cuatro fé- 
mures anteriores son arqueados hacia adelante y un tanto comprimidos, el del tercero recto 
y cilindrico ; el del cuarto par comprimido y arqueado hacia atrás ; llevan filas de espinas en 
todas sus piezas, menos en los tarsos ; no he podido ver ninguna en el fémur del primer 
par; se hallan vestidas de pelos cerdosos mas ó menos largos y el tegumento mismo pa- 
rece como cubierto de pelos en extremo finos y apretados ; los fémures, por debajo, tienen 
pelos largos, sueltos, dirigidos hacia abajo ; las escópulas son muy angostas y en su ex- 
tremidad redondeada sobresalen algunos pelitos en forma de pequeño pincel ; las tiñuelas 
tarsales son cortas, finas, encorvadas, escasas de dentículos, de los cuales he contado, en 



El fémur derecho 0.016 



_ 149 — 

su tercio medio, cinco en una uña del par I, y 2 en otra del par IV. El abdomen (mal 
conservado en el ejemplar de que me he valido) parece más largo y delgado que el cefa- 
lotórax; las hiladeras muy finas y más cortas que el tarso IV. 

Color. — El color general de esta Eurypclma es pardo, siendo algo más claras las 
líneas que. con frecuencia, y así en este caso, adornan los palpos y piernas en las especies 
de este género ; los pelos largos que ella presenta son más claros y rojizos, tirando al 
rubio oscuro ; la fimbria anterior de la cabeza, así como las que adornan los bordes de 
la ranura mandibular y el interno de la maxila son de un tinte rojo de ladrillo, menos in- 
tenso en la primera. El gancho mandibular es negro, con la base y el ápice de un rojo 
oscuro intenso ; también es negro el bulbo genital, cuya ancha depresión posterior es roja, 
color que se extiende por dentro contorneando la parte gruesa y llega á la cara anterior ; 
los pelitos apicales finos, apretados y cortos del ápice de los metatarsos, son pardiclaros, 
los ganchos tibiales son negros ; las espinículas pardas oscuras. 

Observaciones. — Esta especie ha sido hallada por el Dr. Doering cerca del Rio 
Negro. Repito aquí sus palabras, consignadas en la página 25, en las Observaciones ge- 
nerales sobre la fauna del Territorio conquistado. — Región entrenaría de la Patagonia Septen- 
trional. — « Entre los Arácnidos llama mucho la atención una especie de Mygale (Eurypcl- 
ma, s. str. ) que se halla en abundancia extraordinaria sobre la meseta, entre los matorrales 
de jarilla. Viven en tubos verticales construidos en el suelo, de 2 á 5 decímetros de 
hondura. Ellos están tapizados por un tejido sedoso, y llevan una tapa ó puerta móvil, 
resistente, un poco convexa en la parte inferior y fija al tubo por uno de los puntos del 
borde, por medio de cierta cantidad de hilos, tal cual se observa en la 31. caementaria de 
Europa, y otras muchas especies de la misma familia. En algunos sitios, el suelo parece 
perforado por estas habitaciones, que tienen, desde un diámetro reducido, hasta el de 2 
centímetros ó más. j> 

La Eurypclma Doeringii es muy próxima de la Eur. striatipes, AUSSERER (Veril, der 
k.-k.-zool. bot. Gcs. T. XXI, p. 212, 1S71 ), de la cual se distingue, principalmente, por la 
forma del bulbo (Tf. I, f. 16). Conviene exactamente con los caracteres que AUSSERER 
(op.c.,p. 208) señala al género Eurypclma; pero presenta una pequeña diferencia con el 
sub-género del mismo nombre (p. 211), donde dice el autor: « Tarsca und Metatarscn mit 

mássig breiter Scopula. » No es así, exactamente, en mi especie, en la cual la escó- 

pula es muy angosta y coincide más bien con lo que en 1." misma página dice de la 
del sub-género Homocomma: «Scopula sehr dicht, aber sclimal.> La refiero al sub-género 
en que la he colocado, por parecenne que ese solo carácter no es suficiente para alejarla 
de él, máxime cuando queda excluida de Homoeomma por tener los OMA casi doble ma- 
yores que los OMP. 



— 150 — 

Fam. HETEROPODOIDEAE. 
Gen. Tliom.isoicl.es, Nicolkt, 1849. 

Syn. : — (1849) Thomisoides, Nía, Arandelas, in Gay, H!st. fis. y pol. del Reyuo de Chile, Zoología, T. III. p. 
380, Atlas Pl. I. 
(1847) Sicarius, Wai.ck., Hist. Nat. des Ins. Apt., T. IV, Suppl., p. 378 y 379, 
(1864) Sicario, Simón, Hist. Nat. des Av., p. 156. 

Ante todo descartemos la parte que toca á Simón. Aunque este autor ha publicado 
su libro en 1S64, no ha consultado sino la obra citada de Walckenaer y Gervais (1847), 
pues dice que el género no es conocido sino por las láminas que Nicolet ha publicado 
en la Historia de Chile, siendo así que este autor ha dado el texto en el tomo citado 
(1849), quince años antes de la publicación de la I lis. Nat des Aranéides (1S64). 

En cuanto al uso que Walckenaer ha hecho de las figuras de Nicolet, no me pa- 
rece propio, ni acertado ; lo primero porque, no significando en parte alguna, á lo que 
alcanza mi conocimiento, cómo llegó á sus manos esa Lámina, podría suponerse ó que la 
recibió como un regalo privado de Gav ó de Nicolet, ó que, animado por el deseo de 
no dejar sin incluir en su obra especies interesantes, hizo uso de aquella, cualquiera que hu- 
biera sido su procedencia, pues no alcanzo á comprender 'cómo Nicolet, p. ej., podía au- 
torizarlo á publicar sus especies, dándole solamente las figuras y nó los tipos, todo lo cual, 
dada la alta autoridad de dos naturalistas como WALCKENAER y GERVAIS (porque bien 
podría haber sido éste, que también tomó parte en la publicación de los Arácnidos chile- 
nos), autorizaría á cualquiera poco escrupuloso á publicar especies de las cuales sólo en- 
contrase la lámina en preparación en casa del grabador, lo que, no mediando el consenti- 
miento del autor, sería algo parecido á un rapto literario ; en cuanto á lo segundo, esto 
es, que no sea acertado, vamos á ver porqué. 

El nombre de Thomisoides, fundado por Nicolet, es perfectamente trivial, pues sólo 
recuerda el carácter fisionómico de la familia (sens. lat, ) á que pertenece el género de que 
nos ocupamos, y no veo por qué razón lo cambió Walckenaer por el de Sicarius, que 
significa asesino, nombre que, en todo caso, se refiere á un carácter común á todo el orden, 
lo cual presta al nombre mayor trivialidad, es cierto, pero que no tiene más fundamento 
que el que había recibido antes. Si para cambiar el nombre de Thomisoides se invocara 
su semejanza con el de la familia, me hallaría más dispuesto á aceptar esta razón, pero de 
ningún modo la que da WALCKENAER, que le niega ese aspecto como genérico y se lo 
acepta como específico. Este autor, por otra parte, parece que no ha tenido los ejemplares 
á la vista y que sólo se ha guiado por la Lámina I, aludida, pues todo lo que dice, y 
aún los caracteres genéricos se funda en las figuras. 

Seguramente las especies de este género reclaman un nuevo examen más prolijo que 
el que de ellas ha hecho NICOLET, pero podría aventurarse, entretanto, la sospecha de que 
Walckenaer ha procedido con demasiada precipitación, refundiéndolas todas en una 



— 151 - 

sola {Sicarius thomisoides), ejemplo que sigue SlMON (i) lo que no puedo aceptar, por 
no haber hallado en las figuras, ni en las descripciones, un fundamento positivo para se- 
mejante unión, pues las unguículas tarsales y los ojos, por ej., las diferencian suficiente- 
mente, sospechando más bien que no sería improbable el que se fundaran dos géneros in- 
mediatos, en cuyo caso, aceptándose el nombre de Thomisoides, propondría se le refiriera 
una parte de las especies del actual género, reuniéndose la otra bajo el de Sicarius. Nl- 
COLET mismo, en la página 352, forma una primera sección del género, denominándola 
Piriformes, y una segunda, Rugosas, en la página 353. Desgraciadamente, al caracterizar la 
Sección I, ha dejado en el texto graves errores, como por ejemplo, respecto de la longitud 
relativa de las piernas, diciendo : «Las patas del primero y del segundo par son de igual 
longitud, las del cuarto un poco más cortas y las del segundo\ mayores que todas.» Esta 
repetición del 2°, sin mencionar el 3 , deja dudas respecto de lo que ha querido decir, 
pues, al dar las medidas, en la descripción de cada una de las especies, les señala, según 
la longitud absoluta, esta relativa: 

I Secciox: Piriformes Loagitud total tong. del cefalotórax Long. de las piernas Long. relativa de las piernas 

2 1 = 3 4 
2 1 = 3 = 4 
2 1 = 4 3 

II Sección - : Rugosas 

4. Th. fumosa 

5. Th. crustosa 

6. Th. lanuginosa 

7. Th, deformis 

Por estos datos, se vé que la longitud de las piernas no caracteriza las secciones, pues 
la especie núm. 3, sec. I, las tiene lo mismo que la especie núm. 7, sec. II ; que en la 
sec. I no hay dos que la tengan igual, y que en la sec. II, sólo la tienen dos (núm. 4 y 
5 ). El examen de las precedentes relaciones numéricas, por otra parte, permitirá al lector 
darse cuenta del valor taxonómico que, en este gaso, pueden tener las mencionadas medi- 
das. Después de ésto, se comprenderá que el error antes señalado no se puede ni se 
necesita corregir, pues, aunque NlCOLET ha querido decir, para caracterizar (en parte) la sec- 
ción I, que las piernas de los pares I y III son de igual longitud, ésto no es exacto para 
la 3a especie. De cualquier modo, resulta que el 2° par siempre es el más largo, pudiendo, 
por mi parte, confirmar ésto, pues la prolija medida de la longitud relativa de las piernas 
de un Thomisoides (2 cjempl. ) traído por el Dr. DOERING, me dá por resultado: 2,1,4,3, 

(1) Simón señala este especie de «Brasil y Chile». No sé dónde, ni quién la menciona del primero de estos 
dos países. 



1. 


Thomisoidei terrosa 


8 líneas 


3¿ 


2 


Th. rubripes 


6 


3 


3. 


Th. minorata 


4 


2 





Long. de las piernas 




I 


11 


III 


IV 




13 


14 


13 


12 


i 


13 


14 i 


13 


13 




7 


7 1 


6A 


7 





4 


'_> 


(H 


7 


ü 


6J 


2 4 1 


3 


3 


1 


4* 


5 


4 


4| 


2 4 1 


3 


3 


1 


5i 


5i 


4i 


5 


2 = 1 4 


3 


i 


2 


H 


8 


7 


n 


2 1 = 4 


3 



— 152 — 

como en muchas Hetcropodóidcas ó Filodromcideas. WALCKF.NAER entretanto, midiendo 
quizá las figuras, obtuvo que : « La premiere paire cst la plus longue » , lo que no es exacto. 

El género Thomisoides presenta, seguramente, un grande interés bajo el punto de 
vista del método. 

WALCKENAER, siguiendo su sistema artificial, fundado en el número de ojos, lo colocó, 
entre las Disderas, Segestrias, etc, por tener solamente seis, pero no se escaparon al gran 
araenólogo francés sus verdaderas afinidades, pues dice (p. 37S) lo siguiente : « II. Nicolet 
a nomine ce genre Thomisoide parce qiíen effet par ses machoires inclintes sur la levre, 
par ses paites étalces latéralement, par les formes coartes ct ramassées de son corselel ct 
de son abdomen il a beauconp d ' analogie avec les Thomises; víais par ses paites peu 
mígales entre elles il se rapproche encoré plus des ' Philodromcs ; par la grandeur des vi- 
vidas dont il se compose, ct par son facies il rappelle le genre Olios ». 

Nicolet, en el texto de la obra aludida, sigue el sistema general de Walckenaer, co- 
locando su nuevo género del mismo modo que el maestro, á quien no cita al respecto, 
pero reconoce también en qué familia debería colocarse, si se hubiera de seguir un mé- 
todo natural. 

THORELL ( On Eitr. Sp. pp. 29, 111, et 170), con motivo del número de ojos, hace 
mención tres veces de este género, manifestando también, de paso, la sospecha de que estas 
arañas sean realmente Tomisóideas ( con sus dos tribus, no separadas aún como familias, 
Pliilodrominae y Thomisinae ). Este eminente araenólogo, por otra parte, parece inclinarse 
á aceptar (p. 111) el nombre de Sicarius, pues luego agrega, entre paréntesis, el que le ha- 
bía dado NlCOLET; en la página 170, no es tan decisivo, pues dice solamente i Sicarius, 
Walck. or Thomisoides NlC», como ya lo había hecho antes, p. 29, y se adhiere á la opi- 
nión del fundador del género en cuanto á referirlo á la familia aludida, rechazando la de 
SlMON que lo coloca entre sus « Clotkéiensi esto es, un Teridiforme, lo cual na puede 
aceptarse. 

Las opiniones de los tres autores que he citado, y, más que todo, los caracteres mis- 
mos del género, me obligan á colocarlo definitivamente en la familia Hetcropodoidae, entre 
los géneros Heteropoda y Selenops. El material de que dispongo no me permite entrar 
en consideraciones sobre la organización de las diversas especies ; sin embargo, espero que 
la descripción que luego doy del Thomisoides que he recibido, servirá como un conjunto 
de datos que se utilizarán más tarde, cuando el género sea bien estudiado. Siendo nece- 
sario caracterizarlo bien, es mejor no hacerlo hasta haber reunido cierto número de espe- 
cies. Entretanto, describo minuciosamente la única que poseo. 



— 153 — 
11. THOMISOIDES RUPESTRIS, Holmb., n. sp. 

LXm.IV, ff. 9, 9a, &. 

Fem. : Th. brevissime appresseque grisescenü fusco-vestito, cephalothorace cordiformi, aeque longo atgue lato 
marginibus rotundato, antice posticeque truncato, Me fronte duplo latiore, longitudine longitudinem femo- 
ris éi.paris aequante, longitudinem tibiae ejusdem superante, fovea lata, leviter carinato et granúlalo ubi 
impressiones radiantes in alteribus speciébus reperiuntur; satis convexo, obscure rujo, posliee pallidiore et 
sensim ferrugineo ; capite postice subgibboso, lateríbus subparallélo ; clypeo alto, fere duplo latiore quam 
altiore; oculis lateralibus anticis reliquia majoribus; mandibulis, maxillis, labio [hoc ad apicem palli- 
diore) palporwmque articulis ultimis cepliálofhorace obscurioribus ; mandibularum unguícula rufa; sterno, 
pedibus palporumque femore httescenti-ferrugineis; pedibus octo seriebus spinularum instructis; unguiculis 
longis, gracilibus, parallelis, parum arcuatis, sine denticulis. Abdomine sparsim seriaiimque setoso sive 
spimdoso ; niammillis brevissimis, pilis numerosis perconditis. 

Nota. — In «Sierra Pichy-Maauida» Dr. Doehuíg speciem Teperit. 



Longitud total 

» del cefalotórax 

» de la cabeza (hasta la foseta] 
Latitud de la id 

» del tórax 



Medidas de la hembra 
0.015 mm 



0.0065 
0.0045 
0.0025 
0.0065 



Longitud de la mandil mía 
» del esternón . . 

Latitud del id . . 

Longitud del abdomen . . 
Latitud del id . . 



0.002 mm. 
0.0035 

0.0025 
0.008 (?) 
0.006 (?) 



Piernas . . 
'' 1 4 3 



Palpos. 



coxa 


i rocánter 


fémur 


patela 


tibia 


métatarso 


tarso 


Total 


0.00225 


0.0005 


0.0065 


0.0025 


0.006 


0.0045 


0.00325 


0.0255 


0.0025 


0.0005 


0.007 


0.00275 


0.006 


0.0045 


0.003 


02625 


0.002 


0.0005 


0.0065 


0.0025 


0.005 


0.004 


0.0025 


0.023 


0.00225 


0.0005 


0.007 


0.0025 


0.005 


0.0045 


0.0025 


0.02425 


— 


0.00025 


0.00175 


0.00075 


0.001 


— 


0.00175 


0.0055 



Forma. — Cefalotórax cordiforme, convexo, tan largo como ancho, en la frente un poco 
más ancho que la longitud de la mandíbula y doble que aquella en el borde posterior casi 
recto; la cabeza un poco gibosa en la parte posterior; la fóvea ancha, como una abolla- 
dura ; las irradiaciones no son impresas sino prominentes y como formadas por granulillos 
umbilicados, un poco espaciados, y tendidos sobre una carena delgada ; la cabeza se halla 
bien separada del tórax por una ancha impresión, teniendo otra longitudinal en la línea 
media, así como algunas filas de granulos, como los anteriores, que también se encuentran 
esparcidos en otros puntos del tórax, ademís de los señalados ; estos granulos no pare- 
cen ser setígeros, pues no hay uno solo que presente tales apéndices ; el tegumento, irre- 
gularmente denudado en mis ejemplares, se muestra lustroso, fina y esparcidamente pun- 
tuado, mientras que las otras partes, donde el animal parece estar sucio con tierra, se ob- 



— 154 — 

serva la resolución de esta apariencia en pelitos muy cortos, esparcidos como la puntuación 
mencionada, lo que hace sospechar que cubre todo el dorso, y entremezclados con una es. 
pecie de polvo que, más que otra cosa, parece tierra muy fina ; los bordes levemente mar- 
ginados, llevan cerdas cortas, arqueadas; el clípeo es ancho, muy poco saliente, esparcida- 
mente puntuado y granuloso, lleva una impresión transversa un poco antes del borde, el cual 
es ligeramente convexo visto de arriba, y un poco, hacia abajo, mirado de adelante. Los 
dos OM son apenas oblongos, miran hacia adelante y muy poco hacia arriba y hacia fuera, 
se hallan entre sí tan separados como la mitad de su diámetro y del borde del clípeo muy 
poco más que de los OL ; una línea tangente á su borde inferior, separaría el tercio su- 
perior del OLA ; éste visiblemente mayor que aquellos, se encuentra en el ángulo sólido de 
l.i cabeza, mira hacia adelante y un poco hacia fuera, siendo más saliente (*) que los OM ; el 
OLP, mira hacia fuera y muy poco hacia arriba y hacia atrás, tiene el tamaño de los OM 
y dista del LA tanto como el diámetro de éste ; un plano ántero-posterior que pasara tan- 
gente al borde externo del OLA, dejaría hacia fuera, pero tocándolo casi, al OLP, colocado 
á la misma altura que los OM, en relación al plano horizontal, y por lo tanto más alto 
que el LA. Estos tres grupos se hallan colocados en anchas eminencias, de modo que, 
á cada lado del grupo central, se vé algo deprimida la arista que el clípeo forma con el 
plano superior de la cabeza. Esternón casi circular en el espacio encerrado por las co- 
xas, pero un poco ampliado cerca del labio, poligonal á causa de aquellas, y muy 
hundido cerca de éste; se halla cubierto de pelitos muy cortos y de algunas cerditas á los 
lados, su borde posterior es tan ancho como el anterior, pues las bases de las coxas IV, 
distan entre sí tanto como las coxas I. Labio la mitad más largo que ancho, cilindro-con- 
vexo, de bordes laterales paralelos, redondeado en el anterior, pero levemente truncado, 
donde lleva pelitos más apretados que los de su cara libre. Maxilas poco más largas que 
el labio, al cual contornean arqueándose, se unen casi delante de él, son convexas en el 
sentido de su longitud y presentan una pequeña depresión cerca de su ápice y del borde 
labial. Mandíbulas verticales, más cortas que el ancho de la frente, casi cilindricas, y ape- 
nas ovoideas, truncadas en el ápice, cubiertas de cortos y finos pelos, habiendo algunos 
más gruesos que coronan la truncatura; su gancho robusto y arqueado, no alcanza el ancho 
de la mandíbula, y presenta en la base, y correspondiendo á su concavidad, un grueso tu- 
bérculo redondeado. Los palpos cortos y robustos no tienen ni vestigios de uñuela ; su úl- 
timo artejo, tan largo como el fémur, es cónico, y termina delicadamente redondeado, tiene ha- 
cia abajo y á cada lado una fila (abajo 2?) de cerdas más gruesas y mayores que los pelillos 
que visten la casi totalidad del palpo. Las piernas parecen prismáticas, muy particularmente 
en las tibias y metatarsos, debido ésto á la circunstancia de tener 8 filas de espinículas cortas 
entremezcladas con otras más largas, sobretodo en los metatarsos ; de estas filas, se hallan 
colocadas cuatro en el fémur, por arriba, y cuatro por abajo apareadas á cada lado, de 

(*) Exoftálmico. 



— 155 — 

modo que las caras anterior y posterior del fémur son las más anchas, y llevan algunas cer- 
ditas más cortas é irregularmente esparcidas ; dichas filas se aproximan más en las patelas, 
estando casi equidistantes en las tibias, metatarsos y tarsos, y entre sus espacios se ven nume- 
rosos pelitos ; las tibias en el ápice, por debajo, tienen una corona de cerditas ; las tiñuelas son 
largas, delgadas, arqueadas desde la base, carecen completamente de dientes, y se hallan tan 
juntas y paralelas que sólo se vé una mirándolas de lado, y su distancia, miradas de arriba, 
es como el espesor de su lámina ( v. Lám. IV). El abdomen (*) parece que hubiera sido 
oval, esto es, más largo que ancho, un poco truncado por delante y que las hiladeras hu- 
biesen estado un poco antes del ápice redondeado, pero ignoro si era deprimido (lo que 
supongo) ; lleva granulos como los del cefalotórax y en ellos espinículas esparcidas en se- 
ries más ó menos regulares, todo él vestido de pelitos en extremo finos y cortos. Las hi- 
laderas (4) muy cortas, completamente ocultas por numerosísimos pelos finos y más lar- 
gos que el vestido abdominal. 

COLOR. — Todos los pelos son de color parduzco-agrisado, como terroso. Respecto de 
los tegumentos, el color varía : así, el cefalotórax, los últimos artejos de los palpos y las 
tiñuelas, rojo oscuro, caoba, más claro y ferruginoso en la parte posterior del primero. 
El esternón, todas las piezas de las piernas y el fémur de los palpos, ferruginosos amari- 
llentos ; las mandíbulas, las maxilas y el labio cuyo borde anterior es claro, de un rojo 
más oscuro que el del cefalotórax ; el gaucho mandibular rojo vivo. El abdomen del color 
general de los pelos. 

Observaciones. — Los dos ejemplares que he estudiado fueron cazados en la Sierra 
Pichy-Mahuida. Las observaciones que he hecho á propósito del género valgan para la 
especie, que no he podido adscribir á ninguna de las de NlCOLET. 

Fam. THOMISOIDAE. 

Gen. Misumena (Latr. 1804) Thobell 1870. 

12. MISUMENA EXANTHEMATICA, Holmb., n. sp. 

Lám. IV, ff. 10, 10 a, &. 
Mas ? : M. omnino seriatim ei sparsim obscure sanguineo-punctata sive granúlala, granulis nigro-unisetigeris, 
cephalotorace circo, 1/6 longiore quam lañare, subfuscescenti-testaceo, fronte obscuriore, utrinque ob- 
scure fusco-vittato ; pedibus anticis subfuscescenti-testaccis quoque ; abdomine pedibusque posticis anticis 
paulo pallidioribus, illa vitfis duabus e pigmento albo canstitutis, mitice posticeque [id est prope petio- 
lum et mammillas) conniventibus, in medio separatis, alteraque media dorsuali ejusdem colorís pone mé- 
dium dorsi, retrorsum sensim angustata, granulis majoribus sanguinas seriatim dispositis utrinque in- 
structa, ornato. 

Nota.— Exemplmn singulum hujus speciei prope ripam «Rio Colorado'» Dr. Doertxg collegit. 

(■) No atribuyo mucha fijeza á los caracteres que puedo tomar de esta parte. Los dos ejemplares no ve- 
nían en aguardiente, sino en papel, de tal modo que el abdomen se ha secado, y deformado al arrugarse; pero, 
si mi experiencia en estos casos puede servir como un apoyo para abrir opinión, diré que recuerda mucho, actual- 
mente, lo que sucede con las especies de Hatcropoda (Olios, Ocypete) en el mismo caso. 



— 156 - 



Medidas. 



Longitud total 

" del cefalotórax 
Latitud de la frente. . 

" del tórax . . . 
Longitud de los palpos 



0.0035 mm. 
0.0015 

0. '.' 

0.00125 

0.001 



Longitud del esternón . . 

Latitud del id . . 

Longitud de la mandíbula . 

» del abdomen . . . 

Latitud del id . . 



0.00075 mm. 

0.0005 

0.0004 

0.00225; 

0.00175 



eoxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,0000 


0,0002 


0,002 


0,0008 


0,0013 


0,0012 


0,0008 


0,0069 


0,0005 


0,0002 


0,0018 


0,0008 


0,0012 


0,0011 


0,0008 


0,0064 


0,0003 


0,0002 


0,001 


0,0004 


0,00(>C. 


0,0005 


0,0005 


0,0085 


0,0004 


0,0002 


0,001 


0,0004 


0,0007 


0,0000 


O,O00G 


0,0039 



/ I 

u 

Líenlas. . . . ) 

1,2,4,3, j nr 

IV 



Forma. — Cefalotórax más corto que el fémur del par I, casi tan largo como la tibia 
del mismo, circular, cordiforme, casi recto por delante, bien redondeado en los costados; 
su corte transverso casi semicircular mirado de adelante; casi plano mirándolo de lado, 
siendo bien marcada la inclinación posterior oblicua ; el clipeo á la altura de los OMA, do- 
ble más alto que el diámetro de éstos, ligera y anchamente escotado, con un ligero re- 
borde, retirándose en curva suave por debajo de los OL ; salpicado de granulos setígeros, 
de los cuales deben recordarse, principalmente, uno que se encuentra entre los OMA, dos 
detrás de ellos y uno hacia fuera de cada OMP ; estos granulos se encuentran también en 
el abdomen y en los miembros. Los OA en línea recurva, equidistantes, de igual tamaño ; 
un plano horizontal tangente al borde inferior de los OLA pasaría por el medio de los 
OMA ; la distancia que separa á unos de otros es casi igual al doble de su diámetro ; los 
OP en línea también recurva, más ancha que la anterior, un plano vertical tangente al borde 
anterior de los OLP dejaría por delante á los OMP, siendo casi tangente á su borde pos- 
terior ; se hallan equidistantes, aunque los OM parecen un tanto más aproximados entre sí, 
y forman un trapecio con los OMA ; un plano vertical tangente al borde intento del OLA 
cortaría en dos partes iguales la distancia que media entre el OMP y el LP ; los OP son 
de igual tamaño, siendo su diámetro como de dos tercios del de los anteriores ; los OL se 
encuentran en una eminencia común oblicua; el eje óptico del OLP se dirije hacia fuera, 
hacia atrás y muy poco hacia arriba. El esternón es triangular con una ligera depresión 
junto al labio ; las bases de las coxas anteriores se hallan separadas entre sí cuatro ve- 
ces más que las de las posteriores cuya separación es como la mitad del diámetro trans- 
verso de la coxa ; las coxas del par I se hallan entre sí un poco más próximas que las 
del II. El labio más largo que ancho, convexo, con una leve impresión media transversa, 
es un poco estrechado en la base y termina en punta obtusa. Las maxilas convexas, vi- 
siblemente gibosas en la mitad basal, son levemente convergentes, irregularmente redondea- 
das en el ápice y sobrepasan sólo por un cuarto de su propia longitud á la del labio. 



— 157 — 

Mandíbulas verticales, cónicas, truncadas, un poco gibosas en la base; como los otros ór- 
ganos de la boca y el esternón se hallan vestidas de pelitos esparcidos. Palpos cortos y 
robustos, con pelillos y espinículas (v. Lám. IV. ); — como carecen de uñuela, supongo deben 
corresponder á un macho joven, tanto más cuanto que no encuentro epiginio. Piernas con 
granulos setígeros y espinículas no muy bien caracterizadas ; las uñuelas tarsales como en 
la especie siguiente, pero la punta es más larga, más acentuadamente estriada y forma un 
ángulo más marcado con el lomo ; les he contado y á 8 dientes, gradualmente mayores. 
El abdomen oval, corto, poco más largo que ancho, truncado por delante, redondeado por 
detrás, deprimido, y adornado de numerosos granulos setígeros, cuya distribución se señala 
luego, con motivo del color. Hiladeras muy cortas, las inferiores cónico-mastóideas más 
gruesas que las superiores. 

COLOR. — El cefalotórax, las piernas anteriores y órganos bucales de color testáceo 
débilmente parduzco, más oscuro en la frente; á cada lado de él, incluyendo el ojo exter- 
no de la segunda fila, nace una ancha banda parda oscura que termina casi en el ángulo 
posterior ; estas bandas corren paralelamente, presentando cada una, al comenzar su último 
torció, en el declive torácico, una pequeña ampliación angular dirijida hacia adentro. El 
abdomen, así como las piernas posteriores, de un color apenas más claro que el resto, 
teniendo el primero dos bandas blancas que nacen juntas en la parte anterior, y que, separán- 
dose, ocupan la parte exterior y lateral del dorso, debilitándose extremadamente en los 
costados mismos, y yendo á terminar en las hiladeras ; estas bandas no tienen un bor- 
de interno regular, pues presentan débiles ampliaciones, siendo las más acentuadas dos que 
se encuentran en la mitad anterior ; la mitad posterior del espacio que separa estas ban- 
das está ocupada parcialmente por otra banda blanca, más ancha anteriormente que hacia 
atrás, porque se atenúa poco á poco, sin llegar á fundirse con las otras cerca de las hila- 
deras ; á los lados, ella se encuentra separada de las mayores por una línea del color tes- 
táceo del abdomen. (*) Estas bandas están formadas por un pigmento blanco, encerrado 
en una red bien visible de color testáceo, de tal modo que ellas presentan, nó un conjunto 
perfectamente continuo, sino en forma de tejido areolar. En la base de las mandíbulas y 
hacia arriba del ángulo bucal se ven puntos muy próximos de color carmin, puntos que 
también se presentan en las piernas, donde se hallan colocados en líneas más ó menos re- 
gulares ó esparcidamente, acarminándose en ciertas porciones, pero muy poco, el tegu- 
mento mismo, sobretodo en la base y ápice de las tibias de los dos pares anteriores, 
donde, por otra parte, los puntitos rojos se encuentran más confluentes ; en el tórax son 
mas escasos, predominando en las bandas oscuras ; en el abdomen aparecen los mayores, 
cuya distribución corresponde á las depresiones ó tuberculillos análogos de otros Xisticos, 
tales como las especies : Xysticus cinéreas y graecns, etc., ff. 290 y 291 respectivamente, 



(*) También podría expresarse el carácter general de la coloración del dorso del abdomen, diciendo que es 
blanco, y que, en su mitad anterior, presenta una mancha testácea de bordes recortados, la cual envía hacia atrás 
dos líneas poco convergentes del mismo color. 



— 158 — 

de la grande obra de Hahx y KOCH ; — así, en la mirad anterior del espacio que separa 
las bandas blanc:.- les, se obser = grandes, ocupando los ángulos de un hexá- 

: imaginario, cuyos lados anterior y p:=rerior fueran los más cortos; en el centro de 
hexágono, hay dos puntos más pequeños, formando así una fila transversal con los 
del segundo par, mientras que entre los del primero se observa un puntito muy pequeño ; 
en la segunda mitad, ocupando las dos líneas que separan la banda blanca media de las 
laterales, aparecen también puntos de los mayores, apareados, cuyos dos primeros están 
apér.:^ menos ^parados que los del segundo del hexágono; los siguientes se hallan algo 
aproximados ; hacia el borde anterior del abdomen se observa una fila de puntos míni- 
mos, que va á confundirse con los de los costados, donde aparecen en no escaso número 

. diversos tamaños. Todos los pelos, cerdas ó espinículas, así como las uñas, de color 
negro ó pardo. 

OBSERVACIONES. — El único ejemplar de que me he valido fué cazado por el Dr. DOE- 
rtxg cerca de las riberas del Rio Colorado. Como lo he hecho notar, á propósito de los 
palpos, creo que esta especie debe esrar fundada en un macho joven, pues las hembras de 
otras Jlisutntmis que he visto, no carecen de uñuela en esa parte. El color rojo de los 
grár. : ¿reros de todo el cuerpo, y que me ha invitado á bautizar la especie con el 

nombre de exantlumatica, se ha desvanecido poco á poco en el alcohol, y, á juzgar por 
casos análogos, no sería dudoso que ellos fueran pardos en vez de rojos en el vivo, — en 
tal caso, no sería menos exacto el nombra. 



Diaea. Thoee :. 187 
13. DIAEA CHDiRüPHILA. Holmb., n. sp. 
Lám. TV. ff. 11_. 11 

D. ciridig herbácea, abe. - •" paUidiaribus ; impressione cephalica media bre ei 

dios posticos incipiente; capitis laiii >gitudinem tibiae + metatarsi éi. parís 

aequante : cephaiof ' - -■risli.pr non longitudine dimidio latitudinis ca- 

pitis: palporum ungiiicula sine dentiadis: abdomine oráli. fere duplo longiore qttam latiore; satis depresso. 

— Indr - aneolae. in * Sierra Pichy-ilahnida » á Dre. Doe- 

ETSG 

Medidas de la Hembra 



- 

> del cefeloiórax ).001-5 

0."' - 

* 0.00125 

Longirud de los palpos 



Longitud del esternón . . 

Latitud del id . . 

. nd de la mandíbnla 

del abdomen . . 



0.0008 mu. 

0.0006 

0.0004 

-ró 



leí id 



— 159 — 



troc: 





[ » 




. 


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0,0003 


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1 IV 


0,0< - 


0,0001-5 


■09 


[ '.'4 



I : 



3 

0,000-5 I 0,0003 0,000 

Forma. — El cefalotórax un poco enangostado hacia adelante, casi circular, apenas 
más largo que la patela + I a tibia -j- el metatarso del cuarto par de piernas, tan largo como 
el fémur del primer par, muy poco más largo que ancho, truncado por delante, bien re- 
dondeado en los lados, suavemente escotado en el borde posterior; presenta una impre- 
sión que nace entre los dos OMP y que casi se desvanece al aproximarse á la fovea ó 
foseta torácica ; la cabeza es visiblemente gibosa á cada lado del origen de dicha depresión ; 
las impresiones radiantes bastante desvanecidas, habiendo una de ellas que nace en la parte 
posterior de la foseta y que es ancha y redondeada ; la bifurcación es muy marcada, siendo 
todo el cefalotórax relativamente deprimido. Mirando de lado el cefalotórax, es r_ 
destacándose muy poco las eminencias post-oculares ; el declive posterior es violento, pero 
visiblemente redondeado; mirándolo por delante se ve que su dorso es casi plano, pero 
se redondea suavemente en los declives laterales ; el clípeo es recto en su corte y en el 
ángulo que forma con el plano dorsal, tan alto como el diámetro de los OMA, pero á los 
lados se retira arqueándose hacia atrás, por debajo de los OLA, inclinándose un poco en 
esta parte para confundirse con el declive lateral del tórax. Los OA forman una linea 
poco convexa hacia abajo ; el diámetro de los OLA es doble que el de los OMA, y la dis- 
tancia que separa á todos algo mayor que el diámetro de los OLA. Los OP están situados 
en una fila más ancha que la anterior; ella es muy convexa hacia adelante, de tal modo 
que una línea tangente al borde anterior de los OLP, dejaría muy adelante á los OM1 y 
otra tangente al borde interno de los OLP, pasaría por fuera de los OLA. El diáme- 
tro de los OMP es igual al de los OMA y el de los OLP es algo menor que el de 
los OLA; ellos están casi equidistantes entre sí, porque los OMP están muy poco mas 
próximos el uno del otro que de los OLF, de modo que los OMA forman un trapecio con 
los correspondientes posteriores ; el OLA forma con el LP y el MP un triángulo escaleno, 
siendo la distancia que separa á los dos OL igual á la que media entre ambos OMP; el 
OLP mira hacia atrás y un poco hacia fuera, hallándose colocado en una eminencia común 
con el LA. Esternón oval, casi plano, más estrecho en la parte posterior que en la ante- 
rior, estando las piernas posteriores, entre sí, tres veces más cerca que las bases de las an- 
teriores. Labio tan largo como ancho, casi triangular, con bordes redondeados. Ma 
convexas, redondeadas en el ápice, casi unidas delante del labio. Mandíbulas muy cortas) 
casi ovoideas, truncadas y dirigidas hacia atrás, llevan algunos pelitos esparcidos como los 
otros órganos bucales y el esternón. Palpos muy cortos, . sparcidos; la ¡írmela 



— 160 — 

corta, muy ancha cu la base, desde donde se encorva hasta el ápice ; algunos pelitos plu- 
mosos la rodean. Piernas escasas de pelos y de espinículas, llevan tres ó cuatro pares de 
éstas en las tibias y cuatro pares en los metatarsos : las liñudas son fuertes, con base muy 
ancha, muy arqueadas después de ella, con cinco dientes fuertes en la externa y cinco en 
la interna, gradualmente mayores ; la parte apical, no dentada, es mucho más larga que el 
último diente, y ella no sólo es estriada (como en Chiracanthium) en su borde filoso, sino 
también en la porción que ocupan los dientes (una sola observación muy clara del par II). 
El abdomen es oval, casi doble más largo que ancho, truncado por delante, redondeado por 
detrás y bastante deprimido ; sus impresiones punctiformes, apenas visibles, parecen distri- 
buidas como en la especie anterior y no lleva dibujo alguno característico ; las Maderas son 
muy cortas, mastóideas. 

Color. — El color general es verde herbáceo, más claro en los dos pares posteriores 
de piernas y en el abdomen que en el resto ; — pero ha cambiado por completo en el alco- 
hol, quedando testácco en las partes verdes más oscuras, y más claro donde lo era 
también el verde (*). 



Fam. LYCOSOIDAE. 

Gen. Tarentula ( Sundevall, 1830) Thorell, 1870. 

14. TARENTULA POLIOSTOMA (C. L. Koch ) Keyserling. 

Syn. :— (1848) Lycosa ( Tarántula) poliostoma, C. L. Koch, Die Arach. T. XIV, p. 152, Lám. 494, f. 1379 
(1876) » » E. L. Holmb., Arac. Arg., op. c. ; et Separ. p. 25, n. 59. 

(1870) Tarentula poliostoma ( K. ) Keys. — Ueber amerihaniscJie Spinnenarten der Unterordnung 

Citigradae, in Verh. d. k. — k. z.— b. Ges., Wien, T. 
XXVI, p. 643, Lám. 7, f. 21. 

Nota. — Feminam singulam haud adultam hujus speciei per totam Argentinam dispersara prope «Rio Negro» 
collegit Dr. Doeking. 

Esta especie, bien conocida por los trabajos de KoCH y de KEYSERLING, se encuen- 
tra en casi toda la República, muy particularmente en la región oriental y en la vecina del 
Uruguay. No siendo una de las Arañas Argentinas que yo he dado á conocer, me abs- 
tengo de publicar la descripción de la hembra, muy semejante al macho y difícil de con- 
fundir. El ejemplar muy joven que me entregó el Dr. Doering, lo había cazado éste 
cerca del Rio Ne"ro. 



(*) El Dr. Doering es quien me ha comunicado verbalmente estos datos relativos á los colores del animal 
vivo, de tal modo que tío podrá discernirse en las colecciones si no se estudia bajo el punto de vista de la 
estructura y de la proporcionalidad de las medidas, agregándose, además, el inconveniente de ser un individuo jo- 
ven el que se me ha comunicado para estudiar. 



— 161 — 

15. TARENTULA MOESTA, Holmberg. 

L1m.IV, ff. 12, 12 a, &. 

Syn. : (1876) Lycosa ( Tarántula) moesta, Holmd., Arae. Arg., loe. cit— Separ. p. 26, n. 05. 

Nota — Feíuinam immaturam prope «Rio Colorado» repertam cum indiyiduia numerosis proxhnitate «Bueuos 
Aires» et ia «Las Conchas» collectis comparavi. 

Me parece innecesario describir minuciosamente esta especie, pues ella se parece tanto 
á la Tárentela Tkorellü, KEYSERLING ( op. c. p. 650, Lára. VII, f. 28 ) que basta señalar las 
diferencias para dar una idea de ella. Espero se me permita, en este caso, modificar mi plan 
de descripciones, adoptando el de KEYSERLING, para que resalten más las diferencias y 
las semejanzas con la especie en cuestión. 

Conservo entre mis papeles una larga y prolija descripción que hice, tres años ha, de 
la especie denominada por mí, en los Arácnidos Argentinos, Lyc. (Tar.) moesta (*) valién- 
dome de un hermoso ejemplar femenino, recien cazado en los alrededores de Buenos Aires 
por mi muy caro amigo Enrique Lynch Arribálzaga, quien me lo entregó vivo. Por 
temor de alterar su coloración, lo maté atravesándole el tórax con un alfiler fino, y des- 
cribiéndolo enseguida. Advierto ésto, porque los doscientos ejemplares de mi colección 
no conservan esa fijeza de dibujo que consigno en mis apuntes, carácter que, si bien no 
tan seguro como la estructura, no por ésto puede ni debe descuidarse en lo mínimo. 

MEDIDAS. — Numerosos ejemplares de mi colección coinciden con todas las medidas que 
KEYSERLING da de la hembra de su T Tliorellii. A veces la diferencia es de 2, 3 ó 4 
décimos de milímetro en piezas largas como el fémur, pero se encuentran muchos ejem- 
plares que no tienen sus dos fémures del mismo par de igual longitud etc., como ya lo 
he hecho notar, p. ej., en la pág. 148, á propósito de la Eurypehna Doeringii, y como lo 
he observado en la especie que actualmente me ocupa. 

COLOR. — Conforme, pero debo advertir que, en mi especie, las bandas no son amarillas, 
ni hay pelos de este color en el cefalotórax. Lo que de la T. Tliorellii dice KEYSER- 
LING «gelb», es gris acanelado claro en la T. moesta. La banda media no es «sclimal» 
sino, más bien, ancha, gradualmente mayor después de los ojos posteriores y se estrecha lue- 
go en medio del declive peciolar para dilatarse más aún enseguida, lleva tres líneas finas, 
longitudinales, negras; las bandas laterales son ondeadas con las convexidades hacia arriba ; 
hay finas lineólas negras en las impresiones radiantes, y las bandas claras parecen fina- 
mente bordadas de negro, con especialidad la parte posterior de la banda media. Las 
piernas no tienen realmente anillos ni dibujos notables, sino manchas desvanecidas que les 
dan un cierto aspecto viperino. En cuanto á la coloración del abdomen, ella concuerda con 
la de la T. Tliorellii, pero la mía tiene algo más, que KEYSERLING no menciona en la 
suya, por cuya razón me parece más acertado copiar íntegra la descripción que hice en 
presencia del animal fresco : « El abdomen es pardo, más claro y gris acanelado en el 

(*) En esta obra sólo di el nombre y la longitud del animal. 



— 162 — 

vientre; en la parte completamente anterior es canela rojizo claro, donde se destaca una 
figura que nace un poco arriba del peciolo, compuesta de cuatro ramas negras, radiantes, 
que divergen dos hacia arriba, y dos hacia los costados, de manera que parece que el co- 
lor canela rojizo claro formara los limbos de estas rayas. Tanto es así, que el limbo in- 
terno de las dos ramas superiores, corre hacia atrás, para desaparecer al fin del primer 
quinto de la longitud abdominal. Por dentro de estas rayas claras, nacen dos líneas ne- 
gras, muy finas, que alcanzan hasta el extremo del segundo quinto, dando cada una, hacia 
fuera, una lengüeta ; allí se interrumpen para reaparecer en el centro del dorso, bajo el as- 
pecto de un acento circunflejo, pequeña figura á la que sigue un triángulo más pequeño 
aún, detrás del cual, pero nó junto, se percibe un punto ó bandita negra; tres manchitas 
de puntos negros muy finos parecen continuar las ramas negras superiores (V) del extremo 
anterior y que semejan bandas muy interrumpidas en su curso á cada lado de la banda 
media, se aproximan cerca de las hiladeras y se envían ramitas recurrentes. La porción 
ántero-lateral del abdomen presenta puntos claros, esparcidos, que disminuyen hacia el medio.» 
FORMA.- — El cefalotórax concuerda casi completamente con el de la T. Thorellii. Los 
ojo;, sinembargo, discrepan un tanto. Así los OA distan algo más del borde del clípeo que 
de la segunda fila ; los OMA distan entre sí tanto como dos tercios de su diámetro y de 
los OLA tanto como un tercio del diámetro de estos. Los de la segunda fila, más ancha 
que la primera, se hallan entre sí tan separados como tres cuartos de su diámetro ; los de 
la fila posterior miran bilateralmente y algo hacia arriba, y su distancia, medida desde su 
borde superior ó interno, es casi igual al ancho de la segunda fila ; de las demás partes, 
cuya semejanza es indiscutible, sólo haré algunas ligeras observaciones. El labio es visi- 
blemente escotado por delante, — aunque, en verdad, dice de él Keyserling : «ziemlich gera- 
de». Del esternón de mi especie no podría decir que es oval, sino tan largo como ancho 
casi circular. Las piernas de los pares I y II tienen sus espinas distribuidas del mismo 
modo que en la especie que me ocupa y en cuanto á los pares III y IV, doy aquí su ar- 
madura : 

III. par: Fémur arriba 1.1.1., adelante 1,1., atrás 1.1.1. Patela adelante 1., atrás 1. Tibia arriba 1.1., 

adelante 1.1., atrás 1.1., abajo 2.2.2. Metalarse, adelante 1.1.1., atrás 1.1.1., abajo 2.2.2. 
IV. » ■ Fémur arriba 1.1.1., adelante 1.1., atrás 1. Patela adelante 1.1., atrás 1. Tibia arriba 1.1., ade 
lante 1.1., atrás 1.1., abajo 2.2.2. Metatarso adelante 1.1.1., atrás 1.1.1., abajo 2.2.2. 

Medidas del macho 



Longitud total 

» del cefalotórax 

Altura del tórax 

Latitud de la frente . . 

» del tórax. . . . 
Longitud de los palpos . 



0.0115 mm, 

0.000 

0.003 

0.0015 

0.0045 

0.0005 



Longitud del esternón . . , 
Latitud del id . . . 

Longitud de la mandíbula 
» did abdomen . . 
Latitud del id . . 



0.0025 

0.002 

0.0023 

0.0055 

0.0032 



163 — 



coxa 


trocánter 


fémur 


patela 


tibia 


metatarso 


tarso 


Total 


0,0021 


0,0004 


0,0045 


0,0023 


0,0035 


0,0030 


0,003 


0,0194 


0,002 


0,0004 


0,0043 


0,0022 


0,0032 


0,002 


0,0025 


0,0176 


0,0018 


0,0003 


0,004 


0,002 


0,003 


0,0035 


0,0023 


0,0169 


0,0023 


0,0005 


0,005 


0,0024 


0,0012 


0,0055 


0,003 


0,0229 



I 
II 

Piernas. . . . 

III 

IV 



FORMA. — El cefalotórax proporcionalmente es más estrecho en la frente con relación 
al ancho del tórax que en la hembra, y la proporción de su ancho á su largo como 3 : 4. 
Todas las partes son absolutamente más cortas que en la hembra. Las mandíbulas no son 
tan gibosas. Los palpos (v. Lám. IV.) son muy poco más largos que el cefalotórax. Las 
piernas son dirijidas muy á los lados, tanto que el animal, sacado del aguardiente, tiene el 
aspecto de una Heteropodóidea. 

COLOR. — En general puede decirse que todos los colores son más pálidos que en la 
hembra, y, en particular, puede señalarse mayor abundancia de estrías radiantes claras cerca 
de la banda marginal del cefalotórax. 



Espinas de las piernas. 

I par : Fémur arriba 1.1.1., adelante 1.1. (ú 2) atrás 1.1.1. Tibia adelante 1.1., atrás 1.1., abajo2.2.2. 

II » : Fémur arriba 1.1.1., adelante 1.1. ú 1.1.1., atrás 1.1. Patela adelante 1., atrás 1. ó 0. Tibia 

arriba 1.1. ó 1. ó 0„ adelante. 1.1., atrás 1.1., abajo 2.2.2. 

III » : Fémur arriba 1.1.1., adelante 1.1., atrás 1.1.1. ó 1.1.1.1, Patela adelante 1., atrás 1. Tibia ar- 

riba 1.1., adelante 1.1., atrás 1.1., ábajo2.2.2. Metatarso adelante 1.1.1., atrás 1.1.1., abajo 22.2. 

IV » : Fémur arriba 1.1.1., adelante 1.1., atrás 1. Patela adelante 1.1., atrás 1. Tibia arriba 1.1., 

adelante 1.1., atrás 1.1-, 6 1.1.1., abajo 2.2.2. Metatarso adelante 1.1.1., atrás 1.1.1., abajo 2.2.2, 

OBSERVACIONES. — Esta especie es, sin duda, una de las más comunes en la Provincia de 
Buenos Aires, muy particularmente en la ribera del Plata y de sus afluentes paranenses ; vive 
con predilección entre las acumulaciones de yerbas, hojas y ramas secas que, en sus inunda- 
ciones, depositan estos rios sobre las playas, ó bien bajo los troncos ó bajo las piedras 
en puntos á donde no alcanzan las aguas. Cuando éstas vuelven á subir, desalojan de sus 
húmedas moradas á la triste (moesta) Tarántula, que corre entonces en inmensas bandadas 
hacia los puntos libres del desborde. Una vez me mandó OLIVEIRA César, de Las Con- 
chas, un frasco que contenía cerca de doscientos ejemplares, entre los cuales venían algunos 
machos. Comprendí en el acto que había habido inundación en ese punto, lo que me fué 
confirmado mas tarde por mi corresponsal. Siendo tan abundante en todo el Delta, sería muy 
extraño que no abundara también en la vecina República del Uruguay, de donde no la ha 
recibido el Conde de KüYSERLlNG, quien señala á Nueva Granada como patria de la T. 
Thorellii. El ejemplar joven que me trajo el Dr. DOERING fué cazado cerca del Rio Colo- 
rado. La manera de vivir de la T. moesta difiere completamente de la de las T. poliostoma 



— 164 — 

(K.) KF.YS., y pampeana, HoLMB., que habitan en un tubo de varios centímetros, practi- 
cado en suelo duro, pero ignoro si por ellas ó por otros animales. 

Fam. ATTOIDAE. 

Cuando escribía la Introducción de este trabajo, un año há, pensaba seriamente en la 
fundación de un nuevo género para dos lindas arañitas de 4 1/2 milímetros la una y de 
3 1 2 la otra, que el Dr. DOERING había cazado en la Sierra de la Ventana, y que no for- 
maban parte de ninguno de los géneros que me eran conocidos ; pero hoy, después de exa- 
minarlas con más prolijidad aún que entonces y considerando que no he podido completar 
todavía mis elementos bibliográficos, relativos á la familia á que pertenecen los dos ejem- 
plares únicos que he recibido; y que uno de los caracteres mas importantes en que hubiera 
de fundarse el nuevo género es la carencia de clípeo, por llegar hasta su borde los ojos 
medios anteriores, carácter que, por su novedad en ejemplares adultos y su frecuencia en 
los jóvenes, como puede recordarlo cualquiera que haya observado, p. ej., los del género 
Euophrys, por el tamaño de los animales, por la distribución del pelage y la desproporción 
entre los elementos de éste y aquel, por la fisonomía juvenil de los ejemplares y por su 
exigua representación numérica, — he juzgado más prudente reservar la publicación del nue- 
vo género para el dia en que, contando con todos los elementos indispensables, pueda con- 
fiar en la excelencia de una descripción no destinada á engrosar las filas de una sinonimia 
ya demasiado complicada por desgracia. Dicha fundación podría disculparse tratándose de 
una región de difícil acceso, pero no de aquella en que vive el presunto nuevo género. 



ESCORPIONES 

Fam. TELEGONOIDAE. 

Gen. Botlir'iixr'u.s, (Peters, 18G1), Thorell, 1877 
16. BOTHRIURUS VITTATUS (Guérin, 1830) Thorell, 1877. 

v. Thorell Etudes scorp, k Sobre algunos Arácnidos de la República Argentina in Boletín de la 
Aead. de Cieñe, de Córdoba — 1878. 

Nota — Bxemplum singulum haud dubie immatunim prope «Paso de Pacheco, Rio Colorado > sub lapidas ri- 
parias collegit Dr. Doering. 

La falta de ejemplares jóvenes, ya que nó de adultos, y la de casi todas las obras en 
que esta especie se halla tratada, me obliga á aceptar, por el momento, la sinonimia esta- 
blecida para ella por THORELL y á considerar como á individuo joven al pequeño Bothriurus 
que ha puesto en mis manos el Dr. Doehing, quien lo había cazado en el tPaso de Pa- 



— 165 — 

checo» (Rio Colorado). Sospecho, sinembargo, que una buena serie de ejemplares frescos del 
Bothriurus vittatus, tal como lo entiende THORELL, tiene que arrojar mayor claridad que 
la que hasta ahora nos guia en la interpretación de esta especie, tan fácil de conocer, en 
apariencia, y tan difícil en realidad. Mas tarde, cuando haya reunido el material necesario, 
emprenderé un estudio de todos los Escorpiones que conservo y someteré á la crítica el resulta- 
do de mis investigaciones. 

Gen. Cereoplionius, (Pet.) Thoreix, 1877. 
v. Thorell, Etudes scotpiologiqucs, Milán, 1*77, pp. 83 & 178 (Extr. de las Actas déla So- 
ciedad Italiana de Ciencias Naturales). 

17. CERCOPHONIUS BRACHYOENTRUS, Thorell. 

LÁM. IV, ff. 13, 13 a, &. 

Syn. : (1877) Cercophonius bracJiycentrus, Tuokei.j,, op. cit. p. 180. 

Nota — In eodem loco cum specie praecedente. 

Esta es la especie de la cual digo en la introducción (p. 120) que se parece mucho á 
una de las descritas por el Dr. TlIORELL. No había estudiado entonces tres ejemplares que 
conservaba en mi colección, cazados por el Dr. D. CARLOS BERG en Santa Cruz (Patago- 
nia Meridional) durante su viage al Sur del Continente y que me regaló hace algunos años. 
Al clasificarlos ahora, encuentro que no pueden separarse del Cercnplionius bracJiycentrus, á 
pesar de algunas diferencias que con su descripción presentan. El ejemplar, ó mas bien los 
ejemplares, que THORELL recibió del Dr. WEYENBERGH, procedían de San Juan, los de B-ERG 
de Santa Cruz y el de DOERING del Rio Colorado, punto intermedio de la extensa región 
habitada por esta especie. 



ACAROS 

Fam. TROMBIDIOIDAE. 
Gen. Trombidium, (F.) Koch. 

18. TROMBIDIUM DESERTICOLA, Holmb. n, sp. 

LÁM. IV, ff. 14, lia, &. 
Tr. purpurascens, pedibus pallidioribus, articulo ultimo primi parís praecedente breviore ; ábdomine postice ro- 
tundato ; tlwracogaster antice foveolis dudbus subrotundatis ct pone cas túteram transversam; ábdomine 
foveolis quatuor in quadratum dispositis, pone, impressionem thoracieam. 

Nota. — Indmduum unicura in <'Paso de Pacheco » repertum, mine stndio detritura, sed collectione mea aer- 
vatum, vidi. 



Longitud total 

* de la cabeza hasta el ápice del 

pico , . 

» del toracogaster 



— 166 - 

Medidas 
0.0038 mm. 



0.1 s 

0.003 



anterior. 



Latitud del toracogasterv . . 

" ) posterior . . 

Separación de las piernas del par II . 



0.0016 mm. 

0.0011 

0.0007 



El único ejemplar que he recibido de esta especie sólo ha podido servirme para trazar 
los dibujos de la Lámina IV, que darán á conocer casi todo lo que de él he podido ave- 
riguar. Los pelos del dorso son bastante cortos y un tanto rígidos, los de las piernas son 
plumosos (Lám. IV, f. 14 /). El color general era acarminado, y las piernas más pálidas — 
todo lo cual se ha desvanecido en el alcohol en que se ha conservado. 



Fie 



Fig. 



Fig. 



Explicación de las Láminas III v IV. 



LÁMINA III. 



1. A 


rgiope 


argentata (-F.) Kocb 


epiginio. 


1 a 


» 


» 


capullo cubierto. 


1 6 


» 


» 


» descubierto. 


1 c 


» 


» 


huevo . 


•-!. Epeira soliütdinis Holjiu. 


la hembra 2/1 


2 a 


» 


» 


palpo. 


2 6 


» 


» 


tarso I. 


2 c 


» 


» 


epiginio. 


2 d 


» 


» 


» de atrás. 


3. Scytodes 


maculata Holjib. 


hembra 2 1 . 


3 a 


» 


» 


tamaño natural. 


3 6 


» 


» 


palpo . 


3 c 


» 


» 


» su ápice con los apéndices 


3 d 


» 


» 


uñuelas del par I. 


3/ 


» 


» 


» » » IV. 


3 y 


» 


» 


vulva. 


3 h 


» 


» 


macho 2 1. 


3 i 


» 


» 


su palpo. 


8¿ 


» 


» 


ápice del bulbo. 


3 A: 


» 


» 


tarso I. 


4. D 


rassus 


australis Holmb. 


macho joven. 


4 a 


» 


» 


tamaño natural. 


4 b 


» 


» 


palpo, aumentado. 


4 c 


» 


» 


» tamaño natural. 


4 d 


» 


» 


uñuelas del par II. 


5. Chiracanthium abnorme Holmb. 


hembra 3/1. 


5 a 




» » 


tamaño natural. 


•5 b 




» » 


ápice del palpo. 



167 — 



5 c » » 

5 d » » 

5 e » » 

5 í » » 

5 ¿r » » 

Fig. 6. Anypliaena Argentina Holmb. 
a » » 

C) b » » 

6 c » » 
íZ » » 
de» » 
0/ » 

rig. 7. Anypliaena pampa Holmd. 

7 a » » 

Fig. 8. Eurypelma Doeringii Holmb. 

8 a » » 
8 6» » 
8c» » 
8 el » » 



uiiuelas del par I. 

» » IV. 
apéndice espatuliforme del penacho. 
pelo, 
epig'mio. 
hembra. 
palpo. 

» su ápice, 
uñuelas del tarso I, 
pieza espatuliforme del penacho, 
pelo, 
epiginio. 
hembra. 
epiginio. 
macho \\\. 
palpo. 

bulbo por fuera, 
nauela del tarso I. 
» » IV. 



LÁMINA IV. 



Fig. 9. Thomisoides rüpestris Holmb. 

9 a » » 

9 6» » 

9c» » 

9 d » » 

Fig. 10. Misumena exanthematica Holmb. 

10 a » » 

10 h » » 

10 c » » 

10 d » » 

Fig. 11. Diaea chlorophila Holmb. 

11 a » » 
11 b » » 

11 c » » 

Fig. 12. Tarentula moesta Holmb. 

12 a » » 
12 6 » » 
12 c » » 
12 d » » 
12 e » » 
12 / » » 
12 £ 



hembra, 
ojos. 

boca (labio y maxilas). 
palpo, 
uñuelas. 
macho joven, 
tamaño natural, 
palpo. 

uñuelas del tarso I. 
» » II. 
hembra. 

» tamaño natural, 
palpo. 

uñuela del tarso II. 
hembra 1 1 1 . 
palpo. 

uñuelas del tarso I. 
» » » IX . 
epiginio. 
macho. 

palpo de lado. 
» de abajo. 



— 168 



Fie 



13. 


Ca 


•eophonius b> 


•achycentrus 1 


HORELL, tamaño natural 


13 a 




» 


» 


alimentado á 2]1. 


13 b 




» 


» 


palpo. 


13 c 




» 


» 


vesícula. 


14. Trombidium deserücola Holmb 


tamaño natural. 


14 a 




» 


» 


aumentado 7[1. 


14 6 




» 


» 


palpo. 


14 c 




» 


» 


mandíbula 


It d 




» 


» 


piernas I y II. 


14 c 




» 


» 


tiñuelas par I. 


14/ 




» 


» , 


» II. 


14 g 




» 


» 


» III. 


14 7i 




» 


» 


» IV. 


14 i 




» 


» 


un pelo de las piernas 



Nota— En momentos de imprimir este pliego, preparado desde fines de Enero, pero cuya impresión se ha 
detenido por contener la explicación de las Láminas Aracnológicas, recibo la obra de M. Eugéne SlMON Arach- 
■/liilt'a de Fnmcc, en la cual encuentro algo que tiene relación con especies publicadas en este trabajo : 

I o La Tegenai-ia civilis, Walck. (p. 135), llevaría, para M. Simón, el nombre de T. domestica [op. c. II, 
73). Compai-ando la sinonimia que dá, tanto de ésta, como de la T. ferruginea (p. 65) me inclinaría á aceptar, 
con Tiiorell, el di- T- Derhami (Scop.) Thor. para la especie que nos ocupa. Por otra parte, según el 
mismo SlMON, Walckenaer precedió á Sundevall por 30 años respecto del es pecífico civüis, 

2 o Las mismas razones que podría invocar para aceptar aquel nombre, son las que parece haber aceptado 
M. SlMON al suprimir el de Tarentula como genérico cutre las Lycosoidae, reservándolo para el g. Phrynus, 
por ser aquel más antiguo (III, 233). 

En cuanto á los otros géneros que se encuentran representados en las Faunas Francesa y Argentina, no pue- 
den ser motivo, en este momento, de observación alguna. Mis especies están demasiado detalladamente descri- 
tas para que no puedan servir á la crítica. 

II. 



■i al Ko ]■,' 



Monescos 



zoología i 




KJJfdmbcrg adnol.dd I,- ,.\H," Larsch, Florida 1M . I. 

Fir/.J. Fndioiilus Maidoiami.s , Fia.' 2 y 3 Endiopfns Avcllurudav 

Fiq.li-borus D'Ovhiyiiyi , Fia'. i y 6 Pliiifiodontcs Hccur i " 

l'ii/\. i y S riai/wilonhx l'altn/oiut'ii.v , 



INSECTOS. 



ZOOLOGÍA 11 




y .a nat. 

1. Cgrlomervas ciíiaius, Berg 2. Iliyrtocoris pxanjieajnus, : Cctjtsiis JraírtLelú 

4_ fícst/trturt ¡mlluln , B,-r,, . ,/. ']'rt/t)/<jin<¡ Doeringií . i ~ier-g. 6, Tettigonia. <xip.itanea. , B 
/ ^lthyscaraus deseríomm, Berg. 8. .DeUocepJuxíuJí vcxrieg<xius,Bt : 9, DeltocepJvalus gentiles, Berg. 
10.. L'r//riri'/¡/i,//u/: venosuliis Berg 11, DirpJvia Icaiico, Berg-. 12. Glctaxxipteryx tepidaia • (men,j Berg, 

13, Milo'critii vestita. , Bitrm /l. Pcixh.rod.irna. lucida 1ó Q/dacepJidZa.Trueirico. , SiécnA . 

/'• . I -iiijiririna {iipnuihiln: HalycLdocrájLs Phxlrppii Berg 18 Discmx/cha inírrlmorjio .Berg. 

19 /'líi/hio ■' h-fjtiiluí'- 20 -Zetkus i p.omxriarnTn "'■'• , 



ARÁCNIDOS 



zoo/.oi;i.i /// 




: I 



EJJMmbí ■ 



Fig. I . bgume argtrdccta , 

Fig i t . T)vussas 
Fig.6 . Inypfuxena ■ Irgentina . - 



l'iq ?. Epeira solihudinis, Fig.J. Sr.\ r toaes macalafa t 

nii.-:/j;//i.K ' l'iq.i l liiritctinlliuiin abnorrru 

Fig 7-».1nyp]ia.erut Pampa, Fig. 8-Eivy pelma Dccringiz, 



Exped n del G ral Roca al Rio Negro. 



ARÁCNIDOS. 



ZOOLOGÍA laminad 







K.L ffolmberg id nat ■ 

F'<l ■') a- ■ llisiiiimuí citmlliriiinlirii ,'■■■• Fúf. 10 Q-DxjtMft. cJlloroph i ln 

Fui II 2 Tliomisoidcs ntpesfrts.Hóbiibc/. (J~ig.il iwguia-dou ■■ st ,•■•■./ iextoi dos< Fig.12. Trtrenh.Ha. nwesia ¡Jfolmig 
Fin 13. Ce.rcophorltvs bnir/niirilriix, ,,•.,' Fia. !4.-Ti'oiiibúhu.in fíeseríiefíila 'vbif 



ERRORES TIPOGRÁFICOS 



pagina 



24 



Dice 



Léase 



(de 



•27 


7 


•28 


15 


29 


1" 


30 


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32 


17 


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7 


45 á 47 




■".1 


14 


63 


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66 


o 


» 


9 


81 


10 


» 


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PLAN DE LA OBRA 

Esta obra aparecerá en cuatro entregas, con las siguientes materias : 

Elltrega I. ZOOLOGÍA (ha aparecido). 

Por el Dr. D. Adolfo Doering, cou la colaboración de los Drs. D. Carlos Borg y D. Eduardo 
L. Holmberg y de D. Enrique Lynch Arribálzaga. 
Introducción, por D. A. Ebelot. 

1. Observaciones generales sobre la fauna'del territorio conquistado, por el Dr. D. Adolfo 

Doering. 

2. Enumeración sistemática de las especies observadas durante la expedición. 

a. "Vertebrados, por el mismo. 

b. Moluscos id. 

c. Insectos. Por el Dr. D. Carlos Berg y D. Enrique Lynch Arribálzaga. 

d. Arácnidos. Por el Dr. D. Eduardo L. Holmberg. 

Entrega II. BOTÁNICA (aparece ahora). 

Por ol Dr. D. P. G. Lorentz y D. Gustavo Niederlein. 

Elltrega III. GEOLOGÍA .( próxima á aparecer). 

Por el Dr. D. Adolfo Doering. 
I. Formaciones eruptivas y primitivas. 

A. Las serranías de la Pampa oriental. 

1. El sistema déla Cadena del Tandil. 

2. El sistema de la Sierra de la Ventana. 

B. Las serranías de la Pampa Occidental. 

a. Serranías al Sur del paralelo 37 ° 1. S. 

1. La Sierra de Pichi-Mahuida. 

2. " " '* Choique-Mahuida. 

3. " " " Lihué-Calel. 

4. ' " " Calen-Có. 

5. " " " Luan-Mahuida. 

b. Serranías al N. del paralelo 87 ° 1. S. 

1. La Sierra de Currú-Mahuida. 

C. Las serranías de la precordillera. 

1. La Sierra de Cochi-Có. 

2. " " " Luan-Có. 

II. Formación terciaria. 

III. Formación cuaternaria. 

IV. Formaciones modernas. 

1. Los terrenos del Sur. 

2. Las aguas saladas. 

3. ." " dulces. 

Entrega IV. DIARIO DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA. 

Por el Dr. D. P. G. Lorentz y el Dr. D. Adolfo Doering, con la col. de D. Gustavo Niederlein. 

1. De Buenos Aires a Carhué. 

2. De Carhuá al Rio Colorado. 

3. En el valle del " 

4. ■', " " " " Negro. 

5. Desde el Nauquen hasta Mendoza, por D. Gustavo Niederlein. 

Apéndice. 



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