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Full text of "Introduccion a la historia de los diez años de la administracion Montt: D. Diego Portales.(con ..."

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i- 



^ . - 



DON DIEGO I>ORTALE8, 






INTRODUCCIÓN 



A LA HI8T0UA 



DB LOS DIEZ AÑOS DE LA ADMINISTRACIÓN MONTT. 



D. DIEGO PORTALES. 

(CON "NULQ ÜTC OOO DOCUMENTOS INBDÍT08) 



^'■' POR 



B,' VICUÑA MACKENNA. 



. .Í>''':J 



::-: •*»* 











■'' VALPARAÍSO: 

IMPRENTA Y LIBRERÍA DEL MERCURIO 

de Santón Tornero. 



1863. 



AL SEÑOR DON JOSÉ VICTORINO LASTARRIA. 



>■ » ■• -'N. "■- . ••» -**_ — ^X'-v.i^"»* '--^ ^ 



El discípulo, el amigo, el admirador de su 
lealtad poKtica i de su amor a la democracia, 
le consagra estos estudios (análogos a los que 
él ha emprendido sobre nuestra historia con- 
temporánea) i en los que, a través de aprecia- 
ciones diversas i opuestas muchas veces, paré- 
cenos haber llegado al único i santo fin que 
alienta nuestros mutuos propósitos: el odio a 
la tirania; ira jenerosa, empero, que no escluye, 
del ánimo templado en las severidades de la 
verdad, cierta involuntaria admiración por los 
tiranos a quienes no mueve vil codicia de man- 
do, sino un ciego desvarío de la conciencia 
o la fuerza indomable de la voluntad, i que 
hasta la postrera de sus horas han sabido ser 
grandes como hombres, inmaculados como pa- 
triotas i sublimes como mártires. 

Melón, febrero de 1863. 

B. Vicuña Mackenna. 



.1% ,11 









UNA PALABRA DE ADVERTENCIA. 



♦•» 



Habiamos eócrito, por via de prefacio, una esposi- 
cion prolija sobre la manera cómo hemos obtenido lo? 
documentos e inforaies personales que figuran en este 
libro. Pero la hemos suprimido, considerando que tai- 
vez se atribuiría a una pretenciosa vanidad el colocar 
la reseña de aquellas laboriosas investigaciones en la 
portada de una obra que en su solo título i en su nue- 
vo i estraordinario argumento, asume ya una respon- 
sabilidad de esfuerzos, a los que, sin embargo, si hemos 
sido inferiores por la ejecución, no tememos serlo (por- 
qué no decirlo? ) ni por la voluntad en el trabajo ni el 
sincero anhelo de desentrañar grandes i severas ver- 
dades que ijirvan, no de mero pasatiempo, sino de pro- 
vechosa lección a nuestros compatriotas. 

Reservándonos pues el esparcir en las notas del tes- 
to aquellas esplicaciones que conduzcan a poner en su 
verdadera luz i respetabilidad los documentos públi- 
cos o íntimos que publicamos, asi como los informes 
orales que de cuando en cuando invocamos con toda 
la cautela debida, nos limitamos a hacer únicamente 
dos advertencias que, mas bien que al autor, pertene- 
cen al editor de la 'obra i son las siguientes: 



— 8 — 

1.* Que teniendo esta, historia su punto de partida 
en la misma época en que termina el período (1831) 
abrazado por la memoria histórica del señor don Fede- 
rico Errázuriz, puede considerarse como un comple- 
mento de 1& htetbria contemporánea hasta 1837, pro- 
longación palpitante de nuestros anales que se estende- 
rá hasta el 20 de abril 9§ 1851 en el 2,^ volumen 
prometido de esta introducción i hasta 1861 en el res- 
to de la obra. 

La 2.*, dirijida mas propiamente al encuadernador 
de la obra (^ue al lector*, eis que tanto el píeséüté ¿ómo 
el próximo volumen no llevan la nuiñerá'ctón sübsi- 
gíiiente de la parte publicada iiástá aquí, biifü te- 
mo 5.* ha visto recientemente ía lu2, jiorqü'e siéñdb 
ambos la introducción ¿é la Óbrá, debétóh ir ál frente 
de ¿stá. 



CAPITULO I. 



LA RBACCIOy DE 1829 I D. DIEGO POJRTALBS. 



El argumento de este lil;ro no es la liUtoria propia de los pipiólos ni de los 
pelncones, sino la reseña <lel período escepcional llamado; "la época de 
Portales." — CiirAoter i fu^r^is raúltiples de la reacción de 1829. — Nota- 
ble carta del Dr. Ilodriguez Aldea que pone aquel raovinaiento bajo su 
verdadera luz. — Oríjen popular de los nombres de peluconea i pipiólos. — 
Resistencia democnUica que la ndniiuiátmcion liberal opuso a bis tevolu- 
ciottes que la comlmtieroii. — Sucumbe mas bien pot la debilidad úh sAis 
caudillos quft por el desprestijio de sus ideaF. — » Opiniones relijiosas del 
jeneral Pinto en 182o. — Escasez de hombres de nota del partido libiBral 
en el momento de la crisis.— Aparición de don Diego Poi*tales i su estraor- 
dinaria audacia. — Su presemdencia de los partidos i do tradiciones polí- 
tica?. — Su círculo. — Sus ideas contra la federación en 1827. — Por qué 
la misión política de Portales no fué liberal ni detuocrfttica? — Reminis- 
cencia de don José Miguel Carrera con relación a Portales. — Manera, J)ér- 
eoDttl de ver la política que caracterizó a Portaleu^ — liOs pelqjearíos del 
"Ilambriento." — Ik>r pipiólos según Lastarria. — Abnegación personal 
de Portal» s. — Su rol político intermediario entre la revolución democrá- 
tica i la reacción colonial de 1829. — Desbarata esta última después de 
Llrcay i dispersa sus elementos. — Anulamiento final de los O'Higginiatas. 
— Deposición del presidente pelaron Ruiz Tagle. — Sometimiento perso- 
nal del jeneral Prieto a la política de Portales.— Don Die¿o Portales no es 
el jefe jenuinó de los pelucones. — Keseña de su vida antes de 188Ü>— 8u 
educación literaria i sus progresos en el latin i en la tcolojía. — Colección 
que ha quedado do sus papeles; su correspondencia con don Antonio Garfias 
i otras fuentes que hemos consultado. — Anécdotas de su niHéz. -^ l^us 
€»iidiscípulós. — Su primer amor i su casamiento. — Se recibe de Mmya- 



- 10 — 

dor de la Moneda i juicio profétioo que don José Miguel Infante hace de su 
carrera. -^ Se consagra al comercio. — Muere su esposa i se apodera una 
profunda melancolía relijiosa de su espíritu. — Su confesor. — Resuelve 
establecerse en lima i hace una compañía de comercio en aquella dudad. 
— - Transformación completa de su carácter. — La "zamacueca.** «— Regresa 
a Chile con un caudal considerable. — £1 Estanco. — Su priúon en enero 
de 1827. — Se retira a Valparaíso. — Sas apuros i economias en esa época 
comprobados con sus cartas intimas. — Publica en Valparaíso el Vijia, — 
Regresa a Santiago i da a luz el Hambriento. — Parte que tuvo en la redac- 
ción de este periódico. — El Canalla. — Participación de Portales en la 
revolución de 1829. — El tumulto popular del 7 de noviembre decide de 
la suerte de la revolución mas que el motín del ejército del Sud. — Carác- 
ter de les ''bochinches'* de esa época i encarnizamiento de las revoluciones 
posteriores — Omnipotencia política de Portales en 183U. 



I. 



El 18 de setiembre de 1831 eran investidos con el supremo 
poder el jeneral don Joaquín Prieto i el ciudadano don Diego 
Portales, como presidente de la República el primero i como 
vice-presidente el segundo. 

Se abria esa era de treinta años que se ha llamado el reino 
del partido pelucon. 

Se cerraba el turbulento período del dominio de los pipiólos 
que no habia alcanzado a durar un decenio cumplido. 

Ya otros escritores han escrito la historia del último: San- 
ta María su nacimiento, Concha Toro sus ensayos, Errázuriz 
su caida. Cábenos a nosotros el trazar rápidamente el triunfo i 
la organización de sus émulos vencedores i contar solo su me- 
lancólico martirolojio. 

Este libro no es pues la historia del partido liberal. 

Es un perí >do escepcional de la historia del partido con- 
servador, que terminó en el decenio del presidente Montt, 
por cuyo motivo hemos Humado Historia de los diez años, a la 
que el presente i pró:;imo volumen sirven de introducción. 



íl — 



n. 



Qué es la revolución de 1829 considerada filosóficamente? 

Esta es la pregunta inevitable que se hace el historiador a 
sí propio al estudiar el punto de partida del bando conser- 
vador. 

Ia revolución de 1829 fué solo una vasta i profunda reac- 
ción. 

Fué la reacción colonial Aparecían a su frente el clérigo 
Meneses, asesor de los capitanes jenerales de la metrópoli, 
sublevado ahora contra la persecución del monaquismo que 
los pipiólos hablan establecido, desterrando al obispo Rodrí- 
guez i vendiendo las propiedades de los regulares. 

Fué la reacción de la dictadura. Acaudillábala el partido 
O'Higginista que habia caido con aquella, i dirijíanla, en pri- 
mera línea, el mariscal Prieto, jeneral ert jefe del ejército del 
Sud, el factor Baso, presidente de la Asamblea de Concepción 
i autor verdadero del movimiento militar de aquella provin- 
cia; i por último, el doctor Rodríguez Aldea, inspirador de uno 
i otro, i su jefe mas culminante (1). Por medio de este perso- 

(1) En el Apéndice, documento núm. 1, publicamos la interesantísima carta, 
o mas bien, memoria del Dr. Rodríguez Aldea, en que está trazada la historia 
de la revolución de 1829, particularmente en lo que tiene relación con el bando 
del jeneral O'Higgin^ Este curioso documento fué escrito a ñnes de 1880; pero 
ya mucho antes i con anticipación de algunos meses al movimiento de Chillan, 
se daba a éste un carácter puramente O'lligginista. El comandante Claro, eobri> 
DO del jeneral Prieto, hermano pqlÍDico de los coroneles José Maria i Jofé Anto- 
nio Cruz e insigne partidario del jeneral O'Higgins, escribía a Lima a don Mi- 
guel Zaüartu, desde 'Santiígo el 18 de ]n1io de 1829, las siguientes profecías 
que no tardaron en verse cunif tildas: — ''No faltan agoreros, dice, (después de 
recordar una ofensa reciente hecha al jeneral Prieto por la prenda de los pipió- 
los; que opinen muí mal sobre bs consecuencias que pueda producir tun poca 
política; i yo con ellos creo, que ^i diera una voz, los levantaría en ninsa en su 
desagravio, mucho mas estando los Cruces al mando de las milicias de in&nte- 
ría i caballería i otros amigos José Antonio es comandante jeneral d 1 partido 
de Coelemu, José Maria del de CoDcepcion, 1 Luís su jefe de instrucción. D. Juan 
Luna comandante de frontera, D. Manuel Riquelme de comandante jeneral de 
los Anjeles i 4rauco. (yCarrol creo que de Santa Juana i ad otros. Ademas 
4e esto, los cabildos i asambleas están por él i contra el ministerio." 



— i2 — 

naje dábanse la mano las dos reacciones mas poderosas que se 
aliaron para producir el movimiento' de 829 — la de la colo- 
nia i la de la dictadura, que eran las mas pujantes, no solo 
por att9 añnidades históricas i do hombres, sino por su natu- 
rale^ía. Ambos eran de sistemas i se dirijian a cambiar el fon- 
do do las cosas. 

Fué la reacción de los principios. Era el inspirador i la lum- 
brora de los sectarios del cambio de doctrina en la adminis- 
tración i en la política, el abogado don Mariano Egaña, que 
habia heredado de su padre la afición a lejislar i traido de su 
vinje tt Europa un intenso arnor por la monarquia oonslitu- 
cionaL Añaíh'ose a esto el rencor que le inspiraba la Constitu- 
ción deniocrática de 1828, que al fin de tantas luchas habia 
sustituido a la constitución do 182£Í, el ídolo caido de su pa- 
dre i de sí propio. 

Fué la reacción ile la aristocracia. Aparecían en primera línea 
bu esta fulanje reaccionaria los mayora;5go3, cuyos vínculos 
híibia ditíUelto la niveladora Constitución de 28, i se contaban 
entre úítos >oá primeros bWtSones del réjiínen colonial, el conde 
de Qiiinti Alegre, los mayorazgos Lu-ráin i Taglf*, el último 
de los quo fué su primor presidente, i el joven marques do la 
Pica, a qniüM mas tarde los pelucones aclamaban como su jefe 
raasjenuino. Figuraban también entre éstos las nobles fami- 
lias de lírrázuriz, Eizaguirre i O valle (¡ue vestían lodavia en 
osa época el traje de la corte i usaban la peluca tradicional de 
ia colohií), i que por tanUí profesaban un odio que poíUn Ik- 
maraJft do casta, a los osciiros pipiólos que no tcnian, por !0 
común, ni linuje ni fortuna (1). 



(1) El oríjeií ce lus denorniíhtciüDcs de fcluconcs i pipíulos ís tan autiguo casi 
como la revolución. Los Carreras com-czaron a llamar pelucones a los viejos 
dipotudos del coiígreao de 1811 que Us fueron upuestoy, i muchos de los que 
Udaban culonccs la trenza i peluca enipolvada que estuvieron de moda tí finos 
del últ'mo siglo. 

El nombre de pipioloH ^c c tribuye a los eoncui rentes de segundo i de tercer 
orden que a>istiao al café del español Burri' h, bituudo en la cnlle de Ahumada. 
Aeectumbrjban jugtr allí malilla los hombres de alguna cousi^^riracion, i iklos 
mirones o a lo;* que pcdiau barato, les hablan puesto por apodo el nombre <)e 



— 13 — 



Aldf r^or de estos grandes cei^tros de retrogr^d^cion, ^ 
agrqpalpi^n otros menos poderosos, pero no menos aotíyoq. 
Tules §ran principalmente el miUiarismo, del que so hifso caiq- 
peofi el osado i turbulento joven Urriola, i o\ federalüvio q^p 
tenia la ficritud de sus desengafios i la cnerjía de su caudillo, 
el ínclito pero imprudente Infante. 



III. 



Con todos estos elementos de ataque, la reacción Habia p^i- 
do eneima al débil andamio sobre que la democracia se eafor: 
zaba en edificar su templo para depositar en él, como en una 
aroa santa, el testamento del Año X, del que el partido Ijbe- 
ral se habia constituido ejecutor lejítimo. 

La lucha habia asomado casi desde el primer di^ de ^u 
nacimiento, amenazando destrozar su frájil cuna; en 1825 cpp 
el coronel Sánchez, con el coronel Canipino en 1827, con el 
comandante Urriola en 1828, i por último, con eljen^ffil 
Prieto en 1829, sin contar innumerables motines lejisjí^tivos, 
tumultuarios de la plebe o simplemente militares, pi;^ 4^' 
rante los gobiernos de los jenerales Freiré i Pinto no huljo 
casi un solo cuerpo del eje'rcito, i particularmente en el ar^ia 
de cab|lleria, que no se amotinara. 

Todas esas revoluciones, mas o menos poderosas, habían 
triunfado con las armas o la sorpresa; i sin embargo, todas 
habían sido impotentes para consumar una reacción política 
completa. La Asamblea de Santiago, que clijió al coronel 
Sanche^; presidente por 24 lioras el 7 de octubre de 1825, 



pipiólos, por relación ni giito de pió pío con que los pollos parecen solicitar fii 
grano. 

En aquellos tiempos en que una gran parte ñe \a vida piíblica f.e gastaba en 
los cafés, donde se reunían numerosos círculos, hubo un chusco que acostum- 
braba caracterizar a los pipiólos i peluconis por lo que pedido en el mesón. 
CoAiido el que Ueg&ba ordenaba al mozo alguna cosa de suetancia como ja- 
món, chocolate o coñac, ora pelucon; pero si pedia ponche o chicha, no podia 
yer^ioo pipiólo. 



— 14 — 

hizo jurar obediencia a sus leyes a los jefes de la guarnición; 
i 9in embargo, todos los corifeos de aquella, Zafiarta, Argo- 
medo, Rodríguez Aldea, Zenteno, fueron al destierro. El coro- 
nel Campino, al contrario, penetró a caballo, espada en mano, 
en el recinto del Congreso, el .24 de enero de 1827, ,i después 
de haber ordenado hacer fuego sobre los representantes, tuvo 
que encaminarse a una relegación, alcanzada 'por la clemen- 
cia del gobierno. El comandante Urriola derrota a su vez al 
presidente Pinto a las puertas de Santiago, i al toque de una 
campana de rebato, los* vencedores deponen las armas delante 
del enojo popular. Por último, el mismo Prieto es batido i 
capitula en Ochagavia (12 de diciembre de 1829) oblip;ándose 
a entregar su ejército a un jeneral enemigo. 

I por qué sucedía todo esto? Era porque los medios puestos 
enjuego por la reacción no parecian suficientemente fuertes, 
o porque la organización democrática que se habia dado el 
pais tenia en sí misma suficiente vigor para salvarse? 

Es este un problema histórico de mui difícil solución, por- 
que la inspección de los hechos que se sucedieron en la tenaz 
lucha de aquellas fuerzas contrarias, aparece un equilibrio 
constante, en que ya el uno, ya el otro de ambos estremos, es 
decir, la organización democrática i la reacción, alcanzaban 
el predominio. 

I tan cierto es esto, que aquella vino a sucumbir mas bien 
en manos de sus propios defensores, que por los esfuerzos alia- 
dos de sus adversarios. El jeneral Pinto, asustado de su obra 
misma (1), retrocedió en el conflicto, i, con su propia mano. 



(l) Para que sojuzgue de las ideas avanzadas en materia de reforma rell- 
jiosa que el jeneral Pinto llevó al gobierno, trascribimos aquí un carioso párrafo 
de carta, e:>crito por aquel jefe en Buonos Aires, el 10 de noviembre de 1820 
a BU condiscípulo D. Tomas Godoi Cruz, gobernador entonces de Mendoza, i 
que hemos encontrado autógrafa en los papeles del jeneral O'Higgins. 

"Ya esiáa reunidas, dice, las Cortea en Madrid i por los diarios que he visto 
eótán dando pasos mui rápidos Han quitado todas las temporalidades a todos 
los monasteriofi i convenios, i a esta fecha están 8uprlmtdo> todos lod regulares, 
pues no se esperaba para esta operación sino que una comisión encnrguda del 
plan lo presentase a las Cortas. Antes de esto se h ibla mandado que uó fc diese 
la profesión a noyicio alguno. Lo gracioso os que hablándose solamente de los 



— 15 — 

entregó a los adversarios de la unidad liberal (representada 
en la carta de 28 que él habia inspirado) la tea con que de- 

firtiles se presentaron las monjas de Baeza pidiendo que todas las providencias 
qne ce tomasen con respecto a la secularización de los regulares, fuesen com- 
preosivas a ellas; lo que se concedió, i se pasó a la comisión para que el pro* 
yeoto fuese Irascendental a las victimas de la imprevisión de uno i otro lexo. 
La nación se ha abrogado los diezmos i los lia arrancado de manos de los ecle- 
úáitíco^ aun no los han suprimido porque estaban destinados por dos años a 
la amorticacion de la deuda nacional, la que, liquidada que sea, quedarán es- 
tinguidosL También se habia prevenido a los arzobispos i obispos, que con res- 
pecto a ser exorbitante el número de los sacerdotes, no procedan a ordenar 
hasta que se vayan colocando los frailes en los l)eueíicios. Con esta providencia 
han interesado toda esta chusma en favtir de la Constitución, i con una congrua 
de seis reales de vellón a los de misa i olla, i doce n los ffamonale» que se les 
ha concedido de por vida. 

"He visto un proyecto de concordato presentado a las Cortes, i el que, según 
todas las apariencias, il>a a ser sancionado, en que tratan de escamotar al Papa 
todas aquellas prerogativas que conduelan tanto dinero a Roma. Todas las dis- 
pensas, presentación i consagración de obispos, decisión de caucas reservadas a 
la Santa Sede, reformas en la )liturjia, se declaran adhercntes al priraailo de la 
Iglesia de España^ Para la secularización de un fraile no se necesita mas forma- 
lidad que presentarse ante la puniera justicia del lugar i con el boKto que ésta 
necesariamente debe darle, ya puede oolcrar los hábito? i vestir los olericalet. 
£1 fuero eclesiástico estaba abolido. 

*'Vd. eatrañará que noticias de tanta trascendencia no las repitan nuestros 
periódicos: but i/t€ bigotry everif day inrrecaes (*). Muchos opinan que la España 
trata de liacerse protestante porque a mus de las antecedentes reformas ae pien- 
sa en abolir el celibato) i que lor^ ministros del culto tengan su mujer propia. 
£n último análi^is, lo que me parece ÍDcontesLal>le, es que los españoles marchan 
con una rapidez infinitanicnte mayor que los in,írle:>es en tiempo de Enrique 
VIH.- 

Qué cambio de ideas, eeclaniará el historiador ñhisofo al leer este pasaje del 
ilustrado j enera! que debía pedir, al ñnalizar sus dma, el regreso a Chile de los 
Jesuítas! 

Nos parece también digno de curiosidad el recordar aquí un hecho que 
teníamos del todo desconocido i que no deja de poseer cierta oportunidad en el 
día, a saber, que Cliile llegó a nombrar en 1826 un ministro al Congrego de 
Panamá i que éste fué el jeneral Pinto, entonces intendente de Coquimbo. En 
nna carta autógrafa de este personaje que tenemos a la vista, fecha de la Sere- 
na, diciembre 14 de 1826, encontramos, en efecto, las siguientes palabras: 

'*Me etitoi disponiendo para marchar con mi familia al otro lado (a Tucn- 
man), pues teniendo que marchar de plenipotenciario al Congi^eso de Panamá, 
quiere mi madama hacer en mi ausencia una visita a sn madre. A principios 
de abril estiré de regreso a embarcarme." 

(*> £1 (iuMtIsmo 9e aumenta cada dio. 



— 16 - 

hian devorfo* sus inmortales preceptos. Vicuña, mas leal, pero 
BO menos tímido, vino a ser entonces solo un piadoso sepul- 
turero, i el ilustre Freiré, ídolo del pueblo i del ejército i 
juguete de los congresos i de los intrigantes, vino a ser, al 
querer vengarla, un desventurado mártir. 

Hubo, pues, en el desenlace una gran fuerza de audacia i 
de éxito en los reaccionarios, i una debilidad equivalente en 
aquellos «Constitucionales» que acababan de dar a la libertad 
uñ trpu.o i una cuna a la democracia en sus recientes trabajos 
lejislativos. 

IV. 

Empero, de donde la reacción de 829, que no tenia mas 
fuerza que su inercia, ni mas luz que su ira, habia alcanzado, a 
]a postre de sus esfaerzo^?, aquella audacia que U habia salva- 
do, aquel centro de unión en el que se liabian apoyado toda^ 
sus fuerzas incoherentes o dispersas, aquel caudillo, en fin, 
que debería llevarla, al menos c»mo un hecho, si no como 
principio, a un triunfo pronto i definitivo, 

Aquel'^auxiliar poderoso, aparecido como por encanto en la 
arena en que luchaban los partidos, fué el joven comerciante 
don Diego Poi tales. 

V. 

^uión era Portales? Qué antecedentes, qué prestijio, qué 
fuerzas traia consigo para acaudillar la reacción i llevarla al 
^V}unfo? 

FiloBÓfioamente hablando. Portales no tenia ninguno de 
i^uellos títulos, i mas que todo, no tenia la misión que falsa- 
flplente le ha atribuido hasta aquí la historia, de acaudillar esa 
reacción. Verdad es que como Jiecho la hizo triunfar, pero 
como principio triunfó de ella misma, i se le sobrepuso avasa- 
llándola con su poderosa personalidad. 

Don Diego Portales no pcrtenecia, en efecto, a ninguno (}e 
los matices de la reacción. 



— 17 — 

Ni al partido colonial, porque su familia toda i él mismo 
habian sido ardientes patriotas, contándose su padre entre los 
ilustres presidarios de Juan Fernandez i habiendo padecido 
su madre persecución i encierro en los monasterios de Santia- 
go por Marcó. 

Ni al bando de la dictadura derribada en 1823, porque 
como comerciante habla conocido de cerca las cabalas finan- 
cieras que mancharon aquella administración, por lo que com- 
batió siempre encarnizadamente a sus hombres i en especial 
a su jefe, el ilustre O'Higgins, a quien él solo vedó las puer- 
tas de la patria, en sus dias de omnipotencia. 

Ni al círculo doctrinario que encabezaban los Egaña (padre 
e hijo), porque sin ilustración ni amor a la discusión ni al 
estudio de los principios, i particularmente a las asambleas 
lejislatijras, que repugnaban, ademas, a su naturaleza peren- 
toria i absoluta, no se habla preocupado nunca de la organi- 
zación interna de la República bajo tal o cual ba.^e teórica. 

Ni a la facción aristocrática, en fin, porque aunque vastago 
de una fiimilia de noble alcurnia, sus predilecciones i sus 
hábitos eran todos opuestos a las exijencias de la vida corte- 
sana, pues él mismo se sentia, según sus propias palabras, t un 
corazón plebeyo. » 

Ni era tampoco federalista, por la razón que acabamos de 
apufitar, i porque su tendencia unificadora le alejaba de todo 
sistema intermediario (1). 

No era, por último, campeón del militarismo re/armado en 
1828, pues, al contrario, él habia sido una de sus víctimas en 
1827, preso por el coronel Campino, a quien nadie, con mas 
eficacia que él mismo, contribuyó a desarmar, gastando una 
cuantiosa suma. 

Su círculo íntimo, por otra parte, era de hombres adelanta- 
dos i casi revolucionarios, porque, al menos, lo eran mas que 



(1) "Mucho celebro d acuerdo áe la Asamblea de Aconcagua, porque eae 
mifmo desorden será el mejor testimonio de que la federación es inadaptable 
pATft el estado actual del pais.** (Carta de Portales a tu dependiente de comercio 
dom Enrique Newman, Valparaiio, abril 12 de 182*7.) 

D. DISGO POBT. 3 



-rr 18 - 

lofl pr69Í4^ate9 Freiré i Blanco, Eizagairr^ i Vicuña. Compo- 
rmn aquel, m efecto, Bena vente i Gandarillas, columnas del 
partido Oanreripio, i el joven patriota Renjifo, cuyas tenden- 
cias eran esclusivamente liberales. 



VI. 

¿Cómo acontecia entonces que don Diego Portales, en lugar 
de arrimar su poderosa espalda al edificio de la democracia 
que se desplomaba en todas direcciones, minados sus cimien- 
tos por la carcoma de la reacción, fuera a hacerse el adalid i 
el salvador de la última? ¿Oómo ^ra que aquel hombre, que 
tenia todas las dotes de los caudillos populares, no recojia del 
palenque de las contiendas la herencia que había dejjido sin 
un apropiado sucesor, aquel turbulento campeón de nuestras 
primeras libertades, don José Miguel Carrera, el hombre que 
en nuestra historia ofrece mas analojia de carácter i de jenio 
con aquel, en medio de la diversidad de sus carreras i de sus 
épocas? (1). 

Una esplicacion encontramos solamente para darnos cuenta 
de esta inconsecuencia, que mas bien pudiera llamarse una 
fí^talidad de nuestra historia. Para nosotros, sin entrar en los 
accidentes que fueron mas propiamente la ocasión i la oportu- 
nidad, antes que la base de la vida pública de Portales (pues 
e9ta solo debe buscarse en su carácter i en su estraordinaria 
naturaleza), su alejamiento del bando liberal i su hostilidad 
a la organización democrática que aquel se empeñaba en dar 
al pais, encuentran su punto de partida, por una parte, en el 
carácter personalísimo i esclusivista de aquel hombre de Es- 



(i) Cuando Portales era un simple negociante en 1822 (i esto es digno de 
especial noticia), ya habia personas que le comparaban por su CJirácter a don 
José Miguel Carrera. Por aquel año llegó desterrado a Montevideo don Baltasar 
Ui;Qt4, insigne carreríno, i conversando con don Diego Benavente, proscripto 
e9%Qucpa en aquella ciudad, le dijo: ''Que había aparecido en Chile otro don 
Jodé lnUgnel C4crera i que este era don Diego Portales." £1 mismo señor l^em- 
vente nos ha referido esta coincidencia, notando que no era del todo inexacti^. 



tfflpí i P4F 1^ Qf'^? 1^" ?f? <^T§P9!^ ^b^pluta de iju^tri^ipa po: 
lítica, antea de que hubiera hecho en ésta el ^pren4izaje prac- 
tico, en qije si; único maestro fué su propio jenip. 

Portales, en efecto, no vio, f^esdo qvje fué hprpbre públicp, 
las ideas ni las cosas, sino los hombres. El aniaba la democrí^- 
c¿a, ei deciri 1^ igujijdad ante la lei i la justicia, pero aborrecí^ 
a lo que él Uarpaba el pipiolaje, es decir, a I03 hon^bres pia^ 
p menos oscuros, mas o menos tildados en sus acciones o en 
su carácter, que, por un efecto mismo de las turbulenpias de }a 
época, habÍ2fn ascendido a la superficie de la política i del 
poder. 

Así, la priíjcipal razón de ser de la iniciativa política de 
Portales en cpntra (|el gobierno liberal, estaba en las circuns- 
tancias que don José Maria Novoa, hombre de poco cré- 
dito en el foro i en la política, fuese ministro ile Estijtdo; que 
MuQoas Bezanilla, a quien sus enemigos acusaban de negocia- 
ciones vedadas, tuviese un puesto de confianza, i aun desem- 
peñara j&n oc^sione^ una de las secretarias del despacho; que el 
t boticario p Fernandez, hombre honrado i patripta^ pep vio- 
lento i psjBpro, tuviese un asiento en el senado; que el exalta- 
do clérigo Fariñas lo tuviese en la otra cámara; que loa arjejj- 
tjnos Navarro i Orjera, fueseu, el prifnero una dignidad de la 
Iglesia i el último un hombre de prestijio popular; i por fin, 
que la prensa de gobierno estuviese en manos del cuíco Padi- 
lla i del francés Chapuis. 



VII. 



Era cst0 j/énero de hombre^, inevitables en los períodos /ie 
organización, i ci^yos defeptos tenían un carácter mas bien pri« 
Y^Q que visible i daüoso en su carrera política, los quf) 
habían hecho exhibirse a Pórtalos como escritor público, fjim- 
daado el HambrierUo^ contra esa tribu de peleónos, cQpao él 
llamaba a aquellos políticos libertinos, haciendo una escepcion 
honrosa de los hombres patriotas i bien intencionados (los 



- 20 — 

pipiólos puros)^ que trabajaban por echar las bases de la repú- 
blica democrática. 

Fué, en verdad, la mayor de las desgracias que cupo al 
bando liberal su carencia de hombres adecuados en la hora 
del conflicto. Sus mas simpáticas nombradias, i que noso- 
tros hemos solo conocidos ahora, Melchor Ramos, Bruno 
Larrain, Concha, Lira, Toro, Vicuña, eran entonces jóve- 
nes que apenas se iniciaban en la vida pública. La proscrip- 
ción dé O'Higgins había dispersado a los antiguos campeo- 
nes de' la causa liberal, o los habia hecho víctimas, como al 
mas ilustre de los Carreras i a Mannel Rodriguez. De los que ' 
hablan vuelto a sus lares, veíase a Benavente i Gandarillas en 
las filas opuestas a su antigua causa. Camilo Henriquez, 
viejo ya i eufermo, mas de desengaños que de achaques, habia 
roto las cuerdas de su plectro de oro i dormídose en el sueño 
de la indiferencia, esa muerte del alma. Campino, hombre que 
ha sido poco estudiado i poco comprendido, único rival posi- 
ble de Portales, lo que bien conoció éste, profesándole un odio 
tan tenaz como implacable, estaba-ausente en lejanas misiones 
diplomáticas. Don Ventura Blanco, tan ilustrado como irrita- 
ble, habia doblado su cartera en lo mejor de sus ensayos en 
la hacienda pública. Solo quedaban de pió de aquellos atletas 
de la primera edad de la República, don Carlos Rodriguez i 
don José Miguel Infante: dos grandes corazones. Pero ni uno 
ni otro tuvieron la intuición de sus poderosas voluntades para 
aplicarlas al bien de sus conciudadanos en el tiempo i la ma- 
nera que hubieran sido fecundas i salvadoras. El uno gastó 
todo su poder en la obstinación de un sistema; .el otro en la 
efervescencia jencrosa, pero incauta, de su entusiasmo, que 
bien pronto hubo de llevarlo a la conspiración i al destierro. 

Por esto, donde luce el partido liberal en su hora postri- 
mera, su lealtad, su fó i su heroísmo, es en aquel noble ejército 
de Lircay que sus vencedores llamaban, sin embargo, el ejér- 
cito francés, porque sus mas brillantes jefes no hablan nacido 
en Chile, aunque sabían morir por sus fueros. 



— 21 — 



vni. 



Fué, por consiguiente, un odio dirijidOy mas contra los 
hombres que contra las instituciones, mas contra los pipiólos 
que contra la Constitución liberal, la causa por la que don 
Diego Portales se adhirió a los planes de la reacción (1). Acá- 



(1) Nuestro dUtiuguiil o piiblieista Lastarria, haciendo cabal justicia al patrio- 
tismo i a loe esfuerzos jcncrodos del partido liberal por constituir a la república 
bajo las anchas bases de la democracia i de la igualdad, resume en su Juicio 
hitiárico tabre don Diego Portales, con estas notables palabras, todo el breve, 
pero fecundo período de su labor, de su poder, i particularmente de sus enaa- 
yo9 teóricoé. 

**£i partido liberal, dice, h ibia surjido naturalmeote de las reacciones i peri- 
pecias políticas que pKcífícnmente se habían operado después de la eaida de la 
administración O'Iliggin^, i sin violencia había llegado a colocarse en el 
gobierno de la república. Varo como -no era esclusivo ni debía su elevación a la 
guerra civil ni a luchas violeiitiis^de partido, llamaba a la administración a to~ 
du0 los hombres capaces de contribuir con sus luces, su patriotismo o su presti- 
jio a la organización del estado, sin desdeOar a los mismos que pocos días antes 
habían rechazado la causa de la independencia o servido ardientemente en las 
filas de los realistas. Por eso es que se veian figurar, durante el gobierno libe- 
ral, DO solo en las comisiones de servicio público gratuito, sino hasta en los 
puestos mas elevados de la administración, a los pelucones, a los O'Higginistas i 
Carrerinos, a los estanqueros, i aun a los realistas mas apasionados. Ábranse los 
boletines de la época i se venin los nombres de los Ovalles, Errázuríz, Eizagui- 
rrcs, Ruiz Tagle, Viales, Meneses, Gandarillas i otros, que a renglón seguido 
fiaran en el gobierno revolucionario de 830, fulminando decretos contra los 
liberales, en cuyo consorcio hiibian aparecido la víspera. 

'Terminada la guerra de la independencia en 826, humeando todavía los 
campos de batalla, i jadeante la república de cansancio i estenuacion, los libe- 
rales se habían consagrado con mas intelijencia i con mas perseverancia i pa 
iríotismo que partido político alguno en América a la organización administra- 
tiva, i a la provisión de las necesidades mas uijentes del orden social. Sin ren- 
tas para subvenir siquiera a las necesidades mas premiosas, paralizada la indus- 
tria en todas sus esferas, agotados los espíritus activos de la sociedad, en medio 
de pueblos estenuados, sin acción, ún porvenir, pobres, hambrientos, el gobier- 
no, sobre quien hacia llover sus diatribas el papel de los estanqueros, ae afanaba 
por* <Hrganizarlo todo i por satisfacer todas las aspiraciones por medio de medí- 
das oportunas i ríjidamente ajustadas al sistema democrático. £n dos afios o 
menoA, Borgoño en el ministerio de la Guerra i Marina, Rodriguez en el del 



so, llamado por aquellos i olvidado él de sus agravios, hubiera 
sido su salvador, como fué el azote de su esterminio en las 
filas de sus enemigos. 
Pero no porque Portales acaudillara la reacción como un 



Interior i Relaciones Esteriores, i Blanco en el de Hacienda, hablan dado cima 
á la (rande obra de la organización de la república. 

"Él (ejército de la independencia liabiá sido reducido eobre una ba¿e séticillü 
a tres mil quinientos hombres de las tres armas, i todos los oficiales escluidos 
del servicio, por no tener colocación en la nuera planta, aá como los retirados, 
habian obtenido, segpm las leyes de lü reforma nülitar, en fotidoS púbÜcos del 
seis por ciento, el ralof total del 6ueldb de su empleo, multiplicado ix>r lo6 ddé 
tercios de los afios que habian servido. &l pago del ejército, la contabilidad, sii 
disciplina, la otganizadon de los tribunales de su fuero, i todos los 'deoiaá ptitl- 
t08 de este negociado hablan sido reglamentados con oportunidad i dilíjeiiclá, 

"La dlvbion del territorio, el establecimiento de la policia de seguridad, lá 
crganisacion de las orcinas dé la adtninistracii-n, desde el ministerio de fótado 
hasta las mas subalternas; la de ios tribunales de justicia, su tdodo de proceder, 
simplificando los trámites de los juicios ejecutivos por créditos hipotecarios i 
proveyendo a la pronta i recta administración de justicia en jeneral; el fomento 
de los establecimientos de instruccioil pública, la dotación de párrocos, la venta 
de los bienes de regulares, todos los tastos negociados que dependían entonces 
del Ministerio del Interior i Relaciones Esteriores fueron reglaniéntados i ptb- 
véidos con intelijencia i i^egularidad. 

"Pero én lo qué mas resplandeció la intelijente actividad de aquella eoHa 
administración fué en los ramos de la bacienda pública: «1 comercio de cabotaje, 
el esterior, las aduanas, los diversos ramos de entradas fiscales, como el de pa- 
tentes, papel sellado i otros; i fobre todo, el crédito público, el recónociitilento 
i arreglo de la deuda nacional, el buen réjimen i orden de las oficinas de con- 
tabilidad, todo eso i mucho más trae su organización desde ese período que 
corre desde 1 827 a 1 829, 1 eleva a un alto rango la capacidad de dóh Ventura 
Blanco, que como ministro de Hacienda se dedicó A tan difíciles negocios de 1* 
administración. 

"La sublevación militar que destronó A loe libehiles en 829, vino a encontrar 
en pié todos esos preciosos trabajos, todas esas leyes orgánicas i teglámentós 
que han servido de base a loa progresos ulteriores, i muchos dé los cuales nos 
rijen hasta hoi. Todavía mas, halló también terminada lá organización política 
de U república: el Congreso liberal, instalado el 25 de febret-o de l628, habla 
eferrado sus sesiones el 2 de febrero de 1829, después de haber dado la Coiistltu- 
ción de la república i las leyes principales para su phihteamiento, inclusa la léi 
sobre abusos de liberted de imprenta, la mejor i la mas sabia que hasta ahora 
te haya dictado en los Estalos que han tenido la pretensión de reglamentar el 
uso de lá palabra escrita. t*ero nada nías dignó de aiencioii entre esos trabajos 
piolitioos que la Constitución sancionada por tiquél Congreso: ho es esta Ih Oca- 



— 23 — 

hecho armado, fué nunca su lejítímo representante en el fin 
que aquella encarnaba. Mui al contrario. Fué el línioo hom- 
bre que tuvo un propósito dadd en aquel abismo de encontra- 
dos intereses i de hostiles tendencias. Su jenio es la única luz 
que brilla erí el caos. Todos los reaccionarios venian reíüel- 
tod a volrer atrás, i los allegadizos dt aquellos que no sabiah 
retroceder, no se daban tampoco cuenta de adonde iban. 

Por esto puede decirse que si el movimiento do 1829 era la 
reacción, Portales solo era la revolución que en sus ajitadjis 
entrañas traía oculto aquel trastorno. 



rfon oportuna de analizarla, pero bí lo es de espresar un roto de aclmiracibti i 
gratitud por aquellos lejisiadores que con tanto desinterés como pátríotiamo 
pudieron elevarse lo bastante para consignar en su código los principios mas 
sanos de la ciencia política i organizar en repúbli<ia democrática del modo más 
practicable I provechoso. 

"Como entre nosotros se olvida siempre la historia de ayer, la jeneraicióh pre- 
sente no tiene ni siquiera la idea de que aquel gobierno liberal hubiese com- 
pletado en pocos meses la organización del Estado, en medio de las penurias i 
zozobras de la pobreza i de las oscilaciones políticas. Se ha hecho creer jeneral- 
mente que ]a administración de los pipiólos era el tipo del desorden, de lá dila- 
pidación, de la injusticia i de la arbitrariedad. Poro semejantes acusaeióüefe, 
Lijas de la mala fé i de la ignorancia, caen al suelo cuando se ojean los boleti- 
nes de las leyes de esa época i se estudia un poco la historia. Los mismos auto- 
res del trastorno no se atrevieron siquiera a formularlas: los periódicos oposito- 
reé de entonces respetaron los hechos, aunque ultrajaron a las personas; i la 
jiuta revolucionaria que se constituyó en Santiago justificaba el moviiniénto 
reacciondrio en su circular de 7 de enero de 1880 solo por las infracciones de 
Constitución de que acusaba a los liberales, cuando la revolución misma no 
babia dejado lugar a que la Constitución rijiese eji los pocos meses de vida que 
tenia. ''La Constitución, decia la circular, que liabia sufrido escandalosas !h- 
fl-aeciones en los actos electivos, las sufrió mayores, i mas irreparables, por las 
Cámarad que de ellos procedieron. Apenas fué reunida uoa minori4, cuando 
imncipiaron los abusos, en la violenta e ilegal traslación del Congreso al puerto 
de Valparaíso, teatro destinado para la representación de escenas que no po- 
drían creerse, si no hubiesen rido tan públicas." La junta enumeraba estas in- 
IhUMiónes para deducir como una consecuencia preciad de ellas qtie la Constitu- 
ción estaba suspensa i que careciendo la república de un gobierno jeneral, 6ra 
predao infiínjirla mas todavía, nombrando un Congreso de plenipotenciarios 
que arreglase las cosas de otro modo." 



- 24 — 



IX. 



Pero no por esto, en concepto nuestro, la misión de Porta- 
les, misión inevitable (i pedimos que en esta pártesenos 
escuche, pues estamos llamados a probar cosas nuevas, i aun 
estraordinarias, no con palabras, sino con hechos), fué un bien 
o una salvación para la República. Mui lejos ^e eso, el mérito 
de aquel hombre ilustre está solo cifrado en haber hecho de 
un mal inmenso, un mal mucho manos grave. El empuñó en 
su potente mano aquella reacción ciega, rencorosa, incohe- 
rente, que venia de todas partes como un aluvión de pasio- 
nes, i la dejó estacionaria, inerme, casi nula, como contuvo 
también, a la vez, el vuelo espansivo de las ideas i del espíritu 
democrático. Dique de fierro, arrojado por el acaso entre dos 
corrientes encontradas, Portales detuvo su recíproco ímpetu, 
esperando abrir a ambas un tranquilo cauce con su certero e 
infatigable brazo, i fué echado a tierra cuando habia hecho so- 
lo la mitad de su obra. ¿Quién nos ha dicho si allá, en los arca- 
nos de su mente, tenia resuelto devolver a su patria la liber- 
tad que en su omnipotencia le habia arrebatado? Los últimos 
sucesos de su existencia pública, en verdad, no lo probaron 
en manera algunl^ pero es cierto que él no daba todavia por 
terminada su ardua empresa de avasallamiento de todas las 
pasiones que habia creado la anarquía, de la que él mismo 
surjió armado del tridente de la dictadura, para hacer nacer 
nuevas i mas desencadenadas pasiones en derredor suyo. 

Tuvo, por esto, solo una existencia de tirano, i tal es su 
renombre en todos los ámbitos de América; pero fué tirano 
para con todos, amigos i enemigos i para él mismo. Sus altivos 
adversarios llevaron siempre sobre el cuello la presión de su 
férrea mano; pero los que le rodeaban de cerca sentían a cada 
instante sobre su frente el contacto de su palabra de estímulo 
o reprobación que quemaba como ascuas de fuego, mientras 
que ni a sí propio se salvaba del alcance de su indomable vo- 
luntad. Se impuso siempre arduas privaciones, tuvo un 



-25- 

desinterés sublime en todos los actos de sa combatida exis- 
tencia, i a la postre, rindió su propio aliento a sus inexorables 
propósitos, porque , a diferencia de los enanos- intrigantes 
que se han llamado sus imitadores, aquel hombre de hierro, 
que solo murió cuando veintidós bayonetazos traspasaban su 
frájil cuerpo, lo arrojó todo, fortuna, reposo, íntimas felicida- 
des, las santas afecciones de la familia, los fueros mismos de 
la amistad i hasta su propia vida, en aquel azar terrible de 
organizar la república conforme a sa inapeable volantad i a 
su ínclito patriotismo, que ninguno de sus conciudadanos, ni 
aun los mas obstinados en su animadversión, le negarán jamas. 



X. 

Mas bien que autor de esa revolución reaccionaria. Porta- 
tes, sin apercibirse él mismo, nació pues de ella, i apoderándo- 
se de todos sus resortes con su fuerte voluntad i su inmensa 
oeadia, la hizo servir a su plan único, que fué la doble orga- 
nización del poder i del pueblo, mediante la disciplina infle- 
xible que él iba a iraprimirbs, rejimentandoa toda la repúbli- 
ca como a un ejército en campaña. 

Le vemos por esto desbaratar por todas partes esa reacción, 
tan pronto como la victoria ha coronado su obra. Depone 
al primer presidente que aquella se diera i que era su primo 
hermano. Anonada al Dr. Rodríguez Aldea, autor verdadero 
del levantamiento i que era a la vez su mas poderoso rival. 
Se somete como a un dócil ausiliar al jeneral vencedor, re- 
nunciando los honores del primer puesto de la república que 
todos le brindan. (1) Llevando siempre adelante su obra de 

(l) A juzgar por una carta anónimarqne existe entre los papeles del jeneral 
<yHiggin9 i que parece ser de 1ü mano de un alto personaje, los CyHigginistas 
i el mismo jeneral Piieto, que era su caudillo armado, (como Rodríguez Aldea 
er» sa jefe civil), no conáideraron del todo perdida la parada que hablan jugado 
de ea propia .cuenta en Lircai, i mas tarde, en las elecciones de 1831, hasta 
que aqae) jeneral, llamado por Portales a Santiago para entregarle la presiden- 
dA, abandonó sa cuartel jeneral de Concepción, centro de sus fuerzas i relado- 
nes, en el que muchos esperaban ver nacer una nueva revolución, no ya contra 



dfgftdidátiitífl^ tíh d&spl*éndé, éü áegaida, de lóá tñlsmoiS amigeos 
\Sóii foi qué 6é hábiá lanzado a \á arena, i por último, mtier^ 
irtill»il]í i gf^fldé, llorado solo dd loa que habiendo áido sus 
ffiSÜtúíÁ i M sttd aduladores, hábian comprendido su alta men- 
té 1 adínlndo 1& iuismá noble i desinteresada éiierjia de i^us 
llétdecdsiotied. 

La ré^KX^ioñ de 1829 fué ahogada, así, en su propia cuna, én 
los bi^fizoá de aquel hombre estraordinario. Sin Portales, la 
revolución de 1829 habría sido el caos. Con él, fué el poder. 
Debe Chile á aquel ilustre ciudadano est3 servicio que bien 
pocos hati comprendido i que solo el estudio íntimo de los 
hombres i de las pasiones de la época ha podido revelar. 

I tan cierto es lo que décimo?, que múi pronto esa reacción 
vuelve a recobrar sus perdidos alientos, cuando Portales se 
aleja del centro de su omnipotencia; porque solo entonces, i 
diBSpues que aquel ha abdicado su dictadura de 16 meses (abril 
6 dé 1830 a agosto 17 de 1831), comienza en su jcnuino senti- 
do el reino que se há llamado de los pelucones, que encontra- 
ron en el ministro Tocornal su primer jefe, en el fiscal Egafia 



los esterminados pipiólos sino contra los mismos estanqueros. Por esto lamentaba 
tan profundamente el doctor Rodríguez Aldea la rrjuerte del factor Basso i 
decía en la célebre carta <jue de él publicamos en el Apéndice: "que deberían 
regar ¿ón lágrimas su tumba, i que en él -se les habia caído su l.razo derecho.'* 
Del mismo tenor de ese documento aparece que Basso, tanto como Prieto, o mas 
que él quizá, fué el autor del levaptamiento ddSud en 1829, levantamiento 
que tuvo un carácter esclusivamente O'Higginista en sus fines i en sus hombres, 
pero que Portales en Santiago i en un viaje precipitado que hizo a Talca, des- 
naturalizó completamente. 

Hé aquí entre tanto lo que dice la carta a que nos referimos, relativa- 
mente al viaje de Prieto a la capital i al desvanecimiento de toda esperanza cu 
favor del jeneral O'Higgins, con fecha de agusto 18 de 1831: "La veni- 
da de Prieto es el golpe niort-il. Va a encontrarse Santiago entregado en 
iSl^meñte á loa estanquero?. Los tres cuerpos de esta guarnición tienen a 
fttt cabeza hoñlbres tendidos al estanco. Prieto no puede ahora moverse sin 
hallarse en el tnayor peligro. Es verdad que ha anunciado públicamente que el 
Jeneral 0*Higgins debe venir a ati suelo natal, lo cual ha dudo lugar a la reunión 
3él club, en el cual Gandhrillas propuso que de ningún modo debia admitirse a 
DÜigglris, i hoñtís los demás fueron de la misma opinión, escepto Portales que 
í^o éitíis i^labróB: Cuando (yHiggins venga, Btnavente estará a la cabeza del 
eji^éUó, i áuH^ Ho fiuká asi, Búlnes es seguro." 



ftü iást)iradori i én él código de 1893^ qué en maneta álgtina 
fué la tíbrú dé P'ottalés, la basé de sa prolongado i Violéiító 
poder; 

Perd nádá, entre tanto, ilüáthirá mejor estos eohcéptó&j qtíé 
por nuevos parecerán a algunos peregrinos, que la propia vida 
del hoihbre singular qué los motiva. 



XI. 

Nació don Diego José Victor Pohtnles étl Safatiago el l6 dé 
junio de 1793. Fueron sus ))adres el superintendente de la 
casa (le Moneda don Santiago Portales, hombre t¿tn ardoroso 
diB catácter como festivo de humor, i su madre la tnatronh 
d^8a Mdria Fcrnundezde Palazuclos, que dio a luz veintitrés 
hijoíí. Reclamnban los abuelos de la pítima, ilustre» abolen- 
gos, pues hacíanlos llegar hasta la cuna papal de les Borjia por 
comprender en su jenealojia al snito jesuita, amigo de Cflr- 
los V, San Francisco de Borjas. 

Educóse, eñ consecuencia, el hijo ile tan nobles padres, Cbh 
todo el esmero que era entonces dado alcanzar en las aulas 
de lá colonia. Destinósele ál principio a lacai'rcra eclesiásticü, 
t fin de que gozase de la renta de cap'¿llan de la casa dé Mo- 
neda, impuesta cuando se abrió esta cusa en 1805, época en 
que don Diego tei:¡a solo doce aflos. Dícese que, con tal 
motivo, vistió sotana durante algunos meses, aunque este 
hecho no está suíiciehteinento aver ií'uado. 

Estudió do^J">ués humanidades en la aulatde mayores del 
délebre Lujan, irisigne latirtista, i ño fue don Diégb el metiós 
aprovechado de sus discípulos, pues apreri'li-) ítqmdla lengua 
cch alguna perfección, i siempre so jactó dé tillo diciendo que 
era l-j único que sabia, asi como ciertos trasuntos de tedlojia, 
en cuyo ramo se consideraba fuerte (1). 

(1) Eá una cártd a su confidente íntimo don Antonio Garfias, contcátrindo 
ciertos razonamientos que éste le había dirijit'o para confortar su ánimo decai- 
do por un contraste de fortuna, le dice lo siguiente, con fecha de yal(>araiap, 
idtno 16 de 1882: "A sas salndables consejos i consolaciones qniett) cóntúlarle 



- 28 — 

Pasó después al Cól^ colorado^ donde se hizo mas notable 
por sos injeniosas travesaras que por sus adelantos académi- 
oos. Cuéntase de él que un dia dio salida a todos los alumnos 
del establecimiento, quebrando las ollas de la cocina, a fin de 

con un latín, que si no entiende, debe imputarse a sí mismo o al viejo don An> 
tonio Garfias (de quien me ocupé anoche como una hora con el pelado Alvares) 
por no haberle hecho aprender gramática i teolojia, sin lo cual no hai educa- 
cien ni nada bueno. FaciU omnes cum vaUmus recta concilia tegrotis damwt: 
tu si hic 68868 alit6r sentires.'* 

A propósito de esta primera cita de la interesantísima correspondencia de don Diego Por- 
tales con don Antonio Garfias, **esto otro yo*" sayo, como le llama en machas de sos oomonl- 
caeionos, nos será permitido entrar en altanos detalles sobre la manera como hemos llegado 
a obtener la posesión de estos 1 otros no monos preciosos docamentos. 

Bn nna bodega de traste» viojos, encontramos, mediante la bondadosa condescendencia del 
seflor don Joan José Mira, ana parto considerable de los papeles de la testamentaria de don 
Estanislao Portales, qne fué albacea de sa primo i cañado don Diego, i entro aquellos feliz- 
mente existían machos qae pertenecieron al último i que hablan sido arreglados con esqui- 
sita paciencia en 178 paquetes, relativos la mayor parte a los negocios mercantiles del difunto 
ministro. Esta colección fué puesta en orden bajo el concepto de que los documentos que la 
componen debían servir solo al arreglo de cuentas de la testamentaria de don Diego Portales, 
i por consiguiente, se hacia mui diñcil entresacar los pocos pero interesantes papeles poÜticos 
que en ella se encuentran i que escaparon por algún acaso a las llamas a que Portales conde- 
naba por costumbre cuanto comunicación confidencial llegaba a sus manos. Sin dada corrie- 
ron esto suerte dos baúles de papeles que el propietario de la casa que habitó Portales dorante 
la Imitada e impórtente época de 1829 a 1831 (calle de las Bosas, núm. 28) encontró poco des- 
pués ocultos sobro el entoblado de una pieza i que entregó relijiosamento ten pronto como los 
hubo descubierto. Para dar una idea de los documentos que existon en este colección i de los 
qne solo una parto ha llegado a nuestro poder, i cuyo resto acaso no escapará a nn escadrl- 
flamiento mas prol^o que el nuestro, egtractaremos aqui del inventario de ellos los siguientes 
epígrafes de los paquetes que los contienen, a saber — Paqueto núm. 16, correspondencia de 
don José Manuel Basso, factor del estenco do Gon4¡epcion. — Núul 57, correspondencia del 
Jeneral Campino.— Núm. 68, de Hullet i hermanos, contratistas del empréstito ingles. — ^Núm. 
64, correspondencia do las seftoras hermanas de don Diego Portales. — Núm. 67, del jeoeral 
Prieto. — ^Núm. 74, del mayor don Manuel Garda. — Núm. 76, del doctor don Guillermo 
Blest. — Núm. 76, del Jeneral Búlnes. — Núm. 77, del coronel Urriola. — Núm. 78, de don An- 
drés Bello. — Núm 79, de don Miguel Zafiartu. — Núm. 82, de don Joaquín TocomaL — Núm. 87, 
del ministro Bei^ifo. — ^Núm. 95, de don Benito Fernandez Maqnelra. — Núm. 101, de don 
José Ignacio Eizaguin^^ ttucloT del estenco de Santiago.— NúnL 106, del coronel Yidanrre. — 
Núm. 128, del Jeneral Benavento.— Núm. 131, de don Victorino Giirrido. — Núhl 146, de don 
Antonio Garfias.— Núm. 168, cartas de don Diego Porteles a don Enrique Newman; i núm. 
171, despachos i títulos de don Diego Porte les. 

Pero estos documentos, en los que figuran cartas del presidento Prieto, de los ministros 
Toeornal i Benjlfo, de los intendentes Alemparte i Urizar i particularmente del i^^nto confi. 
dendal Garfias, solo arrojaban luz de una manera indirecto sobre el gran cuadro que inten- 
tábamos trazar i sobre la relevan to figura del hombre que llena con su sola poderosa 
personalidad casi todo el conjunto de aquel ¿Cómo entonces llegar a la fuente única de donde 
podíamos derivar el conocimiento intimo del hombre i aMa esplicacfbn Jenuina de los actos de 
sa vida pública? 1a correspondencia confidencial de don Antonio Garfias, encontrada entre loa 
papeles de don Estanislao Portales, nos seftalaba el camino que debíamos seguir para descabrir- 
Ut, i la bondad de aquel caballero vino a abrirnos la puerto del arcano, poniendo a nuestra dis- 
posielon, por decirlo asi, los moldes matrices en que toda la correspondencia de aquel célebre 
hombre de Estado ha sido yadada. Cerca de 400 cartas, corrientes desde d l.i^ de noviembre 



QA» b^bm puerto el singular apodo de co^ne zapos, uDÍpo ñora- 
bre por (b1 que se le conoce, i no es ineno.s popular el chasco 
qu^ jugó a DU portero de la casa de Moneda llamado Bust^- 
mant^ a quien por engaño ca^i ahoi^óen las maritatas de aquel 
laboratorio (1). 

Así, mas o menos, corrió la vida del joven don Diego hasta 
llegar a los veinte años de su edad, sin haber hecho ningún 
progreso de consideración en sus estudios, pues él misnao con- 
fesaba en años posteriores que tuvo mui poca afición a la 
gramática i el derecho, único plan de educación en aiquella 
época. 

Dábase de preferencia a otro jér.cro de pasatiempos juveni- 
les, i sin duda el mas noble de éstos era la representación de 
dramas i comedias de aficionados, en las que tomaban parte 
sus camaradas de niñez, que lo fueron despaes en los puestos 
públicas: Renjifo, Lavaíle, Elizalde, Melgarejo i otros, tjn 
clérigo, llamado don Joaquin León, era el consueta do estas 
representaciones, i todavía recuerda uno de sus actores de 



4wt# MiQeDto mayor Varas, qnieo, en mas de una ocasión, i con el respectivo superior per- 
Ví^BQi nos b(i enviado a domicilio tal número de voluminosos autos y procesos que en la 
•f^tlgüedad, cuaQdo los sabios vií^aban (X)n sus bibliotecas a cuesta, habrían formado mas que 
oDf mediana carga do camello. 

Pernos eaplotado también en lo que era posible el archivo de la intendencia de Valparaíso, 
do 190CMQ Ínteres poUtico. 

Por último, nos queda solo por decir, que no nos han sido de poco ausilio en la composiclou 
de 9Atft obra las colecciones de documentos nacionales que existen impresos en la Biblioteca 
p^bli»^ d9 Santiago, i cuyos complacientes empleados, i en particular don Damián Miquel 
hic^p t%a fácil consultar a los estudiosos. 



(1) Un dia, en el momento en que salía su padre en calesa, calentó nn som- 
brero d^ lata barnizado que por economía habían hecho al negro, i apurándolo 
a ^tfi, df nombre de su padre, le pasó el sombrero con tal destreza, que el pobre 
n^pro se le puso chamuscándose la cabeza, cí.n gran risa de su parte y mayor 
celebración de toda la familia. 

El chasco de Buatamante no fué menos duro. Era este un hombre tímido y 
sfi^dlUo, y finjiendo un dia que venían a i^renderle a nombre del coronel de 
avUU^a B^na, que tenia su cuartel en la misma plazuela de la Moneda, le 
hiio esconderse en una de las maritatas o pozos de relave do la oficina de fun- 
dición, y después de tapar la boca con un cuero, le soltó el agua hasta que ésta 
If 11^6 a los labios, ón hacer caso de su desesperación ni de sus gritos. 



- 31 — 

segunda fila el haber visto representar un papel al joven Por- 
tales en el Aristodemo de Voltaire (1). 

Caando en agosto de 1813 se abrió por la primera vez el 
Instituto Nacional, Portales faé uno de sus alumnos fundado- 
resy i permaneció en él hasta su clausura en octubre ()e 181á, 
habiendo alcanzado a rendir exámenes de fílosoña i de dere- 
cho natural. 

Empefiábase su padre en que se recibiera de abogado, i por 
complacerle, estudió en 1815, bajo la dirección de uno de aus 
condiscípulos, el doctor don José Gabriel Palma (2), el pri- 
mer libro de la Instituta. 



(1) Don Gonzalo Cruz, cuya familia Tivia en la Moneda con la de Portales, 
eiendo en padre, el conocido don Anselmo de la Cruz, tesorero de a<][uel estable- 
eimiento. 

(2) Al citar el nombre de este caballero, noe hacemos un grato deber de ma- 
nifestar nuestro agradecimiento a las personas que se han dignado fiíyorecemoe 
con datos verbales sobre 1a época y el personaje que nos ocupa. Quiaiéramqii 
entrar en el detalle de estas espUcaciones, para hacer resaltar mejor su respeta- 
bilidad a los ojos del lector, pero nos contentaremos solo con recordar sus nom- 
bres, i esto mas como un deber de coitesia que como un lujo de dUijencia. Nos 
permitimos hacer mencioo, en consecuencia, de los sefiores Blanco Encalada i 
Bello, coufídentes i colaboradores de Portales en las épocas mas arduas de su 
administración; de los decanos poéticos don Joaquín Tocornal i don Diego José 
Beoavente; de los señores Errázuriz (don Ramón) i Marin (don Ventura), compa- 
ñero de negocios el primero do l'ortales i su oficial mayor el segundo durante 
una parte de su scgundu dictaduPít; de los señores Urizar i Alempai*te, los pro- 
cónsules del dictador en Concepción y en Aconcagua, i, por último, do los 
sefiores don Antonio Garfios i don Agustín Yidaurre, los confidentes íntimos de 
loe dos grandes protagonistas de esta historia, cuya última pajina se cierra con 
el lastimero fin de uno y otro. 

Ademas de muchas otras personas, que por no ser demasiado prolijos no enn- 
meramoe en esta pajina, tenemos una particular obligación para con algnnos 
deados dd finado ministro Portales que nos han suministrado algunos dato^ de 
sa vida intima. Citaremos entre estos a los señores don Santiago i don Ramón 
Portales, don Ignacio Moran i don Vicente Larrain, todos hermanos políticos 
de aquel, i finalmente del señor don Francisco Javier OvaUe Errázuriz, su ami- 
go de eonfianza y su mis inmediato vecino, en el tiempo que habitó en la Pla- 
eiUa de la Ligua. 



— 3f- 



xn. 



Pero ya en esa época habíase despertado en el corazón del 
joven estudiante, la pasión que, según sus propias revelacio- 
nes íntimas, ejerció un influjo mas poderoso i prematuro en su 
impresionable naturaleza— el amor. 

Rindió su primero i lícito culto el ardoroso mancebo a una 
prima suya, doña Josefa Portales i Larrain, joven bella i mo- 
desta, que no tardó en pngar aquel cariño con su mano. 

Casóse don Diego a fines de 1818; pero poco antes, a prin- 
cipios de 1817, se habia recibido de ensayador de la Moneda, 
habiendo aprendido la docimacía con el químico Brochero en 
los años de 1815 i 16. Fue uno de sus examinadores en la 
prueba que rindió, el céhbre don José Miguel Infante, i el 
deslumbrador injenio del joven ensayador hirió al punto la 
imajinacion de aquel.— «La noticia anticipada desús distin- 
guidos talentos, (dice el primero hablando de Portales, cuando 
escribió su necrolojia) i del jenio que comenzó a desplegar 
desde la infancia, nos movió a indicar a su respetable padre 
cuánto convendría continuar su carrera literaria.! (1) 



XIII. 

Mas, vivia el ardoroso don Diego descontento de su estre- 
cho destino i de la escasa renta que le proporcionaba, pues 
ésta no llegaba a mil pesos. Renunciólo, en consecuencia, en 
julio de 1821, i con un capital de cuatro mil pesos que le 
obsequió A abuelo de su mujer, don Santiago Larrain, hom- 
bre opulento que le profesaba un singular cariño, lanzóse en 
la ^rrera del comercio, parala que decia él que.se sentia 
nacido. Su primera negociación fué una compra de paños i 
casimires que espendió en su propia casa y de la que obtuvo 
un pingüe resultado. 

(1) Infanta— El Valdiviano Federal, núm. 137 del 1." de noviembre de 1888. 



Por este tiempo, un gran dolor visitó el hogar de Portales. 

Perdió a sii joven esposa, después de haber visto desaparecer 

uno tras otro todos los frutp» ^e su unión que raorian en la 
cuna. 

Recuérdase todavía por personas que vivían en la inmedia- 
ción de ambos esposos, aunque no pertenecian a sus fanriili^, 
los solícitos cuidados j la tierna inquietud que if'ortales con- 
sagró a su compaf&era durante su prolongada enfermedad, 
pues dícese'por sus vecinos que nunca consentía que sirviente 
alguno le administrase los medicamentos, yendo é\ mismo a 
comprarlos a las boticas de hora en hora. 

PerPí ^Q todas maneras, esta irreparable desgracia prodtrjo 
^n su ánimo una honda mudanza. De jovial i chistoso, coavir- 
rtiiSsc en misántropo. Buscó el lenitivo de la relijion i ^e hjLj^o 
.penitente, visitando las iglesias diariamente i confesándose a 
menudo con el célebre padre Silva, prior de la Recoleta 
Deminicana, i autor del escrito titulado Los apóstoles del Sia- 
bJot contara Vera i Lafinur. Algunos de sus amigos que le 
visitaban entonces, le encontraban regularmente encerrado i 
cantando lo8 rezos de la iglesia, pues tenia una voz acentuada 
i escélente oido. 

Mas como una distracción a sus pesares que como una 
especulación, resolvió el aflijido viudo hacer un viaje a Lima, 
cuyo comercio, recien abierto a los chilenos por la emancipa- 
típn del Perú, ofrecia aliciente alos espíritus ernprendeddrbs. 
Asocióse con el comerciante don José Manuel Cea i se embar- 
rcó Ipara el Callao en 1822. La negociación que la casa de 
Cea i Portales Iba a emprender consistia en la venta de frutos 
del pais que realizarla Portales en Lima retornando en artí- 
culos indíjenas el producto de aquellos. No deja de ser curio- 
so que Portales llevara también entre sus consignaciones un 
voluminoso c^yon de rosarios que le vendió para el caso un 
te^petable comerciante que no .sabia darles mejor uso '^pmo 
Xiord Úochrane a los &rdos de bulas que hacia pre§a 'en 
'las naves españolas) que echarlos til mar. 



I», duqo roBZ. 8 



-34- 



XIV. 

Dos años pasó Portales en la «corte de Lima», con la in- 
termisión de un corto tiempo que empleó en Cliile, regresan- 
do a los siete meses de sa primer viaje. 

A pesar de que la sociedad mercantil a que pertenecía no 
contaba capitales de consideración, obtuvo, sin embargo, esoe- 
lentes resultados, al punto de que el joven negociante, al re- 
gresar, podia contarse como un hombre acaudalado. 

Pero junto con la fortuna, el clima i las costumbres de 
Lima habian operado un cambio singular en el espíritu de 
Portales. Como todos los caracteres ardientes, habia pasado de 
un estremo al opuesto. Ya no era el viudo timorato i peniten- 
te de los claustros de la Becoleta, sino un apuesto galán, 
vestido con esmero i dado a las banalidades de cortejos i 
saraos. Su ardorosa complexión se habia desarrollado, envuel- 
ta en las voluptuosas nieblas del Bimac, i adquirido así no 
solo el hábito sino la necesidad del placer. A su regreso a 
Chile, ya sus camaradas no le oian entonar a solas el solemne 
i monótono canto gregoriano, sino que talareaba de primor la 
zamacueca, i muchas veces, dando sueltas a su jenio natural- 
mente retozón, poníase a danzaría él mismo, sin mas compa- 
fiera que la que su recuerdo le pintaba, allá en las saturnales 
de Malambo, como se llama en Lima un baile indíjena i a la 
vez el barrio que nosotros conocemos con el nombre de 
Chimba en nuestra capital. 

XV. 

Hasta aquí, entre tanto, Portales no habia tenido participa- 
cion alguna en la cosa pública. Al contrario, parecía drenar 
los estériles a&nes de la política, cuya ciencia ignoraba i cuya 
embriagadora enerjia jamas habia saboreado. Para él, enton- 
ces, como después i hasta su postrer dia, las cosas i las ideas 
que son la esencia de la política, no eran nada: los hombres 



» 



- 3Ü- 

lo eran u>do: i la política era buena o perversa, Hegun lo eran, 
en au concepto, las ÍDiüvidaaUdadea que la dirijian. 

No habia pertenecido tampoco a ningún bando nacional. 
Aunque, como toda su familia, era un ferviente patriota, nun- 
ca, empero, Iiizo demostraciou alguna ostensible que pusiera 
a descubierto sus deseos de comprometerse en obsequio de la 
cansa de la independencia que hizo de la juventud de aquellos 
aSosuD semillero de húroes. Uno desús camaradas de colé- 
jio(l), al verle, en los diasque precedieron a la batallado 
Maipo, cortar su capa para hacer un mandil de montar, sospe- 
chó que tenia el propósito de emigrar en caso de un revea, 
Pero Portales se injeniaba de aquella manera solo para dar un 
galope i visitar a su pi-ometida, que residía entonces en la ha- 
cienda vecina de la Galera. 

XVI. 

Hemos llegado, pues, al aRo de 182'i, en qne Portales, a la 
edad ya de treinta arios, hace su primera aparición en la eaoe- 
Ds pública como jeft de la caaa que contrató el monopolio de 
loB tabacos. No es esta la ocasión de analizar esta negociación 
que ya ha sido juzgada por la historia. Bástenos solo decir 
que el Kstxinco fué un escártdnio, asi como el Empréstito, que 
habia heclio forzosa su creación, fué un crimen. Pero Portales, 
que habla procedido en la contratación del negocio solo como 
un negociante astuto, no puede ser acusado personalmente de 
manejos indignos en su jercncia de aquella,, durante los doa 
kQos qne la mantuvi;. Al fin, el negocio fué fatal. El gobierno 
lo retiró con estrépito de sus manos, apropiándoselo como 
renta ñscal. Eízuse la liquidación de cuentas i alcanzó Por- 
tales an Baldo ooeeiderable en su favor, imponiéndose él 
oaismo, por sentencia de los compromisarios que decidieron el 
litijio, una multi de cíen mil pesos si se le probaba algún 
iraude o dolo en la dirección de aqilel vasto negociado (2). 

(1) El doetor Pilms .qnim nos lo hft referido. 

(1) El «IJa n fkvor de Portales j Cea. adminUtn dores jerentc* d«l Eituico, 
* lirtnd dvl S pav ciento dt romt^on qne ae les ubaoú por laa DegociacIooM, 



— 3Í — 



XVII. 

iPortales, el abaadonar It emprefi^a del EsUcndo, eseontrába- 
fie doefio de dos poderosos elementos de aooion "qve te iiMxli* 
taban para entrar de lleno en la vicia pútHíca. Eran éatos^'en 
primer lugar, la numerosa clientela qóie le habia •oreado «ijael 
estenso negocio, i por otra parte él proftindo rcsentóinieato 
que le inspiraba la rudeza del gobierno i del Ooi^reeó al 
desposeerlo, en medio de las denigirantes voci^raciooes -de 
, la prensa. Lástima fué en verdad que aquel hombre qtie ^ébia 
consagrarse a su patria con intenciont^s tan elevadas, en dpo- 
cas difíciles i aun terribles, hubiera iniciado aii carrera pú- 
blica por tan mezquinos móviles! Pero no por esto dejaron de 
ser estos menos verdaderos i menos activos. 

Ademas, por aquella misma época, v ino a avivar su ira i a 
lanzarlo en la via de las contiendas, la prisión que le ittípuso 
el 24 de enero de 1827 el coronel Oat opino, a títuk) desque 
había sido monopolista i jefe del odiado Estanco. Pero eu 

foéd» 87,260 peeott, según el laudo aprobado el t£6 de eotnbre de 182S, ios 
atlos después que aquella había sido suspendida. 

LA multa a que noe referimos fué impuesta por el artículo 10 de la sentencia 
éé \óé coln'priAuisaríos Itosas, Echeters, Elizalde i lUnjifo, que £ce te£tnalmenta 
ail: "10," Otorgairán así mismo fianzas por la cantídnd de ciennül piBSosque se 
ac^udioan al que les descubra i les pruebe suplan! aolim de phrUdjcs, teettieti- 
tiid, dolo o fraude en los libros, sin perjuicio de oocidentu-?o6 al lasto que corres- 
ponda por el error malicioso que apareciese/' 

Eñ una ^iirta de Portales a su dependiente Nev;man^ fechada en Valparaíso 
el 21 de abtil de 1S2T, encontramos también est^fl palsíbrós con relación a sus 
cottitas, que publicamos en su aliono: *'¿Por qué n o quiere el isfior Presideate 
que se impriman nuestras cuentas, i la entrega d ^ espcciea qae hemos hdekoY 
¿Porque cree que puede favorecemos o porque no<s dafí.fc su publicación? Remí- 
Wne usted los orijinalcs o una copia de ellos, que ;yo Iofi haré publicar aquí'* 

iPitfeoe ademas qne el mismo Portales no quedó disscontento del YeraHado 
«definitivo del negocio, o al menos de su exoneración de él, pues, algunos oh^s 
tíUM tarde (el 13 de octubre), dice al mismo Newmsji deade Santiago lo si- 
guiente: "£s concluido mi negocio de estanco: pero «eonviene que le reeerve, 
por lo qne solo lo dirá a Mayo, a quien oreo dar un buen rato «eon H noticia, 
por -el carífio i acniatad que le debo." 



— 37 — 
cajxum (i»Fá soio poca^ koms, [jurque él- míatno alcanaú, en 
oMcha psrle, In rcAOcion de Ja tropa amotvuadji. gasLan^ m 
ello ana sama de cerca de cuatro mil pesos. 

Desde aquel dia, el Estanco, es decir, Portales I sus inme- 
diatos colaboradores, ijucdaron constituidos como bando po- 
iftijW i dispuestos a entrar <>a lid coa ol gübiei;Do de loe 
pipiólos que l«s lubia aiDobRtado el monopolio^ sAlv'ündo giu* 
in)erasc«t pero ncuaáiKlotos de estafetlores. Formaban el náclco 
Jo eete i;írenlo, que se hizo tan poderoso por su intelíjeiicia i 
|>9C SH audftcia, QQn P¡£gi> íosé B^oaventc r\\K. Kabio, titdo el 
c a u ioBaiio dal monopolit^ doA Manuel Gandurillasi qua fuó 
s» ab<^8do, i por último, tton Manuel Rcnjiíb que le había 
servido como cotn|iromisarlo. V\ repto de sus miembros lo 
carai)oiMAn, piiucipalnientc los accicnistaa i Snnlorcs d,el mouo- 
poUí\ eoili» tos qua üguraba en primer» línea I» tautilia do 
Erráxuriz. 



TeciBioadn del todo \w negociaoioo, Pórtalos ae teüró » 
Vftl^TU80> doad« abrió eeoritorio de consignncioHoa. A pe- 
sar det onantk>so saMo que la liqui'lneion del Estañen había 
arrpjado en su favor, él estaba niui lejos de cncootrarse rico, 
i VMX d? poseer, ní con mucho, el caudal quiQ hiibia, embatcado, 
oñ}úiftriaiiiw>teen la empresa. Snconlrábsfle, al oontraiio, ea 
serios condíctos, porque como oegoeintite era muí celoso de 
sa crédito, i todos sus recursos se hallabaa envueltos en 
D«j^iacioQes lejana i difícilcíí. Habia ganado algún cau- 
dal eo •! eqaipo i pjovision de las est^iL-iilrn.t que condujeron 
li« e(»ped4cione8 libertadoras de Chiloé; pero habia empeñado 
]m, mayor parte de su fortuna en [a hubilitacion de un mipero 
de Copiapó, a quien habia heclio un adelantóle rttaaíW.OQO 
pesoe. Su situación errt", puet<, muí crítica, e insistimos en est« 
circunstancia, porque ella prueba que Pórtalos no lucró per- 
sonalmente, como ae ha creído, en la negociación del Elstanco. 



- 38 - 

tt Trabajar, trabajar, escribía, en efeoto, a su dependiente de 
oomeroio en aquella época, es lo que conviene a Yd. i a 
Diego Portales • (1). 



(1) Gaita a don BnriqaQ Newman de 8 de abril de 1827. 

Todas las cartas oonfidendales de Portales en aquella época, están demos- 
trando lo apurado de sa ntnacion a este respecto. ''Grarrido (escribe el 17 de 
marco de 1827, a sa dependiente Newqian, que vivía en sn casa de Santiago en 
U qne aqnel era huésped), debe venirse pronto, i respecto a que debe Yd. que- 
darse solo en la casa, es preciso que se reduzcan los gastos a la mitad de lo que 
ion en el dia. Yd. sabe cómo andan mis negocios, i solo la economía puede ha- 
cerme sostener i tal vez (reservadamente) será necesario que Yd. haga un ajaste 
con lír. Bndge u 0!tro, para ir a comer, almorzar, etc., a su casa, i que en la 
mia no halla comida, para lo que los criados podrán ajustar también su comida 
I con alguna de esas mujeres que dan de comer por un tanto. Acaso también 
será necesario que Yd. tome una pieza en casa de Budge, i arrendar o subarren- 
dar mi casa, porque no hai costillas como pagar esa casa en el estado actual 
de mis negocios." 

Mes i medio mas tarde (el 80 de abril), anadia estas palabras que confirma- 
ban sus conflictos i la manera decente como queria conciliarios. ''Mucho me 
gasta la econonüa; pero aborrezco la miseria, aunque estén por ahora apura- 
dos mis recursos: 100 o 200 pesos no me hacen mas pobre ni mas rico: an pues 
continúe Yd. en la casa como estaba, cargándome todo el gasto íntegro que se 
baya hecho i haga en lo sucesivo hasta mi vuelta a esa. No hú necesidad de 
que Yd. se cargue una parte de él, como me propone." 

A fines de aquel afio (noviembre 14 de 1827), escribiendo al mismo Newman 
a Yalparaiso sobre la manera cómo debia hospedar al jeneral Bena vente, le da 
estas prolijas i parcimoniosas instrucciones: **Reurvado, Ha llegado Benavente 
de Ooquimbo, debe pasar de gobernador a ese puerto, e irá a parar a casa, Ín- 
terin encuentra donde acomodarse, por lo que es necesario que componga Yd. 
decentemente un par de piezas: las mejores. Para ello buscará algunos mueble- 
dflos baratos, i si hai petates de Trujillo los preferirá a los de China, i en caso 
de no haber ni de unos ni de otros, le mandaré de aquí un buen jergón." 

Por último, tan apurada era en realidad su situación, que para sus gastos per- 
sonales no tenia en Santiago, por el mes de abril de aquel afio, un centavo de 
que disponer. "Blándeme, dice a Newman el 21 de abril, por el primer pasajero 
seguro que salga de esa, 200 pesos en plata sencilla para mis gastos particula- 
res, que estol dn medio i no quiero pedir a nadie aquí." Un afio mas tarde, en 
1828, tan lejos estaba de haber vencido sus difloultades financieras, que pedia 
prestado a un amigo 50 fanegas de trigo I 40 de ^olft pwa remitir a Ck>piapó 
% sa habilitado QtwAa, 



— 39 — 



XIX. 

Sin embargo de sus escaceses, al poco tiempo de estar esta- 
blecido en Yalparaiso, compró en la suma de 2,400 pesos la 
única imprenta que existia en aquella ciudad, i por la que se 
publicaba el diario llamado El Telégrafo^ que era simplemente 
nna hoja de avisos. Con esos escasos tipos, dio a luz Portales 
el periódico llamado el Vijia^ en cuyas columnas envolvió 
8118 primeros tiros contra el gobierno de los pipiólos i asestó 
de preferencia sus golpes a los factores de estanco, que le 
hablan sucedido en la negociación, aunque uno de estos era 
80 propio hermano político don Josó Ignacio Eizaguirre. 

Por esto, sin duda, escribia a su dependiente Newman el 19 
de marzo de 1827, desde Yalparaiso, que no tomase el nombre 
del factor del estanco para las cobranzas: < quiero, decia, no 
serle deudor ni de eí^tc favor pequeño, a que accedió con bue- 
na voluntad cuando se lo propuse. Asi tendré mas libertad, 
para practicar ciertos designios que van a serle JuneslosII » 

Qué designios funestos eran éstos? 

Difícil seria ahora el descifrarlos, i lo único que podemos 
colejir, es que aquellos fueron sus ataques por la prensa. Al 
menos, el 30 de abril, mes i medio después de aquella ame- 
naza, aludiendo a su adquisición de la imprenta del Telégrafo^ 
decia a Newman las palabras que aquí copiamos: < Sin duda 
por esas celebres noticias do la imprenta i del periódico me 
ha escrito ayer el factor mayor una carta que me ha enve- 
nenado. Como yo soi el autor de todas las intrigas i de todo 
lo malo, por eso oreen los factores que yo soi el del periódico 
nmevo que les tira a degüello: que se vayan al (1) i crean 



(1) Adveriimoe, una Tez por todas, que cada vez que en las citafe de las car- 
tes de Portales aparezcan puntos suspenávos, sustituyendo alguna palabra o 
fraae, aa porque beoMM reemplazado éstas que jeneralmente son una enéijioa i 
nnd «omiui inteijeoeion e8pafk>la. Portales no dejaba de escribir con todas sas 
tetras aqaeOM i otras peores sin usar tampoco abreviatura en sus cartas confi- 



•i 

4 



lo que quieran: el autor del periódico es el pipiólo Juan 
Candamo, i recibe la mayor parte del material de esa: tam- 
bién le ayuda un hijo de don Francisco Vicuña, un Lira, que 
estaba en el Instituto, i algunos otros. Puede ser que algún 
dift m&dé ganas de mandarles un rasguíto raseando á' Ibs 
factores. » 

XX. 

Poco mas tarde. Portales abandonó la hoja insignificante 
que publicaba en Valparaíso i se vino a Santiago, donde el'Sf 
dfe- diciembre de 1827 publicó el primer número del orfebre" 
Hámbrienio, tpapel público sin período, sin litaratura, impoW^ 
tico, pero piíoveohoso i chusco, »- según reza el propio epígrafe 
que lo encabezaba. 

Pórtales filé el alma de aquel periódico, cuyos tipos eran* 
otros tantos dardos para zaherir la honra de sus enemigos: 
BNió él' autor de la parto mas- chistosa i mas hiriente dé los 
diez números que se publicaron entre el 2 de* dicitembi^»'dfe^ 
1827 i^el 8 de marzo de 1828. El' escribió Isls adimmft¿a¡$, en^ 
que caracterizaba a Pinto, Muñoz Bezanillii i el clérigo- Fk- 
riíSas: las noticias maAiimaSj en que ponia en ridículo a todos 
los pipiolosj haciéndolos figurar como buques,- i dhndaa Itó^ 
mercaderías de que venian cargados los nombres dte- los deféc*- 
tos que se les atribuian; i por último, los juegos déprendéts\ 
en que se descubre su verdadero injénio de escritor' travieso' 
i las no menos jocosas, aunque amargas presentacióbés judi- 
ciales sustanciadas por el escribano t Perales, » i eri'Ws qw' 
figuraba « Anjelito Ortiz, » célebre salteador, cotób procura* 

dor del pipiólo Muñoz BezaníHa-. 
No tardttton éste i sus- amigos, sin embatgb; á\ stiliVa Itt pa*- 

denciale?, aunque éstas fueran dirijidas a los mas altos personajes del paia i sobre 
ma%(3rí88 nnii' graves. 

Bb oimnto Alperiódlco nuevo de que habla; ea él WentürW^dB'Válpaíiíiii^, 
quf iJonuMizé-ft publfcarse entonces por don Ignari^ SiNa^/mitíá*í*éWplfc*do-*l-í 
p«<ffcí»4% 1* Adtumii dfe Val|)ai»i«o. Redactó su» ppftÉM-<^ttflí¿^<W'd«*^^<í*^, 
P«lifrViie«i»» j6reB:coiiiemaiit»¿ eiytóiioes e«tebIfe<ndí)'e»ÍV«lií«ÁÍ^* '" * *" *' 



- 4t — 

eoi el no meaos acre Omcdla (1), perióiiico, inferior «i- 
al. Ho-inbrieníQ, pero lau terribici en sus ataques por* 
1, que luego hubo de callar el último, celobrámlose unai 
ion de stlenoío recíproco entre sus- rcdactor-ea. 



XXI. 



Tal babia sido la cairera do don Diego Portales al laniwrae 
en oJ torbellino de la revolución. Sin principios públicos da- 
teminados; sinmaaeonocimiealo de In ciencia política que Ibi 
ijue su sagacidad le alumbraba; sin compromiaoa con ninganí 
partido, ni de parte Je los antiguos que habían dividido ^ los 
prímeroe patriotas, ni con laS' facciones modernus en que 
aquellosiae habían desmembrado; eiu mas. conocimiento, en 
6d, de las cosas que lo rodeaban que sus simpatías o sus odios 
por los hombres que dirijian aquellas, todo su pre»tijÍD ibaia 
oonsifitir en su abnegación personal; que no debia esquivar 
pclign» ni íbrtuna, todo au poder dependía de su audacia, i, 
por últinao, el éxito de la empresa que acometía ae cifraba, 

I solo en la celeridad i en la. eueijia de sus resolucioneñá, so, 
SU' iamensa constancia para el trabajo. 

Asi filé que ni poco tiempo, i mientras el jcneral Prieto, au 
enemigo personal en aquella ípoca, bacia un levantamiento 
mililAr lejano i sin prestijio en la proviacia de Concepción' 
(d-daoetubre de 1829), lí! forjaba de su cuenta la ravoluuíou 

' popular del 7 de noviembre, que tuvo en realidad un inílüjo 
político mas decisivo que aquella, porque puso dé hecho tér- 




(J4' H OiiMUa oomenK^a pnbliMrse el 16 da Minv.de IS^S i Mnoliiú ectm 
■aAtnaro «) 20 dr febrero. Sus pro[ñ<»'reiliH>[nr«, que la emn Munai Betaiii- 
4 «l'«BpiOiD Coit^. F«r¡(iHs, Me^llKiiM. Orjfvn i Fernnndu, ae usrsctcrin- 
1m ¿giiieotea pnliibraa en sn prospecto; -Tr» BoldsA», un ¡raile, an 
lígiiley» i im uprnidfe de botícurio, toda hoDra<Jlt jBDte de hunmr.V 
hnn nrrojiilo Un espndM. loa lireTÍnríoi, el Fo)>rera i< In R«pfiUilBi 
ipunnr !■ piuma i dnros buenos nttan. illtttríainia moBqaetPria." 
nn»muaatn> de Ll niaiiífa díb*üi«e intreiiqiielkis aooritflre*. pulrlk» 
Koe (d6aaiii«eU) núra. a)'1an lulmiat'ieVIfíKaMenioi lu AÓP 
da] Canalla. 



— 42 — 

mino al gobierno de la legalidad. El presidente Vicuña, qa&M 
habia perdido en efecto 311 banda tricolor en el tumulto de - 
aquel dia, siendo sustraída del sombrero de uno de bus hijos, 
en que liabia sido depositada (1), fué advertido una semana 
mas tarde (12 de noviembre) de que se trataba de « robar su 
propia persona, • (pues residía sin guardias en su casa parti- 
oular) i en consecuencia, fugó a Valparaíso, a escondidas, i Be 
refujió a bordo del bergantín Aquiles. Fué entonces solo el 
presidente del Aquiles, como decían sus contrarios, i poco mas 
tarde ni aun esto fué, porque prisionero en la playa de Co- 
quimbo, le llevaron a pié hasta la cárcel de la Serena, mieo- 
tras el bergantín iba a sublevarse en alta mar. 

Portales, con aqnel golpe de audacia, se habia hecho jal 
daeQo de ia situación. La legalidad, o por lo menos, sus fól i 
muías, habían huido con el prófugo presidente VicuHa, Í noV 



(1) Es de advertir aqui que las revoluciones de aqnell» época no tenian el 
carácter de feroddid ui de cruel peraecndoQ que ee les ha. dado despuea, i par- 
ticularmente, en el último decenio de la adminiítraciOD conservadora. Eran inaa 
bien lo que ae ha llamado entre uaaotroB bochineliet, que concluía 
da hondae divitdunea en loa ánimos, siendo muchas veces snficiente un dicho 
pisante para ponerles ténuino.— /Qní ccnnrdn lot unadoru til* tmetuf pregon- 
tÚ una voz en et tumulto del 20 de julio de ISül, en que se echó abajo li 
tílanioa sam^íonadn por aquel cuerpo oligárqnioo. — (/na tmtna bola dt ffna¡/aeaníi¡ 
oonlesló doa ¿ndree Santelice», I el albonito se apagó entre las risotadas di ' 
mDehedumbre. Cuando, en otro senUdo, Zafiartu, Solar, Argomedo. Rodrí| 
Aldea i otros OHigginbtaa fueron desterrados por ta revuJucioD llamada di 
coronel Sánchez en octubre de 1836, loe que eran eniptoadoa de entre los conja- 
radoa reoihiHD una parte deán aneldo en bu proscripuion, ¡ los otroa una peoáon 
que bastaba a sus necesidades. Despnes que el coronel Campioo atrapellú el 
Congreso a cabillo i mandó hacer fuego sobre los representantes, no tuvo mas 
oastlgo que una lijera relegación a Copiapó. Ea sabido cómo terminó la revolu- 
«ñon de Urríola en 1828 por una «onveraacion entre el comandante Vidaurre i 
«1 préndente Pinto, que habia tido precedida de ana conferencia popular en la 
sala del Coninlado, en la que apagaron las doa ünicas velas de sebo que alum- 
braban el tumulto, desapareciendo uno de los eundeleros, que era de plata... 
Ia misma reTolaeian del T de noviembre se habia organizado a la vial* de 
las autoridades lócale» en k sala del Consulado, que desde la deporieion de 
©"HigglQs, fué el monte AvenÜno de los Bantiaguinos. El clérigo Meneaes 1» 
habia capitaneado, i abriendo su manteo ¡nvolnetable con los brazos habí» 
li«eho rendirse la guardia de laa CajaB, donde penetró el tnmalto para daponer 
• TlenSK. 



jnet I 



- 43- 

qnedaban ya en la capital sino las bayonetas de dos jenerales, 
de loB cuales uno se decia delegado del poder i otro de los 
pueblos. 

Encadenáronse entonces los funestos acontecimientos que 
vinieron a encontrar término en Lírcai i que no fueron sino 
opa soaesion lójica i fatal de la disolueion que habia esperi- 
mentado el gobierno de la Bepública el 7 de noviembre. Asi 
vinieron uno en pos de otro, con una estraordinaria celeridad, 
el combate i el pacto de Ochagavia, la fuga del jeneral Frei- 
ré por la traición del 18 de enero de 1830 i la instalación del 
Congreso de plenipotenciarios, que no fué sino un club de cons- 
piradores alzados a nombre de la leí i de la representación 
popular (12 de febrero), i por último, la elección de presiden- 
te i vice que aquellos hicieron en Tagle i Ovalle, i la renun- 
cía de aquel (31 de marzo) Junto con la elevación del último 
al primer puesto, el dia 1/ de abril de 1830. Este acto precedió 
solo dos semanas a la batalla de Lircai, i seis dias al nombra - 
miento de ministro univeisal, posición que asumió Portales el 
6 de abril. 

Desde este dia, comienza ya en todo su vigor la misión i el 
poder público, o por mejor decir, la omnipotencia del minip- 
tro Portales, omnipotencia de que vamos a verle dar esforza- 
das muestras sin desmentirse ni una hora sola, hasta aquel en 
que se apagó en su propia sangre la estrella de su destino i de 
sa siniestra grandeza. 

Por esto, el período histórico que vamos a narrar en *epte 
libro hubiera de llamarse con mas propiedad la época de Por- 
íaletf que no la de los pelucones, si no fuera que los últimos, 
en la ausencia de aquel, crearon el código de 1833, por cuyo 
medio, su partido tomó cuerpo i sus verdaderos fundadores 
alcanzaron un poder propio, que no era ciertamente el poder 
de Portales, pues éste no lo cedió sino siete afios mas tarde a 
la eepadsL asesina de Florin. 



r" " 



e-AFIíTULO IL 



PORTALES DICTADOR POLÍTICO, 



• • - • 



PortiC^^ aceptA repentinamente i a su, pesar las carteras del Interior i de Gnerra, 
bajo el pi;eá<clente Ovalle. — Su resolución de irse a Copiapó a atender ana 
intereses. — Regod^ dta loe revolacipnarío&por el carácter oicial di»aqael 
i felicitación del jeneral Prieto. — Primeros actos de la política^dia Po|4ia- 
Iis^ -TT XVi da ^ja fs to4os los jefes i ofioia,Us d^ ejército oonstííiQolQnal. -— 
l¡48tai covpUta, d.e ^toei — Desaprueba los tratados de Cuzci^ — Juicip 
^bte estas medida?. — Programa político de Portales. — Su maneiia de 
llevarlo a cabo. — Anula a Ruiz Tagle, jefe de los pelncones i a Rodrigues 
Aldea^ caudillo de los O^igginistas. — Defínioion que hací» et ütHimo da- 
Portales en aquella época. — Hace un viaje, a Tak^a i se aponía, de ki ¥^ 
luntad del jeneral Prieto, ofreciéndole la presidem^ia, — Rumov^ 4^ lv|^^. 
h^^a], jeoferaj Freiré, iguala i^^sinuaciones en su prisioik — Espul^ del 
^i^nifterio de hacienda a Meneses, representante del elemento colooia\puro^ 

— Discrepancia con el señor Lnstarria «n el punto de partida sóbrela miricm 
política de Portales en su Juicio histórico. — Portales combate el> milita- 
léraio. *r- Organizacioa da la guardia nacional. — r Creación d» 1» aoadafníij 
■ftili^. -r-.S^MHfiM^ii á^\ coroj^elf Cruz del n^iniatevio de I4 gueix^. ^-% 
If/iiere ^1 pi^efájdepte Oyalle. — Lealtad de Portales pan^ con su memoiiii. 
-r El^ uno i el otr.o, poesia por Mora, atribuida por Portales a la poetíaa 
Marin. — Elección del jeneral Prieto. — Portales rehusa la presidencia 
i no cambia ésta por una "zamacueca." — La "Füarraóníca.''- — > TúMí&é. 
reasume tres ministerios de Estado. — Su infatigable laboriosidad. ~ Su con- 
sagración a la guardia cívica i al cuerpo que manda. — Creación del Atau- 
4ano, — Amor de Portales a la publicidad de todos los actos de gobierna 

— Decreto obligando a los empleados denunciados por la prensa a aensar 
al jurado. — Se establece el pago corriente de todos los empleos del Ea- 



— 4& — 

Mdu i PorUlet whiiso •! sueldo de todo* aua et.rgot. n putur de su pobran. 

— OrguiÍMcion iutania da laí ofioinaa públíi*». — AvB»«li«iiiíeiito del 
peía. — Parieouuiuii a la pren». — El Conereso de 1 83!. — Moción de 
Jon C«rlM Bodrigaei para dar de altn n los militai-eii de Urcay. — Su 
eapuUioa ilf U Cámam de DiputndM, junto eon rutante I Vieuftii. — Eipe- 
»Eel«ii de B»mMHe«, L'ñarte i Tenorio a OJÍeura. — DiiHuito dePtrUle» 
^n]ue no eon fiHÜados. — Sublevwáon de Tenorio an Jniwi Furnaodw. — 
Cañciwa re™liicioBea de Portatca a cate propúaito sobro ni wGtenuí polílifc; 

— ti personalínno. — Aanme hx preaideneia el jencral Prl e'lo, i í-orUlerf te- 
nunci» loa mioialerioB i In vioe-presidínfis del» Hepáblíc». — ■I>fl*»¡>rdba- 
i'ion de IOS Binigoi. — CaMa del intendente' de Concfcpddn Aletupírte. — 
att^uinta flii de U primera ipott de Portálíe. 



> 



^_ putee 



I. 

Onando dOn Diego Portales fué llamado al -ními&terio del 
Idteriot, Eaterior i de Guerra el 6 de abril de !L8Sl.^, «atéba 
«m lejcs de pensar en qne la carrera de los putiatOB póbli- 
eos, oarrera que jamas amó (hablamos de los emp !eo3, 'no 4el 
poder), hubiese de comenzar tan pronto para ¿ 1. PoTtwtes, 
a pesar de haber llenaJo todo un período de gobietno i 
'■metido en un zapato a toda la república, • como dioe-pin- 
lorescamente uno de sus orítieos, a qnien citareraois tbtts i>de- 
lante, no tenia afición a loa empleos que contri iriabab 'Su 
índole indepenilieüte i aus hábitos ya fiínlásticos, ya líber ti- 
no«, pero siempre ajenos de trabas, Gustaba de la fuerza dt '1 
imperio, mas no de su oropel. Tenia una asombre >Ra enerjí; ^ 
[ñra asumir todas las responsabilidades, aua la de los aíctos 
igeñofl que cuadraban a sos miras, pero le faatidiaU m los mu- 
ros de Io3 gabiiielea, los cuchicheos de loa cortesam js, los «m 
pernos de los fiívoriíos, i hasta el aneldo mismo de sas bonores, 
^ue jamas cobró sino cuando la miseria locó a su ptierta. 

Aüi era qae mientios loa ejércitos contendientes i ban a de- 
cidir oon laa armas la cuestión política qne se debatía, é\, por 
nos mismos dias (a ñnes de marzo de 1630), tenia resuelto 
tOBGQtarse de Santiago i dirijirse por tierra a! valle i le Obpía- 
pó, donde poseia a la 'sazón, como hemos dicho, la mayor 
parte d« sus iatereses. 



-46 



n. 

Seria diffcál de oomprendér caál era el verdadero móvil de 
esta resolución, en tan esoepcionales momentos, si la índole 
pecnliar de Portales no sorprendiese a cada paso la lójioa del 
historiador (3on salidas bruscas e inesperadas como la presente. 
¿Era porquci estaba hastiado de la política vacilante que habia 
adoptado sii primo el presidente Tagle, que pasaba una bue- 
na parte de sus dias platicando con las monjas? ¿Era porque 
desconfiaba del éxito de la empresa, o porque, al contrario, 
daba por g añada la partida? ¿O era, finalmente, porque preo- 
cupado de su situación personal i de los conflictos que ame- 
nazaban sci crédito mercantil, azar quo siempre le preocupó 
(cosa inore ible!) mas que la política misma, deseaba poner tér* 
mino a aquellos, salvando los últimos restos de su fortuna que 
no 1«3 hábil iu tragado los cohechos de los motines i de las aso- 
nadas en la revolución? 

Inclinar Qosnos nosotros a creer el último de estos motivos. 
Mas fuera como fuese, es un hecho indudable que su viaje al 
n orte no e olo era un pensamiento, sino que ya habia comen- 
:¿ado a po:nerlo por obra, cuando, haciéndose una infinita vio- 
lencia, aO'3ptó la cartera universal del presidente O valle (1). 



(1) Hé aq uí, en efecto, lo qae escribía a su dependiente Kewman en carta 
del 29 de nuarao (doe dias antes de )a renuncia del presidente Tagle) i que en- 
contramos ( lutógrala entre los papeles de la testamentaria de don Estanialáo 
Portales. 

"En nna fde mis cartas dije a Yd. qae en la paralixacion absoluta de mis ne- 
V^^^ P»g^ indo intereses, haciendo gastos indispensables por todas partes, solo 
una estricta economía puede salrarme do la ruina que me amenaza. Hoi repito 
a Vd. esto rmismo i con mas raxon, porque las ocurrencias políticas alejan cada 
dia de la Rrepública la tranquilidad necesaria pora contraerse al negocio. 

'•Ya teníia muías, cabalgaduras i todo pronto para salir en esta semana a 
ValparaiHO i de allí a CopUpó por tierra, después de haber dejado a Vd. las 
instruccioD- es necesarias para obrar en mi ausencia; s^'* que en presentándome en 
este punto', la negociación de Qarin, que hasta ahora me hace temer tanto, se 
habría eoc* lerczado, i acnso héohoee buena. Mas esta mañana ha llegado un pro- 



m 



P 



D. José Tomás Ovalle liabia organizado su gabinete nom- 
brando a EgaSa para ei Interior, al jeneral Henavente para la 
Gaerra i a Meneses para la Hacienda. Mas, como el problema 
de la revolDcion estaba aun sin resolverse, los ánimos ñuctua- 
ban i pocos hombres ({ueriati aceptar puestos de responsabili- 
dad. Solo Meneses, que tenia la violencia, pero no loa recursos 
de la enerjia, despachaba con la autoridad rcTolucionaria, de la 
que de esta suerte era únidi secretario. Pero aun este mismo 
oponia a veces diñcultades ei: su desempeSo, particularmente 
en el ramo de la guerra, pues se avenían mal sus sotanas i sus 
misos con la pólvora i el plomo. 

Sucedió en esta difícil situación que una noche (abril 5 de 
1830) se charlaba en la numerosa i aemi-ptíblíca tertulia del 
fastuoso presidente Ovalle sobre la paralización de los nego- 
oioa i la apatia de los ánimos, cuando Portales, en uno de 
BUS aiTauquesJeniales, esclamó: • que sí nadie queria ser mi- 
nistro, él estaba dispuesto hasta a aceptar el nombramiento de 
mmülro salteador • (1). 

Cojiéronle en el acto la palabra los ávidos circunstantes, i 
oon intenso regocijo, todos los hombrea comprometidos de su 
liujoion que en vano habían solicitado de él aquel servicio, 
pues habían llegado hasta o&ecerle la presidencia provisoria 

■éo Que comaoica luboIlciAd* qaeUrí&rteha aablfivado a la gnamiGion de aque- 
lla p]«m i a loa priouDLTus de la Jitatia Paitora, i conociendo la apaUa da nues- 
tro gobUroo para tomar Us mediiU» neoeenriaí, creo qne limará i3Ueq>o aque- 
lla «iblevaciun, i he perdido Ib eaptranza áa ir a ntender al nogocio da Garlii, 
CD que MDgo invertídiL la mayor parte de mi fortu/ia, que, repilo, la oreo «n 
peligro. Actualmente me ocu)<o en buaear algiinn penona que vbjb en mi lu- 
glLT, i aunque do podrá liacer lo que yo, al menos lervlti de mucho paro ha- 
««■e cargo de It» trabajos, de las esperanzas que A\oa pruiuetan, ilel estado d« 
lOB fbH'los qua ea dinero i espeeíea 1« tengo remitidoa, etc." 

Eete tuiamo día, PortaUs eierlbió a Newman le enviase 300 pe^s para >u| 
"•lo Devesidad, le decía, de pedirlos a Watüdlngton." 

(I) Dnt0 oomuaiead* por don Antonio Garfias. 




— »8 — 

que él había cedido a Ovalle. Portales miró, sia embargo, su 
aceptación del doble ministerio de Egaña i Benavente con un 
humor sombrío, i declaró a sus ami.\os, con aquella aíta since- 
ridad que no desmintió aun en los mas supremos momentos 
ndensurv^íde, que aquel era 'ol mayor de los Bften&cios [qyíb po- 
■dia 'hacer a su causa i a sus correlijionarios. 

Estos, por su parte, se dieron a salvos desde aquel dia, 
i. 'el mismo jeneral a quien habían confiado su causa, din- 
dole cuenta de su final victoria, le decía estas palabras' qpe 
prueban cuan universal era su prestijio: c Solo la .tí(>tÍGáiatde 
hallarse Yd. con carácter publico en el gobierno, ha -sido bas- 
.tante para entusiasmar mis rotos i hacerlos -pelear como .-dia- 
(blos » (1). 

IV. 

Apenas ^e sentó a su bufete el ministro Portales, comentó 
^wiftarea de omnímodo e irresistible predominio. 

Su primer acto fué una terrible medida de persecución. :De 
íuna sola plumada, dio de baja a 186 jefes i oficiales (2) del 
rejército vencido en Lircai, sumiendo en la miseria a otras -tan- 
tas familias que aquellos valientes i leales soldados habían 
aprendido a sustentar con su sangre desde los primeros i mas 
fgloriosos dias de la república. 

Al mismo tiempo, i con otro rasgo de pluma, desaprobóte] 

(pacto de Cuzcuz (mayo 17), por el que la República habia 

obtenido su pacificación, los reaccionarios un completo triun- 

.fo irlos vencidos solo un poco de quietud i de paupara sus 

ahogaros. 

• Fttefron estos actos los que mas sombra arrojaron sobre •■ el 

hombre de Portales, i por los que cargará eternamente <^n 

run justo anatema de la posteridad. Ni en el uno ni en el ptro 

(!) Carta de don Joaquín Prieto a Portales. Talca, abril 20 de 18«0. 

(2) De estos, 6 eran jenerales, 4 coroneles, 18 tenientes coroneles, ll*«aljen- 
'Hóé'ttayores, 44 capitanes, 10 ayudantes mayores, 31 tenientes i solo 7 fcHérecea. 
En el documento núm. 8 del Apéndice pnblicamoá una lista noiiiinal detoÜos 
ellos. 



- 49 — 

liabia el mas pequeño asomo de justicia, porque era la auto- 
ridad advenediza la que imponia aquel. castigo a la autoridad 
establecida por la lei. Por otra parte, aquel despojo inhu- 
mano no era en manera alguna político, porque, como se yerá 
mas adelante, aquellos centenares de bocas hambrientas estu- 
vieron siempre prontas a morder el cartucho de las revueltas, 
i al fin contribuyeron a traer por tierra i sin vida a su infa- 
tigable perseguidor. Por otra parte, si en el decreto contra 
los vencidos en Lircai (i en el que, por ironia o por acaso, se 
puso en Santiago la misma fecha de la batalla), habia una 
imprudente e innecesaria crueldad, en la violación del pacto 
de Cuzcuz hubo una manifiesta felonia, pues el jeneral que 
lo habia .celebrado por parte del nuevo gobierno habia em- 
peñado su fé i su honor a su exacto cumplimiento. 

IV. 

Pero no se crea que Portales se enzañaba contra los pipió- 
los solo por el odio que le inspiraban. El anonadamiento del 
ejército constitucional no era para él sino una parte de su 
plan de omnipotencia, que podia resumirse en estas dos so- 
las palabras: odio a los pipiólos: organización administrativa de 
Ja República^ único programa político que la imparcial histo- 
ria reconoce a Portales en su primera época. Casi con la mis- 
ma prisa púsose, en consecuencia, a desbaratar todos aquellos 
elementos que podian ofrecer un estorbo a sus miras. 

V. 

Hemos ya visto cómo depuso al presidente Tagle i cómo 
elevó en su lugar a Ovalle, sacándolo de su chácara de Quili- 
cura, donde aquel buen hoAbre se estaba mui bien con su 
familia. Jugaba asi a los presidentes, pero ni al uno ni al otro 
les temia, bastándole un sarcasmo para gobernar la timidez 
del primero i un ardid cualquiera para imponer su voluntad 
al^iltimo. 

D. MIQO POBT. 4 



— 50 — 

E\ Dr. Rodríguez Aldea habiasido e) verdadero autor de 
la revolución del Sur, i después, como Vioe-presidente i alóla 
del Congreso de plenipotenciaríos, le liabia prestado una efi* 
oaz ayuda^ nombrando primero a Tagle para presidente, de^ 
poniéndolo mes i medio después, i por último elijiéndo b1 
dócil Ovalle para su sucesor. 

Rodríguez Aldea, sin embargo, mas que un auxiliar, era un 
émulo para Portales. Aquel hombre que, como en otra obra 
hemos ya contado, tuvo tantas flaquezas en las diversas mi- 
siones que le cupo llenar en su patria, profssó sin embargo 
una lealtad sublime al jeneral O'Higgins, i a él, por tanto^ le 
sacrificó toda su existencia desde que le vio en desgracia, 
como aparece de aquella misma relación a que aludimoH i 
mas particularmente de la notable carta que de él pablicaioios 
en el apéndice de esta obra. Por su íntima amistad con el je- 
neral Prieto i sus relaciones en el Sur, Rodrigaez Aldea pre- 
sentábase pues al imperioso ministro como una densa sombra 
en el horizonte i resolvió anularlo. Desaires personales que 
él i sus amigos le hicieron i la prescíndencia de sus servicios 
i de sus consejos, no tardaron en probar al ex-ministro del 
jeneral O'Higgins que ya no volvería a recobrar jamas su 
antigua omnipotencia. (1) 

Faltábale, en seguida, al Dictador neutralizar, o mas bien, 
hacer suyo al jeneral Prieto, a quien su victoria habia dado 
una importancia política inferior solo a la que él mismo habia 
asumido. De trasnochada fuese pues a }uel a toda prisa a Tal- 
ca, (junio 30 de 1830) donde estaba el cuartel jeneral del ven- 
cedor, i después de una conferencia secreta con el último, re- 
gresó tranquilo a Santiago. 

¿Qué habia tenido lugar en aquel conciliábulo de los dos 
hombres que llevaban en sus manos la suerte del pais? Acaso 
nadie puede saberlo hoi dia. Pero es casi seguro que la preei- 



(1) Volvemoá a llamar la atención sobre este interesante punto histórico— -la 
daiHa del Dr. Rodríguez Aldea, publicada en el apéndice. 

Bl Dr. 'Rodríguez en aquella época definía a Portales con estas palabras: "Uír 
niño Tolontaríoso que se ha criado sin padre ni madre." 



— M — 

«lene» del jeneral Prieto nació do aquella f ortíva entrévtsla. 
Ai meDOBy desde aqael dia ya na aó oyó a aqael jefe proferir 
al DonibrB del capitán jeneral (yHiggins, a quien hasta ese 
momento aclamaba como el primer hombre de Chile i el único 
capaz de hacer su felicidad en los puestos supremos del Es- 
tada (1) 

Había pasado apenas una semana después de su viojo a 
Talca, cuando el in£itigable ministro dio otro golpe de omni- 
potencia^ SI 15 de julip quitó con violencia i aun con insul- 
tes ki cartera de Hacienda lá inepto Meneses, que se resistía a 
énvttgÉ^t d puedfio sin la respectiva permuta de otro empleo, 
i la puao en mabtís del intclijeute i laborioso Renjifo, su dócil 
amigo en aquella época i en el que ni temía siquiera encon- 
tmr mas tarde un adversario, i menos un rival. 



VI. 

Mieitraáf Portales aniquilaba, como hemos visto, el bando 
pipiólo, había a lá vez despedazado también losr eícTnontoa 
de la reacción, en la que 6\ habla venido envuelto, pero sin 



(1) Ha U«ga4» • deeine que Portales ofreeió al jeneral Freiré en su pi idioo 
poMHo m k oa^fti M «^reito i aun hacerlo presidente de la República si 
el nuevo érden de ooea^, Yo que aquel ilustre ciudadano rechazó cou 
teioii. Bd nmstro coBoepto, i n pesar del únoero aprecio pei^sonnl qse 
FBvtel«9*bng»bft «n aqnell» épbta pofr él jeneral Frúra, aquel acto, o mat» 
LieD, aquel rumor, fué solo ua ardid del primero, puní vencer toda indecisión cu 
«I jenen^ Printb. Por Icr deoiAc, Freiire estivo pocas horas prec«o en la m)» del 
Ckbttdd de Sanfláa^,. guardado por un hai>illon, i cuando on la noche salió jui- 
la VaifanÚHH ^"90 la iÉippetioH do q«e i-ba a eorrer U b^iertc del dosgrjciad« 
Ifaoind Rodviguai, Portajes; Uatnó ai jdfe qtt»i le esooUtlta, coronel D. Pah^o 
aélnrai í la hic6 respotiMbie de la niauera mai solemne <k) la vida de aw prisio- 
nero. Se lia dicho también que a doü persooají? a- quien» s fe 1*»8 fupcinia discí- 
jpoloB • dx-0oei)de ét la kpm kmíariiut, i que »q atrevieron a irslnuar a Portales 
atifüeiFIre^ ím debía llegar ríKo a VálpamiiM>k recibieron de aquel iia rechazo 
ém tal »atai#aleaa que W alijé ¡Mira siem) re de sus influenclM políticas durante 
ei dominio del úHhnoc Noa6trt>s ijppuoram^ abiolutamwte quiéoea fueron éftoB^ 
peh> la v<erdad del incidente lios Im sido asegiirad^ por un confídente íntimo 
de Forlxlef. 



— 52 — 

participar de das doctrinas, ni de das afecciones, ñi de soá 
compromisos. En menos de tres meses de poder, aqaella vo- 
luntad irresistible habia completado su obra, i de una mane- 
ra que la dejaba cimentada por largos años. 

Asi: 

La reacción colonial estaba vencida con Meneses, que fué a 
encerrar a las sacristías su nulidad política. (1) 



(l) Discordamos en esta p.irto (pues es este el punto de partida de naestra 
manera de juzgar la misión política de Portales) i de ana manera mai grave, 
con el dist'ngnido autor del Juicio hitttórico que hemos citado. £1 hace a aquel 
el instrumento, o si se quiere, ftXjefe de la reacción colonial^ i nosotros le pre- 
sentamos como el moderador de e^a reacción colonial que, sin él, quién aábe a don- 
de nos habría llevado, pues ninguno de sus campeones t>abia dónde iban escepto 
que iban para airas. Portales, en concepto nuestro i como ya lo hemos dicho, 
reaccionó en lus hechos i en las personas; (pues de lo uno i lo otro necesitaba 
para su obra uiteríor de constituir un gobierno fuerte), pero dejó incólume las 
ideas republicanas i aun democráticas inauguradas por Pinto, Campino, In- 
&nte, Carlos Rodríguez, Ventura Blanco, etc. £1, no fué el autor de la Consti- 
tución de 1833, i ni aun se dio la peoa de leerla hasta después que estuvo 
promulgada, como a su tiempo lo demostraremos, i por otra parte; ¿qné hom- 
bre público lia sido en sus hábitos i en su carácter per onal mas democrático, 
o, como el mismo decia, mas plebeyo que Portales? 

£n lo que el señor Lastarría acierta por completo, a nuestro entender, es en 
afirmar que Portales tuvo dos grandes móviles de acción, a 8al>en,su amor a 
los gobiernos absolutos i su odio a loa liberales. Para él la cuestión fué siem- 
pre personal i no idealójica. Loe infelices pipiólos eran siempre para su me- 
moría, no los autores de la Constitución de 28, sino los pelajeanos del "Uam- 
briento", esto es, el 'Tríbuno", "Garramuño**, la "Cucaracha", "Don Elefiínte", 
"Don £stupendo", i todos los figurones a quienes él pasaba revista de desdoi 
en su maldiciente tertulia de los sofás de la A^meda, o en loa juego» de prenda 
del "Hambríento". 

Con tal pues que los pipiólos no se acercaran al gobierno, i que éste, por 
BU parte, no cediera un pulmo en el rígorismo en que lo dejaba establecido, 
Portales se cuidaba poco de la marcha de las ideas, (al meóos en su prímem 
6poca) i aun estaba mui lejos de contrariarlas, porque él mismo era una en- 
carnación viva del progreso en todos los ramos de la actividad humana que 
eftiiban al alcance de su poderosa organización. 

Por lo demás, con esta distinción de juicios, nos parece que el Sr. Lastarria 
ha caracterizado sin pasión el rol político de Portales en las úguientes pala- 
bras a que nos hemos referído en el contesto de esta nota. "Portales tenia ca- 
rácter i prendas para ser ti jefe i representante de la reacción colonial que se 
inauguraba entonces contra la revolución de la independencia, la que habia 
llegado en 828 a lUs últimos resultados en Chile, planteando la repúblioa 



— sa- 
lía reacción (/Higginisla era desbaratada por completo con el 
Dr. Bodrígaez Aldea, quien desde el dia en que Portales fué 
ministro, abrió la puerta de su estudio a su dispersa clientela 
i no volvió a tonuur la pluma sino para ñrmar sus alegatos i 
8u testamento. 

La reacción aristocráiíca desapareció con el mayorazgo Ta- 
gle, a quien el destino no le reservó otro puesto en los ana- 
les de la República que el de apadrinador secreto de conspi- 
nMsiones, pues frailes i conjurados metían sus manos a porfía 
en su pródiga bolsa. 



democrática que comenzaba a ensayarse, ¡>ara llegar mas tarde a convertirse 
en realidad. 

"Ningún |>o]í tico medianamente hábil recurre jamas al terror ftara fundar 
ni sostener su poder, purque basta una intulijencia común, no se necesita je- 
nio, para comprender que un ínteres esclusivo no puede perpetuarse, ni aun 
•oflteneráe por largo tiempo, en pugna con otros int reses politicón o socialest 
La resii^tencia desgaeta los resortes del paler estraviándolo de su rumbo: asi 
lo han oompren'lido siempre todos los hombres de Estado que han pi*etendido 
dominar. 

'P«ro no lo han comprendido asi jamas los que se han encargado de llevar 
adelante una reacción: todo gobierno leacdonario es ciego porque es apasio- 
mido. Siempre que un espíritu abatido, siempre que un interés o cierto orden 
de intereses sociales derrotados vuelve a la acción, en lucha con su adversa- 
rio, la pasión domina a sus representantes, i cuando éstos llegan a apode- 
rarse del poder, son dé potas sin remedio, i su despotismo raya en la cruel- 
dad, en la locura. 

"He aqui la razón por que Portales era déspota sin tener ambición i sin 
abrigar un corazón ferox. Portales no era hombre de jénio i estaba bien lejos 
de serlo, pero tenia bastante aliento, osadía, eneijia i ardor en grado sufí- 
eiente para encarnar en si toda la pasión por el gobierno absoluto i todo el 
o^ por los liberales que los hombres de sus antecedentes i de t>u condición 
tentian en su tiempo. 

"Dcminado de ésa pasión i estimulado por ese odiu. Portales fnndó el go- 
hiémofuerU, sisternaado un extenso espionaje contra sus adversarios, i apli- 
cando en todo caso rígorosamenta i sin escepcion la regla corruptora de dis- 
pensar tolos loa favores del poder absoluto a los que lo acatasen i se le humi- 
Üasen, i de perseguir sin conmiseración a los enemigos i aun a los indife 
r^otesw" 

£n cnanto a la reacción doctrinaria^ o de principios, única que se consumó 
en todnssus partes por la promulgación do la carta de 1883, veremos mas ade- 
lante la ninguna intervención que cufK) en ella a Portales, el hombre por esoe- 
lenda de los hechos, i que tan poco cuidó de las ideas en su carrera pública. 



- 5* - 

f I por dlUmo, ol bando fxieraUsia llegi6 a sn término, pe- 
reciendo por el estudiado desden que l^itso el die(4dor de bu 
caudillo i ia acerba perseouoion que declaro en bveye a uno 
de sus mas eiitusiii^tas e intelijentes partidarios, don Nicolás 
Pradel. 

vn. 

En cuanto ni miUíariamo, Porfíes habíale dado su golpe 
de muerto con la proscripción de los vencidos en Lirqai, a la 
que se habia seguido la captura i destierro del jeneral Freiré 
i d^ ^us priqcip2^je^Qccu^c€|s. Al ii>i.st|io tiempo, diósq ^pr^alfis 
con un tesón, del que solo 61 era capaz, a organifear en la 
capital la guardia nacional, de una de cuyos cuerpos (el nú- 
mero 4) él se hizo comandante, t Que vengan ahora los pen- 
C(ín?s con siis hT\z^ ! » decía, se^ufo ya <}q quQ ooq ^^gl 
espediente habi¿^ puesto fin a las revueltas ipiUtar^a. Y en 
esto se refería sin duda a los caudillos del Sur, al cual él, a 
fuer de santingniao, profesaba una antipatia manifiesta. 

Q'IIjggi|)s, Freiré, el mismo Prietp, quq aun estaba cp^ |(^s 

frontera» duefto dp la3 armas, no fwprpn en verdad para aqual 

hombre que desde su mas tierna edad se habia oriado en lo^f 
claustros de la Moneda, el capitolio de la república, huéspedes 
simpáticos eu su hogar. A Freiré le habia echado del pV^^* 
A 0'Higgin^ )e habia impedido si4 regreso. A PrietQ 1q h^bia 
hecho presidente, pero era solo porque, reteniéndolo en una 
especio de cautiverio político, oiria sumiso su voz, i porque 
él, por su parte i según sus esprcaipnes propias, UQ quena 
cambiar las antesalas de un palacio de cort^aa^pa ppr las 
i zamncuccas » de sus camaradas en su alegre i liberliiia c Fi- 
larmónica.» 

Otro de los arbitrios que puso también en juego para inor|- 
jerar el ejército cuyos vicios él mismo habia conocidp, sedii- 
ciendo a muchos do sus jefes con dinero, fué la planteacion de 
|a Academia militar, c No dude ustcd^ decia a un amigo, que 
ge recojerán en olla los riquísimos frutos que pe esperanj pQ^o 
ellos penden caclusívamente, aQadia, de la tída de Pereira: 



— 55 — 

8Í él maere no híii colcjio. » (1) Portales separó también la 
oomandancia de armas de la in8])v)cciou del eje'roito que antea 
estaban reunidas en nna sola otic-.ir.a. e«>n í^.jivo dctriruento 
del servicio. (Decreto de 11 de setiembre de 1830.) 



vm. 

Un último obstáculo quedaba aun por derribar al brazo Sel 
imperioso dictador. A título de mera <3ortesia con el futuro 
precidentd, habia consentido en llamar a los consejos de go- 
hierQO como representante ¿el elemento i.>'Higginista a un 
¡éven soldado, tan valeroso como enérjioo, tan patriota como 
sostenido en sus resoluciones, i que mas que el mismo jeneral 
Prieto, de quien era sobrino, habia sido el alma de la revolu- 
ción del Sur. Era éste el coronel don José Maria de la Cruz, 
joven entonces de 30 años, a quien el presidente Ovalle habia 
nombrado su ministro de la Guerra el 80 de setiembre de 
1330. £1 joven ministro tenia una fuerte conciencia i opinio- 
BCia tan ardientes como su propio carácter. Una contradicción 
abierta no tardó en pronunciarse entre el jefe del gabinete 
i el jijven militar del Sur recien venido, i cupo a éste, co- 
mo era inevitable, ceder en el conflicto, retirándose dasde 
aquel dia (enero 81 de 1831) a las soledades de su tierra 
mtal, oondenando sin reboso una revolución que él ci^ia frus- 
%mifí en sus grandes ñnes de legalidad i justicia, i aceptando 
un noble ostracismo político que en el espacio de 20 años 
debía quebrantar solo en dos graves ocasiones, la una para ir 
a d^r gloría a su patria en climas estranjeros, la otra para 
prestar su espada a una jeneracion que se alzó en masa contra 
aquel sistema que él mismo, desde tan temprano, h^bia repro- 
bado. 

El ministro del interior volvió a tomar de nuevo, en conse- 
coenoíai la cartera de la guerra, que a su pesar habia estado 
ooaftada a una conciencia i no a un instrumento. 

<1) CMa a doB Abíobío QarfiM^— Valparaíso, marzo 23 de I82X 



— 56 — 



IX. 

Tres meses después de haber aceptado el miaisterio, Porta- 
les habia quedado, pues, solo otra vez en presencia de su 
omnímodo poder. La permanencia posterior del jeneral Cruz 
en el gabinete habia sido para él mas una desazón que una 
dificultad. 

Quedaba solo por ocuparse de la elección de presidente 
para dar la última mano a su obra i retirarse a su codiciado 
descanso, que no era por cierto la abdicación del poder sino 
meramente la de sus empleos i la libertad de sus bulliciosas 
orjias. 

X. 

En la época de que nos ocupamos, la alternativa del poder 
supremo solo podia encontrarse entre el ministro Portales i el 
jeneral Prieto, a quien, por ruegos suyos, habia hecho inten- 
dente de Concepción. 

Para el ministro no podia haber un solo instante de duda. 
Prieto seria el presidente i él un simple ciudadano. Cuando 
sus amigos le instaban para que echase a un lado lo que ellos 
llamaban su incomprensible desinterés, encojíase de hombros 
i con una sonrisa burlona decíales solamente — Qué/ ¿Quieren 
ustedes que yo cambie la presidencia por una zamacueca? (1) 



(1) Estas espresiones, qae no pueden menos de ser jenuinas. porqae son ente- 
ramente características, nos han sido comunicadas por don Fernando Urizar 
Garfias. 

Es ciertamente de admirarse que en esta misma época en que Portales des- 
plegó una fuerza tan prodijiosa, no solo de voluntad, sino de laboriosidad admi- 
nistratiTa, se entregase con mas vehemencia que en otras ocasiones de su vida 
a los placeres i a los orjias. Celebrábanse éstas en una caHa de la calle de las 
Ramada?, a la que habiun llamado la "Pllarmóniea/' en contraposición al salón 
de baile de aquel mismo nombre en que se reunia la parte culta de la sociedad 
de Santiago. 

Asistían a la "filarmónica'' de doq IHego todos sus amigos íntimofi, i al son 



— 57 — 

£1 jeneral Prieto estaba pues llamado a la presidencia de 
la república mediante el desinterés de Portales. Debia ser un 
dogal para éste la postergación del complaciente Ovalle, a 
quien tan acertadamente habia elejido para esconder su vo- 
luntad tras ana sombra, pero la muerte vino pronto a disipar 
sos cuidados. Don José Tomas Ovalle espiró en los momentos 
en que se inaagaraban las elecciones que iban a darle un su- 
cesor. (1) (21 de marzo de 1831.) 



del liarpa i U Tthii«la, se pasaban las noches en velada, partioolannente los 
domingoa. Reinaba derta moderación, nn embarga, en estoé pasatiempos, a los 
que Pórtales hacia asisü^ hasta a los jóvenes oficiales de su cuerpo. En cuanto a 
él, adoptaba mas bien eT papel de celebrador que de dinpado. Gustaba de 
tambanar en la harpa, lo que hacia con gran primor, íolia bailar a veces zama- 
cueca, pero nnnca bebia. Mantenian la casa con cierto rongo, i las convidadas 
no ema sino nifias alegres, pero no de mala vida, a juzgar por los nombres que 
Portales apunta en algunas de sus cartas. £1 era el principal suscritor del esta- 
blecimiento i pagaba tres onzas mensuaks por su cuota. Asi es que cuando se 
loé a Valpanüso a mediados de 1881, escribia que no habia podido dormir la 
primera noche porque ''no puedo olvidar un instante (dice en csrta del 31 de 
octubre) los buenos ratos de los domingos, el buen mate, la buena mistura, el 

barbero, la chilena" 

''Diga usted a los señores de la filarmónica (escribía al mismo tiempo a otro 
amigo, considerándose ya retirado a cuarteles de sosiego) que si me conceden 
la facultad de verlos i de asistir a sus funciones des<le Valparaíso, me suscribi- 
ré; pero de lo contrario, que se vayan a divertir a costillas de la madre que los 
parió, que yo no estol para gastar tres onzas asi no mas, i mucho mas ahora 
qne se están casando las buenas mozas, i no nos dejan mas que mirar en el con- 
cixr^, a no ser las hermanas de don N. N., las N. i otras de esta calaña." 

(I) Díjose que los mordaces ataques de la prensa hablan tenido no pequeña 
parte en las dolencias que causaron la muerte de aquel hombre honorable, pero 
coya organización le hacia mas apto para los goces domésticos que para loa 
azares de la vida pública.— "Quién presidirá las fiestas de la patria hoi dia? 
(habia dicho el DefvMor de los militares, aludiendo a fu persona, el 18 de se- 
tiembre de 1880 i respondia) — "Un asno deslumhrado con su propia albarda." El 
soflceptible presidente habíase sentado en la silla lleno de salud, pero murió ace- 
leradamente de una irritación al hígado. Contábase que habia hecho en su ánimo 
impresión profunda una com^.osicion suelta 'en verso que publicó don José Joa 
quin de Mora en el Trompeta i que se titulaba El uno i el otro, aludiendo a loe 
doe Diegos, el presidente i el ministro. Portales castigó éste i otros desacatos 
de aquel célebre escritor echándolo fuera del pais (14 de febrero de J 881) jun- 
tamente eoD su colaborador el doctor Pasamán 1 el editor de la imprenta en 
qae aquella hoja se publicaba, don Antonio Gundian. No sabemos por qué fue- 



- 58 - 



XI. 

Deaigna^Q 9I p^dqnte de la republiqa i electo el primer 
Congreso de 1^ reaooioii, que en su mutismo debía ofrecer uq 
íwx^ coQtrastq oop laa tumultuosas pero brillantes asambl^^ 

ron presos i desterrados en aquella misma ocasión un caballero del apellido de 
Goo, pariente del jeneral Freiré, i don José Manuel Escanilla, que habia hecho 
Ift oampafia d« liroai en calidad de eatUcr. 

Bero no fué esta la tola mnestjm de deferencia que Portales tributó al dee- 
graeiado presidente Oya)1e. No oontento eon haber hecho anunciar al púbHpo 
■a agomia oon disparos de cafion (qne para muchos fué la sefial de imjúiM baoa- 
■ales de regocijo i vengansa), él ordenó se dispusieran las exequias fónebres 
mas solemnes que hasta cotonees se hablan celebrado en Chile, i qne eelipsaron 
ocMi mneho a las flimosas con que los pipiólos hablan honrado los huesos de sos 
primeros jefas, los Osrrera^w Al coba <ü aña, Portales, que se encontraba en Val- 
paraíso, hiso practicar honras en memoria del düanto, 1 él mismo escribió in 
elojio fúnebre sobre un tem% que habia pedido a don Andrés Bello, i el que se 
publicó en el Mtrewno del 21 de marso de 1883. fil agradecido ministro guarda 
después hasta su última hora la amistad mas solicita por la familia d€| su ami- 
go, i a juzgar por sus cartas intimas, parece que ésta hubiera sustituido en in 
«•raion, en gran manera, las afecciones que delnan ins{»rarle sus profHos deu- 
dos. 

Volvieodo al pasquín de Mora, ignoramos qué motiros tuviera Portaka 
para ^tribuir aquella misma oomposicioD, algunos afios mas tarde, a la distlii- 
guida poetisa chilena se&ora doña Mercedes Marín del Solar. Aá lo dice en naii 
sarta que tenemos a la TÍst». Mas cuan 1^ estaba de la sátira aquella matroqa 
que debía sembrar la tumba del inmolado ministro con lágrimas i floreal 

Como la composición de Mora se hizo tan popular, la trauscribimos aqqi tal 
cual Uv reprodujo d Monitor peruano del 18 de marzo de 1837. pice ad- 

EL TOO I EL OTRO. 

£1 uno subió al poder 
Con la intriga i U maldad; 

Y ol otro ún saber oómo. 
Lo sentaron donde está. 

El uno cubiletea 

Y el otro firma i no mas; 
SI uno se llama IHego, 

Y el otro José Tomaa 

m UAQ sabe que en breve 
TodA mí humo parará; 



-59- 

de los pipiólos, Pof tales pudo preocuparse de los detalles de 
la poderosa organización unificadora que se proponía irapri- 
rair ^1 paia. Su inagofeble laboriosidad (1) i la rara iijtelijen- 

£1 otro cree que en la álla 
Tleoe 8u inmortalidad. 

El uno lucha i se afana, 
£1 otro es hombre de paz; 
El uno 86 llama Diego, 

Y el otro José Tomas. 

Kl ano hace loe pasteles 
Con su pimienta i eu sal; 
El otro hasta en los rebuznos 
Tiene cierta gravedad. 

£1 uno ea barbi-lampiño, 
Pero el otro es mustafó: 
£1 uno se llama Diego, 
El otro José Tomas. 

£1 ano tiene fn la bolsa 
Redueido su caudal; 
T el otro tiene unas Tac<i8 

Y un grandísimo sandial.... 
El uno saldrá a galope 

Y el otro se quedará: 
£1 mío se llama Diego 

Y el otro José Toma& 
^ uno es sutil i flaco 

Que parece hilo de oían; 

Y el otro con su barriga 
Hene algo de monacal. 

£)1 uno especula en grande: 
El otro cobra el mensual; 
El uno se llama Diego, 

Y el otro José Tomas. 

De uno i otro nos reiremos 
Antes que llegue San Juan; 
Uno i otro en aquel tiempo 
Sabe Dios donde estarán. 

Quitándonos el sombrero. 
Gritaremos a la par: 
Felices noches, don Diego, 
Abur, don José Tomas. 
(1) "No he contestado hasta hoi (dice a su depcndionte Newpnan el 26 de 
Abril de 1880, quince dias después de ocupar el ministerio) su carta del 12, 
l>opqQe • eaoepeion de cinco horas destinadas al sueño, el reftto de las veliitioiía- 



- 60- 

cia con que ee hacia cargo de todo lo que le rodeaba, por 
nuevo i arduo que fuese, venían en ausilio de sus vastas i 
máltiples tareas gubernativas. Despachando tres ministeriosi 
encontraba tiempo para dedicarse a la organización de los 
cuerpos cívicos, en cuyo beneficio cedia su sueldo i en cuyos 
detalles de instrucción, vestuario, armamento i todo su arre- 
glo interno tomaba una parte minuciosa, cuidando principal- 
mente de dotar a cada cuerpo de una banda de música, porque 
habia notado la innata afición de los criollos a este pasatiem- 
po, como se observa todavia en las retretas. El mismo ee habia 
hecho enseflar la táctica. Se entretenia las noches ejecutando 
evoluciones con cigarros sobre una carpeta, i al aclarar la ma- 
ñana siguiente, estaba a caballo disciplinando su batallón en 
el cuartel o en el campo, habiéndolo instalado en su propia 
casa, que era la Moneda, a ñn de tenerlo mas a mano. En el 
19 de setiembre de 1832, cuando un repentino aguacero disi- 
pó la formación militar en el campo de Marte, regresando los 
cuerpos cívicos en desorden a sus cuarteles, vióse a Portales, 
a caballo, espada en mano, al frente de su columna sin que se 
hubiera desbandado en la marcha ym solo hombre. Si no nos 
engañamos, debióse a la agua que recibió aquel dia una peno- 
sa enfermedad en la vejiga, que le aquejó por aquel mismo 
tiempo. 

Su principal empeño, i en esto merece la alabanza de todos 
los hombres que aman la verdad, estaba puesto en dar publi- 
cidad a todos los actos de la administración, i con este objeto 
creó el Araucano, cuya redacción confió al hábil Gandaríllas, 
publicándose su primer numero el 17 de setiembre de 1830. 
Quería Portales imprimir a la cosa pública el mismo sello de 
franqueza i valentía que rebosaba en su propia naturaleza, i 
como nada detestaba mas hondamente que los caminos torci- 
dos i el jesuitismo, echó así en los cimientos de nuestra orga- 
nización política una de las mas hermosas bases de la demo» 
cracia: la publicidad. 

Por este mismo principio, hacia imprimir en aquel periódi- 
co casi semanalmente el balance circunstanciado de la tesoro- 
ria, para que se observase hasta por los mas indiferentes la 



ioTerñoa que se badadeloscaudniea nacionalea. Goneate 6ü, 
i pan regolarízar el servicio Je ta hacienda piiblica, ordenó 
(decreto de 20 de agosto de 1S30) que todos los pagos üscalea 
que antes se hacían indiatintamente por todos los ministerios, 
ae ejecatasen por el de Hacienda, donde los decretos de pago 
debían refrendarse. 

Sa desvelo inas constante estaba cifrado en nivelar las ren- 
tos del Estado con sus gastos, y para esto llegó a consentir en 
la aprobación de un proyecto de ajio, del que hablaremos mas 
adelante, pero que desde luego ie proporcionó el numerHrio 
Baficieote para el exacto pago mensual de tos empleados de 
la lista civil y mititar. Decía que la cauíia única de tas revo- 
luciones en países como e' nuestro era el Tiambre, y por esto 
sin dada llamó el Bambrimio el papel con que cooperó a la 
revolución de 1829. Dio el primero e! ejemplo de! desinterés, 
rehusando un crecido sueldo, siendo pobre, y con esto se 
creó el derecho de negarse a todas las pretensiones que ten- 
dían a gravar el erario nacional. La pobreza del país era en- 
tonces estremada. No se habian todavía descubierto esos ae- 
D08 de oro (Chaüarcillo 1832. Caütbrnia 1849) que dieron 
tan rico sustento a nuestros mineros y hacendados y que ai! a 
tantoB de éstíjs embriagaron con e! propio resplandor de su efí- 
mera opulencia. El presupuesto de la Kepúblíca no llegaba a 
millón y medio de pesos, y su3 rentas apenas subian do cien 
mil pesos (entrada que han teuido deapuea en un aSo simples 
índividnos) cada mea. 

Le preocupaba también intensamente la moralidad de los 
empleados pubücoa, a los que, por la insuficiencia y la inse- 
gorídad de aus sueldos durante la administración de los pi- 
piólos, 96 lea atribuían actos punibles de desmoralización. Kl 
ministro lea pagaba ahora puntualmente, pero, en cambio, lea 
exijia la mas asidua contracciou a aus desempeños, en lo que 
él miamo lea daba el ejemplo, siendo muchas veces el primer 
funcionario que llegaba, junto con los porteros, al palacio de 
las Cajas, doude existían entonces los ministerios de Estado, 
Por esta misma razón y arrebatado de su celo, espidió mas 
tarde aquel cóiebre decreto, digno de la Esparta, por el que 




se ordenaba a los empicados denunciados por la ptensá d6 
haber faltado a sus deberes acusar el escrito en que se les 
denunciase, so pena de perder sus destinos. 

Pero aun aquel hombre, que era un verdadero prodijio dé 
laboriosidad, llevó todavia mas adelante sus exijencias en el 
servicio. Desde su advenimiento al poder, data el drden, él 
sistema y hasta la limpieza c:i las oficinas de gobierno. En 
esto, Portales fué un implacable revolucionario contra la mu- 
gre y la pereza de la colonia. No se conocia el uso de la esco- 
ba en las salas de los despachos, menos por cierto el del tri- 
pe y el tafilete. Habia empleados qtie se hacían llevar áu 
almuerzo a su propio bufete, y a veces circulaba por bajo áé 
la capa de los oficiales de pluma la escondida botella del indí- 
jena ponche. La vihuela era en muchas oficinas un mueble 
mas usado que el plumero, y en cuanto al pavimento, los en- 
jambres depuc/ios servian a cubrir las grietas de las "esteftuí 
de estrado bien hechas". Portales, que gastó siempre uri aseo 
eápccial en su persona, cambió todo como por encanto, y desde 
entonces, comenzó a existir como un cuerpo lo que hoí se' 
llama propiamente «el personal de la administración.» 

XII. 

Pero todo esto, entre tanto, se hacia en el sepulcral silencio 
de los espíritus. Parccia que todos los corazones habían deja- 
do de latir mientras pasaba por el camino de la omnipotencia 
aquel hombre que tenia la palidez de Cósar en su frente des- 
poblada como la del tirano de Roma. La prensa habia sido' 
amordazada por un jurado hostil, y el Congreso, padre y mo- 
delo de tantos otros que le han sucedido, estaba mudo y pos- 
trado a los píos del dictador. Una voz ¡)0(lerosa se hizo oír, 
sin embargo, en una ocasión, en aquel rccinio, en defensa de 
los escarnecidos derech(;s de los oficiales de Lircai. Don Carica 
Rodríguez, que con el patriota luíante y ol j<)ven republicano 
Vicuüa habían alcanzado, como por acaso, un puesto en aque- 
lla asamblea, pidió en nombre de la ju t\/ i y de la buenaí 
política la reposición de aquellas víctimiu en sus empleos. 



^ 



P«ro el diputado Buatiilos y dos jóvenes del apellido de Tial 
prolestaron con calor contra aquel acto de rüpoaicion, y des- 
pués de una sesión tempestuosa que se prolongó hasta las 11 
y cuarto de la noche (24 de agosto Je 1S31), la moción fué re- 
abunda, obteniendo solo cinco Yotos en favor. (1) JRodriguez, 
qae tenia en su pecho et alma de los antiguos tribunos, eacla- 
laú qua mus valia ahorcar aquellos desgraciados que ma- 
larios lentanieulc de miseria». Pocos diaa después, bu vio- 
lenlu espulsion de la cámara, junto con la de aua colegas In- 
fanta y YicuSa, a pretesto de nulidades en su oleocion, fuá la 
recuesta qae aquellos áulicos, que se llamaban representan- 
tes del pueblo, dieron n sus patrióticas quejes. (2) 

(i) '^ el ^biemo, (dccia Rodríguez *n sa uiocíod) (H luí mu uriticog mo- 
menUa, y en laedio del acitloniiuiíiato d« lu? partidos, erejú conveniente sep>- 
nr a lo* mHiUrea de eiu cmplvos, ahora oí el ^blemo ni el Corigr«sa paetJen, 
Al U naa DCgr* ingratitud, llevar adelante mmeju te medida. Suagradaa loa 
il«b« • 1* uadoii. los bau adquirido a coeLa de su latigre y aon e) único patri- 
'Bwuodewubijos," 

JNvtanti^ llegaba a loa uoaulaeiuae» íi^uieo tes como baae del proyecto delet, 
^•t cr* ana verdadera lií di; aaioUtíu. 

"Jai, I.* Eatando los vhUenoa en et plenogoc« de MU derechos. resUtúyaliB* 
a ala borres loa que ooo motivo de la guerra cilil ñieroo separados tempo- 



"Art %* EepSogait cu sus honoces j tmpleos a Iwlos los militares daiIo« de 
baja, mn que la deporiciotí que surríeroii lea cause el menor perjuldo en soi 
¿ntehoi y en los de eu lániitia. 

"átt i.' Vadie podrf ex^r {Mr loe males qoe se 1< Imf sn Inferido, s eoi»*- 
enoKÍa del pMado tjrden de cosiu, otra repunuüoD que I> que esta lei detar* 

{i) Fo«ju (cajones maa tarde, a consecuencia de una cueation da deLat« quo 
IwMa inloado el diputado VicuAa j sostenía con su exaltación habitual d«n 
OMo* II«drigiieK, d dipatado doa Unríqae Cam|áno d^o ea alta toi. "Beben 
ten Me diputado borrachea" A lo que Itodriguis. iminuDraDdo un uiroaama 
•ostia sn inlírpelante, se levautú de tu uslento, uaieudti dti un puflal que lleva- 
b« iiaupra en «I pectio. y que él llamuha ti limprn diente.- Camplno echfi 
mano a ua candei<jro, pero fueron fleparadoa cuando iban a acometerse. La 
■^a« ae ImaU. nn embargo, en medio de on iadeeoribiU* UnmUtio. A U tc- 
4«a «tguiantr, al dipiitiido don Itamon Rt'njifo dijo de nulidad de bu elaceioaM 
A» im Mprweulantpd lofimt^. Rodríguez y Viuulla, como bobiera podida dacír- 
I» 4d ««n^rfen del earooel Camplno, o del limpiailitttía de don Caitos, g la 
liwMii ka aciiulsú iocouUnente por unanimidid, y porque eiao loa tiea únioo* 
HpMMddOongroso. 



-64 — 



xm. 

tx>s abatidos pipiólos habian protestado también contra 
SQs implacables vencedores con las armas en la mano, pero 
con aquella sin igual desventura que jamas les abandonó en 
todas sus empresas. 

El 31 de marzo de 1831 desembarcó en la costa de Colcu- 
ra el coronel Barnachea, acompasado del valeroso Uñarte y 
de aquel capitán Tenorio que selló con su sangre en Longo- 
milla su incontrastable adhesión al bando de Lircai. Venian, 
seguidos de solo 14 hombres, en demanda del comisario de 
indíjenas Bafael Burgos, que habia sido destituido después 
de la derrota del ejército de Freiré, y con cuya influencia en- 
tre los indíjenas, los emigrados de Lima contaban impruden- 
temente para un alzamiento. Mas, apenas habian puesto pié en 
tierra, fueron rodeados por tropas de Concepción, que hicie- 
ron presa de 16 fardos de paño encarnado, 2 zurrones de añil 
y un cajón de munidones, pues este era todo el parque de 
que disponian aquellos desacordados aventureros. 

Juzgólos en Concepción un Consejo de guerra presidido por 
el jeneral Prieto i los reos fueron condenados a diversas penas, 
siendo embarcado TJriarte para un puerto de Inglaterra i Te- 
norio i sus compañeros confinados en Juan Fernandez. Opúso- 
se fuertemente a esta medida de clemencia el inflexible Porta- 
les, que estuvo siempre dispuesto a fusilar a los invasores que 
pisaran las playas de su patria con armas estranjer:is; pero 
pudo mas en los jueces la consideración del aturdimiento de 
los reos i el recuerdo de que el gobierno a que servían debia 
su imperio a un oríjen semejante. (1) 

(1) Ciuindo Tenorio, a los pocos meses de su relegación en Juan Fernandez, 
•ablevó al grito de Viva Freiré! a los presidarios de aquella isla (diciembre 20 
de 18S1) y en número de mas de ciento desembarcaron en Copiapó, asolando 
aquella provincia en su tránsito al otro lado de los Andes, Portales, creyendo 
haber perdido la goleta Independencia, de su propiedad, que se encontraba a 
la sason en el puerto de CJopiapó con un cargamento de cobre remesado por su 



— 65 — 



XIV. 

Tales fueron los principales sucesos que se desarrollaron 
clarante los dios i seis meses que empuíló don Diego Portales 
las riendas de la dictadura i que forman la parte oficial i me- 
nos bella do lo que se ha llamado su pnmera época^ porque 



luibUiUdo Garin, se afectó en estremo, i escribió a su confidente Garñaa el 24 
de enero de 1832 para qoe en el acto hiciera una visita al presidente Prieto i le 
reprochara la lenidad con que hhbia procedido para con Tenorio i sus cómplices, 
pnea «ates eran ahora causa de aquel desistroso accidente. ''Dígale Vd., escla- 
maba, aludiendo a sus pérdidas, que él (el presidente) está obligado, en con- 
ciencia, a satisfacérmelas de su bolsillo p>or no haber hecho lo que debia,yii«t- 
lar a lot ertuadoí d$ Coleara; que celebro todos estos pasajitos, para que la 
«speriencia le abra los ojos, i le convenza, de que en materia de política j de 
gobierno, no hai mas que errar o quitar el banco, y de que el malo siempre i 
por siempre ^ de ser malo: que el bien le enfada, i no lo agradece, i que 
■iempre se halla tan dispuesto a faltar i clavar el cuchillo al enemigo, como ñ 
MI mltfno benefactor, por lo que se puede asegurar con certidumbre que el 
gran secreto de gobernar bien está solo en saber distinguir al bueno del malo, 
{nempr§ $1 persotialUmo!) para premiar al uno i dar garrote al otra 

'*£n efecto, afiadia jeneralizando su doctrina, todo lo que huela a paños ca- 
lientea i a confundir al bueno con el malo, solo puede servir para nuestra per- 
dición. ¡Qué lindo papel hace don Ramón Freiré, para colmo de sus dichas, 
proclamado por los presidarios de Juan Fernandez! Averigüemos el oríjen i lo 
encontraremos en las consideraciones que dispensó al malo. £1 peor mal qae 
encuentro yo en no apalear al tnah^ es que los hombres se apuran poco por ser 
baenoa, porque lo mismo sacan de serlo como de ser malos. 

"Ya me voi metiendo mucho en el sermón, anadia, después de haberse que- 
jado de la colocación en el ejército de un oñcial que ha sido después famoso, 
i me iba calentando como los padres en sus sermones de tres horas." 

V luego, volviendo a su tema de lo.) prendarios, proseguía: 

*'Ma8 de ciLitro veces o, por mejor decir, casi todos los días he estado dicien- 
do a Cavareda y a todos, que los pre:údarios de Juan Fernandez iban a saquear 
al nuaflco o Gopiapó, i a largarse con el botín al otro lado, buscando la protec- 
ción de Quiroga o P\jicheira. Era el mejor, por no decir, el Anico partido que 
am les presentaba. 

"^be Vd. que nunca me ha dolido perder plata, añadía, pero este golpecillo 
me hace unas cosquillas de los diablos!.... Bien pudiera venir la muerte si se le 
mnta^ qae no la habrá de recibir con mas ^serenidad un Capuchino; porque si 
hctnoa de vivir por la suerte, mas bien despacharse tempranito." 

D, imOO POBT. ^ 



— 66 — 

solo cuatro años mas tarde vuelve a aparecer en las eminencias 
del podor avasallándolo de nuevo todo a su indomable volun- 
tad. En poco mas de un año de poder, estaba arraigado sa 
prograinu político por <?1 solo concebido, sin ninguna inspi- 
ración ajena, i que ól únicamente era capaz de poner por obra 
sin ajuda de nadie. Dejaba hundidos en el polvo a sus ene- 
migos políticos i dispersados al viento todos los elementos de 
resistencia o emulación que podian poner atajo a su mira úni- 
ca de reconstituir el pais bajo la forma fuerte, compacta, uni- 
personal,, en fin, que él sonaba desde los gobiernos tumultua- 
rios o lejislativos de la desencuadernada era de los pipiólos. 
Cuando juzgó terminada su misión de reorganizador, o 
mas bien, de fundador de un nuevo sistema de política, qae 
no era ni la turbulenta democracia de los pipiólos ni el oscu- 
rantismo de los reaccionarios, renunció (agosto 17 do 1831) 
los dos ministerios que desempeñaba, resuelto Kinceramente a 

Sq corresponsal lo dióciientfl. al día HÍguiente, do sn comisión, eiulos términos 
siguientes: "IjO sopl*' a S. K ol recado de Vd , i lo demás con mucho placer mío, 
i con algunoB retortijones de S. E . pci^n mi sentir. Guando le acabé de leer Ift 
parte dirijida a 61, 8^>bre los prf:»idftrio3 qno debieron ser fusilados, se le salió el 
decir tiene razón, pero doepuof trató de disculparse. Entre las razones que diego 
para su defensa fuó ochar k <-ul|>a .i don Francisco Antonio Pinto, ])orque hiío ma- 
la contrat^i con Larrnin: ¡)ucs no debió hal>er convenido en que quedase él gober- 
nador d«' la Isla, el cual debió ser puesto por el ííobierno coino lo era en tiem- 
po del Kei, quedando la iiihi do prei»idi<> niilit'tr. Vd. vea sí se convence. Me 
encariñó decir o Vd , que había tenido co'nnnicacioii de Búlnes, que se htlUí 
adentro de las cordilleras, i con laa mejores Oí^poranzas de concluir con los ban- 
didos: cuyo resultado espera Prieto mni luego, i el cnil pondrá en su notieía 
luego que reciba el parte." 

y luego, entrando en la intimidad, le dice con relación a sus invocacioBeft ñ 
la muerte. 

"Nada me ha gustado el capítulo de su cAii», en el que me itianifíesta su es- 
tado, por el suceso de Copiapó, tan íalto de esa conformidad o grandeza de 
ailraa que tanto he aplaudido en sus anteriores, i tan «ecesaria en sus circuns- 
tancias. Me qucvl;i el con?u<'lo de que saldríin falsos \oñ pronósticos de Vd., o 
que pensando Vd. con mas calma, tenga la conformidad qu^creo ha faltado a 
Vd , por la primera vez. La muerte debe no aflijirnos cuando Uegue, pero no 
bal que anticiparla ni un solo pnnto, ni de ninguna manera.** Apropósito de eftte 
páirafo, fué el latin que ya hemos citado de Portales, al hablar de su educadon, 
i 9olo nos falta añadir que todos sn< tomore?! de perjuicios fueron completamen- 
te quiméricos. 



-- 67 — 

retirvae para siempre a la vida privada, t Portales, dice el 
señor Laalarría en esta ooasion, haciendo justicia al alto 
mérito del hombre a quien juzga con tan vehemente severi- 
dad, bajaba del poder en los momentos en que era el arbi- 
tro abecduto de la voluntad i simpatías de su partido. Pudo 
ser presidente dos veces i lo rehusó, pudo ser dictador, como 
BoBaa, presidente perpetuo, como Santa Cruz, pero jamas 
reveló tiles intenciones. Semejante despreudimiento, quo tan- 
to lo enaltece i que nos proporciona la complacencia de ren- 
dirle un homenaje que la historia no le debe por sus princi- 
pios, por su funesta política, por sus hechos administrativos, 
no era lo que lo hacia grande a los ojos de sus secuaces i 
compañeros • (1). 

Ya antes haUa elevado al Congreso (junio 18 <ie 1881) su 
renuncia absoluta e i irrevocable » de la vice-presidenci:i de 
la repiibiica, que le habían conferido las elecciones de a^juel 
afSo. Pero la Cámara de diputados rehuso por unanin^idad 
sancíonur aquel acto de desprendimiento que era nobíe poi- 
que era sincero (2). 

A consecuencia de la separación de Pórtale.^, (pnos no \n\ho 



(1) Juicio histórico de don Diego Portales, páj. 72. 

{i) H¿ aq^i la renuncia de Portales piiblioadn on el BoleUii (le lai^ loyoa nú- 
i»ero 8, 1U>. 6.* 

"Señor. 

"Llamado por el voto de los pueblos a la Vice-l^*esidoncia (Je la KepúblUa, 
creo de bbí deber espreisarles, por el órgano de la reprceontacion nnciunal, qü 
|nt>fiinda gratitud por este lisonjero testimonio do confianza i de su aprobación 
a h» peqoefios servicios que he podido prestar a la patria. 

Pero peneirado de mi insuficiencia para ejercer dignamente las funciope* de 
1a fwimerA majintratura ejecutiva, si por algún accidente llegase a vacar, x obli- 
gado a volver dentro de breve ücmpo a la vida privada, adonde me llaman 
injeotemente consideraciones que no puedo doaa tender, me hnllo en )a preei* 
noD de sapliear, como eaplioo, al cougreso nacional, se sirva aceptar la fonual i 
aokfliiie renuneia q«e h»go en sus manos. 

**Láá nación i el <»ngreso me harAa, sin duda, la justicia de creer que no lie 
tonoado eeta resolución sino i>orque, de.'tpues del mas detenido i maduro exáij).en, 
la 1m ereído absolutamente neceMirírt, i por consiguiente, irrevocable. *- Saa- 
jatiiolSdeieS). 

Diñgo PortaUf." 



— es- 
fuerza alguna capaz de hacerlo seguir al frente de lo:^ nego- 
cios públicos (1), tomó la cartera del interior don Ramón 
Eiráxnriz, hombre moderado i honorable que habla sido ami- 
go i compaílero de negocios de su antecesor. Rsnjifo i Porta- 
les n^tenian las carteras de hacienda i de guerra, bien que el 
último solo nominal mente, porque su propósito de no aceptar 
empleos era inapeable, como lo probó exijiendo el despacho 
de su «renuncia con tanto tesón, que algunos meses mas tarde 
se lo otorgaron con no poco contento de su parte (2). Kntre 



(1) Todos sus amigos i correlij*u»narios resistieron i desaprobaron sn resoln- 
oion de descender a la vida privada, lié aquí lo que el intendente de Concep- 
ción Alemparte, le escribia a este propósito con fecha de noviembre 20 de 1881. 

"Estarla bien separarse de los negocios públicos si con ello quedara asegura- 
da la tranquilidad pública; en el caro presente no sucede, i por mas que Yd. 
quiera alucifiarde, yo no miro aun ni el modo ni razón por que podamos contar 
con el bien; al contrario, su scj e ración, en el sentir de la respetable mayoría de 
hombres de razón i honradez, se mim como una calamidad, i cada cosa que 
sucede los desalienta i aumenta ese pensan esto mismo sucede en mi, i aunque 
miro la imposibi idad en que se encuentra para coatinu «r, conozco también que 
es defecto de Vd. mism >, por una preocupación necia en hacer deferencias i 
sacrificios que no ha podido llenar sin quedar en el estado a que esiá reducido, 
espuesto a la mendicidad." 

(2) Las renuncias de don Diego Portales se diferencian de todas las demás 
renuncias que se han hecho en CMiile, en que aquel las presentaba [ara que 
se las admitiesen en el acto (puen él a<i lo mandaba), no f» ra que se las 
devolvieran con un perfumado 7/0 ha htgar. Lo mas que el consentía era en que 
ie llenase cualquier hueco del gobierno con su nombre, i por esta razón, al sepa- 
par.-'e del gabinete, habia sido con la apariencia de una licencia de cuatro 
meses. 

A juzgar por su? cartas, caVí no pasaba semana sin recordar a su ájente %n 
Santiago el despacho de su solicitud de renuncia que habia dejado sobre la 
carpeta de su sucesor, I^ que habia hecho ahora del ministerio de la guerra, 
dice asi, ^t gun un borradí)r que hemos encontrado entre sus papeles. ' 

"Antea de aceptar el testimonio de coniianza que el sefior Presidente de la 
República qui?o darme con el lionibramiento de ministro de la guerra, mani- 
festé a S. E. lo» poderosos motivos que me impedían enciirgarme del despacho 
i me obligaban a alejarme enteramente de los negocios públicos. S. E. resolvió 
darme sin embargo una licencia temporal, juzgando que dentro del término de 
ella podria quedar esp'^dito para volver a la capital i desem])efi ir el ministerio. 
Se ha cumplido la licencia i subsisten las causas que se tuvieron presentes para 
acordarla, sin que me sen posible señalar el tiempo en que pu«*dan desapare- 



— 69 — 

tftnto d oficial mayor Jon Pedro Urríola dcbia despachar en 
aquel nuno qoe por su ausencia de Santiago quedaba vacante. 



XV. 

Vamos a entrar ahora en una nueva faz, mucho mas her- 
e interesante que su período oticial, deslustrado con 
tantos actos de cruel odiosidad, de la existcucia del hombre 
oéiebre que ha dado su nombre a la époc^i en que ríguró, i de 
tal manera, que casi es imposible describir ésta, sino siguien- 
do paso a paso las peripecias de i^u st">!a personalidad. 

En el ca}iítulo Hguienie, mas bien qno l.i continuación de 
esta historia, vamos pues a ensayar el oiVecer a la |>osteridad 
el retrato de cuerpo entero del lamoso don Diego Portales, 
mas como hombre que como {Mjlítico. 



r. Hago por tanto la renuncia de aquel destino, que V. S. tendrá a bien pre 
al «rfior Presidente |«r4 que se sirv» aceptar \x adiui»ion. 
"Dios goarde a V. S. mueh«M años. 

Dift/o Portales, 

Al acAor minbtro de Eatado en el departamento del Interior." 



CAPITULO III. 



PüUTALKS COMERCIANTE KN VALPARAÍSO. 



Votivos por que Portales se establece en Valparaíso^ — La revolución completó 
la ruina de sus intereses. -«Urjentes aputx» que le rodean a fines d« IfSI. 
— Ardor oon que se consagra al trabajo del escritorio i sos jenialidades 
sobre su laboriosidad. — Ardid para prof»orcionarse un bttrberj de poco 
precio. — Elevación de alma con que Portales rechaza una cobranza lejiti* 
ma al fisco — Rasgo de estraordinarla delicadem en una dificultad de 
comf-rcio. — Viaje secreto que liace por sus negocios a Santiago i su carac- 
terística manera do anunciarlo. — Chismes que se contaron en la capital 
sobre es-te viaje. — Negocios a que se dedica en Valparaisa — La goleta 
Itidepev deuda, — Consignaciones de tabacos i peculiaridades de su carácter 
en las diíicultadcá de este negocio. — Injenio de Laguniras — Compra de U 
hacienda de Pedegua. — Refl^-xiones. 



I. 

Será siempre digno de la admiración de la historia i de la 
postt;ridad la elevación de alma con (]uc don Diego Portales 
se desprendió de aquel i?nnenso i súbito poder que él solo 
habia sacado de los abismos, (}ue él solo habia cimentado con 
su pod< rosa e iiifiítigablc eneijin, i en cuya cúspide habia 
puerto su voluntad de hierro, delante de la que no habia sino 
hombres de rodillas. 



— 71 — 

Para poner en su verdadera luz C')ndact;i tan extraordina- 
ria en un político sud-americano, dign:i en verdad de los alios 
hechos de Belgrano, de La Mar i de Sucre, fuerza nos es pe- 
netrar en las intimidades do aquel hombre tan singular, como 
poco estudiado, nizon por la que consagramos el preteute 
oapftulo (dando de mano a la política durante un breve pa- 
réntesis) a narrar su vida de hombre de negocios, para reanu- 
dar en segaida,* con mas holgura, su carrera piiblica. 



II. 



Hemos visto en los preliminares de esta historia que al 
lansarse Portales tn la revolución, su fortuna, que antes de la 
negociación del Estanco habia sido considerable, se encontra- 
ba a ia sazón casi del todo arruinada. Lójico era entonces 
para los espíritus vulgares i completamente coní:>rrae a las 
prácticas de las jentes del pais, el que la revolución fuera 
para él espediente con que remediar apuros urjentes, i el po- 
dier, qoe en breve alcanzó, otro espediente para rehacer «u 
perdida fortuna. Pero mui lejos de eso, i en esto está el mas 
enaltecido mérito de este ilustre chileno i por el que le paga- 
mos el sincero tributo de nuestro respeto. La revolución futS 
un antro insondable, en el que aquel esforzado caudillo echó 
moneda por moneda todos sus dineros (1), i lo que es mas 
admirable, el poder, o mas bien, la omnipotencia en que so 
constituyó en seguida, no oíreció el menor reparo a los estra- 
gos que su fortuna i aun su crédito mercantil habian sufrido. 
Privado muchas veces hasta de la moneda sencilla que reque- 
rían sus gastos personales, jamas recibió sueldo del erario 
dorante toda la época que desempehó dos ministerios i la 
dispendiosa comandancia de un cuerpo cívico en organiza- 
ción. 



(l) Uno d« sus enemigos cíi pítales, el Joctor Rodriguoz Al<k'U, <Uc<í en li oóíe- 
bre curta que de él publicamos en A Ap«^iulice, t\\u' Portíih^s gastó 14, 10o 
f, mima enorme entonces i que sin duda fuó mucho mayor. 



— 72 - 



IIL 

Muí al contrario, estando en el gobierno don Diego Porta- 
les, oon esa jenerosidad caballeresca que le reconocen' todos 
sus contemporáneos, jenerosidad la mas difícil i mas rara bajo 
el clima en que él habia nacido, — la del bolsillo, — dio a su 
fortuna i en obsequio de sus amigos el golpe de gracin. Sin 
hacer ya caso de la malhadada habilitación del minero Garin 
en Oopiapó, afianzó los remates de diezmos quQ habia hecho 
un hacendado de Casa-Blanca, llamado Otaegui, de las doctri- 
nas reunidas de Melipilla, Maipo, Casa;Blanca i Puchuncaví, 
bien que esta última con la contrafíanza de don Francisca 
Javier O valle Errázuriz, de quien Portales era particular 
amigo, i por consiguiente fué sacado airoso por aquel en esta 
parte de su conflicto. 

üabíase, pues, constituido en mora el licitador, e iba a lle- 
gar el terrible dia de los diezmos, el 15 de diciembre, en que 
se cumplian las escrituras de ) erante, i ocurrían por los pagos 
todos los que habian negociado aquellas, descontándolas al 
Estado. Portales llamaba aquella fat:il fecha tel dia del 
juicio.» 

Su ansiedad consistia principalmente en salvar su crédito 
en aquel peligro, pues el remate de diezmos era en cierta ma- 
nera una negociación pública,. i con este fin, no bien habia 
dejado sentado en la silla presidencial al jeneral Prieto, voló 
a Valparaíso (octubre 30 de 1831), donde existian los restos 
de su caudal i se encontraba el centro de sus relaciones i de 
su crédito, pues no habia estado cerrada nunca su casa de 
copiercio, que su dependiente Newman mantenia en activi- 
dad con un cortísimo jiro. 

IV. 

Púsose inmediatamente al trabajo con cl tesón de que solo 
su espíritu, animando sa frájil organización física, era capaz 



~ 73 — ' 

(1) i al pooo tiempo creyó hallarse a salvo del naofnyio. «Us- 
ted me estará creyendo en estado de ahorcarme, dice a su 
ájente en la capital un mes después de encontrarse en Valpa- 
raíso (8 de diciembre.) Pues no, sefiorl Estoi fresco, porque 
he sncado mis cuentas, i aunque a costa de muchos sacrificios, 
alcanzo a pagar a todos. Este es mi único deseo, aQadia, que 
por lo que hace a vivir, no falta la industria. Haya tranquili- 
dad pública i no moriremos pobres si llegamos a viejos.! (2) 

(1) En carta d« Portales a su ájente intimo Garfias, de 6 de diciembre de 
1831, le dice qae trabaja en el dicritorio desde las raete i media de la maña- 
na hasta las enatro i meJia de la tirde, sin mas interrupción que la de la comi- 
da i el almuerza 

Hablando sobre la rijidez de su vida, decia por ese mismo tiempo (noviembre 
21 de 1881) con su peculiar afición a lo burlesco, refiriéndose a una seOora a 
qoien mandaba el recado: "Que en el diasoi el mas completo anacoreta, 1 que 
esta vida a nadie le costea mas que a ella, porque no hai hora del dia en que 
no la encomiende al Señor de mis oraciones i por las mañanas en el santo sacri- 
ficio de la misa.** 

&Sd embargo, un' contemporáneo que no us sospechoso, don José Joaqnio de 
Mora, refiriéndose a la existencia de Portales en Valparaíso, eicribia de<>de 
Lima al jeneral O'Híggins lo siguiente, con fecha diciembre 23 de 1831: "Don 
Juan Lalbente, que ha vivido en Valparaíso en casa de Waddington, cree que 
Portales solo trata de redondear su dinero i tomar el portante. Dice que la 
vida que hace en el puerto es la mas retirada. Pasa todas las mañanas enoe- 
rra^í^ con Waddington, i se vuelve a la quinta de Cea, dunde reside." 

(2) Portales, al descender del poder, no abandonaba los hábitos de economía 
que con tanta insistencia hemos visto prescribía a los encargados del manejo 
doméjitico de su ci|8a cuando era un simple negociante i un pródigo conspirador 
a la ves. £b curiosa la estudiada sagacidad con que quería hacerse de un bar- 
bero barato en Valparaíso, i no podemos menos de transcribir aquí el paaaje 
eir que pone en juego su intriguilla barberil. Se trataba de un tal Pascual 
que tenia una famoia clientela, como se ve, i al que Portales, en carta de enero 
28 de 1832, le echab i las siguientes redes para llevárselo del pié de la cordille- 
ra a la orilla de la mar. "Los patrones que tiene seguros Pascual i lo que gana 
eon ellos son los siguientes: Campino 7 pesos 4 reales, Errázuriz (don Ramoo) 8 
peaoe, don Fernando 2 reales por barba: todo lo demás es eventual, i aun estos 
tres patrones andan dos o mas meses del año por el campo: tiene, pues, Pascual 
una renta que no podemos llamar segura de 23 pesos mensuales, i supóngase 
usted que gane otros 23 pesos eventualmente, son 46. Entre usted ahora a dedudr 
lo que gasta en navajas, casa i comida; considere que el dia que esté enfermo no 
gana medio, i que estando conmigo está en camino de salir de la clase de barbero 
i de mayordomo, porque portándose como espero, i yéndome bien en mis nego- 
cióte poedo ponerlo en un almacén, entregarle uno o dos buques para sus eepeea- 



- 74 - 



Pefo lo8 iilegres oálculos del vice-prcsi dente le engafiaron aS' 
ta re% eomoen rara o(!ftsion le engañaban sus vatieinios políti- 
OOB. Llegó el funesto 15 de diciembre i sus acreedores le encon- 
traron eti descubierto. — «Aseguro a usted, decia con amargara 
Ift bu confidente Garfias, dos dias después de aquella fecha 
(diciembre 17), que la nube de piedras que usted me anuncia 
ine tifaspasa el alma. Bl incansable predicador de la decencia, 
dé la relijiosidad en los contratos, de la honradez, etc., está 
faltando a todo! Qué lindo papel!!!» I se dejaba arrastrar des- 
t>iraá dé su jenial vivacidad en ardientes improperios contra 
\ús autores de su ruina ha^^ta que él mismo esclamaba: «Basto 
<Íe desahogos,» i enjugándose la hiél on los labios, mandaba sti 
correspondencia al correo. 

Hebíasele ocurrido, algunos dias antes qi^e se cumpliese 
a(}úel azaroso plazo, al celoso corresponsal que don Diego man- 
iénifi en Santiago, i que mas que un ájente de negocios era su 
amigo e íntimo confidente, el alumbrarle, para salir de aquel 
bbismo, un arbitrio que cualquiera hombre que no hubiera sido 
Portales, habría adoptado al menos como un recurso estremo 
j^n aquella situación. Tal fué el de hacer al fisco la cobranza 
de una deuda insignificante, pero líquida, que para con aquel 
tenia. Pero este hombre raro, que ha llevado toda su vida el 
ppodo de ájiotista {estanquero) i que comenzó su carrera píbll- 
ca poniéndose al frente de un escandaloso monopolio (en lo 
que sin embargo no habia impureza ni deshonra para él) 
Jamas manchó sus manos con el mas mezquino lucro deriva- 
do dó las rentas públicas, de que era absoluto dueño. Su 
,,4q.íp& respuesta a aquella proposición fué rechazarla como i;na 
loonra i decir «que primero se cortaría un brazo o se enteriii- 



lMÍOD«e, etc., eto. A nías, puede dejar asegurados a bus patrones tratando oon 
-bUoé,. que Tolvtrán a entregarles sus caras, si saliese de nii lado, i que lá yo 
rntlro a Santiago puede distribuir las horas de modo que sin hacerme fitlta, 
aloanoc a hacer algunas rapadura». En fin, usted óigalo i déjelo parir, habién- 
dole eomo que estas reflexiones salen de usted i como que yo no esUA advertido 
de la dilijencia que hace, para que venga a ocupar la iimyordomia. Nanea dé 
-vüed otro nombre a sa destino, pues la condición de criado no puede agra- 
derU." 



— 75 — 

ría en el barro, antes que consentir en que se cobrase un peso 
al fidco.» (1) 

Portales se resignó, untes que recurrir a este arbitrio (que 
mas que su delicadeza de negociante le afeaba su conciencia 
de hombre público), a echar mano de un espediente quei libo* 
rrecia. Ordenó a su ájente que buscase dineto a iateres i que * 
pidiese a sus acreedores algunos dias de espera (2). 

(1 ) tíon dignas de conservarse eu la historia la propuesta que hizo G^k^s 
como hombro de negocies a Portales i la respuesta de éste. JSncoDlnio)<:)i|>.la 
primera en los papelea de don Eetiinislno Portales i la última pertenece a la 
colección del sefior Garfias, Ambas dicen asi: 

(Oarfias a Portales. Santiago, noviembre 8 de 188S.) 
"Ouftndo se trata de cosa que resulta o puede resultar en favor de uttodi jo 
tengo iodo el coraje que me permite mi temperamento, asi es qoe ahor^.Io 
t«ngo para poner ^ su noticia i pedir su aprobación a lo que hemos acordado 
con don Estanislao, en atencioi^a la justicia, a su situación apurada, 4 sus m- 
éiifidos hechos i I05 que tendrá que hacer, i al cariño que le profesfemofi, que 
nofthaee desear para usted el mayor bien: fuera preámbulos. Debiéndole a ustibd 
el fiaoo mas de seis mil pesos, que pueden cobrarse porque están ddcuo^ei^t^dQS, 
a mas de ios muchos que ha gastado en bien público, i hallándose usted en t^n 
^ecidos apuros paní cubrir la fianza de Otnegui, i tan atrasado en ^us intereses, 
habiamos resuelto entablar cuestión, sin acuerdo de usted, pidiendo í'eserváaa- 
meóte 1o4 documentos a Newman. Yo podia presentarme bien legalizado ha- 
ciendo la petición. Pero no queriendo ni aun dar este paso tan favorable a usted 
sin su consentimiento, lie resuelto consultárselo privaiamento. Un millón de 
reflexiones poiria hmer a usted para legrar su aprobación; pero el tiempq no 
me lo permite, i n mas, no pueden ocultarse a usted'ni pueden dejarle de haeer 
filena, sv por un momento se desprende usted de la aferradísima idea que tanto 
lo perjudica ra los intereses propios i que usted Hanxa delicadeza, aonqoe ^n 
propiedad merece muí distinto nombre. Si en circunstancias mas favorables a 
MIS intereses quiere usted sacrificar la suma que ahora cobra, en bien púbi^o, 
no habrá cosa mas abundante que las ocasiones que ^e le han de precenti^r pura 
kaaerlo. No quiero mas de usted que su aprobación i déjeme a mí lo demaf, i 
baré por que el infausto dia 1 5 deje de serlo." 

{Portales a Garfias. Valparaíso, noviembre 9 <k 1881.) 
''Están locos Estanislao i usted? Solo así i por sus buenos deseos ¡Hiede discul- 
parse el paso que intentaban dar. Primero consentiría eft perder un b^zo o 
entemmie en el barro que consentir en que íe cobrase un peso al fisco. DHe- 
ehen ustedes tal i<h?a como tentación del enemigo malo, I voi a prevenir a 
Newtpan para (|Ue ni conteste si le escriben sobiv el particular.'* 

(2) Dio lugflr esta última circunstancia a un rasgo de c»(juieit.i dclioadeía' de 
Pórtale* que no podemos menos de consignar aquí sin omitir nombren propffés. 

Figuraba entre los acreedores de Portales por las fianzas de Otaégttl» ^ e^o- 



,— 76 - 



■y 



Y. 

Mas como juzgara tal vez insufioientes estos arbitrio?, re- 
solvió ir de incógnito a Santiago para arreglar privadamente 
sos negocios, con el propósito sin duda de levantar un em- 
préstito de confianza entre sus amigos, lo que, sin embargo, 
no realizó, porque nunca hasta su muerte cesaron sus con- 
flictos pecuniarios. 

Son tan peregrinas i características del hombre i de su 8Í« 
taacion, tanto en lo privado como en lo político, las razones 
que apunta Portales para hacer su viaje a la capital en rigo- 
ix)60 incógnito, que vamos a trascribirlas aquí con toda su 
peculiar injenuidad. 

• Me veo en la necesidad (escribe a Garfias el 19 de diciem- 
bre de 1881) de ir a Santiago (mui reservado); pero de nin- 
gún modo iré sino mui oculto i para dejarme ver de aquellas 
personas a quienes necesito, i que me guarden el secreto. 
Oiga Vd. las razones que tengo para ello: 1.^ Si me hago ^- 
sible me obligan a tirarme un tiro los acreedores de Otaegui. 



cido i honorable eomerciante ingles don Alejandro Galdeleugh, a quien Porta- 
las, en la época de bq auje mercantil, habia hecho un seftalado servicio cernee- 
diéndole una próroga de plazo i ún ínteres alguno por la snma de 60,000 pesos 
que le debia. Caldoleugh, uijido ahora sin duda por dinero, instó por el pago 
de su crédita Irritó esto a Portales, i en su carta eobre aquel negocio a su co- 
rresponsal, le hizo presente, en agravio de Caldcleugh, aquella diferencia de 
tiempos, lo que Grarfias insinuó al último de una manera bantante directa, pero 
personal i sin hacer alusión a la carta de aquel Resentido el negociante ingles, 
reconvino a Portales por sus quejas, i jenerosamente, para apoyar su palabra 
con el hecho, seg^n la usaujut británica, le pedia que no volviese a hacer men- 
ción de su deuda. 

Avergonzado Portales a su vez i sospechando que Garfias hubiese presentado 
imprudentemente su carta a su delicado acreedor, le escribió (diciembre 10) a 
aquel las siguientes nobles palabras de reconvención: ''Vd. me ha comprometi- 
do grandemente en haber mostrado a Calddeugh mi capituló de carta, pues es 
cosa mui vulgar i mui reprensible representar favores, i lo que es peor, hacer- 
los yaler para que sean recompensados: casi no tengo valor de contestar a 
Oaldcleng^" i 



— 77 — 

2.^ Por Ortúzar, Newman i otros varios, sé que Santiago se 
ha declarado en murmuración permanente del gobierno, i no 
dude Yd. que se aumentaría con mi presencia, a tal punto, 
que sin quererlo yo, me veria metido en algún chisme desa- 
gradable. 3.® Todo el mundo querría venirse a desahogar con- 
migo, comprometiéndome en conversaciones de que me con- 
viene huir, é,^ Todos los pretendientes querrían fnolestarme (1) 
oon empeños, i en fin, después de hacer mas exasperante mi 
situación, no me dejarían tiempo para nado, a nienos que no 
se quiera que esté con un palo levantado en la mano para des- 
cargarlo sobre todo el que me hablase mas que la salutación. 
Necesitaría mucho tiempo para responder solo a las pregun* 
t4is de: c cómo le ha ido en el puerto? cuándo llegó? cuándo 
se vuelve? » i estoi cierto que no faltaría jamas el estribillo de 
«Vd. no debe volverle, i debe estar cerca del gobierno, etci 
Mi comodidad, mi conveniencia, el llenar los objetos de mi 
viaje, i todo exije que me vaya oculto; i el modo de evitar el 
único inconveniente que hai para ello, que es el de escitar 
los celos o desconñanssas de don Joaquín (2), es i|l que Vd. 

(1) La palabra del orijiDal es distinta, pero el sentido ¿s el mismo. 

(2) No dejó de traslucirse en el público aquel viaje secreto a Santiago (por- 
qae qué cosa no se trasluce en la capital de Chile?) i aun hubieron sus hablillas 
•obre H el presidente Prieto vio o no a don Diego. lié aquí la curiosa manera 
eomo uno de los corresponsales del jen eral O'Higgins, cal>allero eminentemente 
nntiaguino, i que tenia tienda 1 "tertulia" bajo los Portales de Sierra Bella, 
don Kamon Mariano de Aris, insigne (Vlligginista a la vez, contaba el chisme a 
»a ídolo, en carta de 30 de enero de 1 832: "Este secretario (Portales) llegó, 
dice, i alojó en casa de don Estanislao Portales. Llegó al patio nuestro don 
Joaquín, preguntó por Portales: le dice el criado: wñor voi a avi»arle, que- 
dando parado en el medio del patio hasta que vino la respuesta. Edta fué que 
flolo venia por tres dias; que no se podia dar al público i que asi, no poQia 
recibirlo, i callado la boca se volvió para su palacio." 

No podríamos decir, sin embargo, a pesar del fuerte olor a chisniografia de 
tnutienda qne tiene el pasajito de don Mariano, n Portales vio o no al pre- 
■¡dente. Tal Vfz la iK:urrencia fue cierta, porque era jenial de Portales 
Garfias nada dice de e:«plieito 8(»bre c:<te incidente; i hé aqui lo único que 
aparece en su corre5¡)ondenciu a Portales, contestnndo (el 20 de diciembre) la 
carta en que éste le anuncia su viaje secreto: — " Quedo instruido del viaje 
qne Yd. debe hacer a ésta, i tanto mas convencido de la necesidad que hai de 
que sea oculto, cuanto son de fuertes las razones en que Vd. se apoya i la con- 



— 78 — 

le digft francamente las razones que tengo para ello, esoepto 
aquellas que puedan incomoílarle como la de las murmuracio- 
nes, i hacerle la confianza de que voi por cuatro días ooaltb i 
a rerme solo con los padres de San Agustín, el Ministro de 
Hacienda, i aquellas {Mjrsonas de quienes pueda sacar algunas 
recursos para pagar mis créditos, i otr.as con quienes tengo 
que arreglar algunas cuentecillas, i tal vez no con estos úl- 
timos. » 

VI. • 

El 28 de diciembre de 1831 liizo al lio su viaje secreto a la 
capital el pundonoroso ex-dictador, i el 27 regresó a su escri- 
torio sin haber visto a sus amigos ni a sus deudos, presentan- 
do asi la ¡majen de un hombre todopoderoso delante de sus con- 
ciudadanos i que no gozaba de los fueros del último de éstos 
{)Dr no deber a su patria un solo óbolo de salario, en cambio de 
loa inmensos servicios que en su conciencia juz^jaba haberla 
prestada jjeraplo de mas alto civismo i de mas sublime des- 
prendimiento no ])resenta la historia, ni aun en las edades 
antiguas, en que la virtud era el patrimonio común de los 
hombros! 

VII. 

Salido apenas el dilijente exininistro de sus cuidados por 
las fianzas de diezmos, consagróse a rehacer su fortuna, en la 
adquisición de la cual fundaba ahora sus mas ardientes aspi- 
raciones. «Dígale Vd. (escribia a un amigo enviando un reca- 



fonni^ad de ellaa con mi opinión, l^irn raí ea la razón mas sobrada la Hutía 
de fttreedor*ft que caería Síthvo. Vd. i a la quo no podría menos <}ue atender 
pues de lo contrario padecería sn ropulacion. Reservadamente j)nse en notícÍA 
de don Joaquin pu viaje i la necosidjid de (pie no se sepa i (piedó convencido 
dé ellas: me prtgurUó que si no lo veria a r/, i le rei^pondi tjite nolo en el eñ90 
dé poderlo hacer mm octtHo lo harta. Me propuso que so viniera hl palacio donde 
eiMiba Vd» bajo de guardin: pero yo le dije que era muí dífíoíl que allí pndiera 
Yd. estar oculta" 



— 7ÍI — 

üo para otro) (1) que no pienso estar eii Santiago liasUi den- 
pue* de haber chancelndo todas nfiis cuentan i dejar mi» 
negocios en estado que me den para gozar.» 

Seducíase principalmente su jiro inorcantil en esa época 
aolo A la posesión de la goleta liulf-pendencia, que hacia viajes 
peñódicos a Copiupó, i a las consignaciones de tabacos i otros 
ftttículoa indíjenas que recibia del Perú. (2) Pensó, sin embar- 



[o don A. Garfios, cari* de 6 d«' 

(Ü) Apunas habisa transcuriñda dod meses desda que Portal^ a? oneontrabn 
wtaUeeido en A'alparaUo. oiiHitdo tuvo aéríos cboqtlüa <^oii bq prüpio Ü^rmaDó 
poUÜM, elfkctdr del Bttaní:» don Jos^ Ignacio Bynigulrie. i parllctilarinente eOn 
■npUado eapaAoUlamudo Mayo. » quien babU heebu eanaiderableB sorvido» 
•n ti*iq>o <]ue adoüauttó el E^Unoo, pero que ohoni ae babia pronunciada cdiit 
a tivoreoedor. fuera piir eoemUtad personal, fuera por caceaívo celo en saa 
ol>1igacloDe& Talveí el primer molÍTO era ol verdadero, porque alguna brusca 
jcolsllilad de don THego debió írrEtnr al viejo español, que eagnn ereemos era 
^ «n «nfl^uo EParino 1 se babia diatíagiüdn con Itodil en la defenaa del Callao. Pfr 
e fue«e, Portales lo supoola nai en loasiguienlcs páll'nTos de carta 
^(de II, 16 i 19 de enero de Ig^i) que eopliiinoB intPir'os npesar de bu eatAeion 
la BBa nuestra peculiar de bu lunaern de ver su pnaiciun de negomnbe. res- 
n de los durecliua del fuco, 5 do hi liivnriable ñsteina de penoualiama, que 
él KpliMba con la Tnisma eaerjía a la cosa [Hiblica i a sus especulación ea. Dicen 
•iC:*'BU»i^n<e escribió a teta, proponiendo que se lomasen los labacuade la 

■ partid», pivaji^ndoios a enaln del duefio. en lo que ¿ate fs convino. Se 
II 41M hoi prcpimi^, ^bre todo, uo uos demoreuios ea Utoiites i con- 
tCK una raoíoiinl rowlueion a tndiis bu dificultades es lo que canvieaa. 

■^ J»liaiooque4^t>, es que noac me eoiueta a Majo, ^rque bt iiuia pequeila 
" d de «onducla que le notase eo lo sneeüvo, romo le lie notodo en la 
n de k» diiefioe de Ubaea, seña difíeil que me abiLuTiCH de dar- 
i coa meognii de mi reputación i quebranto de sus pobres hue. 
antiagu puede tomar tiidaa las medidas que quiera en segu- 
id ¿e loa ¡Dtercsea qu« odmioislni, coiiiisioae n quien quiera, pida loí taba- 
m Sanlia^o, i, en fin, yo le faculta para que con respecto o mi obre a lamu- 
«; pera de niogua modo obligarme a entenderme con Mayo," "Todo me 
ti estado de pedir a las |)ersoaHS, que se me consignen (aOadla el día 10 

■ lie rens^r a su sabor contra "el salvaje de Mayo") qua dirían la cou- 
¡a apacicueia a don futaao Brlngaa u otro jwreeído. tii no luk de 

v«drl>(Jrd«a "U !"« Li'iruiinos que debo esperarla, ei^liu resuelto a ir yo uisiqt^, 
■ !■ «alregB dd labneo, Dignle Vd, que proLusto uo desplegar mis labioa nnn 
eaaado de>»el>eD (odas la» parlidaB; peio si Mayo va a intervenir en alga, le 
pvotaito qoe la d<4 eon una piedra en las naricea Digala Vd. igaalment» que 
•i Majro <9 irr«>inable. i pu«de ejercer irremediablemente lus capríi^bo^ tfif, 





— 80 — • ' 

go, emanciparse de esta ratina que debia hacerle recordar 
con pena los tiempos de su auje, en que era el reí de los co- 
merciantes chilenos, valiendo su firma mas qtie el oro, i se 
resolvió a establecer nn injenio de fundición de metales de co- 
bre en la ensenada de Concón, pocas leguas al norte de Val- 
paraiso i en el mismo sitio en que el mecánico ingles Miers 
(qne ha hecho de loa chilenos tan poco urbanos recuerdos en 
sus viajes) i)lnnteó una maquinaria para laminar cobre. Cam- 
bió después de idea, ignoramos por qué motivo, i se propuso 
establecer aquel mií^mo negocio en la caleta de Lagunillas, 
unas cuantas millas al sur de Yalparaiso, porque su plan era 
combinar su empresa de fundición de minerales con \& pose- 
sión de su goleta para acarrear estos últimos. ^Pero (cosa es* 
trafia!) en este proyecto, como en sus consignaciones de taba- 
co, encontró serios obstáculos en los ajentes fiscales, i tuvo 
que abandonar ambos por no entrar en contradicción con 
aquellos, i que, apesar de esto (sea dicho en elojio de todos). 



me lo digan ñrancamente, porque yo no qníero qne se haga conmigo lo que no 
deba liacerse con otro, ab\ contó no quiero que se haga non otro lo que no pae« 
da hacerse conmigo, i qtie, sobre todo, quiero estar muí justificado por A llega 
el caso de que le rompa el niraa a Mayo, poder hacer que se decida la ojHoion 
a mi Aivor. 

"Dígamele, por último, (volvin a escribir el 19 de enero, con referencia al fac- 
tor), que en todas las propuestas que he hecho i partidos que he abierto, no se 
encontrará una que no sea muí racional i demasiado franca: que solo aspiro a 
que se haga conmigo lo que so hace con otro, porque tengo derecho a esta as- 
piración como todo hijo de vecino: que si no quiere o no conviene a los intere- 
ses de la (actoria comprnr los tabncos venidos a mi consignación, hable con 
franqnezfi; pues nada hai mus justo i mas racional que resi>tiirse a comprar una 
cosa que no se necesita. Que por lo que respecta a Newman, aunque no es maa 
que un ájente que obra ]K)r mi dirección, o que cuando mas puede reputarse 
como parte, me convengo i me allano de mui l)uena gana a que no dé pafo al- 
guno en materias de tabuco, i que si le parece, yo también me alejaré de toda 
intervención, que todo el mal que se me sigue sei*á el tener que pagar una o 
dos onzas a cualquiera persona para que vaya a representarme i obrar con ins- 
irnoeiones mias, lo que me conviene mucho, si con esto se consigne qne loa 
nombres no inñujan en la fortaleza i demás calidades del tiibaco. En conse- 
cuencia, ya la propuesta firmada por Silva; él se presentará a la entrega del 
tabaco i todo lo hará él Que vea si quiere otra cosa, que estol pronto a conce- 
derla todo lo que no sea ponerme nn puntito mas abajo que a otros." 



— 8t — 



eran, el uno su propio cuñado i el otro su amigo íntimo ¡ co- 
laborador en esa época, el ministro Renjifo. (1) 



vni. 



Pero de todas sus perspectivas de negocios, la que Portales 
miraba con mas amor (porque codicia nunca tuvo) era la com- 



(1) Parece qoe las dificultades qne este funcionario paso a Portales faeron 
de alguna entidad, porque se trataba de habilitar un puerto nuevo, para lo 
que era preciso recurrir al Congreso. Asi, al menos, se colije del siguiente pá- 
rrafo de carta de marzo 28 de 1 832, en que Portales suplica a Garfias diga al 
ministro lo que sigue, que no deja de tener su sal de burla, por mas que el ne- 
gocio no fuera para ello: ''Concluya Yd. asegurándole sinceramente de mi par- 
te, que si a pesar de estas verdades no queda satisfecho, yo cargaré de mui bue* 
na voluntad con cualquiera perjuicio que me traiga otra medida necesaria, en 
va concepto, para asegumr los intereses del Fisco. Lo que si es una solemne e 
inútil molfMia es el cuento de la asistencia del juez territorial, que tiene que 
venir a laigas distancias i sin objeto, pues un huaso de esos que ignora i que 
ignorará siempre los trámites de Aduana, i que seria necesario decirle este es 
metal i este es quimón, verbi gracia, solo serviría de fantasma, habrá que gra- 
tificBrlo por la incomodidad que se toma, i lo que es peor, que el buque tiene 
qne estar parado, quién sabe que tiempo, sin poder descargar, i muchas veces 
corriendo los riesgos do un mal puerto. Y si el huaso está regando la chácara o 
ti illando la era, no habrá quien lo saque de la querencia. Por otra parte ¿quién 
llama al huaso de mis pecados? He de ser yo por medio de un propio, i si tengo 
que liacer algún contrabando no habría necesidad de llanmrlo con la prisa qne 
a un cura parala confosion de un enfermo de apoplejía. Encargúese a losjue- 
ees el cuidado en el tránsito de los contrabandos por los caminos de sus respec- 
tivas jurisdicciones, en lo cual está el riesgo i dificultad del contrabando, que 
el que se eclie en la costa solo podría evitarlo una línea de 800 buquea guarda- 
coKtaa." 

Este negocio de Lngnnillas jamas se realizó apesar del vivo Ínteres qne Por- 
tales puso durante nlgun tiem¡>o en su consecución. La última vez que se ocup<> 
de este asunto en su correspondencia es con fecha de junio 5 de 1882 i dice 
aolo las siguientes notables palabra?; 'Se abrieron las Cámaras, i se verán pre- 
cisadas a cerrarse: i este corto tiempo que funcionen, nos alcanzará a servir 
para el negocio del injenio? Por si acaso el Ministro tiene tiempo de poner de 
oficio a las cámaras, le prevengo que hable con Bustillos i otros amigos dipu- 
tadoa» lea imponga bien del negocio, de lo sencillo, justo i racional que et, 
por mas que quiera dársele aparato de importante; prevéngale que es la única 
aoHcitnd mia que se encontrará en el gobierno, i que no quiero que se acceda 
a ella» si tuviese un ápice de avanzada, de perjudicial al pais, etc." 

D. nraoo PORT. 6 



— 82 - 

prfL de la hacienda de Pedegua, propiedad que fué de los 
padres Agustinos, situada en una ensenada del pedregón valle 
de Petorca i distante tres o cuatro leguas al poniente de aque- 
lla villn, lugar agrio, sin riegos i sin mas industria que las 
numerosas palmas de miel que pueblan sus serranias. 

Portales habia devuelto sus propiedades a. los regulares, 
anulando las enajenaciones hechas por e! gobierno de loe libe- 
rales, i contaba ademas con su irresistible influjo político para 
alcanzar un fácil logro a su ambición de hacerse rico. Pero, 
seft dicho para eterno honor de este hombre acrisolado, que 
ni aun ea este sencillo caso hizo valer para su provecho au 
infiaenoia ni su nombre. El fundo era pobre e inoapas de 
rendimiento; pero él le tenia particular afición, i aun contaba 
con que su posesión asegurarla su sustento. tQuedándome con 
la hacienda que Vd. sabe, decia a Garfias el 3 de diciembre de 

1881, estoi contento, porque ella puede darme para loa g«stoa 
mas precisos de la vida. » 

Fero ocurrieron contrariedades, no sabemos de qué jónero, 
aunque el provincial de San Agustín se manifestaba del todo 
deoidido en su obsequio. Comenzó a enfadarse Portales, i al 
fin concluyó \k>t dar con el pió al negocio. « No me hable 
ií\ü9 de Fedegucí, aunque yo so lo pida (decia a su ajento en 
Santiago el 15 de abril). Me tiene mui fastidiado la demora 
de este asunto i un presentimiento mortificante de su mal 
éxito.» I dos meses mas tarde (el 18 de junio), anadia de una 
manera terminante: « Le repito, pues, con todas veras que no 
quiero, ni mo conviene la compra de Pedegua, i que tendría el 
mayor sentimiento si Vd., desatendiendo esta mi sincera vo- 
luntad, hiciese cosa alguna en lo sucesivo para llevar adelante 
uii contrato que me seria ruinoso. j> 

Kl negocio so hizo, sin embargo, a pesar suyo, a fines de 

1882, pagando por la hacienda 45,000 pesos a censo (porque 
no tenia un centavo en efectivo de que disponer), precio con- 
siderable de todas maneras, que era acaso mas de lo que valiai. 
Por lo demás, cumplióse su pronóstico con t.jda exactitud. 
A pesor de haber dado la administración del fundo en cohí- 
paflia a un hambre intelijcnte en la labranza (el ctóngo Car- 



■4 ' 



— 83 — 

doso) el negocio fué ruinoso, i antes de dos años, la sociedad 
sie disolvió con pérdidas tan considerables, que Portales no 
tenia, antes de morir, otrp deseo que el deshacerse a toda cos- 
ta de aquella propiedad. 



IX. 



Tal es la historia rápida i fidedigna de los esfuerzos que 
hizo el cx-ministro Portales para salvar con honra su crédito, 
reorganizar los destrozados restos de uria fortuna que habia 
sido colosal antes de su participación en la cosa publica, i que 
ahora, con un desprendimiento digno de la admiración de 
todos los buenos, rehuso levantar con mengua de su preclara 
pureza, a la que no consintió llegara siquiera el iiálito de la 
sospecha. 

Sublime proceder en hombre de su temple, arbitrario i om- 
nipotente, i virtud tan rara i ti\n digna de veneración entre 
lois hombres que, a su solo título, habria sido justo eternizar 
con fel bronce sa gran figura de ciudadano i de patriota. 

Verdad es que aun no habian llegado los tiempos eh que 
los presidentes jde Chile dejaban los palacios del Estado, en 
cuyo suntuosos ornamentos ellos propios derramaban los cau- 
daliBB públicos, para ir a habitar palacios mas suntuosos toda- 
Tra de su propio peculio, mientras que sus ministros advene- 
dizos, tí lá salida del poder, improvisaban mansiones de oro 
i de escándalo en presencia de la nación cm¡)obrecida con em- 
présiitos estranjeros! 



i 



CAPITULO IV. 



PORTALES EN 1832. 



Don Diego Portilles mantiene su influencin política desde Valparaíso. — El 
rainiíteiío Erráznriz. — Oposición que le hace Portales. — Sus primeras 
insinuaciones de descontento. — Se aumenta su djsgi^sto por las descon- 
fianzas del presidente Prieto. — Estalla su ira contra ést^ i sus elevadas 
protesta*? de desprendimiento personal. — Aparece el Hurón contra el 
e:abincie En-ázuriz. — Brillantes ideas de Portales so^ re el carácter de la 
prensa de oposición. — Flojedad <le los cargoi* que se lineen a Errázuriz i 
característico enfado de Portales. — Renuncia don Ramón Errázuiiz el 
ministerio del Interior. — Los "Litres.'* — "Don Imdro Ayestaa." — El 
presidente designa por sucesor a don Francisco de Borja Irarrázabal — 
i olera de Portalesi — Don Joaquín Tocomnl es elevado a ministro del In- 
terior. — Comienza el verdadero reinado de los pelucones. — Don Joaqaín 
Tocornal es el jefe jenuino del partido conservador. — Opusiclon de su rol 
político i el de Portales». — Juicio contemporáneo sobre Tocornal, según sa 
coleí^a llenjifo. — Modestia de Tocornal al aceptar el ministerio i felicita- 
ción característica que le dirije Portales. — Asume (}^te su omnipotencia 
política por la organización del nuevo gabinete. — Su incansable persecu- 
ción u los pipiólos. — Su resistencia al regreso del jeneral O'Higgína.- Oposi- 
ción mezquina ^ue hace a que se confiera el grado de jeneral al coronel 
Olí/.. — U<)mo los senadores de aquella épocA daban su voto. — Irritación 
de Portales por la concesión de indultos a criminales ordinario*. — Fusila- 
miento de un músico de tu batallón. — Felicitaciones por el estemiinío de 
ios Píncheiraa. — Artículo sobre justicia criminal que publica en el Mer- 
lo, — Sabios consejos de política de Portales al ministro Tocoinal. — 
retí exiones al mismo sobre la libertad relijiosa. — Anécdotas de la vida 
de Portales en Valparaíso — El rosario i la escarlatina. — M. Oay i los 






— 85 — 

muchachos <io Valpíirais*). — Sometimiento del f^abinete entero a la inspi- 
ración de Portaletí. — Se le consulta sobre la persona que debia reempla- 
zar a Cavarcda en el gobierno de Valparaíso. — Se opone Portales a que 
lo sean los jenerales Benavente i Aldunate i acepta él mismo aquel puesto 
haciéndose violencia. — Noble conducta de Aldunate. — Consulta sobre el 
Dombramiento de intendente de Santiago i de comandante del batallón 
núm. 1 de guardias nacionales de aquella ciudad. — Honores que .se in- 
tenta tributar a Portales por el gobierno e indignación con que los recibe. 
— Voto de gi'acias del congreso. — Juicio sobre el rol político de Portales 
en 1832. — Sus trabajos como simple paHicular en Valparaíso. — Codifi- 
eaci<Mi, náutica, marina de guerra, ejército, relaciones diplomáticas, protec- 
ción al comercio de los nacionales, etc., etc. — Admirables palabras de 
abnegación con que Portales anuncia su resolución de fijar su residencia 
en Valparaiso. —Juicio de un contemporáneo sobre la omnipotencia de 
Portales en 1 832. 



I. 

La resolución de no tomar cartas en la política activa del 
pais con que el vicepresidente Portales se ausentó de la capi- 
tal era sincera; pero era una resolución impotente. La políti- 
ca, a la manera de esas bebidas fuertes, néctar o acíbar, que 
embriagan una vez al hombre, se hacen una necesidad para 
los espíritus que solo viven de los estímulos de violentas im- 
presiones. Foresto, Portales, intensamente preocupado de sus 
intereses mercantiles i jurando con toda la lealtad de su cora- 
zón su absoluto desprendimiento de la cosa publica, volvía a 
ella casi maquinalmentc su perisíunicnto i su acción, como el 
hombre que aun en sueños persigue un deseo o una esperanza 
que domina sus sentidos. 



II. 

Habia sido el sucesor de aquel hombro singular, a quien 
tantas veces encontraremos, por sus bruscas e inesperadas 
evoluciones, fuera del alcance de toda lójica, un pei'sonaje, an- 
tiguo amigo suyo i compaBero de negocios, pero que era ente- 
ramente el reverso del tipo que aquel representaba en la 



— 86 ^ 

política. Oircunspecto, moderado, conciliador, adornado con 
todas las prendas que constituyen al caballero, don Ramón 
Erráííuriz parecía el hombre llamado por Is^s cirpanst^ncias a 
iniciar una política templada que devolviera ^l pais loa alien- 
U).H (|ue le habian arrebatado sucesivamente la anarquía, la 
guerra civil i la dictadura. No era nn bombreq ue tuviese un 
' carácter político desarrollado (como lo ha alcanzado hoi dia 
en alto grado), porque habia pasado su vida ep el Qq¿iercio, 
i carecia también de muchas de la^ dotes que constitujíen al 
hombre de estado, la actividad, un espíritu a la ve^ jenerali- 
zador i de detalle para las acertítdas ooncepeiones i «n ejecu- 
ción práctica, i por último, ese tacto pronto i susceptible que 
hace encontrar en las cosas i en los hombres, en las ideas i en 
los acontecimientos, el punto preciso* en que está la solución 
de ese difícil i múltiple problema que se llama la política. Kn 
este sentido, Errázuriz era inmensamente inferior a Portales; 
pero le aventajaba con mucho en las cualidades que la situa- 
ción escepcional del pais exijia en sus mandatarios. 

Errázuriz tenia, adema?, una virtud que a los ojos de Porte- 
les no podia monos de pasar por un defecto, o por lo menos,* 
)X)r un serio obstáculo en las relaciones que él estaba lUmado 
a mantener, de una manera iT otra, con el gobierno o con Io6 
círculos políticos que rodeaban al nuevo ministerio. Brráaii- 
riz tenia la conciencia do su carácter i el respeto de sí mismo, 
que era tan difícil manteiner en presencia del jenio violento, 
agresivo i casi selvático do que a veces daba muestras el ex- 
(iictador. 

Esta sola razón era, pues, suficiente para que Portales mirase 
con antipatía al ministro Errázuriz. I como en el carácter de 
aquel hombro, do la sciisacioa al hivho no habia mas distancia 
que la que tardaba en brillar su voluntad, que era pronta 
como el relámpago, lo iloclaró las hostilidades casi junto con 
«u separación dol poder. 

Como hemos vímIo, ol IHilo notiombro tío 1S8I el presiden- 
te jcncral Prieto luibiii lírgani^íudí» su gabinete) confiando la 
cartera del rnicrior u Kriu4uri«, ííoUiHWVttndo la do Hacienda 
a Renjiío i la ilo Uuorrtí al vioo*piH\Milv.ulü IVrtales.' Erráau- 



— 87 — 

riz era puea el elernontu nuevo, i por C')h.-i;^U!i'nt<*, era preci- 
««> rechazarlo. Otro vuíV) hnbiii í^nccdhlo ron d orovül Cruz 
cuundu vino clol Sur u doacmpcDur el inini.-íteriu de l?i Guerra. 



III. 



Reprochaba Portales i su círculo, o «tertulia», pues éste era 
sa verdadero nombro, al ministro Errázuriz, como un gran 
defecto, lo que era precisamente su mayor mérito on la situa- 
ción que atravesaba el paú»: su moderación. Llamaban esto 
« falta de enerjia », « gobierno poco pronunciado », « política 
débil 1, como si aun fuera posible llevar mas adelante la exa- 
jeracion del vigor que lo que lo habia sido en la proscripción 
de los soldados de Lircai i del bando vencido en masa. Fija- 
bfin principalmente su consideración en la lenidad cou que él 
gabinete habia llevado la ajitad.i controversia eclesiástica qUe 
se ventilaba entonces entre el cabildo de la catedral i el obispo 
•de Ceran, a quien se habia confiado el gobierno del obispado, 
i que los canónigos se obstinaban en no recibir por tal. 

La induljenoia con que se procedía contra los caudillos de 
un tumulto puramente lo3al que habia ocurrido por aquella 
misma época en la villa de Petorca, lugar de suyo dado a re- 
vueltas, por haber sido antiguo asiento de minas, era otro de 
los temas de reprobación que se hacían valer coitra el minis- 
tro. Por último se le echaba en rostro la tardanza que se 
ponia en proceder a la reforma de la constitución de 1828, en 
nombres de cuyos fueros se habían levantado al poder todos 
aquellos hombres inconsecuentes. 



IV. 

Portales, sin embargo, con la elcvacian de ánimo que le era 
propia, entró en una lucha 'prudente con la administración, a 
cuyos aciertos i compromisos de tantas maneras estaba ligodo. 



— 88 — 

Sos primeras quejas sobre el rumbo que se imprimía a la 
política están revestidas tde uua sana i laudable moderación, 
i aun revelan cierto espíritu de avenimiento que parecia ajeno 
a su carácter. A consecuencia de un disgusto personal que su 
propio representante en Santiago habia tenido con el presi- 
dente Prieto, le decía, en efecto, aludiendo a aquel enfado, 
con fecha 30 de noviembre de 1831, un mes después de ha- 
berse ausentado de la capital, las palabras que siguen: «Todo, 
pues, me hace^ creer que (como lo he esperado siempre) ha- 
yan comenzado a obrar los chismes. Si es asi, el hombre (1) 
va a llevar una marcha que lo precipita en un aSismo; i lo 
que es peor, que nos precipita a todos. Recuerde Vd. que 
constantemente he aconsejado a los amigos que lo lleven por 
bien, i si es necesario, que se le sometan, como la sumisión no 
llegue hasta un punto que toque en degradación; porque si 
se ponen mui tirantes, si quieren ser siempre optimistas, no 
Cataría mui lejos de buscar su ap'byo en cimientos carcomidos 
que destruyesen el edificio, aplastándolo a él, con quien nunca 
estarán de buena fé, i a nosotros 'que nos harán tortillas. 
Para evitar este mal a viva fuerza, serian necesarios otros ma- 
yores que estremecen i que ningún buen chileno puede ni 
debe desear: es preciso, pues, empeñarse en prevenir i no en 
preparar los males: mucha prudencia acorapaüada con aque- 
lla dosis de dignidad i firmeza que nunca puede faltar al 
hombre de bien, n 



V. 



Tres meses mas tarde, ya sus primeras vagas insinuaciones 
de descontento tomaban un carácter mas decisivo. Verdad es 
que habia ocurrido incidentes leves, pero capaces por sí solos 
para exaltar no poco la susceptibilidad biliosa del ex-ministro. 
Era uno de estos el nombramiento de secretario de la inten- 

(1) £1 presidente Prieto. 



.?! 



— 89 — 

dencia de Santiago hecho en don Nicolás Pradel, joven inte- 
líjente, pero inquieto, a quien ¿1 había despedido con estrépito 
de su ministerio, donde aquel servia en calidad de oficial ma- 
yor. El intendente de aquella provincia, don Pedro Nolasco 
Uriondo, personaje altivo i descontentadizo, no era tampoco 
un hombre de su amaño, i le desagradaba en estremo su liga 
con Pradel, a quien conocía alborotador por carácter e influen- 
te en las masas, pues había sido, con Padilln, uno de los brazos 
fuertes de don José Miguel Infante, en los buenos dias de la 
fatal Federación. « Aunque no estoi bien instruido de porme- 
nores de lo que ocurre en esa, escribía a Garfias el 25 de 
febrero de 1832; pero por lo que veo por encima de la ropa, 
todo cuanto se lamenta en Santiíigo viene o tiene su oríjen en 
la indecisión del presidente i en la falta de un carácter pro- 
nunciado. Dice i conoce, por ejemplo, que no puede marchar 
con tal ministerio, ¿i por qué no lo cambia? Porque es preciso 
que venga Portales a mover el cambio, i que se le atribuya a 
él, para que cargue con los enemigos que debe producir, i 
que el señor caballero quede bien puesto. El cálculo es bas- 
tante sonso, porque debe admitirse como axioma que el que 
teje lo pierde todo; pero do dude Vd. que el cálculo se hace. 
Maldito se rae daría cargar con enemigos; pero no se adelan- 
taría mas que salir a mi costa de un mal paso: se curaría la 
enfermedad, o diré mejor, se ali^^iaria por el momento, ¿i qué 
se ai'anza? ¿Se conseguiría por esto el que se entablase la 
marcha firme, decidida, franca i laboriosa sin la cual nada 
bueno puede hacerse? Pradel i Uriondo dicen que están de 
acuerdo con el Presidente para destruir mi reputación: no lo 
creo, por supuesto; pero lo creerán los incautos que han visto 
▼olver a Pradel por una orden de Prieto, ¡ que notan que este 
sefior no se pronuncia. Si don Joaquín fuese capaz de decir 
en alta voz (hablando en términos vulgares) « el que ofende a 
Portales me ofende a mí, su enemigo lo es también mió », 
▼eria Vd. que esos pobres bichos se meterían en sus cuevas; 
pero creen que lo halagan ofendiéndome, i ofendiendo por 
consiguiente la buena causa con quien estoi identificiido: la 
falta de pronunciamiento se los hace entender asi: hélemelos 



— 90 — 

aq<|í alentados ppra prornov0r la desorganitcucion i t<HÍotí lijn 
.m^I«» que ^mpiesian a asomar » (1). 

1 doQ semanaa mas tarde (marfiO 18), desoubrieritlo iodo el 
fondtii de orgullo i al mismo tiempo de enaltecido desprendí- 
miento que imperaba en su alma, el bx-díctador se desata 
leoptra el presidente, a quien él habia dado el poder, con estas 
rnftnifastaoiones íntimas, a lan que solo hemos borrado una o 
dos palabras de diaterio personal, conservándoles, empero, su 
jenuiq^, magnífica i casi selvática enerjia. 

«Besqrvado. Una de las dos cartas que dije a usted me han 
heeibo brincar hoi, me noticia uu suceso doméstico, que me 
Uf^mi^ urjentemente (^ Santiago. ¡Yea usted si será desgraciada 
i triste mi posición, i lo que es mas, tan sin culpa mia! Si voi 
i vfLQ presento en público, ¿qué se me espera? Quejas, tuego¿!, 
lamentaciones que, o me obligan a incomodarme sin fruto, 
tomando parte en loa negocios públicos; o resistiendo a todo 
con constancia, me haga culpable por una prescindencia, que 
unos llamarán afectada i otros criminal, porque no conocien- 
do a don Jqaquin i creyendo que Qstá en mis manos poner 
remedio a los males que lamentan, no me han de disculpar en 
uu ápice, ni JO para justiñcarme he de hacer a todos la defi- 
nición del presidente. Por otra parte, los amigos que me haa 
)la?nado i a quienes me he negado, ¿qué dirán cuando me 
aparezca en esa? Si voi oculto, no bien he Ueg do a Santiago, 
cuando se sabe que estoi allí, porque es imposible ocultar mi 
^useiicia de aquí, i en este ca5?o, ese hombre, incapaz de cono- 
eex ni distinguir a los hombres ni a las cosas, empieza a sas- 
peohar con toda la desconfianza del... que voi a enredarle la 
. Ddiadeja mas de lo que él mismo la está enredando con sus... 
I si no voi, me espongo, o diré mejor, ma es imposible cortur 
uu mal que si se trasluce en el publico, va a ofender indirec- 
ta)i)enta mi reputación, i habrá un motivo muí justo en la 

' '{l) El 29 de febrero volvia a c^críbir iw Garfias lo que sigue sobre sus iemo- 
r^ -r-'"Aven$;ue VcL detenidaruente i dígame qué es lo que huí, porqi^e üin 
decirme l^s causas me menudean cjirta?, díeiúndome que todo se pierde i otra 
porción de cosas alarní^antes, i por las noticias que yo teugo, no diviso tales pe- 



-91 -^ 

apaiieocia para quo rae rajen mía enemigos. ¿U^brá aituacion 
iiiati infame? ¡Que siendo 3'q el kombre mas ubre tenga q\i6 
ser el mas edclavo i el mas sometido a miramientos, por lo8 
temorcá de que un... (i) haga iin mal al país por miserables 
sospechas, i por chismes que solo pueden tener entrada en su 
uabeza! Cualquiera otro con cuatro ideas, echaría la vista a 
todas partes, i se conveuocria por las sucesos i por ]a expe- 
riencia que soi el hombre menos temible, porque mis insepa- 
rables deseos de orden, mi jenial inclinación al bien público, 
uii íibaoluta falta de aspiraciones, ni a gloria, ni a brillo, ni a 
empleos de ninguna clase, no pieden infundir recelo alguna 
soi un mentecato en el entusiasmo por una decente oonaé- 
caencia, i por la concordancia de mis palabras con mis obras: 
he asegurado mil veces que no m ndaró el pais ¿i podrá 
temerse una monstruosa contradicción por mi parte? ¿No se 
dtga conocer que no me hago la mas poqueiía violenci?J> para 
aborrecer el mando; qne este es el resultado de una racional 
meditación, i do una esperiencia bien aprovechada? Creo difí- 
cil que cualquiera otn) en mis circunstancias no hubiese 
encontrado el remedio en una bala quQ pusiese fln a tanta 
|>ürqueria, a tanta miseria, i tanta injusticia. Basta de de^- 
sibc^co. » 

VI. 

La ruptura de Portales con la administración que él miamo 
habí» fundado era, pues, completa en los primeros dia» de 
marzo de 1832, dos aüos después de qíic aquella se había con- 
vertido en poder. 



(l) ^apnnilmcw aquí algunos oalüicativos vulgares que Pártales haae 4«1 
l^raódeftto Prieto. Sin embargo, pocotí días im.!!t tarde (el 30 de marao) $e 
aaeslm mas calmudo.*' Pacieneia don, dice a (rartia?, i muelia calma. Del mal 
el metioe: dejemos que viva la gallina i x'iva con su pepita: ccliemoe la yísIs a 
loa tiempot anierioreí i nos consolaremos a\ ver qne o«takr>o« mejor que en el 
d« PiíikK eciiémosla a otros veeinos cincuenta grados sobre ellos; cottveDataao- 
no» de que el palo uo da mas, i de que necesitamos que pasen 90 afios a) nvBiioa 
fturm hallar lo6 hombres útike." {Qué imuenfa previsión! 



— 92 — 

Pero sus amigos^ que desde la capital seguían ansiosamente 
las impresiones de su ausente caudillo i parecian consultar en 
sus cartas confidenciales el ceño mismo de su rostro al escri- 
birlas, habían emprendido su ataque contra el ministerio 
Errázuriz de una manera directa. El 3 de marzo echaron a 
luz los afiliados de la «tertulia» (Gandarillas, Elizalde, Urízar 
Garfias, BustlUos i otros mas subalternos) un periódico titu- 
lado el Hurón, nombre que su principal redactor copió sin 
duda del célebre papel de que él había sido colaborador en 
Montevideo i con el que don José Miguel Carrera habia mi- 
nado i traído al suelo el gobierno de Pueyrredon en Buenos 
Aires en 1820. (1) 

Desde su primer número, aquella hoja de oposición se de- 
clara abiertamente contra el ministerio i pone en exhibición 



(I) Hé aqui algunas notables palabras de Portales con motivo de la publica- 
cien del JJuron i la altura a que en las mismas manipulaciones politícas alcan- 
zaba a veces su espíritu: "Celebro mui mucho, dice a Garfias en carta del 4 de 
marzo, al dia siguiente de la aparición del periódico, la noticia del Hurón i 
mas que todo la de sus autores: habiendo entre ellos muchos buenos para el 
«ato, el papel debe salir lucido, i siendo tantos, debe ser duradero, porque a 
nadie puede faltar tiempo ni ganas para escribir media columna que es lo que 
puede tocar a cada uno. Hace año i medio he e.-üido instando a BustiUoa para 
lo mismo que ahora han resuelto: publicar un papel redactado por la tertulia; 
pero usted que está en todos los secretos, i a quien he confiado la definición 
del carácter de cierta persona, debe encargarles mucho, <]ue cuando haya que 
censurar, la censura no sea acre, porque podria acarrear malas consecueneias. 
Que sobre todo la justicia, espresada con buenas razones, tiene gran poder, al 
paso que lo pierde cuando se sostiene con intemperancia. El pais neceáta de un 
buen papel al lado del monótono Araucano: el silencio de otras prensas puede 
interpretarse a lo lejos por opresión en que las mantiene el gobierno. Encár- 
gneles usted mucho que siempre publiquen las sentencias i trabajos de los tri- 
bunales, que interesan a todos; cte es el modo de estimular a los jaeces al 
trabajo i de contener sus arbitrariedades i disimulos reprensibles. Del ministe- 
rio del interior pueden sacar este material, si ee pasan todavía las noticiaa 
periódicas que yo les obligué a pasar. Que publiquen todas las promociones qne 
acuerde el gobierno, i>orque asi será mas circunspecto para dar ascensos i em- 
pleos. Que sebre todo, cualquiera sentencia de muerte i ejecución de ella debe 
ver la luz pública en el Hurón, porque asi se alientan los jueces de las provin- 
cias, escarmientan los malos que desde ellas no pueden ver los castigos qne se 
imponen en Santiago. Si el periódico anda bien, yo les ayudaré con algunos 
articulillos que usted deberá presentarles a los editores, como qne son suyoa." 



— 93 — 

los tres cargos capitales que hemos dicho se hacian a aquel: 
su irresolución en la cuestión eclesiástica, su debilidad con los 
reos de Petorca (i), i su tardanza en promover la reforma de 
la Constitución. Portales aprobó completamente la idea jene- 
ral de oposición i aun se hizo en Valparaiso ájente de suscri- 
ciones piíra la nueva publicación a la que reunió un buen 
DÚmcro por manos intermediarias. 



VIL 

Durante todo el mes de marzo de 1832, el liaron prosiguió 
su empresa con cierta tibieza, que no entraba en el carácter 
de Portales reconocer como justa ni conveniente ape arde sus 
piimeras insinuaciones de moderación. Habia publicado el nú- 
mero segundo de aquel periódico un^estensi> artículo, en el 
que, bajo el disfraz de una serie de preguntas se ponia de ma- 
nifiesto los reproches que hacian a la persona del ministro 
del Interior. «Nada preguntaré, decia el articulista solapado, 
c*on respecto al jefe supremo de la República, porque su desti- 
no lo pone en la imposibilidad feliz de hacer mal, i solo le da 
poder para ejeroer el bien; pero principiaré mis» preguntas por 
sos IBini^tros. ¿Son hombres de probidad notoria? ¿Tiene cada 
uno los conocimientos necesarios para dirijir los ramos de que 
está encargado? Especialmeute en el del interior i relaciones 
esteriores ¿hai aquella versación universal que requieren tan- 
toe i tan delicados objetos como c^tán puestos n su cargo? ¿Es 



(1) Portales atribuía en csU purte a la conducta del gobierno un fin personal. 
No será diiicU adivinar, decía a Garfias el 18 de marico, el motivo de la con* 
■alta d«>l ministerio sobre el lucrar donde deben ser juzgados los reos de Petorca: 
v\jetural José Mannel Silva es sobrino i muí amigo de Aiutfaya; es igualmente 
•olrloo del eanóiiigo Rodríguez i toJos son íntimos i proiejidus de don Fernan- 
do Erráxurlz, quien habrá convenido en que pase la consulta para que Silva 
▼uelva a Petorca, i quede ilusorio el juicio. Ví-Vk* lo mas célobre es mandar un 
comiaioDado que vaya a juzgar a Petorca, gucrievdo an tUropellar, 9in necesi- 
mlfftmií, la Coniiitueion que prohibe e^os juzgamiintos por comitUmet; i ct 
momMtruo9a U teteu «on nombradas deepiíes del hecho.'' ¡Cuan dignas de r«- 
eordarse son estas últimtu^ palabras del autor de los consejos p^nnanetites! 



«* 



- 94 - 

hombre de cspcriencia en negocios, por haberse (tedicado a 
ellos la niayor parte del tiempo de su vida, i püéde por en 
cidnciá teórico práctica espedirse en loa cafk)s por su opinión 
propia? Es de (*aráeter suave, dócil para escuchar la rázon i 
firhíe para sostener el dictamen cimentado en ella? ¿Busca en 
Ibs consejos la verdad, i aborrece el que la adulación quiera 
llevar adelante las ideas que el ha concebido, aunque sean 
erradas? ¿Tiene tanta integridad que no mira relaciones, por 
estrechas (jue sesn, para proceder en el curso de los negocios 
i en las resolucio/ies de éstos? ¿Se miran en ellos solamente la 
justicia i conveniencia pública con absoluta indepenttencia de 
personas? ¿Es el ministro popular, tratable, franco i sin mis- 
terios? Sobre todo ¿tiene a su favor la opinión jeneral, sin la 
cual de nada sirve aunque sea mui bueno?» 

Portales, al leeT este pasaje, estalló en uno de esos magnífi. 
eos arranques, eji que parecían unidas en consorcio su alrifiá 
eitaltada i su sobria razón. «Mi opinión sobre el Hurón, decía, 
és que podia estar mejor variándolo i amenizándolo mas con 
noticiiis del int^irior, que a todos interesan, como dije a Vd. 
en una de mis anteriores. Si querian batir al Ministerio ¿por 
qué hacerlo escondiéndose tras de un interrogatorio i tan in- 
definidamente? Si no hai causas para atacarlo, silencio! Y si 
las hai, echarlas a luz con sus pelos i sus lanas. Vd. me ha 
áicho en una de sus anteriores que el Ministro se habia opues- 
to a la suscricion del periódico: ¿habria asunto mas lindo para 
un artículo de importancia, i un ataque victorioso? ¿Qué diría 
el ministro cuando se le preguntase si quería marchar sin opo- 
sición, cualquiera que fuese su marcha? Cuando se le dijese 
que se trataba de hacer una oposición decente, moderada i 
cou los santos fines: 1.° De encaminarle a obrar en el senti- 
do de la opiniím. 2.° El de comenzar a establecer en el país 
un sistema de oposición que no sea tumultuario, indecente 
anárquico, injurioso, degradante al país i al gobierno, etc.," etc., 
que lo que se desea es la continuidad del gobierno; i que para 
oenseguirlo, no hai mejor medio que los cambios de miaiste. 
rfo cuando los ministros no gozan de la aceptación publica por 
sus errores, por su falsa política o por otros motivos; que la 



— 95 -- 

oposición cesa, oaancio sucode el cambio, i, en ñn, que quere- 
mos aproximarnos a la Inglaterra, en cuanto sea pomble^ en e) 
modo de hacer la oposición; que el decreto que autoriza al 
gobierno para suscribirse a los peiriódicos con el objeto de fo- 
mentar la prensa i los escritores no escluye a los de la oposi- 
ción (1); que siempre que ésta se haga sin faltar a l$a 
leyes, ni a la deconcia, el buen gobierno debe a^lecefla, 
i que esa intolerancia del ministerio solo puede enoonlilirse ' 
en un mal ministro que tiene que temer, etc., etc., añadiendo' 
que es una pretensión mui vana el querer marchar sin oposi- 
ción, que solo el ministerio de Fernando podrá esperar un 
vergonzoso silencio o un jeneral aplauso de su conducta. fun* 
clonaría; que sobre todo, la distribución de lo.^ fi.>ndo6 púbtieod 
destinados al fomento de la ilustración, no puede hacerse 8e- 
gan el gusto i capricho del ministro, sino conforme a )a justi- 
cia i conveniencia del pueblo.» (2) 



VIII. 

Con esta amonestación, que envolvia tan hermosos con- 
sejos i descubre de golpe la vasta i crea lora intelíjencia de 
aquel hombre que habia aprendido la ciencia política como 
por encanto, dio ánimos a la ctertulia» que redactaba el £u- 
ron\ i como sus atatjues arreciasen, Errázurízy que sabia la 
mano omnipotente que empujaba aquella arma contra su polí- 
tica, renunció sn cartera el 17 de abril, sevs meses dlespues de 



(1) Apropóáto de la sa»cricion del gol>«erno al Hurón, hé aquí lo que de6iá 
Portales a su oorrespoosal de Santiago el 18 de marao de 18S2, tO dias deé*- 
puaade la aparición de aquel periódico. * No me a9omT)ro, como Vd. quiere, df^ 
la eoodieion con que se ha suscrito el gob&f rno al Hurón, desde qne me hd pef - 
snadido de qiio ya no bai causa pública, ni otro punto de vista que las petfio- 



(2) Caita de Portales a Garñas del 16 de mnrzo de 18.12. El articulo o ioUh ' 
rrogatorío a qne se refiere fué publicado el >8 de aquel mes. — M nütüáteñó df 
Fsmand^, a que alude, talvez es una sátira a don Femando l^YázuHbt, j^e'áié"' 
la podvtwi kttilia de ette nombre, a quren algunos, por su jenlaí altivék, Un-"' 
maban Fematido VIL 



— 96 — 

haberla aceptado i solo cuarenta dias desde que el Hurón ha- 
bia aparecido. (1) 

IX. 

¿Quién seria desde luego el sucesor de Errázuriz en la di- 
rección del gobierno? Era indudable que no podía ser sino el 
que Portales, que había derribado a aquel, de&ignase desde su 
escritorio de Valparaíso. 



(1) Del Hurón se jfmblicaron solo 10 números i el último aparedó el 22 de 
mayo, una semana después de estar nombrado el ministro Tocomal sucesor de 
Errázurfz. Atribuyanse 'con mas especialidad en aquel tiem)>o Ia silida de este 
último a un artículo borleáco publicado en el núm. 6 del fíurofi, el 10 de abrí], 
en el que bajo el título de Variedades, le comparaban al ministro de Hacienda 
del presídeme Vista Florida tn el Perú don Dionisio Viscarra, quien, decía el 
Hurón, se ocupó durante su permanencia en el gobierno, de resolver el proble- 
ma de como, siendo las rentas del Perú mas considerables que sus gastos, éstos 
eran siempre ma5orert que aquellas. Pero esto quizá no es sino un trasunto de la 
chismografía poli t*ca de la época. 

Lo que si es indudable es que Portales celebró vivamente la caída de Errázn- 
rii Aplaudió la altira de Viz-arra, personaje, decía él en sus cartas, a quien ha- 
bla conocido mucho i del qno recordaba una gran variedad de anécdotas. Teuia 
hasta impaciencia porque En-ázuriz dejara el ministerio, i en una ocasión en 
que temió que permaneciese en aquel puesto, después de darse ya por cosa he- 
cha su renuncia, decia que solo üiltaba que el Niño Dios dé las Capuchina» 
(sobre n mbre que daban a un pobre empleado o portero muí feo del miníjsta- 
río del Interior) le notificara su í^eparacion. 

La familia de Errázuriz se separó entonces, como era de esperarse, de Porta- 
les, a quien aquellos patricios i en especial don Fernando, como presidente del 
Congreso de Plenipotenciarios, hablan prestado grandes servicios. Desde aquel 
dia compuñeron estos personajes una fracción política independiente, a la que 
el ministro Tocomal bautiz(> con el nombre de los Litres, talvez porque temia 
que su fomb^n no fuera Wnéfica a la política que él fundó como su sucesor. 
Portales ar>{\rentó no sentir est^» primera desmembración, que no fué dno el pre- 
ludio de Li lie los Mlopo'.itax, a que aquellos se agregaron mas tarde; pero, 
en realidad, uo pudo meno;» <lo causarle alguna impresión aquel suceso. 
"El enojo de los Litrex, que Vd. me anuncia, escribía en efecto a Garfias un 
mes despuo<i de la salida de Errázuriz (10 de mayo de 1832). me hace creer que 
el chillanej<» (Rodríguez Aldea) se lia salido con la suya de iodisponerlos con- 
migo, i por la noticia de Zafiartu que Vd. me comunica, creo que se saldrá 
también con hacerlos O'Hígglnístas. Ahora recuerdo aquella cosa que dijo a Vd. 
Carvallo (d^n Manuel, sucesor de Pradel en el ministerio i a quien Portales qui- 



— 97 — 

Mas, hubo un momento en que el presidente Prieto, que no 
era en manera alguna el hombre del todo vulgar (1) que una 
preocupada tradición política nos ha pintado (pues mantuvo 
siempre cierto equilibrio de poderes, para lo que se necesita- 
ba no poca maña en aquel tiempo), haciendo esta vez un 
esfuerzo para sacudir su independencia avasallada a su pesar i 
desde lejos, intento nombrar, en reemplazo de Errázuriz, a 
don Francisco de Borjn Irarrázabal, ciudadano oscuro, escepto 
por su nombre de fomilia, que residia en la provincia de Co- 
quimbo, cuya intendencia desempe&ó algunas ocasiones, pero 
que mantenia una estrecha amistad con el presidente desde 

■o Mpulsar como a ésUs), de que estaba en noticia del Presidente i éste no día- 
tabft de dar ascenso a una revolución que yo intentaba contra él: sin duda esta 
ioTeneion fuéjde ellos, que conociendo el flaco de Prieto, intentaron punrarlo, i 
ponerlo de mala quizá conmigo. Por varias providencias i conversaciomes del 
Presidente, sospecho que Imn logrado hacerle creer en brujoa £u desvanecerle 
estas simplezas, es en lo que debe Vd. empeñarse, hablando con el ministro de 
Hacienda; pero como que sale de Vd. Qué demonios me importa a mí que Prie- 
to, ni los Litres se enfaden conmigo: mientras yo cuente con el testimonio de 
una conciencia pura, me estaré riendo de ello:» i de todo el mundo. Pero es mui 
temible que atA prevenido Prieto, i por ridiculos temores (propios solo del que 
acá enteramente incapaz de conocer a los hombres), empiece a poner los destinos 
en manos de bribones, mirándolos por el lado de que son enemigos mios, i que 
en fin toda su marcha sea poniéndose por delante el esclusivo objeto de asegu- 
' rmrse contra mis revoluciones, maquinaciones, intrigas i de cuanto le hagan 
creer. Aqui está el mal grave, el que he temido siempre, i el que nos perderla 
iln remedio.** 

(1) Se lia dicho que Portales le llamaba chn litidro Aj/entas, por un "tonto de 
capa* qae existia entonces en Santiago i que aun le repetía este apodo en su 
cera. No creemos esto último; pero lo primero era cierto, i tan cierto, que el 
mUmo Portales se llamaba a si propio con aquel lindo sobrenombre. "Al cabo 
te liabia de llegar el dia i la ocasión (dice a su amigo Garfias en una carta fe- 
chada en la Placilla de la Ligua el dia de corpus de 1836), en que yo, Isidro de 
Ayeslas, tuviese el gusto de saludar a mi mui ilustre señor don Antonio 6ar- 
llas^ etc." 

Ademas, por loe pasajes que ya hemos citado de la correspondencia intima 
de Portales, se deja ver que no se las tenia todas consigo al tratar de Prieto, 
quien encerraba en su ánimo tbda la suspicacia peculiar de los arribanoi, 9I0 
carecer de capacidaJ i de una mas que mediana obstinación para sostener ma 
ideaa. "Qaedo mui persuadido, decia irónicamente Portales a Garfias el 14 de 
enero de 1882, de la buena disposición del seRor Presidente para hacer cuanto 
yo le aconseje t a él le agrade" 

D. DIVQO FORT. 1 



(}ue é^tfi l^abia vivido asilado en sus haciendas de^IU^peI, 
de3puQs del desastre de Kancagua en 1814. Portales roij'iS 
aquella tentativa con una cólera muda, pero a tal punto yip- 
lenta, que, por despecho, prohibió íi sus amigos que hablaran 
una sola palabra en pro o en contra del asunto (1). 

No sabemos, empero, por qué no se llevó aquel plan ador 
lante. Mus; ¿no seria tal vez sobrada razón para darlo de mano 
el enfado de Portales? 

¿A quién volver entonces los ojos en acuellas difíciles cir-^ 
cungtancias en un pais tan escaso de hombres de estado i da. 
grandes i desinteresados patriotas i en aquella época en q.u^ 
era preciso arrostrar de frente o someterse a la influencia om- 
nímoda de un hombre que hacia ostentación de su superio- 
ridad? 

S;i:istia en aquel tiempo un empleado de hacienda ventajo-> 
aamente conocido por su talento administrativo, por su inta- 



(1) H6 aquí, eo efecto, lo que eacribiu a Garfíaa el 27 de abril de 1832.— 
*'No será mal disparate si se realiza el nombi'amieiito de ministro en la penpM 
que Vd, me indica; el caso es no trrar desatino. Sabe Vd., seftor don Anton^t^, 
• lo que se me parece el orden i tranquilidad pública en Chile? a uoa fuerte 
«statua robustament-e apoyada en si misma , pero que el gobierno , coa um 
h^cha en la mano, está empeñado en darle por loe pies para derribarla; veo 
que los hachazos le hacen poca mella, poro que al cabo han de ser tantoiS 1 tiu^ 
(eros los golpes, que se ha de salir con la suya. Si el gobierno se resuelva n 
tal nonoliramiento, predigo desde ahora nuestra mina. liará ocho o ^iez dÍM| 
he visto unas cartas, cuyo contenido, unido a varios antecedentes, me ha heehg 
•Qspech^r que O'IIiggins i sus pauiagiuidos tienden lazos a Prieto, que el hom- 
bre no conoce; sé que el Ministro de Hacienda ha visto las mismas cartai; p«ro 
*caso por no estar en los antecedentes que \o, no se ha ñjadoen el misterio. ¡Qué 
hombre tan a propósito el Irarrázabal para tales circunstancias! ¡Santa Bárbara!... 
í a basta de hacerme de enemiojos sin fruto. La patria no putde exijirrae oacn- 
ñ^'os estérileflw No hablaré ni Yd. hablo palabra alguna que apruebe ni repnii»- 
he, i conformémonos con la suerte que nos está preparada: do deja de ser ^Xfwa-. 
perante el que después de estar tan asegurados, vengamos» porque so quiera % 
nada mas que porque se quiero, a parar en una horca; pero al ün, ati lo qi^anfá 
el destino." 



- w - 

cfaabie honradez, i roaa partieularmente, por aua modal^ 
ioMnaant^ impregnados de ese aroma aristocrático que efi 
ciertos hombres es el imán de la fortuna. Miembro de uua 
antigua &m¡lia de la colonia, luibia tenido el mérito de perte- 
necer, en oposición a sus deudos, al bando de la patria, i de 
tan decidida manera, que en 1818 fué rejidor del cabildo de 
lü capital, i un afio mas tarde, comandante de un batallón de 
nacionales. Habia entrado después (1822) al servicio del Es- 
tado en calidad de vista de la Aduana de Santiago i con la 
escasa renta que entonces disfrutaban los empleados públicos. 
Pero lo que el sagaz Vista dejaba de adquirir en doblones, lo 
compensaba con las numerosas e importantes relaciones que su 
poaioion le ofrecia, poniéndole en contacto con los hornbres 
de influencia i caudal que' existían en el pais^ i cuyo mayor 
numero era entonces de comerciantes, pues no habia mineros 
millonarios antes de Chaüarcillo ni hacendados semi-millona- 
rios antes de California. Uno de aquellos potentados, con 
qnieu el Vista de aduana se habia puesto en mas inmediato 
contacto, era el comerciante don Diego Portales. 

Asi habia sucedido que al hacerse la distribución de las 
influencias i de los honores, después que la revolución de 
1829 hubo triunfado, cupo a aquel un puesto en el Congreso 
i en seguida la presidencia de la Cámara de diputados, desem 
peño para el que estaba admirablemente calificado por su 
sagacidad política, lo cortés de sus maneras i cierta gravedad 
pariamentaria que sentaba bien a sus años, pues contaba ya 
maa de cuarenta, habiendo nacido en 1787. 

Tal era la modesta carrera de don Joaquin Tocornal, el 
saceaor elejido a Errázuriz por el presidente Prieto, de quien, 
sin embargo, seria ministro aquel tantos afíos cuantos no se 
Meatan de ningún otro político (desde 1832 a 1840); que no 
dejaria su cartera sino para figurar como candidato a la prcsi- 
dweia al frente de un partido poderoso, i que, por ultimo, 
•aria el lejítimo fundador de este mismo partido, del que 
todavía es el decano i a cuyos miembras mas poderosos ha 
¥Í$to iMoar a la tumba, uno tras otro, en el espacio de un cuar- 
ta de aiglo, hasta quedar casi solo para asistir sin pesar a la 



— 100 — 

trasformacion del bando que él mismo creara, por la cordura 
o el patriotismo de las jeneraciones que han sucedido a sus 
fundadores. , 

XI. 

Don Joaquín Tocornal figurará, en efecto, en la historia 
contemporánea, como el verdadero i jenuino fundador del par- 
tido pelucon que antes de su aparición estaba disperso entre 
diversos bandos o contaba otros caudillos que abdicaron, como 
Ruiz Tagle, para hacerse conspiradores o que murieron pre- 
maturamente, como el senador Irarrázabal. Portales no fué 
nunca pelucon, como no fué pipiólo, ni O'Higginista, ni filo* 
polita, ni siquiera « litre. » Portales fué solo. Llamáronle 
Estanquero por su oríjen; pero seria imposible designarla ban- 
dera política bajo la cual se alistó, porque él las tomó todas 
por asalto (escepto ¡ai! el pendón que hubiera hecho su gloría: 
el de les ínclitos demócratas de 1828) i poniéndolos bajo su 
brazo, como .simples señales para fijar a cada uno su puesto, 
marchó a su fin, sin volver jamas la cara, ni contar el número 
de los que le seguian, hasta que al fin de la jornada, se encon- 
tró solo en una noche tenebrosa, delante del pálido rostro de 
Florín, i al sentir en su pecho la espada del inmolador, solo 
supo cuan grande habia sido su orgullo i cuan terrible era su 
espiacionl 

Portales quedó solo por su altiva i desdeñosa voluntad. To- 
cornal, a su turno, ha sido dejado foIo por la muerte. Tal es el 
curso invencible de las mudanzas humanas, al' que un af)odo 
político o un pedazo de trapo, apellidado enseña de bandos, 
no detendrá jamas en su senda niveladora. De los peluconea, 
después de treinta años de absoluta omnipotencia, no queda 
ya sino una tradición. De !os pipiólos, después de Lircai i 
Longomilla, solo un puñado de cenizas... Lo único, en verdad, 
que ha quedado de pié de esos tiempos aciagos en que los 
partidos se pasaban unos a otros la sangrienta mortaja de sus 
odios, es esa Constitución de 1833, mortaja colosal de todos 
los derechos i de todos los principios conquistados en la revo- 



— 101 — 

lacioD. Pero el dia de la resurrección no tardará en lucir. Ya 
vienen sobre ella las jeneraciones reparadoras. Dejadlas en- 
tonces llegar echando por delante los resplandores fulgoro- 
sos de su intelijencia, para que la lucha sea de luz i no de 
sangre. No sea que los soldados, recordando su oríjen, revuel- 
van sobre el código que dictaron las bayonetas i con ellas lo 
destrocen a su vez! 



XII. 

El ministro Tocornal llevaba, pues, al gobierno el prestijio 
limitado pero deslumbrador del círculo opulento a que perte- 
necia. El iba a fundar i a prestar el realce de las cortes a esa 
nueva dinasiia del partido pelucon en cuyos blasones no figu- 
raban los leones de Castilla, sino la modesta yaucana de Cha- 
ftarcillo i Arqueros, que ha echado en Chile los cimientos 
de la mas poderosa aristocracia del siglo, la del oro. Por lo 
demás, aquel personaje no arrastraba consigo ningún jénero 
de popularidad, csccpto la de su honradez. Conocíanle de 
ideas timoratas, amigo de clérigos, síndico favorito de monas- 
terios i hombre que entraba a su despacho por la puerta de 
las sacristías, después de la misa matinal de cada dia. (1) 



(1) Hé aquí el juicio que uno de sus propios colegas, el ministro Keojifo, 
luiela de don Joaquin'Tocornal cuando se discutía su próxima elevación al mi- 
nisterio del interior; "usted aprueba el sujeto que le indico (Tocornal) para 
•abrogar a Errázoriz. dice en efecto aquel a Portales el mismo dia en que se 
aeef tó la renuncia de Errázuriz (abril 17 de 1832). pero no hai todavía seguri- 
dad de que efectivamente le reemplace. Yo, desde el principio, dije al i)re8iden- 
te que consultase por separado la opinión de los amigos del orden; de los 
hombres de influencia i amantes del bien público» sobre un paso de tanta im- 
portaneia, i según sé, varios han decidido que el nombramiento debe hacerse en 
usted o en Gandaríllas, dictamen que he combatido con todas mis fuerzas, pues 
eoDiridero que ademas de ser impolítico respecto a ui>tcd el tal consejo, su adop- 
don eonsaraaria la mina de ambos, en el caso de echarles esta pildora. Parece 
qne mis reflexiones han sido atendidas i solo resta hablar al hombre que pueda 
eorresponder a las esperanzas que en él vinculan todos. Hé aquí las objeciones 
que se ponen a Tocornal; 1.* el ser un secuaz entusiasta del estado eclesiástico, 
enja eaalidad lo hace peligroso; pues queda espuesto el pais a retrogpradar por 



£1 nuevo ministro tenia, sin embargo, la modestia de de- 
clarar su poca idoneidad para el importante destino qne se le 
confiaba. « Cuando recibí su carta, dice a Portales a esíQ pro- 
pósito, (contestando sin duda las sujestiones de éste para que 
aceptase) ya habia tenido la conferencia con don Joaqvin i 
ahora la celebro mas porque me servirá de de&usa para eva- 
dirme a todo trance de b locura que me propone. ¿CJÓmo se 
presume usted que conociéndome yo destituido de las aptitu- 
des que son tan necesarias para ese destino, hubiese yo de 
aceptar? Cada uno está obligado a servir en lo que pueda, i 
creo que coutinuando mis servicios en las Cámaras, he llena- 
do mi deber, a lo que se agrega que me siento con -vocación 
para trabajar en el cuerpo lejislativo con el ausilio de los 
amigos de literatura, i no mas.i 



XIII. 



Pero a pesar de todo, Portales habia anticipado ya su ine- 
vitable fallo. Don Joaq::in Tocornal tenia entre sus cualidades 
una que era superior a todas, en el concepto de aquel, i cuya 
carencia habia sido la causa principal i acaso única de la 
caida de Errázuriz. El ex-presidente del Congreso era décil 
a la influencia del ex-dictador. Podría entonces haber duda 
de su elevación? Tan lejos, en verdad, habia estado esto de 



poco qu« fftTorczca las pretensiones de otro estA<Io; 2.' el haberse pronunciado 
decididamente en la cuestión entre el obispo i los canónigos, lo que en cierto 
Bfiodo no le deja una decente libertad para tcpminarla; 8.* que se le m^ra con 
prevención por los Krn'izuriz, onya cai ia creen ello? ha promorido, i difa'selo 
por sucesor pcria numentar la humillación i resentimiento de éstos i hacerlos 
enemigos, cuando ahora los tenemos todavia por amigoss i pueden prestar algo- 
nos pervUiíts II la causa pública; 4 • que su deferencia a las o|>iniones de en 
hermano dun Gabriel servirá de grande obstáculo a las reformas que necesita 
nue?tro sistema judicial, por el espíritu rutinero i perezoso del mentor que ana- 
tematiza todo lo que suena a innovación. Esto es lo mas sustancial que se le 
objeta; pero a pesi\r de que en algo les hallo razón a los censores, yo siempre 
persisto en que debe preferirse a los otros que tienen mBt notas i pfreteiütan 
menos garantías para ef acierto.** 



- 103 >- 

sooeder, que desde mas de dos meses antes do sa hombfa- 
hiietito, ya Portales se daba los parabienes a sí propio cokl 
estas caraeterístícas frases: t Si, como usted presume, dice a 
Oárfias, el ministro del interior entrega los sellos, sé que él 
presidente piensa en que le suceda don Joaquin Tocona &1, 
noticia que han de celebrar con repiques i Te Deum los seño- 
res canónigos de Santiago. Si el hombre anda con escusas, 
rfefcn ustedes escupirlo, i que vaya a su chacra a dar ejercicios, 
sin que le sea permitido vol^rer a presentarse en la capital. El 
hombre va a inspirar muchii confianza a todos, i el gobierno 
ganará sin duda el afecto que le iban retirando.! (1) 



XIV. 

Colocado en el' puesto que él habia dejado vaoante, \xú 
hombre de tanta confianza, Portales volvió a quedar tranqui- 
lo en su retiro, después de las zozobras i de la irritación qtie 
le hábia causado lo que él llamaba «una política funesta*, por- 
que habia arrimado a un lado aquel cetro de hierro con que 
él quiso en todas épocas gobernar a sus conciudadanos, hasta 
que cargado a su vez de cadenas, pereció con la lastím^ra 
muerte de los reos. 



XV. 

Ni por un instante habia, en efecto, abandonado Portales 
aa implacable persecución contra los infelices pipiólos, a quie- 
nes consideraba por naturaleza incorrejibles perturbadores de 
la paí5, cuando acaso lo eran solo de las conciencias. Hemos 
visto ya cómo habia insistido en que se fusilase a mediados 
de 1831 a Barnachen, Uriarte i Tenorio, tíos cruzados de Col- 
o«r(i,B como él los denominaba. Poco después, en diciembre 
de aquel mismo año, supo que se iba a conceder licencia para 

(1) CarU de Portales a Garfias. Valparaíso, marro 23 de 18»2. 



— 104 — 

volver al pais a un capitán natural del Perú, llamado Moróte, 
(de dos de este apellido que habían sido dados de baja en 
Lircai) i al momento, escribió oponiéndose, pues decia que los 
pipiólos no podían venir sino tpara tratar do mejorar su suer- 
te (son sus palabras) a costa de nu'estro pescuezo, lo que no 
veo mui distante i para donde caminamos, a Dios gracias.! (1) 



XVI. 

Pero no era solo contra los vencidos de Lircai contra quie- 
nes se encarnizaba aquel hombre estraño que era capaz de 
tan altos hechos de jenerosidad i que parecía deleitarse en los 
castigos. 

Hemos dicho que él solo se opuso al regreso del jeneral 
O'Higgins, i aunque el presidente Prieto, sobreponiéndose a 
toda consideración, por oficio de su gratitud para con aquel 
hombre ilustre, le envió su pasaporte, aun esto resistió Porta- 
les. (2) Debió, empero, esta vez calcular este tenaz e impla- 
cable perseguidor de sus émulos, como en efecto sucedió, que 

• 

(1) Caita do Portales a Garfias. Valparaíso, diciembre 30 de 1831. La ooo- 
testacion de Garfias a este pasaje de la carta de Portales dice asi con fecha 4< 
enero 2 de 1 882: '*Mc vi con el ministro del Interior 1 le di el recado de ottod 
como me pareció conveniente; esto es, le dije solamente su desaprobación sobre 
la vuelta de Moróte i las razones que se tuvieron presentes para hacer saUr a 
éste i otros del pais. Quedó en que se negaría el permiso, i me afiadió que el 
gobierno no aflojaba: todos estamos persuadidos de esto por las contrarías raxo> 
Des que tenemos. 

(2) Hé aquí lo que decia a este respecto el ministro Tocorntfl, consultan* 
do secretamente a su inspirador» en carta de julio 17 de 1832: "Mi amigo: rin 
esperar su contestación a mi anterior, tomo la pltmia para decirle que recor- 
dando haber oído decir a ueted, antes de partir para esa, que habia couTenido 
con el Presidente en remitir a don Bernardo O'Higgins pasaporte del que po- 
dría usar si quisiese regresar al pais, he manifestado deferencia, habiendo oido 
primero el allanamiento de don Manuel Renjifo; mas en obsequio de nuestra 
amistad, he de estimar a usted que me indique cuál es ahora su opinión a este 
respecto. Debo prevenir a usted que el mismo autor de la moción hecha en la 
Cámara de Diputados, pura que se le restituya el grado de capitán jeneral al 
espresado don Bernardo, la hu recojido, sin duda por la falta de apoyo en el 
gobierno.'* ^ 



-- 105 — 

DO recibiendo aquel, junto con su autorización de regresar a 
su patria, la devolución de los altos honores que éatSL le habia 
dado i de los que le babian desposeído las facciones, arrojaría 
con desden aquel permiso que era, roas que una satis&ccion, 
un insulto hecho a sus canas i a su gloria. 



XVII. 

Su^K) también don Diego Portales, por aquella época, que ae 
trataba en los consejos de gobierno de conferir el grado de jene- 
ral de brigada al coronel Cruz, su enemigo personal desde que 
habia sido su colega, i en el acto mismo, puso en juego sus 
influjos con los miembros do la comisión permanente para 
que le negasen su voto i lo concediesen solo al coronel Cam- 
pino, que aunque su enemigo en 1827, se ha^ia mas tarde 
allegado a su política. Triste ejemplo del grado de abatimien- 
to moral a que llegan aun los grandes caracteres cuando ha- 
cen de una pasión un sistema! Portales era magnánimo de 
corazón; pero, por plan político, fué siempre severo, muchas 
veces cruel, i no pocas, como en el caso a que ahora aludi* 
moe, mezquino i aun innoble (1). 



(1) Hé aquí lo qoe Garfias escribía a Poiialea sobre este particular el 9 de 
enero de 1882, contestando a loe encargos que aquel le habia hecho para in- 
floir en la comisión conservadora, o permanente como se llamaba entoncee, a 
fin de qoe no se concediese aquel honor a Cruz i si a Campino. "Ya está en 
noticia de Izquierdo (el senador don Vicente) todo lo que Yd. me ha escrito 
contra Cruz i sobre las propuestas de este i de Campino. Izquierdo me dice que 
era lo mismo que yo le habia dicho, i por consiguiente, la falta ha estado en 
mi mala esplicacion cuando escribí la que Yd. me ha incluido, defecto en qne 
«aeré muchas veces por la prisa con que escribo. Tengo encargo de Izquierdo 
para decir a Yd. que está mui conforme con sus ideas, por lo que dará, sin qne 
lo retraiga ninguna consideración, su voto a Campino i se lo negará a CnuL* 

iQné tal senado! 



- idé-« 



XVIII. 

Pero ni aun para con los hombres oscuros i los oriminates 
ordinarios declinaba la zana de aquel hombre que hubiera 
querido dejar solo su espada a la justicia, reservándose él la 
balanza en que pesaba la clemencia i el perdón. « No están 
malos esos indultos, esclamaba con cierta terrible jocosidad, 
H dOtíse^uencift de algunas comutaciones de pena hechas por 
éJGongteao. Mucho se va apipiolavdo la Cámara de Diputa- 
dote én el cielo hallen la caridad! Algo pagarla yo porque 
eses tkeesinOS ejerciesen su oficie en los que han tomado él 
*tíl^elío de salvarlos i (1). 

lían preocupado vivia, en verdad, don Diego Portales de la 
ié^éisafité persecución i castigo de los criminales (a quienes no 
éteyó §6gtiro8, haáfca que los encerró como fieras embravecidas 
étt carros de fierro), que a la prensa misma llevaba sus desvelos 
para aguijonear la adormecida actividad de los tribunales on 



(í) Aun no ha llegado el caso de referir el cruelísimo lance del capitán Pad- 
dock; pero uno de los íntimos amigos de Portales, don Femando Urízar G.irfits, 
refiere que habiendo hecho una muerte alevosa un músico del batallón cívico 
núnL 4 de la capital, del que era comandante Portales, se empeñó toda la oficia- 
lidad eB onerpo por salvar al reo; pero aquel se negó secamente, i habiéndole 
•tTiado a la sason un recado el presidente con uno de sua edecanes, en el que, 
coD el propóMto de obligarlo, le decía que había comprometido sa palabra de 
j^oner para indultarlo. — '^Diga Vd. al presidente, cont<?st6 Portales, que ba 
iMebo muí bien en dar su palabra de honor pnra el indulto, puesto que la Cons- 

- tltueieta le da esta facultad, pero -que nombre otro ministro de la Guerra que 
*otório6 eeé decreto/' Kl músico, en consecuencia, fué fusilado. 

CSuasdo lUg6 la noticia de la terrible carnicería de las Inguniís de Malalhué, 
te ^e fueron, destrozados los Pincheiras por la traición de sus propios secuaces, 
.Fonales dice él misoMi (carta n Garfias del 21 de enero de 1832) "aleé las ma- 

"Moal cielo i reeé el credo en criiz*', i luego, después de esta cbusoada» afiadfe. 
aludiendo a esa noticia: "Ella ha endulzado mi alma i pareoe que me bularan 
regalado cien talegos. PVlicite Vd. en mi nombre al presidente, i dígale que 
cuando escríba a Bálnes, le diga de mi parte muchas cosas, especia'mente por 
la viveza con que ha hecho jugar el fusil." 

Portales estaba, sin embargo, lejos de tener un corazón cruel. Su inflexible 
sistema sí tenia una infinita crueldad. 



— 107 — ^ 

la prosecución de los procesos. De k plamn de Pórtales es él 
notable artículo sobre administración de ju(;ticia criminal qtíe 
le publicó en el Mercurio de Valparaíso d(bl 17 de enero de 
1882 (1). 



XIX. 

Con la elevación de Tocornal, el ex-dictador habia recobra- 
do entre tanto i por entero su amenazada omnipotencia. Í}1 
mismo trazó a aquel con su mano segura i con su alta nuocm, 
el prí^rama de la cuerda, pero sumisa política que debia 
adoptar, t Dé Vd. mis memorias a Tocornal (escribía a un 
anaigo, encargándole que lo felicitara por haber salido de una 
enfermedad peligrosa en aquel aílo de tan triste memoria por 
la epidemia que aflijió al pais i que le arrebató en flor tantas 
bellezas) (2), i asegúrele de mi parte que la noticia de su 

(1) Publicimoí^ cata pieza integni en los documente» del Apéadiee, bajo el 
núiB. 4. Asevera el mismo Portales ser autor de este esurito en carta a Garfias 
del 13 de febrero Je 18.H2. A este mismo Dropósito, dice en esa earta: — **Blar- 
ticalo firmado />. P., que contiene tiintos disparates cuantas lineas, es de Mar- 
tin Mnnterola, qu? quizo tirarme i>on}endo mis iniciales." 

(2) Es eabido que la escarlatina, las viruelas i las fiebres malignas hicieron, 
durante aquel aüo, cstraordinariamente seco, espantosos estragos en nuestra po- 
blación, i pai tlcularmenf e, entre las scfioras de la alta sociedad. 

Ocúrresenos, a este propósito, transcribir aquí un pasaje característico de 
Portales, en que.lal hablar del pánico que le rodeaba en Valparaíso, hace mofe 
9^ las prácticas devotas a que se atribuía "el milagro** de algunas curaciones. 
*Hoi me ha dado por noticioso, dice a su corresponsal Garfias, el 19 de enero 
de 1SS2, porque estol escribiendo por distracción. La peste o fiebre escarlatina 
|>CTece que va deeapareciendí. en el puerto, aunque sigue en el Almendral, por 
qne no para «1 Sacramento: es la prueba que yo tengo mas a la vista, porqae 
siento Tas campiñas de la Merced i una tambora que lo acompnfin de noche, i 
que Eo sé cómo no se ha hecho mil pedazos con tanto trajin. En el puerto bao 
muerto algimos chi<[nillo3 de familias conocidas, i hemos tenido sacramentadas 
a la Nieves Santa María, i al largarla fa mujer de Manterola (Martín), la de Al- 
meida i otras vi ibles pero por la infinita misericorciía de Dios, ya están toda* 
íbera de peligro. El domingo en la noche vi salir el rosario d« Santo Domingo, 
qne faé a ofrecer a la puerta de la casa de la Santa-Maria; pero ha sido pátMte 
t\ ndlagro, porque mec^nte el rosario i las purgas, sudoríficos, romHiros 1 i'e- 
fiijerantes, la Nieves eomenzó a mejorar desde el lunes. ^Sfiís, p<ft dno dé «4^' 



— 108 — 

completo restablecimiento me ha sido de tanta mas satis&c- 
don, cnanto es mtia necesaria e importante su salud en el día. 
Pígale Vd. que Wellington se apartó enteramente de la polí- 
tica de Canning, «lemasiado liberal en mi concepto, i que ten- 
día a poner en l:is manos del pueblo instrumentos de que 
abusa casi siempre, o que, al menos, no sabe manejar las mas 
veces. Si Canning no hubiera muerto, le habrían traido abajo 
del puesto los minmos acaso que le colocaron en el poder, por- 



líos altos juicios que no alcanzamos a conipreuder, han sanado las otras enfer- 
mas, que, aunque no ae les ha llevado el rosario, tomaron los mismos medioa- 
mentos que la Nieves. ¡Oh, Dios! qué grandes son tus bondades para eon tus 
criaturas! Si no vemos mas que hombres de todas edades. ... a dos cabos, es 
que a«í convendrá, i si don Antonio Garfias i yo, que sabríamos hacer tan bnen 
uso de la plata, no la tenemos, es porque conviene que la tengan tantos picaros, 
miserables, enemigos de los de su especie. ¡Qué consuelos suministra nuestra 
santa i sagrada relijion!** 

"En ella espero vivir i morir, anadia después (poniendo a este párrafo la firma 
de don Tomas Ovejero), creyendo i confesando todo cuanto oree i confieía nnes* 
tra Santa Madre la Iglesis.*" I terminaba con este arranque de jenialidad, que 
no deja de ser ungular: 

AgrUz, Jfotisiaur, V a$9uratice de ma plus haute distinctiofi avee laquelUfai 
Vh^mneur dé étre 

Monsieur 
Votre tres humbU, el tres obeissatU servüeur 

JD, Portales.'* 

I ya que se trata de anécdota?, dejemos referir al espiritual i cñú estrava- 
gante cx-ministro otra no menos curiosa que las anteriores, pero de distinto 
jénero, que él cuenta en su propia carta. Después de hacer presente algonai 
exijencias que el ilustre sabio Gay elevaba al gobierno para principiar su viaje 
dentífico, en cuyo propKjsito Portales habia sido parte principal, hé aquí eomo 
describe el injénuo entusiasmo de aquel célebre naturalista por sus estudios— 
••En el tiempo que está aquí, dice a Garfias, ha gastado mas de 160 pesos en 
pegar a peso cada objeto nuevo que le han presentado. Con esto ha puesto en 
alarma a todos los muchachos, que trasnochan buscando pescaditos, conchas, 
pájaros, cucarachos, mariposas i demonios, i ealen a espedicionar hasta San An- 
tonio por el Sur, i hasta Quinteros por el Norte. El duefio de la posada donde 
reside ya está loco, porque todo el día hai en ella un cardumen de muchachos 
i hombres que andan en busca de Mr. Gay. Siempre que sale a la calle, los 
muchachos le andan gritando, mostrándole alguna cosa: Señoff esto es nuévo, 
nwnea visto, Vd. no lo conoce, i anda mas contento con algunas adquÍ£ácÍonee 
que ha hecho, que lo que Vd. podria estar con 100,000 pesos i platónicamente 
í^aerído de todas las sefioritas de Santiago.** 



— 109 — 

qoe al fin habrian probado los ingleses que faltando ese eqoi* 
librío en que se mantieno el poder de los nobles i el del poe* 
blo, debe caer el edificio. Wellington quiso desequilibrar ese 
poder por el estremo opuesto, i se le declaró una oposición 
que le obligó a entregar los sellos, i que asi, en materia d3 
aristocracia, liberalismo, protección a los hijos de San Pedro, 
del Seráfico, del Doctor, del Inquisidor, azote de los Albijen- 
se en el siglo XIII, etc., etc. (1), in medio consista virtus. Que 
para mí una de las muchn^^ i mejores cualidades que tiene para 
el puesto que va a ocupar, es el que ni andará abrazando a la 
jente de corona, ni raaldiciondo de ella: que no buscará -las 
ocasiones de perseguir a n:\die, pero qug do dejará pasar la 
qoe se le venga a las manos para correjir al díscolo i ejem- 
plarizar a los malos con el castigo; i en fin, que nunca capi- 
talará con los enemigos del orden, de la verdad, de la honra- 
dez i de la decencia, i que jamas tend rao poder alguno en su 
ánimo las^onsideraciones perj udicialcs que retraen a muchos 
funcionarios del cumplimiento de sus deberes. Basta de hacer 
el papel de don Quijote, pues don Joaquin no necesita con- 
sejos i menos los triviales. • 

EIs digna de notarse también una (arta de Portales dirijida 
al ministro Tocornal, en que, por medio de la interpósita per- 
sona de Garfias, le hace juiciosísimas reflexiones, que revelan 
un escelente tacto político, i cuyo úiiico defecto consistía en 
que él, cuando trataba de ponerlas en práctica, las olvidaba 
completamente las mas veces. A propósito, en efecto, de una 
solicitud que él patrocinaba, a fin do que pudiera casarse en 
Yalparaiso una católica con un protestante, hó aquí lo que Por- 
tales escribia el 25 de agosto de 18S2: t Véame Vd., pues, a 
Tocornal: hágale estas reflexiones, i dígale de mi parte que la 
ttUa romana habría venido al suelo hace medio siglo, si los 
papas no hubiesen conocido la necesidad de marchar con tino 
i con prudencia, desde que les apíJstoles de la impiedad, 



(1) Oarto de Portales a (Garfias. Yalparkldo, abril 17 de 1882. Fijete la aten 
ckn en qoe esta carta tiene la fecha del m|ismo dia «d que renunció el minittro 
£rráxnriz i nú mes antes qne Tocornal entrara en oficio. 



— no — 

rasgando ciertos velor, manifestaron al mundo los abuAoa del 
poder papal: dígale que le haga présenle esto mismo al obispo 
i que le baga ver que es preciso marchar según los tíempos. 
Si en el presente siglo quisiese un papa que un rei le tuviese 
la brida para montar a caballo, como sucedió en otros tiem- 
pos,, si quisiese penitenciarlo con las varas i ceniza que sufrió 
otro rei en el siglo II, veria su santidad llover un aguacero de 
palos sobre su tiara. Pió VII autorizó el repudio de Josefina, 
i el casamiento de Napoleón con la hija del emperador de 
Alemania, viviendo aquella... 

» Asi exije siempre la prudencia ceder parte para no per- 
derlo todo. Díggle q^e no me eren, licreje por esto, pues aun- 
que los papas, queriendo tener 1 a soga tan tirante como en 
otros tiempos, hubiesen venido abajo en Koma, se habrían 
venido a establecer en Valdivia, por ejemplo, i asi quedaría 
siempre cumplido aquello de et porl/fi ¿nferi non prcvalelitnl 
adversus eam. Sobre todo, insista Vd. en esa desigUikldad con 
que se da a uno lo que se niego, a otro en eircunstancias seme- 
jantes. Haga Yd. present«3 a nuestro don Joaquin quelaniSa 
está dispuesta a protestan, i que acaso solamente porque yo 
rae he opuesto, no está ;yu casada a*^bordo de un buque de 
guerra, como lo hizo el boticario Ley ton, que vive mui felia, 
en quieta i pacífica posesión de su inujercita, sin que nadie le 
baya dicho una palabra. Sujplíquele, a mi nombre, que con- 
venza a su'Ilustrísima de que será mayor honra i gloria de 
Dios que se case un protastriute con una católi ca con la espe- 
nipza de que aquella lo cc>uvierta a nuestra adorable relijion, 
que el perder una católica, que después de protestar, tendrá 
que huir hasta de las prácvi»3as relijiosas, con dafío de la prole, 
para inhibirse de la potestad ecleÁástica. No puede ser grato' 
a Dios, que después de haber escojido una octava parte de loa 
pobladores de la tierra para comunicarnos la verdadera lúa 
que ha querido negar a las otras siete octavas, sus vicarios ha- 
gan por donde cierre lc»d ojiDs también esta pequeña porción 
elejida. Una de las cual'idadeB que distinguen a don Joaquin 
ed la prudencia i el tino para í^aber aflojar oportunamente, para 
evitar los graves malos que suelen venir de una inconsiderada 



tirantes. Ojalá pudiera oomunicar osta virtud a 9u Ita9lúr(8imii 
tan neeeaaria en estofl calamitosoB tiempos, en que li Áa^ifilp 
reocia sobre el punto mas interesante al hombre, la relijioDi.^i 
tiene por uno de los prinoipaic¿ adornos de la buena educa- ^ 
cion! » .' :J 



XX. 

« 

Por lo demás, el imperio político del ex*dictador w^ sin. 
flneno, i gobernaba el pais oon mas eficacia desde su quinta del 
Barón qne desde las Cajas de Santiago. Hemos viato cómo el 
mismo ministro a quien dictaba sus consejos, colocándose a tau: 
ta altara moral, le consultaba providencias, al parecer tan fleouib>. 
darías, como el envió desús pasaportes al jeneral O^Higgins, 
siendo ésta una medida acordada con stis colegas i sujerida 
por el mismo presidente de la República, que tenia el mas 
ardi-'nto interés en Uevarla a cabo (1). 

El ministro de Hacienda, a su vez, que tenia por su propio 
puesto una individualidad política mas marcada e indepen- 
diente, le pedia su consejo aun sobre aquellas medidas de pu-, 
ro detalle que so acordaban por el gabinete. Se trataba, por 
ejemplo, de dar un reemplazante al gobernador de Valparaiao 
Cavareua, i Renjifo, desdo Santiago, preguntaba a Portales si 
serian a propósito los jenerales Aldunate o Benavente parí^. 



(1) £1 miemo oiini&tro Tocornal reconocía modestameDte la necesidad «n qiM 
te baUaba del constauto i poderoso nusilio de Porteles. Ué aquí, en «¿soto» \(^, 
que le escribía el 12 de jalio de 1882, doa me^es después de estar deBempeOapd^ 
el ministerio: *'Mi aniigo: Cuando me resolví a aceptur el ministerio a que .o<^ 
me consideraba con vocación, porque conozco que luis aptitudes son iiwufici^B- 
Xm para llenar sus funciones, creí verdaderamente que mis amigos, para qiüifr 
oes hacia aquel sacrificio, fuesen los primeros en ausiliarme, ayudáod^iDA D^ 
ras coiifte)oe i advertencias, i entre ello» <>Gnpaba usted el prímer lugtr. Peiv^ 
los retultados no han correspondido a mis «rsperamtas, pues que han conrl- 
do dos meses ain que por su parte se me haya indioado lo niaa leve. SI 44i(#4 I9II 
eontesta que si he necesitado saber algo de usted por qué nu le he preg iio| »4^ » 
yo deede ahora le responderé que poco o nada se ha heoho; i que lo qn^ t^)ÍM^ 
et qoe se me ilustre de lo que debe o convenga hacerse." 



^ 112 — 

suoederle (1). A ambos, empero, repudió aquel: al primero, por* 
que era hombre de un carácter elevado e independiente, que 
había cobrado ofensa de la desaprobación de los tratados de 
Cuzcuz (2); i al segundo, porque era hermano de un antiguo 
caraarada con quien habla roto. Ni uno ni otro fué colocado, 



(1) Hé aquí el párrafo de carta en que Recjifo, con fecha 22 da febrero de 
1882, le hablaba de este asunto: "£l objeto principal de eeta carta es pregun- 
tarle ¿qué particular motivo tiene Cavareda para hacer renuncia del destino 
qne ejerce en términos tan ejecutivos que alejarían toda sospecha de afectadon, 
aun cuando por su carácter pundonoros3 i eincero, yo no lo considerase inoapas 
de usar de un artificioso desprendimiento? Suponiendo que la falta de salnd 
alegada sea la razón única de su renuncia, volveré a preguntar, ¿quién a su 
juicio deberá subrogarle? i si usted por ú no resuelve esta pregunta i desea una 
inieiatiYa ¿cuál eerá mas a propósito para gobernador de Valparaíso, el jeneral 
Benavente o el de igual clase Aldunate? Después que usted me haya contesta- 
do sobre estos particulares, le espresaré francamente mi opinión en el caso qne 
no me conforme con su dictamen." 

(2) La historia se ha hecho ya cargo de la conducta de este hombre benemé- 
rito, desde que Portales desaprobó los tratados de Cuzcuz, (Memoria histórica 
de don Foderico Errázuriz, páj. 245) pero aun antes de que se le irrogara aque- 
lla ofensa i con la fecha misma que el ministro redactaba la nota en que 
desautorizaba los tratados (24 de mayo de 1882), le hablaba aquel un lenguaje 
qne rara vez se encuentra entre los documentos que nos han quedado de la 
correspondencia de Portales Contestando a éste ciertas reconvenciones que le 
habia dirijido por haber castigado a dos oficiales llamados Celada i Quiros que 
hablan cometido desmanes en la Oiarcha de la división que fué a Blapel, le 
dice, después de hacerle presente las razones qne tuvo para castigarlos; *'£sto 
no lo sabe usted o ú lo sabe, se desentenderá. Sepa usted, pues, que yo soi el 
menos preocupado por el espíritu de partido." 

Noá es grato también comprobar aquí la noble comunicación que Aldunate 
envió en aquella época al jeneral Blanco, con los ñguientes párrafos de carta 
que estractamos de una correspondencia autógrafa de aquel jefe con un rico 
propietario del valle de lUapel que tenemos a la nsta. "Respecto de mí nada 
hai decidido, decia desde la Sereu i el 1.* de julio de 1880: el gobierno no ha 
contestado a mis repetidas solicitudes, tanto para dejar aquí el mando de las 
armas, como para que se me forme una causa, de suerte que no sé si tendré que 
marchar pronto a hi capital; sin embargo, mi resolución está hecha para no 
tomar mas destino i traer mi &milia a ésta, donde pienso vivir retirado." 

Y luego, el 29 de setiembre, anadia: "Mi familia debe venir pronto. Yo me 
he decidido a meterme al campo con ella, para lo que he arrendado por ahora 
cuatro potreros, una vifia i casas de la hacienda de Monte Patria. Esto no es un 
gran negocio, porque el arriendo es muí caro, pero yo he querido cuanto antea 
salir de aquí." 



— 113 — 

en coDsecuencLi, i en la astraonlinaria escasez de hombrea de 
aquel partido, que habia proscrito todas las eminencias de la 
Bepáblica en sus viejos campeones, i tod¿is las intclijencias en 
la briosa juventuil de 1828, el mismo Portales tu,vo que pres- 
tarse al sacriñcio i admitir a pesar suyo el puesto que Cava- 
Teda dejaba vacante. 



XXI. 

Murió a poco de haber sucedido el lance que dejamos refe* 
rido, el intendente do Santiago, don Pedro Ñolasco üriondo, 
▼íotima, según creemos, de la epidemia reinante, i como el 
gobierno nombrara para reemplazarle al comandante ürriola, 
que desempeñaba el ministerio de la guerra como oficial ma* 
yor, fué en el acto a Valparaiso la inquisición sobre la persona 
qne debia sustituir al último, c Mis cartas, lo decia Renjifo el 
28 de marzo de 1832, siempre contienen consulUis, i la resolu- 
ción de la que ahora voi a hacerle corresponde inmediata- 
mente a Vd. Urriola, por la muerte del intendente, ha reu- 
nido dos empleos que son incompatibles: uno que ejercia por 
nombramiento del gobierno i otro a que la leí lo llami^ En 
mi concepto, debe ilejar el primero; i siendo asi, ¿quián se 
elejirá para subrogarle? ¿Será a propósito Luna, Arguelles, 
Ovejero, o tiene Vd. alguno reservado para ocupar este desti- 
no, que no quisiera ver desempeñado por ninguno de los que 
propongo?» (1) 



(1) Del>e advertirse, 6in embargo, en abono de la dignidad del ministro Ren- 
Jifo, qae no estando aun admitida la renuncia que habla hecho Portales del 
BÚBistcrio de la Guerra, incumbía a él, en cierta manera, la provisión de aquel 
d«itino, como aparece del mismo tenor de la carta. 

Parece, ademas, que por este mismo tiempo ocurrió algún choque de opinio- 
entre Portales i Renjifo, quo estaba todavía lejos do anunciar la ruptura de 
i otro. "Dispuesto a sufrir cualquier agravio, decia el último a su colega 
(ftladíendo a ciertas comunicaciones de éste, i con fecha de abril 17 de 1882), a 
lo menoa temporalmente, si después de mis protestas sobro el verdadero espiri- 
ta de las comunicaciones anteriores rehusaba Yd. darme crédito, estaba resuel- 
to • escribir por respuesta que le liablaria sobre el asunto cuando pudiese ha- 

D. miOO FOVT. 8 



- M» - 



XXII. 

Par el mismo fallecimiento del coronel Uriondo, quedaba 
vacante la comandancia del batallón cívico núm, I d0 la cjipi' 
tal, que aquel desempeñaba, i no tardó la mano comediila de 
los ministros en ir a golpear la puerta del que era ministro de 
la Guerra, solo en el nombre, i hacia cerca de un año no asis- 
tia a su despacho, reiterando cada dia sus renuncias. « Se me 
ha suplicado por los ministros Tocornal i Ilenjifo, le^^SQtíbe 
Grwrfifts el 16 <le junio de 1832, que pida a Vd., a nombra 4e 
ellos, i privaílamente, su opinión sobre quién debe ser uom* 
brado comandante del núm. 1, pues ya u.je hacer el nombra- 
miento, porque el cuerpo camina a su conclusión. Dicen que 
si no quiere apuntar la persona, -les apruebe o no la ideía de 
poner interinamente al mando del cuerpo a Urriala, para dwr- 
se tiempo i buscaí un buen comandante en propiedad, i tana*, 
biem porque Urriola está dispuesto a hacer la limpia He oñeia- 
les que tanto se necesita: quieren que si Vd. desaprueba «eatQ, 
les dé algún otro arbitrio. Pongo en su noticia que hablanjlo 
con el capitán Díaz sobre este asunto, i temiendo él que <^aiga 
el nombramiento en Cantos, me dijo que debia nombrar da 
comandante del 1 a Juan de Dios Correa, que dice, Vd. lo 
qaiere para comandante del 5.» (1). 

cerlo con un ánimo sereno i despreocupado, porque no admito ni Adoútiró 
jamas In idea de que entrambos pueda haber un disgusto serio i duradero que 
nos atraería el mas justo i desmerecido descrédito. £u fin, este cegocio queda 
deade ahora venütido al olvido i paao h tratar de lo que mas ínteres». 

Eb tanta estima tenia Portales la permanencia de Kenjifo en el miiiwteflrio 
d» Hacienda en aquella época, que solo una semana después de haberse .sépaos 
do aquel de Santiago, habieodo hablado el flftimo de renuutciar «u «artera»* dloe 
i\ anepnfidente Grarfías (U de noviembre áa 1881), después de un-buisn alifie Ae 
iaíker^oeionoB oastellanas: "Cómo se atreve el ministro a proferir >nidei>i»- 
lOB «o salida d«l ministerio? Qué .... será Prieto, si no le pone una bnena eadem 
i lo amarra contra la mesA del enartito en que despacha!" 

(¿1) P'ero yji Portales se Iiabia anticipado i casi sobre el locho de muerte «de 
Umondo, a pensar sobre el sucesor de éste en laeoniandancia de su bataUon*-*- 
"▲vecígüeme, leomo que no quiere la com, escribia a :au eopfeApon^l iJe i^n- 



-ai5 — 



Ifo OMleatof U)davia>oofi le^ta^ aepretas maestras de deferen- 
cia, los colegas del omnipotente Portales se empeñaron en tri* 
botarle honores públicos que colmaran su gloría. Querían dar 
el nombre de C&iar al que aparentaba estar satisfecho con la 
jKeiedad de Cinqinato. 

J)o ^oé natoralesa eran aquellos honores? La historia lo 
igDont, porque el secReto acaso no salió del gabinete de los 
ministro?. Porpes los estorbó en gran manera con un ceño do 
desden, pero según ól mismo decía con cierta snrcástica indig- 
«AcioD, parecía que se habia tratado de elevarlo a jeneral de 
la Sepublíca, pnee, hasta entODcef>, era un simple teniente 
QOTOnel de ejército i jefe de batallón en la guardia nacional (1). 

Úmgo el SS de nuurzo de 1S32, a quién m pieiua nombrar comandante del nóni. 
1 -de gnaidÍM cÍTÍcaSb i an quién se ponen para intendente, pu^ Urriola debe 
Mfpir en el imnisterío de la Guerra." 

(1) Poftaleí^ en eela -rex. «e manifestó digno de lle?ar el nombre de un iloc- 
ira eindadana Hé aquí algunoe estrados de sus comunicacione* confídendale», 
€B qiwlaee aImíod a los honorev qae iban a tribntár»ele: — *' Valpaiaito. agotto 
ja lil»8tt« «— Muármñ^M iQoedo iropaea'o de la propuesta del gobit-rnoal Sena- 
éfK &|a €DiU}>nHiieter a Vd, podría -d«i>ir qne estaba instnii>lo de ella, porque 
iai<^eQftpdo Momnaie farticipó e^ta i^eolocioa del i- obiemo hará seis o eiete 
diai; pero desprecié la noticia, creyendo qoe fueee an rumor nacido de la manía 
*.gl|aWi CAiaLp^U de no servirlo sino p t ínteres. Podría, pne», ñn tomarlo a Vd. 
élfk bú«a, luMtr di^je»cta• para entorpecer cualquiera resolución de las Cámaras; 
JIVB Im padltada qna de esto resaltaba el qne se dijese que la propuesta del 
>m lialfá bcdio con nú acuerdo, i qne las Cámaras la d^-sa probaban. 
\^ pmmt el wwnltado, i haré a raí pab el servicio de dar un ejemplo pro- 
l de %i9Lwdm !ai«ieaeia eontra el egoísmo qne reina en él Entre tanto, 
JIP jiMdn mrnos qae decir a Vd. confideneialmeiite. r^ne ii-rapre mr-ntendré en 
■I aaffawi, mn danu por entendido, una ja«ta qceja contra lo^ ^itAfír^^ Tocor- 
■al, Renjifo i Garri-lo, que de en haber intervcni In <n el :.siLiita 

pre^VB'arlea s coa tal pa«o ereyeroa d-sag'adarme o compla- 

^ !• ^ffíoiflro, Adiaroo tm ello a los deberes de la aniíMad; 1 «i lo segim- 

débtfto.a^mJsaiiauíBift ds hipócite, a tbijarme con ona arriUeíonian 




" Se ba eip'ieado Td, Mfedr dan AoUmuo, «tedia 4of dia^ d-s^pnes. en las 
I ||n« m» hnae para jwláfiaar #1 pi iw ^ dhulfi A de cierta* ty^aoosf qa^ 



— 116 — 

Debido, sin duda, a su rechazo fué que aquellas manifesta- 
ciones del poder quedasen solo reducidas a un voto do gra- 
cias decretado por el Congrego, a consecuencia de la acepta- 
ción que por aquellos dias se hizo de la reiterada renuncia 
del ministerio de la Guerra que habia elevado Portales, i cayo 
tenor hemos ya publicado. (1) 



han influido en ]a petición de recompensas a mis servicios; pero el poder de sm 
argumentos aun no me ha rendido. En un debate verbal tendría Yd. acaso que 
dejarme el campo. Sea como fuese, yo estoi inquieto i esperando impaciente U 
resolución de las Cámaras para desvanecer la sospecha que han de haber for- 
mado muchos i que me atormenta atrozmecte, de que la tal petición se ha di- 
rijido con mi acuerdo. Tal idea me enferma. Acaso ppdrá Vd acusarme por ello 
de demasiado amor propio; pero yo tendré que confesarle que no puedo vencer- 
me: el celo por la propia dignidad no es mas que un amor propio» pero que 
jamas he visto reprobado en el mundo. £1 mismo silencio que Vd. observa en 
sus cartas sobre el tenor de la petición a las Cámaras, me hace sospechar que 
ella s< a mas deshonrosa de lo que espero. Cuál es esa idea tan peregrina del 
ministro del Interior que pueda hacer a))arecer blanco lo que es negro en la 
realidad? Dejemo? este odioso asunto i veámosle venir." 

(1) Hé aquí el testo de los documentos referentes al voto de gracias acorda- 
do por el Congreso y U contestación de Portales. Dicen asi tal cual se publicaron 
en el Araucano núra. 107 i Boletín de las L«»yes lib. 5* N.« 13 

SanHago, setiembre 24 de 1882. 

Con fecha 17 del pafado, S. E. el presidente de la República poso en ootiela 
del Congreso Nacional haber admitido la renuncia que Vd hizo de los minis- 
terios de Guerra i Marina que estaban a su cargo; i en 20 del que rlje ha reci- 
bido en coLtestacion el siguiente decreto: 

"El Congreso Nacional, teniendo en consideraoton que don Diego Pártales* 
entró a servir a los ministerios del despacho del Interior y de la Guerra en la 
época mas angustiada de la patria, cuando destruido el imperio do las leyes I 
encendida la guerra civil, U anarquía i el desorden amenazaban la ruina poli- 
tica de la nación, on cuyas lamentables circunstancias, desplegando un celo, 
vigor i patriotismo estraordinarios, consiguió con la fabiduria de los consejos I 
el acierto de las medidas que prop nia en el gabinete, restablecer gloriosamen- 
te \a tranquilidad pública, el orden i el respeto a las instituciones nacionales, 
decreta: 

"Que el Presidente de la República dé las gradas a don Diego Portales a 
nombre del pueblo chileno, i le presente este decreto como un testimonio de la 
gratitud! nacional debido al celo, rectitud i acierto con que desempeftó aque- 
llos ministerios, i a los jenei-osoi esfuerz^que ha consagrado al restablecimien- 
to del orden i tranquilidad de que hol disfruta la patria." 

Cumpliendo ton grato dfber, me ha ordenado a E trascribirlo a Vd. i reoo- 



- 117 — 



XXIV. 



Tal íaé la situación personal del vice-presidente Portales 
dorante el primer aQo de su ausencia de la capital i de su 
aparente alejamiento de los negocios públicos, a los que evi- 
dentemente no tenia amor, pero a cuyo ardiente contacto le 
arrastraba la fuerza irresistible de su espíritu creador i domi- 
nante. Puede decirse, en consecuencia de lo que hemos. visto, 
que ai los años de 1830 i 81 habiun sido para él la dictadura, 
el de 1882 fué todavía, si dable fuera, mas conspicuo en su 
oarrera de absoluto dominador: fué el de la omniprtencia. 

En vano es hacerse ilusión, en verdad, con el desprendi- 
miento personal de aquel hombre estraQo que fué casi siem- 
pre sublime cuando se dejaba conducir por In intuición sola 
de su rica i maguánima naturaleza, porque su espíritu altane- 

meodado que a su nombre i al de la uacioii que preside, le inanifíeste la eterna 
grmtítad a que le hacen acreedor sus importantes sacrificios eo favor del or- 
den, a loi cnales debe la patria la exist3ncia feliz de que lioi goza. — Dios guar- 
de a Vd^Hai una rúbrica de S. "E,-^ Joaquín Tocoruaí. 
Al Mftor doo Diego Portales. 

( C0IÍTI8TACI0N. ) 

I 

a Santiago, seiiemhre 26 de 1 832. 

ofteio que Y . S. se ha servido dirijirme con fecha 24 del que rije, i el 
del Coogreao inserto en él, manifestáuduine la aceptación que han me- 
tmISo mía aervidoa, son una recompensa que oscede en mucho al yalor de 
alloa Obligado a entrar en la y ida pública contra mis deseos e inclinaciooes, 1 
Bitntiaa no me faé penuitido dejarla, creo no haber liecho mas que cumplir 
laptillMtamente, aunque del mejor modo que pudieron mis débiles fucilas, 
eon laa obligaciones que todo ciudadano debe a su patria. Permítame Y. S., 
pam, qne penetrado del ra^s profundo reconocimiento por esta demostración, le 
AMiifieite nd sorpresa por una honra tan inesperada, i que ^ ruegue sea el 
^SriTiBo por donde esprese mi gratitud a oste jeneroso testimonio de la indul- 
jcDcia de Si E el Presidente i del Congreso, no menos que de mi confusión por 
no habir acertado a merecerla 
Dios guarde a Y. £. machos afios.— i>icyo Portales 
Scftor Mlttistro de Estado en el departamento del Interior. 



— «« — 

« 

ro, esclusi vista, despótico, en ñn, avasallaba en su pecho aque- 
llas jenerosas emociones que le aconsejaban la clemencia con 
las frajilidades ajenas i el respétíb por la dignidad de sus con- 
ciudadanos i aun de sus propios colegas i mas caros amigos. 

Pero su omnipotencia no era, por esto, un despotismo 
nifitrcTo i misíerable, cebado soló^ eil persecudlories f en el lt5¿rq 
de los destinos. Mui lejos de eso. At^úel absd'utismo éfttááttt 
era impulsado por altas miras, ajenas asa peiisotialidad, i étrlM^ 
<í[ue, por un fatal error de su índole violenta, el dictador étiéftt 
encontrar el bien de la patria i el sostenimienta dé urtá é'atñlá^ 
que contemplaba justa. El despotismo de Pórtales fiíá iiimcjtíáb' 
i cual no hubo otro igual entre nosotros, pero Sfr diferénófá 
esencialmente de todas las miserables tiranías que nod' batir si- 
do impuestas, en que no tenia por base el egoísmo, stnó¿ át 
contrario, la abnegación sin límites de su personalidad, de dus 
intereses, de sus afecciones, de su gloria misma, Se tddb; en 
fin, escept) de un poder incesante, activo, violento a Véóes^, 
concentrado otras, i cuyas tirantes riendas no sólfó ano 
cuando la muerte heló sus manos. 

El queria marchar siempre adelante, Bégtkñ m mattíifá á& 
concebir el progreso i la gloria dé su patriia, i entonces emptí^ 
jaba el carro del Estado por la senda que él habia traz^icio; i 
puesto a la empresa, no le importaba loíS ob.^t¿eulo9 (^ue ibik a 
encontrar ni las huellas que dejaba tras sus pasos. A los obre- 
ros que se fatigaban o se apartaban de la ruta, los abandona* 
ba con desden o con ira, porque era su máxima favonta que, 
«mas valia anda^ sólo que mal acompañado.» A ló5 adytfr^ák-. 
rios que, al contmrio, le obstruían el paso, los derribaoa eoa 
la misma implacable enerjia con que trataba a sus amigoa 

Fué por es»to, volvemos a deci^lftvun gran tirano i ñ& att» 
déspota menguado. Durante los aflos que, cual atleta antiguó: 
se mantuvo sobre la arena, luchando con las facciones qu^él 
mismoy por un incauto orgullo, oreaba a su derredor^ todo k> 
despotizó, todo lo puso bajo su planta. Pero lo q«o hat de 
grande i de admirable en su vasto poderío, ds «¡ue él miflmc^ 
se sometia a la leí común, i siendo el tirano de^ todos, eraí^atw 
el tirano de sí raÍ8nr)Oi Nadie tampoco W aventaja en: los bríos 



iMtT»b«Jo(l) I nadie creó an ei campo ile la patria mas ooaas 
« la Taz i con tan estcfLordinurio teaoa i eít|ifritii de rtetalle en 
Ift tJMWcion fie «tis plnnes, porque él onidalw desfle el pabilo 
qve daba luz a las calles liasla la lei Biiprema quereji» loa 
defllino9 de la Rcpiíblica. Renunció todos sus honores i sus 
empleos como «n dorndo rastidio que le eatorbnba su ftoaiotí 
preciM, ardoposd i sobre todo nniporsoTial e independient». 
No ambicionaba, en fin, el poder, porque ¿ate está sujeto a las 
reglas i a laa trabtts de In lei, pero quería la omnipotetKrá 
para mandar a todos, al poder mismo, a la lei i & sí propio. 

Por esto le vemoa asilarse en un oscuro escritorio de comer- 
cio, lejos de !a capital, i en un albergue sombrío, cavado 
como no sepulcro al pié de la misma montaña en que deí!)ia 
espirar mas tarde, como en el Calvarío de su espiacion. Todo 
(o habia eecrificado en aquella resolución auprema de aisla- 
miento i ennoentracion, que engasándole a iJl mi amo, iba á 
hacerle creer qne era libre porque no subía ya cada maüana 



I 




(I) 5»rprtiida i ■ U vex aJiiiira b euoeUaei'k en el Ir.iliojii de que cm cupos 
Porbüra i U varie^d de abjetai n que «p]ieab> au innnta, creado». Lo iiodift- 
oeinlt áe U> le;», alvjelo que U pt ocupú lia*t> ín msarte coma rnin d« laa 
0M*Úd*Iei mas prinkuriStilu do U K«púMÍQft; el •'MalilecimicDtn.de mu Aim< 
(Imü* nAutica SD Vnlpiraiso 1x^(1 el niüraa pniici¡iia que Inkliia urgutíiada « 
U AcHdemia militar; el atrr^lo de h murió» da RUfira áa la rapliUt- 
an oqaplla ópooa oon^ba de un ao'o borg»i>tin: ta prot*ualoBi>.lB 
meruHlt! con esclusioo ée los liuqiie* cstraujerM d«t cabotaje; Is mom- 
del ejército por la elini'iuioioli de li'ioa loa maloa rlemsato! áa qnn «d 
relamo- inlernndonaUs «n qu« 60 veía ooi;.|>roiaBtidii la dijnt 
dad 4rl paí^ lode la prcncupnba ■ la na. 

Puedo v«rH la iiianfra cono Porlnli'a tra»iUi toJua ettos Lcmu eii lo* tat 
bagnoaloide su ucrrapundeiina que puhliramM en el apéndlev bajo el nú- 
■fr* i, por no rfíiarjiír da DuUf el tntn ia lii obm, puro qiia son <]« eKraordt. 
MAita biteree pnrn oompreiidef n A';tiel Itonilira omtofDta, No deb« iwhnna M 
oliüu que en esa é )00B (del 5 de an-ro si 'li de dhto da 188.') qo« MD la* íl' 
■áia* McroBaa d« caos doenmeitM». Pciriiles <ra an Mmpla portleular oeufNMlo 
Mtivameine en iu« prop o» Bfgocioa od VilpaMÍáo. 

Pr««cap¿liate laiabi«i aquel, an e°a época, de la orsaítan do almaeeiMa 4* M- 
Valparnisu, da la eoitrenion de rMa p!nm an pronincja. 1 por AWm*, 
de la guanUa nae.oaal da ai^ pueblo. Pero de e^tCH «tamttW 
ocupáronla) mae adeiant.', cuando baganoi menaion del gMimu d« PWU- 



— 120 — 

las escalas de su despacho, pero donde seria mas tirante que 
jamás en su innata aspiración al dominio de todo aquellp 
qucí por lo mismo que estaba lejos de su mano, debia ser sú 
anhelo el vijilar mas atentamente i empuñar con mas insacia- 
ble vehemencia. (1) Nunca pues fué Portales mas despótico que 
cuando estaba lejos del poder, nunca tampoco mas creador, 
mas consagrado al bien público i a la vez, mas violento e 
irascible. Con toda la suma del poder en su mano, era todavia 
un ejecutor de ese poder. Pero simple ciudadano, i allá en las 
soledades en que iba a sepultar su orgullo, como el águila que 
se remonta a los espacios vacíos para mejor dominarlos con 
su vista, el era entonces superior al poder mismo i gobernaba 
con solo el eco de su palabra a los encargados de distribuir 
aquel. 

En una palabra, durante los siete años que Portales gober- 
nó la república i que están casi igualmente divididos en las 

(1) Son tan bellas I.ib palabras de Portalefi al hablar de bo resolución de 
establecerse permanentemente en Val{taraiso, que no podemos menos de tra»> 
críbirlas aquL "Hace bastantes días, escribe a su confidente Garfias, el 4 de 
marzo de 1882, hice mi firme resolución de fijarme co.iio una estaca en Yalpa- 
TfÜBo, Al efecto, arrendé a Cea U quinta en que vivo Entre paréntesis, debe 
usted suponer o inferir cuanto me habrá costado hacer esta resolución: todo 
cuanto hal de caro i agradable en Santiago so me ponía por delante: mis ami- 
gos, amigas. Alameda de la cafiada, la facilidad de teucr buenos caballo», en 
fin, todo, todo se me representaba con los mas vivos colores al lado del cuadro 
triste que presenta Valparaíso, en que se carece de todo, especialmente de 
los objetos que pudieran satisfacer mi única pasión vehemente, (*) que }ai 
de mí! desaparecerá a la vuelta de muí poco tiempo. ¿I este poco tiempo que 
pudiera aprovecharse en Santiago lo he de perder en Valparaíso? Hé aquí la 
reflexión que me detenia mas para decidirme; pero triunfó al fin la razón que 
me aconseja U separación de^otiago, cuyo sacrificio es el fruto que por pred- 
sion tengo que recojer de mis mediocres servicios al país. La desgracia ha 
venido a colocarme en esta dura posición: yo podría ganar mi vida en Santiago 
podría gozar los placeres con que brinda una población grande, i en que se 
encuenti-an todas mis relaciones; pero no podría gozarlos con tranquilidad, por- 
que estaría en continua guerra ¡jara no tomar parte en las cosas públicas; I al 
fin, quien ^be n insensiblemente me metía, para sacar desazones e Incomodi- 
dades sin fruto, lo que ae evita estando aquí, porque con contestar a cada 
llamado un no quiero ir, salgo del paso: este desahogo es solo para usted i se 
cerró el paréntesis/' 

(•) iEl amor? 



— 121 — 

doB épocas en que fué ministro i simple ciudadano, asumió 
una perpetua dictadura, con la sola diferencia que en su primer 
caxáoter, su imperio estaba solo fundado sobre el pais desde 
su puesto en el gobierno, i en el segundo, era el pais i el go- 
bierno mismo los que estaban bajo su poderosa planta. tPor- 
tales, decía en aquella ¿poca (a fines de 1832) un hombre 
bardo pero que tenia el buen sentido del pueblo i la enerjia 
de la oonviocion, a un millón de habitantes que hai en toda 
la república los tiene metidos dentro de su zapata» (1) 



(1) Don Ramón Bíariano de átíb, a quien hemos citado ya. Esto eacribia este 
enrío» penonaje» cuya franqueza no tiene mat defecto que su brusquedad, a su 
^«lido patrón don Bernardo CHiggins el 9 de diciembre de 1882; i pocos 
éukM mas tarde, el 24 del mismo mes, anadia esta pintura no menos singulnr de 
b omnipotenda de Portales i de su *'tertulia:" "£s lo mas escandaloao ver el 
«laorio dal jfodo Garrida Para salir al pas«o, lo lian de ir a aaear a su oaai dies 
• dpea wtimngueroé Por las calles lo lleran dándole el enloaido; i como todos 
dlotadlo qideren ganar las induljencias en ir a su lado, van todos ellos por al 
< ap a df» drt. £n el paseo se le agregan ums i lo llevan en el medio. Cuando sale 
«I yt^dmkU, solo sale con su edecán: nadie lo acompaña. De los solicitantes, a 
\m mlt OJ9 dedn VLa don Joaquín Prieto para q$fe tne duu ut€ dntino» 
lo qna dioen tK. Via Oarrido; le eché tal empeño a Portalee, £n dicién- 
nao de értos que si, ya todo está hecho." 



• .*• 



.i: 



CAPÍTULO V. 



LA ccmnmtvcioH dd ISSS* i dost oicep P0RKÁli«k 



Dm Jteqtthf T«)a«viiftY et «Iférdtdiero ftin^ndor M partido p€)a<M>i} <M)irio po- 
'• - dtm -^ Gtfi4MÉ« reT«lAe{dii€» edbr^ el nombramiento del- obispo Vlettfiá t/n 
•' «posidon-ft Ciénñteg^ i Oonnan. —Don Mariano Egaft». -^Sehaee «1 
InflptradoT del peinécmfáno por odio a k Constitncion de 182S. *^ La CoM- 
''' ^ tfttieTon planetaria do don Jhan B^fla. — Ac(a del motín milUar de Chf- 
ll&d én t$Z9 en defensa de la Constitución de 28. ~ Impaciencia de £gaflá 
poif deformarla. — tVabaja aptes de 1882 bu proyecto de ConstÍtacit>n. '— 
¿Es a la Constitución de 1838 o al pais mismo a lo qué fe debe la sttuadon 
próspera de éste?— Juicio jeneral sobre la Constitución de 1333. — Habilidad 
desplegada por Egafia en la forma esterior de aquel código. — Análisis de la 
organización de I >s po letes soberanos. — Cuadro cronolójico de las sus- 
pensiones que ha sufrido la Constituciim ha^lci la fecha. — Su mérito en la 
parte administrativa — Solución de ertíj problema: ¿hai o no Constitu- 
ción en Chile? — Dificultades opuestas malici«>8amente a la reforma legal 
de la Constitución. — Don Diego Portales no quiere tomar parte en la 
discusión de ésta y aun rehusa laar el proyecto de Egafia. — Su opinión en 
jenera] sobre las Constituciones políticas. — Se opone Gandarillas al pro- 
yecto de Egafia y presenta un contra proyecto a la discusión. — Notable 
juicio del jeneral Cruz sobre la Constitu^tion de 1883. 



I. 

Hemos dicho en el capítulo anterior que don Joaquin To- 
cornal fué el verdadero i lejítimo fundador del partido pelu- 
con, que renació en las sierras del norte de Chile, cuando 



— t» - 

comenzaba a desaparecer el que habia nacido en los pergami- 
nos de la colonia. 

Su política propia va a ser, paes, eminentemente conserva- 
dora, i durante su ministerio, se va a consumar la mas violen- 
Mid5 laJET reaccionea que se ha im^piutesto jamas a «n* piáis jd^^en 
|M0o sensato, ardiente poro disciplinado, i mas que todoy tan 
apegado IBA orden de las cosas, i de las oostumbres aati^iifi% 
edmü le :na aborrecibles las trabas kipóeritas de la lei: ibsi^ 
pues, a operarse la sustitución de la constitución democrática 
ét 182& por la carta< monárquica de 183$. (1) 

(t) Fuera de la iniciativa i consamácioa de la reform-i de la Cüinstltacibñ, ño ' 
oeurríó en los primeros mcaes de la admíniátracion Tocornal oíngun Baceeo no* 
taole, á no ser lá elección del obispo de Santiago, cuya mitra estaba en feali- 
éká vacante desde la espitriacion del obispo Rodríguez Zorrilla en 1824. 

lito podía presentarse, por consiguiente, al miniátro del Iníerior ün tema mas 
grato en qoe ensayar bu política que aquella cuestión eclesiástica qde estará 
tap aéorJé con BUS gustos. Hacer un obispo tiene algo, sin duda, de aquel éd- 
eeEió pbd^r de los concilios i de lo^ cóñcláfes-de Roma, (•'upirior a lá prerogá- 
tíra misnade los Papas); i qn-'j mayor regocijo para iin político cristiano qué 
el designar ántef« que el soberano pontífice la frente qpe ba^ia déTlevár tá 
mitra? 

Los dos carí<Mys fragineato) ^cartss-que reproducimos a contimiociün, darán 
una ideada ^sta grava OBunto. li\ primero es la con:?ulta que dirijió el ministro 
a don Diego Portales, pidiéndo.e éu aprobación al candilato que él indicaba i 
él aegondo es la peculiar y característica respuesta de aquel. Helos aquí: 

(Tocomml a Portales. Santiago, rr/osto 20. de 1832.) 

. ^o podi4 Vd. creer qae luai opinión^ que debo presentarse para obiépo di» 
aaoti^^al padre Guzman/ que^ segmt me eepuso abofa diaiv, no pado ir ai Xitt 
a. aa harnia a dofiai Ana JeW' fa,. qu^.dirtai tre^cnauraa de Sta» üraneiilto^. pof 
«dá&tiga alí pecho o biilropeeia, qtie eftá (on^^o, en totiahieatetMátn ée la ^ 
lalfff, que táene a la feeha 76 ^ños, i que en cienolis eclesiáíAicas apenas 1m $|di> 
XBsdkwte. Ia aegunda opiaioo es por el ^e&or Cienfuet^s. con noAa 4e 7<laQ*«< % 
m ifáat VdL conoce mejor que yo, en oiiyo gobierna se d^ari^q oerrer imfjaae»- 
meóte lea erímene» eclesíáslieoa. i cuyas heridas no han pod^o aun f Uatrizaa« 
as; aélo tamUen en toda la ostensión de la paUUra. La terúera t.U uiaa jantea^ 
aa per ^ acMr Yieuña^ a la que meatraeo, i en U qtra creo astamoscoafotmeiv 
le míKha qae kemos UaMtdo sobre este mismo caso. Vd. saW mm bien qaé 
stor dé la mejor' bueba fá oamina de acuerdo oon nusotror, esta es, eo»Iai 
M órdéa; que ha eoooedldo al gobierno eiianto se le ba pedido; qyte .d« 
todo* loa oandidAtoa oa el que merecte mejor concepto; qae está muí querido da 
todM Iba claaes; que su ntcñml 1 desinterés son «jemplanes. 1,, a mi jiácio, «aria 
%mk w mm éhh alra4 ev tü gobáetnosepamMe del' voto púUito en esfo asji^to^qiM^ 



- 124 - 



II. 

Pero el ministro Tocornal no era solo en aqaella ardua em- 
presa. El sabia manejar un congreso, pero no por eso sabia 
lejislar. Portales no se ocupaba tampoco de leyes. Qaé le im- 
portaban a él los decretos sobre papel si era un dictador de 

atrasaria los progresos de nuestra marcha política. Por el pais i por sot amigoa 
debe Vd. cooperar con Renjifo, i si es posible, con el Presidente, qae a nd en- 
tender recibirán con agrado i buen suceso su recomendación de inclinarlos a 
este paso, sin descuidar hacerlo también con algunos diputados^ Si Yd. qcdere 
evitar esta molestia, bastará que Yd. me escriba indicándome con eneijia esta 
medida, dn hacerse cargo de mi insinuación. Como yo creo a Yd. conforme 
con mi opinión, me tomo la libertad de importunarlo en circunstancias que 
oonozco que todo negocio público debe atormentarlo. Aunque Yd. se ensor- 
berlysca, debo oonfesar que el sacrificio que exijo de Yd. ya a contribuir so- 
bremanera al logro de mis deseos, previniéndole que considero este asunto 
como uno del mayor interés para el pais. Garrido debe hoi preguntar a Yd< 
sobre el mismo negocio, y le estimaré que en la respuesta se desentienda de la 
actual recomendación." 

( Portalet a Tocornal, por inUrmediacion de Oarfiaa,) 

ValparaUot mffosto 21 dt 1882. 

"Algo sabia ya eu orden a candidatos |)ara el obispado vacante de Santiago. 
Dejemos que cada cual use del dereclio que tiene para mirar este asunto y 
los demás con los ojos que Dios le haya dado. Mirándolo yo con los que me 
di6 mi padre, no trepidaré en afirmar quct el Gobierno daria un paso impoli- 
tico i perjudicial proponiei^o a otro que Yicufia, y especialmente a cualquiera 
de los dos con que se le quiere hacer competir. Por lo que respecta a den- 
fuegos, su presentación equivale a la destrucción del orden ecledástieo. Este 
viejo mentecato dejó correr los vicios de los encargados de dar buen ejemplo 
en el tiempo que gobernó el obispado de Santiago: él tiene la mayor parte en 
la relajación de los curas que se desplegó en aquella época: ón carácter y ñn 
ese espíritu de justificación, tan necesario a los de su dase, le hemos visto 
protejiendo criminales, cambiando de opiniones, según se lo ha aconsejado su 
conveniencia, y nunca castigando los crímenes mas inauditos, que siempre trató 
de enterrar, porque era incapaz de tomar una providencia seria. Sn fin, él no 
piensa mas que en honores i distinciones, i a cambio de adquirirlos i conservar- 
los^ creo que no se verla embarazado para negar un artículo de fé. Yéalo Yd. 
siempre ocupado de si mismo i de sus conversaciones con el Papa y el Mi- 
nistro de Su Santidad, hablando siempre de las consideraciones que se le dis- 
pensaron en la Ck>rte Romana, i de su desprendimiento para d vestido morad*, 



— 125 — 

' hecho i todopoderoso? Renjifo, otra tle las tioLibilidades de 
aquella era eacnsísima do hombrea de valer en la política (co- 
mo lo confesaba el mismo Tocornal en una carta al goberna- 
dor Cavaredn en esta misma upoca), estaba oaclusivamento con- 



porque b« ansiada elempre í tra» dsl qiio ha hoalio QSc1iiíiivnm«nta doc viajei 
• RoQU, que do habrU hei^lio yo en »a ednd ni pfln obtener el Papndo. Véalo 
Td. votando en el Cong;rteo do 36 porque fueeo popular la eleecion Je Iot pá- 
iToec*, i todo con el objeto de congraciarse conloa Dlputadosde a.^uel tiempo 
pam qne coopernnen ■ «aclar <u ambición; yo ha debatido con M en un tiem- 
po, [ piudo asegurar qne, h moa de torpe, es le>o, mni leso, ridiculo j mal 
ípiteto de "da TomasiU" con qne es conocido. Voto, puea, con toda 
a por e>e clérigo que vive en loa oficios de lo* escribanos ante* 
qtM por CienraegoB. Afinda Td. por po^Jntn tu eondncla qne observó esle nni- 
■Mtl en el Senado el alto pasado; allí le rimes convertido en pipiólo porque el 
pibiemn no le llamaba para comonicDrle »ns planea, como él mismo dijo. 

'Vamos ol padre Guinian, — ¡Parece a VJ, convenieute, JQSto, ni prudente ta- 
car del rincón del cbiiiilro a un padre Talelildinnrio, inenp^K de sopoclnr el 
pe*o uoD que carga nn obispo, poro eapecinlmento las Giliipis da unn viaiti de 
^ne tanto neceütamoaí ¡T en virtud de qné espcciiilea méritos i recomenda. 
ewnea le le quiere anteponer al que, condecorado ya con la mitra, cala en po- 
•edon del gobieruo eclesiásticu° ^IIa dailo eato buen honibra slgiiu motivo para 
UJ ileaaire? Siempre obsecuente con el gobierno, siempre pniato a coopeinr ara 
ti • la cama del orden, humilde, por mo.-t qne qiticn deeirae lo contrario, ale- 
guido la vehetneneia de que ha osado alguna vez en sus («cntoapnradefen- 
d«ne de lo» crudos ataques qnetc han dirijido los cBnúmgwr. prescindiendo de 
fu* Mos cacritos no son anjos. puede pr^untarse al qne li: acuse ¡al podría 
tirar la piolra? Si uc prescntnni nigun otro que aventajase en calidades a Vi- 
tnSa, i que yo no oonoico, seria disculpable su poítcrgnclon; pero no alendo aai, 
(Kol]ne el ){obiemo va a eoocitarse el desafecto de los hombres de urden i de 
t« gt»n ntayoña que está convencida de la Influencia quo tiene en Is política I 
M bu bnenaa eoslambrea, el úrJen i arreglo del estado ecla^iiatico. VicnOft ea 
lilDotslo, i movido de fn propia conciencia, nunca podrá entrar en csoe dislmu- 
loa criminales, en qna llene su orijen tn relajación de loa defioaitaríos del Evan- 
jaGo. Aventaja a todos en el prestijio que con justiviil lo ha ilado su virtud, i la 
drconatanda de hallarse en el puesto que ocupa, no menos qne su notorio des- 
prendimieDto, que no pneJe dudarse, cuando te hétoias visto desprenderte de 
lodo «I paUimonlo para invertirlo en liaoer un bien al público, que ou su con- 
eept« es el maf or. He he catendtdo, aunque uo como pudiera, fu Hte asunl«, 
ptirquo viéndome obli^do a conle«(ar su cousulla, i no podiendo ser indileren- 
U a loaaoiertoj de Vd., he querido apuntar a iguaos de tci filndameotoí en que 
apojro mi o|ünion para que forme la suya con mas segurUloiL Si U unifoniia 
Vd. eon lo mía, deje quo tiidos voten por quien presente el Gobierno o por 
qd*D qniemn; pero Vd. cumpla cii deber negando su vot" o cunlquiera que no 
tm VleaBa, " 




-488 — 

■agfado S ton «in teaon Admirable wl arreglo Ae la fiatfiei^ 
pút>lica, que comeneaba a salir del 4^iof. Vicio ofrtonoei ^dtt im 
aozilio ua hombre justamente célebre ealols anales {MtíflaiMtf- 
yurios de Chile, el doctor don Mariano Bgafia. 



m. 

• 'I 
Era EgaQa, siii duda, en su época un hombraroapajei. tM 

Vsftsta ilüistracioD. Ejercia a la sa>5oit el empleo de ¿aeal i bábín 

sido secretario de las primeras juntas de la revolución, tfípü- 

tado, juez, secretario de Estaílo, i por ultimo, tnitu^tl^;) !,^ 

CUUe en las ccirtes europeas, lín todos sus elevados pjüdeetal^ 

Egaña liabia tnanifestado desde su juventud cierto fondo 4b 

patriotismo i de austera conciencia que le honraba a los ojos 

de sus conciudadanos, a los que por muchos otro3 conceptos erj> 

con justicia antipático. Habia sido siempre enemigo delpiU^blíJí, 

i no desdeñaba mostrar su desprecio por todo lo que no fuera 

la mas limpia i preclara aristocracia de sangre i piedra ^.ziñ 

en el piis. Nunca habia dejado de ser partidario de la penja.3ip 

a;50íes, i en au tiempo volvió a restablecerse en Benca i ot^Qfi 

lugares (1) el o'miuosü rollo que los rotos de 1810 habian arFan^ 

oadode la plaza principal, dónde hacia tresicíentos afloí le 

plantara la mano de Valdivia. En política, abrigaba lasjdeií;^ 

mas tirantes i centralizadoras, i eu suma, cxa en todo ^1 

rival y la antítesis política de aquel hombre emineotie, adofnil- 

do de Vsís muchedumbres, i que vivió solo para pregonar ^a 

libeirtades: erilustre Infante. En aquellos dos honibres ést^bj^n 

En cambio de t*into oprobio, echado a manos llenas -sobre el dfgfMxMspo 
CBenñugoe, para colioneetar una intriga de curiA (por laudable que ftiérü «tt-^U- 
jflto), nos es grato reproducir aquí un párrafo de earta eserito-pcr-eijwwé- 
iml Pinto cuando era ftimpleinente intendente de Coquimbo (Sereña, maüMp^C 
18:26), i aquel gobernador del obispado, i que dice como sigue, a propósito iJéttli 
empefio ecletnástica ""Pero e^tos negocioe de la Jglosia, esípecialmeote ahortí xf^ 
eiÉan ma nejados por el sefior Cienñiegos, van siempre lnepjiPÉd<(* por unaroga- 
eicncáa delicada i esci'apulosa, i en enta materia se ha mostrado otras vweaJÍft- 
flwdble." 

(1) Véase el Valdiviano Jeder al. 



— 487 — 

fijos k» t|}e8 de la revK^ncíon oomo ea doB poloft ójmestoi. Siir 
&nfte OOQ su gran corason era el (meblo. Dgafía ochi' eiiA á tftw jj ir 
verdea i su oaja de oro, que faeron sus arreos tradioionales, 
era el lujo i el oscurantismo do la aristocracia aaul. 

Patriota i casi tribunicio en un dia solemne (28 de enerd de 
1828), Egafia había sid) él mas serio obstáculo qiie los refor- 
madores, que habían sucedido al gobierno unipersonal del- 
jenerál 0*Higgins, encontraron desde temprano para la reor-* 
gatrizacion de la república bajo las anchas bases de la demo-' 
cmcia. Había si<lo pneciso, por esto, apartarte de la arena-p6- 
lítica, i en 1824, áe le confió, con este motivo, una importaf^té* 
misión a Europa. 

De ahí volvió don Maiiano, al cabo de algunos afios, -mas^ 
apasionado que nanja de su sistema oligárquico de gobernar.' 
La monarquía representativa le habia entusiasmado, i le dolía 
en el alma no haber traido en alguno de los pozuelos de cuero 
que llevó a Londres re[)let03 do harina tostada (alimento fru- 
gal del que era en estremo apasionado), algún humilde reye- 
zuelo para dailo de regalo a sus paisanos. Lo que mas le ha*, 
bia agradado era la organización vitalicia de la Cámara de los 
I/)re8 de Inglaterra, i tanto hablaba del Parlamento i de s^é' 
grandes hombres, que, al fin, en esta tierra, donde un almana- 
que de apodos ha sustituido al de los cristianos, llamándola 
«luertoi al que no tiene dos ojos^ i t manco», «Bato» i tcojoi, 
a hs demás, pusiéronle a don Mariano, atendida su abultada 
^'O'polencia, el sobrenombre de Lm-d Callampa. 



IV. 

Por otra parte, don Mariano Kgaña habia heredado de stt 
.padre, junto con la intelijencia, la manía de lejislar, si 'tan- 
noble nombre puedo darse :í1 [)rurito de hacer leyes i regla 
mentoB por el solo j lacer de redactarlos. 

Los dos E§añ:i3, en verdad, no fueron bajo aspecto alguno 
lejialadores. No tenían ni filosofía, ni sagacidad, ni observación 
práctica, ni estu^iio de las cosCumbrep, ni nada, en fin, de lo 



que constituye la cieDCÍ.i mas difícil Je la hiimanitlad: la de 
abundar a Dios, el supremo lejislador de todas las cosas i de 
todas las edades, de todas las zonas i do todna ln3 razas. Asi, la 
famosa constitución de 1823, qut Uabia sido la última palabra 
del padre i la cartilla del hijo, era mas udaptable a loa liabi- 
tontes de la luna que a los de esta pobre faja de tierra que se 
mueve entre las olas del ocúano i las lavas de loa volcanes: tan 
escelsa eral E«a república, organizada a la manera del firma- 
mento, iba a componerse de una infinidad de series guberna- 
tivas i de categorías sociales i políticas que debían jirar, las 
unas como los planetas, i permanecer las otras estacionarías co- 
mo las estrellas fijas, i perderse las masen el espacio, a la 
manera de las constelaciones nt;btilos.is. Estas últimas eran el 
pueblo, es decir, la nada: los astros simbolizaban los senados, 
los aindicntos nacionales, los censores, los supremos conseje- 
ros, etc. En una palabra, la constitncíon de ld'23 era no co- 
meta que no se ha viato brillar en el planisferio político des- 
de los días de Solón basta loa de Cambtnso, el Dracou de los 
poloe. 

Desde que aquel código fui^ abolido, porque no lo pudo en- 
tender entonces nadie (desde el presidenta Freiré ha-íta un 
subdelegado de Puchuncaví llamado Mateluna, que ofició a 
Santiago preguntando como habiade poner todos loa letreros 
que ordei. aba inscribir aquel), don Mariano EgaBa, imitando 
a Aníbal en ol altar di; Carlago, juró vengar a au padre del 
inmenso desaire que habia recibido i vengarse él mismo de su 
primero i mas grande fnioiiso. Como el hombre viudo de una 
b Idad querida, a quien, porladuraleideia violencia, se le qui- 
Biera hacer aceptar una mujer fea i detestada, asi don Maria- 
no, que aun lloraKi la espoaa que le habia confiado la ternura 
paternal, aborrecía la Constitución de 1S28, coqueta abomi- 
nable, hija de la veleídud du los pipiólos i que estos se empeQa- 
ban en imponerle ahora en segundas e ilícitas nupcias. 



— 129 - 



V. 

Abrigaba verdadcramontc el doctor EgaRa, desde su regreso 
do Europa una ira ardiente contra aquella carta. Era hija de 
ia libertad. ¿Podia ser peor su oríjen? Era destinada a iniciar 
1a era de la democracia, es decir, el advenimiento del pueblo 
i de las mayorías por las asambleas, los cabildos, los jurados. 
¿Cabria mayor escándalo ni tamaña innovación? 

Don Mariano estaba impaciente, en consecuencia, por dar 
un golpe de gracia a aquella aborrecida carta, cuna inmortal 
de nuestros derechos. Sus enemigos la habían herido por su 
espalda, acatando sus fueros, pero aunque tenia ya el aspecto 
de los cadáveres, Egaua, mas leal i mas encarnizado, quería 
dejaile el último dardo clavado en el corazón (1). 

(I) Para que se juzgue del grajo de inconsecuencia a que llegaron los cons- 
tituyentes de 1888, que no eran sino los constitucionales exaltados de 1829, 
TttiiMM a reproducir aqui la aeta de insurrección del ejército del Sur, documento 
poco eonocido, i en el que consta que el único programa de la revolución mili- 
tar de 1829 era la deftnsa i la inviolabilidad de la conutitucimí de 28. 

Ia acta del cuartel jen eral de GhUlan fué levantada el 9 de octubre, a conse- 
eaeneift de la que la Asamblea provincial de Concepción (foco verdadero del 
movinüento, pues Chillan era solo un cantón militar), habia suscrito el 4 de 
mqnel mismo mes, iundándose en el respeto i acatamiento de aquella misma 
constitución. 

Era, fin embargo, en e><trcmo curioso el tercer considerando de aquel docu- 
mento, verdadero punto de partida de la reacción de los 80 años, pues a la 
letra dice asi: — "8.* Que aunque parece lejitima la elección del sefior jeneral 
Pinto, 9in embargo se le niega el obedecimiento, por exijirlo cuti el imperio de las 
eiramMtaneiof, la salvación del pai?, i por otros motivos que la moderación fiian> 
dm tmUar," 

Tal fué esta acta civil, primer pañal en que los constituyentes envolvieron a 
Ia hija de su amor en 1883. La acta militar, rebozo de bayeta (si el símil no es 
chocante, al recordar loa ponchos del Alba) en que la abrigaron después, estaba 
coocebida en estos t'rininos: — "En la ciudad de Chillan, a nueve días del mea 
de octubre de mil ochocientos veintinueve afios, reunidos en junta de guerra el 
jenenil en jeft^i jefes de los cuerpos del ejército, a consecuencia de las notas 
diriji<1as al primero por la II Asamblea de Concepción, diciendo de nulidad de 
todos los actos emanados de las Cámaras Nacionales instaladas en Valparaíso, 
como anti -constitucionales, entre otros, el nombramiento de vioe-presidente de 

D. DISGO POBT. 9 



-- 180 - 

i. Asi, apenas liabia triunfado la revolución, Egatla se ence- 
rró en su gabinete, i seguro de que ningún rival importuno 
vendiia ahora a arrebatarle como a su padre la deidad de sus 
entrañas, i contando con un espléndido óleo (el óleo de Lir- 
qaü), púsose a dar a lu^.ese.mónstruo de absolutisiao que se 
ha Uannado la constitución de 1833, i que mas bien, como las 
l^jea complementarias ,que mas tarde dictó su autor, debería 
llamarse la Constitución mariavui. 



VI. 

Kó es este el momento ni la ocasión de hacer el análisis 
de nuestra carta fundamental, bajo el punto jeneral de los 

1a República: después de hecha la lectura de la acta que acompafia dicha Asam- 
blea, escitó dichq seftor jeneral en jefe a que cada uno diese francamente ea 
opinión sobre la línea de conducta que debería observarse en este notable 
acontecimiento; después de un detenido examen, 66 acordó un&nimemeiile con- 
testiM^' a la Representaoio^ provincial lo siguiente: 

"Art. 1.* Se declaran validos i legales los fundameotos con qtt« apoya la H 
Awmblea de Concepción su repulsa de reconocer al viee-presideate 4e la R«pá« 
blica, nombi^do con infracción sustancial de la Constitución. 

**%." £u consecuencia, el ejército cree de su debei* protejer aquella delibem- 
cion en que marclia de acuerdo la H. Asamblea del Maule» cono la tiene y% 
anunciado oficialmente, en tanto que esta conducta tienda esenoialmea^ «i mM' 
i^n 04 loa leyes fundameiUales i de la liberiad política, que no puede ver per- 
derse por escandalosos cambios de despotismo sin hacerse reo de lesa patria. 

" }i<* EJ orden de los sucesos reglará, la conducta del ejército» oon relacioQ a 
\x^ manifestación positiva de su sumisicm al Ejecutivo pación^, de que no ea 
si^ áiúfno apartarse, tan luego como sea restableeido el poiier cefMtUtmonial 
trímsjgredido. 

*' i,^ Al lij\cer esta declaración, el ejercito protesta no deponer 8h preee&te- 
actitud de protestar de los derechos nacionales ultrajados, hasta tanto qiCke 
obten^í^n la reparación compatible con su dignidad. 

" 5^° £1 presente acuerdo se transcribirá a la H. Asamblea de Conoepoion I 
d.emas que sucesivamente se aco¡An en defensa de la CoíésUlxmon a. la. proteo- 
cion del ejército. 

" Asi lo ac9vdaran i Jiirmaron dichos señores jeneral en jefe presidente, i 
nnieml)roB de la junta de guerra en dicho di:v, mes i año». — Joaquín Prieto. — 
A(aníiLel Búlnes. -^ Jio»é Antonio Villa^ran, -^ José Plaza. — Ferttando Ouilú 
ño. — r. José Ignoéño Ocatcia. — Estanislao Anguila. — Francisco Qarcia, -^ 
Jwto Arteaga, secretario." \ ' , 



- 131 - 

prinoipiocí fundaineutales de la sociabilidad, la política i la 
administración. Volúmenes se han escrito ya sobre ella, i sin 
dada, la discusión irá fecundando mil otros trabajos consagra- 
do6 a su examen, porque, en adelante, no serán los soldados, 
sino los hombres de alta intelijencia i de probado patriotismo, 
loa que vengan a tomar parte en esta gran batalla pacífica 
qoe se llama la revolución del progreso. 

VII. 

Pero si a nosotros nos está vedado el análisis filosófico (no 
el criterio histórico) de la carta de 1833, como a historiadores 
políticos, cúmplenos vindicar a la nación toda i a la historia 
misma de una acusación artera, acatada casi en masa por el 
▼algo, i que no ha sido, sin embargo, sino el ardid astuto i la 
calumnia solapada del interés de partido: tal es la eterna pre- 
dicación de que todos los bienes que disfruta Chile, el orden, 
la paz, los múltiples adelantos de la civilización, en fin, los 
debe a la constitución de 1833 i no a sí mismo. El pais no ha 
sido nada: la constitución lo ha sido todo. La sociedad, la po- 
lítica, las ideas, eran el caos: la constitución fué la luz. Tal es 
la lójica de los maestros que han estado enseñando a los pue- 
blos, por el poder i la elocuencia del látigo, a amar aquella 
deidad que tres jeneraciones han maldecido ya en los treinta 
afios que lleva de existencia. 

Pero leed la verdad en la historia, no en el doctrinarismo 
político, acopio de sofismas, i preguntad, ¿cuándo ha sido 
Chile revolucionario, díscolo, violentador de leyes, perturba- 
dor de la paz publica? ¿Cuándo ha necesitado la tutela de 
ayos ni la tutela del papel? Su raza sobria i laboriosa, que es 
la raza altiva, pero pacífica de Asturias; su clima, que es el 
Mando moderador de las costumbres; su admirable topografia, 
qnc es bu inviolable unidad; sus lindes de granito, que son su 
sello nacional; su suelo feraz, que es su progreso; su dilatado 
mar, que es su riqueza: ese es el Chile de hoi dia, mediante 
IKos i su visible amparo. 

Pero la constitución de 833, considerada como principio 



— 132'— 

histórico, ¿qué es sino el trapo de un partido levantado como 
bandera entre los tumultos? como desarrollo moral, ¿qué es 
sino el soplo de todas las catástrofes que han sobrevenido a la 
República bajo su imperio? como porvenir, ¿qué es sino lo que 
dijo Sarmiento hace 20 años: un tizne de carhonf 

Pero sus preconizadores, que (cosa estrafía!) son solo todos 
los que la lian einpuSado como poder, i ninguno de los que 
la ha esperiiíien tildo como lei política o social, i sus defenso- 
res de todas categ(jrias, para asustar a las jentes, como las 
nodrizas artificiabas que muestran fantasmas en las nubes a 
los niños, nos señalan con el dedo las repúblicas vecinas i 
contándolas una por una, nos dicen: ved i comparad/ 

I qué! ¿osáis decir que la preeminencia que se ha conquis- 
tado Chile entre las repúblicas de su raza se debe al papel 
de don Mariano Egaña i no a las fuerzas múltiples, creadoras, 
capaces de todos los esfuerzos, que se levantan del seno mis- 
mo del pais i lo empujan adelante? Llevad, si os gustan las 
comparaciones, la Constitución de 33 al Perú, por ejemplo; i 
aquella repúblic.i ¿dejará de ser por esto lo que ha sido i lo 
que está llamada a ser por su índole, su topografía, sus cos- 
tumbres, su existencia toda opuesta a la nuestra? Evocad en 
las montañas i en los Yungas de Bolivia el espíritu lejislativo 
de los dos EgaQas, como el de aquellos dos jónios misteriosos 
que se aparecieron en los bordes del lago Titicaca, ¿i habréis 
por esto rejenerado aquella república heterojénea, en que el sel- 
vático elemento indíjena no ha sido aun fundido en el molde 
de las razas criollas, únicas que en el suelo americano se 
prestan a recibir en todo o en parte esa prolija i trabajosa 
cultura que se llanja la civilización? 

Las comparaciones son, pues, solo la linterna engañosa del 
sofisma: no hai sino una lumbrera de verdad, i esta es la ver- 
dad misma, es su propia esencia, absoluta, sin relación alguna 
a todo lo esterior. Comparad sino un pueblo abatido con una 
nación fuerte, i veréis la miseria de aquel abultada por el 
refiejo de una falsa luz; comparadlo otra vez a otro mas mise- 
rable i lo veréis aparecer revestido de un falso prestijio: siem- 
pre el engaño. 



- 133 — 

Basquemos entonces en la república sola el bien o el 
mal que haya hecho su carta fundamental. Interrogúese esta 
historia misma de 30 años que estamos escribiendo i juzgúe- 
sela por sus propios méritos o por los desastres que haya cau- 
sado; i cuando se vea por una parte el orgullo colmado de un 
partido, que ya no existe, i por la otra, la huella de horror 
que ese orgullo ha ido dejando en su carrera, se hará justicia 
cabal al código que execramos, porque no es, como se ha lla- 
mado, el código del orden i de la paz, sino el boletin de las 
catástrofes i de la sangre, desde el Barón al puente de Jaime, 
i desde Longomilla á Cerro Grande, aniversarios periódicos 
de aquella, i que han sido escritos, uno en pos de otro, en el 
nombre i bajo la éjide de estas dos grandes palancas de po- 
der que forman el alma i el ser todo de la Constitución de 
de 1833, los estados de sitio i ísís JacuUades estraordinanas. 

Tal, pues, ha sido Chile, pacífico, laborioso, homojóneo, 
amante de todo progreso i de todo orden, pues solo hai ade- 
lanto en la armenia, dado con un jeneroso tesón a perseguir 
todo lo que hace el engrandecimiento de las naciones por su 
enerjia en el trabajo i su nunca desmentida sensatez en su 
organÍ2sacion política i social. 

Tal ha sido también la Constitución de 1833, escollo de 
granito arrojado por ciegas manos en el cauce de todos los 
progresos del espíritu, i contra el que de período en período 
es llevado el pueblo por irresistibles corrientes i con todas 
BUS fuerzas espansivas i esa ebullición jenerosa de los ánimos 
que prepara el porvenir, para estrellarse en sangre i volver 
otra i otra vez a la lucha, i al esfuerzo i a las matanzas, hasta 
que alguna mano redentora aparte el fatal estorbo i deje a la 
república espedito el curso de su magnífico i libre desarrollo. 



VIII. 



Pero sin razón ha sido, en concepto nuestro, que los adver- 
sarios de la Constitución de 1833, apartándose de su protervo 
oríjen i- de su funesto espíritu, para examinar su estructura 



- 134 - 

material, la hayan acusado hasta aqoi de ser una oombinaoion 
inepta i grosera. Mui lejos deceso. Su autor era un hombre de 
evidente talento, i aun puede decirse que en esta ocasión des- 
plegó una sutileza de injenio de que mui pocos políticos han 
dado mejores muestras entre nosotros. En efecto, nunca un 
hábil tramoyista ajustó.con mas primor una mélscaríi brillante 
sobre alguna figura antigua i oarcomida que la que usó don 
Mariano Egafía, echando sobre los vetustos hombros de la tra* 
dicion monárquica, de que era represe atante, el augusto man- 
to de la libertad i de la democracia. El fondo, en efecto, de lá 
Constitución de 1833 es el unipersonalismo absoluto, la dicta- 
dura evidente i constante. La república, es decir, los derechos 
i las garantías, son solo el disfraz. 
I de no, veamos cómo. 



IX. 



El pueblo es, en verdad, declarado soberano i j)or tanto 
elector; los poderes elejibles son independientes entre sf; las 
dos ramas del equilibrio lejislativo están establecidas i los 
diputados son inviolables por sus opiniones (independencia 
del poder lejislativo); los tribunales son inamovibles i los jue- 
ces responsables solo conforme a la lei (independencia del 
poder judicial); el presidente de la república es nombrado 
directamente i está sujeto a residencia (independencia del 
poder ejecutivo.) 

I luego, como una guirnalda de oro, el lejislador ha entre- 
lazado todos los capítulos de la organización fundamental con 
estas i otras magníficas concesiones de libertad i de justicia 
democráticas. 

— tEl gobierno de Chile es popular representativo. (Artí- 
culo 2.0) 

— »La república de Chile es una e indivisible. (Artículo 8.°) 
— »La soberanía reside esencialmente en la nación (Artí- 
culo 4.o) 




136 — 



■1 \\A,i ulitsc^ |irivilc- 
Ifivud; ul ijiiu pille du Lci'ritohu <|iiuda 






ji«d»8. (Aniciilo 12 ) 

— lEn Chile no hai e 
libre. (Artíoiilu 32.) 

—•No ¡íOilra njjljcaree tonnonlo dí ímponeráo cu üaeo algu- 
no la p«úa t\a oonfiFcacicín de bienes. (Artt'oiilo 145.) 

— iTod'^s loa chilenos líoiien la libertad de piiblio:ir sus 
opiniones por !h imprenla, sin oeiisura prdvia. (Artículo 12.) 

— »Lit propiüdati es ¡nviolaible. (Artículo 12.) 

— iLa casa da Unía persona que habita el territorio ehileno 
ee un anillo inviolable. (Artículo 146.) 

— >La correspondencia epistolar es invioUble.» (Artícu- 
lo 147.) (1) 



X. 



Todo esto, como dociamos, no os, empero, sino el manto do 
oro de la democracia. Entremos, en efecto, al fon lo de las 
eotraSas, hagamos la autopsia del coloso, i sabremos eómo gc 
ha hecho el engaHo í cómo, por mas de un ouarto de siglo, 
hemos estado creyendo que, o virtud de la Oonstítucion de 
1833, hemos vivido en una república democrática. 

El poder iejislativo, dice la Constitución, es soberano o in- 
.dependiente. Esta es la palabra. Pero, ¿cuál es el hecho? B! 
hecho ea que todos los empleados del ejecutivo aon elejiblea, 
i por tanto, 3on olejidos diputadas del pueblo i por el pueblo, 
i con tanto acierto, que puedo asegurarse contó uní verdad 
histórica que desde 1833, todas las mayorías lejislativas han 
sido mayorías de empicados, es decir, de njentes directos del 
ejocntivo, o para hablar con roas precisión, han sido el ejecu- 
tivo mismo adueñado del otro poder soberano. 

Sigue, en segundo lugar, la cleceíon iudirecta i colectiva 
del Senado. No elije cada provincia uno o dos senadores. Los 



(1) Vt<uii d jieriúdiuo jltontUta Conxlitii¡/i¡Uc, núiiu ^ del U d« nuvieuibre 
'ld« IMS, en qae In Cunitltiicion i!i> Clilk Iib ^üo anallrailabajo el mUiq» punt" 
■fiiB lo hRoeniM «1 presente. 




J 



— 136 — 

designan todas á la vez; de manera que el ejeontiro, asegu- 
rando la mayoría de dos o tres provincias, es dueflo del Se- 
nado entero: no importa que en las otras hay.'i dispersión de 
votos: al contrarío, importa que la haya para que la elección 
sea mas segura. El Senado entonces m nulo por su elección 
como moderador del ejecutivo, asi como la Cámara de Dipu- 
tados es impotente, puesto que por la admisión indefinida de 
empleados es el ejecutivo mismo. 

Pero, como si todo esto no bastase, el ejecutivo tiene el veto, 
este despotismo monárquico, especie de sacrílejio, [>orque es 
el remedo de Dios, que es la destrucción de raiz del sistema 
representativo. ¿Cuál es, en ei^to, la misión del poder Igislati" 
vo? — Hacer la ¡ei. Y si el ejecutivo dice con el veto tno quiero 
que haya feí» ¿hai en realidad poder lejülxxiivo? 

Pasemos a otro poder. 

El poder judicial, por la Constitución, es otro de los pode- 
res soberanos del Estado. Pero el artículo 82 dice sencilla- 
mente: tes atribución especial del Presidente de la República 
nombrar los majistrados de los tribunales superiores de justi- 
cia i los jueces de primera instancia.! Luego el poder ejecuti- 
vo es el que nombra el poder judicial; luego el poder judicial 
no es soberano, no es independiente. 

Entonces no queda de pié por el derecho constitucional o 
el derecho Egaña, sino un solo poder:, el ejecutivo: luego no 
hai república sino monarquia: luego hai dictadura uniperso- 
nal i no poderes públicos: luego nuestra forma de gobierno 
no es cpopular representativa» sino absoluta i monárquica. 



XI. 



Pero ese mismo poder, ¿cómo está constituido? Con mas 
fuerza que en las monarquías mismas. Leed si no las veintiún 
atribuciones del famoso artículo 82. El Presidente de la Re- 
pública es jeneral en jefe del ejército i almirante de la mar; 
el presidente a su albedrio nombra i destituye el Consejo de 
Estado; el presidente, fuera de la República, nombra todo el 



— 137 — 

cuerpo diplomático; el presidente es reelejible, es decir, es 
casi vitalicio; en ausencia del presidente, sa ministro del In- 
terior, es decir, un ájente personal nombrado por él i no por 
la nación, le sostitaye; el presidente, por último, tiene bajo 
ea mano las jerarquías de la iglesia, a virtud del patronato, 
como la del ejército, a virtud de la ordenanza. ¿Qué mas pue- 
den entonces los reyes que el presidente de Chile? ¿Qué mas 
paede el Papa? Este no puede enviarnos un obispo, i los 
presidentes pueden vestir el palio, que es un punto menos 
que la tiara, a cualquier prelado o confesor .... 

XIL 

I ahora, ¿cómo está organizado: la máquina administrativa, 
secundaria, que se llama propiamente el ejecutivo? En esta 
parte es preciso hacer justicia a la lójica i a la simplicidad del 
lejislador. Ya no se trata de aquellos centenares de jerarquías 
políticas que habia creado don Juan Egafía en la Constitu- 
ción planetaria i político-cosmográfica de 1823. Los resortes 
son ahora mucho mas sencillos, i a esto, sin duda, se debe en 
gran manera la indisputable buena administración interna 
qne ha disfrutado el pais, único bien material que éste ha alean- 
asado en cambio de tan profundos males de otro jénero que han 
enlutado nuestra tradición casi por períodos ñjos, que se llaman 
períodos constitucionales. Sus empecinados defensores, dando 
por fundamento su t mayor edad» (puesto que las Constitu- 
ciones, como ciertas menestras, ganan con hacerse añejas), la 
cubren todavía en el altar de su inviolabilidad, rodeándola de 
mil espadas para sostener su imperio, pues afirman que todo 
lo que poseemos en bienes lo debemos únicamente a su exis- 
tencia. Harta mas razón tendrían, sin embargo, si dijesen que 
aquellos se deben a su no existencia^ porque ¿cómo es que, sien- 
do tan buena aquella santa Constitución, suspenden su impe- 
rio tan a menudo, i nos privan de los inefables frutos de su 
réjimen? (1) 

(1) Por an cálculo jeiieral, la eecclente Constitucien de 1833 ha estado sos- 
pendida casi dorante un tercio completo de su existencia, alternándose entre 



— 138 - 



XIII. 

Volviendo a nuestro rápido bosquejo coastitucional, ve- 
vemos que, oonocbido el ejecutivo como poJer político, tiene 
una monstruosa organización en la carta fundamental por la 



BUB doB ej66 capitales, es decir, sitios i cstraordinarias. £n los 28 aHos corridos 
desde el 25 de mayo de 1833, en que se promulgó, hasta el 18 de setiembre de 
1861, ha suMdo ocho suspensiones, que se han prolongado por el espacio de cien- 
to cuatro meses o sea ocho arios i ocho mcseSy aunque generalmente aquellas se 
decretan modestamente solo por tantos dios. £s de notarse también que su pri- 
mera suspensión la suñnó en la cuna, cuando contal^a solo tres meses de existen- 
cia (el 81 de agosto de 1833) i que la estension de aquellas ha ido en aumento 
a medida que se ha ido solidificando, sin duda, a influjos de su "mayor edad," 
pues de aquellos ocho afíos ocho meses, los cuatro afíos i los ocho meses corres- 
ponden al último decenio i el resto se haya repartido entre los dos primeros, 
aunque es preciso advertir que en el periodo del jeneral Búlnes se suspendió 
una sola vez i por tres meses, (marzo 8 a 1.* de junio de 1846.) De esta suerte, 
puede decirse que cada año la Constitución ha tenido un feriado o vacaciones 
de cuatro meses durante toda su juventud, pero desde que ha cumplido "la ma- 
yor edad'' casi se le ha doblado el asueto. 

Derivamos estos cómputos del Boletín de las Leyes, donde puede consultarse 
la historia constitucional de Chile con datos estadis^ticos de una elocuencia in- 
disputable. La demostración es la siguiente: 
!.• Sstraordinarias de 1838: desde el 29 de agosto de 1833 al !.• de 

junio de 1884 9 meaei. 

2.° S%traordinariat de 1836: desde el 7 de noviembre de 1836 al 81 

de enerode 1837 S 

8," Esíraordinarias absolutas de 1837 i 38: desde el 31 Je enero de 

1837 al !.• de junio de 1889 28 

4.» Sitio de 1840: desde eí 10 de febrero de 1840 al l.o de junio del 

mismo 4 

5.« Sitio de 1846: desde el 8 de marzo de 1846 al 1.^ de junio del 

mismo 3 

6.* Jístraordinarias de 1861: desde el 14 de setieiybre de 1851 al !.• 

dejuniode 1868 21 

7.* Sitio áQ 1858: desde el 12 de diciembre de 18.iS al 20 de enero 

de 1869 1 

8.0 Estraordinarias de 1869: desde el 20 de í-noro de 1859 al 18 de 

setiembre de 1861 35 



Total. 



104 meses 

o sea ocho afios ocho mMes. 



^ 139 - 

omnipotencia de que lo reviste, destrayondo el equilibrio de 
los otroB dos poderes, que son el punto de partida de la exis* 
tenoia de los pueblos, a la que aquel solo sirve de palanoH; 
Pero en un sentido administrativo, la sencillez de su combi* 
naoion nos parece que no puede menos de producir escelen* 
tes resultados en la espedicíon de los negocios. Indudablemen- 
te, Chile es el pais mejor administrado da la América, i el 
único, sin esoepcion de ninguna otra república del continen- 
te, qne se preste en todos sentidos al réjimen de una buena 
administración, i aunque aun nos falte muclio que adelantar 
en este camino, no debe echarse en olvido que si el pais es 
joven, mas moderna todavia es la ciencia administrativa. Lo 
único, talvez, que de esta parte po Iria reprocharse a la Cons- 
titución es su singular redacción. Después de-subdividir la re- 
pública en intendencias, gobernaciones, etc., declar\ (artículo 
116) que los encargados de éstas son ajentes naturales del Pre- 
sidente de la República, lo que hizo esclamar a un escritor, 
que, en tal caso, mas bien que dividir a la República en por- 
ciones, habría sido mas natural dividir al Presidente en snbde* 
legados, gobernadores, etc. (1) 



XIV. 

Pero demos al fin punto a este esquicio, pues todo esto es 
ociosa discusión de principios. 

La cuestión verdadera i previa, al tratar de la Constitución 
▼ijente, no solo en teoría sino en el hecho, es simplemente lo 
que sigue: 

¿Hai o no hai en Chile Constitución? Parecerá fantástica tal 
pregunta i tal manera de raciocinar; pero esta es la c.ttestion 
de la lójica, de la verdad, i sobre todo, de los hechos. 

Que hable sino por nosotros la Constitución misma. tAríí- 
c&Jo 82. Es atribución del Presidente de la República decia- 
uno o vanos puntos de la República en estado de sitio.» 

(I) TéoM el número citado de la Asamblea Constituyente. 



— 140 — 

tAráculo 161. Declarado algún punto de la República en es- 
tado de sitio, SE SUSPENDE EL IMPERIO DE LA CONSTITÜGION.» 

«Luego, dice el articulista que hemos citado,' si el Presidente 
de la Bepública suspende la Constitución, la nación que exis- 
te en virtud de esa Constitución, no es soberana; luego, si la 
Constitución se suspende a sí misma, Ja Constitución no exis- 
te, se suicida, se anula.» 

Luego, la verdad filosófica, i mas que todo, la verdad histó- 
rica (como lo comprobaremos en el curso de esta obrn) es que 
en Chile no hai Constitución, i si la hai es solo por la buena 
gracia del Presidente de la Bepública, que no se le ocurre 
suspenderla «con acuerdo del Consejo de Estado,» i con la 
intervención correspondiente de tBisama» o del «Quebra- 
diño» .... 

Pero se dirá todavía por sus^defensores que se trata solo de 
una suspensión temporal, i que esto se refiere a solo determi- 
nados puntos. Pero ¿qué lei superior a la Constitución ha se- 
tlalado los plazos de esa suspensión? no ha existido esta hasta 
por tres años consecutivos, i de los 30 que lleva corridos de 
existencia, un tercio al menos ¿no ha estado en desuso? I con 
relación a la limitación de poderes que esa suspensión señala, 
¿no tiene esta el apéndice de las^cfacultadesestraordinarias,» 
para estender aquellos hasta la omnipotencia mas absoluta? 



XV. 

Tal es en realidad el código que nos rije, i cuyo mayor mé- 
rito, según sus defensores, es su antigüedad, como si en tal 
caso no tuviera mejor título para ser nuestro pacto social la 
coloúia, o si se quiere, el réjimen de los Incas, que son mas 
antiguos todavia. 

Pero lo que mas asombra es que aquellos hombres üHaoB 
que pusieron tanta prisa en hacerse reformadores, anticipando 
tres años el cuerdo plazo que los constituyentes de 1828 hablan 
fijado como una prenda de porvenir para el examen de su 
código, tomasen tan esquisitas precauciones para impedir , que 



- 141 - 

las jeneracioned que habian de venir en pos fueran reformado^ 
ras a su vez. Ellos no consintieron en que la Constitución, en 
cuyo nombre i por cuya subsistencia tornaron las armas, no 
dorara sino 4 aflos 9 meses i 17 dias, i resolvieron que la 
Oonstitucion que ellos habian hecho, no por delegación espre- 
sa de la nación, sino por un convite de esquelas hecho al vecin* 
dario, del que elijieron veinte caballeros i peí neones ací Aoc, 
faeae eterna e irreformable! Monstruosa i casi inconcebible 
oontradiccion, i mas monstruoso esclusivismo de insano orgu- 
lid— ¡Dios es solo eterno! La humanidad muere i renace cada 
siglo, cada iiora, i sus obras son átomos que el soplo del Eter- 
no disipa en los espacios! 



XVI. 

Tal fué la tabla del decálogo político que el doctor Egaña, 
cual nuevo Moisés, fulminó sobre el pueblo chileno, que se 
habia alzado con los fueros de la democracia i la idolatría de 
la libertad. Mas que enseña do porvenir, í\i6 una lápida pues* 
ta sobre la fosa en que descansaban mudos i sangrientos los 
vencidos de aquella causa santa, pero mal servida, i por eso, 
las jeneraciones la han maldecido casi sin comprenderla, por- 
que les ha parecido, al divisarla e i su camino, un innoble 
padrón de venganza, erijido a la inmolación del pasado. 



XVII. 

I sin embargo, en la forma que aquella se conoce es solo 
una modificación del proyecto oríjinario de Egaña. Este esta- 
ba escrito ya en los primeros meses de 1832 i tenia un sena- 
do vitalicio a imitación de la Cámara de los Lores (que era el 
BoeSio de oso de su autor) i un presidente qiie disolvía el 
Congreso a la manera de los reyes ingleses. 

Don Diego Portales rehusó leer aquel proyecto, porque 
decia con su imponente injenuidad que tales obras le erau 



- 142 — 

casi indiferentes, desde que los pueblod^ es decir, sus oostum- 
bres, sus tradiciones, su carácter, su posición jeográüca, su 
clima, su estension, sus fronteras, sus vecinos, etc., era todo, 
i las leyes nada, cuando no son la espresion exacta de todo 
ese vasto conjunto de hechos que constituyen las nacionali- 
dades. (1) 

Al contrario, el elemento que combatió la exajeracion mo- 
nárquica en la Gran Gonvenaion^ instalada por esquelas de 
vecindario (sufrajio universal de aquella época) el 16 de oc- 
tubre de 1832, fué la influencia de la ierttdia de Portales 
(único nombre que tenia su partido propio), llevando la vos 
el patriota i cuerdo Gandarillas, sin cuyo contra-proyectOy 
quién sabe a dónde nos habria llevado don Mariano! Cuénta- 
se solo de éste que cada vez que se suprimía un artículo, con 
esa voz compunjida que le era peculiar, se quejaba como si le 
cortasen una articulación de su cuefpo; i aun se asegura que 



(1) "No me tomaré la pensión (decía el 14 de mayo de 1832, un año antes de 
la promulgación de la Constitución, a su conñdente Garfias, que le invitaba 
venir a Santiago para tomar parte en aquel arduo trabajo) de observar el pro- 
yecto de reforma. Usted sabe que ninguna obra de esta clase puede ser absolu- 
tamente buena, ni absolutamente mala; pero ni la mejor, ni ninguna servirá 
para nada cuando está descompuesto el principal resorte de la máquina. Desen- 
gáñese usted: no queda otro recurso que abandonarnos a la suerte i hacerla 
arbitra de nuestros destinos: cualquiera otra cosa es peor." 

Tal pensaba sobre U política de los constituyentes de 1888 el hombre que se 
ha creido hasta hoi el jefe de la reacción que aquel año i en su ausencia se hizo 
cuerpo i poder. 

No queremos decir por esto que Portales desaprobara en su espíritu la Consti- 
tución de 1833 en lo que estuviese conforme a sus ideas autoritarias. Lo que 
aseveramos es solamente que él no participó en su confeccionamiento i disca- 
eion, porque repetimos que la Constitución le era indiferente, pues, para gober- 
nar como él gobernó, lo mismo era la Constitución de 1828 que la de 1823,1a 
de don Juan Egaña que la de Alí-Bajá. 

Otra prueba mas de la no injerencia de Portales en la constitución de 1883, 
es la parte activa que en ella tomó un hombre que era su enemigo político i 
personal, pero unido estrictamente con Egaña i Tocornal. Birlamos del I>r 
Rodríguez Aldea, autor de la constitución monárquica de 1 822, que trajo al 
suelo al jeneral O'IIiggins, i quien, como dice en su célebre carta de 1881 que 
pabKcamos en el Apócdice, aseguraba en ese año, que era preciso, antes que 
todo, proceder a la abolición de la constitución de 18ft8. 



- 143 -- 

mas de una vez una lágrima escondida, lágrima de la pater; 
nidad, rodó desde los anteojos del doctor EgaQa hasta el fon* 
do de su tabaquera de oro. Tuvo siempre este hombre de 
estado asida entre sus manos e^ta preciosa joya en todas las 
arduas discusiones parlamentarias en que tomó parte, cual ai 
fuera un talismán de prestijio i elocuencia, pues golpeándola 
majistralmente, parecia pedirle inspiraciones, como Numa a la 
iiin& Ejería, o como la paloma mensajera q^e venia al oido 
de Mahoma a traerle los ecos del paraiso... 



XVIII. 

£o medio del sepulcral silencio de los tiempos, hubo, sin 
embargo, una voz, que, aunque en secreto, protestó contra 
aquella carta ominosa i especialmente contra el proyecto del 
Dr. Egafía. Fué aquella la del honrado i joven jeneral que ha- 
bía sido el adalid de la revolución de 1829, pero con cuyos 
hombres mas culminantes habia roto, cuando su conciencia i 
su lealtad lo pusieron en pugna con los propósitos que ellos 
perseguían, por lo que desde entonces, vivia, después de su vic- 
toria, como ha vivido ahora doce añc»s, después de su fracaso, 
consagrado a las pacíficas labores de) campo en su hacienda 
del Itata. tile leido, dice, en efecto, el jeneral Cruz a un ami- 
go i confidente íntimo (1), desde su hainenda de Queime i con 



(1) Don Bernardino l'radel, a quien pedimos epc u?a al insertar estas palabras 
lobre las que nos había encargado alguna reserva; pero no hemos podido rele- 
gar *1 olvido la noble condenación que hÍ2o de los resultados del movimiento 
que Imbia acaudillado, el <[ue fué m^s tarde el sold ndo de Longomilla» contra 
Um Uosbrefl i las leyes de ese mismo movimiento. 

Iji conducta del jeneral CVuz después de la batall a de Lircal, no podia aer^ 
ea yerdad, nuu noble i patriótica. Se habia abstraidc * de todo contacto oon Ia 
política \ aun con la sociedad, i vivia en un complett > olvido de lo que le ro- 
deaba. Esto hacia suponer que se hubiera condenado para siempre a la osea* 
ñdad i que sus antiguos correlijionaríos le mirasen com o un hombre inutilisado 
eD la poKtioa^ Pero él esplica bU situación de muí disi inta manera en laa al- 
gnientet nobles palabras que escribia a l^radel desde Queime eon (eeha de di- 
ciembre 4 de 1832, aludiendo, sin duda, a su tio el jenertd Prieto que ee habla 



- 144 - 

fecha de 4 de jalio de 1832, el proyecto de constitacion que 
me.incluye, i aanque entré a su lectura preparado el ánimo 
con la advertencia que me hace en la suya, nunca me presu- 
mí.... ¡Qué malvados somos los hombresl Cuánto pueden 
los fines particulares! No sol) es (lÍ8Conform3 a mis sentimicn* 
tos el tal proyecto, sino que encuentro mil obstáculos para 
que pueda ponerse en planta. ¡Qué trabajos no se* necesita 
para ello en todos los ramos de la administración, i qué campo 
se le presenta a los reglamentadores para tiranizar/ Cuando co- 
rro la vista por el estado actual de nuestro pais, falto no solo 
de hombres capaces de arreglar con la prontitud necesaria tal 
trastorno, sino también, sin las virtudes cívicas precisas a un 
trabajo en que va a decidirse de la suerce del pais, temo resul- 
tados funestísimos. ¡Ojalá en su sanción tenga siquiera alguna 
reforma en las partes mas principales, pero a qué alucinarse 
con esta idea, cuando ya ha salido del molde! 

»Ya habrá Vd. leido el panejírico del Araucano sobre el 
Consejo de Estado. Este, sin duda, por sus atribuciones, se pre- 
senta como un tribunal instituido para dirijir con acierto las 
deliberaciones del Ejecutivo, en varias de las partes en que 
se han ensanchado sus atribuciones; empero ¿podra esperarse 
oposición de hombres elejidos a su voluntad i a quienes puede re- 
mo er asu antojo? ¿es esto otra cosa qu^ constituir con anticipa- 
ción la aprobación de medidas que puede dlct/ir el rencor o fines 
particulares? Yo, a mi entender, no le encuentro otro objeto^ dan- 
do de este modo la apariencia de justicia i premeditación a laa 
deliberaciones talvez mas ilegales. ¡Desgraciado Joaquinl 

manifestado en el sentido que bemoe espresado sobre su situación. "No es estra- 
fio, decia, que éi me considere reducido a esi nuU«]ad que se presume, cuando 
no ha sabido calcular sus propios intereses i deber, después de haber aparecido 
como cabeza del trastorno. Yo le aseguro a Vd, mi amigo, que aanque reduci- 
do a esa nulidad en que me cousideran, yo no cambiaría mi posición por nin- 
guno de todos los que figuran, porque gozo del sosi- go qne apctez^K) i no me 
remuerde la de haber dado un paso indebido, i si ellos se presumen que mis 
trabajos han sido por hombres, se engañan o quieren alusinar de*este modo. To, 
annqae tengo amigos, no tengo partido ni conozco otra facción que la de la 11* 
bertad: por ella he hecho los sacrificios que he podido i jamás entraré en nada 
i|ue DO sea ejijido por este motivo." 



— 145 — 

Siento lo hagan aparecer como instrumento de tales manio^ 
bras, porque sus sentimientos son rectos, lo aéj i estraño no se 
haya opuesto! 

•La parte 4.^ del artículo 48 es otra de las cláusulas de su- 
ma consideración, aunque se conoce el fín particular con que 
86 ha puesto; porque ¿no queda al arbitrio del Presidente ha- 
cer salir del pais aquel que pueda presentarse por candidato, 
bien valióndoác del protesto de comisión, o del arbitrio que le 
presenta esa facultad en la parte 10.» delTS? ¿No puede hacer 
burlarse <le Li opinión publica? Largo seria comentar sus de- 
más arlíeulos i cu])ítulos, i como mis luces no son capaces de 
hacerlo con acierto, juzgo prudente suspender mi crítica. No 
me crea por ella un entero partidario de la democracia abso- 
luta, ni imbuido o decidido por el fantasma de la repiíblica 
de Platón. Mis sentimientos en estaparte son mistos; quisiera 
que el Ejecutivo tuviese toda amplitud para hacer el bien, no 
siendo con el sacrificio de las rentas públicas, pero que se le 
dejara sin la meiiorpara hacer el mal] que tuviera la facultad 
de nombrar los empleados en la Hacienda, militares i aun en 
lo gubernativo, como encarL»ado de la superintendencia de las 
rentas i de la conservación del orden, pero de ningún modo 
dejar a su albedrio su remoción sino en el caso que la lei lo 
previniese. El Senado conservador de la lei no me disgustaría 
que en su totalidad o mayor parte fuese vitalicio (esto es no 
habiendo causi justa que imposibilitase alguno de sus miem- 
bros), 1 orque, no pudiendo constituirse en tirano, debe ¿Ufársele 
en absoluta independencia del ejecutivo^ poniéndolo de este modo 
en circunstancias que no tuviesen que esperar de aquel i que 
su suerte la cifrasen en la conservación de la lei; que la Cá- 
mara de Diputados fuera enteramente popular^ i que ese conse- 
jo dimanase de miembros por turno de una corte eventual ins- 
tituida para el caso de conmoción^ disgusto^ o diferencia entre las 
provincias. Yaya, amigo, yo estoi loco, añade el cuerdo patrio- 
ta, i me ha contajiado la mania de reformador que ha entrado 
a todos los chilenos. No haga caso de esta última parte en que^ 
sin advertirlo, he formado mi república, mientras me son tan 
sensibles los resultados del movimiento en que tuve parte. Puedo 

». DIBQO rOBT. 10 



- 146 - 

asegurarle sí que mis fínes fueron sanos i que no tuvieron 
otro objeto que el que saliese el pais de lajB manos de multitud 
de hombres perversos que lo tenían asido, escudsvdos con la 
leí que vulneraban a su antojo. También puedo asegurarle que 
previen4o con mucha antelación los males que ahor^ temo o 
palpo, hice lo posible por evitarlos, viéndome al tiltimo en la 
precisión de abandonar el campo por haber quedado solo.» 



XIX. 

Pero, al fin, el código fundamental del partido pelucon, pues 
exi manera alguna lo era de la república, i apesar de la indi- 
ferwcia de Portales i la condenación de Cru?, se promulgó el 
25 de mayo de 1833 con gran regocijo i fiestas oficiales. 

Veamos ahora cómo lo recibió el pueblo, para cuya dicha, al 
decir de sus autores, estaba consagrado. 



CAPITULO VI. 



CONSPIRACIONES QUE PRECEDIERON A LA CONSTITUCIÓN 

DE 1833. 



(El eipitan Labbé»— D. Carlos Rodríguez.— Eusebio Ruiz.— Conjuración de Arteaga.) 



CoÉBipiíacion del capitán Labbé. — Sus cómplices i «u delator. — Su prisión, 
m deatierro e índolto que obtiene del Congreso. — Don Carlos Rodríguez. 
— Converéacion sediciosa que tiene con el capitán de hús:ires Sotoniayor 
en el Parral de Gómez. — I^ obsequia la espada de Manuel Rodríguez, i 
aquel le denuncia. — Declaraciones judiciales de los oficiales de liñsares Soto- 
mayor i Millan i del profesor Gatica. — Prisión de Rodríguez, de los tenientes 
coroneles Godoi i Porras i otros. — Destierro de Rodríguez i algunos de sus 
compafiero8.~E8patriacion voluntaría de don Joaquin Campino. — Ensebio 
Ruiz proyecta formar una montonera en el monte de la Ruda. — Sus cóm- 
plices. — Se dirije a Rancagua i el coronel Reyes a Quechereguas con el 
objeto de sublevar los cazadores a caballo. — ^\ fraile Venegas. — Los 
conspiradores son denunciados i condenados a muerte. — Escápase de la 
pi ision Eusebio Ruiz. — Conjuración de Arteaga. — Complicidad del je- 
neral Zeñteno i del coronel Picarte. — Antecedentes de Arteaga.— La con- 
jnnMÓon es denunciada la víspera de estallar. — Carácter siniestro que se 
le alribuyó por el gobierno — Prisión de Arteaga, Acosta, la Rivera i 
otros oficiales. — £1 comandante de armas Zenteno es depuesto repentina- 
mente. — Carta característica de Portales sobre este complot i medidas de 
precaución que toma en Valparaíso. — Prisiones que se ejecutan en esta 
cindsd i en Aconcagua. — Reos confinados a Juan Fernandez. — Alarma 
del gobierno i juicio de Portales sobre la situación. — EscandaloM inje- 



— 148 — 

renoia del último en el nombramiento del Consejo de Gnernt que jocgó a 
los reos. — Son estos condenados a muerte i la Corte marcial conmuta la 
pena en destierra — Los jueces son acusados por el gobierno, pero loe ab- 
sucItc la Corte Suprema. 



I. 

Después de la loca empresa que Barnachea, Uriarte i Te- 
norio habiaii acorntítiJo a principios de 1831, intentando su- 
blevar los indios de Arauco con un zurrón de aüil i algunas 
varas de paño grana, el partido vencido en Lircai no habia 
emprendido na la sório contra el bando vencedor, antes de la 
reunión de la Convención, que iba a abrogar la Constitución 
de 1828. 

En la casi indescifrable pero palpitante historia de las con- 
juraciones de los pipiólos, apenas, en verdad, aparecen tres 
proyectos de conspiración, todos desbaratados en ciernes, an- 
tes de la célebre i terrible revolución llamada de los puñales^ 
contemporánea de la Constitución de 1833, i que no fué sino 
el preludio de los sacudimientos que debiai^ demostrar el gra- 
do de popularidad i aceptación que alcanzó aquel código po- 
lítico hasta Longomilla i Cerro Grande. 

Vamos, pues, a narrar rápidamente los conatos revolucio- 
narios que precedieron a nuestra carta vijente, para entrar 
después con mas estcnsion en los que enjendró ésta, junto 
con el réjimeu político de que habia nacido. 



II. 

Existia, a fines do 1831, en la capital, un antiguo i valeroso 
capitán del Pudeto, do quien, su jefe el coronel Beauchef, el 
Eei de nuestras guerras, decia que era la mejor espada de su 
cuerpo. Llamábase José Maria Labbé i pertenecia a una dis- 
tinguida familia de Curioó. Dado do baja en Lircai, habíase 
casado con doíla Tránsito Seguí, seflora de fortuna que resi- 
día en Santiago. Con el peculio conyugal, entregóse Labbé 



— 149 — 

a considerables especulaciones mercantiles; mas como supiera 
manejar con mas destreza la espada que la romana i la vara 
de medir, hizo dos bancarrotas en el espacio de pocos meses, 
salvando, sin embargo, la dote de su mujer. 

En ésta situación, i recordando que su bravura era tan 
brillante, como su figura parecia raquítica, púsose a tramar 
una conspiración, gastando algunos centenares de pesos de su 
propio caudal. Asocióse con este fin a otro oficial de caballe- 
ría llamado Murillo. que aun existe, i que se liabia heclio cé- 
lebre por la sublevación a que arrastró al cuerpo de Dragones 
en el convento de Apoquindo el 16 de agosto de 1828, siendo 
entonces un simple teniente. 

Labbé se encargaba de seducir algunos sarjentos i cabos del 
escaadron de húsares, que formaba la guardia del Presidente 
al mando del famoso Soto Aguilar, cuyas innobles perfidias 
serán el apéndice obligado a todas las conjuraciones dol de- 
cenio del jeneral Prieto. Murillo, por su parte, contando con 
Io6 recursos que le proporcionaba Labbé, debia tratar de su- 
blevar los cazadores a caballo, uno de cuyos escuadrones guar- 
necía entonces la capital. 

El plan de la intentona, según la declaración testual del 
segundo de los conspiradores (que si no fué uno de loa delato- 
res, asume en el proceso el carácter do nn ájente aleve) era, 
«que después de sublevados los cazadores i húsares, sncarian 
algan armamento de la capital, si se podía; en s?guida, so di- 
rijirian a los pueblos de Rancagua, San F^írnando i Caricó, 
donde acopiarían armamento, municiones i caballada; i en el 
caso de ser perseguidos por alguna fuerza coní^idcrablo, pa- 
sarse a la otra banda del Bio-bio, reunirse con Barnachea i 
]o8 indios, i hacerla guerra hasta reunir fuerzas capaces de 
emprender contra la capital.» (1) 

(1) Declaración del cnpitin ílon (iregorio IMurillo en el proceso de la cons- 
pimcion de Labbé, Archivado en la coruandancia de nrmaí» de la capital. En 
ISSf, se publicó también un cnadorno con el titulo do Estrarto cíe la eaiua de 
dom Jo9k Labbéf etc., qne existe en el tom. ¿C 4.° de loá impresos nacionales en la 
BtbUoteea de Santiago, pero que no arroja luz alguna de importancia sobre el 



— 150 — 

Ál poco tiempo de estar puestos a 1h obra^ LabbS, ád^^a- 
rando a sus cómplices que Barnachea se encob traba áüü ctí 
Arauco a la cabeza de 300 hombres, que Chiloé 8é hábitt pro- 
nunciado por el jeneral Freiré, que en breve se sobléVáriá títí 
Valdivia el coronel Vidaurre, i sobre todo^ despárratnando al- 
gún dinero, razón capital de todas las coñspiradóQefi miiitk- 
res, habia conseguido atraerse un sárjenlo i tres cabos de hfi- 
'sares, llamado el primero José Manuel Subicúeta, i los últimos 
Domingo Muñoz, Manuel Aravena i Fernando Vidal. Por Bti 
cuenta, Murillo se habia puesto en comunicación (áé mala fó, 
si hemos de esta! a su declaración, i con el solo própófiitd dé 
esplotar el bolsillo de Labbé) con cuatro sarjisntos de cazado- 
res, cuyos nombres eran Pascual Salinas, de quieü era lüntiguo 
conocido, Isidoro Rodríguez, Antonio Miraüda i ún Espiábdá. 

Con estos últimos i con Murillo habia obtenido Lábbé una 
entrevista secreta en la calle de San Pablo la noche del 21 3b 
octubre de 1831, i a consecuencia de lo que se acordó en eáta 
reunión, Labbé debia tener con los afiliados del otíartél dé 
húsares otra cita en la Alameda del tajamar, lagar lóbrego i 
solitario, en la noche del próximo 28. Hasta este ^utito, a fler 
sincera la cooperación de Murillo, todo marchaba próspera- 
mente, pues los subalternos de húsares estaban leálmeiité re- 
sueltos a entrar en el complot. 



III. 



Pero Labbé habia cometido la imprudencia de comunicar 
sus planes al oficial abanderado de húsares, don Francisco 
Rojas, ofreciéndole hacerlo capitán i amenazándolo con qui- 
tnrle la vida si proforia una palabra que lo descubriese. Esto 
habia tenido lugar el 8 de octubre. 

Rojas, sin embargo, corrió al encuentro de Soto Agnilár, I 
este hombre siií honra ni valor, que so cubrió en pocos aflos 
de todas las infamias do su épocn, iiiioiando su sistema {kyo- 
rito de traiciones i espionaje autorizado, le ordenó que se déft- 



k 
^ 



- 151 - 
entvhilie^u i io iiiiiuiloáLuríj iIouiiIÍlÍo a licvívr iideluntu lúa |i!a- 

IB de LiiLlú, bustik Jusciibiir tu<li> ci hilo de la trama. 

De esta inancra, Soto Aguiljir llegó n sübur cotí cxactituJ 
]« cita giie siia subaltenioa tenían acordada con Labbé para la 
noehb del 28 de octubre i resolvió prenderlos. Diú, en consu- 
uueuciu, imrlQ tt\i\e\ miamu día al presidente de la Ropáhlica. 
i en la nochf^, a tii lioni seflnlada, una partida apostadii confe- 
ti ientcintjn te, aürprcndiú c hiz^ presDS, en el lagar de,íignado, 
a Labbá t al joven aarjeiuo Snbicacta, Murillo, a su vez, fué 
capturado, i en 3u primer interrogatdrio, el 80 de octubre, 
ileclaró de plano tmlo lo que había tenido Uigar (1). 

Eq conseeaencia, Labbá i los hiSaares fueron juzgados en 
na consejo de guerra, que los condenó a muerte el 6 de diciem- 
bre de 1831, sentencia que la Corte marcial conmutó tres me- 
ses después (24 de febrero de 1832), en ocho años de destierro 
para Labbé I acia para ana cómplices. Murillo i loa sarjentoa 
de oazadorcB fueron abaueltoü, i aun loa últimos no ñguran en 
el procaaa, prueba evidente du que bu instigador hacia traición 
■1 iocauto jefe del complot. (2) 



(I) V<uc csUt <1e<>UruuÍuii I ul naU uulieiu <le pruueao .!■> lu con j),i ración en 
el docnneato cum. K del ApéudUe. 

(a) Est« detgnipiíMlo oficial «atuvo cunfiundu iiljpinua uicMia en Juuu t'arofT'- 
da. Dvspuea, el Congreso, a petición my». disminuyó ■ solo doa naos au ooade- 
na (octubre 18 de I8XS). al cabo de cuyo tiem|>a pasó al Perú, donde fué fuallft- 
do por el jeoeral Herrén, a uoniecuaDuia de una HnMevaclon qa« ihtenió en el 
Cuaco, ñ no estamos mal iorormadoii, puos oqaul oficial era tan TalieBt'B Mina 
inquieto. S¡6 Hqiii ú indulta que le otorgó el Congreso, eegun dejamos eiprr* 
jo, i qae copiamos del Boletín de las Leyes, líb. S. iiúin. 13. 

"Santiaffo, octubre 18 dt \Sfi. 

"B OmfTMO nflcionoi luí reBueltti lo siguieutc: — Movido de eompaslon el 

I CmigreM por loa pideclnúentoeque represenls el reo rematado don >Túsé Labbí, 

a eanrideraeion a In circunstancia eatraordinnrin da la prúiiina reiuúon de la 

I Grao CoDieDEioD, usando de las Cicultadee que Je competen por el art. t@ de 

' b CnatUneion, deereta; 

"Lut^ qnc don José Lalil>É liaya ciiinpliiiu ta cnarta [larte del destieiTO a 

He fué «indenadu [nr la Corte mnri-ial. í¡ au i.'omportacion en el praatdio hu- 

M«M A3a arri?f ladn. según el informo del respectivo comandante, se le eonmii- 

I Iwá bi petia dp dístieiro por rt tiempo que le lalti: al cumplimiento de la uii- 

1m en ana eapntrinsiou por iguul tiempo a disposiülou del prealdeote de la 

' R«pablica. 



— 152 — 



IV. 



Coincidió con la prisión de Labbé, el 28 de octubre de 1831, 
la captura simultánea de don Carlos Bodriguez, de los tenien- 
tea coroneles Godoi i Porras i del paisano don Nicolás Iba- 
ñez, que tuvo lugar al siguiente dia. Uáse creido por esto, i 
por haber intervenido Soto Aguilar en el asunto, que esta 
era una incidencia del intentó de Labbc'; pero, en realidad, 
tuvo un oríjen del todo diferente. Aquel habia sido un com- 
plot, i el último no pasaba de una conversación exaltada, o mas 
bien, de un brindis en un cafe publico. 



V. 



Encontrábase, en efecto, el tribunicio don Carlos Rodríguez 
sentado a una mesa en la fonda llamada el Parral de OovieZy 
en la noche del 20 de octubre de 1831, i en otra contigua 

hallábanse sentados los oficiales don José Sotomavor i don 

tí 

Antonio Millan (capitán de húsares el primero i alférez el 
segundo de la propia compañia), i el paisano don José Anto- 
nio Qatica, tan conocido como profesor de matemáticas en el 
Instituto nacional, aunque bajo el nombre poco urbano de el 
Macho. Don Carlos era alegre i comunicativo por carácter, a 
fuer de lejítimo pipiólo: le gustaba la vida bulliciosa de los 
cafés, donde con frecuencia cenaba, confundiéndose con la 
muchedumbre i consumiendo sus propios guisos favoritos: el 
valdiviano^ el charquican, las humitas^ porque a pesar de haber 
sido ministro de Estado i de tener a la sazón un asiento en la 
Suprema Corte, era un demócrata de corazón, puesto que era 

"Dios guarde a V. E. — Aguatin Vial. — Fernwulo Urizar Garfias, pro-ee- 
crctario." 

**8atUiag0y octubre 22 de 1832. 
"Cúmplase, transcríbase al Comandante Jeneral de Armas para que en pri- 
mera oportunidad lo comunique al agraciado, i tome los informes sobre su con- 
ducta para llevarla a debido efecto. 

'Acúsese recibo i archívese. — Prieto. — Tbcamo/." 



€1 



— 153 — 

tw demócrata práctico. Esta vez, como otras, trabó conversa* 
cioncon el grupo inmediato, i luego convidó con una copa a 
loB jóvenes hásare». Acercáronse éstos, i a poco andar de la 
botella de una mano a otra, don Carlos púsose a brindar por 
la libertad, i por el jenernl Pinto, en agravio de su sucesor el 
presidente Prieto, a quien atacaba sin rebozo, defendiéndolo 
con no menos calor sus convidados. 

Era ya la media noche cuando los huéspedes del Parral efe 
Orna se retiraron, haciéndoles compaíiia hasta la Alameda, 
que estaba vecina, el ciudadano don Joaquín Campino, quien, 
hasta esa hora, se habia entretenido, según los hábitos deroo- 
cráüoos de aquel tiempo, en aquella fonda de arrabal. 

Sentáronse los otros algún rato en un so£l de la Alameda, 
1 prosigaieron después su camino a la casa de Eodriguez, to- 
n»ndo éste el brazo de Sotoraayor i Millan el de Gatica. 

Decíase Sotomayor hijo ( sin s:?rlo) del patriota don Manuel 
Sotomayor, que se habia relacionado con la poderosa familia 
^ los Errázuriz, i como el último hubiera sido condiscípulo 
de don Carlos, no tardo este en abrir su corazón al supuesto 
bijo, haciéndole insinuaciones para que sublevara su cuerpo. 
Preciso es advertir también que Sotomayor, en esa época, no 
tenia la triste reputación que le acarreó mas tarde su partici- 
pación en la catástrof^j de Curicó en 1837, figurando entre los 
miembros del Consejo permanente. Al contrario, atribuíasele 
on sobresaliente valor, habiendo recibido en la acción de 
Ochagavía unsf feroz cuchillada en el rostro de manos del 
oficial Porras, comandante de los ihilbanados.» 

Rodriguez, una vez llegado a su casa, los invitó a entrar, 
aunque era ya cerca de las dos de la mañana; hizo traer luego 
algún licor, siguió la charla, i a poco rato, tomando don Car- 
los la espada que conservaba de su glorioso hermano, el már- 
tir de Tiltil, díjole al que pocos dias después debia ser su 
delator Te vci a regalar este sable^ prenda efe itn Jtermano mui 
querido. (1) 

(1) Véase en el docameDto núm. 7 del Apéndice el aato cabeza de proceso 
fbmiado a Rodríguez, i las declaraciones contestes de Sotomayor, Millan i Gtetka 
•obre la conTenacion de aquella noche. 



ttialiatta- 

VI. 

. « ver a Bodñgvte'' 
A volvió el último a ^ e ^^ j^a- 

ea la nocHe ^«l ^^^^^indlcios de esta, de ac ^^^^, ¿e ar AiAe- 
^o eu lo q«« ^""^ fisionado siempre a toa j ^-.^j^cvones <ie 
fldb comandante, afie^na ^^^^.^¿ '^ feodoi i don Joa- 



persona <l^^ '^''J 



? 



que aqueUos 
A .n 103 consejos de g^^^^^;;, J,nun de p»r- 
Sin duda se creyó ^^'J,,,,,r. algún Pj^^^^^.^ies de s« 
eonatos aislados de trasU>rno ^^^.^ íJo^oias, levaba el 

o nnes Sobo Agi^""^' ^^ ■ gi abanderado J reunir 

to dos cusas. «» «iX.»» qo» "ív „ r.p«. <1« "".°^", 
^ del som«rio de «»*"= „ .««sta»». »", ' ,5 jatonM el 

", „„. simple ■^-"■^'"l:^^ 4i»»í"''!U o«°'^''°.*" 



^ 155 — 

irattncera arersioá ii Portales i su bando, se espatrió volah- 
tariamente, dirijiéndose al poco tiempo a Liriia. Sabia que 
aquella t)agaba su innata prevenoion cotí una intensa odiosi- 
dad, diesde que él habia sido jefe de la Oaja de Descuentos, 
i el último contratista del Estanco, cuyas operaciones eskivie- 
ron subordinadas a aquella oficina en lo que tenian relación 
oaii el fisco. 



VIII. 



Apenas habia transcurrido do3 meses desde la confinación 
de Labbé i el destierro de Rodríguez, cuando apareció otro 
oonato de sedición entre los vencidos de Lircai. El 5 de mar- 
«> de 1882, fué denunciado el capitán Ensebio Ruiz, aquel 
terrible fronterizo que habia puesto al jeneral Prieto a dos 
d«do8de su ruina, sublevando a sus espaldas la provincia de 
Concepción en 1829, trataba ahora de levantar una montone- 
^enel monte de la Ruda, camino de Raucagua a la capital, 
i(wcandado en esta parte por el coronel penquisto don Pe- 
dro José Reyes i el capitán la Rivera) insurreccionar el reji- 
Aliento die cazadores, que estaba a la sazón acantonado en Que- 
filieiegaas, lugar histórico de motines. 



• IX. 



La delación era cierta. 

Desde mediados de enero, Ruiz, Reyes i la Rivera, que va- 
gaban en Santiago, arrastrando la existencia miserable de los 
militares dados de baja, resolvieron acometer cualquier em- 
pr^, por desesperada que fuese, para cambiar su situación. 

A fin de procurarse algunos aliados i recursos en el sur, 
Beyes habia puesto sus planes en conocimiento de un viejo 
cura de Curepto, doctrina de Talca, llamado Luis Solis, que 
86 encontraba detenido por sus opiniones liberales en el con- 
vento de San Agustin. El ardoroso clérigo, violento en su di- 



— 156 — 

simulada prisión, aceptó en el acto la propuesta i prometió su 
ayuda a los conjurados. 

Intentaron también, sin duda por consejos de Solis, ganar- 
se el apoyo de un hacendado que tenía su fundo en el curato 
de Gurcpto, que se llamaba don Manuel Alvarado, hombre 
ya entrado en años i mas cuerdo que su párroco. Habláronle 
de lo que se intentaba hacer, por medio de un bodegonero 
llamado Toribio Candia, que era habilitado o dependiente de 
Alvarado, i le pidieron dinero i cooperación; pero a todo se 
negó prudentemente el viejo labrador, diciendo que todo aque- 
llo era una locura. 

La conferencia de Solis i Beyes habia tenido lugar, entre 
tanto, la noche del 19 de enero de 1832. A los pocos dias, sa- 
lian para el sur, con el objeto de acercarse a Quechereguas i 
dando por pretesto el ir a hacer unas cobranzas, Ruiz, Be- 
yes i Solis. El capitán La Bivera quedaba en Santiago, estan- 
do a las resultas. La primera jornada de los tres conspirado- 
res de sable i sotana fué a Bancagua i se hospedaron en casa 
del influyente vecino don Jaan Pablo Bamirez, acérrimo pi- 
piólo; i de corazón se asoció éáte en el acto a la empresa, pro- 
metiendo auxiliarla con algunas armas. Encontrábase también 
en aquella ocasión en casa de Bamirez el cono«3Ído don Basi- 
lio Vencgas (el fraile) que h{\ sido alternativamente ájente do 
conjuraciones i espia-de gobierno; i como en aquella ópo-, 
ca estuviese mas dado a las primeras, entró también en el 
complot. 

En consecuencia, Beyes siguió solo su camino ad'^lante has* 
ta Quechereguas, pero, por desgracia suya, cuando llegó a 
este punto, ya los cazadores habian marchado al sur. Buiz i 
Solis habian perdido también su tiempo en varias correrias 
en demanda de armas en las haciendas vecinas a Bancaguai 
siempre teniendo en mira armar la montonera en el monte 
de la Buda. 



• - ISI - 



• 



XI. 

En estas frustradas dilijencias había transcurrido todo el 
mes de febrero, hasta que, como hemos visto, en los primeros 
dias de marzo, fueroa denunciados al gobernador local de 
Santiago, quien ordenó en el acto la captura de todos los 
comprometidos. Ignórase quien fuese el delator, pues el mis- 
mo Candia, mas sospechoso aun que su patrón Alvaraio, fué 
condenado a muerte. 

Sustanciado el proceso, Reyes, Ruiz, La Rivera, Venegas i 
Candia fueron sentenciados a })eua capital, en consejo de 
guerra, el 11 de setiembre de 1832. Solis fué absuelto, acaso 
por influjos, i z Ramírez se le impuso un destierro de seis 
afios. 

La Corte marcial, que en aquellos aciagos enconos de parti- 
do se constituyó en poder tutelar de las víctimas perseguidas 
i en moderador permanente (en o[>osicion al rol posterior do 
estos mismos tribunales, que agravan por lo común las sen- 
tencias políticas) del encarnizamiento oficial de los persegui- 
dores, conmutó aquellas ponas en dos aflos de destierro. (1) 



XII. 

No nos consta si aquel fallo se ejecutó en todos los reos. En 
cnanto a Ruiz, sabemos solo que se escapó de su prisión el mis- 
mo dia que el Consejo de guerra lo condenó a muerte. Hai 
hombres que tienen en todo la naturaleza del león. Si Ruiz en 
las batallas apenas encontraba campo para revolver su caballo 
i su lanza, ¿cómo era dable que se resignase a vivir en una 
jaula? 

Solo dos afios después (en 1834), cuando regresó del Perú, 
cumplido el plazo del destierro, se le puso de nuevo en pii- 
■ion i se le notificó la sentencia. Esta i otras caentas eran las 

(1) SenttiMsiA del 10 de diciembre de 1.88& 



- 458 - » 

que decia Buiz iba a chancelar en Longomilla, pero la me- 
tralla le derribó el brazo i el alma en el momento mismo del 
ajuste. 

XIII. 

Los intentos sediciosos, cuyas peripecias hemos recorrido fi 
la lijera, como habrá podido observarse, mas bien que el fru- 
to de la combinación de un partido o el prestijio de una idea, 
popular, eran arranques del descontento de los individuos, a 
quienes el trastorno de 1829 les habia arrebatado, junto con 
el derecho, la dicha i el pan. 

Pero, desde que la caita de 1833 fué puesta a discusión 
comenzaron a aparecer en la superficie, viniendo de las en- 
trañas del pais, una serie tan continua i tan formidable de re- 
voluciones, que por su violencia i sus trastornos podían solo 
compararse a esos terremotos que ajitan la costra del orbe, i 
que la mantienen en constante oscilación por tiempos conm- 
derables, después de pasado el primer ímpetu. 



XIV. 

Como antes ya insinuamos, la primera de estas vastas com- 
binaciones, en que se ve, no solo la man(j de un partido políti- 
co, sino la liga de varios de ellos, es coetánea con la constitu- 
ción de 1833, i marchaba en los conciliábulos secretos, s^ }a, 
par que en los debates públicos de aquella, prueba evidente 
de la eficacia de la última para restituir i asegurar la pa« } e^ 
orden entre los chilenos. 

Hánse perdido para la historia las bases legales que hubie- 
ran servido a una exacta i comprobada relación de aquel pro- 
yecto, porque no existe el proceso que se formó a sus auto- 
res. Mas, colíjese de otros documentos, mas o menos auténlji- 
cos, que aquel movimiento tenia profundas combinaciones i 
cómplices entre las mas altas categorias del Estado. Llámanla 
jeneralmente la tconspir^cipn de Arteaga», porque tc^i^ia 



— 159 — 

por base el batallón de guardias nacionales que este jefe man>* 
daba en la capital (el núm. 2), cuerpo disciplinado que contaba 
mas de mil plazas. (1) 

Pero es indudable que un liombre de un corazón atrevido i 
de un espíritu elevado, el coronel Picarte, era el brazo pode- 
roso de aquel intento, mientras que el jeneral Zenteno, coman- 
dante de armas de Santiago a la sazón, era la cabeza, i qué 
cabeza! la ]ue San Martin habia elejido para que le ausiliara 
en la combinación de los planes con que debia libertar a Chi- 
le. Háse dicho también que don Francisco Euiz Tagle se habia 
ooDstituido en oficioso proveedor de fondos de la conjuración, 
aunque el dinero, al contrario de lo que sucede jeneralmente, 
era el elemento que menos escaseaba en el intento. Don Rafael 
Bilbao, antiguo intendente de los pipiólos, el coronel español 
don Ambrosio Acosta, el antiguo capitán del 7, La Rivera (el 
cómplice reciente de Ruiz), figuraban también entre los prin- 
cipales ajentes de la empresa. 



XV. 



Tan adelantada estaba ya, a principios de 1833, en todos 
sus detalles, la conjuración de Santiago, que se habia fijado el 



(1) Aunque muí jóveu, el comandanle don Joaquín Arteaga, gozábala repu- 
tación íle un Tállente a toda prueba. Ilijo de un oficial G'Higginista, habla en- 
trado al servicio con su hermano don Justo, en 1813, cuando tenia aolo 10 afiOB 
d« edad, sentando plaza de cadete en el famoso batallón de Qranaderos, de 
Juan Joeé Carrera. £n 1820, no contando sino 17 años de edad, era capitán de 
la Guardia de honor del Director O'Hlggins, habiéndose distinguido dos afios 
antes en Maipo. En m^irzo de 1832, habia sido ascendido ateniente coronel efec' 
tivo, graduación en la que murió en Concepción, ^u patria, por los aflos de 
1844 o 46. 

Ademas de sus simpatías O'Higginistas, el comandante Arteaga abrigaba en 
18S3 una manifiesta deisafeccion a Portales, quien, acaso por su antiguo color 
politico, ee habia opuesto fuertemente a que el presidente Prieto le diese un 
gndo i el mando de un cuerpo cí\'ico. Parece, adamas, que a mediados de 1BS2. 
Arteaga habia sufrido un prolongado arresto, no sabemos por que motivo, aun* 
qve »u prisión fné eyidcnte. 



— 160 - 

dia" preciso en que debia estallar. Era éste el 7 de maraso de 
aquel año. 

Mas, el gobierno tuvo aviso, la víspera misma del dia de- 
signado sobre el peligro inminente que le amagaba, i pudo 
atender a salvarse, en el momento preciso en que irremisible- 
mente iba a perecer, pues no era posible que fracasara una 
revolución dirijida por el mismo comandante de armas de la 
capital. 

¿Quidn dio el aviso salvador? Nunca se ha sabido con certi- 
dumbre. Díjose entonces por unos que habia sido el segundo 
jefe de la artillería, don Marcos Maturana; por otros, que un 
caballero de alta suposición en el partido liberal. Contábase, a 
este último respecto, bajo la fe del ministro Renjifo, que ha- 
biendo jirado éste en favor de aquel, én esos dias, uu li- 
bramiento por la suma de 18,000 pesos a cargo del Erario 
(documento que en caso de revolución habría corrido riesgo 
de no ser pagado), el temor do perder una fortuna le indujo 
a ser traidor. Mas, sea como fuere, hubo una delación opor- 
tuna que puso en manos del 'gobierno todo el plan de la con- 
juración i le colocó en aptitud de desbaratarlo por completo. 



XVI. 

¿Cuál era este plau? He aquí otro de los misterios de esta 
conjuración que tuvo toJo3 loi caracteres de esos tenebrosos 
complots que reñere la historia de aquella república del 
Adriático, que solo su Consejo de los Diez i el verdugo cono- 
cían en toda su culpa i su castigo. Pero de todas maneras, el 
plan era vasto i se estendia a Valparais:), como a otros puntos 
importantes de la Repiibüca; i si hornos Je atenernos a la tra- 
dición, a mas de dilatado, el proyecto tenia algo de terrible. 
Deduciendo mucho a la exajcracion apasionada de los contem- 
poráneos, siempre se rastrea algo de siniestro en el intento, i 
como en seguida se vieron actos de tanta temeridad entre los 
mismos tumultuarios, ¿qué mucho es que se hubiese dejado 
en esta primera empresa alguna participación al puñal? t Ern 



r 



- iiii — 

■a Ih niaa espantosa que se podía ver, (dice uuo 
desofl secretos partidarios (1), aludieodo a las proporciones 
qoe le atribuían el vulgo i el gobierno), que al dia siguiente, 
qae había comedia, debían pillar ahí a godoa i estanqueros i 
a DQeutro amigo Prieto i en el acto matarlo; que 80,000 pesofl 
qae se están sellando, tomarlos i tomar los cuarteles; que el 
comandante de artilleria Uaturana fué el que di<5 el aviso; que 
la junta interina que iban a poner, se compondría de Tagle 
por los pelucones, Foiitecülns por los O'IIigginistas i Bilbao 
por lúd pipiólos, para así unir los partidos. Otros dicen que el 
▼ice- presiden te era don José Santiago Aldunate; otros, como 
lo canta por toda» partes don Agustín Vial, que este plan ha 
venido de Lima, hecho por Freiré de acuerdo con los O'Hig- 



oo 



I ciertamente que a mas de cuanto se decia en los corrillos, 
oooñrmábase la opinión jeneral en la inminencia del conñioto, 
por el púnico del gobierno i Ua eetremaa medidas que tomaba. 
~ e&cto, el mismo dia 6 por la noche habían sido reducidas 

prisión el comaulante don Joaquín Arleaya, el coronel 
AooKta. el capitán la Rivera, i entre otros varios, dos oñciales 
Mibaltümoa en servicio activo, llamados Fuenzallda i Domin- 
gaez; habíase mandudo prender en Valparaíso a un antiguo co- 
inaadante de serenos de aquella plaza llamado Quiros (por mal 
nombre Boca alojo). ¡ por último, lo que era mas significativo 
que todo, se habla hecho venir por la posta de aquel puerto 
a) coronel don José Antonio Vidaurre í se le había nombrado 
comandante de armas do Santiago, ordenando al jeneral Zen- 
t«DO que en el acto mismo le entregara et despacho. Habíase 
también intimado orden perentoria al antiguo intendente de 



I» lie Arit. CD vsrlA al j«ueral O'Higpiu, tech* a 




I8á pi{)iqÚs aoh ñáñídl Bilbao ph^ qfle «H ufi bí«v« itfmiM 
sdlié^ phtú el ^tfáhjcít», dé ÚomU hnbfá iH»¿feflhaó I«i3i«hlé* 
métiíé, dl*í[íü^s d» 55ú déstiérfó VolühtáHó ett 1880 (l). 

(1) ]m HÍt^uionie uoficiMtsH i curact«rít$ticii cartA de don Diego I*Dftalel(, qilé fte 
< liirotilTtba á Ufiazon en VtilpáltlUo, defl«ftíp«flAndD el ^bierttd dé áciaelte |Aft- 
XA, I que e» oonieetiiclon a la que el ministro de la Otierra Cavareda le baVI» 
(Urijido 1)ajo el mas profundo sijilo, el mismo dia del denuncio (6 de mario), 
dará ana idea de cuan sérío curador tenia aquella trama: — "Beñor dan Éamon 
CavaredcL — Mi querido amigo; Xada de cuanto conticúe su íkrbtecédora dé 
ayer ine toma dé nuevo: todo lo tenia profetizado, i a fé qtie Yd. 06 |M>dHL ñétSt 
qué qtilero ecliarla de previsor, porqne no bai Un amigo mió que no me hay» 
oi46 h^ profecías. Siento mucho que ellas ^c hayan realizado, porque asi el 
Gubteroo 1 el {tais vun a perder considerablemente para con todo el mnnao, que 
lo^'lba mirando con respeto i como lo mejor de América, ahora <[iih HtteAra des- 
gracia cambiará este juicio honroiío i se dará ascenso a la injusticia i Ik U éi m ^ 
con que nuestros enemigos afirman que el pais está despotizado por un gobierno 
sin opinión. Por otni parte, me alegro, puní que nuestro presidente se convenza 
íilguna ve/, de lo que le he dicho mil, a saben que rolo puede tenerse eonfiana 
en el hombre de honor, i que toda ^l^tincion al malo es lo mismo que criar 
cuervos, i 9t)lo sirve para hacer desmayar al bueno. 

** ^i Vd. examina bien el orijen de los males que nos amenazan i amenaza- 
baii, lo encontrará en las considei'aciontís indebidas que kan merecido a oue^iro 
presidente muchas personas que solo merecían un prendió, i sobre iodo, en sa 
conducía tan poco pronunciada. 

*H^V>fno el ánimo rátá hecho liáce mucho tiempo, tnmpoo(» in6 ha Ulartal^ 
el destino qne quieren darftié eaos caballeros; ctosa triste et morir en mali^e úé 
Ifombrea tan sucios; |>ero la sanidad de mi conciencia i la fatisíaccioa <U no 
haberme proi'urudo el mal |K)r mí inií»mo, me lo hanm mui soportable cuando 
llegue el caso. 

' "He tenido qne descubrirme a Vidam-re, porque era iiidlspensaMe: déMonfttf 
raadlo del eapitaD Silva, qne Vd. conoce, i qne vtiK> de Ooqnimboe era á e iei fc 
lio poaer espías en las compañías i dar otros pasos da precaución que no podiim 
darse sin imponer al coman<lante «le los motivo*, i mucho mas, coando estol 
e.lcrto que ellos le in^piraráu nías iutere!«, actividad y celo. Ia faértBL tetenná 
de ftrtiUerla es la que no me da una plencí conti:inaa por In e«lidAd de kk tw^ 
i«fwr la eliwe de sabaltemoe; pero, án embargo, me atrevo a asegurar ^ne atráfi 
vi^Mi^ tddae las teñtatitas que han hecho aquí los conspiradorea, i que antea de 
media h<mi estarían colgados los qtie intentasen veníwenos a las barbas. STo 
j>or esf o crea Vd. que me abandone a mi confianza, i cuente con qne no doWAt- 
v^ hasta qne 8nce<U oí despenlace del drama. 

" El arreglo i orden que reina en el cuartel de cívico?, prestí mucha se^uri- 
*lad, i erca Vd. que con ¡a banda de tambores i músicos i los sarjentos de linea, 
oi^ sudcieiite para trastornar eoalqtlicr plan: <«^t* tar<íe tM it héeef IfeWif owi 
mucha precaución 2(X)0 cartuchos a bala, i todo, sin que se sienta, r^vééará M- 



Al mi-iiio tiempo, habfaitge heclio prUionca cti Valpuraiao 
1(1 1 i Aeon«agufl, MÍemlo uatorce el número lU- los capturados 

I pDtsto lid luúdú i]ue Vi. |jo£iL ÜHuar Ljl murdlidail i iiLliürJ id Ación que se ha 
I wfndó yw IiiTuDáir en loe cuertiDs de Waateñu de niUli'i'ia, me buceo eipcrsr 
^ué B prñr áe citar Mu «u principioj, puede anearse de ellos tadna lat ventajad 
■'■éoé •■ qniertlL Vo ttepiáo un looment» fa acotisej'ir ni gobierno que en taso 
R'Sb pafígK, ^to es. un |ro1pp <Ic mano de I ,s bribonea, ilebe ealar diapii<»U> pin 
f-fttiar > Tilpamtso, en dond» encontraría tndu seguridad, eepeciulmente n Ib 
■ ta¿1ÍA 3é htke o eúnlro nie«ea, tiempu que con^ileru butiinte pnru puiier en 
■•tíaeñ ñtado 1(h 1,500 Immbres dt; qn« conalan loi tren «uerpon eirivu^, 

''Hil£ üu mes estuvo Fic.irte ei\ ésta eh In miliUtUIliiM ram de Sijuella, a la 

loa pcgtttiA fuego por tkí t^ualro ea<]idna9 p.vrn que no ee eáuapnr^ ni U viodií 

a U NkUt: puede tuecder que liñya Teniáo n tiiiur atgu: él lia ralido vermo 

k bmiea ie empleos; pero, en lála irx, u» íe ine lia ¡luesUi por delunW. aunauu 

■qMMaé uictHler qu» esto un efcct'i de una conleatuiñun muí ¿iiru ijné di n uiin 

I juu luya en el urio pniaiJo. 

" (íuardüuie Vd^. ruucbu drl edeuan L^pri, pirque upustnré unn oreja a qur 
I Biéi MeflJo til «1 plan n U* etMñidldas fl eí una iiii.'nia eom con lodos loa guc 
I ftMtán«ñ lá d&litü: tti dotile, mlrlgante, aapininff i eneniign d>>l ^biernci. por 
nui que el préndenle no quiero creerlo. , 

" Jotrt está linbilitado ptir <>1 cbiilanrjo RnSñgaa en los monnua deíemno, 
i DO «tro <jin M haya UOTldo sin araerdo de e^Iu dLiblo que no pierde de ví«ta 
a don Bernnrdo. 

"OtHtadtt Arteaeía (Aiklia pfeao, t yn eorernin en SnDlJngo, aupe nlitchira TflBes 
qoB tart» »us en«eTT0Bii9 pob cíe lli»eru qne ftií del 7. eon nn Montero qae füt 
4e1 intan» eurrfm. i etroa ptreeidos; tírviilo de gobierno 

"ÍVmU lepíMriOTí del eambii {*)i nombramltuto de ViJourre, n- va a «- 
^MBr U aun, 1 Icri roDfplnidarea no i<tguen nn piieu hasta pnsado nlvun HKbipo, 
ñ Tdv HeMii pIHin e«tdnin!a ea qne pueden cruat la nutqaÍDaeiúu. serli 
tá^o t ^ar IM «Has en el estado M qne catín, i aai caerían eu la trampa, dé 
Mihi <|ilc podíem hai-erit un ejemplar, sin une el ddito quedase su dada* re* 
^<<M» del pu^To. 

" Bb fin, amlííO. ro e««i fwufflftdo eon Vil i me parece qne no pnede «tit 
•Mk) Wineno «a '¡n.? Vd. ptfnga man». Bniete el gallo por alli, conlaüdo üim 
prcMD <]np pirT itqul iMio Inr^iirl Caalquienique sudD sus ueopaclan» Da dcJ4 
At OlMftírmí', pori^ne, sHaftcstíafnintieM preciso apnmr tumlrtm lits provldüi- 
«Hé. t d Kmu nn imperto sirio, d«ba u'églinii' est« pucMn tomando medidiA rin 
tibcno, i qn* oo pieden tomanir sin ler traslueidii!, 

••9» d«pMe de Vñ. haaln meniinii su mm amonte amigo i obediente lObdito, 
DUgo Partaici' 
• «ttii pinn, Portalm, Hito esqulillu ddljeneiía phM 




— iU — 

en la última provincia (al decir del ponderativo corresponsal 
del jeneral O^Higgins que otras veces hemos citado), figuran- 
do entre éstos el joven mayorazgo don Máximo Caldera, her« 
mano político del jeneral Freiré. 

llegar a descubrirlas combioaeioiies qae la conjuración tenia establecidas en Val- 
paraíso. Lo único que sacó empero en limpio fué que el ex comandante de serenos 
Quiros habla hecho un viaje misterioso a Santiago i que era indudable estaba 
comprometido en la empresa. Respecto de sus cómplices, supo que los comer- 
cian tea 'don Eujenio Pérez Veas i don José Squella, acérrimos pipiólos, hablan 
seducido a un Cabrera, antiguo ofíuial del Pudeto, a fin de que sublevase kt 
brigada de artílleria, en cuyo cuartel se hallaba preso, i a un empleado en 1* 
secretaría de marina llamado Callejas, todos los que, en consecuencia, fneroa 
espedidos a Juan Fernandez, con escepcíon de Squella. Portales confinó al últi- 
mo a Copiapó, habiendo tenido con él el procedimiento poco decoroso da estam- 
par como auto cabeza de proceso, con feclia 9 de marzo, una conTersaoion pri- 
vada que con él habla tenido bajo la fé de caballeros. "Anoche, dice Portales a 
Cavareda, aludiendo a esto en carta del 9 de marzo, a las dos de la mafiana es- 
tuve con Squella en su privón i me descubrió lo qae poco mas o menos verá 
usted en el citado decreto.'* 

£n cuanto a Quiros, parece que nunca pudo dársele caza. AI menos, asi lo re- 
fiere Portales en la siguiente carta, que arroja también algmios otros porme- 
nores; 

seSor don ramón cavareda. 

Veilparaiso, marzo 8 de 1833. 
Querido amigo: 

Me hallo en el cuartel de artillería, de donde probablemente no saldré hasta 
después de haber salido el correo, i aunque dije esta mafiana a' Garfias qae 
escríbiera a usted, no quiero dejar de liacerlo de mi letra, para imponerle dt 
que Quiros o Boca ahajo ha venido de Santiago, hace tres ^ias, con la comiaioa 
de revolver, mandado, por supuesto, por esos caballeros: aun no pueden epre» 
henderlo, aunque lo buacan por todas partes, i es de necesidad que ustedes ló 
encarguen mucho a la policía de Santiago, por ó. acaso se ha largado. Sé don^e 
se ha naanteniílo escondido, sé que en casa de Eujenio Veas Pérez tuvo ana eo- 
trevitita con José Squella i le manifestó el objeto de su viaje, dando por hepho o 
verificado sin remedio el golpe de Santiago, tan pronto como se avisase de aquí 
que ya estaban dispuestas las cosas para segundarlo. Están presos Veas, Sqae- 
Ha (que me acAba de decir que no le pregunte nada delante de otros i qae en 
privado me impondrá de la verdad), Callejas, que fué oficial de la secretaria de 
este gobierno, i un Cabrera, que fué oficial del 8 i que hasta ahora resuHa eúm^ 
plice, i que según trasluzco, tenia la comisión de sobornar la tropa ésta, aprove- 
chándose de la circunstancia de estar arrestado en el cuartel, por súplica del 
gobernador local, lo que me ha hecho dar la orden para que no se admita en 
el cuartel en arrosto a ninguno que no goce fuero i sea puesto por mi. 

Por la carta de Garrido (a quien se servirá decir que le eonteetaró mafiana). 



— 165 — 



XIX. 



Habían pasado muchos dias, i el gobierno no se recobraba 
aun del pánico en que las primeras impresiones de su peligro 
le habían sumerjido. c Yo no creo, escribia Portales al minis- 
tro de la Guerra el dia 18, como para fortalecer el espíritu 
decaído de sus amigos, que la conjuración tenga la trascen- 
dencia i extensión que usted teme: essi frialdad o indiferencia 
qoe usted nota en algunos puede nacer de desprecio o de 
canaancio, pues usted no ignora que todos han temido i han 
hablado tanto, profetizando lo que ha sucedido i lo que no se 
ocultaba a los ojos de otro ciego que el gobierno. Acaso ha- 
brán muchos que no tomen todo el gusto ni han podido ale- 
grarse enteramente por el descubrimiento de esta conju- 
ración, porque teman que mañana vuelva a suceder otra, 
confiando poco en la esperanza de que el gobierno, con este 
cgcmplo, cambie enteramente i abandone esa marcha a me- 
dtasi creadora de revoluciones i oríjen esdusivo del descon- 
tento de los buenos, de su desfallecimiento i de la audacia de 
los malos. Cuando se vea que el gobierno mira los males 
oomo causados por dos detestables facciones unidas (1) i no 
por las personas de fulano ni mengano, cuando abra bien los 
ojos para distinguir a los hombres honrados de los que no lo 
aoD, entonces verá usted alegres i exaltados a todos los bue- 
nos, i a los malos metidos en un rincón, convirtiéndose en 
baenos i sin ánimos para intentonas como la presente.» 



he aabido el desenlace del drama en esa.* Me parece bien el nombramiento de 
fiíeftl, especialmente si nstedes le ayudan. Que no olviden en el interro^torío 
la prcgimta de si conocen a Quiroe, donde se halla, si han hablado con 61, 

ete., ete. 

Diego PortáUtt, 

(1) Frutales tenia razón al atribuir un carácter Pipiolo-O'Higglnitta a la con- 
jvaefMi de Arteaga, porque éete i Zenteno representaban el último elemento; 
mi^ntrae qae Bilbao I Picarte eran puramente pipiólos. 



— ttt — 



La causa, entre tanto, se seguía cqn actÍ7Ídad, habi^pdo 
sido nombrado fiscal el sarjcnto mayor don Manuel Qarcia, i 
con tanta rapidez mi\rchaban sus trámites, aue ya el 16 9 I7 
de Inarzo, es decir, \iua semana después del denunqb, I09 reofs 
presos se hallaban en el caso de nombrar sus defensores. (\) 



XXI. 

Al fin, como era a todas luces inevitable, loS rpos nfooeMi- 
dos fueron condenados a muerte por el Consejo de gúerfi). 
Mas, intervino la Corte Marcial, i no desmintiendo ánora la 
cuerda clemencia de que le hemos visto dar pruebas en todótt 



(1) A efte prorpóéto, weríbia Porteles !• aigoleBta, qui pnafa* l^^fi^ 
^eyAJCM^ ^u veda4a intcrv^acio^ política aquel íif^^io^i^ qqe, df^Mf Y^pi^f^^ 
Qrd'^nal):» la mapera como debían componerse los consejos de fl^^Tf^ Q^^ iban a 
juzgar a sus eneiuigos en la capital Apenas babria j^^labras bástente ilnri^ 
pai^ calificar este abuso detestable del poder sobré Ibs tegra^o» íúetéb áé la 
eonciencia» pero como la práoti^ca et tan afieja i se ha seguido 40b Ittte AMI- 
^(id baste ^quí, nos parece suñclante ezliibir on documanto q^ la poM f& Ari- 
dencia, para que fe comprenda todo su alcance i todo su ^sc^^ló. Las Pi^li- 
bras de Porteles, dirijidas al ministro de la Guerra el Id áe marzo, (on las 
siguientes: "Los conjurados han de nombrar para deÜpnsores á los je^M de ^Búy^ 
integrídad i adliesion al (robíemo tíenea quo temer para impUoárlee d^ 6ile 

modo i po puedan ser combradoe vocales ^fS^ uptici^iV W^9 ^ ^^^ -^^^Pftf» 
ha nombrado a Obejei'o, ya Arteaga lia nombrado a Blanco, como usted me 
dice, i así Hcguirán con otros, creyendo que de este modo harán recaer el nom- 
bramiento de vocales en A coronel López, en S^nehez^ el (ifierto qijie ^ff^flt^ ij^ijll 
su piata, Ai^torga, etc. Pángase usted de acuerdo con Vid^urre (qiüen p^ie^a i 
debe presidir ^i consejo) p^ra que se nombre de vocales a los coroneles Pereiri|i, 
SiiVá, Frutos, si alcanza a estar en esa Maruri i se complete el con9«o con el 
teniente coronel Escribano; i si no se encuentran los otros tres en este dase que 
sean buenos, pueden cou tiempo hacer ir a la capitel los que estén ausentes en 
pintes inmedvatoee si U6te4 eoofi^ en Mr. liargi^tj p^^ if» £d fin» ¥9 ^P f^^- 
49 4ud<ir 4e q^e ustedes hay^n ti*^tedo ja caU astuitQ c^ I4 ÍQrwlMl4 V^ 
mprecc, para no ser bur^4o* i que 9I origen no qua4f iqupjdf^." 



— 167 — 

los casos anleriore^, análogos al presente, conmuto la i);'iia capi- 
tal en destierro i\ un presidio, líu contecucnein, el c> de setiem- 
bre de 1833 salieron de Santing»> para ser embarcados con 
destino a Juan Fernandez, Art?aga, Acosta, La flivera i los 
alféreces Domiiiguez i Fucnzalida. 

La Corte Marcial no ía^ estií, vpí^ jencrosa impunemente. 
£1 gobierno, violando la Constitncion i las mas sagratlas leyes 
oonstitutivas de la armonía de los podei'cs i de las garantías 
«iü iQsciudadanoSj mandó encausar aq'uel noble tribunal, i en 
virtud de un decreto de 4 de octubre de aquel afio, fueron so- 
metidos a un escandaloso proceso los jueces propietarios don 
José María Villareal i don Ramón Sarricueta, los suplentes 
don Bafael Valentín Valdivieso (actual arzobispo de Santia- 
go) i don Pedro Lira, i loa vooaldM militara»^ cqrauaii&a Cace- 
res i Becabarren. La Oorte Suprema, sin embargo, poniéndose 
a la altura de su ministerio, absolvió a sus colegas de toda 
cnlpa. 

XXIL 

Tal fqé la primer^ de laa tros graV\il^ revoiuaiqnc.> que hi- 
oievoa eoriejó a la Oonstituoion de 1883, cuya apari^^ion so 
pteconixaba eomo la era de la paz i de la libertad. La prece- 
dió 4^ algunos dias, pues aquella fu<$ solo promulgada en ma- 
yo; pwo vamo? a ver en brqve la que siguió a ^u ajurüibra- 
miento, i qu^ es, a\n duda, la pit^» terrible i la írií^ colp^al do 
todas lai) maquinaciones secretas (]ue han ocurrido en Chile 
dtirante su existencia, i que como tai ha pasido a figurar cu 
1|^ l)¡8toria con el nombre de Ja reooh(^ion de los ¡puñalea. 



CAPITULO VIL 



\ 



CONSPIRACIONES QUE SIGUIERON A LA CONSTITUCIÓN 

DE 1833. 



(La revofodon de los pQflale8.^La conjuración da los Hásares*— Tq< 

multo del InstitQto IfacioBál.) 



1a refolncion de los puflales. — £1 capitán don Juan Cortéft. — Primera r«imlon 
i juramento de los eonjmradoa. — Los dos Barril, Mujica, Soto, Nararrete, 
Nogareda i Montero.— S^undo conciliábulo. — El coronel Paga es nombra- 
do jefe militar i Cortés secretario de los conjurados. — Incorporación de 
otros personajeSi — El coronel don José Antonio Pérez de Cotaposw— Don 
José Castillo. — Los comandantes Urqnixo i Jofré. — Medios de procurarse 
fondosL — ^Don José María Novoa — Don Rafael Bilbao. — Personajes que 
snministran el dinero.— Apresto de armas i grupos de 4>ueblo. — Plan de 
la eonjuracion.— Divídese la ciudad en dos líneas de ataque que debe asal- 
tarse por diez grupos ^armados. — Inminencia de una catástrofe.— Llega la 
noche designada del 12 de julio. — Descuido completo del gobierno— El te- 
niente Grodoi es sorprendido en el momento de darse el golp? i se descubre 
un depósito de puñales. — Singularidades de GodoL— Puga da contra orden 
postergando el movimiento. — Muerte del capitán Cortés.-— Es denun dada 
la revolución aquella noche por Ballesteros. — Prisión de centenares de 
persona* i violencias de los Húsares.— Profundo secreto que guardan los 
conspiradores sorprendidosw — El gobierno forja una falsa conspiración par* 
descubrirlos. — El comandante Soto Aguilar. — Pone éste en ejecución nn 
plan de provocaciones secretas. — Los sarjentos Torres i Roco i la costurera 
Azocar.— El coronel Puga es engafíado i entra en el plan de sublevar los 
Húsares i la artilleria. — Penetra en el cuartel de aquella i es amarr.ido.— 
Joaquín Lazo. — ^Prisión de las señoras Almanche i sa espiritualidad de 



— 169 — 

intenta fosUar a Pnga incontinenti, pero se opone el auditor 
Gandaiillaa. — ^Descubre Puga sus cóooplices. — Noble conducta de Ganda- 
rüúñA, — ^Delación de Nogareda por la perfidia de un oficial de artillería. — 
Tienen lugar numerosas prisionesi — ^La cárcel de Santiago en 1888. — Vista 
fiscal sobre la revolución de los puñales. — Admirable informe de Gandarillas 
sobre aquel proceso i el de Puga.—Clemencia de los tribunales— El Congre- 
so decreta la primera suspensión de la Constitución i concede al gobierno 
&cnltade8 estraordinarias. — Gastos secretos. — ^Anécdota de la ánima ne- 
íft€L, — Sublevación de los colejiales del Instituto. — Se resisten a la fuerza 
armada, pero capitulan con el presidente de la República. — Lealtad de 
loa eomprometídos i prisiones iropuet^tas por la Junta de educación. — Su- 
bleraciones conventuales de 1883.— Eficacia de la Constitución de 88 para 
reprimir las conspiraciones hasta la fecha. 



I. 

Fué el primitivo i aadaz iniciador de la famosa revolucioii 
de los puñales^ la mas terrible i siniestra, a no dudarlo, de las 
oonjaraciooes políticas que rejistran nuestros anales, un joven 
capitán, orijinario de Chiloé, llamado don Juan Cortés, uno 
de los proscriptos por el nuevo gobierno, cuya autoridad se 
habia negado a reconocer. 

No era Cortés ua hombre vulgar ni un simple soldado. 
Había sido en 1828 uno de los redactores del Canalla (el com- 
petidor del Hambríenío), juntamente con MuQoz Bezanilla, el 
senador Fernandez i el clérigo Farüla^. Pasaba por hombre 
de ideas adelantadas, i aun se le tildaba de volteriano en sus 
ereencias relijiosa*', suposición que se confirmó en breve, pues 

aseguró que habia muerto impenitente. 



II. 



A rociados de marzo de 1883, i cuando aun no habia pasa- 
do una semana desde la prisión de Arteaga i sus cómplices, 
Cortés promovió la primera reunión de los conjurados. ¿Era 
esta segunda maquinación un resultado de aquella o asumía 
mi carácter enteramente distinto? Difícil seria averiguarlo hoi 



-• 170 -- 

día; pero es de preaumir que Cortés tuviese parte en el plan 
que acababa A^ frustrarse, porque ora cari paisano de uno de 
^\j^ prínaeros jefes, el coronel Picarte, quien, conio qs sabido, 
er^ natural do Valdivia, en cuyos fuertes habja copienzado su 
uarrera antea do 1810, en calidad de simple artillero. 

Túvose la primera junta en la noche del 20 de manso, reu- 
niéndose ocho de los conjurados en el estudio del abogado 
don José Toribio Mqjica, hombre de tanto corazón como in- 
telijencia i, a moü, jnsigpc pipiólo. 

Eran aquellos los do9 hermanee don Gregorio i don José 
María Barril, valdivianos de nacimiento, timbo» oficiale.<f del 
batallón núm. 7, o Ghacahuco^ en cuyo cuerpo era el primero 
capitán i teniente el segundo; el capitán de caballería refor- 
mado don Ramón Navarrete, que habia hecho la campaña del 
Perú a las órdenes del bravo Arenales, distinguiéndose en la 
batalla de Cerro de Pasco el 6 de diciembre de 1820; el sárjente 
major don Bartolomé Montero, también del estinguido Cha- 
cabucoi que habia escapado en Lircai con la vida i la liberUd, 
ooulto en unos marzales del rio, i por último, ios oficiales de 
artillería don Vicente Soto, veterano de la Patría vieja, en flu- 
yas campañas granjeóse el nombre de valiente, i el joven te- 
l^i^^te de aquella mi^ma anaa don Juan Antonio Nogareda, 
que habiendo perdido su grado, vivia enseñando matemátiets 
ei) loQ colirios paruculart'^ do la capital/paos era entendido 
en fuella ciencia i oQoiil de no escaso mérito por su valor i 
§M qoodqc^. 

Todos, con escepcion de Navarrete, eran dados de baja, lo 
que equivalia a decir que eran conspiradores nato?. Aquellos 
hombres sentian hambre o tenian madres o hijos que alimen- 
tar. Por un BcU) atroz de injusticia i tirania, loshabian arreba- 
tado sus espadas los conspiradores de la víirf)era, a quienes cu- 
po en suerte vencer; ¿qné mucho enionces que los primeros 
eoharan paño a los puñales para recobrar aquellas, x^ue^eran 
su patrimonio, su porvenir, su gloria misma? n 

El QS|ido Cqrtési tuvo la palabra en este primer conciliábulo, 
i o^yió a los ¿^filiados un jqxamento solemne de secreto i de 
fideHdiM}, sobre uua fórmula que él Uevaba.redactada, i. en la 



- 171 ^ 

que estaban resamidos los derechos que ellos se proponían 
revindicar i los ultrajes de que iban a pedir satisfacoiou a sus 
opresores. 



III. 



Celebróse, v^ loj pooos días, una sogqnda conferencia x^a^ 
numerosa er\ el café de la Uniouj donde los coqjpn^do^ 4^^P^' 
ni^B del ^poi^cuto del capitán Barril, quo era aflí(ii|)Í8;j*í^Aor ^^ 
^qqelU casa, ea la que un amigp le hnbia ofrecido un pa^n 
^He rapiedii^se su miseria. Acordóse e^ e^^^i reunión, q^i^ t^U; 
vo logar 011 1^ últimos djiis de JQc^rxo, incorporar ei\ \^ lojia a 
loi coronóles fuga i Oqtapos^ i a los cqmfiqdautes Castilla, 
I7?qftÍ9So i Jufr^ que representaban una esfera^ m^ alt^ en qI 
ajroulo 4q loa corvjurados, 

Con esta agregación de auxiliares, llegaban los conspiradores 
al námero de 13, sin escepcion hombres do espada, valientes 
los mas, desesperados todos i capaces de los actos mas atrevi- 
dos. Asemejábanse por su situación i por su numero a aque- 
llos cdlebres castellanos que llamaron « los de Chile • i que 
4i^roq muerte al marques Piz^rro en 1^ mitad del dia, pues 
^ ^stos no tenian sino una capa par¿^ salir a la o^ He» aquellps 
41P pqseian noas fortuna qi^e el embozo quQ seryia. a>sus noctu^- 
909 disfraces. El capitán Juaq Cortés era el Jufin ^o Tl^^a de 
aqu^ gpipoi de conspiradores, aunque convelíale niejor p<\r 
sasa{l<:t8 ^l títulp d^ Almagro el ihqzo, pue» qr¿i \in apuei^.to 
fi^iceho de 28 aílo^, de b^llí^ima presencia. 

IHieron prpsentándo$e a la lójia, ui\os qn pos de Qtr<)?, Ips 
j^fH designados, i aquoU^ continuó sus sesiones, reuniéndose 
j^ ap un punto, ya en otro, a cuyo fin Cortes había propo;'- 
frailado una cosa en la calle de Santa Ana. Fuga, desdi^ lu^go, 
•luvbia si^o nombrado presidente de h lójia i Cortea ^eor^t^rÍQ. 



— 172 — 



IV. 

Era el presidente de la lójia el menos apto para el difícil 
honor que le babia cabido. Lijero, presuntuoso, en estremo 
confiado i sin mas dotes militares que nna gallarda figura de 
jinete, su carrera, que fué en estremo rápida, la habia debido 
a la fortuna i a influencias de familia i paisanaje (pues era 
de Ooncepcion), i por tanto, ho disfrutaba el cr^ito ni el 
prestijio que dan el valor i la intelijencia: tenia *solo sobre 
los hombros dos enormes charreteras de entorchados blancos. 

El coronel Picarte habria sido el llamado para aquel puesto, 
en que se necesitaba de un ancho pecho i de una cabeza bien 
asentada, pero vagaba entonces perseguido, o no se encontraba 
en la capital. Sin embargo, el secretario Cortés suplía en gran 
manera a la deficiencia del jefe de la lójia. 



V. 

De los otros jefes que se habian afiliado, el coronel don Jo- 
sé Antonio Pérez de Cotapos era el mas importante. Hijo de 
una pasa noble i opulenta, fué camarada de los Carrera en 
las campañas i calaveradas de la Patria vieja. Emigrado con 
ellof*, habia sufrido después, por su adhesión a aquellos hom- 
bres sin ventura, la persecución de sus émulos; pero restitui- 
do a la influencia política con el advenimiento de los libera- 
les, ctipole llenar los últimos votos de su lealtad, siendo el 
jefe de la comisión que, por encargo del Congreso, fué a Men- 
doza en 1827 a traer los huesos de aquellos mártires. Después, 
la enerjia de sus convicciones le habia llevado hasta desem- 
peñar la cartera de la Guerra, bajo la presidencia del senador 
Vicuña, a quien acompañó en su peregrinación al norte, hasta 
que fué hecho prisionero en la playa de Coquimbo. 

Habíase retirado después de la vida pública, aislándose de 
todo contacto con la sociedad en una de sus propiedades, ve- 



. —Ha- 
cina a la capital. Era, sin embargo, nin hombre popular eatre 
la muchedumbre de Santiago, porque conocíanle tan enérjico 
como fastuoso, i había recibido, al parecer, la herencia de presti- 
jio que dejaron sus lejítimos antecesores, suscamaradas de glo- 
ria i de infortunio, los lamentados Carrera. Háse dado por esto 
el nombre de revolución de Gotapjs a la que la historia llamará 
conjuración de los jyuñaks, porque era, en realidad, un complot 
de zanja i horca, i porque aquel caudillo tuvo una participa- 
ción, mas bien de influencia en las masas, que de confabula- 
ción persofml en el proyecto. 



V. 

Entre los otros tres oñciales de graduación que hemos nom- 
brado, el comandante don José Castillo era el mas joven i el 
mas prestijioso. Tenia entonces apenas 30 años, i habia man- 
dado con bizarría i lealtad el batallón Chacabuco en toda la 
campaña de Lircai. Contaba, ademas de su prestijio de jefe, 
con poderosas relaciones de familia, pues se habia emparenta- 
do, por su reciente matrimonio, con la entusiasta i patriota &• 
milia de Lazo, i mediante otras coneccione?, tenia estenso 
influjo en la provincia de Colchagua, por la familia Pérez de 
Valenzuela, que se habia aliado a la suya. 



VL 

El comandante Urquizo era un soldado de Tucuman, que 
habia venido a Chile en el bergantin Qalvarino, i servido con 
distinción en las campaiias marítimas de Lord Cocljrane, i a 
las órdenes de San Martin, en tierra firme. No pasaba, sin 
embargo, de ser un oficial valiente i honrado, i habia, a mas, 
tenido la desgracia de perder su escuadrón, al principio del 
trastorno de 1829, sublevado en San Fernando a influencia 
(mengua insoportable para un capitán de San Martin!) de la 
sotana de un cara, el clérigo Cardoso. 



fí4- 



VII. 



Jófró era él mas modesto de aquellos jéfe^. Joven Heno dé 
pundonor i patriotismo, áobrellcvaba en silencio bvl sueitd 
desdífliada. 8c había consagrado al comercio, ajeno a ttída 
pensamiento do revueltas, pero llatnado por sus amigos al 
puesto del peligro, no habia vacilado en ocurrir i en aceptar,- 
como luego veremos, una de las comisiones mas arrie?gtidaá 
de la empresa. 

VIII. 

Puestos ya de acuerdo los conjurados sobre la manera cohio 
débian obrar, ciicontrarou un escollo para remnir el numero ñt 
bhizos auxiliares con cjue debían dar el atrevido golpe. Ningu- 
no de ellos, esccpto Cotapos, tenia un maravedí de qüo diaí- 
poner pal a reclutar partidarios a propósito para la ernprtsa. 

Resolvieron, eü consecu<*ncia, acercarse a dos hombrea (](tté, 
jícír feü posición i su osperiencia en aquel jénero de manejen, 
Reblan salvar sus dificultades. Estos eran don José María No- 
X'óa, anti'gUtí áetihdor i ministro de los pipiólos, i don Bafhel 
Bilbao, que habia sido su último intendente en la capital. ' 



ÉH don José Maria Novou uno de esos hombres, que sin 
lener nada de siniestro ni de innoble, poseía el jenio dé lüá 
raaquiñafeiones que necesitan ardid, dilijenciít, i una secreta I 
ciasí hipócrita enerjia. Llamábanle por cato sus contrario^ con 
el apodo de Voii Negocio^ pues desplegaba suma habilidad ttí 
todo jénero de combinaciones, siendo las del comercio, del fohi 
i la política, las que mas de corea ocupaban pt)r lo coman sq 
inquieta i fediinda imajínacion. 

Aparece este hombre singular por la primera vez en ía 



- 176.— 

cena publica acaudillando una revolución en la ciudad de 
Cuenca, en el territorio del Ecuador, cuando en 1821 las tro- 
pas do Bolivar invadiei'on aquclltis provincias; Dícese que en 
un dia de Corpu , la p!oW, inducida por aquel, se habia echado 
sobre laá arnitv-^, en (ú itistaute mismo éh que el Sttóíátri^álo 
era paseado e»\ procesión por la pl.tza, tío déonk'éciertdp dfc 
eala manera íúngüii jénero de desgraCÍ2i, estjcptó lad^lsacHíéjio. 

Nombrado jeneral de las troptis coldcticidA que sé léVáüká- 
ron, Novi)a, dice el lii^fdri:\dbr coli)íiibiano Réátrép'ó, hlíoálft 
causa de Í:a América el gran se^^^icio de independizar aqué- 
lla parte del territorio que auá ocüpabaü los bspaíídlea, ¡hteí- 
poniéndose erftro las armas libertadoras dé Bolívar, cjué apati- 
zaban dt'sde el norte, con Sucre a la cabera, i las de Sari Martín, 
que rnárcliaban con Santa Cruz, desdé él sur. 

Enci iitrarrios después a Novoíi de ministro dé lá Guerra del 
presidente Itivagüero, cuando, a nombre de los fueros del 
Perú, constituyóse on rebelión contra Bolivar que, venia a li- 
bertarlo, i como se atribuyera a Üquel, en gran manera, tan fu- 
nesta división, Bolivar decretó su muerte, i ya iban a poner 
ésta por obra, cuando se escapó, fügáñdbáé á loí áoldádós que 
ló cui^todiaban, por medio de una do esaá estfatajemás éri qüé 
su traviesa fantasia era inagotable. 

Después fué uno de los prohótnbrcs de loa pipiólos, i él 
verdadero caudillo do iiqucllá secta de pelajeanos qué con tanta 
mordacid d atacó Portales en el Hainhriénto. Era, sin ehibár- 
gó, Novoa, uno de los pocos hombres a quiénes Portales téitliá, 
i con razón, pues a haber sido él, cOmo estüVtt aí suceder, pre- 
sidente del Seriado en 1829, los pipiólos se habíian SaWádo 
contra sus astutos adversarios, tefiiéndó aa:juél caudillo teáhéfl- 
to a todo por cabeza, asi como se perdieron sin remedio 6órt él 
apocado candor i la inerte pusilanimidad del senador Vicuña. 

Después de Lircai, parecíc qUé Novoa habia hecho un viaje 
a Lima, pero a principios de 1833 se encontraba otra vez en 
Santiago, donde habia abierto de nuevo su estudio i féétisíble- 
cido sus negocios, que por lo común coodistian én íVtitod dtél 
pais (huesillos, orégano, alegatos én derecho, césiháá, ¡íbéítíé, 
pasas del Huasoo, etc.)^ que enviaba a los mercados del Perú. 



— 176 — 



IX. 

Bilbao (que no sabemos por qué motivo permaneció en 
Santiago después de la orden de espatriacion que habia re- 
cibido en marzo), al contrario de Novoa, no tenia mas cuali- 
dades revolucionarias que su constancia i un profundo disi- 
mulo. Hombre sório, reservado i de pocos alcances, poseia esa 
enerjia pasiva del espíritu, contra la que se estrellan todos 
los contrastes de la vida i todos los obstáculos que en lo pd- 
blioo, como en la existencia íntima, vienen a combatir al hom- 
bre. Habia sido por esto el inexorable intendente de Santiago 
en la última época del dominio de los pipiólos i su conducta 
le habia granjeado el prestijio de un notable carácter. 



XL 

No fué, pues, difícil a los afiliados de la lójia revoluciona* 
ria ponerse dé acuerdo con estos dos hombres importantes; 
i al cabo de pocos dias, habian reunido un fondo considerable 
para adelantar su empresa. Novoa solamente habia dado de 
su peculio mil pesos; don Francisco Tagle, don Francisco Val- 
divieso i don Francisco de Borja Fontecillas prestaron tam- 
bién sumas considerables, i aun se dijo de un antiguo corifeo 
de los pipiólos, llamado también Francisco, (L) que no teniendo 
dinero disponible en el instante, habia entregado a Bilbao un 
valor de seiscientos pesos en zurrones de yerba-mate, que ha- 
rían buen tren de guerra en caso de sitio o de bloqueo... 

xir. 

Provistos de recursos, pusiéronse los conjurados a acopiar 
armas, principalmente puilales, i a reunir jen te resuelta, ca- 
paz de la osada majuinacion que traian entre manos. 

(1) £1 ez-pre8Ídent« don Francisco Ramón Yicnfia. 



— 177 — 

El comandante Castillo encargó, con este objeto, a un antí- 
gao saijento de su cuerpo llamado Pino que le buscase a to- 
dos los soldados que aun le fuesen fieles i que vagaban dis- 
persos en Santiago, diciéndoles que estuviesen listos para 
hacer un viaje al campo, por cuyo servicio les ofrecia una 
gratificación de diez pesos. El capitán Barril, por su parte, 
valiéndose del mayordomo de la fonda que administraba, i 
que era un tal Migues, reunió varios hombres con el pretesto 
de ir a hacer un contrateindo a la costa de San Antonio. Co- 
lapos juntó en su casa, situada en la Alameda, un grupo con* 
áderable de artesanos i soldados de la guardia nacional. Uno 
de los conspiradores, del nombre de Velazquez, oriundo de 
Chiloé, alquiló un cuarto en la casa de doQa Nieves Machado, 
calle de Santo Domingo, media cuadra al poniente por la calle 
traviesa de la Bandera, para depósito de armas, i por último, 
Jofré se puso de acuerdo con un valiente oficial, antiguo su- 
balterno de Coraceros, llamado Arteaga, quien, después de la 
proscripción en masa de 1829, se sustentaba con una cigarre- 
ría situada (rente al cuartel de húsares. Este despacho, como 
el cuarto de doQa Nieves Machado, iban a jugar un rol prin- 
cipal en la conjuración, o mas bien, en su fracaso. 

Ilecbos estos aprestos, se acordó el plan de la revolución, 
86 señalaron sus puestos a los conjurados i se fijó el dia del 
levantamiento para la noche del 12 de julio. Consistía aquel 
en atacar por grupo i pufial en mano el palacio i todos los 
cuarteles de la capit:il, al golpe de las ocho de la noche, de- 
poner todas las autoridades, i proclamar la Constitución de 
1828, derribando la que solo hacia pocos dias habia sido pro- 
clamada sobre los escombros de aquella, el 25 de mayo de 
1888. 

XIII. 

La distribución de los grupos que iban a marchar al asalto 
fflmultáneo 'de ocho o diez puntos diferentes fué hecha por 
Cortés i Puga de la manera siguiente, dividiendo las opera* 
cienes en dos líneas principales por los puntos en que aque- 

9, DOBOO FOKT. 1% 



- i7é — 

JIm ibíin h concentrarse», es decir, en la piílza, contm el J>ctko 
nW del gobierno i en la Alamedn, contra los cuarteles ile la 
gü&rnicióii. 

Bl corñíindarite Castillo, con el grupo de la Machado, que 
era (A trias numeroso c importante, debía asaltar el palacio, en 
el momento que entrara la retreta a su patio principal, i blan- 
diétido lospuñalfs, ni grito de — co7i estas armas se venga ¡a san- 
are de Lircaíl (que era la consigna jeneral o el santo de loe 
coDJutadbs), caer sobre el presidente i asegurarse de su perso- 
nt^ isih matarlo, pues su vida seria el mejor trofeo del intento. 
DfeWan acompañar a Castillo en este asalto temerario los oft- 
eidlies de artilleria Nogareda i Godoi, el sárjente de la misma 
arma, daxío de baja, Ventura Martínez, un cadete llamado 
Gandían i el joven chiloto don Josd Velazquez. Estos marcha- 
ríab íil frente de treinta hombres armados de puHales, mucUod 
de los cuales eran antiguos soldados del Chacabuco, i otros sim- 
plemente peones, que se habian rccojido de la calle con el pre- 
téslo dé que iban a acarrear unos fardos de azúcar. 

El comandante Jofr<5, vestido de parada i asociado con el 
l^Hbnte Artea^, un Olechea i varios otros hombres resuelto^, 
debían tentar un golpe do mano sobre la guardia del cuartel 
dé kásares, donde aquel jefe (que había tenido a sus ordénes 
rftüfchóá de los oficíales del escuadrón i iil mismo Soto) cotita- 
ba con alguna influencia. Este indudablemente era el mas 
átfevWo i él mas difícil de los proyectos de aquella noche de 
infinita i loca audacia. 

Pof último, por aquella parte de la ciudad, el teniente doii 
Joisé María Barril estaba encargado de asaltar la guardia dé 
te cárcel, a cuyo fin, don Francisco Valdivieso habia fecilite- 
do un cuarto do su casa a>ntigua, i vereda de por medio, pfu^ 
reunir las armas i a los que debían usarlas. 

La otra línea de asaltos estaba a lo largo de la Alameda, 
siendo la casa de Cotapos, situada a la salida de la calle del 
Rjtado énti^ la artilleria i los claustros de San Diego, el ctiar- 
IW jeVreral de los conjurados. 

A la cabecera de aquel paseo, que entonces era lóbrego i 
^Htlrrí^, Be habia mtuado, cerca de la salida de la calle de las 



- 178 — 

Baoojidaí, mmgrapo oooeiderable, «caudiüado por los valienit^ 
OBpítaoeB Soto i Barril, al que, por su corpulencia, llamabau 
•al grande», i dos oficiales mas llanaadoa Márquez i Garai. 
Ssfecv iban a asaltar la artillería. Gocapos, a su turao, debía salir 
éevucasa'ooo uq grupo reunido eu una pieza de alquiler que 
em aUa liabia, atmTesar ia Alameda i penetrar en los patios 
éaSanDitBgQ, donde estaba el cuartel niiin. 1 de guardias 
BMonales, raientraB que el mayor Montero atacarla el núm. 2 
i Urquizo el ntím. 4, cuyo cuartel era el edificio de la Mo- 



Por dltifluo, Puga i Cortés, obrando como jefes superiores, 
debiaa dar la sefíal del ataque desde la Alameda, teniendo 
per ajadaotes al capitán Navarrete, al joven don Joaquín 
Hni^o, antiguo ^.''Higginista, i ahora pipiólo exaltadísimo, 
qne había «do desposeído de un ernploo en el ministerio de 
hi guerra, i poráltiroo, al entusiasta ciudadano don Francisco 
PcorcB Larrain, <|ue fué la víctima predestinada de todas las 
conjuraciones del pipiolísmo. 

Paga contaba, ademas, con el servicio de una partida vo- 
lante de caballería que debia ocurrir a los puntos mas ame- 
nazados con las órdenes correspojadientes, u ocuparse de hacer 
presas a las personas que se designasen. 



KIIL 

lioae había intentado en Chile una conspiración mas teme- 
vafia, ni a la vez, mejor concebida. Iban a ejecutarse, como ya 
dijimos, eoB nna precisión admirable i por hombres compla- 
tanwpte^oapapes del intento, dos asaltos si nultáneos sobre I09 
^Bcipales oefntros de la capital, los del í^obierno en la pla;^^ 
priD0Ípal,lo8 de la guarnición en la' Alameda. Rl éxito pare- 
mia indodaUe i lo garantizaba la escasez de tropa de línea que 
teijiía a la sazón en Santiago, i aun el descuido en que vivi^ 
la autoridad, pues el presidente Prieto habia ido, aquella mis- 
ma tarde de la conjuración, sin guardia alguna i a pié, a casa 
del injeniero militar don Carlos Wood, a ver unos dioajos. 



— i80 — 

Pero, esto no obstante, no se lograría aquel fin sin que mucha 
sangre hubiese corrido i sin que los negros crímenes de una 
nocturna celada hubiesen manchado en su cana aquel formida* 
ble complot, en que la venganza, mas que el patriotismo, era el 
impulso de todos los espíritus. Solo habia de grande, en aque- 
lla maquinación tenebroso, la abrogación del código constitu- 
cional que acababa de imponerse a la república por una con- 
vención nula i espúrea, i el restablecimiento de la que habian 
jurado los pueblos hacia ya siete años. 

I lo que admira casi tanto como la audacia de los conjurados 
era el inviolable secreto de sus planes, i que entre los cente- 
nares de cómplices que contaban, no existiese un solo traidor. 
Uno de éstos declaró después en el proceso (1) que eran sabe- 
dores del complot «todo el comercio i la familia entera de los 
Larraint, que podia ser la mas patriota, pero no era acaso la 
menos numerosa entre las soberbias proles criollas del paia, 
pues llamábanla antes ala de los ochocientos», como hoi po- 
drían llamarla «la de los ocho milx. 



XIV. 



Habia, al fin, llegado oportunamente el 12 de julio i la hora 
de la noche designada. Todos estaban en sus puestos. La re- 
treta habia sali'lo y.i de los cuarteles de San Diego, en direc- 
ción al palacio, por la calle recta de Ahumada. Era aquel el mo- 
mento crítico de la revolución. No se notaba, empero, ningún 
indicio de alarma, ni en el publico ni en la autoridad, i al con- 
trario, la densa oscuridad de una noche de invierno, en laque 
no habia mas luz que la do los candiles de sebo que en aquella 
época acostumbraban poner los vecinos en sus puertas, favo- 
recia la impunidad de aquel inmenso atentado, que a la mane- 
ra de un volcan subterráneo, iba a estallar a la vez por siete a 
ocho puntos distintos de la silenciosa ciudad. Se aguardaba 
solo el primer golpe de las campanas que con un plafiido fá- 

(1) El tí^niento Xogareda. 



— 181 - 

oabre tocan las ocho de la noche, i que, aquella vez, iban a so- 
nar los funerales del gobierno de L830. Pero, por la diferencia 
de Qoa hora, uno de esos incidentes mas imprevistos e inespe- 
rados vino a desbaratar en un minuto, i en el instante mas 
preciso, aquella obra de tantos meses de osadía i de sijilo, de 
coDStaiicia i de ansiedad. 

XV. 

Encontrábase, poco antes de sonar las ocho de la noche, en 
la puerta del cuarto de la Machado, embozado en su capa, el 
ofidal de artilleria Godoi, en el momento en que el sereno 
del punto, un José Pozo, pasaba por la vereda. Como la acti- 
tud de Godoi causara alguna estrañeza al último, se detuvo i 
preguntóle quó hacia de esa suerte. Esíoi esperando unas niñas^ 
le contestó Godoi. I como el sereno tornara a interrogarle 
sobre si aquel cuarto era el de su domicilio, turbóse el joven, 
i por su mal, le contestó que nó. 

Sospechoso entonces el sereno de que trataba de alguna ilí- 
cita calaverada, quiso penetrar en la pieza, a lo que Godoi, 
perdiendo del todo el resto de su aplomo, que era poco, echó 
a correr. Siguióle el sereno, desnudando su sable i dando con 
su pito la señal de ausilio, mientras el joven oñcial, que tenia 
la doble ajilidad de la juventud i del susto, le ganaba un buen 
trecho en dirección a la plazuela de las Capuchinas, corriendo 
áoi|i el rio. Mas, por desgracia, enredóse el fajitivo en la 
canasta de un bollero, jentes que, como es de uso, prefieren las 
plazuelas para su espendio, i cayó al suelo, siendo ahí alcan- 
zado por su perseguidor, que le asestó un sablazo en la 
cabeza. (1) 

(1) Este oficial es el mismo célebre personujo conocido en Santiago con el 
nombre "del loco Godoi/' Era este desgraciado un buen oficial de artilleria, a 
qiii«n el jeneral Freiré encomendó el delicado servicio do clavar loe cañones de 
lo« eastiUoi de Valparaíso cuando se dirijia a Coquimbo en 1829. Xegóee, aun 
aftando considerado como prisionero de gucn*a, i recibiendo el duro tratamien- 
to de tal, a reconocer el gobierno revolucionario, por lo que fué dado de baja. 
DQoM que desde el momento de su captura habla perdido la razón, motivo por 
el que aborrecía de muerte* a los bolleros, i efectivamente, recordamos que haoe 



— 182 - 

Votria el sereno inmediatamente a) ouarfeo 0Mp0okcH0^ 
acompañado (íc otros camaradas que se le habiaof re^wda, ¿i 
ónát sena sa asombro, al encontrar en una cajaqse ahí kibia 
sin cerradura 24 puñales con bojas de siele pulgadas, 10 pÍ0^ 
tolas cargadas, 23 paquetes de plata, que «onteniaii oeiko 
pesos cada uno, i a niuj, 47 pesos en monedas suellHK? 

En el acto, corrieron con aquel hallazgo i la persona del pri- 
sionero Godoi a dar cuenta al intendente, que lo era entonces 
don Pedro Urriola (1). 

alguDos añOA, loBinucliachos noa divertiamoe en hacerle rabiar ImitaBdOy por kü 
calles por domle lo encontrábamos, el grito particular de aquellos vendedoiea. 
Sin embargo, en el p/oeeso en que figura, con el nombre de Jran Antonio i a 
veces Juan Jo. 6 Godoi, ee encuentra una petición de su letra, mal fuidlBidá éñ, 
ra2on, pues ped'a 200 pesos al gobierno pora podcTte tratpeitar á Uunámá, 
l^gar do 9u oonfinnciou, aucque bien visto no deja de ser ua maa ({ue pwoMUi- 
ciado sistema de demencia que un oficial pipiólo pidiera al gobierno de 188S 
nn regalo de 2 O pciK)»! 

dopiamos aquí esta pres?ntac!ou, por pertenecer a un pipiólo tan oonooldo 
como el teniente Godoi. que bien podía sor bol um jenera) de la f épúUicA^ il no 
hubiera sida por ol maldito bollero de las Capucbinasi 

Dice así: — " SrSok Gobernador Intendente. — Juan José Godoi, presd ^ 
esta cárcel pública, con ol debido respeto ante V. S. digo: Que a efecto de tenm- 
nar mi larga i penosa prisión, renuncio el recurso que la lei designa i xlie üoA- 
formo eon el fallo del Coman Jante Jeneral de Armas, t¡o perqné áejaéédé Itti4ftr 
que cepoí er en mi defensa, sino porqne mi esoasá forUiaa nde ba«e íiÍBe|fÍTta^le 
mi prisión. 

" En vi^, pues, de mi conformidad i de las razones aducida^ solicito de la 
justífíoacion de V. S. so digne concedí rme pasaporte para las provincias trtl- 
sandina», lugar qno he clíjido para íni residencia p"r el térmiiM de tai tUfá- 
triacion, en atención a que allí puedo, con menos dificaltad, proj^orolmMnie 
el sosten, concediéndome igualmente el término de un mes, dando fiaoza, pan 
proporcionarme los ausilios indispensables de que carezco. 

" Mi situación es tan notoria, que interesará a la persona menos caritattvá, I 
ya que las circunstancias impelen al Supremo Gobierno a arrandartne M éMo 
de ini patria i familia, espero me haga menos sensible fsta separación, auúlián- 
d«me eon la suma de 2()0 pesos para hacerme d« algunas oosai^ qw ú^ éfte 
auflilio. me veré sumamente embarazado. 

" i>«ba al gobierno esta prueba de su magnifioeDcia — Juati /. do^W." 

" aemtiago, dieUmbre 16 á$ )d8a 

"Ocurra al Supremo Gobierno — Irarráxakml," 

(1) Véase oü el documento nám. ñ el parte de este fnneicañrio i A del e«- 
mandanle de «ereims, en que hai alf^aoni onrlosoe pornMOores sdbte ti waM- 
miento. 



188 — 



XVI. 



Mas, primero que ellos, hubiii llegado al pal.acio otro denun- 
cio mas certero j mas grave. 

Minutos antes de dar el golpe de las ocho, un hombre de 
mala fama que pasaba su vida en los cafés i garitos, llamado 
Peilro Ballesteros, favorecido de Cotapos, i un tal Francisco 
Cruz, pidieron audiencia al presidente, i presentándole amboe 
un pufial i un paquete de dinero, le dijeron que venic^n del 
centro mismo de la conspiración a salvarle del peligro eo que 
se bailaba m vida i el Estado. 

¿Qué había sucedido para dar lugar a aquel otro inesperado 
accidente? 

xvn. 

El coronel Puga que, como hemos dicho, mandabív en jefe 
el movimiento, falto de corazón o avisado (y|jiortunamoQte do 
lo que liabia sucedido en el cuarto de la Machado, dio a lo^ 
diversos grupos de la Alameda la orden de dispcu*sars^, por- 
que el golpe se postergaba hasta otra oportunidad. 

Aquella resolución fué el desastre de la noche. Paga no era 
d hombre que debia acaudillar a todos aquellos jóvenes icme- 
raríoe, i a haber estado a su lado el valeroso capitán Cortés, 
09 mas que seguro que, al sonar de la fatídica hora de jas áui- 
maA, hubiera c¿\ido al suelo, a golpes de pufial, la dictadura 
organizada en Lircai a golpes de cañou i que la constitución 
de 33 acababa de ^Uanzar, revistiéndola del prestijio de la Ici. 
Pero Cortés, aunque no no^ constíi esto con evidencia, uo «c 
encontraba aquella noche sobre el sitio. Enfermo de una do- 
lencia mortal, de la que espiró pocos dias dcspiics^ el contraste 
de aquella noche, a no dudarlo, aceleró su fín. (1). 

(I) Cortés murió el 29 de ago&to de una upo¿tému h\ Uígudo (enfeimciad de 
i^iáífSrtiáor), «a caéa M bol icario don Rninon Caivljllo. quien 1«> nsisti/i <VjtiU^- 
fB tos úKlaim á\m$. 



— 184 — 



Al DOtar, pues, Ballesteros i Cruz que la conspiraq^on se 
desbarataba aquella noche, creyéronse perdidos i fueron a sal- 
varse de la angustia de una incertidumbre con la infamia de 
una delación. 



XVIII. 

Entre tanto, el presidente Prieto, sin perder su serenidad, 
habia ordenado al comandante de su escolta Soto Aguilar que 
hiciese ensillar su escuadrón i saliese con un destacamento 
por la calle del Estado, s^ fín de que, dando un rodeo, atajase 
la jente que seguía a la retreta, al desembocar ésta en la Ala- 
meda i condujese a todos los presentes prisioneros, echando 
fuera solo las mujeres. Creíase asi tomar d núcleo de los cons- 
piradorci», lo que era un error manifiesto, pues si aquellos 
estaban presentes cuando la música tocaba en el patio del 
palacio, de seguro se habrían alejado cuando ésta se retiró. 

Hízose asi, sin embargo, con grande confusión i sorpresa de 
la muchedambre, mientras que otras partidas de húsares eje- 
cataban arrestos en todas direcciones. Cotapos, denunciado 
directamente por su favorecido Ballesteros, descerrajada su 
puerta a balazos, fué preso aquella noche. Oficiales disfraza- 
dos penetraron en la casa de doña Tadea García, que recibía 
un círculo numeroso, i todas las personas que se hallaban de 
visita fueron conducidas a la cancel, i otro tanto sucedió en la 
habitación del patriota don Silvestre Lazo, donde, sin duda, 
creian encontrarse rastros del comandante Castillo. Si hemos 
^ de atenernos al testimonio de un contemporáneo, no fueroa 
menos de quinientos los arrestos que se hicieron aquella acia- 
ga noche. «A las ocho de ella, dice don Mariano Aris, encarta 
del mes de julio de aquel a'üo al jeneral O'Higgíns (contándo- 
le, con su peculiar lenguaje de trastienda, los pormenores del 
acontecimiento), salió la retreta de palacio con música. Esta 
salió para su cuartel, que es San Diego, por la calle de Ahu- 
mada. De que salió ésta, fué una partida de húsares por la 
calle del Estado, i de que llegó aquella cerca de las puertas 



— i85 — 

del caartel, esta partida cercó toda la jente que iba oyendo la 
música. A las mujeres las echaron fuera cerco i a los hombres 
presos sin distinción de personas ni clases; entro ellos nuestro 
amigo don Manuel Recabarrcn, i al otro dia, echaron a todos 
faer.i, que serian unos 400, i solo dejaron por 80 rotos presos 
del cerco que se hizo en la cañada, i como todos trataban de 
zafiu*, porque nosabian qué era ¡iquello, la tropa tiró, i a sa- 
blazos hirieron unos cuantos i trajeron a todos al cuarcel de 
policia. De que estaban estos asegurados, se voWíeron a repar- 
tir las patrullas, a agarrar a cuantos encontraban por las 
calles. A las once de la noche, esa calle de la Catedral i por la 
casa de Bosas, se volvió un intierno, balazos, palos, llanto de 
mujeres; algunos salieron heridos a sablazos por los soldados, 
porque se resistían a que los agarrasen. Por fin, el alboroto 
fué terrible i duró hasta después de haber amanecido.! 



XIX. 

De esta manera terminó la revolución de los puñales^ la mas 
8ÍDÍestra i la mas vasta do cuantas han existido eu Chile, i 
que, a diferencia de todos los otros conatos sediciosos de que 
hace mención la historia, tuvo el carácter de una verdadera 
conjaracion i no de un motin armado, porque eran notables 
todos los que la habian apoyado con su consejo o con su oro, 
i hombres del pueblo, i no soldados, los que iban a dar el 
golpe decisivo. Reinó el mas profundo secreto sobre los deta- 
lles i los compromisos de aquel intento, pues ahora solo sale 
del misteriode la tradición, i felizmente, no hubo otro resultado 
aciago, después de los golpes brutales de los brutales húsares, 
que la demencia en que cayó un joven tímido i desgraciado. 



XX. 

Abortada la revolución de los puñales de la manera singu- 
lar que hemos referido, quedaron de pié, por una parte, todos 



— 186 — 

8UB elemeatós, aunque di&peraod, i sobrecojidos \ós ánimÓA, 
mieniras qoe, en otro sentido, el gobierno cataba poi^ido de la 
mayor zozobra i de au vehemente deseo de descubrit toda la 
ostensión de aquella tenebrosa cuanto formidable trama. De 
todoi los oabeisas de la conjumcion, solo Gota;)os babia aido 
aprehendido, penr éete se encerraba en la mas inflexible ne- 
gativa, esforaándose solo en probar que sus delatorea er¿^a tea- 
tígOs inhábiles en su contrr, porque los tildaba de liombresi in- 
fiímea, i al efecto, aoompaüó en el sumario una causa criminal 
que se habia seguido a Ballesteros. El infeliz Godoi, herido i 
enfermo, estaba mudo, i aquel valiente oficial de coraceros 
Arteagn, quo era ahora un oscuro cigarrero i a quien S'3 pren- 
dió por sospechas, no reveló una sílaba de lo que sabia, aun- 
que, para hacerlo confesar, el brutal Soto, jt»fo de los húsarea, 
le tuvo colgado do lod brazas por varias horas, según se dijo 
entonces, sin que obstara el que aquel fuera hombre en ostre- 
mo corpulento ni que la Constitución hubiere prohibido el 
tormento, pues, por aquellos tiempos, ésta quizá era la mejor 
razón para aplicarlo, como se aplica hoi dia el infame látigo, 
araiz de laa carnes del reo i de la Constitución. 



XXL 



Bncontrábase el gobierno, en consecuencia^ casi a osourafi i 
confuso con las declaraciones estúpidas i contradictoria^ de los 
poeos hotnbrcs del pueblo quo hablan arreado los húsares a 
U» coárteles. Érale, pues, preciso fraguar un plan para obte- 
ner noticias mas 4;eguras i descubrir a los cómplices principa- 
les, porqua duda alguna no cabia sobre que la oonapiraeion 
era vasta i terrible. 

Encomendóse al comandante de húsares la ejecución de 
aquel plan, que este hombre vil no tardó en poner por 
obra, haciendo asi el aprendizaje del rol infame de ajen- 
te provocador que desde entonces adoptó oomo profesión de 
vida, para ir a derramar en los garitos el oro quo loa ipfelioes 



— 187 — 

icrédaU» pipiólos üustraian al sustento de sus familias, parn 
entrar en los azares revolucionarios a que les invitaba aq^uel 
p&rfido esbirro. 

XXII. 

&ael comandante Pedro Soto Aguilar oriundo de Chillan, 
i Babia servido en el ejército realista hasta la graduación dé 
espitan. Mas tarde, la compasión de un jefe caballeroso, el 
oomandante Jofré, le habla incorporado en las filas del cuerpo 
de caballería que mandaba, i de esta manera, habia obtenido, 
dsípues de la revolución de 1830, el puesto de confianza, de 
guardar la persona del presidente de la República, como co- 
candante de su escolta. Soto no tenia mus cualidades» ai tal 
pueden llamarse, que la astucia i el montar bien a caballo, pues 
pasaba por uno de los mejores jinetes de su tiempo. Pero su 
perfidia, su cinismo, su amor al oro i a la crápula, le hacian 
un ser despreciable i casi repugnante. A este hombre, sin em- 
"*rgo, estuvo confiada la guarda del Estado durante el dece- 
"H)OQfii completo del jeneral Prieto. 



XXIII. 

Pam cumplir la comisión que esta vea habia recibido, echó 
"^íio Soto Aguilar de un sárjenlo de su cuerpo, llamado To- 
''^ tan pírüdo como él, a fin de traer a la celada a los incau- 
^ pipioloe. En el cuartel de artillería se presentó también uu 
•PWípittdo instrumento en otro sarjento, un tal Roca, a quien 
°^ aleccionó convenientemente para la farsa. 

Ambos espías pusiéronse luego en contacto con el oaroQcd 
^}&i qu6 permaneció oculto en Santiago, i ae consiclerf^ba 
■íeinpre el caudillo militar de los conspiradores. 

Existía ademas un tercer personaje en este complot de go- 
bierno, mas bien que revolucionario, pues eran los ajentes de 
*ÍUcl quienes lo fomentaban. Era aquel una pobre mujer, eos- ** 
^rera de las señoras Al manche, entusiastas pipiólas, llamada 



— 188 — 

Mana Azocar, quien pasaba por coman amiga de Torres i de 
Boco, e intermediaria entre éstos i Paga. 

Este último, inepto i crédulo como un niSo, se dejó enga* 
ñar por aquellos groseros soldados al punto de persuadirse 
que, en un dia dado, el uno le entregaría el cuartel de húsares 
i el otro la artilleria. Pagóles el aturdido conspirador aquella 
promesa con puñados de oro, que iban a parar a los bolsillos 
de Soto Aguilar, i les prometió una fortuna para después qne 
su empresa estuviese conseguida. Torres, entre tanto, daba 
cuenta diaria de lo que pasaba a su comandante i éste al Pre- 
sidente. 

Al fín, éstos acordaron la manera como habian de traer a 
la red la confiada víctima, i en consecuencia, hicieron que 
Torres ofreciera poner el cuartel del Picadero a disposición 
de Puga en la noche del 29 de agosto. Al momento, el jefe de 
aquella singular revolución, cuyos protagonistas eran dos 
sarjentos i una costurera, tomó la pluma i escribió a Torres 
la siguiente carta, que da una idea de su sagacidad i que oorre 
en su proceso: « Amigo querido: mucho gusto tengo de la 
noticia que me das; pues, con las providencias que has toma- 
do, me parece que esta noche seremos felices. Solo me da pena 
que me hables que por dónde iremos nosotros; pues cuando 
ustedes han de ser los que deben dar el paso de moverse i 
nosotros de sostenerlos en el movimiento. Por otra parte, el 
dinero que me pides es mui poco, pues lo menos que debe 
dárseles a todos los individuos de la guardia, para el efecto, te 
llevaré 500 pesos: asi es de necesidad te veas con Roco i los 
demás, i les hables que cuenten con gratificación para todos. 
Esta noche a las oraciones debemos vernos en otro punto que 
no la esquina de su cuartel, para darle el dinero i las instruc- 
ciones para que usted lo haga con los demás amigos: para 
esto es preciso que usted consiga permiso con el oficial. 

iSuyo i mui suyo hasta la muerte.» 



I» • 



— m 



XXIV. 

Oonforme a su promesa, las dos patronos de la costurera 
Aióetr, doüa Carmen y Doña Maria Almanche, le entrega- 
lúD doR pliegos de instrucciones, semejantes a la carta que 
mbiiDOs de copiar, dirijidos a los dos sarjemos, para indicar- 
ki la manera como habian de asegurar a sus oficiales, i jun- 
lüDeote, pusieron en sus manos, para que la diese a To- 
liw^ la talega con los 500 pesos consabidos. Esto távo lugar 
alisonce de la noche de aquel mismo dia (29 de agosto), en 
lantío solitario de la Alameda, que en aquella época era el 
aoDte Aventino de las conjuraciones, como en el reino de los 
píporos, el Consulado lo ]ial>ia sido de las pobladas pduconas. 

Poco después de la media noche, se vio Puga con la Azo- 
ren la plazuela de la Compañia; supo por ella que sus orde- 
na ataban cumplidas i se preparó para ir a hacerse dueño del 
CBtftel, donde sé figuraba que Torres le esperaba con impa- 
rictóa. Ofreciéronse para acompañarle, el joven Bravo, a 
^ttiCD hemos nombrado al hablar de la revolución de los pu- 
Mes, el oficial Nogareda i don Joaquín Lazo, joven valeroso 
ioonvencido, estudiante entonces. El comandante Castillo i el 
capitán Barril estaban encargados de hiicer igual visita al sár- 
jenlo Róco en el cuartel de artillería. 



XXV. 

Km cerca de las dos de la mañana i la luna brillaba radio* 
•*« un cíelo terso de invierno. No habia, pues, sombras 
P^Wectoras para la ejecución de aquel golpe de mano que hu- 
"ien revelado un valor heroico, si no hubiera sido tan necio i 
to pueril en sus antecedentes. Puga, envuelto en su capa, se 
•*it*6 al cuartel, mientras que sus compañeros se detenian a 
^Qa distancia, indecisos i recelosos de intentona tan estraña. 
íem, 1^ una señal convenida de Torres, se acerca Puga a ln 



— 1*0 — 

puerta, le dice aqael que el golpe está dado, que la guardia 
es suya i que entre. Abrióse la j)uerta, penetró Puga, i en 
efecto, la guardia, formada en el zaguán, obedeció a su voz 
de mando. Diríjese entonces bizarramente aquel jefe, pues 
es indisputable que este fué el mas bello momento de su vida 
de soldado, acia las cuadras, a hacer tomar las armas a la tropa, 
pero apenas ha llegado al corredor, se le presenta el membru- 
do Soto, que andaba disfrazado de soldado, i dándole un fuer- 
te rerez en la cara, lo trae al suelo, cubriéndolo de denuestos. 
Én el acto mismo, lo hace amarrar i lo conducen a un hedion- 
do calabozo. Pocos instantes después, conducen también ma- 
niatado i lleno do golpe.^ al joven Lazo, quien habia sido apre* 
hendido en la plaza. IsTogareda í Bravo lograron escapar, 
mientras que Castillo i Barril tuvieron la cordura de no acer- 
carse al cuartel de arLilleria. 

En la misma noche, se j)reridió a las dos señoras Alman- 
che, a quienes se puso incomunicadas en el cuartel do Saa 
Pablo, i a la costurera Azocar, en cuyo colchón se encontra- 
ron escondidos algunos contenares de posos. 



XXVI. 

A la mañana siguiente, fuera simplemente amenaza o Fuera 
un propósito decidido, se hizo venir al cuarteJ del Picadero un 
fraile de Santo Domingo, i se previno a Puga que se preparase 
a morir. Mas, a poco, llegó el auditor de guerra que sustanciaba 
la causa del 12 de julio, don Manuel José Gamíarillas, i por 
consejos de éste, que recordó al mismo presidente (según fué 
voz común en aquella época) el oríjen de su gob.ierno, »e le 
entregó el reo para hacerle el interrogatorio de costumbre. 
Aturdido o acobardado Puga, nada negó de sus compromisos^ 
puesto que esto era espusado; pero cometió la vil'ania de des- 
cubrir a sus cómplices. Dijo que el principal de óstotí era 
don Bafael Bilbao, quien le habia entregado mil i cíen pesos 
para cohechar a los sarjentos, i que el mismo Bilba«o, janto 
con el jeneral don Francisco Calderón i el coronel FonVeoillaa, 



compondrían !a junta rcvolncionaria que debía ÍQdialátá6 utiá 
vfe« Acertado el golpe. Lazo, pof sU parte, no declaró ütiíi Bola 
{Palabra, alendo su confe.iioii una verdadera novedad éu los 
procesos, pues apenas conista de cuatro renglones, qué éS Í6 
menos que puede escribirse en papel sellado para decir utt n¿ 
i^ondo. 

Las dos deftoras Almanche, presas eh San Pablo, no fueron 
menos cuerdas i menos enérjicas. Ambas negaron, con la for- 
malidad de unas santas, que supiesen la mtsnor coda de Ib qué 
estaba pasando; i cuando les preguntaron qué hombres visita- 
ban en su casn, pues ambas eran solteras, contestaron, con una 
estudiada coquetería, que don Ramón Vargas Berval, el céle- 
bre tesorero que re/.fiba todas las noches una oración para que 
le librara de todo ser con polleras, pues detestaba a éstas eh su 
almaj i el capellán do las Claras, don José Antonio Torres, 
un santo hombre, asaz distinto del austero asentista, porque 
a una sola matrona, la marquesa de Cañada hermosa, duefia 
del vínculo de Purutun, le atrapó, en los pocos afios que fué 
su confesor (según el cómputo de don Diego Portales, arren- 
datario de aquellos fitndoa), la suma de doscientos mil pesos, 
equivalente a un millón hoi día. 

Pero aquel diestro sijilo femenino de nada valió. Puga lo 
había revelado todo, i en consecuencia, aquella mañana, fueron 
aprehendidos Bilbao, Novoa i el capitán Navarrete, los dos 
últimos por sospechas. Acumuló entonces el auditor Oanda- 
tillas la nueva causa, a la que tramitaba del 12 de julio, i ptiso- 
ae concienzudamente a descubrir la difícil verdad legal, que, 
en so concepto, se requería para la condenación de los reos, 
pnes la otra verdad (porque hai muchas verdades en política 
i jurisprudencia) era evidente para todos. 



XXVIL 

# 
Lb astucia de los acusados para evadir responsabilidades 
era estruordinaria, i de tal suerte, que en la causa de la rovo- 
I ación de los puñales, en la que habían oenlenafes de oómpU- 



— 192 — 

ees, solo pudo el fiscal García pedir la pena de muerte para 
seis, en su vista fiscal, fecha 20 de setiembre (1). Eran éstos 
Cotapos, Godoi, i los ausentes Castillo, Barril i Nogareda, i 
ademas, un hombre del pueblo, afiliado en los grupos, llamado 
Juan Yaldés. 

Mas, a poco andar de la causa, ocurrió un incidente, que a 
no ser la jenerosa sagacidad de Gandarillas, habría puesto 
bajo el rigor de la leí a todos los conjurados de nota que ha- 
bían intervenido en la revolución de los pufiales. 

XXVIII. 

Fujitivo, en efecto, el oficial Nogareda, después de la últi- 
ma intentona de Puga, i errante por los cerros vecinos a San- 
tiago, fué aprehendido por una partida, algunos días mas tar- 
de (el 5 de setiembre), i conducido al cuartel de artillería, en 
cuya arma antes habia servido. Encontró aquí a un antiguo 
camarada, el ayudante mayor don Marcos Antonio CuevaSi 
quien, desde luego, le brindó una solícita amistad, di&az de 
una negra alevosía. Creyóle el inesperto joven, i una noohe 
(18 de noviembre), sobre un jarro de ponche, hizo a su falso 
amigo el fiel relato de todo loque habia ocurrido, porque, 
como dice el mismo Cuevas, con un inaudito cinismo, en su 
declaración, c ademas de la intima amistad que siempre le 
habia profesado Nogareda (¿^n sus propias palabras), -éste le 
ha creido un hombre de honor, i que, a pesar de ser enemigo 
de su opinión, no seria capaz de perjudicarlo, haciendo pdblica 
materia tan delicada, en h que sin duda padeció un equivoco.9 

I en efecto, tan grande fué éste, que el impávido felón es- 
cribió de su letra todo el relato que le habia hecho Nogareda, 
i lo entregó a su comandante para que lo agregara al proceso. 
£1 infeliz Nogareda, afiijido con aquella delación, que no era 
sino una lijereza de su juventud, pero que lo infamaba a los 
ojos de sus compañeros, no pudo contradecirla, i entró ésta 
a figurar en la causa como la pieza capital de acusación. (2) 

(1) Véase eete documento en el número 9 del Apéndice. 

(2) Documento nfimero 10. 



— 198 — 



XXIX. 

A oonsecuencia de este funestx) papel, fueron puestos en 
prisión el día 21 «le noviembre don Francisco Pérez Larrain, 
el comandante Urquizo i el capitán Soto; el 22 arrestaron a un 
Banderas, nataral de Ghiloé; el 2S al mayor Montero, i por 
último, este dia se notiñcó a ana honrada señora de Rancagaa, 
llamada doQa Mercedes Pisa, la orden de salir para su pueblo 
en el perentorio término de tres dias, pues se le acusaba de 
haber tenido conatos de revolución, nada menos que desde el 
jueves santo de aquel afio. 

Ya el dia 5 de octubre habían amanecido en prisión, sin 
qoe jamas se supiera por qué, los ciudadanos Muñoz Bezani- 
lia, Palma (Joaquín), Carmona, el oficial dado de baja Nieto, 
el boticario don Ramón Castillo, cuyo delito era su lealtad 
política i el haber dado asilo a su agonizante amigo el des* 
graciado Cortés, i por último, hasta un viejo sacerdote llama- 
do don Marcelino Iluiz. 

Los conjurados Jofré i Bravo fueron también aprehendidos 
por esos dias. c Ya no hai masmorras ni calabozas en la cárcel, 
escribia en esti época el lastimero don Mariano Aris al jcneral 
0*Higgin?, ni otros cuartos donde poder poner a tantos reos 
de las continuas cons[)i raciones. El ir a la cárcel, que a veces 
▼oia verlo.-^, quebra el alma al ver ese grimillón de patriotas 
beneméritos oprimidos i aflijidos.» 

jj^ Mas, Gandarillas, que tenia interés en salvar a tantas vícti- 
mas de la perfidia ajena antes que de culpa propia, i que llegó 
aechar en cara al gobierno clos estragos que puede hacer en la 
moral la autorización de las delaciones,» manejó con tanto 
injenio e hidalguía el proceso, que al fia, en los últimos dias 
de diciembre, presentó al comandante de armas un estenso i 
notable informe (1), bien distinto por cierto de las groseras 



(1 ) Vémte este notabilbíuio documento forense en el núm. 1 1 del Apéndicci 
£n él M eneontrará. si no la historia de la revolaclon, al menos el análisis del 

Pl DUOO POBT. 13 



vistas que por lo común se leen en los procesos militares, i en 
el que, haciendo valer la ñlosoña, mas bien que la letra de la 
lei, decía en conclusión: cTodo es coujetura3,,nadaliai claro ni 
cierto, sino la prisión de Puga dentro del cuartel, el depósito 
de las armas i puñales, i la ocultación de don José Castillo, don 
José Velazquez i otros, i—t Por lo quo hace a mí, afir dia este 
noble majistrado, he descubierto el juicio que he formado d(3 
loa dos procesos que se me entregaron, i nada temo, porque 
no puedo desentenderme de la imperiosa obligación de asega- 
ri^r la quietud pública, aconsejando pl V. S« una providei^^iii 
^traordinaria, cual es de separar del pais por algún tiempp ^ 
los principales perturbadores.» 

En consecuencia, i dando los tribunales evidentes muestraa 
de clemencia, no menos que de independencia política, pin- 
guu reo fue ejecutado, recayendo la mayor pena en Puga, qu^ 
fy^ condenado a diez años de destierro a un presidio. Otros, 
como Bravo, sufrieron una confínaoion dentro de la república, 
i algunos, como Navarrete i Arteaga, obtuvieron sujibertad, 
dándose por compurgado su delito con la prisión que habían 
sufrido. 

Pero, aun atendida la lei misma, el gobierno no podía entre- 
gar al verdugo a ninguno de los procesados, desde que la 
conspiración de los puñales quedaba sumida en tanta oscuri- 



pvoeefto Lecho con tanta viveza i colorido, que sa leetara interesa eomo una 
{4<ízá literaria. 

El informe tiene la fecha de 13 de diciembre de 1838, pero segua aparece 
del siguiente fragmento de carta de don Fernamlo Urizar Garfias a don Diego 
Portales, un mes antes (el 14 de noviembre), Gandarillas había pensado pedir 
penas determinadas para lob reo». Mai«, la delación de Nogareda, que tnvo logar 
el 18 de aquel mes, cambió la faz del proceso, i el benévolo auditor, en wefí de 
agravarlo, sacó do aquella circunstancia mejor partido en favor de los reos. 'Si 
párrafo de Urizar dice así; "Iloi pusam al comandante jeneral de armas la sen 
tencta que acaba de poner d auditor en ia causa de Cotapo? i de Puga: por eHa 
<K>iid«iia a este último a diez años de destierro fuer» del país, i a Castillo, Cota- 
pos, Bilbao, líogareda, Bravo, Navarrete, Barril i Vflazqnez, a seis afioa. Tedep 
loa demás « n liberta»!. Va acompaQada de una esposicion mui larga de los moti- 
vos en que se funda, con un estracto délo que consta de sutosi lo que ha adver- 
tido en los careos. Eatoi actualmente ocupado on estoi'on dicho aiidiior 4 no 
iofl^ tiempo iMca inaí».*' 



I 

/ 



— 1 95 — 

dad, i desdo que la misma intentona de Paga había sido 
pffOTOoadn por ta autoridad, que si ella no la hubiera promo- 
▼idoi es mas que seguro no hubiera tenido lugar. 



XXX. 

Todo el fruto, empero, que saco el gobierno de la última 
fué obtener la suspensión de la Constitución , que 
hacia tres meses se habia jurado con tanta pompa, i aun es 
éñ creerBe que tal habia sido su objeto al preocuparse de la 
última celada, si no fuera, al parecer, absurdo que por la satis- 
ñfíáoa de una paaion de partido, m hubiese querido des- 
acreditar aquella carta, tan amada «iel poder i que los lejisla- ' 
dores urrullaban todavía en su cuna de esperanzas. 

El 30 de agosto, no obstante, al siguiente día de la captura 
dePQga, el ministro Renjifose presentó al Congreso haciendo 
Tor el estado del pais, i en consecuencia, con la negativa de 
11 votos, se suspendió el imperio de la Constitución, cuya vi- 
jencia acababa de decretarse, i se concedieron facultades es- 
txaontinariia, por medio de la siguiente lei, que cuenta ya 
tantas ediciones, i cu3'o tenor es como sigue: 

CÁMARA DE SENADORES. 

¿iantíagOj agosto 31 de 1833. 

A & £. el Preeidente de la KepCiblica. 

V El Congreso nacional, tomando en consideración las cir- 

CQDStancias actuales de la república, que en el espacio de los 
cinco meses últimos se han descubierio tres conspiracioiies dirijidas 
a destruir el gobierno existente; quj en algunas de ellas ma- 
nifiesta haberse concebido un plan del caráotor mas atroz i 
desconocido hasta ahora en la revolución; que es de necesidad 
lyie exista una, administración fuerte i vigorosa en estado de 
contener males tan graves que se repiten con tanta rapidez, i 



— 19G — 

que por conseguir este objeto conviene, en obsequio de las 
garantías públicas, tomar medidas parciales^ antes de tocar el 
último estremo a que autoriza la Constitución. En uso de las 
prerogativas que le es concedida por la parte 6.* art. 36 de la 
misma Constitución decreta: 

Art. 1." Se autoriza al Presidente de la República para 
que use en todo el territorio del Estado de las facultades ea- 
traordinarias siguientes: 

1.^ La de arrestar o trasladar a cualquier punto de la Be- 
pública. 

2.^ La de proceder sin sujetarse a lo prevenido en los 
artículos 139, 143 i 146 de la Constitución. (1) 

Art 2.^ El Presidente de la República, para usar de cual- 
quiera de estas facultades estraordinarias, procederá con la 
mayoría de los ministros del despacho, suscribiendo a lóame- 
nos dos de éstos las resoluciones que se tomaren. 

Art. 3.0 Con el mismo acuerdo procederá a comunicar sos 
órdenes e instrucciones relativas al uso de estas fiícultades a 
los intendentes, gobernadores i demás empleados en la admi- 
nistración pública. 

Art. 4.<> El ejercicio de estas facultades estraordinarias 
cesará de hecho el dia l.<» de junio de 1834. 

Dios guarde a Y. E. 

Femando Errnzuríz. Fernarido Urizar Garfias^ 

Pi'o-secretario. 

Santiago^ setiembre 2 de 1833. 
Oido el Consejo de Estado, ordeno i mando se cumpla, co- 
muniqúese a quienes corresponde, e imprímase. 

Prieto. Joaquín TocomaL (2) 

(l) Estos son relativo8''a las garantías individuales sobre la inviolabilidiid 
del domicilio, el arresto de los ciudadanos, etc. 
. (2) Boletín de las leyes, lib. 6.', nüm. 8. 

Este miémo Congreso decretó en su periodo de 1832, si no nos engafiamot, 1a 
lei de gastos secretos, dando por razón, según el preámbulo citado por el Val- 
diviano federal, "el que no podía existir gobierno alguno que no cuente ooa el 
apoyo de e^ brazos ausilíares (los espías!) que examinen (los brazos?) lot 
TÍOS df>l Yiclndario. 



— 197 — 



XXXI. 

Después de las conspiraciones mas órnenos graves que 
bemos referido, el pais quedó lisiado do trastornos. (1) 

La mas notable i curiosa de aquellas novedades fud la re- 
volución llamada del Instituto. 

Pasada la media noche del 5 de setiembre, 80 colejlales del 
« patio de los grandes » salieron de sus salones i se precipita- 
ion sobre el cuarto del rector don Blas Reyes, que felizmente 
CBcapó a la calle por una puerta de travieso. El ministro 
del establecimiento, don Manuel Montt, quiso contenerlos, 
perofaé desobedecido i tuvo también que retirarse. Hicieron 
entonces salir de sus dormitorios a los alumnos del « patio de 
loB chicos» i los ocuparon en desempedrar los claustros, arri- 
uiando acada una do las pilastras que rodeaban estos, uh buen 
«copio de gruesos guijarros para defenderse eii caso que el cole- 
jio fuera asaltado por fuerzas de la callo. A poco rato, volvió el 
wctor Reyes con una partida de sereno?; pero los imberbes 
sublevados lo^ recibieron con grande algazara i a pedradas. 
Envió entonces el presidente un destacamento de su escolta 
<»Q bala en boca, i al mando del famoso Soto, acompañado de 



(U Pura dur una idea de la alarma cii que 6e eiioootraba el gobierno, traiip- 
enbioiQs aquí, ain darle un caráter histúñeo, sino solo como un raego de actua- 
IWM, el siguiente lance que refiero ol nt>ticioso Aria en su eorrespondencia con 
«IjenetilO'Hlggin*. CuentA que lo* soldados de la guardia de palacio se ha- 
IniQ pQasto a jugar a la luz di', un candil i en seguida añade: "Uno délos solda- 
<**. <liie estaba perdido, se pono un guante negro, se envolvió la mano en un 
^'T'^Degro, i como los soldados estaban entretenidos, por vncinia de ellos c^- 
**Mió la luano para agarrar la plata i ajMigó la vela. Como éstos no supieron, 
P'f lo contraidos qne estaban, quién habia apagado la vela, i no hablan visto 
"*• nu« la mano negra, salieron Jos soldados a gritos, diciendo: lat ánimas de 
'•■•«Ho negra! Uums corrieron para la plaza, otros para el patio, i otros que nó 
"'^ft por qué em aquello ni por qué, grital>an reoolncion! A estos gritos, que 
iMoyú Prieto i su íamiliu, se formó grandísimo alboroto i, dicen que toda ella 
*™taba de fugar i esconderse, que los criados se encerraron en la despensa, que 
^'^Kanaela i sus hijos tiraron para el picadero, i que don Joaquín se subió a 
** ^ados para escapar." 



_ 198 — 

un sobrino de aquel, don Anjel Prieto i Oruz, que era tatúbíen 
entonces estudiante. Con el último, mas no con loa primeros, 
capitularon los colejiales, i ol venir el dia, se retiraron a sus 
casas. 

Reunióse en seguida la junta de educación, que se habia 
establecido hacia poco, bajo la presidencia del majistrado doD 
Juan de Dios Vial <{el Rio, i comenzó a instruirse un proceso 
verbal de lo que habia ocurrido, c Les preguntaba kt JaiKa, 
dice un contemporáneo (1), quiénes habian sido los cabeceas 
que habían dirijido aquella, i su contesto era: lüdosl i Ao se 
les oia otra voz s, que era la voz de jenerosas almas juvenitoi 
que temen a la infamia mas que al castigo! 

Comenzáronse, en consecuencia, a hacer prísionea por lafe 
calles, aprehendiendo los vijilantes a los que les parecíati cd2»> 
jiales^ cosa que por cierto no es difícil descubrir, i a unos 29 
que tomaron de esta suerte los enviaron arrestados a li^ Acá» 
demia' militar, donde algunos se quedaron mas tarde <K>mo 
alumnos. 

c Está célebre el suceso del Instituto, » escribía Portales á 
su corresponsal de Santiago, al dia siguiente de haber ocurri- 
do; i sin que se afectase su receloso humor, (como era do 
temerse), aSadia en seguida: fEl tiempo está de revoluciones, 
i debemos esperar que una noche se subleven las Capuchinas 
contra la priora. • 

I el incansable trasmitidor de noticias i consejas, don Ma- 
riano Aris, escribia toclavia a Lima el 13 de setiembre, el re* 
sumen que sigue de los alborotos de aquel tiempo: « Para qae 
Vd. se haga mas cargo de cómo está el páis i el fermento en 
que está ya el volcan al reventar, pondré otras dos revolucio- 
nes mas chiquitas, seguidas a los dos o tres dias, de los coló* 
jiales, que vienen al caso, i que un abismo llama otro abisnto. 
Los frailes de San Agustín tuvieron un alzamiento, i a palos 
linos con otros para que se les quitase el prior, i ésto no se 
acabó hasta que capitularon con el provincial. En seguida do 
esa noche, se sublevó el ooristado de Santo Domingo: agarraron 

(1) £1 nientüdu Aris. 



— 19Í) — 

A8U mafrfttro de novicio.-', lo nmarraron i lo dicn>a un misorc- 
rB untado, hasta que capitularon con el provincial i prior 
pitia que se Jes pusiese otro. » (1) 



XXXTI. 

Tal fué, en resumen el borrascoso año 38, i tal el magnífico' 
estreno de la Constitución de aquel año, que tuvo por su pro- 
pia organización mas corta vida que la que los motines ha- 
bían concedido a su predecesora, pues ésta habia vivido cerca 
de cinco años i la primera solo rijió tres meses la república. 
Fué promulgada para estirpar las conspiraciones que antes de 
su orjianizacion apenas existían débiles i escondidas; i con 
salir ella a luz, aparecieron aquellas en toda su fuerza, i diri- 
jida la mas graves de ellas a aboliría de hecho, reemplazándo- 
la oon la antigua. 



XXXIII. 

Pero, como cuanto hemos trazado en este cuadro pudo ser 
la obra de un acaso pasajero, la historia se ha ocupado de 
rejistrar la serie de conflictos i trastornos posteriores que el 
amor del pueblo i su respeto por la organización política que 
se le ha dado, ha promovido con un tesón heroico durante 
tantos años, lo que no puede menos de comprobar la eficacia, 
lajosticiai la oportunidad de aquella. En cada una de las 
pajinas de esta historia, en efecto, desde las conspiraciones de^ 



(1) Parece todavia que hul>o lui uiuaj^o «le revolución el último 1111*3 <ifl año, 
i qnixá el nooo o undécimo, sogun las cuentas de A.ris. Al menos, el 4 de diciem- 
bre, foeron aprehendidos varios saijentos i cahos de los cuerpos de la capital, 
on oficial Suloaga i cinco miijeren, entre las que se contaba doña Mercedes l'ii>ii, 
la conspiradora rancagüina que ya hemos mencionado, i cuyo color político 
parecim ser O'Higginista, o al menos, tal barniz le daba el corre^poussal Aríp, 
que hnbiera querido pintar con atjuel color idólatra a lodos los hombres, desda 
Admn hasta Portales i a toias las mujeres desde Eva hasta la señora Pisa. 



— 200 — * 

1885 a los de 1840, desde las de 1845 a las de 1851, desde 
las de 1856 a las de 1859, iremos leyendo los frutos que la 
nación ha recojido de la carta destinada a la armonia públi- 
ca i a la dicha de los ciudadanos, en los cadalsos, en los cam- 
pos de batalla, i en esos dos paisas c constitucionales, » que 
se han creado desde 1833, pues durante el dominio de la cons- 
titución de 1828 no existieron en nuestra jeografia política 
Juan Fernandez i MagallanesI 



CAPITULO VIH. 



PORTALES GOBERNADOR DE VALPARAÍSO. 



Don Diego Portales en el gobierno do VulpnraUso. — Su último vlnje a Santiago 
i MHipechas que infunde de que ib» "a sentarée cu el gobierno." — Se es- 
trena con el fusilamiento del capitán Paddoi'k. — Kelacion de este suceso 
i razones que dio Portales p:ini la ejecución «le a((uol. — So consagra a la 
organiíacion de las milicias de Valparaíso. — So propone enrolar en ellas 
m los estranjerosw — Abusos i violencias que oornt^te Portales en la regla- 
mentación de la guardia cívica. — Su rijidez con los soldados i los fraüei. 
— >8ii deseo de manifestarse desligado de la política jeneral de la época. -^ 
Carmeterística renuncia que liaco de todos sus emplitos, honores i comilo- 
nes. — Renuncia posterior de la gobernación de Valparaíso. -~ Sn tenaz 
insistencia porque se le admita i su disgusto con Garrido por este motivo. 
— Desobedece las órdenes del gobierno con los reos de las coDspiradones 
de 183S que se le romitian do la capital para embarcarlos. -^ Su jenerosi- 
dad con algunos de clloi — Deja el gobierno do Valparaíso. — Servicios 
de que le es deudoni e^ta ciudad en los diez meses que la gobernó. 



I. 

Después de haber narrado cu un cuerpo, en el curso del 
capítulo precedente, las varias conspiraciones del famoso año 
33, hácesenos preciso volver la vista acia el puerto de Valpa- 
raiso, asilo, como dijimos antes, i fortaleza almenada ahora 
del hombre cuya carrera política es el gran argumento de esta 



— 202 — 

hiatoria, pues en su carácter i en sus hechos está resumida la 
vida política de la República en los siete afios que la gober- 
nó. (1) 

II. 

Por la renuncia del gobernador de aquella plaza don Ra- 
món de la Cavareda, i su subsiguiente elevación al ministerio 
de la Guerra) Portales habia aceptado ^uel empleo (diciem* 
bre 4 de 1882) (2), no sin hacerse una fuerte violencia perso- 

(1) Portales habia hecho un viaje a la capital a mediados de setiembre de 
1832, i como entonces dijimos, padeció en esa época una grave enfermedad a la 
vejiga, a consecuencia de haberse mojado en la parada militar del 19 de setíem* 
bre, mandando su batallón. 

El ex-mÍDÍ8tro llegó a Santiago en la noche del 15 de setiembre, i al instante, 
los busos políticos echaron a correr la voz de que venia a destronar a Prieta 
Lá hison que daban para ello era que habia venido a alojarse eñ su pi^0& cAili 
(¿i dónde querían que fuese?) que era la Moneda, en eajos élaintroe tttda ta 
doattei el batallón cívico' núm. 4, euyo eomandaBte era don IM^o. Otm MuBon 
etB, qae los dos hermanos Vidaurre, don Agustín i don José Antonio, cUliclos a 
PeHal«8, "estaban comprando onxas a diesáocho pesosl" Solo fistltdte que tí 
boticario hubiese cerrado la puerta, para que el remedo de la Poncha^ fanbieae 
wAé entapíelo 4 . . . 

Despuee de apuntar estos indicios, el comandante Claro, sobrino del preñ- 
defkte^ escribía aquella misma noche al doctor Rodrigues Aldea para qiia lo^ 
puMese en conocimiento del Presidente. "No hai q«e alucinarse^ mi amigo^ de- 
cía aquel al doctor, con una confianza indiscreta. Sigamos al público que tanto 
eaoarea que Portales vieno a nmtarse en el gobierno!'* 

Entre tanto. Portales habia eí«crito a su corresponsal, con fecha 12 de Betiem- 
bye, las siguientes inocentes palabras sobre su terrible viaje: "De otro modo, 
saldré pasado mañana, a mas tardar, para e^a. Donde quiera que me vaya a 
parar, mandaré buscar a Vd. luego que llegue, para que nos demos una (Mnzada, 
antes de ser interrumpidos por nadie, pues ignorando todos mi llegada, no em- 
pezarán a cojerme hasta el dia siguiente. Créame Vd, que a pesar de las andas 
con que deseo ver tantas personas que rae son caras, voi a esa con gran repug- 
nancia i una especie de disgusto i temor." Después, recobrado de su enfermedad. 
Portales regresó a fines de octubre (el 28 o 29) tranquilamente a Yalparaieo, 
áa haberse sentado una sola fez en el gobierno, sin duda porque su hieédM>da 
dolencia no le permitía sentarse, o porque "el gobierno," por lo coman, ee m* 
poltrona poeo cómoda. 

(2) Hé aqni su nombramiento, que liemos encontrado orijinal entre sus tta- 
peles: — "Bantiágo, diHemtfre 4 de IStt. S. E. el Prefiidente de la Repftbllí* !l4 
dMMtádo vgú esU ftchá lo ^tte d^e: 



— 203 — 

Bil, porque era enemigo de puestos públicos, i prefería, según 
Ufispresion de Gandarillas, « mandar a los que mandaban.! 



III. 

XI estreno de don Diego Portales en el gobierno militar de 
Yalparaiso habia sido un acto de terrible severidad, que cons- 
tBisó los ánimos de aquellos moradores. 

Existia en la rada de Yalparaiso, a principios de diciembre 
da 1882, un buque ballenero, cuyo capitán, Mr. Paddock, 
tmericano del norte, se encontraba en graves conflictos por 
kber sido mui desgracia lo en la pesca, i no encontrar en el 
comercio de Yalparaiso quien le suministrara fondosi a la 
gruesa ventura para habilitar su buque i proseguir su vi^je. 

Habia confiado a la c;is:i norte america:^.a de ALsop la jes- 
tío&del préstamo que necesitaba; i como una maflana le infor- 
nuam los dependientes de esta que no tenian esperanzas de 
obtener lo que necesitaba, sacó en cl acto del bolsillo una 
gnm oavaja i apuñaleó a dos de aquellos infelices, traspasán- 
doleiel corazón. Saltó a la callo incontinenti, corriendo en 
dúeQoion al muelle, como si tratara de ganar su buque, i al 
nndo del asesinato que habia perpetrado, una multitud de 
j^te le seguia, dando voces de que lo prendieran, mientras 
oto» ralian a las puertas de los almacenes para ver lo que 
ocorria. Fué uno de estos cl respe tíiblo i desventurado caba- 
ikiodon José Joaquin Larrain, heredero del mayora/:go de 
Montepioi, que se ocupaba en su escritorio eu conversar tran- 
quilamente con el joven comerciante don José Squello. Al 

''Hallándose vacuDte el empleo de Gobernador do la p1a»i de Yalparaiso por 
ion del que lo desempeñaba al de Aíiuistro de Ejitado en los departa - 
d« Guerra i Marina, vengo en nombrar para que le subrogao interica- 
il teniente coronel do ejército don Diego Portales. Aeúdasele con el 
Adáo «cSalado a los de su eluse. Uefrcndese, tómele razón i comuniqueae. 
'^ trascribo a Vd. pai'u su intel^encia. 
"Dioa gnarde a V^i 

"Jo€upUn Towfnal. 
il TMitentB Coronal de ejército don Diei^o Fortales.*" 



— 204 — 

divisar al primero, Paddock, que corria por la vereda, le asestó 
una puñalada al corazón que le dejó muerto ea el sitio, i pe- 
netrando inmediatamente en el escritorio, hirió gravemente 
en el hombro a Squella, quien pudo parar el golpe que iba 
dirijido también al corazón. £n pocos minutos, Paddock habia 
hecho cuatro víctimas, i acaso hubiera inmolado otras, si al 
llegar al muelle, un jornalero no hubiese acertado a derribarle 
al suelo, asestándole un golpe de piedra en la cabeza. 

Al instante, Portales le hizo amarrar, i sumariado a toda 
prisa, como el delito era páblico, fu¿ condenado a muerte i 
ejecutado a los pocos dias (a mediados de enero de 1888) en 
el mismo muelle, donde le colgaron en una horca a la vista 
de todos los buques estranjeros que poblaban la rada. 

£1 delito de Paddock era atroz i habria merecido una espia- 
cion mas terrible que la que se le impuso; pero aquel hombre 
estaba loco i entonces el hecho variaba enteramente de carác- 
ter en lugar de ser un crimen, era solo una catástrofe. No es 
este el caso de entrar en una discusión médico-legal sobre si 
el reo estaba o no insano, pero lo que parecía evidente era 
que el delito mismo habia sido un acto feroz de demencia, 
pues el capitán ballenero no tenia interés alguno ni motivo el 
mas remoto para perpetrar aquellos asesinatos. Al contrarío, 
sus primeras víctimas, los dependientes de Alsop, eran quizá 
sus únicas relaciones en la plaza i la última esperanza que le 
quedaba de salir de su apurada situación. El gobernador, en- 
tre tanto, aseguraba que no estaba loco, i como existia en la 
muchedumbre de Yalparaiso una gran exaltación contra el 
reo, porque era estranjero^ aquel estaba resuelto a hacerlo fusi- 
lar. (1) 



(ly *'Yo (escribia a este propósito a su corresponsal de Santiago, eon feoluk de 
tliciembre 12), rin un motivo que me escite la sed de sangre, porque se trate d« 
castigar a un hombre que no conozco, i de vengar la sangre de enemigo» peno« 
nales mio«, i de otros que me fH>n absolutamente desconocidos, aseguro a Yd. 
que el reo no eatá loco, i le predigo que el estado en que se halla la plebe de 
Valparaíso va a traer consecuencias mui funestas, que tal vez yo, o mié flueeeo- 
res, no podamos evitar. Hago yo mal pronóstico. Seria mui largo referir a Yd. 
los dichoe i conversaciones con que se espresa públicamente la plebe i tn pre- 



- 205 — 

Bim ademas evidente que Paddock habia caído en un pro* 
fando abatimiento después de su atentado, i que seguro de su 
próximo fin, pasaba esclusivamente ocupado de prepararse a 
morir, leyendo incesantemente la biblia. 

Pero todo fué en vano, i aun inoficioso un apremiante i ar- 
doiOBO empefio que el ministro americano Mr. Ilam diríjió a 
Portales, de quien era amigo, haciéndole presente poderosas 
rasones legales i súplicas amistosas, para que, al menos, poster- 
gara la ejecución del reo hasta que una comisión de facultati- 
vos declarara si estaba o no sujeto a una enajenación men- 
tal, (1) 

Bl infeliz capitán fué al fin sacado en una silla, fuertemen- 
te amarrado, pero sin soltar de la mano su biblia, con cuya lec- 
tora 86 ayudaba cristianamente a morir. Cuando sus paisanos, 
i en jeneral los estranjeros de Valparaíso, vieron suspendido 
aa cadáver en un poste del muelle, alzaban el sombrero, i al 
paaar, le saludaban como a un mártir. 



úde todo«. Solo la riña de un marinero extranjero con uno de estos roU>9, 
piMde ler bastante principio para un desastre repentino, según se va poniendo 
d ánimo de los plebeyos: t04lo no consiste en mas que uno levanta la voz. 
^^i*Bo eUos no conocen mas que al gobierno, a éste lo echan la culpa, i dicen 
H** los estranjeros han contrapesado en oro al reo para salvarle, con otras mu- 
*^ tonteras peligrosísimas: dicen que ellos »ibrán también fínjirse locos, etc." 
(1) Carta de Blr. Ilam a Portales, escrita en ingles i en un pliego en folio por 
"* cuatro costados, con fecha de 30 de diciembre de 1 832. Portales desairó 
^bien UD recurso legal entablado por el cónsul americano en Valparaíso con 
^ <4)jeto de salvar a Paddock o postergar, por lo menos, su ejecudon. 
^^^'^Ubk esto del siguiente oficio, peculiar de aquel funcionario, que hemos en- 
^^atndo en el libro copiador de correspondencia de la Intendencia de Yalpa- 
Pendió i dice a la letra como sigue: 

VeUparaifOf enero 12 de 1833. 
Stfior Cónsul: No está en mis facultades suspender la ejecución de la sonten- 
cit pronunciada pK>r los tribunales en la causa criminal seguida a Paddock, ni 
tte «eo en el caso de entrar en la cuestión de si el recurso que me participa 
il leflor cónsul haberse entablado ante el juez de letras de esta ciudad es o no 
peregrino, intempeitivo i desconocido en nuestras leyes. Dejo contest4ida la co- 
BumiQadon del señor cónsul, que supongo escrita con la fecha de hoí, i le asegu- 
ro naeramente de mis protestas de consideración i aprecio con que aoi úempre 
fa «tentó servidor, 

Diego PartüUi, 
SeAor Cónml de los Estados Unidos de Norte Amórica. 



- 266 — 



IV. 

Libre de los cuidados que el suceso del capitán Paddock le 
habían acarreado, el gobernador militar de Yalpavaiao píSflO- 
8e a organizar, con el tesón i la enerjia de que él solo era ca- 
paz, la guardia nacional de aquel puerto, que existia solo en 
e\ nombre, pues al llegar de Santiago; habia encontrado or el 
arsenal de Valparaíso solo 70 fusiles viejos. Cumplian de oer* 
ca a sus funciones privativas aquellos objetos, poique no debe 
echarse en olvido que el teniente coronel Portales era eí go 
bernador militar de Valparaiso, existiendo otra autoridad ci- 
vil con el nombre de gobernador local. 

Desde el dia 13 de enero de 1833, al disparo de un cafiona- 
zo, debia abrir el comandante Portales, rajando el albl^ k) 
que podia llamarse apropiadamente su campaña contra la pe* 
reza, el desaliño i la holgazanería del bajo pueblo de Valpa- 
raiso, con los ejercicios doctrinales de milicia, a que, por aK^uel 
preciso dia, citaba, por medio de un bando solemne, a todos 
loS: ciudadanos, siendo él mi^mo el primero en encontransQ en 
et cuartel. (1) 

Para procurarse fondos con que organizar dos batallonee, 
una brigada de artillería i un escuadrón cívico, ocurrió Porta- 
les, sin embargo, al arbitrio a todas luces violento e ilegal dd 
espedir despachos de oficiales de aquellos cuerpos a penotuui 
rícas i caractcrízadas de la población, a ñn de obligarlos a que 
rescataran aquella carga con una multa de 300 a 500 pesoá (¡t) 

(1) Pórtale», que era un jnnn nivelador de clases, se propuso incorporar «n 
la milicia uo solo al pueblo de poncho, pino a nmestros de taller, bodegoneros, 
ele., i- también a los comerciantes esstranjeros de segundo i tercer órdisiL Co& 
«te objeto, consultaba ai gobierno, el 11 de enero de 1883, "si los estnnijerot 
establteidos en el pnis con tiendas, pulperías u otras por menor i los tatmmtm 
también estranjeros, maestros de oñcio o que sirven de oficiales en los talleres, 
deben ser enrolodoscn los cuerpos cívicos.* (Libro copiador de eorregpotukneii^ 
de la Intendencia de Valparaino, perteneciente a 1833.) 

(2) Bs-de adTiertír, sin eml)argo, que Portales pidió autorización al gobierno 
para establecer esta contribución eetraordinaria. {Oficio del ffobemadtkr nnHiaf 



— 30T — 

En esta una contribución forzosa, que uo habia sido wWble- 
oid» por la leí, sino que naoia de i« escliiaiva voluntad del go- 
beraadop. Pero ¿qué imporlabacatoa Portales, para quion tod» 
«nerjia era Justicia i toda fuerza derecho? 

Pero auQ iba mas adelante en sus iujustiñoables arbitraria- 
dadea Cuando el gobernador se pioponia castigar a algún od- 
ttml de loa que él miamo habia nombrado o abrigjiba alguna 
prev«noioQ personal contra é], lo hacia rebajar a soldado 
i»3o, afreutándolo en piíblicH de esta inusitada manera. Fui 
rlctimu de este castigo el teniente don José Squella, enemigo 
político de Portales, i otros jóvenes decentes del comercio de 
Kjuella ciudad, lo que diá mñrjen a que oscuros tiranuelos 
ptsclicaeen eu las |>rovinci.TS iguales atentados contra sus ene- 
ai^ peraonales, de manera que, en poco tiempo, ta guardia 
BDÓtinal dejó de ser unn institución | ara ser solo una afrenta. 
Díjose entonces que Portales babia obligado a personas couo- 
cidus a que pisasen barro en el cuartel con las propias botaa 
con que los traían de k calle, en castigo de su resistencia o al- 
tMíria para no ser incorporados en la milicia. La violencia se 
llevú todavi» mas adeíaute, i con estn J4 loa deaiicatoa contra 
lot ilereoboe (lelos ciudadanos llegaban a su colmo, porque 
«ttQiioel gobernador Portales quería castigar cualquier fqJta 
píiTadi o dar salida a algún encono suyo o de bus amigos, 
enviitni al cuartel a toda persona ¡isi calificada, por decente que 
'ww, i la bacia poner en el cartabón ñliáudola como soldado. 
;i*l«8lft auerte, confieca él mismo que castigó a ua don Pedro 
!E porque tenía éste un pleito con nn recomendado del 
_ ioiatro Cavareda, i a otro caballero don José Fernandez 
'^fleloi, a quienes amenazó lastirar como zapos si faltabtm a 
■Igons lista.» (I) 



^Ppnia 



*ytlpiiraüo,/ic/ia 15 di intTo di 1S3.1, al minUlro ilt U Puícro, exiííeníí m 
é ankin di ate minitUrio. ) 

(U'hiraalmuaKreúlHrTd, ^ta, mofiana, (euribúi » «n ájente tn SintUr 
|*iü It ir frbcero d« ISU), dél« iiib memorias a Cavareda, diaiéiidiJ» qtlB Wr 
teiHribnpor blla de tÍBnt[H). i qne el tal don tülañu m ine prcMotá aM» aur 
tea^^aarntinctiásn pleito linomitír ni Us fechuj da liii uotifiaaaiaMl, por 
i üi^a loa antuB de iDemorU; que cuando ya «M 



^^<p» u'»na loa antua i 



— 208 — 

De esta manera, i poniendo a contribución su gran actí- 
viciad personal, pues se levantaba antes del amanecer para 
hallarse presente a la disciplina del soldado, i cuidaba aan 
hasta el alumbrado de los cuarteles, cuyos velas compraba de 
su peculio^ llegó Portales a organizar en pocos meses una 
lucida división de nacionales de las tres armas, que llegaban a 
1,500 hombres, los mismos que cuatro aQos mas tarde debían 
empuñar las armas para salir a su defensa en las alturas del 
Barón (1). ' 



eion, entró el Joez de Letras» quien lia quedado «le administrarle pronto i bae- 
na justioia. Que en medio de la función vine a saber la laya de mozo qne ea él 
l'edro Pérez, contendor de don Hilario, i que, acto continuo, lo mandé Uevar «I 
cuartel, junto con don José Fernandez Puelma, que cada dia está mas malo, ood 
urden de que me los filiasen, i la prevención de que loe estiraba como capot ai 
me &ltaban a alguna lista o tehia alguna queja grave de eUos. Creo que ette 
será un freno para sujetar a estos malvados, que no pueden ser corrcjidoa de 
otro modo.'* 

(1) No era menos rijida la severidad de Portales con los soldados que lo que 
manifestaVa serlo con los oficiales. Una mafiana escribió al ministro de la Que- 
ra qne e&taba "con un humor ne£rro*' porque se le liabian fugado tres músieoe 
escalando las murallas del cuartel donde los tenia encerrados; pero |A>coa días 
después (marzo 6), le escribia alborozado lo siguiente* ''Nada tampoco tengo 
que decirle hoi porque nada ocurre que merezca poner en su noticia, a no aer 
que en esta mafiana me han traido del eaiui no de Meli pilla, bien amamdoik 
n los cinco desertores de que hnhU'. a Vd. en mi cnrta de- ayer, lo que cdiebro 
como si fueran cinco talegos de onzas, porque eon la asoiaina que lee üo w tr á 
esta tarde, volverá a armarse el altarito que tne había acabado de deearmar Im 
impunidad.'* 

Pero no era solo en los hombros de los pobres soldados en los que Portalea 
gastaba afirmar su mano de fierro, que no le ora menos grato hacerla sentir a 
los qne cubria la santa coguya. Qnejúec una vez al gobernador cierta inlUIs 
mujer llamada Maria Burgos de que los padres mercenarios frai Isidro i liral 
Jerónimo Solis se Iiabian negado con anticristiano espíritu, a confesar a su ma- 
rido Joeé Cirilo Fajardo, quien había muerto, en consecuencia, sin aquel eon- 
snelo. 

Portales, en el acto, atendió al reclamo, i pidió, con focha 26 de abril de 188S, 
iníbrrae sobre el hecho al provincial de la comunidad mercenaria, 1 como aquel 
resultase ser exacto, ordenó al provincial, por un oficio del 29 de abril, qae 
castigase a los delincuentes con una apropiada censura. 

Consta este hecho curioso de justicia popular del libro de decretos de la la* 
tendencia de Yalparaiso correspondiente a 1883. 



— 209 — 



V. 

Al Ter a Portales tan preocupado del arreglo de las mili- 
mas de Yalparaiso^ se habría creído que estaba desprendido 
de los intereses mas graves de la política i del Estada Al 
menoi^ asi lo decia él mismo a sos amigos, en aquella época, 
exijiendo qae el gobierno lo hiciese saber en sos publicado- 
nes oficiales (1). 

Pero ya hemos visto, al hablar de la conspiración de Ar* 
teaga, en marzo de 1833, es decir, un mes después que hacia 
las protestas de su alejamiento de la política, la parte que to- 
maba en ésta, llegando al estremo de indicar los jefes que de- 
bían componer el consejo de guerra que juzgaría a los cons- 
piradores. (2) 

(1) Con fecha de febrero 4, dirijiéndose al minUlro Cararetln, despue* de ar- 
rojar un terrible earcaono cobre el jeneral O'Uigjnns (a qiiieu llamaba wta Tea 
H wtoM inmHmto i malvado de l<» huaclios, porque le 9upoiila instigador de los 
cseritoa que contra él publicaba «.-n Lima el aventuren» francés Chapuii») le ea- 
eriUa lo wgiiieijt*?; "Yo desearía que algún escritor w encargara de decir i de- 
clarar ante todu el mundo que no tengo la menor parte en la administración de 
átm Joaquín Prieto: haiera Vd. por donde asi puceda." 

I en fegnida, el 9 de febrero, voWia a decirle: 

'^Inaisto e insistiré ^ierapre, muvldo por las causas mas nobles, en que se me 
haga aparecer rin intervención ei las resoluciones del gobierno i como un puro 
rjeeator de ellas (pue», en la i calidad, no hai otra cosa) durante el tiempo de mi 
TÍreinato: condescienda, pues, con mi súplica.** 

(2) Carta citada a Ca vereda de 18 de marzo de 183S. 

Por este mismo tiempo (ncarzo 23), Portales escribió al ministro de la Guerra 
qae se espulsase del ministerio del Interior al oficial major de este ramo don 
Manuel Carvallo, por haber escrito una carta contra el intendente de Valdivia, 
don Joié Joaquín de la Cavareda, hermano de aquel funcionarío. 

'*Si ha de haber calma, decia Por.ales en esta ocasión, hasta para providen- 
cias de este jénero que demandan tanta prontitud, seni fhejor declarar de una 
rea que nos dsnios por. . . . con to<la i nuestra mas entera voluntad i que not 
pongamos en la l>erlina (o en la horca) por prudentes, circunspectos, juiciosos, 
hombres de etipera, de tino, de madurez, de. ... " I seguia después tal cAmulo 
«le terribles improperios contra ti mismo i sus amigos, que al fin parecía esean 
dalizarse él mismo de su ira i decía: ''Pero ya estol demasiado montado en el. 
picazo.** 

D, mtao poiT. 14 



r 



^ — 210 — 

Pero, este irresistible poderío de la voluntad de Portales, 
que a él mismo, a su pesar, lo violentaba, llegó aun mas lejos. 
Hizo el presidente Prieto espedir un despacho militar, sin in- 
tervención del ministro de la Guerra i sin aprobación previa 
de aquel, en lo que habia, si se quiere, solo una falta de trami- 
tación i urbanidad o algún secreto favoritismo; i sin roas que 
esto, el gobernador de Yalparaiso tiró a los pies del gobierno 
todos qus empleos i honores, elevando la siguiente renuftciat 
que existe de puño i letra entre los papeles del Dictador, i 
que, por ser tan característica como un buen retrato, copiamos 
en seguida: 

GOBIERNO MILITAR DE LA PLAZA. 

Valparaíso, junio 26 de 1838. 

"Es ya demasiado público que ontro los días l.o i 3 del co- 
rrienlje, S. E. el Presidente de la República, sin precedente 
acuerdo, mandó a un oficial del Minisi'erio de la Guerra tirar 
el despacho de teniente coronel a un sarjento mayor del ejér- 
cito, i que después de haberlo firmado, .lo remitió a V, S. para 
que lo refrendase. Se sabe también que habiéndose negado 
V. S. a inscribirlo, S. E., por medio de^l mismo oficial de la 
secretaria del cargo de V. S., lo intimó q ue haria firmar el tí- 
tulo a un oficial, si V. S. continuaba en su negativa, i que 
V. S. contestó dignamente que no pudi endo ceder sin trai- 
cionar su conciencia, dispusiese S. E. del minÍ3t;erio. 

"Se ha tomado razón en lan oficinas rci^pecti vas del despa- 
cho autorizado con la firma del primer c»fic¡^L de la secreta- 
ria, i V. S. presentó su dimisión, que ha retirado después, se- 
gún se dice, por evitar mayores males, que j'o no alcanzo a 
divisar, porque m(^|)areoü que no hai otros do un orden supe- 
rior que los que deben nacer do un^atropellam lento del código 
fundamental; i sea lo (jue fuera, so ha infringido abiertamente 
el artículo 86 de la Constitución, en los miiimos dias en que 
ha sido jurada; infracción qun so haco mas :notablo cuanto el 
Presidente de la República pudo legalmente haber cumplido 



~2Ü - 

sOB deseos, pidiendo a V, S. los sellos í nombrando otro mí- ' 
niatro, en cdyo juicio fiiesoJilBf.il !a orden quo V, S. no fe'fi- 
oóntraba mí en el suyo. 

"Se ha permitido, üdemas, o dirá mejor, ae ha presentado 
a los jeíes de las ofiüinaa donde se ha tomado raaon del des- 
pkeho i al inspector del ejército que lo puso el cúmplase, la 
ociaeioo de quebrantar el mismo artículo constitucional qae 
diapcnc eapresamente no puedan ser obedecidas los órdenes 
del Preaidente deln República que carezcan del eSenciarre; 
quiaito de la firma del ministro. 

"Ha corrido cerca de nn mes sin que haya habido un di- 
putado que, conforme a! artículo 62 do la (¡iirta, haya forma- 
lizado la acusación que debe hacerse a V. S. por mas inocente 
qafl aparezca; ni se ha visto que algun funclonariol acuse ft 
)os empleados infractores que obedecieron la orden. 

"Esto da lugar a esperar que la Constitución va a quedíit 
inpunemente atropellada i abirrt;i la puerta para quebrantar- 
l&en lo sucesivo. 

"Habiendo sido yo uno de loa quo esforzaron mas el grito 
CMJOlra loainfraclures e infracciones de 828 i 829; cuando en 
los deslinos que (ne he visto en la necesidad de servir, he pro- 
curado con el ejemplo, el consejo i con cuanto ha estado a 
mi alcance volverá las leyes el vigor que hablan ¡lerdido casi 
del todo, conciliarles el respeto e inspirar un odio sjiiito a laa 
trasgresionea que trnjeron tontas desgracias a la República, i 
que nunca podrán cometerao sin iguales resultados; cuando 
hssta hoi DO he bajado la voz que alcé con la sana mayoría de 
)á nación contra las infraccionca de la Constitución de 28; 
I t^ndo no debo olvidar qile ellas fueron la primera i prínci- 
[ pal razón que jnstifiuó i asL'gunS el ¿xitodc la empresa sella- 
I dft con la sangre vertida en Lircai, no puedo manifestarme 
Mcapasible en estas circunstancias, ni continuaí deaeinpcflando 
I dfcinitios públicos, sin presentarme aprobando, o al menos, 
l«Wnido ahora con las infracciones que combatí poco antena 
icAra dosúubierta. 

"Para no aparecer, pues, ctüdo en tal inconsecuencia, i píif-íi 
lODtribuir al sosten de las instituciones por el Unido medlü ' 



- n2 — : 

que esté en mis facultades, hago de todos i cada uno de los 
distintos cargos i comisiones que el gobierno tuvo a bien con- 
fiarme, la mas formal renunci», cuya admisión tengo derecho 
a esperar tan pronto como Y. S. se sirva dar cuenta a S. E. 
de esta petición. I al hacerlo, ruego a Y. S. tenga a bien ase- 
gurarle que en el retiro de la vida privada a que soi llamado 
para siempre, serán incesantes mis voto3 por el acierto del go- 
bierno i la prosperidad de la República. 

"Ojalá Y. S. fuese tan feliz que lograse persuadir a S. K el 
Presidente, de que su propia reputación i suerte de los chile- 
nos que mas se han empeQado en darle pruebas inequívocas 
de distinción i de unailimitada confianza, le demandan la re- 
paración del dafio que les ha inferido una resolución suya, 
tomada sin duda por no haberse fijado en su valor i conse- 
cuencias, i de que nada le seria mas honroso i nada mas con- 
ducente a la consolidación del orden público i del Código 
Constitucional, que aparecer vindicándolo con la cancelación 
del despacho espedido, i el castigo de los empleados que no 
se opusieron a su curso, 

"Dios guarde a Y, S. 

^^Diego Portales. 

*'3^fioír Ministro de Estado en el deparlamento de la Guerra." 



YI. 



Pero, no porque Portales quisiera imponer su voluntad a 
todos sus conciudadanos, desde el último recluta de la milicia 
de Yalparaiso hasta el Presidente de la República, su despego 
del mando (no del poder) era menos sincero. Si é\ podia ha- 
cei;se obedecer desde tan alto, acostado muellemente en su al- 
mohada, ¿porqué habia de imponerse el sacrificio, estéril par§ 
su orgullo o su patriotismo, de asistir ocho o mas horas dia- 
rias a una oficina i trabajar, como él sabia hacerlo, en el bien 
comunal, descuidando sus intereses hasta verse amenazado de 
carecer del pan? 



VII. 

Hemos ya referiilo que, a fines de 1832, había comprado la 
haciends de Pedegua, i aunque su corapaücro, el clárigo Car- 
doso, se babia ido a administrarla, él estaba violento por pa- 
sar algún tiempo en aquel fundo que no conooia siquiera. 
Haciendo un verdadero sacriñcio persona!, ¿I babia aceptado 
Bolo por aeis meses, en diciembre da aquel aüo, el gobierno de 
Valparaiso, pues tal era el término de la licencia concedida 
a Cavareda. Míis, como éste entrara a desempe&ar el ministe- 
rio de la Guerra i Portales no queria que los jenerales Bena- 
vente ni Aldiinate le reoraplaaasen, prolongó su permanencia 
en el gobierno de Valparaíso hasta agosto de 1S33. 

Por esto tiempo, ya su paciencia se agotó i púsose a exijir 
casi día por dia que so despachase su renuncia. "Cavareda 
eseribió a Garrido (decia a su corresponsal de Santiago el 30 
de agosto) que me dijese que en el termino de ocho días QO 
96 le hablase de mi renuncia, porque babia para ello un mo- 
tivo secreto: este motivo debe ser sin duda la conjuración 
descubierta (1); los ocho lüas cumpíen el lunes próximo; i 
desde el martes, empieza Vd. a ajitar con tesón el despacho, 
sin tomar mi nombre, para evitar que se di^a de mis capri- 
chos, mis tonteras, mis fogosidades, etc., eW.i 

Un mes mas tarde, volvía a mandar al ministro de la Gue- 
rra, de quien dependía, el siguiente aignitíoativo recado: — 
■Diga a mi amigo don Ramuu Cavareda que el gobierno de- 
be escasar todo paso que ae dirija a hacerme continuar 
en este destino; que el rogar al empleado que hace su dimi- 
sión es muí desfavorable a la dignidad con que deben acom- 
. paliarse todos los actos del gobierno, i que, para aliviarle tra- 
dujo i evitar usa especie de desaire que haria al gobierno mi 
negativa, le prevengo que estoi resuelto a dejar toda clase de 

(1) IJi 'le Pug». b' 23 dp ■g<'etn, qufl, coiiio se ve, el gobierno hntU madiirar 
roo totla culnifi, i a cuyo cslulJida seaulaba loe preeÍMS pl&ioa. ;,CiiitD<lD m viera 
major inniuTalidad, eí uo n: vleraa uiR^oree i del mUmo jíuero mas tarde? 



L 



— 214 — 

intervención en asuntos públicos, i que mi resolución no es 
de ceremonia, ni movida por causas que puedan removerse i 
hacerme de consiguiente voWpr atrás. Añádale que cuanto 
pudiera apetecer era el que viniese él a subrogarme, porque 
k vejez mQ fuerza a desear la compaQia de ün amigo como 
él: que vlú pienso cuando piení>o con egoísmo, pero que oaan- 
do considero cuanto interesa a Chile su permanencia, en 9I 
ministerio, casi me conformo con estar separado de él.» 

I poco después, pasando do los argumentos al enfado, aSfl- 
dia (9 de octubre) las siguientes amonestaciones sobro su 
renuncia, contestando a los empegos que so le enyiabim dQ la 
capital para que permaneciera en su puesto. % A doa Yietp- 
riño conteste Vd. que siempre seré descortés para coulestar»..^. 
que e) principal contenido de la carta que le debo se r^dn^ 
a decirme que cree que se siguen males.de mi separación á^l 
gobierno de Vaiparaiso. ¿Qué habrá que contestar a epto? 
¿^a podido esperar que yo me conforme con su opiato^ ^n 
ViiU asunto sobre el que he pensado veinte veces ma? qoe él, 
como que me toca mas de cerca? ¿O quiere qucí entablei3pay i 
repitamos por escrito las largas i odiosas discusiones, que hp^fo 
el mismo asunto sostuvimos aqui do palabra? Añádale qu^ t«i 
él fuera' hombre capaz do ceder alguna vez a la razop, i yo 
hombre amigo de perder tiempo con loa que no la tien^p, 
habria contestado su carta con e^tas solas palabras: < Yd. ñié 
el mas empeñado i el mas conforme en que viniera a ser gober- 
nador por seis meses: espiraron éstos, i quería que siguiese por 
seis mas; mañana se completan diez, i aunque me oonfitKrma^a 
370 c^n que se completasen los doee, ¿en los dos que {altan, 
forrarla Vd. el hombre que, a medida de sus deseos^ haya de 
venir a reemplazar a Cavareda si éste no viene? Me eontestwá 
que no, i resulta, por consecuencia, que yo debo resanarme 
a ser gobernador de Vaiparaiso hasta que Itegqe el isitperio 
de los pipiólos, a quienes no faltarían cien sucesores qnP 
darme? » (1) 

(I). Portaje» parecU que «at^ba verdaderam^te aburrido do «u aito^cioD, i 
la diók como otras voces, por no kacanf caau d^ laa órdaoee d#l gobiamo. J^ m 
qaa aiuuido oomeosaron a Uegar Im partidaa de dotterradoa det li^ ifeVto 9IM 

« 



I 



Al íin, a mediados de "noviembre, regresó Cavareda a Val- 
paraíso, entrando a dcsempeOar íntenDameDle el miaistorio 
de la Guerra don Manuel Henjifo, Portaba se retiró el día 10 
i el 13 de aquel mes, i-easumió su puesto el primero, Don Die- 
go, en tíonaecuencia, quedó libre para irae a ku hacienda, i 
auD hizo renuncia del último empleo que conservaba, el de 
oomandantc del niim, 4 de cívicos de Santiago (1), para que- 



rMrolBclMii»>ut4«ikiia><]u ISSü, £1, mtgiia vuenta Aiú cu cuiIa Ja iiovíeuilirc U 
¿t 1U3, oomeaz¿iidHlr¡«K"Atiiicti, VdLi JirliSnateD^fiLijuitirBa, cmbárqu^iitr; 
ri no qiiior<?D. nu. Si Ii« parvee, vean el buque qne 1«s ncomode !íí no quiert^n 
[tve, no te vBfan. Todu e&Ui son cosm de Prieto que no yem áeíaüao. Dicen 
qne to lo nundo. Esto «t falso, ñno que él m lia propucsstu haaer cuanto dcu- 
tiaoboi, i aás príÑODí» diarii». Eitéii Vdi luliaCícliga da it-Xo." KíMb bou f»- 
l«ll««a áa b propi» carta de MuÜiW, cscrilii u bu niaJiima, cuyo calla lie leidó." 

Heeididanienlfl a Porbilet podía j>usliirle eer tirano, |>ero uuocii cireelero. 

Sá JDsto Bniidir itqui que Portales eonorríú jcni'i'oMniente a todo* los infeliees 
p«rM^tdoeqaci]Tau8UBíneiiiip>epenoiuil«, A UuflgzBciaailla, nquel '^jdfkdó 
0ur*BMiIM" dvl Uambñtnlo, \« obaeqmi dwc vrizM de aso, povqiie, n peau du 
M^U* ocuMoloiu^d B su hourudei, vra t>iisinm<!Ute pobre i no de¡o un- maravedí 
ft sa bouQraUe íamilú. 

TimblcQ rccojid i trajo • «u lado n vivir cd íu propia eau a. aqoel júven dii- 
latt don JoMi Vebuquet, qne alquiló el unarto de la Hachado en la eoorplrackiu 
i» los pnfialeL Esta]» nquel oculta en la aldea de pgcbuooavi a pñuúpM» da 
1814. i hablé ndoie alojado uiia noche TurLalfle en ete punto, ycndoin Pedígua, 
M le pteíentíi aquel implorando su elemepcio. Portajea lo aüojió ou el auto, 
obtaTU «n indulto i lo inanlnvo en Valparaíso, donde pasalia nncbef enteraa 
ñeoAo i haeieitdo i*^ a eos aniigoi, a qalenes el chUett, como llamaba a Vetax* 
^aM,«oataba lo que lus conjuradoa dealan de cuJa una de etlea, 
I (tj H6 aquí la aceptaiñoa de su leiiuiieia, <iue existe orijinal enlrp lúa pap«l«a 
[' Vil niDÚbv. 

" Valparaito. di£imbn \i <U ISÍi. 

■'El señor In»pwtor Jeneral. con feeha de ojer, me dice lo que copW 

■'Por el Ministro de la Guerra, eon fecha de nyer, me dice ki 'pia espío. 

"A la solieitud del Comandante del baUllon núiu. i <k guardlM effHts de 
MU capital, S. E lia tenido a hien con .^stn feelia deeretar lo que sigue; Be «oep- 



— 216 — 

dar del todo espedito i desligado de compromisos directos con 
la política del dia, que no era enteramente de su agrado, como 
en breve veremos. Comienza en esta época el gran paréntesis 
de la vida política de Portales, i que debia durar hasta setiem- 
bre de 1835, en que reasumió su puesto de ministro, o por 
mejor decir^ la dictadura. Cerramos, pues, aquí el período mas 
brillante i mas fecundo de su existencia pública, para asistir 
en breve al terrible drama de guerras i trastornos que condu- 
jeron al protagonista de este libro a su cruenta inmolación. 



IX. 

A pesar de las violencias de que hemos dado cuenta con 
mano inexorable, don Diego Portales hizo grandes bienes en 
BU corto gobierno a la ciudad que no en vano pidió el honor 
de conservar en su recinto el corazón de aquel hombre estraor- 
dinario. Portales dejaba en Valparaíso una huella profunda, 
como por donde quiera que se posaba su mente creadora, ru 
incansable laboriosidad i su mano ñrme i organizadora. Todas 
las instituciones locales que han convertido este gran pueblo 
en el emporio del Pacífico tienen su jérmcn en aquellos diez 
meses de la administración del ex dictador de la capital, que 
era solo un teniente coronel i gobernador de plaza en Yal- 
paraiso. Los almacenes francos, la escuela náutica, la protec- 
ción al comercio nacional en sus intereses i en sus industría- 
les, ante quienes Portales, mas de una vez, humilló la sobera- 
nía de los estranjeros, el arreglo de la marina de guerra, que 
en verdad no constaba entonces sino de un solo'bergantin, pero 
que él ensanchó mas tarde hasta formar una poderosa escua- 
dra, el establecimiento de la policia urbana, la administración 



«• 



ta la renuncia que hace el teniente coronel don Diego Portales de la comandan- 
cia del batallón núm. 4 de guardias cívicas de esta capital Tómese razón i 
comuniqúese. Lo trascribo a V. S. para los fines consiguientes. 

'*I yo a Vd. para loa mbmos efectos. 

"Dios guarde a Vd. 

" RofíMfi de la Cavando,'* 



— 217 — 

local, la aduana, el cabotaje, la moralizacioa de las olases infe- 
ríores del pueblo por la severidad de sos castigos, i el enrola- 
miento en la guardia cívica, la transformación misma de aque* 
lia plaza militar en una poderosa pix>vincia (1), en lo que tuvo 
que luchar con la estrechez de miras del doctor Egafia, (que 
ae oponia a aquella medida porque iba a arrebatar en gran 
manera su influjo centralista a la capital), i por último, hasta 
la apertura del esoelente camino Q^ril que liga aquella pobla- 
ción con su suburbio agrícola i fértil do Quillota, i por el que 
él debia encaminarse al calvario de sa inmolación, con grillos 



(l) Parece que U idea da elevar a provínda el departamento de ValparaiaOi 
que dependía entonces de San Felipe, i en la que Portales trabajó con tesón, no 
sin poco pesar i eeloe del intendente de Aconcas^a, don Juan Evanjelista Roiat, 
tuvo su primer oríjen en el primer ministro de Haoien«la don Manuel Renjifa En 
una carta de éste a Portales, escrita en Santiago el 22 de junio de 18SS, le dice, 
en efecto, lo águiente, que no podia ser ni mas juicioso, ni mas oportuno: "¿No 
sería conveniente i útil incorporar a Valparaíso el departamento de Quillota i 
el de Casa-blanca, i formar una nueva provincia, de que fuese capital el primer 
pueblo? Reflexione Vd. sobre esta idea i comuníqucme sus observaciones. Para 
mi, tal disposición es ba;o todos aspectos ventajosa. Quillota i Casa» blanca se 
hallan en una dependencia natural de Valparaíso por su comercio i demás rela^ 
clones, i están asi mismo situados ambos pueblos a corla distancia del que deba 
■er, i realmente es su centro. Quillota ha mirado siempre con disgusto su incor- 
poración a la provincia de Aconcagua, cuya capital la conúdera, bajo diveraoe 
aspectos, de inferior orden, i veo recibirla con placer el decreto que le libertase 
de esa sumisión forzada que presta por necesidad Aun hai mas; el réjimen i 
organización interior recibirla mejoras considerables si dependiese del inten- 
dente de Valparaíso, destino que por su importancia en otros sentidos, será 
indispensable conferirlo a hombres de representación i de conocimientoSb 

"Si a estas razones agrega Vd. que ningún gasto va a resultar de la adopción 
de dicha medida, que las provincias do Santiago i Aconcagua son demariado 
estensas i escesivamente pobladas; que a la última es conveniente, en política, 
debilitarla; i que, a la verdad, es vergonzoso que el jefe del segundo pueblo de 
la República, con £BU!ultades casi ilimitadas por mar, carezca en tierra de poder 
i recursos que pasen una toeza mas allá del distrito municipal de la ciudad en 
que reside; si reflexiona Vd. sobre esto, vuelvo a decir, no dudo se decidirá por 
el proyecto, a menos que tenga razones que yo por ahora no preveo." 

£1 párrafo de cartas de Portales a Garfias, que alude a los celos del intenden- 
te Rosas, tiene la fecha de julio de 1 834 i dice asi: — 'Dígame Vd si Valparaíso 
será o nó provincia en esta lejislatura: deseo saberlo i debo tener eeta curíod- 
dad, ya que don Juan Evanjelista Rosas está como un diablo conmigo, porque 
dice que eoi el autor del proyecto, porque desconfio de él.** 



— 218 — 

en los pies; todo Qsto, i muchos otros arreglos locales de deta- 
lle, comenzaron ' a surjir entonces, alcanzando con su pos- 
terior desarrollo beneñcios tan positivos a la nación. En 
verdad, suprimid ahora a Valparaíso, i quedará suprimida la 
mitad de la iElepiiblica. Al menos, a Santiago le quedarían sus 
plácidos conventos, sus procesiones de todos los dias del a£lo, 
i sus grandes arcas, las arcas de que vive la nación toda, com- 
pletamente vacias. 



CAPÍTULO IX. 



LOS FILOPOLITAS. 



En ausencia de Portales, comienza a diseñarse el ])artido fílopolita. — Don 
Manuel Renjifo. — Sus operaciones financieras como ministro de Hacienda. 
— ' Su opinión eobre la redacción del ejército i medidas que toma para rea- 
lizarla. — Su laboriosidad i espíritu liberal i reformador de su sistoqíia ren- 
tística — Su Memoria de 1834. — Organización del crédito del Estado. — 
Escandalosa operación de la deud^ flotante, que desdora su administración 
de la íiacienda publica. — Juicio de Portales, Toi"o, Concha i Vicuña so- 
bre eéba. negociaoion. — Descargos de Renjifo. — Apareee éste como el 
j«fct d^ un partido iatormediariq, a consocuencia de las venideras eleociones 
d^ presidente. — Don Diego Josó BenaveAte i don Manuel José Gandari- 
llas. — Estrepitoso rompimiento del primero con Portales. — Aparecen en 
cuerpo los Filopolitai. — Los Viales. — Descontentos que se agregan 'a 
éste bando. — El jeneral Campino rompe con Portales por un pasquín que 
se atribuye a éste contra su hermano don Joaquin i cartas qiio uno i otro 
se eambian sobré el pértieukar. — Sucesos i)oHtieos . que ponen en exhibi- 
ción a los fílopolitas como partido político. — Sei^aracion del Seminario 
del Instituto. — Moción de Renjifo sobre conceder franquicias a los espa- 
ñoles. — Es ésta rechazada. — Renuncian sus carteras Tocornal i Renjifo. 
— Misterio de esta resolución i orQen conventual, que se atribuye a la de 
TocomaL — El presidente Prieto llama en el conflicto a Portales, pero éste 
rvliqsa. — • Qarta que con este motiva le dirijo el último desde Pedegiia. — 
T^nidezdel partido fíbpolita en presencia de Portales, a quien atribuye 
la oposición hecha u Renjifo. — Brusoa franqueza con que aquel acepta 
esa^ responsabilidad. — Portales rompe con Gandarillas. — Sucesos que 
provocan la irritabilidad de Portales contra el gobierno. — Cobranza in- 
JostA que se le hace de uea suma' de dinero. — Conflicto a consecaeneU de 
hail^er enirolado en la miHcia a un pei^sonaje patrocinado por el gobierno. — 



— 220 — ^ 

Ira i arranques jemales de Portales. — Declara terminantemente que no 
consentirá en la elevación de Renjlfo como candidato de los fílopolitas. — 
Su cólera contra aquel hombre de Estado i anécdota que de él refiere. — 
Violenta ratuacion de Portales. — Su juicio sobre Benavente i Oandarillas. 
— Manera peculiar de juzgar de Portales sobre la oposición de sus antiguos 
amigos. — Acepta por pocos dias el gobierno de Valparaíso en setiembre 
de 1884. — Gran baile oficial de este aniversario. — Profunda impresión 
que hace a Portales un anónimo en que le anundan una revolución por 
estos días. — Portales se resuelve a alejarse temporalmente de la política i 
declara que aplaza la ruptura de las hostilidades con los filopolitas. — 
Compra la estancia del Rayado, — Sus ilusiones de felicidad i riqueza en 
el campo. — Don F. L Ossa le ofrece treinta mil pesoe que él rehusa 1 
acepta una pequeña suma del cura Orrego. — Su viaje al Rayado 1 pecu- 
liaridades que le acompañan. 



I. 

• 

Mientras don Diego Portales se alejaba de la arena de la 
política, que él babia revuelto con sus manos de conjurado i 
calentado después co.) su planta de dictador, imajinándo3e 
(vana quimera!) que las soledades del campo ofrecerían pábu- 
lo a su insaciable inquietud, levantábase lentamente en los 
centros políticos de la capital un bombre modesto i patriota, 
que aspiraba, si no a ser el rival del potentado ausente, porque 
tal no cabia delante de aquel coloso de audacia, a neutralizar 
al menos, su poderosa influencia, dando un jiro mas templado 
a la política. 

Era este alto personaje ol ministro do Hacienda don Ma- 
nuel Benjifo. 

11. 

Pocas o ninguna figura de la política de 1880 se presenta 
delante de la historia revestida de mas simpáticos caracteres 
que la de este hombre de Estado, tan probo como laborioso, 
creador en cierta manera del réjimen que ha asegurado la ri- 
queza pública i el crédito del Estado, esta otra riqueza que 
antes de él no era conocida, i quien, sin embargo, después de 



— 221 — 

ana jureatad que perteneció toda al trabajo i nt infortunio, 
mnrió como hubiera muerto en su juventud, pobre, laborioso 
i honrado, ¿Qué mayor elojio pudiera liacerse, en verdad, do 
un asentista, que el deque, habiendo diapuesto con manos li- 
bree de los mitloaes que constituyeron nuestras deudas del 
interior i estranjera, oonsarvara aquellas limpias, aun de las 
sospechas (cosa admirable!) de sus émulos? 

Don Manuel Benjifu habin aprendido los hábitos de orden 
i de economía dt-sde su maa temprana niKez, concurriendo per- 
sonalmente al mercado para hucef la provisión de su familia, 
a la que él mismo mantenía en gran manera con sus ahorros. 
No por esto se metalizó su espíritu en 'la infancia, pues con- 
cedió a su patria un culto de afección que rara vez es propio 
de las organizaciones que se desarrollan tras el estrecho re- 
cinto de los mostradores. Kenjifo era solo un mancebo de 20 
aíltra en 1S14 (pues había nacido el mismo aBo que Portalea 
en 1793), i sin embargo, tenia ya compromisos con la revolu- 
ción que le hicieron emigrar, después del desastre de Ban- 
oagna. 

En la proscripción, conservó su noble ardor por el trabajo, 
i mientras Gandarillas se hacia impresor, Benavente colorista 
de naipes i el jéneral Cruz (entonces cadete) copiaba los ma- 
nuscritos del deán Funes, Kenjifo, acompañado de au amigo de 
infancia Melgarejo, adoptó la profesión de yate, llevando dea- 
de Buenos Aires a las vecindades de Potosí todo lo que cupo 
de mercaderías en una carreta. 

Vuelto a Chile, puso lleuda en loa Portalea, abrió después 
un café (el de la Union), especuló en seguida en granos, con- 
duciéndolos desde Valdivia a Lima, i por último, hizo una 
vasta negociación en la liltima ciudad, estableciemlo sucur- 
sales en los pueblos de Pasco i Iluancavelica para el rescalfl 
de pastas minerales. 

Pero, una rara latalidad le acompasó siempre en sus nego- 
cios. La invasión de Osorio en 1S18 frustró una especulación 
que hnbia hecho en el sur después de su regreso; las perse- 
cucionea de la dictadura sombría del jeneral O'Iliggíns hicie- 
ron que su café declinni^e por la falta de concurrentes; su ne- 




— 2¿2 — 

gociacion en Valdivia se vio amenazada por la funesta suble- 
vación ocurrida en aquella provincia en 1821, i, por iiUiíxio, 
sus negocios en el Perú, que comenzaban a sonwirle con la 
perspectiva de una fortuna, cayeron dos veces en ruina, lá líná 
por la confiscación de un buque cargado de granos de su per- 
tenencia i la otra, por la espulsion que Bolívar decretó dé to- 
dos los chilenos residentes en el Perú en 1826. 

Vuelto a Chile, se ligó Renjifo con la empresa del Éstamco, 
como hemos visto, aceptando el cargo de compromisario por 
los contratistas Portales i Compafiia,- pues era amigo de la iü- 
filncia del jefe de aquella negociación. . 

Después, su historia política es conocida, hasta que, a influ- 
jos de Portales, entró en el ministerio de Hacienda el 16 de 
julio de 1880. 

III. 

Una vez puesto en el manejo de aquellos complicados ne- 
gocios, el ministro Renjifo adoptó medidas hábiles i sencillas, 
que comenzaron a dar cuerpo a nuestras rentas i crédito al 
Estado. Fueron algunas de estas la reducción del ejército de 
3^588 plazas, de que constaba a su ingreso en el poder, a solo 
2,800 soldados, siendo su idea ñxvorita el dejar nuestras fuer- 
zas de línea en el pié de solo mil hombres (1). El retiro de 

(1) Son d'vgnas de la historia i hacen un alto honor a Renjifo las siguientes 
reflexiones que, a propósito de la redacción del ejército, escribió a Portulesí, fcon 
fecha de febrero 16 de 1832: "Devuelro oríjinal; dice, Hi qne Td. me i«eiiiltió de 
Urriola, i convengo de^de luego en q <ie }ás razonas por qne éete considera ndpeaa* 
ría la conservaron del ejército no merecen aprecio alguno. Desgraciado el gobier- 
no cuja segundad estrujase solo en la fuerza armada i su permanencia en la opfe* 
sion de los pueblos que le hablan elejido! Para hacer tan poco favor a la presente 
administración, es preciso estar mui dominado de temores quimérioos i calecer de 
ideas exactas sobre el carácter de nuestros paisanos i sobre el estado tactual d^ la 
opinión. £stendiendo una lijcra ojeada hacia la República» se conocerá que, en je- 
neral, todas las clases tienen propensión al orden, i que solo se turbaría come- 
tiendo el gobierno injostlcias notables: ti dfstríbñyese con desigualdad las re- 
compensas, o aplicase sin equidad los oastígos; íinahneiite, A dejase impune loe 
delitos^ alentando 1a audacia de los malvados. Mientras nada de esto haya, bai^ 
nn piquete para conservar la tranquilidad pública i mil hombree para reprimir 



— 29S w 

ñ todo nuestro cucrpn iliplomático produjo un ahorro de 
' '54,000 pcsa-í en 5l),00Í.) que se gastaban; i pbr último, una 
nueva planta que.-e diú a [a organización rentística de Chüoé 
i Valdivia (mediante una visita fiscal del intelijente visitador 
Garrido) dejó un residuo anual de 70,000 pesos. De esta ma- 
nera, los ahorros del erario alcanzaron a mas de 300,000 nesos, 
qoe era casi la sesla parte de nuestra renta de aquella época, 
pues. el término medio de aquella, desde 1825 a 1829, habia 
sido de 1.730,823 pesos i desjiuud lialña descendido. 

Su mas ardiente propósito, que no tardó en conseguir, fué 
J M mantener corrientes los pagos ordinarios de la ndministra- 
Hi, pues nada habia mas Vergcinzoao (i este fuáel inceaan- 
a i justo reproche do la administración de los pipiotoa) que el 



Í|1h Indios eii iiu«e(r«a Tront^raa. Pero no es uta la venlnilera dl&eoltad que 
, JD cncn^ntro purn lUenciar n1 ejército. Ln oposición que hkllaiú nía medida 
búiqoeln VJ. i]»i<li> nltarii ca loa uiiimoa mtlitareí por su Ínteres, i en el Prcú- 
(leiit«. porque it bnenn ff se persuade que olios ron til nuiB tüido apoyo. Com- 
baür esta opinión «raigaila desde mui atrns, ha ádo el objeto que me ha pro- 
el pnrtí) eepcro coaseguir. Disminuyendo la tropa de líoek 'haM* 
larla en lo estríetnitiente necemrio pnm defender nuestra frontera, rodudrio- 
I ti gaito del ejercito u 4i)0,000 pesos i resiiltarin un nliorro de vercu de 
a. miScienU' pura feslnblecer el cr6dIto interior i eaterior da In Re- 
al fijareternomo-te et urden, el siregio i 1« armonía en todU9 loe nlnoa 
• la Hacienda nuñonal, cuja adniiuistnuüon lo reátente de loa aliogm i non- 
1 penurin woiinuada liace sufrir al tiiÍDÍstro <le Ilacieuila. He di- 

10 ««topara que Vd. coneilxL cuanto no será el interés que he toniado i tomo 
p !• medida que recomienda. Ella, a mi juicio, baria k fcliaidnd del pnis í ou- 
~~*áegloria n la presente a'lmimstriLcioni pero, raolro n repetir, no aipne 

L do on golpe este rebultado ¡(randluso, 1 c!enU)Vt«BO con lograr una paite da 

» DMjor posible, mientras si; obtiene gradualmente el todo pora lo aatiX 

n ojuda i eouperncion. 

''So 1^0090 Vd. que yo tuya eoliodo en oMdo. aaadin, los almacenes do de- 

Adto, ni de que ¿en necesario vel'me aprrnilBdo par lan vesolnciones que el 

a e«te respecto. En la penuaclon Je qne bt medida bí renlajosa a] 

p>i^ me hallo ncanelto a ad'<ptnnln; pero creo qne do producirá todo so efecto 

ti un «e consnltn al euerpo lejisiAtlro, cuyn aprobación salo puede algar la dea- 

coofianaa qne el comercio justnment« tendría ú vitw en ella un auto purnmon- 

M Snb«rtia'tivu. Vd. no ignora qne cstAbadeterminaduaconrocRrlas Oimarai 

« Mte negocio, mas, liabiuodo salido al campo la luu-, or parte de los diputn- 

11 p4r el «etado malsano del poeblo, es ni presente imprortieable mi proyettn 
V n^or oportunidad para renlirarlo." 




— 224 — 

que el gobierno se viese sitiado cada mes por las cobranzas 
insolotas de sus. empleados, o lo que es peor, que los cuerpos 
de ejército se sublevasen en la plaza pública pidiendo pago o 
vestuarios. (1) 

£n materia de contribuciones, tenia ideas tan adelantada?, 
que no dudó en suprimir algunas, como la alcabala llamada 
del viento, que se cobraba a las provisiones que entraban en 
las ciudades, i puso sus miras en llegar a establecer la contri- 
bución directa i única, a cuyo fin ensayó plantear el catastro 
como medida preliminar. Era el nuevo ministro tan laborioso 
i tuvo la fortuna de ocupar la cartera de hacienda tan consi- 
derable número de años sin interrupción (de 1830 a 1835), 
que no pudo menos de hacer bienes considerables por estas 
solas circunstancias, i a habar seguido sirviendo en una admi- 
nistración liberal, casi es indudable que Renjifo habria aboli- 
do los diezmos para rentar los curas i suprimido el odioso 
impuesto del estanco para fomentar la agricultura i estermi- 
nar un abuso que solo puede ser útil a gobiernos corrompidos 
o corruptores. Por lo que respecta a los intereses comerciales, 
Benjifo puede considerarse como el creador de nuestra Adua- 
na en su organización actual, dé cuerdo liberalismo i de fran- 
quicias otorgadas al comercio de tránsito, pues el reglamento 
vijente todavía, i el sistema de tarifas movibles, fué obra de 
su celo i de su laboriosidad (2). 



(1) "Gray emente enfermo (eseríbia Uenjifo a su colega Portales el 31 de di- 
ciembre de 1831) me he arrastrado machas Teces liasta el ministerio, i a esta 
constancia debo el haber entretenido los gastos inmensos que ocurrieron los 
últimos meses, casi sin entrada alguna. Mi resolución está tomada: yo salgo de 
aquí o libre o para el panteón, porque, de otro modo, jamas disfrutaré distrac- 
ción o placer." 

(2) "Merecen particular mención los trabajos que hoi forman parte de la Or- 
denanza de Aduanas (dice Uenjifo en su Memoria de Hacieuda de 1834), porque 
a su inñuencia debe atribuirse el impulso ostraordinario que lia recibido nues- 
tro comercio esterior, desde que el reglamento de dep<>sito8 declaró puerto 
franco a Valparaíso, creciendo ya a muchos millones el valor de las mercaderías 
consignadas en tránsito, cuando apenas ha habido tiempo para que llegue la 
noticia de esta disposición a los pueblos comerciantes con quienes tenemos rela- 
ciones: Valparaíso, convertido por la liberalidad de las leyes en el principal i 



— Í25 — 

Por otra parte, bajo so administración, do se crearoD em- 
préstitos, i al contrario, se amortizaron deadas i ee fué regula- 
rizando el pago de sus intereses. Por último, Renjifo íaé el 
primer miniatro de bu ramo que presentó una esposicion clara 
i documentada de todas las operaciones financieras de sa mi- 
nisterio (memoria de 1834), eclifindo asi las bases de loa 
presitpTiesIcs i de la cuenia de inversión, esos dos grandes guar- 
dianes de la honradez pública, de cuya garantía solo aquellos 
gobiernos que han salvado todas las vallas del respeto a loa 
pueblos cuyos intereses sirven, han podido hacer abuso. 



IV. 



Un espediente funesto i reprobado afeó, empero, la dignidad 
i pureza del manejo de nueatnis rentas en los aaos que aquel 
hombre de Estado rijió la hacienda pábüca, i aun sería aquel 
una mancha sobre su nombre, el no fuera oDsa cierta que él 
adoptó aquel medio financiero como un recurso político i un 
arbitrio do la situación, pero en niauera alguna con miras de 
indigno lucro personal. Tul fué el reconocimiento, consolida- 
ción i pago de una deuda que él llamó Jlotanlt, i de la que, 
según su memoria citada de 1834, hiibía amortizado, Uasta esa 
fecha, la euiirinc .<íuma de un millón i cien mil pesos. 

Cuando Hcnjifo entró al ministerio, habia solo dos clases de 
deuda interna: hi llamada coiíadidada, porque estaba ya del 
[ . lodo arreglada i que so cjmponia casi esclusivamente do loa 
600,iXH) peao-sde la reforma de los militares en 1828, i de la 
cODSolidnoion de bieoc« de manos muertas que se habia hecho 
en tiempo do la colonia i ascendía a 15(9,039 pesos; i de la rgVs- 
trada, q ue era aquella sobre la que los diversos acreedores lejíti- 
tnos del Estado por gastos, donativos o perjuicios en la guerra 



■nmi vaiiio m'rtuiilK del I'm^ifiüu, ve nliorilni' n i.\ 
IM«Í<IDM que vIpjiíh ■ liocur f\ camljio de Ins mi 
por 1m riron producto] de k parte <íe Aiuf-rír'» 



i'iiJn luH tiuque* de todas 1*) 
Diifni'turas de Suropn i Aiü, 
sitiiailu tt¡ et lllúral del Diar 



L 



— 2»-^ 

de k ílldepeIldenQil^ tedian nn joalo lítalo qmt haoer Ttter, 
i qtt% por taato, debían inflcríbir conforme a ana serie de lejed 
qttt M promnlgaron bajo diversas admiiiistraeionefly desde aWil 
de lasa hasta abril de 1829. Esta deuda ascendía a 1.11S,289 
peeoe i no ganaba intereses todaTÍa, pues era preciso eonsoli- 
daria para asignarles aquellos, como ya se balHa hecho oon 
la consolidada. 

El ministro de Hacienda, desentendiéndose, pues, del carác- 
ter de esta última deuda, única que era lejitima, legal i habia 
creado derechas positiros entre los acreedores del Estado» se 
determinó a reconocer, i esto sin dar lei precedente ni un 
nuevo aviso público de la operación, «na deuda antojadiza 
que él Mamó Jioianie^ i la que, o juzgar p'.)r su j)ropia decla- 
ración en la memoria citada, era un venladero caos. (1) 

No pasó, pues, esta deuda por lostrámite.s indispensables de 
iiiscaibirla en la forma i con los plazos ({ue prescribiera una 
lei espeoiftl i previa, ni tampoco del de la consolidación sub- 
siguiente, después de estar sufícientemcnie liquidada, i por 
último, de la asignación de los intereses re¿;[)cetivod para 
hacer sa amortización paulatina. 

Nada de esto se practico, i al contrario, la deuda se recono- 
ció^ se consolidó i se pagó, todo a un liempo, i Fin ningún 
acuerdo público: ¿\ de qué manera? 

El que tenia un papel cualquiera oon la firma de Marcó o 
de San Bruno, por ej'^mplo, en que oonstura un donnii vo he- 
cho por un español, si se qoierc, para perseguir u las patriotas, 
lo presentaba al ministerio, acompañando en dinero sonante 

(1^ *'Uñ eoauto a lu deuda denominada flotante, es seriMblc ennnciar que oo 
^stíitsi^tA a UQ rigoroso cÁlculo, porque se compone de divordos créditos, liqni- 
dof U0O6 i dudoAo* otitM, mientras se ventila su lejitimidad ante los trtbunaJes 
respectivos. Lo que mas luí contribuido a complicar el derecho de los aereado- 
re.9f, i en tmichos casos a dejar indefenso al fisco, es la f.ilta de nna lei qué déter^ • 
mine los principios a que deben atenerse nuestros juzgudos en la calificación del 
reconocimÍTnto de esta clase de deudas. Todos fluctúan en i:i mas penosa incer- 
tidMUlne por bo liAb«rsa fijado los límite» hasta donde e^ justo llegue la reapen- 
sabiftdad fiseal; i cd gobierno BÚsmo participa de esa indecisión, porque caraca 
también de r«||»)a9 pofdtÍTaé para nivelar su» operaciones" (Memoria de Ha- 
<-icudíi df l«íít.) 



dúé Amte ino» de sa valor, es deeir, que si, verbi gracia, el 
de0itíMiito o papel era de 1,000 pesos, el acreedor del Estado 
entr^alMl en la tesorería 2,000 pesos maa en plata, i retíbia 
un libramiento contra la aduana de Valparaíso, a un oorlo 
plazo, por la soma líquida de 3,000 pesos. 

Tan escandaloso procedimiento, aun u los ojos del mismo 
ministro que lo adoptó, no tenia m^as paliativo que las urjen- 
cías del tesoro en los primeros tiempos de la reacción, pero 
aaB este preteato se hace quimérico porque ¿qué ganaba el 
erario en recibir 8,000 pesos, por ejemplo, en la tesorería de 
Santiago, cuando tenia que pagar 3^000 por la tesorería de 
Talparaiso? 

Por otra parte, no era exacto el hecho que se ha pregonado 
aieiiipre oomo una acusación contra el gobierno de los pipió- 
los que al caer éste estuviese el erario publico tnn exhausto 
de &ndos disponibles que sus sucesores se viesen amagados 
da una bancarrota. £1 tratado de Ochagavin, cuya violación 
iBflb dueños a los revolucionarios de las arcas de Santiago, 
ccdncidló con el cumplimiento de las escrituras de diesmos 
(15 de diciembre), que ascendian a mas de medio millón de 
peaos^ i que el tímido i probo presidente Vicuña no se atrevió 
a dflsieontar, dejando aquel neo botín a la revolución (1). 

Ni la escasez, ni la urjencia, ni pretesto alguno existia, mu- 
cho menos razón o legalidad, para tales manejo'^, que perjudi- 
eabaa a los acreedores lejítñnosdel Estado, cuya deuda cataba 
inscrita, i regalaban, en el espacio de cuatro afios, mas de un 
millón de pesos a los ajiotistas. 

Ño es nuestro ánimo en la presente obra entrar en la odiosa 

(1) Téaae en el Merevrio de Valparaiso del 3 de dioiembre de 1859 un noUi> 
Xñtt áirtíeiüo histórico-político que se atribuyó entopeed al distinguido ciudada- 
Db dofi Melchor de Santiago Concha, £n él se leen estas palabras: *'£! préndente 
dbn Pnneiseo Ramón YkulVR, en medio de la deshecha tormenta, atenci«M«8 i 
penal Inmensas qne le cabían, cuidó de asegurar i salvar los fondos páblloos^ i 
lléVd la déÜcadea hasta el ponto de quedar insoluta una parte de la lista errU, 
pot éb we poúbk los pagos bajo las reglas ordinarias. Esos fondoa que, por 
■ólo i'áion de diezmos, ascendían a 640,000 pesos, a mas los fuertes cantidadM 
p» paigarées de aduana, pasaron al erarlo público i a serrlr a los yencedore^ 
déliteaL" 



— 228 — 



cuestión de fiívoritísmos culpables i de negociaciones vedadas* 
Tenemos un innato aborrecimiento por este jénero de asuntos, 
que no S9n tampoco del todo propios de la historia política 
que narramos, i ademas, la actual cuestión ha sido debatida de 
tantas maneras por la prensa que la conciencia pública no 
puede menos de estar ya formada i a ella nos remitimos (1). 



(1) £1 primero que atacó los procedimientos financieros de Renjifo en esta 
parte fué el mismo Portales, cuando, roto con él, qniso arrancarle su prestijio. 
£n un articulo poblieado por el Mercurio de Valparaíso el 28 de octubre de 
1835, 1 que se atribuyó al último, se le hacian los primeros cargos por la amor- 
tización, es decir, el pago inmediato de la deuda, sin haber verifícadó antes bu 
consolidación. "La última (la consolidación), dice el articulo citado, habría pro- 
ducido mas favorables resultados que esa amortización forzada, circunscrita aun 
pequefto número d« individuos, y que ha traído aparejado el grave inconveniente 
de hacer al señor Ministro de Hacienda el depositario de un poder estraordinario» 
que puesto en nuinos menos dignas de confianza, habria solo servido para traer- 
le prosélitos pendientes de sus favores.** 

Pero el mismo Renjifo, un afio antes (en su memoria de octubre de 1884), ya 
habla descubierto los cargos que se le hacian i trataba de disculparse. "Bien 
sé, decía, que este arreglo se ha llamado injusto i arbitrarlo por algunos hom- 
bres que saben invocar los principios para promover el desorden; como n los prin- 
cipios mismos i la sana razón no aconsejasen elejir entre dos maleé necesariot «/ qu» 
es de menon trascendencia." ¿Podia haber mayor sinceridad que reconocer que lo 
que se habia heclio era un mal? Mas tarde, en su noble y honrada carta al Jene- 
ral Búlnoa de 14 de set'embre de 1841, volvió a decir "que la benevolencia del 
gobierno de 1830 se limitó a inferir el menos mal posible" 

Algunos años después, dou Bernardo José de Toro atacó aquellas mismas 
operaciones financieras por la prensa, a lo que aluden las cartas del Ministro 
Renjifo publicadas en la biografía que de él escribió en 18^5 su hermano don 
Ramón. 

Mas tnrde, por último, don Pedro Félix Vicuña desarrolló est'^nsaBiente en 
una carta al jeneral Blanco sobre la crisis mercantil de 1817 los planes del mi- 
nistro de 1 830 i su funesto infl^ijo. Acutado al jurado por un hermano de aquel, 
en Valparaíso, fué absuelto en diciembre de 1847, consignando en su defensa, que 
corre, impresa en un folleto, todas las razones y le^es en que apoyó su crítica de 
aquellas transacciones, en la que hacia bíu embargo amplia justicia a la probidad 
personal del mioistro. "Los partidarios del ministro Renjifo, decía Vicuña al 
concluir su alegato, debieron limitar su defensa a las cualidades personales de 
su amigo, i en esto nosotros mismos los habriamo^ ayudado, poro como admi* 
nistrador de las rentas públicas, debieron ocurrir a esa ''política** que cabro 
tantos defectos. Este sendero se lo manifestamos en nuestra carta al jeneral 
Blanco; la pretensión de presentarlo como el dechado de perfecciones públicas 
ha sido una torpiM» en nuestro oonpepto i loe resultadi s lo probarán.** V luego, 



— 529 — 



V. 

La habilidad ñnanciéra de que Benjifo había dado induda- 
bles maestras, sus prodigalidades políticas (1) que no afectaban 
sa intachable probidad personal, la moderación de su carác- 
ter i, por último, hasta su alianza reciente con la familia de 
Vial, poderosa entonces i unida por estrechos vínculos al pre- 
sidente de la República, todo hacia, i aun la tirantez misma 
de Portales i el esclusivismo de su círculo, que se acatara 
en Benjifo el caudillo de un partido moderado, que sirviera 
oomo de contrapeso entre los descontentos i nunca del todo 
vencidos pipiólos, i el ausente pero inflexible dictador de la 
revolución. 

Como las elecciones de presidente de la República iban 
acercándose, aquel partido intermediario comenzó a diseñarse 
de dia en dia mas claramente, i ya, a ñnes de 1833, cuando 



resomia ahilos resultados a que había lleudo en su alegato. 1.** £1 mluistro Ren- 
jiíb» basta el 18 de octubre de 1832, no pudo hacer transacción, porque estaban 
oonchiidos todos los plazos asignados por las diferentes leyes que hemos indicado. 
2.* Pasados los plazos de cuatro meses asignados por esta misma lei de 18 de octu- 
tabie de 1832, toda la deuda debia estar esclarecida e inscrita, conforme a la lei 
del doce de julio de 1 827, que no ha sido jamas derogada y ha servido de base a la 
organización de nuestra deuda interior, lo que le daría otro carácter y la Imposi- 
bilitaris de considerarla como deuda volante. 8.* Que jamas hubo aviso ningu- 
no a 1<M acreedores del Estado, poseedores de tal deuda volante, para noticiar- 
les el pago o transaciones que de ella se hacia en libramientcs contra la aduana, 
lo que supone que estas tra'Faciones fueron puramente individuales, i de 
consigniente, hechas con aquellas personas que, mas en contacto con el gobierno 
sabían sos determinaciones. 4." Que por las mismas causas, enteramente deseo- 
noddas por falta de un avi^o público de los intereses que podrían asignarse a 
la deuda inscrita en el libro [del crédito público, bajó ósta, i la compraron los 
que calcularon se le seilalaria intereses de un tres por ciento. 6." Que probando 
«1 hecho de estos diferentes sucesos, como lo hemos procni'ado, presentando las 
diferentes leyes, nada mas tenemos de que ocuparnos ')para satisfacer a la justi- 
eia i a nuestro propio honor.** 

(1) "Puede predecirse que, bajo de'uua considei-acion política, el urden público 
contará con tantos custodios cuantos sean los accionistas del crédito oonsolida- 
do,"— deda Renjifo en su memoria de 1 884, i por cierto que no se cngafiaba. 



Portales se retiraba del gobierno de Valparaíso, aparecían 
síntomas evidentes de que los famosos Fihpoliias iban a exhi- 
birse sobre la arena. 

VI. 

Figuraban eu la política de aquellos tiempos dos ^mbcev 
de gran prestijio por su intelijencia, su adhesión ^ntign^ i 
probada a la causa liberal i la enerjia con que, dando fina 
revuelta por agravios personales, habían contribuido a derri- 
bar a aquella. Eran estos don Diego Jo&ié Benavente i deo 
Manuel José Gandarillas. 

VII. 

No era Benavente, por aquellos años, el anciano débil i 
avasallado a influjos de autoridad o de posición que han ooaor 
cidolas últimas jeneraciones. Valeroso i patriota eu su juven- 
tud, había hecho las primeras campañas de la revolución, con- 
quistando con su brazo las charreteras de teniente coronel, que 
ostentaba en sus hombros cuando era solo un mo;&o de 2é 
años. Perseguido después con los Carreras, corrió la suerte 
de sus jefes con una heroica lealtad, i cuando la muerte hubo 
segado todas aquellas existencias, recojió con piadoso celo los 
huérfanos desamparados del mas ilustre de aquellos Cj^pnpeQ- 
nes i ofreció su mano a su infeliz viuda, tan bella, empero, 
como infeliz 

Restituido a Chile, fué, desde luego, un buen soldado de la 
causa de stis afecciones, «pero, como si la altura del poder Jq 
'desvaneciera, apenas hubo ocupado un puesto público^ come- 
tió un inmenso yerro — tal fué la planteacion del Estanco en la 
forma de doble monopolio que se le dio al principio, pues el 
Estado hacia el monopolio a los habitantes de la República i 
la casa de Portales í Ca. hacia el monopolio al Estado. 

Desde entonces, decayó el astro de prestijio que había con- 
ducido al proscripto desde lejanos mares a los patrios lares; i 
hasta hoi día, en que ha sobrevivido a todos sus conteipporí* 



- tai — 

neos, BU exidtenoia ha sido azotada jHir oijiíestae vicisitudes 
polftiOHs, din que su pojiularidad haya gHnadc «n la peraacit- 
DÍOa o 611 el poder, porque le lia faltado la primera i la m«R 
grande de las cualidades que el pueblo ama en sus oauditkn: 
la franqueza. 

Hijo del Sur, doa Diego Benaveole ha teni'lo siempre co- 
mo político ese resabio arribano de reserva i cavilosidad que 
parece «n contajio indíjena de aquellos pobladores. Se ha 
ci-eido, según las fiilsaa idean que hasta aquí formubau nuestra 
McQela, que aquella» eran dotes constitutivas de un gran po- 
Ktioo, porque han dado au llamar talento al disimulo i jénio k 
la intriga. Temíanle, pues, loa hombres de su lípoca, i el mis- 
mo Portales confesaba que de todos sus adversarios, ern el 
únioo qua le infundía algún rócelo. 

Habíanse disgustado entre sí, desde los primeros dias de la 
revolución que ambos habían hecho triunfar, el uno a la sor- 
dina i el otro con sn audacia, siendo el rompimiento provocado 
por Portales, quien hizo un indigno nltraje a Benavonte, (1) 

Desde enlonoea, el dltimo era et m;ia terrible i el mas temi- 
do He los enemigos del dictador, quien, con propiedad, podía 
decir ahora de los turbulentos pipiólos i de sn solapado ad- 
versario, aquel refrán de la agua mansa Í la iigua turbia, qne 
«8 axioma tan exacto en bis encontrada-* corrientes de la polí- 
tica. Benavente habíase puesto, pue-=, desdo temprano, pcm 
mniMamente, a la obra de formar un partido opuesto a Porti- 



(1) Pi-fM> el Jeii«ral iinr^unii dcíí|jit'is dt Liivai i da ini>& iiiutirg i{ue habiT 
dji) eJ^bo <lipiit<idii >.'n ISSI por d ddpertJimenlu de 'Et[{iii, yiáiü a itttiayeiilt 
M finDta paní olitetierau escsrcalnrloii. b la que el ñttimo nccfíIlA uon ^»Iii. 
Mm, PatlaUt. que. ugaa dwiU, no onlnlin dÍE]inejtn n admltírñno fianais da jA- 
llM'ih IltUn it»ia«rnne da ouaftU- 1<t de Beiiuvpnta. dijn ol inlnnD Borgonp i a 
m^Miii^, (pi^r roiiducto de fiólo Aguiltir, que di'nde luí toda m «^nroliA ^e 
■pKTWír) que lO fíndur le IuiUb suplU-ado íwri^tAmpiite mi In in'eptatf, E«lo er^ 
tlfo F indigno del \n\ canlc^ter de Portille!, poi'n, por In iiifii'-', pro1>i'. qiin 
dcMotiB cnoontntr U ooiiíaii de un rnmpimivnto. Iji hiillA eeU tn, i luAHí ni> 
«•^0 qní«er«, porque BaanrenU le reló n uu duvln, que «e tv)t¿ (xir.ln tnkr- 
I qim ParUie» rUiiru gaffi- 
ndii » su propU^ rduíiOfi} 1* 



UKDJifo. Llegó, fin t 




de pillos dnndf le i'i 



— 232 — 



les. SI ministio Benjifo podía ser la enseña de ese partido, 
pexo su jefe no seria nunca sino don Diego Benavente, que 
era entre los jOopolUas^ aunque por opuestos caminos, lo que 
don Diego Poündes habia sido entre los estanqueras. 



YUL 



Gandariilas, el aosiliar mas eficaz de aquellos partidos i al 
mismo tiempo el mas simpático i el mas noble, porque era 
entusiasta i desinteresado, tenia una historia casi del todo 
semejante a la de Benavente, cuya suerte habia corrido en la 
lucha, en el destierro i en la prosperidad, con la sola diferen- 
cia que la arma favorita del uno habia sido la espada, i la del 
otro la pluma, ambas por cierto de buen temple. 

Eran, sin embargo, del todo opuestos en caracteres. Granda- 
lillas tenia una alma taa ardiente como espansiva i era hombre 
en estremo impresionable, mas capaz por tanto de arranques 
fujitivos que de someterse a un sistema i seguirlo con pacien- 
cia. Benavente, al contrarío, poseia por derecho de herencia o 
de clima una recelosa suspicacia i habia adquirido en los su- 
firimientos el hábito del disimulo, bajo la apariencia de una 
brusca espontaneidad. 

Pero entre Benavente i Portales, de quienes Gandarillas era 
sincero amigo a la vez, éste no pedia vacilar. El último de aque- 
llos era casi tan violento como él mismo, i hacia adetnas sentir 
su dominio de una manera demasiado pronunciada para que 
un espíritu bien templado la aceptara. Desde que los dos 
jefes de la revolución de 1829, que hablan sido en la revuelta 
los representantes de esos paises políticos e históricos tan dis- 
tintos, que tienen sus asientos en el Bio-Bio i en el Mapocho, 
se volvieron las espaldas, Gandarillas, sin seguir a uno ni 
otro servilmente, porque era una organización ^il de ser ma- 
nejada por las impresiones, mas no por intereses, se habia 
quedado mas cerca del que estaba separado de la influencia i 
del poder. 



IX. 



I 



> 



afines de 1833, el niialeo del partido fílopolita estaba, pues, 
formado i se componía de Benjifo, Benavente i Gandarillas, 
loe antiguos ■ estanqueros * sin au jefe, a los que se liabian 
agregado virtualmente los Errázoria, desairados por Portales 
en 1S32, i que habían sido « estanqueros » también. 

Afiliáronse, juntamente con aqueílos decanos de la política, 
al partido moderado, algniioá Jóvenes inlelijentes, como el 
locuaz diputado don Manuel Camilo Vial, el doctor Blest, 
médico irlandés de tanta intelijencia como corazón, los jóve- 
nes Gandarillas, que seguían a su ilustre hermano, el clérigo 
Keyep, rector del Instituto Nacional, i a juzgar por lo quo se 
dijo entonces, el ministro de aquel establecimiento, don Ma- 
nuel Montt, que era a la sazón un modesto catedrático que no 
contaba aun 25 aSos de edad. No tardaron también en agru- 
parse alrededor de aquella falanje, hombres que sin represen- 
tar ninguna idea políticii e;?taba!i dessootentos de la situación 
o faabian chocado directamente con el fundador de. la político 
reinante, cuya brusquedad do carácter le ganaba pocos ami- 
goa. Fué de estos últimos el je:. eral don Enrique Campino, a 
quien Portales hacia solo dos años habia puesto las palas 
rojas sobre los hombros (1). 

* (1) CampÍRo habia encerrado ca un cnlabom, «omo hemoe vtsto, en 18'iT, a 
FoiUlvs, pero Be habUn reconciliado deepnei.'al punto de ser inUmos amigoi. 
Aborrecía, án embargo, en su voraion el último ft don Joaquín, hermano del 
primero, pnee se habin mostrado con él alliroi exíjente, como jefa da la caja da 
dcamcjitoe en el tiempo que duró el monopolio del Estanco. Por inflují» de auto 
mlona eiiumiitad. ae había eiputiÍAdo Campino a su regreso de Estadoa Unidas. 
eMno en otra parte refcriitiof, yüadose a ñTÍr a Lima, donde un amigo, en den- 
(Tvdadas eapecuhluiODM, le perdiú el pequefio capilAl de que vliria, poniéndole 
«D e) cuo. daríámo para ^1, de venir a rendir bajo el poder de hombres que de- 
legaba i de qnien ora cordiulmeTita uorre«pandido. Alguno de BUF enemigos pu- 
blica en el Mercjirio de Vulparaíso del Su de febrero da 1831, en forma de ana 
earU eaviada desde lima, un soez artienlo, anunoiando eu regreno a Chile, 
se d«da de éste que venís como ájente de O'Híggins i Freirá, a quienes 
babia reoondlíndo (lo ijue ers una completa falsedad), i por cuyo molivo, lo 



^^_ babia reoom 



— tf4 — 



X. 



Mb tardaron en sobrevenir acontecimientos. poKtíeoe que 
pQsittmi de relieve la existencia de aquel partido, tímido 
pmo intelijeiite, que habría podido ser llamado en pequefio el 
de los JinmdinoB de 1880, ei hubieran tenido sus eaadillos 
la audacia i la abnegación de aquellos ilustres modendo.es 
ée la levolncion francesa. 



XI. 

A principios de 1834, se lanzaron a la discusión pública i 
del Congreso dos proyectos, contrarios en su esencia i que 
caracterizaban la cisión que se veia ya en el gabinete. 

Bl ministro del Interior, Tocornal, presentó una moción 
apoyada en un luminoso informe, que redactó privadamente 

aooMlMm de haber traiciooado la amistad de sus antígaos correlijxonarios Gan- 
datiUaa i BenairenieL "Asegúrele Vd. hd buea pesebre i campo libre a boa diso- 
)a«tones, decía id arüealista, i exíjale qae encadene sa patria» si p«ede, o qae 
profese de lega" Como era natural* don Enrique saltó al momento en defensa 
de so hermano tan brutalmente ultrajado, i en una contestación a aquel anóni- 
mo, culpó a los estanqueros del artículo. Creyó, sin embargo, anticipar una espll- 
eacion a Portales, que residía entonces en Valparaíso, i le escribió una carta 
■dloléadole que no lo creía eapaz de aquella felonía, 1 por consigniente, no aludía 
a ^ en so contestaron. Portales se irritó por esto i ambos rompierou. Véante 
en al nám. 12 del Apéadioe las cartas que ambos cambiaron a este propósito. 
Fottoles, fin embargo, habla estimado a Campino, por la franqueaa que atii- 
Ma a su carácter i ciertos rasgos caballerosos de su conducta, que él elojiaba 
i&flaipre en kw^demas hombres, porque era roui capaz de sustentarlos ^ mismo. 
'^Oampioo, eon an buen mentor, decía a Cofias el 2S de marzo de 1832, podria 
dar muí buenos fruios me ha complacido sobremanera su conducta noble pa^ 
aaa la desgneiada«kmilia da Uriondo: enando lo vea, dele Vd. un abrazo a mi 
■pmbre, i dígale que ouaado no tuviera otra cosa que legar a sus hijos que un 
i^sfl^ilo da grandaza de alma como el que les ha dado, ellos deberían quedar 
aalisfacboa. tíianio no hallarme por ahora, añadía, en círcunstandas de poderle 
imita^ paro acaso lo haré cuando mas necesite la fieimilia de algún socorra.*' 
|£oftel«a cnt también no «namigo personal del intendente Uriondol) 



- 236 - 

el doctor Bodrígaez Aldea, a fin de separar el Seminario del 
iDstitQto, establecimientos que habian estado reunidos en el 
último, desde que se refundieron en uno solo los colejios 
colorado i azul en 1813, fundándose con loe alumnos de am- 
bos el Instituto Nacional. 

£1 ministro de Hacienda, Benjiio^ prepuso, a $h vess, una 
leí, que se llamó en la chismografía de la época t lei de Ipp 
godoSy > por la que, para dar mayor ensanche al comercio i 
reconciliar la Sspaña a nuestros intereses (pues se manijbatahfi 
todavía obstinada en no reconocer la independencia de sos 
colonias), se admitía en nuestros puertos la bandera de aquella 
nación i se concedían ciertas franquicias legales a sus sub- 
ditos. 

Ambas ideas eran justas i oportunas, pero como aparecian 
opuestas entre sí, no solo por sus tendencias sino por la p€>si- 
cion respectiva de sus autores, encontraron la una i la otra 
auerte mui distinta. 

£1 partido de los fílopolitas, (que aun no tenia este noo^bre 
gibo simplemente el de c oposición, » pues aquel le vino m 
a8p mas tarde del periódico que fundaron) i particularmeut0, 
aquellos de sus añliados que eran mas jóvenes i decididoii 
como el diputado Vial, opusieron una fuerte resistencia a U 
sanción del proyecto del ministro del Interior, aduciendo que 
era d^ demasiado vuelo a los intereses eclosiástioos 0l cqn- 
fiar a la Iglesia la educación de su propio clero, arrancándola 
para esto de manos del Estado. Manifestábase, en consecuen- 
cia, una alarma que, a nuestro entender, no podía ser ni mas 
absurda ni mas injusta, porque si había de haber clérigos 
¿quién podia formarlos sino el clero mismo? 

£1 prpyecto de leí fué sancionado, a pesar do esta viva resi9- 
teneia. £1 seminario se separó del Instituto con esoelentes resul* 
tados, i solo quedó un motivo mas, aunque esta vez era sqIo 
qn pretésto, para acusar de fanático al ministro Tocornal. 



— 236 — 



• •« 



XII. 

La mooion liberal i sensata de Renjifo tuvo mui distinto 
éxito. Levantáronseytbdos los partidarios jenuinos de la admi- 
nistración, i acaudillados por el fiscal Egaffa, hicieron tan 
cruda guerra al proyecto, que el ministro de Hacieada, pre- 
viendo su derrota, i dando una prueba evidente de buen sen- 
tido político, retiró su proposición del congreso. (1) 



xin. 

Quedaron, pues, diseQados en el mismo seno del gobierno, 
dos partidos opuestos, representados por los dos ministros de 
estado que caracterizaban la política. Tocornal, como deposi- 
tario de la política ultra-conservadora, Renjifo, como caudillo 
de una política mas independiente i moderada. Oavareda, que 
era el otro miembro del gabinete, se. mantenía indiferente, 
aunque era un amigo decidido de Portales. El presidente Prie- 
to, colocado entre dos conflictos,, i a la vez, entre dos afeccio- 
nes, cuales eran las de su familia (representada por los Viales 
i Benjifo mismo, que era hermano político de éstos), i las que 
profesaba a Portales i a su partido propio, se adhirió alter- 



(1) "El proyecto acordaba a ]o6 españolen, decía Benjifo en su memoria «itada 
de 1884, defendiendo su frastrada idea, libertad para traficar i domiciliarse en 
Chile, no obstante el e¿tado de guerra nominal en que nos hallamoe con su 
gobierno. Parecia Hegado el momento en que la ausencia de todo peli^^ro, i la 
confianza que inspiraba el sentimiento intimo de nuestra propia fuerza, nos per- 
mitían mostramos magnánimos, cuales somos» 1 atraer a íiuestro suelo los oapi- 
taUstas que diversos gobiernos republicanos habían espulsado de la tierra de 
Colon, cuando aun estaba indeciso el éxito de la contienda. Pero, a pesar de esta 
razón evidente de conveniencia nacional, un espíritu de mal entendido patrio- 
tismo se declaró, por odio al nombre español, contra la medida que debía pro- 
porcionamos mas elementos de prosperidad, i el gobierno juzgó pradente reti- 
rar su proyecto para calmar la escitacion de los ánimos, divididos oon este mo- 
tivo." 



— 237 — 

nativamente a unos i a otros, bien que se irritó en esiremo por 
el desaire hecho a la moción del ministro de Hacienda. 



XIV. 

Pero, algan serio conflicto habia ocurrido en el gabinete, 
aun antes de estos sucesos, porque, a fínes de marzo de aquel 
mismo afio, los dos ministros, cuya rivalidad era ya casi una 
ruptura, habían presentado al presidente sus renuncias. ¿Cuál 
era el motivo de éstas? Jamas se ha sabido; pero no por esto 
el hecho fué menos evidente, i tan grave en sí propio, que 
Portales mismo, residente en el olvidado rincón de Pedegua, 
fué llamado a dirimir la diverjencia, i a salvar las dificultades 
del gobierno. Tan cierto era que, en todas épocas, aquel hom- 
bre no perdió nunca el mas leve ápice de su indestructible 
influencia. (1) 

# 

(1) £1 sefior Tocornal, a quién nos hemos tomudo la libertad de interrogar 
sobre eite misterio, no hace recuerdo de 61, i lo úoico qne nosotros hemo* podi* 
do rastrear sobre su renuncia, pero no sobre la de Renjifo, es lo siguiente: 

Habia nn acalorado capítulo en la comunidad de San Agustín, entre el pro- 
▼incial existente, que quería ser rtekcto, i el padre Roca, que era su contendor. 
Acusaba éste a su adversario de haber dado grados, para habilitar su voto en el 
eapStulo, a un padre Gómez, que habia estado 14 años de capellán de los Pin- 
cheiras, por lo que era mas conocido con el nombre del padre Finchiira. Con 
todo esto, lo3 frailes amenazaban amotinarse, i la cosa llegó al Consejo de Esta- 
do. Abogaba eo este cuerpo el presidente de la Corte Suprema, Vial del Rio, 
sobre que, en virtud del patronato, correspondía a este tribunal intervenir en 
el capitulo. ToeornaL objetaba que no, porque tal vez favorecía a alguno de loa 
aspirantes. £1 resultado fué que se acaloraron en la discusión, "i a esto, dice el 
noücioeo Aris en carta del 22 de enero de 1834, se fueron de voces i se insulta- 
ron bastante, saliéndose para afuera Tocornal, quien ha hedió tu renuncia,** 

Sntre tanto, hé aquí la carta que escribió Portales al presidente Prieto, cuan- 
do éste le llamó para que resolviera la dificultad. La hemos encontrado eo 
borrador entre sus papeles, i dice asi. 

''Querido amigo: Siento tener que contestar su estimada de 22 del corriente, 
que recibí ayer a medio dia, negándome a la petición que en ella me hace de 
pasar a Santiago para conferenciar sobre la renuncia de los sefiorea ministro! 
Tocornal i Renjifo. 

''Estol ictiroamente persuadido de que el mejor servicio que pnedo hacer ti 



-23»- 



XV. 

Gomo se habrá echado de ver, la cisión de partidos que se 
operaba a principios de 1834 entre los revolucionarios de 1829 
i Ids constituyentes de 183S, no tenia nada de común con los 



paifl, en Iab presentes circunstancias, es llevar adelante mi resolución de no mez* 
ciarme en los asuntos públicos, i separarme hasta de las ocasioiies que pudieran 
tMitatme k hYt&t a mi propósito. Este tiene sn oríjen esclaelTCj en las mejore» 
ittteneioneB i en el mas decidido patrioiieqno, i ei es mal interpretado por algu- 
na» personas, atribuyéndolo a egoísmo o a lo que quieran, nada me imperto,, 
nuestras yo descanse en una conciencia pura, i espero que el tiempo i las ocu- 
rrencias me vindiquen. 

*fPor otra parte, Vd. te ha equivocado, creyendo que puedo inñuir eti él ánl- 
i]É# de éiOB sefiores ni mi jenio, ni mi modo de prcoeder, ni mis oiroonstaaciaa, 
son para ejercer ascendiente sobre nadie i menos sobre ellos. Ademan, todos los 
hemos visto ayer manifestarse impasibles cuando se trataba de una abierta in- 
fracción del código fundamental que acomba de jurarse, infracción que no po- 
día, ni por la necesidad, disimularse, ni por lo grande ni por lo útil del objeto. 
Los señores ministros debieron poner a la vista de Vd. las consecuencias del 
paso, i si no podían persuadirle a que se retrajese de él, debieron hacerle la di- 
minon de sus empleos. Si asi no procedieron entonces, con un tan justo i pode- 
roso motivo, debe inferirse que lo x^ue ha dado lugar a la renuncia sobre que 
Vd. me escribe, no puede ser un esceso de delicadeza, cscitada por ciertas habla- 
durias, i censuras de hombres egoístas, empeñados en hacer su fortuna a cofita 
de la patria, ni otras causas de mui pocas o ninguna entidad como Vd. manifies- 
ta presumir. Yo protesto a Vd. que ignoro absolutamente la razón que haya 
movido a los señores Tocornal i Renjifo a renunciar los ministerios; pero, funda- 
do en lo que acabo de osponer, no puedo creer que deje de ser alguna mui gra 
ve, i que ésta estuviese en el conocimiento de Vd. al tiempo de escribirme su 
citada, carta, i sí es así, no sé quién pueda hacerles volver atrás, si no es Vd. 
rnismoi. 

"Tampoco veo como Vd. que el horizonte político se muestre nebuloso })or lá 
renuncia de loe ministros; lleve el gobierno una marcha franca, legal, decente i 
honrada, ni se nublará el horizonte, ni tendrá que temer, aunque se nuble. 

'*Deseo que Vd. lo pase bien, i que ocupe, en todo aquello que putde serle 
útü, a su afectísimo amigo i atento S. S. 

Diego Portales." 

Este importante documento no tiene fecha, pues se encuentra, como hemos 
dieho, en borrador. Pero debió ser escrito el 1.** o 2 de abril, a jui^r por el ^- 
gidente párrafo de óarta de Portales a Qarfias, que tiene la fecha del 8 de abrU, 



- »M — 

dvgnciadoa pipiólos, s. quienes h&biaii agotado sus malltkda' 
doe esfuerzos del úititnc aiía, i que ea el presente se enoontrs< 
bao bajo la piosiou de lus Estraordiiiariaa. esta nueva consttta- 
utou, bija i rival de aquelUí, que, a la ¡>ar, han goberaado al 
paia durante SO aflos oumplidos, alternándose por tarooa noa i 
otra. 

Por otra parte, la nncientó oposición era dirijida, en apa- 
riencia, Bolo contra el míniatro Tooornai, pues el blanco Ter- 
dadero de aquella no pedia ser sino el temido cuanto pode- 
roso sostenedor de la política reinante. I tan cierto es' esto, 
qoe euando se levantó en el i^eoo de la cámara de diputados 
aaa compacta rciíistencia a la moción liberal de Renjifo, todo*- 
creyeron ver «n ollii hi esoiidiJa mimo de Portalea 

Fqú la falta i el baldón del partido de los tilopolitas el haber 
tenido por ol ¿mulo que se proponlaa combatir aoa especie da 
terror respetuoso, que no le-s permitid jamas entrar en una 
lid abieroa i popular contra su omnipotencia, hasta dar lagar 
aqileéstn les cayera encima de improviso, aplastándolos de 
tal suerte, que apenas quedó de ellos el deleznable polvo de 
uo nombre, pues, en verdaH, la historia no conserva de aquel 
efímero bando mas memoria que la de su título, i aun éste se 
bftbria perdido, a no conservarlo, como por acaso, la hoja d« 
nn periiídico. VJ 

XVI. 

Portales, al coutrario (que habla vuelto ya a sus negocios 
Valparaíso, disgustado del campo i de la compra de Pede- 
i), ñempre franco, resuelto, casi insolente coa su gran poder, 



L — "Batniado. Don Joaijuia Príetu a« ba ewirito por un wIiIwId da 
con r«cha a de laarzo, lliimándumr,'porqae U renuncU que \a liabian 
de Im miniateríoa It» >e&area Toconml í Renjifo Is había pai»U> vn 
. me «flcrihe iva diaH ileapiipn, i anda me i.\ae de tulea renancisa, 
Comu ya chUIhi a oavunu, demoré al bCiBar hasta rticibir oorM dt 
Vd , para eonteaiAr con mas auierto, scgou lo que me euríbitita, lt«(úbf la mijb. ■ 
dud* 4b1 24, j d^áadome tnu a üspu»9 tomo estaba, tuve que eonttMtar a doq >, 
Jaaqnin lo que tal vei ii>> fooai? u.JOYenionle, iagwn lat «IrviuiMiiiMliM." ,., ^ 




f jMqnIn lo que t 



— 240 — 

marohó de frente contra ellos, oomo había marcliado contra 
los pipiólos, i desde el primer dia en que vio a sus antiguos 
amigos dispuestos a ser sus émulos, les reto con altivez, des- 
preciando su división i su enemistad, c Lejos de disgustarme 
la chismografia que Yd. me escribe, decia a Garñas el 24 de 
mayo de 1834:, aludiendo a las incalpacioaes que le hacian los 
filopolitas por su oposición al proyecto de Benjifo, me ha 
dado mucho que reir, i que compadecer a esos pobres hom- 
bres: deje Yd. que se maten solos como las quiebras, mientras 
yo me divierto en silencio con sus sandeces. Lo que conviene 
es trabajar por injertar un vastago de Gandarillas en los árboles 
Benjifo i Yial, porque saldrá una fruta mui esquisita de este 
injerto. Entre tanto, doi a Yd. i a todos los que han tenido par* 
te en la oposición, el mas justo parabién por el triunfo, pues lo 
es en realidad i mui grande, atendido el objeto i a todas las 
circunstancias. A los que dicen que yo he movido la oposición,'' 

puede Yd. echarlos al , i decirles que, aunque no he tenido 

parte alguna, ni en el principio, ni en el medio, ni en el fin, 
lo he celebrado i me ha gustado mui mucho. • 

Dos semanas mas tarde (junio 4), sin abandonar la ironia 
cruel i a la vez burlona qu¿ le era peculiar, anadia, hablando 
con su mencionado confidente: «Yd. no debe reservar a don 
J. Tecomal el disgusto de don Tsi 1ro (1) por creerlo autor 
de la oposición: debe ponerlo en su noticia para que sirva 
de gobierno. El mayor Moran me ha dicho que Yd. fuó a 
dar satisfacción a Prieto, asegurándole qu(3 yo no estaba en 
la oposición: no he podido creerlo. • 

(1) £1 presidente Príelo. 

Por este tiempo, eetabAn ya de tal niAnora rotas las relaciones de Portiles con 
MI antiguos amigos^ que no había consentido el que se saludase a Gandarillas 
en sn cumple afio con su taijeta, pues burlescamente decia que era preciso ca&ti- 
gar a esto§ por el delito "de quererle quitnr la predidcocia." — "Siento, decia a 
Garñas; él 80 de mayo, que haya Vd. mandado la tsrjtta a G. ... i solo me 
eonformo, porque ya está hecho, al mismo tiempo que celebro se hubiese acor- 
dado Vd. de llevarle otra al Fitcal como me dice. G. . . . me quiere hacer un 
mal, como el de quitarme la presidencia futura, i no son tantas mis fuerzas para 
Teneerme hasta perdonar ofensas de tales tamafios. En fin, afíadia irónicamente, 
ii íaese vn bofetón o una estocada, talvez no sentiría tanta violencia para per* 
donarlo; pa*o, en üegando a mando, no admito parvidad de materia." 



— 241 — 



XVIL 



Pocos diaa después, ocarríeron dos nuevos lances, que pre- 
cipitaron la ruptura de las hostilidades entre los dos bandos 
divididos. Fué uno de aquellos cierta injusta i casi mezquina 
cobranza que el fisco hizo al ex-dictador de una suma de 
8,700 pesos, i el último i mas grave (aunque fué solo un acto 
de justicia) parecióle un desaire insoportable i una provoca- 
ción indigna que acusaba la decadencia de su influjo en los 
consejos del gobierno. 

Beferireinos solo el último de estos íncidente5(, porque el 
primero nos lo ha conservado el mismo Portales, con sus ca- 
racterísticos i honrosos pormenores (1). 



(1) "K\ mt acordaba, dice a Garfias el 30 de ma3'o de 18S4, del negocio da 
loe 8,700 peaos de que Vd me trata, porque creí qae este aannto eatuvieae ya 
concluido. Le reconiiendo a Yd. su cooclunou tanto o mas qae el Rayado, que 
e« euAuto puede dooine; para ello, no puedo suministrar a Vd. mas noticias que 
lasigmente. Cuando se hizo a Campino la contra-revolución en 1827, era Indispen- 
sable confírniar «m la fó a la tropa, gratificándola, porque, de otro modo, creo 
que quedábamos siempre en peligro, i no teniendo yo dinero, ocurrí al Estan- 
co, i el j(*fe de e^^ta oficina me liizo el servicio de dármelo, con la condición de 
que, si el gobierno no aprobaba el lasto, yo debia responderle por la cantidad: 
me allané a esta responsabilidad i se inició el espediente, que si no me engaflo, 
también me hizo el factor el favor de iniciarlo él de oficio; ello es, que el recibo 
de los 3,700 pesos, que ne firmó el habilitado del batallón núm. 7 Don Fulano 
Monreal, oficial dado de baja que hoi se halla de comerciante en Coquimbo, 
oorre en el citado espediente como comprobante. Ademas, el coronel Marorí con* 
serva en su poder la distribución de los 3,700 pesos, que, eo caso necesario, po- 
drá presentarse como comprobante." 

"Adiós mi plata! añadía pocos dias después, sabiendo que el asunto iba a tra- 
tarse en consejo de ministros. Mala cara le veo al asunto de los tres mU seteoien* 
tos pesos en «1 consejo de ministros: el de Guerra será cero, el de Hacienda ha 
de ser en contra, el Presidente seguirá al de Hadenda i don Joaquín se queda* 
rá solo.** 

Parece que la resolución del gabinete fué que él asunto pasase al Congreso, 
lo que indignó a Portales i le hizo ordenar que no se sjitara mas el negoeio^ 
según aparece de la siguiente carta; 

D. DIMO roBT. 1$ 



— 242 — 



XVIII. 

Siguiendo Portales su ríjido i despótico sistema de contri- 
boQiones para procurarse fondas a íia de organizar las mili- 
cias de Valparaíso» (contribuciones que, sea dicho de paso, no 



"Sefior Don Antonio Gar6t& 

"ValparaUo,/tdio tdelSZé. 
**Mxá señor mió: 
^thá ÍHego, sobre a caballo, ha recibido an& carta de Vd. i me dijo qncrk es- 
«ibiOM i l6 dijera: Que no qmere que ta negocio fiMe a Uw GáBiani i qot p4* 
gmrá loe 3,700 peso?. 
"Me p9rcce que su paseo será por úetc n ocho diadw 
"8oí tíe Vd. raui atento i a S. Q. B. S. ^l 

Manuel McmUrolár 



Portales había pasado una somana eu la hacienda de Quinteros, i a su regreso, 
el 7 de julio, escríbia loe párrafos siguientes, a lo? que hemos tenido que snpri- 
iQÍrno pocas fraee^ do una ardiente i sarcájtica irrit.ibilidad: "E?to¡ de vuelta 
3"c mi éfcpedicion; ya estiba a caballo, i su Tiendo por la puerta de calle, cuando 
r^it>i sn estimada última, feclm treinta dr*! próximo pasado, 1 no tuve tiempo 
lüAs que para decir a Mant^rola escribiese a Vd. que no queri.i que pasase el 
üsfmCo de los 8,700 posos a las Cámaras. No fué neeonnrio im acuerdo del cuer- 
po lejlsla ti vo para abonar todas las cantidades gasUidas c;i la revolución de 
^'2^, Di p"ra satisfacer los gastos hechos por el jeneral Prieto entonces, por es- 
^órdinarios que hubiesen sido, ni ha sido necesario tampoco esa sanción pira 
ihnc)ios CASOS iguales al de los 3,7 W pesos; pero, en fin, nt> ptrJamos tiempo 
«n reflexiones. Retire Vd. paes el espediente, i vóase con el Factor, para supli- 
•cai'lé a mi nombro que ocurra al gobierno, allanándose al pago de los 8.700 
jpésós con iina tercera parte d'.* su sueldo, como emplea- I«i, a quien por la lei no 
puede exyirse el pago de otro modo: dígale Vd. que yo le pagaré 1m(» pesos to- 
aos los meses, que C:* lo qne ciileulo será la tere» a parll.' del «neldo, i que, Ínterin 
se «'lianeele la deuda, le hipotecaré las entradas o :\rr;r .do d»l fundo que tengo 
enasta, i que aécienden a mayor cantidad; que de e^l.' modo, queda asegurado, 
por si yo me muero antes que se cháncele la deu<ln 

"Creyendo yo ju8tí?»imo que el Fisco pague est.i cantidad, he resuelto solici- 
{ftr tni agregación a plaz», luego que llegue la adtU'sioii de mi renuncia, i que 
'aún no sé si ha llegado, porque todavia no he hnldauo con nadie. Si el gobier- 
no no accede a mi solicitud, me haré d<i e-te matinal mas, por si llega la oca- 
sión de haoer uso de él, i si accede, tomaré 03 pes <s 4 reales al mes que me 
ciiririflpond^n al medio sueldo de teniente coronel, de numera que con 86 pesos 
%. 1réa1¿« níetistíales saldré deí suato de los 8,700 pesos." 



¥9ídPM^ V9T ]9 ^8^W ^ ^^ amigos, aunquer fg^ra capaz d^ 
(|p(;r^r}a« Pf r^^jií pfp|)io), había nombrado Subalterno ^e qnp 
4e }o3 ^telloíief d^ aquel puerto ^\ op.ulep^o comerciante don 
j^anuel Pifacixtiwi, hombre antipático i jnal quisto, ap,^^íir d^ 
su ^rjnija, i que adjenaa^ tenia para Portales el defecto de ser 



Í4ss, valido ^1 ultimo de sus talegos (terrible fuero en nuesr 
^a patria!) i tgm^ado a pechos el no pagar el rescate que Por- 
f^Ies 1^ exijía, vínose a Santiago i consiguió con el Presidepi- 
te de la ^p^blica que se le cancelaran sus despachos. 

De aquí el furor de Portales. En el acto, arrojó sus títulos 
de comandante de uno de los batallones de Valparaíso que 
mandaba, único empleo que retenia, i declaró que se reti- 
^ba paT(i siempre de la política, puesto que sus rcsolucio- 
]aes no eran f^c^das. cQué de males, csclamaba (1), puede 
íjaper un gobierno indiscreto i sin patriotismolí I luego ana- 
dia: «Sea Jo que fuí;r^, yo veo que ya no puedo servir en este 
4eatiúio, i que, en esta vez, no puedo ser menos que don Agus- 
tín Yial en materia de renuncias: la habría hecho inmediata- 
^ente si np me hubiera contenido el asunto de los 3,700 pe- 
B0% que encargo a Vd. nuevamente ajits por todos medios, a 
^ de que pueda yo colocarme en punto donde no tenga el 
menor contacto con el gobierno, cosa que únicamente me hará 
poaoer la tranquilida^l de e^spíritu que la esperiencia me hace 

(1) Parece que la renuncia de Portales i el tono perentorio que asumió pu- 
^ron al gobierno en serios conflictos i aun se |»ensó en volver atrás pobre lo 
]íiecho, aunque no consta cual fuera el i)artido adoptido en definiíiva. "El minis- 
tro Bastamente (que habia reemplAzado a Cavarcda en el desp .cho de la Gue- 
rm) deeia Portales, uu me después do haber Cforito el párrafo anterior (julio 
19), mandó a Maqu^ra una carta reservada, manifestándole el conflicto en que 
•e hallaba, porque era un mal admitírmela renuncia, i reparar el desacierto del 
presidente era otro mal, porque seria atacar la dignidad suprema, i mucho ma?, 
cuando hMan militares que opinaban que Cí/ue^iteft no era todavía militar i 
qu$, por con9Í¡fment€f no istftba sujeto a la ordenanza. Tocomal habló a] cura d^ 
Valparaíso en el mismo, mismísimo sentido. ¡Qué mal tan grande hacen estos 
hombres en lisonjear a don Joaquín con el perniciosísimo ^rbsurdo de que en- 
mendar un yerro es contra la dignidad del gobierno, cuando lo coctrar'o, a mas 
4? tV justo 1 racional, es tan loable en el que manda! De manera que la firmeza 
I digúdAd iionúa^án en sostener a. toda costa mi disp^r^te o.()i/99acierto/' 



-" 244 — 

desear como el sumo bien de In tierra. La guardia dívica de 
Valparaiso no puede yenir abajo, ni retrogadar del pié en que 
se halla, tín eecitar la marmnracáon contra el gobierno, i si 
éste quiere sostenerla, tendrá que gastar 6,000 pesos al afio, 
acabado qae sea el recurso de mi sueldo i el de las erogado» 
nes de los que eran propuestos i salían del servido por 300 
pesos; pues no es creíble qae el gobierno se atreva ya a admi- 
tir a nadie nn real después de lo ocurrido con Ciñientes: i asi 
podrá dedrse que el intento de ganarse al sefior don Manuel 
cuesta a nuestro exhausto erario 6,000 pesos anualeai (1) 

XIX. 

Acumulados todos estos combustibles de odiosidad en una 
alma que necesitaba tan poco pábulo para encenderse, como la 
que Portales llevaba en su pecho, ya no habia concordia posi* 
ble entre él i sus antiguos amigos i ausiliares. Asi, dando por 
hecho, a fines de agosto, que el partido JUopolitc estaba orga- 
nizado i que su candidato para la futura presidencia era Ben> 
jifo, declaró terminantemente que éste no subiría al puesto 
supremo de la nación, i que él quedaba por su cuenta, desde 
luego, para obrar como mejor le conviniese. cMe gusta mucho 
qne Vd. me escriba sobre cosas de política (decía a su confi- 
dente de la capital, el 25 de agosto), ya porque muchos pasaji* 
tos me íli vierten sobre manera, ya porque ato cabos i me 
dispongo a ponerme en guardia, mirándolos siempre por el 
aspecto que tiene relación buena o mala con mi persona, de 
la que protesto a Vd. cuidar mucho i mui en tiempo, de tal 
o tal modo, según las cirounstancias i los sucesos lo aconse- 
jen. Pero no me gusta nada ocuparme, i menos escríbir sobre 
las tales cosos políticas, i por esto, me limito a contestarle que 
No, No, No, a la pregunta que Vd. me hace de que si subirá 
don Proyectos, (2) sin oposición, al lugar a que aspira.^ (8) 

(1) Carta de Garfia« del 15 de junio de 18S4. 
(*i) Nombre que daba a Renjifo ¡lor su afición a decretar. 
(%) La irritación de Portales desbordaba ya en estos dias. Quejándose de 
ciertos chinnes qae corriaii en ¡¡Santiago contra él i qae atribulan a \o§Jihpoli' 



XX. 



Desde aquel dia, no hubo paz en el alma de Portalea. Su es- 
píritu, mas vigoroso por el mismo ocio en que le habla man- 
tenido, ee sentía atormentado de una ¡loderoaa fuerza de es- 
pansíoD i faltándole campo, se daba vuelcos sobre si mismo, 
causándole su continuo desasosiego uua devoradora inquietud. 

(m. dcvin «n U miíiiiH i'Hrui di! que copiniiio» i*l iHirriifo niiU'i'tiir. ' Dcj« \'á. 
la nsplicandu esos.,., que yo Ira poudrií un («pon en lus huuieoí'" Y 
ietpuet. defcnrgando sa ii'n rontru Renjifo i acnrindole ile intentnr reslA- 
n Santingo i Vatpm'diso bu lojian nuiwinÍM«. «wii ni objeto de trabajnr 
enidenii eleeeione», referin de aqurl. por vU ie puwtieinpo. pero, en 
rmlidnd. con no odin coact-nbrsdu. lit «igiiiente oi'un'«nc!Üi, que a iiuwlroa doi 
parecí lolo ua cliisme. porque n et proy«rtu n que «■ refieiv tra nlira He cn- 
■nercuntea. ¡por quü nu liabrU Ae bnlicrlo (jecutailii el mismo Renjifo, qua ero 
■n knt.lgno i es^t^rto «poialadort l'ero, eninoa al iiuo i dejeiaos la ptilabro kI 
MTtailor del Unee. "V ya qnc Vd. lUeW entreUuertne cou Hn<^dotilU<. dice 
Feriales a Garfias, ;□ le csrre«|>ondBré con lu liguiente, porque nic Iia parecido 
grmdofistmB. Hnqni'ira me U lift conUdn en nuestra espedieíoii, i aunque do 
me encarga reaerta, 3-0 se la encargo a ViL i «lio le TticuIUi par* rcTdarla a 
Tocomal, 1 t-nando mucho a Um^r. Es e\ anta que don lienitu i don Victorino, 
•aseliidoii, creo, con Vergara I Wuditlo^íni. hluieron el pmjeclo de leí sobre 
derecIiuD de puerto, i en el üllimo viaje de Uaqueira s Santiago, ¡ué llamado 

I fur don Manuel al Hiiiisterio < le d'ija: "£u los ratuí dewcapados, lie trabajado 
de lei sobre derecho» de pneHu. ! quiero que Td la vea." Se lo 

. kjñ, i Maqneim. viendn la misna lei qae él babia heuho. le dijo: que era m- 
«c hobiese tomado ose tishaj», pues el proyecto era el duudio qae 
él huida trabajado con sub consocioí. Eiitonuee el hombre cayó sin duda en 
enniti I tnvo que salir por un albanil, dicivndu: I.* que Garrido nu le habla 
«ntMgado tal proyeehí, i ]e9puei\ que Garrido le habla nwnifeílado uii pro- 
yttta, pero que no valiit nada; que ealaba lleno de errurea i otras mmí con que 
«B él coaflicto remachaba nías el okvo, iejon de sacarlo, i sepa Vd. que la eii- 
ndincU taA deairlc a Iim pocoa diat "que m le Imbia ocurrido ud penaamienlo o 
|n4^*c<o, i era el de IcTaatar un empréstito de IWI.ilUO ps. para fomrotar la 
C*M de Moneda. Si se descuida un poco mas cttc caballero, tiene que ir a San 
Andrn*. i harñ nn Ioüo nini divertido, porque ha de proyectar hn«la sobre la 

Ílbmuicioa de ud Adán i una Eth. i ae le ba de ocurrir el pensamiento de qn« 
éatua han de haber sidd los aut.nres priin>Tos del linaje bmnano. El día menos 
ncnndo me parece que ha de salir diciendo que la muerte del señor Moran fué 
pcDMinieoto I ocurrencia esülusivamente suya. ^No hai un diablo que le hable 
eno Inda bsequeía a esta pobre hombre, para svitar que >e acabe de fundir 
con tul ñmplcEiis! 'iia duda que el injerto ba sido de partbe; pero miii grande.' 
._ '. 



I 






— «6 — 

Tinste condición humana! Aquel hombre que, hacia solo pocos 
meses, en la plenitud de su poder, se mostraba a tanta altura i 
se sentía capaz de tan seilaladas acciones de desprendimiento, 
ahora que sé veia amen^zadio de |)enlQr üti bíéti qúfe ól mismo 
repudiaba, cedia a lo:á celo^i; a lá ira, a la envidia mistñaj qllQ 
era tati ojona a su elevado carácter, i se aprestaban ditíjfíátáí' 
a áus pmpios amigos un poder que, no disputado, acaso tfcf 
hiibria querido para sí. 

Compadece la situación de aquel hombre que lucha entre 
su propia magnanimidad i sus encendidas pasiones. Todo áh 
afán es reclutar los restos que aun quedan dé su partido per- 
sonal, para oponerlos al partido político que se le aleja. EJ no 
nece^ta estimular sus fuerzas propiíis, que le sobran brios i fea- 
si está impaciente de la lucha. Pero se manifiesta incj^uietó pói 
sus ausiliares. Ha perdido ya tal número de ellos, én su mi- 
sión de altivez i esclusivismo, que teme verse abandonado de 
los que aun lo sirven con lealtad. La apatia política de! pru- 
dente ministro del Interior le preocupa i aun le desespera én 
ocasiones. Casi todas sus cartas íntimas se dirijen a agüijonéái' 
lo que él llama su inercia delante del peligro, t Anime siem- 
pre a Tocornal, decia a Garfias el 1.® de octubre, i púncelo 
J)ara que se pronuncie, pero con mucha oportunidad. No lo ti- 
ranizarian con tanta grosería como lo hacen, si esperaran de 
él una represalia.» Pero aun antes, en cartas del 20 i 30 de 
setiembre i después, en otras del 10 dé octubre i 30 de no- 
viembre, vuelve a insistir estensamente sobre Aquel tema, ha- 
ciendo un llamamiento a la onerjia de sus amigos, que, á l'á 
verdad, eran bien pocus. Y como si ¿mintiera fijo en el corazón 
el dardo del despecho, al corltcmplar la defección de sus mas 
importantes camaradas, revolvía contra elloá i les aseátabá 
golpes furibuiidos. «Será mas qué mentecato el tal don Diego 
(decia el 30 do setiembre por Benavente, al único que temía 
i a quien supouia ansioso de ocupar un puesto en el ministe- 
rio), (1) si después de haber gozado, al parecer de buetoa fé, 

(1) ''En los dias nntemrea (le escribía Gavfias dos días antes, 4 eBte propó- 
sito), no he téúidó lugar para haoer a Vd. up pronóstiqo, que no duáó sé véa 
confirmado^ coi!no cl que hice de lá asplricidn a la prélBidénclá ¿le Íók Msifaé! 



- ñ1 - 

dfe Itó VélXtáJáfe 'de Já iiák priVadá í Üe la abstracción Sé lofl. 
üégttbteá ^ihWáh, 'abriga íodá^k la aspiración que fL^ 
ifidicá.i 

<Lá c'árii afebl'é dé BeñaVenté, aftádiá mas lardé, reílobíán- 
do éü ironía, es táéliéá, ál'á diíaa, porqué él sabe rhas áürüfiíénao 
q&fe tedias SÜÍ3 ^ofradéá aespiertos. Sé le viaií las patas ¿bino a 
tódb hijó dé víéoiftó; pero sabe hacerse ^rtbiéhcia para volveif 
Aybk'é feÜ^ páfeoá i tí'éiie toda la táctica i móbííá de un cortesa- 
ilb.*tl) 

kfil pbtíi'é tae)rto Gátidarillas, decia algo después (ensañáñ- 
ddéé (Jontra aquél hóhibré tan desgraciado como ilustré i al 
qüfe ño pódla menos dé amar), está en él Monté, hécTho ü'nU 
fiéí^á ¿oñiñigo. Su estupidez i ceguedad llega hasta tal estremó 
dé fijarse i estftr cerrado eh que yo éoi él auloi: de los artículos 
del MeróuHd^ i dice que lo sábé positivainénté. Cómpádezcá- 
ihbs a esté |)óbre hombre, i deseemos qué resriblezcá su s^ud 
para alivio de su familia. Dice que yo quiero algo mas que 
mandar, pués pretendo mandar al que manda.» (S) 

O abrazándolos a todos alternativamente en su volcánico 
despechó o éti su ira qué le brotaba del corazón como la lava, 
decia, ya sarcástico, ya burlón, estas palabras que lo retratan, 
casi como en un vidrio fotográfico, «f ero si hai algo contra mí, 
ééhenio ú. la calle, tírenme o rájenme cotí justicia o sin ella; 
¿iínaS por qué la ha dé pagar la causa pública, por qué sepa- 
ráirde del buen camino? Si no quieren verme de Presidente 
(en loque tienen mucha razón), ¿hai masque esperar las elec- 
ciones i trabajar entonces, haciendo todos los esfuerzos que la 
lei les permita, para lo que püéueii contar también con mi coo- 

fiéttjlfo. Dóh piogo ^oaé Bena rente aspira subir a uu minitfterío, mas que a eu- 
b^n] '^léló^ i por ^étk aspiración, no d'tídó que haga migas con el iutendéhte 'ít 
OoBce(>Hoo, a su Hí^adA á está, <\\jté de^e écr dentro <le poco tiempo, pties ya' 
hic6 dia& U fué U licencia. £1 ho lialla ahora en mui intima uoion con Rrenjifi>é 
i Viales,.! ha sido hombre do llevar a áU3 entenados u dos renniones quo hafi 
Kabiaó Ge mubha éonüatiza en casa ii* don Manuel Renjifb, deepues de ]a ene- 
mistad que ha t<-ni(Io su familia con Viales i Renjifo?, 1 la q«;e Joña MércéHe* 
FonteciUas no desmiente hastA ahora." 

Xl) Üki^ a OAriiás del \\) de ociubre. 

(^) tüM % VíMka Hel 2é <Í^ noviembre. 



-248 — 

peracion? Los anifiados finjan ignorar que no tengo aspirado- 
nes, i 70 quisiera encontrar an% oportunidad compatible con la 
decencia i dignidad que me debo a mí mismo, para tapar la 
boca a esos malos mentecatos con un centenar de protestas i 
juramentos de no admitir jamas tal puesto, aunque me vinie* 
ra cuando no tuviese un real ni medios de ganarlo. ¿Por 
qué diablos no trabajan en favor de su candidato sin me- 
terme rejones? Diga Yd. a Tecomal que casi voi ya creyendo 
que hai Dios, i que es protector de este paid. Ya que aparecen 
unos diablos con aspiraciones, son tan mentecatos i tan sin tino, 
que obran del modo mas adecaado para alejarse de su objeto, 
i para hacerse despreciables, aunque, a decir verdad, no he 
conocido aspirante, que, ciego de su pasión, no entregue la car- 
ta. Anime Vd. a Tecomal; no sea que lo acholen i abarran 
los aniñados: dígale que no son temibles, i que, sin duda, nos 
costearán la risa^^si sabe llevarlos, dándoles en la cabeza como 
en la cuestión del Seminario. 

•Como cuando escribo de política lo hago con tanto disgusto, 
anadia, casi no sé lo que escribo: cuando toqué de protestas i ju- 
ramentos, quise decir a Vd. que si los niños procediesen de bue- 
na fe, les haría un centenar, para que no se desviasen del buen 
camino, ni infiriesen daño a la causa publica, por solo el des- 
pique o el gusto de quitarme la niña de mis ojos: cLa Presi- 
dencial Aunque me fijo poco en tonteras, no deja de 

serme consolatoria la consideración de que, para tirarme, tie- 
nen los que lo intentan que dejar el camino real.t 

IXI. 

Por estos mismos dias, como si necesitara un pábulo cual- 
quiera que alimentara su profunda ansiedad, habia consentido 
Portales en desempeñar por algún tiempo el gobierno de 
Yalparaiso, mientras Cavareda venia a la capital, con motivo 
de las festividades de setiembre, que, en aquel año, tuvieron 
una rara magnificencia (1). 

(1) Segan la tradición del entrometído pero sincero don Ramón Mariano de 
Aria» lo que habo de mas notable en este anireriario foé el bule de palado del 



^ 
» 



^^^ (1) Port» 



Pero, mientras que entre los amigos de don Diego Portales, 
gozaban los mas su contento i su seguridad en los salones hoi 
desiertos del cuartel de bombas, i otros aturdían con un pasa- 
jero regocijo sus escondidas zozobras, aquel, aislado i receloso, 
en el solitario Valparaiso, se entregaba a bSgubres desconfian- 
zas sobre la situación i la crisis que se desarrollaba. J£n aque- 
llos mismos días {24 de setiembre), recibió un anónimo do 
Santiago, bajo lu cubierta del comerciante ingles Wadding- 
ton, i por la primera vez en su vida, se preocupó de aquel 
agüero, dando asi una evidente muestra de que flaqueaba en 
BU pecho la confianza de su posición, de la q<ie parecia antes 
tan ubno. • Vd. sabe la ninguna clase de fé (escribía a Gar- 
fias aqael mismo dia) que presto a esta clase da avisos; pero 
el qoe le incluyo me hit infundido un» cosa parecida a temor 
i un movimiento de corazón que rara vez siento. • Y loego, 
divagaba estensamente sobre quien podia ser el autor áo 
aquel papel (1) i cua! seria su significado. 



9> d« Htiembre, qae era entonces de t>L1a. Segnn dnii ItUrlaau i con gran es- 
eáoddo miyo i áe Portales (al decir da aquel], m garttí en aquella ocaiion la 
«norme luina de 1 1 .<XK1 peeos. i de itUa, "iOO [hsm en elilrimoyal de Quillota, i 
algo mas en díezioi-ho arrolviti de dnlce, poi'qne t^a lo aTeriguaba aquel in- 
caniable imrregponpa!, que pnrti:ia tener la eomeion de laa nolioiaa, pomootTfw 
tienen la de la narna. Aristiiiruii. segnu eóinpulo, 900 señorai I 700 hombrea el 
eoronel Lupeí faé. el enearg^idn [laru recibir los boletoa, el doeKir Jnan Agnrtin 
Luco para acuiiipaOBT a las ^nuras al «alón, i por último, nmipiíVe e] baile eon 
un tninuá de honor, builiido por el prealdente con la seOoni del jeneral Blanco 
i por éate i la uñura del senndor Alcalde. Diee tAiiibi«n don Mariano qae el 
preñdent4i "pur temar de nna eonspirucíon," ardeoii que loa oficiatv* no le qui- 
taMD loa sables i etpadnü ñnn para Imilar, ^Querría también don Mariano que 
aquellos «Bore» bailaran a sabia»» «in los trajea de las damasT Advierte ada- 
mas que DO fneron lac fiímiliM filopolitiis de GandaríllsE ni Beaaventt, i qoa el 
jeneral Calderón, cnanii-j le presentaron el conrite, !o desgarró en preftenciadel 

(1) Porteles lo atribula cotno eosa M^nra al doctor Rodrigues Aldea. 






xim. 

Al fin, Portales hizo un supremo esfuerzo i tomó su ultima 
réabltó*^. Eidrénáhdo su >^bi*az impábietibia, resolvió en la 
crfflká 3fe lióé jíáírtidoi Ib qué era máá áifícil á su ñáluráleák. tPó'r 
attéfa^ flijd (áon áus 'piílabras' téstüálés), hó fcíón viene bátiHbsi 
dfe frfent&, kiíib déjaríoá obrar, porqóe eiatói ciiertó qué iió j$ú- 
díendd dejar dé iser liiflos, sé han de énvblvér en Áúk pfo^ók 
paibs » (i). 

Inmédiáfaünente, hizo volver a Cavai-edá á sü ptiésld {í) I 
sifld^é t)í!éoc^p6 dé alejarse a urt rinéÓTi solitario, dóhdé BÜ 
vldi ieñtérisi, táii f)ódéroáa é inquieta, se ciotocentriiria en eétá 
861u consigna: es^e^! 



XXIV. 

' Héinolb référido que dbh Diego Portales permaneció álgü- 
ilos diáis de Ibs mesfes de marzo i abril de 1834 en su Hácietidfe 
de Pedegua; pero había vuelto a Valparaíso, disgli'stadó tíé tiú 
negocio que no le ofrecía sino pérdidas i estaba resuelto a des- 
hacei^se de él a toda costa. 

Con su imajinac^ioQ versátil i caprichosa^ que solo pareoiá 
tbAar Wtífeiírtéttciá eti Sus planfea políticos, fiísolvió ehtoniées 
abaúííohar lá ádíninistrítcion de aquel árido rincón dé uíi 
yalle estreciio del Norte i solo se preocupó de hacer'ía adqui- 
sición <lc Otro fundo mtis estrecho i mas estéril todavía en el 

, m tiartá A bárfias déí 'JO de aetkmlhro dé 1834. El 10 de óctnbre áJtedik 
ciSal (>'a)á1ftrá9Íiiáfó^a:&, '^fé reveláii la proe'ecQcloD de uú pla'ii ñjo: "l^ó ^uléVb 
póblirme 'eu eá^iiáM coh elloa ¿ído en el último caso 1 ctíóádo ya sea de ótíA- 

X^) **'Cávai'édft, dW Gá)Ms el ¿8 de s'otíembrc, ee quedó muerto ^1 i'mjTkAii&téé 
áé áí Viató, \\íi% 'e'ñWgS dfeiílrá Vd. que sé mavcbariá \\ié^ fik iAi^itsi^ k ^d. 
d& <te^6 'del ¿óUéVilo, 1 Vlejartó libre pai^ su espedicion, pero qué, ^i* te di- 
mas, lo harta con la mayor violencia. Según me dijo anoche, sale í^ki^A ^ pÜk- 
do mafiaf&y" 



valle de la Ligna. Tal era la estancia del Rayado, uaa agtia 
ntcsetá azotada por los víentcH, que se éaiiende a lo largo dei 
rio de la Ligua entre la hacienda de PuUally i el pueblo de 
aqoel nombre Eto esta propiedad de nria obra pía; i Portálea 
la adqtiiriú por la sama de l.S'K) pesos, a censo, segan pareed, 
lo qué caei ea hoi dia el valor de una sepultura de solemni- 
dad! Cierto es (jne Pcntalea oo queria sino uba tumba para 
éaconder sú alma i sa mente! 

No crécian allí ni las yerbas lüas ruineB, qiie un vteoto 
constante i ardiente raarcliita al nacer, pero él se proponía 
hacer un uanal, cuyo menor inconveniente, ademas de su 
estraordinario desnivel sobre el lecto del rio, era el que ést« 
no tnaiaaguafl con que alimeofcir aquel. Pero dou Diego e^a- 
baempefiado en que faabia de suceder -ie otra manera i ae 
enfadaba con sus amigoa, cnando lo decían que llevaba aque- 
llo a capricho. 

Ya por el mes de junio de 1834, en los momentos en qu6 
el nubarrón político que ahora le traia caviloso era solo un 
tenue vapor en el horizonte, era dueflo de aquel triste aitío i 
ífl deJeitábn a sf propio con sns fílntasias campestres. «Ko pú- 
SeeioQ del Rayado, decía a su amigo Garfias, el 23 de aquél 
mea, de la breva (1) que Vd, sabe, de una rica mina, pagados 
mis acreedores, i en esUdo de gastar ain dolor 500 pesos men- 
Rúales, viviendo entre verdores í caballos, no le envidiaré su 
stierle ni a Maboma.» 

(1) Ella breva de que hablaba don Dicgú «raolnt de mi fanla^ai do EH]a^> 
^pMft, pues soñú comprar la liaeieDila ds Orr«go, en el deparurqeiito de Caaa- 
Bknea.BÍD miís ávai^bolto» que Ioh goaU» de un pleito que le ofreiHa ea com.< 
paSia qh nefior Joa Martín Gojcuuben, qDO se creía dueño <Jü aquella propiedad, 
pero que en realidud no lo <r». 

Después quiM comprar la liaeienila ia Quintero jaira su omi^o ^oa rraaei'co 
teutcio Oua. que venia aa ea» époei a BíUkblecerac a la capiuil i le había ofre- 
eiaó jéneroune^ile dársela en admínietraúon pura [>artir provechue, i por cüM 
motivo, Portales dló el galope que liemí» ref^rídu, éa la primera semana d* 

Pero aquel naLalIera Du tuvo aSdoa a lá propiedad i no le resliió el Dee» 
cío. Sin «Hnburgp, puso a lu di^>osÍíÍijn de Portales un ¡Djimte caudal qie «ai 
AtiÍBÜaeepUrUn nobleifioüte eolno habk sido ofteeido, "IToqrieríi'íiirl Vd. 
Ift iSÁ rito {üécú ruflalea a Qarfiáí cí 10 de noviembre, có'^Q t^íétonditíS^ 



En los primeros días de diciembre, ya estaba del todo liato 
su viaje a la Ligua. «He mandado, decia el 6 de aquel mes, 
que me tomen un rancho que rae C03tará doce pe903 anuales 
i allí estaré contento: me mantendré con 30 pesos al mea 
(!o que también entra en el cálculo), viviré sano, concluiré 
todlaa mia cuentas atrasadas, i sobre todo, dirijeré i veré todo 
lo que haya de hacerse en el &^flí¿5." I luego, como admi- 
rándose del triunfo inmenso que había conseguido sobre sí 
mismo, añadía jocosamente: iNo hai niSo mas dócil que yo, 
mi señor don Antonio; el que quiera comprar paciencia i con- 
formidad, venga a buscarlas a mi tienda, que ayer no mas es- 
taba en tablas i hoi tiene para surtir a todos.* 

Con el pié ya en el estribo, escribió al raiaíatro del Inte- 
rior que su ausencia era indefinida; (1) pidió a su leal i abne- 
gado amigo Gnrfias (cuya suerte, !e decia, estaba leulazada a 
la suya de modo que eran una misma cosa»), (2) que le escri- 
biese con toda la frecuencia posible, (3) i el 20 de diciembre, 



buritrae de m propio buen liutuor); pero ya qae «a trata de ofertAs, sútr&lo. 
Osn ha nmndadu a Maqaelra RO.OU» pegón i mu la lírdun pan que m pongan 
■ mi dÍ!poBÍcioD »i ]<n nweíilo. Me lie acordado de Vd. mil vecea i me hs reido 
i me eeUA actualmente riendo mu-:ho. porque me parece que lo estoi ricado 
entrañe eonniígu porque nn admití Ia propuesta." Mas tarde, nn embargo, a 
TTeciandu lo> couñietos, Portalw uió t.OUO pesos de eMa suma. 

Por de pronto, do quiso admitir ni dos mil pesos que le ofrecii'i <n préstamo 
el eum Orrego de Valparaiso. "La «anttíinuí obra de admitir al eura su oftfta. 
deeia, casi eoii rubor, un mes después de haber rehusado la espléndida oferta de 
OsM, no está hecha; pero so hará. Keiiso hacerla desde la ligua, porqae al 
eabo una carta no tiene vergüenm." 

(1) "Diga Vd. a Tocoraal oonGdeneialmente que yo do tengo cunado Toher 
a Valparaiso: que si hago correr que me to¡ por pocnj tienipo, os per las mili- 
cias, i para que no te descuiden loe aabsICemoa; pero que mi intimo « eslabl» 
cenne en la Placilla. o un el Rajiado. Cavareila no lo sabe, porque solo he hecho 
la coofiania ■ Haqueira i a Td." (Carta a Oarfiai del IS dt ditirmhrt.) 

(S) "Ia suerte de Vd. i la mia estAo ja enlazadas ñe. modo que ton nna mis- 
ma cosa por «nalquier asperlo que w miren: eonriene. por lo lauto, a ambos mi 
ida a la Ligua. Si Vd, la «lente, •ja no sol insensible; peri> c« necesario tomar el 
tiempo como leng», i persuadirse de que no t<ido paede suceder al gusto pi o- 
pió." {Carta a Garfia» deí 10 dt áiciembTf ) 

{Z) 'Todaslas noches, decia a GsrliaB. el mismo dia de eu partida (20 dedii-iern- 
bn), mM lie uoctarse, dedique media hora para mi, esoríbienda en este tiempo 



— 253 — 

aqoel caudillo polítioo, que no había cabido por su audacia 
en toda la Bepública, o que, para usar i^na pintoresca espresi<Hi 
que ya hemos citado, «tenia a toda ella metida en un zapatot, 
oflouro-peregrino ahora, solo, sin un solo amigo por compa- 
fiero i sin mas espectativa dé fortuna que el préstamo vergon- 
zante de un cura, llegaba a apearse a la puerta de un rancho, 
en un remoto valle en los despoblados del norte! 

¿Quién se hubiera imajinado que aquel hombre iba a pre- 
pararse en tales sitios para sentarse de nuevo en el trono de 
su patria i hacerla estremecer, a la par con la mitad de un 
continente, con golpes inauditos de tirania i de audacia, de 
patriotismo i de jenio? 



todo aquello que crea debe llegar a mi noücia de lo que haya ocurrido en el día. 
No olvide que si su correspondencia me ha sido siempre útil, interesante, neoe- 
laiia i grata, viviendo en este pueblo, i en contacto, puede decirse, con Santia- 
go, ahora que voi a vivir en el campo, puede Yd« calcular la impaciencia coa 
que esperaré sus cartas, i el gusto con que serán Mdaa." 



I ' 



*■.:•■'• h 



« • i' 






CAPÍTULO ^. 



PORTALES BN' BL ^^RATADO." 



l>on Diego Portales en el Rcíyado. — Ganclarillas descubre en Santiago él plan 
de hacer presidente a B«enjifo. — Banquete que tienen los fílopolitas el dia 
de San Juan. — Apare re el Philopolita. — Carácter mezquino de este pe- 
riódico. — Benavente hace moción en el Congreso para que se dé de alta 
a los militares de 182?. — Don Victorino Garrido. — Aparece el FafoL — 
Enerjía de este papel, — Don José Indelicato. — Portales en la soledad. — 
Don Diego Portales c onsiderado como liombre. — Su aspecto físico. — Su 
ser moraL — El amoi: en su organiz icion. — Sus ideas sobre el matrimo- 
níp I admirables con jejos a C3te respecto. — Sensibilidad de Portales. — 
Un noble episodio doméstico. — Letargo d.í sus pasiones. — Indiferencia 
de Portales por sus deudos, — Su opinión en jeneral sobre la mujer. — 
Reminiscencias de ^David i de Urias. — El anteojo de don Diego en la Pla- 
cilla. — Su servidumbre cu el Rtyado. — Mujica. Montoya i Mateo To- 
rres. — Singular fificion de Portales a la jente sencilla. — Don Pedro Prie- 
to. — El herrero Hernández — Sistema de vida de Portales. — Talento de 
Portales para el i/idículo. — Pintura que hace de su primo don Pedro Pa- 
lazados. — Láñese «tómico on el cura Orre^o de Valparaíso. — Portales 
poeta. — Su afíodon a lo? caballos. — Su aversión natural a la lectura. — 
SI Quijote. — S n aprendizaje del ingles i su admiración por el gobierno de 
la Gran BretafiA. — Sus priiicipius relijiosos. — Su economía. — Rasgos 
de delicadeza. - — Su bondad con los pobres. — Amonedación del cobre. — 
Limosnas. — Caso singular de un indulto. — Le visita en el Rayado el 
capitán Fitz R< jy. — Sus faenas de campo. — Su pereza para escribir a sus 
amigos. — Cartas de Bustillos. — Portales se desentiende de las exijencias 
de sus partida jrios para que vuelva a Santiago. — Los fílopolitas cobran 



brios en ansencia de Portales. — £1 presidente Prieto acepta el proyecto 
de dar de, alta a los militares. — Se ofrece a Portales la Legación a Espa- 
ña, por conducto de su padre, i su brusco rechazo. — Lójica i precisión de 
su conducta política on 1885. — Sus iJcas s^l^rg Valparaiso, como punto 
estratéjico i de resistencia. — Viajes que hace a esta ciudad. — Inúdente 
<j^f aoelera «a partída del Robado. «--.BcÚAnee de jHi.t]9<^nii„! eQ.lft^l^ — 
Viene a Valparaíso. — Se le reúna aJví dpR A^1(99Ío Pk^rfia/L •r-' ^^íflf^ 
de sus amigos porque se ponga al frente de los necios públicos. «— Vp 
cilaciones^e Portales. — Su cdio a don Joaquín Campinó. — ée resuelle 
Portales a aceptar la dictadura política, ^—tilega a Siiñtmgo^e inéignito 
i e» nookbrado minSstro de la O-nerr». — Comienza la seguidla' 4«kmí« <le 
dqn Plegó Portales - j - , ' 



Mientras don Diego Portales, mas bien como un prófugo 
¿el poder que como un valido dest^ronadp, li*bi^ ido it esoa»í- 
der 3U corazón i su mente a las soledades de la Ligua> sus ad- 
▼eraario», alentados tal vez por su propio alejamiento, que atri- 
buian a cansancio o a jenialidad, se organizaban en ci^erpo i 
con un desahogo que se asemejaba a la coufian;^^ d<^ és;ita. 

Ya, desde setiembre de 1834, habian descubierto sus planee 
políticoB, basados en la elevación de Renjifo a la presidencia de 
la Sepóblica, a los propios amigos íntimos de Portales, siendo 
Gandarillas (el mas impetuoso i menos disimulado de aquellos) 
quien había roto el velo del misterio (1). 



(1) fié aquí cúoio Garñas, en carta del 28 de setiembre, ouesta el ouríoao 'Uk 
eidavte que puso de manifiesto a lo» ojos de Portales el plan de los fllopc^tse* 
£1 intermediario que figura en este pasaje con el nombre de Cavada» em w 
ájente de confianza de Portales, el mismo que peredó a su lado, i que, a«yteA*te 
esta époi'n, babia sido escribiente del fiscal Elizalde. 

£1 párrafo d^ carta de Garfias dice asi: "Keflervadisimo. — Carada turo aytf 
una conferencia con EUzalde, en la que le confió éste el aeoreto sígaieate IHae 
EUzalde que oyéndole a Gandarillns con muoha íreoueoeia tratar a Vd. ^ locg^ 
1 quemado por conocer el espíritu c^n que lo hacia, le dijo no hace mucho tumi- 
po. "¿Cuáles son c. . . . los defectos que tiene Vd. que «aoatie a ese \mqV J^ 
coQteatiUHpn de GandariU«s fué preguntarle sorprendido que sile.bablubfi de 
veras, i coino le contestase EUzalde oon £orroalldad que^í, n^ tdvü. («tío lOtdp 
' de concluir el altercado Gandarillas que diciendo a SlimkkqiM;^£MP?jÍLa«.*» 



— 256- 



II. 

Oomo el período de las elecciones se acercase, los filopo- 
litas estaban constituidos en lojia desde los primeros meses 
del invierno de 1885 i se reanian periódicamente^ ya en casa 
de alguno de sus socios, ya en la habitación del rector del 
Instituto don Blas Reyes, ya, por último, en los arrabales, don- 
de, a imitación de la ttertuliat o la cFilarmónicaí de Porta- 
les, de la que todos hablan sido socios, celebraban sus saturnales 
políticas, (1) tan en voga entonces, i que después se han con- 
vertido en los cultos banquetes a la luz del dia, destinados a 
dar nacimiento o vigor a las ideas que se apadrinan. Tan 



i eiU le ^jo que se fuese a diez. A los pocos días, se fué Gandarillas a donde 
EUjHÜde, en ocasión que estaba solo i le dijo: hablemos aqui en reserva i como, 
amigoa ;£n quién se ha puesto Vd. para Presidente de la República? Elicalde 
le contestó que él estaba o por la reelección de Prieto o por que se elijiese a 
Vd. Entonces le ^jo Ghwdarillas: El hombre que hai para Presidente i que de- 
bemos el^ir es don Manuel Renjifo: C. . . ., le dijo EUzalde: ¿qmere Vd. compa- 
rar a Renjifo con Portales? Le preguntó Grandarillas que en qaé se fundaba para 
decir que ViL era bueno para Presidente i Elizalde le dijoc las buenas cnaUda- 
des que él veía en Yd. para mandar. Gandarillas no siguió adelante i concluyó 
con decir: "después de Renjifo, podrá ser el mejor Portales.'' 

(1) "El dia de San Juan, dice Arís, en carta del 6 de agosto de 1835 (ardien- 
do ya por que aquellos nuevos auxiliares derribasen al "traidor,** como él llama- 
ba únicamente a su amigo Prieto, destle que no restitu> ó sus honores al jeneral 
CKHiggins), ese complot dividido {los filopolitas) tuvo en la Chimba una borra- 
ehera o comilona, i todos los brindis que tenían eran por la derrocacion del 
"traidor." Se dice que este complot dividido traia de sacar a Renjifo de Presi- 
dente. Al fin, veremos los toros [)or si principian." Sin embarga, el pobre de 
líariano, deseenfiando ya de estrechar entre bus leales brazos al ausente ídolo, 
se habia entregado poco antes a un profundo desconsuelo i escrítolc (carta del 8 
de mayo de 1885), en un desaliñado pero sincero lenguaje, esla« oríjinalf simas 
lamentaciones i profecías: "Es tanto el terror que el "traidor" ha infundldo, que 
a los que antes llamábamos sabio?, guapos, grandes patriotas, a todos ellcs ha 
logrado ponerlos en el estado triste i miserable de as^nsarlos (oo l.ablaba de 
sí mismo) i aun ponerlos de fiituos. 

"Erta gavilla de picaros, afUdia, dicen que su administración durará 40 afios; 
pero yo opino, según veo el aspect^ de las cosas, que no solo será el tiempo que 
n&aImí, lino que dorará 40 ¿glosL" 



— 257 — 

cierto es que el estómago seria siempre en este siglo, como en 
todos los de la creación, el principal resorte, como dice Larra i 
opinó Agripa, del movimiento de esa inmensa i devoradora 
maquinaria que se llama la humanidadl 

Al fin, los filopolitas, contado su número, estrechadas sus 
filas, i desplegada su bandera, pusiéronse en campaQa, i el 8 
de agosto de 1835, salió a luz el Philopolita (amigo del pueblo), 
periódico que ha dado su nombre a sus autores, i que fué, sin 
embargo, indigno de estos i de su fama. 



IIL 



El P/iilopoUlay en verdad, se presentaba en la arena de la 
discusión, que había estado cerrada tantos aQos, no como el 
campeón do las libertades publicas, i alta la visera sobre la 
erguida frente, sino como humilde lacayo de antesala, som- 
brero en mano i pidiendo permiso para hablan ¿I a quiénes? 
A los mismos que iba a combatir. « Es nuestro objeto, decia 
en el número 2 del 12 de agosto, ayudar al presidente de la 
República a llevar con alivio el encargo que se le ha hecho 
por la nr.oion, impulsando a las cámaras i ministerios a que 
trabíijon con Hecision en lo que es útil para la vida, sin cuidar 
tanto de la ])ompa de la muerte.» I aun llegaban sus redacto- 
res a decir, en esta vez, llevando su abatimiento hasta la adu* 
lacion, que estaban dispuestos a hacer saber su nombre al pre- 
sidente de la Eepública, para calmar, en el ánimo de éste, todo 
asomo de inquietud. Triste iniciativa, por cierto, de una con- 
tienda que no era la discusión del bien público, sino una des- 
avenencia de palaciegos que iban a disputíirse un hueco en el 
poder! (1) 

(!) Ud moi mas tarJe (el 13 de sotiembro), cuando hacían cq el núm. 6 el 
aik^üsis de la memoria del ministro del Interior, no tenían reparo en afirmar 
que eonrideral»an o«)nio una desgracia su ruptura con el gabinete. "Antes de 
príneipiarlo (el análisis déla memoria)^ dicen, tenemos por conveniente advertir 
que euando nos resolvimos a publicar este papel, fué con el designio de organi- 
zar una racional i decente oiK>sicíon al gobierno, contra aquellos actot quf, a 

D. PIIQO FORT. 17 



— 258 — 

El úuico rasgo de enerjía que se estampó ciertamente eu 
los 15 números que se publicaron de aquella hoja, entre el 3 
de agosto i el 11 de noviembre de 1835, es el que aparece en 
su prospecto al trazar su profesión de fe, que no cumplieron, 
f Somos liberales por convencimiento, decian, i por conven- 
cimiento enemigos de la licencia. Odiamos entrañablemente 
la tirania, aunque conocemos que no hai en América elemen* 
tQs que puedan establecerla: cuando mas habrá déspotas^ o si se 
quiere^ tíranos de un dia, » 

Pero, en este mismo golpe solapado i dirijido con cautela a 
Portales, manifestábase eh carácter puramente personal de la 
diatriva, pues no era a la tirania sino al tirano, a quien asesta- 
ban el escondido dardo. Su principal ahinco era dirijido, em- 
pero, contra el ministro del Interior, a quien, como hemos 
visto, desde que ocupó su puesto, los filopolitas acusaban, i no 
sin razón, de un escesivo amor a las cosas eclesiásticas. Pero, 
aun en esto, t causábales grandes fatigas (según sus propias 
palabras en su número dol 23 de setiembre), el resolverse a 
Qsoribir sobre este artículo (el culto), por 1^ prevención desfa- 
vorable que ha difundido contra nosotros la resurrección del 
fanatismo.» ¿I qué era, con todo, lo que iban a decir, adelan- 
tando efccusas do tanta i)usilanimidad? Nada, a no ser una 
insignificante crítica de las corridas de ejercicios que el obispo 
Vicufía, secundado por su compadre el ministro del Interior, 
habia puesto tan en voga, fundando, con su peculio, una de 
aquellas casas de devoción. « Nada importa, decia el Phihpo- 
lita, que en Santiago se repitan esos encierros de nueve dias, 
rcducidoo a una mortificación corporal i a un aturdimiento 
momentáneo, que no deja mas utilidad qtie la lisonja de los 
que se ocupan de dirijirlos.» 

nuestro juicio, pueden 8or perjudioinloA, sin dejar de iribufíir elojios a loe que 
lo mereciesen. Interrumpidas, por desgracia, nueslr.As relaciones con el ministe- 
ño, no nos queda mas recurso que la imprenta para Imccr llegar a su noticia 
nuestras observa eiones, que di^utidas en público barian relucir las medidla 
convenientes, i evitar las que no lo fuesen. Viendo ni pais entregado ol cúmulo 
de necesidades que de tiempo ba le nflijen, hemos querido despertar al minUtro 
del profundo sopor en que parece estar sumido, examinando sus providenoiai i^ 
la liu de una discusión pública." 



— 259 -^ 

¿Quó se liabia, entre tanto, hecho el antiguo vigor de Bena- 
venie, director piincipal de aquel periódico? ¿Dónde estaba 
el brillante injenio del redactor del Sufraganie? Ni siquiera el 
chiste desvergonzado de la tertuHa del Hambriento^ que habia 
sidtdo de la imprenta de los dos Renjifos, colaboradores ahora 
del periódico enemigo de su antiguo jefe? 

El Phihpolita fué, a todas luces, i bajo todos conceptos, una 
triste publicación, i nada esplica mejor la nulidad en que 
cayeron sus autores, que la propia lectura de sus pajinas sitt 
elevación, sin aspiraciones jenerosas, sin invocación al pueblo, 
ni a sus mas fantos derechos, ni a sus dolores mas vivos. Lo 
único que en este sentido brilla como un lampo de jenerosi- 
dad en sus columnas, es una palabra de simpatía para aquellos 
ínclitos i desventurados pipiólos, que ya no existían sino en 
el destierro o los presidios, i a los que se les hacia ahora una 
tardia, pero encojida justicia, pidiendo se diera de alta a sus 
mas egrejios campeones. 

Pero aun esta reparación era dirijida mas bien como una 
alabanza al Presidente de la República, a quien se atribuía la 
iniciativa de aquella medida, siendo que Benavente la habia 
propuesto algunos meses antes en el Congreso, Por otra parte, 
¿no era aquel proyecto un ardid de ocasión para conciliarse 
partidarios, arrebatándolos a un rival poderoso, antes que la 
inspiración de un desinteresado patriotismo? 



IV. 



Desde la primera aparición del Phihpoltlaj los amigos de 
don Diego Portales se pusieron en alarma, por su parte, i en la 
ausencia de su jefe, i acaso sin su esplícito beneplácito, se con- 
vocaron en el peligro i alistaron sus armas para la defensa. 
Acaudillábalos ahora el ájente polítíco a quien Portales dio 
mas acceso en su intímidad, i aun (lo que con ningún otro su- 
oedia) en bus consejos, el famoso español don Victorino Ga- 
rrido. 



— 260 — 



V. 

No era este hombre que tan siniestra reputación ha dejado 
entre los adversarios que éi combatiera con porñado tesón du- 
rante 80 años, acreedor a esta saña de los bandos políticos, 
la mas ciega tal vez de las paciones humanas, i que ha perse- 
guido a aquel jefe de club mas allá de su tumba. Don Victo- 
rino Crarrido, nacido en Segovia de una familia mui conocida 
en el lugar, como personalmente nos consta, tenia en su ca- 
rácter muchas de las nobles prendas que caracterizan a los 
castellanos viejos, pues no nació gallego, como se ha creído, 
que, 'a serlo, hubiera sido mucho menos temible a sus con- 
trarios i harto menos útil a sus amigos. Era, por tanto, mas 
sagaz que pérfido, mas enérjijo que cruel, mas accesible a 
obedecer a los nobles estímulos del orgullo que a los torpes 
influjos de un oscuro servilismo. Hizo mas males a su patria 
adoptiva como el representante de un partido oligárquico, so- 
bre el qae se enseñoreo finjiendo docilidad, que como inspira- 
dor de las crueldades o de los ardides de la política a que él 
sirvió, pues poseia, en oposición a lo que ha creido el vulgo, 
un corasson humano i en muchas ocasioifes, como cuando el 
presidente Montt le obligó a íasilar a sus propios prisioneros, 
dio muestras evidentes de ser orijinario de la tierra por esce- 
lencia de los leales,— la vieja Castilla. 

Hizo, por lo demás, a sus correlijionarios, a quienes vivió 
consagrado con una ejemplar abnegaciou, servicios eminentes, 
porqno, después de PorUile.^, era el hombre de todos los recur- 
sos i de todas las audacias, i en tan gran manera, que cuando 
aquel hubo desaparecido, él ocupó, mas que ningún otro, aquel 
puesto tan temido como encumbrado, con mengua conocida 
de los chilenos, que nunca perdonarán su ilimitado influjo a 
un estranjero que habia veni lo a combatirlo i que cambió 
la hospitalidad en orgullo i predominio. 

Pero el coronel Garrido fué también por escelencia el 
hombre abnegado de los mas graves conflictos de su ban- 



— 261 — 

do. El le d¡6 la victoria en Lircai, como comisario supre- 
mo de Portales, derrotando al cródulo Freiré con papeles, 
antes que el sable de Búlues hubiese arrollado sus colum- 
nas. (1) El le procuró una escuadra, improvisada con es- 
traordinaria audacia, para llevar la guerra a las repúblicas 
vecinas, i por último, cuando el partido a quien servia de- 
clinaba, él, él solo, descubrió un hombre nuevo que le 
restituyese las perdidas fuerzas, e imponiéndoselo prime- 
ro a sus propios partidarios que lo resistían, con la astu- 
cia, lo impuso después a la república entera, con las armas 
en la mano, haciéndose soldado, i sirviendo en apariencias 
como un simple capitán, bajo hombres secundarios, pues 
esta táctica habia aprendido de Portales. 

Foresto, Garrido, columna de su partido, fué llorado como 
una pérdida irreparable, i aunque sus enemigos le han malde- 
cido hasta en su sepulcro, los que le conocian de cerca alaban 
muchas de sus prendas de hombre, i como padre de familia 
le citan de modelo. 



VI. 



Garrido, sólidamente escudado por el poder, se lanzó, pues, 
al ataque con espada desnuda; i un mes después de^ la apari- 
ción del Philopolíta (el 1.° de setiembre de 1835), levantó en 
una pica de guerra el famoso FaroJ^ «mueble casi indispensa- 
ble (decia en su propio prefacio aquel periódico de diatriva, 
tan superior bajo todos conceptos a su adversario), queriendo 
Teconocer el terreno de las cuestiones del dia, que aunque por 
sí mismo es llano i sin riesgo, no deja de tener sus bosquejos 
i enredos, como lo demuestra la algarabia lójicopolítica del 

(1) Iai \íi iiiailniiH de la batalla do Lircai, el jcneral Freiré decia a sus jefes, 
restregando las cartas, que le hablan escrito algunos pérñdos oficiales bajo 
el dictado de Garrido, ofreciendo pasarse si »ulia de Talca. — Señores, tengo la 
victoria en el bolsillo; i lo que tenia eran unos papeles pérfidos, a los que sa ciega 
confianza daba crédito. 



— 260 — 



V. 

No era este hombre que tan siniestra reputación ha dejado 
entre los adversarios que él combatiera con porfiado tesón du- 
rante 30 años, acreedor a esta safia de los bandos políticos, 
la mas ciega tal vez de las pasiones humanas, i que ha perse- 
guido a aquel jefe de club mas allá de su tumba. Don Victo- 
rino Garrido, nacido en Segovia de una familia mui conocida 
en el lugar, como personalmente nos consta, tenia en su ca- 
rácter muchas de las nobles prendas que caracterizan a los 
castellanos viejos, pues no nació gallego, como se ha creido, 
que, 'a serlo, hubiera sido mucho menos temible a sus con- 
trarios i harto menos útil a sus amigos. Era, por tanto, mas 
sagaz que pérfido, mas enérjioo que cruel, mas accesible a 
obedecer a los nobles estímulos del orgullo que a los torpes 
influjos de un oscuro servilismo. Hizo mas males a su patria 
adoptiva como el representante de un partido oligárquico, so- 
bre el que se enseñoreó finjiendo docilidad, que como inspira- 
dor de las crueldades o de los ardides de la política a que él 
sirvió, pues poseia, en oposición a lo que ha creido el vulgo, 
un corazón humano i en muchas ocasionas, como cuando el 
presidente Montt le obligó a fusilar a sus propios prisioneros, 
dio muestras evidentes de ser orijinario de la tierra por esce- 
lencia de los leales,— la vieja Castilla. 

Hizo, por lo flema?, a sus correlijionarios, a quienes vivió 
consagrado con una ejemplar abnegaciou, servicios eminentes, 
porque, después de Portales, era el hombre de todos los recur- 
sos i de todas las audacias, i en tan gran manera, que cuando 
aquel hubo desaparecido, él ocupó, mas que ningún otro, aquel 
puesto tan temido como encumbrado, con mengua conocida 
de los chilenos, que nunca perdonarán su ilimitado influjo a 
un estranjero que habia venido a combatirlo i que cambió 
"la hospitalidad en orgullo i prelominio. 

Pero el coronel Garrido fué también por escelencia el 
hombre abnegado de IO0 mas graves conflictos de su ban- 



— 261 — 

do. El le d¡6 la victoria en Lircai, como comisario supre- 
mo de Portales, derrotando al cródulo Freiré con papeles, 
antes que el sable de Búlues hubiese arrollado sus colum- 
nas. (1) El le procuró una escuadra, improvisada con es- 
traordinaria audacia, para llevar la guerra a las repúblicas 
vecinas, i por último, cuando el partido a quien servia de- 
clinaba, él, 61 solo, descubrió un hombre nuevo que le 
restituyese las perdidas fuerzas, e imponiéndoselo prime- 
ro a sus propios partidarios que lo resistian, con la astu- 
cia, lo impuso después a la república entera, con las armas 
en la mano, haciéndose soldado, i sirviendo en apariencias 
como un simple capitán, bajo hombres secundarios, pues 
esta táctica habia aprendido de Portales. 

Foresto, Garrido, columna de su partido, fué llorado como 
una pérdida irreparable, i aunque sus enemigos le han malde- 
cido hasta en su sepulcro, los que le couocian de cerca alaban 
muchas de sus prendas de hombre, i como padre de familia 
le citan de modelo. 



VI. 



Garrido, sólidamente escudado por el poder, .se lanzó, pues, 
al ataque con espada desnuda; i un mes después de^ la apari- 
ción del Philopolíta (el 1.° de setiembre de 1835), levantó en 
una pica de guerra el famoso FaroJ^ omueble casi indispensa- 
ble (decia en su propio preficio aquel periódico de diatriva, 
tan superior bajo todos conceptos a su adversario), queriendo 
Teconocer el terreno de las cuestiones del dia, que aunque por 
sí mismo es llano i sin riesgo, no deja de tener sus bosquejos 
i enredos, como lo demuestra la algarabía lój ico-política del 

(I) £u la iiiaí^Bim de la batalla dt; Lircai, el jcneral Freiré deoia a sus jefes, 
rc-slregando las carta?, que le habían escrito algunos pérfidos oficiales bajo 
el dictado de Garrido, ofreciendo pasarse si salia de Talca. — Señores, tengo la 
victoria en el bolsillo; i lo que tenia eran unos papeles pérfidos, a los que su ciega 
confianza daba crédUo. 



— 260 — 



V. 

No era este hombre que tan siniestra reputación ha dejado 
entre los adversarios que él combatiera con porfiado tesón du- 
rante 30 años, acreedor a esta safia de los bandos políticos, 
la mas ciega tal vez de las pasiones humanas, i que ha perse- 
guido a aquel jefe de club mas allá de su tumba. Don Victo- 
rino Garrido, nacido en Segovia de una familia mui conocida 
en el lugar, como personalmente nos consta, tenia en su ca- 
rácter muchas de las nobles prendas que caracterizan a los 
castellanos viejos, pues no nació gallego, como se ha creido, 
que, 'a serlo, hubiera sido mucho menos temible a sus con- 
trarios i harto menos útil a sus amigos. Era, por tanto, mas 
sagaz que pérfido, mas enérjiuo que cruel, mas accesible a 
obedecer a los nobles estímulos del orgullo que a los torpes 
influjos de un oscuro servilismo. Hizo mas males a áu patria 
adoptiva como el representante de un partido oligárquico, so- 
bre el que se enseíloreó finjiendo docilidad, que como inspira- 
dor de las crueldades o de los ardides de la política a que él 
sirvió, pues poseia, en oposición a lo que ha creido el vulgo, 
un corazón humano i en muchas ocasiona, como cuando el 
presidente Montt le obligó a fusilar a sus propios prisioneros, 
dio muestras evidentes de ser orijinario de la tierra por esce- 
lencia de los leales,— -la vieja Castilla. 

Hizo, por lo flema?, a sus correlijionarios, a quienes vivió 
consagrado con una ejemplar abnegaciou, servicios eminentes, 
porque, después de Portaleí^, era el hombre de todos los recur- 
sos i de todas las audacias, i en tan gran manera, que cuando 
aquel hubo desaparecido, él ocupó, mas que ningún otro, aquel 
puesto tan temido como encumbrado, con mengua conocida 
de los chilenos, que nunca perdonarán su ilimitado influjo a 
un estranjero que habia venido a combatirlo i que cambió 
la hospitalidad en orgullo i predominio. 

Pero el coronel Garrido fué también por escelencia el 
hombre abnegado de IO0 mas graves conflictos de su ban- 



— 261 — 

do. El le dio la victoria en Lircai, como comisario supre- 
mo de Portales, derrotando al crédulo Freiré con papeles, 
antes que el sable d<3 Bulues hubiese arrollado sus colum- 
nas. (1) El le procuró una escuadra, improvisada con es- 
traordinaria audacia, para llevar la guerra a las repúblicas 
vecinas, i por último, cuando el partido a quien servia de- 
clinaba, él, 61 solo, descubrió un hombre nuevo que le 
restituyese las perdidas fuerzas, e imponiéndoselo prime- 
ro a sus pro[)ios partidarios que lo reáistian, con la astu- 
cia, lo impuso después a la república entera, con las armas 
en la mano, haciéndose soldado, i sirviendo en apariencias 
como un simple capitán, bajo hombres secundarios, pues 
esta táctica habia aprendido de Portales. 

Foresto, Garrido, columna de su partido, fué llorado como 
una pérdida irreparable, i aunque sus enemigos le han malde- 
cido hasta en su sepulcro, los que le conocian de cerca alaban 
muchas de sus prendas de hombre, i como padre de familia 
le citan de modelo. 



VI. 



Garrido, sólidamente escudado por el poder, se lanzó, pues, 
al ataque con espada desnuda; i un mes después de la apari- 
ción del PhilopoUta (el 1.° de setierabrc de 1835), levantó en 
una pica de guerra el famoso FaroJ^ omueble casi indispensa- 
ble (decia en su propio prefacio aquel periódico de diatriva, 
tan superior bajo todos conceptos a su adversario), queriendo 
Teconocer el terreno de las cuestiones del dia, que aunque por 
sí mismo es llano i sin riesgo, no deja de tener sus bosquejos 
i enredos, como lo demuestra la algarabía lójicopolítica del 

(1) Eli la inofinua de la batalla do Lircai, el jcneral Freiré deoia a subjefes, 
restregando las carta?, que le habían escrito algunos pérfidos oficiales bajo 
el dictado de Garrido, ofreciendo pasarse si salia de Talca. — Señores^ tengo la 
victoria en el boUillo; i lo que tenia eran unos papeles pérfidos, a los que su ciega 
confianza daba créd:to. 



— 262 — 

Philopolüa^ qae bajo este título encubre quiéu sabe que brusco 
i mal conformado animal, por lo menos de índole niui sospe- 
chosa.» (1) 

El Farol^ como si fuera la linterna de combate enarbolada en 
los mástiles de una nave de guerra, se fuá en el acto al abor- 
daje con sus enemigos, i mientras los redactores del PhUopoUia 
se calzaban guantes de seda para clavar alfileres en la piel, 
el nuevo campeón les embestía con toda su quilla i jugaba a 
la vez toda su artillería, o El Pliüopolita^ decia el último, desde 
su segundo numero del 7 de setiembre, cree que no hai mas 
intereses en la Eepública que los del Presidente i los intere- 
ses privados de quien escribe. Miserables! Habéis olvidado los 
intereses de la nación.» 

I después, echando la mano a la máscara de palaciegos con 
que aquellos querían encubrirse, anadia: iLos amigos persona' 
les del Presidente, interesados en su salud, hacen los mayores 
esfuerzos por colocarse en un cmiriíto^ que teniendo comunica- 
ción con la sala, les ofrece bastante oportunidad para mandar- 
lo a pasear.» (2) 

Pasando después a la desvergüenza de las represalias, les de- 
cia: "J^/ ministro es fanático i los intendentes ridículos] los áuli- 
cos insolentes e inhumanos. Qaé desgracia no haber entre ellos 
ebrios ni ladrones!» (3) Los tristes dias del Hambriento resu- 
citaban, pero ahora eran sus propios autores los que se mor- 
dian, ya que a los pobres pipiólos no les quedaba carne sobre 
los huesos. 

tíos perros, volvia a decir el Farol^ desc»ibriendo toda la 

■ (1) Al pié <ie este acápite, por via de nota, se leia esta cita del poeta Herrera, 
hacíante signifioativa. 

"Por entre una i otra espesa ranm 

Qae las hojas derrama 

TJn feroz jabalí se ha recojido/* 

(2) £1 Farol núm. 3 del 14 de Eetiembrc. El cuartiio a que aludia, era el del 
despacho del presidente en el palacio de las Cajas. 

(3) El FoTid nüm. 4 del 21 de setiembre. 

Poco después, el Farol aplicó el nombre de MUopolita (enemigo del pueblo) 
al periódico de los Fllopolitas. — "Qué hombre culto, dice el 19 de octubre, no 
quisiera ser uu salvaje antes que uno de los Misopolitasí^" 



- 263 — 

arrogancia de su posición política i con ana franqueza que 
abismo, procuran clavar sus dientes en el palo que los aporrea? 
no pudiendo alcanzar la mano que lo mueve: jyt) liabrán 
conocido que es de fierroh (1) 

La mano de fierro que iba a aporrear a a<|uelIos «perros», 
fera, sin duda, la mano de Portales, que no tardatia en oAerles 
encima de improviso, echando al viento su efímei'o podetj tan 
tíiiiidamente defendido. 



(1) Fué el redactor casi esclusivo del Farol el médico italiano don José In- 
delicato, un aventurero de nota, recien llegado al pais, de la República Aijen- 
tina, donde habla dejado una triste reputación. Según un manifiesto publicado 
contra él por el protomédico de Córdova, el doctor español don Francisco Mar- 
tínez Doblas (impreso en el Tucuraan el 1." de setiembre de 1835 i reproducido 
por el Barómetro^ periódico de Chile, el 9 de abril de 1830), Indelicato habia 
llegado a Córdova en 1S8S i héchose notar por bus insidias sociales i las cabalas 
de su profesión, pues según cuenta Martínez Doblas, le propuso en Buenos Ai- 
feá hhcer una compañía para curar solo por el sistema Adjunta", a fin de gahat 
él cuadruplo del honorario regular, diciendo 4ue loí médicos bo debían curar 
tanto los cuerpos como los bolsUlos de los enfermos. 

A estos antecedentes se debió sin duda que el redactor del Barómetro^ don 
Nicolás Pradel, denunciase a Indelicato, poniendo en su papel un feo mascaron, 
al pié del cual se leian estas palabras: "El italiano José Indelicato, bien Conoci- 
do poi" sus crímenes en Palermo, Milán, Paris, Montevideo, Ba^etids Aires, Cór- 
dova, i últimamente en Chile, etc., etc." 

Decíase, ademas, de voz vulgar, que Indelicato tenia en la espalda una marca 
de fuego'por haber envenenado al duque de Módena, u otro personaje italiano. 

Mas él se sometió a un examen decretado por el protomedicato o el intéoden- 
io de Santiago, a petición suya, i resultó ser ñilao este cargo. Acusó también al 
jurado a Pradel, i éste fué condenack) como injurioso. Por lo demat», era hom- 
bre de índbputable talento, fino intrigante i ájente samameute apropósito 
para instrumento de un gobierno sijiloso. Garrido le daba solo los temas de sus 
artículos, i a este fin, habia sacado di la biblioteca nacional, con autorización 
dé! ¿obiémo, ün ejemplar del célebre periódico La Minerva francesa, en que ée 
{mbiicaron, por una sociedad de literatos, como (?e Jouy i otros, notables attíoQ. 
loa 8o^^e política, costumbres, etc. ptro tanto hal)ian hecho los redactores del 
límmbriento en 1828, pidiendo ayuda a su primo (como i'l lo llama) el Granizb 
xjíú periódico satírico que entonces se publicaba en Bueno» Aii4t>. 

Én ^finitiva, Indelicato tuvo que abandonar la prensa i el pais, pues el líbelo 
á« MartáüM Doblas, el mascaron de Pradel, la marca de fuego, i hasta sa pro- 
pio nombre, que los corrillos traducían por No delicado, eran armas capaces de 
derribar en Santiago la reputación de un «into, i much© mas la de un médi- 
co cfwenenadoT i libelista. 



— 264 — 



VII. 



¿Qué hacia, entre tanto, don Diego Portales, en sus soleda- 
des del Norte? El dictador esperabal Pero no esperaba como 
César, el manto sobre la frente, aguardando los golpes de sus 
amigos rebelados. Aguardaba, como Bruto el antiguo, en 
acecho del dia propicio, i finjiendo profundo disimulo. 



VIH. 



Llegado es ya el apropiado momento de estudiar al hombre 
estraordinario, cuya vida publica hemos venido bosquejando, 
bajo una faz enteramente nueva, i en estremo interesante de 
su singular existencia; en su corazón, en su vida íntima, en su 
hogar. 

Siempre será vedado, en las sociedades cultas, que un hom- 
bre, conducido solo por un espíritu de malicia o banal curio- 
sidad, penetre en el santuario de otro hombre, i levante a la 
luz el velo de sus acciones. Mas, siempre ha sido lícita al his- 
toriador esa discreta libertad que le guia a dar exacta cuenta 
de los hechos recónditos de aquellos seres raros, que el vulgo 
desfigura, por lo mismo que su prepia organización los coloca 
fuera del nivel del común de los espíritus. I en este sentido, 
¿quién menos comprendido, quién mas desfigurado por con- 
trarias tradiciones i juicios diverjentes, que don Diego Porta- 
les? Cúmplenos, pues, como a misioneros de la verdad, rom- 
per la densa niebla de los chism^ única posteridad de tantos 
grandes hombres, i penetrar resueltamente en los secretos del 
corazón de un eminente chileno, de cuya intelijencia nos 
hemos ocupado ya estensamente en las pajinas precedentes. 



— 265 — 



IX. 

Don Diego Portales liabia cünátrui<lo, sobre un páramo, a 
la estremidad occidental del Llano del Rayado^ una pequeña 
casa, que dominaba la pintoresca ribera del rio de la Ligua, i 
cujas paredes, sin umbrales ni techumbre, se veian, hace 
pocos años, como un rustico catafalco, erijido a un ilustre in» 
fortunio. Hoi dia, la cruz de un misionero marca apenas el 
sitio en que yacen sus escombros, del todo confundidos con la 
tierra. (1) 

Ahí habitó Portales, en silencioso retiro, los primeros ocho 
meses de 1834, i ahora que las ruinas se han hecho en derre- 
dor de su morada, vamos a sentarnos en el pórtico de su desa- 
parecido hogar, para pedir a su memoria el continjente de 
luz, que debe realzar el cuadro cargado de sombras de su 
existencia política. (2) 



X. 

Era la pasión dominante de Pórtale:^, como él mismo lo 
confiesa en revelaciones que ya hemos publicado: la mujer. 

Semejante a César, « el primer calavera de Roma, » Porta- 
les llevaba en la prematava calvicie de su fn^ute, en su tez 
pálida, en su mirada de fuego, las profundas huellas de su 
existencia trabajada por el placer. Era hombre de una rara 
belleza, que no tenia apariencias de varonil, pero ostentaba 
todos los rasgos de una organización delicada, nerviosa i en 
estremo imprasionable. Su rostro era pálido i sin barbas, sus 
ojos (Je un azul hermoso, dulces en su mirar, cuando no con- 

(1) Hace cuatro o seis años que don Benigno Cerda, actual propietario del 
Rayado, demolió aquella casa, api'ovechando sus maderas en otra constmcciiA. 

(2) Visitamos, con el objeto de consultar la tradición local e inspeccionar aque- 
Uos mismos útios, la aldea de la Planlla de la Jjiffua, en los últimos dias de 
febrero del presente afio. 



— 266 — 

traia su papila el agaijon de un sentimiento violento, sus 
labios finos i en estremo jentilea, porque una perenne sonrisa, 
ya sardónica, ya espresion de un intenso contento, les impri- 
mía una constante movilidad. Su frente era tersn i prominen- 
te, su barba redonda, i su nariz, en estremo desarrollada, 
técüt i con sus estremidades abiertas mas de lo común: señal 
inequívoca de una voluntad inflexible i de una naturaleza 
urdiente i voluptuosa. Su estatura era proporcionada, su busto 
jfrájil, pero estraordinariamente flexible i gallardo, lo que lo 
hacia presentarse como uno de los mas ludidos jinetea de su 
tiettipo, i como un pié sin rival en la ájil zamacueca. 

Tenia en todo su ser una singular movilidad, marchaba 
siempre de prisa, hablaba con vehemencia, i el acento de su 
voz era acentuado e imperativo. A pesar del intenáo arrebato 
de sus pasiones, habia aprendido a dominarse en el estudio de 
la vida, i solia ser amable, lijero i acariciador; pero cuando sus 
emocionen; derribaban la valla de su voluntad, era un hombre 
verdaderamente terrible, i según cuentan todos los que le vie- 
ron entregado alguna vez a sus raptos de frenesí, causaba 
algo como terror su sola presencia. Era, al mismo tiempo, un 
consumado mímico, i cuando no se sentía verdaderamente 
escitado por una pasión, sabia finjirla con su semblante, i 
pasar con estrema veleidad de los impulsos de una violenta 
cólera a una alegría loca i casi infantil. 

Tenia don Diego Portales, en suma, como ser moral, todos 
los defectos i todas las cualidades de las organizaciones estre- 
íüas, i habría llegado a ser un grande hombre, si hubiera 
alcanzado desde temprano el beneficio de una educación solí- 
tfa, en que el estudio, la relijion, ¡el ejercicio de la virtud i las 
ptócticas íntimas del hogar, hubiesen domado su fogosa natu- 
raleza, i fundido su rica i exaltada fantasía en el molde severo 
de la razón i del deber. 

Dejado a sí mismo, casi desde la cuna, porque, como decía 
tino de sus émulos, a quien hemos citado, era « un tíiflo rega- 
lón que se crió sin padres, » su maestro fué su solo espíritu, i 
68to^ que constituye su grandeza, porque es la sanción de en 
jenio, esplica también todas las imperfecciones áe su exiaten- 



— 267 — 

cia, que acuaa a cada paso un ánimo grande, exhuberante de 
jenerosa savi'i, pero inculto i casi selvático. Portales, a seme* 
janaa de esos robles jigantescos de nuestro modiodia, que 
crecen entre grupos aislados de arbustos subalternos, meeúí 
siempre su altivo follaje, desafiando los vientos del cielo, i no 
(»yü a tierra por el filo de las hachas que destrozaron su cor- 
tesa, sino cuando el rayo súbito i tremendo lo derribó, ha- 
ciendo cenizas bu raiz. 



XI. ' 

Fuera de la vida publica, donde desplegaba Portales tantas 
fuerzas de labor i voluntad, no menos que los rigores de una 
austeridad digna de tiempos antiguos, vivia en la soledad^ 
entregado sin rebozo a los instintos de si^ser. Formaban la 
eaencia de éstos, tres objetos, que por mas que parezca una 
chocante vulgaridad el reunirlos, requiérelo asi la fidelidad 
del cuadro moral que trazamos: eran aquellos, la mujer, los 
bofoDcs i los caballos. 



XII. 

Llegado a la median ia de la vida, habia sentido Portilles 
disiparse de su alma aquellos aromas puros del primer amor 
que embalsamaron en su juventud su lecho de esposo, i seca- 
ron sobre sus ojos las lagrimas de la viudez en una temprana 
tamba. Perdida su joven esposa, hubiérase creido que Porta- 
les habia perdido en ella la mujer. Habia desaparecido ésta, al 
menos, de su fantasia i de su pecho, como un culto de consa- 
gración i de ternura, para no guardarla sino la idolatria de 
los sentidos: las cenizas habian sucedido a la luz. La esposa, 
este ánjel del cristianismo, habia sido reemplazado en el san- 
tfiario del hogar por la Venus pagana. 

Decia el mismo Portales que t el santo estado del ma- 
' trimonio era el santo estado de los tontos,» sin embargo qoe 



«.268 — 

él habia sido udo de los ctontos» mas felices; i a pesar de 
su ironía i de su prematura viudez, abrigaba las mas rec- 
tas ideas sobre aquel indefinible misterio social, que para 
tantos no es mas que un frac negro i una corona de azaha- 
res en un dia de baile. Portales creia mas ea la voluntad, 
en el corazón, en el matrimonio, en fin, de los espíritus, 
que es el sacramento instituido por Dios, i no en el con- 
sorcio del lujo i los diamantes, que es la profanación insti- 
tuida por la sociedad. cEn qué conflictos, (esclamaba una 
ocasión, en que una respetable madre i digna matrona chilena 
le consultaba sobre el matrimonio de una ^ija joven i her- 
mosa con un caballero santiaguino entrado ya en años, rico i 
buen amigo de la casa) en qué conflictos me pone la consulta 
de la sefiora! Desearía que no fuese ella, para negarme a toda 
contestación sobre un asunto que creo delicado; pero si ello os 
preciso, vamos allá. Ante todas cosas, 2a señora debe pospo- 
ner toda consideración a la suerte de una hija apreciable. No 
hai motivo sobre la tierra que autorice a sacrificarla. Por for- 
tuna, la señora no pertenece al común de las mujeres, i por 
esto, le será fácil pcrsuadiise que la mejor conducta es poner- 
se siempre en lo justo i racional, i llevarlo adelante con cara 
descubierta. Los servicios de don N. . . ., sean cuales fueren, 
ni los de ningún otro, pueden obligar a mas que a una justa 
gratitud; pero ellos no pueden ser motivos que obliguen a 
disponer de la suerte de su hija. Esto seria comprar a precio 
mui caro los buenos oficios que la amistad está obligada a 
prestar gratuitamente. 

»No solo deben verse, continuaba, los posibles i convenien- 
cias del marido. Una mujer puede ser desgraciada toda su 
vida en medio de las riquezas i la opulencia. El que viva 
contenta es lo primero, i acaso lo único a que debe atenderse. 
¡Pobrecita! i podrá ser feliz con don N . . . .? En fin, ya me voi 
afectando mucho, i perdiendo la frialdad de un consultor. 

» Yo soi de opinión, anadia, entrando en el fondo del asunto, 
que la señora llame a solas a su hija, i que le hable como 
una amiga. Dígale con la mayor reserva la pretensión de 
don N . , , . , i hágale ver que no le habla como madre, para 



— e69 — 

que los respetos de tal no influyan en su resolución: dígale 
que ella no tiene voluntad en el asunto, i que, con el mayor 
gusto, se sujetará a la de ella; quejes la que por su libre elec- 
ción debe hacerse feliz o desgraciada. Ensánchele el ánimo de 
todos modos, i procure averiguar de la niña indirectamente, 
si tiene otra inclinación, i si dice que quiere casarse vjon don 
N . . . ., que se case al otro dia, i si dice que nó, se le habla al 
pretendiente con toda franqueza, i se le dice que la niña no 
quiere i que está en su deber el no forzarla. Si tiene otra in- 
clinación, se trajina con decencia i sin que pierda la niña, 
siempre que su inclinación sea, como debemos suponer en 
ella, esto es, racional i con un hombre que la merezca.» (1) 



XIII. 

Apesar de los estragos de la voluptuosidad, que apaga en 
los hombres mas el alma misma que su saní^re. Portales con- 
servaba hasta sus últimos dins aquella sensibilidad esquisita 



(1) Carta de Portales a Garfias, de Yal paraíso, setiembre 14 de 1832. — Por- 
tales gnstaba, sin embargo, del matrimonio como cosa nocial i politíca, con tal 
que ni él ni sus amigos se metiesen cu esas honduras. Contestando a nna carta 
de su corresponsal, en ]a qne se le daba la única noticia que suele haber por 
mcfies enteros en Santiago, la de los easamientot), decía a aquel, el dia de Corpus 
Chri»ii de 1835, desde la Ligua. "Mucho me alegro de todos los matrimonios 
que Vd. me ha comunicado, porque necesitamos población. Que siga la veta, 
con tal qne Vd. se mantenga cuerdo 1 no se pegue en la liga.*" 

Algunos años antes i mirando siempre el matrimonio como conveniencia so- 
cial (no doméstica), ee le habia ocurrido casar a un institutor del bello sexo lia- 
mado Versin, mui conocido en Santiago, i que acabábanle enviudar, con una 
de las distinguidas señoras Cabezón, que han lieclio tantofi bienes a nuestra so- 
ciedad. "Dígale Yd. a la última, escribía a Garfias el 6 de junio de 18X2, que no 
puedo querer su daño en beneficio de nadie, i que me tomo la libertad de darle 
este consejo: 1.' porque la creo conveniente al país, 2.** porque juzgo que fa- 
vorece sus intereses; pero que si me equivoco, lo tenga por no dado; pero de to- 
dos modos, adviértale que aqui he oído decir varias veces que muchos padres se 
retriien de entregarle a sus hija» por el local que ha elejido, fijándose en que la 
familia que habita los altos criticará los vetídos de lo* niños, aunque esta pa- 
rezca una nimiedad despreciable. Vd. sabe el poder que tienen en las almas co- 
mnnes estas i otrss ridiculeces." 



— 270 — 

del corazoD, sin la cual el universo es una roca estéril sin as- 
tros ni armonias, i la humanidad toda un rebaño que pace en 
la nada. Muchos ejemplos nos han quedado do aqnella oondí- 
eíon de su espíritu. cHc sentido, decía, a propósito de la misma 
Ipeermosa novia (hoi célibe), cuyo destino acabamos de ver tan- 
to le preocupaba, i que habia sido acometida de una grave 
enfermedad, he sentido sobre mi corazón un peso enorme con 
la noticia del estado de la pobre A . ^ . ., que está tan lejos de 
merecer la desgracia que le ha cabido en una edad tan tier- 
3ia. Desde hoi, la lloro yñ por muerta, i no quiero que me diga 
Vd. nada de ella, si no mo ha de decir que está enteramente 
buena; hago el ánimo a recibir la noticia de su muerte; pero 
no quiero saberla por conducto de Vd. Nada me diga tampoco 
de la madre, no quiero saber de ella; ¿qué puede haber hecho 
esta señora para ser tan desgraciada? ¿I hai Dios? Mucho me 
complazco de que le dé pruebas de su amistad en tales con- 
flictos. En fin, no mas A , a quien procuro alejar de mi 

memoria cuanto me sea posible, lo mismo que a la madre. Su 
oarta me ha dejado en tal estado que me ha sido imposible 
contraerme a las atención s del empleo, i nada he hecho en 
toda la roaílaiia. Repito que nada quiero saber de esa familia, 
perqué nada de feli^i espero que ae me comunique acerca de 
ella.» (1) 

XIV. 

Pero, aun es mas tierno i noble este pasaje de una confiden- 
cia que hacemos a la posteridad en nombre de una grave acu- 
sación que se ha hecho a Portales en su vida íntima. Estando 
para morir la mujer que le habia consagrado su existencia i 
qtie sucumbió mas tarde cuando la viudedad de su alma apa- 
sionada la dejó sola en la tierra i casi a la vista del féretro 
sangriento de su amado (histórico) i después de contar a un 
Mnigo los antecedentes de la fatal pasión que le habia unido 
a aquella, le hacia una súplica digna de la simpatia de las almas 

(1) Oarta a Garfias. Valparaíso, enero 29 de 1888' 



r 



— 271 — 



jcQerojBa^, eco oatas palei,bras; «Como ella se halla grav^Q^B^te 
eqferma, i 1^ escarlatina puedo concluir de un mopaepto a QtxQ 
Qgd 9U^ días, quiero hacer menos desgraciados a los inoca^tga 
Ihitos de xpi indiscreción i juventudes, casándome con Ift m^v 
dre en artículo de n\uerte, i en efecto, cuando llegue el Q98Q| 
^rá Vd. avisado por los facultativos, o uno de ellos, pf^ra que 
ao presente a representarme i contraer a mi nombre. Para ^tp, 
remito a Vd. el poder necesario.» 

El consternado padre conclnia aquella íntima confidei^cia 
por estas palabras, cuya santidad, la santidad del dolor, noaq- 
tros acatamos, poniendo punto a este episodio. — Amigo mio^ 
ifngo el alma desesperada! .... 



XV. 

Por lo dornas. Portales parece que nunca tuvo inteaciou 
<Je volver a casarse, después de la prematura pérdida d$ $(;i 
esposa, ni aun pensó siquiera en enamorarse platónicam^o^ 
te, apesar de la vehemencia de su alma i de su culto pqr la 
juventud i la belleza. — aVd. va a confirmar la sospecha de pai 

afición a M , decia el 10 de setiembre de 1.833, a un amigo, 

que en esta vez era casi mas un rival que un confidente, i 4^ 
la hipocresia con que la encubro; pero sepa i le aseguro b^q 
mi palabra, que mucho tiempo antes de tocar en los 40 apr^Q- 
di a ser viejo, i que nunca lo seré verde: hace años que mi 
pecho no se deja devorar por pasiones, i actualmente está 
comQ debe, esto es, con toda Ta serenidad que corresponde a 
a mi edad i otras circunstancias.» (1) 



(1) Se ha hecho jen ernlmente cargo a don Diego Portales de haber albergada 
poca afección por su pro))ia familia, i se citan como comprobantes su manera 
de vivir, siempre aislado de los suyos, e]i habitaciones de alquiler i ciertojí 
raagoB de abaolntiamo con sus pariente*, a quienes quitaba o no quería coQQe4^> 
empleos. Ko sabemos, por nuestra parte, qué decir sobre este particular, pui^ 
si #8 cierto que Portales no tenia fentimientos domésticos mui desAirollados, |^ 
puede acusársele por eu estríctez para con sus deudos en lo que concer^Ui f^ 
interés público. Sin embargo, con relación a su padre que se haUabft n ln fl9>f9* 




— 272 — 

Evidenciaba, al contrario, don Diego Portales, po^^ esta 
época, ciertos síntomas de de?contentadiza vejez, que poniau 
de manifiesto la prisa con que se estinguia en su pecho la í^n^ 
ma deslumbradora que a los ojos de la juventud tiñe de eiP 
cantos todo rostro, todo acento, todo mirar femenino. «Nun- 
ca se incomode Vd. con mujeres, decia a su amigo Garfias, (1) 
porque yerran en cualquiera cosa que no sea su costura, su 
canto i las demás ocupaciones de su sexol» 

Ai! Portales había llegado demasiado aprisa a aquella edad 
del santo rei David, cuando desde los balcones de su palacio se 
complacía en acechar en el baño a la púdica Betzabé i man- 
daba a las primeras filas al infeliz Urias .... Y por esto, allá en 
sus corredores del Rayado, sentado en las mañanas del ardien- 
te estio, que la brisa del vecino mar refresca i las aguas del 
Ligua deleitan junto con la vista, el solitario po*^entado fijaba 
un anteojo de mar en alguna blanca sábana que envolvía en 
la molicie de la vega el busto de la beldad que le arrebataba 
sus sentidos .... i que nunca, empero, apagó con sus castos la- 
bios su sed de deleite,. . . . Otra, i harto menos bella en verdad 
fué su CQnquista en el lugar, i pronto ofrecióle como a padre 
el vedado fruto de escondida unión. . . 

Toca aqui a la historia pchar el velo de su austeridad sobre 
aquellas liviandades de la vida, que la tradición de los lugares 
conserva con tan r.ira poifia con los nombres propios i los de- 
talles de la hora i li oca?ion, porque ai! de aquellos que ama- 
ron en aldeas! Lo línico que añadiremos, como vcstijios de 
la tradición lugareña, es que el anteojo de larga vista de don 
Diego se hizo como el brujo de la aldea. Nunca se habia visto 
aquel estraño mueble en aquel valle, i llevadas de su inclina- 
ción a lo maravilloso, decían las jen tes que el solitario del 
Bayado podía ver con aquel aparato donde quiera que fijase 

gravetoeiite enfermo, encontramos el sigincnt.<> pa»ije en una carta dirijida a 
don Antonio (Mrfias, desde Valparaíso, el 7 do mnrzo de 1832 i dice asi: "He 
agradecido a VI mucho las noticias que me ha dado de mi padre: ya tenÍ4 
miB baúles listos i esperando solo M grito de Vd. para hacer buscar un birlo- 
eho I marcharme.'* 
' 0) Ouiíi del 2 de setiembre de 1882. 



— 273 — 

sos ojos, sin que fueran obstáculos paredes ni techumbres. Asi, 
caántas cada dia estarían en acecho del anteojo de don Die- 
go, dentro de sus propias alcobas, en la pintoresca Placilla, que 
es toda de adobe i teja! 



XVI. 

Fuera de sus amoríos, ofrecian a Portales sus mejores dis- 
tracciones en su retiro tros bufones de que se había rodeado, 
llamados Mujica, Torres i Montoya, i que constituían su única 
servidumbre. No le despertaba ya, como en Santiago, con su 
arrogancia heroica, Adalid Zamora, ni le montaba la guardia 
a la puerta de su dormitorio, armado de una escoba,* Diego 
Borquez, ni por ultimo, sentaba a su lado en las horas de co- 
mer a don Isidr^ Ayestas para teñirle la cara con harina, o 
dar a su capa peor uso que a su cara. Pero en cambio, Monto- 
ya le hacia de comer, Mujica era su mayordomo de servicio i 
Mateo Torres s« 'vakt de piéy nombre apropiado en' esta vez 
porque éste tenia solo dos funciones en la casa; lustrar los za- 
patos de don Diego i zapatear. Poseía este imbécil, a quien he- 
mos conocido en la niñez i vive aun arriando puercos entre 
la Ligua i Valparaíso, un cscelcnte oido para la música; i gol- 
peándole Lis niíinos, su amo que lo tenia mejor, «se desapare- 
ciíi zapateando», cualquiera que fuese el lugar o la ocasión. 
Mujica era un tonto mas grave, al estilo de los tontos de Chi- 
le, i como tuviese mal jenio, el placer favorito de Portales era 
chismearlo con sus dos colegas i hacer que en su presencia se 
rompieran los tres las narices a moquetes. 



XVI. 



Ilabia también en la Plasilla, especie de ínsula Barataría 
en aquel tiempo, un respetable caballero llamado don Pedro 
Prieto, cuyo huerto do lúcumos es todavía el lujo del valle, 
hombre bueno i respetable, pero tan estremadamente gordo, 

D, DIIOO POBT. 18 



— 274 — 

que^ segan el decir de las jentes del lugar, estando septado a 
CHÍlUs del brasero, tenían que pasarle la brasa para que encen- 
diera su cigarro, pues su colosal abdomen hacia eclipse entre 
el tabaco i el fuego. Sabia don Diegp que aquel caballero era 
el Sancho de la ínsula, i no queriendo ejercer sobre su honra- 
da pet3ona la tirania de Tirie afuera^ le convidaba todos los 
dias a su mesa, haciendo sonar una corneta en lo alto de la 
colina cuando estaba aquella servida. I el ver sudar, quegarse, 
trepar i comer, al fin, al buen don Pedro, era la algazara de 
Portales cada día. Habíase hecho ya común estribillo entre 
lo0 muchachos del pueblo, i no sin cierta sal picante alusiva a 
la afición culinaria de don Pedro, el decir cada vez que sot 
naba la corneta: 

«A comer i almorzar 
Que ya llama el capitanl» 

'] Era también vecino de la Plasilla por aquel tiempo un talHer-* 
nandez, herrero i tuerto, Vulcano a las derechas, con apéndices 
de pámpanos de vid, porque era aficionadísimo a las parras. Don 
Diego entreteníase a veces en carearlo con su vecino don Pe- 
dro, pero acechando el ojo seco del herrero, a fin de que éste 
hablara de la glotona barriga de aquel i éste, a su vez, enfa- 
da4o, acusara a Hernández de borracho. 



XVU. 



Por lo domas, la vida de Portales en el Rayado era tan uni- 
forme como eu la capital i Valparaíso cuando no desempefía- 
ba empleos públicos. Levantábase por lo regular a las ocho de 
la mañana i j,omaba un bafio templado, (pe él llamaba «un 
celestial refrijerante», vestíase en seguida con esquisito aseo, 
pero sin lujo, usando jeneralmcnte frac en la ciudad i chaque- 
t{> de paño, faja de seda i pantalón de brin en el campo. Te- 
nia ademas el hábito de limpiarse la lengua todas las mañanas 



— 275 — 

con una herramienta de su invención, lo que no impedia, sin 
embargo, que faera uno de los hombres mas espiritualmente 
maldicientes de su época. (1) 

(1) portales, como henios visto al Imblar del Hambriento, tenia una marcada 
dͣposicion a la maledicencia i era notable su gracia ou el ridiculo. Como una 
muestra, vamos a copiar aqui el que hizo de su propio hermano don Pedro Pa- 
lazueloe Astaburuaga, iiombre tan conocido entre nosotros ppr sus talentos eomo 
por sus singularidades, i que no dejaba de tener algunos puntos de contacto 
con su mordaz censor. **Pongo en su noticia, dice a una señora, desde Valparaí- 
so, el 25 de abril de 1832, la feliz llegada de don Pedro. Yo no le he visto; pero 
me he pasado buenos ratos oyendo sus ridiculeces i tonteras: todos convienen en 
que está loco: cuando puso el pió en el muelle, hizo alto por un gran rato i le- 
vantando los ojos al cielo, eiclaraó: *'¡Santo Dios! ¡Cara patria! ¡Feliz el que te 
pisa! ¡Este solo gusto es bastante a borrar todas las amarguras pasadas, mien- 
tras he estado separado de tí! ¡Al fin te veo, i te gozo! ¿Es sueño? ¿Deliro?*' Todo 
etto en alta voz. Llegó a casa de Cavareda, quien hace del pobre tonto mas es- 
timación déla que se merece, i apenas le saludó, le dio la noticia de que habla 
avanzado tanto en la música, que se había hecho compositor, i que sin duda te- 
nia gusto para hacerla. Siguió hablando de floretes, i pasó a decir que por car- 
tas que había recibido de su padre, i mas que todo, por las espresiones de sus 
letras de retiro, en que se le manda venir a la mayor brevedad, él habia conocido 
que el gobierno lo llamaba para perseguirlo, i suplicó a Cavareda, en presen- 
cia de euatro sujetos que le acompañaban a comer, que le dijese amigablemente 
lo que habia sobre el particular. Cavareda le contestó en los mifemos términos 
bprlescoa en que Vd. i yo le habríamos contestado, i sin embargo, dejó el asien- 
to precipitadamente, i sacándose una manga del frac, descubrió el pecho como 
pod^iA hacerlo un Maiques, i dijo, "Aquí estoi, si ee me quiere heru*, hiéraseme 
de frente i no se me lastime por la espalda:" volvió a acomodarse el frac i se 
¡tentó. Los circunstantes, volviendo de la sorpresa que les causó aquel primer 
arrebato, no podían sujetar la risa al ver el desenlace. En fin, todos cuantos han 
hablado con él, se han divertido grandemente, i por lo que Vd. me dice, ya 
empieza a costear la diversión en Santiago. Viene mui monarquista, dice que 
está desengañado, i que jamas el gobierno ni la cosa pública debe estar en ma- 
nos de los pelados: dicen que trenza perfectamente, al menos, él anda haciendo 
cabriolas por la calle, i cantando arias." 

Cual mas picante ridículo, i esto al natural correr de la pluma, en la descui- 
dada intimidad de dos amigos! 

En otra oca&ion, contaba don Diego, de la siguiente manera, un cómico lance 
que le habia acontecido con el célebre cura Orrego de Valparaíso, que fué due- 
fio, como es sabido, de la plaza de la Victoria de aquella ciudad. "El cura, 
diise a Grarfías el 10 de julio de 1832, desde Valparaíso, me ha mandado de 
obsequio ni)a cajita con un misal nuevo, un cáliz i un ornamento completo, vie- 
jos; i no he querido admitírselo, Ínterin no me diga su valor; pero ha venido mui 
enojado conmigo, haciéndome ver que era una cosa vieja que de nada le sor- 



— 276 — 



XVIII. 

El resto del dia, cuando vivia en el Rayado^ lo consagraba 
a sus caballos, pues era tan entusiasta jinete i domador, que 
llamaba al célebre don Juan Kíhevers, de Qililicura, «su her- 
mano en caballos.» Teiiia siempre amarrado uno o varios 
potros de brazos, i pagaba precios locos por cualquier animal 
demérito, .idemnsdeque muchr»s le eran enviados de rega- 
lo. Cuidaba de tusarlos ci mismo, i en una ocasión, uno de 
aquellos, potro chucaro del valle vecino de Longotoma, fa- 
moso entonces en el norte por sus crias, le tuvo a mal traer, 
cargándole a manotadas en el momento en que lo despojaba 
de su crin. Montaba don Diego, por lo jeneral, en silla inglesa, 
pero tenia un avio de pellones del pais, aperado «de chi- 
fles, i machete, alforjas i pehual,» que cuidaba con esmero, i en 
el que en ciertos dias se ostentaba como el mas gallardo lacho. 

En cuanto al pábulo del espíritu, don Diego rara vez leia, i 

vía: que la caguya i culliz fuó lo primero que tuvo cuando fué fraile, i que ya 
no lo usaba por viejo. En la convorííicion nic dijo que cómo pensaba quitar el 
gusto de obsequiarme una friolera, al que iiu podría (juiiarle el de dejarme de 
lierederOj pues no ienia niv puno forzoso. 1 neto continuo, rae empeña para que 
haga esfuerzos para su colocación en el coro en la resulta o vacante, que debe 
quedar por las proinocioDcs, que por la consecuencia de la proviision del Deana- 
to, lian de bacerse, Vd. pensará que esto me causarla una grande impaciencia, 
pues nada menos que eso: con sangre muí fría me puse a pensar en la miseria 
humana, i hubiera querido hacer obispo al cura por su torpeza de darme espe- 
ranzas de ser su heredero, para moverme a que yo lo hiciese canónigo. . . .*' 

Por ultimo, parece que don IXego, dt^jándose arrastrar de bu vena satírica, ha- 
cía hasta versos, según se echa de ver [>or el siguiente fragmento de carta al 
señor Garfias (Valparaiso, agosto 17 de 1832), relativa a una oda que, segnn este 
caballero, fué mui celebrada pt»r la tertulia: "El voto de Vd., dice aquel, i sus 
alabanzas sobre la oda dedicada a don Tomas Ovejero, me habrían obligado a 
creer que habría hecho alguna cosa nueva en este pasatiempo, si no estuviera tan 
persuadido de que solo la distinción que le merezco, puede haberle hecho mi- 
rarla con ojos empañados. Garrido me dice que también la ha visto i también 
le ha gustado, de manera que si me apuran un poco mas, me harán consentir 
en que sol poeta i me templarán para emplear mi numen en algún asunto sérío, 
de cuya tentación rae libre Dios.*' 



— 277 — 

paede asegurarse que jamas hojeó con detención i plaoer otro 
libro que el Quijote, al que era en estremo aficionado i fué 
dorante su vida su mas constante entretención literatia. 

A juzgar por el jénero de instrucción que en su correspon- 
dencia se descubre, parecería que derivaba aquella de la lectura 
de periódicos o de conversaciones con personas sabias. Háse 
dicho que recibió algivias lecciones de francés de don Andrés 
Bello, persona a la que guardó, fuera o no su discípulo, grandes 
respetos, por su saber i sus importantes servicios a la educa- 
ción pública, pero es un hecho que habia aprendido con algu- 
na perfección el ingles, siendo él solo su propio maestro, en la 
época que fué comerciante, pues profesaba gran afición a todo 
cuanto tenia referencia con la raza que hablaba aquella lengua; i 
llevado de su pasión, .solia decir en sus arranques jeniales que 
era capaz de prestar el país a los ingleses por algunos años a 
fin de que lo educasen i lo devolviesen transformado. Conocia 
la lejislacion inglesa, particularmente en el ramo criminal, i 
aunque en Chile fuera el inventor de los carros, admiraba la 
institución de los jurados como tribunales de conciencia, pues 
aquel espíritu neto i exaltado se fastidiaba con la letra muer- 
ta de la lei, i asi se esplican muchos de sus razgos peculiares 
de vehemente despotismo. 

En cuanto a sus principios relijiosos i a la aplicación que 
de ellos hacia en su política, notábase una análoga contradic- 
ción, porque si bien los apóstoles de su doctrina eran Vol taire 
i Eousseau, autores que solia leer en consorcio de sus íntimos 
confidentes, como Cavada i el clioco Silva, en la práctica fo- 
mentaba el culto a mano descubierta, considerando la relijion 
solo bajo su aspecto político i como la única valla posible al 
desenfreno de las pasiones en un pueblo que estaba tan dis- 
tante, como nuestras clases proletarias, de íiquella cultura de 
los espíritus que refina las costumbres sin necesidad de las 
amenazas del infierno. 



— 278 — 



XIX. 

Por las tardes, durante su residencia en la capital, es habido 
que su paseo predilecto era la Alameda, donde todavia se 
muestra «el sofá de don Diego.» (i) En la Plasilla, cuando ce- 
rraba la noche, Portales solia hacer disparar un volador, qUe 
era la sefíal convenida con las damas del pueblo de que hftbia 
recepción, esto es, baile i chicoteo, en la casa del Rayado, 
Don Diego, para amenizar estas funciones, habia hecho traor 
de Santiago una buena viliuela (2), que él mismo rasgueaba, i 
tebia alojada en la Plasilla la banda de aprendices de uno de 
los batallones cívicos de Valparaiso, que habia hecho venir, 
porque la música, como el cigarro i el mate (3), era uno de sus 
mas gratos pasatiempos. 

En cuanto a sus otros apetitos. Portales era en demasía 
frugal. Gomia mui poco i bebia menos, siendo su salud en rea- 
lidad delicada, pues todo su vigor parecía latir en su cerebro 
i en su sistema nervioso, en estremo desarrollado. Mientras ha- 
bitó en el Rayado, Portales se hizo también otra especie de 
mérito de su fru^alidadj'.el de su delicadeza moral, que fué 
siempre una do las pretidas mas marcadas de su singular 

(1) Encuéntrase éste, por nna rarii coincidencia, que parecería un castigo del 
destino, frente a frente de la estatua del jeneral Freiré, la víctima ma» ilustre i 
mas perseguida de aquella época. 

(2) "Con los mismos mozos de Larraiii (escribían Garfias el 19 de febrero de 
1835), mándeme una guitarra hecha en el pais, que sea decentita, de mui buenas 
voces, blanda, bien encordada i con una encordadura de repuesto. Le prevengo 
que no quiero guitarra estranjera, sino de unas que he visto mui decentes he- 
días en Santiago, i cuyo precio es de cinco a seis pesos*" 

(3) 'To!- Dios, le pido (decia a Garfias el 19 de febrero de 1885 desdo la Pla- 
silla) que me mande .los matesitos dorados de las monjas, de aquellos olorosi- 
tos; con el campo i la soledad me he entregado al si ció, i no hai noche que, al 
tiempo de tomar mate, no me acuerde del gusto con que le tomo en dichos ma- 
tesitos: encargue que vengan biea olorosos, para que les dure el olor bastante 
tiempo, i mientras le dure 6-fte, les duratimbien el buen gusto: junto con los 
mate^iíos, mándeme media docena de bombiUaa do caña, que sean mui buenas i 
bonitas." 



— 279 — 

carácter, c Hasta eu la comida economizo, escribia a Garfias 
el 15 de marzo de 1835, i no quiero gastar un real, siempre 
que pueda ahorrarlo; me mantengo con la esperanza consola- 
dora de que podré tener algún dia que gastar sin el contrape- 
00 de defraudar a mis acreedores.» (1) 

(1 J A pesar de que eu varios ¡xisaJeB de esta historia hemos tenido logar de 

Cer en evidencia el nunca desmentido pundonor de Portales i éu acrisolada 
radez eü materias mercantiles, creemos un deber nuestro acoplar cuantos 
éiám contribuyan a hacer brillar virtud tan notable, tan üeooearia ( ¿i ^ot^^üé 
«eiüto^lo? ) toa rar» en nuestros tiempo^ ''Habiéndome venido (dioé él minm>, 
eoD fecha 28 de enero de 1833, cuando fué nombrado gobernador dQ ValparaÍAo) 
tina oonrignacion del Perú, i no pudiende desempeñarla por obtener el empleo 
éñ ^TiG úie hallo, se la he dado a Maqueira, quien me ha ofrecido servirla a me- 
dias, i eñ la que no pienso convenir f)orque me parece una injusticia. Sea lo que 
fatre^ yo teogo sumo interés en que sea bien servido mi consignante." 

Parece qne la única gracia o prerogativa que solicitó Portales del gobierno, 
mientras desempeñaba destinos públicos, fué la de que se le eximiese, como a 
Wa&hington, del pago de su correspondencia epistolar, pues ésta era onerosa en 
A^nel tiempo i relativa, en jeneral, a asuntos del servicio público. Pero aun pa- 
reee que rehusó esta misma conceeioD, a consecuencia de ciertas dificultades que 
sobrevinieron, según se deja ver del siguiente capítulo de carta a don Antonio 
Garfias, fecha agosto 31 de 1833 desde Valparaíso, donde Portales era gober- 
nador a la sazón: "Yo no puedo faltar a la delicadeza que Ii^ consultado siem- 
pire en todas mis acciones, mandando mis cartas bajo cubierta de un ministro, 
en lo que he buscado mas la seguridad que el ahoñx> de dos o cuatro reales; 
pero pueda ser que me equivoque juzgando en causa propia. A don Victorino, 
si no me engaño, a petición suya, se le declaró el año pasado la libertad de 
portes de sus cartas, fundándose en que casi toda su correspondencia se versa1:>a 
Mbra asantos públicos. Al meno», estol cierto de que él lo solicitó de palabra, i 
ll S9 solicitud fué concedi'^a, oreo que no está en los límites de una estrieta 
delicadeza, no pagar el porte de sus curtas que contengan puramente asuntos 
personales: creo mas, que no^estabu dentro de esos límitcd liticer tal solicitud 
apoyada en tal fundamento, a sabiendas de que !a mitad de sus cartas habían de 
reducirse a asuntos particulares. 

"Yo veo, mi señor don Antonio, anadia 66ta vez con cierto celo i orgullo |Hí- 
triíó^«o, que cuantos avisos he dado por mi correspondencia a los Ministros, 
itm^iie parezea que se quisieran dcshecliur, se van adoptando poco a poco, i si 
no me engaño, ellos valen mas que cincuenta años de li1>eitad de porte de mis 
«arlas; i si te fijan en el que he dado a usted ayer, valen cien años. Algunos 
Bieses después ds estar aquí, mis cartas estuvieron conteniendo en sn mayor 
parte aaontos públicos i de utilidad a la causa jeneraL Kn fin, ¡cuánto podría 
deeir sobre este particular! Pero parecen desahogos pueriles, i es mejor di^lar 
Ifi lMJa« A nuestras vistas, me vaeiaré con Vd. i tendrá que admirar mas i Mas 
|á> fUe es el coraton humano." 



— 280 — 



XX. 



Preocupaba también no poco a don Diego Portales en su 
Eolcdad del Rayado la suerte infelisú de los habitantes de nues- 
tros campos, pues aquel hombre de Estado, tan ríjido en sus 
leyes i en sus actos públicos, tuvo siempre un corazón compa- 
sivo i una inclinación decidida a favorecer las clases meneste- 
rosas. En este sentido, fué Portales un demócrata práctico, 
como lo hacia ver en su servicio diario de los cuarteles, vi • 
viendo casi siempre entre los t rotos», i no visitando jamas los 
salones de la aristocracia, que le inspiraban un mortal fastidio, 
sobre todo' en los bailes i festines. A su celo por el bien del 
pueblo, debió.^e también la amonedación de 40,000 pesos en 
cobre que él mandó practicar en Inglaterra, i cuyo uso, ben- 
decido por mendigos i maldito solo de faltes de campaña (1), 
ha favorecido las pequeñas transacciones do las clases pobres. 
Dolíale también la tórbara manera como eran curadas las 
enfermedades en los campos; i fiosco está en la memoria de 
los habitantes de la Ligua el celo con que ól mismo adminis 
traba los remedios a los enfermos, por infelices que fueran. 

El 4 de julio de 1835, encargaba a su amigo don Vicente 
Bustillos le remitiese un botiquin i una obra de medicina, 
tporque es insoportable, dccia, ver morir aquí a los pobres en 
roanos de módicas que atribuyen a daño toda enfermedad.» (2) 



(1) Ck>noeiinos un viejo buhonero que recoma el valle de la Ligua i otros 
adyacentes i que maldecía a Portales i pedia a ca^a instante la condenación de 
m. alma, porque no teniendo mas que una yegua ñaca en que acarrear sus tra- 
pos» apenas vendía 15 o 20 pesos, la yegua, con el peso del cobre, pues no habla 
otra moneda, se le echaba a muerta, i aquí las blasfemias contra el introductor 
de los malditos eobresl 

(2) Portales, ademas, hacia muchas limosnas, a pesar de sus escaseces. 
Cuando éstas se aumentaban, formaba sus combinaciones financieras para 
difminuir aquellas, sin verse obligado a suspenderlas del todo. "Retire Vd. 
(decia a Garfias el 18 de octubre de 1833) el peso de la mesadita a Carrillo, i 
rebaje un peso de los cuatro al n^ro Antonio, i pase los dos pesos todos los 
meees a una vieja Pechofia, haciéndolo poner en noticia de ósta por medio de 



— 281 — 



XXI. 

Fuera de hw paredes de su casa del Rayado, Portales no pa- 
recía encontrar distracciones análogas a sus gustos. Recibía 
pocas visitas de los hacendados vecinos, i el era mas parcimo-* 
nioso en corresponderías. De sus amigos de la capital i Valpa- 
raíso, parece que en el espacio de un año no vio sino a Busti- 
llos, cuando fué éste en 1834 a examinar científicamente al 



Manuela mi hermana. Cuando la patria está en conflicto, i no hai para todos, es 
preciao dar la preferencia a quien lo merece con mas justicia: la vieja Pechoña 
me dio de mamar." 

Por mui severo que fuese Porlules, nunc«, lo repetimos, tuvo mal corazón, 
i en especial con los po'ores. Era sí inexorable en la peivsecucion del vicio i de 
los crínienes. Por esto se opuso siempre a lus indultos, i (cosa singular!) la sota 
vez que puso empeño para obtener la absolución de un reo, la muerte instantá- 
nea de éste vino a hacer inútil su propósito, como si el destino hubiese querido 
que aquella mano de hierro no hubiese soltado un solo instante la cuchi. la del 
castigo. 

Hé aquí el párrafo de cjulu en qi!c Portales cuenta el mismo esta curiosa 
incidencia. Dice así, de..'de la Pía sil a, con f^cha de junio 27 de 1836, i es tan 
singular el lance, que purece hubiera en ól alguna mistiñcacion: * -Supuesto que 
el Consejo de Kstado indulta reos puestos en capilla por asesinatos cometidos 
en medio de una plaza de abastes, yo no debo ritraermo de hacer lo que pueda 
por conseguir que indulte también a un italiano Juan Francisco Poggi que ten- 
go de tapiador en el Rayado. La historia es como sigue. Siendo guarda del 
Resguardo Je Coquimbo, fué acusado de complicidad en un contrabando, creo 
que de cigarros puros: él s^í vindica a las mil maravillas; pero Vd. sabe que es 
mui raro el criminal que no lo hace. Ademas, Garrido dice que el contrabando 
fué cierto, i bast iria para mí e^Le dicho por toda prueba si no hubiese una rele- 
vante, tal es la de que nuestros mansísimos i compasivos jueces le condenaron 
*1 presidio de Juan Fernandez por un número de años que el interesado ignora, 
, porque apenas vio en globo qu« lo habían condenado a presidio, se vino a refu- 
jiap a este pueblo bajo el incógnito i cou el nombre suyo. ^ 

INCONSTANCIA DE LA VIDA. 

Tenga Yd. por no escrito el artículo precedente, porque la repentina muerte 
de Poggi lo liace inútil Acaba de morir como de un escopetazo, i se fué a cum- 
plir el destierro por mas tiempo que el de su condena. Yo me quedo con el sen- 
timiento de haberlo estado engañando cerca de tres meses, haciéndolo consentir 
que ya se practicaban dilijencias para obtener su indulto. RequiuctU in pac$f 



— 882 — 

célebre médico de Choapa. En otra ocasión tuvo tambiea de 
huésped al célebre capitán Fitz Eoy, uno de los mas distin- 
guidos almirantes de Inglaterra hoi día. Fué aquel con su bu- 
que (la Beagle) al Papudo, continuando su esploracion de 
nuestra oostas, i con este motivo, visitó al célebre ministro i 
te ofreció, por cartas llenas de respeto (que aun se conservan 
orijináles en ingles), su amistad, sus servicios i su buque partí 
tradladafiSd a YalparaisOj lo que Portales, sin embargo, no 
aceptó. 

XXII. 

En cuanto a los ocupaciones riisticas del pequeño i estéril 
fundo del Rayado, que consistieron en una pequeña viña i 
tina acequia de irrigación, él decia únicamente a mediados de 
aquel invierno, lo que sigue: iTrabajo con mucho gusto i con- 
tracción en las &enas del Rayado, i mi gusto seria completo, 
#i mientras estoi divertido en ellas, no viniese siempre a 
turbarlo el recuerdo de que tengo que escribir i contestar 
cartas.» (1) 

Y al decir Portales que el contestar cartas era un fastidio i 
oasi un embarazo para él, era sincero. (2) Aquel hombre, ave- 
zado ya a los ardides de la política, i que esta vez habia al- 
canzado el mas difícil de los triunfos que cabe al frájil ser hu- 
mano, el de sí mismo, si tenia la fuerza de un profundo disi- 
mulo, no se degradaba por esto hasta descender a vulgares 
artiñcios, porque su alma altiva i la conciencia misma de au 
poderío no se lo habría permitido. Por otra parte, fuese que 
no considerase aun llegada la hora propicia; fuese que su pro- 
pio ooraeoQ se sintiese mos ubre i foliz en aquellas últimas 



(1) Carta a Garfias del 16 <le julio de 1885. 

(^) Portales, en efecto, escribía solo rnni de tarde en tarde i esclusiva- 
Dienie de Degocioé, en ] 886, durante su residencia en el Rayado. Tan eierlo es 
cato qae el día de CorpuB Chtiati de aquel año (16 o 17 de julio), eécribió a bu 
oorf^sponsal en Santiiigo una carta de % pliegos en folio, en la que, resuralen- 
do todo lo qqe haUa omitido en meses aDteríores, le hace sus encargos, bajo 16 
o M <Apítolo% «umkme^te lao^úeoe^ todos reküvoa a sut negoeioa. 



— 283 — 

horas de descando, que concedía a su vida azotada por tantas 
ajitaciones, él no se manifestaba de ninguna manera inquieto* 
Y al verlo correr por los llanos o echar sobre sus potros semi- 
salvajessus arreos de montar, ¿quién hubiera creído que aquel 
hombre podía cambiíir en un solo galope de 24 horas las 
riendas de sus bestias por las riendas del Estado, i que doma- 
ñando al pais todo, como si fuera solo un manso pero jeneroeo 
corcel, hubiera de conducirlo a su albedrio i por do quier! Es- 
traño fenómeno de los gobiernos unipersonales que se han 
llamado antes los ahombres necesarios» i despiyes alos hom- 
bres únicos!» 

Tal fué don Diego Portales como hombre i tal la vida que 
llevó en su apartado retiro. Aparecen en ella marcados pro- 
fundamento los caracteres, o mas bien, los contrastes de su es- 
traordinaria naturalej^a, i si al historiador le es difícil concre- 
tar sus juicios bajo una sola forma para apreciar en su conjun- 
to un cuadro de formas tan caprichosas, al menos podría 
decirse que si Portales no es un hombre grande, considerado 
solo en su manera de ser, es por lo menos, i esto no aera dado 
a nadie negarlo, el tipo mas orijinal de cuantos hombres han 
figurado, no solo en Chile, sino en toda la América. 



XXIV. 

Dentro de los insondables arcanos do su voluntad. Portales 
hacíase, pues, sordo a los llamados de sus amigos. (1) 

{!) "Aunque le escribo con domaáiiida precipitación (le deoia BustUlos el 2 
de junio de 1835), no obstante habría querido detenerme un poquito mas par» 
hablarle sobre la cosa pública; inaa me acordé de lo que Vd» fo eufada, i no lo 
he hecho asi por csta rnzon, como porque al fin vendrá a sabor cosas que le 
comprobarán lo absurdo de sus principios, en orden a creer que sin bu influen- 
cia «e compondrán algún dia las cosa^/' Casi un año antes, le habla escrito este 
mismo hombre, que era entonccíj un [íatriota sincero, en igual sentido. Después 
de pedirie unas» piedras de imán, le decía el 19 de agosto do 1«84. * Ella» me 
airven eomo de un lenitivo para lo que siente mi alma al ver el estado de la 
eoia pública, cuáo infructuosos, se van haciendo a cada puso los esfuerzos Mtn- 
doe a costa de tantos sacrificios i la influencia que tiene todo esto en ia pér- 
dida de nuestras costumbres." 



— 284 — 

Cuando le anunciaroa la aparición del Phibpólüa^ en cuyo 
prospecto habia una clara alusión c al tirano,» él guardó silen- 
cio, i no dio muestra ^Iguna de inquietud. Escribiéronle en 
seguida que el gobierno habia acojido la moción de Benaven- 
to para dar de alta a los militares de Lircai, i aunque el dardo 
debió atravesarle de parte a parte el corazón, su rostro pálido 
no dio señales de inmutarse. (1) 



XXV. 

Por aquel mismo tiempo, sus astutos advcráarios de la capi- 
tal habian recurrido a un arbitrio supremo para alejar de sí 
aquel fantasma que siempre divisaban desde sus conciliábulos, 
acechándolo, desde la distancia, en sus páramos de la costa, i 
en ello hablan convenido, al parecer, el mismo Presidente i sus 
ministros, que no podían arrancarse de los hombros la pre- 
nsión de aquella mano lejana, pero acerada. Tratábase de en- 
viar a España un ministro, a fin de obtener el reconocimientí> 
de nuestra independencia, i se imajinaron que Portales podría 

(1) *'Hoi ha sido aprobado en el Consejo de Estado, decíale Garfias, el 24 de 
agosto de 1885, el proyecto de dar de alta a los oficiales dados de baja por el 
decreto del 17 de abril de 1830, concebido en estos términos. "Se dan de alta a 
todos los oficiales dados de baja que so presenten al gobierno solicitándolo (sin 
espresar de que reconocen al que antes dijeran, de un modo público, que no 
reconocían:) Se esceptuan los que han sido espatriados por el gobierno por sen- 
tencia judicial o voluntariamente, i no sé si todos los procesados. Dados que 
sean de alta, quedan retirados o dispersos, conforme a una lei española que 
concede a los tales retirados la tercera parte de sueldo; pero como los jenerales 
no pueden ser retirudod, gozarán estos caballeros del sueldo integro. 

I luego, entrando en detalles sobre este delicado asunto, aña<üa con la misma 
fecha: "Estoi mui pai*ticularmente irritado con don Joaquín Prieto por su tor- 
peza i falsedad. Hice a la patria el costoso sacrificio de liablar sobre política 
con este cabaUero, provocado por él, i le manifesté que era de su deber, por su 
s^uridad i por la conveniencia pública, no consentir en que pasase a las Cáma- 
ras el proyecto de dar de alta a los dados de baja, iniciado por el gobierno, i 
rae hizo la promesa de que nada se baria sobre este particular sin acuerdo de 
Vd.; igual promesa habia hecho a Garrido, i se la repitió, momentos antes que 
se presentase al consejo el proyecto. ¿I todavía insistirá Yd. en que debemos 
darle el voto para preiidente?" 



— 285 — 

aceptar aquel encargo. Pero adoptaron un torpe camino para 
conseguirlo, aunque en concepto nuestro, todos eran escusa- 
dos: en lugar de la patria, le hablaron del negocio. Tenia su 
padre derechos, mas o menos fundados, a un estenso mayo- 
razgo en la metrópoli, i creyendo que seria aliciente para don 
Diego aquella especulación, le hicieron escribir empeños por 
medio de aquel. Indignóse Portales de aquel lazo, i rechazó 
con desden, i cíisi con ira, el propio influjo de su padre. tHa 
de haber recibido con disgusto, dice a su confidente de San- 
tiago, mi contestación a su empeíio para que admitiese la 
legación a Espafia: ella está concebida en términos respetuo- 
sos, pero que dejan traslucir que he mirado el paso como un 
rasgo de su triste vejez.» (1) 



XXVI. 



Hemos aseverado otras veces que Portales era un hombre 
singular, raro, casi escéntrico; pero esta vez, en medio de su 
conducta, al parecer estraña, que ya le pinta como un hipó- 
crita, ya como un cstravagante, se mantiene siempre dentro 
de la inexorable lójica do sus propósitos, a Esperemos! • decia 
él, i todas las incidencias de su voluntario ostracismo no eran 
sino una prolongación de su plan. 

Para mucho-?, empero, nacerá la duda de esta situación es- 
cepcional, i creerán ver en el alejamiento de Portales un subli- 
me desprendimiento i la auseiiiiia de toda ambición. Nosotros 
mismos, lo confesamos, antes do leer en el fondo de sus inten- 
ciones, como parécenos haberlo hecho lealmente i hasta saciar- 
nos, 1 legábamos a dudar. Pero él mismo se habia trazado su 
camino i no habia fuerza imajinable que fuera capaz de apar- 
tarlo de su senda. El habia retrocedido, pero era solo para 
avanzar mas rápidamente i llegar de la base a la cúspide de 
un solo vuelo. En el desierto en que vivia, asemejábase a esos 

(1) Carta a Garfias del Cf^rpus OhrM de 18í?5. 



— 286 — 

membrudos i ajiles leones que cuando acechan la presa, recu- 
lan a la sombra, i dando mas empuje al salto, caen sobre ella 
de Heno i la destrozan. 



XXVII. 

Por otra parte, como antes hemos dicho, Portales, al notar, 
desde mediados de 1838, cuando era gobernador de Valpa- 
raíso, la cisión que se operaba en Santiago de su partido, 
había concentrado todas sus fuerzas activas en hacerse due- 
ño de aquella importante ciudad, que él mismo, según vimos 
entonces, a propósito de la revolución de Arteaga, consi- 
deraba como el baluarte mas seguro del gobierno. La habia 
armado, hasta hacer de todos sus viriles pobladores un solo 
soldado. Estaba ahí ademas el comercio, la aduana, las ver- 
daderas arcas del Estado. Su jenio previsor le descubría que 
aquel era el verdadero punto faerte de la organización que 
él habia dido al pais; i poco le importaba que hubiese en 
Santiago un gabinete que se ocupase do cuestiones de con- 
ventos, con tal que sus cuarteles i arsenales de Valparaíso 
estuviesen cerca de su mano. Portales, lo tenemos por seguro, 
habría sidp otra vez revolucionario en 1835, mas por pasión 
que por principios, porque por pasión i no por principios lo 
habia sido en 1829. Mas ahora, si no se imajinaba que hubiera 
de descender al rol de conspirador contra su propia obra, 
¿por qué no habia de tener aquella bateria encubierta coutra 
loB que conspiraban contra él? Acaso tuvo esta misma supre- 
ma confianza en el último de sus dias, .... pero cuando oyó las 
descargas de sus salvadores, a las puertas de aquella ínclita 
ciudad, el destino le mató! 

Portales, si estaba, pues, lejos de Santiago, se hallaba a una 
corta jornada de Valparaíso. Desde el Bayado, oia, en los dias 
serenos, las salvas del Barón, i dejaba que otros, allá por los 
dias de setiembre, escuchasen en paz los inofensivos saludos 
de la fortaleza de Hidalgo. 

De cuando en cuando^ iba, en consecuencia, de un galope, a 



— 287 - 

haoer una visita de inspección a su campamento. Sabemos, %\ 
menos, de un viaje que hizo a aquella población, casi de 
incógnito, desde el 27 de marzo al 8 de abril de 1885 (1). Pero 
el 4 de julio, escribiendo a Garfios sobre la necesidad de hacer 
un viaje a Valparaíso a inspeccionar las milicias, le decia est^s 
palabras, que revelan, de lleno, todo su pensamiento. • Creo 
mui necesario este viaje, atendiendo a que si hago un tal aban- 
4oQO de aquel recurro de seguridad, puede serme fm^W en el 
porvenir, n (2) 



XXVIII. 

En medio de esta situación clara, precisa, i sobre todo, lóji* 
ca, a la que no íkltaba sino el desenlace, ocurrió un incidepte 
que provocó aquel i acaso precipitó su fecha algunos dias o 
algunos meses. 

Un amigo íntimo de Portales, el doctor Elizalde, (otra d(?- 
cepcionl) le escribia a principios de julio haciéndole la cobran- 
za de una deuda considerable que el último habia olvidado, 
porque, habiendo especulado con esos fondos, la negociación 
en que los habia embarcado, fué ruinosa, i creia que el presta- 
mista debia correr eu este albur como hubiera estado ^ 1^ 
ganancias. El pundonor de Portales, que en materias de deli- 
cadeza privada o mercantil jamas le abandonó en toda su 
carrera, se sobresaltó en el instante i tomó la resolución de 
poner término a toda vacilación en materia de negocios, ba« 

(1) "Ayer a las oraciones, dice a Grarfías, oí 9 de abril, dimoB fppdo eo «b^ 
mannon de las delicias i sin novedad (gracias a Dios). Celebraré, aQAdÍ4| derpi- 
mando la sal de su jenio burlón, que Vd. i toda esa oana)la se enoaentren mui 
bnenos. Démeles a todos nül memorias." I esto era mucho, porque, por lo eomim, 
les mandaba dar de garrotazos (epistolares) por recuerdo. 

(2) "Es cierto que hace dias estoi para marchar a ValparaiirO, afiadia esta 
Yes. sin otro objeto que atender por algún tiempo a las milieias, i disponerlas 
p«ra el 18 de setiembre: daría algo por evitor ef te viaje; pero lo creo mui nece- 
sario, atendiendo a que si hago un tal abandono de aquel recurso de seguridad, 
pae^e aerme funesto en el porvenir. Cuidaré de avisar a Vd. oportiinamente al 
dia de mi Ikgada, que me parece será pasados quince." 



— ^8 — 

liUBceó sa fortona, qi^ llegaba en sa concepto a 65^000 pesos, 
ñendo sa deoda solo la mitad de esta sama, llamó a Talpa- 
rmíflO al hombre de toios sas desempeño?, que era el ñel i 
abnegado Garfias, i él mismo se resolvió a apersonarse eo 
aquella ciodad c>n el objeto de llegar a an arralo definitivo 
con sos acreedores (1) 



(I) "Mi qaeríiio amigo, caribe a este resrt^o a Garfias el 18 de jvfioc n 
carta S del que rije me habría he?bo abAtiime, ú faera hombre a quien asnstaic 
)a idea o temor de vÍTir en miseria: el áníin'> está hfv^ho, i no debiendo a nadie, 
talvez t^a mai feliz en la pobreza qae en la abundancia: vamos al easo. 

•* No poedo #eí»;u ir el e?tft«lo de icccrtidcmlTe *n que me pone la célebre 
desda de Elízalde, i ea cece^irío pa?9r en el áÍA, »¡ es poáble, a mis acreedores, 
transando con etloa del modo qae se pae<la; [«ero contando con mis propio» re- 
eame, i nn entrar en nneros empeños: esta e» mi firme reaolncioa. 

Para qoe Vd. pueda concloir e«ta caecta del mejor modo qne le sea posible, 
tfiade, tengo qne hacerle nn balance en globo tie mi fortuna. 

He de haber mi fondo en Valp«r:*Í3o, cayo valor calcólo en $ 15,000 

Tengo invertidos en la lia':ien<Ia de Pe«Iñ^-a como J:^/«» 

En el Rava/lo como 3,0»O 

La depemleneia de Garcia qne se está cobrando, aonqoe panlatina- 

mente, i lo qoe l^ja del [>rincipal ñube de inten» 30,0«>'> 

De don Joan Sewell S.Oin» 



« 



$ 65.0»^> 

Ko qoicro ponrr <Arfí,-i di j/^nt!ci>eu!«, porqac ffrin ¡vira Ib.nar papel i aomen- 
tar números; mas la^ cU.oo ]iñTiuhí* paeiita« -fon unsj* etileramente segaras i 
otras mas qae prr>lKiblirA. 

Mi íialor f> ri5,(NM» 

Una capellanía que f:on- el sitio de VAlpan;l£í> $ 4,<X>0 

A don Joj»¿í Manwl Ortüzar 

La fianza de Jordán ._ 

Al mayor García.. 

A don Fernando A, Elizalde 

A don Victorino Garri<lo i al diezmo de Copiap*'» qae cumple en di 
ciembre 

Estos Fon mí» acreedores i no lo cuento a Vd. entre ello?, porque antes de 
veinte días, vbUít'i V.l. en po^^sion de lo que le delxx Aunque no pue«lo ¿saber 
con exactitud lo qoe debo a mis espre9iido:< acreedores, creo qne le falte mucho 
para llegar a la mitad del haber que lie puesto. Se rae oM laba 400 pes>o3 que 
debo a don Bfannel Gandarillas por un pai^o que él hizo An laberío yo." 



289 — 



XXIX. 

En consecuencia, Portales piísose en marcha para Valpa- 
raíso el 31 de agosto o l.<> de setiembre de 1835, acompañado 
de su vecino i amigo don Francisco Javier O valle Errázuriz, i 
llegó a aquel puerto el 2 o 3 de setiembre. Prolongó algo sa 
viaje visitando en el cJimino las lioi valiosas i entonces casi 
improductivas hacien las del vínculo de Caíiada hermosa, lia* 
madas Melón i Purutun, que Portales queria arrendar, ponien- 
do en juego cié» tos vínculos domésticos con la propietaria de 
aquellas, doña Ana Josefa Azúa, señora ya demente, tporque, 
decia, tengo en e.^te arriendo fundadas todas mis esperan- 
zas.» (1) 

XXX. 

Apenas hubo llegado a Valparaíso don Diego Portales, 
vióse rodeado de todos sus amigos (qu3 ya no eran muchos!) 
i el correo le trajo, al siguiente dia, sendos paquetes de comu- 
nicaciones de Santiago (2). Todos le llamaban, todos le conju- 



(1) El arriendo se hizo, en efecto, con la intervención del digno áean EizB- 
guirre, que pasó a ser consejero d» aquella señora, después de la muerte del 
capellán de las Claras don José Antonio Torres, confesor de aquella, i quien, 
como antes dijimos, refiriéndose al juicio de Portales, se habia hecho dueño en 
p<KH« afios de cerca de 200,000 pesos, pertenecientes a aquella señora. Dos años 
después. Portales, que ya no volvió a ver estas ha<áendas, las subarrendó, reci- 
biendo por lucro cédante una cantidad de mil terneros. 

(2) Gartiíi?. (jue vino pronto a verlo i a llevarlo, le decia, con fecha 4 de se- 
tiembre, lo siguiente: '* Vuelvo a repetir a Vd. que celebré mucho su llegada a 
eje puerto, i le agrego que deseo en el alma verlo i que Vd. permanezca en ese 
punto por lo menos un año, ya que no quiere venir a ésta, a donde es tan nece- 
mño en Ihs actuales circunstancias. Siento mucho que tenga Vd. intereses en 
el Norte, porque ellos son el pretesto que Vd. toma para alejarse de la política 
i de su:i amigos; i si pudiera tomar la misma p irte para que Vd. se deshiciera 
de esos bienes, que la que tuve para que se hiciera de ellos, trabajaría con el 
mayor gusto a fin de conseguirlo. Si la vida de Vd. en la Ligui le es grata, 
siento que lo sea, i desearla que hasta el nombre de ese lugar le fuese aborrecí- 

a i>iRao PORT. 19 



- 290 — 

raban se acercase a la capital en peligro. l&Xfortim de Santiago 
reclamaba a toda prisa la presencia de Antonio, porque Cati- 
lina i Seto^o esUiban en las puertas de la ciudad i Cicerón no 
era bastante. 

Portales vaciló o parecia vacilar. ¿Era ya tiempo? ¿O no 
había arreciado todavia el viento i embravecídose las olas, al 
punto d»? que, amenazada la nave del Estado, sus timoneles 
dispararan el cafíon de sfKíorro i llamasen en su ausilio al 
atrevido nautíj? 

Esta era la crisis. 

Portales se resolvió entonces a llegar a la solución. 

— ¿Me recibís, dijo al gobierno, como a dictador omnipo- 
tente para que no haya mas voz que la mia, ni se cumpla otta 
voluntad que la que yo imponga? 

— Si no consentís, salvaos solos! 

— Si aceptáis, yo os salvaré! 

Este era el dilema. 

Y como, delante de la ultima promesa, todos los pechos que 
soetenian la administración i a quienes ya ganaba el desalien- 
to, respiraron libremente i pal motearon las manos en señal de 
aceptación i regocijo, el partido estaba adoptado i no podía ser 
de otra suerte. Era imposible que Portales se engañase. Su 
golpe habia sido maestro. Paso por paso, había venido al de- 
senlace que ahora tocaba. Habia llegado el tiempo de tobrar 
de frente,» como aseguraba un ago antea, el SO de setiembre 
de 1834; era ya la ocasión tde ponerse en campaña, • como 
habia prometido el 10 de junio del mismo año; habia sonado, 
en fin, la hora del iporvenir,i que él aguardaba por momen- 
tos, desde el dia i de julio que acaba de pasar. Esta es la úni- 
ca verdad posible, esta la lójica de los tiempos i de loe suce- 
BOí', i sobre todo, esta es i ha sido siempre la historia del cora- 



ble |)ara que no volviera la cara hacia v\\ pero no puedo concebir eómo It «ea a 
Vd. grato un lugar eecaao de todo atractivo, Mgon laa notieiaB qm« hm reeojido, 
i en donde no es £ácil que lo vr-an loá amigo« qoe Yd. aprecia, i \am «onaaiea- 
«kmes de éstos llegan a Vd. tan tardías, i se reciben por esto toa de Vd. del 
misnoo modo. Por último, hablaremos dt etta materia en aaa laifameMle.'' 



- 201 -- 

zon humano, que mas que !a del espíritu, es la historia de la 
humanidad. (1) 



(1) Tenernos para nosotros que uno délos estímulos mas poderosos que 
Aguijonearon el ánimo de Portales para hacerlo decidirse defi ni ti valúente en esta 
ooaaioB, filé la idea, para él mui temible i antipática, de que don Joaquín Gani- 
pino, el primer pipiólo a quien aborreció i -por el que talvez comenzó a aberre 
etfr a los demás, era el director de la política de los Pilopolltas, lo que en nuet- 
ttaoooeeplo en un gnm error. 

TfA U üaiea carta que hemos encontrado de Portales a («arrido i que tiene 
la (eclyi de Valparaíso, setiembre 4 de 1 835, le dicf^, en efecto, lo que sigue: 
'*Me han asegurado que Joaquín Campioo está en danza i escribiendo en uno 
Áe los papeles periódicos i que es el mentor do Orejíer (Rcnjifo). Me interesa sa- 
bflir ri en el todo o parte es cieilot Dígame lo que sepa, por si (rarñas uq 1q 

No eran pues solo los Füopolitas sino los pipiólos mismos contra los que iba a 
hacer armas esta vez el antiguo dictador. 

Kn cnanto a la manera de ver de los áltiraos sobre la reaparición en la mca- 
DA política de Pórtales, hé aqoi lo que, pooo mas terde, decin ano de loa campeo- 
9i|s (}• tuqoAÍ bando» el redactor de la Pcu perpéiva, en rui iiúuiero del 28 de 
julio de 1840, cuyo cuadro, trazado con mano independiente, nos parece, íwlvo 
el eolorido de lo3 Uempos, bastante exacto. Dice a^í: 

"£Í hombre que tuvo la paciencia de retirarse a una triste aldea, de oeupar 
|g* M«Mi i loa años en fruslerias i pasatiempo, por solo observar a los amigo» 
qpf U> OiilwiboD; este hombre, que hizo concebir que su influjo, i su poder 
et^n nulos a los que tanto lo conocían, i cuja separación creían indispensable, 
era sin duda un ciudadano funesto a la república. El habia aprendido este di:»i- 
niulo, qué parecía incompatible con su jenio, i conservando aquella reserva que 
•mdta tastos misterios en on bombrs de ra templ ', habia, a tuerza de estadios, 
adquirido todas las cualidades, que son necesarias para trastornar sieteuias po- 
lítieo?, i formar otros nuevos mas análogos a ^u carácter i a su ambición. Perte- 
neciendo por convicción a los principios libérale?, él fomentaba laí^ ideas c^>n- 
trarÍNS, hablaba de un modo i obral>a de otro, i siempre atraía a cuantos creía 
necesarios al desarrollo de 8U.« planea. Estos siempre po<lian contar con su pro- 
tección i con su jeneroíidad, i aunque los trata e <*on durezi e imperio, sus al- 
mas serviles olvidaban estas impresiones pasajeras, i se aprovechaban de unos 
bsneficíos que eran tanto mas seguros, cuanto mayor era su hnmillacion. El 
earftetérqne manifestaba a sn.« enemigos lo indícal>a la hist4>rí« de ni política: 
il podía QOBtar son amigos penonalea, sos enemigos eran en mayor número. 
MD hacer interreoir las antipatías populares, que solo contenían el terror que 
habiaii inspirado cus violencias^ Tal era don Diego Portales en la segunda épo- 
ba de so poder: cnya voluntad omnipotente tenia por base ^iete afk>s de victo- 
rias obtenidas sobre nuestras libertades, i sobre nuestras iMtiineioaes; )e £Uta- 
bft im rmooibrs militar, i gloria estsríor para llsvar al eabo ns pitaes^ t stis 
4atna ocuparlo dsmaaiado a la vWta ds los suesfos po^criorea.^ 



— 592 — 



xxxr. 



El 21 (le setiembre, a his 11 de la maílana, cuando el mi- 
nistro (le Hacienda don Manuel Renjifo llegaba a la sala de 
su despacho, encontraba transcrito sobre su bufete el decreto 
refrendado por el ministro del Interior, por el que se nombra- 
ba, aquel mismo dia, ministro de la Guerra a don Diego Porta- 
les. Y cuando, para darse cuenta de su sorpresa i de su emoción, 
miró hacia las ventanas del ministerio de la Guerra, que esta- 
ban en el estremo opuesto del edificio, vio la pálida figura 
del dictador, que, como un espectro evocado, párecia estar mos- 
trándole con el dedo la puerta por donde debia retirarse para 
a ir a esconder, a su turno, en las soledades del campo, de don- 
de él venia, la nulidad verdadera de su situación i que en él 
no habia sido sino un aplazamiento. 

En efecto, la noche anterior habia llegado Portales de in- 
cógnito a la capital i hospedádose en casa de su compaQero 
de viaje don Antonio Garfias, en la plazuela de Santa Ana. 
Pocos momentos después, habia tenido una conferencia con el 
ministro Tocornal, para arreglar su nombramiento, i a la ma- 
Qana siguiente, el primero que habia pisado las escalas de las 
Cajas era el antiguo ministro de la Guerra. 



XXXII. 



En unas cuantas horas, el solitario del Rayado habia pasado 
a ser, como en 1830, el absoluto dictador de su patria, pero con 
la honda diferencia que, entonces, vestido de los rayos de 
la victoria, venia en hombros de sus amigos, que le aclama- 
ban su salvador, i picando solo émulos vencidos, mientras que 
ahora, armado con la espada de la venganza i del orgullo he- 
rido, asestándola al pecho de los propios sayos, para anona* 



— 293 — 

darlos, janto con los que aun quedaban en pié de sus antiguas 
víctimas. 

Entonces habia sido salvador! 

Ahora no podia ser sino tiranol 

Inmenso contraste del hombre i del político, que marca dos 
épocas del todo distintas, i de las cuales nos queda por referir 
la mas breve, la mas dramática i la mas terrible. 



/ 



/ 




♦ •» 



LOS DOCUMENTOS QUB CORRESPONDEN A LA. PRIMERA PARTE 
DE LA PRESENTE HISTORIA SON LOS 12 SIGUIENTES: 



N.o 1. Carta escrita por el doctor don José Antonio Rodrí- 
guez Aldea al capitán jeneral don Bernardo O'Higgins, desde 
Santiago, a principios de 1831, con el título de Suscinta 

IDEA DE LO QUE HA OCURRIDO EN ChILE. 

N.o 2. Fragmentos del Hambriento i del Caiialln. 

N.o 8. Lista de los señores jenerale^, jefes i oficiales que 
han sido dados de baja por disposición Suprema, por no ha- 
ber reconocido la autoridad del Congreso Nacional d j Pleni- 
potenciarios i Poder Ejecutivo de la República i de los que se 
hallaron en la jornada de Lircai do 17 de abril de 1830. 

N.o 4. Administración de justicia criminal. — (Artículo pu- 
blicado por don Diego Portales en el Mercarlo de Valparaíso 
de enero 17 dé 1832.) 

N.*» 5. Fragmentos de la correspondencia de don Diego Por 
tales con don A. Garfias en 1832. (—1. Codificicion. — II. Es 
cuela Náutica en Valparaíso.— III. Comercio nacional i es 
traojero. — IV. Sobre la marina de guerra de la República 
— V.Moralidad del ejército. — VI. Reclamos del cónsul La 
forest) 

N.° 6. Fiezasjudiciales relativas a la conspiración de Lab 
bé en 1881. 



— 296 — 

N.o 7. Piezas judiciales relativas a la prisión i destierro de 
D. Carlos Rodríguez en 1831. 

N.o 8. Parte del Intendente i del Comandante de serenos 
de Santiago sobre la conspiración de los puñales en 1833. 

N.*» 9. Vista fiscal en el proceso de la conspiración de los 
puñales en 1833. 

N.o 10. Denuncio del teniente Nogareda en las conspira- 
ciones de los puñales i de Puga en 1833. 

N.** 11. lofjrrae del auditor de guerra don Manuel José 
Gandarillas en las causas de conspiración de los puñales i de 
Puga en 1833. * 

N.o 12. Cartas cambiadas entre el jeneral Campino i don 
Diego Portales sobre su ruptura en 1834. 



DOCUMENTO ]NV 1. 



CARTA EgcniTA POll EL Dll. UDN JOSÉ ANTONIO RODÜIGUKZ ALDEA AL 
CAPITÁN JENERAL DON líERNARDO ü'HIGGINá, DESDE SANTIAGO, A 
PRINCIPIOS DE 1831, CON EL TÍTULO DE 

Suscinta idea de lo que ha ocurrido en Ohile. 

Cuando vine (lo Linia, enfermo i atribulado fi8?7), no habia 
proyecto alguno con respecto a Vd. y dejaba al tiempo el que 
realizase lo que siempre deberá suceder. (*) Llegué a Valparaíso 
mas enfermo de lo que me habia embarcado y me resolví a re- 
tirarme al campo, tanto^ara restablecer mi sr.lud, cuanto para 
librarme de los acalorados partidos que dividían al pais. Entre 
unos i otros, vela enemigos nuestros a quienes era imposible 
o difícil atraer. 

Los Pipiólos, que era el bando dominante, tenían a su frente a 
Pinto, i eran sus campeones José Maria Novoa, Muóoz BezaniUa, 
el canónigo Navarro, los Argomedo, i por todos, llevaba la voz 
Carlos Rodríguez. Estos eran los mas influentes, i habia otros 
de distintos partidos que tejían con ellos, como Borgoño, Blanco, 
Sánchez, etc. 

Los Pelxicones casi no tenían jefe ni reunión decidida, pero 
eran contrarios a los Pii)iolos, bien que siempre tímidos e irre- 
solutos. 

Los Fcíleralislas estaban en desprecio, pero tenían siempre fir- 
me a su tenaz jefe Infante, a quien se agregaba el canónigo Eli- 

(*) El regreso de O'Higj^iiis a Chile y su vuelta al poder supremo. En el 
cunio de este interesantísimo documento, haremos aquellas anotaciones que pue- 
dan contribuir a darle mayor claridad en ciertos [yasajes en que, por el carácter 
confidencial que esta pieza tuvo al redactarse, falta aquella. 



— 298 - 

zondo, Cori'ea, Vial del Rio i algunos descontentos de los otros 
partidos, como Enrique Campino, i por algunos meses, Pedro 
Prado, Orjera i otros bulliciosos. El que le daba mas importan- 
cia era el finado D. José Antonio Ovalle. 

Los Estanqueros, aunque estaban caidos, eran los mas temi- 
bles y de importancia por su dinero, influjo, relaciones y plan 
combinado. El jefe de estos, D. Diego Portales, es hombre cier- 
tamente de revolución, jenio vivo, emprendedor y de una acti- 
vidad increible; pero, al mismo tiempo, falso, inconsecuente, vo- 
luntarioso i de odios implacables. Por una especie de simpatía 
de cuna, de la que nunca se desprenderán los chilenos, especial- 
mente los de esta capital, los pelucones solo trataban de hacer 
causa con los estanqueros, porque entre estos estaban los Por- 
tales, los Errázuriz, los OvaUe, la casa de Waddington, etc. Los 
Benavente tejian entre pipiólos y estanqueros; i como estos te- 
nían dinero i un fondo prevenido en la Lojia, pagaban escritores, 
minaban i ganaban tropas. Primero tuvieron a Chapuis y a Mora, 
con quienes después pelearon, porque, como yadijeaqtes, su 
principal jefe es inconsecuente i despótico. Ahora tienen al 
colonibiano Bello, que vino de Londres, ;^Gandar illas, Benavente 
i Renjifo: estos son sus escritores. 

En esos dias de mi arribo, hallé en combustión la provincia 
de Aconcagua por influjos de Freiré, que era el jeneral favori- 
to de los estanqueros, i contaban con Coquimbo, porque alli 
tenian a José Maria Benavente i a Vicuüa (*}, que estaban a 
la devoción de Freiré. A la sombra de éste i por los federalistas, 
se hallaba también en revolución i como independiente la pro- 
vincia de Colchagua, en la cual tenia grande influencia, por su 
intrepidez i por sus relaciones de familia, D. Pedro Urriola. 

Viendo yo este cuadro, del que no es posible dar a Vd. verda- 
dera idea sin que hablásemos un mes entero, me resignaba mas 
i mas a no venir a la capital. Me estuve diez dias en Valparaíso, 
escribiendo a mi familia para persuadirla de marcharse a la 
hacienda, pero no pude vencer su resistencia i hube de venir 
bien resignado a marcharme a los quince dias de mi matrimonio. 
Hallé después mas diñcultades i luego me vi cercado de amigos 
que vagaban en distintos partidos, para hacerme su prosélito. Yo 

(*) Don Joaquin. 



— 299 — 

vaia a muchas de los ouestixxs eutre ios pipiólos, como al jeuo 
nú Pridlo, Saochez, Lopes» oi liiuulo corouel Arriagada, el coro» 
ael Astoi^y.los Argoiuedo cou Obsuiío i Solar, aunque todo6 eé* 
iú6 imporúban poco, poit^ue solo son uu68tix>s eu los labioa. 
Del lado Je los pelucoues uuidos cou los estauqueros, vela a Kohe* 
verria, a Maxio, al Dr. fili/^lde, a Tagle ( a quiou yo uo couooia 
bieu), y en íiu, los vecinos principales que recordaUm laadmi* 
nistraeion de Vd. Me pregiuitabciU; inc hacían uiil teutaUvaa, i 
nii respuesta fué sienipi'e y hasta ahora: «que era imposible Ba« 
car a Vd. de la vida privada; que a nada aspiraba; que era un 
verdadero filósoi'o; que habia olvidado enteramente a sus enemi^ 
g06; que ponia yo mi i)escuozo a que Vd. no admitid empleo algu*- 
no piiblico en Cliile, aunque lodo el Congi^so fuese en pei*soua 
a rogarle; que hi hubiese querido veuir, ya estaiia aqui, puds 
tenia a su disposición cuatro mil hombres^ cien mil pesoa y dos 
buques de guerra; que no adoptó esta idea poixiue em opuesta 
a sus principios i porque era el chileno mas rapublicano que yo 
hal^ia couocido; que usted conocía mejor (jue nadie los ele* 
mentos heterojéneos de que estal)a compuesto Chile en la poliU- 
ca y no queria venir a perder su tr<mquilidad y 8us glorias, 
pues ya no se veía el liombre que pudiese cimentar el orden i 
la unión en un pais arruinado.» En ílu, me propuse persuadir 
a iodos que si Vd. amaba ciertamente a Chile, también estaba 
resuelto a no pisar su suelo, mientras no viese mi óitlen estable, 
o si, por desgracia, necesitase de su espada en una invasión e$* 
tranjera. Solo con Echevcrridb me descubrí al principio, dición<^ 
dolé qu6 Vd. vendría, si pudiese hacerse todo con honor i de 
modo que jamas apareciese que Vd. lo deseaba. El segundo 
a quien descubrí esto fué al que está escribieudo esta carta (*). 
El tercero, a nuestro incomparable Basso, cuya tumba debemos 
regar con lágrimas. El cuarto a Urriola, cuando yo lo mandó a 
int5orporarBe con el jeneral Prieto, i el quinto, a este mismo je- 
neral. Nadie mad es depositario de este seci^eto. Voi haciendo a 
Vd. todas estas advertencias para hacerme entendei* mejor sobre 
el estado del dia i sobre lo que ocurrió para venir a las ar«> 
mas. 
Yo, pues, en los primeros meses de mi llegada, me manifesté 

(•) El presbíuro D. Felipe Acufla, 



— 300 — 

neutral, y solo me visitaba con Tagle, Elizalde, Echeverria, i los 
de mi casa. Luego empecé a tomar defensas, de que no pude ex- 
cusarme y el bufete no solo me daba para subsistir con desa- 
hogo sino también una clientela de dpnde tomaba noticias e in- 
fluencia. El fiel i constante Basso (*) me escribió de Concepción, 
bajo la clave que teniamos, preguntándome cuáles eran mis 
pensamientos; me hablaba de Vd. con emoción i me aseguraba 
que era libado el tiempo de trabajar: le contesté, bajo de cifra, 
que estaba yo pronto, pero que por acá no veia yo elementos pa- 
ra lograr ese plan. Entonces me hizo un piropio, escribiéndome 
cerca de dos pliegos i sin clave, que venian diestramente coci- 
dos en un sudadero; todo era reducido a manifestarme el influ- 
jo que tenia por la factoría en las provincias de Concepción i del 
Maule; que le seria fácil hacer una revolución; que yo me mar- 
chase para allá con alguna disculpa i que Vd. debia estar pron- 
to para embarcarse en el primer buque en que se le llama- 
se. Esto era lo que únicamente exijia de mí, pues él se ofre- 
cía a hacer todo lo demás, i a facilitar dinero i provisiones para 
las tropas. 

En ese tiempo, ni aun se soñaba aquí el dar el mando de 
ellas al jeneral Prieto, porque, aunque pertenecía a la lojia 
de los pipiólos, no era tanta la confianza, i yo sabia de buen 
oríjen que Pinto i Bezanilla, reconvenidos por Ventura Blanco 
sobre la unión que tenían con O'Hígginistas, hablan contestado 
que era por las circunstancias, por aumentar el partido contra 
los estanqueros; que a la primera infidelidad que les descubrie- 
sen, los pondrían en tres palos. Después supe, por aquel conduc- 
to que Vd. sabe, que en la casa de los Ureta estaban en la mis- 
ma idea, porque Pinto i Bezanilla habían dado la misma res- 
puesta a Da. Javíera Carrera, la cual, con toda su familia, era i 
es pipióla desaforada. 

Yo hallé dificultades y mucho riesgo en el plan de nuestro 
desgraciado Basso, porque en ese entonces el falso i oculto ene- 
migo Borgoño mandaba la división del Sur, con Víel de mayor 
jeneral, i aqui estaban unos batallones, aunque diminutos, al 



(*) Don Manuel, antiguo administrador de Aduana, durante el gobierno del 
jeneral O'Higgina y autor principal del levantamftnto político (no el militar) 
en 1829. 



I 



^ _ 301 _ 

mando de Beauciief i Ilomlizzoui, ¡ ia artillería al ile Aniunále- 
gui, pipiólo i cuiiadü de Borgoño. Le i'oolesli; liaciéndole mis 
rellexiones i aun raanirestáudole mis dudas de que Vd, \iniese 
a solo el Uamado de dos proviucias eu revolución, porquo a su 
rango i a sus glorias, solo parecía corresponder el que la mayor 
parle le aclamase. Observaba que en ese caso se unirian inme- 
djatamen Le los pipiólos con los eslanqiieros, pues ya anles ha- 
bían sido unos, y entonces tendríamos a Freiré a su frente, cuya 
amistad proí'urarian los Err.'izurii, Benavenle i los Blanco. Le 
propuse otro plan i fué en ol que quedamos: que respecto a que 
se acercaban las elec^^lonos, trabajasen en que las dos provincias 
fuesen contrarias a los pipiólos, que divididos lodos, huUariamos 
la oportunidad. Convino en ello i exijió de mi que yo fuese se- 
nador i que hiciese venir a Zanartu para lo mismo. Por mas que 
hice para escusarme de esa investidura, no quiso Basso consen- 
tir, i me impuso la terrible amenaza que sime negala no vohia 
a trabajar, ni entonces ni nunca. 

Luego supieron aquí (jue aqueila.s dos provincias no estaban 
dispuestas a votar por Pinto. Ya entonces borgono se babia ve- 
nido por enfermo, i el mando de la divisiun del Sur estaba entre 
Rivera i Viel, de los cuales, el primero pertenecía a Freiré i el 
sumido se hallaba odiado 1 no le miraban como aparente, por- 
qao si algo podía trabajar, velan que seria a favor de D. Joa- 
quín Vicuüa, por quien estaban los Larrain i Freiré, aunque 
después quebraron por su unión con Pinto. En la lójia de tos 
pipiólos se acordó entonces que Prieto fuese a tomar el man- 
do, en calidad de interino, para quesu influjo en aquella provin- 
cia les adquiriese los votos. Sé bien que en la lojía se abonó la 
s^uridad de Prieto, diciendo que no se visitaba conmigo, i que 
cuando yo no andaba haciendo capitulo con los O'Higginistaa, 
era señal que nada se pensalja con respecto a Vd. La víspera de 
salir Prieto, tuve uua entrevista secreta con él, i fué cuando rae 
le descubrí que Vd. uo distaría de venir como fuese con honor. 
Nada le hablé de mi plan con Basso, í solo le encai-gué se diri- 
jiese por este amigo; que ya de ningún modo soltase el mando 
de las tropas; que procurase desprenderse de \'iel, para poner 
3. servir a los Cruí, a Riquelme i a otros seguros; i que, aunque 
Td. viniese, quien mandarla el país sería el mismo Prieto y Vd. 
el ejército para sostenerlo. 



— 802 — 

Habla envidado decir a Vd. que con el jeueral Gniz (*) ne me 
alreví a declararme, poríjue lo vela mui unido con los Albano, 
con Knto i Blanco. 

En este medio de tiempo, se presentaron por acá otras escaias, 
eonque yo no habia contado. Urriola, pobre, abarrajado, guapo, 
emprendedor i mui entusiasta por Vd., me habló varias veces so- 
bre hacer ima revolución para que Vd. viniese. Le contesté que 
Vd. no pensaba en ello; pero, con maña, le aprobaba que empren- 
diese para ver si mejoraba de fortuna. El habia pertenecido a la 
lojia de los pipiólos de 1827 en el Congreso; pero pocos meses an- 
tes de mi llegada, estaba disgustado con ellos i se le agregaban 
otros muchos descontentos entre paisanos i militares, que for- 
maban una partidilla imponente^ porque el arrojo suplia por el 
numero. El Urriola es un escelen te joven, de corazón bien for- 
mado, advertido, sereno en los peligros, i tan decidido por Vd.^ 
que no halla otro hombre en el mundo para la suerte de Chile, 
bien que en esto mira la suya propia para restablecer su arrui- 
nada fortuna. Empecé a sostenerlo secretamente, i gasté con él 
por cerca de tres mil pesos. Sin decirme nada de sus planes, que 
yo trataba siempre de contener hasta su tiempo, vino una no- 
che a casa a decirme que se marchaba para la hacienda de su 
su^ro Valdivieso y que luego vería cosas grandes. 

Efectivamente, a los pocos dias ya supimos que habia revolu- 
cionado el batallón Maipú que estaba en San Fernando, y con 
unos pocos dragones que también logró, se llamó independien- 
te en Colchagua. El Congreso se hallaba entonces en Valpa- 
raíso, y Urriola procedió de acuerdo con Enrique Campino, 
a quien por de pronto pensaba poner en el mando, para hallar- 
se facilidades de tomárselo él después i hacer venir a Vd. Este 
fué su plan, según me lo contó cuando ya habia encallado. Cam- 
pino estaba también en el Congreso i debió hacer un movi- 
miento en Valparaíso. Cotapos, que estaba aqui con el mando 
de los cívicos, debia salir también a unírsele; pero ni uno ni 
otro se movieron. Comprometido ya Urriola, creyéndoselo todo 
de su valor juvenil i calculando la fuerza y disciplina del bata- 
llón líaipü, que escedia a los miserables restos de los otros, trató 

(•) D. Luis de la Cruz, padre de lo» coroneles don José María y don Jos* 
Antonio, que murió repentinamente en Rancagua, viajando al sur, en 1S8A. 



I 



- 903 — 

de hacerse fueile. Me vieron de la parte de Pinto paní quu yo 
fuese a San Fi^inando a nt-onsejar a Urriola. Dijo que no me 
animaba porque no estnliu miii coi-ripnr.e ron í'i: mandaron a 
au suegro Valdivieso, iioro el .i^ven es firme, se veía mui com- 
prometido con oti-os i aim logró persuadir a bu suegro que ee 
aalia con sus intentos: é^lR no volvió y solo escribió que nada 
habla sacado. Entretanto, aquí el inütíl Pinto tomaba conseio 
de lodos; llamó a los estanqneíos i pelucones, repartiendo esque- 
las en la ciudad para una reunión en su palacio; protestó sepa- 
rarse de los desacreditados que lo habían rodeado y marchar 
ya en adelante con los hombres de juicio: llamó a Tagle al mi- 
nisterio de Hacienda y ofreció trabajar por él para la presiden- 



Logro, de este modo, poner en movimiento los recursos que le 
quedaban y organizó una división al mando de Borgoño para 
que fueee eu contra de Urriola; éste anduvo advertido, preparó 
caballos, apostó vivei-e» secretamente por otro camino y aparen- 
Umdo defenderse eu San Fernando, salió a encontrar a Borgofio 
oon sus guerrillas, y luego que cerró la noche, le dejó en uncon- 
vento que hacia de cuartel imos veinte iovñlidos. (pie liabia re- 
cojidOj al mando de un í-ideLe í unos poros milicianos, i a mar- 
chas forzadas, se vino por otro camino a estacapital. Cuando ya 
utaba de esta banda del Maipil, solo se tuvo noticia del movi- 
miento. Es de advertir que llrrioia se halló todas estas facilida- 
des, porque Vidaurre estaba al mando de este batallón, como 
sarjento mayor: éste era todo de Freiré, como también los Silvas 
i otros intluyentes de San Femando. 

Freiré, en todos esos lances.se raantenia en contra de Pinto, 
porque su ambición le hace ser enemigo de todo el que manda. 
El cobarde e imbécil Pinto reunió laa tropas que aquí hablan i 
RiUó con su guardia de <»raceros a combatirlo, Urriola iriuo- 
Ju fácilmente cerca de las oraciones de una noche lluviosa. Me 
muido xin recado, a eso de las ocho, diciéndome que quería ha- 
blar conmigo i que fuese al cuartel en la casa de ejercicios o 
maestranza, porque él no podia movei-se. No quise ir, i me ale- 
gré: supe que aquello estaba yu lleno de jeute i entre ellos mu- 
chos contrarios i tejedores. Que Diego Benavente estaba hablan- 
do con el comandante Vidaurre, i es el que tiene mas asceii- 
di«iHfl en él. Solo de palabra mandé a decirle que supiese apro- 




— 304 — 

vechar el triunfo, agarrando a algunos, tomando a Pinto (que 
se habia ocultado en su casa i liabia desocupado el palacio) i 
haciendo que éste lo dieso a reconocer, pues debia tomar el 
mando, viniéndose inmediatamente a la plaza i formando una 
poblada o cabildo abierto, pues todo el medio i bajo pueblo es- 
taban con él. 

Nada hicieron, porque Bcna vente se ganó a Vidaurre; en^ró 
la incertidumbre i después la debilidad. Los pelucones y estan- 
queros se juntaron en palacio, después en el Consulado i se eri- 
jieron como representantes de la nación para preguntar a Vidau- 
rre cuáles eran sus miras. Para echarlo mas'a perder, nombra- 
ron ellos a Infante, a Magallanes y a Pradel para que llevasen 
su voz en el Consulado. Pidieron (¡ue Pinto dejase el mando i 
dejaron traslucir que querían federación. Todos los desprecia- 
ron, se acabó el entusiasmo i entraron en capitulación. Se disol- 
vió en seguida el batallón Maipú; a los pocos dias, se empezó a 
perseguir a todos i yo tuve que estar- sosteniendo a Urriola en 
sus diversos escondites. Tuvo después otras empresas que, o no 
supe o no pude contener, i todas fueron descaljelladas. El habia 
aumentado un gran partido de los dados de baja i de los perse- 
guidos. 

Pinto, a los pocos dias, faltó a sus propósitos de ir con los hom- 
bres de bien, separándose de los abarrajados pipiólos i entonces, 
los estanqueros lo abandonaron enteramente, con mas odio que 
antes, i unidos a los pelucones, empezaron a trabajar encentra 
i al descubierto en las elecciones. / 

Esta debilidad en que quedaba Pinto daba mas esperanza a los 
de Urriola, i tuve que tral>ajar no poco para ir manteniéndolos 
diseminados i ocultos, i decirles que hasta que fuese tiempo de 
marchar para el Sur, pues ya aquello estaba adelantado por 
nuestro amigo Basso. Empezaron a desconfiar de él, de Prieto, de 
mí y de otros. Trataron de quitar del mando a Prieto, llamándolo 
bajo varios pretestos, pero yo le advertía oportunamente todo, i 
se mantuvo íirme. Dieziocbo propios tuve que hacer a Concep- 
ción, dos a Valdivia i uno a Coquimbo: muchos mas me hicie- 
ron Basso y Prieto, i tuvimos la felicidad de que ninguno nos 
tomasen, aunque hacian para ello mil esfuerzos. 

En ñn, llegó la época de reunirse el Congieso, en que fui nom- 
brado senador: traté de llevar la cosa de modo que los pipiólos 



— 305 — 

se precipitasen mas en los desprecios que hacian de nuestra 
provincia. Vd. debe estar algo orientado de esto por los papeles 
públicos que entonces corrieron. Diferentes avisos tuve de que 
mi vida peligraba; no les hice caso, pero supe precaucionarme. 
En Valparaiso, conocí a don Diego Portales, a quien nunca había 
saludado; fué fácil uuirnos, porque él con los del Estanco era 
mui contrario a los pipiólos. A mi venida para Santiago, le vi por 
tercera vez, i me dijo que si lograba inspirar confianza a Freiré 
de que el movimiento de los puebles del Sur no era para traer 
a Vd., era entonces mui ÍXc.'ú dar en tierra con todo el pipiola- 
je. Según lo que hablamos en tres largas entrevistas que tuvi- 
mos, del)0 asegurar que él no t^ra contrario a Vd. i que no habia 
motivos, pues su f¿imilia no lo habia sido. También él tenia 
una fortuna hecha i le interesaba un gobierno de orden. Obser- 
vé sí, que era opuesto al jeneral Bolívar, i traté de inspirarle 
confianza en cuanto a no haber relación entre Vd. i el Liberta- 
dor. Tamiiicn procuré de inspirarle confianza respecto del jene- 
ral Prieto, porque advertí que no le miraba bien. En fin, me vi- 
ne de Valparaiso, i ya fué preciso marchar adelante. Yo ha- 
bia contraído amistad con Gandarillas, por medio del Dr. Elizal- 
de, i lo servia diariamente en consultas que me hacia como 
abogado. Llegué a inspirarle tanta confianza con respecto de Vd. 
que ya deseaba su venida; pero como es de lalojia del Estanco i 
amigo íntimo entonces de Freiré, no se podia contar con él sino 
únicamente en todo lo que fuese contra Pinto y los pipiólos. Yo 
le decidí a que escribiese el Sufragante, i aun dicté un número. 
Luego que el Congreso de Valparaiso vio que el Sufragante au- 
mentaba la tempestad, mandaron una diputación a Freiré, com- 
puesta de llamón Novoa, un hijo de Pancho Pérez i Bruno La- 
rrain, para que admitiese el mando de jeneral en jefe de las tro- 
pas de Chile i ^e la marina, diciéndole que el movimiento de 
las tropas del Sur era para traer a Vd., según cartas que se ha- 
blan interceptado. La diputación llegó a esta capital cerca délas 
once de la noche: hubo reunión en casa de los Larrain i todos 
trataron de persuadir a Freiré que admitiese. Este se manifes- 
tó ya inclinado i ofreció contestar para el dia siguiente, pero 
exijió por condición que Vicuña (*) se habia de separar entera- 

{•) Don Francisco Ramón. 

P. PIEQO PORT. 20 



- 306 — 

Diente de t^into, a quién entonces odiaba ínücho. A lá illadtüga- 
da del dia siguiente, me ihstruyó de todo esto don Nicolaá Píá- 
del, que era mui adicto a Freiré i contrario a los pipiólos. Me 
fui luego a hablar con Gandarillas, i acordándome de Id que nle 
habla dicho Portales en Valparaíso, puse en plántala idea: pedí 
que Freiré me concediese una entrevista; convino en ella, i por 
la noclíe, fui con Gandarillas. Estaban alU^ Ceas (estanquero), i 
Zegers. Este se i^tiró i quedamos los cuatro. Yo llevaba eü la 
faltriquera una carta que Vd. me h'abia escrito, haciéndome ver 
que todo lo tenia olvidado i que no pensaba en cosas políticas 
de Cliile, etc. Mi discurso fué largo para convencerle de que no 
se trataba de cosa alguna de Vd., le ofrecí mis bienes, etc. . ; por 
garantía le manifesté ía]carta, i por último, le dije, que si el mo- 
vimiento fuera para traer a Vd., entonces estaría yo unido con 
los pipiólos, entre los cuales hablan tantos O'Higginistas. Ganda- 
rillas V Ceas hablaron también mucho, i resolvió no admitir el 
jeneralato, poi*que le hicimos entrever que triunfando las pro- 
vincias, habria una unión de él con Prieto i entrai'ia otra vez a 
mandar o como presidente o como jeneral. De todo esto di aviso 
a Prieto i Basso, encargándoles que por ningún caso tomasen 
para nada el nombre de Vd. y que hiciesen correr que estaban 
unidos con Freiré. 

Aseguro a Vd. que ese paso es el que cuento como de mayor 
mérito en esta revolución. Como la familia de Freiré (Larrain, 
Pérez, Vicuña), era contraria i aquel tenia distancia personal 
de Prií^to i de mí, ocurrían de cuando en cuando ocurrencias i 
sustos, pero los del Estanco abogaban oportunamente. 

Vino el Congreso de Valparaíso i tuvimos nuevos apuros, por- 
que Pinto renunció i se puso mal con algunos pipiólos. Vicuña^ 
que ya quedaba de presidente, nomI)ró a Freiré jeneralísimo de 
mar i tierra, con facúltales de delegar, de quitar y dar empleos 
sin dar aviso al GoT)lerno y de disponer en todo como quisiese. 
— Me vi casi perdido ese día, pero como los del Estanco estaban 
contra Vicuña i los pipiólos en el mayor encarnizamiento, se 
trabajó oportunamente. Diego Benavente i yo fuimos donde Frei- 
ré i me ocurrió ofrecerle que el movimiento de las provincias 
se aquietaría al Instante i todo quedarla concluido, si Vicuña 
convenía en entregar el mando político al mismo Freiré, toman- 
do él por ministros al Dr. Elizalde, a Tagle i a Borgoño para la 



» 

^^_ 



- 307 — 

guerra. (Uxle entoaces apat'Gntaba est<ir contra los pipiólos). Exi- 
jia lamljien que Vicuíia iliaolviese el Congreso por las nulidades 
de que adolecía. Yo bien advertía que el mentecato i ambicioso 
Vicuña lio hniíi.i de querer coasenlir de dejar el mando ni los 
pipiólos sus puestos en los ministerios i en las cániaras. Con es- 
ta idea, Freiré no admiliú la nueva oferta ni ios otros quisieron 
ceder: continuó, pues, el movimiento iionmaa fueraa, porque ya 
Freiré se mimifesli') claramente en contra de VicuSa. Peleó en 
su casa, hubo vasos i botellas quebradas en la mesa en ese dia, 
la mujer quedó llorando i maldiciendo en couti-a de lienavenle, 
deOandarillas i de mi. 

Todo esto fué preciso, porque yo bien- veía qne no teníamos 
lueruis con qué contar: no habia mas que el batallón Caram- 
pangue con 219 plazas, i loa Granaderos de Biilaes con 22(1, Bata 
era toda la fuerza de Concepción, i faltaban municiones i recur- 
sos: pero yo contaba con la opiuion, n mas bien, con el lote-lok 
d« la novedad. Era casi imposible que Prieto pudiese venir con 
lodaesa poca fuerza, porque allil teníamos kunhieu en contra a 
los NoToa, Manzano, Barnadiea i olit». Vino Alemiiarlc, en dase 
de enviado por la Asamblea i entonceü Iteramos sublevar aquí 
uti escuadrón de Calcadores de acahallo que mandaba Baquedano. 
Entornas hice salir a l'rriola con otros mas que eatulwn ocultos: 
le di S4 onzas para que suJilevase el escuadrón de UrquÍKO 
qne estaba en San Fernando i se marchase pai-a Chillan a reu- 
nirse con Prieto. So lognj lodo esto i ya nos bailamos poten- 
tes. Escnl)i a Prieto ¡lara que me mandase la caballería, une 
aqiii DO tenia otra que se le opusiese, í poder, de ese modo, au- 
mentar el entusiasmo i procurar la deserción. Vino la caballe- 
ría i me uní a ella inmediatamente: si no lo hago asi, nos lleva 
a todos el diablo, porque los pipiólos no reparaban en talegas 
para corromper. Yo no conocía a Búlnes, pero éste traía órde- 

s de dirijirse por mi. Es un escelente joven, pero el hombre 
mas «uaceplible de ser et^aüado. Si yo no estoi a su lado, 
lo amarran como uu cordero, por que cada vez que hablaba con 
los que venían de parlamentarios, ya creia que Vicuña i los pi- 
piólos solo querían ver eu el mando al jeueral Prieto. También 
éste es algo crédulo i me costó no puco persuadirlo i sostener- 
lo. Diego Portales se nos fué a unir también al campnmenlo, i 
esto aumpntó mncfio nuestra fuei-za física í moral, porque ól 



■:' . " — 308 — 

escribía diariamente a los suyos i Freiré, i la deserción de aqiü 
crecía i los recursos se facilitaban. Solo él i yo buscamos los 
fondos para pagar los sueldos. Yo presté 7,400 pesos i él cerca 
de 14,000. En fin, hicimos una liga en la Calera i todo se 
allanó. Allí me ocurrió el plan de revolucionar a Coquimbo i to- 
mar a Talparaiso: todo se acordó en una noche i amanecí escri- 
biendo, con tres amanuenses, cartas e instrucciones. Algún día 
sabrá Vd. todo lo que hice i hasta ahora me admiro de lo que 
yo mismo emprendí. 

En las innumerables entrevistas que tuve con los j[efes ene- 
migos, fué donde tuve que usar de toda la política. El incons- 
tante Viel nos faltó mil veces: 'habia convenido conmigo en que 
la división reconocería al jeneral Prieto, i entonces nos apartá- 
bamos de los estanqueros i de Freiré, pero como él escucha úni- 
camente los consejos de Beauchef y Rondizzoni, nunca logra- 
mos nada. La infantería de ellos era superior ala nuestra i tam- 
bién su artillería; tenían también mejores jefes i oficiales: yo 
veía perdida la acción por nuestra parte, porque el Carampan- 

gue, tenia 210 hombres y su comandante Villagran; el 

batallón Maipü, compuesto de 100 artilleros que habíamos toma- 
do en la Cuesta de Prado i de 200 milicianos de Rancagua, la 
artillería muí despreciable, mandada por un capitán; municio- 
nes escasas, etc. etc., todo daba poca esperanza, i lo peor es que 
yo veía a Prieto confundido i con poco valor. Parecía que yo era 
el jeneral, pues aun ignorando líis^piezas de que se compone un 
fusil^ tenia que entrar a disponer todo. Me ayudaban mucho 
Portales i Alemparte. Este joven interesante es el que mas tra- 
bajó. Viendo, pues, todo esto, propuse a Prieto el que no diése- 
mos la acción de Ochagavia i que nos retirásemos a San Bernar- 
do i mandásemos un emisario secreto a llamar a Vd. "Me hizo 
varías rellexiones i el proyecto quedó en nada. Nos atacaron, 
i Vd. ha visto ya el parte que puse sobre esa acción. Si Prieto 
se hubiese mantenido íirme, como se lo dije a gritos cuando em- 
pezó el armisticio, i no hubiese dado soltura a Lastra, Viel, Go- 
doi, etc., en ese día, hubiéramos concluido felizmente lo que 
aun parecía dudoso. Todos anduvieron con bastante cobardía, 
aunque debo confesar que el pobre Prieto era el que se mani- 
festaba mas ñrme.. 

Se dispuso estender un armisticio i nombrar plenipotencia- 



-309.— 

rios para un tratado: yo gritaba negándome. Por esto i porque 
los enemigos tenian demasiada esperiencia de mi en otros ar- 
misticios anteriores, pidieron que no se me nombrase i que pa- 
sarían por todo. Me hicieron, pues, retirarme. Dije a Prieto, en 
ese momento, que meparecia conveniente se nombrase a Freiré 
de plenipotenciario, para que de ese modo tomasen mas con- 
fianza i no pudiesen estipular que él se encargase del mando del 
ejército: me vino esta idea, porque yo tuve aviso de que la ca- 
sa de los Larrain trabajaba a este objeto con la división enemi- 
ga, i los del Estanco lo celebraban como im triunfo. Se nombra- 
ron, para hacer el armisticio, a llenjifo, yerno de don Agustín 
Vial, i por consiguiente, ya relacionado con Prieto. En el anüis- 
ticio, salieron nombrados de plenipotenciarios don Agustin 
Vial y Freiré; por los enemigos, don Santiago Pérez i Borgoño, 
que ya estaba enteramente descubierto a favor de ellos, porque 
en una sesión de dos noches antes, se hablan comprometido a 
nombrarle presidente de la república i que renunciase Vicuña. 
El ambicioso Freire salió con el escándalo de pactar que él to- 
marla el mando del ejército. Guando vimos esto, ya nuestro 
ejército no era el de dias antes, porque muchos do los que lo 
componían se llamaban a partido i el entusiasmo se habia res- 
friado por la debilidad: fué preciso ponerse en las circunstancias 
i manifestar consentimiento, pero sin soltar el mando. 

Freiré se uhíó con Pinto i con Borgoño, por sesiones secretas 
que descubrieron Portales i Gandarillas: se tenian estas en ca- 
sa de Borgoño, i se juramentaron en que éste tomarla el man- 
do de la República, i Freiré el del ejército, retirando a su casa 
a Prieto. En'seguida, se unieron con*los pipiólos. Antes, i en 
esa crisis, especialmente, solicitamos Prieto i yo a Sánchez, As- 
torga, López, i a cuantos conocíamos por amigos de Vd.; todos 
se nos n^arou, porque estaban muí metidos con los pipiólos: 
solo como un mes después, ya vinieron con nosotros López i Ar- 
teaga; mas el despreciable Símchez se mantiene siempre en con- 
tra. Debo confesar que en estas apuradas circunstancias se ma- 
nifestaron los estanqueix)s muí firmes i consecuentes. 

Ya Vd. sabe que, desde el principio de ios movimientos, nos 
fijamos en Tagle para la presidencia: en éste nos conveníamos 
todos, porque, como es primo hermano de Portales, los estan- 
queros lo deseaban. También Prieto, porque era mui amigo con 



— 310 - 

él, i yo^ porque le oia hacer recuerdos de Vd., i estábamos cour 
vencidos que en el momento de entrar al mando, restituiría a 
Vd. su empleo de jeneral con opción a los sueldos atrasados, i 
lo nombrarla Plenipotenciario en el Perú i a Zaüartu en Bolivia. 
Jamas nació de madre hombre mas tejedor, mentecato, ambi^ 
cioso, hipócrita, cobarde, mezquino i falso. Descubrimos que 
estaba tejiendo con Pinto i los pipiólos; tenia sesiones secretas, 
tarde de la noche, con ellos, con Borgoño j hasta con Freiré. 
Nada cumplió de lo prometido; nos puso en estado de perdernos. 
Al jeneml Prieto lo engañaba como a un niño i éste hallaba im- 
posible que Tagle le faltase: solo Portales i yo éramos los que 
estábamos alerta contra ese tejedor. Ahora hemos descubieito 
que él fué el que mandó a Borgoño oculto a Coquimbo para que 
allí hiciese revolución contra nosotros. Llegó al estremo de fo- 
mentar chismes para poner mal a Prieto conmigo: por mas con- 
sejos i advertencias que yo daba a éste, no podía convencerle 
de que Tagle nos vendía, por miedo i por su carácter tejedor: al 
cabo, se desengañó, porque ese hombre ingrato tuvo la sandez 
de decir a Prieto que si Freiré pedia el mando en jefe del ejérci- 
to, era preciso que hiciese el sacriíicio de entregarlo, retirando 
se a su casa con su sueldo: para esto quería ir a la otra banda 
del Maule a hablar con Freiré, llevando consigo al jeneral Blan- 
co, su confidente, i a don Santiago Pérez. ¿Qué tal hombre? Una 
resma de papel llenaría si escribiese toda la historia de este 
mentecato. Fué preciso hacerlo renunciar a la fuerza: él quería 
poner de Ministro de la Guerra a Borgoño, de Gobierno a don 
Santiago Pérez o a Mariano Egaña, de Hacienda a Infante o a 
Manuel Novoa. Me aburrió i precipitó tanto uh día, que estuve 
para darle de cachetadas. En fin, lo hicimos renunciar para que 
entrase don José Tomas Ovalle, que yo sabia ser adicto a Vd., i 
que había estado en el célebre Congreso que nombró a Sánchez 
de Presidente. Ovalle es hombre de bien, mui íntegro, conse- 
cuente i de un regular talento: marchó bien al principio, pero 
se ha dejado dominar enteramente por Portales, i su circulo se 
ha estrechado en solo los estanqueros; asi es que ha perdido 
casi toda la opinión. Yo había logrado ponerlos de Ministro de 
Guerra a Cruz, i tuvieron que hacerlo por darme gusto; pero no 
lo tragaban. 
Según se han ido afirmando, han ido dejando ver precaucio- 



- 311 - 

ne^ cofttva Vd.: yo los he estado observando dií^riamente, i pox 
m^ que Ips he dicho sobre lo que les interesa el manifestarse 
apijgoí^ 4e Vd., qup le restit4yesen su empleo, que haljlasen ja 
sq^ favor en los papeles públicos, etc., etc., no han convenido, 
bajo varias disculpas. Si les proponía el acomodo de alguno ^e 
los nuestros, o algún ascenso en nuestros militares adictos, se 
R^^n. En fin, hjín llegado al estremo de vertei-se contra Vd. 
eo los papelea públicos: les he dicho fraucamente algunas vec^s 
que eso es herinne a mí mismo: que yo les he sido consecuente 
en todo: que yo no puedo mirar coruQ amigos a los que se.ip^- 
nifiesten enenaigoa de Vd.: que yo soi el intérprete de ^u.9í:jpa- 
zQn i el que mejor sé sus ideas e intenciones: que Vd. pp qs^pj^a 
a m^ndo alguno, ui vendría a Qhile con ese destino, aunque tp- 
doa fuéseuios en diputación a rogarle: que si q\ii^iese y.^niv a 
mafidar, yo entonces les hahlaria con franqifezíi^ e3poj:iií^U,dt9]lj^s 
qqp me separaba de ellos, porque los veia, cor^trarios, i poiiqije 
no podia faltar a Vd. Pasau de diej^ vecps la^ quic íe^ hft Ifepho 
estas protestas eu distintos tiempos, eu reuuippps copljas f,^\^^p- 
rosas; i al fin, hemos tenido que rpnxpey. 

Portales, que al principio no e^a 9Qptrarip. a Vd. fti t^n,iv\,p^r 
qué serlo, fué soltando algunas prend^^ que np ffiq gu3tav.0Uf pi 
tqmó m^ ascendiente que u|i|gunQ i que yo mi^i;u9 .^ Prjpfp: 
él puso una carta de ést^ a Freiré, quei se imprifuip, eip q.ú9, J^{i- 
Waba hien de Vd.; él, B^nav^nte \ Qandar|ll^ ?e han YJ?4Í4^ 
por la imprenta cpu^q cpntrarips: les be recppvenido^, j jj[\e .}^/^n 
contestado alguno? vec^^, cornp seuore? qtie tpdp lo puc/leu i.4e 
na4ie nece^it^. ^§ i^o agu^nt^pdQa disimiUa^jío iphrfmdjp.gp- 
CFPtamentp, MU v^es me acuerdo d^ fif^,so: el brfi^o dpre^l^p ^e 
nos l^a c^dp con su mu^Ji^t^! 

(Jpflííp phservahan que yo habifi traidp a Gru/s al JJiui^tííiífft^ i 
que é§t§ nos^plegí^^t a Ips d^l E^tapqo, eiupe^^^ron a. fliípftr 
cq^tm é, h^ista hacerlp rqnunpiar. Yp le habi(i acop^cj^dp.^pfire 
^ai]|i^t|2 que disimulase hasta su tiempo, i lo miijíua ^ Pepí^..^n 
Cpgu^nvbp; pero no ^p ha podidp: la^ iipprudeucias 4P algi^flps 
amigOíp nue§tpps |ia>^ tevpiaílo todo? mis planes. Claro, \fi^^. ijo- 
pez i otros, que estaban disgustados con el ap^ual.golíie^UPlv}fpIl 
sjujo atraídos ppp Ips pipiplp^ bftjp el acqevdo 4e D9i^^l*?e ep Vd. 
para 1^ ele/t^iop d^e Presidente. Me h^blavpp eljos o^pra t^rq^jqe- 
s^¡.o)9 1^ n^iiéf diciéudoles que Vdr np p^usalj?t en espaí:3d- 



9 



— 312 — 

ñutiría; que debíamos trabajar por Príeto; que esto era lo \inico 
que a Vd. le gustaría; que los estanqueros, con todo su partido, 
estaban en lo mismo; que no escitásemos celos; que yo no ha- 
llaba bueno en política el sistema que ellos adoptaban, ni sus 
desconfianzas. 

Portales i los del Estanco^ viendo que Cruz está disgustado; 
que yo me manifestaba displicente por las seguridades que to • 
maban i sus desconfianzas; que los pipiólos manifestaban unión 
con los nuestros; que Claro i Aris dirijian cartas a todas partes 
i llevaban papeles a la imprenta para proclamar a Vd., se han 
empezado a alarmar: tienen dos planes: uno es hacer que en 
unas provincias no saque votación el jeneral Prieto, para que 
de este modo tenga mas votos i sea Piesidente O valle, que está 
subordinado a Portales i al Estanco. Otro, i este es el temible, 
llamar a Freiré, amistarse otra vez con él i unirse con Pinto. 
Este es el cuidado en que me hallo: lo sé con evidencia: ya ten- 
go avisado a Prieto, a Un-utia i Urriola, que son los que man- 
dan en Concepción, Maule i Colchagua. Todo lo que estoi traba- 
jando es el ver modo de inspirarles confianza. Como ellos tienen 
muchos espías e interceptan las cartas, yo tengo un signo en la 
firma de que solo saben los tres nombrados i Cruz: pongo algu- 
nas por el correo, para que las abran, o para que aquellos Inten- 
dentes las muestren; de este modo, se ha logrado el que ellos 
crean que, aunque estoi retirado del gobierno, siempre estoi 
por Ovalle; pero también les voi a jugar ,1a misma mano de que 
éste no saque votación en algunas provincias para que asi su- 
períte Prieto. Yo no hallo decoroso al rango de Vd. el que saque 
votos para Vice-Presidente, como quieren Claro i otros. Lo que 
quiero es que salga Prieto; que el Congreso restituya a Vd. sus 
honores; que secretamente se le llame a tomar el mando del 
ejército. La presidencia no conviene a Vd. ahora, porque en- 
tonces ima porción de abarrajados i despreciables empezarían a 
pedir por premio condados i marquesados. Tampoco Vd. no 
puede gobernar con esta Constitución. Vd. al frente del ejército 
i después un nuevo Congreso, dando otra Constitución, ese es el 
tiempo de presidencia. 

Yo, amigo mió, no he entrado en esta revolución, gastando 
cuanto tengo i perdiendo hasta mi salud, sino a leí de conse- 
cuente i agradecido, i porque, sin que me engaíle la pasión, no 



— 313 — 

veo otro hombre que Vd. para restituir a este pais su tranquili- 
dad i gloria: aqui no hai nada i la moral está enteramente per* 
dida: los mismos amigos nuestros dan compasión; ambición, 
codicia, bajezas, petardos, esto es lo que se ve. Se asombrarla 
Vd. si yo le empezase a referir anécdotas; pero no hai tiempo, 
ni las creo precisas. 

Vd. debe de estar en que Prieto desea el mando de la Repú- 
blica con preferencia a Vd. mismo: que Echeverría es amigo, 
pero quiere que mande Tagle con preferencia sobre Vd.: que 
muchos de los que ahora toman la voz por Vd. quieren de veras 
que Vd. mande, por tener altos empleos o ascensos: no son és- 
tos los peores. Bajo de estas advertencias debe Vd. ir haciendo 
sus planes, porque veo se acerca la época. (*) 



DOCUMENTO N." 2. 

Fragmentos del Hambriento y del Canalla. 

Letanía. 

(Del "Hambriento.") 

De un sabio cuyo talento 
Se evapora en vanidad; 
Que aspira con ansiedad 
Por mas elevado asiento; 
Que de la corte ornamento 
Y el mas virtuoso se cree, 
Libera nos Dominé. 

(*) Aqui termina la redacción de esta carta de letra del presbítero Acalla: 
signen dos pajinas mas en folio del doctor Rodrignez, en que desarrolla sos com- 
binaciones para el regreso i elevación de O'Higi^ns, pero no ofrecen estas re- 
relaciones interés histórico de ningún jénero i solo ponen de manifiesto la infi- 
mta astucia de aquel hombre, verdaderamente ciitraordinario en la política, i 
que, nn duda, como espíritu de combinación, intriga i suspicacia, no ha tenido 
superior ni igoal entre nosotros. 



) 



J)^ xin hablador doBt^oc^do, 
Qwe, aunque pn Chile no ]t^s^ pa/pidp, 
g^pr^ en todq se ha m^ti^Q 
^n dar W^ P^SQ ^cai*tadQ} 
Que es caluQinia4Qr psadp 

Y que anda como en un pi0, 

I^b^a 91QS Dofniné. 

Pe i^pa. cucaracha par4a 
De la nación arjept^ina, 
Cuya lengua viperina 
Ni al 8^X0 r^3p0to guarda, 
Que taml)ien es dQ la carda 
De otros muchos que yo sé, 
Libera nos Dominé. 

De un cuíco ^1 mas detestado 
Que su ruin asppiaciou 
Ha minado la opinión 
De un chileno majistrado, 

Ou^ en el ps^is r\Q ha flgUF?4o 

Y todos saben por qué, 

Libera nos Dominé. 

De una nariz recojida 
4 ifíflujps de algún puñete. 
Que por Qgurar ae Qiett 
Donde iiadie Iq convida; 

Y para Ip que apeUi4a 
E^s lo peor segup se ve. 

Libera nos Dominé. 

De todos los aspirantes 
Estanqueros, pelucones, 
De pipiólos, de ladrones 
Líbranos, señor, cuanto antes 
De malos representantes 
Que negocian con su fé, 
Libera nos Ompmé. 



— S15 — 

(Del cHainbrientoi oilm. 3 del 9 de enero de 1828 con rela- 
ción a Infante, Orjera, Navarro, Padilla i Valdivieso (don Fran- 
cisco). Esta composición se atribuye a don Ramón Renjifo.) 



Adlvipanzas. 

(Del ♦'Canalla/') 

Vendió a la patria mi padre; 
Yo a sus (Jignos jenerales, 
Robó los bienes fiscales, 

Y tal me parió mi madre 

Oup no hai cosa que me puadrp, 

Y pues las señas te (lod 
Adivíname qui^n soi. 

Se me saltó el ojo izquierdo 
Con el humor de robar, 
De beber i tunantear, 

Y asi dicen que soi cuerdo, 
De hidrofobia a todos muerdo 

Y actual con el m^l estoi, 
Adivíname quien soi. 

Yo del Perú r^gresé, 
Donde hice de chuchumeco, 

Y aqui vine a ser chambeco, 
Lá causa yo no la sé; 

Si es que me falta la fé. 
De intrigan repleto estoi, 
Adivíname quien soi. 

Si pues los tres editores 
Que escriben en el «Hambriento» 
Conocerlos es tu intento, 
De^ciix^ a los anteriores, 



— 316 — 

Ellos 6on los malhechores, 
Y ya que a nombrarlos voi 
Adivíname quien soi. 

(Del cCanalla» del 16 de febrero de 1828, con alusión a Bena- 
vente, Gandarillas y Renjifo, a quienes se suponía redactores del 
cHambriento.» Es de notarse que de Portales nada se dijera en 
esta versaina que se atribuyó al poeta Magallanes.) 



DOCUMENTO N. 



o o 
O. 



MSTA DE LOS SEÑORES JBNERALES, JEFES I OHCIALES QUE HAN SIDO 
DADOS DE BAJA POR DISPOSICIÓN SUPREMA, POR NO HABER RECONO- 
CIDO LA AUTORIDAD DEL CONGRESO NACIONAL DE PLENIPOTENCIA- 
RIOS I PODE» EJECUrrVO DE LA REPÚBLICA, I DE LOS QUE SE 
HALLARON EN LA JORNADA DE LIRCAI DE 17 DE ABRIL DE 1830. 



(No recoooeieron al supremo gobierno.) 



Bmpleofl. 



Jenerales. 



MToBilNnes. 

f Don José Manuel Borgoño. 

I » Francisco Calderón. 

-{ » Francisco Lastra. 

I » Juan Gregorio de Las Heras. 

[^ » Francisco Antonio Pinto. 

Corónele! -{ Don Francisco Formas. 

^Don Ramón Picarte. 
Manuel Urquizo. 
Salvador Puga. 

José Antonio Pérez de Cotapos. 
José Francisco Gana, 
-{ » Pedro Godoi. 

José Santiago Muñoz BezaniUa. 
Venancio Escanilla. 
Eduardo Gutike 
Bartolomé Azagra. 
Guillermo Winter. 



Tenientei eoroneles. 



— 317 — 



^Sarjentoi Nayorei. 



< 



Don Hipólito Orella. 
» Agustín Gana. 
» Santiago Toro. 
9 Mateo Salcedo. 
» Carlos Van Dorse. 



Capitanes. 



lyndantrs Sayom 



Teaientes 



r Don Juan de Dios Solis. 
» Juan Bautista Barrera.* 
» José Antonio Sánchez. 
» Domingo Meneses. 
» Tomas Meimas. 
» Juan Cortés. 
» José Maria Aris, 
» Ignacio Moróte. 



f Don Anacleto García. 
» Antonio Larenas. 
I» José Arteaga. 
» José Antonio Riveros. 

f Don Juan Acevedo. 
I » Manuel Badilla. 
! » José Miranda. 
¡ » Lucas González, 
i 9 Juan José Godoi. 
( » Juan Matías Saldes. 



"■'•■•«"■"'i" 1 'í'tsisr'"- 



Subtenientes 



*j Don Miguel Arregui.' 
' ( » Matías Balbontin. 



Inditor de guerra •{ Don José Tomas Argomedo. 

Cirujano mayor -{ Don Juan A. Greene. 

^ (Se hfillaron cü LiroaK) 

Capitán Jeneral -{ Don Ramón Freiré. 



Coroneles. 



j Don Benjamín Viel. 
( 1 José Rondizzoni. 



TcDicBleí COtODtlu,. 



— 318 — 

f Don Bstev^ Manzano. 

I • Pedro Bai'Decliea. 

j » Pedro José Reyes. 

. i » Manuel González. 

> Francisco Porras. 

I » liregorio AmumUegui. 

I » José. Castillo. 



("Don Ventura Ruiz. 
I » Justo Rivera. 

Sarjentoi «njores ] ,* jSlsSmtago Mardonea. 

I > Luis Salazar. 
l^ » Miguel Solo. 



CnpilaDH.. 



tton Dionisio Vergara. 
» Gregorio Salvo. 
» Domingo Fuentealva. 
» José Tomas Miviica. 
» (íregoriü Kübles. 
■ Pedi'o Alarcon. 
» Euseljioñujz. 
í Pedro Quinfa. 

* José Miguel Millas. 

* José Maria Videla. 

* Felipe Larrosa. 
» José Lahljé. 

» Earlolonié Montero. 

> Gregoño líarnl. 
» Juan Maruri. 

» Pablo Ifuerta. 

> ADlonio Mena. 

> José Uribe. 

> Juan Urzua. 

* JoséSantiE^ Miranda. 
» Ambrosio Gaete. 

» Camilo Gallardo 
» Francisco Pueotes. 

> Cipi iano Scgovia. 

» Manuel Vicente Sayago. 

* José Pozo. 

» José Monrcal. 

> José Antonio Novoa. 

* Pedro Antonio Gacitua. 

> Joaquín Oliva. 



f Don Pedro Dávila. 

I > José fiernaido Gómez. 

tfodanlti Hayortí •{ > Santiago Aguayo. 

I » José Natía Bdjas 
t • Tomas Concha. 



Don José Antonio Kogareda. 

l'"ran cisco Navarro . 

Manuel Viceute Moróte. 

José Anlonio ReVeto. 

Félix Baziui. 

Autooio Arias. 

José Maria Villar. 

José Verdugo. 

Mifruei Fuentes, ffWHa-«ftíífiWHW. 

Juan Arevedo. 

Francisco Arriagad». 

Agustín Quezada. 

Jacinto Holley. 

Manuel Rocha. 

Andrés AiTedonOo. 

tíegundo Toloaa. 

José Maria Jiarril. 

José Manuel Dilvila. 

José Cabrera. 

Ramón Hurtado. 

Valentín Cares. 

Nicolás Pefia, 

José Fuenuilida.. 

Domingo Tenorio. 

José Antonio Sangüesa. 

f Don Victorino Doíiiin'gueí. 

» Lorenzo Bangiiesa. 
I » José Mariu OOate. 
^ » Pedro Coray. 

Bernardo Moreno. 

Marcelino Martineí. 

Luía Villegas. 



GDmiisriDt tt AHHenílH. 

Pon Rafael SurgO. 

Comnel, Don José Maria Portos. 

Ayudanttf líiayor, Don PedW Ñtíasco Uriart». 



— 320 — 



DOCUMENTO N.' 4. 



ADMINISTRACIÓN BE JUSTICIA CRIMINAL. 

(Artíeulo publicftdo por don D. Portales en el Mercurio de Yálparaiao de enero 

17 de 1832.) 

■ 

Sin que ella sea buena, vemos como perdidos los trabajos del 
gobierno, e inútiles sus deseos de mejorar las costumbres i de 
conservar las leyes en su vigor: todo cuanto haga a este fin será 
siempre deshecho, por la falta de cooperación de los encargados 
de este ramo, el mas importante. Si los jueces i tribunales no 
son íntegros, si no son animados por un odio santo al crimen, 
es segura la impunidad de los criminales, i ella trae por una 
consecuencia necesaria el desaliento de los encargados de su 
aprehensión, que ni quieren ver burlados sus empeños, ni es- 
ponerse a las venganzas de los aprehendidos, a quienes la falta 
de un castigo condigno vuelve mas insolentes i altaneros. Hace 
mucho tiempo que lamentamos este gravísimo mal, hace mucho 
tiempo que los chilenos miran en sus juzgados i tribunales a 
los verdaderos asesinos i ladrones, porque su induljencia auto- 
riza, anima, empuja a repetir estos delitos: se grita mucho, pa- 
rece que se toca en la desesperación cuando se trata del estado 
de la administración de justicia criminal; pero al fin todo queda 
en gritos, sucede la calma, i ésta no vuelve a perderse hasta 
que aparecen algunas nuevas docenas de robos considerables i 
de asesinatos circunstanciados: vuelve a esforzarse la voz, i 
vuelve a bajar, luego que se descubre parte del robo, o que la 
viuda se desnuda del luto. Parece que quedan vindicados por 
los derechos de todos, i que los inmediatamente agraviados se 
conformaran con recibir por toda satisfacción el desahogo de 
maldecir a los jueces, a sabiendas de que las maldiciones no les 
alcanzarán, ni al bolsillo, ni a lá salud, i menos a la tranquili- 
dad interior de que admirablemente disfrutan. Mas nunca ve- 
mos que se trata de remediar el mal radicalmente. 



- 321 - 

Haciendo al Congreso de 31 la justicia que se mei-ecc, esperá- 
bamos que se ocupase de un asunto de tanto interés; pero 
habiendo sancionado lu i'efornia <íe la Constitución, creyí'i que 
antes de ella no podia liacerse alguna r>n la atlminislracion de 
justicia. Nos atrevemos a pi-edec-ir que vendiii esa reforma, seri 
establecida; pero no mejoraní la ailmíDistracion de justicia, si 
no se aplicíui remedios tan eatraordinarios como lo es el que la- 
mentamos. iNosotros estamos persuadidos que todos aeran inü- 
liles si no se fija un medio eficaz de hacer efectiva la responsa- 
bilidad de los juecps: conocemos i conocen todos las necesidades 
de reformar el Código Penal; pero ;.de qué serrina este .trabajo 
8i los jueces pudiesen hurlarlo inipuniímente? Ellos se-oscusan 
con la confusión i discordancia de nucsl.ms leyes; pero tendrán 
qutí confesar que éste es puramente un prelesto, si se les pregunta 
¿con qué leyes juzgaljan los alcaldías, i real audiencia eu Chile i 
en toda la América autes española? /.Cuíiles rijen en los juzgados 
i tribunales de España? 1 en Espaiía se ahorca al asesino i se 
ahorcaba en Chile cuando era colonia espacióla, con las n ' 
leyes que hoi sirven para absolverlo o conmutarle la pena.fí 
dice también por nuestros jueces que los territoriales uo saben 
fonnar un pi-oceso i que las inroniialiilades i:ou que vienen en 
apelación los que se levantan en el campo, uo les permite espo- 
ner su conciencia a fallar contra la vida do los procesados, ¡i 
podrán persuadir a algún hombre con ojos en !a cava que los 
jueces territoriales de la Colouia de Chile, en donde apenas ha- 
biíi quienes supiesen leer, estaban mas instruidos en la materia 
que loe de la Hepiiblica chilena, cuyos progresos en todas las 
clases alejan toda comparación? i si es cierta tal i tan joneral 
ignorancia de subalternos, ¿qué ha hecho la Suprema Corla de 
Justicia para desterrarla con toda su superintendencia i con to- 
das sus facultades directivas, económicas, administrativas, co- 
rrectivas i nosabemos que mas? Pero, para quo nuestros tribu- 
nales pudiesen justidcar su fatal induljcncía con tal escusa, es ne- 
cesario que comprendan entre los subalternos imperitos al juez de 
Letras del Crimen de Santiago, poi'que eu esta ciudad, acaso mas 
que en el campo, se bau repetido siempre los asesinatos; el juez 
lie letras forma los procesos, i sin duda los formará de tal modo 
que no haya permitido a loa miembros de la Corte de Apelaciones 
esponer su conciencia a fallar contra la vida de los procesados. 



í^ííosotroa diramoB Ip'que basta Iqs niños repiten: que no hai 
leí buena, si'sedesciiidan los encai'gatios de hacerla cumplir; \ 
avapzaremos^'quQ loa^buenos enpargüdos h;icen bueaas las ley^s, 
pues vemos que 'coiAmas niisnias se adniiaistra íiiep i mal ^ 
jiisticia.inecordcmos eQ'ramprobanlB las dos ópopas de la Au-' 
dieDdia'cQ las vísperas de niiesti-a emaDcipacionr fuú pi-eaídlda 
por un señor Ballesteros i vimos la horca on conLinuo ejercicio: 
el carácter de este funcionario, iiicapa; de capitular con el pri- 
n}«Q, diü míirito al dicho vulgar im bastii i>oco tíeiiipu bá te 
woserva entre la ultima clase —no Uoi rebaja caá el señor lifíllftn 
teros. Entró a presidirla accidentabnsale otro de sus miembros, 
que hacia nlanle de- una humanidad nifli entendida, i no vimos 
durante su rejencia una ejecución, siendo «sj que existiao loa 
mismos crimenes. 

Mediante «íi eRcaz empeño por parte del gobierno para haaer 
menor el mal, se pobló el pi-esidio do Juan t'ernantíei, fueron 
instados frecuentemente los jueces para abreviar las causas do 
los reos que se cnvejeciMí en la cúvcel, i al fin, ésta quedo deso- 
cupada, i fueron conducidos en djstinlís ocasiones como l-iQ 
íacinei'osOB a aquel presidio; con esto medida, liau disminuido 
sin duda los criminales; pera ya vomos las coníocueneios de dq 
aplicar al cviminal la pena que meiece Jiov el delito que cometió. 
No hai uuo que no sepa que esos 110 asesinos, el que menos, 
tenia merecida cuatro veces la muerte: ai se le hubiera aplicado 
la primera vez esta pena, se habriau ahorrado tres víctimas, tres 
delitos i todos tos que se hayan cometido en Gopiapó por loa su- 
blevados en Juan Fernandez: por esta tazón, uosolros no vemos 
a esos presidarios, sino a todos nuesti'os jueces, en columna ce- 
rrada, cometiendo robos i as^ioa^ cu Copiapó: los vemos con 
sus absolvederas, en lugar de picas i puñales, sembrar li) muerte 
i espanto en aquella desgraciada población, i los veremos pasar 
al otro lado de los Andes. 

La estreches de nuestras columnas nos obliga a suspenderla 
publicación en este número de algunos arbitrios que nos aujie- 
re el buen deseo, para que no se haga ilusoria la responsabili- 
dad de los jueces tan prevenida por nuesti-as leyes: lo haremos 
en otro numero. 



— 3íS — 



DOCÜMIINTO N.' 5, 

FRAaMfTfTOS DE LA CORRESPONDENCIA DE DON DiBGO PORTALBS COK 

DON A. Garfias en 1832. 

( I. Codificación.— II. Escuela de uáutica en Valparaisp.— IIl. Comercio na- 
cional i eatranjero. — IV. Sobre lamaiinade gnerra d^ la república. — V. 
Moralidad del ejército. — VI. Reclamos del cónsul Lafore^t) 

Codificación. 

I. 

Enero 5 de 1832. 

Coateste sus memorias al señor dou Mariano Egaña, asegi^r 
rándoje que no puede escederme en los deseos de vemos; perQ 
que yo le escedo en mucho en el entr^able afecto con que c^da 
qia le está queriendo mas su amigo Piego Portales. Dígale, e» 
reversa, quQ se van a convocar estraordinariamente las cápíjí^- 
ras, i que, como hijo de vecino^ le agradecerla escribiese sobr^ I^ 
necesidad i conveniencia de reformar los Códigos, i que entre- 
gue í^ Vd. los borradores para remitírmelos, i que puede contar 
con el sijilo: yo me encargaré de publicarlos oportunamente í 
haremos lo posible para que después de interesada la opiniQíi 
jeneral, se hagan a un lado las pasiones, para dejar pasar pl 
¡proyecto presentado por el gobierno; porque si hai algo co» 
que no pueda conformarme, es la retardación de una pbr2^ c\ij^ 
necesidad acaso llega a ser exajerada a mi juicio. 



II. 

Bson^ nántiea en Valparaíso. 

Mar^o 17 4f 1832. 

Hé aquí un negocio que voi a encargarie^ i que no va a dejar 
^«cLra por mover hasta conseguiíio: vea Vd. a los ministroB, al 



— 324 — 

presidente i hasta la Santísima Trinidad, si es necesario. Ante 
todas cosas, debo prevenirle que en el afio de 1823 tomé mucho 
empeño en esta misma empresa, como lo sabe el Ministro del 
Interior, i sin duda la habria visto realizada, si no se hubiera 
muerto el español Vila, que iba a ser el jefe. Entonces conseguí 
que el gobierno pagase al consulado 2,000 pesos anuales por vía 
de arriendo de su casa, que los gobiernos han destinado para los 
cuerpos lejislativos, i el tribunal iba a contribuir a la empresa 
con estos 2,000 pesos i con 500 del arriendo de la casita que 
hoi ocupa Mendibpru i de que hice desalojar a Boi-goño qué la 
ocupaba gratis en aquel tiempo. Con estas sumas i como con 
400 pesos anuales con que nos hablamos suscrito varios ami- 
gos, íbamos a poner manos a la obra, en que había que empren- 
der el gasto de un salón que queriamos edificar en el castillo 
de San José. 

Hoi no hai necesidad de estos gastos, porque el Cabildo de 
Valparaiso se obliga a dar con sus foudos el edificio, útiles i los 
libros, de que el gobierno nos puede proporcionar algunos du- 
plicados de la biblioteca. De manera que el gobierno solo tendrá 
que costear los sueldos del director i el maestro i dar un invá- 
lido {,ara portero. Si Salamanca ha de obtener despachos para 
nuestra marina, el gobierno no tendrá que pagar mas que a 
Villegas y destinar en comisión a Salamanca para la enseñanza. 

Mucho he escrito a Vd. sobre una cosa que aun no sabe lo 
que es; puesseñor^ es una academia de náutica, en que antes de 
dos años tendremos cien pilotos, para emplear ^n mas de cin- 
cuenta buques mercantes que tiene Chile, mandados por es- 
tranjeros, lo que es una vergüenza: el gobierno tendrá cuantos 
necesite para su marina, i contará con la gloria de hacer una 
cosa tan útil i tan a poco costo. De este plantel sacará los guar- 
dias marinas que haya menester i contará con oílciales científi- 
cos en todos casos. Da pudor ver que no haya un subalternp ni 
un guarda marina de los actuales que sepan algo de pilotaje, i 
que sepan apenas de maniobra: uno i otro va a aprenderse en 
la escuela náutica. No se diga que el colejio militar de Santiago 
va a dar guardias marinos i oficiales de marina: es cierto que 
alli se aprenden los primeros principios elementales; pero des- 
pués tendrían que gastar mucho tiempo en la práctica, cuando 
aqui todo se va enseñando a un tiempo. A mas, el colejio nos 



- 325 — 



daría pilólos pai-;i los Ijuques mercantes, i se puf 
con certeza que los jóvenes que vinieran del colejio militar, aa- 
liiendo aritmética, aljebra, jeometria i trigonomelria plana i es- 
férica, se quedarían como vinieron, porque abordo nada avan- 
zarían con loa i;omandanles de buques, que nada les enEeñarían 
o ponqué no saben, o porque dirian con razón que eran coman- 
dantes de buques i no maestros. De manera que los jóvenes 
aprenderían cuando mucho la maniobra por la costumbre de 
verla, i en fin, querer que sean marinos con lo que aprendan en 
el colejio militar, sería lo mismo quo pretender que lo fuese 
lodo ese rai-dtlmen. de agrimensores nuevos que han estudiado 
la parte d,e nialemálicas que se ensefla en la academia militar. 
Si el gobierno quiere, yo rae encalcaré de la inspección de la 
escuela n.'iutica por los primei'os seis meses o hasta dejarla en 
marcha; si no lo quiere, puede cometer dicha inspección a! co- 
mandante jeneral de marina o al cabildo. El Perú, en medio 
de sue agonías, i de un déficit quo asciende casi al otro tanto de 
siisTeatas, mantiene una academia brillante, i Chile ¿por qué, 
tan a poca costa, no se proporcionará un bien de tanto tamaúo? 

El in-oyecto de reglamento que incluyo tiene muchos vacios, 
i no está por cíerio en el idioma reglamentario-, pero es obra de 
una hoi-a el mejorarlo. 

En fin. si por desgracia se ponen razones o inconvenientes, 
comuniq neme los Vd, para rontestarlos. 

y Nada importa que no se me cometa la inspección de la acade- 
mia; porque yo puedo irme a ella todos los días de entrometido. 
st-guro do que no me echarán para afuera, i de que conseguiré 
con suplicas lo mismo que conseguiría con mandatos: mi cm- 
jicno es para ponerla en camino, que después marchará sola o 
con la insjjecciou de otro menos templado o empeñoso para es- 
tas cosas. 



III. 



Comercio nacional i eilranjar 



Abril lü de 1832. 
Véase cou el Ministro de Hacienda i dígale que he sabido que 
don José Manuel Cea, o hablando con mas propiedad, Míller, i 



- 3M - 

Patricksoii, han hecho uiiii solicilud ul gohieruo pidiendo que 
se les ijennJW trosliordar unos ladrillos venidos de Inglaterra a 
oLro buqüL' eatranjero para que los conduüCft al IhiaBco. La Iva- 
niitacion que hadaduei ministro al espediente rae hace creer 
que lia dudado de la iiíKoliicion a dicha solicitud, i quiero que 
le prevenga que eBcandiüiza vei' a don José Manuel, un hijo del 
paÍ8, suscribiendo ima representación de esta naturaleza, como 
ae lo diré yo cuando lo veu, i que esceudaliaa nioe ver esos es- 
tranjeroB del carajo presentarse con toda la aiTo¡^ancia necesaria 
para robar a loR chilenos el único bien qne posean coíi esclu- 
sion de ellos, i cuya |x>sesiou supo respetar liaata el mismo don 
Francisco Antonio Pinto; el comercio de oabotaje, que en toílas 
partes del mundo eslá eslriclamente declarado a loa buques na- 
cionales. Si íihora se condesciende con Patncksou, maflana se 
argüirá con el mismo ejemplo i el gobierno tendrA que condes- 
cender con otros, i vendrá a arruinarse esta ventaja de los chi- 
lenos, que, por su misma naturaleza, se lia conservado en medio 
de tanta vicisitud, tanta intriga i tanta arbitrariedad de nues- 
tros gobiernos. Estoi bien cierto que el ministro me hará la 
justicia dfl creer, que no me hace hablar asi el interés particu- 
lar, como dueño de la goleta Intkpendeiicia. Incluyo a Vd. una 
lista de los buques nacionales para que le presente, i le haga 
ver el iidmero de chilenos que tienen ocupación en este ejerci- 
cio, i que no puede ocultársele es debido a esto el que tengamos 
marineros pata cuando el gobierno los necesite. Toda la ventaja i 
lodo el Un que estos diablos se proponen en su solicitud ea el 
de ir destruyendo poco a poco el comercio de cabotaje en nues- 
tros buques, porque no puede ci^eei^se que sea la de un real en 
quintal que les lleva de menos por el flete el buque eatranjero. 
Pregúntele también si saldrá la Colocólo para Valdivia o Chiloó, 
i adviértale en conclusiou que ayer tcnian sitiado a Fuentes 
entre Patrickson i el deiiendiente de Miller, lloi-dudote casi por 
un bueu informe. 





marina de guetra. 

Abril 17 de 1832. 
Tengo a la vista las dos de Vd. 14 i Iti del que rijn i contes- 
táodolaa por su urden, digo: que si no se piensa dar destino al- 
guno al Aqailiwi, ^ inUi üuL'no el pona;) ni Lento de desarmarlo; 
pero Hí rousuttiuulo el lionor i respetabilidad del país, sin pen- 
der ai misino tiempo de vista el olijeto de hacer mnrineroa i ofi- 
ciales para cuaudo se neuesiteD, se hubiese de maDiener ette 
buqus, pi-olejiendo uutis veces el comeroio de Chile en el Callao, 
otras risitando los puertos deChíloi.^ i Valdivia, a quienes si<- 
ijuiera, por medio de estas visitas de un buque de guerra, et 
necesario recordarles que el gobierno les tiene presente, que 
los espía, i que al Tantr de la distancia o del completo abandono 
«fl que acaao Se crean, no puedan eatraviarse sin que el gobier- 
no sepa i castigue ku:í estnivios; si ha de maudarsc a (lualemala 
a hacer las justas i-eclainaciones a que han dado lugar aquellos 
salteadores por lo9 agravios iuferidoH al honor de Chile, i los 
ataques que han dado a la propiedad de los chilenos; si el bu- 
qiia ha de euiplearso en visitar otros puertos del mismo Chile, 
emai^ndo siempre de volai el contrabando en nuestras costas, 
qUe yojurai'é que se hace, al menos de especies estancadas; si 
se tratat en Un, de conservar un buque que sin duda va a 
arruinarse en la Itahia deaai-mado, i que, cuando se necesito, 
ser& preciso volver a gastar ea 61 una suma considoi-able, dí^a 
lo que qiiiem Ángulo, o cualquiera otro testimooio ¡wr respeta- 
ble que parezca, yo opinaría porque el buque no se desai-masñi 
mas, si p&nsaoios marchar asi, entei-aodo la vida, seria una lo-* 
cura gastar tanto dinero para conservar un buque fondeado en 
la bahía inútilmente. Yo encuentro mas necesario eu nuestra 
posición uti buque de guerra que un ejército; por grande i bue- 
no que éste sea, iiodemoa ser insultados ímpimeraente en uuea- 
tras costas í en nuestros puertos mismos por un corsario de 
cuatro caflones, que, mientras armábanlos un buque desarma- 
do, estaría ya en disposición de partirse de sus presas sin zozo- 
bra. Diga Vd. al ministro que si yo me inclinai"d ahacer íor- 



— 328 - 

tuna sin reparar en los medios, nunca pensaria en otra cosa 
que en poner cien hombres armados a bordo de uno o mas bu- 
ques mercantes para ir con toda flema i calma a sacarme de 
diez a doce mil quintales cobre que nunca faltan en los puertos 
despoblados de la provincia de ¿Coquimbo. A estas e iguales em- 
presas alienta el saber que en la república no hai un buque de 
guerra de algún respeto. Por otra parte, es de necesidad, en mi 
concepto, que el gobierno esté siempre en contacto, lo diré asi, 
con los pueblos, por medio de un buque de guerra; se les infun- 
de respeto, i también gratitud, cuando se les haga ver esta me- 
dida por el lado que tiende a cuidarlos y protejerlos. 

Digo también que si el buque no ha de navegar, de modo que 
él solo baste a dar una idea del orden del pais, i de la atención 
que presta el gobierno a todos los ramos de la administración, 
es mejor que no navegue. Un buque en buen estado, i en el 
que se note orden, arreglo i disciplina, hace formar en un 
puerto estranjero buen concepto del gobierno de que depende. 
Si se ha creido que no es de importancia el mantener a bordo 
de un buque el piquete de infantería que traen todos los de 
guerra, i si se quiere, mas bien, pagar este. mismo piquete en 
un cuerpo de infantería en tierra, en donde no es necesario, 
porque es lo mismo que un batallón tenga 350 plazas que 380; 
pero debe saberee que sin el piquete de infantería no puede 
conseguirse orden ni subordinación en los marineros; que esta 
familia es insolente e insuboixlinada por costumbre, i que solo 
el fileno del piquete los puede contener: la esperiencia está acre- 
ditando esta verdad todos los dias: actualmente tienen que estar 
a bordo del Aquiles odio hombres de la brigada de ai'tilleria 
de esta plaza, que por su poco numero, son burlados de los ma- 
rineros, i que, a mas, la circunstancia de tener que venir a 
tierra por su rancho al cuartel, dos o tres veces en el dia, les 
hace mas inútiles, pone al buque en diücultades para su arre- 
glo i orden interior de su servicio. 

Me he estendido en lo que menos debiera, cuando tengo que 
ocuparme de decirle, etc. 



Moralidad del ejército. 



^^^ arca pil 



Abrii 30 de 1832. 
Confidencial.— Nada tengo n-'servado para el Ministro de Ha- 
cienda; pera como noto que es lo mismo decirle que no decirla 
las cosas, porque la marcha sigue, ¡ según las apariencias, 
parece que él se acomoda a. ella, lie resuelto no locar nada con 
él acerca del gobierno. A qué diablos matarse sin fruto! hoi, 
por ejemplo, he visto, que con fecha "¿4 de éste, el gobierno ha 
creado una corapaíiia de caballeria veterana con la denomina- 
ción do carabineros de la frontera, nombrando capitán de ella a 
aquel Hojas, comandante por tantos a&oa en la montonera de 
Pincheira, iel que le entfet;ó. Díndlmenle podrá cometerse o 
darse por el gobierno uu paso mas escandaloso, mas torpe, ni 
mas iumoral e impolUico. Los soldados que van a componer 
esta compañía, son sin duda los mismos de Pincheii-a: me fun- 
do para creerlo en que eijeneral Dillnes pmpuso al gobierno 
incorporar al Rejimiento de granaderos 20U hombres de éstos, 
de buena talla i robustez; el gobierno se negó por entonces a 
esla solicitud; ademas, el capitán es Rojas, los dos tenientes i el 
alferOE serán de los mismos oliciales de Pincheira, i éstos nunca 
escojeráu para soldados sino a los mismos suyos; pese Vd. las 
consecuencias de este paso. 1 ." I.a montonera de Pincheira que- 
da en pié, o, diremos mejor, se ha creado de duüvo: el dia me- 
nos pensado recuerda la compaftia los atractivos de su antigua 
vida holgazana i licenciosa, i en masa lleva su cuerpo a las 
Lagunas de Malalhué o a su querencia; pero concedamos que 
asi no suceda, ¿qué tal familia para entregarle la custodia i de- 
fensa de las frouteras? Hostilizarán a los naturales, les suscitarán 
el descontento, les provocanm a la guerra, para robarles en eila 
i robaí' a todo el nmndo. ,;(Jué disciplina, qué urden, qué subor- 
dinaciou podrá conseguií'sr; con una jente. tan licenciosa, i con 
vicios tan tüformes como arraigadoaV iCuánlo padece con este 
paso la moral pública, i sobre todo la del ejército, que ve pre- 
miados los robos 1 asesinatos de tantos anos! 1 cuando debcria 
disolverse el ejercito en sus dos terceras parles para aliviarla 
arca pdhlica i atender a otros gaslos de primera necesidad, se 



está creando nueva fuerza! ¿I e\ Ministro de Hacienda no puede 
evitar tainaflos desaciertos, ruando el de la guerra me asegura 
que el Presidente difiere ciegatneate asus opiniones? Yo veo las 
cosas, me confundo, i tengo que persuadirme por fuerza de que 
yo soi el equivocado; üo descubro ciettos misterios, pero no lo 
es él e) de nuestra perdicioni marchanioa a ella con pasos api'esu- 
rados, i lo que m peor, no encuentro un i-ciuedio que no sea 
peor que la misma enfermedad. Solo acierto con «u recurso, i 
aun eaUí me parece peligroso, i es el que las cámaras, con toda 
la calma, juatilicacion, Orden i decencia, hagan la mas pacillcB 
i iKHirosa oposición a ciertas pretensiones del gohierno; pero 
ni aun esto rnn alreveria a aconsejar, porque me parece quo no se 
va a hacer buen uso de las facultades del Congieao; que se va 
a declarar una oposición acalorada que lo eche a perdei- todo; 
i que no ha de haber ni el pulso ni el tesón necesarios pam 
hacer el bien, i que los intereses, privadoa pueden dividir laÉ 
opiniones del Cougreso, En fln, mi D. Aolonio, es necesaFÍo 
hacer el ánimo a toiuár el tiempo como venga. Conoico todo el 
juicio de Vd. i el tino para manejarse en cualquiera cirounstan- 
cia de la vida, i me parece por oalo etícusado acoBsejarle ta cou- 
ducta que debe observaí- en las presentes. Puede Vd. hablar lo 
que guste con el Ministre de Hucteu^a, con tal quo-yo no auene 
para nada. 

VI. 

RedamoH de Iiaforeit 



¿faifO 25 de 1832. 
Quiero cóntJuir esta carta, dando a Vd. un ralo amargo, como 
el que yó lie tenido. Vd, aabe cuánto hemos hecho por poner a 
la vista del gohierno francés hi infame conducta de Laforest; 
sabe las ramunicacioues c instrucciones dirijidas a Itarra sobre 
este particular. Los ft-aius^es, que veiaii que la justa preTcncioü 
del gobierno contra su óúnsill, petjudicaba susinteceSesen estos 
países, que notaban liítsta la plebe do Cliíte indignada i preveni'- 
da contra los franceses, por la conducta de Laforest, han escrí' 
to a Francia, inclusos los comandantes de buques, dando l08 
informes mas rajantes contra bu botarate cónsul, i en el día, loe 
\ÁmA Vd. desesperados i atacando al mismo Uunipa que dsBpre* 



— 331 — X 

ciando al gobierno de Chile, porque dicen que los ha compro-* 
metido con la vergonzosa inconsecuencia de haber dirijido a 
Laforesl un oñcio el mas satisfactorio, i con el que desmiente 
cuanto el mismo gobierno ha escrito a Francia acriminando a 
este mal funcionario francés. 

Solo me queda el consuelo de que haya alguna exajeracion 
por parte de Laforcst i los franceses, en orden a esas satisfac- 
ciones que dicen contener* la nota: sea como fuere* no cabe 
duda en que Laforest ha dicho que con la tal nota va a desmen- 
tir a Francia cuauto se ha dicho de él. Mi sentimiento se au- 
menta, por otra parte, temiendo que este oficio se haya puesto 
o firmado por Toco mal, porque dicen que es reciente. Aproxí- 
mese Vd. a Bello, como que no quiere la cosa i corno que sale 
de Vd., vea si puede leer el oíicio, i noticieme de lo que haya 
sobre el particular, porque, si es cierto, vamos a quedar como 
los mas botarates del mundo. 



DOCUMENTO N.*" 6. 

Piezas judiciales relativas a la conspiración de Labbé 

EN 1831. 

MINISTERIO DE LA GUERRA. 

Santiago y octubre 28 de 1 83 1 . 
S. E. el Presidente de la República tuvo denuncio que don 
José Labbé con otros trabajal)a en conmover los cuarteles^ pro- 
vocando a los soldados a una insurrección, y que, con este obje- 
to, habia distribuido dinero entré algunos cabos y sarjentosi Fué 
informado ademaá que en la noche de hoi se i-eunian algunos 
en cierto apunto del tajamar para dar a reconocer nuevos jefes i 
óñciales para los cuerpos que ya presumian sublevados. A fin 
de evitar con tiempo cualquier resultado que pudiese perturbar 
la tiíaoquilidad pública^ S, E. ordenó a los jefes de la guarnición 
redOUasen su vijilancia, i precediesen a asegurar a todoB aque- 



— 332 - 



líos individuos que se encontrasen en el lugar designado para el 
rBConocimiento que ya se ha dicho. En cumplimiento^ de esa 
orden, acaba de avisar el comándame de hiisares don Pedro Soto 
haber aprehendido a D. Francisco Formas, don José Lahbé idon 
Manuel Subicneta, i me ordena S, E. los ponga a disposición de 
V. S. paraque, sin pérdida de momentos, proceda a ordenar for- 
marles el correspondiente proceso como a sediciosos i a los de- 
más que resultaren ctórapUces.— Dios guarde a V. S. — Guí/íermo 
Vega. 

Dsoliniaion d«l capltati don Ocegorlo Murillo. 

En la ciudad de Santiago, a treinta i un días del mes de octu- 
bre de 1831 aíios, el scüor juez llscal pasó con asistencia de mi 
el presente secretario al cuartel de artilleria, en donde se halla 
arrestado el capitán de ejército doa Gregorio Murillp, a quien 
ante mí hizo poner la mano derecha tendida sobre el puño de bu 
espada i 

Preguntado si bajo su palabra de liouor promete decir verdad 
sobre loque se le interrogase, dijo: si prometo. 

Preguntado su nombre, empleo i ai sabe la causa de su pri- 
sión, dijo se llamaba Gr^orio Morillo i que es capitán graduado 
de ejército i que sabe la causa de su prisión. '' 

Preguntado diga cuál es la causa, responde que por haber 
hablado don José Labbé para un movimiento que se trataba de 
hacer, i que el que declara habló a unos sárjenlos del rejimien- 
to de cazadores, haciéndoles ver que o! que declara no era ene- 
migo de la presente administración i que era conveniente lo- 
marles el dinero i descubrir a los autores. 

Preguntado qué sujetos le han hablado a mas de Labbé para 
este movimiento, dijo que ningún otro. 

Preguntado qué dia habló a Salinas para tratar de este movi- 
miento, dijo que el viernes 21 del corriente, como a las siete de 
la noche, se encontróel que declara con Pascual Salinas, a quien 
le preguntó si estaba el sárjenlo Kodriguez en el cuartel, a lo 
que le resiiondió Salinas que si; entonces el que declara pregun- 
tó a Salinas si también era sárjenlo, contestó éste que si. En 
seguida, dijo a éste el que declara que en qué disposición se ha- 
llaba para ganar unos reales que ofrecían por sublevar el reji- 



- 333 - 

miento. Respondió Salinas qae en buena disposición. Cnlonces, 
el que declara dijo a Salinas que si tenia algunos amigos de su 
confianza los hablase, juntamenle al aarjeuto Rodriguez, i dijo 
el que declara que los iba a esperar a su casa i se despidió. 

Preguntado si fué el sárjenlo Salinas i algunos otros a la cita 
de aquella noche, dijo: que como a las ocho de la noche llega- 
roQ a la casa de la cita con el criado del que declara (a quien 
había dejado en la plazuela de San Pablo para que les enaeúase 
la casa) el sarjento Isidoro Rodriguez i el de la misma clase An- 
tonio Miranda, a quienes el que declara les advirtió que el mo- 
vimiento no debia hacerse i que no hablasen a ningún soldado, 
que solo los invitaba el que declara para tomarles el dinero que 
ofrecían í dar parte i les anadió que cuando saliesen para algu- 
na parte, no se dejasen seducir, si alguno los intentaba. Toda 
esta conversación la tuvo el que declara en secreto coa los dos 
sárjenlos, i les previno que les iba a preguatar en voz alta como 
88 hallaban para el movimiento i que le contestasen del mismo 
modo, que tien, con el objeto de que oyese el que estaba aden- 
tro, a quien ellos no habían visto ni yo les había dicho quien 
era. 

Preguntado quién era el que estaba adentro i sí sabe de algu- 
nos otros que están comprendidos, dijo que el que estaba aden- 
tro era don José Labbé i que éste le dijo al que declara que es- 
taban comprendidos i eran los principales don Francisco Antonio 
Pinto, don José Manuel Rurgoño, don Juan Gregorio Las Heras, 
don Carlos Rotlriguez i don Joaquín Campino. 

Preguntado en qué quedó con los sarjentos Rodriguez i Miran- 
da la noclie de la primera entrevista, dijo que les ordenó conti- 
nuasen yendo, loque verificaron Rodriguez, Miranda i Salinas, 
a quienes i'epitió el que declara lo mismo que en la entrevista 
anterior, i dio el que declara tres pesos a cada uno, encargándo- 
les trajesen al sarjento Espinosa, lo que verilicaron a la sígnien- 
le noche, i habiendo prevenido el que declara a Espinosa lo 
mismo que a los demás, en ói'den a no hacer el movimiento, le 
preguntó en alta voz que ai estaban prontos los caballos, a lo 
que contestó que si, dio el que declara tres pesos a Espinosa 1 
los despidió, previniíndoles que pava el viernes 28 del que espi- 
ra, le llevasen los estados de las compafíias aumentándoles la 
fuerza; dicho esto los despidió el que declara. 






-*. 334 — 

Preguntado si se volvió a ver con los sarjentos el dia oitado» 
dijo que no. 

Preguntado cuántas veces estuvo Labbé en su casa i con quie- 
nes i a qué horas, dijo que dos: la primera, el sábado 22 del pre- 
sente, entre ocho i nueve de la noche, le di tres pesos para 
cada uno de los sarjentos, i la segunda, el viernes 28 del presen- 
te como a las cuatro i cinco de la tarde. 

Preguntado qué trató o habló con Labbé en esa tarde, dijo 
que solo le habia dicho Labbé al que declara que aquella noche 
tenia que ir a dar un socorro a los húsares para que esperasen 
mientras se juntaba el dinero. 

Preguntado si supo de Labbé quién facilitaba este dinero, dijo 
que no: que cuando le preguntaba el que declara a Labbé, solo 
le decia que unos sujetos. 

Preguntado por qué no dio parte al gobierno del movimiento 
que se trataba de hacer, dijo que por esperar ocasión mas opor- 
tuna, o por mejor decir, para descubrirlo todo, I que a los sar- 
jentos les habia dicho que si querian dar parte lo ^ciesen para 
quedar a cubierto. 

Preguntado si sabe qué plan se proiX)nia Labbé cuando le ha- 
bló para este movimiento, dijo: que después de sublevados los 
cazadores i húsares, sacar algún armamento de esta capital^ si 
se jMxiia; en seguida dirijiree a los pueblos Rancagua', San Fer- 
nando i Guricó a acopiar armamento, municiones i caballada; i 
en caso de ser pei^eguidos por alguna fuerza considerable, pa- 
sarse a la otra banda, reunirse con Bamachea i los indios i ha- 
cer la guerra hasta reunir fuerzas capaces de emprender contra 
ia capital. 

Preguntado si tiene mas que decir sobre el particular, dijo 
qee no i que lo dicho es la verdad, a cargo de la palabra de ho- 
nor que tiene dada, en que se afirmó i ratificó, leida que le fué 
esta su declaración, i dijo ser de edad de 28 años i lo firmó con 
dicho señor i el presente secretario. — Gregorio MuriUo.^Mamud 
José de Aslorga. — Agt^slin Videla, secretario. 



DOCUMENTO N: 7. 

PiBZAS JUDICÍALES REWTiVAS A. LA PRISIÓN 1 OKSTIERRO DR DON 

Cahios Rodríguez en 1 ft:i | . 

Sunliago, octubre 29 cíe 1831- 
£11 cumplintieoto de la Orden de S. E. el se&or Pi-esidenle de 
la RepüLlica, que verlialmeoto mueve por conducto dn V. S., 
procedí a la aprehensión de Iob señoree don Pedro (Sodai, don 
Kicolas lltaiiez, don Francisco Porras i don Carlos Rodriguen, 
to dos iH'imeros l'ueron lomados por mi (Godoi en cusa de bu 
Uermano i el olro en el caft' de Carmona), el tercero por el ayu- 
dante de policía don lorenzo Cacvacho eu los bnüos de OtHnes, 
^a, donde hablaba eu secreto con doa señores ¡x quienes no cono- 
cjti, i, el último no pudo ser api-chendido por no eneanlparoe en 
su casa a la hora que se le buscó, (jodoi i Porras existen presos 
ea este cuartel de vljilautes, e Ibiiñez en la aircel; de loque 
^oi jjiacte fi V. S. para que se sirva ponerlo en noticia da S. E. 
el seúoír Presidente de la RepúbUca.— DiosKiianie a V. S. mu- 
chos anos. — José He ¡íi Cnttireda. 

DaclarAcioD dd capitán doa Jaab Sotomayoc. 

Gil la ciudad deSuaLiago, a 30 dias del mes de octubre de 1831 
dfiüs, el señor Juez fiscal pasócon asisteocia de mi el infrascri- 
to Bcci-etario al cuartel de arlilleria, en donde se halla arrestado 
eicapikinde hilsaresdon José Sotomayor, a quien ante mi hi- 
ai poner la mano derecha tendida sobre el puiío de su espada, i 

Preguntado |>or dicho seíior si bajo su palabra de lioitoi pro- 
mete decir verdad en lo quo se le interrogase, dijoi si prometo. 

Preg untado su nombre, empleo, i si sabe la causa de su pri- 
aion, dijo se llamaba José Sotomuyor, que es capitán de la se- 
gunda compañía del escuadrón de hilsares i que Ignora la caui 
sa de su prisión. 

preguntado si sabe el'paradero de D. Pedro Godoi, don Ni- 



- 336 - 

colas Ibañez, don Francisco Porras i don Carlos Rodríguez, dijo: 
que sabe solo de Rodríguez se hallaba preso en el cuartel de 
San Pablo, i los demás sabe se hallan presos, mas no dónde. 

Preguntado dónde entró el jueves veinte i siete del presente 
vestido de paisano i a qué, dijo: a casa del doctor don Carlos 
Rodríguez a hacerle la manifestación que la noche antes le di- 
je tenia que hacerle en una defensa. 

Preguntado desde cuándo ha contraído esta amistad con el 
sefibr Rodríguez, dijo: desde el domingo 23 del presente en la 
noche i estando de paseo en el*^ parral de Gómez. 

Preguntado si por este señor tuvo noticia de la revolución o 
sedición que se intentaba hacer, dijo que no. 

Preguntado si le hizo éste alguna invitación, dijo que direc- 
tamente no, pero indirectamente sí. 

Preguntado qué llama invitación de modo indirecto, si algu- 
na otra persona presenció esto, dijo: que le llamaba indirecto 
porque el ante dicho señor Rodríguez trabajaba a fin de hacer- 
le consentir lo que él decía, i que estaban presentes los señores 
agrimensor jeneral don Antonio Gatíca i el alférez de la compa- 
ñía del que declara^ don Antonio Míllan. 

Preguntado diga sin rodeos cuanto le haya oído al señor Ro- 
dríguez, teniendo presente la palabra de honor que tiene dada 
de decir la verdad en todo lo que supiere i le fuere preguntado, 
dijo: que, la noche del 23, lo primero que oyó a este señor fué 
una desenfrenada declamación contra el gobierno i elojios en 
favor del señor don Francisco Antonio Pinto, i preguntándole 
con frecuencia al que declara que si era libre, i cuando le con- 
testaba que sí, le daba la mano diciéndole, que siendo amante a 
la libertad, debía ser con Carlos Rodríguez, pues éste era quien 
mas la amaba i que se complacía mucho de conocer a un hombre 
que era con sus ideas e hijo de un padre que había sido tan su 
amigo, i que en esa virtud debía morir el que declara por él, i 
que en prueba de ello le regalaba un sable de su hermano fina- 
do ya, don Manuel, alhaja que nunca la habría enajenada a no 
conocer fuese el que declava un buen amigo, que creía lo sabría 
emplear en defensa do los libres; que siendo ya las tres o cuatro 
de la mañana^ los ante dichos señores Gatíca i Míllan invitaban 

al que declara a retirarse a sus casas, pues la hora era ya in- 
tempestiva. A pesar de esto, insistió el señor Rodríguez en que 



■equedaf^i^ iil que clQclara. diciémlolL's ;i Gálica ¡Millanquese 
fueaen ellos, sin dejar moverse al iiuc declara, de su asiento, ¡ 
estando solos los dos, entrü trabajando niievamcRte a fin de con- 
vencerlo en que la administración actual era miila i que ningún 
hombre libre podia s(?r conforme con las nulidades de dicha ad- 
ministrarion, que asi ramo era de loable ser couseciieute a un 
buen gobierno, lo era Uimbien tirar la eiípada contra el inicuo, 
i que dominados ya ambos del sueno (pues eran ya Lis seis da 
lamafiaua), cortaron laconvciuncion, retirándose el que declara 
a su cuartel. Ahi encontró a Millau i k' preguntó éste que cúmo 
te habiu ido, i después de contestarle el que declara que bien, 
le dijo Afilian qtie él creia que el objeto del señor Rodríguez era 
el de sedncirlo, i pregunLindole el que declara que qué princi- 
pio tenia para decirle eso. contestó Millan que cuando marchá- 
bamos del paiTal de Gómez para casa del sebor Rodriguei, le 
preguntó ente que si el que declara tenia partido con los oilcia- 
le< i tropas i que ót cómo se hallaba, i que a eso rantestú Millan 
que él dereria eu todo a bt voluntad de su capitán i que era que- 
rido el que declai'a de los oficiales i tropa de su escuadrón; que 
hasta el miércoles Sfi, no se volvió a ver el que declara con el 
ante dicho señor Rodríguez, en cuya noche, le hizo Rodriguei 
las premunías siguientes: que de qué número de plazas constaba 
^u escuadroij; que si el cuartel que ocupaban era seguro i si 
liobia comodidad, i añade el que declara que, al entrar al cuarto 
lie Rodriguez. viósaliradonPedraGodoi, i que. al poco ralo, Ue- 
iiú don Duuiingu fVodoi, hermano de don Pedro, i en pos de éste, 
don Ruraon Aris, quienes no hablaron cosa que mereciese aten- 
ción i se marcharon. Kn seguida, se marcbú el que declara, que- 
dando de volver la noche siguiente, lo que verificó a las ocho de 
bi noche, vestido de paisano (para no ser conocido, porque creia 
lii cosa sospechosa), i a poco de haber llegado entró alli don 
Pedro José Godoi, quien tocó primero la puerta, i preguntando 
. Rodríguez quién era, contestó Godoi, a mi parecer, él, cuya con- 
testación me parcciii sospechosa i entró; a pocos fnomentos, lle- 
gó don Joaquín Campino, por lo que solo hablaron un poco 
antes de llegar estos señores i fué lo siguiente: repitió las pre- 
guntas de la autcrior uoche, añadiendo la de que si mi escua- 
drón leni!| carabinas, a lo que contesté que tenia, i luego le 
pr^unta Rodrígiiez que si tenia lugar o ascendiente entre los 



— 338 — 

oficiales i tropa de cazadores, lo que no alcanzó a contestar, pues 
a'i^ sazón entró Godoi; quo no tiene mas que añadir i que lo 
dicho os la verdad, a cargo de la palabra de honor que tiene dada, 
en quese aflriüó i ratificó, leida que le fué su declaración, i dijo 
ser de edad de 24 años, i la firmó con dicho señor i el presente 
secretario. — Manuel José de Aslorga.—José Solomayor. — Agustín 
Videla^ secretario. 

' Declaración del alférez don Antonio MiUan. 

En dicho dia, mes i año, el señor juez fiscal hizo comparecer 
antesí al alférez don Antonio Millan, a quien, anle raí, el presente 
secretario, hizo poner la mano derecha tendida so])re el pimo de 
su espada, i 

Preguntado por dicho señor si bajo su palabra de honor pro- 
mete decir verdad sobre lo que se le interrogare, dijo: sí pro- 
meto. 

Preguntado su nombre, empleo, si conoce a don Josó Sotoma- 
yor i si sabe en donde se halla, dijo que se llamaba Antonio 
Millan, que es alférez de la segunda compañía del escuadrón de 
húsares, i que conoce a don José Sotomayor por capitán de su 
misma compañía i que sabe so halla preso e.n el cuartel de arti-» 
lleria. 

Preguntado si el domingo 23 del presente estuvo en el parral 
de (lomez en compañía de don José Sotomayor, don Antonio Ga- 
tica i don Carlos Rodríguez, dijo quo había estado con ellos, no 
el -domingo 23 i sí el jueves 20. 

Preguntado; desde que tiempo conoce a estos individuos, dijo 
que a Sotomayor i a (ratica los conoce i trata mas de ocho años, 
i que a don Garlos Rodríguez no lo había conocido ni tratado 
sino en aquella noche. 

Preguntado; qué hicieron o trataron aquella noche, qué con- 
versaciones tuvieron i esprese menudamente todo, dijo: que es-^ 
tuvieron cenando el que declara con el capitán Sotomayor i don 
Antonio Gatica, i que don Carlos Rodríguez estaba en otra mesa 
haciendo lo mismo; después de haber acabado de cenar, el que 
declara i sus compañeros se acercaron a la mesa de Rodrigues^ 
quien echó algunos brindis por la libeitad. Con este motivo, se 
trabó conversación entre Rodríguez i el capitán Sotomayor, 



— 319 — 

quien le rebatíalos cIojíds que liaciit dtil í«>Qor PÍnU> i Freiré, 
como taraliien lo quo tiraba coulra la pei-aoua del setior PrsHi- 
deiite don Jtfaquiíi fripio, el que declara puBO mai posa aten- 
don a Ittlo esto, por cuyo inoUro, do se acuerda ni aun como 
faei-oa las espreaioues de llodriguez, i habicodrí salido de dicho 
parral, se oiicamioú el qnti declara con Solomiiyor, Galir.», don 
Carlos Itodnguez i don Joaquín Camplno hacia la alameda, to- 
mando del brazo ItodiiguGz al qiiedeclai'a, i Soturna yor a Gálica 
i que Camplno iba con otra señor, a quien el que declara no co- 
aoce; que llegados a h alameda. Camplno se niarcik». i Rodrí- 
guez, Sotnniuyor i Gatlca se sentaron, i el quo declara se quedó 
en pié; a poi:o rato, se marchó el que declarii. Solomayor, Qatica 
1 Rodríguez, tomando del biiiíu Kodrignez a Sotomayor 1 el que 
declara a Gálica, en dirección a la casa dolante dicho Rodrigue!; 
llegado que Tué el que declara hasta la puerta de la casa de Rq^ 
driguez, trató de irse éste con sus compañeras, mas llodriguei, 
u fueiiia de instancias, los coivipramelii) a entrar, lo que verifica- 
ron: estimdo ya ^dentro, hizo Rodríguez sacar que beber, a poco 
rati) eutD3 Rodríguez para admilro. sacó un sable i le dijo al oa- 
^an Solomayor: lo v<ii a recalar un tablc, jirmda th un kermttM 
ami qiteriih, I se lu presentó; después dice el que declara quo e» 
manitJeetaba Rodríguez aiTcpentido Ael regalo que había hacho 
i qiie le dei:ia al caijítan Solomayor: Te lo compro: quieres una 
tmta por é)f a lo que contest^'i SoUimayor que se quedase con su 
sable, qne no lo necesilalia; a lo que respondió Kodriguei que 
no, que se lo regalaba. En esto, el que declara se quedó dormi- 
do en la silla eu que estaba sentado, por lo que noftnede dar 
una noticia de lo demás que allí pas>i. 

Preguntado; después que recordó, diga lo mas que iicooteciú, 
dijo: que niomenlijs antes de recordar Jiien, el que declara, oyfl 
como entre sueftoB que decía Rodriguei; Hijo dt Solomayor, de 
mi inlimo «migo, mi condiicipiih. Kn esto, rocordó bien el que de- 
clara, 1 parándose, dijo a su capitán que se fuesen, pnes ya eran 
como las cuatra de la mañana, .n lo que se opuso Kixlrigiiez, di* 
ciendo: «vayanse Vdes., que el hrtaar se queda aqm»; entonces 
el que declara se marcbu acouipaDado deUatica, habiéndose dele- 
nido un rato en la puerta de calle por ver si dej,i1)a Itndrigoez 
salir a Sotomaynr. Visto que no salla, se marcharon el quA de- 
clara i fiatii-a . 



— MO — 

Pr^uiitado; (jué coiiveisariuii luvo por el ciimiiio con Gálica, 
dijo que ílatica le lialiia Jicho al que declarar Qvv querrá hacer 
Rodrigue:^ con Sotomayor? A lo que conlesló que tfíitén sote, a lo 
que Gálica le dijo: Qué pensaría fíodriave:: seducir a Sotomayor? 
A lo que contestü el que declara que se guardaría de hacerlo, 
que con bueno había dado i que ya oiria su conlesUiciou. Se- 
guimos nueslra marcha hablando cosas indiferentes, hasta llegar 
cerca del lustiiuLo, en donde se quedi'i Gatica i el que declara se 
marchó para su cuartel. 

Preguntado si tieoe aiyo mas que decir, dijo que no, i que lo 
dicho es la verdad, a cargo de la palabra de honor que tiene da- 
da, en que se afirmó i ratificú, leída que le fué esta su declara- 
ción, ¡dijo ser de edad de 31 anos i !a firmó con dicho seíior i el 
presente secretario.— .liKoníü MHIan.—MamidJw ¡le Asiorga. — 
Agustín Vidcla. aecretario. 



Deolaricion de don Job6 Anteólo Qatica. 

En dicho dia, mea i aiio, vi señar juez liscal hizo comparecer 
ante si a don Antonio Gálica, a quieti ante mi_, el presente secri- 
tario, hizo levautar la mano derecha, i 

Preguntado: juráis a Dios i prometéis a la patria decir verdad 
•obre el punto que os voi a interrogar, dijo: sí juro. 

Preguntado su nombre, empleo í si conoce a don José Soto- 
mayor i si sabe en donde se halla, dijo se llamaba José Antonio 
Gatica, que es profesor de Matemfilicas en el Instituto Nacional, 
que coDOG* a don José Sotomayor i que sabe ce halla preso en 
el cuartel de artilleria. 

Preguntado; si el domingo veiute i li'es del presente estuvo en 
el parral de Gómez en compañía de don José Sotomayor, don 
Antonio Millan i don Carlos Rodríguez, dijo que había , estado 
con ellos, no el domiugo 23, sino el jueves 20. 

Preguntado: desde quú tiempo conocía a estos individuos, dijo 
que a Millan i Sotomayor los conocía mucho tiempo i tiene 
amistad con ellos, i que a don Carlos Rodriguen no lo habia tm- 
Lado Eíno aquella noche. 

Preguntado qué hicieron o trataron aquella noche, qué con- 
versaciones tuvieron, i esprese menudamente lodo, dijo: que 
después de haljer cenado el que declara con Sotomayor i Millan, 



— 341 — 

se reunieron a don Carlos por invitaciones de él; que en s^uida, 
lüs invitó igualraenle a brindar por los amantes de la libertad, 
a lo que ningunij le hizo oposición, peioque después habló con- 
tra el actual gobierno i particulai'meiite contra la persona de 
don Joaquín Prieto i se le opusieron el que declara i don José 
Sotomayor; que, en seguida, hizo el elojiode don Francisco An- 
tonio Pinto, i don José Sotomayoi le rebatió; que el que declara 
recordó al seQor Sotomayor i.Millan que tenían obligaciones que 
desempeñar al siguiente dia i que por consiguiente era necesa- 
rio retirai-so, i don Carlos les dijo que se estuviesen otro rato, 
que aun era temprano, tondescenüiú el que declara i sus com- 
paüeros, i, al cabo <le un rato, salió el que declara con sus com- 
paneros i Rodríguez i se dii-ijierou hacia la alameda, tomando 
Rodríguez a Millan del brazo i el que declara a Sotomayor, i asi 
caminaron hasta sentarse en un sofA, por invitaciones de Rodri- 
fc'uei, i qué éste ae separó por un momento, dicitsudoles que lo 
esperasen, i que entre tanto, Millan contó al qué declara i a So- 
tomayor que, Rodrigufz le babia preguntado qué tal joven era 
Sotomayor, i si arrastraba opinión en su cuerpo, i que sí él 
queria mucho a su capitán, i que Millan le había contestado 
que era un joven de muí buen carácter, que tenia opinión i que 
él lo era niui deferido. Después de esto, dice el que declara 
que llegó Ilocfriguez i se miircfiaron juntos pnra dejarlo en su 
casa, tomándose don Carlos con Sotomayor del brazo i el que 
declara con Miilan, i asi caminaron hasta la puerta de la casa de 
don Carlos, donde con instancia los convidó a entrar, lo que ve- 
rificaron por una coudesL' endeuda; que entraron i luego don 
Carlos les hizo traer que beber; que allí le preguntó a Sotoma- 
yor quien era su padre i él le contestó que era don Manuel So- 
tomayor, a lo que don Carlos le dijo que habia sido sn intimo 
amigo, i que no podia dudar que él, siendo hijo de un hombre 
con quien habia tenido amisladi tan estrecha, dejase de serle 
adicto i su intimo amigo, i paja acreditarle que él lo era de 
Sotomayor, le regalo uu sable, que él dijo ser una de las cosas 
yue mas apreciaba, por liaber sido de su muí querido hermano 
don Manuel: que no se habría deshecho de él si no fuera por 
acreditarle su amistad, i después, dice el que declara, que se 
manifest.tba Rodiiguer. arrepentido del obsequio que habia he- 
cho a Sotomayor. i le ofrecía compríii-selo por el dinero que qui- 



^ 



— 342 — 



% 



6Í6fie; después le deciá a ^otótnayor que ya üó &é afl^p^titt> 
pdtxjué cteia que con aquel éable defendería a los libreé; Qti^, 
^ü seguida, él que declara volvió a iüstár a Sotomayor i Millatt 
para i'etlrai'se, j)ues ya eran como lafe cuatro o cuatro i medUi 
de la mañana; óe Bepjíró el que declara, tomando a Sótortiayor del 
brazo, a lo que se opuso Rodriguez, diciéndole al que déclaíd i ^ 
Millan: tváyanse Vdes., dejen aquí al capitán» , i entonces le dljé 
Sotoraayor que hablan venido juntos i del mismo r&odo sé de- 
bían retirar, i que no podía quedarse, i como por fuerza, alajó á 
Sdtomayor i se marchó el que declara con Millan. Salido de allí 
6l (Jue declara, dijo a Millan que si pensaría Rodriguez sedúóit' 
a Sotómayor; entonces Millan contesto al que declara que ñó 16 
dudaba por ciertas insinuaciones que a él le habia hecho cuá))- 
dd se venían del parral, las que el que declara no se interesó efi 
saberlas. 

Preguntado si tiene mas que decir, dijo: que no se áoorda&a 
dé otra cosa i que eí^to es en sustancíalo que pasó; que rió lieóe 
iftas que decir i que lo dicho es la verdad, a cargo del jurátóeft- 
. tó que tiene hecho, en que se afirmó i ratificó, leída qué lé fué 
ésta su declaración, i dijo ser de edad de 24 anos i la firmó ctíú 
flicho éeíiór i el presente secretario.— /os¿ Anlonió Galka.-^Má'^ 
Wn^t José de Aslorya.—Agnslin Vúiela^ secretai'io. 



DOCUMENTO N.* 8. 



l^AlitS DEL lNt]E:Ni:>l¿N'rE V DEL COMANDANTE DE SERENOS DE SANTIAGO 
SOBRE LA CONSPIÍiACION DE LOá PUÑALES EN 1833. 

Santiago j julio 16 efe 1833. 

Al acompañar a V. S. el sumavio que se ha levantado por este 
gobierno sobi*e una conspiración que debia estallar el 13 delco^ 
rriente, me ha parecido oportuno instruir a V. S. de algunos da>^ 
toé^ que no constando enteramente del parte, pueden acaso iii'- 
fluir en el esclarecimiento de los hechos. 



- __ 343 — 

A las siete de la noche de este día, se me avisú ijue ea un cuar- 
to de la casa de doña Josefa Larraiii se estaba liaciendo uaa 
reunión de homhres, capitunpados por don José Antonio Cotapoí, 
con el íin de salir de alU armados y touiaree los cuarteles; que 
en diclio.cuarto habían armas, dinero i linores. A efecto de cer- 
ciorarme de estos hecLüSj me diriji disfrazado a la casa espi'esa- 
Aa, tía la que no notó cosa algnua; peiti habiendo, en seguida, re- 
corrido la Alameda, vi varios grupos pequeiios de hombres, de 
ios cuales el mayor se compouia como de seis, todos al parecsr 
decentee. Me senté en un sofá frente de la misma casa, i obser- 
vé que 8ucesivanii.>ate los hombres que componían los dichos 
grupos entraban i saliuu unos a la casa i otros al cuarto indi- 
cado, peii), [lor la oscuridad do la noche, no pude conocer a nin- 
guno. KstoB muviniieutos me persuadieron de la verdad de loa 
hechos que se me hablan relacionado, icón elünde evitar algu- 
na sorpresa que podrían hacer alcuartej de artillería, qne era el 
que estaba mas cercauo, me fui aprevenir al oficial de la guar- 
dia, i después di? haber tomado otras providencias que creí 
Oportunas i dado aviso a S. E. el presidente, me volví a Ift arti- 
llería para tomar de alli la fuerza necesaria para aprehended a 
los conspiradores, lo que no se verilicü, porque, de pronto, üo se 
me pudo dar ausilio, eu razoudequela guardia era muipeque- 
fia i no era posible dejar abandonado el cuartel. Con este moti- 
vo, fué preciso esperar que se reuniese la tropa al loque de retre- 
ta, i después do dejar asegurado el cuartel, lom¿ algunos hom- 
bres i con ellos me diriji ala espresada casa, mas ya no enryrs- 
ti-écOsa alguna, porque, momentos antes, habia estado el coman- 
dante de Húsares i habia aprehendido a los que encontn). Pedí a 
la sehbra la llave del cuarto, la que me contestó que, eü el mis- 
mo dia, la hahia alquilado a uu platero Hidalgo que no ha podi- 
do encoutraree, apesai- de scrmni conocido, i de las activas di- 
lijencias que se hr^n hecho a este fin. Mas tarde, hice desarra- 
jar la puerta del :: > -to i ya no encontT'6 otra cosa que vestljios 
donde habia estado el brasero i unas botellas rotas. Omito re- 
lacionar los acontecimientos posteriores, porque ellos constan 
ad sumario. 

Los sujetos que se hallan presos i que aparecen comprendi- 
dos en el sumario, son: don José Antonio Cotapos, don Juan An- 
looio Godoi, Josii Antonio Migues, l'edro Ballesteros, José Ma- 



— 344 — 

na Villayeal, Dioaisio Molina, Manuel Moreira, José María Opa- 
so i Francisco Cárdenas, los cuales están en la cárcel a disposi- 
ción de V. S. Todos los demás cómplices se han fugado i no han 
podido apiehenderse. Sin embargo, este gobierno queda practi- 
cando las mas activas dilijencias^ i serán también puestos a dis- 
posición de V. S., si sé logra su aprehensión. Notará V. S'. que 
no se ha evacuado algunas citas que resultan del sumario, pe- 
ro la causa ha sido que no hag podido encontrarse los sujetos 
citados. La brevedad con que se procuró hacer las averiguacio- 
nes que constan del sumario, dio lugar a algunas imperfeccio- 
nes que después se han advertido, las que, aunque no son mui 
esenciales, se pueden allanar en el discui^so de la causa. 
Dios guarde a V. S. — Pedro Urrioh, 



Sr. Gobernador Iniendenle: 

El cabo de serenos, que hace de comandante interinamente, da 
parte a V. S. de que, como a las siete de la noche, le ha dado aviso 
eí cabo de serenos José Pozo, de lo siguiente: ' 

Que yendo, a esa misma hora, a recorrer sus puntos, observa) 
que en uno de los cuartos de la casa de doña Nieves Machado 
estaba un hombre de poncho parado en la puerta, el cual se fu- 
gó; entonces me dirijí a la puerta i me encontré con un hombre, 
que, según he sabido ahora, es don Juan Antonio (*) Godoi, i le 
pregunté qué hacia alli, i me respondió que estaba esperando a 
unas niúas, i haciéndole presente que si era el dueño de la pie- 
za, respondió que nó, i sospechando que algo so ocultaba, en- 
tré, i como me creyese descuidado, quiso escaparee, pero al mo- 
mento salí i lo hice volver, i exijiéhdole que me siguiese, se ne- 
gó a ello, hasta el punto de pretender fugarse^ luego que notó 
que yo hacia señales para que viniesen otros serenos en mi au- 
silio: apesar de esto, huyó, i como yo no cesaba ya de llamar a los 
serenos, pudimos aprehenderlo a la cuadra que habia Corrido, 
dónde fué herido por uno de los serenos. Volvimos con él a la 
pieza, i ya se habia escapado uno de los tres que hablan que- 
dado, atropellandü a don Antonio Pagan, que estaba en la puer- 
ca ) Juiíu Jíísé. 



^ 345 — 

ta, cuidando el cuarto, mientras yoseguifi aGodoi. Que habien- 
do encontrado solo dos en el cuarto, los conduje ala comandan- 
cia con el otro herido, dejando cerrado el cuarto, y alli supe que 
se llamaban Manuel Moreira i José María Opasos, i que dejándo- 
los asegurados, volvimos a la pieza, i i'ejistrándola, se encon- 
traron las especies, armas i dinero, que consta de la lista que 
incluyo.— Santiago, julio 13 de 1833. 

Manuel de Ramos. 



DOCUMENTO X." 9. 

Vista fiscal en el prohesi) de la conspiración de los puñales 

EN 1833. 

Don Manuel García^ lenitnic coronel gradiuido i comandante acci' 

dental del balalkm civko número 4. 

Vistas las declaraciones, cargos i confrontaciones contra los 
reos de estado don José Antonio Pérez de Gotapos i demás cóm- 
plices en la revolución contra las autoridades constituidas que 
debía de estallar el dia doce del mes que espiró, resulta: 

Contra don José del Castillo, comandante del batallón Chaca- 
buco; que solicitó al primero i segundo testigo para que le vie- 
sen todos aquellos soldados dados de baja/]ue hubiesen servido 
a sus órdenes, cou el fin que le acompasaran a un viaje al cam- 
jK), cuyo servicio seria compensado con diez pesos a cada uno. 
Que conduciéndolos en la noche del dia doce a una pieza de la., 
casa de doña Nieves Machado, donde se hallaban reunidos los 
demás cóhiplices del movimiento revolucionario, se les dijo ha- 
béi*seles llamado para caigar azúcar. Que allí vieron entrar i 
salir muchos individuos encapados, incapaz de ser conocidos, 
que hablaban en secreto. Que Castillo fué a traer niia botella de 
ron a la calle i les dio a hel»er a los que Cí^taban en el dicho cuar- 
to, e igualmente cigarros. Que observaban que en un baúl que 
había en el cuiu-to echaban o sacaban armas, lo que les obligó a 



— 340 - 

pechar á Piüo i Retamal, que la citada reunión tenia visos de 
retol»€ion, i en efecto, se fueron inmediatamente a dar parte a 
S. E. el señor Presidente de la Kepúbíica, presenU'mdole Pino un 
florete que tomó en el punto indicado. 

C(Mitra don José Antonio Colai)Os: que invitó a Pedro Balleste- 
ros i Franciáco Cruz para tomar parle cu una revolución que 
tenia por principal objeto hacer la (jaerra contra el que tenia el 
poder j dá/ndoh hmla que caijoae 'para restaurar la libertad de Chile 
i vetigar la sangre derramada en Lircai. Que el ospresado Cotapos 
les dijo que él se pondría al frente cuando fuesen a asaltar los 
cuarteles, i que la seíia sería: aqui se venga la sangre que corrió en 
Lircai. Que todas las órdenes (jue él les dio uo indicaban otra 
cosa que el deseo de asesinar a cuantas personas decentes se 
presentasen. Qiie a cada uno les dio cinco pesos, i a uno de ellos 
un puñal; ofreciéndole también una chapa de pistolas, la que no 
admitió Ballesteros, lisonje'mdolo ademas con promesas. Que les 
previno hablasen a otros hombres deconiianza con el mismo fin^ 
previniéndoles tambieu no fuesen de frac, sino jenle ordinaria, 
advirtióñdoles que la reunión de conjurados que tenia en la ca- 
ñada obraba de acuerdo con la de ia calle de Santo Domingo. 
Que allí vieron grupos de hombres que entraban i sallan a la 
niisma pieza de Cotapos, como lo declara el criado en su con- 
fesión a f. 61 vuelta. 

Contra don José Barril, por las declaraciones 4."-, 5.*, 9.* i 
10, consta: que les liabia encargado buscasen hombres valientes 
i de éecreto para que lo acompañasen al campo; pero sospechan- 
do Cáiiienas por este i otros indicios que acaso seria revolución, 
le exijió por la verdad, í sonriéndose Barril, le contestó se les 
necesitaba para leVantar un contrabando. Que los declarantes 
solicitaron los individuos que se les pedian, con anticipación al 
día doce» Que el mismo dia citado, socorrió Barril a lo^ indivi- 
duos que le presentó don José Antonio Migues i los emplazó para 
las oraciones del mismo, i que solo el dia doce vinieron a saber 
que el objeto a que habiaii sido llamados, era para una conspi- 
ración. 

Contra don Juan José Gk)doi: que la noche del dia doce el cabo 
de senjnós José Pozo^ declarante en este proceso, fué uno de los 
que encontró en el cuarto de la reunión de los revolucionarios, 
el diaerO; pistolas i puñales. Que era uno de los que hablaban 



- .1-17 






ao secreto' con los eniiiozadofi qne eolrabnu i «íiliaQ eu el punto 
iadirado. Que impidió la saliila de Manuol Maíeirft i José Maria 
Opaso, otiyos individuos tenían pagaiíados, 90 preLesto de ^anar 
im jornal. Que cuando se traló de ivconocer poi' el dÍL-ho cabo, 
Pozo, se fugó i fué lomado por otro sei-eno, que lo condujo a la 
prisión, hiriéndolo por no liaber querido oljcdecer. 

Contra don Antonio Nogareda; que Imscú a Ventura Martinez, 
ftarjento de arlüleria dado de baja, que lo citó pura la Alaniedft 
la noche del día doce, i que luego que haUó con él, lo condujo al 
cuarto de dona Nieve Machado, (Jue hablaba Nogareda en este 
punto con los incég'nilQsque entraban í salían, como lo afirman 
el í." i i." testigos de este proceso. 

Contra don José Velasquez: que el dia 1 1 del mes de marzo, 
fué el que ahiiiilú la pieza a la üefioru doña Nieve Machado. 'Que 
habiéndole exijido fianza para el alquiler del cuarto, adelantó 
eeia pesos. Que en el cuarto, donde estaban ios revolucionarios, 
se lialbii-ou en el baúl de Velasquez el dinero, las once pistola^ 
cargadas por una misma mano i los 3'i cuchillos de siete pulgar 
da^ de largo. Que la citada noche del dia doce, se hallaba tam- 
bién éste reunido con los motores de la revolución. 

Contra Ventura Marlinez; que la noclio del dia do^i^ lo llania- 
bkD cOli esijencía eu uno de los grupos de liomitres que estaban 
eii Ib Alameda. Que se halló también reimido en el cuarto de l& 
Ifachado la noche que debia estallar la revoluciou. Que cuando 
mtfi de tomarlo pi-eso la policía, liuyi'j, de r.uya resulta fué 
herido. 

Contra Juan Valdes: que la noche del día doce se hallaba reu- 
nido a loe ■'evoluciona ríos. Que al ti." i 9." testigos les hizo pre- 
sente la gran encapada que habla hecho Ventura Martínez la 
nodie que fueron sorprendidos los revolucionai'ios eu i?l cuarto 
Ae la señora Machado. 

Contra Pedro fiallesteroe: que no dio parle al Supremu Uo- 
Jnienio ni a ninguna de las autoridades, cuando lo pudo veriñ- 
cát, de la revolución que debia estallar la noche del diu 12 del 
mes de mai'zo. 

I hallándose suficientemente convencidos, concluyo ¡«r la 
patria a que don José Aulonio Pérez Cola|tos, Godoi, i en rebeldía, 
Gaslillo, Nogareda, Barril i Juan Vaides sean pasados por íbs 
anaas oon arreglo i senalada en d tratado 8,°, M, 10 del art. 26 



— 348 — 

de las oitlenanzas jenerales del ejército. I a Ventura Martínez, 
dos años a presidio^ en razón de no estar comprobado el cuerpo 
del delito como está designado por la ordenanza. I Pedro Balles- 
teros seis meses mas de prisión en la cárcel pública por no ha- 
ber dado parte en el acto que fué invitado, sin embargo de ha- 
berlo solo pactado con Francisco Cruz i no estar plenamente 
justificado este requisito tan esencial para declarar su inocen- 
cia.— Santiago, setiembre :20 de 1833. 

Manuel Garda. 



DOCUMENTO N.» 10. 



DENUNXIO D£L TENIENTE NOOAREDA EN LAS CONSPIRACIONES DB LOS PU- 
ÑALES I DE FUGA EN 1833. 



{Nolicias de la revolución del 12 de julio y la siguiente.) 

El 20 de marzo, se reunieron en la casa de don José Toribio 
Mujica, don José i don Gregorio Barril, don Juan Cortés, don R. 
Navarrete, el capitán Soto de artillería i el dado de baja don 
Bartolomé Montero, a la que asistió, por primera vez, don Juan 
Antonio Nogareda. Se hizo una narración por Cortés, por la cual 
los invitaba a destruir la actual administración i que hasta 
cuándo sufrían estar mandados por ella. Luego leyó un papel en 
forma de proclama (laque no parecía obra propia), por el que se 
exijia a cada uno el juramento de fidelidad, secreto, constancia 
i subordinación a los jefes que se elijiesen. — A las dos o tres 
noches (dia sábado), se volviéronla reunirjen el café de la Nación, 
en el cuarto de don José Barril, se acordó llamar a Castillo, Ur- 
quiza, Puga i Cotapos. Fueron comisionados para llamar a Ur- 
quiza. Soto i Barril el grande; a Cotapos, Navarrete; i a Puga, 
Montero. Las reuniones sehacian con interrupción de dos o tres 
dias, i en la tercera, en el mismo sitio, se apei*sonaron los soli- 
citados (a escepcion de Castillo, que estaba en el campo) i fueron 
recibidos en la sociedad. Se trató de elejir una comisión que so- 



I 



- 349 - 

liciUEf de los del partido dinero i armns, i fueron cbjidos Fuga 
i G»rté«, coa facultad de poder Iniciar a toda claáe de peisoiias, 
siendo el primero coosideradn como presidente de la lojia mili- 
tar. Se hicieron otras veces iguales juntas en el sitio ya dicho i 
algunas en uua casa que GstA cuadra i media de Santi Ana pa- 
ra alajo, proporcionada por Cortés, cuyo duono es bajito: i dos 
en el cuarto de Puya.— I-i sociedad de Iop paisanos la presidia 
el seíior Bilbao y olio, i su numero o el de los sabedores era 
crecido i estaban dispuestos a oxhihir el dinero necesano i pro- 
porcionar aroiameuto. pues asi lo hizo saber i'.ortés_, como secr«- 
tario, i parecia indudable. Días antes del doce, como tres o cua- 
tro días, fué presenljidodon Erasmn Jofi-C-, qiiii^n se espresó eu 
términos semejantes a estos: Setinrr.i: aumiue Imbín proleslado tiu 
lomar parle alguna jmniis n\ estas rnsns. me basttt el ver a L'iís. 
reunidos para deriiliniif. Esle toniü un Ínteres sobresal ienU^. i se 
preguntó a cada uno de los socios cuál era el numero de hom- 
bres con que contaba o tenia cada imo, pero no se pudo deter- 
minar. Ya, eu estas últimas veces, estaba Castillo. 

Se dijo que el plan era ésie [su autor se ignora]; Atacar todos 
los cuarteles, palacio, cárcel, al primer fjolpc de las ocho, pues 
pftia el efecto estaban dístrilmidos en esta forma:— Castillo, No- 
gareda, Godoi i Banderas, al palacio, con 28 bomlires; que el 
ni.a9 leve ultraje se hiciese a ninguna de las personas que 
alli se CQContrasen; que a todas se pusit*sen ca rigoros-i inco- 
municación en sus i'e.spectiv.^s hahilaciones. a no ser aquellas 
que hiciesen una obstinada iiísisleucia. Esta fuorza debió salir 
del cuarto de la Machado en donde se hallii tamhieu Velazqueí, 
Nartiues i un Gnndian, que se inliere fué cadele. A la artillería 
debió asaltar Barril, el grande, i el capitán Solo, quien dijo lleva- 
ría a Sánchez (su cuüado), a fiarai, tenienie reformado, i aun 
parece que contaban con Márquez, el sárjenlo mayor: el respe- 
to a los jetes i oficiales era el mismo, saho el caso ya referido. 
IjL casa de esta reunión está eu la calle de las Itecojidas, que 
ignoro cníd es: tauto a este cuartel como a los siguientes no se 
sabe el numero de hombres que debian ir. A Húsares, Jofré, 
Arteaga íel que eslá preso] i otros uo conocidos: .'il I, Gotapos; 
al -2 Montero; i al -4 prece que Urquizo. —La dialribucion 
no ae hizo en ninguna de las reuniones, según pai-ece, siuo que 
fué determinada por Puga i Cortés: Puga debió en este acto 



— 350 — 

obra? como jefe desde la Alameda, i sus ayudantes eran Nava- 
prete, Bravo i don Francisco Pérez.— Se decia que esa noche de- 
bía, ser comandante militar de la plaza, Picarte, i al dia próxi- 
mo, una junta o movimiento popular prochmaria presidente a 
don José Manuel Borgoño; i que el coronel Sánchez tomaría al 
dia siguiente el mando de un batallón i que ademas proporcio- 
naba 200 caballos, lo dijo Cortés.- Que según han dicho Bravo 
iPuga, estaban comprometidos Fuentecilla, Tagle, Novoa, quien 
parece dio mil pesos, i Valdivieso, que proporcionó un cuarto en 
que se depositaron armas i debia reunirse José Barril, para 
sorprender la cárcel. Arteaga, el ex-comandante, tomarla el man- 
do de su cuerpo, i los demás se ignora el destinp que ocuparian. 

Eljeneral Gampino ofreció en el movimiento de Reyes, 100 
hombres armados i montados, iUrriola, el señor Intendente, pa- 
rece era sabedor de todo. 

8e asegura que los individuos contenidos en lo que se lleva 
hablado son los sabedores de todo, i los solo capaces de mover- 
se con intrepidez, a escépcion de tres o cuatro que poco figuran, 
advirtiendo que la mayor parte del comercio i la familia de los 
Larrain, lo sabían. La noche del movimiento, se debió haber 
proclamado la constitución del 28, i la mayor parte de los que 
se tomaron en la música eran sabedores. 

En la del 29, solo se sabe de Puga, los dos Barriles, Pereí, 
Bravo i Castillo, pero se infiere estuviesen todos Icfs demás. 

J, Antonio Nogareda. 



DOCUMENTO N.° 11. 

ÍXFOMiE DEL AUDITOR DE GUERRA DON MaNUEL JoSÉ GaNDAHTLLAS 
EN LAS CAUSAS DE CONSPIRACIÓN DE LOS PUÑALES I DB PüOA 
EN 1833. 

SeüoT Comandante Jeaeral de Armas: 

Con motivo del papel escrito por el teniente don Marcos Anto- 
nio Cuevas, que V. S. se sirvió mandar se mp pasase en 18 del 
mes anterior, hice acumular los autos seguidos contra don Sal- 
vador Puga i don José Antonio Pérez de Cotapos, jefes ostensi-r 



_ ríM - 

Ltes de las. couspiracionc^ del 12 de julio i 29 de agoeto. Con 
aquel documento, forraéim niiavp e^eJiente, creyendo descu- 
brir con certeza ¡l los conspírafinrps! mas las primeras dilijencias 
me hicieran conocer wl i'iígaíio ijue sufrí, convenciéndome de 
que los'iudÍTtduos acnualos 31? hnliinn pi-epiirado con anticips- 
cion para ocultar sus delitos i burlar los esfueraos del juea mas 
activo i dilij'utc. tomo espuse a V, S, en mi nota di*l 2tí, don 
Fi-sncisco Pérez Larrain, don Joaquín Bravo i don Salvador Pu- 
ga me espnsieroo, en sus da-lai aciones, que el papel escrito pop 
CuevaR era efecto de uu.i foiubinacLoa para salvar a don Juan 
Aatoniü Nogareda. Las seüiis que me dieron de las pei-sonas que 
coB él se i-efei'iau, me liicieron proceder a un careo, primera- 
mente de uno a uno con Negureda, ¡ después, entre ésle con don 
José Toribio Mujlca, don Salvador Puga, don Joaquín Bravo, 
don Vicenle Solomayor i don Hamou Navarrete. Todoa ee coa- 
tradijierou entre sf, i lo (]U6 Inibo asomhrftso, en mi concepto, 
fué el fjue Hiijica i Nog.ireda uo se couocian ni se haliinn vist» 
uuDca, según espusierou; cuando Nogareda asienta en la deia- 
cioa escrita i>ov Cuevas, que el 50 de niario, se rouniíj en el es- 
tudio de Mujira con udus cuanto? a tratar de conspiración. Rata 
circunstimcia me liizo entender que eran iuiitiles los trámites 
Judiciales, pues nunca cousegnin;! averiguar la verdad, pormas 
indagaciones quo hiciera, i resolví sentenciar las causas coa 
el mérito de lo obrado, sin o¡ rol promotor fiscal, poi-que no pue- 
da estar al alcance de ciertos accidentes que sucedieron en mi 
presencia i coadyuvan a Icivmar un jiticio, .1 lo menos, aprosi- 
mado a la verdad. 

Mnclio iie meditado la sentencia que di'bemos dictar, i sin 
embargo, no encuentro acordes los datos del proceso con los he- 
chos que todos saiwu. Consta de autos que se encontraron en 
un cuarto pistolas cargadas, pulíales alilados, dinero, floretes, 
ottjetos talos que indicaban evidentemeute que se preparaba 
uaacoujui'acion. VA pueblo de Santiago ha ^isto aprehender a 
don Salvador Puga dentro del cuartel de húsares, cuya tropa se 
flajió sorprendida por i^l. Han desaparecido don Juan Cortés, 
dog José BiU'ril, don José Castillo, don José Velaüqucü i no sé si 
ottxw mas. Analizando estos hechos con alguna reQexion, se de- 
duce Cicilmente que se preparaba un movimiento tumultuario, 
porque cualquiera preguntará: ¿para qué se babian at-utnulado 



— .15'? — 

elementos de -fiierra i por qu6 se han fugado los individuos an- 
tes espresados? La voz pública respóndela sin duda; a lo prime- 
ro, para una conjuración, i a lo segundo, porque se habían des- 
cubierto sus intentos. La conciencia de los hombres sensatos i 
el testimonio de hechos notorios convencen a cualquiera de la 
existencia de una conjuración; pero ¿cuáles son los criminales, 
preguntará cada «no? ¿Dúnde cskín las pruebas de sus dehtos? 
Se ha hecho ya manía el atribuir a. combinaciones del gobieiuo, 
para desprenderse de ciertos hombres, esta clase de sucesos, i 
entre todos ellos, no se descubren mas que miserables ajenies 
del descontento, imiMitentes, sin ninguna iníluenria pública 
por su fortuna, relación de familia i cualidades pei-sonales, ni 
cabeza para dirijir una obra de tal magnitud, que a nada menos 
se dirije que a trastornar la administración e introducir el des- 
orden. Quizá el único que se encuentra con un preslijio no 
merecido, el mas incapaz de todo, porque sin dirección estraha 
no tiene otra cualidad sobresaliente que la firmeza de una ixica 
que no discurre. Sin embaído, se pei'ciben los gi-audes dafios 
que estas intenlonas pupden causar en la disciplina militar, 
obligando al jefe de un cuerpo a guardar con el soldado ciertas 
contemplaciones para conservarle liel; se divisan los estragos 
que puede hacer eu la moral la autorización de las delaciones, 
pero se teme con razón que el desprecio de éstas ocasione con- 
secuencias mui dolorosas. 

Los autos me demuestran que hai conspiradores; pero entre 
todos los individuos acusados de este crimen, sujetándome a las 
reglas legales de juzgar, üpenas se encuentra unos pocos delin- 
cuentes, i los demás se me presentan cubiertos con la capa de la 
inocencia. Tiemblo de eslender la sentencia que V. S. debe tir- 
mar, porque temo condenar inocentes i salvar criminales; pero 
me aterra la idea de que, por uiui servil sujeción a los fórmulas 
del foro, puedo comprometer la tranquilidad pública, dejando 
salvar a perturbadores incorrejibles que pongan eu angustias al 
gobierno, alteren por sus maquinaciones la paz de los ciudada> 
nos i hagan ocupar inútilmente el tiempo a los tribunales, sin 
const^uirmas resulladuquc una censura indiscreta contra éstos 
por sus sentencias, una manileslaciou de opíuiones parciales, 
sentimientos interesados, deseos no cumplidos, i sobre todo, 
impunidad, jéi'men fecundo de nuevos tumullos, 



, _ 35á -- 

Anhelo porque se haga un ejemplar* que escarmiente para 
siempre los conspiradores, pues ya que la razón no ha podido 
convencer a ciertos hombres del ningún derecho que tienen 
para atacar por las vias de hecho una administración legalmen- 
te constituida, perfectamente desempeñada, en lo posible, i 
amada por todos los hombres de bien, solo la severidad dQ la 
justicia i)odrá contenerlos; mas no hallo personas que represen- 
ten este importante papel, porque los miserables que hai inscri- 
|DS en el proceso, merecen mas bien el encierro en un hospicio 
que otro cualquier castigo, que por duro que sea, les será mui 
honroso. 

Analicemos los autos, dejando a un lado a don Josó Castillo, 
acusado uniformemente por la mayor parte de los testigos; a 
don Salvador Puga sorprendido dentro del cuartel de húsares, 
a don Juan Antonio Nogareda, que después de tantas negativas 
de su complicidad, ha confesado en la delación escrita por Cue- 
vas que a lo menos tuvo parte en la revolución preparada para 
el 12 de julio, a don Juan Cortés, que ya murió, i a don José 
Barril, cuya carta enigmática de f. 15, confrontada con la decla- 
ración de José Antonio Migues a f. 5, da indicios mas que vehe- 
mentes de su cooperación al movimiento proyectado: hagámo- 
nos desentendidos de otros reos de inferior orden que aparecen 
en los autos como ausiliarcs, i vamos a buscar las cabezas o di- 
rectores de un plan que hasta ahora no se ha descubierto con 
certeza. 

EJ primero que se presenta es don José Antonio Pérez de Co- 
tapos, acusado por Pedro Ballesteros a f . 7 i por Francisco Cruz, 
comunicado por éste a f. 5, quienes repiten lo mismo en las se- 
gundas declaraciones de f. 36 i 56 vuelta i en los careos de 
f. 76 i 77. En la pomposa defensa de Cotapos se tachan estos 
testigos de una manera que legalmente pudieran reputarse sus 
dichos por calumnias; í se acompaña una causa criminal se- * 
guida contra uno de ellos, que le inhabilita para ser testigo: 
se nota una contradicción entre las declaraciones de Cruz i Ba- 
llesteros acerca de las palabras que refiere el primero dijo Co- 
tapos a presencia del segundo, a saber: vamos a vengar con estas 
amias la sangre vertida en los campos de Lircai. Aboga en 
favor de Cotapos su vida retirada de materias políticas de pocos 
años a esta parte; pero los dos testigos se han sostenido con 

P. DT«QO PORT. 20 



— 354 — 

ürmeza, i uo se descubre el motivo que pueda haberlos indu- 
cido a una calumnia semejante. Hai otra contradicción en las 
declaraciones de éstos, pues Francisco Cruz, a f. 36 vuelta, 
dice: «que Pedro Ballesteros le comunicó que en la calle dé' 
Santo Domingo, en un cuarto de la señora Machado, habi^ 
una reunión que obraba en combinación con la que tenia Cota- 
pos en su casa, i que el que presidia aquella era don José Casti^ 
lio, don Juan 4iitonio Godoi, don José Barril, don Juan Antonio 
Nogareda i Ventura Martinez;j> i preguntado Ballesteros a f. 53 
vuelta sobre esta referencia, respondió: «que ignoiaba la pre- 
gunta que se le hacia, por no tener conocimiento de ella.» 

Si se tratase do confrontar las declaraciones de los testigos con 
toda escrupulosidad, so emprenderla una obra inejecutable, por- 
que varían mucho sus dichos aun en los casos mas sustanciales, 
esto es, en aquellos pormenores que pertenecen al plan proyec- 
tado; pero si la atención ee desprende de menudencias i se fija 
en grande a averiguar, si es posible, que se intentase una con- 
juración o no, no puede menos que decidirse por la afinnativa, 
teniendo por evidente que ha habido semejante intento i que 
aun quizi'i subsiste. Todos los procesados se disculpan; mas del 
conjunto de sus dichos, que no recorro uno por uno por no de- 
morarme, resulta que habia conspiración el 12 de julio en la 
noche. El papel de Nogareda lo confirma i en él se encuentra 
escrito el nombre de Co tainos como jefe de los que debían atacar 
.el cuartel número 1 de guardias cívicas. No hallo pruebas tan 
positivas como la lei requiere para c^liñcar de criminal a don 
José Antonio Cotapos, pero no puedo figurármele inocente. Las 
demás personas nombradas en el proceso de éste son mui secun- 
darias para detenerme en ellas, i solo diré que si no ocupaban 
el empleo de motores de la revolución, proviene de su incapaci- 
dad, sin que les falte disposición para servir como ajentes; i pa- 
so a presentar a V. S. el mérito del segundo proceso en que 
aparece don Salvador Puga como jefe principal. 

En las ochenta i siete fojas que contiene, solo encontrará V. S. 
demostrado hasta la evidencia que este individuo es el único que 
puede judicialmente ser calificado de criminal. Don Rafael Bil- 
bao, don José Mana Novoa, don Joaquín Bravo i don José Toribio 
Mujica con oíros, se presentan como inocentes. Don Juan Antonio 
Nogareda, que al principio apareció lo mismo, ha salido compli- 



— :i55 — 

«ado des|jueis, bien que en la revolución del 12 de julio a que se 
reflwe el aulerior proceso i no en la del 29 de agosto, a que se 
oentpae el pi-eeente. No hai mas testigo que Puga, a quien todos 
oODtradiean. Éste, como dije antes, fué tomado dentro del cuar- 
tel de húsares i no m¡"¿^ la empresa en sus deiiaraciones de 
f, 9, 28 i &5, ni en los careos con don Rafael Bilhao a f. 59, con 
don Juan Antonio Nogareda a f. 61, con don Manuel ürquiío a 
f, 6Z, con don José Arteaga a f. 63, ni con ninguno de todos los 
que ae me han presentado como reos en esta causa. Puga es 
eriininal, condesa su delito i acusa a otros. Hagamos abatrac- 
oiMideélen cuanto a su crimen, i Ajémonos en sus palabras 
oalaulando el grado de i-eracidad que puedan merecer por su 
posiclou i modo de espresarlas. 

Con conocimiento de la pena que merecía, declara que bu 
cómplice era don Rafael Bilbao, caudillo de la asonada, i reñ- 
rltedose a su dicho comprende a don José María Novoa i a don 
JoBé Torihio Mujica, como se ve en la respuesta a la 7," interro- 
gación a f, 9. A f. 10 vuelta declara que le aconipafiaran a tomar 
el cuartel don Juan Antonio Nogareda i otro joven que llevaba 
éste, cuyo nombre ignora, i lo descubre en la declaración de f, 
Í8 vuelta, espresando que fué don Joaquín Bravo, oficial que fué 
delMinÍBleriode la Guerra. Bilbao negó completamente su com- 
plicidad con tanta calma i firmeza, que el juez mas prevenido i 
mas diestro li-epidaria en decidirse a caüílcarle de un perverso 
mui astuto o de un inocente calumniado con la mayor injusticia, 
porque en estos casos se tocan los estremos, la ficción i la reali- 
dad. El careo de f, 65 vuelta no es mas que un apunte de lo que 
p&sú en mi presencia, en que solo hice anotar las aSrmacioaes 
del uno i las negaciones del otro para cumplir con las fórmulas 
del proceso , porque aquella escena, por su naturaleza, por la im- 
presión que uie causó en la inesperiencia de juzgar esta clase de 
causas, no me permitió describirla tal como sucedió. Don Ba- 
ñtel Bilbao, que fué interrogado primero según los trámites que 
se acostumbran en estos casos, se limitó a decir con una voz 
remisa i en un tono disimulado, que era falso cuanto Puga es- 
ponla en sus declaraciones. Éste, al contrario, con uu eco despe- 
jado, i manifestando hasta en el semblante el sentimiento desa- 
gradable que le causaba aquel lance, espuso: «0"c cuanto decía 
era la pura verdad; quo le atlijia ei pensar que iba a saciilicar a 



— 356 — 

Bilbao^ en lo que quizá faltaba a las leyes de la caballería i a las 
reglas de 4a delicadeza por la delación que hacia; pero que ya 
sus circunstancias le habían puesto en aquel conflicto por sal- 
var al pais de mayores males, i que no se creyese que trataba 
de disminuir a costa de Bilbao ni de otros el tamaño de sus 
compromisos, i finalmente que se entregaba a la justicia resiga 
nado a ^ufrir el castigo que se le impusiese, pues no tenia prue- 
ba alguna que dar de sus dichos, porque todas sus conferencias 
hablan sido en secreto i sin testigos.» Concluido el careo, vol- 
vió Bilbao a la prisión incomunicado, i habiéndole mandado 
poner una barra de grillos, por via de apremio, me llamó^en el 
mismo dia al calabozo, en donde me burló contándome bajo el 
velo de cosa importante una frivolidad que no me pareció de- 
cente consignar cu los autos, i me espuso que en el careo no 
habia podido rebatir la esposicion de Puga por la sorpresa que 
le habia causado «u presencia, i me pidió otro careo. Se lo pro- 
porcioné a los pocos dias, i en él no hizo mas que preguntarle 
en qué hora, en qué lugar i en qué tiempo se hablan visto para 
ti^atar de la conjuración. Puga le respondió que en diferentes 
horas de la mañana, tarde i noche; que nunca se hablan visto 
en la casa ni de uno ni de otro, sino en la calle i en la Alameda, 
I que en la ilnica parte en que le habia buscado era el almacén 
de don Pedro Chacón de Morales. A esta respuesta guardó silen- 
cio Bilbao, I entonces Puga, después de haberme pedido permi- 
so para hablar, pronunció el siguiente discurso qué he procu- 
rado conservar en la memoria I que copio para presentar a V. S. 
un testimonio de mis conflictos. Puede que haya diferencia de 
palabras, pero estoi cierto que no me equivoco en las Ideas. 
«Señor auditor: me avergüenzo de los favores que me dispensó 
el señor Presidente de la República impidiendo que se me fusi- 
lase, I siento que el señor Comandante Jeneral de Armas no lo 
hubiese hecho cuando fui aprehendido en el cuartel de húsares. 
Apetecía la vida por mi madre I una hermana a quienes man- 
tengo, mas ahora que me veo hecho el juguete do un monstruo 
como el señor (dlrijiéndose a Bilbao) deseo la muerte por sal- 
varme de la ignominia con que me ha burlado. El señor (Bil- 
bao) es el jefe de la conspiración, i habiendo sabido a las diez 
de la noche del 2^ que estaba vendida al gobierno, no fué capaz 
de mandarme im recado para que no siguiera adelante, dejan- 



Jome asi comprometido. No quiero que se modei-e conmigo la 
pena que me impone la lei: conozco el crimen que he cometido 
i solo suplico que se ponga mi cadAver por algunos dias delante 
de este hombre feroz para que se deleite con su esijectácuIo,.,> 
Bilbao le inten-umpiú entonces preguntándome si aun continua- 
ba el careo, como con intención de hacerle callar; i habiéndole 
hecho entender que si, concluyó Puga del modo que he espues- 
to. Pasados unos pocos momentos de silencio pregunté a ambos 
si tenían alguna otra cosa sobre que interrogarse i decirse. Me 
respondieron quenó, el uno con la ajitacion producida por el 
discurso que habia pronunciado, i el otro con una frialdad, 
simulación o enajenamiento que no sé si justamente pueda atri- 
buirse a criminalidad o inocencia. 

En la prueba rendida por Bilbao ha acreditado que el dia 3!) 
de agosto en las horas mismas en que dice Puga habló con él 
en la Alameda, se hallaba en el Consulado: es decir^ desde las 
doce de la mañana a las dos de la tarde. El señor senador don 
Agustín Vial informa que después de estas horas le vió en aquel 
paseo con sus chicos; i un criado que le acompañaba declara 
que nadie habló con ól, Puga dice que le entregó llOOpesbsi 
todos saben que los recursos pecuniarios de Bilbao son ningu- 
nos. ¿Qué babn*i en esto? ¿Cómo su podi'á descubrir la verdad 
entre los dichos de Puga i de Biltao? Habria habido un testi- 
monio mas contra éste si encontrara a la mujer con quien dice 
Puga le mandó el dinero en cartuchos la noche de la revolución; 
mas habiendo espuesto que no la conoció ni sabe su nombre, 
quedamos sujetos a la incertidnmbre que arrojan la testifica- 
ción singular de Puga i la negativa constante de Bilbao. La otra 
mujer, Victoria Azúcar, que fuó el ájente de Puga para seducir 
a los sárjenlos de hüsares Pedro Torres, i do artillería Pablo 
Hoco, espone que una de las señoras Almancbe fué la conduc- 
tora del dinero, mas ésta dijo en su confesión que era falso i 
Puga !a apoyó. Éste ni conoce al muchacho que le entregó los 
papeles de f, 3, 4, 5 i 57; de modo que todo es misterio, ca- 
sual, o quien salre si combinado, i no hai ninguna prueba cierta 
por donde conocor a los cómplices de Puga i verdaderos autores 
de las conmociones, 

I,a opinión púbÜGi designa algunos, mas esta designación no 
puede ser la base de un Juicio recto. El ánimo podría ioclinarsea 



— 358 — 

I 

ella, recorriendo i combinando sucesos anteriores; por qemple: 
don Rafael Bilbao fué acusado desde Lima de tener parte en la 
célebre espedicion que condujo don Pedro Barnachea a la costa 
de Arauco; don Joaquín Arteaga le comprendió en su ddacion 
secreta entre los cómplices de la conspiración sorprendida «n 6 
de marzo. Don Juan Antonio Nogareda le hace presidente de 
un club que dirijia la del 12 dejulio> i don Salvador Puga le 
presehta como el único jefe con quien se entendía para la del 20 
de agosto. ¿De qué puede resultar que el nombre de Bilbao se 
encuentre siempre en la lista de todos los revolucionarios? O es 
cómplice de todos los movimientos intentados, o los compaíld^ 
ros de sus opiniones lo [nombran para disculparse; mas al mo- 
mento ocurre la idea, de que no puede ser lo último, porque 
siendo respetado entre ellos, i no avanzando nada coa com- 
prometerlo inútilmente, no puede habei un motivo racional 
para calumniarle. Acaso él dirá que lo nombraron por vengar- 
se ele su resistencia a entrar en las conjuraciones a que ha si-^ 
do invitado; esto es disculpa, porque si asi fuera podia vindi"« 
carse descubriendo los nombres de los invitadores para poder 
proceder coútra ellos con seguridad. 

El otro reo notable que presenta el proceso es don Joaquín 
Bravo. Dice Puga a f . 10, vuelta, que le acompañaron hasta la 
esquina del cuartel de Húsares^ Nogareda i éste que iba con 
aquel; mas en su confesión no está conforme con Puga^ poi^que 
asegura que no conoció al individuo que estaba con él por es»- 
tar mui embozado en la capa, lo que no habria podido Suceder 
si fuese cierto que Bravo habia ido con Nogareda. Puede ser 
que esto sea íiccion de Bravo para aparecer inocente, i hacer 
mas creíble la disculpa que da de que Puga le citó a la plazue- 
la de Santo Domingo, sin descubrirle el objeto. Pero todo es 
conjeturas, nada hai claro ni cierto, sino la prisión de Puga den* 
tro del cuartel, el depósito de pistolas i de puñales, i la oculta- 
ción de don José Castillo^ de don José Velazquez i otros. 

Me habia olvidado de hablar de don José Maria Notoa, uno 
de los individuos mas diestros en fomentar conspii aciones, be« 
gim la voz jeneral, i el mas temido de algunos; i este Olvido pro» 
cede de que en el proceso no hai ningún indicio contra ól. Solo 
se encuentra el dicho de Puga a f. 9, que se refiere a Bilbao, que 
le aseguró que Novoa i Mujica estaban compcendidos eael tno* 



- 359 - 

vimiento; mas como él todo lo niega, queda sin ninguna fuerza 
el testimonio de P.uga. 

. Estas observaciones manifestarán a V. S. lo inútil que es su- 
jetar ajuicio a los que son acusados de promover conjuraciones, 
siempre que se quiera que sus delitos sean tan probados como 
la luz. No se logra mas que esponer a los jueces a que sean bur- 
lados i provocar la censura de su comportacion, porque muchos 
presumen que el no poder descubrir a los delincuentes procede 
de induljencia i contemplaciones. V. S. ha oido criticar la sen- 
tencia del consejo de guerra que conoció en la causa de don Joa- 
quin Arteaga i cómplices, i lia visto acusada a la corte mar- 
cial, que la modificó, por torcida administración de justicia. 
— No es mi intento atacar la crítica, ni menos impugnar la acu- 
sación; solo hago referencia de estos dos hechos para manifes- 
tar que la conducta de los jueces, en causas como la presente, na- 
ce de la oscuridad de las pruebas. Por^ que hace a mí, he des- 
cubierto el juicio que he formado de los dos procesos que se me 
entregaron, i nada temo, porque no puedcídesentenderme de la 
imperiosa obligación de asegurarla quietud púljlica, aconsejan- 
do a V. S. una providencia estraordinaria, cual es, de separar 
del país por algún tiempo a los prin(jipales perturbadores. — San- 
tiago, noviembre 13 de 1833. 

A/. J, Gandar illas. 



DOCUMENTO N." 12. 

CARTAS CAMBIADAS ENTRE EL JENERAL CAMPINO Y D. DIEGO PORTALES, 

SOBRE SU RUPTURA EN 1834. 

Señor D. Diego Portales. 

Santiago j febrero 23 ele 1834. 

Mi querido amigo: 

Me dirijo a Vd. en esta ocasión para solo tranquilizar mi con- 
ciencia, pues me quedarla el escrúpulo de que Vd. creyese que 
yo quería comprenderlo en mi contestación i en el juicio que he 



— 360 — 

formado del anónimo en qne se me hiere' tan de cerca. Protesto 
pues a Vd., con toda la franqueza de mi carácter, que un solo 
instante no le he hecho a Vd. la injuria de creer que haya 
tomado parte. Estoi persuadido, mucho tiempo há, de que su 
alma de Vd. es mas grande e incapaz de tomar una venganza 
tan innoble Almas indignas que.no faltan en ningún partido, 
son las que andan promoviendo estos disturbios, a ellas es a 
quienes yo me dirijo; ni el estilo, ni el artículo de una .pieza 
pueden ser obra de Vd.: asi se lo he dicho a Tocornal. En me^ 
dio de esta incomodidad, he tenido el consuelo de presenciar la 
indignación jeneral contra los autores de esta infamia, que en 
el concepto del pueblo son bien conocidos i detestados. Sin em- 
bargo, no han faltado hombres díscolos que han querido per- 
suadirme que sin conocimiento de Vd. no se habrían atievido a 
hacerlo, pero mi conducta en este caso algún dia la sabrá Vd. 
por otros, que no ha si(Ü otra sino defender a Vd. a mano ar- 
mada, pues mi amistad i mi consecuencia para con Vd. siempre 
será firme i estable, sean cuales fueren los vaivenes políticos del 
pais. Viva Vd. mui persuadido en ello; mañana me regreso para 
el Hospilal, i ojalá que en muchos años no tenga una necesidad 
de volver aqui, donde, en cada ocasión que vengo, no me falta 
alguna incomodidad. Soi etc. 

Enrique Campino. 



ValparaisOj febrero 25 de 1834. 

Señor D. Enrique Campino. 

Estimado amigo: La satisfacción que Vd. me da en su carlu 
fecha 23 del que rije protestándome con toda la franqueza de su 
carácíer que ni me ha creido por un solo instante autor del ar- 
ticulo publicado en el Mercurio de Valparaíso, num. 1,58G, ni 
ha pensado comprenderme entre los malvados a que se dirijo su 
contestación, me obliga a corresponder a su protesta con laque 
le llago de no haber tenido parte alguna en la redacción ni en 
la publicación del citado artículo. 

Por lo que se me escribo de Santiago i se oye en ésta, el pú- 
blico cree que no soi malvado; que no puedo tener envidia ni 



— 361 — 

lenior a su hei'iuímo; que no tengo' maüas que él pueda descu- 
brirme; que no tengo crímenes ni reniordiraieutos; que estoi tan 
saciado de inlluencia, que no ejerzo ni quiero ejercer la mas pe- 
quena, ni ea el gobierno ni en persona alguna; que quiero paz, 
que no' deseo revueltas ñipara figurar ni parn sacar ventajas; 
en lin, que no grito, ni escriÍM), ni puedo ser interesado en tras- 
lomar el orden piUilico. Por i^iego's que fuesen los hombres, no 
podi-iau ju^ar de otro modo, ni sena fíicil que palabras sueltas, 
tii imputaciones vagas, desnudas de toda prueba, les bagan cam- 
biar un juicio Ibrmado a vista di.' becbos incontestables. Pero 
el publico todo cree que Vd. ba querido herirme, i que soí el 
primera contra quien se dirije, fundi'indose on que Vd. me ha 
tenido antes del auo do 39 por uno de sus mas acérrimos enemi- 
gos, i que después se unió de corazón conmigo, i en que solo 
cabe venganza cuando ha precedido ofensa, por lo que se me so- 
üala a mi como autor de la venganza, en cnanto fui tanto i tan 
gratuiliimente agraviado por Vd, i su hermano. 

Dice Vd. que no han faltado hombres díscolos que han que- 
rido persuadirle de que sin conocimiento mió no se habrían 
atrevido a publicar el articulo; hombres brutos habría dicho 
yo. ¿La imprenta acaso es mia, ni depende en aJgo demÍ?/;To- 
d08 tos que escriben están obligados a someter previamente a 
mi censura sus escritos? ¿Soi yo el arbitro i el regulador de las 
operaciones i hechos de todos? Se necesita ser un estúpido, o 
un bribón [hablando on el (Btilo de Vd.} para atribuirme inje- 
rencia en escrito, ni en cosa alguna que tenga relación con los 
negocios püblicos. 

He dicho a Vd. i a todos, cuando ha sido necesario decirlo, 
que no inleiTengo en ellos, i para tener derecho a dudar de mi 
■ palabra era necpsario que alguien rae hubiera desmentido al- 
guna vez. — Vd. que ha adoptado la carrera pública desde su ju- 
ventud, ha tenido juicio bastante para sustraerse de ella, i en- 
tregarse a las ocupaciones i ventajas de la vida privada ¿i quó 
razón habrá para negarme a mi igual cordura, cuando en todos 
mis pasos be manifestado que no quiero ser homlire publico? 

Cuando Vd. no ha querido emitir en su carta lo que han pre- 
tendido algunos hombres díscolos, yo no debo ocultarle lo que 
han dicho los que la han visto, — Han intentado hacerme con- 
sentir con el impreso en la mano, que Vd. ha querido dirijírse 



-. 362 — ' 

cQíQira míj i que meditando mejor después, se ha arrepentido 
de 6U 'reprensible lijereza, i que obligado por el remordimien- 
to) quiso satisfacerme. Añaden que si Vd. sospecha que yo era 
d autor del artículo o tenia alguna parte en él o en su publica- 
ción, debió dirijirse a mí preguntándomelo con la seguridad de 
oir por respuesta un sí o un no^ en que debía Vd. confiar i pro- 
ceder después de mi contestación. 

YO) a lo menos, no dejaré de decirle que el hombre que se 
tiene por franco i honrado, para atacar las personas los designa, 
se va de frente i cita los hechos de que quiere acusarles. Vd. 
ataca atrozmente sus antiguos enemigos, i no pudiendo ser a los 
O'Higginistas, porque ninguno de ellos puede juzgarse pruden- 
temente autor del artículo, se convierte Vd. esclusivamente con- 
tta los picaros^ ladrcmes^ aspirantes ^ etc., etc., etc.,. los estanque- 
ros o brujos, de cuya gavilla se me ha tenido por capitán. 

Yo quiero que Vd. me conteste, ¿qué pensarla de mí, si por 
que se me antojaba sospechar que Vd. habia escrito contra al- 
gún hermano mió, publicarayo una hoja de papel llena de insul- 
tos, desprecios, acriminaciones falsas, etc., etc., etc., céntralos 
revolucionarios de enero de 1827; i en seguida escribiese a Vd. 
una carta diciéndole que no habia sido mi ánimo comprender 
a Vd. en tales insultos? Si Vd. ha sabido a quien o a quienes 
ataca, ¿porqué no los ha nombrado? i si no ¿porqué comprender 
B todos, i porqué salpicar a los que se hallan sin parte en el cri- 
men atroz que Vd. les imputa? 

Yo espero que si Vd. aprecia mi amistad i conoce los deberes 
que ella impone, no me deje en estas dudas, que cumpliendo con 
días i con la justicia, obre siempre del modo que ésta aconseja. 

A Garfias tenia encargado mui de antemano se viese con Vd. 
cuando viniese a Santiago, i sin duda habrá sabido su venida 
por la contestación al anónimo, etc., pues que hasta hoi no me 
ha avisado de haber cumplido con mi encalco. 

8oi de Vd. aftmo. S. S. Q. B. S. M. 

Diego Portales, 



índice. 



téi. 

í ' 

Al señor DON' José Victorino Last arria 5 

Una palabra db advertencia < 7 

CAPITULO I. 

LA REACCIÓN DK 1829 I D. DIEGO PORTALES. 

£Í argumeoto ilc este libro no es la historia propia do los pipió- 
los ni' de los pelucones, sino la roáeña del período escepcional 
llamado: «la époc.i 'Je Pórtalos.» — Carácter i fuerzas miílti- 
p'es de la reacción de 1829. — Ni)t?ib*o oar'.a del Dr. Rodri- 
gaez Aldea qne pone aqnol movimiento b «jo su ver-iadora Inz. 
— Oríjen po¡)ular de los nombres do psluconei i pipiólos. — 
Resistíincia democrática quo la administración liberal opuso 
a las revoluciones qne la combatieron.-— Sucumbo mas bieu 
por la d íbilidad de sus caudillos que por oÍ despro¿tijio de sus 
ideas. — Opiniones relijiosas del jeneral Pinto en 1820.— Es- 
casez de hombres de nota del partido liberal en el momento 
de la crisis. — Aparición de don Diego Portales i su eatraor- 
dinaria audacia. — Su prcsciudencia de los partido» i de tradi- 
ciones políticas. — Su círculo. — Sus ideas contra la federación 
en 1827. — Por qué la misión política de Portales no ftió libe- ' 
ral ni deraoci'ática? — Reminiscoocia do don José Miguel Ca- 
rrera con rt'lacion a Portales, — Manera personal de ver la 
politioa.qae caracterizó a Portales. — Loa pelajeanos del «Haíia* 
briento»,-^Los pipiólos según Lastarria. — Abnegación perso- 
nal de Portales. — Su rol político intermediario entro la revo 
lacion democrática i la reacción colonial do 1829.-^D6sbarata 
esta última después de Lircai i dispersa sus elementos.-** 
Anularaiento final de los O'üiggrinistas. — Deposición del pre- 
sláontJO pclucon RuizTagle. — Sometimiento personal del jene- 
ral Prieto a la política de Portales. —Don Diego Portales no ' 
es el jefb jonuino de los pelucomn. — Reseña de su vida antes 



— 364 — 

de 1830. — Sa edacacioD literaria i sas progresos en el latió i 
en la teolojia. — ColeccioD que ha qnedado de sus papeles; sa 
correspondencia con don Antonio Garñas i otras fuentes qno 
hemos consultado. — Anécdotas de su niñez, — Sus condiscípu- 
los. — Su primer amor i su casamiento. — So recibe de ensaya- 
dor de la Moneda i juicio profético que don José Miguel In- 
fante hace de su carrera. — Se consagra al comercio. — Muere 
su esposa i se apodera una profunda melancolía reiijiosa de 
su espíritu. — Su confesor. — Resuelve establecerse en Lima i 
hace nna compañía de comercio on aquella ciudad. — Trans- 
formación completa de su carácter. — La «zamacueca». — Re- 
gresa a Chile con un caudal considerable. — El Estanco, — Su 
prisión en enero de 1827. — Se retira a Valparaíso. — Sus apu- 
ros i economías en osa época comprobados con sus cartas in- 
timas. — Publica en Valparaíso el Vijia, — Regresa a Santiago 
i da a luz el Hambriento, — Parto que tuvo en la redacción do 
este poriódioo. — El Canalla, — Participación de Portales en 
la revolución de 1829. — El tumulto popular de 7 de noviem- 
bre decido de la suerte de la revolución mas que el motín del 
ejército del Sur. — Carácter de los «bochinches» de esa época 
i encarnizamiento do las revoluciones posteriores. — Omnipo- 
tencia política do Portales en 1830 9 

CAPITULO JI. 

PORTALES DICTADOR POLÍTICO. 

Portales acepta repentinamente i a su pesar las carteras del In- 
terior y de Guerra bajo el presidente Ovalle. — Su resolución 
do irse a Copiapó a atender sus intereses. — Regocijo de los 
revolucionarios por el carácter oficial de aquel i felicitación 
del jcneral Prieto. — Primeros actos de la política de Portales. 
— Da do baja a todos los jefes i oficiales del ejército constitur 
cíonal. — Lista completa do éstos. — Desaprueba los tratados 
dó Cuzcuz: — Juicio sobre estas medidas. — Programa político 
(ío Portales. — Su manera do llevarlo a cabo. — Anula a Ruiz 
Tagle, jefe de los pelucones, i a Rodríguez Aldea, caudillo do 
los O' Higgínistas,— Definición que hacía el último de Porta- 
les en aquella época. — Hace un viaje a Talca i so apodera de 
la voluntad del jeneral Prieto, ofreciéndole la presidencia, — 
Rumor do haber hecho al jenoral Freiré iguales insinuaciones 
en su prisión. — Espulsa del ministerio de Ilacionda a Mene- 
ses, representante del elemento colonial puro, — Discrepancia 
con el señor Lastarria en el punto de partí4<^ sobre la misión 
politícíi de Portales en su Juicio histórico, — Portales comba- 
te el militarismo.-- Organización do la guardia nacional,—- 



/ 



— 365 - 

Creación de la academia militar,— Separación del coronel 
Cruz del ministerio de la Guerra. — Muere el presidente Ova- 
He. — Lealtad de Portales para con sn raeraori». — El uno % el 
otro^ poesía por Mora, atribuida por Portales a la poetisa 
Marin. — Elección del jencral Prieto. — Portales rehusa la pre- 
sidencia i no cambia ésta por una «zamacueca». — La «Filar- 
mónica». — Portales reasume tres ministerios de Estado. — Su 
infatigable laboriosidad. — Su consagración a la guardia cívica 
i al cuerpo que manda. — Creación del Araucano. — Amor de 
Portales a la publicidad de todos lo» actos de gobierno. — De- 
creto obligando a los empleados denunciados por la prensa a 
acusar al jurado. — Se establece el pago corriente de todos los 
empleos del Estado i Portales rehusa el sueldo de todos sus 
cargos, a pesar de su pobreza. — Organización interna de las 
oficinas públicas. — Avasallamiento del pais. — Persecución a 
la prensa. — El Congreso de 1881. — Moción de don Carlos 
Kodriguez para^dar de alta a los militares de Lircai. — Sa 
cspnlsion de la Cámara de Diputados, junto con Infante i 
Vicuña. — Espedicion de Barnachca, Uriarte i Tenorio a Col- 
cura. — Disgusto de Portales porque no son fusilados. — Suble- 
vación de Tenorio en Juan Fernandez.— Curiosas revelaciones 
do Portales a este propósito sobre su sistema político: — el 
personalismo, — Asume la presidencia el jencral Prieto, i Por- 
tales renuncia los ministerios i la vice-presidencia de la Repii- 
blica. — Desaprobación de sus amigo?. — Carta del intendente 
de Concepción Alemparte. — Segunda faz de la primera época 
de Portales 44 

CAPITULO in. 

PORTALES CONJpRCIANTE EN VALPARAÍSO. 

Motivos por que Portales se establece en Valparaiso. — La revo- 
lución completó la ruina de sus intereses. — Urjentes apuros 
que le rodean a finos de 1831, — Ardor con que se consagra - 
al trabajo del escritorio i sus jenialidados sobre su laboriosi- 
dad. — Ardid para proporcionarse un barbero de poco precio, 
— Elevación dii alma con que Portales rechaza una cobranza 
lejítima al fisco, — Rasgo de estraordinaria delicadeza en una 
dificultad de comercio. — Viaje secreto que haco por sus ne- 
gocios a Santiago i su característica manera de anunciarlo. — 
Chismes que se contaron en la capital sobre este viaje. — Ne- 
gocios a que se dedica en Valparaiso. — La goleta Independen- 
cia, — Consignaciones de tabaco i peculiaridades de sn carácter 
en las dificultades de este negocio. — Injenio de Lagnnillas. — 
Compra de la hacienda de Pedegua. — Reflexiones 70 



- 866 — 

CAPITULO IV. 

PORTALES EN 1832. 

Don Diego Portales raauticnc sii influencia política desde Val- 
paraiso.-^fij ministerio Errázuriz. — Oposición que le haco 
Portales. — Sus primeras insinuaciones de descontento.— Se 
aumenta su disgusto por las desconfianzas del presidente Prie- 
to. — Estalla su ira contra éste i sus elevadas protestas de 
desprendimiento persona'. — Aparece el Ruron contra el ga- 
binete Errázuriz. — Brillantes ideas de Portales sobre el ca^ 
ráctcr de la prensa de oposición. — Flojedad de loa cargos que 
se hacen a Errázuriz i característica enfado de Portales. — Re- 
nuncia don Rnmon Errázuriz el ministerio del Interior. — Los 
^«Litres». — «Don Isidro Ayest-is». — El presidente de>i;;5na por 
sucesor a don Francisco de Borja Irarrázabal. — Cólera de 
Portales. — Don Joaquín Tocorn^l es elevado a ministro del 
Interior. — Comienza el verdadero reinado de los polucoues. — 
Don Joaquiu Tocornal es el jefe jcnuino del partido conser- 
vador. — Oposic.on de s^i roi pcliiico i el do Portales. — Juicio 
contemporáneo de Tocornal, scí^un su colega Renjifo. —Mo- 
destia de Tocornal al aceptar el ininistcrio i felicitación ca- 
racterística que le dirijo Porta -us. — Asume éste su omnipo- 
tcuoia política por la organización del nuevo gabinete. — Su 
incansable porsocuciou a los pipiólos. — Su resisten "Ja al re- 
greso del jeiiera! O'Higoins. — Ooosicion mezquina que hace 
a que se confiera el grailo de jceral al coronel Cruz. — Cómo 
los senadores de Xquella época daban su voto. — Irrit-icion de 
Portales por la concesión de indultos a criminales ordinario-^. 
— Fusilamiento do un müsico de su bjtallon. — Felicitaciones 
por el estorminio de los Píncheiras. — Artículo sobre justicia 
criminal qno publica en el Mercurio.- — Sabios consejos de po- 
lítica de Portales al ministro Tocornal. — Reflexiones al rais- 
roo aobre la libertad relijiosa. — Anécdotas de la vida do Por- 
tales ^|i Valparaíso. — El rosario i la escarlatina.-r-M. Gay i 
los mncbaclios de Valparaíso. — Sometimiento del gabinete 
enterp a la inspiración de Portales. — Se le consulta sobre la 
persona que debía reemplazar a Cavareda en el gobierno de 
Valparaíso.— Se opone Portales a qno lo seara los jeneralea 
Benavcnte i Aldunate i acepta él mismo aquel puesto bacién- 
dosc violencia. — Noble conducta do Aldunate. — Consulta 
sobre el nombramiento de intendente de Santiago i de coman* 
dai)te del batallón núm. 1 de guardias nacionales de aqoella 
ciudad, — (lonores que so intenta tributar a Portales por el 
gobierno e indignacíoD oon que los recibe.-^ Voto de gracias 



— 367 - 

del Congiefio. — Juicio sobre el rol político c|e PortalQ9 en 
1832. — Sus trabajos como simple particular on V^lparaiso. — 
CodifícacioD, náiitit^a, marina do guerra, ejército, relaciona 
diplomáticas, protección al comercio de lo»' nacionales, etc., 
etc. — Admirables palnluaó de abnegación con qqe Portales 
anuncia su reaoUieiou «le fijar su residencia en Valparaíso. — 
Juicio de un contemporáneo sobre la omnipotencia de Por-r 
tales en 1832'. 84 

CAPITULO V. 

LA CONSTITUCIÓN DE 1833 I D. DIEGO PORTALES. 

Don Joaquin Tucornal es el verdadero fundador d^l partido po- 
lución como |>udcr. — Curiosas revelaciones sobre el nombra- 
miento dfl obispo Vicufia en oposición a Cienfuegos i Guzman. 
— Don Mariíinu E^aila. — Se hace el inspirador del peluco- 
nismo p->r olio a !a Constitución do 1828. — La Constitución 
planetaria d.i don Juan Egaña. — Acta del motin militar de 
Chillan en 1829 en defensa de la Constitución de 28.— 
Inipacioi.cia do Egaña por reformarla. — Trabaja antes do 

1832 su pioyeotv» de Constitución. — ¿Es a la Constitución de* 

1833 o al pais mismo a lo que se debe la situación próspera 
de éste? — Juicio jeueral sobre la Constitución de 1833. — Ha- 
bilidad desplegada por Egaña en la forma esterior de aquel 
código. — Análisis de la organización de los poderes sobera- 
nos. — Cuadro crouolójico dalas suspensiones que ha sufrido 
la Constitución hast\ la fecha.— Su mérito en la parte admi- 
nistrativa. — Solución de este problema: ¿hai o no Constitu- 
ción cu Chüe? — Dificultades opuestas maliciosamente a la 
reforma lega) d¿ la -Constitución. — Don Diego Portales no 
quiere tomar parte oa la di^cusioa de ésta i aun rehusa leer 
el proyecto de Egaña. — Su opinión en jeneral sobre las Cons 
tituciones políticas. — So opone Gandarillaa al proyecto de 
Egaña i presenta un contra proyecto a la discusión. — Nota- 
ble juicio del jeneral Cruz sobre la Constitución de 1833.. . . 122 

CAPITULO VI. 

CONSPIRACIONKS QUE I'RKCEDIERON A LA CONSTITUCIÓN DE 1833. 

(El capitán Labbé.— D. Carlos Rodrigue^.— Eusebio Ruiz. — Coi^aracion 

de ArteagEi) 

Conspiración del capitán Labbé. — Sus cómplices i su delatur.— 
Su prisión, su destierro e indulto que obtiene del Congrcao.-r— 



- 36Ó - 

Don Carlos Rodríguez. — Conversación sediciosa que tiene con 
el capitán de hiisares Sotomayor en el Parral de Gómez, — 
Le obsequia la espada de Manuel Rodríguez, i aquel le de- 
nuncifl. — Declaraciones judiciales de los oficiales df hilsares 
Sotomayor i Millan i del profesor Gatica. — Prisión do Rodrí- 
guez, de los teniente coroneles Godoi i Porras i otros. — Des- 
tierro de Rodríguez i algunos de sus compañero?. — Espatria- 
cion voluntaria de don Joaquín Campino. — Ensebio Ruiz 
proyecta formar una montonera en el monte de la Ruda. — 
hus cómplices. — Se dirijo a Rancagua i el coronel Reyes a 
Quecherecuas con ol objeto de sublevar los cazadores a caba- 
llo. — 1^\ fraile Venegas. — Los conspiradores son denunciados 
i condenados a muerte. — Escápase de la prisión Ensebio 
Ruiz. — Conjuración de Arteaga. — Compli- i^lad del jeneral 
Zenteno i del coronel Picarte'. — Antecedentes de Arte«ga. — 
La conjuración es denunciada la ví<*pera^le e-tallar. —Carác- 
ter siniestro que se le atribuyó por el gobierno. — Prisión do 
Arteaga, Acosta, la Rivera i otros oficiales. — El comandante 
de armas Zenteno es depuesto repentinamente. — Carta carac- 
terística de Portales sobre este complot i medidas de precau- 
ción que toma en Valparaíso. — Prisioccs que se ejecutan en 
esta ciudad i en Aconcagua. — Reos confinados a Juan Fer- 
nandez.. — Alarma del gobierno i juicio de Portales sobre la 
situación. — Escandalosa injerencia del último en el nombra- 
miento del Consejo de Guerra que jnzi;»;ó a los reos. — Son 
éstos condenados a muerte i la Corte Álarcial con in uta la 
pena en destierro. — Los jueces son acusados por el gobierno, 
pero los absuelve la Corte Suprema 147 

CAPÍTULO VIL 

CONSPIRACIONES QUE SIGUIERON' A LA CONSTITUCIOX DE 1833. 

(La reTolacion de los puñalest — La conjuración de los Húsarest-- 

Tnmulto del Instituto Xacional.) 

La revolución de los puñales. — El capitán don Juan Cortés. — 
Primera reunión- i juramento de los conjurador. — ÍX)s dos 
Barril, Mujíca, Soto, Navarrete, Nogareda i Montero. — Se- 
gundo conciliábulo. — Ei coronel Puga es nombrado j<'te mili- 
tar i Cortés secretario de los conjurados. — Ln^orporacion do 
otros personajes. — El coronel don José Antonio Pérez de Co- 
tapos. — Don José Ci tillo. -Los comandantes Urquiz.> i Jo- 
fró. — Medios de procurarse fondos. — Don José María Novoa. 
— Don Rafael Bilbao. — Personajes que suministran el dinero. 
— Apresto de armas i grupos del pnoblo. — Plan de la conja- 



rncioD. — DÍTÍiJese la ctndad en dos lineas de ataque que debe 
HsaltArEe por diez grupos armados. — Inmiocncia de una ca- 
tástrofe. — Llega la nocbe desigDada del ]'2 de jalío. — DeBCni- ' 
do completo del gobierno. — El te c i ente Godo i es sorprendido 
en el momento de darse el golpe i se descubre un depósito 
de pufiale*. — Singularidades de Godoi. — Pnga da contra or- 
den postergando el moTimiento. — Muerte del capitán Cortés, 
—Es dcaunciada la revolncion aquella nocbe por Ballesteros. 
-^Prisión de centenares de personas i violencias de los Hd- 
sares. — Profundo secreto gne guardan 1os conspiradores sor- 
prendidos. — El gobierno forja una falsa conspiración para 
descubrirlos. — El comandunte Soto Aguilar. — Fono éste en 
ejecución Tin plan de provocaciones secretas,— Los saijentos 
Torres i Roco i la costurera Azocar, — Ei coronel Fuga es en- 
gafiado i entrít en el plan de sublevar los Húsares i la arUlle- 
rin. — Penetra en el cuartel de aquella i es amarrado. — Joa- 

3uin Lazo. — Prisión do las selioras Almanche i su espírituali- 
ad de reas. — Se intenta fusilar a Fuga incontineoli, pero se 
opone el auditor fíandari lias.— Descubre Fuga sus cómplices. 
— Noble conducta de GandarilIsB. — Dilación de Nogareda 
por la perfidia de un oficial do artillería. — Tienen lugar nu- 
merosas prisiones. — La cárcel de Santiago en 1833. — Vista 
flfical sobre la revolución do los puñales, —Admirable informe 
de Ganda r¡ 11 as sobre aquel proceso i el de Puga. — Clemencia 
de los tribunales. — El Congreso decreta la primera Buspeosion 
de la Constitución i concede al gobierno facultades estraor- 
dinarías. — Gastos secretos. — Anécdota de la ánima tiegra. — 
SableTBCJon de los colejiales del Instituto. — Se resisten a la 
faersa armada, pero capitulan con el presidente de la Repil- 
blicB. — Lealtad do los comprometidos i prisiones impuestas 
por la Junta de educación, — Sublovaciones conventuales de 
1833. — Eficacia de la Constitución de 33 para reprimir las 
conspiración es basta la fecha 188 

CAPITULO VIII. 



F0RTALE5 QOBERKADOR DB VALPARAÍSO. 

Don Diego Portales en el gobierno de Valparaíso. — Su último 
viaje a Santiago i sospechas que infundo de que iba a iBen— 
tarso en el gobiernos. — Se estrena con el fusilamiento del 
espitan Paddock. — Relación de esto suceso i razones que dio 
Portales para la ejecución de aquel, — Se consagra a la orga- 
nización de las milicias do Valparaíso. — So propone enrolar 
en ellas a los estranjcros. — Abusos i violencias que comete 
Portales en la regíame u tac ion de la guardia cÍTica. — Su riji- 



— 370 — 

dez con los soldados i los frailes. — Sa deseo de manifestarse 
desligado de la política jeneral de la época. — Característica 
renuncia que hace de todos sus empleos, honores i comisiones, 
. — Renuncia posterior de la gobernación de Valparaíso. — Su 
tenaz insistencia porque se le admita i su disgusto con Garri- 
do por este motivo. — Desobedece las órdenes del gobierno 
con los reos de las conspiraciones de 1833 que se le remitían 
de la capital para embarcarlos. — Su jenerosidad con algunos 
de ellos. — Deja el gobierno do Valparaíso. — Servicios de que 
le es deudora esta ciudad en los diez meses que la gobernó. . 201 

CAPITULO IX. 

LOS FILOPO LITAS. 

En ausencia de Portales, comienza a diseñarse el partido fílopo- 
lita. — Don Manuel Renjifo. — Sus operaciones financieras como 
ministro de Hacienda. — Su opinión sobre la reducción del 
ejército i medidas que toma para realizarla. — Su laboriosidad 
i espíritu liberal i reformador de su sistema rentístico. — Su 
Memoria de 1834. — Organización del crédito del Estado. — 
Escandalosa operación de la deuda flotante, que desdora su 
administración de la hacienda publica. — Juicio de Portales, 
Toro, Concha i Vicuña sobre esta negociación. — Descargos 
de Renjifo. — Aparece éste como el jefe de un partido inter- 
mediario, a consecuencia de las venideras elecciones de pre- 
sidente. — Don Diego José Benavenle i don Manuel José Gan- 
darillas. — Estrepitoso rompimiento del primero con Portales. 
— Aparecen en cuerpo los Fiíopolitas, — Los Viales. — Des- 
contentos que se agregan a este bando. — El jeneral Campino 
rompe con Portales por un pasquín que se atribuye a éste 
contra su hermano don Joaquín i carias que uno i otro se 
cambian sobre el particular. — Sucesos políticos que ponen en 
exhibición a los fiíopolitas como partido político. — Separa- 
ción del Seminario del Instituto. — Moción de Renjifo sobre 
conceder franquicias a los españoles. — Es ésta rechazada. — 
Renuncian sus carteras Tecomal i Renjifo. — Misterio de esta 
resolución i orijen conventual que se atribuye a la de Tocor- 
nal.— El presidente Prieto llama en el conflicto a Portales, 
pero éste rehusa. — Carta que con este motivo le dirijo el ul- 
timo desde Pedegua. — Timidez del partido filopolita en pre- 
sencia de Portales, a quien atribuye la oposición hecha a 
Renjifo. — Brusca franqueza con que aquel acepta esa respon- 
sabilidad. — Portales rompe con Gandarillas. — Sucosos quo 
provocan la irritabilidad de Portales contra el gobierno. — 
Cobranza injusta que se le hace do una suma de dinero. — 



— 371 — 

Conflicto a consecuencia de haber enrolado en la milicia a un 
personaje patrocinado por el gobierno. — Ira i arranques je- 
niales de Portales. — Declara terminantemente qae no consen- 
tirá en la elevación de Eenjifo como candidato de los ñlopo- 
litas. — Su cólera- contra aquel hombre de Estado i anécdota 
que de él refiere. — Violenta situación de Portales. — Su juicio 
sobre Benavente i Gandarillas. — Manera peculiar de juzgar 
de Portales sobre la oposición de sus p.ntignos amigos. — Acep- 
ta por pocos dias el gobierno de Yalparaiso en setiembre de 
1834. — Gran baile oficial de este aniversario. — Profunda im- 
presión que hace a Porlales un anónimo en que le anuncian 
una revolución por estos dias, — Portales se resuelve a alejar- 
se temporalmente do la política i declara que aplaza la rup- 
tura de las hostilidades con los fílopolitas. — Compra la estan- 
cia del Rayado. — Sus ilusiones de felicidad i riqueza en el 
campo. — Don F. I. Ossa le ofrece treinta mil pesos que él re- 
husa i acepta una pequeña suma del cura Orrego. — Su viaje 
al Rayado i peculiaridades que le ^empañan • . 219 

CAPITULO X. 

PORTALES EN EL «RAYADO». 

Don Diego Portales en el Rayado. — Gandarillas descubre en 
Santiago el plan de hacer presidente a Renjifo. — Banquete 
que tienen los fílopolitas el dia de San Juan. — Aparece el 
Philopolita, — Carácter mezquino de este periódico. — Bena- 
vente hace moción en el Congreso para que se dé de alta a 
los militares de 1829. — Don Victorino Garrido. — Aparece el 
Farol, — Enerjia de este papel. — Don José Indelicato. — Por- 
tales en la soledad. — Don Diego Portales considerado como 
hombre. — Su aspecto físico. — Su ser moral. — El amor en su 
organización. — Sus ideas sobre el matrimonio i admirables 
consejos a este respecto. — Sensibilidad de Portales. — Un no- 
ble episodio doméstico. — Letargo de sus pasiones. — Indife- 
rencia de Portales por sus deudos. — Su opinión enjeneral so- 
bre la mujer. — Reminiscencias de David i de TJrias. — El anteo- 
jo de don Diego en la Placilla. — Su servidumbre en el Rayado. 
— Mujica, Montoya i Mateo Torres. — Singular afición de 
Portales a la jente sencilla. — Don Pedro Prieto. — El herrero 
Hernández. — Sistema de vida de Portales. — Talento de Por- 
tales para el ridiculo. — Pintura que hace de su primo don 
Pedro Pakzuelos. — Lance cómico con el ctrra Orrego de 
Valparaiso.-T-Portales poeta. — Su afición a los caballos. — Su 
aversión natural a la lectura. — Ul Quijote, — Su aprendizaje 
del ingles i su admiración por el gobierno de la Gran Breta- 



ña. — Sas prihcipioa relijioéOs.— 3a ecoiidiiiia.^RásKbs de 
delicadeza. — Su bondad con los pobres. — AooDedacion del 
cobre. — LimoBnae.— Caso eingutar de nn ladnlto. — Le visita 
en el Eayado el capitán Fílz Boy. — Sns faenas de campo,— 
Sa pereza paia cEcríbir a sns amigos. — Cuartas de BnstílloB. — 
Portales se desentiende de Iñs eiijencíss de sas partidarios 
para qne vuelva a Santiago. — lios fllopolitas cobran brios en 
auBeacia de Pórtalos. — El presidente Prieto acepta el proyec- 
tóle dar d» alta a los militares. — Se ofrece a Portales la 
Legación a EspaBa, por coUdacto da sa. padre, i su brusco 
recuazo. — Lójica i ÓTecisioii de in conducta política en 1835. 
— Sus ideas sobre Talparaiso como punto estratéjico i de re- 
sistencia. — Viajes qne hace a esta ciodad. — Incidente que 
acelera sa partida del Jtáyado. — Balance de su fortuna eo 
1835. — Viene a Valparaiso. — 6a le reúne ahí don Antonio 
GarfisB, — Ansiedad de sns aúiigoB porque se ponga ttl frente 
de los negocios públicos. — Vacilaciones de Portales. — 8n 
odio a don Joaqnin Gampino. — Se rescelvo Portales a acep- 
tar la dictadora política. — Llega a Santiago de incógnito i ea 
nombrado ministro de la Guerra. — Comíeuza U segnnda 

época de don Diego Portales 254 

ApfiSDICE 20S 

DOCCUKHIOS 207 



IDO]Sr ÜIEaO PORTALES. 



INTRODUCCIÓN 



A LA 



HISTORIA DE LOS DIEZ ANOS DE LA ADMINISTRACIÓN MONTT. 



DON DIEGO PORTALES. 



( CON MAS DE 500 DOCUMENTOS INÉDITOS ). 



POR 



benjamín VICUIÍA MACKENNA. 



-r'*^-' _'-*^--'^^- ^. 



SEGUNDA PARTE. 



VAIfARAIBO: 

[MPUENTA y LIBEERIA DEL MERCURIO 

de Santos Xomero. 

1863. 



« 

* 



\ 



SEGUNDA PARTE. 



• ♦ * 



CAPÍTULO XI. 



EL PERÚ. CHILE. — SOLIVIA. 



1829.— 1836. 



SitOAcion efcepeional de Portales en su segunda época política. — Desamparo 
en qne le dgan ros amigos. — Desarme jenenñ de todos los elementos de 
redstencia que contrariaban su política interna. — Renuncia Renjifo i le 
sucede Tocomal, encargándose Poi-tales de dos ministerios. — Estrechez 
del teatro doméstico de la nueva política de Portales. — Su espansion hacia 
«1 esterier. — El Per6 después de Ayacucho. — Gobierno lejítimo de La 
Blar. — Gamarra i La Fuente en el gobierno. — Sus esposas alternativa- 
mente caudillo) de motines. — Gobierno 1<^1 de Orbegoso. — Luna P¡- 
zarro. — Comienza la era ríe los trastornos en el Períi. — Sublevación mi- 
litar de Gamarra contra Orbegoso. — Batallas de Cangallo i Guaylacucho. 
— Abrazo de Maqulnhuayo. — Aparece Salaverry.— Sos crueldades, — Ga- 
marra i Orbegoso ee refujian en Bolivia solicitando au6Íli( s separadamen- 
te. — Santa Cruz.. — Su antigua ambición por dominar en el Perú. — Ga- 
marra i Santa Cni^ representan alteroativnmcnt«, durante diez afíos, las 
mutuas agresiones del Perú i Bolivia. — Intrigas de Santa Cruz en Arequi- 
pa en 1829 i su complicidad con La Fuente i Gamarra contra La Mar. — 
Militariza a Bolivia dorante su gobierno. — Manera como Santa Cruz acoje 
a Gamarra i al enviado de Orbegoso. — Ajusta con éste un tratado para 
invadir al Perú contra Salaverry. — Da soltura a Gamarra i subiera al 



— 6 — 

Cuzco. — Batalla de Yanacocha. — Santa Cruz, vencedor de Gamarra» 
marcha sobre Lima al encuentro de Salaverry. — Portales entra al poder 
en Chile en estos momentos. — Preocupación jeneral del país ccn los su- 
cesos del Perú i Bolivia. — Un símil singular de los chilenos i los carneros. 
— Relaciones antiguas de Chile i el Perú. — Nobles esfuerzos de aquel 
país por la independencia i libertad del último. — Enorme deuda que re- 
clama Chile *]cl Perú en 1 882. — Vanos reclamo» para liquidarla i celebrar 
un tratado de comercio durante el gobierno de Gomarra. — Desventajas 
mercantiles que crea a Chile respecto del Perú su libre lejislacion aduane 
ra. — Carácter belicof o que, seguiiMora, imprime Portales a estos primeros 
asomos de dificultad. — El gobierno de Chile dobla los derechos de los 
azúcares para arrastrar al del Perú a un tratado. — Alarma que suscitan 
en el Perú estas medidas. — Nobles cartas del jeneral O'Higglns al presi- 
dente Prieto eobre estos conflictos. — Dignas respuestas del último. — La 
prensa de Chile, azuzada por Portales, ataca violentamente a Gamarra. — 
Se retira del Perú el ministro de Chile. — El presidente Prieto da cuenta 
al Congreso de 1833 del estado de las relaciones de lo» dos paises. — Ru- 
mores de guerra que hace circular Portales en lima. — Manera vasta de 
concebir de Portales las consecuencias de estas compUcaciones mercanti- 
les. — Incremento i prosperidad del comercio de Chile por la liberalidad 
de sus leyes aduaneras i los almacenes de depósito. — Perfecto derecho de 
los peruanos para disputarnos en su obsequio aquellas ventajas. — Injusta 
alarma de Portales i su resolución de estorbar aquella mudanza que nos 
perjudicaba. — En 1832 anuncia que es preciso hacer yna campaña ai Perú 
antes de dos años, i se opone a la disminución del ejército. — Sus falsas 
ideas sobre el Perú, deducidas de su residencia en Lima. — La caída de 
Gamarra en 1833 cambia el aspecto de las cosas con relación a Chile: — 
Orbegoso envia a Távara para ajustar un tratado de comercio. — Portales 
se ofrece para celebrarle como plenipotenciario €ui hoc. — Tratado de 
1886. — Grandes ventajas que adquiere Chile. — Lo ratifica SaUverry i 
eetfecha sus relaciones con Chile enviando a don Felipe Pardo. — Orbe- 
goso, por influencias de Santa Cruz, suspende el tratado después da la bata- 
lla de Yanacocha i lo abroga completamente después de la de S«oabaya. — 
Palabras de Portales al saberse en Chile este último desastre. — Prcvee la 
inminencia de un rompimiento i solicita un empréstito de 400 mil pesos 
para poner la escuadra en pió de guerra. — £ii esta situación llega la go- 
leta Flvr del Mar con la noticia de la espedioion del jeneral Freiré. 



I. 



Cuando don Diego Portales volvió a empuQar en sos ro- 
bustaa manos el timón de los negocios públicos i miró en su 
derredor i vio los aparejos de la nave combatida por oontra- 



— 7 — 

rioJs vientos i contó sobre el puente la tripulación que iba a 
8ei*i^irle en el azaroso viaje, debió pasar por aü grande alma 
uña ráñiga de profundo desaliento. Estaba cuasi solo! 

Ya no tenia a su lado aquellos espertos i vigorosos piloto», 
prácticos de los escollos de la revolución, que le habian abóni- 
paBado en la iniciativa de su carrera. Ya habia desaparecido 
su amena «tertulia» de intrigas i di ipacion, pero laboriosa h 
la vez e intelijente, i hasta los socios de aquel alegre escánda- 
lo que llamaban la «Filarmónica» se habian dispersado, o eran 
indiferentes, si no hostiles, o se sentían viejos. Cuánto, cuánto, 
en verdad, habian cambiado las cosas i los hombres en los 
tres ailos que habia durado su ausencia! No lé quedaban ya 
de sus amigos antiguos sino Garrido i Cavareda en Valparaiso, 
Tocornal i Meneses en la administración, Bustillos i Garfias 
en su círculo inmediato, Ürízar Garfias i Alemoarte en las 
provincias. En el ejército mismo buscaba una espada joven en 
que apoyarse, i habia elejido precisamente la de aquel soldado 
que debia traer al suelo su poder, la del coronel Vidaurre. Él 
jetteral del ejército del Sur le miraba con justo recelo— Cruz 
era sü enemigo personal — Campino habia roto con él— Aldii- 
nate se habia refujiado en su propia dignidad; todos Iqs demás 
grandes nombres de la revolución. Freiré, Laátra, Las Hefaá, 
Borgoño, estaban proscriptos. 



n. 

¿Qué iba entonces a hacer aquel hombre en la República? 
Quién le ayudaría? Cómo podia gobernar? Su partido habia 
sido siempre escaso de notabilidades políticas i administrati- 
vas; pero la esterilidad de cuanto le i'odeaba ahora era asom- 
brosa, porque su personalidad todo lo absorbía en su inflexi- 
ble esclusivismo. • 

Pero Portales tenia fó en ai propio, i esto, que era su gran- 
deza moral, era también la fatalidad de la Bepública, porque 
oreia mas en sí mismo que en su jenerosa patria. Ai I A aquel 
hombre que tenia la sinceridad de sus intenciones i un Aeáéó 



— 8 — 

de sacrifícarse por el bien i la gloría de la nación, cegado aho- 
ra por su orgullo, no le cabia otro rol que el de tirano! Gran 
lección para los pueblos que levantan ídolos de entre sus 

propios conciudadanos i todo lo esperan de los hombres ne- 
cesaríos, o de los hombres tínicos! 



f« 



III. 

Por lo demás, la misión política de Portales era esta vez 
mui sencilla. Su presencia era en sí misma la solución de la 
crisis. Todo de aparecia delante de sus pasos, sin que necesi- 
tara apartarlo con su brazo. Una especie de estupor se apode- 
ró de todos las ánimos, desde que le vieron presentarse como 
una resurrección sombría de su primera dictadura. El Fhilo- 
pólüa sintió su voz ahogarse e.i la garganta, se calló para 
siempre, i en seguida, el Farol apagó su quemante pabilo. (1) 
El mismo caudillo de sus adversarios, el ministro Renjifo, ab- 
dicó, cuarenta dias después que Portales era su colegíi, i a fó 
que aquella fué una resistencia magnánima contra un rival 
tan resuelto i tan apresurado! Hizo aquel su renuncia el 6 de 
noviembre, (2) entró a reemplazarle Tocornal, i el 9 ya Por- 

(1) £1 último número ilel Philopolita se pablieó el 11 de noriembre i el Fa- 
rol cesó de aparecer cinco días mas tarde, el 16. La despedida del primero fué 
tan vulgar como había sido encojida i apocada su primera exhibioioo. Ni una 
sola palabra hablaba sobre Portales, que era ya el jefe del gabinete, aunque solo 
tenia el despacho de la Guerra, pero del ministro del Interior decia *'quo no 
tenia conocimientos de gobierno i era ademas torpe, neglijente, fanático i tuI- 
pino.'' Cuánto odio a la par con tan misera impotencia! Por último, por via de 
deprofundi»^ decia esta cuarteta, bien fútil i pobre para un periódico serio que 
habla querido ser la bandera de un partido intelijent«>, i que, por su timidez e 
intriga, no fué sico una hoja de cortesanos: 

"A Deus, a Dens faroleiros 
Parentes dos mara^tos. 
Indolentes mentecatos, 
Insignes alcahueteiroa.'' 

(2) El Philopolita, que dejó de publicarse cinco dias después de esta dimisión, 
esplica en los siguientes términos la salida de Renjifo, sin abandonar todavía fos 
rodeos i mezquinas ambigüedades. "Hai insensatos, dice en su número del 16 de 



— 9 — 

talea era otra vez ministro del Interior i de la Guerra, es de- 
cir, era dictador como en 1831, coa un proveedor de fondos 
que era Tocornal i un proveedor de firmas que era el Presi- 
dente de la República: tales habían sido sus inexorables con- 
diciones. 



IV. 



Portales encontrábase, pue?, delante del vacio. Ya no exis- 
tían los pipiólos, i sus modernos rivales habi&n huido, i no 
como aquellos, pues estos lujliaron hasta sucumbir i los últi- 
mos cedieron el campo mudos e impotentes. Sin el vasto 
teatro en que se habia ajitado en 1830, tenia ahora mas fuer- 
za, mas disciplina i acaso mas cólera que ejercitar en su derre- 
dor, porque su espíritu creador ya no tenia pábulo ni vuelo. 
Habia vuelto al poder, mas por orgullo que por ambición. 
Y el orgullo es aquella parta ponzoñosa de la savia que ali- 
menta el alma humana i que al fin la corroe, esterilizando sus 
mejores frutos. La ambición, al contrario, madre de la gloria, 
enjendra en el espíritu de los hombres mil jéneros de gran- 
dezas. 



noviembre, que atribuyen esto siic so tan incsperwh i lamentable a las poUmican 
promovidas por nopotroa, como si nuestros escritos hubiesen dado ocasión a las 
razones por que el ministro de Hacienda se ha visto en la indispensable necesi- 
dad de d«»jar el puesto. Los que quieran descubrir la verdadera causa de esta 
pérdida, búsqucnla en ciertas id^-aa erróneas, en varias suposiciones i en algunos 
heclios falsos que, de poco tiempo a esti p.irte, guian la política de nu -stro ga- 
binete Al í encontraráu el criadero de deícoutento, compuesto por la creduli- 
dad, la astucia i la superstición, i fumcntado por áulico?, cuyo interés público 
está redn<'ido a trabajar párrafos halagüeños para cada uno de los potentados 
En aquel recinto, decimos, dondrí el humo del incienso va hollinando los princi 
pios liberales, i la malignidad mancillando las reputaciones roas bien ciraeata 
das, se hallará la verdadera causa de la separación del ministro. Podemos asegu 
rar que no ha sido inducido a dar este paso por enfermedad, ni por cansancio 
Felizmente goza de buena salud, i se complacia en demostrar los prontos i últí 
mos resultados de sus bien concertados planes mediante los que consiguió dar 
crédito al gobierno, i formar hacienda al pais, recojiendo i ordenando los es^ 
conabros de las minas causadas por tantos años de desaciertos." 



- 10 — 



V. 



El destino o la fatalidad quiso, sin embargo, que un nuevo 
campo se abriese, a la acción briosa de aquel hombre que no 
sabia tener sm alma en descanso; i aquel nuevo teatro de su 
acción, en el que va a figurar casi por completo en esta segun- 
da época de su vida publica, es el Perú, directamente, i de 
una manera accesoria, Solivia, el Ecuador, la República Ar- 
jentina, la mitad, en fin, del continente sud-americano. Chile 
está maniatado a sus pies, i ni aun se queja de su yugo. El 
espíritu del dictador vuela entonces en busca de otros obstá- 
culos que vencer, de otro poder que hacer snyo, para aumen- 
tar su poder ya jigante, pero solo doméstico. 

Las dos grandes faces de la vida de Portales están, en 
consecuencia, marcadas con estos dos signos peculiares. 

La primera época es la dictadura interior. 

La segunda época es la aspiración a su influjo interna- 
cional. 

Oumplenos, pues, asistir al desarrollo del segundo de estos 
dos fenómenos, hasta que lleguemos a la catástrofe del Barón, 
que le puso súbito término, con respectí) a la personalidad de 
naestro protagonista. 



VL 

El Pero, después del mas grande de sus dias, el dia de 
Ayacucho (9 de diciembre de 1824), habia recibido de Bolí- 
var la célebre « Constitución vitalicia », que él mismo habia 
redactado, mas con su espada que con su mente. Aquel código 
era la organización de la tirania unipersonal. Los peruanos 
habian alcanzado su independencia en Ayacucho, pero ha- 
bian perdido en Lima .^u libertad. 

Mas, ausente el cLibertador», traicionado secretamente por 
su iConsejo de gobierno» que presidia el aviezo Santa-Cruz, 



— II — 

i exaltado el espíritu patrio de los peruanos por un clérigo 
tumultuario, el célebre Luna Pizarro, diestro en el manejo de 
las asambleas delibcniüvas i por lo tanto, alborotador i demo- 
crático, sacudieron lueg > la iiiflu-íici.'i colombiana i ecliaron 
la guarnición que sost^nia íiq.clia en Lima. (Sublevación de 
la tercera división d(í Coloirib: i el 10 dj enero do 1827.) 

Convoca entonces sus fotni-jios .-iquella infeliz cuanto noble 
nación, libre por la primera viz de esrranjeros, i su Congreso 
Constituyente, qno se proloi ga durante trece meses, bajo la 
hábíl^díreccion de Lunu Pizarro, que será en breve arzobispo 
de Lima, dicta una Constitución liberal i eiije para rej ir sus 
destinos al jencral Li Mar (marzo 8 de 1828), que ha mereci- 
do de la posteridad el rononibro de «virtuoso.» 

La Mar era tan dt^bii como honraiU». Luna Pizarro, que no 
pedia perdonar a BijJivnr sa fendenciu al gobierno uniperso- 
nsil i su rccientt3 destierro a Chile. íirrastro a aquel a un gran 
error i a una gran ingratitud. La Mar declara la guerra a Co- 
lombia i pasa el ^íatará; pero Sncre lo ataja en la cuesta de 
Tarqu: (febrero 28 de 1829), i después de haberlo humillado, 
oomo en Ayacncho ¡o habia cubierto do gloria, se presenta 
otra vez magUtánimo i permite a las lej iones vencidas volver 
a su patria bajo la salvaguanlia de un honroso tratado. 

Pero apenas ha pisado La \far el territorio peruano, la trai- 
ción detiene a aquellas i las dispersa. En un mismo dia (junio 
7 de 1829), con una precisión admirable, el jeneral Gamarra en 
Piara i el jeneral Lafuent3 en Lima, se sublevan con las ar- 
mas, acusando a La Mar de haber deshonrado al Perú i de ser 
edtranjero, porque habia nacido en Guayaquil. Abatido, po- 
bre, seguido de un solo ayudante, aquel iiustre americano, tan 
noble como crédulo, fué a morir en la playa de Costa-Rica, 
mientras sus pérfidos lugar- tenientes corrian a abrazarse en 
Lima i a dividirse la presa del poder, haciéndose el uno pre- 
sidente i el otro vice-presidente de la República. 



— 12 — 



VIL 

Comienza aquí la era de las revueltas criollas en la tierra 
de Gonzalo Pizarro. 

Gamarra era un cholo, hijo de un escribano del Cuzco i de 
una indíjena. Gran ambición, vasta e inquieta intelijenciív un 
espíritu desarrollado i emprendedor, un patriotismo ardiente 
pero fugaz, un disimulo profundo i una falsia plegada^n mil 
dobleces, todas las cualidades i los defectos, en fin, de la raza 
criolla llevadas a un grado estraordinario de vigon tal es ol 
fondo del carácter de Gamarra, que no fué sino un insigne 
mestizo americano. La Fuente, criollo también de Tarapacá 
(la patria de Castilla), no era sino el satélite de Gamarra, sin 
ser ilustre como él, porque no tenia el amor a la gloría ni el 
talento de su inspirador. 

Gamarra, electo presidente (diciembre 19 de 1829) por un 
Congreso que él mismo ha reunido, gobierna tres afios, i se ha 
dicho que en ese espacio sofocó trece revoluciones, de las que 
solo se menciona una víctima, el capitán Rosel, fusilado en 
Lima. Un año después de su elevación al mando, decia Ga- 
marra al jencral O'Higgins: « Mi compañero La Fuente i yo 
somos una roca. » (1) 

Pero cuatro meses después, aquella roca se pnrte por el cen- 
tro (abril 16 de 1831), i el vice-presidente La Fuente escapa 
de ser muerto por la soldadesca, fugándose por los tejados de 
su casa. La mujer de Gamarra, la famosa doña Francisca Zu- 
biaga, cuzqueña criolla como el, aunque de mas noble alcur- 
nia i de alma mejor templada, ha derrocado al segundo jefe 
de la república, porque sospecha, con razón o sin ella, que 
conspira contra su marido ausente. El prefecto de Lima Elós- 
puru la ayuda en esta empresa, i La Fuente solo encuentra 
abrigo a bordo de un buque estranjero. « Ya habrá Vd. oido 
(dice lleno de rabia, desde la rada del Callao, a un amigo de 

(l) Carta de Gamarra a OHigglQS. Cazco, noTiembre 12 de 1880. 



— la- 
sa oonfianza) a todos esos traidores asesinos decir que caanto 
han hecho es de orden del jeneral Gamarra. Me horroriza 
esta idea, si ello es cierto, como lo creo, pues su seüora, aba- 
sando de la amistad de su esposo, es la única ejecutora de 
atentados tan horrendos: si ello es cierto, repito, compadre 
querido, mui pronto el jeneral Gamarra pagará bien caro su 
paso tan en falso.» (1) 

Gamarra, que a la sazón venia de la Sierra, toma el disimu- 
lo del zorro i escribe desde Lampa: « El acontecimiento que 
ha tenido lugar en Lima el 16 del pasado ha llenado mi cora- 
zón de sentimientos bien amargos. Mis amigos jamas me 
habrán hecho mejores servicios que aquellos que puedan con- 
tribuir a que se restablezca la armonía, tranquilidad i la paz 
que dejé en Lima cuando me ausenté. » (2) 

Pero Lafuente no tardaría ep Lima en cumplir su palabra 
dada al jeneral O'Higgins. «Al llegar a ésta, escribe Gamarra a 
aquel amigo común, el 5 de enero de 1832 (después de una de 
las correrías a que le arrastraba de continuo su voraz inquie- 
tad), me he encontrado con un plan de conspiración capita- 
neado por la señora de don Antonio (8), con el ausilio de los 
ajentes Castilla, Iguain, Soffia i algunos de este calibre que 
han caido miserablemente. » 

La república estaba, pues, en manos de mujeres. La cuzque- 
ña conspiraba contra la limeña, i ésta contra aquella. ¡Singu- 
lar anomalía i casi propia de la fábula, pero que es del todo 
histórica, i mas que histórica, característica de aquel pueblo 
fiíbuloso! 

VIII. 

Al fin, llega el tiempo de la renovación constitucional i Ga- 
marra ya a deponer el mando. 

(1) Carta del jeneral La Fuente al jeneral O'Higgins, Bahia del Callao, abril 

IS de 1881. 

(2) Carta del jeneral Gamarra al jeneral CHiggins. Lampa, mayo 8 de 1881. 
(8) La espoaa del jeneral Lafuente, dofia Mercedes Subirás, llmefia de nad- 

nüoito. 



— 14 — 

£1 quiere que le suceda su ministro de la Guerra, el jeneral 
Bermudez, de quien piensa hacer una pantalla. Pero, de la 
otra parte, está el tribunicio Luna Pizarro al frente de la 
Convención, pues aquel temperamento tropical solo vive en 
medio de las asambleas. Con todas sus fuerzas, sostiene al 
jeneral Domingo Nieto, joven, patriota, valeroso como sol- 
dado i honorable como hombre, a quien ól ama como un hijo. 
Decian algunos que el ultimo lo era, pues tanto lo queria, sin 
que el rumor pasara de ser una calumnia, desde que Luna 
Pizarro fué de costumbres intachables i Nieto hijo de una 
honrada familia de Moquegua. 

Sobreviene entonces una transacción en la lucha, i la Con- 
vención elije presidente al jeneral don Luis José de Orbegoso, 
rico propietario de Trujillo, cultivador de vifías, pues sabia 
catar sus frutos, i a quien mas valiera el pacífico ejercioio de 
la labranza, porque era débil, dado a los placeres, i en eslremo 
manejable. 

IX. 

Orbegoso sube al poder (diciembre 30 de 1833); pero Ga- 
marra no puede resolverse a descender del último tramo do 
su dictadura, i antes de una semana (3 de enero de 1834), amo- 
tina la guarnición de Lima, a quien sus prendas de soldado 
scduoian, derriba a Orbegoso i disuelve a bayonetazos la Con- 
vención que lo ha elevado. 

Comienza el año funesto del Perü, el año 34, que fué «^ 
guido, empero, de otros mas aciagos. Este fué el año de las 
revueltas intestinas. Los siguientes, los de las traiciones a la 
l^atria. 

X. 

Prófugo Orbegoso, lo sitia Gamarra en los castillos del Callao, 
donde aquel ha tomado a.silo; p^^ro repentinamente alza éste 
el afledio i se dirije a la Sicm, atravesando las calles de Lima, 
que hierven con un jentio indignado (23 de enero de 1884). 



— 15 — 

Los soldados son apedreados por la muchedumbre, i las mu* 
jerea arrojan agua caliente a las columnas en marcha, de$de 
las azoteas de las casas. El 28 de enero se recuerda a la par 
con el 28 de julio de 1821, como uno do los mas grandes días 
cívicos de Lima. 

Internado en la Sierrn, Gamarra es invencible, porque él 
sabe esa estratejia indíjcna, con la cual cada ladera es una 
fortaleza. 

Orbegoso, a su vez, restituido a Lima, le sigue con las fuer- 
zas bisoñas que ha juntado. Pero lleva, a falta de soldados 
veteranos, una lejion de brillantes jenerales en su cortejo. 
Necochea, Millcr, Valle-Riestra, Lafaente, ieljóvenSalaverry, 
entre otros, lo acompañan; i aun había querido llevar consi^^o 
al ilustre O'Higgins, quien rehusó con altivez tomar las 
armas en guerra de hermanos, acción que hubiera deshonrado 
la hospitalidad que recibia. 

Orbegoso marcha hacia la sierra del norte, donde le aguarda 
Gamarra i su lugar-teniente el famoso Frias. 

Por el sur, Nieto, siempre partidario de la legalidad, se 
opone a San Román, aliado de Gamarra. 

Estos últimos se encuentran al fin en Cangallo, a 4 leguas 
de Arequipa (abril 5 de 1834). San Román se cree derro- 
tado i fuga hasta Cuevillas, 40 leguas al sur, pero, en el mo- 
mento en que el capellán de Nieto, el exaltado doctor are- 
quipefio Valdivia, le pide complete su triunfo, los arrolla el 
coronel Escudero, segundo de San Román. La victoria es de 
los rebeldes, i Arequipa, la Cartago del Perú, cae en sus ma- 
nos. Gamarra viene entonces del norte a toda prisa para em- 
pofiar tan rica prqsa, dejando a Frias frente a Orbegoso. Este, 
a su turno, una semana mas tarde, llega a las manoseen aquel 
en la quebrada de Huaylacucho (abril 17), i Frias lo derrota, 
pero él muere con la muerte de los bravos. 

^ete dias después, lo3 vencedores se sublevan contra sí 
mismos, i el coronel Echenique entrega el ejército de Gamarra 
al vencido i prófugo OrbegQso. Por esto dijimos que el Perti 
era el pais deja fábula. Esta se ha llamado el Abrazo de Ma- 
quinhuayo (abril 24). Su autor fué un joven bien intenciona- 



— le- 
do, que no vaciló en que sus amigos le acusaran de traidor, 
por hacer a su patria el sefiialado servicio de pacificarla. Desde 
aquel dia, se retiró a la hacienda de San Pedro en el valle de 
Lurin i solo la dejó^ para ser mas tarde presidente de la repú- 
blica. 

Entre tanto, a la noticia del Abrazo de Maquinhicayo, se 
subleva en masa el irascil)le i entusiasta pueblo de Arequipa, 
acaudillado por los oficiales Lobato i Aramburu (mayo 24). 
Gamarra escapa apenas con la vida, camino de Bolivia, i de 
la traición, mientras su esposa, la fiel dona Francisca, se salva 
de la furia de las mujeres de la plebe, huyendo vestida de 
clérigo. 

Asi concluyó la segunda rebelión de Gamarra, en la que 
fué tan inicuo, pero harto menos feliz que en la primera. 



XI. 

Mas, a aquel insigne alborotador le sucede pronto un discí- 
pulo que le eclipsa i que tuvo menos dicha i mucha mas noble 
osadia que su maestro, el temerario Salaverry. Apenas ha go- 
bernado un año en precaria paz el presidente Orbegoso, 
arrastrando por las provincias una vida pródiga de placeres, 
cuando La Fuente (segunda rebelión de La Fuente, sin contar 
las que hizo por Rivagüero i contra Rivagiiero en 1823) su- 
bleva los castillos del Callao, semillero de tumultos (enero I.*» 
de 1885). 



XIL 



El año 34 habia comenzado con la revolución de Gamarra 
el 3 de enero. El 85 se inició mas temprano, con otro motin 
análogo. 

Pero el joven j^neral Salaverry, a nombro do la legalidad, 
asalta los castillos i hace huir a La Fuente, que fuga por la 
décima vez en las revueltas. 



- 17 — 



xiir. 



Comienza aquí otro acto de aquel drama cstra&o que no 
da treguas a sau protagonistas. Salaverry, a su vez, subleva la 
guarnición del Callao, i a la cabeza del batallón Maquinhuayo, 
que adora su juventud i su valor, se apodera de Lima (febre- 
ro 23 de 18o5), huyendo dtispavorido el débil Salazar, susti- 
tuto de Orbegoso, quien, a la«azon, se halla en las cercanías 
de Arequipa. 

Salaverry era un joven de 30 años, brillante, valiente como 
pocos, osado como nadie. Pero díscolo, insensato, con el alma 
llena de iras, que una vez sueltas, le llevaban al frenesí del 
crimen, i con una organización propia para no consentir tira- 
nos i serlo solo él. Uno de sus primeros ensayos fué fusi- 
lar al jeneral ValleHicstra, su antiguo amigo i camarada, su 
prisionero ahora en los castillos del Callao. Intima aquella 
bárbara orden, al infeliz reo cuando conversaba con su esposa, 
i media hora después, le mataron en un foso a la luz de un 
íkroL Otro tanto hizo después con su maestro, el capitán Del- 
gado, porque se habia quejado de su ingratitud; pero a éste 
lo mandó ejecutar entre dos lucesy i el oficial encargado, dicen 
que por no esperar que amaneciera, ^le fusiló entre dos faroles. 
Salaverry era hombre de estos caprichos i loa habia tenido 
desde el colejio, pues se cuenta de él que se arrojó desde un 
balcón por perseguir, en un acceso de ira, a un vendedor de 
fruta qtie le llevaba una moneda. Sus compatriotas le han 
creido un jenio, porque sucumbió defendiendo la santa causa 
de la nacionalidad. Pero delante de la posteridad, su muerte 
trájica será apenas una compensación de sus atentados. La his- 
toria no es tan pródiga de la absolución i de la gloria como 
los áulicos ni como los poetas. 

XIV. 

Entre tanto, Orbegoso, siguiendo las pisadas de Gamarra, 
que ha ido antes que él, llega a las puertas de Solivia casi a 

D. pnno roKT. * n. 2 



— 18 — 

la par con el último, i disfrazados ambos con mantos de trai- 
dores, piden ayuda estranjera p^ira acabair de esterminarse. 

El presidente de Bolivia, don Andrés Santa-Cruz, los acoje 
a uno en pos de otro con especial favor. Ambos le llevan una 
acariciada esperanza que en diez años consecutivos no le ha 
abandonado un solo dia, la de ser dueño del Perú, la de ir 
asentarse a orillas del lánguido i aristocrático Rimac, descen- 
diendo de las fríjidas planicies i de los profundos Yung^is de 
Bolivia, tespecie de tinaja sin salida,» (1) de la que la colosal 
vanidad do Bolívar hizo una re¡ ública, porque no teniendo 
hijos, quería, como Epaminondas, legar su nombre al sitio que 
proclamase su gloria. 

I aqui se anuda la historia del Perií a la de Chile, porque 
comienza la historia de la Confederación .Peru-Boliviana, que 
bayonetas chilenas trajeron al suelo en la garganta de Yuogai. 



XV. 



Santa Cruz era un criollo, como Gamarra, i aun decian que 
era un espÓBito de Guamanga, aunque él redama la sangre de 
la casica Guarina, por apodo Calaumana, hija de los Incas. 
Tenia, en consecuencia, todos los defectos i todas las cualidades 
del jeneral cuzqueño, pero mejor educación política, un espí- 
ritu organizador, la esperiencia de los negocios i la calma de 
una profunda i disimulada ambición. Con mucho menos ta- 
leqto que Gamarra, poseia el tacto i la frialdad que el ffrdor do 
la imajinacion i de la sangre arrebataba a aquel. Ambos ha- 
bían tenido el mismo oríjen i corrido la misma suene en la 
revolución, sirviendo uno i otro a los españoles, con la dife« 
rencia que Gamarra era un pasado i Santa Cruz un prisione- 
ro. Ambos, sin embargo, se íiborrecian, desde el fondo de sus 
almas mestizas, i arabos también se codiciaban mutuamente el 
dominio que habian alcanzado en sus repúblicas. 



(1) Beprerfori del jeneral Mitre, lioi prosídetite de la República Arjentlna, en 
uoa oonveraacioQ de calaboxo ea 1851. 



— 19 — 

Ganwra, aml^cioso por carácter, pero sintiendo a qada ins- 
tante los instiiitos del patriotismo, pues por ellos rindió al filP 
la yida, aospaba reincx)rporar a Bolivia con la primitiva comu- 
nidad peruana, pues creia que aquella era una absurda des- 
ilifimbracion de su patria, i en verdad lobera. Desde 1827,|jhabia 
intentado derribar al virtuoso Succe, con maniobras de perfi- 
dií^yi sehabia hecho dar el título de gran mariscal de Pi quiza, 
ocmo .para recordar a los bolivianos que aun habia sido su 
dpfiQo. algunas horas, pues por sus intrigas se alejó el gran 
mariscal do Ayacucho de aquel suelo ingrato. 

Después que Santa Cruz habiíi subido al poder, le habia pro- 
vocado éfite serios conflictos, a su vez (1831). Pero medió Chilet 
i por influjos de su plenipotenciario Za5artu,'se firmaron en 
Arequipa, tratados de paz, a fines do aquel año. Una señora de 
este. pueblo, viendo aquella discordii\ entre el jeneral cuzque- 
fioi el presidente do la Paz, decia con^ suma espiritualidad, a 
pesar de ser tartamuda para hablar — o^quc ella no entendía 
i^qiíella gi^erra— mitad en quichua— miticl en aimará.» (1) 

Én verdad, Gamarra era el criollo g'i¿¿c^,wa— Santa Cruz el 
oríoilo a/imará. — Eepresentantes de dos razcis hostiles, ¿cómo 
np habían de tenerse un mutuo aborrecimiento? Eran el Ata- 
haalpa i el Huáscar del ciclo indíjena. 



XVL 



Pero Santa Cruz habia ido a su objeto con una enerjia S ^n 
sefínamiento de astucia imponderables; sin dejarse jamas any- 
h»ii^ de aquella ardiente petulancia de Gamarra, que al fin le" 
hizo víctima en Ingavi. 

Retirado del Perú, después de la elevación de La Mar, que 
acaso fué para él un desengaño en su solapada ambición, San- 



(1) UamábaBC dofia Bárbara Molina, de nofiíble familia, i qdo de sos d^^udoe, 
BttMtro diatiiigaido amigo don Pedro Paz Soldán, noe traonitíó hace ilgviHMi 
•floe eaia fefiz ^presioB. 



— 20 — 

ta Cruz pasó dos años en Chile en calidad de ministro, i re- 
gresó a Bolivia llamado a rejir sus destinos en 1828. 

Encontrábase en Arequipa el 13 de febrero de 1829, pues 
en ese dia escribió al jeneral O'Higgins una carta en la que 
prodigaba grandes elojios a los liberales de Chile i auguraba 
a este pais un brillante porvenir. 

Asegurase que en esta ocasión misma tramó con Lafuente, 
que era prefecto de Arequipa i el Dean Górdova, arequipiefio 
i tumultuario (aunque bastari i fuera arequipeflo), la revolu- 
ción que seis meses mns tirdo fué a estallar en Lima i en 
Piura centra La Mar. 

Santa Cruz quería dejar sembrada en el Pera, en su tránsi- 
to para su territorio, la semilla de la discordia. Su funesta 
previsión no se malogró. Yanacocha i Socabaya, fueron la co- 
secha de sangre que recojió mas tarde de sus tempranos afanes. 

Como hemos visto en 1831, quiso sondear la situación, i es- 
tuvo a punto de romper con Gamarra. Pero aun no era tiempo. , 
La naciente Bolivia no se encontraba bastante fuerte para una 
seria iniciativa. Pasó entonces algunos años consagrado a 
formar un ejérci uo que se hizo digno de admiración por su 
disciplina. Orgi'.nizando el pais, con gran destreza, lo con- 
virtió en un dilatado campamento, i todo Bolivia fué solo 
un soldado. 

Asi sucedió que cuando el Perú, escuálido i desangrado, 
llegó a si'.s puertas, por medio de aleves emisarios, le encontró 
arma al brazo, pronto a marchar. 

Él primero en presentarse habia sido Gamarra, como hemos 
visto, después de su espulsion de Arequipa en marzo de 1884. 
Como ahora ambos se necesitaban, depusieron sus odios, i 
cJanta Cruz prometió a aquei auxiliarlo en sus empresas, que 
serian las suyas propias, en la hora oportuna. 

Llegó después (abril de 1835) un emisario de Orbegoso, don 
Luis Gómez Sánchez, i a éste, como a representante de la le- 
jitimidad, le dio Santa Cruz mejor acojida i celebró con él un 
pacto de solo tres artículos (que la traición siempre es breve!), 
por el cual so comprometía a invadir el Peni «con un ejército 
capaz de restablecer el orden i de pacificar completamente 



— 21 — 

aqael pais.» Este pais no tenia mas gravamen qae sostener i 
pagar ese ejército. 

Al mismo tiempo, Santa Cruz soltó a Gamarra para que 
fuera a revolver el Cuzco, a fin de que, divididos los perua- 
nos, cayeran unos en pos de otros en sus manos, i el 16 de ju- 
nio de 1835 pasó el Desaguadero, la raya de los dos países, a 
la cabeza de seis mil valientes soldados. 



XVII. 

'. Gamarra habia llenado su misión en el Cuzco, no como 
ájente del invasor sino como patriota; pero celoso de Sala- 
verry, que se alistaba en Lima para resistir por su lado, en 
lugar de reunírsele, sale solo al encuentro del jeneral boli- 
viano: éste lo arrolla en Yanacocha (agosto 13 de 1835), de- 
rrotándolo completamente después de una sangrienta jornada. 

Perseguido Gamarra, váse por tierra hasta Cuenca, en el 
Ecuador, i de ahí a Costa-Rica, donde las cenizas olvidadas 
de La Mardebieron recordarle su ingratitud i el fruto amargo 
de las revoluciones, que la ambición so!a enciende i sustenta. 
Santa Cruz, por su parte, a marchas forzadas, se dirije sobre 
Salaverry, campeón ahora de la nacionalidad. Ansioso Iste, a 
su tumo, de gloria i casi satisfecho del desastre de Yanaco- 
cha, que lo liberta de un rival temible, embarca su ejército i 
viene a Arequipa para ahorrar al invasor la mitad del camino. 

El desenlace de Socabaya, sobre cuya pira sangrienta iba a 
fundarse la Confederación Perú-Boliviana i el Protectorado de 
Santa Cruz, estaba, pues, al llegar. 



XVITT. 

Tal era la situación respectiva, trazada a vuelo de ave, do 
las dos repúblicas del Perú i Bol i via, en el iristante en que 
don Diego Portales se ponia al frente de los negocios públi- 
cos de Chile el 21 de sctierubre do 1835. Casi a la par con su 



~ á2 - 

nombramiento, debió sabéis en Santiago la noticia de ía in- 
vasión del Perú i la derrota d-^ Garaarra en Yanacocha, paos 
ésíta tuvo lugar solo un mes antes. 

XTX. 

Los chilenos hábian asistido silenciosos, pero con un inteí^ 
profundo, a la lejana r«)presentac¡on de aquel drama de bata- 
llas i tumultos que habla comenzado en 183i con Gamarra, 
en 1835 con Salaverry i que ahora iba a seguir su curso de 
sangre con Santa Cruz. A falta de pábulo propio, porque des- 
pués de loa sacudimientos de 1833, el pais habia caído tti el 
sopor del cansancio, aquellos acontecimientos preocapabitn 
casi esclusivamente los ánimos de nuestros políticos i aun de 
la sociedad entera. tLc.'s hombres, en el dia, no tienen otro en- 
tretenimiento, (dice un injénuo contemporáneo) mas que con- 
versar de las cosas de Salaverry, Orbegoso i Santa Cruz. Es 
el entretenimiento que todos tienen en jeneral. Pero ni ¿te las 
votaciones que están tan cerca nadie se acuerda, ni lo pro- 
nuncian, estando tan cerca.» (1) 

(1) Carta de don Ramón Mariano de Arls al jcnernl O'Higgins. Santíagc^, fe- 
breitfts de 1836. Continúa esta vez ol Inicii don Mariano filosofando sobre 1a 
suerte de au cara i>dtria 1 el caráuU.'r do sus amados [xaieanos, i como será esta 
una de las últim»8 veces que lo citemos, vamos a copiar aqui un fiímoeo símil 
que hace de los chilenos i do los o irnoros. considerándolos, o considerándose él 
i los carneros, como seres «lo la misma osjv»cie. "Los chilenos do son los que Vd. 
conoció, dice a su augusto ídolo, pon[no todos esos están muertos; no son aque- 
llos que por su valor c intrepidez dieron tantas glorias a su patria, los que no% 
dieron opinión en los |)aises ostranjeros \>or sus talentos i virtudes, los que el 
tirano ha hecho cu'int^> ha ostadi) a sus alcances para oscurecerlas, por hallarse 
él desnudo de todas oIIhh i solo oncontrarsi' vestido de la iniquidad, de la mal- 
dad i de la tniicion. Pero lo cierto del caso es que con todas estas picardías (i 
aquí estíi lo bueno del símil), lia logrado cnanto puede apetecer, i trata de poner 
a todos los chilenos lesos con haber chicoteado cuatro hombres. Si viera en el 
dia a sus paisanos, no verla en ellos mas que unos mansos corderos, que se satis- 
facen con que el pastor, que os el IVaidor, lo^ mando sacar al campo para que 
se alimcn^n con recojer el j>asto perdido do \oa rastrojos, para quo tengim que 
rumiar a escondidas en los «'orrales, para que no lo 8e|>a el pastor, por el mir do 
que le tienen i no les meta en los corrales de las maáinorras de la cárcel o 
cuarteles. "" 



- 23-- 

Cátnplenos puos aqui examinar la posición relativa de 
Chile con relaciona! Pera, después de haber analizado a la li- 
jera la situación propia de este áltimo pais i Ja que habia asu- 
mido respecto de Bolivia. 



XX. 



Chile no se presentaba a los peruanos, por concepto alguno, 
bajo la enojosa i funesta faz que cabia a la última de aquellas 
repúblicas i su mas inmediata vecina. Lejos de ser nuestro 
territorio una segregación impiírfectamente desmembrada del 
suyo, habíamos hecho, al contrario, colosales i jenerosos esfuer- 
isos para asegurar la independencia del suyo propio. El «Ejér- 
cito Libertador» que condujo San Martin en 1820 i la tEscua- 
dra Libertadora», con que, en esa misma época. Lord Cochrane 
barrió el Pacífico de las naves españolas, son, sin disputa, la 
mas grande de las hazañas de la epopeya americana. 

Después, cuando no necesitaron o no pudimos enviarles gol- 
dados, les dimos a partir nuestro tesoro, cediéndoles casi ana 
mitad i la mejor parte del empréstito ingles, i por último, tati 
colosos de su libertad, como habíamos sido solícitos en ayj;- 
darles a conquistar su independencia, arrostrárnosla ^íla de 
Bolívar, acojiendo a sus proscriptos, i hiendo proscriptos, a bu 
ve2 por él, todos los chilenos que habitaban en aquel pais du- 
rante su dictadura (1826). 

Tenia, pnes, el Perú dos deudas sagradas para con nosotros, 
la de nuestra sangre i la de nuestros dineros, pues el pais se 
habia agotado para armar espediciones que fueran a libertarlo 
i después le hablamos prestado injentes sumas. (1) 

(1) H6 aquí la cuenta de la deuda peruana que presentó al gol >ierno de aque- 
lla república el plonipotenciario de Cliiíc don Mií^uel Zañartu en 1832 i la que, 
aunque en ostrcrao abultada, da una idea de los sacrificios que nos hablamos 
impuesto en obsequio de aquel j ais. Dice u'^i, según la publicó irónicamente el 
Eco del Protectorado, periódico dtl jeneral Santa Cruz, níim. 62, del 24 de mayo 
de 1837. 



— 24 — 



XXL 

Apercibidos de sus revueltas i de las dificultades que ro* 
deaban la organización de aquella república fundada de im- 
proviso sobre las ruinas de un magnífico i vasto imperio, 
habíamos aguardado pacientemente la oportunidad de llamar 
a nuestros vecinos a un arreglo de cuentas, i con este objeto, 
habiamos acreditado un ájente diplomático cerca de su go- 
bierno. Mas, el insidioso Gamarra, que era el jefe de aquel en 
esa época, solo ofrecía dilaciones i obstáculos a nuestros justos 
reclamos, aunque lo único que pedíamos no era sino un arre- 
glo de cuentas i un tratado que asegurara los intereses de 
nuestro comercio, limitado en aquella época casi csclusiva- 
mente, al menos con relación a nuestras producciones, al que 

XL XSTADO DEL PKRD A LA REPÚBLICA PE ailLE, DEBE*. 

Por gastos ocasionados en el primer crucero que hizo la es- 
cuadra de Chile en las costas del Perú, según documentos 
que existen en mi poder $ 502,694 6f rsw 

Por Ídem idem en el segundo idem, que hiao la misma en el 

mismo afio 19, según documentos ídem Ídem 660,384 4}" 

Por idem de la espedicion venida de Chile el afio 20, según 

documento existente en mi poder 9.072,895 2Í " 

Por idem de la segunda idem idem el afio 23, según idem 
idem idem 617,781 7 " 

Por idem del crucero que hizo la escuadra de Chile en las cos- 
tas del Perú el año 24, según idem idem 341,268 2 " 

Por valor del empréstito que recibió el Perú de Chile, en los 
mismos términos que éste los tomó en Londres i sus intere- 
ses corridos hasta diciembre de 1827, según documento que 
existe en mi poder 1.734,506 6i " 

Suma total de. $ 12.829,380 6|r8. 

Por la demostración que antecede, debe el Perú a Chile $12.829,380 6j reales; 
■dvirtiendo que solo se ha cargado los intereses rcspeciivos hasta diciembre 
de 1827. 

lima, enero 31 de 1832. 

Miguel ZañartH. 



desde los tiempos de la colonia haciamoe, i casi con el carácter 
detríbutarioa de aquel vireioato. Nuestra posición mercantil, 
era, pues, en estremo embarazoBa respecto del Perú, porque 
habiendo organizado nuestras aduanas bajo un pié de libera- 
lidad desconocido hasta cotonees en las colonias espaBolas, 
ol'reoiamos a nuestros vecinos ventajas de consideración, que 
ellos de ninguna maocra nos retornaban. Asi, por ejemplo, 
nuestros vinos estaban giavados en las aduanas del Perú con 
un derecho de interuaeion superior a bu mismo valor intrín- 
seco. Nuestros buques se veían al'eotadus con fuertes gabelas 
por razón do derechos de tonelaje i otros emolumentos de 
bahía, que daban motivos » que los navieros chilenos prefi- 
liesen desnacionalizar sus naves, adoptando la bandera pe- 
ruana. En lo único que habia una justa compensación, era, sin 
embargo, en los artículos jefes de nuestros cambios, estando 
gravados en el Perú nuestros trigos con 3 pesos por fanega 
desde 1824 i los azúcares peruanos en Chile con igual suma 
por arroba. Preciso es empero advertir que siendo este un 
objeto de lujo i aquel un artículo de primera necesidad, la 
balanza se inclinaba en contra de nuestras rentas, porque en 
razón de ser mucho mayor ol consumo del trigo en ol Perú 
que el de la azúcar en Chile, pagábamos nosotros un csceso 
considerable de derechos. 



Toda la ventaja, entre tanto, que en fuerza de nuestros 
reclamos i de ciertos signos de aprestos hostiles, que há- 
bilmente se manejaron, (1) hablamos obtenido del gobier- 



(1) "S* (dice don José .Iouqnin ile Morft>l jíneral CEIigginB, en carU áe 
Umft, diciembre 23 de 1831) que este gobUroo tiene ca BU poder ioteruepbkds 
OMi^bida una cartn de Vulpnraiao, en qiia U asegnm que Pórtalos aatá resuelto 
K exijü del Perú el pago del emprésl.ito. < que vi objeto de bu permanencü en 
V&IpNraíso ea disponer ute uvgocio i pr«[iarnr medioe liostUes. E«tA nolicU «e 
h&ll» eoofimitula por otrns carMa. Ha habido conato de miniatroa i ne h» tra- 
tado «obre «1 ii^ooio." 



I todo íobre «1 



— 26 — 

no del Perú, era que Gamarra, en febrero de 1882, esta- 
bleoiese por un decreto que el pago de los 8 pesos de de- 
rechos por nuestros ^trigos, se hioiese con dos terceras partes 
dd aumerarío i una en papel de los billetes de la deuda del 
pais, que no tenían sino una cuarta parte de su valor nomi- 
nal. Gon este arbitrio, la imposición sobre el trigo quedaba 
iBdadda a 18 reales, mientras que la antigua tarifa subsistía 
para los granos de otros paises. Verdad es que estos no ve- 
nían de parte alguna, escepto Chile, i que aun aquella conce- 
sión quedaba casi del todo desvirtuada, porque se admitían 
las harinas de Estados Unidos, bajo el mismo gravamen de 
las nuestras, que era el de 9 pesos de derecho por barrica de 
dos quintales (1). 



xxm. 



Pero, como todos estos eran solo paliativos de una situación 
precaria, i como, por otra parte, los vitales intereses del co- 
mercio no podian estar sujetos a la incertidumbre de simples 
decretos revocables, el gobierno chileno ocurrió a un arbitrio 
estraordinario, a fin de traer definitivamente al del Pera al 
terreno de un tratado fijo i estable. Ocurrió, en consecuencia, 
al'Congreso en julio de 1832, solicitando autorización para im- 
poner a los azúcares peruanos un doble derecho al que tenian, 
mas por via de apremio que de hostilidad. Fuéle aquella con- 
cedida por unanimidad de votos, e inmediatamente, la azúcar 
peruana fuó gravada con el enorme derecho de 6 pesos por 
arroba (2). 



(1) ConcUiador del Perú d«l 22 de febrero de 1882. 

(8) En 8U discurso de apertura del Congroeo el 1.* de julio de 1882, el prea- 
dente de la república, al referírío a las tiuestiones pendientes con el Perú, hal>ia 
dietio eetas palabras que honran su moderación: "En el ajuste del ti*atado de 
eomer<do con el gobierno peruano i en la liquidación de la deuda de aquel 
Bétááo al nuestlpo, no hemos tenido ningún resultado decisiyo; pero el ministro 
plenipotenciario de la república en Lima tiene órdenes termliUMites para solíci- 



— 27 — 



XXIY. 



Tal novedad fuó recibida ea el Pord con la alarma que es- 
taba llamada a despertar, i el gobierno de aquel pais, en jofi- 
U& represalias, amenazó levantar los derechos del trigo en 
una proporción igual al alza que habían tenido los azucares. 
Y filé, en verdad, osa de admirante que no lo vorificarauen el 
acto, porque su irresolución no podia implicar sino timidea o 
ana escesiva^corJura. La escitacion de loi espíritus era, sin 
embnrgo, crecida en toda lu costa del Perú i en Lima mis- 
mo, pues el mercado se encontraba amenazado de una doble 
paralización que, por la primera vez en varios siglos, turbaba 
el equilibrio de su comercio. El pais se veia amenazado de 
carecer de pan, i sus azucares, a la vez, iban a quedar sin bu 
acostumbrado espendio. lEn todos casos, escribía alarmado 
el jeneral O'Higgins (celoso mediador esta ocasión, como mu- 
chas otras, de los intereses de ambos países) al presidente 
Prieto, el 4 de julio de 1832, creo que Vd. convendrá conmi- 
go en que el presente estado de oosí4S no se puede permitir 
exista por un momento mas de lo necjsíirio, |)orque semejan- 
te estado es siriamente calculado para contrariar del modo mas 
injurioso nuestras graad s ventajas naturalas i criar una fidta 
de amistad i talvez (lo que Dios no permita) sentimiento- hoÉ- 
lües entre dos nacionoí*, ([ue son obligadas por todos los vín- 
culos i motivos de consideración, propias de seres raciona- 
leíS, a cultivar con el mas delicado cuidado i asidua concordia 
una buena voluntad i sincero deseo de promover la mutua 
prosperidad de los dos países, porque es indudable que lo 
mas próspero sea el Verá tanto mus lo seiá Chile i vico versa. 
En los siglos pa&idos (anadia el jeneral de Chacabuco, que 

tArlo, i nd dudo de la buena acojida que hallarán sus inst.Uici.is, recomendadas, 
como lo son, a la justicia de la administración peruana po; la natursilfza incon- 
trovertible de nuestros reclamos, i j)or el común interés de ambas partes en el 
arreglo de sub relaciones comerciales." 



— 28 ~ 

ahora era solo ol filósofo de Montalvan), las naciones del 
antiguo mundo sufrían un gran error a este respeto, figurán- 
dose que cuanto mas pobres fuesen sus» circunvecino», mas 
ricos serian ellos mismos. Este pernicioso error, que por tanto 
tiempo operó contra la prosperidad jeneral del jónero huma- 
no, se encuentra al presente en gran manera, aunque no del 
todo, menospreciado.» 

Y tres meses mas tarde, tomando ya las cosas un aspecto 
serio, aquel chileno ilustre, que si en su injusta proscripción 
apartaba alguna vez sus ojos de su patria ausente i vedada, era 
solo para dilatarlos sobre todos los confines de la América, a 
la que amó tanto como a su propio suelo, volvía a afíadir, en 
su trabajoso pero siempre bien intencionado lenguaje, estas 
palabras que descubren ya una embarazosa situación entre los 
dos paises. aCliile, dice, impone un derecho de tres pesos sobre 
arroba de azúcar peruana, i el Peni, en retaliación, amenaza 
poner un derecho de seis pesos en fanega de trigo chileno. Si 
esta amenaza se pusiese en ejecución ¿cuál seria el resultado 
de esta monstruosa guerra, en la que la espada i no la pluma 
seria empleada, i la libertad de la Amórica del Sur, talvez 
por esto, puesta en peligro? .... Una guerra de derechos que 
pueda conducir a tan desastrosos, tan espantosos resultados, 
seria peor qu^ un acto de insanidad, seria un acto de impie- 
dad. La Providencia ha dado al Peni un terreno i cli- 
ma capaz . de producir la mejor azúcar del mundo; i a 
Chile, un terreno i clima capaz de producir trigo igual- 
mente bueno; ¿i se atreverá el hombre a intervenir en 
la prodijiosa bondad del Supremo Ordenador de todas las 
cosas, i decir que Chile haya de producir azúcares i el Perú 
trigos? Ni por un momento supondré sea posible tan impia 
intervención. Conozco demasiado bien a Vd., mi querido com- 
padre, i al jeneral Gamarra, para estar satisfecho que ambos 
dos harán cuanto esté en sus poderes, i ciertamente, los dos 
pueden hacer mucho en remover la falta de intelijencia, 
pué.s no p mas que falta de intelijencia, la que desgracia- 
damente ha tenido lugar entre Chile i el Perú sobre ma- 
terias do intercursos comerciales: aun mas, yo espero i me 



- 29 — 

lisonjeo en que se viene a la mano el término de un tratado 
que para siempre asegure la perfecta armonía i buena inteli- 
jencia entre dos naciones llamadas a ser unidas por los víncu- 
los mas poderosos de mutuos intej'eses i mutuos servicios. » (1) 



XXV. 



El presidente de Chile se limitó, por su parte, respondiendo 
a estas amonestaciones de un sincero patriotismo, a esplicar la 
naturaleza i el objeto de las medidas que habia adoptado 
Chile, i que no era otro sino arrastrar al gobierno peruano a 
un arreglo definitivo en sus relaciones mercantiles con nues- 
tra república, t Ha soportado el gobierno de ésta con pa- 
ciencia, le decia aquel el 16 de noviembre (contestando la 
carta última citada del jeneral O^Higgins), en el período de 
cinco afíos, las mas inescusables dilaciones, entorpecimientos 
i evasiones, i ha hecho, en fin, cuantas instancias i esfuerzos 
han estado en la esfera de la posibilidad. ¿I cuál ha sido el 
fruto de estos empeños? ¡Ah! quisiera no recordarlo ni ver- 
me en la necesidad de comunicarlo en esta ocasión, porque 
Vd. lo sabe mejor que yo. » (2) 

I concluía por anunciarle que, vista la invencible terquedad 
del gobierno peruano, habia dado órdenes al ministro Zañartu 
para que pidiese sus pasaportes, lo que era ya un amago ma- 
nifiesto de hostilidades. 



(1) Carta'¡del jeneral O'Hlggins al presidente IVieto, fecha Lima, setiembre 
25 <le 188¿. Es la misma que ha publicado írttegi*a el canónigo Albano en su 
Memoria biográfica del jcncrul 0*Higgins páj. 211. 

(2) Véanse, en el documento núm. 13 del Apéndice, dos notables cartas dfll 
jeneral Prieto al jeneral CUiggins sobre este particular. Son documentos inte- 
retantes para la historia, i ademas hacen honor a aquel mandatario, a quien, 
con injusticia, se le niega una intelijencia propia, bastante desan*olladu, como 
lo acredita su numerosa correspondencia aut<>gnifa con el jeneral O'ITiggins i 
otros personajes, que exinte en nuestro poder. 



-- 36 - 



XXVI. 

Seguían, entre tanto, rgriándose lo3 ánimos en ambos paí- 
ses, í la prensa de Chile, particularmente el Mercurio de Val- 
paraíso (que estaba a la devoción de don Diego Portales, 
comerciante entonces i luego gobernador de aquella plaza), 
no cesaba de asestr^r rudos golpes a la administración del 
jeneral Gamarra. (1) 

Continuaron de esta suerte las relaciones internaoiowalea 
del Peni i Chile por mas de \\n ario, sin que el gabinete de 
Lima llegase a un acto positivo de represalia, ni se allanase 
tampoco a los deseos del gobierno de Chile por liquidar stt 
deuda i celebrar un tratado miíürinfiente provechoso de co- 
mercio. " 

El ministro de Chile se había retirado, entre tanto, del paÍB, 
quedando solo acreditado, en calidad de cón^l en Lima, el 
comerciante chileno don Ventara La valle: i tanta era ya, a 
mediados de 1833, la frialdad que existia entre los dos go- 
biernos, qne casi de hecho se consideraban rotas sus buepaa 
relaciones, i No ignoráis, decia, en efecto, a las cámaras de 
Chile el presidente Prieto, en su mensaje del 1.® de junio de 
ISSS, que se han desvanecido mis esperanzas de celebrar con 
lá república peruana nn tratado sobre la base de concesiones 
recíprocas, a favor de los principales productos de éste i aquel 
suelo. So os pasarán los documentos relativos a la negociación 
renovada i seguida bajo mis inmediatos antecesores, i en el 



(1) "I es posible (escribía el jeneralO'HigginB a don Joaquín Prieto, el 20 de 
octubre de 1832, después de hacer presontí? la franquicia de derechos otorgada 
por 'él jeneral Gamarra en la rebaja de O reales sobre el derechos de los trigos), 
¿es posible que esta primer insinuación jenorosi de principios liberales se oorred- 
pondiese por libelos i comunicados infamatorio?, publicados en los papeles de 
Ghfle contra la persona del supremo maji^ftrado que iniciaba inequívocos deseos 
de abrir la puerta al comercio i agricultura de este país? ¿No dictaba el buen 
sentido i sana política mui diferentes sentimiento s a pueblos tan poderosamente, 
o mas bien diré, tan rresistibl emente ligados por \o^ nudos de mutuos iritereses?'' 



— 31 - 

período de mi administración, oon este objeto; i en ellos yereia 
que nada se ha omitido por nuestra parte para lograrlo, i que 
el decoro de la Eepublica me obligaba ya a desistir de una 
perseverancia infructuosa Me es sensible deciros que no ha 
tonido hasta ahora mejor éxito la negociación entablada oon 
el gobierno peruano para la liquidación de las grandes sumas 
que aquella república debo a la nuestra. » 

I como este lenguaje fuera en demasía significativo de un 
próximo rompimiento, era común la voz, dos meses mas tarde, 
particularmente en Lima, que la guerra iba a estallar^ dicién- 
dose, como comprobante, que el gobierno de Chile se armaba 
ostensiblemente, qae habia resuelto comprar, en la suma de 
150 mil pesos, la famosa fragata Colombia^ surta entonces en 
la rada de Guayaquil, i aun se-llegabaa asegurar, que estando 
ya arreglado este negocio, el Aquiles enganchaba marineros 
para ir a conducirla a Yalparaiso. Todo esto decia, al menos, 
en agosto de 1833, un corresponsal del gobernador de Valpa- 
raisOy don Diego Portales (1), quien, desde el principio, habia 
dado un rumbo belicoso a esta delicada cuestión. 



XXVII. 

Don Diego Portales, en efecto, antiguo i esperto oomer- 
ciante, i a la vez, conocedor práctico de los mercados de Chile 
i del Perú, desde que asomaron las primeras dificultades entro 
ambos paises, habia concebido la cuestión bajo otro punto de 
vista» i divisado el peligro que amenazaba al comercio de 
Chile por un rumbo harto distinto del que marcaba aquella 
guerra de derechos sobre dos artículos principales de esporta- 
cion. Sus miras eran mas vastas i ma» certeras, como que 
habia en su iuteiijencia i en su propio receloso patriotismo un 
fondo de admirable previsión que ha autorizado ese calificati- 
vo áejenia^ que se ha dado por muchos de sus adeptos i aun de 
sus críticos a su singular carácter. Pero, en esta vez, faltaba ál 

(1) Gártts de don Jiian Mnimel Akinparte, lima, agosto 19 de 18S8. 



, -32- 

propósito de Portales aquel atributo divino, sin cuya concu- 
rrencia los jenios de la tierra no son muchas veces sino ins- 
trumentos de perdición: faltábale la justicia. 

I esto es lo que pasamos a demostrar en seguida con la 
misma inviolable imparcialidad que es nuestro anhelo alcan- 
zar, porque si deseamos distribuir la razón entre nuestros 
propios conciudadanos, en sus ingratas divisiones, ¿cómo no 
hemos de sentir esta suprema aspiración, al asumir el alto 
puesto de arbitros entre dos naciones" hermanas, en la comu- 
nidad de nuestra patria, que es la América toda, entre ambos 
polos i de océa no a océano? 



XXVHL 

Hasta la época que analizamos, el gobierno de Chile habia 
obrado, ciertamente, dentro de los límites de una estricta equi- 
dad, i aunque su última medida tuviera cierto carácter de 
violencia (puesto que la alza de los derechos de la azúcar 
equivalía a prohibir la internación de esta producción oapi-- 
tal del Perú), no se 1q podia acusar por esto, en razón de las 
circunstancias escepcionules en que so hallaba nuestro comer- 
cio, de haber abandonado esa cautelosa i cuerda política 
internacional, que nuestro carácter reservado i la configura- 
ción de nuestro propio territorio, abierto a la mar en toda su ' 
lonjitud, ñas prescribe como una lei suprema de prudencia. 

Pero los hechos i fenómenos mercantiles que vamos a ver 
desarrollarse bajo otro punto de vista, presentan la cuestión 
internacional que se ventila en una faz nueva mucho mas 
considerable, i en la que todas las razones de justicia favore- 
cen esclusivamente el derecho de nuestros contendores.* 

La liberalidad, en efecto, en nuestra lejislacion aduanera, 
por una parte, i el reposo i estabilidad en que entraba el pais 
después de 1880, hablan comenzado a traer a nuestros puer- 
tos, i particularmente al de Valparaíso, casi toda la corriente 
del comercio directo con Europa, que huia de la inseguridad 
i de los trastornos de las repúblicas que pueblan las costas del 



-- 33 — 

Pacífico. Para aprovechar tan feliz coyuntura de acrecentar 
nuestras riquezas, se habia establecido, con una sabia oportu- 
nidad, el libre comercio de tránsito, exijiendo solo una módi- 
ca retribución por el depósito de las mercaderías, a cuyo fin 
se establecieron almacenei francos. De esta sencilla medida 
resultó que todos los buques que ven'an al Pacífico se dirijian 
a nuestro principal mercado con sus cargamentos completos, 
i en lugar de ir distribuyéndolos gradualmente en los diferen- 
tes puertos de la costa hasta Panamá i aun hasta Acapulco i 
el golfo de la Baja California, los desembarcaban en Valparaí- 
so, donde eran depositados en los almacenes francos i en 
seguida surtían al comercio llamado de escala con las porcio- 
nes que iba necesitando para su consumo. 

Este sistema constituia de hecho a Valparaíso el emporio 
del Pacífico, i todos los otros puertos, incluso el Callao, del 
que aquel habia sido solo una bodega durante la era colonial, 
quedaban trasformados en sus tributarios. Todos los comer- 
ciantes de Solivia, las provincias septentrionales del Bio de 
la Plata i particularmente, del litoral del Perd, quedal)an, 
en consecuencia, sujetas a una especie de despotismo ejercido 
por el comercio de Valparaíso, en cuyo mercado estaban obli- 
gados a surtirse. Tan grave era este mal, respecto del Pera, 
que calculándose por aquella época (1835) en siete millones el 
comercio de importación estranjera en el pais, se creia que 
dos terceras partes de aquella suma pasaban antes por las 
aduanas de Chile (1). 

XXIX. 

Nuestras ventajas equivalían, por consiguiente, al daño que 
este sistema monopolizador infería a la república vecina. El 

(1) Informe de García del Rio sobre el tratado de comercio celebrado entre 
el Perú i Chile en 1885. Un corresponsal del Eco del Protectorado^ núm. 26, 
del 16 de noviembre de 1836, decia qae en catorce meses de los disturbios 
recientes del Perú, el depósito de mercaderías europeas en Valparaíso se habia 
aumentado en 26,000 bultos. £1 número de éstos, depositados el 1." de junio de 
1885, según el mismo corresponsal, era de 47,000 bultos i en agosto de 1886> 
éstos habuin subido a 78,000. 

D. DIKOO FOBT. — II. S . 



- 34 — 

derecho de tráosito era moderado i ao prodocia sino «u bq- 
ma inferior a cien mil pesos, pero la afluencia de buques a 
nuestro puerto principal daba a éste un incremento fabaloso» 
SI consumo de las tripulaciones, el gastx) de los desembarques 
de mercadería, las provisiones de i^uada i víveren, el fo- 
mento de la marina nacional por el trasbordo de mercaierías 
para el cabotaje o los puertos de segundo orden, todos es- 
tos eran, entre muchos otros, beneficios inmediatos recqjidos 
{)or nosotros con certera mano, a espensas de nuestros deshe- 
rados vecinos, que viviail entregados a sus sangrientas dis- 
cordias, ya entre sí, ya con sus limítrofes del Macará al Des- 
aguadero. 



XXX. 



Pero, desde que la administración del jeneral Gamarra (de 
1829 a 1838) dio alguna estabilidad a los negocios públicos 
de aquel pais, los negociantes peruanos comenzaron a preo- 
cuparse de las ventajas de su posición respecto del comercio 
de Chile i trataron de poner oportuno remedio. Una de sus 
medidas mas acertadas fué imitar a Chile, estableciendo ala^a- 
cenes de depósito en el Callao a principios de 1832. 

Mas^ cuando a mediados de este misino a&o, el gobierno de 
Chile dobló los derechos del azúcar, quedaba al gobierno del 
Perú un arbitrio sencillo, no de re j^resalia, sino de justicia i 
de razonable conveniencia propia, para imponer un fuerte de- 
recho (an 20 por 100 de recargo, por ejemplo) a toda merca- 
dería cstranjera que^ en lugar de venir a sus puertos direota- 
nkénte, faerse estraido de los depósitos de Valparaíso. 

Este era un golpe diestro i mortal a nuestra rápida proape- 
ridacl, i era tanto mas grave cuanto era inevitable, porque es- 
taba basado en la mas estricta justicia i en el derecho indis- 
pütabk que úada pais independiente tiene p»ra arreglar «»s 
negocios internos como mejor le convengn. 



- » ^ 



XXXI. 

Este mismo peligro fué el que previo Portales i lo que «i 1a 
ves temió desde el principio de la disputa, i de tal manera, 
qne recoaocieudo el incontrovertible derecho del Peni para 
tornar aquella medida, afirmaba que en eae caso no nos que- 
daba mas alternativa que, o revocar vergonzosamente el de- 
recho que habiamoa impuesto sobre el azúcar, «o irnos sobre 
los peruanos con un ejército». (1) 

Obsérvese cuan antigua i cuan resuelta era ya la idea de 
Portales para hacer la guerra, guerra cartajinesa i puramente 
de negocios, al Perú, i este sentimiento, base de la política de 
su segunda época, es el que vamos a ver prevalecer de ana 
manara tan Ginesta en las pajinas de esta historia. 



xxxn. 

Portales, en efeeto, no tenia a&cciones ni aprecio por el 
pueblo peruano, pueblo jeneroso, como todos los de nuestra 
raza, pero que en la época que él lo visitó (i solo en Lima, que 
por cierto no es el símbolo de la grandeza del Perú), se en- 
contraba destrozado por las iacciones que acaudillaba el te- 
merario Bivaguero contra los miamos libertadores que venian 
a<8álvar A sus conciudadanos. Ademas, Portales, enemigo en- 
tonces de Bolívar, no habia vivido en aquellas rejiones de la 
sDÓedod peruana que le habrían ofrecido una idea cabal dtf ja 



(1) Carta de don Diego Portales a don Antonio Garfias, agosto 8 de 1S82. 
Escribía esto don Die^o apropósito de la disolución que se pensaba entoneeB 
llevar a cabo de an cuerpo de cazadores de infanteria que mandaba el comau- 
cUnie Marufii la la que aquel se oponía tenazmenta Tan í\ja era su idea de 
goéna €n esa época, en verdad, que aceptaba eaai como un hecho el que se ha- 
ría dentro de afioi medio, es decir, a principios de 1884, una espediclon al Perú. 
Véaae eitofloaríosos fragmentos de su correspondencia en el dociunento núm. 
14 delupén^oe. 



— 36 - 

índole de su pueblo. Dando, al contrario, rienda a sus ins* 
tintos democráticos i a la voluptuosidad de su organización, 
que la molicie del clima había desarrollado, solo vivió en su 
escritorio de negociante o en los círculos del placer que los 
habitantes de aquella capital parecen beber en las aguas mis- 
mas del lánguido rio que empapa sus < spaldas. En 1832 i 
1883, Portales era, pues, el inspirador de la política fuerte 
con el Perú, i él era quien hacia circular mañosamente esos 
proyectos de armamento e invasión que estaban en voga en 
Lima hasta mediados de 1833. 



XXXIII. 

Mas, con la caida de Gamarra, a fines de aquel aüo, hubo 
una completa reacción en la política peruana con relación a 
Chile. El presidente Orbego«o acreditó un ministro (1) cerca 
de nuestro gobierno i le autorizó para celebrar al fin el ape- 
tecido tratado que habia sido tema de tantas contrariedades 
para los dos paises. tMe es grato anunciaros (decia el presi- 
dente Prieto en su mensaje del 1.° de junio de 1834) que por 
parte del gobierno peruano, se ha manifestado el deseo de pro- 
ceder al ajuste del tratado de comercio, que ha sido tantos 
tiempos el voto de la agricultura de ambos paises, enviando 
al efecto un plenipotenciario a Chile.» 

En consecuencia de esta mudanza inesperada, celebróse en- 
tre el ministro Renjifo i el plenipotenciario del Perú, un tra- 
tado de comercio i amistad que se firmó, por una coincidencia 
singular, el 20 de enero de 1835, dia en que cuatro a£Los mas 
tarde deberla sellarse la alianza de ambos pueblos, no sobre 
el papel, sino en nombre de la gloria i con la sangre jenerosa 
de sus hijos (2). 

(1) £1 diátinguido ciudadano 1 demócrata del Perú don Santiago Támara, el 
mismo que hoi escribe en su patria una obra análoga a la presente, con el titulo 
de historia de loa partidos. 

(2) Portales quiso intervenir él mismo en este tratado, según aparece del si- 
guiente párrafo de carta escrito a don Antonio Garfias el 5 de noviembre de 



— 37 — 

El tratado estaba basado on el pié do una estricta recipro- 
cidad, pero, por esta misma razón, Chile conservaba casi in- 
tactas las ventajas mercantiles que su posición i sus leyes 
aduaneras le habian creado. 

Por el artículo 26, se establecía, en efecto, que las mercaderias 
estranjeras depositadas en Chile no se gravarían, al ser inter- 
nadas en el Peni, con ningún derecho sobre el que pagaban 
las importadas directamente; i aunqiie se establecía la misma 
exención en favor del Perú, ésta era puramente nominal, desde 
que haciéndose todo el comercio por el Cabo de Hornos, 
ningún buque había de ir a depositar mercaderias en Arica o 
el Callao para conducirlas después a Chile, pues, al contrarío, 
seguirían una marcha enteramente inversa. (1) 

Ademas, el artículo 9 del tratado reglamentaba esta venta- 
ja reservada a Chile, estableciendo la libertad del comercio 
de escala, por el que los buques que saliesen de Valparaíso, 
podían ir dejando en los puertos intermedios las mercaderias 
que fuesen destinadas a esas localidades i tomando libremen- 
te en cada uno de ellos los retornos que tuviesen a bien. 

Por lo demás, el tratado estaba concebi«lo bajo principios 



1834; "Diga a Tocornal que como me creo obligado a ser útil en todo aquello 
que no me traiga saerificios, estol pronto a aceptar los poderes para trat'ir con 
el enriado del Perú; pero solamente en el caso que éste quiera trasladarse a 
Valparaíso con este objeto; que es fácil consultar la«voluntad del Enviado con- 
fidencialmente a este respecto, especialmente con el pretesto de que estando 
acostumbrado a vivir en paises húmedos, Valparaíso seria mns favorable a eu 
quebrantada salud, i asegurándole que yo le ahorrarla la pensión de moverse 
de BU casa, porque lo buscarla en eUa todos los dias hasta la conclusión del tra- 
tado. Dígale Vd., igualmente, que el Ministerio tendría que dar instrncciones al 
apoderado del gobierno, bien se celebrase aquí el tratodo o bien en í^antiago, i 
qu», para cualquiera duda o tropiezo, hai un correo diario." 

{1) lié aquí el testo orijinal de este artículo: "Art. 26. Las mercaderias es- 
tranjeras sacodas de los almacenes de depósito de cualquiera de los dichos esta- 
dos i transportadas en buques chilenos o peruanos a los puertos del otro, no 
sufrirán recargo alguno a mas de los derechos comunes de esportacion que pa- 
gan o pagarán las mismas mercaderias cuando pasan sin entrar a dichos alma- 
cenes: pero las aduanas de Chile i del Perú, para asegurarse la lejítima proce- 
dencia de esta clase de efectos, podrán exijir los documentos con que fneien 
despachados en los puertos donde se haga el embarque." 



^ 38 - 

sufnamente Hbefales, oaales eran la reciprocidad de los dere- 
chos de los subditos rospectivos, qae se consideraban ca¿ OO' 
* mo los ciudadanos propios de cada Estado, la mutua exención 

de cargas i servicios para aquellos, i por último, la reba^s 
'^recíproca de )a mitad de los derechos que pagaban las otras 
naciones, otorgada a las mercaderías nacionales de cada país 
introducidas respectivamente por la bandera nacional de cada 
una de ellas. 

XXXIV. 

Tal fué este famoso tratado, que en breve iba a ser la man- 
zana de la discordia arrojada entre la amistad i los interesen 
de uno i otro pais. 

Al principio, todo anunció prosperidad i garantias a las 
ventajas reportadas por Chile con aquel pacto, pero, luego, 
las peripecias de la política de aquel pais, que a la lijera he- 
mos trazado, cambiaron completamente el aspecto de las cosas. 

Concluido, en efecto, el tratado, i firmado en enero de 1835, 
cuando Orbegoso gobernaba todavía el Perú, condújolo el 
Aquiles al Callao al cónsul La valle (que habia sido elevado con 
este motivo al rango de Encargado de Negocios), en mayo de 
aquel año, cuando aquel funcionario habia sido depuesto i 
Salaverry, de su propia cuenta, se habia proclamado presidente 
de la República. Mis, aquel joven, de suyo aturdido, habia , 
tenido esta vez la cordura de rodearse de algunos'hombres 
intelijentes que le prestaron su consejo, como Mariátegui, 
Ferreiros, Mendiburu i el distinguido literato don Felipe 
Pardo; i a influjo de éstos, i comprendiendo ademas Sala- 
verry que la espada do Chile iba a servir de contrapeso 
en la guerra que Bolivia se aprestaba a declararle, habia 
echado de ver, desde el principio de su usurpación, que sus in- 
V tereses estaban en buscar un punto de apoyo en nuestro go- 
bierno. En consecuencia, el 3 de junio de 1835, una semana 
antes que Santa Cruz pasase el Desaguadero, acreditó acerca 
de nuestro gobierno al último nombrado do aquellos jóvenes 
consejeros. cLa república peruana, deoia Salaverry en esta oca- 



- 39 — 

¿Mm al pareiádeiite Prieto, por su propia voluntad, esprosa^a de 
tta modo olara i solemne, nos ha poroolamado ea jefe supremo, 
para que la libremos del furor de las fi&ooioQea i de los conflio* 
loa de la anarquía, reatahléeienda el orden Bocial i caltiyan4a 
los dulces frutos de l^ pas.» (1) 

Salaverry ratificó, pues, sin vacilar, el tratado (10 de junio 
de 1886). 

XXXV. 

Pero Orbegoso, una vez restablecido al poder en el sur del 
Pera, por la victoria de Yanaoocha, i solo un mes antes de la 
derrota de Salaverry en Socabaja, declaró nulo aquel paeto 
(eneróle de 1886), dejándole, sin embargo, subsistente porcua-í 
tro mcBea, para no perjudicar a ios particulares, i enviando ^ 
Ohile, oomosulejítimo representante i plenipotenciario, a don 
José de la Bivaguero. (2) 

£q seguida, apenas hubo llegado a lima, después de la ulti- 
ma victoria (mayo 16 de 1886), lo abrogó del todo, «por ser 

(1) £1 j^neral Prieto, que según la chismografift de uq cronUta que beiAoe 
oitu^Q a menudo, aqdaba por «qoeUoi días mui u&no, mosU^vdo ^ QUuaUM \^ 
yiiútol^ii un grau pliego de pApel marqailla eu que Salaverry le llamaba Itf 
^Qfide i ifuin amiffo, le contestó con las palabras que siguen: 

*'IIemo6 recibido con particular satisfacción vuestras letras del 3 dejunlo últi- 
mo, en que nos dais noticia de vuestra exaltación a la primera maj}ttr^ti)ra dei 
U repábli<^ peroAn^ por el voto solen^ne de los pueblo?* para qqe la Ubv^scis 
dftT' peligro imninei;te de la anarquía i cnltiváseis la paz, amistad i oomeroio 
con los demag Estados." (Véase el Araucano N.° 87.) 

(2) Por este tiempo, la capital ofrecía el singular fenómeno diplomático de 
tres ministros de un solo país, reconocidos a un tiempo i tratados como tales, á 

Dqn tfanuel de la Cruz Méndez, por Bolivia. 

Don José de la Rivaguero, por el Estado Sud-peruano. 

Don Felipe Pardo, por el Perú. 

Ibdo lo qoe, a la focha, no era sino la Confederación Perú-Boliviana, qne se 
sancionó en breve. 

Pardo habla protestado contfa la aceptación de Rivaguero, i éste contra la 
de Pardo, desde el Perú mismo, pero a todos los aceptó Portales, bajo el princi- 
pie de OBA a^jbrieta neutralidad, decia en sus despachos, lo que no le libosit^iba 
de verse envuelto en un curioso embarazo diplomáiioo. 



-40- 

nula (dice el considerando S.^ de su decreto) la ratificación del 
sedicioso Felipe Santiago Salaverry», i porque, como afirmaba 
el Ministro de Hacienda Garcia del Bio, cpor las bases de 
aquel tratado, quedaría siempre el Callao tributario de Valpa- 
raiso u ocupando un lugar secundario.» (1) 



XXXVI 

Entretanto, Portales, que babia vuelto al poder en Chile an- 
tes de que estos últimos sucesos se cumpliesen '(cuando Sa- 
laverry i Santa Cruz marchaban a embestirse, declarada la 
guerra a muerte por el primero i puesta la cabeza de aquel, 
por el último, al precio de 10,000 pesos) contemplaba con 
ojos ávidoft, durante los últimos meses de aquel año, la mar* 
cha de aquel drama sangriento i aguarvlaba con impaciencia 
su desenlace. 

Tuvo éste lugar, al fin, el 7 de febrero en la sangrienta ba- 
talla de Socabaya o del Alto de Luna, en los .suburbios de 
Arequipa, i pocos dias mas tarde (18 de febrero), la nacionali- 
dad peruana fué sepultada en la tumba del valeroso pero cul- 
pable Salaverry, inmolado bárbaramente en la plaza de aque- 
lla ciudad, predestinada a los suplicios, desde el del tierno 
Melgar al del bravo Moran, con siete de sus mas brillantes 
jefes, paladines i mártires por su patria. 

Al circular en Chile aquella nueva, hubo un estremecimien- 
to de horror en todos los espíritus, i cuando Portales leyó en 
su gabinete de ministro los boletines sangrientos del invasor 
del Perú, dijo a su oficial mayor, con un acento que, en su ca- 
rácter, significaba una protesta de odio i de guerra, estas solas 
descortece?, pero características palabras: Este cholo nos va a 
a dar mucho que hacer/ (2) 

Cuando, pocos meses después, ocupada Lima porlos bolivia- 



(1) Infonne citado sobre el tratado, etc. 

(2) Pato comunicado por don Femando Urízar Garfia^ oficial mayor del 
ministerio del Interior en 1886. 



— 41 — 

nos, Orbegoso, que no podía ser en jeneral sino el dócil ájente 
del invasor, cuya sbayonetaslbabian venido labrándole el cami- 
no del poder, por el pecho de sus conciudadanos, revocó la 
aprobación que Salaverry habia prestado al tratado de 1835: 
la hostilidad de ambos gobiernos se hizo ya manifiesta. Al 
menos. Portales, en aquel mismo mes (mayo 27 de 1836), pensó 
resueltamente en la guerra, pues en este mismo dia espidió una 
circular en el pais, solicitando un empréstito interno de 400,000 
pesos para poner nuestra marina en un pié de guerra, i em- 
peñó de todas maneras su influjo i su incansable actividad a 
fin de conseguir aquella suma, porque, como él mismo dice en 
su esquela de invitacioh al comercio, «el gobierno no se halla 
en el caso de ofrecer condiciones que pudiesen presentar un 
aliciente a la codicia.» (1) 



XXXVL 

• 

Tal era el estado deplorable de las relaciones entre Chile i 
el Perú, cuando, el 27 de julio de 1836, echó sus anclas en la 
bahia de Valparaíso la velera goleta Fhr del mar^ que traía 
pliegos urjentísimos para el gobierno de Chile del minis- 
tro Lavalle, quien la habia fletado con aquel objeto, el 8 de 
aquel mismo mes, en el Callao. 

Aquellos pliegos contenian el aviso oficial de que en la no- 
che del 7 de julio, habia zarpado de las aguas del Callao una 
espedicion armada contra las costas de Chile i acaudillada por 
el jeneral proscripto don Ramón Freiré. 



(1) EIsqaela de invitación de Portales al comercio i ciudadanos de Chile. Vol. 
42 en folio, páj. 86 de impresos nacionales. 



CAPITULO XII. 



LA E8PBDI0I0N J>JSL JSNERAL FREIRÉ. 



Planes primitivos de invadir a Chile por el archipiélago de Chiloé. — Pareja, 
Bolívar, CHiggins. — Espedicion del jeneral Freiré. — La organizan No- 
voa, Bilbao i Urbistondo. — NoUciaa que tiene Portales de aquellos pro- 
yectos, desde mediados de 1834. — Pasquines al intendente de Aconcagua 
en 1885. — Empréstito de 25,000 pesos que Novoa levanta en Chile de 
acuerdo oon BÍTagü«ro. -^ SI jeneral Fr^re entra en el plan i escribe a los 
jcfoa del ^roito de U fraotmra en Ghlk. -* Carta al eoronel I>eteUer. *«> 
Entregan aquelloe e&tti comqnicaciones al jeneral Búlncs. •— Se alista la 
espedicion i se b^ce a la vela para las costas de Chile. — Compañeros del 
jeneral Freiré. — Juan de Dios Oastafieda. — Elementos militares de la 
espedicion. •*- Plan de los Invasores — Un temporal separa el Orhegoso de 
la MonUagv¿o. — Llega el jeneral Freiré a Ancud i nota en que intima la 
rendición de la plaia. •— El intendente Caí vallo celebra una junta de gue- 
rra 1 entrega la provincia. — Escasez de recur^s militares en ésta, — Im 
marineros Zapata i Rojas sublevan la Monteagudo en las dereceras de Val- 
paraíso i la entregan al gobierno. — Activas precauciones que toma Porta- 
les desde la llegada de la Flor del mar, -r- Plan de aquel para recuperar el 
archipiélago sin resistencia 1 manera cómo lo ejecutan los oficiales Diaz i 
Ccitiño. — Prisión de Freiré i de sus compañeros. — Juicio sobre la espe- 
dicion de aquel caudillo. 



I. 

El pensamiento de invadir las costas de Chile desde el es- 
tranjero, poniendo antes un pió de firmo en el archipiélago de 
Chiloó, es tan antiguo como la revolución de la independen- 



— 43 — 

oia. Pasólo por obra, en 1812, el jeneral Pareja i con un éxito 
asombroso. Lo concibió mas tarde Bolívar en 1825, cuando, 
libre el Pera en Ayacucho i juzgando que aquellas islas eran 
ona parte int^rante del antiguo vireinato, i no de Chile (idea 
peregrina que^aan abrigan no pocos políticos peruanos), creyó 
llevar las armas de Colombia hasta la vecindad del polo aus- 
tral, aspirando a ser llamado el c Libertadora» de la Amérioa 
toda. Intentólo^ por último, en 1826, el proscripto jeneral 
O'Higgins con la revolución del comandante Fuentes, que a 
Bo malograrse por una reacción de cuartel, hubiera puesto en 
serios conflictos internos i mas graves diRcultades diplomáti- 
cas al gobierno de la Bepública. 



II. 



El ilustre jeneral Freiré encerraba en su pecho un corazón 
demasiado patriota para que una ambición propia i bastarda 
le inspirara la culpable idea de acaudillar, desde el suelo es- 
tranjero, una invasión hostil contra su patria, porque si bien 
03 el último derecho de los pueblos alzarse en rebelión con 
8US propias armas contra sus opresores, no es ni será nunca de 
razón ni de justicia que un ciudadano (no importa cuáles sean 
sus títulos i sus respetos) traiga de tierras o aguas cstraua*^, 
propósitos ni elementos de agresión contra una nacionalidad, 
cuyos mismos fueros aclama en su empresa. 

Pero, en mala hora para aquel preclaro chileno, a quien 
pórfidos consejos (nunca su magnánimo corazón) perdieron 
mas de una vez en su varia carrera de caudillo, rmieáronle en 
su destierro hombres |xxx> escrupulosos, dados p:)r hábito i 
por la inquietud ociosa de sus espíritus, a las revueltas i aven- 
turas, i que, desde antemano, ejercian una influencia poderosa 
sobre au ánimo. 



- 44 - 



III. 



Figuran, entre éstos, tres chilenos de alguna nombradia: el 
ya conocido don José Maria Novoa, que habia sido ministro 
del director Freiré en 1826, el ex-intendente de Santiago don 
Bafael Bilbao, i el comerciante don Vicente Urbistondo, anti- 
guo patriota, uno de los confinados de Juan Fernandez en 
1814, i que, aunque residente en Lima desde muchos años, 
conservaba una ardiente adhesión al bando de los pipiólos, 
pues fué un constante enemigo del jeneral O'Higgins, aun 
después de su destierro. 

Los dos últimos, en presencia de Novoa, no podian, sin em- 
bargo, ser sino colaboradores secundarios de cualquiera em- 
presa en que aquel se lanzara, porque, como lo hemos dicho 
ya en otra ocasión, era aquel hombre de tan sutil injenio, 
como sus miras eran osadas i vasto su espíritu de combinación. 



IV. 

Desde mediados de 1834 (1), parece, pues, que Novoa medi- 
taba ya un golpe de mano sobre Chiloé, captándose, por una 



(1) En agosto de 1834, es decir, dos años untes que se consumara el proyecto 
de invasión, se hablan recibido, por el gobierno de Chile, noticias vagas de lo 
que se tramaba en Lima. Refiriéndose don Diego Portales a revelaciones que le 
habia hecho aquel "chilote Velazquez/* cómplice en la revolución de los puña- 
les, i que se habia adherido intimamente a Portales, presentándosele, como an- 
tes dijimos, en la costa de Pnchuncaví, decia al ministro del Interior, Tocomal, 
desde Valparaíso, el 5 de setiembre de 1834, i por conducto de su ájente Oar- 
fias, lo que consta del siguiente párrafo de carta: ''Diga Vd. a Tocomal, en 
reserva, que la noticia que me comunicó en días pasados, i que me dijo que no 
la creía, puede ser bien que sea cierta, porque Yelazquez me ha confiado que 
don Ramón Freiré invitó mucho a don Elias Gruerrero, que fué intendente de 
Chiloé, para que entrase en el plan, que por entonces tenia por objeto apode- 
rarse de esta provincia. Guerrero ha llegado aquí de Lima hará un mes. Ye- 
lazquez me hizo esta confianza para decirme que por tal^razon no quería ya ir 
a Lima, porque no quería comprometerse en nada contra el gobierna** 

Poco después de este suceso, el intendente de Aconcagua, dom Juan Evanje- 



— 45 — 

parte, la crédula volantad del jeoeral Freiré, i poniendo en 
Juego, por otra, las numerosas e importantes relaciones que 
eooaervaba en el Perú, desde que habiii sido consejero i minis- 
tro de la Guerra del inaidioao presidente Rivagiiero, en 1823. 
Sin embargo, el estado de confusión en qne se encontraba 
el Perú en aquel a&o i el subsiguiente, por laa revueltas que 
heinoa narrado a la lijera, en el capítulo anterior, no era el 
mas a proposito para desarrollar aquel jéuero de olanes. Mas, 
cuando ñe restableció la paz, después de la invasión de Santa 
Cruz, i aparecieron síutumas evidentes do hostilidad entre loa 
gobiernoíí de la^j dos repúblicas litorales, por la abrogación del 
tratado de comercio de 20 de enero de 1835, creyó Novoa 
llegado el momento de dar cima a sus proyectos, i se puso en 
campaña con tanta osadía como intriga. 



V. 



Hemos referido que, en noviembre de 1835, babia llegado a 
Chile, como enviado del jeneral Orbegoso, el jeneral don Josa 
de la líivagüero, antiguo amigo de Novoa, que le debía aervi- 

ItsU Rosu, coinensú a recibir oaú diaria meato pasquines que la auunciuban A 
pninmu desembarcn dul jeneral Freiré, ya en el paerto úb PiuhiduDgai, ya en 
a] Papudo, en aquella provincia. Llegü iiasta aseguráreele qne aiguel caudillo e« 
eneontrtbi en la hacienda de ea euegro don Francifcu Caldera, a dos leguas de 
S?«» Felipe, donde, en oonBecueni'it, sa hicieron, en enero de 1831, prolijos, re- 
jliUoi por la pulitüs. Euuuode eaba pasquiniís, qne exLtte éntrelos papelí» 
del gobernador de Vulporaiso don líjimon de U Cavnreda, i que tíene fecha de 
C de enero de 1S3S, le decían e'tiu (lalabraa: "Seflor intüii Jente. Cuidado, cui- 
dado, mire que no es pregunta sino cierta (la expedición de Freiré) i que no tar 
dar& tal vez áot metet'." 

Las alnrauM da Rotas «nbleron de pnulo en loe [irimeros meses de 1930, puei 
eocontrilidosc en Quillots, hacienda la vieita de la provincia, en el mes de mar- 
lo o abril de aquel a9o, reeibiínn denuncio tan clrcunatauciado, que le obligó t 
aneajonor todo el snuamento que exislia en aquel pueblo para remiUrlo a ta ca- 
ptla}, i ordenii al gobernador do aquel departamento, don Jiué A;n>tÍD Moran, 
fuese apresuradamente a dar cuenta al goblernu de lo que ocurría. £1 min'stro 
Portales no diú, siu embiirgo, crédito a estos rutnorie, tal yez por lu iniemo que 
ae'habian repetido infracluosamente desde dos años airas, Eala ultima circuas- 
]m so* h* üáo refiírida por el mismo aeOor Hotan. 




- « - 

oíos, gratitad, i aun dÍDero, porqae al iitimo ñaé^ en todas loa 
ópoeas da su vida, hombre de recursos. Novoa, sea desde el 
Perú, o como parece mas probable, en Chile mismo, porque 
sd cree vino oculto ala capital en febrero o marzo de 1836, se 
puso en contacto con aquel, i por medio de una intriga tan 
simulada como astuta, logró el primero hacerse de los fondos 
que necesitaba para llegar a la realización de su empresa. 

Finjiendp Rivagüero tener autorización para levantar un 
fuerte empréstito en nombi'e de su gobierno, se reunieron por 
la diestra mano de Novoa o sus ajentes, los ñrmas de seis per- 
sonas adictas a los pipiólos, que, a su vez, ñnjian emtregar 
diversas sumas de dinero a Rivagüero, i dándose éste por 
recibido, les otorgaba las correspondientes escrituras con las 
formalidades acostumbradas. (1) 

El astuto Novoa habia hecho^ creer a todos sus correlijio- 
narios partícipes de aquella farsa, que Rivagüero le era deu- 
dor de injentes sumas, que finjiendo haber recibido aquellas 
cantidades, por via de empréstito, el gobierno del Perú se las 
pagaría íntegras o en gran parte, i que así, i no de otra vía- 
ñera, tenia él esperanza de ser pagado de sus crecidas ocreen* 
cias. Todos convinieron en la trama, aunque con escepcion 
de Cifuentes i don Antonio Prado, que eran personas de corto 
capital. Pero lo que admira en esta vergonzosa transacción, 
no es la condescendencia de estas dóciles jentes, sino la saga- 
cidad i atrevimiento de Novoa, que podia solo compararse al 
cinismo con que Rivagüero, siendo ministro de una repúrbli* 
ca estrafia, se prestaba al papel de rufián de una conspiración 
que tenia tantos síntomas de ser solo un fraude (2). 

• 

(1) Los fínjidos prestamistas fueron: don Antonio Prado i Sota, den P«dro Idfé 
Prado Montaner, dofia Clara Prado de Agiúrre, don José Joaqmn RamireE, -don 
José Toríbio Mnjica i don Manuel Cifuentes. Este último aparecía oomo presta- 
nodsta de la suma de 1^8,882 pesos, i don Pedro Prado, por esoritura de 2 de marze 
de 1880, por la de 14,000 pesoe. Cifuentes, cuando fué jaegado, dio por descargo 
que Novoa le debia 5,300 pesos i que habia aceptado aquella vergonzosa manio- 
bra, porque aquel le habia asegurado que era el único medio qne tenia de pa- 
garle. 

(2) No nos ha sido posible encontrar el proceso de CiftieoteB, Prado, etc., 
que habría arrojado una lu£ mas positiva sobre estos h«ohef}, revestidoe todavía 



— 47 — 

£1 g^^Meroo do Orbegoso, como et^ aatoral) 46aapiK>bó 
aquel empr^tito ficticiO) dú que no habia recibido «n solo 
maravedí; pero fuese que Rivagüero engaQase a aquella admi" 
nistradoD, fuese que ésta desoendieso hasta hacerse odnplice 
de un complot tan inusitado coooo inicuo^ dispuso que se en- 
trcgaso a los supuestos prestamistas la suma de 25,000 pesos, 
a título de que Rivagüero habia retenido aquella «orna para 
gast:)s de su legación. 

Apareció entonces oonK) apoderado do ios prestamistas en 
Lima don Ra&el Bilbao i recibió de la tasoreria la suma refii- 
rida. 

Mediante este estraordinario ardid, que por sí solo habría 
merecido a Novoa el apodo con que le oonocieron sus can- 
temporáneos, la empresa de armar uoa espedicion sobre Chile 
estaba ya asegurada, pues contaba coa los fondos nooesarios 
para consumarla. 

En consecuencia, Novoa dio orden, con fecha 27 de majo 
de 1836, a suá ajentes en Santiago para que se cancelasen 
todas las escrituras del falso préstamo, i púsose a ejecutar su 
proyecto con toda la actividad i maña que le eran peculiares. 



VI. 

Existían desarmados en aquella época en ia bahia dei 
Callao i puestos en remate público la mayor parte de los bu- 
ques eo que Salaverry habia conducido al Sur su ejército^ a 
fines de 1835, i de los que Santa-Cruz se liabia hecho duefio 
después de su victoria decisiva de Sooab&ya. Figunaban, entre 
aquellos, la fragata Monteagndo i el bergantín Orbegoso, Ambos 
estaban en venta o se ofrecían en fletamento, para cuyo fin se 
liabia estraido de ellos todo su armamento. La Monteagvdo 
conservaba solo doce cañones de fierro de a 12, de los que 
seis estaban todavía en la cubie: ta sobre sus cureQas. i el resto 



de mert» nóiterio. Sin embargo. 4«8 datos que pablioAmoe» «ataraoUdoe 4el 
Araucana, eon sufíeientee para jusgar deloaráoter de efta irntriga. 



s 



• 48 — 

en la bodega, sirviendo de lastre, junto con 120 balas de ca- 
llón. El Orbegoso montaba seis carroñadas i tenia 60 balas 
también de lastre. 

Sobre estas dos embarcaciones pusieron sus miras Novoa i 
sus cómplices, i dándose todas las trazas de sus recursos, de 
su injenio i de sus secretos influjos, particularmente entre los 
empleados navales del Callao, llegaron hasta obtener en 
arrendamiento una i otra por el espacio de un año. El marino 
peruano don José Maria Quiroga, hombre de la devoción de 
Novoa o de Urbistondo, fletó la Monteagudo por la suma de 
4,400 pesos con la fianza del oficial emigrado don José Maria 
Barril, que, según el testimonio de sus cómplices, cno tenia 
siquiera para cigarros,» i el Orbegoso fué contratado por el mis- 
mo Urbistondo, con la garantía de otro hombre oscuro llama- 
do Letelier. Estos contratos se estendieron, con la debida 
formalidad, ante lasautcridades marítimas del Callao, el 10 de 
junio de 1886. 

VIL 

Inmediatamente, se procedió a alistar la espedicion i el je- 
neral Freiré entró ya resueltamente por su cuenta en la triste 
empresa. Con fecha 18 de junio, escribió a los tres jefes que 
mandaban los cuerpos principales de la frontera, los coroneles 
Letelier, Vidaurre i Boza, cartas en que, sin revelarles clara- 
mente su plan de invasión, les invitaba a adherirse a su bando 
i derrocar al gobierno establecido. El único de aquellos do- 
cumentos que se ha conservado es acaso el menos interesante, 
pero él dará una idea de la manera como estaban concebi- 
dos los otros. Dice así: (1) 



(1) Se encuentra esta carta autógrafo en el Ministerio de la Guerra, libro de 
correspondencia del jeneral en jefe del ejército del Sur. La nota que la remite 
«1 jeneral Búlnes dice asi: 

Cuartel jeneral t Goncepciofiy agosto 20 de 18S6. 

Tengo la honra de pasar a manos de Y. S. una carta orijinal que me ha diríjido 
don Ramón Freiré, fecha en lima el 18 de junio, i otras dos que ha diríjido igual- 
mente a loa coroneles don Ramón Boza i don José Antonio Vidaurre, cuyos 



1 llON BEBNAHDO l.ETüLIER. 



t,:/\mio 18 (k 1836. 



«Apreciado aniigc: 



^ 



«Jamas creeré que un jeí; tnlqiiirio pueda abrigar en su cora- 
zón ideas contrarias a la liberUii del paia, sentimiontoB opues- 
tos a su faortilia i alajenerrlidaddo !n benemérita provincia a 
qae pertenece. Creeré, sí, que como tiomhre sujeto al error i 
espoestú a la eq^¡^^ocac¡on, la bnya padecido, i que descubicr- 
ía, cuando ya no tuviese remedio, se contentase con ijeplorar 
el mal, ullá en el fondo de su íilmn, mientra' no habla arbitrio 
de remediarlo. Este es, señor Letclíor, el concepto mío respec- 
to de Vd, en la situación política de nuestro pal?, i creo no 
engaHarme. 

■Mas, el tiempo ha corrido el velo, i presentando las cesas 
en su verdadero punto de vistn, la opinión jeneral ha pro- 
nunciado su fallo en el modo único que le ea posible a una 
nación Dgoviada con el sistema de terror. Nuestro deber es 
seguirlo, i la carrera militar, tan distante de eximirnos, noa 
impone una nueva obligación de someternos a la voluntad 
jeneral, Resistirae a ella la fuerza armada, es tiranizarla i en- 
jendrar odios que larde o temprano hacen la destrucción del 
que imprudentemente se eneapri(;hase en Servir de inslrumeo- 
to de un poder sin opinión. 



i tefe! me laa han entregado con la mdignm^íon coneigiiicnte n un pago tJín inile- 
10 de pBrtc de ua liotnbre que inteiiU medios Ud vile» para conrí^uir saa 
Bb>rpe>fiii«9. El bergnatin <San Jgiumio, qac fondeú en Tnk^ibunao i't 10 del 
it«, fué el ondilctor de estas comanieaciolles. 
Aunque no conlieucn plnnes ni mbminiBtran et menor conocimicnta acerca 
I ii.iiR-lin o ruinl» (pues lla^>tlt Ir fecha se ve que es diDuludn), hs ereido da 
Bmi Atha elentrifls ai uniKwiniteDto del supremo gobierno, como lo liago. por el 
VeonJncU) de V. S.. jn para llenar los deaeot de loa jefes a qnienrs se dirijieron, 
Vja pHm que sirviu) a caatquierB oso que se quiera hacer de ellas. 
DIus giuirdi.' H V. ^, 

llanutí BÜHet, 
ir Itlnlitrí de E.'UdD eu et rlf pnilamiialu ile la OMrrt, 



»No me equivoco en creer que date es el estado de Chile, i 
que los resultados correspwdarái^ a ^tps 5pri;jcipj^. jE? tiem- 
po, pues, do que Vd., entregándose a la reflexión, medite 
sobre sí mismo i CQnsulte svi bien, al que ciertamente se halla 
unido el de la nación. El mal es remediable, queriendo íince- 
ramente remediarlo, i es remediable por medios Recentes que 
están al alcance de la gran mayoría de la nación, por no decir 
de la nación toda. 

»Si la franqueza do mi carácter no estuviese tan garantida, 
reservarla hablar a Vd. en este lenguaje; pero los cbíleqos 
conocen el fondo do mis intenciones i uo me harán el agravio 
de creer que la ambición arranque de mí estos consejos amia- 
tosos. Demasiadas pruebas he dado de despreadimiento i de 
que mi alma no alimenta odios ni fomenta venganzas, propÍAS 
únicamente de espíritus cobardes i bajos. Mico los estrikvios 
j>olíticos como encuentros de familin, que solo duran mieníra^ 
existo el encuentro mismo: únicamente tengo por enemigo .al 
que lo sea de la libertad do mi pais, mientras la .combata, .que 
dejando de hacerlo, un abrazo fraternal será el major testimo- 
nio de que no soi hombre de rivalidades. 

»Si el bien de la nación conduce mi pluma en estos mai^i- 
festaciones, miro en ellas también ol beneficio de Vd. i nae 
propongo darle esta prueba de amistad, do la cual hará Vd. 
el uso que le parezca. Si fuese el que en mi juicio corrospon- 
dc al ínteres jeneral i particularmente suyo, algún dia recor- 
dará V"d. con gratitud esta oficiosidad de au afectísimo amigo 
Q. S. M. B. 

liJiamon Freire.i^ 



VIII. 



Practicadas todas las dilijencias necesarias, alistadas i pa- 
gadas las tripulaciones, embarcados dos o tres cajones de ar- 
mas i avisados todos los afiliados en la empresa, los buqujas 
se hicieron a la vela del Callao, en la noche del 7 de julio, ha- 



bj^tV> sacado el Oi'be^oso, que tomó la delantero, su pnsavnn- 
tü para Guayaquil i la Monteagudo para Centro América. 

j^ioboa buques babian snliilo, en eonsacuciLQiaj con rDQ)bo 
9} pfiTtc, ¡ a, la iDDiinna aiguien.le, so encontraban reunidos 
í^mp !il pucitg de nuacho, entre los islotes Hamailoa el Pelado 
i la Mazorca. 



IX. 



I 



íí<ííilab(i el Orífyosooljeocral Freiré, eamÜllo ilc la eape- 
djpioq, i le acompafiaban el coicierciante Urblstonilo, el coman 
•(JbMPte don Josú Castillo, que habla emigrmlo despue.'* de las 
frustradas conspiraciones do 1833, el antiguo capitán .do Lir- 
cai ta Eivera, i un esforzado j»5ven voluntario, natural di 
y^ildivia, llamado Manuel de Irigóyeii. 

FfWlQ u Huacho tomó el mando de la Monlca^udo, trans- 
borlándose del Orbegono, el jneiito i pusilánime coronel P»)i;! 
Fjor^aban su comitiva los capitanes dydos de baja don Mar- 
999 Giillardo i dijn Pablo Xluerla, un joven marino de Con 
Cfptüon llamado Bcrnardino Ramírez, a. quien se les dio a re- 
conocer con el grado de alférez de fragata, un tal Alyureü de 
Guzman, natural de Colombia, i el valiente i joven uñeial 
chileno don Juan de Dios Castañeda, insigne aventurero, que 
habiendo fugado do Chile, hacia algunos ailos, por un acto de 
i Dsobordi nación, había hecho todas las campafias de las re- 
yueltas del Peni, alistado en el bando del jeneral Gamarrn. 
Decíase que éste le profesaba una afección particular por su 
(^i),t^^do, que, en conaecnencia, a él confió la disolución de la 
Convención en enero de 1834, acto temerario que ya hemos 
referido, i por último, que le confirmó mas tarde en su aprecio, 
hsciéndolc teniente co.ronel del Perú, después de la batalla 
de Tungai. 

Las tripulaciones de anibos buques no llegaban a 100 hom- 
bres, contando con los nombraiios; i el armamento de que 
podían disponer consistía t'n 60 u 80 tercerolas, 16 diiizaa, que 
a^ hicieron durante In nave^gacíon, ¡os 13 callones de mijnpa 




— 5e — 

que existían a bordo i 160 tiros para esta última arma, que 
se &bricaron también durante la travesia. 

Novoa i Bilbao, principales promotores de la espedicion, 
quedaron, entre tanto, en Lima, encargados de proveer a las di- 
versas continjencias que aquella pudiera ofrecer en su marcha. 



X. 

Con tan miserables elementos, aquellos hombros, mas in- 
sensatos que culpables, osaban invadir su pntria bajo un es- 
tranjero^pabellon! Ejemplo ostraüo de ceguedad que solo tenia 
por único respeto el nombre de un ciudadano ilustre i en-* 
gafiado! 

El plan de los espedicionarioí^ consistía simplemente en di- 
rijirse a Chiloé, armar aquella provincia, rica en una pobla- 
ción sumisa i apta para la guerra, invalir rápidamente el 
continente, desembarcando en el territorio de Valdivia o de 
Concepción, i hacer entonces un llamamiento a ti)do el pais, 
invocando sus libertades i los ultrajes que desde la jornada 
de Lircai hablan sufrido los antiguos patriotas i principalmen- 
te, los primeros soldados de la revolución. 



XI. 

En consecuencia de este plan, los buques espodicionarios 
torcieron rumbo al sur desde Huacho i navegaron en conser- 
va durante doce dias, con tiempos bonaucibles, hasta que el 
29 de julio los separó uno de esos siíbitos temporales de in- 
vierno que visitan el mal llamado Pacífico. 

El Orhegosc, sin embargo, mas velero que la vieja fragata 
McmieagudOf tomó la delantera, i el 2 de agosto, se encontró en 
los mares de Chiloó i vecino del puerto do Ancud, pero sin 
acercarse a la costa, hasta dar lugar a reunirse con la Monte- 
agudo, que el jeneral Freiré aguardaba por momentos. 

Cuatro dias pasaron en esta vann espectativa, por lo que, el 



7 de ago.sto, el bergantín entró atrevidamente al puerto, i 
echando sus uncías fueni del cuBon de loa caatillos, despachó 
a tierra un parlamentario que llevaba para el intendente de 
la isla, don Juan Felipe Carvallo, una comunicación del jeneral 
Freiré concebida en estoa términos: 



«ABORDO DEL BERGANTÍN ORBKGOSO. 

lAjosto 6 (le 1S36. 

■Re»ign;<di) como me hallaba en el lugar a donde laperñ- 
dia i mala ié me habiun coniliicído, jamas habria pensado en 
aalir de él si no se me hubiese Humado tan repetidas ocasiones 
por loa pueblos .le Chile para que lis libre de un gobierno 
despócico i tirano, como es el que los subyuga. Convencido, 
pues, de esta verdad, no lie trepidado un momento en arros- 
trar cuantos sacrificios i ei^fuer^^os se me lian presentado, a fin 
deque los pueblos que me honran con su confianza puedan 
decir que, consLinle en hacerlos independientes, deja de serlo 
cnandoqueriiin ser libres. Supuesto lo dicho, me encuentro 
a la vistii de esle puerto con una fuerza respetable, i resuelta 
a aucumbir primero que Jar un paso ¡Uras en la defensa de 
una causa tan justa i sagrada. Antes de tomar medidas que 
me pongan en posesión de la provincia que V. S. manda, por 
loa medios que están en mi poder, he querido, consultando el 
bien i tr.iuquiliiiad decUa, tuüar este recurso para ver por 
¿1 si es bastante a que se me entregue el mando sin que una 
sola gota de sangre se derrame. Estos son los mas vehementes 
deseos que me asisten, i no dudo en creer que los mismos 
aoompa-jan a V. S. como un antiguo patriota i amante a las 
iostituciones liberulea. 

iDe m.is me parece hacer a V. S. presente que caeuto en el 
tmio la provincia que T. &. manda, i que tantos cuantos 
hombres tiene, son otros tantas que me acompasarán en una 
lucha que sin di.da les conducirá al goce de loa derechos que 
han perdido por el despotismo i arbitrariedad. 7aelvo a decir 
s y. S, que me será sumamente sensible el que lleguemos a 



- 54 - 

las fnáñós, í áébtí ptcveiúr á V. S. que su resporisabíHdaé sc^ 
ra íñAiénsíi cháó de asi ve¥ificarse. 

•EÍ ofiíóíáí dora Maucrcl Irigóyén será el que ponga ééíáiS 
uiárfó^e'sle óécio, r ñó* dudó' én* 6reer qfuó sefá de3páchá(I(y Un 
luego corno es do costumbre en írffeá- ctisasi respetando &ti Á 
el carácter de parlamentario. 

«Quedo de ^. S. coii lú rhayor co'ptóidetáoíon i aprecio, 

"kRamon Freiré.^ 



XII. 

TaTí alafmafdo como sorprendido, el intendente CárVálte 
con votó a junta cTé guerra a fos oficrales do la guarrti'cion ^6»- 
féráta de la caplíal de la provincia, que constaba solo de* ntiík 
compañía de aftilleria mandada por ól capitán doTí Iifari*<í¥6 
Cófré; i en cóñsécNiíencia de la nota; del jeneral invasoí, dé? íá 
aíartíia? del pueblo i de ías manifestaciones evidentes derfá- 
ííelnoñ" que hacia la ti*opa veterana por el caudillo recíetí Ho- 
gaño, resolvieron cótiteatlrle segnn aparece de la siguieffíté 
coiííuñ'ícfioion: 

«ÍNTEÑDENOIA IXK LA PROVINCIA DB OHIÍiOE. 

i^San CarhSy agoslo 7 de ISS^. 

* A epníécaencia de la ofioinl do V. S. fecha de este dia, qire 
stíiVié' ha' entregado f^or don Manuel Irigóyon, a efecto de que 
s6 pongái a str disposición toda la provincia; respecto a hallar- 
sel con ftíerzas suficientes para tomarla en caso de.nega4livít, 
debo decir que para que lo pueda verificar sin la.respohsaWi- 
Pidíi<V qti^'cís consiguiente, puede V. B. hacer desembarcáf su 
tropa éA" Agui, a Cuyo punto' pasará utt oficial de esta» guarni- 
eron á reconocerla, cotí cuyo informe determinaré lo que cdúí- 
venga en el particular. 

»V. E. puede estar seguro de que mid intencionos no ÉtoÉ 
otras' que la de' evitat íos desastres consiguientes a un» luéba 



cAfre'he'rmáuüs i la ffe ctímplir con Ins obligacionen propias 
del destino que ocupo. 

íl*. D.— Si V. E, necedc a mi aolícitutl, euatulo se ha'yft ve- 
rffiéáffo el rtcsembarco' de la tropn, pii'cde mandnr ti'rmf un cií- 
HoiiVazo crt' Agüi, q'ile Bcrviiá de seRal para q«0 prtíicaflYel 
ofieinf iit ictónoCitfiicrVto de !a fuerza. 

*J. Felipe Carvallo.» (1) 



DfeáJ^ qo'c ge permitió a 1(A invasores tomar poseaioú del 
Cástíflo de jVgfti, IlaVe áel arebipiálago de'Chiloíí, ei'.i: evi'áé'ti'- 
te que aquella singular operación de contar su' niítn'Cró rt'o pú- 
aaba de una ceremonia oficiosa, pues el puerto de Ancud i la 
¡ala toda quedaba en sus manos. 

En con secuencia, ei 8 do agosto el jenerul Freiré era diteCo 
St' Aquél importante puhfo militar i' de los recursos que' íoda 
lál provincia ofrecía. Desgraciadamente, (Satos eraVí de pocii 
monta, tulvca en atención a !us cuidados que desde tiempo 



(1) 1.a acta a. que se refieru teUt iiuUt dice oaiiig ^utf, ilebieodü udvertir que 
mÚw (JociimeDlcie existen inédiloB en vi Úinislerio do It Guerra, aá coiuo In iiir- 
ia iel íntendeute Carvallo, éo gue dn Euscintn cuentn d« lud aiice«>s de Id e&pv- 
<Uáoú i quv [lublicaTúoB bojo d :il!uD Ib co el Apí>iVdU«: "Éii la dudad de San 
&rIo! de CbiM. en eietc dina del tiios de iigottu de 18inj, ii eooBecuoHcui de 
haber recibido Mto gaUcmo iiim couiiiDicHcíoa ofidd dn! Beüar don Rmdoii 
Ttáie, aou íeahn U del corriente, dlrijídu n qae se le enlregue d mando de la 
uloriiicÍB, respecto a haberse diñjido a ella con fuerzas suñcitínteá ¡laní bimar- 
U eoel caso de reñeteacia, mandú dt4r n junta el sefler intendente oumBndaotc 
de 4riiiBa don Juan F. Carvallo it loa eeíioi-iB oüdalea enpitan de corbetn don 
Jmn Ó'nillermo!, capilan de nrlineria don MarlaiJo Cufré i teuienle don Jasfi 
l£fau Nnñeii i lialjiéudoBe leído lii referida comunico don del seDor EVelre, «nor- 
áoron •« le dijese en coiitcslnrion por d gobierno (¡iie iiu pudiíodosc dcceder n 
an Bolldtud du oaiio«imlciit« de la fneru que eondiidn para iavuJii'. Ib dcaem- 
barMao en Agui. a donde, a la Hñal de nn caftoiinto, pasarla ub ofida) do eotii 
gntntlcion a recoaocerU, eon cuyo informo Bo deliberarin lo que conviuieae en 
al particular i to firmaron los wítoreB vuenlra pai-n su eouatAnein, ~ J, fÜipe 
Carvallo. — Jmiu Qitill*rmot. — Mariano Cofre. — Jofi Maña Nahtz. 



- 56 — 

atrás inspiraba al gobierno la inquietad de los emigrados 

de Lima (1). 

Consistían aquellos solo en 400 fusiles viejos, 10 cañones 
de a 24, que solo podian servir para la defensa de la isla, 12 
barriles de pólvora, 21,000 tiros a bala, i por todo numerario, 
la suma de 110 pesos que existia en la Tesorería de la pro- 
vincia (2). 

Hasta aquí, sin embargo, la empresa marchaba con una ra- 
ra felicidad, atendiendo a su carácter i a los recursos propios 
que contaba. Si la Monieagudo hubiera de llegar, como se es- 
peraba, de un momento a otro, la iaiciativa de la invasión no 
podia haber sido mas favorable. 

Pero aquella fragata, que componia el núcleo de la espedi- 
cion, habia corrido, desde que se separó del Orbegoso, una 
suerte mui diversa. 

XIV. 

Venian alistados en su tripulación dos marineros chilenos 
llamados Zapata i Kojas, arabos jóvenes, siendo el ultimo rer 



(1) Dos años después ile la espedicion de Bamachea a lu costa de Coleara, 
dos personajes de Chile, don Juan de Dios Vial del Rio i don Agustín Vial 
Santelices, conversaban sobre las miras hostiles de Gamarra contra Chile, i de- 
cían uno i otro: "Quién sabe si esto será una preparación para ausiliar a todos 
loe chilenos que allí están, que son abarrajados i bravos, que en nuestro ejército 
no loB tenemos iguales, para que vengan a ChUoé i puestos alli con cuatro fusi- 
les nos darán que hacer i no sabemos cómo nos fuese!'* 

Esto refiere el cronista Aris a su ilustre corres|)onsal de Lima, don Bernardo 
(VHiggins, en carta de nurzo 1.® de 1383 i en seguida, el fogoso partidario, pa- 
sando de la reflexión a Ivs hechos, añade con calor. "Agora, señor don Bernar- 
do, ai los estanqueros i godos lo anuncian i esto les hace temblar, i a todos les 
parece ser ftcil verificarlo, que allí hai tanto chileno guapo, como lo dicen los 
godos i estanqueros, i que en esto es lo único en que dicen la verdad, ¿por qué, 
sin pérdida de tiempo, no se pone en ejecución ese proyecto, reuniéndose todos 
como defensores que han sido del pais, que tomados esos puntos ya están en la 
capital, o cualquiera otro punto que sea, alli irán los compatriotas amigos a 
reunirse como las hormigas a su cueva?** 

(2) Carta de TJrbistondo a Novoa 1 Bilbao, fecha Ancud, agosto 14 de 18S6 i 
que fué pabUcada en el Araucano núxn. 815. 



— 57 — 

I putado pariente de una familia DOtable de la capital, pero que 

habia llegíido a aquel estremo por estravioB de ea. carácter o 
su edad. 

Desde su salida del Callao, i tan pronto como coaocieron el 
plan de la espedicion, ai hemos de atenernos a sus declaracio- 
nea, ambos se combinaron para promover entre la marineria 
nna reacción, con el fin de entregar la fragata al gobierno de 
Chile. Quisieron estender aua miras al Orbojoso, i en un dia 
en que estuvieron ocupados en trasbordar de un baque a otro, 
en alta mar, una pieza de aitiUeria, establecieron concierto 
con algunos marineros del ditimo para que a la seílal de enar- 
bolarse en la fragata una bandera blanca, segundaran el gol- 
pe. Mafi, la separiicion que hemos referido estorbó aquel plan, 
dado el caso de haber sido cierto. 

Pero, a los pocos dias de haber navegado la fragata ain la 
compaaia del bergantin i encontrándose aquella en las dere- 
ceras de Valparaíso, los conjurados resolvieron hacer estallar 
su motín. En consecuencia, a las dos de la mañana de la noche 
del 1.* de agosto, al grito de viva la patria/ viva el gobierno/ 
Zapata i Rojas, segundados por la mayor parte de la tripula- 
ción colecticia del buque, hicieron presos en sus camarotes a 
Fuga, Huerta, Gallardo i los otros oficiales que les acompa- 
saban, i torcieron rumbo a Valparaíso, donde, en aquella mis- 
ma fecha, se adoptaban ja providencias estraordin arios para 
aguardar la espedicion i desbaratarla. 



XV. 



I , tomar i 



Como hemos diebci, al fin del capitulo anterior, habia llega- 
do, ea efecto, a aquel puerto, el 27 de julio, la goleta Flor del 
mar, despachada el dÍ3 8 de aquel mes por el cónsul Lavalle, 
oon el aviso de haber partido la cípeJisíon la noche ¡interior, 
I como los buques que componían é.'ta se encontrusün aquel 
dia al Norte del Callao, i la giletu pusiese solo 19 dias en su 
navegación, el gobierno habia tenido el tiempo necesario para 
tomar las mas urjentes medidas de precaución. 



- S8- 

En cÓDséciieDCiá, sé tabíáñ declarado en estaVTo Sóí sitio to- 
dos los puntos en que la espedicion tomase pié, se había des- 
pachado una goleta (la Eli8a\ con ol aviso, a Valdivia i (Shí- 
Tó^, que se' creían los puntos mas amenazados, se ordenó que 
el bátáuóh íijóro Maipo, que guarnécia los Anjeles, só puf- 
siése en marcha para Santiago, i en Valparaíso se adoptaron 
todo^ áquálÓs ár1)rtnos qué débian poner aquel puerto impor- 
(añfó al abrigó de un golpe de mano. La alarnáa cfrf inférisa, 
la indignación oficial profunda, i aquellos que no la sentiaín éú 
sus almas, lá É*rij1án en sus rostros. 

Tóñáleáj por su parte, Irabia vuelto a encontrar su tea¿fó, 
éóiiio en 1830, éal vo qué ahora le asistía una fuerza superior 
tf la^ de los cáñonés"^ i del oro misnio —la del deréchV): arma 
que on ol siglo presente, si rio reempTáza áel todo a la polvo- 
ía, da ál ínénós ál que la posee no pccjüeña paríe de las pro- 
babilidades de' éiiío. 

XVI. 

"Éú /n'edio de éstos ardientes preparativos, ancló en Valpá- 
talsO éf 6 de agostó la fragata iíonieagudo. Juzgáronla al prin- 
ci¿>íó' hostil i sé pré'p'ára'bañ piara recibiría a cañonazos. Mas, 
ÓttániJó áe aupó lá \'erd'ád', el gobierno dio por salvada ía sT- 
títóíéióW r rfecíétó pre'inios cstraordinarios a los conjiVrados. A 
Rojas i Zapata so le dieróá rfic^dalíás i la suma de 500 pesos, i 
6,000 pesos mas fueron distribuidos a la tripulación, como es- 
tímulo de la lealtad. (1) 

xvu. 

lúVnediatámcnté después' de haber dado fondo la Monieagu- 
9ó'f Portales concibió' uñ plan característico i en cstremo inje- 
ñlóso para déstrhii* la espedicion con sus propias armas. Cono- 
citeñdó el carácter confiado del jeneral Freiré i las ilusionéis 
¿fué siéftipre rodean a todos los que so embarcan en empresas 

* 

(1) Decreto de 6 de eetiembre de 1836. 



I 
I 



- sí - 

MiA«T*Frias, onleiió <jue líi M<inWigudo »q alisiaae acelerada- 
Mfliíte í stí (lirijerít ft las ngana de Obrloó, dftiide, íinjiendo He- 
gRr átí acuerdo con loa espftiliuioTraTíos, se Iwria' dtrefia d^ 
éfitoS i úb la pla/ii, siti difi|)aTaT mi tiro. 

Sucedió íisi, en efecto, i aon una sinfitalar puiiluftttda'íl. El 
18 de agfialo, unasomann despws dtíBabsr llegado a Valpa- 
Hlíáí> la MmUagudo, (him en dtriiociuii rt Cbdoéy »i m'aTído del 
(Mpitan don Manuel Díaz, llevando un dofltacnnionto do tropas 
de desembarco a las órdenes del coronel Guitiño: Cerrada ya 
la noche del 28 de nquyl ines, onlró la, fragata a la rada de 
Ancud, i aunque el jcneral freíre hnbin ya dejado de aguar- 
darla, no rccc-lú cjue su inesperado arribo jwdia ser un laao i 
ntf UB tardío auxilio. No dio,' ptfes, oido a late sospeohiw que 
IfrStijerfíín sus pafeiatea, i aquella rnism» ooobe envió un re- 
cado al cofone! Puga, fciioitáiidolu por liabcr Htgudo i auto- 
líiaAndofo para (fue desembarcara Ru tropa. 

Et corone! Oaitiao, Onlrc tanto, pasada l«a dooe da la nochd, 
se bcibi* dirijido al castillo do Agiii con 40 hombre*, i la 
guarnición do ¡iqucl fuerte, qvic so cornpouia dn 100 plnKa», 
Juzgando que eran amigos los que llegaban, lea abrió la puor- 
. fa í foS hetha prieí'ónerá úti nrnguila réaistencra. Al riiife^no 
fieuipo, el ooiDaudaiite Piaz hítoia tomar poaesitn del Orlx- 
goto por «n bnte urmaíiiv i aunqAio sa aporoibierou en ol mue- 
lle de lo que sucedía i el capitán de puerto WiHiams, hombre 
fósil i vnlienío, diiparíj diez i sgis (¡roa metra!r.'i con los «iílD- 
Dca de una batería que Iiabia levantado cu nquelln localidad, 
uo hizo mas dnild a tus u^altautcs que echar dos botes a 
pique. 

A las tros r nwdtBrdo la maRaua^ todo- estaba tenuinado i la 
plaza, con sus buquW, caslíllos i góathicíori, bríbiA caido en 
manos de loa ofjihiáiouudOs del gobierno. 

XVIII, 

Kljeneral Freiré, al amanecer, tomó refujio, acom puñado 
de Urbistondo i de algunos ík-ktí chilolea que so le habían 
reunido, en- cína birlfencra francés i que so encontraba en la 



- « ^ 

bahía, i auoque WüHams había intentado jenerosamenta 
atraer al capitán Díaz a. qae atacase las baterías de tierra para 
dar lugar a que, acercándose a la playa, se escapase la balle- 
nera, no )o consiguió por la suapicaeía del comandante de la 
Mbnleagudo. 

Kn la mañana del 30 de agosto, el Jeneral Freiré fué, pues, 
conducido mísero prisionero a bordo de uno de sus mianioa 
buques, que dos marineros hablan bastado a arrebatarle. Tan 
insensata había sido su empresa! 



SIX. 



Una semana después, la Monlsagiido se hacia a la vela para 
Valparaíso, conduciendo presos al jeneral Freiré, a Urbiaton- 
do, al capitán de puerto Williams, i a los chilotes Velazquez, 
Loaiaa (guarda -almacenes de Ancud i hombre muí valeroso), 
Buenrostro {que fué acusado, acaso con ¡Djusticia, del triste 
papel de espía), Alvarado, Fonce i Martínez, nueve en 
todo (1). 

(1) £1 comnndanta CasüUo, divstru en loa tugas de liu couspínuúotiee, i el 
capilao Lft Kivers, ee aalvaroo ocnltindoee i se dirijieron deipuea a lima. Tras 
iiie»eH mH8 tarde, el intendente Nfeuoolies, qae reemplaxÚ a Oirviitld, envió presos 
a Valparaíso loa dooa individnoa que consta del üguíeiite documento: 

Lata de lo» indinidum que se remiten preíoe tn ¡a barca "Sania Crwí' al pti»Tto 
Valparaiio a diipoiicÍDn del Supremo Oobitmo, 

^^ Don MarÍAiio Cofre. 

— ■' Eabel Daefiaa, 

— " JoséMaiia NnDez. 

— " Franciaco González. 

— " Manuel Lopet 

— " M&Duel Irígóyen. 

— " Viconte Loyob. 

— ■' Pedro Kseobnr. 

— " Frniitiaeo Uernandex. 

— " Juan Bautista Cftrdenna. 

— " Di^o Bafra. 
Pedro PfoluHeo Vargas. 



OnoALm i>E FanBi 



Saa Carlos, diciembre 13 de 183d. 



Eujenio Jfteoe/u*. 



XX. 



I 



I fué el melancólico fin de la famosa espedicion dol jene- 
ral doB Ramón Freiré, acto inconsiderado i puuible do un cau- 
dillo ÍDcapai; de locas ambiciones, pero fatalmente d'^cil a las 
Bujestionea de la ambición ajena. Juguete por esto de todos 
los partidos, o mas bien, de todos los intrigantes, en 1829, 
habia sido inmolado al úitimo como la víctima de todos, pues 
no habia sabido ser leal sino con sa propio cornzon, que era 
de suyo tan magnánimo como crédulo, tan jfíneroso como 
flexible. La historia condenara, empero, con su severo fallo su 
intento frustrado. Contra la patria no hai derecho alguno sino 
el de rendirle la vida en el culto de su adoración, tanto mas 
intensa cuanto mas lejíina se vi; aquella. Hai un derecho tan 
santo como ese culto mismo, i es el ofrecer a .'.a libertad el mas 
grande de los sacrificios, d de la rebelión; pero esto tan solo 
cuando para herir al tirano no sea fuerza derribar antea el 
altar en que el hombre venera a lo que ea superior a sa aer 
mismo— la tierra en que ha nacido. 

Pero DO por esto se dará al jeneral Freiré la injusta e in- 
grata acusación de haber conducido una espedicion ealranjera 
contra su suelo. La sola falta fué haber venido desde el talran- 
jero a consumar un plan que tenia por base la conmoción de 
toíla la república. Ijü simple relación de los hechos ha demos- 
trado que los espedicion arios no traían del Perú mas elementos 
de hostilidad que los buques que los oonducian, i los que ha- 
bían de serles inútiles desde que pisaran la playa de Chil^ pero, 
como será del caso manifestarlo por ostcnao mas adelante, no 
puedo decirse síu injaslicia que un solo brazo, que no fuera el 
de un puílndo de chilenos, acosados de desesperación, acome- 
tió aquel desacordado intento. iLos chilenos, dice juiciosa- 
mente a este respecto el seilor La^tarria, no solicitaron la 
protección del gobierno peruano, ni éste la ofreció, ni ta pres- 
tó, A haber sido asi, aquel gobierno habría adoptado, como 
podía , según dice Santa-Crua en su Vindicación , medi- 




- 62 - 

das mas eficaces i mejor calculadas para el logro do sus fines 
i dado ausilios importantes al jeneral Freiré para facilitarle e 
triunfo.» Tres cajones de tercerolas, uno de sables i uno 
cuantos tiros de cañón que los espedicionarios se procuraroi 
con los pocos medios que contaban, no eran elenajento^ ba^tjfin 
tes Xéi siquiera para empezar una insurrección ei^ iQhile; i e 
el gobierno peruano hubiera tomado parte en la' eo^preí^ 
seguramente no habria permitido por su propio ii^jteres q,ue » 
^comueti^ra con tan insignificantes elementos.» (1) ' 

Fué de todas maneras una grave falta; i asi como ningnni 
afección humana (i esta vez es poderosa la que se all^rga ei 
nuestro pecho) nos haria justificar ni defender un pxQyocU 
que lastima el nombre de Chile, nos cumplirá también e} de 
üiostrar con el mismo rigor de nuestra conciencia, qi^e aque 
deplorable s^iceso vino a ser el pretcsto de complicaciones 
(le planes mucho mas funestos a la rvípública, porqi^e, lo qu< 
{u6 acto de locura, en unas pccos hombres exucerb.iuJ.os, Jo fin 
de insensato orgullo i do injusta preponderancia entre lo 
hombres fuerten, ensoberbecidos con el éxito, que rcjian en 
tonces el Estado. 

Sena esta la dclicida materia del capítulo siguiente.. 

(1) Juicio histórioQ Oc PortAles, i)áj. 17. 



k 



CAPITULO Xip. 



L^ GÜEI^BA CON ^.A CONpí^)B[li.CIOX VmÚ-BOl^l^^. 



Misión del coronel Garrido al Perú. — portales resuelve hacer la guerra al Peni 
Jeíde el primer anuncio do la cspedicion de Freiré. — Mensaje que en epte 
Hcntido dirijcal Congreso». — Análisis de los diversos puntos en que se fundó 
la complicidad del gobierno provisorio de Orbegoío. —Connivencia evidente 
de esta administración. — Carácter de la participación de ésta. — Revela- 
ciones del jeneral Millcr. — Conducta osteni>iblo de las autoridades perua- 
nas. — Bl jeneral Moran da aviso oficialmente al gobierno de ,CbJJp de la 
.áalida do Freiré. — Facilidades que se otorgan a la Flor del mar para su 
viaje a Chile. — Avisos del jeneral O'IIiggins. ,— Cambios politi^c^ funda- 
mentales que hablan tenido lugar en el Perú entre la salida de Freiré i 'la 
llegada de Garrido. — Santa Cru;p protector de la ConfederacionPerú-Bo- 
livjana. — Carácter moderado quts imprime a su polüica interva. -^fíx^- 
lar diplomática robre las relacio nes internacionales de la Confed^ij^^p. 
— Acojida que hacen al Protector el cónsul La valle i el jeneral O'Higgins. 
-r Llega Garrido al Callao. — Fuerzas naval^ de la Confederación en 
1836. — Garrido se apodera por sorpresa de tres buques peruanoa — in- 
dignación i alarma de Santa Ciue. — Prisión momentánea del ednaul La- 
vallo. — Mediación del jeneral O 'Higgins. — Conv.enio preliiotilpar ,^09- 
do— Herrera. » Humillaciones a que se somete Sant^ Cruz paialmj^^dir 
la guerra. — Regresa Garrido, i Portales le hace una recepción desdefipsa. 
— 'No aprueba el tratado preliminar i pide autorización al Congreso para 
hacer la guerra. — ¿El gobierno protectoral era o nó responsable de loa 
actos de la administración provisoria de Orbegoso? — Santa Cruz desaipnie. 
ba la conductA do este ñinciocario* en la efpedicion de Freiré. — Siis r/aye- 
laciones en 1860 sobre este mismo particu\ar. — Sus esñjierzos paracoji^^r- 
var la paz a teda costa. — Examen de la cuestión del equilibrio am^ri^no. 



-- 62 - 

díis mas eficaces i mejor calculadas para el logro do sus fines, 
i dado ausilios importantes al jeneral Freiré para facilitarle el 
triunfo.» Tres cajones do tercerolas, uno de sables i unos 
cuantos tiros de canon que los espedicionarios se procuraron 
con los pocos medios quo contaban, no eran elem,ent09 bastan- 
tes ci siquiera para empezar una insurrección ei> fíhile; i si 
el gobierno peruano hubiera tomado parte en la* eo^pre^^ 
seguramente no habria permitido por su propio ii^lberes que so 
qicomuetiera con tau insignificantes elementos.» (1) 

Fué de todas maneras una grave faltíi; i asi como ninguna 
afección humana (i esta vez es poderosa la que se allj^erga en 
nuestro pecho) nos liarla justificar ni defender un proyecto 
que lastima el nombre de Chile, ñas cumplirá también el de- 
mostrar con el vnismo rigor de nuestra conciencia, qi^e aquel 
deplorable suceso vino a ser el protesto de complicaciones i 
(le planes mucho mas .funestos a la Tvípública, porque, lo que 
fué acto de locura, en unas p<;cos hombres exacerb*vlos, Jo fuó 
de insensato orgullo i do injusta preponderanci.i entre los 
hombres fuertes, ensoberbecidos con el éxito, que rejian en- 
tonces el Estado. 

Será esta la delicida materia del capítulo siguiente., 

(1) Juicio histórico ^lo PortAles, páj. 17. 



CAPITULO Xip. 



L^ .GÜEÍ^BA CON pX CONFEDíai^C.ipN PBR^Ú-BOLWI^^. 



Misión del coronel Garrido al Perú. — Portales resuelve hacer la guerra al Perú 
Jeíde el primer anuncio do la espedicion de Freiré. — Mensaje que en este 
sentido dirijcal Congreá.». — Análisis de los diversos puntos en que se fundó 
If» complicidad del gobierno provisoirio de Orbegoso. —Connivencia evidente 
de esta administración. — Canicter de la participación de ésta. — Revela- 
ciones del jeneral Miller. — Conducta ostensible de las autoridades perua- 
nas. — JBl jener.il Moran da aviso oficialmente al gobierno de ,Cb^9 de la 
.salida de Freiré. — Facilidades que se otorgan a ]a Flor del mar para su 
viaje a Chile. — Avisos del jeneral Olliggins. r— Cambios polítlpqs funda- 
mentales que hablan tenido lugar en el Perú entre la salida de Freiré 1-la 
llegada de Garrido. — Santa Cru;t protector de la Confederación Perú-Bo- 
liviana. — Carácter moderado qu<s imprime a su polülca intexva. -r^X^fi- 
lar diplomática robre las relacic nes internacionales de la Confed^i;|aifQP* 
— Acojlda que hacen al Protector el cónsul La valle i el jeneral O'IIiggins. 
— f Llega Garrido al Callao. — Fuerzas naval^ de la Confederación en 
18S6. — Garrido se apodera por sorpresa de tres bu([ues peruanos. — in- 
dignación i alarma de Santa Ciuí. — Prisión momentánea del cóniul La- 
vaUo. — Mediación del jeneral O 'Higgins. — Conv,enio prelinú^ar f^u^- 
do— Herrera. » Humillaciones a que se somete Santa Cruz para inpi|^dir 
la guerra. — Regresa Garrido, i Portales le hace una recepción desdefi^sa. 
— 'No aprueba el tratado preliminar i pide autorización al Congreso para 
hacer la guerra. — ¿El gobierno protectoral era o nó responsable de loa 
actos de la administración provisoria de Orbegoso? — Santa Cruz de8e|)rae. 
ba la conducta do este funcionario' en la efpedicion de Freiré. — Siis rjaye- 
laciones en 1860 sobre este mismo particular. — Sus esfuerzos paracoji^^r- 
var la paz a teda costa. — Examen de la cuestión del equilibrio ameri^no. 



- 64 — 

— Se ofrece a Portales la anesion de Cuyo i éste la rehusa. — Carta del 
publicista mendociuo Calle sobre este negocio. — ¿La ambición personal 
de Santa Cruz era motivo para declarar la guerra? — Su usurpación del 
Perú juzgada con relación a este mismo paia. — La emigración peruana en 
Chile. — Resumen de todas las causas que se han alegado para la guerra 
del Perú. — El verdadero oríjen de ésta está en el carácter de Portales. — 
Convencimiento que abrigaban los peruanos sobre esta verdad. — Misión 
de don Mariano Egaña al Perú a bordo de una escuadrilla. — Dificultades 
que el gobierno peruano opone al iesembarco del ministro. — Notas cam- 
biadas a este respecto. — El almirante Blanco se diríje a Guayaquil para 
impedir la reunión de los buques de la Confederación. — íí'egociaciones de 
Egafia i declaración de guerra al Perú. — Misión de Olañeta en Chile. — 
Instrucciones pacíficas que se le envian. — Santa Cruz propone el arbitraje 
de Inglaterra, Francia o Estados Unido?, pero no es aceptado. — Reflec- 
ciones del Eco del Protectorado sobre este asunto. — Negociaciones de 01a- 
fieta i Portales. — Ultimátum de éste. — Olufieta recibe sus pasaportes. — 
El Congreso de Chile declara solemnemente la guerra a la Confederación. 

— Reflexionen 



I. 



El mismo dia, 13 de agosto de 1836, en que la Monieagudo 
ponía su proa al sur, en la rada de Valparaíso, para ir a captu- 
turar el bergantín Orbegoso i suj tripulantes en las aguas de 
Chiloé, el bergantín Aqidhs i la goleta Colocólo (nuestra única 
marina entonces) se dirijian con rumbo opuesto hacia el 
Callao. 

¿A qué iban? 

A consumar uno de los actos mas odiosos que se rejistran 
en los anales de nuestras repúblicas, víctimas de tantos abu- 
sos internacionales, ya de los poderosos gobiernos europeos, 
ya de desleales vecinos. 

El jefe de aquel crucero había recibido la comisión secreta 
de apoderarse por un golpe de raano de todos lo.s buques per- 
tenecientes al Prrú que euconti:ase en las aguas de aquella 
república, i los condujera en rehenes a los puertos de Chile. 

Don Diego Portales había seiñalado el mismo dia para en- 
viar el golpe del anonadamiento, con una mano, a los invasores 



— 65 — 



que venian a disputarle su poder en Chile, i hundir con la 
otra, el poder de un enemigo que creia iba a hacer sombra a la 
prosperidad o a la gloria de Chile, o acaso a la suya propia. 



II. 

Desde el momento mismo, en verdad, de haberse sabido eu 
la capital el primer anuncio de la espedicion del jeneral Frei- 
ré, el ministro Portales se apresuró a dxr por sentado, casi 
como un hecho indestructible, que la guerra entre las dos 
naciones debia estallar; i en su primer mensaje al congreso, al 
dia siguiente de haber echado sus anclas en Valparaíso la Flor 
del Mar (28 de julio), se avanzaba casi hasta regularizar esa 
guerra misma, pues anunciaba qne eti el caso de romperse las 
hostilidades, « el comercio neutral seguiría gozando de toda la 
libertad i protección que no fuese absolutamente incompatible 
con la seguridad de la república. » (1) 

(1) El tenor de este interesante documento, publicado en el Araucano de 29 
de julio de 1836, dice así: 

MíNISTERIO DEL INTERIOR. 

Conciudadanos del Senado i de la Cámara de Diputadoa-. 

Me es sensible tener que informaros que una espedicion acaudillada por chi- 
lenos, indignos de este nombre, ha salido de las costas peruanas con el objeto de 
invadir el territorio de la República i de encender en ella la guerra civil. 

Componen esta espedicion, según lo que hasta ahora ha podido averiguarse 
el bergantín Jeneral Orbegoso i la fragata Monteagudo, pertenecientes ambos 
al Estado peruano. 

No se sabe con certidumbre a qué punto de la República se airija la espedi- 
cion; pero se anuncia como positivo que tocará primeramente en la isla de Juan 
Fernandez para tomar a su bordo la guarnición i presidarios, i pasar con este 
aumento de fuerza, al archipiélago de Chiloé o a Valdivia.] 

Tomo en este momento las provideañas necesarias para la seguridad de la 
República. Las circunstancias del caso me han obligado a poner en ejercicio, 
con acuerdo del Consejo de Estado, la facultad que me confíere el artículo 82, 
sección 20.» de la Constitución. Os trasmito una copia de la circular que he 
diríjido con este objeto a los intendentes de las provincias. 

Un deber imperioso no me permite disimular que las noticias recibidas hasta 
ahora afírman como un hecho de pública notoriedad, que la espedicion so ha 

P. DIIGO POAT. — II. 5 



-66- 



III. 

No puede ocultarse al ojo del justiciero historiador que, en 
el primer momento de sorpresa e irritación que debia causar 
en la nación toda i en los consejos de gobierno, en particular, 
el íinuncio de una espedicion aparejada en agus^s estranjeras, 
era justo adoptar medidas urjentes de precaución i de esclare- 
cimiento, i aun armarse para sostener con honra una posición 
difícil e inesperada. 

Mas todavía: conocido el carácter avieso de Santa Cryíz i su 
ambición tan profunda como obstinada; vista de cerca su 3an- 
grienta campaQa contra los ejércitos que defendían la ndoiona- 
lidad del Perú, era justo tomar alarma 4 era un deber grave 
para nuestros gobernantes el pesar con profunda calma esta 
cuestión primordial i esencialísima. «¿Se ye Chile o no ;ime- 
nazado de una suerte igual a la del Perú?» 

El estudip i la resolución de este importantísimo punto de 
partida, habría sido la sensata i patriótica misión de un verda- 
dero hombre de Estado, i en ella le habría segundado i aplaU' 
dido el pais en masa. 

Pero enviar nuestro pabellón a un puerto amigo para cu- 
brir con él un asalto aleve i nocturno, sin ninguna declaración 
previa i leal de rompimiento, era descender de la altura del 
derecho i la justicia a los rapaoes espedientes de los piratas de 
los mares. 



organizado con pleno conocimiento del gobierno peruano; i que sio embargo de 
que los buques han úáo ost^nsiblomente fletados por particulares, existe a su 
bordo la artillería con que antes estaban armados. Me es duro persuadirme que 
se baya hecho culpable de semejante conducta un gobierno de quien no he 
cesado de recibir protestáis de amistad; i mientras no me halle en posesión de 
pruebas auténticas e irrefragables, no miraré como rota la paz entre las dos 
ni^cioi^ea. Mas, aun llegado este caso, creería de mi deber esforzarme, cuanto 
estuviese de mi parte, en mitigar las calamidades consiguientes al estado de 
guerra; i el comercio neutral seguiría gozando de toda la libertad i protección 
que no fuere absolutamente inoompatible oon la segundad de la Repfiblica. 
Santiago, julio 28 de 1886. 

JoAQUiM Pauto. — JHéj^ Port^Ut. 



- 67 — 

lías, antee de enlorar en la relación de loe hechos, háoesenos 
preciso sentar las bases de las caestionep, en que aquellos iban 
a intervenir, no con razones sino oon atentados. El punto 
que abordamos es de una estrema difícultad, porque, si por 
una parte sentimos latir en el pecho un corazón que alberga i 
acaricia (por qué ocultarlo?) hasta las preocupaciones de su 
patria, por la otra, le cabe una misión de justicia i criterio 
americano, al que es su ambición acercarse, pidiendo ausilio a 
su conciencia i a su lealtad. Plagúese al cielo, entre tanto, que 
si hubiéramos de faltar a un deber tan alto i responsable, se 
tronchase en nuestros dedos la vil pluma que no colocase 
nuestro pensamiento a la altura de la manifestación severa, 
alta e incontrastable de la justicia i de la verdad, que aspira- 
mos a exhibir ante los ojos de nuestros conciudadanos de 
Chile i de nuestros conciudadanos de toda la América! 

IV. 

Cuatro fueron los motivos principales en que el gobierno 
de Chile fundó su indestructible convicción de que la espedi- 
cion de Freiré habia sido organiísada de acuerdo con el go- 
bierno del Perú. Eran aquellos los siguientes: 

1.» El fletamento de los buques, hecho por personas sospe- 
chosas i bajo las fianzas de individuos evidentemente destitui- 
dos de responsabilidad, como el teniente Barril i el desconocido 
Letelier. 

2.» El haberse embarcado armas con conocimiento del Ees- 
guardo. 

3.» El haberse pagado las tripulaciones en la misma oficina 
de la capitanía del puerto del Callao, i 

4.» No haber estorbado la salida de los buques, conociendo 
de antemano sus miras hostiles sobre Chile. 

V. 

En nuestro concepto, solo la primera de aquellas razones 
tiene fundamento de consideración, i forma indudablemente 



- 68 - 

un concepto claro de connivencia o tolerancia de parte de cier- 
tas autoridades peruanas, porque era imposible que, sin su se- 
creto acuerdo, se veriñcasen aquellas inusitadas transacciones 
por personas del todo ajenas al jiro en que ahora aparecían. 

Aceptado este primer hecho como prueba de una tácita 
complicidad, parecería inútil entrar en el análisis de los otros; 
pero es nuestro deber no evitar sobre esta materia ningun jé- 
ñero de discusiones. 

El segundo cargo de connivencia, esto es, el embarque de 
armas, es completamente ilusorío, en cuanto puede implicarla 
responsabilidad directa de las autoridades peruanas. Es tan 
descarado el contrabando en algunos de los puertos dol Pací- 
fico, i son tan fáciles de burlar las mas severas prescripciones 
de los resguardos, que no seria, por cierto, digno de sorpresa 
el que, mediante unos pocos pesos pagados aun guarda-costa, 
se hubiesen podido embarcar clandestinamente, o si se quiere, 
a la gran luz del dia, los tres o cuatro bultos de que se com- 
ponía todo el armamento de los chilenos. No es esto, pues, 
una inculpación que merezca un séjio examen (I). 

El tercero de los fundamentos de agravio que arroja la 
causa que se siguió a los reos de la fragata Monteagudo i que 
se publicó en estracto en el Aravx:<zno de aquella época, es no 
menos fútil, a pesar de ser el que, en apaiieacias, arroja mas 
luz sobre la confabulación del gobierno poruano, puesto que 
aparece pagándose por la mano de sus propios empleados na- 
vales el salario anticipado de las tripulaciones. Pero este car- 



(1) £1 mismo diario oficial del Perú, el Eco del Protectorado, del, 12 de octu- 
bre de 1836, daba razón de esta acusación en los sigtnebtea i^inceros términos: 

''Se nos bnce cargo ademas porque se eiiuontraroa armas i algunos pertrechos 
de gnerra a bordo del bergantín; i a eiU) sati «¿iremos diciendo que es notorio 
el punto a que ha llegado la desmoralización de una parte de nuestros empUa- 
dos i funcionarios de la renta de Aduana, en términos de ser público que se ha 
hecho hajta aquí el contrabando liasta en barriles de harina i otros efectos 
igualmente voluminosos; sin que por cierto haya tenido interés ni acción en ello 
el gobierno. Ademas, ¿qué armas pudieron embarcarse, cuando Urbistondo, en 
•1 borrador de su carta, fecha en San Carlos de Cliiloé a 14 de agosto e impresa 
en el Araucano núm. 316, se lamenta de la taita de armamento i dice que no 
fuetUa en este jénero sino con 400 i mas fusiles encontrados en la plazaf 



— 69 — 

go se desvanece por el solo heclio de que aquella era ana 
práctica adoptada por los reglamentos comerciales del Pera, a 
ñn de garantizar el pago equitativo de las tripulaciones antes 
de su embarque, a las que la lei protejia prudentemente de 
esta manera. 

El último de los cargos es el mas vago i jenérico, desde que 
en él solo se corrobora la primera de las conclusiones que he- 
mos sentado, pues, dando por hecho que hubo connivencia de 
parte de las autoridades peruanas, era evidente que éstas no 
habrían podido detener la espedicion sin haber roto entera- 
mente la complicidad de que se hablan hecho reos en su 
equipo. 

VI. 

Dejado, pues, por averiguado el hecho esencialísimo de que 
hubo comv»licidad departe del gobierno peruano, resultan dos 
cuestiones que se desprenden iiimevliataraente de aquel, al tra- 
tir de las consecuencias necesarias que debia acarrear en las 
relaciones entre Chile i el Perú, o, para hablar mas en la cues- 
tión, entre el ofendido i el ofensor, porque ofensa habia i mui 
grave. 

Estas cuestiones son: 

1.a Cuál era la categoría i el carácter de la complicidad 
para valorizar la ofensa, i 

2.* Cuál era el medio que la razón, el derecho i la práctica 
de las naciones indicaban de consuno para llegar a una com- 
petente reparación. 

Examinemos la primera. 

VII. 

La complicidad del gobierno peruano aparece desde luego 
secreta e indeterminada. Todo se hizo en sijilo i por manos 
astutas. La huella del hecho no ha quedado en ningún docu- 
mento, en ninguna revelación siquiera, porque al único que 
culpan con alguna eficacia los procesados de la Monteagudo es 
al capitán de puerto por haber hecho pagar las tripulaciones 



— 70 -- 

* 

étó su presencia, i al jfePe deí Reágüardb por él eVnbai^qtie dt 
la* armas; i ya hemos visto que estos soh precisátneñte loé 
puntos riias débiles de la inculparon. 

Pero la complicidad existia, i el g^dbierno de Chile no ferJó 
en hacerla pesar sobre las autoridades subalternas del gobier 
bo del Perií, que en este caso no podían ser othis sino sus em- 
pleados maí-ítimos en el Callao. iSi'endo indubitable eñ él iik ^ 
la complicidad fie varios empleados subalternos del Peítí, dtófe 
él Ministro de ¡a Guerra Portales, eñ su MémoHa del 12 de 
éetiehibre de aquel año (cuando aun no hiabla regresado fel 
Aquiles rti so tcnian otros datos que loa suministrados pot la 
Fhr del mar i la Monteagudo), en la espedicion de don Ranioñ 
Freiré contra las costas de Chile, el gobierno chileno no pue- 
de menos de considerar al de aquella Repúbli'^a como respon- 
sable de la conducta de sus ajentes i obligado a repararla, i 

Pero nosotros vamos aun mas lejos que el mismo ministro 
en esta parte, porque, en nuestro leal concepto, el mismo pre- 
sidente Orbegoso, en cuyo círculo figuraba de una manera 
principal el proscripto capitán jeneral chileno, caudillo de la 
espedicion, supo de ella i la miró aun con simpatías, disimu- 
lando la participación que en su equipo tomaban sus ajentes. I 
decimos que no podia ser adverso a la empresa de los chilenos, 
porque ademas de ser amigo personal de su jefe, tenia hondos 
motivos de agravio con el gobierno de Chile por las defe- 
rencias que este habia tributado a Salaverry i por la ruptura 
que él mismo habia hecho del tratado celebrado entre el ulti- 
mo i nuestra república. (1) 

Por otra parte, ¿por qué el hombre que no habia tenido ru- 
bor de ir a pedir al potentado de una nación vecina i rival 
el auxilio de sus bayonetas contra sus propios conciudadanos, 



(!) El difunto jeneral Miller, de cuya veracidad no hui ningún derecho a du- 
dar, que reBÍdia en aquella época en Lima i fué poco después gobernador del 
Callao, ncs aseguraba con tnucha frecuencia, durante nuestra residencia efl Li- 
ma en 1860, <londe mantuvimos relaciones de mucha intimidad, pues vivíamos 
solo tabique de por medio, me aseguraba que él no habia rastreado una com- 
plicidad directa sino entre algunos empleados subalternos del Callao, pero que 
no dudaba que Orbegoso habia hecho la vitta gorda sobre ol asunto. 



- 71 - 

no seria capa¿ de contemplar con agrado el equipo de tona 
éápedicion contra uníl poteilcia que miraba con ojos de tnalh 
vt)luntad? 

Parécenos, pues, evidente que hubo complicidad directa de 
patte de las autoridades del Callao i tolerancia indirecta eñ él 
gobierno existente entóhccs en aquel pais. 

VIII. 

Las apariencias, sin embargo, se salvaion por el gobietño 
del Perú con una cordura que eí^taba calculada para no pro- 
ducir, por motivo alguno, un rompimiento ditecto con Chile. 
El ministro de Relaciones Esteriores del Perú, jeneral Mo- 
rab, dio, en efecto, aviso de la salida de la espedicion^ al cón- 
sul de Chile^ La valle, al siguiente dia do haberse circulado 
en Lima la noticia publica del destino de la espedioion 
i píotestandó la absoluta ignorancia del gobierno sobre aque- 
llos planes, pues, como aseveraba el mismo ministro, el ájente 
de Chile no habia hecho jostion alguna acerca del gobierno 
peruano para descubrirlos o hacerlos abortar, i era mui natural 
que no existiendo reclamo, el gobierno no procediese de ofi- 
cio. (1) 

(1) Este importante documento, publicado en el Araucano del 12 de oetubre 
de 18S6, dioe teetuabnente asi: 

''ministerio de gobierno i relaciones ksteriorrs. 

Méfe énperidr milltor del departamento do Urna. 

''¿ima, julio 9 de 1836. 
Señor: 

"EÜ infrascrito, jefe superior del departamento, encargado del despacho de las 
relaciones esteriores de nrjenoia, tiene el honor de dirijirse al seflor Cónsul Je- 
neral de la República de Chile para poner en su conocimiento que acaba de sa- 
ber ton bastante sorpresa que los buques Monteagiido i Jeneral Orbegom hah 
jíarpado del Callao con dirección a Chile, Uerando a su bordo algunos emigra- 
dos de esa repíiblicíi, embarcados clandestinamente, con miras, sin duda, de tras- 
tornar aquel pais. Como el gobierno del Perfi no tenia ya necesidad de algunos 
buques de su armada, dispuso se anunciasen en los papeles públicos que áe da- 
ban en arrendamiento, i en efi'cto, está cierto el infrascrito que se tomaron por 



— 72 — 

Pero, a mayor abundamiento, el gobierno local del Callao 
había ofrecido todo jénero de facilidades a la pronta e impro- 
visada salida de la goleta Flor del Mar, que se hizo a la vela 
directamente para Chile aun ar?tes que la espedicion, pues el 
8 de julio, en que aquella fué despachada por Lavalle, los dos 
buques espedicionarios se encontraban frente a Huacho, al 
norte del Callao. 

Las conveniencias diplomáticas se hablan consultado, pues, 
por completo i solo quedaban en pié aquellos dos hechos de 
ofensa i reparación, que por su naturaleza pertenecía a la 
política i a los procesos, i en definitiva a la historia (como 
acontece ahora) el descubrir i esplicar. (1) 

contrata aquellos para hacer el comercio. Sacaron sus pasavantes para Guaya- 
quU i Centro América bajo las formalidades i fianzas de estilo, pero según los 
rumores que corren, ellos no han llevado e^as direcciones, sino la de Chile. 

"El infrascrito, tan luego como lo ha sabido, se apresura a comunicarlo al señor 
Cónsul, protestándole que el gobierno no ha tenido la menor noticia de esta des- 
agradable ocurrencia, que si es cierta i hubiese sabido ante?, la habría evitado 
en tiempo. El Perú, que solo desea conservar la paz con todas las naciones i es- 
pecialmente con Chile, no permitirá jamas que de su territorio se le lleve la 
discordia. 

"El infrascrito observa, adecúas, que el señor Cónsul, que debe estar a cabo de 
la conducta de los emigrados de su nación, no haya traslucido estas medidas que 
pueden trastornar la tranquilidad de su patria. Si el señor Cónsul hubiese he- 
cho la menor insinuación sobre el particular, se habrían tomado medidas fuer- 
tes i vigorosas a impedir se llevase a cabo esos planes: empero, supuesto que no 
lo ha hecho, habrá sido por haberlo enteramente ignorado, como ha sucedido 
al que suscribe. 

"El infrascrito desearía no fuesen ciertos los rumores de que ha hecho men- 
ción, i al concluir esta nota, reproduce al señor Cónsul Jeneral la mas distin 
guida consideración i aprecio, con que es su atento servidor, 

^Prinilad Moran. 
"Al Señor Cónsul Jeneral de la RepúbUca de Chile." 

(1) El jeneral O'Higgins, escribiendo sobre este suceso al presidente Prieto, 
le dice, con fecha de 20 de julio de 1836, lo siguiente: "Aseguro a Vd., mi que- 
rido compadre, que este asuuto (la espedicion de Freiré) me ha sido demasiado 
doloroso, porque, habiendo perdonado a Freiré hace ya mucho tiempo i olvida- 
do sus ingratitudes i traiciones, le deseaba de buena fé la paz i tranquilidad de 
su persona i familia... 

"Antes de concluir esta carta debo decirle, mi querido compadre, que me he 
dado algunos trabajos para investigar i asegurarme en lo posible de todas las 
circunstancias de la loca espedicion de Freiré, i siento el mayor gusto al espre- 



— 73 — ' 

La ofensa del gobierno del Perú no era, pues, una provo- 
cación directa i agresiva que autorizase un rompimiento de 
hostilidades conforme a la lei de las naciones, i menos un acto 
de represalia violenta i pirática, porque no cumple tal con- 
ducta al honor ni a la dignidad de pais alguno, asociado por 
los vínculos de la civilización a la gran comunidad del jónero 
humano. 

IX. 

Llegamos ahora, i como por derivación, al segundo de los 
dos últimos puntos propuestos sobre el medio que el gobier- 
no de Chile estaba llamado a adoptar para poner a salvo su 
honra i su derecho, i ya Jo hemos insinuado con toda clari- 
dad, tan sencillo i relevante aparece. Este no podía ser otro 
que exijir del gobierno del Perú una esplicacion perentoria, 
terminante, sin escusa ni dilación posible do su conducta, i 
dada ésta, ponerse en este inevitable dilema: — ¿ha habido o no 
ofensa? Si la ha habido, pedir, en el acto mismo de compro- 
barla, una espléndida satisfacción i resarcimiento de daños. Si 
no la ha habido, cerrar el debate i dar por concluida toda eno- 
josa diferencia. 

X. 

Pero don Diego Portales no podia proceder así. Desde que 
él se habia presentado en los salones de gobierno, la política 
había perdido su equilibrio i su regularidad; Jas» leyes de la 

sar que ha sido imposible descubrir hecho alguno que pudiera justificarme en 
suponer que el gobierno del Perú haya tenido parte alguna en las operaciones 
de don Ramón. El tuvo buen suceso en sustraerse de este pais i embarcarse para 
Chile, porque ningún liombre racional hubiese creido que él fuese capaz de tan 
insano proceder. 

"En todos los paires iiai siempre un número de personas, anadia el viejo pa- 
triota con espíritu previsor, que desean la guerra, con la esperanza de ^.on vertir 
semejante acontecimiento en lucros i provechos propios, por lo que debe haber 
mucho cuidado en no oir a estos cspf cullidores, pues sus avisos e insinuaciones 
son calculados para precipitar a su gobierno, mi querido compadre, en dificul- 
tades, que una vez envuelto en ellas, no encontrarla Yd. fácil salida." 



i^públiea 6e habian féádümido en. sa dictadura, i el déi'eóho 
de jfefite* hábia sido bófrado de hedho de la comunidad de loa 
chiietlós 6óh las otfaa naciones de la tierra, por nquel hombre 
qué hftbiá colgado dé u n palo, a la vifetá de todos los pabello- 
héá del üniVeráój él cadáver del capitán Paddock. 

Pórtales, éh lugar, pu^, de encomendar a don Victorino 
Garrido la misión de un diplomático, le prescribió solo que 
obrara como un pirata. 

XI. 

Pfero, mientras navega éste a dar cima a su empresa, vamos 
a echar una mirada sobre los negocios póblicoj del Perú, des- 
pués de la salidu del jeneral I'reire, porque habian acontecido 
6tx él páis cambios de tanta entidad, que a la llegada del emi- 
sario ae Chile a la rada del Callao, la cuestión de complicidad 
í agtávio que hemos discutido, habia cambiado totalmente de 
aspecto i de un modo que arrebataba al gobierno chileno 
hasta la sombra de derecho para consumar una agresión ar- 
mada. 

XII. 

Cuando la espedicion de Freiré zarpaba de las aguas del 
Callao, el jeneral Santa-Cruz, nombrado Supremo Protector 
de la Confederación Peni-Boliviana por la Asamblea reunida 
éñ Sicüáñi (1), én representación de los pueblos del Sur del 
f eró, venía carfiiüo de Lihia i se encontraba en el valle de 
Jauja, a 150 leguas de aquella capital. 

Al llegar a Lima, en consecuencia, no pudo menos el Pro- 
tector del Sur que desaprobar altamente la parte que hubiera 

(1) La Asamblea de Siciiaul acordó, eu novierabrc de 1835, la formación de 
tin íolo Estado de los departamentos de Puno, Cuzco, Arequipa i Ayacucho con 
1a denominación de EsUido Sur-Peruano. El Estado Nor-Peruano se fot-raó des- 
pués de los departamentos de Junin, Jauja, Libertad i Amazonas, debiendo 
prevenirse que en el Perú se denominan departamentos los territorios que nos- 
otros llanmillos provincias i que algunos de aquelloa son tan vastos como la 
mitad de Chile: 



j^dido Qáhet ál gobierno /pefuátio dn IsL espedícion óhtleüA. 
Sáfita-Ctiiz ^tj. utí hbWbre cuerdo, réflfexiVó^ i tenia la stífl- 
»' oiéilte Sagacidad patti coiriprehder la ghavedad dé iaquel aoOú- 
leéllliiétitb, que a loa ojos del átuhiido e indoientó Oí-bégoSd, 
pasaba domo desapercibido. 

Aplaésando, sin embargo, las consecuendas de acjüél á8tó, 
ya irremediable, para cuando de suyo vinieran, Santá-Crüí» tífe 
preocupó solo de consolidar el gobierno que le habian dado 
sus conquistas, i en consecuencia, el 11 de agosto, la Asam- 
blea de Huaura lo proclamó protector del Estado Ñor- Perua- 
no, o lo que es lo mismo, jefe supremo de las repúblicas 
confederadas de Bolivia i el Perú. 

El 16 de agosto^ el dictador hizo su entrada en Lima, i al 
dia éigüietttfe, tomó posesión del gobierno con toda la pompa 
a qü^ le arlrtiátraba esa petulante vanidad criolla que en bhBVB 
te itidtíjo a cfeftr la Lejion de honor peruana^ pl^yio servil de 
lá de Franclttj cilyos cordones habia recibido, i que mas tarde 
te hizo figürat* en una gran ceremonia de la corte de Tulte- 
tíaá, (al detüt de los periódicos dé la época) entre los lacayos 
dé LUifi Felipe. 

Ooh todo, Sabta-Orua tenia cualidades sobresalientes oomo 
hottibré político i como gobernante. Sus principales defectos 
fetatl éu ptjéril vanidad, que le hacia llamarse « gran ciudada- 
nojá (enti'e sus muchos otros títulos, como vencedor de Pichin- 
cha, gratt tüariscal de Zepita, etc., i su avaricia tradicional, 
<5[ue costaba a la Confederación la enorme suma de 80,000 
peéoé sólo eii el sueldo de su persona. Peío, en cambio^ era ^n 
festt^rtio laborioso, amigo del orden, celoso por la pureza én 
k ádniííiistl*acion dé laá rentas públicas^ dócil a los codt^jos 
de Ibs hohlb^és Cultos, de quienes gustaba rodearse, i de lo que 
tilo ejemplo nombrando a Grahjia del Rfo su Ministro de Ha- 
cienda i a don José Joaquín de Mora, redactor del interesante 
periódico oficial que él fundó con el título de Eco del Pivíec- 
tórado. Era, en suma, tan escelente organizador en el gobierno 
cwnó ei*a capaz para el arreglo i disciplina de U!\ ejército, .lin 
que por esto fuera ni un gran joneral, como lo probó en todas 
BUS campañas desde Zepita a Yungai, ni un emibente cstddis- 



ta. Hombre de detalle, habría sido de gran utilidad a su pa- 
tria i aun a la América bajo la dirección de un jenio superior. 
Solo, i sin mas guia que su ambición, soQó un imposible, como 
era la unión de dos puebloi^ que se habian hecbo I'a guerra a 
muerte por decreto, i de los que, el uno habia venido a sen- 
tarse sobre el solio del otro pisando sobre los cadáveres de 
sus hijos. 



xm. 



Con relación a su política internacional, sus miras no po- 
dian ser sino absolutamente pacíficas, porque aunque fuera 
ambicioso, era bastante sensato para persuadirse que su 
suspirada posesión de Lima ponia el colmo a sus aspiraciones. 
No podia menos, ademas, de estar persuadido de que, dentro 
de su propio gobierno, le sobrarían motivos para preocaparse 
de su sola conservación, colocado como se veia entre dos co- 
rrientes opuestas, casi entre dos razas hostiles i con una nueva 
i estrafia forma de gobierno, inventada por él como una tran- 
sacción que coficiliase pretensiones encontradas, i que por lo 
mismo ponían en evidencia la debilidad de su organización. 

No habia, pues, un vecino de nuestro territorio que se 
viese obligado, no solo por su propio criterio sino por un 
conjunto de poderosas circunstancias, a establecer una política 
mas pacífica i respetuosa con nosotros, i tan cierta era en ver- 
dad aquella resolución i tan claramente estaba trazada su 
línea de conducta, que una de sus primeras medidas, desdé 
que se hizo dueño del Perú, fué ordenar el desarme de su 
ociosa escuadra i la venta de sus buques, como ya se ha re- 
ferido. 

Por esta misma razón, tres dias después de haberse puesto 
al frente de los negocios páblicos, Santa-Cruz espidió una 
circular al cuerpo diplomático, en la que decía estas testuales 
palabras: c La política esterna no hallará sino los motivos de 
seguridad i fraternidad que con respecto a ella sigue el go- 



— 77 — 

biemo actaal i que adoptará después el de la Confedera^ 
cion. • (1) 

El cónsul de Chile, confiando por su parte en que el carác- 
ter conciliador del nuevo mandatario acarrcaria una satisfac- 
toria solución a las dificultades promovidas por su antecesor, 
no vaciló en manifestar, respondiendo a la nota en que se 
le comunicaba la exaltación al poder de Santa-Cruz, c que 
S. E., el jefe esclarecido que rije ya los destinos de los pue- 
blos peruanas, sabrá encaminarlos a la cumbre de la prospe- 
ridad i de la gloria. » (2) 

XIV. 

Los documentos que acabamos de citar tienen la fecha del 
19 de agosto i la circular diplomática en que Santa-Cruz pro- 
testa de sus sentimientos pacíficos es de un dia posterior. 

Imajínese ahora cuál seria la sorpresa i la ajitacion de aquel 
mandatario al saber que en la noche del siguiente dia (21 de 

(1) £1 pacto federal ee sancionó solo el l.o de mayo de 1887, por una 
convención de delegados de los tres Estados confederados, que se reunió en 
Tacna. 

(2) Nota del qónsul Lavalle del 19 de agosto de 18S6 inserta en el Eco del 
Protectorado, núm. 2. En este mismo dia, el jeneral O'Higgins escribió a Prieto 
sobre las futuras soluciones que debia prometerse Chile con el nuevo mandato' 
rio del Perú, en los siguientes espresivos términos: *'E1 jeneral Santo-Cruz ha 
sido elejldo Supremo Protector del Estodo Nor-Peruano por la Asamblea de 
Huaura. £1 dia 15 del presente entró pii esto capital i al dia siguiente tomó 
posesión del gobierno. Lo he tratodo iotimarncntc desde 1823; hemos sido com- 
pafieroB de armas en la guerra de la independencia i tengo una alto opinión de 
su buen juicio, prudencia i esperieocia para gobernar en jefe, como supremo 
majistrado. &, por tonto, de esperarse que este pais comenzará ahora a gozar \oa 
frutos d^l órdf n i buen golíicni •, de6j>ue5 de haber sufrido males incalculabhí.n 
por convulsiones i guerras civiles eo que ha estodo sumeijido los tres años 
últimos. He escrito tonto en las adjuntos cartos en lo que hace a las ventojas de 
tratodos de comercio cutre Chile i el Perú, que no me parece necesario añadir 
mas, sino espresar mi convencimiento que Vd., mi querido jeneral, encentrará 
en el jeneral Santo -Cruz toda diápoáicion para entoblar i fijar la* relaciones 
entre estos paises bajo de un pié mutuamente benéfico, pues que él es un esto- 
^sto demasiado espeiimentodu para desconocer las ventojas que deben resultor 
% arabos paises de un justo cambio de sus producciones." 



— 78 — 

agoatoX ^1 bergantia Aqvües se habia apoderado de iodoa V» 
buques de guerra del gobierno peruano surtos en la baliit 
del Callao! 

XV. 

Don Victorino Garrido habia llegado, en efecto, a aquel 
puerto a las nueve de la maSana del 21 de agosto i despacha- 
do en el actx) un oficial a Lima con pliegos urjentes para el 
cónsul Lavalle, quien no tardó en venir a bordo del Aquiles. 
El comisionado de Chile habia ofrecido, entre tanto, saludar 
la plaza i pasado a visitar al comandante de marina para cer- 
ciorarse del estado indefenso do los buques peruanos i dar 
sobre seguro el asalto nocturno que meditaba. 

XVI. 

La escuadra peruana se componia en aquella época de la 
barca Santa- Oruz, el bergantín ArequipeñOj la goleta Peruvia- 
na^ buques que se encontraban de servicio en el Callao. La 
corbeta Libertad se hallaba en Guayaquil, la goleta Limeña en 
servicio en los puertos intermedios, i por último, la goleta 
Yanacoduz carenándose en Paita. 

Sacontrábanse, pues, solamente, a la mano de los asaltantes, 
loa tres buques que hemos mencionado primero de los seis 
que formaban el material naval de la Confederación, que no 
era, como se echa de ver, de mucha importancia, apesar de su 
número, por ser todas sus naves de mui pequeño porte. Sin 
embargo, el gobierno de Chile tenia por única esouadra el 
Aquilea i la goleta Colocólo, Esta última habia quedado en los 
puertos del Sur del Perú con el encargo de apresar los bu- 
ques de guerra peruanos que pudieran navegar por aquellas 
costas. 

xvn. 

A las doce de la noche del 21 de agosto de 1836, a la mis- 
ma hora en que un puñado de gloriosos soldados de Chile ae 



hfihim dirijido a aquellos miamos 3ÍtÍQ9, quíuce a&Q9 W^ 
para consumar la hassaUa mas memorable i mas heróic9^ que 
han presenciado las aguas del Pacífico, la captura do la M* 
merálda^ el 5 de diciembre de 1820, ochenta marineroi mau^ 
dados por el comandante Ángulo se lanzaban aobre loa 
solitarias cubiertas de los buques peruanos, i sin ningún jéae« 
ro de resistencia, los sacaban fuera del tiro de los cauou69 do 
los castillos. A las dos de la mañana, aquel deshonrosp atenta-t 
do, que entonces se celübró como una proeza heróicaí estaba 
cometido, i el emisario de Chile se hallaba en el caso de volver 
ufaiio con su presa a presentarla como prenda de seguridad A 
las inquietudes de sus comitentes. 

XVIII. 

Al día siguiente, cuando las autoridades del Callao se orien- 
taron de lo que había sucedido en el silencio de la nooha, 
apenas podian dar crédito a lo que pasaba, i cuando la eatraor- 
dinaiia nueva llegó a Lima de una manera oficial, fué tal la 
irritación de Santa-Cruz, que mandó arrestar en un cuartel al 
cónsul Lavalle, medida que descubre lo ciego de su cólera, 
pues cometía de aquella suerte un acto acaso tan violento, 
ai no tan pérfido, como el que acababa de consumarse en el 
Callao. 

Sabedor, empero, ol jeneral O'Higginsde lo que ocurría, voló 
al palacio protectoral en alas de su patriotismo, que no decayó 
ni con los anos, ni las enfermedades, ni las ingratitudes, que en- 
ferman también i anonadan el espíritu como aquellas el ser fí- 
sico i obtuvo el que en el acto se reparase aquella fatal medida. 
iLuego que supe (dice el mismo honrado i afanoso anciano, al 
presidente Prieto, en carta ('el 2^1: de agosto de 1836) de los pro- 
cedimientos del AquileSj fui a ver al Protector. Lo encontró mu- 
cho menos irritado de lo que esperaba. Se habia, sin embargo, 
dado órdenes para el arresto de don Ventura Lavalle, conside- 
rando que el capitán del Aquilas debia haber procedido en obe- 
decimiento a Hus instrucciones. Al observar que el aconteci-» 
miento era un conjunto de cosas inesperadas e inesplicablw» 



- 80 — 

cODsideré qae había algana gran falta de conceptos qne el tiem* 
po solo podía rectificar, i, por tanto, hice lo que pude para que 
no se ofreciera violencia alguna a las personas i propiedades de 
individuos chilenos, residentes en esta capital, como era de 
temerse, hasta que se presentase una oportunidad de deman- 
dar de Vd. una esplicacion, en cuya virtud se suspendió in- 
mediatamente la orden de arresto del señor Lavalle i recibió 
su pasaporte. Las personas i propvvlades de los chilenos resi- 
dentes aquí han sido completamente respetadas, i por la mo- 
deración asi justificada por el Protector, yo espero, i no dudo, 
que este asunto desagradable se compondrá de un modo satis- 
&ctorio i honroso a todas las partes. A la verdad, aseguro a 
Vd., mi querido compadre, que me llena de horror la sola 
idea de guerra entre Chile i el Perú, b 

En consecuencia de aquella oportuna mediación i de la 
política conciliadora que se había trazado el Protector, envió 
aquel mismo dia su pasaporte al cónsul de Chile, asegurándole 
(por conducto de su ministro del Interior Tristan), segan dice 
el oficio remisorio de aquel documento, t que aunque él podia 
tomar las mas severas represalias contra un gobierno que por 
aquel acto de piratería se habia colocado fuera de la leí de las 
"naciones, la política moderada i jenerosa que S. E. ha adop- 
tado en la dirección de los negocios estemos, le inducen a 
abstenerse de todo acto de rigor contra el señor cónsul i con- 
tra los chilenos residentes en el Estado. » 

XIX. 

Es un acto de justicia declarar, en esta parte, que el comi- 
sionado de Chile mitigó, en gran parte, la violencia de su 
golpe de mano, prestándose a un honorable avenimiento con 
erdelegado ad hoc que nombró el gobierno del Perú, en la 
persona del jeneral don Kamon Herrera. Firmóse entre estos 
jefes un tratado pruvis >rio, por el que las relaciones mercan- 
tiles, i aun políticas de las dos república?, quedaron vijentes, 
reteniéndose solo los buques peruanos por el gobierno de 
Chile, como rehenes de seguridad, en garantia de las disposi- 



— 81 — 
cienes pacíficas que protestaba abrigar el gobierno del Pe- 

TÚ, (1) 

(1) Este tratado preliminar está concebido en los términos siguientes: 

"Su Señoría don Victorino Garrido, Encargado de la» fuerzas navales de la 
República de Chile sobre las costas del Perú, i el ilustríiimo sefiop Jeneral de 
División de los Ejércitos de Bolivia i del Perú, don Ramón Herrera, Goberna- 
dor político i militar de la Provincia Litoral del Callao. 

Acordes en la necesidad de cortar el progreso a las desavenencias que entre 
los Estados del Perú i República de Chile, han empezado a promoverse, con per- 
juicio recíproco, i para dar lugar a intelijonc'uis ra7X)nftl)lcs, como es del mutuo 
decoro i del interés de ambos pueblos, entre íjulenes no puede encontrarse ob- 
jeto alguno qut* los impela a una guerra, habieudomuclios motivos que los obli- 
gan a conservar la paz i sus buenas relacione?, lian convenido en el siguiente 
arreglo preliminar. 

Art. 1.** Que la^ fuerzas navales de Chile, destinadas a las costas del Perú, no 
capturarán en lo sucesivo buque alguno de guerra, ni propiedad de ninguna 
especie, perteneciente a los Estados Peruanos, i se retirarán de las espresadas 
costas en el término de diez dias, contadas deslo la feclia <lel tratado. 

Art. 2." Se es<'eptuan del artículo anterior, los buques Peruanos que hubiesen 
servido a la espedicion del ex-jeneral Freiré, los cuales podrán ser aprehendidos, 
si no lo fueren a la fecha, en los puntos donde se encontraren, por el abuso que 
sus fletadores hicieron de ellos, sin que en ningún tiempo tenga derecho el Go- 
bierno del Perú a hacer reclamación alguna sobre esto-* buques o su valor al 
Gobierno de la República de Chile. 

Art 8.° El Jeneral Herrera conviene en que los tres buques aprehendidos 
por las fuerzas de Chile en la noche del 21 del corriente, sean conducidos a dis- 
posición de aquel Gouiorno, liasta que entre él i el de los Estados del Perú, ee 
haga un arreglo definitivo, que se procurará desdo luego. 

Art 4.* Los buques que desde la ratificación de este tratado par el Gobierno 
del Perú, fueren aprehendidos por los de guerra de una u otra nación, serán 
devueltos en el acto, cualquiera que sean las circunstancias que hubieren pre- 
cedido a la captura, no comprendiéndose en este caso los buques de que habla 
el artículo 2.** 

Art. 5." Los emigrados Cliilenos i cualesquiera otra persona que, abusando de 
la hospitalidad del Perú, se diríjieron a la República de Chile en compañía del 
ex-jeneral Freiré i regresaren al Perú, serán juzgados conforme a las leyes del 
país, i separados de ly costa cincuenta leguas por lo menos al interior, sin per- 
juicio de imponérseles mayor castigo si hubiere lugar. 

Art. 6." Convienen ambas partes en no armar mas buques que los que actual- 
mente tienen, durante el término de cuatro meses. 

Art 7." En tanto el comercio entre la República de Chile i Estados del Perú, 
continuará haciéndose libremente como antes del 21 d^l presente mes, quedan- 
do establecidas las relaciones «le buena amistad entre ambos Gobiernos sin in- 
terrupción alguna. 

Art. 8.* A consecuencia de lo prevenido en el artículo anterior, el Encargado 

D. DIEGO PORT. — II. 6 



— w — 



XX. 

En consecnenoia de esto acuerdo, en el que indudablemente 
Garrido habia dado pruebas de moderación i de habilidad 
diplomática, pues dejaba lograda su misión, sin comprometer 
lie hecho a su gobierno en la guerra, se hizo en el acto a la 
veJa, i el 23 de setiembre ancló en Valparaíso, después de una 
rápida campana de cuarenta días. 

Díjose que los buques apresados entraron a la rada de Val- 
paraíso con escoba-) amarradas a su proa en señal de la humi- 
llación a que habían sido sometidos sus antiguos seTíores, i 
cuando el emisario se presentó en Santiago, radioso con su 
triunfo, sus amigos salieron a ' recibirle en tropel, batiéndolo 
las manos. Solo un semblante adusto, i una mirada acusadora 
hizo morir en los labios del comandante del AquileSj la sonri- 
sa de un afectuoso saludo. Aquel rostro era el de Portales, 
que hÍ250 al recien venido una acojida fria i desdeñosa. ¿Cuál 
era el motivo de tan singular conducta? Nosotros no lo sabe- 
mos ni acertamos a esplicárnoslo. Sus amigos lo atribuyeron, 
i lo atribuyen todavia, a un rasgv*) de elevación de espíritu, 
que le hacia protestar contra un acto que nos habia acarreado, 
con justicia, el apodo do piratas. Si tal fuera, seria preciso acatar 
tan puro i alto sentimiento de justicia publica i de dignida 
nacional en el ministro chileno. ¿Pero acaso tamaüo enojo no 
seria eu realidad causado por aquel pacto honorable i conciiia- 

<le iSTegocios de Chile, don Ventura LnvTine, que salió de In capitAl de Linia el 
ií2 del corriente, podrá Tolver 1 permanecer en ella para arreglar «is negocio* 
pAHicHlares todo el tiempo que catime cooTcniente 

Art 9." Esta convención se tendrá, en vigor i fuerza tan luego como sen rati- 
ficada por el Gobierno del Perú, lo q ie so verificará en el témiiiK) de 24 boraa, 
debiendo el de Chile ratificarla igualmente en el de 50 días o antee, si fuese po- 
sible; i para cuyo efecto, se firmarán dos de un mismo teror. 

En fé de lo ciml, la firmaron los infrascritos, i refrendados por los respoctivop 
secretarios, a bordo de la fragata de guerra do S. M. B. Tktbot, al ancla en la 
rada del Callao, a las cuatro de la tarde del dia 28 de agosto de 1886. 

Victorino Oarrido, — Ramón Herrera, — Joaquín 2.» Prieto («Secretario). — 
2>odtor FraneUco Mariana de Miranda -(Secretario)." 



- 83 - 

dor que habiá firmado el coronel Garrido en la rada del Oaltao, 
i que, desde laego, por su propia moderación, era un escollo ala 
guerra, puesto que era una prenda de paz? ¡Quién lo sabe ni 
quién podrá saberlo! El hecho histórico es, sin embargo, que 
aquel tratado no fué ratificado, i que, al contrario, dos sema- 
nas después del arribo de Garrido (10 de octubre do 1836), 
Portales, que al fin se reconcilió con su antiguo caraarada, 
presentó un mensaje al Congreso, pidiendo autorización para 
declarar la guerra al Perú. De esta suerte, la guerra no tenia 
otra solución que la guerra, primero por la espedicion de 
Freiré, i después, por el tratado de avenimiento o de paz pre- 
liminar con Santa Cruz: tan cierto era que la guerra no con- ■ 
sistia ni en el intere?, ni en la gloria, ni en el honor de Chile, 
sino en la voluntad única i esclusiva de don Diego Portales. 

XXI. 

Bsta última conclusión nos conduce a dar fijeza a un fiecho 
que insinuamos al hablar de los cambios radicales que se ha- 
bían operado en la política del Perú antes de la llegada del 
comisionado Garrido i después de la partida de la espedicion 
chilena. 

Consumada aquella bajo la administración provisoria del 
jeneral Orbegoso i ausento el jeneral Santa Cruz , cuando 
hubo llegado éste a Lima, la asamblea de Huaura declaró abo- 
lido el gobierno provisorio, decretó una nueva forma de ad- 
ministración, i por último, nombró al jeneral Santa Cruz 
jefe supremo del estado, confiándole un poder absoluto. 

Al asumir entonces el jeneral Santa Cruz su nuevo puesto, 
protestó ante las naciones usar una política de paz i concilia- 
ción, haciendo aparecer sus manifestaciones de tal modo sinoe- 
ras, que el mismo representante de Chile, encontrándose aun 
bujo la alarma de un próximo rompimiento, juzgó que su 
presencia en el poder era una prenda de confianza i un mo- 
tivo de congratulación. 

La administración del jeneral Santa Cruz no era, pues, res- 
ponsable, ni solidaria de los actos do su antecesor, i mucho 



— 84 — 

menos, de aquellos que él babia desaprobado i que estaban en 
abierta oposición con la política que él mismo se proponía 
seguir. (1) 

XXII. 

Pero, aun estendiendo la responsabilidad solidaria de la ad- 
ministración Santa Cruz, a la administración Orbegoso, ¿no 
protestó aquella inmediatamente de su inocencia? ¿No se ofre- 
ció a dar las satisfacciones mas espléndidíis por el agravio? 
¿No se allanó a entrar en convenios honrosos que conciliaran 
el honor i los intereses de ambas repúblicas? ¿No ratificó, por 
último, un tratado provisorio, en el que pasaba por la humilla- 
ción de dejar en prenda el pabellón del pueblo que dirijia i 
en rehenes sus buques, como una garantía evidente de sus sen- 
timientos pacíficos i amigables? ¿Qué mas podia hacer gobier- 
no alguno sobre la tierra? En un ciíso análogo, ¿liabria hecho 



(1) El jeneral Santa Cruz jamas ha dejado de protestar de su abs4»luta no ín- 
tenreDcion, i aun falta de conocimiento de ]:i espedicion de Freiré, que él, sin 
duda, habria evitado, al encontrarse en Lima en aquella ocasión. En sus comu- 
nicaciones oficiales de aquella época, en su Vindicación, impresi en Quito des- 
pués de la batalla de Yungai, i por último, en sns carUis i couv'crsacionos nms 
recientes, siempre ha mantenido su posición a aquel respecto Ei 1860, el jeneral 
Millar tuvo la bondad de escribirle desde Lima, a petición nuestra, haciéndole 
cargo por la creencia jeneral que existia en Chile de su ¡xarticipac on en aquel 
negocio, creencia que yo mismo abrigalia entonces. Su respuesta u-» tardó en 
volver, i en ella decia, con fecha de Versalles 14 de junio de 18C0. las siguientes 
palabras: "Auj» me es estraüo que entre los chilenos existan todavía las ideas 
que calculadamente se inventaron en otra época ])ara promover una guerra in- 
justa i concitar al pueblo a sostenerla, después <lo cuanto se ha publicado i de 
las deposiciones que el gobierno de Cliile r^cojió de los peruanos que concu* 
rrieron a la malhadada espedicion de Freiré, a quien han juzgado después, con 
cayo motivo se han investigado todos los antecedentes i ramificaciones; después 
que nuda ha quedado oculto, es demasiado estraño, repito, que todavía insistan 
en la majadería de que esa espedicion fué apoyada por mí, que estaba a 150 
leguas de lama cuando partió, antes que yo me hubicoe hecho cargo de la au 
toridad. Mi única falta fué no Haber mandado enjuiciar a Orbegoso i a sus cóm- 
pUces; pero Yd. sabe las consideraciones <|ue se oponían entonces a una medida 
de esa dase, qa^ tenia que contemporizar con el círculo de nacionalistas que se 
decían malignamente humillados por un jefe i ejército extranjero." 



— 85 — 

la mitad siquiera de aquellos sacrificios el gobierno de Chile? 
Ni por un momento es dable imajinarlo, porque el pueblo 
mismo, movido por la conciencia de su dignidad ofendida, lo 
habría estorbado con todas sus fuerzas. 

La espedicion del jeneral Freiré, considerada bajo todos as- 
pectos, dejaba de ser, pues, h, causa eficiente de la guerra, para 
ser lo que entonces fué i lo que nunca dejará de ser para la 
severidad comprobada déla historia: él pretesto de aquella 
guerra. 

XXIII. 

Sarjen aqui otras dos conclusiones, con cuyo rápido examen 
vamos a poner término a esta discusión un tanto ajena ala his- 
toria en su carácter jeneral, pero que nosotros, al escribir pu- 
ramente la pnrte política de aquella con relación a los dos 
países comprometidos, no hemos podido menos de considerar 
con alguna detención. 

Consideratlo el episodio de la invasión chilena solo como un ^ 
pretesto de guerra, ¿cuál era entonces la verdadera causa de 
ésta? 

Dos son, corao deciamos, los únicos motivos que la historia 
puede atribuir a aquella estrema resolución, a saber: I.® las 
dificultades comerciales entre los dos paises, i 2,^ la usurpa- 
ción del Perií por el jeneral Santa Cruz, o la razón del equili- 
brio americano, como se llamó entonces aquella circunstancia. 

Vamos a hacernos cargo de una i otra en breves palabras. 



XXIV. 

La abrogación del tratado de comercio de 20 de enero de 
1835 pedia resumir todos los antecedentes de disfavor o de 
hostilidad (si pueden llamarse asi los actos que se encierran 
en un estricto derecho) que el gobierno del Perú habia ejecu- 
tado en contra de nuestras ventajas comerciales i en pro de las 
suyas propias. Pero el Perú era completamente arbitro, libre 



— 86- 

i 8(^berano para reglamentar a su placer so comercio, cónsul 
tajido su sola prosperidad i sin atender en lo menor a los in^ 
tereses do otros Estados, pues no hai lei alguna internacional 
que obligue a una nación a rejirse, consultando, no su propio 
interés, sino el de sus vecinos, pues, en tal caso, quddaria el 
pueblo asi ligado, sometido a una condición peor que la pérdi- 
da, efectiva de su propia independencia, i considerado solo 
como un vasallo tributario. El gobierno de Chile tenia, pues, 
bastante sentido común para no colocar la cuestión en ^quel 
falso terreno, i el mismo Portales, con su sincera i altiva pala- 
bra, que nunca desmintió su carácter en los actos públicos de 
su vida, lo declaró asi terminantemente en el Congreso chile- 
no. «No puedo menos (decia en su Memoria de la Guerra del 
12 de setiembre do 1836), aun a riesgo de parecer importuno, 
de trasmitiros la seguridad positiva de que la suerte del trata- 
do de comercio entre esta Bepública i la del Perú no ha tenido 
ni tendrá influencia alguna en la cuestión presente; que sin em- 
bargo de que en los procedimientos que acon^paflaron a su in- 
validación, la conducta del gobierno peruano da motivos de 
queja, no eran óstos tales que apareciese en ellos la infracción 
de un derecho reconocido i perfecto, o que justificasen la me- 
dida de recurrir a las armas i que jamas ha entrado en la men- 
. te del gobierno de Chile la idea de mezclar la cuestión comercial 
con h, de nuestra seguridad interior i esterior^ amenazadas por 
la presente administración peruana. Las relaciones comercia- 
les entre las dos paises so fijarán de común acuerdo, bajo los 
auspicios de la paz i confianza mutua, cuando el Perú pueda 
i quiera prestarse a ello; regladas de cualquier otro modo, no 
podrían jamas ofrecernos estabilidad ni producirían beneficio 
a los verdaderos intereses de esta República, que son insepara- 
bles de una paz segura i de la buena intelijencia entre ella 
de los Estados veciuos.» 

XXV. 

No quedaba, pues, en pié sino una razón de Estado «para 
irse sobre el Perú coa un ejército,» oomo decia ansiosamente 



Paríale» okh 1832, dando solo ua plazo de menos de dos oBoa 
a la uecesid^d de una guerra, cuyo carácter era entonce» pura- 
mente mercantil; i aquella. era la que él mismo apunta en i^. 
párrafo que acabamos de trascribir, esto es, la de la seguridfui 
estejvior de la República, o lo que es lo mismo, la leí del eqMi-^ 
librio entre las potencias del Nuevo Mundo. . 

No es esta la oportunidad de debatir la grave i deli^uuifi 
ouestion internacional sobre el punto de limitación que el de- 
leobo común fija a las naciones para intervenir entro sí en l^B 
cuestiones de la política propia de cada Estado. En el viejo 
continente, donde los siglos han ido acumulando mil puntoa 
opuestos de contradicción entre potencia i potencia; dond^ 
todas tas fronteras están amenazadas; donde todas las razas, 
son distintas i aun hostiles; donde la tradición de antipas, 
guerras mantiene vivas i enconosas animoáidades secular^ 
^ntre pueblo i pueblo; donde las coronas mal asentadas, ya 
sobro la frente de una dinastía, yá sobro la de otra, pugnáis 
por sostenerse i por estender su influjo; donde, por i'iUimo, W 
ejércitos permanentes, mantenidos por cada nación con uijia 
perseverancia incesante, constituyen una perpetua amenazada, 
cada vecino i de todos loa Estados reunidos entre sí, se conci* 
be que aquella teoria del equilibrio europeo^ que fija a o(ida 
potencia su puesto, sus fronteras, su marina, el número deaupi 
soldados i hasta su influjo mismo, hubieso llegado a forp)^ 
un derecho público especial, i a encontrar su sanción i su 
forma en los célebres tratados de 1815, que, si puedo decirse 
asi, fueron el balancín con qao la ájil diploníiacia europea, 
asustada todavía i aturdida por ol cataclismo que habia co- 
menzado en 1789 con Mirabeau i terminado en Waterloo con 
Napoleón, se proponia conducir el Viejo Mundo al través de 
los abismos, aun no cerradas, de la revolución, a un puerto de 
reposo i de oon fianza. 

XXVI. 

¿Pero era aquella teoria de alguna manera aplicable a 1^ 
América del Sur, esta gran colonia, homojénca cu razas, en 



— 88 — 

oríjen, en intereses, en aspiraciones, que solo tenia un dere- 
cho propio i reciente, cual era el de su emancipación, conquis- 
tada con la sangre de todos sus pueblos coligados? ¿Existia 
diverjencia alguna capaz de romper estos recientes i santos 
vínculos? ¿Se habia separado algún Estado del pacto funda- 
mental de nuestra nueva existencia de naciones, que era la 
República? 

Por otra parte, ¿estaba ya definido el derecho propio de 
cada Estado? ¿Se.habian fijado los límites de cada una de las 
repáblicas que acababan de crearse, muchas veces con un sim- 
ple decreto? ¿Estaba sellada ja cada nacionalidad con un ca- 
rácter fijo, i cada pueblo tenia su tipo especial, como lo tienen 
en Europa la Francia i la Inglaterra, por ejemplo, la Rusia i 
el Austria o los Estados mas pequeños? ¿Hubií^ concluido, en 
suma, el período de organización que comenzaba, al contrario, 
entonces i solo entonces para la América, después de terminada 
la gran lucha de su emancipación? No, nada de esto habia 
tenido lugar, ni era posible que en aquella época sucediese de 
otro modo, pues, aun hoi mismo, todas estas cuestiones están 
pendientes, i cada pueblo vuelve los ojos hacia un arbitro su- 
premo, que lio es el caüon, sino el derecho; porque atendido 
el jiro actual de la opinión i el que ésta tuvo en dias mas fe- 
lices de concordia americana, no son los eje'rcitos, sino las 
asambleas deliberantes, los congresos americanos, los que 
están llamados a fijar la última i suprema formación polí- 
tica i social del Nuevo Mundo. 



XXVII. 

I en* verdad, cuando se organizó Colombia con tres podero- 
sos Estados que constituían casi la mitad de nuestro continen- 
te, ¿protestó alguna de las repúblicas do Sud- América? Cuan- 
do la América central se federó en cinco repúblicas, ¿hubo en 
algún político americano la mas leve idea de hacer oposición 
a aquel movimiento de concentración de fuerza i poier? No 
la hubo ciertamente en ninguno de estos casos, como no la 



— 89 — 

hubo tampoco cuando aquellos mismos Estados, obedeciendo a 
opuestas tendencias, se fraccionaron de nuevo. Hoi dia, en la 
incesante rotación de los intereses humanos, vuelve a apare- 
cer el movimiento de concentración en aquellas propias na- 
ciones. ¿I hai quién se imojine que seria de derecho ir a po- 
nerles estorbo en su santa aspiración de unidad? Locura seria 
pensarlo. I por esto sucedió que cuando Gamarra anexó vir- 
tualmente Bolivia al Perú en 1827, por los célebres tratados 
de Piquiza, nadie se sobresaltó del hecho, ni de la justicia, ni 
del porvenir. 

Pero pongamos casos mas recientes i mas inmediatos. Hace 
pocos arios que el jeneruí Castilla armó en el Perú un ejército 
mas fuerte que el de la antigua Confederación Perú-Boliviana 
i equipó una encuadra do siete u ocho naves de vapor, una 
sola de las que tenia mas fuerza que todos los bergantines i 
goletas deljeneral Santa Cruz. I Chile, que poseia entonces un 
ejército menor que el de 1886 i solo uno o dos buques de va- 
por, ¿se alarmó por esto i pidió al gobierno del Perú el desar- 
me de sus fuerzas, a virtud del amenazado equilibrio? Por 
cierto que jamas lo hizo, por mas que una cuerda política le 
aconsejaba mantener un ojo vijilante sobre lo que sucedia en 
su derredor. El jeneral Castilla, si hubiera sido interpelado, 
encerrándose en un estricto derecho, habria contestado: «Mis 
batallones son para tener en paz a mis paisanos o para diver- 
tirme con ellos (que en esto habria sido mas veraz); mis bu- 
ques son para guardar el huano de mis islas. ¿Qué tiene que 
temer entonces el gobierno de Chile, con el que estoi en per- 
fecta paz i sobre el cual nada emprendo?» ¿I nosotros, por esto, 
habriamos de «irnos con un ejército sobre nuestra República 
hermana,» según la peculiar esprcsion usada en 1832 por don 
Diego Portales? 

XXVIIl. 

Volvamos ídiom los rjo^ vji una diivev;i'^)n opue.'^ta en el 
dilatado horizoiils do nuestros propios límites. La República 
Arjentina, Vc\sta agregación <le Estallos, tiene una estension 



— 90 — 

• 

diez Teces mayor qae la de naestro territorio, i es capaz de 
alimentar cien millones de habitantes mas que nosotros. I por 
esta sola consideración, que prueba que en la América no hai 
aplicación posible del equilibrio europeo, ¿habíamos de exijir 
nosotros que nos devolvieran aquellos paisas nuestro antiguo 
Cuyo, (1) o que se frívcoioaase en diverjas repúblicas para 
nuestra seguridad? Pero vamos aun mas lejos: supongamos 
que dentro de cinco, diez o veinte años la Confederación Ar- 
jentina, engrandecida por la paz i la colosal emigración que 
la visita hoi dia, absorba esas repúblicas exóticas que gravitan 
en 808"espaldas como un peso inútil, en lugar de formar los bra- 
zos de ua gran pueblo, el Uruguay i el Paraguay, ¿la América 
del Sur correrá a las armas, gritando como los franceses en 
Crimea, tcl equilibrio está roto?» En tal caso, seria mas lójico 
invocar el grito de Ituzaingó i correr todos desde Panamá a 
Valdivia contra el imperio del Brasil, que es la Rusia de la 
América... 

Pero, precisemos aun mas la cuestión i traigámosla al terre- 
no mismo de la actual disputa. El territorio de Bolivia (anti- 
guo Charcas i Alto Perú) habia sido parte integrante del 
vlreinato del Perú, i a íines del último siglo, habia pasado a 
serlo del de la Plata. Bolivar, al libertarlo en Ayacucho,'el 9 
de diciembre de 1824, habia sido dueño do dejarlo libre o de 



(1) Ko dejd de Ber curiodo 1 oportuno elhe¿]io de que, por aquel mismo tiem- 
po, un arjentino de alguna nota (el raendocino don José Luis Calle, redactor i 
propietario dol Mercuiio en aquella época), ofreciera a Portales, a nombre de 
ciertos planes ya preconcebidos, la reincorporación de las antií^ias provincias 
de Cuyo al territorío de Chilo. Sin dar, empero, mas importúnela a esto heobo 
que el de una insinuación particular, publicamos en el Apéndice, bajo el nú- 
mero 18, una estensa carta en que Calle desarrolla su proyecto. Esta será una 
prueba mas, añadida a las que liemos apuntado, de lo incierto e informe que era 
entonces i es todavía, apesar del famoso utii possideiis de 1810, el derecho 
público sud-americano. 

Debemos afiadir que PoHales, según es voz común, rechazó con indignación 
las propuestas ofíciales que le hicieron los comisionados mendocinos Recuero i 
Jil, para anexar su patria a Ohile. Se asegura que pu característica respuesta fué 
decirles: "que delante de aquella traición, comprendía el que Quiroga fuese un 
kéroe i que bien merecían nis paisanos estar bajo el filo de su sable.'' 



- 9t - 

reincorporólo a su antigua metrópoli. Coneiatió en lo prime- 
ro, lisonjeada su inmensa vanidad con dar su nombre a una 
nación, pero ésta le quedó sometida de hecho. Su mas queri- 
djo lugar- teniente, el virtuoso Sucre, era el presidente de 
aquella nueva república, i los soldados de Ayacucho guarne- 
cían sus principales ciudades. I ahora, preguntamos nosotros, 
¿Be quejó alguien de aquel estado de cosas? Dado el caso que 
Bolivar kubiera incorporado aquel territorio al de la repú- 
blica de que él se habia proclamado })res¡dente vitalicio, o 
algo como rei, o mas que rei, porque tenia la facultad de desig- 
nar su sucesor, se habría levantado una sola ypz de protesta? 
Ni Buenos Aires mismo, despojado de una parte considerable 
del territorio que le aseguraba el utis possideiis de 1810, se 
enfadó siquiera: tan cierto es que el derecho publico de la 
América no estaba aun formado, tan cierto es que no existia 
el decantado equilibrio, tan cierto, en fin, em que la topogra- 
fía de la América estaba por rehacerse, pues la espada o el 
acaso no habian cortado en trozos uniformes su magnífico 
manto, sino rotólo en jirones por entre el humo i las balas de 
un cuarto de siglo de batallas. 

Ahora, Santa-Cruz hacia lo que Bolivar pudo hacer i no lo 
quiso, reuniendo bajo un solo gobierno *dos fracciones de un 
territorio que antes habia sido uno solo. ¿I habia por esto rup- 
tura del equilibrio, consentido el caso de que esta lei imajina- 
ria existiese? ¿No daba mas garantias de solidez, de unida3, 
de paz aquel primer ensayo de la federación de dos pueblos, 
que no tcnian sino un solo i único interés, i uno de los que, 
(Bolivia), para usar una espresion vulgar que mas djs una vez 
citaos en Lima, oes uni^ muela picada dentro de la boca del 
otro?» 

XXIX. 

Pero se decia, « ¿i la ambición personal de Santa-Cruz? » 
Iquél ¿por la ambición de un solo hombre, Chile, que vivia po- 
deroso dentro de sus límites eternos de basalto i de granito, ha- 
bia de ponerse la coraza sobre el. pecho i salir a pedir cuenta de 



— 92 — 

su ambición a aquel descendiente de la cacica Calaumana? ¿Se 
temia que, nuevo Tupac Yupanqui, el presidente de la Paz 
viniera a establecer una nueva conquista indíjena, sobre la 
raza castellana i la raza criolla, fruto de aquella, que babian 
fundado una república? Pero aun si bubiese llegado a existir 
aquel quimérico temor, ¿no había puesto en venta pública el 
jeneral «Santa-Cruz sus naves de guerra, único elemento de 
hostilidad con que podia amenazarnos? I mas que ésto, ¿no le 
habiamos quitado casi la totalidad de esas naves? I haciéndo- 
las nuestras, ¿no le habiamos puesto a él, a su vez, en el peli- 
gro que de su -mano temíamos i en el que, en realidad, le 
colocamos en breve, invadiendo su territorio por dos veces? 

Mas, volverá a decirse: ¿I la usurpación política de Santa 
Cruz? ¿I la sangre de Yanacocha i Socabaya? ¿I el fusilamien- 
to de nuestro aliado Salaverry, junto con sus nobles i brillantes 
camaradas? ¿I esa emigración, mas brillante todavia, asilada 
en nuestras costas i compuesta de jenerales, publicistas, poe- 
tas i aun de seductoras bellezas, como la joven viuda del 
mártir de Arequipa, que habia venido a ocultar sus lágrimas 
en un rincón oscuro de Quillota? 

I a nuestra vez, respondemos nosotros, teniendo por delan- 
te de los ojos los boletines sangrientos de la historia d*} ayer, 
¿no habían sido los caudillos de ese mismo pueblo, que se 
había dejado vencer en dos batallas, dividiéndose en feudos 
culpables delante del invasor, los mismos que habían ido a 
llamarle? 

Cuando el emisario de Orbegoso llegó a la Paz, ¿no se encon- 
traba asilado en aquella ciudad el mismo jeneral Gamarra, el 
caudillo rival de aquel i que ya antes habia solicitado el ausi- 
lio estranjero? I entonces, si esto era asi, ¿por qué nosotros, 
haciéndonos los paladines de ajenas contiendas, habiamos de 
ir a deshacer con nuestra sangre lo que otros habían consoli- 
dado con la suya? ¡Ah! Recuérdese que cuando nuestro glorioso 
ejército llegó a las murallas de Lima por la pedregosa porta- 
da de Guia, no estaba ahí el jeneral Santa Cruz ni el ejército 
boliviano .Recuérdese que fusiles peruanos rompieron el fuego 
sobre nuestras bravas columnas, haciendo irrisión de una 



— 93 — 

alianza qne no quería ser aceptada. Becuérdese qi^e cuando 
llegamos por la primera vez, los pueblos que íbamos a liber- 
tar nos recibieron con glacial indiferencia, i que debimos, 
¡oh mengaal ala induljencia del mismo «usurpador,» el dere- 
cho de que nuestros soldados vieran sus hogares. Recuérdese, 
por último, que el Perú cqnservó mas rencor i mas humilla- 
ción de nuestro triunfo i de nuestra gloria, que del triunfo de 
sus dominadores, porque, al fin, los confederados eran casi todos 
peruanos, i los restauradores eran solo un puñado de emigra- 
dos i otro puñado de valientes chilenos que, con su sangre i 
su aliento jeneroso, en un dia supf^mo, rescataron de una per- 
dición segura la obra de tantos errores i de tantos sacrificios. 
¡Ahí No fueron ciertamente los políticos, los hacedores de 
pueblos sobre el papel, los que salvaron a Chile de aquella 
crisis en que en mala hora le envolvieran. Sin vosotros, sol- 
dados de Yungai, ¿qué habría sido de la honra de la patria? 
¿qué de su prestijio americano? ¿qué de su santa misión de 
libertad i democracia por la justicia i el derecho? Envuelta 
en el sudario de Paucarpata, la república liabria escondido su 
rostro, empapado de vergüenza, para que la posteridad no la 
hubiese interrogado de sus humillaciones. Benditos seáis 
vosotros, soldados de Buin i de Yungai, que la salvasteis del 
abismot 

XXX. 

Pero, resumamos para concluir. 

1.® La esptidicion del jetieral Freiré no fué si lo un pretesio 
para la guerra, desde que el jencrnl Santa Cruz, aun consin- 
tiendo en aceptar una responsabilidad que no tenia, ofreció 
todo jéneio ilc satihfacciones. 

2.0 Las drficulüidc^ comerciales entre los dos paises no im- 
plicaban motivo olgano de justicia ni de derecho para decla- 
rar la guerra. 

3.0 Lo, confederación Perú-B^tUviana no rompia el supuesto 
equilibrio americano, que se aplicaba como un plajio servil a 
nuestro continente, i al contrario, aquel ensayo (sin aceptar su 



-. « - 

cruenta tnandra de ejecutarlo) era una garantm de orden, ée 
unioQ i de respeto mutuo, entre todas las repúblicas sud- 
americanas. 

4r.o La ambición deljtneral Santa Cruz no era ni siquiera un 
digno motivo de alarma para Chile, i mucho menos ün peli- 
gro, desde que aquel mandatario habia ordenado desarmar su 
escuadra, i particularmente, después que el gobierno chileno 
se la habia arrebatado. 

5.*> La emigración peruana no tenia derecho a nuestra alian- 
za, no solo porque una emigración en sí misma no tiene 
representación pública ni l%gal de ninguna especie, sino por- 
que esos mismos emigrados, o habian llamado a Santa Cruz, 
abriéndole las puertas de su, patria, o se habian dividido, 
cuando ya pisaba su territorio, haciendo así mas seguro su 
triunfo. 

XXXI. 

La guerra, entonces, no solo era injusta, sino injustificable; 
no solo era imp